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                    <text>PEGASO
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�REVISTA SEMANAL
Registrado como articulo de segunda clase el dfa 17 de marzo de 1917.

11

Mt;XIGO, O. f., 7 01; JUNIO 01; 1917.

11

1

NUM. 13.

LA ACTUALIDAD POLITICA
Nuestras relaciones con los Estados U nidos

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···--·- ---··----··-· ··- - -

__ __ - ......-'...-- - ..,

.

3a. DE LA PALMA 34.

-------·--·-·----~....

No sabemos si por exceso de suspicacia o por mala interen estos últimos años, sería casi indiscutible que nuestras simpretación de noticias de allende el Bravo, la prensa mexicana
patías, que nuestros intereses, que nuestros mismos ideales de
ha vuelto a tocar en estos días el asunto relativo a nuestras relibertad estarían al lado de los países que luchan contra el más
laciones internacionales con el país del Norte. Se ha visto en
terrible fantasma militar y contra el misticismo dominador más
ciertas medidas tomadas por los Estados Unidos, con motivo de
formidable que la Historia registra en sus anales. Pero entre
111 participación en la Gran Guerra, muestras bien claras de que
la nación norteamericana y la nuestra han surgido en épocas
no todo es amistad franca y buena voluntad sincera hacia nosreciente~ acontecimientos de esos que el tiempo tarda mucho en
otros, y la opinión pública, fácil de llevar por los:caminos sensaborrar, y es difícil ir fraternalmente a la lucha con quien ayer
cionales, ha sentido el consiguiente miedo de que México vaya
nos infirió la herida y nos causó la ofensa. Por ahora, mienacomplicar sus graves asuntos interiores con al2'o internaciotras nuestros votos se elevan por el triunfo de los aliados, el
nal cuya importancia no se escapa a nadie.
papel de nuestra patria debe ser el de la más estricta neuEl l!'Obierno, con tino y prudencia muy dignas de encomio, tralidad.
se ha dado prisa en desvanecer las especies circulantes, y ha
Guardarla es difícil si la guerra se prolonga¡ pero no impodeclarado que nada hay de cierto en los rumores que asegurasible. España nos pone el noble ejemplo de sostener dificulta'-n tirantez de relaciones entre nuestra patria y su poderoso
des sin número para conservarse apartada de la lucha sangrienYecino. Lo más curioso, dentro de la psicología de este país del
ta dejando incólume su dignidad de nación libre. Por fuera y
IIDarillismo agudo, es que el gobierno ha sido creído, y ello
por dentro ha tenido que luchar contra elementos exaltados que
li2nifica que el público le otorga su confianza y que el gobierno
quisieran verla desenvainar la espada en favor de uno u otro de
ha acertado con el procedimiento justo al no dar la callada por
los contendientes¡ pero su gobierno, enérgico y prudente, ha sarespuesta a las interrogaciones que surgen de la voz popular.
bido continuar imperturbable su camino de serenidad y de pruEs un adelanto de procedimientos gubernativos que todos comdencia. El popular monarca español y los hombres de su goprenden y que todo el mundo aplaude. Nadie pone actualmente
bierno habrán dado, si logran salir avantes en su empresa, la
en duda que nuestras relaciones con los Estados Unidos siguen más clara muestra de patriotismo y de cordura nacional.
ton la cordialidad compatible con los sucesos recientes, demaEl gobierno de México, para conseguir el mismo fin, debe
iado graves para que la cortesía de las formas internacionales
usar de los mismos procedimientos. Sabrá reprimir con mano
TBya aparejada con un sincero afecto entre los pueblos.
enérgica las exaltaciones subversivas, las oratorias oropelescas
El peligro inminente desaparece y la tranquilidad vuelve
que juran por Dios y por el Kaiser¡ sabrá volver al camino juspor ahora. Pero ¿significa esto que se descarte la posibilidad de
to a la prensa que intenta hacer comulgar con ruedas de molino
111a complicación con nuestro peligroso vecino? ¿Nos ecbarea los incautos, dándoles a entender que el casco prusiano nos
llOs a dormir seguros de que nada podrá alterar la amisto~a
vendrá bien para hacer el coco al poderío yanqui¡ sabrá hacer
tlitud que guardan ambas repúblicas? Creemos que no, y esta•
entrar en razón a los que pretenden evitar el yugo americano
IIOs sel!'uros de que un exceso de confianza sería tan riesgoso poniéndose al cuello el dogal alemán.
!Onto una nerviosidad fuera de me~ida. Nos bailamos precisaConfiamos en la prudencia del gobierno porque ha dado ya
lente en el instante supremo en que el pueblo y el gobierno
patentes pruebas de qu.e la tiene sobrada, y en su energía pordeben comprometerse a la más serena de las corduras, so pena
que hemos visto de qué modo ha sabido calmar las axaltaciones
4e dar entradá a las complicaciones tremendas de una situación
de germanofilia a2"11da de ciertos grupos que laboran en su pro"8agravarfa hasta hacerlos insolubles, nuestros asuntos intepio sen_o. Si continúa en esa actitud, nuestra neutralidad será
'-es.
un hecho, y saldremos del trance con el honor limpio y con
Si la amistad con los Estados Unidos no se hubiera alterado
nuestros intereses a salvo.

PEGASO
3

�'Pegaso" por tierra.s españolas
U na carta de Alfonso Reyes
Madrid, 23 de abril de 1917.
Señor don
Enrique González Martínez.
México.
Mi querido amigo:
Su carta me ha traído, junto con
el recuerdo de la patria y los amigos au·
sentes, la buena noticia de que han fundado ustedes la revista Pegaso, y la para
mí gratísima de que se me invita a colaborar en sus páginas. Regularmente le
enviaré a usted -si las desigualdades
del correo lo permiten- mis contribuciones.
Buena señal es la aparición de Pegaso
y yo la esperaba de un momento a otro;
porque no he dejado de seguir con ansiosa fe el trabajo literario de México,
que lograba manifestarse por sobre la
tumultuosa vida social; así como tampoco he dejarlo de propagarlo, en la medida de mis fuerzas, entre mis amigos de
España. Mi deseo de colaborar con los
míos era constante; y ya que antes no
pudo ser, diré que la musa de mis recuerdos ha sido esta vez tan tardía como
industriosa, haciendo con su vino lo que
con el suyo hizo la Musa Latina de SainteBeuve:
Cette Muse, moins prompte et plus indus.
[trieuse,
Travailla le nectar dans sa fraude pieuse,
Le scella dans l'amphore, et la, sans plus
[l'ouvrir,
Jusque sous neuf consulslui permit de murir.

Después de nueve cónsules, amigos
míos, vuelvo a vosotros con un vino añejo de memorias y de cariños. ¡Pueda él
agradaros tanto, cuanto a mí, en paciencia y fatigas, me costó el acendrarlo!

***
Trataré de España: es lo que se espera
de mí. Y, puesto a escribir sobre la España que me ha tocado contemplar, me
asalta, desde que comienzo, un escrúpulo
técnico: ¿he de volver sobre los eternos
tópicos del viajero? ¿He cle procurar, al
contrario, sólo decir lo que me parezca
nuevo y personal? Lo primero es tal vez
ocioso; lo segundo, arriesgado. Lo pri•
mero es lo más prudente; lo más atractivo, lo segundo. Se compensa, pues, las
ventajas y las desventajas de las dos técnicas. Sólo que tratar los asuntos con el
estilo que les ha impuesto la reiterada
experiencia del alma humana, resulta anticuado para el ambicioso criterio de los
modernos; en cambio, no cabe duda que
el entregarse a los caprichos del impresionismo es uno de los males de nuestro
tiempo. ¡Hasta se ha olvidado que el es-

cribir es operación racional! Abrase algún libro francés del setecientos, y se
apreciará lo perdido: mas también lo !!ª"
nado; porque si los excesos de la nueva
mente literaria pudieron llevar hasta el
empeño de substituir, en la poesía las
emociones humanas evidentes -las que
en el Paraíso recibieron su nombre- por
todas las manías personales, individualísimas, ya un para los vicios de la educa:
ción familiar, en cambio confesemos que
sólo así hemos descubierto que la razón
no es todo, y sorprendido en el parpadeo
de lo inconsciente, atisbos de luz desconocida. Si esto es pecar ¿quién no ha
pecado? Y convéngase también en que
a veces, el pecado es gust'&gt;SO. Sino que,
arrojados por la pendiente, el impresionismo acabaría por disolver las normas
de nuestro arte, así como ha empezado
ya a desarticular la arquitectura robusta
de la lengua. A imitación de algún maestro, hoy los escritores van perdiendo el
resuello, la respiración honda y adormecedora-que acaso pecó de oriental- de
nuestra frase. Y bien está la frase cortada cua11do evoca el fulminazo del rayo;
pero no cuando se arrastra entre hipos penosos, como un viejo que va tosiendo, y acusa la escasa fisiología del
escritor. No; combinemos los dos criterios. En la norma racional y objetiva
-aunque ella importe repeticiones, inevitables en todo desarrollo- hagamos
campo a Jas palpitaciones de lo individual caprichoso, y aun al inarticulado
grito del «futurista». Verso ·antiguo y
pensamientos nuevos quería Chénier: haya de todo más bien, lo antiguo y lo nuevo. Porque ¿ no es verdad -oh Antonio
Caso- que los hombres vuelven un día
a los dogmas fundamentales, a los misterios inmóviles? ¿No es verdad - oh Julio Torri- que sólo el que se sabe llevar un profundo lastre de dignidad humana debe aventurarse sobre el hilo de
alambre de la sutileza? Y usted mismo,
querido González Martínez, que tan hondo penetra en los silencios del alma, ¿no
sabe usted muy bien que entre aquellas
olas del espíritu se destaca siempre algo
fijo, terrible, como el bulto negro de una
roca? No lo dudemos: esta es una de las
enseñanzas de la inmensa guerra. Y
¿por qué lo qu8'es cierto en psicología
no había de serlo en la doctrina literaria,
que de &amp;quélla procede? En mis artículos
hallará el lector, otra vez, b eterna España de los viajeros y, de vez en cuando,
algún toque personal en el cuadro. Desde los itinerarios de Cádiz, que ya aparecen en los «Vasos Apolinarios» del segundo siglo cristiano, hasta las últimas
divagaciones sociológicas, al modo de las
que publica Monsieur Imbart de Latour,

dando cuenta de sÚ misión española del
año pasado.

***
Trataré de España con amor. Es aquí
una verdadera fortuna oír el consejo de
Renán, y escribir tan sólo sobre las cosas que amamos. No por. eso he de
aplaudir siempre, como no aplaude Unamuno - gran patriota de España - el
espectáculo histórico de su raza. Por lo
demás, he entendido siempre que los
matadores_de mujeres suelen quererlas
más que los que se -pagan simplemente
/
con requebrarlas.
Por último, que se me permita una pequeña jactancia, ya que más redunda en
abono de la hospitalidad española que en
elogio propio: yo no soy pura y sencillamente un extranjero en España. Desde
mi llegada me ha rodeado un ambiente
tan acogedor que, a los dos años transcurridos, me parece que no todo lo veo
desde afuera, y que ya he comenzado a
ver algo por dentro. Así, me valdré de
esta doble vista que mi suerte me ha
querido otorgar; y si algún mérito pueden tener mis apreciaciones y relato!!, se
deberá seguramente a esta combinación
casual y feliz de poseer una voluntad
cismática y sobornada a medias.
Sin aspirar, pues, a las rigideces del
tratado, mis artículos tendrán siempre
uniformidad y podrán seguirse como un
libro contínuo.
Animo, pues. Ustedes cuentan con elementos valiosos, y el país necesita llu,
vias abundantes del cielo. Yo, desde
aquí o desde los mismos infiernos, soy
siempre el mismo para los nuestros, a
quienes confundo en un solo abrazo.
Suyo siempre, .

.

ALFONSO REYES.

LA VIRGEN DE LOS ANGELES
(Al margen de los evangelios)
Traducción especial para "PEGASO•'.

Durante los ocho días que María pasó
en el establo qe Belén, no tuvo que preocuparse para nada. Los pastores le llevaban queso, frutas, pan y leña para encender la lumbre. Sus mujeres y sus hijas
prodigaban toda clase de cuidados a la
madre y al niño. Además, los tres reyes
magos dejaron un montón de tapices,•telas preciosas, joyas y vasos ele oro.
Al cabo de una semana, cuando ya pudo andar, decidió volver a su casa de Nar.aret. Algunos pastores deseaban acompañarla, pero ella les dijo:
-No quiero que por nosotros dejen
ustedes sus campos y sus rebaños. Mi
hijo nos conducirá.
-Pero, -dijo José,- ¿vamos a dejar
aquí los presentes de los Magos?
-Sí, -replicó María.
Y distribuyó a los pastores los presentes de los Magos.
-¿No podríamos llevarnos aunque fuera una parte pequeña? -repuso José.
-¿Para qué la necesitamos? -respondió María. Poseemos un tesoro más valioso.
Hacía mucho sol en el camino, María
llevaba al niño en brazos; José cargaba
una cesta con ropa y algunas modestas
provisiones. A medio día se detuvieron
a sestear, muy fatigados, a la sombra de
un bosque.
En el momento, de detrás de los árbo-.
les, salieron varios angelitos, colorados y
mofletudos, con dos alitas en la espalda
que les servían para revolotear o para
hacer sus pasos fáciles y ligeros. Eran
listos y más vigorosos de lo que podría
suponerse a juzgar por su poca edad y
su cuerpecito.
Ofrecieron a los viajeros un cántaro de
agua fría y una buena provisión d_e frutlls que habían cortado quién sabe dón-

de.

A causa de~ serias dificultades
que hemos tenido para la lm·
presión de nuestra revista, dUI•
cultades que al fin vencimos, los
últimos números ben salido cea
más o menos dias de retraso J coa
defectos de impresl6n verdaderamente lamentables, que nuestro•
lectores, inteligentes y cultos cemo son, no habrán podido meaos
de notar.
Allanadas -dichas dificultades,
desgraciadamente Inevitables ••
esta clase de empresas, PEGASO
aparecerá en lo sucesivo coa to..
regularidad, mejorado notable•
mente en cuanto a su parte tlpegráfica se refiere.
.· ,como de:costumbre, segulri pi•
hlicando trabajos inéditos de l.,
poetas y prosistas mis distlaitl•
dos de México.

,

Cuando la santa familia emprendió de
'lluevo el camino, la siguieron los ángeles. A José le ayudaron con la cesta, pero María no quiso confiarles el niño.
Llegada la noche, los ángeles arreglaron lechos de musgo bajo un gran sicomoro y velaron toda la noche el sueño de

Jesús.

María llegó a su casa de Nazaret, situada en una callejuela populosa; casa blanca, plana de techo, con una terracita cubierta, donde José tenía instalado su taller.
Los ángeles no los habían abandonado
y seguían prestándoles toda clase de servicios. Cuando el niño lloraba, uno lo
mecía suavemente; otros tañían !'us arpas o en caso necesario, le mudaban pañales en un santiarr.én.
Así tan atendida por los ángeles y no
tenienclo nada que hacer María se fastidiaba y oraba más y más siempre reflexionando acerca de esta situación. Una
mañana, al levantarse, vió a los ángeles
ocupados en asear la casa, les quitó la
escoba y los despidió, aparentando enojo. Volvieron después de la comida y
trataron de levantar la mesa, pero lé dió
un capirotazo a uno de ellos y todos se
pusieron en fuga. Volvieron poco después. Cuando la Virgen hacía sus preparativos para hilar, un ángel trató de apoderarse de su huso; ella lo persiguió,
amenazándole hasta el taller de José. Al
cabo de un,a hora, mientras cosía, sentada cerca del niño, notó a los ángeles que
se habían deslizado bajo la cuna y lamovían disimuladamente. Ella se levantó,
los echó fuera y cerró tan prontamente
la puerta que uno de los ángeles quedó
prendido de un ala y lanzó un grito. María le soltó y le dijo: - Bien merecido lo
tienes por andarte metiendo en lo que no
debes. Avisa a todos tus compañeros y
no vuelvan por todo esto.
-Vamos,-dijo José, - ¿por qué echas
fuera a todas estas buenas gentecillas?
Me parece que nos prestan importantes
servicios ..
_ -Precisamente por eso, ...:..respondió
María.
-No te entiendo, -replicó José. Desde el momento que tu hijo es el Mesías, es muy natural que los ángele&amp;le sir·
van y que la madre se aproveche de la
ocasión.
-iOh!-dijo María,-vaya una observación falta de delicadeza. ¿No sabes que el
Mesías viene al mundo para sufrir con
los hombres. y, f,por¡, consiguiente,[para

Caballería canadense dirigiéndose a la línea de fuego momentos antes del asalto
de la posición de Vimy.

PEGASO
4

PEGASO·

soportar todos los males que es·natural
que experimenten los niños? Verdad es
que yo debo suavizar en cuanto esté en
mi mano estas molestias, supuesto que
soy su ma4re; pero no se da cuenta de
que vienen otros a encargarse de mis
asuntos. ¿Acaso las otras madres no cuidan con sus propias manos a sus chiquitines? ¿No sería cobardía de mi parte renunciar a mis labores maternales? Por lo
pronto, te puedo asegurar que a mi hijo
le gusta mas ser cuidado por mí que por
otros monigotes con alas; y sé que me
asocio más a su voluntad redentora aceptando las penas como las otras mujeres
y soportando toda la condición humana. Sí, quiero ser yo sola la que en•
vuelva en sus pañales a mi hijo, yo sola la que le adormezca y arrulle, y yo
sola la que me entienda con la casa y
la que -hile en la rueca y la que vaya al
lavadero ...... Y como todos estos traba· jos insignificantes me caus:1n verdadero
placer, no hay en ello mérito de mi parte; pero sería culpable si tolerara que los
ángeles usurparan mi puesto. . . . ¿Comprendes ahora?
-Me parece que sí, hija mía .... Mas
entonr.es va a ser preciso que yo renuncie también a los ligeros servicios que los
ángeles me prestan de vez en cuando?
-Indudablemente, amigo mío.
-Yo había entendido, sin embargo,
que el ser marido de la madre del Mesías
daba algunos derechos. Pero debes tener
razón, porque eres más inteligente y sabia que yo, a pesar de que tengas quince
años y de que haya yo pasado de los sesenta.
Ahora bien, como a la siguiente noche
el niño Jesús llorara sin poder dormirse
se _oyó de pronto en la calle una melodía
ligera y de extremada dulzura.
Abrió María la puerta, y vió a la luz de
la luna, en fila contra las paredes de la
casa, muchos ángeles que tocaban arpas
diminutas.
-¿Otra vez?-les dijo ella.-Y si a mi
hijo no le da la gana de dormir? ¿Y si se
le antoja seguir aguantando sus dolores
en las encías? .... Sobre todo ¿no estoy yo
aquí que soy su madre? .... Os largáis o
me enfado!
A la mañana siguiente no aparecieron
por todo aquello; pero al otro día, María
les vió en el patio agrupados debajo de
la higuera, tímidos, avergonzados y llorando en silencio.
-Angelitos míos,-díjoles ella,~puedo
pareceros demasiado severa porque estáis muy chiquillos para comprenderme.
Mas oíd: la vieja Séfora que vive enfrente está paralítica. Un poco más lejos está
la buena Raquel que tiene doce hijos y
que pasa la pena negra para criarlos. Y
en Nazaret podréis encontrar a muchas
otras mujeres pobres. Y bien, a ellas debéis ayudarles a arreglar la casa, a lavar
la ropa y a cuidar los niños .... Si queréis
dar gusto al mío, ese es el modo de conseguirlo.
Y viendo que arragaban las naricillas
dando señales de tristeza, añadió.
- Cuando esté más grandecito, pueda
ser que os dé permiso de jugar con él...
Pero, por ahora, haced lo que os mando.
Y ese año, todas las mujeres pobres y
enfermas que había en Nazaret fueron
ayudadas y todos los niños mecidos por
servidores invisibles (porque solamente
José y María veían a los ángeles); y los
bebés no lloraron más, excepción hecha
del niño Jesús que quería sufrir por
ellos.
JULIO LEMAITRE.

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La Capilla del Pocito

tos se abrieron el tQ de junio de 1777;
continuándose la construcción a instan.
cias de don Calixto González Avencerraje, y después, del gaditano don Nicolás
Zamorátegui, comerciante de México; a
expensas públicas, pues se hizo de limosnas, por los obreros de México que trabajaban en ella cuatro horas los días festivos, con licencia del Arzobispo don
Alonso Núñez de Haro y Peralta, y ganando ·p or ello 80 días de indul2"encias.
Hasta la piedra para la fábrica fué traída
del Tepeyac por los fieles, lo mismo que
la tierra para terraplenar la calzada. Con
el sobrante de los materiales se hizo una
casa para los sirvientes de la capilla, casa que se conserva aún.
La obra duró 14 años. Y el ornamento
de la capilla fué también hecho de limosnas. En la Gazeta de México del martes
27 de diciembre de 1791 se publicó el
plano de la capilla y un extracto de las
cuentas de construcción. Y por las notas
se sabe cómo, los plateros dieron la lámpara, con peso de 119 marcos, 1 onza y
4 adarmes; los que tenían puestos en el
Baratillo y en el Puente de Palacio dieron los dos altares y tres campanas; el
herrero don Joseph Antonio Zavala dió
las cruces veletas; el talabartero don
Bartolomé Espinosa, el aguamanil; los
carpinteros, principalmente don Marcos
López, hicieron las obras de madera; don
Pablo Milier y otros sastres los orna•
mentos. Y el principal, el autor de la obra, el
que la había delineado-suyo es el dibu•
jo que se publicó en la Gazeta y se reproduce ahora-el que la dirigió durante
los catorce años, «don Francisco Guerrero y Torres, maestro mayor de esta
muy noble y muy leal ciudad, y de otras
fábricas reales», trabajaba también sin
extipendio alguno, mere gratis. Don 12·
nacio Carrillo y Pérez en su Pencil Americano (1793) es quien da esta noticia,
añadiendo quel «tenía que ir· desde esta

Capital a aquel santuario, de donde era
nativo».

Así se edificó esta pequeña obra maes-

tra. Dejemos su historia y estudiémosla
tal como se conserva hoy. St1 planta demuestra una gran habilidad para repartir
el peso de la cúpula, sin hacer contrafuertes al exterior: recurre para ello a cuatro
capillas consagradas a las apariciones.
Los muros sirven de base.a las cúpulas y
esto, que Báxter censura porque según él
resta dignidad a la obra, está disimulado
por una especie de crestería rematad::i. de
estípites de loza, y revestida toda ella por
azulejos i2"uales a los de las. cúpulas.
Dicha crestería !parece una corona erguida sobre la capilla. En la parte que corresponde al gran cuerpo se hicieron los
campaniles, y un barandal completa el
campanario.
El magnífico azul de las cúpulas, brilla~te por el reflejo luminoso, la felpa
ro¡1za que parece revestir la capilla en el
tezontle de sus muros, las originales clarab?yas en forma de estrella, dan a fa
capilla un aspécto peculiar de una gran
armonía en medio de una lujosa brillantez.
Los adornos que rodean a la gran estrella que está sobre la puerta, por la
danza inimitable que tejen los serafines
entre el rico follaje, hacen pensar en un
Luca de la Robia que hubiese ganado en
esplendidez, cuanto había perdido de
puro candor. Las golondrinas que han
anidado al arrimo de las cornisas y cuyos
vuelos concéntricos parecen cobijar a la
capilla, pudieran deciros que nunca viero? relieves de más delicado dibujo, de
~s amorosa complicación, que los que
cmen a esta Virgencita erguida en su
estrella.
Si e~tráis conmigo a la capilla, veréis
que el mterior desmerece mucho de lo
que el exterior parecía prometernos. Las

La Capilla del Pocito
PoR MANUEL TOUSSAINT

r

Cuando recorréis ~l monótono, feo y
sucio poblado que, como ciñendo la idea
que le dió origen, se agrupa en torno de
la colegiata de Guadalupe, venís, por
fuerza, a refugiar vuestros pasos junto
a la capilla del pocito. Es aquí donde la
virgen esperó, bajo la sombra de un árbol, que Juan Diego tornase con su cosecha de rosas; y es aquí donde al contacto
divino se produjo el milagro de la pintura sobre la tilma. Seais o no aparicionistas, convendréis conmigo en que la capilla del pocito bien vale un milagro; yo
os doy, en cambio, la horrible capillita
edificada en frente, para que la hagáis
desaparecer si queréis y no se compare
más, con gran detrimento de nuestra
época, la arquitectura colonial y esta que
ya casi ni el nombre de arquitectura me6

rece, pero que goza de gran privanza en
el día.
La capilla encierra un gran significado en el arte y en la vida de la Colonia.
La capilla es la iglesia hecha y casi administrada por los fieles; es la intervención
directa de la Feligresía para procurarse
un templo suyo, cerca de su hogar; o
con objeto de que se conmemorase algún
hecho notable. Había capillas de barrio
-algunas subsisten aún-; y había capillas de gremios de artesanos, como la de
talabarteros en la plaza mayor; y había
capillas para recordar un hecho notable,
como la de San Hipólito, o un milagro,
como las capillas guadalupanas.
La construcción de la capilla del pocito, nos enseña más acerca de la capilla
que cuanto podamos referir. Los cimien•
PEGASO

Los adornos que rodean la gran estrelll
que está sobre la puerta, hacen pen·
sar en un Luca de la Robia...

El magnífico azul de las cúpulas, brillante por el reflejo laminoso,
dan a la Capilla...

;~~a;:~~Ff~!~~
JJ~,(,-~.,,t};:

V«r"/4:,J,iff,n, "1¡il~.
'E~,,,_¡¡,Ñ,

Plano de la Capilla, que se l)ublicó en la Gaz eta de México el martes
27 de diciembre de 1791
'

restauraciones hechas de 1880 a 1882
como lo enseña una placa, ¿habrán destrozado la capilla, según costumbre? Parece que el interfor de la cúpula era dorado; las pinturas que ahora la cubren
son de lastimosa pobreza; los altares que
ocupan las capillas de las apariciones son
modernos, de una vulgaridad desesperante. Las cuatro apariciones están pintadas en sendos lienzos; uno tiene la firma de Cabrera, todos parecen de su misma mano, aunque restaurados. Fué quizá al hacer la reconstrucción de 1880
cuando se recurrió a un medio burdo para salvar la fábrica; con todo, se salvó.
La primera capilla, la que cubre el pocito, la más bella sin duda, comenzó a separarse del _resto del edificio y para evitar su caída, fué asegurada por medio de
unos cinchos de hierro, con deterioro
de los adornos. Tiempo es de iniciar una
reparación hábil.
P:Ji;GASO

E I pocito está clausurado desde much
tiempo hace. Los derrames que existían
al exterior para bañar a los enfermos y
que figuran en el plano de 1791, fueron
cegados en fecha inmemorial. Sólo se
acercan los curiosos a mirar por los pequeños postigos de la gran puerta, que
están abiertos. Miremos. Cierra el brocal del pozo una reja de hierro; lo sombrío del lugar, hace que pensemos, más
que en el agua de la fuente de Juvencio,
en un monstruo desconocido, en un Minotauro que sufre la doble prisión de la
capilla y del pozo.

Busque Ud. el próximo número de

PEGASO
que contendrá selecto material.
7

�POEMAS INEDITOS
DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
De "El libro de la fuerza, de la bondad y del ensueño", en pre~sa
ORACION A LAS ESTRELLAS
A Ramón López Velarde.

Porque sois lejanía,
silencio y luz, mi espíritu os envía
una cordial salutación, hermanas
mudas, resplandecientes y lejanas.
Porque sois como rosas
abiertas a las auras misteriosas
de un gran vergel, el alma se consume
en ansias de aspirar vuestro perfume
hecho de emanaciones luminosas.
¿Qué divino mensaje
desde la excelsitud mandáis de viaje
o qué enigma profundo
al alma de los hombres? ... . Cada nueva
lumbre del sol lo trunca, y lo renueva
la grave noche cuando baja al mundo.
En la sutil fragancia
del nocturno silencio, las remotás
señales enigmáticas son gotas
de un filtro azul que el universo escancia ....
¡Y el sueño se depura en la distancia!
Un lazo nos sujéta
y nos une al través del infinito;
hay un augurio escrito
en vuestros parpadeos, y el poeta
una patria distante
mira en vosotras. . . . ¿Qué pareja amante
en su dulce querella,
no ha concertado cita en una estrella?
Tal vez en el arcano
del hondo cielo, os apag:ó la mano

helada de los siglos; mas perdura
vuestro fulgor. La eternidad se asila
en vuestra luz, y a la visión futura
de otros planetas, surgirá tranquila
en otra edad .... Vuestra vislumbre pura
arderá mientras haya una pupila.
Pues guardáis un tesoro
de purificación en vuestro fuego,
purificad mi sér, caed en lloro
lustral, haced que luego
se limpie mi palabra
para que nada empañe su tersura,
para que salga de mi verso pura
como la g.ota de cristal del abra
visible apenas en la roca dura.
Haced mi pensamiento
sencillo y dócil como el manso viento
que columpia los trigos y las rosas ....
Yo lo daré a los hombres y a 1as cosas
sin frase oculta ni intención extraña,
como da sus aromas la montaña.
Sólo mi afán secreto
guardaré en vuestras luces escondido,
lejos del vano ruido,
del mirar indiscreto
y de las asechanzas del oído.
¡Oh, divinas hermanas
mudas, resplandecientes y lejanas!
Seguid en vuestro imperio
dista!}te, con enigmas de misterio.
Brillad eternamente
dando besos de luz a nuestra frente.
Bajad, gemas floridas,
en lluvia de silencio a nuestras vidas.

DE RAMON LOPEZ VELARDE
Despilfarras el tiempo ..

Y frente al ínclito derroche
de los tesoros que atesora
el yacimiento de las almas, algo,
muy hondo en mí, se escandiza y llora.

Prolóngase tu doncellez
como una vacua intriga de ajedrez.
Torneada como una reina
de cedro, ningún jaque te despeina.
Mis peones tantálicos
al rondarte a deshora,
fracasan en sus ímpetus vandálicos.
La lámpara sonroja tu balcón;
despilfarras el tiempo y la emoción.
Yo despilfarro, en una absurda espera,
fantasía y hoguera.
En la velada incompatible,
frústrase el yacimiento espiritual
y de nuestras arterias el caudal.
Los pródigos al us9
que vengan a nosotros a aprender
cómo se dilapida todo el sér.
Tu destino y el mío, contrapuestos,
vuelcan el apogeo de la vida
febril e insomne que se va, en la ida
de un cofre que rebosa
y se malgasta en una fecha ociosa.
Las monedas excomulgadas
de nuestro adulto corazón
·
caen al vacío, con
lúgubre opacidad, cual si cayera
una irreparable sordera.
8

Noviembre de 1916.

Corno en la Salve- . ...
¡Oh bienaventuranza fértil de los que saben
ir gimiendo y·llorando deprecativamente,
como en la Salve, que es un óleo y una fuente!
Yo también supe antaño de la bondad del cielo
que en mis acerbos pésames llovía,
y compuse mi Salve, con la fe de un cruzado,
bajo los muros de Antioquía.
Mas hoy es un vinagre
mi alma, y mi ecuménico dolor un holocausto
que en el desierto humea.
Mi Cristo, ante la esponja de las hieles, jadea
con la árida agonía de un corazón exhausto.
¡Señor, Tú que colocas
resina en la corteza impenitente
y agua entrañable en las adustas rocas,
hazme casto y humilde para poder llorar
la bienaventuranza de aquel llanto deshecho
que fertiliza y lava el pecho,
y verás cómo mi alma se atavía
y trueca su congoja en alborozo
para escalar los muros de Antioquía!

PEGASO

]

El Gran Duque Miguel, íntimo
Los destinos de Rusia estuvieron a punto de confiarse al Gran Duque Miguel,
hermano del Czar, a quien Nicolás II h ; bía designado como su sucesor, después de
firmar la abdicación a la corona. En estos momentos en que el gobierno revolucionario se im.pone en Rusia, estamos seguro~ de respoader a la curiosidad de nuestros lectores, dándoles a conocer algunos detalles del hombre que pudo hacer sido
el continuador de la dinastía de los Romanoff en el vasto e inquieto país de la Europa oriental.

_____.,
Grande, de estatura atlética, de aspec-

to enérgico, la mirada penetrante, la
frente muy despejada por el tiempo, ralo
el pelo, los bigotes cortos, a la inglesa,

el mentón voluntario, tal es, expuesta a ·
¡randes rasgos, la fisonomía del Gran
Duque Miguel Alexandrovitch, que estuvo a punto de ser el Czar de todas las
. Rusias.
De pronto nos parece un poco frío,·pero de carácter amable, enemigo del fausto, huyendo siempre de la vida cortesana, buscando la compañía de algunos
amigos sinceros y devotos; y así es él,
de modo principal, tanto por la sencillez
de sus maneras como por la franqueza
de sus ideas y el liberalismo de sus tendencias políticas, un tipo de príncipe moderno. Sus simpatías han sido siempre
para Inglaterra y especialmente para
Francia; en ningún tiempo ha ocultado
desdén para Alemania, de cuyo pueblo
dijo un día que de civilizado sólo tenía el

guel transcurrieron en Petrograd, en el
palacio de invierno y el de Tzarcoselo y
en esos períodos magníficos y solemnes
el aburrimiento fué su mejor compañero,·
de tal suerte que siempre resultaba para
él un nuevo deleite la llegada de todas
las vacaciones. Entonces fué la familia
imperial a instalarse a Livadia, dominio
encantado, lleno de sol y de perfumes.
Llegaba después de los soberanos dane-

nombre.
De los tres hijos del Czar Alejandro III,
seguramente es el Gran Duque Miguel
quien, desde el punto de vista físico, se
parece a su padre: la misma gran altura,
las mismas vastas espaldas, igual fuerza
muscular prodigiosa. Pero desde luego
se nota también que no heredó nada de
su padre en cuanto a sus ideas en materia de gobierno: comprendió el carácter
de su tiempo y entró en su espíritu.
EL PERIODO DE JUVENTUD

El Gran Duque M.iguel ha cumplido el
año trigésimo nono. Cuando nació parecía destinado a no subir ·nunca al trono.
Tenía dos hermanos de más edad que él:
el Gran Duque Nicolás, que fué después
el Emperador Nicolás II, y que acaba de
abdicar en circunstancias que son bien
conocidas de los lectores de PEGASO, y
el Gran Duque Jorge que por sufrir una
enfermedad del pecho murió todavía joven. ·La infancia y la adolescencia de Mi-

La Gran Duquesa con sus libros preferidos.

El Gran Duque_Miguel.

ses, de esos reyes a quienes se llamaba
los abuelos de Europa. En efecto, ;!rededor de los dos nobles viejos se agruparon durante algunos días casi todos los
soberanos del viejo continente. Empéradores y reyes, y los hijos de éstos, y con
ellos los primos alemanes formaron, durante algunas sem_anas, la más alegre de
las tertulias. Lejos de toda contrariedad,
fuera de todo protocolo, hacían paseos
inacabables a pie, a caballo o en automó.:vil. Partían en la madrugada y rej?resaban por la noche; se comía y se merendaba sobre la yerba y se mezclaban a la
muchedumbre de los aldeaO&lt;Js y, en las
campiñas tenían el placer de dejarse llamar sencillamente señor o señorita.
De este período en Dinamarca, el Gran
Duque Miguel ha ~ardádo siempre el

PEGASO

mejor recuerdo. No· obstante, al terminar las vacaciones el Gran Duque se empeñaba en regresar a Petrograd a reanudar los estudios momentáneamente interrumpidos. De esos estudios las preferencias del Gran Duque Miguel eran por
las ciencias exactas y también por la filosofía y la sociología, por lo que alguna
vez lo reprendí~ su padre tratándole de
ideólogo. De allí data su educación, orientada esencialmente hacia la carrera de
las armas, por la que se manifestó siempre muy interesado.
Era aún muy joven cuando.murió Alejandro III. Durante los primeros años
del reinado de Nicolás II tuvo una existencia voluntariamente retirada. Vivía
muy cerca de la emperatriz viuda, de
quien fué siempre el niño mimado y se
consagró completamente a sus ocupaciones militares, sin aparecer nunca en las
ceremonias de la Corte.
Sin embargo, llegó un día en que fué
el heredero presunto de la corona. Su
herr:1~no menor, el Gran Duque Jorge,
mur10; su hermano mayor, el Czar no
tenía aún descendencia masculina ... ~ Inmediatamente se formó un partido poderoso al cual pertenecían algunos miembros de la familia imperial. La oportunidad de substituir al Czar por su hermano fué discutida. Presintiéndolo, el Gran
Duque Miguel, con una lealtad que le
hace honor, rehusó a prestarse a tales
maniobras: «Soy únicamente el hermano
del Emperador, respondió, y no quiero
ser otra cosa.» Estas intrigas, a las cuales fué absolutamente extraño, estuvieron a punto de atraerle la enemistad de
la Czarina, quien para impedirle todo derecho a la corona, pretendió que se decretara que en Rusia, como antes, las
mujeres podían tener acceso al trono.
DEL MATRIMONIO AL DESTIERRO
El nacimiento del czarevitch Alexis pareció concluir con toda mala inteligencia
entre el Czar y su hermano; por el contrario, un incidente de familia atrajo una
ruptura completa. Apartándose de todas
las costumbres de la Corte, el Gran Duque Miguel contrajo matrimonio morganático con una joven burguesa, de mediana posición, con una divorciada. A pesar
del veto absoluto del Emperador, hubo
de casarse en 1911 con la señora Natalia
Schernerestky, hija de un buen abogado
de Moscow, cuyas opiniones se acercaban al socialismo. La nueva Gran Du-

La revoluoión en Rusia.-El pueblo reco·
rriendo las calles de Petrograd.
9

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cés ocupado todavía por las leiriones del
Kaiser. Con ello prolongará más tiempo
el soberano teutón el desgaste de sus
fuerzas y con él la acción de su flota submarina ....

,

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~-.
. _.!~4.

.

No basta a un Impermeable tener el nombre de ''Impermea-·
ble" para ser efectivamente

IMPERMEABLE
l.,_

El fin de una dinastía. - La abdicación del Czar Nicolás II.

quesa fué casada con un austriaco, un tal
von Voulfert, que le daba muy mal tratamiento.
,
Al saber que su hermano habia desobedecido su orden, Y a pesar de las súplicas de la Emperatriz madre, el Czar
determinó el dPstierro del Gran Duque;
le retiró los títulos, los cargos Y las dignidades; lo despojó de los derechos a la
corona y puso sus bienes bajo secuestro.
Los jóvenes esposos abandonaron Rusia y fueron a instalarse a Inglaterra para después pasar el invierno en Cannes.
Se les veía circular sin cesar a caballo;
se les encontraba en algunas casas de té
a la moda, en algunas tiendas de anticuario. Fervientes aficionados al golf Y al
tennis, practicabtm con pasión estos dos
deportes y de tiempo en tiempo pasaban
una larga temporada en París, de cuya
atmósfera intelectual se manifestaron apasionados.
.,
En París los sorprendió la declarac10n
de guerra. No necesitó más Y envió al
Emperador este sencillo mensaje: «Corro a poner mi espada al servicio de mi
patria. • E inmediatamente tomó el cami,
no de Petrog-rad.
La entrevista de los dos hermanos fue
emocionante: uno se echó en brazos del
otro y así perma necieron largamente. El
Gran Duque fué restablecido en sus cargos y en sus dignidades; su mujer fué
autorizada a volver a Rusia en donde se
le hizo condesa Frassof.
EL GRAN DUQUE EN EL EJERCITO
Poco tiempo después el Gran Duque
10

ingresaba al ejército. A la cabeza de la
División caucásica combatió en Galitzia
y en los Cárpatos. Su División, que por
su heroísmo fué llamada la «División
salvaje•, se cubrió de gloria en 1915 al
derrotar a tropas escogidas como son los
cazadores tiroleses. El joven jefe fué
promovido al grado de Mayor General,
después al de Teniente General y, por
último, al de Comandante de un Cuerpo
de caballería.
De una bravura a toda prueba, el Gran
Duql.\e quería verlo todo por sí mismo y
se le encontraba siempre en la primera
línea. Sus dragones lo habían premiado
con el bello apodo de «el Gran Duque
bravo de la muerte• y más familiarmente
le llamaban «su Miguel.•
Durante un corto período el Gran Duque volvió a Petrograd, de donde se trasladó al Cuartel General del Czar. El Eroperador quería frecuentemente tenerlo a
su lado y gustaba de consultarlo en las
más graves circunstancias y lo admitía
en los consejos de la corona y se hacía
acompañar por él en el acto solemne del
cuarto período de la Duma.
Ya saben los lectores de PEGASO que
el 16 de marzo, a las tres de la mañana,
el Emperador era obligado a firmar el
acta de abdicación en que, por no separarse de su pequeño hijo, dejaba el trono
a su hermano. Tal es, a grandes rasgos,
la fisonomía de este noble personaje que
a no haber sido por la voluntad de los
revolucionarios rusos, ocuparía en e~t?s
momentos el trono cuyo es el domm10
más vasto de la tierra.

PEGASO

Cuando nosotros ofrecemos un
Impermeable, el comprador
lleva nuestra garantía, y esto
quiere decir que devolveremos
el dinero si la prenda compra·
da no satisface del todo y que
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El Ministro Ribot acaba de hacer en la
Cámara de Diputados declaraciones que
definen claramente la conducta que se2uirá el gobierno francés con los elementos socialistas que en momentos de tanto
peligro para la causa nacional pretenden
llevar a las conferencias pacifistas de Estokolmo la voz de la nación. «La paz, dijo el Ministro, no puede ser acordada por
ninguno de los partidos políticos. Es un
asunto que concierne a la Francia entera
y sólo puede ser negociada por el pueblo
francés legalmente representado por su
¡robierno. La paz vendrá únicamente con
la victoria . ... • Tanto en Rusia como en
Francia se mueven hace tiempo los agitadores, inoculando en el organismo de
la defensa común, el virus de la disolución, inconscientes unos, conscientes tal
vez otros, de que al hacerlo trabajan por
la pérdida de los suyos. Las consecuencias de esta agitación se están palpando
en Petrograd, donde masas de obreros y
soldados, exaltados hasta la demencia,
paralizan la acción del gobierno, mientras
sus hermanos, llenos del ensueño de su
naciente república, mueren heroicamente en los campos de batalla, sosteniendo
el honor de su bandera. Ultimamente estos grupos anárquicos han llegado hasta
la franca rebeldía, apoderándose de la
fortaleza de Kronstadt y constituyendo un
poder frente al g-obierno provisional. Por
fortuna parece que su actitud ha sido
condenada por la mayor parte de la naci0n y que tendrán que volver sobre sus
pasos. Si no lo hacen así, la fortaleza desaparecerá junto con ellos bajo el fuego
combinado de los buques y de las tropas
leales. En Francia, la anarquía, corriprida por el buen juicio y el patriotismo galos, no ha dejado de gruñir, de lanzar al
viento algunos gritos; todo inútil: el pueblo no le ha prestado atención y el gobierno .... el gobierno se halla dispuesto
a ponerle una mordaza si es necesario.
En Alemania no se ha visto en realidad
con malos ojos este movimiento de los
socialistas hacia Estokolmo. Es una de
tantas esperanzas de que la paz alboree
en el horizonte ennegrecido por las derrotas. En una conferencia, el grupo socialista alemán llevará, por su disciplina,

la voz cantante; y si del cambio de ideas
no sale la paz, bien pueden salir de allí
¡zérmenes de discordia para los aliados
que contribuyan a mejorar, con la ayuda de Dios, la situación de los siempre
victoriosos, aunque reculadores, ejércitos del Mariscal Hindenburg.
Previendo esto, y aleccionada por lo
que está ocurriendo en Rusia, Francia ha
cortado por lo sano, haciendo saber a los
socialistas, por boca del Ministro Ribot,
que su patria no los autoriza para embarcarse en la aventura alemana de EstokolIl_lO, porque el arreglo de la paz es asunto que ya ha sido encomendado a otros:
a los que están, cerca de la lumbre, en
las trincheras.

***
Los italianos, amenazados en concepto
de los críticos militares por una ofensiva
fulminante, han desarrollado la suya con
un brío estupendo. Nada ha podido contener el avance de los soldados de Cadorna: posiciones que parecían inexpug-nables han sido deshechas por la artillería, divisiones escogidas enviadas a la
línea de fuego han tenido que ceder el
terreno maltrechas y desalentadas; y el
¡zobierno austriaco, angustiado por la tremenda presión ejercida en su frente, se
dispone a abandonar el gran puerto del
Adriático que debería ser el centinela vigilante de los intereses de los Imperios
centrales en el flanco de Italia.
A pesar de que la inactividad de la armada rusa ha dado largas semanas de
respiro a los teutones, éstos no han acudido en auxilio de sus aliados. Acontecimientos tan graves como los de esa reg-ión se registran en otros sectores y no
se hallan en condiciones de distraer las
tropas que defienden sus propias posiciones amenazadas por la ofensiva franco-británica. De la importancia de esta
acometida formidable pueden dar idea las
pérdidas que el ejército inglés sufrió en
el mes de mayo (106.000 hombres) y que
el gobierno de Londres confiesa con su
habitual honradez. No es extraño que la
prensa empiece a hablar, como de un rumor escapado a la censura alemana, de
la próxima evacuación del territorio fran-

Despachamos en el día que Se recibe
todo pedido foráneo.

RlCIBA lL MAXIMO POR SU DINlRO

HIGH LIFE
L. BLOGK

El soldado alemán, además, ha perdido, bajo la inevitable eficacia de los golpes enemigos, su primitivo arranque. Ya
no log-ra, como antes, quebrantar fácilmente la resistencia de sus adversarios;
ya no impone su voluntad bajo la tempestad de hierro de sus cañones; ya no
da lecciones de valor y disciplina: cuan•
tas veces es lanzado al fuego, y va con
frecuencia porque sus jefes son pródigos
de la sangre de los suyos, vuelve castigado a sus posiciones, sintiéndose impotente para afianzar definitivamente los
piés en la codiciada tierra francesa.
El retorno a la patria, el contacto más
íntimo con los de su raza, el sentimiento
instintivo que impele a todos los hombres a defender el patrimonio nacional,
le inyectarían nuevas fuerzas y tal vez
luciría sobre sus banderas, antes de apagarse para siempre, el rojo sol de Charleroi. ...

El pueblo alemán ha celebrado con júbilo el aniversario de la batalla naval de
Jutlandia. Ya que no es posible ale1rrarse por victorias recientes hay que hacerlo por las viejas. Con ello se refresca un
poco el orgullo militar asfixiado en la atmósfera de fuego del presente; y sobre
todo se reanima el espíritu decaído de los
soldados.
Lo malo es que esta victoria naval nadie se la puede atribuir en realidad. Los
alemanes porque si bien echaron a pique
algunos buques mientras lucharon con
una fracción de lá escuadra inglesa, pusieron piés en polvorosa en cuanto el
l?'rueso de la escuadra enemiga apareció;
y los ingleses porque si bien sacrificaron
heroicamente algunos buques para dar
tiempo a que el resto llegara, dejaron escapar a sus adversarios cuando estuvieron en condiciones de aniquilarlos.
Pero si Inglaterra no puede vanagloriarse del choque de Jutlandia, Alemania
mucho menos. Desde que su flota volvió
victoriosa de las aguas de Jutlandia no
ha podido salir de sus agujeros; y esto
puede ser una señal o de que volvió muy
maltratada o de que todavía no se le pasa el susto!

Sitio de

ANGELINN

dis;;;;;}

Lugar único
Paraje delicioso

Joya del valle

Esq. Ave. Madero y Gante.

PEGASO

II

�CARICATURA EXTRANJERA

Una luz inesperada

ña, y estas camas pequeñas-próximamente
medio centenar- han sido fabricadas, con
apresuramiento febril, empleando ramas sin
descortezar, y se asemejan a lo que llamamos,
en nuestros jardines, muebles de estilo rústico. Pero, ¿ por qué existe este calor, casi irres·
pirable, que desprenden las estufas? Nunca es
bastante elevada la temperatura cuando se
trata de pulmones asfixiados. Y esta obscuridad, ¿para qué esta obscuridad que da aspecto
dantesco a este lugar de martirio y que debe
de molestar tanto a las amables y blancas en·
fermeras? Es que los bárbaros están ahí, en
sus agujeros, muy cerca de este pueblo, cuyo
campanario y cuyas casas se han complacido
más de una vez en destrozar, y si, con sus anteojos, siempre en acecho, viesen en este triste
anochecer de noviembre, iluminarse la hilera
de ventanas de una sala grande, inmediatamente olfatearían que era una ambulancia, y
los proyectiles lloverían sobre los humildes lechos: ¡conocida es su predilección por ametra·
llar los hospitales, los convoyes de la Cruz Ro·
ja y las iglesias! ....

la imaginación y para mantener durante más
tiempo el odio indignado y la sed de las s..ntas
represalias!
Porque hay un hombre que nos ha preparado detenidamente toe.lo esto, y ese hombre continúa viviendo; vive, y, como el remordimiento es sin duda desconocido para su alma de
buitre, ni siquiera sufre, a no ser que sufra el
furor de haber errado el golpe .. . .
Nuestros soldados que, con los pulmones
abrasados. jadean en sus reducidos lechos rosticos, muestran expresión de gratitud cuando
alguien, acompañando al médico, se aproxi~a
_a ellos, y, si se les estrecha la mano, fijan en
el visitante una mirada bondadosa. Me detengo ante uno completamente hinchado, imposi•
ble de reconocer, sin duda, para los que le vieron cuando aún no había sufrido esta horrenda
inflamación; basta tocarle, aunque sólo sea¡¡.
gerísimamente las doloridas y dilatadas mejillas, para sentir bajo los dedos la crepitación
de los gases infiltrados entre la piel y la carne.
«Vamos, esto marcha mejor desde la mañana&gt;,
dice el médico militar. Y añade, en voz baja,

Una página histórica
La noche del 2 de abril en
el Capitolio
•••. Sumidas en profundo silencio observaban la grave, pálida figura de
Wilson, al pie del estrado del Presidente de la Cámara, a medida que en
voz baja y resonante iba enunciando
las palabras de un discnrso ·q ne ha de
perdurar como la obra maestra de los
estadistas americanos.

Washington, la ciudad burocrática, la
más tranquila y quizá la más bella de las
ciudades americanas, se convirtió de
pronto, la noche del 2 de abril, en la ciudad imperial, a la que, como a una Meca,
han de llegar de seguro los peregrinos
de todos los países aliados y, acaso, al~n día, de todas las n~ciones del globo.

CARICATURA EXTRANJERA

te. Todos esperaban al Presidente y su
decisión en favor de la guerra.
En el ambiente se respiraba guerra,
guerra en el Capitolio y guerra en la
gran multitud que apenas podía contener
el piquete de caballería apostado en las
cercanías.
Por fin llegó la hora. Tres automóviles atraviesan a toda velocidad la gran
Plaza frente a la larga línea de soldados
de caballería, que esperan con las armas
terciadas; y se detienen de pronto junto
a la escalinata de la Cámara de Diputados.
Es difícil analizar la extraña fascinación de este Presidente que ha tomado
su puesto entre los grandes hombres del
mundo.
Wilson habla bien casi desde que era
un muchacho; y en Princeton, especialmente, se dedicó con celo al estudio de
ese arte. No obstante, Wilson nunca
«hace oratoria&gt;. Es expedito y va directamente al punto. Su figura, alta y escuálida, da la impresión de un activo
hombre de negocios, y al mismo tiempo

Narraciones de PIERRE LOTI
Un lugar de horror, que pudiera creerse
imaginado por Dante. El ambiente es pesado,
sofocante; dos o tres lamparillas, que arden
cual si temiesen alumbrar demasiado, taladran
un poco la obscuridad nebulosa, muy cálida y
como impregnada de sudor y fiebre. Varias
personas, atareadísimas, cuchichean con an·
siedad. Pero predominantemente se oyen es·
tertores de ~genia . . . E sos estertores surgen
de multitud de camas pequeña~. alineadas has·
ta tocar unas con otras, en las cuales se vislumbran formas humanas, pechos que palpitan
con excesiva fuerza, con excesiva rapidez, y
levantan las sábanas cual si hubiese llegado la
hora de exhalar el postrer suspiro . .
Estamos en una de nuestras ambulancias de
la línea de combate, en una ambulancia improvisada del mejor modo posible, al siguiente
día de una de las más abominables maquina·
cienes alemanas; la índole de la lesión recibida
por estos hijos de Francia, que jadean como
agonizantes deshauciados, no permite que sean
trasladados más lejos. F.sta sala espaciosa, cu•
yas paredes se hallan deterioradas, fué basta
ayer una bodega para los toneles de champaCARICATURA EXTRANJERA

Solo de violín, interrumpido
12

El pequeño se resiste... Pero ...
Así, pues, casi no se ve aquí, entre una es•
pecie de bruma desprendida por el agua que
hierve en los hornillos, A cada instante las
enfermeras traen enormes balones negros, y
los enfermos que más sienten el abogo, tien·
den las manos trémulas implorando ese auxilio: es oxígeno, que les permite respirar mejor
y sufrir menos. Muchos de ellos tienen los ba·
Iones negros colocados sobre el pecho jadeante, y, en la boca, sujetan ávidamente el tubo
por donde sale el gas salvador; se les tomaría
por niños grandes tomando el biberón; y er
efecto es de bufonería fúnebre en estos cuadros
de horror, La asfixia, según las constituciones,
actúa de diversos modos que requieren distin·
tas formas de tratamiento. Algunos, casi rlesnudos en el lecho, están cubiertos de ventosas
o embadurnados por completo con tintura de
yodo. Hay otros--por desgracia gravisimostotalmente hinchados, pecho, cara, brazos, y
que se asemejan a muñecos de tripa llenos de
aire . .. Muñecos de tripa, niños con biberón,
aunque tales imágenes sean las únicas exactas,
parece casi un sacrilegio emplearlas cuando
la angustia nos oprime el pecho y cuando se
sienten ganas de llorar de compasión y de llorar de rabia.... Pero jojalá estas comparaciones brutales, precisamente por su misma
inconveniencia, sirvan para grabarse mejor en
1

PEGASO

dirigiéndose a la enfermera: &lt;Empiezo a creer,
señora, que a éste le salvaremos también; pero
es absolutamente preciso no dejarlo ni un mi·
nuto.&gt; ¡Qbl La recomendación es inútil, por·
que la blanca enfermera, cuyos ojos están ro·
deados de un circulo violáceo producid, por
cuarenta y ocho horas de vela sin descanso,
no tiene la menor intención de dejarlo. No,
ninguno será &lt;dejado;&gt; para confiar en ello,
basta con mirar a todos los juveniles médicos
y a todas estas enfermeras, algo rendidas por
el cansancio, es cierto, pero muy vigilantes.
muy animosas y sin perder un momento de
vista a los enfermos.
JY, gracias a Dios, se salvarán casi todos!.
Tan pronto como se encuentren en
ciones de ser transportados, se les llevará le¡os
de este infierno de la línea de combate, don~e
las granadas del Kaiser se ensañan volunta~a·
mente en los moribundos; descansarán me¡or
y en mejores lechos, en ambulancias ~ás tran·
quilas, donde aún sufrirán mucho c1ertameo·
te, durante ocho días, quince o un mes, pero
de donde no tardarán · demasiado en vo!ver,
mejor prevenidos, más prudentes y a031~
de batirse de nuevo. Puede afirmarse que e
gol pe de la asfixia h_a fallado, ~orno falló el
las grandes acometidas salva¡es; no ha d~
de sí lo que la cabeza de Gorgona espera

co~•-

~!

Pasa a la página 17•

Al fin ....

Washington nunca había presenciado
una escena como la que presenció esa
noche.
En la colina del Capitolio, en la Cáma-·
ra de Diputados-una sala demasiado pe•
queña e inadecuada para los tremendos
acontecimientos que van a desarrollarse
en ella-se habían reunido los diputados,
los senadores, hasta el mismo La Follette,
arrogante, obstinado; Stone, el evasivo;
Vardaman, el de las grandes melenas, y
el resto de los doce del pequeño grupo
de «obstinados&gt;, como les llamó el Presidente Wilson. Ahí estaban también,
ocupando curules, en virtud de un tradicional privilegio, los ministros de algunos de los aliados de los Estados Unidos.
Jusserand, de Francia, siempre activo
Y vivaz; el flemático Sir Cecil Spring
Rice, el Ministro de Bélgica, el señor
Calderón, de Bolivia; otros de los Ministros de Sud-América, y, por último, el
~ñor Ignacio Bonillas, el nuevo EmbaJador de México en Washington, quien
entraba a la sala en los momentos en que
se pronunciaba el nombre de su país.
Ahí estaban también los jueces de la Suprema Corte y los miembros del Gabine-

Un catcher poco afortunado

al Senado a deliberar y a redactar la declaración de guerra a Alemania.
La escena de la votación en la Cámara
de Diputados es también emocionante.
Son las dos y media de la tarde, y ya
los gritos de los Diputados y de los curiosos de las e-alerías se confunden: «¡A
votar!» El Presidente de la Cámara,
Champ Clark, ha vuelto a ocupar su
asiento. La última de las enmiendas propuestas ha sido desechada. Cada uno de
los Diputados, y la única Diputada, ocupan ya sus curules. A las tres, a medida
que el Secretario va pasando lista, la
opresión y el suspenso que reina en la ·
sala se hacen casi insoportables. Por fin,
el Secretario grita: «Miss Rankin; Mis
Rankin!» y por tercera vez, «Miss Rankin&gt;!. ... Entonces la mujer se levanta
y con voz palpitante de emoción, dice estas sencillaslfpalabras: - «¡Yo también
quiero servir a mi patria, per0 no puedo
votar por la guerra!»
El Secretario termina de pasar lista, y
a las tres y catorce minutos, se da lectutura a la votación, 373 contra 50.
¡Guerra!

CARICATURA EXTRANJERA

Los gases mortíferos

CARICATURA EXTRANJERA

DONALD WILHELM •.

da la impresión de algo que se remonta,
que se mantiene aparte. Por eso la gran
multitud que le aguardaba vaciló en recibirle con vivas a su llegada, en esa memorable noche; pero al final, en toda
aquella inmensa muchedumbre no había
más que dos personas que no le lanzaran vivas. Eran dos mujeres que estaban
en el palco del Ejecutivo: la esposa del
Presidente de los Estados Unidos y su
hija Margarita. Sumidas en un profundo
silencio, observaban la grave, pálida figura de Wilson, al pie del estrado del Presidente de la Cámara, a medida que en
voz baja y resonante iba enunciando las
palabras de un discurso que ha de perdurar como la obra maestra de los estadistas americanos. Mientras otras muchas mujeres lanzaban vivas entusiastas
que no podían ser acalladas, esas dos mujeres permanecían silenciosas, inmóviles
sin una sonrisa en los labios. Cuando sa:
Iieron de su ensimismamiento, ya el Presidente había salido, con la frente inclinada hacia el suelo y alargando las manos a la multitud que le salía al paso. y
entonces, los senadores- lo mismo los
&lt;obstiaados&gt; que los otros-se dirigieron

PEGASO

CARICATURA EXTRANJERA

Un dulce sueño ....

13

�LTEATROS y CINES!
ARBEU

La semana teatral ha sido poc-o novedosa. En el Arbeu sigue Onofroff haciendo
a los estudiantes de medicina que se quiten los calcetines y que marquen verónicas a una silla sin que en realidad la importancia de los experimentos aumente
como en público se creía. El quinteto baturro, en el mismo coliseo, ha continuado
con bastante éxito, porque en verdad la
Pilarica sigue a esos cinco sus hijos a
quienes puso sal, mantones, alpargatas y
un tantico de «Angel» para jlanarse lo de
la casa de asistencia y al¡¡-o más.
La Compañía de zarzuela de este teatro fué disuelta mediante una areng-a de
García Prieto, bastante tierna. Siguen
ahí Etelvina Rodríguez, Villarreal, Arozamena, Arnaldo y no sabemos qué otra
persona, encargados de poner piezas chicas, para salir del paso sin que la nómina
s_ea un ~f~ ? '-!n viruela de esas de poder
hbertar10 1hmitado, que hoy por hoy tienen al Consejo sin punto de reposo.
El público ha estado asistiendo con
buena voluntad, pero como quiera que la
luneta cuesta$ 4.50 (palabras de un re•
vendedor, el domingo último) pensamos
que la taquilla está expuesta a sufrir un
derrame de bilis.
No, señor García Prieto, por$ 4.50 se
puede conseguir un magnífico Ford que
en el sitio produce algunos hidalgos y
u~a que otra defunción por atropellamiento.
COLON

Por este teatro han sido las novedades:
La Cirés Sánchez debutando con Madrigal, de Martínez Sierra. 0bra que gusta
porque es Tu eres la Paz arreglada a

la escena, y Tu eres la Paz gusta y ~ustará siempre a la mayoría de los publicos. La Castillo en Madrigal está constantemente atinada y ni un solo momento decae en voluntad y entusiasmo.
Próximamente se presentará una bailarina, que creo que baila en serio.
Maurente sale o salió ya para España
y es muy natural esperar algo bueno de
este viaje, porque en todos es conocida
la actividad de este empresario. Díez se
quedó al frente de la Unión Teatral.

De venta en la Librería

"ATENEA"
Calle de Gante No. 1 - Apartado 5358
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FRANCISCO VILLAESPESA.
Mis mejores versos. . .. . . . . . • .. . . .
El Alto de los B okemi·os.......... .
Las horas que pasan veladas de
Amor .............. . ......... ..
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Var~as Vila ...•. , . . . . . . . . . . . . .
Las Joyas de Margarüa, Brevt'a·
rio de Amor, La Tela de Penélo•
pe, El Milagro del Vaso de 'Agua
Intimidades, Flo'l'es de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener .......
Los Nocturnos del Generalife. Poe·
sías .......... ·······• · • · ~•· · ···
Doña Maria de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales ..... .........
En el Destz'erro ...................
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse ·
ppe Giacosa ........ ... . ... .. . .. .

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0.70

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0.70

IDEAL

,

,

En el Ideal veremos a la Compañía de
Rafael Arcos, en la que figura la primera
actriz María Tubau. Según las crónicas
que nos llegan de la Península Yucateca
en donde hizo una brillante temporada¡~
referida Compañía, Arcos es un actor cómico de valer y la Tubau una dama llena
de gracia y gentileza. Hace algún tiempo
que murio en España una notable actriz
que llevó el mismo nombre de María Tubau y alguien se supone por ahí que es la
Tubau famosa, la debutante. No, señores¡ repito que la que llamó mucho la
atención en época pretérica ya figura en
una acta del Registro Civil -acta nel!ra- allende los submarinos.
La Copa del Rey de Tkule, La Musa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez.... .. .... , .. .. .. . .. . ..
Alcáza.r de las Perlas . . , . . • • . . • . .
Lámparas Voti'vas .. . . ............
El Espejo Encantado., ...••.......
Judith.. .. . . . . . .. . . . . . .. . . . . . .. ..
Doña Maria de Padilla, Ed, Renacimiento ............. , . .........
Campanas Pascuales ... . .... , . . . . .
El Reloj de Arena.... . ....... . .

., 1.8o
, , 2 .10
,, 1 80
., 2.10
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Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: Francisco Villaespesa,
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Colección completa ......... . 7 vol. ,.

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DEPORTES
Por- A . B. C.

FOOT-BALL
MEJER Y HUERTA - A. B. C.
El pasado domingo a las 10,30 de la mañana
jugaron su primer juego de liga los equipos
A.B. C. y Meyer y Huerta en terrenos del
primero en la Colonia Roma. El •partido fué
poco interesante, resultando empatado: 1 a 1 .
El interés por los juegos de foot-ball de Ja li·
ga de segunda fuerza ha. decaído considerablemente. Quizá lo largo de la temporada
tenga mucho que ver. Les jugadores se han
cansado.

INTERNACIONAL• MILITARIZACION
Ests partido resultó más interesante. El Mi/itarizaci'tfo se ha reforzado considerablemente. En la actualidad tiene, de buenos jugadores, a Aurelio Hernández, quizá el mejor

half-back mexicano, a Pérez Meléndez, que
por más que se ha querido hacerlo pasar como ~e segunda fuerza en el campo, debería
cons1derársele como de primera, a Sandoval
que juega en la primera del Junior, a los hermanos Muñiz, a Félix del Canto, quejugaba
ala derecha del A. B. C. Con todos estos ele·
mentas el Internacional los venció; 2 a I en
campos del Juni'or. El juego fué por la tarde
Y hubo bastante concurrencia.

FIESTA DEPORTIVA EH PACBUCA
Organizada por el Club A11ahuac, se efectuará una fiesta deportiva en la ciudad de Pa·
chuca el próximo domingo. Han sido invitados
los elementos de Mi'lz'tari'zacidn y el sábado
por la tarde, en tren especial, saldrán los equi•
pos de foot-ball, basket·ball y team de pista,

"CERVANTES"

NOVEDADES LITERARIAS
E. HoMs. Las Unicas Rosas. Comedia en dos acto~ ................
RAMÓN R. PÉREZ DE AYALA. Las
Máscaras. Ensayos de crítica teatral ................. .. ...... ..
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América y Europá vol. II. Y último: Revoludones y Guerra.s Ame·
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M. A. BEDOYA. El Rifo del Doctor
Woljfan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
EDUARDO ZAMACOIS. Duelo a muerte

Los vencedores.

El equipo de foot-ball va muy bien integrado.
Las señoritas que forman el team basket-bai¡
están muy entusiasmadas y el conjunto puede
cmisiderarse fuerte Para los saltos con garrocha van A. B. Cuéllar, Alfredo Ramos, Becerril, Fernández y Villagómez. El team de1pista
lo forman Bernardo Hernández, en la media
milla, P, Villagómez en el cuarto de milla, A.
B. Cuéllar en las 220 y W. Piana, en ·las 100
Ya tendremos a nuestros lectores al tanto
del resultado de este festival que ofrece ser
interesante, dados los elementos que en ·él to•
marán parte.

JUNIOR • MIXCOAC
,.

1.8o

,,

2.10

El juego entre estos dos equipos resultó interesante. El score o a o. Sentimos no poder
obsequiar a nuestros lectores con fotografías
por no haber concurrido el señor fotógrafo,
como babia prometido.

Las últimas carreras de automóviles. -La partida.
\

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GRAN CAJON DE ROPA Y NOVEDADES

Looooooooooooooooo&amp;

PEGASO

Esq. Isabel la Católica y la. Cap,chinas.
IS

�La mujer americana
y la guerra
Una carta de Emma Sherldan Fry

Por impulso propio, muy explicable en
su sexo, o influenciada por el elemento
tudesco que trabaja en Estados Unidos
por apartar al pueblo de la guerra europea, la señora Villard, Directora de la
Federación de la Paz, ha e~tado haciendo
una campaña muy activa en la prensa
con el fin de apagar el naciente entusiasmo bélico de sus compatriotas.
Ultimamente apareció en el New York
Times, firmado por la señora Villard, un
llamamiento en favor de la paz, que causó sensación.
Ocupaba una plana entera del gran
diario neoyorkino y decía en todo su terrible laconismo:
«Madres, hijas y esposas de los hombres. ¿No tenéis corazón? ¿No tenéis
ojos? ¿No tenéis voz? Se nos está arrastrando a la guerra y vosotras no queréis
la guerra.~
·
Las protestas no se hicieron esperar, y
una de ellas merece conocerse por la virilidad con que está escrita y el ejemplo
que entraña en sus duras e inflexibles
líneaa.

Dice así:
«Yo soy una de las mujeres americanas
que protestan contra el llamamiento de
la señora Henry Villard, de la Federación de la Paz. Yo no puedo insertar un
anuncio de una plana entera en los diarios, y llamar sobre mí la atención del
público como ella. Ojalá pudiera, porque
estoy segura de que hay en los · Estados
Unidos muchas «madres, hijas y esposas
de los hombres)) que hablarían por mi
boca.
·
Las vidas que han sido ya sacrificadas, los hogares desolados, los niños que
han quedado en la orfandad y las madres
que lloran, me dicen que hay alj!o peor
para mis «hombres» -que ser pasados a
cuchillo, y algo peor para mí que lamentar su muerte.
Ningún hombre que sea digno de haber sido llevado en el vientre de una mujer ha rehuido jamás una lucha de honor
porque dos brazos femeninos se colga•
rana su cuello para «salvarle». Yo estoy
segura de que nuestros hombres, los de
la señora Villard y los míos, serán hombres, ya sea que les ayudemos o que les
-estorbemos. Y mi deseo más ferviente es
ayudar, no estorbar, a los míos.
Yo no deseo la guerra. Quiero qlie
mi patria sea un lugar de paz y de confraternidad; quiero que mi hogar esté a
salvo, y yo, libre, respetada, sin temo-

res. No deseo la 1?Uerra, pero «si mi voz
pudiera ser oída», habría guerra y la
habría sin demora: guerra contra las
fuerzas del terror que amenazan con subyugarnos y destruirnos. .
Nuestro mayor peligro está en sumetgirnos espiritualmente y en identificarnos con esas fuerzas; levantarnos contra
ellas es nuestra salvación, vivos o muertos.. Si esas fuerzas nos traen la muerte,
¡bendita sea! Menos miedo le tengo a la
muerte, para mí y para los míos, que a
la tranquilidad y a la vergüenza y a la
paz absorbidos bajo su yugo.
Yo soy una de las mujeres americanas
que protestan contra el llamamiento de
la señora Villard.
·
Emma Sherldan Fr1.

Brooklyn, N. Y.&gt;
Un curioso al chaulfer:
-¿Y deja usted subir a su esposa en el
aeroplano?
-¡Ah! Ella se ha empeñado. Yo domino
el viento, pero ¿quién domina una mujer?

***

Durante un estreno.
-Es un éxito.
- No, señor: un fracaso.
-Pues aplauden estrepitosamente.
-Oh .... , es para no dormirse.

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Sección de Ajedrez

Viene de la página r 2.
se ha intentado este golpe, e ligiendo siempre
los momentos más propicios! Sabido es que los
alemanes, maP.stros en el espionaje y constantemente informados de todo, nunca dejan de
escoger para sus ataques, sea n del género que
sean, los días de «relevo», las horas en las cuales los nuevos recién venidos ante ellos, se hallan aún bajo el influjo d? la coa fusión consiguiente a la llegada, Así, pues, ia noche en
que se realizó esta última fechoría, seiscientos
de nuestros hombres acababan de ocupar sus
puestos en las avanzadas, tra~ una larga y fatigosa marcha; de repente, entre una salva de
bombas que los sorprendió en el primer sueño,
escucharon, acá y allá, débiles y discretos silbidos, como lanzados por taimadas sirenas de
vapor, y era el gas mortífero que deflagraba
en torno de ellos, extendiendo sus densas y
lúgubres nubes grises. Al mismo tiempo y de
modo súbito entre aquella niebla menguó la
luz de las linternas. Enloquecidos entooces,
ahogándose va, pensaron demasiado tarde en
las caretas de que iban provistos y en cuya
eficacia, la verdad sea dicha, casi no creían,
Coa torpeza extraordinaria se cubrieron con
ellas; algunos, por irresistible instinto de conservación, al sentir la quemadura de los bronquios cedieron al deseo de correr, y esos fueron los más terriblemente dañados, a causa
del exceso de cloro inhalado en las grandes
aspiraciones efectuadas durante la carrera.
Los idiomas humanos no habían previsto
estas trascendentales ignominias, ante las cua.
les experimentarían repugnancia los caníbales
más abyectos, y, como no las habían previsto,

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TELEFONOS:

Mexicana 2213 Neri.

trlcsson 704.

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ro. A7AR
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r8. D7CR+
rg. C5D !
20. C4 &gt;\R+ !! (7)
2r. D6CR+
22. P3CR+
23. T3D +
24, D4R mate.
II.

NOTAS

PARTIDA NUMERO t4.
APERTURA VIENESA
BLANCAS
NEGRAS
!. .....

P4R
2. C3AD
3- P4AR
4. C3AR
5 PXP
6 . . CXP
7- C3AR
1.

( r ) Sacrifican,fo un pe:.n por un desarrollo
rápido.
(2) Se ve que las Blancas hao sido un poco
imprudentes aceptando el sacrificio del Peón;
su desarrollo es tardío y débil. Sin embargo,
g. AsCR parece preferible a la jugada escogi•
da Las Negras tienen ahora la ocasión de penetrar en el juego adversario por un nuevo sacrificio.

A. Goetz.

P4R
A4AD
3, P3D,
4· C3AR (r)
1.
2.

5. P X:P

/3) Casi forzado.

0. o-o
7, C3AD

no tienen palabras para designarlas . . . Para
elevar hasta el paroxismo la sed de venganza
y las indignaciones sagradas, quisiera yo que
todos, sus padres, sus hijos y sus hermanos,
viesen a nuestros infelices asfixiados, jadeantes en sus reducidos lechos; sí, quisiera e,hibirlos y hacer que sus estertores fuesen oídos
por todas partes, focluso por los neutrales, pa·
a sembrar la alarma por doquiera contra la
Gran Barbarie, en erupción sobre Europa.

· (4) Evidentemente má~ fuerte que 12. D X A,
que permitiría a la Dama rllanca entrar en
juego después de: , _¡. "X A

(5) La simple jugada A3D era mucho más
fuerte. Ahora el ataque de l '!s Negras se va a
volver irresistible.
(6) Para evitar el jaque en 5TR. Es di.ticil
encontrar una jugada satisfactoria.
··
(7) Aquí anunciamos las Negras mate en 5
jugadas. _·
( 8) Si "21. PXC, D7D + ;

mate.

Llame al Ericsson 10-27
Mexicana 54 Neri
O AL

Y pida unos primorosos cua.
dernos que contienen infinidad de labores femeninas. Se

~~lé~OIIIBlll~*~~~~~;.~~*~~~f&lt; OfflZ~:lllt.~

8. A5CR

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                </elementTextContainer>
              </element>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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Registrado como artículo de segunda clase et día 17 de marzo de 1917.

TOMO l.

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MEXIGO, D. f., 31 Dt MAYO Dt 1917.

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'1

EL Z,A.PATISMO DESAPARECE

E

\

NUM. 12.

-------- ·~-----Los rumores de que el zapatismo, exhausto de recursos, l:entes víctimas de sus atentados; y cada vez que la bomba crimermado por la deserción y amenazado por el espectro pavoro- , minal estallaba y arrojaba al abismo y a la muerte mujeres y
., del hambre, ha iniciado arreglos de rendición con el gobierniños, la civilización se estremecía y la sociedad impetraba el
no, es motivo de beneplácito para los que anhelan que la admicasti¡¡'o para los culpables,
nistración actual encuentre libre de obstáculos .el camino, por
Pero bajo la enseña de exterminio viven todavía las necesidonde irá lerita, pero seguramente, a la reconstrucción de la'
dades
invocadas por el zapatismo en sus primeros tiempos, y
República. La desaparición de cualquier grupo enemi¡¡'o del or-

den, fortalece al gobierno, que simplifica con ella sus graves

tras del crimen colectivo .alienta la angustia de los oprimidos.

dificultades interiores; pero la solución pacífica del problema

Por eso la idea de que, vuelto sobre sus pasos, el zapatismo,

zapatista adquiere una capital importancia, ya que entraña .Por

busque el amparo del l!'Obierno, hace concebir esperanzas de
que todo termine bien para todos. La extinción por la fuerza del

SUS oríl!enes y por los caracteres que ha asumido siempre, urí

grupo indómito qué se alzó por un fin justo y a quien el tiempo

SÍfnificado social de que carecen otros grupos rebeldes más numerosos y más temibles en el orden militar.

convirtió en malvado, tiene la tristeza de las esperanzas fallidas;

El zapatismo, prostituído por la mezcla de elementos espú-

mientras que la rendición voluntaria tiene a su lado la nobleza
del perdón y la sublimidad de las redenciones.

reos, corrompido por influencias nocivas de exaltados agitadores,
convertido en el más tremendo de los bandidajes por una larga
actitud de guerra a muerte contra todo orden establecido, tuvo

Hemos hablado solamente de las consecuencias morales del
caso; pero si pasamos a las del orden material y práctico, vere-

en sus orígenes una bandera de justicia, fué el grupo represenlativo de la clase proletaria en lucha por un ideal económico,

mos qué inmensas ventajas traería para el gobierno la desaparición del fantasma zapatista. Piense en el alivio militar que

étnico y social; fué la protesta contra el abuso .de los poderosos;

experimentaría el Ministerio de la Guerra con aprovechar las

lué el reto contra la esclavitud disimulada, la rebeldía contra la fuerzas que en Morelos combaten, en sus otras campañas contra

EN NUESTRO DEPARTAMENTO DE l\lAY OREO
·GRANDES DESCUENTOS

abyección moral impuesta por la plutocracia dominadora. Una

los disidentes; reflexiónese sobre el nuevo campo industrial y

8Dsia de mejoría, un afán de libertad económica, un · deseo de

aj;?rícola que volver:ía a la vida para remediar en mucho la esca-

lacudir el YUl!'O de su postración precipitó las masas proletarias

sez amenazante. Entonces se comprenderá que la rendición de
Zapata es algo que influirá de un .modo serio en la tranquilidad
del país, ya cansado de luchas y sediento de paz.

1 lllla lucha sangrienta contra el capataz opresor y contra la

ía del opulento.

La misma ignorancia del grupo en armas facilitó la obra
évola de los predicadores sin conciencia, y lo que fué grito

A LOS REVENDEDORES

"EL PALACIO DE HIERRO"

libertad y le~a de manumisión, trocose en guerra a muerte
Ira toda cla~e de instituciones sociales. Los que se quejaban
despotismo violaron la propiedad; los que clamaban por su
'dad de hombres perdieron toda noción de resprto a la' vida
·na; los que pedían compasión, no la tuvieron para las Jno-

El ¡¡'obierno que con su prudencia y tino lleve a cabo la
obra de pacificación del Sur, habrá conse¡¡'uido con ello todas
las ventajas enumeradas; pero habrá logrado un triunfo más
¡¡rande todavía: el reconocimiento por el zapatismo que depone
las armas, de que en el ¡¡obierno hay fuerza y justicia. Las hordas rebeldes no abrigarían seguramente confianza .Para poner
sus futuros destinos en manos injustas o débiles.

P.EGA'.SO
3

�La Discreción en la Vida
y en el Arte
Por MANUEL TOUSSAINT

Abomino de la discreción y, si queréis escuchar mis razones, abominaréis
de ella también vosotros. Mas no de lo
que hoy llaman discreción, el arte de
(!Uardar en la memoria, resistiendo a las
tentaciones de la lengua cuantas parlerías
impresionan el oído. Eso es asunto de
educación y de temperamento ·y no cae
bajo el dominio de mis facultades.
Tampoco abomino de la discreción en
el sentido amplio y vigoroso que a esa
palabra daban los clásicos; como Gracián,
que escribió un opúsculo para mostrar
cómo es un Discreto, sino de la discreción que mata las facultades rebeldes y
personales del espíritu, para producir
una conformidad anodina con el medio
ambiente. Esta discreción se asemeja un
poco a la prudencia; sólo que la segunda
es causada por el temor; la primera es
ingénita, es dominadora; la prudencia
huye, la discreción se impone. Un hombre no puede ser discreto e imprudente,
casi ninjlún hombre prudente es discreto.
Os describiré la discreción que odio,
y luego daré mis motivos para odiarla.
Un hombre discreto es el que obra en
todos los momentos de su vida como debe obrar; el que dice siempre lo que debe decir, nada menos y nada más. El
hombre discreto calla cuando debe callar
y habla cuando es imprescindiblemente
forzoso que su voz turbe la serenidad
del ambiente. Sus· palabras tienen la
ponderación de un análisis meticuloso y
sus respuestas son, casi siempre, incoloras. Se diría que el hombre discreto
créese enviado de Dios para mantener el
equilibrio en el mundo, y hacer que se
cumplan las profecías: donde se pone su
espíritu, reina la calma. No temáis que
haya contratiempo alguno en una re·
unión a que asiste!un hombre discreto, es
una especie de agente de seguros contra
incendios, contra reyertas, contr-a discusiones, contra miradas, contra palabras,
contra suspiros, contra toda cosa que
pueda caber bajo el adjetivo indiscreto.
El tiene siempre una lista de respuestas
usuales, que nada dicen, pero que responden sin comprometer; y ese es su
rasgo fundamental; no comprometerse
nunca, ni comprometer a otro, ni permitir que nadie pueda comprometerse ni
aun por su propia voluntad. La única
virtud de los hombres discretos es que
sirven para dar las malas noticias sin
que acontezcan desmayos ni se derrumben ecuanimidades: hacen la necesaria
preparación de artillería para que siga
sin fallar el asalto de las malas nuevas,
4

rápidas como centellas y mortíferas como
enviados de Satán.
Aparte de eso, ¿qué ventajas puede
tener la discreción? Ninguna a cambio
de daños innumerables que fácilmente
pueden conocerse.
En primer punto, el hombre discreto
destruye constantemente el sentido dramático de la vida, porque este sentido
-único que hace la vida digna de ser
soportada- nos viene de lo inesperado
y lo inesperado no sucederá nunca frente a un hombre discreto. Por eso es tan
poco interesante el teatro español contemporáneo: es demasiado discreto, sigue demasiado a la vida vul!!af y si ésta
no nos interesa bien vivida, menos va
a interesarnos mal representada; por eso
es tan sul!estivo el teatro del Norte, que
ha roto toda malla de discreción y habla
al espíritu por labios superhumanos, o el
de Bernard Shaw, cuya agilidad· espiritual rivaliza con su finísimo poder satírico, y en el que realza constantemente
a nuestros ojos Jo que no quieren ni
pueden ver los ojos discretos.
La discreción ha concluído con el interés de toda plática; porque nadie desea
oír lo que debe decirse y todos anhelamos escuchar lo que no debe decirse; las
mujeres sobre todo. Una conversación
en que se presuponen las frases de los
interlocutores es absurda o menos que
absurda, imbécil. El arte de enamorar
es enemigo de la discreción, porque se
funda en decir cosas indebidas, bajo el
disfraz de cosas valientemente sinceras.
En relaci~n con la palabra, el vicio de
ser discreto, no encontrará lugar adecuado sino en las prudentes extremas derechas de los parlamentos y allí será mordaza constante e ineludible.
Pues, si pasamos al terreno del Arte,
¿cuánto no podemos decir contra la discreción? Es la mano férrea que ahoga el
impulso del eenio por arrancar hacia la
esfera y produce, en vez de una obra
brutal, una obra únicamente .discreta.
¡Oh, artistas, destruid vuestras obras
discretas, aunque dejéis una sola en que
viva vuestro espíritu! Lo discreto, en el
Arte, casi se confunde con Jo mediocre,
que es como decir los cuadros Bou(!Uereau o las novelas de Ricardo León.
Recorred las épocas de todo arte. Los
llamados siglos de oro son siglos de indiscreción artística, vuelo libre en los cie- ·
los del arte de todos los l!enios indiscretos. Las decadencias implican un acrecentamiento de la discreción, como la
llamada escuela pseudoclásica de las letras castellanas, punto máximo de honraPEGASO

da discreción, de tediosa discreción, deintolerable discreción.
En literatura, desde luego, toda discre
ción es absurda porque quien quiera ser
discreto debe comenzar por no escribir:
la literatura es una indiscreción. Los que
hacen literatura discreta -y hay quienes la hacen, a pesar de todo- laboran
sobre colinas de viento, edificios de pesa.
dos bloques de fastidio. Los grandes ge.
nios literarios ignoraban del todo la discreción; en tanto que uno de los productos más legítimos de esta cualidad: la regla de las tres unidades, pongo por caso,
ha estado a punto de privar de Teatro a
la Humanidad. Casi este arg'umento bastaría para hacerla odiosa, si no existieran
además, los preceptistas, los nunca bien
detestados Hermosilla y Campillo, Legouvé y Albalat, hijos legítimos y padres
a su vez de la discreción literaria, y
próximos parientes, acaso, de Mr. Emile
Fa(!Uet, rico en esta renombrada virtud.
Dice Osear Wilde que la vida de las
mujeres es menos tediosa que la de los
hombres, porque tiene más prohibiciones
que salvar; puede decirse, también, que
es porque son menos discretas, porque
tienen mejor concepto de la vida. Los
hombres se imag'inan ser seres superiores porque sujetan sus días a un molde
pesadamente intelectual. De grado, se hacen víctimas de su odiosa discreción.

El banquete que 101 poetas
de M6:1lco ofrecieron al
gran poeta español

Villaespesa
fu6 una consagración del
buen gusto y de los platl•
llos nacionales. Y se slrvl6
en

Xochimilco lnn
Libros nuevos y de ocasión, todos
baratos

El Gentilhombre enfermo.
SU ULTIMA VISITA
TR~DUCCION ESPECIAL PARA &lt;PEGASO&gt;.

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquél a quien todos llamaban el
¡rentil hombre enfermo. Sólo queda de él,
después de su desaparición súbita, el recuerdo de su sonrisa inolvidable y un retrato de Sebastián del Piombo, que le representa envuelto en la sombra muelle
de una pelliza, con una mano enguantada que deja caer, flácida, como si estuviera dormido. Los que lo quisieron más
y yo fuí uno de esos raros, se acuerda~
también de su piel singular, de un amarillo pálido, transparente; de la ligereza
casi femenina de sus pasos y de la expresión habitualmente extraviada de sus
ojos. Le gustaba hablar mucho, pero nadie comprendía todo lo que quería decir
y aún hubo al(!unos que no quisiero~
comprenderlo, porque las cosas que decía eran demasiado horribles.
Era, en verdad, un sembrador de espanto.
Su'presencia daba a las cosas más sencillas un color fantástico, los objetos tocados por su mano parecía que entraban
inmediatamente al mundo de los sueños.
Sus ojos no reflejaban las cosas presentes, sino las desconocidas y lejanas que
no veían los que estaban con él. Nunca
le preguntó nadie cuál era su mal y por
qué razón afectaba no curárselo. Incesantemente caminaba sin detenerse jamás ni de día ni de noche. Ninl!Una persona supo dónde estaba su casa ni le co~ió ja?1ás padre ni hermanos. Aparecio un d1a en la ciudad, y después de alEUnos años, otro día, desapareció.
1:1 víspera de su desaparición, muy de
manana, cuando apenas el cielo comenzaba a emblanquecerse, lle(?ó a mi cuarto a despertarme. Sentí sobre mi frente
la_ suave caricia de su guante, y lo ví frente 8 mí, envuelto en su abrigo, con su
eterna sonrisa y los ojos más extraviados
que de costumbre. Por la rubicundez de
sus párpados se conocía que había velado toda la noche y esperaba el alba an2U&amp;liosamente porque sus manos tembla1.in Y todo su cuerpo temblaba de fie-

bre.

Porrúa Hnos.
2=1- DEL RELOJ YDONCELES

.

-¿Qué tiene usted,- le pregunté;-su
lllal lo atormenta más que de ordinario?
- ¡Mi mal,- respondió,- mi mal! ¿De
:nera que ustep cree como todo el mun, que yo tengo un •mal», que existe un
mal, •que es mío?•!.. ¿Por qué no decir de
llDa vez que •yo mismo soy un mal?» Na-

da hay que.ª mí me pertenezca, pero yo
soy de alguien, existe un hombre a quien
yo pertenezco.
Estaba habituado a sus conversaciones
extrañas, de manera que no le respondí
Y prosel!UÍ mirándolo. Mi mirada debió
ser muy dulce, porque se acercó más a
mi lecho Y sentí otra vez sobre mi frente
el blanco contacto de su guante.
- •Usted no tiene ni sombra de excitación,- continuó diciendo,-está perfecta~ente sano Y tranquilo. Puedo, pues, decirle al~o que-~¡ vez lo asombrará; puedo decirle qmen soy. Escúcheme usted
atentamente, por favor, porque quizá no
puedo decir_ dos veces Ja misma cosa, y
tengo necesidad de decirlas cuando menos una vez.
AJ concluir estas palabras se echó sobre un sillón que estaba junto a mi lecho
Y siguió diciendo:
'
-«Yo nosoyun hombre real, no soy un
hombre como los otros engendrado por
hom~res._ Yo no nací como usted y los
demas; nmguna mano meció mi cuna ni
hubo mirada que siguiera mi crecimiento; nó conocí ni la adolescencia ni los dulces lazos de la familia. Soy, y quiero de~ir!o, aunque usted no lo crea, soy •la
imagen de un sueño• y nada más. Una
expresión de William Shakespeare es
para mí literalmente, trágicamente exacta: .•estoy hecho de la tela de que están
he~hos vu:stros sueños•. Existo porque
existe alguien que me sueña. Hay alguien
q~e duerme y sueña y me ve obrar, vivir, moverme, Y que en este momento
su:ña que di(!o todo esto. Cuando ese algu!e~ comenzó a soñarme, yo comencé a
existir: soy una de sus imaginaciones
una de sus creaciones, un huésped de su~
largas fantasmagorías nocturnas. El sueño de ese «alguien• es de tal manera int~nso y persistente que me hago visible
aun para aquellos que velan.
Pero el mundo de los que velan el
m~ndo de ~a realidad concreta, no e~ ~l
m10. ¡Me siento tan a disgusto en medio
d~ ,1ª v~l~r solidez de vuestra existencia. M1 vida verdadera es la que se desarrolla lentamente~en el alma de mi creador dormido ...
. No_c_rea usted que hablo enigmática Y
s1mbohcamente. Lo que digo es la verda,~, toda la sencilla Y terrible verdad.
DeJese usted de abrir tanto los ojos Y no

me vea con ese aire de piedad y de espanto ....
No me atormenta el hecho de ser actor
de un sueño. Los poetas dicen que la vida del hombre es la sombra de un sueño
Y los filósofos han sugerido que la realidad es una alucinación. A mí, al contrario, me persigue otra idea: «¿quién es el
que me sueña?• ¿Quién es ese alg'uien
ese ser desconocido, a quien no pued¿
conocer y cuya propiedad soy? ¿Quién
me ha hecho surgir de repente de las tinieblas de su cerebro fatigado y quien al
despertar me extinguirá súbitamente, como una llama a un soplo imprevisto?
iCuántos días he pensado en ese amo
que duerme, en ese mi creador, absorto
en el curso de mi vida efímera! Verdaderamante debe ser grande y poderoso
el ser para quien nuestros años son minutos, y que puede vivir toda la vida de
un _hombre en una de sus horas y la historia de la humanidad en una de sus noches. Sus sueños deben ser muy vivos
f?ertes y profundos para proyectar exte:
normente las imágenes de manera que
parezcan cosas reales. ¿No será acaso el
mundo el producto perpetuamente variable del entrecruzamiento de sueños de
seres semejantes· a él? Pero no quiero
generalizar demasiado: dejemos la metafísica a los imprudentes: Cuanto a mí
me contento con la pavorosa certeza d;
ser la criatura imaginaria de un gigantesco soñador.
¿Quién es él? He aquí el problema que
me a(!ita hace tiempo, desde que descubrí la materia de que estoy hecho. Usted
comprende la importancia de ese problema para mí. De la solución que le encontra~ dependía todo mi destino. Los per~OnaJes de los sueños gozan de mucha
libertad; de manera que mi vida no estaba toda det~rminada por mi origen, sino
que depend1a en gran parte de mi voluntad. Necesitaba, sin embargo, saber quién
era el que me soñaba, para elegir el estilo de mi vida. Al principio me atormentaba la idea de que podía bastar la menor
co~ para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un ruido, un soplo
podían de repente sumergirme en la nada. Ten~a entonces ape(!o a la vida y por
esta razon me torturaba en vano por adivinar cuál~s eran sus gustos y las pasiones de _m1 ~oseedor desconocido, para
dar a m1 existencia las actitudes y las
formas que pudieran af;¡'radarle. Temblaba a cada instante a la idea de hacer alg'o
que ~u~iera ofenderlo, asustarlo, y por
consiguiente, despertarlo. Algún tiempo
~e_I~ imaginé ~ manera de una oculta
d1vm1dad e~angel!ca y me esforzaba por
llevar la vida mas virtuosa Y santa del
mu_!ldo. U~ día, al contrario, pensé que
sena un heroe pal!"ano Y me coroné de
hojas de vid, Y canté los himnos de la
embriaguez, Y dancé con las frías ninfas
en los claros de los bosques. En fin, creí
for~ar parte del sueño de algún sabio
subhme Y eterno, que se hubiera Elecidi-

P.eG.JtSO
5

�do a vivir en la• re¡¡iones superiores del
espíritu, y me pasé noches en vela sobre
as cifras · de las estrellas, sobre las dimensiones del mundo y la composición
de los seres vivos.
Finalmente, cansado y humillado, pensando que debía servir de espectáculo a
ese a,I110 desconocido e inco2"noscible,

noté que esta ficción de vida no valía
tanta bajeza y tanta cobardía aduladoras.
Deseé entonces lo que antes me causaba
horror: su despertar.
Me esforzaba por llenar mi vida de
cosas tan horribles que se despertara y
saltara de espanto. Nada hay que no haya
puesto en obra para interrumpir la triste
comedia de mi vida aparente, para destruír esta ridícula larva de vida que me
hace semejante a los hombres ....
Ningún crimen fué extraño a mí, ninguna ignominia desconocida, ningún terror me hizo retroceder. Asesinaba con
torturas refinadas a viejos inocentes; envenenaba el agua de las ciudades; incendiaba en un mismo instante las cabelleras
de muchísimas jóvenes¡ despedazaba con
I1'.lis dientes frenéticos a todos los niños
que encontraba en mi camino. En la n0che, buscaba la compañía de gigantescos
monstrues negros y silbosos que los hombres no conocen; tomaba parte en innumerables aventuras de gnomos, íncubos,
kobolds y fantasmas; me precipitaba de
Jo alto de una montaña a un valle árido,
rodeado de cavernas llenas de osamentas
blanqueadas; y las brujas me enseñaron

sus aullidos largos de fieras hambrientas,
que hacen saltar de noche aun a ]os más
fuertes. Pero me parece que aquél que
me sueña no se asusta de lo que os hace
temblar a vosotros los hombres. O bien
goza con la vista de lo que hay más horrible o no se cuida ni se espanta de nada. Hasta aquel día no he podido despertarlo y yo sigo con esta vida innoble,
servil e imaginaria.
¿Quién me libertará de ese alguien
que me sueña? ¿Cuándo aparecerá el alba
que le llame a su obra? ¿Cuándo sonará
la campana, cuándo cantará el gallo,
cuándo resonará la voz que deberá despertarlo? Mucho tiempo hace que espero
mi liberación. ¡Con cuánta ansiedad espero el fin de este sueño en el que me
ha tocado representar un papel tan monótono!
En este momento estoy haciendo la
última tentativa. Digo a mi •soñador&gt; que
soy un sueño; quiero que sueñe que está
soñando. ¿Verdad que esto pasa también
a los hombres? ¿Y que despiertan cuando están soñando? Por esta razón he venido a visitar a usted y le he dicho todo
esto. Quisiera que el que me ha creado
advirtiese en este momento que no soy
un hombre real, con lo que dejaría de
existir un instante, aun como imágen
irreal. ¿Cree usted que lo conseguiré?
¿Cree usted que a fuerza de gritarlo y repetirlo despertaré sobresaltado a mi invisible sueño?»
Al terminar estas palabras el Gentil-

Página de Andrés Terzaga
Quien lee a Voltaire, asiste a una fiesta de risa y de maldad, dispuesta con
mucho más ingenio que genio, y tiembla
por su flora celeste ante la amenaza de
aquellas manos prontas a segarla. Disciplinas o ideales cimentados en lo metafísico y lo abstracto, sueños realizables en
un plano superior al de la ex;stencia ordinaria, luchas por rasgar el velo que ·
nos oculta el secreto de las causas y
principios, fervorosos anhelos del más
allá .... ¡ay de todo ello cuando cae hajo
el hacha jacobina de su pluma!
Voltaire es un ciego en el palacio del
alma. En vano invoca la presencia de su
dueño: él no se muestra a los astutos,.
ni a los maliciosos, ni a los sordos. No
se penetra en tan sagrado lu¡¡ar •razonando» así sea de un modo admira ble, ni
es la indigente argumentación del sentido común el arma propiCia para conquis•
tar sus tesoros. De allí que el filósofo
que llenara el si¡¡lo XVIII, fuera toda su
vida un deísta a obscuras, amarrado, en
su vejez, al suplicio de la dµda y al rego•
cijo poco noble de la sátira.
El autor del «Cándido• no monta en
Pegaso; teme caerse de las estrellas. Pasea su célebre sonrisa jinete en un mulo
6

sagaz que ha aprendido dialéctica. Recoriozcamos, no obstante., que no es tiempo perdido el empleado en leerle. Trátase de un «sabio» hecho a prueba de
amarguras, con un conocimiento grandísimo del mundo y de los hombres, vale
decir: con un e-randísimo conocimiento
de la ruindad y de la miseria humana,
pero incapaz de compre:nder lo eterno
que alimenta en los Profetas y en los Libros Santos. Espíritu sin intuiciones, alicorto para los altos vuelos sobre la vida,
asaz concreto, frío, exento de tonos y
matices, siempre a flor de asunto, resulta bajamente ~vulgar cuando pretende
burlarse de ciertas cosas ....
Apenas si hay al¡¡o que le apasione de
una manera profunda. Muéstrase cobarde ante el misterio, socarrón y malo para con lo que no entiende. Tiene, sí, dé
vez en cuando un éhispazo divino, mas
se apaga al renglón siguiente. Es una piqueta en lo tambaleante, un demoledor
de ruinas. Jamás lo hubiera sido de murallas enteras, firmes. Desgraciado el
débil a quien cautive la ló¡¡ica volteriana!
La Iglesia estuvo muy puesta en razón
al con¡batirle tan encarnizadamente,

PEGASO

hombre enfermo se movía violenlamentt,
en su asiento, quitábase y poníase el
guante en la mano izquierda y me miraba con unos ojos más extraviados que
nunca. Parece que esperaba de un mo. mento a otro algo extraordinario y pavoroso. De cuando en cuando fijaba sus
ojos en su cuerpo como si esperara verlo
disolverse, y se acariciaba muy nervioso
la.frente con la mano.
-¿Usted cree todo esto, verdad? ¿Usted
tiene la convicción de que no mien\o?
¿Pero por qué no desaparecer? ¿Formo
yo parle de un sueño que no ha de terminar jamás, del sueño de un durmiente eternfJ, de un eterno soñador? Consuéleme siquiera, procurando alejar de
mi esta idea horrible. Sugiérame alguna
estratagema, ale-una intriga, ale-ún procedimiento que me suprima. Se lo supli•
co con toda mi alma. ¿No le inspira compasión este espectro hastiado y desfallecido?
Y como yo sie-uiera silencioso me miró
y se puso de pie. Parecióme mucho más
alto que antes; y me llamó la atención
una vez más la diafanidad de su cutis.
Notábase que sufría inmensamente. Todo su cuerpo estaba agitado. Tenía el aspecto de un animal que quiere libertarse
de las mallas de alguna red. La suave
mano enguantada estrechó a la mía por
última vez ....
Murmurando algo en voz baja, salió de
mi cuarto, y solamente •alguien:• lo ha
visto después.
Glovanl PaplnL

pues Vollaire es un enemigo terrible.
Embaucadores, eseribas, merca9eres y
fariseos, concluyen por dejar en manos
del filósofo la máscara tras la cual ofician,
siendo, por otra parte, de la índole de su
pensamiento, ese su empeño tenaz en
mostrar de los sepulcros blanqueados
sólo la gusanera interior. La farsa monstruosa de los antiguos papas, tan duchos
en crímenes como en teoloefa; las depredaciones de los reyes, tanto más vora•
ces cuanto más insaciables; los privilegios absurdos de los grandes señores,
aliados naturales de toda injusticia; la
vanidad rotosa y mendigante -aunquebien compuesta y soberbia -de poetas
sin estro- y escritores sin letras; la en·
vidia mal humorada y tuberculosa de
zoilos y aristarcos .... recibieron, pe23,·
do y sin asco, el latigazo de Voltaire.

Con todo, Voltaire ha servido a Dios
quizá no dándose cuenta él mismo, como
en nuestros .días lo ha servido Nietzsche,
quien se llama a si mismo -en cierto prólogo profundamente doloroso-cabogado
del diablo•. Más alta que las más altas
montañas, más alta ql\e las estrellat
más alta que aun nuestra espezanza, hay
una línea en la cual cabe Mara! ~l lado
de San Francisco de Asís ....

FCTEMf\5 íf'fE.[7f TU
•

Película retórica

Damasco

•

Esta luz, este sol y este paraje
de jardin comedido,
son de cinematógrdfo:
un lugar bien hallado
para la escena de uua filma .... Sombras
en que la perspectiva se diluye
como a pincel; parterres presuntuosos
a lo Luis XV; claros de boscaje
como manchas de ocre
en las decoraciones de o¡:,ereta.

''El único bien está
dentro de vosotros."
Palabras de La Sábiduría.

Detúveme a la vera del camino.
¿A dónde ir, dónde buscar un rayo
de luz que me guiara bajo estos
sempiternos nublados?
¡Nunca un rayo de sol,
ni el asomo de un astro!
Me acosó el desaliento del vivir.
Paso a paso
proseguí por la ruta abandonada,
tan cansado
que al fin no tuve fuerzas . .
Y la luz de un relámpago
me deslumbró un momento
y me sentí cegado como Saulo. ,
Y una voz se alzó dentro mí misrriO
Y me gritó: «¡adelante!», en el callado
misterio de un atardecer. Yo iba
a ciegas, casi a rastras, sorteando
a tientas los peligros del camino.
Mas la voz interior, bajo el dorado
cielo crepuscular, logró a su influj9 ·
que se abrieran mis párpados,
1
Y tal me dijo aquella voz Íntefna
.
hasta haberme hondamente subyugado,
que en un transporte místico,
sonámbulo,
prosigo desde eri.Íonces lentamente ,.·"'·
por la ruta encantada de.Damasc&lt;:&gt;.

Y un cenador agreste,
y un tronco derribado,
y una fuente lejana,
y un cielo azul, y un aire
ceremonioso, que sacude apenas
los ramajes pomposos y benévolos ....

Y por las avenidas, bajo una
mancha de luz rosada,
departe una pareja
en estilo de amantes ....
(Estoy seguro que Ella piensa: « ¿Cómo
n.o está ante mí la cámara propicia,
s1 soy como una copia
de Susana Grandais: ... ? El fuma y calla.

Recuerda la apostura negligente
de Gustavo Serena,
y piensa en la oportuna
impresión de una cinta ultra-romántica.
(Miradas, y suspiros, y deseos,
y buena fe q';lizás .... Silencio pensativo,
y una mano Indolente
que traza monogramas en la arena
con la fina contera de la .fina sombrilla.)

'

Ella se digna conceder un breve
instante de interés al escenario:
~¡Qué bien está-comenta, este jardín! Parece que la mano
de Abril, húmeda v cauta
ha lavado las florés, y ha bruñido
las hojas ....

,. •

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MANUEL DE LA PAJtRA.

i:

El la mira sonriente
• y embelesado. Con fervor de nifio
acoge la cumplida sutileza
y se ríe con lástima
de Schopenhauer ....
Pero no recuerda
que ya Regnier ha visto
«por las trémulas hierbas correr los pies desnudos
de Abril .... »

•

...L\lbor · ·

•

Cuando viene la rubia primavera florida
.,
siento en mi sér un vago y hondo estremecimiento
algo como la savia que asciende al árbol siento '
cual si al venir abril retofiara mi vida·
'

, ·. r

cual si en gaseosa espuma subiera la 'escondida
fuerza int7rna de mi alma, para expandir al viento
como el vino su aroma, mi ebriante pens.imiento
que sube efervescente de mi savia exprimida.
Y siento un infinito placer, como si en yemas
reventaran mis ramas al beso del sol flavo
Y. se nevara en flores cada rama de almendro,
Y fues~ cada flor poesía en mis poemas.,
Y cuaJara en un fruto que de una ley esclavo
madurara siti:Jientes con la vida que acendro!

Termina el acto;
los amantes se alejan
con ese andar retorico
y muelle, conque avanzan
hacia -:..na perspectiva luminosa
las parejas de dne.
Y yo pienso en la gracia
de Susana Grandais, y en los hoyuelos
de Pina Menicheli ....
ENRIQUE FERNÁNDEZ L&amp;DESMA.

RuBÉN M. CAMPO$.

PEGASO

.--

7

r

�Del "Gaspar de la N uit"
de Louis Bertrand
Traducción de RAFAEL CABRERA

EL VENDEDOR DE TULIPANIS
El tulifJá n es entre las jlo1·es

lo que el pavo r eal entre las
aves. El 1mo carea d e ;Perfume, el otro no liene v oz: el uno
se enor1rullece de su atavfo y el

El vendedor de tulipanes se inclina res·
petuosamente y en silencio, desconcertado por una inquisitiva mirada del duque
de Alba cuyo retrato, obra maestra de
Holbein, está suspendida del muro.

otro de su cola.

LA BARBA EN PUNTA

asesino condenado a la horca, él, puerco
de Israel, entre dos puercos de Flandes.,
Treinta alabarderos se desprendieron,
con pasos resonantes y pesados, de la
sombra del corredor. -•Fuego de vues.
tras alabardas•,- les dijo con mofa el carnicero Isaac. Y por una ventana se pre.
cipitó al Rhin.
MADAME DE MONTBAZON
Madam, d e Afontbazd,, /14(
una belllsima criatura que, li•
te ,-a lmente, m urid de amor e,r
el pas ado sil[lo, por el calmllero
de la .Rue, que no la amaba t 11
lo absoluto.

JARDÍN DE LAS FLORES RARAS Y CURIOSAS.

Nin¡¡ún ruido, si no es el cru¡¡ir de las
hojas de vitela bajo los dedos del doctor
Huylten, que sólo aparta la vista de su
Biblia cubierta de góticas iluminaciones,
para admirar el oro y la púrpura de dos
peces cautivos en los húmedos flancos de
una vasija de cristal.
Se abre la puerta: es un vendedor de
flores que, cargado con varias macetas
de tulipanes, se excusa de haber interrumpido la lectura de tan sabio perso•
naje.

-Maestro,-dice,-¡he aquí el tesoro
de los tesoros, la maravilla de las mara vi·
Has, una planta como no florece sino una
cada cien años en el serrallo del emperador de Constantinopla!
-¡Un tulipán!-exclama el viejo irritado,-¡un tulipán! ;símbúlodel or¡¡ullo y la
lujuria que enjendraron en la desventurada ciudad de Wittemberg la detestable
herejía de Lutero y Melanchton!•
Maese Huylten cierra el broche de su
Biblia, coloca en el estuche sus anteojos,
y tira· de la cortina de la ventana, que deja ver al sol una flor de la pasión con su
corona de espinas, su esponja, su látigo,
sus clavos y las cinco llagas de Nuestro
Señor.
·

S i no tiene uno la cabeza erluz"da,
E l julo d e la. barba rizado
Y el mosl.aclzo enhiesto ,
S erá menospreciado por las dam a s.
0

POESfaS DE D ASSOUSY.

Ah~ra bien, ,había fiesta én la sinagoga, tenebrosamente constelada de lámparas de plata, y los rabinos, con ropas talares y anteojos, besaban sus !almudes
murmurando, gangueando, escupiendo o
sonándose, unos sentados, otros no.
Y he aquí que de improviso, entre tan~
tas barbas ovaladas, redondas, cuadradas•. vedijosas, que se ensortijaban, Que
olían a ambar y a benjuí, se notó una
barba cortada en punta.
Un doctor llamado Elebotham, tocado
con un gorro de franela cintilado de
pedrería, se levantó y dijo: •iProfanación! ¡aquí hay una barba en punta!•
- ¡Una barba luterana! ¡Una capa corta! Matad al filisteo. Y la multitud pataleó de cólera en los bancos tumuituosacrificador j¡?'ritaba:sos, mientras
«¡Dame, Sansón, tu quijada de asno! •
Pero el caballero Melchor desenrolló
un pergamino legalizado con Ias armas
del imperio: •Orden, leyó, para detener
al carnicero Isaac van Heck, por ser un

e,

Lo que ambiciona Alemania
Por BURTON

I
Por qué está Alemania tan deseosa de
firmada paz en los momentos actuales?
La prensa da como explicaciones naturales que los Imperios Centrales están a
punto de agotar sus recursos en materia•
les y hombres y especialmente expen•
mentan grandes privaciones debido a la
escasez de víveres. La declaración reciente de Herr Zimmermann, el Secretario de Relaciones Exteriores, de que Alemania difícilmente se atrevería a publi•
car sus condiciones de paz, a causa de
que por su extrema liberalidad se interpretasen como muestra palpable de s~
debilidad, indica a las claras la dura situación que prevalece en el interior del
Imperio. ¿Cuáles son estas condiciones
8

J. HENDRICK

tan excesivamente liberales? Lo primero
que viene a las mientes es la idea de la
cesión de Alsacia-Lorena a Francia¡ el
restablecimiento de Bélgica, indemnizándola debidamente; la entrega del Trentino a Italia; f desocupación de todos los
territorios conquistados, quizá indemnizándolos por los daños sufridos. Parece probable que Alemania consentiría en
hacer al2unas de esas concesiones, pero
es casi increíble que hiciese todas ellas.
Que el Kaiser abandonó desde hace mucho tiempo la idea de una victoria aplastante y concentró todas sus esperanzas
en entablar la partida, es la convicción a
que han llegado casi todos , los críticos
sagaces. Sin embargo, ¿cual es exactamente el concepto alemán de una guerra

PEGA'.SO

MIU4 0 RIAS DE SAINT-SIMON,

l

La doncella colocó en la mesa un vaso
con flores y los blandones de cera, cuyo,
reflejos ponían cambiantes rojos y ama,
rillos en las cortinas de seda azul que estaban en la cabecera del lecho de la enferma.
- ¿Crees que vendrá, Marietla?-¡0h!
dormid, dormid un poco, señora!-Sí,
pronto dormiré para soñar con él por toda la eternidad.
Se oyó el ruido de al¡ruien que subía la
escalera.
- ¡Ah! ¡si fuese él! - suspiró la mori•
bunda, sonriendo, con la mariposa de los
sepulcros revoloteando sobre sus labios.
Era un pajecillo que traía de parte de
la Reina, a la señora duquesa, confituras, bizcochos y elíxires, en una bandeja
de plata.
- ¡Ah! no viene,-dijo ella con vozdesfalleciente, - no vendrá! Marietta, dame
una de estas flores para que la aspire y
la bese por el amor de él!
Cerró entonces los ojos Madama de
Montbazón y permaneció inmóvil. Habla
muerto de amor entregando su alma en
el perfume de un jacinto.

tablas? ¿Qué obtendrían con ello las potencias teutónicas? ¿Qué conseguirían
entonces los aliados? ¿Cómo se reharía
el mapa de Europa después de una paz
basada en ese concepto fundamental?
Varios voceros han clamado contra la
teoría de una paz basada sobre el empa·
te de la guerra. Un volumen reciente·
mente impreso en París, titulado La

Trampa Pan-germana Desenmascarada por André Chéradame, del cual s~ba
publicado una versión inglesa con prologo por el Conde Cromer, tiende a prevenir al mundo contra una paz que se fun·
de sobre la idea del empate de la campa·
ña. Simultáneamente apareció un lib~
más notable que versa sobre la obra ti·
tulada Mittel Europa, por Friedrich
Naumann, debido a la pluma del Profesor W. J. Ashley, de la Universidad de
Birmingham-lnglaterra-•con mucho cl
más importante libro que se ha p~b_l'.~
do en Alemania desde que princ1p10

Conducción de heridos después del sangriento asalto de la posición de Vfmy,
tenazmente defendida por el ejército alemán.

conflicto•, el cual confirma muchas de
las conclusiones expuestas por el vehemente autor francés. Estas dos obras,
discuten el mismo tema, una desde el
punto de vista alemán y la otra desde el
francés y tratan ambas de resolver la
cuestión que embarga el pensamiento de
la humanidad: ¿Qué si¡¡nifica para el
mundo una paz basada sobre un sistema
de compensaciones? Más especialmente,
¿qué puede obtener Alemania de una
paz semejante, que la compense verosí•
milmente de las penalidades y privaciones del conflicto actual?
La frase constantemente empleada por
Naumann-que es miembro del Reichsta¡¡ y uno de los escritores alemanes de
más fuste sobre cuestiones políticas y .
económicas- explica toda la guerra y delinea la paz por la cual lucha ahora el
Imperio alemán. La frase Mittel Europa,
es el título del libro Europa Media o
Europa Central. Una rápida ojeada al
mapa, aclara la situación. Herr Naumann
describe la Europa Central de una manera pintoresca y que le es sui generis.
Como la mayor parte de los intelectuales
alemanes, no se hace ilusiones respecto
al futuro de la guerra, ni tiene la menor
idea de que el presente conflicto sea sucedido por una época Wilsonia de paz
milenaria. La esencia de su obra es la
necesidad que expone, de una esmeradísima preparación para la guerra que ha
de seguir a ésta.
Casi naturalmente, por lo tanto, su
descripción de la nueva Europa reviste

un carácter militar. Habiendo demostrado este conflicto la inutilidad de las fortificaciones y de los métodos antiguos de
defensa, es inevitable que las preparaciones futuras se basen sobre la guerra
de trincheras. En vez de levantar fortalezas, la nación construirá un sistema
complicado y perfecto de atrincheramientos fronterizos y los mantendrá constantemente listos para su ocupación militar
inmediata. La Europa futura poseerá •un
sistema de muraUas chinas y romanas
hechas de tierra y alambrado de púas•.
Dos enormes trinc;heras especialmente
se extenderán una del Bajo Rhin a los
Alpes, otra del Báltico, cerca de Riga, al
Mar Negro, incluyendo una parte de Polonia y posiblemente también Rumania,
aunque cualquier intento que tienda a
determinar el curso de esas nuevas defensas es inútil, puesto que las condiciones de paz han de fijarlo. Pero estas
trincheras fronterizas construídas en una
forma que parezca la más inexpugnable
y listas constantemente para su ocupación militar, dividirán claramente la Europa continental en tres partes. Tendremos la Europa Occidental, que consistirá de Francia y España, la Europa Ociental, que se integrará por Rusia, y la sección entre ambas, descrita atinadamente
como Mittel Europa o Europa Central.
Esta última gran subdivisión contendrá
el presente Imperio alemán, con Holanda y Bélgica tal vez, Austria Hungría,
los Estados bálkánicos y Turquía- aunque con toda intención- Herr Naumann

sólo alude como de paso a la inclusión de
éstos últimos países. Ahora bien la cuestión que principalmente atañe al futuro
de Europa es si ha de haber una tercera
frontera que se extienda al Este y Oeste
respectivamente y que siga la Iínea ac•
tual divisoria entre Austria-Hungría y el
Imperio Hlemán. Esto es, si Alemania y
Austria-Hungría han de formar una entidad política y económica o si después
de la guerra han de mantener una existencia separada, quizá rompiendo su
alianza que ha durado por cerca de 30
años y posiblemente abrigando ideales
antagónicos. La cuestión estriba en saber si ha de crearse un nuevo estado
Mittel Europa, con Austria-Hungría y
Alemania como los poderes predominantes y federados, a consecuencia de la
conflagración actual, proceso que Herr
Naumann considera como absolutamente
esencial a la existencia de ambas monarquías centrales. Esto es, la alternativa
que se presenta a Alemania e3 ]a formación de este nuevo estado de Mittel Europa o la desaparición como ~ran potencia mundial. •La guerra» dice, •ha venido
a ser creadora del alma de la Europa
Central•.
¿Por qué es este nuevo Estado tan
esencial a la preservación de la existencia de las naciones teutónicas? Porque
como resultado de la organización industrial y económica, el transporte rápido y
las comunicaciones, los enormes ejérci•
tos y las monstruosas flotas-éstas últimas tanto para fines militares como mercantiles - solamente una super•nación,
puede contarse como elemento en el
mundo del siglo XX. Este concepto no
deja campo alguno para la existencia en
el futuro de las pequeñas nacionalidades
y no tiene en cuenta para nada las organizaciones nacionales, tales como Bélgica, Holanda, los Estados balkánicos, España, ltaJia, y aun quizá Francia. •Estos
Estados más·pequeños•, dice Herr Naumann, •viven solamente por la tolerancia
de los mayores, o arrostrando su precaria existencia a costa de las contiendas
de las nacionalidades poderosas•. La humanidad, como dijo Cecil Rhodes, •piensa ahora en continentes•. Este autor parece prever la inte1,?ración del mundo futuro que se dividirá en cuatro- y seguramente no en más de cinco poderosas
soberanías-soles enormes, que por la

Si usted puede pasarse
un Domingo en

SAN ANGEL
y no lo hace,

INN

lricurre en una falta imperdonable en contra de su propia felicidad,

Le podemos ofrecer lo que nadie puede ofrecerle:

HORAS DE TRANQUILIDAD Y DICHA.
PEGASO
9

�Los Revolucionarios Rusos
Por RAMIRO DE MAEZTU

Por todas partes se ve un lugar de~catástrofe siniestra. uno de esos terrenos nauseabundos. espantosos y de
ingrato terror. como si se hubieran vaciado alll los detritus de la desolación ...

atracción mutua traerá todos los más pequeños Estados satélites dentro de sus
órbitas. Ya tres de esos Estados mónstruos se han determinado de una manera
precisa. Son Gran Bretaña, Rusia, y los
Estados Unidos de América. Hay sólo
tres puntos en el mundo, dice el autor
alemán, «donde el Gobierno se ejerce
realmente», Londres, Nueva York, y
Moskow (o Petrogrado). Inglaterra está
atrayendo dentro de S\l influencia política a Francia y a Italia, y los Estados Unidos indudablemente harán de todo Norte
y Sud América, no exactamente sus dependencias políticas, pero naciones cuya
vida política difícilmente podría conservarse si no es bajo la dirección de supoderoso vecino del Norte. Quizá otro
gran centro de dominio político y económico puede formarse en China y Japón,
aunque sobre este pqnto el autor al parecer abriga sus recelos, pensando evidentemente que es más probable que el
Oriente sea absorbido dentro del sistema planetario de una u otra de las grandes soberanías.
Naumann no enumera, con toda intención, al Imperio alemán como una de
esas grandes potencias, sino que admite
con toda franqueza que no está a la altura de Gran Bretaña, Rusia o los Estados
Unidos de América. El Imperio alemán,
como hoy existe, es demasiado pequeño,
carece en extremo de recursos materiales y de riquezas y como este autor alemán francamente lo expresa, no tic:ne el
genio para gobernar y colonizar que los
tres grupos mundiales existentes han
desplegado. Los alemanes poseen ciertamente una gran habilidad para la organización económica, pero «falta saber si
tenemos o no además de esa organización y de esa técnica, esa cualidad indispensable para la unión mundial,. esa hábil flexibilidad que encontramos en tres
diversa.s formas entre rusos, ingleses, y
americanos .... A fin de ser una nación
descollante, de primer orden y económica, se necesita UH.a especie de aceite internacional, esto es, el arte, el gran arte
de manejar a los hombres, de inspirar
simpatías a otros, de compenetrarse éon
su naturaleza y sus ideales. Prácticamen·te hemos sido en general maestrillos del
estilo antiguo y oficiales sin título con lá-

piz en ristre' y mostachos incipientes».
Sin embargoi los pueblos alemanes
pueden lle¡¡ar a adquirir ese arte bajo la
fuerza de la necesidad. Existe la posil:¡i,
lidad entre estos pueblos en conjunción
con otras razas de la Europa Central, de
formar un cuarto estado . mundial-un
nuevo estado d_e Mittel Europa. ; Alema ·
nia, .con_ Austria-Hungría, formará una
ñueva. organización centrál que. puede
desarrollar una g_ran fuerza _,ecOnómica y
políti\:!a-un nuevo sol que verterá calor
y luz sobre un nuevo sistema planetario.
Herr Naumann de,spliega ,una modestia
casi antialeffiana al estimar ·· esta nueva
fuerza mundial. •Siempre, dice, quedará
una cuarta potencia-nunca tan gr3.nde
como las otras tres: Tal nuevo Estado,
sin embargo, debe ·erigirse o bien Alemania y Austria desaparecerán.» En este

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nuevo Estado mundial e] autor ve la razón última de la guerra actual. «La enes•
tión de saber si un centro separado en la
Europa central puede mantenerse entreRusia e Inglaterra se está hoy resolviendo por medio de las armas con todas las
energías de Europa y con un torrente
incesante de san¡¡re. El grupo humano
que puebla la Europa central está ahora
peleando por el lugar que ha de ocupar
en el mundo. Si perdemos la guerra,
probablemente nos veremos condenados
para siempre a ser una ·nación satélite.
Si somos victoriosos a medias, entonces
tendremos que recurrir más tarde a una
nueva guerra. Si ganamos u'na victoria
decisiva o · perdurable,_ aligeraremos la
tarea que les toca~ nuestros hijos y nio•
tos, porque entonces la Europa central
perdurará al través de los siglos venideros». ;,

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gente clientela, que acabamos de recibir de St. Louis, Mo.
1000 pares de calzado en botas. choclos y zapatillas
para damas, modelos Ingleses y Americanos para caballeré&gt; y formas cómOdas y durables para niños.

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menos costosos.

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No. 10-E

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PEGASO

Lo que ocurrirá en Rusia no puede
predecirse, como tampoco lo que podrá
acaecer en el resto de Europa. Desde la
hora en que se declaró la guerra europea
tuvimos muchos hombres la sensación
de hallarnos embarcados en un buque sin
rumbo conocido. Justo es añadir que no
faltaron estadistas que lo habían visto
antes. Los desesperados esfuerzos realizados por sir Edward Grey para evitár
la guerra se inspiraban en la clara conciencia de esta inmensa incertidumbre.
El despacho que dirigió a Viena el 23 de
julio de 1914 decía:
«Si llegan a ir a la e-uer~ siquiera cuatro e-randes potencias de Europa, se me
figura que se producirá un estado de cosas peor que el de 1848, y que sean cualesquiera los vencedores en la guerra,
muchas cosas podrán desaparecer completainente. »
Pero tan seguros estaban los Imperios
Centrales de que alcanzarían una victoria
rápida y aplastante que no le hicieron
caso. Ahora es ya tarde para todo. La
revolución rusa es un hecho-un hecho
incomparable en la historia del mundo-.
Nadie puede prever sus consecuencias.
Una de ellas puede ser la de que se constituya en Rusia un poder militar a cuyo
lado sean juegos de niños los ejércitos
de Alemania y Austria como lo fueron
también comparados los ejércitos que
prod]!jo la revolución francesa en 1793.
Se habla mucho del genio militar de Napoleón. Pero la figura de Napoleón no es
sino la más afortunada entre las mil que
sureieron en la Francia revolucionaria.
Todo lo q~e llamamos napoleónico, la
leva en masa, la organización de los almacenes militares, los movimientos rápidos de tropa para aplastar en detalle al
enemigo antes de que éste se concentre,
los ataques por columnas profundas había sido ya ejecutado por el Comité de
Salud Pública y sus noveles generales.
Lo que me hace pensar en la posibiiidad de que la Rusia revolucionaria produzca un poder militar tan inmenso como
el de la Francia Revolucionaria es el llamamiento a todos los pueblos del mundo
que acaba de publicar el Consejo de los
Diputados de Obreros y Soldados, de
Petrogrado. Ese Consejo fué la junta
que hizo, en primer término, la revolución. En este manifiesto se dirige un
llamamiento especial al proletariado de
Alemania y Austria, que dice:
&lt;Hemos derrocado nuestro despotismo.
Estamos luchando por nuestra libertad y
la de todo el mundo. Condenamos los
fines agresivos de las clases gobernantes
de todos los países. Apelamos a las democracias de Alemania y Austria para
que si¡¡an nuestro ejemplo. Desde los

primeros días de la guerra se os dijo que
al hacer armas contra la autocrática Rusia defendíais la libertad de Europa contra el despotismo asiático. Muchos de
vosotros creísteis que con ello se justificaba el apoyo que dísteis a la guerra.
Esa justificación ha cesado de existir.
La Rusia democrática no puede ser una
amenaza a la libertad y a la civilización.»
Los revolucionarios rusos tienden sus
brazos al pueblo alemán y al austriaco,
pero ello no quiere decir que la nueva
democracia abandone las armas y ofrezca
la mejilla a los jefes de los Imperios
Centrales. El manifiesto añade:
&lt;Defenderemos resueltamente nuestra
libertad contra todos los ataques reaccio•
narios, tanto de dentro como de fuera.
La revolución rusa no cederá terreno a
las bayonetas de los invasores y no se
dejará aplastar por fuerzas militares externas.»
·El presidente del Consejo de los Diputados de Obreros .es un hombre de la
Georgia llamado Chbeidze. Conviene
aprenderse su nombre porque está !la-

_mado a fi¡¡urar entre los más altos de la
nueva Rusia. Cbheidze hasta ahora era
uno de los revolucionarios rusos máS
hostiles l!, la continuación de la guerra,
:en la que no veía más que ambiciones de
P,ríncipes, generales y capitalistas. -La
posibilidad de que también los pueblos,
las n~cion~s sean ar:,n biciosas, no se le
había bcurrido hasta ahora. Chheidze
pasaba por ser el enemieo inrreconciliable de la guerra, como también lo fueron
Robespierre y Marat antes de ser constituído el Comité de Salud Pública. Pues
ahora Chheidze explica el Manifiesto del
Consejo que preside en estás palabras:
.•Ahora hablamos nosotros, el pueblo,
por encima de lo que puedan decir los
diplomáticos. Al apelar a los alemanes no
lo hacemos dejando caer de nuestras manos los fusiles. Y antes de discutir la
paz proponemos a los alemanes que sigan nuestro ejemplo y derroquen a Guillermo, que· lanzó su pueblo a la guerra,
como nosotros derrocamos nuestra autocracia. Si los alemanes . no escuchan
nuestro llamamiento, lucharemos 'por.
nuestra libertad hasta la última gota de
nuestra sangre. Hacemos nuestra oferta
con las arma~ en la mano. No significa
el llamamiento que estemos cansados y
pidamos la paz.»
En efecto, significa todo lo contrario;
en primer término, porque no es proba-

Región en que actualmente se de.sarrolla la ofensiva franco' británica.

PEGASO

�-------- ------- -

-....-:,

De venta en la Librería
"ATENEA"
Calle de Gante No. i - Apartado 5358
MEXICO. D. F.

FRANCISCO VILLA15PESA.

Rutas ••Cuidas por la armada alemana en su mo\/lmlento de retirada ante la acometida franco-británica.

hle que los alemanes les escuchen. Y si
los escuchan, pues ya estamos del otro
lado de la calle y se acabó la guerra europea, pero también la Europa a que se
refería sir Edward Grey en su despacho
a Viena el 23 de julio de 1914.
Pero como no es probable que las palabras de Chheidze produzcan en Alemania efectos de ley, el nuevo Gobierno
ruso está organizándose militarmente en
proporciones tan gii?antescas, que el entusiasmo del ejército en el frente es sólo
comparable al de los ejércitos franceses
de la revolución.
Un aviador ruso escribe, por ejemplo,
a un periódico de Petroi?rado:
&lt;El entusiasmo es tan grande en las
filas, que si vosotros, los de la retaguardia, no estropeáis las cosas, no tardarán
en caer las barreras que separan lo posible de lo imposible. Ideas que nos hacían
sonreir amargamente, como las de llegar
a Viena y a Berlín, nos parecen ahora
factibles. Pero no os dejéis ganar por la
histeria y por el fanatismo. En nombre
de la gran cosa que ha ocurrido, domináos, derramad agua fría por vuestras
cabezas y concentrad vuestros pensamientos y eneri?ías en nosotros, que ya
sabemo·s en qué dirección volveremos los
nuestros. Aquí no hubo demostraciones
ni vielencias. Los hombres oyeron las
noticias de la revolución como si fueran
una oración maravillosa, preciosa y sagrada. &gt;
Fijáos en una cosa. El nuevo Gobierno ruso no es ya imperialista. Aunque
haya imperialistas en su seno, el pueblo
ruso no es imperialista, y ha cesado de
pedir la conquista de Constantinopla, como si renunciase al sueño secular de sus
Czares, por ser de los Czares. Por ese
lado puede parecer que el nuevo régimen ruso no ofrece tantas resistencias a
la paz como el antiguo.
Pero reparad en lo que piden los revolucionarios rusos para hacer la paz. Fijáos en que ípiden nada menos que el
triunfo de la revolución en Alemania y
Austria. Y ello es harto más difícil de
conceder, por lo menos desde el punto
de vista de los gobernantes de Berlín y
de Viena, que Constantinopla.
12

Destacamento francés conduciendo un cañón de gran alcance ala línea de fuego.

Lector, lector, el mundo ha dado una
gran vuelta. Aún no nos damos cuenta
de ello. Pero debemos prepararnos todos
a abrir nuestras entendederas, porque
las noticias que vamos a recibir en los
próximos meses excederán con mucho a
nuestra capacidad actual para entenderlas.
Ramiro de Maezta.

Los caza-submarinos
.
americanos
Por A. READER

Una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de los Estados Unidos ante la amenaza del submarino alemán, y como protección eficaz de su marina mercante, ha sido la idea, verdaderamente yanqui, de construir hasta 2,000
embarcaciones del tipo Elco, llamadas
por el humorismo anglo-sajón, esencialmente gráfico, avispas de mar.
Estos barquichuelos, destinados especialmente a la destrucción de submarinos, y acerca de cuya positiva eficiencia

militar podría dar noticias el Almirantaz•
go Británico, que viene utilizándolos en
número de medio millar, aproximadamente, desde el comienzo de la guerra
submarina exasperada a que se entrega•
ron los Imperios Centrales desde febrero
último, son de invención norteamericana.
Los ideó un ingeniero, Henry R. Sutphen,
de la Elco Company, de Nueva Jersey, y
constituyen una verdadera maravilla del
arte naval militar. Su tamaño es reducido: poco más que una de esas gasolineras deportivas, encanto de veraneantes
en nuestros puertos del Norte. Y, en
realidad, el terrible invento, enemigo
formidable del sumergible teutón, nació
del barco de recreo allá en las plácidas
aguas de los grandes lagos norteamericanos. Una contingencia que no prevería
ciertamente, la sagaz mirada de Von
Tirpitz, el azuzador de la guerra naval ~udesca.
Preocupado el ingeniero Sutphen con
el giro que iba adoptando la guerra marítima, y ante la posibilidad de que los
Estados Unidos tuvieran que intervenir
en la contienda, ocurriósele transformar
el pleasure - boat construído durante

EL BANQUETE A VILLAESPESA

1 -?r.1nci'lco Villaespesa.-2, 3, 4, S y 6 -Enrique González Martínez, Efrén Rebo~edo,
·Rafael López Jesús Villalpando y José D. Frías, redactores de PEGASO -7 Y 8,
José deJ. Núñez y Domínguez y Nicolás Rangel, colaboradores de PEGASO.
0

PEGASO

veinte años en sus talleres, para recreo
de millonarios, en nave marcial. Y la
evolución del botecillo pacífico hacia el
arma de aniquilamiento se operó. El
cascarón de metal se convirtió en armadura de madera para dar a la nave mayores condiciones de flotabilidad; el motor
de 60 caballos fué sustituído por otro de
500; se modificaron las líneas del barco,
afinándose la roda hasta adoptar la buída
forma del espolón; se suprimió la cabina
de lujo para hacer de ella torrecilla de
mando, y se emplazó a proa un cañón de
6 centímetros y de tiro rápido. La avispa
de mar, enemizo mortal del submarino,
estaba creada.
Sus ventajas militares son las sieuientes: escasa visibilidad a la mirada del
enemil!O, marcha veloz, para poder. dar
caza cómoda al sumergible (mínimum de
diecinueve nudos por hora); calado insii?nificante, apenas metro y medio, para
hurtar el blanco al torpedo enemigo, cuya marcha se efectúa a profundidades de
cuatro y cinco metros¡ considerable poder ofensivo, en cuanto el cañón de tiro
rápido puede hacer veinte disparos por
minuto, bastando una granada para enviar al fondo a un submarino; cualidades
marineras capaces de resistir los peores
temporales y las mares más duras; gran
radio de acción, puesto que puede este
caza-sumergibles permanecer diez días
sin tomar puerto. Las características hablan de lo reducido del tamaño de la
avispa de mar. Mide, en efecto, 24 metros de eslora total y 3 de m•.m~a, desplazando 30 toneladas escasas.
El rasgo saliente de la novísima nave
de ~erra, es la positiva ventaja representada por su reducido calado. Entablado el combate con el submarino, éste no
puede hacer uso de su principal arma, el
torpedo, por la ya mencionada ausencia
de blanco. Ha de recurrir, por lo tanto,
a su artillería, y como el Cáñón lo lleva
emplazado y oculto en su seno, le es absolutamente necesario salir a la superficie y colocar la pieza en batería. Todo
ello es descubrirse a la puntería del ca7.ador, que en cinco minutos puede arrojar sobre el dol?o tudesco una granizada
de postas explosivas de 12 libras. Hay,
pues, 99 probabilidades contra una, de
que el sumere-ible rehuya el duelo y·pro-

cure ponerse en franquía, si le da tiempo
el formidable fuego del enemigo.
Nos proporciona los anteriores datos
The Sun, de Nueva York, el que afirma
al propio tiempo que el Almirantaze-o ini?lés llevaba adquiridos de los astilleros
Elco, en febrero último, 550 barcos de
ese tipo, todos los cuales están prestando
excelente servicio en el Canal de la Mancha, en el Mar del Norte y en las costas
del Reino Unido. Según dicho diario, la
avispa de mar ha realizado ya admirables proezas que serán conocidas, sin
duda, el día en que la guerra finalice con
el triunfo, a cada hora más cierto, de las
naciones aliadas contra el imperialismo
teutón.

Mis meJores versos . ..... , . . .. . . S 1.20
El Alto de los Bolumios....... ... ., 1 .80
Las lloras que j,asan veladas de
Amor .............. ......... ,, r .80
Lucllas, Confidencias. Prólogo de
Vargas Vila ....... .. ....... .. ·. .. 1 So
Las Joyas de Margarita, Breviario de Amor, La Tela de Penélope, El Milagro del Vaso de Agua ,, 1 .80
InUmidades, Flores de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ... .... ,, 1. So
Los Nocturnos del Generalife. Poesías ...............•........... ., 1 So
Doiia Maria de Padi1la, Las Cenas
de los Cardenales • •.•• .. . ...... ., 1 .80
En el Desti'erro • ••. , .. . . . . . . . . . . . . ., o. 70
Una Partida de AJedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse
ppe Giacosa........ . ........... .. 0.70
La Copa del .Rey de Thule, La Atusa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez. ... ..... , ............ ,, 1.80
Alcázar de las Perlas .. ...... . . . ,, 2.10
Ldmparas Votz"vas ... .. ..... .. ... ,. 1 So
El Espejo Encantado. . . . . • . . . . . . . . , , 2 . ro
Judith ... . ..... ............ ....... ., 2 . 10
Doña Maria de Padilla, Ed. .Renaci~
2. ro

mi"e11to .....•....... . . .•.•..•.. ,,

Aben'Humeya. Tragedia Morisca en
cuatro actos y en verso . . . . . . . . . . . .,
Campanas Pascuales . .. .. . . . . . . . ,,
El Reloi de Arena.... • .. ...... .,

2. 40
2 . 10
1.20

"CERVANTES"
Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colección completa. . . ... . . . 7 vol. ,.

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NOVEDADES LITIRARIAS

Servicio de palomas mensajeras establecido
en el frente de batalla.

Tropas inglesas en horas de descanso.

La señora, al ajustar a la criada, le pregunta:
-¿Preferirá usted salir a paseo los domingos o los lunes?
-¡Oh, no, sef'lora; no quiero salir los domingos porque están los paseos llenos de
gente ordinaria. Así es que pueden ustedes
salir los domingos y yo me quedaré a
guardar la casa.

PEGASO

E. HoMs. Las Unicas .Rosas. Comedia en dos acto~. . . .
.. . .. . .. . ., 1. 8o
RAMÓN R. P~RBZ DB AVALA. Las
Mdscaras Ensayos de crítica teatral .... ............ .......... ,. 2.10
J. V. LASTARRIA, La América vol. l.
América y Europa vol. II. Y t1ltimo: Revoluciones y Guerras Ameri,anas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4. So
M. A. BBDOYA. El Hijo del Docto,;
Woljfan .. .. .. .. .. .. . . .. .. . . .. .. ,. 2, 10
EDUARDO ZAMACOJS. Duelo a muerte ,. 1.50
SALVADOR DfAZ MIRÓN . Lnscas . .. .. .,
1.70

El gran novelista y filósofo ruso, conde
León Tolstoy, que negaba a la sociedad el
derecho de castigar, un ctía, en una calle
de Petrogrado, vió a un vigilante que detenía a un sujeto, y dirigiéndose al agente, le
dijo:
-¿Sabe usted leer?
-Ciertamente.
-¿Ha leído usted la Santa Biblia?
-Sí, señor.
- Entonces, ¿por qué olvida que no se
debe hacer al prójimo lo que uno no querría que le hicieran?
El representante de la autoridad miró al
conde, y después de un instante de reflexión, contestó:
-¿Usted, sef'lor, sabe leer?
-Sí, sé.
-¿Ha leído los reglamentos de policía?
-No.

-Pues bien: vaya a su casa y léalos.
13

�es adversa al medio social que mejor entiende de achaques artís ticos.
POR EL ARBEU
l'IAGALOl'IA!iJAS. l'IAQUETAS. Tales
son los títulos de los volúmenes, en verso, de Francisco.González León, de quien
publicamos en nuestro número pasado
al¡¡unos poemas inéditos. Esta nota biblio¡¡ráfica se desvlll afectuosamente de
los volúmenes mencionados, para consi¡¡nar al¡¡unos de los caracteres de González León y de su obra ¡¡eneral. Escasamente conocido aquí, (apenas si publicó
al¡¡o en la Revista Moderna) González
León vive como un ermitañn en La2"0S,
Jal. Peina los cincuenta, entre¡¡ado a la
farmacia. Su juventud, se¡¡ún he sabido,
fué de zambra y de ilusión. Por su clausu•
ra actual, clausura de celda, han de diva¡¡ar el presumido ¡¡olpe de las tijeras
de sastres difuntos, la risa de más de una
actriz dadivosa y un insistente són de vihuelas. Todo en vano. Un pardo clericalismo es quien manda.
Su obra es moderna, por el alma. Hon•
do y atingente, González León, en mi
sentir, no es inferior al temperamento de
Nervo. Y jÚz¡¡o que el temperamento del
ermitaño de Lagos aventaja al de ciertos
poetas nuestros, de los conceptuados como primates. Su ejecución es desmañada. Ello no me resfría. Más bien me hala¡¡a, como la flora silvestre que abraza
los muros de un templo, lejos del Arzobispo de Guadalajara. Quizá un día pueda yo ocuparme con la extensión debida
en este poeta, a quien estimo consanguíneo y a quien ruego me perdone de haber violado sus retiros, por presentarlo
a la ponzoñosa celebridad.
R. L. V.
GABRIEL D' ANNUIIZIO: LA VIRGEN
URSULA. -Traducción directa del italiano, precedida de un estudio sobre el
autor, por Carlos González Pef!a.-Portada de Saturnino Herrán.-CULTURA.-Abril 30 de 1917.
Toca hoy a D' Annunzio fi¡¡urar entre
los autores que populariza la publicación
Cultura. De la enorme labor dannunziana
escogióse una novela corta, La Virg'en

Ursula, para presentarlo al amplio ¡¡rupo de sus lectores. La traducción de la
obra y el estudio acerca de la personalidad del autor se debe a nuestro infati¡¡able Carlos González Peña.
Ha logrado D' Annunzio, en punto a

novela, el mérito de crear un género
muy suyo. En un estilo extraordinario,
personal y que recurre al abi¡¡arramien•
to de ·un crudo realismo, relata la biografía subjetiva de seres predestinados. Y la
fuerza de la evolución espiritual es tan
vigorosa que, cerrando con todo, nos de·
ja la huella de al¡¡o formidable que ha
cruzado frente a nosotros. Tal es La V ir¡ien U rsula; después de una enfermedad
tremenda, al renacer de su salud extenuada, Ursula, la hija del Señor, siente
despertarse en ella un insólito anhelo de
ternura y de voluptuosidad. Y la potencia del amor sobre un sér que había reconcentrado su deseo en años de abstinencia es !án ¡¡rande, que la lleva a un
punto terrible de excitación sexual. Y perece. Eso es todo. Lo demás es como el
conjunto de nudos que va atando los hilos separados. El carácter místico de la
hermana viene a subrayar los ardores de
Ursula, y el amor de Ursula por Marcelo insignificante resulta como idealiza•
do por la fuerza de la escena brutal.
La re a c c i ó n psicoló¡¡ica despierta en
Ursula encontradas emociones y decide
morir; pero la vida se impone y para vivir recurre a un medio absurdo: a un hechicero de quien ha oído milagros: el
viaje y la i¡¡norancia de la mujer del brujo la matan. El sabor de cuadro popular
que tienen algunos pasajes hace que pensemos en las pinturas de al¡¡ún Teniers
italiano, y el estilo vigorosísimo da a la
obra el relieve de un bronce de Rodín.
Adorna el cuaderno una portada de
Saturnino Herrán y una caricatura de
D'Annunzio, debida a la pluma de Ol~f
Gulbransson, no Gulbranffon como eqm·
vocadamente aparece al pie del dibujo.
M.T.

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--~ Señora:

Nuestra Ga.rantia

Despachamos en el día que se recibe
todo pedido foráneo.

ñora Fábre¡¡as interpretó con inteligencia el papel de Sabara y el señor Martínez Tovar estudió concienzudamente la
obra cobrando nutridos aplausos. La entrada estuvo floja y esto lo atribuimos al
precio de las entradas ($3.50 luneta), pues
si bien es cierto que el insiene vate granadino goza de simpatías entre nosotros,
también lo es que la situación económica

El sábado subiq a la escena En Flandes
se ha puesto el sol, de Marquina. De la
obra no hay que hablar; se han dicho ya
todos los elogios. La interpretación fué
mediana a causa de la violencia conque
en nuestro México, se acostumbra poner
las piezas. El lunes Parker, el martes
Ibsen, el miércoles Shakespeare, el jueves los Quintero, el viernes Linares Rivas, el sábado Marquina y el domin¡¡o
Muñoz Seca, Berstein y Benavente. ¡Ca

goooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

EL MODELO QUE ANUNCIAMOS
AQUI ES DE RECLAME, YTIENE

Esq. Ave. Madero y Gante.
PEGASO

111 EL FABHGAS
El último sábado se estrenó en este coliseo la obra de Francisco Villaespesa intitulada Aben-Humeya. El éxito artístico
fué bastante lisonjero. El autor fué llamado a la escena repetidas ocasiones.
Nos abstenemos de hacer crónica detallada de la obra porque los diarios ya lo
han hecho y con bastante acierto. La se-

En este coliseo celebró su beneficio
el viernes pasado el primer actor Manuel
Villarreal, con la opereta jLa Criolla.
Manuel Villarreal es muy conocido de
nuestro público y es un actor que siempre trabaja bien y que ha tenido la mala
pata de que ni el público ni la crítica le
hayan dado su verdadero puesto. Villarreal tiene tantas facultades como narices. El catarro que en la Chata Oviedo
puede ser un simple cosquilleo en
Villarreal puede ser un ccaso Ga/oso•;
o, cuando menos, el mentol tendría que
costearlo el Tesoro Americano.
Dicen pos ahí que Villarreal, desde
qu~ empezó la tragedia europea, no ha
de¡ado de oler a sangre. ¡San¡¡rones!
El martes debutó Onofroff en el mismo teatro. Este tío puede su¡¡estionar a
un motorista y hacerlo creer que se ha
bañado recientemente. ¡Qué más!
POR EL COLOII

Representante en México.

.·&lt;

Av. 5 de Mayo 32.
Ericsson, 10-27.

Despacho 311.
Mexicana, 54 Neri.

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PEGASO

15

�ray! Se necesitan actores de sesenta Hf&gt;.,
seis cilindros y magneto Boch.
Taboada, encima de lo de él, tenía un
resfrío. Plasencia se supo el Valdés como yo sé que tengo que pagar la renta
de mi hangar, pero no lo declamó, en mi
concepto, tan fanfarronamente como el
rojo y gualda de la capa y el jubón lo
piden. Sin embargo, Plasencia puede hacer un buen Valdés.
Emilia del Castillo dijo muy bien toda
la obra.
Padilla sacó unas barbas que compró,
con dólares, en tiempo del papel.
El domingo, en la moda, se estrenó
Como Hormigas, comedia en dos actos
del autor de La Garra. En esta obra Linares Rivas no es tan fuerte como en casi todo su teatro. Como Hormigas es de
una factura delicada, de una desbordante humanidad y un constante interés fundado en la gracia sutil y blanca de una
tesis que parece relente espiritual sobre
las horas cálidas y sordas en que transcurrimos.
La obra está muy bien repartida. To•
dos justos y dándose cuenta de la intenc'ión noble y blanca del autor. Plasencia
dice un cuento del segundo acto-cuento encantador- con verdadera agilidad.
Como Hormigas llevará algunos hidalgos a la taquilla, para mayor honra

El banquete a Villaespesa

- No sé en qué consistirá que todas las
moscas se me echan siempre encima.
-Claro, como que tiene usted la desgracia de ser diabético,

*

* * mía: los hombres
-Desengáfiate, hija
prefieren una mujer ignorante a un a mujer
ilustrada.
-¿Pero tú te figuras que todos los hombres son como papá?
***

Cierto día entró un paleto en un local
recien desocupado, y no viendo género alguno en los anaqueles, preguntóle al duefio.
-¿Me hace el favor de decirme qué es lo
que venden aquí?
- Pues aquí vendemos cabezas de burro.
- iRediéz, que venta ha debido ha.:er,
que ya no queda más que la suya!

***

- Papá: ¿me podría yo casar con la abuelita?
-¿Casarte tú con mi madre?
- ¿No se ha casado usted con la mía?

Grupo de paseantes en el Canal.

***

del arte y particular regocijo de «Don
Prudencia».
BUFFALMACO.

- Nifio, no le ensefi es al loro palabras
feas.
-No se las ensefio, mamá. Precisamente
le estoy ensefiando las que no ha de aprender.

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BLANCAS:

A r AD, P4AD, T6AD, R 2 D,
A7AR, P3CR ( 6 piezas).

NEGRAS:

P3R, R4R. P3AR, P5CR (4 piezas).

Las blancas j uegan y daa mate eo tres jugadas.

PARTIDA NUMERO 13.
GAMBITO DANES

BLANCAS

*

NEGRAS

Coll ing.

Mieses.

r. P4R

r. P4R

2.

3.
4.
5
6.
7.

8.
910.

rr.
12.
r3.
14.
r5.
r6.

P4D
P3AD
A4AD
A XP
CD3 A
CR2R
o-o
D 3D
AX A
T D ,D
P XP
T R1R
C4 D
CXPAI!
D6T jaque.

2. PXP
3. P XP
4 . PXP

5.
é.
7.
8.
9.
ro

D2R
P3 AD
P 3D
A3R
C2D
PXA
II. P4D
I2 PRXP
r3. o- o- o
14. D2A
15. PXC
r6 R 1C.

17. DXPA
18. C5C
19. A4D
20. T8R ! 1

r7. C3C
r8 C5A
19. TrA
Se rioJeo.
Tanto el elegante problema como la muy
bella partida que publicamos hoy, están entresacados de la obra de ajedrez que recien•
temente ha publicado el conocido ajedrecista
jalisc,ence don F. de P. Arancegui. La obra
titulada: Pcíginas selectas de AJerlr&lt;'z que
consta de ~oo páginas, contiene además de im•
p~rtaotes conocimientos teóricos, problemas y
finales muy interesantes, 60 part das que son
otras tantas obras de arte sabiamente recooiladas por el Sr. Arancegu i, c uyo talento co~o
jugador y como teórico supimo~ apreciar durante su breve estancia eo esta ciudad el año
pasado. El buen plan de dicha obra y el juicio
y competencia con que está escr ita nos hac&lt;&gt;
que no dejemos pasar la ocasión de felicitn
calurosamente a su autor eo su noble empeño
de e nriquecer la literatura ajedrecística de
o uestro país.
En el próxi mo número publicaremos, ade·
más de uoa par tida del Campeón mexicano,
A. G. Conde, uo bello problema de algún re•
putado compositor mexicano y la solución de
los p roblemas que ya hemos publicado.

Entre conyuges:
-¿Y aún te atreves a mirarme a la cara?
- ¿Qué quieres . . . . iA todo se acostumbra uno! ....

* **
-¿No te gusta el novio que te imponen
tus radres?

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o 30
. ...

***
-Tenga usted piedad de este desgraciado que se encuentra sin trabajo.
-¡Y todavía se queja usted de no trabajar con este calor! . . ..

* **
Asistía cierto personaje a una comida, y
una señora muy encopetada deseosa de
saber si ella o una prima suya era preferida por aquél le preguntó:
-Vamos a ver: si mi prima y yo cayésemos al río ¿cuál salvaría usted primero?
-¡Ay, señora! Sé muy bien que usted
nada perfectamente.

***
Dos ladrones muertos de hambre, ad•
vierten la presencia de una pareja de la
guardia civil.
-Estamos perdidos, nos van a dar caza
-exclamó uno de ellos-:\1c alegraría muchísimo, porque nos la comeríamos,-contestó su compañero.

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de la que quiera usted sanar pronto? Consulte Ud. al
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 12, Mayo 31</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Francisco Villespasa</name>
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        <name>Gaspar de la Nuit</name>
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        <name>Revolucionarios rusos</name>
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        <name>Submarino alemán</name>
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                    <text>•

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3a. CALLE DE LA PALMA No. 34.

LA VIDA FEBRIL
Por MANUEL TOUSSAINT

Será por intlueucia de los Estados I..;nidos; serií
JJOrque el mundo ha perdido la razón , sení porque el
lu¡ú1bre desea terminar de una buena 1·ez con sus días,
pero nuestra existencia se ha tornado una da11Za febril.
~jos aquellos tiempos de placidez colonial, ei1 que al
claror de los últimos matices luminosos, se aguarda pacientemente el , toque de vraáó11. La noche parecía
aprisionar todos los malos espíritus ante las largas vibraciones r la campana iba dejando en los huecos de
rada pensativo interior como un d~jo de santidad.
Hoy, los progresos de la industria han permitido
acelerar las comunicacione8 de modo vertiginoso: más
de un buen veciuo conoceréis segura mente c~mo yo, que
Reostumbra sautiguarne y persignarne cliez vecfü antes
de sacar el pie derecho- nunca saca el izquierdo-al
umbral de su puerta. Y lamentaréis coumigo, aunque
malérnlas sean mis suposiciones, no cree1·os autorizado
a usar de tales amuletos contra los adelantos de la Dinámica.
. A ese acrecentamiento de 1oco111oe:ió11 hemos respondido con decuplicar la velocidad de nuestra vida, si no es
que a esto último se debe lo primero; si no es que el
aereuplano se inventó para que el hombre tuviese un
niedio de trasporte digno de sus ideas en el siglo XX:
Margarita de Navarra no hubiera podido escribir su
HepfCl'lneron en aeroplano, corno pudo cscri birlo en su
magnífica litera.
.
Un gran poeta uucstrn, un poeta que puede decirse
llltérprete de la ,·ida, tanto la ha comprendido y exaltado, cantaba no hace mucho tiempo:
A vivir, a vivir, que se escapa la vida!

Y este verso fuera la euse11a de II uest:ros días, si no
hubiese discrepancia de fondo: pül'quo vil'imos la ,·idn

~in vivir; después de treinta aiíos como estos de l\Jlü o
lü 17, ;_quién puede afirmar que ba ,i vido 0 \'i l'ir es
algo muy distinto que devorar días. me&amp;es y aüos. Es
la saturación del espíritu con cada instante vi1·ido; es
ser sol y alumbrar porque la l"ida es luz. Vivir 2s algo doloroso y solemne, algo que pide un ambiente más
sereno, más sobrio. Nada hallo de m,ís gráfica fuerza
para explicarme la vida intensa que m1 símbolo, (como
no fumo, debo advertir que no me parece l'l1lgar): ririr 1's
dark el !JOlpe a la i:ida.
**

Pero el ansia de vivir, vivir como sea, r,ípidamente. vertiginosamente, es el anhelo de nuestro tiempo. Y
¿,quién Ya a poder encauzar a la vida por el· antiguo .Y
ancho sendero'' .Montaría lo mismo querei- reglamentar la ,·elocidad de los rehímpagos o edificar caminos
en la trayectoria de los planetas. La Yida se fuga y en
su fuga, arrastra a nuestro espíritu, a menos que sea
tan pesado que la vida puede pasearse por él.
De continuár así, difícil es prever los términos a
que llegue nuestra existencia. Sólo puedo asegurar que
la única di,·ersión que toleren nuesh·os nietos será el
circo, que goza ya de gran estima. El circo honra a
la humanidad, sólo los pedantes 110 gustan del circo.
Acrobatismo intelectual, circo de barrio en que tras de
la harina que oculta a medias la faz del payaso se columbra la tragedia del hambre, circo en el más innoble
sentido, en el sentido político, todo es homenaje a los
antepasados cuadrumanos del hom 1re. La afición'' al
circo podría ser aducida por Darwiu como una nueYa
prueba de la evolución de las especies y por Haeckel como prueba decisiva de la ascendencia simiesca de los
sabios alemaues.

PEGASO

3

�La literatura sufrirú modificaciones de gran hascendencü,. Los l'ersos en vez de medirse púr sílabas.
se medirán con micrófono. si 110 es que en vez d~ meduse, se pes_an con pesa-cartas. Las nol'elas seran _Telegadas al olvido, o cuando mús, los mM1cos usarnn;as
como ¡n·e,·entil'o, para aquellos enfermos de veloci ad
cuyo cerebro requiera inyecc:ioncs de pesader.. Los llbr~s didácticos, ya se adi1·iua, serán empleados co~uo
lastre en los vehículos aéreos o en los gabrnetes de f;s 1ca, para explicar el peso específi:o de lus cuerpos. , -Y. el
literato se expone a carecer de pubhco, JJ?rque el 1rnbhc~
tiene mucha prisa, como el lite\ato de tiempos ]Jasados
carecía de público porque el publico rebosaba peie':ª·
La humanidad cambia: sale de su pereza como el car~col de su cofre; l,í11zase a dm1zas febriles corno espitu loco; rnelYe al olimpo; el literato siempre sale__ soln·anclo. Poi· eso el buen literato es el que se avergnenza de serlo. ?íietzsche Jo dijo.
,
,
Futurisrno, cubismo, preterismo. ,.Cual sera el
capricho del arte? Quir.ás, en el vértigo del mornrnell-

to, al mayor anhelo de los artistas, se_a, representar el
reposo, el reposo absoluto. «Ayer, duau entonces, el
prodigio del arte, /'homme qu, 1,wrchc, o el San Juan
Bautista de Rodiu, debían su prestig10 rncomparable al
movimiento que parece latir e11 los miembros de_bronc;·
Hoy, el movimiento se produce por i-eglas demasrndo fa.
ciles; busquemos el _reposo _cuy? secreto ba nrnrrt~.» ..
La imaginacwn se fatiga tratando de fiJat P:Ispectivas. Acáso los seres que nielan
prote_pdus
por su rnlocidad como el halo de nn ún~el _Y no ven nada
fuern de sí n\ismos porque el espacio , a s1e11do de,01ado por el golpe de sus alas; acaso cam h'.e t_odo ,; el
mundo se torne incognosc1hle: e11to1wes solo 1estarn la
amplitud de la cúpula celeste, polícroma_ al a_tardece'.
como si fuese el interior de un domo b1zantrno. 1
rompiendo el hieratismo rígido de los 111osa1cos. con
ia armonía de sus curvas. corno una embuaguez de
sei;enidad, será visto únicamente por los OJOs del artista. el eterno, el diviuo, el rnfatigab\e rnelo de los
alciones.

"ªº

taba con la malicia ingénita de los
ojos.
·
En tanto duraba la conte~plación del cura, púsose ella a ¡,estirarse las medias con la mayor natu~lidad de1 gesto, con !a oabez'.'- ba¡a
y levantando las faldas al'nba de
la rodilla.
·
.
-¿ Sahes ?~dijo de_ pronto.-La

LA RAPAZA
Po, ENRIQUE GONZALEZ MART!NEZ

Acababa el cura de Villahonda
de dar las últimas plumadas a aquel
sermón del Hijo Pródi,go que había de valerle, andando los meses,
la suspirada prebenda, los laureles
de la fama y el íl:em más _de una
codiciable capellanía, es decir, miel
sobre hoj üelas. Alto, buen moz;i,
sano y fuerte, llewba co!1 gallaroia
· sus cuarenta a&gt;ios, y hacia diez que
µaseaba su inocente vanidad de
orador, su mediocridad perfecta Y
su gordura incipiente por las tortuosas callejuelas de aque.1 curato
modesto que había de ser firme_ pedestal de su ya segura y glonosa
canonjía.

Aq!Íella noche, ya pasadas las
diez, saboreaba de antemano sus
triunfos oratorios, repantigado en
un sillón de cuero, rod.eado de algunas docenas de libros y las manos .
cruzadas sobre el rollizo abdómen,
cuando sintió que alguien le cogía

con una boca encendida y _unos ojos
tau negros, que iris y puprla se confundfan C'n una so~a mancha negrP
y lustrosa como cuenta de {nabache.
-Buenas noches, Susana. '.Vle
has asustado, hija mía.
. .

Y mientras decía esto y acar1c1a-

ba el rostro de la niña, con,templábala el cura con una extmña éunosidad. No había experimentado el
señor cura ni susito ni srnrp.resa; Susana acostumbrabn entrar así todas

bs noches procurando no ser sentida; pero al santo varón agrad,,bale fingir aspavientos ya que con
ello daba gusto a la mimad" ch,qui-ila.
Era interesante de verdad aquella mujercita, en quien ha'.:Jírcn Ueg-ado ya los encantos ele la Juventud sin borrarse todavía ~?..s gracias infain¡tiles. El seno, de precoces

turgencias; hinchaba ya el corpi-

por el cuel!o, y una vocecilla afl.aut~.:i..da, úspera y penetraute, la grita-

ño · las caderas, un poco ri ngo.stas:
rna~·caban ya sus curvas deleitosas;

ba en las orejas:

bajo las faldas, demasiado cortas
pai~a RU estatura, se dejabam ver
unas piemas admirablemente formadas que eran ya reallidad y no

- i Buenas noches, padrino!

Y antes de obtener contestación,
se le plantó delante una chiquilh de
trec~ años apenas, un tanto esp:.g~_da para su edad, blanca, pelirroja,

4

promesa, y en el rostro, un aire de

ingenuidad y aturdimiento contras-

PEGASO

medalla perdida parrotó al fin.
y mostró una de pl-ruba su¡eta con
una cinta negra que resaltaba en
la blancura de su cuello.
-Es del Carmen-añadió-y regalo de Goyo.
Quedó lueg.o un _insti;nte como
sumida en una me,d1tac1on profunda, con la miraida en ,el suel_o y el
labio inferior entre fos di~tes,
gesto que le era muy pec_u,har, y
luego, con brusquedad, &amp;alw_ de la
habitación tararea.nd!O .un aire de
iglesia oído en el rosano de la tardeEra tri.8\te la historia de aquella
persomta caída em el sombrfo ~~­
rato como un ave exótica de qmen
sabe qué frondas desconoc1das.
Bien presente tenía el cura la no•
che lluvios,a en que llamaron a su
puerta con foertes aJldabonazos
mientras le gritaban desde aba¡o:
-Paidre, una confesión; la "Pa•
1

Joma" se muere . . . .
.
La Paloma, una meretriz casi
vieja, recién llegada a1 pueblo Y conocida ya de todo el mundo por l_o
que tenían de ostl~Uitosos sus vestidos, de exagerado su colorete Y_de
provocativo su porte, había verndo
a Villahonda acompañada de una
chicuela de ocho abriles, en ese .res"'
censo vertigino,so de _las gentes:
su edad y de su ofic10. Le pare
3Jl párroco que era ayer cuando ha-

hía cruzado

por las fangosas calles
de Viilahonda, precedido del sereno
que alumbraba a medias el camino
con la legañosa linterna, iev,tando
eon trabajo los baches de la vía.
Grabado en su imaginación tenía
e] rostro de la que yacía -en el lecho,
J'()Stro que debió 'de haber sido beflo, pero ajado ya poi!' ,el vicio de los
últimos escaños que acaban con la
juvent,ud y la hermosura. Había seguido luego la confes.ión monótona
de la cortesana vulgar, y, por último, el ruego ele la moribunda que
vibraba todavía en •sus oídos: "Padre, encáTguese usted de Susana,"
mientras ésta, en '21 cuarto contig,uo, rodeada de oficiosas vecinas
que la contemµla:bau con lástima,
paseaba ·sus azorados ojos sin una
s&lt;ila lágrima sobre aqu&lt;'lllos rostros
extraños y dotlielJites. Luego, la
muerte de la ramera, sobrevenida
al aman'eoer; los temores del cura
por la responsabilidad de la adopción, y los refunfuños del ama que
no cesaba de murmurar por lo bajo: "i Lo que habrá visto esta hija
del arroyo!" Después, las gracirus y
vivezas de ,la muchacha que habían
desvanecido Ja,s nacientes runtipatías; la primera comunión hecha,
al cumplir diez año's, con una exaltación mística y un fervor religioso
que había,ri rayado en lo anormal
y patológico; la;; crisis histérica•s
presentadas periódicame111te y alternando con arranques impropios
de sus años; tristezas sin motivo,
Dantos sin causa alguna, y, por último, aquella gran crisis sobrevenida un mes antes, a la media noche,
cuando el ama acudió a las vooes de
Susana que rígida y en pie junto a
u blanco lecho de doncella, miraba
eon espanto y sin dal'se de ello
cuenta, algo no esper-ado ni leido
todavía en sus libr,os favoritos .
-Vamos, vamos-había tenido
que decir la vieja-eso, a,l fin y al
eabo, tenía que ,mceder.
Y acompañó ha;s,ta el amanecer
a la chiquilla tranquilizada a medias, pero que no pudo pegar los
OJOS en lo restante de la noche.
Cuando mamaron a primwa misa
1 oyó el ama toser y carraspear al
tura, fué preciso habla·de -del asunto Y referir1e con mil rodeos y cireun.Joquios, que fa crisálida se habla convertid'o en mariposa.
Todo aquello pasaba en fantástica Procesión por las mientes del cual mirar a la niña que se había
urrido tan bonifomenJtle, y como
aquel instante entrara ,el ama
n una palmato•ria en una mano
en otra las pantuflas del buen páo. asaltaron, a éste, de pronto,
Y aotlvidados temores de herenmorbosas y de endiabla,dos
vismos, y cual si fuera cuestión
. trapo más o menos, dijo d.irilldose a la anciana vig~lante:
-Doña Ramoua, es preciso bajar

las faldas a la chica. Ya tiene para
ello edad ...... y pantorrillas.
Cuando Susana aband0n'J la estancia, sa,Iió a un angosto corredor

en cuyo extremo terminaba 'la escalera que condncía a ]as habitaciones altas. A la luz del farol soñoliento que iluminaba el corredorcillo, divisó Susana a Gayo, el sacristán, que en una silla reclinada en
la pared, dormía con la boca abierta y rc-ncando con estrépito. Era
un adolescente Jlacncho y pálido,
de arremangada nariz y labios des-

coloridos, que había crecido trabajosamente a la sombra de los muros &lt;le la parroquia, y a quien con-

denaba al sacerdocio la protección
sub conditione de&lt;J cura de Vi □a­
honda. A los catorce años había visto venir como caída del cielo a Susana, aquella natura1'eza inquieta y
movediza que empezó a alegrar la
casa triste y silenciosa con las notas agudas d,e sus risas y los gorgeos de sus cantos iu:f'amtiles; y una
vehemente inclinación, un deseo
vago, pero irresistible, lo había ligado con aquella criatura mensa-

jera de luz, ele encantos, de alegría,
El la acompañó en sus ju.egos, la
llevó de la mano por los jardines,
admiró sus precocidades inauditas,
y sintió por ella un afecto casi paternal ; pero cuando se trasformó
en una mujercita, aquel sencillo
afecto cambió de forma; las mi,radas maliciosas de Susana turbaban
hondamente al mancebo inexperto
y desmañado que no había visto el
mundo sino a través de los ventani llos del coro; sus nacientes encantos le ponían fuera de sí, y su cortedad inconegible le hacía huír de
la muchacha sin quer,ar confesa,r se
a sí prnpi-o qué clase de sentimiento había germina-do y crecido dentro de su oprimí-do corazón.
Se quedó Susana contemplando
un instante al que dormía, alcanzó
con la mallo un taJlo de hierba de
un tiesto vecino, y con él púscse a
cosquillear las narices del descuidado durmiente. Como éste despertara sobresaltaido y estornudando
con estrépito, la autora del daño subió a grandes zancadas la escalera
de pino que conducía a la alcoba y"
en ella se encerró echando por di2ntro la llave. Encendió la luz, luego
aguzó el oído y creyó percibir el rumo,r de alguien que cautelosamente
subía por la escalera; hasta lt2 pareció oír rechinar suavemente los
peldaños y se figuró escuchar un
leve crujir de coyunturas y el soplo
casi imperceptible de una respiración ahogada. Experimentó la S2JIsación de "que era vista," y sintió
un extraño y voluptuoso calosfrío
que recorrió su cuerpo con el inefable del&lt;iite de una caricia.
No era la vez única que Susana
era objeto de semejante espionaje.
Ella sabía que Gregorio acechaba

PEGASO

la ocasión de sorprenderla; pero la
invencible timidez del muchacho
con observar sin ser visto, cOn sus-

pirar a solas y con amar en silencio. ¿ Por qué esa noche, en un re-

pentino arranque de sensibilidad
generosa, le asaHó la idea de ofrecer a aquellos ojos mendicantes de
amorosas visiones, la regia dádiva
de su cuerpecito desnudo? Se asegu-t·ó con rápida mirada de que la
cerradura daba paso a la luz, y ante el espejo del tocador colocado
junto a la puerta, comenzó su n\lc- .
turno tocaclq. Graciosamente anudó el haz crespo de sus bermejos
cabellos, desabrochó :l a blusa, desató el cinturón, y uno a uno y con

lentitud estudiada, fueron cayeindo
los velos que 'CcuM,aban su hermosura en botón, de líneas indecisas
y turbadoras. Su de&amp;nudez fué coonpleta un instante, el cortísimo que
medió en el cambio de la breve camiúlla de encajes vaporosos por l.a
luenga y cerrada de dormir, un instante en que apareció sin gasas importunas su cuerpo como ampo de
uieYe sonrosada al que la nachmte
y discreta pubertad no macuJaba
todavía, y en cuya blan'cura resaltaba, como nota triunfante, el airón de fuego de los cabellos rojos.
Entre las espumas de las caídas ropas que rodeaban los pies menudos
d:e Susana, parecía renovarse el
mito de Venus naciente y vencedora.
De un soplo la chiquilla apagó la
luz. Aguzó de nuevo el oído y le
pareció escuchar otra vez el crujir
de coyunturas, los pasos furtivos
que se alejaban haciendo rechinar
los paldaños, y adquirió ,,¡ conveucimient10 de que estaba sola. Se
arrodilló a tientas junto al lecho ,,
rezó larga y fervorosamente. Se
echó después en la cama, se a.rreirnjó entre las sábanas; vínole
en,tonoes u¡¡ deseo inmoderado de
reír, de reír a carcajad8!s, y sintió

sacudido su cuerpo como si fuera
presa de convulsiones epiléµticas.
Cuando el acce,!&lt;o de risa se hubo
apaciguado un poco, murmuró &lt;'n
un tono a 1-a vez burlón y cariñoso
-¡ Buena noche t,e vas a llevar,
encanij a:do !
Y volvió a reír hasta que el sueño cerró blandamente sus ojos .... ·
Tenía razón el cura de VillahiO,nda: era preciso alarga.r el vestido
de la rapaza.

PEGASO.--Busque Ud. el
próximo número. Contendrá selecto material literario y artístico.
5

�LOS CABARETS DE NUEVA YORK

POEMAS INEDITOS
Por F&lt;J?,ANCISCO GONZALEZ LEO/\/.

SUICIDIO

casas. como
fué la casa de rni abu,•la
donde andurn mi 11ii1ez.

Crepúsculo lila y oro: l,,udcs de t',rga110
(en el roro
de una ip;lesia con \'Cntual.
.,· algo oculto, que s,• hesa
qur susp1rn ...
·,.A l"uirn reza
por " In ao-onía \'espera I'.
De1·a
. , ~nística oblaciti11'.
deja, lento carrillón
que ,·on sus manos liliales
el crepúsculo me o¡mma
la \'ejez del corazón.
Deja que un filtro sutil
me escancie en su luz la luna.
La luna ... ¡,no ,·es'' la luna
trne un r,íliz de marfil.
¡Yo &lt;'11 la vida ture un duef~o ...
yo en la vida aun lle,·o el sueno
pertinaz de una ilusión ...
Déjame mirar la luna:
si la luna es tm beleño,
,¡uiero en tósigos de ensueüo
suicidRrme el coiazón.

.J([USICA VAGA

º·

ITJallO tempraJWl'O

ljll ('·

('11 1,n
0

lllfl f1a !la

desgranas el ,·,·1wro
dr tu mrlancol ia ...
P(amente
pía un gilguero en mi rent&gt;1na;
r en el alero de enfrente,
;le la casa que ha,1· cerrana,
1111a hilera rocinp;lem
de los ültin11&gt;s aviones
(colegiales con sotana)
&lt;'Omentan las II u blazones
de la mañana.

**:!:

Lontananzas d,• ilusiones.
postrimerías de emociones:
romanres del alma mía .....
Momento arcano en que siento
que es llernda de la mano
mi yaga melancolía,
por la vaga melodía
de 1111 melan06lico piano.

SOLARIEGA
Esas casas amuebladas
que sus dueño, nunca habitan:
Yiejas casas misteriosa_s,
,·iejas casas que donmtan.
Entornadas las Yitrinas,
apenumbran las estancia,; espaciosas;
casi nunca. nunca hay rosas
sobre un huerto displicente,
v es un snefio de hojas secas
~] esp~jo de la fuente. .
Y quien sabe que m1steno de poesía
se difunde en el sahumerio
de la ,·ieja mueblería,
y quien sabe de qtte cosas estén llenas
las garrafas de las cavas
y las grandes alacenas ..
Ne insinúan en los pretiles ,·irreinales
los cantares de torcazas,
r ha,· frescuras com·entuales
~u l;s sombras de esas casas,
Casas de hosco Mayordomo:
de pretérita cancela;
de católica v~jéz:

LLOVIZNANDO
La llovizna, en mi rnntana,
reza tras dr Jas ritrinas,
la Letanía Lauretana:
La llodrn~ es frnncisrana
de las monjas capuchinas.
La serMica ... que en esa
melancólica tristeza
de esta tarde anonadada,
me imprecisa una abadesa
de conciencia c-onttll'bada.
Monotonías rle bre1·iario:
cláusulas a la sordina;
rumor de confesonario,
y en la lluvia cristalina .
los desgranes de un rosarw.
Es la púlida abadesa;
es su queja de fontana;
es su obsesora tristeza.
La llovizna en mi ventana,
reza y llora: llora y re1.a.

fría

mos hecho cargo de todos.
Vamos a Rcctor's al salir del
teatro.
En la parte baja, iluminaPor Genaro Fernández Me. Gregor.
da a giorno, nos quitan la impedimenta, (solamente abrigo y somEsta raza yankee si no conser6 pies pasados de estatura, y con
brero); subimos, con una multitud
1-a la e~tirada corrección de sus
una circunferencia torácica capaz
que
hace lo mismo, por una escaantepasados los ingleses, pues bien
de intund1r respeto á un bú1alu de
lera
tapizada con alfombra de alsabido es que el l\Jlllericano es en
las pr,aderas.
to pelo, y vamos contemplando, al
k,eneral desatento y tosco, guarEl principio y la institución ansubir cada escalón, a todas las dada sí, en todos los actos de su vi1edichas demuestran ¿ qué cosa?
mas que ascienden también. Son
da, el deseo de aparecer respeta-¿ Una candidaz primitiva o un retantas que nos marean, nos ::i.tur-,
ble, sin máculas m·orales de ninguJinamiernto de ultra-civlización?
den, nos asfixian por compresió'l,
na especie.
Los J.atinos optamos por solll'eil'
ya que a veces quedamos empareTal pensaba yo, no en la Igle,ia,
sin profundizar demasiado. Y no
,fados,
(y valga la expresión, aun.
ui en un salón de cO'll:ferencias o en
es que seamos escépticos. Creemos
que mejor fuera decir, encojinaalgún otro lugar serio, sino en 1111
en la honradez femenina, pero ...
dos), entre cuatro hembras elásticabaret neoyorkino, a las dos de la
clasificamos.
cas como paquetes de c.c,1cbo.
madrugada, después de haber hePues bien, de la creencia yan~ep
Las hay bellas y feas. Be:Ias con
cho una gira por diez o más c~nde que hablo se deriva un diluvio
esa clásica helleza que han heredatros recreativos, (empleamos el
de consecuencias: la mujer es sa.
eufemismo), de la misma espegrada; siempre tiene razón; nadie , do las hijas ele Tío Sam, y feas con
cie.
esa obesa J' flácida fealdad de casi
puede dirigírsele por pror,ia inidatodas las americanas cuando doPara comprender bien qué signitiva; no hay luga,r es en que pue.
blan
los tl'einta y cinco.
ficación tiene un cabaret en vanki dan entrar unas mujeres y otras
landia, hagamos una breve excurTodas van bien vestidas, y las
no; todas tienen derecho a salir
sión por el concepto que sus h:1l&gt;ijudías, en número suficiente para
soias a cualquier parte y a cualtantes han establecido, oficialmenalegrar a .Tehová, llevan joyas en
quiera hora del día y de la noche,
te, sobre sus costumbres. Partaprofusión. No tanta, sin embargo,
etc., eic. Consecuencias inmediamos del siguiente axioma: en ,il
que alcance a cubrir la pródiga holtas del régimen de emancipación
leritorio de la Unión, todas las mugura de los escotes.
que nuestros primos han implanjeres son honrada!S.
Si, imprudentemente, desde el
tado, y del cual, nosotros, ret.róY para sostener este asert.o, dig.
escalón en qne estoy parado, alzo
gradamentie ,abominamos.
no de un caballero sacado ele la~
la vista a los escalone~ superiores,
Y esto tiene naturalmente sus
páginas del Amadís, están los po.
veo toda una gama cromáJtica de
aplicaciones a los cabarets.
lieemen, irlandeses los más, con
. .... de ..... cómo decirlo honesCon ,describir uno, ya nos habreta,mente? ¡bueno! de medias se♦
:;.;,. ❖~#❖❖•
· •... ❖+❖❖❖
• ""'• •,· ................·.~·-··=•·❖•:••=•❖•:••i••:••:•-:••:
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PEGASO

111

7

�deñas, dejadas sin trabajo ~l descubierto por las faldas de ultima
moda.
Allá aquello no tiene importancia· la .... la .... media, es un artíc~lo que se exhibe como el pañuelo, y los ojos pecamm?sos pueden deleitarse. ¡ )lo los m10s ! pues
como dice mi buen amigo Carlos
Barajas, eso no es. digno de un
buen padre de fanulrn.
.
Pero, por fin, llegamos al piso
alto. Otra espera para que no~ toque el turno de penetrar en e, salón. El portero, un gentleman encasacado, es inflexible; guarda ~l
orden rigurosamente; el orden, digo, entre las gentes, porque en lo;
Estados Unidos un dolar tiene
precedencia sobre una persona, Y
quién lo lleva pasa como el Yehículo, pasa con su dueño. Por lo
tanto, nosotros ya estamos dentro.
'
Un salón en que domina el ?rillo
de los oros. Es enorme; soshe~en
su techumbre columnas monoht1cas de mármol; tiene en derredor
una especie de palco cercado por
un balaustre dorado; está lleno de
mesillas, arriba y abajo, excepto
en el centro cuyo piso está encerado para el baile. La orqu~sta, de
singanos naturalmente, esta en un
·tablado, en uno de los ángulos.
El ruido es infernal. Todos charlan y ríen, todos snenan unas a
modo de castañuelas, formadas por
un cañuto de madera y dos pelotillas, en forma de cerezas, que lo
golpean.
Hay más de mil personas en
aquél ámbito, en donde hace un
calor veracruzano, no ·obstante que
afuera nieva. Se come y se bebe;
poco vino porque el yankee es más
dado al refresco que a otra cosa;
¿ o será que cunde el ejemplo del
grape-ju ice presidencial?
La multitud femenil es mixta.
)Te Jo insinúa mi cicerone que, según dice, tiene mucha práctica en
estas andanzas. Sí noto que en
ciertas 1nesas reina la más compl~ta cordialidad ... , muy respecta ble, como debe ser. Un prelu?i_o
de orquesta y de una puerta d1s1mulada con una cortina, salen hasta dos docenas de bailarinas, jóvenes bonitas ágiles, porque allá
,

la fealdad no tiene el derecho de
hacerse histrionisa.
Llegan al espacio centml ~ m1ci:rn sus giros y cante..,. Estan lo
,,trictamente cubirrtas p;1rs decir que no están enteramente desnudas. Bullen, ríen, saltan; proyectan sus pies contra las narices
de los espectadores próximos, loo
hacen guiños y carantoñas.
Veo las caras de los hombres,
¡Magníficas! El pintor ibseniano
ele "Cuando resucit€,mos" hubiera tenido curiosos modelos. Las
mujeres ríen plácidamente; algunas muestran en los ojos un estrabismo precursor.
Cuando termina el número, otros
por el estilo le siguen, desempeñados por las nüsmas mu~hachas
con nuevos tra¡es; (¡permitaseme
esta hipérbole!).
Después del "show,'' empieza el
baile general, y aquí es donde el
ca1·ácter yankee serio y moral, pero sociable, puede ser observado a
maravilla.
¡ Toclo el mundo a bailar! El foxtrot, el one-step, las hawaias, todos los endiablados pasos que ahora privan, ..... de muchas menos
cosas que los antiguos.
La orquesta convulsa se disloca.
Los cuerpos se mueven en el mismo lugar, señalando ritmos de negro epiléptico. Una matron'.1 9ue
pudiera alimentar a un reg1m1ento ent€ro de cow-boys, baila con un
efebo imberbe y flexuoso hipnotizado po·r su escote. Un clergyman,
cano y arrugado, lleva en vilo a u_na
miss de carita angélica, de o¡os
límpidos y azules, vestida de traslúcido blanco . .... hasta la corva,
estrictamente. A esta pareja la
han pegado malévolamente por los
carrillos.
La música es un flagelo ígneo;
se oye un jadear universal; apr!étanse más los cuerpos; los OJ os
chispean.
Pero todo va envuelto en respetabilidad. Na-die se atreve a hablar
con su vecino; nadie lanza uno de
esos gritos que nuestros temperamentos latinos no serían capaces
de contener; las danzantes pasan
por entre las manos convulsas sin
detrimento para sus gasas y para
,us encajes. Cualquiera que en-

,

•

••

•

.. rara repent.iname11¡te, vería

Al Sr, .Jonh Hankin, uno de los
má:; finos escritoras ingleses del siglo XX, debemos algunas comedias
y algunos ensayos; su labor no es
extensa, porque murió demasiado
j ·,ven en plena vida londinense. De
sus comedias sobresale, por su sencillez y amenidad, "The Cassilis
Engagement, " verdadero modelo
entre !as producidas por la joven
generación ingle.;a.
La escena es un salón elegante,
en la residencia campestre &lt;le la
familia Cassilis, donde se charla;
se habla con calor-detalle extraño
en salón tan discreto-de algún sucedido ·en fa familia: presumímos
algo grave: la aparición de un nuevo Reine rebeld·e, una quiebra, la
inoportuna muerte de álguien. Pero
la conversación continúa, y "por la
pobre )frs. Cassilis" sabemos que
el compromiso contraído por su hijo Geofrey, el último Cassilis, oon
una desconocida, un muchacha pobre, es la causa de la inquietud. Se
sospecha también que fa dominante
Lady Remenham, muy noble y muy
pobre, no puede tolerar que Geoffrey quede, así, lejos del aJcance
da su hija, la linda Mabel. Mrs. Cassilis, sin embargo, parece contenta
de la aventura, y ha invitado a
Ethel, la pl'ometida de Geoffrey,
así como a su madre, Mrs. Borridge, a pasar unos días en el campo
con ellos. Llegan Mrs. Borridge y
Ethel, y desde luego se advierte
que son imposibles_ Mrs. Cassilis a
solas con su hermana Lady Marchmont, descubre sus fríos planes
que desbaratarán el absurdo enlace: extremar la oposición, el con. traste entre su mundo nefinado y la
terrible \'Ulgaridad de las Borridge.
Todo esto, bajo la apariencia de
completo agrado, de perfecta aprobación a los gustos de su hijo.

concupi~cencias que ruge en aque-

llos pachos.
La fiebre se ha apoderado de 105
violines que rechinan, del bajo que
hipa, de los timbales qu_e truenan,
de los giiiros que semeJan columna:s vertebrales frotadas con un
1frodisiaco. Los ejecutantes no se
contienen y se ponen de pie, moviéndose al tocar como poseídos,
¡Nadie queda en las mesillas; la
muchedumbre se ha dejado arrebatar por aquella ronda de sabat;
· todos bailan!
· Rólo yo me conservo impertérrito, ... ¡ porque no se bailar!

: Libros nuevos
y de

.
,
ocasron,

todos baratos

PORRUA HNOS.

-•---2a. O[l RrLOJ Y DONCflfS. ,
1

Lea Ud. "Pegaso
..~.•.~····•❖❖•❖❖❖........:--:..:~❖¡

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Si Ud. pasa un domingo en SAN ANGEL INN
volverá todos los domingos a SAN ANGEL INN
porque es el sitio mejor para el descanso.

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:-:•'.-,+:•❖ ❖•:• :-❖•:-!• ,❖❖❖❖❖❖•:-:-:•❖•!-:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:-:••
•
PEGASO

THE CASSILIS

1

•
•
• • • • ......
'• t..:••!•❖ •!••:-•:--:-•:•❖·•!...:••:••:••!••!• ❖-':·❖ ~!·•!• ...•···•-!••!t•.•-!•-!•••º•'"'"'•'
•• ~•...........
• • • ••.•:••!•.,••!--!
• ..:••!••}W❖❖•"-t.........-:..-.••r:O.:.

8

EL NOVIAZGO DE CA SS/LIS

sala de baile enteramente correcta y .. , ¡ sólo fijándose!
'Al acabar la pieza, todos los bailarines insaciados se detienen y,
sin sentarse, aplauden pidiendo el
bis. Se concede, y ..... continúan
1.o que tenían comenzado.
.
La música marca una cadencia
loca. Las prejas se excitan; se
conoce en los rictus únicos índices, en m2dio de todo aquél eicterior comedido, de la oleada de

t

Acto segundo.-El jardín.

Mrs. Borridge y Ethel, "bien &lt;lOmidas y mejor dormidas,'' recuerdan el pasado, comparan, y afirma
Mrs. Borridge a su hija, menos entusiasmada, que poT fin han entrado en su elemento. La dueña de la
casa se presenta, amable y distinguida; muestra su vulgaridad Mrs.
Borridge, ylse nos antoja indudab1e
que Mrs. Cassilis "pasará por la
Puerta de marfil." Oportunamente
llega Mabel, que es, por su valer eomo contraste, la pieza principal en
el ajedrez de su madrina. En subsecuentes conversaciones, el efecto
buscado es notable. Mrs. Borridge
está encantada, su lengua más y
IIUís suelta; su feeling de hallarse

en continuo contraste, al grndo rle
producir un claroscuro.
Mrs. Cassilis, perfecta en su elegancia, altiYa en su frivolidad, ~jeENGAGEMENT
cuta con rapidez lo que concibe·
fría
en 21 pelirro, mantiénese im"en casa" cada vez más fuerte;
pa-i
,,le
frente al triunfo del con
todo anuncia la derrofa de Ethel.
trincante-la salida airosa de Ethel
Mrs. Cassilis finísima con Mrs. Boc1.ianrlo rompe el compromiso, J&lt;:,
rridge. Mrs. Borridge enamorada
demasiado noble; se considera muy
de Mrs. Cassilis. Mrs, Cassilis no
por encima de Ethel para hacer de
puede enseñar mayor cariño a
esa
lucha asunto de amJ1· pr,,Ethel. Ethel curiosa todavía.
pio: lo único que no qui,,En el tercer acto encontramos a
re es el matrimonio de GeoM
Mrs. Borridge tan demasiado "en
frey. ¿ Qué le importa el triunfo
casa," que tememos ya un desenlaaparente d~ Ethel, si el triunfo .desce. El final de una comida, a la que
barata
el enlace? Alcanza su desee,
asistió la mejor sociedad de esos
la pública d,rrota no la altera. Colugares, es interesante. Ethel co?mo la vemos siempre junto a Mrs.
versa con un solterón, su comun
Borridge,
la aprecia.mas mejor. Se
cdio a la tirantez, al puritanismo,
piensa en la ,mergía desplegctda pales atrae mútuamente, y ella conra no sucumbir a sus impertinenversa con animación; le hace sus
cia~, a sus ft'ases tontas y vacías ~,
confidencias, y acaba proponiéndoa sus entusiasmos plebeyos.
le, al parecer en broma, huír a PaOfrecen las comedias modernas
rís; él asustado, sm comprender la
pocos tipos tan bien comprendidos
burla, le predica,-se despiden: '·E,.
como el de Mrs. Borridge ; repreLondres nos veremos."
senta a maravilla lo desagradable
Mabel canta un "lied," y entori.cfos
y lo molesto, lo que está todavía
Ethel se sienta al piano y entona
muy abajo de lo cursi. Es su me_ic,r
una canción de Leicester Square.
encarnación. Su desconcertante paMurmu'llos. Geoffrey, cortado, relinodia final es perfecta, aunque nos
crimina, aunque con temor, a Etatormente demasiado.
h2L Ella, altiva, propone la ruptuLady Remenham, la de ]03 manra, que él impide sentimentalmendatos imperiosos, viene de la comete.
.
dia y de la novela del siglo Xi'IJI.
Acto cuarto. Mrs. Borridge conLady Catherine de Bourgh, en Pr!fía a Mrs. Cassms que su hija cree
de and Prejudice, de Jane Austen,
decente volver ya a Londres. Mrs.
la reconocería como hija. Wilde
Cassilis convence a la convencida
oultiva el tipo en todas sus cumeMrs. Borridge de que no deben hadias; es algo esencial de sus sal,,cerlo: teme ¡ior el coronamiento de
nes; seguramente lo es de todos los
su obra. Pero Ethel, ya decidida,
altos salones ingleses, donde no
rompe ccn Geoffrey y lo anunciD u
pueden pasarse sin esas damas enla sorprendida Mrs. Cassilis, y a la
copefadas, llenas de palabras J de
más sorprendida Mrs. Borridge,
cuarteles, que dan órdenes siempn\
que hace, entonces, una desagradaen medio de temeroso silenc;o. Coble escena de plebeya despechada,
mo ese ambiente no es el que rnús
Llega Lady Remenham, mientras
pinta Shaw, sólo ,las recuerda su
se despiden, a enterarse de todo y
Lady Britomart Undershaft, de
hace sentir a las intrusas el peso
'\1.ajor Barbarn.
'
0rgulloso de sus blasones. Su fü,_
Ethel es demasiado rl'da, no es
gada es simbólica, la Il'cbleza que
bastante inteligent,e, ni bastante
triunfa, la tradición que se imprJJe.
distinguida para adaptarse
me.
Para gustar de esta comedia dedio, y hacer así obra eg~s~tica. Cabemos olvidar su base falsa: lapopaz de encender pasiones catna1e~,
sibilidad del compromiso entre dos
de ser quizá la rein3 de los barrios
personas de tan opuestos medios
bajos de Londres, no lo ,es de enasociales. Fundada sobre enredos
morar a un maycrazgo inglés y llearn011nsos, comprueba, una vez más,
gar a tirante cast,ellana. Le falta
el aserto de Gilbsrt Murray que haagudeza. chic y di,tinción, y tiene
ce descender la novela y el teatro
el suficiente mal gusto de aprovemodernos de los "scriotores erotichar un vulgar y sentimental epicii," de los novelistas de la decasodio de ómnibus para relacionardencia griega. Manifiesta su origi.-,3 con GeJffrey. Todo ello la hace
nal detalle de 'la vida de sociedad.
antipática; v vuelve, a la vez, derrran facilidad en el diálogo y sutil
n,,siado fácil el desarrollo de la cofuerza descriptiva.
media.
Muestra, en pocos rasgc•s, el or111ahel. aunque cbscura, nos agrag-ullo del noble inglés, que es una
da. Quizá su misma discreta obscutradición continua, y '1a plebe a
ridad, sv aristocrática mediocridad
quien poco deslumbra ya el brillo
sean lo que nos cautive. Geoffrey.
de los blasones. Hankin levallira socomo ella, e, la aoacible juventud
bre estos dos motivos su com2dia,
noble inglesa, aplastada por tradiy mantiene el interés trayén,1ol,os
ciones y formulismo:;; tranqufla y

a•

PEGASO

9

�llena de inegnuidacl. El solterón
Warrington, :observador y egoísta;
el sacerdote, y la fría Mrs. Herris
sirven de marco a los ante.riorer.
personajes.
De todas las individualidades Señaladas y de minucioso estudio de
ambiente en el salón o ,en el jardi!l
se vale Hamkin para reproducir una
atmósfera peculiar, verd11dero monumento del sentido común. Desde
la p·rimera c001vel'sación. a pesar
del chisme que domina, de las incómodas personas, de •su ningún interés por cosas elevadas, se desprende. el tono de lo pulcro y lo educado. Es el salón de Mrs. Cassilis un
salón de lo convencionalmente elegan,te y de los buen¡c:s modales, sin
nada origina-1 ; un sauón como hay
muchos. Ninguno de sus asiduos es
intrfosecamente distinguido; no oímos ningún comentario que delate
al artista, a,l crítico, siqwiera al dilettante. Pero su conversadón
,siempre a medi¡o tono, excepto la
de Lady Remenham, nos atrae; sus
maneras tan finas nos placen, al
grado de no dasear---a.unque en esto influye tambi-én Jo demasiadn
grosero del personaje--el triunfo
de Ethel; un medio, en fin, que no
producirá 1nada elevado; pero que
produce allgo mnue y muy del siglo
XX.
Nada mejor que este ambiente
para las buenas conversaciones. En
un medio tan suave, tan opaco, tan
falto de acción, el discurso tiene
que ser lo atractivo. Ell diálogo no

puede gozar de mejor escenario para hacerse oír; no atraerá por -sus
asuntos, no porque lo adornen palabras valientes, ni ideas nuevas, ni
tampoco porque sugiera algo misterioso o tremendo; es interesante
porque está lleno de buenas palabras, de observac~ones útiles, porque revela a perfección los caTacteres. Esta comedia es un estudio d&lt;ol
"smart set" y de sus charlas; retrata el medio de Wilde, el admirable decidor de frases, el que, según
Hankin mismo, con The Importance of Being Earnest, pudo crear
una especie nueva en el teatro. Fina como las de Shaw, no es tan incisiva; no abunda en brillantes paradojas. El autor, capaz de observa_
ción intensa, no abraza tanto como
pudiera; no hace critica; sólo describe. Pinta un cuadro de género.
Según Stevenson, los ilibros que
releemos más a menudo, no so~
siempre los que admiraml0$ más:
los escogemos, y vdlvemos a leer
por muchas y variadas razones. como escogemos y frecuentamos a
nnestms amigos. De ellos El No·
viazgo de Cassilis, es muestra de
arte menor en la literatura. Porcelaiila elegante o débil acuarela, la
colgamos ceJlo·sos en nuesiúro má3
íntimo rincón, a donde acudimos a
solazar nuestros fatigas, como el
que estudia a CaJlamis cuando descansa volviiendo su mirada a un Prnicaud.
Xavier lcaza.

EL GRITO DE LAS COSAS
Traducción especial para
PEGASO.

Todos los testimonios, aun los
más minu¡;ioeos del dibujo, de la fo
tcgrafía y del cinema, no podrían
dar una idea de la abyecta destrucción llevada a cabo en el Soma, en el curso de su r.etirada vergonzosa por los alemanes. S, lame1,
te la vista, en el terreno mismo y
bajo e•l delo ofendido, de estás
ruin asmalvadas, es capaz de dar
una ncción exacta de ello y fijarla
para siempre en el libro de cuentas
de la memoria.
Todavía bajo la impresión de horror y de disgusto que me ha producido este horrible e:;pectáculo,
no pueda retener una indignación
que quisiera poder comunicar a mis
lectores.
Parece que se ha dicho ya to,do
sobre el carácter sis-temático y especial de esta barbari€. No cabe
duda; pero es preciso vdlver a decirlo. Por otra parte, cuando está
uno en .él lugar de los acdntecimien10

ros y se tiene a la vista la destrucción que cubI'e extensiones, en lo
que pueden abarcar la mirada y el
pensamiento, se tiene la impresión
de que nada de lo que se escribe a
cu,enta, es susceptible de dar idea
de semejante abominación. De estos cuadros de aniquilación surge
una lección perpetua. De estas hogueras apagadas y ya frías suben
llamas que nos circundan y humaredas que nos inspira,n. Estas tierras removjdas y revueltas por In
mano criminal del enemigo, producen lo que deben en ellas y en nosotros. Aun endurecido, es,\e suelo
es una fuente y nosotros bebel".os
allí el filtro amargo y milagroso
qua impid.e olvidar. Todo hombre
que haya podido ver y tocar estos
vestigios. no tiene el derecho de
permanecer
espectador
mudo.
egcLta del silencio, ni 4e guardar
para sí sdlo su indignación y ;:;u
odio; debe sembrarlos, esparcirlos
como una palabra de orden,-y decir
a cada uno :-"que pase la voz.''

Pl:CASO

En veinte aldeas destrozada.,;
Chauny, pequeña ciudad florecien'.
te y rica, ofrece un modelo de destrucción atroz. Cuando después de
haber pasado por kilómetros ente.
ros de residuos de la barbarie, sin
que se Ie escape a uno el detalle,
se llega a la Plava Mayor y se v,
a la dereoha, a J,a izquie11da. adelan.
te, detrás, y alrededor de sí. el Pa.
lacio de Justicia, la Alcaldí:a, el Tea.
tro, todos J.as edilicios, todas las ca
'SRp1:1qumuap 'SllpRJ;O[S\P 'Sll'.¡OJ ~t

o bien en las que subsisten rectas
y atónitas, las fachadas acusadoras, no se puede comprender todo
de una vez. El horror de esta visión
es tan via1ento, tan bruseo y de tal
manera inesperado, que llega a Joinverosímil; y el brillo de la luz, la
dulzura del medio• día, hecho para
bañar y acariciar la v,ida y que no
viene ya a posarse sino sobre espacios de muerte y abandono, añaden todavía ailgo a lo irreal. Se aabe
bien i ay! que no se sueña; pero la
verdaJd del desastre tiene oocesidad
de un mom·eruto para imponérsenos,
lo mismo que para hacerse admitir por nuestros ojos y por nuestra
reflexión. Y -después, a lo lejos en
tedas direcciones, el mismo aspeeto i-nevitable y siniestro se presenta y se reproduce, el mismo estupor
trágico de las mur~llas que han permanecido en pie, la misma postra,.
ción desolada de las que han caído,
la misma acumulación y el mismo
amontonamiento ,de pobres bienea
perdidos, de recuerdos rotos, el
mismo caos de asi-los, de refugios,
el mismo desie1100 de felicidad y de
ternura, el mismo polvo de los hogares, el mismo vacío y la misma
tumba. . . . Es preciso rendil'se a
la evidencia. Entonces aparece todo el detalle del sistema, el oo-den
y el método del trabajo.
Es gigantesca, ciclópea, esta labor de destrucción, y denota
mismo tiempo la regularidad del
esfuerzo puniúual. No resulta de una
crisis de arrebato, ni ,de una epilepsia de furor; no, ha sido concebido
y ejecutado en la calma y la aplicación, como un deber oI'dina,ria y eatidiano, porque ha demandado día.~.
semanas y aun meses. Y eso es la
que indigna, esa perneverancia
tranquila para destruir bien, esa
monotonía del daño, esa continuidad sererua. Sin distimción de tamaño y de ciilidad, cada habitación ha
sido atacaida hasta ceder a !las golpes, y apenas ha caído, se pasaba
a la siguiente sin perdonar una so!a.-"Después del 2 tiraremos el 4,
el 6, el 8 ..... " Y así sucesivamente a lo lavgo de la calle. La degollación de los inocentes. fü1sta en el
cabo de la más insignifica,nte calle_iuela, la última cabaña, aquella después de la cual no hay construcciones y comienza el campo, ha sido
objeto del mismo a,taque disciplina-

do. Jamás estos hon1b1•es que se dicen soldados, han .experimentado
un minuto de crunsancio físico y
moral ni han tenido un reguelda de
disgusto, un hipa de aga1tamienta y
de confusión. ,Jamás los subalterno:;
han encontrado el medio de expresar a sus jefes, por la hentitud de
sus brazos y el l.énguaje mudo de
sus miradas, que ya era bastante,
que no podían ya pulverizar cecinas, destrozar a.lcaba·i y exterminar capillas; y nunca tampoco los
:-:eñores oficiale·s d~mostraron disgusto del trabajo, afán de no poner la mano en la masa, limitándose, inactivas, a vigilar desde lo alta de su arrogancia la acción excecrable; ni se han santido descorazonados por la labor que el alto
mando les imponía. Ninguno de
ellos ha sentido nada ni ha tenido
que ejercer violencia sobre sí mismo; y esto les pone en vergiienza
ante la humanidad civfüzada, y esto da a su conducta por lo pronto
estúpida y tan inútil como ma.Jvada,
un valor de intención pe,rversa y
de voluntad cruel muy particular.
El hecho de tratar lo inanimado
con un rigor y un sa1vajismo ya
culpables contra lo animado, asimila la desih-ucción de las aldeas, tal
como ellos la han practicado, a un
asesinato ideal de los habitantes.
El exceso de crueldad hacia todas
estas humildes moradas, da a cada una de erlas el título de víctima,
y a cada uno de los ejecutores, el
de as,esino; -po,rque han destruido

condenado las ntinas núsmas, estas
ruinas honestas, conmovedoras y
puras, a aparecer deshonradas. Por
su manera de tratarlas, las han envilecido. Han llegado a ser, gracias
a ellos, repugnancia y fealdad. Allí
dc·ncte se ha ejercitado francament,e la brutalidad del obús, la
destrucción guarda siempre, por terrible que sea, una especie de fatalismo grandioso. Pera aquí no hay
nada semejante. Por tedas partes
se ve un lugar d,o &lt;latástrofe siniestra, uno de esos terrenos nauseabundos, espantosos y de ingrato terr1or como si se hubiera venido a vaciar allí los detritus de la desc'1ación. Se diría que son ciudades ent,-ras de restos inmundas volcadas
por un ciclón; el temblor de tierra
de una Messina de inmundicias. Y
Aspecto de una ciudad abandonada todo esto compone una mezcla innoble de desperdicios, de objetos
por las tropas alemanas
degrada,dos, rotos, torcidos les
unos contra los otros, cacerolas y
sombreros de mujer, camas de fiecon espíritu de sangre, no ya corro desa1·ticuladas, vajilla, tejas hemo se mata, sino como se asesina;
chas polvo, sillcnes podridos como
han derribado cobardemente casas
cadáveres, almohadas despanzuviejas como quien maJta a anciarradas como vientres, estercolero
nos; han dado muerte a casas que
de toda, jaulas a,plastrudas, . una
sstaban vacías o sin defensa; anabominable y repugnante feria de
tes o después del criginal, han fufierros viejos que extienden al infisilado al retrato; como el que viernito sus exhibiciones de suciedad Y
te un polvo de muerte en el vaso
~us montones de cenizas.
de una persona, han envenenada
Cuando la importancia y la solila-s pozos y las fueintes; han estrandez de las construccion1es han regu1,ado las iglesias, lapidado las cuclamada la dinamita, los barrios denas y los lechos de los niños y las
molidos presentan sin duda un asmuieres a quienes han cogido como
Sigue a la Págh~aW
esclavos. El resultado es que han

CARICATURA EXTRANJERA

ar

Germanía, agobiada por el militarismo prusiano, co
]umbra en el horizonte el día de su liberación.

PEGASO

Guillermo: ~¡Gran Dios! ..
medad es muy contagiosa ....

Y estaenfer

11

�para los jabones, la glicerina que
piden las fábricas de explosivos,
los abonos que necesitan las tierras . .. .. ¡ quién sabe! . . ... quizá
la margarina que en caJidrud de
mantequilla da sapidez al negro
pan de centeno qtre se elabora en
el hogar de los desheredados de
la suerte!
La noticia del descubrimiento de
esta fábrica siniestra, ha sido la
más sensacional de la semana. Se
sabía qua los alenümes CICntaban
todavía con muchos recursos para
hacer frente a la situación a que
los ha llevado lentamente la guerra; pe-ro nadie podía imaginarse
que -.~n1t,re ellos figurara el de beneficiar a sus muertos!
Infantería inglesa disparando durante ur: encarnizado
combate de vanguardia librado durante la última
ofensiva.

Ametralladoras británicas rechaza~ contra ataq11e efectuado por los alemanes para recuperar una
posición perdida.

1

¿ Qué contingente podrán presha s ido n1uy ventajosa para no star a la Entente los Estados Uniotros: a cambio ele algunos buqu e;
dos?
perdidos, nos ha tmído un ah &lt;.
Como una l'espuesta a esta pretan pocteroso como los Estados Unigunta que está en los labios de
dos. Del&gt;emos fü;]icitarno s por ella ...
todos desde que el President e W u•••
son se negó a seguir desempeñanLos admiradores de la ciencia
do el ridículo papel que le habfr.
alemana deben estar satisfechos.
asignado en la tragedia europea ,e1
Los químicos educados para lle.va•r
emperador Guillermo, acaba de
a todo el mundo la gracia de la
!legar a las costas ingtlesas una
K ultura, después de la matanza preflota de torpederos norteamericameditada en ]1os sihsnciosos gabinenos que ayudarán a las naves brites del E stado Mayor alemán, acatánicas 1em su campaña contra los
submaTinos.
El viaje se hizo sin .nov•fldad alguna, y durante él los sumernil&gt;l·es
teutones cuidaron de no asomar
sobre las aguas el ojo traidor de
su periscopio.
.
El arribo de estos buques ha sido sa.ludado con muestras de júbilo por el pu·eblo inglés, más que
por los centenare., de cañones que
llevaban a borclo, por el caudal de
fuerza moral que aportan a la pug,., '··.·
na. En lo sucesivo no sólo se disputara;en la soledad de los mares llenos de misterio$OR p~ligros, la suer,.~;~
..,;;,.; .
,t'&lt;.'-'
te de la vieja Inglaterra, la de
Francia, la de Italia, cuyas bande~•.
ras han flotado sobre el tumulto
de tantos combates, sino }a de la
.. &lt;" .-'·-:-·"'.'.~
joven República Norteamericana.
Esto significa pllra los aliados la
s·eguridad completa de la victoria y
justifica las palabras die Lloyd
George, qui,en al referirse a la guerra pirática de los sumergibles, dij·o un día 1 con mu€str.as de rego- Submarino americano navegando a
cijo:
toda maquina durante una excur·
-La campaña de los submarinos
sión de patrulla por el Atlántico.

'1:iÍF
..
.....

;'"··.

;,_•

12

PEGASO

ban de dar una muestra de todo
lo q11e, apurados por las circunstancias, pueden hacer.
A causa del bloqueo inglés, implacable a pesa•r &lt;le las excursiones
de los sum2rgibles, Alemania se
ha visto cada día más urgida de
materias primas. Las pocas que se
producen dentro de sus filas, n.
bastan pm,a lle-nar :las necesidades
de sus empresas industriales, y las
que puede agen.cia-rse fuera, se quedan en la gigantesca estacada que
rodea sus fronteras y sus costas.
Necesitaba g ra sa s : grasas para fa.
bricar la glicerina que requieren
sus explosivos, grasa para fabricar
jabones, grasa par fabricaT lubricantes . .... ¡Y no la•s había!
Enton&lt;l2S se acuerda de sus químicos, y sus químicos resuelven el
problema.
¿Grasa?
Por centenares de toneladas la
están propm·ci.onando a la madn
patria los indus.t.riales t,eutones, sin
más trabajo que someber a un tratamiento especial los cadávieres de
lo,s soldados que caen en los cam•
pos de batalla, "por su Dios, por
su patria, etc., etc.
La ciencia alemana ha batido el
reco,r d en la tare•a de sacar eil mayor provecho a la canne de cañón.
Ni Francia, ni el Riaino Unido, ni
la patria de Marconi, pueden ufanarse de haber alcanzado ,t1anto. El
sold·a•do alemán no, sólo está contribuyendo ahora con su innegable
valor y su inteligencia, a sostener
la dinastía Hohenzollern: apenas
cae destrozado por la. metralla enemiga. es ,recogido por diligente,
obreros y llevado a una fábrica,
donde su pobre carne lacerada,
puesta en manos d-e la ciencia, conp
tinúa sirviendo a la desmesurada
nmbición de la e.amarilla militar
de Berlín. De ella salen las grasas

Rusja tii~ne ya nuevo gabinete.
Solucionada la crisis que se registró hace días con la renuncia de
Milukcff y de Gud•chkoff, la situación ha quedado en manos del partido radical encabezado por el príncipe Lvoff. Pero este cambio en el
gobierno no significa, como se ha
dicho, que el pueblo ruso se halle
dispuesto a abandonar a sus aliados p,actando una paz vergonzo-sH
con el imperio aJemán; al con.t.rario,
los directores de la política rusa,
al llegar al poder, han manifestad ~

claramente su propósito de oor.h•·
nuar la guerra hasta que la antocracia vecina caiga hecha pedazo s
y cesa de ser un peligro para la naciente democracia moscovita.
Los soldados, movidos por lac;
maniohras de los agentes alemane.s,

interesadJos en relajar la disciplina
de sus adversarios, se entregan a~tualmente al ensueño de una paz
próxima; el rio de odio que separaba a los combatientes, ha desaparecido; los hombres se cambian pa•
labras de fraternidad; lo•s cañones
y los fusiles descansan; el altc,
mando teutón sonríe . . . . H2tvo- la
llegada al frente del Ministro Kerens1{y acabará con ,es1e peligroso
estado de cosas, recordando a los
descarriados que la República moscovita no debe, no puede surgir a
la vida bañada 611 el lodo de una
def-ección, y que es preciso pelear
para ~lcanzar el puesto que su patria debe ocupa.r en el mundo.
Barrida esta pasajera nube que
se cierne sobr.2. el ejército ruso
amenazando &lt;lisolv3rlo, volve.rá a1
cauce ,t;ágico que le ha abierto el
destino, y la pugna suspendida renace-rá colfl un vigor des.c!c:noddo e:1
aquel frente.

• • •
.!

Escena en las calles de París llenas
actualmente de gloriosos mutilados.
El gendarme:
a los bravos!

~ i Paso

Y mientras el oso formidable re1uiere d.3 ·n uevo la espada, inglese,,
franceses e italianos conitinús.11 gastando, en baballas que se suc~cier.
sin interrupción, 1-a potencia militar de Alemania.
¿ Dónde se hallará Hindemburg,
que n:o da muestras de vida?

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PEGASO

13

�TEATROS Y CINES

_ _ _ _ _ _ _!

1

El último sábado simultáneamente subió a la escena en el teatro Colón y rn el "Fábregas" el drama
histórico en cuatro actos de Luis N.
Parker, adaptado a la escena española por Manuel Linares Ri vas y
Federico Reparaz titulado ''El Cardenal."
Hablemos de la obra: "El Cardenal" es en nuestro concepto una de
las piezas verdaderamente teatrales, justamente teatrales, sin recurrir a pirotecnias absurdas; transcurre dentrn de un constante interés y siempre tiela lo que la historia
cuenta de los Médici;, esa falai,je
de hombres y mujeres que pasó so ore la humanidad dejando una es tela pcodigiosa de sublime interés.
Alguien ha dicho por allí que es un
molodrama vulgar; que asoma la
arcaica daga y el escalofrío de la
muerte sobre las tablas. Es verdad
que Bartolomé Chigi empapa la escena con su sangre y es verdad
también que el ambiente de tragedia flota con insistencia alrededor
de los personajes, pero ésto en un
drama histórico. que arranca de
años de tremenda inquietud, zozobra constante y que envuelven las
vidas de los hijo, de Lorenzo el
Magnífico. está bien. y no debe la
crítica fátua sonreír malévolamente
y con desprecio. como si se tratara
de una gandulada de Pérez Escrich,
máxime cuando la parte de técnica,
la arquitectun teatral dP- la obra,
es absolutamente perfecta. Parker
ha sabido darle a su .obra un inte-

rés inconmensurable y Linares Rivas- tan experto en teatralidady Reparaz los traductores. la traen
a nuestra len¡rua conservando y cuidando todos los detalles efectistas
con toda limpieza. "'El Cardenal"
ha sido un éxito en Inglaterra, en
Estados Unidos y en España. En
México hay sonrisas malicie sas y
tontas, pero en México, esta conducta está bien. Los que dicen despectivamente de "El Cardenal" no
comprenden tampoco '"Una mujer

Estreno de "El Ca-rdenal"
Una escena emocionante.

sin importancia" de Osear Wilde.
En · "El Cardenal" les parece que
sobra una puñalada y en su fuero
interno, les parece que a "Una Mujer sin importancia" le hace falta
un tiro.
Los que sepan historia y sepan de
las vidas de Julio II, de los Borgia
de los Médicis, aplaudirán esas es'.
cenas en que apenas el ambiente
deja de vibrar por los sacudimientos del crimen para recibir la gema
de los exámetros de Virgilio.
Señores incipientes: la viuda de
Lorenzo el Magnífico no podía cantar "Mari Mari," ni conoció a Tosti, ni a los Quintero. ¡Que le vamos
a hacer!
Las interpretaciones.
En el Colón la interpretación ha
sido hecha con bastan te cariño. Segundas partes que antes titubtaron
Y en otras obras han pasado con deflcienci&amp;, se han percatado de que
estudiando, sabiendo los papeles
pueden poner obras serias y compe'.
tir así con otras empresas que están
toda vía algo lejos de asombrarnos
con su personal.
Julio Taboada ha comprendido
muy bien el personaje de Juan de
Médicis; lo lleva ·decorosamente, lo
dice con la majestad que requiere
y en dos escenas mudas, dos escabrosidades de la pieza, altas, difíciles. sale airoso e impcniendo al
público una vez más la verdad que
este cronista ha dicho muchas veces: Taboada tiene talento. Ahora
que Ta boada tiene un trabajo excesivo. lleva una larga y pesada temporada ,fue ha destruido su voz y
necesita reposo y atenderse para
que no nos prive de su labor rr.cdesta y digna de aplauso en tantas
ocasiones.

1.

La obra en el Colón ha sido montada con toda propiedad, superando
en mucho al foro del "Fábregas."
El sillón del Cardenal es una maravilla arqueológica que se impone
plásticamente y despierta incomparables leyendas en los espíritus delicados. ¡Bien, Sr. Diez! ¡Bien,
Sr. Diez! i Rediéz ..... qué bien!
En el "Fábregas" la interpreta·ción también ha sido bastante buena. Virginia no tiene un papel digno de entusiasmar. En realidad no
se sabe lo que la señora ha conseguido o perdido-si es que ha per
dido-desde el tiempo que no la vemos. La Claricia encarna perfectamente bien e" élla porque hasta
su talla es una talla "de a Médecis." El primer actor Sr. Martínez

Ecos de las últimas carreras.
Salid~ de los auto; en las earreras de 3" Calegoria,

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Núm. 10-E.

5 de Mayo
14

PfGASO

Tovar está bien, bastante bien, y
mucho deseamos hacer un juicio
detenido, sincero y franco, de su
labor, pero nos reservamos hasta
darnos mejor cuent'J. de su valer
artístico. Martínez Tovar en días
pasados, hizo algunas decl~raciones
a la prensa diaria y en ellas no
campeaba por cierto la modestia.
Estamos conformes en que la modestia es una virtud que huele un
poco a alcanfor, pero todo tiene sus
límites, y eso de decir que "se está
tocando a las puerta• d" la celebridad" tiene sus bemoles. Los porteros de la celebridad son algo sordos, toca mucha gente a sus puertas y a veces se descompone la campana eléctrica,
BUFFALMACO.

s2guido haciendo sus prácticas de juegos atléticos en 1Ja Condesa, lo:s profeso-

res del Depa1,ta.mento de Militarización,
bajo la dirección de nuestro nuevo cronista de Sport, sellar Alfredo B. Cue•
llar. En !}os últimos juegos olímpicos, el
S de mayo, ptldimos obser.var los progreso!: que

han

alcanzado

los señores

RaOJ Contrera,s en el disco y bala, el
señor Bocerri l con la garrocha, Alfreü.o

Ramos en las carreras cor :as. Wtlfrido
Plana, campeón de 100 metros, y Manuel Díaz en el saJ,to de altura. La mayor part-e de estos jóvenes nunca se
habían dedicado a juegos atfléti'Cos

de

campo. Los profesores que asiste~ a IaE
prActica,s son cuarenta y tres. Todos SBestAn prepa,rando con detenimiento para los próximos juegos deil día 16 de
septiembre.
LUZ Y

Fl.lERZA.-A. B. C.

El domingo !)asado, a las 10.30 de J:-'1.
lllañana, jugaron su primer juego de
liga los equipos "A. B. C." y "Luz y
'Puerza" en terrenos del primero, en Ia
colonia Roma. Los ju.ú.adores de ''Luz

y Fuerza" han mejorado notablemente
y su team, que a1i principio de la lig,1
presentaba pocas probabilidades de ocupar nn buen p ¡1esto ,al final, hoy va })Ol'
huen camino. Al comenzar el partido
fahaha al ''A. Il. C.'' Rugo Enríque::
Simori í, s11 mGdio ize¡ui&lt;'rclo.
Desde un principio se vió que Zava\a,
e} único jugador de primera, fuerza de)
"A. B. C.", se proponia entregar el juego. En la. primera mitad se anotaron
un goal los de negro y verd'e . El punto
pudo ser evita do por Za...-ala: Nieto Je
.!;'ritó que parara él goilpe y Zava.¡a le
conlestó: "Déjalo que lo mpta." Con
esto Jos jugadores de "Luz y F,uerza''
cobraron confi::rnza. En la segunda mitad el "},_ .B. C." hace un goal, tras de
rudo ataque. Durante -..~einte (minli:os
el partido estuvo -empatado.
Zavala
cambió su posición, pasrrn,do a la linea
de ataque s:in hacer más que desorgani.
zar a los jugadores del "A. B. C." Ya
para finalizar, los rle negro y verde :·e
anotaron dos tantos más que afirman
su vic:oria sobre e'l "A. B. C." por 3
a l.
El juego estuvo bastante limpio, aos
jugadores
(le "Luz y :wu.erza"
mt":
ade!antados y los del "A. B. C." des 01:_
g-anizados por el desorden que Znvala
introdujo cambiando de lugar.

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15

�EL GRITO DE LAS COSAS
Viene de la página 11

pecto terrífico más elevado y que
se mantiene arquitectónico, pero
donde se fi.i a siempre como un cartel la villanía del crimen intencional, perpetrado con la mano fríamente y sin riesgo. Ham, Chauny
y otras ciudade3 muestran así vastos y poderosos talleres cuya ex~ losión es titánica. Sobre la" chi ·
meneas semejantes a columnas
Vendome de ladrillos y que yacen
rotas, la montafia de las calderas
yergue sus flancos y sus picos de
d::strczados blindajes. Se creería
ver el formidabb hacinamieP.to de
una colisión de trenes expresos, un
derrumbamiento de la mala u.e laa
Indiaa precipitada en un abi.;mo
desde lo alto de un via,~Hd0 desmoronado, aniquilado.
En fin, han mutilado. derribado.
matado .J.os árboles. ¿ Y qué árboles? Los frutales; lo mismo los de
los modestos jardincitos, que los
de los huertos opulentos.
¡Ah! estos árboles cortados te.
dos a la misma altura (a la altura
de los brazos impíos que b.4 martirizaban), caídos y acost:ido,; todos
en el mismo sentido, con discipli-

na, yo los he visto por millares y
millares durante horas enteras.
No estando ya retenidos a su tronco sino por un colgajo de corteza y
de carne, mostraban su garganta
blanca abierta de donde se admiraba uno de que no salieran, como
de un cuello decapitado, olas de sangre; y con sus ramas desplegadas,
crispadas, abrazaban a la tierra para mant•enerse y asirse a ella todavía si npoder resolverse a renunciar a su intento, como si quisieran
introducir en la misma tierra sus
ramas para tratar de hacerlas prender y que llegaran a ser raíces
nuevas.
Esta abominación de los árbolc;3
es la que hiere más al soldado, y
no la perdonará nunca. Ella ha
puesto en su puño la fuerza del hacha, ella ha puesto en su corazón
los dientes feroces de la sierrn . .Por
que, sobre todo en la gnerrn. y
después de haber hollad!) 1os derechos del hombre, no ataca impunemente a las cosas la brutalirlud bárbara y las maltrata con ip:ncminia.
Entonces las cosas piden ,;ccorl'u y
gritan, y las piedras hace!' o:[r su
religioso clamnr; y este grito que

primero lo arrancan el sufrimi
y la cólem es también el ele la
ganza y la justicia. . . . . Las ciu~
des que se derrumban vugh-en a
caer así sobre las cabez'-1s de los
que las abaten, y el árbo1 cercell&amp;do que gime anuncia los llantos y
el rechinar de dientes de ;os infa.
mes leñadores.
Henri Lavedan.

- Scf\ori to, ¿ es de usted
- Y ele usted.
-Gracias. Lo
mordido.
- Otro día le muerde usted a él, y en
paz.

t:ua señora c&gt;n 1·a en
¡,ara &lt;le\'olver un loro que habta comprado tiempo atrÍis.
-¿ Qué pasa ?-le pregunta el duefío.

--:\'ada, que usted me engañó asegur:índome que el loro repetfa. cua.n1
¡,a]abras oyese, y por mé.s que ie hablo no repite ninguna.
--Señora, yo no engaño a nadie. Le
vuelvo a afirmar que ese animalito le
r epetiré. cuantas palabras oiga. Lo difícil es hacfr~eJas oír, porque el pobreci]J¡¡ es sordo como una tapia.

•••

~

SENORA

de Ajedrez.
Acargo de f . González Martinez jr.

ESTUDIO NUMfRO 1.
Por W. y M. Platoff

BLANCAS:

P2TO, A7CD, AlAD P6R
R7TR (5 piezas)
'
,NEGRAS:
P6TD, R5TD, T5AD, C6D
P3AR, P3TR (6 piezas.) '
Las Blancas juegan y entablan.

PARTIDA NUMERO 12.

APERTURA DEL PEON ;DÉ fA. DAMA
BLANCAS.

NEGR.AS.· •.

J. R. Capablanca
l. P4D
2. C3AR
3. P3R
4. P4AD
5. C3AD &amp; AID
7. 0-0
8. P4R
9. CxP
10. AxC
U. A2AD
12. P3CD
13._ A2CD
14 030

Ch. J affe
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2. C3A R
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rn: l~To

~

•••
Papá. es.a tarde he ido a dar un
pru,eo al cemen:,erio y he Jeído los epitafios de las tumbas.
- ¿ Y qué te han parecido?·
-Qne •no !,é dónde entierran a los
malos.

•••
- i.\fira, t!Ste es el capitán Fulé.nez,
que se fué a buscar el Pol.o Norte.
- Pnes no sabfa que le hubiese perdido.

;: : =~

1

·~-~·--~=-=~

,

1

+ Hi• ❖ H I H 1 1 1 t-1 •I• 1 l 1 ! H

[Frente a Motolinia]

•••
-¿ Has comido carne de caballlo alguna vez?
- -Si, en París. Por cieno que me a-en-

tq muy mal. Toda 1a· n oche me estuvo
dando vueltas en eq estómago.
-Es que serfa de caballo de circo.

•••
-No sé qué hacer. Tengo una muchacha pobre, a quien quiero mucho,
Y una viuda rica, que me quiere mucho
a mí. ¿ Qué harías- tú?
-Yo seguiría loa impulsos del corazón.
- Pues entonces, me voy a casar con
la pobre.
-Muy bien. Y ahora dime: ¿dónde
vive esa viuda?

......................•.•.........

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Av. 16 de Septiembre Número 17.

• * *
-¿ Por qué te has separade de t11
marido?
-Por incompatibilidad de caracteres. Es un hombre de genio insoportable, Y yo, que también tengo un ca'l'á.cter violentísimo.
- Pues en .onces lo tenéis igual. ¡No
veu la incompatibilidad!

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¿Quien no desea comer platillos apetitosos? t_
¿Quian no desea comer como en su casa?
Venga Ud. a comer en la casa de

•••
-¿ Es decir que has dado ca,la.baeal
al príncipe?
-¡Era demasiado viejo!
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•••
A un inelivNluo ae le &lt;li&amp;pa.r,a, e1 revólver y }a bala pasa rozando la cabeza
de Gedeón, quien e:x:,cla.ma.:
--¡ Qué bé.rbaro! Dé usted gracias a
que no ha hecho mé.s que rozarme. ffi •
me llega usted a matar.. . . . ¡no ea
mala la pailiza que le pego'

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Altos de "La Mallorquina."

16

-Vamos a Yer: si Je doy ochc, nueces a •u hermanito •Y después le quito
sei~, ¡,qué resultaré.?
-Que mi hermanito se e-chará a llo-

ECZEMA

HILOS
HILAZAS
V SEDAS

R. A. DAY

a A3D
7. 0-0
8. PxPR

1.0. C3AR. -2
11. P3TR.-3
12. P3CD
13. A2CD .
14 . P3CR.-4
15. C4TR.-5
_ 1'x p ! !-7
16. R2C. -6
17
l8. CSR
17. C3AR
18. P4AD.-8
1~ AxPrj¡ ! !
l~ RxA
20. CxP J, . !
Sci rinden.
NOTAS por el Dr. ü. S. Bernstein.
, . (Rigaschen Zeitung.)
1.-I~utilmente las Negras cierran la
diagonal a su AD. MtJ. or es 4
A4AR.
. . . '
2. -Una jugada débil que da la ventaja
a las Blancas. Preferible era 10.
P3TR con la continuación P4AR seguida de P4R. No sería bueno comenzar por 10 ...• P4AR, a causa
de 11.A2AD, P4R; 12.P5AD, seguido
de13.A3CD j. yl4.C5CR. Capablan-

Como sabemos que no ha podido conseguir en los Almacenes
de Ropa sus

Nosotros hicimos un gran pedido y lo tenemos a sus órdenes.

·s: co20

ca aprovecha la debilidad de su adversario brillar, t emen te.
·
3.-Las Negras, sin atender a nada debieron jugar P4AD para librars~ un
poco de su encerramiento.
4. -A causa ,de la amenaza 15. P5D. Si
14 . . . . D2AD para continuar con
P4AD y PiR. las blancas hubieran
respondido 15.P5AD, A2R; 16. P5D
y ganaban.
5.-Jugando muy débilmente· era necesarísi~o. J?2R, aun9ue e; cierto que
en prmc1p10 no es Justo colocar la D
en una columna dominada por la T
enemiga. Esta maniobra era, a pesar da todo, útil, en la circunstancia
para f.ortalecer el punto débil 3R y
al mismo tiempo protegea la ireg~n. da fila.
&amp;.-Si i.6·. . . . , A5AR; 17.TxP, AxA;
TxA, PxT; DxP j, C2CR; 20.C7TRj
. R24.; ~l.C5Rj y ganan.
'
7 :-Sacrificio ·evidentemente correcto.
8. -Hubiera sido relativamente mejor
1~ .. : , • AxC, pero no podía salvar
esta partida que gana Capablanca
merced a una magnífica combinación final.

¡

i-O:--t..:+❖•H❖H-❖❖ ❖❖❖❖#❖❖

�</text>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 11, Mayo 24</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Ofrecemos a las damas delicadas
· cuanto creó para ellas la moda para
esta primavera.

La Ciudad
de Londres
1

"La Casa de la moda"

No. 10.
Soldados Escoceses
19 de 1917.

volviendo del combat

�PEGASO

REVISTA SEMANAL

Dirección: Enriq11e Gonzá.lez Marti-nez -Efrén Reholledo.-Ramón López Véla.rde.
REDACCION:

'Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José D. Frias.
Antonio Caso.
Esteban Flores.

, 1

Rafael López
Alfonso Cravioto.
Genaro Estrada.
Manuel Toussaint.
Jesús Villalpando.
Antonio Castro Leal.
Enrique Fernández Ledesma.

COLABORACION:

POR SU FORMA NO HAY OTROS QUE LA IGUALEN
'-

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~.
,1

1t·· .

n¡.,_.
'1

&gt;&gt;/
_,,..
· y por su clase ningún otro que

siquiera se aproxime alos elegantes
CANOTIERS que acaba de recibir

T ARD.11)[

Jesús T. Acevedo (El Paso.)
:Rican:lo Arenales.
Mariano Brull.
.Maria..Enriqu eta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé CarvaJ'a.l y Rosas,
Alberto Maria Carreíio.
Francisco José Castella.u08.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José Maria Chacón y Ca.lw-o,
Eduardo Colín.
Carlos Dia.z Dufoo, ar.
Arnulfo Dominguez.
Enrique Fernández Granados.
Genaro García.
Augusto Genin.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

Carlos González Peña.
Max. Henriquez Ureíia..
Pedro Enriquez Ureíia..
Alba Herrera y Oga.zón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiérrez.
Juan B. lguiniz.
Manuel ltuarte.
Carlos Lazo.
J. López Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo Martínez del Río (Madrid.)
Amado Nervo (Madrid.)
José de J. N úiiez y Domínguez.
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.

Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramirez Cabaíias.
Adrián Recinos (San José de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid.)
Manuel Romero de Terreros.
Francisco Verdugo Fá.lquez.
Genaro Fernández Mac Gregor.
Artemio de Valle Arizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique Santibá.íiez.
Nicolás Rangel.
José Juan Tabla.da.
Alfonso Teja Za.bre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vasconcelos (Perú.)
Atana.sio G. Saravia.

DIBUJANTES:

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

Lea.ndro lzaguirre.
1
Carlos Neve.
Germán Gedovius.
José Tovar.
Roberto Montenegro.
Antonio Gómez. ,
Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.
Angel Zá.rraga.
Fotógrafos: Antonio Garduño.-Gusta.vo F. Silva.-Alfonso Sosa.
Publicistas: Maxim's.
Carente: Jesús B. González.
Grabador: Alva.rez Tosta.do.
PRECIOS DE SUBSCRIPCION: En los Es~ados, 10 ?úmeros ... $ 8.50 En el extranjero, 10 números ...$ 5.00
En la, Capital, 10 numeros ..... 8.00 Números sueltos.. .................... 0.80
OFICIIAS: Avenida 5 de Mayo, 32.-Edlflclo de la Bancarla.-Departamento, 406.-Apartado Postal, 1408.
La correspondencia debe ser dirigida. a la Gerencia.

8stamos ,a sus órdenes

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lA PRIMERA SOMBRERERIA DE LA REPUBLICA

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tenemos nuestras oficinas
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_____ ~_ - ----

._.,..,,.,...

-

' '

'

,. '

.,.

REVISTA SEMANAL
Regü~tra.do c:omo artículo de segunda Clm;c el día 17 de matzo Je l!Jl7.

VISITE NUESTROS DEPAR-

'l'OMO L

MEXICO, D. F., 17 DE ~!AYO DE 1917.

NUM. 10.

TAMENTOS DE MODAS
LA VESTIREMOS
A UD. TAN BIEN

COMO SI.'

'

ARCAISMOS DE MAYO.
'n ,

.,

.

POR JOSE D. FRIAS.

1

'

A.qnclla noche mí amigo tuvo la mejol' &lt;le sus conw•1·-

'

El CENTRO MERCANTIL
Apartado 472.
·,

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' ~-!~~~~:~~E,R~ ~~~:E;N

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México.

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"

SENORA:.

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FABRICO ROPA BLANC.\

1

GRAN· BBR'l'IDO DE
·'
:MUESTRAS RETIRADAS

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CO}IPLAGIDO.

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DE NIÑ"OS Y SEÑ'ORAS.

ADQUIERE LA cos·rmuJ.lRE DE
SERVIRSE DE LO RIE:N COSIDO.

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¡

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CARLOS B. FA RFA N,
4,¡, ~ :r,fMIN AS No. 98. , ·

TELÉFON'O ERICSSON, 206.

o 11'

,;

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Al'ARTADO, 4519.

¡IVWR,CO, ll. E:

• - • • • • - •· ~GAso

1 ¡, • ;

ar la explical·ión (•ristic1,na, del universo. &lt;,Cuál es el 1·ecuer-

clo mejor de nuestrns aclolescenc·ins que nan?-garon en los
nilndonw hizo quC' su palabra fuese un clE'leite extra01·dirnt• lagos místicos (lp- una quietud coT1v0ntual'? i.qué men.Hn·ia,
rio parn n1i pa.('ie1wi&lt;:1, que tiene su ¡n·estigio ma.yor en In es mis cluk:c, en tu pretél'ita infanr·ia, que e:-;ta, zahumctda
con hts mi1THS ,rnaceónicas del mes (lp Maria? H,1go Llll lla.difieil &lt;·o¡,:;tumbre de saber &lt;•sc·uchar.
No hngo otra cos,1, quP transcribir ,·on fidelilh'ul1 üfr('- mamienLo a tu sinceridad y 1n·egunlo nuPv;:ut101itP (,cmU
pNf'nnw ,uie8tcsin tus escepticis.m os mejor &lt;JU(' esta fragantuof.l&lt;t las l)~tlabras de l:'ill discurso.
Mi amigo est,dm infic:iona,do ele oratoria. Sabh1 todos ('i&lt;.t (]ue ,,ivi'ó con h1 efímera exit-ltencia. de tm; lirioR ptimalos l'Íc&gt;l'igos dt&gt;fectuo~OH y tod.a::; las YirLudes fenrn(hts dr ht Ycrnle~, ~, los vétnlos de rosas que figul'nban, al pié del
n•tól'iea. Bn instanl&lt;'s dP ingenuidad rne cl0claró (Jne su Ol'- :tlü1r, Ll mi.lyÚsc·uln que inicia el nombre ele a&lt;1uel\a quC'
~ullo po&lt;lfa yiyi1· dd únic-o elogio que encien,t f'ste YOeablo: c·on &lt;-lukc uo1nü1·c !huno la í.glP8ia Madre dPl Amor l.LeL·8olisbt., .. siern¡u·e que fuera Pntrndido con la nwntc qoP rnoso? , ..
~ 'J.1.tl \"(:'1/. (lic,p:-; COSi.LS (] lle llll' l'E:'Urean.
tal (·11alidad atrihuht n los m,b ,titos pN1sado1·es &lt;k G!'e('iH.
_¿y cómo llO te podían re(•L·enr &lt;'Slas reminiscencias?
Uahló eon PIO(·tH'rn:ia, t:'S decir: pos0yó el arte de llen11:
l~l cwtdro prediled0 n•enea1·11.t en la fantm;in con todos los
In Jl('nrnasiún ,1 su &lt;ILHlit,ol'io, que 1w &lt;•rn plural; .Y (lijo:
-Es rn'ceHario lJllC tC' c·011Y('n:t.ns. Po('ns o(•n.sioncs te 1·(•\icn's que 1-t.rn,u;Le &lt;·Lw,ndo &lt;-·omenza,bas a YiYil': ]a 1mv&lt;'
frngante clel templo ern una unrn sagtn.da para los J)P(]U&lt;'h(' l111hh1do c·o1no ahom: llCl'O (•llo Pk únic·arnl'lÜP el l'&lt;~!:;uJf1os «cnmulns .. de inrienso, que se es('apaban litúrgica.mente
bulo d&lt;' t 11 .-ttición (Jt\C' d&lt;'nign.l a la oratoria, po!'(jUC E:'~ un
n111l 1:tt.ino, 1w1·judi('\;tl ~, heredado do nt1P8tro::, ma_yo1·e:-;. ele "!o&lt;ci itHJuirto8 brase1:os d(' los turíbulo::;. El diminuto
lntentc1rc'· esg1·imil' una argnmental'ió11 sugestint, sin t·eso- ejército ele niños \·cstidos fü:. bbwc·o y diademados de a,:t.ahar
l!PYaba, lrn:&gt; hmzos 1101' alto p¡¡ra ofrecer hares ele flores a. la
nancias el(' tl'ihuna pitra la multiitid ....
( Ha hhí.hamos dPHde lo ,ti to clP una ectp1·ie\im;;1 habit,1eió11 &lt;JU(' es •Ft1('ntP &lt;k Huertos, Po:t.o flp aguas yi,·ns, Río (Jlll'
&lt;fo,·oradn con cxóti,·o:-- Hl'tifkim;, Un husLo &lt;1&lt;' HN·tnes N&lt;l &lt;.·or1·l' &lt;le! l.áhano," según í-ie lee l'l1 ('l Cc.tnti('o ,le los Cánticos.
sohn• PI fondo lh' 11n,1.&lt;:01tina. d0 oro .Y 1wgro blanc-,t nota &lt;lP V ('n tanto &lt;JUE' In inoC'encia elentbn, la oración ele florales
serPnidad. El piano mostl'ah~t en un ,ingulo l,L dcntacl111·a olores, el ó1·gano l'itnal, ol\·iclaotlo la. tempestuo-sa .l engua, qtre
drl mon:--t.n10 c1ue de-speda-,,;ó a Cho¡1i11-scgún afinna.eión de ll' ensellO a usar ,J11.-w Sebastián, se deshacía en leYes acordes~· en meloclfa~: nub npacihles que la trü;te7.a azul del
He1Ter.1 ~- ReisHig. On busto &lt;kl Allig\1it•1·i n1m;traha, sobt·l'
loto peregrimmte po,· un ,u,ro~·o lento. iQnién seria hoy el
un negrn ,\' ,tlto z;óc.-1,lo de rnadera su insonclahlP mirada sin
Ynrón justo que vudient ofreC"el' una clácliva sin mancilla a
Jmpilas qtH' &lt;lf,fataban perenlle medita('ión, aj0n,t a los ruidos de loR ti·enes dtadinos, t)l\C' pas,dmn &lt;I unos ('Ua □ Los nw- HtJllPlla vcuya mirada C'ci como la a,urora, y que es hermosa
trns del haleón encendiendo hts l'Rtl'ellas ilusorias de sus fa.- corno la Luna, ¡mra como el Sol, y tenible c-:mo un ejército Cll onlen de ha.talla~?... Cuando yac-ía mi cándida
nal(&gt;R aYizores.)
Hu~ión en un nwnte de aromas, como el pastor del Cántic·o,
-ffisc:ncho. Respondí sl'lll'illamenh•.
-«Learned conyersat,ion i8 eithC'l' the affretatio11 of tu Ye yo la l'CYela.ción del secreto sentido de ese culto, &lt;JUC
th(.! iguorant 01· tli&lt;' profPssi()n ·of t.he nlC'ntally Ulll'lllJ)lo- de8a}Jat'C('e, ahol'a, rntre las cot1Yn)sas Yoces dí• las nuents
doctrinas. iAh, no et·H úni&lt;·:ulwnte la tradición de una rú·
yecl~ .... dijo '\Vikle, Pn un mom('llto de sinceridad. Y es
p1·ofuudamente 1·eal su di('ho, a pesar de la Yic1a. que ]e jue- briea eclesiástica la &lt;JUP ('OJJgregaba nuestl'as Yoluntades
ga. brnrnat, muy ves..ula8 a la. J'ealidad. Yo, conociendo tus en los templos, dnrnnte p} mes df' nrn,yo! No. Tú sabes que
p1·edilec&lt;'iones te hablo sin afectación, y procm·o oo aparecer el cu]to dr la Vil'gen nació rn las teneUrosaB angustias de
dodo 1101· estas y. , .. p:&gt;r otras razones ('Orno afirmaba la Edad :Media bajo unn, a,,hoca.ción de padecimiento. Lct
NietzsrhP, iSon ya. Llos eitasl 1nais tú sabes (J.ll&lt;., Ja manera ~Iater Dolorosa seíio1·có los sig lo8 &lt;)U&lt;' sucediPl.·on al milenn.de vrnceL· las tentaeionrs l:'s dejarse &lt;1c1·1·otar lJOl' ellas. No l'io. Drspués 1a Vi 1·gen abandonó su gesto de dolor y fué la
orndt·e l)ll&lt;' l)l'C'í:Údf' al éxito &lt;lf' Ju frcundi&lt;lud, ~· por último
voh-eré &lt;l C'itar.
f'n la decadencia de su dc,·o('ÍÓu t 1•:;rnR-fignrosP Pn In. madona
~rl~&lt;' ha!itg.-u·t'• dic•ip1ulo (•11 P.logio de ~layo lo que rne suque, en el Renacimiento, lada al di vino y robusto infa11l&lt;'
gestiu1rn n1ú,s eu la c\'nen.cióu de este \·oc~tUlo, que e8 Ju síntesis 1lc la blancura: nl menos para mí qne sigo ufanRudorne de Belen1. Nosotros siemp1·e hemos recordado en el mes &lt;le

:--,u-itrn('H. Yo no \p había insinuado ('} terna; pcrn él, acliYi-

¡, 1t1;0,)

n,'J v ltüts1H

PEGASO

l

�bía impedido ser feliz; J.tiU corazón )8
brindaría abara la dicha?

•••

LA PRINCESA DURMIENTE
POH MANUEL TOUSSAJ1\'T.
Cuando el cabR.llero llegó a la.s tupidt1s
selvas que rodeaban el castillo de la
Princesa DurmientP, contuvo con recia
mano los ímpetus de su corcel. La selva
parecía un negro dragón que R.rrollasP a

la roca sus formidables miembros para
duarecer su tesoro contra todo humano
geseo.
Mas era preciso que la profeda del ha.da Ae cumpliese. Y el caballero espoleó
su noble bruto, y los filos de su espada
le fueron abriendo ruta. Bajo el casco
acerado u;imieron tristemente las malezas y a los relámpagos Oe la tizona lk•·raron lágrimas de resinu, lo&amp; viejos troncos.
Después de un siglo de sueño, los pájaros y las fieras del bosque habían perdido la noción de la vida al aire libre, y
de sus antiguos instintos. Hubo escP-nas
insólitas en medio de promiscuidA.d paradisíaca; los leones y los chacales empezaron a devorar la yerba con avidez,
en tanto que las calandrias y los jilgueros entablaban sa,ngriento combate para proveerse de carne. í todo a tientas
porque sus ojos a fuerza de no ver se habían atrofiado.

Sin dar importancia a estos incideutes
que el hada no había previsto, el cahallero prosiguió en su tarea. Con la constancia y la seguridad de quien Aabe que
ei3 im1trumento del destino iba en pos de
la princesa. enea.atada, que dormía desde
cien años antes.
Y la princesa lo amaba; seguramente
lo amaba aunque no tuviese más d&amp;,to
para creerlo, sino el que siempre las
princesas encantadas de los cuentos
aman a los caballP.ros que acuden a salvarlas. Sea como fuere: amáralo o no,
tenía que casarse con él, para cumplir
así el designio del hada.
Había, dejado por ella su vida de estudio y de reposo. Después de años larguísimos de meditación y de lectura,
después de agotar la ciencia, llegó a conocer su destino. Y sintió rejuvenP.cido
su espíritu. Vistió una ricA armadura de
Damasco, herencia antiquísima que ornaba su librería y partió, cAballeroen el
mejor corcel que pudo balla,r, ¡Renuncia
gozosa de una vida para conseguir otra
vida! Si su cerebro, en la primera, le ha-

Con gTan trAb1::1jo &lt;'011siguió aAcender
haRta IA puert1-1. dPI c&gt;1stillo. Estaba
a?ierta porque el Rueño lleg-ó de improviso n. la, altanera mansión; así pudo
pe~etrar hAs~a..el sitio en que yacía la
pnncesa. Qmtose su yelmo y su~ rudos
g-uanteletes,de acPro; corrió torios los cortinajeR de la esttt.ncia. y, de rodill1:1.s frente a ella., empezó n IIM mA.rla con temerof:iB. \·oz. La prinrPRa 110 despertaba: enton&lt;'es se atrevió 1:1, tocarla.
Fué desperta.ndo lentA,mente y aco 8 •
tumbrn.ndo RUS ojos u 11-1, periumhra. A.I
fin vió al caballero .v sus l1-1bios httblnron. Pero parecía, que la princesa. no PRtA.btt, contenta; como Ai i... pe~arA AbHurionHr su sueño, un mohín pleo·ttba
sus
0
h'lbios y unH tristf•za os(·uredtt. i,;u mirad A..
E11tmwP,.;, Riempre de hinojos, ro~ó él:
}.Por qué IHA be □ diciC1nes que ofrendo a.l
hada que unió nuestrai;; vidas, se perturban con el recelo que veo velar vuestro
semblante? Reneguf' de la sabiduría Yrie
la tranquilidt1.d p~Htt. vPnir en pu~ de
vuestros ojos, de vuestros ojos, Princesa
Margarita, que bien valen una batalla
ce,mpal; en. ros de vu~stro amor, pero
vos me rec1b1s con la frialdad de quienes
se desposen por gusto ajeno· casi desearía no ser el elegido para sal~aros;y poder así combatir por vos sin la certeza.
del triunfo.
Respondió la princel:'a: l!;J Hada, mi
madrina, al condenarme a dormir cien
años no pensó en hacerme sufrir. Al contrario, viví la vida más intensa que ni
pueden soñar los mortales, sin sentir los
padecimientos humanos. Os conocí supe que seriais mi salvador, y en mi ~ueño si_n mancha OR amé locamente; pude
Aegmr los pasos de vuestra existencia
hasta que os acercasteis a mi cárcel.
Mas veía la fata.lidArl del destino. Al
venir 11 libertarme laborabais por mi
desdicha; me ibais a, volver al mundo a,
las lágrimas, a los sollozos. Y luchA,b~is
también contra nuestro A.mor: la realidad a.boga el ensueño. El amor mata al
amor.
Y ]1:t, princesa pasó levemente su mano
sobre la férrea corAza; y, en medio de su
llanto, vuelta la faz hacia el lecho, bostezó con la displicencia de quien ha dor•
mido cien años.

.,
gtuutos1·es a, la mujel' (Jllf' es una fuente de alegria inocente,
sillfln1icia primiti,·a , de c:a1H.lorosn, embri.1guez entre las ctl;1,1:leol'bs tibias de lo:;; tl'einta oías que C'l n,110 tiende como ..
tl'eint :-;f'ncleros a1·omctclos 1 ,t,\ paso .-1lucina,n t e del pdnC'ipe

Abril
-.~E Yenl,ul.
- E:-;te mes exc·t:•cle a los olt'os en luz .V en colo1· sua,·e,
en ,gozo y en felitidad. Dime: ¿no prefieres al iracundo Dide mln•f' amigo (l e los hi e lo:;; ,,· de lns esll'ellas, al trágil'o
desfallf'&lt;•imiPnto otolinl dí' Odulu·l', :t lit denrn s iarlo l'eal opu]PnPia dP Ago~do, el puC'L'i] ;1lhornzo de• 1\lnyo'? ¿y no son más
;-unableR CJLIP los de ,·:1neos del Yoluhll' Feb1·c•ro y los pl'esentirnientos clel p1'ill1E'l' me~ , .\" las l)l'OllH.'$ls fn11nentales &lt;Ü'
Junio, o los clm·os ,1ugurio:::; dr Abril las J.,01·sns ,·isiones del
mei:; que Jn s almas ingenua:::; lhrnrnn de 1\i[a.ría'?
- iSi yo lo he dielio antes qne tú. Oye:
1•..lfüoc·ue¡wia dp pülp tos , áu1·0~1s festiyid.Ules,
del hlaneo nlC's &lt;10 ~In.yo-digno dC' Salomón:
húcnros tlr las almas glorios;-1s 1 \"Oluni,1tlc-&gt;s
uofl.uimes postradas &lt;LIÜC' la Flor de Sión:
111otetes &lt;JUP atesornn el t1ombl'e dP Ma,r}n,
infantilr~ 11Jeg.-1rias r \'0f'('s ele-' 111ujp1•,
2

órganos CJ u0 :-.on fucntet-, sag1·a&lt;fa8, dP l1arrnon la
en la idilica r brf'\' C' paz del ntan]ece1·" ....

(Hay un siJcneio no muy lal'go. ÍJH no('he mint (Jlle un
rPmot,o t'e lámpngo tiendC', tn1s d0 loi:; monte:;;, una iluHm·ia
lámina &lt;le le\"e ac-ern azul. Ca,llfunos p,w,1 ratificar 11uestm
nmiHLad, confo1·111&lt;:• ni consejo 1k i\I"artP1·linc-k. El &lt;·ontlnn
diciendo es ta:::; últimas p:.tlnhn.1s.)
·
-Celebrn que compartas mi opinión. Bs una fonmt d&lt;'
la diehn e~ta &lt;JllC' 110H permite fuga1.:11os dPI Licn1pJ adual
y ('On seguir ln t0su1Tec•c.;ión de la s qniments &lt;1u0 p.-1 rerían &lt;lefinitinlnH''llie srpultaclas por la:-; muf•hedundH·eH cl0 sahios ~·
por ln s g1·0)·es de ignorantes . EH tn.11 dulee para. mí P8ta aiío·
mnza 01·todoxa de l\•f ayo lJ u e olYido la músic·;-1 de tHJ u0l cum·
plido c]p Rompo n.l hal&gt;lai· 11or primern Yez a :::;u amad..t, en
ht il'ag0dia dP Slrnkespeai:e, )' ('ll)' &lt;l nlC'lodin ,·erbal 11w fos·
eina e-orno un Yino genpi·oso. i-R(' C'Uenla:s? «Si C'On mi mano
he profnn,ulo brn diYino alb.u·- C'ogiP1nlo la mano dP .Julichl.- pe:&gt;rdo11adniC' . .Mi bo&lt;:n ho1Tat·::i l.-1 mntH:lrn , (·ual Jll'l'&lt;'gl'i•
110 1·uliol'OSO, ('011 1111 })('SO. ~
«En }\[a.yo sp realiza pJ pensümiento t\(l RhPIII')·: Mu•
sic-, all(l, 1110011ligtJ1, rtll(l ft~0lling a1·p one."

fl),
Por RUBEN M CAMPOS.
11

8uauhnahuac 11

2 de Jotayo
IJPsde l;1s Tres Marí:1s, ~· Pntre la:- 11ublazo11es
que a mis pi1·s se rles~a1Ta11 cu1110 e:-pn11111s ctP o ;1s,
rnal desde u11;_1 1·untpit'11tr ílürida dt• gladiola.,;
conlemplo el valle azul com'.l un 111ar. Los bridones

¡AIJracadabra! es mi
eun que hendieron los
en el abismo vuélcase,
uua cascada en trueno

descienden por l::i s sierrns cumo constelaciones
de centauros. La s cumbres la trnge 1 ia ·ven s0las:
el juncal de los pu111a s por pl'adera s de violas,
asalta la il'l'UJJCión &lt;le amarillos IL·ones.

un arco de cristal de roca, hora tras horc:1

conjuro aJ ver el abra
cíclopes la montarla sonora;
entre un iri:-- de aurora,
de muer:e. ¡Abracadabra!

Desde la edad del Géuesi:- 1 límpidamenle lahrn
1

y es su mt'1sica horrísona cua11to ensordecedora
la m1'1sica siafó1iica de una danza macabra.

De JJronto u11 r i1i'íunazo las montañas atruena
y e11 un sacudimiento despierta en mí el anhelo

íle b::1jar de hJ.,; cumbres ,elow1enle en un vuelo!

Desciendo ¡oh maravilla! y un agrnste pab;a_je
cifw e11 cíovuto de égloga el formidable abismo
donde un lago Asfaltida es un muerto arcaísmo;

Y renace u11a antigua virtud intacta ) plena:
tni voluntad. Y echá ndonie a andar echo mi suP.1·te
n los ,ienLos del cirio, ¡A la \ida o la muerlc!

y cuando alzo mis ojos a las nubes de viaje,
dos siltiros barb11dos bajo la luz febea
asómaasr, sin ctuda, rastreando a la Galatea.

Segantihi

J'rofanación

Las crPslas se pe rfilan en sm.n e onclulamienlo
ele p:-ii sajes alpestres del divino pintor;
nube:-; verde::; refl ejan el matiz verde-flor
dl' lus cam11us e11 la tran sparrricia del ,-ie11li1.

Mis ojos no han queric:Io contemplar la siniestra
pesadilla que abruma a esta tiena e11cantada·
'
se desvanecerá al " 'm ir la alborada
como la de la ltispaua proíanación ancestra.

Las moutm1a s violáceas ardPn al sul \ iolenli•
y se empurpunrn las estrias del alcor
que rlediHH Pn la s vegas como u11 sueño rh-' arn(lr
en un regazo a111ado: Y rl e pro11to ¡oh porte nto!

La libertad humana en plenitud se muestra
cuando venga el ultraje rle vivir secuestrada,
y surgirá. flamígera de sangre empurpurada
como surgió de tocia titaaica palestra.
1

un hngel de alas blanc:is rle palotna , iajrl'a,
inrntinsas. rutil 111Le PI crepúsculo hiende,
blanquísituo alaba st1·0 l11111ino~o, desciend e,

Por eso ni miseria ni ~angre quiel'en ver
mi:; ojos que tan solo buscau eu la mafiana
la t'éivindicación de la locura humana

las alas JJ!iega y toca con su pi e la pradt'1·a ....
Y a11tc la aparición' que inll1 l'llamente mim,
suspiro: ~eganti11i. Y al viento va el :-;uspil'O!

que no se acordara de su eclipse de ayel' ...
y del est1·ag-o hilrbaro, cruel, de guerra púnica,
no me entriste~e ra ni esta tristeza única!

Eas 13uga111bilias

8l .Adiós

Cabellera~ moradas, s0111•0:-;ada:-;. bf•nt1 eja s
de clriadas a los ojos profanos invisibl es,
las bugambilias tienclcn co11 sns ramas flexibl es.
flol'iclo ;irco triunfo! sobre rnuro!s· y reja s .

Yo rncogí en mis ojo:-; la visió11 ele mis sueños
e l'rantt·s en tus bosques, en tu,; vegas y alcores:
y en el lóbulo nacar que se irisa en albores
del caracol sonoro de mi alma. risnellos

Y e11 la sitsta, a la 1nt'1sica de ciganas ) abej,1:-;,
his ílrhlílas dP ojo:-; \'C:'rdes r t.:3fleras temibles
1lr~n11dasse colnmpian y h1•san intangibles
ron sus dedos de ro:::a lus musgos de las tejas.

com o consoladores y 1nil.gicus beleños,
C/Ul'da1·a11 escondidos los perennes rumores
dr,. tus flon•stas víq:.fe11es 1 los adormecedores
ecos de tns cigarras mecNloras de e11sueños.

De uno a otro itrbol , ini1•n111 a la ciudad lmcólica
las ninfas de l;Js hosqu c:s L'n guirnalda s floridas;
~ los toiso1ws d~ sus t'l'cncha:-; dcscci"iidas

Y cua11do alguua ldo11da calteza adolesce11tc
se incline hacia mi alma, rlel caracol sbuoro
en g-org-eo de pújal'O rlc un,1 garganta de oro

son la nolu ardorosa, n1nrada y 1u elaucúlica
que un fe11w11i11u enja1111irr, IJlonílo) ;11'110i-Psc1-•11t1•,
deja 111irar la11 ¡;o[o dP s11 vida intlolPnlt&gt;.

PEGASO

IJrolar:'1 ('ual 11111r11111rio lejano de 1111a fuf•11ln
In música ig·11orada, la (H.:ulta poesía
qll t~ yo no :-;e, Cnauhn;'11lua(', ::;i rné tu~a O ful:. mia!

PEGASO
/

�\'ir de ejemplo a /1-1 defi11ic·ió11 que dan,
dP valle, lo::i tratt1.do~ Pll-'t11entH]pt-, tle
Ueog-rafía: Ps 1w terl'e110 pfaJJü f!lJcen·a•
do en un cinturón dP, muntañas. Para
1-jalir de él , o µ1--11·1-t, Pntrar, por el lado
11orte,-1wtPl-j de ht. &lt;.:Onstrucción Uel ferrocarril-lrnUfo, que subir j' bajar la
Cue&amp;tu del Platanillo, célebre por 1111
1·otnbate ea que reaecionarios suriauo¡¡
derrotaron y mataron 1-tl general dou
Plutarco González, GobPrnador del Estado de México '18~7). :J ·
Cuando se trató de construir la- vfa
férrea de Ig·nalil, s~ buscó un lugar a
propósito pttra. entrar en el valle, evi1 ando t.:uesttts empinada~. Los ingeniP.ros hallaron lo que bust:A ban: eneontraron un1::1. hendidura.. una ;,truga, del terreno, llamad A, el Cañón rle. la, Mano.
Entre los cerrw~ quP c·iñen P.I vR.lle, hHJ
dos que dt;!jA.n entre i,;i un hueco, 111111
µ;rieta IHr¡.:!;tt, y µrofu11t1í-iimH, f'll eu,yo
lecho cone u,. ano,vo de &lt;·audal PXig·no.
al meno~ durante h1, mHyor pi-u-1-- ,~ dPI
año. Se hiciPron fJbr1-1r; e11rtt111i11ath-1s &gt;1
encauzar la!-! ag·nat-1 PJ1 un h1&lt;lo del Ca·

ñóo, y
ducto.

e11

el otro

t-P

con~truyó el viH-

El Cnñón de la .\11-1,110 e.-1 rnny bello: ¡.¡u
aspel!to Ps gnwdio1m e i111po11e11te. Sf!
cuentfl. que alA,·unaA \·iH.jeratS,-H mí uo
mP &lt;'011~t11 PI hetho-quizá ai1ouadadAK
por la majP:-.lttd drl espectáculo. RP. envuelven la c•1-1 lieza. en su chal o rebozo

AGUSTIN LORENZO

(1)

POR MIGUEL SALINAS.
En todas las poblaciouesde Mureloi:i y
en las de la. parte septentrional de Guerrero. i:ie couser-va por tradicióu el recuerdo de ltts hazli11ai:1-o más bie11 fechorías- de un célebre h:idróu y famoso
saltea,dor llamado Ag1Istín Lol'enzo.
No he podido e11co11trar datosexaetv~
acerca del 1iat·ilnieuto, edful 1 lugar de
origf'u y Re1-1Hs pllrtitulare!:l deestepiµresentaute 1·unispícuo del

banclulerisrno;

pero se µuetle atiegurn.r qne sus hechos
tuvieron gnrn resouP:n cia l:'11 aquella, regióu, y que i,e grabaron hunllamente en
la memoria de los puel.iloi:t, pues la geute
de éstos, que JHHla o muy pnc·o i,;;alJe de

Ayala, r.le :\la.tamnros y de Bravo, sHbe
bien la vida y milagTol- ¡Jp AP,m;tín Lo-

renzo. Seg-úu el decir de un Vt!cinode Tetecala , Agustín fúé coetfln eo de Pedro
Asencio. t)i tHI c:di1·rnHci6 n fuese \·erdHderH, las conerías de 1mestro µerso11aje
podían fijarse en los últimos a11.os de ltt,
guerra del ndepe1H.leu cia.
Durcrnte mucho tiempo, PU H,lgunas
fiestxs de lo.-i poblarlos que i-rntPs 11ombn\ :-e i'l"pre:::;entaron, c1dpmá.-. de retos,
loas y r·oloquios, 1-:1lgu11os µ;;;sos rn que
era ¡.H·ot1-1µ:01)ista el µopular colegfl. de
Diego ( 'orrie11tE&gt;~. En Jt:)_8:) vi nnil., de
esas 1·Ppres.e11tacio11e:;J en un b:H-rio rle la
villa de Tlaltizaµán.
Uu tramo del camino rei-d flf' ).lt'xieo a
Acapuleu~el comprenllidoent,re Cuernav1-1ca e l:i;uala y los muchos caminos
vecin1:d es q1w entron(•alu-111 con él,
fuero11 seg;ununente e! tf 1-1tro de los robos de Agustín Lore11zo . Lrts selectas
merc1-1derías a~ititir:a.-. venidas en la Nno
0

de Chinn., !;:¡,.: 1Jarrns de plata f:li:tradas e11
'l'axco y PI dinPro efectivo quP RPnrnna.ri1uoentP se r11vinhHn A los i11/.(P.nios par1:1 SUR rnyar-, e1·1-rn el blanco &lt;le-los;rndit-

ces at11ques del sa,lteador.

Los golpes de mano dados por P~te,
lrn.n de haber sido numerosos y de 1mµorta!l(.:ia; pues 110 hay cuern., barra.uco
o recoveco del quebradísimo ttgro rno1:ele11sP, en que uo se crea que yacen eseondidos los te1,wroi:; de aquel cPlebre infractor del sE'ptimomandamiento. Y cuando
alguuH, µersoua. tiene H,puros pecuuiarios, o desea capital de importancia para u11a empresA., es mu,r fre cuente oir
frases corno éstas: ¡QuiPn se encontrará
una de las ta,pazontis de .lgustín Lorenzo.' ¡Ah, rnfll haya una de las cuev1;1.s de
.'\gulStín Lo1·enzo! Por supuesto que las

v1wel'I mal ha.y a est5u usadas iucorrel!tamente e11 J;:i, última expresión.
A pesar de haber robado tanto y de
lrn.ber Htei;;orad~1 milloues,-lileg-ún lu,fa.n.
ta~í1-1 µopultt r-11adie ha e11eo11trado una
de ]1-1¡.; tn¡w.zonP.'J del fomoso ladrón. Et-1t() se Pxplic·H. tenie ndo en c·nenta que t·a.dtt vez que Ag-u:-.tíu Lorenzo reunía un
tesoro, lo e:•wondía con arte y maña, y
ma.taha in111ediat1-une11te despu(':;; a los
miembros de su banda, q11P l~ habían
ayudado tt. efectuar la &lt;kt1lt1,irió11.
Aprovedrn.ndo la.s mil &lt;'OIIBt&gt;jHM referentes .-1. nnei,;tru bPrne, 1-1.lg-11110:-i individuos de buen humor pi11t1:1rnn &lt;·on c·i:tl,

sobrP un gr:-111 boquete que da P11tradH
A, una ruev!'l, 1rn enorme letrero que di&lt;'e: ¡AGUSTIX LOREN1/.0! ¡QUINCE

~llLLO~E8 DE PES08! J-fay

(J:UP t:Oll·

fes»r que lograron impresioru-ir a.l público los t·hus«·us HutorPs de l.-1. i11:-icrip&lt;'ió11, pues al escog-er parH, f'sta 1rn lng-Hr
apropiado, realzaron todo lo que el
asunto tiene de fa.bu!oso.
El luga.r A ludido es nno de los reµliegues qnP lrnl'e11 los belln:,,1 y sobPrbioA
acaatilaUoi:; que fnrrnit.11 1-11 l ':Hlón dP /;1.
M;-1,110.

El vRlle d e Jg·nal;:i e¡,.; típi co; puede ser.PF~Gr\SO

miP,11tJ"H.':! el tren 1-1traviesa el Cañó11.
Ha.ce11 muy mal las me&lt;lro¡;¡A-FI ~.,ñorns·
deben Aµroveclrn.r le.oportu11id1-1.d de ¡;nzar de un c1rndro euya ra.r1-1, hermosurn
pocas veces se ofrece a nuest,ros oju&lt;,1,
Al penetrar PI viajero en el Cañó11 1 t'O·
mie11za », recorrer un dilatl'l,do y tortunso callejón que podrá tener cineo kilómetros de lougitud. Eu el foudo. ve a
Ún lado las aguu.s del arroyo, y tt.l otro,
el viadacto por donde ca.mina el tren; a
&lt;lererha e

izquierda, ve dos

e11orme8

a.ca11tila.dos, la1-1 masA.s di-&gt; los cerroi,, que
forman el e1-1llejó11, y que allí están ;i,
µloruo. eual giµ;n.utescos muros, Hit.os.

muy altos. dPmal-,ia&lt;lo altos; y más allá
del borde de los muros, tt.p1:1.rec:e un jiró11
de cielo, de cielo claro, de cielo tiUriano,
de cielo de un purísimo a.z.al cumu el zufiro.
No sP cual es la alt,ur;t máximH, 11t, lo:-4
aeantilados. pero recuerdo que ell der1H.
OCHJó;iú11, vi tres rJ cuatro zopiloter; qnf'
vol~bau tiobre el tren, eomo si lo hubie-

1

En ' The Metropolitan Museum of Art/; de Nueva York

IJ.t malll-lll;l nn1c•1•iúr hal,íam(i,.: Yisto,
df' prisa, (lPtP11i&lt;'·ndo11os &lt;l))Pnas ,u1tr
algunas Jllül'&lt;LYillos,1~ (·or:;;1s , lot-. snlo1H•~

dr• 0sc·ulturn. los histúrieo,.;, los de
lot, dP a1·n1Ht. ...

insLrntrs sólo &lt;1d1nirnmos, Pn In!-. ntst.tK snl11s de,.:tinadnr-. ,ti !Dgipto, las tela:-; pi-imitiYas, r entre &lt;'lhu;: mrn interf's,rnlisima figunt df' muje,·, dPli11Pad,1 _\· c·oloridn, mil..s o menos, al modo de lof-- d0
la ~PrPn1phaPlitc~ Brotlipl'l1ood••: bt8 1·(•&lt;'onstn1c•eioneR de tumbas ~· templos:
In c·uriosísinrn eolPc-c·ión dC' 11101ni.-ts ....
Unos mon1entm; sólo pudimo;,; goz1u· C'l
pn{.'anto de las c·C'rúmiens c·n1i1·iehosns,
suaYes, d1: nnn RU}l.l'&lt;'lllH elp,g;-mc·ia fornuü mudias de 1:llns... A11enus si uno:-;
minutos pudimos Yer, i:&gt;nti-e mil tn1bajos de bronce y hie-l'ro, un1t arn1;1dm·a
de !J11is XIV, el cabezal tlr la del enlmllo de Feli1H~ JI: lanzas, YC'nablos, es·
padas bc)lJas y c•norrnc-&gt;s, tJUe nm; hajernn a la mente, pa1•fl justiliear- a rn1PH·
tro asombro, (JUe Lales pesa.dml1brc-&gt;s
pndiN·on ser ITHtnejaéhts por bni,ws y
nutnos que 110 pe1·t.enec-ieron n ningún
Morg1-rnte, C'I n~1·i-;o .dP Lr Chanson ck•
Roland: "le fe1·, t,eul, fenüt h1 eharge
d'nn nn1let* .... Sólo un lwe\"C' rato pudimos ptti:.n1· la YistH en los salones ele
Pseultura, en 108 c-1rnleR, amén de c·opias &lt;lP hu; obras ungidas, y aun de algunas origina!Ps, existPn lindas ]_)l'O·
chic·c-io110s rnode1·1rns, ('ntre ellas nl1'inR
de esculto!'es ~·ankees, f]Uf' nos hiC'iPron conohor11.1· la rectific·a('ión dC' juido aceren fü•I nioYimiento al'tistico del
gnui pueblo, que habiamos ffrmcmen-

1

la páqina OO.

La D01110 fll,f Cford , t·11rl(frn d&lt;'
Rr,111lJ1·0 ndt.
l(, inic-L¡¡do, 11110~ dh1s ,1111.c,s. frpntc~ 11

11n sol,C'tl,io dt•Hn11clo, ante un irnpc &lt;·ahle mál'rnol &lt;lc&gt; l-:li1·am Powp\l , (:'11 In
1
•Corc-onlll Art C-hdl01•y&gt;,, d€• \Vashingto11 .... Apena-::,; si un minuto bunlJién
J)Hdimos fij,a· la mit\ula, en pasmo, ante• una de h1s muc~trns ·má~ 0xquisit118
tlel Hem1.ci miento, nnte un \'asoclr BPn\·en uto, &lt;1ue :-:;unrn todns l.1:-; gmcias y
todas lns delic-Mlezas del 01-felH·&lt;• ....
0

Y liénos lior, c·on la amplihHl flC' la
1rnula11;1 C'ntera, ('.n el Depnl'tnrnc nto
&lt;lC' Pintnnu;. Mrb ch~ &lt;·w1re1ila :-;alas. A
l)C'tiil.l' el&lt;' lo no roe-o fJ ue luty meclioc:re,
los lienr.os su tiremos - a.un no eu el número, indmlahlemente, de los clf•I «Lnu\TC\ de lot-i del "British 1luseunP, ele
los dP l.-1 «G;t]lerin dPgli Ofizj" red.11narían la q11ieta _\· dcYoi.n .itc-nc-ión ele
1

hrC'a ...

Ya conoei,1mos, c·omo dic-0 nuC'stro
a111ado Don .Justo Sie1T,t en su libro
ele inklj¡:wntPs notas sobre esta t,ien·,t
y;u1 kE"P, a Hem hmll{lt r a los clemá.s
gn111clC's pintot·Ps, leido.~ ... ). agrego yo
que nun f/ra7J(lrlo.&lt;;; pern (•l \·e1·loR a.
eJloR, a elJos mis1110,-; C'll :-;us obr~ts 1 Pn
lo c¡up fué ta P~enc-i&lt;.1 m,ls c·;11·.-1 df' RU
P!';T)Íl'ilH, ('!'H para llOROtl'OK (1(, un ('1101'nw intorós. En e l ~~,1lional :\[useum»,
dí' " ' ,tshington, b1hiamo:-, ~-¡¡ podido
"lW!'clC'r llllH lllllll&lt;UH\" an te SPÍS u OC'ho
J)J"Oducclon('~ &lt;IP p¡.;tm;: u11 Conegio,
nn Perugino, un "atribulflo a Rembrilncltij, un füllC'l'a: pero ru1ui pi e,rn-

\"al'Í&lt;lS mallclll¡_\:,;, __

2. Don Plutarco Gon2ález tal vez no hubiera perecido en Platanillo. oero q1liso sal _ar
pi:&gt;rsonatmente a un oficial de sus tropas 111
timo ami~o suvo. llamado Lauro Cárdenas. Y
encontró la 111uer1e al ej .. cutar aquella ge11e•
1osa acción •·á den~!-'. el oficial salvado. era
tin del autor d • este libro. y tuvo en su v da
1m rasgn muy honroso q11e me permito consi~n11r aquí con satisfacción. Cuanilo los nor•
teamericanos atacaron el Cast,l!o de Chapult eoec. Lauro Cárdenas y Al'l,!él Colina, tio
también del que es.lo e&lt;:cribe formahan parte de un batallón organizade en Toluca para
combatir a los invasores, y mand11do pnr entnnces a Chapulteoec para ayudar a la rlefensa
del Cast•lto Según el part,.. J'"l11tho •1611 ~enl'I•
r-il Ni olés Rravo . "º la noche anterior del
combate. hubo una. deserción numero~a, Y
de· batallón a1u 1ido, só o permanecieron en
su-1 pu~stos, muy peligroso• p;r cierto, Lauro
Cárdenas y Angel Colioa
Apena9 habhn dPr,olado y matado a Gonzllle,. los rPaccionario~, cuando atllca·fos aretilgu~rdia, fueron deshecho, a su vez ~or N~
grete f&lt;'ste levantó el campo y llevó el c11d~ver de don Plutarco a Cuernavaca y despues
a Toh1ca Durante su ei,.tancia ei1 la primera
ciudad. el cadáver e¡:¡;tuvo en el cuarto nümero I del "Me!óón de Salazar," llamado dtspués
"llotel Rohles."
r1

1

1

Ü!lOt-i

t. Del libro inédito · ••Historia y Pais~jesMo-

('-1 &gt;11 111.'1s olir¡¡s &lt;'s1,i. n pn :-.('!lli1rlo Surol!n. ~u luz 1·11idosa, 1·;1hioA
-;,1 n Yf'f'C't-i 1
IH'iilH f'll:dgunos d(• t-illS c·11,1d1·os. MHso1·11r&lt;•11d(•11i.C' de• color b111to c·omo de t&lt;'•c.-niC'it (•] (lp !os "~H(lador('s'', &lt;'n ('! c·ual,
('Jl Llll nrn1· (JU(' t-iP SÍC'lllP ~- (Jtl{' S(' c1s1)i1·a, se• Y&lt;'ll los t·uprpos flC' los n1ueha(·ltos qu&lt;"hl':\11dose, c•11 sus p01·íi.les, ni
C'fPdo d(• la luz &lt;.'1ll1·c• f'! ;-1gw1: y asom•
hrn~o cl&lt;. \"ida, dr colon•s, d0 luz Hohl'C'
todo, ("I f•Dc•t-i]lUl°:-; dt'I hc1(10», en el f]U('
In R.í..hann que• c&gt;xtif'ndC' tm mozo sohrp
los hombro~ de la hariista, lh\ 1•pc·ogúio
t()(L\ ln nrngia clt•I soJ; todo pJ mdioso
hl,111c·o dPI sol de L1 c·oRht lP\"i-rntina ....
No (Jnit&gt;rn clej;u• de c·itnr, Pntl'e los
PL1.-1cl1·os frnnc·PAl'S moclenios-110 c·atalogado at'1n, 1io1· (·i()1to, H eaus,t Ü&lt;' st1
l'ecic~ntC' adtJHisición, que f'ostó v,n·ios
&lt;•ipntos de miks &lt;IP dó!;H&lt;'~ la ~SalonHh dt• Hf•gnault , rs,1 Pf..tupc•ndn oh1·,t
&lt;'n f] ue no sr• s,tlH• q ne'• gu:--;tar eon más
&lt;lt•l(;.&gt;it,e, si ti (•,irn sens11al, Pll la 1Jue el
clei.;frc•nzado 11('10 c·o1·yino C'nerntdra los
hPllo¡.¡ ojos rnalignos dE:.' ht 11riuc·Psa ju.
llía , o la 11c'rf'0&lt;-ción pidól'it.'..i d(' la tela
tJue lllal &lt;·uhre,, €'! !'(-'gio cuC'l'l&gt;O y de!
tapiz .Y la. piel l'!l que SC' hunde el lH'PS·
Ligio de loR c•;u·nosos lliei-: fü~ la he1

Poi· A/(,_j(l11r/ro Q11ijo110.

relenses."

Po-'W

g-1'111 fr1g·J¡', s , S('l"Í1111 ,.n IJ&lt;lC'('S dP pinbll'"·

IMPRESION PROFANA

c•t 1 -r,í.mi&lt;·as,

dt•(·!a1·,111 qui• lr,1.,· ob!'ns suyas 1(qt1c•
11i11gi'111 il;1li,1110, 11i11g1'1n .-dem;i11, ni-11

E11 los H:tlunei:- dPI siglo líltirno .\' dP
los 1ÍHJd('1·no:-;, ptHlimosttye:.•1· n1rios m a gnífi&lt;-cit-. liem:os f1·;1nc·PSP:--;. &lt;h• Cm·ot tollos Hf'l'Pnidnd ,\" c•11s~iel10, t-Jt, l)('lilc·i-oix - todo:-; nwYiniit&gt;uLo y \ ida - , de
~·Je:.•isso11ier, clr (krnme, dt&gt; Bouguc•i'C'nux; Yarios c•i:;plc'·1Hlidos ~\'i.-hist lrt·•i,
l'lllre ]oi-; que~ llll •:Ko&lt;·ttn·no (~n YC'l'dP
.\" 01·0" dN,bl,c·a su p1·cHligiosc1 C'lP¡.rnnC'ic,1:
algunas otnis «c•o:-;asª y1n1k&lt;•0s, dr un
nlicnto uueYo, q11r no por sel'lo dej,1
de SC'I' Ye1·osirnil: ~· s&lt;•is u o('hu tPla:-, rsp.-uiola::.. Zolun~;1, t'l inquirli-1dor Yns&lt;·ongado1 &lt;lP tJUien unos di.-1s anlC's de
uuPst1.·o an·ilio a h1 nl'hC' ttlllC'l'iC'ann s('
liahía c·elehn:1do 1nw exJH)siC'ibn p:ut ic·uh1r f'l) Brooklyn, y fü,] ('llcll ,YH hahí;-1mos Yisto una gnrn tt•la c•n \Y11slii11gto11 , tiene ( 11 PI ~.I\feti-opolit,a,i» sólo un..i
11rne8tn1, la Htevnl l-'ll «Ca l'll\Pll". Ji}J
lienzo, al t.1mario 11,11 urnl, lllUPstnt In
factu1·;1 clel autot Pll todn:-i sus (·a1·;-1,(•Leristic-as dr C'Olorjdo, de dibujo, &lt;le
fondo; esas que lo han hecl10 famoso y
discutido, a.l grado de c.11,te junto a algunos que mny poco le conceden, otros
1

Jamti.., Stuort Duque:de Richmond
iJ Lenox, cuadro de Van Dick.

PEGASO

Felipe IV ele JJ.:spcuia, cnaclro ele
Diego de Velázq·ttez .
5

�Salomé, cuadro de Henri Reg11nu.lt.
dales mayor, mucho mayor. Casi todos los grandes maestros están presentes, y a]gunos en seis u ocho telas.
Desde dos ((escuela de Giotto~-no se
sn.be si los cuadros son, en efecto, del
primitivo que tanto nos ha hecho
amar Ruskin en sus 11 Mañanas de Florencia»-ba.sta un capricho del genial
sordo atagonés Don Fra.ncisco de Goya, las grandes firmas, c-on la falta, eso
sí, de las torl'es del RenacimientoLeonardo, Rafael y Miguel Angel- están en ei;;tas galerías, es1iecialmente
en las que oc-u1rn, 1a 1&lt;Alti;an Co]leC'tion».
La escuela ita.liana-con la falta dicba----tiene copiosas y mu.v importantes muestras, destacándose las de los
tres más ilustres venecianos, los señores del color, los grandes 1(luministasi),
Giorgione, Tiziano, el Veronés, de quienes el :Museo ostenta sendas obras. Lfli
del Tiziano es el retra.to de Fi]ippo
Arcbinto, a quien nos muestra, a.1 tamaño natural, sentado, en elegante
actitud, cubierto con una, capa de terciopelo rojo oscuro, asombrosa de verdad. . . Ante estas obrn.s l1enas de ambiente. con la harmónica gracia inefable de la luz que las rndea, se recuerdan
los elogios de Reinach, que dice que la
pintura veneciana «parece menos preocupada de los objetos que representa,
que de la atmósfera que los baña, de
la luz que los penetra y envuelve)'·
Pero los holandeses y los es11añoles
eran los que iha,n a llamar más nuestra atención.
La escuela holandesa, prodigiosa de
realidad, maestra tanto en la linea como en el color y en el tono, atrae 11or
la prodigiosa verdad, por la fuerza
austera y sobria del gesto y lle la actitud, por la noción de simpatía (] ue
imbuye. El claroscuro, del que fueron
reyes aquellos hombres que parecían
tener en su pak•ta juntas la luz mel'idiana y la más profunda tiniebla, para
corn binarlas sabia y artísticamente, es
uno de los blasones de ese grupo, en
el que, huelga decirlo, esplende, con10
primerísima figura Rembrandt, tenien6

don. Rll IAdo a Frauz Hab, il Ynn QR tnde.
El «relrn.to de un hombre», la wdama
ron un dave1~, dos «auto-retratos», la
~Yieja cortándose las uñas~, son, de los
qnince o Yeinte lien,;os ele Rcrnbranrlt,
los que más atrajel'on nuestra a.dmirarión; y al mirarlos, sentíamos el ansia
cle ,ver las otras famosisimas telas tlel
holandés que se encieran en las galerías eu rnpeas, las cuales son 1 dicPn los
«conaisseurs*, algo estupendo, superior
aun a lo que el «Metropolilan» guarda.
Alberto Dnrnro y Holbein son los
amos entre los Kalemanes», como Rubens y Van Dyck lo son entrP los ~ttaruenros1•. De este último tiene un singular encanto el retrato de J·amPs
Stuart. El rostro, las telas, el em•aje
del cuello, el lebrel que acaricia el
magnate inglés, primo del dC'ca.pitado
Carlos I, son hechos de mano mae8tra.,
precisa, justa, como obrn df' los maduros cuarenta afios del pintor.
Pero-se dice antes-nuestro viejo
.-u11or hacia. Velázquez, en el quf' se
nnia quizás a la admiración aJ artista
el nexo racial, 1108 llevitba acuciados,
dejándolo para lo último, ron el ansia
de llegar, de sentirlo, al través clP la
1·etina, dentro del cerebro. Así fué eómo, por fin, después de ver, con (•ierLa
prisa un poq uitin inespetu osa, n n
11
Greco~ y dos o Lres lienzos del Espaiioleto y de Zurbarán, llegarnos a. él.
Primero en ]as cuatro telas que, amparadas bajo el dictado de flEscueJa de
Velázquev, r dP las cuales tal Yez más
de una sea del propio seYillano, .v luego y principalmente en "las dos indispntablemente suyas quP se ven en la
Colección Altman, pudimos aclrnira.r la
f'aetura del 11intor. .Entre los primeros
eua.tro lienzos, q ne rnvresentan, todos
en busto, a.1 Principe Balta,mr Carlos,
a Olinues, a fa, Reina Mariana y al
propio artista, nuestro mezc1nino conocimiento de las técnicas peculiares
nos hizo creer \'er en la efigie de Ja
mina el rastro d01 maravi11oso pincel
de Velá.zguez. Si no fuera ciertamente
ele él, sus caracterns, su modo están
allí copiadOs a la perfección; )' el cuadro, además, es fidelísimo trasunto,
·en medio cuer:~o, ae1 retrato que se

La esposa de Frans Hal8, cuadro
del ·m ismo.

PEGASO

artista, i:;ohre rl pÍtdo1· ¡:,r'PilÍ::d al Jado
de c·UYH8 olwas, dict' 'reine, borlas [a:-;
de todoR lo8 dernát- pintorc8 pal'ccen
mtwrta~ o aerulérnieai:;, no ha sido conlple~a, 8111 Ptnbaego. Hemos, 8i, Yi8Lo su
estilo, su modo; lle1·0 e8 1 sin duda,
romo s1!&lt;·Pde eon RPrn bmnclt, 1 Pn IH 8
prod11rc·1onpi-. c·on quP ·1as gaJedaR curope~~ 8€-' enriquer·Pn en donciC' su eon&lt;·e11e10n de la ,·ida, y luego 8 u 111;1,ravillo~R faeturn. úniea, lucen con toda. l.-1
pujanza., ton todo 01 vigor (lllO los crilíeos lr 1·,-•eonoc·e11 para sancionarlo como una de las g1'anclr8 f'umhres ele la
humanida.cl ...

•*•

Lady l?ic/1, cuadro de Ela11s
HolbPill.

consern1- en el Prndo. SuR dos obra~
indudables, un retrato de l:!1elipe 1V y
t(Cristo r los peregrinos de Emáus~,
son producto de la juventud del pintor: vero en unn. ). otra se advierten ya
la inimitable sabidnda, la. sobriedad,
el ambiente, la fuerza que ostentan
sus obtas de época posterior. El «Felipe IV», que I'epresenta al rey en sus
n:.únte, aflos, y es de los primeros en
los mucho$ retratos que del momuóa.
ha,bría de haeer su corte.sano, es un
lienzo del tamaño natural, que nos
muestra, la. figm·a en pie, luciendo simplemente, sobre la veste negra, el toisón de oro. Las manos, a mi ver, son
perfectas. Una repo8a sobre el pllüo
de la espada, otra ase una. carta; por
ambas circula la sangre; en ambas-los
músculos gnarcfa,n la tensión precisa.
El rostro del degenerado buen monarca, severo, con esa seYeridacl de los
austrias, mística y cc11uda. en el César
y en Felipe 11, humaniia.da ya un poco
en este Felipe IV, es asimismo ele una
Ycrdn.d incuestionable.
En e! «Cristo y los 11cregrinos de
l!Jmáus 11 , obra también &lt;le la «primera
manera.¡; del artista, la figura del galilf'o es muy be1la 1 pero un tanto fuera
del estilo del n.utot\ siempre realmente
humano, aun en las pocas obras en
que, dejándose llevar de la tradición
pictórica, sobre todo en la época de s'L1
matrimonio, hizo varios lienzos sobre
temas sacros, pero con figuras vivas,
llenas ele sangre y nervio, no extenuadas, no consumidas como las de casi
todos los pintores místicos. La cabeza
&lt;le Cristo es suave, quizá.s un poco duliona, uamurillada», digamos. Los dos
discípulos sí son ~velázquicos» en absoluto. El qne mira al frente parece
ser tomado del mismo modelo que dehió set·virle en otros cuadros un poco
posteriores, uno de los herreros de ~
~fragua de Vn1cano)i, quién sabe si uno
de los famosos c1borracbos~ ....
Nuestni impresión sobre el enorme

C~iando salimos,la, nieve que eubrfa
1~ mudad, a,lheaba a las leves earimas de unsol anémico. El frío era inte~1So; no tanto que justificara el quP
llll coi~pafíero, tn·eviam(;'nte a.temorizaclo, 8111 &lt;luda, por algunos alarmistas
se llev;U'1:l constantPmente fas mano~
il las ot·e,1ai:; pam, conYenc•efSf' df" que
aun estaban en 811 puesto, elándoles
a 11-l vez cariJlosos sobones; pero sí
para &lt;Jue,. en hnscn, de cíllorcillo, grupos df' or10so8 estuviesen estacionad?s, en plPfül Quinta Avenida ,·o]nendo hacia lo alto las caras m~ndas
husca.nrlo al soJeeillo aquel, enfermiz~
Y pálid~, 9UP, lanzab~, una poln-e luz
que enncluu-m a las yue sabios pincel?s habían dejado en algunos de lo~
lienzos (Jue HNthábamos ele ver . .

EL MUNDO EN GUERRA
Cuadro que muestra con expresión de su riqueza, su extensión y el número de
sus habitantes, la actitud dP las d iversR.s naciones en la contienda en que actual
mente se debaten la, ma.y or parte &lt;le los pueblos de la t ierra.

POR LA DEMOCRACIA
HlQUEZAq

lJél¡¡. ica ............................ .

D.000 000.000
Congo ................... ...... .... .
Imperio Británico ........ . ...... . 1 :rn.000.000.000
China ..... ......... .. .
10.000.000
Fri..ncia ................. .
:;o.ooo 000.000
Colonias.
.; 000.000.000
Italia ..... ..... ·- · ..... .
20.000.000.000
Colonias ........ ,. .... ... ...... .
Japón ...... ................. ~ .......... . IG.000.000.000
Colonias ................ ......... .
11on teneg-ro .................... ..... ..
Portug-al ......... .............. ........ .
2.G00.000.000

11.373
noo.ooo
12.743.766
2.1Gg.200
207.054
4.776.0:)2
110.62H
096.000
H7.65o
110.Gll

ººº

:-i.630

:15.+no
8:J2.~67
88.000
8.G±i.6a7
3.741.828
1.000.000
628.000
3.29:2.000
46 000
02.380

Colonias ........ .................. .
Rumania y Serbia .. ,. ............ .,
1.000.000.000
Jtusía ..... ...... •- ••· ..... ... ,. ......... . 10.000.000.000
Esbidos Unidos ........... ....... .. 250.000 000.000
ArabiH, ... ................... .

¡;~~\t ·::::· ::::::.::: :: ::: ::: ::: ::: ::::::

l:; 000.000.000

Cuba..... -............. ··-··· ··· ... ... -..
Panamá ................ .

'l'o"l'Al, ... . _............ :¡; 547.~,oo.ooo.ooo

Mai·m,-1917_

40.123.:;S6

POBr,ACION

7.::i00.000
15.000.000
4:J7.::i00.000
±00.000.000
40.000.000
48.000 000
%.000.000
2.000.000
M.000.000
20.000.000
1i20.000
H.000.000
9.200.000
10.000.000
180.000.000
110.000.000
:J.500.(100

º·ººº-ººº

24.000.000
2.:;00.000
427.000
1.4H.147.00o

CONTRA LA DEMOCRACIA

LA LIBERTAD
(Ven.ion de .Jase d~ Carn)

Ariosto &lt;·t1enta \a,-histor.in rle un hn.&lt;la que, por ley misteriosa de su natul'aleza, estaba roodennda a, avareccr
en ciertas época~ bajo la foL·ma de una
horrible ). venenosa serpiente. J.JOS que
la maltrata,ba~1 duntnte el pceíoclo de
sn metamórfosis &lt;Juecfaban excluí&lt;los
para siemp,·e de los benefic-ios que prndigaha a lo:-.; hom hres. Pero, en cuanto
it ac:iuellos que, ~t vesar de su aspee-to
J'epu]sfro, la tenía,n lá.stima y ht protegían, se revelaba más tarde a sus
ojos bajo su bella y celeste fo1·111a, natural, seguia. sus pasos, satisfacía. todos sus deseos, c·olmaba, sus casas de
riquezas, y los harín afo,·tllnados en
amores y en la guerra. Así es esa diosa que se llama Libertad. A veres toma la forma ele □ n odioso reptil: se
arrastra, silba y p1uerde. Pero iay de
!os que, llevados de aversión, intenten
aplastarla! Y &lt;ll.C'bosos los hombre~
que, habiéndose decidido a. acogerla.
bajo sn forma .úegrac:lada y espantosa,
se vean al fin recom'pensados en los
tiflmpo8 ele s11 helle7,a y es11lendol'!
rfOl\fÁR BA_BTNGTON

:\[ILLAB CUAOS

MAC' A ULAY.

Austria Hungría.····- .... .... .... $ :J5.000.000.000
Alem,mia._ .. _._ .. _.. ..................
SO 000.000.000
Colonias ........ ............. .... .
Bulgaria y 'rurquía ... ......... ...
:J.000.000.000

260.0:H
208.780
1.027.820
l.46tl.H8

±0.000.000
G:;.000.000
14.00u.OOO
3il.000.000

108 000.000.000

:!.il\\0.08:J

lGJ.000.000

190.0.,0
90.~,(j!

20.000.000
1 000.000

!J:JO GOO

20.:;7~.ooo

+ O-k9.899

,n.ooo.oolr

:J7.6H8

U.500.000
:1.000.000
6.000.000
37_000.000
3.000 000
:J.459.000
-,.680.000
:l.700.000
25 641.000

l'OTAt, ......... . ......... !¡;

NEUTRALES
España ....... ............. ·-· ·· .. -···-·$ :; .±00. 000. 000
Colonias .. ,, ............... ...... \
México y América Cent, a,I excluyendo a Panamá ....... .
:;.000.000.000
Sud América,, excluyendo a.
.BraqiJ ........ , ............ ... ,.... . 1.,.000.000.000
fodiAs Occidentales, .B.'aití y
Repllbll(';:i DominicA.111-1. .. .
Di □ amarca .. . ............ ._......... .
1.000 000.000
1
1-'aises Bajos ......... ,,.Q f. ... : ... .,
5.000.000.000
Colonias .......................... .
2.000.000.000
Grecia ................................... .
1.000.000.000
Noruega ............................ .... .
2.000.000.000
Suecia ............. ............ .......... .
2 000.000.000
Suiza ............ ....... ............... .
+.000.000 000
Ot,ros pequeños pueblos ....... .
±:J.±00.000.000

9.710.SG:;

697.900.000.000

5~.824.33:J

TOTAL .... . ............ . $
'l;O'l'AI.. HENER!L .. $

102.06(\
l:J 6-!8
1.04(;.4-!3
46.55:J
124.129
172 876
13.976
2.922.365

173.::ifí:J.OOO

-------

1.731.7110.000

RESUMEN
H queza

Por et). Superficie
en millas

.Por cto.

Pobla"ion

Por eta

1 414147.000
·104 01 o 000

80 7~
9 33
9 95

cuadrada&lt;i

Por la demEJcracia . $ 547 .MO 000.000
Contra la
id.
·108 000 000 000
Neutrales ......
,2 400 0,0.000

TOTAL ........

•

78 4:i
16 48
6 07

-·---r'---U·~HO((OICO

PEGASO

•J(

o.

,o 123 586

2 960 086
9 740.866

62 !24 513

75 9;¡
5 62
18 4:l
100.

1í3 553 Ol O

----1.751 100

too

100·-

7

�noches Pn que \·igihdrn en unn ¡]p
-trincbPrns del frente, loR pe1ToR c·o
nr.aron repcntinanwnh H dílr 11111C'tiile inquietud~- a grn1iir 11111:r PXc-.i. Los soldado conod,rn u :-;~1t-\ per c·onfütbün en PllOR: i11m0diab1te telefonearon l'l los at1·in('hernientos inmf'diatos, pidil"ntlo 1·pfue1·• y Yf'inte y oc·ho minu1os después
11ue llegaron c',stos, los ak--'mane:-;
•aron fu 1·iosiul1C'nb::.e\ puP~to. ¿Co1110
diemn (•uentf1 los J)f'lTOt-i d(' l,t prn~
:dmicla&lt;l del atatJIH'?
En PI Pjé1·tilo !,p]ga , los p01Tos hnn
mplozctdo a loH e-a ha Ilo:-; t•n el t l'ans11P ele !as nmetJ•;-llla&lt;lorn:--, según
gura el &lt;·órrc•~pomm I dPI "Bor-.ton
t.• JJ08 of-icialps afiL·m,1.11 que son
útilf's que• los ta.hci llos y qnc
ncitn loH fusiles de las m,Lnos ele
('Df'Hligos &lt;Wn antes &lt;lP qu&lt;.' &lt;.\:.tos
yan si&lt;lo aniquilados. 1JOS J)PITOR
eden ademas rubl'ir~e ele lns ba-tln8
mig1-1s en las ü·inchern.s, c·osn imible en loR anima,les gl'andes.
En Rnsfrt se ha empleado el los JlP, IJRl'H eonduc•ir municio1ies 1 :r g~·c1. a la rapidez eon (1 llP ejeeutan eRta
bor,c·onfiada. anteR it homln·es q11e

é!\-;lnz;-iban att·astrá·1d·) ,. : f', :::p ah&lt;1ster1-1
r fi cazmente a lot-: ~0lihirlns rlescdr !ns
l'atTOR de parqnc, fJIH' t~stri.n RiemJH'P 11

1

'· rPtagn1u·clia ~· lejos dP In l ÍIH.'H dP fuego,
A1nhos c·ornl1alic11tes em1&gt;Jc,;:rn ¡it&gt;rro_s c_-enti,wlns y perros (1 stnfptas.
M·a1·qui-... un pe1·1·n f1·a11r .~.H,.t·1·H½óu11
eampo hnrl'ido poi' bs g1·an&lt;1tfas ¡hu·a
llcYar un mpnsajr a 1111 grupo de :-.oldn.doR fni.ncesf"t--. llpi·iclo mo1·tal11wntc
poi- Llll 1iroyeC'Lil, llt\.4Ú :1rrast1·ri.ndo1-.P
al punto de :-;u dPstino :-,· (•11mplid,1 :--11
rni:-;;ió11 quedó lllll()J·to. t-;to¡1; dPI 1:)'·'
Ül1f'q10,

,

. ·. ~er.~;¡_,...,'

~¡~ ·f~;,,..;¿

('11/Dleadn en el RPl'ácin .-;anitorio
de lo.e; aliados, pmristo de 11uít;c-r11·&lt;1
LJ(u·o li_h ra 1'8f de los un.&lt;;t'.~ ruJi.1·ia 11tr

P&lt;'ITO

1 .-;.

ARTHUR JAMES BALFOUR
Continúan en tnr110 de Lens los encantizados (/taque.,; emprendidos !toce 1·arws r;emwtas l)QI' el tiército inglés para arrebatar o lo,,:, alemanes esa importcwte posición. Ella dará acceso a /o.c; aliaclo8 a tas llrfl111ra.~e11 que ,'ie enc;u.e-ntran Douai y Oambrai y la resistencia es a causa de esto tan porfiada que ha .sido nece.scu-ia toda la elierqia inglesa para arrancar a los teutones algunos de los fuertes que rodean la. disputarla plaza milita,r. Pero si e'II dirPcció11
de Le11s elai;ance ha sido muy lento, no ha pasado lo mismo en lcu, operacioues q11e a la rez Sf' hr111 estado der;arrollrrndo más al sur, donde los 1wldados de Douglas Haio sB han apoderado con relatirafa&lt;'ilidarl de una uran zona de atricheramientos enemigos, fleJ.'ionando La lín ea olemana,JIJ a1Jro.l'i11uí11do:-,r' por e8e lado hacia . Ca111bra~. Los batallas ,'ie
suceden en e_sa región a las batalla:'&gt;, ~os contra-ata:~ a los _co'.1tra-_ataq11es u la .'i((l/{}1·e ale;11uuw .11 la h1{flesa, c-outinúa corrie11doa torrentes. En los ultimo-s enc-uentros ~ ha d1stwguido uotable111e·1de el cont111oe11te del Canad(I, combatiendo con heroísmo rerdaderamente espcrrtano. A "il se dcbf~ la conquista de las crestas de Vim!J, po.'&gt;ición que Los teutones habían fortifi_cado co,i el m ctyor f'SnBro !J contra la Cual se hdbían estrellado anteriormente las á;J~t:erri.da.r, tropas del General Maud'hu,y.
Nuestro fotograbado representa 1uw de los nwcho:~ episodios que .se lin11 registra.do durante lafi últimas semanas e-u el frente occidental, en la qneartillería juega el p1:incipal pa:_pel.

LOS PERROS EN LA GUERRA.
Los perrns fJlle ahora son &lt;le&lt;licadot-,
a. la guena no son fprocé:-:; : al c-ontratio, en lugar de c-ausar daflo prestan
los más titiles servicios. Estima ntr.
Ellwood Henclrick, corresponsal de
71/ie Cross Nlayazfue, que lo&amp;; diYersoR
ejércitos en campafia están actuahnente utilüiando en los complicadoR seryi·
cios de la Crur. Roja más o menos diez:
mil penos de varias ehlsE's. El más 80licitHdo, porque ha re\·elado mityor aptitud 1rn1·a el caso, es elde mediano tamaiio, fuertf', gris o negro, manso y(!('
buena yistfi. En geneml Rf&gt; vn.. fiei·eu
los f'l'llí'ti:t&lt;loH de bulldogy nrnstín, c·omo
loR perros el(&gt;\ p,istor, 110.ljC'ia; PointerR,
Airedales gnmrleH y otrns.
Pm·a cdncat a estos ~])f&gt;lTOs :::;nnitarios)i, como leB llaman comunrnente

los alemanes, se les eusefia primero u
distinguil' el uniforme de las tropas de
su país del de sus enemigos. Después
el inteligente animal aprende a cono-

8

ccL' la, iinpol'tanc:i,i.,dc un het·úfo, a ]J(--'YaT el so amo no~ias de. loR lPsionaclos que haya. Yisto en eJ rampo dP hatu.lla,, ,1 repri1.11í1· el i11stintivo de:;00 dt:i
ladrar para evitar los disvcuos; c1ue pudieran hacerle. El pe1To llena (•staR
funciones de difé1"entes nianf'tw,;: Si no
encuentrR. heridos tlurnntf' su excursión, regresa y se echa trnnquilamente:
si los encuf'Jlti;a, incita a su a,mo a seguirlo. El c.ómml de los E¡..,tados Unidos Pn Bnrnswick, habla de un método
empleado eon los l)el'l'os adscritos a
il;L lwígada~ saniLal'itlH del cjérc-ito alemán. Los penos lleYan unaR peqnefias
('int:ú;.; pc11dienLc8 df'l e-olla!' y ruirndo
entuentran un lwridopn 1:rnR exploraciones nof•tunias, eogcn los exh-Pmos de
ellaR ro11 el hocico. y !'egresan pa1·a signjficar que banballadounhombronniformado en el campo. Este rnedio tue
adoptado pa.ra evitar que los perros
hicieran lo que es muy común en-

PEGASO

los penos ~le üusra, fLl)otlerarse
~· llenu· ,ti t1unto de partida alguna co:m peüeneeiente al herido (la gorrn,
un guante, un gil'ó.n de vpstido) o algo
1·ec_•ogiclo Pll las innwcliacionC'H, (•omo
una l)iedra o un puüado de.hierba. Esta pni,diea tenfa el Ínf•OnYeniente ile
&lt;1ue los perrns jamás regresaha.n sin
algo y generalmente tomaban lo primero que Yeían. Pl:-'t'L'OR había que regresaban con 1w&lt;lazo8 de ropa.a1·1·ancada a los heridm;; otros que, pni,;eüados
a l.'ecoger únicanwnte b gorra de los
solcladm-;, cuando no la hallahan, los
cogían por los C'abellos.
Los perms sanjtarioR no son adieslnulos para, bufira,;r muel'toi-;: su ta.rea
PS hallar hel'idosi y C'Wt,ndo tropiezan
eon un ruerpo inanirhaclo, pasan de
IHtgo. Cada uno ele elloH \le-ya un 1,aqucte dP ptinw1·a curn r sabe quetoclo
lu., riclo 1merle tomado. Se les ha enseüado tarnbién .:1 l.le,·ai· r·artas de un
ptwsto &lt;t otro y a dist.ü1gi.ür los diyei·sos puestos pol' sus nombres. Sirven
tanbién de ayuda a los centinelas. Un
oficial francés refiere qne una de tan·
Ü'f'

Algunas características de este hombre de Éstado.
Mr. Balfour, Jefe ele la Comisión
!l'itániC'a que aebnalmente se eneuenen I_os Esta.dos Unidos, es nn hereJem11lo ileJ educacionista dedio a la política. Para bien de la meida 1·eputa.ción de la aristocrac.·ia,
'tánic·a, desde los lejanos días de
rd Bac·on, han towaclo parte en los
oc·ioR administrati\-os clel l'eino unimuchos hombres de este tipo. Mr.
our es de origen escocés y se haemparentado con los Cec•jls ingle1 qué han sido condes o ma1·queseR
· e Pl afio df' l(iOJ), El t&lt;--'1·ce1· mar.·· &lt;le Salishury, el gmn Prinwr Mitro qu0 suc·e&lt;lió a Glndl4iOtH', c•1·a. su

Eclucaciün de Es(•ori:1. PosteriOt'lll('nLe fué mjemlJ1·0 del Cur1·po Re,rpnte de
la, Universidad de Lond1·0s, R;etor dP
la UniYersiclad de Glnsgow ,v Cancille,·
~e la UniYersidad de ffidimbul'go. En
l1tet·atura y educ·ación su espef·ialid;--id
es la fi.Josofía. DoH de i-;us lihrns, i(Una
&lt;!ofpnsa de la. Yida filosófieiP y "Los
~untlnmentos de la C1·eenc-ia », gozan de
.1nsto renombre en todo eJ mnnclo rulto qL1e habla, inglés.

M1·. fütlfoul' c·omenzó en edad Lemna :-;u vida polític-a, easo haslantP
ún Pnfrp la ar·istoc1·ac·ia hl'itánk·,1.
. ·ió en lfi-1:H, fué gr&lt;'lduado P.11 Can1ge ~· a loR 2G a.ños-, f'n 1874, tigurn)·a romo miemhL'O del Pa1 lamento.
LJrzó romo Srm·etnrin Partic·ula1·
su_tío l.,onl Sali~hlllT f•mrndo éktP
, dista ocnpaba el puesto dP 8P('J'C'o &lt;le Negorioi-; Rixtranje1·0!-i 0 hi:.-.n
C'füTet·a tan rápida .,- Lan ht'ilht.ntP
e en 1902 e1•fl PYime1· .M.inü-tl'O, 1•pntandoen este C'argo, durnntP h'eR
, al partido consetYadol'. Arloal. te desempefla, el puPsto de Sec:l'Po ilr ~~stado dr Nego('ios j:xtrnnen el G::thinete de- Coa,liC'.ióll que
beY.H ('} Primer M.inistro Llonl
rge,

.

Ah-. Balfom· no lrn dedicado úniNlte sus actividades n, la politif·.n, sjqne ha sido princivalrnente educa. A los 38 años de edad fue Lord
r de la Universidad de San Any Vicepresidente del Consejo de

&gt;. Plont,

dPI

1:f' (l(' Cazadopps

Hlpinos, h,111 llí&gt;Yndo 11 &lt;·abo hn'l.,l flüs
&lt;JLlE' los hnn lw&lt;·lin 1',unosns.
Ha&gt;· infioithd ck ~Lop!-i y Plnnt'I:- (tlW
. prestan gn111clf~~ s(•t·'\·ic:ios C&gt;n In~ filns
.\' · &lt;le · c·uy¡¡s p1·u&lt;'h&lt;1s de intelig(';H·i·n,
lc&gt;altad .,· s¡¡c·1·ifieio sf' hnhla &lt;·.011 ('ntosia:=m10 en fnd~rn l~1s :.-.O1rns de haÚtlla.
Ellas f•ontl'ihuyf•n n qLH" frec·uent('ment.0 t--f' registJ-pn Hc·tos C'Omo el df'
un pn&lt;l1•p dP famili,t CJUe clil'igió ;11 Dc&gt;partanlPnto dr Guc&gt;uH francét. la 8iguientc lacónic·a conrnnic·ar·ión:
•'J1engo 1.1etnalmente trPR hijos ). un
)'('1·110 1.:•n las fihrn. Ahm·n do.Y m L Jl('1To. i\"i,·a In. ·i-r,·anC'ia!•

,úlYie1tP la -earac:tC'1·istioa. genial de loR
Cecils ,1 q ne pertenece pm· las lig.u, d(,
l1L sangre.
Un hucn ejemplo del c:ará&lt;·ter ele esta fomili.--1 se C'nc·uPntra. Pn una lllléc:clota qne l..1or&lt;l Geo1·gp Hami]ton rPñere Pn su cleJicioso \'Olumen titulado
"Reminis(•f'ncias~, que ha visto recie11ternenfe la luz púhlica. Lord Salisbuty.,
tío de l\fr. Balforn:, da,bn una ,·ez una
n10de8La eomida (•ampestre en Ha.tfielct
House, su casa de campo em·ca de J;ondres. Uno ck• sus huéspecle:; era un
campesino vestido il la usanz.-1 antigua,
un hombt·e d(l carárter seüo a quien
Lord Sa.lisbury respeta.ha ,r que no se
hallaba muy aJ tanto en ma,terüt. de
asuntos Htera.rlos. Otro dP los hnéspedeR el'a un joyen de la ariRtoe1·aria &lt;JUC:'
s(&gt; c·omplac·ía lllUc·ho en dis&lt;·ntir ,. en
al'güir c·on &lt;-'l &lt;·a1111iesino. Como hl.('011trnn•1·:..i11 P1Íh-c los doK :,&lt;• avinu·a, c,i
jo,·011 11,unóa su intPrloculor •filisteo".
- iPilisf-eo! (•xc_-1.-tmó PI c-ampc si110 ¿&lt;JU(·
c•s Pso'? En tonc•f'~ Lord Sn l ishu 1·y, (j UP
hahía ~wguido li-1 cliHc11sión (•011 murstmR df' de8ag1·,Hlo, dijo tn111quilnHwnt,,, intP1Tumpié11doloK: - Un Hlistf'o ps
1

un (·aballC&gt;rn ata('a&lt;lo n c·oc·(•s por un

asno.
Inútil rs df•f·ii- que rl ]O\"Pll Lornü in1110diatnnwntP su somlm:•t·o y cl&lt;•]ó &lt;'l
( 'fülljlO.

/

.

.

Balfour C's un miembro 1listinguido
drl fanwso Ulnb Hral de nGoll\ de San
AuntJUC' hl1·. Balfou!' Pt-. 1111 honilu-P
especialmente dNlif·nclo ;-l l.1 pOliti&lt;·c1 ,.
a Ja eduenrión no descuida JJOr esto:s;1
cultm·i-1 fisica: tirne gusto vo1· los 0jp1•cicios atlétieoB, por el aire libl'P, sil"ndo un jugador de 1,golf•, de g1·an rPpu"
ta-eión. Es un r;1.hal101·0 de cai·:ídp1· 1'('posado, sencillo, franco y lleno d&lt;&gt; esn
distinción peculiar de todos los ingleses bien nacidos. En su carácter se

PEGASO

AnclT(•s, !1isc-oc·iH, .,· Crc•c·11&lt;•r1bt tc1rnhi1~11
lllU(•ho C&gt;I &lt;JU&lt;' P.\istc, &lt;~11 Nol'Llt Bc•nyidi.,
ce1·c¡'t d(' la (':tsn (Jllf' posPP en ~u tiel'm
uatnl. C11ando ,·iHitn a No,·Lh Berwil'k
k(' hOtil)P(la rn un mod(•sto hotel l'&lt;ll'ti&lt;·ulm· Y S(' (•1üregil 1101· comple-to nl
flgolf~ &lt;lurnntf' s11¡.; hL'f'\'P:.. \'Hc·ac,ioneR.
Hace algunos c1llofS pnst' Ja mitad del
\'C'ntno en NOL·th Berwi&lt;'k ,, \"Í a menudo a Mr. Balfo11r en los c·umpos dedicado al juego de itgolf~, los más pintorescos sin duda de toda Escocia. Al-

9

�CARICATURA EXTRANJERA

·No lo es eJ h--'ngnaje, 11t1P::;t.o qué St1i•
18 es tri1ingüe, r rn .Rusin, Fispaftri,
Aiemnnia e l11glatPITfl se hahl,1n ,¡¡ riu~
fenguas, anncjl1e no S&lt;' &lt;'f.ct·ihfl más
que una.

No le, es la religión, puC'~to que Pll
A]emania existPn dos por lo 11l('ll0R: Pn
Inglatrn·:i, ,·a.rías docenas: ('11: Pr,:in.
cia, ti-es, amén del ra.cionalismo: y en
tos Estados Unidos, hay tantas ....
No Jo f'S la raza. Inglaterra encie•
rra Jo menos dos: Franc·ia, lo menos
t,e)!,: ER1iaüa, dos: Bélgic-a, clos: Suiza,
lr,s.

No lo es Pl

M.Ü'C'

&lt;le familia, en el ca-

rá,rter, pOl'íJUe nn ea talán es más fran-

rés quC' castella.no, y un rnalagueüo
más m1i11olitnno que C'ntalán. El hl'P·
tón sP pm·et·e más al galés q up al 1)1·0.
renzal, y t?l hombre de Bn~·ona reC'uf&gt;1•da más al dP San Sebastitín (]ue al &lt;k
Lille.
Es, pues menester que haya otro
emento de unión, en el que residah1.
tancia de la nacionalidad, puesto
ee la unidad de lenguaje, ele raza, dé
ligión y de cal'ácter, si bien l'efne,·.
;· ronsel'\'a la unión naciona.1, no es
dispensable pa.l'a (] ue se ,dé. Este
ro elrmento esencial de la nacionadad pue&lt;le derivar de la historia, (l('
geografía, de la comunidad de gJo.
· pasadas, o de enemigos, o ele peros naturales. Lo más seguro es
poner Que todas estas causas influn r se entrelazan a la Yez para fot•
ria y tomarlo como dato de lrt rea•
dad. Hay nacionalidad cua1ulo hay
ionaJidacl: es decir, cuando hay co~•
• DC'ia y voluntad nacionaL
Llegamos) 1n1es, a dos condiciones
rminantcs ele la nación: unidad
grR,fica en el tenitorio, unanimidad
ional en los habitantes. Puede darel caso de una nac·ión prnfnndamenpeaetrnda por uná raza extraña y
·dente. Asi, los judíos en Polonia y
alemanes en Bohemia. E11 este caun plebiscito acnsariaimportanteR
· orías extra.nacionales q ne, si bien
ilitarian en la práctica la naciona•
primitiva, no serían suficientes
destruir su existencia teórica. Pel'o
dentro del territorío nacional la
· oría disidente ocupa una zona ~on
'dad geográficRo suficiente para enar un ser coleetivo distinto, el cano es el mismo. Entonces .nos baos en p~·esencia de una nueva na~
1

-

-32
~3~

=

:.::=::~ ~

.

-----

. . . --~e-;.-';~~
1-iJI coloso de p(l/o ,-;e ba111hoh(I.
CJ11itfcr1110 oc11rle o( pf'lioro.

gunas ,·eC'es el ,·eternno profesional
Ben Sa.yres j11gaha con él, otras en ronc:ontra. BaJfm1r tenfa 1~1 l'eputación ele
ser un jugador d0licioso, lo mismo eomo compai'iern que C'Omo achen-;ario.
Su ecuanimicla&lt;l, so profunrlo c·onoeimiento de lai, fneeR ilPI jnego, su resveto n los usos .Y la Piiquetn del má.8
tra.dieional de lo¡;¡ sport británic-os, su
manifiesto (•cu·Ílio &lt;l la pintorC'sh-l heJleza de North Bcrwick (llamado por
el Prnfeim1· Stuart Blaekie Pi más hermoso lugar del 11u11Hlo) ]p ,ttrajei·on el
afecto {le todos 101:, co11eu1·1·entc•s a los
cam poi:; de 1,golf".
S('da ()1 más euriot,o t's\){.'dáculo

jjJa&lt;l. Pa,·:t ellos, lr1nnda es una e in•
&lt;liYisible, y Ulster es un:i minoria disidente que, con :ureglo al princi11io
de gohiel'nO de Jns denwcnwias, tlebe
son1eterse a, la Yolnnlad de la mayor-fa.
Mas es evident0 (JUeeste prineipio de
gohierno no C'S tal principio, sino una

\'P1·

al PreHi&lt;lente dP los Estados Unidos,
r1ue es tnmhit'n un apnsiornulojugador
de «golf», ~· ni Seeretario ile NegoeiO!:&gt;
de la Gr8n Bl'etaiht, jugar un amistoso
match en CheYr ChRse!

ía. F. A.

LA NACIONALIDAD IRLANDESA
Í_;as última~ íaset- de la. cmistión i t'landesa a.C'us~tn 1111n Ye;,; más Pi antagonismo entre UJster ~· (~I resto de Jrlanda. Pero Irlanda no eR una., sino
¡los: Leioster, Munster y Connaught
Kon tres proYinc-ias de una misma na-

ción irlandesa: UJster es otra na.ción
irlandesa.. Estf' es el nudo de IR í'ues-

tión.
Los nacionalistas niegan esta dua-

El Kro11pri 11.?: Rr' r&lt;'fira, de r;urs pn.&lt;.; ('iones &lt;ll'Onznrlm;.

t'C'gla cmvl1·ic-a que no sati::;face completamente a la justicia. Contra esta
regla. se han alzado en todo tiempo r
]uga.r los hombres dotados de sensibi-

lidad política, resta constante protesta ante un tosco expediente de gobierno ha inspirado los numerosos sistemas de representación pl'oporcional

PEGASO

en estt1dio o Yigentes en distintos paf
srs. En el caso de Jr1andn, el prohle·
mn l'C'Yiste espPcin.J importancia, 1me
110 se trata el&lt;&gt; ,·ota l' sohr&lt;' una medi
cla dP gobiel'n·o l'P\"Oúable, sino so
la constitución nUsrna dP la nac-ion
lidacl Se tntta &lt;le definir la naC'ión.
¿Qué eH una nndón? ~sta l)alah
e,oc-a la idea de un sel' eolectiYO. Oh
~erYemos ante todo &lt;1ue f'Rte sPÍ' tie
c·nerpo: el cuct·JJO de la nación es e~
tC'rdtol'io. Sin 1er1·itorio no hay n11c-ió11. JJo:, ju&lt;líos y los gitanos uo for·
nHLn mtción. Lm; ingleses ~- los ('S~
i'ioles, q ne se esb-tbleeicrnn en nueros
tel'ritorios de Amél'ic-a, c!'ea!'on nue-YHS naciones. Es, pues, inaudal1let¡UP,
Hi bien el territol'lo no es l:i. nacióa,rorno el c-uerpo no es el hombre, no h11f
nación tiin territorio C"0mo no hay ho
bre sin cuerpo.
ExisLe 1 pues, un e1euwoto espirito
&lt;1ne transfonlh1 en nación el territorio. La eondición i.ndis1)ensable P
qne se 1lé este 'elemento es la existen·
cia de una 1mblac:i6n humana. Per~~
territorio habitado no es nna nae10
puede ser Yarias, puede no ser aingu
na. Es menester, además, que los h.

bita,nte,.del territorio se hallen solí,
dRori7,ados por carac-teres y circunst~
c·ia.s c-omnnes en nnn unidad co1ecü
va. Cuanto ma:vor sea el número Y1
f11Prza dP cohesión &lt;le estos carae
res y cÜ'cunstanoias, mayor es la,~ll

daridad. Pero si analizarnos los dislPI
tos elementos que contribuyen a f
mar esta unidad colectiva, verem
que ninguno CTe ellos es ifülispensR-

rionaLidad. l.~HLP efi PI í'il:-;11 dl' la 11:~ &lt;·ión l11:-.1f'l' clPnt ro rlr- !;1 naC"ión 11'·
lanch1.
rl.1oda n,H.·ión (·orn-wií'lllP Hst&gt;ii-a a dispone1· fü, su propio J~starlo: PPrn la
f•lH.-'st ión admih) una gama c·ornvlc•ta
&lt;lP solu('iones 1 dc-, h-1 indl'pencleneia ab¡.;olutn, lrnsbt la indf'l)endenc·iü de un
Estado mf'tropolibtno. Hay casos Pn
los íJUe, poi' ra,rnnes geog1•ú,ficas P hiR•
tól'icas o ec·onómic-ns, la solutibn llHis
coin·eniente PS una autonomía lihe!'nl.
rripicoesel de li-la.nda pal'a con Inglaterra. Irlanda es un;.t unidad gPográíl&lt;•a de segundo· orden dentl'o el&lt;,
otra unid11d de llt'imet· oi-,len: c,,J AL'c-.hipiélago b1·itánieo. ~]Ria N; la opinión de] pai·tido nnc-ionali~ta ingl(•s .,·
el(• la gmu mayof'Ín de los idandesPs.
Atiimismo, lllstrr rs una unid:id gf'ográfic-n. ele tc-n.-er orden dentl'O dc..,ntro
de la isht irlandesa~-, por prnpi1-t ,·o•
!untad, una unidad política de terce1·
orden dentro d&lt;' frlanda. La solul·ión
más lógica vareC'e, por C'onsiguiente,
residir en un sistema ele .-1.utonomfas
en eascad.-1. lnglaterra da la autonomín. a ] dan da íntegr.-t, C' lrlanda da la
~1,utonornín, a Ulste1·. (.Qué Sf' opone a
esta solución?
El h&lt;'cho dP tJU&lt;" entre Ub,tel' P 11·Janda no hay sólo &lt;iheteranirnidHrl11, :sino antagonismo. Antagonismo de i-eli•
gión: Ulste1·, protestante, teme la intolera.ncia de lrlanda, católica, e ilustra, su desconfia..nr,a con ejemt)los tomados ele todos los 1míses oficialnwnte ratólicos del munclQ.
AntagoniRmo económico. Ulr:;teL" eti
industrial y rico. frlanda, agríC'ola y
vobte. Ulster sostendria nna, pa.rte
más que proporcional de los gastos de
la nación irl.tndesa, &gt;. se opone a t)Ue
(]Hien paga más gobietne menos.
Antagonismo de c:al'áctel'. Ulster es
ec·onomista y preYisor. ltlancla es den-ochadora y generosa. Ulster, trahajado1·, Irlanda, perezosa. Ul8tet, práctieo, lrlanda, softador,1.
Y este múltiple antagoni~mo Pxacel'bH, la intransigencia fcrnz-rasgo
común df, nlsterescs e irlandeses~,
de modo (Jllf' esta querelfa, enconada
por !a te1·quedad, parece un indicio del
que, al fin y :i,l cabo 1 Ulster e&gt;. lrlandn
son hermanos ()UE' se detest:in y se
niegan n Yivi1· juntos.
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1]

�EL COSACO
LA palabra cosaco. origin».l dt&gt;

la leng-m-1. tártara, sig-uific;-(.1.wen·i//f•ro df!
f•a,b;i,J/eri;-1. ligera. Grttdualmente se
1·ouv1&gt;1·tido en n11 ténniuo clA oprolno.
('.trnnlH!'l vecPB PI pm-,blo ru¡.;o se ha 1-&gt;cha-

d11 11
gún

h-is n-1.J]pi, pi-1ra
;-i

µrotP!:;itar eontra.

!1a
al-

l11Ji-:o del Gobiel'llo, loR cmrncI R ~o-

lí1111 (·ttlu-dg:lil' ent,e la mud1ed11mhrP,
rt1:.;ta111·a11do PI ürd~11 y &lt;lerriUar1il11 sin
dii:-ti11f'ió11 l1ornbrei,., m11j1.1re~ yui1io~. J'ero la culpa no es ilel c·ostt(•o.
_
El eni-:tt(!O es un ~nldttdo ll-'al,robed1en-

Sitrlos y t-iglus se le h11, cultivado cumu 11111::in:.trumento de dPRtrurTión,alen1:'t11dole "'· robustecer las te11de11cias agreMivas y brutales de su natura.leza. Aun
hoy en día n? se le ~ide na~a n~á~ que
A@to, De aqu1 que, s1 Pn lit, vida. c·1nl· puetP,

I

MYLUJ(Ofi'h'

de i-Ar 1111 JIPligTo, en lrt, vidx. militar es
una garantía,.
Para íl1-1r:..H (:11e11ta de la. importt1nte
Porte del &lt;'le111t11fo olH'&lt;'l'O di1·igido
pf.l,rte que juPgan eu el ej(•rcit? ruRo los
por lo.o:; r1qitadore.-; IJ JJC/l'Í&lt;' del ffr111e11180.000 c&lt;&gt;...ia:o¡,,, f'S necestt,no couoeer
fo militar !ta11 creado nu 1111ero 1wdrr
alµ:o de su hi13toria y trttdiciones. Unade
fre11f&lt;,
fll débil uobierno rerol11C·io11orio
las r»zone¡;¡ por 41m proveen de tHn code Ifo.-;io u tal i11onencia prdt11de11
JJiOsH, rnttSH 1;tl ejh·eito e8 que son el úni. fr11er en /o.&lt;J 11 eool"iox ¡nílJlico.,;¡ r_;11e lo,;
co µnelilo en el imµPrir1 cuyo origen y
frrulr-'N; del 111ori111ir'1do po/íf,co q11e
í'Ot-1t,umbrel'i son, solm-i todo. guerreras.
Si Rusia a.ba,rct-1. hoy desde el mAr Negro
dr rri/J() al Zor XiNJfrís í'mpicz(ln a re]1ast1:1, el ochwo Pncífi!'O. se debe, en
tiran-;(' /J(ll'O t'l11dir lo.s respo11sabilidagnu1•µa.rte, rtl cttrfü:ter hra\'O y tt.VP11tude.c; (•11 NU&gt;O df ,&lt;iohrcre11ir u11 desasfrt',
rero de los cosaco~. De~de el siglo X V al 1)(frner JJ1'Ó.ri1110 e irn·meclh~~le. El
cua.ndo noexistiaaúu la Rusia unifiNt&lt;li:t,,
.M initdro de fa G11crra Guyko.f.f, presino uua inmensa eHtepa con a,ldehnelao,
,r;;e11f() l1acc dío.-; ,;11 re111111cia; iyllal eodespA.rramada!. Hquí y acullíi,expnestas
,&lt;;a Ita /1ec!to el Coma11dcude Afilitar
de continuo a. las incursiones de los tárifr Pdroqrad General Kermil&lt;~f.'f, que
t,aros -, el cosaco es un guerrero µrofeHr'nÍ euriado al fr e1itc de batalfo, !J
sionn.l que, ora defendía laspoblac-ionei:-.
ora invadíA. las conu:1Tcas ve1·irrnR y f&gt;XMi.11l11koff, l'i m(Í.&lt;; risible repre.c;e11fa11tendía lais fro11te1·»R de i:-u µui~. Había
ft&gt; del 01·011 cambio operado en el rm,o-rft.ndPs romu,iida&lt;h"s de eoi;;1-11·0A en la
fo J)lfPhlo de Perlro el Grn11de, es ntaPequeña Rusia, li11d1-1.urlo con Pnlo11ia,
cado c·o11 e1u·o110 JJor /a.e; mruw.-; que anPO el curso bajo del Dnieper, el D011 y PI
te,; lo o&lt;'la111abd11. El cJéreifo, i11.tfuido
Volga, y en el Ural. Actutt.ln:ente hi1.y
por &lt;'Sfe e.&lt;,farlo de co.c;os de la Capital
once comu11idades de cosaco:-:, repreRe11de la repúlJ/iea, en oe:-;fru·ión, contic11tando un total de poblarión de :d.800.000
x:r1 o dar 11111e.-;fras de i1"liscip/i~11a !J
la n1&gt;:1yor parte PII ltt fi·o11ter1-1. Hi,;iátiea
se feme r¡11e Rohrerenga e11 Rmna 1111 1
de R1JHi». Son lo!ó!desce11rlie11te~dl-' loscopcrÍl/Jdo d(' disol//(:ió11 lJ a,~ar(Jufo q11.e
1.acos rlél siglo X V. A ellmi le1-1 debe Rusia
lli, conquiRta del Cáuc1-1Rn, ladelaSiberia
reste n los oliados el r.;011t111q1mte 1111y la del 'l'urquestán. 'l'ólstoi vivió tres
litar g_11e sor;fie1w t&gt;l lJ&lt;!SO rlt&gt; la f/1.H 'rra
8.ñm:1 entrn lnij cosacos delCáucasoydesen la re(JÍÓ11 oric11fa/.
1:ribió su tipo, co~tumbres y ci:irácter en
la maravillosa novela Los; Cosa,r,•os.
La fracci6r1 mfti:- í'n11siilel:1-1 hle rlt&gt; l0R
o-11e1-rer()í-'I í'OS1-1.eos de hoy en día 8011 lo!-!
;:--01-1»cos del Don; pertenecen a l1-1, Gnw
11ml, repúh!i(·l-'t. e1-1trictl't.mente democríit.i·
Ru:-.ia, y Ron miPmbros dr, !H Ig-lPRia or•'».. ron j¡.,fp:-: "rnilitl'lre~ eleµ:idoij por l~ii:i
todoxu.. H,-w dift•rirlo en algún respecto_ liombreR rlP fila.~· 110 reronoc:fa.rt propiedPotroscosat'OS. vadPi-:delo~1-1ig-ln¡;\XVII
darl µriva.&lt;la ni privilPµ;io~ herPrl~do~.
r XVIII. En tar(to lo.~ d+&gt;111{t~ ro~acos
Al conl;nuio dP- los &lt;'OSR-í'O~ del Dnieper,
fueron deRpojados de ,.:.11 independenci,t
que vivía.u cPlihel'l en campament~i:1, lo~
p.Or CatFdlnit n, lós cn~11N)l'l rl+&gt;I Don r~•
ilfll Don vivíRu f¡,1,rnilin.rment,P,ded1cR,dos
tuvieron ~11 g-ohi+'rno locHI, i:-i bien rPcnal 1'ultiv11 dPI ,:Hmp , , a la pesca Y a,\ conocien&lt;lo la sol,ent.nÍl'I, de H.n:,.ia. y. fl,
merd(); pNo los principA,les recursos l_o!.
,·8.mbio de »vurlarl1-1, en hi. i.!'UPrrn,, l'e&lt;'iohtenhrn por PI botín g-ner_rero de SU"-_ 111 •
l;í.tn µ¡.,rm1-1.,;entP co11tl'ibtwiú11 e11 ir.onei'.UrsionPSPll tiPrrasfronter1zA.s. A medida,
que !-IP iba,n P,nri(Jneciendo, P.I fondamenda,, pólvora y hariua. Reprrsentaban

1

1

~■-i•Ño
:

i

i '
•

:

L~d priuciJJio de igualdad f1rn desapufll.
f'iendo ; nacieron discordias y el gobier.
uo ruso las aprovechó para intervenir¡
obtenPr 1111 juramento de sumisión alzar.
{'011 ~~to, Husia. ganó 011 elemento inaprPciable µara el ejérc•ito. l&gt;P:...deentonL'etl
f'I Gobierno ruso nombra, el atawan y
v &lt;1Prnás jerPs de lrn~ &lt;'0sitcos. LH Pomuni.
~li1rl ('osa1:a ,·or1serva RÚII tsU g·obiern,1
l1wfl,I, t.1Xc+-'ptu ¡1H rn. la desig11aeió11 d11\c]~
ro. El 1·1-Hnµesino cosnco goza el privilPg-io &lt;l+-' µod~r poi,e~r más tierras_ quP fll
11rdi11ario comµes1rn1 l'UFIO, perot1er1eq11e
F.Pnir 111fü:1 Rño.-1 Pn PI PjPrrito. CHda, &lt;'Oi:;H,·o es 1,11 solrlado. Sirve Pn Hl'fflfts dn.
nrnti-&gt; veinte añoFi; d,;, ellm; doce PI\ nctivo :-wrvi(·io 1 Pll rP¡..rimiento- ei:-pe&lt;'iales de
cosHcni::.. y Ol'ho en otro:,; rP¡.rimientosal
mando del oticiales lo1·A.IP1-1. b;[ soldRd:,
co~aco se distiugm,, Hd~111á8. &lt;le otroe
f-loldadol-l, en el equipo. El mi1,mo se proporcionn, y esco¡.re :,;u uniforme (el alto
morrión de piPl. pt1paha,; el ka,ftato
gra1i gHIJíLn cou r·i111yró11 :iP color carmesí, azul o \'1-'l'IIP ,-1,,os) ;y Aus eortaa
a.rmas. Cuf'tndo pi,;. dtl cahallería, t-e proporciona. t11niliiP11 su &lt;·n-btt.llo y los ar.

. reos.
Cada. costtc:o es un ,iinete de nacimiento. Antf'R de» 11dar le htt.11 8comodadoen
uuo de esos menudos,recios y raudos CBballo!-1 coi-;ttco~ - verdaderoi:; caballos de
la. estepa. µor consiguiente c:asi cerriles
y f&gt;Xtrn ordinaria.mente intelig~~l tes-La
silla coRaea. Ps levantada y cemda,como
pa.ra estar días y días a _cab_a_llo: Dellde
la infanda PI eosaco Í'!le fam1har1za con
ltts a,rmas de fuego ,v agua.rda con impacie11cia la edad de diez .Y ocho años pBra
entrar en el ser-vicio. Su fidelidad a.l Gobierno es 111coumovible. Su ai.pecto
mantiene con las característica.s pintoresca,s de otros tiempos. Por ~egla gen~
mi es máR corpulento que el ttpo medm
ruso. ~luy tra,bado de hombros y muy
bitrbado; las mejillas, salientes; 101
ojo¡;¡, en extremo E1a.gaces. ave_zados. a.
distingnir el objeto a gran distancia,
ojos de hA.bitante de llanurA, ;_ es fiero.;
excitable indiferente a la fat1ga,, s
aspereza 'y al dolor, propio o ajeno: tal
eR el cosaco.
En tiempo rle guerra los cosacos prft.
porcionR,11 a Rusia 900 -~scua~rones
caball~ríH, y 108compHmasdernfan~rÍlli
con 236 &lt;'Hñones; eRt,o es, unos 180.
solda.do.-. de un valor per~o111-1I y eMt
tPgico irnrnpPrahle.

Introducción de Armando Donoso. sona.1 de Dttrío en Chile, cun:-1 de sus
-Edición ele «Los Diez».-J.mprenLa triunfos y terreno que poi' ve;,; })l'irnera
UniYersitaria.- Santia1,.w~ HJ17 . - La recibió su intlnenc-ia despertitdora y
humildad dPl título ,10 festa seriedad fee-imda. Naturalmente, Chile dPstoa Ju ohm, y las Yeintit.antas pági- noció la ,·oz íJuc le habla.ha de algo
nas de la dis&lt;·rela introducción IIOH
nueyo en poesía, y NI el ÜPrtamen Vainic•ian, itnnq up sen hL'PYementP, en la
l'el.-1 posJmso el nornlJrp del ilustre nipvolución líri&lt;·a de un país cc1si sin
unagiien::H,' al tlP Don rnc1ua1·do de la,
('()nta&lt;-to con PI llU('strn. Como grnYeH
Bana. No hay &lt;JUC&gt; &lt;·ulp,u a Chile JH)1·
lagunas &lt;11 un lihm df' este gé11ern, po- &lt;:&gt;llo. En totla la AmétfrH S(' taparnn
drmoi,; RPfrnh1r la &lt;·a1·en&lt;·in ;\l¡:.,;o]ut,1 (le ht:s orejas con í'stopa Jos ing(-•nios del
datos. hiogni.lieos, ct·it ic·os .Y hihliogt,i\·iejo n1flo por no ofr p] eanto de l,1s
ficos, ~· In h1·e,·ísi11rn l'Pl)re:•sent.1e.·ió11
sire11r1s. La co11sag1·ac-ión Yin o lll u('ho
que a c:ada poet.-1 sf' ha asignado. J)os más tarde, cuando los que oyp1•on sin
poemas no l&gt;astan pal'll sospPeh:-u· ternorc:,; la ent::iellanzR del .ion'n 1.naessiguient el ndpr _dP cada uno de&gt; lo:s tl'o cambi;iron, c·on,·encidos su actitud
1
autores, ,\' not:'.i lrn,(•e gn111 falta una espiritun! r duc-tilizinon st1
téc·nir·a.
ponJI!&lt;' 0n In Ai-g&lt;,ntinc1 liñy un Lugonurno autorizada que □ os g11k• &lt;.. n esta -~I lllOYimiento actual &lt;le Chile Ck connes se c1·pn tJllP lrny a.lhi, rnudios &lt;lPI
amable í-'X('Lll't::iión lí1·ica. lfü aislamient:'.iecuenci,1 un poc-o lejana de aquella.
mismo calib1·e. No a.bundan lo~ .Jaimes
to literario (JUC nos divide a lo:s puerevolución, y los poetas de la 11atria
blos de habla csp,r.üola, &lt;Jl1eda paten- del Sr. Donoso, han sabido, según él, Freire en Bolivia ni los Choen110~ en
tizudo de sobra con la enunwnwión de guard.u· y fo1·tnlcePr ,su per8onahili&lt;la(l el Pet'Ú. Colombia C8 y ha sido siernpre tieri-:-t ele alta poesía: pe1'0 ütmllOCo
los poetas íJUe contribuyen u fotnHu· en todns sus nuents r·orn)uist.as .
a.lhi. se &lt;h uno d&lt;' encontroniuos pn una
('Sta.antología. Apenas Dublé Onutúi..,
En l'eahdad, el lihrn no nos c]pja. im€8(Jt1in,1 con Guilk•1·1nos ValPneia8,
Contreras, l\Iagnllrtnes i\Iout\', P1·ado,
presión bien definidn.. f:!;incontramoH
J_Joudof10:-; o l1uise8 Cnl'ios J_JópPz. En
nos suenan a &lt;·o:sa Yag,i..nwntc&gt; (·onoen lm; moderno:s poelai-i ('hilcnos po&lt;·a
(•onjunto, nuestra prnduc(·iún Jil'ica
rida, tan ntgamente lJUe es difícil () ue realización &lt;le fol'mn y e_-..;iguo ,-igo1· líc-ompite.-,1ui~ás C'Oll Yentaja-con
nuestra memoria, gual'de un verso de
l'iC'o. Esto,,, po,· :-tsegupu· &lt;J uc• no ha.,·
('a(}¡¡ uno de ellos.
n1ahJl1i(•1·a rl&lt;• lm; lJHÍtW8 dP hispanoen toda la coleGC·ión un poc1na &lt;le priHe dicho ya que la introduC'ción es mer orden, y 1';Í n·1t1l'hHs h110lb1s reYC· ª 111&lt;~1-i&lt;'a. Poi· lo JJl'0nto, tal ,·e;,; poi·
pi·opia. nilpa, PI lihrn que clü rnai·gcu a.
muy diset·(•ta. Nos habla ele ~rn desn]adoras de tanteos en buscr1 del pt·o&lt;·&lt;'·
rl'Ollo líric·o lento, do una entrada pedi1niPnto. No hay vr\.gi1¡¡t t]lll' &lt;·011,·idt• f'stas línP118 no:... oblig,t a llfl ])&lt;'ljueflo
nosa en las conirntes nueYas, r nos n 1·Pleerla, .,· Jos poPmas pod da11 ~('t' ,d1ucl&lt;• clt' vanidad.
da, eomo nota saliente, Ja acción pcreseriLOt::i poi' la. mit-nrn nrnno. A('haqut•1

TIENEN EL GUSTO DE PRESENTAR
sus incomparables

SASHA KR0P0TKIN

Hilos, Hilazas y Sedas

·-Pero, s1Hlore:-.: ¿liau , i:-:lo nstedt•s 11
111al andi111 ll s nngocios~

.

Ptt.rn. IOda clRrn de rrejidoEJ, Bord&gt;1doi,1, i:;ifc.

-Pues, la Yf'rda&lt;I en mi casa lw tem

que aument:11· l'I 1wrso11al. 'L111ta es laag
111eraf'io11 de parroquianos.

Si no lar.. PncnPntra usted eo las Sederías. Alrn1-t.e¡.,11i:;i¡,,.yCHjo111P~
d@ H()pR. do11rle t-iPmprt-! ha comprajo, pídalnf. a.

-¡Can1t.'-1le:-! ¡quP rareza!

ti1·ne ustrd'!
-t:,1ja de µn·•~tamo~.

R. A. DAY

. iiA.ioo··usriñ. A. sAÑ. AÑGEL INN !

■ •••••••i ■ 11 ■■ a ■•••■ 1n! ■■ ••a••••••••••• 11

Entonces no conoce el lugar más pintoresco Y mas
hermoso de la Capital.

San Angel lnn, San Angel lnn, San Angel lnn
ES UNICO EN EL MUNDO

.

~1••••••••••••••••c•••••a■■■a••••••••••••••••s•n•■•■■■a••••••a■•~••••1 ■■••••••••••••••u111111••••■■111111111■•■■■1111
12

Pequeña antología dt: poetas chilenos contemporáneos

PEGASO

mas pjarhh:H:tlllenle la impresión borro1';1l qlW nos tleja ht leetm·a, a una s~lecc•jón no nlu~· atinada 'r u. Ju escasey, con
que lo:s poetas están reiwesentados.
Pero el libro deja nn resa.bio de pobreza que des('onciertt1i- .v desanima. Hay
bueuos poemas, los hny Pstima,hles, ~.los lrny también meuo¡.; que medianos.
Si el m1toe de la antologh1 Pscogió y no
&lt;~scogió bien, déjPnos ('l det·ec·ho die'
apunb11· lo ()llf' liemos apunta&lt;lo.
No sabe111os justivre&lt;"i11r eomo se
lllE.'rN·t' la pl'oduc·c·ión !frica mexicana
&lt;le los últirnos a1los. Que la mu0stra
de la suya. fl1l\'i:ula, por oll'o:., países nos
&lt;lbra los ojo:-; soht'{' d 1n1rtil't1!nr. Tres
o (·u1-1fru poema!:! rle Othón, oti·o8 t.antos d&lt;&gt; Gutié1·1•p1, Nílj&lt;'nt y nwdia &lt;loce11a dP 11up:,.ifü&gt; ,le :\[a1111pl de h1 Pa1 ntpongo por caso- yafr•n mús &lt;J llf' todo
1;•J rlt·Pn·o liriC'o ele ht ,1nto]o,gia chilena.
:Nosot1·0:-;, (·011 \o:-; nonilwcs PXJH'Psados,
l1rtlH'inmoD n1_w1rns de~ftOt'ado el te:,;om
Jii:iC"o dt· fa l'Jl«')t•n mod{'1'{1n. Lrn-; que
dP:.:;1n·eeic1n nlle8trn' JH·odueción potque
f'S ele n,e,,i,, liahni.n &lt;le deHe11gaf1c1 i·sr. No

As. 5 de M&gt;1yo 32 -De•µ. 311. l&lt;;ric. 10 27. - Mex. 5± Neri.
Quien tendrá el ~.-n~to rle obseqniq,rJP In~ prPci,);;io~ r111td"'r•
nos di•eñado• por "VIRGINIA SNOW Sl'UDIOS" ""º dtbnj&lt;&gt;s
P

iastrucciorrns inmejorables .

�Conferencia sobre
la filosofia
francesa

A nuestro modo el(• Yer el señ.or C.,
so no pudo haber acertado con trllieJ
brillante idea, limitándose, como hir.o
al estudio del rasgo fundamental deLJPils.tDli{'nto fr,uleés,al rededordelque
Jo demostró hahilmente, gira. en est-0&amp;
JllOmentos tod.1 ht acción (fo Frnneia,
Ruponer por un segundo &lt;Jtte el sel'ior
Caso, el mfts (listinguiclo, por no de&lt;'ir
C'l úni&lt;'o sd10/or de "Filosofía quetenernos, deseono&lt;'e loB nombres que a Sil-•
. .
hiC'nda~ omitió en su per01.·ac·1on, áeu.
1'-/l puerilidad r mala fé.

Ant.t&gt; un púh!i('O :-;elPdo :·,
llllll1('1'08ÍSÍrno

se,' verificó
10

dPJ

el
[Jl'P·

l·t• Acctdcmia ·. Metrotlolil;1na,
.
~
la c·onferenci,t del lji(·. Antorno C,a!-\O
tJllt' hahin sido anuneiac1a . .El tema e1:a
"!Ja Filosofía ]~1·c11wesa Co11tempo1·:1.inL'a"' "PI omdor (lC'sanolló la ill,u1t0me11t.c suH ideas, Hiendo H¡.{as.ljaclo con
nuttidos ,1vlaw,os al li11 ch:• t•füln J)t'riodo.

( " t•11
:-;pll,c

El poeta Villaespesa
llegó a México

puPdrt haeer una hi·cyp síntesis, sü1 cita!' un fá1·t·ago de nornla·Ps Y de teo-

poeta

&lt;'Bpu /lo/ Don Fr(I 11(·isco
Villae&amp;[JN&gt;d, &lt;1 ue aeaba de
ll&lt;'(JOr a eMaC'opita/.

Que lo o!Jro fiel/(' lmc1w:, 0&lt;·1trl'('II·
eÚr,&lt;;, auIu1Iw JJO(•fl,'&gt;.
Que 1u1rI dr1111if({ r·1J11.firlc11tr, &lt;fr Clara,
.w1r·&lt;1 1111{( fnldu &lt;','&gt;filo ti11f11ró11; &lt;'s decir, r¡11c la8 euudil(jm-; J)llfrle11 dar,&lt;;('

llegó a la

Lu f:fra . Cmditlo, 1'aboado .11 P/rP;cnl'ia e11 11110 de /rus mejores
e.s,·e11a.; de "EL ULTIMO IJRA VO."

Q1u, Pla1;e11(·ir1 lJ la Crrntillito JJÍ('II·
.'&gt;(lll l'fJ1t1J)er, JJ&lt;:8(Índo.&lt;,c, lrr /Jrí8c11/a &lt;'11
(_}lle st• peso la 8f.1iora Otazo .
Qne le dieron el campo o Campo.
Y que Diez piensa 1•olrer,&lt;;e reinte

poro eo111pdir

El
}Jeiu/(' OfJU('/{o

o(j_Uef'

publicamos
¡ (' ¡ ..

Por lwher re.&lt;;11 a&lt; eoii
·
.· .· • de 11 11e1:5fro colal)((rndor no. ac
o1tft'rior, rcprvrl11&lt;·i11ws hou esta l1er1110M1 cn11I¡W.&lt;;Icw11

~¡~,~=-o(cct-:--'\;cSC7'"J

Qur, 'l'abo'trla /w('e el Pri1110 11uu·o-

/' i l lo1-1a nu,,1tt,.

(.•011

la

Oo1111H11tír,

Fá.

br&lt;'!fa8.

a JleJO,

d(' ~La Ciudad Ale-

e !J Cm1.fiadaij q11eda111os 1111 tanto
c·rmliado.&lt;; de Do1t Jfü·i-nto, llO por-

Azntel, augel negro Y ta~-i~urno
de ojos letales: Dios -dt' h1R t1rneblas
slo término, Y ele.\ sneiio &lt;111e no acaba
jamás, y rlel oh·ido irrep&lt;tn1ble_:
Azrael de alas fúnebrf's, qul' ~·1yp:,-;
df'I exterminjo Y del salohr~ .1ug&lt;!
&lt;k las lági·ima:;;: P¡:tdre &lt;~el s1_lcne10:
Re,· de l.1s soledades nllstenosas
del· nu'u; allá; Sellar del dc&gt;s_fü11paro:
A;,;racl, á,ngel negl'o, yo te rn_,·oco_ .
de8de lo más profundo de mi esp1r1tu,
en la, pa½ engaJiosa de h~ no{'he_
toda llena de a,ngnstias 1m~1rec1sas
v ck n1gos terrores; yo te lll\'OCO
;ingel negi.·o (]Uf' lle,·as en la frent_e .
una eardena estrella, y Pn 1.0s labios
un implaca,ble g&lt;:&gt;sto; yo te rnvoco:
iArrnva Pn ln tiníebl~ df' t~1_s H,h1H
,, la, elegida &lt;l&lt;~ mi amor! 1Estr11J~a
(•ontn,1 tu seno C'stéril! iQ~1&lt;' no v1nL ..
nHi$ que sus 8lleilos (•án&lt;l1d?s· . . ostruJála,
sé misEricordim-;o, c1ue no nva
.
Hrt1r :-;e lle,·e,
más que sus :•:HIPñOs!. • • ·HJlle a, l !'con su YÜ,ión ingen11a dt&gt; eHte mnnclo,
impoluto su cuno1·, sn fe serena,
y jm·e 11 y robusbi 8ll f'HJ)&lt;'t'&lt;ll1za! · · ·
.
I• Posa tus fabl08
· · ·o'
\ zl'·tel
l,~e e· ¡Pl ll"Ilte
&lt;- 1 .'-\.
• &lt;
exangües, f'll sus htbiot-- (lll(' llll\l"lllUl'H,Ll
sólo mansHs palabras q11C' pareeen.
ren1elo &lt;le p~liorn,\s .... iQue no _ny.-1,! ...
Parn siemp1·e janHí.s c·it&gt;tT~L su~ OJOH,
tl'istes c·omo"'fos cieJos otollales
.
cuando llega ht noc-he ... iqn&lt;'no v1,·,~! ..
Estrújala en tu8 ht·a;,;o¡.;, áng('l llf'~LO)
mite~ (lll(' pruebe el v. u1~10 &lt;:'m11on;i;o1ntd_? .. '
'del clolo1·! . . . iQuC' no YIY&lt;\ . . . que no ':'•L,
ioh Diot-; clPI su~flo q_uc no ac·a~~1 n um·a.)
1
loh Padn• dt&gt;I s1kne10 Y dPI oh ido .... H ,\J'A.1!\L C,\.RUEHA.

· en la Pci(¡ina
ele Poema,c;
itclias e1Tala.&lt;; d e caJa
· ·

e.1·uda (·11r•11tr, de la f/f'O!Jrufíu f',Nrda
rle lo 1•(}fll/a de la damifa.
(J11t la rla111itu r,:,; fo11 torta de (·O·
níetf'I" (·01J10 de falda.

PEGASO envía desde sus colu
la mát-- cordial bienvenida al Yate

!AZRA~L!

111

Co/ú;eo,

1ílti1110

('().',(//,:

12del,

eisc-o Villaesve:sa. El poeta s&lt;' rnuest
Ha,tisfedw de su Yiaje ~, su estancil
entre nosotroH será, de fijo, Ol'tt'8ió
J)tltt'a &lt;JLle suH a.dmll'~ulores IP tribut
homenaje. Daremm; c-ueota en númet·oH próximos lll' Jos festivales que ap:
orgaojzan.

&lt;'11 el lllil:51110

Bruro," de Gar&lt;·ír, A/cuna !/ Mu1lo?.· Sec-u. S/fe::;tro
cnJ11iF;fa to1I(·11rriá ba.io &lt;'/ oplastantc
:s11ulido d(' 1111 e-aforro «Super Si.r·»,
rliu110 rfr 1111 ro,, Hi11de111l)llr!J, // ope110.1; pudo e11teronw rfr /a.&lt;; siu11i('llfC8

trópoli F

Algun.-ls &lt;lit--c·uslonet-l ha n10tinulo C'~ta &lt;'onferenc:ia en c·1thezas c-u~·n c·aJJne1dad t'LHlimenüH"in no c-oneibe CJUC' t-se

11 )0

/.!]/ Sríbado 1:!,
8f' c8fl'e116 "El

1m

1

rías, et 1n c1,Ü•1wiún &lt;lP un públic-o no
prep;lt'ado lJHl'a s~tiol'tnr di&lt;-110_s uombres, 11 ¡ eornpi·c1HlPt' taleo teona::,;.

fr111to &lt;'11 lo c111otiro rnm,i en lo meru
mente e::;tético.
Ji)l de.&lt;wmpe,to de ada obro en el Colón paso sin c11fusú(8J11r11· ni re.&lt;;tar
nfrilJ11tos a lo Oompa1tía de Taboada.

w raler literario, en el fondo,

8(-'

merez,·a, sino porq11r• aborda e:,pelaeio11e .._ de mala ley; ll si !,e de ser
oluta11u•11fe franco, ::;e11ti al,qu11(1
lcstia al co118iderar u11e tendría que
er ('ránica del ,;ltimo estreno del
611, debido a ta pluma de Be11ave111Jlla11tado "El'111a/ (_Jue Iws hace11.ij
a 11ucra obrn 110 tie11f la intención
~cfit:i,'4fo que cluwa e11 ALa Ciudad
!YN' JJ confiada". Á(JIIÍ C,'&gt; 111á~ 1fo.
tim, 111ás iuti1110, wm c11tfll{lo la

a::.pirar a ('Oll8fit11ír 1111
&lt;1.1·iolla psitolóoir·o. "El me;/ qIu· 110:-; hoa11"" 110 se queda en 11osotros;·lo frr111s111iti11ws u los que nos rodean, rle tal
fnú.&lt;; ¡me&lt;lc

11w11cra q1&lt;e 110 lwce11w,&lt;; 1111 drfllo 1111r·1·ri,
si1to H1Ia tram;for111ació11 del 111úw10
que 110:, liicicrou. La o!Jr(I &lt;'-"fá rlesOl'rollad-a 80briamenf(, iJ tII e.&lt;;fi/o ('O·
rredo; pero adofra, r,II I111e.&lt;;fro 0011cepto, de &lt;'8Ce11a3 111u.1¡ fría.&lt;;, pudiendo
aseyuNu- (_JUe 80Üt111t'11fr lo:-; fina/{,,&lt;; d('
(•arla w·to so11 los qur. e11ciC'IT011 la i111port,11u:ia cfr la pi&lt;'Za . De c1w/q11Íf'r
modo ~Et 1110/ que 1103 hacen» es mejor
q11e

•La Ci11dod ale!fl'l' ll

&lt;·011.tiarlo,~

Ale,riw110 S&lt;'

abre el día l.?. La

Co111¡Jo1tía de Virr¡inia F'áhreoas debutoní (•011 «E/ Oarrle11at~, de Parker,

trud11&lt;;ir/o J&gt;Or LiuarN; Riras ll Re.pan1z,

Al

1n·i111f'r actor

D. Luis

1"\tlarti-

1w2· Tocar lo encontró lJ contrató e11

Espaúa, Diór¡enc:;; Frrrand. Veremos
linterna rfr Dióqc-

&lt;111e tal n•,&lt;;ulfa la
11e,&lt;;.

liJ11tre /a,&lt;; do111asjiy11r·r111, wlemris rl,,
la Selfora Fdbregas, Sara Uthu.f.(, Afa.
tilde Ciré.1:; Sánchez, Guadalupe del
Castillo, Viroiuio Barragán, Claro
lv.larttllez, Amparo
Victorero, Ana
Le,111·0, E:,1)am12·a RiNt8 u Virginia
Oro.
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Zapatillas y Botas
Ayer recibimos directamente de San Louis, Mo., un selecto surtido de Zapatillas y Botas para la Estación. Tenemo~
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SU VISITA SERA UN PLACER PARA NOSOTROS YUN AHORRO PARA UD.

5 de Mayo /0::E
&lt;'11 111/('F;f /'O

PWh\SO

�LA GUERR_A
La guerra tnte11-l la rl:'nuYaeióu df'l
ideal 1itentrio, vero no para expre:-;at'se a, si misma, por lo m(•11os en i:-ón (k
gloria y de soherhin.
I.Jit tm.era Jlo1·qtH ht profundn (·011moeióJJ c:on qut• te1Hh•1·,1 a modilka1·
las formas sol'iales, las instituc-ionP:-;
politicas. las leyes d&lt;.' la sociN1ad intenuwiomd, l'S forZUtiO (jllP tej)l'l'l'lllll
t.•n ln Yida tlel csvíritu. pro,·ocando,
c·on uueYos estados ele eienc·ia, nueYus
c·aract.erPs de cxpresjón. !_ju t1·i-u::•1·ft porque rnHht de tal n1;_111ern extnwl'(linal'io, gigantesc·o y tP1Tihle, puede ¡m.snr
&lt;'11 nino por ln imaginnc:iúll y la s( 11si1Jilida&lt;l (lp \ns liombrPs; pero lo ,·rrll:1dernmentc-' ft•&lt;·u1Hln en l,:1 sugestión de
tn11ta g1·,uu\pz,1, !o ('Hl)HZ d&lt;• mo1·1ler ,~n
1

1

í'll &lt;'I &lt;'('nt 1·0 dl' Jo:-; cornztHlPs, do,Hlt'
l'spei·.-1 01 genio donnido, no Psttu·¡í, en
el 1·espla.ndor de las \·ictorim,, ni en l'I
omh,,,ll" rlc las handen:ls, ni C'll la l\lll'('O·
la de lo:-; héroc•s, sino más bien Pn [;1
JHLYOl'1)s;1 lu,,1·enc·ia, &lt;ll' e11lpa, dP clP:-;nts·
taeió11 ,. dl' mi::-eeict: Pn la al1stc ra nrn.iestacl ¡lel dolor hum,u10, lc&gt;v.-111t.í,111losP
pct· c•ncinrn (lp h1s lkcio,ws d1• la glorin1 y po11iP1Hlo, c-011 dohl(' i n1.1erio, Pl
pem,;amiC'IÜO angustiHdo, l'll lo:-; Pni.~1

nrn:-; de JlLH'strn dpstino, Pn lo:-; que
toda pot':•dn tiene, su raíY..

.José g~ BH,.JCE

l{ODÚ.

Viene ll&lt;-: la 4a. plana
rH11.i_rlo signiendo:, est~.b:-tn a grur~de ele,·ac1011. µnes ¡,;p vern,11 muy pequenos, y,
i;;i11 enihar~!'O. n111tho má:-. arriba de las
ave!-!. did.-:tthH yo lol'.! bordes delosacaut.ilH.duR.

del Caiión con enormes ramilletes, co
dilatados fe~tones, con regias gairnaJ,
da.e y con A.mplios .r Aoberbios cortin
jet,;; y a ta11 rvH.ravillo~o cuadro, ee u
en octubre, lA, nota Azul del quiebra.plato
dPI Manto de la, Virg,-n, e~a liuda ;{)O,
mea. qne df&gt;rrocha sus tesoros eu las fl.n..
resttts de América, clP.~de las llatJUrflfde
'fej,1s baRtH. ltt,S CH,mµii'ías cbiltlnas.
Cuttndo el viaj.,ro va Absorto en h,
c011templación de tan inE-ólito eRp
tácnlo, divil'iH. de rei-,ente una oquedRd
\ft entrada dP. unA rnP.vtt., y Jpp sobr~fll 1
¡a ini;icriprión: ¡AGUSTIN LORENZ,
¡QUINCE MILLONES DE PESOS!

E:-toi,; o\'n•c•1•11 .. n todo tiempo bellísinw 1-:1:i,pet:to. En Pl invierno, c:ua,ndo se
8e1!a. unH p1-nte de la t1e1.retHi·ión que los
tttpiztt, mtrn.... trHn H,mplios t~amos de i,;;nper-fll'i,~ ter.-:a, i·umo B\ estuviera revocarhv e11 otros puntos, In. erosión de las
»g~Ht, ha producido enorrutsdesconchRi:loi,;;; má~ allá se columbran con todacla,•
t'I curt1.-¡_()uA 11omllre se le Ya a ro11e.
rirlad hu~ capas geológicas que forrna.n
l~I pculri110 -'faníler
11quel tt&gt;rreno; f:!U cier.tos lugH.res ha.y
!~l l'lll'l1.-¡Pcro e:-o no es no111h1·e dtq
oqud_lttde:- y rocas salurntt&gt;s; y pnr tlou:,;(ina!
dt-c! qui,-,n, H¡Jt1rece11 man?~as l~úmeda.-1
¡.:¡ w11/riw1 .-¡Con10 que ro! ¡,Será po~
hle que:,(1p11do usled cura no Ita,, ddo1111
tJllP l'tH1i~wr\·¡:¡,11 su vegeta,c.;1011
I:1.ntre las
n1 11omhr;1r a :-,::111. .... land,·r?
plantH1' ¡.wr.-:i:-.tentel'.I, htty miri1:tda.s fil-~
1nflo'IIE-&gt;VP.-: c¡nP H1ll1f&gt;rid11:-. a l;i:-. rocA!-1·, .-:~•
nH:'1·0;110 ttplttl'lrados y uo~ h,u:en creer
-Sef1orilc1. tendría l'd. ningún i11co111
que lo:-1 rnuros rlel Cai'íón PHtán tR.chomt•
1lien te eu que su m~m;'1 fuera mi suegra?
doi. Ue estrellai-.
-Ninguno ... , si yo tu,icrau11a herman
En JoR me¡;:e:-1 de lluvia, en ago13t,o :-'
:-eptiembre, la Hgetación rtcobra su vi•
-LJ11 baturro que e.mue 011 la fonda
o·or y prestH a. la,s dos gigantescas mur, 111peñ.1 e11 lri11~har los rnondadie11tes.
;H,llt~:- Pl flt11vío ele su fres1'.Ul'a., de AU lo-1\o seas brulo,-le flic ➔ SU compañ
ZHHÍtt y de su f'Xtn1,nrdinariH, exubernn-esl1 110 ~e comr: se chupa.
c·ia 1.ol'i hele1•ho~ ~rnndPR ,r los pequei"1ol'l, la menuda hierba, los musgos, laR 1
~nreclarlera::.. los rnaguf&gt;yes y los otutes
-~l;Hnil. i."el'dad que uu íleberiau bau
que en aµreta.cloR haces lanzi:1,n HI aire
rnr a los tiiño.s hasta que fuesen grandes?
~ns e!Pp;antei tallos remR.tados por Jin.
-Y ¡.,or qué'?
dni::t pPn1H.:hnR, toda Mquella va,riedail in*
-Para e,it•1r ,¡ue el rnnesll'O ll'.s ro
fi11ita de plauta~, cuelga los acantilados
d bautismo.

rj=

En la época df&gt; lluvias·
Todo caballPro necesita un

1111

¿Quién no desea comer platillos apetitosos?
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ei)cras:

ll

- Búsquese
- el Próximo
Núme

Compañía tiene á su servigio unos cuatro mil conductores, y constantemente
está aumentando el número ; pero no
se crea que e.s fácil ocupar uno de estos
puestos. Lo primero que se exige á los
aspirantes, es que demuestren su buena
couducta durante los últimos cin6o años;
VERSIÓN DEL FRANCÉS
Que sepan 6 no guiar un auto, es lo de
La
felicidad
po es un acontecimienmenos; más ftÚu, se prefiere á los _que no
Ji0, es una apti,t ud.
saben. Los mejores conductores son los
que aut~s han sido cocheros ó carreteníS, porque están habituados al moviEl corazón nace aventurero y conmiento de las C'alles. El chauffeur profe.
clnye burgués. i
· sional, en cambio, rara vez sirve para el
caso; tiene que empezar por perder la
monourn.uía de la ,....eloéidad y otras muLiámasQ amigo a un hombre con
chas rnalas costumbres, y eso no siemquien habrá que 1Jelear un dia y enepre ea fácil;
'
migo fil hombre con qnien no se esti
LOs aspirantes admitidos, pasan á todaYÜL ·muy bien.
una escuela de conductores que posee la
la compañía, Pon de se les instruye con
La dda es un hábito que hemos con:
un chassis, y despué~ de algunas lecciotraído muy jóycnes. Sólo por esta ranes, isAlen á practicar en la calle. Nunca
zóp ,nos aferramos tanto n. ella.
practica.u con viajeros, sino en ua ómni~
bus ocupado por otros aspirantes. Junto al coudQ.ctor ea ciernes que malleja el
Los libros hermosos consuelan de
volante, se sienta un instructor, y de
todo,
pero no reemplazan nnda.
vez eu cuaurlo, aquél esrelevadoporuno
de snscompañeroij. El iustructorva dando éxplicacióoes y haciendo pregu11tas ;
La plegaria es un aiTanque sublime
si el auto se pára, ó corre más de lo dehacia Dios, con la üitención de $U.car•
bido, pregunta á los alumnos la causa
le pequcfios 1n-0Ycchos.
de !tL irregularidad, y de vez en cuando
se le oye interrogar al que hace de con-·
duetm· : "¿ A que velocidad vamos?, ó
Los grandes poetas nos d isg.ustan ele
bi.,n : ¿ "Cuánto,s mjnuto$ . fal_ta.o para
la prosa., pero los pequelios poetas nos
l!egar á taló c □ al J.Hi,fn.da ?,, De este modisgustan· de la poesía.
do, ap~·enden los aspirantes a a:p·reciar
la veh1cM~d Y' el tiempo sin neeesidad de
apa:r11!tos, en los que la. -máe p~queña
E1 fln&lt;lol' es unct enestión (lp ~lumaverítL
puede inducirá grandes errores.
1
bl'ado.
Cou ~stft. ens8ña11zf\ práctica alÍ:!&gt;.túa la
teó,rica; :q'1~e''desde hace- poco más de un
año se da por medio del cinematógrafo.
Casi ~icmpre el el'ror es un.-1 verdad
Eu película.e becl~a;; con este fin, SP presen- _ q,:1,e se f'.r1r~iYoc-a de_ fecha,
tan á los futnrosconductorPsescenascall~jflrnS Nt las que figuran ómnibus ; un
éhoqde ó" un vuelco oc4sionad6s por to•
atirás, ú fin de quedar en la posición ramar el lfidó de la calle. que no debe toqueridH. pAra. voh·er :) sAlir !:-in tt'nerque
inarse ó por no saber Qoblar una esqui.
darlH,Vuelta. Esto. dadn. la!-iitu!'.lcióo eA-·
ria, una de~gracia ocurrida por no parar
pec:ial del arco, es m:.ís dHíl·il de lo qu_~
á tiempo, etc.,etc.
pare~e, y mucbrJs principiantes no le,gTan
Generalmente,nu mes de iustrncción
h»cerlo Rin tropPzar co11tra, el arco 6
basta para que un aspirante se convier·
contra las pi:1redea del patio. Ahora bien~
ta. en un buen eonduc:~Or. Eutouces, tiP.torlo aquel que no verifica eBtH opera.:.
lle que ir._ gui.:1.ndo un ómnibuR, á Scotción con 'ft,bsoluta limpieza, sin ·dar el
land Yard, dúnde están las ÜficinaS de
menor tropezón, es descalificado y tienfl
la µolida, para. sufrir lo qne podríamos
que volverá prar:ticar dos semanas. Si
llanrnr el exameu oficial. EA te examen es
á la. segunda vez tampoco aC'ierta-¡ no se
muy l'UrioAo. La entrada. á las ofic:iuas
le permite volver al e.xam.en hasta. pas~de ia policfa. es un bouito arcO, que da
do un mes ¡ á la tercera vez, se 1eexigen,..
pAso á un patio, y el ómnibus conducisi tropieza. otros dos meses de instrucdo por el aspirante debe pasar por él ;
dón, y al cuarto encontrónazo· es deflaipero .deb.e. hacetlo marchando hacia
th~amente incapacitado para el cargo.

Máximas morales e inmorales .

En Londres no hay tranvías; es decir,
Jos hay desde los bal'.'rios eXtremos a los
alrededores, como el que en Madrid va
de los Cuatro Caminos á la Ciudad Lineal, pero en la ciudad propiamente di1!ha no los hay. Esto podrá parecer una
paradoja en una capital de tanto movimiento, mas precisamente por la mucha
circulación de véhículos sería imposible
en las calles londinenses un tranvía, con
su camino obligado, fijo, que haría de
este medio de locomoción un verdadero
estorbo. El servicio que en otras partes
prestan los tranvías, bácenlb allí los giµ:antescos au.tomóviles de la Coml¡)añfo,
General de Omnibus, seria competidora
de los ferrocarriles subterráneos. Estos
últimos Ron, sin duda alguna, mucho
má'3 rápidos, más cómodos y hasta má8
seg·uros que los ómnibus, pero les falta un
encanto que éstos tienen ; eJ encanto del
aire libre. Cuando no llueve ni Jrn,ce demasiado frío, todo él que no tiene mucha
prisa prefiere, a,nt~s que viajar por un
túnel, subirá la imperial de un ómnibus
automóvil para ir viPndo las calles y la
geute i de aquí que los ómnibus, al &lt;.·outrario del "tubo", hagan su ag-osto con
el buen tiempo, Por lo demás, estos vBhículos son muy confort&amp;.bles y 11,ndan
muy depl'isa, porque haC'en muy poras
parn.dus Hparte de le.s obligatorias. El
público. lo misruo señoras que caballeros, están acostumbrados H subir en marcba1 y ni aun las viejas odien tonas v~..-icilan en recogerse las faldas y plantarse
de un brinco en el estribo. Los cobra.do•
res, por su parte, son muy atentos y
van siempre ~,reparados para, Ayudai:a it
subir al que se muestra un poco torpe.
.Estos hombres atienden muy bien los
intereses de la emprf'sa, y apenai, llega
el roc:he á una paradtl- obli~atoria, salta·
11 tierrA.. para. llama'r á la: },rentf' é invitarla á ~uhir. Un voceador rle· barrAcón
de feritt. 1111 zA~ttlt'lt=!'i»'r4in'f"fA, r]el -eervir.io público, dr· esqs ~Jut ~.1! cfi11 de toro~
ó rom~rfa grit.a11 •·¡A la phlZa !,, ó º¡Al
Bautn, al santo!,_. porlrían tt.pn'!11der rnu-·
cho de un eobrador ele ómniblu,•áe LótJ~
dre~. Hay que ver l?l er~tusial'-mo y la
cortesfa con que exclaman ante el tra.nReuntf': ;, ¡ Vamo~, señoras y cAhalleros.
vamos! ¡ _.\. Picea;di.lly por ua pf'niq ue!
j Llegamos en s~uida., por .un peniqtte !
i Prorito, µron to, que no-i vamos! ¡ A
Pieeadill;y ! ¡ Picéadill;r., Piccadilly, J'icCAdilly, PiccadiH¿:,. ... !
Pero, ~i no más pintoresco, mucho
rná.s interesa u te que la dPl eobradorei, 1~.
figura ·del Conductor. Actualmente la

,I!
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Lo esperamos.

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LOS OMNIBUS AUTOMOVILES

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para obtener el desarrollo y morbi•
dez del busto, no admite el uacaso"
sino su !'Xactitud científica, es la píe., '· dra fundamental y sólida sobre la
tual se basa dicho tratamiento. dandoJ011.. lllái.1/crillante.s re~ultados.

DE ll Al,J,l ,,i\.,!!,1¡Y J?E .3

¾.. 5

Ciz; Correo

2P .

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ami,

M~¡~r-'·

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PORRU.IJ HNOS.

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P. ,!\f.

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2a. DEL RELOJ YDONCELES

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PEGAs'i'i
. :•u.,:J•1

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�Sección ;11 e Aj edrez
PROBLEMA NÚM. 7 POR

J.

PRAT

BLANCAS.- D2TD, CID, T2D,
P3R, P4AR, RóCR, A6TR. (7 piezas.)
NEGRAS.- P4CD, C5CD, P4AD,
P5AD, P3R, P5R, ASAR. (7 piezM')
Juegan las Blancas y dan mate en
dos jugadas.
PARTIDA NUMERO 11.
DEFENSA HOLANDESA O DE STEIN.
Negras
Blancas
Gubanow
1.P4D
2.P4R.
8.C8AD
4.P8 AR (2)
5.CxP
6.A5CR
7 .ABD

Urajew
1.P4AR
2.PXP
8.C8AR (1)
4.PxP (8)
ó.PBR
6.A2R
7.P8CD

8.0-0

8.0-0

9.C5R

9.A2CD
10.AxA

10.AxC (4)
11.AxP j. 1

12.D5TR j.
18.0ICR
14,lJSTR j.
ló.C.;R j,
16.DxP j. 1 1
17.T7AR j.
18.C4iCD j.
19.P4AD j.
20.TDIR mate.

11.RxA

12.RIC
18.TIR
14.R2A
15.R2R
16.AxD
17.RSD
18.R4D

HJ.RiiR

-CulmllPro! Oe:&lt;puP:f de ,~ ins:nfto_s que
nlP' ha rli-ri~hlo, me ,,ou~o a su d1i-po~i•

NOTAS

(1). Si 8 ..•.P4D; 4.D5T8 j. seguido
de DxPD.
(2). Generalmente se juega A5CR
para continuar con la jugada del tel&lt;to.
(8). Lo mejor es jugar P6R.
(4). El comienzo de una sorprendente combinn,ción de sacrificio.
NOTICIAS.

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-PuP~ v;H :1 y tr:\í~:1me 011'4 cajetilla: de ;
cigarrillos de a !11.
;.\le permite usle I qn,· lo acompaii.e, se-,
ñurit.-t?
..
-¡Qué po ·o ori1imd es usted! ¡Lo menos
he .. ucontrado vei11tec¡1llallt"ros que me hao ,

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au~enta por quos díai- y redba del Pncar•
gado d~ la mis na el s!guiente LP_IP.itra~a:
11.EI chimpancP. .-sta muy triste ~in su
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el Campeón de Francia, D. Janowski
y el Maestro Americano J. W. Showa.lter, terminó con la V"ictoria del pri•
-¿Cuilnto v~le e~a bicicleta?
mero por 7 juegos ganados, 2 perdidos
-l.ieuto veiute pPsus .
-Por esta piola ID ➔ compro una !aca.
y 2 tablas.
-¡Honita figura haria usted encima de
El match entre el Dr. E. Lasker, uoa vaca
-La misma qu.., haría usted ordeii.aodo
Campeón del Mundo yelDr. Tarra.sch,
la
hicicleLa.
fDé una fácil victoria. del primero que
triunfó por 5 gana.dos, por 1 tablas g¡ue
-Seilora,-dieP. l-t 1101triza - suoon~oque
fué lo único que pudo hacer el cono- rle!;&lt;\e f'-~te mes me aumentará usted el sacido teórico alemán.
lario.
-¿"orno es rso?
El match entre el Campeón mexica-Porque dicen que va a suhir el precio
no, A. G. Conde y el Campeón de In- de la leche.
glsterra, H. E. Atkins tetmi.nó ron ei
-Mire usted. citmarPrn: -a mi mP. gu~ta
triunfo completo del primero. Esta úlbie ,. Tome ant-1 t,1df, la propina. Y
tima. not\9ia. causará. sensación en Mé- romer
dig.-tme qué me r.. comienda
xico, pues a.qofno se sabia que contá.-Que vaya usted a oLro restaur,mt, ca•
ballero.
semos con maestro de esa talla.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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•••

•
OFQECEMOS A. LA.S DA.MA.S DELICA.DAS LISTONES,
GASAS, TEL\S, SEDAS Y CUANTO LA. MODA CREÓ

==== PARA ELLAS EN ESTA PRIMAVERA-LA CIUDAD DE LONDRES

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"Ln Casa de la Mod~"

11

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�- ACAffÁ-MOS DE RECIBIR

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EGASO
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REVISTA SEMANAL

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lnHnitud que a \ ' ~•(&gt;:,; se conl'unde c•on In 1•otaeión de ]u tierra
1 en ota!;:iones 1•c1·uc1•d·a el dcsasti•c del carro de Faetón. Fo•
ln.l'ntau en 1ni ánhno una literatura extraña, en fa úual me ha
hlkin&lt;lo nu atniJ:!:O núo que emwcc lejarna.mente. por Faguet,
las (loett•iuas ck los filúsofos; pl'ro que s~ tnrnsro,·ma. enno•
blt•t&lt;' ,y radia &lt;·uando diserta sobre !las cámaras de ail'e. los
asís y los cnrbtu'ttclorcs . ~U amigo me c·og·e fiel brazo y a la
fitud de Gu.Hrdioln lnter1·umpe mi conversasión y (•omien:r.a
d~al'ro11o de Rus ic.!eus sol•r&lt;" los automfr1·ilcs, la'.;;; cuales. nauraJmcnte, ferrninan o !?.(• .-;uRJ)C'ntlen a la altun1 de "El Mo•
,'' salvo &lt;'I &lt;'a.so im¡n·obal11(• d&lt;' · •'fue tomemos 1a a'C'e1·a de enl't-nte p:n·a 1'&lt;'!;:resnr. Tit&gt;ne- &lt;'0noclmiento~ muy sn~Pstivo~. so• la,,.; lla11tas, qtte no 1.';.1mbirnfo par ia resolneión dd problelle! ,'.·Ouoci-.:u!í'ttto; rara e.,t,i:nun· la pint111•a de la~ &lt;'cn•roce:-1, v1q1e,•:t a Uimbaud &lt;"1rnndo estilblf'Ce el c•olol' ele las \'0Ca•
Y os dará u:1 rato de agradable dh·ngacióu si Jo escucháis
bl81' de la importancia de las marcas ;r de fa calidad de los
nes y de los monogramas (le Ja¡;; portezuelas. Como n,o
nlto h·ecuentl'mí'nte la ol:Jt·a del Sr. Ortega y Pél•ez Gao.-df"sqnite ele 1a uohlezn dE" esta mny leal clntlad conQtl('

El Mejor Reloj.

NUM. 9

o·v 1 LES

Por Genaro Estrada.

;Jli&lt;'lllru/'i 1111c d

JOYl:RIA Y RELOJl:RIA

SEMANAL

il-ffl

tra tas omi...:innes del Alma.naque de Gotha- en alguna 0&lt;'a!-,ión me permití establ1•1·í'r una dnd.t a&lt;'erca de la J'ectitud
líneal qnl' .,·xi~tc enti·e ("J hlasón de &lt;'ic.rta [lortczuela y los
1ue 1•,,vi11g'i&lt;1:-; má:-; remotos: J1C'l'o mi \'"il'gilio ncumá1jco discrtóme galanc.1mc·nh• d&lt;' d1.•1·tns
t·mupli&lt;'idadcs entre el azul celeste de h1 .-.:an~Tl.· y ('! Ol't'(' t1.•r1·c11a'I d&lt;' lo:,. talleres &lt;fo rep.u·adon&lt;$ ....
J,os ,rnt omú,·iles lmn ¡u·o,·ot•;ulo. 1.ambU·n. tl'agcdias qu~
110 se 1•efic-1·e11 pn•l.'barnent1.• a atropcUamientoH y descalnbt•a&lt;luras. 11i coim idc•11 &lt;'011 las drl Hipúd1•omo &lt;le la Conde..&lt;:.a. F-'igul'aos el duelo doml·stko. el rcnt'or infinito dP un agente de
bo'lsa. a quien el destino vohlble ctel })RJlel moneda dió posesión de 1111 ('Ochr ele q11inientu:,; dó•Iares .r que ahol'a. remuele
·"l.'t'retamcntr :-;11 1m1H (' l'l.Wl frataso :r :-:t.• dNJde a subil' a un
ómnibus, humill:ttfo a \'iajal' en cmnpaiiías ine6io1i1as, él, que
no &lt;'&lt;mcebíu ir- el(• la Bolsa aJ Ci111..·o de ~,layo. a T"Cnder sus
Tupila~. ¡.;ju J)Olll'l' 1'11 UHHÜll.i('nto ('Ua1ro lfantas, l"0lll])Cl' uu
tm~· &lt;k boch1:.11-; .r 1.!al' 1u,-; órdt•1ws ni c•lmuffcr. en ,·oz alta, de
nuincra &lt;1Ut.' lns nunhistas qne en la.-; acc1•as realizaban pozos
im1,1•oba1Jlcs. se pm·::;atm·1rn de hi Jl!'C'!:ienr-ia tlc aqu(&gt;J f~gaz
m·t·ionista tic la 1•iqne:..,a naeiomtl !

En cambio, 1ne C'onsucla .v tonifica el placer del estudiante rico de CtHlereyta o de la familin acomodada Ue Snha,ticrra. Que 1os domingos, al ir' n tomar el coche, $0()t aseciiacloS por
1ma legi6n ele muchachos que les gritan las mal'Cas de Jos autos, fo:s encaJ'cccu 1a cantidad de los asientos y le cuentan los dos
los cuatro. los seis cilitndros del motor. ¡Pues de seis cilindros,
no fa l~nba más! Y allá van füsparados, expllcándose ,•agamentc
las desventajas de los Poche~ de caballos, sin so'l tal' las nianos
de los somlweros y lli&lt;lieado a &lt;·ada paso i.nfot•maciones al
c&gt;l1:auffer. Qnf' 1woc-m·a m1.mtene1· í'l equflihrio ent,re su grave
di.g-nidad de lllt"'l!'üpolitauo y la ('Ul'ioi::-ifütd preguntona de la
&lt;'ar,2.·a: que
n ll&lt;• Cllapnlt&lt;'pec- al Zócalo, remil'an&lt;lo estatuas y
mmndos. sin :-;os1wehar que e1 g1úa no dirá una solfa, palabra
de la (.'a~u de lo$ C0n&lt;1es de Sant;;ngo ni detendrá su coche de'lanlc de in fachada dt" Lo1·eto.

"ª

No faltará, POI' ot1·a parte, quien sostenga que cambiaré
de OJlinión el día en que- me n~a propieta:l'io de uno de esos
"seis ciliuilros." cuya estu})efacclón atribuyo proYisionalmente a lq. familia de SalYatlerrn,

PEGASO

�EL HEROE RETORNA
POR CARLOS GONZALEZ PEÑA

gírom~s de la niebla habían sido barrl~
dos por el sol, dejando iluminado Y lhn~
pio el ameno paraje de Coa.huila,
se encontraba, Roque Palacios
melanCólicamente a ht imagen de Clotllde, cautivadora en su r eir coqueto, que
surgia en su memoria, con el gracloeo
]mw.rcillo solH'e la mejilla derecha, que
\anto la agraciaba, y el mirar atrevido
ele sus ojos garzos.

JI

s_in fmbat•go, tanta reserva en sqs
abras; eran tan incoherentes sus ra-

vor la augustia, pre$a de
preseutimientos, y sinlienUc•m po, la necesidad fb;ica,
t,estia.l, irnperio1;a U.e comer-pues qnc
m&gt; lo había. hecho en largas horas,--H.oq11e Palacios penetró en un restaurant
lt lu ea.ida. de la tarde.
III

F.special

para P~GAFlO.

Lo que mayormente atormentó a Roque f'alacios, durante ~u campaña de
revolucionario, ful: l a '.;l'.1.,,mcia (le los sen:&gt;:,; querido~. ele los (10.4 únicos que: int~ •
grab n la. f.::imili;t: su madre y su herma-

na. Ni las m archas for-:mdas por las luengas y escuetas llanuras del n orte, bajo
de un sol tór1·ido y er.irc densas nube)'
de

polvo;

ni

l os

c1·m' ic&gt;s

combates rle

mediados de 191:L en riue se luchaba no

s6Jo contra un enemi¡;o aguerrido y superior en número, si.no contra la falta
de mantenimientos y m,.miciones; ni la~
mortales horas que pa~ó a veces, buscando entre matorrale,, presto el fusil.
e l o'ido alerta y el cuerpo inmóvil, en espera de la columna arlvnsaria que hal)[a de pasar; ni los dín.s sin 1)an, ni las

noches sin abrigo, ni lss horas de devo¡ nada deprimía ni torradora sed ...
turaba tanto a Roque Palacios como ei
rP.cuerdo de la pobre viejecita y de h
gentil muchacha. a quienes dej·:tra. :!lH'i.
en México, confiadas a su prop ia suerte,
no bien el destino lo empujó-;':l ,:,J homhre pacfflco como pocos!-haí'ia la mt,.i
!~_:...-tlenda aventura de s,i viU.s.. ...
,,Cómo de buenas a p:•imer;.,,:.; se Yi6
metido en la trifulca? Ni Roque roi~.mo
acurtaba a explicárselo.
Vivían los tres en pobrísima vivienda
de una calleja apartada vor el rumbo de
Loreto. Muerto su padn:;, el licenciado
Palacios, Yióse obligad,.;, Hoque a "destri par" alJanctonando la P•'Pparatoria. Aga.:-róse al presupuesto, rf:•~urso de de~es•·
perados como de dichoi:;os. Gracias al
mezquino sueldo que el t&gt;mpleo de escribiente en un juzga.do de lo penal le proporcionaba, amén de la venta. de tal o
cual baratija de · las QUP, ies restaban dtt
los tiempos felices qu e alentó el jurisconsultto fallecido, la familill.. pudo ir tirando.
. . - Inútil la m-i"lre para desempeñar, aunque quisiera, toda faena productiva, en ra1.ón del asma terrible que
padecía, e incapacitada p:-.ra lo mismo la
hermantt menor, tanto por su edad corno
por los resabios de orgullo burgués que,
a falta de una herencia, quedasen a la
familia, Roque fué el único sostén, el
solo amparo de la casa.
A costa ele mil esfut:rzos, trabajandc,
lo indecible, logró el mozo salir a floU,
de situación tan apurada. Durante el
dia, aprovechando los momentos ryue por
benevolencia de sus s•.1periores,
IJOáia
hurtar n la esclavitud oflcinesca, iatentabn, con buen éxito frecuente, pequello3
negocios. Por la noche hacía traf-1,cciünes Y llevaba una conh1hilidad. ,\11í, ~n
"l tn1nscurso de tres allos, los J&gt;a\1cios
fueron mejorando su condición deBáicli.a&lt;la: pudo cl9fin }3rnna tomar a sueldo

una fámula y desentenderse de los quehaet'l'eS ,1oméslicos que le provocaban ho1-ribles ahogios; entró Clotilde en el C· ,nservatorio, l)Or materno mandato, a hn
U~• seguir los cursos de piano, prúf.esión
rnra. Lt cual, en verdad, carecía de vo~a.••
dún y tlotef-.

Sob1·c•llevando aquella trabajosa, biei.
quC' hasU!. ciert.o punto p~sadera vida es-

t,lban, cuando acaeció el triunfo de la
r:.evoluciún ele 1910. La Providencia, encarnada en la persona de un joven amig-o y compaf1ero de Roque, les sonrió
entonces. Venía el tal convertido en fun~
ciunario prominrnte; adoraba a su viejo
camarada .... ¡y héte alli a Roque, como por obra de milagro, convertido de
la noche a la mañana, en jefe de sección
de un Ministerio!
Tornaron para doña Benita los dora,
düs tiem¡_.üs dt: ;,olvurq cc,1, q_ue 12.. re!{:'l.1;- su r.,nr;ao. Cloti.i'! pcim01·0~,.1n1l,ni:e
Yústidn, Hndíi;irna y risueña, abandonó
el Conservntol'io. No r,arecia sino que
ambas resolvieron vivir de sus rentas. Y
en cuanto a Roque, claro está que se vió
metido &lt;le cabeza en la politica, pues
por hermol:'ia que sea la cara que un ciudadano tengn, no por ella llegará nunca
a. obtener jefaturas oficinescas ..... Figuró en un club; fué elector; miró su
nombre entre los concurrentes a ceremonias y banquetes oficiales. Estaba he€hO un Crispi.
Flor de un día fué aquella felicidad;
tan tl::nue, tan fugitiva como un suspiro.
Volda a ser México el pais clásico de
los pronunciamientos.
Al triunfar
el
cuartelazo de la Ciudadela, Roque Palaeios, el n.ccidental político, vióse despo-jaclo do su puesto, a.casado, perseguido;
)' una noche, entre las angustias y lágrimas de madre y hermana, y tomando un disfraz para escapar de la policta. huyó. Vagamente, pasados algunos
meses, lus abandonadas supieron que el
pobre muchacho peleaba como teniente
en las filas revolucionarias.
¡Má.io; dichosas ellas que alguna noti~
cia tuvieron; pues, por lo g_ue se refiere
a Roque, pocas o ningunas de las ausentes logr6 obtener! Alguien le dijo haberlas encontrado en la calle y saludádolas
de lejos; otro le informó que seguramente no residfan ya en México, por más
que las buscara, interesado en informarle de las ausentes, jamás las encontró.
Una sombra densa, impenetrable, profunda, se habia interpuesto entre ellos.
Recordábalas el teniente con amor J
e;on lágrimas. Por las noches, frecuentemcntP a campo raso, bajo la. dulce claridad ele las estrellas, imaginaba que la
mano bla-oca de su madre descendia hasta su frente para. bendecirlo. Y en una
mafia.na de crista.1, en que los postreros

PtGASO

¡Cu:'.1.1 no seria el gozo de Roque Palacios cuando, al triunfo de la revolución, en junio de 1914, obtuYo licencia
para volver a. México'.
Aceleradamente palpitó su corazón
cuando el tren en que viaja,ba penetró en
el milagroso ya.lle. Avidos contemplaron
sus ojos las cimas de lo~ lejanos volcanes, esplendorosas de nieve Y de sol; y
no dejaron de humedecerse al colu:nbrar las primeras torrPS distantes, las
sórdidas casas de los subul'bios, las vastas y renegridas constrL1ccion&lt;ls de la~
fábricas .... Volvia al -s,~no Je su amada
ciudad. Volvia, conclufd;t la. lucha, sin
11 margura, sin odio, con esa serena meJancoi[n nun aa: 1a expcnencia de gravlsirnos trances; y, en el fondo, muy en el
fondo--vorque era creyente,-c"on
tierno agradecimiento al Sefior que le
1leparabll. la suPrte de haber salido con
bien de la tremenda pesadilla de destrucción y de muerte y hallarse en aptlt·ud de suavizar los postreros ~lfws de su
madre anciana y servir de amistoso guta
en los ar.arosos comienr.os del vivir, a su
hermana única.
Saltó el andén con el brio, con la. vivar. agilidad de un muchacho de quince.
Portaba el recio y desairado uniformq
ele kaki, la pistola al cinto, el aludo H1•
jano echado hach.\. anfls. Como exhal, ·
..:; Jn ,ltr:p•csó la cill é~, 1c1. Xi ~iquic•ru. tuva
,na sonrisa partt h ,:,; &lt;i1\·e1·s.1,s e:,cfll~rios
del pasado que le salii\ ít al paso; viejos
rincones de niñe;r, y juYentud,
vecf's evocados nrnoros1.nnente, en lo m'.n,
.. udo de los combates. Dej6 atrás, sin mi·
nulos casi, lit ecuestre efigie de Carlos
rv· la umbría :Llnrneda; lrt amada.. hwlvidable Avenidr.1 de San l&lt;'rancisco, en
a&lt; 11.1ella s:1.r.6n !icnchioa de alboro o y
i; 1\licio. Quería Ye~· n (:u fa,uii'.l".. a ",;a
cosh1; verla ltiego, Juego; cerrar los ojos
a. todo,' para no abdrl•:s sino hasta el
in$tante solf:rnne Pn qn i, la
materna le acariciase, y le
genHl risa de Clotiolde con
días humoroso y cristalino que borrara
de pronto el horrible paréntesis abierto
en su vivir.
Y no -bien tomó posesión del frlo . del
inhospihllario cuarto dd hotel, TioqUI.'
Palacios echósc en busca ele lo qllC
anfii~ tan viva anheln.ha.
fü ,~c anso. Pacientemente inYPl'&gt;tir:•'..
s:as Y gentes le eran extrai,.as. "!\fo eonCl~lu.
a nadie. A nadre hallahn. e;"!:,~ p•;diera
~•1ministrarle informes . .\!'=Pg-urar!:-1r.-•: Q.Ue
la madre y la herm:;tna del
hian eva-porn.do. Al cabo de mP ;JJf'l:'C-1 1~
1:"!s clos o tres personas •.'.OY)m.:iJa:~ de ,~
r~.rr.Jlia. _c¡ue . Jog-r6 ~ncontr_ar ,itt.&gt;rOllll'. t·~
, :i.sas noticias: al parec&lt;'T" dniüi.. senlbl
Y Clotilde, meses :1.nte:;;, ab:1.n.!01.:i..~•JD 11
r;iurta.d con rumbo dei;~:irioc·id"..
¡J.Ja·

Tn1JA.rase en éste con un compañero
1lc annas por luengos meses no visto: el
c.apltán Trujillo,-tipo de muchacho bullanguero Y charlatán, chaparrillo, tri11:uello, de nrrhlcados mostachos. Y como
TruJlllo acN;tnmbraba usar y aún abusar de los :'Llcoholes, a poco que se enoontrase con un ca.m~~rada.; y mé.s propicio &lt;ti atunlimieutu, 11 ! oh-ido de si mismis graYe cosa, est.11vit~ra el ánimo de
Palacios, resultó que la comida en bebldtl hubo de convertirse, y copas van
copas vienen, u la vuelta de duM horas
llmbos oficiales estaba.u algo más ().\Hl
"pasados de tueste."
Aunque por naturaleza, sobrio, tuvo
1¡ue reconocer Palacios en aquella oca1illn h:1.::1 singulares virtudes del vino. Lus
perspectivas de su vida se tornaban ju•
bilosus Y risuefi.as. Pasado, presente y
futuro se enlaza.han como comienzo, n.edlo Y fin del ca.pitulo culminante de ~hHble historieta. No de negrura. trá.gica, sino envu(•lta tm un tenue, espiritual cla•
ror rosa, a.J&gt;arecfa. el momento. y así
entre sorbo Y sorbo de cognac, trayend;
n. cuento rela.tos: de bélicas hazañas, sonrifmdo a c-ngañosus ilusiones que con el
ru_hio lkor parecían fluir del cristal dE,
la copn,_ él ¡,or lo común silencioso -y
!duS t o Roque Palacios, volvióse ., ~u
ver. chancero Y parlachín como Trujillo.
J'or el fill 1 dn 1~1. media. noche a bandonaron el eestaurant. Avidos de movi~
mi('nto Y embc.-le8ados por la. fragt1.nte ti,
bler.a de h atrnúsfera U.e junio, emprendlNon ª· .\-:l'_;;llitl,u,; loco paseo en autorn6\'II por la ancha. Y eu aquella sazón solitaria calr.:td:L de la Reforma.

---;Natl,~ 1lc penas,

mes las ro¡nls, y un desag-radahle chnnr.dt•tt'O que 1n·oélucía11, a ¡,ueo QlH' diese
un p::tso, las roj;is t·ili11,'l;.1~ qu e
tn.tia
puestas.
-----' ;HpC'nas las tengas, Caditana!- exel;1mü 'I'rujilto, hundiendo familiarmente! sus manus fuert es e11 las mantecas del:l j;1.momt.--Aq11í te tn1i;-o un amigo de
los bue1tos:; lrcs piedras ;r un te11eyalurnlco. como ahora se dice!
Enti·aron vacilantes:. r~n el recinto de
;)Quella casa de infamh1 emJH.'zara a di.-;ipnrne la alégría pasajerfl y burbujeante de Roque Palacios. A
ésto sucedfa
ahora una pesante;r, indecible en movimif'ntos Y palabras; un malestar físico
que se rcsolvfa en el tétrico abatimiento que lentamente se aduefiabfL
de él.
Desplomóse en un asiento. Como a través
Ge sutil velo ele niebla, miraba el ir y
Yen ir acompasaelo de las mujeres ataviadas con batas ligeras; las contorsi ,)nes
bn1tales de las parejas que ba:,.1han ::..1
són de un piano canallesco; el oscilar
conslante de la enorme me]ena del pianista, que se diria acentuaba los movimientos desenfrenados que las
manos
flgilmente arrancaban a las teclas.
En la vasta sala iluminada por los foquillos brillantes, fijos en el artesonado
embellecida al modo tn1h{Ln con enorme~
cromos ele brutales desnudeces encuadradas en flureos marcos; llena de humo, cargada del aroma fuerte de las bebidns: eH aquella S;"L!a que era como escenario ele un exhibición de desenfreno
&lt;1mén de las parejas que bailaban y d~
las mor.a~ r¡ue iban Y ventan, ofreciéndose, columbraron má.s que vieron los ojos
anublados del h(:roc los consabidos grupos de chulos Y daifa¡;, las escenas de
prm;titutas ávidas, que desplumaban a
viejos cal:1vcrunes,-y hast:\. paró mienks eu una inujer que, tendida. cuan larga ei·tt &lt;'n él diYán del rincún, de espaldas a l públi c o Y al aire abandonados los
íl1H'.S tobillos que oprjmla rnf'dia. fina, parccia dormir el suefio de los justos¡.
Xo fueron P~rtc a sacudirlo tle su mn~
dorra lúgubre las mil Y una mafias .o
fil!• ~ p:ilrona Y pupihti5 acudiel·on. El ansi:i d&lt;, Y (' t· a los suyos, de saber de ellos

de ofr!os, dominaba en el caldeado cerebro de l'ala.cios, corno la última obst·}-.ión do!orus;L d e l Yino. Necesario se hizo
lJUC 'L°l'l1jiJ!u, adye1·Lidt1 a. tiem¡,o, acudiese a sucHr a su arnigo del adormecedor
n1arasniu.

Quic1·as qn c no, abra.r.atlo por 'l'rujillo,
Y snguitto de uunieniso c:ortejo femeni-

no, en el que, 1u1.turalmciite-por aquello del no;.;-ocio, --11cscollaba la. patrona,
Roque fué conU.ucido al comedor . IGn torno de la mcsrt le parcci6 que se sentaban
no mta., sino cientos, miles de mujeres.
L:i clarid~nl de la Uunpa1·a., cayendo a
plomo S&lt;1brc del manoseado hule que servf:t a guistt lle mantel, dábale la irnprcsl(m de un cegador d(i luz que acrecent.t~ba. su marco. Prodújose, de improviso, el ef-htllidú del primer taponar.o, y
a. c,ste siguier,.rn otro, y
(Jlros.
El
dw.rnpaüa corría a borbotones. Derramábase de li1s copas que a.g;arraban las manos nerviosas y l'llsortijadas, en la confusión de los desnudos brazos que se tendfan hacia los escanciadores, mozos tri:;udíos, de mandil blanco, con aire de
ufcbos. Chillaban y refo,n las mujeres.
Trujillo tlalia puñetazos, que acentuabf.1,
,:on blaHfcmins:, sobre de la mesa. y a.
la sorda inquietud de Palacios substitufase ahora nuevamente un regocijo
turbio, malsano. Amor fraternal, afecto
mentiroso, necio, tcna:1. por todo y para
todos ah'·ntaba en él. Y si al entrar en
el prostfl)ll]o mostró desv:io hacia
las
n1iUosas hembras que Jo asediaron, ahora se entrega.ha. a las caricias de todas,
a11nriue reservantlr, las suyas propias: pa1·a nnu morenilla flacucha, casi imberbe,
de gr:indes ojos, (J_ue retenía en sus bra;,;ut;.

·-· ; Gatlitana!---bnf6

TrLJjiilo.-Dónr!e

t•slft P..&lt;1:,aura? ¡J~h, nn1jer, dime, ¿ d(rn-

1lü C8tá?
--¡Vara, chico, con lo que Yas saliendo! ;Pues en la sala, hijo, con una borachera de 6rgado! Esa muchacha decidid:1menl e, no 111 e con\•icne. Beh~ de111:isi:.tdo. Pue,;, que, ¡_ 110 l!L viste al entrar, dormtda como un tronco, en el di-

hermano! - decía

TrujHlo &lt;t Pa];'lcios, con el fra.teÍ·na.1 optimi.\-:mo

d:.1s de colorete, 1:áf,;;ttú$úria:s de perfu-

de los ébrios.--Ya

las

encontra-

CARICATURA EXTRANJERA

l'li.~. hombn·, ra las encontrarás; que en

al¡:;ún lugar halJrán de eslar, y, eso, 1nuchlsimo mefor que tú, que has andado
arriesgando el pellejo en la "gloriosa!"
¡Lns 11111Jcr6!s son asf! ¡No las achica ni atu1·t·ulla el dia.blo!... . ¡Yiva Ja
Revolución!
. Vociferaba con brutal estruendo, en
tanto que PU sus lablor-i colgantes, ma.::-•
tentase una Súllrisa estúpiU.a y terca. De
cuanto habht dicho, el pensamiento d e
las mujerE's persistió. Y aquello fué ar~mentar sobre !:"i eran buenas O malas,
ndas O feas, piadosas o crueles; hasta
que paró en proponer a su amigo
fuesen
de '1s1
-· -,a a. una. honorable casaque
,
de
--'ll
·
iaa conoc·nniento,
donde no faltaban mobquitapesares que de mucho a Roque
ha r1an de servir.
lea-Pasen, muchachos, pasen . . . . -di·JO·
.. ~- en el umbral mismo de la puerta a
tWDde mom en t os después llegaron, una
lelora gorda, con las mejillas muy da.~

-

~:-- fa-.,.
_.'ifl,_

~ _.P--?"~

~_q

.

~ l a que está costando trabajo extraer.
PEGASO

..

.

_1,· ---

�ván del rincón? .. ·Trujillo se puso en pie, tan rápidamen~
tu como su estado de beodez se lo permitfa. Afinnü que todas las presentes no

valían

medio comino junto de aquella

chica zandunguera. Y entre la rechifla
y las risotadas del mujerio salió

vaci-

lantf:.

Sonaron poco después

gritos

estri-

rlentes, co1TI.o di:: hembra que forcejeara,
rnezchHlos con las insolencias del capitán 'l'rujillo, empeñado en atraerla.-

.. ; Uosaura!--¡No quiero; te digo que me
dt'jes!-- ¡ Rosaun.l.!-¡ Suéltame, condcnadt, - ¡ Entra, entra, pues no faltaba má.s;
como si yo no pagara mi dinero!"
H.oque Palacios babiase puesto en pie,
desencajado; fué como si un pufietazo le
devolviera de sl'.i.bito su sensibilidad adormecida. Y ::1, través de la bruma que enturbialm sus ojos, vió cómo el capiHi.n,
,tnastrft.ndola casi, hacia entrar en el comedor, UesgrefiaUa, con las ropas en desorden, a una moza en cuyos ojos garzos
f~ilgurabn la cólera, ,Y contrastando en
,iu gracia con é:,,ta, ostentaba un lunar
en la mejilla diestra.
-¡Clotilde! ¡Clotilde!-aullO precipit{lndose sobre de ella.
La mujer, que buscara el apoyo de Ja
puert~1, desasida. ya de las garras de Tru-

terioso ,documen1Jo atribuido a la
raza cuicateca, cuyos restos viven
en la región cálida del Estado de
Oaxaca, lindando can el actual Estado de Pu&amp;bla. Después de grandes desvelos, Jo leí en toda su extensión, encontrando que es un libro que re'lata la Astronomía e
- ¿ Quién me llama por mi nomllre,
Hif1toria del gran Impe,ri'O peninquién ?--preguntó, avanzando en direcsular que desapareció totalmente
ción de Roque, con incierto paso.
algunos años antes de la Era Vul-¡Ah! ¿F,rcs tú? ¿Eres tú?
gar.
-¡Clotildc! ¡Clotilde! .... ¿Pero, t(i
Según las relaciones del Códice,
aquí? ;. Y nrn.má? ¿ y mamá. ?-interrogahabía cuatr-0 poderosos centros de
b,t ralacios, medio despabilado, con llll~
civilización en el Sur. Uno inmedianngustia que, sumada a la embriaguez,
to al Gran Imperio Itzá, que ocu:;acudfa con temblor convulsivo su cuerpaba lo que hoy es Estado de Chiapo. Y clavando sus manos en los hompas ; otros más al orient~, el Impebros de la daifa, en tanto que sus pupirio de los Mijes, cuyo nucleo estalas pennnnecian fijas en las azules de
ba en el Cempoaltépetl, Estada de
eIIa, exclamó: ¡Clotilde! ¡Clotilde!
Oaxaca,
y el más occidental, el im;, Qué has lu~cho? ¿ Dónde está mamá?
perio Mixteco. cuyo centro era
- - ¡Pues, mira lü, qué preguntas!-griAchiutla la ciudad sagrada a cutó con estropajosa voz.-Mamá. . . . ¡ oh,
yos templos recurrieran los granmamá, en el otro mundo! Y yo ... pues,
des reyes de las naciones civilizayo, aqui donde me ves .... sufriendb a
de, entonces.
das
('stos cochinos hombres.... ¡CualquieRabia florecido una gran civilira se muere de hambre, hijo!
zación al ,o.riente de nuestro actual
Y como estaba ebria de remate, se
país mareada desde las desembodesplomó en el suelo, a tiempo que juncad~ras del Panoayan, (Pánuco)
to a ella, sacudido por hondos, desgahasta Centro América. Esta civilirradores sollozos, el héroe se arrodillazación estaba limitada al occidenba.
te por la Sierra Madre orienti&lt;l. El
mayor grado de progreso lo alcanzaron los peninsulares.
El otro gran centro civilizad,¡ lo
integraba la nación Mixteca, desde
donde s,e extendió el sisten1a de iµ
Astronomía, ciencias y artes. hacia el nortJe, es decir, hacia la Mesa
Central.
Los Itzáes reasumieron el ma•
yo.ad.elanto de esas épocas, conciPor A braham Castellanos.
biendo algo de lo más important.e
en la corrección de los tiempos,
bre americano había encontrado al
hasta llegar a hac;er Je que nos•
fin la materia prima para escribia:
otros jóvenes del día de ayer, lla•
sus poemas, sus l,eyendas religiomamos Co1rrección C:.regoriana.
sas, sus asuntos políticos, sus cosLos ltzáes intercalaron un día
tumbres, todo lo que le había espara igualar el movimiento del cietado vedado a la humanidad antilo cada 390 años, a fin de poner de
gua para perpetuar su memoria.
acuerdo su sistema teogónico, por
El hombre americano había enconmedi·o de una cronología bien arretrado el arte de escr1bir su histoglada. Este asunto, dice el Códice,
ria. ¿ Para qué? ¿ Para ser olvidafué el principal motivo para que
do? ¿ Para _que a través de los tiemlos pueblos del poderoso Imperio se
pos sólo veamos degenerados de las
lanzaran a una atrevida guerra, a
antiguas razas, ruinas de los pola conquista del muI'.do conocido, a
derosos imperios que en pasadoo
fin de imponer su ciencia y extentiempos perecieron por la ambición
der su comercio, mH años an!tes illr
del dominio universal? ¿No, aqueCristo.
llos libros, nos dicen muchas verHacía mucho tiempo que era redades del orden histórico y moml, · c9nocido el poder de los Itzáes, pues
que debemos tener en cuenta en la
la corrección la hicieron 4,17~
vida de las nacicmes? ¿ Por qué, enaños antes de la Era Cristiana.
tonces, no acometer la empresa de
La razón nos dioe que fusron
leer los antiguos monumentos donotros motivos, tal vez de orden pode está guardada el alma de los inlítico, los que impulsaron a los 11dios? Hé ahí mi sueño, sueño faczáes a conqui'star el mundo.
tible.
II.-EXTENSION DEL IMPE·
En medio de las dificultades de
RIO.-Aproximadamente, podemos
la vida, hurgando aquí y allá, con
fijar por ahora la extensión del
el mismo pensamiento que me lleG,ra.n Imperio Iitzá, el que actual•
varé a la tumba, tropecé con el "Cóme:nte comprende la penmsula yu
dice Porfirio Díaz,'' cuyo original
caneca propiame:nte dicha, el terri·
se exhibe en el departamento res
torio de la actual Guatemala Y
pectivo en el Museo Nacional. Misparte del terreno de Honduras. Las
Jillo, le miró de hito en hito. Sobre de
sus ojos enrojecidos catan con pesadez
Is pti.rpados. Al desnudo dejaba su pechoo
la bata hecha glrones. Un hipo persis•
tente cortaba su voz, su voz que apenac;
Rccrtaba a pronunciar incoherentes fr&lt;.1.•
ses, sonidos inarticulados.

0::!EF3EE 1:1
EL IMPERIO DE LOS IT7 AES

Especial para "Pegaso."
I.- IMPORTANCIA. - Hace
tiempo qwe sueño con un despertar de México pr.ecolombino. ¿No
es verdad que es un sueño, pero
seguramente un sueño realizable,
hacer hablar a las g,,neraciones
que bajaron a la tumba miles de
años antes que los hispanos pisa
ran el virgen suelo amerrcano? La
senda evolutiva de la escritura americana e~tá marcada en orden progresivo_ Los documentos se suceden con ;el sello propio del encadenamiento lógico. Primero, la ideografía pura, grabada en las rocas,
como si aquellos hombres de las
edades pasadas hubieran pr,evisto
un pmgreso futuro; después, las
relaciones ideológicas y simbólicas
también grabadas en duras rocas,
esos eternos folios del hombre primitivo. Vjenen en seguida las pieJ.es de los animales, que al mismo
tiempo que sirvieran de vestidos,
por una simple inferencia, se aplicrumn a los pl'eciosos libros de los
antiguos indios, donde perpetuaron
su ciencia y su alma. Un progreso
más, lo encontramos en la aplicación de la escritura en las telas de
algodón y fibra de maguey. El hom-

PfGASO
1

s naciones controamericanas
n independientes, con una cición muy inferior. AJ occinte del Imperio Itzá, y hacia las
tas de Camp2che y T:lbasca, vilos res,tos mayas, o mejo.- dio los restos de xicalancas y ulecils, civilización adelantadísima
e desapareció también por queconquistar el mundo, seglFl los
·cos datos que hasta hoy hemos
ncontrado en el "Códico. Dehesa,"

recioso manuscrito original, que
cuenta cómo en t'emotísimcs
·empos, los Xicalancas·y Ulmecas,
{actuales popolocas y tarascJSJ
etendieron conquistar el mundo,
quedando vencidos por los ejércios mixtecas al noroeste de Oaxaca,
y en el sitio llamado Zapotitlán
alchiuhcóatl, hoy conocido por
potitlán Lagunas.
Los restos de los xicalanca-ulécatl, la tribu de los mayas, fuen los que ocuparon la península
cateca, cuando el Imperio Ltzá se
eshizo por su loca ambición de
nquistar el mundo por medio de
fuerza bruta.
III.-TUMBA DE LOS ITZAES.
Anites que emprendieran sus con
istas los itzáe.s, había emigrado
iguienclo las costas del Pacífico,
gran pueblo, el pueblo zapoteco,
ue estableció sus reales en los va. de Oaxaca, entre los Mijes y
s Mixtecos.
El pueblo zapoteca, parece desprendido de la región de Chiapas,
cerca de lo que hoy es Palenque
al vez asediados por lr.s maya .Y
r las tribus itzáes. Esto no se
sabe a punto fijo, por falta de códices indios; pero debe desecharse
la idea de los historiiígrafos,, que
ks zapotecas son los restos de los
toltecas. La leyenda de la civilización tolteca en la antigiiedad, no
nsiste a una crítica seria. Estable,ta

cidos Jo; zapoteca a la retaguardia
IV.-ANHELOS.--Seguir estos
de los mij e, y cuando ya habían leestudios detenidamente hasta sus
vantado los observatorios astronóúltimos detalles con la ay_uda &lt;lll
micos de Monte Albán, (cerca de
hombres desinteresarlos y smceros,
Oaxaca), los pueblos itzáes se deshé ahí uno de mis más grandes
bordaron conquistando lo que hoy
anhelos.
.
es Chiapas y el Itsmo de TehuanPor Jo pronto, he sometido_ a 1a
tep.2c, arremetiendo contra la na- , consideración de la Academia _de
ción mije. Llegaron has,ta el núla Historia por medio de la ?º~iecleo del Cempoaltépetl, según el
dad de Geografía y Estadrnüca,
Códice. Dos veces intentaron la
dos de los pequeños. dessubr1m1enconquista, y dos veces fueron retos del Códice Porfir10 Diaz :_ la exchazado';. Sin embargo, dejaron
plicación simbólica de la_Yiei:11:I~acantonados cuerpos de ejército al
palan, base de los estud10s h1stonoriente de los míje, que a través
cos mexicanos, y los gl!fos de las
de los tiempos, fueron los chontacorporaciones astronómicas.
les.
Con esto me conformo, en tanto
Sucesivamente, se siguieron por
que se despiertan con interés los
e,J sur de Oaxrrca, las invasiones de
estudios serios, exp1orac10nes de
los Ch&gt;itinos, Cuicatecas y Mazalas ruinas, estudios lingiiístic?s,
tecas. Por el norte del Estad0 de
comparación etnográfica y cambios
Oaxaca siguiendo la ruta de Ayofísicos del esqueleto en las razas
tochtepec, (Tuxtepec), entraron
según los medios en que fuer_on
los Chinantecas, así es que el Imadaptándose, todos estos _estud10s
perio de los mije, fué rodeado ::,or
antropológicos en los que Juega un
todas partes, aunque no fué somegran papel la psicología, para conocer científicamente a nuestro
tido.
Hacia el sureste del Imperio mixpueblo actual, y esclarecer la histeca, los chatinos quedaron prisio•
toria de la antigua América.
neros en una extensa faja de lo
Tales son mis esperanzas, que
que hoy es distrito de Juquíla. Los
de realiza,rs,e, oJ)ondremos un hasmixteca, poderoso imperio de la
ta aquí al afrentoso dictado de bárantigiiedad india, rechazó la invabaros que se nos da en el extransión valerosamente. Así -es cómo
jero.
en breves palabras podemos expliPor otra parte, demostraremos
car la destrucción del Imperio de
que también en México nos ocupalos Itzáes. quedando sus cuerpos
mos de saber los orígenes de nuesde ejército presos en las montañas
tra historia, y que no son únicade Oaxaca. La madre patria, presa
mente los alemanes, f,r-anceses,
ele la guerra civil, acabó de desamericanos y otros pueblos, los que
¡ ruirse por sí misma, y las tribus
pTetenden descorrer el velo del pamayas de Tabasco y Campeche,
sado en nuestras razas.
ava,nzaron por la costa posesiona.nVerdaderc.s amigos de México:
o.ose de la parte nort¿ ue la peníncon la pezuña del Pegaso, romped
sula, para asentar sus reak.~ sobre
las rocas de las tumbas para que
!as ruinas de.\ antiguo imperio. El
brote límpida el agua de la Hipoimperio Itzá, puede valorarse por
crene indiana!
la importancia de sus edificios, ChiMéxico, abril 17 de 1917.
chén, Uxmal, Tikal, Peté:1 y Capún.

Calce vd. bien y ahorre dinero

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Estados Unidos ..
Nuestro lema es hacer de cada cliente un amigo.
Esto es fácil vendiéndole mercancía buena a precios razor.abl&lt; s.
Nosotroi¡:. lo trataremos.a vd. como quisiéramos
que vd. JlOS tratara si fuéramos nosotros los com-

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Tenomos la seguridad de poder complacerle. Haga vd. la prueba.

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PfGASO

�Por RAFAEL CABRERA.

BALADA DEL INFANTE
-.¿ Quién me llama, qu ié h me busca, madre mía,

que escuc h é como un sollozo junto a mI? .
-Capa, niño .
quizá e l viento nos traía
el rnori6J_ono lati r de la jau r ia ,
o el chirrido in t erm itente dé un nebli .

De la torre del castillo
no se a partan los arque r os,
.levantada _está la nuente
y de agua el foso está llen&lt;;;
d uermé, niño, sin temores,

qlJ.e· m i'en tras d uer mes yo r ezo . _ . _ ..
-Madre m ia , ¿ quién se acerca hasta m i cuna
envo!Yiéndome e n su helada claridad? .
-Calla Y duerme ..
nadie, nillo, tC' impcrtuna.;
será un r ayo m acilen to de la luna

que se _entró po r el abier to ven tan a l! .. .
El q ue buscara la m uC' r te
11 9 la hallar ía tan prest o

com o escala n d o estas pellas
r1ue so n d el castillo asiento;

c1uerme sin temor es n iño
· que TTl ien i r as duer ~es yd rézo .
-¡Madre ! ¡madre'. .. .. ¿quién me besa?

¡·ten go
frío! .... )

-Quizá el viento de la noch e te besó ·
nada temas que yo vel o, nifi o m io.
'
Y calmado por ese óscu l~ sombri~:
f'I inf,1nte p_a r a s iempr e se d u rmi ó .
De la. t orre del castillo

no se apartan los a r que r os,
levantada está la puente
y de agua el foso está lleno
mientras sigue m u rm uran do
ln cast ellana sus r ezos.

La Plaza 1·ojff en ~!Oscou.-Bendici ón de un automóvil de ambulancia.

AVE MARIA
En la gris lejanía
solloza una campana
su adios par a la bWd(&gt;: que se ,·a . .
La grave melodia
sollozará. mallana
su le n to avemarfa,
por otra tarde q¡ie t:::mhiéri ~e il'á.
Llega el aire cargcHio
de »il\•0Rires olores.
Todo se inunda de cristiana paz . .
Se escucha, enti:ecortado,
un canto de pastores .
un mugir de ganado ... .
y luego, en la quietud crepuscular,
desde el campo fecundo
hasta el cielo infinito,
glacial e impenetrable (&gt;ll su c-xténsi6n ,
sube un rumor profundo,
ury. fervoroso grito,
como si todo el m undo
rogara con un solo corar.6n.
Es el a fán ardiente
dE' vivir.
la esperanza
de perdurar bajo ele! cielo azul.
es el hombre impotente
(lne hácia la mu(&gt;rte avanza.
y atm suella en el o r iente
y aguarda el triunfo de la nu('va Jm:.
Siempre .
sit"mpre la aurora
tras la noC'he.
¿Hasta cuándo
cesará l'Sla fatiga ele vivir? .
Pasa la. juventud embriagadora.
pasa el amor .. . . todo nos va dejando.
sólo q ueda la vida . .
Y es la ho r a
de lloHll' dulcemente, y d e m o rir . ...

¡AZRAEL!
Azrael , a ngel n egro y tacitul'n O
de ojos letales; Dios d e las tini e bl as
si ntér mi n o, y d el sue ll o que n o aca ba
jamé.s, y del olvi do irre p a r a bl e ·
Azrael de alas fú n e bres, r¡ue viv ~s
df'l f"Xte r rnin io y d e l salobre ju g o
de las lágr imas; Padre del s ile n cio :
Rey d e las soledades mist er iosas
del más allfi.: Sefior del d esam paro ;
,-\zr ae l, a n gel n egr o, yo te in vo co
desde lo más profundo d e mi espi r i t11,
en la paz engañosa de la noch e
toda liena ele a n gu stias imp r ec isas
angel negro que ll ev as e n la fr ente
una cárdena estr ella, y e n los labi os
un implacable gesto; yo t e in voco :
¡Arropa en la tini ebla d e tu s a las
· a la elegida de m i a m or ! ¡Estrújala
contra tu seno estéril! ¡ Q ue n o v iva
m ás que su s sueños cándidos. .
estrúja la,
sé m ise r icordioso, que no v iva
y d ~ vago s te rrores : yo te invoco
má.s que sus sueños :.
¡qu e a l partir se lleve,
co n su visión i n genu a d e este. mund o
impoluto 8U a mor, s u fe serena
'
Y .inven y robusta su esper a nz¡ ! ...... . .
¡S(l clemente, A zr ae l! Posa tus lab io8
cxan giies, en s u s la bios q u e m u rmura n
sólo mansas p alabras q u e par ec en
revuel o de p a lomas ..
¡ Que n o vive-:. !
Para siemp r e jamás cie rra s us •) j(),;,
t r istes co m o los c ie los otoña l es
cuando llE&gt;ga la. n oche .
; que n o vi n t!.
Est rúj a la en tus brazos, a nge l n egr o ,
a n tes que prueba e l zumo emponzoñad o
del dolor! . . . ... ¡Q ue n o viva . ..... qu e no viva!,
¡oh Dios del s u e ñ o q u e n o acaba nunca '
¡ oh P a dre d e l sil encio y d e l olvido! ... ·.' ...•

RUSIA SE MUERE
El gobiemo imperial de su majestad omnipotente, e,l Zar de todas las Rusias, ha sido derribado
por una revolución da ocho días.
¿Y bien? A despecho de las fiesfos
germánicas y de los múltiples ró·
tulos que dicen "Gott mit uns,"
las noticias del frente oriental de
la guerra continúan como siempre, No que Rusia, después de un
cambio de gobierno-¡ y qué ca,mbio !-se encuentre capaz de hacer
por sí sola el esfuerzo que finalice
la gran tragedia. Lejos de eso,
seguramente. Pero las líneas de
los ejércitos rusos continúan tan
compactas como anltes, lo cual indica a quien quiera que no piense
en alemá,n, que la organización necesaria sigue dando medios bastantes a proseguir la campaña.
La revolución par~e ser de factura británica. Indícalo, aunque no
se supiera por otros conductos, la
rapidez, la facilidad y sencillez con

que fué llevada a cabo. Compárese
esta revolución, casi hecha sin derramar una gota de sangre, con la
roja traged;a de Irlanda, tipo neto
de revolución made in Germany.
En realidad, si Alemania no estuviei-a cegada por la ambición y
por el odio, por el odio sobre todo,
daría gran muestra de sí misma
rogando a Inglaterra que le ayudase a organizarse. Inglaterra,
podría enviar a Sir George Buchanam, quien, con mucha más facilidad que en Rusia, dada la cultura germánica, crearía un nuevo
y admirable país. ·
Rusia ha pasado sin trM1sición
del autocratismo m1,yor del mundo al gobierno más damocrátko,
quizás la República. No está lejano el día quie ,despierte el coloso.
Entonces, ¡ay, del Occidente! Rusia entra a la vida del_siglo XX
con veinte siglos de retraso; pero
tal como va, los franqu,iará en
PfG,\SO

ocho meses. Rusia entra a la vida
de la civilización; y, sin embargo.
Rusia. •se mµeq,e !. Parece que. &lt;;L'
cfestino 'Jiubiese retrasado el nacimiento de este gran país a la vida .
civilizada, pa.-a hacerlo coincidir
con su muer.te. Es indudal:&gt;le; Rusia se muere!
Se mueTe porque es impos~ble
concebi,rla sin el autocratisrrno imperial. Una Rusia libre, independiente sin estudiantJas heróicos,
sin niihistas que conspiran en tinieblas; una Rusia que no .tiene
tras de sí la fatídica sombra «re
Siberill, para ahogar el estertor de ·
sus deportados, será todo lo que
se quiera pero no es nuestra Rusia. Nuestra Rusia es e;l país de. la
opresión y de la tira_n~a-;-seguraniente· es esto un preJmc10, por lo
que gusttámos fortalecerlo a diario con abundante lectura- es el
país de la tiranía clásica, no tira- '
riía por disciplina· militar como la
germánica, sino ti~aní~ pura, qu~
no .halla más explicación que s1
misma y que es por lo tanta una
c]e las cosas más difíciles d,, dest;uir. Ser Zar equivale o -s,ir tirano, no .Porque se tengan sentimientos de hiena, sino porque la
palabra Zar ha llegado a ser sinónimo de timno así como mañana
lo llegará a se; la palabra Kaiser,
si mañana la palabra Kaiser exis- ,
te todavía. Un Zar que no fuera
tirano que no usara el Knout para
sus ~enores asuntos, estaría en
desacuerdo con su principio fundamental y casi merecería el des- ·
precio de sus propios súbditos. ~ '
eso, precisamente, se debe l,a abd1· ,
cación del Zar Nicolás; llegó un ,
momento en que no pudo ser tira•
no en que no pudo imponer sus
inc1i¡:iacio.nes germanófilas--debidas
a intrigas alemanas, de la Zarina
en primer término-y comprendió
que si no podía ser tirano no debía
ser Zar; y abdicó.
El Zar desempeñaba un papel
de gran trascendencia; y lo desempeñaba sin darse cuenta de ello,
como acontece siempre. El Zar era
el factor fundamental de la lite••a.
tura rusa: sin el Zar no podéis
comprender al ochenta por ciento
de los escr]tores rusos: ni a Gogol,
ni a Gorki, ni a Turgueneff, ni
a Tolstoi, ni a Dostoiewski; vamos, ni el Miguel Strogoff de Julio
Verne ! En alguna parte he leído:
"En el orden ideológico, -la revolución rusa es el triunfo de cuarenta años de cultura francesa." Y
yo podría añadir : "y el fracaso de
toda una época de la literatura
más personal y más vigor-osa del
mundo."
Entre los países aliados, Rusia
'-{!S quizás de quien el vulgo menos
se ocupa. Porque es el más hermético de todos y hay que saber
admirar el crimen, y la sangre, Y·
la miseria de un pueblo en opre-

9

�sión, para comprender a Rusia, la
Rusia que muere. Quizás la nueva sea del agrado del v;ulgo.
Escuehad conmigo el calnto de
Gogol, el canto de indefinible pa
vura:
"Rusia ¡Rusia! Desde los lugares extraños donde estoy, a esta
gran distancia atravesada por mu·
chas cadenas de altas montafias,
te miro olararn1ente, 0;h, mi país!
Tu suelo es pobre; no hay en él
nada que regocije ni que anonade
la vista .... todo es plano y descubierto; las ciudades, llan "-S, sin
r~lieve, no se destacan, en la uniformidad -de,! desierto, sino como
puntos, como marcas de polvosos oasis.
"
"¿ Qué

fuerza

misteríosp,

re, hecho p11r la~ b_anda~ denta•
•
Estas estfl.n constituidas por pe411,ias secciones que quedan sobre el
-9\elo_ y que, _sostienen las ruedas
~el,
filh(C'µlO montadas en trues
parecidos
&amp; 10s de los carros de ferrocarril. En

,.

//

1.-E1,g1•an(' d(' la cadena.-2. Vent ana.-:l. i\loto1· ce11t~·al.-4.
Departamento de los caüoues.-5. Ametralladorus.-6. Cadenn.-7. Guías.-8.
"llotor
,Je 2 a 6 dün&lt;lros.-10. Pfrote {le ]a dirección.-U. Eng1·ane de la dil·ccción.
·'_'12 'y 1~:-Tl'tr.cs.-14. 'R&amp;-ortes cte compresión.-tf&gt;. Znpatas.-16. :lfuniciones.
: -l'i. Ohasís.-19. Cañón de :l pulgadas.

Una

familia

de

labriego1,;

l'llSOS.-

10 .

'

Familin

lllOSCOYita

en.

Ullfl

pequeña

fáb1•i&lt;&gt;a de los suburl}ios de l\-foscou.

LOS ··TANQUES" INGLESES
Sabida es la sorpresa que recibieron
las tr0pas. alemanas cuando por primeia
vez entraron en juego los famosos
"tanques" empleados por los i_ngleses
para rompet· sin mucha pérdida de vidas las lineas enemigas. Los
pesados
monstruos de acero avammron por el
campo enemigo barriendo cuanto encol"l.traban a su paso: ametralladoras,
alambrados, trincheras, todo fué inútil para ellos: aplastados o destrozados,
los soldados
gennanos
tuvieron que
abandonar sus p(1 siciones o deponer Ia.s
armas impotentes ante la invulnerable
máquina de combate de los tomies. Algunos regimiento~. espantados ante el
iñ.esperado adversario, tiraron · los fusiles y echaron a correr. E11os, los de la
disciplina férrea, los veteranos de Carleroi. ...
Después. han sido menos empleados a
causa de que la nueva artillería inglesa,
de un alcance mucho mayor que la
alemana, permite preparar los ataques
de la infanter1a con tal eficacia, que
la intervención de los tanques se con~

m
)

oausa.,

pues, es1ta -atracción in~licable?
¿A qué es debe, oh, Rusia!
que siempre mi oído cree percibir
la melodía gemebunda, que parece arrastrarse, angustiosa y poco
variada de la canción que dejas
oír de uno a otro de •tus mares, a
todo lo largo de tus gigantes ·
,!'~os? .... Habla, Rusia; dime,
¿ qué quieres de mí? .... "
· Rusia se muere; pero deja tras
de sí todo el renombre de una g.ran
leyenda; hiza el milagro de ptolonga:r la Edad Med&gt;a hasta nuestros
días y su literatura, desde hoy,
pasa -a ser literatura ,histórica.
Rqsia se muere; pero de sus
cenizas, como otra Ave Fénix, sur-ge una nueva Rusia. Menos heróica, menos personal, menos grandiosa porque no llevará en su frente el estigma del dolor.

por p11\g.1da. cuadrada, es decir, 1~ucho
rnenoJ; que, la que ejercerfa un caballv
rle dó~~icnlas libras de peso o un homlne. El'tH f:'norrne á.rea de sosté:n ~~:xplilia poi· quf: h.s .. tanques" no se hun(!en en los lug:an::~ dondC' se quedarfa

p ezaron a ' llegar, aumentó su

sidera innecesaria: un
bombardeo de
varios día.s obliga generalmente a los
teutones a
retirarse o deja las posiciones en tal estado que el jnfante ejeC'Uta fácilmente sin la
protección del
"_tanque," la tarea de limpiar el frente
de enemigos.
Dnude fuCl'on consll·uídos los

prirnel·os

tam¡ucs

Los primeros ···ranques" fueron
hechos en
una fábrica establecida en
Lincolm, Inglaterra,
observándose ta1
reserva que durante tres mf'ses no se
permitió salir a los me~nicos ocupados en la citada labor, ni para ver a sus
familias.
Concluido el número suficiente, los
"tanqu es•· fueron transportados secretamente a Francia y durante muchos
d!as permanecieron detrás de la línea
de fuego como esperando la llamada.
Entre los soldados se hablaba de un:1
arma militar desconocida y cuando las
t&gt; normes piezas de los monstruos em-

PEGASO

curiosi-

dad.

A.l verlos partir el día de la prueba
suprema, muchos pensaron que no vol·
verí:;tn. Los "tanques·• volvieron sin
embargo. Rabian resistido airosamente
la prueba y conquistado para ellos to~
Ua, la gloria de la jornada, pues no .solo
rompieron la línea alemana, sino que
p ersiguieron a los fugitivos e hicieron
:t·lgunos ci€lntos de prisioneros.
El "tanque" no es en realidad sino el
a rreglo ingenioso del antiguo tipo "oru·
ga·· de tracción campestre, inventado
h a ce. muchos años. por los norteameri•
en.nos Holt y Barvey. La adaptación de
€'Ste tipo permite a los "tanques" P3·
sar por obstliculos que a primera vis
ta pa1·ecen infranqueables.
Encuen·
tran un árbol y lo derriban; tropiezan
con una roca y la salvan: se halla.D
ante pozos, cráteres de obús, alambra.-.
dos Y tríncheras y continúan su terrl•
ble marcha. Blindados con acero Har•,
ve~: son iTlvulnerables a los rifles Y • ·
las ametralladoras y aún los shrapilel
rebotan en sn &lt;lura caparazón.
Lo principal en la construcción de
los "tanques'' es
el
movimiento de·

su parte interior, las bandas está.n provbltlll'l dé riele·s y sobre ellos corren 1as
niedas de, los truCs como pbdrá verse
en él grabado respectivo. La cal,iena
obÍ'a ·bon fuer1.a de tracción y se mueve mediante unos engranes situados en
el extremo posterior del "tanque."
"La razón de que los constructores
hayan dado a los "tanques·• la forma
de -oruga es la disposición especial de
lú bandas, que .es distinta re la usa.da
ea las máquinas de tracción antiguas.
Ea lugar d~ ser bajas y planM están
montadas en chasfs de treinta a cuanenta pies de largo y de diez a. quince
4t ,alto, según el tamaño del "tanque."
islos marcos son acorazados de acel!O Harvey para dar
protección a los
triwla·J,ltes y ad~más .están dQblados en
el frente de manera de
tormar una,
r,ra.n curvatura que
obra coino una
enorme rueda,. como una tremenda palanca.. Unic;mente esa porcl6n de la.
rueda en contacto con la tierra accioQ.a asi, y. es precisamente esa
porción
~ ciue está reproducida en el extremo
d~lantero de la banda.

l"or

qué loé tunq11c!- no se
el lodo

inremediablemente atascado cualquier
·1.utom6vil blindado.
Los tanques usados actualmente son
de varios tamaños y dibujos. Catla uno
de ello~ indica, st~.i;ún la fecha de su
'.'nnstrucción, un
mejoramiento sobre
los que !e ant.;-&lt; ,:•(li('ron. Los primeros
tenían unu velocidad máxima de seis
a. ocho millas por hora. Ocupaban demasiado espacio y los alemanes inven1.aron pronto el rne&lt;lio d1' aniquilarlos.
Antes de qu0 un "tanque" pudiera re~Tesar a su abrigo después de · un raid
\os ólJSeT\,wdores enemigos ·s e hallaban
en aPtil.ud. de .Jocaliza,rlo y la artillerfa ,
b.acfa caer sobre él una lluvia ~e gTauadas.
Los últimos "tanques" son menos pesados que sus
predecesores:
tienen

por hora. _:\ un&lt;¡nt! llin,T sos t.'?n ditnenslones y det.:i\lt&gt;s, todos tienen la caracl1•1lst1ch h,mun üe f'Star
divididos en
tre1, principul!"s
cnmpartinH•ntos
que
van de los cha.sís a l~L banda dentadµ_.
El p1·imer deparrn.1w2:nto es el de observaciún, en el cual el piloto y ~u
ayudante están colocado:,; a una altura
de la ticna, suticienH.' para dirigir los
movimientos de la gran be!:ltia de ac~ro. En C'l centro entií. el depósito de
municion·os, con dos cai10n&lt;'s montados
en torre g latentles.
Los "tanques" usan U.e (los a cuatro
motore~ de gasolina que tienen el eje
posterior engra.naJo con bandas dentadas, qne corren sobre poleas que te~~
miJ:l.an en ta part,e anterior y esUin
sostenidas por
rodi'llos . Sujetos en el
m!smo ·Ju.r;;ar y en c_~t]a l_f'.&lt;lo {le! chasí~.
Este movlmié1~to dJ~/:•a~,&lt;J_b andas dentadas es _exac!ament~~ig_u~' al de los gusnnos ~J0s jardinC's,1:fi.te comban .Y
('Xtit•nden..,' continuamerih. C'l
lomo si,n
preqcuparse de 10.· superficie en que caminan.
Cbmo se guían los tanques
Los tanques se ~uían con un par de
1·uedecitas ~in
importancüt
aparente,
sujetas en la parte posterior y montada.:: en un pivote que se cxtientle hasta
la parte trasera del
chasis. Se usan
lmicamente µara guiar la
máquina •Y
no soportan peso alguno. excepto cuan
do tienen que trepar trincheras anchas
o profundas u hoyancas de otro· género.
También se guian íós tanques moviendo una de la.&lt;; bandas oon mayor rapidez que la otra por medio de ciertos
aceleradores. Su gran desarrólio ha sido
fomentado
por el
Almirantazgo
britútü,c o y la idea de las grandes ban

~.:
.

1 -·

..

··_¡,-¡

_

- .

atascan eu

La gran superficie de las bandas que
en contacto con la tierra p~rmite
t. los "tanques" cruzar
por terrenos
euaves o pantanosos. Con bandas de
treinta pulgadas de ancho por quqince
pies de longitud la. presitm
IM&gt;bre el -suelo es menor de tres libras
~

Tanque¡.; a-v,mzando por nn eampo cnPmlgo ..
motores do gasolina de ml'.ts de quiniento"S caballos de fuerza y caminan a la
notable velocidad de diez y ocho millas

das dentadas de extremos redondos se
debe a E. H. Fennyson D. Enycourt.Director de construcciones navales,

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1

'11

�dar la ofensiva. Mas Rennen.kampt ae
entretiene en escaramucear en torao
de Koenisberg y cuando sabe ttue lla.
sqcum bid o 1:.u colega, se retira tranqu¡~· ·
\amente al Niemen. t:Íindenburg triunfa de un modo completo y
telegraf{a '
orgullosamente al Kaiser que ya ao
existe el e,iérc.i,to de Sassonnoff.
procedió
as!
¿Por
qué
Rennenkampf? ¿ Por tradición meditada? ¿ Por
cierto que pudo salvar a Sassonnoff y
!Cl abandonó de un modo calculado y
(•rueHsimo.
Eso »asaba en Agosto. En ).í oviembre, Rinden burg, realizando planes propuestos por uno de los profesores de
la Escuela Militar ' de BerUn----corone~
si mal no recuerdo-emprende una marcha sobre Varsóvia_. desde Thorn, que.,
riendo. asi vengar la derrota que sufriera en Octubre a orillas del Vistuta,
complicada con un desastre aust.roh6ngran p1íblico mundial, manda la vank.ensen, hasta entonces desconocido del
gran público, mundial, manda la vanguardia, formada ·por 80.000 hombrea
Y. demasiado audaz, se aventura has~
ta Lowicz. Los rusos le rodean casi por
•iompleto. El Gran Duque, maniobrando.
bá.bilmente, separa a :Mackensen de
trenes
:ffindenburg. Son pedidos
Va.rsovia para que transporten prisione-

•

s a ml·1es- Sassonnoff-no e! general,
: ;o el ministro-loco de jíibilo, dice
que la partida está ganada y que na.
d' la invasión de la
da puede 1mpe ir
Solo
tiene
Yackensen. ua ·
Posnania.
1 tr~¡,idamente
portillo para escaparse. n
t
en su camino
se dirige a él. Encuen ra.
el pueblo de Strykoff, y ' afli
alguno•
hacen perder
batallones rusos que 1e
n s batallonet
tiempo. Detrás de aque o
f
con fuerzas
debe estar Rennen k amP
considerables. Strykoff es teatro de una
·
S
defensores muelucha espantosa.
us
.
der
Mas Reµnenkampf no
r-.en sin ce • •
esu~e Y P~ la· brecha' }.'(ackensen
.
s divisiones. Y su artillerta.
Su
eapa con
Pocos dfas más tarde, el Gran Duque,
viendo que ha podido impedir 1a reuevacíta
hi6'n de 'los jefes .a,1eman+J s .

1

EL PROGRESO DE LA DEMOCRACIA DURANTE EL UIJl'JMO
SIGLO.
1 7 7 O -- --181 7
Mapa 1.-Blanco: Estados Unidos, Venecia. Génova. Suiza y Paises Bajos. Neg1·0.-Reglones ocupadas por µ;,) biernos autocráticos.
Mapa 2.-Blanco: parte del globo 1-egidas- por gobiei•no!-- republfo,uio~.Gris cla,•o: Imperio Británico, cuyos ciudaclanos ,,h,en bajo un gol,ienio
tan dernoc-1·ático como el nuestro.-Gr is obscuro: Mona.1•q1úas constitnC'ionules como Suecia. Holrnnda e Ita'.l.ia.-Nrgl'o: ~Ionarqníai:- autocráticas.

UN POCO DE HISTORIA
He dicho en varios periódicos que las
victorias de Hindenburg en el frente
oriental han sido debidas a causas Y
·concausas que no tienen que ver, sino
muy vagamente, con razones de orden
puramente estratégico. MlLs que superioridad de mando y de tropas, ha habido en todas ellas inferioridades iniciales enemigas. Y esas inferioridades
obedecian a traiciones, corrupciones e
inepcias. Decía Figaro que muchos generales ganan batallas porque las pierden sus adversarios. Es verdad. Y en
las campañas orientales, a partir de la
primera de los lagos de Masur (Tan"
nenberg, etc.) ha ocurrido algo de eso.
Veamos .. Sassonnoff con un ejército
y Rennenkampf con otro, avanzan, en
Agosto de 1914 por las regencias de la
Prusia Oriental. Una invasión de Este
a Oeste. La otra, de Sur a Norte. Ren-

12

P.enkampf clispone de las tropas de la
circunscripción de Vilna o ejército del
Niemen. Sassonnoff, de las fuerzas del
Narew. Es ocupada toda la región hasta Allenstein. Los alemanes son derrotados en . Stalluponen y en Gumbirnen.
Las vanguardias cosacas llegan casi al
Vístula.
Surge Hin den burg y se lanza contra
Sassonoff sorprendiéndole en el laberinto de los lagos masurianos. Hindenburg
conoce el terreno maravillosamente. Su
oontrario, no. La batalla. es perdida desde el primer momento por los moscovitas. Sin embargo, si Rennenkampf
hubiera acudido en auxilio de su colega-podía hacerlo-Sassonnoff y
sus
soldados hubiesen podido ganar la front,:,ra en buenas condiciones, reorganizarse al amparo de las fortalezas del
Narew y con nuevos elementos reanu-

PfGASO

Lodz Y se repliega a las lineas del Bzura donde debl'a derrotar a Hindenburg
en' una batalla defensiva y
salvar 1
Varsovia provisionalmente.
Febrero de 1915.-E'l Gran Duque,
libre de Rennenkampf, que ha sido destitul'do, prepara un nuevo ataque a
Prusia. sli. ejército del Ma-sur maniobra por el Norte. Otras fuerzas suben
desde el Narew sobre
Johannesburg.
Mas Myssodaief!, uno de los miembro&amp;
de1 Gran Sstado Mayor; esté. vendido 8
los alemanes. Hndenburg sabe dia por
dia lo que sucede en los
consejos de
guerra que preside el Gran Duque, Y
asl puede tomar sus medidas. Antes de

En un

pueblo

Tri'ncherl1 s francesas en el Marn-e.

de Alsa.cia.

3utol"idncles rusas orde n de µreparar el
rc&gt;p'l iegue a Kiew. Ello prueba que si
los moscovitas cedieron terreno tan lentamente después de los golpes de Mayo,
fué ·porque retirándose
despacio, trataban de evitar el desorden propio Y el
acoso enemigo, y no
porque
fuesen
penosamente vencidos en
todas las
acciones que entonces se libraron ....

cl:1s 1,rientales prusianas. .El momento
,s gravísimo. Dos divisiones son copa
das. H;ndenburg se
precipita por él
ancho boquete que ha logrado abrir en
Jn movcdi:;;a barre1·a enemiga. Mas todavía poseen sus adversarios municiones. En Grodno le detienen. En Prasnysch, Russky le destroza un cuerpo de
ejército. Hecho prudente por estos formidables zarpazos del oso
herido, se
detiene perplejo. El frente se inmoviliza otra vez.

En Petrogrado decidieron la evacuación de todo el saliente polaco. SukhomlinÜff no se apuraba. Negábase a industrializar el pals.

Mayo.-Ha sido

tornado
Przemysl.
Cárpatos. T, t
invasión va a desbordarse por las llanuras hüngaras. En Budapest hay un
pánico espantoso. Mas en Berlin saben
de sobra a qué atenerse .Los rusos no
tienen municiones ni armas de repuesto. Sukhomlinoff, ministro de la guerra, se ha negado a acrecentar la producción y no ha comprado sino poquísimo en Icis Estados 'Cnidos. Los comandantes de batería reciben cuatro
proyecüles de cañón diarios. Sólo queda
un fu.sil para cada tres hombres.
Han sido escalados los

Y Mackensen, con 400,000 soldados y
,·arios miles de cañones, sale de Cracovi_a
-Hindenburg,
desde el
fracaso
de
Prasnysch, no es bien visto en el cuartel
general de Guillermo II-y asalta, Juego de bombardearla terriblemente, la
Unea rusa del Dunajec y del Biala que
defiende, con 80,000 soldados Radko Dmitl'ieff. La artillería rusa apenas
Puede disparar. Tras una defensa heroica, la infanteria se retira al Wislocka. Y el ·Gran Duque, comprendiendo
Que no puede resistir, y que va a ser
de-strufdo porque carece de e lementos
de lucha, ordena la retirada, al San primero y al Bug rnlís tarde.

Tito Floppa, corresponsal de La Raejércitos
austroalemanes que reconquistaron Galitzia, dijo que, según le contaron en
Lemorg, apenas se supo a\lI lo ocurrido en Tarnow y Gorlice, recibi e ron las

:1im. de Buenos Aires, en los

1

Apoyado por la camari'l la germanófila, enviaba al · Gran Duque, por todo
socorro, soldados que habl'an sido instrutdos con fusiles de palo y que por
toda arma llevaban mazas de madera.
Y todo se hundía. Novogeorgiewki, la
má.s formidable
fortaleza rusa, fué
rendida por su gobernador casi sin combate 60.000 hombres y 400 cañones cayeron en manos de Alemania. Los barones g~rmanos de Curlandia se pasaban a Bulow, el jefe de la extrema izquierda alemana entonces. El general
Koslof, encargado de de~ar vacío el
pafs situado entre el Niemen y el Duna, dediclLbase a desmontar
los artefactos de las flLbricas de corsés y no inutilizaba las fundiciones, ni destruía las
vías f érreas, ni vol?,ba los puentes. El
gobernador militar de Kowno, abandonaba su puesto en medio de un asalto.
El Gran Duque
fué
desterrado al
Cáucaso. Pagaba culpas ajenas. El general Alexieff le reemplazaba y el czar
se nombraba a sí mismo generalísimo
d€' los ejércitos de la Santa Rusia. Sukhornlinoff era encarcelado. Polivanoff,
una de las mejores cabezas organizadoras con que cuenta el generalato de
Moscovia, le sucedia y
empezaba la
obra de reorganizaci6n.

Esa obra ha tenido, por consecuencia, la ofensh·a de Brussiloff, de Junio a Septiembre de 1916 . Los batallones, las baterías y los parques que Po-

q~e los refuerzos rusos sa'lidos del Nie•
men llegan a su destinQ, antes de que
el movimiento iniciado por el lado de
Johannesburg
pueda
tener
eficacia,
300.000 alemanes atacan vigorosamente.
El Gran Duque, para que su ala dere•
cha no sufra un nuevo Tannenberg, debe ordenar la evacuación de las regen-

Restos del fuerte de V'~u.x, en Verdun.
livanoff prepan1.n1 durante el lnvier,n o
y Ja Primávera, sin·ieron en el Verano
para romper los frentes austroaleman es de Wolhynia, Galitzia y Bukovina.
Humania., alentada,
decidióse
por el
Cuádruple Acuerdo. Mas de pronto
Chuvaieff,
Polivanoff había caído.
sucesor suyo, era jt1guete de Sturmer.
Y Sturmer querla \í}. paz separada. Sus
omisar.ios celebraban entrevistas en Suiza con el príncipe de Bulow. Sin que
sepa . la causa, los rumanos que debiertm recibir 300.000 hombres, sólo reci"bieron 50.000 que llegaron tarde a la
Dobrudja.
y - Brussiloff permaneció iilmóvil. Y
Alexieff ora alejado del cuartel general. Y faltaron las municiones otra
Vez. Y Falkenhayn, ayudado por la desorganización y la complicidad,
pudo
llegar a las llanuras válacas.

¿ES ESO?
En Rusia nadie ignora que las derrotas sufridas han tenido por antecedente la traición y el cohecho. La burocracia es germanófila y ladrona y rutinaria. Enemiga de la guerra, que pon€
al descubierto su incapacidad y su corrupción, quiere una paz cualquiera,
que la devuelva su predominio. La camarilla de Tzarkhoeselo, hechura suya,
la ayudo siempre. Se desorganizó maliciosamente los transportes. Se sostuvo inteligencias constantes con el enemigo. Se derribó a lo,t mini¡,tros cuando trabajaban seria y honramente. Se
apartó a los generales mlLs prestigiarlos-Russky, Twanoff, el Gran DuqueY los polfücos má.s favorabi.es al mantenimiento de la alianz9.. La retaguardia esterilizaba el esfuerzo del frente ..
¿ Va a acabar eso? Pues los aliados
tendrán, en fin, a su lado, la Rusia que
sollaron iban a tener

Fablán Vidal.

l!.~n un pueblo del Somn1e.-Efectos de

Campo en Alsacia

Entr-ada al fuerte de Douamont.
PfGASO

los últimos combates.

�POR LO QUE PELEA FRANCIA
Señoras y señores:
No he venido aquí solamenj,, pa,
ra agradecer tantas caridades heróicas o conmovedoras que por
tarutas manos invisibles han confortado tantos corazones dolorosos.
Para semejante análisis, fuera poco un libro entero, porque no podría contener todos sus nombres.
Correría de esa manera el riesgo
de desfigurar el alma americana
prestando orígenes d,i versos, aunque todos ellos piadosos y nobles,
actos innumerables en que el corazón y la ,razón tienen su sitio,
Dejadme-y que me perdonen el
Sr. Pasitor Watson y el Sr. IIerman
Harjes, para no mencionar sino a
ellos entre tantos otros, esta evocación demasiado modesta d2 una
;_ hnegación ad1nirahle,- dejadme,
digo, lejos de las indivirlnalidades
respetables y por encima de ellas,
buscar, para conc2derle una alabanza que esté a su altura la explicación verdadera de est; viril
terneza que ha despertado y cona
servará la gratitud de Francia con
el doble fervor con que los corazones dol01'idos dan g,mcias a la mano piadosa que, en días de duelo
ha sabido conmoverlos.
'
No son sólo algunos, no son sólo ciertas partes de América las
ri:ás próximas a nosotros, las' que
tienen derecho a nuestra gratitud:
son los E.stados Unidos en conjunto los que han hallado, para los actos caribtivos que el Comité Francia-América ha sacado a luz de

I

La lilan1t·ú1ii(•a
So--,iedad
"}'1•ancic•
'.m(·l'i&lt;·a.'' iornmcla r-m· c!c-mentos nor•

1

!-.US se1•,·i(jos e:1 In República 1,~nuu:e:-;;).,

tc&lt;1me1•k1mo!S. que 1}1'esta hace

tiempo

&lt;u g·eneral a todas lns
~-u('l'?'ll

e:-;tá

yl(•Uma,; de la

tlc:-:i.t!'l'OHamlo

d

IHIPl,~•)

:,mct·il'ano. ~e dije-ron los nt:'ts eloeuen •
ics y notalr, 1&lt;'--: hl'hHli" . Conl&lt;'sta ndo nuo

de ellos. el Sr. René Vh1ani, .Ministro
de· Justkia df"

Fn11wh1, prm,unció el
quP insel'lamos hoy en '·Peg·nÍ );O" ;r lJue ll·adu_jo c-s,w&lt;'ialhuentc 11ara
('~,t:l R&lt;'Yhin Pl f-:1'. o,·. Eill'iqup GonzÍlln· ::\fartínez.

¡ disem•so

da nunca, ha, brillado en los días
sombríos en que la agresión de la
autooracia corutra la democracia
libre nos ha obligado, con nuestros
Aliados, a en1puñar las armas, y
nos manda no deponerlas hasta
que la reparación no se aplique
a bo,rrar el crimen. De esta amis•
iml no:'; hnn venido, por millares
de efusiones, tantas acciiones deli-

una man,~ra ,tan brillan te, la más

La amistad p◊'lítica que une hace siglo y me.dio a nuestros dos
paÍ3es, s,in e.star inscrita en tratalos

coiazones. Uno de los días más
conmovedores en nuestra historia
común, que cuenta tantos, fué
aquél 27 de abril de 1778 en que
en la Academia de Ciencias se
vió que dos ancianos iban el uno
hacia el otro con los brazos abiertos, en que se vió a Voltaire abrazar a FrankLin. Y aquel día, se
abrazaban dos genios benéficos
que, no se p,r estaron a de3ignio:-!
de muerte y de destrucción, y se
,,brazaban al mismo tiempo la América de Washington, de Franklin,
.ie Lincoln, y la Francia de Juan&amp;
de Arco, de Turena, de Voltaire,
la que debía ser con el tiempo la
Franda de Dantón y de Gambetta, la que debb ser la Francia
del Mame y de Verdun, porque es
así como se llama hoy Francia, ya
que después de las usurpaciond
secular-es en que tanta.:; veces los
hombres
ilustres
simbolizaron
épocas brillantes, toca a,l derecho
del pueblo estar en primera fila y
es a él a quien peitenece la gloria
como a la tierra el sol.
Esta noble amistad, no enturbia-

1

H'"lebró ha(·c- poco una fiesta a la cnal 1
&lt;.on&lt;.'Urricl'on
nun:1erosos rep1·escntante-s de los países ligatlos en la la hor co•
1
m•'m de d('stl•ozm· para sicmJ)l'e el mi•!
litarL~10 prusiano. En dieha
reunión.
.r 1•cflril.'nclosf" a lo:;; humanit.H'fos
ti·ahajos que 1un·n aliviar n los heríc1os y

pl!ra de las inspiraciones.

do:;, h J. Rido s.ancionada por

I

Hc¡¡é Yhfani. )liili.--tro de- Justicia de
Fl'anda. uetna hnentc en l'O.tn11,;10n cerca del A'.Obicl'no ele los Estados Unhlos.

cad•as y sublimes de que guardan
memoria nuestros enfermos, nuestros heridos, nuestros huérfanos,
y cuya dulzura han sentido nuestros mismos muertos al perecer su
corporal envoltura. Es esta amis•
tad, es esta piedad dolorosa pm·
tantos sufrimientos inmerecidos,
p2ro también, dejadme decirlG sin
temor de rebajar vuestros actos
e exaltar los nuestros, es, tengo la
rnguridad p.Jena, el orgullo que
Francia os ha inspir2do, el que ha
levantado vue~,tras almas y conducido vuestras manos.
i Ah, cuántas cosas os han dicho de nuestro país los psicólogos
PEGASO

mediocres que en el seno de los
placeres fáciles que amasa, park
el cosmopolitismo que se encanta
cn ellos, una gran ciudad, no han
sabido comprender " través de un
velo que es sin embargo transparente, a la Francia val,erosa y pro.
ba, la Francia de los talleres y de
los surcos, la Francia de la labor
y del pensamiento. Pero vosotros
no les habéis creído nunca, y esta
terrible guerra rutestigua la se,
guridad de vuestro juicio. Veis
ahora, a diario, esta F,m ncia indomable. Sí, estoy seguro, es esta
admiración que nos enorgullece ia
qne engendra vuest!'a generosidad
No amáis a los que lloran ni a los
que se abandonan a su
suerte.
Amáis la fuerza, pero, como nosc.~
tr:os, no la respetáis .sino cuando
es la sierva y no la dominadora del
derecho. Ella no dominará al derecho, sino que le será sumisa. En
nombre de todos aqueHos que ha
socorrido esta solidaridad y que
ha ennoblecido vu·estra alma, er.
nombre de los héroes cuyas mRnos
incansables guardan una espada
que no romperá la violencia ni
sorprenderá la astucia, en nombr~
de la Francia que quiere ser libt e
y no soporta ningún yugo, doy las
gracias, a través de vosotros, a la
,,ltiva América, y para infundí·
una expresión más alta a mi pe 1~
samiento, al levantar en su honor
mi copa, saludo al pi-imer ciuda·
&lt;lana de vuestro país, al Sr. Presidente Wilson.
Señoras y señores:
Ahora, después de que estas pá,
ginas han caído de mis manos, no
me perdonaríais quedar sordo a
las apelaciones elocuentes que han
salido hace un insbnte del corazón de mi colega de Justicia ,el se·
ñor Cartón de Wiart a ¡:¡uien miro
enfrente y del corazón del señor
Vestnitch que, más cerca de mí,
ocupa un rusiente en es)ta ipesa
Es necesario que al salir de este
recinto no se diga que el repres:entante de esta Francia gloriosa
y noble a la que se han rendido
tantos elogios y homenaj-es, no ha
sabido responder, no ha sabido
hablar. En verdad, estaba muy
lejos de esperarme las pa,labras
que he oído, no pórque me aitreviera a dudar de la sinceridad que
las ha inspirndo, sino por no haEarme al oon·iente de las premeditiaciones oratorias ·que han traído aquí los que me han precedido.
Es preciso, pues, que hable, sin
fingida vergüenza, para glorificar
con los Aliados a nuestro noble Y
gran país.
Habéis dicho que Francia, en
primera fila, se había erguido, como siempre, emancipadora y pacífica; habéis dicho que en los pri,
meros días tenebrosos que se abatieron sobre EuJ"opa y cuando se

obscureció súbitamente eil hori$0Dte, todos juntos y con el mismo
corazón hemos tendido ,l as manos
hácia este procedimienJto de arbitraje del cual esperábamos la
paz. Habéis dicho que un dia nos
hemos forjado el sueño de ver que
a la primer amenaza de guerra,
todas las naciones se inclinarían
ante un tribunal supremo e irían
9 pedir a árbitrot desinteresiados
la paz que debería ser dada, y evitar a~í la guerra.
· Vos, señor Vesnitch, habéis recordado que vuestro país-es justicia confesarlo-ha hecho a la
paz todos los sacrificios que puede
hacer un pueblo libre, excepto
aquél que l'o obligara a borrnrse,
del mapa de las ¡iaciones. Y vos,
señor Cartón de Wiant, no teníaig
necesidac\ de conmover de nuevo
hlfustró's '·',ctJfuz6nes' evocando el
martirio de Bélgíca que ha dadG
la paz del mundo, al honor del
mundo, toda la sangre de sus venas, de este pueblo admirable que
se ha inmolado, que se ha sacrifizado y ha resistido fiel al juramento que otros mancillaron con su
perjurio.
C1'eeis que la historia, imparcial y serena, la que se escriba
muy por encima de los disturbios
y de los wmbates, 112ndirá al noble pueblo que representáis aquí,
peqneño ,p or la geo.grafía y tan
grande por el corazón, t◊'&amp;a la gloria que le es debida. (Aplausos).
Y es,ta Francia admirable que os
recibe, que os ayuda, y en nombre
de la cual tengo a honra inolvidable el hablar, ¿ dónde ha encontrado el ímpetu necesa,rio para resistir? Sí, lo dije hace un instante, lo
he dicho muchas veces, se había
desfigurado su sagrada imagen, y
con pretexto de que, incapaces de
salir de nues•tras viejas rencillas
nos habíamos dividido en grupos,
subgrupos y partidos, con pretexto de que parecíamos 1rreconciliables los unos con los otros, se había dicho que no sabríamos, nosotros los hijos, olvidar nuestras reyertas al llamamiento de la madre, es decir, al llamamiento de la
patria. (Nutridos aplausos.) Se
había dicho que Francia era frívola, que amaba el placer, y porque en las encrucijadas de nuestras grandes ciudades donde no
había sólo gentes nuestras, se ostentaban esos placeres demasiado
fácilmente concedidos, se olvidaban los mihlones y millones de
franceses pacientes y sobrios, valerosos y económicos, que han
, cumplido siempre con su deber,
que cumplen con su obligación cotidiana, y que, durante la guerJ"a,
continúan hacién.dolo. Estos psicólogos mediocres no habían olvidado sino una cosa, la historia de
F'uncia: no habían olvidado sino
una cosa, que no·s hemos dedica-

do que nos hemos consagrado sin
va~ilar a la misión histórica que
forma nuestro honor.
¡Ah! ¿ Por qué, pues, los soldados de Verdun han permanecido
inmóviles bajo la metralla? ¿Por
qué han dado al mt'.ndo el ejemp,!o
de un valor impasible que nadie
hubiera quizás so,spechado en
Francia? Se sabía bien que émmos va)i.entes, intrépidos y animosos; se sabía que éramos capaces
de marchar impetuosamente al
asa1lto, de ir al encuentro de las
bal,a s; pero lo que no se sabía, lo
que no se queria saber, es que tuviéramos es•e valor más difícil de
permanecer fríos e inmóvi,lea, con
la conciencia tranquila, con el cor:izón tranquilo, con los nervios
tranquilos y la frente alta bajo el
h,.m,rán de metralla más terrible
~ue h ·1ya soportado nunca ningún
pueblo. (Nutridos aplauso.s.)
;. P0r qué han quedado allí esos
hombres d, 18, de 20, de 30, de 40
año~, el hijo junto al padre, eí
tío al lado del sobrino?
i. Por qué han permamecido_ allí
es tos obreros, estos campesinos,
estos hombres de profesiones liberales, estos al:,o,gados, est ...s médicos, todos juntos, hombres de tocias las razas, de todos los credos,
ele todas las opiniones, el cura
junto al libre pensador, el proteslnnte al lado del judío, bajo la
misma metralla y bajo la misma
b:ondera '/ ' ;Ah! Es que hay allí un
atavismo glorioso que a hurtadillas del individuo infunde en su
sangre los deberes eternos. Es por
que ellos eran hijos de los soldaclos de Valmy que salvaron a
Francia y con 'ella la liber,tad del
mundo! (Aplausos nutrid=s.) Es
por que ellos eran hijos de los soldados de Vi1'lars, que en Denai n
salvaron una vez más a Francia.
Es porque eran los hijos y los biznietos de los solcro:dos que, con CarMartel en las llanuras de Poitiers.
defendieron la civilización contra
la barbarie, (Nutridos aplausos.)
He aquí lo que no sabían )os alemanes. he aquí lo que no en•señaba su
kultura, he aquí lo que la o,rganización y ,el método no descubren, he
aqúí lo que un psicólogo de segundo orden habría comprendido si
hubiera sabido leer al través del
alma francesa, si hubi•era sabido
descubrir las virtudes secretas y
sagradas que hacen del pueblo
francés el gran pueblo del que he,blásteis hace poco en la fcrma en
que lo habéis hecho.
Nos hemos levantado por la
iusticia y sólo po,r la justicia. Qu·edaremos en pie por la justicia,
quetlaremos en pie para vengar a
nuestros heridos, a nuestros huérfanos, a nuestros enfermos, a
nuestros muertos. Desde· el fondo
de sus sepulcros en que habita, no
obst:mte, una padencia eterna, éstos se sobresaltarfan si Francia
pudiera hacer no sé qué ademán
PfGASO

prematuro que dejara caer a su lado la espada que salió de la vaina
bajo la agresión :tan sólo para defen,der al derecho. (Nutridos aplausos.)
Y nuestros huérfanos con quienes tropezamos en nuestra g.ran
ciudad, y estas mujeres de luto
que llevan con OO'gullo sus crespones a través de los cuales podemos leer sobre su frente el dolor
sincero, pero ta,mbién la grandeza
de alma asociada con el dolor, y
todos . los que han sido heridos, y
todos los que volverán en parte o
apenas, y todos los que llevará?
mañana el fardo de esta calam1,
dad que pesará sobre las generaciones, ~odas ellos nos dirían:
"Qué ¿ era para esto para lo que,
durante treinta meses, bajo el cielo tempestuoso, en las trincheras
húmedas, bajo la metralla, he_mos
hecho frente a nuest,ro destrno?
¿Era para esto? No l.o creíamos.
¡Nos batíamos por otra cosa: Pº':
la generación que se levantar.i
mañana! "Era pa:r,a desembarazar
las cunas que tiemblan bajo la rn)rada de las madres, de la pesadrlla de una nueva guei,m. Si encontráis encarnizados en el combate
lanto a los adolescentes de 1?
años como a los hombres de 48, es
porque, más experimentados qnc
los niños, quieren que no vuel:7a a
caer nunca sobre la humanrdad
semejante catástrofa. Que mueran,
que sangren, que su corazón sufra, está bien ; pero el mañana s_ea
de liberación y que las generac10,
nes se levanten libres bajo el sol,
que puedan amarse, trabajar y
morir en paz. (Bravos y aplauso~.)
He aquí el sueño que nos hemos
forjado, he aquí el sueño que.realizaremos, he aquí el noble rdealismo que Francia representa con
sus Aliados y que se opone al materia1lismo mercantil &lt;en cuyo nomhre se ha desencadenado la guerra.
i Ah, bien sé que si las cosas hubier,an podido preverse, no habría
pasado esto! Sí, París debería haber sido conquistado en tres semarias, Francia en tres meses, Ru·
sia en seis, y en seguida todos los
psíses: después, el gran silencio
sobre Europa; el absolutismo, la
1ibertad desa,p arecida, el aplasta,
miento de los débiles, el Derecho
oprimido, nadie, salvo la Historia
-si se hubiera enconibrado un Michelet-para protestar. Y bien,
no! La Humanidad no ho, permitido que se cometiera el crimen.
Los hombres se han alzado, las
mu.ieres se han alz,i;do, los mnos
se han alzado: del corazón, de la
conciencia, del cerebro, la prot~sta ha partido. Lucharemos hastH
que la reparación necesaria nos
sea concedida. Por mi parte, sólo
conozco una: la que nos traiga en
sus manos la victoria. (Aplausos
estruendosos y prolongados.)

�a un negro que ha perdido la razón

EUSEBIO

DE

LA

CUEVA.-Por

tierras de Quevedo y Cervantes.-Mon!·
t"ney.-Mireles y Estra&lt;la, Editores.1917.-He aquí un libro sin literatu!ra;
por eso se deja leer sin pestaiiear basta (¡ne doblamo:. la última hoja. 1'amliiP11 gusta por su agilidad, por su an(laci::i infinita, por su clf'senfado estu-

pendo. rn autor dice lo qm• quif•re, sin
eufe.mismos, sin perífrasis y, a veces,

tercera mano. Eusebio de la Cuev.i 8'-'1vó el escollo de una mane:r-a airosa. En
realidad, ¿ qué iba a decir sobrn España este mozo 1 N acionalles y extranjeros
lo han dicho todo, desde la alaLanz·1.
hiperbólica hasta la diatriba in-iusta;
desde lo que penetra el ojo del ~en~ador y del artista hasta lo que pi2 □sa

Yestido 1 suavizado, no sería el libro que
es, sino uno de tantos que van al cesto
apenas &lt;les.florados. He dicho que es
uu libro sin literatura. Las alusiones
literarül°s qufe conbene &amp;ln 1 'pou~·
rire ", sin intención de meterse en honduras y van to1las en 1111 rlesgaire ingenuo que no deja .saber si el autor habla
en serio o echa a volal' en ello su retozona aleinía.
El título hace presumir qne es un libTO de via.ies a Ja antigua usanza, y

entender y no entiende el incomprew;;ivo. Por eso el autor, con ing-en~o digno
de loa, prefiere dejar a España :t. un
lado y Imbiar &lt;le sí mismo en gsoañJ..
A pesar del mtento ddibern.clO de ,w
fabricar nn libro &lt;le vulgares impresiones de viaje, el volumen uos sabe a JCspaña, sólo que no a la de los: monurum1•~
tos y de las leyendas, no a la d,, los
museos y !as catedra:les, sino a la España de las T)1tronns exigentes, ,le ;ns
sueldos rnezq11in-os, &lt;le la pobrez::t. iugéuita, qne se trausfonua, llegado el caso,
en la España uolfle, buena, generosa e

que nos top~remos con ei' lugar común,

hidalga.

:,in

'!l';lill&lt;Ític:i.

~¡ !n

!111h1t~lcl

,,,.,,., :1-

1

'•

con la frase sobada y la impresión de

"Veinte días de hambre en Madrid"

Emilia rlel CastütJo, Tabo :uhl. Padilla y PJaSC'encia.

en "El Reino de Dios•· de Martínez Sierra
·son muchos los juicios que tengo catalogados respecto a Martrnez Sierra,
casi todos emitidos por gente de un valer intelectual firme, y casi todos coinciden. Martint&gt;z Sierra es 01 literato más
c11roptsito para la mujer y ésto no
quie1·e significar un desprecio estético,
tüdo Jo contrario. Consigue la predilección entre nuestras
damas con la
f:tmción más franca y más noble que
pueda haber, por parte de la gente entendedora de letras y de arte. En sus
noYelas, además de que marca perfec-

b1m0nte la defensa de la mujer, es de
una suavidad y de una dulzura para
C'lla que lo hacen merecedor de todas
las gráciles y perfumad-as sirnpatias de
h1 femenina juventud. Martfnez Sierra tiene una curul en el Congreso de
lus letras, limpia de chanchullos, vttlida íntegramente y digna del más amvlio respeto, porque lo ampara el sufra.gin unánime de todas las almas femeninas que viven el abril de la vi-da.
Tu, Martínez Sierra, no meditas como Hamlet, ni envuelves las •se~mas
PtGASO

debería ::::c.r el título del Jjhro. Rn allQ.
l&lt;'no-o &lt;'st,'Í en la uoYcla picaresca, y e,
l.ísÍÍma que el linaje de los Lazarillm,
de los Guzmnnús de Alfarache y ele los
Jfarcos &lt;le Obregón se l1aya extinguido.
Alguien piensa que Rubén Darlo en su
autografía quiso resucitar e:i género.
Lo cierto e.'3 que el libro de Eusebio de
la Cue,·a reclama noblemente el pared.
t.esco.
Viva el antor muchos años, y viva
intensamente y refléranos sus andanzas
.
'
.
con s u habitual desenvoltura y su gu..
aardía no aprendidai escriba así, a la
diabla. aunque chinen alllá 1os señores de
la callle Valverde y aqu1 los de San
Ildefonso, mé.s pocos en nítmero, pero no
n~enos puntillosos que sus cofrade.; dr:

Madrid. El señor de la Cueva tiene

lliU-

cho talento, y muchos brfos y una visión
regocijada que 110 abunda entre gentes
!el ofi&lt;: o. S"rb ,1:1.i. lÍtst-ima que se nos

quedara en prtJmes&amp;.
Lector, si piensas que me propaso en
el elogio, lee sin prevención el lilmi
"Por tinras de Quevedo y Cervantes''
irreprochablemente presentado por la
easa de Mireles y f;:-(~!.·a.1n. Yo te Ho
que habrá de gust,a rte.

E. G.114.

en el complicado vaho de tragedia del
noruego Ibsen, pero si abordas a la
mujer en Sus do'lores, franciscana.mente
la tratas, la compadeces y la mimas, Y
s: tu espectador llora eres pronto pa.r&amp;
secar sus leves lágrimas con tu propio pañuelo.
"La Casa de Dios" obra estrenada el
último sttbado en el CO'lón, es inevitablemente una prueba irrefutable para
:1 poyar las palabras del cronista.
El primer acto se desarrolla en un&amp;
casa de caridad que tienen las monjas
y en donde viven los desvalidos. Sor
Gracia (Emilia del Castillo) es constantemente perfume en el parque que
la escena representa. Este acto tiene
además otros tipos que inundan de felicidad a los palcos y lunetas: Dos an•
cianos 1perfectam;ente
bien
Jllevados,
uno de ellos, Trajano, partidario de la
República, que practica el anacronismo
encantador de ensalzar a Robespierre,
bajo el techo del claustro y en su en•
t11siasmo libertario gritar y provocarse
un acceso de asma que cuida Sor Gracia. Las lé.grimas republicanas se mueren de vergiienza en el pafiuelo de Uno de la monja. El Trajano lo hace Talioada y juro que la comprensión de
E:ste papel es absolutamente atinada,
aJ grado que Martfnez Sierra podrfa felicitar al joven actor. Ya lo he dicho
Pn anteriores ocasiones, Taboada es ID·
teligente y cuando hace un papel con
cariño le pone matices que solo pueden
poner los que está.n dotados para justi·
ficar su presencia dilante de la con·
cha. El otro anciano lo interpreta Pactilla y como quiera que el persona.je
t!('ne mejores oportunidades de llevarse
l.&lt;i.s palmas, resulta mejor tratado por
le! público, pero yo, estimo mucho mft.S
lograda la actuación de D. Julio.
En ese mismo acto, pa~a por la et-

.e l papel de médico lo hace un señor
Camp; Siliceo, que anteriormente figuró en los carteles como Celis, y antes
de ser Celis, :foé viajero de una fábrica
de cnlzaclo y estoy por creer-antes no
Jr- conocí-que es mejor como
Celis,
que como Campa, y mejor como viajero
viajero yo
que como Celis. Si; .co mo
creo que está inimitable.
En el último acto, el ünico personaje
que subsiste en escena es Sor Gracia.
Se presenta otro anacronismo perfectamente bien encontrado. Sor Gracia e.s
la encargada de la inclusa y un inclui:,,ero se ha dedicado al arte de Joselito
y Ga'ona. Debuta y obtiene un. éxito colosal. Llega hasta la inclusa entre los
\'flores y las aclamaciones y sintiendo
un gran carillo por Sor Gracia, que lo
crió, le lleva el trofeo conquistado en la
c.rena, el codiciado por los aficionados
y las hembras envueltas en la maravilia de colores de un mantón, pero que
él reserva para "su madre," para Sor
Gracia; le lleva una oreja.
Este último acto tiene algunas escenas largas y un tanto cansadas, . pero
que por ningún motivo restan el mérito a la obra del gentil español, dueño
Ue la curul de marras.

el autor de la ohra es tan suave y

úna nobleza de sentimientos tan paque el tema de la mansa locura
es la nostalgia. "Ya no hay Cuba,··
"'¡a no hay mar," "tengo frío, mucho
(do." En las palabras lloronas del negro hay una poesfa-accesible que el
auditorio, ese auditorio bonachón de
nuestró teatro de comectia-se enternec&amp;, asegurando
con su actitud, a la
empresa, una permanencia prolongada
de Ja obra, en los carteles. Plascencia
iface ~ste papel y aprovecha la o por tnnidad de su nobleza para arrancar
aplausos.
En el segundo acto. Sor Gracia ha
cambiado de casa. Ahora hace la caridad en un asilo de maternidad y se
rn;cuentra el espectador cori diferentes
personajes.
Contamos con poco espacio para ésta crónica por lo que a nuestro pesar
no analizaremos detalladamente. El ac~
lo, sobre todo al principio, es muy gracioso. Al terminar hay una escena entre el doctor del asilo y Sor Gracia, en
qu~_ el primero declara su amor a la
segunda. Aquí es donde el autor puso
poco de inoportuna miel quinteriana a la obra, y para mayor infortunio
~8

Buffalmaco

El poeta a,1•g·c11ti11u U:m )lanuel
Cga.rtc recor1·iendo los salones dt• Ja
Academia de :Bellas _\rtes.

El Ultimo Poerria de Rubén Daría
Escrita para el Album de

la Srita. Regina Alcaide de Zafra.

Corre, Atalar\ta, corre, y tus rosas ql viento
dejen de su perfume embriagadora estela;
corre, Attl.lanta, co :-re, vuela, Atalanta, vuela
veloz como el re ámpago o como el pensamienlo.
Deja atrás las montañas pintorescas,
en donde Dian¡l
y sus nfnfas herm o~a¡.:,
al triunfo de la !frica mai'iana,
fre¡.:ca.
Y cuando hayas de ja&lt;lo el terr('strn ekmento,
YUela. so\JJ·i: la ma 1· como las .;.:-olondt•in:rn,
Y hajo las est~cl!a~ que en su a½ul 1inna1no1to
se con,uun de :·')sas dhtmantinas.
Y en lo azul infinito, detén tu raudo empello
cuan&lt;.10 llcguet: ,1 la isla en donde mora
la princesa que un (lí.l .vió un Simbad del En:-;uefio
que sn guiú por L1 hu&lt;&gt;l!a t101 carro de la Aurora.
¡Atalanta, a.lm ._ mía!
¡Atalanta, alm ~ mía!
¡Alinn. mht, Ai.al:1nta!
Es· alli donde eternamente cnntn
su noche un rui,;, •iío1·, una nlontlra. su día.
Hay un ja.rdin y e n P! ji1rdín hay una
fuente tlónde se abrevan
JlLlYOtTeaks tlel ~ol :r cisnes dC h Luua.
J,imn1H' ros fr,tgflntt:'S sus azahares 11ievau
y re;:;:uht lHS lloras 1rna in vi:;iblc li1·:t.
Y e n un 1i:1lac u (fo oro irurravilloso n1ira

la. bHla .';ciíora
que no:,tálgi.ca 111 r:1:
y dile de mi parte si ha llegado la hora
q11c rni e~pirii.u anhela ..
Y si dice que sí, ven al rnomento.
Con e, Atalanta, eo1T€', vuela alma mía, vuela
yeloz co1no el re lf11:1p:-lgo y como el pensatniento ..
;1

PEGASO

�tirara del campo. El

"referee"

marco

una falta al "Preparatoria", aplicán&lt;lo(e un ; 'penalty 1 ' ' que tiró Abigaíl del
·•Junior · ', pa1'{1ndolo \~iadas, que jt\~a.
ba de '· goal keeper' · pu1µaratoriano;
pero p.areee que el r'referee/) notó que
ui;o de los jug·adores del "Preparato.
ria·' se metió antes de que se patc:ir 1
el ··penalty'· e iba a ordenar qu(' i-.&gt;,
1iraru, de nue\·o e iando el capitán del
'·Junior 1 • no quiso pasar por ello 11•.
tirando a su equipo del teneno.
A'g-uno de los ,jugadores del 1 'Prcpa.
nlto1 ia ·' Se di igió a nosotros para pro.
te·cobr por h suspensión del .iuego, ,li.
riéndonos (Jue se alegaba para sllspentlet o y anularlo, el qne el "Prepa.-:.itoria '' se había presentado refon:arlo ,-011
tres jugado1·es de p1imera fuena, pere&gt;
que ron anticipación había re~:~stra.rlo
sus jugadores y, que, por cons•.;;L:1c1nt1.
no había razón pa.ra que se le recusara,
no estando.._ bampoco cont &gt;•·m~ t.'On IR
decisión del 1 'referee'' en repetir el
''penaJty'', pues que éste había sido
preparado por el portero sin la intervención de ningún otro jugador.
Acudimos a la presidencia de la Liga
eu demanda de inforrnes sobre este asunt,\ y el Presidente. señor don Pnblo
1

FOOT BALL

TIRO DE PICHON
En la mañana del último domingo, so
w'riíkó eu el '~stand'' &lt;le la Soeieda~l
N,lciooal de Tiro, en terrenos de la l~e..:
forma, un '' mateh'' preparatorio de ti1'0 de pid1ón 1 siend~ presenciado
por
llllHl&lt;'l'OSa

('OllC'Ul'l'Cncia .

To los los competidores lograron haeer rn U,\' buenos l iros , 1u cien do su ha.hil ida(l hasta donde lo permitieron lo-~
pichones, pues la ma.vor parte no Yolcibau 1:11 al&gt;rirne :hi ,iaula,1 sinf; quje S('
11r.b \1hu11 pa.nulos casi en la puerta, te-

niernlo qu/e '\ernntarlos. ¡espnutándolos
(·on piedraic;. Sin ernbúgo, en 10·1 pocos
que sdieron buenos, admiramos gran(1es tiros.
Entre los competidores anotamos a
los s2:ñores Algara, de la Fé, Ca vazza,
ZaYatarel!li, Gri~i, Barbern, ~Tíl"I! ·" ai!WllOS más.
~ El próximo día 5 se llernn'i. a efr•c-to 1111 eo!i(•t~rso en que se dis¡.H1Lan1 la

''España'' contra ''Plachuca.' '-Gana ''J;:spaña'' por cuatro ·'goals'' contra cero.
¡i;sµerábamos que este ''match· 1 resultada muy lucido, pero nuestras "Spe1,amrns salieron. J:aíllidas, pue.~ ~lesde
los primeros momeutoi- Oomrno el
rl{' pr"sentarse con sólo nueve jugado"team" ibero. El

"Pachuca,"

V
El próxuno día 5 se verificará en el
IJi piídrorno de ila Condesa, el tan espenulo encuentro de los "teams'' ",Jt1nior'' y "Mixcoa·c", que promete ser
uuo de los más sensacionales de la teP:porada, siendo muy a,enturado µr.~-ieeir gnién de los dos obtendr"a el tl'iun fo.
.!unior y Gern1ania en terrenos t1l'1
España.-Tablas por O a O
El dia pl•imero del uct_ual, por la tflr-

de, se verificó este match, que resultó
reñido e interesante por lo 11ivelado ele
]8 fuerza de ambos teams contendientes.
ninguno de los dos equipos lograra tra.s

1,oner la meta enemiga, lo que aconteció igualmente en el segundo

tiempo,

.sin que tampoco logran·( dominar nin-

la bola

ya en

uno, ya en otro de los campos.
Como en este juego se disputitba In
copa "'l'owcr," se jugaron. cuatro tiempos extras, de diez minutos los cloi; ¡,ri

además

mer os y de cinco los últimos, sin que
tampoco lograran ni el

"Germanía" anotarse

"Junior" ni el

un

solo

tantü,

1·or lo que se sm1pendi6 f'i juego ya c,t.
al
obscurecer, para continuarlo
cua.ndo el Comité de la Liga de m·ime
ra fuerza lo disponga, que sur, orn•m1~:.:
será después del próximo día ;:;.
Menudearon las buenas jugadas por
ri.mbos lados distinguiéndose principalmC'nte los goal keepers,
que pDraruu
si

f•clmiralJlenwntc,

asi corno

uno Oe 1os

clelanleros y las defcn!:::aS Llel "Germanía."

Del ":Junior"

ti Sr. de !a Fuente Pn un buen tiro.

Grupo de (.i¡•adOI'(•;,; ;r ('OUClU'l"ClllL',-(

eop,1 Prima\·m•a. llav ver&lt;ladero entusiasmo poi· este "~atch "J que, lfa,fa
la habilidad ele los tiradores, promete
estar muy reñido.

niors'' :1pretaron y sus contrarios no
aflojru.·on tampoco, terminando el juego
1·1111 uu cle:;;agrudable incidente q1.1¡e dió
por resultado el que el "Juni2r" se re-

PEGASO

sobresalieron

Abigail,

Zavala y Bernanlino. En cambio Casas
ele! niismo

1\le:xanderson, nos manifestó 1:ue dicho
juego había sid~ anulado, quedan do a
f.avor del '' ,J unlor ·' en virtn l d,1 &lt;11:r
el "Preparatoria" había 11.d1•rn!::l!LJ lodos los reg1}_amentos estableoi/tn~ por el
Comité de la. Liga, y tuvo la deferene:ia
de mostrarnos- el informe orl,;i.n::il 1'('11·
dido por el '' referee' 'i qui~"l maui!iesta
Cllle el tantas reces citado '' Prepu.rntG··
ria" se había pr'esentado con varios jugadores de primera fuerza qu~ no J''&gt;dían jug·a.r eu ese· 1 'te.am'' en v1rt11,l tlt
11ne ya tenían dos pases de otros N111ipos, lo c¡ue estaba prohibido pol' ('l ~~nmit&lt;' &lt;le la Lig·a. así como algoúr, otro
ju¡radot que ni siquiera estaba re¡!,'istn1&lt;lo. }Jl .señor .Al-exaruler:::.on nos mn1,ifcstó además que ya se había comunieado ofiri',ilmente v con anteTiciridad :il
&lt;'apitán del "P1~paratoria". que no se
le admitil'ían los mencionados jugador es de primera fuerza, y que de pr e~en·
tarse con ellos v llevarse a efecto el Juego. éste cmeda~ía anulado a fa'1or del
1
' .Junlor.''
Como de coshVJlbre, nos limitamos a
consignar los hechos, absteniéndonos dt
comentarlos.

tidas. Por lo ~;eneral ¡1-:i::;,t ,lf'~f(\JC't'~:!,!.!a
la f'\•01ucjÓJ1 de las tii·a~ 1lo.•. ~¿.fa, -.in que
un ex('eso de curiosidad bag·a que ~· -del \ nlg·o &lt;'Ono&lt;·i&lt;la la intcie'~nnte 1ianc1
e;ión. -i-n asnnto d ispierta interés bajo
lo.-~ asr-e('to~ histórico e ltig·iénico. Es
e;im to (]lle las &lt;lamas se hnl1an tan sólo
atentas en seµ;nir los derroteros qne la
moda impone, esa tirana qne to&lt;lo lo
avasalla.

•• •

El primer tiempo transcurrió sin que

pmo de los dos, estando

res, estuvo jugando con.mucho (le-safü,
¡n,
rlisting-ui(,ndose
úm,·,-unC':-:;fo
el
'·goal kceper'', q_ue hizo todo_lo que pudo por evitar que los contranos se anotaran tantos.
''Junior'' y ''Prepara.torta'', ter! 1enos del ''Junior.''
Bastante animado resultó este juego,
habiendo Jog-rado 10,3 preparntorianos
meter una ~·ez la bola por ln meta enemi.g-a, durante el primer tiempo.
Durante el segun&lt;l.o tiempo eontinuP
el juego muy animado, pues los "Ju-

L,1s li,!.i:as. esils cintas qne sÜ'YPn pnra
eYita.t· la ,·aída de las mdi,i.;. ei:;tú:1 or!._u11osas di-' s:t lii5ct,Fta. Poe::is p.:·t'J1Ü.as
benell el l onor de ,1a.:·,~:;.• :,;:.Jp 1~111 ili:,cu-

lcam dc,;arrolló un

ju(•g,1

bastanto sucio, cargando indobidarnonle Y por detrás a varios jugadu1·1:s 1lc-l
' 'Germania," siendo llamado al
on1en
por el referee.

No en todos los tiempos se han nsado
medias, pero si ligas. g¡ célebrn 11.istoriador romano .Julio Polux, afirma f)IH!
las damas las empleaban para sujetar
una especie de gregiiescos, haliiendo algunas tan ricas (¡ue, como lns &lt;le la emperatriz. Sabina., estaban valuadas en
cin&lt;·o rnlilones de reales. Bs 1lc adYertir
qne se halbban cuajadas &lt;b piedras
preciosas y tenían hermosos camnfeos
por broches.
Desde el momento en qne las ligas sirvieron pnra sn.ietar las nu~&lt;li!ts, ~nl'ricron varia,: tra11sformacio11cs. Durante
el hrgo períoc1o en que eshlvo eD moda
el calzón, no pnrere halle;: predominado
una cosfumhre tletcrminn&lt;la respecto
&lt;le la,s lig·as al descubierto. Agustín :M.of
reto. gnrn escritor dramático &lt;lcl siglú
XVII, nos demues tra que los homhrcs
usab:1 n esta prenda, pnes en nua poesía
tih,!ada ''Descripción del lindo don
Di('g-o". dice:

uy en a.justarse fas üigas
llegó a las ocho de un giro.''
P~ll'C'('C' ser (!He b li!.!'a fncrn. cld enlzón ln lll'•·rilla solam('l~ite la gente dis1.inguich. Lnis XVf 1 según nn rdn1to
de Callf't que figi;n1. en {'J :\lu~Po ih.•l
Prado, 11úmero 2,~JS.
}h,,·nha riqnfa:_
mas li.~·:u;. Bn nada le enYi&lt;.lialn Ln;~,
I. ~cgím d rnlrato de Ho1wsse. nñme1·0
2,181.
Cuando el} calzón esta-ha sobrepuesto
a la media las ligas iban ort1'.'n-: ;; llo
S!:'l' qPJ~ !:nhicra ahertura lat&lt;'rnl 0trn,veces subía la media por encima de la
rodilh )' las ligns se ataban ¡1,..1· 1k1&gt;:lfú.
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lie'lo sexo rlrl,ier.1 colo,·a1fas. Bahía ,fo,;
bandos, o~&lt;la nno de los tudes sustentaba su opinión. Los casnistas eran par
L_idal'ios de qne l:1s liµ:as se pusieran por
debajo de las rodii1af{. El argumento
pa;ra tl{'fender sn teoría consistía en que
dE' E'.-te modo es menos fácil Jn. nonnalidad df' la circnlnción y el desenvol\'imiento de' lus músculos· de la pantorrilla.
Toda nmjer que no cumpliera este
precepto era tenida por mundana. Los
otros censuraban duramente tales mandatos v recomendaban el nso de las Jigas ¡~or encima. de la rodilla, por Cl'eerlo
má.-; bigiénjco y más embellecedor. ]&gt;;t
empleo de ligas que opriman. &lt;~spr(·ialmente las &lt;¡nt se colocan en el primei:
t.ercio do la pierna, es en la mavoría &lt;k
los casos ~a eausa de varices y &lt;le la injnr.~·itación ele tejidos y de los maleolos.
Con~o si esto hnbiera tenido una. lmporta11cia O&lt;tpit(al en cnestio:1es tcológic,is, se dec!;naron enemin·o.,; jrrL•tunrilinbl s publi('ando varios :,;,fo11etos Je lo
lindo, &lt;'Omo casi slemprc que se excitan
Xos ánimos demasiado.
\
1,~er:ciernn los últimos, porque ,('Ollc¡nis!ar,Jn la voluntad femenina, afanosa de rnnseguir el mayor perfeccionatt1iento posible en el clesanolllo dC' l;J
pantorrilla.

• • •
Dos eran los ideales que se iwrsc~ufon: rohustez )' pure7,a de Ií1 C'as.
1

A111lw-:; se l·all aban

Jl"rsoniíi&lt;1ados

en

H éreules y i\.polo respeeti nunente.
! -·e!.wPido fué· el que prcdomin ',
datCtt'.do:se el helio sexo franeo p:u·litlario .
En eR! e ~sunt-o Tesnltnron los enR11i.,h1s ('nonn&lt;'J1-:.c;1t(' dcrroh1do:,. c·ouw no
podía. memos de suceder. ¡, Cómo b

rnn.iE&gt;r POrlín &lt;·M11i11ar YOlll'1h"·i ,,.
'e r.l ~uicicLio de .su hellez;a, y srrucl ~
S,e ilc J)Pdía un sacrificio sn1l -rior n
~11s .t'i1erzas 1
sin rontar eon que era
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Antonio Ohacre o.
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El número 10 de PEGASO!aparecerá
hasta el día 17 del corriente mes.

�En una retira~~ todos los caract1·res de una denci.~;.~1,"Cneral que galopaba como el vi»,.~j: volvió hacia su
ayudante que nJr~ menos qne su
j,,fe y le preguntl t • ' ·

7-ón: peru qu(! iha a hacerle, si no habla
m(J.s.

ll'rrogado.

l'n st·lior riquh;imo comín a diario en

• ..-·
' • ,.,
.

rn ami¡.:o dl'l célebre humorista :\lark
'l'\\'a in le escribió una carta en la que
c1f':,puti8 de decir que estaba Hlll)' 1na!o,

&lt;·l

rnisn10 r('Stn 11rant, sin darle janlá8
un céntimo de proplna al camarero. Un
di.i &lt;'•;;te I&lt;' dijo:

- Seliol', ;. 11ste,1 me 11ermile que lú dé
111 i fntogT:'.l.fia?
• ;. Para qué'! pregunt6 el señor sorPl'l'll•lido.
- l'nra que ,se acuerde usted alguna
n.' ✓,

dPl ea1narcro.

Has escuchad11
cmfdPPPpoz
;,Has hechatlo las cartas al (,orreo?
-Sí, señol', y una d&lt;' ellas antes qu11
las otras.
-¿ Por qué'?
Porque en el sohn•
te."
l'n individuo tien,, 1111 lwnnano
lono 11ue canta pésim:tm&lt;'nle.
L!n an1i.~o suyo l e pn.'gunta:

conclufa:

;.Qué hace tu hermano?
-.Ahora, ul~l B~trhc-ro."

- :.Hay algo peor que tener ÜC&gt;lor &lt;lo

muelas y &lt;le oldos a un tiempo?
.\ lu cual contC'slú l\iurk Twaiu:

'.\lt• alegt·o que" sr- de,1 ic¡ U{;~
C'ÍO.

- Sí. ?·r~,unalh'.tllu y baile cJe San \'H,,.

i::-,,,

1nucha1.:hu 11 n ~:l.'r,·ía }lara el ten,..

tro.

t·n pobre hon,bre al fotógrafo:
- ¿ Cuá.nto me costará hacer &lt;&gt;I retra-

to de mis hijos?
-Diez pesetas la docena.
--Nntonces tendrlt usted que esperar,
p,,rquc no tengo más que once n\iios.

Presidente.~;. Y climo, uesgraciado,
hab&lt;'is arriesgado Yuestro ho11or, vuestra
llh&lt;'rtail, vuestro porvenir, por unos miRerabl&lt;'s cincuenta céntimos que substrajo usted de la caja?
El acusado.--'l'iene usted mucha ra-

Tío San se inco1'pora a las filas alia-

rn caballero qu(, c·s 1., hondad personificada se Ye obligado, contra su ,·ohmtacl, a servir de r,aclrino a un amigo en
una cuestión de honor.
Designado paru dirigir ei lance, coloca a los a&lt;l1·ersarios y les da la señal en
estos tl'rminns:
-;.\delantC', seliores! ¡Y ahora procuren ustedes no hacerse dafio!

clas..

:\Iat'stro, estoy algo delicada del pecho
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 9, Mayo 4</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Manuel G. ReviHa.
Alfl?nso Reyes (Madrid).
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POR., ü\'IARIANO SILVA.

Es un tema muy literario por la delicadeza que encierra; pero ya que lo hemos de tratar alguna vez en la vi·
da, que sea en una crónica y no en el tercer capítulo cie
nuestra novela, ni en el último de nuestros poemas. La
crónica está hecha para las opiniones más pr6ximas de
la. vida; los otros géneros son para lucir ideas retocadas
y más cercanas del espíritu.

que sabía latín y estaba llamado al Seminario. La se!lora de Renal, siendo rica, no era lujosa, porque en 1830
la provincia francesa no lo exigía; a menudo su marido
tenía que recordarle en este punto algunas conveniencia~. Pero apenas amó, cuidó de sus adornos: un vestido ligero hecho con urgencia y unas medias caladas.
mandadas traer de París, fué lo que aquel corazón tierno escogi6 para agradar la vista de Sorel bajo el tilo
frondoso del jardín en que cada tarde se hacía un rato de
plática. En el curso de la novela fué tan significativo este paso, que el capítulo todo se llama así &lt;Las medias
caladas&gt;.

La crónica de modas de los periódicos me atrae sin
embargo de una manera irresistible y allí he aprendido
muchas cosas que en las grandes enciclopedias nunca
hubiera encontrado: como por ejemplo, que los encajes
amarillentos se llevan bien con unos ojos claros oque las
telas de seda muy finas apagan la espontaneidad. Sobre
Nosotros los habitantes curiosos dela ciudad, que rualas leyes del escote o de la transparencia hay capítulos
para dejar avergonzado a un casuista. Y esas firmas siem- mos calles libremente, venimos observando, de tiempo
pre frágiles que vienen al final de esas bellas lecturas , acá, una movible nota de color que llama por sí sola a
están allí como un rasgo indispensable. El esfuerzo de nuestros ojos y se parece a una parvada de palomas que
Mallarmé por descubrir a la literatura esa fuente de de· no acabara de abatir su vuelo: son las medias blancas de
licadeza, me parece más interesante que el de Lord By. las mujeres, jugando con los pliegues de las faldas. Sin
pensar en lo que el C6digo de la Moda diga en esta maron por arrebatar a los turcos la colina sagrada.
teria, por temor de encontrar razones desapacibles, ad·
Los que admiramos a esos cronistas más todavía que mi tamos que las mujeres bien saben, como la· virtuosa
a las comisiones de estilo de los cuerpos legislativos, no sellora de Renal, que el lujo de las medias tiene para los
podemos menos que lamentar cierto exceso de descrip- hombres un encanto particular, en el que fundan ellas
ción y una tendencia al abuso de los términos técnicos mil propósitos suyos que, si la vida no realizara tan inesque por otra parte ha servido para mantener esa litera- peradamente, podrían seguir un curso más lento según
tura alejada ctel vulgo y casi en poder de las mujeres de el novelista favorito de cada una.
distinción. Pero convengamos en que éstas mismas, paSi a los aficionados como yo a las crónicas de las mora brillar en la conversación, nunca se quedan- en el dominio puro del código de las modas sino que dan cuerpo das no les place mi meditación y toman como una frivolidad reprehensible perfeccionar sus estudios con la lecasu plática COll los personajes de su nove/a -favorita.
tura de novelas, les diré lo que se cuenta en &lt;La LeyenLa mujer vista en sus adornos es algo que embellece
da Dorada&gt;. Un día ofrecieron en el mercado al evange·
el mundo como la pureza de los espíritus debe embellelista Juan una perdiz vi va y él la tomó en sus manos con
cer el cielo. Pero además de lo que logra como espectá- amor y se puso a acariciarla. En tanto, sé acercaron unos
culo, hay en cada mujer y en cada adorno que ésta lleva
muchachos qne llevaban arcos y flechas para matar páuna intención particular y secreta que es de la que quiejaros
y uno de ellos dijo a los demás, •Mirad a este anro hablar aquí, aunque solo sea valiéndome de lo que puque juega con un pájaro como un ni!lo podrfa haciano
do recoger el espíritu penetrante y milagroso de Stendcerlo&gt;.
Entonces el apóstol, adivinando su intención, se
hal. Os remito a la novela inolvidable, &lt;Le Rouge et le
volvió
y le dijo con dulzura: •Así como el arco de tu fleoir•. La se!lora de Renal, que demostró hasta el fin la
rirtud de su alma, empezaba a sentir que su voluntad cha se debilitaría si Je tuvieras siempre tendido, de la
corría misteriosamente hacia los ojos de J ulián Sorel, misma manera nuestra frágil naturaleza humana se deuel joven de belleza extra!la, preceptor de sus hijos, bilitaría por la contemplación si, persistiendo en su ri·
gor, rehusara ceder muchas veces a su fragilidad&gt;.
PEGASO

�~w_~~•·~
~
~
--~~-

tos de dormir, sin despertar la me·
nor sospecha.
Una vez arriba, detúvose un momento para escuchar, siempre sonriente pero conteniendo el aliento,
~;&gt;;¿&gt;-_;;;¿~
y con ~l pecho palpitante de traviesa
emoción. Sorprendióle un tanto,la
pesar de todo, que no lleg:1-sen !.' ~us
oídos las voces de los criados ,Ill el
sonar de la loza y de los cristales en
POR., JOSE LOPEZ-PORTILLO Y ROJAS
el comedor, siendo así que era tiempoya de que la camarera fuese prede arriba, y blancos por la que toca
Especíai para, "PEGASO".
parando la cena. Tuvo entonces la
al
suelo,
sentíase
inundado
de
saI
glacial impresión de que la casa estisfacción indecible: hasta hubiera
Es un chico excelente Pascual
tuviese desierta.
deseado
saludar
a
los
conocidos
con
Cordero; pero tan bueno, tanto, tan-¿Todos han salido?-se pregunlos
pies
en
vez
de
las
manos.
to, que t&lt;&gt;l vez se pase d_e la raya:
tó con ansiedad. -¿Hasta Mercedes?
ustedes juzgarán. Su mu¡er, MerceReflexionó un instante.
III
des, que es muy bonita, pizpireta e
-No es posible, se contestó a sf
inclinada a jugar con los vocablos,
Salió Pascual aquel día (aquella
mismo, mi esposa debe estar especon el honrado fin de ponderar la
tarde mejor dicho), más temprano
rándome,
.
dulzura y placidez del alma de su
que de costumbre?. de la oficina donY continuó camino adelante, siemesposo, suele cambiar el orden de
de trabajaba, agui¡oneado por el depre con la sonrisa en los labios. De
la colocación de las dos palabras que
seo de comparecer ante su bella
pronto se detuvo, porque escuchó
forman su nombre, y llamar a su
consorte como llovido del cielo; Y
rumor de voces. ¿De dónde ".enia1
marido Cordero Pascual, en lugar
dirigióse aleqre y confiado, y, a maPocos instantes duró su perpl~¡idad._
de Pascual Cordero. Esa inocentísiyor abundamiento, con la sonrisaen
Bien orientado ya, comprendió que
ma broma, da mucho que reír a la
los labios, al nido de sus blancos
venia del aposento de su mujer. ,No
gente.
amores donde se imaginaba iba a - lo había dicho? Era imposible que
iCordero Pascual! iCuánta blancutener l~gar unaescenagraciosísima
Mercedes faltase de la casa a aquella
ra, suavidad y mansedumbre van
de sorpresa, gritos y desbordado alhora suprema. La servidumbre poenvueltas en ese par de voces evanborozo. Todo el toque estaba en lledría andar ausente, µero ella no,
gélicas' Recuerdan la sencillez de
gar hasta el lado de su mujer sin (lUe
porque le esperaba. El rostro de
un modesto menú; porque el cordero
ésta se diese cuenta O.e su prox1m1Cordero se iluminó en la sombra,
pascual es un manjar exquisito p~ra
dad en soltarle allí una sonora Y
y el marido siguió avanzando por el
los judíos. ¿Y quiénes son los Juopo~·tuna carcajada, y en calma~ en
pasadizo,
. ,
Q ,
díos? Es un error pensar que lo sean
seguida sus nervios estremecidos
-iQué sorpresa! se dema, i ue
únicamente los prestamistas Y los
por la emoci6n. Era seguro que ella
bromita tan espiritual! iY cuánta
descendientes de Israel, porque _lo
le dirigiría estas o semeJantes pregresca cari!l.osa después de pasado
son todos los que crucifican a Cnsguntas:
el sustazo!
.
to, y no hay pecador que no le cru •
-¿Cómo has venido?
Se atusó el bigote con la galante•
cifique. Así lo asienta don Alberto
_¿Por qué no he oído tus pasos?
ria de un gato que se lo lame, y una
A todo lo cual podría él dar resLista:
oleada de bienestar inundó su corapuesta satisfactoria con sólo levan¡Muere, gemid, h?m~nos!
zón.
,
d
¡Todos en él pus1ste1s vuestras mano~.1
tar una tras otra ambas plantas del
Pero al llegar a la puerta e 1•
:flamante calzado, para mostrar a la
alcoba, la encontró bien cerrad~.
El presente bosquejo agiográfico,
maravillada compaiiera de su vida,
¡Cosa más extran.a! ¿Por que est~na
lleva por objeto relatar, en compenla blanca, suave y callada materia de
clausurada? No era natural. Algmen
dio brevísimo, la forma en que fue
que estaban hechas. Risas, exclamahabía adentro. Aplicó el oído Y essacrificado cierta vez, (iay! una de
ciones y el idilio acostumbrado, secuchó claro y perceptible el rumor
tantas,) el mu.v recomendable Y
rían consecuencia forzosa de aquella
que confuso había, percibido a distranquilo Pascual Cordero.
mímica persuasiva y de buen gusto.
tancia· era un dialogo discreto Y
Era ua chiquillo el bueno de Pa,sII
bajito,' muy bajito y muy discr~to.
cual· un chiquillo de treinta años, lo
,Quién estaría con Mercedes? ,Al·
Sucedió, pues, que tuvo nuestro
que ~ada tenía de particular, pues
guna amiga? ¿Alguna criada? No,
héroe, hace poco, la idea de comtodo el mundo sabe que hay chiqui¡ voto a sanes!; no era voz de muJer,
prarse unos zapatos de moda, de1·•
llos de más edad que esa, y que los
sino de hombre la que susurraba.
nier cri. Nadie ignora que el calzado
hay hasta calvos, canos y de cutis
Su timbre profundo formaba conque prefieren hoy día los elegantes,
surcado por arrugas, dobleces Y patraste con el dulce, acordado y fino
tiene suelas y tacones de hule. Pentas de gallo.
. .
acento de Mercedes: era un duo ~•
s6 dar con esto Cordero un buen qolLos hados le fueron prop1c10s.
soprano y barítono, o tal vez de ba]O
pe ante la faz de la sociedad, y, ade·
Llevaba en el bolsillo la llave de la
y soprano; no pudo precisarlo con
más, aprovechar las ventajas del
puerta, y esto le permitió abrir la
entera exactitud por la gravedad
caso para deslizarse por dondeqmedel zaguán sin necesidad de acudir
del momento, por más que tuviese
ra sin ser sentido, como un fantasal timbre y poner en movimiento.ª
un e:rnelente oído músico.
ma como una larva, como uno de
la servidumbre. Se coló, pues, bomSin resolver aquel problema acús·
tan'.tos lémures como andan por allí,
ta y sigilosamente hacia adentro,
tico siguió escuchando Cordero.
o, para emplear_ un lenguaje más
sin levantar el más peque!l.o Y leve
call~do, recogido y haciendo todo lo
llano y comprensible, como un caurumor.
posible por no dar se!l.ales de si.
teloso gato, dando muy divertidos
Comenzaba a cerrar la noche, peYlooy6itodo!, iitodo!!, ilitodo!!!.,.
sustos y bromitas a sus relac10nes.
ro no halló encendido el foco elécy guard6 en reserva su propósito
trico del hall, y pudo subir la escaIV
hasta para su misma cara mitad, a
lera perfectamente cobijado por la
fin de comenzar por ella la serie de
Una vez cerciorado de lo que se
amiga sombra . .A.rrimóse a la pared
las inocentes travesurillas que tenia
trataba desanduvo el camino que
cuanto
pudo
para
que
no
rechinase
proyectadas.
. . .
acabab~ de recorrer, siempre con el
la madera y fue su hiendo despacito,
El día en que hizo la adqmsición,
mism0 sigilo y con las mismas predespacito,
y
con
gran
prudenma
Y
no cabía en sí de contento, pero
cauciones,
sali6 a la calle, cerró la
recato.
anduvo cabizbajo para verse incesanpuerta
con
la suavidad, guardós~ la
Tedo
le
fue
favorable:
no
tuvo
el
temente los pies. Figurábasele ser
llave
en
el
bolsillo
y se dirigió al ¡ar
menor
tropiezo,
y
puso
la
planta
en
un mandarín chino, de esos que lledin
más
próximo.
Allí tomó asien~
el
pasadizo
que
conduce
a
los
cuarvan pantuflos, negros por la parte

PASCUAL CORDERO

en un banco solitario, y se di6 8
reflexionar.
-,!Qué haría? ,Qué haría?. se
preguntaba.
El caso era bastante comprometido. intrincado y ¡ieliagudo. Lo pens6
maduramente, y después de pensarlo y meditarlo mejor, apartó de su
ealenWriento y febril cerebro toda
idea ominosa de suicidio, homicidio
naesinato. iNada de crímenes ni de
oad.íveres! Ni siquiera se le ocurrió
ecoar mano del divorcio, porque to-·
do e~cándalo le ponía carne de

gallina.

De pronto, en medio de su estupor, sinti6 que un rayo de luz peraba en su dolorido espíritu, con
recuerdo de aquel conocido proquio que establece este mandato:
la, injurias o bien calladas o bien vengadas! Tenía, pues, que elegir entre
aquellos pavorosos extremos. P&lt;1ra
salvar la situación gallardamente
pr°"entábanse a sus ojos, esos do~
intos caminos. ¿Cual de ellos eser? iEspantoso dilema!
pasó la mano por la frente, sa~ el pa!l.uelo y se enjugó el sudor
lle la angustia; pero al tin tom6 su
11tidocon brava resolución. No se
a.ría, inó!; pero, en cambio, ica ia!, si iicallaría!!; y tanto y tan
en, de uua manera tan absoluta
rfiada y hermética, que no lo
garía. a saber nunca nadie, nadie,
ini siquiera él! i ni siquiera ella!
Una vez adoptada aquella medida
r~ical, no tuvo ya más que hacer,
stno esperar ..... , esperar que co.
rriese el tiempo hasta que fuese llegada la hora de sequridad, que era
la de costumbre, en que pudiese
volver tranquilamen~e a su casa.
Hízolo, pues, así, y para el más firme éxito de sus planes pacifistas
dejó pasar una media horita más'
considerando muy cuerdamente:
que nunca es excesiva la prudencia.
Al llegar a su casa, hizo punto
omiso de la llave, oprimió resuelta

ne'.

y valientemente el botón eléctrico
para anunciarse con mucho ruido
y, cuando le fue abierta la puerta'
subió la escalera por el extremo ex'.
terior de los peldaños para hacer
crujir el maderamen con el mayor
estrépito. Respiró: estaban encendidas ya todas las luces, andaba
atarea.da la servidumbre, y Merced~slozina, ~resca y hermosa, aguardabale apas10nada y sonriente.
-!Qué hacías, Pascualillo?-preguntóle con gracioso entrecejo en
se!l.al de amable reconvenci6n. Has
tardado mucho; me tenías con cuidado.
. -Ha habido trabajo extraordinar10 en la oficina, repuso Cordero
con cara. pascual.
-Pero, icalla! ¿Por qué no hacen
ruido tus pasos? Pareces alma en
pena.
-Es que me he comprado zapatos de moda, tontuela: mira.
~ el esposo levantó un pié despues de otro para que viese la consorte la blanda y elástica materia
de que estaba hecha la planta del
calzado.
-iTacones y suelas de hule!murmuró Mercedes cavilosa y alarmada.
Reflexionó unos momentos, enarcando las preciosas cejas, y luego
contmuó:
-iSabes que no me, gusta esa
moda, Pascual?
-¿Por qué no, monina?
-Porque un dia u otro puedes
darme un susto.
-Tienes razón: ahora mismo he
estado a punto de dártelo . .A. mi
tampoco me agrada; no volveré a
u~ar estos zapatos.
Y agregó:
-:-Se los reg•la ré a alg_u no de mis
amigos,
V
Desde aquél día toma nuestro hé·

roe varias prudentes medidas antes
de llegar al domicilio conyugal.
Retarda la hora de la vuelta a su
hogar todo lo posible.
No hace uso de la llave para abrir
l": puerta en ninguna ocasión y por
nmgún motivo.
Hace sonar varias veces el timbre
antes de entrar, para que se sepa
que es él quien se presenta.
Ha sustituido el silencioso calzado
de hule por otro de sonantes tacones
y suela de rechinido.
Y, finalmente, cada cabo de semana, se anuncia a su esposa desde
lejos, por medio del teléfono con
una anticipación- que nunca b~ja de
de qumce o Teinte minutos.
Merced a tan sabias precauciones
no ha vuelto Cordero a encontrar 1~
casa sola ni a oscuras, ni ha torna·
do.ª escuch:-r duos de barítono (o de
ba¡o) y soprano sotto voce, detrás de
la puerta de la alcoba.
Así todo camina viento en popa
en su tranquila casa, y en el hori ·
zonte de su felicidad no se dibuja ni
la más ligera nubecilla,

VI
Por lo que hace a Mercedes, sigue
con sus mercedes, con perdón de
sus mercedes.

Y USUF- BEN-ISSA,
México, abril 14 de 1917.

Busque Ud. el próximo
número de "Pegaso."
-Como de costumb-re
Pl.lblicará unicamente
artículos inéditos de los
mejores escritores mexicnnos-LeaU d.Ia revista de los intelectuales.

Caricatura Extranjera

Sorpresas de la aventura de la conquista del dominio universal

PEGASO

PEGASO

�LA e.ACTUALIDAD CIENTIFICA

LA UNIFICACION DE LA HORA EN MEXICO
POR JOAQUIN GALLO
Director del Observatorio Astronómico Nacional

LOS POETAS JOVENES DE "PEGASOtt.

Carlos Pellicer C.

.José M. Solis

HOY LA CANCION MAS NUEVA·····

A GUILLERMO DA VILA

1Hoy la canción má.s nueva quiere_ decir mi boca.!

Amigo mío, la vida no. hay que to~~rla. en serio.
Es una vieja broma de Dios; que te d1v1er~a1;1
mis pobres versos jóvenes ya. que en _ello~ IDJerta.n
la Virtud y el Peca.do su pasmoso m1.eter10 ..... • .
Ves? puntos suspensivos; ya no alcan_za. el salterm
para. decir sutilea cosas~·· Y que lo adv_1ertan
tus ojos y tu alma ... Estos puntos desP_tert~n
ciertas curiosidades dignas de tu bem1sfer10
frontal. Amigo mio: nunca. te desesperes;
espera siempre algo de lo que nunca espere~.
(Y no es cábala., conste), Tiene _a vec~s la Vida
ciertos bellos caprichos como d1V11gac1o~es,
que nos hacen cantar con el alma. transida..
de un inmortal deseo de actuar en sus a.cmoneE1.1

Para. ello es necesario romper la antigua flauta

contra mi corazón, que es de cristal de ~oca
y norma sus anhelos en la. futura pau~a ... ·· _
d
No sé quién me la ha. dado¡ pero. m1 eot.rana muer e
la incomparable rima del alba vemdera;
mi dolor es más hondo y mi campo más verde,
porque en mi se prepara la mejOr sementera. _
¡Y mañana, (un mañana gastado en las entranas
de lo inmortal), mis glosas tocarán !º trompeta,
a su grito saldrá fuego de las montanil.8
y un suspiro del hondo silencio del planetA.!. •· •

~fartín Gómez Palacio

ERES EL COLMENAR DE MIS ENSUEÑOS
Eres el colmenar de mis ensueños:
si la vida arrebata
al más ligero, y ante la escarlata

de una boca de besos que se venden
lo lleva;
.
si una. quimera mí&amp; es agitada.
por la. noche, y en loca. fra.nca_?hela.
se aventura asa, mal acompanada, .
sin mé.8 techumbre que el azul que riela
la luna;
si un pensamiento ~io no :eposa
con obsesión &lt;le líquidos cnsta.les,
y mal llevado por sn afán se posa
en el VA.SO de acopios otoñales
.
,
del a.genjo,
todos mis peneam1entos, el que h9:st10
HUpo hallar en loe besos mercenar10s,
el trasnocha.do bajo el hondo frío
de loe luengos rosarios
estelares,
.
el inseguro por lib_a.r manJar:si
van a. tí con idénticos empen~s,
porque dentro de ti son una. r1~a.
de castida.d, y en M todo los mima.,
ya que tú
erea colmenar de mis ensuefios.
4

.Jaime Torres Bodet

A TRAVÉS DE LA HONDA INQUIETUD.···•
A travé1:1 de la honda inquietud de mi alma.
Que la aurora conturba 1 me e_xalta.1:11;1 gr~n deseo
Del bienestar profundo de la 1nmov1hdad,
Un miedo
De todo movimiento;
Una voluntad dulce de sentirme sereno,
De llenar mis mira.das de crepü~cul?s .
Apenas presentidos,_y C';)nfund1r m1 ahento .
Con la brisa. romántica ae las noches de luna,
La. aurora. me fatiga, y me siento extenuado
Antes de haber vivido, con un temo~ eterno
De que la vida rompa. la. magia de m1 fuerza,
De que li1. luz del sol borre en el cielo
La. trémula. ca.ricia de plata. del lucero., .
Con el temor continuo de tener que v1v1r
Una vida en que muere todo ensueño!

y me invade un profundo desaliento,
Un asco para. todo,
.
. .
Un deseo infinito de hmr el mov1m1en~o
y de ir velando todos loe ca.nto, de la. vida
Con el divino canto del Silencio ....
PEGASO

A nadie se le oculta la imUno de nuestros hombres de ciencia de más prestigio, el iAgeniero
Este, del Centro, de la Mon·
portancia que puede tener
Joaquín Gallo., Director del Observatorio Astronómico Nacional, ace.
taña y del Pacífico, difirienpara la República la acepba de didgirse a algun ts agrupaciones, proponiéndoles que apoyen su
do cada uno de ellos, un
tación de una hora fiJa.
iniciativa para que se establezca la hora única en toda la Rt:ttública.
número entero de horas con
, fEI viajero que sale Ae la
"Pegaso'.' ae satisface de: registrar en sus columnesJ.este: importanti.
respecto a la hora de Greenciudad de México y llega a
simo proyecto y e"pera que la loable: inidativa del seño,r Gallo sea
wich;
y asf se cuentan resotra población del país, enatendida con todo el interés que: merece.
pectivamente 5, 6, 7 y 8
cuentra que su reloj marca
horas de diferencia con este
una hora distinta de la que señalan los
Esta institución ha tratado de reprimer meridiano.
relojes de la localidad y aún que tomediar el mal, invitando por medio
La configuración general de la Re·
dos los relojes públicos discrepan ende la prensa a los relojeros y al públipública Mexicana, ancha en el Norte,
tre sí. En resumen, no se sabe cuál
co a que pidan telefónicamente la hora
y estrechándose poco a poco hacia el
es la verdadera hora. El reloj del pade Tacubaya. Los Ferrocarriles y Te·
Sur, en dirección del S. E., quebrando
lacio de gobierno o de otra oficina púlégrafos conectaron sus líneas a una
bruscamente su eje hacia el Oriente,
blica, probablemente marcarán la homagneta dispuesta para ello y que es
para terminar en la Península de Yura con algunos minutos de diferencia,
accionada automáticamente cada 60
catán, hace que la máxima diferencia
porque álguien, que es el relojero ofiminutos por uno de los péndulos de
de longitude:; entre el punto más occicial, la toma de un pequeño cuadrante
tiempo medio, que se toca a diario padental de la Baja California y el Cabo
solar, que por lo general no sabe usar .
ra tenerlo con un error que no exceda
Catoche,
que es de 28°, sea entre los
Es, pues, importante que en una mis•
de 10 segundos.
puntos más al Norte y más al Sur,
ma población se tenga una hora que
La importancia de la unificación
que dista más de 11°enlatitud. Se me
sea la &lt;tipo&gt; y que a ella se ajusten
de la hora se hace más notable en
ocurre, desde luego, hacer dos divitodos los relojes; pero si es posible
los puertos, a donde llegan barcos
siones de r sº cada una, teniendo por
que en una población aislada se adopde lugares lejanos y con los cronóejes a los meridianos de 90º y 105° al
te una hora, al tener relaciones comer•
metros arieglados al primer MeriVV. de Greenwich y en las que se contaciales con otras, al no estar aisladas,
diano del punto de partida. El marirán las 6 y las 7h de diferencia con ese
sino formando parte de una nación,
no debe conocer la marcha de su croprimer meridiano. El meridiano 90°
debe también regirse por una hora
nómetro de la manera más exacta po~
pasa al W. de Mérida, Yucatán, el de
única, pues de otra manera no se comsi ble: una ignorancia de ~lla puede ser
105° por Tepic. A uno y otro lado se
prende cómo podrían regularizarse los
de fatales consecuencias. A este resextenderían
husos de 7°30'. Ahora
servicios de comunicaciones. Un rapecto, me voy a permitir referir lo
bien. ¿ Qué puntos de la República
zonamiento infantil conduce desde lueque presencié cuando llegué a Puerto
serían los límites de estos husos?
go a la aceptación de una sola hora. Si
México, procedente de Glasgow. El
Teóricamente es muy fácil decirlo,
no fuese así, qué trastornos, confusiocapitán indicó que uno de los cronó·
pues
bastaría trazar en una carta los
nes y accidentes ocasionaría el hecho
metros se había parado y que el otro
meridianos respectivos; pero prácticade que el conductor de un tren fuera
no marchaba con regularidad después
mente es muy difícil, porque la falta
ajustando su reloj, en cada estación, al
de haber sufrido fuertes sacudidas en
del conocimiento exacto de nuestra
tiempo local. Y si los ferrocarriles huuna tormenta y que para determinar
Geografía por un lado, y por otro las
bieran adoptado una hora única por
su posición se valía de la latitud, del
divisiones o secciones de los ferrocala que deben regirse y eF1 la localidad
rumbo y del recorrido, estos últimos
rriles y aún los provincialismos de los
se usase otra, los perjuicios que sufribien inciertos en la navegación.
pueblos, son factores que entorpecería el comercio, sobre todo, serían
Arribamos a Puerto México é imparían esa división horaria: prueba de
grandes.
ciente el Capitán, me dijo que esperaesto es la de los Estados Unidos. Los
Vemos, pues, la necesidad de adopría la señal del medio día de Greenlímites horarios no son meridianos,
tar una hora a la que deben sujetarse
wich para comparar su cronómetro;
sino
líneas sinuosas, por ser accidentes
todos los habitantes de cierta región 1
tuve que confesarle, con vergüenza,
geográficos o terminales de división
a la que se sujeten también las tranque en México no se acostumbraba dar
de las vías de comunicación y para no
sacciones y los medios de . comunicaesa señal. Nos dirigimos a las oficicitar sino dos ejemplos, mencionaré:
ción, y esa hora única será la hora
nas de los telégrafos y del ferrocarril,
19, el límite de las 5 con las 6h. Cooficial.
donde nos esperaba una desilusión.
mienza en Port Arthur, sobre el me·
Es, en verdad, algo difícil mientras
El reloj del ferrocarril tenía un retraridiano 89 en donde se debía contar
no haya propiamente hora oficial y
so de 4 minutos con el del telégrafo, á
tar las 6h; sigue l)0r la frontera del
servicio e inspección, que los relojes
pesar de que los empleados asegura- ■ 1Canadá, a través de los grandes lade una misma ciudad marquen la misban que los relojes marcaban la hora
gos, hasta llegar a Bu/falo. El otro
ma hora. Consta a todos que eso pasa
exacta. No hubo más remedio que proejemplo es el límite Sur del huso de
en la ciudad de México: cada relojería
ceder a determinar el tiempo de la me·
6 y el de 7 en el Paso. Esta población
que tiene cronómetro y anuncia como
jor manera posible, y- dar la correcestá sobre el meridiano 107; teóricahora exacta la que marca, se rige por
ción a las oficinas. Si por falta de premente se debía contar allí una hora
el criterio más o menos justificado del
visión se hubiera tomado la hora de
que difiriera siete horas de la de Greenrelojero, y así se ve que a pesar de
una de ellas solamente, se hubiera tewich, y a pesar de eso se cuenta la
anunciarse que los cronómetros marnido un error en la marcha, que podría
hora que difiere en 6 unidades sola•
can la hora exacta, difieren, no segunocasionar perjuicios en el viaje de remente. Es que termina una división
dos, sino hasta minutos los cronóme•
greso del vapor. Con lo dicho, creo
del Ferrocarril Southern. En nuestro
tras entre sí y aun los relojes de Caque ya es suficiente para dar idea cla·
país no se han extendido los ferroca
tedral y del Palacio. En verdad no
ra de la necesidad de adoptar una horriles como en nuestro vecino del
lllienten lo~ relojeros cuando anuncian
ra como oficial 1 a semejanza de lo que
•Norte, y por tanto no sería fácil .nar·
la hora exacta: lo que falta añadir, es
han hecho en todas partes.
car
los límites horarios por las divilabora del Meridiano que tienen y que
En Europa rigen ciertas horas para
siones o secciones términos de ellos,
hería ser precisamente la del Meri·
diversas regiones. En Estados Unidos
pero se podría recurrir a cierto límite
no del Observatorio Nacional de
cuatro sistemas, de una hora cada uno,
natural.
Tacubaya.
se cuentan; se tienen así el tiempo del
Si en la carta se trazan los husos

�A@#

DEL "GASPAR, DE LA NUIT''
DE LOUIS BERTRAND

qgww

Traducción de Rafael Cabrera

c!7lffe @clonil:ib

HARLEM

.

Cw;rndo cante el gallo de orode Amsterda1n.1
Pondtrá la gallina de 01'0 Harlem.

La Catedral de México

LAS CENTURIAS DE NOSTRADAMUS.

POR.., MANUEL TOUSSAINT

Harlem, esta broma admirable
que resume la escuela flamenca,

Harlem, pintada porJ!'an Breughel,
Peeter Neef, David Temers y Pablo
Rembrant;

Oficiµas de la Dirección clel Observatorio .Astronómico Nacional.
horarios tomando como ejes los meri~
dianas de 90° y rb5°, veríamos que el
Territorio de Quintana Roo y los Estados de Yucatán, Chiapas, Tabasco,
Campeche, Oaxaca y parte del Es~ado
de Veracruz, estarían comprendidos

en el de 6h. En todos los otros _Estados se contarían las 7h a ex~epc1ó_n de
una pequeña parte de la ~ªlª Ca_hfornia, que tendrá 8h de d1íerenc1_a de
longitud. Las dificultades menc10nadas solo hacen pensar en tomar como
límite entre 6 y 7h de Itsmo de Tehuantepec. E3te está cruzado por :un
ferrocarril que podría servir de lí~1te
admirablemente; pero para no lastimar
el provincionalismo podrían aceptarse
como límite las fronteras de los Estados de Tabasco y Chiapas con los de
Veracruz y Oaxaca. De esta manera,
un pueblo que está en el Esta~o de
Oaxaca contaría 7h, uno de Chiapas
6h y por lo tanto se propondría que
toda la parte restante de la Repú?l~ca,
incluso la Baja California se ng1era
por la hora que difiriera en 7 de la
Greenwich. Es verdad que la parte

más poblada de la República tendría
una hora adelantada 24 mm u tos y que
las regiones de Chihuahua, Durango,
Tepic, etc., menos densas en población, la tendrían exacta; pero esto no
es una dificultad seria frente al hecho
de haber vivido años enteros rigiéndose por cuadrantes solar~s que .en
ciertas épocas del año dan diferencias
hasta de 16 minutos.
.
La parte más occidental de _la Ba1a
California, y en la que en relidad _:e
debería contar las 8h 1 es muy pequena
para que se tuviera en c1;1e,nta. Los
poblados fronterizos se reg1nan por la

hora de los Estados U nidos en la que
se cuentan las 7h, pudiendo, pues,
establecerse que en aquellas remotas
tierras sin comunicación directa con él
centro del país, queden comprendidas
en el hus-o de las 7h.
En resumen: se podría pedir a las
autoridades respectivas:
19.-Adóptase una hora oficial o legal para la República Mexicana.
29.-Los Estados que forman la
Península Yucateca y que son: Chia·
pas, Tabasco, Campeche, Yucatán,
Territorio de Quintana Roo, adoptarán como oficial la hora que difiera en
6 unidades de la de Greenwich.
39. -Todos los demás Estados y
Territorios contarán uha hora que difiera en 7 de la de Greenwich.
49.-En los puertos se dará de una
manera sensible a la vista o al oído,
la señal de medio día y a la del medio
día de Greenwich.

50.-La red radio-telegráfica de la
República sería la más adecuada para
dar estas señales, de acuerdo con el
observatorio nacional.
6(:&gt;.-Todos los relojes públicos están Obligados a sujetarse a un tiempo
único: el oficial.

y el canal donde tiembla el agua
azul. y la iglesia cuyas vidrieras de
oro flamean, y el stoel (1) donde se
seca al sol la ropa blanca, Y los techos, verdes de lúpulo;
Y las cigüe!las que baten las alas
en torno del reloj de la ciudad, ten•
diendo el cuello, desde lo alto de los
aires y recibiendo en el pico las gotas de lluvia;
y el burgomaestre indiferente que
acaricia con la mano su doble barba y la florista enamorada que se
co.~sume, clavados los ojos en un tu.
lipán;
y la bohemia que desfallece sobre
su mandolina, y el viejo que to~• el
Rommelpot (2), y el ni!lo que mfla
su vejiga;
y los bebedores que fuman en la
obscura taberna, y la criada de la
hostería que cuelga en la ventana un
faisán muerto.

Crónica, por Genaro Estrada;, Cuento
Semanal, por Carlos Gonzalez Pe·
ña; Poemas, por Rafael Cabrera;
Historia Mexicana, por Abraham
Castellanos, y otros varios clel rua•
yor iµterés y de verdadera actualidad.

Roma es 1¿na ciudad en l4

que hay mds ~sbinos &lt;f.'Ue biu•
dadanos, y mas m,. o n; es que
esbiTros.
VIAJE A ITALIA,

Reirá mejor el que ría al último.
PROVERBIO POPULAR.

Padre Pugnaccio, con el cráneo¡¡.
bre de la capucha, ascendía por las·
gradas de la basílica de SanPedro,
entre dos beatas envueltas en mañ·
tillas, y se escuchaba la querella de
los ángeles y las campanas en las
nubes.
U na de .las beatas, -era la tía, recitaba una ave sobre cada cuent_a
de su rosario, y la otra-era la sobn•
na -miraba a hurtadillas con el rabo' del ojo a un apuesto oficial de los
guardias del Papa.
. .,
El monje le susurraba a la v1e¡a:
«Dotad a mi convento&gt;. Y el ofici~l
le deslizaba a la joven un dulce b1·
llete almizclado.
La pecadora se enjugaba algunas
lágrimas; 1a ingenua enroje?ía. d~
placer; el monje calculaba_ mil ~,as
tras al doce por ciento de mteres,
Pl oficial atusaba su mostacho m1·
rándose en un espejo de bolsa.
Y el diablo, a!!'.azapado en la ª!'1
plia manga del Padre Pugna&lt;;Cl~,
sonreía irónicamente como pobcb1•

6

nPla.
(1)

, La cúpula del observatorio.

En estas tardes de insólitos crepúsculos y dt' modorra por la. indecisión de la lluvia, cíérrase la Oaterlral a. las rinco. '!'al mandtt.to nos priva del placer de contemplar el templo m9gno de nuPsLro arte colonial, con.el gusto quequi:úéramos; porque es en la
tarde, a la ca.ida del sol allende los montes, cuando hay qne ver
una Catedral. El ambiente de la.a naves, cuyas bóvedas paree en
haber volado a las estrellas, se condensa, adquiere espesor y ciñe

PADRE PUGNACCJO ..

r

Algunos artículos inédito~ Que
publicará PEGASO en_ su nume,o
próximo:

,,._ ¿

Balcón de piedra.

(2) Instrumento de música.

Puerta mayor de la Catedral
los detalles de un cendal de bruma.. El oro de los retabloe gana el
prestigio que acumula en sus reflejos la última claridad y una
ventana vuelta hacia el ocaso es ·e ntonces iniciación al mundo de
las hadas. Ah! viérais la capilla de los Angeles, con su ven. tana. de marco recubierto de tallados, con sus ángeles, vivos
con la vida de la penumbra,treinando en el color.
,
Comenzada a fines del siglo XVI bajo planos muy semejantes a
los de las catedrales españolas, la obra magna dilató su fábrica por
t~es centurias. Y quiso la suerte acumular sobre sus piedras todos
los riimbolos qu~ representan a la Colonia, a l\-'léxico con sus trif,.
Lezas, con sus orgullos; con su omnipotencia. Porque su origen ee
hafia en la sangre de los indios, como sus cimientos descansan en
la colina que sustentaba el gran Teocalli de Tenoxtitláu. La obra
te1iia que.hacerse! Era forzoso cumplir el maodato, no sólo del
Rey, sino también de Dio~d Y los vencidos, vueltos H. fuerza contra sus dioses, edificaban bajo contad na alarife1:1 españolea, la mo•
rada. del Dios vencedor. Como no i:abian la lengua castellanaU~o de loa más graves errores de la Conqui"ta - babia intérprete.,,
h1apano.s que evitaban a medias la confusión de aquella gran Ba.
bel. Otros españoles tenfan a sn cargo las CHnoas que aportabat1
los materiales necesarios, atrave~audo IH cindad, la antigua ciudad que afia no perdía del todo rn c-:nácter larmtre, por las infhlitas acequias que llegabau hasta hi mitrna plaza mayor.
A principio1:1 del siglo i¿;]guiente, la &lt;'onstrucción se activó en
~•n manf:'ra. El arquitecto de Feli¡,e III, Ju~rn Gérnfz de Mora,
hizo de ma.odato superi(\r una nueva montea que fue remitida a

'

'

~féxico con una real orden para avivar los trabajos y para hacer
Junta de personas entendidas, que adaptasen el nnevo proyecto o
e,iguiesen el primitivo, de Alonrn Pérez de Castañada. ¿Qué resolvier~o en esa jnnta los entendidos varonet-? Ignóraee, y no hay
rnfic1entes motivos para preferir, mientras no se conozca la verdad de modo preciso, ninguna de las dos monte!l.8.
La parte más antigua de catedral está hacia el lado norte de rn
planta: La s:icristfa, los VPst.íbulos que limitan la capilla de Reyes, la sala Capitular. Alll pueden verse rastros de la arquitectura medioeva.l, bóve.1as de crucería-caracter'ísticas del arte góti•
co-adorOadas con iufü1irl;,1rl de entrelaces que simulan aristas y
dan a la techumbre el aspecto de un encaje de piedra, ahuec-ado
1:1ob~e una placidez de interior. Restos, asimismo, de influencia
gótica son la forma y disposición de la planta.1 -por ejemplo, el
lugar d~l co~o, qt:ie antes se bailaba en el presbiterio y por necesidades litúrgicas fue cambiado a fines del siglo XV al sitio que hoy
ocupa, lngar impropio que det.truye la unidad y la grandeza de
b.s catedrales góticas españolaR-; son también despojos de lfl.
edad media gótica, la altura de las naves más apRrente que reai,
Y la disposición de las columnAs en hflces, si bien-it las finísimas
columnitas góticas, verdad oros ha.cesil los de fibras de piedrn, substituyen las gruesas medias muestras dóricas, qne ~iguen toda la
a.rcblvolta basta unirse con la. media muestra paralela.. Disposi(•ión en parte igual presentan algunas catedrales dP.} Renacimiento espflñol, como la de Granada, obra de F:nriqne de Egaa y Die~o de Siloé, y 111 de Jaén.
En el siglo XVII la fábrica pasó por Ia.s más variarlas vicisitudes
Y a la inundación de 1629 que paralizó por completo la obra; ya
la desidia de algunos gobernantes que se desentendian de su caiga, contrastada con el fervor de otros que en lid de entusiasmo
0atólico 1 rivalizaba:1 en aventsjarla y cuyos nombres, por gratitud, deben ser recordados: el l\Iarqués de Vi llena que hizo varias
bóvedas Y te0bó de madera gran parte de la mayor, para subsanar
dificctltades; don Juan de Palafox y Mend()zit, obi~po de Puebla,
que cuando fue Viirey logró aumentar los fondos de la obra; el
duque de Alburquerque que aceleró los trabajos y dedicó solemnemente el templo; el marqués de Mancera, el amigo y proteC'tnr de
Sor Juana, qne dejó terminado el interior1 parte de la focbada
cnn el pórti&lt;'o principal y que hizo la solemne, deseada, (iltima dedicaci6n de Catedral con una fiesta cuyo ei;iplendor aún resuena en
eC'o de los siglos, por milAgro de diligente cronista.
He mencionado la catedral de Granada. y no es una remini!:1cencia puramente incidental. Sabido es que en ella Ele manifiesta por
primera vez en E8paña el estilo llamarlo Renacimiento puro, en
lo que a edificios religiosos toca.. Comenzada a construir BE'gún
planta gótica, fue conclnida,-por decisión del Cabildo en 1525 -e~ el severo estilo del Renacimien.ta·pseudo-clásico, y aun las gracia~ del Plateresco '.fueron condenadas, dice Dieulafoy. Después,
el Escorial absorve toda la arquitectu-ra.. domina el siglo de oro
con ma.no austera,:como el espiritu de Felipe II, y destruye el
arte gracioflísimo y"vivaz llamado pla.teresco: "triate,~seca y maciza regu!aridt1d, dice Menéndez y Pelayo, que poco después vino
~ agostar_t,odss:estasJ flores, a ahuyentar de rns nidos a estos páJaros1 a eumudecer a Pstas sirenas y a interrumpir aquella perpe-

Lado Poniente de la Catedral

PEOA&amp;O

PE OASO

7

�tua fiesta que tal impresión de regocijo y bienestar produce en el
ánimo no µeocupado." Pues bien, en este lilevero estilo tuvo que
ser edificada nunstra catedral y fundamentalmente a dicho estilo
pertenece. Sólo que sus antecedentes góticos y la circunstancia
de haber durado tanto tiempo en su fábrica, la salvaron de la
frialdad monótona que la. amenazaba; y en una de las circunstañcias que la salvó vivia como en germen un grave peligro: el de que
los estilos arquitectónicos, en su vida fugaz, dejasen inipresos en
ella; rasgos disímbolos e incoherentes con los que ya existían.
Pero un espíritu sólo inspiraba la obra. Es indudable que hay
cierta armonía en toda ella: los estilos_, más que aniquilarse o esclavizarse---so pena .de dejar de ser estilos, se conjugan, se armonizan, se funden y rompen con su sello especial toda monotonlft,
sin salirse de t9no. Til..l sucerl.e en catedral con SUij bóvedas g'Jt.icas, sus portadas de estilo barroco e~pañol un poco recarg&gt;Hio,
sus originalea remates de ambas torres. ciertos adornos Lnis XVI
aña.dides por Tolsa, 'Y ha.sta su linternilla, genial, fuera de regla
y medida, inspirada por los dioses del buen gusto.
Durante el siglo,XVIII, la obra. exterior de catedral fué ca.si interrumpida del todo, mientras, en un sueño de oro, pohlábase sn
interior de retablos magníficos. Y a esta. interrupción se debe
quizá. que su fachada no se haya contaminado con el estilo churrigueresco que desbordaba en todas las construccione~. Más grave
peligro de ello·se corrió en un punto: cuando en 1788, se promovió un concurso para concluir la fábrica.. entre los diseños presenta.dos figuraba. uno de Isidoro Vicente de Balbás que se consflrva
P.n la actualidad en la Biblioteca de Bellas Artes. ¿Era este Balbás pariente de Jerónimo de Balbás, autor del retablo del altar de
los Reyes y del ciprés churrigueresco de Catedral? ¿Seria acaso el
grabador del mismo apellido que fi¡;rura a mediados del siglo
XVIII, como lo hace presumir la técnica del dibujo que presentó? Sea de ello lo que fuere, su proyecto, su borrón como él lo llama, es completj:Lmente churrigueresco, como que parece inspirado en la mism'Lsima catedral de SantiHigO de Compostela, norte,
guía y patrón de exúbero estilo. El diseño no es precisa.mente
malo; en cuanto al churrigueresco, habíase adaptado tan bien al
espfritu criollo, modificándose respecto de su antecesor español
basta 1-1er cosa distinta, que puede decirse era el estilo netamente
colonfa.1. Por eso no hu hiera sido remoto, dfl.do el gnsto de la épo-

ca, que el proyecto de Salbá.s huhiese obtenido aprobación y por
eso es más de encomiarse el resultado del concurso. Eliiióse el
diseño de ,José Da.mián Ortiz, nativo de Coatepec, que se armonizaba. con la parte constru'i!da. Ortiz tomó bajo su dirección los
trabajos y la obra se prosiguió activamente; a él pertenecen, fuera de discusióa 1 los Regundos cuerpos y los rem1ttes de las torres,
estudios ambos originitlísimos y hábilmente re~ueltos que 'baetarian a dar fama a cualquier arqnitecto del mundo. Tienen de
original las torres, aparte del mérito constructivo que repre~ntan los muros levantados en el interior del -.,eguado cuerpo de cada una y que le dt1.n un perímetro de ocho lacios para sostener el
remate directamente. aparte del coronamiento en forma de gran.
des campanas, verc'IR.dero balla.zgo, único que ee adapta a maravilla a torres tan anchas; tienen a&lt;lemáR de éSO, la virtnd de permitir
ver a través de sus vanos. deRde cna.lqnier sitio que se las mire,
como si sm; muros de pierira fuPr$1,n r.ahtdos: Réstalet1 ésto peS!l.dez a cambio de espiritualirlad. Ortiz murió sin, ver concluida su
obra que se continuó según su proyecto.
Dios velaba por el hnen fin de sn fábrica: de manos de Ortb,
bá.bile., y seguras, pasó a man0R de 1\Ia.nnel Tolsa. Y Tolsa entendió en la concluC!i6o y ornato exterior del templo coodución nor
los ángeles mismos de la ele~aneJa. Al cimborrio-del siglo XVII,
pesado, bájisimo en relación a 12.s torres, substit11yó con la c6pu1R. más &amp;irO!&lt;R. y de máR elegante gáliba que pueda existir en la
Repóblica. Y en Re.guida, para armonizar las alturas, lanzó la espiritual linternilla como ret.o a la serenidad del ambiente. Esculpió las estR.tuas de la Fé, Esperanza y Caridad, que adornan el
reloj; y discípulos suyos ha.jo su dirección, hicieron lae de las to,
rres; añadió algunos detalles Que completan el adornoexteriordel
ed;ficio con la serie de mRgnificas halaustradas-hechRs qniz'á.srecordando la catedral de Sevil1a.-y basta dibujó los pedestales que
sustentan las cruces P,D los ángulos del atrio.
Nadie mejor Qne Tolsa para. dar fin a esta obra, que era la obra
de una épeca y de un pueblo. Porque si hubo generaciones enterne
que tuvieron a orgullo añadir una sola piedra a. su templo, él, en
el momento más solemne de la catedral, supo sentirse como el
espíritu que bahía animado la construcción a través de los siglos,
para darle el ·soplo final que la dejara unirla, inconfnndible, so•
lemne. mRge!':tno1:1a, pRrR h admiración de los pósteros.

El programa fue variadisimo y los productos de la fiesta se destinarán al auxilio
de los soldados que la guerra ha dejad0
ciegos.

Los alumnos

Concurso de 1Arqullectos de los años suPatrocinada
Interesante conterene;la por la Alianza
FrancesadeMéxicq, nuestro redactor don Antonio Caso
dará una conferencia en los primeros dias
del entrante mayo, sob1e los füósofos franceses nontemporárieos.
La conferencia. se efectuará en la Academia Metropolit~na.

El sábadq 21
&lt;lió llll concierto
de despedida el
pis.nista. don Salvador Ordoñez, quien próximamente saldrá para el extranjero.
Obras de Listz, Cbopin, Saint Saens y Rnbinstein compusieron el programa, y la
audición estnvo sumamente concurrida.

Conclerto Ordóñez

Han dado

Clase de cinematografía principio en el
Conservatorio
de Músicll y Arte Dramático las clases de
Cinematografia, a cargo del profesor MRnuel de la Bandera. Muchos alumnos de
aquel eetablecimiento han concurrido a la
nueva cátedra y se nota entusiasmo por
cursar la materia.

El viernes último fue inaugurado el Cont1ervatorio de Música y Declamación, en
el Circulo de Estudiantes Católicos. La
nueva institución ocupará un departamento del Palacio de Azulejos, en donde
ya se ha comenzado a impartir las cátedras que se encomendaron a algunos profesores conocidos de la localidarl.

EI Conservatorio Libre

En la sala de
Concierto Ogazón
conciertos de la
vecina p,oblación de. San Angel se efectuó el domin•
go uno de los selectos recitales de piano
que frecµeutemente ofrece don Pedro Luis
Ogazón. Se tocó a J)ebussy, Beetboven,
Chopin, Schubert y Saint Saens.

periores de a.rquitectnra, en la Academia Nacional de
Bellas Artes, presentaron algunos proyectos en el concurso de que habla el regla.mento de la escuela. Los temas designa•
dos este afio para el concurso, fueron un
arco de triunfo, un pórtico y un jarrón.
Anoche se
efectuó en el
Teatro 1 dea.l
una conferencia del señor Eugenio Herrán, sobre la mujer española. El acto e11•
tuvo presidido por la señorita hermana
del Ministro de España don Alejandro P11.•
dilla y Bel l.

La Mujer Española

Han conti•
nuado los festede Manuel Ugarte
jos en honor de
del literato argent!no Manuel. Ugarte. Los estudiantes
se han distinguido en las manifestaciones,
y en todos los establecimientos de ense•
ñanza. el poeta y novelista argentir,o ha
sido recibido con el mayor entusiasmo y
cordialidad.
El sábado 21 el Congreso Local Estudiantil del Distrito Federal celebró uua.
solemne sesión en honor de Ugarte, a
quien le fueron presentados los delegados
a la corporación y entregRdas las contestaciones a los mensajes que enviaron a.l
Congreso los estudiantes argentinos y chilenos.
Esta semana principiarán las conferen•
cias de Ugarte, sobre la unión latinoamericana.

La visita

Varios alnm•
nos de la Escue•
la oficial de M6·
sica, acaban de _organizar el Conservatorio
Libre y hao invitado a varios profesor~
para que desde luego procedan a organ 1•
zi1r las clases. Numerosas personas bao
ofrecido apoyar con sns contingentes a. la
naciente institución, y maña.na se efec•
tuará una fiesta en el Teatro Principal,
con objeto de arbitrarse los recursos nece·
sarios para los primeros gastos del Con·
serva.torio.

El Conservatorio Libre

La artista bel·
ga señorita Jo·
lis. Bal, dió la
noche del 24 del corriente un recital de
-piano en la casa número 15 de la ca.lle de
Tacuba.
Hubo también número.a de canto, a.car..
go de la señorita Clara l\Iayer, a quien
acompañó al piano la. señora Paterson,

Audición planísllca

El viernes anteriorse efectuó
en el Teatro Mexicano una función de !{ala organizada por
la colonia iug"ieRa de México, bajo los auspicios de la Sociedad de Mujeres Inglesas
Auxiliares de los Trabajos de la Guerra.

Una fnnclón de gala

PEGASO

Cómo está organízada la Marína
de los Estados Unidos

Almirante W. S. Ben son, Jefe de
las operaciones navales en E. U.
En el número anterior da u-pegaso» pu•
b!ic1!f1DS_ un articulo sobre la organización
del e1érc1to de hs Estados Unidos. Ahora
Dfrece a nuestNs lectores informes del mayor !nterés acerca de ts organiz;tción de 1a
mmna norte-am!!ricana, cuya intervendón
ea el conflicto mundial ew tema de grandes
comentarios.
De a0uerdo con las facultades qu.e le
concede la Ley Naval de 9 de agosto de
1916, el Presidente Wilson acaba de llamar~ 27.000 hombres más pa.ra eleva.r el
efectivo de la mll.rina de los Estados Unidos~ 87,000 individuos, cuyo número se
considera el más adecuado para las actmtles necesidades de la guerra.
La necesidad absulnta de uníl marina
poder?ªª en los tiempos que corren, es reco~oc1da generalmente en Ios Est,arlos
Umdos, porque de sn poder depende la
seguridad de aquel país. Como consecuencia al llamamiento de que bablamo~
el Presidente solicitó autorización par~
invert~r _517 millones de dólares, como suma adrn1onal votada por el Congreso el 3
de marzo último. Esta cantidad agregada
1t la de 885 millones aprobados en 1916
ha dado al Departamento de la M;.1.rina n~
total de. 885 millones de dólares, listos pRra una mversión inmediRta.
~o se escuchan quejas respecto a la
calt~a.d de !a marina norteamericana. Se
considera q ne tanto en material como en
personal está a la altura de cualquiera
0
tr&amp; _del mundo; pero en cantidad, que
t~mb1én debe considerarse circunstancia
vital, es inferior a las de algunas potencias
europea~, y i:e necFJsitan algunos meses y
11.un varios anos para construir los Dreadno~ghts que llevJ1.n l1. ht marina estarlo•
nnidense. al segundo lngar. En cuanto R.l
reclu~a.m1ento liel personal necesario, es
cuestión de dias, y la preparación exige
algunos meses.
Las principales unidades de comhate
están concentradas en tres flotas activsts
c,da una dé la.e cuales tiene a un A.lmi:
raute como comandante en jefe. La flota

rlel Atlántico cubre el servicio del Océano
Atlánticó, Mar Mediterráneo y aguas trihutariaa, y puede 88egurarse que en estR
fl'o~a está concentrada la fuerza naval del
pa1s.
La Flota del Pacifico cubre las costas
occidentales de Norte y Sud América
Hawa.i · y Samoa., y la Flota Asiática s;
encarga del servicio en el Pacifico occidentJ1.I, las Filipinas y el Océano Indico. Ningu?a de estas dos 6ltimas flotas cuenta con
nmdades de combate de primera fuerza.
Los ~uques que han sido destacados para
mamobrar en el Mar Caribe están controlarlos rlirectamente desde Washington.
La Flota del Atlántico tiene cuatro Div..ü1ioneF1 de ~uques de ha.talla de primera
lrnea. Teóricamente, cada división está
formada de cuatro barcos, aunque dos de
ellas cuentan solAmente tres grande.R buques cada una. Tiene, además una flotilla de acorazados, una de de~tructores,
nna muy numeross de submarino¡¡ una
de r_:serva de buques de batalla., nn'a pequen! de exploradoreFI, una de minadores
.v hRnO~ barcos auxiliares para trahRjo de
rf'pRramones y transporte de petró]Po y
útilPs diversos. A lo largo de la coRta y
ooerllndo en combinación con la Gran
Flotit SA encuentra la. flotilla de guardacoi-;bf.l. formada de b11.rcos v~jos.
..El Secretario de la Marina. ~.fr. Daniels,
d1,1n Pn un r@ciente informe: 1(L1t marina.
R.merinana o~rece nna hermosa oportunidad para la JUventnd que quiera triunfar
en ls:t..lucha_por lR. vida; proporciona unA.
l\m 11hs:t. variedad de recursos indn.Rt,riAIPR
Pil.nl Al joven de amhidoneR. Cnn menos
de vein~e añoR &lt;le edRd y uno de servicio,
De at-riba a allajo:
el marinero de gnArra puede sn~tenta.r
Almirante
Albert W. Grant, ComanPxamen parR. sn admisión en la AcRdemia
da.nte de los submarinos de la flota
NR.val. en la nna_l entran annRlmente
veinticinco mnr.hRr&gt;hns pro&lt;'edentes de los
del Atlánli.co.-Almirante Henry F.
harem:. de guP.rra. Si el marinero R.flÍ orfl1\Iayo. Comandante de la flota del
parado es ei;:turlioso y tiene A,mhicinnes a
Atlántico.-A1tllirante Albert G. WinR~ ~P.hido tiAmpo pllede logrst.r IRA t,w ~otpr-halter, Comandante de la flota asiárl1crn.das cuatro estrella.a del almirant.P.
tica.-A.lmirante Albert Gleaves, CoPer~ '.\'.'ª sea. que P,l marinero quede E'ln fll
mandante de los destroyer de la flota
serv1c10. esperand0 una oportunidarl para
del Atlántico.-Almirante Frank F.·
R.]r,st,nzar el °:ái;i 11.l to pin_ácnlo o hien qne
Fletcher, miembro del Departamento
hity&gt;t l'lprenrl1do nn oficio y Bf! retire 11. f!X•
plnt.inln e': la virla civil. hahrá C":OmiPg-nido
de Marina de Washington.-A.lmiranen lR. mR.rlnR un anrendizaje v una nrenA•
te William B. Caperton, Comandante
ración superior a la. que p~1'1ieri:t. Rifqnirir
de la flota del Pacíflco.-Vice-Almie~ ot,r11. parte. y nna e?Cneriencia P.XClP.O·
rante Witt Coffman, segundo en jefe
cionRl v vasta. QllP lo coloca en í'onrliciode la flota del Atlá~tico.-Mayor Genes ~P _llenar debidam,:mte i-;us dPherei;i de
neral George Barnett, Comandante
01;1,tr1ot.1smo y ciudadanfa. Bajo los nnpde los Cuerpos de Marina.
voR re:)!111.mentns. dP. entre los rndut1ufos
hRn sido C'OmiRionR.doR quince homhrPft
como AyudR.nteg de pagador. set1E&gt;ntR. v co 1 Dentistas, Pagadores1 Capellanes,Pru•
CllR,trn. como C":0nta«orPfl v. Pn lo AUC'P!óliV,; fesores de Matemáticas, Constructores
todof! ln.i emplPados de p~g-adurfas@flldrá~ Navales e Ingenieros Civiles.
del servicio. Tamhién óe entrA loi;i reclnComo en el ejército, y según lo ex.plicat,s¡s SE'l eligen loR comisionados pa.rs. pJ roos ~n el nómer~ anterior de (&lt;Pegaso",
Cnnpo de A viacióm,.
tam~1én en la marma pueden diBtinguirse
T,oR Oficfa.les de Ma.rinll comiPionRñm1 las diversas ramas del servicio rango de
pPrt,eneren 11.l Rervicin de L'inPR O a.l DP- los.oficiales _Y grados de las cla~es, por el
))fiRi~o. Lns iefPfl .V ofici,:1lei;i ciP. Lfnea. POn: estilo del umforme, color de la.e franjas
Alm1rant,e de MRrilrn.. one era. el r11nQ"o diyis?s ~el cuello y de la gorra, hombrera;
rlel Almirante Dewey; AlmirRntf~ dP. Flo- e rnsJgmas.
h, rle los cualeft hayt.rp~:Vi"'e Almlr,:intP
Los Oficiales Subalternos de Ma.r una
AlmirantP. C11oitán. ComR,ndant.P. Tenifln: clasificación que solo se encuentra e~ esta.
t.i&gt; C!?'!1ª"d1tntA. SuhtAniP..nte. f-lnhtP-niPnte marina, toman direcLRmente su autoridad
Ra.~11htRdn. S1JhteniPnte GrRrln&lt;irln v Rnh- del Secrerario a.e la Marina. Están bajo el
tern~ntP Ahanrlers:ido. LaEt r.la!óies· v la mando de ofimales comisionAdos y son
ni11.rineria se clasifican también com0 de remeros, artilleros, carpinteros, fabricanLfoea. Los cargos de Depósito son: Médi- te8 de velas, maquinistas y farmacéuticos.
PEGASO

9

�11
11
HOMBRERAS DE LOS OFICIALES
COMISIONADOS Y SUBALTETNOS
DE LA MARINA

1, Almirante; 2,. Vicealmirant~;_,3,_Se
gundo Vicealm1rante: 5, Cap1tan. 5,
Comandante; 6, Teniente Co!ua;11dan~
te~ 7, Teniente, 8, Segun~lo 'Iement~,
9. Abanderado; 10, .Mal'lnern de pn1úera; 11. )Iarinero de "eg~rnda; 12,
Portero en Jefe: H, Carµmtero en
Jefe: Farmacéutico en Jefe; Velern
cu Jefe· 14, A.yrn.'l.ante de Botero, _de
artiller~ y de maquinista; 15, Carpmtero, velero, Farmacéutico Y ayudante de pagaclor.

' ---l)¿spués de los OficiR.ler:d:::lul&gt;a.lternus vienen

los Oficiales Habilitados, que __puedtan
equipantrse a los oficiales no com1s10nado~
dP.I Ejército. Las insignias usadas pitrn
&lt;lesignar ciertos grados de los Ofic1alei&lt;
Habilitados-y de los marinos filiados, pue
den verse en las ilustraciones que aeompañao eatas lineas.
El barco moderno de guerra es probablemente la máquina más completa que
haya producido el hombre, __v los detalle1&lt;
piutorescos que tenia el antiguo bu_qu~ de
guerra, de madera., han sido s~b~t1tmdota
por otros mil veces más e!:lpmtuales e
interesantes a pe;:a.~r de que en el vulgo se
crea lo cont;ario. Esta máquina guerrer~-·
fría y brntal, es a. la ve~ qne el bogar de mil
hombres un mt-e&gt;nni;imo de verdadera
personalidad y lleva, a la vez_ que para su
propia conservación, · para bien df' h co munidad talleres en doude se hacen
trajes y ~limentos y enseñan, emplean Y
divierten a los que viven en ellos. En
verdad, el buque de bata._lla moderm,
ofrece el espectáculo de la vida en comu
nidad, l!e-vada a !:'U máximo grado de
desR.rrollo. Ei! probable, 11demáe-, que no se
encuentre una prueb1t más completa Y
que ponga más rle relieve _el valor de la
disciplina y rle lit cooperación, como una
emhi:i.rcación de combate.
Consideremos por un mom€'nto el per 8,mal de un buque de guerra de los Et'tadoi:,
U nidos. A la cabeza, con todo el mando y

10

toda 111 responsabilidad, se encuentra e
Comandante. En su barco se encuentra
tan cerca. de ser un monarca absoluto co•
mo lo era el Zar que acaba de dimitir.
Viene en seguida el Oficial ª.Y_udante,
sobre quien recae la reaponsa?1l.1dad _de
mantener la organizaci6n admrn1strat1va
y militar del buque. Representa al ~O·
mandante, y a él se somete cualquter
asunto, Bajo sus órdenes directas se en•
cuentran los j€'fet=i de departamento,. los
oficiales y el resto del personal. Le s1~ue
en rango el Primer Teniente, a qmen
están delegados el cuidado y la policia de
la embarcación . Es, en una palabra, el
guardián de la casa. De día y de noche un
oficial debe tener cuidado de todo lo que
atañe a la cubierta, mientras que el Cuar~
te\ General se encuentra instalad:o en t&gt;l
pueute. A este oficial se le llama «de Cubiertan. A la cabezl\: de los departamentos
del buque, están los rn(&gt;dicos y los _pagrtdores, el oficial que tiene el mando directo
de la marineri)l, el Ingeniero en Jde-,
euca,rgado de la n111qniuaria_ y de las p!a_ntas de luz y calefacción, ti piloto, el oficrnl
de órdenes, el flrtillero en jefe, etc. El
Coma.1H.laute come f-6!11. Las otras mee:as,
IIAmadas t1rn1hién nfanllll~s&gt;i son lae- q_u_e
forman los oficiales de línf'a y los b;,1.b1l1tt1doe-. En otros dep,nt;i1~1elltc.s se encuentra.u loi; oficiales inferiores y babilítadcs.
Lm1 botPros y los grnnieteta, bajo las órdenes del Oficial Ejecutivo, están encargados
&lt;le h1s cubiertas, »nc\as, cables, etc. La
tripulación ee- llamada a sus d~beres por
medio de silbatos, y lns oficiales están
obligados a conocer y Pjecu_tar, en CflSO
necesario, todas )ae- npn1_1,c10nes de_ !os
simples marineros. Los demás serv1c1os
tienen una organización auáloga a la des•
crita.
Cuando lleD'"a el momento de entrar en
combate la t;ipulación se divide en dos
g-r1rndes divisionf?S: una. mandada por el
Comandante de la artilleria y otra por el
i1we11iero en jefe. En esos momentos, lf1s
m:rineros que tra.hajan E'n depa.rtamentoR
A.dministrativos, comedores, etc., se co~•
vierten en servidores de las piezas de arti
Heria o de otros departamentos de gu_erra,
mientras que lofló del servicio i;1dus.tr1a.l i:e
dirigen a sus pne¡¡;tos en el mtenor del
buque. El Conrn. nd1rnte se encuentr~ en
la cámara ele combate, con su ~nteoJo Y
las carta.a de• nrnrear; está pend1e,nte de!
h:irr-o in11,igni11.del AlminrntP ...... De pwn-

CARICATURA EXTRANJERA

1

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V
1

El Tío Sam se pone la camisa de once
varas
PEGASO

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lNSIGNIAS DE LOS FILIADOS
EN LA MARINA DE LOS ES1'A·
DOS UNIDOS.

1 Comisario; 2, Maestro de Armas;
3 '. Directores de banda y músicos;
4 Enfermeros y aprenclices de hosp~tal; 5, Maquinistas ayud.antes;
bomberos, mecánicos, aceiteros,
. etc.: 6, Electricistas; 7, Pañoleros;
8, Jefe de Pañoleros; 9, Grumetes
de artillería; 10, Capitanes de Torre;
14, Carpintero, Ayudantes, Pint(lres; Plomeros, etc.; 12, Impresores;
13, Veleros y sus ayudantes; 14,
Herreros: 15, Cuartelmaestre; 16,
Capitán de artillería; 17, artilleros
de primera clase; 18, Artilleros de
segunda clase; 19, Boteros; 20, Torpecleros; 21, Artil1eros de mar; 22,
Trompeta; 23. llaclio o-perador: 24,
Aprendiz; 25, Cocineros y panaderos.

to, una señ~l radiotelegráfica, un~ orden
comunicada con la telegrafia óptica, ea
recibida. En el tope del palo may?r re•
vuela el pabellón de guerra; los a rtilleros
reciben órdenes urgentes por los tuboa
acústicos; nn torpedo riza las a.guas Y
marca una larguísima. estela ..... El comba•
te ha principiado!

Muelle de barcas sobre el Tigris en la plaza de Bagdad, ocupada recientemente por
las fuerzas inglesas del General Maude.

Parece que los ejércitos aliados,
&amp;nte la concentración de fuerzas en
lnsb ruck, y la presencia del General Falkenhyan en esa región, que
hacía temer una brusca y violenta
ofensiva sobre el frente italiano,
abrigan el propósito de romper definiti vamente las líneas alemanas
establecidas en Francia, para evitar
que el mariscal Hindenburg pueda
lievar sus actividades a otros luga res del vasto cinturón de hierro en
que actualmente tienen ce!iida a
Alemania.
Desde hace muchos días se viene
combatiendo encarnizadamente en
el sector inglés y en la Charo pal'l.a,
sin que hasta la fecha los aliados
hayan logrado su propósito de abrir
lmplia brecha en las defensas ene·
[bigas, no obstante la impetuosidad
rmidable de su acometida. Milla·

res de cafl.ones han estado vomitan.
do metralla en un frente de cientos
de millas; posiciones que parecían
inexpugnables han sido pulverizadas; divisiones enteras han quedado
regadas en el campo escarbado por
el contínuo revent~r de los obuses;
pero ni las pérdidas en hombres, ni
la inutilidad de sus contra ataques,
ni el abandono forzoso de sus bocas
de fuego, han podido hacer flaquear
el valor fanático de los soldados de
Prusia. Dando la cara a sus adversarios, y con una lentitud que prueba una vez más su maciza organiza·
ción militar, van abandonando las
fortificaciones desechas por los ho·
witzer para ocupar las que ya se
encuentran listas a retaguardia y
continuar la defensa.
Los aliados han calculado el costo
PEGASO

de esta ofensiva: sobre todo elco~to
en sangre.
Un corresponsal espal'l.ol que es·
tuvo hace poco en Francia-semanas
antes de que se iniciara el terrible
avance de los aliados-asegura que
el gobierno francés envió al Sur a
todos los heridos que se curaban en
los hospitales cercanos a la línea de
fuego a fin de dejar expeditos los
establecimientos para recibir el trágico y glorioso reflujo de los próxi·
mos combates. Merced a esta precaución y al arreglo de otros puestos de socorro, quedaron disponjbles a lo largo del frente de batalla
un millón de camas, calculándose
entonces por esta enorme cifra la
importancia de las operaclones que
el ejército francés se disponía a emprender.
Poco, relativamente, ha consegui·
do hasta ahora; pero la ofensiva, a
juzgar por los preparativos que se
hicieron, apenas comienza.
Es posible que esta batalla, sin
precedente en la Historia por el nú
mero de hombres que en ella toman
parte-y quizá por sus resultadosparalice definitivamente la acción
alemana en Rusia y en Italia, ya que
los imperios centrales se verán obligados a concentrar en su frente
occidental lo más escogido de sus
divisiones para evitar un probable
desastre, comprometienQose así en
una pugna que podría ser !afina!
Es digno de notarse que el famoso genio militar de Hindenburg no
ha brillado todavía rn las operaciones que se están desarrollando en
~uelo francés. Es cierto que gracia~
a una oportuna retirada impidió que
los ingleses sacaran a sus soldados
de las cuevas de Baupame y Peronne; pero, voluntario o forzoso, el
retroceso c~ontinúa .. . .
Y es que, corno han dicho algunos
críticos militares, no es lo mismo ha.
tir ejércitos como el ruso o el ruma.
no, faltos de artillería y municiones,
que ejércitos como el francés y el inglés, armados para dar la muerte en
la misma forma que la reciben, y animados de un orgullo de raza tan gran·
de como el alemán.
Quizá por eso el férreo Mariscal,
cu.ros verdes laureles comjenzan a
secarse en la abrasada atmósfera del
Somme, vuelve inquieto sus ojos de
animal de presa hacia las fértiles llanuras de Italia, donde floreció la gloria de ~apole6n; hacia las cúpulas df'
Petrograd, donde titubea un pueblr,
cegado por la repentina visión de 1n
Libertad; hacia las escuetas montRñas
de Albania, donde hormigue~ inncti·
vo el heterogéneo ejército de Sa rrni l...
a todas partes, menos al cnmpo C'n
que la diestra armada de la Entente
parece retarlo a un duelo mortal.

* *.,
El general Mande acaba de obte ner un nuevo triunfo sobre los turcos,
quitándoles gran cantidad de elementos de guerra y ::i.rrojando lrncia el
~orte los restos despedazados de la
armada vencida.
11

�A•nque para al ro•ult_ado aa la coatienda no tenga gran s1gmficac16n_el
avance británico en la Mesopotarrua,
si la tiene -y capital- para el pres·
tigio inglés en Asia. La toma de Kut·
Amara primero y de Bagdad -sobre
todo de esta última- después, son
hechos de tal resonancia en aq~ella
región que contribuirán a consolidar
para siempre la influencia de Ingla~erra, minada por la labor tenaz de ~os

CAB.ICAT-URA EXTB.ANJl:B.A.

comerciantes alemanes, que hace ~n&lt;;&gt;s

trabajan para adquirir el dom1mo
económico de esa parte del_ mun~o,
siguiendo el vasto plan d:l _1mper10,
de llegar hasta el Gol!o _Pers1co a tra·
vés de la zona Balkan1ca y de Turquía.

** *

La comisión francesa presidida por
el Mariscal J off re llegó a tierra norteamericana felizmente Y. }?ron~~ sabremos algo sobre la part1c1pac10n de
los Estados Unidos en la guerra, que
entrará, con este enorm~ ~~ntmgen·
te, en su faz última y defimtiva.

¡Ha.cia la viotoni: ......

..

EL COLMO DEL DELIRIO
iQué extratla y qué ingenua la
mentalidad germánica! Todo lo ha
previsto, menos la posibilidad _de
equivocarse. Esta nueva aphcac16n
&lt;ilimitada&gt; de los submarinos estaba también prevista desde la hora
en que el Canciller alemán, am_enazado con la ruptura de- rel_ac10nes diplomáticas por el pr~s1dente Wilson, suspendió temporalmente el uso de sus submarinos en la
destrucción de barcos mercantes.
Lo ha declarado el 31 de enero en el
Reichstag: &lt;Suspendimos ese em ·
pleo de los submarinos porque no

T,os prhnero~ b eneticios ele la invasi6 u
de Fran cia.

_E ¡ ne rvi o d E la ofensiva anglo-Úancesa..

12

PEGÍA ■ O

tentamos entonces bastantH s11.b.
marinos; ahora que los tenemos, loa
emplearemos sin limi~cio~es&gt;.
La historia no se olvidara de estas
palabras. &lt;Bendita sea la mano que
trazó esas líneas&gt;, dijo el profesor
Hans Del brück respecto de la falsificación de aquel famoso telegrama
de Elms qne precipitó la guerra
franco-prusiana del 70. Y otro historiador alemán, Lybe1 1 ha comenta·
do en estas palabras el segun~o reparto de Polonia por Federico il
grande: «¿Que fué un pecado? Lo
concedo: fué una violación en el sen·
tido más literal de la palabra; pero,
después de todo, así se au~entó
considerablemente el terntor10 de ·,;
.
,,,.
Prusia&gt;
.
Pero quizá no sean tan signfficativas las palabras del Canciller como
estas otras del doctor Stresemann,
uno de los magn¡,,tes industrial_es
que dirigen el partido de los nacio·
nales-liberales. Las pronunció en
septiembre últirr;io ante_ un neutral,
el periodista norteamericano Mr. D.
Thomas Curtin:
&lt;Esta guerra va durando demasiado. La mayor falta del Kaiseres
querer pelear contra la Gran Bretatta con un pie en la tumba de la caballería andante . . .. No hay más
camino para ganar esta guerra que
reproducir y llevar a efecto el decre·
to de 4 de febrero .de 1615 pre_v1niendo a los neutrales que se ale¡en
de la zona submarina:?&gt;.
Cuando se le observaba al doctor
Stresemann que ello ocasionarfa
una ruptura con los Estados Umdos, según la nota Wilson sobre el
torpedeamiento del 811sse.c, el doctor
Stresemann repuso:

pero, la causa de que Alemania tea·
ga tantos odios consiste en que no

haya conservad o las dos piernas en
el suelo sagrado del espíritu caballeresco. Lo que es una tumba para
el doctor Stresemann, el espíritu
de la caballería andante, es una realidad eterna e indestructible para la
humanidad civilizada. No digo que
todos los hombres seamos caballeros
andantes; pero sí afirmo qne todos
sentimos, en nuestros momentos de
clarividencia moral, que debiéramos
serlo.

La ofensiva que eJ Estado Mayor alemán preparaba para it:imper el frente~taliano
y atacar a Francia por la frontera meridional.-Gener~les Mac-kenzen, Hindem •
burg y Falkenhyan

&lt;Ello no puede contenernos. In·
glaterra es la piedra fundamental
de nuestros enemigos. Si ella cae,
caen los otros. Tenemos que atacarla en donde es vulnerable. Tenemos que reducirla por hambre. Poco podemos temer de América. Aun·
que rompa las relaciones diplomáticas, no irá a la guerra si tenemos
cuidado de no hundir sus barcos. Y
como los barcos americanos constituyen una peq uetta parte de los
que entran en Inglaterra, podemos
permitirnos el lujo de no torpedear·
los, aunque, está claro, no lo diremos en voz alta&gt;.
Obsérvese que, en efecto, en estos
meses últimos de guerra submarina
los alemanes no han torpedeado ningún barco norteamericano. Pero
recuérdese también que, en estos
meses, los norteamericanos no han
cesado de ·construir barcos mercantes, al punto de que cada semana es
mayor el tanto por ciento de los
barcos norteamericanos que vienen
a Inglaterra. ¿Habrá influído esta
circunstancia en la nueva decisión
de Alemania? Pero dejemos la palabra al doctor Stresemann:
&lt;En segundo término, aunque
América nos declare la guerra ello
importará poco. La guerra habrá.
terminado mucho antes de que pueda organizarse al modo de la Gran
Breta!la. Herr Helfferich influyó
mucho cuan~o la cuestión del 81tssex
para evitar la guerra con América, ·
diciéndonos que con ello estaríamos
en mejores condiciones pá.ra celebrar tratados de comercio al firmarse la paz. Pero nuestro deber hacia
con nosotros es ganar la guerra. Si
acabamos por hambre con Inglate·
rra ganamos, sean nuestros enemiw
gos los que fueren. Si somos vencidos, la intervención de los Estados
Unidos no hará mayor nuestra derrota. Estamos justificados, porque
nos jugamos l&amp; vida&gt;.

Recordad las palabras últimas del
Canciller: &lt;Nos lo jugamos todo&gt;.
Al leer las palabras del doctor
Stresemann respecto de los Estados
Unidos, ¿no recordáis que lo mismo
se había dicho en Alemania en 1914
respecto de Inglaterra? &lt;Inglaterra
no irá a la guerra&gt; &lt;Y si va a la guerra importará mny poco, porque
Inglaterra no podrá organizarse antes de que la guerra acabe.• Pero
Inglaterra fue a la guerra, y se ha
organizado, y la guerra continúa. ·
Lo mismo se dijo después respecto de Italia. Y téngase en cuenta
que Italia se basta ahora para neutralizar por Jo menos las dos terceras partes de las fuerzas de Austria-Hungría. Y Jo mismo se dijo al
entrar en combate Rumanía. Y a
pesar de los reveses rumanos, ¿cómo
negar qne la campana rumana ha
costado a Alemania no sólo cientos
de miles de preciosas vidas, sinolo qu·e es más grave-el alargamiento definitivo de su frente oriental en otros cuatrocientos kilómetros?
Si los Estados Unidos entran en la
guerra.:...y ello parece ahora inevita- ·
ble-, ¿cómo podrá impedir Alema·
nia que se organicen a la inglesa y
creen ejércitos superiores a los germánicos? De ninguna manera. Aparte de que la i.ntervención de los Estados Unidos daría a la guerra un
carácter mundial que aún po tiene.
Una vez los Estados Unidos en la
guerra, los aliados podrían arrastrar a elle, con su voluntad o contra
su voluntad, a todos los demás pueblos de la tierra. No necesitarían
entonces los aliados más que regatear facilidades comerciales a las
naciones que no secundasen su- po•
lítica.
El doctor Stresemann se quejaba,
de que mantuviera el Kaiser una de sus piernas &lt;en la tumba de la caballería andante&gt;. En realidad, em-

PEGAao

¿Y qué decir de los dos argumentos centrales del doctor Strese·
mann? El primero, el moral, dice
que es deber de los alemanes hacia
sí mismos el ganar la guerra. lDe
dónde ha sacado este deber el doc·
tor Stresemann? No será de los
Evangelios, ciertamente. Nadie tiene el deber de ganar. La victoria no
es un deber. Hay el deber de guerrear por una causa justa y grave
cuando no hay otro medio de mantenerla que la guerra. iPero nna
guerra de dominación! iUna guerra
agresiva! ¿No decían las espadas
antiguas: &lt;No me saques sin ra~

zón&gt;?

El otro argumento es el de la necesidad. &lt;Nos jugamos la vida&gt;, dice el doctor Stresemann. Pero no es
cierto. Hace dos a!los o atto y medio, cuando el pueblo inglés no se
había aiín dado cuenta de la gravedad de esta guerra, yo solfa decir a
todos los ingleses que encontraba:
&lt;Los alemanes están peleando por
el imperio como si estuvieran peleando por la vida; vosotros estáis
peleando por la vida, como si estuviéseis peleando por el imperio.&gt;
El lector habrá comprendido mi
pensamiento. La vida es esencial;
el imperio, en cambio, es mera anadidura. Cuando se pelea en efecto,
por la vida, es hasta cierto punto
permisible pelear con safüt, siempre
que uno se ajuste al derecho de gentes. Cuando se pelea por el imperio, no es ya disculpable la sañ" ni el
encono.
Los alemanes no pelean por la vida. En las condiciones de paz con
que los aliados contestaron al presiae.nte Wilson se les garantiza no
sólo la vida, sino la unidad, la independencia y un puesto honroso entre las naciones del mundo. ¿Por
qué no las aceptan? No las aceptan
porque el demonio de la ambición
les hace preferir el imperio a la vida .... Ya lo he dicho. Por el imperio están arriesgando la vida. • Y ya
no hablo solamente de la vida de los
soldados que est"án en el frente, sino de la vida total de su raza. ¿No
ven los alemanes que su sistema
les conduce fatalmente a su exter·
minio total? ¿C6mo no ven esto que
ya es patente a todo el mundo?
RAMIRO DE MAEZTU.

Lea usted PEGASO
13

�LEOPOLDO LUGONES: PVE'3iAS. E1tuJ,io de A1ito,iio Ottslro.
Mé:cieo, (}11,ltu,ra, tomo III, número 4, 1917. -A Lugones, como a
la m,1.yor parte de los puetas sudamerica.nos-Ruben Da.rio es la
excepjiócl-lpeuas se le conoce en México: Sa sabe de él un poco
por las revidtad y mucho menos por los libros. Oiga bien esto el
t1eñor López Méudez, único proveedor conocido entre nosotros de
lo.::1 libcog de la. Aménct1. Latina. Y aquí c11.be anotar este acierto
de la revista antológica que divulga en México una selección del
gran voeta arge □ Li □ o.
El tHtudlo que precede a lós poemas esde Antonio Castro; unas
a.pJ:Jliill!Ls que ven y explican con rigurosa exactitud la obra poétLca de Lugoaes, y que pua quieu no ha. recorrido é.::1ta 1:1ino
ligerameute·o con insuficientes datos, pueden servir como iuiciacióu eu la ex:égesis espiritual, profunda, complicada, extraña e
inquietante del sutil lunático a quien tanto comenta y de quien
tan desacertadamente se burla en voz baja la mayoria letrada pero
inc..:&gt;mpra11:1iva, por esa exactitud ideológlca y visual, que no alcanza, y que el poelia pone en todos sus giros insólitos y en sus haHa1;goj desacostumbrados. El breve estudio de Castro era neceaa•
rio y es Batuda.ble para, la difosión de la personalidad de Lugones.
P.Jr uuos dfas y coa motivo .Je la aparición de este fasciculo, se
ha vuelto a. insistir en la estéticll de Lugones, como tema de las
coa ver13aciónes literarias, especialmente frecuentado desde que
c?n la muerte de DMío el cetro rle la poesía americana anda en
vll suba.iJta y en regocijada rebatiña. Cuando por primera vez se
publicó en México tt.!go de los Crepúsculos del Jardín y del Lunario
p!l..reció surgir un acuerdo tácito en claaiticar a Lugones comu
versificador raro o e:xtravagante, o a lo más, personal. Todavía no
~e caill en la cuent,t de sus parentescos espirituales, y se leía muy
i' puco a Laforgue. La. critica hubiera llegado a señalarle una cédubt con número clas1ficador. Ahora ya es llegado el tiempo en que
h1, gente comienza a explicarde lo&amp; gatos a la valeriana, por ·qué es
nutena poetiza.ble el gendarme c,con su paso de pendular mesura.11
Y como encierran sggestionea exactas los ilusorios charcos d,e
mercurio, la rentista que desborda en un balcón la esférica arroba
de gelatina y el hubo con ojos de caldo. Aunque todavia bi¡y quien
cree qne la tersura verbal y la emoción estética sólo pueden reali•
za.r.:ie µrolouga.ndo hasta nuestrde días el aoordado sóu de las
octaus reales o la urgente solicitud rimada con que desde el siglo XIX algunas personas vienen pidiendo la lira, desde Heredia.
hasta nuestros días, ¡,asando por Zorrilla de San l\fartiu, que
qui~o la más pesada y negra.
No, ya no hay princesa qué cantar; pe,ro aunque la hubiera, aunque Oiga y Tatiana eiguierno en Tzarcoezelo, la maeetria de Lugones para aprehender la emoción que le sugieren todas "la8 cosas
qne ve, seria. nuestro refugio para librarnos de tantas incursiones
rimadas por los sitios que muchos se siguen forjando para nuestro
tormento y engaño. ¿Habéis oido en nuestra lengua sones más pa•
tétices, alueiouea más sugestivas y palabra.a más adecuada~ con
tema.a más familiares, intuiciones más simples y voces más conocidas? Y, sin embargo, a pesar de que sabe ver mejor que los
otros, como explicaba. Maeterlinck del autor de Las Moralidades
Legendmia.s, entre loa que leen pitra oir los versos y los miran sin
ca..er en la cuenta-¡oh, escoceaes!-Lugones solamente nos dice
asuntos tri vis.les en frases corrientes pero enrevesadas. Es que loa
asuntos sencillos suelen mezclarse y confundirse con los vulgares,
Y que loa vulgares suelen desdeñarse y desperdiciarse como materia inutiliza.ble. Recordad a Shelley: ((La potsia deacorre-e1 velo de
familiaridad que empaña el mundo ~ensible, y de esta suerte nos
hace ver objetos familiares como si no fueran familiaresn.
Lugones es dueño de la visión directa, y esta facultad en él genialmente desarrollada, la aplica a sus temas ((interiores)) y a sus
temas ({exteriores)). Su paisaje tiene una fuerza evocadora y una
sugestión incomparables; carecen muchas veces de la vaguedad,
pero nunca de la fuerza precisa, que corresponde y coincide con
lo que se vé, y se resuelve en maestria de expresión . .Nada más
verdadero que el verso

JUSTO SIERRA: PROS!.S. Selección, y Prólogo de Agustín Loera
y CMvez. «Oull·ura)), Tomo III, Núm,. 5. abril 15 de 1917.-El

Colón.-&lt;Venclda&gt;.

grau escritor, cuyo nombre llena el espacio de toda una época de
nuestras letras, Justo Sierra, maestro en el más alto sentido dela
palabra, aparece con una selección de sus escritos en prosa en e¡
último número de 11Cultura». El señor Loera y Chávez es autor
del prólogo que encabeza el cuaderno y firma, asimismo, la selección delos edcrLtos que se publican; en la introducción, el señor
L'Jera hace un acertado estudio de la personalidad del maestro,
englobándola hasta donde es posible; diferir;aos del sentir del señor Loera en alguua3 de sus opiniones, como podrá verse por laa
líneas de esta nota.
Ei indiscutiblemente don Justo el prosista más notable de la
litera.tura mexicana, y todos, los hombrea de letras, sus discipulos, dUs admiradores, todos clamamos por el homenaje más ne•
c;;:sario que urge tributarle: la publicación de sus obras completa,.'
t,ólo asi podrá ser apreciado como merece en su labor proteiforme, abundantisima, admirable.
PJrque era un verdadero prócer intelectual, como aquellos que
sólo el Rend.cimiento pudo permitir entre los pliegues de su manto dorado¡ sus conocimientos vastisimoa y variadisimos sin que
adquiriera. en ninguno la autoridad que produce la especialiiacióu; su fueru pvética, que más que figurar en sus versos, reeue•
na por toda su obra aun en la parte más abstrusa¡ la magnanimi•
da.d y bonhomie que rebosaba todo él, como indicio del gran espi•
ritu, del grande y verdadero Maestro que era; el prestigio de su
oratoria, ímborrable del recuerdo de quienes le escucharon, todo
contribuye a darle ese carácter de que hablo, humanista., a.m•
pliamente humanista1 con cierta indeterminación de sus credos y
sistemas.
Asi, don Justo no podrá ser referido a ninguna tendencia filosófica. de modo absoluto: era un escéptico cua~do pensaba-todos
·10~ que piensan lo son-y era un creyente c'u_andosebtia, o, mejor
dicho, tomn.ba de la religión la poesía tporque éata era su única
creencia. Las afirmaciones, categóricas respecto a su credo, se estrel!ll.n en su escepticismo, a menos de empequeñecer al maestro,
haciéndolo anterior a Descartes.
Ea historia, encontró medio de producir una intensa impresión
por el relato vibrante, apasionado, febril a veces, de los hechos o
de las características de una época o de nn pueblo; y ba.j.o esta
magnifica vestidura, ocultaba las informa.ciones más prec1 sas f.
los datos más recientes de la erudición europea.
Su prosa tuvo la virtud de plasmarse ceñidamente sobre sus
ideas y de fluir de sus labios-se hizo ,para ser escuchada, no pare.
ser vi,sta-con la sonoridad de broncea épicos. Y así conducia en
alas del viento, hacia los puntos más dista.otea, el espiritu del

El sábado último en el teatro ((Colón))
•bió a. la escena una obra mexicana:
1Veocidal)1 de la señora Eugenia Torres de
Meléodez.
La. señora Torrea, como la llama cariñoe&amp;mente_ el grupo de sus amigos, es antigua. a.miga nuestra. La señora Torres es
una. mujer excepcional en nuestro medio. Tiene un talento muy ágil y su con-

Maestro.

M. T.
}

LUIS O. URSINA: ANTOLOGÍA Rorir.~NTICA., .Araluce, Barcelona,

1917, en 8~-E:1 una selección de poesias de nuestro ilustre poeta
Urbina. 1 escritas desde hace treínta años hasta 1914. El autor es•
cogió las que, en su concepto, determinan mejor su tendeneia romántica.
CARLOS PEREYRA: Hu&gt;!BOLDT EN Máxrco, Madrid, Editorial
América, 1917, en &amp;?-Próximamente nos ocuparemos en este li•
bro del conocido escritor mexicano.
CARLOS PER.EYRA: EL CRIMEN DE WOODROW WIL~ON, Prólo·
go de Rufino Blanco Fombona, Madrid, Imprenta de Juan Pueyo,
1917, en 8?

y si las palabras son el pensamiento y la emoción, con:io pensaba
Pater, nunca un episodio de la naturaleza fue revelado tfm justamente como en estos dos versos:
el cerro azul estaba fragante de romero
y en los profundos campos silbaba la perdiz.

Estt·eno de ''V enciela. ''-Una de las escenas culminantes
versac;ón es un torrente de impresiones de
t-Odos géneros.. Siente el entusiasmo de Ja
li&amp;eratura; habla de nnestrus mejores poetas con gun calor. Recuerda entusiasma•
da-el entusiasmo es ulla de sus más fuertea característicaa,-((La vida de las abejas))
de Maeterlinck, conoce a Verlaine entristece su alegría con la tristeza de' Brujas, de Rodembach y vibra con un verso
fuerte de Machado, de Llovet. Vive la
vida literaria moderna, habla de la Htécnica. ouevRu Y tiene admiración por nuestro
poeta López Velarde, a la hora en que
L6pez Velarde todavía no llega a conmo-

muje: de muy bue.ios sentimíeutos y como v1ve en un medio dífícil•-y tan dificil•supone enemigos a Jos que no sou eiuo
unidades comunes y corrientes de ese
medio.
De todo intento hemos bosquejado la
flionomia moral de _Ia seño:-a Torres, por
que ésto completará mevitablemente nuestro juicio sobre su obra.
uVencida, &gt;1 entre las obras teatrales me•
xicanas, es de lo mejor. El argumento
puede no ser muy novedoso, pero la verdad
es que no ee~~ ~al llevado. Loa diálogos
-cosa tau d1ftc1l-tranacurren con agili-

El IMnes pr;óx:imo pasado asistimos a la
representación de 11Lsi Man u.na de Oron
en el Arbeu.
'
El papel de Cbironi lo desempeña un
actor español que debutó recientemente:
Manolo Casas.
Manolo Casas es el Maciate de la tanda
Tiene más bíceps que facnlt.adeg e~céni:
cas, sin que sea tampoco una banca de la
alameda., o una cariátide. Canta y se le
oye, _asi es que tiene con esto fl.lgunas
venta,1as para el género de zarzuela. antigua. Su mimica es rle gimnasta. y n11t,uralmente poco cómica. Empieza a d&gt;tr
vuelo a los brazos y mientras que la mano
Sig 1ui én la página 1T ele avisos

•
PIANOS AUTOMATICOS
V VERTICALES

EN ABONOS

'PIANOS WURLITZER'

Td.l el poeta. que, como obBerva Ci1.stro en su estudio, res.liza en
el v-Jcablo más de3abrido, un resumen de intuiciones inagotables.
Ahora se le díecmte apasionadamente; pero se le. discute como a
gran poeta, sit1 precedente en América.

14

POR EL ARBEU
Manolo Casas.-"La Manzana de Oro''

COMPARE USTED LOS PRECIOS DE
ESTOS PIANOS,
CON LOS DE OTRAS CASAS
.................,............

con un dedo pueril raya.ndo el agua,

G. E.

ver a las mujeres de nuestro medio. E 'la.
se siente, a ratos, triunfadora, llena dl'
f~erza para arrostrar las calamidades de h1.
v1~a. Todo le parece accesible y rie ..... .
M1_nutos después encuentra la vida pen• ,_
sís1ma! a todos sus amigos muy lejos dP.
ella: vive sola, desamparada y llora ........ .
Positivamente ha sufrido y positivameot~
ha sido feliz. Con ella no se llevan los tér
~inoa medios. Además, la señora Torre~,
tiene una alma grande y pródiga. Es nnH.

dad y si no fuera porque hace mucho
gasto de frases literariamente echadas a.
perder como crepúsculo de mi vida y algun8.E! otras, si fueran más sobrias, a.cumu•
la.rían mayor mérito al conjunto.
~l segunJo acto, en nuestro concepto,
es J ustn en cuanto a técnica téatral. Todos
los personajes se mueven:con!oportunidad
y hay escenas de indiscutible acierto. El
tercero es el que literariamente cuidó más,
pero en cambio es el menos teatral. Loi•
personajes en este a.eta hahla.n mucho y
dicen muy poca.a cosas. Además, Re suceden lita casmtlidadea, como en el teatro
equívoco de EchPgaray. Se habla de álguien y en seguidit ese álguien se preseuta
en escena, con toda la. premerlitació!~
v11lgu de la arquitectnra teatral antigua.
M:.1:-1 todas estas cosas se deben a que li\
Reñnrn Torres escribió sn obra en nueve o
diez dias, y ¡claro está!, con Lope de Vega
P,n horas veinticuatro pasaban d;, la.,; musas
·
al teatro, pero eso ya no es posible.
La señora Torres debió pre8entar eu obra
después de haberla pulido cuidadosamente, haciendo uso de su excelente criterio
artiatico, pero, nos decía, no era ya posible;
tenia viva urgencia de presentarla al público y marcharse. La primera copia la única copia existente, fue la que lleg'ó a manos de Julio Taboa.da.
. Sin embarg-o, la autora no debe desmR•
yar, tiene suficiente talento y buen BfHltido literario. Si cuida sus obras encontrará
además rle la aceptación del público-la
obrl\ fue muy aplandida-el elogio de ll\
critica, sincero y abierto.
En esta ocasión y precisamente porque •
es nuestra amiga y porque la estimamos
no hemos querido omitir nuestra manera
de pensar para que por ahí no se diga que
obramos parcialmente.

5 DE MAYO NUM. 32
Sube la marea

PEGA90

PEGAOS

15

�jogadores del etMixcoac11 1 para ma.uifestarDO! que en la crónica que de su primer
encuentro con «(La Internacional11 publica
cMéxico Deportivon, se hace notar qne el
tt/tree que actuó en dicho juego no se apegó para nada a la justicia y encareciendo
,.¡ ,!tlixcoa.c» que tu\'iera más atención en
el nombramiento de J 1:1eces, asi como llamando la atención a los mismos jugadores sobre su manera de jugar y diciendo
-que de no poner más cuidado pudiera ha~
ber alguna persona que se interesara en
410 disgregación.

El referido Presidente del 1(Mixcoac1)1

1·

~~

J

1:Tres esce.nas del Tenis jugado el domingo último

"México" contra ''Etpaña B." Gana■ 111
"lndlgenas" por 3 Goal, contra 17.
Por la tarde, ante numeroso púb!i_co,
en terrenos del Club «España», se verificó

este emocionante encuentro, con el re-

Los lnvenLibles derrotados.
• ":Ahtcoac" contra ·'Internacional''' terrenos
del ••Junior". -Ganan los ''lnternaclo.
nales" por 3 contra cero.
1

El último domingo a las diez y me~ia
se verificó este match con el resultado mdicado.
,r·
•
Nunca habíamos visto al (1i\'.11xcoac,) Jugar de manera. tan desastrosa como. el
domingo, pues parece que llevaba hi m-

"6 de deroostrt1nios que tambien tieten01 o
.
.
•
nen una enorme dosis de apat1a y qne s1
tienen combinaciones efectivas de .que ecbar mano cuando quieren, taf!1b1én 88.•
hen andar de cabeza com? en el Juego q~1e
-•mo, Loe 1·nternamonales paremeresen
•
d l
1 f
ron preocuparse muy poco de. a ama.. e
((Mixcoa.cn y no dejaron pasar madvert1do
lo .p •t·1008 y rlesconcertados que eataban
t1.
•
d"ó por resultasus contrmcantes, lo qude l ~
se desado que la mayor parte e Jtt~go
rrollara sobre la meta del «l\I1xcoacn.

-

· · uie
Por parte de loe Vt:ucidos SP d1t1trng
.
ron ...... por lo malo, el Goal Keeper Ar~~~~
dejando pasar entre las manos dos Sh onque eran perfectamente parables, y c
templando impávido como pasó el_ terc~:
Goal por entre las barras. Montano q
se ha distinguido siempre por lo certero y
eficaz de sus golpes, estuvo fallando co~stantemente; Vilchis, que en una. ocas1 n
logró llevar él solo la bola bast~ frente a
la meta Internacional, y no te~nendo na•
die que le estorbara. shuteo m~t1endo la bola bola ..... en un prado del Jard'in de en·

.

puso de mauifiesto que el referee oficial no se babia presentado y q_ue el que
D08

sultado que anotamos.
.
Durante la mayor par~e del pnmer
tiempo, los paisanos estuvieron constantemente sobre ni goal Ibe~o, a0;otá.ndese
P rimer tanto antes. de diez mrnutos de
ha.her principia.do el JUeg.o.
.
Dura.nte el segundo tiempo se amma•
ron un poco los del KEspañan l~grando_lle
gar varias veces a la meta mex1ca.oa, a1en•
do rechazados casi siempre por esa monumenta.l defensa que se llama Arturo Or•
tíz, y por Miranda, siempre ?portuoo y
sa.lvando del peligro á su eqmpo, . con la
eflC"a.cia y limpieza ~e cQstumbre. Duran•
te ei3te tiempo los iberos lograi:on puar
nnl\ vez la. bola por la meta mexicana, eata.ndo o.ff tide, el jugador q~e anotó el tan•
to; el Re[P-ree marcó el o¡rside, pr.otestan•
do el capitán del i(E8panau y el l1.n~1 ma.•
del mismo equipo. Después de. d1scut1r
algún tiempo parece que'1 se. pusieron de
acuerdo, accediendo el Capitán del (1Méxicoi, 11, q11e se contara el tanto.
.
Por parte del uEspañan, con excepc16a
del Capitán y otroR dos jugadores cuyoa
nombres sentimos no recordar, el resto no
rlt1jó de mmitrarse apátic~ y desanimado
viéorlose obligado su Capitán ~ mandar
retirar del campo a uno de sus Jugadores.
Del México todos sus jugadores esto•
vieron oportunos y trabajando con entu•
1:1i&gt;tsmo, sobresaliendo Miranda,
Ort1zfo,
en
d
J¡¡, ñefensa. y ª!a!llR.nta.n o tres_ carga8
midahle~ Stüder tmmrlo magistralmente
nn corn;r que fué rematad? admirablemente; Garza pss11.ndo y corriendo la ~la
solo por torlo el campoi con mucba hm•
do ,upieza.; Enbart,, el porttro, paran
rj
riormente tres formirla.hles shoots. que 8
tinuon seguidos y sobre corto.
.1 •.
Se han dirigirlo a nnsotrn ... por conul.v1
to de su Presidente Sr. ,Yingaert, vartOI

,.

hiJO sus veces, es persona honorable por
todos conceptos, y que además no fné el
.. l[ixcoa.c11 el que lo nombró 1 sino que su
8lección fué hecha de común acuerdo por
lOI capitanes del citado «"l:lixcoac,, y de
,_La Ioternaciona!,,, diciéndonos además
en lo que respecta a losjuga.dores, que todos e11os se preocupan por la limpieza de
ao juego, y que ni aun en rnatches en que
eus contrarios han desarrollado un juego
,ocio por todos conceptos, ellos se han
apartado voluntariamente de las reglas esU.blecidas. Que por lo demás no se explica las razones que pueda haber para que
baya quien se interese por el desmembramiento de su club, pero que, sin embar¡:-o,
agradece a uMéxico Deportivon su aviso.
Cumplimos con nuP,stro ofrecimiento de
publicar lo qne nos manifestó el Presidena del ,Mixcoac», absteniéndonos por
nuestra parte de hacer comentarios.
1\fmuEt O'HoRÁ.N.

TEATROS Y CINES
Sigue de la página 15.
diestra-anda sobre la cabeza del ciudadano
que ocupa la lunetR. 328, la otra ei:-1tropea
los muros del telón de fondo. Creo que
ésto es baAtante elocuente para que yo
termine mi calificación sobre su metier o de
lo contrario corro un rie@gfl más grave del
que llevo corrido, que no ea poco, pues nn
empujón de mi héroe, un poquillo nnervioijon, me puede colocar a una altura que
afrentaría al propio Pegaso.
Au11que la verdad es que Manolo Casas
es simpático, y éilto no quiere decir qne
desconociendo en mi facultades físicas de
aviador, trate de aseg_urar la estftLilidad
terrenu.l.
Lolita R,osell me va comprando y no se
en que consiste con tioda precisión su lenta fuerza conquistadora. Tiene algo dinámico quizá, que se lleva muy bien con mi
gusto. Ea cambio habla con mucha precipitación. Si le pusieran un ncontador»
ufonético -económico» gasta.ria al rededor
de$ 1,600.00 por minuto.

NOTA GERMANOFILA
En el Principal, en el segundo cuadro
de «La Reina del Carnaval», se presenta
ua escuadrón de vícetiples ataviadas con
ca.seos y coraza presumiendo de ubocbesH.
La marcha automática arranca los aplausos de los germanófilos y me hace afirmar.
me en la creencia de que los germanófilos
adoran lo tea.tu.! al grado que entre las
susodicha.8 vicetiples y los Hohenzollern
lo mismo les dá.

El duelo final.

Un ingléd fue a consultar con un famoso médico homeópata. Este le ausculta, le
pasa un frasquito por las narices y le
dice:
-Respire usted.
El ingléi! respira con fuerza y el médicC'I
nplica:
-Está usted curado.
Disimulando su asombro, el inglés le
pregunta:
-¿Q 1é le debo a usted?
-l\111 francos.
El inglés saca un billete de esta cantidad, se lo pas~ por la punta de la nariz y
le dice:
-Respire usted._
Y i;.in dar tiempo a la respuesta., excl&amp;•
ma flemá.tica.mente:
'
-¡ Ei3tá Ui3ted pagado!

freute. D~ lv1:1 dt'.má1:1,
de
) ,exce_p~·ión
o hecba
que ver
Miranda y Arturo t rt1z, umc s
·
daderamente trabajaron, Y a los que se
debió que el número de tantos anotados
por la «Internscic,naln no llegara a un número mncbo mayor.
.
d ¡
r t ac1onaln
todos
Por parte e a (' n ern
trabajadores y aprovecb~ndose muy eficazmente de las deficiencias de los contra¡· d
¡ Portero Lecanda
rios, sobreda ~en O e
.• '
'
parando limpiamente el ÚDh;O Shoot que
convertirse en Goal.
...-!
amenazara
........................................._,,..........""'"' ..................................

.... ....................................,.................................................................................................................................

§

g~~::.º•

I,,',,,

-

~

J0YERIA Y RELOJERIA
Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel lnn,

-

~.........,........,,,".............. _"""....... ...,...,.......,...,.,,.................,....,.................,,.............-... ....,, ..,..,,,,......,,,.,,..,,,,,,,,,,,... ,.....,...,....,,,,.,,,.....,...,,,,......,,.,,. ,,......." .............
16

PIEGABO

''LA ESMERALDA''

e.Apartado 69.

�VII
más grande que se conoce, el Culliman
que pesa 3 024 quilates y pertem.ce actualmente al teroso inglés.
¿Qué hizo el general Rotha?
Para despistar a los ladrones, un alto
funcionario del Transvaal, escoltado por
cuatro detectives, se puso en viaje llevando una valija que era custodiada dis y
noche, y qne a pesar ~e todo foe robada;
pero el verdadero Culhman lleitó a su destino Londres, en una pequeña caja de
madera que se babia enviado como encomienda postal, sin ~inguna indicación especial.
Los ladronee, que con arte robaron la
valija, se llevaron un chasco y fueron despistados.

*

¡Al tln! ....

1

VARIEUAllES

1

-A veces objetos de gran valor van más
seguros mandados por el correo como
muestra sin valor, que confiados aun a
detectives que despiertan la astucia de loe
ladronee y corren el rieFgo de perderse.
Si va como muestra sin valor, no despierta ni la atención ni la codicia de nadie.
Este procedimiento lo usó en 1915 e1
general Botha para enviar a Eduardo VII,
como regalo ~d,il Transvaal, el diamante

* y feo, pero rico,
r Dos sujetos, uno *viejo
y otro joven y guapo,. pero sin una peseta,
pretenctian a una niña de diez y ocho
abriles. Llegó el momento decisivo, y la
niña eligió por esposo al viejo. Este, al
salir de la iglesia, loco de alegria, dijo a
su esposa:
-Angel adorado, cha tita mis, ¿por qué
me has elegido a mi? ¿Es que te gusto más
que mi rival?
-No, pero es que yo creo en los vaticinios.
-1.Y qué?
.
-Una gitana me ha dicho que be de
ser casada dos veces, Y elijo al otro para
despué~.
lTn caballero
una taberna:

* **
ve entrar

a su criado en

-.luan-le dice,-me sorprende m11.
cho verte entrar en semejante sitio.
-iAtI, señorito! pues mucho más sorprendido se quedaría usted si me Yienr
salir.

***

Dos gastrónomos, sentados el uno delante del otro, acaban de comer.
-Parecemos dos amantes que han reñido.
-¿Por qué?
-Porque todo ha concluido entre noaotros.
,k
*'*
- Y la seiíora de usted, demuestra algún io'terés en el presente conllicto europeo?
-Por eup:~e~to que &amp;I; siempre está hablando de la guerra.
-Y, ¿qué le dice la señora?
- Pues, dice: ¡Qué iástima. que t6
puedas ir!

** *
-¡,{¿ué recorta usted

de ese periódico?
-Un artículo que trata de un hombre
de California, quien obtuvo el divorcio
porque sn mujer tenía la costumbre dt
registrarle 1011 bolsillos.
-Y, ¿qué piensa. usted. hacer con 61P
- Puea, ponérmelo en los bolsillos.

*

· -Ese dolor que* *
usted siente procedi
del dia.fragma.
-Dispense usted, doctor, pero yo
que procede del dia ..... de mi cumpl"'
ños. en que me rlí un hartazgo de coneidera.ción.

º*

-¿En qué se parece el arco iris a los
guarduu,?
-En que aparecen d~spués de .la torJDenta.
En el estudio de un pintor.
Una señora que se está retratando mira
el retrato en un momento de descanso
:,exclama:
'
-¡Qué encarnada tengo la cara! ¿Dónde compra usted sus colores?
-En la misma tienda en que los compra usted.
-¡Mozo! ¡Mozo!
-¿Qu6 quiere usted, señorito?
- ¿Sabe usted dónde están mis pauta,

Iones?
El criado busca e_n todas partea, y no
encontrándolos le d1cela\ parroquiano:
-Pero; ¿está usted seguro de que al enkar los llevaba puestos?
J Jsé H, encontrándose en Milán asis~6 a 1~ representación de una ópe;a que
111 reahzaba ~n uno de loe principales tea.koll ~e esa mu~a~. Al die. siguiente de la
Canción fue a visitar al primer actor que
bal,h desempeñado con toda corre'cción
el rol de emperador, siendo calnrosament.e apl~udido por todos los espectadoree.
~ artista !ª presentó al rey veetido en traJ8 de manana, quedando confundido al
reconocer a é~te; entonces el emperador
para calmarlo, le dijo: 11No importa. En'.
ke noso~ros,, los emperadores, no existen
ceremomaE».

9 D4 O
10A5 •· R

Problema número seis
POR

O. Wurzburg
Blancas:
R 1 D, C 2 R, C 3 A R, D 6 A R, (4
piezas).
Negras:
A 1 CD, P ti CD, A 3 A O¡ R 8 T R.
(4 piem).
Las bla.noaa juegan y matan en tres jugadas.

!IC'3\R
10 C 3 &lt;'

11 C020
12 T 1 R j
13 A 3 l)
14 Ax C (6 C)
15 C 5 R !
16 c x P Cj.
17TxAj.
18 D 3 D j.
l9P4TR!
20 P 5 T !
21 D 5 A !!
22 'f XC j. !
23 D 6 A mate.

11
3T R
12 RIA
13 A 2 R
14 PT x A
15 P x A
16 R 2 A
11 R x c
18 R 3 T
19 P 5 c
20CxPT
21 P 3 C R
22 Px T

Solucl6n del proble■a n~■ero dos
POR

Partida'número diez

R, Callluson

(Congreso de Ostende, 1905)

1 D 7 T D, R x C (5 C), 2. D 7 C R j.
R x c (3 C), 2. D 1 c R j.
R x !,-,
2. D 8 R !

Gruoco Pu NO
BLANCAS
l'tiARSHAl,l,

NEGRAS
BllRN

1 P 4R
2 C3 AR
3 A 4A
4 P3 A
5 P4 D
6 p X p
7 R 1 A
8 P 5'D

L'\ resolvieron los señores Raf~el Carrillo G. Luis Sotomarina., de esta capital;
Y el sen:&gt;r J Jsé Ordoñez de Q 1erétaro,

r

l P 4R
~C:1AD
3 A 4 A
4 &lt;' 3 A
/í p X p
6 A 5 C j.

7CxPR
8 C2R

Noticia.-Ell la ciudad de Culiacán
E lo. de Sine.loa, acaba de fundarse u~
C!ub de Ajedrez, ?uyo presidPnte ·e s el Sr.
Lic. R •sauro RoJo, fuerte aficionado de
aquella ciudad.
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                    <text>"BERTINI"
¿MODELO NUES ·
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ELEGANTES

LA CIUDAD
DE LONDRES

Submarinos americanos listos para entrar en acción,

NUMERO 7 .

MEXICO, 19 DB ABRIL DE 1917.

Precio: 30 cetttnvos

�II

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EGASO -~ E~ ~~. -~-;;-;.~L

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111

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DIRECCIÓN: Enrique González Martínez._Efrén Rebolledo.-Ramón López Velarde.
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Urueta.
Juli? Torr~.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José
Frías.
Antoruo Caso.
Esteban Flores.

Jesús T. Acevedo (El Paso.)
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
María Enríqueta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal y Rosas.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José M.a Chacón y Calvo.
Eduardo Colín.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Domínguez.
Enrique Fernández Granados
Genaro García.
Augusto Genin.
Francisco González Guerrero.
Luis Gon7..ález Obregón.

Los elegantes compran su sombrero
en la casa

Tardán

porque es la únic1
casa que puede darles gusto ..

·¡

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

J?·

REDACCIÓN
Rafael López.
Genaro Estrada.
Jesús Villalpando.

COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Igulniz.
:Manuel Ituarte.
Carlos Lazo.
J. L6pez Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo )fartinez del Río (Madrid).
Amarlo Nervo (Madrid.)
.José de J. Xúñez y Dom!.nguez
Eduardo Pallare&amp;.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.
DIBUJANTES
Leandro Izaguirre.
Carlos Neve.
Anton·'&gt; Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Gardtúio.

/

Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio CMtro Leal.
Enrique Fernández Ledesma
Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramírez Cabaña8,
Adri~n Recinos (San Jolé de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid).
Manuel Romero de Terreros
Francisco Verdugo Fálquez.
Genaro Fernández Mae Gregor.
Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabaña.a.
Enrique Santibáñez.
Nicolás Rangel.
José Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vaseoncelos (Perú.)
Atanasio G. Saravia.
Germán Gedovius.
Roberto )fontenegro.
Angel Zárraga.

FOTÓORAFOS Antonio Garrluño.-Gustavo F. Silva.-AJfonso Sosa.
PUBLICISTAS: )faxim 's.

l

OERENTE: Jesús B. González.

ORABADOR: Alvarez Tostado.

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1 En los Estados. 10 numeros... ..... 3.o0
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OFICINAS: Avenida 5 de Mayo, 32,-Ediflcio de la Bancaria. Departamento, 406,-Apartado Postal, 1408,
La. correspondencia, debe ser dirigida a la Gerencia.
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Avisamos a~nuestra numerosa clientela de la Capital y de la República, que próximamente
cambiaremos nuestro local.

�I\EVISTA SEMANAL
Registndo ~omo articulo de segunda clase el día 17 de marzo de 1911.

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Hace tiempo que la montaña rusa descansa. Ya no hormiguea allí la muchedumbre desocupada, contemplando
con curiosidad boba el volar de los carritos cargados de
paseantes. Triste, desolado, se yergue el imponente arma·
zón frente al basto césar hispano que domina con su ademán conquistador la rumorosa plazoleta. Ampulosas niñeras pasan con ojos melancólicos por el antiguo lugar predilecto; mocetones impenitentes rememoran triviales avetlturas iluminadas de risas y aspavientos; viejos reumático.:;
filosofan ante el enorme esqueleto que semeja una encina
deshojada. Y niñeras, y mocetones, y viejos se alejan por
las avenidas, bajo el cielo tranquilo, donde las nubes, desplegado el velamen, avanzan lentamente, empujadas por
el hálito perezoso del viento .....
No os desesperéis, oh, amantes de las emociones fuertes:
:todavía hay patria!
Tengo un amigo que gusta extraordinariamente de México. Vivía ha&lt;::e algunos.- ::tños -en provincia: novelas de Carlota Braemé, amores apacibles, tertulias familiares, gobernador réelecto ciiico veces .... Y la monotonía de la vida,

tl UNTRO MtRCANTIL
Apartado postal 472

México, D. í.

EN PARAGUAS
TENEMOS UN SURTIDO COMPLETO

NUM, 7

'.r=:~25-~&lt;~~

EN EL C~MPO

MANGAS IMPERMEABLES

1917

el ~ielo q1•is, el hm·izonte eterno,
lo arrhjaron, como ei madero de un naufragio, a las playas
de la Capital, que lo recibió ebria de júbilo. En efecto, ese
día memorable, la gran urbe se bamboleó sacudida por un
teml¡lor.
Desde entonces el 'aburrido provinciano constituye una
molécula de .Ja,metr6poli divina. y pecadora. La gusta con
el deleite supremo del bebedor que tras largos meses de
abstinencia lleva a sus labios una copa; la paladea con infinita voluptuosidad; la aspir~ como un perfume; la traga
(ata por gota; noble y vil, antigua y moderna, sabia e igno·
rante., limpia· y sucia, refinada y palurd~, tal como la ha
forjado en cuatro siglos el aliento creador de los años.
Y la adora, precisamente porque elÍa le tonifica el sistenervioso con emociones jamás Soñadas en las ya lejanas
horas del olvidado pueblo.
.
Le ha robado el reloj diez veces al .subir a los tranvías.
Se ha visto otras tantas entre las ruedas de los automóviles que desfilan por las calles con velocidad de ob(1s.
Vi6 el cuartelazo.
Conoció a Zapata.
Departió con Rueda.
Asistió a los ju egos florales ....
Uitimamente no salía de la Cámara. Desde temprano rontiada por los alrededores del Palacio Legislativo, con el
fOttro iluminado por la sonrisa de los grandes días; y cuan-

•a.

do el público empezab8. a entrar, era de los primeros que
subían a saltos gimnásticos la escalera que lleva a la galería, donde se instalaba cómodamente, decidido a no perder
palabra de lo que iba a decirse.
Allí lo encontraba, agitándose nervioso en el asiento, es·
perando el instante de la &lt;emoción&gt; ..
-¿Sabes? Hoy discuten la credencial de equis .. .. Se dirán cosas gordas ....
Y mientras llegaban las &lt;cosas gordas&gt;, se entretenía,
para no darse cuenta del fluir desesperante de los minutos,
en extraños ejercicios mentales. Un día se puso a formar la
estadística de las calvas que' respla.ndecían en el fondo lleno
de luz dela Cámara, clasificándolas geográficamente: calvasoceanos, calvas-bahías, calvas-ensenadas, calvas• lagos,
calvas ]f\.gunas, con una falta absoluta de respeto a los padres de la patria y a la gravedad so}emne del recinto~ Otra
vez se empeñó en descubrir la ley universal que rige el vue·
lo parabólico de las moscas.

Me diréis, incrédulos, que seguramente se trata de un
&lt;chiflado&gt;; pero, ¿se conducen acaso de otra manera los
&lt;cuerdos&gt;?
En algunas partes del globos.e va a las Cámaras a seguir
el curso de una aspiración nacional que pugna por conver-.
tirse en ley, a ver el espectáculo de una nebulosa que tiende a fundirse en la chispa de una estrella. En México ....
andamos siempre, como mi provinciano, tras la montaña
rusa.
Y, como mi provinciano, la encontramos frente al césar
español capturado para la eternidad por la eficacia implacable del bronce; en las calles barridas por el resoplido de los
autos sonámbulos; en las carreras salpicadas de sangre; en
la Cámara, donde el verbo, para ser grato, debe hacer chi·
rriar, como un hierro encendido, la carne de los hombres
públicos ....
¿ Qué importa que la montaña rusa descanse?
México todo es una montaña rusa. Los paseantes que vagan aburridos, lo mismo por los barrios aristocráticos que
por las plazas donde el hambre se arremolina en torno de
los puestos de &lt;tacos&gt;, esperan su carrito. Estalla una riña,
se registra un atropello, suena un tiro; y sus ojos brillan y
su corazón palpita:_ ya encontraron asiento y van, con ~os
nervios vibrantes, pendiente abajo.
Y un día de tantos, inesperadamente, la Muerte sale de
las sombras y les brinda, en la frialdad polar de su seno,
la última emoción.
i La más fuerte j

PEGASO

�Episodios de la vida ~ael Marqués de la
Villa del Villar del Aguila
Los escribió para "PEGASO" José D. Frias
DERROTA SENTIMENTAL
Este es un episodio de la vida del
Marqués, cuya sabia juventud, m,is.

tica y aventurera, rué asombro de
mi mocedad.
J. D, F.

Veia el marqués en la angustia de aquel
único crepúsculo amargo, las tórfesfrÓnte- .
ras de una residencia capricbosameute
construida a la usanza colonial. Y en un
intimo dolor sumaba la decrepitud de las
frondas, enfermas de Invierno, con el trá.gico desaliento de su corazón.
Le aconteció lo que nunca hubiera creitlo capaz de anonadar el firme torreón de
su fecunda energía: se aflojaba la cuerda
de la voluntad en el siempre tendido a:rco
de su juventud ...... ·y con pávidos ojos
buscaba en el occidente, ma.rav~llosamente ilumina.do, al morir el Sol, la epifanía
de la estrella en donde tantas veces r.ontemplara un fulgor hermano de su esperanza..
Inó.tilmente.
Porque sus veinticinco años se habian
coronado con la. zarza de un sufrimiento
novísimo, y en su ánimo comenzaba a.
despertarse aquella larva, de que habla el
maestro don Ramón del Valle Inclán, y
roia, ya, con una fiereza de gusano hambriento que se harta en el festín subterráneo de un cadáver presa de la putrefacción.
¡Ah, las inefables congojas de mirar en
uno mismo qne son vanaB todas las filosOfías cuando el espiritu naufraga por un
decreto inexorable en e'l torbio motín de
las ondas amargas y negras, po~que visten
de luto el optimismo que da vida a todos
los entusiasmos!
El observaba, fiel a su costumbre de
examinar la conciencia, todas las modificaciones que le imponía aquel instante de
desfallecimien,t o. Y compr:endia que los
hombres dueñQs ele si mismos merecen la
eternidad de la estatua, como los héroes
que señorean y descubren países ignorados y orbes nu8vos.
Su orgullo padecía porque palpaba que
era mentira lo que él juzgaba :verdad. Y
se retorcía. en •la par.rilla de su decepción
como el .varón que santifica el martirologio cristiano. ·Un recóndito afán le indica.ha que no existía. su más cara ilusión, y
qne estaba. aun distante del lago a:rmonioso de la SerE;inida.d.
Por su rostro no habian señalado, desde
la adolescencia, su invisible camino las
~alobres lágrimas. Pero en aquella tarde,
2,

cuando tuvo el convencimiento del desaa•
tre, midió la inconmensurable mengua de
su humillación, palideció como en el preliminar de una contienda de muerte, volvió al cielo la cara, y nunca aupo si fue
una viajera nube, o un impetu de llanto
lo que fugazmente le ocultara la estrella
de su contemplación.
w

* *

Don Luis de Urrutiay Arana, demasiado
indulgente con un capricho insólito, amó
a una mujer. Fue la (mica que pudo cercar súbitamente el corazón del marqués,
y rendirlo.
El puso toda la agresiva. ternura de su
ansia de amar en la débil fortaleza de
Magdalena Iris-nombre postizo como todos los que gustan de llevar los miembros
de la farándula-cuyo elogio ba.bia escrito
p_ulcramente en la última hoja del ilustre
pergamino donde campeaban les prestigios
de sus arcaicos blasones.
La vió en un teatro mezquino, danzando con imperfección, entrelaneciaalgazára de los concurrentes sórdidos. Y admiró
en ella lo que adoraba en las magníficas
estampas de su predilecto Boticel!L Vió
el azul ambiguo de unos ojos cuya luz hacia olvidar los arcos de triunfo de las cejas endrinas¡ la exigiiidad del talle, "la leve
curva de las ancas como de adolescente, y
las piernas cual modeladas en cera, lar•
gas, finas, de lineas suavísimas qué blandamente morian en la breve perfección de
los pies indescriptibles.
Vestía. la frágil elegancia de su cuerpo
con la indumentaria. de un paje, y tenia. la
gracia fascinante de aquellos trovadores
de ley_e nda que vencían a. los :fijosdalgo:
arrancando su imagen de la memoria de
las infantas caprichosas.
Fuese al ruin lugar en que la artista se
ataviaba, y con el tono de voz cálida y
persuasiva que exhumaba en las raras huras de pá.Síón, larga.mente dijo:
14Sé que voy a. perder la. belleza. de un
deseo al querer realizarlo, sugiriéndole que
la amo¡ pero esto no la dañará, Vengo
porque necesito alcanzar su simpatia., y
por ella, tal vez, su voluntad. Si logro verla siempre como la admiré desde la huta. ca, ~abré conseguido lo que pretendo. No
soy desconocido porque las mujeres cono•
cen siempre a quienes las enamoran. Me
examinará su .benevolencia, esta noche,
mientra.e cenamos, y sabré si puedo triunfar hoy, como cuando pulimenté las ca.-

torce:fa.cetas, en el diamante sentimental
~ n :mneto q\le narra su hermosura;,.
Ella, instintivamente, no exhibió sorpresa alguna.. Con discreta. f11.mi1iaridad tomó
el brazo de don Luis para llegarse al coche que esperaba¡ y entre los esptjos del
café ruidosamente inoportuno, consiguió
no destruir la fantasía. de i,u acompañante.
El marqués recordó a una novia de provincia ante el excesivo recato de Magdalena. Y en la amortiguada. luz de aquella
noche que vivió con ella., creyó poseer loa
hechizos de alguna de las doncellas inmortales que subsisten en las Tres Gracias del
divino Sandro.

'·;LOS UL!IMOS POEMAS DE e.AMADO NERVO
En él anterior número de PEO ASO
•

•

·

(:,igUf e,tlá pág; J5;f

'

t

d

il
·
Y nos amos el gusto de cos h
ervo, acaba de publicar
e I ustre vate, de cuyo libro hablamos en la sec:icó ar, para nue~tros lectores, algunos de los po.emas
n correspondiente.

HARMONIA

¡A qué mirar constelaciones
en el profundo á.zul turquí!
¡a qué excrutar las extensiones'
~Qué noa diréis, astros distante;
rnmensos orbes rutilantes?
'
¡El gran misterio no está. alli!

d 1si .com_o muestra aólo una faz la luna
e a propia manera no vemos más ue ~na
rla faz de las cosas, como pensó el ioeta.
a otra está en la sombra
y
.·
la visión, ve asperezas en ·d~~d gor ser rncompleta
•y la noch
¡
e ay armonía
e en e nubh.1.do que disimula el día.'

..... En el silencio de mi pieza
en tantas noches de tristeza
en que la copa. del vivir
hay que apurar hasta las heces
¡oh cuántas veces, cuántas vec~s
cerré los ojos sin dormir!

San Agust'
d"
visto al revé:~ e~~~m~oDquoe ebl mdundol es un dechado
Jt" l
'
• 1 s or a; a otro lad
:1u ..1cto ores hebras, con su red caprichosa
o
espis
an
nuestros
juicios
Oh
b
'
I
del bordado d. · .
........ , a or misteriosa
· r ivmo&gt; ya todos te veremos
cuan d o en nuestra a
·6
•
'
al 'vértice del ángulo s~enr 'dn nulenaria lleguemos
'-'
ua' e cuyo punto
b
l
s~ a arfa a su~_lime plenitud del conjunto.

* *•

El vástago del Señor de la Villa del Vi•
lla.r del Aguila estaba de vuelta en su morada, después del horrible desengaño de
aquella. expedición cuyos preparativos se
leen en el primero·de los episodios.
Tenia consigo una perenne tempestad
de recuerdos humillantes para su nobleza.
Lo asediaban infatigablemente las memorias de sus penosos dias de campaña; y la
tortura de un pasado despreciable se unia
a. los pensamientos de un presente enojo•
so. Lo habia perdido todo en aquella siniestra aventura, sin obtener provecho algnno, y sufría la desesperación de soportar
el revés, con la. resignada actitud de un
' de una
mendigo que agradece el insulto
limosna miserable.
La meaa a la. que se aentab~, en otro
tiempo babia te~ido como comensal paupérrimo a quien la. abastecía cua.Ildo don
Luis regresó a.batido y derrotado.
Vivió, sin esfuerzo alguno, en la. austera
acritud· de su aislamiento agradable, sin
mostrar pena a los que 'se creia.n sus amigQs. Y sólo él, en las meditacione'B que se~
guían al cansancio de uDa larga lectura,
sabia cuánta era la pesadumbre de Una
vida resignada quP&lt; no quiso toma;r 11
muerte, a pesar de que ia desafi¡iron juveniles ardimientos.
Los escalofríos que viáitaban su cuerpo
en· la silenciosa protesta de su .acttv-idad
vencida por la suerte, eran compañerol'W
un rictus de torvo disgu&amp;to en sus labios,
hostiles para toda palabra. que no iftér&amp;
una. invectiva. Con su indignación ~ dida y arrogante azotaba a. )-., taiW6
triunfadores envanecidos, que . igno!r6an
el desprecio porque no babia.o subido non•
ca hasta las iras del marqués.
Su existencia. soportaba, ade,roás1 al
tormento de sus mayores altaneros , c¡ue
blasfemaban -cuando como él se halla.hin
vacios de dineros-al rubricar e] folio•
que constaba la cesión de alguno de sllt
feudos.
Y en ese tormentoso trauce volvió s. ver
don Luis que el relámpago azul del mirar
de Magda.lena, iba a él, como en el soplo
fatal de una tragedia de Esquilo.
La volvió a amar.
Pero efiímeramente. Ya no podia., 001110
1:1.ntaño: enjoyar d1:1.ra.nte largo~ ni~ IOI
brazos de su amada con ajorcas nu~valj

.

111 libro de v.ersos, con el título de "Ef:::::~~~soque nudestro compatriota, el exquisito poeta Amado N

y vi sin ver, luces tan puras
tánto fulgor, arquitecturas
'
de una tan vasta. concepción
enigma tal, tales honduras '
¡que ya. no miro las alturas
Y está cerrado mi balcón!

, Entr~ tanto, poeta, no murmures. Tu v

•Qea. unc1oso, cual salmo de amor al univer!~ªº
u1en trazó el plan del e
·
naciente de los bqmh ,odsmos, no pu?de ~ la razón

res, . ar una. exphcactón .
..q~e convenza: su lógica, no es la tuya de hormiga.

N? jt°zgu~s,

¡Descansa ~n paz, anteojo mio,
en tu gran CaJa. de nogal'
i Ya no te asomes al va.oí~
con tu pupila de cristal!
;Descansa en paz, anteojo mio
en tu gran caja de nogal!
'

pues, adónde y deja que prosiga

~us- m_ e~tos arcanos, su labor portentosa
Que rice en espirales de lllz la nebulosa .
que prenda sus traslúcidas caudas a los' cometas·

~~:

~!:~;ed:J!:ed1~fn:aª:~:o~~;~~á:s!~faf;:~eta~¡
que empme las montañas y que ahonde los mares
'
..... .

YA NO TENGO IMPACIENCIA ....
NO TODOS ....

Ya no tengo impaci
•
Ven Fortuna, 0 no ve:n:;a:, porque no 9:guardo nada ..... .
llegue al toque del alb/ u'e que tu máquma alada.
con el brote abrileño ca' 1 gube _al toque de queda;
y a no t engo impaciencia
•
'
n ª OJa. que rueda
·, porque no aguardo·········
nada •.•••....

TfO _t~dos los muertos contemplan a Dios
¿ p10nsa~•qu~ basta morir para ver
.
et11e gran m1!:Jter10 del que vas en pos?
~QJ ue el velo de Iilis habrás de romp¿rr
¡ luso creer!
i No todos los muertos contemplan a Dios!
en'· En
vid

~~:!ª:~f!'

de ~[~~1~~~!
del balc?n anchuroso
yo contemplo el pa~a·e '/ºn un hbro en la mano,
Y. mi espíritu plácido~ c~n1~mpre autt~ro y hermoso,
tiende amante las ala's de ervor re 1g1oso,
oro en pos del Arcano.

ca

m_b'IO,b 1as almas austeras y grandes
a-s1 sa en ((subir))-le verán'
como ven el alba florecer los .Andes ,'
cuando aó.n los llanos en la noche eistán!

~f

~~rtu~ba. las aguas de este lago dormido
de
No hay aÍán eq~~t~:1º de_ caudal puro .Y terso.
· Y del cáliz de mi alm:quie!e¡ nada qmero ni pido,
brota cándido O • ' cua a~oma elegido,
' ocioso Y apacible mi verso!

LA HONDURA INTERIOR
Des?e_ qµe i:,é lu cosas bellas,
108 m,il 10cógnitos veneros
de luz, las fuerzas misteriosas
que el hombre lleva en su interior
i)'.'ª no me importan las estrellas '
n~ I, 1s cometas agoreros
Ill la.E:! arcana,:¡: nebulosas
con su fosfóreo resplandor¡

,,

EL PUENTE
-Dime, ¿has estado en é t · l
uno de esos instantes en X ars a guna vez? ¿Sentiste
porque-lo d.. W d
que e p~nsar no existe·
IJO
or sworth-«expi 6
¡
'
En que mueren las dudas n
r en. a a 1eg-rian?
la excelencia del astro la'· e q~e _se exphca todo:
y el
d
' 1gnom1ma del lodO
mun o es como un siro bolo de sutil poe;ia?

Ya ~o me importa del Planeta
la claridad prestada y quieta¡
ya no contemplo al taciturno
Y melancólico Saturno
con ~us anillos y el cortejo
de diez .satélites, errar
. po_r la extensión como un dios triste
baJo la pompa que lo viste
Ya no me encanta.el oro
de nuestra luna familiar .

Ti~~~!

~!~~sdyuras entonces nos ofrece el camino'
cosas un aentido divino _
·
amoldá n dose a una · t ·
•
•
El dolor
.
mis er1osa Justicia.
y se aneg~~~a~eml pre nos parece proscrito
a mas en un mar ¡'nfi 't
d e suprema delicia.
DI o

i;j¿·····

¡Qué_ vale en suma todó eso!
(matenas cósmicas, exceso
de vano gas en combustión
)
¡qu~ ~ale en suma ante el ~bi¿~¿
vert1g10oso de uno mismo
que noa espanta la razón!'

Ptira tales momentos fue creado el
es él solo que puede tradu . l
poeta:
concordancia del hombre i~~ s: s;~ret•a_
Es e_l mágico puente de fulgor d l ios siempre ignoto.
arroJado en el piélago de I
bu ce y tenue,
como el trémulo rayo d a noc e perenne
- e un remoto lucero

P ·EGASO

:,

·········

PEGA.SO

3

�les, a.unque fueran picadas, e~que.tu&amp;ticai
y provisorias, pero las más pn~attva!, ea,
trictas, de su alma. y de su e~1~tenc1a en
((una expansión de caridad_ espiritual». (aaí
dice admirablemente Ca.m1lle ~8:ucla1r) y
luego irse. Para Laforgue escr.1bir no era
uuna habilidad ni un ~o!lor» smo só!o un
Para J. V.
Por Eduardo Colín
obvio y ardiente rendu:~nento, una v10lenSu forma: el argot, giros ultr?-llanos,
ta y muda transparencia.
.
Entre la lenta y dificultosa ~aduración
y gracias a esa laxa Y_ fundamental sinmuchas veces falta total de sintaxis; no la
de las sociedadeshispano-amer~canas; ~nceridad tiene introspecciones de co.~ ~lex;ideología literaria, clásica y regular, aqu.e
tre estados todavia de barbarie Y la msimos estados líricos, de nuestra d1arta dinos tienen acostumbrados to~os los esc_rifluencia yanki en lo qne tiene de zurda
námica psicológica, que solo se en?uentrao
tores, sino modos de pensalll:1entos floJ.oS
causa opositora del Ensue~o, la rama de
en su poesía; y alli tendrá la hteratura
y arbitrarios, tomados más bien de la cirpoetas españoles de Amér1ca-como una
ue ir a tomarlos para futuros desarrollos,
cunvolución cerebral de un analfabeto, o
refutación contundente a los cuadros del
no quiere permanecer. falHI\ y c?nvende las mujeres, o de los niños, de los locos
áeterminismo tainiano-piens&amp; con gusto
cional. Por ejemplo, sugiere esas i!lstano los iluminados. Una manera mate Y
florentino y hace versos ul~ra.- modern_os.
tes en que no sab~m.os qué predomn~a en
cruda. Tenia más confianza en esos meEsta tropa lírica, aunque sm la cohes16n
nosotros si el sentimiento, el pensamiento
dios en esos fondos originales de nuestra
ni el prestigio de una sola y gra.'!1-de naexp;esión, que en todo el arduo .prob!ema
0 la sensación, cuyoensamblsge, que. otroa
cionalidad, nómade y cosmopohta muse ponen a desunir, él lo aprehende mtac•
del estilo considerado en su sentido bizanchas veces, es uno de l?s grupos actuales
to i O esos otros momentos de~ alma e~ que
tino e int,electualista.
.
más capacitados para mtentar las reforSu hermano en la aventura rnsensata de
no pensamos por series ló~1caa ~e 1de_as
mas y modos más audaces de la poesia.
-como quiere la preoct1;pac16n ~s10olog1suerer decir las cosas en sí (para emple~r
Su intuición y su sensibilidad h~n mostraterminología de la metafísica) de decir
ta de nuestro tiempo-smo por imágenes,
do tocar registros intensos y radicales. Por
y éstae cambiantes y en fuga rápida¡ o
las cosas integralmente, el gran sacer~¡t~
eso puede hablarse con esas alma,s de Jubifm esos en que pensa.m~s por palabra.s,
de uLa Siesta de un Faunon, en rea1l a
lio Laforgue. Para ellas va mi artículo.
pero sin que formen d1cc101;1~s perfectas,
seguía los procedimientos comunes co1:1saYa queda insinuado que se trata de al•
sino fragmentos de frases, g1rones de oragrados por la literatura, o sea la reflex1óu,
go completamente opuesto a lo co°:1ún;
ción O nada más términos ai~lado! de. los
no sólo de uno de los avanzados des~ tiem•
que setienden parábolas de idea?1ón .1m•
po, sino de un caso que produce la imprepronunciable, inmen.sa. Y también tiene
CARICATURA EXTRANJERA
sión de estar colocado en el punto extretoques sobre percepc101;1es afina~as, nuemo de lo que se ha hecho e~ letras. Y esvas, riquísimas, que ~utzá no ob~1ene otro
ta índole excepcional de Juho _Lafo~gue se
,7
escritor con tal exactitud complicada, esconoce desde luego en la antmomia qu.e
tremecida y picante, y' sobr~ to~o, re•
lleva sobre si: o ha despertado una admimontadas a esos repliegues m1ster10sos~de
raqión en que entra todo. el fo:1~º d~l ser
nuestro individuo en que, por. extranu
que lo venera o con_d~nación e mrnt~hgen~
hiperestesias, la sensación ya aborda catecia cerradas, categoncas. ¡Esa frágil figu
gorías menta.le!!.
ra suave, corriente y cortés no sospechaba
Todos esos hallazgos fueron .el premio
las cosas divinas o tremendamente censuúnicamente de tu base de humildad e1p1•
rables que hizo.
ritual ¡Oh Laforgue! Es el_ caso de recorVivió en tiempo que Sully•Pr.udho1:1·
dar la bienaventuranza. ¡Bienaventurad~
me no podia leer los versos de los simbolislos humildes porque ellos serán hartos:
ta.e porque 111e faltaba el aliento para ell?•1 ,
Tú te confie.ste a todo, sin . orgullo de .essegún confesión propia; y en que Brunete•
teta, y la solicitación múltiple de la y1d1
re cuando se puso a enterarse de Mal arse torna a ti y bulle en tus verso~. M_uatmé no lo entendió, porque así le convete nítidamente hacia tus potenma~ intenía'. La crítica oficial no tuv? ~n cuentaª
riores y eres el latido má~ .auténtico tia1
Laforgue; lo invalidó, lo om1t16,. lo tachó
-vez que baya habido en el lirismo. ';'e.desde las reseñas serias sobre la Literatura.
O"arraste el cerebro y tu admirable cimsmo
Los críticos formalistas, la .masa de profilosófico dice verdadas tremendas que
fesores y profesionales lo tienen teda.vía.
suenan a Spinoza y al Eclesiastés. Huiste
por algo así como un precito, como un
de la vanidad de las palabras y tus pala-mísero y criminal merodeador de sus huerbras se animaron con virt~des para ex~r&lt;:·
tos pulcros y cuidados, del que se compasar cosas únicas de comphcac1ón, de 1_ut1•
decen y que creen necesario ahuy~nta!. ~l
_ ¡Qué error, papá!
mirlad, de entrañabilidad, de subconsm~o•
es mi última
es «El Infimou 1 mixto de superlatw~ 11:1ti1¡
_ ¡No importa!.
cia y de infinitud, como la de la mústOI
gente y de capital pecador, Y qu~ ª.
maniobra ..... •
•Oh Schumann de los vocablos!
1
en una vaga región sospech? 8 ª ~e irracioTu quintesenciadorefinamiento se re50~
na.lidad, de faltas graves, de rnstmto beato
vió en el primitivismo más puro, como 81
el pulimento, el aistem~, únicamente que
y suelto.
.
t
todos los círculos de la civilización, empullevado a su grado mas com_pacto. Esta
Pa,ra localizarlo bien debe situarse e~ re
jados por una ley fatal .de re.to~no ~ternOs
otra criatura abrupta y purisima, .mezcla
los antipodas del concepto de olímprn~;
volvieran a la inocencia pr1m1gen1a q
de místico y de animal, no bacía smo dees lo contrario 1 pero con una ~ontraposies indeficiente. Tú fuiste el gozne, el ~e~
jar brotar en bruto1 directa!:l, todas las
ción aguda, de eso selecto, brillante, sode esa vuelta que hace perenne el_ vivir:
corrientes comunicativas de su. ser, con l_a
lemne y ducho a la vez, más o menos arMallarmé fué t(el penúltimon, tú fu~ste
relajación, distensión e ingenmdad máxitificioso que es un escritor, un le_trado, ya
últimon y por eso mismo ...... el pr1m~
mas
irreductibles.
llámese Cb.ateaubriand o el propio Gust aTu labor supone cumpli.d~s ya por la Lt
S~ obra es la práctica del mayor excep0
vo Flaubert. Laforgue es un pil!uelo
ratura evoluciones vert1gmmas, Y ~na
ticismo que haya existido sobre eso que es
una colegiala mínimamente sentimental
novación total de su punto de part1da.
C(el arte de escribir))¡ compren~ia Laforgue
-álguien dijo que tenía una alma de laTu estilo está muy lejos del de Teó6
que la preparación de ma~e_nales, e~ mévandeu-o a ocasiones un dandy, 0 un
Gautier o del de Anatolio France, co
todo, el arreglo, la compos1c1ón, el ritmo,
señor común, civil.
.
tu alma de las suyas. No t~ entie1:de?
la euritmia ¡cuántas veces ma~an nuestro
11un pálido, pobre y de~echado su1eto,
el magistrado, ni el snob, m ~la senori
sueño substancial! que lol!I dioses. no .se
que sólo en sus ratos perdidos cree en S!l
y así está bien. Si te entendieran bab
aparecen entre la _pompa y el ramonahsyon. La particularidad humana. yn amiperecido. Tu victoria está sólo en ~• .
mo de los ritos1 smo en e~ polvo de Dago concreto cuotidiano, confidencial basta
que comprende de algunas almas mcli
masco, en el azoramiento sim~le ~e.lasallo increíble: que se vierte entero.~º nosdas sobre tu libro. No se te demuestra
ma.s. Creemos poner la esencia d1vma en
otros, desigual, incoherente, prohJo o vael vaso apolíneo y derrámase, huye por
se te proclama. Tu tr.iunf~ será de P
go, caprichoso, bufón, petulante, amai:fundas embatidas de s1lenc10 1 como est
los bordes armoniosos, por el co~torneado
gado, extasiado, torpe, o elocuente Y linluchando en el seno de la tierra )'. de
galbo soberbio y muchas ocasi?nes sólo
eo, una noche, durante algún largo Pª!eo
mares los continentes del porvemr.
queda-con el ideal de p~rfec016n de la
en que en el cielo hay estrellas¡ o bien
solo haya en tu loor 11el gesto que ~omp
obra-como sucede espemalmente en el
como un hermano mayor que ~cabara de
dtl), y que zumben todas las U.citas
seudoclasicismo y en el Parnaso, nada más
morir, al que hubiéramo~ que:1do mucho
la abigarrada jactancia., el roto y eterno
espirituales.
y cuyo recuerdo nos d?m~n9: v1scetalmenamaneramiento huma.no.
te. Sólo la contingencia untada, tembloGuatemala, 1917.
y él quei'.ía u:b 8 Jsue, bHtr l11f Híi11rol!la. y nada más.
éR!TJCA LITE?AJdA

J-ULIO LAFORGUE

i1

[a

ª

PEGASO

El Consejo de Defensa. Nacional reunido en la ciudad de Wáshingtou

La e.Actualidad Extranjera

Cómo está organizado el Ejército de los
Estados Unidos
l ~ . i B ~ .!
fn estos momentos en que los Estados Unidos desnudan la espade y se
lanzan a la guerra contra los imperios
centrales de Europa, es muy intereunte conocer la organización del ejército del vecino país. Este es uno de
los tópicos al día, y PEGASO quiere
recistrarlo en sus columnas. Son tambiéA curiosas los datos que publicamos sobre la indumentaria militar

En todos los ejércitos del mundo el sol•
dado a pie o infante forma el mayor número de fuerza comba.tiente, y todas las
demás ramas del servicio está.o organiza.

CARICATURA EXTRANJERA

aorteamerican■•

~~,

El soldado raso de los Es~ados Unidos
debe subir nueve grados es el escalafón
para llegar al cargo supremo de General.
Como en el ejército mexicano, la primera
promoción es a la clase de Cabo y la si•
guiente a Sargento. Los comandantes de
loa regimientos son los encargados de
promover y ejecutar estos ascensos. Des•
pués de Sargento, existe en el ejército
una comisión con el título de 11Presidente•, y antaño era de dificil acceso; pero,
gracias a la apremiante necesidad de oficia.les para el ejército, ha terminado la
dificultad, y es cosa frecuente que loe
Sargentos sean promovidos a oficia.les.
Después vienen los empleos de segundo
Teniente, de Teniente, la Capitania y el
ascenso a Mayor. Siguen los cargos de
Teniente Coronel, de Coronel y, en la
c6apide, se obtiene la estrella de General.
Los ascensos, si en realidad eion tardíos·,
no son dificiles: basta un poco de apego
al estudio y a los deberes militares para
obtenerlos. En tiempo de guerra, las oportunidades de subir son mucho mayores.
llecordemos que en el ejército inglés, al
parecer muy cerrado para los ascensos rápidos, hay un General en jefe que hizo su
carrera desde soldado raso. Toda. la teoría
de la organización del ejército americano
~como sucede en la mavor parte de los
ejércitos-está basada e·n la subordinación y responsabilidad individuales, a
punto de que nunca dos hombres que es'4.n en servicio, pueden juntarse sin que
uno de ellos sea responsl.l.ble del mando.

Al trágico reloj del.Káiser se le acaba la

arena.
da.e en relación con aquella. La infantería
tiene una divisióu análoga a la de otros
ejércitos. La primera unidad es la ,,escuadun, formada por ocho hombres al mando de un cabo (en México son diez hom•
bree). Un pelotón está compuesto de cinco
escuadras, y comprende de 40 a 50 hombres, al mando de un sargento; una compañía está integrada, desde dos hasta cuatro pelotones, y la manda un capitán. La
compañia tiene de ochenta a doscientos
hombres. Cuatro compañías forman un
batallón, mandado por un Mayor, y tres
batallones completan un regimiento, que
debe estar a las órdenes de un Coronel.
Tres regimiento1:1 hacen una Brigada, ouyo mando toma un Brigadier y tres Brigadas completan una División. Si tres rli•
visiones que representen varias ramas del
P"EGA&amp;O

serv1cw, se agrupa.u, representarán a un
Cuerpo o Ejército de Campo. La División
está mandada por un Mayor General, lo
mismo que un Ejército de Campo. El
Ejército 0ompletamente constitnído consta de tantos Cuerpos de Campo corno el
país es capaz de sostener.
La caballería, salvo pequeñas diferencias, está organizada como la. infanterfa.
La Artillería presenta varias subdivisiones. Lit Artillería de Costa la fonpan cañones fijos, repartidos en baterias de dos
o tres piezas1 con fortificaciones apropiadas, desde las cuales pueden presentar un
obstáculo efectivo a los ataques navales.
La Artillería de Fortificaciones es de un
carácter semejante a la anterior. Los cañones de la Artillería. de Sitio son de un
calibre o potencia tan grandes, como los
de las fortificaciones, pero están montados
de tal manera, que se puede moverlos por
fuerza motriz o transladarlos por otros
medios expeditos.
La unidad menor en la que pueden operar simultáneamente dos armas es la Brigada de Caballería, en la cnal es frecuente
encontrar piezas de artillería. ligera. La
Brigada puede llamarse la unidad m~yor
((00 mezcladaii, mientras que la umdad
más pequeña 1&lt;mixta)), es la División, porque en ella hay infantería,. caballeria. y
artillerfa. En los Estados Umdos, como en
casi todos los países, un Clrnrpo de Ejérc;to fluctúa entre 30,000 y 40,000 hombres. El Cuerpo de Ejército o Ejército de
Campo, debe tener de todas las ar~a~ !
de todos los servicios, y estar en pos1b1hdad de accionar como una nnidad completa e independiente.
Virtualmente cualquiera actividad de la
vida civil, estárepresentadaen el ejército,
ya sea en su aspecto técnico o e1:1 el administrativo. Por esto, es necesario que la
organización del ejército sea tan perfe~ta,
que· cualquier elemento de la P?b}ación
civil pueda ser utilizado en su act1v1da~ .º
dotes parti&lt;mlares, Rplicadas a fines m1htares. Los Estados Unidos, en compara•
ción con los paises de Europa, están atrasados en su organización militar y en la
utilización do los elementos civiles para
fines bélicos; pero las orga~.i izaciones de
voluntarios han tomado última.mente tal
incremento, que es de esperarse que con
ellas se obtengan rápidos y favorables resultados, ahora especialmente en que es
posible que se :rorme un ejército expedicionario que marchará a Europa a la gue.
5

�L/\ ACTUALIDAD MEXICANA

LA VISITA DE MANUEL UGARTE
HOMBRERAS DE LOS MILITARES COMISIONADOS

•

·í

De izquierda a derecha: General,· Teniente General,

M~~

or General, General Brigadier, Co1onel, Tenifn1e Co10:4:l
p .
Teniente Segundo Teniente, Capellán.

(bordade, en plata);l_Mayori(bordada en oro); C1i.p1can,

rimer

,

El reglamento de uniformes prevíE'ne
que las insignias de infant,:,rfa c1PheránAer
de color azul claro¡ amarílla-s las de caballeria· las de artilleria, rojas¡ lae del departa~ento médico, marrón; las de ,estafeta, negras; las de ingenieros, rojas pu nteadas de blanco; las de Depar•ame!lto d8
Ordenanza negras punteadas de roJo¡ 1a 8
de Señales: salmón con orilla blanca, y 1

rra contra. los imperios centrales. Lo que
hace mucho que el Gobierno debió hacer,
ahora lo realizan los particulares ..To~o
artesano, mecánico, labrador, profes10D1B·
ta, artista, hombre de negoci\i'&gt;s, etc., puede ser utilizado de tal manera, que su
carrera o Vocación se traduzca en prácticR utilidad en el ejército.
!:: Las compafiías de mecánicos de la arti-

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INSIGNIAS PARA MILITARES
COMISIONADOS
1 al5.-Estas imig-nias se llevan en el C'I.W·
Uo d,e la guerrera, y están hechas en metal

gris mate.
Heria son consideradas como un au~iliar
suma.mente importante en la campana, Y
a. menos que sean completamente p~e6tos
fuera de acción, una trinchera e9.mpada
con a.rtilleria servida por mecámcos expertos, es formidable.
El cuerpo de ingenieros está formado
por individuos que e? la guerra proyectan
y preparan fortificac10nes, lineas de marcha, p:.:entes, obras de zapa, etc., etc.
El Cuerpo de Seña.les
los E~tados
Unidos es uno de los meJor orgat~1z~dos
del mundo. Tienen a.su. cargo la av1ac1ón,
el telégrafo 1 el telégrafo sin hilos, los teléfon~s. y los mé~odoa ordinarios de señales.

?e

6

.

Manuel U(larte, el
popular ª''(lentino
que tan gallardamente ha emprendido una
campaña en pro del
acercamiento. espiri.
tual de los pueblos latinos de .América, ha
recibido en México y
recibe en estos momen•
tos un homenaje de

los hume-rosos gremios
y p&amp;sonas que simpa-

tizan con la cruzada

de este raro y desinte-

rezado apóstol del
panamericanl,smo.
No es la Prime,•a
vez que Manuel U(larte visita Mé;cico. En
19192 inició su fervo1·0,a propa(lwnda en
esta Capital y años
antes hahia venido a
conoc'er·a sus camaradas de la pluma. En
esta ocasión escribió
un articulo en donde

Manuel Ugarte

NOTAS SOBRE UGARTE
-,

to

La característica de Manuel Ugarte ea
la poliformidad. Vario y multánime en su
fecunda. vida. literaria, todo lo ha sido y
con éxito. Confinarse en un sólo género
de labor-escribe-ea vivir parcialmente.
El ser huma.no debe tener el espirita siempre despierto¡ interesarse por todó¡ opinar
aobre Jo que le circanda¡ sentir, ver, comprender¡ amar la naturaleza entera y expresar su pena.a miento, su sensibilidad o
su pasión, en las formas que· le parezca.o
pertinentes. Fiel a su doctrina, Ugarte es
,gran distribuirlor de belleza, de razón de
el:ltusiasmo y dejusticta.,i, Cuentista y ~ro•
n1quer, critico y erudito, pensador y sociól_ogo, tribu~o, lirico y apóstol 1pero poeta siempre y siempre artista1 dotado de rar&amp; probidad y formidable potencia de tra-

11

INSIGNIAS DE LOS "NO COMISIONADOS,"
1 cadetes; 2, enfermeros; 3, sarg~ntos mayores de regimiento; ~•

sargentos abastecedores de regimiento; 5, sargentos mayores de

batallón y escuadrón; 6, .sargen~os
de caboi¡ 7, sargentos primeros, 8,
sargentos; 9, sargentos abli..stecedores; 10, sargentos de establo; 11,
sargentos segundos; 12, cabos.
Tiene a su cargo también el servicio de
exploración por m_ed!o de aeroplanos, que
ha venido a sustituir al quti prestaba la
caballería.
. • •d
El Departamento ~édico está d1v1d1 o
en dos grandes secc10nes: el Cue~po de
Hospital y el Servicio de Am bulanc1a.
El Departame~t? de Orde~anza tiene a
su cargo la prov1s10n de canones pequeños, fuailes, '. parque_y. loa 101 artículos clasificados como mumc1one~. Controla también todos los arsenales del Gobierno.
El Cuerpo Cuartel maestre es el almacenista dP.l ejército. Este Departamento
pUF~de proporcionar desde un tre~ de servicio a un Gennal hasta un punado de
limpiadientes a un soldado. Se encarga
también de laa cuentas del ejérci.to.
Hace algunos años era relativamente
fácil reconocer por el uniforme la .r~ma
del servicio a que pertenecia un ~1h~ar;
pero ahora ea tan compleja la orga.mzac1ón
del ejército que ann_ l.a gente más
tumbrada a cosas m1htar~a, suele eq_mvocarse. Sin embargo, un hgero estud!o de
los estilos del uniforme, plac~~• _CJntas,
gorr~a, di visas, etc.~pnede f~m1l_1anzarnos
con )a indumentaria del eJérc1to norteamericano;

ª?ºª.

PEGASO

Por e.Alfonso Cravioto

bajo.

;

:'

------ ...._._. -·
.

' - - - - - - - . ½..

-'

:'
'

INSIGNIAS PARA MILITARES
COMISIONADO'S
16 a SO.-Solo por estas insignias P.ueden
reconoserse los oji.Gialee norteamerica1nOI,
pues no llevan en el uniforme galones que los
distingan.

por último, las del Cuartel General, ante.
Los 06.ciales comisionados pueden recono·
cen~e por las nombreras, divisas, insig~iaa
del cuello y cor&lt;lones del sor~b_rero, mten;
tras que los oficiales no comH~!onado_s llevan vivos en las mangas. Los h.oi:nbr~•
ocupados en ofic!os anexos a! serv1mo IDI·
litar como cocmeroa, mariscales, ta la
bart~ros, etc., llevan en las bocamangas
las insignias correspon~i~~tes, con ero ble~
mas apropiados. Las m1hcias reg~~r~a d
los Estados Unidos llevan las. m_icu1,I~~
E. U. en el euello del cbaquetin, y loa
luntari0s )as iniciales U. S. V.

ver

En la segunda juventud apenas, vibran~
te,aún de es_peranza y fuerte voluntad, su
nombre esya prestigio de la América la.ti~&amp;, g~o.ria~o en España., reconocido en Italia y sanciona.do en Paria. Es que el joven
Dlaeatro bonaerense, entre los múltiples
as~ectoa d.e su eapiritu poliédrico, ha definido robusta personalidad.
Sus cuentos de la Pampa marcan una
época y trazan un camino. Intensos sal•
Tajea, terribles y fogosos 1 está en elios el
alma de una raza, exteriorizada en dra•
b'.118 pintorescos que alcanzan a veces la
grandiosid&amp;d de la tragedia y realizan el
eaperado advenimiento de un arte continental, genuino, sano, vig-oroso, henchido
de savia y porvenir. Gloria ea ésta de
~g&amp;rte poderosa a salvarlo del olvido y
1 eonsagrarlo maestro.
La originalidad que hay en él lo escapó
del contagio simbolista en hora de América en que todos juraban por Ma.llarmé y
Verlaine, Su estética representa reacción
llOntra lo que se llamó decadentismo. Ha
l&gt;erdurado en e1Ja. y con ella. se ha imP'ttesto, practicando y teorizando un arte
que tiende a la democracia, a la. natura-

daba a conocer al
qru,po literario entonoes ~rnás influyente entre nosotros: el
r,rupo que fo1•maban
los poetas y los escritores de &lt;La Revista
Moderna&gt;. Es cu,·io·
so, al corrm• de los
años, 'l'eproduei'J,
aquel cuadro y ve,· lo
que de él orinaba un
literato extranjoro.
Pá(linas olvidadas
son esas, pero ahm·a
de verdadera actualidad. Junto con ellas
publicamos dos opiniones sobre la labor
de Manuel U(larte:
una de nuestro redae•
tor .Alfonso Oravioto,
actual Director Generalde las Bellas A,··
tes y un fra(lmento
de RubénIJarío sobre
el escritor argentino
que en estos instantes
es huésped de México.

diato: quiere la hegemonia. latina, y al
tremendo avanzar de los sajones opone la
•gran razajoven de Hispano América, que
ya en conciencia de su vitalidad, siente
hincharde sus músculos y crecer su espe·ranza.
Como escritor es dut:ño de estilo flexible, harmonioso y amplio, que tiene a la~
veces aciertos magistrales. ' Ugarte es sobre todo ejemplar, evocando un medio
sucintamente y haciendo vivir un perso•
naje eu cuatro rasgos de pincel. Blasco
Ibáñez y J aurés le deben retratos prodigiosos de exactitud y penetración.
Como critico, ha logrado superponerse
a las propias tendencias1 exaltando la belleza. donde la encuentra, sin fijitrse_ en escuelas ni sectarismos. El estudio qu~
abre su Antología de poetas latino-ameri•
canos es definitivo de perspicacia y acierto. Na.die ha escrito en América mejor
capitulo de historia literaria.
Hoy se baila entre nosotros, honrando á
México por la atención que le consagra y
el interés que toma por su vida. Lo hemos visto y los quilates del hombre son
los miamos quilates de la obra. Viril, sin•
cero, generoso, lleno de bondad y pensamiento, sólo extranjero en convención de
geografía., pero muy nuestro en la lucha
iniciada y en el ideal glorioso. Crueles
han sido con él fogosidades intransigentes
de periodistas jóvenes; y el poeta laa,explica y las perdona. ¡Es tan bueno!

ú'\1ANUEL UGARTE
Por R..,ubén Daría

El Señor Manuel Ugarte es ventajosa
lidad y a la sinceridad, en odio por la. rey profundamente conocido en la prensa
tórica y loa arti.ficialismos. Arte de ideas
bispano-&amp;mericaua1 en España; en el eley de simplicidad \que el mismo poeta. defimento socialista de Francia; que ha sido
ne como triunfo Je la razón sobre la íma•
un ferviente adorador de las musas y de
ginación, de lo positivo sobre lo· probable 1
las gracia.$¡ que recientísimamente ha
y que abandona el reino peligroso de la
publicado un libro de gran resonancia, que
quimera para volver a entrar en lo humaha tenido comentadores hasta en el lejano
no y someterse a la vida. La Literatura,
Japón, El Porvenir de- la America Latina.
dice1 tiende a confundirse más y más á la
Recorre hoy los paises de nuestro conti•
vida civica. Si el arte consiste en traducir
nente e islas castellanas, dando en confey encarnar en personajes el sentimiento
rencias voces de alarma. Los merecimiencontemporáneo, claro está que habiendo
tos de Manuel Ugarte harán, deede luego,
sido heroico en Grecia y mistico en el sique en todos los paises que visite sea acoglo XV, tiene qlle ser hoy democrático.
gido con fraternal cordialidad. Supongo
Y a medida. que más unificamos y cenque las prédicas del_nuevo cruza.do expontralizamos las tendencias de nuestro espi•
drán y desarrollarári el espíritu de su liritu, de más en má.s se confunden a nuesbro, que él llaml:l. sencillo, pero que no lo
tros ojos los horizontes del arte con loa de
es tanto como su modestia lo declara.
la politica. Admitiendo que pueda llaEl volumen de Manuel Ugarte es trabamarse upolítica&gt;1 a esos sentimientos hujo de estudio, con observaciones felices,
manitarios que son una resurrección
erudici0n, método, y, aunque el autor no
práctica de antiguas creencias.
lo quiera, literatura. Y, sobre todo, ha siLa intelectualidad sudamericana1 enrido
un volumen 1,sensacionah,. Todo ello es
quecida por aluviones que le trajeron limo
hermoso, plausible y meritorio.
y oro, comienza a dirigir la proa hacia
Por !JJ que toca al autor y or!ll propa .
horizontes más definidos. Busca el arte
gandista., no es secundario lo que se siga
eochtl, la literatura de ideas. Trata de
de él. Y yo digo qué, aunque el porvenir
substituir a lus «poemas de color)) los poede la América Latina sea el previsto fatalmas bu~anos. · Se siente sacudida por un
mente, Manuel Uguarte con sus esfuerzos
estremecimiento de sinceridad que la po•
en
el libro, en la Sorbona y en el viaje, hane en contacto con los problemas del siglo.
brá ganado el mejor laurel para su cabeza.
Y todo indica que sobre las ruinas del arte, comienza a nacer en América no el arte docente, que es una diminución, sino
NOTAS DE ú'l1EXICO
el arte por la verdad 1 que es la vida.
LOS ESCRITORES
Tales convicciones del poeta, cristalizaPor c.?Hanuel Ugarte
das ya en obras de belleza perdura.ble y
sólido pensamiento, al proyectarse y reParia,
28
de feb ~ero de lfJ00.-Durante
fractarse en las sinuosidades de la realidad
una
excursión
a México-un mes de fi~s•
viviente, ampliando su ideal de arte hasta
ta-que me proporcionó el placer de rela concepción de una humanidad supe•
patriarme casi, porque hay grandes &amp;Jarior, muy más piadasa y equitativa, han
logías
entre los dos países, tuve ocasión de
hecho de Ugarte profeta de la Ciudad Fuconocer y tratar a los que en aquella tietura y apóstol de instituciones del porverra lejana cultivan la literatura y se apanir que regirán a la gran patria de mañasionan como nosotros por lo bello. Desna1 feliz en la justicia social y en la igualpués de cuatro meses de residencia en
dad fraterna. Ugarte 1 como Anatolio FranNuevR York y Cbicago, ensordecido por el
ce, et1 socialista.
fragor, de las fábricas y anemiado por el
Hoy predica también ideal más inmeegoísmo brutal de un pueblo de mercadePEGASO

7

�rea, tuve la humorada de penetrar en México para tornar a respirar ese aire puro
lleno de generosidades y desprendimiensos, que ea la atmósfera moral de los pueblos latino-americanos. Y entré como en
un ja.rdin de sonrisas e ingenuidades. To•
da.vía me parece sentir la sensación de
frescura. que me sobrecogió a.si que pasa.da.
la frontera, me interné en una de ese.a coma.reas privilegia.das que llegan desde Za.ca.tecas hasta México y descienden desde
México basta Vera.cruz, en una aposteósis
de maravilla.e virginales.
Mientra.a el tren corria por esca.lonea de
monta.ñas, bordeando precipicios cubiertos
de maleza salva.je, pensaba. en la.s diversa.a
concepciones de la vida. que empujan a
unos pueblos a devorar savia en u:1a actividad inmotivada y ambiciosa y reserva
para otros el secreto de la existencia tranqtiila, bajo un clima. incomparable, donde
la· naturaleza ofrece todos sus frutos sin
que nadie la violente, cerno una bacante
que se entrega..
En lasi ciudades no era ya el salir tumultuoso de loa emplea.dos de oficina, ni
el estrépito de loa ferrocarriles que pasan
silbando a la altura. de la.a casas, sino la
muelle y lujuriosa vida española. con todo
su encanto, su placidez y 8UB vicios. Largos paseos por la.a calles bañadas de sol,
conver,mciones bajo el techo verde de los
á.rboles, en las plazas florida.s, y excursiones a. las montañas más próximas por caminos irregulares y tortuosos donde todo
era bello, porque la. naturaleza. ha.Ma. sido
respetada por el hombre. Y a la hora del
crepúsculo, cuando las casas se incendiaban de luz y los carruajes volvian de
Reforma por las calles estrechas de la vie•
ja ciudad española., reflorecfa la. misterio'.
aa voluptuosidad del aperitivo, absorvido
a pequeños sorbos, en el café ahogado de
sombra, desde el cual se veia pasar el lujo de los pobres de espiritu. Era una. resurrección para el alma.
A esa hora, en una taberna. a.lema.na qu~
tenia todo el encanto de un subsuelo de
Munich, conocí a José Jna.n Tablada, el
supremo l)Oeta que rea.liza el imposible de
ser parisiense sin haber salido de México.
Tenia el aspecto de un escritor rlel barrio
latino, que quisiera. conciliarse la buena
voluntad de Bourget, conservando ciertas
elegancias. Habla como un habitué del
café Procope, con grandes saltos de exotismo y términos de endiabla.do o,rgot que le
harían pasar por niontmartrois en el seno
mismo de Montma.rtre. Y es un gran sincero, a pesar de sus bruscas impetuosidades y de sus oscilaciones de anasiona.do.
Al verle, me ims.ginaba un Ba.nville de
los primeros tiempos; al oírle, reconstituía. el Mendésjuvenil y locuaz que coetáneos, hoy viejos, nos describen, y sus ojos
htímedos de sentimental, sus ojos qne miran fijamente como si pidieran consejo,
me traían a la memoria la angustiada.son•
risa interior d~ Jean de Tinan, ese colosal
escritor de veinticuatro años, que la muerte acaba de llevarse en una gran racha de
injusticia. El mejor elogio ea decir fa verdad: el libro que Tabla.da acaba de entre•
gR.r a la. indiferencia burguesa -0.P- México,
bajo el titulo de Florilegio, debió publicarse en francés y en Paria, en -mia edición
del Mer&lt;YU,re o de la Plmne. En lA- enorme
ciudad no habri&amp; pasado inadvertido.
Al rededor de la mesa de mármol, eo,tre
el humo de los cigarrillos, se perfilan siluetas afablee é inteligentes. Allf estreché
por primera vez la. mano de Jesús E. Va.
lenzuela. Es el bohemio genial, lleno de
sinceridades y de confianza·s, que se deja
llevar por la existencia, sin inquietudes,
con la placidez de un niño en una barca
que arrastra. la corriente. Le he visto en
dias de ex,pansión y en noches de fiesta.
B

librado a los abandonos de la amistad, y
nunca he sorprenndido en él esa. contradicción casi inevitable entre el escritor y
el hombre. Valenzuela es tan poeta en su
vida privada como en sus versos. Ea un
manojo de impetus, de generosidades y de
cóleras. Diputado, hombre público y director de la primera revista literaria. de
México, euua.nta p~r su llaneza. comunica•
tiva,. Se diría que no quiere acordarse de
lo que es, para que lo tratemos como si
fuera lo que somos. Como escritor, como
creador de venos, como crítico mordaz y
catador de aptitudes, es la continuación
de sí mismo; desigual, franco, apasiona•
do, consuma. su obra como eoasurne sn vida, sin cá!cnlo, librándose de las inspira•
ciones del momento, con sublimes arran•
quea de sinceridad y probidad litenria.,
porque Valenzuela. no es sólo un poeta, es
también un carácter.
La taberna alemana, ahogada en som•
bra, en el adiós de los crepúsculos, es un
asilo tibio donde los grupos se reunen co•
mo en casa propia, bajo la mirada vacía
de un Fa.lstaff que preside desde el fondo,
empujando al camarero con un gruñido.
Ha.y algo de arte en la ironía de esa mi .. e
en scene de la cerveza. Desde las paredes
sonrien los retra.tos del propietario, con
sus cara.a henchidas y rollizas. Leandro
lza.guirre y Julio Ruelas, dos pintores
que va.leo, tuvieron en un dia. de buen
hnmor la fantasía de trazar las curvas ro•
sadas de la fisonomía del huésped. De abi
que los muros de la taberna recuerden los
de loa cabarets de Montmartre, rlonde cada
artista ha dejado un recuerdo. Y en el rodar de las conversaciones, mientras lasco•
paa se llenan de licor amarillo, desfilan
la.s ·caras y las almas, en oleadas de esperanza, con palabras y con versos, que acaban siempre en un apretón de manos.

Son uno, dos, tres ........ cien caballero,
del ensueño.
·
Ruben Campos, de palabra lenta y armoniosa, de tez morena y ojos vivos, con
un pequeño bigote de azabache a ca.bailo
sobre loa labios, es el campeón de la frase
perezosa, el que ve correr la vida con desdén, de codos sobre las mesas de marmol,
sonriendo a grupos de mujeres virginales,
que pasan muy lejos entre el humo. El
galope de los versos de Rubén nos arrebata en un vértigo monstruoso, donde se
confunden las tiaras, los cetros y los son1breros puntiagudos de los papas, loa reyes
y las damas de honor de esa brumosa.
Edad Media donde se refugia. su espíritu.
Rubén Gampoa tienepa.ramí eleucanto
de ia espontaneidad.
Su alma está. en consonancia con StltCOr·
bata La.va.liére, con -sus crenchas larga!! y
con su cabello de artista.. Y en el fondo de
sus palabras, cuando elogia o cuando critica, no asoma nunca esa «ma.ldad del oficíou que casi todos eegrimen 1 con mayoró
menor fuerza, parn mengua de su talento.
Ciro Ceb11.llos es un escritor forjado para
la lucha. Robusto de cuerpo y de espiritu,
es un Zolá de prosas acrea, cuyas críticas
mordaces hasta la inverosimilitud, se sobrellev1tn con trabajo. Su cara, redonda. y
afeitada, iluminada por dos ojos irónicos, se ha inmovilizado en una expresión
impasible, bajo la cual burbujean las ri•
saa. Eo los párrafos anchos y exuberantes
se refleja como en un espejo impecable,
esa personalidad enérgica., bien inclinada.
y llena de incredulidades, que ba. hecho
de él uno de los prosistas más simpáticos
de México. No es posible concebirle sin su
ombrero de copa, su bastón nudoso y su
ancha corbata negra, anuda.da con descuido en formad~ mariposa. Es Ciro Ceba•

L'n transporte provisto de a1·tille1·ia vara 1·epelei· los ataques
de los submarinos.

Jlos.

NUESTRA HISTORIA

En un subterráneo de Oouaumont
La nuevá táctica de la guerra

Por ~ariano Silvá
Los periódicos diarios han dado
cuenta de dos festividades, a corta distancia una de otra, con que se celebraron dos acontecimientos históricos
muy atrasados en la historia de Méxi•
co, y en ambos casos, cuando los organizadores de esas fiestas, que tuvie•
ron que ser especialistas, habían arreglado los programas respectivos ·y los
oradores y los poetas no se ocupaban
ya sino en las [rases los unos y en las
sílabas los otros, se levantó la voz
ron-::a -de un historiador, aun más laborioso todavía, de esos que no pueden trabajar s1n una poderosa lente
sobre los espacios blancos de una página, y dijo: &lt;El descubrimiento que
celebráis, no se hizo en Martes, sino
en Miércoles&gt;; &lt;la batalla que conmemoráis, no fue en la mañana, sino en
la tarde.&gt; El descubrimiento era nada
menos que el de México, en el año de
r5r7, y la batalla, la inolvidable de
Champotón en la misma fecha, que por
haberla ganado los indios de Campeche sobre los españoles y ser la pri·
mera que se libraba, tuvo la virtud de
haber detenido la conquista de los
blancos veinticuatro horas. Parece que
los historiadores de primer orden tenían razón (iy cómo podria dudarse!)
lo que no impidió que los de segundo
orden se salieran con la suya y las
fiestas se verificaran. Naturalmente
que la mayor parte del público y la
gente culta, pero que no extrema a
PEGA.SO

tánto su conocimiento de la Historia
Mexicana, no asistieron a esas :fiestas
y muy lejanamente entendieron la im·
portancia de las réplicas y dúplicas so·
bre tan curiosos asuntos. A los que
nos imaginamos lo que puede ser el
deleite intelectual, nos da una grande
envidia pensar lo que habrá gozado
un historiador mexicano profesional,
cuando a primera vista leyó los recortes de los periódicos.
En México, como en otros países de
la América, la Historia Nacional es
lo único que se trabaja intensamente
en materia de letras. Cuando acabemos
de escribir nuestra Historia documen·
tada, el mundo nos dirá como en el
cuento de France:
-No podr~ saber quién fuiste si no
reduces tu obra; mi vida es j{a muy
corta.
Y entonces nuestros historiadores
tendrán que dejar, para escribir. su
poderosa lente. Pero el mundo, como
en el cuento, dirá otra vez:
-Es inlltil, me acabaré sin conocerte si no simplificas ffiás.
Nuestros sabios, a pesar de su gran
voluntad, habrán perdido la costum·
bre de simplificar, y no quedará sino
algún bibliotecario, de ojos tristes,
que se resuelva por fin en el instante
supremo y grite hacia el mundo: &lt;Se·
ñor, México fue el único país de la
tierra que pudo conocer toda su histo·
ria íntegramente&gt;.

Desde el 16 de febrero de 1916 hasno hace mucho, los alemanes perdieron cerca de 600,000 hombres frente a Verdún. Las bajas de los franceses alcanzaron probablemente a ....
400,000. La mayor parte de este mi116n de hombres fueron perdidos en
una línea constituida por las tres mi·
Has de colinas que se extienden por
Thiaumont, Douaumont y Vau&gt;:.
Nunca se vi6 una batalla que durase
un año y que costase un millón de
hombres. El momento más notable
de esta batalla de un ano ocurrió en
el mediodía del 24de0ctubre de 1916
en que los franceses ocuparon nueva·
mente aDouaumont, capturado ante~

Brigadiir General Olarence E. Edwards

teriormente por los alemanes. Aquellos Jo tomaron por una nueva manio.
bra guerrera en la cual la carga se
hace avanzando sin bayonetas.
Al lado del fuerte de Douaumont
&lt;J~e el Kaiser llamó la llave de Ver'.
aun, existe en medio de-1 terreno desgarrado por los obuses un hueco lla•
mado e~ Refugio Adalberto. Es un
subterraneo bien protegido contra las
bombas, que los franceses construye•
ron en los primeros días de la o-u erra
Y al cual le .dieron los alem:nes el
nombre de uno de los hijos del Kaiser, el Príncipe Adalberto. Cuando
los franceses volvieron a ocupar a
nouaumont .V los demás fuertes que

&lt;
lhtyo;· General Leonard Woocl
PEGASO

do~inan ·a Verd ún por el Este, a los
poilu8 les pareció divertido conser·
varle el nombre y dormir sin temor
en el refugio bautizado con el nombre del hermano del Príncipe Heredero. El hecho de que lo hubiesen
vuelto a ocupar en un solo ataque el
~,¡ de octubre ha podido ser bastante
para que el ingenio se aguzara en lo
que respecta al obscuro subterráneo·
pero más bien creo que lo que le &lt;lió
~ la ocu~rencia ese sabor de ironía
francesa fué el completo fracaso de
las aspiraciones del Príncipe Heredero y de los planes imperiales.
Antes de dos semanas de haber si·
do ocupado poi· los franceses, esto es,
a las dos de la mañana de uno de los
primeros dí~s .de noviembre, penetré
en el Refug10 Adalberto por los cráteres formados por los obuses. En·
tonces se encontraba aquel tal como
lo capturaron, pues los alemanes hacían todo lo posible para tornar in·
sostenible el terreno conquistado y
la mayor parte de las fuerzas atacan~es ~e mantenían inmóvi}ps en los refug10s ocupados. Necesitáronse cinco .horas de penosa subida para llegar
al ~~fugw en cuestión; pero esta ope·
racwn no fué tan costosa como la que
~ué menester para sostener las tropas
~ra1;1cesas en el terreno, co·mo podía
md1carlo el fuego de la artillería
gruesa.
Sentado en el Refugio Adalberto
que tiene capacidad para setenta ,:
cinc? o más hombres, desde la ocuÍtuc10n de la luna basta el amanecer
oí referir a testigos presenciales la
manera como los franceses recupe•
raron la Froide Terre y Douaumont.
El relato encierra una importante
lección militar que como les costó mucho, los alemanes no han dejado de
aprender. La operación revela un
nuevo período de la guerra el períod~ que sucederá al de la guerra de
trrn~~eras: No deja deser una consecu~nma evidente de esa guerra y reqm_ere mayor suma de conocimientos
de mgeniería militar, a la vez que
mayor heroísmo. Al mismo tiempo
indica el objeto para que dehen prepararse todos los ejércitos. El ejérci
to fra~cés ha tomado la delantera y
sus éx,t?s señalan el camino que ha
de segmrse.
El General Mangin comenzó con su
fuP:~~ preliminar de artillería que no
rle.10 inmune una sola pulgañn de te-

Jluyor General J. Ji' ,-,wh"lin llf Ll

9

1

1

�rreno en toda la loma. Se sir:vi6 _úniCamente de su·s grandes piezas, disparando bombas de contacto. Fué
necesarío gastar más de dos millones
de proyectiles; pero la destrucción
fué completa. Desde entonces ha sido bombardeada por los alemanes
con una perfección casi igual, pero
no les ha quedado más camino que
mantenerse alejados.
Terminada que fué esta operación,
comenzó el ataque. Según se pensó
este debía ser efectuado en un momento y asi se realizó. El terreno que
se bailaba frente a las tropas france·
sas no mostraba un solo pedazo de
alambre de púas ni una trinchera.
Sus defensores se hallaban acurru·
cados en los cráteres formados por
las bombas u ocultos en los subterráneos. Sobre ellos caía una lluvia de
proyectiles más pequeños, que lanza·
ban los cañones de tiro rápido de 75
y de 105 milímetros. Esta cortina de
fuego caía sobre los infantes y sobre
las compañías que en los cráter.es servían las ametralladoras y estaba
acompañada por el fuego de la pri:
mera ola de infantería francesa, cu•
Caricatura Extranjera

1
1
1

Guillemo:-iSaca la cabeza ...... !

yos hombres estaban únicamente armados de rifles de repetición, de lanzadores de bombas, y de bombas de
trinchera. Cada Infante tenía dos
asistentes que le cargaban sus fusiles con nuevas cápsulas.
La primera línea de rifleros y bomberos franceses no era muy cerrada;
pero se encontraba protegida por la
cortina de fuego de los cañones. Para que esta última fuese más eficaz y
desapareciese la primera línea ale·
mana, era necesario que se corriese
el riesgo de sacrificar a los franceses
con su propia artillería. Era un sa·
crificio realizado en bien de los mu·
chas que venían detrás.
Inmediatamente después de esta
heróica primera línea venían los •limpiadores de trincheras&gt;. Este nombre
evoca sed de sangre, pero la Ja;bor
que se les asigna a los hombres asi
llamados no es necesariamente sangrienta. Su primer deber consiste en
impedir que la primera línea sea fusilada por la espalda por los hombres
que salgan de los subterráneos y en
segundo lugar, hacer prisioneros. En
la ocasión de que se babia, ..esos hoin:
bres estaban principalmente armados
de cuchillos para las luchas cuerpo
10

Michael Rodzian'ko, pres~dente de la Duma

a cuerpo y de bombas que debían
arrojar en los lugares de refugio, no
habiéndose salvado ninguno de los
que existían en Froide Terre. De una
ú otra manera, los franceses acabaron con la primera línea alemana y
siguieron avanzando para hacer lo
mismo con las líneas sucesivas que se
encontraban en la loma.
Detrás de &lt;los limpiadores de trincheras&gt; venia el grueso de la infantería, llevando los soldados el rifle ordinario y estando apoyados por ametralladoras. Relativa mente, este cuerpo avanzaba protegido si es que
aun remotamente puede estarse a
salvo bajo la barrera de fuego del
enemigo.
El ataque de la loma estaba señalado para cierto minuto, llegado el
cual la cortina de fuego cayó precisamente delante de la primera línea
francesa. Cada minuto avanzaba ésta
veinticuatro metros. Los que mandaban la artillería, situados a dos y
tres millas a retaguardia y los que
mandaban la primera, segunda y
tercera líneas de infantería procedían con reloj en mano. De minuto
en minuto, la línea adelantaba veinticuatro metros. No debía haber ninguna p_arada, ninguna (dilación.:Al
..___.,.,:,:;:icaricatura~ Extranjera

La Kultura ihl-minamlo ai
PEGASO

mundo:

caer la cortina de fuego, la primera
línea avanzaba, teniendo que seguir.
la al mismo paso las que venían por
detrás, Quizás los alemanes pudieron
traer refuerzos con qu0 hacerle frente a la primera línea francesa que
marchaba bajo la cortina de fuego e
impedir desde el principio que los
franceses avanzaran su tercera línea
por medio de una barrera de fuego
tan intensa que no les diera a los soldados esperanza de escapar; mas pue•
de ser que no tuvieran fuerzas disponibles o A,Ue no quisieran exponer.
las a ser destruidas por la cortina de
fuego francesa. Los que atacaban
encontraron resistencia, los alemanes
trajeron algún refuerzo; pero no -en
número suficiente para detener el
avance constante de veinte y cuatro
metros por minuto.
SamejanteUvelocidad puede no parecer grande, mas se realizó bajando
y subiendo cráteres, teniendo los
hombres armados de rifle de repetición que marchaban' adelante que
llevar constantemente'.la pesada arma
al hombro. Pues es de recordar que,
después de todo, un rifle de repetici6n

. 4. Ametralladoras más pesadas que
apoyen las anteriores.
5. Granadas de mano; aparatos
para !onza r bombas, etc.
. Pitra que un avance tan rápido,
e¡ecutado en un frente tan amplio y
eontra un enem.igo atrincherado pueda efectuarse bien, es necesario que
se le observe detenidamente desde el
aire. Los aeroplanos deben volar
precediendo las tropas que avanzan
para dar cuenta de los resultados al
jefe de la artillería que se halla a retaguardia. También deben volar suficientemente bajo para ver en detalle
lo que va ejecutándose. Esto significa
que _deben correr el riesgo de ser
derr1_bados_ por los proyectiles de su
propia artillería, cosa que también
oourrió en Verdún. Para proteger
estos guías de las batallas de las naves
aéreas enemigas, sobre ellos vuela
una segunda línea de aeroplanos de
eombate pa_ra embestir a los aeroplanos contrar10s que tratan de derribar
a los oficiales del estado mayor que
vuelan sobre el campo de batalla.
ARNo DoscH FLEUROT

Tropas indias al servicio de Inglater·r a, ;emontando el 1'tgris

Caricatura Extranjera

Vida Artística y Literaria
Un lucido aniversario

En el anfit.ea•

. tro de la Escue-

la Preparatoria
.
fue celebrado el Jueves último eJ primer
can_tenario del triunfo de Cb,ampotón, obtenida por los naturales contra los conquistadores europeos, el año de 1517.
Durante fa' velada se leyeron · discursos
Y poesia~ y se ejecutaron números musi•
cales.
La 1lltima
conferencia de
españolas
la serie españo.
la organizada
por el señor don Francisco· J. Gamoneda,
etituvo a cargo del señor don Juan José
Blinda y se refirió a la introdución del libro de ciencia española ·e n México. La
conferencia de esta noche versará sobre el
notable médico español José LetR.mendi y
eerá. sustentada por el señor Dr. Francisco
G. B•liina.

Las conferencias

La ambición alemana.

no es sino una pequeña ametrallado·
ra. Yo subí esa misma luma a razón
de una milla cada dos horas.
Es de advertir que el rifle ordinario
desempeñó un papel pequeño, insig·
nifican te, en este ataque. En efecto,
no recuerdo haber visto a nadie que
llevase un rifle en la Froide Terre
aun después de haber terminado el
ataque intenso. El infante moderno
se convierte más y más cada dia en
conductor de rifle de repetición y en
lanzador de bombas.
Los rasgos característicos de esta
novísima forma de ataque fueron los
siguientes:
l. Abundancia de artillería gruesa
con provisión de millones de proyectiles.
2. U na abundancia igual de cañones
ligeros de tiro rápido, de los cuales es
el mejor tipo el francés de 75 milime·
tros y el de modelo semejante de 105
milímetros.
3 . .A.metral)adoras ligeras que pue·
dan ser transportadas por un hom~
con ayudantes que lleven las municiones.

El escritor ar•
gentinodonManuel Ugarte,
. . .
que vino a México Invitado por la Universidad Nacional
ha ~ido muy _agasajado por diversas agru:
pac1ones o~c1ales )'.' ·_literarias. El popular
P.ro1:1agand1ata ha v1s1tado di versos estable•
~1entos de educación, en donde fue re~b1do con calurosas manifestaciones de
"eo·mp~~ia por pro~eso:es y estudiantes. La
mmón Estud1ant1l le dió una velada
en la Escuela Praparataria, con un varia~ programa literario y musical. Frente al
ote~ Ieabel se le di6 un 1&lt;gallo" por los
:tud1antes, y seguirán verificánáo~e en su
onor otras fiestas que están siendo orga-

Fiestas en honor
de Ugarte

llizadas.

La noche del
Fiesta en la Sala
del sábado anterior dió un ,&lt;ReAlemana
cital de Priman el s_e ñor Fernando RomA.no en la
~.lema na. de Mújica. El señor Romarecitó una selección de poemas, y los

dem~s fueron encomendados a conocidos
mút11cos y cantantes de la capital.

El domingo
Tercer Concierto Clásico pasado ,e veri.
ficó en laEscnela Preparatoria el tercer Concierto Clásico
e~ el cual se ejecutó exclusivamente mó.:
sica de Haydn. El Bf'ñor Dr. Alfonso Pruneda, Rector de la Universidad Popular
sustentó u~a conferencia sobre la vida Y
la ohra del Ilustre músico.
A esta fiesta concurrió como invitado
de ho!1or el señor Manuel Ugarte; invitado
esp_ec1al_mente por los estudiantes &lt;le la
Umvers1dad.

cha de la Corporación. Se nombró un
nuevo comité directivo, que resultó compue~to de los señorea· MHriano D. Boullosa,
presidente; Raf~el E. Ruf.z, secretario, y
Humberto Shenda.n, proaecretario. El
Circulo se propone laborar amplia.mente
p~r la difusión de la. cultura en la Repú.
bhca.

En la Libreria Biblos el
·.
jo ven Manuel
Horta leyó ~l eá.bado último aJgunrt1:.1·páginas de. su hbro en preparación uVitrales
de Cap1lia,,
Lectura de un libro

1, 1

Anoche cele-

Aniversario de la So. bró el 84~ aniciedad de Geografla verssrio de , u
.
fundación la Sociedad _Mexicana de Geografia. Con es•
te motivo fue organizada. una sesión sole~ne en la ?ual se presentaron los siguientes trabaJos: uEI criterio geográfico a
través de la. historia. y de_los tiempos modernos», por el Ing. José L. O.mrio Mon•
dragón; poesía ccA Africa11, por el Lic.
Ram6? Mena y uDe Kioto a. Fusánn, conferencia por el ~ng. Norberto Dominguez.
Al ac~o conc.urr1eron delegados de las cor•
porac10nes Científicas de Ja capital.
Los maestros

eonciertos

históricos Luis G. Saloma
de Violln
y Car! os del

.
Castillo han org~mz~do una .serje de cinco conciertos
h1stóncos de v10lín. El primer recital se
verificó el viernes último en la. Casa Alemana de Música, y antes de la ejecución
de los n_úmeros m?sicales, el señor Hugo
Conzatt1 sustentó una conferencia sobre
las obras del programa. Esta semana se
efectuará el segundo concierto.
E I domingo
pasado celebró
cistas Independientes una junta el
.
.
Circulo de Conferenc1~tas Inependientes, con el fin de
tomar Importantes acuerdos sobre la mar-

el rcu Io de Conferen.

PEGASO

11

PIA'NOS
SONORIDAD Y CALIDAD
INCOMPARABLES

EN ABONOS.
PIANOS

'WURLITZER'
'
Avenida 5 de Mayo, 32

"
11

�AMADO NERVO.-Eu;YACIÓK.PoE1tfAS).-Ma,lrid, 1'ipogra•
fía Artística. Cervantes, 1917, en 8vo.
-No sería Nervo alma selecta y alto
espíritu ai no experimentara en sus
años de madurez e.:ia codici11 de limµieza espiritual, de serenidad pru•
dente, de quietud noble y reposada.
EL que ha recorrido la.:1 sendas de la
vida y del arte en pos de lo humano
que suele ser pecaminoso, es rílro
que no sienta. a su tiempo un impetu fecundo de purificación, un
ansil\ noble de fundir y resolver en unR. sola actiturl decisiva i:.u
ideal estético y su problema moral. Limpiar el espiritu y limpiar
la pi,.labra.- Romper coa el ritmo que a nada conduce; det1tronar
la riml:\ que nada enseña; abominar de ht retórica qne es engafío
y de la técnica que es vanída.&lt;l. D1tr a quien tiene sed de idfüll, no
el licor de p!&gt;irfumes ponzoñosoe elaborado en la alquimia del p_ecado, s.ino el agua. limpia que calme la sed de una vez y po.ra siempre. Hacer de la poesía no deleite 1 sino enseñanza, no &lt;levanto
frivolo, siuo contemplación provechosa.
Como iniciación de dhJciplina espiritnal no encuentro ohjeción
justificada contra ese ~ovimiento del alma, pero como realización
estética, 11:1e corre con seguirlo un grave riesgo: el afán de pulimento que quita asperezas, que borra manchas y destruye imperfeccíone's, puede dejar la obra-limpia de todo, hasta de poesla. Esa
labor de saneamiento, como ciertos desinfectantes poderosos, mata
los gérm0nes dañinos y a veces también al enfermo.
A mi no me ha desconcertado, como a muchos, el último libro
de Amado Nervo. Libros anteriores prepararon este volumen cuyo~ gérmenes se bailan en varios poemas de Serenidad. Tal vez en
Mbtico11 se encuentran los orígenes lejA.nos; sólo que de eRte libro
juvenil se halla ausente la realización sincera, y todo él se resuelve en un artificio que casi siempre encanta, pero nunca convence. Estas filosofías categóricameI)te aftrmativas, hecbss en
verso-por más libre de tutelas retóricas y e11:1téticas qne se le suponga-son poco poéticas. Nuestra intuición nos da con frecuencia
formas concretas; pero el arte exige, para hacerlas materia poetiza .
ble. que se revistan con los ropajes vaporosos de una imprecisión
infinita.
Murieron los quién sabe,
CallMon los quizá
(NlrEV0:3

dice el gra.n poeta de Elevación, y eso equivale a decretar la mnerte del misterio. Ahora bien, la. Esfinge, sin enigma, es un monstruo
absurd~.

Las págiuas Je Elevación etitáu impreg1rn,das en un deísmo con.
creto, cri':!t1ano, católico más Uien. Q.uizás la ortodoxia tenga reparos que poner, y es difícil que Ull e~crupuloso del dogma pudiera suscribir tal cual estrofa:
Siendo quien es el PADRE: Fuerza y Gracia infinita;
Siendo quien es el PADRE: toda eficacia y
potencia, tu alma libre su volunt\td limita;
¡Dios necesita
de ti!
Pero haciendo a. un lado estas cosas, queda la dificultad casi
insuperable de realizar belleza con esos elementos de fe, de e.spe•
ranza, de caridad en forma de insinuación Hrnable, de consejo
piadoso, de amoros~ doctrina. Son flamas de amor vivo y no preceptos las estrofas de S&gt;1.n J uz1n de la Cruz; son lágrimas de sangre
y uo consej os, las contriciones de Verla,ine.
Y he aquí que a pesa,r de todo, sorteando escollos, s~lvanrlo
riesgos y esquiva.nrlo obstáculos, Amado Nervo nos da en Elevación
un libro bello, y es que el poeta de verdad tiene un talismán para
todo. Este grao couocedor del 1netier, quiere arrojarlo a un rincón
como un trasto viejo; este versificador armonioso, quiere forjar
estr0fas balbucientes; este poseedor de un alto sentido musical,
quiere poner mordaza a la melodía; este adorador del ritmo sutil
y mila.groso , intenta derribar los altares de su culto y es natural
qlle ni el nietier desaparezca, ni el verso vacile, ni la melodía calle,
11i el ritmo desfallezca. Un alto sentido estético sintetiza y simplifica, y de los cuadros sin contornos de Carriere o de lolil bocetos de
Rodiu surge triunfadora la belleza.
No comparemos este libro de Nervo con otros anteriores. La
personalidad es la misma; pero el momento es otro. Es difícil repetir estados emocionales. A menos que la vida se transforme en
una po.~e eterna, la obra surge de la hora que pasa. Por eso nada
es definitivo. Por eso r:.o podremos secundar al poeta cuando dice:
Mnrieron los quién ,abe.,
Callaron los quizá.
Nueatra incertidumbre no acaba ni es bien que acabe nunca..
En un remanso de su vida, el poeta del E.todo y las Flores del
Camino, ha experimentado una calma que él juzga duradera y que
nos vierte en poemas de fe, de amor y de esperanza. La felicidad
tiende a S"r contagiosa y el poeta se comunica con nosotros. He
a.qui las frases qu~ terminan el volumen: Lector: Este libro sin
retórica, sin procedimiento, sin técnica, sin literatura, sólo quiso
una cosa: elevar tu espíritu. ¡Dichoso yo si lo he conseguido!
Y nosotros, cogidos un instante por la magia del admira.ble
poeta, agradecemos el presente y tornamos, al cerrar el libro, a
nuestras viejas inquietudes.

trando su inutilidad heroica a la contemplación de sus conciudadanos.
¿Estos homhres heridos, mutilados. desangrJtdos, con gérmenes de depauperación fisiológica, am11.rán, crearán bogares,
tendrán hijos ...... ? En realidad, la PM.tria
Los Qlle vienP.n de allá. de cualquiera
que los ha sacrifica.do, no tiene el dered'3 las lejanías donde la gunra cRstiga la
cho de priv11.rles de liis delicias, del orden,
soberbia humana, &lt;'On 81HI rigores, y hade la paz de la familia y, sin emhargo,
blan sinceramente y cuentan la verdad,
espanta pensar que la mll.ldición biblica
nos dicen que Fr&amp;ncia y Alema.nia y Ausque lle\•a la ira de Jehová hasta la cuarta
tria, y hasta Inglaterq:t ya, se van poblangeneración, no ha de ser una. vana figura
cio de los homhres mutilarioR que la ciende retórica oriental.
da -noderna arra.nci-l. a la. muerte en los
En vano se qnerrá cerrar los ojos ante
hospitales.
esta trem Pnda realidad. La cienC'ia qniere
comba.tiria extrema.orto las sutilez11s del
Pero los homhre,3 qne se salva.o en Jos
ingfrnio en la mecánica. y en la ortopedia.
híl;:1pitl\les, gr1tcia.s a la asepsia y al bistuEn Alemania se itlif'.ió la tarf'a de reednri, vuelven a sns hoga.rei;; mutih1.dof.l, ané•
ciir a los solnados inválicios, de acomodar
micof.l, con el g-ermen de la. tnberculosis
sn nrn.nquedA.d o su cojera a nuevos.ofi en 111. sangre. Son diez generaciones que la
cios y a nnevos trabajos, para que su rnu1rnerra ha devorR.d"O-como un Moloch tr~tilidad cesara., para que pudieran ganarse
g-ico, el más espantable que la Humanidad
la \"ida. Los mág extraños mecanismos
hl'lva. poclido concebir. Hac~ más de dos
han sido inventados para substituir los
Años ya qne en los hospitales de Francia,
bNzos y las piernas que se llevó la metra·
rle Alemania, de Austril'I, de Rusia, de
H.itlia, de Turquía. y de Bulgaria los mé - ' lla. LQS hay ya con aparato de rel~jerfa,
que permite el movimiento automático de
dicm1 ampntAn todos los dis.s braws mal
estas piernas y de estos brazos. Para !os
heridos y piernas destrozadas. Son centeqne no han sido victimas de amputacIO•
nnes, son millares de hombres de todas
nes, y si sólo de heridas, hay nuevos l:lpíl.
las naciona.liciades los que quedarán como
ratos que permiten ir apreciando dia por
trofeos gloriosos de la gran guerra, moS•

LOS INV ALIDOS
DE LA GUERRA

12

PEGA80

E. G. M.
dia la fortaleza que van ganando los órganos que }a pérdida de sangre y de tejidos
debilitó. Todos los procedimientos exter•
nos e internos se están empleando para
borrar las huellas de la guerra, para. que
los mutilados no echen de menos los
miembros que perdieron, para que 101
m6sculos padecidos se fortalezcan nuevamente con el masaje y la gimnasia; para
que aprendan trabajos apropiados a sua
nuev¡¡s fuerzas ..... .
Pero, el saber de los fisiólogos no llega
aun a poder destruir los secretos enemigos
de la. humanidad que se esconden en la
sangre hnm&gt;l.nff. y la envenenan, trasmi·
tiéndase de padres a hijos en una feros
ansia de exterminio. Para las amarguras
padecidas e~ las trincheras, para el terror
producido por el tremendo espectáculo,
pua el empobrecimiento de la sangre,
para el envejecimiento prematuro de todo
el orga.nismo sometido a una presión iu•
calr:ulable no hay medicinas todavía en
ninguna farmacopea y esa debilida.d, ese
agptamiento, esa depauperación de todo
el organismo, que da voces a la muerte
es lo que estos gloriosos inválidos de l_s
guerra transmitirán a i!US hijos y a los b1•
jos de sus hijos y a los nietos de sus hijOII•
DJONISIO PÉREZ,

COLON. &lt;La Falena.&gt;
r· El último sábado subió a la escena
del Colón, &lt;La Falena&gt;, de · Henri
Bataille, traducida por el señor ,José
Dfaz Conti.
I· La obra de Bataille es fuerte y tiene bastante bien pronunciado el ambiente del teatro francés. La protagonista es una mujer que a las puertas del matrimonio y llená de entusiasmos por el arte, se entera de que
la tuberculosis la ha apresado y resuelve vivir el resto de su vida desenfrenadamente, locamente. Como
escultora necesitaría de cinco a seis
años para llegar al triunfo y no puede
vivirlos. Es preferí ble despedir al
modelo y tirar los bocetos por la ventana. Su prometido es un príncipe y
aunque la quiere con un cariño positivo, tal vez llegaría a sentir, avanzada la enfermedad, desilusión, asco,
miedo.. . . Considera preferible renunciar al marido quedándose con el
amante. La Falena vivirá la vida que
le resta cerca, muy cerca de la luz,
revoloteando entre sus rayos hasta
quemarse las alas.
Emilia del Castillo hace este papel
y debemos confesar que lo hace bastante bien. No suponíamos que tuviera facultades para desarrollar un género tan opuesto al temperamento
que le suponemos. iBien distinto es
el estilo en que la Castillo ha desarrollado sus anhelos artísticos!
Parece que en cuanto p:;isó por ]a
vicaría tomó otra nueva máscara: la
de trágica, pero trágica no a lo siciliano, no a lo Guimerá, sino a lo Ba
taille. Trágica que vive la vida del
alto mundo parisiense y que lleva el
porte distinguido b&amp;sta los caba1·ets
y muere poniéndose serenamente una
inyección hipodérmica.
Claro que en tal género no se encuentra íntegra, no es maravilla, pero
lo repetimos, está bastante bien.
En cambio, Taboada-el príncipehace la obra sin cariño: se dedica a
fumar y concede a su papel mucho
menos importancia de la que tiene.
Ignoramos por qué Taboada, que en
otras obras hace al público la impresión de ser el mejor actor que existe ·
en México, se hunde entre la vulgaridad de sus galanes jóvenes, que dicho
sea de paso tienen lo segundo, pero

no lo primero. Al menos eso dellamar «ustés&gt; a la Falena-como alguno lo hizo-es imperdonable. Entre
el Guadalquivir y el Sena median al gunos kilómetros.
El primero, el segundo y el cuarto
actos transcu-rren fácilmente para la
burguesía de las lunetas. El acto ter·
cero es un fracaso. Se hace a Zorrilla y no a Bataille. Hasta la decoración siente la nostalgia de Doña Inés

en obras teatrales~la marcada insuficiencia del traductor. El espíritu de
la obra generalmente es trastornado
y los pequeños detalles que constitu
yen el mérito de una pieza, no sólo
desaparecen sino que aparecen con
un sentido contrario. Así vemos que
pensamientos que se repiten y que
dan un sello de agilidad y delicadeza
en el idioma original, cansan y aparecen de pésimo gusto en la traducción. Indudablemente queéuando un
literato de fuste es tnaducido por un
literato, más lector que escritor, resultan cosas como ésta:
-•Le rogamos a usted que no sea
un testigo•.
-&lt;Oh, no: yo so_y simplemente un
amigo que quisiera ayudarlos; sinó
que eomo.f

Ahora bien, Benavente ha hecho
una buena traducción de Hervieu.
¿Cómo? Es muy sencillo: Benavente
es amigo de verdad, de Paul Hervieu.

UNA NOVEDAD POR EL ARBEU

L olitu RoseU en «l,a Fiesta de San Antón»

y por momentos _parece insinuarse la
presencia del Comendador.
La propia señora Fábregas, que
ocupaba un intercolumnio, debe h~ber tenido un lío con Morfeo.
Debiéramos hacer un estudio detenido de la traducción pero salvaremos el caso particular para determinar algunas generalidades. Los traductores caen en un. 95 por ciento
dentro del refrán italiano que dice:
«Traduttore, traditore&gt;. Pero en nues•
tro México la proporción . es todavía
mucho más desoladora. Casi siempre
tenemos que lamentar-y sobre todo

El Arbeu presentó el sábado pasado, con &lt;LaFiesta de San Antón&gt; .v
&lt;Casta Susana•, ala tiple Lola Rose 11,
una hembra que revela conocer bien
el género y que indudablemente odia,
al calendario, no obstante que no pue·
de quejarse mucho de él.
La Rosell ha hecho un impresión.
en el público tandófilo, mediana. No
se puede asegurar que pasa inadver•
tida ni tampoco que alguno de luneta
se deJe hacer la autopsia sin anestesia.
o que concurra al Hipódromo de la
Condesa, a las pr6ximas carreras, en
calidad de pista, por causa de ,ella.

PRINCIPAL
La nota saliente en el Principal es
•La Reina del Carnaval&gt;, una obra
bien montada, y nada más que bien
montada.
BUJtFALMAC0.

EUSQUE USTED "PEGASO"

.......,........... ,, ..... ,., •• ,,,.,.,,.,.,,,..,,.,,,,,,, •• ,.,.,,,,,,,,,,,o•••••HHo•••"•••••H•l"'''''""' 1••••••0IOlfH&gt;lllll&gt;IOllllllt"•"•••"'"'"""••IOIHIIIIH•IIIIIIOOltl ..1HIOK'1HIHIHl"tlHO..................... R .. IIHHIIIII ..... , ................... , .. ,

Bienestar,
Alegría,
Horas deliciosas,
Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel lnrt.

i..................................... _...................................................................................................................................................................................................................,-.......................
Pl::GA•SO

13

�fpisodios de la vida del Marqués
Sigue de la página núm. 2.

Club dmérica,

Un momento del ;'uego

DEPORTES

,

baya&gt; habiendo resultado tablas por

cero a cero.
Ambos teams jugaron con entusiasmo y tuvimos oportunidad de
ver jugadas y combinaciones mwy
bonitas por ambos lados.
Tanto el &lt;Juárez• como el &lt;Tacubaya&gt; jugaron con limpieza, lo que
contribuyó en mucho al mayor lucimiento del juego, habiendo únicamente que lamentar el desgraciado
accidente sufrido por un jugador
del &lt;Tacubaya&gt;, que recibió de uno
de los jugadores contrarios, una pe.ta.da en la sien. La bola venía por lo
alto más o menos a la altura de la
cabeza y desgraciadamente, en el
preciso momento en que uno de los
jugadores del «Juárez&gt; levantó la
pierna para patear la bola. se atra.·
vesó el jugador del &lt;Tacubaya&gt;, re·
cibiendo como ya dijimos, la patada
en la sien, siendo retirado del campo, por el se!l.or don Pablo Alexanderson , presidente de la Liga.

ºMhccoac" contra ''La lnternaclonal."Ganá el "Mlxcoac" por dos
goals contra cero
El último domingo se verificó el
match anunciado, con el éxito citado, resultando el juego no tan interesante como se eAperaba, pues
el &lt;Mixcoac&gt; tuvo casi siempre a sus
jugadores en el teneno enemigo.
Sin embargo, admiramos buenas
jugadas por ambos lados, defendiéndose los de &lt;La Internacional&gt; con
brío y bastante eficacia, jugando
limpiamente y con entusiasmo.
Por parte del •Mixcoac&gt; todos sus
jugadores se portaron tan bien co·
mo de costumbre, pues soh cada
día' más notables los adelantos de
este equipo, así como la unión de
sus jugadores, que_ló han llevado a
ocupar el segundo Jugar en la liga,
por lo que hay verdadero entusiasmo por el encuentro entre este tea.m
y el &lt;Junior&gt;, que ocupa el primero. Dicho encuentro se , verificará el
próximo díit 5 de mayo. Dada la
fuerza de ambos teams, este match
promete ser el ,más sensacional de
la presente temporada..

* **

Admiramos también el último do·
mingo el interesamte partido jugado
entre los equipos &lt;Blancos&gt; y •Negros&gt; del Club &lt;Espa!la&gt;, resultando
un juego como hacia tiempo no
ha;bíamos presenciado.
Menudearon por ambos lados las
buenas jugadas y las combinaciones
sugestivas, distinguiéndose como
de costumbre, por su precisió11,
Antonio Arechedera, Ibarrechi ' y
Gavalda, el formidable portero del
&lt;Espa!l.a&gt;.

* **

Muy animado resultó el juego entre los equipos •Juárez&gt; y &lt;Tacu-

PENALTY K:!CK.

ni podía, como en otrora, perfumar el
torrente de seda de sus rizos, con esencias
e1ó~icas¡ no podia, reducido a villana es•
keCbez, beber en la misma copa, hasta.
embriagarse, los borgoñas de fechas venerables ......
Sació su sed y su hambre en un memorable diS1. decimoséptimo de diciembre, y
después, sin que lo traicionara el tnenor
mósculo del rostro, la piesen t6 a Pedro
del Llano.

•
••

Del Llano contaba diez años más de experiencia que el marqués. Fué su prote·
gido, y disfrutó largamente de las prodigalidades principescas de este singular
varón, cuya prosapia refiere la arquería.
de un acueducto magnifico, en la ((muy
noble y muy leal ciudad de Santiago de
Querétaro».
Como él intentó la misma aventura.,
pero embarcándose en un bajel que siguió
contraria y triunfal ruta. Se sabia estima•
do de don Luis, mas de una manera compasiva1 que se aromaba con un dejo de
caridad evangélica. Y quizá. le disgustaba
eate Bnaje de protección apenas encubier
to, y se vengó tomando a Magdalena. que
fue con él aparentemente a travéd de la
anuencia de don Luis, mas, en el fondo

llevada pc,r la fuerza del destino que vertió
toda su saña sobre un hombre indefenso.
Fueron los días precedentes a la. partida
de Magdalena con Pedro del Llano, aquel tos días t1emendos que cavaron el surco
más profundo en la frente de don Lu~ de
Urrutia y Arana, y dejaron en esa honda
huella el rencor, y el despecho, y ehiiar•
tirio de quien sintió la coincidencia' de¡
fracaso exterior con la derrota oculta. y
sentimental.
·
Fueron aquellos dias los testigos impa•
si bles que guardaron el secreto de una infinita desolación, en la que se fundían la
tristeza. del esfuerzo estéril, el dolor de la
conquista no realizada, la memoria. de un
pasado de ignominia y el suplicio de un
presente de conformidad.
El marqués conoció basta entonces la
tentación estoica del suicidio¡ bendijo el
pagano gozo de la venganza¡ y fue un valor negativo para su conciencia la atroci•
dad del crimen. Si su voluntad no hubiera
concurrido para el viaje de Magdalena,
podrianse comentar las páginaij que dije·
ran cómo babia muerto Del Llano entre
los odios de su amigo.
Nada funesto aconteció.
En la madrugada de uno de loe dias de
diciembre del año del Señor de MDCCCXCV
una pareja subió al convoy que se dirigia.
hacia el interior de México. Mancha que
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Se hizo condncir hasta el sitio en que
habitualmente aseguraba que · lo ungian
sus esclavos-los mozos del balneariopasó la mañana en el campo, por la tar.
de conversó regocijadamente de politica.,
y la media noche lo sorprendió en su es•
tudio concluyendo unas rimas en el margen de un adagio de Beethoven.
México, MCMXV.

En una tertulia pregunta una señora a.
un viejo verde:
-¿Cuál es el hecho militar qne más
admira usted?
-El rapto de las Sabinas, contesta. el
viejo con tmtusiasmo.
-He leido en un periódico que se ha
publicado un ((Diccionario de la mujer».
¿Crees que será distinto de los demás Dic.
cionarios?
-Sí¡ indudablemente tendrá más pa•
labras.
-¡Mozo: acabo de encontrar un cabello
en la sopa!
-Pues ponga un aviso en los diarios a
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acompañante de quienes parecian a.lE&gt;jarse
en un ·paseo nupcial; y sólo cuando llamó
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&lt;lían muy pocos haber reconocido la voz
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14

PEGASO

Madero:24
PEG~SÍÍÓ

15

�A PARTITURA V LA CABRA
El famoso compositor alemán Jaime
Meyerbeer, que, realmente, no se llamaba
mas que Jaime Beer, porque el Meyer lo
heredó, con una enorme fortnna, de un
admirador de su talento, que impuso como 6nica condición la fusión de los dos
itpellidos ... El famoso Meyerbeer prcc_uró
siempre que en todas sus óperas hubiese
grandes efectos escénicos.
Cuando Ba.rbier y Garré le llevaron el
libre.to de Le pardon de Ploermel, más conocido por el titulo de Dinorah, Meyerbeer
·exigió que aquéllos «intercalarani, en el argumento de la nueva ópera una cabra y
un torrente.
-¡ La cabra, sobre todo!-decia el gran
mú~ico 1tl despedirse de los libretistas.
Barbier y Carré hicieru1 la refo~ma,
i\Ieyerbeer compuso una de BUS meJores
pR-rtituras y Le pardon de Ploermel se estrenó cou éxito brillantiBimo en el teatro
ele la Opera Cómipa, de Paria, el di.a 4 de
abril de 1859.
-¿Ve usted ... ?-decian los libretistas a
su colaborador.-La ópern gusta. La partitura, ella sola, es la que produce el entusiasmo de los espectadores.
Meyerbeer, sonriendo · escépticamente,
-respondía:
-Esta noche ... quizá. Pero ¿y mañana ... ? ¿Y luego ... ? Yo soy más práctico
que ustedes. Pa.ra que lleguen a oir la ópera todos los inteligentes, es necesario que
vengan a verla los demás. Esto as_egura
un mayor número de representaciones.
Desde mañana, con más tranquilidad, salgan ustedes todas las noches a un palco
proscenio r observen atentamente a los
Caricatura extranjera

UN RINCON DEL AMOR
Los afortunados del mundo ciue a p€re•

Sfoolús:
~ l'a no me qneda mús q1.te nn cami,no: salir de Rusia.

espec~adores. La minoría escuchará embelesa.da nuestro trabajo; la mayoría no se
emocionará mas que cuando salga la cabra
a. escena, detrás de Dinorah, con la ca.beza
erguida, dispuesta a repre~entar su papel
11como una consumada art1stau. Tengo la
seguridad de que si álg-uien lo iniciara, la
llamarían a escena al final del acto.
'l'erminó la representación de la ópera
nueva. Los autores salieron a la calle y
reanudaron.su amistosa ditlcusión.
-No le den ustedes más vueltas-insistió Meyerbeer.-La pasión no me ha cegado nunca. La. cabra contribuirá a la fama de la ópera tanto como la mejor escena tanto como el número más inspirado
de' la partitnra.
Uri amigo de los autores, persona ?e
alta reprP.eentación social y que había asistid,:; al estreno, se acercó al grupo ...
_ -Queridos, les felicíto muy sincera•
mente. lid sido un verdadero acierto.
¡¡Qué monada de cabra!!
'F1n,TPE PÉREZ CAPO.

Guillermo espdntndv-cl regreso
de la pal01na de la. paz

V

LJ.\ (ARICA'tUIV\ eXTRANJERA

DP,)lpaés de unas cuantas horas de detención, ponen en la calle a un ~orrac~o.
-¡ Vaya usted con Díos !-le dice el comisario. -Espero no volverle a ver a usted
por aquí.
-¿Qué le van a dejar a usted cesante?

LOCURAS DEL VIENTO
Ama a la mujer, diviértela; pero nunca
le des nada de ti mismo. Porque si le das
algo de ti mismo, ella, que es insaciable,
querrá devorarte todo. Si te devora1 te
arrojará después como un bagazo; si Jo.
gras resistirle, ella despreciará. Lu orgullo.

*

* *parecer:
El secreto del buen
Simula cuando estás entremucho mun•
do, que crees ser el único habitant~ de
una isla desierta.
Cuando estés solo, piensa. y obra como
si ante ti hubiese maree de gente.
Así, ocupándote de ellos, creerán que
sólo te ocupas de ti mismo.

grinaciones sentimentales podéis cansa.
grar vuestros días ociosos¡ los que estnvf.8&amp;eis ya en Varona y en Teruel, exquisitos
lug-ares de amoroso tormento en los que
,óu queda el perfume de la. pasión ínmorwl, id a Sevilla, recorred su·s calles cuya
placii:l:ez turbó el Re)'.' d~l amor y deÍ odio,
D. Pedro, el D. Juan coronado. Un guia
complaciente os enseñará el encant:tdor
jardín donde el Rey Cruel adoró á la menuda y graciosa Padilla, el baño donde la
{c,rmosa due~a surrrergia su cuerpo nitido
ante los pasmados pab.ciegos .... Pero estas
eoo historias harto vulgares. Aba □ donlld
el guia, echaos a-vagar por las calles eevilla~as pobladas de sorpresas, y eu las que
lo inesperado se os presenta siempre risueño. atractivo, misterioso.
Andando, andando, llegaréis a una callecita, veréis en una pa'Íed~' blanca, con
negras letras de az~lejo, esc_rito un nombre
que osparar4 medit&amp;bundoS: i(Doña Maria
Coronek
Si de veras sois sentimentales amantes
del amor, una imagen bella v 'torturada
9?08aparecerá_: muy luego, abrfréie un postigo y os veréis en uno de esos patizr;eloe
rientes que abren paso a los conventos de
Sevila; en uno de esos patios donde la.e
~llcetas crian ~ores rojas que parecen labios, flores pálidas que pi.recen mejillas;
Dores violáceas que parecen párpados cal!nturientos. La fronda amable de la aca.
ciase mezcla con la adolescente fronda del
naranjo. ~l aroma es tan intenso, que se
o_e fignra rnJigotable; nn olor de siglos y
81glo1.1, qne llUDN1. se extingnP, &lt;'orno loe
amores fa ta 1es.

¿No conocéis la historia del convento de
Santa Inés? Las sevillana~ la repiten con
s1iitve devota entonación. Oidsela contar a
cualquiera de esas viejecitas que en palabreo 1'3ilbante es insinúan los grandes secretos que ellas aprendieron cuando mozas.
Ea aquel mismo sitio se enterró en vida,
por su voluntR.d acernda, por su honor
implJi-cable, DoñB. Maria Coronel, IR. esposa fidelísima de D. Juan de la Cerda. El
Rey Justiciero la amaba con locura: llamas,, rayos albergaba en su corazón, que
al pensar en Doña Maria trocábase en calor dulce, en reflejos acariciadores de-crepúsculo sevillano.
-Doña Maria-os dice la vejezuela-no
quería ar Rey, que babia matao a zu marido, y ¿zabuté lo que hizo? Pú, ná, ze enterró mimamente aquí...- y os señala un
lugar caprichoso.-Vinieron a buhcarla,
¡y que zi quierehl Pero notaron que aquí
mi mito fartaba yervay floreh, de que tó er
zitio etaba cubierto. Era el cuerpo e Oña
María. Aluego icen que hechó floreh también ...
Pero otra vieja os dice que lo cierto no
fue lo de la sepultura en vida, sino que
Doña María, como dicen las historias, fe
quemó la c::tra para desfigurarse y que no
la quisiera el Rey libertino.
De todas maueras, por allí ha pasado
un amor a la española, cruel, arrebatado,
tormentoso, y de los que se truecan, con
el tiempo, en arrobo místico; y un historiador os contará que Doña María murió
siendo abadesa de Santa Inés y que en su
cuerpo incorrupto aún se ven las sefíales
del terrible sacrificio, y os dirá. que muer•
ta Doña Maria, la sucedió en el priorazgo,
¿quién? otra enamorad{t que no tuvo el valor de sRcrificar BU hermosnra: la hell:t

*

* *un amigo de espíritu
.
Llegué a encontrar
tan semejante a mi espíritu, que érarn~
como dos frutos del mismo ramo. Mas mi
amigo no supo defenderse de mi, _n_i yo de
él y nuestra amistad fué un martmo parJI
ambos, porque al gozo incomparab_le de
comprenderse, seguia el te.dio de mua.rae.
siein pre en un espejo vivo y el recelo de
qne la maldad de cada uno, conocida del
otro, se irguiese contra. el amigo.
Afortunadamente el Destino nos separd
a tiempo,: habíamos llegado a convencer•
nos de que uno de loe dos sobraba en el
Mundo.
En realidad sobrábamos los dos.
MR. KOBALDO.

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''LA ESMERALDA''

Aldonza, su hermana. Esta fue una pecadora. Esta vivjó en la Torre del Oro, adorada por D. Pedro, recibiendo por las ter•
des los cálidos mimos del sol poniente,
que a América se marcha, y los frescos
halagos del Guadalquivir, q_ue va en busca.
del Océano.
Menos valerosa que su hermana, Doña
Aldonza, después de haber gozado los dias
del amor, tuvo la: pena -ae ver llegar los
del hastío. Don Pedro la olvidó, lto1. despreció, y Doña Aldonza se retiró al convento,
como su hermana, pagó la debilidad ct n
el desengaño.
Ahí, en Santa lllés, yacen los restos de
la amada sin ventura y de la despreciada
querida. Y al R.bandonar el convento,
pensáis qué se dirán aquellos huesos venerables que la pasión estremeció.
En el patio, las flores rien, lloran febriles, exhalando su perfume eterno.

F.

NAVARRO Y LEDESMA.

¿Desde que eres aprendiz has comido
n111cbos dulces?
-N'i uno.
-¿Cómo es eso?
-El amo los cuenta todos y no hago
más que lamerlos.
~ Agonizaba un beodo y sufrió un des-

mayo.
El médico pidió éter o vinagre.
-No hay más que aguardiente.
El médico a.plica la botella a la nariz
del enferm0 y este le dice, ha.ciendo nn
esfuerzo:
¡Ahi, no; más abajo, E"eñor doctor,
más »hl-ljo!

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Blancas:
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Negras:
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Lo resoh-ieron los Sres. Rafael Carrillo
G.• Fr11ncisco Durá.n, Francisco. Andrade
y Lui, S.:itomarina, de esta C1tp1tal. _Edte
último mandó sn solución sin e~pec1tlcar

li\8 variantes.

Ella. -Muchas gracias, por ha?9r
tido a la reunión en honor de m1 prim
vestido largo.
.
.r,
Elloa.-No hay por qué, 1eñor1ta, J ••~i
ae cuando se vista de corto, que, con 1111(-:
cho gusto, volveremos a verla.

VIDRIOS PLANOS,
SENCILLOS

Y MEDIO DOBLES
PARA VENTANAS.

LIBROS

Entre aoldados.-Chico. ¿Tú hicia61
muchas proezas en la gaerra?
Yo no hice ninguna. ¿Y tu?
•
- Yo ai; yo le corté a un enemigo l•
manos.
-Oye; ¿por qué no le cortaste la oabest,f
-¡Toma! Porque la tenia ya cortada,
-¿Puede dar algo a eate pobre hom.
bre? .....
1 ••
-Absolutamente n&amp;da .... Ayer me ...
timé el pie contra un cobrador.
-¿Cuál ea el nombre más corto?
-0.
-¿No hay otro mú corto?
-Casi•o.
-¿Y no hay otro mb cort&lt;i?
-Ni-caai•o.
Visitante.-Su nueva criada, aeii01St
parece muy cuidadosa.
La eeñora-¡Ohl, si, muy cuidadoaa! na
siquiera remueve el polvo del cuarto qu
está limpiando.
E11tre marido y mujer:
-¿Me quieres ~ucho, Enrique?
-Como a mi mismo.
-¿Soy para ti lo más caro que hay
el mundo?
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-Sí, hija mia, después del alqm 1Hr
casa.

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Revi~ta~ ilustrad~s extranjeras

Suscripc10nes y numeros sueltos

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México

Ia. BOLIV AR, 9.

CORSES SOBRE MEDIDA

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para

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n1nos

y

Vestidos

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Se hacen sobre medidas

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>..

REVISTA

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por su comodidad, ele'·,_.

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gancia y buen gusto
se hará popular entre
las damas que sepan _
vestir.

la Ciudad
de Londres.
"La Casa de la Moda"

WILSON, EL HOMBRE DEL DIA

NUMERO 6.

MEXICO, 12 DE ABRIL DE 1917.

Precio: 30 centavos

�III
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Ir a ·1a .casa TARDÁN

PEGASO
DIRECCIÓN:
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

es ir a la Ca~a

\

Enrique González Martínez. -Efrén Rebolledo. -Ramón López Velarde.

Rafael Cabrera.
José D. Frías.
Antonio Caso.
1
Esteban Flores.

Jesús T. Acevedo (El Paso. )
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
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Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal y Rosas.
Alberto María Carreño.
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Ignacio B. del Castillo.
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Carlos Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Domínguez.
Enrique Fernández Granados
Genaro García.
Augusto Genio.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

de usted.

REVISTA SEMANAL

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

RPDACCIÓN
Rafael López.
Genaro E:stratla.
Jesús Yillalpando.

COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
::\1anuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Iguíniz.
::\fanuel Ituarte.
Carlos Lazo.
,J. L6pez Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
P a blo Ma rtí nez de1 Rí o (Ma dr1"d) .
Amado Nervo (Madrid. )
,José de J. Núñez y Domínguez
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.
DIBUJANTES
Leandro Izaguirre.
Carlos Neve.
Antonio Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Gard11ño.

Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio Castro Leal.
Enrique Fernández Ledesma

1

::\Ianuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
,Joaquín Rs.mírez Cabañas.
Adrián Recinos (San José de
Guatemala.)
Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid).
Manuel Romero de Terreros
Francisco Verdugo Fálquez.
Genaro Femández Mac Gregor.
Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
Enrique
Santibáñez.
,T· , Ra
.,1co1as
nge.
1
José ,Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
Alfonso Toro.
Luis G. Urbina.
José Vasconcelos (Perú.)
Atanasia G. Saravia.

:

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¡
Germán Gedovius.
!
Roberto Montenegro.
5
Angel Z á r r a g a . ."¡l

FOTÓGRAFOS Antonio Gardufio.-Gustavo F. Silva,-Alfonso Sosa.
PUBLICISTAS: Maxim 's.

1

"'

GERENTE: Jesús B. González.

GRABADOR: Alvarez Tostado.

j En la Capital, 10 números........... $3.00
En el extranjero, 10 números......... $5.0()
l En los Estados, 10 números........ 3.50
Números sueltos............................ O.So
Avenida 5 de Mayo, 32.-Edifi~io de la Bancaria-Departamento, 406.-Apartado Postal, 1408.
La correspondencia debe ser di rígida a la Gerencia.

PRECIOS D ., SUBSCRIPCION

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OFICINAS:

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MIIIUN••············· ...........,. - - - - -....----·-•--n••····••n•n•-··-··---··---'----------·...- ..,-----·--·····························.,

Ultima NoVedad en
.__,.

Canoti-er

RffORMA INDUSTRIAL
CARLOS B. FJ\RF/\N

Estilo 1917.
Plaza Constitución 5 y

�~EVISTA SEMANAL
Regiatrado eomo artículo de segunda el&amp;H el di&amp; 17 de mar.r:o de 1917.

TOMO l.

MEXICO, D. F., 12 DE ABRIL DE 1917

NUM. 6

PARA LA EPOC!I
DE LLUVIAS OíRECEMOS

TEDIO, SEMANA MAYOR Y PASCUA

A UD.

POR ~ANUEL TOUSSAINT

Mac.rarland de casimir Impermeable, sin mangas,
con uclavlna corrida desmontable y capucha desmontable.

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Capote de casimir lm?ermea b e, co
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Los dos modelos nn tan prácticos como eleantes y sirven lo mismo para calle
ue para montar.

g

[l [tíll~~ [~[ílnTil
RP. POSTAL 472. •

•

No son, seguramente, inactuales algunas consideracio-

nes acerca del tedio. Y si lo son, tanto mejor motivo para
hacerlas, auque sólo fuese homenaje al genio de las Consideraciones lnaatuales.
Pero no. El tedio es una de las bases de la vida contemporánea, una de sus características innegables. Y conforme avanza el Mundo en cultura, avanza también en tedio.
Wilde dice que el descontento de un pueblo delata un pro·
rreso; pues bien, el tedio de un pueblo acentúa su progreso
en razón directa~ por algo el spleen británico goza sin dis·
cusión del campeonato; porque pertenece al primer pueblo
del Mundo.

Payos. payos, payos. Lns ~entes que no lo son, casi procuran ser pa_yos en Semana Santa; y las que lo son se asemejan tanto unas a otras como espejos circulares que vierten distintas coloraciones, todas explosivss. Los payosse
parecen tanto unos a otros que para distinguir a uno de
San Luis, de uno de Jerez o de Aguascalientes, el periscopio necesitaría lentes más poderosos que los bifocales
con que mi amigo, el doctor Mayorga, ocasionó el Fiat!u.v de Salvador Rueda. Ah! y además de los payos, mujeres
enlutadas. A las mujeres en Semana Santa sólo se las en·
tiende por reducción al absurdo: llevan el frío de la muerte
en los pliegues de su túnica, y el fuego de una vida de
amor en la negrura de sus ojos.

Porlo demás, nada tan chie como el tedio. Tan chic, que
De la Semana Santa estimo sobre todo el Sábado de Glo·
quienes le gozan, reniegan constantemente de él, como las
ria.
Ese! dlaen que hasta las más inofensivas criaturas
mujeres de los años que forcejean por interponerse entre
son
sinceras
consigo mismas: en el formidable estallido
ellas y la juventud, y los hombres de las virtudes imaginadel
,Tud,,,.
estallido
de reivindicaciones forzosas, quisieria.s que en apariencia les impiden vivir su vida como elks
ran ver morir cuanto las molesta. Se despierta su instinto
desean.
rencoroso .V asesinan virtualmente. Mi tedio llega a deEl tedio de los p()etas, decía Xietzscbe, es un tedio dosear que cada judas volado en potencia, hubiese volado en
rado; no les compadezcáis mucho. El tedio es una magla realidad, para satisfacer los odios, estos odios inocentes
nifica.flor del 111al-Beaudelaire no lo cantó porque bubie•
que son, al fin .r al cabo, algo que tiene derecho a la satis·
ra caído en redundancia de pétalos color de ace1·0 y bello·
facción.
sidades selváticas color de o¡.,io. Es mortífera como las
adelfas .V enfermiza como las mimosas. Flor femenina,
flor de neurastenia, flor de a b~intio.
Afortunadamente la Semana 11ayor ha pasado y con ella
Desconfío profundamente de dos categorfas humanas:
de quienes no tienen tristeza r de quienes no tienen tedio. los pretextos de sacrílega saña. Inician las Jluvias sus pre·
Los primeros, cu rentes de toda distinción, pertenecen a ludios .Y la resequedad del suelo absorbe las primicias con
JIJ. familia chorlitos; a, los segundos los explico en el único avidez. Huele a tierra mojada, a este olor de égloga que
aforismo que he hecho en mi vid.a y que pongo aquí con aspiran los pulmonescitadinos, resecos como vejigas abanla urgencia de quien teme se le hayan anticipado alguno donadas .Y poi vosas; las plantas y las flores parecen haberde los mil!/ un moralistas que ha habido: •Cuando una se cristal izíldo.
Pote no se fastidia, es que sin duda fastidia a las demás•.
El tedio yace en el olvido, en la posición poco convin·
El tedio ~utoriza todo. Hasta comer carne los días de vi cente de un judas quemado a medias. Yo os digo, desde
gilia y comer de vigilia los días de carne. A propósito de el pequeño rincón de mi alegría fugitiva, a vosotros, los
la Semana Santa, el tedio es como la envoltura de un su- hombres de hierro que conducís a la vida y no permitís ni
lllergible que nos rodea completamente. Y sólo miramos un momento que ella os conduzca; yo os digo, a vosotros,
el mundo por el estrecho campo del periscopio; quien qui e pobres seres, débiles bojas llevadas del furor de la ventisca de marzo; yo os digo:
la ver bien la vida, que sólo la vea por periscopio.
Y en Semana Santa ¿qué puede verse por un periscopio?
iFelices pascuas!
PEGASO

�-Eso no es posible, repuso ella con te-

[:P~
EL OBST ACULO
POR, ANTONIO CASTRO
On a day, alack thl!, day.'
Love, 11•hose month is ever Moy ...

Act. IV. Se. III.

abrigar dudas de!!agradables que por un
acontecimiento demostrativo.
Asi iban lás cosas. El joven la acompañaba. a la mesa noche a noche, se buscaban de compañeros en el bridge y después
ale.rgaban la conversación en un téte-a-téte
hasta después de las doce. La charlai cada
vez más intima, adquiria un tono familiar.
-Nunca me ima.giné esto ••. ... ¡Eras tan
serio comigo !

mor.
-Bah! y tan posible!
Y ya en su casa, se sacu~ió los upa.toa
con la toalla, se limpió la cara con un pañuelo empapado en agua de colonia., Y después de encender uns. pipa inmensa, dijo
con voz de marino y con seguridad de ti•
rano:
-Vamos, ordena una cena para mi, y
dame un beso.
La estrujó en sus brazos y con bruta.li-

PEGASO

POR, cJl,1ANUEL DE LA PARRA

dad la. besó en los labios.

LA BARCA

• ••

De la preciosa edición de una comedia
Salió ella. de la pieza, llena de callada
antigua que tenia en sus manos -Love' s
indignación, de secreto furor, de rencoro•
Labour's Lost-leve.ntó los ojos y perma•
sa rabia; pero impotente aún en sus m &amp;•
neció indecisa como si tratara de enconyores arranques para desobedecer a aquel
tra.r un pretexto para suspender su lectura.
hombre, dió la orden a la sirvienta.. Allí
¿Era verdad, pues, como lo babia dic~o
estaba el obstáculo de su vida, aparecía.
- Y tú pared.as no aceptar otra converun amigo suyo de Paria, que Baudela1re
cada cuatro o cinco años con la oportunisación que sobre modas, literatura Y poliestabs. más cerca de sus preferencias que
dad de una esquela de defunción en u na
Shakespeare? Le hubiese gustado que fuefiesta de be:idaa. Se acercó al t eléfono. Por
tica!
-Una vez hablamos más de una hora
se falsa la observación, se habria. sacrifiun momento le ocurrió llamar a. la Oficina
sobre D' Annunzio. Sbame on you !
ca.do para ello; pero esta vez el sacrificio
de Policia y deeir que allí babia un cri- Asi eramos de absurdos el mes pade contin~ar la lectura, porque era un samina.\. . . Era absurdo. Incapaz de usar
sado.
crificio para su imagina.ción ocupada. por
su voluntad en contra de su viejo amante,
Y hoy a. las siete de la noche, sola en su
otras ideas, era superior a.sus débiles fuerllama. al teléfono:
pieza, sentia durar en sus labios el beso
zas. Resuelta a no leer más, cerró el volu-Carlos, Carlos! Perdóname, hoy no
men con gran delicadeza como si preten•
de la. despedida de ayer, y en su cuerpo el
puedo esperarte; estoy casi enferma ...
cansancio que deja una emoción intensa,
diese no interrumpir la corr.i.ente de su
pensamiento. Ofrecía.o un aspecto jovial
un sueño incompleto; el mundo ofrecía la
-Nó, nó. Gracias. Necesito reposo, me
y fresco sus pensamientos este invierno;
irrealidad de las cosas cuyos contornos se
sienta
mejor el sueño. Adiós.
borran a los ojos fatigados¡ sentía en el
el curso de la vida era tranquilo y sus
Casi
se desprendió el audifono de su m,..
aire el aleteo de un pájaro enorme, y, sin
arrugas más reciente~ se habian borrado.
no
....
No
podía resistir más .. .. De nu evo
Ha.bia \·ivido siempre sola como un solcausa, aumentaba el palpitar de su coraaquel
hombre
interrumpía· su vida; m ar•
zón. En la discreta soledad de la alcoba
tero; pero no perdió nunca ese borrar fechitaba. esta primavera de su invierno,
menino por lo feo y lo doloroso . Acostumvelada, el universo le parecía inmóvH pa.•
acaso su 6ltima. primavera.
ra que ella gozara su emoción. ¡Hace
braba. decir que cuando una mujer se quiebra. una uña y no llora, ha perdido sus
cuánto tiempo su vida no le ofrecía un
Un mes después ella se hallaba en Nue•
momento igual! ¿Era posible que tuviera
mejores sentimientos, y ella los conservaba
va York. Se aburria. Era verano: el tiem•
florecientes, como en un invernadero. A
treinta y cuatro años? ¿Era. sólo un sueño?
po en que los teatros no representan mú
Como respuesta. a esta pregunta una.
los ojos de sus amigos superficiales era
que piezas ligeras y comedias de \'.\,,.ilde.
extra.vagante (¿hasta qué punto es extra•
mano llamó fuertemente a la puerta. iEl!
va.gante la. afición a los corsarios?); en rea¿Seria él? Llamaba. siempre muy quedo,
lidad era distinguida. ¿Era fea .. .. .. a los
apenas perceptible para el oido atento.
ojos de sus amigos superficiales? Su bellePero son tan autócratas los hombres cuan•
LA GALAXTERIA DEL KAIS ER
za. era rara, un poco oriental, y justificaba.
do se les ha besado una Vez, pensó ella.
las opiniones más contrarias. Tenía treinLlamaban a la puerta de su mismo cuarta y cuatro afias. ¿Treinta y cuatro años?
to · se levantó con lasitud a volver la llave
Treinta y cuatro años: la edad en que los
e; la cerra.dura. Esperaba. la figura elegante de él, y en cuanto tornó la llave una
fl,irls son excepcionales.
y ahora cerró sL1 fina edición de la comano brutal aventó la puerta y un hom·
media de Sbakesp~are para. continuar el
bre alto, recio, cubierto de polvo, con una
pensamiento que la ocupa hace días: a los
petaca en una. mano se arrojó_ bast~ el
treinta, y cuatro sfios la experiencia no ha.
centro de la pieza con grosera 1mpac1enresuelto todo . ¡Y él era tan joven para
cia.
creerle! Aquella noche él no dijo nada,
Por un momento la equivocación fué pa•
casi nada, porque ella no lo permitió, pero
ra ellR. enfadosa, molesta, después terrifueron los labios de él los que tocaron su
ble. ¡Aquél hombre ali!! Del l•go de los
boca.. Ella sabia lo que él iba a decir, tosucesos agradR.bles y delicados caia. su bardo&amp; sabemos lo que en eeos momentos se
ca a un mar de tormentas y de mon~truos.
puede decir, pero sn disgusto por lo vul-¿,Cómo te va, mucbacba?
gar la obligaba a ahorrar las escenas sen-'Bien, respondió elht secamente destimentales de siempre. pe un temperapués de un silencio.
.
mento más fria y analítico que la señora
El examinó el cuarto, ttró la petaca al
Ra.nsom -aquella.sensitiva mujer del mesuelo, y dijo:
jor cuento de Edith \Vharton- º.º podia
-Me alegro que estés bien porque q~i~¡l)esMnl'mtl ele la oliv:i {1~ Guillermo!
aceptar en un principio que un Joven se
ro una compañera feliz. Vengo a v1vu
(Del T.ife.)
mostrara enamorado de ella. Después locontigo ¿sabes?
gró conveuceree, más por el deseo de no
2

Del próximo libro "Momentos Musicales"

A Genaro Estrada.
La mar es inmensa,
pequeña es mi. barca;
pero es mia., muy mia. Remando
la llevo por sirtes calladas.
Se desliza lenta,
lenta sobre el agua,
bajo los crepúsculos
inundados de oro y de nácar.
¡Pobre navecilla
que sin rumbo marcha!
Rudas tempestades
a veces la asaltan,
pero qué más da ...
Sigue la borrasca
y mí espíritu, rema que rema,
orienta la barca,
cáscara de nuez
que entre sirtes pasa.
Atraviesa escollos,
a veces encalla
y en obscuro y hostil arrecife
se enclava,
esperando que una onda propicia
la empu~e en su alas.
Y prosigue ~u éxodo amargo,
toda solitaria,
sin brújula, sin
un astro que acaso su ruta indicara
al místico puerto,
visión encantada
donde sueña el bajel errabundo
arrojar el ancla.
La mar es inmensa,
pequeña es mi barca.

LA SOÑADA

PEREGRINOS DE LA TARDE

Para Manue l Toussaínt.

Dormido o despierto,
me encanta soñar.
Es a veces amable pucela
la que miro en mis sueños pasar.

Su alma es como un río
y bebiendo en sus aguas encantadas
nunca jamás se sacia mi deseo.

Como siempre vamos
por largos caminos,
ella pasa, adorable, cantando,
el ensueño de los peregrinos.

Sé de sus mudos y SQlemnes éxtasis,
cuando en horas de ensueño y de poesía,
su cuerpo virginal se transfigura

A veces se escapa
como mariposa
y la forma divina y alada
es como el deshojar de una rosa.

y se espiritualiza de tal modo,
que todos los sentidos y potencias
se hunden en el más hondo nirvana.
Pasan las horas silenciosas, muertas,
ante el encanto de sus misteriosos
ojos como dos lámparas vo.tivas.

Y de la cantora
la vaga silueta
se disl uye en la pálida aom bra
del crepúculo gris y violeta.

En actitud hiératica,
su mano que se eleva hacia los cielos
traza no sé qué santas bendiciones
Por las celestes vías,
cual reguero de estrellas. se columbra
de su sandalia el paso luminoso.

Yo, en la caravana,
oigo la adormida
voz del eco encitntado que pasa,
ambulante, por toda la -vida..
Y los peregrinos
la miran pasar
alegrando su triste camino
con un místico y tenue cantar.

Acaso la ví en sueños,
acaso la haya visto viva,
sin sospechar su mística presencia.

Y yo sé que sigue
por la misma vía.
Ella es la que canta y sonrie
con su hermana la MelancoHa.
la. Melancolia ....

Y su!ro en mis soñares,
al pensar que ya nunca, nunca., nunca,
traspasará el dintel de mi morada,

PEGASO

3

�politicos y pensadores, es innegable qne la tendencia alemana a\
orden implica un movimiento, no muy 1mgaz, contra la migaja. de
bienestar de los humanos. Inténtase sustituir una desgracia varia
con una- del!gracia. monótona. Constituir para los intereses mora.
les, intelectuales y materiales una. Compañía. de Seguros en q11e
la. Fé misma, que traslada los montes e incendia. e! caos, se rt&gt;par
Habla el poeta Ramón López Velarde
ta en acciones al portador. Si muchos no quieren ser accionii,tatt,
es porque les guata vivir sti. vida. No nE&gt;ga.mos las ventsjas de orMr. \Vilson, acosado por la necedad de su destino, entró tl. la ganizar el eacerdocio en Superintendencias, pero ello se nos l!nlo,
guerra el Viernes Santo ...... Como si se hubiera casado el 01a de
ja. damasiadn viá. férrea,
San Luis Gonzaga ..... . Por si no bastara ser personaje de mal gus•
Pocas horas atrás, un senador electo quedó p;entiulo cerca de mi
to, la fatalidad contribaye con sus escarnios al desprestigio estéti• en el Teatro. La primera. actriz lucia los brnzo11 desnurlos. '1'.,I
co de señalados magnates ...... Y, en suma, a nadie se le puede desnudez interesó vivamente al senador electo, que rlavó ~us ge.
imputar que fallezca en Na.,·ida.d o que nazca el 81 de diciembre. melas en la actriz y los m2-1.ntuvo c\M•ados hasta (ltte cByó .-1 lt••
1
El Kaiser, que tampoco es favorito de ninguna gra.9iosa estrelh , Ión ...... ¡Ciocuenta. minutos! ¡Ob feliz y estulto ('R1Hlor! Duitrh
cuenta. ya con un adversario digno de él. El protestantismo car• de la filosofü1. alemana ¿cómo l!e juzga.ria al Aenador electc? A mi,
na.valesco del Kaiser en pugna con el pazguato y pedestremente me colmó de dicha la obstinacióu de sus gemelos. Y estos rni~e-.
pedagógico de Wilson.
ros y deleznables motivos de dicha, los 6nicos a que racionalmeuEu los ángulos escolares, la esfera terrestre y la. celeste son en·
te podemos aspirar, se borra.rían con el triunfo de las muy seriu
biertas con fundas, extrañas a la cosmografía, para que Orión oo
y muy traecendentales y muy tiesas armas de Guillermo II.
se empolve y para que las moscas oo empañen los reverberos de
Por fortuna., éste, con todo y @\18 frenos para la. ética, no ee
Africa. Hac~ veinticinco años, una angustia ' latenLe me poseia,
aproxima a. Luis XL Y más aún, los artilleros de Verdun han ina.nte las fundas del&amp; Tierra y del Cielo. Mis maestru y mis maessinuado al Kronprinz b. duda de que el pla.neta sublunar valga
tros ignoraban que al defender de la intemperie las nebulosas hela pena de ser reforma.do. Los artilleros de Verdun, escasamente
misféricas y el hemisférico mar, ioflingíanme un&amp; desazón como
universitario!:', nos ha.o librado del tedio de la. cerveza. salmista.
una derrota, una desazón comparable sólo a la que habría expeLos hombres, amasados con lodo y con sangre, no se resignan a
rimentado si roe hubiera tocado asistir al momento en que Tartuperder su instinto multánime, en obsequio 1\ los deicidas que tiefo ta.p6 el pecho de l&gt;orina.
nen un pie en la opereta y el otro en los infiern os. De la rnngre y
El Kaiser-se ha dicho-pelea por librar de moscas y de polvo
del lodo nos consolamos con el ánima multánime, con la dispari•
los hemisferios de la moral. Contra las culturas que se califican de
dad, con el chasco, con el azar. Si con un freno o con una fund,
decadentes, el Kaiser lleva el secreto de Dios para la modestia y
nos quitaran el numen divergente, la inspirada alternativR, noa
la salud de la Creación. El Kaiser, en su impe.dimenta, guarda la
apagarian la chispa de j6bilo que nos distrae. ¿HRsta dónde al•
funda para la Tierra y para el Cielo. La obra de los siete dias ga
canza.ria. la desolación del planeta ei 1~ carne humana fuese ración
nará el aspecto de un globo cautivo, con funda de lona. No más
en vez de individualidad? Quienes sueñan toda vis. en convertir la
barbarie moscovita., no más venalidad de Inglaterra, no más antiTierra y el Cielo en esferas inmunes, relativa11'lente perfectas y reclericalismo francés. Regularidad mecánica, sensatez en la tribulativamente hieráticas, de seguro no han sentido batir sobre 110
na y en el lecho, disciplina en la conciencia y en el cinematógrafrente las ala1:1 salva.doras de lo fortuito, de lo libérrimo, de lo per·
fo. ¡Ah! Dorio a, pretenden cubrirte el pecho •..... para enamorar
sonal.
R,D{ÓN LóPJo;Z VELARDE.
a tu ama!
Mas suponiendo sincero al padre del Kronprinz, con todos sus

La

LA ACTUALIDAD

Encuesta de ttPegaso"
sobre la Guerra

-

..................................................................................................................................................................................................................................................................................
l'....................... ,,.,, ... ,.... ,..................... _ .........-·-"•-";

LOS DOS COMEDIANTES

! Hermogenigramas 1
j
de Pegaso
¡
i

:

1

t .. ,,,,,..,.,,..,., .. ,,,..,,,, •.,.,.., ... ,,..,,,,, ... _,.,.,..,,.,,,,.,,,.,.,,,,,,,,,.r

t,: ~~·:

~

están tronados!

*

•

¡.....,;;;;_¡.."\_·;:

La gu,en·a tJ.U?'Opea ejerce sui11jlt1en·
cía aún en el lenguaje c01nún y co· ·
,•ri,ente. Antaño ae decía: •La noticia
cayó como ,ina bomba• y ogaño es
frecuente leet en los periódicos: •La
bomba cayó com..o una noticia&gt;.

•

•

*

el

*

La ,•evolución de Rusia ha p1·ovocad-O transtornos de consideración.
¡ J,fi·re Ud que estropea,· la &lt;piel de
Rusia• que tiene tántas a,plicaciones

r

-.,._

r

•"'A,.,,,~'""'Guillermo y Cha.plii;i

*

E'n Alemania no cesan de hacer en·
sayos de campaña subma1·ina, con el
fin d e cont,·a,·,·eRtar el pode,·ío naval
de los aliados. Poi· eso la política ger•
1na,na nada entl'l' dos agua.&lt;i. y cada
discw·so del Káiser . ... i nadrt ent?-e
dos platos!

•

_/

,,¡ .

y la compran tan cm·a los encuader-

nadores!

*

*

*

Pareee que ha habido lamentabhs
errores de transmisión en las 1wti·
cias de revoluciones intestinas en Ale -

,nrwia .. .. Lo que hay por allá esunn
rfvolución de intestinos qne amenaza
dur al t1·aste con Guilhnno en cierto.~

establecimientos de líestfalia.

*

*

*

Son perfectamente infundados los
PEQA ■ O

•

•

•

i Mal año para los ,·eyes de l!iu,·opa! i Los que no están &amp;atronados,

*

tcmo,·es de que con motivo de la g u,
,·,•a esc,uéen los víve,·es en los Estado,
Unidos, porque 1nientras haya periO'
dicos no faltarán las papas y los b~
11•egos.

Parece inC'reíbh-, pero es cie:rto, q
la declamcwn de (J ue,·1•(, de los .Esta
dos Unido• a Ios teutones, ha influía
en &lt;nuestros mn·cadm~&gt;. Para con
vencei-se, basta i,· a la 1lfrrcetl, a Sa
Juan y a la Laqunilla. y (Je aprecia
lr&lt; dife1·encia de ralo,·&lt;' que han su
fi·ido los g itomates y los hnauzontl

•

•

•

Ya no es posible dudar de la not"
cía. i El Conde de Zep pelín . ...
ppeló!

•

•

•

Es cu1·,-oso el .fenámt'nO que se
ser'l}ll tn la pro181, de /o.'( aw~tro-hi'
ga,,·o (!ermar,o-t1l1'Co,e;: Todos haU
d1ISUS &lt;derecho8&gt; !J narlh hacf3 ·,nenci'
de s1ts &lt;1•tJt'esos&gt;.

*

*

*

De Lond,·es comunican que se 11
inusitado 1novi1nl'.ento en la cá1
de los comunes.; Hal,rán estallado a
rn.ovi1nic.ntos &lt;intestinos&gt;?

UNA VISITA A LA CASA BLANCA
Cómo viven los Presidentes de los Estados Unidos

Heva_r, habitualmente, la. prenda a que en
México llamamos saco y, a.si, puede vérsele ?~nstantemente de saco. ·sóln cuando
lo v1a1tan loa embajadores u otros altos
pe~sonajes oficiales, se le puede ver con
traJe más ceremonioso, y en las recepcione_s nocturnas, en que viste de frac. Las
m,~mas cost_umbres se observan en los
traJe_s femenmos, y tanto la ei;¡posa del
Pres1den~e como sus hijas visten los trajee
más se~c1llos, aun en las recepciones de la
alta soc1e~ad. ~a reforma de "Washington,
e~ .~a.ter1a de rnrlumentaria, paree,-¡ estar
dmg-1?a contra cierta gente advenediza. de
la Qmnta Avenida..

El humorl1A10 de

qu!~:;~:

Mr. Wllson

Jessie Wllson, la Hnda. miss
ele quien los americanos admiran el perfil griego, la
gracia secluctora y dotes artísticos.
En el retrato del centro:
Eleonor Wilson

l\frs. Wih1on
Arriba. el PL·esidente Wilson

se presta a una fotografía.
jnoto con su efiposa y sus
trl'~ hijas en uno de los
departamentos ele la Casa
Blanca.

¡'"'"·""""'"'''"'""'"'......_,,,,., .........................................

ad

j

La entrada de los fstados Unidos
¡ co■fJcto europeo, hecho tlel más alto in-~
i terésen los momentos en que escribimos!
ata _líneas, d 1n e la amena relación que~
i publicamos en Pegaso una oportunidad~
,alpitante, pues ella nos refiere, por bre· ª
j ves ?'omentos, cómo vive el poderosoª
1 f■■ctonario que acaba declarar la gue- ~
rta a les im1terios centrales, Y cuán sen-ª
dl!■mente se muestra en su vida privada~
!!1Quten parece
que . va a decidir de la pro-;ª
.
j ,ngaaón o el fm de la horrenda luchJ I
! Que conmueve el mundo.
i
5-.......... ,,, .. ,,,,, .. ,.... ,, ... ,,... ,, ...... ,.,,,,.,,,,,,,,,.,,.. ,,,.,.,,, ..

i
i

1

,,J

Va.mas a la residencia del Presidente

de loa Estados Unidos de América vamos
1

~nocer la Casa Blanca. Del C;pitolio
llieuto_ de a:ibasC4ma.ras, a la Casa Blan~
ca, residencia _presidencial, la agradable
~ nd a ~ue segmmos está bordeada de un
Jarclin rnglés, cerca del cual corre mansa~nte el ri? Potomac. El aire de esta. mae a. de primavera. e_s muy puro; el prado
Dlana una. frescura. rncompa.rable.
nePero he a.qui qne nuestro auto se detieque sobre_ el fondo verde de la prak, . ' l-:1ªª am pha construcción con pórti•
~mco d_e una _pureza inmaculada, se
B ca de improviso. Estamos en Ja. Ca11 la.nea.

4e'rf.

En la entra•
da, ni la sombra
de un conserje.
Toma.moa una
gran a.venida y llegamos fácilm,ente a. la
puerta de la derecha, que está ahie t
Aqu_i encotramos lacayos bencillame~:~
~est1dos de negro, que se enteran del oh •
Jeto d_e nuestra visita.. Ya hemos sido
anunmados, pero es necesario esperar un
rat,o. En un banco, venerables ancianos
hacen antesala. Nos dicen que son algu•
nos veteranos
de la guerra. de Secea1.6n,
.
qu~ vienen a prestar sus respetos M
W1lson.
r.

Cuestiones
de '.protocolo

Poco después nos informamos con un
amable secretario de los usos y costum•
bree _de la casa. El protocolo es de los más
senmllos:
· ·
- . . en Estados Unidos ea un v1eJo
prmcip10 que )a residencia del Presidente
debe ser también la de todos los ciad d
nos de la U_nión. Y a pesar de eªat~,
Woodrow W1lson ha querido simpli 6car
a_un m~s el protocolo. Demócrata, ha que
r1do diferenciarse de sus antecesoree
Roosevelt ers. apasionado por el bombo j
daba algunas fiestas, y en cuanto a Taft
se preocupaba por presentar una buen~
mesa y por recibir invitados elegantes El
Pres~dente Wilson quiere conservarla ~isma_ hbe:ta.d de acción de que gozaba en la
Universidad de Princeton O en el gobituno
de New Jersey. Por nada renunciará. a
PIEGAao

P~~:

gnntart1iescierd
f
to que el agqa
8 1a. uente es la 6oica bebida qne ofre~e
en la mesa y en las recepciones de la Casa Blanca. ¡E10 es 1'1.na fábula!, rne dice
el amable secretar!º· Con11ecuente cr,n sus
pa_labras, el Presidente no abrig-a. l:!entim1entos extremosos, y no desdffil\. contar
uno de es?~ cuentos de borracho-1 qne hacen la dehcia_de los pueblos anglo-:,111jones.
He _aqui el dtscureo que pronunrió en la
Sociedad Meridional de Nueva York en
la. cual se le festejaba. por su elecr.ió;1 al
alto puesto que ocupa:
.No me arrojéis a la cabf'za semf'jantes
titules. S~ continu'-is ft.BÍ, haréis qne pierda ?1 sentido de 1&amp; identidad. y nada. mh
peligroso. Escuchad est-st historia de ¡0
que paso el otro día a un estimab!f' CH.httller?- Habí~ org9:nizaclo en compañía. de
va.nos de ~n1s_am1goa. una partirla de pt&gt;S·
ca. en terntor:i? ca!1adien~e. El calor Apretaba y comet10 la imprndencia. de querer
rer:escarse con ese whiskey qne le llaman
wbtskey del Descnartizarlor. Ya sabéis
que el que lo ha 1,ehirlo le E'!ntran gan11s
de echar abajo un arhol. Mi amigo, qne

El Presidente Wilson juega al golf.
6

�Wilson odia el protocolo: casi siempre
viste de saco.
habia digerido una gran cantidad del peligroso whiskey Descuartizador, al llegar
a la estación, en lugar de tomar el tren
del Sur toma el del Norte. Sus compañeros se enteraron de la equivocacióu hasta
que ésta estuvo consumada y telegrafiaroa inmediatamente al jefe del tren del
Norte, lo siguiente: nRegresad prontamen1e hacia el Sur a uno de los viajeros, un
hombrecito llamado Johnson. Señas particulares: está un poco borracho,). Poco
después recibían la siguiente respuesta:
uSe nec'3sitan detalles complementarios.
Van en el tren del Norte trece viajeros
que no conocen su nombre ni BU destinan.
Ahora,; yo creo que vuestras palabras
a.lhagadoras no ejercerán en mi la influencia del whiskey del Descuartiza.dar. V u estro Presidente cree saber cuál es mi destino y estoy segurq, al menos, de que no
he olvidado mi nombre)1.
Nos translada•
La familia del
moa a un gran
salón de espera.,
Presidente.
adornado con los'
retratos de la mayor parte de los Presidentes de los Estados Unidos. Por la ventana,,
admiramos el bello parque en donde ~e
encuentran plantas de todos las países y
&amp;un de los trópicos. Y he aquí que .ep el
patio se ha instalado un juego de tennis.
6

Son las hijas del Presidente que se apres ..
tan a jugar su partida cotidiana, en com•
pañia de algunas amigas. Lg,s tres señoritas Wilson :r,ienen el mismo temperamento de artistas. Margarita, la mayor, hace
las delicias de los salones ó.e Nueva York,
con su voz de soprano. La más joven, Leonor, estudió pintura en la Academia de
Filadelfia. Jessie es la belleza de lafamilia:
tiene un admirable perfil griego y hermosos ojos llenos de lumbre. Sns aspiraciones
son las de llevar al extranjero, eu calidad
de misionera, la evángelica palabra de la.
Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes'.,
Pero ha renunciado a su proyecto: ama
demasiado a su pais para desterrarse, y le
gusta mucho el baile, para ser misi onera.
. Las tres señoritas practican casi todos los
deportes: el tenois, el golf, las caminatas,
la natación, la equitación ...... se interesan
apasionadamente por las luchas politicas
y han conr.ribui.do, con su grano de arena,
a la elección de su padre. Aun se asegura
que Leonor es una ardiente sufragista.
Más he aqni
que
somos introMano a mano con
ducidos al de~paMr. Wllson.
che del Presiden~
te. Nos da la bienvenida y se excusa de
que el trabajo que lo absorve nos haya hecho esperarle un poco. Mr. Woodrow Witson P,S de una ta.lla mediana, no tiene el
aspecto de luchador de Roosevelt o de Taft,
pero no carece de solidez y energia. Iamediatamente nos produce !a impresión de
un hombre perfectamente equilibrado, un
intelectual en el que el cerebro no le pide
ayuda al cuerpo, un hombre de acción
que nunca se olvida de reflexionar. El color es rojizo, un poco rudo, lo que nos indica una ascendencia americana &lt;lema•
siada antigua. Como es sabido, una ley
etnológica quiere que en los yankees rea.
parezcan, en un plazo no muy b1rga, los
trazad caracteristicos del piel roja. Una
frente alta, un sólido mentón escocés, una
boca de dibujo firme, una mirada a la vez
dulce y penetrante completan su fisonomía. Si a primera vista el hombre parece
un poco tieso y amanerado, más es por
cierto espíritu 'de timidez que poi- afectación.
Mr. Wilson pertenece a la élite de su
país. Me basta para creerlo haber contemplado un momento Bu frente sobre la
-cual se refleja una inteligencia clara, la
poderosa voluntad que denuncia eé:ta barba cuadrada y el orden perfecto, meticu-

loso, qile reina en este escritorio, par&amp;
comprender cómo este hombre se ha en.
cumbrado fácilmente al primer puest,o de
su país. Hemos visto intranquilos y agitados, en otras ocasiones, a Taft y &amp;
Roosevelt: pero Wilson nos parece, más
que ningún otro, the rightrnan inthe righl
place.

Wilson es de una vasta y bien fundamentada cultura. Sus poetas habituales soo
Sbakespeare y Wordsworth y admira apa.
sionadamente a :Montesquieu. Frecuentemente lee a Bergson a quien considera
como uno de los grandes filósofos idealistas.
Claramente nos dimos cuenta de que la
personalidad del Presidente Wilson es su.
mamante popular en los Estados Uoidos.
No es la suya una de esas popularidades
exterioros como la de Mr. Roosevelt. por
ejemplo. El demócrata Wilson no es un
demagogo. Los americano8 le llaman el
"Presidente literario," porque, como se
sabe, el autiguo profesor de Princeton ha
escrito una decena de obras de historia y
de economía política. "Intelectualmente
es un gigante, ',1 se dice de él en algnnos
magazines. ''No tanto-nos decía una en•
cantadora rniss- no tanto: pero si. creo
que nosotros también tenemos nuestro
Poincaré"
Tal es, en rápida visión, el hombre que
ac:aba de lanzar a la más grande de las gue•
rras, uno de los más poderosos pueblos de
la tierra. Sobre este personaje, que juega
al golf, que se deleita en contar a. sus
amigos cuentos chistosos y que odia el
protocolo, pesan en estos momentos las
más graves responsabilidades históricas,
Pero se ha puesto del lado de la buena. causa y no está,lejano el di.a en que , restaña•
das las heridas de su pueblo, vuelva tran·
quilamente a su labores habituales de la
Casa Blanca, desde una de cuyas ventanas
vimos a Margarita, a Leonor v a Jessie
lanzar la ligera pelota del Lawn Tennis.

.,
- =-""l":.'t'

Damas arnel'icana s ejcrcitáudose pal·a tamal' parte activa en la pl'óxima campaña.

Los Estados Unidos se disponen a pe
lear Mn Alemania. Cuba, Panamá y San.
to Domingo siguen el ejemplo del Coloso
del Norte. Tales o cuales consideraciones
obligarán pronto a otros países a deseo vainar la espada. En esta gigantesca guerra
ª? qu~ dos civilizaciones se disputan la
d1recc1ón del mundo, es angustioso el papel de los neutrales: parece que tarde o
temprano la combustión alcanzará. hasta
a los más indiferentes si puede haber quien
contemple con indiferencia el inmenso
crisol en que el siglo XX está fundiendo
una humanidad nueva.

Los meJores escritores
de México colaboran en

"PEGASO"
En cada número, artículos inéditos

El Presidente Wilson en su clespacho de la Casa Blanca.

·.'.9' ·. 'e

...-.

Sólt1ado de infautería de los E.

u.

S_ospechada ya, ladecieión del Presidente Wilson ha eausad_o sorpresa; porque el
modesto Profesor de Princeton no es hom~
bre 9ue deja ad~vinar .fáci11!3ente su pensanu~nto y nadie, qmzá m su Ministro
La~sm~, tan .lleno de su espíritu, podria
decir, s•~ pehgro de equivocarse, el acto
que ~egmrá a una de esas horas en que el
Presidente norteamericano, preocupado
por alguna de las graves cuestiones qua se
le van presentando, medita en el fondo de
su gabinete de ,trabajo.
Son, a este respecte,, exactas las aiguien.
tes apreciaciones qae acerca del prócer
yanqui publica un colega de París:
11Cuando la: Historia juzgue a Mr. Wils?~ recordará que este indeciso mostró dec1s1ón cuando se trató de expulsar a un
e11;1~ajador de Austria y a dos attachés
~1htares alemanes y que de igual energia
d1ó pruebas al expulsar poco después al
mismo embajador de Alemania.
Esta decisión fué tomada instantáneamente al recibirse en Washington la nota
alemana. Para ello no pidió el Presidente
ningún consejo. La responsabilidad y el
honor de aquel acto histórico le corresponden únicamente a él.
Igual cosa pasó después con la ruptura..
El día 2 de febrero a las 5 de la ta.rde
t&gt;l Presidente Wilson salió bruscament;
d~ la. Casa Blanca y se dirigió a pie al Cap1toho, a la oficina en que da audiencia a
senadores y diputados. Quedaban todavia
a aquella hora algunos senad01es en el
edificio y les mandó decir que deseaba hablar con ellos. ~s senadores acudieron y
hallaron al Presidente, grM•e y taciturno.
-Deseo, les dijo, que cada uno de ustedes me dé su opinión y me indique qué
s9lución le parece mejor.
La expresión de este deseo era únicamente una manifestación de la concienc-ia del Presidente. La constitución conc-ede a.l Senado americano poderes bastante grandes en materia de política exterior
y convenía, antes de tomar un camino que
podría llevarle a la guerra, convencerse
rl~ que el Senado !o aprobaria y seguiría.
Nrnguna palabra se escapó de sus 1abios
q~e pudiera indicar lo que pensaba. No
h1.z? nmguna objeción, ninguna sugestión.
V1s1blemente atento, escuchó las súplicas
vehemen~es de los senadores del Este que
le aconsejaban romper con Alemania· las
frases de los senadores del Sur que r~comendaban la paciencia, y las quejas de los
del Oeste, que viviendo en las costaa del

Pt.GA::,O

PEGASO

Pacífico·, .consideraban la pérdida de buques americanos en el Atlántico como el
~ás bala~i de los hechos. S6pl~cas, .conseJos, que1as: todo lo oyó sin que un solo
músculo de su rostro se moviera y cuando
la reunión concluyó, regresó ' a la Casa
Blanca a reeler el mensaje de ruptui-l\ que
babi.a redactado veinticuatro horas antes
sin consultar a nadie, y al cual no le cam:
1
•
bió dos palabras.
Al dia siguiente leyó en el Congreso est~ mensaie en que cada frase erala expresión exacta de su pensamiento en que cada decisión era el resultado de ~u voluntad
y en qu.e hasta los caracteres habían sido
IT?presos por sus propios dedos en sU propia máquina de escribir.
Una aclamación entusiasta1 continua
-la aclamación de un pueblo de cien mi:
llones d~. hombres librea- le respondi6
cuando d1Jo, en aquella sesión solemne:

Soldado de infant ería de marina
de los E. U.
7

�l
Josephus Dauiels, Secretado de Marina

He dado 6rdene al Secretario de Estado
para que declare a su Excelencia. rl]i}m,bojador de Alemania que toda8 lns relaciones di·
plomáticas entre los Estados Unidos y Alemania han quedado rotas ..... .
El Presidente \Vilson ohra, efectivamente, con una independencia rletrnsada en
los conductores de democracias. Se ad
vierte en él la seguridad que dan la a.pre·
ciación clar11 de los sucesos y el conocimiento profundo de su pueblo. Tiene la
certeza. de que !e seguhán. Los pequeñoR·
obstáculos que encuf'ntra. en 'i'll camino
0

Robert La.nsing, Secretario de Estado de E. U.
:Min isterio de la Guerra, de poner sobre
hu~ it.rmas a cuatro miJ.lones de hombres.
Y no sólo los varones se alistan para la
vida. militar: siguiendo el ejemplo de las
beroicas mujeres francesas e inglesas, que
en Europa comparten con lós hombres el
peso de la guerra, trabajando en las fábri·
cae y en los campos, mientras aquéllos
rechazan en combates homéricos la inva.sión, las damas nort-eamericanas acuden
a milhnes a recibir instrucción para a.yu
&lt;lar eficazmente al ejército cmmdo las necesidades de la camp0ña lo requierat.J.

Los franceses se divierten en las trincheras modelando en madera
las cabezas de los reyes.
86lo sirven para bacer resaltar más el vi•
gor de su volición.

***

Aunque los Estados Unidos no estén
preparados materialmente para entr.... r en
una contienda de tanta gravedl\d, llevarán
a ella un contingente de fuerzas capaz de
apresurar favorablemente para los aliados
de la Entente el término del conflicto.
Hace tiempo que el espíritu bélico que
improvisó los gigantescos ejércitos de Grant
y Lee sopla en la República Norteamerioa, despertando el dormido instinto gue•
rrero, y dispuesta así la nación, entrará
rápida y fácilmente en la vía de los grao•
des esfuerzos militareij. Se hablaba al prin•
cipio de aumentar el ejército a medía mi•
llón de plazas y más tarde se hizo aseen·
der este número a un millón doscientas
mil: hoy se trata, según los planes del
8

En los campamentos que para el caso se
han establecido-donde las mujeres se ha•
llan sometidas a un régimen estrictamente militar cualquiera que sea la clase social
a que pertenezcan-se les hace conocer la
telegrafía sin hilos, se les enseñan los diversos sbtemas de señales empleados en
la guerra, a vendar a los heridos, a prepa•
rar alimentos para los enfermos; alternando e:ita educación, esencialmente práctica,
con conferencias en que se les inculca el
amor a la patria y la necesidad de sacrifi•
c·arlo todo por ella.

Newton D. Baker, Secretario de- Guerra.
dído basta la fecha desalojar de ella a loa
alemanes, aferrados tenazmente a la po•
sición.
Los germanos han intentado en otros
lugares de la línea francesa algunos golpes
de mano; pero hao sido duramente escarmentados. PMa vengarse bao bombardea·
do nuevamente a Reims. Es todavía, con
sus edificios destrozados, con su catedral
lacrada por la metralla, la pesadilla de la
barbarie.
El acontecimiento más resonante de la
semana ha sido el triunfo aplastante que
los aliados han conseguido entre Arras y
Leos. En un tremendo esfuerzo, en que
se distinguió principalmente el elemento
canadense que existe en la linea de bat,a•
lla, ingleses y franceses sacaron a sus adversarios de los atrincheramientos que
ocupaban eu una extensión de quince kilón.l.etros No fue esto una retirada est,atégica: los alemanes dejaron en poder del
enemigo muctios cañones, muchas ame·
tralladoras y más de quince mil prisio•
neros.
El movimiento ofensivo continúa con
igual vigor y pronto se extenderá a otras
partes del frente.
Tal parece indicarlo la llegada del gene•
ral Foch a la Champafia, región que según
los peritos militares se presta más que las
otr~s para el desarrollo de una ofensiva ea
gran escala.
Foch es tenido en Francia como el eol•
·rla.do más apto para dirigir un vasto mo•
vimiento de carácter ofensivo y su presencia en la Champaña hace creer que se
preparan allí grandes sucesos.

mariscal Hoetzendorff fue separado de su
cargo de Jefe del Estado Mayor austriaco
ae ha hablado de una probable ofensiva
en Italia, semejante a la que se llevó a ca:
bo hace tiempo y que fracasó en Posina
Astago y Arsiero. Hoetzendorff e s u ~
italófobo furibundo y conoce palmo a palmo una de las regiones más vulnerables
de la frontera italiana. Cuando fue sepa·
rado se le significó que pronto se le coafiaria una misión importante, y esto v lH.
11,parición de Falkenabyn en Innsbr~Ck y
las ralabras atribuid1ts al héroe alemán:
a la destrucci6n de Rumcmia seguirá la de
llalia-parecen confirmar la especie.
Salvo la concentración de· foerzas bávaru en Innsbruck, n1tda. se ha hecho sin
P:rnbargo que indiq11e la adopción de se•
mejan~e pl~n po: el alto mando germano.
La. mv8:s16? v10lenta de Italia y la dest-rucc1ón stqmera _sea parcial de los ejérci·
r, 1s de Ca.dorna, eJercería sobre los alia.dos
110 efecbo moral capaz
de tentar a los
l.'eocedores d~ Ruma.nia; pero la em¡&gt;resa ofrece d16c11lta&lt;lea muy serias parit
qne Alemania no las pese mucho :l ntes
de emprenderla. Los italianos no estnfan
ya 1mlos en el momento aflictivo en que
Austria y Alema.niit a.Troj aran sobre ella to·
do el pese. de sus reservas; gracias a los conti_ngentes inglesf's que ocupan ya en Fran·
c,a una linea de doscientos kilómetros loifranceses pueden di~poner de gran par&amp;e
de las tropas veteranas que antes e@tahan
en el frente y a la aparición de las mat-1&gt;1.s
enemigas en la península italiirnR. segoirfa
l&gt;1. de un ejército francés por el flanco.

(Del

11

Mercu1·io" de ).'rueva rork)

de.?atrozivlos y de~figuratlos por lil. metralla
dt&gt; los shrapnelis.
Pienso también en las pobres madres
q11e e!:!.perarán en vano el regreso de ellos
y que ya no los verán más que en atroc~s
pesa.dillas.
Y por repentino arrebato llevado, hu•
yendo de estos ca{npos de carnicJ:&gt;.ría., mi
pensamiento va a la bella capital, donde
1,,,i hombres que han asumido la pesada'
1·,ng-1\. de salvar 11. la patria dictan en este
111nmento sns órdenes, sin tener en cuenta
,.¡ lil.s tropas están o nó en estado de ejee ttarlas; esas órdenes en las cuales se uos

c...A propósito de la retirada alemana.
'L'radncción pa1·a Peqaso
por Fra-ncisco Verdugo }'álqnez.
Tuda la. tarde hemos estado en contacto
con el eoemigo. T1tnto de una parte co•
mo de la. otra, nos sentimos agotad~s y
hacia las ocho de la. noche se me ord~na
establecer la vigilancia del norte de la ciudad, ~n una quinta., a ochocientos metros
iiel vivac. sobre el camino, en un lugar
Jlamado (,La Fontaine)).
Por costum~r~ establecida, el Mayor nos
guia a los com1s10na.dos de guardia bRcia.
u_n punt~ que nadie conoce, porqne, alba.t~rse el PJército en retirada, se ha IIPgado
siempre al término siempre de noche. En
un momP1lto dado el jefe se detiene, y h0.

•*•

•

PEGASO

A cada cual la suya ..

De relatos de la guerra por el Gral.
Bruneau-1870.-71.

Los criticas militares siguen haciendo
pronósticos sobre los futuros planes del
mariscal von Hindenburg. Desde que el

iA~rieta con la neutralidad!
(Del "A. B. O." de Madrid)

*

*
establecí mis *reservas
en la quinta
misma. y me cubrí por una linea de do.
bifS centinelas que logré poner en relación
con los de la compañía vecin~.
La noche era en extremo clara a tal
punto, que yo podi11. percibir a. poco~ cientos de metros, la. línea de los centinelas
prusianos y podía distinguir cla.ramente a
mi colega alemán, el herr hauptmann, Qllt:l
ha.cía su deber de aquel lado como yo ha•
cía P.l mfo, de éste.
'
¡Y, cosa singular! Jamás, en isemejantf's
circun·t1rncir1s, hemos rlisp:i:rado los unos
sr)bre los otros. Se veía, siu embargo tan
hien como en pleno dia, pero cada s~lda&lt;lo debía hacerRe in petto este juicim10 razonamiento: Hemos marchado todo el día
y nos hemos ba.tido como bravos, por lo
qne ahora tenemos derecho a un poco de
de@canso. Si nosotros disparamos sobre el
enemigo, éste, de seguro que nos contestará., y el combate será reauudado en detrimento de unestras horas de sue'no, que
n_os son tan indispensables para poder con•
tm11ar con nuestro oficio m~fü•na
Terminada mi inspec~ión, vnei"vo 11. la
quinta, donde me encuentro a un snhte•
niente en conversación"'con un pobre dia•
'!fo

LA REVANCHA

* *

Miéntras la sangre continúS. corriendo
en Francia.
Se han trabado algunos combates de relativa importancia en torno de Saint Quentin, cuya plaza asedian cada día más estrechamente el ejército inglés por el Norte,
y el francés por el Sur, sin que hayan po-

ciendo un.gesto vago, se reduce a decirnos:
Vigilaréis por ahi.
En segnida se va con las otras compañías y no se le ve más.

Lo que hay que hacer ....
(Del Lije)

Los trnno:c. trepidan.
(Del

blo ~e · corncero. ¿Qué significaba la pre·
senma de aquel hombre en aquella hora?
Lo_ pregunto y obtengo la respuesta: es un
primo suyo. Sabiendo que él era 1-mbte•
niente en el primero de zuavos en marcha, se ha informado y se le h~ unido en
la avanzada. El pobre hombre se muere
de hambre, y como nosotro@ hemos encontrado algunae provü1ioues en la quinta, le im·ito a participar de nuestra cena,
que de!oramos de prisa, pues he preveui.
do a m1 camarada que yo ·velaré la primera mitad de la noche y él me re"em plaza.rá a las tres de la mañana.
En esta inteligencia, ellos do.e se extienden. sobre un montón de paja., y un ins•
tai;ite después están profundamente dar•
midas.
Yo velo, y p&amp;ra no sucumbir al smño
me decido a dar algunos pasos frente a 1~
granja, donde, echada sobre el heno desC&lt;'l.llSíl. también mi reserva. El frío ~e in.
tenso y necesito caminar constantemente
para no ceder ai entorpecimiento.
Mela~cólica.mente pienso en mi capitán
y en mis pobres soldado!! que allí abajo
más allá de la linea sombría de los gran:
des árboles, hacen ellos también su última
guardia .. Loii veo extendidos, rígidos en
su. suda.no _de ~ieve, - los grandes ojos
abiertos al cielo 1mP.lacable, y c•freciendo
en holocausto al DioR irritado que hiere
tan cruelmente a la Francia, sus cuerpos
PEGASO

''Lije'')

reprocha de huir buscando al heroico
Oucrot para reuoírnosle ((a través de un
océitno rie enemigos», y no conociendo el
espíritu del ejército, se le hafüa un extra•
fi.,1 lengnaje, levantando el patriotismo de
ei:itas poblaciones que se burlan de nuestra.
miseria.

Y entonces yo evoco, en oposición la
\•isión &lt;le los grandei,; abuelos, de los rePre•
sentantes del pueblo en los ejércitos, que
acompañando a las tropas, las inflamaban
c\,n sus arengas, proveí ...n a todas sus
necesidades, y ceñida la escarapela trico•
lor, el scimbrero de plumas a la altura de
Lt punta de su espada, marchaban a la
C&gt;t.beza de las columnRs y tomaban por
a.iólll,lto la-, trincheras.
Después, a.rrancándome a este sueño,
paseo mis miradas al rededor. La miste.
riosft cl.aridad de la luna presta a los objetos fl,leJados formas fantásticas, y bajo la
espesa capa de escarcha, desde los troncos
hs.stst las ramas, aparecen los árboles CO·
mo f{',ntasmas viBtiendo su sudario.
En la vasta llanura, envuelta toda en
n_na luz azulada, reina un silencio impres1on11.nte, turbado sólo, a intervalos regulares, por e} grito de algón ave nocturna
que parece.llorar a los muerto~.
De tiempo ell tiempo, una escala de
tnses c·orrl}_ 4e _µn extremo al otro de la
línea de mis centinelas, y de repente co•
mo un eco, oigo a. mis espaldas a mi' des9

�eorno por las composiciones literaria.a lef.
das. Don Julio Zárate leyó el iniorme del
Director Don José María Vigil, quien no
pudo hacerlo por hallarse enfermo a cau.
sa de la fatigosa tarea que se impuso para
poder presentar arreglada la Bibloteca el
dfa de su inauguración.
Estns datos los tomo de la obra. de Don
Luis Gonz,Uez Obregón, editada en Mé1ico en 1910. Dice el ilustre et1critor: «El
edificio, &amp;quel dia. inaugurado, pre~entaba
un aspecto hermoso e imponente». Afia.
de una descripción muy amplia del hPrmoso recinto en el que dPsC'ribe detallndamente toda la partP onrnmental del Pata.
blecimiento. Las e~tatuas colorf!da@ en el
amplio fltrio, eon hustm¡ qufl rfprPsf'nt.an
a los más altos escritorPs que ha habido
entre nosotros. Tanto éstas como las del
interior del recinto son de dudoso gusto
artfatico. Ultimamente, luce Js. efi~de de
mármol, del ilustre barón de Hu:nboldt,
obsequio de la colonia alemana, ·con motivo de las fiestas del centenario de la lnde.
pendencia.
Sigo copiando del Sr. Don José Maria

graciado ayudante 1 cuyo pecho resuena,
ronco, eomo un tambor.

•*•

Como a las dos de la mañana me decido
a hacer una ronda, a fin de asegurarme
de qu~ ningunJ de los centinelas duerme.
Camino lentamente, deteniéndome de
cuando en cuando para dar la palabra y
oboervlt.r al enemigo, donde la punta brillante de sus pickelhauben parece enredarde por instantes en un hilo tle luna. Repentina.mente llama mi atencióo uu grupo
de dos zua.vos, uno de los cuales a.p&gt;1reí'e
recostlldo coutrH. un árbol, mientra!:I qne
u con1p11ñero enr-ué11tra.t-e extendido
11
sus pié1:1. SurpreuJidu de no uir el
¡quién viv~!, me aproximo primero al
que duerme, Slt.~udiéndole fuertemente,
y qui6n, al rec0uocnme, se incorpora,
aterrado, implorando mi pndón. Después
mitrcbo sohre el otro que continúa. mudo,
y tomáudolo por el brazo, le digo a media
voz con irritado tono.
-¿Por qué no me habéis marcado el
alto?
Ninguna respuesta.
-Dormit! vos también!-Y al mismo
tiempo lo sacudo vigorosamente.
Como un madero colocado en equilibrio
contra el mnro y que acaba por caer, as'í
aquel hombre, a mi contacto, se desploma
de nna sola pieza, con ruido sordo
Y o retrocedo espantado: la ·
muP.rte ha hecho su obra!
Me dirijo a la caseta central
para hacer el correspondiente reemplazo, y al llegar, veo a un
z11avo que había ido a la població11 por agua para hacer su café,
y quien, todo trastornado, me
da la noticia de que el lugar ha
&amp;ido evacuado.
Los fuegos del vivac divísanse
todavía encendidos, y el regiEl
miento, sin embargo, ha partido,
sin que se hubiera pensado en
prevenirmelo. Mando entonces verificar
si a mi derecha la compañía de la guardia
vecina continúa en su puesto, y me cercioro de que ya no hay alli nadie. Más
afortunados que yo, ellos habían sido oportunamente advertidos; y yo he quedado
solo, enfrente de toda la.linea de las avanzadas alemanas, que, rendidas ellas también por la fatiga, no se han apercibido de
nada.
¡ Adiós las horas de sueño reparador que
me había prometido!
Era necesario despejar lo más pronto
posible. Despierto a mi camarada y lo·pongo rápidamente al corriente de la situación, mientras que mi sargento va a prevenir, sucesivameDte y con la mayor precaución, a todos los centinelas, despué~
de haber dado la voz de alerta a la reserva.
A una señal convenida toda la linea
c:onverge sobre la quinta y algunos minutos después tomamos el camino.
El movimiento ejecutado sobre el euelo
cubierto de nieve, se opera en el mayor

Vigil:

jefe t1e las

milicias en los Yosgos.

i:.ilencio, y no es sino basta apuntar el dia
que los alemanes ee percatan de que han
perdido una bella ocasión de capturar una
compañía entera.
Marcho todo el resto de· la noche, y como a las siete de la mañana, me siento
feliz al unirme con la retaguardia de mi
regimiento cuya cabeza entraba en ese
momento a Orleans.
En el sño de
gracia de 1884,
el 2 de abril,
aniversario de
la. towade Puebla por el Sr. General Don Porfirio Díaz,
el General Don Manuel González, entonces
Presidente de la Repóblica,, inauguró solemnemente la hoy célebre Biblioteca Nacional de México.
El programa a que se sujetó la ceremonia de inauguración fué variado y ameno
tanto por las piezas musicales ejecutadas,
El aniversario e inauguración de la Biblioteca Nacional

Submarino americano vigilando la costa de Nueva. York.
PEGASO

11Una primorosa reja de fierro-diceda entradR. al hermoso vestibulo, enlosado de mármol de colores y cerrado por la
bóveda del antiguo coro, que sostienen de
nno y otro lado die~ elegantes columnas.
Frente a la. reja se abre una puerta de cedro y caoba, artísticamente labrada, que
conduce al salón principal, extensa nave
de unos cincuenta y un metros de longitud por trece de Jatitud y treinta y cínco
de altura. Doce elevadas columnas distribuidas de uno y otro lado sostienen los arcos &lt;le las bóvedas ligándose aquellu por
un doble friso de piedra, que completa el
adorno arquitectónico. En los intercolumnios Je la altura de siete metros y medio,
se abren loa arcos de las antiguas capiUu
que formaban dos naves laterales y que
hoy 1 comunicadas ente si por la parte interior, constituyen otras tantas ga.leriu,
compuestas de ocho pequeños departamentos de techos más bajos y que terminan en los cruceros11.
Continúa el señor Vigil explayándose
en la descripción de la parte que pudiéra•
mos lla01ar material del establecimiento,
Lo hace con unción, con veneración, con
recogimiento; pero todas estas cosas aumentan de punto cuando se trata de lo que
pudiéramoc1 llamar Alma de la Biblioteca.
A ella consagró el señor Vigil toda su
Yida con una tenacidad y una inteligencia admirables. Cuenta el st:ñor González
Obregón que la exploración detenida. y
minu~iosa, en que demostró el señor Vi•
gil IM paciente cualidad del bibliotecario
;1siduo y ordenado, es labor digna de la
mayor alabanza, pues a la vez que fué ta•
reR rnda y material, le acarreó dos o tres
enfermedades que le pusieron al borde del
sepulcro.
En la rebusca de volúmenes, a fin de
completar ohras, en la' clasificación general qne se hizo al principio, numerando el
asunto, cada uno de los tornos que se iban
desempacando y colocando sobre mesas
improvisada~ con bancos y tablas, y en la
distribución pooterior con objeto de agru•
parios libros de una misma materia en loa
respectivos lugares que se les babia destinado para insta]S1.rlo1:1, ~ecnndó con toda
l'l,Ctividad e inteli¡rencia al señor Vigil, el
Sr. Don fosé Maria de Agreda y Sánchez,
d!stingnidisimo bibliQfilo mexicano y sub•
director de la Biblioteca Nacional».
Actualmente el establecimiento ha sufrido por varias vicisitudes a causa natural•
mente del estado anómalo por que atrave•
samos.
MANUEL DE LA PARRA,.

MANUEL o. MORENTE: LA FILOSOFiA DE liENRI BERG•
sos.-Piibtictteione/$ de la Residencia de Estudiantes.-Madrid 1
1917.-Acaba de publicar el señor Morente un estudio sobre la
filosofía del conocido pensador
francés Henri Bergson. Son tres
conferencias, acompañadas del
discurso que pronunció el filósofo
en la sala de la Reeidencia, el año
pasado en su viaje a Madrid. El
discurso ea tan elegante como
cualquier página suya, y tan
amable como cualqnier discurso
francés. La exposición del señor
Morente, afquien ya:conocíamos
por una correcta traducción de la
Oritica del ju1cío, es clara y bien
arrt&gt;glada. Berg1:1on es de los :filóHENnY GEAG!::ON
sofoe que pierden mucho en resúmene1:1; pertenece a la casta &lt;le loti fi!ó1:1cfo1:1 literarios, en quienes
es un cbmún denominador para tudos los argumentos la fuerza del
estilo, el modo de decir las co~as. En Bargson la exposición no es
inmediata y repentina, como en ciertos filósofos matemáticos: en
él se dice una proposición, se desarrolla y se repite, y el proceeo
del convencimiento es como el repasar de un lapiz sobre la miema
linea hasta dejarla negra. Hay en el argumento bergsoniano un
poco de sugestión, imita la corriente del propio espíritu cuando
vuelve sobre si mismo, y por descubrimientos minúsculos y progresivos, alcanza el juicio que en un principio, totalmente, babia rechaza.do. Pero el señor Moren te ha logrado algo de esto en· su
libro. ¿Tengo que decir que a pesar de todo en el caso de Bergson
es más dificil pasarla sin sus libros que en el caso de 0tros filósofos? Por experiencia lo sabemos. En el momento de leer el estudio
del señor Morente. no conociamos Materia y memoria; lo hemos
leido después. Es inútil decir que este común denominador de los
argumentos bergsonianos-su estilo-es indispensable en ciertas
partes, sobre todo en aquellas donde es el único argumento.
El libro no juzga la obra del filósofo francés, y no ciilifica 1!'11
pensamiento sino con adjetivos accidentales: nuevo y valiente.
Bergson es, en Francia misma, un pensador discutible; en su pa•
tria se le ha llamado Hegel con mezclas de Plotino, y en su patria
también se ha escrito: uEmile Boutronx, el primer filósofo francés
de ahora . ..... n Taylor, Carr, Stewart, en Inglaterra, discuten sut:i
mejores argumentos; acaso en Alemania los libros que en defen~a
I del determinismo fueron publicados después de los Datos Inmediatos
de la Concie.nci,a, tan citado sin embargo por Rudolf Eucken. le
den menos Importancia de la que tiene. La. originalidad del filósofo ha sufrido serios ataques; principalmente la Risa, en donde
hay rastros de Schopenbauer, de Richter y aun de Bernard Shaw.
¿No es rebelde la filosofía de Bergson a una exposición discursiva? ¿No al transladarla de vaso en vaso se pierde esta gota pre•
ciosa y rara que es la intuición de la conciencia? Si nosotros que
vemos la rosa destruimos su esencia inefable nombrándola. (recordad las últimas páginas del Ensayo) ¿quien no la ve, puede siquiera
nombrarla? La exposición del señor Moren te es reprochable en un
punto: ha cambiado algunos ejemplos (en la página 80, por ejemplo). La originalidad de un Ejemplo es banal, y luego los nuevos
1cjemplos no ofrecen ventajas sobre los primitivos; y aunque un
ejemplo es siempre una cosa fútil, a veces un modo de no explicar nuestro pensamiento 1 valía más no haberlos tocado.
,.f.-.,;
' ,;.4 &lt; ~ ,~r.,
A. C.
("vv
,V
FERNANDO OONZALEZ ROA: Tmo MEXIOAN PEOPLE AND

DETRACTORS, New York City, (sin pie de imprenta ni fecha),
m 4?, 92 páginas.

THEIR

MANUEL A. CHA VEZ: Á:SÁBUAC. POEMA ÉPICO CANTO
Gristianía, Det Mdllingske Zogtrykkery, 1917, en s?,

DO,

SEGUN-

se

pá-

ginas.

LEOPOLOO LUOONES.-PoEM:As Escoamos.-Selecci6n y estu.dio de Antonio Castro Leal.-Gultura. /JJéxico. Tomo III. No. ,5.
1917.-Nos ocuparemos en el próximo nómero, en examinar la
interesante colección arreglada por el Sr. Castro Leal, redactor de
esta revista.

MANUEL UOARTE

Cttando apwrezca la pre·
sente edición de Pegaso,
.Manuel Ugarte hab,·á llegr,do o esta,·á po,• ltegm· a
la Capital de la República. después de haber pasado
al(! «nos días en el Estado
de Veracr«z. Viene a .MéXÍDo 'invitado po1' la Unive,·sidarl Nacional, a da1·
alJúnas co1~fe1'encias .!obre
el pana1ne1·icanismo. Que
sea bienvenido y que su
no\le labor obtenga la ,·e·
compensa rle uma pródiga

cosPcha.
Pocos lwmbres, quizas

11Ínguno, han sido más
.fer1Jientes )Jropagandistas
de llegar a México el último libro de poeslas del ilustre poeta,
de la unión latino-america·
mexicano Amado Nervo, que hace varios años reside en Europa.
11 a que .Manuel Ugarte.
P6[Ja,o publicará un estudio sobre la obra de su prestigiado colaHace varios años que se ha
AMADO NERVO,-ELEVACION. Madrid, 1917, en Svo.-Acaha

borador, en una de las próximas ediciones de este periódico.

echado " c11tBtas el apos-

talado. con gran desean
tento dealgnnos pm·s01wJe,
de los Estados Dnidos, qu ,
creen ver en el eM}1'ito1·
argentino -u n peli(J'l'O cadu
1,,iez más conm'eto y má~ n
menos ce,•cano. Reco,·dad
le, vi:sita que en 19HJ hizo
a .México .Manuel Uga,•te.
Desde entonces fué un
conqi!/istador de sim,patía.5
entre todas las personw,
que C'reen en la 'realización
de un aciterdo entre lo,
países latinos de América.
Llegue Uga,•te en buenrt
ltora: las instituciones oficiales lo esperan; los homb,·es de letras lo estiman; la
iuvent11,d lo sig11e. Vengu
en ln.tena hora, que ya tiene
en su favm· 'una triple

eo'nq t.1,ista.
1

�insuperable. Tiene un clarisimo juicio de]
ambiente.
Hasta aqui el maestro Vi'ves. En México se puso ' 1Ma.ruxa" con precipitacio.
nes, como es de costumbre y rigor en
nuestros cuadros teatrales.

Amadeo Vives, el autor de 11 Maruxa"
Amadeo Vives, el celebrado autor de
"Maruxa", qne se estrenó en México el
sabado último, es uno de los mfüiicos que
mayor renombre y popularidad han adqui rido en España. Todos recuerdan en la
península el éxito de la ópera "Artúsn y
de las zarzuelas ''Entre bobos anda el juego" y "Don Lucas".
Es curioso recorrer, siquiera sea a la ligera, la vida de este artista. apenas conocido en Méx:ico. Amadeo Vives nació en
Collbató y es el menor de diez y seis hermanos. Desde muy pequeño fué nn ardiente aficionado de la múaica, y a la edad J}e
ocbo años, se transladó a Barcelona y all1
comenzó su educación con el maestro don
José Ribera~ como cantor de capilla en la
Iglesia de Santa Ana.
Cuatro años duró el aprendizaje, a.1 cabo
de los cuales entró a la Universidad como
oyente de las clases que más le agradaban
Alli hizo conocimiento con varios hombres ahora muy distinguidos: Cambó, Prat
de la Riba y Corominas. A los quince
RÚOS babia terminado sns estudios y füé a
Málaga a organizar y dirigir una banda.
Vuelto a Barcf':lona, contrajo matrimonio
y &lt;lióse a gana.r la vida truhajosamente,
tocando en cafés y teatruchol:', por pueblos y villorrios. Entonces fué cuando
compuso la música para la ópera "Artús"
y cuando el dueño del café de las Novedades organizó una temporada de ópera y
lo nombró maestro de coros. La ópera de
Vives se montó trabajosamente y a ella se
opusieron innumerables dificultades, pero
el éxito fué excelente, tánto 1 que algunos
ll.migos la compraron al autor en cinco
mil pesetas. Con este dinero el maestro
Vives ae transladó a Madrid, en donde es•
cribió la música de "Entre bobos anda el
juego", cuyo libreto es de Fernández
Shaw. Puco después escribió con Luceño
el "Don Lucas 1 ' , que se estrenó ¿,n Price.
El famoso músico español tiene en preparación varias ohra'3. De una de ellas habla como de una nueva concepción del
drama lirico, y qLliere ponerle música a
''Don .T uan Tenorio''. Sus partitura.a son
muy solicitadas en toda España, y basta
el nombre del maestro para que el é:cito
sea magnífico. Cerca de un millón de pe•
setas lleva ganadas en el, teatro, úoicamen-

te por los derechos de autor. Y no está
por demás decir que Ama.deo Vives, de
cuando en cnando, suele meterse a los te•
rrenos de la literatura, en donde se le tiene como un mediano ironista.
No hace mucho dió a conocer su opinión sobre la música e¡;cpañola. Helaaqui:
Respecto de la música española-manifestó - opino que nuestra situación
es más dificil que la de los · músicos de
todo el mundo. En arquitectura, por

Guisado de liebre ..... sin liebre
Cróoica de teatros Restas horas. Cuando
los teatros no presentan novedades ningunas. Cuando los carteles de pascua están
muriéndose de tedio. Cuando la esquina
que ostenta cartel es exactamente igual a
b esquiJa que dice ((Se Prohibe Anunciar»
Cuaodo es más grato pedir .socorro violen tamente a los bomberos que pedir a una
empresa que violentamen_te contrate a
Socorro. Nosotros pensamos que ésto de
los e111pectáco los debe moverse.
Asi no puede continuar. O Poncho Castillo corre el riomingo, en motocicleta, en
P-1 Hipódromo de la Condesa y Amaury
i\luñoz canta la ((Niña de los Besosn en el
Principal o pongo a Welton a que haga la
crónica y me dedico yo al indecoroso ofi.
cio de amaestrar 1&lt;lüiles11.

Se cierra el Mexicano
La Compañía del Mexicano abandonó
P-1 coliseo, tomó no sé cuantos boletos parl\
Pit.chuca y depositó el equipRje en la
taquilla.
A Dora Vila le ataron un listón azul eu
el cuello y la soltaron. A las tres horas
1lebe haber llegado a la torre del reloj. A
Galé, el buen Galé, le pusieron en la petaca 328 parches porosos. Pachuca es frio.
La l\fonjardío, va muy bien: e:1 vinRgre.
Mutio debe ir r(ldando en sus propias
ruedas.

La fábre gas
Una escena de "Marnxa" en fiArbeul
Pjemplo, dentro de cadll e,-,tilo los artistas
HO tienen q¡1e cuidar más que el de_t:-1,lle
para destacar su perwnalidad. Ea música
ocurre lo mismo. Francii1, lti'llia. y Alemania tienen una tradición musical qué continua.r. Por e30 hay menos diferencia de
lo que parece entre Dehussy y Massenet o
Gounod, entre Strauss y \Vagner o Bee•
thoven ...... Cada escuela. conserva su tradición distinta, A.!!i, Stnmss tacha a Debussy de incoloro y los franceses desprecian a Ricardo Strause por loco. Nosotros
no tenemos tradióón. Hemos de crel\.r la
escuela. Yo, para e,;to, procuro seguir una
regla que me parece la mejor: no apartarme del canto popular. De músicos me parece muy notable, el más notable, Enrique
Granitdos:. Son muy interesantes Morera,
Del Campo, Pa.hissa, Falla ...... Falh es

Dicen por ahí que til teatro Mexicano se
abrirá para el mes de mayo con una com·
pañia que está arreglando Virginia Fábre gas. Al efecto espera que de España lleguen algunos elementos, pues nos infor·
m~.n que desde hace mucho viene ella
hacieodo sus cálculos.
La citada actriz hace poco que '!3alió
para Tehna.cán. No es dificil que haya ido
con el ohjeto de terminar los cálculo8.

Por el Coló•
Indudablemente que el Colón es el tea.tro eu donde ha.y más aspectos artísticos
Anuncian para muy pronto i&lt;La Falenany
otra obra obra: (( Vencidall, de la señora
Eugenia Torres de Meléndez. Esta obra
fue leida hace pocos dias en la librería
«Biblosii ante un grupo selecto, y agradó.
Creemos, por lo tanto, que será bien recibida por el público.

................,............,,,,,...,,,.................................................................................,............ ,,,, ..,,.,,,,,,..........,...,,,,,,,,,,,,.,,....,........,....,. ,,. ,................,.....,.........,,,,,,,,,.,,,,,.. ,,,,,. ,.....,. ,,,.. ,......
Bienestar,
Alegría,
Horas deliciosas,

¡

Sólo én San Angel lnn
Unicamente en
San Angel Inn.

•-.,• .,,.,, .................... ,,.....,.,, ..............,. ...... ,,,.,,,..,,.,,,.,,,,.,,..,,,,,.,.., ...,._,n,111 .. ,,.,.,m••101t11,1111111,1010111111•"'"'"'j"''''"'''''•"'''"'''''''"''"''"''"''"''''"''"'' ..•..m••m...... ,.,,,, _ _ _ __

Sr. ]francisco Obregón, vencedor
en la carrera de 21} categoría.

Sr. AmaUl·y Muñoz, vencedor
en la carrera ele 3¡¡. categoría_.

Sr. Adolfo Moutiel, vencedor
en la carrera del;} categoría.

DEPORTES
Las últimas carreras en el Hipódromo de la Condesa terminaron
en un ambiente da tragedia

número de personas se bailaban presenciando las carreras, tendidas en el suelo, matando a nueve é hiriendo a algunas más,
Continuando su desenfrenada carrera hasta.chocar contra el alam•
brado, saliendo despedidos de sus asientos porlo violento del choqn~, el piloto y su ayudante, que fueron a caer a gran rlistancia, afortunadamente casi ilesos.
Salió vencedor, en primer lugar, el Hudson número 1, del Se ..
fior Aspe Suinaga, tripulado por el intrépido Amaury Muñoz, Hel
Juan Sih·eti de la gasolina," como acertadamente lo llamara "Volante" en la crónica anterior, y que demostró una vez más su intrepidez y_ pericia para manejar. En uq. principio se dijo que iba a
l'ler descahficado este coche por atravesarse y cerrar el paso a los
demás coches, pero en la junta celebrada el lunes se acordó otorgarle definitivamente el primer premio, consistente en la copa
1
'Madrid,'' cedida por el Excelentísimo Señor Ministro de España,
nara el propietario, y $500. 00 para el piloto. Hizo el recorrido en
51 minutos, 17 segundos.
El segundo premio fué otorgado al Fiat número 9, del General
Juan Lechuga, piloteado por el Coronel Ordóñe~. Tiempo: 54 minutos' 2ft segundos; y el tercero, al Hispano Suiza, del General
Juan Mérigo. Tiempo: 55 minutos 21 segundos.

Con mucha anímación y ante mayor concurrencia que las ante ..
riores, se verificaron las terceras del circuito 11Coode!:!~)1 el últimu
del domingo.
Las tribunas estaban completamente llenas de espectadores, eutre los que anotamos a Vflrios miembros del H. Cuerpo Diplomá•
tico y prominentes personalidades políticas. También los toldos y
sillería se vieron pletóricos de concurrentes, y un gran número de
personas inundó ambos laJos de la pista, siendo impotentPs lapolicia, tropa y miembros de la Cruz Roja y de la Empresa Explont•
dora de Deportes, para contener a la muched11mb1e y evitar que
se atravesara.u en la pista, lo qtie contribuyó a dar mayores proporciones a la nota .i!angrienta que coovirtió en tragedia lo que debió ser una brillante nota deportiva.
Los vencedores en estas pruebas fueron los siguientes;
Primera Categoria, 15 vueltas a la pista.
Primer premio al Woods Mobilete nftmero 7 de los Sefíores Pincheti Hermanos, piloteado por el Señor Adolfo Montiel, con un
record de 32 minutos 58 segundos. Segundo premio Ford núine•
ro 4, del Señor Javier Velázquez, piloto el mismo dueño, que emfoot Ball
pleó 38 minutos 17 segundos, y tercero, ~tudebaker número 1, del
Señor Fernando Gaisman, que hizo 39 minutos 9 segundos y
El domingo volvieron a medir ims fuerzas los equipos del uAmi medio.
cale Francaise de Mé.x:icon y el uJunior,n volviendo a obtener la
Segunda categoría, 20 vueltas a la pista.
victoria el ((Juniorn a pesar de la brillante defensa que principalPrimer premio, Fiat número 2 del Señor Francisco Obregón,
mente en el segundo tiempo hicieron los del nF. A. M.11, apuntá,npiloteado por él mi8mo. Tiempo: 41 minutos 45 segundos. Se- do~e los vencedores 3 goals contra cero.
gundo premio, Gobron, del Señor Félix Martino, piloteado por
El i(Mixcoac,) tuvo un juego de práctica con el ((México,)) debido
el Señor Rafael Caso. Tiempo: 42 minutos 33 segundos. No a que el uNormaln, con quien estaba concertado el juego de liga1
huho tercer lugar.
no se presentó, probablemente por no desmentir su informalidad,
Tercera categoria, 30 vueltas a la pista.
que ya se va haciendo casi proverbial.
La carrera de la
El domingo próxi ·
Muerte.-En esta camo, y si el dios N eptu ·
rrera qu~ promP.tía ser
no lo permite, se juga·
sensacional, dados los
rán los partidos si·
elementos que tomagnientes:
ronparte, tuvo lugar el
En la mañana., a las
desgraciado accidente,
10.30,
que la convirtió de·
uNorma]n y c&lt;Prepasensacional en sanratoria,)&gt; en terrenos
grienta. E1Hudson núJe! «Nnrmi'I\.,,
ru.ero 3, propiedad del
u.\... B. C.n e «I11geSeñor Encargado de
í
11ieros,i1 en terre11u1:1
NegociosdeCuba 1 Docdel ((A. B, C ii
tor José Santa María,
&lt;tL!:1. [nternacionaln y
se salió de la pista al
«l\fixcoa.c,11 en terrnno:!
dar su segunda vuelta,
1
del &lt;&lt;Mixcoac.&gt;&gt;
en la curva oriente, deEu la . tarde, a lHs
bido a que se atravesa3.30,
"
ron dos personas en la.
uLnz y Fuerzan e,/Inpista. El piloto Señor
genieros B,&gt;) en terreVicente Rodriguez viuos de u Luz y Fuerza.))
ró violentamente para
uJ uniorn y uMedicievitar el atropellamienna,» en terrenos del
to, rompiéndosele una
Junior)).
de las llantas delanteuJnárezn y ((Tacuharas; y el coche, desobeyr:i,n en terrt&gt;nos del
deciendo los frenos, se
&lt;•JL1á.rez.u ,1Militariza.
precipitó sobre el púcÍÓllll y 11Willi11ms,)&gt; en
blico, precisamente en
terrenosdel&lt;&lt;MilitA.rizaDn lugar donde cierto
Las víctimas de las últimas carreras.
ción.n.

!
l

l

PEGASO

13

�VARIEDADES
Los mandamientos del tuberculoso
El profesor Letulle, miembro de la. Academia de Medicina. de
Francia y secretario general del Comité central de asisteºncia a los
militares tuberculosos, ha compuesto el ({Decálogo antitobercu~
loso)&gt; que copiamos a continuación:
l? Nunca escupirás en el suelo, sino en una escupidera que se
pueda. desinfectar.
.
2? ;En el campo, en la montafia, en el mar, en todas partes
buscarás el aire puro.
3? Temerás el polvo de las ciudades y el humo de las fábricas
y el temible aliento humano.
4? Para curar tu pulmón seguramente tendrá.a abiertas dia y
noche las ventanas de tu habitación.
5'." DQrmirás sólo en la cama, para dormir cómodamente.
6? Comerás sin exceso, alimentos sanos que masticarás con~
ciem;udamente.
7? Te abstendrás de drogas y tabaco, pero sobre todo renunciarás en absoluto al alcohol.
8° No cometerás ningún exceso y economizarás prudentemente tus fuerzas.
9? Lav~rás tu cuerpo mañana y tarde, y las manos y la boca
a cada. comida.
10. Observarás estas reglas de higiene, para vivir largamente.

El "Record" de los diamantes
Los periodos de gran prosperidad determi!:~an un aumento en
los gastos innecesarios, en la comprarle objetos de lujo. Esto, que
sucede siempre y en todas partes, es lo que ocurre ahora en los
Estados Unidos, que en estos momentos gozan de la mayor prosperidad que se ha conocido nunca.
En el año que acaba de_transcurrir, los norteamericanos han
est8.blecido {\"alga la palabra) el record de la compra de diamantes.
La importación de diamantes en los Estados Unidos en 1916 ha
sido por valor de 51.482,262 dólares, o sea 266.676,000 francos.
El precio de los diamantes en el mes de Enero próximo pasado
ha subido al 5 por 100, lo que es natural, dada la extraordinaria
demanda, ma,yor que la producción anual de las célebres minas
del dur de Africa.

Vanderbilt se presentó al afio siguiente en casa del banquero y
éste le recibió con·amab!e sonrisa, preguntándole:
-¿Consume usted tabaco?
-¿Qué marino puede pasar sin sn pipa?
-Usted, amigo mio, baga la prueba un año y venga a verme en
e@te mismo día.
•rranscurri6 un año y el banquero no recóió la visita del pescador. Mister Balker llamó a uno de sus dependientes y lo despachó ~n busca de Vanderbilt. Al llegar el pescador, le dijo el han.
quero:
-Ayer estuve todo el dia esperando su visita.
-Era inútil venir,-le contestó el pescador,-porque con tres
años que llevo trabajando sin que níngún vicio me arrastre al derroche, be prosperado en mis negocios, de tal manera que hoy no
necesito ya de la ayuda de nadie para marchar viento en popa.

El número 13
El origen de la mala suerte que la superstición atribuye a este
número se ignora a ciencia cierta1 aunque se supone que empezó en la última cena de Jesucristo con sus apóstoles. El traidor
Judas, que hacía. el número 13 entre los priviligiados comensales
que presenciaron la institución de la Eucarest'ia, se levantó de 1&amp;
meEa para ir a del&amp;tar a su Maestro.
La superstición de este número está muy arraigada en todo el
mundo, y todos hemos presenciado más de una vez como perso•
nas que se tienen por sensatas se niegan a sentarse en una mesa
para hacer el número 13 entre los convidados.
En muchos pueblos de Francia se suprime el 13 en la numeración de las casas, y en Inglaterra, muchas compañias armadoras
y trasatlánticas lo suprimen también de las puertas de los camarotes, guardando la correlaci6n númerica con esta marca: 12-A.
Sin embargo en otras partes el 13 indica buen agüero, y hoy
mismo la nota caprichosa lo impone y lo divulga en dijes y amu.letos que In.ceo las da.mas colgados al cuello.
Cuéntase del papa Gregario Magno que socorrfa diariamente &amp;
12 pobres sentá.ndolos a una mesa. bien provisb. Cierto dia. vió
con sorpresa que los humildes comensales eran 13, y que el que
hacia este número semejábase a Je~ucristo. Desde entonces, el
número 13 era el favorito del Pontífice.

.El agua de Colonia
Según cuenta un periódico inglés, algunas señoras de la arista·
cacia londinense se han aficionado a beber agua de Colonia como
uno de tantos licores espirituosos. Para satisfacer su manía, -sin
que nadie las vea, se valen de ingeniosos procedimientos. En '"~·
vano, emplean frasquitos provistos de tetines como los biberones,
y en invierno usan manguitos de doble forro dé goma en el que
pueden llevar hasta medio litro de sn licor predilecto, Las que
contraen tan deplorable hábito se aferran a él con la. misma tenacidad que las morfinómanas y sus efectos son igualmente nocivos,
pues el agua de Colonia contiene alcohol de noventa grados y con
semejante concentración no perdona. una mucosa. De aqui, que
sus consecuencias, como puede comprenderse, sean todavia má
desa.strosas que las del ajenjo.

14

•••
Cuando la novia-esa nube--se disipa, llega, alucinante, proteiforme, la mujer. Quisiéramos, tambiP.n, hacerla nube, vestirla de novia. Pero ...... ¡ ya es tarde!

SOMOS PROVEEDORES DE LA SOCIEDAD INTELIGENTE Y
DISCRETA.

La noche está muy fría y el señor le encarga al criado
que le tenga la cama bien calientita para cuando vuelva.
·Regresa el señor cerca de media noche, llama ·a la
puerta, la abre el criado, soñoliento, y antes de ciue su
amo le dirija la palabra, exclama:
-El señorito encontrará la cama caliente, porque me
acosté adrede en ella para quitar el frío de las sábanas.

FABRICA: NO EL :IIAS BARATO.
TENEMOS MODELOS LINDISIMOS EN BOTAS Y ZAPATILLAS
PARA PRIMAVERA.

PEGASO

VENGA USTED A VISITARNOS HOY MISMO

5 DE MAYO

-¿Por cuá.nto me alquilará. un caballo?
-Por dos duros.
-¿Lo dejamos en treinta reales?
-Corriente.
-Pero que sea larguico que tenemos que ir tres personfls.

---- ~ ·l~·--- - -

TENEMOS FAMA DE VENDER EL MEJOR CALZADO OUE SE

NUMERO 1O-E.

Los perros heroico.
En el Continental Mail, míster Th. J\farples hace una detallada.
relación de los mtíltiples e importantes servicios que los perrm1
han prestado y siguen prestando en la guerra..
Pero no se limita a exponer la segluid~d y el éxito con qne los
perros adiestrados para.el servicio militar hRn sidu empleados co•
mo exploradores, mensajeroFI y centinelafl, o como animales de tiro para el arrastre de pequeños cañones de c,:impafia o de carritoi;1
para la conducción de herido~; también reclama pina. el amign
del hombre el puesto que le corrf'sponde c;omo combatiente, ya que
((en muchas ocasiones ha tomado pa.rte en la lucha y ha ocupado
la posición de una verdadera unidad milita.r.
Y cita varios casos en que los perros militares se han portado
como verdadP.ros héroes.
Los perros de guerra ingleses Pell, Podge 1 North, Bac y Rvj¡;
popula.rísimos en el Ejército, prestaron eficaz y utilísima ayuda
en u;no de los combates de Iprés.
Marquis, el famoso perro que murió en la. batalla. de Sartebourg,
en la frontera belga, fué mencionado en la orden del dia., y los
Roldados lo 9'oterraron y erigieron un.monumento sobre su tumba.
He a.qui la hazaña que mereció esos honores:
Marquis fue enviado con un mensa.je en un momento en que no
era. posible manda.r un mensajero humano por la intensidad del
fuego que hacían los alemanes.
En el camino, Marquis recibió un ha.lazo que le hizo caer mal
herido; pero el noble perro, haciendo un esfuerzo, arra@trá.ndose
moribundo, volvió con el mensaje en la boca, y cuando llegó al
lado de su amo lo soltó a sus pies, lleno de sangre, y cayó muerto.

El payaso volatinero
En un papel de barba., que no sea. muy grueso., !le dibuja y re·
corta un payaso de unos cinco ceutimetrm1 de alto, y que tenga
loa brRzos unidos en lo alto con un Rg-ujerito en el centro muy
redondo y limpio, por el qne se paRa. una. hebra. de ahrodón. cuyos
ei:tremos se ª'ªº a doR sillas. Entonces se toma una varilla de
vidrio y, después de frotarla bien con una frane!a., se acer&lt;'.a el payaso, que empezará a hacer vola.tineB en el hilo, como si fuese un
acróbata de veras.

•••

Anécdota de Vanderbllt
Cuéntase que cuando el millonario Vsnderbiit ejercia el humilde oficio de pescador, se acercó un dia a Mr. Jacob Balker, cajero del Famer Banck de Nueva York, solicitando una protección
del B&gt;1.nco para ensanchar sus reducidos negocios.
-¿.Toma usted licor?-le preguntó el banquero.
•
--Muy poco-contestó Vanderbilt-una que otra copa de ((gin».
-Bien-le dijo Mr Balker;-estamos a dos de enero; si para
d1:mtro de un ario no ha tom&gt;1.do usted ni una sola copa de &lt;1gin11 o
de otro licor cualquiera, venga a verme en est1t misma fecha.
Transcurrió un a.ño. Vanderbilt volvió a ver el banquero y éstA
le prr&gt;gunt6:
-¡.Acostumbra usted aventurar algunas sumas al juego?
-PocRs veces y tan sólo en ]a lotería.
..:..._Perfectamente; tiene usted un afio para probar si puede de·
jar la costumbre del juego y vuelva a verme el año entrante.

•••
Vives monologando y resignado a monologar. Las respuestas de tus semejantes no son sino los ecos de tus
propias palabras. En vano conversas, en vano lees, en
vano meditas. Ni el amigo, ni el libro, ni las insinuaciones de tu cerebro te ensenan nada. Eres una pobre boca parlante en presenda de las miles de bocas mudas de
I• naturaleza ambiente que no se dignan contestarte.
Te ves solitario y desnudo, portador de una carga impo·
sible, superior a tus fuerzas. Te oigo clamar allá en el
fondo de la noche, que es densa en el Génesis y que no
concluye en el Apocalipsis.

* * .,
Un caballero corre hacia su casa con un sombrero de señora en la mano.
-¡ Adónde vas 1-le pregunta un amigo.
-Voy a casa a regalarle este sombrero a mi mujer.
-¡ Y por qué tanta prisa 1
-Porque quiero llegar antes que el sombrero se pase
de moda.

Proyectiles humanitarios
Uu ;ngeniero norte-americano ha presentado a la Oficina de patentes de Washington el proyecto de un nuevo proyectil, qne si
tiene el éxito prometido por su autor, mitigará notablemente los
estragos de las guerras. La cualidad característica de este proyec•
til consiste en que en sn interior contiene un liquido narcótico
que insensibiliza al soldado y lo deja fuera de combate, sin que la
herida ofrezca grM•edad, pues la bala tiene escasa fuerza de penetración.

Tocar una cosa o poseerla es violarla. Pierdedesdeese
1D01Dento su virtud íntima para caer bajo el dominio de
naestra sensualidad. Debiera bastarnos el ojo para hacernos dueflos y señores de mil formas y objetos. El espirito de contemplación-aun en sus planos subalternos
-os lo único que nos lleva a las posesiones puras. Los
goces del tacto son propios de lujuFiosos y ladrones.

Para sacar lustre a.! calzado.

~l calzado que se limpia con crema y que por lo tanto ne""1ta el empleo de una bayeta para lustrarlo, ofrece dificultades para sacar el brillo, cuando 'tiene 4Ue sacarlo el portador de las botas o de los zapatos.
El cepillo que .representa nuestro grabado sirve preciaamente para ob,~ar esa dificultad, porque se maneja perfectamente.
Para construirlo hacen falta cuatro tablas. La princi)lal de ellas, es decir, la que forma el lomo del cepillo, debe
tener un grueso regular a fin de que se conserve rígida v
linos veinticinco centímetros de largo por -◊cho o nueve' d~
ancho. El asa, que se hace con otra tabla cortada en la forque se ve en el dibujo, se atornilla en la tabla anterior.
a lleva en sus extremos unas tablitas o listones con el
rde inferior redondeado, a los. cuales se clava con taelas nna tira de bayeta doble bien tirante, con la cual
saca el lustre.

La Isla de Monte.Cristo
Desde Roma anuncian la venta de la isla de Monte Cristo.
. Según se dice, ha sido comprada por una Compañia de filmrt
c.m.ematográfi?os, que la utilizará como escenario para la compos1c1óa de sus cintas, empezando probablemente por una adaptación
de la famosa. novela de Alejandro Dumas.
Dumas conoció el islote, qne deRpués había de hacer tan célebre, estando en Florencia, en 1840, como huésped de Jerónimo
Napoleón. Haciendo un úrUcero con el Rey por aquellos parajes
el yate real pa&lt;ió junto a la isla, cuyo aspecto bravio y e.alvsje sedujo al novelista insigne, que preguntó cómo se lhimaba. El extraño nombre de Monte CriRto le impresionó vivamfmte, y ........ .
poco después epa.recia El conde dp, Monte-Cristo, la fantái-tira novela que han devorado doa o treR generacinneR.

LIBROS
De venta en la librería de ANDRES
BOTAS E HIJO. •la. de Bolívar núm. 9
Apartado núm. 941. ---· - México, D. F.
MONSTRUO, Novela por A. de Ho_\·os y Vrnent.
Un vol.. ....... ,..... .................. .............. $ l.80
Er, HORROR DE MORIR, Novela por Antouio de
Hoyos y Vinent .................. ................. . $ O 60
M1 VE~us, por Joaquin Dicenta ....................... . $ O 60
QUIEN F'trERA T u. Novela. Obra póstuma de J. Dicenta. LA NOVELA CORTA ....................... . $ O 30
LA l\IA.TA DE GovA, drama en treij actos de F.
Vil!ae@;pesa ......................................... . $ Z 10
BARRIO LATINO.
Novela, por Federico García
8áncbiz .............................................. .
1 80
EN CA:-.rrsA RosA. Novela por Felipe Trigo ......... . $ 2 10
.FATAL DrLE::IIA. N~vela por Abel Botelho 2 tomos
tra.ducción de M. A. Rodenas ..... .' ........... . $ s.no
LA Gt:ERRA PALPITANTE. (Del campo francéi-), por
Alberto de FJos ................................... . $ 1 80
Gr..os.ARlO DE LA VIDA VULGAR, por Luis G. Urbina.. (Versoti) ........................... .
$ ~ no
E S'J' UDIOS J URÍDICOS, por Antonio Maurtt ............ .
1 :?,j
JAHIF. Er, CONQ.UJST. \DOR, l\f. Bueno .................... . $ nin
EL

s

Revistas ilustradas extranjeras

Suscripciones y números sueltos

la. BOLIV AR, 9.

MEXICO

�&lt;:.AJEDREZ
Problema número cuatro
por !&lt;;. G. M. jr.
(-ledicíl&lt;lo a.l Dr. R.1.fa.el Carrillo).
Rla,nc11fl:

R l C D. P 3 O D. D 8 O D, P.¡ .-\ ll,
P 2 D, O 6 D, T 6 AR, O 6 T lt, A 8 T R ,
(9 riez 1~).
Negn~:
T 2 T D, O 4 T D. P.¡ .1 D. P ~ ll R 5
D, P 6 D, P 4 lt A .¡ \ R. T ,1 O R, (~
pieza~).
L'l.i; Bl.;1.ncas ju~gun y ll\Atan en dv.:i jn
ga.dllt:1.

Dos brillantes de Don Mariano Egulluz
Los que coruo yo presenciaron las Ju
chas, a11te el tablero de Dn. Mariano Egui
luz y Dn. Andrés Clemente Vázquez, recuerdan que siendo el Lic. Vázquez un
profundo teórico 1 venciaen losmatchesque
jugaron, al genial Eguiluz, por la superionda.d del estudio; pero en las partidas
sueltas, cuando se abandonaba el tecnibismo de los libros y solo se dejaba E&gt;jercer
iofluencia a. la fantasfa, entonces era. Do.
Mariano Eguiluz el vencedor,· sacándole
una gran ventaja. a. su antagonista. Vayan
como prueba de lo anteriormente &amp;6ent.a&lt;lo una partida y nn film,]: este último
publicado com" 00table bajo el uúmero
43 en el ccA,, B. C. des EcLeCSll 1 de J. Preti primera. edición.

Partida número ocho
G Al'ilBlTO ML"UO
BfANOAS

:\l.

EGGlI,UZ

NEGRAS
A. C. V,\ZQUEZ

DE TERZAGA
La noche es la escala de la muerte.
Pizarrón de cifras milagrosas ante
nuestra insaciable y legítima curiosidad, en ella empezamos por tantear,
y concluímos por aprender, el a, b, e,
del gran misteri9. Aparecen en ella,
di vinos e intangibles, colmando su ambiente, los &lt;profesores&gt; del porvenir.
mientras la maga blanca llega con su
paso que no hace ruido. Jamás hubo
para tí, en la tierra tales leccio~es
de esperanza, tales promesas de vida
inmortal. Jamás maestro alguno de·
jará de oír su voz en escenario parecido, Con la sabiduría, que da poderes, vas recibiendo el consuelo, que
ayuda a bien morir.
J2R1T
12P4D
J3D5T
13D3D
J40xP!
14PxC
15 Ax P D
15 O O
10 T x e
16 o x T
17 DxA
17 RlT
18 T 1 R
18 D 1 D
19 A 3 A j.
19 P 3 A
20T8R!!
20DxT
21 D x P A j. ! !
se rinde.
Nota de M. Márquez Sterling:
Est!I. partida pone al Sr, Eguiluz a la
¡\]tura &lt;le los Morphy y los An_cierssen.
Vázy_uez ee rinde porque si T x D, Ax T,
ma.te.

final de partida número dos
(del «A. B. C. dei:1 Echece11)

Tiende la vida y aprecia el consuelo: la maravilla estelar, recién sur.
gida; el azul, esencia .Y síntesis de
t.urquesas; la amp1itud, seno y regazo superiores a los de tu madre; la
hondura hacia arriba, escalera por
donde suben los dioses; la vaguedad
ideal de las nebulosas, lej•nas como
tu ensueño; el rumor pitagórico, apenas perceptible ....
Baja a tí mismo y aprecia, ahora
el consuelo: sientes forjado de seda
el pozo negro de tu almll; álguien, no
sabes quien, teha despojado delcuerµo; tus deseos son aladas espir.a.lesen
la sombra; se te aclaran las ideas; tienes la intuici6n-aun la certeza-de
que te ven y te oyen. Convertido en
un ser de cristal, filtras una luz extraña, siéndote imposible ocultar
nada.
Ya recibida la lección 1 insinuada
fácilmente en tí por la ayuda del
consuelo, te duermes sabiendo y creyendo, bajo la piedad vigilante de tu
invisible maestro.
La naturaleza no babia sino con
quienes la entienden. En vano el
hombre común aguzará el oído y se
estrujará el cerebro en el afán de in,
quirirla. Será por siempre un) niño
temblando en las tinieblas. El diálogo sagrado y secreto, grave y sencillo, lo entabla la Esfinge con los hijos
del silencio, -sus hijos; y en presencia de invisibles muchedumbres,sus mucbedumbres.

Bl:111~11,.:

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P 3 D. A 5 D. T 1 R, P 2 0 R, P 2 T R,
R l 1' R. D 6 T R. (11 piezas).

N ... (J'r,.._ .
T ¡ 'I-D:. P 2 T D, C 1 O D, P 2 O D,
A 1 A D D 1 D, T 1 A R, P 2 A R,
R 1 T R,' P 2 T R, P 5 A. R, (11 piezas).
El Sr. Eguiluz que llevaba las BlanciJ,s,
anunció mate eu 6 movimientos ¿cuáles
sou ellos?
La soluciones próximamente.

Simplezas, y más simplezas y más
simplezas: desde las paradojas del genio hasta las razones del labriego.
Las primeras son simplezas hondas.
Las segundas, simplezas pandas. En
un mundo donde nadie tiene la segu·
ridad de nada, todas las cuestiones se
reducen a metro más o metro menos ....

¡A.L A.GUA., PATOS!

V

Poemas en prosa
Versión de G. E ., especial para
PEGASO.

Traducción del chino al francés por
Judith Oautier.

Y las ligeras mariposas se mezclan a su alegría.
Pero una mañana de invierno miro lamontafía: los abetos, vestidos todos de blanco, están allá, graves y soñadores,
Y busqué en la falda de la montaña; pere ya no ví las
florecillas alegres.

PENSAMIENTO SOBRE LA ESCARCHA
L• escarcha cubre completamente los arbustos, queparecen empolvados rostros de mujeres.
Los diviso desde mi ventana y pienso que el hombre,
sin la mujer, es como una flor despojada de las hojas,
Y para ahuyentar la amarga tristeza que me invade,
escribo mi pensamiento, con un suspiroi sobre 1a blanca
escarcha.

TEZA DEL LABRADOR
La nieve ha caído lentamente sobre la tierra, como un
nubarrón de mariposas.
El labrador abandona su azada y siente que hilos invisibles aprietan su corazón.
Está triste porque la tierra era su amiga, y cuando se
inclinaba a ella, para confiarle el grano lleno de esperanza,
él le daba también sus pensamientos recónditos,
Más tarde, cuando el grano había germinado, encontra·
ha sus pensamientos convertidos en flor.
Ahora, la tierra se oculta bajo un velo de nieve.

LAS FLORECILLAS SE BURLAN DE LOS GRAV!:S ABETOS
En lo alto de la montaña los abetos están serios y eriza·
dos; en las faldas del monte las flores ostentosas se destacan
sobre la hierba.
Y comparandci sus frescas vestiduras con el sombrí'o ropaje de los abetos, las florecillns se ponen a reír.

El primer pararrayo
No es, como se dice, a Francklin, sino a Jacobo de Ronás a
quien debemos el pararrayos.
Jacobo de Ronás, que se babia hecho ya conocer en la Acade,mia de Burdeo1:1 por sus trabajos cienLificos de una originalidad
suma, lanzó el 7 de Junio cie 1753 el primer pararrayos.
La experiencia tuvo lugar en el valle de la Jfaise. El aparato
era una especie de barrilete de papel aceitado, de 18 pies cuadrados de superficie; y estaba atado a una cuerda de cáfiamo rodeada de un h'lo de cobre continuo.
Es lo que el inventor llamaba ((barrilete eléctricmi. Lanzado en
Jps aires mientras una tempestad gemía, el aparato se elevó rápi
&lt;lamente a 180 metros de altura, poco más o menos.
.Ronás fijó la cuerda, atando un cordoncito de seda, en que In
otra extremidad estaba retenida por una piedra colocada bajo ;rl
cobertizo de una casa.
Del hilo de cobre estaba suspendido un cilindro de hierro blanco. Si el aparato era realmente conductor de electricidad, se debían producir chispas cuando se tocara ese cilindro con otro del
mismo metal dentro de un tubo de cristal que aislara el fluido.
Las explosiones tuvieron lugar en efecto, acompañadas de llamas de fuego bastante largas. Hasta la caída del barrilete no se
percibieron más relámpagos y el estrnendo de los truenos era menos violento. Cuando el aparato fue recogido, la tempestad recobro su intensidad. El principio del pararrayos babia sidc encont.rndn.

!1111111111111 lll lll lll lll lllll lll lnllllll lll ll lU lll llllll llll ll llllHlll lltlll lll nH1111111 HIIIIIIIU IIDlllll lll 111111111111111111111111111111ll lllll 111111111111111 H1 ;iJ

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¡ El Mejor Reloj!
'ELEGANTE

¡

SEGURO
EXACTO.
JOYl:RIA Y RELOJfRIA
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PEGASO

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ú'l'!EXICO.

La última marcha de las monarquias

16

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                    <text>fWA

Cada mujer tiene "su" perfume; Nosotros
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PEGASO

0

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REVJSTA SEMANAL

ª

DIRECCIÓN: Enrique González Martínez.-Efrén Rebolledo. -Ramón López Velarde.
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José D. Frías.
Antonio Caso.
Esteban Flores.

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Jesús T. Acevedo (El Paso.)
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
Maria Enriqueta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal, y RnsaP.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José M.a Chacón y Calvo.
Eduardo Colín.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Dominguez.
Enrique Fernández Granados
Genaro Garcín.
Augusto Genin.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

EN LAS CARRERAS
DE AUTOMOVILES
LA NOTA CULMI~
NANTE FUE

Rt::DACCIÓN·
Rafael López.
Genaro Estrada.
Jesús Villalpando.

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

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Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio Castro Leal.
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COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Iguíniz.
Manuel ltuarte.
Carlos Lazo.
J. López. Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo Martínez del Río (Madrid).
Amado Nervo (Madrid.)
José de J. Núñez y Domínguez
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Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
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DIBUJANTES.
Leandro Izaguirre.
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Francisco de la Torre.
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Artemio del Valle Orizpe.
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Registrado como utíc1.1lo de segnnda clase el día 9 de marzo ,de 1917.

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TOMO 1,
MEXICO, D. F., 5 DE ABRIL DE 1917
NUM. 5
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SEMANA

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Por Ramón López Velarde

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Una de estas noches tomaba yo en un café la colación
que se usa entre gentes de buena conciencia. Era ya la
hora solapada en que se nace, se muere y se ama. Con
todo, Méjico fingía una necrópolis. Yo, sin ser la Capi·
tal, sentíame como otra necrópolis. Con la diferencia de
que en mí no se recataban alumbramientos,. ni agonías,
ni el vértigo equidistante de la cuna y la fosa. Me limita.
ha a estar un poco triste, según corresponde a un coetáneo de la filosofía médica y de los histólogos que pa.
decen de literatura. Carmelita, mesera 5-con un 5 dorado, en un redondel de luto-evolucionaba a mi alrede·
dor, zalamera y ladina. Carmelita, mesera 5, va a ser
suprimida por la moral del Gobierno del Distrito. ¿Qué
habría opinado sobre esto Monsieur Bergeret? iPobres
sacerdotisas del café con leche! No pude ponerr¡ie a tono
Con Carmelita, mesera 5, porque su problema económi ·
co, agravado con la virginidad del Palacio Municipal,
nublábame de conmiseraciones baladíes. Y como si no
fuera bastante la carga melancólica de la fecha, he aquí
que, en el tablado de la dudosa orquesta, descubro, de
violín, a mi antiguo conocido el sacristán de Tercera Orden, en San Luis Potosí. Los que no sois clericales (ioh ·
hazail.a!) no estáis capacitados para sentir la tragedia de
un sacristán convertido en violinista. Yo interrumpí mi
colacion para ir a preguntar al sacristán qué pieza acababan de tocar. Con el rubor consiguiente a su metamorfosis, me mostró su papel pautado: B eatifú l
8p,·ing. iCristo me valga! ¿Querrán Alfonso Cravioto,
Juan Le6n o José Romano Muil.oz hacer algo por la edu•
cación de mi sonoro sacristán? Si se negasen a ello, en
atención a que se trata de un violín reaccionario .. ..
Yo, en realidad, me considero un sacristán fallido. En
mi quiebra, matizo la Semana Mayor con mi violín jor·
nalero. Y recuerdo los Jueves Santos en que Matilde, que
era alta como una buena intención, glacial como los éteres, blanca como un celaje de plenilunio, y fértil como
un naranjo, lucía por la breve ciudad su mantilla y su
cintura afable. Matilde visitaba los Monumentos. La patricia negrura de su traje frecuentab¡t los templos en el
día eucarístico. Mi punible promiscuidad asocia siempre a Matilde con las palabras de la Cena: ''He deseado
ardientemente comer esta Pascua con vosotros." (iNo poder
citar en latín, para que no me juzguen pedante!) Porque
la ciudad era espléndidamente solar y porque las seil.o·
ritas de rango que poblaban sus calles, vestían de tiniebla ritual, aquellos Jueves Santos sugerfanme una espa.

ciosa moneda de plata manchada de tinta. Matilde, gota
de tinta, celaje, éter, naranjo, buena intención:yo sé que
hoy penas, desterrada y alcanzada de dinero, y que, sin
temor a convertirte en estatua de sal, vuelves la cabeza
al predio vernáculo. En la Semana Mayor de tu destie·
rro, para consolarte, yo te ofrecería, en la palma de la
mano, una reducción de la moneda de plata manchada
de tinta. Como las aldeas microscópicas que, edificada.s
en un cartoncillo, halagan el instinto de posesión de los
nifios.
Los Viernes Santos, en torno de la Cruz viuda, con sá•
bana o sin ella en los brazos, según la exegésis de los
capellanes, apretábanse, compungidas, las gotas de tinta, sin que la compunción les estorbase soslayar a los
novios. Por las vertientes del Calvario ascendían las al·
mas de la .Agua florida, de la.Agua de colonia, de las Flo•
res de amor .... toda la perfumería bonachona que duerme un ail.o para desperezarse en la ceremonia del Pésame. i Ceremonia patibularia, contrita, perfumada y
amatoria!
Matilde se casó. Si antes la califiqué de glacial, es
porque me helaba su talle fugitivo, como los éteres al
evaporarse. Pero pocas personitas he conocido tan efusivas como ella. Su ternura brindaba el apasionado buen
gusto de una madreselva que hablase. Matilde, al casar·
se, me produjo una pena de las hondas. Con mi escasa
afición a la lógica, yo la había sonado fértil y estéril.
Una noche, al filo de las diez, la ví andar en la Plaza de
Armas, con precavida lentitud. Supe luego que cumplía
con una indicación facultativa. La madreselva justificaba
su nombre, su cruento nombre.
Matilde, celaje, gota de tinta, naranjo, éter, buena intención y madreselva: en los atardeceres desamparados
en que la ventisca de marzo sacude las frondas de mi ansiedad, y en que la u!ía ilustre de la luna disemina ca·
losfríos vesánicos~ me encamino a tu calle para asomar.
me a tus vidrieras y aliviarme con tu figura, todavíaado·
rabie. Estiro el cuello, atisbando tu sala improvisad&amp;.
Tus hijos juegan, y su juego que es prenda. de la eterni·
dad del dolor, me amarga los sueil.os retrógrados que te
forjaban fértil y estéril. Tus hijos juegan. Tú, tienes en
el regazo una bola de hilaza, o consultas tu portamoneda
o te miras en un espejo, superviviente de tu ruina. Y en
la Semana Mayor de tu mayor duelo, yo te ofrecería, en
la palma de la mano, para consolarte, una reducción de
la moneda de plata con gotas de tinta.

PEGASO

1

�RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO
LA CEREMONIA DE "LA SEÑA"

~~ NUESTRA PAGINA DE POEMAS

-,~1

Por Jesús García Gutierrez
Hace algunos anos que, al acercarse los días solemnes de la Sema·
na Santa, los habitantes de las
cabeceras de los diversos obispados
del país no dejaban de acudir presurosos a sus Catedrales, en los
días de antemano senalados por el
calendario, para ver desfilar a los
canónigos en lenta y majestuosa procesión y presenciar con la atónita
curiosidad del que no entiende, las
simbólicas ceremonias de nLa Seña/' tan llenas de majestad e.uanto
de misteriosas significaciones.
En el día de hoy apenas si a los habitantes de la capital de la república nos es dado presenciar en nuestra vieja catedral esas ceremonias,
y esto no precisamente porque muchas catedrales estén cerradas y
sus cabildos dispersos, sino porque
tenemos entendido que liace algunos anos qne la Santa Sede manifestó a los Prelados de la Iglesia Mejicana que veda con gusto que dejaran
de practicar esas ceremonias, exóticas en la liturgia romana, y todos
obedecieron prontos, como era natural; pero el de México pidi6 y obtuvo la gracia de que en su catedral se
siguiera practicando «la sefia&gt;, como, en efecto, se renueva todos ]os
anos por estos días en que se acercan los solemnes de la Semana Santa.
Y a fe que es de aplaudir que los
canónigos de nuestra vieja catedral
conserven todavía estas arcaicas ceremonias, porque con ellas nos conservan algunos girones de un pasado ya remoto, y cada afio remozan
los esplendores de los ya lejanos
tiempos de la colonia.
En efecto, en 1534 firmaba en Toledo el Ilmo. Sr. Zumárraga el instrumento de erección del Obispado
de Méjico, y en el párrafo 32 de dicho
instrumento decía textualmente:
&lt;El oficio divino, así el diurno como
el nocturno, así en las misas como
en las Horas, hágase siempre y dígase según la costumbre de la iglesia de Sevilla, hasta que se celebre
el Sínodo.&gt;
Y en 1858 se celebró, bajo la presidencia del Ilmo. Sr. Moya y Contreras, el celebérrimo Concilio III
Mejicano, y en él se hicieron los es-

tatutos por los cuales se rige todavía nuestra Catedral, y en el capítulo XIV de esos estatutos se mandó
que todos los miembros del cabildo
usaran el traje que entonces se acostumbraba &lt;en las iglesias catedrales
de España, por santas constituciones&gt;. Y de entonces datan las sobrepellices abiertas por los costados
y de larguísimas mangas rasgadas
que todavía se usau es la Catedral
y que llevan los canónigos volteadas
sobre los hombros; de entonces las
capas negras con capuz que usan en
el tiempo de invierno; de entonces
hts capas negras de larguísima cauda que lucen en la ceremonia de &lt;la
seíla&gt;, y de entonces, por último,
las majestuosas y simbólicas ceremonias de «la seña&gt;, porque todo
eso era lo que en el siglo XVI se
acostumbr~ba en las catedrales de
la madre Espana, y principalmente
en la de Toledo, primada de las espaílola81 respetabilísima por su antigüedad y oor su historia, y en la
de Sevilla. de donde en lo eclesiástico dependía la Iglesia mejicana.
Andando el tiempo se fueron desgajando del tronco ramos ya frondosos que formaron después otros
tantos árboles, y cada nueva Iglesia
que era erigida en la nacíón mejicana, llevaba de aquí los estatutos, los
usos y costumbres, y, por ende, las
capas de larguísimas caudas y las
vistosas y lucidas ceremonias ·de «la
sefl.a&gt;.
Pero más tarde, ora por una ra•
zón, ora por otra, los cabildos de las
diversas catedrales comenzaron a
pedir y obtener de la Santa Sede
que se les cambiara el severo y arcaico traje coral que habían llevado
de la catedral de Méjico por otro
más vistoso y lucido, y comenzaron
a verse en las catetrales los preciosos trajes prelaticios que usan en el
día de hoy muchos canónigos, y si
comenzaron a renunciar voluntariamente muchas de las costumbres
que de Rquíhabían llevado, no había
por qué conservaran la de &lt;la sei'ía&gt;,
que hasta incómoda resulta en las
catedrales que no tienep_ el coro en
el centro, según se estila todavía en
las espaf!olas.
Empero, los canónigos de nuestra

DE ANDRES TERZAGA
Crecemos como el árbol: hacia abajo y hacia arriba.
Como el árbol, nos perpetuamos en dos sentidos. Qui
sieran tus ángeles-ioh hermano mío!-que seas un árbol creciendo siempre hacia arriba, desprondido en absoluto de la noche de tus raíces, de las gredas sin luz
donde se clava tu instinto. Un árbol maravilloso que,
safándose del suelo, suba; suba llevando en la copa, cada vez más frondosa, el coro inocente de sus pái&amp;ro§, _ ..

Catedral han querido conservar, y
a través de los siglos han conserva·
do con amor, los usos y costumbres
que heredaron de sus mayores; se
rigen todavía por los estatutos for•
mados en 1585 y por las constituciones que ailos antes escribió para
ellos el Ilmo. Sr. Montúfar; no han
querido cambiar el traje co.ral que
usaron los primeros canónigos que
formaron, en pleno siglo XVI, el primer cabildo de la entonces naciente
catedral; y paralos que amamos las
antiguallas de nuestra tierra, es una
verdadera delicia ver cómo todavía
en nuestra catedral se observan
usos y costumbres de las iglesias
espanolas del siglo XVI, que ya en
muchas partes desaparecieron hace
tiempo.
Por eso no podemos menos de
aplaudir que todavía conserve·n con
amor }a ceremonia de &lt;la seña&gt;,
y cuando en estos día's, los vemos
desfilar en procesión lenta y solemne por la severa crujia, a través de
las naves siempre sombrías. de la
catedral. más ensombrecidas en la
Semana Santa por los velos morados
que cubren el oro de sus altares
churriguerescos, cubierta la cabeza
con el capuz y arrastrando por la
alfombra larguísima cauda, -por un
momento nos sentimos transporta.
dos a los tiempos ya lejanos de la colonia, y nos parece que vamos a ver
reaparecer en toi"no nuestro las pelucas em oolvadas, las casacas galo•
neadas los espadines, bastones y
demás ~tenda-s de los virreyes, oidores y próceres de la Nueva Espana.
Porque, aunque a los ojos delvul·
go, las ceremonias de «l_a sen.a&gt; no
ofrezcan más que el cunoso espectáculo, -del cual no entienden jotade los canónigos desfilando del coro
al altar mayor, y la bandera negra
con su cruz roja, desplegándose ora
en un sentido, ora en otro, al compás de las estrofas del Panqe linqu_a,
a los,ojos del amante de nuestra historia de nuestras tradiciones Y cos·
tumbres, es un girón de los tiempos
que pasaron, es un recuerdo de_ los
siglos anteriores, es unremozamrnnto de anejas costumbres, es algo que
nos trae gratisimos recuerdos de
pasadas grandezas.

Al margen de &lt;Ligeia•, de Edgard Poe:
...... La vida no se detiene. Brilla &lt;extranamente&gt; en
otros rostros y otras horas y otros días que no sabemos;
solivia las losas de las tumbas; llena los ámbitos y espacios por sobre nuestras cabezas. Sólo las formas cam·
blan. La «voluntad&gt; de vivir es eterna! gritan ensilencio los ojos de Sigeia, luciendo en la cara espectral de
Rowna. Y,· en silencio, gritan su terral":
-La muerte tampoco se detiene!. ..

DE FRANCIS JAMMES
EL ASNO DEL DOMINGO DE RAMOS
(1'raducción de Enrique Gonzcilez Martinez)

Pacía con mi madre la hierba azul del prado,
de un sabor como nunca acre y azucarado.
Sobre el cielo sin mancha, en trazos incisivos,
se. alzaba el verdinzgro Monte de los Olivos.
Pastábamos desde antes de que rayara el día;
el globo de Ja luna lentamente perdía
·
su luz, del sol naciente a las tintas bermejas.
Todo estaba tranquilo. Se oían las abejas,
el canto del arroyo chocando en los ribazos,
Y nuestro ramoneo como tijeretazos.
Mi mafue estaba atada, yo libre en la pradera.
Ella, en pie, meditaba bajo de una palmera.

Bien pronto, los discípulos vinieron hacia el prado
Y a mi madre desatan; vi que flla los seguia
tranquila y dócilmente, como que ya sabía
el asna de pupilas como la noche bellas
que aquel deber estaba escrito en las e;trellas.
En cuanto a mi, inocente, tienden una mantilla
sobre mi :flaco lomo revolcado de arcilla,
Y contento, adm\l'ado y distraído, eché
a andar.
Así llegamos, al :fin, a. Bethphagé.
En la pequeña plaza, multitud bullanguera
contaba con los dedos en debate animado.
Un muchacho tocaba un pito de madera.
Alguien dijo: ~al Maestro anunciad que han llegado~.
Un joven, de un tabuco se asoma en el umbral.
Creí tener en frente una luz celestial
que hizo cerrar mis ojos y me turbó el sentido.

Por el azul cruzaron dos palomas en vuelo.
Las vi, sentí la vida con íntimo alborozo,
Y·- las patas al aire -me revolqué en el suelo.
- - - .De pronto, oi a mi madre que lanzaba un sollozo.
No era el cotidiano rebuzno, era un gemido
que desgarraba el cielo, hondo, desconocido .
Mi alegria trocóse en dolor de repente.
Y la vida seguia su curso dulcemente:
Brincaban saltamontes en la hierba aromática;
un gato, frente a un perro, en actitud extática
vigilábalo inmóvil, con el pelo erizado.
'

Se acercó recogiendo la orla del vestido.
Murmuró entre sonrisas: •dejad al inocente
animal que, sin cuerda, se vaya libremente
al campo en que pacía~. Asi dijo el Maestro
hablando de mi madre que aun guardaba el cabestro.
Sentí sobre mi frente un gran soplo l}asar
Y tan sólo fui dueño de gemir y temblar.
¿Qué cosa iba a pasarme? Yo nada comprendí.
Hubo un silencio. Luego, Dios monto sobre mi.

DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
LA PARABOLA DEL CAMINO

de toda adoración, se encuentra mudo.
El otro peregrino
recnerda cada voz, cada celaje,
y guarda los encantos del paisaje.
Y los hombres lo cercan porque vino
a traer una nueva en su lenguaje,
y hay en su acento up hálito divino ..... .
Es como Ulises: hizo un bello viaje
y lo cuenta al final de su destino . . ..

La vida es un camino .....
Sobre rápido tren, va un peregrino
salvando montes. Otro va despacio
y a pie; siente la hierba, ve el espacio ..... .
Y ambos siguen idéntico destino.
A 10s frívolos ojos del primero
pasa. el destile raudo de las cosas
que se velan y esfuman. El viajero
segundo bebe el alma de las rosas
y escucha las palabras del sendero.

Porque la vida humana es un camino.

LA PIEDAD QUE PASA

De noche, el uno duerme en inconsciente
e infecundo sopor. El tren resbala
fácil sobre el talud tle la pendiente,
y el viajero no siente
que en la campiña próvida se exha.la
un concierto de aromas ....

Cayó sobre la arena un pétalo de rosa ....
Para que no lo estrujen los pies del peregrino,
mi mano suavemente lo apartó del camino
y le cavó en el musgo la tumba silenciosa.
Bajo rosal materno el pétalo reposa ......
Sobre el rincón que guarda su sueño y su destino,
de la cercana fuente el chorro cristalino
hará crecer la hierba y ocultará la fosa.

El prudente
que marcha a pie, reposa bajo el ala
de un gran ensueí'ío, y trepa por la escala
excelsa de Jacob. Cuando el oriente
clarea, se echa a andar, pero señala
el sitio aquel en que posó la frente.

Los pájaros del huerto han detenido el ala ..... .
La vesperal penumbra en el jardín instala
su indecisión de tintes cual funeraria ofrenda.

Ambos llegan al término postrero;
mas no sabe el primero
qué vió, qué oyó; su espíritu 1 desnudo

C~ando caigan los velos de la noche oportuna,
la piedad, revestida con ropaje de luna
Y un dedo sobre ~l labio, cruzará por la senda.
PEGASO

�EL JUICIO

DE JESUS

DE QUEIROZ
BRILLANTE PAGINA DE ECA
,
En un espacio con pavimento de mosaico, frente al solio donde
se alzaba el asiento curul del Pretor, estaba Jesús de pie, con las
manos en cruz y débilmente atadas por una cuerda de esparto que
colgaba hasta el suelo. Un largo albornoz de lona gruesa, orlado ,
de azul, le cubría basta los pies, calzados con sanda,lias ya gasta•
das por los caminos del desierto y atadas con correas. No le ensangrentaba la cabeza esa corona inhumana de espinas, como
yo había leído en los 'Evangelios: ten-ía un turbante blanco hecho
de una larga tira de lino¡ un.cord~l lo atAha por debAjO de la barEN EGIPTO

loaba su prudencia; celebraba a su padre Herodes el Grande, restaurador del templo. Su hijo Antipas, era generoso y fuerte . . , .
Pero, reconociendo su sabiduria, Sareas extrañaba que el Tetrar.
ca se negase a confirmar la sentencia del Sanhedrín que condenaba a Jesús . . .. ¡.No estaba aqnella sentencia fundada en las le.
yes q~e diera el Señór? El justo Hannán había interrogado al Rabi y el Rabi habíase E'incerrado en un silencio ultrajante. ¡,Era
aquella la manera de responder al puro, al sa.hio, al piadoso Han.
nán? Por eso un celoso, sin contenerse, abofeteara el rostro del
Rabí. ... ¿Dónde está el respeto de los antiguos tiempos y la Vijneración al pontificado?
Su voz grave y hueca resonaba bajo las arcadas. Yo, aburri~o.
bosteza.ha. Sareas después proclamó los derechos del Templo. ¿Y
aquel Templo cómo lo respetaba el Rabi? Amenazando destruirlo .... ¡ Y la blasfemia, arrojada al Santuario, subía basta el seno
de Dios!
Bajo el toldo los Fariseos, los Escribs.s, los Netbenims dél Templo, esclavos sórdidos, susurri:iban como arbustos silvestres queuu
viento comienza a agitar. Y Jesús permanecia inmóvil, abstraídamente indiferente, con los ojos cerrados como para abismarse mejor en un sueño continuo y hermoso. Se levantó el Asesor roma,
no: dejó en el escabel su abanico de hojas, recogió con arte el
rnn.nto forense y saludó tres veces al Pretor: su mano delicada co,
menzó a ondular en el· aire, haciendo brillar una joya.
-¿Qué dice?
-Cosas muy hábiles-murmuró Topsius.-Es un pedante, p
tiene razón. Dice que el Pretor no eR judio; que nada l:!Rhe de
Jehová; que no le importan los prClfetas que se alznn contra Jehová,
EN EL MONTE DE LOS OLIVOS

Y como leña seo~ que una chispa inflama, el furor de los Fariseos y de los servidores del Templo rompi'ó en clamores im acientes: ·
p
-¡Crucifícale, crucifícale·r
Pomposamente el intérprete decfa en griego al Pretor los grito
tumultuosos. lanzado~ en la le.ngua siria que habla el pueblo d!
Judea. Ponc1ó g?lpeo con el pie sobre el mármol. Los lictores Jevao~aron en e~ aire ~as varas que terminaban en una figura de
águiht.: el escriba ~r1tó en nombre de Cayo Tiberio: los brazos
amenazadoreli se. ba.Jaron y fué como un viento de terror que so.
pJ!l,8e ante la maJestad del Pueblo romano.
De nuevo habló Poncio, lento y distraído:
-¿Dic~s que eres rey? ?~.qué es lo que haces a.qui?
Jes6.8 d1ó otro paso hacia el Pretor. Su stl.ndalia pisó fuertemen
te sobre las losas, como si tomase posesión suprema de la tierra·
LM palab~as que sali~ron de .t1us labios secos me pareció que ful:
guraLan vivas en el atre, como el resplandor que salió de sus ojos

jud.fos enir6, porqu~ ~isár en día. pascual un suelo pagttno era dc'.1sa impura ante el Senor. Sareas anunció altivamente al tribuno
que algunos de la nación de Israel, ante la puerta del Palacio de
s~s p~dres, estaban ~aperando al Pretor. Luego, pasó un largo
8
~~enc10 ll~no de ansiedad. Después, dos lictores avanzaron : tras
eb os, cammando a pas~s largos, con la amplia tcga recogida 80 •
re e1 pecho apareció Pilatos.
Todos l_os turban:es se inclinaron, saludando al Procurador de
Judea. PI13:t?s habiase detemdo al pie de la estatua de Augusto;
Y como repitiendo el gesto de la noble figura de mármol
extendió
1 a mano:
'
~Que la paz sea con vosotros y con vuestras pal&amp;bras .. Hablad.
Sa.re~s adelantóse y declaró que sus corazones venía.n en \•erdad
11 enos e Pª~······ pero habiendo el Pretor dejado el Pretorio sin
confirmar m analar la sentencia del Sanheridrin, ellos se hallaban
CON LA CRUZ

negral'!.

-He venido a ~ate m~ndo para predicar la verdad. Quien dese~ la verdad, quien qmera pertenecer a la verdad tendrá que oír
MI VOZ.

Pilatos le miró un momento pensativo: después encogióse de
homhros.
-¡La verdad!. ..... ¿Y qué es la verdad?
Jesós de Nazareth enmudeció,
En el Pri:i~rio reinó_ un sil~ncio profundo, como si todos los corazones hubiesen sentido la mcertidumbre. Pilatos descendió los
r~1Rtro escal?nes de bronc~, recogiéndose la amplia toga; y prece.
1!tdo de los hctores y seguido del Asesor, penetró en Palacio, por
e.ntre el ru?1or de Rrmas de los legionarios que lo saludaban batiendo el. hierro de las lanzas y el bronce de los escudos.
Inmediatamente se. al~ó ~or todo el patio un áspero y ardiente
susurro, como de abeJas irritadas, Sareas peroraba blandiendo el
há.cu lo entre. los fariseos que jllntaba.n las manos c~n terror.
·
Otros, alPJados, murmuraban sordamente. Un viejo~ dejRndo
ANTE PILÁTOS

Un angel se le apareció ,i José y le il'ijo: ~f,1J,vántate y hi¿yen

Le obligaron a Uevar sn ()J·nz y Jesúa cayó tres veces ..... .

ba encara.colada y Aguda. Los cabellos secos, pasados por detrás
de las orejas, le caían en rizos por la espalda; y en el rostro flaco,
requemado, bajo las cejas densas, unidas, negreaba con una profundidad infinita el resplandor de sus ojos. No se movia, fuerte y
sereno, delante del Pretor. Tan sólo algún estremecimiento de las
manos atadas, delataba el tumulto de su corazón¡ y a veces respiraba. largamente, como si su pecho, acostumbrado a los libres y
claros aires de los montes y de los lagos de Galilea, se sofocase ba•
_io el palio romano y la estrechez formalista de la Ley. A un lado,
Sa.reas, miembro del Sanhedrin, que babia dejado en el suelo su
manto y su báculo dorado, iba desenrollando y leyendo, con adormecedora canturía, una tira oscura de pergamino. Sentado en un
eilcabel, el Preter romano, sofocado por el calor ya áspero del mes
,i_e Nizam, refrescaba con un abanico de bojas secas de hiedra la
foz rasurada y blanca; un escriba vi€'jo, en una mesa de piedra

C?mo el hombre que ve la uva en la viña suspendida sin secar
madurar.
. l;'oncio pareció penetrado de equidad y de clemencia.
----:Interrogué a vuestro preso y oo hallé en él culpa que deba
castigar el Procurador de Judea ...... Antipas Herodes que es prudent~ Y fuerte y practica vuestra Ley y ora en vue~tro templo
tamb1?n le inte_rrogó y ninguna culpa halló en él.. .... Ese hombr¿
sólo dice cosas rnpoherentes como los que hablan en sueños.
. Entonces, con un sombrío murmullo, todos retrocedieron deJando al Rabi Robam solo en el umbral de la sala romana. Lentame?:te, sereno, como si explicase· la ley, el Rabi alzó la mano
y d1¡0:
-; Delegadú de C_é~ar, Poncio, muy justo y muy sabio! El hombre que tú llamas v1l"1onario, hace años que ofende nuestras leyes
Y blasfema de nuestro Dios. Pero ¿cuándo le hemos prendido nos~
lll

LOS OlSCIPULOS

LA CRUCIFIXION
Se prosterna, ora 'Y diGe: GPadre, hágaae tu voiwntad» ... .. .

Jesús busea s1is disdpnlos entre los artesa,no1s y los pescado·l'es ..

llena de tabularios, afilaba minuciosamente sus cálamos¡ entre ambos, el intérprete, infeliz e imberbe, sonreia con las manos en la
cintura., arqueando el pecho, donde llevaba pintado un papagayo
hermejo. En redor del toldo. volaban constantemente palomas.
Fué asi como yo he visto a Jesús de Gd.lilea., preso delante del
Pretor de Roma.
En tanto, Sareas, que babia terminado la lectura de un pergamino, saludó a Pilatos y comenzó en griego una a.renga verbosa y
aduladora. Hablaba del Tetrarca. de Galilea, del noble Antipas:

v que la espada de César no venga a Dioses que no protegen•
César.
Terminó el Asesor, Ylánguidamente, dejóse caer en su escabel
De nuevo habló Sareas. Ahora, más retumbante, acusaba a Jesiu,
no de su revuelta contra Jehová y el Templo, sino de sus preten·
is iones como principe de la casa de David. Toda la gente en Jern·
¡;,,a\em babia.le visto llegar por la puerta de Oro, en falso triun
rodeA.do de palmas verdes, en medio d_e una multitud de galil
t1ne gritaban: -u¡Hossa·na al Hijo de David! ¡Hossana al Rey de
I ;raelb1
-¡ Es el hijo de David que viene para hacernos mejores!-gri
a In lpios la voz de Gad, llena de persuasión y de amor.
El Pretor se dispuso a interrogar al Rabi. Yo, temblando,
dmo nn legionario empujaba a Jesús, que alzó la faz. Incliná
dnse levemente hacia el Rabi, con las manos ahiertas que pa
dan soltar, dejar caer todo el interés por aqael pleito ritual
tiectarios arguciosos, Poncio murmuró aburrido e incierto:
-¿Eres tú acaso el Rey de los Judfos? .... Los de tu nación
traP,n ante mi. ... ¿Qué has hecho? .... ¿Dónde tienes ese reiD
El intérprete, infatuado, de pie, junto al solio de mármol,
pitió muy alto las palabras del Pretor en la antigua. lengua b
hraica de lo8 Libros Santos: como el Rabi permanecia silencioso,
la.i gritó en el dialecto caldeo que se usa en Galile!l.. Entonces Jes
dio un paso. Oi su voz. Era clara, segura, dominadora y seren
-Mi reino no es de este mundo. Si por voluotad de roi Pad
fuese yo Rey de Israel, no esta~·ía ante tl con efita cuerda en
m1mos .... ¡Pero mi reino no es de este mundo!
Un gritó partió der¡;esperante:
-¡Entonces que lo saquen de este mundo!

Entonces Pilatos s~ ZCllVa ias mam
, os y Zes d•ce.·
·
•
«y
_ o soy 1,nocente
de la sangre de este justo».

suelto .su man_to que volaba, corria por entre los vendedores de pa
nea ácimos gritando:
-¡Israel está perdido!
Gt\d surgió ant? nosotros alzando los brazos tfiunfantes:
-El Pretor es Justo y liberta al Rl'lbí.
Con la f,1,z resplandeciente, nos revelaba la dulzura de su esper~a~a, El _Ra.bí, apenM fuese suelto, dejaría JesusaJem donde Jas
pie ras eran m~nos duras que los corazones. En Betbania le esper~ban sus amigos armados: al romper la luna partirian para el
. ctd·i . .1:1..
A(( í estaban aquellos que le 'amaban. ¡,No era
Jn,1e1s de E nga
~ 6s b~rmano de los esenios? Como ellos 1 el Rabi predicaba. el
1
l ª?!eCio de loa bienes terrenos, la ternura por los que son pobres
Y R incomparable belleza del Reino de Dios.
Yo, crédulo, me regocijaba, cuando un tumulto invadió la ga1
Era el bando negro de los fariseos. Dirigióse hacia el lugar
011
e el Rabí Robam conversaba con Manasés, envolviendo dulr.emente en los dedos los cabellos del niño, más dorados que los
.ntaües. Sareas, con la firmeza de quien intima empezó a decir:
-Rabi Robam, es nec~sario que ·bablP-s
Pretor y salves
noesLra Ley.
Y luego de todos lados fué un suplicar ansioso.
-Rabi, habla al Pretor. Rabi, salva a Israel.
el E!_Rabi se alzó majestuoso como un gran Moü,és. Después con
~no de la mano, se puso a caminar en silencio: tras él la iurba
ucía_un rumor de sandalias en las losas de mármol. Nos de•
,mosJ~nto ..a la puert~ de ~e~ro: Los pesados goznes rechina•
100
ton·
un tribuno del palac10 ncud1ó. Nos detuvimos todos, amonados en el umbral. En el centro de la sala fria y mal iluminada
ergufase pálidamente una estatua de Augusto. ' Ninguno de Jos

ti~

ai'

&amp;i,¡

••••. •Y Jes-ús fue crncijicado.

otros, _cuándo le hemo~ traído ante tí? Solamente cuando le be.
mos visto entrar en trmnfo por l_a Puerta de Oro aclamado como
rey de Jud?8:· Porque Judea no tiene otro rey sino Tiberio. Apenas _un sed 1cioao se proclama contra el César, le apresamos y le
casttg~mos. Eso hacemos nosotros que no gobernamos por el Cé
sar, DI cobramos de su erario.
La fa_z de Pilatos ~e obscureció con uns nube de cólera. Aquella
tortuosidad l de los
abo
"d Judioa-que
·
' execrando a R oma, pregona ban
ra un ce o rm oso por el César para poder, en nombre de la

PEGASO
P,EGASO

5

�autoridad, saciar un odio sacerdotal, sublevó la rectitud del
romano.
-Callad. Los procuradores de César no vienen a aprender, en
una colonia bárbara del Asia, sus deberes para con César.
Mana.ses que estaba a. mi lado, y se tiraba impaciente de la
barba, alejóse con indignación. Pero el Rabi prosiguió tan indiferente a la ira de Poucio como a los balidos de un cordero que con•
dujese a las aras.
-Tn amo te da a guardar una viña y tu dejaa que entren en
ella y que la vendimien. ¿Para que estás en Judea? ¿para qué es
tá la sexta legión en la torre Antonia?
Poncio, ten presente qae nuestra voz es lo bastante clara y lo
bastante alta para que el CéBar la oiga.
Poncio dió un paso lento hacia la puerta; y dijo con los ojos
clavados en aquellos judios que lentamente le iban enlazando en
la trampa sutil de sus rencores religiosos:
-No temo vuestras intrigas. Elio Lamma es mi amigo .. ... . ¡Y
César me conoce bien!
El .Rabi Robam repuso, sereno y apacible como si conversase a
la sombra de un verjel.
-Tú ves lo que no está en nuestros corazones, Poncio; pero
nosotros vemos lo que está en el tuyo. Tú qaieres la destrucción

de Judá.
Un estremecimiento de cólera devota pasó entre los fariseos. El
Rabi Robam continuaba denunciando al Pretor con serenidad y
lentitud.
.
-Tú quieres dejar impune al hombre que pregonó la insurrec•

haber desacuerdos. ¡Siempre os hice concesiones! Más que ningdu
procurador deBde Coponio he respetado vuestras leyes ..... .
Dudó un momento; después, frotándose lentamente las m&amp;n01
y sacudiéndolas como mojadas en un agua impura, continuó;
-¿Queréis la vida de ese visionario? ¿Qué me importa? Tomad.
la ...... ¿No os basta la flagelación? ¿Queréis la cruz? ¡Crucificadlo!
¡Pero no soy yo quien derrama esa sangre!
Un levita macilento clamó con pasión:
-Somos nosotros y que esa sangre caiga sobre nuestras cabezaa,
Algunos se estremecieron: creian que todas las palabras tienen
un poder sobrenatural y hacen reales las coeas pasadas.

•*•

Entre un brillo de armas, surgieron nuevamente las vart1.s de lot
lictores. l;'oncio, pálido y pesado, volvió a e.copar el asiento Cu.
rul. Reinó silencio tan profundo, que se oyeron las bocinas que
toca.han a lo lejos en la torre Mariana. Poncio Pilatos, con Un&amp;
dignidad indolente, alzando levemente' el brazo desnudo, confirm6
en nombre de César la sentencia del Sanbedrín que juzgaba en Je,
rusalem ... ..... .
Los fariseos triunfaban. Junto a nosotros, dos muy viej01
se besaban en silencio las barbas blancas¡ otros agitaban en el aire
los bastones, o b.nzaban sarcásticamente la. e.xclamaoión forenee
de los romanos: t&lt;Bene et belle. Non potest meliu8h)
Pero de pronto el intérprete apareció encimR de no escabel, oa,
tentando sobre el pecho su papagayo flamante. La turba enmudeció sorprendida. El fenicio, después de haber consultado coo
el escriba, sonrió y gritó en caldeo alzando los l;lrazos cargadoe de
pulseras de coral:
-¡Escuchad!. En esta. vuestra fiesta de Pas~ua, el Pretor de Je,
rusalem acostumbra, desde que Valerio Grato así lo determinó,
con el beneplácito de César, perdonar a un criminal.. ... El Pretor
os propone el perdón del Rabi. ..... ¡Escuchad todavía! Vosotrai
tenéis también el derecho de escoger entre los condenados. Et
Pretor tiene en su poder, eu los calabozos de Herodes, otro sentenciado a muerte.........
Dudó y de nuevo consnltó con el escriba. Luego, volviéndose 1
la multitud, gritó con la faz :i¡isueña:
-Uno de los condenados es el Riibi Jescboua que aquí tenéiey
que se dice hijo de David ...... Ese es el que propone el Pretor ..... .
El otro, endurecido en el mal, fué preso por haber dado muerte
traidoramente a un legionario en una riña cerca dt&gt;. Xistus. Sn
nombre es Bar-Abbás. ¡Escoged!
Un grito brusco y enronquecido partió de entre los fariseos:
-¡Bar-:Abbás!
Y después por el atrio, confusamente, fué :resonando el nombre
de Bar-Abbas, y un esclavo del templo, de sa.yal amarillo, llegando basta las gradas del solio, rompió a grits.r enfrente de Poncio:
-¡Bar-Abbás! ¡Oye bien! ¡Oye bien! ¡Bar-Abbás! ¡El pueblo
sólo quiere a Bar-Abbás!
El cuento de una lanza le hizo rodar por las losas. Pero ya toda la gente gritaba:
-¡B:u-Abbás! ¡Bar-Abbás!
Casi nadie conocíaalli a Bar-Abbás. Muchos, ciertamente, tam•
poco odiaban al Rabí; sin embargo, engrosaban el tumulto porque
sentían, en aquella reclamación dei preso que atacara a los legionarios, un ultraje al Pretor romano, togado y augusto en su tribu•
na!. Poncio, entre tanto, indiferente al vocerfo de aquella turba,
escribía en una gran hoja de pergamino posada sobre sus rodi1la&amp;
En torno los clamores ya disciplinados resonaban en cadencia e&amp;
mo mazos en una era:
-¡Bar-Abbásl ¡Bar Abbás!
Entonces Jesús lentamente volvióse Ílacia aquel populacho du•
ro y revoltoso que le condenaba: en sus ojos refulgentes y ht'imt
dos, en el fugitivo temblor de eus labios, sólo apareció en aquel
momento una tristeza misericordiosa por la inconsciencia d
aquellos que a.si empujaban hacia la muerte al amigo de los bom·
breit ......... Con las manos atadas limpióse una gota de sudor: d
pués quedó ante el Pretor, . mudo e inmóvil, corno si ya no pe
neciese a este mundo.
El escriba, batiendo con una regla de hierro en la. mesa de piedra, impuso silencio tres veces en nombre de César. El tumulto
ardiente agonizaba. Poncio se levantó: sereno, sin demostrar im·
paciencia ni cólera, elevó la mano pronunciando el mand~
final:
-¡Id, y crucificadlo!
4

1J1ater dolorosa

ción declarándose rey en una provincia de üéBar, para tentar, con
tal impunidad, otras ambiciones más fuertes y hacer que un nue•
vo Judas de Gamala ataque las guarnicioues de Samaría. Así
preparan un pretexto para descargar sobre nosotros la espada imperial, y extinguir completamente la vida nacional de JudeR.. Tú
quieres una i:-evolución para ahogarla en sangre, y presentarte ante César como soldado victorios_o y administrador sabio, digno de
un proconsulado o de un gobierno de Italia. Nosotros estiimos en
paz con César y cumpliremos nuestro deber, condenando al homª
bre que se levantó contra César ...... ¿Tú no quieres confirmar e¡
tuyo confirmando esta condena? ¡Bien! l\fandaremos emisarios a
Roma para que lle,;en nuestra sentencia y tu negativa. Salvando
ante el César nuestra responsablidad 1 moatraremos a César como
procede en Judea aquél que representa la ley del Imperio ...... Y
ahora, Pretor, puedes volver al Pretorio.
Poncio frunció las cejas e mclinó la frente. César, de~confiado
y siempre inquieto, tal vez sospecharía un pacto entre él y aquel
rey de los judíos ¡Tal vez su justicia y su orgullo en mantenerla. le
costasen el proconsulado de Judea! Llegó lentamente hasta el
umbral de la puerta, y abriendo los brazos, conmovido por un
impulso magnánimo de conciliación, comenzó a decir:
-Hace siete años que .gobierno Judea. ¿Cuándo me habéis en·
contra.do injusto o infiel a las promesas juradas? ...... Ciertamente
que vuestras amenazas no me conmueYon ...... César me conoce
bien ...... Pero, entre nosotros, para provecho de César no debe

;........................................ ,.. ,, ...,,.,,,,,.,,,,,,.,,,,,.,

ES UNA DE LAS MAS HERMOSAS TEMPORADAS EN QUE SE GOZA DEL DESCANSO CON
TODAS LAS COMODIDADES.

...................... ,,..,..,,, ... ,..,......., ...... ,,.... n)11111111m1•1•11111••111111N•oo•-•••••"•"""''•"""'"'"''• .. •m• ....... .,..,.,..,.,,,,, •• ,,,1111111,11u•u•1110111111111m1n•1•111, ............. ,..,,,,111111m•----.,JI,

6

SANCTORUJVr::
Como a dos kilómetros de Tacuba se recata en un ángulo del camino un pequetlo cementerio coronado
por vetustísima iglesia. Es Sanctorum. El templb, en ruinas, debe de
ostentar vestigios arquitectónicos
dignos de ser admirados o, por lo
menos, qonocidos. Vamos a Sancto·
rum! &lt;Seguid la ruta que conduce
al panteón espallol y luego otra llat··
,deada por magueyales que.se aparta de la primera por el lado izquierdo&gt;. Eso es cuanto nos servirá de
, guía. Y partimos, dejándonos con.
, ducir, más que poi~la breve indicación, por nuestro sentido de_lo colo' n_ial que podría, como otro hilo de
Ariadna, desintrincarnos el dédalo
d~ las modernas vulgarid ade s, y
descubrirmos el celado tesoro .
En el ancho camino, a la húmeda
claridad de este domingo de Sept1em bre, no son ideas a legres, ; hi-

de_z de colorido en las plantaciones,
1n1cia una mueca doliente. Pasan

tre~ hompres enlutados. Luego dos
muJeres y una chiquilla. A lo lejos
se presiente la negra peregrinación
de otros seres enlutados. Y todos
ellos, caminantes de la tristeza ha·
c_en el fúnebre blasón-levement~ sentimental, un poco severo del amplio
cuadro d~ atonal incipiencia.....
Pero en el fondo, a la izquierda
?a surgido una pequeña iglesia ro~
Ja, de contorno elegante. Sin duda
es Sanctorurn. Y con la obsesión de
Ed1po, en su anhelo de leer los enig
mas a fuerza de mirar los ojos a la
Esfinge, olvidamos todo el secreto de
l~- nuestra, más callada, más miste ·
riosa, no menos sufriente.
Mas ella retrocede tras el espesor
de la bruma, queriendo anadir el
obstáculo de la distancia. Al cabo
va d~jándose cefiir por nuestras mi-

...,,,,..,,,,...........................,..............................,,.,,.,........,,,.,,.,,,,...,,,,,,,. ,,,,,...................,,,,,.,,....,..........,...,,...,,,,. ,,. ,,.,....,.,,,,,,,,...............

LA SEMANA SANTA
EN SAN ANGEL INN

-

ARTE COLONIAL

PIEGAao

jas gozosas de la vida, quienes tejen
el sartal de sus danzas. Los perfiles del horizonte, esfumándose bajo
el nublado, dan al paisaje la melan·
colía de lo indeterminable y la cru•

radas y, vencida, extiende su forma
que es como un desgarramiento.
Pedemos apreciar un ábside almenado que se distingue del cuerpo de
la iglesia por ser más angosto. El
PEGASO

campanario, cuyo perfil se destaca
sobre el plúmbago celeste, parece
afiadido posteriormente al templo;

es de dos .cuerpos, muy semejante
a los campanarios del siglo XVII
que abundan en la ciudad de México.
Llegados al cementerio, hay que
bordear su tapia de blancura deslumbradora para alcanzar el interior. Más que la morada de la muerte, semeja el jardín de la melancolía; pero_ jardín salvaje en que la exuberancia de su vegetación quisiera ocultar las tumbas infamantes
La iglesia se levanta en el fondo:
Sus muros poderosos sostenidos
por contrafuertes enormes, eL cor•
te de su fachada principal, las hue·
llas que restan del envigado la con·
centración del ornato en la portada·
son todos indicios de que la cons'.
trucción del templo data acaso del
siglo XVI. Pero, lo que ~obre todo
hace presumirlo, es el carácter de
los ornatos. Los ele la fachada ostentan, a la par que un medíoevalismo visible, como los ángeles que a
ambos )•dos de la puerta exhalan
su dibu¡o anguloso, cierta tendencia
del _Renacimiento que pretendía sugerir en cada pórtico el orgullo de
un escudo de armas.
·
. El interior nos ensena la disposición de una basílica rudimentaria
el tipo de las primeras iglesias qu~
~e construyeron en la nueva Espana. Componíanse de una sencilla
n_ave, alargada con techo plano de
vigas, Y un ábside en el fondo
o_puesbo a la puerta. Dentro del es'.
ti.lo que los _ar9~itectos llaman franciscano primitivo, hay muchas pe·" :
qu~ll~s variantes, sobre todo en los .
edific10s rurales, una de ellas es ésta. No de las más elementales pues
presenta el ábside separado' de la
nave por un arco, el antiguo arco
7

�San Angel y ei del Desierto de los
Leones, ha sido transformado actualmente en Hospital Militar.
Dejémosle que guarde sus habitantes, los hijos del dolor y de la
sangre, y sigamos nuestro paseo
dominical. Otra vez admiraremos
sus ruinas, su estanque hermosísimo de colorida arquitectura, en medio de un parque magestuoso, sus
prolíficos rosales, de flores como
bocas de fuego.

triunfal de las verdaderas basílicas, y arcos de descarga a lo largo
de los muros. Los ornatos que cubren el arco triunfal son de lo más
rico que pueda imaginarse, é interesantísimos como muestra de los
relieves en estuco que se hacían en
México. En sus dibujos se ven mez·
clarse los elementos europeos del
Renacimiento con los motivos indígenas de ornato a la par que los tra·
zados geométricos recuerdan \os
adornos mudéjares que recubren
muchos edificios de Espa!ia. Es asimi'smo de marca netamente prehispánica el carácter del relieve muy
poco profundo, como el de los monolitos donde grabaron las hazanas
de sus héroes y los arcanos de su
ciencia aquellos hombiesde hierro.
Sanctorum es una ruina. Y no la
acompaña ni un peque!io ademán
preservativo; la yerba, invadiéndola,
simboliza el afán de la naturaleza
por arrebatar la al dominio del hombre. De sns múltiples escudos-que
indican, seguramente, la intervención directa de algún noble de la
Colonia en la vida de Sanctorumel más hermoso ha sido llevado a la
Academia de San Carlos. Allí espera su suerte, como símbolo mudo
de inconformidad, tan hermético en
sus signos que parece haber perdido la expresi6n frente á los asombros de Miguel· Angel.
A dos pasos de Sanctorum se halla otra reliquia colonial: San Joaquín. Quizás monasterio, pues tiene
el mismo carácter que los conventos
campesinos de los alrededores de
México, como los de Churubusco,

El cielo continúa como adormeci•
do bajo la hopalanda de la bruma.
La melancolía del ambiente absorve
los rayos solares, dejando la tierra
entregada al ensuefio de su propio
calor. Y recito mentalmente aquellos versos de Rodenbach, hechos,
al parecer, a este propósito:
.... Dimanche, c'était le jour des lentes pro(menades
par des qnais endormis, devastes esplana•
(des,
au long d'un mur d'hospice, au long d'un
(canal mort
ou le brouillard, a peine une heure, se dis·
sipe ....

.... Le diman che est l~ jour ou Pentend
les cloches!
Le dimancbe est le jour ou l'on pense a la
mort!
MANUEL

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
Un grupo de
simpatizadores
de los Aliados,
ha organizado
unos Juegos Florales que tienen por objeto demostrar el sentimiento latino, por
medio de sus poetas y hombres de letras.
L":i Juegos estarán bajo el patronato de la.
Alia,nza Francesa, y tendrán verificativo
1:m uno de los principales coliseos de la capital, bajo un selecto programa q~e se está formando, y que en su oportumdad daremos a conocer.
Su Majestad la Reina de los Juegos Florales y su Corte de Amor, estará- formada
por señoritas de las principal~s f~milias_de
las colonias francesa, belga, 1tahana e mglesa.
El Honorable Cuerpo Diplomático será
invitado para presidir la fiesta, acompañando a su Majestad la Reina. y su Corte
de Amor, en calidad de Chambelanes.
He a.qui la convocatoria:
TEMAS

1.-Canto a la batalla del Marne, en
verso castellano, poesia. épica. Primer premio, consistente en una flor natural, derecho a elegir la Reina de los Juegos Flora.les y un mil pesos en oro nacional. 21?
Primio, un objeto de arte.
2. -Tema. Consecuencias del triunfo de
los Aliados en el desarrollo intelectual,
moral y económico de la Humanidad. Pro8

LA GRAN GUERRA

El camino, al regreso, es más triste porque no hay un afán de curiosidad que nos guíe, incitándonos en
la ruta. Escúchanse a lo lejos, len·
tas y cansadas, las voces del campanario; se presiente un entierro:

TOUSSAINT.

.....................................................................................................................................,. ,.................................................................... ,...........................................................................

Juegos florales
de la Alianza Francesa

Campamento del ejército francés en el Marne

sa. Pri~er Premio, objeto de arte. 2? Premio cien pesos, oro nacional.
s.'-Teroa. Canto a la mujer aliada. En
verso de rima perfecto. Primer Premio,
objeto de arte. 2° Premio, colección de li·
broa de lit~ratura francesa.
BASES

1.-El Certamen queda abierto desde
esta fecha hasta el di.a 18 del entrante mes
de abril.
2.-Todos los trabajos que envien los
concursantes deberán ser inéditos y envia•
dos en sobres cerrados y certificados, al

Apdo. Postal número 1705.
3.-Los concursantes enviarán sus trabajos en dos sobres, en nao irá la composición amparada por un lema, y en el segundo, el nomhre y do~ici_lio del ~utor.
4.-No se devolverá nrngun trabaJo. El
Jurado Calificador será integrado por persona perita, siendo Presidente de dicho
Jurado el notable j1,uisconsulto Jean Dnpuy 1 abogado de la Legación francesa.
5. -El Jura.do Calificador rendirá su die~
taro.en precisamente el día 20 de abril, sobre las composiciones premiadas, anunciándóse por medio de la prensa sus lemas,
para que sus autores se J:&gt;resenten a recibir
las recompensas el día de la fiesta que se
celebrará el 30 de abril.
La extensión de los trabajos se deja a
voluntad de los concursantes.
Las obras premiadas serán leidas por
PEGASO

•

sus autores o por la persona que designen,
quedando al arbitrio del Jurado Califica•
dar la elección de las composiciones en
prosa que deban leerse, atendiendo para
ello a su extensión.
El mantenedor de los Juegos Florales
será uno de los abogados de más renom·
bre en el foro mexicano.
El producto integro de la fiesta será en•
treg-ado al ExcelentisimO señor Ministro
de Fr.-tncia.
Próximamente daremos a conocer el
nombre de las casas que han donado pre•
mios, los cuales se exhihirán en sus a.pa•
radores basta un día antes de la fiesta.
Se suplica a las principales casas comer•
ciales, se sirvan colocar esta convocatori11,
en lugar visible, así como a la Prensa partidaria de los Aliados, la reproducción de
ella.
Todo asunto relacionado con los Ju egos
Florales, puede dirigirse al Apdo. Postal

1705.
EL COMITÉ ORGANIZADOR DE LOS JUEGO!!
FLORALES.

El señor" in·
geniero D. Nor•
de introducción
berto Domin·
- ·
gnez fné recibido como socio activo de la Sociedad de
Geografía y Estadistica en la sesión que
este instituto celebró el jueves pasado. El
señor Dominguez presentó un estudio ti·
tulado c1Los Estados Unidos y el dominio
del Océano Pacifico.,i
Estudio

iLos bárbaros, cara Lutecia! ....
Cuando Rubén Daría escribió este
verso célebre tuvo una visión profétíca. Su gran alma sensitiva, flotan·
do sobre el océano de luz y de alegria
de París, adivin6 la tempestad que
fermentaba tras la cinta poética y
azul del Rhin; y lanzó, estremecido
ante el porvenir, ese grito de alerta
que precedió algunos años al ronco
tronar delos cañones con que la invasión llamó a las puertas de Francia.
Los bárbaros, cara Lutecia ....
Porque llenos de entorchados, con
sus cascos puntiagudos rematando sus
redondas cabezas rubias, los alemanes de hogaño solo difieren de los de
antaño por la indumentaria y la perfección suprema de sus medios de
destrucción. Bajo el paño flamante de
los uniformes, respira el mismo bárbaro musculoso que hace siglos dejó
las obscuras selvas germanas y arra
só como un huracán el mundo romano. Solo que en aqsellos tiempos la
masa invasora iba demoliendo todo
con la inconsciencia de una fuerza ciega y la actual ejecuta una labor calculada, discutida y aprobada en el silencio de los gabinetes después de
veinte centuria.s de civilización cristiana.
Roto el dique, el mismo empuje, la
misma ferocidad primitiva han hecho
correr por la médula de la humani
dad un calosfrío de espanto.
&lt;Debéis infligir a los habitantes de
las ciudades invadidas el máximum
de sufrimiento .... Debéis dejar en
las ciudades que atraveséis únicamen ·
te ojos que lloren,~ decía Bismarck
en 1870. •No nos impoºr ta que In catedral de Reims haya sido o no demolida y con ella pierda el arte uno de
~us más grandes monumentos: lo que
importa es saber si nuestras fuerzas
han entra.do nuevamente victoriosas
a Reims•, escribe con diab6lico des·

enfado otro prócer alemán. Destruir,
demoler, aterrorizar: he ahí la concepción prusiana de la guerra, practica•
da ya en la antigüedad por los otros.
En su deseo de vencer nada ha podido detenerlos: han herido sin piedad en 10 que estimaban más sensible:
en la población, en las creencias, en
los intereses, soñando falsificar a la

~'
~
' . i"'s. ..;.,

,

.. ,

ron la. misma suerte y ciudades an·
tes floreciente.s son hoy montículos de
escombros.
París escapó.
Estaba condenado también a la destrucción y hu bíera Volado si el heroísmo francés, gigante en su desesperación, no golpea la nuca de la bestia
en las llanuras de la Marne.
iLos bárbaros! ....
Los bárbaros van ya en retirada.
Mostrando las zarpas, \iefendiéndose, ganan lentamente el camino de
su patria, dejando en cada una de sus
etH.pas giroaes ensangrentados de su
desmesurado sueño.
Tras ellos parece que el mundo renace.

..

*,

-L.

~

.l[onseñor Jlercier,
Cardenal Primado de Belgica

Naturaleza en sus sacudimientos fur·
mida bles.
Por eso los cañones alemanes se han
cebado en el estupendo prodigio de
piedra de la catedral de Reims. Por
eso la catedral de Senlis, la de Soisons,
la de Amiens, la de Laon, la de Noyon, la iglesia de Saint-Etienne, la de
Nuestra Señora de Brebiéres, conservan en sus torres y en sus naves
la huella de los obuses. Pqr eso las
iglesias de Loo, Oostkerke, vVulveringenx, Dinant, cien más, corrie
PEGASO

La labor de los sacerdotes en las
día~ de prueba fué extraordinaria.
Bien sea quedándose en las poblaciones invadidas para defender a las fa.
milias inermes; bien sea acompañando a los soldados en las líneas de fuego
para proporcionarles los consuelos
de la reliá,!ión cuando c~ían heridos de
muerte, han cumplido sus deberes
con abnegación ejemplar. Muchos de
ellos pagaron con la vida su celo cristiano; otros han pasado largos m~ses
en los hospitales curándose las lesiones recibidas en el frente de batalla.
Los germanos no solo no los respetan:
los odian. Son, al fin y al cabo, los
que sostienen la fe en los cat61icos y
les inspiran confianza en el porvenir.
Sin ellos, quizá los creyentes, sintiéndose abandonados por su Dios, hu.hieran flaqrreado. Tienen en esta
pugna de rn.zas su parte de gloria por
haber sabido sostener, cuando todo
parecía vacilar, la fuerza espiritual
de los suyos. haciéndoles dulce el sacrificio e infundiéndoles la necesidad
de vencer.
Es curioso el siguiente relato que
hace uno de ellos refiriéndose al rena9

�cimiento de la fe en el soldado francés:
&lt;La gran guerra nos ha reservado
sorpresas consoladoras. Fértil en no
bles ejemplos, ba visto resucitar la fé
y florecer el culto. Nuestras tropas
del frente oran lo mismo que se baten: con fervor. Cada día que pasa
nos trae nuevos testimonios de este
renacimiento religioso en la armada.
He aquí una emocionante manifestación de este milagroso espectáculo.
•Sobre la misma línea de fuego, en
las trincheras avanzadas, a cien metros de las posiciones alemanas, ha
sido levantado un altar a la gloria de
María.
·
Uno de los últimos días de Abril.
dos soldados del 219 territorial va-

sombreaban y la cera ardía en los
candeleros de piedra.
El capitán y el ayudante de la compañía llegaron los primeros a dar pia-

manera ausente. Guardaban en
lidad la fe de su infancia, recitab
todavía algunas oraciones y áun as
tian algunas veces a la misa. La gu

gaban entre las ruinas de nn Jugare

jo desecho por las bombas, buscando
en los jardines abandonados algunas
rosas para adornar la entrada de sus
casamatas.
De pronto les asaltó el mismo pen
samiento:
-Dentro de dos días esta remos a 19
de mayo ¿por qué no celebramos el
mes de María en la trinchera?
De retorno en su guarida sometieron la idea a la aprobación de sus
compañeros de armas, quienes la acogieron con vivos transportes de alegría; y pocas horas después, durante
la guardia nocturna, uno de la imagi naria modelaba a la luz de la luna la
estatua de' la Virgen, mientras las manos piadosas de un ayudante le preparaban la arcilla. Los dos trabajaban
indiferentes al estallido de las bombas, cuyos fragmentos parecían a par·
tarse del taller improvisado de la M adona.
Al día siguiente, a las primeras
horas, toda la escuadra puso manos
en la obra y el altar quedó en breve
levantado.
Detrás de la Virgen de arcilla, una

Rwinas de la, iglesia dei Paubourg Pave

en Verd,un

cruz blanca, toscamente tallada, abría
sus brazos entre dos almenas que ciejaban ver a lo lejos las prime ras defensas enemigas. Cascadas de flores la
10

Por la fortaleza con que ha hecho
frente a la situación desesperada de
su pueblo, descuella sobre todos el
Cardenal Mercier. Solo, en medio
del desastre, ha sido el amparo constante de las dispersas familias belgas
Su voz, vibrante de justicja, resonó
la primera entre el clamor angustiado de las ciudades aniquiladas. Y sigue resonando todavía ....
En vano los delegados del Kaiser
han tratado de cerrar esas labios que
claman con tan tremendas palabras
contra la iniquidad. Su acento, escapándose de entre los e,;combros humeantes, se eleva cada vez más alto,
comunicando a la humanidad su temblor de indignación.

* **

Arril,a: [nterim· de la iglesia de 8a'/'Cy. - Igl~sia -~ cem_ente1·i? de Douy-l_a }!-avWe. ~En ei cent
Interior!/ torre de la iglcs·i a de Connu:y. AbaJo: fü¡;¡,nas en la 1eg1,ón dei Marne.

doso ejemplo y se arrodillaron ante
el improvisado santuario 1 que tenía
esta invocación:
NUESTRA SEÑORA DE LAS TRINCHE·
RAS, ORAD POR :NOSOTROS.

Después el Capellán avanza, ben·
dice el altar y reza el rosario. Oficiales, Suboficiales y soldados, de rodillns, responden a las orac10nes que se
elevan hacia la Virgen.
El servicio de las trincheras de primera línea es sumamente penoso y
oblig11. a relevos frecuentes. Antes de
abamdonar sus casamatas, · los solda dos o-ra.baron en un escudo de madera h~siguiente inscripción:
&lt;6'ste altar, elevado bajo el nombre·
de Nuestra Señora delasTrincberas.
fué bendecido por el Capellán el 19
de ma \"O de 1915. La 9~ escuadra de
la 6• · Compañía del 21º territorial
que la ha erigido, recomienda a los
· que le sucedan su conservación» .
Este renacimiento de la fe y de las
prácticas religiosas-dice otro sacerdote-es un Q'ran consuelo para DO·
sotros. Guardémonos, sin embargo,
ele creer en la conversión en masa,
en las conquistas definitivas. En ~a
mayor parte de los casos se ,.tr~ta mas
bien de un retorno a las practrnas religiosas que de un retorno a la fe. La
pruebtt que sufren los ha _hecho reflexionar y encontrar su antigua fe un
poco ado~mecida pero de ninguna
PEGASO

rrit y la presencia del sacerdote 1
ha hecho salir de su apatía y de- su 1
diferencia. Es mucho lo alcanzad
pero a eso se concretan los resul
dos obtenidos hasta la fecha.
Otros éxitos más importantes qui
zá se preparan. Quiero hablar de
simpatía que los sacerdotes se h
creado entre los no creyentes.
principio encontré en mi batall
mucho de frialdad y suspicacia.
gu nos me dispensaron una acogi
muy penosa. Frecuentemente ofa,
abandonar los grupos 1 malvadas b
mas. Gracias a Dios esto. ha. pnssd
La. constante visita a 1as trinche
las ocupaciones de mi ministerio,
actividad desplegada, han acabe
por hacer comprender a todos que
sacerdote es un hombre de deber q
sabe al mismo tiempo mostrarse bu
camarada. Obreros, comisarios, i
tructores sostienen con el sacerdo
las más cordiales relaciones y se si
te rodeado de una atmósfera de
nevolencia que le hace accesibles
dos losgrupos.--Nocreemos 1 oigo.
cir algunas vec·es, pero _al menos
ne buenos sentimientos.
El sacerdote reanima así en lss
mada la fe en el alma de los crey
tes v cuando no convierte a los ot
hac~ al menos obra de tolerancia,
paz, de concordia social. Es la ª?
ra de la nueva Francia que empl
a asomar&gt; . . .. . .

El cable acaba de comunicar la noticia de que los Estados Unidos se
unirán probablemente a los aliados y
tomarán parte en la contienda europea.
El Presidente Wilson ha salido al
fin de su actitud expectante y ha de- ·
finido claramente en el Congreso de
la Unión la conducta, la única conducta, que en las actuales circunstancias podría seguir el pueblo americano: ir también a la guerra 1 arrojar en
la balanza del destino el peso de sus
gigantescos recursos para apresurar
el término del conflicto.
La decisión del Profesor de Prínceton ha ca.usado inmensa sensación
.Y todavía a la hora en que escribimos
estas líneas, se jgnora si las Cámaras
la aprobarán, concediendo al Ejecutivo de la Unión la autorización ne•
cesa.ria para declarar la gue.rra a Alemonia y hacer uso de las fuerzas de
msr y de tierra. Hay en· el seno de
ellas demasiados intereses encontrados para que una petición de tal natu raleza pase sin graves y acaloradas
discusiones.
·
Pero es tal la efervescencia que en
la República han despertado los últi-

El l'io Sam:-iY bfen 1 Guilkrmu? ......

(De 11.The lndependenh, d.e Nueva rorh').

mos atentados germanos, que a nadie
sorprendería que las voces que todavía se levantan para condenar toda
empresa de carácter bélico sean ahogadas por las que exigen el pronto
castigo_de la nación que ha hecho imposible con sus actos de piratería
submarina 1~ vida pacífica en toda la
tierra.
Con la República del Norte serán
ya quince las naciones en guerra:
Alemania, Austria Hungría, Bulgaria .Y Tt1rquí'n. por una parte; Inglaterra, Frnncia, Italia, Rusia,, Japón,
China. Rumanía. Servia.. Montenegro, Portugal y Estados U nidos, por
la otra. ¿Concluirá aquí el incendio• Brasil, ligado a Portugal por
estrechos vínculos de sangre. se agita bajo el potente soplo bélico que
pasa por el mundo. Quizá tras el coloso del Norte seguirán otros pueblos
que todavía contemplan sosegados el
rojo horizonte.

G-iiillermo:

-Aqui están Bélgica y la, Ley internacional iqué valiente quiere a-uudar
a estas seño1·as?
(Dei •Life9, de Nueva Yo 1·Jc).
PEGASO

Busque Ud. el próximo número de 11 PEUW
11

1

�LIBROS Y REVISTAS
G. DESDEVISES OU DEZERT: L' Ec1.1se: E:,PAGauu: DES

lNDES A I,A
en lle.une. Hii,punique, nú,nero 45 1 febrero de
1917, pp. 112·29$.-Uua vez más el Archivo de Iadíai, de Sevilla,
vasta mina inagota~le de documentos relacionados con la domina•
t:ióu espa ño!a t::n América, nos ofrece la fecunda liberalidad de sus
tesoros-que sin duda guarda.u aún muchas sorpresas-en la admi•
ri-1ble i:,Íntesis que Desdevise8 du Dezert acaba de publicar sobre
11:1. iglei:;ia espafiola en las Indias Occidentales, tema de por sí vario,
dificil y de alto interés, y en el cual el autor ba querido penetrar
únicamente en la parte que se refiere al siglo décimo octavo. El
est~dio en que nos ocupamos ofrece mucha importancia para la
historia mexicana, porque las noticia.a de este país son muy abuntfa.ntes eu el trabajo de Desdevises. Están recientes las excelentes
inve~tigaciones que sobre México efectuaron en Sevilla el señor
Francisco del Paso y Troncoso y el P. Cuevas, y ahora el insondable archivo nos manda una nueva partida de lo mucho con que
todavia sorprende a los historiadores.
El autor revisó la. enorme correspondencia CQ.mbiada entre los
representantes de la autoridad civil y los de la eclesiástica; las
memorias que los obispos y los superiores de los monasterios enviaban, a veces, al Consejo de Indias y en ocasiones a los monarcas, con queja!:'!, solicitudes de gracias y mercedes, informes administrativos y graves secretos de estado¡ los informes de los visitadores de iglesias y de conventos y los memoriales de los prelados,
relativos a sus diócesis; los procesos en que interven'.ía el clero y
una. multitud más de piezas, cuya sola revisión basta a amedrentar al más decidido aficionado a esta clase de trabajos.
No se estrecha Desdevises a presentar metódic1tmente sus investigaciones, para provecho y comentario de los historiadores,
sino que, mostrándose profundo conocedor en la materia-que lo
eij quien abarca y dii;cture sensatamente por la historia de los numerosos pueblos.de América-revela estar penetrado del ambiente de la época y poseer la erudición necesaria. que debe tener no
sólo quien se dedica a estudios de aquelcaráctn, sino todo el que
desée cosechar provecbosam.ente materiales para las obras de
aliento; porque es frecuente el caso de que compiladore!:! de admirable laboriosidad, hubieran lograrlo realizar obra excelente si,
aparte de sus cualidades de paciencia, se hubieran dado a estudiar previamente la materia qne coleccionan.
Desdevises presenta en su estudio observaciones perceptiblemente personales. Pala él, todo el sistema colonizador español en
América radica en la idea d,e explotación y de evangelización a
ultranza, sostenida y fomentada por la avidez de los conquistadores y el fanatismo de los colonos primitivos; y piensa que el verdadero origen de los actnales paises de América, como unidades
independientes, a pesar de sus analogías de origen y costumbres,
viene de la división y aislamiento, desde el siglo -. XVI perfec~a.mente ma.rcados, de las provincias eclesiásticas y civiles de América, división que no pudieron modificar los concilios 1 algunos de
los cuales, el de 1869, ordenado por Carlos III, bnsc11ba el acercamiento de los diversos pueblos ocCidentales sometidos a la corona. de España.
El archivo sevillano ha arrrja&lt;lo en el trabajo que nos ocupa,
curiosos datos sobre la riqueza de las primenH1 ciióce~is america~
nas y sobre la distribución irreguiar y frecuentt&gt;mente odiosa de
los recursos eclesiásticos, como lo revela, entre otros, el caso del
ohispo de Michoacán y lo comprueban también los de otrns provincias, en donde, mientras que los prelados gozaban de in_gresos
exhorbitantes, los eclesiásticos de inferior dignidad 9penas logra.h11.n el snstento, y menos si eran originarios del país, pues para
!OFI altos cargos y prebendas se preferia a los nacidos en España.
Refiriéndose a los templos,. el autor crée que la magnificencia
de muchos de ellos se debe a la emulación que para construirlnFI
y dotarloA se &lt;lespertó entre los colonos. La catedral de México
-afirmsi:, du Dazert-puede ser admirada en runlqnierii g-ra,n riudad de Europa; y se lamenta de que el ma.yor núrnero de lo3 tern

FIN nu xvm. 811&lt;:cu:.

SANATORIO

p!o3 hay,¡,n i:!ido construídos en los Siglos XVII y XVIII, en que
los arquitecto~ emplearon «una lameutable aridez en las línea::i y
una vulgar oruamentaciónn. E1:1ta frase nos recuerda la general iuCQrnpremiióu con que ven los europeos la arquitectura colonial me
xicaua, y el calificativo de 1irquilect1ira bárbara, que leimos hace
poco en el Polybiblibn, en una nota en donde se bablab1:1. sobre Ja¡,¡
construcciones de e1:1tilo churrigueresco refo~mado en nue:ltro pais,
y al cual justamente llama Churrig1.:1era Mexi0ano el arquitecto
l\Iariscal. No obstante, admite Desdevises que en México el arte
arquitectónico presenta, ua.lgunas veces, una nota brillante y muy
original en la construcción de iglesias monásticas y parroquia.leen.
Queremos creer que el autor no tieue noticias de las casas señonales y de enseñanza construídas en México durante los tres primeros siglo3 de la dominación española.
La bi!itoria eclesiástica mexicana se enriquece, en el trabajo
que comentamos, con informes y relaciones unas veces de profundo inLerés para el estudio del espiritu de la época, otras 'reveladores de costumbres, caracteres y, en general, de la vida consuet □ dinaria de los eclesiásticos en el Siglo XVIII. Pasan por estas
págin~s la noble figura del memorable Ruiz de Cabañas, obispo
de Guadal'ajara, benefactor insigne, propagandista desinteresado
y ardoroso de todo lo grande; pasan las sombras graves y edifican•
tes de los que en el segundo tercio del siglo décimo oct11vo componian el Capitulo de la Puebla de los Angeles, con sus misticos,
sus cientificos, sus teólogos, sus predicadores, sus canonistas, to•
dos de brillante reputación; el extraño y eminente doctor Mier y
el extravaga.nte Borunda; pasan las frecuentes rencillas de los prelados, los cabildos y las órdenes monásticas; la organización d(&gt;
universidades, colegios y seminarios y el funcionamiento de l:u,
misiones, y todo en un cuadro claramente reproducido, en donde
se ven las inarmónicas agrupaciones de la. época, en donde jnnto
a personajes sin relieve se encuentran hombres cabalmente 1lus•
tres.y armoniosos en su tiempo y en donde un abigarra.miento de
riquezas y miserias se destaca en un fc.ndo de lucha y egc.i1m10.
Para. quien consulte el Teatro Eclesiástico, de González Dávila,
la Historia Ecle8iá8tica Indiana, de Mendieta y el Teatro Americano, de VillasEñor, la obra de Desdevie.es dn Dezert es un complemento indispensable.
G. E .
LUIS CASTILLO LEDÓN.~EL ÜHOCOLATE. 1-41Jéxico, DPpm-fomento ,Editoriat de la Dirección General de las Bellas A"Ties, 1817, fn
121:'-El folleto de Luis Castillo Ledón es el primero &lt;le las «Monografia,,; Nacionalista.En que publica la. Dirección de Bellas Artes.
Paree-e uno de esos artículos que Alfred Franklin publicó en su
ml'lguífica colección de La Vie Pvivée d' AutrPjois.
~¡ estudio se refiere exclusivamente a México, patria del cho•
colate 1 según los testimonios de los más autorizados cronista~ de
nue,1tras cosas: Pedro Mártir, Oviedo, Berna!, Clavijero y el DoC':•
tor Juan de Cárdenas en sus Problemas y secretos maravillosos de las
Indias, reeditados recientemente por el Museo. Se habla en la
Monografía de los primeros cultivadores del cacao, en Tabasco y
la América Centn1l; de la grnnde afición que pcr el chocolate tenia el suntuoso Moctezuma II; de la introducción de la. bebida a
Europa por el conquistador Hernán Cortés; de las propiedades te
rn.péuticas que se le atribuian en tiempos de la Colonia; de las curiosas costumbres que su uso originó en la sociedad rlel virreinato
y de los utensilios que entonces se emplearon para fabricar y to
ma.r cómodamente el sabroso chocolate. Duélese el autor de que
t,n:i.tánJ.ose de una bebida genuinamente mexicana, su origen se
at,ribuya a Europa, y de que oea solicitada mtis C(lmunmente F:0·
l!ÚO las fórmulas española y frfl11cesA, q11e s.egún }g, na.cionAl, que
le es más propia y cara.cterísticA..
A la monografía de El Chocolate seguirán (,tras de ::isnntos (&gt;X·
clusivamente me-;:icanos.

F.l Coronel Gonzd,lez, v1;ncedor de la 1i.t categoría, en el auto gJ!rotos• número 5

Cuando abandonamos el domingo
pasado el Hipódromo de la Condesa
creímos qne el entusiasmo por las
carreras aumen~aría cada domingo
y que el triunfo se lo disputa.rían
entre mayor número de autos y pilotos, pero desgraciadamente no fue
así. Para las efectuadas el día 1? de
abril hubo muy pocas inscripciones
y corrieron algunos coches que ya
habían medido sus fuerzas en la ant,erior.
En la primera categoría corrieron
un Ford núm. 2 de 15 H. P., de A.
Martínez. piloteado por Alvaro Ba.sail; un Delahaye, de 12 H. P., núm.
3, de J . Fría, piloteado por Jiménez
Y un Protos núm. 5, del coronel Re'.
gino González, piloteado por él mismo. Primer lugar: Protos. Segundo:
Delahaye, Tercero: Ford.
Poca importancia, como es muy
natural, sena.la una carrera en que
se presentan tres corredores. Si siguen las cosas as.í se disputaran el
campeonato una rueda delantera y
una tracera de un mismo coche 1 y

para eso nos quedamos en ca5a, porque Gedeón se encargaría de avisar-

El cfenómeno~ Amam·u 1lhiñoz, vencedor de la

12

de

Bucareli

Df LA PfÑA GIL HrnMANOS.

MORENO

PEGASO

Núm.

c~tegoria, al terminar ia carrera

Antiguamente la cuestión era comprar
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nos por el teléfono que &lt;la copa correspondió a la delantera&gt;.
La segunda categoría resultó un
poco más interesante: fue la disputa
entre seis marcas: American, Packard, Benz, Hunbert, Chalmers y
Gobron. Todos estuvieron empe!losos por salir bien, pero Casaux, que
manejaba el American, se acordó de·
sí mismo y corrió más que ninguno.
Oasaux, me decía un compafiero, al
fin y al cabo, es Casaux.
La tercera categoría pudo haber
tenido interés. Corrían un Fiat, piloteado por el coronel J. Ordó!lez, el
Hµdson de Aspe Suinaga, piloteádo
por ese &lt;fenómeno&gt; casi &lt;Zepelín&gt;
que se llama Amaury Mn!loz; el
American del General Salinas, llevado por él mismo 1 otro American
ele Napoleón Pena, riloteado por
Luis Arévalo, y un ........ Pope To·
ledo.
El Pope susodicho, en cuanto le
echan agua .... pope, se resfría.
El American del General Salinas
caminaba muy bien, pero en la vuelta doce se quedó a consecuencia del

Casa especialista en Pianos Automátiros

21.
PEGAsro

rn

�calzado. El otro American salió como pudo, pero salió.
El Fiat, en mi concepto, debió
haber competido con el Hudson, pe·
ro desde un principio empezó a fa.
llar de nua manera alarmante y éste
último se lo llevó con ocho vueltas.
Claro que el Fiat es bueno, pero
Amaury es mucho mejor. El Hudson corre, corre, corre, pero Ama u·
ry Munoz es el Juan Silveti de la
gente que huele a gasolina.
La cosa acabó a tiros. Los solda·
dos guardadores de la pista empezaron a disparar sus armas ,para
asustar a la gente que. invadió el terreno de peligro cuando el Fiat y el
Packard todavía no terminaban el
recorrido. Amaury Munoz salió con
bien. pero un charro que atravesó
la pista fue alcanzado primero por
el Fiat y después por la Cruz Roja.
Naturalmente y mientras el pueblo
siga en la creencia de que cada domingo habrá •Auto embolado•, en la
casa de Guardiola tendrán que hacer más caldo de pollo.
Sería de recomendar a Jos organizadores que para las próximas carreras lleven más autos a la pista y
dejen más bobos fuera de ella.
VOLANTE.

FOOT-BALL
&lt;Amicale Francais de Me.xique&gt;
contra &lt;Junior&gt;. Gana el &lt;Junior&gt;
por cinco a cero.
A las 3. 30 de la tarde del último
domingo, y en el terreno del •Junior&gt; se verific6 el~ncuentro entl'e
los teams •A. F. 'M. &gt; y •Junior&gt;
con el resultado expresado.
Desde los primeros momentos
comenzó a dominar el &lt;Junior&gt;, estando durante casi todo el juego so·
bre el goal contrario, no logrando,
sin embargo, durante el primer me•
dio tiempo, anotarse más de un tanto, debido a que el &lt;A. F. M.• se
defendió enérgicamente de los fuer•
tes ataques de sus contrarios, consiguiendo en alguna .ocasión llegar
a 111 meta del &lt;Junior&gt;, aunque sin
anotarse ningún tanto por la opor-

Beneficio de Dora Vlla

uCasaux, , vencedor de la 2f!, categoria, con el ~Arnérica11 ».

tunidad y eficacia de las defensas
contrarias, especia.lmente Abigail 1
que siempre se distingue en este
puesto.
Durante el ~P~undo tiempo los
francese~ estuvieron dominados por
completo por Pl «:J unior1&gt; y los vimos
jugar desalentados y apáticos, lo
que agregado a que la mayor parte
de sus jagadorPs Ron noveles o están fuera\ de práctica, y que no procuraron combinar nada en sus ataques. dió por resultado que los del
&lt;Junior&gt;, para los que no pasaron
inadvertidos estos detalles, se anotaran durante el segundo tiempo
cuatro goals más.
De los vence~ores se distinguieron: Abigail en la defensa, Alexanderson en el ataque y Díaz Rubín
en el ala, centrando magistralmente
en dos ocasiones y tirando un magnífico corner, que no fue r&lt;!matado
debido a la oportuna intervención
de Nicolau y Rica del &lt;A. F. M.&gt;
De los vencidos 1 Rica por lo trabajador y oportuno. y además parando el corner de Díaz Rubín ya
mencionado: Nicolau, atacando con
deci~i6n y a.yudando eficazmente a

Un aspecto interesante de las carreras

14

Rica al parar el corner precitado y
parando con la cabeza muy oportunamente un slwot frente al goal.
También debemos hacer mención
del 0oal-keepei· que tuvo algunas paradas magistrales que le fueron. jus•
tamente aplaudidas por propios y
extrafios. annque también tuvo un
error que le cost6 un tanto a su
equipo, por dejar pasar la b.ola materialmente entre las manos. En general su juego fue muy bueno.
_ El •Amieale&gt; no debe desalentarse por esta derrota, pues además de
que fue vencido por el equipo más
fuerte de la presente liga, algunos
de sus jugadores están fuera de
práctica. Ojalá y que en próximos
juegos veamos en el campo a algunos
de sus antiguos jugadores. El domingo estaban de espectadores.

El último sábado, en el Mexicano,
celebró su función de béneficio Do·
ra Vila.
Nosotros celebramos mucho la
delicadeza de Dora. Cada día, físicamente, es más sutil Dora; quizá andando el tiempo, llegue a ser una
ave con calzado Luis XV, una calandria con falda ancba ...... la esposa
de un mirlo.
Dora, en ese sentido, ha llegado,
ha triunfado; está a un paso de comprometer con su presencia a las
alondras.
Dora, actriz, es inenos, según mi
entender, que Dora ave.
iAve, Dora!
La pieza escogida: La Zagala de
los Quintero.
Mutio, como siempre, empenoso;
quizá más que otras veces ...... pero
Mutio.
Por el Arbeu
Beneficio de las segundas tiples.
En el programa Clara Elena Sán.
chez, Josefina Llaca, Mimí Derba,

Adalberto López Gontiz y Eduardo
Lejarazo. No asistimos. ¿Pero qué

Colón.--Como las hojas

Este coliseo presenta de cuando e11
cuando obras de .verdadero valer.
La comedia de Giacosa •Como las
hojas&gt; es fina, muy fina y bien valía
la pena de que la hubieran presentado con más estudio. Es meritorio
que nuestras empresas lleven a la
escena esta clase de obras, pero sería mucho mejor qua las distinguieran de las otras. Una cosa es el
&lt;Roble de la Jarosa&gt; y otra &lt;Como
las hojas&gt; •iVamos, que estas no son
hojas del mismo roble!-Por lo demás, Taboada es un actor que tiene
bastante talento.

"'

·X·'*

D01·a Vila,

entre flores y palomas, la noche
de su, beneficio

ganarían nuestros lectores si hu biésemos asistido?

Ahora viené el silencio de la Se·
mana Santa. iBendito sea el silencio'
iQué buena falta hace un año santo!
Un ano de tregua a estas tempo·
radas teatrales anémicas y faltas de
emoci6n, un ano de cine: haga Maciste todo lo que quiera de sus ex·
tranos bíceps: que se desbarate las
narices Kri-Kri; que siga Pina Menichelli en su danza sentimental.

SOMBREROS

* **
También se jugó en terrenos del
•Deportivo• un Matcli entre el primer equipo del &lt;Roma&gt; y el tercero
del &lt;Deportivo•, saliendo vencedor
el &lt;Roma&gt; por dos goals contra cero.
Durante el primer tiempo estuvieron dominando los del &lt;Roma&gt;
que lograron anotarse sus dos tantos, correspondiendo el segundo a
Rafael Suárez que tiró superior·
mente un penalty aplicado al &lt;Deportivo&gt;.
Durante el segundo tiempo los del
&lt;Deportivo&gt; se defendieron mejor
que en el primero y procuraron hacer más efectivo su ataque, logrando
pasar una vez la bola por la meta
de 1 &lt;Roma•.
Del Roma se distinguieron: Enri·
que y Cristóbal García. Quijano,
Pascual López Velarde y JorgeFernández.
Por parte del •Deportivo&gt; sus jugadores estuvieron trabajadores y
entusiastas, sobresaliendo las de·
fensas, que estuvieron oportunas y
efectivas y a las que se debió en
gran parte que el «Roma&gt;no se anotara más tantos.
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· ,e
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Posmodernismo</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>"BfRTINI''

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NUM. 4

MÉXICO, 29 DE MARZO DE 1917,

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�II
III
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DIRECCIÓN: Enrique González Martínez,_Efrén Rebolledo.-Ramón López Velarde.

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MEX!CO, D. F.,

29 DE MARZO DE 1917

NUM. 4
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...,....,...,,,,,

Dice en alguna parte Fonteuelle, que perdería uno
energía si no estuviese sostenido por ideas falsas. Por que no tiene una leyenda, es porque carece en lo absolu
lo que es de suponer que el uso continuo de la verdad to de distinción. Y no hay que olvidar que el artista gepuede llegar a debifüarnos basta el punto de convertir• nuino debe necesaria y fatalmente ser un &lt;gentleman&gt;
nos en sabios. Cosa en extremo peligrosa, en primer lu · en el porte y en la mentalidad.
Osear Wilde, dijo: si no puedes crear obras de arte,
gar para nosotros, y luego, para el resto de los hombres
haz que tu vida sea una obra de arte. Y una bella leyenque tendrían que soportar bajo la forma
da es una obra de ardelibros minuciosos,
te por excelencia.
de memorias y de
Recordemos a By·
conferenciasilos fru·
ron bello como un
tos pesados y opu ·
serafín y sombrío colentos de nuestra samo Satá,n; a Larra,
POR RAFAEL CABRERA
biduría.
que iluminó la noche
Afortunadamente
de su vida con el fola verdad sólo habita
.
gonazo de su pistola;
en laboratorios y gabinetes de estudio, y allí debían apriá Quincey, adormesionar1a para siempre lo$ hombres de ciencia, conser- cido por el opio su ti! y poderoso; a Baudelaire, el padre
vándola en un frasco de alcohol, como un caso rarO, inú- de la mistificación, que le encontraba un sabor de nuez
tierna a los sesos de nifio; a Rimbaud, negrero y mozo
til y teratológico.
,
Pero las ideas falsas que abrigamos acerca de todo, de circo en Noruega; a Sbelley, que se durmió para siemno sólo nos sostienen y confortan. Si lográsemos difun- pre en las ondas azules del mar; y a José Asunsión Sildir algunas, con habilidad y sin escrúpulo, acerca de va, víctima de un extrano amor; y a Barbey el -rdandy&gt;
nosotros, acaso nos sirvieran de base para edificar sobre elegantísimo, y a .tantos y tantos grandes séfiores de las
con leyendas más o menos interesantes .r seducellas una sólida repqtación, que el escándalo, un piadoso letras
toras.
interés o un sano regocijo, se encargarían de transmitir,
Si no podemos vivir una vida de leyenda) inventemos
como antorchas encendidas, a las generaciones futuras.
De este modo Jograríai;nos perdurar, y hasta serviría- una leyenda para nuestra vida. Si como a las mujeres
mos de pretexto para que críticos pacientes y escrupu- . honestas y a la~ naciones venturosas, no nos ha sucedilosos dijeran cosas equivocada.!! y peregrinas.
do nada, hagamos creer que nos ha pasado algo; nuestra
Creo, por lo tanto, que todo artista que se respetes que leyenda justificará el que hayamos producido tal o
aspire con seriedad a la gloria, tiene la obligación de cual obra. Y que no nos detenga ningúu escrúpulo. El
forjar en torno de su vida una leyenda; de cubrir con mundo está lleno de prejuicios Que hay que destruir vael manto irisado de la mentira la burda trama de su exis- lientemente. Ni siquiera debe amilanarnos el hacer la
tencia real, y de poner un fermento de locura en su vi- apología de nuestros vicios imaginarios, con tal de que
no cotidiano; tiene la obligación de presentarse a los ojos estos sean elegantes y de que los refiramos en un estilo
de los demás como un ser extrafio, raro, exquisito y aun irreprochable. Al fin y al cabo todo vicio lleva en sf una
monstruoso, ba.jo pena de no ser conocido ni comentado virtud inicial. El vicio no es una cosa distinta de la
sino en una de esas pesadas antologías que se forman virtud, sino una prolongaclón y una amf)lificación de
casi siempre para inspirarnos un saludable horror a la ella.
literatura.
Por otra parte, sería de gran elegancia tener una leSi no hubiera otras 1·azones que apoyaran lo que afir- yenda. Nada más bárbaramente refinado que poder re·
mo, bastaría la suprema razón de que toda leyenda, por ferir con voz pausada y discreta, en una reunión de se·
el simple hecho de serlo, es bella. La leyenda es la poe- fioritas, una historia emocionante que principiara así:
sía que ennoblece la .-ida, qne retoca sus imperfeccio- Mi amigo el rey de Madagascar y yo .... O esta otra,
nes y deficiencias, que cubre con manto suntuoso sus Cuando impulsado por la necesidad devoré a mi hermano
llagas y esfuma con zarcos velos la cruda luz de la ver- en el desierto de Sabara ....
dad. La leyenda es madre del misterio, y como no pre•
Pero si no tuvieran fuerza bastante para convenceros
lende explicarnos todo con nimios detalles, deja abierta de la necesidad de tener una leyenda, las razones de bela entrada para que la fantasía desplegue sus alas de oro, lleza, de elegancia, y hasta de provecho personal que he
f permite que interpretemos a nuestro sabor lo que no expuesto, hay una última mucho más sugestiva, Una ]e!&gt;Odemos explicarnos. Ese halo de misterio y vaguedad yenJa bien explotada, pu,ede transformarnos de simples
que rodea a todas las leyendas, es lo q ne más nos atrae mortales llenos de flaquezas y miserias, en mitos teogóde ellas; como nos atrae irresistjblemente más que una nico~, ea seres fabulosos, en personajes vagos y simcanción de amor que oímos a plena· luz, la voz velada de bólicos ....
una mujer que pasa. a nuestro lado en la noche murmup
¿Hay algo más interesaúte que pasar a través de las
randa palabras insignificantes, y que se pierde en la som- edades casi como uua fuet·za viva de la naturaleza, insbra; como nos atrae con más fuerza «La Dama del Armi- pirando poemas épicos a rápsodas sin fortuna, siendo
60&gt; que pintara el Greco hace treinta a!los, y a la que adorados como dioses, y sirviendo de tema para una.
habríamos amado hasta el crímen, que la dulce amiga., nueva religión? .. _.
llena de cristianas virtudes y de indiscutible hermosu•
El único inconveniente ligero que encuentro, es que
ra, que comparte eon nosotros el pan y la sal. .....
podríamos presenciar nuestra apoteoshs ni eL triunfo
Todo artista, y con especialidad todo hombre de letras no
de nuestra leyenda ....

Df LA NfCfSIDAD Df TfNfR UNA LfYfNDA

'

1

1

de Set'l'lana Santa.

Gran Sombrerería Tardán
PLAZA DE LA CONSTITUCION 5 Y 7.

MEXICO, D. F.

1

PEGASO

1

�f-♦-

CUENTO SEMANAL /~

HISTORIA MEXICANA
UN AUTOR DRAMATICO DEL SIGLO XVI

EL DESEO

POR, LUIS GONZALEZ OBREGON
POR

MANUEL

Era un Rey tan poderoso y tan afortunado que obtenía la satisfacción instantánea de sus más absurdos ca·
prichos. Tesoros, salud, belleza, paz, todo estaba sujeto
a su dominio y todo contribuía a glorificarlo.
Pero el Rey no era feliz. El saciar constantemente sus
antojos habíale dejado el tedio más horrible, una perpé·
tua inquietud por algo desconocido. El Rey creyóse enfermo. Los médicos más notables del Reino fueron convocados a su palacio, mas ninguno halló otra cosa que
una salud perfecta en el cuerpo del Soberano. Y el Rey
siguió no siendo feliz.
&lt;Tu enfermedad es del espíritu-díjole cierta ocasión
el hechicero loco a quien había buscado recatadamen
te-; observa que, satisfecho un deseo, el placer ae la
satisfacción pasa; no es pues ésta la que constituye la
dicha, sino el estado receloso y anhelante en que nos
agitamos ~uando sentimos un deseo. Así pues, tu remedio consiste en el deseo; busca deseos, que aunque no
los satisfagas ellos te darán la felicidad&gt;.

TOUSSAINT

el Poeta insistió tanto en sus ideas que, imaginando se
burlaba de él, el soberano mand6 ahorcarlo.

*•*

Pasó algún tiempo. Cierta vez, un buhonero llamó a
la puerta de palacio; pretendía tener la cualidad requerida po,ra el cargo de primer Ministro. La guardia le
impidió la entrada, él usando de m&amp;licia, logró hacerse
abrir todas las puertas.
El buhonero vendía tapices de Oriente y joyas falsas:
amuletos para los paganos y reliquias para los devoto,
de Cristo. El frecuente comercio con mercaderes y judíos habíale dado la astucia de la zorra y la movilidad de
la ardilla. El Rey se impresionó agradablemente con la
charla incansable del hombrecillo, salpicada de cuentos.
Los deseos que proponía el traficante eran más humanos que los del poeta. Eran pequen.os deseos relacionados con los apetitos corporales: azuzaba éstos por medios exóticos, aprendidos en Oriente, para satisfacer!
después con la extravagancia más refinada. El buhon
ro fué pronto el primer Ministro. Como el Rey se dedi
•••
caba a los placeres, él tenía en sus manos el gobiern
Así vivió el Rey unos meses. imaginando deseos y de- del Pl!,ís y las Finanzas y el Ejército.
seos, hasta que la fatiga y el disgusto le impidieron imaginar más. Entonces recurrió a sus Ministros; pero los
* *•
funcionarios, hábiles en política, eran muy viejos. De
La salud del Monarca decrecía notablemente. El hubo
sus cansados cerebros, ni aun recordando las locuras de nero era en realidad el rey. Organizáronse conspiraci
su juventud, pudo brotar un solo deseo. El Gabinete di- nes para libertar al que había sido un excelente gobe
mitió y hubo una tremenda crisis ministerial. Conocida nante. Mas el primer Ministro, duel'l.o de todo el pode
la causa de la dimisión, nadie quiso formar nuevo Gabi- las descubri6 en seguida y castig6 con la muerte a l
nete. El Rey proclamó por bando que sería primer Mi- culpables. Por fín desterró al Soberano, desposeído d
nistro quien pudiese proporcionar más deseos.
todo bien, a una isla desierta, diciéndole: &lt;Puesto qu
Presentáronse muchos candidatos que no fueron ad- tu felicidad radica en los deseos, ve donde todo será d
mitidos; al fin recibióse al poeta, a fuerza de instancias seo para ti: hambre sin alimento, sed sin bebidá, fr!
y de promesas. El poeta habló al Rey de países fabulo
sin abrigo, noche sin luz&gt;.
sos, donde el oro y el diamante figuraban en todos los
Así acabó su reinado, víctima de su propio deseo,
objetos, donde viv!an seres de maravillosa hermosura, Monarca que, pudieudo ser muy dichoso, hízose infeli
donde tenían alma las estrellas y cuerpo las más finas
sensaciones. El Rey lo creyó loco en un principio, mas a sí mismo.

EL ESPRIT DE ENRIQUE BEGQUE
Versión espeoiai para PEGASO.

El hombre y la mujer van jirntos por la vida como la
cadena y la bala en los forzados.

***

Las piezas de tesis son generalmente malas piezas y
malas tesis.

***

La decisión es a menudo el arte de ser cruel a tiempo.

***

El defecto de la igualdad es que no la queremos sino
con nuestros superiores.

***
La libertad y la salud se parecen en que no se conoce

que conserva preciosamente el clisé, mientras las
tes de talento se reparten las pruebas.

•

**

iEs tan poca cosa un marido en un matrimonio! V
sale. se ausenta; tiene oc~paciones, citas; no se le
nunca.

***

-iMe parece que soy joven todavía!

-Todos los hombres lo creenhastalossesentaano•-·

***

El amor pasa, el hogar queda.

***

Sois demócrata .... Es ahora una moda que no colll
promete a nada. Se es demócrata en todos los par.tid

su precio hasta que nos faltan.

**•

***
Si la. patria no fuera más que

la taberna en que se la
canta, sería preciso amarla todavía.

***
Las mujeres son como las fotografías: hay un imbécil
2

En el teatro de Dumas hijo ha:Y muchas doncellas q
llegan a ser madres; pero muchas más madres que U
gan a ser doncellas.

***

Las obras de los autores dramáticos de México en el siglo XVI
tenian po--:C~ demR.nda, p'ues auuque ya en esa centuria babia Gas~
de. Cornedias1 ponia.nse ea escena aquí las de los más afamados escritores de l~ entonces madre común a hispanos de allá y acá Ja.
madre Espana.
'
A fines. del siglo mencionado y princii,ios del eiguiente, floreció
en la capital de la Nueva España el bachiller Arias de Villa.lobo!!'
natural de Jerez de los Caballeros, de E:x:tremadura, presbitero se:
colar del Arzobispado de México, adonde vino a radicarse hacia
158~. c~ando tení~ vei.ntiúu años de edad, pues según las invest1ga?iones d~ m1 amigo y colega el lir.enciado don Gens.ro García, Anas de Y:ll~lobos debe haber nacido por el año de 1568.
(Documentos ineditos o muy raros para la historia de México
tomo XII, Advertencia.)
'
U':1ª vez qu~ se hubo establecido aquí, Arias de Villaloboe, a
mediados .de ln89, fue contratado por el ayuntamiento para hacer
la~ c~medias que era costumbre representar en los días de Corpus
C.nsti, en la octava de esta fiesta; y más tarde se le contrató tam_bié? para. la. que se representaba el 18 de agosto, día de San Hipóhto, patr~n de México, por haberse ganado en eee dia del año
de 1521 la ciudad poi los españolee.
El precio estipulado _por el ayuntamiento con Villa.lobos, para
las dwbas re.presentaciones, fue el de mil quinientos cincuenta
pesos, de los cuales se le mandó entregar a buena cnenta la. mitad•
p~ro como músic«:pagada hace malsón, Arias de Villalobos no cum:
pitó su comprom2so, ~ el ayuntamiento, después de haber esperado ~~ vano un ~no,_ d1sgustose mucho con el iufoTmal poeta y resolv10 el 9 de Jumo de 1590, pasar el negocio al procurador
mayor.
Cómo .se arregló en la demanda Arias d8 Villalobos y si quedó
o ~o sa.~1sfecbo el ayu~tamiento,_ es cosa que no pudo averiguar
mi erudito colega. y amigo suprad1cho; y lo ciertg es que, el 29 de
agosto de 1594, presentó Arias de Villalobos un memorial solicitando se le nombrase autor asalariado y renombrado ((par~ com•
poner Y hacer las .º&lt;?medias de los mencionados dias del Corpus,
octava. d~ esta festividad y de San Hipólito, con un imeldo anual
de dos mil p~sos; comprometiéndose el autor, además, R. pagar los
R.Ctores, vestidos ?e ~eda de la China o de Castilla, y erogar todos
los gastos de nart1fimos y oroatm),.
Aceptó el ayuntami~n~ lo solicitado en el Jfemorial; pero como
le cona.ta.ha por experten&lt;:ia.que el poeta no se di,:;tinguia. por su
f1~rmahdad en el _cump~im1ento de sus compromisos, le exigió
fianza que fue debidamentfl otorgad&amp; a la ciudad.
Ya e~ bachiller Arias de Villalohos preparábMe a repreeentar sus
comedt,s, c~ando el 2 .de marzo de 1595, un Gonzalo de Riancho,
aut?r también dramá~ico, ~resentó un ocurso al ayuntamiento
haciéndole competenma a y111alobos; pnes por mil quinientos pes~s ~e oro común, en at~nmón nque era su propio oficio y entrete-.
mm1e~to», Y.ª estar recientemente llegado de la Ha.ha.na, adonde
había ido qmz~ por una compañía de actores, ofrecia poner en
escena ucomediA.s y coloquios divinos compuestos en Españan por
los más. famos?s autor~s; cada uno de. ellos mejor que los de su
compet1d?r Arias de V1llalobos; y escribir obra propia. para Ja. representación del día de San Hipólito. El ayuntamiento pasó el
ocurso al regidor Gaspar cie Valdés, con el fin de que éste consultase _el caso a Su Señoría Ilustrísima.
R1ancho, a quien sin ·duda le urgia. salir vencedor uo le acosaba.
el hambre&gt;1-como dice un erudito-presentó nuevo Memorial con
fecha. 9 de marzo, donde ofrecía poner las obras y comedia.a para
la fie~ta. del ~orpus cten novecientos y noventa. pesosll.
Arias de V1llalobofl, que con tal competencia. parecía. que había.
quedado derrotado, presentó un tercer Memorial, que no lleva
f~cba, pero que sobre el acuerdo que sobre él recB-yó, debe haber
sido presen~do en el mismo mes y año que se han citado. Por
no haberse_ impreso basta ahora, lo reproduzco integro. Dice as1:
uEl bachiller Arias de Villalobos, presbítero, digo que yo tengo
compuestas muchas comedias divinas y de historia, examinadas y
&amp;proba.das por _el Santo Oficio de la Inquisición y por el Ordinario de
esta Metrópo~, con las ~na.les pretendo mostrar ingenio y ayudar
al entretemm1ento púbhco de esta ciudad.
.&lt;(A Vuefla Señoria. suplico mande darme licencia para qae púbhca1:1ente se representen, con las condiciones que se siguen:
nPrimeramente: que-por cuanto desde antes del tiempo de don
:A~artin Enriquez basta el fin del gobierno del Arzobispo de esta
ºmdad no se llevó a cada persona.más que a tomín por la entrada a
ver representar las fe.raas públicas y ordina.rias, y esto corre en uti-

lidad de común y en bien de todo la República; Vuesa Señoría
mande 9-ue, los que las representen y loe deruás que esto tuvieren
~or oficio, no puedan llevar ni pedir mé.s que a real por la elltrada.
e ~a.da persona; ~ue yo pongo desde luego y bajo las dichas entra a.a, s1 este_prec10, con cargo de que como es uso y costumbre
en toda Espana, se ponga_ en los carteles de la comedia que se repdresenta., (9ue es) el precio que se lleva ordinariamente 80 peo&amp;
e suspensión de la. dicha licencia.
'
Itern: que el pueblo es engaña.do con las comedias vif'jas que l!e
le representan, por mudar en los carteles el nombre·1 y convidando
a. ellas. con_ otroe muy_ diferentes de los que tienen por donde son
conocidas, Vnesa. Senoria. mande que el mismo nombre que Je,¡

pusit::run en el primer cartel, é,:;te mismo guarden todos los demás
que .para las mt~mas ob~a.s pusieren, y que la comedia que se prometiere, esa misma se represente, y no otra porque la ciudad
vaya a verla sin engaño.
'
~(y con ~stas condiciones pido y suplico a V uesa Señoria, pues
ir.mio al bien común, mande darme la dicha. licencia., y que a ninguna otra. persona o personas que la. pid,rn, se la. de en diferente
forma, con que en los unos y los otroe corra. con las mismas calidades¡ que yo me ofrezco a poner en público las más aventajadas
ohra~ que en toda. España se ha.ya.o visto, con la utilidad común
Y umversal_qu~ of:ezco, y en ell? recibiré merced con justicia. que
a Vuesa Senorta p1do.-;-El ba_chiller Villalobos. (Rúbrica).n
El ~o~ume~to anterior, canoso por su contenido y revelador de
h1s m1st1ficaciones a que acudíaa los empresarios en los ca.rteles
rl~ hacer pasar corno. nuevas. comedias 'Viejas, con sólo el cam:
b1arles el titulo¡e~ curioso, ~demás, porqaedióorigen al siguiente
a cuerdo del arzobispo, a qmen sin duda fue dirigido:
nEn XX de marzo de 1595.
ccSe le da (permiso) parl\. lo que pide con las condiciones que
ofrec~: con (que) no entren mujeres, so pena cie treinta. pesos por
la pnmera (vez), .~esenta pesos por la segunda. y noventa por la
tercera. Y_suspensión de la. obra: y con (que) sea. por la. voluntad
de_Su Senor~a.: y en cuanto al precio de 11:1. entrada, que haga. la
baJa que qms1ere en el cartel, con (tal) que no suba más de dos
r~ales la po~tura)).-(Archivo general de la Naci6n.-Ramo: Diversiones públicas).

Todas las ideas son justas, todas las bocas son fa!•

PEGASO

PlltGASO

a

�Tan peregrino acuerdo-de que ~ólo p11ra hombres se hicieren
las representaciones-hace pensar de que aquellas comedias, a pesar de estar escritas por uu presbitero, no andaban muy derechas
en punto a moralidad; no embargante a que se ponían en Pscena
en festividades cristianas como las de los dias y octavas de Corpus
y en otros solemnes actos religiosos. Aparte de la poca moralidad,
la sátira clavaba sus dientes aun en las person11s ele más rango por
eu autoridad o política, y esto desde muchos 11ños antes de que
aquí floreciera Villa.lobos, como podrá verse por las lineas que copio aqní, de la Carta de don lJ[artín En.ríqttez de Almanza, virrey
de la Nueva España, al prl'sidente del Consejo de Indias, fechada en
México a 9 de diciembre de 1574:
"Muy ilustre señor:
« ...... Esta carta me dieron mit'·rcolf:!s de maiiana, y el mesmo
día pasó otra cosa muy buena para la traza y orden que yo he
llevado y llevo de que ningún genero de ruido haga este negocio
de alcabalas. Y fué que continuando el arzobispo las farsas de su
consagración, mandó hacer otra cuando tomó el palio, y bien in-

digna del lugar, pues era en el tablado que estaba pegado al altar
mayor, y en presencia de los obispoe de Tlaxcala, Yucatán y
Chiapa, y Jalisco, y el Audiencia y todo lo principal del pueblo.
Y entre otros entremeSl's repreeent11n uu cogedor de alcabalas que
va a casa de un pobre hombre a cobralla11, y trns estar tratando
muchas cosas sobre qué cosa es alcabala, y haciéndose de cosa
nueva y de que no entendía qué era, lleg1m a las manos sobre saúalle la prencla, y sale la mujer a ayudar al marido, y tres o cuatro
mochachos de cinco o seis ali.os, en carniza, descalzos, que salen
de la cama llorando. L11. grita y la plática que sobre esto hubo no
se acaban tan presto. 'fodos los demás entremeses le perdonara,
mas éste no me hizo buen estómago, annque ninguno aprobará
que no es farsa una consa_qración y tomar el pa.lio . .. »-(P. Mllriaoo
Cuevas, S. J.: Doctonentos inf,ditos del siglo .Y VI para lo hi8toria de
México, pág. 308.)
En cuanto a la muerte rle .\.rías de Villalobos, no i.e podido indagar cuándo moriria, y sólo me consta que vivia en 1623, año
en que publicó sn hoy rarísimo libro !!Obre la Jura de Felipe IV.

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DE JOSE D.
LA

El mediodía acababa de paLa calma de la naturaleza
sar.
parecía en espera de algo
Un sol de fuego regaba su
grande y solemne.
lumbre sobre el campo reseDe repente leván tan se grancado.
des oleadas de viento, impregVaho de hornaza subía de la
POR
nadas del olor de la tierra hutierra y temblaba en los bajos
medecida.
horizontes.
F. VERDUGO FALQUEZ
Gruesas gotas aisladas golDoblaban los árboles sus
pean rudamente sobre los teramas, como desmayados al
jados.
calor.
Ciega la luz intensa de un
Bajo la escasa fronda, los len.adores sudor9sos, dor- relámpago y, en el mismo momento,
estalla el grito enmitaban.
sordecedor d~l rayo.
A la vera de vieja barda, manso buey rumiaba, espanE, instantáneamente, surge la imponente sinfonía: el
tándose de cuando en cuando, rabiosamente, con la ca- viento que airadamente brama; la lluvia que locamente
beza y con el rabo, los insectos que lo hostigaban.
golpea; y el trueno que furiosamente desgarra y brutalEn la sombra de la enramada, ecbábanse, acalorados, mente fulmina.
los perros caseros, mostrando fuera de sus fauces, las
La conciencia de un casi aniquilamiento pasa sobre
lenguas sedientas.
los hombres y sobre las cosas.
Al frente del bohío extendfase la llanura incendiada.
Es la tempestad.
Y más allá, tras la cerca de espinos que la limitaba, corría la blanca carretera, seca y polvosa.
* **
De allí, de aquel lado, alzábanse obscuros torbellinos
La lluvia había cesado.
que nublaban por algunos momentos el cielo, y perdiénUn grato olor de humedad subía de la tierra ennegredose en seguida, volviendo sobre sí mismos, a carrera. cida.
loca, en el horizonte.
Las árboles sonreían en el verde de sus frondas.
Un gran silencio reinaba en la pereza de la hora. SóFresco céfiro pasaba, besando todo, sobre el calor
lo interrumpíanlo el cú-u-cú de las torcazas que en las del día
altas ramas vecinas se arrullaban, y el grito estridente
En el cielo nubes desgarradas dejaban ver retazos del
y espasmódico del gallo, repetido en todos los gallineros azul más puro.
de la vecindad.
El horizonte se despejaba, y un dorado rayo de sol alPesado bochorno caía, como manto de plomo, sobre canzaba todavía a besar la llanura.
los hombres y sobre las cosas.
Pocos mome11tos después la luz empezaba a palidecer
Era la siesta.
y el día a morir.
A lo lejos, guiando el rebano, sonaba la esquila del
·lf**
pastor.
Sobre la lejana cordillera leve nubecilla aparecía.
Las aves aleteaban en sus nidos en donde oíase piar
Viento ardiente soplaba de aquel lado.
de polluelos.
El cielo, de un azul límpido, parecía echado sobre la
Mugían los ganados en las dehesas.
tierra, como para cubrirla bajo un domo de cristal.
Las sombras empezaban a agazaparse entre los árLa pequen.a nube crecía oon rapidez, trepando, al mis- boles.
mo tiempo hacia el cenit. Pronto manchaba todo el ho·
Llegaba de la lejanía el monótono canturrear de las
rizonte sobre las empinadas cimas.
ranas.
Lejano trueno principiaba a dejar oir los bajos de su
Arriba se había abierto la primera estrella, y luego
sordina.
se abría otra, y otra más, a millares, hasta llenar el
Apresurábanse los pastores a recoger el disperso re- cie~.
bano.
Abajo la obscuridad lo invadía todo.
Poco a poco el cielo se ennegrecía.
En el patio escuchábase el recio golpeteo de los duEl sol iba palideciendo bajo los frecuentes nublados. ros testuces de dos toros enemigos.
.
Las aves pasaban rápidas, cortando el aire, como saeCerraba los horizontes la silueta esfumada de las montas disparadas.
tanas lejanas.
Bajaban los ganados al establo, en donde lastimeraBajo la enramada encendíese una raja de ocote perfu·
mente balaban las crías.
mado.
La sombra se espesaba.
Alumbrados por ella, los sencillos campesinos contaUn airecillo fresco oreaba la tierra.
ban, agrupados, historias de a parecidos.
El relámpago, todavía lejano, zizaguiaba en los vien·
Una paz, una dulce paz envolvía a los hombres y a las
tres negros de las nubes, y el trueno paseaba prolonga- cosas.
damente en la a)tur¡¡, su ronco gruríido.
Era de noche.

DE TIERRA CALIENTE

1

FE,IAS

MARIMBA
EXODO
Xucl'am&lt;&gt;ntc.• los hrazos de la ,\fadrc .\n:-11t11ra
sp nie tendi,•ron, ,·omo para ,1.,~in11c: ,·en.

!'na hostil ,•l&lt;'g-an,·ía mis p1110,•io11,•~ 11i11,ha,
a pt&gt;sar &lt;le• los air&lt;&gt;s po¡,ular('s y tC'1·sos
üll &lt;JUt', nrnsiealnwntt-. ,·a dic·i.-i'1tlo sus \"tirsos
la Y07.. ,•11tc&gt;rnc&gt;,·itla de&gt; rn:11'. &lt;l&lt;' la marimlm.

Y eeh(· a anclar, Rin zoiohra~, por la ~Pn,~a Spg1na.
,·011 In fí• ,lt&gt; 1111 rmzado híu·ia ,l&lt;&gt;rusaJ,in.

II

Yo

110 s(, si ('S instinto, si !'S razón, O lO&lt;'lll'n
Jo &lt;JU&lt;' 111111'1·,, mis pasos.•\firmo mi sost{•n.
miran,lo aquella ,•strdl:t que, 110\'iú sn h&lt;'rmosm·a
a trnl'Í's el!'! elrsiNto, ,·amino ,¡,, Bcl{•n.

Y suhstrap al i11ll11jo ,¡p los 11i:11'ios ,·011fli1·tos

nn {•xtasis ,l(l ritmos, ge1111inan1Pntp puros,
narc'gan todos los instintos S('g&gt;uros
Sl't·ularrn&lt;'Uf(' 1111i11iinws, y df•I t1'it111fo · 1·on,·i1•tos.
Ht1t.·t'd◄ 1 :i Jos a,·c·(•so . . dí' 111m i11t.rí't11i:1 ,,ft,111C"1u·in
PI c•ouvpr~ar dt• lahios si111pi&lt; lllf'HtP t•nr,lialt'!'-,
t'H (fllf'

1

Y fpstino el nanf•:tgio •!&lt;1 to,la ,·rrti,Jnn1hrl',
c&gt;.,tiugo los f11igo1·(•s ti!' to,la :intigna Jnmhrr.
para al1•auzar t'I g-t11•P dti una nuflva t.'IH01·itn1.

sus opímos fulgon•s •·&lt;'11italPs
l:1s c'sh·tilla~ d,• 1111 ,.i(,lo cfp :1z11I c·on\':il+1s:·P11ria.

." iltH'\'t'II

III
:\'imho .¡., ,·hn:t l1111ii,r,•, hi.io ,1., l·'my .\11~{·li1·0,
nnrc•ola inc11•¡,11tp .fp g-1•11til aiiomnzn,
; p1111dr:'1s &lt;•11 ,,¡ t's1·1 !'to pNfil .fp mi Ps¡wrn11za
impulso i1H•,ti11g-11il,J1•. f,•,·t111datlor ,v , •·li,·o ! •..
:'11,•xi,·n, 14 ,}p

BAILES

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CUADROS aREVES

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¡ '1 :-t'I ,·c,z rnin\ &lt;'I p1·odi~io Jüi cU,hil nr1•ognfü•ia !
y tras ,¡,, la :1111rnaza ,Ir, nna lar¡ra ,lis1a11,·ia
surgil':'t PI mundo &lt;":'111diilo .... ( '01110 frl'nt,, a ('ol,ín.

1!117.

ELLA

PROVINCIA

DANZA.
Para ).f. T. P.

I
En &lt;'Stos hniil'S ,}p prol'it11•ia hn,,,•o
Jp 1•11101·i,í11 ¡,rimitil'a, tlnle·1'1t1&lt;'11tl'
despNta,lorn ,ipf halag-n i,rus,•o
'fil&lt;' e·auti, e\ mi jm·pnf11d 11:1&lt;"i,•11tp;
allí1 ... en mi 1111&lt;'hlo alti,·o ." ta,·itur110
•tll&lt;' t11\'0 ,·c&gt;l&lt;'idades d,• J&gt;l'r·atlo,
muy 1&lt;',·es, en a1g-írn gozo noc·tnrno
c¡ne nnn,·a mi ( 'indad ha pc&gt;r,Jn11111lo.

J
¡Qn[. 1·i,Ja t:tn l&lt;'.ian:1. HalonH\ rrsn,·ita&gt;&lt;l
. .•• . ¡ En qnt' n,·n.t:ir did110 g'0znn1os tu &lt;'S]&gt;l(•11¡}·ll' l
¡ 1)('~ iP •iut• i1wxplor:1d:1s st\w.;:u·ionc•..; Jtíl'-i ~ritn-.;
&lt;·on ¡,nlalira.- 11&lt;• 1111 di:'lingo ,¡.,¡ ,\ lapst1·0 l'lnto,, !
llay 1111a inomina,ia ,•1110,·i{,11 t'n tns pasos:
ti&lt;'nC's el ritmo griego-que Na amhil'i,111 y par. y sou t1~s ~ugc•stioní's ,·nal 1111 ,·oro ,ip msos
&lt;in&lt;' &lt;·nnta ra en &lt;&gt;l 1rinnfo
la l•'!'li,·itlad.

,¡"

II

1T
Las parl.'jas os,•ila11 en 1111 1·il'jo
mo,lo para ,la11,.ar; ,·í111tli,la fl'(•ntC'
Sll('ii:t 'fil&lt;' ('S .luan '1',•norio Sil !'Ol'tl'jO.
.\' sonríe &lt;lPI mal fnrtin\111p11t&lt;'.
¡ Oh, el i11g-enuo ful;.(or di' las miradas
,le los mozos ,•on ain•s ti&lt;' 1'011,¡ui~ta,
y el íutimo pln,·cr ,¡&lt;' las amadas
que &lt;&gt;nroj&lt;',·&lt;'n. 1•01110 1111 spminnrista.

III
Y la orquesta de ritmos inflexibles
&lt;'S una fir111e alfombra parn el paso
de quienes hallan giros inrrei!Ms.
hasta CD 1•1 ,·a is: qnc&gt; es sngc&gt;st ión de&gt; ra,o.
(Eu1pi()zn a 110 ~er jo\"1•11 y sorprPn,to
los pormenon•s poc·o disting-ui,los:
nna l'irgini,lad ha ido nmril'nrlo
"" In depur:1eión ,le n,is spnti,los.)
In&lt;'xperi!'llt'ia ,]¡, l'Í\·ir. did1m
inc•o11sc-i¡,1wia ele to,lo, fá,·il llanto
de la noda p1wril. ¡1•1,1110 aln,·i11a
c11 bailC's 1h• )ll'C1l'i11ria n1e,tro &lt;'ll&lt;·a11to' ...

Es un snefio, un &lt;'ns1wfio. 1111 c&gt;st:'iti&lt;'O süt-,11.
&lt;'I Cjll&lt;' ,·in, ,•n rl 1·it.1110 ,¡., tn danza sutil.
( Tu ,·upfas mi,s 11111• c&gt;l ágil ,·upJo ,¡,, ('l:l\·il&lt;.'fio. ¡
Er&lt;'s la grnc·ia 111(,yjf ,Je \111:t prrelnrn lis.
F.strdlas. 1111lw•s. a,·¡&gt;s, \'Pillo, ,·11a11t10 tú &lt;lanzas.
Halh rios ignorados, rnúsi,·as ,1,, laú,1,
lmn,as &lt;111&lt;' han11011iza1·011 las tlnl&lt;-es :u·ct'l,anms
,]el Paraíso, oímos mientras qn&lt;' hailas Tú.
Y hay 1111 ho11,fo SP,·reto que di&lt;·e su frsoro
tle ritmos, &lt;·Dando an111zas len•mcntc&gt; triuufal,
porque canta e11 tu &lt;'ll&lt;'l'J'0 las g-ra&lt;'ia ,l(, un ,le.:oro
que da a tus 11101·imiento~ fos,•i11ante ansiedad.
1

III
Ard,• la a11tig11a l111nhre ,IC' los ritos Pgr&lt;'gios
,,n ,,¡ fá,·il ¡,rndigfo ,le ,·atla "'·ohlt'i,\u,

y exhumas la,s ,irtudps dr aqnplJos ~ortilegios
,¡ne haeían a la danza m;'1s ful'rte &lt;¡ne t'I Amor.
¡ .\h, tus 011d11la,·io11es c¡ne miro ,·on los regios
1111111~1110, d,• 1111 ason1hro ,lig-110 ,le Halom,\11 J _- •••••

�UN "P0ILU" EN MEXICO
"Pegaso" encuentra a un soldado
que acaba de salir de las trincheras francesas
Un poiVU, un auténtico peludo del ejército francés está
en México y PEGASO lo ha encontrado y aquí lo presenta,
para regocijo, sorpresa y divertimiento de sus.lectores. Si
en tiempos de paz es difícil ver soldados extranjeros que se
codean por esas calles metropolitanas con nuestros tipos
característicos, nadie se imaginaría, en época de guerra,
encontrarse en México, en la confusión de charros y de re·
bozos nacionales, nada menos que un soldado que se habatido en las trincheras del Somme y que trae prendida al pecho la ilustre Cruz de Guerra. Imaginaos que al pasar por
el Portal de Mercaderes, tras de revisar los camotes de Puebla y las cajetas de Celaya, topáis de manos a boca con un
militar de uniforme gris, de casco plano y con las insignias
del ejército de Francia.
~
Nuestro hombre, el señor D .... , es un joven francés nacido en la ciudad de México, de padres franceses. Cuando
estalló la guerra, en rgr4, él y cuatro hermanos fueron movilizados al frente. Poco después el sexto hermano, un ado·
lescente, voluntariamente se embarcaba en Veracruz para
ir a prestar el servicio de sangre a su patria. Uno fué a la
infantería, otro se encuentra en la caballería, otro está en
el cuerpo de ingenieros constructores, otro más, que prestaba sus servicios en la telegrafía, murió en Verdun y el
poilu que nos visita corresponde a la batería de uno de los
sectores del frente del Somme, en calidad de enfermero.
El señor D .... nos ha suplicado el incógnito, por exigír·
selo las leyes militares-ha venido a México con 2 r días de
licencia a ver a sus familiares. Cuando lo encontramos lucía en l~ americana la cinta verde y gualda de la Oroim de
Guerre. Embarqué en la Coruña-nos dijo-y los pasajeros
creímos que los submarinos nos darían un mal rato, porque
los espías alemanes abundan y transmiten con toda eficacia
noticias sobre la salida de los barcos. Sin embargo, nada
ocurrió en el trayecto, pues el barco francés en que viajábamos estaba armado con dos cañones .... y los submarinos
no se las entienden con los barcos armados.
El señor D .... se muestra muy
La vi.la en las lrlnsatisfecho del éxito de las operaciocheras
nes en Francia; pero su empleo militar le impide entrar en detalles Y
sólo nos proporciona aquellos que no perjudiquen el servicio de la guerra. Nos habla calurosamente de la vida en las
trincheras y de su batería de 75.
-Tenemos allá habitaciones confortables-nos diceconstruídas en el largo curso de la guerra. A mi batería co·
rresponden varios abrigos. Allí la vida es muy activa Y en
los ratos de descanso la animación se generaliza y los sol·

.alll la vida es activa ...... Nos llegan con toda regularidad
cwrtas y periódico8

dados salen a charlar y a cambiar impresiones sobre la guerra. Nos llegan con toda regularidad, cartas y periódicos,
y hay revistas como Je 8ai8 tout y Lectures pour tou,s, que
cada semana reparten en las trincheras una gran cantidad
de ejemplares, que se pasan de mano en mano. Uno de mis
6

Uno de mis hermanos prestaba
domina uh sentimiento getmanófilo y yo sieihpre procuré
sus serviciios en la telegrafía de
disuadirlos de esa idea, haciéndoles \i'er cuánta simpatía tie·
campaña. Cuando los alemanes ata- nen los franceses en este país, especialmente entre las cla·
caban el fuerte de Vaux, mi hermases cultas.
no trasmitía las órdenes al Comandante de la fortaleza. En_¿ Cree usted que en este año tertonces, los ataques de una y otra parte fueron terriblemenEl fin de la guerra
minará la guerra?
te encarnizados. Un diluvio de hierro se desataba sobre las
-Es aventurado fijar una fecha;
líneas de batalla. La situación del fuerte era muy compropero creo que la guerra terminará
metida y sus ocupantPs se defendían con valor heroico. Los muy pronto, con el triunfo de los aliados. Los prisioneros
hilos te I e que hacemos
gráficos ha·
en
el frente
bían sido
se muestran
destruidos y
sumamente
no se podían
i
abatidos y
alzar antetodos están
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en que la
ción inalám·
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b rica. Mi
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acerca, tanvementey el
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ta de homba por caer
bres y matede un morial
es en
mentoaotro.
... . en los ratos de descanso la animación se qeCon !iyuda de las palas que siempre llevamos y
Alemania
1
y
los
soldados
salen
a
charlwr
y
a
ca1n11eraliza
Poco antes
alumbrados por 1ima bujia, abrimos traba.josacomo por la
bia1· itnpresiones sobre la guerra.
mente una brecha . ...
de que esto
alimentasucediera se
ción
que en
recibió del Gran Cuartel General la orden d~ trasmitir al Co- aquel imperio se ha limitado basta lo increíble.
mandante del fuerte la noticia de que había sido promovido a
Permanecerá en México hasta
Oficial de la Legión de Honor y los soldados premiados
El peludo
completar los días &lt;le .su licencia y
con la Cruz de Guerra. Mi hermano trasmitió la noticia,
esperará en Vera.cruz la llegada de
sirviéndose de la telegrafía óptica y poco después era conun vapor que lo devuelva a las re·
ducido al hospital, en donde ·murió.
giones en donde verá el triunfo definitivo de la heroica
-¿ Sabe usted si hay mexicanos
Francia o encontrará la muerte en defensa de su patria.
Hay mexicanos en el
en el frente?, pregutitamos al se·
Ante:; de despedirnos del peludo de México quisimos tofrente
ñor D ..... .
mar una fotografía que nuestros lectores encontrarán inte-sí los hay. En la Legión Ex resante y sensacional: el soldado vi:,te su uniforme de trintranjera se han alistado muchos mi~lares de hombres. Hay cheras, lleva la Cruz de Guerra y está parado cerca de un
muchos norteamericanos, y entre los latinos de América maguey, genuinamente mexicano, un maguey de pulque,
abundan los peruanos. Sé de al~unos mexicanos que com- que da al cuadro un aspecto extraño, exótico y cubaten en la Legión. Mis compañeros creen que en México rioso ....

Cemo murió Un francés
de México

momentos más agradables es cuando recibo noticias de México, en donde nací y en donde viven los míos.
-¿No llegan a faltar las provisiones en las trincheras?
-Nuestra alimentación es suficiente. Nunca nos ha faltado nada, ni los tres cuartos de vino que nos dan diaria-

'¡
'

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
... ... el soldado viste 8•11, 1inijorme de t?-incheras, lleva la Cruz de
Guerra y estápMado cerca de un maguey genuinarnente mexfcano ....

mente a cada soldado. En las líneas alemanas no solamente
hay caren~ia de alimentos, sino hambre. Es de ver el gozo
con que los prisioneros reciben sus raciones y cómo decla ·
ran que hace muchos días que no habían comido. iAquí se
come! dicen en un tono gozoso cuando se les reparten los
alimentos.
U na vez- continúa D .... - lps alemanes empezaron a
bombardear furiosamente nuestra batería. Ocultamos nuestras piezas y algunos soldados fuimos a resguardarnos a
una caseta subterránea de dos compartimentos. Llovía
la metralla, rebdtaban por todas partes los skrapnells.
Teníamos la seguridad de que una marmita que cayera
encima de nuestro abrigo acabaría con nosotros y decidimos pasar a la segunda habitación, que estaba mejor
re!=;guardada. Hacía u_n momento que nos había1:1os tran~ladado, cuando la marmita esperada cayó en el pnmer abn·
go y lo destrozó absolutamente, junto con los equipos que
allí dejamos. Una segunda marmita vino a estallar encima
de la caseta que ocupábamos y revolviendo terriblemente
la tierra, obstruyó la entrada de la habitación. Tres horas
permanecimos enterrados. Apenas ,podíamos respirar. Como un eco sordo, lejano y confuso oíamos el t-ronar de los
cañones, afuera. Con ayuda de las palas que siempre llevamos y alumbrados por una bujía, abrimos trabajosamente
una brecha y pudimos salir a incorporarnos con nuestros
compañeros. Pocos momentos después nuestros &lt;75&gt;, disimulados entre las ramas, contestaban bravamente la provocación alemana.

PEGABO

Eatre las nuevas manifestaciones que
En honor del poeta
se han hecho al poeta español Salvarl.or
Rueda
Rueda, huésped de México, debemos
.
anotar la función de gala que se efectuó
el viernes pasado en el Teatro Colón, organizarla por la Unión Esp11ñola que preside el íofatigable doctor Perrin. Se representaron
1E,i la boca del lobon, de Pedro Mata, (1La ri1na eternwi, de los Alva.rez Quinte.ro, y fueron leidas algunas composiciones en homenaje al poeta.
En la Redacción de «El Demócrata11 también le fue ofrecida una
agradable fiesta, que estuvo sumamente concurrida.
Salvador Rueda eali6 el sábado último para España.
1

La semana anterior se efectuó en la
Velada en honor de un sala de actos de la Dirección de Estusabio
djos Biológicos, una solemne velada en
honor del célebre naturalista Ernesto
Haeckel. Los pfofesores del referido insLituto, señores doctores
Mauuel Pérez Amador y Fernando Ocaranza sustentaron sendas
conferencias sobre los resultados terapéuticos obtenidos en los coloides orgánicos y sobre la vida y obra de Haeckel.
l:Joo de los números principales de ls:a. solemnidad fue la colocación del retrato del notable naturalista en una galería del edifició.
El 86.bado último se verificó en el
Concierto en el Museo Museo N aciana! un concierto en honor
Nacional
del Sr. José Romano Muñoz, riirector
de lz1. Escuela de Música y Arte Teatral.
Los n1Ímeros fneron desempeñados por los profesores de la referida Escuela, señoritas Ma.rfa Luisa Roas, El vira González Peña.
YAlva Herrera y Ogazón, y señores Luis G. Saloma, Adelaido Castañeda, Horacio Avila, José Pomar, José Rocabruna, José Pierson
Ylos miembros del Orfeón Pop11lar.

El jurado calificador de las obras presentadas al concurso de Bibliografía
abierto por la Dirección de bellas Artes, acaba de dictaminar, concediendo
el segundo y tercer premios al Señor Académico don Ignacio B.
del Castillo, por sus bibliografías de la Revolución y de la I~preuta del Congreso y al señor Académico don Juan B. Iguinis por su
bibliografía de historiadore8 de Jalisco.
El primer premio fué declarado deserto.

El Concurso
de Bibliografía

El Cónsul de México en la ciudad de
Kobe, Japón anuncia que aca.ba de ser
implantado como líbro de texto en las
escuelas oficiales el libro ((Mé,xico y sus
productos naturales)), tr~ducido al japonés con el titulo de uMekishito to somo Tensann.

Libro mexicano en el
Japón

Próximamente se efectuarán en los
Institutos de Biología y Geologia, conferencías científicas populares, a fin de
divulgar conocimientos de varia índole,
aprovechando las valiosas colecciones y materiales con que cuentan ambos establecimientos.
Conferencias en
institutos científicos

Las últimas conferencias de la serie
española @rganizada por la Librería Bihloe, relativa al Teatro Catalán, fué
sustentada por el señor Alberto Berella, ante numerosa concurrencia que llenaba las localidades del
Cine Palacio.
La conferencia de hoy, á cargo del periodista don Luis Albisu,
se referirá a don J3enito Pérez Galdós.
Las conferencias
españolas

PEGASO

7

�MEDITACION SOBRE UN BAU'TISMO

LA GRAN GUERRA

Por Francis Jammes
'1.'rad.uceíón de Em•ique Gonzá.lez 1Ja1·tinez .

Dedicatoria del Salmo a una flor y a una Maripost
A IA flOR
El Sf!c1·eto de l1~ corazón era y es veMirie según Dios iohff.or! iOh nieca que ha.s llegado

a sér tn propio vesticlo de Bodas y tu 7n-opia indú:idualiclad! Ahora tn forma está r('aliZacla, y a1111 reducida a cenizas, la nada no po,frú contm, t,¡, Po,·que vencl1·ía el ángel, que-

asiendo con sns dedos cada atomo de esta ceniza. ns11citaría io q1te es esenc-ial

irre

clucible.

A IA MARIPOSA
Cn bofrínico viejo, de esos que c1·ecn en Dios !J t.ienen nna 1,oclaclera y una ros({. en la
alearia sola1· deljardin, me habla didw: «Solamente la mariposa-aurora, al comienzo de

Francis Jammes
(J/,fxvam de Viilloton.)

la primavera, visita. al mastuerzo~. Rs 1111a_f(or.
1· yo había creído esto de burna voluntad, JJero com,o u,na fábula. 1' 1·epetía: ~solamente la mariposa-aurora, al comienzo ele la primavm-a, visita al mastuerzo•.
Pero, sobre la r-ibe·r a, en el silencio fresco y m,ister-ioso, he visto a l~ mariJ)Osa-r1,u..rnra
ir ele mastuerzo en mastuerzo. ¡Oh, terq~iedad divina! iXnda, oh, mariposa, nacla ha.bría
vodirlo cles1;iar ln v1ielo liumilcle !J aplicado! No hay que eqnivocane de co1·ola. Dios no lo
quiere.
1· habia en lo fra11q1bila siesta, &lt;'Omo nna tcrnnra sin nomb1·e, lejos clP Zo8 hombres, fa,l.
vez en otra parte.

Salmo
Campa.nas, sonad par a el b&amp;utismo:
Campana vestida. de sayal como una hermana de los pobres, y
que interceptas el hol'izonte visto al través del armazón de la
Iglesia.
Campaña del ltlbohol, cuyo badajo es una ab3ja, y que eres
tan delicada, que un vaho te aturde y aja, y tan blanca que te llaman puño ele la Virgen.
Campana ele la campánula y campana ele la genciana, teñidas de
azul sonot·o.
Campana ele la calabaza, amarilla como el so~, ~n que 1·e"bota el
ruido salpicado de chispas de la fragua clel mefüodla.
Campana del lirio, fabricada en pol'celana celeste .... Soµ~~ .
Las campanas escandit'im mi salmo, el salmo que arreglaré para el bautismo, en tanto
que los gorriones piarán en la jusbarba de la
nave, y los gansos que silban gangueando,
remarán con sus alas en el pórtico donde se
venden pastelillos de anís.
Afuera ha pasado la sombra de una golondrina, y ha hecho sonreír a la vidriera en
que el santo tiene una gl'uesa túnica azul y
roja .
El agua corre sobre la frente del niño.

El ángel de la sombra cambia de lugar como una ala aguda. Estaba sobre la capilla de
la Virgen, y, ahora está sobre el piso.
La lana arde todavía en el presbiterio.

El agua que ha caído en lluvia sobre el helecho de los bosques.
El agua que ha formado burbujas en el río tempestuoso, eu cuyo
tondo se remueve la anguila.
El agua que caía a torrentes en la noche, mientras que la tristeza
me roía el alma.
El agua que ha acrecentado la fuente de La Fontaine y el arroyo
que baña los juncos y las patas de las becadas.
El agua que ha estado en el mar que recubre las eras de erizos
azules, son.rosados y purpúreos, y las plantas verde-grisáceas o herrumbrosas,
El agua que se ha remontado a las nubes y ha vuelto a baj&amp;r a
las selvas y a los pozos.
El agua que sacó la criada presbiteral y colocó en el cántaro poroso, a cuyo contacto siente fria la palma de la mano,
El cirio amarillea en la 1uz ensordecedora.
Y, en el bautisterio, el fuego rosa de la lana . ...
El fuego que rompió el cielo como un vidrio, hirió el arbol y lo
desgajó.
El fuego, que parece sangre, en la_tiena que lo vomita sohl'e la
peq1,1eña. Criolla qne al mediodía, baJo la veranda, abre ostras de
paletuvios.
El f1,1ego que es hermano del agua. __
. .
. .
El fuego que purifica, que es la buJ1a que cliv1sa el Vl&amp;Jero extraviado , al comenzar la noche, en la casa de los bosques del otoño
helado.
El fuec10 qne es la linterna que allít lejos desaparece y reaparece,
según q;e ~¡ carruaje es ocultado o no por las cuestas y los follajes.
8

El fuego. que es el faro que alternativamente "rojo y blanco, voltejea.
El fuego, que es la brasa preciosa que a media noche proteje el
sueño del gato, la brasa en la negrura del borno, cuando en la amplia cocina campestre no se oye sino el silencio en el perfume del
pan y del ajo y en el calosfrío de la pobreza de Dios.
El fuego,_ que es la lamparilla en los momentos en que los niños
escuchan s1 el enfermo no ha acabado de respi.rar, y la lamparilla
que, a las siete, en la catedral resonante, apacigua la angustia pros ternada y hace brillar el facistol.
El fuego, que es el punto rojo de la pipa del piloto, cuando el
hueco ruido de la mar se adelgaza como un labio sobre el labio de
la arena.
El !llego, que es la Iá,mpara que alumbra el papel en que el nego•
ciante comprueba su ruina.

La lana que las ovejas habr{lll dejado a la aurora sobre las espinas sonr@sadas.
La lana que es la nieve del Señor.
La lana que remata el cetro de caña de las hilanderas decrépitas
cuando el anochecer hace más claras las puntas de los techos apretados de villas.
La lana que el poeta coloca en el pico de los gorriones, a fln de
que en el nido, sus hijos agrupados como las pepitas en una manzana, tengan calol'.
La lana que trabajan bajo la lámpara las amigas de las buenas
obras.
_

Y el sacerdote coloca la sal sobre los labios
del niño.
La sal, símbolo de la sabiduría.
La. sal, que yace invisible en el fondo del océano.
La sal, testigo de las aguas universales, que ha visto a Dios en
la nube espesa como carbón, separar el día de la noche y la tierra
del mar.
La sal que ha tenido contacto con bestias extraordinarias que
pasan. como mantos de luz en la superficie ele las olas, o que, en vibración en medio de ellas, tienen cabezas ele caballos de ajedrez y
vientres de Buda.
La sal que, cuando el Arca se hubo posado largo tiempo sobre el
monte Ararat, la vistió de una costra deslumbrante como la armadura de un al'cángel.
La sal que el misionero de puntiaguda barba busca bajo la tierra
como una gema 1·ara en los paises ardientes que catequiza.
La !¡al dada al corderillo que quiero coronar de laurel bendito.

A.~i, pues, es para U., oh ?iirto, para q1úen, co-mo vüJo nwrino que
talla c011 cuchillo 1111a esfera rle boj, lJios ha esculpido el nrnndo t:n
el vacio.

PEOASO

La gloria tudesca tiene en :Thléxico a lguuos aclmi l'a- mucho dnrante la oct1pac1011 alcutalla por la falta de prodores. Es una devoción nacida al calor ele los cables que Yisiones y el trato brutal de la soldade,sca .. Yaganclo por
llegan destilando sangre y que adqnierc en las conver- los campos, tumbados eu Jos escombros, se han encontrasaciones una agresividad selvática. Para muchas gentes, do niños agotados por el hambre, ell un estado de enflaqueel Kaiser es uu soberbio ejemplar ele conductor de pue- cimiento espantoso.
blos, y la raza alemana la más Yalerosa e inteligente de
Al retroceder, las huestes germanas obligaban a los
cuantas respiran sobre las miserias del mundo.
campesinos a trabajar eu las obrrts de f:Ortificación qne
¿ Por qué esta simpatía?
iban constrnyentlo a retaguardia, obras ligeras, pl'ovisinSi los esclavos remotos de la Prusia militar se hicieran · nales, hechas nnicamente para resistir algunas horas, paesta. misma pregunta en uno de esos momentos en que la ra cobtar alie11to, mientras se llegaba a la línea en que
razón flota sobre los nublados ele las pasiones, probable- esperan contener la marcha victoriosa del enemigo. Por
mente se quedarían perplejos para contestarla.
('\los se han sabido que las nuevas posiciones están aconAlemania es todavía para. nosotros, como para muchos dicionadas para una seria de:felisa y que pai·a desalojar
países, su comerciante; algunas veces,
de allí a los alemanes tendl'án que lipocas, su industrial.
b1·arse encarujzac.las batallas.
Ambos arriban a nuestras playas con
A los obstaeú.los que hay que vencer
la cultura de su especialidad y forpara transportar y emplaza,· la artilleman colonias que viven casi aisladas y
ría pesada para equilibrar 1n pasajera
se conservan a través de los años proventaja que ahora tienen las tropas
fundamente extranjeras.
de los imperios centrales, se han snmaDe los múltiples aspectos de la vida
do u1tirnarnente las :fue1--tes nevadc:is que
nacional solo les interesa el económihan caído en el campo en disputa, y fas
co y ffil él ensayan su vasta capacidad
operaciones de los aliados han sufrido
comercial.
una momentánea paralir,ación en la Sl'CAlemanes hasta la médula, observan
ción confiada al valor inglés.
con impasibilidad de seres superiores
El ejército francés libró hace días
la marcha de nuestras vicisitudes poun sangdento combate cerca ele La Felíticas, lo mismo que las manifestacio re y avanr.,a hacia esta plaza siguiennes de nuestra cultura. El francés, el
do las margenes del Ailette ele donde los
e-spnñol, el inglés suelen conmoverse
alemanes se han ido replegando. Cerca
con nuestras desventuras de pueblo joele i\largival al snr de Laon st&gt; Pm¡wven y su sangre ha corrido a veces con
ña casi al mismo tiempo otra batala. nuestra en las pugnas por li liberlla cuyo resultado quedó indeciso.
tad. El alemán jamás ha clavado en
Post&lt;t,_riormento }as fuerzas de 1íl
nuestro ca mino, lleno de tormentas, la
Repl1bliea se apodcraTon de algunos
flámula ele un heroísmo. Su actividad,
fueries ele la línea de defensa ele J,a
ha girado basta la fecha en el estre·FerC, colocando así a esta cirnlad en
cho círculo de sus libros de contabiliel centro de 1111 scmicírcnlo de hirno
dad.
que va. estrechá1Jdose le-J1tarnente.
Desgraciadamente, no hay argumenEt genaal inglés ,Uand, ·vencedor
to capaz de minar la simpatía que insde los t11,rcos en _;lfesopota1nia
pira a ciertas almas la fuerza bruta
Aprovechando el explicable estado de
y Alemania continuará siendo la priclesorganfaación en que actuahuento
mera para ellas, mientras sn potencia de destrucción man- se encuentra Rusia los imperios centrales lrnn iniciado un
tenga en pie su bien conquistádo prestigio.
poderoso Dlovimicn'to ofensivo en el frente oriental. Este
Las fuer.zas alemanas han hecho un alto en su retira- movimiento comenzó e-ntre los ríos Silcha y C11vanich, de
da y se han establecido en una línea que se extiende des- donde los rusos tuvieron que replegarse después de sede Arras hasta Laon 1 comprendiendo entre estas plazas rios ataques efectnados por el enemigo; y parece que conlas de Uambrai, Saint Quentin y La Fere.
tinuará en el sector de Riga a Dvánsk, a. juzgar por los
En este vasto moYim.iento 'de 1·etroceso han ido destru- grandes contingentes que el Estado :Mayor alemán ha act~yendo sistemáticamente cuanto pudiera ser utilizado por mulado en esa zona. Desde que el l\larical Hindenburg amlos ejérc.itos aliados. Pueblos, granjas, pÜentes, lo poco quüó al ejército ruso en los lagos massurianos se sabe
que quedaba después de tantos meses de combates, ha si- que este militar, considerado como el más genial de los
do demolido, despedazado, y franceses e ingleses han te- que desempeña los principales paJ)e·les en la gran tragenido que hacer esfuerzos sobrehumanos para. conservar dia europea, abJiga la idea de que la derrota defi.nitiv_a
en su frente la dotación de artillería necesaria para sos- del imperio moscovita determiirnrá el inmediato adven1tener eficazmente el ava1lce de sus infantes.
miento de la paz. La C?ícla del Zar, el desconcierto que
La población civil de la. región recuperada ha sufrido lógicamente debe sobrevenir después de un acontecimien1

Entl'e combate !J comba,te Sf' jnega
a, las cartas
PEGASO

1

El Pres'idente Poinca.ré visita la.frontera,

9

�to de tan gran trascen&lt;lencia, facilitan el camino para el
desarrollo de una campaña enérgica y es probable que
pronto se registre en el :frente ruso una batalla de resonancia mundial.

•••

Caza snmergibles en cwción

Buqul' e.iplorador ·reciúiendo
comb11,sti/Jle

Hiclroplano sa.lúmdo a explorar
los mares

El gobierno provisional establecido en Petrograd ha
sido ya reconocido por la Entente y continúa sus trabajos de reorganización de los servicios públicos.
Se habla de cambiar a Moscow la capital del imperio
para substraer al gobierno de la acción del experto y disciplinado espionaje teutón. Petrograd está lleno de espías; pupulan en todas las clases sociales y cuanto se hace
en las altas esferas gubernamentales es inmediatamente
divulgado.
El gran duque :\'icolás. nombrado hace días Generalísimo de los ejércitos rusos, acaba de ser destituído de
su elevado puesto. El alto jefe eliminado gozaba de mucho prestigio entre los soldados y su separación ha causado sorpresa. El general Alexieff lo substituirá en
el momento quizá más delicado de la guerra, en que Alemania, urgida por las circunstancias, se dispone a asestar golpes de carácter decisivo a sus adversarios.

Cañones de que están dotados los
caza submar'i,nos

Caza su,bma1·inos listos pd1·a salfr
cam,paii.tt,

Rotas sus relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y en peligro de entrar en guerra con ellos, Alemru_;tia
se ha creído relevada de la obligación de prestar
garantías a los norteamericanos que se consagran en Bélgica a la hmanitaria tarea de aliviar hasta donde es posible la deploi;ab\c situación en que se encuentran los belgas. Y, como si no fuera bastante esto, los sumergibles que ¡
mer 1dP.an por las costas inglesas han echado a pique al-t
gunos baTcos fletados especialmente para transportar artículos de primera necesidad destinados al infortunado Talleres donde se constru,llen las
lamchas caza submarinos
reino.
Con till motivo el ministro norteamericano Whitlock sa
lió ele Bruselas y con él la comisión de socorros, que tan
nobles trabajos venía desempeñando para dulcificar
la angustia de fa vencida Bélgica. Innumerables familias se quedarán sin pan ; pero ¿ qué iinporta Y Es justo
que los belgas purguen con hambre, y sed, y hierro, y
fuego el pecado de haberse foterpuesto al paso de los elegidos por Dios para ·esparcir pmr el mundo las buenas
cervezas y las sabrosas salchichas y con °llas las luces de
~a verdadera cultura, de la que Alemania, por dón espe&lt;'ial del cielo, es la única depositaria.

•••
Se cree imposible evitar la guerra entre los Estados
Unidos y Alemania. Enardecido por su prolongada lucha, este país no se cuida &lt;le tener un enemigo más y sigue apurando con audaz desenfado la paciencia norteA bordo de un torpedero
americana.
Empujado por los acontecimientos, el Presidente Wilson
no se hace al parecer ilusiones sobre el porvenir y prepara a su patria para hacer frente a la tempestad que se
le viene encima. El ejército de tierra aunque será el último que mezcle en el conflicto. si este llega a estallar,
va a ser aumentado considerablemente, y la marina dotada de todo lo necesario para una acción eficaz.
Como es natural, el elemento alemán que exis.t~ en
la Unión no permanec_e inactivo: intriga dentro y fuera
ele la ad1ninistración, y uno de los primeros cuidados del
1-lidroplamo explorando los ma1·cs gobierno será el de reducirlo a la impotencia. Se dice ya
que al sobrevenir la guerra s~rán internados los alemanes que pertenecen a las reservas del ejército de su país
y aprehendidos los inmnerables espías qne vagan por las
principales ciudades de la Unión.
La precaución no es por demás : para justificarla, basta el reciente descubrimiento de un complot para apodararse de la ciudad de Bu:ffalo, en que se hayan innúscuidos más de trinsta mil alemanes, quienes. se proponían,
después de ocupar la plaza, mediante un golpe de mano,
volar los edificios públicos y destruir las fábricas de muBuqne patrulla haciéndose a
niciones que se encuentran en ella.
la ma1·
10

PICGAJ&amp;O

Globo ca·u tivo usado por las naves
de guerra .

Globo dirigible usado por los
aliados

1

Nuevo 11iodelo ele hidroplanos caza
submarinos

Tratándose de una guerra marítima, y a esta clase de
lucha se concretará probablemente el choque entre alemanes y norteamericanos, no están seguramente desprevenidos nuestros vecinos. Poco después ele la batalla de Jutlanclia se comprendió la necesidad de a.u.mentar las unidades navales de la Unión y se comellzó a desarrollar un
programa digno de un pueblo que cuenta con tan gigantescos recursos. Solamente para el fomento de la marina
de guer"ta se asignaron mil quinientos setenta y cinco - millones de dólares á,nuales y mil trescientos veinticinco para la reorganización del ejército.
Cuando se votó esta formidable asignación para la de- En el frente, despues de 1in encuentro
fensa nacional no se pensaba todavía en la proximidad de
Arlill6ria pesada, en marcha para el
un conflicto. Creíase que la República, a salvo entonces
frente
de preocupaciones bélicas, bien podría darse un plazo de
cinco años para poner su ejército y su marina a la altura
deseada. Después .fue preciso activarlo todo y se han
ofrecido primas extraordinarias a los astilleros que entreguen primero las naves en construcción.
De conformidad con los proyectos que se están realizando, la República del Norte dispondrá en breve de una
arm~da naval de cuarenta y nueve "dreaclnoughts," die:-~
y ~e1s cruceros d&lt;: batalla, ciento sei::t torpederos, ciento
treinta y cuatro submarinos y veinticuatro cañoneros, ade~
má:8 de los transportes, buques hospitales, etc., que requieren todas las escuacl ras. Seis acorazados que están actualmente en construcción costarán setenta y cinco milloArtillería pesac;a en murvha
nes de francos cada uno y posteriormente se harán otros
cuyo costo se calcula en cien millones.
.2 _ ~ii\'. •~ u.t!i . , ,,.
..,... ~ •.
Rn niarc.ha hacia el frente

•••
Publicamos hoy en esta sección algunos grabados que
1·epresentan las pequeñas lanchas empleadas por Inglaterra para la caza de ~nmel'gibles. Son naves ligeras,
de rapidísimo arldar y de tan poco calado que pueden
escapar casi siempre de la acción de los torpedos. Su
costo es reducido y su construcción tan violenta que alLas fatigas de la emigmción
gunos astilleros consiguen armar tres por día.
Se comprende que a medida que pase el tiempo, la
tarea de acabar con la marina mercante de los aliados
se va haciendo más difícil y que los abnegados tripulantes de los sumergibles van a tener más motivos para despedirse de la vida cuando abandonan con heroiCambiando de posiciones en la linea co automatismo sns escondites para lanzarse en las tede batalla
rribles aventuras submarinas qu.e les impone el Káiser.
Es la disciplina, la feroz disciplina que los reyes de
Prusia han metido en la carne &lt;:le su pueblo desde
q ne Federico el Grande heredó de su padre el bastón
con que les medía las costillas a sus fieles súbditos en
las calles de Berlín.
Convoy que v·uelve del frente
Por que esta gran cualidad, característica de la co~
leotividad germana, )ia entrado en ella así: a golpe".
El gran Federico, maestro en domar hombres y en
dar batallas, dijo alguna vez, hablando de sus soldados:
"Ved esos l10mbres; cada uno de ePos $eparado de
los demás, no puede 1nenos de odiarme. Pe·ro en filas,
cuando saben que detrás de ellos se encuentra un cabo
con una vara en la diestra, tiemblan ant~ mi y me d~fenderían contra una banda de asesinos.
"Pero lo que es más grande; no tengo más que n,m1Enma1c'1a liacia el frente
dar y obedecerán en seguida, darán su vida por mi sin
reflexionar, porque ignoran hasta el objeto de la guerra ; no tienen más que una fe ciega en mi ·y en mjs ofi1'rinthern ale-11,0,im ,c;m ,cla pvr lJ.~
ciales cuando les decimos que de•ben morir por mí. &amp; C6ai.iados
mo he llegado a este resultado? Pues sobre todo con la
ayuda ele mi bastón.''
La receta del famoso monarca no fue echada al olvido. Era una re-ceta real y fue recogida y aplicada por
sus sucesores. Merced a ella los hábitos de obediencia y
. disciplina entraron en el ejército prusiano y fnerpn po.
co a poco penetrando también en el espíritu ele la nación. Y hoy todavía, cuando algún tudesco siente que le
anda por adentro el demonio de- a rebe1 día, no falta superior gerárquico que le haga comprender que no hay
que pecar contra la tradición y que los reyes, desme•
unza.dos en sus sarcófagos gloriosos, siguen a veces man- Bateria alema,na aúandonadq, después
Cuidados que se tienen con los caballos dando.
de un uombate
PEGASO

11

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TEATROS
Y CINES
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ALMA FU E RTE. -APOSTRO.b'E. - Biblioteca Renovación. Cn.sa Edi•

torial Falcó y Borrasé: San José, Costa Rica. -Es un poema de
cólera. que parece arranca.do a las páginas de ((Los Castigosn. El
gran poeta sudamericano azota, hiere sin piedad a quien juzga
antor del enorme crimen de la guerra actual: Guillermo II. A vec~s brota de los versos la invectiva y basta el insulto, y la iracund~a. se sobrep~ne a la estética; otras un soplo vigoroso y tremendo
~óra en el ritmo extraño y poderoso. El poeta acusa, maldice;
impetra para el culpable la condenación de la humanidad, el estigma de la historia; pide ((llanto eterno, fuego eterno11 para la infamia sin nombre. Un día, no lejano, ha de saberse si el prócer
que ((Almafuerten señala con el dedo implacable es el crimioal
único, y si en el monumento de ignominia que la humanidad elebe levanta.r a quien abrió la caja de Pandora d.9 la barbarie sobre
la civilización confiada, se han de inscribir con letras de fuego las
más terribles estrofas del «Apóstrofen. Publicamos en seguida al~
gunos fragmentos:
Dictador de un pueblo manso,
que a virtud de un cientifismo más brutal que los azotes
le has hundido en el 1tbyecto
'
gran trajín de los insectos laboriosos¡
en aquella disciplina de colmena
que persigue 1rn fin extraño a las abejas.

·······••·••············· ...................................... .

Cm·ruptor de la conciencia de los hombres;
musa roja de filósofos y sabios,
de politices y estetas:
llíefistófeles.
Seductor de la gran Virgen,
de la hija cerebral del padre Zeus,
de la hermética Minerva;
cnyo pecho saturaste de pas~ones inferiores,
de satánicos instintos;
cuyos senos inefables,
armoniosos, fulgurantes como astros,
sometiste a pensamientos tenebrosos,
disolventee, agresivos:
al pensar de.las raposa s, si pensasen;
y al ardor del alacrán.
Animal apocaHptico; precursor de l!ls tinieblas;
enem!go del derecho y la justicia;
enemigo de los hombres:
Anticristo.

.....................................................................

......... No hay el ámbito geográfico bastante,ni alargándole su diámetro
basta dar con el volumen de cien soles;
no habrá nunca
ni metales, ni carbones. ni bastantes calorías
ni energías suficientes, ni apropiada.a resiste~cias,
para el horno, pa.ra el cráter,
para e.l círculo dantesco,
para el bára~ro sin fondo y sin orillas,
para todos los abiemos inflamados
que te deben supliciar.
No; la tierra es tan fugaz, tan reducida
como un campo de gitanos:
para tí la eternidad .........

································ · ·········· ........................ ..

Los azotes de la historia no castigan:
crean dioses;
crean tipos fabulosos, mitológicos,
a.rra.strados al dolor por el destino,
condenados al delito de las hor11s,
sometidos al horror de la tragedia

del incesto al parricidio,por las fuerza.a del ambiente;porque así lo dispusieron las costumbres
las pasiones imperantes,
'
los impulsos del momento,
las herencias y atavismos; lo fatal.
No; la historia es un momento, una mísera palabra,
una mísera palabra que resuena altisonante ........ .
Para ti, para la serie
larga y negra de tus crímenes horrendos,
cien millones; mil millones de centurias
son un soplo.
Te reclaman los archivos de lo eterno·
vid~ eterna, fuego eterno, llanto eterno'
sin Plntarcos,
·
'
sin siquiera la sonrisa de Caín el fratricida;
dolor pleno, dolor sumo, dolor puro
por los siglos de los siglos;
y en aquella angustia eterna,
tú y Satán.

publicarse esta obra que fue en un principio capitulo del libro
México en la. Vid:I-, en la Ciencia y en el Arte, y viene a suplir la fa}.
ta de. una. historiad.e nuestra música. La señorita Herrera y Oga•
zón, rntehgente y discreta autora del libro, ha llevado a buen tér•
mino la tarea de dar sintéticamente una ojead&amp; al arte mueice.l
desde los remotos tiempos precortesianos, hasta la hora que corre:
Tudas las épocas.presentan grandes dificultades, y aun creemoa:
que es en l!l. colonial donde flaquea, un poco, el elevado mérito
de la obra, al no mencionar, por ejemplo, a Sor Juana Inés de la
Cruz, mujer notabilísima que a sus gr,andes dotes literarias y bu•
manísticas unía el conocimiento de las artes pictóriaas y mui:,ica•
les, y aun llegó a escribir algo de música como ella misma no,
dice. No hay que admirarse, empero, de tan pequeña flaqueza:
son los siglos coloniales como tumba cerrada para el conocimien•
to dela vida cultural de que, por fuerza, gozaron, Poco a poco, a.
gasto de paciencia y de labor en archivos y bibliotecas, llegaremos
a extender con el tiempo nuestras noticias.
La época contemporánea, si no presenta esta dificultad tiene
a cambio, otras tal vez más graves: la cercanía de la época, el be:
c~o de que!ª mayor parte.de los artistas juzgados vive aún y la
C1rcunstanc1a de que, en cierto modo, la autora pertenece al mis•
mo grupo de artistas cuyo mérito aprecia.. Y aquí- es donde pue•
de verse el tacto y la rectitud de la señorita Herrera. y OO'azón.
Conducida por la discreción misma, perfectam~nte docum:utada
y con el c?nocimiento intimo de cada artista, sortea toda clase de
escollos, srn temor al vituperio ni a escatimar elogios. Suponien•
do que no todas sus apreciaciones fuesen exactas-ninga(la obra
es perfecta-queda el mérito grandísimo de permitir la revisión de
los valores artísticos sobre una base sólida y de dar a nuestro criterio la flexibilidad de una elaboración discutida.

M. T.
LUIS G. UR:BINA.-LA LITERATURA MEXICANA DURANTE LA GUERRA DE T,A INDEPENDENCIA, Madrid, 1917, Imprenta de M. Garcia

u?a reimpr~sión del «Estudio Preliminar» que el ilustre poeta {n.,.
x~cano publicó. en la Antología del Centenario¡ y como dicho estudw es ya suficientemente conocido del público culto 1 tal circuus·
tanc)a.. nos releva de c~mentarios hacia aquel trabajo, de agradable
anáhs1s y muy buena rnformación literaria.

QUIRU~RGICO

DONATO MORENO
Operaciones de Cirugía y Ginecología-Maternidad
de

liculasviejas, de &lt;(mise en srCoe)) defectuosa, en compañía de actores medianos y con argumentos sin importancifl,. Sin embargo•
Asta Nielsen nos ha grabfldO sus gestos en el alma con un sello de
arte puro, hondo y sincero. ,
Del grupo italiano que es el que logra cautivar más al público
de Mexico, yo doy mi preferencia a France~ca Bertini. Es la más
sobria y la más comprensiva. Tiene una belleza intelectual simbo•

Bucarell

Núm.

21.

Gabriela Robinne

Francisca Bertini

en el teatro se consigue sólo a fuerza de un concurso cpmplicado
de situaciones y circunstancias. Tiene sus limitaciones como el
teatro las suyas; llegará, como su rival, a la perfección soñada, y
vivirá., en su propia esfera, ante sus apasionados y mudos espec•
tadores. Tendrá sus intérpretes como el teatro los suyos, y no se•
rá raro, antes bien moneda corriente, que unos y otros fracasen
al cambiar de terreno tras de haberse hecho aplaudir en el que le"s
corresponde. Ya hemos visto que las eminencias de cine que hoy
maravillan a los habituales concurrentes al mudo espectáculo. no
eran, por regla general, sino mediocridades en los teatros de Eu•
ropa, y a. diario contemplamos, muy por debajo de ellos mismos, a
actores Hm1tres que bao llenado con su fama los escenarios del
mundo.
Como antaño las actrices dramátfoas, las de cine despiertan ri•
valida.des entre los aficionados, y la Duse y Sara Bernardt han sido
aubatituidas por la Bertini y por la Ro bine. Negar que hay no•
bles R.rtistas entre los intérpretes de cinematógrafo, seria cerrar
loe ojos a la verdad. Sobre la pantalla, como antes en los tablados
del foro, y ante el mar o en pleno bosque, como antes entre los
baatidores y bajo las bambalinas, el arte se nos ostenta en la pantalla. maravillm1a con una realidad y un buen gusto que nos
anbyuga.n. Y nos vamos familiarizando con las actitudes de las
actrices que pa.sa.n en sucesión de friso animado por la pantalla
cinematográfica.
De esas estrellas rondas, juzgo a Asta Nielsen la má.s completa
en arte y facultades. De una delgade-z inverosími1, con un c.uerpo
que parece el de un adolescente, sin curvas 1 sin morbideces, que
le permite aparecer casi desnuda sin impudor ninguno, es la
6:nica. artista que no vence con su plasticidad, ni domina con su
belleza., ni sorprende con su elegancia. No hay sobre aquel cuerpecillo endeble sino dos ojos enormes que ella agranda todavía
con ojeras pintadas, profundos, .expresivos, que lloran, que ríen,
qne guardan como ningunos el enigma de lo poético y el secreto
de la. tragedia. Es la artista más ágil, más cambiante, más amplia
en recursos, más natural en sus actitudes. La hemos visto en pe-

1

¡

a::·:·;·. . ~·;:·~. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

I

D~:~:::ela: f:~:as
0

l !,

PEGASO

Susana Grandais

}izada en su frente que de seguro guarda alguna cosa. Es elegante
y fina en la comedia, y a cada paso nos sorprende c.on momentns
de una gran intensidad dramática. Es el suyo un arte de aristocrs.cia y un arte consciente.
Pina Menichelli es la más discutida. Hay moti vos para ello.
De una espléndida belleza, admirablemente formada y sabedora
de que vencerá con sus gracias personales, es la actriz de la uposen,
a veces del efectismo de brocha gorda, sin el sentido de la proporción, sin la noción definida del buen gusto. Pero hay que convenir
en que hay instantes en que nos sobrecoge con su arte sensual y
perverso y en que posee el filtro mágico de la seducción pecaminosa. Viste irreprochablemente, y, sobrE! todo ¡es tan bella!
Lyda Borrelli, nuestra amiga de hace pocos años, es otra de las
mimadas del público. Como la Menicbelli, es inclinada a las acti•
tudes de nposen fotográfica y tiene estereotipado cierto gesto y usa
de ciertos ademanes que dan a su trabajo una monotonía desesperante. Yo lo achaco a. que no sabe todavía moverse -a sus an•
cb•as dentro de la mi mica purR.. Ya lo aprenderá, porque es actriz
de talento y tiene una sugestiva hermosnra. Por momentos nos
enea.uta v nos convence.
No m0 gusta Hesperia. Tiene una belleza. sin finura, viste con
elegancia de maniquí y es de una incomprensión constante. En
sus mejores escenas no pasa de discreta. No obstante, tiene su
grnno de admiradores. Ellos sabrán por qué.
Vera Vergani ha sido una revelación m'uy reciente. No tiene
la helleza de sus rivales italianas; pero es interesante. Conoce la
escena. Estoy seguro de que se ha impuesto en las únicas dos pe•
lícula.s que le hemos visto en México.
Los partidarios del p1tsiooalismo italia.no que rompe con fre.
cuencia toda mesura, tiene por frío el arte cineniatográfico fran•
cés. Tal vez no entiendan mucho de matices :1os que tal piensan.
Para mí Gabriela. Robine es una actriz de supremo buen gusto y
ae talento indisnutible. Ninguna de las estrellas de cine le aventaja en belleza. Viste con elegante distinción y es de una sobrie•
(Sigue en la pá,qina 15).

Vivir

unas

¡

SOLO tN SAN ANGtl INN.

horas

............_.,...............................,,....,,........................................,............................,.... .......,,,,,,,,,,..,.,,,,,,,,,,,.,,.,,,,....,,,,.,..,......,,,. ,,.,,,,..,,,,,,_.... ......,_,,,,,. ,,,,,,,,,,,,,,,,.,,,,,,...,...........
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12

CINE

xz.co. Departamento Editorial de la Direcci6n de las Bellas Artes. 1917,
en 8'!
E~ un pequefio vulumen de elegantísima presentación acaba de

DR.
la.

El cine ha entrado en .el arte con derechos indiscutibles desde
que no es tan sólo el drama menguado por el silencio sino una
manifestación estética que ise aparece en terreno propi~ y con sus
característica.iJ esper.iales bien definidas; desde que el verismo del
paisaje se sobrepone a. los convencionalismos del palco escénico¡
desde que la fotografía nos asombra con sue ilusiones admirables·
desdequerealza el gesto y sintetiza en un adem.án sin tacha lo qn;

DE

ALBA HERRERA y OOAZÓN.-EL ARTE MusrcALEN Mtxroo.
~n~ecedentes. -El Co~ser?atorio. -Compositores e intérpretes.-Mé

y Galo Sáenz, en 8? -El libro cuyo nombre encabeza esta nota es

SANATORIO

ESTRELLAS

,

13

�El domingo por la mañana y ante
una muchedumbre que ioundóporcom•
pleto no solamente las tribunas, toldos
y pista del hipódromo de la Condesa
sino que se agolpaba compacta al alam:
bre que lo rodea, se verificaron las
anunciadas carreras de automóviles
primeras de la serie d~ cinco que se se:
guirán verificando cada domingo. Parece que el hermoso deporte del automovilismo empieza a despertar del
prolonga.do letargo en i::¡ue ha estado
Rumido desde hace ·mucho ~iempo no
faltando por desgr~cia la nota trágica
de la que ya se ha ocupado ampliamente la prensa diaria, originada por un
alcance que le dió un coche "Packard" de la tercera categoria a un
npeerless" de la misma en una de las
Cll~V'l.lól ,

En la primera carrera recmltó vence-

dor el coche "Humber," marcado con
el Núm . 2 y piloteado por su propietael Sr. Luis Ibáñez.
La segunda fué ganada por el auto
N6n . 2. "Pa&lt;'kard," de la propiedad
del General J. A. Acosta, piloteado por
J. Borneo.
En la tercera carrera salió vencedor
el Núm. 6, marca "Lancia," piloteado
por su propietario el Sr. Juan Cabazza.
Hay gran animación por asistir a
las próximas carreras en que competirán coches de gran potencia y que promete ser sensacional.

tener el triunfo y comenzó el juego
muy animado, habiendo tenido ocasión
de aplaudir hermosas jugad1s por ambos lados, creciendo a cada momento
la animación entre jugadores y espec
taciores.
Durante todo el primer tiempo estuvo dominando Mixcoac, que se mantuvo constantemente en el campo enemigo y tiró repetidas veces al qor,,l parand~ muy 1;&gt;ien el porte!º de Tacubaya.
El primer tiempo termmó sin que ninguno de 101:1 equipos se anotara ~ingún
tanto,
Al reanudarse el juego, varió de aspecto por completo, pues sin que hayamo~ comprendido la causa, el «Mixcoaci,
,ifloJÓ notablemente en su ataque jugan&lt;lo_ con inc~eíble apatia, lo qu~ no
pll.Só tnadverttdo para los contrario1:1
que los tuvieron dominados. Sigue~
apáticos y flojos, se adelantan dema
':liarlo sus medios, hacen lo propio las
defensas, les toman la bola los de uTa&lt;'nb¡¡ya, 1:1e les adela.ntan y Fin que na-

*

* * y ante nume~
El mismo día también
ros&amp; concurrencia., se verificó el anun·
ciado encuentro entre lqá do(! Teams
1tMixcoac&gt;1 y nTacubayan, cuyo resultado se verá más adelante.
A rnhn~ eqni¡10&lt;1 ih:rn clf'&lt;'i&lt;lirfof. R, oh•

die se los impidiera la llevan hasta
goal anotándose su primer tanto.
Los del 11Mixcoacn no escarmien
sino que continúa~ con sn mismo j
go floJo, y se repite, con pocadifer
cia, el mismo caso, anotándose los
cubayenses su segundo goal. Se al
que en uno de los tantos hubo n n
side no marcado por el referee, pero
nuestro concepto el ,,Tacuba.yan se
tó BU!í dos tantos en buen terreno
ajustados a las reglas. Ya para ter
nar el segundo tiempo, el uMixeo
parece que despierta y comienza
juego formidable, combinando admi
blemente y pasando por todos los o
táculos; y en cinco minutos meten
.bola al goal rebotando la bola fuera
rechazándola entnnces el portero

Mayo 10-E

5 de

~

, VARIEDADES

~

::
~

~/llllllllllllllllHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUIIIIIIIHIIIII\~
- ¡ CaDlarero ! Estas ostras son infames.
--Son fresquísimas, señorito, y además, yo no estoy dentro.

-Lo eual me prueba que no está usted en su sitio.

•••

-,Has salido bien del examen,
--Si, papá. Me han dado sobresaliente.
- ¡ Y qué te han preguntado !
-----Si era hijo de usted.

•••

- ¡ De dónde vienes ,
-De casa del sastre. He tenido que suUar la gota gorda para

hacerlo tomar el (linero.
- ¿Cómo es esoi
-El condenado quería más.

•••

Ge(león, al saludar a · una soiíorita a quien tom.a por casada:

¡ Cómo sigue su esposo 1
-Yo no tengo marido, caballero.
Y Gedeón, esforzando su galantería, rcpli&lt;-a:
-¡Cuánto debe sentirlo, el infeliz!

•••

- ¿Dime: si estu\·icra lejos de ti, ¿seguirías amándome?
-¡Vaya una pregunta! .J&lt;~stoy co11\"encido de que cuanto · rnás lejos estés de mi, más te he de querer.

uT,tcubaya)1, previo un hands.
bablerr..ente el referee no se dió cuen
de que la bola antes de rebotar bah
pasado la línea de goal y probablem
te a esto se debió que no co
tara el goal, pero si marc
el hands al ((Tacubayaii, ap\"
cándole un penalty, del q
resulta un tanto para el uMi1
coacn. Se arma con este m
tivo una tremolina entra
público, que es calmade
los jugadores. Continúa. elju
go, estando los del ((Mixco
hechos unos colosos, y a.n
de cinco minutos de! pri m
tan to se me ten al área pe
contraria, y tiran un °hoot for
mida.ble, que es parado m ·
tralmente por el portero
bayense; sin embargo no pu
despedir la bola con fuerza

CABALLERO:
No olvide Ud. que nuestros clientes se distinguen en sociedad y en la
calle por su buen cal zado.
1
Lo mismo lo pasará a
Ud. si nosotros le calzamos.

SEÑORITA:
Acabamos de recibir
nuestro calzado para primavera. Tenemos modelos lindísimos.
Venga Ud. hoy a escoger el suyo.

~\I IIIIII IIIIIIIUHIIIIIIIIIIII II III 111111111!1 IIIIHIII IIIIIIIHII 111111111~

ficiente para mandarla fuera de su área. Caen como tromba los
del c~Mixcoac11 sobre la meta y meten el segundo goal, quedando
el partido empatado, terminando pocos minutos después este
animado juego.
Con verdadero gusto hacemos constar que el uTacubaya)i, a.
quien censuramos pnr l!!U juego anterior, en esta ocasión estuvo
jugando con entero apego a las reglas y con toda corrección, no
habiendo notatado más falta que ~l hands que castigó elrreferre con
el penalty ya mencionado arriba.
Esperamos ta-ubién que el "M:ixcoac" se corrija de esa apatfa
que le censnramos en esta crónica, pues estando a su alcance
jugadas como hi.s que hemos aplaudido en otras ocasiones, es

imperdonable que sus jugadores jueguen como lo hicieron al
principio del segundo tiempo de este juego.
ºJunior" y "A. B. C.," en terrenos del segundo. Gana el
"Junior" por un goal contra cero.
Por la tarde midieron sus fuerzas por seg:nnda. vez estos dos
teams, saliendo vencido nuevam~nte el "A. B. C." que se presentó al campo incompleto y a esto probablemente- ae debe cierto
desaliento que nobmos ayer en a1guncs de sus iugadores.
Por parte del "Junior," admiramos varias , combinaciones y
.il!gadas realmente magistrales, sobresaliendo rnbre todos Abigail
en la defensa que jugó con la soltura y efectividad que le son
peculiares.

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(Sigue de la página JS.)

dad incomparable. Huye del efectismo burdo, y en las escenas
culminantes de sus creaciones, tiene siempre a mano el freno
que evita la exageración de lo caricaturesco. Su fuerte es la alta
coinedia y el drama moderno. Su distinción corre parejas con su
hermosura.
Dejo para lo último a Susana Grandais. La hemos olvidado un
poco y con notoria injusticia. Ella personifica la gracia ingenua y
el encanto natural y sencillo. Nunca una upose1), nunca teatralismos de dudosa. procedencia, tal ve~ nunca una manifestación
su perior de arte excelso, y váyase lo uno por lo otro. Es la actriz
de la simpa.tia..
Asi va el cine, camino del triunfo, venciendo preocupaciones y
all anando obstáculos. Vosotros, partidarios del teatro, no· temáis.
No lleguéis a pensar nunca que la pantalla muda rompa los ídolos
del arte escénico. No creáis que {testo matará a aquellon, antes lo
perpetuará. por los siglos de los siglos. Este espectáculo moderno
y admirable no podrá nada contra Hámld, Peer Gynt o El Mágico
Prodigioso.

________________

EL CABALLERO AGUILA.

_.,,

-Hermano, ayúdame.
-Con mucho gusto te ayudaría; pero a mi ¿quién me
tiene los pantalones?
-He servido al Estado durante veintidós años.
-¡Y ha cobrado usted dmante todo ese tiempo?
--Sí, señor.
-Pues entonces es el Estado el que le ha servido a usted.

•••

-En todo soy metódico,-decía un guasón
oficina.- Siempre llevo en el bolsillo ci.neo
de los amigolil.
-Casualmente· los necesito. Haz el favor de
-¡Imposible! Si te los prestara, ya no los
llo a disposición de los amigos.

a un compañero do
duros a disposición
-prestármelos.
llevaría en el bolsi-

-

..........._.................. .......,-......................,,...........,,. ,.....,,,,,,. ,,,...,,,,,,,,,,,,. ,. ,,...,. ,,,.,........................

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14

P~GASO
PEGA.SO

15

�Nueva escafandra

V

ta con el procedimiento que indica nuestro grabado, y que
de,ia perfectamente limpios los frascos.
El limpiador de botellas se hace con una cadena no
muy gruesa, :fija al corcho con una al'gollita. La c3dt11a

La dama que luce en sus dedos o sobre la albura de
la garganta la maravilla de las perlas, rara vez se acuerda de dónde vienen y del peligro que cuesta extraerlas
del fondo del mar. Tal vez mu chas lo ignoran; tal vez
otras, pensando en los riesgos que el hombre arrostra
para. embellecer más a la mujer, sientan pasar por sus
nerv10s extra.i'ia voluptuosidad ....
Antiguamente, cuando la ciencia no había venido to·
da vía en auxilio de las débiles fuerzas humanas, la pesca
de perlas era muy penosa. A costa de prolongados aprendizajes,
ios buzos con~egufan
contener el a I i en to,
treinta, cuarenta se·
gundos, a veces más,
y en tau breve espacio
de tiempo exploraban
los bancos perlíferos y debe tener de 1trecho en trecho unos nudos de bramante.
arrancaban algunas os- Al .emplear el 'aparato" se echa un poco de agua calientras, para volver, aho- te en la botella, se pone un corcl10 con la cadena y se agigándose, a la superfi- ta bien.
cie. El producto era sumamente exiguo y el
pescador solía pagarlo
01\.RlCATURA EXTRANJERA
con su sangre en terri bles luchas con los tiburones que nadan cerca de los criaderos. La
historia de la indnstria
perlífera está llena de
esta clase de lances, en
queel hombre ha tenido
que disputar a las bes•tias marinas el escondi.
do tesoro de las aguas .
El in vento de las escafandras amenguó el riesgo y permitió la exploración de los f0ndos del mar en más vasta
escitla.
Últimamente se han hecho aparatos perfe~cionados
para este género de trabajos, que, conservando la forma
de las escafandras en uso 1 permiten a los buzos moverse con toda libertad dentro del agua, sin necesidad de
que les den aire desde la superficie, merced a un depósito que va renovando el aire que respiran.
La nueva escafandra ha sido experimentada con éxito.

NOTAS

AJEDREZ
PROBLEMA NUMERO CUATRO
POR

Gonzalo Basurto, (Dedicad.o a D. Goyzueta).
D 5 A D, A 2 R, A 4 AR, R 4 'l' R. Blaue,•.
A 7 A D, A 4 R, P 5 R, R 4 A R. Negra•.
l\fate en tre.s jugad¡¡s.

1

(a} Mala jugada¡ O O es lo mejor.
(b) Peor todavía, C 3 A era lo justo.
.
(b) Aquí lo mejor era J) 3 C p11ra camhrnr de D!im~s.
(d) El golpe decisivo. l\Iar.:,hall jueg¡-1, todit la pan.ida ~on una
sencillez y elegancia poco comunes. El blanco ya no tiene re1
medio.
(e) Está claro que si P x T¡ T 7 C j. segnidn._de •r x A .1- y ganan; pero 1\Ún era más concluyente T x A seguido de T 3 R.
.
(f) No bay manera de pimn el jttque de las nrgrns, pues_ SI
A 2 A, 1~ x A y gana. Una partida cort,a tan e!egaute Cúmo lmda por parte de Marshall.

Partida número siete

Por' el Club "Mariano Egulluz"

DEFENSA PETROFF

BLANCAS

NEGRAS

S-AUVHISKl

1\JAR~/1.-\LL

1 P 4 B.

10 D 2 A (&lt;')

P 4R
C R3 A
P 3D
Ü X p
P 4. D
A3D
0-0
8 A 5 C j.
9 D x P
10 'l' 1 R

11C3A?

11

2CR3A
3 CX p
4 CR 3A
5 P4 D
6
7
8
9

A 3 D
P 4 AD (a)

p

X

p (t•)

R 1 A

12 p XC
13 Px A
l4 A 2 C
15 A x P j.
16 P x D
17 R l C
18 Ax c
19 'l' l AD
20 A 3 A
21 A 4 C /
22 Al D
Abandonan.

1
2
3
4
5
6
7

Nos ha sido participado que el club 11Ma.ria110 Eguilll'l», bsjó sn
cuota de $2.00 a $1.00 y qne está abriendo un torneo entren ñoade 10 a 14 años de edad, que promete estar muy lucido pues ya.
hay varios niños inscritos.

NOTAS SOBRE LAS APERTURAS
Para los estudiantes jóvenes por William Cook. Autor de "The
Synopsis of the Chess Openings" y "The Chess Player.s
Compendium .''

'

ex c

12 D x C !! (d)
13 C 3 A
14CxPC!'
15 R 1 'l'
16 A 6 T j. ·
17 c x n
18 'l' 7 R !
19 'l' D 1 R
20 'l' D 6 ,R !! (e)
21 'l' D x P
22 'l' 3 A (f)

LA APERTURA DEL CABALLO DE LA DAMA
BLANCAS

NEGRAS

1 P 4 R
1P4R
2 C 3 AD
Una bermoi::H. apertura, popular en la. última mitad de la paE:a~
da centuria. Hoy dfa no 8e juega mucho.
Las negras tienen tres réplicae:

Apert~ra Vienesa
2 C 3 AR (buena).•
Apertura Viimesa.
2 A 4 AD (r111::du1na).
Aperturit Vienesa
2 C 3 A D (la mejor).
Originadas de la tercera defensa de las negras re1mltan tres va-

riantes:

Pianos
J\UTOMJ\TICOS,

Pianos

Cometas con gomas.
Una cosa tan sencilla como unas gomas colocadas en las
cuerdas de una cometa, según se ve en el grabado, constituyen un excelente sistema pata que ]a cometa conserve

ELECTRICOS,
o
(X)

o93b

o

-Desde que nos dedicamos al sport no necesitamos el médico. ¡Y fue el tonto quien nos lo aconsejó! . . . .

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REPRODUCTORES.
1

Pianos /s cola
bien el equilibrio en los aires, porque las gomas regulan
perfectamente la tensión.
Las gomas pueden ser de las que se emplean para los
tiradores, y de mayor o menoT grueso, según las dimensiones de la cometa.

Para limpiar frascos.
Para limpiar botellas se emplea corrientemente ur. pl'ocedimiento qur consiste en echarlas un poco de arena o
unos cuantos clavos y agua y agitar todo; pero a veces
encsta trabajo s~cm· la arena o ]os clavos, cosa que se evi16

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(pelij1:rn~• ).
Si 3 P 4 AR, P x P; 4 C 3 A R, P 4 C R; S, P 4 D ......•. Gamhito
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1111

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_:==

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 4, Marzo 29</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Arias de Villalobos</name>
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        <name>Autor dramatico del siglo XVI</name>
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        <name>F. Verdugo Falquez</name>
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        <name>José D. Frías</name>
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        <name>La Gran Guerra</name>
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                    <text>"Susana."
Modelo, creación
nuestra, que será
este año la última
palabra del buen
gusto y la comodi•
dad.

Ja 'Í¿)'\'r '1"'e.

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la Ciudad
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NUM. 3

MÉXICO, 22 DE MARZO DE 19 17.

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REDACCIÓN:

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Autouio Qómez.
Saturnino Herrán.
L1'arnlro Izainirrc.

PUBLICISTAS:
Maxim's.

GERENTE:

GRABADOR:

•Jesús B. González.

Ah-arez Tostado.

COLABORACIÓN:
Alfonso l'runeda.
Carlos González Peña.
Genaro Garda.
Amado Nerrn.
Carlos Laso.
Ignaeio B. del Castillo.
Alfonso Reyes.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
.José )l.ll Chacón v Calvo.
.Alfonso Toro.
Enrique Fernández Grnnn,los ,Juan H. I1;"1tíniz. •
Arnulfo Domíngnez.
E,luardo Pallares.
.T. LcípPz Portillo y Rojas.
Alberto \'ázquez clel ;\[ercado Enrique Santibáñez.
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Alba Herrera y Ogazón.
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206

�IV

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1

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MEXICO, D. F.

Registrado como articulo de segunda clase el día 9 de marzo de 1917.

. .. . . .

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... .

.,..,__.,,.., , _, ,, ,,,,,,,,,,,,,, ,, , ,, ,, ,,.,, ,,,,,,,,,,.,,,,,,, ,,,,, ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,, ,,,,., ,,,,,,, ,,.,, ,, ,,,, ,,.,, , ,,

MEXICO, D. F., 22 DE MARZO DE
,, ,,.,
,...... ,, ,, , ,.,, ,,,,.,,,, ,,,,,.,,,, .-.,

.. . . ...................

,,,,,,,.,, ,

... . ... ..

....

1917

. ................................

NUM. 3

,,,,,,,,,,

. ,,,,,,,,,,,.,,. ,,,,,,,,,,,,,,,,,,. ,,. ,,. ,...........

l!JSl~
...J•li!Jellil@lelelelele!l~~-Je!li!le!!

-1-~@__,~~~~~!!~~~,-C A
UNA SEÑORA QUE HIZO VERSOS.~--POR, ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
Una de estas tardes de viento y de polvo, mientras pa•
seaba sin rumbo por las calles de la ciudad, tropecé de ma•
nos a boca con un recuerdo. Un amigo a quien quise de un
modo entrañable, solía tropezar con las miradas. Era fre•
cuente que una de ellas lo apartara de mi lado, mientras
discurríamos de prisa enredados en animada conversación,
y cuando yo volvía el rostro para buscar a mi acompañan·
te, lo divisaba a tre!:'. metros de distancia, absorto en una
contemplación extraña. Su disculpa era siempre la misma:
&lt;perdóname, tropecé con una mirada&gt;. U~a vez, ya hace
años, sufrió el choque supremo con los ojo,s fascinadores
de la Pálida, y se quedó clavado para siempre ... . He de
hablar algún día de este amigo, casi 'g enial I que nada hizo
ni escribió nada que merezca la pena de recordarse, y que
tuvo y conserva el maraviJloso encanto d.e las almas iné•
ditas.
Los recuerdos con que suelo tropezar, me vienen por una
rara y misteriosa asociación de ideas · disímiles y, tal vez,
antitéticas. Así sucede que el paso de una · murga callejera
me trae a la mente el recuerdo de una novia, y la vista de
un señor gordo que balancea su insignific'ancia ostentOsa -.
en un coche de bandera azul, · me hace recordar una ·estrofa
juvenil olvidada. La vida está llena de sorpresas extravagantes, y por eso la amamos y la vivimos. Esta tarde de mi
cuento, no sé si un rapaz de diez años que se acercó a pe•
dirme la lumbre de mi cigarrillo, o el estrépito de una manifestación electoral, me hizo recordar a una señora que fue
mi .amiga y que hizo versos en su juventud
Aquella amistad no la enturbia la más leve sombra de
pecado, y acudimos ambos al terreno de las más íntimas
confidencias, sin' sortear el peligro de una pasión «abogada
en la Cuna&gt; o sacrificar nuestros ímpetus en aras del &lt;:sagrado deber&gt;. No tuvimos para qué esconder nuestros ha•
bituales paliques de la mirada celosa o suspicaz del marido,
un campesino bestia, bonachón, rico y casi guapo que la
quería a su modo y cumplía como Dios manda con los elementales deberes de su cargo. Cuando él entraba, ~in pre
vio anuncio, en la salita que era testigo de nuestra charla, ·
nunca se vió forzada mi amiga a retirar con presteza el pie
y esconderlo debajo de las faldas, como tampoco tuvo que
abrochar con discteción y disimiilo los botones de su blusa
almidonada y albeante. Fuimos sencillamente amigos, y
seguiríamos siéndolo s.i el tiempo, la distancia y mi pereza
epistolar no hubieran sido obstác1,1lo para nuestras relacio•
~es. Ahora mismo que me traslado en espíritu a aquellos
lugares, siento qué mi corazón no ha cambiado. Tampoco
vaya a suponerse q.ue mi amiga era fea o vieja. sino de muy
buen ver 1y apenas c~rcanfl a los treinta años. Yo tenía en- tonces veinticuatro, y ya se sabe que cinco o seis años d.e
diferencik en favor de la mujer, son un incentivo para las
grandes ligas amorosas. La mujer siente el indiscutible

prestigio de su sabiduría pasional que la transforma de
poseída en poseedora, y el hombre saborea el orgullo de
tener en las. manos, no la prenda hurtada a la inexperien·
cia, sino la dádiva consciente de la plenitud responsable.
Pero nosotros fuimos sólo amigos, y puedo hablar del caso
sin guiños de ojo ni reticencias equívocas.
La familiaridad del ambiente provinciano puso tn contacto nuestras almas, y fuí de sorpresa ~n sorpresa descu•
briendo en el espíritu de mi amiga, delicadezas nada comunes, modos personales de ver las cosas y una percepción
sutil de lo que· no se halla como muestra en los escaparates
de la vida. Su romanticismo espontáneo y natura} se ate·
nuaba con un buen gusto iñstintivo, sin perder la caracte•
rística de su sexo y sin que un delicioso ambiepte de ferni·
nilidad dejara de flotar en sus divagaciones. Nuestras plá·
ticas se iban cada día por te!'re.nos m~n,os frecuentados en
conversaciones con mujeres, y se fue formando entre nos·
otros una neéesidad de comunicacióri espiritual que estre•
chaba más y más la estimación mutua. Per,o mi descubri•
miento vino más tarde. · · · · ·
Un libro de versos que puse en sus manos para. ratos per•
didos, provocó la confidencia. Ella, mi •amiga, había hecho
también versos en su juventud. Confieso que experimenté
un estremecimiento d€sagradable con la noticia, y abrigué
temores fundados de que nuestro idilio amistoso terminara
con la más repugnante cursilería sentimental. No sé si ella
leyó t'-l miedo en mis ojos, pues se dió prisa en protestar
que no incurriría de nuevo en aquellos desvaríos juveniles.
Mis tranquilo con la protesta, me atreví a rogarle que ·me
mostrara sus poemas, y ella lo hizo con la sencillez de quien
está libre de presunciones literarias y casi con la naturalidad de quien muestra ohra ajena. El caso es que puso en
mis manos un cuaderno en que había borron€ado sus poe•
mas, y noté en la ·sonrisa que acompañó la entresa una ingenuidad encantadora, He dicho que mi amiga ejercía sobre
mí indiscutible influencia, y a eso se debe que la lectura de
sus poemas haya sido a mis ojos más impresionante que lo
que la obra mereciera. Versos como los que leí habrían pa.
sadO inadvertidos si los hubiera hallado en las páginas de
cualquier revista.literar:ia; pero confieso que 'en aquella ocasión dejaron en mi espíritu una r·esonancia qu'e sól~ el tiempo lqgró hacerme olvidar.
Ya dije'que mi amiga tenía el alma romántica, y los v€r&gt;:
sos que entregó a mi lectura delataban su actitud espiritual
sin tapujos ni componendas. Eran versos tristes, llorosoS, ·
en los que la idea de la muerte era como tema central y en
que el desencanto de la Yida engañosa surgía de la emoción
despertada por los objetos familiares. Porque la autora de
esas rimas sacaba sus inspiraciones de las cosas que tenía
al alcance de los ojos, ignorante de que toda sensación ha.y

PEGASO

1

�,

Se fue la noche, y al llegar la aucora
para. decir a mi dolo1· •ya. es hora-,
abrió los ojos del forzado dueño:

que tamizarla en el espíritu para transformarla en belleza.
Recuerdo de una estrofa del poema en que hablaba de un
ciprés que se erguía sobre las tapias de su casa:

................................. -

¡~

y lo miré alejarse distraído,
sin sospechar siquiera qt:re ha dormido
toda la noche, entre los dos, mi sueño.

Este ciprés vetusto donde zumba
un viento de agonía, me parece
que es un amigo pósttr.mo que crece
al borde de mi vida y de mi tumba.

Y esta otra en que habla de seguro de sus íntimas triste•
zas conyugales:
Mi alma el oído a la ilusión entrega:
siente una. voz que suena en lontananza
y se dice: ya vienes, esperanza ....
Mas cuando sale a abrir .... es él quien Hega.

Sólo guardo íntegro un soneto que copio:
Acurruqué mi sueño en la almohada,
maté las luces y entorné la puerta;
a.si ningún ruido lo despierta
ni puede sorprenderlo una mirada.
Aguardé entre las sombras la llegada,
-con alma libre y corazón alerta de quien me oprime entre sus brazos muerta
a 1nerza. de tenerme encadenada.

i

Eran, por todo, unos veintel!}oemas, algunos mejores que
los trascritos, y que siento no recordar. La retórica, bien
se ve, es pasada de moda, la versificación deja mucho que
desear y la obra adolece de un conceptismo de dudoso gus•
to aun para su tiempo. Ya entonces se empezaba a usar
&lt;añoranza&gt; y &lt;tramonto&gt; por algunos poetas y estas palabras habrían prestado verdaderos servicios a la rudimental
técnica de mi amiga.
Tuve el acierto delicado de no rogarle que insistiera en
versificar, y la dejé guardar noblemente el fugitivo sueño
de poesía que habían provocado sus propios dolores.
No cometeré la indiscreción de dar a la estampa su nombre,
hoy que debe ya de ser vieja y andará buscando una buena
coyuntura matrimonial para sus hijas casaderas. Guardaré
el incógnito y la dejaré tranquila en la paz provinciana que
ha'brá dado conformidad a su espíritu inquieto. Así ennoble•
ceré la memoria con que el acaso me hizo tropezar una de
estas tardes de viento y de polvo.

....................................... ,., .•,.,,.11.,,.,.,, •• ,..,.,, •.,.,,., •• ,.• ,•• ,.......,..1•,1• .. ,,, ...............,,.,,,, .• ,.,, .......... ,•• ,.,,., •.,...........,.,,.,,., .. ,••,., ..............,.,, ............... ,,., .....,.,,•.,.,,.,, .... ,•• ,.......,••,••,..• ,........ ,.,,.,,....,,., •. ,•. ,_

LA FLU.:M:ADE GANSO
F'OR

MARIANO

SILVA

Nil a.dm;rari.
TIORACíO, EP. I, Yl,

En todas las 'regiones del golfo de México estaban esperando el fin del mundo. Los grandes peces y las sirenas se con.solaban mutuamente antes de que sobrevi~
nie.ra la tremenda catástrofe. En las salientes más agu•das de los granados bancos de coral se prendían lánguidamente las algas marinas, llamando a los caracoles y a
las ostras para templar so gran miedo. U □ a ballena joven, aconsejada por mil peces de luz, trepó de súbito a la
cresta más alta de u □ a ola; desde allí maldijo de N·e ptuno, y luego se hun&lt;lió estrepitosamentP, dejando una
mancha de espuma. Esa locura suspendió tudas las convers1tciones y los ojos redondos de los pulpos se abrieron desmesuradamente ....... Fuera del mar, el mundo
pare'.!ía sonreír como siempre, satisfecho de su exii::.ten~
cia. Las aladas gaviotas y el albatros se mecían alegremente jugando con el movimiento de las olas.
Un delfín malhumorado por sus innumerables años
fue el autor de la noticia. Vais a saber cómo.
Se despertó un día preocupado por saber el paradero
de su prestigio ornamental en el arte de los hombres,
y se atrevió a dejar su cavidad submarina que durante
siglos habitaba. Así salió a la superficie tomando toda
clase de preca.uciones para no traicionar la prudencia de
sus ojos y todo un día anduvo recatado muchas leguas,
procurando saber algo. Su dorso brillante sintió varias
veces la caricia viva del sol y otras tantas las aguas se
juntaron encima. Ninguna información pudo tener dentro del mar que le dejara satisfecho. Todos los habitan·
tes del Golfo le daban con mucha cortesía las respuestas más vagas.
Ya empezaba a sentirse victima de una idea senil y a
agitar nerviosamente su cola rosada, cuando llegó muy
cerca de una isla fértil, en donde vió, a la orilla del agua,
un grupo de gansos que discutían con grande animación. El delfín se acercó resuelto a interrogara aquellas
aves por haber leído en sus modales una gran familiari·
dad con los hombres, desconocida en el mar.
U no de los gansos, inclinando el cuello hacia los demás
y alzando ligeramente las alas, les llamaba su atención
sobre una gran ploma blanca, ennegrecida en su extremidad más gruesa, que tenía en el pico otro ganso solem11e, con aires de secretario, y les dec/a en tono equivalente al que pudo tener Cicerón en su primera catilinaria.:
2

1.

&lt;No apartéis los ojos de allí y la seguridad de nuestra
existencia será cierta. No puede tolerarse que los hom·
bres usen de nuestras plumas para escribir, en vez de
adorna.rse con el1as. Con esa pluma que os he traído se
han cometido actos repugnantes, tales como firmar tra·
tados de amistad dos pueblos que se odian y escribir
versos bucólicos en honor de un general. La negra tinta
como veis, ha roído sn extremidad más gruesa y cubierto
con inmundicia las luces nacaradas con que nació. Esa
pluma, aunque apareciera inmóvil entre los finos dedos
de un retrato, por nadie será apreciada ya en si misma,
sino se la convertirá torpemente en símbolo de la sabiduría, con lo que perderá todo el porvenir que la esper~ba, sirvienuo para embellecer el tocado de los boro·
bt·es. Y, cuando además de este error fundamental, en
un país como yo he visto ahora, se observa que todos los
habitantes escriben y publican, podemos afirmar, con
seguridad, que la especie humana acelera trágicamente el fin del mundo. Juremos, pues, en nombre de
la raza, defender nuestras plumas y esperemos con orgullo los ultrajes que vengan&gt;.
. .
El orador habló tan bien, que todos los gansos h1me•
ron sonar sus picos en seflal de aprobación, y el viejo
delfín, creyendo que el tiempo le faltaba, no pensó
más en lo que sería de su prestigio-ornamental en el ar·
te de los hombres, y se lanzó vertiginosamente a_r~correr
el mar, pregonando con toda su fuerza esas noticias.
... , .. ,, . . , .......................... ,,,,,,,,,,,,,,,,, .. ,, ... ,,,, ... , ... ,, .. ,,, .. n11Ht,IIC:&amp;11nn, ......... -

...- · - " " \

~

Ofrecimos pubffcar en este número las declaraclottes del
señor licenciado Urueta, 11bre la ~ran Guerra. El notable
orador nos las proJaell6 hace quiaca dlas y e1perába1R01
cumplir hoy nuestro propósito. Desgraciadamente, ocupaclones de carácter ltfge.11•, •~rltuu• &amp;U campaia alee•
toral, han Impedido al señor llceac:1-,. Urueta dedicar su
tiempo a ute aaUAto, y noa vemos akllta4os a .a¡plazar par.a
más tarde, la p•bllcaclón de tlln lat,r..ante flfllH.

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1

Historia Mexicana

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:

1¡

_,_

i.

UNA VIRRSINA EN LA INQUlSICION
POR., ALFONSO TORO

Al finaliza,· el siglo :X\' [II, uo era yn In 'Santa Inqni8ición1 el temido tribunal r1ue el pueblo cm.:aeterizara en
el viejo )r conocido proloq~io de: con el Rey y la lnqu.isició11, chitón. El indiferentismo francés iba extencliénclose
por Espaíia 1 colándose a la 1nás importante lle sus coloniai;\ y los despreocupados de la N"11e\'a España, perdido
el respeto al Tribunal de la Fe, lo clescribfo,n ,en estos versitos1 que- no dejaban nada bien par'1clos a los s~ñ01:es in-

de ellos (1); y así se había observado en México; pero en
aquellos dfos se enconfu'uba vaeía la easa principal de la
Inquisición, pol' muerte ael inquisid"1' don Nicolás Galante y Saa:vedra, y como su excelencia la ,•irreyna tuviera que concnrri:r al balcón principal del edificio, para
ver la procesión de los 'l'eos penitenciados, -se procedió a
decorar y amueblar la oas~ "con rica$ colgach:rras, pantallas de plata y muebles exquisitos," y se preparó 1lll l!uquisidol'es:
c,1lento almuerzo para la ~~rreyna y su acompllllmniento.
Un Santo ('riüo,
Llegado el día de la visita, que fue el 2 de junio •dél
dos -cmtdelero&amp;
Tefericlo año, se presentó su excelencia en ,!J J)altio de la
Inquisición a las nueve y mecfia de la mall~na, acóm-paña'!J tres mrUar1eros.
da &lt;le su sobrina doña Ana Fernández de 'Posada, esposa
Corría el afio del Sefior de 1783 y acababa de cncargm·•
del fisca1 de lo Civil, de 11n gentil hombre, clos pajes, dos
se del gobierno del -virreynato el exalabarderos de custodia y so gnat·dia
celentísimo se-ñor don ]latías ele Gálordina1~a. Bajaron a reeibn· a tan lucives, que hahía llegallo a :l)1éxico acomda comitiva, hasta el pie ele 'la escalepafiatlo de su 1:'SpO"ia doña Ana ele Sa.
ra, los señores inqnisic101·es 1 acompayas y Ramos.
ñados de los ministros lhil Tribunal
de la Fe, en traje de gala con venera,
La Pi1·cunstf111cia de ser el nuevo vilos oidores don Francisco Jawier Gn:mlTt'Y hermano del ministro de Indias
boa 'Y don Baltasar Lail:rón de •Guey 'marqués de Sonora don José de
vara, consultores del mismo tribunal,
Gálves, que tan gran privanza disfr1.,1el alcalde de corte y el ijscal del er.itaba CCYll el l"f')' Carlos JII, hizo que
men.
todos los petsonajes, tribunales y corporaciones, se. excedieran e.n festejar
Reunidas ambas oorn.iti-vas, pasaron
n los recién llegados, no siendo d.e ]os
a la sala preparaila al efecto, donde
últimos en 1·endirles sus homenajf)-S
departieron amigablemente con -todo
el Tribunal del Santo Oficio.
el grave y cortesano ceremonial de la
Se preparó, al efecto, 1a celebración
época, basta qmi se dió aviso ae la sade un auto particular de fe en el Imlida de los reos. 'Dirigióse ent&lt;111ces la
pe-rial Convento de Santo 'Domingo,
señora virreyna til corredO'r a c:onacer~
para el clía primero de junio ele dilos, pasando luego a1 balcón a ver ·el
cho año i y según la costumbre admipaseo qne ,preceáía a la eje&lt;lllciém ele
tida y el cel'emonial ele la época, pas6
las sentencias dictadas el ifía anterio1·
el sccr&lt;'lario ele! Santo Oficio, don
en el auto de 'fe celebrado en Sattio
Juan :-Jicolás Abad. a invitar a los viDomingo. Ji'igtl'l'a'ba:n ·en la 'J)rocesión
rreyes a que dieTan, con su presencia,
trece reos, ae los cuales siete :i,01· bilucimiento al act.o; _pero como el seg-amos, dos por haberse fingido sMerñor ele Gál ves se encontrara f'-nfe1•mo
dotes, nno por haberse fngado de prede gota, se excusaron de hacerlo; aun•
sifüo. uno por b.aberse extraído 'la Hos,¡ue la virreyna 1 ([ne f:legún las crónitia de 1a boca, 'Ulla por prop¡,siciones
cas de la época, era bondadosa y sen"heréticas 'Y uno, a quien se 'había mno1cilla de trato en (.•xtremo, manifestó
clazado, por blasfemo. 'l'ban los &gt;minisESCUELA N, DE MEDICINA
vivos deseos ele conocer la Tnquisicióu.
tros del San:to Oficio. c¡ue no i!ran
EdUicio que en la época colonial ocupó
No eclrnron en saco roto el capricho
eclesiá~icos, en tr~je de ·gala 'Y a -cala Inquisición
_de mi señora doña Ana los inquisidolrn 110 esco'ltando ·a los reos qrre 1ttaréhares, y nl Uía siguiente, so pretexto a~
ban custodiados par veinticinco dravisitar a su excelencia el virrey, que aún se hallaba en cagones al mando ele un cabo, y s~guiaos por el ·v-erUugo, -prema por e1 ataque de gota 1 se presentaron en Palacio los
goneros, ñsicos :v Cll'ujanos --y gran cantidad de pueblo,
inquisidores don Juan Mier y \'illa1· y don Antonio Berque esperaba ansioso el espectáculo, de ver azotar ·a ms
gosa y Jordán, pasando a conversar con doña Ana, quien
condenados; pues todos ellos lo habían sido a doscienvolvió a manifestar el deseo Ue vrr la inquisición, ditos azotes y a vario8 afios de ·prisión.
ciendo gustaría ir el lunes siguiente a ver salir a los reos,
Luego que hnbo desfilado aquella procesión, pasó .la sosentenciados en el auto de fe, a la vergüenza pública.
fí.ora virrcyna con todo su acompaij.amientQ, .a visitar las
Deshiciéronse los visitante§_en cumplidos y cortesías, agrasalas del 'l'ribunal de la Fe, y estando en la principal de
deciendo A sn excelencia el deseo de co11cu1Tir a la Inellas, sacaton los señores inguisidor.es las llaves del , sequisición, y procedieron desde luego a .preparar todo lo 1creto del Santo Oficio y abrieron las puertas .del Cllncel,
conducente a la recepción ele tan distinguida huésped.
(1) Instrueeio:n.es _para la fundaci6n ae la Inquisición lnl- M"kico,
Conforn1e a los reglamentos Lle! San.to Oficio, en las caen el tomo "V de '' Documentos para la "Historia il.e Mb.rico '' ae Qe.
sas a él destinadas. debía haber un departamento para
h11bihtci6n de Jos inqTiiRltlon):-;: cuando mf'nos para uno

naro García.

PEGASO

P6:Gíiso

3

�declarando el inquisidor decano que suspendía la exco- que se emplearon en las sangrías. ¡ Beber es para treinta
munión en que incurríán los profanos que entraran en personas!
Sirviéronse: jamones, galantinas, fricandó de ternera,
aquel lugar, a fin de que pudiera visitarlo su excelencia.
pechugas
de pollo, seis caldos todos distintos, dos pasteles
Entraron luego en las salas del secreto, cuatro pasos sola-grandes, cuatro medianos. innumerables pastelillos de
mente, la virreyna y los inquisidores, quedando :fuera Pl
dulce, dos grandes quesos de Flanresto de los acompañantes, y salido
des, cinco tern1tes de aceitunas sevique hubieron, se continuó la visita de
llanas, uno de alcapart'as; platos de
las cárceles, casas de los inquisi9-obobo, bacalao, pescado blanco. alcares y demás dependencias del edifichofas. postre y arroba y cuarta de
cio de la Inquisición.
dnlces.
Vueltos luego a las habitaciones
Es t r banquC'tt'i ve1·dadera111ente
del decano, se sirvió en ellas un alga,rgantuesco, qur nos hace• 1·t&gt;lainC'rmuerzo de treinta cubiertos. Curionos los 1a bios y l1acer agna la boca
sas son las cneutas de lo que costó
:t su sola lectura, uo costó más_ tlL!''
ese banqnete, que se conservan entre
trescientos nueve peRos tn•s n'nleR.
los papeles del Santo Oficio, en la Biblioteca del Museo N amoual; tanto
i Dichosa edad aquc•lla en qnc a 1an
poca costa po¡:l.ían nuestros abwc.los
porque nos dan una perfecta idea
d.e lo que era un banquete en aquedarse el gusto de un indigestión!
Concluida la comida ~- clp¡;;pués de
llos tiempos, como · también porque
reposar en el estrado aquel ga ndea•
sirven para entablar comparaciones
;n,us. la señora virreyna, casi al mesobre el valor de los víveres y caldos,
en aquel entonces y en la actualidad.
dio día, se despidió ele los anfitrioEl aspecto de la mesa era verdanes, tomando su coche en el mismo
deramente suntuoso, por la gran canpatio de la Inqnisición , adonde batidad de piezas de plata que figurajaron a despedirhl los señores inquiban en el servicio, el enorme ramisidores, cornmltores y ministros del
llete de flores artificiales que ocupaba el centro y las muchas esparcidas El Exmo. Sr. D. Matias de úálvez y Gallardo Tribunal ,le la Fe.
,Así crlt•bró éste, la visita de mi wen otros sitios.
fiora
excelentísima
,
doña
Ana de Sayas y Ra111os: quedanConsumiéronse dnrante el almuerzo: diez v ocho bot3llas de vinos generosos seis de Burdeos, didz ~..- ocho de do de eUa tan satisfecha ]a yirreyua, ltUr- r¡.o h1vo empaCa;lón, doce de _Jerez ;. dos docenas de .f rasqlútos ele r é- cho en decir en Palacio: qur en ninguno ele los públicos
solis (2). Esto srn contar con tres botellas más de Carlón agasajos, qlle le habfan hecho las corpora?io1ws. de l~ ciudad de "Thléxico, había estado tan complacida, 111 habrn co·
mielo tan gusto.
(2) Resolis o rosoli. bebida hecha &lt;'0}1 ;;i,g11arrliente. ar.(war. 1•ime·
México, &lt;1iciernhre de 1916.
la y otras especias1 y teñida casi siempn&gt; &lt;le &lt;•olor &lt;le 1·osa.

DE ANDRES TERZAGA
Leo de nuevo "El Quijote," _y se despiertan en mí.
para redimirme de las ruinas diarias1 la buena risa
la piedad, la ternura,, el fervor, el respeto, m1 in~
menso respeto. iie colma no sé que loco orgullo dP raza; me visto de no sé qué loca dignidad: reparto perdones y bienes y castigo injusticias; me m-mo caba1le11:,
bajo los milagrosos cielos de florecidos ~ilenrios; lflealizo mi dama hasta la levedad del suspiro y mP sif'nto Célpaz de orar y bendecir; me parece 1'f'Rcatado1·a la bru•
talidad irreflexiva de mi lanza; me creo con la boca an·
ciana de consejos; hago de mis sueños 11anura.c;· manchegas, y de cada pensamiento una temeraria aventnra 1 ~de cada sombra un gigante a quien matar: me empurpuro de entusiasmo _,. me solemnizo de tristeza: alargo
mi mano, lirio de seda, para acarieiar la cabeza de Sancho, ese mal filósofo de buena entraña ; lo doy todo: birnes y corazón. Y ya conclnída mi aventura, qm• fne honor y justicia, y mi deber, que fue resignación :,.· hw
amor, me voy lejos, muy lejos, a mi patriall a descansar. Me voy convertido en un par de alas, en un trasunto de nube, en un cuerpecito de pluma, en una columnita de éter 1 en nn te-mhlor dP. Tezo.
Tenemos maestros--¡ tantos !-que se pasan la vida Pnseñándonos a ignorar, y tenemos ignorancias qn _i·- JJO!i
confortan como• maestros.
He aquí una verdad muy común y muy· saludable:
Pasamos la mita,d de nuestra vlfl:.1 aprendiendo muchas cosas 1 y 1a oha mitad tl'atando enJ: vano de comprender lo que aprendimos. La .muerte ·nos somrendr
convertidos en niños de prll:Q.erai:; letras, encorvados so•,
bre la 11rimera ca ,·tilla : a, b, e. , ..... .

No hay enfermedad más te~ible que la fiebre de confesión. DevoTa como el -fuego, nos entrega maniatados
a. las pedradas· públicas, ·y hace que saquemos a la puerta. el cajón de la basura. ·....
Toda la mujer, incluyendo el sexo, reside en sus
ojos. Mejor dicho: en la mirada 1 en a(luella luz dulce o
terrible, pálida o ardiente 1 1bienhechora i.o m~n1.al, que
la poseedora parece aumentar o dismjnuir a: voluntad
de un juego niisterioso; en aquella mirada que la inunda de pies a cabeza cnvo~viéndola en un v_elo sutilísimo.
~adie sabe la postergación o el ascenso que allí le espe•
ra, el alba o la noche que perpetuarán sn ángel o su
bestia.
En presencia de una mujer hermosa nos invade a me•
nudo algo como un vago temor. És un sentimiento indefinible el que se posesiona de _;. .nosotros &lt;'11 s11 presencia: repulsión instintiva, poniéndonos en guardia ante
lo desconocido que hay en ella~ atracción animal, · casi
preguntando los deleites de un posible ayuntamiento; admiración de artista por el arco inefalJle de las cejas, o
pQr la noble recta de la nariz, o por la \\állardía. del busto, o por lo diminuto &lt;le! pie. . . . . .
·
Recuerdo muchas lecturas, muchos autores, muchas sugestiones. Recuerdo nnos ojos inmensos y asesinos, negros
tle toda negrura, por los cuales me sentí hombre. Pienso en el pobre Maupassant: "la mujer con los brazos
t.endirlos y la boca entreabierta. es un cepo donde se preeipita e-1 hombl'e." Pienso 1.:'ll Schopenhauer-tan calurn·
niado como mal comprendido-y en Reine y en Nietzsche
y en una conversación de Alma-Fuerte. Pienso sobre to_ do, en los Padres de la Iglesia, que son, a mi juicio, los
1¡ue supie,·on -ver mejor a la mujer ..... ,

PEG-ASO

~ UEMf\5 íllE.UíTD
DE ENRIQUE .FERNANDEZ LEDESMA
A LA QUE HA DE VENIR.....

ERAS COMO UN PERFUME •..••

¡Dónde estará. la que en mi üJa inquieta
r~gará su perfmue7 1,En qué lejana
~m?a?, en qué país, en qué secreta
mtmudaU alentara su cspfritu i ·
¡Bajo qué soJ descansará. su sombra
men?cla y g1·ácil?. ¡Bajo qué ,cntana,
-1ruentras su labio nombra
un romá11tico anhelo-harán labor sus manos?
¡En cuáles horizontes y en qué cielo.
y eu c_uál inexplorada lejanía.
se perderán sus ojos-? ¡ En qué vago
malestar de inquietud
se incendiará, con f11~go deleito,;o
su cándida y paciente jm·entnd !
¡ Qué gesto bondadoso,
qué sencillez tranquila. qué eficacia
providente tendrá parn las rosas
humildes? ¡ Qué perfume
de candor y de gracia
envoh-erá el recato de sus horas'l
¡, Cómo será? ¿, Qné pensará, ¡,Qué \'Oces
seel'etas y sonoras
ag:itarán las ,·oces de su júbi1o
en un ril:meño y diú fano poema 't

Yo c:1cud1abu. tu risa.
la tarde vac.ía y oncaJrna&lt;la
Je aquel domingo de provincia. Siempi·e
reias, aunque hablaras
de solemnes protestas
o &lt;le 1a. lluvia .... Ibau tus palabras
en nn vaivén confuso
Je temas incoherentes
o .de efusivas pláticas,
nuentras tu personilla
se engreía, confiada
a mis hipérboles admirativas.
011

Así, bajo la palma
Je ramajes exót1cos
y de frescura pródiga; me ,Jabas
fa. sensación inquietadora de esos
novísimos perfumes : una ráfaga
de emanaciones desvaídas; una
ambigüedad desconcertante; rara
fusión de vahos singulares; pérfidos
efluvios irritantes
de un dulce capitoso,
de un ácido incisivo y crüel, (hasta -·
para un olfato irónico .. -.. )
Tenía
ese agridulce equívoco
tu juvenil fragancia.
Así eras tú: desconcertante, ilógica,
enerYante y voraz, maligna y casta;
inquieta y débil, acuciosa y tibia,
tormentosa y pueril; a veces diáfana:
una cómplice mezcla de dulzura
v de acidez picante .... Así me dabas
la impresión de un perfume
de lúbridas tibiezas desmayadas;
así, radiosa o gris, fúlgida o tenue,
dulce bajo tu frente, circundada
por la corona fértil y salvaje
de una pomposa mata
de pelo negro y cruel ..
Horas leja.nas,
horas en que aspiré todo el aroma
üe toda tú .
i Qué queda de la ráfaga
enervante y eqnlvoc.a
de tu alma .... o

Señor : si acaso existe
para mi vida la bondad suprema
Je su Yida; si en una transparencia
de lealtad me ofrece el dón precioso
(le su feminidad; si el generoso
fulgor de su presencia
es reservado para mí, que espero
con fe el alto minuto de mi ,·irla.
ampara esa existencia
Señor, esa existencia que ya quiero.
y a cambio de su dádivR &lt;le a.mm\
deja, en mi escepticismo
un süaw y recóndito temblor
de bondad, una sombra de frescura
y un eco de candor
que se diluyan en su ,·ida pura.
Y a través de la lírica distancia
en que mi heroico anhelo se consume
encuentro mi inquietud · su resonanc&gt;ia'
en la Amada lejana,
y en cambio de ese· d.ndido perfume
ofrezca yo mi resto de fragancia ....

TODA LLENA DE GR.\CIA
A Jes·ús L6pez Velarde.
Bendice a la que uu día
ha de amarme; bendice su alegría,
bendice su dolor·;
hazla como el poeta lo decía:
1
'
toda llena de gracia, c&gt;omo el Ave :Marín. · ·
toda llena de amor;
con el alma templada para la melodía
de su mundo interior,
·
y explorando, animosa, la senda de la vida
por donde al fín habremos ele encontrarnos los dos?
PEGASO

�EL ZAR NICOLAS

11 INTIMO

eepeionee oficiales. Se ha ensellado al niñ.o a be11decir, después rle

UN RELATO DE PALPITANTE ACTUALIDAD

.....,.............,,,,.,,...,,.,,.,,,,.,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,........,,,................,. ,,......,...,......,........ .....,.,,,,.,............,......,.........

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1·

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1

La rá~ida revolución que a.caba de reghtrarse en Potr~grad y en ~lgu.
nos otru puntos del vasto Imperio ruso, dan palpllanle , actualidad al
brillante relato que hoy ofrecemos a los lectores de PEGASO, acerca de
la Vida privada.de la· familia Imperial de los Romanoff, alrededor de la
culll se ha !armado una leyenda que eiertamente eslá muy lejana de la
realidad. En los curiosos datos que publicamos, encontrará el público

,

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;

::.~:::~::::::::7~:.:;:~:;:_:~:::::.::::t•:::::

¡¡,,,,,,,,.. ,,,,,,,,,, .. ,.. ,,,, .... ,,,.,, ...... ,•• ,.......... ,,, .. ,~.. ,... ,.,,,,,.,,,,,,,, .. ,,,,,, .. ,, •• ,,,.,,,,,,,, .. ,.,,,, ............. ,..... ,,,,,,,,,,,.,,.

El día de trabajp del Z_ar comienza muy
temprano.. .;:\.. las ocho, y algunas veces
antes, la vida del palacio llega al máximo. A las nuern, el Emperador concluye su primera comida, muy
frhgal, y se dirige directamente a s.u gabinete d~ trabajo, para leer
los diarios de la mañana y la , corresnonclencia. Sobre su escritorio
e.1,mentra el programa del día, en donde se resume todo lo que debe ocupar su atención, escrito en un can\at-ealan,dario, que siempre
está colocado al alcance de su mano.
Hasta las diez y media el Emperador recibe los informes de sus
más allegados y conversa con diversos. dignatarios. Sólo después de
esa hora puede dar por el parque un priJner · y corto paseo. La mayor parte de las veee,.&lt;+ se pasea, solo, algunas- ,;,eoos en compañia.
del Tsarévitch, pero invariaillemente seguido . de sus perros fa,·oritos 1
de los 'i collies'' escoseses, fielmente unidos a su- amo.
Ordinariamente,, el Emne.1-a:dol' vuelve.. al palacio a las once, y a
menudo acompañado de su hijo, se - detiene. para nrobar el J'Rncho
de la infantería de la Guardia o de.. su escolta ¡lersmial. Los platos
le son presentados por el sargento maY.or o el mariscal del ('.na.rtt&gt;l
en vasijas espeeiaJes. En seguida principian los informes de los ministros, que dttran hasta la una, momento fijado pa:r::t. el altm•erzo.
Esta comida se efectúa en familia y algunas veces son invitados
los oficiales de servicio. El almuerzo es abundante -pero sencillo. Al
dejar la mesa siguen varias recepc-il:m.es. El tiempo restante, hasta
las cinco, se dedica al segundo . paseo. Estos p~oos Yarían mucho:
a veces Nicolás II los hace a i- pie., . a· veceg,. a caballo; en verano,
en Peterhof, situado a orillo.s-, del Gqlfo de Finlandia, sube a bordo de una esp®if} de c.halupa llama.da... "bai'darJrn," Fl'etuente-

Cómo trabaja el Zar
Nicolás

El Zai- y su Éstado Mayor
mente lleva consigo al príncipe heredero y a veces a sus hijas las
grandes duquesas. Es notable la perfección con que rem:t el 7,ar.
De cinco a seis el Emperador toma el té en familia, y no pocas
veces aprovecha este momento para tener a la Emperatriz al corriente de los negocios de Estado y para leer en alta voz, distracción
que prefiere sobre todas, porque lée admirablemente.
Desde las seis hasta la hora del refrigerio-ocho de la noche-el
Za.r trabaja de nuevo. Cuando el soberano no ha recibido más
ministros, lo qlle es raro, vuelve solo a su gabinete y allí revisa informes y anota dfrersos negocios. Dedica solamente hora y media
para comer en familia y para la charla íntima. A las , nueve y me•
dia de la noche Ynelve a sn oficina. A las doec o doce. y media de
6

·1a noche y a ,·ec~es más tarde, se retira a sus departamento priYados.
Cuando por casualiclad su trabajo nocturno tormina a bnena hoi·a,
el Emperador
a husca. a _l~ Nmperat~iz, Entonc?s le lée y
comunica sns impresiones del dia; toman Juntos el te y el traba,¡o
del día concluye corno eomenzó, es clecúr, con las 01·adones.
Cada noche, antes ele aeostarse, el Zar anata en su diario las impresiones cotidianas, por medio ele mms e.nantas palabras, .Y .esto en
cualquier lugar en donde se encnentrc, en sti casa , d(' naJe o en
el extranjero.
'l'al ('111plco del tiemJJO de.ja m11v poro
,·agar al sohel'ano. Sus conversacione8 con
El Zar y su familia
los snvos sólo se efectúan en los raro,;
momentos que tiene libres. Cua¿&lt;lo la familia impe1·ial se lcnrnta
más temprano que el Empera(lor, Sil:1mpre baja a darle los buenos días: l)Hf'.~
/
mientras sus departame.n.toi; estan si!
tuados en el segundo piso, los de sus
~ajestades se encuentrau en el. primero. Habitualmente, a la hora del almuerzo, se efectúa el prime1· . encuentro
y siern_pre, por la noche, saludan a . su
padre, quien los abraz.a y · los bendice.
El té de las cinco reune., una vez
más a los miembros- tle 1a familia. No
hay' cena. Las horas que se dedicarían
a ésta, se destinan al cle~canso. El Zar
ríe y conYrrsa ro11 los suyos. Bu O&lt;'asiones bromea, dice chistes y, en
general, hace que
@tre sus familia•
res reine nna franca alegría.
Es un · pla..cer pa•
ra los hijos dal
Zar encontrarse -con
su padre. Cuando
están enfermos_¡ la
llegada- del Emperador seca s_us. lágrimas y disipa su
aburrimiento: l e·s
Jle,·a u.n regalo sin
iillportancia, p ero
que los llena ele
gozo. Durante la
última enfermedad
d e I Tsarévi tch, el
niño se ponía feliz
El Tsar~vitch
&lt;&gt;uando su padre le
llevaba, después de
la,., caza, los . c-a::;gnUlos Yrt&lt;&gt;ÍO!- de lofl c&gt;artuchos qnf' había 1lispalado.
Có~n~ e~ _natural, rl En)peradoi· se inter('~a especialmentE.' vo1· el
Ts.arevitch: fr~cn~n~emeute lo c~ndure ~1.1 sus paseos a_.~ie o en
coche; a los eJercic10s y_ las renstas militares, y durante · sus \·aca,cio»es, el príncipe pasa tres o cuatro horas al día en unión de
su augm.to padre.. Éste no perdona ni11gún ejercicio ni trabajo manual que 1rneda favorecer a su hijo. Juntos construyen fortaleza-s_ de tierra~ o de niev~,. abren canales, cortan madera y rompen
la,:. meve; e-n estío se- divierten en rnma1·. El gran duque Alexís
sigue. con atención. lo.s trabajos de carpintería a los cuales el Empera&lt;lor es muy aficionado. A~üite tmnbién algunas ,·ece!! ?, las re•

"ª

estos Yiajer:. ejeeuta·n colectione1:1 enterati de clisés, perfectamente
acabados.
Las relaciones del Emperador con todas las per!!onas que se ].e.
nataeión; juega al 1 'tennis,' ' y es un tirador de fusil, de primer
acercan, tienen siempre el sello de una completa bondad~ La bonorden.
&lt;l.ad distingue al Zar y a su familia; faltas e irregularidades o.b·
Comunmente, en la vida cotidiaJ1a, el Ernperado1· manifiesta nn
tienen de ellos una i.n(lulgencia exquisita. Mezclados a la vid111 ingusto pronUJ1ciado por todo lo ruso; le eucan.tan los platillos natima de todos los que los rodeau1 los soberanos y sus hijos comcionales, como el ''bot:stch'' (sopa de betabeles), el lechón, los
parten con ellos sus gozos y sus penas. l!ll ·Za.r y la, Zarina están
14
archas" (harina do ·alforfón..), y los "blinisí' (chunos en manpendientes- de las fiestas familiares de cada uno de los tripulantes,
tequilla). Le gusta el ' 1 kvass1 ' ' llamado de conYento, hecho con
los felicitan, y les hace)l rega.los de acuerdo con sus grados y gusjugo de sidras y cuya receta fue recogida por los sobei-ano.s1 du·
tos personales. La imparcialidad del Emperador, su rectitud, su
rante un viaje, en el convento de Sarow. La champaña que ~ siroportunidad para señalar un error, todo lo que hace para satisfave en la corte es exclusivamente rusa. En general, la mesa imcer la su~cept.ibfüd.ad de cada uno, son proverbiales en la, &lt;tOl'te.
perial es sana y abundante, pero desprovista de todo lujo.
Esta defere~cm augusta ha creado un tipo especial de sil'vientes,
Las vacaciones de la eorte son numerosas; una de las Jistra(•de una .fid(&gt;hdad a toda prueba, presta a todos los saerificios. Tal
ciones faxoritas del Emperador es el paseo en
es, por ejemplo1 Kondrati, o el marinero Dérécalesa con !a Emperatdz y sus hijos; por los alvenko, agregado a la persona del Tsaréviteh; o
rededores Je Tsarkoe o de Peterhof ..
la nodriza María _lYano,Ya Wischniakowa, u otros
La estancia. en Crimea. o en Livacha. es ocamuchos individuos. Los •criados que por cuaJ.quiet'
sión de largas marchas a. pie seguidas de baños
motivo han dejado el palacio; tienen el derecho
de mar. En otras exclll"siones el Emperador se
de volver a visitar a la familia imperial, y esdedica a la caza. Todo el mundo recuerda los fapecialmente a los hijos del Zar.
mosos paseos en las cercanías ele Livadia y ele
La Navidad y las Pascuas son siempre, en la
Yalta, en donde el Zar se pres~nta ,·estido de
corte, ocasión de gmndes fiestas eii lá:s cuales
soldado, a pie, con el largo abrigo de ordenanza
se manifiestan la generosidad y la ternura de
y con el fusil al hombro. El jefe supremo de las
la familia imperial: Poco antes de Noel se pretropas rusas quiere experimentar, por sí mismo,
paran los árboles tradicionales, que Jian sido
el peso que soporta, el soldado,. tal como Jo hacía
ado,rnados en el Paiacio por la· familiat del Emsu célebre abuelo el Zar Pedr.o, quien durante toperador, sus empleados, los oñaiales .ilil ]a Guardo un mes, se alimentó de pan y de agua, para
dia de Corps y los de la escolta del Zar, las fasaber qué ración podría ser necesaria para un
milias de éstos y, por último, los criados y los
solilado.
soldados. La ceremon.ia se efectúa en el picadeEsas excursi011es no libran al Zar de su traro. El Zar, la Zarina y sus hijos toman una parbajó diario. Los negocios 01·dinarios continúan en
ticipación muy activa en escoger los regalos y
abundancia, el Emperador lée todos los informes
en adornar el árbol. Una vez arreglado éste, el
y, de esta manera, las comunicaciones entre LiTs"lré,,itch y sns hermanas ayu&lt;lan a colocar los
vadia y Petrograd no se interrumpen. Además,
regalos, y se divierten en subirlos muy alto paen determinadas fechas, los ministros llegan de
ra desesperación. de los que los desean.
la ctipital para acordar con el soberano.
En la Pascua, después de la comida de meTambién la familia imperial hace largas camidia noche, se efectúa la cena tradicional ( Raznatas a pie y en automóvil de Livadia a Ya.Ita,
govénié) 1 para la servidumbre y otra para el
en donde se ocupa en las compras de vituallas
personal de la casa y los soldados. El Emperay especialmente de los productos de los ''kousdor abra_¡,a tres veces a cada uno de los asi!!taris '' ( objetos varios, elaborados con un arte
especial por los campesinos.)
tentes y la Emperatriz, de acuerdo con la costumbre, les da a besar la mano. En esta ocaOtras veces el soberano y su famfüa se va.u a
sión, el Zar da el beso de Pascua a más ele tres
Darmstadt, a pasar algunas horas en el castillo
mil persona.s, y cada uno recibe tm lrne,•ecillo
del Gran Duque ele Hesse, hermano de la Empe•
de metal precioso, o piedra füira del Onral, cinratriz, o se dedican a excursionar por los fiords
de Finlandia.
&lt;'elaclo artísticamente.
El Tsaréviteh Alexis
El proyecto de estos viajes llenan de aleg.ría
Nicolaiévitch ~omenzó
Los hijos del Zar
a la Emperatriz y a sus hijos. únicamente los
sus estudios ;regulares
más cercanos a la casa imperial tienen autorizaen octubre de 1911, bajo la inmediata dirección
ción de viajar con aquéllos en el yatch de fris
de la Emperatriz, quien consagra a sn hljo todo
zares. Cuando baJa a tierra, la familia del Z¡:u·
el tiempo de que puede disponer. Entre los prose pasea, recoge hongos en las radas abruptas, '&gt;e
fesOJ:es de las jóvenes princesas, tres fueron nomentretiene con juegos rústicos, se mece en balanLa Emperatriz
brados para apUcar a sus Altezas el plan eclucines improvisados y visita las casitas de
cativo pJ·oyectado por la Emperah'iz 1 y son, palos campesihos, en donde acepta pan negro y lecho que éstos le
ra las lecciones religiosas, el archiprcste Alejandro Vasiliew, capeofrecen.
llán de las hermanas de la Elevación de la Cruz; para la len. A bordo &lt;lel yacht Etendard se- baila y se patina. El Tsa.révitch
gua rusa, el antiguo profesor del cuerpo de pajes, el consejer_o
inspecciona det~ladam~nte la ~ripulación, se interesa en las ocupaciq_
privado Petroff y para el idioma francés el ~-eñor Gillard1 3¡n\1nes y en la vida de los marmeros y acompaña a su padre cuanguo profesor del duque, Sergio &lt;le Leuchtenberg. En cuanto l:l- las
do éste va probar el rancho.
lecciones de inglés, la Emper.atriz se encarga de ellas y algunas
La familia imperial se ajusta escrupulosamente al programa de
veces de las de alemán1 pues no hay qné olvidar su origen teutóla vida de a bordo. Asiste a la ceremonia de la bandera, a las nuenico que, ~ parecer, es una · ele las causas determinantes de la rev~ de la mañana y por la tarde, al ponerse el sol.. Lar víspera y el
Yolución que acaba de conmover al i.n,perio. Todos estos profesores
m1Smo día de las fiestas, toda la familia oye misa, que celebra el
acompañan a sus alumnos en los viajes que se efectúan en la priPadre Dobrovolsky.
mavera y en el otoño. Las Yacaciones del TsaréTitch comprenden
El comandante y los oficiales del yatch (que son diez y siete); vi
los meses de junio y julio.
ven la misma vi&lt;la del soberano, y muestran 1m señalado placer
Para el pequeño príncipe el trabajo comienza, ordinariameri.te,
en divertirse con los marineros.
a las nueve de la maña.na. Si el tiempo es favorable, el heredero
Cada miembro de la familia tiene un aparato fotográfico v en
del trono da un paseo matinal y en ese caso las lecciones-que no

su padre, los estandartes y los regimientos que salen de se'rvicio.
El Emperador e.s aficionaJo a varios deportes, especialmente a la

!e

Las Grandes duquesas Oiga, María y Tatiana, hijas del Zar
PEGASO

7

�son más (le tres diarias- se efectúan de~pués del desayuno . .El Em•
perador en persoua dirige Jos cjcrc·ieios al n.irc libre dp sus hijos.
La saJud del 'l'saJ"évitch está escrupulosamente atendida por los rné·
dicos de la Corte, B . S. Botkine y S . A. Ostrogor:=:.ky.
El Gran D11q11e Alexis es de uo temperamento muy Yivo y bullicioso; se ocupa asiduamente en la montería y recibe üistrucción
militar preparatoria, _tal como se enscfia en los nne,·os regimientos
infan:tiles, Uamados · ? ' potééhTiié. ' 1 D11rnnte Ja tcmporaCla en Crimea,
tres veces por semana hace el recorrido de Li,·ada,·ia a Massandn1,
en donde, incorporado , a 1 una eRcna&lt;lra. de jbwues 1 'potédmi6, ·'
ap_1·eni.te· a 1llauejar .das armas de f.nego· y bace gimnasia y ejercicios
militares. Por•-su taIJe, el 'J1sarédteh tiene el primer Jugar en l:1
segunda semiescuadra. .
'l'odo su tiempp libre lo iledica , a Jos juegos el prínci_[le Álexi~.
En verano se divierte·con el ciclismo, los baiios al ail"e l.íbre y las
excursiones para buscar 1 hongos en las playas. Durnute el inderno
sus j,uegos· consií'&gt;ten en coustruir n¡ontaiías üe .hielo, bolas de nieve, muñecos y fortalezas _de nieve1 eh-. Cna11üo el ti(':1i1po uo es bue
no para permauecer fuera 1le las lmbitacio1ies, la. anima('i(rn más
grande reina cu la sala (\e. juegos, sobre todo en los días festivos,

en qne las lwrmttna::i mayores y alg11t10s primos Yan a reuni~e con
el 'l'saréYitch.
Dos personas agregadas al augusto niño no lo aba_ndonan nunca:
su aya, M. I. Wischuiak0\\·a 1 y el antiguo marinero D~~évenko, q,ue
le sirve de guardia de corps. Por Jo que toca a las JO\'e11es prrn·
cesas, reciben una educación al mismo tiempo familiar ·y severa;
no se les ,;,e nunca sin trna labor en las manos; no se les dan menos
de treinta il'&lt;'cio11es por sPmana, y traba.jau (lesrle las !'tueve de la
mañana. lrnsta . la 1111a de la tal"lle. y, desp11é!'. del a!murrzo, desde
las cuatro ele la tarde hasta las orho 1le la noche.
Tal es la existencia de&gt; la :famüia imperial, de r11ya :merte nos
fla el eflble tan f'ontrallietorias 11otirias. Loi'. cui(lailo~ &lt;"otidianos ~ie
ratla. ' ni10 de s11$ 1!wimbros no son menos fatigosos que los nuestros, y sin titula_ qnc nnestro!'\ hijos trabajan menos que aqnellas
· pri1wC'sitas estudiosas y earitatirns, ele (',uya suerte hasta l1oy no se
tienen (leta1les exactos, ¡mes mientras que nnos informes hacen ercer
en el fin de la monarquía rnsa, 0tros nscgnran que 1a f•Orona de
todas las J{usias va a cefill' la frente del peqneiío príuc:ipe qne
juega co11 los mnñecos Je hielo y las bolas ile nieve.

Se han registrado en el imperio moscovita acontecimien+
tos de tal importancia rprn la atención del mundo, fija
durante las últimas semanas en el CUl'SO que seguían la
C'ampaiía submarina y el avance victorioso de las armas
inglesas en el frente del Somme y en Mesopotamia, se ha-

La Caricatura Extranjera

El Zar llegó a Petrogratlad y (lespu6s de celebrar un
consejo con los miembrns de su familia abdicó .. rl'odavía
no ha llegado el Zar. Se ignor? cloncl(;' se e!1euenüa. B1
Gran Dnqne :Miguel aceptó la co1·ona. Kazan, Kharkov,
Odessa y Uronstadt se han unido al movimiento. El gabi+
nete revolucionario quedó constituido como sigue: Presi+
dellte, Elvoff; Relaciones l\11lnkoff i Instrucción, Manuiloff; Guerra, Gnclikof.f; Hacit~rn.la, rrereschteuko; Agricultura, ·Yehingareki Justicia, i\(•eensky; Connullcaciones, Nekrasoff. Revolucionarios quemaron todos los archi+
vos. Protopopoff no fue asesinado: se halla p1:eso. El Zar
ha. publicado un manifiesto al pnrblo ruso. Es esperado
el Zar: lo escoltan varios regimie_ntos y h:aé mucha arti+
l lel'Ía. Se ignora ia · suerte q ne haya corrillo el Zar. . . La
(-'scuadra _del :Mar Báltico reconoció al gobif'rno provisio+
nal. El Gran Duque Kicolás, nombrado generalísimo del
ejército, puso en libertad a los reos políticos. El Zar tra+
tó de suicidarse. El Príncipe Alexis murió .. rrodavía ~e
ignora el paradero del ·Zar ...
Pasarán muchos días antes de. que se llegue a saber la
verdad de lo que ha pasado y sigue. pasai1rlo en Rusia.
Examinado las pocas noticias que nos ha traído el ca+
ble se ve claro que aunc.lue el impulso inicial del movimiento que acalla de modificar el estado de cosas del gran
imperio moscoYita, partió de lo más hondo de las eutra+
fias del pueblo, el éxito de él no se debió a las masas exas+
peraclas por la opresión política y el hambre, sino al brazo armado de la guarnición de PetTograd, que en el mo+
mento crítico volvió las espaldas al gobierno imP.erial y
tomó el puesto ele más peligro en las fllas populares. ,La
Duma no ha recibido el poder de las manos del pueblo:

u,
(_.,-.Luce. f\·
o'

.a: 1.r. \"").More
~-lh~

~1A. ...,. ..

Región donde se desarrolla actualmente
la ofensiva británica

.
La Civilización y Guillermo II
Del ºLife", de Nueva York.
8

PEGASO

tamiento, se dirigió a rrzarcoselo, adonde llegó sin nove•
dad. El tren en que viajaba el Zar fue detenido por los
revolucionarios. }Jl Zm· no ha abdieado todavía. El Za,r
abdicó en su nombre y en r-1 de su hijo el Zarévicht. El
Gran Du4ue Uigucl ha sido nombrado Zar. El Gran Duque abdicó la corona ....

lla actualmente absorbida por el conflicto ruso. Es este,
en efecto, de tal naturaleza, que en los primeros room.en+
tos se creyó que podría cambiar radicalmente la marcha
del formidable problema europeo.
Las noticias que hasta la fecha se han recibido, son tan
contradictorias, que no es posible ver claro en ellas.
Hélas aquí en extracto :
La revolución ha estallado en Petrograd. El pueblo 1
hostigado por el hambre, reconió las calles pidiendo pan
Las autoridades llamaron 1u1 batallón para disolver a lo'"3
m:,rnifesta11tes. Los soldados se negaron a hacer f-nego
contra ]a,&lt;.; masas inermes. Conflictos entre las policía y la.e.;
tropaR. ]\iluertos, heridos; la rebelión crece, nueYos bata~
Uones se unen a los primeros J' se adneiían de la sitm1+
ción. RI p1·íncipe de Galitzia preso; Protopopoff clf'tenido
Y arrastrado por la nieve de las avenidas. El 7.ar se lrnlla
eu el frente. Se ignora dón&lt;le se encuentra el Zar. L3
familia imperial reclnida en Palacio .....

Petrograd.-La Catedral de San Isaac

La Dnma se ha hecho cargo del gobierno y la cit1dad
empieza a recobrar la tranquilidad. El Zar abdicó la corona y se nombrará regente del imperio a,l Gran Duque
Miguel. El Zarévitch se halla gravemente enfermo de escarlatina. El Zar, en cuanto recibió la nueva del levan+

nna pa1·te del ejército, comprái1dolo con sn sangre en las
calles de la gran nrbe nevada, se Jo ha entregado; y su
suerte, velada por este vicio de origen, continuará sujeta al capricho móvil y tenible de las milicias.
¡ Li bcrtad ! ....

PEGASO

9

�La libertad 110 puede sutgir de un .1110\'imiento que tiene las características de un cuartelazo; no la adquieren
los pueblos, desgraciadamente, a tan poco precio.
A Nicolás II, monarca débil y bien intencionado,

Gouiemo eonstituído uajo el resplandor de los sables,
el futuro gobierno ruso teudrá que seguir eL camino d:e
la guerra. No se concibe que la clase militar haya c\en,i,.
bado a su jefe sin miis objeto que buscar una brecha para
eludir cobal'demente las exigencias del deber, que la re-clan1a en 1a frontera, donde ('l águila prusiana, con las
garras crispadas sobre los monstruosos Krup, Clava sus
ojos coléricos fü las heladas llanuras de la Santa Rt,sia.

"º"

ba-n. en. los topes,
toda&amp; sus barl'Us y toda.s sas eske·
llas, la bandera de la Unión, de la misma que cuando se
estremece
. . . . hay un hondo .temblor
que pasa por las vértebras enormes de los .&amp;ndes.

• * *

Pa lacio imperial en Petr.ograd

que no se atrevió a romper la Íél'J'ea estructura política
de su imperio, batida constantemente por la expansión
formi,lable de las ansias de la gleba, sucederá el Grai, Duque l\iiguel, o el Gran Duque Nicolás, o el Gran Duque . . . . Cual quiera que por sus cualidades ele conductor de hombres cuente con más votos en el ejército, que
seguirá teniendo, como bajo el gobierno de Nicolás II, la
suerte del imperio suspendida ele la punta de sus bayonetas.
La Duma gobierna hoy en Petrograd, apoyada por la
guarnición. Se mueve, dispone, trata de controlar la situación . Detrás de ella hay prestos treinta mil fusiles.
¡ Se consolidará!
En las fronteras, dando la cara al enemigo, existen cinco millones de hombres, la masa combatiente de la nación, que no han dicho nada todavía .....
En Alemania se han recibido con regocijo las nuevas
de los transtornos interiores de Rusia. Caído el Zar, que
herido en pleno rostro por el brutal mensaje de Guillermo II, inició la guerra continental, se abrigaba la esperanza de apartar a Rusia del ·gigantesco bloc de la Entente; pero los acontecimientos han tomado un sesgo muy
distinto del que se presumía: en Petrograd no solo no se
piensa en la paz, sino que el sentimiento que dom~na en➔
tre los di.rectores de la rebelión es enteramente antigermano, y el gobierno que se establezca, cualquiera que sea, se
verá en el caso de continuru.· la guerra, tal vez con mayor ímpetu que el mostrado hasta la fecha.
De todas las naciones mezcladas en el drama europeo,
la más castigada ha sido Rusia; sus derrotas han asumido proporciones colosales; SR sangre ha corrido a torrentes desde las planicies de Riga hasta los montes de Armenia; y annque su prestigio miJitar se ha lavado en Ga-

Cosacos resistiendo en el frente

litzia el fango que recogió al pasar en fuga por los lagos massurianos, no luce todavía con la viva fulguración
que despiden en el h01~zonte el heroico ejército francés y
la impetuosa armada británica.
10

Poco tiempo resistieron los alemanes en Baupame. La
plaia había siclo acondicionada para un largo asedio. Se
reunieron allí no solo los diversos batallones que se han
ido retirando drl frrnte ante la presión inglesa, sino algunos sacados de las reservas; la población civil reeibió
orden de salil' ,v salió;· las casas fueron convertidas en re,.
duetos. . . . Pel'o los cañones ingleses arrojaron sobre- ,i
lugar tal cantidad de bombas, que Ja posición empezó a arder poi.' todas partes y las fuerzas germanas, asfixiadas eu aquel infierno de hierro y fuego, tuvieron que
1·ecoger sus banderas y co1~~ii:mar la retirada.
.
A B-aupame, han seguido .\fesle y Peronne, considerada tambi€:n como inexpugnable; y sesenta puntos de menos
importancia situados en una zona que tiene sesenta millas de largo por diez de profundidad y que ha caído totalmente en poder de Donglas IIajg, como resultado ole las
últimas opetaciones.
Los franceses han conquistado también mueho terreno

Lo grave es que la. enemistad del mercader que respira más allá del Bravo no es cosa de juego, y que Alemania podría arrepentirse un día de haber bromeado con \a
seriedad de semejante sujeto. Tiene en sus cajas la mitad
del oro del mundo y en· sus venas sangre del pueblo que
e-n menos de dos años ha creado el ejército ante el cual
van recuhlndo, desalentadas, las antes victoriosas hnesteB
de Prusia.
Y aunque por ahora car:ezca de .fuerzas terrestres organizadas para nna seria campaüa, no hay que olvidar que
su escuadra ocupa el tercer lngar en el m11ndo y que apurado por las- cfrcunstancias puede encontrar en- su genio
inventivo recursos apenas sospechados. Es explicable que
permanezca pensativo y te·meroso, ante la pe.rs,pe.ctiva de
que se convierta en 'lluvia de sangre la llu~ia,. de oro que
caía, que aúni cae, sobre sus vastas colmenas~ }?ero una yez
forzadb a tirar de la e-spada1 seguramente ira muy leJos.
Un destacament o
de las fuerzas fran1.
cesas que operan en
los Vosgos, deseen ..
diendo por una pen diente.

comprenswn del deber y de la vida, y ese, amor a la tierra, tan íntimo, tan hondo, que pone un hierro en sus
manos cuando el viento le trae del Rh in 'el rumor de los
pasos del enemigo ancestral.

Sir Oouglas Haig, General en Jefe de las fuerzas ing_lsas
que operan en el Somme

en el Sur y continúan avanzando. Una extensa Línea de
fortificaciones en que los alemanes resistieron más de dos
años el fuego de las fuerzas de la República, cayó hace
días en su poder. Ro ye y Koyon han visto ondear sobre
sus edificios destrozados por la metralla la bandera tricolor.

llfienti-as los sokfados se baten, el Gabinete ]l)Jresi&lt;liiol.o
poi· Briand presenta, en París su dimi~ión. En el Parla-.
mento se había estado haciendo ·viva Campaña contra el
]\[inistro de la Guerra, Lyautey, por.que, este milit~ no había querido dar ciertos inform!CS sohre las OJi)erae10nes que
se llevan a cabo en el frente. Encolerizado po, sns adve:,-sarios, que llegaron éll .su ceguedad hasta la inj.ntfo, ilimitió manifestando que prefería hacerlo antes que filirvulg¡r cosas que eu su concepto podria,n perjudiear a su
patáa. '!'ras. la renuncia del Ministro llegó la de BrÍM!d,
quien encontró senas res1stenc1as pa,ra remtegrar el Gabinete v el Pi-esidente Poincaré, después· de e:x:plorar el
ánimo' del Presidente de la Cámara; Deschanel, que declinó la honra de. formar uno ·nue-vo, se dirigii,, al ~
tro Ribot . . . .
Estas diferencias se fundirán pronto al calor del patl'iotismo. París es i:i&lt;\rv'.ioso y ·exaltado, y su c.abeza, q11.ie tangrandes cesas crea, . arde a veces hasta la demencia. Pero
París no es Francia. Francia es ahora la, provincia. La
provinciil. con sus brazos muscnlosos, su sencilla y clara

PEGASO

Al Presidente Wilson no le sonríe la suerte. Ha eludido cuanto le ha sido posible una pendencia con Alemenia y la pendencia viene a su encuentro con aires de desafío . H'izo uso del expediente. de las notas diplomáticas hasta que sus• notas empezaron a.. haner sonrefr al mundo;
fru nció después ligermnente- el oeñn,; cortó en seguida1 sus
relacioi;ies; acalló por amenazar- coni dotar de. artillt3ría a
los- barcos mer.cantes de la Unión .. Ni" e1: severo entrecejo,
ni la rota amistad, ni las naves armadas han logrado conjurai· el lívido- fantasma· de la guerra qrn,-turba el áureo
sueño norteamericano, El KáJHer für visto, lia oído, ha tomado nota y 1 en contestaciOll, los sumergibles alemanes
acaban de echar a pique tres barcos indefensos qtre lleva-

El Oran Duque Nicolás
nombrado por el go\)ierno revol ucionario General en Jefe
de los ejércitos de Rusia

De sus arsenales empiezan a salir buques Construídos
especialmente para la caza de smnergibles, y si el conflicto sobreviene, la guerra submarina entrará en una faz muy
interesante para los hombres ele guerra.

•••

Combate.entre..bar.cos. mercantes.armados y un sumergible.

La República ohina se ha puesto del lado de la Entente.
l\Iuehos deben preguntarse, al saberlo, qué clase de ayuda podrá prestar a los aliados después de lo ~ne han hecho los japoneses.
Y, en efecto, t,.,qué podrían hacer?
Generabnente se cree. que el ex-Imperio Celeste carece
de ejército. Es un error: la raza china ha sacado provecho de las duras lecciones que le han dadb sus vecinos y
se ha alistado con una rapidez que en la actualidad le
permite mandar a lbs campos de batalla un ejército ele
.trescientos mil hombres, armados y equipados a la europea;
]
Guillermo II tuvo en un tiempo la obsesión del peligro
amarillo. Vió al Dragón asiático devorando al mundo y
hasta ocupó su lápiz imperial en dibujar su sueño.
Pobre DraglÍD ....
¡ Para conjurar el peligro, el Káiser le madrugó!

P&amp;G:/111110

11

�Libros

Revistas

y

ÉNIILÉ BOUTROUX: El Co,1c,pto de Ley N atnral en la Ciencia
.1/ la Pilosofia contemporánea.~.Primera 1:c1:si6n castellana lle·vada 11
,·11lJ0 con la venia del autor Jf prrceclida de una introducción p91· .dnto11io Caso. México. Librería -le Ponúa Hermanos, MCMXVII, 0n 8.oEl año de 1879 presentaLJa en la
Rorbona 1\f. Émile Bo11troux1 romo
tesis de tloctora&lt;lo, un estudio sobre
'' la contingeneia rle las leyes ele 1:-i
11atnraleza," bien pronto pnblicado
!'on ese título, y tl'ece aiios después,
&lt;laba ahí mismo sns célebres Ieee-iones "sobre PI (•onrepto ele ley natural,' que fue1·on la materia del libro

!

.México el renacimiento de la filosofia, que 1·etiucida a escolástica
sólo alentó durante largos años en la quietud de los seminarios.
Iloy presta Caso a nnestra incipiente cultura filosófica el inapreciable sen'icio de una nueva labor. Ella resulta tanto más valiosa
cuanto era de difícil hallazgo para nosotros el libro de Boutroux,
del cual casi no hay en México ejemplares franceses.
M.H.L.

Prosa y verso. Selección y Prólogo de
GUILLERMO PRIETO

Luis González Obregón. Cultura T_ III
N. 3 México 15 de mayo 1917. La anto-

1,ogí~ periódica que, bajo la dirección de los señores Agustin Leora y Chávez y Julio Torri, ha emprendid,) la noble tarea de divulgar la buena literatura, dedica el último número al autor de la
Musa Callejera.
l'U)'a vi·irnera versión tastr-llana lta \levado a huen tél'mino, reeieuE~ Guillermo Prieto de aquellos autores nuestros cuya. fama,
tf'meute, Antonio Caso.
grandísima en su época, no ha bastado a crearles uua reputación
Son esos libros dos monic11to8 eu la ddu J.e una tesis: -las misimperecedera. Puede afirmarse que hoy nadie lee a Guillermo
mas ideas fllnclameutales _&lt;'irculan libremente por las páginas c~e uno
Prieto, a lo menos con un interés puramente literario porque el
y de otro, el pensamiento que los preside, que no se rt;ipite sino
Folk-Lore nq cuenta en la gloria de ningún poeta del mundo Y
,¡ue se desarrolla, logrn por ('f-tc doblC' esfnerzo mn.nifC'starse en toda
es, sin embargo, de gran interés conocer la obra de este cantor de
su plenitud.
·
Así, por ejemplo, a.un el magistral t·apítulo Jmli&lt;·ado al anáUsi:s tipos populares, de 0;ste sincero que supo apasionar en su p0esia
del valor de las leyes sociológieas en el último libro, sobre las cua- y en su prosa -la prosa torpe y desaliñada de quien se rie de los
prejuicios de estilo y a veces de los prejuicios gramati~ales- las
les nada &lt;liee el anterior, ya se hallaba en germen en aquellos generosos co1H•eptos &lt;le u La Contingencia 1 ' que pudieran sen·irle de vislum~res fuga:ces de esce.nas y de personas desaparemdas y que
C'pígrafe: "La societla&lt;l es el ROstéu ,·isible Je la libertad lmma- nadie recordará ya sin estos conservadorea de la vida que huyP.,
Jla,' • 1' ei,; 11ua jerarquía mon1l r poRee a ese título 1111a nni1lad sil- " ;_'p}ieto, Facundo Micrós. Por eso resulta muy 1Jtil para el públi1
perior.''
: co, más útil quizá para los mismos autores,. cuyas obra1t completas
De estirpt,&gt; kantiana, ambos libros estudian el problc-ma del 1·0a.terr0rarian a quienquiera, presentar una selección atinada ,en
uoeimiento y res11eh·en por él, 1·011 genia.! originalidad, el del libr&lt;"
que se sintetiza la tarea de cada escritor.
albedrío: descubren la 1.:011tingencia en el Uni\'erso y, pm1all(lo del
La selección de Prieto es de las más difíciles que pueda. haber.
signo a la reafühul signifi('füln, enc·uent,ran la libertad en el fonLamultiplicidad de escritos de Fidel, su valor rar~~ ve~es unifordo mismo ele las c:osas. Su 110:,:;ibilidarl, pol' lo menos, la dejan esme basta la dificultad de reunir tanta compos1c1ón impresa en
tablecida de moflo irrecnsahle y abierto el rnmino al análisis bergso•
per'iódicos, hace la tarea verdaderamente penosa. D_on Luis Gon11iauo que habría de afinuar la -renlirlail del acto libre sobre "los
1.ález Obregón ha intentado dar en extracto, un retrato literario ·de
datos inmediatos ele la toncie11cia. '·
Guillermo Prieto, y la reminiscencia que preside el !olleto es, ele
Ri C'l primero de ellos realiza sn tarea est\l(liando en abstracto las
('ategorías de la. exiSte1lC'ia (la neresidad desde luego, el ser, los gran interés por los datos personales que da el re·c opilador, ob~egéneros: "formas susceptibles de ser concebidas pero no sentidas;''
nidos de sus conversaciones con Prieto a quien conoció y trató inde::;pné;. la. materia, los (•uerpos, lol-l seres Yivjentes: ' 1 formas sentima mente.
sibles -(too se sobreponeu a las anteriores¡'' y por encima de todas.
M. T.
('] hombre, en enya conciencia 1 ' c! mundo es sentido, conocido y
ilomina(lo' '), el segundo se ocupa, ya concretamente, de las leyes
mismas ' 1tal como las ciencias nos Jas presenbrn, repartidas en gn1ENRIQUE DÍAZ LOZANO: Diatomeas Fósiles Me;:cicanas, Méxivos distiutos; '' pero ambos emplean el mismo -procedimit'nto-sns- co, Oficina Tipográfica de la Secretaria de Fomento, 1917, en 49-El
tituir al análisis (le la reafülad \'isfo por fnera el efltudio íntimo estudio cuyo título encabeza esta 'nota, se encuentra en l~s ~nales
de eil:i ;-obtienen condnsiones se!Uejai1tei,;: '' el punto (le Yista tlel
del Instituto Geológico, que acaban de aparecer en sust1tnc1ón de
entendimiento no es definitivo en el conoeimicnto de las rosas,'' '' lo los Parergones que antes publicaba dicho ~epartamen_to.
.
En este estudio se ban :reunido los trabaJ0S sobre diatomeas fós1que llamamos leyes de la. 1rnt11raleza es el conjunto di" métodos hallados para asimilar las cosas a 11uestra inteligencia y someterlas les, cuyos extractos fueron leídos en la Sociedad Geológica Me¡xial designio rle nuestra voluntfül '' ( nótaréis que cito indistintamencana.
Las diatomeas-según la descripción del señor Diaz Lozano-son
te el&lt;&gt; una y ele otra) ;-y, en de.finitiva, persiguen idéntico propósito---' 1 averiguar si dado el esta&lt;lo aC'tttal ele las denrias nos es plantas unicelulares 'de extraordinaria. pequeñez; _afectan _un:9. gran
variedad de formas y estructuras, con dec~rac1ón muy_ v1~tosa,
permithlo todavía considerarnos como &lt;'aparitados (le obrar libre·
complicada y elegante; las hay redondas, c1rcnlares,, el1pt1~as Y
mente.''
triangulares, alargadas en forma de ba1:ras; alg~nas estan provistas
Nada más conforme al punto tle ,·ista motlerno de 1a. filosofía
qlle este \·igoroso ensayo &lt;le 1 ' totalización ,le la experiencia 1 ' ' en el de salientes en forma de alas o de espmas, y vistas 1,ateralmente,
cnal visiblemente todas las ciencias, como qniere Nietzsche, prepa- ap~recen recta?gulares o lenticulares.
ran la tarea del filósofo. '' Hemos visto en las leyes, dice :Boutroux, los datos que proporcionan las ciencias a la filosofía. así coCULTURA:. Salvador Rueda. Poesías Escogidas. selección de J •
mo 1a ciencia ve en lo"s hechos los dato,; qne le proporciona la na- Torri México tomo III número 2, 1917. --Con dos artfoulos prelituraleza. ''
mina;es: uno de Julio Torri y otro de Grego-rio Martinez Sierra.
'' La Contingen·c e'' encontró e11 Diego Ruiz quien la vertiera al
Trne, además, el bello tPórticon, escrito por Rubén Dario para el
11
castellano.en lo que de más sólido" tiene a juicio del traductor. libro «En Tropeh, de Salvador Rueda.
)Ierced a esta mutilaciá11 imperdmiable, Jos lectores de habla española desconocen el capítulo tle ''conclusión:'· admirables páginas
en las que se recoge el frnto de to,la la obra y se renue\·a la Est~tira, haciendo de los seres ' 1 un itleal que se realiza y que conl'liste en aproximarse a Dios.'• '' L 'Llée de loi 11aturelle,'' más a.fortnnado que i:;u predeeeRor, ha pasado al castellano, sin merma del original, cuidadosamente traducido por Antonio Caso.
F.n México se escriben muchos libros .... ron ideas ajenas (hasta e:J l!ortor Parra1 cuando se ocupa del silogismo numéricamente
tleteJ"miuatlo, okitla citar a ).Iorgan, cuyas idea!:i repite); pero falBusque: ust d d pródmo nllme:ro.
tan eH absoluto traductores, y es que nos parece el de traducir, menguado €&gt;111peño, indigno de ocuparnos. No piensa así el autor de
SELECTOS ARTÍCULOS.
· 'P.1·oblema~ Filos6ficos 11 y d~ 1 ' Filósofos y Doctrinas )!orales1 ' ·
qn&lt;&gt; ha1·e li"l,t'Os 1•on esfuerzo propio y hadnce i:;in embargo a BouHÉRMOSOS POEMAS.
troux-: raro ejempJo, de11tro de lll1estro medio fotelectual, de ver- _
t,lade1:a poudera&lt;"'illu en la ¡•ultnra. ·
TODO INÉDITO.
La iutrodut•rión de qne viene precedida la traducción es un ca•
pítulo máR de laya rnsta obm tle exposición y ele rritica, llena de
Pora subscripcione:s cfirfjose al apartado_
¡a más intensa pasión filosófica y realizada en el libro, en la cánllme:ro I ao4,
tedra y en la conferencia, por la cual es Antonio Caso, a pesar de
su juventud, el maestro de esta generación y , quien ha suscitado en

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PEGASO

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12

PEGASO

A iniciativa d, 1
señor don Franós •
co J. de Gamoueda, gerentt:1 de la
Librería Biblos, un
numeroso grupo de escritores mexicaomól va.
a trabajar eu lá redacción de una obra sobre
laNueva Espafia, en sus aspectos geográfico, Politico, administrativo, ,i.rti1H,ico, científico, etc.
Los estudios con que hasta ahora se cuenta para el n11evo libro
Ron los siguientes: El Teatro, por Nicolás Rangel; Instituciones
Polit.icas y Socia.les, por Alfonso Toro; La Arquitectura Colonial,
por Federico Mariscal; Ideas y aspiraciones políticas en los últimos tiempos de la. Nneva España, por Joaquin Ramirez Cabañas;
la Inquisición, ¡.,or Luis González Obregón; la Hacienda en la
Nueva Et1paña, p&lt;&gt;r Antonio Ramos Pedrueza; Ciudades Coloniales, por Ignacio B. del Ciu1tillo; las Artes del Dibujo en la épo(·a
colonial, por Mateo Herrera; lofl Colegios de la Nueva Españ:1,
por Gen aro Estrada; Fundación y desarrollo de los Obispados t-n
la Nueva E1,1paña, por Jesús Gl\rda Gutiérrez; la Literat1,1ra en lit
Nueva España, por Alfonso Rey( s; Descripción geográfica, descubrimientos, etc., por Enrique Sautibáñez; las Bibliotecas Públicas y Privadas de la Nueva España, por Juan B. Iguiniz; la Conquista¡ la Imprenta en la .Nueva España, por Jesús Galiodo y
Villa; la Raza Indígena durante la Dominación Española, por
Manuel Gamio; la Cerámi&lt;'H- en la N~eva España, por Ramón
Mena; la Real y Pontificia Universidad; el Comercio en la Nueva
España, por Alberto Maria Carreña, la Obra civilizadora de las
órdenes religiosas ell la Nueva España, por Atanasio G. Sarabia;
Artes industrialeM coloniales, por el Marqués de San Francis00;
la Enseñanza y Ejercicio de la Medicina en México durante la
época colonial; Fundición de tipos de Imprenta e Imprentas de
pal€1, por Nicolás León. Se cuenta, además, con la colaboración
de los señores Fernll.ndo Iglesias Calderón, \Dr. Manuel Flore1,1,
José de J. Núñez y Dominguez, Carlos Diaz Duffóo, Luis Castillo
Ledón, Alfonso Teja Za.bre y Andrés Molina. Enriquez, quiene"
próximamente señalarán sus temas.
UNA OBRA NUEVA
SOBRE LA
NUEVA ESPAÑA

Llegan noticias de Nueva York, sobre
el magnifico éxito alcanzado en aqmfüa
ciudad por el maestro Miguel Lerdo de
Tejada, quien con los artistas nacionales que lo acompaña.n ii.ió un concierto
de m1Jsica mexicana en la Carnegie Chamber Mnsic Hall. Cono
cidos artistas de nuestra patria tuvieron a su cargo canciones del
país, bailes t.ipicos y números de orquesta.
MÚSICA MEXICANA
EN LOS
ESTADOS UNIDOS

En el Teatro Ideal se efectuó el examen final, de práctica, del señor don
PR:ACTICA
Agustín Sáncbez, alumno de la Escueli1
de Arte Teatral. El sustentante representó uno de los papeles del drama 1&lt;Mar y cielo», de Ange1 Guimerá, con éxito muy estimable. El jurado estuvo compuesto por
los señores profesores don Enrique Tovar y Avalos y don Feman. do Orozco y Berra,
EXAMEN DE

En la Escuela Nacional de Música y
DOS CLASES
Arte Dramático, se ha inaugurado la
clase de Preparación y Práctica CineDE ARTE
matográfica, y se han abierto ya las inscripciones correspondifmtes.
En la Academia de Bellas acaba de establecerse la carrera de
pintor escenógrafo, y se ha nombrado el personal necesario para
atender la nueva asignatura.
El joven pianista mexicano, don José
F. Velázquez, dió la semaaaanterior s:1
segundo recita.l de piano en la Sala
Wagner. Aunque hace pocos dias Velázquez se presenta. en las salas de música, su labor artística era
ya estimada por el público, porque el pianista ya babia ejecutado
números musicales, repetidas veces; en v.a.rias festividades públicas.
LOS CONCIERTOS
VELÁZQUEZ

El primer domingo del entrante mes
de abril 1 se efectuará en ela.nfiteatrode
la Escuela Nacional Preparatoria, el
tercer concierto-conferencia. de la serie, organizado por la Dirección General de la-s Bellas Artes.

El poeta español
don Salvador Rueda, que como saben los lectores de
PEGASO, visita la
República y eti llg1H:1l'jado con numerosas manifostacioues, estuvu algunos días en!&amp; ciu•
d,tJ de Puebla, en donde recibió el sa.ludo y los festejos de diversas
corporaciones de aquella ciudad.
Eu su honor se efectuará mañana vi8I'nes una fuución de gala
en el Teatro Colón, organizada. por la Colonia E-i!pílñola de Méxi•~o. Se representará el drama c(La Rima Eternan, de los señore1:1
Alvarez Quintero, y recitará el doctor don Tomás 'G. Perrin una
t1e las poesías del bardo malacitano.
OTRAS FIESTAS
EN
HONOR DE RUEDA

El señor don Dario Rubio, conocido
UN ESTUDIO SOBRE crítico teatral y escritor muy versado en
Jolk lore mexicano, leyó e-1 !!ábado últiMEXICANISNIOS

mo, en la redacción de c(Rtivista de Re•
vit1Las)), un excelente estndio sobre mexicanismos que el último
diccionario de la Rel\l Academia Española, publica ·con datol:l
t:'rróneos. A la lectura del sfñor Rubi'o concurrieron numerosos
escritores.
En la Librerín. uBibloén leyó el martes
último, la señora doña Eugenia Turres
de Me!énciez, la comedia uVencida_n, de
que es autora. La señora de Meléndez,
cuya labor es muy conocida como profesora de declamación y
a.rtista teatral, recibió nutridos aplausos p0r esta. nueva muestra
de su ingenio.
La redacción de PEGASO, a quien fue dedicada la lectura, agradece profundamente tan exquisita cortesía.
LECTURA DE UNA
CONIEDIA

Se anuncia qne el conferenci,ta colombiano, Gustavo A. Ortega, vendrá. a
México, en compañia del literato argentino Mannel Ugatte, a ba.cer obra de
propaganda pan aiu.ericana.
,
El Sr. Ortega estuvo cerca de un año en el frente de guerra
francés, y ba recorrido las rep1Jblfoas de Venezuela., Pedí, Bolivia:, Ecuador y Panamá.
VENDRÁ
UN CONFERENCISTA

La noche de boy, a las 7.30, se efectuará en la sala de actos del Museo Nacional de Arqueología, la segunda conferencia de la serie, organizada. por la
Socíeda.d Italiana ((Dante Alighieriu.
La conferencia será sustentada por el señor Attilio de Vecchi,
acerca de los origenes remotos de la guerra actual.
Estas veladas h.au sido organizadas con gran empeño por la señorita profesora Maria Appendi, propagandista en México de la
lengua italiana.
CONFERENCIA
ITALIANA

En la Secretaria de Comunicaciones
se ha declarado que hay grandes posibilidades de qne en breve · se reanuden
las obras del hermoso Teatro Nacional,
proyectado por el arquitecto Boari. En
caso de que continúe la construcción, mil obreros serán emple_ados en las obras, a fin de dar cima en el menor tiempo posible
a esta magna fábrica., en la cual ya se han invertido quince millones de pesos.
LA TERNIINACION
DEL
TEATRO NACIONAL

En la última junta celebrada por el
Congreso Local de Estudiantes, se acor•
dó nombrar una comisión que, en nom•
bre de aquel gremio. recibirá al escritor
argentino Manuel Uga.rte, próximo a
llegar a esta capitfl.l. El señor Mariano Nagore, llevando la voz de
los estudiantes, irá a Veracrnz a saludar al prestigiado literato.
Otras varias personas y corporaciones se preparan también :-1,
orgHnizar manifestaciones en bomensije a UgartP.
CON\ISION PARA RECIBIR A
NIANUEL UGARTE

RECITAL HAYDN

La audición estará dedicada a Haydn, de quier¡ se ejecutarán
obr&amp;a selectas, por la. Orquesta Sinfónica y los coros de la Escuela
de México.

PEGASO

PEGASO

Pa11a subsc11ipciones diríjase
al apa11tado 1408. rn

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TEATROS Y CINES
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EN DONDE SE CONOCERA LA

Guillermo Shakespeare, ahora da .revistas y .vaudevilles, dosifica

OPINION DE UN AMIGO DEL

la tragedia en marcospour rire, y nadie hal1ariaun soplo de Anti·
gona en la S11'iá Pat11_.o de «La Sue:rte .Penan, ni a Ofeli&amp; en la he-

CINEMATOORAFO • · • · • • • • •

El cinematógrafo-dijo ..mi a.migo Pánfilo, mientras que en la.
cándida. pantalla erigfa an triunfante bellezary su arte eminente
Vera Vergani-...:el cinema:tógrafo ha. derrotarlo a los foros, y el fracaso de Is.a bambalinas y los bastidores es una. cue@tión que ie Ji_
quidatá muy pronto; la película se acerca a los limites de lo per·
fo.oto y su triunfo, ahora debat-ido por los empresarios Ylos amigos
de loe empresarios, está próximo a ser indiscutible.
-¿Cree usted-repuse-que el arte teatral se acercit. a su 61timo
capit,n lo Y qne dentro de poco tiempo se le harán funeri:1les y ee
le c0loca-rá una lápida conmemorativa!
-No; el tea.tro no va a morir, lejos
va a renovarse;
poco a po.co se
hará menos ficticio y sus escenarios, cuya
utilería es una
lamentable y
estrecha imitación de la verdad, se traslada1 áo a los sitios que preci
samente deben
corresponder a.
cada acción y
a determinados
Actrices y tiples que fungieron de reinas
en la novillada que a beneficio de la
per&amp;onajes,y ya
Cruz Roja se verificó la semana pasada
no nos veremos
en la Plaza del Toreo.
torturados &amp;
mantene:rnos
en esa odiosa simulación con que finjimo·s aceptar las tiradas de nn prólogo de 'Beuavente, los frecuentes &lt;&lt;aparte·s» de ·cierto¡;:¡ auto.res, los mares extátioos que nunca mueven sus olae de
brocha. gorda, los bosques c~ya.s b~ju eitás pa.ralizadas, lAs montañas que se asientan en un piso de tAbla.s macbihPmbradas, la
impertinenre «c1.mcb1rn de don.de se escapa. la desapa.sible vuz de los
ap.untadores y los reflectores que arrojan Juoes de anilina en lss
escenas patéticas y en las poses de las primeras ti.ples. Ut1&amp;ed cree
que el cine es un articulo mercantil y que el test.ro es una mani•
festación de indiscutible carácter estético. Nada más discutible:
el cine, que comenzó por divertir a los cbicoa y a la.a niñeras, con
E)l .Dia.blo en el Convento y La Serpentina de Loie FiUler, -que pasó
después a la pastorela y al folletín, ha acabado por acoger a los
artistas mis eminentes de la escena y a loe mis ilustres hombres
de la. pluma; el .teatro, que tiene el ilustr.e abolengo de los si.glos,
que mantiene imbouablee l'a:s sombras inmortales de "Esquilo y de

rirlo de una. roan era g.eneral a todo el mundo y I aP-1, coneide!larlo
como u.n arte cuyas manifestaciones son evidentemente supnio.rea a h,e del cine, y mucho más perdurables.
-E ➔ verdad . .Ah.o ra mel'e'lier.o a México; aquí, las circunstan•
cias hicieron decaer al teatro, y-si éi:ftas no cambiaran muy pronto, el público acabará por pon.e rse aeI lado de loe ci1;1es, q~.~ :i;:ios
traen ,una visión deJos .gr..a.ndes .a.r.:t,istas y nos acercan a eHos, .con
más facilidad que la que brindan las empre~as't¡t:1edan espeatáculos inferiores y a precios inaccesibles. Provisional mente y con permiso de lo que qpinen los .empresanios, sigo creyendo que el cine
domina .e n México, {811 loa .bolsillos y en los espíritus.
Yo asentí a lo que me .decl&amp; mi amlgo Pánfilo.
L_¡.;óN Jil.El!REO.

-Me parece que tn mujer se pinta demasiado.
-¡ Que si se pinta 1 En tres aiíos que llevo de casado,
no le he podido ver la ,cara.

__.. ... . . .............. ... . .............. ...........................................
,.,, , ,,, ,,

, ,.,, ,

"

·I\ 40 MINUTOS SE ENCUENTRI\ LI\ FELIC10AO
ES MUY SENCILLO TENERLA

ANGEL

l

INN

...,......,",........._,,.......................,,......,,,,,...,,,. ,,,,,,,,,,.,,,.,..,,,. ,,,,,,,,,. ,.,,,,..,,,.,,,,,,,,...,.,,,,,,,. ,,. ,,,,,,.,.,,.. ,,,,,,,,.. . ,,,...,...,...,,,_,
,

14

Equipo del "Junior"

parte de los vencidos, su capitán Alfredo B. Cuél\ar, en el centro,
atacando siempre con oportunidad y decisión; Félix del Canto en
el a.la. derecha., centrando siempre bien y tirando magistralmente
pn corner y el goal keeper, parando muy bien un penalty aplicado
al «A. B. C.n
Dtil ((Junior)) sobresalió Abigail, en la defensa, jugando con la
oportunidad que le cuacterha, parando admirablemente un corner del «A. B. C » y evita.ndo en más de una. ocasión que los con·
trarios llegaran a la meta de su eqnip0; Alexanderson y Ferreiro,
a quienes también anota.moa muy buenas juga.das, y en general
todos los jugadores, estuvieron oportunos, combinando con acierto
y JMV&gt;idc&gt;-,7, y contrarresta.nrlo con eue,rgía los vigorosos ataques del
((A, B. C.n que varia.a veced los pusieron en aprietos.

notarnos carga.a fuera del lugar y dadas por detrás, off s-ides quepa.
saron inadvertidos etc. etc.
Además, nos llamó la atención el que el Sr. García de León, del
uTacubaya,,, pateara alto cuando la bola venía a ras del suelo, lo
qne o,iginó que MontBñ o, del &lt;{Mixcoacn, recibiera una patada en el
estómago que le impidió continuar jugando. Estos golpes son explica.bles cuando la. bola viene por alto, y ae encuentran dos contrarios para recibirla, pero son inexplicables, al menos para nosotros, cuando la bol~ viene rodando, como aco!lteció eJ el caso.que
nos ocupa, Nos abstenemos rle hacer comentarios, limitándonos
a relatar simplemente los hechos, reservándonos para el próximo
domingo, que volverán a jugar estos dos equipos, el dar nuestra
opinión, put::s siendo la imparcialidad nuestra norma, queremos

___

PEGASO

.Momentos interesantes en el juego
Durante el segundo tiempo hubo una ligera interrupción debida
a.la discusión del .penalty aplicado al uA. B. C.n, la que terminó
con la int»rvenoi{&gt;n del capitán del uA.. B. C.n Sr. Ouéllar, ordenando a eu equ.ipo acatar sin discusión las decisiones del referee.
Felicitamos al Sr. Cuéllar por su actitud, pues las decisiones del
referee deben ser inapa~ables cualesquiera que sean.
Ilustramos estas lineas con las fotografías de ambos equipos,

.,,._.,

.........,..,.,,,,,,,_.., ............,,,,,,,,,,,,,...

esperar aqueel próximo juego nos baga confirmar o modificar la
opinión que tenemos formada.
El próximo domingo están anunciados los siguientes juegos:
En la mañana. s. las 10.30.
c(Mb:coac)) y uT:HmbRya)), eu terrenos del uMixcoac))_
nlngenieroe), y «Williame)1 1 en terrenos del ((Willia.msn.
uMedicinan y uLa Internscionaln, en terrenos del uPreparatoria),.

-■No■1 ................. ,■1U11••"11•1m•111m••11111•"1"11•1111 .. 1m1H•m11•••"•""""'''"''"'''' .......... ,,.,,1•11tfl101•11•1••0111•••1•111•"11tt1•1111•11m• 11•••11u••Ht&lt;■111111•••••••••••••••••••11•0111t110"1••111•••1ttl11••m11110,••1■ m••• ..•• ....•••

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Equipo del "A. B. C."

Actores y periodistas que tomaron parte
.e n la fiesta

-

SAN

proponiéndonos publicar sucesivamente las de los demás equipos
de la liga actual.
uTacubaya)I contra ciMixcoacn, tablas -por cero a cero. El «Tacubayan pone cátedra ......... de jugadas sucias.
Muy deslucido resultó este juego debido a las. m6ltiples faltas
del ((Tacubayau, que durante todo el juego estuvo infringiendo las
reglas siendo llRmados al orden por el referee, pues varias veces

roína lacrimosa de «El Puñao dt, Rosa.a»,
1
¿Cree usted que en México, Sin el cinematógrafo, reconoceriamos ni lejana.mente uno de los g.est.os de Mounet Snlly en los que
noe ofrece todas las moches el recomendable ePñ11r Mntio? ¿PrPfie•
re usted oir La Mujer de Loth. por un peso, l!Jl Hombre del Pueblo,
también por un pesa; la 11farandola11 ¡Ry! de Los Molinos Cantan
y sufrir la literatura consiguiente, a ver a Franceses. Bertini o a
Asta Nielsen, por veinte oen.tavos, con buenos argumentos y con
arre~los escénicos excelentes?
-Usted, amigo Páofil:o, tiene una. opinión unilateral sobre el
c'boque del arte teatral y el del cinematográfico; sus ideas refié·
rense únicamente al as.pecto contemporáneo y mexicano de la
cuestión; pf'ro al tefltrn no.bRy qneju2garlo a,t es necesario refe-

........."-''".........................,-.................,......,,__ .,...,.......................,....,,....... ...........,.......,........_....
1.,,,,,,

EJ ,Junior,, venoe•a1:uA.!B. C.n por;dos ,goals contra cero.
Ante numeroso p6blico se celebró el domingo pasado, en terrenos del ((Juníorn, el match:entre los teams ((Juniorn y uA. B. C.i)
qae Jorman una de las combinaciones más a.trayentes de la liga
actual.
Por demás ·r eñido e interesante resultó este juego, pues ambos
c1dba estuvieron animosos y trabajadores, distinj?'uiéndoPe por

1

LA

CORSETERIA

FRANCESA

EMILIO MANUEL Y
AVENIDA

CIA.

16 DE SEPTIEMBRE

NUM.

65.

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- - . _................. ,., •.,,,,111•••••n•••••••••"''"'•••••••••"'''"'•''"'••u•••••••••••""''"'''''''••••••••••""'"'"'''''''"''''''••••11•••""'"''"'""'" ,,.,,,,.,,,111101,,,,,,.,,,,,,,.,,.., •.,,.,., •.,.,,,.,,,., •• ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,.,,.,,,,11••

PEGASO

�~1111111111111111 IIII Ulll lll llllll llll lll lll llll llffllll Hll III IIUI 1111111111/~\l 11111111111 IIIUllllll lll 111111111111111111 H1111111111111111 III III III III IIII/~

=

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VARIEDADES

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V

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Pianos

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~/111 IU llll llll ll ll lll llll lll ll lllll lll llll 111111111111111111111111111111111111\~ ~/JIIIIIII 11111111111111 11111lll lllill lll lll 1111111111111111 HIIUHll 111111111 I\~

JUAN DUFRESNE -Uno de loa autores alemanes más fecundos _ y de los autores mis fuertes (Juan Dufresne,) murió en
Berlin el l8 de abril del año próximo pasado a los 84 años. Contemporáneo de Anderasen, con el que jugó un gran número de
partidas, no tomaba parte desde hace mucho tiempo, en las luchas intarnacionales, contentándose con ser historiador de ellas.
El número Qe obras de ajedrez que publicó fue considerable: teoría, colecciones de partidas, pequeños manuales, trl\tados completos, problemas, todas las fases del jnt&gt;go las·expuso y trató con
ciencia extremada, mereciendo algunas de sus obras los honores
de varias ediciones.
Al morir, Dufresne erll. redactor de la columna de ajedrez del
diR-rio ((Deber La.ad 11nd l\feeni.
Como una muestra. de sn juego brlllante y hermoso, repi;oduci
mos el final de una partida que jugó hará próximamente 50 :1ño"'
contra el célebre maestro D. Harrwitz y que ganó de una manen1
magistral, mediante una magnifica combinación.

AUTOMATICOS,

El cine en México
Ha quedado definiLivamente establecida en e&amp;ta capital la com•
pafiía que para tomar películas cinematográfic'as estaba organizando hace tiempo Mimí Derba.
El grabado que pnblicAmos . hoy 1 representa. un momento en

Pianos
ELECTRICOS,

Pianos
REPRODUCTORES,
1

Pianos /s cola
AUTOMATICOS

FINAL DE PARTIDA
Blancas: -J. Dufresne. Negras: D. Harrwitz.

Los últimos modelos.

Posición despllés de la jugada 21 de lat1 negras.
Bl~ncse.-P 2 T D. T 1 T D. A 2 CD, D 2 A D C 5 D. I' 5 R,
P 2 AR, R 1 C R. P 2 C R. T 3 C R, P 2 T R (11 pi"'-"')·
Negrit.s. ~ '1"1 'J''J), P 21' O, P 2 CD, A 3 CD. P :~ A D, 'l' l AR

P 2 AR, R 1 C R, P 2 C R, b 3 C R, D 5 T R. (11 p,ezas).
BLANCAS

El mejor mecanismo.

NEGRAS

22 C 6 AR j.
23 T x C j . ~
24DxPj.
25 p X p
26 D x T
27 R l T
28 T 1 C R
29 D 8 R
30 P 7 A

22
23
24
25
26
27

Px C
P x T
R 1 T
T 2 AR
T 1 CR
O4CR
28 Ax P
29 R 2 T
Las nPgras a.handonan.
SENECTU:,

Partida número cinco
CONTRA GAMBl1'O u¡.; FAl.l,KRE~;H..

BLANCAS

NEGRAS

f1A RDrFJ'

BRíSTOT,

-----

- -------

'

-- l P·4- R
P 4R
2 Pi D
P 4 AR
P x P D
3 P5R
4 P3A
A 5 C j.
f) 1:' :&lt; p
5PxP
6 ]) i\])
o A. 4 T
7 P 4 A
7 D 3 D
8 A 5 C
8 C2R
9 D6 D
9 0-0
10 T 1 R
10 A 4A j.
11 D 6 A j. !
11 R 1 A?
12 P x D
12 A 6 T maLe.
¡U aa miniatura brillante, jugada por correspondencia entre dos
C':lnh!ól rl.e primera. fnerza !

1
2
3
4

((Meyer y Huerta)) e (1lngenieros B.)) en terrenos de 1,Meyer y
Huerta11.
Por la. t1nde a l~s 3 30.
((Luz y Fuerzan y c(Palacio de Hierron, en terrenos de «Luz y
Fuerzan.
({A. B. C.n y !(Juninrn, en terrenos del.nA. B: C.)1,
((Prepara.torian y (1J uárezn, en terrenos del 11Preparatoria)1.
(()filitarización)) y ccNorrnaln, en terrenos del ((Militarización)),
11PEN.ALTY KICK&gt;i.

16

que el operador, bajo la dirección del señor Joaquín Cos81 imprA•
t'liona una película. muy interesante.
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PEGASO

2.25

3. 75

2.20

4.00
2.20

3. 25
1.90
2.20
2.20

1 60
2 20
2.20
2.20

~:ftt~);1.,.• .

_._¡_·:.:•·.-·-··•·r·····!,',

[~íª?iifA

plano inclinado en la for·
...,·, ma que indica el dibujo.
.••• ·1
Estesistemaofrecetam•
· ··' bién la ventaja db impedir
,
que se levante polvo, y a•
demás, no deja que el carbó11 obstruya las portezuelas impidiendo cerrarlas.

La ~ntorcha que reproduce nuestro dibujo es
muy ut1l para el campo. Para hacerla se necesita un trozo de ca!lería de unos cuantos centíme.
tros de diámetro por quince de ancho, con rosca
en los extremos.
En uno de estos se atornilla una tapa y en el
otro una reducción de cuatro centímetros por dos
para aJustar un tubo de este último diámetro.En
este tubo peque!lo se pone la mecha, que puede
ser de algodón torcido. El · aceite o la grasa se
echan ene! tubo ancho. El mejor coBJbustible es
la grasa o el aceite común.

El tiempo y los grandes hombres.
·schiller ha dicho : "La misma eternidad. no podría recobrar los minutos ya pasados.''
Dante: "el perder. tiempo a quien lo tiene da más espacio.''
'
Shakespeare: "El tiempo camina con diverso andar y
según las personas. Con algunas va al paso, con otras' al
t~ote, con otras al galope, y finalmente, con muchas se
para."
Lord Chesterfield: '' Por todos los instantes perdidos,
hay otras tantas cuahclades y Yentajas perdidas, mientras
cada IDOll)ento bien empleado 1 significa el tiempo sabiamente colocado, y a un interés enorme. 1 '
Goethe: ''¿Habla uno seriamente? Pues entonces afé.
rrat~ a ·este minuto, y lo que tú pienses o vayas a hacer,
com1énzalo sin pérdida de tiempo.''
.
Thackeray : '• El corazón humano es corno la máquina
de un molino: si le metéis trigo, pronto lo reducirá a har1na; pero si nada le lleváis, continuará girando en el
,·acío y reduciéndose a polvo a sí mismo. n

Una pa,pelera sencilla.
La fabr~ca~ión de una papelera como la que se ve en el
grabado s1gmente, es cosa sencillísima.

e

En un trozo de cartulina o de cartón delgado se traza
y se recorta, ampliado a las dimensiones que convenga ,'!l

patrón que reproduce el dibujo.

'

�VII
.:,

VI

LOS SANATORIOS MODERNOS

MUY PRONTO
SE PONDRA
A LA VENTA

Una nueva manifestación de la actual cultura.- PEGASO hace una visita informativa
al Sanatorio Quirúrgico del doctor Moreno.
La civilizaci6n moderna, transformando todas las roo· traen a la imaginación, no la idea de enfermedad, sino la
dalidades de la actividad humana, tiende a crear constan- de la salud y bienestar.
Las salas de curaciones y de operaciones con sus autotemente nuevas y nuevas manifestaciones de su evolución
claves,
sus mesas de operaciones, sus servicios modernísique adaptan las necesidades del hombre a las tendencias
agua y calefacción, su grande arsenal de instrumos
de
que produce el ascenso de la humanidad hacia su mejora·
mentos quirúrgicos que se vislumbran ante la transparencia
miento social.
Ninguna manifestaci6n más importanse en este sentido de los cristales de las vitrinas, dan el aspecto de un laboraque las transformaciones radicales que han sufrido los torio científico.
El tocador elegante y lujosamente amueblado más pare·
establecicimientos curativos.
cía
el Boudoir de un palacio aristócrata que el sitio donLa actividad moderna no permite el reposo, no permite
el estancamiento; la lucha por la existencia es intensa. Si de se asean los enfermos de un hospital: ante un soberbio
antiguamente un in- tocador de mármol de Carrara blanco encontramos todos
di vid uo enfermaba, los elegantes bibelots y chucherias necesarias para la toilet~
dada la escasa inten- te de una dama o de un caballero com'il faut. Un elegante
sidad de la actividad Parloi1· de severo mueblaje donde los enfermos pueden
de la época, le era recibir sus visitas, trae a la imaginaci6n las cultas conver·
permitido retirarse saciones y el finísimo trato de los aristócratas modernos.
temporalmente de la Visitamos también la Capilla, aun no terminada, en donde
vida activa y privll• el Redentor del Mundo surge en medio de un altar de des•
damente, en su ho- lumbrante blancura; el recinto inspira recogimiento, paz
gar, era atendido por e ideal, que tan necesario es para todos los que sufren.
Entrevistamos al Dr. Moreno en los momentos quepasus familiares. Ahora todo hacambiado. saba visita a sus enfermos y que bondadosamente contest6
Un hombre enfermo a todas nuestras preguntas: ¿Qué cualidades debe llenar,
es un atrasado, uno le preguntamos, un Sanatorio moderno?-Las condiciones
que detiene su movi- que he procurado llenar aquí, nos contestó: se debe ahumiento, es una rémo- yentar de los enfermos, por todos los medios posibles, las
ra, un obstáculo para ideas lúgubres y tristes que despiertan en ellos sus sufrisus familiares que a. mientos, por eso he procurado que abunden aquí las flores.
su vez tienen que sus· la luz y los colores claros: la experiencia me ha ensefiado
pender sus activida· que no hay peor enemigo de un enfermo que el desaliento
des para atenderlo. que le producen las caras tristes y los paisajes sombríos.
De esto ha tenido que Además se debe atender preferentemente al servicio cuisurgir necesariamen- dadoso de los asilados; aquí tengo especial atención con las
te una nueva mani- alimentos que todos son sabrosos y nutritivos a la par que
festaci6n de la mora- sanos, lo mismo que con el personal de médicos y enferme·
lidad social: &lt;El Sa- ras que vigila constantemente a los enfermos. ¿Qué ope-.
raciones de importancia ha efectuaao Ud. en este Sanatonatorio&gt;
El enfermo moderno no se atiende en su hogar. Los 'ho- rio?tornamos a preguntar.-Muchas, nos contestó,-pasen
gares actuales tienen también el sello de la época, la mar- Uds. Y conduciéndonos nos llevó a la Sala de curaciones
ca. de la actividad, en los hogares modernos no se vive, se donde nos mostró, sacándolo de un frasco, un metro de intransita, como en una estaci6n en que los viajeros descien- testino que había resecado tíltimamente ~- un grueso to·
den momentáneamente para volver a tomar el tren que mor que había extraído
pasa a toda máquina; no está acondicionado para la enfer- de la axila y que lucía
medad. ni para la calma. El enfermo tiene que buscar le· su monstruosa deformidad conservado en alcojos de él el reposo que necesita para :volver a la lucha.
Por otra parte la ciencia haciendo cada vez más nuevos hol.
No queriendo molesdescubrimientos que necPsitan diferentes objetos e insta·
la.ciones de que hay que rodear a un enfermo, y que no tar· más nos despedimos
pueden de ninguna mánera existir en los hogares. Sólo en y salimos del SanatoestablPcimientos especiales se pueden reunir todas las con- rio, llevando una im·
presión que no esperádiciones.
PEGASO, queriendo hacer un artículo informativo de bamosencontrar. y penlo que en este ramo se ha hecho en México, ha visitado samos ya ante nuestrit
varios establecimientos de esta clase, deteniéndose espe- mesa. de trabajo: iQué
cialmente en uno que a su juicio reunirá dentro de poco tendencia tan marcada
tiempo. cual ningún otro las condiciones que exige la ac- la de la humanidad de
tual cultura.. ~os referimos al que ha establecido el Dr. ir hacia la dicha, hacia
el placer, de ocultar to·
Donato Moreno. en la 1\J. calle de Bucareli.
iQué diferencia entre un Sanatorio moderno y los anti- do lo que sea triste, toguos hospitales de que hablan las le.rendas, y que para do lo que sea repugnan·
ludibrio de la época aun existen entre nosotros! En ellos te. Así como el homtodo era triste, todo era lúgubre: desde el olor que al en- bre civilizado oculta rns perversidades y sus muecas d
trar se respiraba de drogas infectas y gente aglomerada, dolor bajo la sonrisa de exquisita finura que se acostum·
h11.sta la f1dta de luz; el decorado lúgubre y serio que era bra en el trato social, así los médicos modernos nos oculel adorno obligil.do de los establecimientos de esta clase. tan nuestras podredumbrE&gt;s y nuestras enfermedades ba."
Aquí todo es luz y alegría. Los departamentos de los en- las gasas y cortinajes de una sala de enfermos lujosamen
fermos elega.ntemente amueblados, con colores alegres, 11.mueblada. lo mismo que la llaga hedionda bajo la desalbeando de limpios, relucientes los mueble~, recuerdan, lumbrante blancura de un lenguaje estéril.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Pegaso, Revista Ilustrada</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>~

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GRABADOR:
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COLABORACIÓN:
Max. Henríquez Ureña.
Genaro Garc-ía.
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Carlos González Peña.
Ignacio B. del Castillo.
Manuel Herrera Laso.
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las crisis económicas más agudas-pJ &lt;lía tPjP las hol'as en
:-.ns tPlar&lt;&gt;s &lt;lP marzo alegrp ~, gt&gt;ntil eomo lo hacía tü·mpos atrás, c·uando el honcladoso 111cH•stro don ,Jnsto Siena
ronY&lt;•rtía el l\IinistPrio ('11 un At&lt;'tH'O pant dicha &lt;le los
poPtas famélicos :v donde los proYin&lt;'Ümos nos topábamos
con 1m A.polo compa·siYo en t&gt;l secn,ta1·io parti&lt;·nlar ~· ron
1111 citareda en rada covarhnrlista.
Entonces la hora más voluph1osa11u•11tl• gustada p1•a la
,lr las once. ~o, por cierto. post 1111 riilio111. a pt&gt;sar &lt;l(,J glorioso adverbio. Sino la ele las oncP clt• la maiiana. &lt;'11 qtw
las a ,·rnidas a rrastl'au el bullicio &lt;fo la vida ciudatlmrn
centralizada Pll PSe inquieto tl'amo 1111•1lido ga~·amrnt&lt;' por.
la tp1•sa cinta métrica ilel Dnq11t• Joh: "DPsdp las puertas (lP l ,a Sorpresa hasta la &lt;•sqniirn dl'l -Tock1•.,· Club ... "
La ho1·a en que las mnjeres vau a comp1·al' sus quincallerías: f&gt;ll que los fifís C'studian pPrsTwcti\'a en los tonos evanescPntes &lt;le sus chalecos: l'll q11l' los hmdús. al trote&gt; de
los alazaiws o de los npgros. ineeen PI t&lt;'clio dt&gt; las clamas
adinerarlas. tumbadas en lo~ &lt;'Ojiiws c·on ¡wn•zas ci·iollas
&lt;le S&lt;'rpientes bajo manglart&gt;s: la hora C'II qll&lt;' dPsfilan las
más hermosas caderas de la c·ristianda&lt;l pa l'a &lt;lelicia de
libertinos &lt;'ll disponibilidarl ? consuelo (lp viejos rumiantes: la hora litnrgica, en fin. 1·11 1¡11c los /1011rs rn11 a"'hr·brr.
romo &lt;'n el JlOPma &lt;l&lt;' '' La LP)'f'IHla clt• los 8iglos. ''
Efeitivarnrntt•. Pan1 la tplrnida d&lt;• la provincia. co11tplica&lt;la de una Trapa &lt;'n cu)·a, infini1a gazmoñ&lt;&gt;1·ía piafaban de impaciencia rmtusiasmos 1k vi\'ir ~· &lt;l.t·s&lt;•os juveniles, el espectáculo del bar pra la tinra rlP promisi,ín
&lt;le mis ansiedades israelitas. Al lí 111&lt;• Pnéontr(. con hombres a quienes mP había acost11mhn1&lt;lo a \'Pt' dt&gt;sd~ ].,jo,:
como hechos de un bano sun&lt;•t·ior. qui• positirnmente ha
blaban y bebían como cliosf&gt;s. T1a sombra !frica de lc1s nwlenas. apenas atennaha los C'olo1•ps hrillanfrs &lt;le lo-.; 1·0,·kfails ~· los whiskeys. Y el aire capitoso se aligc•raha 1·01 1
los drcires gallardos y con los i11111m111 ptus felict&gt;s d&lt;· la
compañía. Era mi hora pr&lt;'fP1·ida. Las fra~ws embt·iagaban tanto co1110 los vinos y &lt;&gt;1 rPmoto 1.ot'oastro 111e conquistaba a su culto, frente a aqt1Pl sol llanwantc&gt; el&lt;&gt; mis ,·!'inticinco a_ños, que ponía esmaltPs de pit&gt;dras p1·ecio,¡¡,; en
las basuras del asfalto y trazaba eaminos de oro l'll los
ojos de las mujeres. Yo sentía t•n mis muñecas el ¡v ilso· ,lt&gt;
la ciudad ~orno una Cleopat ra d&lt;,sdeñosa. pero pal l'Íl,,n.
te, y pedía a mi destino 1111a fórrn11la mágiea para '"•wlavizarla, para amarrarla aunque furra b1·ev&lt;~111entP. a los
potros salvajes de mi desPo. :,:,í. Ent mi horn pn•ft•ricla.
L a ora en que bajo los cabellos negros, Sl' sienten latir
todas las posibilidades. La hora sacra de] Sol Pll guninis

P.

FBEL.

_v &lt;'1 alma &lt;'11 primavPra. La hora litúrgica &lt;'11 qn&lt;' los leo1ws Yan a lJPber.
Ahora nw trabaja la disprpsia. ::\fi médico, C?nfalrnla110 con mi mnjPt', me l'l'&lt;'Ollliencla la tt&gt;lll!H'rm1c1a ~· !J~ll'
llll' alinwnte a mis horas. Los años madu1·os dict&gt;ll lo mismo. l Qué hacer? A fortuna da 111Pnte, la cinclac1 tiene . cousu&lt;&gt;los para las &lt;'11Prgías quP clandican y sabe. encammarml&gt;. al atardecer, l•Qmo una Antígona familiar, a los_pan!Pones, únicas col&lt;•ctividaclcs qu&lt;• se 1&gt;scaparo11 de' la votación el último domingo. Allí \'11elvo a cncontl'ar la paz
,. &lt;•1 sile11C'io qm• antt&gt;s ;ran enemigos de mi mocedad, con
la ventaja el&lt;' la eompañía (le los mármoles, c~1ra S!.'rena
lwlleza S&lt;' acu&lt;&gt;rda admil'ablementP con &lt;'1 clPclmar éle un
profrsor de liten1t11rn &lt;'11 receso. La substancia grata a
los dioses Y a los h{•ro&lt;'s S&lt;' llC'na de• prestigio:-; en la ho1·a
c1·r¡rnscuh1;._ cnarnlo el Sol se oculta tras la torva cortina del A,iw,eo, eomo nJJ ITuitzilopoxtli cub_ierto de san. g-re. La luz qn&lt;' S&lt;' aleja poro a poco de la tierra rn estas
ya peraminosas tar&lt;1es marcinas, apo~·ámlosC' en los h·one•os de los árbolrs, deteni(&gt;11close 1'll &lt;'1 1·rco&lt;lo de cada sen&lt;l!'l'o. aeo1·tan&lt;lo p} paso c•omo nna cou ,·aleciente, a lo largo &lt;le las wrNlas 1lornl1' sl' prolonga la silueta elegantt•
1le los cipt·est&gt;s. pat·&lt;'CP ,1t·m·icia:· eon sus ma.nos dC' eer_tt
las figuras que p1·t•si&lt;le11 con actitud&lt;'S compasiv~s Y s1~phcHtorias, el largo sul'ño 1lt• los quP fnrrpn. ~,a piedra_ 1lust1·&lt;• pane&lt;' tonrn1· una Yirla J)l'Opia con PI naufragio dl'
la lnz. Robn' l!1 s111wrfiriP pulida &lt;lPl rnill'lnOL que se redornl&lt;&gt;a ha 1·1110niosam&lt;'nk Pn los hombros &lt;le las rstátnas
y &lt;'11 los fnstC's dP las columnas, ambnla un supremo resj1landor s11gp1·ente ele la 111atP paliclC'z de los lirios exangiiPs, ~- (lp las ca t'll&lt;'R glo1·io'las poi· blancas. Y &lt;'11 las ma~as YPr1li1wgl'as (11• los ál'holP'i, la mirada se pn&gt;nclr largalll&lt;'llÍ&lt;' a psa ¡w1·sisknfr hlancun1 donclP S&lt;' ex.t&lt;'nÚan los
crrpnsc-11 los .,· S&lt;' d tt&lt;'l'llH' la luz ele 1H tanle. La ho!·,~ el&lt;•
los 111fÍ1·111olPs PS ahora ltli ¡wpf_p1·ic1A. para tra11q1nl!da1l
dP mi disp1•psia. Y si h&lt;' lkrndo a mis leeton'S a la silf&gt;n1•iosa C"i11dad d1• los m1w1·tos. enlpl'll a ht Repnhlica, qu&lt;'
ha siclo hÜ'n parea hasta ahora para prodigar !'l ¡wntélieo c•n otras pa1·t&lt;•s. Apeuas 1111estro ,Jnánz de mármol platll'ª su glo1·ia sohrl' la fronda ele la Alameda . ~· _Hm1~holdt &lt;'ll los j,mlinPs &lt;l&lt;' la Biblioteca, fr1111ce s1gmfiea~1, illlll'lltP PI l'llll'('('(',ÍO. "\o ha~- manera. ('11 COl\S!'('lleDCla,
· dP apreciar to&lt;1os los prodigios qu&lt;' &lt;&gt;l Sol azteca siembra en
la pieclm g!oi·iosa. \'ivamQs !'.011 la C'Spe1·anza de verla floJ't•e&lt;•t· COJ)ÍOSéllllPllÜ' ~n llll('St1·os jardinPS ,\' paseos, purificando el ail'e co11 la sol&lt;&gt;11111ida&lt;l &lt;lP sns lí1was. A sn s0111h1·a nobh• pod n•mos ohida r las vi&lt;•,ias cicatrices. La hora
dl' los múrmoles l'S piadosa como un opio sutil. Oculta misp1•icon!iosamc11tl' los arnl t·ajos ¡]p púrpura dt&gt; la .iuven1llll &lt;lestrouada.

PE.GASO

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Cuento Semanal de "Pegaso"

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=11,111111nuu1n1u11111111nu1!

EL RETRATO

EL IDEALISMO MORAL DE FRANCIA
POR, cANTONIO CASO

Por MANUBL TOUSSAINT.
Eep,,cial para PEGASO.

se efectuaban, donde el discreteo y amenidad en el trato
competían con el lujo de colores y de perfumes delicados, creí que la vida era bella; y lamentábame de representar a un sér humano y no haber vivido nunca. Dios
oy6 mis quejas por mi desgracia, pues me permitió
abandonar mi cárcel. Dejé mi mano, dejé el paisaje que
jamás había visto por estar a mis espaldas, y me lancé
an lA. corriente del mundo&gt;.
&lt;Y en el mundo conocí todas las amarguras de la vida;
vi al padre renegar de su hijo y al hijo blasfemar contra
su padre; vi la traición premiando los afectos más puros, y al amor ofrecido en gratitud al escarnio; vi que
los hombres se afanan en no comprender a sus herma·
nos y que si los comprenden es para herirlos mejor. Oí
por doquiera lamentos, y noté con sorpresa que la muerte era el más frecuente de los deseos&gt;.
&lt;Horrorizada. abominé de la vida que era antes mi
ambición y torné presurosa en busca de la tranquilidad.
Mas el cuadro había desaparecido. Por más que inquirí,
nadie supo informarme de él; sin duda, el paisaje pintado de memoria que me servía de fondo no era de bastante
interés. Quizás lo destruyeron, quizás lo enaj6maron&gt;.
&lt;Desde entonces ando errante por la Tierra. Soy inmortal y desgraciada; mi perpetuo anhelo es encontrar
el apacible refugio de donde nunca debí haber deseado
salir&gt;.

Siempre que veía la ridícula ·figura de la anciana., dábanme deseos de reír; con todo, gustaba charlar con ella
oorq ue su aspecto era una viva reminiscencia de tiempos
lejanos, como un cuadro de Holbein o de Franz Ha.Is.
La extravagancia de su rostro correspondía exactamente a la inquietud de su espíritu. ·
De los pocos seres conque hablaba la vieja criatura, yo
era, al parecer, quien más confianza había logrado inspirarle. Recelosa con todos, empleaba su análisis minucioso en desmenuzar pacientemente cuanto se le decía,
y ella, a su vez, derrochaba gran tiempo y cuidado en
escoger sus palabras. Un día halléla más triste que de
costumbre. Su respiración era fatigosa como si hubiera
recorrido grandes distancias. Cuando me vió tendi6me
displicente su huesuda mano y después escuchó distraí·
da mi charla, como si algún pensamiento la atormentase sin cesar. Al fin, interrumpiéndome, comenzó a ha·
blar con su voz lenta, de cadencias superhumanas:
&lt;Habéis sido bueno conmigo y yo quiero recompensaros con lo único que poseo: con la singular historia de
mi vida. Para vos es muy poco quizás, pero ninguno la
ha escuchado ni la escuch11rá de mis labios&gt;.
&lt;Sabed que no soy un sér huma.no, mortal y variable
como todos los que nos rodean. Mi origen es muy extrano; mi naturaleza es un misterio. Yo soy un retrato pintado al óleo, y adornaba el sal6n de uno de mis descen***
dientes. El pintor que me hizo-y no puedo pensar en
Poco tiempo después, la anciana se despidi6 de mí paél sin resentimiento, pues por su afán de imitar servilmente a la naturaleza dióme tan poca hermosura como ra continuar su interminable vagancia.
Dios a la dama que represento-nunca pensó que su . Y me quedé pensando en que hay muchos seres-yo
obra adquiriese tal vida que fuese semejante a los mor- conozco muchos-tan fuera de su centro, tan desacor·
des con el medio que los rodea y a la vez tan inquietos,
tales&gt;.
&lt;Aconteci6 que desde el interior de mi marco, sin más que parecen andar buscando constantemente el cuadro
informes que las brillantes tertulias que a mi alrededor de donde surgieron a la vida.

la visita de Salvador Rueda

nes hubo juegos deportivos en el HipódromodelaCondesa,
organizados por el
gremio estudiantil,
El popular poeta
y por la noche los esespaf!.ol Don Salvatudiantes dieron un
dor Rueda, que es
rumboso gallo frente
huésped de la ciudad
al .Hotel Gillow, reside México, ha recibidencia del poeta. El
do numerosas manimartes, 111. Sociedad
festaciones de µart ·
Ariel le dedicó una.
de diversos grupos
fiesta, en la Acadeoficiales y privados.
mia de Bellas Artes
El último domingo
y durante la ce remo·
se le dedicó una ma
nia leyeron compotinée en el anfiteatro
siciones literarias
de la Escuela Prepalos jóvenes don Arratoria y en ese acto
turo Martfnez y don
leyeron trabajos lite·
Carlos Pellicer.
rarios los sen.ores a·
La tarde de hoy
Salvador Rueda, al salir de la matinée en la Preparatoria
cadémicos don Maserá invitado a una
nuel G:Revillay don
sesión de la SocieEnrique Fernández Granados y hubo números música- dad Mexicana de Geografía y Estadística, como una deles a cargo de la Orquesta Sinfónica. El mismo día, el ferencia de esa agrupación hacia la intelectualidad esCasino Es paf!.ol obsequió con un banquete al sef!.or Rue- paf!.ola. El poeta permanecerá todavía algunos días en la
.
da, en cuyo honor se dijeron entusiastas brindis. El lu- ciudad de México.
2

IDEAS

PEGASO

Las palabras, alados y pequeños seres simbólicos d~ naturaleza eminentemente social, mudan con frecuencia de
significado al pulirse y mezclarse entre sí como los guijas
de los ríos en el cauce. Así las palabras se transforman
ideológicamente e implican su nu~va sig_nifica~ión_, dentro
de la corriente impetuosa de la vida social, e mv1erten, a
veces, con resuelto y firme movimiento, su antiguo sig~o.
Lo s1¿bjetivo rra, por ejemplo, para los doctores med10evales, se,·áficos, sutiles o a ngélicos-nombrémosles P?r _sus
rscolásticos epítetos,-el sujeto o rnateria del co?ocmnento. Lo subjetivo es, para los modernos, el espíritu ~ sur.
formas, el mundo interior. lógico y racional o efectivo o
fantástico. La inversión clel significado ha sido, en esta
vez, absoluta.
Cosa semejante acaeció con este ilustre vocablo idealismo, que, para el com11n de las inteligencias, si~nifiea
la tendencia ingénita hacia lo inmater¡al de la vida, el
rsfuerzo para plegar las cosas a nuestros designios, el movimiento de disgusto por la realidad imperfecta y condenable por más de una razón. En suma, un anhelo sistemático ele reforma ( nueva forma ) ; una preferencia otorgada siempre a la idea sobre la materia. Pero, para los
modernos filósofos germánicos. lo ideal es idéntico a lo
real. Hegel fue el autor de la tremenda transmutación de
los valores de la palabra, al formular su célebre apotegma
nreña&lt;lo de peligrosos corolarios metafísicos y morales:
todo lo real es racional; todo lo racional es real.
Ya se concibe, entonces, fácilmente, cuál será la actitud
de un pueblo que se convence de que el ideal está inmanente en las cosas del mundo. Creerá que la historia, por
sí misma, va realizando el triunfo paulatino del bien. Que
lo que sucede cúmplese en servicio de Dios, necesaria, fa.
talmente, como se eslabonan por su intrínseca necesidad
lógica las premisas de 1m silogismo. Crímenes y virtudes,
males y bienes, errores y verdades, todo es, en el fondo,
virtud o preparación para la virtud. bien o preparación
nara el bien, verdad o elemento de la verdad. Un hegeliano dirá, como Schellin¡?, maestro ele Hegel, todo es 1¿no
y lo mismo. Un alemán dirá: Alemania sobre todo; porque Alemania es fuerte y Bélgica no. Alemania sobre todos, porque la fuerza es la razón y la razón es la fuerza, porque el ideal es lo real que toma conciencia de su
realidad y se proyecta sobre el futuro. He aquí la forma
más espeluznante de la transmutación de los valores intelectuales y morales, la fórmula del idealismo alemán.
Francia profesa otro idealismo menos dialéctico, menos inhumano; pero más verdadero, sobre todo, y más moral: mueho más. ¡ Cuánto difiere la causa de la Revolución Francesa de la causa del Imperialismo Germánico!
¡ C'uán diversos y contrarios los propósitos morales de los
místico.~ de la f1wrza y los teóricos de la reivindicación
burguesa! Estos quisieron hacer marchar las cosas del
mundo sobre las prescripcionrs imperativas de la razón;
constituir a las naciones sobre la base del derecho; imponer a sangre ~: fuego la fórmula ideal del Contrato definido por el célebre ciudadano ¡?inebrino; inculcar a cañonazos y marsellesas delirantes 1ft Df'cla1·arió11 de los Derec/10s del Hombre en los súbditos de los reyes europeos.
Xapoleón fue el heraldo de los desiderata franceses del
siglo XVIII, que C'ran los desiderata del mundo. Su meteórico destino, deslumbramiento de la historia, tenía un
fondo de justicia, una nobleza de ideal obscurecida, es
verdad, por la ambición y el crimen. ¡ Aquellas guerras
fueron la interpn•tación brutal de algo divino. Éstas, en
cambio, más formidables ? mortíferas, son simplemente
la apotcósis de Leviathán.

Hoy se lucha por hambre, por deseo inmoderado de dominio, por hegemonía militar, por preponderancia de razas, por la consecución de mercados, por la primacía de
la violencia sobre la libertad. Entonces se luchó µor arrancar a los privilegiados sus privilegios; para derrocar a
los tiranos, para impone1·, acaso to1·pemente, pero siempre
con hidalguía. ideales humanos, ampliamente humanos,
ele esos que si entonces no se hubieran cumplido, al fin
triunfarían, a pesar de todas las causas negativas, a despecho de todas las condiciones contrariantes. Como que
eran ideales necesarios. capaces de vencer todas las contingencias de la historia µor el solo transcurso del tiempo v en razón de su nropia y enérgica virtud.
Francia se sacrificó &lt;'n aras de un designio moral. 'N"apoleón fue el soldado del mundo al deshacer monarquías
medioevales claudicantes. Guillermo II. tirano como él, sin
~enio riuizás. lucha nor la avidez de sus mercaderes. por
el instinto de su nneblo invasor. por el ansia injustificable
ele dominio. ¡ Qué diferencia!
Bonaparte luchó por al~o eterno. Guillermo II lucha poi·
nor algo efímero, tan efímero como su propia existencia.
El poder. el éxito, el triunfo, son cosas que cada instante
eleva y abate cada instante también. Toda heg-emonía que
se afianza empieza a sucumbir. Si Francia hubiera desaparecido en la odisea napoleónica. las águilas de César, alirrotas y maltrechas, habrían eaído sobre el desastre imperial. proclamando la nureza de su inteneión. Las águilas
de Prusia volarían sobre su imposible victoria, sin tener
para sí ·más que la. vergüenza del exterminio y la miseria del poder.
Francia es creadora de grandes movimientos morales
concebidos para imponer a la materia humana, a la historia. el molde incoercible de la idea. Francia tiene fe
en el libre albedrío metafísico, en la colaboración efectiva, social, cristiana. del hombre con Dios. El mundo no
es, para ella, idealismo inmanente, sino objeto sumiso de
la voluntad que realiza el ideal. En los si¡?los medios, fue
Francia el Soldado de Dios. Un pueblo de cruzados heroicos. En el siglo XVIII creó la Revolución. En el XX
impuso al germanismo invasor-podemos ya hablar en
pretérito sin temor de equivocarnos ni posibilidad de que
se juzgue que alardeamos de profetas,-sus límites naturales, levantando sobre el asombro de la tierra el prestigio &lt;le la ciudadela homérica de Verdun. El viejo río codiciado, el Río de la L eyenda, repasa en estos momentos
su gramática francesa, que tenía olvidada desde 1870, como diría Reine.
Concepción por concepción, fuerza por fuerza, virtud
por virtud .... , y que la conciencia humana decida en el
conflicto histórico del idealismo heroico de Pedro el Hermitaño, Juana de Arco y R&lt;msseau, y el idealismo dialéctico de Hegel, Bismarck y Guillermo II.
México, a 11 de marzo de 1917.

Los hijos son para una mujer la mitad de la vida. Ama
a sus padres en la primera; ama a sus hijos en la segunda.. iQué vale todo lo demás!

_¿Por qué lloras, querida mía?
-¿Acaso lo sabe una? Hay un poco de todo en las lágrimas de la mujer.

PEGASO

¡¡

�Libros

y

Revistas

~~Ji!!@.@fü!J@ffi!Jiil.Jc!Jñl~i!!ffi!ffi!fi!!ffi!fü!í@Ji!!ffi!i
ADOLFO BONILLA Y SAN MAR- cía de las fuentes litenn·ias, o esperar que el azar lo resuelrn, o
TIN. Cervantes y su obra.-.1!,rancis:·~:;nuciar a resoh·crlo 1 ;,Xo es Ja crítica más seria la que se va
co Beltrán. Madrid, 1916.-El cuaaeercauclo cada vez más a la solución, ya que ésta no se acerca,
dro que ofrece ahora la erudición es- afirmando que es posible que Cernmtes sea el autor de esa nornpañola es brillante; los ~studios so- la y que por otra parte es muy tliffo~l aun_ sugei·ir el nomb1:e
bre literaturn y artes hispánicas son de ningún otro contemporáneo que . hnb1e1:a sido c~paz ele. escnnumerosos. Por. mucho tiempo 110 birla (Fizmanrice-Ke!Jy) porque, ,·orno dice el senor 8omlla a l
hubo sensación más desconsolaclor:1
mismo propósito (p. :l20), los 1101·clistas anteriores a J 609 pucdC'H
que la que ofrecía la erudición y la ,·ontarse con los dedos?
·
crítica en España; después, las figuEl señor Bonilla es uno de los crnditos espaiioles más serios,
ras de )[i]á y ~,ontanals y l\Ienéndcz ,'arC'&lt;"e ,lel saber profundo en un campo rle la literatma c:omo _fl
y Pelayo formaron y presidieron un señor )le11Í'ndez Pi&lt;la), &lt;'arece también ele su estilo llano, sobr10,
moYimiento serio, interesante y fruc- ,lisei-eto. Si Jpéis a )Jc,néndez Pida] en una traducción francesa,
tuoso. Don Adolfo Bonilla y San Jo que habrá suredido si conocéis L'Epopée (!astil/(11te. no n~~ifartín es discíp11!0 del último, de
rPis qu&lt;' es un espaflol quien es.cribe. En Bomlla Jo 1·e&lt;'onoc:_ena1s
quien ha heredado el afán poi· saber inmediatamente: 11s11 giros n1lgares, frases hechas, plebeyismos.
todas las cosas, que aprovecha con
~le Jhunó la atentión ,¡ne 111111 persona ele tan amplia cultura &lt;'01110
tan diverso éxito, como todos sabe- í•l haga nn uso impropio de ciertas ideas: dice que al autor del
mos. Representa junto a su maestro, fal.,o Q11i,iote "inspiró más el espíritu dionisí~co. que el apolíneo''.
en cierto modo, el papel de Joseph
(¡,. 62) . .Ehitemos las lisonjas: Jas c,osas tienen su nombre. \
Béclier al lado de Gaston Paris, sin
Juego quiere amenizar un estudio filológico con los uom_bres de
los atrevimientos inteligentes, sin las audaeias de! critico moderno. Lupin, Raffles y Sherlock Holmes (p. 69). Don Marcehno )feEl libro del señor Bonílla está formado de artículos y tienP nén,le. y Pelayo nun,·a lo hubiera hecho.
los defectos de todos los libros de artículos. Es interesante para
~in emhargo, el libro es interesante ~- útil: un libro de Boniestudiar el estado en que se halla la crítica cervantina, que sulla 110 podía ,·arerer ni de int¡,1•(,~ ni rk 11tili1la1l.
frió por largo tiempo · del afán de explicar el munilo, su 1·oluntad
A.. C. L.
y su representación por el Q11ijote. Defecto que heredamos los mexicanos, que hacemos remontar el origen de todas nuestras maniENRIQUE SANTIBÁÑEZ: Follefestaciones idóneas basta el Rey X etzabualcoyotl. Cervantes !f .sn
tos Populares de Educación Politica,
obra contiene comentarios filosóficos, · estéticos, Jingiüsticos. histó::U:éxico, Libreria •Biblos•, 1917, en49
ricos sobre la obra ele aquel ingenio. Abrls el libro y os agratb
-Este es el primero de una serie de
la crítica de las ,iejas interpretaciones cervantinas (generalmenfolletos que su autor •se propone este en crticar a los comentadores de CerYautes se ha perdido mucribir para divulgar la comprensión
cho tiempo en España), pero luego, sobre las premisas qne puedl'
de nuestras leyes constitucionales.
aceptar un juicio razonable. hay derivaciones qnc caen dentro del
Enrique Santibáñez representa enespíritu de la vieja trítica: se busca rnetáfísica en el Q1ti_1ote y
tre los actuales cultivadores de la
con el fárrago de mil autores espafioles-sin excluir a Séneca, ni
historia, en México, el espíritu ana Maimónides, ni a Avicebrón, ni a Averroc&amp;'-Se quiere justificar
helante de hacer prácticas las expe•
nna filosofía española en él, y una ascemleneia filos6fica en los
1·iencias de la vida politica nacional
pícaros que remonta hasta Zenón. ¡ Oh. impertinente sabiduría'
de los últimos tiempos, y su análisis
¡ Todo11 los á1·boles genealógicos tienen sns raíces en la tierra'
en esta materia quiel'e solamente
El libro se resiente de su sabidnría. ·"No entellflemos nosotros
encontrar precep.tos de comprensión
qne Don Quijote represente dos naturalezas distintas (Alonso Quiaccesible y consejos de pública y fájano el espiritualismo místico, y Sancho Panza el sensualismo macil utilidad.
Está noblementeempefíado en dar
terialista ... ) La naturaleza psíquica ele Cervantes, como la ,le
lecciones de experiencia social. La
cn&amp;lquiera otro hombre, no podía truncarse ni desdoblarse hasta
historia especulativa no le preocupa,
el extremo ele producir efectos de esencias opuestas" (p. 27).
ni busca a Hegel para interpretar el
Se quiere dar a ententle1· que hay en el Quijote la expresión de
una filosofía, porque la observación ele! señor Bonilla no es exac- espíritu de la época; y así, atiende exclusivamente a la resolución
ta si se quiere referir a la dh-ersidad i!e los caracteres en las de cuestiones de nuestro tiempo, relacionadas con sucesos cuyo
arranque más antiguo es de los tiempos de la Independencia. S~ es3reaciones estéticas: revísense los personajes de Shakespeare :1· &lt;k
tá lejano de Xenopol, el insigne rumano maestro de las sintes1s y
Goetbe.
de los preceptos históricos, busca evidentemente la aproximación
i Por qué no se hace de los mejores libros españoleR una interde ciertos escritores franceses muy en boga, como el popular docpretación humana, dramática, ,le los &lt;·aracteres y de las situaciotor Le Bon. El reciente libro de Santibáñez JiJl Ejecutivo y s1¿ Labor
nes como lo hace John ;\lasefield de las obras ele Shakespeare?
Política es testimonio de nuestra observación.
Algo dejó en ese estilo Razlitt el huraño y algo hace ahora el
El foll~to que acaba de aparecer expone! en forma _dialogada, los
amable Azorín. No busquemos filosofía en todo porgue hay el
deberes y derechos del ciudadan.o en México y también algunos tó•religro de encontrarla. Os propongo un libro rompuesto de las
picos relacionados con esa cuestión; el autor dice senc~lamente sus
pinturas de los cararteres menores riel Qui.iote.
ideas sobre la materia, refiere causas, apunta resoluciones y lleva
En cuanto a La Tía Fi11gidr1-la parte más consistente del lia sus escritos \rn simpático espíritu de reposo, de discreción y de
bro--es un examen pesimista &lt;le potler de la crítica uo fumla- sensatez.
ila en datos evidentes ,le archivos. Para el crítico hay datos que
G.E.
si sabe interpretar le ayu,larán mucho, y sobre los cuales tendrá
oue decidir cuando falten los rlemás v ,•uando otros 110 lP contradigan. El estn&lt;lio sobre La. Tía Fi1tgida rletienc c-0.11 su escepDR. CARLOS BARAJAS: ;Pmmticismo sobre la solución del problema, un mo...-imi_ento rle críticia!, México, 1917, en 89-Es una con, ca clescarriada e imagina.ria que se había formado alrededor ele
ferencia leida recientemente en el
él. ¡Lástima que se haga eo11 saña y burlas lo qup sólo exigía seCírculo Francés. El Dr. Baraj as, aniveri,lacl ! Sin embargo, vara quie11 sepa Yer, la ~ituaciún riel ~emoso y constante paladín de la causa.
ñor BoniJla no es imparcial. "Rahienclo ,le ,Jeter111i11arn1c si11 PXde las naciones aliadas, comenta en
cusa entre afirmar que la Tía es &lt;le Cerl'antes, o negarlo sin rorleos
este folleto, en cálidos .y briosos pá•
ni callejnelas, yo confieso que optaría por lo primero" (p. 190).
rrafos de incontenible amor P&lt;!l' la
i Qué falta para que de grado se ,lec-i,liera por lo primero/ T'na
heroica Francia, el brillante papel
JiT"eba evidente, irrefutabk. La opinión estéptira ,le! señor Boque corresponde a este país en la conilla con respecto a la crítita interpretativa nos parel'e eu este ralosal contienda, y ati¡.ca los procediso necesaria, útil: había que atarar sus exagemciones. Pero ella
mientos que usa Alemania para aninacla más puede resol,·er eiertos problemas ,·11ando el o.io ,·a limquilar a sus enemigos y para defenpio de prejuicios. Hay un ,,aso típico: b atribm•ión ilel prin¡er
der su interpretación del Derecho Interuacional.
acto lle J'a Comed·i.a dr Ca/i,•to r· Jfrlil! ea ni Bac-hiller l''&lt;'rnan,lo
de Rojas, a pesai· rle su &lt;leclara,·ií)J) eu &lt;'ontra. fundada nada má~
El homenaje del Dr. Barajas es un
nuevo testimonio de la fervorosa
rine en semejanzas ,J&lt;, estilo :,· crPac-i611 artística. La Tia Finr,irla
simpatía de las clases cultas de Mése halla en uu mam:,crito ,le la épo&lt;•a. 1·011 R;111'011rte y Cortadixico por las naciones aliadas.
llo v con El Celoso Extremmio: &lt;10s n·rsioueR tan dil'ersas &lt;¡U&lt;' es
imposible corregir la una por la otra. ofrecen Reme.ianzas &lt;·ou I08
textos c1el Rinc·o11Ple: ni11g-ún ,lato siqnie1·a· a&lt;"eptabl&lt;.' la atribuye
a alguien: no hay niug-nn~ impogihiliclacl ni rle tiempo ni de esJOSÉ ANTONIO RIVERA G.: l~n defensa de la integridad de
pacio para atJ-ibuirla a C'en·antrs. ¡ qué fnnclamentos 1rne&lt;le aduChi(tpas, México, Imprenta de Manuel León Sánchez, 1917, en 9&lt;;&gt;_
cir la eriti&lt;-a ,;i110 el estudio de las semejanzas clel estilo, del poA.taca el señor Rivera una reciente iniciativa de agregar al Estado
der artístico clr las obras ac Ccrrnntl'S .v ilP la Tío, la concnrren- de Taba.seo una fracción del de yhíapas.
PEGASO

FCTEMf\5 fllE.[7íTD
DEL PROXIMO LIBRO "ZOZOBRA,"
De Ramón López Velarde

MI CORI\ZO,~ Sf AMERITA .....

Y Lllll!pu~~, a E¡vocar Ja sandia tropa .
de pavos, y su susto manifiesto
cuando b_ajaban por aquel recuesto ....

A Rafael López.

¡ Oh siestas _regalonas;
meJincl~·e ante la jícara que humea;
soponcio ante la recua intempestiva
que tumba .las macetas de las pardas casona!;
lotería de nueces;
y Tenorio que flecha el historiado
postigo de las rejas antañonas !

Mi corazón, leal, ije amerita en Ja sombra.
Yo lo sacara al día, como lengua ele fuego
que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
y al ofrlo batir su cárcel, yo me anego
y me hundo en la ternura remordida de un padre
que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.
Mi cornzón, leal, se amel'ita en la sombra.
Placer, amor, dol01·. . . . todo le es ultraje
y estimula su cruel carrera lpgarítm1ca,
sus ávidas mareas y su eterno oleaje.

Paso junto a las lentas fugitivas: no saben
en S\l desgarbo airoso y en su activo quietismo,
la derretida y pura
compe11sación que logTa su ostracjsmo
sobre mi pecho, para ellas holgadamente
hospitalario, aprensivo y. munificente.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Es la mitra y la válvula .... Yo me lo arrantinía
para, llevarlo en triunfo a conocer el día,
Ja estola de violetas en los hombros del Alba,
el cíngulo morado de los atardeceres,
los astros, y el perímetro jovial de las mujeres.

Yo os aconsejo, anónimas y lentas desterrarlas
como si a mí viniese
la lúcida familia de las hadas,
porque oléis al opíparo destino
y al exaltado fuero
de los calabazates que sazona
el resol del adviento, en la cornisa
recoleta y poltrona.

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar
como sangriento disco a la hoguera solar.
Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura,
seré impasible por el este y el oeste,
asistiré con una sourjga depravada
a las ineptitudes de la inepta cultura,
y habrá en mi corazón la llama que le preste
el incendio sinfónico de la esfera celeste.

TUS DIENTES
'fus dientes son el pulcro y nimio litoral
por clonde acompasa.das navegan las sonrisas,
graduánclo~e en los tumbos de un parco festival.

LAS DESTERRADAS
A Rafael Pimentel.

Ya la Provincia toda
reconcentra a sus sanas bijas en las caducas
avenidas, y Rut y Rebeca proclaman
la novedad campestre de sus nucas.

Sonríes gradualmente, como sonríe el agua
del mar, en la rizada fila de la marea.
y totalmente, como la tentativa de uu
Ffat lua· para la noche del mortal que te l'ea.
Tus dientes son así la más cara presea.
Cuídalos con esmero, porque en ese cuidado
hay una trascendencia igual a la de un Papa
que retoca su encíclica y pule su cayado.

Las pobrns dt¡Sterradas
de Morelia y Toluca, de Durango y San Luia,
aroman la Metrópoli como granos de anís.

Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de ulna mina,
senado de &lt;:nmplida~ minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la clorena de Tribus que en tu voz se fascina.

La panada maltrech¡¡.
ele alondras, cae aquí con el esfuerzo
fragante de las gotas de un arbusto
batido por el cierzo.

Tus dientes lograrían, en una rebelión,
servir de proyectiles zodiacales al déspota
y hacer de l os discordes gritos, un orfeón,
del motín y la ira, inofensivos juegos,
y de los :sublevados, una turba de ciegos.

Improvisan su tienda
para medil-, cuadrantes pesarosos,
la ruina de su paz y de su hacienda.
Ellas, las que sofiabau
perdidas en los vastos aposentos,
duermen en hospedajes avarientos.

Bajo las· sigilosas arcadas ele tu encía,
como en un acueduc:to infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias. . . hasta que truene
Ja trompeta del Angel en el ,Juicio Final.

PropietariaH ele huertos y de huertas copiosae,
regatean las frutas y las rosas.

Porque la tierra traza todo pulcro amuleto

Con sus modas pasadas,
y sus luengos zarcillos,
y su mirar somero,
inmútanse a los brillos
de los escaparates de un joyero.

y tus dientes i!e ídolo han 1le quedarse mondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aqu!, por su dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria.
PEGASO

5

�1

LA HORA QUE PASA

ID

i

ESTAN EN MEXICO LOS RESTOS DE HERNAN CORTES
UNA VISITA A

LA IGLESIA DE JESUS

rela con un artesonado riquísimo; una cajonería de sán- gadas más abajo del antiguo sepulcro del fundador irredal~ un viejo retrato de la Purísima, con marco de talla cusable de nuestra nacionalidad, encontramos el de uno
estofada, un Hernán. Cortés en oraciói~, t~na vieja 1~e~ que de sus descendientes, niño heredero de títulos y de hoes un primor de estilo, un gran crumfiJo y un s1llon colonial, obra primorosa de algún artista anónimo del siglo XVII.
-Aqní no hay nada-díjonos terminantemente el :,acristán.
Y aunque había mucho bello, nada, en efecto, hay por
allí que denuncie a los res,,#t ,;--;- ' &lt;i-..-,..
~
tos del gran capitán español.

¿ Están en México los restos de Hernán Cortés? ¿ Se

&lt;¡uedaro_n hace muchos años en la capilla de los Duques
de l\I~dma Sidonia, en la tierra a que &lt;lió gloria con sus
con&lt;¡msta~ esforzadas? ¿Han ido a parar a Tta1ia, bajo
la cus!odia fie_l de ~os Duques de Terranova? ¿ Yientos
ele olvido, ele mgrabtud o de desastrn los han diseminado y hecho desaparecer para siempre 1
i No! ¡ Están en )léxico!, nos grita la tradición; ¡ es-

roso de nuestra indiscreción v de un regaño del capellán. Pero volvemos a la carg~:
-&amp; Ya está usted dispuesto a decirnos en dónde presume que se guardan los restos de IIernán Cortés 1-le
decimos.
-1\Ie han dicho &lt;Jne se los llevaron los srñores Duques; pero aquí ya no se encuentran-masculla el sacrist~? con una sonrisa forzada y escaso aeopio de ertulic1on en el tema que se le propone.
-No-agregamos-los duques de 'ferranova sólo se
llevaron la lápida del sepulcro y el busto que coronaba
el monumento; los restos estuvieron aquí hasta los tiempos de Alamán, quien los escondió temeroso de que fueran profanados por el populacho, el año ele 1823, en que
se trasladaron a la Catedral los restos de los insurgentes;
pero los huesos quedaron en la iglesia ele Jesús.
-Quizás el señor Orvañanos Qnintauilla apoderado de
los señores Duques. . . .
'
-El anterior apoderado, el licenciado Azcné nos dijo que_ él sacaría los restos, que ya era tiempo cÍe ponerlos b~JO un ~nonumento decoroso; ignoramos si el señor
Orvananos piensa lo mismo.
El sacristán calló. El asunto lo iill¡uietaba, evidentemente. Sonreía. Sonreía con malicia mientras daba escobazos y nos miraba al sesgo.
:N'osotroS¡ husmeábamos, Husmeábamos por los rincones. Releíamos las lápidas que hemós visto tántas veces•
,
vo1viamo_s
n~estros pasos por los numerosos sepulcros de'
a9-~ella 1gles1a en donde hay más cadáveres que santos;
visitamos de nuevo los sepulcros de los Alamán el del
Padre Nájera; hasta levantamos algunas alfombras, ,,,;_
perando encontrar la argolla de una puertecilla secreta, la losa de algún agujero imprevisto. Nad~ en las ca-

Subimos a la capilla del
hospital, una capilla destartalada, pobre, en donde mia hermana de la caridad arregiaba los manteles del altar, y el hermoso retrato de Hernán
Cortés esperaba, en ·un caballete, la llegada de un
pintor que lo reproduce
Pn una tela cercana. La
hús,¡ueda en la capilla no
fue más eficaz que las anteriores.
-Los huesos de Cortés
-dijimos terminantemente al sacristán, cada vez
más alarmado con nues...... colocóse frente a un nmro inexpresivo
tras investigaciones, estay serla lando unas losas de cantera, desnudas
... . y un sillón colonial, obra pri- ban enterrados en el pavie irregulares, se1ialó resueltamente y dijomorosa de algún artista anónimo mento del altar mayor de
nos: iaqui!
del siglo XVII.
la Iglesia de Jesús Nazareno al lado del Evangelio. nores. Y embargados por una irresistible curiosidad, leíEl sacristán calló. Sonreía. . . . Daba escobazos a los rin- mos:
'.iffl
A.q1ií yace don Antonio Migtiel Ramírez de A.rellano,
cones ... .
-Vámos allá-agregamos terminantemente ; y después, Sesma y Escudero, que miu-ió el 18 de mayo de 1799, de
cuando habíamos llegado: 1, quiere usted fijarnos el sitio edad de 6 meses 15 días. Ili,io Legítimo de los Señores
Marq1ieses de Sierra Nevada, Caballero de la Orden de
exacto en donde estaban los· restos?
El sacristán vaciló un momento, y después, subiendo Carlos Tercero Gobernador Jtisticia Mayor de los Estapausadamente los escalones del altar mayor y hecha la dos del Exmo. Se1'íor Duque de Termnova y Monteleón,
reverencia. ritual frente al ara, colocóse frente a un mu- Marqués del Valle de Oaxaca.
¡,México, como los países de la América del Sur, hará
ro inexpresivo y señalando unas losas de cantera desnudas
obra de serena reparación, dando al fundador de su rae irregulares, señaló resueltamente y díjonos: ¡aquí!
Allí, allí en efecto estuvieron los huesos del Marqués za el supulcro que le corresponde1
Queda abierto el debate. 'füdo hace creer que están en
lfdel Valle, del gran conquistador español. Las piedras
permanecen todavía con huellas de remoción y unas pul- l\íéxico los restos de Hernán Cortés.

'

')i!

)

F11i1nos a la sacri8tia, wna encantadora sacristía
d-e acuareia ....

tán en México!, nos dicen las viejas relaciones; ¡ están
en México!, nos repiten los documentos. . . . . Y mientras recordábamos tradiciones, relatos y documentos; y
en tanto que por asociación de ideas pensábamos en la
recientísima entusiasta celebración del cuarto centenario del descubrimiento de México, gue ha renovado, como pocos hechos, nuestras ligas y nuestro amor por la
vieja y grande patria, encaminábamos nuestros pasos hacia la iglesia de Jesús ~azareno, la iglesia del antiguo
IIospital de Jesús, que fundara el mismísimo Conquistador de México.
·
Fué favorable la hora; nuestra llegada no interrumpió les plegarias de los fieles, ni puso ninguna nota de
irreverente curiosidad en la casa del Señor: sólo una anciana miserable arrodillada ante un pequeño retablo
de Nuestra Señora del Carmen, mascullaba algunas preces y volvía las hojas de una novena forrada con mugrienta cretona de colores chillantes. El sacristán, un sujeto cazurro, apretado de carnes y desconfiado de espíritu, nos veía al sesgo, de cuando en cuando, mientras
&lt;¡ue levantando manteles, doblando casullas y afirmando
candelabros, iba de acá para allá con la escoba impropicia al polvo que se acumula diariamente por altares
y nichos.
Somos viejos conocidos del sacristán. En repetidas ocasiones hemos pretendido informarnos con él acerca del
paradero exacto de los huesos de Hernán Cortés. Apostaríamos que ahora, al vernos, &lt;1niere escabullirse, teme6

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
Eduardo Zamacois, popular novelista español, autor de crónicas de arte, de reZAMACO IS
vistas de viaje, ensayista de múltiples
actividades dentro de la. literatura, está por llegar a México, según
anuncia la prensa antillana..
El estimable artista español es muy conocido en México entre los
lectores adictos &amp; la novela contemporánea que sale frecuentemen•
te de las fecundas prensas ibéricas, y aqui han corrido con buen
éxito, durante largo tiempo, el 'l'ik-Nay, Punto Negro, El Otro y un&amp;
docena más de títulos.
Zamacois viene a dar coBlerencias, con proyecciones cinema.to•
gráficas, sobre intimidades ele los principales escritores de España.;
tema sobradamente a.meno, que seguramente resultará muy agr&amp;·
da.ble para el público metropolitano.
La. Sociedad Mexicana de Geogralia. ha
CONCURSO PARA
abierto un concurso para premiar la. meEL EMBELLECIEntre los juracios que conocieron de los
U
NA
OBRA
·
b ra que se l e present e sob re• H'ist oGEOGRÁFICA
Joro
MIENTO DE LA PLA- _proyectospresent_ado~paraembellecerla
ria de la Geografía Politica de la.e tierras
ZA MAYOR
Plaza de la Constitución y los autores de
dichos proyectos,se han celebrado varias que comprendió l&amp; Nueva España•. El plazo para la presentación
juntas para ver ele llegar a. un arreglo sobre l&amp; manera de realizar de los originales se cerrará el 31 de octubre venidero y el fallo del
el asunto de que se trata. Es posible que nuevo jurado revise el dic- jurado se conocerá en la primera. quincena. de diciembre.
tamen del primero y considere las opiniones de los autores de los diAplaudimos que se va.ya a trabajar en un tema. tan poco socorrido
versos proyectos; pero de todos modos el fallo definitivo se conocerá como necesario y que va a prestar legítimos servicios para el conomuy pronto, y en seguida principiarán las obras artistic&amp;s de la. cimiento exacto de muchos puntos de la historia mexicana. El tema.
gran plaza.
de las antiguas provincias y de las intendencias presenta aspectos
CONFERENCIAS
La. Sociedad •Dante Alighieri&gt;, que tiene de dilícil conocimiento y d&amp; lugar a frecuentes confusiones. Las juITALIANAS
por obj_eto_ la. difusión e~ México de ~&amp; risdicciones de l&amp; Nueva. Vizcaya y de la Nueva. G~licia, por ejem•
lengua itahana, h&amp; orgamza.do un&amp; serie plo, no siempre aparecen claras en crónicas y monografias, y esto
de conferencias que se efectuarán en el salón principal del Museo ocasiona errores lamentables a.un en escritores muy sensatos y erude Historia, par&amp; desarrollar temas que se refieren &amp; asuntos it&amp;Ji&amp;- ditos. Hace pocos años el señor del Pa.so y Troncoso, nueatl'O ilusnos de actualidad. El jueves último la. señorita. Mari&amp; Appendiní tre arqueólogo, publicó un magnifico pero incompleto ensayo de bis•
disertó sobre la. continuidad en el ideal itálico y los alumnos de la. toria. de la geografía política de la Nueva Espa'.iia.. Es lo mejor que
So~ieda.a cantaron el coro de •Los Lombardos•, de Verdi.
sobre la. m&amp;teriaseha escrito hasta ahora .

Por conducto de nuestros representantes
diplomáticos va a propagarse en los países de la América del Sur el conocimiento de la música mexicana, y p&amp;r&amp; tal objeto ya se ha principiado
&amp; la remisión de algunos de los aires nacionales más hermosos y
característicos. Las obras musicales mexicanas se distribuirán entre las bandas de los países del Sur, para que se ejecuten en &amp;1\diciones públicas.
E,__ AMBIENTE AR - El sábido_ último, el pro~esor Fernando
TISTICO DE MEXICO Romano dló una. conferencia en l&amp; sala de
actos del Museo, sobre el ambiente artístico de México y el porvenir de los artistas nacionales, en honor
clel señor Director General de las Bellas Artes. El programa se completó con recitaciones y números musicales.
MÚSICA MEXICANA
EN SU DAME RICA

Subimos a la capilla del hospital, 1ma capilla
destartalada,, pobre .....

pillas laterales; nada en los retablos; ningún indicio en
el patinillo que dá vista a la calle de San Felipe Neri.
Fuírnos a la sacristía, una encantadora sacristía ele acua-

PEGASO

VENDRÁ EDUARDO

P EGASO

7

�LA HORA QUE PASA
~

1

1:

-1-,

La pacífica Alemania

SALVADOR, :RU-EDA.'
Por un redactor de PEGASO.

El pot&gt;ta so1nk sorn·íe 1;011 la placidez qne n•bosa de
su rostro rubicundo y de s11 minida apaciblr: Robrr sn prqn eño cnerpo yacrn Jl('1·fectamentr ocultos, hajo el aspecto de su robustez, acaso ngañosa, sesenta años de actividad y de poesía, po1•qne Rueda ha consagrado a ella
su vida entera eou mC'noscabo dr su misma salud.
"Mi familia, dice, mi única familia, por quien he eufennado y sufrido C'S la poesía. Con ella me he desposado,
a. ella nw he C'nt1·cgado y con tal cll'do1·oso entusiasmo qiu•
bastaba a devorarme. ·,
La voz del porta se dpsliza como el agua (le una corriente que deja entre\'(•t· las guijas del fondo, ajenas de
toda complicación, de to&lt;lo rebusco, de todo afrite.
DelantP del abiganamiento oriental, ('11 un mel'cado
al aire libi·e, a la cálidas emanaciones de frutos fecmrdos.:
"T.cnris aquí r·ic¡uezas incalculables &lt;lC' colo1·ido y &lt;le
rxpre~ión. Decidme. ¡qnr harrn vuestros portas?.¡,Xo
cantan esta saturación &lt;k Yida, esta prolífica abundancia
&lt;le la ti(•tTa? Es maravilloso; seis años de combate no
han; empañarlo -rl hrillo -d e vurstra opulenta naturalf'za. ''
Ante los edificios eolouiales. Rueda tiene la sf'nsación
&lt;le algo nuevo par-a él; sí, descienden de España, pero
han adquirido un sello peculiar que. los hace nuestros;
y deplora que las construceio1ws mo&lt;lernas busquen .,1
.intolerable estilo amerirano:
''¿.Por r¡ué no edificm· imitmJClo C'l estilo colonial que
es netamente mrxicano. o tornando elementos indígenas,
anuqne sólo sr;1 como recm·Ro ornamental?''
Para Rueda, &lt;'Orno pal'a todo extranjero. el &lt;'nigma de
más sugestión radica ('ll el al'te, misterioso y laberíntico
dr los pueblos J)J'ehispauos. Se &lt;'xtasi:.ir·ú frentr a la mara villa cosmogónira de aquellas razas, g-ra bada en los relieves ele nuesh'os monolitos. Por rso &lt;lic&lt;• a mrnudo:
1 'Xo me cuido de la cazolet.1 t\p la espada rle Hi&gt;rnán
&lt;'ortés para adelantC'."
Y por .eso sentirá profunda admiración_ por el más
g.r.anéje de los g.nerreros aztecas, por Cuauhtémoc. Cuauhtémoc. el águila que- cae, la fütima an~orcha qrn' antes

1

8

de rasgar el abismo intental'á incendiar &lt;&gt;l infinito. Al
rodear la estatua erigida a este caudhllo, Rueda confunde en su admiración entusista la persona del guerrero con la bt&gt;lleza dr la obra. Jmego, mirando los r elieves
que l'epresentan la prisión y el tormento del héroe, los
señala ~- dice:
'' Es lo único que quitaría. Que se guardas~u en mr
museo para admiración. tle los artistas; pero lejos del
pueblo y de los niños, dondP no inculcaran el odio delJ
ias razas y ('l recuerdo &lt;lP los crímenes del tiempo. Hay
(!lle olvidar .... ''
En seguida, fr(•nt&lt;&gt; a nuestro silencio:
"Pt&gt;rdonad. soy como el pájaro: lo que salta en !a
mente, aparece luego en el canto drl pico. Expreso mi
pensamiento con la sencillez de un niño que está segu1·0 de no causar daño." '
Es el rasgo fm1damental de su carácter, la sencillez.
Los que macerásteis vuestro rspíritu en el beleño de las
flores absurdas. )' gaardáis como néctar preferido el licor de la adelfas. sutiles y perversas, no podríais nivela1: vuestra romp1•pnsión con esta sencillez paradisíaca;
los vuestros, son afros 1111rn&lt;los; rl rstigm¡¡ ile vnrstras
icleas os aleja &lt;le aquí.
El conjunto de la ciudad ele l\Iéxico da a Rueda la impresión de grandeza, de opulencia, unida al rancio abolengo de los siglos y a un gusto especial que, según él,
la hace mur agradable. Las l'iquezas de las galerías de
San Carlos le arrancarán calnros~s rxclamaciones y pa1·a todo hallará una palabra de estimació11. Pondera
nuestra Catedral corno la mejor de las Indias y la juzga digna de cualquier sitio llel mundo: halla mi l parecidos entrP cosas y edificios lfo España y edificios y cos&amp;;; rlP l\Iéxico: busca la brllrza en los menores detalles
o t-n los personajC's oscuros. C'll indígenas del mercado
o en vendedores ambulantes. Así aprecia su espíritu, su
PxcelPnte :v diáfano espíritn.
.A esa beneYolencia, fuera de opiniones literarias que
para nada influyen en la cortesía, al representante d el
país hermano que sabe rrcibir y agasajar a nuestros
poetas y escritores, se ofrec&lt;' nuestra hospitalid ad, ampliamente acojedora.

PEGASO

-, I

Alemania es 111111 11acw11 pacífica. laboriosa, que en 1 a
actual contiC'nda SP clefit&gt;nclt&gt; únicamentl' contra la envidin confah11lada para pPrclerla: la Pll\·i&lt;lia (lp Inglaterra,
la &lt;•nvidia de Francia, la e1widia dP Rusia, qne en las
artes de la pai no han podido contrarrestar la activi(lad
intPligente del pueblo alt&gt;mún. ~u Pllucación, de5cle h~1
&lt;'P un siglo, ha sido Ol'i1,ntada haeia la &lt;'Oncorclia nnivrrsal ....
Fitche, rn sns ·' Discnrsos a la Xación Alemana'' hablaba de ... '·ele\·ar· a la nación alemana induciéndola
a adquirir concicnC'ia &lt;lP sí mis111a, Ni deci1·, de su pura
esrncia germana, a fin dr l't'alizar esta esencia en rl exterior. cuan&lt;lo fnrra posihl&lt;&gt;. y lrlw&lt;•rla reinar en rl mundo.''
l◄J I mismo filósofo, qne tan Yastn i11flnrncia ejerció en
sn patria, añadía:
"Xo solamente Alemania PS la elrgicla poi' la . P1·ovidencia, sino qne rs la única elegida."
'l'reit schkr, mús f ar ele, ,·el'tía estr pensamiento, que parece. por s11 profn11da clnlímra, P'l(•apado &lt;1&lt;• los labios de
Ran Francisco dp Asís:
" Dios cuidará &lt;1(' que la gnena sr rrpita siempr·e, como un drástico mrdicamrnto para la raza humana.''
Por el mismo ramino 111al'chaha Hisrnarrk. A prsai·
del 70 Y de su dnro t&lt;&gt;m¡wranwnto del tiempo de Barbarroja,· el Can cillPr vivía en u11 (•nsneño casi evangélico.
A él pertc,necen estas palabras &lt;•dificantes:
"La verdadera rivilizaci(m PS 111111 ed11C'aeión viril que
aspira a la fuerza ~- rmplea la f1wrza. 1·11a civilización
que con rl prrtexto de la eol'tesía ~· ln humanidad. enerYa y afemina al horn hl'e. sólo convirnr a 111 ujPrf'S r rscl avos.. '
Hernhardi ha ido más lejos: ha wedicaclo la paz con
un ardor clr fanático. Rus eo111pat1·iotas le deben este puñado &lt;le ideas. qnr pre&lt;l isponen &lt;•l ;'mimo a la vi&lt;la fecunda y tranquila :
"La gnena es el factor más g-n111cle en el" avance de la
cultura y rl poder."
"Los esfuerzos Pn favor dr la pnz son extraordinariamente pe1'11ieiosos tan pronto como inflt1)'e11 en la política."
"La consrn·ación dr la paz no pnedr srr nunra la meta de una política."
" Los esfnerzos por la paz, si consiguieran su objeto,
con ducirían a una &lt;legeneración general. eomo ocurre
dondequiera én la Xaturaleza cuando desaparece la lucha por la existencia ..
"Las naciones Mbiles .no tienen el mismo derecho a
·vivir que una nación potrnte ~- vigorosa.''
Y este pueblo pacífico, tan bien encaminado por sus
publ icistas, se duele hoy de sn suerte, clamando contra
l a iniquidad humana e invocando el auxilio divino. Y
D ios, ¡ oh ironía!, lr contesta con las bocas dP los 75 . ...

En el Ancre
El aYancP británico ('11 &lt;'l fl'fmt&lt;• occi&lt;lental prosigue
lenta pero implacablt&gt;mentr. Todo el esfuerzo y la ciencia
militar del ejército tentón no han Jograllo contenrr el

ímpetu de los bisoños soldados de Dou glas Haig. E n menos de seis meses ha tenido que abandonar casi toda La
r·egión situada al Este üe la línea l3aupame-Peron ne.
OYi!lers, La Boisselle, Fricourt, l\fametz, H ardecou rt,
Longueval, Guillermont, l\Iau repas y otros puntos de melJ0S importancia, cayel'on d u rante la ofensiva del l.0 de
julio al 9 de septiembre; P ozieres. Gin chy, Fores.t ·y
Clery sucumbieron algunos días después; les siguieron
(.'ambles, Thiepval. Courcelette. [Jesbeufs y l\forval, y P]
JO de octubre, las tropas inl!lesas, mermadas pe1:o victoriosas, empl azaban sus grall(h•s cañones en las cercanías
&lt;lt• Baupame y Peronne, miPntras los franceses S&lt;' esta-

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Probables líneas de resistencia del ejército alemán
en s u ret irada, s egún a lg unos técnicos militares.

blecían fren te a la línra alemana &lt;le Pero1m&lt;&gt; a Oh au lmes.
A fines de febrero ~ tras un largo período de relativa
calma, intcrrmupida gloriosa mente en el sector d e V er dun por la proeza de los generales Nivelle y Man gin, las
fuerzas aliadas reanudaron la ofensiva, obligando al enemigo a Pvacuar los lugares fortificados qne conser vaban
&lt;'ll las inmediaciones de Bapanmc, a cuya pla¡,;a se replegó violentamentr, favorecido por el mal tiempo que r einó en rsos díai- ~- quP impidió a los ingleses desarrollar
una per·secución más rápida y eficaz.
'' En todá la región-dict&gt;n las noticias rPci bi&lt;las del
campo de batalla-se encontd, una cantidad espantabl t&gt;
de muertos. "
Posterior mente las tropas br itánicas asaltaron las t1·ineheras alemanas situadas al Norte de Guedecourt, ocup ando una gran parte de ellas y mejorand o así sus posiciones

PE G A SO

�eu ese frente. Al Sur de Petit l\Iiraumout y al Sureste
de Souchez fueron también asaltadas las fortificaciones
alemanas y tomadas después de encarnizado combate en
que tanto unos como otros tuvieron que hacer uso de sus
bayone~as._ Estos pequeños ayances forman· parte del vasto movimiento que se está desarrollando en dirección. de

perdieron en diciembre último. Una de ellas es el bosque
de Caurieres situado entre Douaumont y Ornes, ha(!ia
el Occidente de Bezonvaux. Los franceses .se han establecido allí sólidamente para impedir la irrupción teutona
en Douaumont y han rechazado con éx:ito las acometidas
del enemigo. En la margen occidental del Meuse ha halQ#j

h

mundo, es aquí perpetua. Llena los barrancos, prende
mantos de armiño a las montañas, cuelga sus algodones
delicuescentes en las ramas de los árboles y obliga a los
animales-el hombre entre ellos-a refugiarse en sus madrigueras. Los cañones bostezan entonces a la intemperie; los fusiles chispean cerca de las ocultas fogatas, y
la Muerte descansa en algún cementerio hinchado de cadáveres ....

que basta la rnús pe&lt;¡ueña sobrecarga para que se hunda.
Por este motivo, sus comandantes, en cuanto se encuentran con una nave armada, generalmente huyen o se su-

La campaña submarina

Una visita al frente de batalla

Baupame, lugar fortificado donde el ejército teutón se
dispone a resistir y a contener la invasora marea: británica.
.
Las fuerzas inglesas cubren actualmente un frente que
:,e extiende desde Yprés en el Norte basta Roye en el Sur,
( ciento treinta millas más o menos) ; y a medida que vayan llegando los nuevos contingentes, prolongarán más su

bido también alguna actividad militar, principalmente en
la zona inmediata a Malancourt, donde las fuerzas del
Krónprinz ocupan todavía algunas de las fajas de terreno que los franceses evacuaron en las primeras semanas
del asedio de la plaza, bajo la presión de la artillería
pesada que los invasores pusieron en juego. Eran aquéllos, tiempos de prueba para la guarnición del campo
atrincherado de Verdun. Los que al principio se burlaban de la predilección alemana por los grandes cañones,
confiados en el rápido y móvil 75, sufrían las consecuencias de su imprevisión, haciéndose matar en el frente
con un heroísmo de que hay pocos ejemplos en la Historia. Fueron diezmados, despedazados, arrojados de los
bosques, cuyos árboles, como los hombres, caían desgajados por los obuses, hasta que las fábricas acudieron en
su auxilio, llevando a Verdun los monstruosos cañones
que restablecieron el equilibrio entre los combatientes.
Hoy la situación es diferente: la artillería francesa es tan
poderosa como la alemana y cuenta con más municiones.
Ha pasado la época en que el general Petain, doliéndose
de la escasez de obuses, decía que por cada uno que econoinizara bien podía perder veinte soldados ....
Detenidas frente a Douaurnont al Este del "Mense y frente a Le Mort Homme al Oeste, las fuerzas germanas -no
han intentado ningún moviiniento hacia el Sur. Tal ·vez
la actitud amenazante que guardan frente a Verdun -no
tiene en la actualidad más objeto ·que inmovilizar allí un
grueso número de soldados enemigos·. para facilitar las
operaciones .en el resto de lá línea ·de batalla.

La campaña submarina destinada a reducir por hambre a los aliados,. continúa con vigor.
En realidad puede decirse que se- ha exagerado mucho el efecto de ella y que los sumergibles no dirán la
última palabra en el tremendo conflicto europeo. Se sabe ya que centenares de buques entran y salen de los·
puertos ingleses y franceses a pesar de la vigilancia enemiga y de los torpedos, y que el bloqueo- submarino no
impedirá que tanto Frencia como Inglaterra se aprovisionen de lo que necesitan para subsistir en esta larga y
penosa guerra de desgaste, cuyo peso se trata de que
gravite princip~lpiente sobre la· población que no combate.
La medida de armar a las naves mercantes, que se dispone a tomar también la República norteamericana, reducirá poco a poco el número de siniestros. Está probado que algunos cañones servidos por artilleros ejercitados y serenos bastan para calmar la rabia destructora de
los submarinos. Cuando terminó en Corfú la reorg;inización del ejército servio y fue necesario llevarlo a Salónica para que tomara parte en la campaña que concluyó con la caída de Monastir, los transportes franceses
efectuaron noventa y tres viajes sin accidente alguno.
Los mares, lo mismo que ahora, estaban infestados de
submarinos alemanes y austriacos ; pero ninguno de ellos
CARICATURA BXTRANJERA

El acorazado francés ·"Mirabeau" disparando sobre Atenas.

mergen. Saben bien que sobra un obús para despachar,
los al fondo del mar.
. Desde que se inició la campaña submarimi los aliados
e~ercen en los mares una vigilancia sin precedente. Quin~entos buques franceses y mil quinientos ingleses, divididos en pequeñas patrullas, recorren constantemente la
zona peligrosa, secundados por hidroplanos que volando al ras del agua pueden ver lo que pasa a cinco o seis
me!ros ~e p:rof~didad. En cuanto aparece afuera un
peris_cop1?, los pllo~os lo participan a los buques y éstos
se d1sem":1an, cubriendo_ una vasta extensión, hasta que
el sub;ffiarmo, falto de aire o fuerza motriz, sube a la superficie y ofrece blanco a los cañones.
I:a caza de los barcos mercantéS no se hace, pues, sin
peligros, Y cuando todos naveguen armados, sólo servirá
para probar lo que es capaz de intentar la audacia alemana, exasperada por la derrota.
Para el Káiser, que tantas esperanzas cifraba en la
campaña su~m~rina, debe ser desconsolador saber que
durante las ultunas semanas, y no obstante los sumergibles cargados de torpedos que merodean por las costas
de Inglaterra, han entrado a los puertos ingleses 2 528
buques y salido 2,477.
'

En los Vosgos .~

Una misa en un pueblo inmediato al frente inglés

línea, con el fin de que los ejércitos franceses puedan desarrollar en la próxima ofensiva una acción más intensa.

Frente a Verdun
Se han registrado algunos combates iniciados por los
ltlemanes, que desean recuperar algunas posiciones que
10

Ha habido igualmente algunos combates de poca importancia. Las tropas enc~gadas. de la defensa de esa
parte de la frontera se concretan, lo . mismo qi1e sus adversarios, a conservar sus posiciones, sin emprender movimientos de carácter decü¡tvo. Los destacamentos que
ocupan- los puestos más avanzados, suelen, sin embargo,
entablar ·escaramuzas más .o menos -encarnizadas, que terininan con la conquista- o la pérdida de tal o cual lugar
insignificante. La naturaleza ~l terreno y el clima impiden, por otra par~e, las ,operaciones en mayor escala·, y
los soldados se resignan al papel pasivo que se les ha
señalado, mientras sus compañeros del Norte deciden en
furiosas batallas la suerte de la República y con la de
la República, la de sus aliados.
'
La nieve, que en otras zonas cae de cuando en cuando, ·
como para calmar la fiebre d-e matanza que domina en el

PEGA&amp;O

El conde Zeppelin

EL KAISER:-¡Deténgansel .. . . ; ¡deténganse! ....
Insensatos, se van a descarrilar . ...

osó correr el riesgo de ponerse al alcance de los cañones
de los transportes.
, S_e explica esta prudencia teniendo en cuenta que el
hmite de flotabilidad de un sumergible es tan reducido

El .viejo conde Zeppelin murió hace días en Berlín:
Fue uno de los que más activamente fomentaron en Alemania la navegación aérea, y a su talento inventivo se
deben los famosos dirigibles que llevan su nombre. El
fracaso d~ estas naves, como elementos de combate velaron últimamen!e el _br~llo de su fama. Se esperaba' mucho de _ellas y solo sirvieron para dejar en la frente de
Alemama _algunos coágulos de sangre inocente.
El _De~tmo, tan pródigo ahora de gloria guerrera, no
deshoJara sobre la tumba de este hombre sus rosas fulgurantes.
Una prosaica disentería se lo llevó.

PEGASO

11

�"""""Hntuu,nnun,1un1u11tn•u...................,1,u,---•HH11..............11,1111111u111u1u11111u11n1on1n1111uu11111111111111uon11111u1,,u11u1n1n111,111111,11u1nu111111111111111u1111111111111111u111111111111111unu1•Hntl

La vida en las trinchéras
Para matar el tiempo, para disipar el aburrimiento que
se apodera de los soldados entre combate y combate, algunos se ClCupan en hacer periódicos, hojas improvisadas
01\RICA.TURA

EXTRANJERA

mierP LigilP'' .... y reproduce aigo del material que apa-

rece rn estas ¡mhlicaciones efímeras, que salen de cuando
en cuamlo como ráf~gas del cráter del volcán. Prosas, versos, chistes, ci11·icaturas, noticias: todo lo· que puede ser de
interés para el público de las trincheras.
He aquí una nota humorística tomarla de "L'Echo des
'J'ranchées:"
El vientre de Rigadin.-Rigadin, gravemente herido durante los combates de la Champaña, fue hecho prisionero
de guerra.
_
Los médicos boéhes lo curaron cuidadosamente. Pero
una vez que acabaron de recoser el vientre abierto de Regadin, uno de ellos exclamó:
·
- ¡ Tarteifle ! .... ¡ Mis lentes] ...
Se habían quedado en los intestinos del francés. Era
necesario descoserlo ...
Apenas habían acabado de cerrar por segunda vez el
vientre ,del herido, cuando otro de los médicos se dió cuenta de ·qut&gt; había olvidado su pañuelo en el mismo lugar.
í, Qué hacer 1 Descos~r de nuevo.
· r
Extraído el pañuelo y cosido el abdomen, otro de los
galenos, tratando de encender un cigarro, advierte que
sus cerillas hau clesapareci&lt;lo. Sr habían quedado, indudablemente, en el vientre de Rigadin, y se -dispuso a deshacer por tercera vez lqs puntos de sutura.
Rigadin, con voz dulce, propone entonces humildemente:
-¿ No le parece a usted, doctor, más ventajoso ponerme unos botones~''
En otro periódicQ, "L'Echo drs Guitounes," se encuentra una parodia clrl célebre soneto dr Arvers, que empieza con la siguiente cuarteta :

L. . . . . :.!. . . . . . . . . . .~.~~:.~.:.~.~~. . .~. . ~.~.~. ~:~. . . . . .,. . .! . . -.. . . . . .

1

LA

PSICOLOGlA DE MAClSTE

EL ENCANTO DE LA OPERETA
LA REAPARlCION DE LA OPERA

Yo, pecador, confieso que me he convertido al cine y que me ha
convertido con sus inofensivas tentaciones esa discreta pecadora
que es la opereta,
Estoy asombrado de mí: una transformación tot~l de mis sentido'! me reconcilia. con gustos que reprobaba y manJares de que no
quería gustar; porque la fatua sugestión de refinamientos artificiales de estética familiar, tanto a mi pobre persona como a otros de
la camada, nos había colocado en un orgulloso Olimpo de intransigencias. La opereta ...... el vaudeville ......... el cine ......... Puah!
No señor, hay que ver y oír (desde México) la Tetralogía de Wagner
en ia temporada de Bayreuth; es de imperiosa necesidad asist~r (desde México) a. las temporadas del ,llannhatan y del illet1·opol!itan en

Pues bien: además he llegado a convenir que la opereta tiene g~a•
cia especial y encanto. La opereta no es sino una dama de la. a.r1stocracia que una noche de carnaval se disfraza de co~otte par1s1ense. Mas conviene fijarse en que no se debe confund1r a la dama que
se disfraza de cocotte, con la cocotte que se disfraza de dama. Pónganse por caso los teatros Principal y Arbeu, y aunqu~ malas son
comparaciones, cualquiera aprecia en éste un refinamiento d~ es•
fuet·zo al mostrar las obras con decorosa propiedad, como educando
el gusto cansado del público con algo que no es canalleria, ni tipos
ele plazuela mexicana, o golferia madrileña, i-ino sonrisas de Ia ima•
ginación y esbozos bien logrados de un arte popular.

'' Hay en mi alma nu secreto, en mi üda un rui!terto.
Un plan para esconderme, perf~c·tamente urdido.
Yo el militar oficio nunca he tomado en serio,
y queriendo esquivarlo, hice lo que he podido.''
EL TIO SAM DE VIAJE

Traje que según las exigencias de Alemania
deberá llevar para atravesar por la zona
peligrosa
,•11 las cuevas que les sirvrn de abrigo contra la metralla
alemana, hechas a mano, con pasta clr hectógrafo, como
las circunstancias ele! momento lo permiten. El '' Je Sais
Tont" publica una lista de los principales: "Les Poilus
de la 9.e," "_Notrr Rire," "L'Echo des Cuisines," "Le
:'.\Iarcheur du 88.e," ''L'Echo eles Tranchées," "Le. Mouchoir," "Le Poilu Déchainé, ' ·' "Rigolboche," "La Pre-

entendido en a1·queología, •se da eita la aJ'istocracia•,- sitio de capricho y de pasajera popularidad-el cine es un maravilloso instru:
mento para fijar la vida que se nos escapa como el agua entre las
manos, los modos de una época, las tendencias de una much~du~bre, o lo es también para dejar esos ligeros toques de luz del divertimiento que son como retoques compasivos ele arrugas en un retrato.
Y así no extrañé a mi huraña intransigencia que Maciste boldado
haya divertido y alegrado mi juvenil tristeza, como si hubiera es•
cuchado la primera vez una página de Robinsón o un capítulo de
un libro de aventm·as. Maciste era ya mi amigo cuando triunfaba en
la pantalla Oabii"ia - una. gloria pelicular y efectiva que ya deseara
el huésped Ruecla.-Le admiraba yle quiero como a héroe o con ese
sentimiento instintivo que se descubre ante imponderables hazañas, magníficos triunfos o alardes de fuerza.. - ¡Oh Moro de Ven_ecia!
-Maciste hasta cuando es cruel tiene algo de ese encanto fr1volo
del gato contra el rntón.
Es curioso también, al prevaricai· con mi asistencia al cine, lo que
me dice una de las señoritas de la familia a quien acompaño:• •No
crea usted no soy tan boba., el cañón ese que levanta en vilo y so•
brelleva M~ciste, es ele cartón ...... No soy tan guaje, . ... Y la escena
del árbol, no la. produce sino una combinación de lentes con el fin
de sugerir que Maciste es suficientemente robusto pa1·a derribar un
árbol corpulento con todo y su enemigo• ....

No siempre el humo1· está ·para chistes e ironías. En estas páginas forjadas a la diabla se hallan él- veces líneas
que dejan escapai· un aliento heroico.
Frecuentemente se leen notas como la que sigue:
'' La redacción de nuestro querido ,diario ha sido muy
experimentada el 20 y el 22 de julio último. La mayor parte de nuestros redactores y de nuestros colaboradores han
sido mnertos o heridos ...· Que nuestl'os abonados tengan
a bien cxcnsa1·nos por el retardo que hemos sufrido. Para
publicar éste número ha sido necesario vencer más dificultades qne para publicar los otros."
Esteban FLORES.

Nueva York; sólo se puede adm.itfr en un círculo de cultos a quien
concurra todos los años (desde México!) a los conciertos Lamoureux
y ha.ble de la estética de la música de Debussy en los ballets rusos.
La. opereta. es una burla del verdadero arte; el vandeville es un atente.do contra la moral y el cine e&amp; un arfie imperfecto. Ese era hasta
ha.ce pocos días el piso de estética en donde se hallaba mi modesta
habitación.
Ahora he buscado otro plano para observar y he descubierto que
muchas cosas las miro ele otro modo.
·
El cine-suelo discurrir con una migajita de filosofía, después ele
haber sumergido,. dura~te ~na hora, mi cuerpo en las sombras, pongo por _caso, del flll~ Ol!imP_ia, lugar de moda¡ cual un tiempo Jo fuera el eme Palacio, rmconc11lo en donde, segun un amigo mio muy

Claro que mal hace quien en este arte trata. de halla.~ las emocio•
nes ele un arte superior y aplique, para juzgarlo, los mismos proce·dimientos que a la sinfonía o la ópera.
Afortunadamente para nue;,tra discutible cultura, el gusto por es·
ta clase de espectáculos se propaga y afina, y asi acontece que, por
ejemplo, al regresar a la capital un grupo ele artistas como los que
integran la Compañía Impulsora de Opera y plantar su tienda en el
u·adicional Hidalgo, tal hecho se considere como un suceso de le.
época; porque el público -este público niño de la Metrópoli- muestra una gratitud perdura.ble a quien ha contribuido a su educación
y le lleva de la mano por caminos agradables. Y crece tal gra~itud
y se convierte en devoción cuando lo hecho se conserva y meJora.
La Compañía Impulsora ha sido combatida por fuertes vientos de
malevolencia, de ingratitud y de fracaso, y los ha resistido. Su estrategia es sabia e incontrastable, porque ha sabido preparar una.
fuerte base de resistencia. Para. cada malevolencii,, para toda in•
gratitud, para cualquier asomo de fracaso, ha tenido en la punta de
su florete una respuesta vigorosa: la representación de una nueva
ópera, la presentación de un nuevo artista. ll'Ias tan hábil estrategia suele usarla también en medio del éxito. Aun no sacuden los artistas de la Impulsora el polvo del camino, después de la temporada
triunfal de Guadalajara, cuando abren la puerta dominical de la temporada con la presentación de un nuevo compañero en Favo1·ita, un
tenor ligero, Julio Rolón, que pronto por facultades, educación, emotividad artistica y figura, hará olvidar la evanescente silueta ele! fugitivo Mejía.
El domingo último de su presentación, el público vespertino, exigente y culto, hizo eomo si Je hubiera dado la mano y le dijera: •Es
usted de los nuestros. Está usted en su casa. Somos sus afectísimos
y seguros servidores.• Y Rolón comp1·endió que era sincero lo que le
clecian y sin alardes de juglar ni de burgués en día de fiesta, que echa
la casa por la ventana, comenzó a mostrar algunas alhajas de su joyel: brillantes deagúas claras engarzados en oro y destacados en sedosos terciopelos; perlas de fino oriente en sartas vistosas, y todo
ello denunciando la marca ele un gran orfebre.
· Y Favorita traerá a Rigoleto y éste a Bohe1nia y todo ello una
buena temporada para nuestro monótono hastío.
JESÍ•S VILLALPAND0.

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Las últimas plumas del águila prusiana
(Caricatura de Neve)

12

PEGASO

Pídanos una muestra, que le será enviads enteramente gratis.
;...,....llt-l!INIIIIHIIIN-..tftlHllll,_IHHl•mm.................,uu,o••••.. u1u.. u•ouu ...........,..............,..,........,..................,.,.......................,..,..................,•• , .....,.,,,uoo..1111uuo.. 111mnoooooooooo,looo,,,..

PEGASIO

13

�11
11
En honor del poeta hispano Salvador Rueda y con asistencia tain'bién clel señor ministro de Esp,aña, se verificó el domingo último,
en terrenos del ''España,'' un animado juego entre los equipos
'' España 11 y ''México,'' reRultanclo vencerlores los segundos po,·
dos goals contra cero.
Reinaba inusitado entusiasmo por este juego, viéndose, tanto toldos como sillería, pletóricos de concurrentes.
Poco después de las 4 p. m. dió principio el juego, tocánclole en
suerte sacar al ''España,'' perdiernlo la bola en los delanteros. Tó-

ba de la meta. Vueh·C' a la carga el "España," defendiéndose aclmirablemente el "México." El juez le marca un hands al "España," concediendo una free kicl. (patada libre) al "México." Patea Miranda desde largo, centrando magistralmente y rematando
Cerón: pára Gavalclá barriéndose, quedando la bola a la entrada
de la meta; carga Cerón sobre el goal y anota el segundo tanto a
su equipo.
El "México" ha vencido al "Espafia." ¡,Por qué~ Porque el "España'' no estuvo a la altura de costumbre, pues además de que

[ Sección de Ajedrez
Ji

LAS APERTURAS

A cargo de Enrique Oonzález Martinez, Jr.

8 P5R

El conocimiento de la clasificación de las. apertur~s de Ajedrez
es un importante elemento en la cultura. aJedrecist1ca, .que pro•
porciona al estudiante la maner11. de .elegir entre los v_ar1os mé~dos de abrir el juego y buscar en los hbros de referencia los mov1•
mientos que quiera. conocer .más de ce~ca.
.
Una clasificación de poca 1mportanc1a P?dria ser ~xphcada ~es•
de luego. Todos los juegos son llamados :&lt;Juegos abiertos• º. •&lt;JU8·
gos cerrados•. Cuando de los dos lados se Juega P 4 R, es un Juego
abierto• cnaodo las blancas abren con P 4 R y las negras contestan p s· R O p 4 A D, enton?es. es un juego cerr~d~: y si. l~s .blaocRs cambifln ~n primer mov1m1ento por el mov1';111ento 1mc1al de
p 4 D O p 4 A D, por ejemplo, también.ª~ l.lama Jnego cerrado.
Ahora llegamos a las grandes sub•dtv1s1one~ de las aperturas
usadas principalmente en los tratados que explican esto extensamente. Son las siguientes:
•
1. p 4 R, p 4 R; 2. C 3 A R-A.p. rlel CabRIIO del Rey.
1 p 4 R p 4 R· 2. C 3 A D-Ap. del C&gt;thallo de la Dama.
1· p 4 R' p 4 R'. 2. A 4 A D-Ap. del Alfil del Rey.
1· p 4 R• p 4 R'. 2. P 4 D-Gambitos del Centro.
p 4
P 4
2. P 4 AR-Gambitos de l Rey.
Si ll\s blancas juegRn l P 4 R y las negras replican con otro !11º·
vimieoto que no sea P 4 R, se llama a esto una apertura semt re-

9 OS O

~~

Problema número dos
POR R. COLLISOX
i8 16 Dll814R1Clj6Arj6Cli2P5181
La_s Blancas mi1,tan eu tres jugadas.

Partida número cuatro
PONZIANI
BLANCAS
TCHIGORJN

NEGRAS
Goss1P

1 P4 R
2CSA.R
3 P3A

1 P4R
2 C S AD
3 P 4D

4 D 4T

4 PSA
5 C2R

5 A 5 C
6 p .:'C p
7
O
8 P4 1,D
9CR2l)
10 A. 4.A

o.

1:

6 D x P
7 A 2 D'

10 D4TD

s·c:
11 P 4 A
12 A 7 A j11qne
12 R2 R
13 C 4 A !!
13 n S T
14 A 5 C j . !
14 R x A
15 C 6 D matP.
Un hermoso juego. Tchigorin yWeids dividieron el 1° y ~pre•
mio del torneo en que se jugó dsta partida.
11 D

NOTAS SOBRE LAS APERTURAS

Salvador Rueda, el director de Bellas Artes y el ministro de España
presidiendo el Juego
mala el ''México,'' que la lleva }¡asta las defensas hispanas, que
la paran y mandan a sus alas, llegando con ella hasta la meta (]el
"México," salvándose éste de un tanto por la oportuna intervención de Miranda. Sale la bola por encima de la meta mexicana y
el ''España'' tira un magnífico comer que no remata, gracias a
Miranda, que vuelve a salvar a sn equipo, mandando la bola a los
medios, que la llevan mediante una hermosa combinación de ala,
a la meta hispana. anotando los paisanos su primer goal. Ataca el
España'' como sabe hacerlo, y compromete al ''México,'' salvándolo sus defensas, y continúa -muy reñido el partido poi· ambos
lados, llegando otra Yez el ''México'' al goal contrario, no anotán•
dose el tanto por un foul de los mexicanos. Con hermosas jugadas
ele una y otra parte termiua el primer tiempo.
Comienza el segundo tiempo, sacando el "México" y perdiendo
la bola en los primeros pases, tomándola el ''España,'' que desde
esos momentos estuvo dominando casi la totalidad del segundo
tiempo. El "México" carga indebidamente a un jugador del "España,'' priYándolo de couo&lt;·imiento por breve tiempo, lo que le vale
que el juez le marque foul y otorgue al ''España'' un penalty
kick (patada de castigo). Tírala Ibarrechi y vuela la bola pór arri-

fallaron en momentos verdaderamente críticos, cometieron graves
errores, de los que se aprovecharon los contrarios, cometiendo
los principales Ibarrechi, pegando clavado y de puntera el penalty aplicado al ''México,'' lo que originó que la bola se lev1.1n•
tara y pasara muy por arriba rle 111, meta; Lanza, que estuvo en
varias ocasiones fuera de su sitio, y Bonet llegando fuera de tiempo; y si a esto se agrega lo bien combinados de los ataques del
"Méxicoí' en todo el primer tiempo, -auotamos una combinación de
centro y ala y otra ele medio y ala muy bonitas,-la oportunidad
de Miranda, y, en general, la eficacia y energía de todos los juga·
dores, tendremos lo que, en nuestro concepto de imparciales, fu,3.
ron las causas de la derrota del ' ' España.''
"Junior" y "Juárez. "-Tablas por uno a uno. El "Junior"
vuelve por sus fueros.-Con mucho menos público que el domingo
pasado, debido a que la combinación "España"-"México" se llevó a la mayoría del público deportivo, se verificó el segundo encuen·
tro entre éstos teams con el resultado ya anotado. El primer goal
de la tarde lo anotó Ferroiro al "Junior," trayéndose él solo la
bola por todo el campo, pasando admirablemente a todos los con·
trarios, hasta meterla al goal.

SPAULDIN·G
es el notttbre tttás popular entre los hotttbres, jóvenes y nifios amantes del
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Para los estudiantes jóvenes por William Cook. Autor de "The
Synopsis of the Chess Openings" y "The Chess Players
Compendlum."

El ' ' J uárez' ' anotó su goal por un buen shoot de Hammon.d,
distinguiéndose también &lt;lel "Juárez" el Goal Keeper, que jugó
magistralmente.
De parte del " Junior," todos, en general, trabajaron con decisión y eficacia, volviéndonos a entusiasmar con aquellas hermosas
jugadas que siempre le hemos admirado a este equipo.
El '' Mixeoac'' tuvo, en la mañana, un juego de práctica debido
a que el juego ele liga contra el "Williarus" no se llevó a efecto
por no haberse presentado éstos al campo.
"Tacubaya'' contra "Preparatoria.' '-Gana "Tacubaya'' por
dos puntos contra cero.
Entre jugadas más malas que buenas por ambos lados, se jugó
este juego, resultando monótono e insípido, sin haber ocurrido na•
da digno de mencionarse por lo apáticos y flojos que se portaron
los dos equipos contendientes, habiendo únicamente notado que se
accidentaron varios jugadores del "Tacubaya," sin que hayamos
comprendido la causa.
Tampoco se jugó el partido anunciado entre "Meyer y Huerta" y "Palacio ele Hierro," por no haber acudido al terreno los
segundos.
Y hasta el próximo domingo, que medirán sus fuerzas, en la ma·
ñana, a las 10.30:
"Tacubaya" y ")fLxcoac," en terrenos del ")lixcoac."
'' Williams '' e ''Ingenieros,'' e11 terrenos del '' Williams.''
''Internacional'' y ''Medicina,'' en terrenos elel '' A. B. C.''
'' Palacio de Hieno'' y '' Luz y Fuerza.'' en terrenos del '' Palacio."
En la tarde, a las /l.30:
"Junior" y '' A. B. C.," en terrenos clel "Junior."
"Juárez" y " PrQparatoria, " en terrenos del " Preparatoria."
"Ingenieros" y "Meyer y Huerta," en terrenos de "Meyer y
Huerta.''
"N'ormal" y "Militarización,'' en terrenos del "Normal."

14

PEGASO

.

LA APERTURA DEL CABALLO DEL REY
BLANCAS

NEGRAS

1 P4R
1 P 4R
2 C3 AR
El más usual camino para preparar un &amp;taque. Las negras tie•
nen que escoger entre las cinco réplicas siguientes:
Contra Gambito de Greco
2. P 4 AR (débil).
Contra Gambito del Peon de la Dama
2. P 4 D (débil).
Defensa de Petroff
2. C 3 A R (buena).
Defensa Philidor
2. P S D (débil).
DefensR Italiana
2. C S A D (lo mejor).
De la D efensa Italiana se originan varias aperturas. Las Blancas puPden jugar:
3. P 4 D
Gambito Escocés
(hueno).
S. A 5 C
Ruy López
(muy fuerte).
3. P 3 A D Ponziani
(poco jugado).
8. A 4 AD (buena).
Si las negras contestan a 3. A 4 AD:
3. C 3 A R (mediana).
Defensa de los Dos Caballos
Giuoco Piano
3. A 4 AD (buena).
Las Blancas pueden también jugar 4. C 3 AD
(buena).
Si las negras replican:
Juego de los Cuatrn Caballos
3. C S AR (buena).
Si 3 ......... , A 4 A o 3 ....••.•. , P 3 C R.
(mediano).
Juego de los Tres Caballos

PEGAISO

/

R:

Cuando 1· p 4 D. p 4 D; 2. P4 AD, es llamado Gambito de la
Dama; y todos los demás movimiento de los c~ales no hemos he•
cho mención son clasificados como aperturas irregulares.
Estas disti~ciones son necesarias pero no esenciales. Lo que es
de esencial importancia es l'li. serie de movimientos que dan nombre a una apertura. Esta clasificsci?n implic9: la. nomenclatur~ y
el estudiante debe saber de mema.na los mov1m1entos que la mte~ran,
d
. .
Quiero hader notar que algunas veces uno e los mov1m1entos
del blanco da nombre a la apertura Y que otras, ésta es contituida
por un mvvimiento de las nee;ras.
V amos a proceder ahora al examen de las primeras variantes
de cada apertura, y presentar unas cuantas. observacio1;1es que
prop0rcionarán al novicio salvar algunas serias desventaJas concernientes a la salida, ya sea que lleve el ataque o la defensa.

Fenalty KICK.

:.11■1ttlllN■tHIHHlllllllllllll• .. ••. . . .UUHIIIIIIIIIIIIUIIIIIIIIIIUIIIUHUUUUNIIIIUIUU................, ....u u u t U H U t l t l l H l t l t H M I I I I H 1 t l t M I - - - M 1 l t l l t " 1 t l t t t ' t t - t l f t. . . . . .ff............ttHttffUtttltttttttlt1tttttllllttltfltttttltlttftt. .

R:

EL NUMERO 3 DE "PEGASO" PUBLICARA 16 PAGINAS
DE MATERIAL INEDITO SUSCRITO POR LAS MAS PRES·
TIGIADAS FIRMAS DE MEXICO :-:
15

�V

Varie·dades
',: ====,=====================================J.;::,
La marcha sobre el agua

1

La palabra marchar evoca inevitablemente en el espíritu la idea de llll suelo resistente o al menos de una
superficie consistente y finne Robre la cual pueden apoyarse los pies.
· La idea de anclar sob1·e d ag1w i:'8 muy antigua. Leonardo de Vinci, el inmortal artista, que fue también genial
innovador trató de realir.al'ia, creando llll barquillo para
los pies, /¡ne consistía f'n dos odres llenos de aire. Para
asegurar el eqnilibrio d&lt;' su n1&lt;limentario aparato se servía &lt;le un bnl,meín sern(,jant(' al empleado por los acró-

Aparato alemáu para andar
sobre el ¡:¡gua.

,

bata.s que caminan sobre cuerdas. Inútil es decir que su
invención no satisfizo a nadie y que pronto fue relegada
al olvido.
Lá idea ha ocupado posteriormente el ingenio de algunos hombres y se han ideado aparatos de diversas formas que han corrido la suerte del for,iado por el g;an
artista .
Bajo el reinado &lt;lr Luis XV se hizo un ensayo en el
Sena, que no tuvo é.:\-ito, ." mucho tiempo después.
en 1913, durante tma fiesta nántica que se celebró eü
Nogent-sur-Marnc, se hicieron experiencias con otros ' 1 hidropiés" de diversos 111.o&lt;lelos.
En Ja prinrnYera ele 1914, a algunos kilómetros de Berlín, se hizo nn nu~Yo ensayo con otro aparato: toda una
sección de infantl0 1·ía, pe1·fechunente equipacla 1 fue provista dL• ftotado1'es que dl~bíau pl:'rmitir Pjecutar espléndidas maniobras .v c1·uza1· combatiendo las corrientes de
Jos ríos. La prueba .tuvo un resnlfado fatal, pues paree.e
que los infantes uo supieron srrvirse de sus aparatos y
que dos rle ellos zozobraron y s,~ Hhogaron für Gott, für
. Koning nnrl 'V a terland ....
Expf'rie11cias más recie11tes han tenido lugar en Pa-

gramos y se com µone lle dos flotadores de Hierro, w1idos entre si por doR atra VPf:mfios. Upa tira de acero articulada adelante p0rmite 1nodificar convrnicntemente la
separación de los flotadores y asegurar el equilibrio. El
pasajero, calzándose los flotadores corno si fueran raquetas, hace- girar las pale.tas propulsor;;is mediante un ligero movimiento ~le vaivén impreso con los piéS, y puede
dirigirse fácilmente a dondequiera. El aparato es, eu
SlJma, unu afortuuarla combinación drl simple flotador
y de . la TUeda de paletas, y sólo ('Xigl' del que lo monta
un poco ele atn~vimiento, de golpe dl~ vista, ele sangre fría
y de agilidad.
Es curioso lrncel' uotar qm•, c1 despl~cho Oc las apariencias, el éxito de las ex 1wrirocü1s hrchas en el Bosque- de
Boloña con rl élpnrnfo th• JI. Russo, ~, el fracaso de las
r¡ue se hicieron pn Ale11umia, pa1·ecP11 consagrar de una
maneJ'a definitiw1 lo que podríamos llamar "la imposibilidad Qe la marcl1a Mhre el agmL '' fot idea de dotar
1:1 cada pie dr un flotador ." dl' aYanzar por una suprrfi.
cie líquida corno lo hada un patinador sobre eJ hielo, poi·
medio de deslizamientos sucesivos, C'S quizá falsa powrm'
no tiene en cnenta suficientemente las leyes pní.cticas del
equi1ibrio. La mrnor separación, 1a más pequeña inclinación laternl, bastan para provocar la caída. Esto se
explica fácilmentr si se considera 1a instabilidad ele la base que sirve clP sostén al pasajero.
El aparato de :H. Russo es en rPaliclad un pequeño
barquillo formado por dos largos flotadores y las pale-tas que le sirYen de propulsores son puestas en movimiento por snnves Jwrsiones de los pies &lt;lel t1·ípulantc. El pe(Sig1u ~n ln página Vi.)

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Francia.

1

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rís, en un lago del Bosque de Boloña, con un ingenioso
aparato inventado por el súbdito italiano M. Russo. En
preseneic1 de los representantes oficiales, del ministro· de
la Guena, del ministro de Marina y de miembl'os de los
I~stados ~Ja,vores de las naciones aliadas, multitud de muchachos y lle muchachas h4n efectuado con la máquina
d.e :u. Russo ('voluciones graciosas a una velocidad de 5 a
10 kilómetros por hora y con una facilidad verdaderamente inesperada.
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�VI

VARIEDADES
(Sigue de la página 16.)

ligro, por lo tanto, de las inclinaciones laterales que pudieran provocar la ruptura de equilibrio y las caídas no
son de temerse aun para los más inexpertos.

VII

la roca, se hicieron trescientos barrenos en una de las vertientes de la montaña.., algunos de ellos de ocho metros de
profundidad, y se cargaron con diez o doce libras 'de dinamita cada uno.
Antes de encender la mecha para pegar los barrenos fue
desalojado el· pueblo, llevándose cada vecino todo cuanto
pudo.
La explosión destruyó por completo el pico, sin que sufrieran daño alguno las casas.

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enfermedades parasitarias~ M. Carnot, soldaditos de plomo; la condesa de Briailles, maletas de viaje; M. Declourt,
pipas; M. Flullard, estufas; el conde de Kergolay, vina. greras; M. de Ecluse, funcl~s de coches; M. Lipinann, sonajeros; Mr. Megnin, planchas; monsieur Rollot, cuadrantes de reloj, y, finalmente, la baronesa de Henard, rosarios.

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el pico de una montañ,a que se alza junto a Thonnery, pueblo próximo a Aix-les-Bains, en Francia.
La base de la roca se estaba desmoronando constantemente y llevaba mucho tiempo amenazando sepultar '.ll
pueblo. Durante los últimos veinte años, los vecinos de
Thormery han vivido con el alma en un hilo, porque las
lluvias corroían la base de la amenazadora montaña, y
creían firmemente que cualquier día rodaría al fondo del
valle y pulverizaría la población.
Como el único medio ele evitar el peligro era destruir

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El juego de los adjetivos.
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Uno comienza diciendo, v. gr.: "1Ii tía tiene un gato."
Los demás del corro deben seguir por orden, aplicando un
adjetivo después de la palabra gato. Hay que empezar primero por la letra A, hasta apurar todos los adjetivos que
con ella comiencen; por ejemplo : '' gato astuto,'' '' gato
ágil, " "gato amable," etc. El &lt;tue diga un adjetivo que
ya se ha:va dicho, pierde prenda. Cuando se haya agotado
la lt&gt;tra A, se sigue por la B: "gato bonito," "gato bueno." etc. Ya tienn1 ustedes un nuevo pasatiempo para entretener las veladas.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>15/03/1917</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>El idealismo moral de Francia</name>
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        <name>Los restos de Hernan Cortes</name>
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                    <text>���1

BIBLIOTECA

CENTRAL

U.A.N.L

Portada ele Saturni1io H e1•rán.

tv1ARZO 8

PREC I O : 30 CENTAVOS.

DE 1917

�II

Venga· Ud. a SalÚd~r a la Primavera

--- - - -- - -

III

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______..._......................._.....................................................................................................................................................................................

..................." ... .... ...,..
TOMO l .

•

M.EXICO, D. 1-'., 8 DE /\1ARZO DE 1917

.........................................................................................................................._____,._.......................................

-._..........................................................................................
NU/\1. I

,

CRONICA
/

Al leer el

PEGASO,

jijef&gt;e usted a qué distanci,a de sus ojos puede

ver con facilidad y claras la.e; letras. Al mismo tiempo piense usted sobre las cosas de la vida: ¿Qué es lo más indispensable para el trabajo y la felicidad? ¿Qué haría sin ojos o
con, la vista desperjecta? ¿Sabe u.c;ted a punto fijo si requieren lentes sus ojos? ¿Lle·varía usted a su hijita a cm·arse a
un doctor descotwcido, para ahorrar un poco de tiempo o
dinero? ¿Pondría usted sus ojos en manos de un óptico cualquiera?
La gente culta de esta Capital conoce desde hace más de cincuenta
años a la Casa Calpini como "digna" de llevar la responsabilidad del cuidado de sus ojos. Es, en México, la casa Óptica más antigua y la más moderna.

Como siempre, en la A venida Francisco I. Madero nú~ero 37 ~y
3 a. de Motolinúi,) , donde se ve la atnarilla cabecita de leon
asomándose por la esquina.
· adas co,mrr_ci
Tene'nWS areh'1,V
r-v de las recetas de todos nuestros clientes
desde hace varios años. Suplicamos aviso oportuno de cam-

bio de dirección.

LA AVENIDA

MADERO

Plateros .... San Francisco .... Madero .... Nombres
Avenida era el vicio amblllante. Ko flota en ella, cierta·
,·arios para el caudal único, para el pulso único de la ciu
dad. No hay una de las veinticuatro horas en que la mente, olor de santidad; pero tampoco esca:--ean los ho
nestos vehículos. Acuden matrimonios en que t'I y dln
Avenida no conozca mi pisada. Le soy adicto, a sabien
das de su carácter utilitario, porque racionalmente no son ruinas fisiológica¡,, mas sin ninguna ~ospecha c:iYil
podemos separarla de las enganosas cortesanas qu e la ni canónica. Acuden familias de riqueza intempestiva
fatigan en carretela, abatiendo, con los tobWos cruzados. y de indumentaria chillante, mas Fin portillo moral.
la virtud de los comerciantes del Bajío, accidentalmente Acuden los vestigios de nuestra llamada aristocracia,
en ésta por exigencias de El .Fiel Contrrutt:, La Fanta- fieramente colonial y erizada de ayunos y de abstinensía o El ~1ncla de Oro. Loemos la eficacia dE&gt; estas carre- cias. AcudE&gt;s ta, dE' por tarde. vara de nardos. tú, lucero
telas que, evocadas por el nostálgico
de la Avenida, duE&gt;!'la de landa u, de patronímic&lt; s rantraficante de tabacos, rebozos o pi·
cios y de tedio crónico. Acudes a la
loncillo, son un bálsamo para las
angostura del paseo a demandar incontribuciones subidas, los pagarés
útilmente de los cordones de lechuy los saqueos. No quiero hablar del
guinos un estímulo vital. Te sabes
caso en que los tobillos arrogantes,
de memoria todos los tramos (Ganadmirados de buena fe por el Jocte Bolfrar .... ~Iotolinía- rsabel la
key Club, La Esmeralda o i\rercaCatólica .... ) sin que te consuele la
&lt;leres, hayan menoscabado la salud
mímica de l•'radiávolo :r sin que te
de Celaya o de León. El triste senor
rejuvenezca la fio!'lez de l&lt;'ifí.
Aranda o Anaya o Almanza comEstas muchachitas, que para atraP rende ría entonces, al regresar con
vesar de una a otra acera se cogen
sus carros de mercancías, la justide la mano y construyen así la tícia en que abundaba Platón al decir
mida cadena (n la 1m", r, las dos. a
que el primero de los bienes es la
los t,•1,;s), temen a los automóviles
felicidad corporal.
fundadamente. Manuel Othón juzTratándose de entusiasmos cívigaba que los automóviles andan en
cos, cuando vine a Méjico a radicarcalcetines. Además. estas muchame, yo tenía ya la ropa tendida a se- chitas que ensayan a la 1111,,. rr In.~
car. Por ello he sido un observador
dos. a la.~ t,•es, apretiindo en el puf!o
suficiente de las congestiones políla medalla de María Auxili,1dora,
ticas, menos cuando en la banq uecarPcen del sentidode la&lt;'irculación
ta del Cine Palacio, al consumars" porque sus pies y sus ojos conser·
el Cuartelazo, me robaron mi reloj
van la beatitud de las celebracio
unos energúmenos que vitoreaban
nes caseras en el terrnl'lo. cuando
a la Ciudadela. Mis sentimientos an
las &lt;·uitadas, en un fol'od&lt;•ÍPznahlr,
timilita.ristas alcanzaron la forma
eran las heroínas del cuadro plástidel rencor de bolsillo con aquella
co, y encarnaban a las Siete Virtusustracción, que no he podido repa
des, con estrellas de latón &lt;&gt;n la
rar, no ya con un reloj de pulsera,
frente, ~· corona~ de lentc•jut&gt;las pade geometría arbitraria, de los que
téticas, _y túnicas de éti-r. mientras
a.ma Rebolledo, pero ni con un inesque la precaria escena to1·nál:&gt;ase
table Ingersoll.
multicolora por la profusi6n de BenEn un café situado frente a San
galas inverosímiles. A mí no me es
Felipe conocí al autor de La8ca1S. Al soberano citareda
lícito reírme de las doncellitas que
que, como observaba Rafael López días atrá~, versifica- se precaven del tráfico. porque allá. en tiempos. s11spiré
ba. gloriosamente cuando aún regía la canalla. Estuvo a hurtadillas por alguna Humildad s mojé la almohada
magnífico, grandilocuente e insolente. Nos recitó, ent1·e en vasallaje a Marfa de Lourd&lt;&gt;s Valclés. quino decil'. a
otras obras suyas, un romance a Cleopatra, de tal cali- la Paciencia. Ahora, iDios mío!, &lt;ya no hay princesa que
dad que parecía desprenderse de la boca misma de A po- esperar&gt; ...
En cambio, existe derecho, E&gt;xiste obligación de di\'erlo. Nadie me ha deslumbrado, en su trato personal, como aquel hombre.
tirse con los cocheros a quienes ge les disp:ira la librPa.
Recuerdo la tempestad que se alzó en la Cámara de Automedontes trogloditas que nuestros hombres de pro
Diputados con la declaración de un orador de que la exhiben, para lustre del dudoso blaFón, con sombrero
hereditario, escarapela incoherente. ea~:iC'n ele&gt; l'ann y
PEGASO

�calz6n celeste. Si el sitio de Troya se repitiese,· probablemente no vendría
Aqui 1es a buscar entre nosotros auriga, de pelo de alambre.
He comprendido a las sociedades protectoras de animales al a~i!"tira la tragedia
de los caballos que, en las
fecba" lluviosas, azotan contra el barro.
Desde la es-quina del·Sal6n
Rojo be sentido renacer una
salvaje piedad en favor de
las exolotadas bestias que
pugnan por incorporarse. y
más aún, en favor de los
caídos y decaíclos corceles •·---..;.._que hacen el muerto y, sin ~ ·
,
·
brizna de amor propio, abandónanse al látigo de la negra
.
fortuna. Exactamente como un padre pobre que se ha

reproducido dieciocho veces. Conocí a un demente
que me despertaba a c'les- ·
hora para repetirme: &lt;Plateros fue una calle, lu.ego
u n a rue, y h o y e s u n a

stree,t&gt;.
' No creo lo último.
Pero me inquieta el porvenir al pensar en los letrero¡;:; en ing 1é¡;:; de la Avenida y en el tPmplo protesta Pte que la fl.anq uea.
P~:GASO vuela sobre la
Avenida.
Sobre el hormiguero, sobre el esl)Pji~mo de lujo. sobre los li!enes del placer,
sobre el azoro forastero,
méce"' e PEGASO.
Mlls, i-:i no lo ayudáis un
poco, - azotará. alicaído, como cualquier caballejo de coche de sitio.
'

(Fotogra,fias especiales para PEGASO).

\

RAMÓN LÓPEZ VELARDE.

r 1

'

EL

PARAÍ'so·
... even supposing that ltistoi-y were,

Traducción de M. T., especial para "PEGASO"

El poeta miró a sus amigos, a sus parientes, al sacerdote, al d octor, al perrito, a todos los que estaban en la
pii&gt;zt y m uri6.
. .
En un pedazo de papel escr1b1ernn su nombre y su
ed,id: tenía diez .Y ocho anos.
..
Al besarlo en la frente, sus amigos y sus far~nhares
not·1ron que estaba frío; pero él no sentía sus lab10s _porque estaba en el ciel_o- Y_nose pregu~tó, como lo habrí~
h...,chu en ta tierra. s1 el cielo era oe este o de otro modo,
puPsto que estaba en é l, nada le faltaba . .,
Su madre y ~u padre, que había11-s1 o n_o:;- rn_uerto
a'ltPs q ue él, vinieron a su encuentro. Y Ill et DI ellos
llorn •&gt;an, purgue j"tmás se habían separado.
Su madre le dijo:
-Pon el vino a enfriar; ya vamos a comer con el buen
Dio,, bajo •~I e mpa.rrado del jardín del Pa,raÍ$O.
Su ¡nd,·e le dij,&gt;:
- Irás a, co1·tar frutm,; ninguno es venenoso. Lo¡;; árb •&gt;l 1s te los tenderán por sí mismo-., sin que sufran sus
h ,,jas ni sus ramas porque ,-on inag ,tables.
El poet:i desbordaba de gozo al conocer obedecería ~
sus padres. Cuando rPgresó del vergPl yhub~ ~umerg1·
do en el agua las gurafas del vino, vio as~ v1eJa, perra'.
muerta antes que él. acudirdulcemPnte ag1t11ndo la cola,
le lamió la~ manos y él la acarició. C re~ de ella estab_an
todos los animales amados por él en la tierra: un p~rrito
rojizo, dos gatitos grises, dos gatitas blancas, un pmzón,
dos peces rojos.
y vio servida)a mesa donde estaba~ sentado~ el buen
Dios. su padre y su madre, una bPllaJov~n a qu1_en había
amado en la tierra, y que lo había seguido al cielo, aun
sin haber muerto to11avía.
Comprendió que el jardín del Paraíso no e;a otro que
el de su casa natal, que sobre la tierra esta en los Al·
tos Pirineos, lleno de lirios vulgares, de granados Y de
coles.
El buen Dios había dejado en el suelo su bastón Y su
sombrero. Estaba. vestido cnmo les pobres de los grandes caminos, aquPJlos que tienen un pedazo de pan en
una alforja, y a quienes la m¡¡g1stra_t~ra hace detener
en la puerta de las ciudades y apris10nar porque no
saben escribil· su nombre. Su barba y sus cabellos eran
blancos como la luz del día; sus ojo&lt;;, profundos Y negros
como la noche. Dijo-su voz era dulce:
-Que vengan los ángeles y nos sirvan, puesto que su
ielicictad es servirnos.
·
·
PE,G,ASO

1

Entonces de todos los recodos del celeste vergel acudieron legi~nes. Las formaban los fiel~s. sirvientes, amados Pn la tierra por el poeta y su familia. Allí estaba el
viejn Juan, que se había ahogado por salvar a _un mu~hachi to; la vieja Mal'fa, que había muert? de m--olac1ón;
allí e--taba Pedrn el cujo, Juana y todav1a otra Juana.
Y entonces el poeta se levantó para haL:erles honor Y
les dijo:
-Sentáos Pn mi lugar, debéis estar cerca de Dios.
Y Dios sonrió, porqué sabía de antemano su res·
puesta.
- N uPstra feli&lt;:idad es servir; así estamos cerca de
Dio,. Tú wi-..mo, ¿no sirves a tu padre Y a tu madre?
Ellos. ¿no :sirvpn a Aquel que nos sirve?
Y, de repPnte, vió que la mesa SP h 'lbía engrandecido
y que nuevo-. h11éspe IPs sentában~e a ella. Rran el pad_re
. y la madre dP su madre y de su padre, y las generdCJO·
nes que los habían precedido.
• C,iía la tard ·. Los de más edad cabeceaban.
.
El poeta. y su amigll. se amaron .. Pero Dio~, a quien
habían hosp.•dado, volvió a su camrno, s.-meJantP a los
pub re~ de la,s !{randes ruta!", itquellos qu&lt;&gt;. t1Pn~n un ped¡¡zo de pan en una alforja y a quienes la. mag1s~r~tura
hace detener en la puérta de la,s ciudades -y apns10nar
porque no saben escribir :-u nombre.
Francls JAMMES

_ _ _ _ _ _, .,nunnunn1111n11nnnntu................11n1111nn........nn11wnt1 HMffMMIHHHI ~

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i' tn el próiimc; numere
.1egaso"·. =~
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!,

ARTÍCULO DE. ANTONIO CASO,
CUENTOS DE MARIANO SILVA, MANUEL
TOUSSAINT.
UN~!Á:¡:t~~l~:z~!i:!~!~os
•MEDITACIÓN
SOBRE UN BAUTISMO•, DE
FRANCIS JAMMES, TRADUCCIÓ~
~DE ENRIQUE GONZÁLEZ MARTINEZ..
'
ARTÍCULO HISTÓRICO, POR LUIS GONZALEZ
OBREGÓN.
.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS, POR MANUEL

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HERRERA LASSO, GEN,aRO ESTRADA Y
·MANUEL TOUSSAINT.
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111,,........... 1111111111uu■ 1111nn11

u111nnn1nnn1"n,uun1111nMt1

ouce in a way, no liar, coulcl it be
tha.t ....

Rspecial pa1·a PEGASO.
KENNETH

GRAH.U,iE.

Era un país pobn•, como tantos otros de que guarda
siempre confuso recuerdo el viajero impenitente. La ex- a sospechar que los libros de versos y embustes poseyeran
portación se reducía a pieles de camello, utensilios de tan útiles virtudes! En fin, la ciencia económica abunda
barro, estampas devotas y diccionarios de bolsillo. Ya adi- en ironías y paradojas. Había c,ue aprovechar desde luevinaréis que se vivía por completo de géneros y efec- go esta nueva fuente de riquezas. .,,
Se dictó una ley que puso a la literatura y demás artos traídos de otras naciones.
A pesai· de la escasa producción de riquezas sobrevino tes bajo la jurisdicción del ministro de las Finanzas.
un período de florecimiento artístico. Si sois profesores Los salones (bien provistos por cierto de impertinencia
femenina), las academias, los cenáculos, todo fue reglade literatura, os explicaréis el hecho fácilmente.
Aparecieron muchos poetas. de los cuales uno era idí- mentado, inspeccionado y a&lt;'hniuistrado.
Los hombres graves, los hombres serios protegían sin
lico, lleno de ternura y sentido de la naturaleza y tam- ·
bién muy pose}do de la solemne misión social de los bar- rubor a las artes. En la Bol~a se hablaba corrientemente
dos, y otro, sátanico-verdadera '' bete noire'' de cier- &lt;le realismo e idealismo, de problemas dé expresión, de
ta crítica mo,jigata-a quien todas las señoras deseaban lns l\Iemorias de Goetlie v de los Reisebilder de Heine.
El ministro de las F{nanzas presentaba por Navidad
conocer, y &lt;me en lo Personal era un pobre y desmedrado sujeto. Hubo también incontables historiadores: uno al Parlamento un presupuesto· de la probable producde ellos, medioevalista omnisciente, aunaba del investi- ción literaria del año signiente: tantas novelas, tantos
gador impecable y del sintetizador amenísimo; otros eran poemas. . . . se restablece el equilibrio en favor de los géconcienzudos y prolijos o elegantes y de doctrina cada neros en prosa con cien libros de historia. Las mayorías
gubernamentales estaban por los géneros en prosa, mienvez más sospechosa.
La .critica literaria prosperaba con lozanía. Además tras que las izquierdas dt&gt; las oposición exigían siempre
mayor copia de versos.
de los tres o cuatro inevitables retrasados, q~e censuraLas acciones ? géneros subían siempre en las cotizacioban por sistema cuanto paraba en sus manos y que sin
nes
ele las Bolsas. La moned_a valía ya más que la libra
frnto nredicabim el retorno a una época remota de mediocridad académica, había escritores eruditos e inteli- esterlina, a pesar de oue años antes se codeaba con el
gentes oue justificaban, ante una opinión cada vez más reís de Portugal en las listas de los mercados. A cada nueinteresada, los caprichos y rarezas de los hombres de vo libro correspondía un alza, y aun a cada buena frase
gusto.
.Y a cada verso noble. Si había una cita equivocada en esLa novela, el teatro. el ensayo adquirían inusitado vi- te tratado o en aquel prólogo, los valores bajaban algunos puntos.
gor.
El costo de la vida humana había descendido al límiDespués de los dioses mayores venía la innumerable
caterva de los que esci-iben alguna vez. ·de los literatos sin te de lo posible. Todas las despensas estaban bien abasteletras, de los poetas que cu·entan más como lectores, y cidas. Humeaban los pucheros de los a1deanos y el vino
cuyos nombres se confunden ( en la memoria de cualquie- tiE)rno henchía ale¡?remente las cubas. Las señoras ya no
ra de nosotros, harto recargada de cosas inútiles), eon hablaban de carestía, sino de sus alacenas · bien repletas
de holandas y brocados, de sus tarros de confituras y conlos que vemos a diario en los rótulos de la calle.
Los extranjeros comen7aron a interesarse por este re- servas, de sus arquillas que guardaban lucientes cintillos
nacimiento de las artes, del que tuvieron noticia por in- _v oedrerías deslumbradoras.
Pero un día ocurrió una catástrofe. Bruscamente descenC?ntables trnducciones, algunas infelicísimas aunque a predió
la moneda muchos puntos en las cotizaciones. Pasacios verdaderamente reducidos. Entonces se notó _por primera vez un curioso. fenómeno, mu·y citado en adelan- ron semanas y el descenso continuó: no se trataba, pues,
te por los . tra_ta!f~stsa de Economía Política: el apogeo li- de un golne de Bolsa.
¿ Qué había sucedido? Todos se lo preguntaban en vaterario producía· un alza de valores eri los-mercados extranjeros.
··
no. Las señoras atribuían el desastre a la mala educación
de las clases inferiores y al escote excesivo que impuso la
j Qné s01·pi-esa pai·a los homb!'('S ele negocios! 1Quién iba
moda aquel invierno.

2
3

J?.IE.G.4.SO

�,

VIDA ARTISTICA Y

LITERARIA

l ! ! J ~ ~ ~i!ffi!l~iii!ffilfü!@li!!lifilfilfifili!!li~ffi!ffifü!li!!r1!!ffi!ifilffilli~i~ii\!li!!ic1rl!!f"l!!f"l!!fü!

FUEMf\5 [flE.[7[TCT
\ :•~·

EL POETA NORTEAMERICANO MARKHAM VENDRA A MEXICO
La &lt;Revista Universal&gt; de Nueva York publica la noticia de que el gran poeta norteamericano Edwin Markbam proyecta venir a México en el presente ano.
Markham es una de las figuras principales en la lite·
ratur11, americana de hoy; su arte palpita con las profundiclades místicas del espíritu y con el dolor de los des·
graciados del mundo. Como Bernard Shaw en Inglaterra, es uno de los grandes sostenes del socialismo en su
patria, y, como el gran escritor inglés, modela su obra so•
bre sus ideas y convicciones.
Estamos seguros de que, si se cumple la noticia que
damos, Markham recibirá de nosotros el homenaje que
merece.

ti(Jita !J .Modema de Jalapa, en cinco volúmenes. Sus
obras, aunque poco metódicas, desordenadas a veces y
no siempre con cabal sentido crítico de la Historia, son
muy provechosas por su nutrida informaci6n, y en su
parte iconográfica presentan documentos muy intere·
santas y raros. Hace algunos años que Rivera Cambas
había abandonado los trabajos históricos. La Academia
le dedicará un folleto con artículos biográfico, bibliográfico y de iconografía.
LAS CONFERENCIAS ESPAÑOLAS

Han estado muy concurridas las conferencias que sobre asuntos espaiíoles dan en el Cine Palacio miembros
de la colonia española. El organizador de estas interesantes veladas, el señor don Francisco J. de Gamoneda,
EXPOSICION DE ARTE EN PUEBLA
debe sentirse satisfecho por el éxito de las conferencias
y, en general, de la incansable actividad por él desplegaCon motivo del fin de ano escolar, los profesores de la
Acaaemia de Bellas Artes de Puebla organizaron una da en la organización de diversas y simpáticas manifes·
de cultura. Debemos recordar, en efecto, el loaexposici6n de sus trabajos y de los de sus alumnos. La taciones
ble interés manifestado por Gamoneda en propagar·todo
Exposición se clausur6 con una brillante velada el día esfuerzo
artístico de autores mexicanos. A su iniciativa
· primero de febrero retropr6ximo.
El concurso resultó interesante, más que por los fines débense muchas conferencias que conocidos literatos
dieron en la librería Biblos; é l trabaja, en países extran·
obtenidos, por la potencialidad de esfuerzo que repre- jeros,
difusión del libro mexieano y edita obras de
senta; desde luego se comprende que era imposible ob- autoreslanacionales;
sus esca¡iarates están siempre distener uniformidad, siquiera aparente, en una primera puestos a lucir sus ymejores
adornos para exponer pinexposició11, dentro de un medio casi hostil y con escasos turas y libros.
recursos. Pero tiempos vendrán en que los que pudieron
Seguiremos ocupándonos con interés de las confehacer éstar hagan otras exposiciones en que el éxito so- rencias espafiolas.
brepuje a sus deseos; y así será sin duda, ya que no les
falta entusiasmo y dedicación, como a los pintores FuenEXPOSICION DE BELLAS ARTES EN EL SALON BACH
tes y Castillo, bellas esperanzas que, de cultivarse, serán
un día realizaciones.
·
En el discreto saloncito de Bacb, sin más inadecuaci6n
que la índole del establecimiento, mas con la excusa de
mil razones insuperables, se ofrece a los aficionados una
· VACANTE EN LA ACADEMIA DE LA HISTORIA
cuarentena de obras de arte.
No es sino una muestra del trabajo cotidiano de artisLa muerte del senor Manuel Rivera Cambas ha ocasionado una vacante en la Academia Mexicana de la His- tas jóvenes, acompafiada por la prei;encia de artistas matoria, que cuenta con veinttcinco sillones de académicos duros, como símbolo de fraternidad en horas de prueba.
de número. La sustitución se efectuará muy en breve y · Naturalmente, nadie va a exigir obras maestras; y hay
para ella se senalan, como los candidatos más orobables, ya, sin embargo, algo más que una promesa en los cuaa los sefiores Nicolás Le6n, Jesús Ga!indo y Villa y Fer- dros de las hermanas Leal, en los modelados de Matilde
nando Iglesias Calder6n. La persona que resulte electa Poulaty en un delicioso paisaje de Lolita Velázquez, un
será recibida en sesión solemne, en la cual leerá un dis- atardecer amarillento sobre la silueta espiritual de unos
curso de introducción, que será contestado por uno de árboles.
Felicitamos a los jóvenes artistas por el éxito de su
los académicos numerarios, según lo establecido por el
reglamento del instituto.
•
loable esfuerzo.
El senor Rivera Cambas deja una copiosa producción
LA MEDALLA DEL IV CENTENARIO
hist6rica. Sus principales obras son el .México Pint07esco, Artístico y .Monumental, en tres volúmenes; los GoEn el concurso abierto para una medalla conmemobernantes de .México, en dos volúmenes, y la Historia An- rativa del IV Centenario del Descubrimiento de México, fué premiado el proyecto que presentó el escultor
don José Tovar.
La causa sin duda había de ser literaria, puesto que liLa hermosa maqueta fué expuesta en la Librería Biterario era el origen ele la abundancia pasada. Los cenácu- blos, y con justicia ha provocado ~e~erales aplausos,
los, ateneos y todo el complicado mec_anismo l~terari?- por estar realizada con cabal conocimiento de 1~ belleza
burocrático seguía funcionando a maraVllla. Nadie habia de este género de trabajos. Tovar ha comprendido perfectamente y expuesto en una obra sencilla y sugestisalido de su línea.
Ordenóse una minuciosa investigación; los mejores va, el peni;,amiento de la conmemeración del centenario
críticos fueron encargados de llevarla a buen fin. En reali- del descubrimiento de México.
dad, nunca se llegó a saber la razón de aquella catástroLECTURA DE VERSOS INEOITOS
fe financiera.
La noche del sábado próximo pasado se verificó en la
El dictamen de los críticos señalaba a algunos escritores ele pensamiento tan torturado, de invenciones tan conocida librería «Biblos», una lectura de poemas de
complicadas y de psicología tan aguda y monstruosa, que nuestro director, don Enrique González Martfoez.
Las poesías, inéditas, forman parte de la obra de pu·
sus libros volvían más desgraciados a los lectores, les enueg·i·ecían en ex.tremo sus opiniones y les hacían, por ú;- blicación próxima: «El Libro de la Fuerza, de la Bondad
timo, renunciar a descubrir en la literatura la fuente mi- y del Ensuefio&gt;, que acrecentará el caudal poético de
González Martínez.
lagrosa adonde purificar el espíritu de sus cuidados.
Los lectores de PEGASO podrán gus-tar en este núCiertameiate las artes no pueden ser el único sostén del
mero de algunas de dichas poesías inéditas.
bienestar de un pueblo.
El autor fué calurosamente felicitado por la distinJulio TORRI.
guida
concurrencia.
(Illlsti-ació1i ele Gardmio).
P -EGASO

DE "EL LIBRO DE LA FUERZA, DE LA BONDAD Y DEL ENSUEÑO"
Por Enrique González Martín.., z

LAS ALMAS MUf RTAS
Bajo la bruma gris, frente a un ocaso
de fatídica luz, por las siniestras
rutas del mal, en un crujir de ramas
y un volar de hojas secas,
silencioso, fantástico,
cruza el desfile de las almas muertas.
Apagaron su lámpara
como vírgenes necias;
no se abrieron sus ojos al anuncio
de la hora suprema;
y el beso del esposo
las encontró dormidas en la senda
sin una bienvenida entre los labio¿
sin un soplo de amor en la concien~ia ..... .
Asi cruzan-parvada silenciosaen la desolación de las praderas.
Ni un ímpetu fecundo,
ni un ansia noble de pasión revuela
en torno de esa grey; un aire frío
sobre el desfile de las almas nieva,
y sonámbulas huyen
por la penumbra incierta,
sin un himno en los labios,
sin una voz interna,
sin un rayo de luz en lontananza,
sordas, mudas y ciegas ..... .
En vano amor en la distante cumbre
encenderá su hoguera;
en vano el ideal sobre la cima
prenderá el vaticinio de una estrella·
en vano las angustias de los hombre~
y las desesperanzas de la tierra
piden piedad; l,a turba sigue el viaje ..... .
La misma voz que murmuró •despierta•
en la tumba de Lázaro, seria
inútil voz ante la calma eterna
y el mutismo implacable
que en lo más hondo de esas almas reina ....
.A.si va la parvada silenciosa
en la desolación de las praderas.
Alma mía, alma mía,
alma vibrante y trémula
que difundes tus himnos de esperanza
por la faz de la tierra;
que a flor de labio tienes la sonri!,a
para el concierto de las cosas buenas·
que cara al sol y con la mano en alto'
agitas tu bandera,
y frente al desencanto de lo$ hombres
amas,. vives y sueñas;
alma m!a, alma mía,
alma vibrante y trémula,
tú conservaste el óleo de tu lámpara
y la noche de amor ue halló cles-pierta.
Sabes llorar con el dolor humano,
acreces el tesoro de tu fuerza,
y a cada rumbo tu pupila insomne
escudri.ñ¡¡, y espera.
Hay una. anunciación en tu esperanza;
apercibida al bien, oras y velas,
y eres como una aurora
prendida, en el umbral de la tiniebla.
Allá, frente al ocaso
de fatídica luz, por las siniestras
rutas del mal, en un crujir de ramas

y un volar de hojas secas,
en una paz de tumba,
cruzan las almas muertas,
sin un himno en los labios,
sin una voz interna,
sin un rayo de luz en lontananza,
sordas, mudas y ciegas .....
¡Parvada silenciosa
en la desolación de las praderas! ..... .

EL HIJO DfL REY
En un claro del bosque, el hijo del rey sueña ....
Pasan corceles raudos, aúlla la jaur!a;
al tropel huye el ciervo, tiembla la serrania,
y el eco de las trompas salta de peña en peña.
La enardecida turba los árboles desgreña
como un alud que pasa .... Cuando el astro del dia
va apagando sus fuegos, cesa la caceria ....
De retorno al castillo, el hijo del rey sueña.
Sobre el puente que salva los abismos del foso,
cruzan rey y monteros en reir jubiloso
comentando sus lances de valor y fortuna.
Vino .... Cena .... Descanso . ...
En la enhiesta ventana,
ante el hosco misterio de la vega lejana,
sólo el principe sueña a la luz de la luna.

VIRTUS
Esta rosa de otoño que en las tardes asume
de una noble hermosura los discretos matices,
en.un lloro de fuego sumergió su s rafees
y con gotas de sangre destiló su perfume.
Cuando van sus efluvios en la fuga de un canto
y se mecen sus gracias en la brisa serena,
sólo el céfiro sabe que columpia una pe:na,
sólo el pájaro ha oído confidencias de llanto.
Arropó en los armiños de la enhiesta corola
su dolo!' y sus quéjas: enigmática y sola,
cubre olvidos y orgullos bajo el manto sedeño ....

y se piensa en la vida que apartó los escombros
de catástrofes viejas, y levanta en sus hombro~,
cual simbólico fardo, la virtud de su sueño.

LA flERA
En el fondo del alma se adormece la fiera
que esclaviza mi influjo, que somete mi encanto;
y las zarpas ocultan sus furores ...... En tanto,
mi canción vá a los aires melodiosa y ligera.
Cuando salga del sueño la manchada pantera,
hará oír en la jaula sus aullidos de espanto,
y tendrá nuevas iras, mientras vuelve mi canto
y a sus notas se 1"inde la brutal prisione1·a.
Le daré de mis versos las divinas ternuras;
pasaré por la seda de sus manchas obscuras
suavizantes halagos y caricias piadosas;
y han de verme los hombres transitar por la vida
con la bestia de Hircania domeñada y vencida
que mis manos conducen con cadenas de rosas.

4

PEGASO

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!ii!Jii!Jli!ffi!ffi1J~mlij!ii!!Jifilñl.J~ffi!Jel.fi~@.le!Ji!lffi!fü!ffi!fifilii!fü!ffi!i~J~

HISTORIA MEXICANA

·~ ~ l ! ! f f i ! J i F l ! ! f f i ! @.i@filJ~!!!l~fü!ffi!fü!Jl!!J!!!l§.i~...Ji!!ffi!lii!l!!ffilf'l!!ffilffilifil~
I!:.

UN DI_PLOMÁTICO MEXICANO DE 1811
lispecialpara PEUASU.
Dun fosé Bernardo, ante este acontf'cimiento ine&gt;'pe·
_Tiénense por la.., prim e ras misiones diplomáticas me . ~ado, srn ha be 1: obtenido nombramiento esci-ito de lo que
x1cc1.nas las encargadas en los Estados Unidos allá µur el llama EmbaJadOl' de la Nación en los Es tacto:,, Ui iuos
el a!lu d~ 18:!8, a duo J o:sé Manuel Zozaya y ¡l coronel de Norte América, huyó para el ¡.rnh v~cino, pen,1·gu1do
Anastas10Tonens, y fueron, en efecto, las primeras que por las tropas que desde Ciudad•Vic:to·1ia de:,tl-lcó ·tc1 gerepresen.taruu en el extranjerc, a gobiernos nacionales neral Arredondo; pero antes de salir de :,,upa.tria Teunió
c0nst1tu1dos: pero algunos afl.os antes los jefes de la re· catorce hombres, a quienes refirió la comh.ión que le
voluc_tón d¿, 11:1uepeudencia ~abían intentado enviar agen- confiara Hidalgo. Gutiéri ez de Lara estaba dec,aido a
t~s Li1plo.nat1cos y uno de e,tos logró cumplir su encar- llevar adelante su emprei,;a, y así' no se amedrentó por
~o, aunque sin resultados favorables.
las dificultades que se le presentab»n, y se puso en marLos det·i lles ele eslí-.i. misión for•man un curioso capítu- cha. Ea aquella época los Estados Umdos aun no se orlo ~e n?v~la de avent_u ra~; cpmo de novela parece también ganizaban df'tiniti,·amente; k&gt;s camines eran pocos y de
el mtre Jtdo personaJ_e que realizó aquella comisión. llena malas condiciones: esca·s os los coche.s y _el Vm·on PaciJ.e pel1grus, de ~az:1ñas .Y &lt;:1e coritrariedad~s. Su vida, por fic Y demás sistemas de ferrocarrilés estaban t( da vía
ave_nt.µrera,. activa e rnqmeta. tiene, a veces, notable se· muy lPjos de la concepció.n, Había que atravesar las vasineJ tn7.a con la de aquel ilustre infatigable patriota Ser- tas tierras de T,..xas, de Arkansas, de Ten1;1esseE;&gt;, de
vancto Teresa de .M1er, y, como éste, nuestro hombre de
Kentuck.v y de Virginia, es·calar montanas. pasar ríos y
JÓ ua-i curiosa auto biografía con todos los caracteres
pantanos y tras de mi-1 dificu11ades fü,gina Washirgton.
ap1-,ionados y pintorescos que solían poner en sus es- Nuestrn agente se enfrent6 con cuaritos inconvenif'ntes
critos los políticos clé la épo&lt;.:a.
'
se prPsentaron y rei,-.olvió todo ton un gesto muy audllz.
E, sumamente ~aro el folleto public11do en 1827, en muy mexicano, f!lUY chafro: Gutiérrezde Lar-a, a:I fren.
~ ,mterre.v, p or la imprenta de Pédro GonzáJez. con el te de sus catorce hombrt&gt;s;tomó el ·c amino de Wash·
tltuln de B,·eoe Ápolo(Jía. que el Coronel Don José Be1·na1·
ington ;a:caballol ·1p ~:rote délas' bestiés,aquPlla épica y
do (!utiér,·ez de Lrn•a hace de lrls i111p11gnacio11es que se le extrafia exµed.ición entróse. pot: tierra1-;. ~e~conocioas; re,,rtwnlan enwli .fotltJtO intitlt/ado: ,i,.Le,vantamie11to de u11 sistió dos ntaques de.los r~alistas; an9uvo por crueles
(Jeneral en· lrts T&lt;.tmrwlípas contra, le: R epú,blic'r.1. o muerto d~siertos, por intri.ncadas v.e reda,s;· ati;¡¡ve~ó regiones
'{lte sq le _aparece al . Gobierno en oqw;l -.E1trulo; &gt; pero por barbaras, en donde a cada pa~b a{·echaJ\an indios fero~or_tuna don José Lorenzo Cossío lo des.empolv(, y reeditó ces: ,;ufrió lps to1·me.nióR dPl hambre y ·-de la Sfd.... . .. ·
ult1mamente, 'coB inte11esantes notas y poco conocidos Sin conocer el terreno, :lus viajeros iban a fa bUf'na de
apuntes hiográticos .. de los~cuales aparece evidente 111 in- D'i.us y des,pués de re.c orrer más de mil cuatrodÉcnt11s letervrnción:muy directa de Gutiérrez de Lara en PI fu~i- gua,;i, a los cuatro· meses y i:netlio logra.rnn encontrar
lam ento de Iturbide. ·
·
Washington, adonde lleg'a ron molido!'-: pe°ro orgullosos de
En 1810, al inicrar's e ta· guérra de 'inde'pPudenci;· doí1 haber· rematado su. .hazana.. Tao,.fabulosii camin11ta no
José Bernardo Gutiérrez de Lara, con sus hnmano~ don iba a ser premiada con el trrnnfo; pue" don Bernardo Gu,\.ntun io y don En riquP, eran vecinos de 111 pPq uefl.a villa tiérrez de Larn· entrevistó a Monroe sin el menor resulrle San Ig11acio de Ló.,,o1a Revilla. Don Jo~é Bernardo tado, porque fuera de no e,.;t~i-r~con()cido. como agente
fue de lo-; qu e se atiliaron pJ·imero a iii· revo ,uc1ón: ~us rliplomátiw; no llev11ba, documento alguno que autoriza·
herman,os. temie)1do la pPr:--éc-ución de los rP.ah,:ta:a, m~ r - ra su combdón.
charort a ocult~r~e ::i di,:tinto,; puelilot" y uno rle IN, priCorrido'pero no deceocionadn, el infatíg!able in:aurgen
lOP,ros actos dé·aquél foe el de entrevi::-tfrr ·a Hidalí!'o- te abandonó Wá:-;hington, tomó pasaje en un barco del
el 11 d&lt;&gt; mar.zo-de l.811-en .fa baciPnda de San1a María, Missisl'ippí y por el r.ío bajó a Nueva Orleans, f'n donde
1
,e Coahuil~; darle c1ientade ,;u,; trll bajo:- y sim.p a tfas po1· dióse con su aco«tumbrada actividad.' a- reanud!lr :aus
la cau,;a de-los in,;ur,gPn te,;_y ó:f r eC'el'!e sus ~ervicio:- per- ge--tionf's, entonces sin pretender da1 áttf&gt;r diplornáti&lt;'O,
sona le~. Marchaba entonces el' ejérc-ito insurrecto pin-a para obtener ayuda y formar ambien~e en favor de la
la ciuc.larl dP Béjar y fuéles a los caudillos tan gr., to y sa - guerra de independencia. LóQ-ró reunir 450 soldados
t1--f,1ctorio el ofl eéi rnien to en aquel lns circun,; tnn ci;, :- se· norteamericanos y al frente de f-lloR mflrchó sobre la
gún lá ·Pxnresión de l'a B1·e1·e .Apoibgia, que inmed/ata- villa rle NPcogdoches, que tomó sin re':5istencia y, l'egún
mente Gutiérrez de Lar a fue agracia do con f'I título t" e te· lo declflr¡¡ él mismo-en su apol'ogfa, o,btuvo &lt;la sati~fac
nienteco11onel y: ~i hemo!li de creer a dicho per:-on::ije, ción de disfrutar UPa ·admÍración y -pre:-tigio de toda
también con el de genernl en jefe de la ~ación m los Es- la nación angloamericana y un·a propensión univ..,nal
tado.., de l Norte, &lt;reconocido como tal después .Y confir- .v generosa de fomentar y protegei· eón caudales y gente armada todos (su~) designio;.&gt;.
.
marlo por el CongrPso Nacional de Apatzingán .&gt;
Don .José B&lt;&gt;rnardo, durante.su e!'-:tancifl en Nuevll OrPc1.rece que Hidalgo había comi:-fonado al Licenciado
Aldama pa,ra ir a los E,;tados Unido!ll a conseg-uir dine- leans, envió a M. Alexandre Petion. Presidente dP Haití.
ro. para atender a urgentes necesidades de la guerra y al ::tgP-nte dir&gt;lomático Pedro Girard. a qúien invi~ti6 dé
que el agente revoluciona no había sirio descubierto en dichiis funcione.::, en su calidc1d de general en jefe de la
Béja.r y capturado por los realistas, por lo cual se pensó Provinci::t de Béjar. Es curio:aa la !'-:ÍguientP carta con
en sustituí rlo con Gutiérrez de La ra, a q uiPn por lo u r- que el PresidP.ntP de Haití contpstó11 la 11ue le pre:--entó
gido de la" operaciones y la proxi mídad del enemigo. no el agente de Gutiérrez de Lara: &lt;Recibí, Sefíor Gener11l,
se extendió el nomhramientoen Santa María. con el áni- la cartit. que me trajo &lt;le parte vue,-tra, Don Pedro Gimo de hacerlo rlPspué~ en Río Grande. Por aquellos días rard, vuP.stro agente. la cual está' fechada en Nueva Orlgnacio Elizondo perseguía encarnizadamente a los siro- leans el 22 de junio último y que tiene·por objeto pedirp itiz id0res ie la indeoendencia; su incansable actividad me socorros para -recohrRr la Provinciii de Béjiir, en
nombre del Gobierno de México. La República que tenTill p:!rdona.ba medio de C')mbatir torlo intento de rebel•
dí·t y, a poco. mediante la traición dé Baján, lograba .Q'O el honor de presidir se considera en paz con tnd:is
apr.-1hender a los j':;!fes del movimiento y hacerlos sacri- las naciones, y habiendo, en consecuencia, adoptado un

PEGASO

La

Ciudad

Especial para PEGASO.

EL EMBAJADOR DE LOi l,~,U~GE~fES E~ WASHINGTON

ticar.

VISION DE QUERETARO

Para quien llega con los ojos ensom brec:idos por la ari ·
dez de la ruta, Querétaro aparece como una leve esca~a
de todas las entonaciorrn-, del ·rosa. Es acaso el matiz
especial de la piedra de su-, edificios, vívido bajo el ~ol
de la tarde, lu que le da este asp'Ct'l; luego, la pupila
saturada de coloración difunde armonía a su ~lrededor
con algo de fuerza mágica.
.
Sus an(J'ostas y torcidas callejas vieron rodar la vida
sobre susºtosco" empedrados sin ambición de seguirla;
quizás comprendían que seguir a la v!da P:ª llegar a la
mediocridad presuntuosa de cualquier villa moderna;

Rosada

g &lt;1 r. por.su fácil tratamiento, la piedra tenía que ser el
elemen ro primordial de toda con,;trucción. La puerta
de ·u Llquier casa antigua ostenta, cuando no es to&lt;la
ella un ti 10 (,1brado de cantera. por lo m""ºº" una cb1ve
en q,rn el L:incd apPnas parece haber halli1do resistencia. P&lt;.!ro Jonde más se ve la docilidad de lapiedraes en
lo, ar-.;os de los µatios de infinidad de casas: han perdido la fvrma. a fuerza de atormentar su archivolta, como
si la mistna. pie ira incitara al obrero a crear en ella su
lor:a fantasía. Al exterior, al tacto, la piedra ec;; tan suave y de un to no tan discretamente rosado, que parece
escu I pida por labios de mujer.

Casa del Marqués del Villar, en Querétaro.

Otra co:aa distintiva de Querétaro :aon sus grandes
balcones. No tienen la confortable majestad de los b¡jlcones noblanos, casi creados como pequeñas casas adicionales, protPgidos del sol y de la lluvia, pero presentan
todos una :--erie de µequefías ménsulas o modillones labrados en piPdra, unos con adorno,- de flores indígenas,
otros en forma de perros, tigres o leonPs, que recuerdan levemente a las esculturas asirias. Los baraod:-d.-i,-.
de hierro forjado. casi todos son variantf'S de un mi~mo
dibujo, o con la sólida sencillez de los que aú11 abundan
en México, complt&gt;tan el adorno del balc6n.
·
Hay Pn la plaza de la IndependPnc1::1. una de las ph1za:,;
de :-abor más arcaico que haya en Mé 1co, tPrca de ];1
mansión de la Corregidora -cuyo re&lt;.:uerdo cont1·ibuye

era morir a todo un abolengo de arquitPctura, de placi
dez y de hábito. Y prefirió s •r un incomprendido despojo de gloria muerta, y no la flamante vulgaridad de
muchit.s capitales de provincia.
Entre las ciudades coloniales de la República, Queré
taro es hondamente individual; más que por caracteres
arquitectóni&lt;'os, por la sensación de conjunto que de
ella se desprende. ,Si a Puebla se une de modo vísible
la idea de un orientalismo, patente en sus interiores encnlados y en lit ¡.JOlicrornía de sus azulejo&gt;'; si México P'.3-·
rala majesta&lt;l de sus palacio,.; y de sus templos re~olv16
grande;¡ problema." con--tructivo.:: y ornamentales recurriendo al tezontle, Querétaro reclama la :-u¡.&gt;erioridad
en sus labrados de piedra. Por su abundancia en el lu-

Pasa a la página 10.

7
6

PEGASO

�LA LITERATURA Y LA GUERRA: EL LIBRO Df PAUL LINTIER.
•
Hapel'ial para Pl-:UASU.
¿Llegará 1111 nú&gt;111e11to &lt;'11 qm• nos interese más el homh1·e político (Jll&lt;' el gm•JTl'ro '! ¿ La histol'ia diplomática que
la 1UHTac•ió11 b(-liea? ¡ La activa sereniclad de sir Edward
(he,v y los múltipli·s 1·ee11rsos dt&gt; sii· Davi&lt;l Lloycl Oeorge
que todos los ho1cilzrr y todos los t1rnks.&gt; Por lo menos la
&lt;·nseíiamm 111ejo1· de la a&lt;:tnal gnen·a ha sido ¡wincipalmentt&gt; sus 11egot·iat·iones diplomúticas y su gran parte de
a('tiviclad ci,·il. Los illnk.~ son &lt;&gt;i dPsanollo icleológi&lt;:o de
1111a mú,,nirrn dp gnel'l'a de la Edud Media; los hoiiJiiztr
son un 111st 1·u111C•11to :111tig-110. ::'\o ll0S vamos a envanecer
clP lo 'IIIP hornos IH•eho ton las ,n:s-~s.
La g111•r1·a p1·r-Lloyd Gt•o1•gp 110 era más ,¡ue el choque de dos u11itlad&lt;•s fol'llrndas, rc;tables, irnnóviles; las
energías })Prdidas 110 St' 1·1•cuperaba11 ya y triunfaba &lt;¡uien
hubiese ahorrado 111ás poder, quiell había aenmulado más
fuerza. La sang1·p no se• restañaba, la bala disparada no
se voh·ía a fundir. La gnena post-Lloyd Gt:orge es una
lucha donde las t•nergías no S&lt;&gt; ¡,irrdt&gt;n; en la cual h18
unidades son &lt;lirnímiC'as, c•11 v1•z dP drstJ-11i1·sr se transforman incesantementP; 110 1·s la oposiciún de do8 fnc•1·zas mecánicas dr st-nticlo eo11trario: 8011 míis hirn dos
fuerzas paralelas qn1· &lt;:01·1·&lt;·11 PII una misma &lt;lirPceicí11 ...
El soldado herido Y11eln• a 811 pues,o di' ciud11rla110. y
éste. cuando deja las fithl'ietts, rn a las tJ-inc·lwn1s. La
gnrrra se hac1' corno lo 1·e,p1i1•1·1•11 las c·il'(•nnsta11cais, sin
tl'orfas tácticas, modificando au11 los pri11eipios gt&gt;111•1·alP,;.
l\Irt0rrJ1 hombres. rs elal'o; pero tamui~11 hay un J)l'i1H·ipio dl' 1•&lt;:011omía ,\' de di8posieiún social q11P resucita n
los 11nw1·to,;, &lt;¡111' 1'&lt;',j11,·p11&lt;•&lt;·P a los viejos, que alista a los

mnc)1achos. Y (•so pasa en todas partes, sill exduir a Ale~1rnma. Por esto al principiar la guerra de&lt;:laraban dos
rngleses, uno con su profunda sabidm·ía ele la humanidad, .:\fr. Ililair-e Belloc; el. otro eon su ag11clo st•ntido
dPl hombre, 11fr. Bernard Hhaw 1¡ue nadú· triunfarh
Xo lo sabemos; en realidad, 1&gt;arcc~ &lt;¡u~ íle ha inwntado Í~
guena perpetua.
.
Entretanto la figura del solclado sólo dt&gt; cuando en
cuando 110s hace volver el rostro: liay hazañas que todavía no c~ntamos &lt;'lltl-t&gt; las cosas indiferente8. ( BJ. pob,·e
s?ldad_o 1mnmw ('U un asalto singular dicP tson gra?1
smcer1dad, amH¡uc• sin intención de corregi1· a D111it1•:
'' Xo conozc:o nada par·eeido. Si hay llll infierno 8e bati ri1
uno _allí tbdo t&gt;l ti&lt;&gt;mpo a la bayoneta.'• Y sin t&gt;tnharg('
los libros ch• los soldados-¡ sení un a ('án pu1·a1ne11t1• J'

sup1·cmos, pt&gt;ro 110 los &lt;·011s1•n·amos Íl1!Pgros. les arrancamos pedazos J)Ol'&lt;Jlll' sns autorrs no qnisierou al'l'ancá.rselos ni huho a&lt;•ontP('i111it&gt;11tos ffll&lt;' lo,; ohligaran a rllo. ¡ )Iagnífieos lihros S&lt;' 1·scrihP11 &lt;'11 la gllf•na, sin mús citas &lt;1ue
las c¡ue llevamos en la nwmoria, sin commltas en bibliotecas, sin co11c1&gt;sion&lt;&gt;s a cenáculos litPrarios. sin deseos &lt;le
perfecció11 ! H e aquí t•xplit•ado por qn{, 11111chos g-ran&lt;les
libros fuHon l'011eeb1clos &lt;'11 la dPsgrac·ia, &lt;'11 1·1 &lt;lPsii&lt;&gt;tTO
o en el presidio.
El libro de Li 11t i1•1· Ps t'I diario &lt;lP su Yida d1• ca111paña desde p] primrro di' agosto &lt;1&lt;' 1!114 hasta los últimos
del mes de sPptiPmhn•, t·tw11do hPrido dPjt', r/ fr111lP. La
pr imer a par tP, la 11101•ili::.a&lt;'irí11. estii lle1111 dt•l ausia bisoña
del soldado pl'i111e•1·izo que lauwnta el mús J&gt;PfllH'IJO rppo80. "Domingo 2 &lt;le agosto. Apenas nos in411iPt a saber qi
la guer ra ha sido d1•clan1da: algunas frases d" díplomúticos prouu11ciadas o por pro1rn11cüu·. J;a gu&lt;'l'l'cl es ,nt
una rN1lidad: S&lt;' la sic•iitc. ¿ &lt;'nándo partiremos?·· Y la
espera bajo el sol c]p a~osto es febril, ll&lt;'l'viosa; S&lt;' gastan
las fuerzas en cont&lt;'ne1· los bríos; los más apasionados
quier1.m llegar a Bnlí11, los mús juiriosos quieren Pn t ra,·
a combate. N u ev1• días dura la movilizaciúu. Poi· fü1 ,,¡
ferrocarril llrva ha&lt;"ia el Oric•utp a nuestro artillero con
8U pieza de 7f&gt;, la p1·inw1 a &lt;le la 11.3 batt:ría. '' La ¡n11•1'ta
del vagón es grande, a bir1·ta sob1·e la llan nra asoleada.
füüms, el canal, rl pne1to Plltr·evi8to, clespués grandes extensiones luminosas cuhiPrtas ,le frigos maduros.'' El 1•11t usiasmo cntr0tanto i.e n1rl\'e razonable, toma consistencia. En el camino uoct nrno cada homhrr pai·ece da1·se
cuenta &lt;le lo &lt;¡ue dP él sr t&gt;spera. '· Mai·chamos hacia el
J&lt;:Jste, y cpmo el camino pP1wt1·a en la masa obscura ch•
un a elevada colina, nos upan•ee la 11111a cortaudo sobrP
el horizonte grandes sihH'tas d&lt;' a hrtos. Pronto la batería
se interna en los mo11tPs somhi·íoi,;, dond1• los eon&lt;luctores
adivin an mal la r uta. Xadit· habla. La luna, por un claro de los árboles, alumbra brusc:amente un hombre a caballo. Se diría que esta luz Pmpolrn. El hombrt&gt; pasa;
despu és otros. L a somh1·a l'('C•o1·tada sohr&lt;• Pl camino parecr formar cuerpo c•ou la silueta ch•l caball&lt;&gt;ro y aumentar 'a. L uego no SP \'&lt;' nada dP la eol1111111a perdida en la
no&lt;:ht&gt; del bosqtw. '· E11 PStt' &lt;·trncl 1·0. . 110 t&gt;l único n i si•¡uiera pl mejor &lt;lt·I librn. hay la t'XJ)l'Psi(m de &lt;'SP 111om1•11to 1•u q ue rl paisaj1• llD&lt;'t111·110 scílo dP,ia Pn 11osot1·os la sugf'stióu d t• una Pxistp11e·ia uwjor, di,1ti11ta, como en los
&lt;·11adros llrnos (lp pOPSÍa di' !,os ('osams, de Tolstói.
Ya entoncN, la PSJH•1·a Ps 1111a tP11si611 tlolol'osa. "eomo
tiuauclo c ubic•rto &lt;·l cido cl1• tor11wnta !-1&lt;' h11sca t•l st•guudo
L'll que
a estalla1· " ~o ha hahülo ningún Pneup11t1·0.
JlPl'O ya sp Pstá 1•n Q'llPl'l'a. La 1•01Hl11c·ta h11mana &lt;'S rnái,

"ª

como tantJs otros a cernir sobre Querétaro un C'P11tl:d
de anoranzas históril:as-una casa de sobria J' elegante
construcción. Sobre sus tres balcones se o,tentan 11clor
nos magníficos de niedra y :,.cm maravilla sus ba1andales de hierro forjado que trazan en coruplicaclos dibujos
las armas de los dueITos c]p 111 c~sa y á,rnilas de dos cabezas. Perola joya es la ventana de la izr¡uie r da: cubierta con un 1'tpostero de piedra, como los que se ~olocaban
sobre los escudos ele armas, pnf'ce haber l'-ido un blasón, convertido en ventana por infortunio de los tiempos.
Los demás edificios de la plaza, la fuente del centro, no
son de gran belleza arquitectónica; mas dan al lugar la
armonía de su conjunto, la hospitalidad de sus amplios
soportales, Ja uniforme discreción de su espíritu.
En esta plaza, al soplo de un creplÍsculo verdoso, f'nemigo inofensivo de la coloración de Ja ciudad, coloración
que realza en vez de herir, discurrP silenciosa la fatiga.
al atardecer de un día febril; pero ella impone la coy un
da de su calma. La ciudad se despereza con t&gt;I parpadeo
de sus luces; y es tan fuerte para cualquier espíritu u11
poco d&amp;cil la unidad de estos efluvios rosado!", el orgu
llo legítimo de este rubor de piedra, qu&lt;' lle¡ra uno á
creerse bajo el influjo de otros tiempos, ante la m isma
fuga s6rdida de la vida que pasa por su mismo cauce,
nunca gastado, nunca dispuesto a e~cuchar las insinuaeiones malévolas del siglo.
Manuel TOUSSA I NT.

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r&gt;E:C:-AS~

1·ecatacla. 111ús retrnída. '· Las 1•p]ac·io111•s el&lt;' hombre a homhn&gt; se tornan más 1'l1das. La 111•e1•sidacl dt• hact•rse respe1ar ocupa el pri11H•r plano &lt;lP las Jll'&lt;'0eu paeionPs." " El
sentido de la auto1°iLlad se transforma:. la q111• Pl j&lt;&gt;fe goza por su grado disminuy&lt;' ell tanto &lt;¡lit' la que debe a
sn earú&lt;:ter Cl'&lt;'C&lt;' en proporción.'' Se valúa l'll el amigo
su fuerza, su valor, su pod1•1· d1• a11xilío. En Torgn,r, una
aldra lwlga, tie1w l11ga1· el d10,¡m•. Bl primer combate.
Cuando los artillPros clispo111•n sus pieza8, los sor prende
una cx plo8ión. '' Sie11to n:,,c&lt;'r 1ma ansiedad en mí como
,;i el m0Yimi&lt;&gt;11to de mi sangn• disminu~·era. Xo tengo
111iedo; ad1•más. 11i11g-ú11 wligl'o innwcliato Bos amenaza.
Solamente tengo la intuici(m d t' que• rmpipza u na gran
batalla, que hay qm• aprestarsp a u11 rudo esfuerzo. La
inqnietucl vu elYe los rostl'os grav1•s. Xo se C?nfesar ía esta inquietud. (•iertamrnfr; ¡wro las couwrsaciones desmayan. St&gt; espera no sí• q11{&gt;: la t·aída de uu obús o la llegada d1! noticias.'' '· C_uando &lt;&gt;i obús vierw so?r&lt;' n osotros
&lt;'S algo indrcible: l'I ain• &amp;• torna sonoro y nbra t odo! y
las vibraciones se connrnican a las carn1•s, a 108 nervios,
hasta las mrdulas. Ne• espei·a la explosión. P n o, dos, t r es
s&lt;'gundos: horas. 'l'icndo la espalda; tiemblo. Sien to trepidar 1•11 mi la instintiva m•cpsidad di' huir. La bestia se
('ncahrita delantt&gt; d1• la m11e1·t &lt;' . • . ¡ La pólvora! En el
ail'e la metralla pasa con nn nüdo furioso de viento. "
Empiezan a 111ori1· los compañ&lt;•ros y los caballos. El _soldado razona; si rs la hora d&lt;'l sac-rificio ofrect' su vida,
consientr en morir. " ::\li 111up1•te aquí (•stá." ¡,Pero así
s1· lllU&lt;'I'&lt;'? '· IIuhiPra c1·Pído q11e Pra un poeo más difír·i l. .... "
Todos los trabajos del a1·tillt•ro n o han sido pagados
con ninguna sorpresa, con 11ingún acont1•cimir11to trat,·_al.
H a rstaclo cerca de su 75 1111 día, do8 días en un "mfierno Fonoro ele fit&gt;1To, dP flamas y d&lt;• h11mo." En el h orizonte las cosas no cambian; en sn batería tampoco.
¡, E sto es u na guerra? Cuan do t•mpreuden la reti~ada, en
los últimos días de agosto, an te la Pl&lt;&gt;mt&gt;Htal senCillez del
fracaso, escribe Lintier: '' C011 una poca dc&gt; admiración
me d igo qu e acabo d1• a~istir 1~ una clt•n·o~a." E l ean~ ncio aumenta; los soldados qm1•re11 dorm i r &lt;·u cu alquie r
Parte pero dormfr. ):o hay descanso. {'u domingo, al oír
las campanas
'
ele nna aldPa, Pxclaman pxframHlos
: "II
¡ ay
dom ingos toda vía!·· Onl&lt;&gt;n i11mediata de ('111 bridar. Adelanh• e n la retir11da. Q11isit:ra11 1·1·cibir 1írdPnes de dete11er al &lt;&gt; nemigo II toda eosta y a Y(•ces refnn fntian porqu e
perst&gt;gnidos por la c•spalda marchan tan dc•spacio. E l peligro dt• m11ert1• ha wnido a Sl'I' para l'llos un elt•111en to
cotidiano de su (•xistPncia, pero sabPn qm• (•sa vida &lt;·S
tPr rible. '' ~i lt• \'l'0 PI fin a c•sta g111•1Ta, sabl't' d&lt;'t1•ner

Un Cam ión ingl és destrui do por u n oh:is del ene migo .

•

tc•1·,11·io !-1•stit11 ll&lt;·11os d&lt;'I 1&lt;•dio d&lt;' la i1wt'!i,·idud, d1·l ansia dp •wr hPrO&lt;•s, dt• la g-a11a dt• 1110,·ii· h1·illa11tt·me11te.
t ·11 - lib1·0 &lt;'1Jt1·e todos cld&gt;{-i,. lt•1•1·: J/11 l'i/u . .11·1t· uuc
batlr·1·i1 dt 7.í. Soun 11irs d'11,1 t1111111111i11·.
Es un lihl'O s1•1·&lt;·no, ama hit•, 111•110 d&lt;' disti11('icí11; no en&lt;'Ont 1·al'éis 011 {-1 las l'JJ f'adosas co11sid1•racio11&lt;•S SOC'iológiNlS, tampoco la d&lt;&gt;sag1·adabl&lt;', &lt;'Íllida exalt,wióu patrióti&lt;·a: sólo ha~- allí un dPlicado !wntimi,•uto d&lt;• hrn11a11idacl.
Xi &lt;'11 sus pl'im1•1·as páginas 8e p1•l'fp11d&lt;' inquiJ-i1· &lt;'l 01·igPn tic• la gnPna, 11i &lt;'11 11ing1111a de c·llas SP 111aldícp el
d&lt;'stino. A Yl'C('S ocurre pensai· qu&lt;• SP'I 1111 libro sin excesos, 1.ra11giir. por· halwr sido •·scr·ito PJI c·a1npaña, con el
1•psto clt• fur1·zas que quPdahan 1•n &lt;'I a1·til lt&gt;ro clc•spués de
1111 día de combatt', &lt;lP 1urn ,iornada de ca111iuo, d&lt;' u uc1
nocht' sin st1&lt;•tio: t'S&lt;' r¡•sto hasta para &lt;&gt;sc1·ibir un libro.
l~n rl catálogo dl' la litt•r·atnra 1tniyc•1·sal hay libr·os de
l'xtrao1·dinaria opulPncia, d&lt;' desordenada vitalidad, feraces, redundantt•s, at létiC'os; S&lt;' pc•1·cibr eu sus páginas el
jadrnr del t r11 haj11dor , r l n•soplirlo clr 1111 rsfnrl'ZO. Son

Un General de l a República f elicita a los aviadores ing leses y fra nceses que despej aron
el campo de aviones enemigos.

i:¡

9

PEOASO

�.

.,

,

¿CUANDO· TERMINARA LA GUERRA? ,
Especial para PEGASO.

Una revista en el frente.

todos los instantes de mi vida y sentirlos pasar como un
agua deliciosa y fresca que corre por los dedos.''
Las batallas han desilusionado a algunos artilleros: no
ver a quien se mata es enfadoso, y cada uno-influencia
de los compendios de historia, de las epopeyas y de los
cables de la prensa-lleva dentro el ideal &lt;le una batalla
sintética, simétrica, decisiva como un duelo, visíble como
sobre un plano. Paul Lintier sabe, como Stendhal ( descripción de Waterloo en La Carfoja de Parma) y como
Tolstói (Recuerdos de Sebastopol) que de una batalla
los datos más ciertos son los más fragmentarios, que la
visión más exacta es la más reducida.
Después el avance del Marne al Aisne. Batallas ganadas; persecución del ejército alemán hasta Lassigny, a
fines de septiembre. Entonces deja Paul Lintier el frente, herido en una mano que perderá; poco después moría el capitán Bernard de Brisoult, a quien está dedicado el libro, que es uno de los más leídos, de los más
sinceros y de los más elegantes de la literatura de esta
guerra. En la noia de color y de luz se descubre al contemplador de cuadros y al crítico de pintura (Paul Lintier había publicado antes de 1914 una monografía sobre
Adrien Bas): "Una hermosa luz de agosto chorre¡i,, ilumina el polvo, el verde, anima los rostros de las mujeres.'' Tiene el sentido del ambiente en las perspectivas:
'' un vaho sube de la tierra y hace vacilar la lontananza.''
Reduce lo indefinible del matiz al color elemental : '' en la
noche la ruta aparece amarilla en medio de las praderas azules.'' La luz está vista con la misma atención espectacular de quien contempla un cuadro : '' la noche llega; se diría que la tierr?, y el bosque absorben lo que
queda de luz"-" el día se levanta detrás de las colinas,
invade el cielo." En la pintura del soldado muerto (" los
párpados violetas, los labi9s pálidos, su barba de azafrán
en su larga cara huesosa le daban una máscara de crucificado") no es difícil ver el recuerdo de los 1·ostros de
Cristo como se ven en las telas. El lector podrá encontrar más ejemplos y mejores también.
Hay en el libro un fino sentido de los caracteres. Ni
siquiera en la guerra. todos los hombres son iguales. llH:,entre ellos el reservista que quisiera volver pronto a su
casa, a su trabajo; el bretón Tuvach_e que ve en cualquiera derrota la traición de los jefes vendidos; Alfonso el
farceur; la viejecita belga que habla sin rabia, solamente con una gran tristeza y un temblor en la voz.
Otro libro de Paul Lintier estaba anunciado : Le Tube 1233; acaso no lo veremos nunca. Su autor nació
Mayenne el 13 de mayo de 1893, estudió derecho en Lyón,
donde fundó una. revista literaria. Murió en el campo de
honor el 15 de marzo de 1916, cuando corregía las pruebas de Ma. Piece; el obús que le dió muerte destruyó su
fiel 75. Ha regalado a los pintores esta máxima, general
a t~das las artes : perseguir la técnica hasta la ,virtuosidad y saber temer esta misma virtuosidad.

en

.,

UN DIPLOMATICO ,MEXICANO DE 1811
Sigue de la página 6.

sistema de perfecta oeutralidad, no puedo hacer niogún
arma.mento ni expediciont s alguna~, i-ino pa1 a la seguriuad interior de su territori ... Vuestra solicitud no
puede, de tal manera, ser atendida por mí. Haré suministrar a Don G1rard, c"mo lu :,olicitáis, los alimentos
de que haya. necesidad para su regreso. Tengo el ho-·
nor Je saluJaros.-Petiur,&gt;.
Para alguno-- de los principales actos de su virla ~intióse Gu11érrpz de La.ra con d1,-po,-.icio11es de diplowático. Todavía en 1813 . lo ent.:ontramos en la tana. de
a.traer a Ignacio Eltzoodo a la,- ti las revoluciona ria~.
La. c1dección de ducuuientus de Hernlndf'Z y Dával, -s,
contiene do, muy importa11tes que con aquf'I motivo i,,e
C:¼Wbiat•nn f'Dtre el in,rnrgentt&gt; _y Pl realista. Laca1ta
de GutiérrE&gt;z dt:&gt; L'i ra es in ., inuantP, muy expt e:,.i\'A y
P.Xtrernttda.ment,- cuncdiacl&lt; •ra. La C&lt; nte,-.tlH.:ión , e Eliznnd, , es unH uJUestra perfE&gt;cta, d,· un carát.;tpr vulgar e
insolPntP. pero de 11na lite1atur&gt;&lt; muy c1nacte1bticll Pn
tre los exalt. dos dP la époc:». &lt;Con t:&gt;1 m:iy11r dP:-¡,rPcio
--dicP- h.,. visto tu ca Ita :-Piluctiva de 8 del pres, nte,
que me remitiste con B ,.rtol,, Pén,•z; no mPredan otra
cuntP.-;ta,('ión tus disparata dos proyect,,,.. que transportar mi grueso ejército y l evflrte a fuela[o y sangrP; pc•n•
para tu rnHyor c:onfn,-.ión IP rP-pnndo, que tú c"n tus
pt'Otest,intes .v be•·Pjes dPtien&lt;les la cau:--a del DPmonio,
y yo. con mi Pjé1·cito clP. c·H ólicn-, la del Dios de los
ejé ,·cito--: tú e-;tá~ de,comulg::1clo con t,&lt;&gt;do, los tu_yos por
lit SH1ta lnqui:-ición y por el S• ilor Obispo i!P Pst» Diócesis. y yo so.v un defensflt' &lt;le\:,¡ R " ligión; tú. hom1cidfl y traidor rl ... tu patria y yn un rP~li~t11 y p~triota rle•
cirlido, .. . . Tieoes a l Dio,- di' lo, •·jé,·c-it, 8 e11 tn contra
y sólo te am ,ara Lucifer, qnP é,tP Ps un perro que flta rlo con unac,r:lenalotienela Divi 1 aPl'Ovi leoci11 . . ... E~toy re,-uelto ::1 que si Pn los infiernos te metes, que será
tu último refui.{io, sacarte de las grefias. quemar tu
cuerpo y desparramar tus inmur.d11s cenizai;:, y si t::1 n
hombre eres, cobarde, sal con tu ejército de bandidos
al camoo de batalht y sabrás si cortan las espadas de
Coahuil, y Chihuahua; y si tu &lt;'Obardfa no te dejare sa·
lir, yo te sacaré y Rabrá, al hombre que hiis ofendido
con tu carta embustera .v ,-eductiv¡¡; no obstante, por lo
que tPngo de cató1icn, me compadezco dt&gt; tu triste si·
tuación y te de-eo la s~lvflción y que el S " nor de los
ejércitos te libre del infierno que tienes merecido, por
tus criminales excesos&gt;.
,
A don Jo~é Bernardo no intimidaron las bravat11s
d, E izondo. y lt:&gt;jM· cle eso. a poco tiem pn despaebab
a l otro munuo, spgÚn él mismo lo confiesa, 1 al primer
emperador de Méxtco:
Genaro ESTRADA,

Antonio CASTRO.
PEGAS~

10

Es tan completa la organización militar de los imperios
centrales, que sus tropas se conducen en la guerra de posiciones con la misma habilidad y el mismo conocimiento
del oficio qne mostraron en la guerra de maniobras. Los
infantes -,abfan ya prácticamente cómo se construían los

El escritor 'ruso Jeau ele Blocb publicó en 1898 un iibro titulado: ·'La Guerra l~ntura, '' en que se hace la misma pregunta -y la contesta con flSOÍn-brosi' cfarivideñcia.
"La guerra futura-dice-será una liúfüa que se librnrá detrás dC' postciones fo1·tificadas )' qne, por esto misl
1t
mo, sera larga.
\
Alemania empezará por ·ensayar un golpe, con todas sm
fuerzas, contra alguno' de sus adversarios, para-llevar pol'
las vías fer1&gt;eas; ffespués de&gt; quebrantar su resisteneia, ••k
grueso de sus ejércitos al can¡po de batalla ocupado 'por \
el otro. El transporte de Este a Oeste o viceversa, puede
hacerse rápidamente, y es difícil creer que Alemania se
conduzca de otra manera. Concretándose a la defensiva
en los dos frentes, perdería la ventaja que le da su posición central, es decir, la facultad de operar sobre sus líneas interiores.''
Y más adelante:
"La armada que penetre en el territorio de su adversario encontrará, esperándolo, terribles medios de defensa.
Las probabilidades ele un éxito de resultados definitivos
serían pocas. Lo proba ble es que la victoria oscile y la
guerra se reducirá entonces a una serie de combate!' por
la conquista o la defensa ele posiciones fortificadas que
Efectos de un obús al caer sobre una de las fortificaciosurgirán de la tierra en todos los puntos favorables para
nes subterráneas establecidas en el Somme.
la resistencia. Y mientras mil1ones ele hombres se baten
frente a frente, en c&gt;l s~no ele los paísc&gt;s comprometidos en atrincheramientos, e improvisaron en pocas semanas la
cade:q.a de vastas fortificaciones que desde las playas del
mar del Norte hasta los Vosgos ha contenido, haciéndolo
fulgurar, el heroísmo francés.
Se necesitarían muchas páginas para dar idea de la naturaleza de estas defensas, levantadas a veces a la vista
del enemigo. Son de formas variadas, según las necesidades de las tropas y la configuración del terreno, y sólo por
algunos detalles comunes se adivina que obedecen a una
regla general. Las galerías subterráneas están protegidas
-5.oo .....
por techos de resistencia formados por capas de rodillos
y de sacos de tierra ; en algunas se emplean vigas de hierro, cemento armado. . . . A veces un obús enemigo cae
sobre estos refugios y estalla fonnando un cráter. La tie• .I..So ,_
rra, sacudida por la explosión, se agrieta; el subterráneo
se llena de polvo y humo. . . . A veces el obús cae en la
Cro1uis de fortificaciones subterráneas en el Somme.
boca de la mina y el derrumbe cierra la entrada y sepulta
el conflicto se desarro1lará una lucha no menos enconada a los habitantes de aquella morada de trogloditas ... . . .
por falta de pan. ¿ Cuál de dichos países se en~ontr11rá Hay que cambiar la disposición de algunas; que modifien mejores condiciones para soportar esta per1 urbación car los ::letalles de otras .....
La construcción de los campos atrincherados se va así
en su vida económica?"
perfeccionando
: las galerí~s son ahora más grandes y tieJ ean de Bloch suponía que la guerra se entablaría entre Alemania y Austria (se acababa entonces de pactar la nen dos, tres salidas ; el arreglo especial de los túneles a teDúplice), y Rusia y Francia; y si hubiera obrevenido e1i mí a cuando el caso llega la tremenda expansión de los ga-.
tal forma, es posible que el formidable drama europe;&gt; sc&gt;s; periscopios convenientemente instalados permiten obhubiera conclu!do en el primer acto. Aplastada Francia, servar sin peligro lo que pasa en el eampo; el arte de dilos imperios centrales hubieran vencido fácilmente a Ru- simular la localización de los cañones y las ametralla;doras
es perfecto ..... .
. sia y dictado la paz.
Este [lprendizaje. naturalmente, no se hace sin sensiAfortunadamente para la profecía intervinieron otros
factores inesperados y el curso de los acontecimientos siguiá' el camino indicado por el profundo escritor moscovita.
.
Se advierte; examinando los hechos, que Alemania trató de esquivar el peligro de una guerra de posiciones y
ele asegurar el éxito del primer golpe. La invasión de Francia por la zona fortificada hubiera dado, desde los primeros días, ese sesgo a la campaña y privado a Alemania de
('~.;.h;e ¿,
la tentadora probabilidad de alcanzar una victoria fulmiquettcur
nante. Era inclispensable atacar por el flanco desguarne1
él-.kt
pcm,opo..
cido y para e lo sólo había un obstáculo: Bélgica; y Bélgica fue desecha. Pero tras los escombros del heroico reino belga, apareció Inglaterra con la espada desnuda; y
--U~
aunque la avalancha teutona llegó hasta las puertas de PaCroquis de fortificaciones subterráneas en el Somme.
rís-¡ tal era su fuerza de impulsión !-tuvo que retroceder y aceptar la fata1idad ele mna forma de guerra tan en bles pérdidas; pero los que sobreviven muestran más apdesacuerdo con las ideas de los que han profesado siempre titud y más serenidad en los subsecuentes lances. "La guela doctrina del ataque y dicho con sus primeros escritores rra enseña la guer.ra," decía Napo'eón.
militares que "las posiciones atrincheradas son la tumba
Pero si los alemanes no han perdido el tiempo durante
el e la ofensiva y, en consecuencia. de la victoria'' ....
la contienda, los franceses y los ingleses han hecho más:
11

PEGASO

�~t!!lñlS~~~_ffillR~~~

lsooblwn_ imp1·ovismlo iodo: Y cw111tlo la guerra

tic posiciones·

• . .
t, revmo, . pregonando e1 f racaso d el primitivo
plan t
on, y tuvieron a sn vez que atrinchrnu·sc,

i,;('

han most~-~:

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·
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·Y tc11d1·:1'' 1·01·zo"a
- ., mcu t e, que ser thlatada
La armada
,teuto1~a retroced~; pero retrocede lentamente. Se adhiere
a la tierra conqmstada, con todas sus fuerzas,. Y para des-

Resultados de la Campaña Submarina

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Libros
EL

ULTIMO

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La vida se cambia: la ciudad de "Pique"
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do. Jl?I' &lt;:~ &lt;'Spíritu previ!lor c1ue domina t·n i,; 11 s obt·as d&lt;'
fol'tif1cacrn11, a la altm·a de sus adversarios.
l,n ·g"l!f'l'l
{'Jl (•Stas C'OlHlicioUC'",',
., 1'"\.;",'tt•
,- ,., llll carúd1•1· sin-

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de pez.

Carirrrt11m de Srve.

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,· 1.emovcr Y desmt•m1za r el subsuelo
. . es ncccs•t, no
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emendos
huracanes
&lt;lt&gt; mc&gt;tralla
con
y t
.( .
vi· to que pasa en F1:ancia, pasará &lt;'ll Rusia y en Serra~~e~.onde los soldados mvai,orps pan•&lt;'&lt;' !Jlll' ha'n echado
~~~'O lo~ aliados cuentan con ('l til'mpo c;omo con w1
auxiliar eficaz. Saben que la guerra dt• po8icioncs scrr1 tard_e o temprano, el agotamiento v la denota de
nos centrales . .Al~mania lo sabe· también, y pol' e~~
lanzado con f?rnudable furia en su llamada campaña de
:e.rror. E~ lógico: ~ólo los sumergibles, aislando a In laten a, podnan ca~1biar la marcha implacable ele los s ~
PC'ro · • • • . ¡, la aislarán~
u esos.

i '.'

~:1~

Esteban FLORES.

PEGASO

Lo.s ni~os de París jueg-an a la guerra.
Artilleros y aviadores en acción.

no publica la colaboración que no solicite expresamente. No sostendremos correspondencia sobre
artículos que no sean de la Redacción o de ]oscolaboradores de planta.

RESTAURANT
CHAPULTEPEC
TODOS LOS DOMINGOS
~ ~CONCIERTOS
PEGAc;o

PRIMAVERALES DE 6. P. M. HASTA LAS 10 P. M. ,&lt;+======-¡/
12

l!!1.

LIBRO

LUIS G. URBINA: El (,'/o.wt·

-,--------

Revistas

y
~l

DE

URBINA

subido mérito. Prefiero, entre otros, El Poema d1:l 2da1·iel, ya conocido de los lectores mexicanos, hecho a J.Dodo del Poerna del Lago del mismo autor, en que el poeta.
duefl.o del paiseje, lo utiliza para su propia emoción; La
Elegía del Retorno, en tercetos monorrímicos, de

rio de la Vi'rl,1 V,,!gor. ~ladrid, Librería de la Viuda
de Pueyo, 19Hi, en 89 -Con
la obligada y piadosa dedi- una nostalgia amarga, llena de evocaciones dolo1'Mas:
catoria al noble espíritu de el soneto N-uestras vidas son los rfos, honda meditlición
don Justo Sierra y con un sobre el ideal malogrado. En el tono casi uniformenwnfraternal soneto de envío al te tristP. de la colección, surgen de tarde en tarde, como
poeta Amado Nervo, que ha- en la vida, una nota de alegría franca, una salida humoce gallardamente los bono rística o risuef!.a que flota a la manera de un ave bh1nca
res de su casa madrilefl.a en sobre el tinte mortecino de un crepúsculo agoniziinte.
una carta carifl.osa, justi Hay momentos en que las lágrimas se enjugan para mi
ciera y cordial, llega este li- rar con ojos malignos a
bro de Luis G. Urbina. No
la mamá de la diva, tle volumen grotesco,
ha cambiado el poeta: viene
monumental abclomcn y perfll de tonel,
con su melancolía resigna
da, con su llanto suave, en y en que el espíritu divaga sobre un cuadro de género:
Luis G. Urbina.
su mansedumbre dolorosa.
tres monjas apacibleR, dos frailes franciscanos,
Mojó su pluma, es verdad, en las lágrimas del destieuna. maja de Goya y un torero andaluz.
rro, y brota de las páginas del libro un perfume de nostálgica au,-encia. Es la nota desusada con que enrique- Toda alma verdaderamente grande, conserva, enclausció su tesoro lírico el µoeta de Ingenuas, PuestasdeSoly trada en su rincón oculto, la divina alegría.
Lámpm·as en Agonía- E,;as peregrinaciones que la vida
Una breve nota bibliográfica no puede dar idea de la
cruel e_ implacable constrifl.e a emprender en pleno gris importancia del libro de Urbina. El poema que va
de otoi'io, cuando las hojas vuelan empujadas por la ven· reproducido al final de estas líneas será el más justo
tisca a nublae el espíritu, que se siente cada vez más homenaje para el ausente.
fuera de lo suyo, más de:.eoso de contemplar el paisaje
Vientos de tempestad implacable han lanzado, a modo
familiar, más aferrado a los afectos cotidianos, a los ros- de embajadores forzosos en el extranjero, a varios de
tros amigos, a la vida usual, apacible y monótona. iOh
nuestros grandes poetas. Aquel de la mélena brava, del
viajes de juventud; excursiones de primavera que brin'. verso poderoso y del aire ciranet-co, oculta su gloria, nedáts a cada paso una visión inesperada, un perfume nue- ciamente olvidada, y sus laureles, injustamente marchivo y un goce no sentido! Os parecéis bien poco al éxodo tos, en no sé qué rincón de Cuba donde creará, tal vez,
otof!.al en que 1a mano va apoyada en el bordón del pe- la nueva obra que tenemos uerecho de exigirle. Aquel
regrino, en que los ojos se clavan en la tierra y en que otro que en sus aflos mozos se ufanó de poseer el perfil
el alma, a pesar suyo, se siente lejos, muy lejos cada aristocrático de Edmundo de Gbncourt y lo emuló en el
vez más lejos de lo que se rememora, de lo que se d'eseay arte precioso y refioiido, husmea en tierra yanqui quién
de lo que se ama.
sabe qué exotismos que nos brindará más tarde en forDe todo lo que sus ojos vieron y de lo que tocaron sus ma rara y perfecta. A las pJ¡¡yas hospitalarias en que
manos, &lt;instrumentos de un dolido corazón&gt; Urbina ba hace muchos aí'ios vive el poeta que sabe decir como naido sacando versos empapados en lágrimas. En realidad, die y &lt;en voz baja:i&gt; co-,as tJuintesenciadas y sutieste &lt;glosario de las vulgaridades de la vida&gt; empezó ha· les, llega, embajador melancólico, el d·e las m~ nos femece muchos anos en el poeta. De las miserias de la hora ninas, el de la frente vasta. coronada C'e rizos que la
que pasa, él ha formado cantos perdurables y melodías ironía piados!l. de la existencia ba conservadp negros y
que sabemos de memoria. Hoy continúa su J,?:losa frente lustrosos. Allí puede se~uir rimando sus cuitas el gran
a paisajes desconocidos, junto a seres extraños frente a poeta, el hermano doliente, seguro de que hallará quien
n?ev':'-s inqui_e tudes: pero en la obra marginal a'e su pro- lo comprend-a, quien lo admire y quien lo ame. Es el rep1a vida, el libro de hoy no es sino el más reciente capí- presentante más idóneo del dolor del momento,de la
tulo. El galleguito con quien rima a dúo la afl.oriinza angustia infinita de la hora;.
de la tierra distante, sus amigos los pescadores del MaE. G. M .
riel a quienes hace partícipes de sus penas la chicuela
de los barrios bajos que frente a la puerta de Toledo
despierta en el alma del poeta visiones de dolor infinito
no h_acen s~no cambi_ar la decoración. Ante personaje~
NUESTRAS VIDAS SON LOS _t, 105....
ex6t1cos, sigue Urbrna cantando sus tristezas como
A Eduardo Sánchez de Fuentes
cuando se sentó a llorarlas
. ..... Yo tenía una sola ilusión: era un manso
pensamiento: el del río que ve próximo al mar
y quisiera un instante convertirse en remanso
y dormit- a la sombl'a ele algún viejo palmar.

a la sombra ele un árbol del camino.

Ciertos ideales ar.tísticos que exigen que el dolor del
poeta salga. de lo concreto, del cuadro exiguo del hecho
menudo, y que laemoción personal pierda sus contornos
precisos, sus líneas fuertes y duras para adquirir esa
vaguedad misteriosa que hace dudar si el dolor cantado
es el del poeta, es el nuestro o es el de todos, va recen ignorar que la pena profunda 08 indómita y que hay mo
mentos en que a la vista del mundo la herida sangra y
el rostro se contrae en las convulsiones del sufrimiento.
Al fin. y al cabo, por esa comunicación milagrosa que
entablan los hombres con las almas selectas, nos dolerá
la herida y nos contagiará el llanto.
Hay enel &lt;Glosario de la Vida Vulgar:i&gt; poemas de muy

Y decía mi alma: turbia vo~ y me canso
de corret· las llanuras y !OH diques saltar;
ya pasó la tormenta: necesito descanso,
ser azul como antes y, en voz baja, cantar.
Y tenía una sola ilnsiún, tan serena
que curaba mis males y alegraba mi pena
con el claro reflejo de uha lumbre de hogar.
Y la vida me dijo: ¡Alma. vé tm·bia ~ sola,
sin un lirio en la margen ni una estrella en la ola,
a correr las llanuras y a perderte en el mar!
Luis ü. URBINA.

13

PEGASO

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14

Jesús VfLLA LPANDO.

Sección a cargo del señor Miguel O 'Horán

1

Descoufiad como de 1111 mal h b
.
om re, de esos mcondicioartificial en el t~blirlo Yen el cine. nales admiradores de todo l
a través de los que vercl·1dp1?a1~~ur oyen r todo lo que ven,
la salida dr la prmiitr &lt;d , l _e1;te 0JJl'lt. Y 1·, 11, quienes a
Las pobres gentes de la i d
mado:
e Ar.~ , o1ondrinns os diga paspesadas horas de traba. c u acl_ que arrastran ruedas de
general. ni emoción per.Jsºo' qlue viven episodios sin interés
- ' ';Divino! ·divi , . .
·
·
1
na cuando s
Jar en a rueca. van al teatr'
. e cansan de traba- música, amigo;' e~o es ~~ii ,' arclu_mQon_ume,ntal ! .. ·.. Eso es
eu1 ... , ne agner, m qué ocho
otras vidas. a fin de ol 'd 1º Y al eme para admirar las cuartos! ... Pero . ha , 10
11st ~cl 1 i Que muchacho ése qué
y d
_
VI ar as suyas.
Es~\.
geniazo!··
1
e pocos anos atrás .
.
.
.
,
d so1o cntien(!p el tango 1 l ~r '
la ordinaria de los días ' sea por el aumento de pena a g0, Y sus conocimientos ,1 t•na
,
e e .u orron· &lt; P . , s l'St an a la altura de emocionarse ant, l ·
lucha, &lt;¡uizás por ·las . ~·a por el intenso esfuerzo de la "'
.
e
a
intc•1·p1·(•tac1011
por
la
_,
·d d
crecientes com ¡· •
compama del teatro
.,fex1cano'' de 1 a lJ 11 • •
VI a ·' ha aumentado esa
. .
-~ icaciones de la acti. Oh
., . .1&lt;, t1r 1,oth . de Eugenio Sellés
lmagmaciones infantiles pei egnnacion de almas bobas de
,
encanto de las :\'och •s 1 B
fi .
.
santuarios de la in enua que e~ t~_rdes Y _noches hacia' los th·idad de su públic¿ ~.
&lt;_ e e
ene cio e infantil emo1
cuchar las pasiones ge
ensonac10n camman a ver Y es
cribiré algún día un libr e e_ s~1s actores! Con &lt;¡uP amor es
¡ne cantan , 111 h bl
.
·
co? este nombre: "Noches
mas no con el són conocid
.'
e a an, que accionan; de Beneficio • • • •,,, .1 Ta n tºo lhél!O
av ba
¡ , 1
conve1:i:;aciones familiares ~i ni en el. ton_o ~1esurado de las la astuta perspicacia del b .fi .
e tltn o! Hablaría de
c,ue viven en las calles ,
el mshnhvo gesto de los atraerá a su público &lt; u e¡ie cia, o _al escoger la obra que
lai:; otras son como s Y en as casas: c¡ue almas Y cosas gloria rntre t&gt;I palpitar'
e df1·a simulacros efímeros de
·
• nspensas y bi
•
•
en encasilladas entre lo naje artific:oso de la . fl l'SCPnr c•nte del confetti, el homesob;enatural y la vida.
r
s ores que caen
¡
e ianas y los aplausos de 1.' l
en ~ . proscenio, las
. e modo que esos nere1:?1·inos .
,
s1 se ahren las p~1ertas de la ·, c1 ~puscul~res d~ la ciudad, mento solemne&gt; cuando s ' .ª aqne; descr1b1ría aquel .mollenan la sala aun,¡tlº
on~1c1. por Pstas irrumpen Y tar~e Y deefr las primen~s i~11c1~:rn.mpe la esce°:a al presen·,
·
' se anuncie .la miJ'esuna
·
c10n &lt;le El Trovndo1· o d T ,
representa- dehclad trasladaría c·sos ¡liáloo- b1
el benefimado; con fi.
e
,uria
·
s1
u
·¡
t
con me!enas aucfacia Y ".Í l' .' . n i ns re desconocido de galería .V palco segundo ~-º\ e e bu~ac~s Y delanteros
Iones proclamándose . , o n~. munoa la ciudad de carte' espectador qur sigue, todo t ·. ~· /s~a fiJaria. ;l gesto del
i cmu o e sensac1on Y anhelo
no )o crean. Y comrifl~i~oge~10 mundial, _le creen, annqu; el desarrollo ele la obra
naciones. y así tamb'' s escuchan las mmortales desafi- Sellés, qu,e eligio' el acto'· que• c~1al La Jlujcr de Loth, d~
· •
1· mexicano l\1 f
u 10 para su benebrar la innocu~ inm;,::úJ~ ªrtadas fil~s acuden a cele- ficio, a fuerza de abundar , .
&lt;me transplantl'da a l\I' ,·
Je vaudev1lle-flor exótica, alegorías, en frases hiperbo,;i1i1:;?ordarse ,en_ morrocotuqas
lencia de emnresarios ,~~t1cod, ,a degenerado por malevo- en metáforas ultranománti , .' ica~, en _srnules de similor,
llesc"
., · ,
• ra1 nctores
· cana- te trágicas. en monóloo-o ca:-;, ~n s1tu3:.ciones ridículamen.
n oP mternretes
en
. •v por· ma1·1c1a
P ~nta mmunc'la ;-:V se bañan ncs. etc.. . . . . i·esulta.., a~g: cuatrnl~non~logos) ' exclamaciocon fruición en llis a. u~
Sí di ·t·d'
lllUY ( ivcrtido.
xi cano). v desfallecP:
peshl~;ites del ,qénerd chico ( me'
ve1 I o
·1 un&lt; l
• 1 d
de un dr~ma espan-ol Y s e1;oc1?n con los ~olpes teatrales &lt;¡ne suspira v gi~~-.' a~m I ie ª nu ª 0 haya una señora
,
l
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uerr1ten
e
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'b
ria a escuchar a los Q·uint .
b n a m1 ar de cursile- blico, en el sensacio;,al i~~~: l~s dos terceras partes del púlas del cine con un g-ran cl::;¿//u re~ la~ _numerosas sa- cencia de Ascensio'11 la11c·e o ,e. en hqlue se descubre la ino,
·
·
llll ·
la sombra. noche a noch
e a_d1;1irac1on que sale de sos, solo
comparable
con otro
' . 1 1. ' ' segm· d o de aplantos de la Menicheli o la =~s:nt: _los ~d1culos amaneramien- en un coso, después de un ii~en~(Jante Y otros aplausos,
_g o . e capa_ de Gaona; aungente. suele también escucha e isna e Chaplin. . . . y esta que la labor de l\fotio
comnrendido la doliente h r a T?debuss.v Y afirmar que ha " fo?ográfica, sino sico'1i:!~1~. un apologista suyo, no sea
nas" de Usand.izaga.
umam ad de "Las Golon d r1. dedicarse al cine.
"'
· · · · en cuyo caso debería
Pues precisamente &gt;1 t 0
·
·
_!'orque, en verdad fa b . . .
l\Iexico del g'orioso ,·o'
~tia, i ec1entemente- conocida en ~edia eso "fonográficb ~ ,e~. '.111 ~ / ~ e~ ~rª??ª Y en la co. venc1 o vasco c¡u
. e se f ne prematura- mzarsc, quien de ac uéllo ·. ,eso )1colog1co deben armo.
mente de este mundo d • 1
.,
, e1anr10 1a misma t , •
1;&gt;uedc anclar por carac10n que sn inmo1·tal 1·
G
ragica desespe- minos trillados de i:1onotoca,1 ece,
"Las Govescas' '-no es iermano ranad os--l a g1oria
. de 11!-e escenar io de la cinem~~~ ~a~1a ugrnrse, en el _mult~for·
para Ia "ºm
·,
•
· Aqm la vida sigue
cuantos &lt;¡ue han src,uido
.
p~ension smo de unos s1endo tan deformada O , • g
por deber el mo :- º . t ' por v1ytuos1clad, por cultura o suprimirse la palabra tie~:s que en el tablado, ya que al
t' .
'
'nnien o PVOlutivo de l ·a
ctp1ca .V Je. la técni&lt;·a musical en los ' lt' a i ~' de la es- r~curs_os de expresióu eu el n ;~ue i·~c~ncent~·arse todos los
c1onahsmo del episoclio
~ . to paia realizar el convenor los coment,, jos d, 1
• ~ nnos tiempos.
'11 ha 11 eslc1•nico. .Has esta deformación
ción de algunos a11\11·s'·1·s ~ a g~1bnla crítica, por la divulga- festa cxarrL•ra&lt;.:iu
,..
,
P"a&lt; o a spr
t
'
.
e;
•
aSC&lt;¡Ul es po'
.
1 l·ª vaga literatura
t¡e a lguna crónica &lt;me no co¡npromete
·'
erv~r histérico de muclias seño1·it n_
1o~s i;uosa- y pese al
l
t
ta representación 11gttnos·
· ª a tercera o cuar- ueg~afica- eu la ::\Icnicheli . &gt;01· .~s e a penumbra ci·
ac1ores que no van pura- gesticulación y ondu 'antes' a~1d _e;1,rmplo,. cuya bufonesca
mente al teatro a' 'pasar
l espec
f
cada ~elleza en la 0a;ició1~ atI:?º'_.suelen encontrar deli- vera Y precisa estética de la B att~s. contiastan con la '&gt;el) b h b
.
· er im.
a sentir el escalofrío medular d ~, im,~~ra y basta llegan
. e e a er relatividades aun dentro de l
'
la Pantomima.
e os timos compases de na l1smos.
os convencio-

°~&lt;

E.PoRTE.5
"Mixcoac" y "Williams."-Terrenos del " Mixcoac."
-Gana ''Mixcoac.''
El domingo pasado y en presen,cia de numeroso públic~
se jugó el partido antes mencionado. A las 10.30 dió la señal el refere e, señor Vargas, tocándole salir al "Mixcoac,"
que desde luego llevó la bola hasta la meta enemiga, pero
ahí les faltó un obstáculo eme vencer: Genaro Casas, que
quita la bola al "Mixcoac," y de una patada la manda a
las defensas enemigas, y éstas, a su vez, a sus delanteros.
Tómala por su cuenta l\Iontaño, la pasá a Vilchis, éste a
W yngaer t, quien la corre por el ala. Le da un pase al medio izquierdo, otro a la defensa G. Casas, y patea al goal,
anotando el primer tanto a su equipo.
Sacan los del " W illiams," pero pierden la bola los delanteros, tomándola el "Mixcoac," viéndose el " W illiams"
en grave peligro a no ser por la eficaz intervención de Casas, qu e salva a su equipo de un nuevo tanto. Vuelve a atacar el "Mixcoac " y mediante pases bu enos y oportunos,
ejecutados con limpieza y rapidez, W yngeart vuelve a anotar otro tan to a su equipo. E ntre jugadas buenas y malas
acaba el primer tiempo.
Comienza el segundo tiempo y todos muy flojos. Apriet a el "Mixcoac" y desde luego los del "Williams" estuvieron completamente dominados; pero debido a la op ortunidad de Casas, que jugó de defensa admirablemente,
se salvar on varias veces de nuevos tantos. Vuelve el "Mixcoac" a la carga, y con a 1 gunos buenos pases, Liborio Jiménez anota el tercer tanto al '"Mixcoac." E ste equ ipo
adelanta más cada día, siendo ya notables la seguridad
de la mayor parte de sus golpes, así como la oportunidad
y limpieza de algunos pases.
El mismo día. por la tarde, a las 3.30, y en terrenos del
"Junior," midió éste sus fuerzas con el "Juárez ,, saliendo vencedor este último por nn goal contra ce;o. Desde
los primeros momentos comenzó a dominar el '' J uárez,' '
est ando la mayor parte del juego sobre el goal contrario
y teniendo siempre en jaque a l as defensas del "Junior "
siendo muy ovacion ado el " Juárez" por la limpieza d e ; u
juego, y por lo bien ejecutados y combinados que estuvier on todos sus nasPs. distinguiPndose entre sus jui:i:adores
Meraz, p or la rapidez y precisión de sus pases y principalmente u1;1 joven cito qu e cubría el ala derecha y cuyo nombre sent up.os verdaderamente no recor dar. Estuvo admirable por su oportunidad y precisión , así como también el
ala izquierda, que centró notablemente du rante toda la
t arde. D e parte del " J unior," debemos hacer mención de

Abigail en la clefensa, que jngó admirablemente, y a quien
se debió que el '' Juárcz'' no anotara sus {lemás puntos. Todos sus demás jugadores estuvieron fallando y perdiendo la
bola continuamente, faltando por completo las magistrales jugadas c¡ue estamos acostumbrados a aplaudirle .11
" Junior. "
También se jugaron algunos otros partidos en diversos
terrenos, sien1lo los principales los siguientes:
"1\Ieyer .v Huerta" contra "Palacio de Hierro," ganando los primeros por 1 a 4.
"A. B. C. " contra el "Normal, " venciendo "A. B. C."
"Tacubaya" contra "Preparatoria," saliendo vencedor
el "Tacubaya."
''Internacional'' contra ' ' Luz y Fuerza,'' ganando el
primero.
Sentimos que la falta de tiempo .v espacio nos impidan
ocuparnos detalladamente de estos ju egos.
Queremos también hacer mención del partido mixto
que. organi7ado poi· la benéfica asociación de la Cruz Roja
y con asisfrnria del excelentísimo señor ministro de Esmiña ~-" , · có el primrro de los corrient es en el H ipódromo de l·• Condesa, jugando: Ataque del ":i\Iéxico" y
Defen.a.s del "España'' contra Ataque del "Deportivo" y Defensas del "Junior," resultando el juego muy
animado y aplaudifodosc magníficas jugadas por ambos
lados. El iuego quedó tablas por cero a cero.
Antes ele retirarse, el señor Ministro hizo entrega de
algunos s01wc11irs deportivos a los canitanes de los temn.~
contendientes. siendo objeto de cariñosas manifestaciones
por parte del público.
Penalty Kick.
•• Hu11 ........... n

11u11111111u1111u u1 u1111111n n n1111n11111111111111•11111n ............ unn1 11 1u11111 ■ u•.. • .........- •

PEGASO
ABRJRA DESDE EL PROXIMO NUMERO

UN\ íNCUfSTA SOBqf LA GUERRA fUROPtA
ENTRE LOS PRINCIPALES REPRESENTANTES DE LA INTELECTUALIDAD MEXI CANA.
BUSQUESE EN EL NUMERO 2
LO QUE OPINA SOBRE LA GRAN GUERRA
EL I L USTRE ORADOR
Y OT~ O~ ~ ~~AJ~ S~ I ~~ :~IDOS

!

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1

_ . . " "" ' ' "·' "... .................. n unn un11un,n•••n nttM1ttM.HNH1n 1-1111-•Hnn n 1u 111u111111111111n1nM1tt.J

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P IEOA.SO

�[seccióh de Ajedrez

V

Cuando

r.
~H!ffi!ffi!ffi!fül!liilmffi!ffill~iillifilt1!ffi1Ji~!!ffi!fii~!mffi!fü!l~~...Je!ffi!f~,
A cargo de Enrique González Martinez, jr.

Partida número dos
R;¡-y LóPJ•:z

PROBLEMA NÚMERO l.

PoRE. E. Vl'ESTBURY.

BLANCAS
J.

Primer premio del 159 torneo de composición
del lréstern .Daily .Me1·cury.

I

DR.

-1-P --4R
•

2 CD3A.

3 P3T D

4 A-! T
5 O O
6 A 3C

403A

5 P4 0 D
6 P3D? (1)

, 05 e
SPxP
11 C 3 A
12 P 4 D

12 P 3 A

13 T 1 R
14 (; X Ü
15 T x P (3)

13 R 3 D
14 0xC
15 A 3 R
]li Ü X A. (4)
17 Ax A
18 R x T
l!l R 5 A
20 R 5 O.

HiA4AR

17 D x e
18T5Dj.!!(,1)
Hl D 5 Rj.
20 P T x Aj.

•

lll~tl'.

BLANCAS

NOSOTROS

7 P 5 R
SCxP
9 Rxe
10 R3 R
11 C (3 A)~ R

9 ex P A (2)
10 D 3 Aj.

21 D 1 R

esté en México,

Cuando Ud. no pue~a venir a México,

HENNEBERG

-1 --P 4R

3 A /5 C

NEGRAS

Cuando Ud.
NEGRAS

PÉ&amp;Ez MENDOZA

2CR3A

Ud. venga a México,

le amueblaremos, desde el cuarto de soltero,
hasta el más hermoso hogar que haya soñado para su prometida.
Nuestros precios son los únicos que se adaptarán a las circunstancias de Ud.

,,
j

NOTAS
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)

Dan mate en dos jugadas.

A 2 R es la jugada correl'ta.
La posición vif&gt;ne a quedar convertida. en un Fegatello.
1\-It&gt;jor qne P x P j.
8i 16 ........ , R 2 D; 17. T x A, R x T; 18. T 1 R y ganan.
.Jugada. ded:-iv&gt;1..

N\ueblería Bias Pahissa

Partid;¡ número uno

BLANCA$
GUNSBEHG

----1 P4 R
2P4AR

es A o

7DxO
8A4AR

8D3A
9 P 3' D

10 e 2 n
11 Ax P A! (6)
12 j) X p
13 O 4 AD!
14 Ü X p
15TD1D!
16 Ax A
17 T x P
18 T 1 R !! (8)

11 P 3 A
12 P x A·

13 T 1 C
14 D 2 A ('Z).

D3 C
Ax e
T2C
T 2D
Se rinde. (9)

1 P4R
2 p J( p
3P4C .R
4 P5 C
5 ' p XC
6 D3 A

7 P !i R
-8P3 D
\l 0 3 A (1)

&lt;J A 5 C }.

10 R ·l D (5)

NEGRAS

,J. R. C11Y4S

1 P4R
2P4AR
3 CR3A
4 A4 A
5 O O
6 D:sc P

3 P 5 R (1)
4 C 3 AR (3)
5 A 3 D
6 0-0 ! (4)

6CxP
7 ex ej.

15
16
17
18
19

BLANCAS
A O \',\z&lt;ll:J::Z

2 P4D

4 D 2 R (2)
5

~WRAS
Il_ARDEI.EBE:-1

-l P-4 -R

3 PRx· P

2a. factor Esquina Donceles

Partida número tres
G ,uIJHTO Muzro

CONTRA GüJBl{JTO DK FALLKBEER

DX p
8 A3'r

'1

9. C 2 R

10 A 2 D

10P3AD
l1D4Aj.
12 P4 D
13 Ax A ·
14 P x l \ (3)
15 1)·3• O·

l l TDlR
12 R 1 T
13 A D x P (2)
14 D x A

15 C 4 R '.
16 C 6 D j.
17 D6A ! (4)

16 R2 D

17D1,D__
18 D 1 A
l!JRIR

1s ex r A

19 D 6 D j.
20 D 8 D mate.

NOTAS
NOTAS

(1) Esta jugada constituye el contra Gambito de Fallkbeer.
(2) Es posible que P 3 D sea preferible a la jugada del texto.
(3) Mejor que A 4 AR y que P 4 A R.
(4) Buena jugada que permite un fuerte y veloz ataque.
(5) Si 10. P 3 A, Ax P; 11. P x A, D x P j. y ganan una torre.
(6) Desde este momento el juego blanco entra en una era de tales
dificaltades que casi forzosamente le llevarán a la derrota.
(7) Esta jugada no es buena, pP-ro si se ensayan otras se verá que
no hay ninguna qne salve el juego.
(8) Aristocrática terminación de una elegante partida.
(9) Porqne contra A 7 Aj. no hay defensa buena.

( 1) Es más usual .i ngar en esta posición A 2 D.
(2) Una jugada aventurada. y que no reaomendamos a los aficio•
nados. La. jugada clásica corrf&gt;cr,R f&gt;S D 5 T.
(3) L·is negras debi eron jugar A 3 R.
(4) Esta jugada es excelente.
NOTlCJAS
0

Ha terminado hace ya tiempo, el torneo de campeonato anual
en el club de n•i edrez «Mariano Eg1liluz,, de esta capital. Fu:e vencedor el Sr. Dr. Dn. José Antonio Asiái-n, muy conocido en loa
circulos ajedrecísticos de México. Quedaron en segundo y tercer
lugar respectivamente los Sres. Francisco Luzuriaga y Dr. J. Guadalupe Jiménez.

La siguiente partida fue jugada a bordo de un trasatlántico,
entre el Sr. Joeé Pérez Mendoza, presidente del club argentino
de ajedrez, y el Dr. Henneberg.
PEGASO

16

�VI

■=================1■ ,

VII

'

r~oeuix J~~uranfe .TH( o!~~1ºj~~Rl!1~~0~~. !!~!~Rn 1
tom~auf · Mmite~. 0 ~º 0

0

0

0

Sir fdmund Walker, C. Y. O., U. D. C. Y. O. Presidente.
J0HN Al.RO , GERENTE GENERAL.

Capital pagado . . . ... .
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152

PRESUPUESTO

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LA CIUDAD
DE LONDRES

,,

El notable orador Jesús Urueta, que en el próximo número de ••Pegaso"
dará su opinión sobre la Gran Guerra.

V

:

.

NUM. 2

MÉXICO, 15 DE MARZO DE 1917

Precio: :30 centavos•

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Pegaso, Revista Ilustrada</text>
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              <text>1917</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 1, Marzo 8</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Coronel Anastasio Torrens</name>
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        <name>Crónica sobre Avenida Madero</name>
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        <name>Vida artistica y literaria</name>
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                    <text>��1
\

DXBECTO!k .JOSÉ DII

· ../ 4'

J.OMINJ8TRACIÓH:

'

y

LA NOVELA CORTA

e\,..

MAQRIO,-CALVO

A5ENSJO,

3. -

VJIQCl'LI.'

'.'M ~rid

Julio 1

,.. ...

TeLÍPON() j-4194,-APA;:;:!)

"'4

LA IOIHENIA
NOVELA INÉlllT l.

Ramón Gómez de la Serna

1

*•iBI.IOTECA CENTRAL

¡______:U;:•:.;A.:.=.;N,;:,;•~·L.:;__ _ __
I

Ruben se había dicho aquella mañana al despertar: "¿ Qué pasa que parece
que hay más l112i en el día?"
Se podría decir que en su espíritu, en todo el fondo de su ser había una
especie de aurora boreal sobre una placa que se revelaba. poco a poco.
Se quedó deslumbrado como ciego de .aquella particular emoción que no
había sentido nunca. ¿ Qué le pasaba?
Se sentía un poco borracho, no como un borracho, sino como un bizcocho
-borracho, por como el bizcocho borracho está saturado de borrachera y el vino
Í
no es esa cosa que hiede en los borrachos, sino perfume ajerezado 1 perfume natural.
Parecía. que en sueños le habian dado a beber esas copitas que dan a los
niños los días de santo. "¿ Quizás-pensó él-habrá sido mi santo en sueñ9s 1
o habré ido en sueños a una casa en que se celebraba un bautizo o desde cuyos
balcones se veía la procesión? ¿Habré tomado parte en alguno de esos guateques? ... " '
Se acordaba de aquel" día en que se celebró una boda en la vecindad de su
casa y vió, al pasar por delante de la puerta del Piso en que se celebraba, la
mesa del comedor llena de cristalería, rubia por los licores del lunch.
Otros recuerdos confusos, incongruentes, atropellados, surgían en él.
Se
acordaba de aquel día en que vió subirse la liga escocesa a la doncella
comedi i en cuatro actos, originhl de
Adela.
Se acordaba de aquel día de merienda en la Moncloa, junto al sitio por donde pasa el tren y~ue proteje una valla requemada. En la luz clara y atardecida del día de primavera se veían fuera de las falda., las piernas de algunas de
las mujeres que estaban merendando.
Se acordaba de que en la plazuela de Oriente su amiJo Manolo, de los maEl sumario de la NOVELA. TEA. TRAL. formado por las aplaudidas comedí
yores, perseguía a una chica llamada Asunción y que no la dejaba ni un momen1
delos autores más P~ch,ncido!&gt; e\idencia rn.:estro espec,·e1 e
as
lección de ob
·bl. d
·
;:!mero en Ia se• , to, aunque ella daba unas rápidas 1/Ú.eltas para escapar.

LA CASA DE
LA TROYA
LBNARES RIVAS
PEREZ LUGIN

ras pi_

EL

1.::1- S:i .• C on.!tellnites en eEite propósito, publicaremos ~

PROXIMO DOMINGO

la célebre comedí~ en cua:ro actos, titulada, LA CASA.DE LA

TROIM..•

uno de los éx tos más grandes que registra nuestra es

l

·

¡

L ■• novelas dnéditas• qlle publlca esta Revista, son pagadas como lftÉDITAS
y cons.lderada• como tales baJo la hclusiva respon•abllldad de su• autores·

��deees de nalga en sus redondeadas aristas, había algo así como la presencia dP
una maja desnuda.
¡
·
Las celindas estaban abiertas y eran como un frasco de per ume aceitoso
abierto en las narices del transeunte. Parecía, por causa del perfume de esas
flores, que todo el jardín se había echado perfumada brillantina en el pelo.
¡Oh, mareaba la espesa cabellera oleada!
_
El riego les sorprendió, porque se levantaba.de sus arroyos un sabor a hierba.
tan vivo, tan agudo, tan evocador, _que~. acordaba de to~ las veces que había pasado en este mismo tiempo po.r Bitios _en que la hierba acababa. de_ ser
regada. No había encontrado nunca runguna imagen que, como_ aquella, hubiese
hecho coincidir en un solo tiempo todos los momentos parecidos del pasado.
Se acordaba de la Casa de Campo, de la Moncloa, de los jardínes de su pueblo.
Exaltado Ruben por aquella confusión de aromas y escondido de la vergüenza por los grandes árboles altos y tupidos, llevó la conversación hacia el
tema que quería exploraf una. vez más, con .más ansiosas preguntas que nunca.
Le hlzo que le repitiese la primera versión de arcángel de la "enunciación",
porque entonces todo le resultó obscuro. Hoy estaba preparado de otra manera. Después le preguntó:
-¿ Tienen muchos lunares las mujeres?
-Según-contestó Manuel-, unas los tienen y otras no.
-¿ Y en su ombligo no tienen nada de particular? ...
-Nada ... Es un ombligo como el del hombre, quizá un poco mayor, como
]a• eutrada de un hormiguero, por ejemplo-dijo Manuel por decir algo, por
echárselas de entendido, por no dar tanta sencillez a la verdad.
Una niña saltaba a la comba en una de las avenidas. La alegría debía de rebosarla en el cuerpo cuando a aquella hora se dedicaba ya a un sport de la
tarde. Era la niña de medias blancas, que la hacen una cachorrilla juguetona
incitante y tonta.
Se veía que era la niña que ha salido bella, demasiado bella, y tiene que
derrochar desde II\.UY temprano su belleza.
Era quizás la niña que aquel mismo día había tenido la pubertad, como
Ruben, encendido por ese mismo primer día del despertar definitivo, como
en la última. dentición, peligrosa sobremanera cuando coincide coii la primavera. como en él, como quizás en ella.
Los dos jóvenes se sentaron en el banco de enfrente. Dos hermanillas menores y más zarrapastrosas que ella daban a la comba con afán. De vez en
cuando la cuerda cogía las faldas y las levantaba con malicia, como si estuviese hecha con el lar¡o rabo del diablo.
Ya estaba acertada la mañana al encontrar ·esa bailarina. saltarina en el
:?\lusic-Hall del jardín. Había momentos en que la visión era tan aéreaJ que
era como si la. niña saltase en un rayo de sol. Hubo un momento en que saltó
"tocino", el salto voraginosoJ y·desapareció un poco en la velocidad.
Ella. ya tenía el or¡u.Yo defensivoJ el cuidadoso no mirar a los hombres que
tiene la mujer; pero sus dos hermanillas entablaron conversación con los dos
amigos, y ellos insistieron y aceptaron las tonterías con malicias de perrito de
portal de las dos niñitas, por hacerse oir de la impasible saltadora.
1
- ' ¡ Tocino l II u¡ Tocino! "--decían los dos amigos, como quienes piden el
frenesí que muestra más desvelada y más arrebatadora a la joven que salta, que

-Cuando salta "tocino"-dijo R_uben-, se la ca.e el pelo sobre la cara Y
está encantadora ...
-Sí ¿eh? ...-contestó ella con desnfío--:-J y sin perder "tocino"~,~ot~;on sus
dos hermanitas que lo quería saltar, y dieron con fuer:a
p;;c1p1t:1_c1on ª. la
cuerda, hasta que quedó dentro del fonal de cuerda ~el tocm_o la ~ tupida
que cumplía probablemente aquella mañana, o lo habm cumplido hnc1..'L poco, el
primer cuI1,1pleaños de la mujer.
Roto el "tocino", que es como una ascensión de la que lo salta, como si
partiese con la hélice encendida. en vueltas, la. niña. se quedó exhausta, acabada, con el pecho lleno de latidos, como después de una carrera loca, y sin poder más se sentó en el banco de los dos amigos, que se quedaron turbados
como si 1a hubiesen recibido en los brazos.
Parecía desmayada, accidentada, próxima a morir, pero sonreía para disimular esa descomposición de la belleza que hay en el cansancio.
-¿La pasa a usted a1go?-la preguntó Ruben, levantándose para asomarse a los ojos de la niña, que, con la cabezn. echada. hacia atrás, respiraba del
cielo.
-Nada, muchas gracias--contestó ella.
-¿ Quiere usted un vaso de agua. ?-volvió a preguntar Ruben, c9mo si estuviese en el comedor de su casa y pudiese alcanzar un vaso de la bandeja lléna
de vasos.
-¿Pero dónde tienes el vaso?-le preguntó Manolo, riendo y queriendo
dejar en ridículo a su amigo, para vencerle en la contienda empezada.
Las niñas reían y preguntaban a su vez: "Sí, ¿dónde tiene el vaso? Que
diga dónde lo tiene."
Ruben, realmente, se encontró sin el vaso que había prometido y sintió un
fenómeno así como si se hubiese caído y se le hubiese roto algo.
-Hubiera ido por él a ]a fuente del Prado, donde hay una, aguadora con
un vaso de cristal-dijo Ruben con cierto romanticismo de cabaUero que hubiera sido capaz de ir muy lejos por lo que necesitaba para salvarse la dama.
de sus suspiros.
Ya tranquilizada, ordenado de nuevo el corazón, la bella saltarina pidió a
sus hermanitas la comba y la recogió como la que trenza una cabellera, como h
que teje la. trenza de _una hermanita ...
Los dos jóvenes, que sabían lo que tiene de hacer la maleta para la partida, el liar la comba, tuvieron arrebatadas miradas para la que peinaba su comba para atravesar las calJes camino de su casa.
J
-Y se irá usted sin decirnos su nombre ...-dijo Manolo.
-¿ Y parn. qué quiere saberlo usted ?-dijo la joven, mirando por primera
vez de frente a uno de los dos, a 1fanuel.
-Para no olvidarlo-dijo Manolo, más experto en la galantería y sintiéndose el elegido.
Ruben estaba ofuscado. Se le ocurrían cosas apasionadas, pero en voz baja.,
sum.urmujo. Le parecía que todos los perfumes del jardín salían de la niña.
Para él se llamaba celinda, era Celinda, la Celinda.
Ruben, arrebatado como en un día de verano, olía, no los perfumes, sino
las red,:indeces, los hombros, los codos, los hermosos capullos de las rodillas.
Acariciaba a una de las dos hermanitas, como si esa pudiese ser una rogativa
para merecer la. benevolencia de la niña mayor. ¡Pero qué estéril ex voto es
eee en la aspiración de las hermanas mayores 1

r

���mo, el de querer sa1va~, a. morir en vano, a perecer bajo el rayo, sin haber satintos. recién.despiertos rezongó algo en tono muy bajo, como si se refocil~se con
bido cómo es lo sospechado.
1a, caricia y se dispusiese a ser mejor. Pero n~, el po~re padre tendría que
El cruzó los brazos sobre el balcón, y una de sus manos, por bajo de su axiaguantar la descarada cría del cerdo, q~e .es la º1:1ª d~l hi30.
la, fué a buscar a Elvira. No se atrevía, sin embargo, a tocarla; ¿cómo hacerla.
El pobre padre paseó entonces un rato en silencio po~ el comedor. Vera. el
una caricia ambigua? ...
defecto del mundo por el que nunca queda claro su sentidol pues al volver a
La unidad era como el imperio submarino de la tormenta. En los relojes
. brotar la fuerza d~ la Naturaleza en cada ser, ~cede qu~ de nuevo s.a:-gaga.
de la_s torres de la electricidad debía estar señalado el máximum eléctrico las
todo, se obscurece toda máxima . de buen sentido 1 se pierde la eqw
, se
doce del día del tormentazo.
'
eclipsa lo torpe campea con tenac1dad.
. .
Bajo la tormenta, los tranvías que pasaban por la calle transversal estaban
u¡Qué amarga es la ~da!-pensaba el padre-. ¡Que 1!º pueda yo suprlllll~
nerviosos, fuera de sí. Sus troleys estaban excitadísimos, incontinentes.
n mi hijo las equivocamones! ¡Que vuelva a ser el ser irrespetuoso, de des
Parecía. ya que no iba a poder durar ni un momento más aquella. obscu~
deneS solitarios y reconcomidos que fuí yo! ¡ Que sea, por lo menos, normal Y
ridad.
corta la adolescencia 1"
Bajo el miedo de la tormenta, ella se amparaba de él, que parecía el marino
Llegó la hora de acostarse y todos se fueron a ~s cuartos.
.
de la. tormenta, el capitán de barco.
· .
Ruben estaba desencantado por no haber cometido la locura a que le rm-Ya va a estallar... Vámonos dentro-dijo Elvira.
ulsaba la tormenta, aunque a la vez se sentía defraudado de que se le hu-No ... No descarga ... Mira por ahí ... Ya se ven las estrellas ... Ya han
biese ido la tormenta sin arrojarle las rosa_s que !leva en sus carrozas, todos los
descorrido el toldo ... Nos ha engañado ... y después de decir esto _Ruben con
manojos de rosas de más de cien hojas que ~a ido c~rtando ~e los rosales les1;1 mano ~erviosa, ansiosa, que _esperaba. en ~ rincón el mome~to proPicio,
janos; de las rosaledas de las islas de e ~ cordial, de clima ~e vrno ~u1ce.
dio un pellizco en el brazo a Elv1ra y Elv1ra dio un grito ...
La. noche fué vasta, inmensai de snna profun~a, de .P~~o de caree!.
Del tercer balcón, que era el de la madre salía ésta alarmada dejando caer
Dos o tres veces salió por los pasillos para oir resp1rac1o~es y para ~uscar
las tijeras en ~l suelo del balcón...
'
'
por el balcón que daba a la. calle el .olor de las acaci_asi ~ no solo el olor, smo la
-¿ Qué ha pasado ?-gritó.
acacia que las -acamas prodigan como con b1beron.
-Nada-gritó Elvira-, que me tiene muy nerviosa la tormenta...
lJ."- leche"Eldemundo
va lento y quiere que yo espere---se decía ~uben-; pero yo no
-Pues ven aquí a ayudarme-le dijo su tía.
·f11 puedo
esperar, no puedo ... Y ahora ~ o llamaría con un aldabón al cuarto
Elvira,. sin más explicaciones y aomo huyendo del hombre cruel, eclró a
de ella, exigiéndola un beso antes de moru."
.
correr hac~~ la puerta del fondo. Al llegar al dintel, y con la puerta en la
- La angustia de muerte que entraña esa entrada en la. 3:d5&gt;lescenc1a. pose~
mano, le d110 a Ruben:
•
_ ,.a_ Ruben . Como todos los que están en su cnso, creía que monna en segwda, .sm
~Me voy porque ya no hay tormenta Sl. vuelven los relámpagos, yo
poder conocer la vida, y por eso su arrebato era mucho IW;YOr. El ahogo vital
vere . ..
que le subía al cuello y le levantaba los hombros,, le parecia ahogo mortal. .
Ruben se quedó quieto, con aír~ de gran .na.turaliclad, subido al balcón como
Hubiera pedido socorro en la noche en que babia acabad,p de tener la dentiun hombre que ve correr a una mña que se ha convertido en cómplice suya
ción varonil.
cuando temía que le acusase de haberla tocado.
'
Se agarraba a las estr~as como un d~sespe:ad.0 1 como el que se 1agarra a un
La 1:1-oche amanecía medio despejada, medio cubierta, siempre con su tipo
clavo ardiendo. Miraba al cielo, como s1 ahogandose en el mar mas pr~cel.oso
de media tormenta, como un papel de medio luto, con un esquinazo profun~
pidiese un salvavídas a los que se asomaban a la bar.da del gran transatlanfaco,
&lt;lamente negro.
allá arriba, junto a Dios.
. .
.
,
.
Era algo así como la noche de la vendimia de las aoaci~1 y el era el vendimiador al que su padre. no le abría. la -puerta para que saliese a hacer su acoIV
pio, pa~a que se hartase del "pan y quesillo", que hacia ese &lt;;ía de Mayo se ~a
la mejor cosecha. Pensó bajar po~ el balcón a la calle colgandose de una saRuben estuvo preocupado durante la cena1 haciendo como si estuviese afin
bana.
enf~dado con su padre, aunque su disgusto era el vil disgusto de la especie
Por última vez en la última retirada hacia su cuarto,. estuvo un rato :peg~~o
el di5,=,oUSto sensual.
'
a la puerta de la alcoba en que dormía su madre con ~lvira; pero la resp1rac1on
. Elvira es~aba en frente de él, al otro lado de la mesa, y sin tocarla con los
de su madre, fuerte, con cierto ronquido un poco senil, ocultaba. la suave not_a
pies los sen.tia enredados eón los de ella.
del aliento de Elvira. En la insanía de esa ceguera que produce la fuerte enSu pen5a:1;1iento .de vist;i, baj~-el pensamiento de esa edad es así-iba con
sipela de la pubertad, se Uegó a. quejar de su madre ~ hu_~iera tapado su boca 1
una obc;ecamon ternble, q~e deb1a de ha~er cazadores que abatiesen de un tiro
dificultándola la respiración, con tal de oir la otra respuacmn.
de escop~ta de bala, e~ linea_ recta y drsparada hacia Elvira1 la indefensa, la
Por fin en la cama se durmió como muriéndose, como el que se ha a~ostado
que cae_n~, porque ?~die pod1a sospechar que en su despertar no respetase lo
con todas las flores d~tro de la alcoba. ¡No pudo sacar a los balcones aquel
mas proXIID.o y famihar.
intenso oJor de la vida que se había despertado para él aquel día!
. El padre, después de .acabar la cena, acarició el cogote del rebelde que~
nencio amansar aquella disparatada. psicología de mastu~rzo. El jabalí de ins1

1

:c;¡..

1

��-No llueve esta tarde-dijo el padre, y se fueron a hacer algunas ,;si
que terúan que hacer.
El ci~lo desmentía al barómetro. Se nublaban un poco los ojos que mira
la tormenta.
Parecía que todos iban bajo un paraguas, y, sin embargo, de ese para ·
es del que caería la lluvia cuando llegase la hora.
•
Ruben vió a salir a sus padres y después entró para dentro buscando a
vira. Como salió del balcón de estampido y con ese nublado que p';ne la to
menta en los ojos, no vió que Elvira estaba de pie en el centro de la babi
ción y _tro~e.zó con ella_ como si 13: hubiese abrazado. Pareció caer un rayo

bre ehnquilmo de abaJo como chispazo, efecto de aquel tropezón.
Las manos de Ruben encontraron en seguida la mano de Elvira para
nerla.

-~li_ra--dijo Elvira, con esa falsa lást~a de sí misma de la que quiere
car partido de una crueldad y de una h~nda-, mira ... Me he tenido que
ner esta ,otra. b!mm, porque n~ se me Vlese el cardenal que me hiciste ayer.•
¿ Por que me distes aquel pelhzco?
-Perdóname ... No creí que iba a hacerte un ronchón tan grande y tan
gro ... Fué cosa de la tormenta ... Fué la tormenta ...
. La. torm~nta movilizaba 1~ decoración ~e mar picado, y, como en el teat
~rl;illero oscilaban y eran oblicuos los bastidores, y después se ajustaban en
s1t10.
Todo olía a nueva construcción. Parecían estar en la casa húmeda de I
primeros inquilinos.
El gran pienso de la tormenta. ya estaba servido para todos.
De los bordnles, de esas espigas muy secas y agostadas en 1\-layo que ere
e~ los solar~s, y de !as que_ estab~ lleno el solar de enfrente, salía un olor
010 1 como s1 se hubiese baJado cien veces los pantalones Sancho en cien
quinas de los solares con rastrojeras precoces.
La tormenta i~nente había puesto un velo gris a todas las casas.
Ruben se sen;-ia. en el an~ep~l,co de la tormenta. Una cortina venía a gua
cerles en pleno día en la _hab_1!ac1on en qu~ estaban. Eso daba un aire peca.mio
so y reservado a 1~ hab1tac1on y se sentia.n como en cierta clandestinidad q
les preparaba la Illlsm&amp; Naturaleza.
-Ya tiene que ~er .. _. Ya no pu~de oler más... Ya huele toda la tierra.
Ya huelen todos los ¡ardines del Uruverso--&lt;iijo Ruben.
-Tengo núedo-le dijo ella.
-Ven al s_ofá con~igo- le ~ndicó Rub~n-. Veremos desde ahí la tormen
y como estaras muy Junto a rm, no tendras miedo ...
S;ntados fi:ente al, balcón, en el fondo de la S'lla, parecían asistir a un
pectac~o de ,cmematografo .. . a la verdadera película titulada "La tor,menta
Se sent1an mas en el fondo de su casa que nunca.
-Yo ~uel,o todos los aromas de El Pardo y de las Rozas, y hasta de 1
Navas-di¡o el.
Parecía. que la _tormenta, la lluvia, aguantaba con verdadera delicade
para que todos pudiesen llegar a su casa. antes de que comenzase su chaparr
C~mo un buche de agua ~ontenido en la boca, como un estornudo difícil
ev:ita.r, In. to_rmenta contema. las grandes bolsas de agua que hinchaban los
rrillos del ?1elo. f\.lgunos ~~1stales de los balcones brillaban como nácares1
otros se ve1a su rmperfecc1on de color de pescado.

-Vamos a asomarnos un rato ... Todavía no estalla-dijo Ruben, y codola por la cintura, sacó a Elvira al balcón.
Los automóviles amarillos pasaban muy tristes. ¡Los caballos blancos resuln muy bhncos y desnu&lt;los bajo la. tormenta!
Los simones estaban contentos, porque ellos tienen tritones flacos para
lt. tormenta.
Las pieft.ras de la calle, los morrillos con cabeza roma, abrían la boca como

os.
Se despertaban todos los apetitos y todas las ansias ... Las aceras estaban seestallantes, como labios secos. Era el momento álgido en que hasta crece

el brocal de los pozos en un deseo de acuciarse en el seno de la tormenta, y es
el momento en que los árboles crecen más.

Deslucía el concentrado olor de las acacias el que surgía entremedias de él,

el desolado u ¡ay! de las alcantarillas.
A lo lejos, por los campos de los descampados que se veían desde el balcón de la casa, las tierras tom.1ban 1 antes de que se derramase la tormenta,
11

un tinte de campo mojado. Es que las investía el recuerdo de pasa.das lluYias,

y antes de que les llegase el agua les llegaba el recuerdo.
Había. un piar de pájaros llenos de ternura baio la tormenta. En los ale-

ros, en sus altos portales/ se ponían tiernos como las personas y no podían más.
Cuando ya estaban bajo el alero es que la tormenta iba a estallar por fin. Los
pájaros son los únicos que saben cuándo pueden cruzar aun por el cielo y cru1&amp;r de tejado a tejado buscando el soportal de una teja.
Parecía que la inquietud del campo se había calmado. Ya estaba seguro.
En el horizonte, las nubes se desmadejaban en fantásticos flecos de un fantástico mantón.
Las que están sobre la calle se contienen aun un último minuto y miran
:e lo que van a caer. En el centro de su negrura, en lo más alto hay un clal'Or que es como In. linterna de la tormenta.
'
Es todo como un:i niña que va a llorar.
Y los lagrimones de la tormenta comienzan a caer en un preámbulo de silencio. Toda la calle se llena de perras gordas, como si las tirase a porradas el
)l&amp;drino de un bautizo.
-Ya chispea ... Vámonos dentro-dijo Elvira..
-¡Qué va a chispear!. .. Viene el diluvio-dijo Ruben.
Ha sonado el primer trueno, que es como la entrada. en agujas del tren de
la tormenta, el paso sobre la primera plataforma móvil.
Y suena el segundo trueno, que si no tuviésemos otra prueba de que el
eielo está deshabitado, sólo con oir su fracaso nos podríamos convencer.
-Suena el trueno a cielos deshabitados, a espacios sin nadie.
¡Por fin!. ..
Ruben y Elvira se metieron dentro y se.. acurrucaron sobre el sofá abrazados con arrebato. La habitación estaba. obscurísima, con una obscuridad mate
~ fin de mundo. Se sabía más que nunca, bajo esa. obscuridad, que eran de la
eiudad en que se muere. Todo estaba dentro del gran borrón de la tormenta.
Las nubes, amonto~adas, forma~an una espesa. y sucia claraboya, de esas sobre
las que toda la vecmdad ha verbdo el pal vo y las telarañas.
-Nadi~ nos ve-susurró él a:l oído de Elvira, mientras la besaba en la boca.
Les pellizcaba, les excitaba la electricidad, les acab:iba de lanzar.
To_do estaba entenebrecido y parecía que el mundo se había derrumbado
en un rincón de las ruinas del mundo.

Y,•

�1

ou·1or de cabe"Q

Ruben estaba desesperado, cotno si en la tierra que se hundía, que se
gaba, y de la que salían grandes tufaradM de perfume, se fuese ª ir sin
neuralgias y jaqueras des.apArecen-en cinco mibar el fruto apetecido. En su despertar, en el día álgido de esa dentición
LU, nulos con la HEMICRANINA del Dr. Calma, que es la entrada en la adol~scencia, se encontraba so~o con ~ m:'J----------~--;;d:;:e;:l•;;o:;_..;3;:,.:P~E,;;;S~E;;,,T:,A::,;;;S:;,-..:;P;:íd~•:;:s:,:e:.,:e;:":.,:f;:•_:,rm:::;:a:;_ci:_:a~•·
pequeña1 juvenil, un poco infantil, pero femenina co11;10 la pnmera mu]er. ¿
ese AE\',Ítc
• ·o'dolho,od•!
edad tenclria Eva en el día inicial? Esto no lo especiiican los sagraAos
'18ftCl0ft-.S;i los vasos capilares no funcionan
res, pero debía tener muy temprana edad, y la serpiente, que tenía una :i
- 01en, el cabello se seca y se despren•
,
b
d
~e, produciéndose rápidamente la calvicie. Esto se evita es-ciencia antigua, no esperó al segundo día de su pu erta •··
t1mulando el funcionamiento de dichos vfsos, bulbos y glán-

mluaetats

#"

•..• • .. . . . . .. . • ... • . .• • . . . . • . .. . . . • .. . . • ....... , . . .. . . .. . . • ... . . . . . . . •

ELIXIR DENTIFRJCO
Perfuma el aliento.

.... e¿;¡ 'ei filti~~- t~~~-¿ Y.~~~ h. ~z -~íibi~ ·d; d~Pué~. cie· ¡~· io~~nt;~. ~ ..~1-A_

At

-•

dula!ól sebáceas, lo que se logra aplicando el agua La Florde Oro, sin rival para la conservación del cabello.-Se ven-

•_r_a_..._c_a_nn_•_n_,_._º_;;..d_•_·_•_1_ª_'_""_ri_u_m_..._,._._,_d_,_,"_"_e_,_,._•._________

0_
1•_0_•_
1

pertaron sobre ]a vida los dos jóvenes.
Ruben se repuso y dió el ejemplo de presencia de ánimo yendo ha.ci.ai
balcón.
Era, pavoroso el trecho claro. que quedaba en el cielo. Parecía que iba a
recer por allí Dios y a reconvenirles.
.
Aun estaba la tierra embadurnada de tormenta, pero la. obscuridad de a
veía ya el cielo., un cielo como un espejo, un cielo en el que la luz estaba
nada.
El telón iba subiendo de nuevo.
La tormenta había sido como un jardinero que sólo necesita media hora
regar los jardines1 y que además es tau rica que parece que va a salir un j i
dín en todas las calles.
Ruben1 despejado por la duch.a de la, torm~nta, tan despej~do como
la tierra por la ducha que devuelve la razon, _veia en su proporc1_6n lo que
baba de hacer. Estaba, oblig•do y arrepentido de haberse obligado. ¡ Oh,
arrebato de la tormenta.!
Miraba las piedras de la calle dibujadas por la· tinta china de la torro
Por la acera1 algunos pobres a los que ha bañado la tormenta., pasaban
tipo de perros que han sido bañados en el estanque.
Había en los charcos burbujas del agua de seltz de la tormenta.
Ruben no quería volver la cabeza, pero sentía a Elvira llorar.
Puesto que lo ha querido, los padres le darán todas las facilidades que ;' ·
gan para su bien a los hijos, y será el que se casó muy joven y tiene mu
hijos y no enseña nunca a su mujer.
·
Lo que sea ya lo será de un modo mediocre y será un fracasado de por vi

MIS
.:", t,1EJQRES1· QUENTOÍS ,
&lt;NOVELAS BREVES&gt;
·:Jt:rteresantfsima serie compuesta de catorce volúmenes,. en Jos cuales están coleccionadas - previa una
escl'tlj}tllósá $elécéióif - las mejores novelas breves
de nuestros más· ilustres escritores contemporaneos:

ZAMAC:OIS

Precio del tomo: 3,50 r,t_s.

Est~s volúmenes están avalorados por un prólogo,
en el cual, los autores arriba mencionados,
declaran que las novelas breves que en el libro se publican, están señaladas oor él-previa una escrupulosa
selección-como las más notables de todas sus obras.
autografo,

PRENSA POPULAR.- Calvo Asensio, 3.- M&lt;i-drid.-Apartado 498

l'fanuel linares Rivas. Condesa de PilldO Ba•
zan. • znmacois. • Emmo
Carrere. • b)pcz de Ha•
ro. • Joaquln Belda. • Or•
testa l'tnnilla. • Colombi•
ne. • Cristóbal de castro. • fraliCiSCO VillaeS•
pesa. • VaréilS VIJa. • RtPide. ,.. t.arcla Sanclliz.

�Treinta y un aAos de éxito crecienJe.

HIPOFOSFITOS SALUD
Rogamos a nuestro, corresponsales
y suscriptores que nos remitan la correspondencia en IB siguiente forma:

~

A----

Pll&amp;NSA POPULAR
llAllllll&gt;

BIINlfil E_MIB;;NW
ffeno'ltad vuestro mé.todo de elección cuando tratéis de"adquirir' un específico

que combata vuestros trastorno• digestivos. Uecidid antts si queréis hallar
un medicamento que ca me all:!,unas de vuestrasmole...t.ias o ansiáis curar rnt•
grament• vuestra enfermedad de un modo rápido y perm;,inente, par,:1. así hbra-

ros dt los horribles pelif,?"NS a que os expone la cronicidad de vuestro mal. SI
trat•ts sólo de calmar vuei,tra dolencia, podéis hacer uso indistintamente de los
-elixires. digestivos tónicos, pastiJ!-;¡s, comprimidos, polvos, bicarbonatos, mAgnesias, etc., y seréis eternos esclavos de sus nocivos us.,s y de vuestra enfermedad. SI con m•Jor criterio Queréis vencer prontamente y para siempre
vuestros males deestc,mago, hlgado, l1ttestlno-s, como son hlperclorhl.
drla, pirosis (acedias), v6rnltos, estreililrnlento, diarreas, úlcera y dof e r de est6mago, dispepsias, etc. vuestr.t elección ha de ser forzosamente el

l
1

NEUIRAt:111 ESPANll
que es completamente dístínto de todo:, los demás prod11ctos de análoga aplica·
ción y el único lnof•n!llvo qúe n 1 contiene bismutos, bicarbonatos, magnesia ■, purgante•• Morfina, cocalna. beuadona ni calmaRt• alguno, y
del qui:' un frasco de 10.pesetas (OC() gr1:1mos), frecuentemente, o dos frascos, cat:.i
siempre, determinan una m,mwillosa curación. aun en los casos anti'(uos y desesperados, con efectos permanentemente curativos, comprobados por
eminentes médicos Que ral1fican al NEUTflACIDO ESPA O ... de triunfo in~
comparáble de la ciencia nacional.
Concesionario exc:lusiv -; JOSE MARIN GALAN.-Arlona 4. Sevilla.

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                  <text>La Novela Corta, fundada por José de Urquía y cuyo primer número apareció en 1916, terminaría por convertirse, al menos en la opinión de Labrador Ben y Sánchez Álvarez-Insúa, en la más importante1 de las diversas colecciones literarias que proliferaron en España en las primeras décadas del siglo XX. Cesó en 1925.</text>
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                <text>La Novela Corta : La Tormenta, 1921, Año 6, No 291, Julio</text>
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                <text>La Novela Corta, fundada por José de Urquía y cuyo primer número apareció en 1916, terminaría por convertirse, al menos en la opinión de Labrador Ben y Sánchez Álvarez-Insúa, en la más importante1 de las diversas colecciones literarias que proliferaron en España en las primeras décadas del siglo XX. Cesó en 1925.</text>
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                <text>Gómez de la Serna, Ramón, 1888-1963, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>La casa de troya</name>
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        <name>Manuel Linares rivas</name>
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                    <text>�Une grande intelligence inappliquée : tel m'apparaît
d'abord Paul Valéry. Et nulle intention n'est en moi de le
diminuer par cette définition. Car aussitôt j'ajoute que si
cette intelligence eût trouvé à quoi s'attacher, nous perdions un des poètes les plus rares, les plus inattendus de
notre littérature.
Il a fallu que les idées, dans un cerveau, par miracle, se
maintinssent pures de tout objet pour que devînt enfin possible ce monstre: un poète idéologue, un chantre de l'entendement:
Quoi 1 c'est vous, mal déridées!
Que files-vous, cefle nuit,
Maîtresses de l'âme, Idées
Courtisanes par en1111i ?
- Toujours sages, disent-el/es,
Nos présences immortelles
Jamais n'ont trahi !011 toit!
Nous étions non éloignées,
Mais secrètes araignées
Da11s les ténèbres de toi!•

Tout le monde aujourd'hui est d'accord pour admettre
qu'une vérité, c'est-à-dire une idée en contact avec les
choses et les reproduisant, est inexprimable en poésie, ou
r. Le recueil complet des poèmes écrits par Paul Valéry depuis la
feune Parque vient de paraître aux éditions de la Nouvelle Revue Française sous le titre de Charmes.
2. Aurore, dans Charmes, pp. 7 et 8.

�258

LA l-:OOV_ELLE REVUE FRANÇAISE
•

•
n'y peût pass!r qu'en l'infectant de prosaïsme.
•

•

La poésie
tend de plus en rius ,"1 se différencier du jugement, et
même de la perception (à cause de ce qui y est impliqué
de jugement); elle s'ouvre de plus en plus sur cet abîme
que nous portons en nous, différent à la fois du cœur, des
sens et de l'esprit, et elle se dévoue, avec une docilité
croissante, à en recueillir les incertains murmures. Ainsi
semble-t-il qu'elle exclue de plus en plus sévèrement Je
son sein le lyrisme intellectuel.
Oui, mais Valéry s'est rencontré, doué d'anormales
antennes pour tout ce qui est intelligence en formation, et
conscient de son esprit comme d'autres peuvent l'être de
leurs sentiments, qu'ils voient naître sans savoir encore à
quoi ils s'attacheront. Un œil antérieur lui a été donné
pour ce travail secret des idées quand à peine encore elles
se dégagent des images et s'étirent (&lt; mal déridées ». Il sent
dans toutes ses circonvolutions le grouillement de ces
(( secrètes araignées ».
Et sans attendre qu'elles se soient fait jour, il les
exprime, il trouve les mots qui conviennent à leur informité
spécifique.
Ne seras-lrt pas de joie
Ivre! nvoir de l'ombre isms
Cent mille solei.ls de soie
Sur les é11igmes lrssus ?
R~garde ce que 11011s Jimes
Nous avom sur te.s abîmes
Tendtt 110s fils primitifs
Et pris la nature nue
Dans une trame ténue
De tre111bla11is préporalifs ' .•.
Et en effet c'est toujours à l'état latent et comme embryonnair que le sens habite chacun des poèmes de Valéry;
il e
résent en chaque \·ers; et sans doute, en chaque vers,
le même ; mais justement en aucun plus clair ni plus déve1.

Aurore, p. 8.

59

~ k

u

.......

-~

) 9 :z_ ~.

A-

sommes le siège plutôt que les auteurs.
1.

Eba11rbe d'w1 serptnl, p. 66.

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le,
er
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et
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lt
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�258

PAUL VALÉRY, POÈTE

n'y t,eù
tend d,
même
de ju
que
sen
cr

2

59

loppé que dans le précédent. Rien de plus curieux que
de suivre, tout le long du Cimetière marin par exemple,
l'espèce d'effort constant que fait l'idée pour soulever
sa dalle et apparaître au lecteur, et l'art souverain avec
lequel le poète la maintient dans ses bandelettes et
jusqu'au bout larvaire. Elle est, cette idée, d'aspiration tout
au moins, extrêmement abstraite et générale; on la sent
d'essence quasi-mathématique; c'est sans doute une pensée
sur !'Eternité et sur son contraste avec le Devenir; mais
jusqu'au bout elle refuse la clarté et la vérité auxquelles
elle semble vouée pour émettre des effluves strictement
poétiques et toute cette série d'images denses et radieuses
qui font dans notre esprit comme:

SI

Cent mille soleils de soie.
En décrivant ainsi !'Intelligence sous son -aspect purement virtuel, Valéry évite le danger d'ébranler en nous la
réflexion, de nous donner à penser et de dissiper par là
notre attention sensible, qui est toute celle dont a besoin
la poésie. Il conserve à celle-ci son caractère de création
pure, de traduction de l'immédiat, d'inexplication. Il se
donne le luxe d'être le poète des Idées et de ne pourtant
jamais nous caresser qu'awc de ]'ineffable :

Tétais présent comme une odeur,
Comme l'anime d'une idée,
Dont , c puisse être ilucidic
L'insidieme profondeur.•
J.;~

De trenio,..,_
Et en effet c'est toujours à l'état lat~
ryonnair que le sens habite chacun des poeii,.._
aléry ;
il e
résent en chaque vers; et sans doute, en chaque vers,
le même; mais justement en aucun plus dair ni plus déve-

Valéry traite l'intelligence comme d•autres autour de lui
l'Inconscienr ; il y voit avant tout une source qu'il faut
regarder bouillonner; elle ne lui apparaît que comme un
cas particulier de cette obscure fomentation dont nous
sommes le siège plutôt que les auteurs.

r. Aurore, p. 8.
1.

Ebauche d'un serpent, p. 66.

�260

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce n'est pas sans raison que les Dadas l'ont un insta1Jt
considéré comme un de leurs maîtres, ni que lui-même
s'est senti pris d'une si vive curiosité pour leurs efforts.
Valéry est profondément de notre temps et participe de
cet &lt;c esprit nouveau» qu'André Breton est si anxieux de
voir enfin défini, par son respect du hasard, de la chance
verbale, mais surtout de la chance intellectuelle. Tout son
travail (lui-même ne cache pas combien il peine sur sa
page) ne tend qu'à la provoquer. C'est en définitive d'un
spasme de son esprit, longuement à l'avance chatouillé,
qu'il attend le succès, qu'il attend même simplement la suite
de ce qu'il vient de dire.
L'inspiration pour lui n'est pas ce long souffle logique
par quoi les anciens poètes se laissaient interminablement
enchanter. Sa méditation est explosive. De sa contention il
ne sait absolument pas ce qui va naître; il ne veut pas le
savoir, pour mieux le dire :
Elle s'écoute qui tremble
Et parfois 111a levre semble
Son frémissement saisir 1 •
Aux dadaïstes, tenants de la plus rapide sténographie,
Valéry s'apparente, d'une manière paradoxale, par sa patience, qui est, en effet, d'abord, elle aussi, un hommage
à !'Inconscient. (Et ainsi il nous aide à reconnaître la
filiation, à première vue un peu cachée, du dadaïsme à
Mallarmé.)
L'attente de ce qui viendra existe chez Valéry comme
chez les Dadas : elle est seulement plus longue. Elle
s'accompagne peut-être aussi d'une foi moins aveugle dans
l'immanquable qualité de ces présents du hasard.

*

* *
Et même d'une certaine révolte.
1.

Aurore, p. 9.

PAUL VALÉRY, POÈTE

261

Nous touchons ici à ce qui fait la véritable originalité de
Valéry; après l'avoir vu plongé dans son temps, nous
découvrons par où il s'y oppose, ou tâche tout au moins
d'en éluder la coutume ; ainsi gagne-t-il ce peu d'exil
parmi les siens, qui est le signe de la vraie grandeur.
(Et ce ne peut pas être non plus sans rais6ns qu'après
l'avoir révéré, les Dadas se sont légèrement détournés de
lui.)
Je ne puis m'empêcher de voir dans la Py1hie une véritable confession personnelle :
Oh! maudite ! ... quels maux je souffre I
Toute ma 11alttre est ,m gouffre I
Hélas I Entr'ouverte aux esprits,
I'ai perdu mon propre mystère / ...
Une Intelligence adultère
Exerce 1m corps qu'elle a compris. 1
-

Il y aurait quelque puérilité à se représenter Yaléry
comme à la lettre « exercé » par un démon vraiment
étranger à lui-même, vraiment &lt;c adultère », et comme
désespéré par cette &lt;c possession ». Pourtant cette bouche
intérieure dont souffre la Pythie et qu'il s'applique lui
aussi à lajsser parler au fond de son esprit, pas plus que
la Pythie il n'en accepte avec une entière soumission les
oracles. Elle n'est en lui qu'
Une boucbe qui veut se mordre
Et se reprendre ses aveux. 2
Un besoin d'ordre, d'harmonie, de composition le travaille qui l'empêche de se complaire dans une indistincte
et fortuite vaticination.
Un besoin de personnalité surtout. Il sent bien le dilemne terrible qui se pose de plus en plus impérativement
1. I.A. Pythie, p. 38. L'expression u entr'ouverte aux esprits » se
retrouve dans Ebauche d'u11 serpe11t, p. 65, ligne 5.
:. I.A. Pythie, p. 39.

�262

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PAUL VALERY, POÉTE

au po te moderne: ou se faire la voie par où viendront à

Que Ioule /empile parente

la lumière, intacts, prédominams, les monstres de l'Inconscient et perdre ainsi toute forme et toute réalité personnelles, ou s'attacher à sa propre différence, à son moi,
et risquer la pauvreté, la maigreur, l'éloquence, tout ce
dont la poésie ne veut plus. Tout en luttant contre ce
second péril, Valéry, comme la Pytbie, pourtant répugne
à voir « toute sa nature » devenir &lt;c un gouffre ». An
moment même où il &lt;&lt; s'eutr'ouvre au.x esprits » et où
il provoque à s'exprimer cette « Intelligence adultère i&gt;
dont il est habité, il craint de « perdre son propre mystère ». Comme la Pythie de son beau corps uni et constant, une nostalgie le prend de son intégrité spirituelle r.
Avec la Pythie, volontiers, il se lamenterait sur l'invasion
qu'il subit :
·

D'une confuse profo11deur ! '

Le temple se change dans l'autre

Et l'ouragan des songes e11Lre
Au même ciel qui fut si beau. •

Il résiste, il cherche à se reconstruire. Avec la Pythie encore, il prie la cc Puissance créatrice » :
Suis clémente, sois sans oracles /
Et de les merveilleusa mains,
Change en caresses les miracles,
Retie11S les présents surhumains I
C'est e,i vain q11e tu com1111111iq11es
A 110s faibles liges, d'uniques
Com111olio11s de lti splendrnr !
L'eau tranquille est plus lra11sparl!llle
1. Ailleurs il se voit comme les grenades éclatées sous la pression
de leurs grains :
Cette liu11illeuse rupture
Fait rc"ver une dme que / eus
Da s,1 s~crète arcbitecture.
(us Grmades, pp. 24-25 .)
2. La Pytbie, p. 42.

Reste à savoir comment il reprendra sa « tranquillité »
et sa « transparence », comment il corrigera en lui les
soubresauts de !'Esprit. Il lui faut à tout prix trouver
un instrument de régulation, une cadence extérieure à
lui-même, à quoi il puisse conformer ses délires.
C'est le langage qui va la lui fournir :

Honneur des hommes, SAINT LANGAGE,
Discours prophétique èt paré,
Belles chaines en q11i s'engage
Le dieu dans la chair égaré,
Illumination, largesse 1
Voici parler une Sagesse 2 ...
Avec un peu de mysticisme, Valéry considère le langage
comme doué de propriétés intrinsèques et qui peuvent
aussi bien agir sur celui qui l'emploie; il lui reconnaît
une valeur magique.
Et le sens profond de sa poésie nous apparaît enfin ;
elle est, avant tout, pour lui, un moyen de se guérir de
ses hasards.
Tous disions tout à 1 heure qu'elle tâchait de les exprimer, et même qu'elle les attendait pour naître. Oui,
mais c'est avec l'intention de ·les réduire, de les apprivoiser.
On sent en elle quelque chose d'incantatoire :

- Calme, calme, reste calme/
Connais le poids d'un~ palme
Portant sa profusion I i
Valéry, par ses chants, s'invite lui-même à l'oràre et à
I.

2.

La Pytbie, pp. 43-44.
Ibid., p. 47.

3. Palme, p. 76.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'harmonie. Il sait que les mots ont entre eux, dans l'absolu, des affinités secrètes ; non de sens, de forme plutôt,
ou même simplement de démarche :

Salut encore endormies
A vos sourires jtmteaux,
Similitudes amies
Qui brillezparmi les mols I •
Ce sont des ressemblances si subtiles et si injustifiables
que le poète seul est capable de les remarquer ; le sens plus
souvent les voile qu'il ne les révèle.
C'est sur elles pourtant qu'il compte pour s'arracher à
l'arbitraire; il sent bien qu'elles seules, justement, ont avec
le hasard assez de complicité pour pouvoir le séduire et le
ramener enchaîné.

PAUL VALÉRY, POÈTE

chons instinctivement. Le cc temple&gt;&gt; se reconstruit - de
sa personnalité et de la nôtre. Un rythme nous reprend
avec toutes les obligations qu'il comporte. Le « saint langage » nous régénère et nous sauve.
•

cc Charmes » ! Pour bien lire les poèmes de Valéry, il
faut y chercher avant tout des entraves sensibles à la trop
grande liberté de l'esprit; ils ne révèlent toute leur force
que si l'on se décide à se laisser « charmer » par eux dans
ses incertitudes; à qui leur confie sa pensée en dérive ils
apportent les digues les plus suaves qui se puissent rêver :

Patience, patience
Patience dans l'azur I
Chaque atome de silence
Est la chance d'1111 {mit mûr !
Viendra l'heureuse surprise :
Une colombe, la brise,
L'ibranlemmt le plus doux,
Une femme qui s'appuie,
Fero11t tomber celle pluie
Où /'011 se jetle à genoux I '

Il va donc les toucher, il les frappe comme de pacifiantes
cymbales.
Tout le problème pour lui consiste, aidé par la mécanique du vers, à rallier secrètement les mots épars, à
réYéler leur latente parenté, à les engager dans une sorte
de conspiration harmonique et à rétablir ainsi dans son
intelligence un substitut de l'onlre et de la nécessité dont
sa vacance la prive. Les cc belles chaînes» des mots viennent remplacer l'enchaînement du réel ; elles empêchent
les idées de se débander; les vers courent après elles et,
comme avec de confuses mains, les appréhendent, les
retiennent, les apparient.
Brandissant son poème, Valéry veut:

Que celle plus pâle des lampes
Saisisse de marbre la nuit•.

Et en effet, au sein de la nuit mentale, de pures cc colonnes » s'élèvent peu à peu et « chantent »; une régularité se déclare, à laquelle, avec le poète, nous nous attaI. Aurore, p.
2. lA Pythie,

7.
p. 40.

**

Qui ne se sentirait réduit et déterminé dans sa plus
secrète contingence intellectuelle par une si parfaite, par
une si liante strophe ?
Le grand mystère d'une telle poésie est qu'elle parle
à peine aux yeux, caresse sans doute l'ouïe, mais cherche
surtout l'intelligence comme un sens à émouvoir, et l'atteint; c'est sur l'intelligence que portent presque sans
aucun intermédiaire ses attouchements; elle agit sur elle à
la façon d'un magnétiseur.
Valéry retrouve, sans les imiter le moins du monde
systématiquement, le secret qu'avaient les classiques de
1.

Palme, p. 79.

.

.

�266

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

forcer au parfum les mots abstraits; rien que pat la façon
dont il, le.s amène.~ans le vers et comme s'il fléchissait pour
nous la branche _qui ies porte.
Par moments nous nous sentons vraiment comme la
Jeune Parque :

PAUL VALÉll.Y, POETE

portés tous à la fois dans notre esprit ; un paralléljsme les
gagne, une sorte de symétrie; nous ne passons plus des uns
aux autres? ils ne se joignent que par la racine e~ elle est
ailleurs qu'en nous.
Voici mes vignes ombreuses,
LM berceaux de mes hasards ! 1

... la narine jointe au vent de l'oranger.

Le délice est si fort que toute autre exigence en nous se
tait pour un instant ..
Et pour exprimer encore d'une autre façon le charme
comme physique qije peuvent exer&lt;:er certaips de ~es vers,
ils sont, dirai-je, par leur allure p,rudente et divine, par les
« pas admirables p, qu'ils font en nous, par leur' pureté, par
leur grâce, par le~r silence, comme de belles nymphes qu'il
faut faire appel à toute sa sagesse pour ne pas poursuivre
et enlacer.
Pourtant une impression côtoie, si j'ose dire, notre
enivrement: l'impression que nous ne sommes ici que des
invitès. Nous participons aux voluptés, à la tranqµillisation
que s'offre le poète, mais nous n'y baignons p;:is; elles n'ont
pas été préparées pour nous et par instants peut- être nous
en apercevons-nous à une hésitation de notre plaisir.
Dans tout usage curatif, c'est-à-dire égoïste, que fait un
écrivain du langage ou de la poésie, il y a un danger. Les
mots ne peuvent être à 1a fois tournés ve.rs celui qui les
suscite et vers celui qui les reçoit, vers le poète et vers le
lecteur ; s'ils servent a~ premier déjà à se guérir, ils serviront un peu moins à .•ravir le second. S'ils font au premier
une galerie d'images modérauic,es et l'environnent de douces
remontrances, ils induirçmt moins facilement le second en
extase .
. Peut-être Valéry, comme M. Teste, se pa.rle-t-il, p.arfois, •
un peu trop uniquement à lui-même. On le sent, à
certai~s , mo19ents, qui s'adresse ses v~rs 11our son exclusif
apaisement ; il ne -s'ensuit pas d'obscurité véritable ; mais
ce quelque éhose cesse entre eux par quoi ils seraient

L'art - inégalable d'ailleurs - de Valéry est de réserver
des empl~cements, de créer pour la pens~e qu.i. va .naître des
berceaux où elle se trouvera abritée, encadrée. Mais comme
il ne la connaît pas à l'avance, ni ses dimensions, ni même
sa forme exacte, il est obligé de lui laisser un certain jeu.
De là, par moments, ces mots abstr.aits qui viennent· se
placer les uns auprès des · autres, sans se préciser mutuellement et comme si chacun voulait garder l'entière et vague
provision de tous ses sens pour faire face à des évenrualîtés
imprévues.
Etre 1. . . Universelle oreille !
Tçute l' â,me.s'appareille
A l'extrême dij défir 2 -~ •
De là aussi ces vocatifs continuels, si souvent délicieux,
r_nais qui ne sont qu'un appel que l'esprit lance à.son ,Propre
futur encore indeviné.
En d'autres termes, le hasard, chez· Valéry, ne me paraît
pas toujours assez exactement conjuré. La dépense inouïe
que fait le poète, d'intuition verbale, la finesse incomparable
avec laquelle il palpe, ausculte et choisit les mots selon
leurs vertus les plus secrètes, n'arrivent pas toujours à
remplacer cette élection naturelle qui se ferait entre eux
s'il les employait à traduire quelque sentiment. Pour
• mieux débrouiller certaines équivalences, il aurait besoin
parfois d'être affecté plus fortement. Les « ébranlements i&gt;
qu'il ,subit sont souvennrop cc doux )&gt;, trop indistincts.
1.

2.

A urore, p. 9.
Ibid, p. 9.

�268

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Heureusement la sensualité veille en lui, sèche, nette,
ardente et qui sait, elle, à merveille, ce qu'elle veut. Ah !
sitôt qu'on la sent s'émouvoir en lui, quelle joie ! Comme
immédiatement les mots se groupent, s'ajustent, s'entr'aident ! Comme ils vont vite et légèrement au but !
Comme leur sens revit et s'aiguise ! Comme leur dard
reparaît !

/ai grand be.soin d'un prompt to_urment:
Un mal vif et bien terminé
Vaut mieux qu'un supplice dormant!

269

PAUL VALÉRY, POÈTE

Mais à peine abattu. sur le sépulcbre bas,
Dont la close étendue aux cendres me convie,
Cette morte apparente en qui revient la vie,
Frémit, rouvre les yeux, -m'illtm-iine et me mord,
Et m'arrache toujours une nouvelle mort
Plus précieuse que la vie.
JACQUES RIYIÈRE

-

Soit donc mon sens illuminé
Par cette infime alerte d'or
Sans qui l'Amour meurt Oil s'endort! '

Toute l'âme, en effet, du poète s'anime à la suite de cette
piqûre physique ; elle s'ordonne, sans aucun secours extérieur cette fois ; elle ne se demande plus où aller; elle
devient urgente comme le corps lui-même qui l'entraîne.
Et du même coup on voit se dessiner dans le poème un
mouvement continu ; le désir lui communique sa douce
perpétuité : et nous retrouvons cette sensation de progrès
et d'instance, sans laquelle il n'est peut-être pas de véritable poésie.
Comment m'empêcherais-je de recopier ici, à titre d'exemple et en guise de conclusion, cette délicieuse Fausse Morte, 2
qui me paraît bien être, en définitive, le chef-d'œuvre du
recueil:
Humblement, tendrement, sur le tombeau charmant,
Sur l'insensible monument,
Que d'ombres, d'abandons, et d'amour prodiguée,
Forme ta grâce fatiguée,
Je meurs, je meurs mr toi, je tombe et je m'abats,
I.

2.

L'Abeille, p.
p. 24.

2.

,

�271

JPHIGÊNIE

**•

IPHIGENIE

Ce jeune Yankee décoratir qui regarde le Texas avec
des yeux de relativisme, vois, Einstein, comme il est
mince, et fragile, sur une route, en Amérique. Il a sur
le front une couronne de véritable pâleur, . et il porte
dans ses mains des lis inutiles à ce récit. Son étroite
moustache blonde correspond à ses sentiments . Son
veston sort de la maison Meldrun et Hill, d'Austin. Il a des
yeux d'élégie, et d'adorables joues roses destinées à quelque
collection. Vraiment, il est beau comme Iphigénie.
Parfois, il mord une tige de roseau coupée dans les pages
de quelque pastorale. Er parfois il se ronge les ongles
comme un petit garçon sale. Puis, il ôte son lorgnon
cerclé d'or, le casse, et le jette dans la prairie de pissenlits. Maintenant, il tire de son gousset en drap austral une
grosse montre civilisée, avec deux aiguilles polaires dont
l'une avance et dont l'autre recule, à cause du détraquement de son cœur.
Des hommes glabres, tous les cent ans, l'amènent là,
au carrefour des rites. C'est la coutume prescrite par les
vieillards. Les Cavaliers Rouges viendront en prendre livraison, et le conduiront au Pays Rouge. Justement les voici.
lis sont quatre, montés sur des chevaux nus. Ils arrivent
directement des quatre points cardinaux. Je crois que ce
serait le moment de les peindre, malgré le crépuscule. Mais
je n'ai pas de pinceau sous la main. Et puis je m'inquiète
plutôt du jeune Yankee. Il ne bouge pas. Ah! je comprends : il est enchaîné, par ses bottines vernies, à la Pierre
des sacrifices.

Les Cavaliers Rouges mettent pied à terre avec un
ensemble cinématographique. Le plus jeune se découvre le
sein, d'où coule un lait noir, et allaite un enfant qui vient
de naître sous ma plume. Serait-ce donc un symbole? Je ne
crois pas. Les critiques avisés affirment professionnellement
que 1e symbolisme est mort. A vous, Henri de Régnier !
Au food, c'est le Grand Barbu qui a le meilleur rôle. Il
s'approche d'Iphigénie, le baise sur la couture du pantalon,
et délace ses jolies bottines. Bravo ! Iphigénie est libre 1
Puis il l'emporte dans ses bras, et le couche en traYers de
sa selle. Les quatre Cavaliers remontent à cheval. Ils galopent toute la nuit, à travers la Prairie. Parfois, un loup
passe dans le sentier maléfique, maigre, et les oreiUes
pleines d'étoiles. Ou bien, dans quelque hacienda, un coq
poitrinaire chante la mort. Au loin flambe quelque grand
feu de pâtres, d'ailleurs dépourvus de la moindre astronomie. - Et Iphigénie ? Iphigénie dort. Je vous parlerai
de lui tout à l'heure. Pour l'instant, les Cavaliers Rouges
traversent une ville; ce doit être San-Antonio. Je ne l'ai
jamais vue ; mais je vais la décrire tout de même. Elle est
blanche et grasse comme une misstress. Elle a ôté son
square en forme de bague, et l'a posé sur un guéridon; elle
a remisé la Colonne de !'Indépendance dans un étui de
laque fourré de soie; elle a ouvert sa Grancfe Avenue
comme une. Bible, fait sa toilette près du Temple, souffié
dix mille bougies, et s'est endormie sur l'épaule du Palais
de !'Exposition. Rien ne saurait l'éveiller, ni le grincement
de ma plume, ni le passage de quatre Cavaliers Rouges.
Ils galopent maintenant sur la route du Mexique. Ne me
demande pas, ami lecteur, où ils vont. J'en serais réduit
à te tirer les oreilles, ou à interroger Iphigénie. Il dort
toujours. Ce jeune Yankee a certainement lu les œuvres
complètes de l'abbé Delille. Soudain, le Grand Barbu
regarde l'heure à la montre australe, et me tend une tran-

�272

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sition. Iphigénie laisse pendre ses jambes nues dans l'atmosphère. Il rêYe à la Grande Ourse et au général Washington ..
Pendant ce temps, le Grand Barbu lui déboutonne le pantalon, l'enlève, et le jette dans le firmanent. Il lui ôte le
veston, et en affuble le torse d'un singe malade surgi à point
au bout de ma phrase. li défait le faux-col immaculé, la
cravate à pois, et met le tout dans sa poche. Il ne reste
plus qu'à délacer la chemise. Et voici Iphigénie tout nu.
J'ai beau me voiler la face, le Grand Barbu pousse un cri
d'amour, les chevaux hennissent, le soleil se lève, les
Peaux-Rouges surgissent de toutes parts, et la cavalcade
s'arrête sur les bords du Rio Grande del Norte ...

*

**
Nous voici, me dis-tu, en pleine imagination. Non point!
Mon imagination à moi est un escargot gras qui adhère à
la réalité avec son mol ventre. Il se balade sur le monde ,
sur les oreilles des femmes, et sur les tableaux de maîtres,
et tâte la substance des choses aYec ses deux cornes flasques.
Critique, ô crétin, qui considères un Rembrandt ou un
Maurice Denis du haut de deux grosses lunettes, à la distance réglementaire de huit pas, sache que nul ne saurait
comprendre un tableau, s'il n'a passé sept fois sa langue
sur la peinture sèche et âcre, s'il n'a sept fois écouté, l'oreille
contre la toile, le bruit tricentenaire de la brosse. Tu dis ,
homme à 'une dimension, que le soleil brille. Mais l'imagination de mon escargot sait que, à neuf heures, sur un
talus du Texas, il a le goût ferme d'une de ces prunes
violettes mûries par vent du Nord; que, à quinze heures,
sur Chandernagor, il parfume d'œillet pourri l'âme avariée
des congaïs; et que, à minuit, par la ligue des Antipodes,
il me communique à travers le globe son essence souterraine d'orchidée. - Mon imagination est encore une
douairière japonaise à monocle shelleyen ... Mon imagination est aussi un grattoir de rengaines et de parchemins ...
etc ... etc ... Nous l'avons laissée sur les bords du Rio Grande

2 73

IPHIGENIE

del Norte. Elle y est encore, en compagnie des PeauxRouges. Un Peau-Rouge est un personnage ovale,
superflu et éloquent, au teint bistré, aux mœurs cossues,
avec de grosses épingles dans la cravate et des plumes sur
la cervelle, et muni selon les longitudes d'accessoires
aquatiques, de poil, et d'un cheval. On peut citer parmi
les Peaux-Rouges : les Andalous, les Cubains et les Iroquois. Mes Peaux-Rouges, par hasard, sont rouges! Tant
mieux ! Le paysage même est rouge : de ces grosses montagnes artificielles enveloppées dans du papier mâché. Le
Rio est plutôt un torrent; et Chateaubriand ne l'a jamais
vu. - Et Iphigénie? Iphigénie se tient debout, regardant
une vieille peau-rouge qui lit Pétrone dans le texte. Il est
nu, et il tâche de cacher sa nudité avec ses cheveux, qui lui
descendent jusques aux tempes. Je ne vois pas ses mains; et
il me paraît sensiblement moins décoratif qu'au premier
acte. Voici qu'un vieillard à face noire lui passe un manuscrit peau-rouge. Mais Iphigénie ne connaît que l'anglais.
Alors, un autre vieillard, vêtu de laine blanche, s'approche,
et l'interpelle : « Tu es beau, jeune Yankee! Ta chair est
rose comme celle des pastèques, et ton nombril est aussi
blanc qu'une manchette de celluloïd. Je prie le Dieu PeauRouge qu'il t'agrée avec ta poitrine, tes joues, et tes jambes.
Et je te sacrifie selon les rites pour l'aocomplissement des
destins! »
Ayant prononcé ces gra~des et fortes paroles, le vieillard
se tait. Un personnage inédit apporte, sur un plateau de
cuir, la vieille hache à quatre tranchants. Des torches de
caoutchouc s'allument çà et là. Une fumée liturgique
monte dans le ciel peau-rouge. Deux jeunes vierges couchent Iphigénie sur la grande Pierre Plate, enduite de cire
et de graisse de porc. Et un enfant impubère, saisissant la
hache dans ses mains potelées, fait d'un seul coup tomber
la tête d'Iphigénie.
Priez pour lui !
JOSEPH DELTEIL

18

�TERRE

2 75

Terre, tit n'es qu'une aventure conjugale;
Courbe, tu chéris trop tes faciles rondeurs,
Ton vieux cadran qui rabdche les vingt-quatre heures,
Et tes géographies affichées au collège,
Des bosses-de Î' Afrique aux criqim de Norvège,

:-J'ERRE

Tes continents à qz# tu infliges desformes
Et qui doivent dompter leurs inclinations,
-

Pauvres ailes des mers, écumeux goê'lands,

Qui veulent vaine111,ent pr,olonger le riva,.g".
Sphère loutde ou cdnspire 1i"n croissanf ëîinetib-e,
Triste de fous les dieux frigides qu'on déterre.
Le net brisé, sous le soleil-d'or incassable,

'Pourras-tu lotz.guement

te

-hisser à la tablé

Des planétes avec tes villes amarrées,
·Tes fieuve5, ta vapeu· 'de, lii,né, tes maries,
Ta. ceinture en, plei'nvol de n11es'et colibrù,
, D'mnbres peinant ,1/ers les con-eaves, par-adis,

Vieill'e: bâle voilant' à moitié ton visage
Parmi la nuit, pour profiter- de l'éclairage,

Attendrons-nous longtemps sous ,le tJUJbile ciel
' Un sort que nous savons terreux et solennel ?

Serons-nous tes courtois cadavres }Ufqu'à l'os,
Eunl!ljµes des cin.q sens ~t des qt1,afre .saisons?
Ah ! prends -garde a'l'humeur ri.es bommes élastiques,
Aux comploJs retaraés de ces futr}eurs de pipes,

Las de tap.es@tewr, de Jts obje,ctio.n_s,
A notre envol un long jour de migration

Et laissant au vent vif qui cherche une patrie,

Vers l' Oct.an. dtt ciel aux claires colorfies,
Pour refaire let toit 1de ms rm,élaneolies

Une odeu,r de ftttigue et de èoquétteriè ?

Avec la paille fraîche des constellatio_ns-!

1

Aurons-nous du tonnerre encore dans rnflle ans
Sous un ciel qui feindra tou,jours l'étonnemèn.t,
Ila foiwire, les écîairs, réala1ne lu,mz'nextse,
Et lti petite neige antique et gracieuse
Qui fait toujours les mêmes mines en tombant
Depuis bien avant Homère, depuis ,Satan,
La pluie et, les beaux fours, l'aube primordiale ?

JUL_ES SUPERVIELLE

�FRAGMENTS

FRAGMENTS D'UN JOURNAL
DE GUERRE

FRITZ VON UNRUH
Les lignes que l'on va lire sont extraites du journal de guerre,
encore inédit de Fritz von Unrub. L'on s'accorde généralement,
en Allemagn;, pour voir dans cet écrivain un des plus importants que la guerre ait révélés.
é à Coblence en 1885, il entra très jeune dans l'armée, et
fit la campagne dans l'entourage immédiat d~ Kronprinz . La
guerre aura été un événement capital _dans la vie d_e_ Unruh, un
de ces instants qui marquent et onentent défimt1vement un
caractère ou une activité. Il a su trouverles accents convenables
pour en parler dignement, et q~oiqu_e se~ _ou".rages soient au~si
peu que possible imprégnés de 1~spnt m1htanste, on a pu dire
de lui à juste titre qu'il est le géme même de la guerre.
Cet officier de carrière sait ce qu'est une armée, ses manœuvres et ses mouvements pesants; il connaît, pour y avoir goûté,
l'exaltation de la victoire et la contagion de la défaite ; il sait
apprécier l'état d'esprit d'une troupe au combat et juger, d'un
seul coup d'œil, le retentissement profond, en chacun des combattants des ordres reçus ou transmis. Mais cette guerre dont
il parle ~n homme de métier et en poète, ( et c'est ce qu_i ren~
son témoignage doublement précieux et émouvant), il sait
dès les premiers jours qu'il ne l'approuve pas: La révol_te
s'enfle portée sur les ailes du plus sombre désespoir, et grandit,
s'élev:nt contre cet état de choses cruel et tyrannique qui le
force à mener une vie si véritablement inhumaine. Les ordres
même qu'on lui donne, il ne peut s'empêcher de songer à leur
incompréhensible inanité, et toute sa conscience se débat aux

n'm,

JOURNAL DE GUERRE

277

prises avec cette époque qui ne sait que se renier et se déchirer
elle-même. Mais ce combat contre la guerre qu'il mène jusqu'au
cœur même de la bataille, ne le conduit jamais à la polémique;
il ne verse pas dans la littérature politique. C'est un poète qui
parle, et c'est avec le lyrisme le plus vigoureux et le plus dépouillé qu'il flétrit les horreurs dont il est, malgré lui, le témoin.
Opferga11g ', son œuvre la plus importante jusqu'à présent,
(avec sa trilogie dramatique Une Race, où passent, par moments, des souilles véritablement Eschyliens) fut interdite par
la censure impériale, et ne put paraître qu'en 1919. Ce roman
avait été écrit dans les tranchées devant Verdun.
Le lyrisme de Unruh, contrairement aux tendances habituelles de la littérature allemande, est simple et nerveux. Les
images naissent, fortement cernées par les mots, et s'expriment
sans défaillance. L'usage d'une phrase souvent extrêmement
elliptique et d'un schématisme voulu, lui permet une violence
et une netteté prodigieuses. C'est que son esprit nourri des
grands classiques, de Shakespeare, et des tragiques grecs,
connaît également les exigences des champs de bataille, où
tout est réduit à l'essentiel, où chaque détail prend toute sa valeur et où chaque instant se révèle riche d'éternité.
Unrub se veut une pensée nettement occidentale. Il ne prêche
pas un -vain pessimisme. TI sait qu' « au détour, déjà le but
commence » et que l'homme est tout entier entre les mains des
dieu .
Son style, qui évoque par certaines tournures la manière
sobre et virile de Tacite ou de César, il ne le met pas au
service des vaines philosophies prophétiques, actuellement en
vogue dans les pays d'Outre-Rhin. Sa sensibilité ne se complaît pas dans les molles séductions d'un irvana agréable et
réconfortant. Il ne fuit pas devant la Vie, mais l'accepte tout
entière, telle quelle, sans honte comme sans vain orgueil,
parce qu'il est un homme, et que c'est à lui d'en justifier les
dons les plus magnifiques ; et devant le carnage et la destruction
universels, il se sent gonflé soudain de la présence consolante
et inexplicable de« deux ou trois choses divines ».

J.
1.

BENOIST-MÉCHIN

Titre malaisément traduisible, et dont le sens approximatif est

« la Marche au Sacrifice ».

�LA NOUVEl.L~ REVUE FRANÇAISE

8 septembre 1914.

Un sous-officier me réveille en me secouant. Je sors,
effaré d'un sommeil pesant. Les naseaux reniflants. de
mon cheval me frôkot le visage.
Qu'y a--t-ü ?
- Patrouille vers Parigny.
Je regarde vers l'aube. Le clau de l'i.me s1 éœnd sur la
dévastation dm Jerni:er jmu d'ass;iut. Doux, laiteux, son
éclat baigne le visage grimaçant de fa mrit. Dans t'air :
plaintes et gémissements de blessés-. L'à:tmosphère tinte
comme du verre cassant. Le vent chasse tontes choses
devant lui~ vers leur dissolution. Devant moi, le ciel
rougit. La main de la guerre s'abat comme fa foudre et
saisit un village dont elle consume les maisons; il n'en
reste bientôt plus que des tisons charbonneux. les Uhlans
de ma patrouille sont en selle. Le froid monte vers moi
du fond des prairies de la Marne. Lointaines et calmes
scintillent les étoiles,. Dieu qu'ai-je à faire avec cette existence qui me chasse touj-0urs plus loin de mon cœur ou
bien ... ou bien ...
Le sous-officier rit : Nons sommes à la veille d'une
grande décision. Nous partons. Les arbres, les charnps sur
notre route, sont blancs de la poussière du jour accablant.
La lune argentée pâlit. Le matin s'avance frissonnant.
Pareille à l'heure qui p.récède le lever du soleil, sur les
sables des déserts d'Egypte, voici s'étendre de toutes parts
la lumière naissante. La lumière, comme la transfiguration
du sang répandu. Un vent lugubre passe dans les crinières
des chevaux. Une truie, dam. un champ de pommes de
terre, grogne et senfuit. Ses oreilles brillent, touchées
par le soleil levant, comme des rubis dans la luzerne. Des
villages. en flammes P"luent l'horizon d.e leurs feux pointus
et métalliques. Hors des décombres· des anciennes ha-bi-

FRAGJ\,i,ENTS o'uN JOURNAL DE GUERRE

2Î9

tations s'élèvent des cheminées. Crayeuses, sans vie, e~ilée~, elles témoignent .des foyers où Jes hommes ve,nai_ep.t
jadis apporter leur pain. Nous parcourons au trot de,s
villes mortes. Voici un petit soulie,r d'enfant, sur un ta~
de boureilles d'eau-de-vie cassées._ D~s nuages déchiqueté.')
passent comme des oiseaul- de nuit devant le disque rouge
et fumeux du soleil. A gauche, dans le petit bois q_ue
nous traversons, siffient des shrapnells, comme QU triom....
phe de démons.
Un soldat, avec un bras blessé,, qu'il tient attaché aP,:dessus de sa têtej nous croise, le. regar/i égaré. Derrière
lui trotte lourde.ment un veau. Des vagues nous appor~
tent par bouffées l'odeur de la décomposition. Nous subis,
sons les choses comme dans un cauchemar. Les façaqes
des maisons s'effondrent autour de. nous comme des fan.
tômes. Des hauts murs s'anéantissent sans laisser de trace_s.
Le feu lèche toutes les pierres. Le feu brûle la ch.arpente
des toits. Le feu brûle dans les ca.v.es. Pourquoi une seule
fl:unme, Dieu Tout-Puiss.a1;1t, _ ne brûle-t-elle pas toute
cette folie qui tient ta terre aux entrailles ? Ou ceci est:.il
déjà le commencement de ton jugement ? Un troupeau
de chèvres se presse et se bouscule à notre approche. Les
bêtes noires, dans les nuages de fumée épa,isse, ressemblent
à des diables. Un poste nous arrêt~, le cheinin est barré.
Nous sauto~s-à terre. et poursuivons notre route à pied.
DeYant moi galope un cheval sans maître, dessellé. Sur
sa robe blanche se mélangent les reflets du ciel bleu, et la
lueu_r des im:endies. Il dresse les oreilles. Je le saisis par
le licol. Une grenade éclate et il se sauYe au galop1
comme un Pégase errant. Les étincelles dansent, volent
autour de lui.
_L'artillerie ~ommence son tjr de préparation. Un pom~me~ resplendit chargé de fruits, intacJ au milieu d'uq
Jardm dévasté. Ses branches s'étendent jusqu'à une église
dont le transept est brûlé, Nous devons enjamber un
cheval bouffi et éventré. Une patte pend, rabattue comme

�280

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un jouet de paRier maché. La tête saigne dans un champ
- de betteraves. De l'autre côté de la rue, une table Louis XV
nünaude lugubrement au milieu de cadavres et d'ustensiles de bivouac éparpillés. Sur elle scintille, de tous ses
feux, un verre à liqueur, comme un diamant. Les rafales
d'artillerie s'enflent et gagnent tout le front. Nous passons
un à un le canal de la Marne sur un pont. Les grenades
le criblent de leurs éclats. Les Français défendent le canal
avec acharnement. Nous entrons dans les ruines fumarttes
de Purigny. Je m'oriente près de· la gare. Mes semelles
deviennent humides. Je regarde à mes pieds et m'aperçois
que je suis dans une mare de sang, auquel· se mélange le
vin rouge qui s'écoule de bouteilles renversées à l'alentour.
Les guichets et les salles de bagages sont détruits. Sur la
\'oie gisent des cadavres. Un d'entre eu:it a la bouche entr'ouverte, d'au s'échappe un filet de sang noir.
Derrière des maisons, des compagnies accroupies s'abritent. Nous nous frayons un chemin à travers des décombres.
Hors d'un tas de fumier, un vieillard me regarde fixement.
A côté de lui la pièce est déchiquetée par les grenades.
Une od(mr d'eau croupie s'exhale du plancher. Une femme
morte gît sur un large lit. Deux petits enfants vivants sur
sa poitrine. Tout à côté, dans un fauteuil roulant, une très
vjeille femme. Le souffie me manque. Mort, mort ; tout
est mort. Deux uhlans arrachent les enfants à la mère déjà
froide et les emmènent. Je les remets au passage à une
ambulance. La vie passe comme l'éclair. A présent j'ai fini
avec la terre et avec le ciel. Les mâchoires grincent contractées. L'artillerie, avec toutes ses munitions de renfort,
n'a pu réduire la batterie française au silence. L'infanterie, ·
la baïonnette au canon, s'élance par vagues et monte à l'assaut. Hourra-hourra-hourra ... et puis, des pelotons sanglants qui crient, houleux.
Un officier s'approche de mo:. : En avant, en avant,
excitez les soldats comme la flamme ou César! C'est maintenant qu'il nou.s faut des hommes qui connaissent la

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

2.Sr

mort et la vie. Qui puissent mourir. - Et nos âmes?
Aujourd'hui, aujourd'hui c'est la décision, c'est le jour
aujomd'hui ! Puis il fuit en avant. Des grenades éclatent.
Des gémissements s'élèvent de chaque motte de terre.
Vous tous des villas et des banlieues, spectateurs, a-vec
délices, de ce théâtre sanglant, la tragédie de Macbeth ne
rassasie~t-elle plus votre soif d'horreurs, dont vou savouriez
les angoisses au fond de vos loges sombres, que vous nous
contraigniez maintenant à ce festin a~ominable ? C'est
vous-même, c'est vous qui ·le payez, et y calculez encore
votre profit. Les grenades éclatent parmi l'Alphabet ! Ce
qui auparavant, avait de la valeur pour vous, nous Ie rejetterons avec dégoût. Les larves doivent parvenir à la lumière
de notre âme. Le jour de la connaissance approche! Oui&gt;
nos ailes couvrent encore la vapeur du sang, que vous ne
l'entendiez pas, que vous ne Ia voyiez pas, - mais les
années viendront où nous ne viderons plus le calice
jusqu'à la lie. Oui; oui... elles viendront sur voùs tous.
Un verrat, devant moi, couvre une truie. Sur son dos
volète un canari échappé. A côté, sur un lit, gît un capitaine français. Pâli, des bas de soie rouge éclairent ses
jambes jusqu'au genou. Un membre, atteint cà et là
.
'
pend à son tronc, noir, décomposé. Mon œil le regarde sans
pourrir. 0 cette image se creuse, s'enfonce en moi. Voici
le chemin du symbole ! Oui! la sainte vie, le bien le plus
précieux de la création, vous avez osé y porter la main !
Dois-je, m'emparant du destin à la manière des Grecs,
dévoiler le sens des augures et prononcer une prophétie ?
Mais à quoi bon ? chaque chose a son temps, et bientôt
s~r ce èham,p de carnage, s'élèvera le hurlement des Erynmes.
Sur un mu.r, à côté d'une jumelle de campagne, détruite,
la tête en plâtre de la Vénus de Milo. Derrière elle les
nuag:es épais des grenades et des shrapnells. J'arrive à l'EtatMajor. Partout une agitation angoissée. Trois cents hommes
de réserve passent. Les esprits devie,nnent nerveux. L'artil-

�LA NOUVELLE . REVUE FRANÇAISE

lerie lourde française se fait plus prbche. Un commandant
se précipite yers le général. cc Le vent tourne. l!a fortune
nous est contraire. &gt;&gt; Les rapports s'entre-croisent. cc Le
.. .e régiment bat en retraite. &gt;&gt;, Le Géaéral: cc Impossible, les
commandants du régiment m'ont juré de tenir le canal
jusqu'au demie:r. » Des officiers sont envoyés aux bagages.
Les grenades françaises nous survolent. Crac, crac. Un
capitaine d'Etat-Major devient pâle, m1b1ie, se trompe}
interroge, se renseigne. Une armoire déchiquetée tombe
du grenier dans la cour. Un pantalon encore au crochet la
suit en voltigeant. Le général avec ses officiers descend
l'escalier, courbé. Les cmridors sont bondés. Un avion
francais. Nos fiowitzers le mitraillent. Des nuages devant
et d~rrière lui. Boum !' c'était dans la , fabrique. Boum !
ceUe-ci dans la cour.
·
Voix : (c Ils, tirent bien les ca&lt;;:hons. Il faut le leur aœorder. L'école dé Napoléon. l&gt;
Le Com:mandant du qùartier-gébéral de l'armée arrive
en auto. Il cbudiote,avec le général.
Voix : c&lt; Les mortiers en avant., - En temps de paix
il faudra· faire plus de grenades que de shrapnells. Les grenades ont un effet plus démoI,alisant. &gt;&gt; , Boum !
Une fumée du diable, et Péglise de Parigny s'effondre
d'elle-même, Tous cherchent un abri. Je marche sur un
zouave tué. M~choire inférieure et gorge sont complètement
arrachées·, de sorte. que, je puis voir l'intérieur- de son crâne.
Devant un mm, intacte entre deux cierges, une vierge tend,
comme d'habitude, ses marns bénissantes. 1'.a ligne de la
Marne est enfoncée.
1r

Septembre.

« Jour funeste et~malheur(m'x t ii Un officier entre brusquement avec ces mots. c&lt; Qu'y a-t-il.? &gt;) Des lampes de
poehe et des voix s'éveillent. c, Les bagages- et les ambulances doivent reculer encore de r 5 kilomètres. ~ Reculer ?
Vous êtes fou !I - Avant toute lum1ère, »

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

283

Je saute, je me précipite vers la rue. Bes crbevaux. passent
au galop. Des voitures grincent. {&lt; A 6 h. 30 tout en ordre
&lt;le marche. - No11s reculons. » Un commandano d'EtntMaj0r rit nerveusement et s'étend du .miel sur du paim
D'autres se tienn:ent autour des cmsines roulantes et avalent
rapidement du thé· chaud. r.1, Les Français vont en faire une
-figure. Je-voudrais être là pour les voir qu~nd ils découvriront que nous sommes tontàcoup partis. Ils le prendront
naturellement comme une grande victoire. Pourvu seuJe..
ment que les a.vions ne· sortent pas, trop tôt l Mais, Dieu
merc1, le ciel se rouvre complètement. Aujeurd'bui leurs
batteries tirent en champ libre ! ii Rire général. c&lt; On doit
avoir entrepris un changement de front. - Est-ce qu'il
faut touj0urs placer les mortiers en al&lt;lant ? - Non, ce
n'est plus nécessaire. Mais neus- voulons aller chercher nos howitzens. &gt;&gt; Le vent du matini vraver.se la plaine
en sifil11nt. Je titube. Les régiments reviennent par groupes
isolés de trente hommes. ci Reculer? ,, Ce mot s'élève dans
l'espace comme un point d'interrogation sombre. « Recu~
1er. » Le général regarde par la fenêtre et &lt;d'emande à U'.B
homme : &lt;c Où étiez-v01.1.s ? - Près- de la ... e Division.
- Et ... ? » J,l se penche h0rs du cad,re. &lt;c Les soldats veulent
savoir pourquoi nous reculons. On crie, on grogne :
d;abord on nous précipite en avam, maintena:nt en a,rriêre.
Il faut simpfe-ment abandcimner les positions acquises. &gt;&gt; Le
général met la main dans sai poche. «' &lt;!:'est dégoûmn,u, il
va pleuv0ir. &gt;&gt; Ses cheveux blancs se soulèvent dans le
vent. « Affreux. i&gt; 11 se caresse la moustache. cc Nous changeons de front, ou plut6t, Dieu sait ce que nous faisoas.
Moi non plus-, je ne suis pas. orienté. ii Il nous regarde tous
tristement. cc Tout alfait bien là-bas cependant ? Il semble
que l'armée formant aile droite ne nous ait pas suivis !
C'est peut-êttte pour cel« qu'on nous ramène en arrière. &gt;&gt;
On a,pp0rte la nouvelle , d~ fortes pertes. Le général la
regarde, soulè~e un appareil photographique qui est suirt le
:rebord de la fenêtre, le repose soigneusement'. Il met s~m

�284

LA NOOYELLE REVUE FRANÇAISE

képi et referme la fenètre. Un chef de batterie passe au
galop. « Comment ramener nos pièces ? - Les rendre
inutilisables. - Mais comment ? - Enlevez les culasses. - Ils ont des pièces de rechange. Alors
faites sauter. Les canons sont encore solides. Alors amenez-les. - Ce serait mieux. - Nom de
Dieu, le mieux serait encore que nous ne reculions pas. »
Un major s'avance. « Quoi, quoi ! nous reculons ?
Qu'est-ce que cela veut dire, reculer ? - Reculer, parbleu, que l'on abatte sur le champ celu~ qui emploie, ce mot
autrement que suivant son sens habituel ! - C est très
bien, que cette stupide course en avant s'arrête. ~ Il
semble que de la cavalerie française et des troupes anglaises
se soient glissées entre la première et la deuxième armée.
- Concessions à l'ensemble de la situation. - Encore
une fois c'est parfait que ce tohu-bohu délirant de victoire
ait cessé et que nous puissions connaître enfin la dureté des
temps. - C'est bien comme· ça, ce n'est plus un~ pro:
menade vers Paris. - 11 semble que nous le devions a
une armée qui croyait tout pouvoir faire à elle seule. &gt;&gt;
Quelques soldats abattent des pommes dans les_ arbres. Les
nuages, bas, rasent la plaine . « Comment_ réd1geons•n~us
les ordres ? D'abord attaquer pms nous retirer
encore? Drôle de commandement, diront ceux de la troupe.
- Doit-on demander son avis à chaque soldat séparément ? - Les officiers seuls doivent savoir ce dont il
s'agit. - On murmure, on serait devenu nerveu~ en
Orient. - Le plan de campagne du général von Schheffen
ne sera pas tenu. D'abord Paris, puis les Russes . On a l'~ir
de vouloir le retourner : d'abord les Russes et ensuite
Paris . - Avez-vous confiance en Moltke?» - On secoue
la tête.
ous partons à cheval. Les phrases que je viens d'entendre tournent dans ma tête, mélangées à mes songes.
Une petite pluie fine tombe sur toutes choses. Je reste
ayec quelques uhlans. Pour attendre les ordres. On emmène

FRAGMENTS D'UN JOURNAL DE GUERRE

285

les blessés légèrement atteints. Les grands blessés sont
laissés sur place. Des imprécations terribles sortent des
ambulances. Des voix appellent, crient, gémissent. Des
jofirmiers, des infirmières, des caporaux restent auprès
d'eux avec une grandeur calme et tranquille .
Maintenant seulement, ce recul prend corps en moi.
Maintenant seulement, car une honte brûlante monte à
mes tempes. La honte que nous soyons forcés d'abandonner à leur destin ces frères humains et mutilés. Oh : c'est
comme si un remords implacable nous chassait de ce
délire, hors duquel nos camarades sanglants nous regardent d'un œil fixe et dilaté. Des colchiques se balancent,
douces, mauves, répandues dans les prairies. Des troncs de
bouleaux s'élèvent lentement, comme des fantômes dans le
matin. Derrière un officier court un pinchernoir. Il saute
devant chaque cavalier. Devant le plus faible bruit, il rabat
sa queue entre ses pattes. Chaque fois qu'il saute vers un
soldat on le rejette brutalement au milieu de la rue.
« Arrière. »
Du food des jardins, monte la lueur pâle des dahlias et
des soleils. Vous voici. 0 fleurs dans la guerre, étoiles
solitaires dans les ténèbres de ce délire. Les feuilles automnales jonchent le sol, ou descendent vers la terre en gémissant. La nostalgie me tient, de mon pays lointain et
abandonné. Nostalgie ! Nostalgie ! Les nerfs tendus à
l'excès se relâchent. Oh, je voudrais m'écouler dans
l'Amour, dans la Joie! M'abandonner à de nouvelles vies !
Toutes ces vies dont la révélation peuple ma poitrine de
leurs soupirs gémissants. Je ne suis plus un homme. Mes
mains se replient inconsciemment. Le monde s'effondre,
s'effondre autour de moi. Je suis saisi de vertige. Qui m'a
forgé les chaînes de cette existence barbare ? Pardonnezmoi, Dieu Tout-Puissant, mais une malédiction, une malédiction terrible sur mes ancêtres et mes pères, m'étreint la
gorge. Vous m'avez poussé à ce métier, et voici que l'âme
du soldat me fait soudain défaut ! Ne pas penser, ne pas

�286

LA NOUVELLE ,REVUE FRANÇAISE

penser ! Sans q.uoi la nuit tombe sur tout ,entendeme~t.
·
· · dans un vilhoe
A peme
aTrrve
·-o; , de nouveau . partir.
.
«.Plus, plus Join, en arrière. » Voix: « Ces F~ança1s avanent, il •faut reculer encore ! füt-il v.r,a1 que nous
:bandonnons toutes nos positions ? Aussi l'rArgonne ?
Aussi Reims ?-Quelle folie ! - Hautes ·mesures straté.
Et combien de temps encore voulez-vous
~J:s~~cher la vérité ? ,i - Les communications téléphoniques sont coupées. Je :vais .•. ije vais ... je vais ...
.La route est boueuse. Autour de chaque ar:bœ un trou
s'est .creusé, plein •dieau. Le vent · froid si~e·à travers des
espa.c.es incultes. ,L.es sabots de mo~,cheval gh~~ent 1et patauoent dans le sol humide. cc En arnere, en arnere ! oi
B Sur la chaussée des autos font hurler leurs .sirènes, tout
ie long des fomg0TIS,à bagages. « Dégagez la voie, dégagez
la·voie. »•Gest-le signal éternellement renouvelé. U~ troueau de moutons hêle égaré parmi nous. Les arbres s1ffient,
:cheveiés, sous ' ies rafales de vent intermittentes .e t brusques. Des masses épaisses de nuages noirs passent, cha:;ées, au-dessus de (ma tête. Comme un déluge elles ,se déhvr:ent de l'horizon. Elles viennent de Bance ! Elles
viennent, noires !
..
. , .
VemHu nous,saisir? Veux-tu,nous sa1s1r ? QUI'. devo1lera
le sens de ce retour? Qui, qui, qui ? Oh! que je sois frappé
d'oubli! Que ceci au moins soit épargné ~ mes songes ...
FRlTZ VON UNR UH

Traduction de

JACQUES BENŒST-Mlkttrn.

V
Aiguesbelles m'offrait, chaque été, un spectacle identique,
méthodiquement réglé. On eût dit qu'une ordonnance
supérieure eût assigné à tous les habitants du mas une
tâche exacte devant laquelle ils ne viendraient à faiblir
qu'au moment de la mort.
· Mon grand-père s'occupait de son domaine avec un
soin invariable. Tous les jours, avant le coucher du soleil,
quel que fût le temps.) il allait inspecter ses vignes en
voiture, suivant des chemins tracés exprès dans la terre
labourée-et par lesquels lui seul passait. On apercevait au
loin son buste qui restait rigide en dépit des cahots et se
dressait au-dessus de l'horizon.
Ma grand'mère était sans cesse en mouvement malgré
son âge. Elle allait, du matin au soir, de 1a ferme à la
magnanerie, son beau visage aux pommettes traîches
abrité sous un grand chapeau de paysanne. Préoccupée
perpétuellement par l'amélioration du mas, elle décidait des
changements ,qui s'effectuaient aussitôt, non sans qu'ellemême, qui bouillait d'activité, y eût mis la main. Lorsque par hasard nous la surprenions à ne. rien faire, elle
se sentait si honteuse qu'elle se troublait et di?paraissait
après nous avoir dit:
- Il faut que je vous laisse, mes enfants, j'ai tant de
besogne!. ..
r. ·voir&gt; la Nouvelle,Revue Ftatifaise du

1er août 19,22.

�SILBERMANN
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La tâche de ma mère, entre ces deux êtres, é_tait de les
servir avec un amour parfait. Je me demande s1 sa conscience scrupuleuse ne lui reprochait ~as comme_ u?e trahison envers ses parents l'amour quelle. portait a_ mon
père, et si chaque année elle ne re~ena1t pas à _Aiguesbelles avec le cœur d'un enfant qm veut se faire pardonner.
Sous cette tradition austère, si bien revêtue de douceur,
le devoir se présentait avec une saveur exquise. Je me
plaisais à me fixer gravement de petites tâches ~e~rètes qu~
je m'évertuais à mener à bien. Au crépuscule, a ~.he~e ou
les travaux des hommes cessaient dans le mas, Jallais me
recueillir dans ma chambre.
,
.
1a chambre était située à l'étage le plus élevé de 1 habitation. Les murs étaient blanchis à la chaux et le plancher
recouvert de carreaux rouges. 11 y avait, accrochée au mur,
une image que je regardais souvent. C'était une gra~de
photographie représentant un de m~s ~ncl:s,_ un ~rère arné
de ma mère qui était mort et que Je o avais 1ama1s connu,
mais dont Îa figure farouche et la destinée énigmatique
hantaient mes pensées.
.
Ma mère m'avait fait sur lui bien des récits. Elle m'avait
décrit à travers la confusion de ses impressions d'enfance,
les scènes auxquelles elle avait assisté lorsque ce frère, à l'âge
de dix-huit ans, obéissant à_ un, singulier v~u- de re~oncement plutôt qu'à un désir d aventure, s était_ ~nfu1 . de
la maison cc afin d'accomplir ma mission », avait-il écnt ;
il ne savait laquelle. Elle m'avait raconté comment, revenu
après plusieurs mois, le révo:té était re~té s?_u rdern~nt
obstiné à sa mystér"ieuse vocauon, allant _1usqu a m~~d1~e
ses parents qui s'efforçaien~ d~
~e~emr. Enfin J avais
appris qu'à vingt-deux ans 11 s était 1omt à un gr~upe de
missionnaires qui se rendaient à Madagascar et était mort

1:

en mer.
.
De ma fenêtre, je découvrais presque tout le domame.
J'aimais à m'y tenir au déclin du jour. J'~ntendais le piéti-

nement du troupeau qui rentrait à la bergerie. D'un côté,
je contemplais, à l'infini, les lignes parallèles des vignes;
de l'autre, le clos des mftriers, le bois d'oliviers. Et à considérer cette graisse de la terre dont je me trouvais pourvu,
j'étais exalté par un sentiment de reconnaissance. Je murmurats :
- Faire le bien ... faire le bien ...
Je me demandais :
- Qui puis-je sauver ? A qui me dévouer ?
J'ailais interroger l'image de mon oncle, et j'étais dans
une telle fièvre que je croyais voir dans la pénombre les
lèvres du jeune missionnaire me dicter une tâche.
Pendant les vacances, Silbermann, qui avait peut-être
senti le refroidissement de nos relations et s'en inquiétait,
ne. me laissa point l'oublier et correspondit fréquemment
avec moi.
Il faisait en compagnie de son père un voyage en automobile à travers la France. Ses lettres, fort détaillées, me décrivaient les régions qu'il visitait . Il portait, sur le pays et les
gens, des jugements critiques bien rares à notre âge et qui me
paraissaient le signe d'un cerveau supérieur. Grâce à sa
mémoire qui était extraordinaire, grâce aussi, sans doute à
l'aisance d'un esprit libre de toute attache, il assimil~it
promptement tout ce qui passait sous ses yeux et composait
de vastes tableaux qui débordaient mes vues étroites. Ces
lettres rappelaient une foule de faits historiques et abondaient en citations littéraires. Celle qu'il m'écrivit d' Amboise
me fit une peiot~re de 1~ cou~ des Valois; peinture chargée
de sang et de poison, bien faite pour justifier le sentiment
d'aversion que m'inspirait la dynastie de la Saint- Barthélémy. Il se plaisait aussi à imiter le style d'u n écrivain
célèbre. Il ré~ssi~s~it cet exercice à merveille, trop bien
même, selon 1opmioo de notre professeur, ainsi que je \'ai
rapporté. Passant à Chi~on, !l m'é~rivit plusieurs pages
dans la langue de Rabelais, qui me divertirent fort.
19

�290

LA NOÙVELLE REVUE FRANÇAISE

Il m'entretenait des monuments et des objets d'art avec
une richesse de connaissances qui s'expliquait par la profession de son père. L'intérêt que celui-ci portait aux
édifices religieux me frappa. J'appris qu'il faisait .de longs
détours afin de visiter de petites églises de campagne.
J'attribuai cette particularité à ses goûts artistiques, d'autant que, dans ses lettres, Silbem1ann accordait des développements enthousiastes à l'architecture n!ligie~se .
Pour ma part, j'étais toujours resté insensible à la beau~é
de cet art. Une cathédrale, si gran&lt;liose fût-elle, me faisait le même effet, sous la carapace · de ses sculptures,
qu'une espèce de monstre préhistorique, unicorne ou
dragon, qui e-C1t été conservé à travers les âges. Je n'y
trouvais rien d'explicable et la considérais seulement avec
une vague curiosité.
Une des lettres de Silbermann fut pour moi une révélation à ce sujet. S'étant arrêté quelques jours dans une
ville célèbre pour les sculptures de sa cathédrale, il me les
décrivit entièrement. Il me démontra que cette multitude
de scè11es et d'ornements, qui étaient si embrouillés à mes
yeux, reproduisaient toutes les connaissances spirituell~s
et matérielles des artisans au Moyen-âge. Il me rendit
intelligible tout ce qui était inscrit sur les pierres. Interprétant un à un le sujet des scènes religieuses, commentant le geste de chaque statue et le rapportant à la légende
du modèle, il me donna d'abord un tableau merveilleux
de la pensée mystique à cette époque. Puis, passant aux
parties qui relataient la vie de l'homme, il me montra les
bas-reliefs où était représenté le cycle des travaux rustiques:
labour, semailles, moisson, vendange ... Il ne nègligea pas
la plus petite pierre. Il alla jusqu'à me décrire les guirlandes de feuillage, composées uniquement, disait..,J,l, de
plantes poussant dans la province ; et il rapprocha de cette
décoration humble et bornée la foi naïve exprimée dans
les motifs religieux.
.
J'eus, en lisant cette lettre, une impression analogue à

SILBERMANN

celle que j'avais reçue le jour que j'avais entendu Silbermann réciter en classe les vers d'Iphigénie. Il me sembla
qu'un trait de lumière était jeté sur tous ces ~onummts
que j'avais si mal distingués jusqu'ici. Je revis leurs sveltes
ogives, leurs rosaces parfaites, leurs fines galeries brodées
sur la nue, et cet art m'apparut soudain adorable. De
grises figures de pierre que j'avais contemplées avec froideur saillirent dans ma mémoire, nouvellement parées
d'une grâce ou d'une détresse ravissantes. Et devant ces
visions, je restai un instant confondu, comme, par un
beau soir succédant à des nuits brumeuses, devant un ciel
constellé.
Après av~ir reçu cette lettre, je songeai aux paroles que
Silbermann m'avait dites un jour : (&lt; Ces choses, ne
puis-je les comprendre aussi bien que Montclar ou Robin ?
Est-ce que je ne les admire pas plus qu'ils ne les admirent ? &gt;&gt;
Quoi ! c'était lui, qui lisait comme à livre ouvert dans
la tradition de la France, qu'on traitait d'étr.anger t Lui, qui
pénétrait jusqu'aux qualités les plus profondes de notre
terroir, qu'on voulait chasser de ce pays ! Ah ! ces sentiments insensés soulevèrent mon indignation . Je les comparai à ceux qui avaient provoqué jadis la révocation de
l'édit de Nantes et fait perdre finalement à la France - je
l'avais maintes fois entendu - la partie la plus diane et la
plus travailleuse de sa population.
b
Ce rapprochement fortifia grandement dans mon esprit
la cause de Silbermann. Et avant de quitter Aiguesbelles
regardant droit aux yeux le portrait de mon oncle, je jur~
de ne point faillir à ma mission.
J'avais espéré qu'une nouvelle année scolaire, avec tous
les changements qu'elle apporterait à nos habitudes, modifierait la situation de Silbermann au lycée. Mais il n'en fut
rien. La composition de la classe fut à peu près la même.
Le jour de la rentrée, Philippe Robin passa à côté de moi

�LA NOUVELLE REVUE fRANÇAlSK

sans m'adresser un regard. Les haines, la rancune, persistèrent; la quarantaine continua.
Notre nouveau professeur était un vieil homme qui ne
se souciait plus guère de l'enseignement qu'il donnait.
li se plaisait surtout à observer chez ses élèves les trayers
des natures et à voir jouer les petites passions. Nous
étions pour lui des marionnettes auxquelles il distribuait
malicieusement de temps à autre des coups de bâton.
La figure et les gestes de Silbermann, le petit drame qu'il
devina autour de lui l'alléchèrent aussitôt. Il vit là un acteur
bon à lui donner un spectacle divertissant et il le mit en
vedette.
La même intimité reprit entre Silbermann et moi.
J'évitais, par crainte de mes parents, de le recevoir souvent à la maison, mais je me rendis presque tous les jours.
chez lui.
J'assistai de là, une fois, à une scène dont le souvenir
m'est resté.
C'était à l'époque où de nouvelles lois concernant" l'exercice des cultes devaient être appliquées. A. cette occasion,
le propriétaire du château de la Muette invita les évêques
de France ainsi que de nombreuses personnalités du monde
catholique à se réunir chez lui afin de conférer sur la
situation faite au. clergé. Nous vîmes, par les fenêtres, les
ecclésiastiques passer et repasser lentement dans le parc.
On distinguait les gants violets et le liseré des soutanes.
Quelques graves personnages, tête nue, les escortaient.
L'attitude de tous était empreinte de mesure et de résignation. Ce spectacle faisait sur moi une impression très forte.
Je ne disais mot. Silbermann était posté au carreau voisin i
ses yeux dardés et son nez écrasé contre la vitre donnaient
à sa figure un type sauvage. Tout à coup, prenant ~1011 bras
et le serrant avec force, il s'écria :.
- Retiens cette date ... A partir de ce jour, le règne de
la papauté cesse sur la France, et bientôt sans doute il va
décliner dans le monde entier. Retiens cette date. Il se

SlLBERMANN

2 93

peut qu'elle soit conservée dans l'histoire comme celJes
qu'on nous fait apprendre aujourd'hui et dont on a marqué
la chute des régimes.
Il avait quitté la fenêtre et était au milieu de la pièce,
en proie à une agitation frénétique. Il prononça encore
quelques paroles ; mais je ne les entendis pas, tant sa
Yolubilité fut grande, comme s'il eût rnulu précipiter la
destruction qu'il prophétisait. Puis, il revint vers la fenêtre,
et, désignant l'assemblée des prélats, il dit :
- Le dernier concile.
Ces mots détournèrent sa pensée. Et tandis qu'une singulière expression sensuelle apparaissait sur son visage, il
laissa échapper :
- Ab ! comme Chateaubriand eût dépeint cette scène!. ..
Hein ! Vois-tu sa phrase?
Et après une seconde de réflexion il déclama :
- Spoliés de leurs augustes palais, les princes du catholicisme étaient réunis en plein air, comme les premiers
serviteurs du Christ .. .
Mon esprit se trouvait à ce moment fort éloigné de la
littérature. Il me semblait voir des adversaires abattus,
mais des adversaires si proches que leur ruine m'atteignait.
Je m'écartai de la fenêtre et entraînai Silbermann.
Maintenant de tels éclats étaient fréquents chez Silbermann. Sa nature s'altérait. Il dénonçait constamment., avec
une ironie amère, les injustices et les ridicules qu'il apercevait; et même il allait jusqu'à considérer avec une horrible complaisance les malheurs des autres.
Comment ne pas l'excuser lorsqu'on songe à l'alarme
profonde ou vivait sa pensée ? Je m'avisai de cela un jour :
nous causions tranquillement ensemble ; je fis, par hasard,
un geste de la main ; il crut que j'allais le frapper et protégea vivement son visage.
Puis, je m'aperçus à certains de ses propos combien il
avait le sentiment que son ambition échouerait, combien
il se savait rejeté_'par nous. C'est ainsi qu'il disait fréquem-

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB
294
ment de telles phrases : « Les Français agissent de la
sorte ... Les Français ignorent cette qualité ... n comme si,
de lui-même, il se fût retranché de notre nation.
Je faisais de mon mieux pour détruire cette impres~ion.
Ainsi, je lui parlais souvent des belles théories sociales
qu'il m'avait exposées. Elles avaient germé dans ma tête
et je rêvais à leur réalisation.
- C'est toi, lui disais-je, qui par tes livres, par ton
éloquence, feras s'accomplir ces choses en France.
Mais il n'avait plus la même foi dans son idéal et me
répondait par un geste sceptique. Quant au grand rôle
que je lui assurais plus tard, il me disait avec une grimace
amère:
. - Tu oublies que je suis Juif.
- Mais ce qui se passe actuellement n'a pas d'importance, répliquais-je. Hors du lycée cette hostilité ne durera
pas.
- Elle durera - reprenait-il d'une voix singulièrement
profonde, tandis que ses joues se chargeaient d'un rouge
sombre - elle dure pour moi aussi haut que je remonte
dans mes impressions d'enfance. Ah! tu ne peux savoir
ce qu'est de sentir, d'avoir toujours se.nti, le monde entier
dressé contre soi. Oui, le monde entier. Ch_ez tous, même
chez ceux qui n'ont point de haine nous devinons à leurs
regards, à un certain air, une arrière-pensée qui nous
blesse. Mais, tier1s ! ne serait-ce que la manière dont on
prononce le mot cc Juif» ... Ah ! tu n'as jamais remarqué? ...
Les lèvres avancent en une moue méprisante pour accentuer la première syllabe, puis, faisant g\isser la seconde,
reviennent vite en arrière, comme afin d'expulser le mot
sans se souiller. Ce mouvement, j'ai appris à le reconnaître et à le déchiffrer, à force de le voir répété sur les
lèvres de tous ceux qui me regardent : cc C'est un Ja-ij...
il est" Ja-if ».
Que répliqüer à ·œla ? Quand j'entendais ces confidences poig~antes, je frissonnai~ comme si ayant passé la

STLBERMANN

2

95

tête dans un cachot affreux j'avais aperçu un homme y
vivant.
Et en même temps, p.ar une sorte de bravade ou bien
peut-être afin d'amortir sa disgrâce personnelle, il avait
pris la manie dé me conter des histoires où ceux de sa
race étaient tournés en dérision. Il les développait avec
art, imitant l'accent des Juifs et empruntant leurs noms
les plus communs. Dans son cas ces bouffonneries avaient
quelque chose de sinistre. Loin de me faire rire, elles me
glaçaient, comme lorsqu'on entend plaisanter sur son
mal quelqu'un qui se sait mortellement frappé.
Mon zèle pour lui redoublait. Nulle expression ne
définit mieux le sentiment qui m'animait. Il n'entrait dans
ce sentiment rien de ce qui couve d'ordinaire à cet âge
sous une amitié ardente, les tendres pensées, le désir de
caresses, la jalousie, et la fait ressentir comme la première
invasion de l'amour. Mais le soin exclusif~ l'abnégation, la
constante sollicitude de l'esprit, les .soucis déraisonnables,
donnaient à cet attachement tous les mouvements de la
passion. J'étais tourmenté sans cesse par la crainte de
mal accomplir ma mission. Je m'accusais de relâchements
imaginaires. La nuit, cette angoisse me hantait et se transformait en cauchemar. J'avais la vision de Silbermann se
noya_nt ou se débattant au fond d'un précipice ; alors je
me jetais à l'eau ou m'élançais dans l'espace afin de le
sauver. Et le matin, je m'éveillais dans un tel trouble que,
pareil à l'ami de la fable, je courais l'attendre à la porte de
sa demeure.
Cette visible agitation inquiéta ma mère. Elle m'interrogea. Je répondis de façon confuse, mêlant à mes explications le nom de Silbermann, er je vis qu'elle fronçait
les sourcils. Elle avait appris que je m'étais brouillé avec
Philippe Robin à ce sujet et m'en avait vivement blâmé.
Bientôt, l'exigence de Silbermann, qui me retenait
auprès de lui sans souci de mes devoirs de faniille, apporta
quelque irrégularité dans mes habitudes et me valut les

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

remontrances de moµ père. Souvent je me sentais observé
par lui comme si une grave accusation pesât sur moi. Mais,
si je continuais à les chérir tous deux, ni ma mère, , par ses
bons enseignements, ni mon père, par ses justes sentences,
n'avaient plus de pouvoir sur ma conduite. Lorsque le soir,
ayant passé la journée avec Silbermann, l'ayant suivi, veillé,
servi, je me retrouvais devant eux, c'était avec le détachement des âmes mystiques en présence de leurs terrestres
amours. Entendant agiter des questions telles que l'avancement de mon père ou les occupations charitables de ma mère,
j'éprouvais- l'insensibilité mêlée d'indulgence que ces âmes
témoignent aux propos des mondains. Quelquefois, peutêtre, mes parents voyaient un sourire rayonner vaguement sur mon visage, C'est que, rêvant au sort de Silbermann, j'imaginais un subit revirement éclatant sur terre
en faveur des Juifs, la fin de son tourment, bref un dénouement imité de celui d'Esther. Mais le plus souvent, au
contraire, mon imagination, sans doute afin de multiplier
les amorces incomparables du sacrifice, se plaisait à une peinture très rude de l'avenir et me faisait tirer de toutes
choses des pressentiments funestes.
Ainsi, un jour, au lycée, je vis Robin dire quelques
mots à Montclar. Puis celui-ci s'approcha de Silbermann
et lui cria en ricanant :
&lt;&lt; Eh bien ! Juif, il paraît qu'on a pris ton père la
main dans le sac ? »
Silbermann blêmit et ne répondit rien.
Aussitôt, d'après cette scène, je conjecturai tout un complot ourdi par les ennemis de Silbermann, je vis un
désastre inouï fondant sur lui. ..
Hélas! cette fois-ci le pressentiment était juste. Quelques jours plus tard, Montclar, Robin et les autres élèves
de Saint-Xavier, arrivant au lycée le matin, annoncèrent,
montrant un journal, qu'une plainte était déposée contre
le père de Silbermann.

297

SILBERMANN

VI
Dès que cela me fut possible, j'allai vers Silbermann et
lui posai ùes questions. Il me répondit avec un mouvement d'insouciance mais cependant sur un ton précipité
qui trahissait son trouble :
- Il arrive à mon père ce qui arrive très fréquemment
dans son métier. Il a vendu comme authentiquement
anciens des objets qui ne le sont pas ou qui avaient été
restaurés. Il les reprendra, indemnisera l'acheteur, et
l'affaire n'aura pas de suite.
Il se trompait. Le lendemain, de nouveaux détails apprirent que la vente s'était faite à l'aide de faux papiers et
que l'acheteur lésé maintenait sa plainte. Ces explications
étaient produites par le journ?l qui avait le premier ébruité
l'affaire, La Tradition française, et qui appartenait à la
ligue des Français de France. On ajoutait que _d'autres faits
plus graves encore pourraient être reprochés à l'antiquaire
Silbermann.
·
Deux jours passèrent. L'anxiété de Silbermann grandissait visiblement. Etant avec moi, il tomba à plusieurs
reprises dans de lourds silences d'où il sortait par une
animation factice s'il se voyait observé, comme font ceux
qui veulent détourner de leur personne un soupçon.
Ce soin était nécessaire, car l'affaire Silbermann était
devenue au lycée le sujet de toutes les conve~sations. Dans
la cour, on chuchotait sur son passage, on le montrait du
doigt; et me rappelant ce qu'il m'avait confié sur sa sensibilité, sur son œil toujours en éveil, je pouvais imaginer
quelles étaient ses souffrances.
'
Un matin, La Tradition {fançaise annonça qu'une nouvelle plainte était déposée. Il s'agissait cette fois d'achat et
de recel d'objets volés. J'étais ;issez au courant des choses
juridiques pour savoir les conséquences possibles de ces

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

actes. Le soir, je m'empreGsai d'acheter un journal; je
l'ouvris fiévreusement. Je lus que le parquet avait retenu
la plainte et je vis, recevant un choc, que mon père était
le juge d'instruction désigné.
Le hasard fit que ma famille ne resta pas à la maison ce
soir-là et que je pus ainsi abriter mon trouble dans la solitude. Mais dans la solitude mon imagination grossit les
choses. Je comparai la situation où je me trouvais à l'ùn
de ces conflits, amenés par une horrible fatalité, qui forment le sujet des tragédies. Déchiré par les scènes que je
présageais, je restai éveillé toute la nuit.
Le lendemain matin, co1:nrne je partais pour le lycée, je
vis, m'attendant au coin de la rue, Silbermann.
« Eh bien ! tu sais ce qui se passe ? dit-il av,ec vivacité. Mon père est victime d'une machination abominable.
Je vais tout te raconter. Mais, d'abord, qu'est-ce que ton
père t'a dit ? »
Je répondis que nous n'avions pas parlé de l'événement.
« Ecoute-moi, reprit Silbermann . IL faut que tu saches
la vérité. Les Français de Ftm;ce, soit pour une vengeance
personnelle dont nous ignorons le môtif, soit par simp1e
antisémitisme, se sont mis en campa.gne contre mon père.
Chaque jour~ dans La Tradition française. il est insulté
copieusement et accusé de délits imaginait:es. Or, pour le
perdre, on n'a rien trouvé de mîeux que de lui tendre un piège.
Cet été, au cours de notre voyage en province~ mon père
a acheté beaucoup d'objets cl'art provenant des églises et
que les bons curés se hàtaient de soustraire aux inventaires
du gouvernement. Oui, il faut croi're que ces richesses
tutélaires ont moins de prix pour eux que les espèces sonnantes ... Le plus souvent, ces achats se faisaient indirectement. Aujourd'hui, on accuse mon père d'avoir, à plusieurs occasions, acheté des objets volés. Il ne peut s'adresser
aux vendeurs qui agissaient très probablement à l'instigation de ses enne1;nis et qui ont disparu. D'autre part, s'étant
déjà défait de quelques objeis, il e~t dans l'incapacité de

SILBERMANN

2 99

les restituer. Voilà les faits. Voilà sur quoi on ouvre une
instruction contre lui. &gt;i
Il s'était exprimé avec vigueur et -clarté. Visiblement il
se servait de tout son.art pour me persuader. Mais il en
avait à peine besoin, tant sa parole me trouvait crédule.
Puis, je me ressouven.i.is des propos tenus un jour chez.
Philippe Robin par l'oncle de celui-ci, et ils concordaient
avec les dessous que Silbermann me révélait.
Silberrnann souffla un instant ; ensuite il reprit sur un
ton plus bas, grave, pathéti.que :
« Telle est la vérité. Il importe que ton père la connaisse. Rapporte-lui tout ce que je viens de·te dire, je t'en
conjure. Fais-lui admettre ces chosês. Arrahge-toi pour
· qu'il conclue tout de suite à un non-lieu. Il ne faut pas
que mon père soit inculpé. S'il était poursuivi, songe à
mon avenir. Qu'adviendrait-il de ces beaux projets que tu
es seul à connaître, mon ambition d'écrire des livres, d'être
un grand Français ?. :. Peut-être serais-je obligé de quitter
le lycée ?... Que deviendrais-je? Sauve-moi de ce désastre ...
sauve-moi ... Une fois, tu te mppelles, tu as juré que tu
ferais pour moi tout ce qui serait en ton pouvoir ... Eh
bien ! je te le dis, mon sort dépend de toi.»
A ces paroles, je l'interrompis. L'émotion serrait ma
gorge. Mais je trouvais cette émotion si délicieuse que, de
gratitude, je pressais les mains et les bras de Silbermann.
Je lui promis de parler le soir même à mon père. Et tant
de naïveté entrait dans mes sentiments éperdus que je ne
doutais pas que mon père, entendant ce récit, ne ressentît
la même émotion que moi. Il me parut que ce serait
comme un beau présent que j'apporterais et que je partagerais avec lui.
Le soir, sans hésiter, le dbigt tremblant toutefois, je
fr_appai à la porte du cabinet de mon père. Sa voix juste
et sans nuances cria d'entrer.
Dans la pièce étroite, tendue, d'étoffe vert sombre, mon
père était au travail devant son lourd bureau de chêne

�300

LA NOUVELLE REVUE FRAN;ÇAISE

noirci. Derrière lui, dans une bibliothèque de même bois,
s'alignaient sous une monotone reliure de grosse toile,
noire également, les livres juridiques. Sur ce fond sévère
se détachait sa figure aux traits droits, privée , d'éléganc~
mais non d'un air de noblesse tant mon père y arborait
de raideur.
Je lui dis bonsoir d'une voix imperceptible, car, à peine
entré, il m'était apparu qu~ ma démarche était in~ensée: Et,
tout de suite, je lui annonçai que j'avais des renseignements
à lui donner au sujet de l'affaire Silbermann. Je me mis à débiter d'une haleine tout ce que j'avais entendu le matin, les
raisons politiques et les manœuvres suspectes de l'accusation,
l'impossibilité ou le père de mon ami était de prouver sa
bonne foi, la nécessité d'un prompt nof1-lieu afin d'arrêter les
.attaqu'es, enfin la version même dictée par Silbermann. .
Ou prenais-je l'audace et l'habileté nécessaires à ce plaidoyer, moi sî timide d'ordinaire et silencieux à l'excès? Je
l'ignore. Il rne semblait avoir devant la ~ue une _fl.an:~e
que rien de terrestre ne -pouvait obscurcir et ~m. fa1sa1t
rayonner dans mon esprit une chaleur extraordmaire. Ma
mission, répétais-je en moi-même, ma mission ! . .
Mon père m'avait écouté sans m'interrompre. Pms 11 me
fit signe d'approcher.
« As-tu vu récemment cet homme, M. Silbermann ?
Je répondis que non.
- Alors, c'est par ton camarade que tu es informé de
tout cela? ... C'est lui qui t'a sollicité d'intervenir, peut-être?
- C'est lui qui m'a rapporté la vérité, mais c'est ma
conscience, père, ma conscience qui m'a conduit vers toi.
- Tu emploies les mots sans discernement, mon enfant:
Ta conscience aurait dû au contraire t'interdire un acte qm·
risque de dévier la justice. Je n'ai pas encore pris _connaissance
&lt;les faits qui sont reprochés au père de ton ami. Je ne veu.x
rien retenir de ce que tu viens de m'en dire, et je ne saurais
préjuger la décision que je prendrai. i&gt;
• •
A ces mots, je compris que j'échouais dans ma rr11ss1on.

SILBERMANN

301

Mais comme si j'avais eu aux oreilles le « sauve-moi iJ ~e Silbermann, je voulus tenter un dernier effort. P?ur ap1t~y~r
mon père, je lui représentai la malédiction qm po~rsu~v1:t
Silbermann, son martyre secret, les transes où il v1v~1t
actuellement. Je lui avouai combien cet état me touchait;
je lui livrai, espérant l'attendrir, des preuves de ma folle
amitié et de mon tourment. C'était la première fois que
j'analysais mon cœur,. et, grisé par les paroles, je me déno~çais avec une ardeur candide. Dans mon emportement, Je
poussai ce cri ingénu :
« Ah ! je• ne savais pas qu'on pouvait éprouver un tel
sentiment pour d'autres que ses parents ! ii
Et dans un geste suprême, je tendis vers mon père des
mains suppliantes.
Mon père s'était levé. Ces mains que je tendais, il les
avait prises dans les siennes; il ne les serrait pas fortement
mais 1es retenait aux poignets avec la fausse douceur d'un
médecin. J'avais levé le visage vers lui. Son regard plongeait dans mes yeux.
cc Ce sentiment n'est pas normal envers un camarade.
D'où provient cet attachement entre vous? i&gt;
II avait dit ces mots avec une force qui trahissait une
arrière-pensée. Je ne pouvais répondre clairement à sa question. Il m'aurait fallu bien connaître les régions les plus
délicates et les plus mystiques de mon âme. J'esquissai un
geste d'embarras... Et tout d'un coup, dans ses yeux
sombres qui étaieut restés .fixés sur moi, j'entrevis, comme
une salissante ténèbre m'enveloppant, la basse conjecture
où il s'égarait.
Le soulèvement de mon être fut tel que, après avoir laissé
échapper un cri de révolte, je ne songeai pas à me disculper mais à fuir. Honteux de mon père, je détournai le visage
et tentai de défaire son étreinte.- Mais, maintenant, mon
père serrait les doigts.
cc Avoue ... avoue, proférait-il. &gt;J
-Je relevai la tête. Ce n'était plus mon père. Sa figure,

�302

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

constamment- rigide et rarement émue, était devenue
méconnaissable tant le soupçon et l'inquisition y imprimaient d'excitation et de vie. Elle s'était rapprochée de la
mienne, et, les prunelles brillantes, le souffie pressant, elle
m'interrogeait dans un langage muet, adroit et presque
complice, que je comprenais aussi mal qu'un innocent
l'argot des criminels.
Puis, cette expression disparut. Mon père réfléchit un
moment. Enfin il me libéra lentement, et, levant l'index
vers le ciel, il prononça ces mots : et Je me garderai de te condamner sans preuves. Mais
écoute-moi bien, mon enfant. Une amitié excessive telle que
celle qui te lie à ce garçon, est toujours à éviter. Dans ce
cas particulier, vu la situation présente de son père et la
mienne, elle ne saurait subsister. Je te prie donc de ne
plus le considérer comme un de tes camarades.»
Il avait repris sa pbysionomie habituelle. Et tandis que
je me retirais à reculons de son cabinet, ayant devant les
yeux son front empreint de justice et d'austérité, je m'avisai
avec stupeur combien ces vertus irréprochables favorisaient
les décisions inhumaines et les pensées indignes.
Le lendemain matin, je trouvai de nouveau Silbermann
posté au coin de la rue. H me demanda anxieusement le
résultat de ma démarche. Je ne lui racontai pas la scèn~ qui
avait eu lieu. Je lui dis seulement que mon père ignorait
encore l'affaire et qu'il ne m'avait rien promis.
cc Mais qui pourrait agir sur lui ? dit Silbermann avec
impatience ... Uo de ses collègues ? Une personnalité politique? ... Mon père en connaît plusieurs. »
Je hamsai les épaules et le détrompai. Etait-il raisonnable
de croire que celui qui avait accueilli si rudement la prière
de son fils pùt se laisser fléchir par un étranger ?
Silbermann reprit d'un ton accablé :
« Ce matin encore, il y a dans La Tradition Française un
.article terrible contre mon père. Maintenant que son cas

SlLBERMANN

est soumis à la justice, est-te .que ses ennemis ne devraient
pas l'épargner? i&gt;
Nous fùmes dépassés à ce moment par un groupe d'élèves
de St-Xavier qui se rendaient au lycée et qui, à la vue de
Silbermann, se retournèrent à plusieurs reprises, en ricanant
et en sifflant. Aussitôt Silbermann se redressa et prit mon
bras avec une feinte désinvolture, tout en me disant sour-&lt;lement ,
c&lt; Hein ! Regarde-les... Quelle cruauté !... Ah l je la
sens bien, la. charité chtétienne ! &gt;J
Puis il continua avec une figure farouche:
« Mais ils ne triompheront pas de moi. Ils veulent me
chasser d'ici. Je résisterai. Je leur prouverai que moi, je les
ai, les qualités que l'on prête à ma race. Après tout, je ne
suis pas le premier Juif que l'on persécute. - »
Et je sentis ses doigts qui s'agrippaient profondément .à
mon bras.
Mais s!il n'était pas le premier, on eût dit que sa chétive
personne fîlt chargée de la réprobation universelle et
légendaire j~tée sur Israël. Car, au lycée, depuis que Silberma.nn p~ssa1t pourle fils d'un voleur, ceux qui le taquinaient
p~r si~:ple !eu et non parce qu'il était Juif, changeaient de
dispos1t10n a son égard. Il semblait que cette disgrâce eô.t
o~v~rt leurs. yeux; ils découvraient maintenant le type
sem1te de Silbermann, de même que l'on remarque le
pouce monstrueux et les oreilles décoilées de l'homme
pl~cé entre deq~ gend~rmes. Mêlés aux autres, ils accept:u~nt de le flétnr par l mYective commode de cc sale juif i&gt;.
Et a présent, chacun, sans exception, accablait Silbermann
sous l'opprobre de sa race. De même chacun sans distinct_ion d'opi~ion, lisait le journal royaliste où to~s les jours
l~, p~re de Silb~rmann était traité de voleur, de pilleur
d eghses, et déptmt sous des traits comiques et odieux. Silbermann en trouvait des exemplaires partout, jetés à sa
place en classe ou glissés dans sa serviette.
Les attaques avaient repris et devenaient chaque iour

,.

�304

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus violentes. On guettait l'arrivée de Silbermann dans la
cour, et dès qu'il était aperçu, les huées s'élevaient. Alors
je volais vers lui et lui frayais son chemin. Nous ~va~cions
ensemble au milieu de la poussée générale. Les ra11lenes et
les injures s'entrecroisaient sur notre passage.
« Voleur ... En prison ... ,, lui criait-on.
Craignant par-dessus tout, ainsi qu'il m'en avait fait part,
que le retentissement donné à l'aventure de son père ne
l'obligeât à quitter le lycée, Silbermann s'efforçait de ne pas
grossir ces scènes et ne ripostait pl_us comme nag~ère.
Endurant les insultes et les coups, baissant le front, 11 se
dirigeait vers la classe avec une adroite ténacité, comme si
atteindre son banc eût été la seule pensée dans sa tête.
Et moi, tandis que j'allais ainsi côte à côte avec lui et
confondu dans la même ignominie, je savourais un sentiment délicieux. « Je lui offre tout, disais-je intérieurement, l'affection de mes amis, la volonté de mes parents
et mon honneur même. » Et en me représentant ces
sacrifices, un grand souffie gonflait ma poitrine, tel que si
j'avais été transporté sur une cime. . .
.
, .
Nos professeurs eux-mêmes ne d1ss1mula1ent pas a Sîlbermann leur improbation. L'un l'avait relégué au fond de
la classe, comme s'il l'eût jugé indigne d'y prendre place,
et ne l'interrogeait que du bout des lèvres. L'autre tolérait
sur Je tableau noir les inscriptions insultant Silbermann
qu'on y traçait fréquemment, et même se plaisait à les lire
du coin de l'œil. Ces procédés n'échappaient pas à Silbermann, mais il ne le montrait point. Là encore, pour les
mêmes raisons prudentes, il maîtrisait sa fierté et son
caractère prompt. Je reconnaissais à peine sa figure; sauf
une grimace amère de la bouche, comme s'il eût vrairn~nt
bu l'affront, elle prenait à ces moments une expression
humble et insensible. On eût dit que maintenant, pour
arriver à ses fins , il déguisât sa jeune et superbe nature
sous un vieil habillement légué par ses pères, habillement
servile et honteux mais d'une trame à toute épreuve .

SILBERMANN

Le tapage autour de Silbermann grandit au point que le
proviseur fut obligé de prendre certaines mesures. On
redoubla de surveillance dans notre cour. Un répétiteur fut
chargé de se tenir à la porte du lycée et de l'escorter jusqu'à
sa classe. Alors on n'entendit plus cette rumeur qui annonçait sa venue, mais tous les élèves, formant la haie en
silence, allaient le voir passer. Silbermann avançait. Son
visage était affreusement pâle. J'apercevais entre ses paupières, fixement abaissées, un regard• court et aigu tel une
dague perçant sa gaîne. Il se glissait le long du préau, suivi
d'un homme en noir à la physionomie sévère et ennuyée.
Et cette sorte de cérémonie donnait à ses malheurs comme
une confirmation officielle qui les aggravait.
Mais si douloureuse que fût sa situation, il l'acceptait.
&lt;&lt; Tout m'est indifférent, me disait-il, pourvu que Je
reste au lycée. »
Hélas ! Il ne se doutait pas que ce serait à cause de
celui-là même auquel il se confiait qu'il n'y resterait
pas.
Un jour, comme nous venions de sortir du lycée où il
avait dû subir quelque pénible avanie - et c'était peutêtre aussi un jour que son père était interrogé - il se laissa
aller au découragement.
« Je suis à bout, soupira+il. Toute cette haine autour
de moi!. . . Ce que j'ai rêvé ne se réalisera jamais, je le vois
bien ... A quoi bien persister ?... Je devrais partir. &gt;)
Je voulus le réconforter et, pour qu'il sentît mon affection, je lui dis :
c, Et moi ? Que deviendrais-je si tu me quittais ?
- Toi? répondit-il avec une certaine rudesse, tu ne
tarderais pas à m'oublier, tu irais retrouver Robin .
Je protestai, indigné :
- Jamais. ,&gt;
Je saisis sa main et la gardai dans la mienne. Mais il continua à se lamenter ; et son accent était si désespéré, si fatal,
20

�306

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

annoncait avec tant de force le dénouement inévitable que,
machi~alement, comme cédant à l'injonction du destin, je
lâchai r,a main. Et à cet instant précis, je vis, à quelques
pas, sort-ant de l'ombre où sans dout~ elle guettait mon
passage, ma mère. Elle avança vers-m01.
.
_ C'est ainsi que tu obéis à ton pè-re, me dit-elle d'une
voix haute et sévère.
•
Silbermann, ayant ôté son chapeau, s'était approché d'elle,
la main tendue.
Se tournant à peine vers lui, elle· lui jeta sans pitié :
- Vous devriez comprendre, Monsieur, que les circonstances ont rendu impossibles toutes relations entre
vous et mon fils. »
Cet affront amena instantanément sur te visage de Silbermann une expression de haine qui, se mélangeant à
l'intention courtoise, lui composa un masque bizarre et
équivoque. Arrêté net dans son sal~t mais encore co~~bé,
son corps parut prêt à bondir. Sa mam, revenue en arnere,
se dissimula par un geste contourné. Et je se~tais au de.dan~
de cet être, longtemps opprimé, un bomllonnement s1
violent que, sa face un peu asiatique et son attitude double
se rapprochant dans ma mémoire de je nê s-:.ïs quelle image
romanesque, j'eus la pensée que fallais voir reparaîrre cette
main, brandissant féroce1nent sur ma mère une lôngne
lame courbe.
Il resta hésitant un moment, grimaça vers moi un sourire qui découvrit des mâchoires serrées, et nous t0urna le
dos.
Mais déj à ma mère m'entraînait à grands pas.
Son air n'eût pas été plus grave si elle m'eût surpris
en train d'incendier n:otre maison.
« Malheureux r tu ne songes sans doute pas aux conséquences de tes actes, dit-elle . d'une voix _frémissante.
Ne comprends-tu pas que tu nsques de ;mner la c~rrière de ton père ?... Il suffirait que quelqu un de rnalmtentionné ébruitât tes relations avec ce garçon pour que

SILBERMANN

ton père fût blâmé, changé de poste, destitué peut-être !...
Et comment ne vois~tu pas qu'en même temps c'est ton
propre avenir que tu es en train de compromettre ? Ce
Silbermann, ce Juif beau parleur, qui te mène co.mme il
veut et que tu soutiens contre tous, que te donne+il en
échange?... Il te fait perdre tous tes amis; il t'éloigne
des milieux qui pourraient t'être utiles pius tard. Bientôt,
il te faudra choisir une carrière, prendre ta course ... qui
te mettra le pied à l'étrier ? Un marchand d'antiquités
plus ou moins véreux.? ... Bonne recommandation ! Vois
comme elle agit aujourd'hui : son fils et toi vo'l!ls êtes
dans la cour du lycée ainsi que deux parias.,. oui, je s:l!.is
cela. Je sais aussi que tu passes des journées entières dans
la maison de ce garçon ... Mon enfant,. comment as-tu pu
en arriver là ?... Toi si délicat, si sensible à la tradition de
notre famille ... toi qui naguère n'admirais rien qui s'éloignât de notre foyer. .. qui répétais, quand tu étais petit,
en te redressant : « Je veux ressembler à père et à grandpère »... comment te plais-tù à présent a-vec ces ge.ns qui
n'ont ni feu ni lieu.? »
En ra:ppelant à ma conscience ces engagements puérils,
ma mère espérait me regagner. Mais elle ne réussissait
pas. Au contraire : frappé déjà par la manière brutale dont
elle ~vair attaqué Silbermann, j'éprouvais à mesure qu'elle
~arl~1t un~ surprise qui m'éloignait d'elle. Cette voix que
lavais touiours entendue vanter le bien et la bo!llté trouvait
des accents plus forts pour exalter l'intérêt et me pousser
aux ac:es calculés. Etait-ce possible? Je n'en revenais pas.
Lo~s~u elle m~ demanda quels avantages je retirais de mon
am~tié avec S1lberrnann, je crus_ une seconde, dans l'obsc~nté tombée, qu'une autre femme, une inconnue, avait
pns sa p~ace ~t me questionnait. Je la regardai, étonné.
Elle portait ce Jour-là une :rmp,le mante de couleur sombre
gu~elle revêtait lorsque l'œuvre de bienfaisance dont ell;
était la secrétaire la chargeait de quelque enquête dans une
famille· d'.m d.igents. A'ms1· enveloppée, ses mouvements

�SILBERMANN
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

restaient cachés. Et je me demandais si les pensées véritables de ma mère ne s'étaient pas toujours dissimulées de
la sorte sous des plis austères.
Son agitation ne s'apaisait pas. Elle attendait de moi
une parole de soumission, une promesse. Mais je m'obstinai dans le silence. Nous arrivâmes à la maison. En me
laissant, elle me dit :
- Puisque tu ne veux pas entendre raison, je saurai
bien te soustraire à cette influence.. &gt;&gt;
Le lendemain, qui était jour· de congé, je ne vis pas
Silbermann. Le jour suivant, il ne parut point à la classe
du matin. Et bientôt on apprit que le proviseur avait
envoyé une lettre à ses parents, leur donnant le çonseil,
vu le désordre dont il était la cause, de retirer leur fils du
lycée.

VII
Comme je veux, aujourd'hui, retracer mes sentiments
lorsque j'appris cette nouvelle, il me semble que mes
souvenirs sont les lambeaux d'un rêve, et d'un rêve
affreux. Je me retrouve au lycée ayant presque perdu
la notion de ce qui m'entoure, remarquant à peine les
figures railleuses de mes compagnons et restant indifférent
à leurs sarcasmes. Dans ma tête, des questions s'élancent
avec un bourdonnement infini : &lt;&lt; Est-ce ma mère qui l'a
fait renvoyer ?... Que devient-il ?... Où le voir ?... Comment le sauver? &gt;&gt;
Je lui écris successivement deux lettres ; elles restent
sans réponse. Et comme je n'ose me présenter chez lui
où je sais que maintenant mon nom est haï, je vais rôder
autour de son habitation dans l'espoir de le rencontrer.
· Une fois, je m'enhardis à interroger quelqu'un de sa maison et, sur l'information vague qu'il est sorti, je décide
d'attendre son retour. Il y a devant sa demeure un jardin
dont la grille est entrebâillée. Je me glisse là et, posté dans

l'obscurité, je surveille les allées et venues · dans la rue.
Tenant des mains les barreaux de fer dont le froid me
glace, je jure de ne desserrer les doigts que quand Silbermann apparaîtra et pour me précipiter vers lui. Chaque
ombre, chaque voiture qui passe, me font tressaillir. Les
heures_ s'écoulent .. La nu~t est tout à fait tombée. Enfin,
les rnams engourdies, épuisé de fatigue, je rentre chez moi,
me reprochant rudement ce manque de fermeté. Mes
parents, après ~•avoir attendu longtemps, se sont mis à
tabl: et achèvent de dîner. Est-ce réellement moi pour qui
la regle du ~oyer fut toujours un évangile, qui rentre de
la sorte,
. . le .visage hagard et sans un mot d'e x cuse ;i. Est-ce
m01,
.
· · dsi épns
1 des ,traits. , sereins de ma mère , qu1· les 1aisse
amsi éso és par 1anxieté et la peine ;i· Est- ce m01,. s1. respectueux envers mon père et si soumis, qui repousse sa
d~mande d'explications avec un tel accent que mon père,
decontenancé, bat en retraite ?
Oui, ces scènes
furent réelles ,. mai·s elle s avaient
.
.
co~1me 1,a tei~te . du rêve ou plutôt il me semblait
quelles
·s encharnaient
. , hors de ma volonté • Et tout se
Pré sentait,
ce soir~la, sous une apparence si nébuleuse
que,
regardant
droit devant un miro;,.
•
r
.u et apercevant un
visage rarouche et des yeux enfiévrés 1· e c
dans ma chambre d'A.
'
rus. me trouver
1~u~sbelles, en face du portrait de
m
,
r o~lloncle, 1 étrange m1ss10nnaire en révolte contre sa
rami e.
•
Dix jours passèrent pendant lesquels 1·e n'
nouvelle de Silb
,
eus aucune
sur l' rr .
d ermann . J avais peu de renseignements
arraire e son père '. 1e
. savais
. . seulement par les
.
J~urnaux~ que l'instruction se poursufrait et 'ue mon
pere avait convoqué plusieurs témoins E fi q
b
de ce t
·
· n n, au out
emps, Je reçus une lettre de lui Il m'o· ff .
rendez
fi •
·
rait un
-vous, me xa1t la date et il aJ·outait . J
l
lendemain. »
'
· « e pars e
Le lieu qu'il m'ava1't 1D
· d'iqué était près de sa maison.

�310

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je m'y trouvai avant Jui. Je le vis venir de loin ; et,
œmme je l'aperçus, je me ressouvins de notre première
rencontre. 11 avançait avec Ja même dé:marche, tout
agité, Je front inquiet ; mais, cette fois-ci, -ce n'était
point une apparence qui le faisait imaginer entouré d'ennemis.
Je courus vers lui. L'émotion, la gêne, me firent balbutier
je ne sais quoi. Il m'interrompit :
« Je n'ai pas répondu à tes lettres, ne voulant pas être
cause d'un désagrément entre tes parents et toi.
Son ton était trèscalme,mais je sentais qu'il se contenait.
Il reprit:
- Tu sais que ce sont !!Ux qui ont demandé mon renvoi du lycée ?
Je fis un geste navré.
- Oh ! Cela vaut peut-être mieux. Ma situation était
devenue .impossible ... Alors - continua-t-il d'une voix
moins assurée - ie pars ... je pars demain. .. pour l'Amérique.
- Tu vas en Amérique? m'écriai-je. Mais pour combien
de temps? Quand reviendras-tu ?
- Jamais, répondit-'il d'un ton résolu. Je m'établis chez
un de mes oncles.
]'.étais consterné.
- Pourquoi prendre une telle décision ? murmurai-je
faiblement en saisissant ses mains.
- Pourquoi? ... Parce que l'on m'a chassé de ce pays,
déclara-t-il en se dégageant par une saccade.
Un passant remarqua ce geste et se mit à nous observer.
- Prends garde~ dit ironiqu1ement Silbermann. Ne restons pas ici. 11 ne :faut pas que tu sois "VU en aussi indigne
compagnie. »
Il m'entraînt vers le Bois .de Boulogne. Nous prîmes
un petit chemin qui serpentait sur les fortifications et où
personne ne se montrait. Je marchais silendensement à _son

SILBERMANN

311

côté. Mes bras, écartés par lui, étaient retombés et me semblaient tirés par des poids.
« Oui dit-il, étouffant avec peine sa colère - je
pars, j'abandonne mes études, je renonce à tous mes projets.
Le frère de mon père, mon oncle Joshua, qui est courtier de pierres précieuses à New-York, me prend dans ses
affaires.
Ils triomphent, les Français de France / Songe donc :
un Juif de moins auprès d'eux !... On va se ·réjouir à
Saint-Xavier lorsqu'on apprendra cette nouvelle !. .. Ah !
les imbéciles ! Croient-ils, parce qu'ils ne me verront plus
ici, qu'ils auront un ennemi de moins ? Ne savent-ils pas
que c'est pour avoir été rejetée toujours et par tous que
notre race s'est fortifiée au cours des siècles ? )&gt;
Sa voix sifilait. Les muscles de son cou, raides et
gonflés, faisaient penser à une nichée de serpents redressés.
Puis, éclatant tout à coup et lançant les mots avec feu
comme s'ils jaillissaient d'un brasier secret:
« Pourquoi cette explosion d'antisémitisme en France?
Pourquoi l'organisation de cette guerre contre nous ? Estce un mouvement religieu:1{ ? Est-ce le vieux désir de vengeance qui se ranime ?. . . Allons donc ! Votre foi n'est
plus ~.i vive ! Non, ce n'est pas si haut qu'il faut chercher
les _raisons de
attaques. Je vais te dire quels sont les
vémables mobiles qui vous font agir : c'est un bas égoïsme
'
l' . 1
,
c est envie a plus vile. Depuis quelques années, il est
venu dans votre pays des gens plus subtils, plus hardis,
plus tenaces, qui réussissent mieux dans toutes leurs entreprises; et au lieu de rivaliser avec eux pour le meilleur
résultat commun, vous vous liguez contre eux et cherchez
à :ous en débarras_ser. Votre haine, c'est le sentiment qui
fa1t q~e quelquef~1s dans une équipe d'ouvriers, celui qni
travaille plus habilement ou plus vite reçoit des autres un
coup de couteau. Cela es_t si vrai que la classe la plus
acharnée contre nous est la bourgeoisie, la haute bour-

:os

�312

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

geoisie, parce qu'elle voit apparaître des concurrents dans
des carrières qui jusqu'ici étaient son apanage. Regarde la
fureur avec laquelle ton ami Robin, dont la nature est
pourtant bien innocente, défend la charge de son père, le
notaire, celle de son oncle, l'agent de change. C'est autour
de lui, bien plus que dans l'aristocratie, laquelle en raison
de son oisiveté a besoin de notre richesse, bien plus que
dans le peuple, qui ignore tout de cette prétendue guerre
traditionnelle, que l'on crie le plus fort&lt;&lt; Mort aux Juifs ».
Il y a, il est vrai, le cas d'un Montclar, mais de tels
cas sont l'exception. Ils se produisent lorsque l'hérédité
d'un lointain ancêtre noble - chef de bandes qui vivait
d'aventures - se réveille tout à coup et veut s'exercer dans
un temps qui n'est plus celui des croisades et des grandes
rapines. Nés violents et durs, méprisant la pensée, répugnant à tout métier, ceux-là se jettent dans toutes les querelles, si déloyales, si funestes qu'elles soient, et finalement,
désœuvrés dans notre civilisation, ils vont se faire tuer en
Afrique.
Comment justifiez-vous votre aversion pour le Juif?
Par les traits affreux que la légende lui attribue ?... Ils
sont tous absurdes. Sa ladrerie, par exemple ?... Tiens,
regarde plutôt par ici, considère ces maisons.. . &gt;J
Il me désignait le riche quartier nouvellement fondé à
la Muette, en bor&lt;lure du Bois. Toutes les habitations,
par leur architecture, éveillaient l'idée de luxe et de prodigalité.
&lt;&lt; Là est l'hôtel que Henri de Rothsdorf fait construire
pour ses collections. Derrière, se trouve celui de Raphaël
Léon, qui a fait copier un pavillon Louis XVI. Ce toit
élevé, c'est la maison qui appartient à Gustave Nathan, le
plus bel immeuble de Paris, dit-on. A côté est celle où
j'habite, ainsi que les Sacher et les Blumenfeld. Et ainsi
de suite ... Je pourrais te citer toutes les constructions
voisines. C'est une vraie juiverie que ce quartier. Mais
elle n'est pas mal, hein? Nous faisons bien les choses !. ..

SILBERMANN

Quoi donc encore ? Les Juifs sont sales? ... Vraiment?
Où crois-tu que l'on trouve plus de salles de bains dans.
'
ces maisons-là ou dans les hôtels du Faubourg ?... Ils
sont rapaces aussi ?... Est-ce que tout homme qui travaille ne cherche pas à gagner de l'argent ?..• Ils sont
voleurs ?.. . Ah ! mon ami, si tu connaissais les louches
brocantages que les plus beaux noms de France viennent
proposer à mon père, tu conviendrais que noti:e façon de
nous enrichir dans les affaires est bien honnête ? Si tu
avais entendu, comme moi, Ja scène qui a eu lieu un
jour, ~hez nous, entre le duc de Norrois et mon père,
tu serais éclairé. Norrois, dans je ne sais quel marché avait
volé mon père, mais là, volé, ce qui s'appelle voler. Mon
pè~e 1:a~ait découvert. De la pièce voisine je l'entendais
qm cna1t: « Comment! Vous avez fait cela? &gt;J Ah! il ne
lui d~nnait plus du Monsieur le duc !. .. Et l'autre, la voix
~uppliante : « Du calme, mon bon Silbermann, du calme ...
Je réparerai tout ... vous serez indemnisé ... je vous en
donne ma parole. &gt;J Le lendemain, la duchesse de Norrois
envoyait des fleurs à ma mère. Mon père n'a jamais été
ren:iboursé de ce qu'il avait perdu. Il n'a jamais porté
plamte.
« Je sais, je sais ... vous n'alléguez pas seulement contre
nous les tares individuelles. Vous soulevez des questions
plus graves. Il y a, paraît-il, l'inconvénient social : nous
form~~s un état dans l'état; notre race ne s'assimile pas
au milieu ; elle ne se fond jamais dans le caractère d'un
pays .. . Comment en jugez-vous ? Est-ce possible autrement ? Durant des siècles nous avons vécu parqués
comme des troupeaux, sans alliances concevables avec le
dehors. Il n'y a pas cent ans que, en certains pays nous
avons cessé de voir des chaînes autour de notre résidence.
Veut-on que nos .liens héréditaires se dénouent du jour
a_u_ lende~ain ? Et ne comprenez-vous pas que vos dispos1t1ons hameuses ne font que les resserrer ? Et puis, est-ce
que chacun, dans une même nation et malgré un sang

�LA NOUVELLE REVUE FllANÇAlSB

collectif, n est pas soumis aux courants variés de son hérédité, hérédité de classe, hérédité de religion ? Si, moi, je
suis Juif, es-tu assez protestant, toi, avec ta conscience
scrupuleuse, tes pactes solennels, ton prosélytisme sournois, ta sentimentalité retenue sous un air austère ? Ab !
tu es resté bien fidèle à tes ancêtres calvinistes. Et entre
un Montclar, issu d'une caste de chefs, rebelles même à
leur prince ; un La Béchellière, fils de médiocres hobereaux qui n'ont jamais vu plus loin que l'étendue de leurs
terres ; un Robin dont la famille n'a pris rang que depuis .
la Révolution ; et toi, d'une humble lignée huguenote .. .
il y a autant de différence qu'entre des types de race
distincte; il y a chez vous autant d'éléments prêts à se
corn battre.
cc Mais ce n'est pas tout. Votre grand grief, c'est l'esprit juif, le fameux esprit juif, ce dangereux instinct de
jouissance immédiate qui corrompt tout génie, empêche
d·e rien créer qui soit éternel, avilit la pensée 1... Or, ne
crois-tu pas qu'un peu de cette semence pratique ferait du
bien à votre sol ? Si dans ce pays partagé entre les visionnaires du passé et ceux de l'avenir, quelques hommes
venaient qui vous enseignaient à tirer plus de profit du
temps que vous passez sur terre, n'apporteraient-ils pas
précisément ce dont vous avez besoin ? Et si, une fois
mêlées au vôtre, quelques gouttes de ce sang nouveau,
riche en sensualité, redoublaient chez vous la faculté de
sentir, vous ne seriez pas transformés, comme certains
le craignent, en bêtes flairant. les choses. L'intelligence
d'Israël a assez brillé à travers les âges pour que vous
soyez rassurés.
« Etre Juif et Français, que cette alliance pourrait être
féconde! Quel espoir j'en tirais! Je ne voulais rien ignorer
de ce que vous avez pensé et écrit. Quelle n'était pas mou
émotion lorsque je prenais connaissance d'une belle œuvre
née de votre génie ! Tu le sais, toi, tu m'as vu à ces
moments. Il m'arrivait ·alors de rester silencieux ; tu me
1

SILBERMANN

questionnais en vain... C'est que j'écoutais cette beauté
s'unir sourdement à mon esprit, oui, à mon vil esprit
juif!
« Je me souviens du jour où j'ai ouvert pour la première
fois les Mérrwires d'Outre-tombe. Je ne connaissais que le
Génie du Christianisme ; je jugeais mal Chateaubriand; je
n'aimais pas ces tableaux pompeux et froids. Et tout à
coup, je contemple Combourg; ie découvre le .passage sur
l'Amérique, sur l'émigration; je suis entraîné dans le
tumulte prodigieux de ce cerveau.. . Quelle fièvre m'a
saisi ! En moins d'une semaine, j'ai achevé les huit
volumes. Je lisais une partie de la nuit et, lorsque j'avais
éteint la lumière et fermé les yeux, certaines phrases restaient dans ma tête comme des feux éblouissants qui me
tenaient é•eillé.
« Je me sou viens aussi des heures passées à former et
reformer mes projets d'avenir : d'abord le plan de mes
études au sortir du lycée, puis le sujet de mès premiers
essais. Je n'avais point d'impatience, car je ne voulais pas
être marqué de la bâte et de l'avidité que l'on reproche à
ceux de ma race. Pourtant, je rêvais du jour oû je lirais
mon nom imprimé.,. Eh! bien ce souhait a été réalisé.
Une fois mon nom a été imprimé ; et il était même suivi
d:une description. C'était dans La Tradition Française:
Silbermann fils, un hideux avorton juif... Ainsi vous
m'a~•ez accablé de coups, moi qui ne songeais qu'à vous
servir. »

Sa voix était étranglée. Il s'arrêta et baissa la tête. Des
larmes coulèrent sur ses joues.
Ce discours singulier., ce mélange de plaintes et de malédictions, avait provoqué en moi autant de compassion que
d'embarras. Je voulus placer un mot.

- Mais je n'ai pas agi ainsi, prot'estai-je. Je t'ai tout
donné. Je t'aurais sacrifié tout. Maintes fois je te l'ai
prouvé.
Alors, relevant 1a tête et redressant brusquement le ton. :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Crois-tu donc que je ne le méritais pas ? N'en
déplaise à ta mère, cette bonne protestante qui a si b~e.n
pratiqué à mon égard la charité évangélique,_ mon amitié
valaic mieux pour toi qu'aucuµe autre, s01s-e? :s:ur~.
Rappelle-toi nos entretiens, songe à tout ce que Je t a1 fait
connaître et comprendre. Trouvais-tu un profit analogue
auprès de tes camarades ordinaires et même au?r~s ~e:
gens de ton entourage ?.. . Allons, ré~onds !: ·. ~1a15, J~ n :~
qu'à revoir ta figure lorsque tu m écoutais, Je n a1 qua
répéter tes propres paroles .. Une foi~ t~- m'as d~t que dans
une conversation avec moi tu avais 11mpress1on que les
idées te venaient plus vites, plus nombreuses, et que tu
pouvais les développer plus intelligemment... E~ ! c'est
un mérite estimable que d'exercer une telle action sur
l'esprit de quelqu'un. Cette capacit1 d'a?ime_r un cervea~
n'est pas départie, que je sache, aux etres mféne~rs ... Ou'., ,
voilà le fait qui domine tout : nous sommes mieux doues
que les autres, uous vous sommes supérieurs. Si tu n'en
es pas convaincu, compte-nous à trav~rs le m~nde =. sept
millions ... en France quatre-vingt mille... pms vois les
places que nous occupons. Ecoute bien çe q~e je _vais te
dire : le peuple d'élection, ce n'est pas ~ne ~1vagauon ~e
prophète mais une donnée ethnologtque a laquelle Je
crois de toutes mes forces. &gt;&gt;
Il s'interrompit et humecta ses lèvres comme ~ltéré~s
par cette ·proclamation ardente. Tout en_ parlant, il ét~1t
allé se placer à quelques pas deva~t ~01 sur_ u~e, peute
élévation que formait le terrain et ~ où il domma1t 1 espace
environnant. A travers les larmes une expression superbe
avait paru sur sa face ; ses lèvres,. devenues ver~eilles,
étaient épanouies. C'était Sion renaissant de ses_ ruines ..
Le ciel, ce jour-là, présentait un aspect qm frappait.
D'un côté, le disque orange du soleil, se rappro_c~ant de
l'horizon, faisait imaginer de chaudes terres ménd10nale~.
Et à l'opposé, plus haut, frileusement cachée ~n parti_e
dans un azur neigeux, une lune pâle transportait 1espnt

SILBERMANN

31 7

sous un climat boréal. Sur ce fond qui contenait l'univers, la silhouette de Silbermann se dressait telle une
vision allégorique. L'air tremblait sous ses paroles, était
fouetté par ses bras. Il semblait le maître du monde.
- Comprends-tu à présent combien j'ai été outragé ?
reprit-il. Et me demandes-tu encore pourquoi je quitte
la France sans intention de retour ?... Oh ! je sais, j'aurais
pu supporter ces débuts difficiles, m'habituer ou patienter,
comme bien d'autres de ma race. Non, ceux-là je vous les
laisse. Vois-tu, chaque pays a les Juifs qu'il mérite ... ce
n'est pas de moi, c'est de Metternich.
« Maintenant, je suis sorti de mes rêves. En Amérique,
je vais Jaire de l'argent. Avec le nom que je porte, j'y étais
prédestiné, hein !. . . David Silbermann, cela fair mieux
sur la plaque d'un marchand de diamants que sur la couverture d'un livre! Je ne me suis guère préparé jusqu'ici à
cette profession, mais mon avenir ne m'inquiète pas; je
saurai me débrouiller. Là-bas je me marierai suivant la
pure tradition de mes pères. De quelle nationalité seront
mes enfants? Je n'en sais rien et ne ·m'en soucie pas.
Pour nous, ces patries-là ne comptent guère. Où que nous
soyons fixés à travers le monde, n'est-ce pas toujours en
terre étrangère ? Mais ce dont je suis sûr, c'est qu'ils seront
Juifs; et même j'en ferai de bons Juifs, à qui j'enseignerai
la grandeur d-e notre race et le respect de nos croyances.
Alors, s'ils sont hideux coml)'le moi, s'ils ont une âme
aussi tourmentée que la mienne, s'ils souffrent autant que
j'ai souffert, n'importe! ils sauront se défendre, ils sauront
surmonter leurs épreuves. Ils seront soutenus par ces secrets
invincibles que nous nous transmettons de génération
en génération, par cette espérance tenace qui nous fait répéter
solennellement depuis des siècles : cc L'an prochain à Jérusalem. » Non, je ne suis pas en peine de ce qu'ils deviendront. Si c'est la puissance de l'argent qui prime toutes les
autres, ils suivront la même voie que leurs pères. Si cette
souveraineté est ébranlée, si un principe nouveau vient

�318

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bouleverser l'ancit.!n ordre, alors ils changeront de profes_
sion, de nom, et ils exploiteront les idées régnantes,
tandis que vous autres, pauvres niais, vous vous y o pposerez ou vous les subirez, mais vous ne les utiliserez pas.
« Voilà. J'ai fini. Je désirais faire entendre toutes ces
choses à quelqu'un. Maintenant nous n'avons plus rien à
nous dire. Adieu. »
Il toucha mon épaule d'un geste définitif, descendit du
glacis en trois bonds et en un moment il disparut, com11:1e
un propliète cesse d'être visible aux yeux des humains
qu'il est venu avertir.
Je le laissai aller sans un mot, sans un geste. J'étais
comme stupéfait. Après quelques instants, tandis que les
paroles que je- venais d'entendre retentissaient encore en
mo~ je regardai alentour. Les fortifications m'offraient
une perspective désertée. Assez loin, au pied d'un bastion,
un groupe de soldats s'exerçaient au clairon. Ils m'apparurent minuscules et pareils à des jouets.

VIII
Ce fut ma dernière entrevue avec Silbermann. Notre
séparation me fut moins douloureuse à la suite de ces
étranges adieux. Toutefois lorsqu'il eut cessé définiùvement
d'être mêlé à ma vie, je tombai dans une profonde désolation. Sa personne même ni la fin de notre amitié n'en
étaient cause. Je souffrais de ne plus recevoir, chaque
matin, à mon réveil, en même temps que la première
flèche du jour, l'inspiration de cette tâche glorieuse. Habitué
aux rudes efforts et aux sacrifices qu'elle m'imposait, je
me résionais mal à des acteS indifférents et sans nobles
visées. L'existence avait perdu tout prix et m'apparaissait
aflreusement morne.
Cette impression provenait aussi de ce que Silbermann,
en m'apportant une multitude de notions nouvelles, avait

SILBERMANN

319

détruit la plupart de celles que je possédais. Et maintenant
que 50n esprit mobile n'était plus là pour entraîner Te
mien, je m'apercevais de ces ruines.
Elles se trouvaient partout.
Enclin à contredire, prompt à exercer son sens critique
Silbermann m'avait rendu habile à discerner le défaut d~
c~oses. Ainsi, en matière de littérature, il avait l'habitude
d appuyer toute admiration par quelque dénigrement · et
~omme son g~ût changeait sou,ent, il était fréquent' de
l entendre dépnser par un raisonnement subtil une œuvre
que peu auparavant il avait placée au-dessus de toute autre
Je _l'avais t~op écouté. Par ces rabaissements successifs iÎ
avait .,abo~tl à me _démontrer l'imperfection de tout ce
que J_ avais Ju. Mamtenant, quand je relisais uu lfrre
que _J'avais a_iml: naguère, je ne retrouvais plus jamais
le m_eme sentLID~nt absol~. La notion obscure que toute
qualité _est relative empo1Sonnait les jouissances que me
procur~1t la. lecture et arrêtait mes curiosités nouvelles.
~nfin, mst~1.11t par Silbermann avec légèreté et confusion,
Je ~e voya~s plus, dans tout ce que les hommes ont écrit,
qn un sténle
remuement
de pensées et d''images qui. se
.
.
perpétuai: depu1S des siècles. Et devant ma bibliothèque,
comme ~1 la trop avide intelligence du jeune Juif m'eût
con:1mun1qué la satiété fameuse d'un de ses rois, je songeais aux paroles de !'Ecclésiaste ~ « Quel avantage r .
à l'h
.
ev1ent11 . omme de la peme qu'il se donne? ... Tout n'est que
vanné et poursuite du vent. »
Mais c'était _dans notre foyer que les ruines causées par
le passage de Stlbermann
étaient le plus sensibles . Là , tous
.
di
é
mes
eux
ta1ent
renversés.
Les idées en honneur, nos pemes
.
J • d
•
OIS ome~uques, n?tre conception du beau, tout avait perdu
s~n ~resuge. Et l autorité de mes parents de\·ait subir
b1eotot une déchéance pareille.
Déjà,_ depuis quelque temps, je n'avais plus la même
Yéné_rauon aveugle envers eux. J'avais eu le soupçon à d
repnses que certaines de leurs pensées m'avaient toujoe:;:

�320

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

échappé. Je n'avais pas oublié l'étrange figure de mon père
s'acharnant à m'imputer des actions infâmes, ni l'attitude
de ma mère cherchant à me détacher de Silbermann par
les moins nobles arguments.
Un soir, comme j'allais pénétrer dans la salle à manger
où ils se trouvaient, j'entendis prononcer le nom de Silbermann. Je m'arrêtai sur le seuil. J'étais caché par une
portière.
- Sa culpabilité ne fait point de doute, disait mon
père. Mais en somme on peut dire que les charges relevées
contre lui ne sont point précises.
- S'il en est ainsi, mon ami, considère combien
l'appui d'un député influent peut te servir. En faisant ce
que Magnot te demande, tu acquiers tous les droits à sa
reconnaissance.
Je soulevai la portière et entrai.
Ma mère s'interrompit. Son visage et celui de mon père
prirent aussitôt cette contenance grave et recueillie que je
leur voyais toujours au moment que nous nous installions à la table du repas. Oui, c'était devant moi, sous la
lumière du globe suspendu, le tableau quotidien, lacérémonie habituelle. Cependant, le changement de leur physionomie n'avait pas été si prompt que je n'eusse surpris
dans les traits de ma mère une expression mélangée de
-cupidité et d'insistance, et dans le regard de mon père une
sorte de vacillement. Alors, brusquement, la question que
Silbermann m'avait posée un jour me revint en mémoire:
« Qui pourrait agir sur ton père ?... une personnalité politique? ... Mon père en connaît plusieurs. » Je compris
que l'on avait fait certaines démarches en faveur du père
de Silbermann ; je compris que ma mère, mise au courant
des faits, était en train d'évaluer avec une âpre connaissance le profit à tirer de la situation, et que le juge, mon
père, qui avait toujours présenté à mes actes l'exemple
d'une droiture inflexible, hésitait et même penchait vers la
fraude.

32r

SILBERMANN

Je pris place entre eux. Mes pensées étaient vagues. Il
me semblait que le sol sur lequel j'avais posé mes pas
jusqu'ici perdait soudain toute fermeté. Mes parents se
d~utaient-ils que j'avais surpris leur conversation ? Je ne
sais ; toutefois j'ai le souvenir d'une certaine gêne chez
eux. Ils m'observaient à la dérobée. Le repas commença
en silence.
Je songeais au sermon sur l'intégrité de la justice que
mon père .m'avait fait entendre dans son cabinet , à son
accent maiestueux et quasi divin lorsqu'il prononçait le
mot conscieu:e. Je songeais aux blâmes sévères que ma
mère portait s1 souvent sur les actions des autres. Ils
n'agissent point comme ils me le donnent à croire disaisje intérieurement, ils me trompent, ils m'ont ;oujours
trompé.
Cette pensée réfléchissait sa lumière sur le passé. j'avais
souvent comparé la conduite de mes parents et le système
de le~rs actes ~ ces tapisseries au canevas que ma mère
bro~a1t avec patience et régularité durant nos veillées. Et
ma":tenant, _il me semblait découvrir l'envers de l'ouvrage;
~ernère les lignes symétriques et les beaux ornements aux
tons francs, j'apercevais les fils -embrouillés, les nœuds, les
mauvais points.
Mes pa:ents m'adressèrent quelques paroles engageantes.
Je répon~s par °:ono_syllabes. Le regard fixe, je revoyais,
comme_ s1 la tap1ssene se fût déroulée devant moi, leurs
gestes simples, leurs préceptes stricts, leurs actions nobles .
e_t chacune de ces belles images s'ajustait à une trame hor~
nble. Ah! que m'importait que ce qu'ils ourdissaient maintenant, eût pour conséquence de sauver le père de Silbermann. Dans
le soudain
bouleversement de mes notions
.
.
.
morales Je ne pensa1s plus à cet événement.
Bien mieux, au lendemain de cette scène, espérant de
toute mon âm~ q_u e mon père ne céderait pas aux pressions
exercées _sur lm, Je souhaitai que la preuve m'en fût donnée
par la ause en accusation de l'antiquaire. « Sa culpabilité
21

�LA NOUVELLE REVUE_fRANGAISE

322

ne fait point d-.e · dnute », 3:-vait ajErmé mon père. Et je
tremblais qu'il ne se prononçât contrairement à cette, con,
viction.
.
Que~qµ.~ _iOl!fS, p~us tard~ ma mère.,, me tirenan;t ~ part
~_vec · une, min:e mJstérieuse eL complice~ me· ~il q,u,e pui.sqµe1j~ m'intéressais aU, père de · mon_:anci~ ca-mar;ide, je
pouvais être rassuré sur son sort: les conclusioqs-_de L'instruction lui éraient favorables et seraien v certainement
approu;zées; par le garqµet.
1~. ,.
Ainsi, fa çonsc.ience. de mon pèr~,., qui ét:,*1.restéj! fermée
à tout sentiment de pitié, avaitJléc_hi. de:vant la consid,ér~
tion d'un avantage 2ersonnel.
'
J'écoutais les paroles de ma mère a:vec un- air si méprisant qu'elle, rougit et détourna la tête. _
Peu après, en effet, une ordonnance de non-lieu.fut ren,
du.e en faveur du père de Silbem1ann. Et Pët; un singulier
revirement, cette. décision que. nous avi9ll5r tous Q.!lfilt S:i
impatiemment attendue naguère toucha peut-être à peine
Silbenriann dans sa nouvelle patrie ;.et moi,, à qui eIJe. confirmait l1indignité. de mon père, je l'a1,cueillis avec des
larmes de honte.
.
Aloi:s, aw~s ce dénouement~_ un sentiment cle rév@lte
éclata en moi contre mes parents. Je pens~s, avec c.olère
aux ôgides _prioci,pes de ntorale -qu'ils m'avaient inculqués
sans les observer eux,--mêmes; te pem;ais à la vl}ie étroite
et diffi.·cile que Le m~étais wujoui:s 4vettl,\é à suivre? Vers
quel but? Et de quelle utilité celte du.r.e, servJtude ?, Q11el..
quefois, dans la rue pat-- le. goût de iµ'obli_g er à de petit,s
devoirs, j,e m'appliquais à marcher sur la; hg1w marquant- la
bordure du trottoir. N'était-œ pas d'une manière analGgu.e
que ie me conduisais dans la- vie, ·regardant -~ peine les
choses, l'esprit obsédé par une règle rigomeuse et absurde ?
Je.comptais toutes les privations que je. m'étais, infligées;
je songeais à,la réduction- que je faisais- constammtmt subiJi
à mou être, lorsque, avec autant de soin et autant de joie
que mon grand-père tandis- qu'il rognait sa vigne, je
•

-

1

SlLB.ERM:AINN

3'23'

retram:hais mes sen.timents.ttop ~ifset.réprlmai&amp; mès beam~
désirs.
11 me·parut.. qu'.on. avait .abusé de m:t'd'édulite d'imfant~,
et awec une sourde violence, jit me tlcessai:. contre. aeu:x;
dont j"a,,v.ais. été la dupe~_J'émt;ü: autant qne. je pus la co.m:
pagnie: de ·mtts parents. Ee.ru à..peu j'e•cessiliir même. de le:iir
adressé.da pacoLL
Jet, ne sais-ce, glD.la pensaient de ma: coatlnite, car j'atfec,.
tais dlignoreo leur présence et ce. lev:a:is pLu,-s jamais. le.s
yen sur eux, Néanmoins il~m'arniv,ait, p.arfoi:s de les é.pie1,
ob-li.quement dans un miroir au,d:ans; um..&lt;numace polie,. et
j'apercevais alors le regard de ma mère désespérément attlar
dIBi à ma! petSQlllWL
Quelque t.etli'lÇsi passa. Je· m9ais, ~hms im affreux cmn.ui;
rûàyan:t plus, fn~ ml.a: vertu et n!ay-am:. point. de· goût poun
le· maL
Urr soir, comme.je rentraisra: la marron, je vjs-· ma. m:èr.e
venue à ma nencontre· dans l'aMichambre. Elle tenait à. lm
main un. journal. et. me ·dit&gt; asr.ec un&lt;i'ém0tii.0.m jny.aus.e ::
_, Tcm~père: est · nommé cense:iller à la; &lt;IOJiri b ll0Uf
velle est annoncée officiellement ce soir.
·A ' ce.s. mots~ en'. dép.it. de.. mes, efforts, pour rester insensible, jè:ne pus r.éprim.err un signe. d:intérêt-. C'.est que cet
avaoGement ét'ti.t attendu dans mai :fatn.ill.e depuis , cl~1
ann:é.es. Maintes. et maintes fois f en avais entendn, parlet
Je:. sa1cais qu'il· marquait une. étaµe considérahle dans la,
carrière. d-e mon p:èœ~ J:ti~n'ignarais p.as l:a-ctivàtlt déplo:yéti;
par ma mère pour le hâter. « Passer à la cour .»..... s'ex.da~ma:it-elle, .snuvent ei1. joignant les mairrs... Toutes- ces
pensées n:re.remuaient malgté m.@i._.
Ma mère discernai sans dout-e. œtroJ:Ible.,EHe di.t g:mve-.,
ment ces simples..mots.:
·
- Mon.entant,,ntt te foindras-tn. pas à, 1mus,eru ce ·jour de
bonheur?
Je-. leya,î les yt:tUX· v.ers,@n- v.isage.. Dep.uis, longtemps-. je

�32-4

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE'

m'en étais obstinément détourné. Et comme si retrouver ce
visage me l'eût fait voir mieux, j'y découvris certains.
signes que je n'avais pas remarqués encore: quelque chose
d' épuisé dans les orbites et un certain amincissement aux
tempes. Il me parut pour la premièrefois que cette figure
n'était point formée, ainsi que les enfants le croient de kurs
parents, d'une chair inaltérable et comme idéale, mais, au
contraire, périssable et qui déjà était usée. Je ne sais quel
fut le sentiment qui se fit jour d,ns mes yeux ; mais je
vis ma mère qui abaissait la tête et faisait un geste acca...
blé. Alors, fondant en larmes, je me jetai tout d'un coup
vers elle.
Je ne pleurais pas seulement par attendrissement ou par
repentir ; je pleurais surtout sur la misère qui se révélait
à moi. Car j'avais compris, en reconnaissant la fragile
matière de ce pur visage, qu'il n'est point d'âme, toute vertueuse et toute tendue à la sainteté qu'elle soit, qui puisse
s'élever hors de l'imperfection humaine. J'avais compris
que l'application d'une haute morale est impossible . à
aucun d'entre nous. Et je pensais tristei.:nent qu'il me
fallait renoncer aux belles missions que j'avais rêv.é ·d'accomplir.
Sans doute ma mère distingua-t-elle la vraie raison de
1nes larmes. Une expression de douleur et d'humiliation
parut sur ses traits. Peut-être allait-elle me confier corn-bien elle avait souffert, au cours de sa vie, de ses luttes
mora!es et de ses défaillances. Mais je voulus lui épargner
tout aveu et appuyai doucement mon front sur ses lèvres
frémissantes.
Entraînant avec légèreté son fardeau, elle poussa la porte
du cabinet de mon père. Mon père sourit à notre vue et,.
laissant son travail, il vint vers nous. Il me baisa au front.
Nous restâmes tous les trois unis un moment. La servante·
entra et annonça le dîner. Alors, à ces mots, mon père,
récitant le verset avec une pointe d'enjouement:
- Mangeons et réjouissons-nous, car mon fils que voici.

:SILBERMANN

était mort et il est revenu à la vie ; il était perdu et il est
retrouvé.
Et ma mère, avec des mouvements ravissants, fit le geste
de me vêtir d'une belle robe et de me passer au doigt un
anneau, ainsi qu'il est écrit au retour de l'enfant prodigue.
Au lycée, après le départ de Silbennann, je m'étais replié
dans l'isolement auquel m'avait coqdamné mon amitié pour lui. Par une rancune tenace je restais parmi mes compagnons aussi fermé et aussi farouche qu'en face de mes
parents. Et puis, est-ce qu'aucun d'eux était capable dé
remplacer Silbermann? En v~yais-je un seul, même entre
œux qui goûtaient le plus les choses de l'esprit, qui fût
animé d'une passion intellectuelle semblable à celle du
jeune Israëlite ? Quand je pensais à la curiosité qui agitait
perpétuellement celui-ci, quand, rappelant nos entretiens, je
me remémorais cette qualité brûlante et capiteuse qu'il savait
transmettre aux idées abstraites, il n'y avait point d'intelligence autour de moi qui ne me parût dénuée et sans force.
Cependant, j'aurais pu renouer facilem,ent quelques
~maraderies, car le conflit qui m'avait fait mettre à l'écart
était oublié peu à peu. Au dehors, l'activité des partis politiques s'était amortie et la ligue des Français de France avait
P,erd~ ~eaucoup de_son im_portance. A l'intérieur du lycée,
1excitation anusémtte avait cessé pour plusieurs taisons.
D'abord, les Juifs étaient chaque jour en plus grand nombre
et, de ce fait, moins remarqués. Puis, à la suite d'une
grave incorrection envers un professeur, Montclar avait été
renvoyé. Privés de leur chef, ses compagnons s'étaient calmés; La Béchellière avait repris ses manières froides et
~ourmées, et Robin était retourné à d'inoffensifs plaisirs.
Je ne pensais plus guère à Robin et ne cherchais pas à me
rapprocher de lui.
- Un jour, environ le _printemps, comme nous étions en
classe, ie le vis qui rêvait a\'ec une gravité inaccoutumée

�LA NOUVELLE REVUE BRANÇAlSE

1V-ern la oroiséi;. On aiperGe'7a:it :Lw.ave11s tla :i.iitre, .détach'és
sur le ciel bleu, le-s premiers rameaux verdoyan;t!s. rPui:s,
:s@UÔ.a,rn, lson i:regaFd se rclitîgea.tle mon -cité etise posa Lente1melft sur 1.tnoi. M~is•me rt:cueUhui.'t ancu,n -consememeat,
auoûnè &gt;œpo0iSe, ie ~re15a.r-0 ,irepui;iiit. La surpri.se passée, ue
signe de concorde ainsi hasardé m'émut profondément. Je
--songeai, ,s1irn 'hien•savoir ,pom,ei_nGi, -au pre:mi'er -emup -d\iile
de 1la wlombe Qpvèt Jes-S(;ml.otè'SlJtiurs·du :déluge ;•et,j'eus ,le
-présage d'un itp'âisemènt tl:éfüritif de toutes .th0ses. Mais.
•soit fierté, soit ii'aihleSBe, fioÙs n!os~mes :ri@ Pun it'tm.,.en;
llaun:e; et,plusieurs ;,;emaines •pa~sèfent -sans -nou~elle tentar
1 =tiv-e,
Le Jprintem.ps .rppGr-ta, Gette :mn'ée, une ,izhaleur prém:.ç.
.1mrée. -Les p.luies fotent~r.a11es, ,ed:'air, --sous le,·del anient~
:fut :étioufünt.
,D~s da ,solitude ,0n ·1e&gt;me 1tioova.is, J~tais rpartituliè'rement sensible 'à ,aètte ariait'é ; j~éprnu:v.ai's 00mme ·une
atlté~attion ,de '1iont ,m®. 'êure -et rêvais itune s01:m::e ,nouv:eU-e
· qui,,rafraîc11irait 1ma.vie.
Un soir, sur Je ,cihemin •de la maison, je passai dewnt
:Uécole S!..-:Xavler. ,C'.!êtait i'.heure de la ·som:ie. -Li,.'t!emp~éti:rmre
·était tiède. J.e1so.le1Lse c:ou~hait, d.er.rière-,qut1lques ,nuées. 'Et
souda'in, sans un ,c0up de ·tooriene,. dans· ·l'.air 'entièrement
.calme, .delgrosses .gouttes,rcl:e. pluie·c0mmenaèram1t ~ &lt;tomber1J'alla.is m'abriter contr{;! un mur, ·sous urr-émafaudage, ,qui
'était en ,saillie. ,ü;s :blères de:8!.-.1.Xa~1ir,s'épiupi'llènmt ,&amp;.ns
·la 1rue ..Quelque&amp;-uns, tles -p}us ·jeunes, ,qui portaient en;c0.l'&lt;t
·l'.un.i®&gt;rme ,de llécole, -1la .tourte ivesre ,bJ.eu-e ,et lia casquette
01:i-1ée ,d'un ,ruba.n de velours, seimit:ent à Ct::@trrir .eti~r'fl:H1,
.levant les brirs, .c11iant .et :r.iant -sous l'ond~ê ;füenfais-anre,
·adressèirertt •ties rlouanges iau ciel.
Je les regardai, à l'étroit dans mon coin, et haussai les
:épaules. Par Mtrure ,olil,en mJSon ,(tune ~rlucatimm. :un ·peu
puritaine, j'avais toujours tenu la libre,.expansi(l)n de 1!a
gaieté, .la réjouissance :twp lé"Gla'ta~te, pour .une tnaini'festation , clh0q-t1ante .et mi.aise. '.Jl it ,cependant, il y .avait :ta.m

SfLBERMANN

d1h1gênuité et de gentillesse dans les ;mouvements et les
niines de ces-garçons, ils me parurent avet · -µne telle évidence plus heureux-que ·je-ne Tétais, que Pen vie me vint
ae me mêler à eux et de recevoir le même baptême délidenJ'i. ...
A ce moment, quelqu'un, ·qui tête baissée "Se protçgeait
contre la pluie, se réfugia à côté de moi. Sous l'abri, la tête
se·releva; et je reconnus Philippe Robin. En me voyant, il
1arrêta, rougit et esquissa un sourire. Sans
. rien dire
.
,
je m'écartai un peu pour lui faite -place. Et ·comme je faisais ce mouvement je découvris derrière nous u·n fressin
sur le mµr. C'était une cari_cature au fusain représe~tant
gtossièrement Siibermann. Les'traits avaient 'pâli, mais ils
avaient entaillé '.la pierre et étaient encore bien visibles. On
reconnaissait, surplombant le cou -maigre"' te profil anguleux, le nez ·recourbé, ht 1lèvre pendante. Au-dessous on
lisait une inscription·: 'Mort aux Juifs.
_Le' regard d~ Rub!11 s'était porté en même temps que le
mien vers le rrrnt. 'li rougit pius 'fott, hési'ta: un instant,
puis, d'une voix humble et tare-ssante, i.l murmura:
- Veux-tu que nous oublions tout cela et que nous
redevenions -atri:is ?
Oublier ?... Etait-ce possible ?. A fa vue du dessin ·et de
l'inscription, une ardeur comme mystique s&gt;était rallumée
en moi. Je p~nsais à ce que j'avais appelé ma mission, je
me remémorais ma promesse initiale, la longue lutte souten~e, mes _efforts pour sauvel\Silbermann; j'avais le souven_1r du fnssonnement extraordinaire qui s'emparait de
~01 lors~ue, à ses côtés, honni et frappé autant que lui.,.
Je répétais: « Je lui sacrifie tout -,,.,, Non, ces choses ne
~ouvaient point s'effacer. La moindre parole de réconciliation m_e pa~t un reniement. J'eus l'impression qu'elle ne
pourrait sortir de ma gorge; et raidi, les dents serrées, jedemeurai dans un silence farouche.
. Mais comme je repassais mentalement par ces épreu-res
J'aperçus la voie où j'étais engagé; voie difficile, abrupte, oü

�J28

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAISE

l'on gravit sans repos, où l'on se heurte à _mille obstacles, ou le moindre trébuche.ment amène une. chute. J'eus la
vision d'une vie pénible et dangere_use au cours de laquelle on
s'écorche chaque jour davantage. Et vers quel but? Ne
savais-je point maintenant que sur les cimes où j'avais rêvé
d'atteindre nul humain ne vivait?
•
Philippe Robin, attendant une .réponse, ne disait plus
rien, mais il m'observait du coi.n de l'œil. Son visage était
gai et serein. Il semblait se tenir sur une route bien plus
facile, où étaient ménAAés des biais commodes, des sauvegardes propices, et qui côtoyait les abimes sans s'y perdre
jamais.
J'eus le sentiment que j'étais placé devant c~s deux chemins et que mon bonheur futur était suspendu au choix
que j'allais faire. J'hésitais ... Mais tout d'un coup le paysage du côté de Philippe me parut si attrayant que mon
être se détendit; et, faiblement, je laissai échapper un sourire. Philippe, devinant mon acquiescement, mit la main
sur mon épaule. La pluie _avait cessé. Il m'entraîna.
.,
Et comme je faisais le premier pas avec lui_~ je me
retournai vers Ja caricature de Silbermann et, après un:
effort, je dis sur un petit
moque~r dont_le natur~l
parfait me confondit intérieurement:
- C'est très ressemblant. f ~

ton

FIN
JACQUES DE LACRETELLE

'
( Copyright by Librairie Gallimard.)

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE
LE GERMANISME ET LA FRANCE
L'attitude énergiquement anti-germanique qu'a prise au moment de la guerre et que garde encore en grande p·artie l'i:ntelligence française était un fait naturel et nécessaire, qui correspondait à des attitudes analogues chez tous les peuples en
guerre. Nécessaire au point de vue logique, et nécessaire aussi
au point de vue du but à atteindre, qui était la victoire. Tout ce
qui tendait et soutenait les forces belliqueuses, tout ce qui mettait le spirituel et le temporel de la France en état de défense
contre l'étranger pouvait être considéré comme bon. L'esprit
n'avait qu'à faire la gymnastique nécessaire pour conserver, en
même temps que sa liberté, les conditions de cette liberté, à
savoir une patrie.
Aussi la liberté spirituelle était-elle beaucoup plus facile à
maintenir pour un combattant, qui vivait à même le matériel de
ces conditions, qu.e pour un civil, qui ne pouvait faire, comme
Diogêne, qlle rouler son tonneau, en essayant de lui communiquer, sur le pavé de la cité, un brui't de canon, et que mobiliser un spirituel beaucoup plus difficile à démobifiser que le
temporel du poilu. C'est à ces moments que l'on sent à quel
point il est utile d'avoir appris de Montaigne, de Descartes et de
Pascal la distinction des ordres, la pluralité des tableaux sur
lesquels se joue une existence humaine, et que comporte bien
plus encore une existence nationale.
Le manque de souplessei les retards que paraît aujourd'hui com~orter notre démobilisation spirituelle s'expliquent en bonne partie par des considérations très sérieuses, et par une situation maté-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

33°

rieHe encore plus sérieuse. Je ne blâme personne, mais il ne
faudrait pas que ces conséquences naturelles d'une position difficile vinssent encore ajouter, par elles-mêmes et de surcroît, aux
difficultés de cette position. Que nos colères contre le germanisme ( considéré dans son bloc. depuis le douanier jusqu'au
philosophe) aient ralenti par ex~mple, jusqu~à le supprimer
presque, le courant des échanges mtellecfuels, condamné
l'un et l'autre penple,tà se voir 1.angtemps encore à travers les
déformations soupçonneuses de la passion, c'estauss'Î inévitable
que des gelées au printemps ou de la chaleur à la canicule. La
même saison ne dure pas toujours. Ce qui serait dangereux, ce
serait que cette crise aiguë et locale, cette réaction n.écessaire de
l'organisme après la guerre ( car une maladie peut fonctionner
wmme réaction utile) passât à l'état chronique et généralisé.
Ce serait enfin, pounip:peler les JGhoses par leurnom,.qu'il slétablit en France, pot1r une œrtai:ne période., un ro.mant xénophobe.
J'y sungeais enlisant le livre de M. L Reynaw:h,ur l'1nfl:uenu
allemaudeenlrara;e au X!l.X..e;ü,âe •. M. Reynaud n'est évidemffi&lt;!lll: panm xénophobe,de goüt -et de profession, mais bien
plntot le contraire. Il el'.I.Seigne à l'Uni;versité de •Clermont ùa
langue et la littérature allemande. Il s'est consacré depuis long~
temps :t t'émcre des rapports ïnt,ille1:iti:rels entre la rmnoe .et
l'Allemagne :~btoutes •les .époques deleur histoire. Son ouvrage
encore inachevé sur les Origines de l'influence fr(Jfffaise en Aiie~
magru marque, en général avec te parti pris d'une thèse, mais
souvent avec des p:reuves convaincantes, à quel point l'infürenoe
française .a agi ,au moyen ~.e sur. Ja civili~tiou allemaude, l'a
créée en bonne partie. Son Histoi.r~ génirale tk l'influe11ce française.en Allemag1U nous donne un très bon manuel sur cette
questio11. le livre qu'il publie &gt;aujourd'hui est écrit avec "Une
netteté, une intelligeo,:e remarquables. Adniirn.blement informé,
il. apprend lieaucoup. 11 n'est pas éloquent, mais, ce qui vaut
mieux, ironique et incisif.
Bie11 qulii présente., par ~a rforme, un genre d'intérêt diamétralement opposé, on pourrait Je mettre à côté .du Stupide
XiK• 1sikk de M. Oautlet et du Roman/.isme franftm .de M. LasI.

Haobette, 19'22.

..,

l

UFLEX10NS SUI. LA LITIÊRATURE

331

serre, Mettons que le livre de M. Daudet est crié fortement sur
une estrade de réunion publique, oelui de M. Lasserre p1aidé
dus les plis d'unê robe d'avocat, relui de M. Reynaud parlé
élégamment dans une salle de conférences .à des étudiants instruits. Tous trois dénoncent le xrxe siècle comme une période
d'occupation étrangère en Franee. Le chartreu:x: qui prése0.tait le cdne de Jean sans Peur à François 1°" lui indiquait, en
partie ou €ntièretnent, la trace du coup de hache de Tanneguy .
Duchâtel comme te trou par lequel les Anglais é~ient entrés
en Francé: le trou qui a amené cette ocC11pation étrangère c'est
la fameu~e -échancrure de Genève et de Coppet. Genève, dit
M. Lasserre. Ah! ce Jean-Jacq\ies ! - Coppet, dit M. Reynaud.
Ah l cette Germaine! (si bien nommée l)
Ce n'est pas seuletllent l'influence allem,ande-que M. Rey:nauJ
dénonce comme un mal, c'est l'influence ét,r angère en général.
Depuis plus d'un an, l'hostilité entre la France -et l'Allemagne
tend à se doubler d'une hostilité entre la France-et •ses anciens
alliés, c'est-à-dire 9.ue nous sommes rnena:oés par u.ne crise de
:xénopbobie totale. Il serait possible ( et jele ferais si je m'adr~sais à des étrangers) de plaider en sa faveur des circonstances
atténuantes, mais, commé j'écris ici pour des Français, je crois
plus utile de Ja déplorer et de nous mettre en garde contre elle.
Or l'eiremple de M. Reynaud n~us montre comment.cette xénophobie, d'abord diri~é contre un seul people, s'étend facilement à d'antres. L'influence allemande, pour lui, est oolidaire de
l'influence anglaise (p. 7). Voici en quels termes s'ont eJ:"posées
les influences allemandes d'après r848, snr Taine et Renan
principalement: o: Cene nouvelle offensive .se produisit après
l 8 54. C'est à partir de ce moment en otfet qile Hegel, efileu-ré
seulement par la génération précédente, devient l'objet d~nd.es
et d'efforts de ·vulgarisàtion qui se prolongèrent pendan.t tome
la période impériale. Gô:!the et Heine secondent son influence.
L'A~gleterre, qu~ ne manque jamais au rendez-vous lorsqu'il est
bes.om de sonterur la pénétration allemande, envoie- fort à propos son Darwin, dont Jes théories semblent merveilleusement
s'accorder a-vec le panthéisme, p.uis son Spencer... » Mais n:aitnent_., emprunter a:insi des images au militaire et à l'économi~
q~e, n'est - ce pas employer son encre à J;ayer tout ce qui
fait les caractères propres et distinctifs de l'intelligence ? Que

�332

LA NOOVELÎ;-ë REVUE FRANÇATS.E

cherche un pays par son effort militaire ? La force. Que cherche-t-il par son effort économique ? Le profit. Une force qui
vient gêner notre force oblige celle-ci à l'arrêter par des forts et
des trapchées. Une production q1,.1i vient gêner notre production et diminuer notr~ profit est contrôlée. et filtrée par nos
douanes. Mais en quoi la lecture de la Logique de Hegel par un
philosophe français peut-elle être assimilée à une « offensive» ?
En quoi l'étude et l'examen des théories de la sélection naturelle par un naturaliste français peut-elle être comparée à un
« envoi » de cotonnades anglaises, que le public français devra
bien acheter si elles lui coûtent moins cher que celles de Rouen ?
Une marchandis.e étrangère est utile .ou nuisible. li appartient
au gouvernement de juger si ce qui est apparemment utile à tels
vendeurs ou à tels acheteurs français n'est pas en réalité nuisible
à l'ensemble des acheteurs ou des vendeurs français, et d'entretenir dans l'intérêt général un système de douanes et de tarifs .
Mais une théorie anglaise est vraie, ou probable~ ou _fausse,
exactement de la même manière et pour les mêmes rai~ons
qu'une théorie formulée par un naturaliste auvergnat ou par un
philologue catalan. Un tarif douanier ne taxe pas une fourrure
parce qu'elle est ou n'est pas élégante ou pratique, mais parce
q:u'elle n'est pas de fabrication française: l'intelligence, la pensée
(à moins de consentir à leur déchéance) font tout autre chose.
Elles vivent sur cette idée, incootestablement justifiée par
l'histoire, que jusqu'ici les vérités scientifiques et les grandes
doctrines philosophiques ont été trouvées par des hommes de
nations très différentes, et qu'il en sera probablement de même
demain. L'influence de Hegel et de Darwin n'a pas été particulière à la France. Elle s'est exercée sur tous les peuples civilisés;
et dans la proportion où ils l'étaient. En Angleterre et eu Italie,
où Hegel a eu de l'influence, Comte et Bergson, qui sont Français, en ont eu leur tour. Mais en Turquie où l'on n'a jamais
entendu parler de Hegel (les femmes turques ne lisent Kant et
Schopenhauer que dans les Dese.nchantées) on n'entendra pas
davantage parler de Comte et de Bergson.
Je sais bien qu'on s'est livré depuis 1914 à un emploi immodéré de la métaphore militaire. Pendant la guerre on a épuisé
toutes: les ressources de l'article et de l'affiche pour faire entendre aux populations que souscrire ~aux emprunts c'était ( en

REFLEXIONS SUR LA LITTF:RA TURE

333

même temps que toucher un revenu « intéressant ➔,) tenir la
tranchée, se ruer sur l'ennemi, charger à la baïonnette, vomir
les· grenades. Le journaliste en pyjama, qui faisait son article à
côté de son chocolat, il ne faisait pas son article, il était sur la
brèche, comme au temps de Vauban, ou, plus moderne, il opérait des tirs de barrage, il repérait 1'adversaire, il veillait au c-réneau. Laissons à la littérature sa pâture de ces métaphores.
Mais ne serait-ce pas une tâche possible, modeste, honorable, ·
que d'en défaire ce champ réduit qui s'appelle la critique littéraire ? Le problème des influences est le plus délicat, le plus
compliqué! le plus dangereux qui_ sôit. La littérature comparée,
dont M. Reynaud me paraît un des exceHents ouvriers, a déjà
assez de peine à s'y débrouiller, pour que nous n~ajoutions pas à
son embarras en lui laissant sur la tête le .:asque Adrian de ces
images guerrières. Même si certaines branches de la ·science
doivent rester au service, celle-là mérite un tour de faveur -pour
être démobilisée la première.
Ne nous étonnons donc pas si le livre enco-re mobilisé de
M. Reynaud comporte, dans sa · riche information de détail
quelque déformation d'ensemble. La principale me paraît celle-'
ci. France et A!Jemagne, dans tôute la période qui précède
1870, sont prises par lui comme des réalités politiques, analologues à l'Allemagne unifiée et hostile d'après 1871. Il a dès
lors beau jeu à reprocher leur germanisme et leur aveuglement
à tous les Français qui ont été curieux. de choses allemandes· et
perméables à l'influence allemande. La Revue des Deux Mondes
ayant tenu, jusqu'en I 870, son public au courant des choses
d'Allemagne, M. Reynaud nous apprend que Buloz lui donna
le caractère d'un « organe du staélisme dans la politique et les
lettres. Ce programme comportait essentïellem~nt la diffusion
du -germanisi:ne: La R~vue des Deux Mondes négligea si peu ce
côté de sa m1ss10n qu elle fut, au x1x• siècle, le véhicule par
excellence de l'influence allemande en France. » Ne croirait-on
pas entendre parler de la- Gazette iles Ardennes ou du Bonn.et
Rouge? Buloz faisait son métier d'înformateur, et de directeur
d'une_ publication qui essayait alors de tenir les promesses de
son titre en mettant ses lecteurs au courant de ce qui se passait
dans les « deux mondes ». On ne pouvait raisonnablement
demander aux gens de 1850 de se placer au point de vue du

�3H

LA NOUVEI.;LE _.JlEVUE FRANÇAIS:S

bismarckis.~~, de la dépêcl\€,ifEms. et.de ~a~. -Ce U:es.t pas
faute d',avoir été averti~! Quig.et, qui_. était poui:t_?-Ot le CODt+/iire
d'un ge~nophoge, a.vait,prédit le rôle c;ie la Prllls~e. - :,l?E,Uliquoi l'événement q1ü s'est pwdu.i,t aurait-il été, a:v.an~ de se produire, plus psobable que celui qui n,e s'est pa~. produit ? Mais
enfin la politique est une ch~se, l'intelligeoceL,la., l_ittérature, la
philosophie en sont d'autres.. Certes les homm-es. P?l:itiques
denruet\t an~JJ,ser, plus q~ils. ne- l'ont f:µt, la pQ&amp;Sib~lit.é et
surtnut les possibilit,és. d'ut1e Allemagne, unifiée, et nous âVOW\
expié leur erreur. ~fais l'Allemagne qui a, exercé sur ~ous une
influence. intellectuelle vivante,_ par ses artistes. et ses penseurs,
n'était pas encore cette Allemag11e unifiée. Ç'éta.\t 1'€-xpression
géograpbiq,ue qui. désignait alO!iS les hoqi-me&amp; parlant et écrivant
l'al,lem~nd. M. Reynaud_y comprend les Rbéruins et- la Suisse
alémanique. U regarde Gessner et Haller comme dès. Allemand~.
Depuis le x.vur• siècle tout se ramène pou~ lui à un due1 véritable
entre la culture allemande et la culture fog1ça:ise, et il cortsidère
comme ayeugJés-les Français qui n'on,t p~ ,eu c(!nsci.emce de ce
du,el. Il ne ;;eut aucun bien aux. ~âtis~urs ~i po.n:ts, à ce~x; qn,i
ont fait entre l~ lhance et- l'AJ}emagne office d~gents deliaison.
n n'emplœe pas le mot boche, mais il l~ remfilace par le terme
teutan. &lt;( Grimm n'a pas encoce éliminé son virus teuton. » 11
ne- paralt pa{! admettre qu'll;ll étran~I pui§Se apporter qHelque
p.rnfü à 11-- cultµr~ françaj-se. Traitaoe les .,Suisses alémauiques
œmme des. Allemands, il waite les GénevQis comme des Suisses
alémaniques., etde peuple en peuple. l!I.0\:lS, ·V:O)lOlls dans son livie
la i.énopho,bie faire tâche d'huile.
Il appe;lle,ga.Hophobe Rousseau, qui pourtant a toajours protesté de son amour pou{ la France. Il estime q,u.e « le sel}timenf
national n'existe pas. chez Mme de Staël, par i:apport. à notre
pays ». Et il lui reproche de &lt;t s'afficher à Vienne _ave4:. des ennemis de wn _pays ». Reproche singµJier. Petite-fille d'un Bi:_andebourgeois née d'un père génevois et d'une m.ère, suisse,, suédoise par son. piem ier mariage et &amp;trisse par son &amp;econd, Mme de
Sta~l n'eut jjamais la nationalité française. M. R~ynaud l'appelle
d'ailleurs fré4:uemment la Génevois.e. Si elle a souhaité, pa,.r la
Ci'.hute de Napoléon et la dissolution du Grl!nd Empire la libération de. son. pays·,, nous h voyons tout· de même écrire e.n
1814 à un Russe~ et Je ne souhaite point q_ue lP.s. alliés ru.Uent à

llÉELE.XIONS SUR LA LITTERATURE

335

Paris; la conquête de la France me fait mal, et je souffre des
malheurs du pays où je suis née et
mon père a été sept ans- le
premier ministre.» Je sars. bien qu'Alfreq de Musset l'a -ap~lée
un Blücher femelle, et que cefte boutade a été r~prise pa~ notre
littérature nationaliste. Pour moi~ le rayonn.e;m,e!)t 4,e. cette âme
chaude et puissante reste lié au rayonnement même de la
civilisation frangijse dans tout ce qu'elle eut, de débordant, de
?énére~x,._ de fécond. Je ne vois. pas ce q.ue n.ous pouvon-s'gagner
a rétrécu Jalousement notre peau de chagri_p. (( Rien. de profond
en _Mme. de Staël n'est français :r; s'écrie 'M. R~naud. C:e que je
vois de profond et de français en elle c'est le génie de la société
et de la- conversation, élargi en libéralisme, poussé. vers, les
grand1r sujets et répandu dans les grands cour.wts.
·
Mm• de Staël c'est de la France; qui se fait, en une pédode de
transformation et d'.expansion; c'est une demi-étr.ip.gè"re à qu 1la
Franc~ apprend à tenir le salon de FEurope, en un temps ou des
Geoffrin et des Du Deffand paraitraient bien grêles a bien
dépaysées. M. Reynaud cite ces mots d"une de ses Ietti:es -~« NaîU'e ~ranç;iise, avec un carutère étrangtr, avec le- gol1t et les
babnudes françaises et les idées et les sentiments du Nard. c'est
un contraste qui abîme la vie. » Cela peut abîmer un:, vie
l'a~lme m~e généralement, mais ces dissonances d'une géné~
ratt0n deviennent accord et richesse dans 13 génération suivante-. Dans les vers magnifiques que Lamartine écrivait sur la
mort de la duchesse de Broglie, fille de Mm• de Staël,. substituez cette génération spirituelle à la filiation matérielle:

ou

Elle était née un jour de largesse et defè.te.,
D 'une femme immort.elk au verbe de prophète.•
Le génie et l'amour la conçurent d'wi vœu, I '
On sentait, à l'élan que ,·etenait la règle,
Que sa mère l'avait couvée au nid de l'aigre,
Sous une poitrine de fou.
ùs pa1pi'tations de l'ame maternelle
Au-delà du tombeau se ressentaient en elfe .
Elle aimait les hauts lieux èt le libre hori-;m ;
U11, élan ,i.atu"el l'emportait ve1's les cimes
Où la c-réati.on dontze aux dmes sublinl8S
Les vertiges de la ranon.

�336

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Symbole involontaire de l'idéal du x1x• siècle : imposer une
discipline classique à une âme romantique, - idéal jamais
• atteint : les deux facteurs restent malgré tout séparés, le plus
souvent hostiles ; mais l'effort qu'ils ont fait pour se rejoindre, , ·
les .forces de répuls-ion qui les écartent, tout i::ela forme un
drame vivant entre l'élan et la règle, drame vivant avec lequel
sympathise tout ce qu'il y a en nous-mêmes de vivant!
M. Reynaud estime que l'Allemagm de Mm•,de S'.aël a donné
sa figure permanente à l'idée qùe le X:rx• siècle françaîs s'est
faite de l'Allemagne. -Idée évidemment inexacte, dit-il. Soit.
Mais ce dont-le xix• siècle français avait besoin, c'était ici d'un
ébranlement po,u r .faire du nouveau. Et c'est -un fait qu'en matière littéraire tous les novateurs éprouvent le besoin de s'appuyer sur un exemple, de sfautori-ser d'une tradition. Dans le
temps et dans l'espace. Dans le temps, le classicisme s'est appuyé
sur les anciens, le romantisme sur Shakespeare. Dans· l'espace,
la Pléiade a d.emandé une impulsion à l'Italie, le XVII" siècle à
l'Espagne, lé xvm••siècle à FAngleterre, le xrx• siècle à l' Allemagne. Le liv·re de-Mme Staël s'est trouvé là pour faire fonction
de Lettres Anglaises. Mais toutes ces intluences n'ont servi en
somme que des causes occasionnelles. Quand le génie d'un pays
est sain et vigoureux - et ce fut notre cas dans nos quatre siècles - eUes le font·(pour parler en platonicien) ressouvenir
de ce qu'il savait sans savoir qu'il Le savait, elles mettent ûne
étiquette étrangère et un décor éclatant sur ses fruits autocb-.
tones. M. Reynaud montre Lui-même que la littérature romantique ne doit à peu près rien à la littérature allemande, mais
que celle-ci a contribué à ébranler et à allumer le lyrisme français. Il n'en est pas tout à fait de même en histoire et en philosophie, et là il faudrait varier un peu les termes de la formule ;
mais d'une façon gé.nérale l'action du génie étranger sur le génie
français a toujours provoqué en celui-ci l'invention plutôt que
;- déclenché une imitation.
Ce que reproche M. Reynaud à l'Allemagne c'est peut-être
moins d'avoir exerçé une grande influence que de nous avoir
fait croire qu'ell€ én exerçait une. Comme lè soulier de !'Auvergnat, elle a tenu de la place .• Mais M. Reynaud n'exagère-t-il
pas lui-même le volume de-ce soulier? Le fait de réunir toutes
les marques de l'influence allemande en un livre ne l'a-t-il pas

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

337

porté à en -!g~av~r le poids ? La masse n'est imposante que
concentrée artificiellement. L'œil soupçonneux et chagrin d
l'a.uteur voit de la germanophilie partout. « En 1840 , la Marseil~
lai:e de la Paix, nous dit-il, correspondit mieux à l'opinion et produisit u?e impression plus forte que le Rhin Jransais (p. r 74 ).. » ·
Je ne sais sur ~uels textes il appuie son affirmation, mais nous
~n av_ons ~récisfm~nt un de Lamartine, qui écrit:« Ces vers, que
Je r~~is au1ourd.?~1 avec plus de ~atisfaction qu'aµcun des vers
polmques que J aie écrits, pâlirent complètement devant le petit
verre et le p~tit _vin blanc des strophes de Musset. Je fus déclaré
un rêveur et lm un poète national. » Ce qui était bien n~turel.
«. De ce l~ng p~ème d'amour et de reconnaissance que notre
d1x-neuvieme siècle a chanté à la nation voisine 1·1 n'y a
b
bl
,
'
• pro ae?1ent p.as d autre _exemple_dans l'histoire», dit M. Reynaud.
Mais ce. poème son mformat10n érudite ne l'a-t-elle pas un peu
créé'. avec des élé~ents bien dispersés, qui restaient assez inoffensifs et même utile~ dans leur dispersion ?
M. Reynaud le sait et le
t Il
. Tout
1· cela d'aille'lrs
.
sen . y a un
smgu 1er contraste entre le parti pris du gro~ de l'
·1·
.
~
ouvrage et 1e
è
caract re équi ibré, raisonnable de la conclusion ple' d .
tes se, de bon sens et de vérité et à laquelle pou'
llle e JUs· ·
'
,
r mon compte
J·e souscnra1
sans réserve. Si i· e i· oins à ce bé éfi 1 . ,
· f:
•
n ce a nche
m ormanon que me procure l'ensemble d 1·
.
.d
.
u ivre Je puis
cons1 érer le livre de M. Reynaud comme
é . '
L'. fi
un pr cieux campa
gnon. In uence allemande comporte comme to t . fi
bl
d
•
'
u e m uence
un ta eau es gains et un tableau des pertes et t .
'.
doit être de l'acœpter et de l'utiliser non de la' subn_o re s~.uc1
.
1r passivement. L1sez
ce passao-e
si 1·uste . cr 51. l'' ·
O
d
•
on veut se rendre
e ce que représente pour l'intelligence francaise cet
~olt~pte
ment on '
"
·
ennc 11sse' • n a qua_ comparer par ex.emple la méthode criti ue
de Lemaitre, espnt tout français au sens trad1't1·0
1d
q
.
ffi é
nne u mot à
pe1n~ e eur par la science et la philosophie al]
d
'
celle d'un Taine par exemple. D'un côté du o-a:~an e!, av~c
de la finesse de style, mais peu ou point d
o hi' de_ 1espnt,
vision des ensembles de divination . d l'e sens s_tonque, de
d' é
'
, e autre moins d'a t
agr ment sans doute, mais un point de vue 'l
r et
compréhensif. Faguet était aussi u d
pus _large, plus
fl.
n e ces espnts
l"
uence anglaise ou allemande avait peu touch, s t ·1 q~e Intestable 'il in
à
e , e 1 est mconqu
anque ses analyses individuelles . . ..
, s1 a1gues, un
22

�LA- NOUVELLE RIWUE FRANÇAISE

lfl

hiq·ue ' il n~n esquisse

arrière-fond liisforique !!t ' p 1.,0s~p.
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Jil, e,):..:idre de&lt;Bretagne n ernpas. plus UJl Le~:u"tre&gt; ql!J.e. a po ;, m ieA au èontro.ipe•, la réaction_
pêche le ciitronm~r ,fo. :Pro;1mce-. B
t'&gt;Ur le génie,:foança;s, teo
oont.re_ Taine e:st u~ e:-~ :1::::::;:~:e le gepmanisme ( encore"
prodmrn des tema1tr '
. b" ,:c. de- M . Regnaw\} -une;
rténù,a'nt€1 au et~,:,,uCe
•
une dreoristance, a:
.
et d'es rit de finesse. 11 y a p@u11
èxcellent€&lt;-s°'.'-1rce de ~î1!ates~. dea: moyens• d'agiiI- : provo, pom une 1m,~uenc«, .
. •
,
une œnvre,
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-"A "tion · lm-1,tltl~ et ·rnac~
. . it·
provoquer
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qu~r-une urnt~ ton,
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ti:on forme.nt kt chaine et la ~ram~ par . esq
,:"'t"~at;,n;e entrec:roislll ·s~ tap1ssene, va~fée,.
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A-LBBR'f. THIBAUDBT

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C:HR €)N 1·~lùifr _fil1~1\MA 'îl1QU,E

NtiarGNY- :' Pëehé dè1jêunesse, c0rrré\'liecnoaw.iHi 1en-r a'ates~ de:
M~Mm-cel 'Gerbidèm:
.,
- THitA-TRÈ EoeUARO· '\CID':- lfne petite· mai:n, qtvi Si/ plliett, eomécli~ ,
en· 3 à'ctes-et' un'-épilbgwe, dè·NH Sacha- Guitry\
c-A· ÜnMBRE; :· Clsaire,- pièce-en z acte6, de M · Jean ' Stlîli.l111il:lerger. La farce dé -Popa -&lt;J!hêbrghé, piè·ce· ~ ~ tableaux,; de
1W. Ado1piie·Orna: ·
·•
eo'MÉom,.FR'ANÇA'ISE :· Vautriit, pièce en 4 ·ac~s, ; d;iprès
Jés personnages des- roniarnnfe- B'alzac; par- M. E'drnondt Guiraufil

EES·EscHOu·i Rs. I!eRegardn1:11f{ pièc:e'en~'aetes, tléM'. &lt;hibriel

Nl:arcei.

, '

GYMNASE~: - Barbe· blf'ltd'e-, èomédie· en· 3 a-ct'âS', de, M?vl!. Jël.fan
Bouveiet et·EdgartPBrtcl.Piy.

· Nous parleronS&lt;ùe théâtre, aujourd'bur:
0h a·i,oué' a~ Théâtre l-1ar1gny, pendànt -~etques _sHiiêes~
une com-é'die en trois 'actes·dè-1«:. N1àrcef·Gêrlffifon: Jfécht , de
jeunesse: €6mme ·cadte,- le· grand h&amp;teP d'une,, ✓iltè- de' jèux--.
&lt;:omme--sujet, un- jou_eurdéi:avé Je~peu' scmpulem•, au COU'rant
d¾.i.ne ·sonrme que dbit toucfiCl"' cbez'-scm notaire un , br-ave pr.o+
vinciâl'de--passage dans-cet em:li-oit Il réussit• ¼&lt;faire subtiliser
'd-ans lapoche·du P.rovincfal, ·P.ar· une· camarade de---noee, le reçu
fuut préparé, et+ olft-el):r' d'brrjeundiomme· 4:ui -a b'esoin-d'argent · pou·r · s'offrïr lei,· faveurs d'une aventurîëre, 1qu'-ilb aijlè
encaisser la somme ·en-question, tous· les-deux·· devant' p-:(rta~r/
La chose se fait, mais la somme est en titres, dangerettX'~')aég-0•
ci-er, et ·le· jeune homme-·tcimbe-soudain-amour:eu-x~dHa fille:du
provincial. Résultat· . irépouse, restitue l"-:ugent,' re~te-honnêl:el

�340

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le joueur décavé en est pour son t~ur et la mora_le est sauve.
M. Marcel Gerbidon intitule sa pièce : comédie nouvelle.
Mettons : comédie, tout court.
Le fait le plus remarquable de ces représentat~ons, a~, ~oins
le soir que j'étais à Marigny, a été ceci. Il parait que J a1 une
figure qui surprend certaines gens. ~our~uoi ? Je ~'ig?ore. J'ai
beau me regarder : je ne me trouve nen d extraord10a1re. Parce
qu'on ne ressemble pas au pre~i~r commis de_ n~uv;autés
venu, devient-on un objet de cunos1té et de surpnse . C est en
tout cas un fait que je ne suis pas indifférent à la plupart d:s
gribouilles au milieu desquels il me faut me trouver quand Je
vais au théâtre. Je me promenais donc, à Marigny, pendant un
entr'acte, dans un couloir, allant et revenant, sans m'occupe~ de
P ersonne attendant simplement que l'acte suivant commençât,
. é
quand je 'remarquai qu'une dame, assise sur un _c~na? é'a cot
d'une autre, quand je passais devant elles se mettait a r~re en me
montrant à sa voisine. On voit si je suis dénué de fatmté ou de
vanité, je ne sais trop quel mot des deux convien~, pou~ra~onter ces choses le plus bonnement du monde. Je sms fort md1fférent à ce qu'on peut penser de moi, mais la bêtise m'agace,
j'en conviens. Je crus tout d'abord m'être trompé, et revenant
sur ll!es pas, je passai de nouveau devant ces femmes. De nouveau, rire et coup de coude. Je continuai jusqu'au bout du co~loir, je revins ensuite dans le sens opposé, et arrivé au canapé Je
m'arrêtai face à la dame que je faisais si bien rire, et me penchant vers elle, le visage tout près du sien, du ton le plus
aimable, je lui dis : « Vous êtes bien plus drôle que moi,Madame ! » Interloquée, déconcertée, faisant l'hypocrite, elle
cherchait ses mots, se défendait, voulait me faire croire que je
m'étais trompé. « Je vous répète, Madame, que yous êtes bien
plus drôle que moi » lui dis-je encore s(lns lui laisser le temps d_e
parler. Je la laissai là-dessus, faisant une figure ! Elle ?e sa:a1t
plus où se mettre . Sans être bien jolie, ni de ~a prem1~r.e J~Unesse, cette femme n'était pas absolument laide. Je l a1 bien
regretté. Ma réplique elÎt alors été toute autre. « Je suis encha~té
d'amuser une aussi jolie femme » lui aurais-je dit. J'espère bien
la placer une autre fois.
Une nouvelle pièce de M. Sacha Guitry est toujours un grand
plaisir. Ce diable d'homme va de succès en succès. C'est à cba-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

341

que fois une nouvelle merveille d'ingéniosité, de trouvailles, de
riens qui prennent sous sa plume la fantaisie la plus plaisante, une cocasserie qui paraît inventée et qui apparait tout de
suite prise dans la vie même, une drôlerie, une clownerie étincelantes, et tout cela dit et présenté avec un naturel, une simplicité, une brièveté sans pareils, et de temps en temps une
émotion qui se cache, s'exprime à peine, charmante, rap~de et
vive. On ne peut raconter le sujet d'Une petite main qt1i se place.
Chaque scène est une petite pièce et toutes réunies font un
ensemble qu'on écoute avec un plaisir dans lequel l'intelligence
a sa part, tant c'est un spectacle curieux que celui d'un écrivain doué d'une telle verve jointe à de pareilles qualités d'observation et d'invention. Qu'il est dommage, grand dommage,
que M. Sacha Guitry se laisse aller à employer quelques expressions un peu bassement vulgaires, qu'il met sans doute, çà et là,
pour plaire à son _public de gens du boulevard, lesquels certainement ne voient et n'apprécient que cela dans ses pièces etnoo
toute_s ~es qualités de :finesse, de moquerie et de très particulière
fant~1s1e dont elles sont pleines ! Une petite main qui se place en
c?~ttent au moins une que j'ai trouvée vraiment regrettable, et
d ailleurs un peu forcée dans la circonstance. Au reste, peu de
chos~. Affaire de goiît personnel, peut-être ? Rien de plus.
Jamais _on ne célébrera assez M. Sacha Guitry comme auteur
dramatique. Il a tous les dons : la facilité la langue le naturel
l'invention, la vérité, le renouvellement,' la fertilité la clart/
la sensibllité, l'o~servation, l'émotion, et l'esprit, i•esprit pa;
dessus tout, l'esprit sans lequel l'intelligence n'est qu'une chose
pédante, lente et monotorie. Il a aussi ce mérite, et cette
sagesse ! de ne jamais sacrifier à l'actualité, de ne jamais s'occuper de la chose publique, ni de ces questions soi-disant sérieuses
d~nt on nous rebat les oreilles, de ne jamais viser ni au moraliste
01 au pédago~e. M. René Benjamin a eu bien raison de dire qu'il
e_st ~otre Molière. Il y a longtemps que je voulais le dire. J'hés1ta1s. ~st-~e b~te ? Je s~vais pourtant bien que je dirais juste.
Ben1am1n na pas hésité. Il l'a dit. Il a dit juste. Si le théâtre,
mis à part le théâtre lyrique, lequel n'est pas forcément le théâtre·
en. vers, a po~r objet d'intéresser en amusant, de faire rire en
p_ei?nant la vie, de faire réfléchir en montrant les travers et les
ndicules, cela sans discours, sans tirades, sans pathos, sans

M:

�LA NOUViEbL~ iREV.UE nR,Abl&amp;Al&amp;E

thè.se_, ,par Je -.si-m ple rteu,des ,~pli!gues .e.t Je :ca1:actère ,des .pars.on.nages. 4;vec claJW e:t ,v~rité, -et le vrai tb.éâue ,e&amp;t cela:sans.cian•teste;.M. Saah11,Guitrw,esJle pr;eimier.a.uteur 4ih;amati.g.ue .d'.al!jour.d'buL 1Viom w~n,ez cel-e. q.uand,ilsno:wHdennerarenfin l;Ull! ,gmnde
.aom&amp;lie. ,11 fau&lt;lmbien -qu!il ~:y.,léci.de ,un jout.. Àjj~ut&amp;ai')j,e.~u~il
;est, awisi p.our .mei une d.es ima-gey,de l'h0.mme ,irat1ra1)~. Ilarn1V.1ille,ooauc.cnUJp, ,i.l--àe.mble ,bien ,qufüdo.ive ,tr.aNailler ,dans le,.plai.sii:,,et,toutece,qu'il 'Prn.duit,trou-:MeJe saac:ès, Oui,.il,est bien JlOur
moi untb0mmf!,bellliewr . .Quan't-au~ grawes,-aut~urstde:ipièces préteJil t~n~s, ·qu.j ,le .regardent sn&amp;1~~ute a.vcc ,d,édain,et ,l,e ,ciansi,
dèrenx .comme-un simple an1useur., 1~ leur ,difai ae ,tJ_ue;: ij'ai déjà
.dit bien fl0U"Ment : ,il ,ei,t nu.tre.ment ili-ffi.oile rlitne fl'!n!ple, ~ituel -.et ,amusmt,qµe ~~tre grol\le., dis.couraur ,et ~nnuye.u.x. Je
.n 1ai., ,p.ollr rrha 1pant., ,qu~une ,~n(}lliétudie.,_ ,M. ;Sa1.:ha Gnitrrf .e&amp;t
enc~r'-e jeul!'e.. J.e CI1i&gt;ÏS ·q1fil ,a ,déijà prnd:u,it 1p9.5 -loin rd'nne •oin.quantaine ,d.e ipièoes.. J'ru. rl~jâ di-t ·hien des •fois tout J~J,ien.que
;e rpense de lui.. Je ,me rlemari-de •œ'1.')llie ·j~ 1p0l111rai ·bien dire .dal;lf,
-la .s.uite..
Les Compag;nrui-s ,tle -1la \Chimère,, ,umte, n.0U\le1Le tentr~rise
~dramatiqut;, ,0nt ,donné, ifi ,je ne me .rom.pt:, il-e.ux.spe.ctacles ..::fe
-n'ai pu a-ssis.ter qu'.:w rpremier. Je· t~ns M. Jean Sohlumbetger
pnur un ewellent·éotiivrurn. Je111'a:i ,e.11core rien ouhlié ·d'un M(vï'e
,de lui que jta,i,Iu,, il •Y a ,b.ien qn.ine,e ans , Uar+r.uJX qui ,comme
Ulytse .. .., 1d.e,venu !dans .la ,swte.rL';lnquiete-:paternit-i. rC'est up J.i-wc
.atltmré ;par ,beauaolllp et q.ui le ,ménite. JI 1f ) là un ,àEt ,d!une
:sli)hniété ,extrême, ,noe ém.ori.0n :prot"üd.ément hui;naü1e, ,et ipar
la façon dont ,certa:ines ohoses ne -Bant .ditl:}s ,qu'à dem~, un
motif .de r~verie qll~on uouv.e :rarement. -Césairec, la ipièae .qn'Jl
..a fait !jouer.à la Ohimèr.~, a ·son iinlér:êt, ell.e aussi. M. Jeau
S.c.hlumbe11ger .met en ;s.cè.o.t: .deu_« marin5o :t&lt;1U1~ les roeux ,épris•
.de da .m.ê~ ifemùle, ,!}'l:le !',an.., êtr.e 1simple ,et .l,:ru;né,. ~ eue Œéel"l'eme.n.t, ,ex que l'auue, p.!ein idfunag~na,ti:on 1ma.is ,peu 1sé.chi.isant
.physiquement;, tn~ p.0ss~dée -que da!ns Bes rêwes. Ce dernier
dé.Grit si.J;,ien ,ce.Ue f.emmt;, _pai,le si hi.en du plaisâr qu't0n ,goûte
a.vex: .eYe, :d écrit fii bien de llOkn netiré .,0.i)r elle ~e J.iis.se !limer"
,qu 1i'l ar,rive-à r,enc;llidfrocement .ja1oux ;le • P,etIB'e,Ssenr .r.,éel, ,GI,Ui
sait pourtant bi&lt;en qu'il n'r ,a qu'.i~&lt;Vention dans tous ,ses pw,pos..
Cett-e jalousie ;pousse même ,le .v&amp;itâib.l.e amttat à i1iuei; s0n i;clmpagnon, plus encore ,pour ne t11lus,en.teadre ,les Féoits .,u'.icl fait
0

CHR.ONIQUE DRAMATIQUE

$4j

de ses amours et qui paraissent par moments.; tant il y met d'accent, être des récits vr:iis, Mlis même, f!U moment] de mouri~,
celui-d ne renonce pa.s à sa fable. Comœe l'aùtre, penché sur
lui, J'adjure ~e dire enfin qu'il n'a jamais eu, vraiment., la
femme en guestion, il prononce au c-0ntmire son nom -avec la
même douceur que s'il .la tenait encore dan's ses bras, empoi,.
sonnaot .iinsi pour toujours l'amour &lt;lu véritable amani. Il
,emble 1ijUC M,Jean Schlumberger àit -mulu nous montrer Jà la
supériorité, la puissance de l'imaginntion etdu rêve sur la.réalité.
C'es-t en effet un fort beau sujet littér'!ire et psychok,gique et il
en a tiré parti de façon très attachante. On est toutefois tenté de
trouver que ses personnages parlent un trep beau: langage et
sont bien ,subtils pour leur condition.
·
La far-ce de Papa Gbéorgé., de M. Adolphe Or.aii., qui se rattache au théâtr-e populaire, est.simplement a1nusante. La curiosité était surtout dans le jeu des acteurs~ trali!~f.ormés en marionnettes de guignel et imitant leurs attitudes. Cette fantaisie étàit
d'ailleurs fort bien jouée.
Je fiuirai par croire que la mauvaise influeni;e du cinéma
s'étend jusqu'à certains auteurs dramatiques. Ils n'ont i,,lus en
vue que la rapi&lt;lité de l'action, le détail éclatant. le raccourci
brusque, au détriment du développement logique des situations
e~ des caractères. M. Edmond Guiraud s'.est mis en tête de
prendre quel&lt;jues personnages des romans ·tle Balzac -..€t d'en
composer une pièce i.ntitulée Veutrin, du nom d'un des héros
1~ plus marquants de 1â Gemédit kumaine, sans en être. toutefo!S le phis intéressant. Cette pièce ressemble à du Ba!zac et le
rappelle par le no~ des personnages. Mais elle n'y ressemble et
ne 1~ rap~e1le en nen par sa ct;Jruposition, son ton, son allure,
Ses SitUationi.• .M. Edm.onà Guiraud a mêlé les situations pour
en composer un s~énari~ à saguise. li a mêlé de-même les personnages. Il en faH paraître certains dans des circ-onstances auxquelles ils n'ont aucune part dans l'œuv.re du r-omande-r. II ruet
sans se gên,er ~cien de Rubempré à la place de R.1stignac, dans
le rô~c de 1 étudiant pauvre de .J.a pension Vauquer. C'est un
tr:ivail fkheux, ~ui témoig.ne d'une ptésompti-on et-d'un sans~
gene remarquables. On V()it qu'il n'a pensé qu'à cmnposer des
tableaux à ~et. Sa pièce est _bien faite de tous points comme
une adaptation pour le cinéma. Q.uant à.la mise en scène) il n'y

�344

LA NOUVELLE REVUE FRANÇA[SE

a guère que le premier tableau, la pension Vauquer, qui soit à
peu près réussi, encore que cela ressemble peu â l'intérieur de la
pension de famille décrite par Balzac. Un autre tableau représente le bal de !'Opéra. C'est puéril d'exiguïté et de manque de
personnel. Il aurait fallu la foule la plus bariolée. Il y a au plus
vingt acteurs en scène, dont des figurants, et on sait que ces
derniers ne sont nulle part plus gauches, plus lourds et plus
vulgaires qu'à la Comédie française. L'interprétation n'est pas
brillante. M. de Féraudy, dans le r~le de V.autrin, se dépense
beaucoup et fait de son mieux. Mais là encore Balzac manque
et l'allure et lé ton vrais du personnage. C'est uniquement M. de
Féraudy que nous voyons. Il faut voir surtout Mademoiselle
Ventura dans le rôle d'Esther Gobseck. Il faut la voir danser,
faire l'amoureuse et la courtisane. Je vois jouer cette actrice
depuis ses débuts. Elle joue toµjours comme une élève du Conservatoire. Elle n'a jamais eu et n'aura jamais aucun autre
talent.
Je croyais bien que les Escholiers étaient morts. Je n'en
avais pas entendu parler depuis longtemps. Ils ont donné cet
t:té trois représentations d'une pièce fort intéressante de
M. Gabriel Marcel : Le regard neuf. Le sujet est celui-ci : un
jeune homme, la guerre terminée, revient dans sa famille. La
vie qu'il a menée pendant quelques années, lui a donné de la
réflexion, l'a transformé. Il était parti encore un grand enfant.
Il revient un jeune homme müri, observateur, portant sur
toutes choses un regard neuf. Il exerce ce regard sur le ménage
de ses parents et découvre qu'il n'est pas parfait. Son père n'est
pas l'homme heureux qu'il croyait, ni sa mère, par le caractère,
l'épouse et la femme modèle qu'il s'imaginait. Il se met en tête
de redresser tout cela. En même temps qu'il éprouve plus de
tendresse pvur son père, il prend un peu d'éloignement pour
sa mère. Une amie de la maison aime son père sans le dire. Il
découvre cet amour et l'encourage. Le père se dérobe. Il hésite
à changer sa vie à l'âge qu'il a, sans fortune personnelle, et
habitué à l'aisance que lui a procurée son mariage. Il fait l'aveu
de cette faiblesse à son fils. Ces choses mettent un singulier
pathétique dans toute la pièce, qui a de plus le mérite de finir
d'une manière vraie, je veux dire nullement théâtre. Le troisième acte est malheureusement chargé de phrases livresques.

CHRONIQUE DRAMATIQUE

345

L'intérêt qu'on prenait à l'action diminue. M. André Calmettes.
a joué à la perfection le rôle du père.
II est bien dommage que le Gymnase ait joué si tardivement dans la saison la comédie de MM. Jehan Bouvelet et
Edg~rd Bradby : Barbe blonde. Cette pièce, pleine d'originalité,
aurait peut-être eu le succès qlt'elle méritait d'avoir. Elle
n'est pas seulement amusante par son comique. Elle intéresse
par son sujet, son action, le caractère de· plusieurs de ses
personnages. Oément (Barbe blonde) est un brave h~mme
de _notair~ qui est affreusement marié depuis longtemps et
qut a fim par se réi,igner. Sa femme, avec des allures de
créature lango~reuse et sentimentale, est acariâtre, tatillonne,
quelque peu bigote, assez superstitieuse, se croit persécutée
s'occ_upe ?e spiritisme, en même temps qu'elle voudrait bie~
se faire faire la cour par un cousin à elle, cela sans succès
ce cousin étant épris de la petite bonne de la maison. EU;
~ mê~e un. autre travers, au dire des aute~rs, sur lequel
Je rev1endra1 tout à l'heure. La pièce vient à peine de com-me~cer, qu'une scène éclate entre les époux, amenée à propos
~e n~n ?ar la femme. Elle est probablement plus exaltée qu'à
1ordma1re,. car, soudain, elle menace de se jeter par la
fenêtre. Lui, par plaisanterie, approche une chaise. Elle monte
de~~us, de là s'assied sur la barre d'appui, répète à son mari
qu t1 prenne garde, bien garde, qu'elle va faire un malheur
qu'elle va se j~ter pour de bon, et, en effet, par un mouve~
~ent ~aladro1t, perdant l'équilibre, passe par dessus la barre
d appui et '_'a choir sur le pavé, avant que le malheureux
Clément~. qui ne s'était pas ému autrement, habitué à ces.
scènes, ~it eu le ~~~ps. de faire le moindre mouvement pour
la retenu. Jusqu 1c1, nen de bien remarquable. Un accident
de m~nage, pas autre chose. Tout mari, tout amant est ex. pos~ a cette aventure. Au moins au début de cette aventure
car 11 est rare qu'elle soit poussée jusqu'au bout 'comme d '
Barbe blonde. J'ai eu autrefois une mai'tresse qui ressembta~:
asse~ à Ja femme de cet excellent notaire. Même caractère
trépidant, même extravagance. Cela la rendait même sauve t
mal~de et l'ob~igeait à se coucher. Un jour qu'elle était ain:i
ht'. comme 1e venais _d'entrer dans sa chambre, une crise
a pnt. Tout comme la femme de Barbe blonde, elle me

:°

�LA NOU'l{:ELLE REVUE FRANÇAfSE

menaçe:~ s; 1e ne sort(!.iS pas~ de ié Jeter par la fenêt1"e.:L:
lit était tout près de la fenêtre,. J'ouvris aitn:ah1ewent :eelk-Ci
1out-e grande. « A ton ais~, lui ,di~je. T~ vois.: je f~uvre
,nême .lA fenêtre · pour que tu ailles plus vite. » Je sottrs J.adessus, Nàturellement, elle resta traoq_uilleme~t couchée et
j.e n'eus poi'nt à me soucier du pr-oblème moral &lt;l.ont -on voit
Barbe blond_e se tor1tw-er. En effet, après la chut-e de sa femmel
dw~ suivi-e &lt;le mort~ on enquête. Y a-t-il eu .suicide r Y .a-t~H
eu ctime_? Simplement aocident? C1ément co!npar.aît ,eev~nt
le juge d'instruction. Naturellement s-on innocence est vite
reconnue. La chute de sa femme vient uniquement du faux
mouvement q.u'elle a fait-. On n'a pas idée ,d'aller s'asseoir
sur la, bar.re ,d'appui d'une feaêtr!! et de se mettre li à gesü..
culer. C'èst u_n ~t-cident. Clément peut rentrer chez lu] et vivre
tr:m&lt;juilLe. Eh ! bien, non. Certains propos q.u cousin de sa
femme le tracassent. Absous par le îuge, il se met lui-même
l'i instruire !'.affaire. 11 l'étudie de très près . .Il reconstitue
Ja. scène, recompose ses gestes et ses paro~, les gestes et
les paroles de· sa femme, s'interr-0ge.. s_'~ili:amine, :&amp;e retour.ne
en tous sens. Sa femme mena,çait de se Jeter par -la fenêtre.
C'est e.ntendu. Sans doute~ il a approché la chaise. Ma.i-s c'est
elle qui e-st ·montée dessus, qui est allée .s'.assooir sur la barre
d'appui. Ce !l'est pas lui qui J'y a placée. C'est l'évidence
même. Là elle a répété ¼ plusieurs reprises qu'elle allait se
jeter... L~i, il n'avait rien dit. ll ,él:ait là •. ; P~ur lui, c'était
une scène com.me tant d'autres. Pourtant, n éta1t..ce pas son
silence, justement, qui l'avai:t excitée, son scepticisme, la rési..
gnation qu'il montrait ? Elle avait peut-êtr~ vu li c_omt~e u~
--défi? Sans doute, s'il s'était mis it son diapason, il n.a1mut
pu qu'augmenter la démence &lt;le la malhe_ureuse~ et ~'est alors
qu'on pourrait le trouver coupable. li ava1t au contr.air{! mon;ré
beaucoup de sagesse en se taisant. On ne po~va1t que l en
approuver. Oui, mais, tout de même, la première hypothèse
restait troublante. Sa femme ser.1lt peut-être descendue de Ill
fenêtr~ s'il avait patlé ? Elle se sera1t calmée. Tandis que
son silence, la s&amp;éniti qu'il avaitga,rdée devant sa menace ...
Cela l'avait exaspérée, et alors, lui ! .. . Quel remords l Le
malheureux passe ainsi, comiquemebt, de la quiétude à l'inquiétude, de là certitude qu'il est innocent à la crainte d',être

CHRONIQUE DRAMATIQUE

-"347

coupable. 11 prend pour arbitres le cousin de sa femme, et
l'ancien notaire qui lui a vendu son étude. C'est un véritable
interrogatoire. Le cousin veut absolument qu'il soit coupable.
L'ancien notaire le déclare surabondamment innocent. Fina1emen.t, Clément est tiré d'affaire par le temps, et surtout par
la petite bonne, une petite Eersonne· mystérieuse qui n'a pas
voulu suivre le cousin à son idépart .de la ville. Il s'aperçoit
que cette enfant est jolie. Un soir, elle lui fait un bon dîner.
Il lui fait prendre place à table à son c6té. La gaieti vient.
Il sent ses chimères le quitter. La petite bonne l'aimait en
secret. Elle le Jai51,e voir. Ils 'Seront ilieureu,x ensemble. Il
mangue à ce compte.. rendu _!e~ nuances, qui comptent pour
be-at1toup ·dans leas ·qua-1i~s de c-e'tte pièce. Les artist'e's du
Gymnase l'ont fort bien jouée.
,
J'ai dit que je rey.iendrais sur un ,dé.ta.il &lt;!iu cara.c.tère de ·1a
lemme de Barbe hlo,uk. Les aute:ru:s Jui .donnf\Dt ,aµssi, ,c0,mme
li~ ~v.eCB, Je ,fai.t .d!avoir ll'ecueilli huit chats ,per-d1u. J',eu
.aJ ,tou1.o.ur~ ~to~r de moi une hMne trentaine de même iPIOv.enanœ. Et Je .du; du hi.en de leur p,i.èz:e ~ Jls ~ont êti;e ,bien
.att:r.a.p.és..
MAORI.GE ,BOISSA-B,J;&gt;

�NOTES

NOTES

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA MENTALITÉ PRIMITIVE, par L. Lévy-Bruhl
(F. Alcan).
Les Fonctions mentales dans les sociétés inférieures, parues voilà
douze ans, trouvent dans le présent travail du même auteur une
confirmation et un complément. La corroboration mutuelle de
ces deux ouvrages n'est pas seulement la consécration d'une
grande œuvre : elle implique l'avènement à la positivité d'un
ordre de recherches relativement récent, dont l'exploration
pourra s'étendre à l'infini, mais dont la méthode, jusqu'ici
incertaine, s'affirme désormais précise et süre.
Dans son ouvrage antérieur, M. Lévy-Bruhl s'était proposé
« la détermination êles lois les plus générales des représentations
collectives (y compris leurs éléments affectifs et moteurs) dans
les sociétés les plus basses qui nous soient connues ». Il avait
constaté que les cc sauvages &gt;&gt;, peu sensibles à la contradiction,
pensent beaucoup moins selon le principe d'identité que suivant
une loi toute mystique de participation, caractéristique d'un
stade « prélogique » de la mentalité humaine. De nouvelles
illustrations de cette thèse générale nous sont aujourd'hui fournies en abondance ; mais la curiosité de l'investigateur se porte
avec prédilection sur la notion que se font de la causalité les
peuples inférieurs, notion non moins mystique. Aux yeux de
ceux que: l'on a supposés naguère plus près de la nature, rien
n'arrive par des causes naturelles : tout événement résulte du
caprice d'une force occulte, sur laquelle le magicien a d'autant
mieux prise, qu'elle ne s'agrège pas à l'ordre objectif d'un déterminisme universel. Aucune mort, aucune naissance n'est natu-

349

relie : une maladie, comme une blessure, procède d'un malénce ; l'apparente procréation suppose la réincarnation d'un
ancêtre. Un accident qui nous paraîtrait fortuit est tenu pour la
preuve qu'un tabou a été violé. L'efficace des puissances mystérieuses donne tout leur prix aux rêves, plus véridiques que la
veille, tout leur intérêt aux présages, véritables causes et non
simples symptômes. La conception d'un ordre fixe fait à ce
point défaut, que le phénomène de mauvais augure s'interprète
moins comme un signe ou un indice défavorable que comme
un o: porte malheur » susceptible d'être esquivé, voire converti
en principe propice : on va jusqu'à provoquer des rêves, jusqu'à
mettre en œuvre des pratiques divinatoires, non seulement
pour s'inf?rmer sur les intentions de l'ambiance suspecte, mais
pour susciter des événements conformes aux désirs humains.
En_ ce mon~~ où rien ne semble accidentel, tout paraît arbit~~ire ;_ le vis~ble s~ révèle pénétré d'invisible, de sorte qu'on
~ i~ag1ne pomt qu ~n événement se produise toujcurs par
l action des ~êmes circonstances eoncrètes. Seule la question
du p_ourquo1, non celle du comment, se pose au sujet de la prod~c~10n des choses; car on ne s'intéresse qu'aux causes premières,. non aux ~u.ses secondes, et l'on ne soupçonne pas la
régulanté de~ conditions caus~les. On ne conçoit pas davantage
le ~emps ~t l esp~ce comme des cadres universels et nécessaires,
puisque l essentiel de la réalité, - les influences occultes transc~nde l'.~n et l'autre. Et si le milieu dans lequel vit le :auvage diffère s1 complètement de ce monde aux lois fixes, s'exerçant dans des cadres géométriques et arithmétiques, qui est
~our n~us autres l'objectivité, c'est parce que les peuples inféneurs, msoucieux de raisonner, négligeant d'induire bornent
le~r réflexion à ~'intuition immédiate, obsédée par la h~ntise des
puissan~es mystiques. Après avoir découvert dans leur caractère
?on ~ogique le propre des fonctions mentales dans les sociétés
i~féneur~s, M. Lévy-Bruhl reconnait dans les singularités de
1 «_expérience » de ces peuples, l'effet de leur indifférence à la
logique.
Nous reg~et~o~s de ne pouvoir ici montrer avec quelque détail
commen_t ams1 s étayenJ l'un l'autre les deux livres qui forment
désormais 1~ base de notre connaissance des primitifs. Des sujets
presque entièrement neufs, tels que l'étude des rêves provoqués,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇMSB

des pratiques- divi.1tmtoiresi "des- ~4'1.riis se -trwvent"-&gt;àl~la fo,i:s;
dhfritlffl' Œt: i,nt,ég,r,s à l'lne- in~r,pr~arioa g-émrnJè qùi'1:t1'sso~;.tk,
la cooficmitta'l1i.0n1 dk!s. fü~s; ,a~c -ûn t=eer@ui:s. mmfürum· .l J~3/'P'@!thèse, E0 ':i.~téUT pea~ mai-Rtel'Îaht 5(t di&gt;spir:fllWl' 6'ec râmpre,.dies.
lan€es- twt~e- les postulats s~mpli:Stt&amp; die,T,ylar: Oll' ct!mim-fd':tmmi-6-l.lle de Fra-i-er;• il-a·mi:etU et fafo:e en..J.aisS'àÀt p.it&lt;ler -les: d'.oht:..:
rnwts. H corfseiw czel'tes:lai'ron~€tli:-en ~e .J;,r ·pe~éè pri:mittv~
présen.e ·un, Ca&lt;I~t'ere rnUectif, ma~i,:~.s:abstiehvJ.e tG1.'llte- ~:r.,no..
ttOO' qui a,t-t~terait 1~a&lt;lbesi1m. à nn dogme- :de lf.f role seiei0logi,.
·qu,e. Une :.o~e de c:;(.mtre~préuv-é d~Péiml!!ats- ~àcquis s."t~l!itientl
pqi' }l"eumen-ale'hda4on dent les sattv,ageSlréagi~sen. eh Îi&lt;!tttles&gt;
ormt's : cesi 'â'em.i:er-s •e/\itr 1 f~t l.'effèt de s0ruiers ;:,lëu1,s &gt;armœ à.
fe,l'J, .. pa6ilOOê pour-tuèr nôn• pa,r lrënv:m d'mr'ptojeGtil"e', 'uia&amp;s-pGrlir&lt;se.a îè diétüm1,til0n ;•lems-:liv.reMont p11rs,r p&lt;iure: iÎRstn:llfn~ts · d~
àivia-atioh ; r€™'s sô-ing médkau.x, ténias p&lt;niv une êp"Ienv·e indis.crête elel'Œ pa-tience•-~1.1 màla~le, épreu'V'e"qtü méÎ11e· plutôt' un.
dédommagement que de la rectJ:ilnà.is&gt;satNe. I:'in.coril.pr~.tiertsî.t1m
de la men-t-afüépF-imiti-'ve écht~plus encore, sipossi~te, c:~z.temédecin, imbu ~idées p-0-si,1,ves, que chez re· m.issi0h □.ftiite;.cl,o.r1t
l"ap-0stol.«t• -offense lgs,. ciuyance&amp; des i_nfügè1qes; mai:s-qui. p,avti-,
cipe du B.rooms, lui aussi, à 1m i.evta?n, mystléisi,wt.. •Cës a:d.ministtatieurs è,oloo.i:.a'ux-,
S€ péhétr,a.ni: .. di,l~eà'S'{:ig.ilemè:J.t '}~~
lew d-oiine M. ~·uvy-Btuht, ~viterarent brèu.. d'es4t1éêbmpres. et:
devteNd.faièn~'rnoh'i •inc~pa-bles,d~adapter· fü jus~ic~(t.is bla11es. à
celte des antres-r~ces. Lit scie.ace' ~me y trouverait p:Potl.i, -~ ·
t'iïufo-rm1rti'00 qûe 0erlait:ts-- 'd!'entre- ewir notis 1Eomnissen11. sii;. p:rter-euseme*t sur, eks mœut-s ou a~ :itties eu 'Vtii't, ta·- dh]5ariti~
d'altérati'on, po!.ifrait se re~ueî llif pli:rs i,mpaitiate r moin&amp;
gâtée· de préjugés européens, ·tils "ptiisœient daoo.. t'&lt;Îs , d~JC
ouvr-àges une-p-Jus daire ·i'ntelligè1i:ce .des. p€1:1ples înif&amp;idrs.
tir Menfülitë P'ritnifmt!, coni·pMta!'lt le-8"· Ftm.ctions mmt~lBs,
marq,nera ·une pchase' cfédsive ·aans l'histoire -de l'humanisme,.
Un p-as infJWrÉanr semtile réalis&amp; élans l'apürnde crois-sanve d:e
Fhommei à se eefli1aîtrei fui-même. è -autem sait s sdu:straire à1
la tentation, si spécieuse pour tant d'autres, d'expliquer pl'~~-·
mrém.ent les dvrl:tsës' ipa-1' lêS' sitnvages:, apâ!s que li'© ;e.ut si
longeemps- ex)'&gt;fiqué lès gau,vages par tes i::ivfüsés: P'enmn
meil'l·s qt!è h:ti né ·se fait ~il1'ns.i'oas sur le concept de· ·œ p~inii~
tifil ~ ~pré:!5'Î6n «-l'rien'împn,pre·~, mais impt,sêe pi.ar l'.uspge·!'
0

en

ou·

n~il pas pro~ èofi'ke l'impruden•t e assimil-a:tioo cJ;u sa-a-

vage vivaot d'e no~ jours au v.é-iitalrle primitif, c0ntr.é'J:a..n01Jforf.
d'une évoluti:on uniHnéa,ire=• ·&lt;te l'humanité, coimeo' le&gt; pos,.,
tufat speucér.itm ~ Fra.z~, sel0Il' lequel « l'e plus simple esti le
premiel' clftns hHe.mps-'&gt;) ?l Petsvirne m0î1is q-ue Itii ·'ne mébro.naît Ie earac.tèr.e- provii;ofu:e &lt;l'es résultat-s dès•à présent obtenus-.
Sans aacun doute- 'l'aveniir · montrera la nécessité de- fai're- desUma.rcatioas, l~,nsrituer dies grou{l'ements parmi ces ..peupfes·
d':Afu,q,ué, d'Amérique, d'Océanie encore consi-à&amp;é's. en bfoc,
pour ce seul motif qu'ils sont les ·plus éloignés de notre civilisation. On découvrira sans doute dans ridée de non. civilisé le
pendant de cette chimëre, !e -priinitîf; car to~-t~ existence en
&amp;Oc~té, imposant nn~ «t'tùim,ali"1:é D:r rrnpose•aussH.ine- «-Ctvi'lisatfol'J. &gt;). Les anhthêses• rhétaphysi:'ques- de l'lrcnnhtt" et de laoa-ture, de-la:-natU•re et 'del-a' c·ivi1isation, se· trouvJnt' m-éthod'i--'
quem~nt sapées au prafit'J'une- science ca1nP,ata1t'fvè· •des rypeshumams-, seience qui Fejètte&lt;-a·a-terme d utr-process1.fr indéfini fa
d.é~rm~nati€).IJ de,l"œ lli:oüime'-» a-hstwt, mais qu:ïl tHnnnuera~de;
siicle lHI• srede notr~ ig□-0ra□ee-mr ce.ne fonnidaMe'rncomrue :··
Ro~m~IOOS. La ]:frétencJiue nétessité d'eppcrser encare·c'fvil?sé'set n~.n.civïIJisés lti,ene srmplerrient, croY6'ns~nou~, aITfa:i't que ces'
d:er~1e!'s:s0nr des peuples sans hrst0ire, non qu'i·fa n'a,ientpoint
T-anê -~:a.n-s le t.er:nps-, ae "l'.U'Î; se1air rne?rrcevab1ê', ~mais parce,qtte
nmis l~Or~n"s, tout de leur passé. fHaut dotrél e'spét!e_r d,'urr ,pr&lt;l~Pès ht~~9'&amp;': k renverseménl' de fa cferni'éreJid'oPe l:ilétaplly~
S~&lt;J.ùe qur SU0SIM;e•en rioqe soe_io1&amp;gîe. · Mais:cette-'ct; histo ·,a-non r, prngressivede-n:etre-notion des·peupfes•inféf-ieurs résultera
surt&amp;ut des documents que peuvent ·fou riir ur.ces' p-eupfos ' fe's'
peuples•doués d'upe histcrFre. Céb.tdiè critiqtre· cPes-vcivi'lis~iomr
aatres Ç~@ nO'tl'e cul'ture, oceièfentate jeirter&amp; 'JII'et~lîe" jour un
PQnt entJJ&lt;e.&lt;notiî,e caàrraissance àe. F'l'romme cc bfanc ); ou cc euroJ)€~n »•et ROtFe in•te&amp;?igation {le Thumanité &lt;r primitive ». Déjà'
l"i:ns~oire- &lt;!les , ei&lt;vilisatfohs a-siatfq:rres fourmille â'e matériaux
relaufs :rux œ SŒ1îVages
alix-« bàroares )) intèrptrsé's enttf ces
~ran~s foye~s de Cl!Ù&lt;rure ;- Or· P''Asre-n'a é'té sans htpp'èrts of avec
l Afrique,? av.ec lt(kéanie-. L'histofre d'e FEgypte nûus ré'vélera
peut-êmksl!\!ret, 0U·1'ùndessecr-ets~ dtrn:iy ère africairr. Inde!..
pendamment&lt; ie'squestions de,fa~t, et si!''@n Yise I~"déterminatiorr
des &lt;l structures mentales )) à travers les diversites-dirt'empir etitfe

»,

�352

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que . la connaissance
des civilisés
l' espace, 1·1 est vraisemblable
·
•
.
•·1
simplement autres que nous, mais non_ pas inférieurs, - ,s 1 s
ont poursuivi une évolution synchromque. et parallèle a _la
nôtre,_ doit nous préparer à la compréhension des catég~nes
spéculatives ou des techniques propres aux races les plus ~ifférentes de nous. Mais de semblables progrès vers une véritable
critique de l'esprit humain, par application de l'histoire c011~parative, c'est une œuvre telle que celle de M. Lévy-Bruhl qui les
·
gu rés .
P . MASSON-OURSEL
aura 10au

LA NEF, par Elémir Bourges (Stock) .
Le sujet q_u'Elémir Bourges a entrepris de traiter embr~s~e,
en dépassant chacun d'eux, le Faust de Gcethe, la D1vme
Comédie et Je De Nalura rerum. Sa Nef vise à être, comme
Faust Je poème de l'inquiétude humaine, de la recherche de
la n;rme et du bonheur et, comme la Dhiit1e Comw~, le
poème des causes premières et de la destinée de l'umvers.
Mais le domaine des expériences offert à l'homme est beaucoup plus vaste que celui de Faust t:t ce n'es~ pas !a. se~le
th éodicée la seule cosmoaonie catholique qui est 1c1 mise
'
b
en œuvre,
c'est une &lt;l somme
» de lOutcs les théo d'1cé ~s et
de toutes les cosmogonies du monde occidental, depuis la
mythologie grecque primitive jusqu'au matérialisme contemporain, qu'on trouve dans la Nej. Et l'on ~ trouve en outre
les théories de la connaissance et la métaphysique de la morale .
C'est un abrégé d'histoire de la philosophie, une synthèse de
tous les grands systèmes, un compendium des idées d~ l'human 'té depuis sept mille ans qu'il y a des hommes et qui pensent.
C'est en méme temps le résumé des aspirations humaines,
de ses efforts incessants et toujours déçus vers un nouvel âge
d'or le livre de sa révolte et de son messianisme, traversé
de ;ésignations et d'adorations. Bref c'est toutes les for'.11es
de la pensée, de la sensibilité et de la volonté bumarnes
qu'Elémir Bourges a dressées dans cette œuvre m~yenâgeu_se
par ses dimensions et par son contenu encyclopédique. Déjà,
dans la dernière partie de ùs Oiseaux s'envolent et les fleurs
tombent, Elémir Bourges aYait donné une ébauche
très
réduite - de la Nef.

NOTES

353

Mettre tout l'homme dans un livre, l'homme en soi, dépouillé de tout ce qui dans sa vie est accidentel, r~duit à
son essence, face à face avec les plus hauts problèmes, c'est
la plus vaste entreprise littéraire qui soit . Disons-le net : il
y faut du génie, et non pas un génie spontané et inconscient,
mais un génie nourri de science et d'orgueil. C'est qu'il ne
s'agit pas ici de transposer de la vie sur le plan de l'art et
de la philosophie, il s'agit de transposer de la philosophie
et de l'art sur le plan de la vie. La matière brute qu'Elémir
Bourges travaille est purement livresque; iJ faut qu'il réussisse
à l'animer. Le symbole eüt été trop court, l'allégorie trop
plate, l'épopée trop artificielle et trop froide ; Elémir Bourges.
l'a bien compris : il a suscité des mythes et il les a présentés.
sous la forme dialoguée du drame grec. Pour y couler la pensée
de tous les siècles, c'est de la, conception poétique d'Aristote
qu'Elémir Bourges s'est inspiré et c'est le moule eschylien
qu'il a choisi. U est allé emprunter sa forme aux sources
mêmes de la civilisation gréco-latine. Le résultat est qu'on
pense d'abord invinciblement aux traductions du grec de
Leconte de Lisle en lisant la Nef. Le format, les caractères
typographiques, la transcription des noms grecs (bien qu'Elémir Bourges écrive Prométhée au lieu de Prometheus) ajoutent
encore à l'illusion. Illusion qui disparaît très vite, mais qui
date peut-être la conception par Elémir Bourges de son œuvre.
Sans qu'il y ait entre eux aucune ressemblance précise, Prométhée par son ton, par ses attitudes et son orgueil rappelle
souvent Qaïn. Elémir Bourges est bien de la génération
qu'on pourrait appeler « cosmique ~, qui dans des sens différents a donné le dernier Hugo (Hugo que Leconte de Lisle a si
fortement influencé par un curieux retour d'influence), l' Eve
fuJure de Villiers, les Réverits d'11n paieu myslifJue de Louis
Ménard.
. Mais l'élaboration de la Nef a été si lente ( on parle de ce
hvre depuis trente ans) que les influences primitives se sont
en grande partie effacées et atténuées et qu'on peut y distingu~r toutes sortes d'apports nouveaux dus au symbolisme,
qui, par certains côtés, a été, lui aussi cosmique et mythique.
Effet du hasard ou volonté de l'auteur, la Nef compte trente23

�354

LA NOUVELLE REVUE FRA}J:Ç1.1SB

.1n,is ~ènes, .comme chicua rdes « captiques » de Dan:e a
trente-1.-rois chants. Dans chaqqpscène,. Prométhée~hérosllmque
du dr.ame, est, aux prises .aw.ec des ,personn~e:!. différents.
L' a~tion sauf-dans le prologu~, ~st commenté~ par un chœur
an~qu~.~_le. Çbœur des Argonautes, accru pa:fois dJJ chœur
iles fommesCap.tives .sur la nef ,tfr.,gô, de celui des Hommes~
,des Tit~;, -(les Bêtes, -des Çentaures. Le titre auniit pu être
ceiui-d : Prométhée ~ihi-rl. .
Prométhée, de T~&amp;-,fili, de la Tecre, l'ami des homm~.
-est :dél.ïv:ré par Hér:ikJès., venu, jusqu'au rocher où il •~té ,en-chaîné •sur ]a nef Ar.gô. ,Le rè_gne de lieus s,ur Ja terre •p rend
fin 4 le tab.l~u &lt;le so11 rk_gne tetJ~tre qu_e t;riœ à. l'avance
Prométhée r@sem,ble étrang.ement à la pr6dlction d'Isaïe : « la
l~g_ue J:7icle qu lion fèc)lera 1~ fllPP. 1:1ui tette, _la lia~ timicle
-s'endorrrµr.a squs_ l'ombre des ailes du yautour. 11. Héi:aklèsj
q_ui li~re les humai~s d"e l.ll cuinte des -dieux) ,est le mythe
de la joie de vî,vre, victorieuse &lt;lecS terreurs et d-es tfoèores ;
les Argonautes, ce sont lei hommes à la reçh~che et ~ns
l'attente du bonbeur-'foison,d'Or ~ Pl ométhee, .c est la Raison
hum~ne en lutte contre lè mystèr!: et le mal. ToUles les
J~mière/ d'~rigine_divine ~'ét~igneii,t d_e vaot la vict0,ire du
Ti\an. 4 leu,r place~ .sept itoiles_ jailHssent du -fui~t de Pr?m~tbée, sept J9:JUi~;res nouvelles, d'essence huin;uue. M~1~
a~ant d'é.ilaii;er l'u-Q.Îv!'!rs à nouveau, •il ..iJnporte .d~ le guénr
de ses souffrances . .ProJnéthée échoue d;irs:· rcetrte premiè.t:e
entreprise : il est impuis5ant à supprimer le mal. Il doit
d'abord vaincre Zeus., maître du ciel et de la foudre. Pour
Je réduire, il foro-e
les ailes qui lui ouvriront le ciel. Mais
à
6
~
~ette ascension, les Eri,nnyes \S'opposent. LC11 sept lunu'='r-es
humaines qui permettraient .cette victoire .et q.ui sont : Intelligence, Verbe, Amour, Joie, Désir, Sagesse 1 Har11:1onie, sont
contredites et perpétuellement menacées par Matière, Mort,
Haine, D9uleur, Boi:ne, Ignorance, Disc'O'.rde.
• Devaut ce~ ,échec, Prométhée renoncera-t-il et restaurerat-il l'antique alliance de la terre et des cieul, des 'hommes
et &lt;les divinités,? Il s'y refuse. Les Dieux. de rOlym_pe s'éYa.nouissent. Seul -en face de sa propre 'Pensée, l'homme s'interroge . ·Le monde est-il régi par l'épée (le libre arbitre, la
nison) ou la r9ue (la destinée aveugle, le déterminisme) ?

BOTES

355

L'homme peut-il ôter de lui le tourment de la cause première;
le besoin d!expliquer · forigine et l'essence de l'univers et de
l'homme? Non, cela est impossible. Dès tors qui sera Dieu ?
Suacessivement Prométhée refuse un Dieu personnel- transcendant; la conception i)anthéiste de l'Btre-Dieu ; la con.c eption matérialiste; la conception hégélienne de l'idéalisffie absolu
de l'identité de la Pensée.et-' de ,l'Etre.
'
Prométhée, pour échapper a,ux catégbries où se meuverrt
les -hommes, va créer· à nouvéa-u l'humanité. Tl pétrît d'arc ile,
.
è
.
0
'
mais sa m re Gaia ~st im•p uissànt à ranimer, à lui donner,
en même temps que la vie,' l'"mmort.ilité et-le bonheur dont
rêve le Titan. C'est le démon de la Mort qui animera cette
argile et lui confér.era la vie mortellè, cirr c?est la mort qui
en.gen-0re la vie, la -quantité d'énergiè.··est invariable &lt;lans
l'univers. Prométhée s'empare dés- deux •feux. que lui -offre le
démon de la Mort : le feu rouge et le feu blanc, 11 voudrait
se limiter à insuffler le feu bl;mc -de l'inteHigence â la créature
oou~elle. Mais .i;an·s le feu r~l¾~e -euriesité, d-ési'r, aspimfion~
lnqUlétude - la créature n'aurait •pas d'eiistence véritable
ne , seràit -qu1immobiUte. -L'enfant naît de " !-'argile :- il es~
av~ugle, C~st la vengeaoc~ de l a füvinïté. La dé du mystère
um-.ersel n est pa'S sur terre. Ghargeau't son enfant sur son
épaule, Prométhée quitte
-ferré,. à la re.cherche du seeret
qui_ rendra la vue · à la- créature. Les -hommes, cependant,
ré-signés à ~eù~ ignorance, agirnnt 'èn --aaorant les dieux qui
peut-être n existent pas. Le grand combat s'est donc achevé
par la défaite de la -rai-son, l'apolùgie de la foi et de, l'action.

1a

Même réduite à une anal3/sé• aussi ,somma-ire et déformante
que celle-.ci, l'affabulation gènéralé J de la Nef montre -son
ampleur, -Sa noblesse, son originalité et •sa puissan&lt;:e. Cette
gran~eur et cetteirichesse se r-etrnuvent dans le détail de. chaque
cbap1tre, Il, y a .là un entas~ement de systè:1nes, de pet1iée,
une force d1alectJ.que, une aisance à se mou-voir dans l'abstrait e~ à le matériàlis r· &lt;JUÎ rapp'èlle- certains graacls tièbats
~cofa_st1ques en allégori~s, mai_s c:p.i'i se double de la grande
mquiétu~e moderne -èt, -osons 1e mot, ro~antique.
, '
Ce ~u1 poumHt Sùrpreadre, t'est que l'Evancile chrétien
n'a point de place dans ces tbéoaicéé_s ët que 1~ Bible eHe-

7

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAISE

même est presque totale~ent absente de cette œuvre. Mais
il faut voir là, san!ï doute, un dessein prémédité. Bible et
Evangile sont des produits de l'âme orientale. La Nef est
une image de la pensée d'Occident : les mythes et les dieux
qui y figurent sont uniquement helléniques comme la forn1e est
empruntée aux tragiques grecs.
La gageure était forte de préte.n dre émouvoir dans cet ordre
métaphysique en négligeant l.;i. philosophie chrétienne dont les
vingt derniers siècles d'Occident ont vécu et en prétendant
retrouver dans la mythologie et_le rationalisme helléniques des .
sources profondes d'émotion. C'était un beau _risque à courir.
Elémir Bourges l'a couru et il a mis de son côté le maximum
de chances en retrouvant les secrets du grand style tragique
et en condensant ~on émotion avec u,ne force et une lucidité
qui placent sa Nef bien au-dessus des œuvres courantes de la
littérature conteroporajne.
Est-ce- à dire qu'il a triomphé ? Une œuvre comme la Nej
ne triomphe que si elle dure et si elle est nourricière et féconde.
Il est malaisé de préjuger de l'opinion de la postérité. Ce qui
semble certain., c'est que la N-ef est une œuvre morte, une
morte splendide, mais une morte. Aucun échange d'âme n'en
possible entre elle et nous. Si nous savons encore ce que fut
Prométhée, nous ignorons profondément les géants Arimaspes,
les dieux Kabires, les telchines . Ces divinités mettent sans
cesse une barrière entre µous et le livre. Qui est le fils de
Iapétos ? Qui tst le Pandoride ?
A recouYrir des idées modemes et des abstractions (le Titan Dieu Ouranos figure le panthéisme ; le serpent de Gaia figure
le matérialisme), ces mythes oubliés n'ajoutent pas à l'émotion
métaphysique. Tout au contraire. Ces lourds ornements classiques déconcertent et détournent de cette émotion. Le ve~ige
métaphysique, c'est une page bien nue de Spinoza ou crHe.nri
Poincaré qui nous le procurera. La Nef y èst impuissante.
On serait tenté de dire d'Elémir Bour_ges qu'il est «secondaire»
et qu'il est resté sous le coup de ce défilé_ kaléidoscopique de
doctrines auquel il assista en classe de philosophie. Certaines
pages de lui ne sont que du Boirac lyrique.
La fa meuse « magie du style,-» ne répare rien. Ce style
d'Elémir Bourges, dur, tendu, somptueux., ne vit pas. Pour

NOTES

357

éclairer son œuvre sévère, Dante trouve de o-randes itnag
f: 'Jii
o
es
aou o:::res et .neuves qui vivifient le raisonnement Je pus
J
b
a scons et qui sont ~areilles à de fraîches oasis.- où il reprend
soufile avant de repartir vers les hauteurs. Rien de semblable
dans la Nef: toutes les images sont reprises des classiques
~recs _et so~t tellement usées et rebattues qu'elles fatiguent
1 espnt au heu de le rasséréner.
~ien ne ra~hète Ja monotonie de cette succession _de scènes
tou1ours pareilles, où Prométhée discute avec quelque d" · · é
il' d
IV lm t '
au m 1eu es lamentations des Argonautes et des clameurs de
la ~oudr~. Cette grande œuvre qui mérite le respect et l'admiration n esrpas seulement une œuvre difficile, c'est une œuvre
ennuyeus~ et _qui ne récompense d'aucun enrichissement profond celui qui a surmonté l'ennui de la lire.
·
Le chef-d'œuvre d'Elémir Bourges reste Les Oiseaux s'envolent

el les Fleurs tombent.

BENJAMIN CRËMLEUX

*

* *

LE STUPIDE DIX-NEUVIÈME SIÈ.CLE, par Lécm Daudet (Nouvelle Librairie Nationale).
.
. Com~e tous le: livres de M. Daudet, le Stupide dfr,-neuvième
nêcl~, ammé par 1 esprit de la parole et par le mouvement de la
passion, se lit joyeusemenc et d'une traite. On y trouve fréquemment d'excellentes remarques et de pénétrants aperçus .
~e le~te~r Y trouve moins une thèse à discuter qu"un état
!,esp~t a ~nstater, à classer, peut-être même à utiliser: l'état
esprit qui crée des mythes. Le bloc du XIX" siècle considéré
comme Ie mal intégral, comme une bête de J'Àpocalypse
analogue ~ ce que sont Rome pour l~s protestants, la franc~
maçonnene pour les catholiques, prend figure de mythe, que
no~s ne ferons aucune difficulté- de qualifier de mythe utile
puisqu'il pennet les feux d'artifice, la verve truculente et gron:
dante de M. Dau.det. Ce mythe vient d'ailleurs en son temps. Il
se rattache -à nos mythes de guerre (il n'y a pas de graride
guderre sans mythe). L'Allemagne ayant représenté pour nous
ans l' espac
']'
.
.
,
.
e, un tota tsme du mal, il était assez naturel qu'un
tota!1sme analogue s'étabHr et fonctionnât dans le temps La
réalité
é 'd
•
est v1 emmeat plus complexe et plus nuancée. Mais Jes
amateurs de complexité et de nuances n'ont qu'à passer à un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rayon différent de celui que tient M. Daudet. Lui-même, dans
ses Souvenir.s, à l'ocèasion d'une fê'te chez Mirpeau, s'est campé
bien pittoresqueroeat dans le rayon qui lui est propre et où il
réussit. En lisant le Stupide XJXe. sièale, je pensais à ce massacre
de chapeaùX; et de pelisses, et je m'amusais ferme : d'autant
plus que, pour mon compte, je porte des,mous, qui supportent
tous les coups de poing.
Entre les nombreu.x points de détail qu'on pourrait discuter
dans le livre de M. Daudet, j'en choisis un au hasard. M. Daudet entoure de soins le chapeau. de M. le docteur Pierre Marie~
comme s'il s'agissait de la couronne royale. Une ère nouvelle,
nous dit-il, a été ouverte par un numéro récent du Progrès
Médical, où le docteur Marie exposait sommairement le résultat
de ses études sur les prétendues localisations cérébrales du langage. Outre ()Ue les travaux de Pierre Marie font l'objet de
comptes-rendus depuis au moins une douzaine d'années,
M. Daudet sait-il, ou oublie-t-il, qu'une part importante d'honneur revient ici à un philosophe sur le- chapeau de qui i1 a coutume d'exercer les pires sévices, M. Henri Bergson? M. Bergson, dans des pages de Matière et Mémoire qui restent un modèle
de discussion serrée et probante, a ramené dès t 894 les localisations cérébrales apparentes à des phénomènes moteurs, etles tra- .
vaux de Pierre Marie, physiologiste et médecin, ont confirmé par
le travail du laboratoire le travail du philosophe dans son cabinet. Le rôle de M. Bergson a été.ici pareil à:,celui de Le Verrier
découvrant Neptune au boutde sa plume, e(celui de_ M. Pierre
Marie à celui d'Adams, apercevant quelques mois plus tard. la
planète nouvelle dans son télescope. Le docteur Marie est le
premier à le re.conruiitre. Le jour ou M. Daudet ferait, pont le
constater lui aussi~ un effort de justice distribµtiv-e, c'est qu'il
aurait mis de l'eau dans son vin,. Mai{, qui souhaite que le vin
de M. Daudet soit baptisé? Pas moi •..
&amp;LBERT THIBAUDET

• **

SUR LA GLÈBE,

par/.

de Pesquidottx (Plon).

Le goftt même des choses agricoles que n.ous communique
J. de Pesquidoux fait souhaiter qu'il nous rende ces choses
plus proches encore. Car si s:r langue,. technique lorsque le

HOTES

359

sujet rexi~e mais enrichie de mots paysans lui p~tant poids etverdeor, dit fortement ce qu'elle veut dire, elle le dit d'un peu
hant, à la Buffon.
Cependant il faut avant tout rendre grâces à M. de Pesquidoux. Dans les manuels on reproche à nos vieux pères de
n'avoir pas eu le sellS de l'histoire. Serons-nous sans reproche
sous l'œil de nos neveux? A lire Connaissance de l'Est, ne comprenons-nous pas qu'un certain sens de u l'étrang~r)) nous
manque, nous manquait encore? Or, sur un autre plan, Chez
Nous et Sur la Glèbe donnent à l'endroit du monde rustique un
sentiment analogue.

J.

de Pesquidoux nous introduit-à toute une vre secrète celle

des espèces, des semences, des sèves. Les plantés ~ven~.
Chaque espèce, ' - de bl€, ·de vigne, - a ses- vertus et ses
hnme~rs, comme seS' défauts 'et ses-manques . Des êtres vivants,
en vérité, dont les croisements ont des résultats -im'prévisibles.
Les hybrides n'apparaissent-ils pas avec leur individualité on
peut même écrire : leur esprit propre? Une science nouv~lle,
peut-être, la génétique, justifie _pres_q ue le vieil animisme
paysan. Aura-t-on des surprises en ces doma:ines ?...
. L'intérêt des études sur l'Homm.e, le Foyer, semble d'une qualité _aut_re : il s'agirait ici moins d'une pénétration 4..ue d'une
stylisat10n:. comme. on dit... Mais c'est surtout en ses jardins
secrets qu il faut suivre J. de Pesquidoux. Le fort, le rare de
ses ouvrages est là., en ce qu.'i1s font plus rich.e pour nous le
monde rustique. Et plutôt qu'à un jardin on voudrait comparer
c~s géorgiques gonflées de suc à quelque prairie profonde,
dune odeur nourrie, verte et fraîche.
HENRr POURRAT

LA POÉSIE

CHANSONS: LIBERTÉ,
téraire de France).

par Henri Pourraf (Société

.

lit-

.

L'~eureuse fortune de Gaspard des montaunes n'a point
6
surpns ceux qui· tenaient
·
M . Henri Pourrat pour
un des rares
poètes de la guene capable de conduire un récit épique .
. Auprès de quelques longueurs, les Montagnards offraient pluSJeurs passages remarquables par la -vivacité l'aisance et la
noble rudesse du langage poétique. M. Pou,rrat entreprend,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

·.:avec un nouveau et très dense recueil de vers, une sorte d'épopée de l'Auvergne, sous la troisième République: Le pre~ier
"terme de la devise républicaine sert de titre à ce hvre, qm est_
divisé en sept parties. En voici l'énoncé non moins savoureux
-qu'expressif :

Délices de l' Auverrrne-Basse ou les heureux moments du bon ména_ger. - Le royaum: du vert, précéclé des dits et contredits ,du spo~t
.touristique. - Les pastorales spirituelles de la solitude. - L apologie
pour l'Auvergnat, étrennes aux citoyens français - le Triomphe de
l'âme ou les rêveries du .fils de la vallée, dédié attx hommes purs. ·
Chez cette belle et forte race on observe quelquefois une certaine préciosité pudique, qui vient adoucir une carrure trop
rustique. II arrive même que M. H~nri Pou~rat_ use, de to~rnures paysannes d'une naïveté matoise et qui fnse 1affétene.
Cela peut co.nvenir dans de petites pièces d'un tour léger et
satirique, mais non au cours d'un poème d'un lyrisme plus
-soutenu. Aussi bien M. Pourrat réussit-il mieux les longues
laisses d'alexandrins ou de vers libres à l'imitation de la Fontaine, que les stances régulières mo~ns favorables aux mouvements d'un récit familier.
Lorsque le Jean Marie a d'une genetière
Toute de verts balais, d'églantitts et de pitrres,
Sans y plaindre sa peine et son huile de bras,
Façonné d la bêche un guéret Jort et gras ....
Il pren:I de meilleur camr au matin du dimanche
Ses soulie1·s chevillés et sa chemise blanche ...
... Après ve.pres, le frais venu, il sortira,
Et tout plan-plan, tenant en mains sa queue de rat
Pour offrir une prise d rnpnsieur le notaire
S'il le trouve en chemin, il ira voir ses terres,
Puis rentrera souper d'une soupe aux noveaux.
Les froidur-es, les pluies, l'dge ni les travaux
Ne l'ont tant affaibli qtt'il n'aille bien enrore .
Dès la pique au b:ouilla,·d dans ses ..;lmmps de la Dore
Où ce vieux voit des siens jusques à l'dge tier-s
Labourer sous sa main par brai forts et entiers.

Tel est feu Marie Chevagnat que M. Pourrat nous dépeint
· longuement et qui

NOTES

en son p1·ivé
Se privant de jouir, jouit de se priver.

On croit entendre, en lisant ce beau poème, un écho des
strophes célèbres de Racan et aussi les anciens flutiaux et
musettes de Claude Gauchet. Le Royaume du vert célébré par le
poète auvergnat a le flatteur éclat des tapisseries ourdies par
l'auteur du Plaisir des Champs, et dont trois siècles n'ont pas
effacé les riches couleurs. Il y règne un doux bruit d'abeilles
sauvages, de meuglements lointains fondus dans un remugle de
'miel que rafraîchit le vent descendu des cimes neigeuses.
Le plaisir que nous donne cette poésie drue et fraîche ne
doit pas nous empêcher de sentir tout ce qu'elle perd à se disperser. A ce beau et sain chèvrefeuille qui pousse de toute part
ses antennes parfumées il faudrait le tronc d'un grand sujet. On
peut attendre de M. Pourrat qu'il tente l'épreuve où échoua
l'honnête Brü:eux, où triompha Mistral.
ROGER' ALLARD

*

_L'ALBUM ITALIEN, par]ean-Louis Vattdoyer(Librairie·
&lt;le France).
M. Jean-Louis Vaudoyer s'est essayé au jeu divertissant, mais
périlleux, de ces transpositions d'art dont Baudelaire, avec les
Phares, a donnéle modèle. Il s'en est tiré souvent avec bonheur
. .
'
1m1tant le tour léger des petites descriptions en vers dont La
Fontaine allant en Limousin illustrait les lettres qu'il adressait à
sa femme.
.
Dans le vallon oti; la caresse
Du soleil est len~e d finir
Une nymphe, po11r s'en vêtir,
Défait sa lourde et large tresse.
Un berge,· que l'he1tre rend triste
Et que son troupeau ne mit plus
Offre d la nymphe un chant confus
Dont la riche langueur persiste.
. .. la musique, le mystè,-e
La volupté, ses tendres jeux
Font de ce vallon, pour les yeux, ·
Le portrait menteur de la terre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce berger que dorentau soleil couchant les lumières ambrées
du Giorgione, semble avoir pris des leçons de flûte chez Théophile et chez Tristan l'Hermit,e.

LA -LUMIÈRE N/{f.ALE; par Uon Deubel' CMercureJd-e.
France}

1

•

-

· .,

7

.&gt;

ROGER ALLARD

LE CHIRURGIEN' DES ROSES, poèmes en prose, par
Marr:el Sauvage («Ça Ira&gt;&gt;, An.vers).
".:.\ .

puleuse;llient définies danii la préface du Cornet à, Dés ne souff-re
guète l'imp!::rfectiO'n, Un p0èn1e en pro.se s'i,l n'est indispensable
est par trop inutile. N'empêche que le petit livre de M. Marcel
Sauvag~ cOt1tient quelqu~s-Jaits-djyers charmants, de,s symboles
ingénieux, de jolies images. Mais le Petit Poucet, pour jalonner
sa route, fera bien d'y semer plus de cailloux blancs- que de
pétales éphémères.
PAUL Fl!;RE.NS
* * "'1

,

_Les amis de Léon b~ubel_se· réjouiront de voir ., r.ééditer, ce.
oeau fiv re trop p'eu conn~ où brillent tant d'images. fortes J~~ ·
chatoyantes. Le poeme du vent~ la !-in d'un jour méritent de
prendre p)ace dans 1 1 anthRfogles. Deubel, '?etlain\en rerent~,
sinon désabusé, était au fond un poète pat:naJSII!. ; 11 fait
souvent sqng.er à Leconte. de' Lisle par l'édat de .son c.oloris , mais son r\1thme
af plu? qe. souplesse et son jeu est
J.
plus nuancé. Il n'était pas ie- c.eU!. à qui•; le .m~!heur iqsmre
leurs chants. &lt;f les plus désespérés » et les plus beaux. Né pour
chanter la joie, la lumière, la force, l'épanouissement de l'être,
l'aridité de son existence le contraignit à chercher tout cela _en
s:0i-même et à recréer.la nature en imagination, au prix d~un
erfort qui communique souvent à ses vers une tensi.Qn un" peu
factice. Comme il est fort .bien qi.t, dans la &lt;&lt; préface. des fi~iteurs ·» do~t on a fait JlÎéc~de,; ·cette ié.édition, il y a R~!Is d~
profondé,~ "' et pl~;)'~*t dan_s i~ œu:res q '[ 0.01 s~vi la
Lumièr.e natale, mais çe livœ est celui des 1ours. e.u;x:eux, ~e s.eul
,o ù 1'01; s·ente une certaine ·légèreté cf âme que •.~e uo¾le et.mal~
heureux Deubel ne devait plus retrouver avant la mo~.
iJ

NOTES

LE PbÈME ROYJ\'L, par Albert Erla!lde (Librairie de
France).
Je ne sais plus quel po~te se plaignait l'autre jour qu'on louât
la sonorité de ses vers ► comme d\1ne injure qu'on lui eüt faite.
Tel assurémept n.'est poin~ le- souci M•. Alb~r.~ Erlande;. Ses
alexandrins romantiques ont toate )'al.llp-litude et la vibration
~ ROGER AI,Li\RD

que l'on peut souhaiter.

GUIDE CHAMPÊTRE, ~ar_Gabriel Joseph Gros ( éd. du
Damier).

'

1

Agréable recueil de vers- qui ne ment ·pas à sop titre ingénieusement modeste.
Lé voyageur qui i 1a de LlJÙ{Ù d Sairlt)'ér6me
Suit Ntroitevallle où se'i'péntWT:ait• :bleu: •
,. 1

•

',t

Une espèce de journal de classe, où, chaque soir, le poète
annote un sujet de rédaction. Bien_ q_lle M. Marcel Sauvage &amp;oit
un excellent élève, iL se per!}let~ s'il. n'a. point de sentence à
transcrire, un dessin dans la marg_e. Il invente alors des titres
- Nocturne, Croquis, Chroniq;ue. .:_ p{us prÙis, plus naturels
que celui de son recp.eij.. ç:ar, chirurgien des roses, il ne l'est
sans doute pas assez ; le geare. do.nt, les e!.igences furent si scru-

.,:

· -,

Diro~s-n.ousr avec faute.u,, qu~ &lt;i la sohtudes pre.od d'ineffables visages? » Qu pl1:1s ~pl~ment, gu'ui;i.e. grâce hocagère y
règne facilement .~ur,_des paysages .aux tons légers ei: frais., .tels
ceux qui font lé charme de certaines aquarelles d'amateu;s -i
, D~s vignelt~s grav~es sur, bgLs. de _fil par -~ - Gimond,' dans
I ancienne manièr&lt;; di; M. D~fy~'.ti&lt;_&gt;Utent à. ce petit li:vr.et t\n
~pect sé:quü,ant de rust;icL;é pon ~ectée.
ROGER ALLARD

t/i. ROMAN

LA MAISON'

DE CLAUDINE, par

Colëtte (ferep~z~}

Lasse e1rfin de Montmartre,, e~ des. m1,1sic$-halls, des co~)jti-·
sanes flêti;ies et, des gigolos trop· a;,_;ides, Colette vieJJJ, de se
replonger dans sa jeune;sse ver,te eJ: pure. Une enfant a surgi .,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

364
preste, vigoureuse, tourmentée, paysanne, Minet-c?ér~ ou_ BelGazou, une Claudine sans vice et sans garçons, mstmcttve et_
frissonnante, charmante et ignorant les raisons de son· charme,
la vraie Colette, que nous avions devinée, que nous attendions .
.
Elle naî.t en pleine vallée bourguignonne, dans une mai~on
silencieuse et vaste, une maison à grenier, où l'air circule, pleme
d'âme cependant, tiède, profondément vivante. Deuxf:ères hardis, aventureux, mais passionnés de solitude et de mutisme, un_e
grande sœur aux trop longs cheveux, penchant ses tres~e~ sur
les livres, absorbée dans le merveilleux ; des bêtes famihères,
~bats et chiens, bien repus, ignorant le joug, mar:igeant, dormant, suivant l'heure du jour, s'appelant, se reproduisant selo_n
le cours des mois, entourant l'enfant dernière-venue de leur vie
-simple et ingénue; un jardin clos où s'étalent les plantes d~mestiques, autres êtres tranquilles et libres ; au-delà, un village
c:rrossier robuste buveur et cancanant, et, tout autour, pesant
0
'
•
•
du flanc' des collines,
la forêt _vigoureuse
et ncbe,
pu11u1ante
d'animaux fauves, fraîche de mousse et de fleurs, exhalant des
odeurs violentes.
Dans la maison, parmi les trois enfants muets, deux ~t:es
remuants, .ceux de qui la petite est sortie : le père, un ménd10nal ardent ancien officier de zouaves, mutilé, devenu percepteur,
vif, gogu;nard, plein d'imaginaüo.ns, amoureux passionné,_traînant sa-béquille, oiseau blessé ; la mère, ~entre de_ chaleur_ et de
lumière, petite et blonde, bavarde, étourdie: travaille~se, 1gno_rant religion, mystère, au-delà, règle sociale, devoir, bonne
comme la nature où elle plonge, Cybèle campagnarde, rayonnante de joie et de vie.
.•
,
Cette petite Bel-Gazou n'es.t qu~ sens. Elle est ouverte a to~s
les souffies. D'autres vibrent aux émanations de la terre. Mais,
pour vibrer, il faut une matiêre q'ui r~siste. En Be:-Gazo~ les
brises passent comme en un carrefour de gr~nds bois. Il n ~ a
pas vibration. L'être n'est pas troublé .. C est une ~ensatio~
saine, _complète et qui, entrant du premier coup, s évanouit
presque aussitôt.
·
·
.
Là est le trait principal de cette Bel-Gazou. Elle est ~ens'.ble
-aux choses plus qu'aucune petite fille avant elle. Sensible _1usq~'à de brusques syncopes et à la jouissance de sensations

NOTES

étranges, mais ces seasatioos la laissent pure et simple, parce·
qu'elles sont brèves. Elle ignore les longs moments de désir,
d'attente, où l'être appelle la sensation ; elle ignore les complaisances qui s'attardent sur l'instant, les rêveries volontaires
sur un souvenir_. Ces sensations, par leùr force même, lui interdisent de rappeler . le moment passé. Chaque instant pour elle
est très fort ; l'instant suivant, plus fort encore, _le supprime.
Aussi, comme elle ressemble peti à ses sœurs, les extasiées r
e)le n'a pas le temps de dés.irer ; elle ne peut donc s'enivrer.
Elle ignore aussi ces grandes. mélancolies douloureuses qui
suivent le plaisir. Le plaisir n'est pas infini: il déçoit les ferveurs trop fortes. Pour Bel-Gazou, il vient à l'improviste,
sans ferveur. Elle le gotîte comme un don gratuit. Il ne peut
pas la dé.cevoir.
Elle est toujours joyeuse. La tristesse n'est qu'un regret :
regret d'un passé trop beau, regret d•un rêve qui ne s'est pas
réalisé. Or, pour elle, hier s'efface, demain n'existe pas.
On la dit raisonnable. C'est qu'elle ne peut pas sortir du réel.
Le réel l'emplit. Manquer de raison c'est suivre un rève. C'est
être Don Quichotte. Elle est Sancho, un Sancho qui aurait des
sens délicieux, une Mme de Sévigné peut-être, et encore, une
Mm• de Sévigné sans folie maternelle.
Guettez, surveillez-la. Jamais un désir fou . Jamais un mot
sur l'au-delà, sur le ciel, sur Jésus, dans ces années où elle fut
communiante, jamais le gotît des pays lointains et merveilleux
jamais le goût de l'aventure. Êlle refuse de lire les Trois Mous:
quetaires; les romans d'amour ne la troublent pas. Jamais surtout le désir de l'héroïsme, le désir de se transformer, de changer d'âme . Ce n'est pas une C.himène ! Jamais non plus le désir
de souffrir et d'aimèr, le désir de st:ntir par le cœur. Ce n'est ni
une folle Henp.ione, ni une Bérénice pleurante. Existent-elles
d'ailleurs, les Chimène et les Bérénice? Ce sont des homme;
qui les ont inventées.
Le cœur ne _peut g,randir g_ue dans les chambres. Bel-Gazou
c~t un sauvageon de plein vent. Elle possède des trésors infints: tout ce qui touche ses yeux-, ses oreilles, sa peau. Elle possèd~ les ch_o~es jusqu'en le_u r essence jusqu'en leur profondeur.
Mais aussi elle leur appartient. Dès que le cœur de "Bel-Gazou
frémit, dès que sa pensée veut s'élever, veut devenir humaine,

�366

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les branches des forêts, l'appel des chats, ~ l'émouvante humidité des fleurs», l'assaillent, l'envahissent et Bel-Gazou cbancelle. Le sentimentse disperse, la pensée s'éteint, De ses frères
de race, ne pourra-t-elle percevoir jamajs que la fraîche beauté
animale?
Si belles si dorées que soient les sensations, on se lasse peut' que leur proie, de n'être qu'un passage. C est
être de n'être
magnifique d'avoir la sensation_ de 1~ terr_e. Mais ~'autres ont e~
le sentiment de la nature. C'éta1t moms nche, morns neuf, mais
peut-être plus nuancé. Bel-Gazon a renouvelé les sens_ des
hommes. li n'est pas s~r qu'à certi.ines heures ce beau destm ne
lui ait paru limité. Certaines étrangetés de sa carrière, certains
vagabondages ne sont-ils pas d'un être trop sen_shi;.~ sensuel
serait trop recueilli, sensible trop moral - qui s irrLte de ne
pouvoir trouver l'humain? Bel-Garou est saisie par les ch~ses:
Et si fortement prise qu'il n'est pàS une chose au monde qui Jm
paraisse neutre, inanimée. Le~ bêtes, deva~t elle, grandi~sent,
prennent une âme égale à la sienne. Les pierres même vivent,
les cordes serpentent, la rue bouscule l'escalier, J.es maisons
-sourient.
Les humains échappent à BeJ-Gazou, sauf dans leurs mouvements instinctifs qu'elle perçoit avec une acuité de chatte. Elle
veut les retenir. Elle leur jette ses sensations. Elle veut leur
plaire. Quel styliste eut jamais tant &lt;le grâces et tant de ruses,
qui disposa mieux ses premières phrases en énigmes? Mais dans
ces pao-es si expertes, composées de la main rcrnée d'une étalagiste, ~uelles merveilles pures venues des champs et jaillies de
l'instinct ! Etrangère à la pensée, aux dissections de l'analyse,
elle exprime la sensation d'un seul mot, comme elle la reçoit
d'un seul choc, dans toute sa diversité. Et c'est là son génie.
C'est son génie de trouver comme aucun poète, ce que
j'appelle, faute de mieux, des rapports d'impression, de ne pas
comparer une chose ronde à une chose ronde, ce qui n'éclaire
rien, mais un objet éveillant une sensation indéfinissable à un
objet portant le même mystère imprécis. Cest son génie de
trouver le terme neuf et pur, de dire d'un grand nocturne qui
s'envole sans bruit: o: il s'appuya sur l'air et fondit .dans la nuit. »
C'est son génie de sentir en même temps que la beauté robuste
de la terre, 111 beauté profonde de 1'air. Cest son génie de sentir

NOTES

le réel tïi fortement qu'une image irréelle surgit, qui ne distrait
pas du réel, qui l'accentue. Elle écrit de sa mère qui appelle les
enfants : o: Elle renversait la tête vers les n•ées comme si elle
etit attendu qu'un v.oJ d'enfants ailés s'abattît.»
C'est son .génie enfin de dire l'animalité d'une âme de petite
fille, et de percevoir dans un cœur de femme et de mère des
retours--de sentiments qu'aucun analyste mâle n'aurait su découvrir.
~che_sses jeté_es par petites touches, mélange d'instinct et de
maligne_ brodenc, fuyant la raison, coquettement prenantes,
barmome. .
PAUL 'RIVAL

,.

.

,.

FIANÇAillES, Ea.r ~obert de Traz. (Albin Michel).
~•i~chro.nism-e des oscillations du pendule, - -de cette propn~té il est r.tœ qae_ dans un livré on re·n contre l'équivalent;
1
ma_is lorsque cet équivalent existe, lorsqu'à travers- les manifestanons on est remonté au principe, on a-l'impression d'assister,
non pas du tout à la démonstration, mais au fonctionnement
même d\ine loi d~ la n~ture. Tel, du point de vue technique,
me ~araît dan~ Fiançailles Je centre de distinction. Ce n'est pas
que 1aut~u_r soit détaché, - même au sens où je définissais
narière ~c1 le détachement d'un Lytton Stracbey; - en tant
~u être vivant, il est absent; en tant que cause instrumentale
il n~ fait qu'un avec les battements mêmes du balancier. ~
.Puntaine et rAmour ( I 919) nous avait appris à estimer en
~obert_ de Traz un romancier qui n'est pas dupe et ne
5
en sait aucun gré, qui ne tient pas le moins du monde -à
montrer qu'il ne l'est pas. Mais ici la connaissance du dessous
~es _carte,s renfo_rce enc~re une tranquillité qu'à présent chez
l_amste_l on ~evme foncière, - si foncière qu'il semble que le
hvr~ soit écnt, ·non de très haut, mais d',;ssez loin, et comme de
derrière une longue vue. Pris dans le mouvement pendulaire,
tout défil_e à son heure, mais au même titre, - et jusqu'à ces
~statations, prestes piqflres d'une aiguille wvement retirée.
D ou un équilibre dégagé, mais qui est tour de métier · parfaitement approprié à la nature du sujet, mais qui n'empê~he que
Je tréfonds de Fia11çaitlts ne laisse un arrière-goftt de cendres qui
longtemps assèche le palais.

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Qui n'a suivi d'un regard à la fois~terne et retenu la graduelle
usure d'un tapis - non d'un de ce_:; Caucases dont l'appâlissement subtilise encore le cha,rme, - mais d'une modeste
carpette dont on se dit qu'elle a &lt;t fait son temps » ? Pareille
usure des sentiments, voilà kthènie sous-jacent de Fiançailles.
Elevés ensemQle, Je~n-Pier-re Rosset et Denise Langin ne possèdent pour ainsi dire pas de souvenirs qui ne leur soient
communs; à Jean-Pierre cc garçon grandi trop vite et sans aucune
précocité », il faut les confide1:1_ces, d'un camarade qu'il admi:_e
et s'est proposé comme modèle pour q_u'il prenne· cc au sérieux
des sentiments jusqu'~ors incompréhensibles,&gt;; Denise au contraire, précoce, curieu,se, - · que nous verrons sans cesse entretenir des « désirs sournois », et chez qui le goût du secret
forme une des pièces maîtresses- d'une nature exigeante et
limitée, - est on ne peut mieux prête à écouter et à comprendre ; et dès qu'un igcident minime les pousse l'un vers
l'autre, l'instinct a beau jeu à leur faire confondre besoin et
choix. Leurs fiançailles secrètes s'accompagnent des habituels
serments, et seule la pressioa des circ_onstances les amène à en
aviser les deux sœurs âtofos ·de Denise avec ksquelles ils vivent.
(Les portraits des deux sçe11rs non mariées, Anna et Gabrielle,
tenus qans les proportions réduites que commandait l'écon'Omie de. l'œuvre, en ce livre d;une justesse si égale constituent
une réussite mineure accomplie; il n'est rien d'essentiel qu'à
leur sujet nous ne sachions). Les fiancés sont pauvres et
devront attendre bien des années avant de pouvoir se marier.
Le travail retient Jean-Pierre loin de Denise pour qui rien
cependant n'existe que ce qui est présent.
Quand il était là, Jean-Pierre lui' inspirait un tel plaisir de vivre,
- contentement de la châir et de l'âme, désir borné à l'immédiat, au
tangible. U·la prenait dan~ ses bras, _el!e_, riait d'être si vite exaucée,
si facilement. L'approche, le e:ontact de·Jeap.-Pierre faisait courir son
'jeune sang. En appuyant ses lè\_'res .sur les siennes, li lui faîs,ait comprendre qu'elle aussi était ré~ne: Mais il f?llait qu'il fût là.
Elle se dét;iche de Jean-Pierre qu'elle n'a plus sous la main
et s'éprend du nouveau locatair~ de,la maison, le professeur
Abel Prudon, parce que celui-ci offre l'avantage d:être là, et
cet autre avantage, pour elle plus séduisant encore, qui réside
dans « le mystère d'un passé qu'eJle ne connaît pas"· Chez

Jean-Pierre, de son côté, l'amour devient de plus en plus théorique, se vide peu à peu de tout son contenu : les fiançailles
prolongées le condamnent à une altitude pour laquelle, par la
modicité de s~s ressoµrces intérieures, il n'est évidemment pas
fait; une aventure sans lendemain aveç une jeu~e personne
facile, cc fraîché com~e un bouquet de roses ordinaires 1&gt;, par le
remor,ds auquel elle donne lieu, semble, mais un instant seulement, ranimer un sentiment en réalité déjà presque éteint. Et
lorsqu'à la fin du livre Denise se voit repoussée par le professeur dès que celui-ci apprend que sa femme est à la veille de le
rendre père, - dignité qui à ses propres yeux lui confère un
lustre nouveau; lo'rsque Jean-Pierre découvre la dette de gratitude et d'honneur que lés _affaires d'~rgent de son ·père lui
ont fait naguère contracter à l'égard des sœurs de sa fiancée ;
-dans le mo!I)-ent même où _intérieurement ils sontle plus loin
l'u,o,.rlP l'autre, toutes les circonstances extérieures, conspirerit à
les rapprocher, à les contraindre à un .~ariage qui ' n'est pl!ls
&lt;J_u'une formalité.
.L'intérêt spécial qui s'attache à l'histoire de Jean-Pierre et de
Denise vient de ce que tous deux. appartiennent à la même
catégorie humaine : celle des êtres par définition moyens' et
voués à le demeurer ; mais que dans cette catégorie chacun
des deux occupe une position qui est aux antipodes de celle
&lt;le l'autre. « Il ne~\'.Oulait pas être exceptionnel. Depuis que sa
vie avait pris un tour ~gité il se sentait mal assuré sur luimême ))' nous est-il dit de Jean-Pierre. Jea.n-Pierre est l'être
moyen qui a besoin de se seI!tir teJ, qui se-carre çlans la norme
et qui, ce faisant, a toujours l'ai-r de prendre les devants· coutre
une dépréciation possible. , A tous ses sentiments et à l'amour
en particulier il dem;mde de lui donper bonne opinion de soi ;
en fixant son avenir, de lui c,réer· des devoirs ; de le transformer
en un personnage avec lequel \1 faut compter. Ecout;z-le au
terme de l'examen de eonsciénce qui suit son unique ééart :Ro_mpre ses fiançailles," ce serait désavouer son i::nodèie~ quitter·}?voie qu'il suivait, depui~ de§ anné'es, derrière lui. Que deviendrâit:il
s'il cessait d'imiter l'ami ·dont
'1e bonheur tui apparaissait comme_Lla
,,
promesse même 'du sien 7 Alofs; après de grands remous d'angoisse k.t
de remords, à l'instant où, désespéré, navré de la décision qu'îl prenaï't:
il allait partir pour Neuchâtel, il pen;a tout à èotfpJ : &lt;&lt; Si~je ne
24

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS-E

37°

disais rien à p«;rooone ? » Et instantanément il retrouva l'!1;irmonie
avec le monde et les siens.
là il èst bien rare q·u~âdepte de la règle,
A _cette harmom:~itpas·prédestîné. Denlse, ellè;est moy~nne
'

V

I'homme moyen ne
. 1
à tout ce qui n"est pas sensation,
a~une tout aufre façon . c ose
f
le réalisme le' phis
elle apporte toujours dans
sensa ion et ne o'ô.te .a mais
abso1u ; elle cherche son pla1s1r, l le
y 'peu'tg supè~pos~t
~ieux les jeux de l'amour que orsq
d~ux visages.

,1~

p:~:I~~

~ la cbeveJure du jeune homm~, l'ébo urif. dans
Elie passa sa wam
ctu:ieuse aussi de voir s'allumei: (U))S
&amp;nt pour changer 600. appar~n:,.,..,~ ait différent. Il 1a saisit aux poises yeux cl;ùrs une caler~ . qu ' . ·s pas ~ » Dans les yeux clairs, la
D'
Et s1 1e oe t a1ma1
·
.
gi:e~ : « is ... .
t uis en tristésse : l'étreinte du pot-

colère se changea en etonnemen ' R
.; • une hbmme un
D .
• ,ait [es mouvemepts au 1e
' .
gnet se desserra. en1se sui, .
,._ ..,. d havoutârt le plaisir pénl• d'
s·1stef avec sang-rr01 , e
.
peu surprise Y as .
•
Ensorre pour se redonner fa sensation
t
!eux de remettre sa queS ton.
'
. -Et t-0i p » Elle vit
• glacée ' elle murmura
-«
brûlante après la sensatton
,
• .,,...,,.
,. se refermer sur
.
les grands bras s ouvnr ..-le teint roug1nm peu,
ux . ur sentir cette bouçhe qu!eJlé
elle, li s_e redress_a : -~ile !~;mau~~:t: un~houche inconnue, s'approcher
ne voyait plus, et qm ét pe .
. sans bruit et pour le réi;omde la sienne. Alors elle se mit à ;1{.e
, 1 '
,
penser eofin, eJle murmura : « )e } an11e- » '.&gt;" ,~
•

fo' le professeur A,bel Prad-0-'li &gt;tl.e..,ge tromp:ut perrtPour ul n~ is ·, 1 fut « frappé de la. ressemblance de h petite
être pas e 1011r ou 1
~
· b
r ·ue .du
.
1 hatte qu,-elle tenait Jaans ses ras Il. ~ usq
.
~;:e~~noî::e~eau:e connait surtout ,c~. brusques ,al\J'.er,ses qui
courbent ies êtres à la fois pauvres el avides..
.
.
Denise' retomba dan's sa soJitudè. ~fais elle
. Jean-Pierre _repartit_ et
.
. re même zè1e a•espé'rance q-d•avant
be ut retrouver la meme tension,
l'ex;men d'octobre. De téls effe!s ne se-'répètent pas.
-1
p·uvnça illes on est
f . d' une Jocture atten!i:ve ~e
. ~tenté.
A
-u sor irà ce petit membre
·.
d e p h rase une portée
de donne~
. . autrement
d é .
'1 d
le contexte Le stigmate e 'St nétendue ~ue celle .9u l a a?:est bien qù~ chez ellës cc de tels
1i,t é des imes moyennes, c
. d'un être se détermine, non
èffets ne se répètent pas)), _Le r~~g
h
donné' mais d'après
d'après sa réqctiog immédiate a un c oc . lu's ces. coratresa fa.cuhé d'en tprouver d~s contre-co~ps . .iP

NOTES

37.r
coups sont nombreux, plus ils le modèlent en profondeur, plus
les réactions seconcks recouvrent de. leur:s complexes richeS'ses
la réaction or1gine-l1e et fa rendent presque insignifu.nte. Or,
&lt;te réaetions secondes, Jean-Piene, et Denise sont incapables;
d'où leur médiocrité, - m,tis, i&lt;nstrui.tive. Leur cas, n-0us'. rappeUe que sans cette réverbération dans. la conscience les- sentiments ne se di•s tinguent en rien des autres phénomènes nati1rels ; soumis comme eux au.x, rythmes des -saisons, ils re:vétent
alors ce frappant craractèr{l de, périodicité - qui .s~accorde si
bien îd avee,le tarent de Robert-.d.e-Traz - j maii duquel néanmoins, et- par delà la-séré.nité--qu'a_pporte à i:lé,ttertaines heures
la contemplation des îois de la nafure, se dégage un découragement sui generis; car, pour un regard véritablement humain,
nn sent-imedt demeurer-a to'ufours, autre· ~hose et plus qu1un
objet, - et si, déjà . sur un objet la poussière dés:ohlige, la
peussière q-uii ·s'est formée- su_p des sentiments so.tï.fèw une· tr-is~
tesse de la• i:tus neutre atrocité.
CHAlfLE&amp; DU!' BOS

EE'FTRES É'FRANG-ÈRES

LECTURES- ALLEMANDES.
Le FiCHTE ET SON T".EMPS •que Xavier Léon-publie chez Annand
Colin-comprendn tr-ois -volumes, Le tBme î 1 'Elabli's'sement et
j&gt;rédietion dt 'la dbqtrine de la. Hberffl('1762-1799) la:i56e .cfé}à, deviner l'imporMince d-'une étude- q1ü fafr·honnenr à, la science fran,.
çaise. N'ulle trace--âes p-assiom, -qni en Allemagne ou en France
ont déformé&gt; Pimage cte Fiba:tê : le phitowphe illemand app:vraît ici pour la première foi,s., sous Je, visage d''lln; libérateur
inspiré par la Révolution fran9aisei, ·d'un Ullalist-l! :.oiwrant des
sources amrquelles~l1AllemagneLa-lté~ poorraiti puiser encore,
et-a-utre chose que ce qu'eHe -en a--jusqu'ici; t'iré ,
1a thêse,d'A. Jolivet: W a HELM-HEINSE (Hachettè) est parfaiternent•objective: tlne-scn1puleuse&gt;éru&lt;le r des- sour:ces cfArding1Jellô permet au lecreur,, dè, retrouvep i-ês1 él~1nent',s.du SuiJJ111JU11tl.
Drang, et~n- particulier de se •reprisenter, aettement œr que fut
l'individualisme germanique d'alors, sous la dollble, in:fhte-nced"e-Reusseau, qui ramenait•les Allemand~-- à•la nature, et de I'Italie-_qui ex.dtait-en•eulf•la sernrualîté~artiste: au,total un irnmora...

�37 2

LA NOUVELLE REVUE FRAN ÇA ISE

lisme et un eudémonisme qui devaient trouver chez Gœthe leur
plus haute ex.pression. Le cas psychologique de Wilhelm Heinse
se doit rapprocher de celui de nombre d'Allemand~ contemporains. Ce rapprochement aiderait à préciser ~ne notion de lapersonne morale différente de la nôtre, et curieuse.
Dans sa collection des PROS,\TEURS ÉTRANGERS MODERNES ~ue
dirige Léo,i Bazalgette, l'éditeur Rieder a publié une traduction
des SEPT LÉGENDES de Gottfried Keller, avec avant-propos de
Fernand Baldensperger, dont on se rappelle la jolie t~èse su_r le
romancier zürichois. Reste à traduire les œuvres qui mettraient
en lumière l'évolution actuelle de l'Allemagne ; nous ne doutons pas qu'elles ne trouvent place dans cette collection pleine
de promesses.
·
.
A côté du NIETZSCHE de Charles .A.ndler, dont le quatnème
volume est impatiemment attendu, signalons le NIETZSCHE d_e
Bertram (Georg Bondi); ce n'est qu'un es~ai ; l?nté_rêt en serait
menu après l'étude définitive du savan~ français, s,~ Ber,tram. n_e
posait des problèmes qui dépassent Nietzsche, sil n étud1a1t
avec une intelligence déliée . des questions comme celle, du
« devenir » et ne fouillait de vives lumières la pénombre ou se
plaît l'âme allemande.
· .
Le GERVINUS de Max Rycbner (Verlag Seldwyla, ierne) est lm
aussi conçu sous forme d'c:ssai. L'érudition qui a tendance à
s'alléger, se montre ici aimable, alerte; les.résultats ~euls en
sont présentés, et dans une langue qui témoigne que 1 auteur a
.du tempérament, de la vivacité, de la grâce. La r~vu~ W1ssE~
UND LEBEN dont Max Rychner vient de prendre la d1rect1on, ~01t
comme la REVUE DE GENÈVE devenir UJl de ces observat~ues
d'où l'on dominera mieux le jeu de deux civilisations qm ne
cessent de réagir l'une sur l'autre.
A son beau livre sur MARCELi. E DESBORDES-VAl.MORE (Insel)
et aux trois études sur BALZAC, DrcKENS, DosT0JEWSKI (Insel)
( celle sur Dostoiewski, après Suarès, après Gide, est pleine
d'aperçus ingénieux) Stefan Zweig vient d'ajouter un VERLAINE
en deux volumes, où se trouvent réunies la plupart des bonnes
traductions. On regrette seulement de n'y point trouver celles de
S.tefan Georg.

Fr 4n.i .Blei, MENSCHUCHE BETRACHTIJNGEN ZUR PouTIK (Georg
Müller), Paul Ern.st 1 ERDACHTE GESPRABCHE (Georg Müller),

~OTES

Otto Flake, DINGE DER Z1m (Roland-Verlag) et DAS

KI.EINE

373
LoG-

BUCH (S. Fischer), quatre volumes d'essais qui portent sur des
questions actuelles - littérature, philosophie et politique
mêlé~s. L'Allemand d'aujourd'hui renonce volontiers à la spéculation pure. Il répugne à s'enfermer dans un système. Sous.
l'influence de la France il se plaît à analyser ; sous celle des.
circonstances, il s'attache à l'actualité politique. C'est à propos
de celle-ci surtout que Blei, Paul Ernst &amp; Flake se sont mis à
philosopher. Courtes et variées, leurs études aident à comprend~e l'état d'esprit des intellectuels allemands en qui la
guerre a développé le goôt de l'examen. Reprise de soi, volonté
de comprendre, de décomposer, et de coopérer à la« reconstruction » intellectuelle, tels sont leurs traits communs. Le beau
talent de Flake est un peu gâté par la théorie dans le roman DIE
STADT DES HIRN$ (S. Fischer). Mais son activité intellectuelle
n'est pas de médiocre importance pour la formation d'un esprit
public et républicain en Allemagne; nous aurons à y revenir.
Eveil de l'esprit politique, tel était le caractère dominant au
lendemain de la guerre. Des manifestes collectifs DIE ERHE.BUNG (S. Fis.cher), U~sE~ W~G (Cassirer), DASZIEL (Kurt Wolff)
- ont per!Ills aux écnvarns dune génération ardente de se compter, de s'unir en groupes qui scrutaient l'horizon. Depuis, quelques-uns se sont lassés. Ceux-là écoutent la voix de Thomas
Mann. Ses BETRACHI'UNGEN BINES UNPOLITISCHEN, et le premier·
tome de ses œuvres complètes - REDE UND ANTWORT (S. Fischer) - ont donné le signal d'une réaction de l'esthétique
contre la politique. Mais Thomas Mann, dont l'attitude mérite
de retenir l'attention, est moins apolitique qu'il ne le dit. Encore
que d'un artiste, sa négation est d'un homme d'action aussi et
toute frémissante de passion. Elle est la réponse tou1· our: à
l' fli
.
. .
'
'
a nnat10n de_Heznrich Mann, qui de son côté a pris position
pour la République allemande, la démocratie, la« civilisation »
à la française. L'esprit révolutionnaire do.nt ce dernier est
animé dans MACHT UND MENSCH souffle aussi sur Carl Sternhei":; s~n tract: BERLIN, est la plus juste et incisive critique du
régime intellectuel auquel la Prusse avait mis l'Allemagne.
Du même courant, qui renouvelle aussi le théâtre, relèvent
les drames de Heinrich Mann ; MADAME LEGROS (Paul Cassirer)DER WEG ZUR MACHT (Kurt Wolff), de Walter Hasenclever: DER:

�;74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

S
(K urt Wol+n de Fril{ von Unru/J : EIN GESCHLECHT
OHN
"/1
,
]'
à1 r ·
et PLA.TZ. L'éclatant succès de ,,on Unruhs exp igue a101s par
l'ardeur de son idéalisme, pat le mordant de ses attaques et par
un tempérament littéraire assez original pour se dégager un
jour des formules qui l'embarrassent encore.
GRJSEUDIS, de Ludwig Berger, le remarquable successeur_ de
Rein.hart, et BocKGESA.NG, de Fran'{ Werfel, sont deux tentatives
faite,, l'une pour créer un drame qui s'adresse aux ma~ses,
l'autre pour introduire dans le drame ces masses mêmes, agitée
par le soubresaut des crises acwelles. Le théâtre appelle la ru~,
et les mouvements de la rue se prolongent au théâtre, à Berlin
comme dans l'ancienne monarchie danubienne.
C'est encore, bien qu'affaibH, l'écho d'une vie publique troublée, et où la question juive surexcite les esprits, que l'on trouve
dans MEIN WEGALS DEUTSCHER,UND]uoE, de]al;où Wasserman11,
ainsi que dans son roman: ÜBERUNS ~R~I STOF6N (S. Fi~cber).
Et les nouvelles d'une vingtaine d'écnvams tels que Sch1ck~le,
Werfel, Edschmid, Daubler, Heinrich Mann, Sternheim, qm se
trouvent réunies dans DIE faITFALTUNG (Ernst Rowohlt), sont
elles aussi inspirées de l'actualité, et destinées à agir _d_:uis le
plan politique autant que dans le plan esthétique. Les ~üfi.cultés
d'édition font d'ailleurs que de plus en plus les écnva1~s se
présentent au public non plus seuls et avec une œuvre,_ m:us en _
groupe et avec des fragments. Ainsi est rendue posss1bl~ une
présentation de hue comme celle de OU! D1cHTUNG (K1epenheuer), anthologie d'avant-garde d'où il faut détacher les noms
de Martin GumpMt, Htrma,m Ko.sac} et Oskar Loerke.
HtBUJSCHB BALL.-\DBN et DlE KuPPl!L d'EJ.re Laslter-Scbriler
(Paul Cassirer) font songer pour le tempéra1:11eot ~yr!que à
Madam de N0a.1lles, une Madame de 1oailles qul aurait l accent
du psalmiste. FRAUEN de Kasimir Edscbmid e~t aussi _trêp~ant et
maniéré que son Tn.1.UR (Cassirer?, Edschm1d, qu,, est Je~ne,
trouvera autre chose que les e1plos1ons calculées de 1expies 1onnisme. Ses feuill etons de la Franltfa,ltr Zeitt1ng le montrent
plus sage qu'il ne ~muait le laisser croire.
« Last not least » : la correspondance de Richard Debmd
(AusGEWi'EHLTE fürnFE,S. ~i c~er? do~t la pr~mièr~ moitié, no~s
est donnée par la veuve de 1écnvam; il serait dés1table d avoir
,ans choix, sans coupures, ces lettres où revit intensément le

OTES

37S

monde des lettres depuü 1890, et où il est curieux, à travers .
l'épistolier, de retrouver Liliencron, Max Klinger, Johannes
Schlaf, Alfred Mom~rt, Thomas Mann, Harry Graf Kcsslèr
et cinquante autres.
PlÏUX BERTAUX

.

CINQ OS, traduits par Noël Plri (Bossard) ; THE 0
PLAYS OF JAPAN, traduits par Art}mr Waley (G. Allen
&amp; Unwin); LE THÉATRE CHINOIS, texte de Tc/JouKia-Kien, dessins d'Alexandre Jacovl.ejf (Ed. de Brunoff).
Les Cinq Nôs traduits par M. oêl Péri ont paru peu de temps
après Thel o Plays of Japan de M. Arthur Waley . Ces ou rages
se complètenr; on peut l!llême dire qu'à aucun ég:ud il ne font
double emploi. M. Waley traduit uae vingtaine de pièces;
M. Péri se borne à cinq, mais qui constituent la pentalogîe
complète dont se compose un spectacle japonais réglé selon la
tradition. Par bonheur, quelques pièces figurent dan les deux
volumes et décèlent les méthodes des deux traducteurs. La version française est plus littérale, accompagnée de plus d'e ·plications · mais, hérissée de mots japonais, elle garde quelque chose
-iie maigre et de scolaire. Plus libre, plus sonore, la version
anglaise est plus préoccupée de nous faire lJartager l'émotion de
chacune de ces petites pièces ; en un mot elle a plus de beauté.
Mais il est douteux que, réduit aux textes de M. Wale et amc.
très courtes notices qui les précèdent, un lecteur puisr.e comprendre le détail des allusions, des jeux de mot dont le dialogue est farci et des pàntomimes qui le complètent. Les préfaces elles-m mes ne se répètent pas. M. P6ri nous donne de
précieux renseignements sur la scène, les co turnes, la diction,
le jeu, ainsi que sur la composition et la métrique de ce petits
drames. M. Waley insiste avant tout sur leur signification
esthétique, sur l'état d'èsprit auquel ils répondent chez l'auteur
et le spectateur japonais, sur le raffinement de la sensibilité
qu'ils mettent en jeu; il nous aide à comprendre que nous ne
sommes pas en présence d'une sitnple curiosité archéologiqti.e,
mais d'un art qui nous intéresse très directement et qui peut
mème avoir une répercussion aur le nôtre.
Déjà la pr~face des Truis Mystères Tbibetains traduits par

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAirn

M. Jacques Bacot nous avait fait pressentir. à quel poi~t certaines tendances du drame asiatique ( en faisant abstraction d.e
l'Inde) répondaient à nos préoccupatî6ns)es plus récentes. ~h01sissant une scène précise, celle où les brahmanes mendiants
enlèvent les~nfants que le prince exilé leur abandonne dans un
suprême esprit de sacrifice, M. Bacot décrit les évolutions :xactement stylisées par lesquelles les acteurs savent do~ne: a cet
épisode la sauvagerie la plus émouvante. Nous souha1ter10ns un
grand nombre d'autres exemples, car on ~ent bien que ce théâtre
va~t par ses traditions scéniques au moins autant que par . ses
textes . malheureusement c'est le seul que nous fournisse
'M. Ba;ot. Grâce à MM. Waley et P~ri, nous voici renseignés
bien plus complètement sur les Nôs. Et comme il s'agit d'un art
infiniment plus raffiné, poussé à ses extrêmes limites, il ne
tiendra qu'à nous d'en tirer un riche enseignement.
Mais qu'on ne s'y méprenne . pas : )es Nôs sont fun abo~à
ingrat. Même au Japon, ils ne s'a,dres~ent ?lus qua un pub~1c
Jettré. Leur brièveté les condamne a ne 1amais former une unité
dramatique comprenant toutes les explications nécessaires à
nntelligence du sujet. Les thèmes, empruntés aux cba~sons de
geste ou à l'histoire, sont supposés connus ; une allusion suffit
à évoquer le passé des personnages. Les textes sont égal~ment
trop cou.rts pour comporter de véritables débats dramatiques:
des conflits exposés et résolus par les paroles mêmes, car le No
ne co1t1prend à proprement parler que deux scènes ( séparées par
un intermède comique) et ne mette11:t en présence que deux
personnages, entourés de comparses peu nombreux et d'un
chœur chargé d'expliquer leurs acti_ons. " L'auteur est do~c
réduit à quelques raccourcis pathétiques, ~ quelques gestes soigneusement m,is en valeur, Ajoutons à cela qu'il . est arrêté par
toute sorte de traditions qui brident sa liberté; le personnnage
principal doit toujours être placé à tel endroit, il do_it regarder
dans telle direction, s'exprimer en vers de tant de syllabes. Enfin
à toutes les o-êoes que ces conventions opposent à nos habitudes d'espri; s'ajoutent les élégances verbales de l'original, dont
la traduction est incapable de nou.s faire deviner l'agrément mais
où elle reste fâcheusement empêtrée : par exemple ces « mots
pivots » for t goütés des Japonais, calembours formés par_ le dernier mot d'une phrase qui sert en même temps de- premier mot

NOTES

377
à la phrase suivante. Il arrive que ces ornements soient amenés

d'assez loin et causent, comme nos rimes et leurs chevilles des
.
'
embardées à droite et à gauche, tout à fait incompréhensibles
dans une langue étrangère. C'est dire qu'il faut écarter de ter~
ribles ronces av:int d'atteindre le centre humain du Nô. On est
cependant récompensé.
_
Le théâtre japonais est instructif-à deux points de vue: par la
manière dont il pose un sujet, c'est-à-dire par sa stylisation
lyrique, puis la manière dont il le met en œuvre, c'est-à-dire par
la stylisation du jeu. Prenons un cas concret. Dans la lutte à
mort de deux clans, le jeune prince Atsumori a voulu se mesurer contre le guerrier Kumagai. Il a été terrassé. Kumagai lui
arrache sa visière, s'aperçoit qu'il n'a vaincu qu'un enfant et qui
ressemble à son propre fils'. Emu, il hésite un instant, mais
l'esprit militaire l'emporte et, en versant des larmes le vieux
.
'
guerrier coupe la tête d'Atsumori. Sur le cadavre il trouve,
« dans un fourreau de brocart délicatement parfumé et pass·é e
dans les attachés de l'armute, une flûte de bambou de Chine, de
coloration gracieuse))' dont le prince avait coutume de jouer,
Il la recueille, en fait présent ~ son fils· puis la guerre terminée
11 se fait moine et consacre, le reste de ' ses jours à prier pour'
l'âme de sa jeune victime. (Lisez dans le volume de M. Péri ce
magnifique fragment d'épopée.) Comment Séami, l'auteur des
plus. célèbres Nôs, va-t-il mettre en œuvre cette donnée? Dans
la première scène, Kumagai sur la fin de ses jours, caché sous
sa robe de moine, se rend à sa.prière quotidienne, quand il rencontre deux jeunes faucheurs . L'un d'eux joue merveilleusement
de la fl-0.te: ce ne peut être que le fantôme d'Atsumori. Dans
fintermède comique, Kumagai demande à un paysan de lui
ra~onter ce qu'il sait de la guerre passée, et l'homme des champs
fait un récit où l'amour-propre du vieux brave est assez plaisamment piqué. Puis, au cours de la deuxième scène, Kumagai
et ~e prince se retrouvent dans le teµ1ple. Le chœur chante les.
épisodes du duel. L'âme ·d'Atsumori, soulevée par la frénésie du
souvenir, mime le combat dans une danse héroïque. Il lève le
sabre sur Kumagai, mais soudain s'arrête et le chœur chante :
«,Ensemble ils renaîtront sur Îe même lotus. Non, le moine
n est pas son ennemi. Ab, daignez en.core prier pour ma déli-vrance ! »

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Citons un autre exemple, l'histoire-de Komachi qui fut une
des femmes Jes plus brillantes de la .cour ·et qui, dans son
orgueil, se joua d'un homme qJi l'aimait. EUe lui promit d'écouter ce qu'il avait à lui dire si, pendant cenl nuits, il veillait dans
son jardin, sur un escabeau de bois. P.endant quatre-vingt-dixneuf nuits il fut fidèle au rendez-vous, traçant une encoche.dans
le bois ; mais la centième ni.rit la mort son père l'empêcha de
venir. Alors Komachi lui adressa un·e strophe ironique et le
congédia désespéré. Le drame nous montre, au premier acte,
Komachi dans son extrême vieillesse, réduite à mendier et
racontant à des moines qui l'interrogent les gloires de .sa brillante jeunesse. En répliques qui alternent avec celles du cbœur
et qui, pour l 'émotion et la beauté, tiennent le milieu entre les
regrets de la belle Heaumière et ce poème de Swinburne où les
reines de l'antiquité viennent rappeler leur splendeur passée,
Komachi évoque sa royauté voluptueuse et son affreuse déchéance. Au deuxième acte nous la voyonssuh4' son châtimect;
hantée par l'esprit de l'amant bafoué, elle est forcée de reproduire dans une danse farouche Jes llllits d'attente, les recherces,
les supplications du .malheureux.
Si sommaires que soient ces résumés, ils indiquent assez à
quel ordre d'émotions ces drames lyriques font-appel. Il est fort
probable que nous pourrions y trouver un point ·d e départ pour
une rénovation du ballet dans un sens héroïque et même tragique. Quant au degré de perfection artistique _auquel ils sont
poussés, nous sommes réduits à l'inférer des renseignements
fournis par les traducteurs et par les Japonais eux-lllêmes. Le
gr_a.nd auteur du quatorzième siècle, Séami, qui tout enfant, à la
mort de la favorite, avait pris sa place dans les bonnes grâces de
l'empereur, nous a laissé des notes fort détaillées, destinées à
l'instruction des hommes de.tbéitre. Il précise tous les gestes
que l'acteur aevra exécuter:
Dans Ja p1èce Sano -no Funabaslfi, sur les paroles : « 1es saules -verts,
les fleurs pourpres», le frappementdu pied-doit avoir lieu sundleurs&gt;1,
et l'acteur devra marquer deux pas. Mais s'il en ajoute un sur K vert i.,
l'effet est agréable.
Il montre comment 1'acteur devra modifieJ son jeu scion que
les spectateurs seront déjà ou non dans un état d'esprit exalté,
selon le lieu de la représentation, selon l'heure du jour:

379

En toute chose le succes repose sur une1·uste harmonie d ·"é
nnci1ifs et é
.
es""
.--n gau·r:s. L'espnt. du JOurest
positif c'est
• r.rnents
,.
acteur (s'il joue dans l'après-midi) chercher '.
drpourquo1 1 habile
sil
·
a a ren e son N6 aussi
e~~1eux que possible, afin de balancer par un jeu négatif l'a b'
poslllve dans laquelle il baigoe.
m iance
Ses p~incipes géoér-.l;-Ux rejoignent ce qui a jamais été écr"t
1
,
.
us pur _par ceux g_u1 ont disserté de
art..

de. plus JUSte et de .pl
l'

Dans toute imitation, il doit y avoir one pom· te d'" é 1
· · ·
rrr e ' car uoe
mu~tJon p~sée trop loin empiète sur la réalité et cesse de d
~ne unpressi~n de ~essem~lance, Qu'on aspire seulement à la bea:O::
la fleur » (1 émotion artistique) apparaitra sûrement En .
l
rôle d'un v[eillard, l'acteur s' efforcera dans sa d
,d
Jouant. e
seulement J' ffi
,.
anse e reprodwre
. , a nement de I age et son caractère vénérable S'il se
tente d'uruter tes
·· ·
con1
décrénitud
. ge~ax- et e dos cassés, il donnera l'apparence de la
• rc, mais ce sera atL't dépens de la fleur.
et :
re;enants so~t te~ants, ils -cessent à,.étre 'beaux, car la terreur
eaut sont aussi éloignées que le blanc et le noir
Devant les rôles d'enfants ê b" .
, . ·
.
' ru me ien Joués, l.auditoire risque tOaJ·ours de s'é cner
avec dégoût, Ne ha cel
_
manière l
,
r ez pas nos sent1ments de cette

:;s

u~-quelques ~rincipes c~eillis parmi les abondantes citations
dram . Wal:yfait ~e Séa011, suffisent à montrer la lucidité du
, . atdurge Japonais. Quand un auteur s'élève à un accent si
vo1s1n e celui de Gœth 1'l é ,
-Oe
e, m nte que nous nous ap-prochions
œuvr~ avec une curiosité .avide et que nous lui fassions
crédit pour en débroussailler l'accès. .

as,:;~

L
' JEAN 'SCHLUMBERGER
B \;'lum: toosacré au Théâtrtihin.ois que publie l'éditeur de
M contient de fort beaux dessins de costumes et de masques

du~:

R·

ten
de la

·1 . Alexandre Jacovldf, Quant au texte deM Tchou-Kia
est naff et sembl t ·1 d'
,
.
.
' ,
_e- -1, une mfonnation peu strre. C'est
pacotille d exportatmo pour barbares européens.
1

*

J. s.

* "

TROIS MYSTÈRES TIBÉTAINS

duction
.
.
d'a , , notes et rndex de

,

t

d

. -

ra uct10n,

intrQ-

]acq1tes Baaot. Bois gravés
pres des dessins de L. Gokmhe:w (Bossard).

le théàtre tibé ·

tam esnm parent pauvre du théâtre japonais.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le Bouddhisme, introduit par voie soit indienne, soit chinoise,
le défraie entièrement ; mais un Bouddhisme monacal, hiératique, plus éloigné de la nature et de la vie populaire que celui
des Ashikaga. Pourtant de même que le nô s'accompagne de
farces satiriques, les kyôgw, des pitreries se mêlent aux représentations données dans les camps de nomades tibétains. Une
douzaine de mystères constituent tout ce théâtre, qui ne date
guère que du xvn• s. Quoique né en une contrée limitrophe de
celle qui donna le jour _à Kâlidâsa ( début du V' s.), le drame tibétain ne ressemble pas plus que le japonais au drame indien littéraire et profane. Cest pourtant de l'art des premiers dramaturges
bouddhistes, d'un Asvaghosa par exemple, que procèdent à travers l'art des siècles Tchrinekundan ou Nansal, comme Oimatsu
et Sotoba-Komacbi; un même esprit bouddhique vit ici et là, et
la simplicité du renoncement, chez un bodhisattva ou chez une
femme, trouve en Haute-Asie, malgré l'allure compassée du récit
édifiant, malgré la monotone succession des homélies, mais
dans la froide pureté des cimes himalayennes, des accents de
mansuétude t:t de désintéressement plus grandioses encore qu'à
la cour des shôguns de Kyôtô.

P. MASSON-OURSEL,

•*•
LE COURRIER DES MUSES.
Le pays latin, le pays des Muses - mon département était en fête, l'autre soir. On donnait à Bullier le dernier grarid
bal de la. saison. Un groupe d'artistes, russes pour la plupart,
l'avaient organisé et il faut les en féliciter puisque le bal fut à
peu près réussi. Mille habits noirs et mille masques se pressaient dans la grande salle tandis que des couples trop tendres
se perdaient dans les jardins, plus éclairés qu'ils n'eussent
voulu. On reconnaissait des gens du monde et des autres mondes, surtout de ceux-ci. Un homme-orchestre conduisait la
danse quand le jazz-baod était fatigué. Ce fut charmant jusqu'à
une heure et demie environ. Puis le comité d'organisation eut
la malencontreuse idée de procéder à une vente de tableaux qui
ennuya si fort l'assistance qu'au bout d'un quart d'heure on
réclamait, sur l'air des Lampions, bien entendu, la musique, la
musique I De plus, les boissons avaient été mises à un prix

381

NOTES

trop élevé et l'on ne pouvait guère se griser à moins d'une centaine de francs par personne, ce qui e-St excessif à Montparnasse.
Aussi la fête ne put-elle prendre une allure d'orgie.
~es .farandoles tournoyaient autour des danseurs. Les visages
p-lhssa1ent sous le fard, les costumes se fanaient. Des prix
furent déc~r~és _a~ meilleurs, présentés par M. de Fouquières
que des cns mv1ta1ent à se· dévêtir. Il s'y refusa, faut-il le dire ?
Une certaine « Yvonne » se mit nue, sur les instances réitérées de quelques personnes de la société. Elle n'était pas très

belle.
Le~ couples dansaient toujours mais plus las ou plus lascifs.
Céta1t la ?n du ba.l. Dans un coin, une dame déguisée eu
poème cubiste causait avec un diable à lunettes. Un moine se
.fit re.marquer par sa pieuse attitude. Des pierrots complètement
lunaues se tenaient mal. D'ailleurs on aurait pu reconnaître
sous la farine, les habitués de quelques bars où l'on encens~
l'Eternel Masculin. Le jour vint enfin. Que l'air était frais et
pur et « q~e salub,re ~tait le vent » sur le boulevard Montparnasse, mais tout n était pas fini pour tout le monde et des bonnes fortunes _diver~es cond.uisirent à des lits de hasard ceux qui
pourta~t avaient bien ménté de dormir tranquilles.
Je sms rentré chez moi à neuf heures du matin, en smoking
et en foulard rouge.
*

• •
. Mada~e H~ra Mirtel a vingt ans de travaux forcés, c'est-àdITe de reclus1on. Que va-t-elle faire pendant cette retraite la
pau~1re captive ? Broder des chaussons pour un mari fut:U ?
Ecnre « ses prisons "l&gt; ? Sans doute, et pleurer sur sa vie brisée.
Ce Jury de la Seine a été bien sévère. Ne pouvait-il admettre
cett.e humoristique opinion de Madame Héra Mirtel qu' « il n'y
avait pas de coupable » et que, par conséquent, ce mauvais plais~nt de Bessarabo s'était suidM, puis fourré dans une malle,
s~mplement pour se moquer de la justice? Madame Héra Mirtel
na pas eu de chance, d'ailleurs Me de Moro-Giafferi a déjà
perdu la t~te _d~ Land'."11. Mademoiselle Paule Jacques qui
durant_ sa capt1v1té à Samt-Lazare publiait dans Comœdia de si
ma_uvais ve~s (je n~ sais s'ils sont d'elle, mais sinon que celui
qui les a faits reçoive le compliment), Mademoiselle Paule Jac-

�382

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ques a été acquittée, grâc.é à l'habileté de son .avoc~t. Il· ~st v~at
qu'elle est bien jol~. C'est un beau procès littéraire qui fimt.
Madame Berthe de Nyse a affirmé avoir entendu le nom de
fasi;assin dans un jardin.de P'assy-Cela a créé unepetite atmosphère dè mystère et,., pour moi, la mêm: qui ~·en:ouraÎ't
autrefois, quand je lisaiuur les murs de Pans cette Hiqmé~nte
lége.mde d~uneaffiche. de Gus Bofa,.. si je m'en souvie·ns b1~:
[.entends des pas dans le percolateur ... Madame Aurel a été témoin..
Qiton me sache gré d'éviter tous les jeu.,x de mots qu'on ,peut
faire et qu'on a faits sur son nom. J'ai décidé dorénavant ' de
laisser le monopoie d~ jeux de mots et des calembours à
M. Faul Souday qui,- KlJO.UI ég;JJer 1a matière », dit-il, regrette
que la plaque. appliquée rue Hautefeuille, pous coinmém_o.ret'
B.audelaiœ, ne soit pa~ a-muqueuse». Quelle élégante allus10n l
C'est vraiment là à.e. l'es:priLet rlu plus fin ! J'espère que Le
directeur ,d e La· Cigale songera à M. PanI Souday, pour sa pr&amp;.
chaine revue.
'

Au Ciné-Opé,ra où l'on ne joue. spé.c}alemen.t que des oc sum::;
mum » (de l'art a,1?glais,. de l'art muet~ etc.) passe actuellement
Le Rail, film aliema:nd, sans .sous.- titre. Les éclair.ages sont
excellents, réglés avec un extrême souci du d.étaJl, les. ii,cteurs.
sont remarquables (je veux dire qu'ils jouent bien). C'est l'his-.
toire de la fille d'un garde-voie qui est violée par un inspecteur,
d'une mère 9._lli\ me.urt de chagrin au pi.ed d'un crucifix, s:ous l.a
neicre et que son mari .mène.au. cimet1~re, Jans un petit tra1i:;, ~
1
d
.
.
nea1:1,, d'un jns,pecteur éq.l1;lg;lér par e même ,.gar e-vo1e. quL
déclare au chef de train,: ~ Je. suis ~ -a~sassin ». La. pan,car}e
pro.p1et un réalisme ino)lï. Il est~ce.rtain que _le film a Il~~ sorte
de be1rnté so~hre t}t, p{en~o.t~i piais il ne donne pas cett:: 1mp_res,~
s1Qn moi:bide. produ~~ .11ar presque toµ.tes les reuvres. d art allemand ropderoe.
y, ,_v~it, .moins , 9u'aille~rs. l'Amour ~t 1~
Mort danser leur dru;:ise 'Bfahre, Ce fil~ n,e vaut. pas ~aligan,.
q-i les éto~n~ptsQ!Ultre_,P.iabJes,~~d1t~ ,lannée gerp ~èr~ p,;u.
la Dans~-Film C?,Ù. \!)" genrr de l'érotisoi,e funèbi:e atteigmt un
record qui
pas encore ~té baJtu.
,

·au.

n'.a

GEORGES GA_BORY

I.ES REVUES

LES REVUES
L:ÉON-13lOY
Dans les MARGES d~ _15 juillet, Ardengo Soffici raëonte avec
~erv~ une vis!.t~ qu'il fit •ja~is à Léon Bloy. · Conduit par une
_mqu:é:°de s?1~tueile dont-il esp~rait trouver l'apaisement auprès
du VIe1l écnva1n, ayant tra\'.aiflé à l'avance le catéchisme et
préparé sfig;neusement l'exposé dés doutes dont il voulait se
débarrasser, 11 vint sonner à la 1pone du maître·:
.

.

"

La fellll!Je ~ui m•~~ait ouv-er:t .et coP,4.uit.dans ,cette pièce me l.ùssa
en sa présence. Léon. Bloy quj était assis à un~ _petite table à l'écart s.e
leva dès q~'il me vir_arriy~r et me reçu.t avec $1elques paroles aimables
auxquell~s Je répondis ~de même ton, tout en examinant sa personne ;
et ce!le--c1 correspond::ut -enco1:e moiwque _la mai~n à l'image -imprimée. C'était le mê1:1e. perso~na?e trapu et corpulept, mais tandis que
dans la photographie il pm-aiss.ut plein rde dignité, vêtu d'une j~uette velours, le vi~e Jl&lt;:&gt;1:ant l~s . .signes d~ la méditation, empreint
dune noble énergie, vo1c1 que Je le vc;,yais devant moi, son large thorax couvert 1i'ùn ~ros:-rricot de-1:rine grise cie èycl-iste, les mains sales,
les cheveux -ébouriffés, le's moustaches blanches ·tombantes, bremssailleuses et humides; une tête commune,. vulgair.e, de marchand de vin
de faubourg ou d'agent de police colérique et rancunier.

d;

, P~is les d~ceptions se_ succèdent. Soffici ayant longuement
e~hgué la difficulté qu'il éprouve à concilier l'e.xistence du
Diable avec celle de,. Di.eu et ayant posé l'ét~rnel « problème du
mal»:

.Je regardai Léon Bloy? poursuit-jl, .attendant réponse à mon problem: théologique - qui n'avait rien de rare, du reste -:- je lui vis les
SOUrcds-froncés., le front .coupé verticalement par_ un profond sillon
e~tr~ les deux sourcils, le regard dans .le vide. Il .demenra un instant
ainsi, puis :
- .En effet, dit,il lente.meut, il y a là ~ne difficulté.
~fais la conversation tout · de suite dévie vers des. sujets
moins t~~nscendants. Soffici ayani eu -Fitnpmdeoce cle aemander
à Bloy s 11 était allé à Rome :
- Moi ? s'éaia-t-il d'une voix rauque .et .avec une véhémence
dra~atique. Moi, aller dans eette ville maudite où l'on voit des
cardmaux qui s'appellezn .pri:nces de l'Eglise --et ..qui s'en vont dans des
carrosses dorés ; oû le .Pape, étant •prisonnier, habite .dans un palais

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,84

d · ? Qµaod pour
d' 0 monarque moo atn · · ·
'
splendide avec la pompe_ u 1 . s'exaltant de plus eo plus, les yeux
sauver le monde - conunua-t-1 en un geste terrible de la main sur la
tout à coup remplis de flamme, avedc ·1 ffirait d'uo véritable pauvre,
er le mon e t su
é
table - quand pour sauv
. • t dans les rues rebutant, affam '
·ruect
qui se tram«
'
· é I Oh
di
1
d'un men ant
. d c de la Foi et de la Charit ·
'
. le cœur plem u ieu
p~• . de
1
misérab e, mais
.
il • ndra ce Pauvre ce c:J.erm
. . dra
ons-eo surs,
vie
'
'.
d I D
mais il v1eo , soy
.
1 et alors ce sera le 1our e a esD ieu ce Ver ardent du Se1gn~ur d T m 1'e
'
· éédificauoo u e P •··
truction et de la vraie r
.
1 . dans son gros tricot gris ; les
li était devenu pourpre et il hal eta1dt ses yeux gonflés. Et moi je le
.
bl . t près de cou cr e
larmes sem a1en
lus savoir que penser de lui. 0 o ne
Tegardais, tout bouleversé, _sansé p ·s a1ors comment concilier toutes les
• d
de sa sincént · mai
.
·
pouvalt outer
.
.'
d s ce milieu ambigu, parmi ces
.
•
que J'avais eues, 11n
d'
autres imprcss1ons
nversation et cette fureur an'
affi ches . sa pauvre co
femmes et ces
' ,
larmes ? Ce mystère et une
1
.
hè brulé par I amour et es
tique prop te,
. d 1 • me sub·1uguaient. J'éprouvais
· émona1t e w
1•
d
sorte de gran eur qui
d
de m'humilier devant ut
dé . d lu· demander par on,
comme un sir e t
à
foudroyer de ses yeux exaltés.
qui continuait à trembler et me
.
.

' hève par un entrenen moms

La soirée heur~usem;~tB~:c commande deux. mominettes,

tragique chez le b1s~ro,
bilfard et met Soffici au courant de
.caresse la servante, 1oue au
ses aventures galantes.

.•

L' AMO!JR

DEL' ART (juin):

,.
MEMENTO

Piaz.z.etta, par Robert Rey ; Mo11tiu lli, par

Louis Vauxcelles.
-c,mtaisies srtr des thèmes con,ms, par Henry
L'ANE n'Oa Guio): r,
Cabrillac.
L CARŒR.S

,

. Hommave
à Octave Mirbeau,
,.

o'AUJOURD H.Ul •

Par

Tristan Bernard, Valery Larbaud...
.
iarguer1te Audoux,
. ill ) .
public ;1ouwau. par Tristan
TIŒATRE (10 1u et .
' .
CHOSES DE
é ïl le Moulin-Rouge par Henn Hertz.
d En revardanl se r ~•e1 er
'
Elie
Be
rnar
;
,.
G
ill
LE DISQUI! VERT
u et) .. La littérature rnsse en 19aa, par
ES

•

u

Ehrenbourg.

. . 11 t) .
LES FmnLl.ES LIBR~ (jum-1u1
e .
•
Dr'eu
la
Rochelle.
1
do;.ix · Oasis, par
'
INTENTIONS

Gell&amp;IIÜ'Vt

Guillet• aoùt) '. Disque, par Valery

Prat, par Jean GirauLarbaud

.

HENRI DUVERNOIS

Henri Duvernois est un écrivain pour qui Je public
existe. Il n'a jamais écrit qu'en songeant à ses lecteurs et
pour leur plaire. Plaire ne lui suffit pas, il entend les
divertir. A vingt ans, il s'est voulu amuseur comme d'autres se veulent géniaux. II a mis à forcer les portes de la Vie
Parisimne, du Journal et de Femitza la même ardeur que
d'autres à forcer celles de la Revue Blanche ou du premier
Mercure. Il s'est exercé dans tous les genres qui réclament
du comique, de l'aisance et de la verve : chroniques, cluoniquetres, têtes d'échos, gaudrioles, filets satiriques, dialogues et contes.
· C'était une moquerie douce et nonchalante qui faisait
surtout le charme des premiers récits de Duvernois, remplis selon l'usage de coquebins, de gérontes, de bobêmes
et de « petites femmes». Tous les moyens comiques, du
plus gros au plus fin, du plus chaste au plus croustilleux, y
étaient utilisés un peu au hasard et pêle-mêle. On saluait
au passage les procédés et les héros chers à Capus, à Tristan Bernard, à Courteline. On pensait aussi aux petits conteurs de la Monarchie de Juillet et du Second Empire :
Eugène Chavette, Belot, Droz. Parfois une notation de
mœurs rappelait Henri Monnier, une notation sentimentale
Murger.

LE GÉRANT : GASTON GA.LU~.
ABBEViLIJl. -

IM.PRIMER.lE E. PAll.LAU.

Mais tout ce flou ne tardait pas à se préciser, cette diversité à s'unifier. Duvernois éliminait bientôt ce qu'il ne
25

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pouvait assimiler et mettait sa marque propre sur chacun
de ses personnages et chacune de ses anecdotes. Ses jeunes hommes rangés ne sont plus ceux de Tristan Bernard,
ses ratés ceux de Ca pus, ni ses «cruches» et ses « Margots »
celles de Courteline. Il existe désormais tout un petit
monde de marionnettes bourgeoises, bien délimité, avec
son code et ses coutumes, sur lequel règnë en souverain
absolu et débonnaire, en bon roi Pausole d'Yvetôt, indulgent et jovial, Henri Duvernois.
C'est le peuple des honnêtes commerçants de la rue du
Sentier ou du Faubourg Poissonnière, les uns prospères et
:irrogants, les autres malchanceux et humbles, tous également timorés et mesquins. Leurs fils, taillés tantôt sur le
même patron qu'eux et tantôt rêvant à vide de gloire littéraire et de succès mondains. Leurs êpouses, tantôt dociles
victimes et t;mtôt matrones acariâtres. Leurs filles, idylliques oies blanches ou déjà bourgeoises pratiques et pot-au.
feu. Leurs maîtresses, Montmartroises futées, délurées et
pourtant sèntimentales. Voici encore les cerdeux empressés
et nuls, f~tards et ·bons garçons et leurs femmes fox•trottèuses intrépides, snobinettes insupportables'" avec toutefois
une petite fleur bleue en quelque coin du cœur. Voici !.es
grisettes promues à la haute galanterie, les acteuses èt les
demoiselles de ballet ou de café-concert. Voici enfin toute
la bourgeoisie maniaque et persécutée' des courtiers, placiers, comptables, ronds-de-cuir, chefs de rayons, ménages
courbés sous le joug du respect humain e.t du qu'en dirat-oh, usés par la réalité quotidienne et la question
d'argent.
On chercherait en vain un paysan - dans les vingt livres
déjà publiés par Henri Duvernois. S'il s'y glisse un ouvrier
ou un provincial, ce n'est jamais qu'au second plan. Tous
les cc héros &gt;) de Duvemois sont Parisiens, tous bourgeois,
tous médiocres, tous par quelque côté ridicules, màis
il n1en est pas un qui soit antipathique.
Aucun de leurs tics, de leurs vanités, de leurs ·petitesses,

BF'.!l!RI DUVBkNOJS

,

387

n est passé sous silence. Duvernois
d
, .
chacun d'eux Il- a
r
nous onne a nre avec
.
une iacon toute p
Il
chaque lecteur son compÎice. Sa o-ai er;o?ne _e de_ faire de
lente . il parle à n11· .
~ et n est Jamais trucu'
•voix, en accompa •
d'un clin d'œil itr-ésistible
t..
gnant _ses phrases
· on utrmour n'est J
• •
toyable, ni même cruel L'h
. _é
•
. ama1s 1mpini basse ni v1·c1·euse . ·1· . -umlamt qu'i-1 représente n'est
'
, 1 pemt a méd.
·é
nerie humaines.
tOCnt et la me~qui-

s· .

Les·héros de Tristan Bernard ou de C
.
mesquins eux aussi éta'
apus, médiocre et
.
'
rem en même tem d'
lene
qui les entraînait 10.
- . . ps une venm sur 1a voie de la
lh
d
ou e la perdition 1·usqu'à l'
.
ma onnête~é
'I
.
,
escroquerie au v l
,
.
assassinat. Mais il n'
,
o et men:1e à
Y
a
peut-être
pas
d'
dans tout Duvernois q .
.
IX personnages
bité.
UI ne soient d'une scrupuleuse pro-

1~ risque que cour~ ainsi Duver. . ,
. •. la fo1s artificiel et superficiel. Et c'en~~, ~ e~t de paraitre· à
gra~e critique qu'on puisse adresse/; len-la e~ eifet la plrts
Mais le reproche n'est pres
I
ses prem1ers romans.
ses contes. La race des B~ue pus valable quand il s'agit de
1rone:1u des pè es G .
'urs compagnes est encore loin d;être
_r . onot, et de
sen assurer de feuîlleter cha ue
. éteinte. Il suffit pour
pondances des journaux d q d ~emame les petites cotresà Ault-Onival ôu au Trée m\t ou de villégiaturer un é1é
Duvernois un gros cont' port. dy a sans aucun d.o ute chez
b
mgent e souve . 1"
« onnes histoires )) louis- hili
d mr~ .1vresques, de
ception de la bourgeoisie !archpa~ es o~ Jmves, une concorrigée d'un sourire
, an e héntée de Balzat et
nier, mais il y a· au:1:1prunté ~ Gavarni et à Henri Mondirecte.
1 une tres forte part d'observation

le

Au~si trouve-t-on dans chacun d
« métler » et une part d
e ses contes une part de
t
e spontanéité Il d"
•
eur cc selon la formule &gt;&gt;
•
• •
ivenit son lecàes secrets de
' mais aussi « sefon la vie &gt;) Un
son art est dans sa façon d d
. .
g'am.er fun et l'autre élément.
e oser et d'amal-

�HE~RI DUVERNOIS
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

.. * *

Duvernois sait que le conte, comme le théâtre, obéit à un
certain nombre de lois strictes qu'on n'enfreint pas impunément. Il sait notamment qu'une« tranche de vie», qui
peut fournir une nouvelle ou un roman, ne peut en aucun
cas fournir un conte. Voilà pourquoi les purs naturalistes,
excellents dans la nouve11e, ont été de médiocres conteurs.
Maupassant lui-même n'est pas complètement à l'aise quand
il ne dispose que de cent cinquante lignes. li lui faut vingtcinq, quarante, quatre-vingts pages, la dimension de Mam'selle Fifi, de La Maison Tellier, ou de Bo11le-de-S11if, le loisir de décrire un milieu de développer un caractère, de
tirer d'une situation tout ce qû'elle contient. Le conte n'en
exige pas tant, ou du moins exige d'abord autre chose :
l'éclair de magnésium qui illumine la fin de la Parure ou la
fin des Cerises de Daudet, mais qui, chez Maupassant
comme chez Daudet (Daudet qui est plus poète en prose
que conteur), est une exception.
La condition préalable et nécessairt;, parfois suffisante
d'un conte, c'est précisément cet éclair de magnésium. Il y
en a toujours au moins un dans un conte de Duvernois,
souvent deux, quelquefois trois. La virtuosité à provoquer
ce coup de théâtre, à faire jaillir cet éclair imprévu, c'est
le premier don du conteur.
Mais il est d'autres dons qui sont le propre des conteursnés et qu'une bonne fée a tous rois dans le berceau d'Henri
Duvernois : l'imagination d'abord, du moins cette forme
d'imagination où la part d'arbitraire est la plus grande ~t
qui fait surgir un conflit tout gratuit et tout armé (l'imagination du romancier consistant au contraire à découvrir un
ou plusieurs germes de complications, de situations et d'émotions qui se développent peu à peu, selon la logique intérieure des personnages, en dehors de la volonté du créateur, parfois même contre sa volonté). Encore faut-il que

389

cette_ idée a~bi:rair~ ne heurte point de front la réalité et
par~1enne a s y rnsérer moyennant un coup de pouce,
m:us un coup de pouce aussi _léger que possible. Il n'y a
p.1s_ plus de bon conte sans suiet exceptionnel, sans arbitraire, d?nc sans coup de pouce, qu'il n'y a de bon conte
sa~~ trait final. Un~ « tranche de vie&gt;&gt;, une description de
m1heu, des souve01rs autobiographiques pourront fournir
une ~ongue nouvell~, u~ poème en prose, un passionnant
chapitre de roman, 1ama1s un véritable conte.
~uvernois possède encore l'art de créer l'atmosphère,
qu1 suppose tantôt le sens du pittoresque cboisi tantôt la
faculté de s_'é:nouvoir et de communiquer son é:Uotion.
Il .a a_uss1 1art de dialoguer, et non pas à la façon vériste
- en aiustant bout à. bout des bribes de conversations
notées sur le calepin en tramway, sur un banc de square
dans un mu~ée ou dans un bar, - mais à la façon du dra~
maturge qw condense dans une phrase le food d'un caractère et campe un héros en trois répliques
et Enfin il a le ~on du mouve?1ent et du ryt.bme. Mouvement
rythme r~pides, - que nen ne doit ralentir et qu'il faut
pourtant éviter de trop accélérer - qui impliquent un sens
d_e la mesure et un instinct de la composition d'ordre clas·
s1q~e: On peut d'ailleurs se demander si le classicisme du
xx siècle n~ trouvera pas d'abord sa forme dans le conte
comm~ celui du xvn• siècle l'a trouvée d'abord au théâtre
et c~lm du x.rx• dans la poésie lyrique.
d'aC e5t avec une aisance presque infaillible, une souplesse
cro?ate et une nonchalance de prodigue qu'Henri Duvern01s met en œuvre, et dans ses mauvais
• Jours
•
gaspille
: : ense~~le unique de dons. Son instinct lui a fait retrou~
et utiliser avec un égal bonheur toutes les structures
toutes les coupes, tous 1es procédés du conte, des plus anti-'
ques aux plus récents.
• 1ï fiera appel au quiproquo traditionnel : le détectiveTa n~ot
pnvé ch?rgé de surveiller une femme et pris par elle
pour un « smveur » amoureux ; une lettre de femme trou-

�390

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vée dans un sous-main de ·café par un célibataire sentimental et qui n'est qu'un brouillon oublié là par un feuilletoniste. Tantôt il démasqu.era brusquement la véritabl-e
personnalité des personnages : ce brutal n'était qu'un tendre ; ce brillant cavalier n'éta.it qu'un pauvre hère sans le
sou ; çe riche négociant est au bord de la faillite ; ce chien
battu préfère les coups de son premier maitre aux caresses
du second, etc ... Tantôt il reprendra le procédé de la
monomanie guérie par un moyen imprévu, celui-là même
qui devrait la porter à son comble : l'histoire de la femme
qui imagine sans raison tragédie sur tragédie, trahison sur
trahison et qui ne se calme que le rour où son mari la
trompe véritablement, ou l'histoire de cette autre femme
dont le wari ne peut exercer aucun métier sans qu'elle y
trouve prétexte à le tromper - s'il est libraire à cause des
roroa.ns qu'elle lit, professeur d'éducation physique à cause
de la beauté masculine qu'elle découvre, etc-... - et qui ne
cesse d'être romanesque èt infidèle que le jour où son mari
se décide à devenir tenancier de maison c!ose. Tant:.ôt il
aura recours aux plus vieux thèmes, celui de l'oncle berné
par le neveu, celui de l'amourëux. qui a mangé de l'ail, ou
-celui du parapluie oublié.par la dame chez son amant et
qu'on rapporte au mari, mais il les enchâsse d-ans des montures si ingénieuses qu'ils reprennent l'aspect de la nouveauté. Tantôt enfin, et c'est peut-être le procédé le plus
fréquent chez lui, il combinera la rencontre cocasse de deux
thèmes aussi éloignés que possible l'un de l'autre et qu'il
reioint au milieu do récit. Si chaque soir un mendiant
reçoit d'w1e fenêtre de rez-de-chaus.sée les. reliefs du goûter de deux amints, un soit' le mari informé vi-éndra surpl'.endre sa femme, frapperà au volet et recevra à 1~ fois un
morceau de tarte et un.e .magistrale volée du mendiant aux
aguets qui n'admet pas la concurrence, Si lin débiteur au_x
abois décide d'envoyor :ies deux enfants réclamer un sursis
à son riche créancier, Ies deux. petits émîssaires !orriberont
dans un bal d'enfants' d'où ils rapporteront le sursis sou-

HENRI DUVERNOIS

391
haité et une indigestion de gâteaux. On transformerait
aisément certains autres oontes de Du.vernois en fabliaux
ou en contes de Bocc~ce. Avec la couleur locale né&lt;:essafre
Otwre l'œil dans Fifinoiseau trouverait place dans les Mill;
et

une Nuits.

Ainsi sch_é~atisés, les contes de Duvernois peuvent
paraîtr~ aussi ~ides dè contenu humain que des épures de
v~udeville. Mais son grand mérite c'est qu'.après avoir établi _la ~01:11uJe d'un conte dans l'abstrait et combiné la périJ&gt;é:ie md1spe_nsa~le, il. réu~it presque toujours à y introduire un gram d émot10n simple et humaine:
Il trouve chaque fois dans sa galerie bourgeoise les
act~urs dont il a besoin, quitte, s'il le faut, à c&lt; embourgeoiser_» son sujet pour le ramener à l'étiage des médiocres
parten~1res dont il dispose. Son plan stratégique une fois
a_rrêté, il n'a de cesse qu'il n'en ait assuré l'exécution tactique avec le personnel humain qu'il a sous ses ordres.
Rien n'empêche, il est vrai, de concevoir en sens inverse
la genèse de tous ses contes et d'imaginer au point de départ
~ne aventure ou des héros vraisemblables ( sinon authen~iques) et typiquement boui;-geois qu'il transpose et corse
Jusqu'au degré d'imprévu nécessaire. ·
Quelle que soit la méthode d'Henri Duvernois, il atteint
à ce double résultat de divertir son lecteur et, non pas le
plus _souvent de l'émouvoir, mais de l'attendrir. Le mot qui
qualifie sans doute le mieux Duvernois est celui~ci ; un
te?dre. Tout lui est prétexte à s'attendrir, et s'il ne tempérait
·
. me
· 110at1on
· ·
. . presq ue t ou1ours
cette
par quelque ironie
ilnsq, uera1't parfi01s
. - notamment lorsqu'il parle. de bêtes,
ou d enfants - de tomber dans la sensiblerie.
.

Chibidère, Namineau, · Mtclozure, Aguilanneuf, Garbotte, Oluseur, Beauversin; Coi:-dif, Cosécante, Pilastreaux,
Lobemuche, Gobinet, Girarduc, Legortux, Dondurond,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

392
Canepin, tel est le genre de noms dont Henri Duvernois
s'amuse à affubler ses héros et ses héroïnes.
Avec des noms pareils, comment être amoureux ou ~oète
sans ridicule ? Et cependant il y a dans chaque récit de
Duvernois un amoureux et un poète en lutte avec so?
nom aussi prosaïque que la réalité. Rien n'est à la,. fois
aussi comique et aussi touchant que les efforts vers l idéal
d'un Monsieur Chibidère ou d'une Madame Dondurond.
La chose devient plus grotesque et plus pitoyable tout
ensemble si Monsieur Chibidère a pour femme. une
Madame Chibidère épaisse, vulgaire, toute à ses soucis de
cuisine et de nettoyage, si Madame Dondurond a pour
mari un Monsieur Dondurond épais, vulgaire, tout à ses
soucis d'argent et de commerce. Les« incompris » abondent
chez Duvernois.
A mettre en scène de tels personnages, le rire de
Duvernois fuse chaque fois qu'il y a disproportion par trop
énorme entre les aspirations et les possibilités de ses héros;
mais il se mêle d'attendrissement et se nuance de regret
quand c'est la vie, le hasard d'un mariage ou d'une rencontre qui rogue les ailes d'un rêve. _
.
Presque tous les couples qu'il peint sont mal ass_ort1s.
Tantôt un homme doux et tendre a pour femme une virago,
tantôt une brute est unie à un ange. Toutes les variétés
des mauvais ménages bourgeois sont répertoriés dans les
contes de Duvernois. Le mot résigné est un des plus fréquents qu'on y rencontre, appliqué tantôt au mari, tant~t à
la femme. Cette incompréhension déborde le couple; peres
et fils, patrons et employés sont impuissants à se comprendre.
. .
Et pourtant, chez le bourgeois le plus enduro, 11 Y a
toujours, professe Duvernois, un coin de _rêve, chez le
plus avare et le plus âpre un coin d~ gé~éros1té.
Les plus à plaindre, ce sont les meilleurs, les_ plus ard_ents,
les plus idéalistes ; la réalité impitoya~e vient t?uiours
empêcher l'essor de leur rêve. « Etre en viande», c est un

HENRI DUVERNOIS

393
des regrets exprimés le plus fréquemment par les hér9s les
plus sympathiques de Duvernois.
Pour tout dire d'un mot, les bourgeois de Duvernois
sont les derniers des romantiques. Ce n'est donc pas seulement_ pour se mettre un masque impénétrable, ni parce que
depms 1830 le bourgeois, cc l'épicier» est le modèle favori
des humoristes que Duvernois s'est cantonné dans la peinture de la bourgeoisie, c'est encore et surtout parce qu'il
trouve_ dans la médiocrité bourgeoise l'image même de
l'humanité suspendue entre son désir géant et son impuissance foncière.
Médiocre pour Duvernois veut bien dire médiocre et non
pas vil. et Ni ange, ni bête &gt;i, mais tour à tour ange et bête.
C'est par pudeur, par dédain des grands gestes et des éclats
de voix, par crainte du ridicule qu'il a déformé, caricaturé
un peu cette désolation romantique, en la raillant et en la
confinant dans l'âme des Messieurs Chibidère et des Mesdames Dondurond. Il y a telle analyse de timidité telles
.
'
notations mi-gouailleuses, mi-mélancoliques dans ses contes
qui ont une saveur autobiographique.
!l. y a, surtout Edgar et les longues nouvelles qui ont
smv1. C est seulement après s'être rendu maître de son art
de conteur et après avoir conquis le succès qu'Henri Duvernois a osé sortir de sa réserve et se confesser tout entier
sans réticence. Romantique, mais aussi Parisien averti
longtemps la crainte de paraître dupe l'avait retenu. Si se~
dernières œuvres paraissent plus amples, plus nourries,
plus humaines, elles sont pourtant faites de la même étoffe
que les préçédentes. Duvernois ne s'est pas renouvelé (on
ne se renouvelle pas), il s'est approfondi, il a osé se livrer,
se débarrasser des héros ridicules dont il se servait comme
d'une cuirasse et d'un masque.
Sous un voile léger d'humour et de fantaisie, c'est le
gr~nd conflit du corps et de l'âme, du réel et de l'idfal
~u évoque Duvernois dans ses dernières œuvres, les plus
nches et les mieux réussies : Edgar, Gisèle, la Guitare et

�394

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le. Jaz..z..-Band, la Brebis galeuse, Morte la ~te, La Fu?ue.
Edcrar c'est le poète inégal à son désrr de créauon,
l'amo~r:ux malingre inégal à son désir d'amour. Gisele,
c'est la lutte de deux enfants pour préserver leur rêve des
bassesses de l'amour physique_, la défaite du petit mâle, la
déchirante victoire de la jeune fille. Morte la Bête, c'est le
triomphe de la pitié sur la vengeance, de l'amo~r pur s~r
le désir corporel. La Guitare et le ]az..z..-Band, c est la vie
facile et superficielle soudain humiliée par l'ombre d'un
tragique _amour. La Fugue, c'est une tentativ~ de_ dévoQe•
ment sublime que la faiblesse humaine rend mut~e.
.
Mais tandis que, dans tous ses contes, le .reve était"
régulièrement vaincu par le réel,, ~ans les. der~ères nouvelles de Duvernois, la lutte devient moins mégale. L_e
peintre Malandre et le peintre Ma.ssonnea~ d~ns la JJ_rebi s
galeiise réussissent à conformer leur vie a leur idéal
d'artistes.
Le romantisme désormais apparent d'Henri Duvernois a
cette originalité de se teinter d'optimisme. Son passé
d'humoriste l'ironie indulgente qu'il êontinue à répandre à
foison dans ~es contes du Matin laissent espérer qu'il ne
glissera jamais à un optimisme béat._ ~n _art de_ constr_uire
et de mener une intrigue et sa fertilité inventive qui se
retrouvent dans tous les récits de sa dernière manière lui
éviteront la monotonie.
La matutitéd'Henri Duvemois,richede réalisations, appa•
rait donc plus riche encore de promesses, pour.vu qu:il ne
cherche pas à dépasser ses possibilités. Il a une exqwse et
riche sensibilité, il a une maîtrise dans l'art de faire progresser et de présenter un récit,_ une, sûreté _dans le raccourci une vivacité et une vénté dans le d1alogue, une
mesur~ dans le style ( un peu trop cursif et négligé cependant) qu'aucun - autre conteur français d'aujourd'hui n'a
au même degré.
.
Mais il n'a pas la force et l'ampleur nécessaire pour
çonstruire de grands romans. Il est fait pour peindre des

JIE RI DUVERNOJS

395

tab~eaux ~e chevalet et non pas des fresques. Edgar, son
meilleur livre, n'est pas un roman, c'est une suite de fantaisies. Sans parler des romans de sa première manière qui
sont faibles et -parfois fades (Popote par exemple), la Brebis
taleuse, avec des morceaux excellents, reste un livre mal
composé, recueil de contes cousus ensemble plutôt que
~oman. Faubüurg-Montmartre lui-même manque d'une forte
unité et d'un centre.
Autant Duvernois est à l'aise dans le conteet la nouvelle
a_utant il l'est peu dès qu'il veut hausser le ton. Son admira:
tton pour Balzac, qu'il est essentiel de noter si l'on veut
comprendre la personnalité et l'idéal littéraire de Duvernois
desse~t et l'écrase. Il reprend les procédés et le ton balza~
ci:n qu'il ne peut soutenir. Citons un exemple entre cent,
pns dans ~a ~rebis_galeuse (p. I 7 3) : « Il se trouva par miracle
que ce Silv10 était sérieux et honnête. Il examina l'affaire
s'y intéressa, y intéressa des commanditaires et se débarrass;
des premiers représentants en leur versant une indemnité
etc,:. La prospérité a ses vices comme la misère ... »
'
L art du conteur et l'art du romancier sont distincts. Conteur français excellent, typique, original, le meilleur de ce
temps avec Pierre Mille, Henri Duvernois semble moins
do.~é pour le roman. Mais il est un genre où il s'est essayé
d~Ja avec bonh eur et où il semble devoir réussir: la comédie légère. Son art du dialogue et des « coups de théâtre »
Y peut trouver un emploi nouveau.
. La carrière de Duvernois suit une courbe rare de nos
Jour~, où la quarantaine trouve la plupart des auteurs taris
ou bien co~da?més à se répéter. Crapotte, malgré son agrément, ne la1ssa1t pas prévoir l'opulente et jaillissante fantaisie
d'Edgar, ni les contes du Journal de I 9 r 4 l'émotion humaine
de _Gisèle ou de Morte la Bête. Ce passage gradué du journalisme à la littérature pure ( qui est aussi le cas de Mac
Orlan) est un signe des temps, qui eût beaucoup étonné
Mailar?"1 é, mats. que nous comprenons sans doute mieux
que lut, ayant vu, à l'Odéon d'Antoine, Molière interprété

1:

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIŒ

par Dranem et Vibert et nous étant convaincus que l'art est
un et qu'il n'existe pas de hiérarchie des genres.
Oui, Duvernois fait penser à ces artistes de café-concert
qui, le jour où ils se cj.écident à jouer du classique, émerveillent par la maîtrise avec laquelle ils fondent dans leur ·
jeu le cc style » et le naturel, le cc truc» et le spontané, par
la variété des moyens dont ils disposent, par l'art qu'ils
apportent à transposer le vrai, à le déformer, à l'amplifier,
à l'idéaliser à leur gré sans jamais le trahir.

POESIES POUR DAMES SEULES

BENJAMIN CREMIEUX

I
OMBRE

0 ma Sœur, je 'Suis l'ombre
A ton corps attachée /
Ame toujours cachée
Sous des for-mes sans nombre ...
Faut-il encore attendre
Une ,tardive aurore
Et puis rouler encore
Mon cœur de pierré tendre ?
Ne peux-tu donc éteindre
'
Léthé, ce {et4rebelle ?
Hélas ! elle est si belle
Qii'ôn' ne saurait la peindre.

�POÉSIES POUR DAMES SEULES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

399

Envolez-vous bel oiseau b-leu I
Une flamme incertaine rôde

II

Dessous,,la cendre encore chaude
0 mer ! image de ma vie,

IJ un cœur qui b,:aJe à petit fetJ.

Emporte l'ombre que j'aimais
Et que partout j'ai poursuivie,
Sans pou'vcir l'altd~tejamai,s ;

IV

Celui qui meurt pour- tes beaux yeux

Nous nous aimerons jusqu'au jour ;

Ton amant, Muse aux sombres voile:
Danse avec les pendus joyeux
'

Selon le ·vol de la colombe
Toujours propi.ce à notre amour,
La mer s'entrouvre et le soir tombe ...
Petits bateaux ! mes sentiments
A la dérive ô feu de joie !
Le plus beau souvenir senoie
Dans la mé~ire des a_mq,nts.

III
L'amour moqueur et triomphant,
Le battre avec ses propres armes ...
Te souvient-il, ô m® enfant,
De nos sourires, de nos larmes ?
Ennui, ta mènaçante épée
Pour la fleurir j'ai su choisir
La plus belle ràse coupée
Au tendre jardin du plai'sir ;

l.

Qui tirent la langue aux étoiles.

•

Le diable a.mar_qué mon épaule
Du sceau douloureux de l'orgueil ...
Que l'on me creuse un beau cercueil
Dans le corp! pantelant du .saule /

Tombé du cjel dans la mansarde,
Au che:vet de mon lit étroit

'

Le nez. rouge et tremblant de froid,
La. nuit, un ange me regarde.

V

0 nuit tendrement étoilée J
Déjà f aurore entre sans bruit
Dans tous les restaurants de nuit ...
La colombe s'est envolée.

�400

LA NOUVELLE REVUE F'RANÇAISB

Un anges'arrache les plttmes,
La Mttse a lassé son amant,
L'amour écrit son testament
Et nous' gentils amants posthumes,

CLODOMIR L'ASSASSIN
Quittons Cythère et la banlieue,
De l'enfer, suivons le chemin,
Mignonne, et que ta blanche main
Tire fe diable par la qtuue.

VI
Poète ennuyi par l'étude,
Parto11t el toujours en exil,
De Ion amour que reste-t-il ?
La pattvreté, la solitude :

•

Des manitscrits sentant la pipe,
Des livres, des bouquets fanés ...
Le sphinx ne veut pas, pauvre Œdipe,
Qu'on lui tire les vers dtt nez_!
Muse, 6 ma mémoire infidèle I
N'est-ce pas que, le soir vemt,
Lorsque je m'asseyais près d'elle,
Ma main caressait son sein nu?
GEORGES GABORY

Sous les yeux du Seigneur, le presbytère est bien gardé.
En face du presbytère habite un assassin. L'assassin est le
plus bel homme de la contrée, le plus sain, le plus fort.
Monsieur le Curé le salue. L'assassin a beaucoup de respect
pour Monsieur le Curé. Monsieur le Curé a beaucoup de
respect pour l'assassin. S'il a tué, il a tué par amour
l'amant de sa femme. C'est une dignité, une seconde
puissance. Il a célébré lui aussi son sacrifice flamboyant.
Depuis qu'il était petit dans le pré de son père le tripier
il s'était penché sur le ruisseau de sang que distillait l'égout
des abattoirs de 1a ville. C'était une prédestination. Monsieur le Curé comprend très bien ce crime, s'il ne l'eût pas
pour plusieurs raisons commis lui-même.
Clodomir a le port de tête d'un roi, la diction d'un comédien et il en impose auxenfantsdu quartier, qui ont entendu
crier sa victime, bien plus qu'un Roi de Théâtre.
Quand la nuit tragique, attendue des mois par toute une
ville engourdie, s'ouvrit sous le couteau luisant de l'Archange
des vengeances, tout le monde se mit à la fenêtre pour Yoir
commettre un crime, depuis Monsieur le Curé, blotti derrière une persienne, jusqu'à M. le Capitaine Cornicbet,
pâle derrière sa vitre, sans excepter M11• Dalby la couturière
qui triompha quelques minutes sur son balcon.
Tout le monde savait que Sidonie avait un amant, que
Clodomir le savait, qu'il les tuerait bientôt l'un et l'autre.
Cet amant avait le tort d'être sous-officier, race de chien
pour Clodomir. Clodomir, dans l'esprit de tout le monde,
26

�402

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aurait peut-être pardonné à n'importe_ quel hom~e et à un
chien d'être l'amant de sa femme : 11 ne pouvait pas pardonner à l'amant de sa femme d'être sous-officier. . .
Une première fois, il était revenu voir le pays du lomtam
où le retenait dans une automobile quelque guerre. Il en
avait profité pour donner la comé~ié à se~ v_oisins : « En
l'honneur de qui Sidonie a-t-elle mis des ndeaux de dentelle blanche à sa fenêtre ? En l'honneur de qui a-t-elle
acheté deux draps à jours ? Qui lui a ~on~é l'or d'~!1:
montre d'un bracelet: et des pendants d oreill~s que J a1
trouvés'dans la paillasse de mon lit r. n C'était un pr~lude.
Il le pleurait chez ses amis et puis 1~ criait d'une voix de
stentor devant la ville · assemblée sur la Place. Les battents du cœur de Clodomir pour Sidoriîeàllaient remuant
: monde entier. · On le voyait apparaitre guerrier bleu
p~le enveloppé. de rideaux de dentell_es blanches, un drap
brodé et ajouré _sur son épaule, les ma111s chargées des bracelets et des bagues de sa femme.
répandait â chaque
phrase la montre, les _pendants d'or~ille, de~ fioles de parfums, témoins patents etmuetsparm1 les_ asst~ttes honnête~,
auprès de la soupe fumante du, co~~onmen~ en face, pms
devant les livres de compte de lépic1er du corn..
.
Toute une nuit, à huis clos il rétablissait fa toiture, pour
interroger effi.cacement deux petites filles, l'un~ de douzé,
l'autre de dix ans, ses filles, sur l'amant de leur mère.
Quand il revint la seconde. fois, Clodo~ir alla c~ercher
deux de ses amis. Sidonie s'était accroupie le matm dans
la lessiveuse et ses filler avaientrefenrié sur:elle le couvercle
de tôle, mais il avait bien fallu se découvrir le soir. Elle
était assise maintenant toute frémi'ssante au fond de sa
chambre sur une chaise de paille et la. lampe biûlait près
d'elle au-dessus de la cheminée. Trois hommes entrèrent.
Deux d'entre eux virent avec. stupeur Clodomir fermer à
clé la porte et s'agenouiller le visage tourné vers Sidoni:·
Quand il se futapproché d'elle sur ses genoux, Clodomir
appuya tendrement ses lèvres a.n ventre an.onyme de la

n

CLODO.MIR L'ASSASSIN

4o3

Femme qu'il baisa à travers le tablier de cuisine. De vraies
larmes sourdaient de ses yeux. Il la , dépouillait de ses vêtements. Noualet le dentiste qui avait étè l'amant de Sidonie
était moins. curieux- que Tourteau .le charcutier. Tous les
deux pensèrent qu'if allait la. tuer devant eux-, mais ils
n'osèrent pas même faire semblant .d~ l'en empêcher; ils se
contentaient de trembler de chaque côté de la lampe
comme d~:antle Tout-Puissant. Sidonie voyait son &lt;c- jugement,dernter » entre Noualet le dentiste et Tourteau le
charcutier. De temp-s1 en. temps, le bon ·Ange Tourteau sur
la prière irrésistible des, yeux d'une femme en chemise
ba_lbutiait: -,- &lt;&lt;- Je ne voudrais pas te déranger, Oodo~
mtr. •. » Enfin, Clodomir ful'ieux vociféra : - « Etes-vous
mes amis ou ses amants ? » Et il se fit un grand silence.
La chemise de linon venait de se déchirer du h;nt en bas :
- « Qutlle fantaisie le prend ? se disait Noualet. Saurait-il
quelque chose ? vetmil me confronter avec ·sidonie dans
l'appareil d'Adam :ét ·d'Eve et nous.tuer devant Tourteau ? »
Il commen~it m~inaiement à dénouer sa cravate, peutêtre pour éviter à Clodomrr fa peine brutale de le déshabiller, peut-être paÎce qu'il avâit eu· l'habitude .autrefois de
commencer à se dév~tir, quand Sidonie était nue. Mais
déjà passaient dans un ouragan terrible deux ·cuisses connues suivies.de deux bottes fertées.Touneau était préoccupé par qneJqnes gouttes de,saing perdues dans la chevelure d'une ~emme ,que le Diable emporta:it. Sidonie, parmi
la macabre danse, était, r6'tonfortée à-la pensée d'être heureusement propre ce jour-là et si belle, avant de mourir
sous les yeux de trois hommes fous.
Q~and elle fut à - bout ·de,souffie, Clodomir la .retourna
du pied dans la lumière. Voilà qu'il se penchait une fois
encore avec douceur sur le ventre de Sidonie_ Comme si
« quelque chose 1) 'en elle ~ût mérité des-excuses, tomme si
le sexe en elle avait gémi de ses adultères, il lui murmurait
de tendres paroles, ille plaignait; ii le plaignait d'être sous
ce cœur et à la "merci de la tête: Il lui disait : - « Je n'ai

�404

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
CLODOMIR L'ASSASSL •

reçu de toi que douceur et qui a pu te satisfaire après Clodomir ? » Durant cette bonace, on entendait pleurer_ les
deux filles de Sidonie derrière la porte. Enfin, Clodomu se
tourna avec la plus extrême politesse vers '!'ourtea_u le
charcutier et Noualet le dentiste, pour leur faire aussi des
excuses. Il ajoutait: u Je vous ai choisis tous les deux pour
être les témoins d'un serment ... Devant Tourteau c~arcutier et oualet le dentiste, Sidonie, tu entends ? Je Jure
de tuer ... » Les deux hommes sortirent de la chambre d:
Sidonie comme de l'autre monde, devant Clodomir qt11
les éclai~ait. Ils rencontrèrent sur le seuil deux petites filles
qui vinrent consoler une mère toute nue. Rentrés chez eux,
ils éprouvèrent le besoin de toucher les murs, les meuble~
familiers, pour s'assurer qu'ils n'étaient pas des morts qw
revenaient se promener sur la terre dans leur propre
maison.
.
Le sous-officier connaissait Clodomir. Il en avait peur
plus que tout le monde, mais il préférait être tué par une
main prévue sur un bon lit pour une femme que p~ur_ u~e
idée dans un buisson par un inconnu &lt;&lt; innocent, d1sa1t-il,
comme moi-même». Il avait fini par s'accoutumer à cette
fin. Hla méditait. Il s'amusait même les matins de~ima~che
à en étudier les moindres circonstauces, quanJ S1do01~ l_e
laissait seul, tout éveillé sur le lit, dans la cbambr~ ou 11
devait mourir. Certain soir cependant, un pressenum:nt
terrible l'avait saisi. Il ne voulait revenir que le lendem~m.
Sidonie l'envoya chercher par l'aînée de s s filles. Il vmt,
comme un condamné à mort, après avoir fait sa toilette et
son testament. Leur nuit fut plus passionnée à :ause ~e I_a
sueur froide exceptionnelle qui les enveloppait. M10u1t
sonna. Le sous-officier passa un doigt sur les yeux de
Sidonie. Elle dormait. Il se réveilla sur les trois heure~,
comme la première porte de l'escalier s'ouvrait._ Il entendit
celui qui venait vers lui pour le tuer. Au premier bond du
cœur, de songer à se précipiter par la fenêtre dans le che:
min, mais il se souvint qu'il avait prévu cette heure qui

1:

était venue, qu'il avait choisi, durant ses moments de
calme, de mourir confortablement dans ce lit. Il avait chaud.
IJ se refroidirait pour aller mourir aussi bien dans la rue,
comme un chien, sous les yeux de t-Oute la ville qui se
réveillerait d'un seul coup dans une seconde, quand il
allait lui déplaire de crier. La deuxième porte s'ouvrait. A
la lueur de la veilleuse, il aperçut la tête pâle, sublime, de
son assassin. Il éprouva aussitôt la démangeaison de saisir
sous l'édredon son revolver, pour tuer quelqu'un ou pour
dissiper un cauchemar, en faisant du bruit. Mais peut-être
était-il trop tard ? Les deux petites déjà pleuraient dans la
chambre voisine. Alors en un geste court, interminable,
fatigant, d'un siècle entier, il joignit ses mains qui s'étaient
éloignées l'une de l'autre sous le drap et qui se résignaient
les premières à ne pas le défendre ; il détendit ensuite lentement le muscle de sa nuque, pour abandonner sur l'oreiller sa tête qui avait le tort de vouloir encore se raidir, s'obstiner dans l'inutile inquiétude. •
L'assassin espérait toujours, quand le sous-officier venait
d'achever son acte d'abandon. Résolu à tuer, Clodomir
était plus malheureux que le sous-officier résigné à mourir.
Il espérait toujours que Sidonie serait seule. Il avait voyagé
dans un train de marchandises pour arriver à l'improviste.
le bruit avait couru devant lui, comme un pressentiment,
qu'on l'avait aperçu la veille dans la brousse. II y avait
passé vingt-quatre heures. Il se croyait toujours dans
l'herbe qui lui piquait les paupières, quand il se pencha
sur Je lit de sa femme. Sidonie venait de se réveiller. Elle
avait tout compris en un clin d'œil: elle jeta Je plus grand
cri de sa vie qui déchira le silence du monde et jeta
debout toute Ja ville. De 1a gorge crevée de son amant le
sang coulait. Clodomir avec douceur lui disait: - « Aimele bien ainsi. Caresse-le, mais caresse-Je donc. Moi, je vais
en prison; c'est meilleur que dans tes bras. &gt;&gt; Elle poussait de longues plaintes aiguës qui suivaient monotones,
comme un troupeau d'hyènes, le gémissement sourd du

�406

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

moribond. Et par instant, le cri de deux petites filles enfermées dans la chambre voisine perçait.
Clodomir fit le tour de la ville sous mille yeux braqués.
Les chemises de nuit de tout le monde pavoisaient de
blanc les fenêtres sur son passage, tel le drap interminable
des fêtes-Dieu.
Un -quart d'heure plus tard, il rentra po~ co~te°;-pl~r
son œuvre. L'homme vivait toujours. S1dome s étatt
traînée jusqu'à la cuisine, pour chercher de l'eau. ~Ile lui
lavait les tempes. Une odeur de violette 'embaumait tous
les gestes qu'elle faisàit. Clodomir, quand: il surprit, autour
du front d'un mourant, cette marque suprême d'amour,
adora Sidonie. Mais il s'avança vers l'homme pour lui
fermer les. yeux d'un nouveau coup de poignard. Comme
il était jaloux de la màrt qu'il donnait dans ce parfu~ de
violette, il prit les bras admirables de sa femme, il les
tordit. Peut-être un instant désira-t-.il de s'y enfermer pour
toujours, de la tuer, de se tuer, comme on oublie ou bien
de la posséder encore une fois tet;riblement sm ce ~davre
dans l'ivresse royale de sa victoire. Les,gendar1:1es v1~r~nt
le préserver de cette équipée. Il les _en remeroa explicitement et les suivit comme -ses domestiques.
Dès que Sidonie eut constaté la mort du sous-officier,
elle trouva qu'un cadavre est un embarras. Alors, elle se
mit à faire son lit pour se donner une contenance et pour
plus décemment recevoir aussi.la Police qui allait descendre
dans l'alc6ve.
Un corbillard avant le jour émporta le cadavre. Seule
cette fois, elle appela ses filles qui l'aideraient à réparer le
désordre que cause toujours un assassinat.
Sidonie préférait la propreté aux bijoux. Quan~ l'a~o~e
parut, elle était déjà plus sensible à la tad1e qu il la1ssa1t
sur le plancher de sa chambre qu'à la mort du sousofficier. Elle se souvint par hasard du soulèvement-de cœur
particulier que lui avait oct:asion~é -Clodo~r 1~ ~oir de
leurs noces, pour une grosse araignée qu il avait écrasée

CLODOMIR

r.' Ass,\SSIN

407

sur sa ~obe blanche. Vopportunité de ce rapprochement la
~t sounre et fit perdre au sous-officier le reste de son pre&amp;t1ge. Elle se tnit immédiatement à laver la tache de sang
avec ses filles.
Une paysanne, jgnorante ile tout, qui arrivait &lt;le 1a
ca~pagne pour vendre ses légumtt~ _verts sur le marché,
lui demanda _ce qu'.elle faisait de si bonne heure :
- cc Mon nettoyage», répondit-elle simplement.
Le lendemain elle envoya les filles de Clodomir porter
des fleurs sur 1a victime de leur père et elle fut fidèle à en
parer sa fosse tous les dimanches : ·
.-:- « C'est bien le moins que nous puissions faire pour
lui.&gt;)

La mère du sous-officier voulut la voir. 'Elles pleurèrent
ensemble. Sidonie se plaignit de ,5on mari. Mais quand la
'.11ère du sous-officier voulut se permettre de s'en plaindre
\ son tour, Sidonie lui déclara qu'elle avait le malheur
dêtre,la ~mme de O?do~ir? -qu'elle n'.avait pas cependant
~ gout d ,entendre dire du mal de lui, qu'elle aurait tou.
J0 u:s peur 1'être tuée par lui sur la terre, sans avoir le
droit ~ désirer s_a mort ni aussi bien de ne plus l'aimer.
A~œs quelqaes mois, l'acquittement prononcé, C10d.oID1r est revenu dans s.a maison, dans sa chambre v.eillir
ent~é ses deux filles, auprès de sa femme. Ils forment une
famille mo~èle, - où l'on s'aime plus qu'ailleurs, dans un
ordr~ parfait, une propreté irréprochable et un peu de
musique.

La chambre d~.m our .est la chambre du meurtre.
~ne terreur panique enveloppe le front désormais inaccessible de Sidonie.
Le lit de Clodomir est un échafaud.
n' La main de l'assassin glace des pieds à. la tête ceux qui
Ont pas le courage de lui refuser de la prendre.
Un (Ü.adème et .un manteau rouge .éternellement le
revêtent, aux yeuxi des petits enfants qui l'ont -entendu
tuer.

�408

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

' Ses deux filles et sa femme tremblent sous lui qu'elles
servent avec respect, comme un Roi, le Roi de la Peur
qu'il crée autour de lui, partout ou il habite avec elles.
Il a poussé si loin l'amour qu'il impressionne surtout
celles qui sont aimées et ceux qui aiment. Les lâches
pâlissent quand ils l'approchent, parce que son audace les
blâme. Les aud,icieux rougissent devant_ lui d'être en
retard encore sur sa violence.
, Monsieur le Maire prétend que dans l'antiquité, chez les
païens, on lui eût interdit le séjour de la Communt.
Il est un des rois de l'Enfer ou les damnés sont assis,
chacun sur un trône de feu, dans sa constance éternelle.
Monsieur le Curé le salue.
Tout le monde a peur.
Tout le monde est mort avec le sous-officier pour Clodomir.
Il est seul.
Il ne voit pas le curé le saluer. Il ne regarde pas ses
filles le servir. Il ne sent pas les mains des hommes se
glacer dans sa main.
Il est l' Assa~in, isolé dans le royaume de son courage
entre une femme et le cadavre du monde qu'il s'est aliéné,
dont il s'est une nuit d'un seul coup de couteau volontairement séparé.
Qui avait le droit d'aimer Sidonie que lui ? Il ne
l'aime plus. Il s'aime lui-même. Il adore sa main droite
sous laquelle toute une province se courbe. Il n'y a que
s'il lui arrivait de rencontrer sur les lèvres de quelque
pygmée « le nom )&gt; qu'il s'est donné éternellement dans la
mémoire douloureuse de Dieu qu'il se réveillerait un
instant pour être · en colère à foi:-ce de ne pas savoir s'il
devrait rire ou pleurer:
Il ne voit pas Monsieur le Curé ni les hommes; il les a
tués. Il a beau demander à l'une de ses filles de chanter à
sa droite et à l'autre de jouer du violon à sa.gauche le soir :
il n'entend pas leur concert. La forêt qu'il a fait casser à

CLODOMIR L'ASSASSIN

.

4~

petlt,s morceaux et des.cendre dans sa cave ne parviendra
~as a le réch~uffer. Il n est pas sensible non plus à la multitude des 01seaux qui sont enfermés dans des cages d'or
autour de. sa porte Ill· aux fi eurs qui. tapissent
.
les fenêtres
d
e sa maison.
Il est loin. Il est seul.
Il connaît la mesure du
d
,
démesuré.
mon e pour s être lui-même
~e monde est ~n sous-officier pour loi, un sous-officier
qu il .a tué, afin d_ etre, durant les siècles des siècles, absolument seul avec Sidonie.
MARCEL JOUHANDEAU

�CHAN~

Mais si ton nourrisson, ô mère,
Fut toujours fidék à ta loi,
Si la peine la plus amère
L'a toujours vu tourné vers toi,

CHANTS

1NVOCATION
Si ce cœur que ton so14fie enseign~
ODéesse, a jamais penché
Vers les autels pompeux où règne
Un culte de fraude entaché;
S'il a, capable d'inconstance,
Convoité d'un vœu déloyal
Le laurier souillé que dispense
Un peuple frivole et brutal;
Si quelqu'intértt de mes veilles
Autre que le tien fut l'objet,
Si le son du métal abject
A jamais séduit mon oreille,
Alors détourne, ô Piéride,
De moi ton visage irrité.
Que ma veine demeure aride
Dans rnon sein par toi déserté,
Que sous les coups d'un plectre impie
Mon luth reste silencieux,
Que les ondes de Castalie
N'aient pour moi que des flots bourbeux•

Fai's alors qu'une docte fievre
En mes chants. verse sa chaleur
Et que ta force et ta douceur,
0 Muse, coulent d~ ma levre.

Comme un jeune rameur lutte contre l'orage
D'un bras constant et généreux,
Sans te lasser jamais subis, c1 mJJn' CbUrage,
L'assaut d1.t. .sort injurieux:
l

•

Comme un arc bien construit, la flèche étant lancée)
Ne s'altère pas d'un degré,
Sache malgré I'effort garder, ô ma pensée,
Un tqur égal e,t mesur~.
· '
Comme d'un luth frappé par l'archet implacable
S'élève un son pur- et charmant, .
0 mon cœur, sous le coup redoublé qui t'accable.,
Résonne harmonieusement.
Comme l'aigle blessé s'élance au ciel de flamme
Malgré le trait qui U nuurtrit,
.
D'un vol toujours plus prompt dirige:toi, mon ame,
Vers le but que tu t'es préscrit.
.
Mars

19 12.

�412

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

CHANTS

Mais qui plaindrait les fleurs d'avril lorsqu'il engrange

Les moissons de l'été, de ses soins le loyer,
Ou que le suc vermeil d'une belle vendange
Parfume son cellier?

A VINCENT MUSJ;:LLI

Vincent, le temps n'est plus des jeux n;i ~e la danse.
Notre tempe grisonne. Entends déjà le pas
De la vieillesse amère et qui vers nous s'avance
Avant-courrière du trépas.
Bientôt sa froide main viendra glacer nos veines,
Fera notre œil moins vif et moins souple nos reins
Et nos membres perclus chargera de ces chaines
Qu'elle forge d'un triple airain.
Le sang dans nos vai"sseaux circulera pluJ rare.
Lors, pesants et transis, nous n'honorerom plu~
Que de rares présents et que d'un culte avare
Les autels de Vénus.
A d'autres désormais le stade et la palestre,
L'aviron que l'assaut des flots ne lasfe pas
Et le coursier fougueux qtre retient ou que presse
Un juvénile bras,
Les longues nuits cfardeur, folles ou studieuses,
L'ivresse des matins et l'extase des soirs,
Et cette adhésion qui des 11ierges .rtveuses
Eclaire les yeux noirs.

Donc, laissons quelque sot agiter l'espérance
De retarder le Temps par son absurde vœu
Et recevons les dons que le Ciel nous dispense
En leur temps, en leur Heu.

La vieillesse - souvent elle l'a fait paraître Pour le sage, Vincent, n'a pas que des rigueurs
Et qui sait la chaleur que ses neiges font naître
Dans un valeurmx cœur 1
Mais quel que soit le lot qu'avec elle elle apporte,
Ne lui réservons pas un accueil mutiné,
Et quand la Mort enfin heurtera notre porte
De son poing décharné
Ouvrons-lui sans chagrin, faisons-lui bon visage
Comme à l'hôte attendu sourit l'hôte pieux
Ou comme au batelier qui vers l'autre rivage
Và porter n.os pas curieux.
Car son approche~ ami, ne cause aucune, transe
Au mortel éloigné du désordre pervers
Et qui sut accorder son âme à la cadence
Qui ;égle le vaste .Univers.
]nin

1921.

MAURICE CHEVRIER

Ainsi le veut des Dieux le décret équitable
Selon lequel Ph(btts en ses doüz.e maisons ,
Fait le séjour prescrit et dans l'ordre immuable
Ratftène les saisons.

�ROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

Enfin ses- yeux s'apaisent. Voici qu'avance en pardessus
cintré son secrétaire athlétique d'une pâleur admirable,
souriant de sa bouche grenadine.

PROJECTIONS

ou
APRÈS-MINUIT A GENÈVE

L Phares violent ë.e froides colères la salle hurlant
es
· pousse .
. mensément
contre la porte que Je
.
imL'arc hestre soufile sur les danseurs qui boulent,
• hés
_ par
mille serpentins.

L fi lle de ~on jardinier est deveç.ue putain, et sur sa
a face de vmgt
.
vieille
ans s'ac hè ve la noblesse de la vie
no~eu~~- , 1 raie· de côté discute, montrant avec ~erté les
au me a a
ElL
ue la cendre et nt au nez
agil_e~ rubis d~- sa langueElle ~::~ la fumée vers la bouche
mo1s1 du cocamomane.
.
• 'é ·
charme mécamque.
·
qm s tl:e en
b . p line me dit la fin puante de ses
L'eau 1aune que oit au
.
amours.
avec
Une paupière trop large et tro~ molle se1· relèvefixent
x de vase où glisse une imace
effort. Des yeu
d'
é La poche flétrie et transelffr~ra::~: l:npr~~:~n ;r:::tretombe sur les pommettes
uc1
h
1 fard
où deux larmes vont, séc ées par e
. d dents trop
Ce pauvre vieux torture sa canne entre es
régulières.

*
**

Transpirant et langourant avec conscience, le premier
violon me cligne uo. sourire complice.
Mais mon .préféré c'est Prospero, celui qui fait les bruits.
Il porte le costume de cow-boy que je lui ai payé.
Il tape sept coups nets sur une planchette. Je pense aux
noisettes que je mangeais avec Pauline. Elle avait douze
ans, deux tresses de miel, du soleil dans le grand chapeau
de paille et des cerises à.ses oreilles.
*

**
Prospero presse la trompe et relève sa mèche de blond
tuberculeux.
·
Le garçon me dit que Prospero est tendre avec les
hommes, mais c'est une calomnie. Prospero ne mange
pas de ce pain-là.
D'un œil sévère et satisfait, il suit sa petite femme qui
danse avec un Japonais.
·
*
**

L'isolé accompagne le violon à voix aiguë honteuse, pour
être de la commune joie.
Monsieur le Directeur du CABARIS avec son habit noir et
le crayon autocrate à l'oreille, passe, les mains derrière le
dos. Il s'incline rêveusement devant moi.
Député communiste, il se récite l'intetpellation de

samed1.
.
'
Le premier violon s'arrête devant ma table, finit mon
verre, s'excite et me chante fraternellement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROJECTroNS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

.,

417

cc Je lui dirai son fait, tout Altovsky qu'il est. S'il croit

*
**

qu'on peut faire quelque chose de propre avec trois millions
de marks par mois ; et au cours de trente-cinq centimes,
encdre 1 »
*

Des boxeurs poudrés montrent leurs jeunes dents à qui
veut en louer la coûteuse morsure.
Un mignon rit a,·ec sa sœur. Il a l'insolence de la
be·auté qui se sait convoit_ée. Il entrebâille sa chemise et
joue avec un collier grelottant d'émeraudes.
*

**

,·

* *

Ayant reconduit et remercié la femme de Monsieur le
Ministre des Revendications, le Camarade consulte ·la
montre qu'un fil d'or incruste au poignet. Il regagne la
table de Webbs, le Joint Manager de la Russo-AsIATIC CoRPO~TION. L'Américafo à trrple nuque mâstique· un cigare
étemt; et par politesse.,caresse Rachel tout en striant de bleu
des feuilles dactylographiées,
:,
_Al~_ovs~y explique avec cette féminité de l'homme'fort qui
sait s mclmer. Webbs le carru, crachant méthodiquement
un· jus noir, marque des croix sur uné carte de l'Oural.

".)

Les violons prostituent leurs ·supplications au claquement des petites verges, à l'enrouement du banjo qui s'ennuie et crachote des dents de nègr\':.
*

**

*
* *

Impassible le trombone gardien des. grâces d'ancien
régime regrette courbement ses valses sentimentales. Ayant
fini , il essuie la salive et croise ses mains courtes.
V

*

**

r

Prospero tressaute mille fois sur son siège· aux moments
de folie redoublée où l'enfer ouvre les portes. Les ressorts
cymbales le projettent diable anémiq~e hors du tabo~ret,
et il frappe en jaloux sur la grosse caisse des coups qui me
trouent le ventre et me donnent envie d'aboyer à mort,
babines retroussées.

Monsieur le Député compte avec sévérité les · raies du
parquet verglacé.
La serviette blanche sous le bras, il contemple le Camarade Secrétaire Altovsky, de la Section Propagande Ouest,
dansant en smoking exact avec la fille de Lord B.

,

Le Camarade va vers Knecht. Der grosse Josef, de
Nuremberg qui gagna des millions ·en 1915, avec ses boî- ,
tiers Joffre et Kitchener qu'on passait .en contrebande par la
Hollande.
.,
~
Dîssimulant la setingue dans la paume, Knecht se piqùe
à travers le pantalon.' .
·
Altovsky parle debout et "Vite :
_« Voici les instructions_reçues par sans-fil) il y a vingt
mmutes. Ils reprennent tOut le passif, sauf les traites de
complaisance bien1 entendu. Vous Leur envoyéz la moitié
du matériel franco Reval; et ce qui reste de votre boîte
marchera sous le contrôle de Leur délégué. Comme je vous
l'ai dit ce matin, Ils vous laissent jusqu'à minuit pour
accepter; sinon Ils s'adie5seront en Italie. Dino Varchielli
ne fera pas autant d'histoires que vous. Mettez-vous bien
dans la tête que l'affaire n'est pas très intéressante pour Eux.
Au revoir! »

�LA NOUVEi.LB REVUE FRANÇAISB

rp

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

*

J

• •

L'isolé commande un deuxième sirop-. Qu'importe la
dépense.
« Ce soir, nous faisons la noce », se dit-il.
Quànd il dit nous, ça lui tient chaud ; il n'est plus
stul.
...!
** *
· Lè-.. président japonais ,de la- Confédération Européenne

danse hiératiquement avec la chérie de Prospero, laurée de
serpentins. Il évolue avec des précautions, collant s~igneusement SJl rotule puis son fémur ·acéré contre la ClllSSe .de
Théiou flattée. 1.
Il r~YI!, ·m.éprise; Et, profitant de ..sa chair ,facile, obser..ve
l'Europe qui mûrit.
*
* *
~.,:.fn":

;1~1·

....

.;'.s ..

. Cet~ Italien,ne trop J1ourrië tomne·~ers moi la honillé
bien., taill '1e se$.. yieuXi;;puis tire-un .vokt.;pudique. Excitée
par ces danses, elle fait la sentimentale avec son mari;- El~e
l'~e.JfüeJu.dne ,legms &lt;lo_ig~, ©uge ·Nelu .de bleu. Mais
elle a le sale désir poétique vers un aû.tre; rêveusement
vers tout ce qui est autre.. Je:·hais sur ses lèvres, ce sourire
errant cben;heur, ~~nelleme;i,nt·s.œut-Ann.e.:
: /
,., tes·seules sérieus~·sont lesJactives·&lt;:ourtisanes, ztzayàntes butineuses de mala.die e \i'or;ipann· les •fiel!I's des taha-:,
gies. 1v .; .
r. :..··

: )f • ... i:

f
-

'l
'

•

•

Prospero raronte .:
« J'ai assez connu son ami., en quatorze et quinze. On
l'appelait le Mousquetaire ; ou encore le Diable. On ne
l'aimait guère, ce Trotsky; paraît qµ'il hypnotisait. Il faut
vous dire qu'avant les jazz, je faisais les déménagements des
étudiants russes. C'était un bon client. Les étudiants russes
.:'est très changeant; par fierté, ils ont souvent des raisons
avec .Jeurs 1ogeuses. Si j'ai bonne mémoire, le dernier traY.ail que j'ai fait ·p ow l'asticot en question., c'était de la rue
des Pitons à :la rue de Carouge. Karoujka, comme il disait.
C'était au . 145. ~Il y eu aviit des rousski là-dedans! J'ai Sll
&lt;iepuis par W1 co.p~ d~ 1a Secrète. {qui est ami au patron
\'.OUS cotnprenez) &lt;}"Ue Lo:una, celui qui logeait Trotsky, est
ministre de l'instruction là:bas .. Le gros Louna, comme on
l'appelait ! Po.ur .de.J'.instt11cti0n ils en avaient ces gens !
Ça causait boche, Jr.~u~_çais des h.e_ures &lt;le file ep siffian-t -,:les
vcrœs de thé, qu'ils tenaient comme _ça, entre leurs
paumes. Je vous dirai que je-fa\Sais -des nçt,toyages des b,rjcoles chez eux. Pour en revenir à mon mouton, haha, il
avait une valise de carton avec un trou comme le bras. Un
bout de chemise pas propre en sortait ; ou bien des petits
.papiers -~crits ,en étra:I\gër ; OJ.! bien- ~~e pantoufle ! Vous
me croirez o.u,1non, ce citciyen-1-à me .do"t encore les trois
Iwics:s.ept;iote ·de l;i d,ernière ç,qurse, D~ quqi faire le re~yier
.d11,_n_s s.on, payJi ! ,» · ~ r ,.
"
r r. 1 ,
.
conclut Prospero, calant entre sês cuisses .le ,grand t:i,m:
bourin qu'il nomme Thézo~:

•

· La· porte va s ouvnr et Je verrai entrer à pas pre,ssés le
petit ventru, césar au~ .yeux chinois que l'orchestre
célèbre.
~ 1
..N 1 u/

r-

,.

- ~J

.l ••,

~Le -petit brun ,qu'on _ap?fll~ l'Algér,î.enne ~mponne ses
lèvres av~ ùn, {IlOuchoir brodé, Sa m~n fait ses cheveux
plus vaporeux. D'un doigt mignard, il gratte longuemeyt
un grain de poussière au bas du gilet.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

.

420

Son œil ·e n phare indifférent croise l'~il d~ :ieux fardé.
L' Algérienne sourit alors à son p~ttt m1~01r avec ~es
mystères ; renouvelle ses lèvres _de salive, ?ms les· ramene
en pùdique rond voilant un sounre très antique. . . .
•
L'Algérienne abaisse aux cils une mèche épaisse et dot
lourdement la paupière.

*
* *
Le banjo se lève. Il -prend un entonnoir et fait _un~ voix
de bœuf nostalgiquè. Pour• nous, chefs européens, . c est le
de la grande nouvt?Ue. Le-banjo a la tête Beatty
porteur
.
,.
. T'
fièrement en arrière tandis qu t1...m~g1t tppe:ary.
J e se à mes enthousiasmes défunts et a cette Corné.
e p ndu Mary Hall qui chantait' hampe
obscènement
d1enne
·
brandie les hymnes des patries.
· ·
, Com~e l'Europe était jeune et naïve et cro.)'."ante.
Cette nuit, l'Europe désabusée pleure, J pu_1s secoue s~s
ch eveux coupés • Et, découvrant ses nobles Jambes ama1gries, danse un furlèbte shi°:1tny.
'

,..,

Carmen camarde tend l'assiette où la serviette
ne
l b
. r
, Soyez-'gén'éreux, Monsieur e a:nqmer . »
rec èl e. &lt;&lt;
•
1 ·cette vo1u pté' aux pommettes hongroises- me• souht'd ar
gement. Cette langue qui pointe, ces yeu: qm r se n ent

U

I

,

'I,

me font peur.

•

.*
* *

•

•

421

*

* *
Une Argentine de treize ans suit sa maman, êuirassé
digne fendant la masse· de sa proue présomptueuse. La fillette, penchant la tête, continue la musique de sa voix
d'airelle. Ses jambes poétisées ·de soie esguissent le foxtrott.
La mère parle aYeç le vieux maquillé :
« C'est un bijou ; dactylographe de primier cartel. Elle a
de la virtuosité dans les doigts, comme dit son professeur,
un monsieur très sérieux. J'accepterais pour elle une place
con\'enable et sérieuse de petite secrétaire. »
*

* *
Derrière moi deux Allemands contemplent, mornes,
leurs escarpins torpédos. Ils parlent à voix basse, avec ce
défaut des riches qui appliquent la langue contre le~ incisives d'en haut.
Leurs mains se tordent au blanc lustré de la douce chemise.

Leurs jeunes mains se possèdent tragiquement, cherchant
en vain l'union complète. Silencieux et pleurants, ils se
baisent, joue violette contre joue glissante.
Ce sont des adieux, je suppose.
r_
Le plus grand porte le ruban des vertus militaires.
Héroïque et pure E~rope.

'u

1

*

* *

Le Japonais ferme les yeux. Il vérifie gravement,_ avec une
olitesse qui présage des pratiques raffi~ées et odieuses, la
P
d Thézou qui sourit avec touiours beaucoup de
croupe e
h · é·
d
.
Tout
en- dansant, il .tâte la poe e mt ncmre e son
é
po s1e.
veston.

PROJECTIONS OU APRÈS-~JNUIT A GENÈVE

•

J

La _femme du ministre a cette façon capitaliste de serrer

les lèvres ,et, ·les yeux perdus, d'ignorer le monde et sa
propre danse.
Mais j'ai le regret de constater, Madame, que votre danseur de quatorze ans rougit beaucoup trop. Profiteriezvous innocemment de son front, chère Madame ?

�L~ NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

PllOJECTIONS OU APRBS-MINUIT A GENÈVE

• ••
L'Isolé accompagne la musique en tapant sur la soucoupe.
Ainsi, il particip_e, i~ dan~rl
en fronçant les sourcils,
Après des hésitations 1 anœ, .
un serpentin qui retombe à se~ pieds.
l'envahit . il
Enfin il atteint Thézou. Mais une terreur
'
'
·gnorant
.
son
cœur
bat
trente
coups
baisse les yeux en 1
'
précipités.
•

••
'évente bruyamment avec la crécelle mégère
Prospero s
• l D · s
qu'il replace vite pour titiller aussitôt le mang e. es nre

de muqueuses folles accompagnent.

. .è
Manhattan
C'est mon deuxième Flips et mon tro1S1 me
•
Je fais l'homme ivre.
Le trombone dit sa vie ratée en quelques croupes graves
où \'Isolé reconnait ses malheurs.
• **

.
le spasme
une
L'orchestre stoppe, mterrompant
. comme
.
è
.
.
e
Thézou
me
dit
:
«
Je
suis
tou1ours
tr
s
amante capnc1eus •
heureuse de danser avec vous ! »
.
1.
Elle prononce tiàujours avec des alanguissements :rng ais

qui augmentent sa valeur d'achat. .

elle mord à
Elle court vers Prospero que, Jalouse,
l'oreille avec des rires désireux.
« Fous-nous la paix, faiseuse. ».
.
s Miguel
Et Prospero se retourne en mâle séneux vd~ ù 'est
•
ui continue: « M01,. ;,&gt; aime
m1·eux les same 1S
. o .c
~on tour de faire tourner les grosses. ça me fait tou1ours
dix francs de supplément. &gt;&gt;

L'orchestre a repris ses hystéries européennes.
Grelots des traîneaux qui vont à la noce, claksons des
Rolls-Royce de ma maîtresse, cloches des vaches léchant
leur veau à large conp de truelle, tambours des guerres
zambéziennes, marteaux et scies des usines militaires pleurant dans les rues nocturnes crevées de fournaises et de

sangs.

Les flancs de Pauline ondoient, ignorant le toucher avide
masculin.

."'.

Obscurité. Un rossignol violone dans Je silence.
Mais des yeux de ciel s'entr'ouvrent; et les couples, que
la pénombre emplit de sentiments distingués, repartent
lentement sur les belles bleues rivières du rêve.
Un pied touche mon épaule.
• C'est on nouveau truc au patron, souffie Prospero,
c'est ça qui achalandera la fabrique I Avec ces ampoules
bleues, ils peuvent manigancer ce qu'ils veulent pendant
cinq minutes. Pas de danger qu'on les voie l »

Tonnerre de Jéhovah tout à coup à l'orchestre. Cèdres
fracassés monts fendus nations dispersées danses folles sur
les décombres.
Les croupes hoquettent et se heurtent.
Et 300 projecteurs brusquent leur offensive crépitante.
Ces cyclopes ont des yeux méchants. Ces stries de sel
lumineux ces poudres diamantées se livrent des combats
polaires et se fendent droitement. Il n'y a plus de douces
ombres, d'ovales bontés. Ah les langueurs dans les heures
profondes, et la mousseépaisse des sou~bois.

�424

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je suis orphelin dans un monde inhumain tr&lt;?P éclairé.
Les phares lancent 3.ooo trains contradictoires gauchissant leurs glaces enflammées vers les grands miroirs des
murs les cristaux des loges et du dôme qui réexpédient ces
illuminantes fureurs sur cle rapides rails givrés
miaulent
.3 0.000 express inversés porteur~ télégraphiques d~ ~~nnelures ivres. Derrière les vitres füessées, .des syph1httques
retombées en enfance partagent gentiment le goûter de
quatre heures. Conouits par des mécanicie_ns :idéalis:es, ces
rapides font les signes des méchantes soCiétés. Mais, perçantes stalactites volantes, des sous 0 marins éclairés en
rasoir s'élancent de l'orchestre vers mon septième \fette •qui
se carre. [es trains emportent leurs cargaisons de condam~
nées, faisant place aux évidences crissantes de ces bistou~is
bleutés qui filent blanchement leur arête, avec .des glapissements citronnés vers mon œil droit qu'ils convoitaient,
les salauds !
*
* *

_

« Ah, si ce n~~tait _Pas ~our lui et pour ses frères, il y a
longtemp~ que J aurais quitté cet établissement I Je suis
pour la vie convenable, voyez-vous. »

où

·Rasséréné par un café bien chaud, je pleure sur le sort

d.u troisième violon.
l.éon porte les vieilles guêtres du .premier violon.
Comme ses manchettes sont noires ! Je pense aux hôtels à
deux francs, aux salles d'attente mouillées, et àux chaussettes
que Léon lave lui-même le soir dans la cuvette. Il lie conversation avec l'Isolé et parle de ses gosses. Léon est de ces
ingénus qui ne savent -pas les-.trucs pour :éviter les enfants.
11 dit :
cc , Mais mon cadet est encore plus étonnant,. il vous. fait
de ces problèmes d'arithmétique ! Ses. professeurs en sont
stupéfaits. Et notez qu'il·n'a que huit ans! Ce sera quelqu'un, évidemment.
·.
'
« Il ira sans do.ute à l'Ecole Polytechnique plus tard. On
m'a beaucoup recommandé aussi l'Ecole Centrale. Qu'en
pensez-vous ? Enfin, c'est lui qui·.,,choîsira. Et il sait ce
qu'il veut, je vous -prie -de. le croire 1
., ,

42 5

*
* *
L'isolé dit :
« Moi, j'a~me v~nir ici ; c'est une sorte de distraction. Je
r~arde la v1~ qu1 danse. Et comme j'ai , payé ma place, ]a
vie ne 1_ne brusque pas. J'aime encore mieux ça que de
rôder autour des kiosques à journaux à la recherche de
quelqu-'~n avec q~i cau~er p_oli~que~ La poI-itique me plaît
assez. C est de la vie,, mats lomtame et qui se· donne à tous
dans les j~urnaux, même aux hommes un peu solitûres
comme 0101.
&lt;c

_Il est vr~i qu'ici les garçons ne m'aiment guère ; parce

1!1:

que Je
la~sse mal servir et que je leur parle avec polit:s~e. J ai bien _essayé, une fois ou deux, de les interpeller
v1~ilement. Mais ça ne prend pas. Vous ,comprenez, ils
voient mon genre. Et tout ce que j'en.ai retiré c'est leur
haine et leur ironie. C'est ainsi ; c'est une fatalit/ Un autre
leur parlerait catégoriquement, ça ne leur ferait rien . au
contraire, ils l'aimeraient.
'
« Qu'importe, je me venge, Monsieur ! Je me crée un
petit ~onde bien à moi, où mes persécuteurs passent de
mauvais quarts d'heure ! C'est de la philosophie. De la
méta~hysique, pour être plus exact. Ou plutôt une sotte
de relig10rr. Tout cela est assez compliqué ; et je ne peux
pas, en quelques minutes, vous exposer mon système.
« Du reste je reconnais que ces garçons ont raison à un
certain point de vue. Ils n'aiment pas servir un b~mme
pauvre, un égal eQ somme. Oui, c'est ça. Oui. Parfaite-

mmt

.

cc Excusez-moi, je n'y étais plus. Je vis dans le tremblement dè _me tromper., de penser mal. Des sctupules intellectuels, en quelque sorte.
• ri

�426

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

« Françoîs par exemple a l'habitude de tne dire : Ah non

pardon, baron, cette plllce est prise !
&lt;&lt; C'est curieux, je me répète ces insolences avec un certain plaisir.
&lt;&lt; Oui, je sais. Je sais qu'il suffirait de regarder le garço~
d'une certaine façon. Je sais que c'est facile. Après tout 11
s'agit de lancer un simple coup d'œi_l, .de ~ire, quelques
mots. Mais il y a quelque chose en m01 qui m en, empêche. Alors, la mort dans le cœur, je fais mon. petit sounre.
Ou bien, dans mes moments-de courage, je dis quelque
pau1&lt;revirilité ~ Toujours-plaisant, Monsieur François !
« Oui, ce sourire c'est ma lèpre. Dès qu'on me regard~
en face mon cœur bat vite et 'je souris je souris, pour
m'excuser, pour plaire, pom qu'on ne me renvoie pas;.
pour qu'on m'aime. »
*

* *
Léon soupire ; puis sourit à l'avenir. Ses doigts gercés
accordent l'instrmnent.
Servilement, il sollicite à minuscules coups ede premier
violon ampiµïe avec superbe.

*
* *
Le premier violon a. des coups de tête vainqueurs aux
moments martiaux où il relève sa mèche. Puis il s'essuie
ave.c: un mouchoir de soie,_ cadeau de la courtière en.
diamants Madame Joseph.

Un chambellan du tsar s'appuie à mon épaule.
« En vérité, i'habite le même · hôtel que vous. Mais
moi, ha ha, je lave la vaisselle t Qµ'importe, 'Puisque mon
cœur est pur, cher.
. ,
,

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

427
Ne salissez pas mon smoking, c'est tout ce qui me
reste de là-bas.
« Ici, la noce c'est triste, triste.
« Chez nous c'était poétique, frère.
« Quelquef?is, nol!s mettions uri pèu le feu au cabaret:
Alors, nous fourrions mille ·roubles entre les dents du
vieux et nous le jetions dans la Néva pour qu'il ne brûle
pas tout à fait ; le cocher plaçait la boutefüe au chaud contre son ventr~, se signait, fouettait ; et nous glissions,
hourra, sur la sainte neige russe !
« Nous usions des belles filles sous les fourrures du
traîneau. Puis nous les jetions nues sur la neige pucelle.
Ach, ce whisky, frère, c'est de la vodka sans cœur ! »
Il chantonne : Vodka vodka, ma vodka.
&lt;&lt; Vodka cela veut dire petite eau. Tu comprends, ami,
de l'eau mignonne, innocente. C'est urr mot qu'ont inventé
nos admirables paysans, je pense. Une manière d'excuse
pour Macha qui vous reçoit mal au retour du marché. »
«

*

* *
J'explique à mon nouvel ami :
« Né d'un Espagnol et d'une Anglaise, j'ai Fâme foncièrement russe. Je voudrais vivre avec des forçats. Assis
sur un poêle de porcelaine, je leur lirais le livre de bonté
et de renonçement. Ensuite, je me tairais inexprimablement
et raccommoderais leurs vestes. »
Tendre et sanguinaire, je tonitrue l'Internationale.
Mon nez mon cher nez mon pauvre nez se lamente au
fond du verre où se reconstituent quelques topazes de
Fockink.
*
* *

L'orchestre entreprend Cest une gamine charmante. On
attend la belle Thézou. Les cœurs battent religieusement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROJECTIONS OU APRES-MINUIT A GENÈVE

429

Elle a profité de 1'.isolement pour lire le billet tendre
d'Altovsky, le bolchévik aux frisons bleus.

*
* *
Thézou bédouine danse. Reine impassible, ellellsouri_t au
.
hare dardé. Elle pro1ette
son _ven t re nu qu'e e . re1ette
'
~nsuite p~ur faire des !onds irrités avec sa croupe qui s exa~
ère de plus en plus.
· ·
1
p Abandonnant 1es nu ages qui embrument . es sems.,
déchirant les frises d'or incrustées aux hanches qui tanguent,
Thézou s'éperd, bouche ravie. .
et de faux
Elle s'échevelle, et sa gorge rmsselle de sue~r
diamants.
h
Elle s'évertue jambes vo lant V irement, et ses c eveux
-filent sous le vent.
Exténuée elle ouvre les bras, et son menton approuve
furieusement le rayon qui la perce.

*

* *

Altovsky tapote l'épaule du chambellan :
« La place vous plaît-elle, cher comte ? Je suis vraiment
content d'avoir pu vous rendre œ petit service. Le gérant
m'a promis pour vous le premier :poste vacant de portier.
Le métier de plongeur n'est pas fait ·pour un homme &amp;
votre mérite. Cher a,mï.
&lt;&lt; Comme j'étais huqible le 3 février 1913, à cinq heures
de l'après-midi ! Vous souvenez-vous, Excellence? Mais ne
vous défendez pas, j'aime tellement penser à ces choses
maintenant ! En somme, ça n'a aucune importance. Vous
n'avez pas voulu vous servir de moi. Je me suis servi tout
seul. Je me suis assez bien servi, Dieu merci ! &gt;&gt;

Pauline q_ui a vaincu sa honte me dit : « Bonsoir, Monsieur. Comment va Monsieur? i&gt;
•
ets
Nous nous rejoindrons à la sortie. Je me prdom
d'étranges joies avec Pau rme. J e 1ui demande de ,gar
k er ce
Elle
n'aura
qu'à
mettre
son
astra
an par
d
d
costume an y.
.
.
.
dessus.
·
, · ·
Madémoi« Je tiens autant à la fourrure- qµ au-veston,
selle ! »
é · d' Uer à la
Elle me refusait un baiser lorsque, press e a 1
.
messe, elle .m'apportait fraîchette et bien vêtue es trois
serviettes du dimanche.
.
J'emmènerai Thézou aussi.

-,

-.,

,

*

* *
La femme du ministre sort, ongle rose poétiquemen:
dressé, des water-closets, évacuée rougie et poudrée .a~
neuf.

Les gens raisonnables pârtent; l'orchestre se Jasse. Léon
ouvre un portefeuille verdi par les sueurs. L'ongle s'efforce
sur les bords co1lés. Léon regarde ses trésors. Il contemplele témoignage dè satisfaction que les autorités scolaires.
(comme il dit) ont accordé à son aîné. Il bâille, se frotte les.
mains et calcule les crevasses des bottines.
*

L'isolé dit :

* *

« Vous vous ennuyez, n'est-ce pas Monsieur? Voulezvous que nous sortions ensemble, tout à l'heure ? On va
bientôt fermer: je pense. Je vous remercie infiniment. Vous.
aurez peut-être la bonté de me parler de vos enfants. Nous
ferons la route ensemble, puisque vous habitez du même
côté que moi. Je vous accompagnerai jusqu'à la porte de
votre maison. C'est si triste, les retours du soir. Il n'y a

�430

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-personne, personne. Rien que le bruit de mes pas dans la
rue _élargie.
« Quelquefois je marche derrière un chat, le long des
rigoles. Ainsi, je ne suis pas tout à fait seul. Mon malheur
n'ose plus me regarder.
« Et, vous ne me croirez pas, si le chat file vite, ça me
fait p1aisir. Je me dis: Voilà un petit monsieur qui a peur
de nous!
a Vous comprenez, c'est tout de même quelqu'un qui
fait attention à moi ; un être pour qui j'existe.
« Je vous raconterai un peu ma vie, vou1ez-vous, Monsieur ? Je tâcherai de vous dire la vérité. j'ai le défaut de
mentir. C'est pour plaire, vous comprenez.
« Oh je me connais bien, allez ! Je rumine mon cas
toute la journée. Parfois je t11'apei:çois que je le rumine à
haute voix, parce que les gens sourient. En somme, je crois
que ce qui me caractérise, c'est le manque de ruse. D'une
certaine ruse instinctive qu'ont tous les hommes, même les
plus honnêtes. C'est peut-être parce que je n'ai pas fréquenté la société, les femmes. Tout a été solitaire dans ma
vie, douleur et plaisir.
« Mais je vous ennuie. Vous comprenez, parfois j'.ci des
envies terribles de parler de parler. Je suis si -privé. En rentrant chez moi le soiT, je me raconte.des histoires pour:o'.être
pa.S- reul avec mon malheur. Je me dis: Voilà mon vieux1ce
serait un pays inconnu; tu arriverais et on te ferait roi. T11
épouserais une jolie jeune fille. Tu inYiterais des gens chez
toi ; ils viendraient, ils causeraient pour de bon avec toi.
&lt;&lt; On dit tant de sottises, n'est-ce pas, quand on est wu;ours seul ; quand on ne C01,1nait personne, personner
« Vous moqueriez...vous de moi si je ons disais qu'une
fois je me suis envoyé:moi-même une lettre d'amour ?
« Mon courrier consiste ~n catalognes. Dui, et parfois
m!me très luxueux. Des -prix-eourants de parfumerie,
est-ce que je sais. Les- en~ q.ui me les envoient doivent
croire que je suis un grand personn~e. t

PROJECTIONS 00 APRÈS-MINUIT A GENÈ

H
VE
431
" é hé, grand personnage
· · •.
plus qu'on ne croit ~ Q . '. qw sait s1 Je ne le suis pas
· ut sait. Je ne
plus. Peut-être un jour consentirai . . veux. pas en dire
des humains, et à Me révéler
-Je _a .dessiller les yeux
encore; l'heure n'a pas so é
_Mats Je ne puis le faire
« Evidemment i·e d1·s ndn . L} ! a1 tant d'ennemis !
.
,
es vcttses J · b'
pour rue, vous comprenez Vo
,·Il e sais ien. C'était
.
· us n a ez pas
·
.
pense vraiment ces cho
N
,
croire que Je
beaucoup, Monsieur Mses .. on, n est-ce pas ? Dites ? Merci
.
• erc1. »

e;fi~.

• ••
Un couple danse encore
Attentif à la pointe de se~ soulrers !
des épaulement6.
' e Serbe tourne avec

It ne tient pas la main de la f◄
l:Otnme s'il disait élégam
. ~~me. Il a le bras écané,
ment . VOICI
De sa
· où circule un tatoua
·
matn,
. . .
trembler la grasse raille de ' . . ge -patriotique, il fait
Mad
.a 00\Uttère en di
ame Joseph touche d'u
.
amants.
du cavalier.
n seul mdex délicat l'épaule
J •

i.l

Rachel et Thézou fi .
le cham
.J
maqu1·11é. Leurs prestes mssent
.
pagne -uu ieux
me
mams, leurs lèvres
.
uvent excessivement.
assassmes se
« C'est un Viennoîs mais as ·.
chez moi, on s'amuser~ ! e v p yite. Il ?1'a dit : Venez
de colliers de ch1'en s· J ê ous montrerai ma collection
• 11 vous t~ g
repentirez pas.
entt•n e, vous ne Y0us en

J

« Tu parles si je l'ai envo é d'
Elles goôtent ~vec d
mguer, le monsieur l »
mélange spécial .
. es
aroucbements les restes du
a·
b
· p01vrons hachés ,·au
d•
igre, outargue et bénéd' .
'
nes -œufs, crème
« Q
1et10e.
oelle horreur r Faut u'îl .
quées, ce vieux cadav. r q t aimè tes combines complire. »

�PROJECTIONS OU APRÈS-Ml. UIT A GENÈVE

LA. NOUVELLE REVUE FRA.NÇA[SE

432
f.J

n

, Ta bôuc~e est admirablement blessée, Racb~l, ô_ jacas"t Tu es belle fleur sanguine, rose désireuse,
santc u lam1 e.
,
ah mille lèvres ouvertes.

s

Une ·1eune Victoire en peplum transparent s'assd_i~d _à lat
.
• b
ues que 1v101sen
table voisine. Elle cr01se ses 1am es n
d . te
des sandales d'argent tressé. Sa main baguée de cè re aius
les cheveux rouges coupés court.
Le Député me dit à voix basse :
.
"
C' t la Brahmina Apollonia Grete Damlowa, ~x~ es du Feu Une femme très bien. Députée soaalpretresse
.
.
.r
. . . de Constance Privat-docent de sciences re 1ma1onta1re
·
·
·
d Pl ·
. . Directrice de l'Institut Psychanalytique e astique
g1euses.
E b'
d~autres choses encore !
Eurythmique à Lucerne. , t ie~
. .
. . l'ai vue
C' t la première fois quelle vient 1c1, ma1~ Je
D
es
é . . ons de la vieille lnternauonale. ans
souvent aux r u?1
.
c la Kollontaï. Elle a fait un
le temps elle était très liée ave
l délégué
buste de' Renaudet tout à fait épatant. Excusez, e
·
' pelle »
syr~:nr:i:~ pa;le à so,n compagnon avec un accent tantôt
roumain tantôt anglais.
,.
&lt;( Ce lieu me déplaît et m intéresse. »
Elle dit au garçon:
.
ée
c&lt; Apportez-moi, Monsieur, un~ bo1sso~ noln f~nnen;~
d
ez un citron. Un sirop e citron
Ou plutôt non, onn . x as d'assiette. Je déteste ces
jaune sans tache. Je ne ve: P fi •ue de ce palmier et
coupes fabriquées I Arrac ez une em
me l'apportez en_guise de plat.))
Elle se retourne.
J
1
c&lt; Vous visiterez mon Institut, cher professeur. e veu
.
l d ...,;s 1·e dire Vous y trouverez un accue1
Mon temp e, ev ..... .

·Ï

433

fraternel. Suivie du groupe Jean-Christophe, je viendrai à
l'entrée du parc vous dire la bienvenue. Ce sera très. émouvant. Ce sera beau. Vêtues de cache-sexe tissés par ellesmêmes, Annie de Weckenried, Sarah de Portalis et Myriam
Vigeborg danseront pour vous des chorals de Bach et de
Waï-Haï-Fou.
« Oui, il n'y a dans mon école que des jeunes filles de la
bonne société. De v.raies Eu.rythmiciennes. Je dois l'avouer,
elles seules ont un sens moral assez affiné, une vie intérieure assez intense, une (comment dites-vous) ,veltanschauung assez spiritualiste pour pouvoir montrer à un
homme, dans un esprit de parfaite pureté, sans émoi
sensuel, aœc une joie esthétique et quelque peu surhumaine, leurs seins muscats leurs jambes ioniennes leurs
ventres leurs bas-ventres leurs reins leurs croupes. Leurs
croupes, •ah leurs solides et chastes croupes germaniques! &gt;&gt;
Elle mord à même le citron. Ses belles dents écrasent
zeste et chair avec une énergie impressionnante.
« Le banquet d'initiation aura lieu dans la prairie, face au
Righi. Nos dents arracheront à l'arbre même, joyeusement,
figues noix poires pommes. Et si vous en êtes digne,
nous vous offrirons les nourritures sacrées : herbe écorce
et mousse.
« Un désir de franchise et de beauté nous violera soudain, abîmées dans la Divinité Illimitée ! Pures enfin, nous
arracherons la triangulaire soie. Vêtues de nos seuls cils
baissés, chantant sur le mode dorique, nous vous dénuderons,
cher Recteur. Nul vêtement alors ne souillera la noble fête 1
Arrivées au plus haut de notre joie, nous la dirons par des
bégaiements passionnés et par des cris; non par le langage
aniculé, produit vicieux de la vie en société.
&lt;&lt; Ah, nos corps seront nus nus nus comme de jeunes
arbres candides! Sans hypocrites oripeaux, artistes et demidéesses, nous danserons d'ascétiques bacchanales. Nos corps
libres et vrais, formes enfin sans mensonge de notre âme,
nos corps diront les plaisirs éternels et les douleurs. Et
28

�LA NOUVELLE REYOE FllA).Ç,l.lSE
434
nues nu s nues, de oos grand:; yeux honnêtes nous regarderons le père soleîl en face !
« Ocb, dans un endroit impur ne parlons pas de choses
etisentielle.s et rédemptrices. fai hâte, ,·éritablement, de
quitter ces lieux civilisés. »
Elle observe Uon. Et sa face d'ivoire se creuse de

fureurs.
« Ce petit homme vêtu a des postures particulièrem~nt
humbles et laides, Je méprise. Je déteste. Ah combien
j'aime Sahib, mon étalon noir de Kattiawar ! »
D'une main royale elle écarte le péplum . Elle desserre le
bracelet dt! cuir qui fut contre la cuisse un Waterman
d'ivoire. Sondaot les danseurs de ses paupières rapprochées,
elle sabre des esquisses cubistes.
Elle sort et sa ruarche la révèle déesse.
Je crois que je suis amouœuJC de cette femme. Je ~leure
sur mon cœur mon p.auvre cœur, mon cœur trop intelligent.

PROJECTIONS 00 APRÈ~MINOlT A GENÈVE

4 3)

- Raconte encore &lt;:hérie, soupire Thézou aux yeux
palmés lâchement de bleu.
- Oui, mon père me disait qu'à ce temps, il n'y avait
pas d'Anglais, de Boches et toute la boîte. Il y avait nous
qu'on causait tous comme à 1a synagogue, et puis nn tas
de pays qui sont morts.
Mon pauvre papa m'a dit avant de passer : « Que tu
vives, ma Rachel, que tu aies un bon mari, et que tu voies
notre prince ! »
Tu comprends, c'est un chef des temps anciens qui censément reviendrait. Alors il n'y aurait soi-disant plus
d'embêtements, de police, de maladies. Tout le monde
serait content, bon., gentil quoi. On chanterait dans les
jardms, il y aurait .des fteurs qui remueraient et des enfants
qui riraient.
- Des petits enfants ? Dis-moi encore, Rachel, .dis~moi,
répètent les jeunes lèvres fanées.

• ••

Rachel croise les jambes et conte à Thézou que ride la
Bétr.issure israélite :
_ Bien sûr, chérie, le fils à David c'était Salomon . Il y
avait un vrai pays juif dans ce temps, tu sais. Maman me
racontait que le roi Salomon ava~t un palais rien de pl~s
beau ; les portes étaient en or, dta~ants et t~ut. On é~t
un graod pays. Chaque jour, les prmces venaient des iles
et des endroits du monde; ils apportaient des cadeaux, des
parfums pour le roi et pour les reines. Ils arrivaient sur des
bêtes de ce temps-là, des chameaux, des éléphants et toutes
sortes · comme au cinéma, tu sais bien.
Et y avait des types à la hauteur,. ils étaie_nt tellement
pour la justice que1out le mon?e avait pe~r, Je ne bl~gue
pis, tu sais. Jérémie, Moïse qu'ils s'a~pel:uent. Ils parl:uent
et tous obéissaient, même le6 petites noceuses comme
nous!

Prospero s' extébùe sur la grosse caisse et s'essuie avec un
mouchoir rougi de sang. Le trombone volute tristement
des airs de ménageries..
Je prophétise. L'Europe crève, cher Ivan.
J'ai envie de prendre la Bible de mes pères et d'écraser ces impurs. Je serai le gueuleur que Dieu saisit aux
épaules. Mes lèvres abruties hurleront carnages et abattoirs.
Ridicule, je courrai sur les places et je lancerai les torches
sur les têtes des riches.

il

Par mesure d'économie, · fonsieur Je Directeur a éteint
cent phares. Je les ai cotnptés.
Un camion roule dans la rue.
Est-ce un tank, grouillant de Moscovites et de poux?

�.
délices des cœurs

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.- Terrains dévastés, ombres désolées,
saignant d'amour .

Mais non, c'est un chœur devant la porte d'entrée :
Soldat! quand ton âme ést lassée,
Quitte fauteuils et canapés!
Prends le journal de ton Armée,
Et va visiter les cafés!
Les cafés ! Les cafés !
Les cafés!
Une salutiste, la corbeille romantique sur ses cheveux
suédois, ,me regarde avec une spiritualité qui me gêne.
Elle me tend le Cri de Guerre et s'éloigne avec un sourire
meurtri.
Ah , mon bonheur fuit. Je. crie.: Ma sœur,
ma sœur !
.
Elle revient, indifférente aux moqueries.
Comme nous serions heureux, entourés de nos babys
dans un cottage Herré, parfumé d'ordre et de sainte obéissance. Et moi, en somme, je. pourrais devenir colonel
ou général de l' Armée du S&lt;\lut, . .
, .
cc C'était seulement pour vous dne: ma sœur I Jaime
être votre cher frère. C'est beau,, vous avez des yeux sans
mensonge. »
Avec elle, les jours auraien1 tQujoui:s l_a douceur de la
minute où l'aimée ouvre la portière et saute.
,, Oh non, je ne suis pas sauvé! Je suis un capitaliste
de bonne volonté; la pire espèce, ma sœur. Mais vous ne
pouvez pas me comprendre, pauvre petite:
cc Non, je n'aime pas que vous prononciez ce Nom dans
ce lieu.»
Elle me dit qu'il_est mort pour moi, pour moi spécialement. Et qu'Il m'appel~e Lµi-même, ce soir même; elle
me pointe de son doigt. L'ongle est chastement coupé,
propre et terne. Je pleure.

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENÈVE

437
cc Oui, je me laverai dans le sang de !'Agneau ! Oui,
entourez-moi de vos bras innocents ! Vous croyez vraiment
que les anges chanteront en voyant mon repentir, dis-je en
me mouchant. Vous ne croyez pas qu'ils se foutent de moi,
ies anges ? Ils sont beaux n'est-ce pas, les anges? Dites, ils
ont des ailes couleur d'anisette mélangée d'eau, les anges,
dites, ma sœur ? &gt;&gt;
Le patron pousse ma sœur avec politesse. Et moi je laisse
faire avec une sombre joie. Pourtant elle est bien gentille.
Enfin, assez 1
_
Je me susurre sur l'air du banjo le cantique perdu _de
,mon enfance. Ruth Bonnard, la gouvernante lausannoise,
me le faisait chanter le soir en cachette. Pénombre sous
l'œil de la veilleuse en porcelaine, ah douceur chrétienne.

Oh! que ta main paternelle
Me bénisse à mon coucher,
Et que ce soit ·sous ton aile
_ Que je- dorme, ô bon Berg.er !
*

* *
Ma tête s'abaisse en -stupéfactions cotonneuses .. Paix donc
aux hommes de bonne volonté.
L'orchestre reprend le collier, et avec des rages de Zoulou
brusque la Madelon.
Me reniant, j'acquiesce à la beauté rustaude. Je serre la
main au trombone et je barris un discours :
« Vive la Pologne·! Vive le Pape ! A bas les Juifs ! »

J

** *

, La musique s'emballe et je suis toujours plus un messie.
L'œil du Japonais çircule, lent mercure, sur ma face
dégénérée.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

J..

PROJECTIONS OU APRES-MINUIT A GENÈVE

*

JÎ.

*
* *

439

* *

-t.;re, Altovsky se confie ètrange~,..
e nt à Thézou de M~i,
r. J
lange:
« J'ai faim de tout, ma Rébecca. f ai des âésirs cfe gares voc~férantes, de sifflements, de préparatifs, de contr~~ordres: iai
d'esdésirs de pourboires lancés q~i stupé.fiént, de wagonsrestaurants filant cinématographîque'm ent toutes . n_a pp~
~clatantes fleurs ·numinées dos noirs courbés. fai des
désirs de femmes qui se donnent dans les sleepings, de
't:î~t'res Hongroises q~i e n~r'ouvrent léur porte à minuit da'ns
1~s ?rinds h6tels. Et d~ns le -noir qui soupire on voit ùne
1
·s~î:e i-16uge, Rél:i~cca.
·
'
(&lt; Ah mais je veux aussi hurler; élevé au-dessus des moutonnements, et les ouvdeTS me,;suivent, et les flammes
caressent les églises, les palaces, les casernes et les mauvais
lieux I Et la balle de cette mitraîlleuse q_ue les policiers de
l'ancien régime ont hissée sur le toit de l'hôtel m'abattra,
bouche écumeuse et bras en croix. Et ma belle foule qui
gueule et pleure aura un jeune dieu aux cheveux noirs! &gt;&gt;
12hétzou aux antiques yeux qQ.i savent, sentencie:
&lt;( Mon Jacob, à quoi bon tout ça? Cest pas pruJent, tu
J

sais. ))

Trois heures du matin. Les foues ·se cendrent les scléro.
' .
'
uques s assaisonnent de paprika. La salle amplifie les
bâillements de l'orchestre.
P~uline, tu ét~is pure et je eaimais. Nous nagions dans
le fom, nous luttions; et les parois de la grange répétaient
notre bonheur qui chantait.
*

·* *
Pauli~e dévêtue, les flancs espacés, arrête une maille près
de la. cmsse mousseuse. Elle tient l'aiguille en ménagère;
ses cils se rapprochent, ,et ses narines s'écartent sincèrement.
« Quelle sale engeance, çes bas de soie l »

*

* "'

. Mon. corps est de rnastié ; n1es bras faciles, expliquen"
impréc1sément avec des rondeurs. J'e~hone à l'honnêteté
le Député qui s'est assis près de moi. Il est à l'infini. Seuls
mes bras agiles et très ~uissaots peuvent l'atteindre pour
l'étreinte universelle.
au

1 )

li

Je îne regarde •avec affection.Jans la grande ;glace, affalé
tel un vicomte de Monsieur Charles Mérouvel.
Ma voix s'embrume avec Jout à coup des acuités puis de
veloutées indulgences grand-ducales pour le garçon que je
.réclame, paumes comr.ptaisamment~battantes. •-· !'.liw•r1 •'
.•, Je souris en surhomme.et,pétit ina1i:.re ·,n'l pattonJ&lt;fuirme
refuse un dernier Claymore.
.
1•
J.).~

;.

.

.

_Je vais partir, Messieurs de l'Qrchestre !
Je Jnar{he droit, mais ie ne peux m'empêcher de constater la perfidie de ces tapis. Je suspecte lems remous de
serpents. Je n'aime pas qu'on me persécute petitement. ' ·
Ces murs s'évanouissent, pauvres ivrognes .
Les tables et les chaises m'élisent dieu centre ; elles carrouselleot autour de moi. en douceur:
Mais eette ronde prend une vitesse menaçante. Il n'y a
plus de chaises, il n'y a plus de tables. Il n'y a que des
J~

J

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇA[SE

stries courbes et grises qui filent infiniment, vertigineusement immobiles.
La porte ne veut pas venir. Je lui fais de l'œil et de
l'épaule.
Les parois tout à l'heure affaissées s'allongent, guimauves ramollies, et fuient vers l'horizon.
*

* *
Au vestiair~, le métropolite dëmande son pardessus. Il a
gardé le grand feutre pour dissimuler son chignon.
*

t'

* *
Je m'appuie sur le chasseur :
cc Ne riez pas si je ferme les yeux de temps en temps,
c'est pour me concentrer. Je suis profondément sérieux,
ou plutôt je suis digne. Et chag:iné par ~?t.re con~uite. Je
suis lucide, et malgré les mauvais alcools Ja1 su voir beaucoup de choses cette nuit. Vous méconnaisse~ m,a v_~leur,
mon ·cher Paul. Je scrute votre âme, assez ms1gmfiante
d'ailleurs. Je sais que vous attendéz un pourboire. C'e~t
pourquoi vous caèhez un sourire dans vos. y~ux. Ma~s
sachez qu'en ce momen~ précis, dans ce~te po:tnne qu; J_e
ne crains pas de frapper avec une certaine ·v1g11eur, s agitent de généreuses passions ! Ne vous retirez pas, mon
jeune ami, lorsque je condescends à taper a~icale1:1e_nt
mais dignement votre épaule. De nobles pass_1ons, _dis-Je,
et des résolutions que je ne tien_drai pas, car Je sms une
canaille, mon cher Jean. Je le disais, il y a quelques ihsta:1ts,
à une adorable créature. i)
"
*

* *

l!i

J'ai de l'émotion à marcheLsi droit .. Je désire que les.
nations reconnaissent. la beauté de ~ce~ effort.
· '·

PROJECTIONS OU APRÈS-MINUIT A GENEVE

44 1

*

* *
Lippe basse, je m'enfonce dans l'auto.
Pourquoi l'obéissance de ces gens ?
Pourquoi ce chauffeur courut-il vers la manivelle avec
une célérité affectueuse et courbée ?
Pourquoi, ouvrant une bouche charmée d'avance, attendit-il l'adresse de mon hôtel ?
Pourquoi, lorsque je répondis: Beau Rivage, m'approuvat-il comme pour s'exéuser d'avoir demandé; d'avoir supposé
une résidence moins luxueuse.
*

* *
L'auto m'enlève sur ses seins bleus et s'essouffie en pulsations feutrées. Ses pneus flatt~urs m'évitent toute peine
et me font faire la dodelinante prière.
Prévenante automobile, tu obéis à ceux qui ont des images dans les portefeuilles de cuisse grise.
J'ai beaucoup de · ces images. Mon grand-père savait
acheter la vie et la joie de beaucoup d'hommes pour quatre
francs par jour.
En face les rives de Savoie clignotent. Voici l'hôtel.

*

* *

Je voudrais m'agenouiller et baiser le portier qui vient à
pas endormis.
C'est un de ceux qui vendent leur vie pour quatre
francs.
Les yeux presque fermés, ivre de fatigue et non d'Old
Scotch, le saint homme cesse ses reniflements pour s'incliner devant moi :
..,

�44-2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

*

* *
Sa tête honnête, baissée depuis cinquante ans, m'indique l'ascenseur où je pénètre avec ,ma hqnte.
Il s'accroche aux cÜivres des deux portes pour un peu de
sommeil encore, le temps que durera la montée huilée du
coffre de cristal enflammé.
Premier étage. Le salon est noir où Je vis, en descendant, danser sous des lumières tamisées Mesdames les
Dactylographes de la Soci~té des Nati~ns.
Deuxième étage. Une soie furtive file. C'est l'heure où
l'adultère reviem au lit souillé.

*
* *
L'appartement d'Altovsky est éclairé.
Je veux voir ce qui se passe chez un bolchévik. Cet ennemi m'attire.
J'entre sans frapper, en ivrogne que je suis.
J*

* *'

,.

Dans une baignoire· de v~rre Altovsky délasse sa nudité
-violette.
Il jette l'Action Française et me sourit affectueusement
de ses yeux méchants. Oµ dirait qu'}l m'aime bien.
cc C'est très reposant, bâille+il ; j'ai un gros travail à
.expédier avant huit heures du matin, pendant que vous,
Monsieur le Millionnaire, dormirez paisiblement. C'est
pourquoi, cher Monsieur~ je ne vo:iis prie pas de vous
asseoir. J'attends des amis que certains de vos amis voudraient bien -connaître. &gt;&gt;
!

,p

,.1.; :, :)

li

*

* *
Mania la chatte 'blanche de 'Nicolas A?uto'crate des Rus,.
sies lape l'eau de la baignoire à peti~s · ,o:ips discrets.
Altovsky aspire une bouffée et, me visant au front, lance

PROJECTIONS OU APRÈS-MlNlJIT A GENÈVE

443

sa cigarette. J'aime son rire de jeune roi et ses dents tranchantes qui luisent. Ses vives mains spirituelles _caressent
Mania qui s'offense.
Cette coquine a assisté aux mystères des Croyantes
Nues ! A propos il faut qu·e je vous montre le fouet liturgique ~e Grigori le_ma1tre aimé de notre Impératrice. »
Marna saute sur le lit. ·Elle joue avec les cordons d'un
gros dossier. J'épelle ces mots gravés sur le carton noir :
cc

Pétroles. Sassoon. Fayçal.
***

Sur le Stei~way il y a· les portrait~ dédicacés du grand
rabbin de Cracovie de Lloyd George et ae Charlie Chaplin.
Dan~ un cadre d'or massif ornéJ dé cabochons byzantins
sount la Grande-Duchesse T ... , admirable blonde en costume de cour.
cc Une femme d'élite, soupire le bolchevik, et quel puissant coup de reins ! Dites-moi, · voulez-vous arrêter Moscou qui bavarde ? »

U ni'i~dique un récepteur Marconi-Matley 'déroulant son
ruban Ïmprimé sur un fautetiil américain creusé de nombrils.Ji dit : "
_ &lt;~ 1:c~itché °:'embête. T~us m'embêtent, tous bavardent.
Qu est-ce que Je fiche avec cette bande ? »

Il regarde s~s belles mains crisRées de violoniste.
' ·
&lt;ç Je suis si intelligent. Si intelligent. Si fatigué. Et mon
âme _est ti;-iste, triste cette nuit. Ah l je ne sais plus rien.
Tout est sottise, tout est folie et poursuite du vent.
,
&lt;c Ce télégraphe m'ennuie. Tourne la clef de cuivre mon
.
'
,
petit. »
J'obéis et les mignons hoquets s'arrêtent.

La voix d'Altovsky. se fait dure :

_
« Allez vous coucher maintenant. Vous êtes de la race

�444

LA NOUVELLE REYOE FRANÇAISF
PROJECTIONS OU APRÈS-Ml "UIT A GEXÈVE

qui dort la nuit. Ne soyez pas trop communicatif avec v s
amis, demain. »

•••

Mon frère est dans ma chambre ; il vomit sur les serviettes glacées. Accolades sans précision. J è sonne pour
qu'on nettoie le lac de caviar sur le tapis.

•••
Réflexe du bouton pressé la femme de chambre entre
avec un sourire prolétaire. Mon frère la prie gentiment.
Les doigts pourris de sommeil défont ~e co~don de la
jupe. Quand ce sera fini, la jument des nches ira tourner
autour de la mcuJe sans fin.
Europe aux tendres yeux civilisés.

•••
Après tout je m'en fous.
, .
,.
•
Les garçons se lèvent. J'entends l as~irate?.r qu ils trainent. Ils le détachent avec peine du tapis qu 11 suce. Leurs
chants murmurent les départs pour les hauts pâturages, et
les fiancées plaquées de rouge 5ain qui suspende?t les
fleurs aux feutres des jeunes hommes. Dans le coulOU' que
parfume Guerlain, l'écho répète le torrent qui gambade
dos courbé.
Après tout ces domestiques n'ont qu'à être riches.
., .
Enfin je ne peux pas réformer le monde parce. que J_ at
quelques millions ! D'ailleurs la livre a encore baissé hier
matin.
Et puis quoi ?

•••

Mes oreilles sonnent et je m'en vais sous les draps vierges dans l'ailleurs. Ma tête résonne de paroles absurdes,

44 5

d'actes impossibles, de sorts et de beaux po mes suicidés.
Ma tête barcole, je ferme les yeux et j'entre au milieu de
feunier tu dors et j'ai un peu envie de vomir, Maman .
Je balance, je frissonne, le navire tangue.
Les étoiles dansent dans le hublot, montent, descendent,
mouches qui zigzaguent immobiles. Garçon, un soda. Pauline tu es loin. La T. S. F. pleure là-haut. j'ai chaud à la
figure. Pendant que l'orchestre fera danser et jouir discrètement les filles soyeuses des consuls, j'irai me rafraîchir
sur le pont où tourniquent les Anglais qui posent calmement leurs triples semelles de caoutchouc, en possesseurs
des mers. Je regarderai le mât hésitant qui cherche et
pointe son étoile.

Malgré la tempête, l'héroïque stewardess apporte le cacao
marinai.
Beurre en coques distinguées ; six confitures dans les
cristaux nets; croissants qui font la résistance feuilletée
puis livrent le tiède mastic beurré de leur chair. Courrier de
mes banquiers qui me prient de croire à leur profond
respect. Illustrations anglaises : portraits de mes amies qui
se fiancent.
Jouissance des pardons que la société accorde à ses
élus.
Bain avec la caresse de la douche sous-marine. Un Bernois travaille la pâte hébétée de mon corps et parle des
Landsgemeinde. La joüe orvégienne aux cuisses d'acier
me frictionne honnêtement. Le ténor me rase avec des
prévenances, des craintes, des surcroîts et des raffinements;
sa troisième lame est une aile de mouche qui stride avec
beauaoup de dévouement. Nous arrivons ce soir à Jérusalem, crie-t-il de très loin.
Je sors, laissant un souvenir de lavande.
Le « Sphinx&gt;&gt; s'égare dans les brumes du lac de Genève,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

. .
~
mal ré les efforts d'Altebbs et de Webbsky,cap1tames_ apr .
Die!. Léon, jeté par-dessus bord, s'accroche à la croix qui
flotte. L'Isolé criant Papa! avale une gorgée.
Une barque lente emporte un Sauveur aux yéux crevés.
Moi je vais au Crédit Suisse prendre un nouv_eau ~arnet.
.
. un ch'eque a, Pordre
du Bureau de
Je signerai
r •
. .Bienfa1s.mce.
d
Je me déclarerai. homme bon et je ressenttra1 une gran e

446

paix intérieure.
•
ille
Le chèque sera de cinq cents francs, ou de cmq m
francs ou de cinquante mille francs.
. . .
.
. Ça m'amuse de ~ien ré_ussir le~ .zéros, Jolis ronds qm
réjouissent l'œil et qU:on fait sans difficulté.
ALBERT COHEN

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE
RENOUVEAUX QUAND MÊME
Il est inutile de dire une fois de plus que la figure actuelle de
la France n'est pas tout à fait ce qu'en attendaient ceux qui sont
habitués à lui voir occuper unè place éminente dans le paysage
universel des idées et des formes. D'autant plus inutile que je
ne suis pas de ceux qui s'affectent et se lamentent, à ce propos,
outre-mesure. II y a mieux à faire. D'un côté nous avons avantage et intérêt à repérer les points saillants de cette figure, à
l'obtenir, comme une réalité géométrique, en l'engendrant par
la pensée. D'un autre côté, nous avons lieu de la considérer
comme une sorte d'écorce, de carapace un peu dure et un
peu lourde, imposée par un certain élan vital de défense, et à
l'intérieur de laquelle s'opère l'évolution qui, si elle trouve des
circonstances un peu favorabfes, donnera demain une figure
plus souple, reportera en charpente intérieure le calcaire qui
durcit aujourd'hui à la périphérie son mur défensif. Il est
ambitieux et d'une facilité dangereuse de penser et de parler par
générations, et de prétendre dessiner, ce qui est une des grandes
tentations de la critique, un crayon de la génération qui
vient. Tout ce qu'on peut faire c'est d'y reconnaître, plus ou
moins fragilement, certaines éq-uipes, gui impliquent ou impliqueront des équipes adverses, et de pressentir la nature, le
terrain, l'enjeu, le public des grandes parties.
Pour le critiqne qui s'efforce à penser ainsi par équipes contemporaines, par déroulement régulier et naturel de la durée
sociale, un hiatus, un gros trou apparaît aujourd'hui, et plus
expressément cette année 1922: c'est l'absence de la génération

�LA ~OU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

4~

·

t

.
roche de la trentaine, et qut ser
capitale, de celle qui app h à I machine sociale, constitue
généralement d'arbre de co;c e
\ effectif et du renouvelle-

r;!:

proprement ~~;;~m;a:ché:
;rès radicalemen~ n'en a
m:nt. L~ gu
.
affl.i é souvent de tares physiqu~s ou
laissé qu un moignon,
~ . e t de dépasser la vingtième
d
1 L · u es filles qm v1enn n
mora es. es 1e n
de maris (ni mtroe e
·
euvent pas trouver
année, et qui ne p
r orrespondant normalement a,
danseurs) d'un âge _mascu m c
·eux que les critiques. La
•
,
erçoivent encore m1
leur age, _sen ap. d "t à cette génération est occupée tant
place qm appartlen rai d é .
qui ont gardé une soubien que mal par des quaèra_g na1resens d'une maturité excep"t ou par de tr s 1eunes g
d'
plesse espn
,
. le exige
. que 1e renouvellement s'accomr- ·
tionnelle. 1.-.1 vie soci~
d
ê
mais dans des conditions
'l 'accomplit tout e m me,
Il
1.
p isse, et I s
d'
. 1 ce faite à la nature des âges.
anormales et au prix une v10 enù ette amputation des jeunes
ue l'Allemagne, o c
bl b .
sem e ien
q au moms
. auss1. corn piète que chez nous, . en
été
l
c asses a .
défaite et le chaos intérieur
ffr ausst gravement, et, 1a
"d bl
sou
e
s'ajoutant,
éprouve des dïncultés
i '
.. encore plus form1 a es que
nous à reprendre son profil d éqmhbre.

•'

1 'à cette exigence des choses, à cette
li est donc nature qu
.
ens soient amenés à
lacune de durée sociale,_éde trècsep1et_1unon~e1Te Les jeunes filles
une matunt ex
· ·
. . .
d
répo~ re par '
as fra ées et déplorent l'ins1go1fiance
intelligentes n en sont p
ppnt eut-être tort, et en tout cas
de leurs petits danseurs. EllesCo 1uiqui épie avec sollicitude les
.•
est plus heureuse. e
.
.
la critique
. d. t rs de renouve 11 ement français ' celm qui se
signes m ica eu
. d F
de Pompeï pour entendre
fait le doigt levé et l'or;~:e :oc~~l:e couler, celui-là trou-çera
l'herbe pousser et la d
1· es publiés à peu près ensemble
d'" térêt aux eux ivr
.
beaucoup ID
Alfred Fabre-Luce: sous son nom la Cnse
cette année
par
et M.sous 1e pseu do nyme de Jacques Sindral, la
All .
des
tances,
'
' . Ce
'est pas que l' un e t l'autre soi ent par euxVille Epbemere.
n
. .
. ue ·e me propose de
êmes d'une originalité saisissante, ~l q
l R. b d Ses
m
.
b -Luce un Galois ou un im au .
découvrir en M. Fa rel
d s une équipe. Mais l'auteur a
deux livres prennent p ace an

IBPLEXlONS SUR LA LJTTÉRATORE

449

dépassé, parait-il, d'assez peu la vingtième année, et la conjonction de deux ouvrages si différents nous apporte peut-être
quelques lueurs sur la tranche de génération qu'il pourrait
représenter.
La Crise des Alliances est, en un très gro volume, un « essai
sur les relations franco-britanniques depuis la signature de la
paix ». Il est publié, sous deux couvenures différentes, à la fois
dans deux collections, dont il importe ici de marquer le caractère. D'abord il fait partie de la Bibliotbeque de la Société d'Etudes
tl d'111/ormations économiques, que connaissent bien ceux qui
s'occupent de questions actuelles. Cette société se rattache au
puissant et riche Comité qui a fait les élections du Bloc National
et qui contrôle une bonne partie de la presse politique, le Comité
des Forge . Elle en constitue à peu près le bureau d'informations. Le livre de M. Fabre-LuCf' parait, en second lieu, dans la
collection Politeia, bibliothèque de pensée et d'action politique,
publiée sous la direction de M. René Gillouin, et qui se propose de « fournir à l'esprit public français, sur les grandes
questions d'intérêt national, européen ou mondial, une documentation sûre et de fermes orientations ». La Crise des
Allianw a semblé, du point de vue de nos dirigeants industriels
et financiers (le groupe Stinnes français) et du point de vue du
Corpus de raison politique actuelle que cherche à composer
M. Gillouin, constituer un exposé raisonnable et utile de nos
relations avec l'Angleterre depuis la paix~ Versailles.
C'est là un sympt6me à noter. L'esprit libre dont témoigne
le livre de M. Fabre-Luce prend une valeur, et une valeur
nationale, sur Je marché. Les métallurgistes et les financiers
commencent probablement à voir à quel point les manches
tournoyantes des avocats peuvent obscurcir l'horizon d'un pays.
Qu'il y ait quelque part, et de bureaux à bureaux, des procédures ~crites, des dossiers, des plaidoiries, que tout cela s'accompagne d'éloquence, c'est fort bien : il n'y a aucune raison de
blâmer ceux qui font consciencieusement ce métier nécessaire,
et il y a des raisons de les approuver quand ils servent bien les
intérêts matériels du pays. Mais un pays où la serviette de
l'avocat s'élargit jusqu'aux étoiles, prétend à un pouvoir spirituel, et où la presse finit par y tenir presque toute, ne tarde pas
à prendre la figure d'un homme fort mal nourri. La Conférence

29

�LA 'NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tle Washington, qui nous a fait per.dre kt _face _en Amér!q_ue,
nous aura rendu au moins -OR grand serv1oe s1 nous faisons
dater &lt;l.'elle, pour une période un peu longue, le krach spirituel
de l'avocat. &lt;&lt; Cest une expérience assez attristante, dit M. Fabr.e-Loce, que de relire de vieilles coU~tions_ de joum:ux français
et britanniques. Les deux nations se sont ignorées a t_ra~ers ie
temps, chacune se persuadatit d~vantage de ses è0nv1~t1011s et
-s~sourdissaot de ses pr-0préS daml:l\tts., 'fDa presse smt fidèlement l'opinion, qui elle-mém-e :re/lete la·p_r~se. Deux miroirs,
'Se réfléchissant fun l'autre, ae'.montren1 .qüe le n~nt. »
Cest de ce néant qu'il faut-sortii:. ,Ce mois .d'août 1922, l'-édîtorial &lt;l'un des plus grands jourt\.allX français appelait M. Keyne~
le chef du défaitisme européen. Celui qui réfléchit .à cette
-expression éprouve la iensation assez nette -&lt;le Ge que peut
-être l'essence même .du néant, du néant .d'opinion et du néant
,de 'presse. Un homme intelligent ·,qu_i _li.t, pense, voyage) et
q\li profo$serait sur M. K-eynestme -0p1n1on.de ce ~enre, ne se
Tencontre plus. Le livre de M-. F;abre-Luce 'llOUS- fatt ~ucher du
-doigt l'évolution qui s'est at_complie en Fra~oe tlepms les G_&lt;msë,quenœs Ecvnemiques de la Paix. et--que•trms étapes ncrns aide-

raient à jalonner.

.
.
L~ pre-mière rfaction fran~aise•a- co'~~ér~ prendre le irvre de
"M: Key{les pour un pfai_d~t! ·-« d~~~tiste )&gt; et_ à le réfuter .du
-poi.nt,d-evue .de -l:a victo1re.ftes 1mheux ôfficiel~ engagèrent
immédiatement M. R~phaël-Get&gt;Pges ,~
rà, écnre une Juste
.p04 .que préfaça M. Poi:nèar.é, et qui s'e.t enfonté_e bien vite
·dans 1' ob&amp;eurité. De son ot:Jtf M. Tard~, dans son livre .a.pol~
gétique •sur la Pai~, préfa.cé~par M: Giem~nce~n, plaida, oontre
M. Keynes, qu'&lt;il avai..t tr-0uvé corom.e.adversaue dans tes tom-missions de 1919, la caùs!t de 1'mfaifübiUté versafüaise.
Les réalistes sientireat .que·ices, pfai.dt&gt;y.et.s., s1. vite dégonftês,...
"Re signifiaient rien, que M. ~eynes- ét~it w fort h~nête
homme, qui -&lt;lisait ce qu'il-pei.fsait, .du iJ(llht_de vue ~n~hm, et
-qn•u devait nous ex.citer à p.odu.kè,. non wntre lui, mais_ci s?n
-image, le point &lt;le vue français, com~a~é ?3-r notre lust_o1re
et notre ,géographie. Point de vue p_6 hnque comme cehu de
l'Angleterre est économique : .de là le livr~ _si remarquab~e de
M. Ja-cques Bainville sur les Censéquenoes po~~UJIWS àe la Pai:, au
sujet duq-ueî j'essayais i1 y a deux -ans, 1c1 même, de faue le

*,

fflLEXIONS SUR LA. LITTÉRATU.J.E

451

point. Plus t~rd c'est sur :le terra.in même de M. Keynes, et en
.acœptant plemement les termes anglais en lesquels se pos.ait le
p-roblème de la reconstruction
économi.que -Lle J'r
s'
,
-1:,1Jrop.e, q11,on
est préoccupé -d apporter à .cc problème une solution française.
Le C
Celtu_6
· pl'i:;S
1.
. .de la Fnwœ à Gin.es !l:om:bait 'de plu.sou ·mOin§
au omit~ des Forges. On co_mpt'&lt;lit ni,r fi'!lfluence à l'étrange,
cet ouvrage, dont la pà.rt1e.-critiq11è. était fort r:emarq~b1
On a été. ~u._ ~'ailleurs. ces1)600don.ymes,ou.t MD _asp&lt;!~t
,re.s~oH
-hmttée; de &amp;Ociété .ancrn'1:M,.
,,.:..~ ~op..,..
· 41=
. . ~ ab1hté
. ,
J·~ , de 1,.,.,,,,n
-qt11 ,i.ac:ite-a_- ~a méfiante et ne .c onvient guère au fair play du
combat -poht1que.
Le livre de M. Fabre-Lu.ce et ,d:antres nw:iifestati-onJ; -a~lo~ues marq.ueraient"1.me troisième pértode t après Ja niéthode èe
n_poste e~ la méthode_de thèse la méthode.du dialogue. j'allais
~m: du d1al(bgue &amp;Gcrat1que. La ~~trµ.ction ioteJleçttU!lle de
l E\uope ~.e ferà, ~1:ne &amp;li cecons.tructipn économique, p,ar la
c-01labora~ou. Mais sa ce~e i$telligooce noullldle i,w.pJûp.it $Ille
~~Bab~ration, ,)a .coUabora.twn elle:.même doit commencer par
1mtefüg'€nce :-cer-cle-Boo' videut.t1,1ais fürorul, Ceu.x qui, pendam 4uatre ans,- se sont résignés de grand -eœur ,à ne pas cper-cher -li. e-0mprendre, d-ans la. vie militaire ,où eléJ;ait le mot
d'ordre, ont pu tr--0uv.er, et-tr.ouvenLencore~ dam; Li vie dtile
leur plus gram! p1ahür ~ comprendre. Mai.sp0ur J~s m011omane:
.du bleu hofizon, du khaki, 011-.du. feldgr.au, cb.~rçh~r à com.-p~ncite c'est-déj,à donner à S,l])Il es.pr±t:ua clinamen « d.éfaitiste »,
Rten _de ~~us instRlcti~oe. f.amtc~oisme &lt;le l'édit-Qria} doit j.e
pàda1s. Lage d.eM .-fa:bte-LaœMpermet-a.'l,l. 111_p;ns)d€ -négliger
1e mot ~ le r~r-O'Che: ide d~!sme !:-OmtRe n~s négl~eon$
ceux de iansém$m~ ,de·péhg1ani.sme..et .de,mtciisp1e. « Le liv.re
-que nous vetwns .d!éciiœ -dit-il., •5!adn;$1ie iaJJx. .fJ"ançai~ ef aux
étr_angets. Pour avoir .cp:iel.qtœ iiiftnen_.ce l&gt;ill' ~~ux 1 ci il ,i 0 ;,d' b
'
• i:i ..,..
ord -entrer da~s leur p.oint ~ 1rne, :Far uu ~fo.n de eS)"!l;Bp~~
1lue. Poot" être ut1ie J• .ceuir-ià, :d dt&gt;it s ' ~ d- dfoon..cer $1$!$
eneur,s françaises .; Les ~ritiquirs"fln, pJt&amp;û .som defr s~c-e:stions
pour l':rven-ir. J)
;,
r
.,.

œ

t

!

Sympathie avec l'inferiocitntur, criti4ue d~ JiM pri&gt;prei
erreurs, séntiinent d'un p:rofit ~11d de boD.1)).ef@son~ no~s
oa-~ ameué à modifier notre point d.e vue, ,cp!l~afoa ~ 6 J,i
'recherche du 'Vrai, toute :iette .dialectique · so~~tiq.ue fiµit p.af

�45 2

•"

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous apporter, bien souvent, cela même que nous n'avions pas
expressément cherché, une conversion de l'adversaire, ou, du
moins, une modification de ses idées parallèle à la nôtre. L'histoire politique, intellectuelle et morale de la France, c'est, en
même temps qu'une lutte, un dialogue franco-anglais, francoallemand, un dialogue que nous devons chercher à élargir. Et je
sais bien que cela a ses limites, et que la planète, en 1922, n'est
pas un jardin d' Academus. Cest une multiplicité de carrefours
où nous sommes toujours entre la guerre et la paix, et ou « ~e
pas chercher à comprendre » marque toujours la direction de la
guerre. Comprendre les choses, mais aussi comprendre les
hommes, comprendre les nations. Thucydide était une admirable lecture de guerre ; Platon ferait une de nos meilleurs lectures d'après-guerre.
La Crise des Alliances, appuyée sur une documentation que la
Sociité d'Etudes économiques mettait à pied d'œuvre pour l'auteur
(forme de la division du travail qui deviendra de plus en plus
indispensable à l'histoire contemporaine) nous fait suivre,
d'une manière d'ailleurs un peu distante et froide, en nous invitant à y mettre de la vie plus qu'à en trouver, le dialogue
franco-anglais pendant ces trois ans. Un dialogue où on ne
parle pas, des deux. côtés, la même langue, ce qui nous fait
saisir l'utilité de ce que M. Fabre-Luce appelle un lexique politique. Le rôle utile de M. Cammerlynck le tente : Socrate se
vantait d'ailleurs d'être un bon entremetteur. C'est ainsi, dit
M. Fabre-Luce, que « les mesures de contrainte militaire contre
l'Allemagne, que nous appelons sanctions, sont couramBJent
caractérisées dans la presse britannique par un terme de guerre:
invasion ; les Anglais refusent l'expression jwidique, parce
qu'ils nient la réalité du contrat. De même, l'idée de la compensation des dettes internationales se rattache dans leur esprit
à l'idée de l'égalité morale des combattants... La géographie
suffirait à expliquer la différence de ces conceptions. Mais elles
expriment aussi un désaccord philosophique. » Dialogue, définition et analyse des termes, mises à nu des ressorts psychologiques de l'interlocuteur, tout cela me paraît la bonne méthode,
qui a besoin de temps pour donner ses fruits : le temps
dénouera ce qu'il a, par la nécessité de l'apprentissage et des
erreurs, contribué embrouiller. Mais il va de soi que tout cela

RÊFLEXJO . 'S c;uR LA LITTERATURE.

-H3

n'a qu'une fonction préparatoire et que le rôle de l'action
commence là où celui du dialogue et de l'examen finit.

Presque en même temps que son livre historique M F b
bl"
. a reuc~ p.u Je, .~us 1e nom de Jacques SindraJ, un livre, la Ville
!Phmtere, qu tl nomme un roman, et je ne vois nul inconvénient
a ce mot : on appelle en effet roman au1·ourd'hu1· no
J' é ·
• ·
'
,
Il pas Un
g~nre it~ ~aire, ~ais .~n niveau de base de tous les genres littéraires, ou il s~fiit qu il y ait de la durée et des noms propres. li
ne s~ p~sse nen dans ce livre, sinon qu'un jeune diplomate
anglais aime une femme, une belle poétesse, la quitte pour une
autr?, la reprend, peut encore la quitter, etc. ..
~ un s6jour à l'ambassade de Rome, le jeune attaché ne
retient que la sensation amêre de la vie éphémère, de la ville
éphémère. Attaché anglais mais l'auteur de la C . d
AU,
.
nse es
(m tt rons-nous sur
J'é ,anus
· b n aurait
. pas écrit ce livre distin!!Ué
1:&gt;
p1t ète le pomt d'ironie ?) si sa nature et son éduc·uion n
co~portaien~ ce bil~i~e franco-anglais, ce lexique se~timent~
qui manque a la polthque, et qui trouve aujourd'hui dans tout
un cercle, de M. Maurois à M. forand, sa formul; littéraire
~on seul:ment bilingue franco-anglais, mais bilingue français :
. n ne s étonnera pas que ce livre de jeunesse décèle des
mflu~nces marquées : rien de plus curieux que d'y voir celle de
M. Gide recoupée par celle M. Giraudoux.
_Comme M. Marcel Proust a renouvelé dans l'expression littéraire le monde des sentiments, M. Giraudoux a renom·elé le
monde des images. Depuis trois ans son action sur le style et
:ur ce .qui, derrière le style, atteint aux profondeurs vinn;es,
ppara1t
~1 . Ja1oux
br . partout. Même des aînés y viennen•.. J.V
P~ iait ~écemment dans la Revue de Geuève un « roman »
giraudou1sant fort agréable : l'Ami des jeutus Filles. M. de Mio:andre es~ aussi touché. Et quand on songe encore à M . .Morand,
n pourrait presque parler d'une école de la rue François-Ier
(d_ont quelque Pierrefeu nous écrira peut-être le G Q G) La
Vill E l
· · · ·
. e P~émère a dû être écrite sur du papier à en-tl!te
diplomatique.

L

Le « romàn » est dessiné par un cercle fragile et étroit . Mais

�LA NOUVELL\! REVVE FRANÇ."llSE

dans l'intfaieur de ce cer'1e il é late d'une perfection qui
ciiarme, qui étonne, qui inquiète. Je songe devant cette préco~
cité à Un Homme Libre et au Vo)'age d'Urien. Ce jeune diplomate, cet élève des Sciences Politiques, devait achever déjà, à
seize ans, comme Suret-Lefort, toutes ses phrases. Achevées à
la française, d'un trait net, coupant, non avec cette mollesse de
peupliers frais et de praiti mouillée qui nous plaît d2.ns les
phrases de M. Girau.dou."t. Le tyle e t peut-être un homme,
peur qui la valeur est faite de limites. Archie « ramenait la
conduite de la vie à une pclitique et à une !!$thétique : &lt;lem,
domaines radi4:alement hétét0gènes - l'un où tout était Po sibilité, contingence, où l'on vivait de compromis, où la réussite
justifiait l'ac.tion, - l'autre où tout était obligation, vigueur,
conventions sévères imposées à l'homme par lui-même, qui
moulaient son génie, lui résistaient et le forçaient à combattre.
Ce royaume ie l'esthétique, c'était la part sacrée de la vie, qu'il
fallait enclore et protéger, et qu'il fallait mériter parle travail.
li y avait ainsi deùx hommes en lui : l'un tra aillait avec ses
frères humains pour assurer l'organisation matérielle de l'existence; l'autre, récompense du premier, était anti-social, rebellé
contre les conventions, isolé dans le commerce des idées,
mais pareil à un Dieu qui pose ses lois et leur obéit, et qui se
meut dans l'absolu &gt;.
Evidemment les lois littéraires auxquelles obéit M. Jacques
Sindral ne sont pas toutn posées p-.i.r lui, et nous de vinons les
lectures d' Archie. Mais nous trouvons aussi une expérience
étonnamment riche et aiguë, qui se ramasse en formules sèches
et brillan es, et derrière laquelle on eent, comme chez les
grands juifs allemands, Marx, Rathenau, une habitud héréditaire de papiers de banque, de fortune sous le plus mince
volume. Et avec cela cette netteté et cette clairvoyance de
moraliste français, qu'on reconnaît si fot1 chez Marcel Proust.
Lisez le portrait de l'ambas adeur, et celui de la poétesse sUl' son
trépied delphique : un peu ironique et sec, celui-ci, entouré
d'un trait qui parait l'informer et qui, aussi, le déforme, pcrspic;icité agile qui trouve ses limites dans nne déficienc.e sentimentale, dans un refus de ce qui n'est pas le politique et l'e,thétique.
Les deux livres sont bjeo du même aut ur. La. Crise des

RÉFLEXJONS SUR LA LITrÉRA TORE

455

Alli~11ces, excellente partout où M. Fabre-Luce nous débrouille
le dialogue _de~ deux pe~ples, et ~resse le lexique de leurs deux
langues'. fa1bht dès qu 11 se croit obligé de dire ce qu'il aurait
fallu f~tre et de nous donner une conclusion positive. Rien de
plus util_e que ce_tte pensée pour rendre possible, quelque part,
uo_e action écl~trée,. m~~ la division du travail oblige d'ordinaire u~e dest10ée md1V1dueUe à choisir entre cette clarté et
cette ac~on, et, pour M. Fabre-Luce, le choix me paraît fait.
Le Co~ité des Forges n'a pas encore trouvé son Rathenau, et si
le~ éc:1.ts de ~- Jacques Sindral vaudront mieux que ceux de
Disraeli, Archie me paraît exactement tourner le dos aux héros
de :oman en qu! ~ord Beaconsfield a figuré sa destinée. Au
moms, dans le spmtuel et l'esthétique de la France une place
comme celle de M. Maurice Barrès est-elle peut-êtr; à prendre
~t ces deu~ livres, écrits avec tant de talent à l'âge environ d;
l !fomme Libre et de la campagne électorale naocéenne nous
aident
·
·
'
, _un peu •à.. 1magmer
-ce genre de successions imprévues.
Il
est d ailleurs bien rare que nous imaginions ce qui arrive.
Al.BERT THIBAUD.ET

�CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQU E

THÉATRE DES ARTS : Natchalo, pièce en 4 actes, de MM. André
Salmon et René Saunier.
On a joué, la saison dernière, au Théâtre des Arts , u ne pièce
de MM. André Salmon et René Saunier, ayant pou r titre :
Natchalo. A-t-elle eu du succès? Je n'en suis pas très sûr . C' est
pourtant une pièce intéressante. Elle a pour sujet les •débuts de
la révolution russe. Natcbalo, dans la langue russe, cela veut
dire : le commencement. C'est le commencement, ce sont les
premiers faits précurseurs de la révolution que nous montrent ces
quatre actes. Ces diables de Russes sont des personnages si bizarres que la pièce en prend un certain pittoresque. Il semble bien
aussi que les personn ages principaux soient à la ressemblance
de personnages réels: 1° le jeune officier, dévoué en secret à la
cause de la rév6lution et qui continue à jouer son rôle de courtisan auprès d'un grand duc aveugle sur les événements qui 1 e
préparent ; 2° le peintre officiel Arcade Dim itrievitch, apôtre
froid, rigoureux et cruel de la grande cause; 3° son élève, la
jeune et belle•Daïcha, qui se fait, dans l'intérêt de la révolution,
la compagne de débauche du même grand duc, employant à la
propagande l'argent tiré de lui ; 4° le commissaire du peuple
Tchérébérébine, qui parle toujours de s'inspirer de la grande
révolution française ; 5° enfin le Français Delann.oy, être généreux, enthousiasmé par lès idées nouvelles et qui voit dans la
révolution le réveil et le salut d'un peuple longtemps opprimé.
Les auteurs sont deux écrivains de talent. On peut penser qu'ils
n'ont rien faussé ni exagéré dans un intérêt dramatique. Nous
avons donc là un petit tableau de la révolution russe, au moins
à ses débuts.
C'est un grand sujet la révolution russe. lntéresse-t-il encore

457

beaucoup? Encore une chose dont je ne suis pas très st'lr. C'est
si loin, la Russie ! On est si mal renseigné ! Il y a si longtemps
q~•o~ -par!e de cet événement ! Nous n'aimons pas beaucoup les
h1sto1res a longs développements. Si nous sommes curieux,
nous nous lassons également très vite. Il nous faut sans cesse"de
nouvelles histoires pour nous intéresser et chaque histoire
nouvelle efface celle de la veille. Je crois bien aussi que nous
avons acquis une certaine méfiance pour tout . ce qu'on nous
raconte qui se passe là-bas. Naturellement, il y a toujours les
grï_houilles, ou les gens passionnés, ou les bonshommes qui ne
voient au monde que la politique comme s~ils y avaient part et
pouvaient faire quelque chose. Ceux-là vous ont -des airs de
savoir vraiment ce qui se passe là-bas. Le matin, ils se précipitent sur les "journaux. Ils prennent pour paroles d'évangile ce
qu'ils lisent là. Quand on apprend tous les jours que tantôt tels
journaux, tantôt tels autres, ont touché à certaines caisses, lors
de tel ou tel événement politique, pour fabriquer da_ns l'esprit de
leurs lecteurs telle ou telle opinion nécessaire, le spectacle de
çes dupes bénévoles ne manque pas de comique, non plus que
leur assurance à parler de la révolution russe comme si elle se
passait à Juvisy et qu'ils soient allés, entre leur déjeuner et leur
dîner, se rendre compte de ce qu'elle est dans tous ses détails.
Le lecteur voudra bien m'excuser. Je n'ai ni cette passion ni
cette jobardise. Il y a des gens que cela occupe de savoir ce qui
se passe eu Russie, en Pologne, én Tchécoslovaquie, en Grèce,
en Turquie, chez les Hottentots, au Pérou, à Pékin ou chez les
Lapons ? Grand bien leur fasse. Moi, je m'en moque parfaitement. N'y pouvant rien changer, je m'en désintéresse au-delà
de toute mesure, et n'ayant pas la passion politique pourle pays
~ans lequel je vis-, je ne vais pas l'avoir pour des pays où je n'ai
Jamais été et où je n'irai jamais. Mon indifférence n'est pas absolue, néanmoins. Si je n'ai pas d'opinions, j'ai des préférences.
J'ai cela de mon fauteuil, comme un homme qui n'a jamais
voyagé et qui probablement, maintenant, ne voyagera jamais.
J'ai de la sympathie pour les Anglais et pour les Allemands. Les
Espagnols me sont odieux pour leurs courses de taureaux. Je ne
crois pas que les Suisses m'enchanteraient. Je n'ai pas d'opinion
sur _les !taliens. Les peuples du Nord m'attirent peu par leur
puntan1sme et leur rigueur morale. Je n'ai pas du tout envie

�458

LA KOUVEllE &amp;EVUE FRANÇAISE

d'aller en .Amérique pour voir des maisons à trente-six_ étag~Les Russes sont pour moi des gens d'un autre â_ge· J~ n~ P,larns
pas du tout les no-bles russe~qui se- trouvent aurourd hot depossédés de leur fortune et plllil ou moins, exiiés. Ils ont ét~Jes
premiers à soubaiter la guerre et à s'en réjouir. Q11and on JO~e
une partie, il y a le risque de la perdre. Tous les .gens clai_rvoyants savaient que tout.e guerre _qu'entreprendrait la, Russie
fournirait une occasion à la ré.volutton. Pour nu part, c_e~t un~
chose que je sais depuis quinze ans. Tant pis -pour l:s n1a1s ~u1
ne s'en doutaient pas, étant les premiers intéressés a le savo~r- .
SQ!ume toute, comme on le voi:t, je suis assez dénué de n.anonalisme. Je m'intéresse à la fois à tous les peuples et à aucun,
y compris celui dont je fais partie. Il y a pourtant deux: peuples qui me sont can:émenrai1tipa.tbiques. ~e sont !.es Grecs et
les Polonai.s, les premiers pour leur fourbene mégal_om~ne, _les
seconds pour leur nationalisme bystêrique. Elle éta1t tres bi~,
la Pologne, comme elle était- avant 1~ guerre . Elle _mettait
son hystérie dans son art. Cela _donmnt de~ choses mtéressantes. On s'es-t mis en tête de llll donner ta liberté. Belle op:·
r-ation ! On a créé là un joli danger. Pas un pays au monde o a
toujours plus mal usé de la liberté. Ce n'est pas une découverte
que je fais. La remarque n'est p~s neuve. C? □ la :ro~\fe déjà dans
Les LeUrts persanes. Ce que nous voyons au1ourd ~u1 de la Pol~gne redevenue libre ne la dément p-as. Ces gens-la, les P~lona1~
et les Grecs, mettraient le feu à l'Europe toutes les semai~es, si
on les laissait faire. Ils devraient être tenus en garde séneuse-ment comme des enfants qui ont la rage de jouer avec des
allu~ettes. Cette partie de ma chrnnique est écrite depui~ un
mois. Je pique une phrase ou deux au sujet des su~cès qu~ v1~nent de remporter les Grecs. Une fois d:e plus, ils ont appns
qu'on se brûle quelquefois les doigts en ,vo~lant m~ttre le feu.
Quelle galopade, Seigneur, du côté de l_a mère l C est la première fois de ma vie que je m'intéresse à une guerre et que le
vaincu me fait rire. Je peu,x rire ... J'ai- assez de choses qui me
défrisent dans la vie d'aujourd'ht.Û, politiquement parlant. Une
entre antres, c'est de voir ce qu'est devenu Paris depuis laguerre
et surtout depuis la révolÙtion russe. On va 111'.accuser peut-!tre
d'une certaine étroitesse d'esprit en cette matière. Cela se peut
bien, quoique ce soit plutôt une question de godt un peu

CRW 'IO.tJE DRAMATIQUE

459

difficile. Je ne. suis pas 11.Cin plus aveugle sur mes contradictions.,
Di.en sait si fe me moque d'être Français plutôt que n'importe;
quoi d'autre. Je me le dis souvent ; je suis né ici, j'aurais pu
naître aitleurs. L'un ou l'autre,. je ne vms pas ~u'il y ait de quoi
en être. spécialement 6.er~ Cest L'homme 9ui compte~ non pas le
citoyen. Je campreuds qu'on soit.fier~ à la rigueur, de, ce qu'on
a choisi,. ·rnulu. Mais ai.-je choisi d'être FWJ.çais, l'ai-je voulu ?
Alms ?... Autant être :fier d'être brun. plutôt q;utrbJ.ond, ou blond
phi.tôt que brun. Il y a; peut-être quelque part des sauvages qui
me plairaient beau.c.:oup, avec fesquels- je m'enicnrlrais fort bien,.
et te rw.contre à chaque imitant de.s Fraai;ai, qui me font borreur. N'empêche que j'ai ungoftt médiocEe pour les étrangers.
J'aime bien chacun che.z soi, tout comme j'a.ime bien, dans ma
vie b.lbitueUe, rester chez moi sans aller chez personne et que
les autrés restent -également cbez ..eux sans-venir chez moi. Quevcntlez-vous? Je suis né rue Molière, à Paris. Je n'ai jamais,
q'lli.itté Patis.Je suis habitué à son paysage, à son langage, à sesmœurs, à ses habitudes. Cela m'agace dé~ d'ent.endre de!! Franç:lis du midi avec leur accent, Ci&gt;U des gens du nord avec le leur r
Il m'estan:ivé une fois de me trou"er en conversation avec un
poète, M. Touny Lérys, qui est d'uu pays dl!l côté de Gaillac"
dans le Taro. C'est pourtant en France. Eh ! bien, ce monsieur
p:vte avec un tel accènt, il prcmonGe les mots de façon si bizarre,
que je me tronvat obligé de lui demander quelle langue c'était
qu"il p-arlaitlà:. Je ne comprenais pa:tun traître mot. Le plus drôle,
c' (:St qu'il m'avoua, de son côté, son ~onnement qu'on p-ô't padt;r
le français comme je le parle. Céta,it pour lui également incompréhensible. Il me parlait du Camp d-es Romains. Je lui disais:
(( Ou diable avez-vous pris le besom de prononcer le Cainp-des
Romaingnes ? » c&lt; Mais pas du tout, me répliqua-t-il. C'est vous.
qui parlez mal. Jep~rle Je vrai français. ; Pour lui, Roma-i11s,
cela ne voulait rien dirè-. Romaingnes, à. la bonne heure! Moi,
j'av9ue que l'idée de prononcer.Romains Romaingnes et tout le
reste à l'avenaot, tne fait l'effet d'une la-ngu~ de sauvage. Je préférai1 ce-jour-là, quitter la co11versation. Je dis à M. Touny
Léryi. : « Je vous demanâe millep-ardons. ]'ai peu de capacités
pour les la-ngu~ étrangères. Jl me faudrait un lexique ou un
i.nte.rprète. Comme je n'ai ni l'un. ni l'autre, j'aime mieux ne
pas, continu~c. » C'est pmir dire- q.ue s.i ce.r tains accents de pro-

�LA NOUVELLE REVUE FRA:NÇAISE

vince me sont Mtà peu agréables, à plus forte raison certains
idiomes de certains autres pays. Or, depuis quatre ans, Paris
est envahi par une multitude de g~ns bizarres, à. facies peu
séduisants, qui vous font des grâces dont on sent qu'il faut se
méfier et qui disposent pour s'exprimer d'un baragoin impossible qui donne envie de se sauver dès les premiers mots qu'ils
pronopcent. Qu'est-ce que tout ce monde-là ? D'où vient-il au
juste ? A-t-il été mis à la porte de chez lui pour venir ainsi nous
combler de sa présence? La France est hospitalière, je le sais,
je le sais, du moins cela se dit. Tout le monde a le droit de
vivre, je le sais également et d'ailleurs je ne demande la mort
de personne. Mais je le répète, et j'admets que ce puisse être un
défaut, je n'aime pas les sociétés mêlées. J'aime vivre avec les
gens de mon milieu. Quand je n'ai pas de goût pour certains
patois provinciaux, èe n'est pas pour me plaire au barngoin de
tous ces Ostrogoths. Le jour que je voudrai voir qe ces personnages, il y a les chemins de fer, je prendrai un billet. Si encore ils
se contentaient d'être dans les rues, ou de tenir certains commerces comme ceux ,de tailleurs, marchands- de chaussures,
fourreurs, qu'ils paraissent affectionner particulièrement, au
point qu'on ne voit plus que leurs boutiques dans certains quartiers de Paris. Mais c'est qu'ils ont aussi leurs « intellectuels ))
comme on dit. Ceux-là sont chargés de négocier d'autres
affaires. On les voit dans les journaux, dans les revues. Ils
arrivent là, débarqués de la veille, chargés de dossiers, pleins
de courbettes, l'air de sortir d'officines louches. Jusqu'à des
femmes qui s'en mêlent, arrivant aussi leur rouleau de papier
sous le bras ! Tous apportent, - qu'ils disent ! - des révélations sensationnelles sur ce qui se passe en Russie, en Pologne,
ou dans quelqu'autre de ces pays que la guerre a fait éclore
comme par enc4ante.ment et dont on n'avait jamais entendu
parler auparavant, Le merveilleux, c'est de voir l'accueil confiant, empressé, heureux, fait à ces messagers de la bonne parole
politique, la crédulité sans bornequ'ils rencontrent. Notez -qu'ils
connaissent à peine le français. S'ils parlent, c'est à ne pas comprendre un mot. On jug-e déjà par là de la déformation qu'ils
doivent apporter aux faits qu'ils rapportent. Il est bien probable,
de plus, qu'i:ls .sont tous plus ou moins les agents de partis
étrangers, chargés de nous présenter les choses de leur pays

CHRONIQUE DRAMATIQUE

sous un jour utile à leurs intérêts. Nous sommes donc bien
r~nseignés .. C:~u~ j'en dis làn'estpas parpassion. Je memoque
bien trop, Je l a1 dit, de toutes ces questions. C'est seulement la
jobardise de certaines gens, les dupes qu'ils sont si docilement
qui m'amusent. Nous avions déj.à les gens qui continuent la
guerre avec leur porte-plume. Nous avons maintenant ces courtiers de publicité politique. Plus rien ne nous manque.
Je reviens à la révolution russe. Elle ile me tourmente donc
pas . De plus, je me méfie fort de tout ce qu'on peut raconter à
son _sujet. Je n'ai d'opinion que sur ce que je connais. Elle me
serait même complètement iridiffërente sans les souffrances
qu'elle cause. Sur ce point, je ne puis me dire : Qu'importe t
~st-ce bête? F_erais-je pas mieux de m'en ficher? Je n'y puis
nen ; P~urqu?1 me tqurrnen:er? Mais non ! Il n'y a pas moyen.
li m arnve d y penser et c est pour moi un malaise de me
r:présente: tant de gens souffrant de la faim et des pires privat10ns. Qui me rendra l'indifférence que j'avais dans ma jeunesse! Je suis devenu, avec les années, sensible à l'extrême.
On se fait de moi une idée fausse, peut-être, parce que je parle
souvent des bêtes, parce que je suis plein de pitié pour les souffrances de ces êtres muets, sans défense, dans notre eutière
dépendance. Il n'y a pas que les bêtes. La cruauté, la violence
en quelque d.:&gt;maine qu'elles se produisent, quels que soien;
les êtres qu'elles atteignent, me plol'lgent dans le dégoût, le
découragement. J'ai honte dans ma raison, mal dans mon être
ph!si~ue. Je me sau_verais, si je m'écoutais, pour ne plus rien
voir m ~nte1:dre. 11 y a quelques semaines, je suis resté pendan_t trois s01rs sans pouvoir penser à autre chose pour avoir lu
le lrvre de Madame Odette Keuhn sur certaines choses de la
Russie actuelle. Je me suis bien juré de ne plus rien lire de
cette sorte. J'étais furieux contre moi. Je me traitais de femme .
Le fait est que j'aurais fait un mauvais général. Au moment de
la bataille, j'aurais rassemblé mes troupes et celles d'en face.« II
est bien bête de nous casser la figure, leur aurais-je dit. Si vous
voulez, nous allons jouer la victoire à pile ou face. Cela vaut Ja
valeu~ militaire, nous nous serons évité un vilain spectacle et
es lois de la guerre sero·nt satisfaites, puisqu'il faut un vainqueur et un vaincu. » Notez que je ne vois jamais si sensibles
les gens qui s'intéressent si fort à la révolution russe. Ils sou-

�LA NOUVELLE REVUE .F.RA.NÇAISB

tiennent au œntrafre -01u'i1 faut bien se garder de remédier à la
famine, pour ne pa.s consolider le gowernement ac.tuel.1:ntre
fa polritique et 1'hemanité, pas de .confusion, La premièr:,
-0'abm·d. La seconde? Peuh ! Us :me nppellent les gens que Je
voyais, pendant hi guerre, faire ~s stratèges e~ chambre~ plantant ée petits ;drapeaux. sur des cartes, e't qw, lorsque Je leur
parlais des malheur~ux qui1ombaient, ouvraie~ des ~eu'! tou,t
rond'S : ih n'y .pensaien~ pas. :Savez.:vug.s ce qu .elle doit ê~r-e, a
mon avis, la Tév-.oiution russe ? Tout rc omme notre admirable
révolution fraru;,aise: un .assez be.au ·spectacle d'atirocit6, .de
cruautés. et d'imb6cillités- Ne répétez pas trop ce qu~ je vous
&lt;lis là. [1 parnît .que c'est un sacrilège national. C'est être unauvais Français .que de faire ce rapprochement. Soyons -d.0nc
mauv:1is Français! Si:têtre bon Er.ançai-s c'est être un 1mbtkile?
Asse~ d'autres seront bans à notre place. On eu a vu 1m eKemple
à une séance récente .de la Chambre. Do député s'était mêlé de
trouv.er tles ress:ernbia:nces eru:re 16 deux révoluti-ons. O ser
ce1a ! Un autre d.ép:uté .se Leva, i\lli 1,erait·plus propre à jouer le
mélodrame à I:' Ambigu, et lui ;-eta ces mots : « Vi)us insultez fa
réwl.ution française. » Voilà. un .bon _F.rançais dao$ le sens
indiqué plus ha.ut. ·Notez qu'on ne -sait pas très ~ie.i1 ce {]Ue
si-o-nme ce qu'a dit .œ mo.nsieur. Comment peut,on insulter lln
ê\~rneot, un fait de l'histoire? Encore un ex-empk du style à
effet. Les nigauds, s~ébahissent, béent.d'admiration.. Quand .on
cherche le sens, a significwion;•:on..tr.ou.v .e zéro, J'ai toujoµts
eu idée que -Gambetta., leur grand homme, émit un aigle du
même g,enre, un .aigle CD1D1ne 1'était .également Jaurès et
c@mme le sont bien lfa.utres au.joni:d'bui. Eu réalité, tous œs
auQ"Ures n'y changeroot rien. Révolution russe, ré:volutinn fraa~
çaise, comme toute révolution, -~.est absolument la -~•êure
histoire. li doit y avoir là-tas .ce que nous avons .eu 1&gt;C1: le
meurtre, la spoliation~ la iustiœ ~ommai1e, fa &lt;lfoonciaüon, la
haine..de bas en hiaU't, :.1-viec beaucoup l&lt;iie discours pour couvrir
ktout. On dit même q1i'i.b o.nt Ja-4,as Jeurs fêtes d'art. Des
fêtes d'art à de malheureux moujicks ! Nous avions au-ssi notre
mysticisme. Nous ~vions nos fêtes de l'Etre suprême. Il faut
bien un &lt;lieu d'un 15eore . ou .d.'nn autre l Nous avions nos fêtes
de -la Déesse R~ison. C'était même une fille publique qui l.a
personnifiait. On voulait sans doute faire ,mire que la raison

CHRONIQUE DRAMAl'IQUE

46 3

cmut les rnes . La.ressembiaDCe se c.ontinnemême à l'extérieur,
en que~ue sorte. La Russie, qui. es.t aujourd'hui, le -pays de la
ré.voln?on, est exactement ce qu'étmt Ja France .de l793 devant
les Afüés. C'est nous qui sommes maintenant les Alliés vo.i!à
tout. N' est-ce pas un beau spectacle? Le pays qui a fait la' révolution française faisant la petite bouche devant la révolution
russe. Les Français trouvant abominables là-bas les mêmes
choses qu'ils glorifrent quand elles se sont passées chez eux. Et
on voudrait n~u_s empêcher de rire ? Les gens qui se passionnent
pour la politique manquent décidément trop du sens du
comique.
On ne s'étonnera donc pas que les personnages de Natchalo
ressemblent, de leur côté, à nos grands hommes de la révolution française. C'est qu'il n'y a pas trente-six manières de faire
une révolution. C'est aussi que les hommes sont partout les
mêmes. Changez le cadre, la langue. Vous avez les mêmes
~iscou_rs, sur les mêmes motifs. C'est un art qui varie depuis
1 o,u:7ner b~au parleur qui étonne ses camarades jusqu'au
ministre qui exalte les foules avec des discours vides mais
sonores. Les personnages de Natchalo s·ont exactement des
hé.ros du même genr~ que les hommes de 89. Pas plus antipathiq~es, pa~ pl~s od1eux par leur rigueur, leur cruauté, leur
étroitesse
d espnt, leur soumission aveugle et fanatique a' 1eurs
. .
pnn;1pes. ~fais pas moins non plus. Sortes de gens qui tiennent
d_e, l imbécile ~ar. l~ur _mysticisme et de la brute par leur férocite. A:cade Dimitnev1tch, cet illuminé cruel, véritable Marat
russe, immolerait le monde entier à l'idole révolution. Son
élève, la jeune et belle Daïcha, est encore mieux. Elle ~ aimé
un~ fois, ce Français Delannoy mêlé aux milieux révolutionnaires.' Cet homme lui a révélé, avec l'amour, la vie vraie et
humame, la. seule que devrait connaître une femme. Del annoy,
l
tout révo ut10nnaire qu'il est, a le défaut de garder d
T
d
ans ce
~1 1eu e ~ystiqu~s sanguinaires, la faculté de raisonner, de
discer_ner, d être pitoyable. Oo le juge dangereux. IJ doit être
suppnmé. Daïcha est la prem ière à réclamer, à imposer sa
mort.
que nous avons offert des modèles à ces hé ros d u
. . Avouez
.
c1v1sme bien entendu.

N

Naturellement, tout ce qui précède ne veut rien d'
,
.
.
'
ire contre

atchalo. C est une pièce mtéressante, je le répète. Il me

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

464
.
d s les . ournaux que le Thé'atre de s Arts
semble bien avoir lu an
,1 1 . t ée Elle sera sans doute
. d 1 prendre a a ren r .
.
se proposait e a re
uu Harry Baur Carpentier,
· b'
· uée avec m.,n.
'
encore aussi ien JO
F
• C'est un spectacle à
Henry Roger, Da r tois et Mil• Eve rancis.
voir.
MAURICE BOISSARD

NOTES

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA VIE EN FLEUR, par Anatole France, (Calmann-

Lévy).

Une campagne de dénigrement, moins littéraire que politique, se poursuit depuis quelques années contre Anatole Fr;mce.
Mais dénigrement à part, il est indéniable que son œuvre traverse une période de défaveur.
C'est un sort commun à tous ceux que la renommée comble
dès leur jeune temps: la longévité, recours des méconnus, leur
est funeste. On est fatigué du « bon maître », comme les
citoyens d'Athènes s'étaient lassés d'entendre appeler Aristide~
le juste. Les nombreux imitateurs cJ-1Anatole France lui ont fait
aussi le plus grand tort ; un reflet de leur vulgarité a brouillé les
tons purs du maître. Ses trouvailles ont été banalisées -en
poncifs. Lui-même n'a pas craint de se répéter.
Mais ces motifs d'ordre personnel ont eu moins de poids dans
la désaffection des lettrés que le courant général anti-rationaliste, pragmatique ou mystique d'aujourd'hui et •aussi le renouvellement des méthodes d'analyse. L'instrument de connaissance
psychologique et d'expression artistique, dont a usé France dans
la perfection, paraît désormais i.tisuffisant, le domaine qu'il a
exploité trop borné, et ses vues pour pénétrantes qu'elles soient
trop générales pour des utilisations individuelles. Sa crîtique
purement négatrice semble aussi de peu de prix et sans saveut,
sans portée profonde pour t&lt;:&gt;ut dire : le goû.t ( et le besoin) du
jour est d'affirmer et de construire, Mt-ce en admettant certains
postulats illusoires.

,,

Pour une part, la réaction actuelle provient d'un élargissement
et d'un approfondissement de la représentation p&amp;ychologique
30

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

466
G' udoux), d'une accélération de
( chez un Proust, chez un ir;
tlime du siècle du cinécadence tendant à mettre le st~ e au ryb·1sme etc ) enfin d'un
'
... '
.
1 T S F ( ost-futunsme, eu
ma et. de a é· · d · Pouveaux myt h es an'imateurs (unanimisme,
besom de cr er e n .
t' odes des régions de cons) T d nces qm sont aux an ip
etc... . ~n a ,.
ble sérénité et de logique où se meut
cience claire, d im~ua .
t "autre chose &gt;&gt; que du France et
Anatole France, mais qm son
non pas son contraire.
t la réaction présente contre
Mais pour une autre pard, ' une l1'bération plus corn! · de ten re a
.
Anatole France., mn
i
à une exploration plus fomllée
plète de la pensée et de la or~ed,
nom d'une ou de plu. n vise à restrem re, au
" 1·
é
1'¼ h
de dre duma1
'
l''
d'
'dualisme
etJ·usqu a la 1bert •
.·
éprouvées m !VI
sieurs tra 1t1ons
d? . é ction avant tout morale qm
et de tout ire, r a
de tout penser
. ma'1tres et souvent (non pas
i les mauvais
classe France pa~m,
olitique de dénigrement dont /
toujours) s'associe a la campagne p
il était question d'abord.
. ' dessein Lorsqu'on
.
. écèdent sont grossis a
.
Les traits qm pr
d défaveur encore faut-il s'en'
de France e
'
parle, a propo~
b bl ' nt autant que jamais, et en France
tendre. On le ht P:o a e~efl
décroît on ne l'imite plus
,
Mais son m uence
,
,
et à 1 étranger.
à vingt-cinq ou a trente
C, à · nze ans et non P1us
guère. est qm . d I . Il ne semble plus à personne
,
fti 1 désormais e m.
1
qu on ra o e l sao-esse humame.
.
On le lit toui· ours ; on e.
résumeT toute a ., .
t
redevenir une bannière, s1
.
•
Il pourrait cer es
.
.
relit moms.
. 1 .
bon sens français ; mais
l'anti-rationalisme menaçait e vieux

il n'en est plus ~ne.
d lui mutatis mutandis, comme de
Et cependant il en est e
' 'éprouve pas le besoin de rouHugo. O_n médit ~e Fran~,;v;:t:re on ait l'occasion d'en rouvr~r ses livres, mus qu~ même séduction qu'autrefois. Le mal
vnr un, on y retrouve a
comme celui qu'on pense
qu'on peut pe~se: d'dAènatol~ :r;:;:ble avec eux. On ne leur
de Hugo, se d1ss1pe s quo
résiste pas·plus de dix pages.
f . de plus cette remarque.
La Vie en- fleur confirme u~~ ois un sentiment de déconAucun lecteur ne fermer:,~en ~:;t s~r l'autre. On aimerait convenue. Le charme opère
d
. ont dressé à propos
'11
· 0 s e ceux qm
,
naitre dans le déta1 es rais do énilité et le comparent, pour
de cet ouvrage, un constat e s

NOTES

l'abaisser, au Livre de- m01t ami. On peut à la rigueur juger un
peu faciles certains couplets de la Vie en fleur (sur l'inutilité des
récompenses dans les écoles, sur la gratuité de l'enseignement,
etc ... ). On peut dire aussi qu'après le Livre de mon ami, PierYe
Noz.ière, le Petit Pierre, la matière manque un peu de nouveauté.
-Mais la Vie- e:n fleur est le dernier tome d'un ensemble de Souvenirs d'enfance, qu'elle prolonge en Souvenirs d'adolescence. Le ton
devait donc demeurer le même ici que dan·s les précédents
volumes eten vérité, si tous les morceaux de la Vie en fleur ne
se valent pas, il y avait bien quelque inégalité aussi entre le1i
chapitres du Liv1·e de tnon. ami; et les meilleures pages de la Viè
en fleur (la méditation sur la VIe églogue ; Marie Bagration ;
Comment je devins académicien) ne le cèdent en rien aux meilleures des livres précédents.
Peut-être même leur sont-elles supérieures. On devine bien
pourquoi elles ont pu décevoir et déconcerter certains : moins
amères, moins corrosives que leurs aînées, elles décèlent l'apaisement de la vieillesse. Apaisement, et non pas relâchement, ni
abdication. Ce que perd la Vie en fleur en virulence, elle le
regagne en humanité et la grâce de France se pare ici d'une
indulgente et souveraine coquetterie, dont on ne saurait dire
que l'accent est nouveau, mais qui jamais ne s'était étalée avec
autant de continuité. Ce n'est plus l'ironie et le sarcasme d'autrefois que le vieillard France oppose à la perversité de la nature
humaine et de la société, ce n'est pas davantage « le froid
silence ll d'un Vigny, c'est une morale d'altruisme, de modération, de beauté d'une noblesse antique.
Les morceaux les plus réussis de la Vie en fleur sont les
morceaux consacrés à l'expression de grandes considérations
morales. A-t-on dit déjà que rien n'existe pour Anatole France,
comme pour les classiques dont il • est le continuateur,
en dehors de l'humain, qu'il est incapable par exemple de pei-ndre ou d'évoquer la nature (voir l'échec des pages I 53 et I 54),
alors qu'il excelle à parler d'un tableau la représentant ?
C'est encore par son art d'émailler un récit de réflexions
piquantes ou paradoxales sans jamais l'interrompre ni le ralentir
et par celui de frapper en médailles des vérités morales
qu'Anatole France reste inimitable. Cette familiarité et cette
grandeur, qui lui viennent &lt;Pune intelligence intime de l'anti-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quité, on n'a pu les copier. On a imité en revanche les côtés
les plus extérieurs de son interprétation des Grecs et des Romains:
les faciles anachronismes, tout le côté Belle-Belène et tout lé côté
chartiste, qu'il avait porté à un degré de finesse tel qu'on en
oubliait tout l'artifice.
Il faudra bien un jour qu'on se décide à étudier d'un peu près
le style d' Anatole F,rance. Peut-être s'aperceyra-t-on alors de deux
choses, d'abord qu'il est nouveau, et en second lieu qu'il se rattache aussi peu à la gr;mde tradition de la prose français:e que
celui des Gq_ncourt·par exemple. Même la phrase courte de Voltaire, dont on parle volontiers à son sujet, n'a rien à voir avec la
phrase courte d' Anatole France. A plus forte raison, la phrase de
Bossuet, de Molière:, de Pascal '?u de Montesquieu. On verra peutêtre que la prose française traditionnelle est toujours solidement
charpentée, que la phrase fran.çaise est conjonctive et relative,
fortement a.rticulée et que la prose d' Anatole France èst volontairement désos§ée ( dan_s le sens fayoraù1e qu'a ce mot en boucherie), qu'elle évite les qui et les que avec une ingéniosité qui
tient du protlige ( comptez comhien il y a de relatifs dans une
page &lt;l_e la Vie en fleur : quatre, deµ_x, parfois zéro), qu'elle élude
balance1uents et oppositions, les mais, les donc, qu'elle juxtapose et he lie' point. Et l'on verra aussi avec quel art Anatole
France a su évit~r la monotonie que pouvait provoquer un style
aussi morcelé, avec quelle vigil~nce méticuleuse il multiplie et
diversifie les sujets des propositions successives, acvec quel
soin il varie les temps des verbes et dose les participes présents. Et peut-être conduera-t-on en voyant en lui unesortede
Debussy littéraire; le parallèle sera aisé : dévotion à Ra_meau ;
dévotion à Voltaire ; -lutte contre la période, la phrase trop
« architecturée &gt;) ; haine de la déclamation et de la rhétnrique;
amour de la brièveté et par une apparente contradiction amour
de la fioriture.
Ce n' est là évidemment q))' un des côtés du style composite
d' An atole France,; il faudra aussi étudier l'influence du style
de Renan et celle des orateurs d~ la Révolution ; et f~ire un
chapitre à part sur la période chez France, car la périoèe
longue se rencontre aussi chez lui. Sous 1'-app.arente homogénéité du style, il y a une étonnante diversité, une diversité
qui n'est ni chez Barrès, ni chez Loti, ni chez les Goncourt

NOTES

469
et qui montre l'étendue et la variété ae l'esprit de p

Et l'

•
.fi
rance.
on ~n v.1~nt en n de compte à se demander si la défaveur dont il patit en ce moment, c'est bien lui qui en pâtit si
ce .n'est pas plutôt l'idée-type qu'on se fait de son œuvre, :a.us
qu elle corresponde à la réalité tellement plus complexe et
nuancée: Non seulement la courbe qui' est au plus bas remontera, mais elle remontera très haut. On prédit assez volontiers à
A:ato~e France à,cheval sur le xrx• etlexx•siècle une place ana1\,ue a celle qu occupe Dicferot au xvm• ou encore mais un
degré au-dessous, à celle de La Bruyère au xvne.
,

*

BENJAMIN CRÉMIEUX

* *
L'A VENIR DE L'INTElLIGENCE et TROIS IDÉES
POLITIQL!ES,_ _pa~ Charles Maur.ras (Nouvelle édition.
Nouvelle L1bra1ne Nationale).
Dans c.ette réédition, fort élég.amment présentée des œuvres
de M. Maurras, .l'Avtnir de !'Intelligence est précédé d'une préface nou li
'1
f
·
.
ve e qu 1 nous am signaler comme une des pao-es littéraires les plus fortes, les plus pleines, les plus.savoure:Ses que
~on ~uteur ait écrites. Ces charges contre le romantisme' ces
-u1atnbe
·
é
'
. . s passwnn es contre Rousseau, sont aujourd'hui si
~1en J~corporées à nos habitudes de lecteurs à notre paysage
Ittéra1re du xx• siècle ( qui passera stupide à, son tour de bête)
que nous pouvons les regarder du dehors historiquement
esthétique
'
'
men t, comme une fi gure de ce temps
- et que nous
en épous?ns la passion avec la même facilité libérée 9.ue celle
des T:agi.ques de d'Aubigné, des Provinciales de Pascal, ou des
:,ver_tissements aux Protestants de Bossuet. Nous sommes aujour_h_u1 tellement sevrés de belle littérature oratoire dans la
v1e1l!e t d · · f
·
'
.
_ra ltlon rança1se, que, lorsque j'en trouve un si pur et
81
parfait échantillon, je ne puis que l'admirer avec la même
révér_ence que ces g;andes çhoses du passé. Je n'ose dire qu'un
~erta1n éloignement dans l'espace" celui du Midi ferait fonc,.
t1on comm
I B .
d
.
. '
'
e pour e a;azet S Racme, d'éloignement dans le
t emps· 0
,
•
·
•
• P_ m accuserait encore de donner un coup de coude
iml perceptible au Midi pour le pousser hors de l'unité française
a ors nu'
· ·
•
'
h J1. au contraire Je 1u1 tend~ la main pour l'attirer dans un
-c œur, sous une lumière plus ordonnatrice et plus pittoresque.

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAlSE.

Souhaitons que l'Académie fasse des gestes à peu près de même
figure, établisse avec l'art et la pensée du Midi les rapports normaux: qu'on attendrait volontiers d'elle. Jean Aicard_était de
l'affreux Ersatz, et il serait temps d'en venir aux bons produits~
à l'huile d'oHve et au vin dè raisin. Après Alphonse Daudet et
Mistral, laissera-t-elle échapper M. Maurras ?
ALBERT HllBA:UDET

* **
LES PLAISIRS ET LES JEUX, par Georg.es Duhamel'

(Mercure de France).
M. Duhamel a écrit avec sa bonne foi, son enthousiasme, sa
force ordinaire de sympathie, le livre de ses enfants. Rien n'est
plus facile ni plus agréable que de se faire, p!)ur le tire,
l'homme du dedans, j'entends le dedans d'une famj lle, et, en
prenant 1e mot dans le sens de M. Barrès, d'une amitié. Si
nous restons au dehors, M. Duhamel nous· classe dans 1a peau
d'un nommé fü:rnabé, qui reçoit, entre plusieurs visages, celui
du critique grincheux. N'ayo.ns rien de commun -avec Barnabé.
Cela m'entraînerait beaucoup trop loin de faire profession de
foi au sujet des enfants, mais je puis ,au moins faire profession
de foi au suiet âes livres rur les enfants. Il serait à souhaiter
qu'on en écrivît davantage 1 autant qu'en Angleterre. Ils oi).t ce
privilège qu'on ne les fait pas de chic, comme un roma.n sur
l'amour, ou -à titre d'allbi, et qu'ils déroutent tourours une
expérience pleine et précise. Evidemment il y a dès dangers :
les gens qui colportet?t ttrbi et orbi les mots de leurs enfants, et
qui leur crêent une gloire littéraire précoce, ~nt vite. un peu
ridicules et rendent aux enfants un mauvais service. M. Duhamel ~e le fai{ qu'avec mesure, et on peut espérer que le Çuib
et le Tio;up ne traîneront pas d-ans la vie le drapeau d'éteint et
importun de leur gloire enfantine. Mais le lecteur qui n'e'St ni
parent, ni· enfant, ni Barnabé - qui n'est; èomrne -c'est le cas
dnns cette page, qu'un ~ave homme de critique all~nt à son
plaisir, - remercie M. Duhamel de foi en avoir tout de même
apporté de si savoureux. Le Fulgence Tapir de l'fle des Pii1gtmins n'a jamais regardé un tableau, mais iJ. a mis en fiches
toute l'hÏ'stoire de l'art. J'imagine un vieux_célibataire qui mettrait sur fiches tous les moJs d~enfant~ : la belle contribution à
une Logique !
ALBERT Till13AUDET

NOTES

471
JEAN DE LA FONTAINE, par André Haliays

(Perrin).

au!:nli;:~t de M. Hallays n'apporte à la figure de La Fontaine
n 1
d proF.rement nouveau, mais nuJle trouvaille érudite
d'~c~~r~ ox_e d lllfrte~prétation ne vaut, pour rendre- à un visag;
am vie et aicheur une rt .
.
tendre de prendre conta,; avec ce ame mamère perspicace et
mort de La Fontaine M
. son ~uvre. En apprenant la
« C'était l'âme l
, .aucrou écnt dans ses mémoires :
.
.
.
a plus smcère et la plus candide qu ., •
1am~1s connue-· jamais de dé .
.
e J ate
men.ri de sa ~ie. » M H lgula is~ent ; Je ne sais s,'il a jamais
· a ys aionte • « Il
,
•
.
permis que des artifices de pure litté~atu.
ne s es: 1atna1s
se-s maîtresses de noms et de
,
re, comme d affubler
ce nu'1'l
d' d
.
costumes mythologiques. Tout
-i
a lt e sa vie de ses
.I
vérité même
~ '• ,
mœurs, ue ses ouvrages est la
.
' - que quefo1s cum grano salir pour rendre le
p:opos plus agréa~le, mais qu'il faudrait avoir le goût grossier
P
ne pas sentir la
M urHall
. saveur du ,Tal. .' » C'est ce qui permet à
..
ays, sans nen forcer, sans- apologie comme s
cymsme de n
d
ans
La Font;ine. ous onner en quelque sorte les confessions de
bo!:o:Utes ses faiblesses, jusqu'en celle d~ la conversion le
me nous permet de lire
l · ,
'
extraordinaire L
en ur avec une candeur
r
. .. e Nouveau Testament ·lui paraît« un fort bo
ivre- :i,, mm·s il Y a un article sur 1J cl ·i
n
celui-de l'éternité des eines· . e&lt;lu . r refuse de se rendre t
avec -la bonté de D"
qui ne lm semble pas s'accorder
avalanco.e d
ieu-. orsq-ue l'abbé ~uget Fétourdit sous une
e preuves, le malade-commence à fléchir , à
d
peur: Une- lettre de Maucroix l'avoue
..
, pren re
cher mour· ,
.
.
muvement : c( 0 mon
&gt;
. 1r n est rren ; mais songes-tu
ue . . .
ra-ître devant Dieu i' T
.
., . q Je vais compade sa v·
.
usais comme J a1 vécu ... » Le seuracte

i

;on

doute ::t;;:~7u::i~:nt~~~ à
sentiment sincère, c'est sans
et où il dé 1 . .
lp . 'J:1 que son confesseur lui imposa
c arait · « I est dune notoriété
· •
publiq~e, que j'ai eu le malheur de compq:;e: eusnt ql~e trodp
contes il).fâm
,
ivre e
O
que c'est
et'.. nb m ~ sur cela ou.vert'.fos yeux et j.e conviens
. . un ivre a 0m1oable.'. » ll ·avait,fallu r ans et
:;~~~:e aiguë pour faire tout à coup abdiquer ce libre !!t sine::
JEAN SCBLUMBERGER

* *

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
,•47 2
APPROXIMATIONS, par Charles Du Bos (Plon).

Nous retrouYons dans le livre de M. Du Bos des pages sur
Bàudelaire et sur Amiel qui avaient été naguère très remarquées
dans des revues, et qui nous font connaître -une conscience
critique sincère et origipale. Les amateurs de contrastes opposeront par exemple sa méthode et son tempérament à ceux de
M. Lasserre, dont les Cinquante ans d&amp; pensée française paraissent
. pre~queen même temps dans la même coUectio?. M. Lass_erre
cherche à juger et à classer. M. D~ Bos cherche a sympathiser.
Il ne paraît guère concevoir la critique que comrp.e le plais~r de
pénétrer plus profondé~llt, la plume à la main, _l'âme p~us
,encore que le livre d_es é_crivains,. qu'il ,aime. Ce qm veut dire
qu'il ne prepd de la qitique que le meilleur : l'art et non ~e.
métier. Il se place à un intérieur pour creuser. De là parfois
une tension et une obscm;ité qui sont son élément même et
,q_~on ne saurait séparer de son suj~t, lorsqu'il parle de Val~ry,
de Proust ou d'Amiel. Il y a en critique deux sortes de mmes
{ ceile de M. Du Bos est de la première): celles qui comportent des
galeries, et celles qui, comme à Commentry, s'exploitent à ciel
ouvert. Et peut-être la métaphore s'applique-t-elle plus encore
.aux œuvres dont parle la critique qu'à la critique elle-même.
D'écrivains à ciel ouvert il n'en est qu'un qui figure dans la
g.alerie d'Appro~mations : c'es~t M. Paul Bourget, dont j'estime
hautement l'œuvre critique, mais ddnt je trouve exagéré de
&lt;Ùre gue les Essais de psycbologje contemporaine sont le « chef'1' œuvre de la critiq_ue française depuis Port-Royal ». Je con.çois d'ailleurs que la critique tendue, morale, un peu anglaise
.de M. Du Bos reconnaisse comme un de ses chefs de file l'auteur des Essais de psycbologie. · On aimerait le voir appl.iquer,
.avec cette méthode, qui a ses détours et qui n'est pas pressée,
.ses éminentes facult~s à 1'étude attentive et exhaustive d'un
,écrivain dont il ferait son domaine.
ALBERT THIBAUDET

*
* *

LES TROIS IMPOSTURES, almanach, par P.-]. Toulet
(Editions du Divan et chez Em1.le Paul).
Voici donc ce livre au sujet duquel Martineau, qui voulait la
:Présentation parfaite, dut souvent trouver que ses amis le har-

NOTES

473

celaient ~~ peu trop. « La critique - y est-il dit, _ c'est les
os _du g1b1er » ; et nous guettidns en effet les morceaux que
mamtes revues nous livraient (ici même l'on en exposa), mais
pour les savourer, non pour les dépecer.
Du_ Car~et de Monsieur Du Paur (1898), point de départ du
recu~1l, v~ngt-deux ans séparent la mort de Toulet ( 19 20); elle
le pnt qui se penchait encore sur la monture de certaines
pierres. Dans l'œuvre ef la v.ie même de Toulet les .Contrerimes
~t le~ Troi; Impostures figurent les mé'dailliers 'avec lesquels il
JOUa 1usqu à la fin: retirant, introduisant tour à tour, -procédant
à u?e fra~pe nouvelle, modifiant tel dispositif. Que de pièces
&lt;~.v~ngt ~01s sur l~ métier » rëmises avant que ne sortent, ne
s msent a la lumière, ces coupes infrangibles où s'accusent des
form~s toujours si élégantes, - et parfois, feinte dernière, je
ne sais quel « jeté » qui provoque.
De Toul;t e~ général, des Trois Impostures en particulier,
personne na mieux parlé - et dès ~9r 4 -que Jacques Boulenger : « • •• Les accords· que rend une sensibilité touchée
disait-il dans le numéro spë'cial du Divan... Les vérités qu'ij
énonce, on croirait qu'elles ont jailli comme des idées de
poèmes baudelairiens.
11 les a pincées par les ailes l lon21.1e.
b
ment et soigneusement parées, et piquées dans sa vitrine.
Sous leur forme rare et merveilleuse, elles paraissent moins
les fleurs de la pensée pure, que de l'émotion et de l'art. »
Les. peser dans le,s balances applicables à la pensée pure
serait corpmettre a leur endroit une manière de contresens.
Une pensee
' d'a1'li eurs ne comporte pas nécessairement un
tour : songez aux lacs profonds, limpides, de Goethe, de Schopenhauer, de Joubert ; une maxime au contraire, et la plus
d~cantée, ~t !ilt:elle de La Rôchefoucauld, - si loin qu'elle
aille _ne sa~ra1t sen passer. Ce poli de l'ébène que donne aux
Maximes 1 emploi des « termes les plus généraux » est à lui
seul un tour, et qui à leur date en constituait la modernité :
so!e~ certains que chez Madame de Sablé on le tenait, et le
pnsa1t, pour tel. Parlant de la langue de son ami Louis de la
Sa~le, Toulet écrivait: « Encore que pleine de cette modernité
qui est la condition de la vie, elle est restée dans la tradition
de Voltaire. Ajoutez-y enfin un go-Ot sûr, et cet art de tout dire comme 011 patine, de tout pénétrer sans se salir : gloire

�474

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'Athènes qu'a héritée Paris.. » Par où îoulet définit et sa
langue et son art propres. On sait assez l'adJesse imperturbable,
narquoise, avec laquelle s'insèrent dans la trame de sa phrase
ces fils aux tons acides ; comment il stylise tous les. argots ; les
effets, qu'il obtient, d'une âpre bizarrei;ie, par ces rayures en
zig-zag d.9nt à dessein il offense le champ, d'un antique ~Jason.
Le composite, mais d'uDI bon aloi. telle est sa modermté. Le
tour est essen\iel chez lui: l'espace me manque pour en dénombrer et en suivre les variétés : travail auss~ b.ien superflu après
la minutieuse et sagace analyse à laquelle Pierre Ltèvre l'a
soumis (Divan, mai-juin 19zo). L'important, c'est de ne pas
perd1 e de we que le tour id ne re4au~e pas seulement la
maxi.me: qu'il la suscite, qu'il l'i.nstitue. La place des mots, jamais peut-être semblable prépotence ne lui avait été dévol~e :
c'est leur arabesque qui dessine, et ue livre qu'en ·s on extrémité,
le sens ipéci;ll, implexe, qui à chaque fois est visé . Une ~yntax.e sur la'luelle tout a été dit, la plus expert~ et la plus hb:e, ,
qui ioue po,ur elle-même, comme ces drapenes dao~, certa.i~s
dessins de n;1aitres qui semblent soulevées par une bi;rse matinale; des suspensions, &lt;les reprises, des, changements de t-0n;
un usage infiniment subtrl de tQus- les signes de porictuation~
- et par delà les signes mêmes il n'est rien dans la phrase qw
ne soit int.érieu.reroent ponctuê.
" 1.es femmes le savent bien que les nommes ne sont pas si bêtes
qu'on croit - qu'ils le sont davant~e. 'Il,
« L'homme cherche des cooseils le plus loin, les femmes le plus
près posi;ible. Et la métaphysicienne est- encore à découvrir. »
&lt;&lt; ~ dirait q_ue la doulew: donne à ce~aines âmes une espèce de
conscience. C'est comme aux b.ultres le citron. )&gt;
« On souffre un peu, puis on se console, fût-ce d'une bonne action.
La femme d'un ami, u~ .jour aussi viendra qu'élle sera laide.
&gt;)

Bien plus cependant que dans les ma:i.imes?' c:'est dans la.
réduction à l'unité d'impressions venues des quatre points de
l'horizon, . mais perçues et stnties simultanément,., et comme
avec instantanéité, surle seul plan de l'imagination, 4ue Toulet
est incomparable. Sa défense des épicuriens, que_ cite en son
li.vre Martineau, est fort suggestive à cet égard : a. Quoi donc,.

NOTES

475

est-ce bassesse que de se plaire à la musique : « cette douce
musique, dit Shakespeare, qu'on ne peut entendre et rester
gai »,~bassesse de goûter la saveur d'un fruit rouge ; ou le
beau mouvement balancé d'une femme ; et l'ombre fraiche
coupée d'un courant, le pli d'une plaine toute blanche de
soleil ? N'est-ce rien de coordonner ces choses ... &gt;i Ce membre de
phrase, si je le détache en italiques (et combien Toulet les
eût haïes !), c'est que mieux qu'aucun .autre il nous i)lace au
point d'intersection de l'imaginaire et du réel où Toulet vécut
et écrivit: toujours atteint par les choses dans l'instant qu'elles
confluent, et atteint alors d'un seul coup, - leurs concordances mystérieuses. sont lès « nymphes &gt;&gt; que son art « veut
~er~étuer i&gt; ; pour délicate, particulière qu'elle apparaisse,
1al_bance entre _la vie et !'art est ici une des plus étroites qui se
puisse concevoir, et le heu en est la fantaisie. « La fantaisie est
une ellipse. On saute par dessus le raisonnement· ou bien on
fait le tour, pour aller plus vite, et l'o!l contin~e de courir
jusqu'à ce ,que l'on meure - que l'on meure to1.1t seul, comme
on a vécu '. )) Cett-e réduction à l'unité comporte toujours chez
Toulet exactement la longueur variable ,qu'il faut pour que l'un
après l'autre les éléments miroitent un momen.t à la surface et
les seules inflexions de la cadence insinuent la part prise ~ar
chacun d'eux dan~ l'émotion. Beaux chatoiements fugaces vus,
semble+il, à la fois au fil du courant et sous l'eau. On songe à
Boudroulboudour :
« Plus blanche en s0 11 pâ11talon noir
Que 11acre sous l'écaille ? »
« L'insuccès nous vaut d'être seul, et qu'à l'envi du genêt sur la
lande on ne soit ores connu que de l'aurore ou de l'orage. &gt;)
« Floryse, dame créole, don-ri! semble toujours que la plie le désir
ou la lassitude - sous -son vêtement qu'on entend brnire du même
s~n _que ;es sables de l~ mer, après tant de tis~u où la main s'égare,
s 1rnte, s arrête : soudam, de rencontrer ~a chair, c'est comme sous les
herbes uue source à nu. Sur l'escalier de pierre qu'elle gravissait vers
son ami, la volute d'un or tissé dans l'écarlate enveloppait sa marche
d'un murmure écumeux et nourri. Vous parûtes Floryse et sur Ie
'
s~m·1 . demeura, un instant, susp~ndu le grimoire de' votre visage
où se
dech1ffre tout à tour le vke, la· tendresse - et cette angoisse d'un
remords qui ne sera pas absous. ,» ·

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
« Les sources égouttées dans le silence de l'aurore et le réveil de _la

rainette égaient Je pélerin, majs plus encore au foyer de l'auberg~ as~1s,
d'entendre dans la nuit craquer la neige sur les cèdres et la lointaine
voix au loin de ces oiseaux mystérieux qu'enfante le courroux de la
mer.»

•

* *
« _ Oui, dit Médée, j'ai le cœut dur ; mais c'est aux pierres que

dort le feu.

&gt;&gt;

La voix baisse chez Toulet dans l'instant que chargée, jamais plus émouvante que 1orsque sonne le .couvre-feux. De
quel prix n'est pas un cœur dur bien placé? Et ceux-là, ce t'est.
guère qu'en France qu'on le:, trouve sans défa!lt.

.

NOTES

477

vu un_ journal, soucieux de moralité, demander à quelques
comédiennes et femmes de lettres leur sentiment sur ce fanfaron
de luxure, et ces dames prendre le parti des mères de famille
~ans. le style des cuisinières. Enfin, un académicien prétend
1avoir rencontré, non sous la forme du serpent de mer, mais
sous le travesti de l'autre sexe. 11 nous a conté sa découverte
qui ne rappelle en rien, hélas ! les Lunettes de La Fontaine ni
les Mémoires de l'abbé de Choisy.
Ce grand caractère littéraire, que l'on a vu tant de fois dans
le roman et sur la s.cène, est-il à ce point difficile à définir que
les psychologues et les critiques contemporains soient si loin
de s'en former une idée juste ? ou bien, ne pouvant se réincarner dans une société d'automates, n'est-il plus qu'un mythe
en décadence, où sont confondus tous les types de séducteurs
où le plus vulgaire usurpe le titre de héros? C'est moins à
mauvaise foi d'écrivains victimes du Minotaure, comme le pense
Marcel Barrière, qu'à l'insuffisance de la culture générale qu'est
due une telle incompréhension. J1 faut ajouter qu'un caractère à transformations successives, véritable Protée, échappe
aux classements hâtifs dont nous avons aujourd'hui l'habitude.
Pourtant M. Gendarme de Bévotte, dans un .ouvrage plein de
savoir et d'intelligence, La Légende de Don Juan, dont la
seconde édition est de 19n, a étudié l'évolution du héros dans
la littérature, depuis les origines jusqu'au romantisme. Un tel
livre devrait êtrë connu et tant soit peu médité par les drama-turges (terme trop fastueux !), les romanciers, les courriéristes
et les bas-bleus qui répondent aux. enquêtes. Par lui, l'on comprend que Don Juan, tel que se Je transmirent les écrivains
~'autrefois, est _f~ncièrement un philosophe libéré de Dieu par
1Amour_; un aristocrate en marge des lois, toujours jeté dans
les partis extrêmes, vers qui les femmes sont naturellement
attirées comme par le mâle aventureux et dominateur · et
' de'
enfin, pour le rajeunir à la moderne, l'incarnation même
Zarathoustra, vivant dangereusement, et cultivant l'égotisme
dans son sens absolu. C'est ce que ne lui pardonnent point les
esprits médiocres, et pourquoi ils l'ont représenté sous les
trait~ d'un fantoche ou d'un coquin. De plus artificieux, pour
corr.1ger le mauvais exemple et montrer la faillite de telles prétent10ns, ennemies de Dieu et des hommes, l'ont ramené à la

1:

* *
« Ils deviennent des almanachs de l'autre aimée. » La Bruyère
le disait : « des livres faits par des gens de parti et de cabale ».

Les Trois Impostures portent en sous-titre : almanach; qu'elles
sont exemptes de ce péril! « L'avenir qui n'est pas un juge nécessairement lucide et équitable», écrivait un jour Valéry; en
tout cas un avenir qui ne retiendrait pas l'œuvre de Toulet
serait un avenir bien peu français : certaines des plus indéfinissables qualités françaises - natives, jamais pr~cla~ée~ -:- s'y
distillent et tout ensemble s'y rétractent. Mais n anticipons
pas ; ce serait contrevenir à l'adage des Trois Impostures :
(( C'est le temps qui donne aux chefs-d'œuvre, comme aux
grands vins, la lumière, la saveur, la gloire. »
CHARLES DU BOS

** *

ESSAI SUR LE DONJUANISME CONTEMPORAIN,
par Maurice Barrière (Monde Nouveau).
Une nouvelle édition des Mémoires de Casanova, appelée à
quelque retentissement, va de nouveau inquiéter l'opinion par
l'énigmatique figure de Don Juan. Le séducte~r n'a pas ~u
bonne presse ces temps derniers, devant le public de cour~iéristes et de bonnetiers pour lequel les sieurs Rostand et Bataille
commettaient d'cmph;i.tiques niaiseries et soumettaient la
grammaire à des supplices chinois. Dans le même temps, on a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Religion ou au repentir civique. Cependant, ce Don Juan
falsifié, que n'entraine plus la statue du ~mmandeur, a be~ucoup contribué à la confusion, et c'est le Don Ju~n que 1 on
nous ressert aujourd'hui. Comme le Don Juan vivant cacha
toujours sa vraie personnaiité amoureuse sous le masque du
séducteur à la mo-de, tantôt Lovelace ou Saint-Preux, tantôt
Valmont ou vVerther~ etc .. le Don Juan contemporain, s'il
existe aurait-il consenti à revêtir les piteuses apparences que
'
.
lui prêtent le théâtre et le roman ? Marcel Barrière, qui vient
d'étudier Don Juan dans la vie, si Gendarme de ..Bévotte l'a
surtout rencontré dans les lines, Marcel Barrière répond négativement, et esquisse à son tour la figure du Séducteur, én tous
points conforme à celle que dégagea son devancier. Il y a donc
des chances pour que ce portrait psychologique, obtenu par
des investigations difiéTentes, soit conforme à la vérité, et pour
que, désormais, l'on considère le · Donjuanisme contemporain
comme le corollaire de la Légende de Don Juan.
Marcel Barrière commence par résumer les origines du héros,
que l'antiquité n'a point connu, et qui est un produit des temps
modernes, soit de l'hypocrisie des passions, à hiquelle nous
obligent des mœurs 11olies et raffinées. Sans doute, en combattant les passions de l'amour, le Christianisme a-t-il attaché
plus de prix à la chose défendue; mais ce que l'essayiste néglige,
et quî paraît être le point de _départ de sentiments profonds,
fortifiés par une réserve réciproque, est l'égalité des sexes que
nous devons en partie à saint Jér6me. C'est pour la « prudefemme &gt;&gt; que l'homme ornera son langage des« fleurs du biendire », qu'il paradera dans les tournois et chevauchera comme
le chevalier Aïol, ((_ lance levée, par les grands desrubans et
les vallées ». Si ce n'est pas tout à fait Don Juan, ce n'est plus
Achille renversant la captive sur des peaux de bête; c'est le
grand dupeur · d'Héloïse, et, bientôt, ce seront les véritables
cc enfances » du héros, avec le Petit Jehan de Saintré, l'exquis
prototype de Chérubin. L'emprise entière sur l'esprit de la
femme; Dieu refoulé comme un v.aincu dans un coin du cœur,
et entouré des Remords impuissants, voilà la volupté intellectuelle qui se fait jour et sans laquelle le futur Don Juan
dédaignerait la possession physique comme un vil plaisir de
ribauds.

NOTES

47.9

o,n a~rait aiiné que _Marcel Barrière, après un rapide aperçu
de l!tahe de la Remussance, des cours. de Fr.ançois fer et de
Louis XIV, &lt;le la Régence et ·ae la Révolution, eût dit quelque~ mots des ~éformations de l'amour, « déformations professmnnelles », si l'on peut .dire, qui conduisent Valmont •.à la
re&lt;:hercbe de fa torture et précipitent ses successeurs dans Je
stup~e du sadisme. Et que n'a-t-il repris un passage de I'Art du
Passions, où sont étudiées les incarnations de. Don Juan au
couts des âges ainsi ,que les nombreuses déviations du donju~n~sme ?... Mais !'_a uteur avait beaucoup à dire sur le Donjuanisme Conumporam., ou, du moins, sur le -séducteur étudié
d'.a~rès nature. Il rabcirde presque immédiatement, et, pour
d1ss1per la confusio11 qu'il sait être néfaste à son héros, il commence par distinguer du vrai Don Juan 1l'homme-à~femmes et
les multiple,:; subdivisions au Séducteur. Le premier, impénétra~le, est pour les femmes une éternelle énigme, et la consti~non même de sa. nature est de ne pas subir d'ascendant. II
1gnor.e la jalo_usie co~m,e le grand homme de guerre ignore la
p~, contrairement a 1 homme-.à-femmes, il s'applique à ne
point paraitre ce qu'il est. L'ûn s'impose et l'autre n'a que des
o~ligations. Le fréquent parallèle de Marcel Barrièr.e est ingémeu_x et dé;1ote de ~'expérience ; m&amp;is le suivra-t-on quand il
soutient qu au ph.ys19ue Don Juan doit être d'une anatomie
irréprochable ? On convient, quant au visage, et qu'il est audessus ou au-dessous du joli-garçon»~ qu'il lui suffit d'avoir de la
« phy~ionomie j) et des « yeux magnétiques ». Les yeux du
portrait de Marana, à la Caridad de Séville, et ceux du portrait
de Cas:~ova par son :rère. _Quant à la perlection corporelle, il
suffit d invoquer la d1fform1té du Prince de Conti, la maigreur
et le•délabr~ment du Duc de Richelieu, lequel, en outre, était
grêlé ; le p1ed
de ~ord Byron, ou encore la .gibbosité de
Maye~x, cette mcarnatJ.on populaire de Don Juan sous 1a RestauratI~n. Il est vrai que ce dernier est un produit imaginaire
de 1~ littérature de colportage, et qu'il est plut6t un bouffon
lubnq.ue. On fera les m_êmes rem.arques sur le chapitre IV de la
~aute des Femmes, où 11 est parlé de l'âge, de la cambrure du
pied et de la forme du sein. L'on ne devra guère le prendre que
co_mme un hor_s-d'œuvre _de dilettante. D'ailleurs, le critique
hu-même conVJent en mamt passage de son livre que ni le rang

?ot

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ni la beauté, l'âge ni la laideur n'importent à celui qui place en
prééminence la possession d'un caractère ou d'un cœur. Le
reste appartient à la transposition dramatique. Le chapitre des
Courtisanes n'est pas non plus indispensable ou devrait être
plus développé sur la question d'actualité des Don Juanes, que
le critique résout par la négative, tout en laissant planer l'hypothèse.
Marcel Barrière · croit donc à l'existence du Don Juan
moderne, tant est grand le pouvoir d'adaptation du Séducteur,
et d'ailleurs, sans pittoresque et sans faste, il est sans doute aussi
fréquent qu'autrefois. Cependant, l'on ne voit pas bien en quoi
le donjuanisme moderne diffère tellement de I celui du
xvm 0 siècle. Même dans la conclusion du dernier chapitre sur
les Passions au point de tme social et la Morale nouvelle, où l'on
croit entrevoir le Don Juan promis, nous retrouvons exactement Louvet et Restif, qui, des premiers, ont contribué à faire
admettre le divorce et ont défendu les droits de l'individu dans
la sujétion du mariage. Là, cet anarchiste a de grands desseins ...
mais c'est un anarcbiste modéré. Il déclare qu'il faut maintenir
Je mariage, nécessaire à l'équilibre des sociétés, mais le mariage
sans la cohabitation obligatoire si défavorable à l'amour. Cela
peut paraître le parler de Maître Renard ; néanmoins, on sait
que Don Juan est toujours désintéressé, qu'il méprise les conquêtes faciles, et qu'enfin nul n'est plus qualifié pour parler des
choses de l'amour. Donc, « mettre Je mariage en harmonie
avec les mœurs nouvelles, d'accord avec la réalité des passions;
interdire la dot et la dépendance des femmes en ce qui concerne
le domicile et l'administration des biens. Et, conclut Marcel
Barrière, rien que par les coups qu'il porte au mariage, le
donjuanisme contribue d'une manière détournée à ébranler tout
ce que le pharisaïsme contemporain représente de traditions,
de légalité, d'ordre, et même de vertus ostentatoires, car la
séduction est, socialement parlant, une des justes revanches de
la nature contre les coutumes qui tendent à la domestiquer. J1
Il s'élève, enfin, contre l'hypothèse de la polygamie, qu'il considère comme un élément de dissolution des mœurs, et un
retour à J'esclavage; car, « le donjuanisme, qui fut la Chevalerie
au moyen âge, et qui est dans les temps modernes l'essence de
la galanterie, a pour effet social d'imprégner les mœurs amou-

NOTES

reuses d'un haut caractère de politesse ... C'est toute la morale
qui suffit aux passions. JI
Ce livre, d'une lecture attrayante, bien pensé et bien ~crit,
notamment dans le chapitre de la Séductio11, se termine par
cette belle phrase : « Satan ne sera plus considéré comme le
génie du mal et l'ennemi du genre humain: le démon n'est
autre chose que la seconde face de Dieu lui-même, c'est-à-dire
la Nature. » Une allégorie voisine, celle du Satyre de Victor
Hugo, répondrait plus exactement à Don Juan, en réYolte
contre le Ciel.
FERNA. o FLEURET
,.
* ,.

LA CONQUÊTE DE LA JOIE, par Raymond Sclrwab
(Cahiers Verts, Grasset).
Quiconque aime Suarès aimera sans doute aussi la prose
lyrique de Raymond Schwab. Edifier une règle de vie
héroïque, noble sur un fondement d'égotisme ; exalter chaque
minute ; prendre une conscience exacte et ardente de la valeur
de chaque acte quotidien et le rattacher à un grand système
passionné, autant d'e1'.ercices excellents pour des époques plates,
trop heureuses, et de ce fait un peu mornes, comme l'étaient
l'an 1900, ou même l'an 1913.
Mais, en 1922, où tout autour de nous tourneboule et
chavire, où les Empires s'écroulent, où l'héroïque et le tragique sont partout, on peut préférer à un art semblable, un
art plus simple et tout d'allusion. Dire la vie d'aujourd'hui,
l'énumérer sans commentaire, c'est peut-être créer plus d'émotion que d'expliquer, fût-ce aYec l'art.de M. Schwab, la mécanique sentimentale de Louis XIII ou de içolas E.ollin, chan.celier du duc de Bourgogne.

,.

BENJAM J.

CRÉMIEUX

* *

LITTÉRATURE

ET ORIE T, par Hmri Tlmile

(Messein).
Lieu géométrique où l'Europe, l'Afrique et l'Asie se rencontrent, lisière de 1:orient et de l'Occident, suspendue entre tes
1eux immensités de- la mer et du désert : l'Egypte. C'est son
Jmage antique et nouvelle qui donne son unit à ce recueil d'ar31

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tkles critiques et de proses lyriques d'un Français né - et établi
là-bas. Henri Ttl:tuile prend sa place parmi les meilleurs écrtva-~ns
de la renaissance égyptienne; Marinetti, .Ungarettî, Alb-ert Ad.ès,
Albert Cohen, Héli-Georges Cattani. Son,apport dans. ce renouveau, èest un mélange de culture gréco-litine, française, musul:.
mane 'et bouddhi4ue. Ses·- pages critiques 'sur la,,littérature française d'aujourd'.htti sont souv.ent contestables, parfois un peu
naï:ves ou bien trop sommaires. Ce qui fait le prix1de ce livre, ce
sont cinquante ou soixante pages d'anthologie, où la fluidité helMni-que, la chaleur orientale et la saveur du Mek;oub islamique se
trouvent curieusement unies. Il faudrait citer : « Voici la côte
~échiquetée de la Marmarique doucement ap.puyé&amp;aux .genoux
de lâ mer. .. Lii, seute moissôn de ·ces ciel~ est ce1te de la
lumière. Elle monte immensément de toutes ·parts' Jcomhie une
acclamation .. :· Adieu Europe t Je ne reverrai pas 'les t0lts de
tuiles. )) cr Quand .vienâra le mon1ent du suprême dépai;t. et
qu'it faudra larguer ies boùlines du vent, amenanttdstemé"nt le
dernier de nos l'ê,•eS-, ah ! Pargas, que ce soit le- pavilloB d'un
jour heureux ! » Et ces counes de chevaux ,:m C:aire qu'eût
aimée~ Henry Levet : c&lt; La fanfare d'ilœ régiment anglais lançait
à toute volée des bouffées de Carmen {!US naseaux du vainqueur. ))
-BENJAMIN CRÉMIEUX

ll'OTES

LA POÉSIE

, l

L]; COFFR,E'f DE SANTAL, par Gharles Cros (Stock).
On a rouvert ce coffret de bois 1parfumé et' l'odeur légère qui
s'en êéhappe encore est plus douce à respirer que l'âcre odêur
de la poésie à la mode. _Les lacs du Souvenir sont plus\ bleus
que les lacs de pétrole et -les vers .de Charles Cros n'ont pas
tant vieilli que certains . de ceux· qu'on écrivait il y a -trois ou
quatre ans. Les thèmes poétiques cher&amp; à Verlaine et à tous ces
jeunes gens qui c:herchaient fortuné autour du Chat-Noir de
Rodolphe Salis, Charles Cros les emploie,. non pas avec la
sfireté du cc Pauvre Lélian », mais a:vec_ une gaucherie charmante et ridicule.Je ne sais si les jeunes -gens de ma génération
gofitent encore cette roman-ce- qu1on chante si bien· entre les
quatre murs du Lapin-Agile où les araignées du _soir annoncent
un éternel espoir aux jeunes femmes qui)aissent cr:oire qu'elles
prennent de« la neige » (lisez ~ cocaïne)·, à leurs amants qui
feignent d'écrire -:
Soif$ un roi .tJ'Alle711agne 11,ncien,
Est mort Gottlieb le tmtsiciw.
011 l'a cloué sow Zesplqncbes.

*

* *

LES BALS DE .PARIS, par And.ré Warn_qd (Ed.

G. Cr~).
Va-t-on comp0ser une bibliothèqu~ technique des "Plaisirs
d'aujourd'hui? Pour l'amour et la cuisine, les ouvrages de fon-cl°s
ne manquent pas. - Il .y a de bons manuèls ·de - poker. Enfin,
voici l'ouvrage de M. André Wamo_d SUI' les bals de Paris.
Bals, cafés et cabarets, du même auteur, faisait déjà autorité
avant la guerre, surtout à l'étranger. C'est grâce à des livres
moins bien faits que la France a rayonné jadis. d'un inégalable
éclat. Ces spectacles populaires n'ont~iis pas - e'fe,rcé sur
l'impressionnisme, l'idéalisme et J.es formes d'art nouveftes une
influence comparable, à celle de la Cour sur l'art français du
xvrre ? La java, telle qu'on-la danse ifu baf Ùotdb-res -lorsque la
salle s'éclaire en f&gt;leu, vllut tous les voyages. Le livre de
M. Warnod y con'duit
PAP'L MORAND

Toute 1a salle reprend en chœÙr :
1

Hou ! H01i ! Hou !
Et le chanteur achève :
Le vent soufjle dans. les b;anches.
Charles Cros fréquentait chez Nina de Villard où se réunissaient
des poètes, vers- 1890, Germain Nouvea)l, Jean Richepin c&lt; qui
a mal tourné ,)), et_d;autres que je ne nommerai pas pour m'abstenir d'une éruditîon trop facile. Il est l'auteur du Hareng-Saur,
monologue bien connu dans les. cours de didion où les adolescents imp-a!:ie.nts d'être des bommes jouent les héros &lt;lu répertoire, sous les yeux rieurs des jeunes filles .qui rêvent d'entrer
au Conservatoire. Chatles 'Cros est Cauteur aussi de di-zàins
réalistes. On y lit parfois des .vers presque semblables au distique. cé.lèbre. de Coppée :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour interroger les morts du.« paysage impla"able », pour célébrer le sacrifice de ceux q.ui tombèrént sans foi et sans espé-

Depuis quelque vingt a11s, le nom~ui Marc Lefort
Est mécanicien sur ta ligne 'Ju Nord.

ivµîs ce qui sauve l'auteur du Coffret de Sà~tal, c'est d'être,
malgré ses fa_iblesses ~t ses imperfections_, ~un pgète vraiment
~ensible. Un autre n'aurait pas écrit_&lt;:es y~rs -délic;,ieux et puérils
sur

Un Miroir :
Toutes les fois; miroir, que lu lui setvïras
A se mettre du -noir aux yeux ou sur sa joue
La poudre-pm/umée;:cu bien dans uninnoue
Charmante, SQlf:çarmin-mix lèvres, tu dircis : · •

r.
l.

«Je dommis 1·efiétanl les ·vers, que stJ.r l'ivoit-t
Il écridt ... Pourquoi de vos yeu:,çde t•elom's,
De votre chair, .de"uôs~1èvres p&amp;r éeNitours,
Rendre plus -1clatante mcore la. victtJfre ? »

.

..,..; .,. . t:T' ..

.

ou pour tresser en l'honneur de son ami Paul Drouot les guirlandes funéraires de l'amitié.

(Editions de l'Eq-qerr~., Bruxelles).

•. '
l!

GEORGES GABORY

*

f' aime les frais matins peuplés de tourtei·elles,
Les ciels purs et lav4s ccmme des j quarelles,
L'azur, tant_fe qu~ cha1_7-te et tout ce iui sQur~t,
L'humble lila.i,{j /fi s'ouyre) t doucemetJ/ flf-v,rit,
L'oiseau ccmmè t,n désit- posé de bra~1!be e;,, branche, Et, .dans uii'jardin c7àir, avêcsa. robe bJAnche . .. '

-.

Et n'ayant que la gloire et l'hoimeur pour tous dieux,

tA FOI DU DOUTE, poèmes, par Pierre Bourgeoi;

Charles Cros a chanté l'amour, ses plaisirs et ses peines et il
est très doux de lire ses vers d'une voix discrète, émue et qu'on
voudrait soutenue par un clavecin mélapcolique, dans un boudoir rose et fané, à quelque jeune femme sensible dont on est
aimé sans le savoir et qui ne s~ura jamais qu'on Taime.

* *
AQUARELLES, par Emile Henriot (Emile-Paul).

rance

ROGER ALL4RD•

I

Alors, si tu S!frpr_e~·,Jl quelque regarà pe~•en,
Si de l'amour présent elle est distraite oit fasse,
Brise-t&amp;i; mais ne lt:ii sers pas, petite glace,
À s'orner pour un a.utre, en riant de mes vers.

NOTES

Ces poèmes ne sont p,oint médio:cres, ils .sont mauvais . D1où
-vient qu'on puisstdes lire ayec sympathie ? Il y a d'ans le « cas·n
de M. Pierrè Bourgeois,,quelque· chose de tragique et l'on voudrait vqler au secours du poète·noyi dans ses phrases. Tant de
vase et tant d'algues- brisent l'élan ·du nageur.
Sans doute l'auteur ne conçoit-il rien dairement, mais _à la
qualité de certaines -imâges on _reconnaît !!.artiste à naître. La
preuve que ses strophes ne sont pas indifférentes,. c'est qu'on
aimerait les refaire e11 supprimant les neuf dixièmes des adverbes,
épithètes et substantifs abstraits. Je me suis ,amusé à leur appliquer une « grille » comme aux. textes brQuillés. Les. r:ésultats.
sont concluantS: : je les tiens à la disp·osition de M. Pierre
Bourgeois.
PAUL FIEREN.S.

*

* *
..l

32· DÉCEMBR~ suivi de quelques mirlitons antérieurs,.

b
t

J\près une telle_ profession de foi•, on n'attendra pa.s de
M. Emile Henriot des.sentiments rares ou des images imprévnè5:
U aime à poursuiyre , S,QUS les, saules la muse, .habitante cks
coteaux modérés . .Elégiaque avec di scrétion, matérialiste. et
panthéïste sans trop de rigueur, il rencontrt\ de fermes aeçent(

par Jean-Victor Pellerin (La Sirène).
Si d'aigres sonorités nous émeuvent, c'est à la faveur d'uœ.
complot sentimental où la musique elle-même n'a qu'une
influence réduite. Le piston de village élargit" ainsi les soirs dejuin_; l'orchestrion coagule l'éparse tristesse des champs de
foire. Qn n'a pas envie de reprocher à M. Jean-Victor Pellerin
son amour du mirliton, mais ses-chansons et calembours de caféconcert risquent fort de trouver peu d'écho. Question d'atmosphère sans doute ? Précisément, l'impuissance du poète à créer
par ses fausses notes l'état d'indulgtnte sympathie qui les ferait
entendre sans déplaisir, se manifeste à chaque page dans la moi.-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tié versifiée du tecueil:· On pouuait'mieux employer cette vir..
tuosité fa&lt;:ile qui, ,surveillée, deviéndrait un charme.
•cl
Quant à la méditation qui préface le volume, elle exprime
gracieusement plusieurs banalités. lei,encore il pourrait être fait
meilleur usage du mirliton. Je suis à recommencer », s'écrie
M, J .-V. Pellerin. ,Qui eût osé le lui dire si crûment ?

«

PAUL FIERJ!NS

LE ROMAN

MYRRHINE COURTISANE ET MA_RTYRE, par Pierre
Mille (Ferenczi).
.1
M. Pierre Mille vient d'étfüe un,rom·:m antique. On~'y attendait pe11,. Pierre Mille est une intellïgence, un observâteui, un
moralisfe.-·C-e n'est pas un anitµateur; jusqu'ici, il a pa:ru avant
-tout raisonnable. Or, pour, ècrire un roman historique, il faut
.s'halluciner soi-même. Cela·peut paraitre étrange, c'est ainsi.
Nous nous intéressons peu.à !'Histoire, et beaucoup à l'auteur.
Les. Martyrs, Notré-1Jame de Pa-ris, Saùunmbô, ne valent querpar
l'imagination. Et aussi peut-.être l'Histoir:e ·de Mîchelet, les 'Ori.gines de Renan. , '
·
r,
,.
Piel'te Mille :rune forme de' l'imagination : l'humour,' la fantaisie. Sur ùti trait de• mœurs obsei:vé, il sait bâtir une histoire
caricaturale qui, e!xagér~nt le tra:it,de mœurs, lé"fait sentir et le
ridiculise. IU saieaussi· répro-duire la réalité en l'analysant,~en la
disséquant!. Si Barnavaux est sous ses yeux, il ne le dessine pas
en deux coups instinctifs, il le décrit ·par petites touches. Il est
do~c le, fOntraire d'un fa\seur d'épopée~:
Ce n'est' pas ùne épopée qli'il .a voulu_ écri_re, bien qu',11 ait
repris le sujet des Martyrs: demiè e grande pêrséëhtï°Jn ''dés
chrétiens. Epoque trouble, toute jaillissante d'enth~usiasme et
defolies . .Pierre Mille s'efforce dé nous tncmtter que cette
épque fut l&gt;anale, que les martyrS' furent 'des hommes mdinaird.
C'est;me idée divertissànte à soutenir, un paradoxit, le · suret
d'un conte.:..Je ne ,sais pourquoi. Pierre Mille a pris run to-d si
grave, a -&amp;rit plus" de 200 pagés, pohrqu-0i 'a 'bour-ré';scHl li&gt;Jre
de notes prises à· l'An'.thêilogie., aux Actes des Marryrs ou au~
.ouvrages des spécialistes. Ç'est beaucoup d'eml:&gt;artas pour un~
fdée si frêle, si peu jt!stili'ée-. ·I l y .â' bien plus ·de vérité dltt1s
P-0lyeucte que,dans tQus'1es hêr.os~de' Myrr'him. 1 Le1 patfüms les

1a

ir

HOTES

plus délicats du scepticisme ne nous feront pas croire qu'on se
fuit supplicier par vice ou sans savoir pourquoi.
.
Pierre Mille, n'ayant pas vécu à Corinthe sous Galère, n'y a
pas ttouvé ·un narnavaux à observer.' Les types qu'il a inventés
restent p-âles .. Et l'in·évitable festin philosophique de ce rornan
grec n'apporte aucune· nouvelle 1ueur. Il me semble que, dans
l'œuvre toujours honorable, souvent amusante, -parfois brillante
de Pie:rre Mille, cette-Myrrhi1tt reste un frvre inntile.
Et -par quelle fantaisie Pierre Mille appelle-t-il frène la pauvre
servante qui ·fat la mère de Constantin ! Tant d'érudition
déployée J&gt;OUr arriver .à ce lapsus? Pierre Mille n'aime suère
l'histoire.
PA'UL RIVAL

*

* *

L'AMOUR ET LA MORT DE JEAN PRADEAU, par
Chartes Silvestre (Plon),
Le paysan en littérature a un sort singulier. Il semble qu'~n
ne puisse le 'p eindre au naturel et que sur tout roman de la vie
aux champs il y ait un frottis ou de bitume -ou d'azur. Est-ce
une fatalité ile la matière, et l'une des mélancolies du genre ?
te romancier qui a très vif le goût des choses vertes prête peutêtre à ses paysans, malgi:é qu'il en ait, quelque air de bucolique;
et celui qui ne l'a pas en fait des brutes que mène l'instinct seul.
Pu1s les effets sont si faciles à marquerici qu'on est porté à donner le coup de pouce. Âu mo.yen ~ge déjà, d'un côté des farces
vî.llageois-és, de l'autre dès bergeries d'amour tendre et d'eau
fraîche.
Et l'on est encore à discuter du véritable rustique! Sera-t-il
aux couleurs de Sand ou aux couleurs de Zola? Le bon, le vrar,
le seul, dit l'un, c'est la bête humaine puant le bouc et le -fumier.
L'autre jure que ce cul-terreux à la naturaliste est outré et -faux,
et qu'à bien voir la bonne dame de Nohant est plus proche . du
réel, Pour peu qu'on ait pratiqué les campagnard~, on peut a1s~ment s'autoriser d'exemples. Pour ou contre.
Si l'on renonçait à ce bavardage et qu'on voie en ces conceptions contraires d'eux vérités (( répugnantes » selon le mot -de
Pascal, mais vraies _toutes deux?.({. D'ordinaire il arrive que ne
pouvant concê-roir le rapport de deux vérités opposées et
croyant que l'aveu de l'une enferme l'exclusion de l'autre, ils

�LA NOUV.ELLE REVUE FRANÇAISE

/

(les hérétiques) s'attachent à l'une, ils excluent l'autre, e.t pense.nt gue nom;, au contraire.)&gt; Pour être dans le vrai, le.romancier
doit voir dans le paysan un homme cap_able de bien et de mal,
- parbleu ! - et de plus de bien e't de plus.de mal peut-être.que
ceux q·ui sont moins proches des éhose's .naturelles. Le rapport à
concevoir ici entre les deux vérités, l'optimiste et la pessimiste,
ne peut être donné que par un fort .sentiment de la vie rustique.
Non le sentiment de la nature, à la Jean-Jacques, gui compoi:te
un certain éloignement des hommes-, mais de.s amitiés terriennes,
comme Barrès dit: des amitiés françaises. Ces amitiés seules
font ll.'.omprendre comme,nt les bassesses .et les grandeurs du
paysan, ce qu'il a parfois de bestial, parfois d/bibliqu~ et d'idyllique, tiennent à ses mœurs et conditions, c'est-à-dire à sa terre.
Charles Silvestre a ce sens du Limousin qu'il lui fallait avoir
pour écrire un roman complet -sur ses paysans. Sympathique~ et
antipathiques, jeunes et vieux, hommes et femmes, it a dessiné
une dizaine de personnages, variés et bien suivis, qui sont · en
somme des types, les types essentiels d'une galerie camp..agnarde. Ces gens-là, suffisamment individualisés, soot vrais
et présents: les ruraux de chez nous dans· la guerre, en un
moment 01.1 tout passion:pa.it la vie, les uns sê dépas.sant pour
s'égaler aux circonstances, les autres lâchant la brid·e aux désirs,
âux convoitises,
Si Charles Silvestre a forcé légèrement certains contours, c'est
en restant dans !-aligne. Pas de ces traits de mœurs que Zola
estimait sans doute champêtres et significatifs, tels que celui de
l'idiot violant sa grand'mère racornie. Mais son père Breuil,
répugnant bonhomme, ladre et lubrique, . e~t poussé assez au
noir, tandis que son Jean Pradeau pourra paraître idéalisé, _bien
qu'il ubus le montre d'organisation nerveuse et affiné par la
mala&lt;lie. Le portrait de la vieille mère, si bonne femme, toute
de cœur, semble .eir.cellent de stîreté et de relief.
Dira-t-on que la probité de l'ouvrage etît exigé un peu plus
de sobriété? Si peu que rien. Un mot de, trop. parfois, dans le
dialogue. Celui d'ailleurs qui parlera le plus au gros du public.
Mais tant de paroles d'u.n naturel et d'une bonhomie qui sont la
vie même! Et cela va loin. En usant des mots les plus ordinaires,
ces gens ont parfois des phrases, de véritables cris humains, qui
leur prêtent de singulières proportions.

NOTES

·· La cueillette des pommes .où ne, s'échangent que de menus
propos, presque des clichés, reste une idyUe d'un ton.fort j:uste.
Les pages sur l'agonie de Jean Pradeau, sa mort, la peine de la
vieille mère, sont émouvantes, d'une émotion prenante et non
sans grandeur. La saveur tragique du parler populaire, aipsi
qu'une langue pleine de sève ·et de montant font &amp;eaucoup
pour ce livre. Mais il a une vertu de belle humeur, de tendresse,
et surtout d'émotion, on -ne sait comment venue.
Ces dons même font qu'on peut en vouloir à Charles Silvestre
de ne pas employer toujours au mieux son talent. M. d.e Balzac
parlant d'un poète de son époque disait : « Il lui prenait parfois
des enthousiasmes assez agréables. » Ce compliment -vaudraitil, fait à un romancierr '? Une apostrophe au J:..imousia tient un
peu du morceau de bravour.e. Des pays~ges trop brillants,
avec des agréments de style, font retrouver- l'auteur, alors qu'on
était devant ses campagnards. Charles Silvest!e c'est .le Limousin même: il n'·e tît ri'en dtî souffrir en son P.radtdu qui ne ftît
de veine agreste.
Voilà bien ,des reproches? Non, touiours le même. n· ne
manque rien à ce li,vre si ce n'est quelques suppressions.
Il se pourrait qu'-On ftît en droit d'adresser à l'auteur d'autres
critiques. Mais au bout du compte un ramander qui montre
un tel sentiment de la vie rustique, et qui a de l'âme en même
temps qu'un goût vif pour le réalisme, est un homme sauvé.
HENRI POURRAT

LE CABINET NOIR~ par Max Jacob (Bibliothèque des
Marges).
Devant nous, Max Jacob o,uvre des lettres qui ne lui sont
pas adressées. Comme poète, · n'a-t-il pas sur tout droit de
regard, au même titr.e que le Ministère de l'Jnténieur ? En se
jouant des difficultés, l'auteur réhabilite le haut commerce
parisien et restitue à la petite bourgeoisie provinciale tout ce
qui lui est dû. On se rend compte après l'avoir lu que les plus
puissantes firmes ne sont pas à l'abri des embarras de l'amour
et qu'en. banlieue les gémissements ont leur saveur secrète. Dans cette chambre noire, un monde inoubliable, pris au
plus petit diaphragme, vient jeter son image renversée, comme

�490

LA NOUVELLE REVUE FRA.NÇA.ISB

dans les sources. Panni ces lettres, celle de

Mlle.

Bernard

Ma tante, vieille chipie, je vous avertis d'avoir à vo11s taire ... l))
et celle d'une jeune ouvrière au fils de son patron ( « Je sentais
bien que vous n'étiez pliJr comme avant, du temps de l'avenue Pbilippe-Augurte ... l)), iront au ciel,
Faut-il répéter que Max J.acob est un de nos maîtres, et qu'il
(«

embellit notre époque?

,.

PAUL 1'.0RAND

*
* *

LA FIANCÉE MORTE, par ].
marion).

N.

liOTES

ravages exercés par l' opium sur Je bon gollt de ceux qui en
usent dans leurs livres, sont bien gunds.
L'ouvrage qui nous ocaiJ&gt;e échappe à tbut reproche de cette
sorte. L'auteur décrit des scènes et des sentiments nécessair&amp;
ment flottants avec un remarquable souci de la nuance juste.et
un parlait sens de la mesure. Aucune exaltation de mauvais
ton ; rien qui sonne creux dans sa fumerie. Et certains pass:ages,
plus aérés, laissent voir. que ces qualités -peuvent s'appliquer
aussi bien à l'observation de la nature et du réel.
JACQUES DB LACRETELLE

Faure-Biguet (Flam,

Selon une antique légende slave, lorsque, jadis, une fille
mourait vierge, la coutume était de Ja fiancer à un jeune
homme, mort lui aussi sans avoir pris d'épouse . « Pour ces
deux .fiancés d'outre-tombe on dressait des contrats, comme
s'ils eussent été vivants. Et le jour de leurs tristes noces, on
brôlait les parchemins et les présents qu'on leur avait offerts.
Ainsi, sur l'aile légère du feu montait vers eux, jusqu'au monde
qui est au-dessus de la terre, la nouvelle de leurs fêtes nup.tiaJ.es. _..
Tel est le thème très poétique pu lequel M. Faure-Biguet cherche
à expliquer l'anxiété sans c:mse et les désirs mystérieux del a jeune
danseuse russe dont il nous conte la vie. Isis - c' est le nom
que lui ont donné ses amis-croit que l'âme d'une de ces lointaines fiancées mortes s'est incarnée en elle ; et elle épuise sa vie
terrestre à retrouver l'autre âme. L'action est voilée tout du long
par les légères fumées de l'opium .
Le défaut d'un tel sujet est qu'il réunit trop d'éléments artificiels : l'énigme d'une vie antérieure, l'extase de 1a danse, les
rêves de l'opium, etc. •De ce fait, les personnages, si vrais et
si finement exprimés que soient leurs sentiments, ont une
fignre quelque peu :fi.ctive. 'L'artificiel, dans la littérature, prend
.des formes successives qui varient comme des modes. On dirait
que chaque génération d'écrivains a. sa névrose particulière.
Voilà vingt-cinq ans, c'était le culte des lys et la mode de la
r~be « Sixtine li. Aujourd'hui c'est la vogue des ·danseuses nupieds et la passion .de l'opium. Les romans où fon assiste au
« dér?ulement des voiles » et où l'on entend « le grésillement
des p1pes ll ne se comptènt plus. Et .généralement, hélas ! Les

* **

,
!.:'ENLISEMENT, par ]ea11 Monique (Rieder).
Il s'agit de l'enlisement progressif du« pion» dans le répétitorat. Nulle déclamation·, nul didactisrne, une-série de notations
justes et sensibles. ~ull. très beaux chapitres : celui où le pion
« chahuté » réussit à remonter le courant et à o: mater »· son
étude de« mo1ens .,, et celui où il s'abandonne à la boisson.
Le reste du Jiwe inspire une vive sympathie pour la sincérité
-et le talent de l'auteur, mais ne va pas sans monotonie. Lesimpressions s'égrènent un peu au hasard, sans avoir le éharme du tontveoant impressionniste. Elles ne · oous sont pas livrées d'une
façon assez directe, elles sorit trop transposées, sans former
cependant un ensemble construit.
Les matérianx-0e la bâtisse sont rassemblés, la maison n'est
pas construite. Cest dommage, les matériaux étant (pour dire
vite) d'une qualité analogue à ceux de Charles-Louis Philippe
et ce livre étant de ceux qu'on n'écrit pas pour s'amuser, mais
avec tout le sang de son cœur.
B. CRÉMIEUX

** *

L'OPHÉLIA, histoire d'un naufrage, par Marius-Ary
Leblond (La Sirène).
Certainement le livre est réussi, car il est pathétique, prenant, et tenace . L'imagination de-meure occupée de cet ilot,
mince et triste, au ras d'une mer étincelante où les coraux,
comme de grands pièges à navires, bl'ttknt en couron nes de
hlmière sous Jei e{!UX tropicales ...

�49 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il y a profit, même pour un romancier, à 11voir vu ce qu'il
entend faire voir. Madus et Acy Leblond sont de grands voyageurs, et l'on gagerait que ce naufrage eut lieu, en effet, ou que
ce fut tout comme, dans le canal de Mozambique. Bénéfice
énorme. Je suppose qu'avec du goût et le sens de la fiction, un
littérateur peut trouver « ce quelque chose qui embaume une
page», c'est-à-dire le détail, efficace comme une odeur, qui à lui
seul fait atmosphère. Mais quel talent ne lui faut-il pas pour que
son ouvrage ne sente point le concerté, la facture, un certain
échauffement de fantaisie. Les plus grands n'arrivent pas toujours à composer cc philtre de l' « ailleur,s », philtre où l'inattendu, l'agrément, la surprise, et une ingénuité, une facilité, je
ne sais quoi qui fait accepter sans étonnement cela même qui
vient Je nous surprendre, entre.nt peut•êtœ à parts égales.
La sincérité de la vision a d'autres avantages : elle permet
une meilleure économie de l'intelligence et laisse disponible et
fraîche l'imagination que sans cela l'invention viendrait peutêtre suppléer. Ainsi, dans l'Ophélia, ce qui se fût dépensé en
fiction, approfondit la vision, la fait hallucinante. Le livre,
d'une saveur toute moderne et plein d'ailleurs de traits originaux, communique un sentiment singulier des races, des
faunes, de ces peuples d'oiseaux. aux mœurs particulières qui
hantent les iles australes, de la mer et de ses formations madréP,Oriques. Vie et mystère de l'être, vie du groupe, vie de
l'animal, vie des éléments. C'est ici que l'on retrouve vraiment
le got'\t frais du voyage. D'où il suit qu'un tel roman d'aventures, - si l'on veut, - a plus qu'un autre valeur humaine . Les
trois hommes de mer qui s'affrontent sur l'île aux oiseaux sont
des vivants, avec leur vie à eux, leurs particularités physiques,
leur odeur animale. L'histoire, en son étrangeté même, prend
du poids, devient riche de sens, passe en somme dans la région
du symbole.
L'Ophé/ia, histoire d'un naufrage ... Naufrage d'un bateau,
naufrage d'un individu, naufrage encore du bonheur édifié par
deux êtres enthousiastes ...
Marius et Ary Leblond sont les romanciers, - laissant au
mot « roman » tout ce qu'il enferme d'épique et de lyrique, de l'effort français à travers les races et les pays ; ou plutôt d'un
certain enthousiasme à la française fait d'intelligence, de zèle,

NOTES

493

de vaillance, de noblesse de cœur. Les poètes de notre génie
en action dans le monde. Leur trait propre, c'est ce caractère à
la fois de lyrisme en fleur et de sérieux intellectuel, Sans être
nourri de réflexions comme En France, ou même comme
le Miracle de la Race, ce roman ·est macqué de la double griffe.
La force qu'il garde d'être quasiment un document, ces
impressions cutieuses, ce. goftt de vécu, et d'autre part la péripétie vive, la concentration du récit, son chiffre elliptique, lui
donnent un reli_ef singulier. - Faut-il dire qu'un certain abus
&lt;les mots et des phrases soulignés désoblige un peu, comme
un manque de confiance envers le lecteur? - Que le livre soit
riche en couleurs, cela se voit d'abord: ce qui importe davantage, c'e.st qu'il est aussi riche en nature.
HENRI POURRAT

LETTRES ÉTRANGÈRES
L'ANNÉE LITTÉRAIRE EN lT ALIE.
Les douze - ou plus exactement les dix-huit mois - qui
s'achèvent ont été marqués dans les lettres italiennes par la
mort de Giovanni Verga et de 'Renato Fucini, Je premier plus
qu'octogénaire et le second proche de l'être, par la publication
du Notturno de Gabriele d'Annunzio, de la Storia di Cristo de
Papini, du Rubè de G. A. Borgese, par la représentation de
Sei personaggi in cerca d'autore de Luigi Pirandello, par la parution sous les auspices du groupe de la Ronda du Testament
littéraire de Giacomo Leopardi et enfin par la création d'un certain
nombre de nouvelles revues littéraires (Lo Spettatorc, Trifa/co,
l'faatne, Primo Tempo etc ... )
Depuis quarante ans, Giovanni Verga ne produisait plus et
Renato Fucioi depuis vîngt . Ils étaiept de stature inégale :
Verga est un grand romancier, Fucini un aimable conteur
toscan. On continue à lire et à aimer Fucini en _Italie comme
chez nous les Lettres de mon moulin, ~is aucun des cooteurs
toscans d':\ujourd'bui, nj Arden.go Soffici~ P..i Bruno Cicognani
ne le contiJ)uent en ligne directe.
La littérature toscanisante a pour -elle foute la saveur du parler
de Florence, de Pistoie ou de Sjenne, _une vivacité, une grâce, un
primesaµt auqui;l on ne résist~ pas; c'est _un sourire perpétuel,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

495

même s'il lui arrive, ce.-qui est rare, de larmoyer. Mais ce n'est
qu'un plat local, qui.a kragoüt du.4ialecte (avec, simplemeot,
la cham::e de pouvoir ~tre absorbe par tous d'un bout à l'autre de
la péninsule, le patois .to·scan-fotma:nt les huit dïxièmes de la
langue-it:iliennei,.et au-quelles grands sujets, 1esgrandesé'motions
-sont interdits. JI faut .reconnaître .avec les détractè4rs du toscan
-quefa.bus de cette littérature risquerait, si l'on peut •dire,, (&lt; d'empatoiser » l'italien, de Jui enlever toute valeur universelle, ou
seulement 11ationale::: Cette ·- querelle ·au toscan et de Y-italien
n'est toutefois...pas , près. de cèsser~ La publiaation des inédits de
Fucini a contdbué-à:Ia ranimer. ·
I
Il y a.y.ait eu en Jtalie .depu1s ,l 'armistice un vif me&gt;u'l!etnennle
sympathie de la part des jeunes et err particulier :des néo-classiques dans la direction de Verga. Sous le vérisme du romancier
des Malavoglia, on avait aisément découvert, le jour où l'on
s'était mêlé d'y regarder de près, une sàbriété-, une force con•
densée, un ramassé dans l'expressiçn et en même tep:ip~ un
lyrisme sous-jacent qui le·iirent aussitôt 'qualifier de «-grand classique ». Cè fub:::é-dassicisme qui fut cél-ébré l'ors- de son quatrevingtième anniversaire . .Depuis lors, ïl est peu ae prosateûrs -qui
ne se.réclament de lui ; les définitions les plus contradictoires
de son clas-sicisme so-ntfournies ohaque- jour, les conséquences
les plus diverses tirées d:e son œuvre. Il n'existe pourtant pas une
doctrine littérair.e solide·issne de Verga ..Et, croyons-nous, il ne
saurait en existér. Ses romans, que leur rythme 'intérieur fera
durer, obéissent extérieurement à une concef&gt;tion périmée, celle
de Zola. Or le rythme 'intérieur propre à Verga ne peut s1eriseigner, ni s'imiter. Ses nouvellës, du· moins certaines d'entre
elles : ~avalleria Rusticana, La Lupa, Malal'ia, qui f:iignent la
brièveté saccadée de Mérimée au « charme 11 de Balzac., pour•
raiènt, sémble-t,il,.offrir -des modèles-&lt;l:e récit, ,mais .personne ne
semble jusqu'rci s'. en .êtr.e.. aperçu. On a beaucoupsdisserté sur
l'art de Verga depuis. 19·19, nul ti'a encore 'Cl'un·e façon
évidente et per,sonnelle tiré'parti de son grand enseignement.
La lutte des andens et- qes, modernes continue, toujours
imposée par les tenants de la tradition, le groupe· combatif et
1mpitpyable de la Rond.a. Par malheur, aucufie œuvre .originale
n'a été produite par les· compagnons de 'la Ronda, et les trois
lîvres marquants de l'anné~ échappent tot'ilement à, leur

influence. Il a déjà-été rendu -coinpte foi: de l'Histoin -du Christ.,
œuvre ~un gr.and styliste, màis. un pen en marge de. la littérature·, nktée.·pàr '.une concepti-Oa mystko-romantique et quasi
prophétique de l'histoire.
Le' Notturnv de d:Annunzio qui, s'il n'est pas destiné à
dem:eürer dans l'œu\rre dtu poète des La11di une_ parenthèse,
marque un. renou.veliement partiel: .de ·s.on art et anno.nce une
troisième jeunesse aussi exubérante que -les deux: premières,
n'est pas plus q.ue ·1e livre de Papini·touphé par le n-éo.--:t raditionalisme. de Ja Ronda. Le. Notturno s-erait hi.en plutôt un.e
stylisati:on ·de~J?impr'essionnisme~et de ce qu'il y eut de meilleUI
dan.s le .futui:ismè italien de 19 I 2-19,15, Cettè esthétique: .,que
ses plus clrauds partisans. d'alors (Papini;, Soflici) estiment
périmée, ~est-d'elle que ·d'Annun2io sérrble a-voir voulu s'inspirer. Emilio ::Cecchi, . l'esprit le 'Plus libéral: au· g·r oupe -deJa
Ro1tda, a montré, avec des exemples à l:'appûi, ·que ce g.enre
d'impressionnisme s:e rencontrait aussi da11s les meilleurs
modèles du Cirrquecento. Mais Emile. Deschanel a pu, sous lê
second Empire, éaire un livre sur le romantisme des,classiques.
La vérité, c'est que d' Annqnzio â délibérément -choisi pour son
Nolturno la technique des impressionnistes., sür &lt;le la marquer
de sa griffe pufasante et d'écraser pat comparaison ses cadets
devenus ses modèles. Il a,toujoursfallu à d':A.nuunzia:des modèles,
presque;: toujours il les a dépassés . .Le-modèle technique de la
Figlia di Jorio par exemple, dest à n'en pas dofiter La Lépreuse
d'Henri Bataille. De combien l'emporte ,en lyrisme, en pittoresqùe et en beauté; formelle la Fig'l-iadi~Jorio stir la Lépreuse J
Cette technique impressionniste : brefs fragments, phrases
courtes juxtaposées et rion pas coordonnêes, 'fréquente absence
du verbe, eté ... convenait à merveille,'îl faut ~le re&lt;tannaîtr et
au sujet traité et à la situation matérielttf ciù se rrouvait l'artiste~
Victime d'un décollement de la reétitie lors d'un brusque atterrissage d'avion, .d'Annuru:io a· écrit son Nocturne. étendu sur.
son lit, la tête handée, dans l'obscurité. Çd~tr le titre), ·sur de
minces bandes de papier·que recueillait au fur et à mes·u re si
fille R~nata, la (( Sirenettà ' ¾-. Sur ces. bandes de papier,
d' Annunzio a écrit tout· ce qüi -défilait 'devant son esprit :·
sa douleur physique d'abord, se-s souvenirs de guerre et surt_o ur
s-es souvenirs d'av-iateur, sès.s0-uvènirs d'enfance, &lt;i'adolescence,

494

0

�496

.,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

à'âue mûr, puis, comme pour se venger d'être privé de la vue,
tou~es sortes d'évocations visuelles d'une ptécision -et d'une
richesse admirables, et-aussi des évocations a,uditives, tactiles,
olfactives, ie livre de la sensualité et' ·de la: doul.eur. Dans
l'affaissement provoqué par la mala~ie.' l'éclat toujour,s m~ p_eu
cherché, l'orgueilleuse bravura., qul! gatent ·un peu d ordmau:e
sa prose rutilante, s'effacent ou s' a;nortissent . ,U trouve une
sincérité, une simplicité tout;•-humaines, et n:on plus du to_ut
« surhumaines », ·qui provoquent .l'émotion.- Sa dureté s!est
amollie. Les pages sur sa mère, sur ses chevaux, sur la bataille ~e la
Marne sont peut-'être les plus belles, e~ tout cas les plu~ directement belles·qui soient sort-ies de sa plume-fée i Le c!mquant
et la grandiloquence se font jour parfois, trop ,souvent mê~e,
si la Qllerre entre en· j.e u, mais lorsqu'. il sé borne à « dire
une chose· », il la suggère dans sa totalité vivante mieux qu'aucun autre écrivain d'aujour_d'hui .·•
Le premier roman de G. A. Borgese, Rube, est ·d'une auti:e
façon, mais autant que le Notturno, en dehors du courant néotradi-tionàliste. Pour dire les choses grossièrement, c'est un
livre qui fait tantôt 'Penser à la technique des :'romans de Stendhal, tantôt à celle des romans d.e Dostoïevski. L'avocat Rubè,
à.la fois ambitieux et ·ahoulique, intensénJ.eut intelligent mais
incapable de conclure, s_ans forfe vie morale, se lançant
dans la guerre par -besoia d'a~tion et de _c_ei:;titudes~, courageux
par réaction contre sa peur, .jeté. à la misère ,pacla démobi! isi~
tion, trayersant.les pires cl'ises_ ·et niourant dans une marufestatlon bolcheviste à laquelle il s_e tro.uve pa'I' hasard mêlé, tel
est le héros tourmenté de ce lit re bouilto·onant et ·üiégal. Rubè
n~est pas un symbole, c'est un être vivant, .et pourtant c'estçonstamme □ t la figure de l'.Italie de la guerre qu:oo croit voir
transparaître sous la sienn~.
On a vi,(emenf' reproché ~on style _et .,surtout sa langue à
M. Borgese. Que l'un soit souvent hàtif et l'autre insuffisamment châtiée et pure, c'est possible, !)lais cela~ n'enlève rien à
la _signification et à la- puissance de c;e livre q-ui maTque le piemier grand effor t du roman itafien d'.:ip"ès-guerre pour sortir du.
r,égi;palisme et de l'h)lw.otisme et_pa;ur i,'insérer dans le vaste
mouyem_e nt du-J"orpan &lt;:lonte_mpo·raid.
Luigi .l'irapdello-, deven\l_auteµr -0-ramatique•à· cinquante ans

NOTES

497

pass-és, après avoir écrit plusieurs romans et d'innombrables
nouvelles où il prodiguait les dons de la plus féconde imagination, a réalisé, après des tâtonnements, une œuvre qui synthé~
tise toutes ses recherches et t-raduit intégralement sa Weltanschauung: Six personnages en quête d'au-teur. Pour Pirandello,
tous les sujets se ramènent à un seul : la dissociation ·dei la personnalité. Tant6t il étudie le cas d'un personn~e pris pour un
autre, ou jugé autre qu'il n'est, ou contraint d'agfr autrement
qu'i~ ne voudrait, tantôt il place ses personnages les uns vis-àvis des autres dans.les sit_uations les plus anti-naturelles. Dans
ses Six personnages... , il a_poussé ;m paroxysme son système, en
portant à la scène six personnages imaginés par un auteur dramatique qui n'a point écrit la pièce qu'il projetait de faire avec eux.
et qui veulent vivr'e leur drame et tentent en vain, quand ils l'ont
défini, de le transfuser aux acteurs chargés de le représenter.
Schéma dramatique plutôt que véritable pièce de théâtre, mais
d'une ingéniosité rare dans l'invention, parfois -poignante et eu
tout cas essai complètement réussi de théâtre d'humour, dans
le sens complet du mot (c humour».
De Pirandello est issu le pirandellisme:, mais il semble difficile
sinon impossible, qu'un -art si original, si étroitement lié à la
structure mentale très particulière de son créateur, puisse fâire
école. On peut en tout cas se demander, ême en accordant à
Pirandello -toute Fadmiration qu'il mérite, si ce serait souhaitable pour le théâtre italien.
Il n'y a en somme pas lieu de s'étonner que toutes ces œuvres
dues à de _vieux routiers des lettres aient 'é chappé à l'emprise de
la Ronda. C'est sur la génération nouvelle que Ja Ronda doit
normalement exercer son influence. Or cette influence est indéniable, même chez les « jeunes &gt;&gt; qui fout profession de lui être
hostile. On note depuis deux ans un peu partout un effort sensible vers cette forme solide et probe, massive et froide qui est
précisément celle de la_Ronda. La publication par cette revue
d'extraits choisis et groupés du Zibaldone de Leopardi, qui forment vraiment le Testament Littéraire du poète tle la Ginestra et
sur lequel nous reviendrons, a achevé de préciser les tendances
du groupe néo-traditionaliste et anti-romantique.
Il n'y a plus qu'à attendre les œuvres qu'on veut bien nous
annoncer de Vincenzo Cardarelli, d'Emilio Cecchi et d'Alberto
3-2

�LA NOUVELLE RE\'OE FRANÇAISE

Savinio. Mais même si elles étaient inégales à l'attente, la cure
de grammaire, d'archaïsme et de " beau style », de discipline
classique pour tout dire d'un mot,. imposée par la Ronda auxletterati italiens n'aurait pa-s été inutile.
Faute de place, je ne puis que signaler Mio Figlio Ftmwiere
d'Ugo Ojetti et Il libro dûla noia de Renzo Jesurum.
BENJAMIN Cll.ËMIBUX

*

* *

LA POÉSIE DE SWINBURNE, par Paul de Rml. LA LÉGENDE SOCRATIQUE ET LES SOURCES DE.
PLATON, par Charles Dupréel (Collection universitaire
de Belgique. Editions Robert Sand. Bruxelles).
Les Editions Robert Sand inaugurent par deux œuvres élégamment présentées une collection, consacrée aux écrit~ _des
universitaires belges. Le lm,e de M. de Reul sur la Poes-i.e dt
Swinburne passe déjà Pour le plus complet et le ~eilleur qui ~~t
é_té consacré au grand poète anglais. Je ne sa1s trop ce qu il
apprendra aux Anglais, mais iL se(a certainement pour l~s _lec•
teurs français de la j&gt;lus grande utilité. 11 contribuera à dJSSl~er
la léoende tenace qui enferme chez nous la renommée de Swm·
bur:e dans quelques p~èces - toujours les mêmes et dont cha:
cun cite les mêmes passag.es - des Poèmes et BallatÙ.s, et qm
restreint le génie.du poète à un, dom.aine de sensualité âcre et
perverse. M. de Reul montre fort bien que ce n'est là qu'un
moment exceptionnel dans !:ensemble abondant et touffu de
J'œuvre de Swinburne: un ensemble qu'on ne saurait comparer
qu'à I:œuvre de Victor Hugo. Il attire l'attention sur ses dr~mes énormes et souvent puissant~. Il nous donne un portrait
vivant de l'homme. A quand une monographie française de ce
.genre sur les Browning ?
Le livre de M. Dupréel sur la légende de Socrate part
évidemment d'une idée juste, celle qui consiste à voir dans
l'histoire et la renommée de Socr11,te beaucoup d'éléments dus à
l'imagination des philosophes- et aux lois mêmes du genre floris·
sant qui s'i:st constitué_ au dé~ut du ive ~iècle : ,le dialo~e_socra•
tique. Il fait, dans les idées d1:e.s, socrat1g:1es, ~ la _s~ph1~t1que la
grande part qu'on s'accorde d ailleurs au1ourd hw a lm reconnaitre. Mais ce que son livre cqntieut de juste est souvent com·

NOTES

499

promis par le manque de mesure, par l'extension toute logique
et arbitraire donnée à une thèse qui devient bien vite un plaidoyer contre l'existence même d'un Socrate autre que celui
d'Aristophane. Rien de plus fragile que son argumentation touchant le factum de Polycrate, - Je caractère légendaire de la
mort de Socrate, qui aurait été modelée sur celle d'Antiphon,
- la place exagérée faite à Hippias, si éloigné d'être 1e plus
sérieux des sophistes. M. Dupréel cherche à dissiper en le
niant simplement le mystère qui entoure la figure de Socr.ate :
procédé un peu sommaire et négation dont les preuves demeurent insuffisantes. Le livre n'en est pas moins d'une lecture
agréable, et on le mettra volontiers à la suite des suggestifs et
aussi aventureux. Varia Socratica de Taylor.
ALBERT THlBAUDET

*

* *

LA DÉDAIGNEUSE, suivie de ÉCOLE DE DRESSAGE
et de MONSIEUR THOMAS, par Bea_umont et Fletcher,
traduits de l'anglais par Pierre Mélèse (La Renaissance du
Livre).
M. Pierre Mélèse nous offre la traduction de trois comédies
de Beaumont et Fletcher, éditées par la Renaissance du Livre
dans la collection de Littérature ancienne qu'elle publie sous Ja
direction de Pierre Mac Orlan. Beaumont et Fletcher, contemporains de Shakespeare, sont à peu près totalement inconnus
en France. Je pense que seuls les spécialistes et les érudits ont
feuilleté
l'œuvre immense de ces deux amis intimes , morts
.
Jeunes (l'un à 46, l'autre à 32 ans) qui ont pourtant laissé plus
de cinquante pièces de thé~~re et dont la gloire balança longtemps celle de Shakespeare-. Ce n'est pas à dire que Beaumont
et Fletcher aient rien eu de comparable a\l., génie de Shakespeare. C'étaient bonnement deus hommes de talent. Mais la
postérité seule décide des classements littéraires, et si les
théâtres, au temps d'Elisabeth et de Jacques I•r, jouaient Beaum~~t et F~etcher deux. (ois plus som·ent que Shakespeare, c'est
qu ils avaient leurs ra1sons pour cela, qui étaient de faire des
affaires. On sait de reste que ceci n'a rien à voir avec l'art et la
linérature. Sachons gré à M, Mélèse des soins qu'il a pris. Nous

�500

11

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

avons en France une très belle bibliothèque de critique littéraire
étrangère, particulièrement riche pour la littérature anglaise,
mais il nous manque toujours des traducteurs. Nous n'avons pas
une assez grande provision d'œuvres traduites et bien traduites, qui permettraient au public cultivé de connattre l'étranger autrement que par ses poètes universels et officiels. L'~p_oquë shakespearienne, notamment, offre un trésor de pla1S1rs
intellectuels et artistiques foépuisable, et, malgré son désordre,
ses folies, ses naïveté's, ses grossièretés, un champ d'e:(ploration
psychologique et poétique que le seul XVII" siècle. français -a
égalé en richesse. Des hommes comme Marlowe ( qm .ado?ta le
vers blanc au lieu de la rime, bouleversant et affranchissant
ainsi tout l'art drama.tiqu·e anglais), Ben Jonson , Kyd, Webster,
Massinger, Ford, Sidney, Th. Heywood, peuvent figurer à côté
de Shakespeare et de Milton auxquels i.ls sont, par certains
endroits, à peine inférieurs. Ce qui leur manque, c'est la composition, le développement oratoire; l'habileté de conduite dans
l'intrigue. Ils ne sont pas asse_z dépouillés ; l'abondance de leur
sève les contraint de fleurir dans le désordre et l'exubérance)
comme ces vignes sans tuteurs, qui jettent en tous sens des
ramilles aventureuses. N'empêche que le Docteur Faustus, de
Marlowe, exprime de manière puissante (bien que toute différente de celle du classique Gœthe), l'enthousiasme et le~
révoltes de l'homme de la Renaissance. « Tous les corps
célestes ne sont-ils qu'un globe, comme cette terre? s'écrie-t-il.
Non, plutôt une chose qui rassasie la faim de mon cœur. » Et
l'on retrouve en lui, à. cent ans de distance, cette même faim,
ce vorace appétit-intellectuel de Rabelais, à côté des remords et
des douleurs de Villon :
Plus qu'une pauvre heure à vivre ... le démon va venir, Faust sera

damné. Oh I je veux sauter jusqu'à mon Dieu I Qui est-ce qui me tire
en arrière ? Regardez, regardez là-haut, le sang du Christ coule à .flots
sur le firmament I Une seule goutte sauverait mon âme, une dernigoutte. O mon Christ !.. Ne me déchire pas le cœur pour avoir
nommé mon Christ 1

Et Webster, autre ami du sombre, s'écrie : « J'ai pris
l'habitude du désespoir, comme un galérien tanné celle de
son aviron. » Quant à Ben Jonson, humaniste parfait, peintre
minutieux et profond,, dissociateur d'idées d'une habileté

501

surprenante et logicien à la française, il est le premier classique
le La Bruyère, ou plutôt le Th.éophra.st-e anglais, et même souvent Je Molière. « Vous qui avez honoré des monstres dit-il
peut-etre aimerez-vous des hommes », et, bien que moraliste
nprès avoir écrit tant de· comédfos, il invente encore les masques:
ces ballets poétiques et allégoriques auxquels prenait part toute
l'aristocratie anglaise un demi-siècle avant que Molière n'écrivît, pour Louis XIV et sa cour, les Plaisirs de l'lte e.ncbanlée. Il
passait pour le plus grand écrivain de son temps. Certaines c!e
ses pièces, pour ce qu'elles contienuent d'observation et de pensée, autant que par leur composition et leur style, sont exquises.
Cependant, ni Every man in bis humour, ni la Foire de la SaintBartbélemy (où, sous la iigure de M. Busy, nous avons un Tart~ffe puritain ci~qu~nte ans.avant le Tartuffe jésuite de Molière),
ni La Femme silencieµse, nj l'Alchimiste, ni le Renard, ni La F.éte
chez Cynthia n'ont été - je crois - traduits ou joués en français. Pas plus que le Juif de Malte, de Marlowe ( où Shakespeare
a pris soa Shylock), ni son Edouard II.
On sent peut-être que, si j'évoque ici ces grands noms et ces
œuvres essentielles, c'est parce que je regrette de leur voir préférer Beaumont et Fletcher, aristocrates égarés parmi les lettrés
et les génies, et qui, en dépit de leur renommée, n'ont rien à
nous offrir de véritable importance. « Mon charpentier a bâti
dans un nuage, )&gt; dit un de leurs personnages ; etil semble bien
que ces deux charpentiers-ci aient bâti dans les nuages aussi.
Leur œuvre ne nous apporte guère que quelques scènes isolées
qui vaillent d'être conservées ; encore faudrait-il les tirer d'un
énor'.11e fatras_ et laisser le reste enseveli sous le plus juste oubli.
Je fais except10n pour leur langue, souvent d'une poésie admirable, et pour leur esprit, assez rare, mais qu'ils auraient applîqué avec fruit à se juger eux-mêmes. Ce n'était point qu'ils
manquassent de fantaisie ; ils n'en avaient que trop ; et malheusement il faut le leur reprocher. Emportés par un talent facile
le dé ~1r
. d'ébl 001r,
· d' étourdir,
· de divertir (à quoi ils réussissaient'
parf~1tem_ent), leurs pièces ne sont construites que pour amener
des ~1tu~nons bizarres, expliquer des travestis risqués et dénouer
:~s int~18:"1es ~'une abaso~rdissante bêtise. Mais tout cela porait, faisait nre et rougir, amusait un public qui ressemblait
probablement beaucoup à celui de- nos boulevards d'aujour
A

•

)

j

�502

LA NOUVELLE lœ.VUE FRANÇAISB

d'hui. 11 faut ajouter pourtant que le sanguinaire l'y di put.lit
souvent à l'indécence, piment auquel on ne songe plus assei. Il
est sans doute qu'il reparaîtra.
Les trois comédies que M. Mélèse a pris la peine de traduire
s'intitulent : The Scornftû Lady (La Dédaigneuse), Rule a wife
and bave a wife (Ecole de dressage) et Monsieur Thomas. Elles
sont fon différentes les unes des autres et vont, si je puis dire,
crescendo, en s'améliorant ; heureusement, car personne
n'affronterait deux Dédaigneuses, Un amoureux évincé par une
dame ve~atile, part, revient sous un déguisement, et après avoir
chassé de chez soi un frère qui, le croyant mort, dilapidait ses
biens avec de joyeux drilles, conquiert enfin l'amour &lt;le sa maîtresse quand il a compris qu'il suffit, pour triompher, d'être dur,
grossier, brutal et moqueur. C'est en quelque sorte une Mégère
apprivoisée très « après la lettre », celle-ci ayant été écrite Yers
1596 déjà, c'est-à-dire quinze ou vingt ans auparavant. De plus)
il en faut retirer tout l'art du modèle. li n'y a pas, dans la Dédaigne1m, un seul caractère fortement dessiné, un personnage vrai,
une situation probable. L'art n'y est qu'artifice, le comique que
vulgarité, et la curiosité première se change bientôt en na martelant ennui. L'écho m ~me lointain du rire de Falstaff nous
emp~cbera de jamais rien entendre aux platitudes de Loveless
jeune.

Avec l'Ecole de dressage, on change de siècle et de climat.
Voici L'Espagne du xvrr•, un Don Juan, une 1argarita, un Pérez
et quelques scènes de bonne comédie encartées dans une histoire absurde et sans intérêt. On voit ici au naturel la manière
de Beaumont et Fletcher, qui est typique de celle des auteurs
du tToisième ordre : une scène a faire s'impose à leur esprit; ils
l'écrivent- souvent avec brio - puis l'obligent, de gré ou de
forœ, à entrer dans un scénario où eUe n'a que fuire. Mais le
public s'y amuse, et voilà qui suffit. Quant aux personaages de
la pièce, ils sont tTop falots pour retenir l'attention et l'on n'attend d'eux que quelques calembours, des disputes, des quiproquos, un certain nombre de mots obscènes. Toutes choses, au
reste, lArgement prodiguées.
La meilleure des trois pièces du retueil est Momitur Thomas.
L'on croirait presque entrer d os un conte de Dickens, et la surprise est agréable de rencontrer enfin un jeune homme et unt

NOTES

503

jeune fille qui ont quelque délicatesse de cœur, un vieillard original, un &lt; amoureux universel » d'une véritable saveur comique, trois médecins et un apothicaire tout à fait cousins de
ce_ux de Moli~re. Ce qui ne signifie pas que J'intrigue y soit
mieux condmte que dans les pièces précédentes • ici encore Je
travesti ~t le quiproquo sévissent : un père ne rec~nnaît pas son
fils déguisé en femme, ni l:i jeune fille son amant, et l'amoureu_x _universel_ empo1rté par son tempérament trouve un gotît
délicieux - b1eo qu un peu rude - aux baisers qu'il reçoit de
~on camarade. Mais enfin il y a là un peu de vraie vie; une Siltire
inattendue ~e fa manie b~itannique du voyage, un vieux père
t~ué, dessrné avec hardiesse et bonheur. Furieux de voir revenu ~on fil~ d'un voyage en France où il semble s'étre assagi et
avo1rappns les manières polies :
Perdu, s'écrie+il, perdu sacs remède I Il mange avec des
fourchettes I Complètement corrompu, l'esprit tourné J Comment ai-je
donc péché pour que cette affliction puisse peser si péniblement sur moi?
Je n'ai plus de fils, celui-ci n'est plus mon fils ; pas le moindre côté de
sa nature ne me Je fait reconnaitre pour mien maintenant · le voila
apprivoisé I Que ma plus grande malèdiction acc:ible ce qui Î•a transformé ainsi : le voyage l C'est mon cheval que j'enverrai en voyage
désormais, Monsieur 1

Et plus loin :
P~di, vous l'avez instruit comme un fripon fieffé, d'abord à lire
parfaitement, œ dont, Dieu me bénisse, je l'avais détourné • car je
savais_que, s'il lisait uo jour, c'était un homme perdu. Secondement,
Monsieur Lancelot (c'est son domestique), Monsieur le pouilleux Lancelot, \"Ous ~ve:,; souffert, contre mes ordres, contre mes préceptes qu'il
reste
eo co mJl'lgrue
· de cette sorte de gens tout en minauderies,' que
,
3
~ou_ fpelle des gens honnftes. Rema~qutt-vous cela, Monsieur? .•.
èmement eufi~ - et po,ur cela, si la loi le permettait, je te penais comm~ ua gredm - tu I as amené à oublier complètement ce que
c'_est _que _faire une bêtise, uoe jolie bêtise, comme 1u savais que je les
~ais b1eo. Mes seniteurs sont tous parfaits maintenant, mon vin
_st'.lm, pas un cheval n'est mis en gage, pas la moindre petite pene au
(~u ;. on voyage avec son argent sans faire de mauvaises rencontres •
J étais maudit quand je t'ai envoyé avec lui I Tu as toujours été porté
la paresse et à perdre l'esprit ...

c1/?1s1

à

Voilà de bon humour britannique, bien sec, et qui peint à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

merveille quelque gentilhomme rougeaud, rageur et rustique,
attablé devant son pot de bière, tel qu'on en voit dans les
tableaux de Hogarth. Malheureusement ce Sébastien n'est pas
un personnage essentiel de la pièce, et nous le perdons trop
souvent au p,rofit de l'imignifiant M. Thomas, son fils; du douceâtre Valentin, du décevant Lancelot ( sur lequel on compte
tout Je temps, 1 ais en pure perte), de la fade Dorothée. Et l'~ntrigue, bien qu'u,n peu mieux soutenue que dans les comédies
précédentes, est encore trop faible pour n'être pas avant tout
ennuyeuse.
·
M. Mélèse a traduit tout cela avec probité et nuance. Un peu
plus d'aisance, de liberté, aurait peut-être donné plus d'élégance
à son consciencieux travail. Il faut savoir s'affranchir du mot-àmot si l'on veut éviter les tournures de phrases lourdes et certains défauts de langue. Mais ce sont là peccadilles. Louons
M. Mélèse de son effort et songeons à la somme de travail et
d'abnégation qu'il représente. Dans le prochain volume ( qu'il
nous annonce) souhaitons surtout de rencontrer quelques cœurs
d'hommes et de femmes.
Après avoir lu ces trois comédies de Beaumont et Fletcher,
je me suis souvenu de l'exclamat.ion de Gœtbe feuilletant un
aloum d'estampes anglaises qui représentaient les scènes principales de toutes les pièces de Shakespeare : « On est effrayé,
s'écria-t-il, quand on voit toutes ces images, de l'infinie richesse
et grandeur de cet homme-là ! »

GUY DE POURTALÈS

*

* *

LA VIE ET L'HABITUDE, par Sanwel Butler ; trad.
française de Valery Larbaud (Editions de la Nouvelle
Revue française).
« La Vie et /'Habitude est, de tous les livres de Butler, celui qui
laisse l'impression la plus durable chez le lecteur. Les dramaturges et les romanciers de langue anglaise y ont puisé à pleines
mains, depuis une quinzaine d'années_ qu'ils ~onnaissent _ce
livre, et en lisant un auteur contetnporam on v01t tout de suite
s'il a lu La Vie et l' Habitude. C'est un point de départ; un ferment intellectuel et poétique ; un de ces livres que seuls l~s
lettrés ont lus, dont on parle peu, qu'on cite encore moins, mais

NOTES

qui font date dans les esprits qu'intéressent les grands problèmes
de la philosophie et de la morale, et où les vulgarisateurs viennent, tôt ou tard, chercher des idées, des Sl!.jets, des situations,
des mots d'espr~t. » Voilà ce que nous disait l'an dernier, un
lettré anglais. Un livie dont on peut dire cela est une force, une
puissance avec laquelle il faut compter, et a'est une aventure
agréable et intéressante que de le lancer dans la circulation intellectuelle d'un nouveau pays et de voir le chemin qu'il y fera.
Nous en attendons avec confiance, mais sans impatience, le
succès; nous savons que ce succès sera lent à se dessiner,
comme il l'a été en Angleterre; mais il est bien peu probable
que l'influence de Butler, jus.qu'à présent limitée aux seuls pays
de langue anglaise ( car Erewbon seul a été traduit, - avant
de Fêtre en français, - en allemand et en hollandais, et c'est la
première version, la version incomplète, gui a été traduite dans
ces langues), il est peu probable que cette influence, maintenant
aidée par le rayonnement des lettres françaises, ne s'étende pas
à tous les pays du Continent et ne joue pas, dans l'histoire de la
littérature européenne, un rôle important. La Vie et l' Habitude,
notamment, peut et doit la répandre : les lecteurs de L'Evolution
créatrice y trouveront avec surprise des vues qu•i out devancé et
qui parfois même dépassent, mais surtout complètent, les vues
exposées dans ce livre· fameux. Peut-être se trouvera-t-il quelque
critique -pour opposer à Henri Bergson, cc romantique )) , Samuel
Butler, cc classique ». Ce qu'il y a de certain, c'est que pour
tous les néo-lamarckiens ce livre, longtemps méconnu, et cité,
dans toute la littérature évolutionniste français.e, deux fois seulement (une fois par Vianna de Lima et une fois par Yves Delage),
sera une heureuse surprise.
VALERY LARBAUD

** *

UN ROMANESQUE, par May Sinclair, traduit de l'anglais par Marc Logé (Plon ).
Idylle dans le foin, reflet de deux visages dans l'abreuvoir,
bonne odeJu de ferme dans les sentiments et l'aveu d'une première faute : nous avions déjà suivi Tess d' Urberville dans ces
sentiers. Mais cet aveu est très bien reçu par John Conway, le
héros, un platonique. Puis des paysages de guerre où Conway

�LA NOUVELLE REVUE FRA.tiÇAISE

506

se rend, non pour sauver son pays, mais pour tenter de se sauver
-lui-même. Il fuit son terrible secret: l'impuisssance. Dans
ArmMice nous avons vu un impuissant français -qui ne peut se
retenir ,de faire le galant ; ici, nous trouvons un éas de frigidité
britannique ( avec mensonge, cruauté, H.cheté, peur-des femmes),
pathologiquement bien plus vrai. Il est traité par l' héroïsme et les
bombardements, considérés comme aphrodisiaques. Cesremèdes ont l'insuccès de tous les autres. C'est Charlotte, emmenée
d~ns la formation sanitaire, qui sera brave, active, endurante,
avec toute la viri1ité qui manque à 1ohn, lequel reste et mourra
couard, perfide ethystérique.
.
.
C'est là une très inté ressante étude de déformatrnn psyd11que
masculine et qui surpreJ1dra moins qu'on ne pourrait le croire
des lecteurs français habitué'S, depuis 17 50, -à voir, à côté de
!'Anglais rouge et &lt;le l' Anglais rose, l' Anglais pâle et qui verse
&lt;les pleurs, ancêtre de ce jeune dégénéré.
PAOL MORAND

,

*

* ..

LE ROMAN DE LA -VOIE LACTÉE, par Lafcadio
Hearn, traduit par Marc Logé (Mercure de France).
C'est forcé &lt;le trouver avec Toulêt 1( bien sympathique - le
bon Loufocadio », et d'aimer 1de cœur le Japon où il nous intro•
duit. Voici des légendes toutàfait gr-acieuses sur les étoiles, les
esprits des animaux, des plantes. On y notera en passant des
traits propres à faire voir u-ne fois de plus que tous les folk~lores
ont des parties communes. (C'est ainsi -q ue chez nous et chez
les Jap,s on berne les esprits pu: des pwcédés semblables. Chez
eux, on colle des charmes à côté des fenêtres : l'esprit s'approche, compte : &lt;( Combien de feuilles.Y a-t-i~? " ~es mots,_
par un calembour, se trouvent être une 1nvocat1011 pieuse qui
paralyse le visiteur. Chez nous, à la fenêtre, c'est un ta1:1is qu'on
suspend. Le lutin compte les trous: « Un, deu~, trois ... » Et,
trois étant un chiffre saint, figure cle la Trinité, il ne peut pas•
ser outre.)
L'intérêt de ce livre est surtout dans ses Poésies-tantômes, ou
Kyoka, -&lt;( divagations ». La forme est ceHe de la tanka dassique
(31 syllabes, 5, 7, 5, 7, 7). Mais ici on joue avec un sujet lugubre : le terrifiant, parune volte soudaine, tourne au burlesque.

NOTES

Cela fait songer à certains masques de traits fortement marqués,
dont le rictus semble sourire ironiquement de sa propre horreur. Voir par exemple les kyoka du crapaud-fantôme et de la
pieuvre-fantôme. En général le poète fait allusion à des croyances légendaires, rapproche une- appellation populaire d'un dicton pour aboutir à quelque calembour ou à une interrogation
narquoise. Ou bien, si l'on rattache tel mot à ceux qui précèdent, le poème a une allure et un sens tragiques; si c'est à ceux
qui sui vent, grotesques. Or cette jonglerie, qui e:xige à la fois
du tour, du détour et du contour, semble vraiment poésie, mais
d'un art si serré qu'il doit être le propre de gens habiles dans
les lettres. Toulet eût goûté sans doute ces minuscules chefsd'œuvre, gais, et terribles.
Et le traducteur qui parvient à nous en faire sentir tout le
prix à travers déjà la traduction de Lafcadio Bearn, son mérite
n'est pas mince.
HENRI POURRAT
* *

L'ESPAGNE ET Œ ROMANTISME FRANÇAIS,
par Ernest Martinenche (Hachette).
Devons-nous, pour nout représenter ce que fut 1~ ~ Espagne »
des Romantiques français, nous adresser à des -écrivains obscurs, reconstituer, à travers dès œuvres oubliées, à travers des
Revues ou des journaux p,atiemment classés, une histoire anonyme? -Devons-nous, au èontraire,-tout en ne négligeant rien
de ce que nous pourrait apporter la foule, choisir sans hésiter
les œuvres maitresses ? M. Martinenche s'est posé la question et
se décide nettement pour la seconde méthode. La première a
certes sa valeur. L'ingrat labeur qu'elle exigerait nous amènerait-il à des conclusions comparables à celles qu'obtient M. Martinenche ? Ce serait une confrontation fort intéressante à tenter
et que seules des recherches minutieuses pourraient préparer.
Dans l'une comme dans l'autre des deux enquêtes, il importerait de voir l'Espagne avec les Romantiques eux-mêmes, et
sans nous aider de ce qu'y ont pu apercevoir depuis iors d'autres regards. M. Martinencbe se soumet à cette règle stricte et
n'y a point failli.
Ce n'est pas encore tout le- romanfisme français dans ses
rapports avec l'Espagne qu'étudie M. Martinencbe, Il se réserve,

�508

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous dit-il, d'examiner à cet égard, dans Ùn ouvrage ultérieur,
« les romans, les contes en vers et ~n prose, les nouvelles et les
mémoires &gt;&gt;. Le livre qu'il nous offre aujourd'hui pose dès
maintenant des problèmes délicats et les résout avec finesse.
Une lecture superficielle discernerait ici avant tout un sûr
exposé de la fortune des c&lt; Romanc~s ,, espagn_ols en Franc~,
avant Victor Hugo et chez Hugo lm-même, puis un très précis
résumé de l'influence de la Cgmedia. Mais c'est d'une plus
haute question qu'il s'agit. Que fut l'Espagne pour quelquesuns de nos grands écrivains de l'époque romantique ?·Est-il certain qu'ils n'en aient deviné que très superficiellement les c~ra:tères ? M. Martinenche s'est avant tout demandé ce que s1go1fiait un tel problème en ce qui concerne Victor Hugo. C'est ici
que son livre est le plus neuf. Et ce n'est pas en ~aire un 1~édiocre éloge que de dire que l'on comprend mieux certams
traits de Hugo lorsqu'on a, non seulement lu avec le plus grand
soin l'exposé de M. Martinenche, mais relu à cette occasion les
textes qui sont en cause.
Un premier point est établi. Hugo, qui n'a pas su techni~uement l'espagnol, et dont il est trop facile de relever ~-ertames
fautes grossières, ne nous trompe pourtant pas lorsqu il nous
rapporte, dans ses notes de voyage sur le pays basque espagnol
et avec une minutie qu'il n'a pas artificiellement constituée, ses
entretiens avec les pêcheurs du village de Pasajes. M. Martinenche met fin, avec élégance, à une querelle qui _n'est pas sans
portée. Hugo n'a pas seulement aimé, de la langue espagnole,
la sonorité de quelques vocables. Il s'est plu à étudier en poète
les habitants et le sol des quelques pays traversés. Il a certainement examiné à sa manière, dans le texte original, « plus d'une
cornedia &gt;&gt;. Il a aimé sincèrement les Romances, et ce ne sont pas
les erreurs qu'il commet sur leur nature qui nous doivent faire
méconnaitre les signes d'une lecture directe. Il est curieux de
noter par exemple que Hugo, qui prend pour un type métrique
primitif ce qui n'est qu'une modification moderne, s'ada,pte
en tout cas à l'octosyllabe des Romances espagnols et en retrouve
le rythme grâce au vers fr__ançais de sept syllabes (Romance mauresque, Le Romancero du Cid). Une Espagne intérieure a vécue~
lui, et qui ne fut pas seulement celle de ~es drames. M. Ma~t1nenche, qui a minutieusement étudié les sources d'Hernam et

NOTES

de Ruy Blas et a réussi à nous montrer qu'elles ne furent pas
toutes empruntées à des œuvres de vulgarisation, nous convainc mieux encore lorsqu'il interroge, en Victor Hugo, le
poète lyrique. C'est au poète lyrique qu'il consacre les pages
qui sans doute lui sont le plus chères, celles aussi qui sont"
esthétiquement le plus fécGndes. De la Préface des Orientales et
des Orientale,s elles-mêmes à la Légende nous assistons, grâce à
une subtile analyse, à l'intime élaboration d'un paysage. « Victor Hugo)&gt;, écrit 'M. Martinenche à propos du Petit Roi de
Galice, « n'a parcouru ni les Asturies, ni la Galice, mais ilafait
un tel choix dans les éléments basques qu'il avait à sa disposition que son pa,,y sage plus général ne laisse pas cependant d'être
évocateur des sites mêmes qu'il n'a pas connus». Il faudrait
suivre également M. Martinenc!+e lorsqu'il nous parle de Mérimée, de Gautier et de son recueil Espa,ïa, lorsqu'il marque
aussi, à propos du mélodrame de Dumas, de F. Mallefille, de
J. Bouchardy, comment ce qui était pénétration et vision chez
un Hugo et un Gautier devient placage brutal. Ce qui nous
demeure encore précieux dans le paysage espagnol que les plus
hauts Romantiques ont esquissé, est moins ce qu'ils ont voulu
voir - car ici leurs ignorances nous heurtent - .que ce qu'ils
ont deviné, loin _de to.ute « Espagne ,, préconçue.
JEAN BARUZI

*
* *

LES REVUES
r

VfCTOR HUGO, SPIRITE
M. Paul Berret, qui a donné, dans la collection des Grands
Ecrivains, une édition savante de la Légende des Siecles dont la
Nouvelle Revue Française a rendu compte en son temps, publie
dans la REVUE DES DEUX-MONDES du 1er août une curieuse
étude sur Victor Hugo spirite :
L'empreinte du spiritisme sur l'œuvre de Victor Hugo, écrit-il, est
est un phénomène qui ne s'est jamais reproduit au même degré dans
notre histoire littéraire : jamais écrivain n'a été à ce point influencé,
dans la pensée philosophique et dans l'expression poétique, par la
croyance à l'intervention des forces occultes de la nature.
On sait comment, à Jersey, il interrogeait les tables tour-

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

sro

nantes. Mais on n'a pas assez admiré la candeur avec laquelle
il recevait leurs réponses. Qu'elles fussent rédigées dans son
propre style, il ne trouvait 1-à aucùne raison d'étonnement ni
de doute, et c'est a:vec un sincère frémissement qu'il éèoutait
par exemple Eschyle, questionné sur la fatalité, répondre :
Fatalité, lio1t dont l' dm:e est dih!orée,
f ai vou/.1, te dompter d'un bras e-yclcpéen,
f ai voulu sur mon dos porter ta peau tigrée,
Il me plaisait qu'on dit : Escbyle Néméen, etc.

Même les opinions du fantôme de « la Critique » sur les contemporains ne lui causaient, par leur étrange coïncidence
avec les sie11nes propres, aucune espèce de surprise :
« Mérimée I King-Charlès de vieille femme, »
« Dumas ! valseur littéraire. Augier l munito chauve usé par le

_çoiffeur. ,,

M. Paul Berret assure que :
Bien au contraire, ces ricanements d'outre-tombe, ces turlupinades
à la Maglia~ affermissaient sa croyance et prolongeaient son admiration
épouvantée pour des entités qui lui apparaissaient fraternelles. Il se sentait terrifié dans ses sens et dans son âme et cependant enhardi dans
son intellectualité. N'était-ce pas un réconfort, singulièrement flatteur
pour son amour-propre, qu'il e;.-i.stàt dans le monde des purs esprits,
une métaphysique, sœur de sa doctrine, et que toutes les nuances de
la pensée, depuis la méditation la plus grave jusqu'à l'ironie la plus
légére, y fussent identiques à s;i propre manière. Quelle consécration
de son génie marqué par là du sceau divin l

Et M. Btrret étudfe l'influence de ces voix mystérieuses sur
la production de Hugo dans ses dernières années, autant dire
l'influence sur Hugo créateur, de Hugo gobeur.

ANNA ET LE PRIITTEMPS
Robert Honnert~ qui a donné à ÂRIANE de cruµ-niantes notes,
écrit pour l'ŒuF DUR toute .une Vie d'Anna, dont voici le der•
nier épisode :
Marcel, après avoir présenté ses hommages à MJll• Walter, monta
retrouver Anna en haut du jardin. li marchait tra,nquillement, en vrai

5II

LES REVUES

tour~ng;tu, et_ prenait garde de ne pas poser dans les flaques ses souliers
~errns. ~en_a1t à la main son feutre et ses gants de peau. ses cheveux
lissés relwsa1ent
au soleil · Anna , en le voyant s,excusa' et dem d
.
e~écore cmq minutes, car Flip désirait poursuivre sa p~rtie Maarnceal
s carta ·' un coup d e vent secoua
·
·
un poirier voisin et l'inonda
de
gouttes et de pétates. Anna, essoufilée, s'approcha de lui. Fli fourrait
entre eux sa tête velue. - « Vous savez, dit Anna, je vJus ai fait
attendre exprès. ». ~rcel la regarda, sans_répondre, les yeux tristes. ~ ~:ouez, poutMsmv1t Anna, que lorsque Flip s'amuse ce serait cruel de
ranger.
. b'1en les animaux,
.
déclara
An » arcel fit signe que oui : _ « J'aime
, êé
na, et vous ? » - " Cer:tamement, répopdit Marcel i&gt; Ils
sh arr t rent. - Flip se c~ucha:_ u.evant
.,
eux et mangea de l'herbe. •Anna
1
aussa es épaules e.t tendit en riant sa main à Marcel.

•*•
reprit la conversation ·. &lt;c - Comme 1es cuoses
:t.
so Marcel,
t
· encouragé,
da
n se;emes ns la lumière du printemps. i&gt; - « La sérénité du printemps • ii murmura Anna. _ &lt;c '--l.uao
r.. d vo udr ez-vous, poursuivit
.. douce:ent ;arec!, fixer la date de notre mariage ? n Anna lui prit le bras et
::on it avec ardeur : « Vous vous dites que vous m'aimez et ~ela
us suff_ït M; vous ;ous représentez notre noce et vous êtes heureux
Po
ur moi, ., arcel.' 1e ne pe~"'{
~ pas. Tout ce qui arrivera est trop simple·
pour
que l en reve. Je sms sûre de vous aimer aussi mal!!l"é
finess_es et me~ gaucheries, mais l'idée de tout cela me f~tigue
me~
tant
. .1e ne puis m' en dé\"ivrer l' esprit. Depuis longtemps M ,1 pour
.
dis
. de ce qu'il' faut
arcepenser
' 1e ne
J rien. de r,ce qu'il faut dire , J.e n e pense nen
. e cr~1s qu il y a quelque chose de bon à penser . mais i' 'iano
. .
Je sms malheu
. Il
,
., re q uo1 et
.
reuse auss1. Y a quelque chose de bon à di
,
certamement
.
.
re et ce n est
mur
pas ce que Je dis. ,i c&lt; Vous cherchez trop Anna
s" ~ura Marcel, laissez-vous aller comme tout le monde à
plai,
LrS.
omme tout le monde. ii - « Mais répondit Ann
'
•
ment ce que ·
'
a, c est 1uste.
Je ne veui. pas. &gt;i - cc Vous avez tort di't M
1
« Je le sai b"
• A
,
arce . &gt;&gt; me
s ien, cna nna, seulement vous ne m'apprenez pas ce qui
~auq_ue pour que j'aie raison ... n - Marcel répliqua sans se tto bler « S1 soye
..
u1
•.
'
z naive.
» - EIle n'osa pas Je contredir
·
conseil ne fut pas neuf.
e, quoique e

~

:os

Flip fourrait son museau dans 1a terre et grognait en flairant une
musaraigne.

•• •

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

512

LE PRIX BLUME THAL
Les bourses de la fondation américaine pour la pensée et l'art
français (fondation Blumenthal) ont été attribuées, c~tte _année,
à M. Maurice Genevoix et à notre collaborateur Sen1am10 Cré-

I

mieux .

MEMENTO
LA fü:rAU.LE urrËRAIB.E (juillet-août) : Pohtie, par Serge Essenine.
Marcel Proust, par Hermann Grégoire.
FLORÉAL (septembre) : Documents sur Jules Guesde.
LA GRANDE REVUE (aoOt) : L'afJairc Ubu, par Charles Chassé.
MERCURE DE FRANCE (1er sept.): Freud tl SOfl. proddé sophisliq11e, par
Georges Dubujadoux ; La mort de Cbarles-Lou.is Philippe, par Paul

LA REGARDER DORMIR

-

Léautaud.

REvuE DE L'AMÉRIQUE LATINE (1er sept.) : Hommage au Brésil :
L'îlot de Paqmta, par Paul Fort.
.
.
LA R.EvuE BLEUE (2 sept.) : Le Paysan russe, par Ma=e Gorki.
LA fu:.vua DE FRANCE (1er sept.) : De ra,igoisse dans ramour, par
Jean Rostand; - William et Hmry Janies, par Régis Michaud._
LA REVUE DES DEUX-MONDES (1er sept.) : Jmnes rorna11ciers, par

André Beaunier.
LA REVUE HEBDOMADAIRE : Dos/oievsky amumdate11r du bolchwisme,
par E. Halpêrice Kaminski ; - Fragments inédits du Journal d'un

üri-i;ain de Dostoievsky.
LA REYUE DB PARIS (1er sept.) : La Vie d'un graml pkbeur (de
Dostoievsky), par Halpérine-Kaminski.
,
LA REVUE UNIVERSELLE (re_r sept.): Sta,ues dété, par J. L. Vaudoyer ; - Suite de Sylla tl sou destin, par Léon Daudet.

LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABBEVJLLE. -

IllfPRUd.Ulll P. PAILl.ART.

Même si je n'étais resté qu'un instant hors de ma chambre, en y rentrant, je trouvais Gisèle endormie et ne la
réveillais pas. Etendue de la tête aux pieds sur mon lit,
dans une attitude d'un naturel impossible à inventer, elle
avait l'air d'une longue tige en fleur qu'on aurait disposée
là, ,et c'était ainsi en effet. Le pouvoir de rêver que je
n'avais qu'en son absence, je le retrouvais en ces instants
passés auprès d'elle comme si en dormant elle était devenue
un être analogue à un végétal. Par là son somme.il réalisait
dans une certaine mesure la possibilité de l'amour; seul, je
pouvais penser à elle, mais elle me manquait, je ne la possédais pas. Présente, je lui parlais, mais étais trop absent
de moi-même pour pouvoir penser. Quand elle dormait,
je n'avais plus à parler, je savais que je n'étais plus regardé
par elle, je n'avais plus besoin de vivre à la surface de moiméme. En fermant les yeux, en perdant la conscience,
Gisèle avait dépouillé, l'un après l'autre, ses différents
caractères d'humanité qui m'avaient déçu deeuis le jour
où j'avais fait sa connaissance. EJle n'était plus animée que
de la vie inconsciente des végétaux, des arbres, vie plus
djfférente de la nôtre, plus étrange et qui cependant
m'appartenait davantage. Son moi ne s'échappait pas à tous
moments, comme quand nous causions, par les issues de la
pensée inavouée et du regard. Elle avait rappelé à soi tour
ce qui d'elle était en dehors, elle s'était réfugiée, enclose,
33

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

résumée, dans son corps. En la tenant sous mon regard)
dans mes mains, j'avais cette impression de la posséder tout
entière que je n'avais pas quand elle était réveillée. Sa vie
m'était soumise, exhalait vers moi son léger souffle. J'écoutais cette murmurante émanation mystérieuse, douce
comme un zéphyr marin, féerique comme ce clair de lune
qu'était son sommeil. C'est peut-être même le dépouillement de l'être humain qu'on est qui, dans le sommeil,
supprime la parole, ne laisse passer qu'un bruit léger. A
ces moments-là Gisèle me semblait redevenue innocente.
Et pourtant quelles songeries, quels noms propres peutêtre ne flottaient-3.ls pas sans que je les pusse saisir, dans
cette pure haleine?
Quelquefois, s'il faisait trop chaud, je voyais qu'avant
de s'étendre, elle avait, dormant déjà presque, jeté son
kimono sur un fauteuil. Et maintenant qu'elle dormait,
je me disais que toutes ses lettres étaient dans la poche
intérieure de ce kimono où elle les mettait toujours. Une
signature, un rendez-vous donné eussent suffi pour prouver
un mensonge ou dissiper un soupçon. Quand je sentais
le sommeil de Gisèle assez profond, quittant le pied de son
lit où je la contemplais ,clepuis longtemps sans faire un
mouvement, ;e hasardais un pàs puis deux, pris d'une
curiosité ardente, sentant le secret de cette vie offert, floche
et sans défemse dans ce fauteuil. Pe1.\t-être aussi je m'a\,ançais
de la sorte parce que regarder dormir sans bouger finit par
devenir fatigant. Et ainsi, tout doucement, me retournant
sans cesse pour voir -si Gisèle ne s'éveillait pas, j'allais jusqu'au fauteuil. Là je ,:n'arrêtais, je restais longtemps à
regarder le kimono COIJlllle j'étais resté lo,ngtemps à regarder
Gisèle. Mais ( et peut-être j1ai eu tort) jatnais je n'ai. touché
a:u kimono, mis la main dans la poche, regardé les lettres.
A la fin, voyant que je ne me déciderais pas, je repartais, à
pas de loup, revenais -prês du lit de Gisèle.
Tant que persistait son sommeil je pouvais rêver à eUe et
pourtant la regatder,, et quand il dewenait plus profond 1a

LA REGARDER DORMIR

toucher, l'embrasser. Ce que j'éprouvais alors c'était un
amour devant quelque chose d'aussi pur, d'aussi immatériel, d'aussi mystérieux que si j'avais été devant ces créatures inanimées que sont les beautés de la nature. Et en
effet, dès que Gisèle dormait plus profondément, elle cessait d'être seulemént 1a plante qu'elle avait été, son sommeil .au bord duquel, je rêvais, avec une fraîche volupté
dont je ne me fusse jamais lassé et que j'eusse pu goûter
indéfiniment, c'était pour moi tout un paysage. Son sommeil mettait à mes c.ôtés quelque chose d'aussi calme,
d'aussi sensuellemttnt délicieux, que la baie de Ba.lbec
devenue, !es nuits de pleine lune, douce comme un lac, où
les branches bougent à peine, où, étendu sur le sable, l'on
écouterait sans fin se briser le reflux. En entrant dam; la
chambre, j'étais resté debout sur le seuil n'osant pas
faire de bruit et je n'en avais pas entendu d'autre que
celui de son haleine :venant expirer sur ses lèvres à intervalles internrin:eotS et réguliers, comme un reflux aussi,
mais plus assoupi et plus doux. Et au moment où mon
oreille recueillait ce bruit divin, il me semblait que c'était,
condensée en lui, toute la personne, toute la vie de la charmante captive, étendue là sous mes yenx. Des voitures passaient bruyamment dans la rue, son front restait aussi immobile, aussi pur, son souffle aussi léger, rédo:it à la simple
expfration dé l'air nécessaire. J'ai passé de charmants soirs à
causer, à jouer a.vec Gisèle, mais jamais d'aussi doux que
quand jelaregardaisdormir. Elle avait beau avoir en bavardant, en jouant aux cartes, ce naturel qu'une actrice n'eût pu
imiter : c'était un naturel plus profond, un naturel au deuxième degré, que m'offrait .son somweil. Sa chevelure descendue le long de son visage rose était posl¼eà côté d'elle sur le
lit et parfois une mèche isolée et droite don naide même effet
de perspective que ces arbres lunaires grêles et pâles qu'on
aperçoit tout droitsaufondàes tableaux raphaëlesqu.es .d'Elstir. Si les lèvres de Gisèle étaient doses, en revanche, de la
façon dont j'étais pla.cé, ses p;i.upières paraissaient si peu

�)I

6

L.A NOUVELLE REVUE FRANÇATrn

jointes que j'aurais presque pu me demander si elle dormait
vraiment. Tout de même ces paupières abaissées mettaient
dans son visage cette continuité parfaite que les yeux
n,interrompent pas. Il y a des êtres dont la face prend une
beauté et une majesté inaccoutumée pour peu qu'ils n'aient
plus de regard. Je mesurais d~s yeux Gisèle é;endue _à ~es
pieds. Par instants elle étau parco~rue d un~ ag1tat1?n
légère et inexplicable, comme les feu1ll_ages . qu une bnse
inattendue convulse pendant quelques mstants. Elle touchait à sa.chevelure puis ne l'ayant pas fait comme elle le
voulait, elle y portait la main de nouveau et avec des mouvements si suivis,. si volontaires, que j'étais convaincu
qu'elle allait s'éveiller. Nullement; elle ~edevenait calm_e
dans le sommeil qu'elle n'avait pas qmtté. Elle restait
désormais immobile. Elle avait posé sa main sur sa poitrine en un abandon du bras si naïvement puéril que j'étais
obligé en la regardant d'étouffer le rire que par le~r
sérieux, leur innocence et leur grâce nous donnent les petits
enfants. Moi qui connaissais plusieurs Gisèle en une seule,
il me semblait en voir bien d~autres encore reposer auprès
de moi. Ses sourcils arqués comme je ne les avais jamais vus
entouraient les globes de ses paupières comme un doux
nid d'alcyon. Des races, des atavismes, des vices reposaient
sur son visage.
Chaque fois qu'elle déplaçait sa tête, elle créait une
femme nouvelle, souvent insoupçonnée de moi. Il me
semblait posséder en elle d'innombrables jeunes filles. Sa
respiration, peu à peu plus pr9fonde, ma.i ntenant soulev~it
réguüèrement sa poitrine et,, par-dess~s ell~, ses roams
croisées, ses perles, déplacées dune maruère différente par
le même mouvement, comme ces barques, ces chaînes
d'amarre que fait osciller le mouvement du flot. Alors sentant que son sommeil était dans son plein, que je ne. me
heurterais pas à des écueils de conscience recouverts mamtenant par la pleine mer du sommeil profond, délibéréme~t
je sautais sans bruit surle lit, je me couchais au long d'elle, 1e

LA REGARDER DORMIR

prenais sa taille d'un de mes bras, je posais mes lèvres sur sa
joue et sur son cœur, puis, sur toutes les parties de son
corps, ma seule main restée libre et qui était soulevée
aussi comme les perles, par la respiration de la dormeuse;
moi-même j'étais déplacé légèrement par son mouvement
régulier, je m'étais embarqué sur le sommeil de Gisèle.
Parfois il me faisait got'.iter un plaisir moins pur. Je n'avais
besoin pour cela de nul mouvement, je faisais pendre ma
jambe contre la sienne, comme une rame qu'on laisse
traîner et à laquelle on imprime de temps à autre une oscillation légère pareille au battement intermittent de l'aile
qu'ont les oiseaux qui dorment en l'air. Je choisissais pour
la regarder cette face de son visage qu'on voyait bien raremeot et qui était si belle. On comprend à la rigueur que
les lettres que vous écrit quelqu'un soient à peu près
semblables entre elles et dessinent une image. assez difféœnte de la personne qu'on connaît pour qu'elles constituent
une deuxième personnalité. Mais combien il est plus
étrange qu'une femme soit accolée, comme Rosita et
Dodicaa, à une autre femme, dont la beauté différente fait
induire un autre caractère, et que pour voir l'une il faille se
placer de profil, pour l'autre de face.
Le bruit de sa respiration devenant plus fort pouvait
donner l'ifü1sion de l'essouffiemeot du plaisir et quand le
mien était à son terme, je pouvais l'embrasser sans avoir
interrompu son sommeil. Il me semblait à ces moments
là que je venais de la posséder plus complètement, comme
une chose inconsciente et sans résistance de la muette
nature. Je ne m'inquiétais pas des mots qu'elle laissait
parfois échapper en dormant, leur signification m'était fermée, et d'ailleurs quelque personne inconnue qu'ils eussent
désignée, c'était sur ma main, sur ma joue, que sa main
parfois animée d'un léger frisson se crispait un instant. Je
goûtais son sommeil d'un amour désintéressé, apaisant, comme je serais resté des heures i écouter le déferlement du flot. Peut-être faut-il que les êti:es soient capables

�LA NOO\'ELLE REVUE FRANÇA.lSE

de vous faire beaucoup souffrir pour que dans les heures
de rémission, ils vous procurent ce même calme apaisant
que la nature. Continuant à entendre, à recueillir d'instant
en instant, le murmure apaisant comme une imperceptible
brise, de sa pore haleine, c'était toute une existence physiologique qui était devant moi.; aussi longtemps que je restais jadis couché sur la plage, au clair de lune, je demeu·
rais là à la regarder, à l'écouter. Quelquefois on eüt dit que
la mer devenait grosse, que la tempête se fuisait sentir
jusque dans la baie et je me mettais contre elle à écouter
le grondement de son souffie qui roo.fiait.
J'avais son souffle près de ma joue, dans sa bouche qne
j'entrouvrais sur la mienne, où contre ma langue passait sa
vie. Mais ce plaisir de la voir dormir et qui était aussi doux
qne de la sentir ivre, nn autre y mettait fin et qui était
celui de la voir s'éveiller. Il était à un degré plus profond et
plus mystérieux, le plaisir même qu'elle habitât chez moi.
Sans doute il m'était doux, l'après-midi, quand elle descendait de voiture, que ce füt dans mon appartement qu'elle
rentrât. Il mer était plus encore que, quand du fond du
sommeil, elle remontait les derniers degrés de l'escalier des
songes, ce füt dans ma chambre qu'elle renaquît à la conscience et à la vie, qu'elle se demandât un instant : où suisje ? et que, voyant les objets dont elle était entourée, la
lampe dont la lumière lui faisait à peine cligner les yeux,
elle p6t se répondre qu'elle était chez elle en constatant
qu'elle s'éveillait chez moi. Dans ce premier moment délicieux d'incertitude il me semblait que je prenais à nouveau
plus complètement possession d'elle, puisque au lien
qu'après être sortie elle entrât dans sa chambre comme
quand elle revenait de promenade, c'était ma chambre, dès
qu'elle serait reconnue par elle, qui allait l'enserrer, la
contenir sans que ses yeux manifestent aucun éronnement, restant aussi calmes que si elle n'avait pas dormi.
L'hésitation du réveil révélée par son silence, ne l'était pas
par son regard. Dès qu'elle retrouvait la parole, elle disait:

LA REGAKDER DORMIR

Mon » ou cc Mon chéri » suivis l'un et l'autre de mon
no~ de baptême. Je ne permettais plus dès lors qu'en
fam11le en n_i•~~pelant ainsi on ôtât leur prix d'être uniques
a~x mots dehc1eux. que me disait Gisèle. Tout en me les
disant elle fa~ait une p_eri~e moue qu'elle changeait d'ellemême en baiser. Aussi vite qu'elle s'était tout à l'heure
endormie, aussi vite elles' était réveillée.
cc

�MES RÉVEILS

II

MES REVEILS
Quand Gisèle ·ne me quittait ainsi qu'au matin, je
m'endormais beaucoup plus profondément que d'habitude.
Comme un tel sommeil est - en moyenne - quatre fois
plus reposant qu'un sommeil léger, il paraît à celui qui
vient de dormir avoir été quatre fois plus long, alors qu'il
fut quatre fois plus court. Magnifique erreur d'une multiplication par seize qui donne tant de beauté au réveil et
introduit dans la vie une véritable novation pareille à ces
grands changements de rythme qui en musique font que,
dans un andante une croche tient autant de dorée qu'une
'
.
blanche dans un prestissimo, et qui sont inconnus à l'état de
veille. La vie est presque toujours la même, d'où les déceptions du voyage. Il semble bien que le rêvé soit fait pourtant avec la matière patfois la plus grossière de la vie, mais
cette matière y est traitée, malaxée, avec un étirement dû
à ce qu'aucune des limites horaires de l'état de veille
n'est plus là pour l'empêcher de s'effiler jusqu'à des
hauteurs telles qu'on ne la reconnaît pas. Ces matins où
Gisèle me quittait tard, la fortune m'advenait souvent que
le coup d'éponge du sommeil avait effacé de mon cerveau
les signes des occupations quotidiennes qui y sont tracées
comme sur un tableau noir, et qu'il me fallait faire revivre
ma mémoire; à force de volonté on peut rapprendre ce que
l'amnésie du sommeil ou d'une attaque a fait oublier et
qui renaît peu à peu, au fur et à mesure que les yeux
s'ouvrent ou que la paralysie disparait.
Et souvent une heure de sommeil de trop est une attaque
de paralysie après laquelle il faut retrouver l'usage de ses

521

membres, rapprendre à parler. La volonté n'y réussirait pas.
On a trop dormi, on n'est plus. Le réveil est à peine senti
mécaniquement, et sans conscience, comme peut l'être,
dans un tuyau, la fermeture d'un robinet. Une vie plus inanimée que celle de la méduse succède, où l'ou ci:oirait
aussi bien que l'on est tiré du fond des mers ou revenu du
bagne, si seulement l'on pouvait penser quelque chose.
Mais alors du haut du ciel la déesse Mnémotechnie se
penche et nous tend sous la forme cc habitude de demander
son café au lait » l'espoir de la résurrection. Encore le don
subit de la mémoire n'est-il pas tou}ours aussi simple. O,n
a souvent près de soi dans ces premières minutes où l'on se
· laisse glisser au réveil, une variété de réalités diverses entre
lesquelles l'on croit pouvoir choisir comm~ dans un jeu
de cartes. C'est vendredi matin et on rentre de promenade,
ou bien c'est l'heure du thé au bord de la mer. L'idée du
sommeil et qu'on est couché en chemise de nuit est souvent
la dernière qui se présente à vous. On croit. avoir sonné ,
on ne l'a pas fait, on a agité des propos déments. J'avais
vécu tant d'heures en quelques minutes que, voulant tenir
à Françoise que j'allais sonner, un langage conforme à la•
réalité et réglé sur l'heure, j'étais obligé d'user de tout mon
pouvoir interne de compression pour ne pas dire: cc Eh !
b!en, Françoise, nous voici à 5 heures du soir et je ne vous
a1 pas vue hier après-midi » et pour refouler mes rêves. En
contradiction avec eux et en me mentant à moi-même
(maintenant que j'étais arrivé à presser -la pÔire électrique
car le mouvement vous rend la pensée), je disais effrontément, en me réduisant de toutes mes forces au silence
je disais lentement mais nettement : cc Francoise il es~
bien dix heures n'est-ce pas ? (Je ne disais mê~e p;s : dix
heures, mais : dix heures dix, pour que ces incroyables dix
heures eussent quelque chose de plus naturel.) Donnez-moi
mon_ caf~ au lait. » Dire ces paroles au lieu de celles que
contmua1t à penser le dormeur à peine éveillé que j'étais
encore, me demandait le même effort d'équilibre qu'à quel-

�L~ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'un qui sautant d'un train et courant un instant le long
de la voie, réussit pourtant à ne pas tomber. Il court un
instant parce que le milieu qu'il quitte était un milieu
animé d'une plus grande vitesse~ et très dissemblable du sol
inerte auquel ses pieds ont quelque difficulté à se faire.
Mais, ô miracle I Françoise n'avait pu soupçonner la mer
d'irréel qui me baignait encore tout entier et à travers
laquelle j'avais eu l'énergie de faire passer mon étrange
question. Elle me répondait en effet : « Il est dix heures
dix », ce qui me donnait une apparence raisonnable et me
permettait de ne pas laisser apercevoir les conversations
bizarres qui m'avaient interminablement bercé, les jours
où ce n'était pas une montagne de néant qui m'avait
retiré la vie. A force de volonté, je m'étais réintégré dans
le réel.

PETITE FUGUE D'F.TF.

MARCEL .PROUST

I

Les fleurs de votre papier peint
Il faudra bien qu'on les jalouse :
Yow leur souriez. lt matin,
Est-il plus heureuse pelouse ?
Un jardin faux a la primeur
Des beautés dont ce temps m'exile
Et le véritable, où je meurs,
Na plus de gaz.or: qtlintctile.

Awrs que tout a déserté
L'az.ur de mon âpre Jolie,
Heureux pays, beurcux lté
Qtte vos grâces réconcilient I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

II

PETITE FUGUE D'ETÉ

525
IV

Reviendrons-nous à Bougival
Le jour qu'on y joute à la lance ?
Dans une guinguette en aval,
Quand le dimanche eut fait silence,

Moi qu'enchantèrent les regrets
Et les romans et les ramances
Maintenant je souhaiterais
Des yeux ou rien ne recommence.

Quand les calicots canotiers
Eurent laissé tomber les rames
Et qu'autour des demi-setiers
Rêvaient ces messieurs et ces darnes,

Quand le goàt des baisers anciens
Remonte adeux bouches offertes,
Chacune entend garder les siens
Et veut l'autre nue et déserte;

Je respirais autour de vous
Cette incomparable amertume
Qui nous punit d'être jaloux
D'amours que point nous ne cannâmes ...

Mais ce qu'un jour on a donné
Ou donc irait-on le reprendre ?
Comme on dit au Pays du Tendre :
C'est macache et midi-sonné.

III

V

Les paysages de l'amour
Bientôt dépouillent leur mystère;
Qu'il sera banal au grand jour
Ce bosquet que la lune éclaire.

Enfant I prête-moi ton bandeau,
Que je me dérobe a nwi-même /
Il n'est pas vrai, je le sais trop,
Qu'on soit aveugle quand on aime.

Toujours précis en leur dessin,
Les noms sont fideles aux marbres,
Et percés d'un dard assassin
Les cœurs croissent avec les arbres.

Ne quittez pas mes yeiix mortels
Retenez-les contre les vôtres,
Qu'ils ne voient plus terre ni ciel
Ni ces destins ou je me vautre.

Vers les plaisirs qui nous sont dus
En vain l'on veut tirer au large,
Ces aimables témoins acharge
Accusent notre temps perdu.

Faites que leurs feux obstinés
A votre ingrat et doux service,
Meurent enfin comme ils sont nts
Rebelles, et pleins de caprices.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

526

VI

PETITE FUGUE

o':frt

VIII

Que j'aimai tant avant la iuerre ;
Ils sont, cés chers lieux de naguère,
Aussi menteurs que des amants :

« Les délicats sont malheureux »
S'il est vrai que rien ne les flatte,
Il n'est rien d'assez dur pour eux :
Mais que dire des délicates?

Nous serons pour toi, disaient-ils,
Invariables et fideks ;
La Vierge d'Aoât tient dans ses fils
Nos trèfies et nos hirondelles ....

Qu.e ne m'avez-vous mieux meurtri
Quand j'étais capable de l'être?
Des pleurs que d'autres ont tari,
A présent je ne suis plus maître.

Aux promesses de leurs chemins
Que les couples nouveaux se fient !
]'apprendrai la géographie
D'un beau désert .sans lendemain.

Lèvres qui gardez le désir
Des mqrsu,res les plus-e~tdmes,
Sachez qu'il vous faudrait vous-mêrnee
Rester jeunes poHr mieux souffrir.

Fai revu

I.e vallon normand

ROGER ALLARD

VII

Souffrance, ô jeunesse des sens
Ne ni'abandonne pas encore/
Tous le.s dges sont innocents
S'il est des tourments qu'ils ignorent.
Chérissons la méchanceté
Des mains qui font fieurir nos veines,
Leur douceur non plus n'est point vajne
Qui réveille nos cruautés.
La volupté de cette vie
N'est donc que le cher désaccord
Où les complaisances des corps
Trompent la haini inasso11vie.

/

�ANTON TCHEKHOV

,

ANTON TCHEKHOV
CONSlDÉRATIO S ACTUELLES

I
Il ne faudrait pas chercher en ces quelques pages un
effort pour caractériser d'une façon générale et complète
l'œuvre d'Anton Tchekhov : toute étude de ce genre
exigerait une analyse extrêmement détaillée et fouillée et me
ettrait dans l'obligation de citer longuement des ouvrages
mue le public français ne connaît pas encore '. Et pour:1aot je ne parviendrais certainement pas à do~ner au lecteu; français une idée exacte à la fois et sùffisamment
claire de la personnalité artistique de Tchekhov, °:r mê~e
pour nous autres, Russes, qui connaissons ses hvr~s, _Je
ourrais dire presque par cœur, il y a. en cet écnvam
~'une forme si claire, si facile, semble-t-il, beau~ou~ ~e
choses obscures encore que nous ne parvenons pas a sa1s1r,
bien qu'elles agissent sur nous direc~ement et avec force.
Nous aimons Tchekhov ; il fut certamement, au cou~s des
années qui précédèrent la révolution, le plus populaire d~
nos écrivains, mais nous ne comprenons pas encore tout a
t Cette lacune sera bientôt comblée : la Maison Pion ~ en~repi~:
PubÏication de l'œuvre complète de Tchekhov, dans l~ tra ucuon artie
. Roche Les deux volumes déjà parus contiennent une p .
de M. Derus d
u·· es de Tchekhov qui exercèrent une action p~1sdes œuvres rama qu
d
illeurs récits,
ante sur le théâtre russe et quelques-uns e se~ ~e
,
isse
:els que: la Salle 6, Grai11e erra11te, l'U11ifor111e du Capllawe et 1Ango '
un pur chef-d'œuvre.

529
fait les raisons de l'attirance puissante qu'il exerce sur nos
esprits.
Tchekhov est encore une énigme. Peut-être le sera-t-il
toujours. La critique s'est beaucoup occupée de son œuvre,
mais n'a su jusqu'ici que la réduire à quelques formules
portatives, rapidement devenues des lieux communs et qui
ont déjà perdu toute valeur, aux yeux même de ceux qui
les emploient encore à défaut de mieux. Le succès a été
néfaste à Tchekhov sous ce rapport : le voilà déjà classé et
catalogué, avant même d'avoir été compris.
Tchekhov, a-t-on proclamé, c'est le chantre des âmes
crépusculaires, des petites gens, de la vie mesquine et
plate, l'historien des drames insignifiants, du lent enlisement des âmes débiles; c'est un pessimiste, mais un
tendre en même temps et un résigné, dont le regard aigu
se voile souvent de pitié ; son art élégant et doux est tout
de nuances. Conformément aux doctrines esthétiques jadis
à la mode, on a rattaché aussi Tchekhov à son époque, à son
milieu : son œuvre reflète les tendances, les sentiments de
la société russe pendant la longue période de réaction qui
marqua les règnes d'Alexandre III et de Nicolas II ; les
intellectuels russes, désespérant de l'avenir, impuissants,
rongés de doutes et d'inquiétudes, étaient plongés dans le
découragement, l'apathie. L'œuvre de Tchekhov est justement le produit de cet ét1t d'esprit « crépusculaire ». Tel
est le portrait que la critique russe a tracé de l'auteur de la
Mouette.
Si ce portrait était exact, si Tchekhov n'était que cela,
quel intérêt, quelle valeur présenterait-il pour nous
aujourd'hui, pour . nous qui avons vécu la guerre et traversé la tourmente révolutionnaire ? Quel intérêt présenterait-il aussi pour les étrangers qui ne peuvent le connaître
qu'à travers des traductions, lesquelles, si fidèles qu'elles
soient, affaiblissent encore sa signification ?
Dans les lieux communs qui se débitent généralement
sur le compte de Tchekhov et que je viens de résumer, il y
34

�53°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

a certainement un côté de vérité : oui, Tchekhov est un
peintre des mœurs et de l'état des esprits de la société
russe au cours des vingt dernières années du siècle passé;
et c'est ainsi que certaines choses ont déjà fortement vieilli
en Tchekhov : la description d'une existence qui nous
paraît aujourd'hui, après la révolution bolcheviste, aussi
différente de la nôtre que celle des Grecs ou des Romains. Lorsque nous lisons maintenant ses scènes de la
vie des paysans;-- des ouvriers, des propriétaires terriens,
des petits bourgeois, il nous sembie que ce ne sont là que
contes de nourrice.
Mais il y a aussi en lui quelque chose de très vivant
encore ; je dirai même plus : quelque chose d'extrêmement
important et qui, répondant très subtilement à certaines de
nos tendances, de nos préoccupations actuelles, à nous
autres Russes, ne peut être bien saisi et compris qu'aujourd'hui. Cet élément impérissable, Tchekhov l'a eu en commun avec ses aînés, Gogol, Dostoïevsky, Tolstoï. Eux aussi,
- pour autant qu'ils décrivaient en réfllistes la vie de leur
temps, les mœurs, la structure sociale - ils ont quelque
peu vieilli, il faut oser le dire. _Mais_qui donc so~ger~it à n~
voir dans La Guerre et la Paix qu un roman h1stonque, a
ne considérer les Frères Kararnaz.ov que commè un tableau
de la vie provinciale ! Téhekhov sous ce rapport est
bien l'héritier des grands génies .qui l'ont précédé, et on
a pu très justement dire de lui : si ce n'est pas le Roi,
c'est en tout cas le Dauphin. Il est de sang royal, de la race
de ceux que je viens de nommer et marche dans la voie
qu'ils ont tracée.
l

II
S'il me fallait caractériser d'un seul mot l'art de Tchekhov,
je ne pourrais souligner autre c~ose que s~n _ex~rême
simplicité. Je dirais même que s1 cc art » s1gmfi.a1t un

ANTON TCHEKHOV

53 I

certain arrangement, une réorganisation de la réalité il
faudrait alors admettre qu'il n'y a pas d'.art du tout 'en
Tchekhov ou, ce qui serait évidemment plus exact, que
tout l'art de Tchekhov consiste justement à faire naître
l'impression d'une absolue spontanéité, d'une sincérité
naïve, d'une complète absence de tout apprêt, de tout artifice. A ce point de vue Tchekhov occupe une place unique
dans la littérature eriropéenne.
Si le lecteur n'est pas prévenu, jamais l'idée ne lui viendra de prêter la moindre attention au style de Tchekhov ou
bien au développement de ses récits - car cette simplicité,
cette pauvreté des moyens dont use rauteur, caractérisent
aussi bien son style que sa composition. li y a des écrivains qui nous frappent dès l'abord par l'excellence de leur
métier littéraire, par la. beauté de leur langue, par la perfection et l'élégance de leur composition. Maïs jamais on ne
songe à ces choses en lisant Tchekhov et il faut faire un
violent effort sur soi-même, si l'on veut se détacher de ce
qu'il nous dit pour porter son attention .sur la manière dont
il le dit. Ivan Bounine, par exemple, est un grand maître
du verbe ; ses nouvelles sont de merveilleux joyaux :
Tchekhov ne produit jamais cette impression et n'éveille
aucune image de ce genre. On trouverait certainement
chez lui de très belles phrases, mais à la lecture elles
n'accrochent pas.
Quel est son style? Si l'on est amené pour une raison ou
pour mie autre à se poser cette question, on s'aperçoit que
la l~gue de Tchekhov possède un charme particulier :
qu'elle est très précise, gracieuse et facile, sans tension, sans
effort aucun. Ce style seripproche du. langage parlé; il en
conserve toutes les caractéristiques : la liber.té d'allure,, le
laisser-aller même, qui pourrait passer pour de l'incorrection, la légèreté. Ce style n'est pas très coloré: Tchekhov
ne peint pas ; il dessine plutôt ; et son dessin très fin
'
.
.
,
'
n est Jamais trop appuyé, trop riche en jeux d'ombres et
de lumières. Aussi, quand il lui arrive parfois de souligner

�532

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un détail quelconque, sans paraître y attacher une importance particulière, cela produit toujours un très grand ~ffet.
Ses goûts, ses habitudes (il débuta en collaborant a d~s
journaux quotidiens) et aussi la conscience ~rès nette qu il
avait des limites de ses propres forces le port~1ent tout naturellement vers la forme laconique et concentrée du récit, de la nouvelle plus ou moins développée. Il établ~ssait tou:
jours ses plans très minutieusem~n_t, mais le récit chez lm
se développe si naturellement, si _librement que le lect:~r
peut s'imaginer que l'auteur prend tout auta~t de. pla1s1r
à raconter que lui-même à lire. Presque touiours 11 entre
immédiatement et dé plain-pied dans son sujet, sans nulle
préparation, avec une audace tranquille qui so~v_ent d~concerte. Le début de Volodia est très caracténst1que a cet
égard : Tchekhov indique que les pe_ns~es de s?n héro~
suivent trois directions différentes, puis 11 les smt une a
une dans leurs méandres avec une sèche précision qui
pourrait passer pour de la gaucherie; mais dès ce début le
lecteur est conquis : il est persuadé.
Cet art extraordinaire qui consiste justement à créer l'illusion de l'absence de tout art, de toute forme, présente,
me sernble-t-il, de grandes analogies avec certaines trouvailles de Moussorgsky : celui-ci découvre intuitivement
une forme d'art telle que la vie qu'il y enclôt conserve sa
tiédeur, sa souplesse et un indéfinissable parfum de fraîcheur. La forme de Monssorgsky (je prends ce mot de
« forme » dans son acception la plus large), parfaitement
pure et transparente, ne se laisse pas ape:cevoir. et paraît
nous mettre en rapport direct, en contact 1mméd1at avec la
réalité vivante, encore toute palpitante, que nous découvre •
l'artiste. Je songe surtout, en ce moment, à la Chambre
d'Enfants, à la scène de l'auberge de Boris. Il en est ~-e
même de Tchekhov dans ses meilleures nouvelles. Sil
nous donne l'illusion de la vie, ce n'est pas en accumulant
des détails réalistes ou des peintures- éclatantes, mais en
conservant à son récit cette allure souple, cette démarche

ANTON TCHEKHOV

533

quelque peu incertaine, sans but précis, « au hasard
que nous présente 1a réalité.

&gt;&gt;

III
La critique russe, disais-je, ne put comprendre Tchekhov
ce qui ne l_'a pas empêchée de le couvrir de fleurs. Il y ~
une exception pourtant : c'est l'admirable étude de Léon
Schestov : La création ex nihilo, qui porte en épigraphe ce
vers de Baudelaire :
Résigne-toi, mon cœur, dors ton sommeil de brute.
Schestov voit en Tchekhov le chantre &lt;&lt; de la désespérance» : au cours de sa longue carrière littéraire Tchekhov
n'a jamais fait que tuer les espoirs humains· il faisait cela
bien mieux que Maupassant, insiste Schestov': des mains de
Ma_upassant_ la vic~ime réussissait parfois à s'échapper,
froissée, bnsée, mais encore vivante. Entre les mains de
Tchekhov, tout mourait.
Il y a du vrai dans ce terrible jugement que Schestov
développe longuement et avec de nombreux exemples à
l'appui. Mais je voudrais y introduire une correction qui
en modifierait considérablement la portée. Il ne s'agit
d'ailleurs pas d'épuiser l'œuvre de Tchekhov en une
seule formule; je voudrais souligner seulement une des
tendances dominantes de cette œuvre, celle qui me paraît
présenter actuellement une signification toute particulière.
Tchekhov tue les espoirs humains, mais « humains » doit
signifier ici &lt;&lt; sociaux i&gt;; Tchekhov enlève à l'homme tout
ce qui ne lui appartient pas en propre, ses vêtements
sociaux. Tchekhov déshabille la personnalité humaine que
son regard perçant découvre sous les somptueux habits ou
les sales ?ripeaux dont elle est toujours revêtue. Il n'a pas,
semble-t-11, de plus grande joie que de faire tomber un à
un les voiles dont l'homme recouvre sa nudité et _qui la

�534

LA NOUVELLE · REVUE FRANÇAISE

défendent ·oontte sès propres .regards et ceux d'autrui. Sop.
pessimisme, ses railleries, son .ironie ne sont jamais dirigts
contre l'homme, mais contre les contingences qui l'enserrent et déterminent son action. Ses meilleurs récits, comme
cette Ennu')'euse Histoire qu'il fit paraître quand il n'avait
encore que vingt-s_e pt ans, racoote.o.t j)Jstem~?t le lent
d€pouîllement ?a~•l'ho.m me de sa_, p~son1:alité soci~l~ et la
décauvèrte inattendue de son propre moi, du mot réel.
! 'Tel est ·aussi le thème de la Da1114 au.petit chien, un de
ses chefs-d'œuvre,' où le contraste entre l'existence sodale
1
'
de l'homme et sa vie intime est rendu a'autant plus frappant q_ue les héros du récit sont des êtres pa1faitement
quelconques et leurs aventures très ordinaires :
Il parlait, et songeait en même temps qu'il allait à ., un
rendez-vous et ·qùe pas une âme vivante ne le savait et ne le
saurait'sans doute jamais. Il vivait deux existences. : l'une, évidente, q,ue voyaient et constatâien.t tous c~x qui le devaient,
femplie de vérités partielles et de, mensonges partiels, parfaitement semblable à la vie d.e ses amis et connaissances, et
l'autre secrète. Et par un étrange concours de circonsta_1Jces,
peut-être fortuit, tout ce qui était P.Our lui important intéressant, indispensable, ce qu'il vivait sincèrement et sans se mentir
à lui-même, ce qui constituait le nôyau même de son existence
se déroulait secrètement, tandis que son mensonge, la carapace
dans laquelle il se retirait pour cacher ta vérité, comme par
e:xemple: ses occupations à la banque, ses discussions au club,
'ses théories sur les f-cmmes, les anniversaires qu'il fêtait- tout
cela se passait aux yeux de. tous. Et il jugeait des autres d'après
s:o4 ne croyait pas à 'ce qu'il constatait et .supposait toujours
que la vraie vie de chacun, sa vie la. plus intéress-ante se déroulait sous le voile du mystère, comme sous le voile de la nuit.
Toute e.xistence individuelle est bâtie s~r le mystère et c'est en
partie à cause de cela, peut-être, que l'hÔmœe dy:Uisé insiste
avec tant,de nervosité sur ,le respect dù à l,i vie privée.
Très souvent, et c'est là que le peS'Simismede Tchekhov
confine:' au désespoir; l'écrivain, après a'Voi-c. patiemment
épiuché son héros et mis à nu les en.'9eloppes- successiv.es

~NTON TCHEKHOV

5,5

q_ui reco:i;tvrai~n_t sa personnalité vé.dtable, ne trouve plus
nen, aucun restdl,l ~ 1a personnalité ~ .~ri; étouffée sous
le ~êtenw.n~ qui· s'est incrusté peu à peu dans sa chair
Parfois :'homme-lutte, sç. .révolte CO!}tre cet .envahissemen;
de s~n etre. Daps son pr~mier drame, Ivanov, par exemple
( écnt vers 1.889), ç'est la révolte contre les idées morales
et so~iales_ trans~rm!es ·en principes abstraits et prétendant a 'régir la vie q,ue décrit Tchekhov. Le plus souvent
cette révolte n'.aboutit pas, la _ défaite du héros est compl~te ;. mais, dans sa défaite même, il réussit à se retrouver
lu1-meme, ne fût-ce que pour un instant.
Nul romantisme ~vec cela, nulle dédamation, nulle
pose; les ~h~se~ se passent toujours trèssim.plement, vulgairement, d1ra1s-Je même. Absence complète aussi de toute
tendance moralisatrice, de théories philosophiques ou
sociales.
An~ré G!de fais 7it · ~è~ justement remarquer à propos de
Dost01evski que la littérature russe s'occupe plus des rap~orts en_tre la personnalité humaiue et Dieu, que des
hens sociaux. On peut en dire tout autant de Tchekhov :
ses descriptions du milieu social, ses scènes de mœur-s ne
s,ont pour lui qu'un moyeu d'atteindre le m.oi intime de
1homme. L'homme nu - tel est le véritable problème
pour Tchekhov.
Mais, la carapace sociale est solide ; elle résiste à tous les
coups, a toutes les
. secousses ; seule la maladie , la mort
peu:ent en avoir parfois raison. Aussi Tchekhov est-il
lmp1toyable pour ses héros : il les pousse lentement vers
l'abîme, il suit attentivement toutes leurs convulsions il
les fait souffrir tant qu'il peut, car ce n'est que lorsq~'ils
auro~t ~out perdu qu'ils retrouveront parfois un dernier
espoir, mexprimable.
C'est de cette même ·source, de cette vision de l'homme
nu q~e découle l'humour de Tchekhov, léger, naïf dans ses
pre~rnères œ~vres, p~us tard mélancolique et ironique :
le nre est toujours déclanché ici par le contraste entre les

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vêtements de l'homme et le corps que Tchekhov voit
transparaître au travers de ces vêtements.
L'homme nu - c'est aussi d'une certaine façon le problème de Tolstoï, de Dostoïevsky. L'Ennuyewe Histoire ne
fait-elle pas songer à la Mort d'Ivan Ilitch ? Je parlais id
dernièrement de Bounine et rappelais aussi à propos du
Monsieur de San Francisco le chef-d'œuvre de Tolstoï.
C'est justement ce qui nous rend Tchekhov si actuel
aujourd'hui, tout comme ses aînés que nous comprenons
autrement et mieux qu'auparavant. Si, sous certains rapports, Tchekhov semble avoir reculé dans le temps, sous
d'autres il s'est rapproché de nous, il est devenu notre contemporain et nous sommes pour lui de bien meilleurs lecteurs que ces gens de la fin du x1x• siècle et du début du
siècle présent dont les pieds reposaient sur un sol ferme et
qui n'imaginaient même pas que la terre pût un jour
manquer sous leurs pas. Nous autres, qui nous trouvons
sur un terrain mouvant, qui avons vu se désagréger une
immense société presque en quelques mois et avons assisté
à la rupture de tous les liens sociaux, nous avons acquis
au moins une liberté d'esprit, une passion du risque, une
soif d'aventures que ne connaissaient pas nos pères, et
aussi un dégoût profond pour toutes les formules, toutes
les théories générales, tout ce qui tend à enclore la vie,
à la limiter. Tchekhov, œt esprit libre et inquiet, est un
des nôtres, car à nous aussi la nudité de l'homme est
apparue, brusquement dépouillée dans la catastrophe russe
de ses linges sociaux. Certes, il n'est pas beau, l'homme
nu : il est même hideux, très souvent et parfois pitoyable,
mais c'est peut-être parce qu'il se cachait toujours honteusement.
BORIS DE SCHLOEZER:

VOLÔDIA

. Un dimanche d'.été, vers cinq heures du soir, Volôdia,
Jeu_ne homme de dix-sept ans, laid, maladif et timide, était
assis sous _une to~nelle de la maison de campagne des
Cboumîkhme, et s ennuyait.
Ses tristes pensées suivaient trois directions.
Il devait, premièreme~t, passer le lendemain un examen de mathématiques et il savait que, s'il ne résolvait
pa~- le problèr~e posé,_ il serait renvoyé du lycée, parce
qu 11 redoublait sa seconde 1 et avait comme moyenne en
algèbre, 2 3
Deuxièmement, ce séjour chez les Cho~mîkhine, gens riches, prétendant à l'aristocratie, causait à son
a~~ur-pwpr,e u_ne constant~ _souffrance.~! lui semblait que
M Choum1khme et ses meces le tenaient, ainsi que sa
maman, pour des parents pauvres et des pique-assiettes ·
q~'elles n'estimaient poJnt sa mère et se moquaien~
delle. Il avait une fois entendu Mm• Choumîkhine dire
sur la terras~e, à sa cousine, Anna Fiôdorovna, que s;
man:a~ c01:tmuait à faire la jeune, qu'elle se fardait, ne
?aya1t 14ma1s ses dettes de jeu et qu'elle avait une passion
immodérée pour les bottines et les cigarette:s d'autrui.
Chaque jour, Volôdia suppliait sa maman de ne plus aller
chez les Choumîkhine, lui décrivait le rôle humiliant
qu'elle jouait chez ces gens-là, cherchait à la convaincre
l~i d~sait des choses dures, mais elle, légère, gâtée, ayan~
dilapidé deux fortunes, la sienne et celle de son mari,

l

I. ~xactement sa « si xième année », les cours des lycées russes étant
de hua ans.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

toujours attirée vers la haute société, ne comprenait pas
son fils, qui, deux fois par semaine, devait l'accompagner à

la villa maudite.
Troisièmement, le jeune homme ne parvenait pas à se
débarrasser d'un sentiment étrange et désagréable, et tout
nouveau pour lui ... Il lui semblait qu'il était amoureux
d' Anna Fiôdorovna, la cousine de Mme Choumîkhine, qui
était aussi en visite chez elle.
C'était une remuante, criarde et moqueuse petite dame
d'une trentaine d'années, robuste, fraiche, rose, avec des
épaules rondes, un menton rond et .gr~s, et qui ~vai~, s~,
ses lèvres minces, un perpétuel sounre. Elle n était m
belle, ni jeune; Volôdia le savait parfaitement. Mais il
n'avait pas la force de ne pas penser à elle, de ne pas la
regarder, lorsque, jouant au croquet, elle roulait ses épaul~s
rondes et remuait son dos droit, ou lorsque, ~près avoir
beaucoup ri et couru, elle se laissait tomber dans un fauteuil,, les yeux demi-clos, et haletait, comme si sa poitrine
.avait été à· l'étroit. Elle était mariée. Son mari, architecte
sérieux, venait une fois par semaine à la villa, y dormait tout son saoul et repartait. L'étrange sentiment commença, chez Volôdia, par une haine s.ans sujet pour cet
architecte et il se rejouissait chaque fois qu'il retournait
en ville.
Assis sous la tonnelle, pensant à l'examen du lendemain
et à sa maman que l'on raillait, VoJôdia ressentait un violent désir de voir Nioûta ( c'est ainsi que les Choumîkhine
appelaient Anna Fi6dorovna), d'entendre son rire, le
bruissement de sa robe... Ce désir ne ressemblait pas à
l'amour pur~ poétique, qu'il connaissait par les romans et
auquel il rêvait chaque soir en se couchant. Ce désir était
étrange, incompréhensible; Volôdia en avait honte et le
redoutait comme quelque chose de très mal et d'impur
qu'il est difficile de s'avouer à soi-même ...
« Ce n'est pas de l'amour, se disait-il. On ne s'amourache pas de femmes de trente ans, mariées ... Ce n'est

VOLÔDIA

539

qu'une petite galanterie ... Une simple petite galanterie. »
Et en pensant à cette petite galanterie, il sè r.app.elait sa
timidité insunn:ontable., son manque de moustachh, ses
rousseurs, ses yeux étroits. Il se plaçait, en ·pensée, ·près de
Nio-ôta et leur couple lui semblait impossible. Il s'empressait alors de se rêver beau, hardi, spirituel, habillé à la
dernière mode...
Au plus fort de sa r:êverie, tandis que, courbé, les yeux
à terre, il était assis ~n un coin sombre de la tonnelle,
des pas légers retentirent. Quelqu'un marchait sans se
presser dans l'allée. Bientôt les pas s'arrêtèrent et quelque
chose de blanc apparnt.
« Y a-t-il ici quelqu'un ? demanda. une voix de
femme.
Volôdia reconnut la voix et releva la tête ayec effroi.
- Qui est là ? demanda. Tjoûta, entrant sous la tonnelle. Ah! c'est vous, Volôdia? Que faites-vous ici? Vous
méditez ? Comment toujours méditer, méditer, méditer? ...
On peut eu devenir fou ! ·
Volôdia se leva et regarda Nioûta, efràré. Elle revenait
de se baigner. Sur ses épaules étaient jetés un drap et une
serviette-éponge. Sous un foulard de soie blanche passaient ses cheveux mouillés, collés au front. Une odeur
fraiche de rh·ière et de savon aux amandes émanait d'elle.
Elle était essoufflée d'avoir marché vite. Le bouton du
haut de sa robe n'était pas boutonné et le jeune homme
voyait son cou et sa gorge.
- Pourquoi vous taisez-vous ? demanda Nioûta en
regardant Volôdia. Il est impoli de se taire quand une
dame vous parle. Quel louraa,tid vous faites tout de même,
Volôdia ! Vous restez toujours assis, vous vous taisez, méditez comme une façon de philosophe. Il n'y a en ·vous nr feu,
ni vie ! Vous êtes dégoûtant, ma parole !. .. A votre âge, il
faut vivre, sauter., .remuer, faire 1a cour aux femmes, être
amoureux ...

�YOLÔDIA

540

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Volôdia regardait le drap que tenait une main blanche
et potelée. Il songeait.
- Il se tait!... fit Nioûta étonnée. C'est même singulier ... Ecoutez; soyez un homme! Souriez, au moins! Fil
dégoûtant philosophe! (Et elle se mit à rire.) Savez-vous,
Volôdia, pourquoi vous êtes un lourdaud? Parce que vous
ne faites pas la cour aux femmes. Pourquoi ne la leur
faites-vous pas ? Il est vrai qu'il n'y a pas de demoiselles
ici. Mais rien ne vous · empêche de faire la cour aux
dames! Pourquoi, par exemple, ne me faites-vous pas la,
cour?
Volôdia écoutait, plongé dans de profondes et lourdes
réflexions, et se grattait la tempe.
- Seuls se taisent et aiment la solitude les gens très
fiers, poursuivit Nioûta, écartant sa main de la tempe de
Volôdia. Pourquoi regardez-vous en dessous ? Veuillez me
regarder en face ! Allons, lol!rdaud !
Volôdia se décida à parler. Voulant sourire, sa lèvre
inférieure se tira; ses yeux clignèrent, et il approcha à
nouveau la main de sa tempe.
- Je ... je vous aime ! dit-il enfin.
Nioûta releva les sourcils avec surprise et se mit à rire.
- Qu'entends-je ! commença-t-elle à chantonner à la
manière des chanteurs d'opéra qui entendent une chose
effroyable. Comment? Qu'avez-vous dit? Répétez! répétez!_...
- Je ... je vous aime! répéta Volôdia.
Et sans aucune participation de sa volonté, ne comprenant rien et ne réfléchissant à rien, il fit un demi-pas vers
Nioûta et lui prit le bras au-dessus du poignet. Ses yeux
se troublèrent et des larmes lui vinrent. Tout l'univers se
transforma pour lui en une grande serviette-éponge qui
sentait le bain.
- Bravo! bravo! - et en même temps un rire gai
retentissait. Pourquoi vous taisez-vous :1 Je veux que vous
parliez. Allons !

54 1
. Voyant qu'on ne l'empêchait pas de tenir le bras, Volôdia regarda la figure rieuse de Nioûta et lui entoura maladroitement, incommodément, la taille de ses deux bras
en joignant les mains derrière son dos. Il la tenait ainsi~
elle, les mains derrière sa nuque, montrant les fossette~
de_ ses coudes, arrangeait ses cheveux sous le mouchoir de
soie; et elle dit d'une voix calme :
- Il faut, Volôdia, être adroit, aimable, gentil, et on
ne peut le devenir que dans la société des femmes. Mais
quelle vilaine, quelle méchante figure vous faites !. .. II
fa~t parler, rire ... Oui, Volôdia, ne soyez pas un croquemttai?e. Vous êtes jeune et vous aurez le temps de faire
le philosophe. Allons, lâchez-moi. Je m'en vais. Lâchezmoi ! »
Elle se dégagea sans peine et sortit de la tonnelle en fredonnant. Volôdia resta seul. Il lissa ses cheveux, sourit, fit
le tour de la tonnelle, puis il s'assit sur le banc et sourit
e,ncore ~ne fois. Il avait insupportablement honte. Il
s étonnait même que la honte humaine pût atteindre un
tel degré de chaleur et de force. Il souriait, murmurait
&lt;les mots sans suite et gesticulait.
Il avait honte que l'on se fût comporté avec lui comme
avec un gamin; honte de sa timidité; honte surtout d'avoir
osé prendre par la taille une femme honnête une femme
marié_e, bien que son âge, son extérieur, sa po~ition sociale
ne lut en donnassent, lui semblait-il, nul droit.
Il se leva brusquement, sortit de la tonnelle, et, sans se
retourner, s'en fut au fond du jardin, loin de la maison.
«.Ah! partir_ au plus tôt d'ici ! pensait-il, en se prenant
la tete. Mon Dieu, au plus vite ! &gt;)
_Le train que Volodia et maman devaient prendre nartatt
· heures quarante. Il y avait près de trois heures
r
. a' h uit
!~squ'à ~~ temps-là, mais Volôdia serait parti sur-le-champ
vec plaisir pour la gare, sans attendre sa maman.
~ur les huit heures, il revint vers la maison. Toute son
attit d
· · · !a détermmation
·
u e expnmait
: advienne que pourra!

�542 .

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

IL résolut d'entrer hardiment, de regarder tout le monde
dans les yetix, de pa:rler haut, en dépit de tout.
,
Il traversa la terrasse, h. grande salle, le salon, et s y
arrêta pour respirer. On prenait le thé à côté, dans la
salle à manger. Mm• Choumîkhine, maman et Nioûta parlaient de quelque chose et riaient.
Volôdia prêta l'oreille . .
« Je. vous assure!.. disait Nioûta.. J~ n'en croyais _pas
mes yeux ! Quand il commença à me f~1re une d~clar~uon
d'amour, et même, figurez.-vous, me pnt par la taille, Je ne
.è t
le reconnus plus. Et vous savez, il a une mam re ... •
Quand il a dit qu'il était amoureux. de moi, il y avait dans
son. visage quelque chose de féroce, comme ·chez un
Tcherkesse.
- Pas possible ! s'exclama maman, partant d'un grand
éclat de rire. Pas possible. Comme. il me rappelle son père !
Volôdia prit la fuite et sortit à l'air libre.
- Comment peuvent-elles 'p arler de cela tout haut ! se
demanda-t-il, joignant les mains et regardant le ciel avec
terreur. Elles en parlent tout ha.ut, de sang-froid ... Maman
riait aussi, ... maman !. . Mon Dieu, pourquoi m'as-tu
donné une mère pareille ! Pourquoi ?
·
Mais il fallait coûte que coûte rentrer à la maison. Volôdia fit quelques tours dans l'allée, se calma un peu et entra.
- Pourquoi ne venez-vous pas à temps pour. le thé ?
lui dit sévèrement Mm• Choumîkhine.
- Pardon, il est temps ... , marmotta-t-il sans lever les
yeux, il est temps que je parte... Maman, il est déjà huit
heures.
- Pars seul, mon chéri, dit maman indolente. Je- reste
coucher chez IJli. Adieu, chéri... Donne que je te
bénisse ...
Elle signa son fils et dit en français, en s'adressant à
Nioftta :
- Uressembleun peu à Lermontov ... n'est-ce pas?»
Ayant pris congé de chacun tant bien que mal, sans

VOLÔDIA

543

re?ard~r personne, Volôdia sortit de la salle à manger.
D1~ mmutes après il marchait sur la route de la gare et en
était heureux. II n'av:üt plus ni honte ni peur. II respirait
à Faise, librement.
A un~ ~emi-verste de la station, il s'assit sur une pierre
e_t se rmt a re~arder le soleil plus qu'à moitié disparu derrière le remblai. A la gare, quelques feux étaient déjà allumés. Un feu _trouble, ~e~t, approchait, mais on ne voyait pas
encore le tram. II pla1sa1t à Volôdia d'être assis et d'écouter
le soir tomber peu à peu. La pénombre de la tonnelle les
pas, l'odeur de bain, le rire, la taille de Nioûta, - ~out
cela se présentait à son esprit avec une étonnante netteté et
n'était plus si terrible ni si grave qu'il lui avait semblé ....
« Qu'importe !. .. Elle n'a pas retiré son bras et elle
ri_ait qu~nd je la te?ais par la taille. Donc, cela lui' plaisait.
St ce lut eùt été désagréable, elle se serait fâchée. »
Et maintenant Volôdia était navré de n'avoir pas eu assez
d_e h,ardiesse, là-b~s, sous la tonnelle. Il regretta de partir
st b~tement. Il ~tait sftr ~ue si l'occasion se représentait, il
serait plus hardi et verrait les choses plus simplement.
Et il n'était pas difficile que l'occasion se représentât !
Chez les Choumîkhine, a~rès le souper, on se promène
longtemps. Que Volôdia aille se promener avec Nioûta dans
le jardin sombre, - voilà l'occasion retrouvée !
.« Je vais revenir, pensa-t-il, et partirai demain par le premier train ... Je dirai que j'ai manqué le train. »
Et il revint.
. Mm• Choumîkhine, maman, Nioûta, et une des nièces
Jouaient au vinte ' sur la terrasse. Quand Volôdia, mentant, leur dit qu'il avait manqué le train, elles redoutèrent
qu'il n'arrivât, le lendemain, trop tard pour son examen.
~ll~s lui c~nseillèrent de se lever tôt. Tout le temps qu'elles
JO~erent, 11 resta assis à 1'.écart, examinant avidement
Ntoftta. Dans sa tête, son plan-était déjà fait.
r • Sorte de whist.

�544

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il s'approcherait de Nioùta dai~s l'o_bsc_urit~, l~ pren_drait
par la main et l'embrasserait. Il n aurait nen a dire puisque
tout cela serait compréhensible pour eux sans p~rol~s.
Mais, après le souper, les dames n'allère~t ~as au_ iardi~
et continuèrent à jouer aux cartes. Elles iouerent iusqu a
une heure du matin et allèrent ensuite se coucher.
« Comme tout cela est bête ! se disait Volôdia, ennuyé~
en se mettant au lit. Mais ça ne fait rien. J'attendrai
demain .. . Demain, j'irai encore sous la tonnelle. Peu
importe.~. &gt;&gt;
Il ne tâchait pas de s'endormir; il restait assis dans son
lit, se tenant les genoux, et il pensait.
.
,
L'idée de l'examen lui était désagréable. Il décida qu on
le renverrait et qu'il n'y avait à cela rien d'effrayant. To~t,
au éon traire serait bien ... , même très bien ! Demain,
il serait libre' comme l'air. Il mettrait des habits civils. I~
fumerait sans se cacher. Il reviendrait ici et ferait la cour a
Nioùta quand bon lui semblerait. Et il ne serait pl_us, un
lycéen, mais un cc jeune ~01:1me_ ». Et le r:s:e,
quis a?pelle carrière, avenir, était si clair !. .. Volodia_ s engagerait,
deviend~ait télégraphiste, ou, enfin, ent~era1t da~s une
pharmacie, où il s'éleverait jusqu'à l'emploi de premier préparateur. Il ne manque pas de situat~ons ! Un~ heure
pa,sa, deux heures ... Il était toujours assis et p_en_sait.: ·
Vers trois heures, quand le jour commençait a pomdre,
la porte cria doucement et maman entra dans la ch~~bre.
c&lt; Tu ne dors pas ? lui demanda-t-elle en baillant.
Dors ... Je ne reste qu'une minute ... Je viens chercher des

;e'

gouttes.
- Pourquoi faire ?
- Cette pauvre Lili a des coliques, .. Dors, mon enfant.
Demain, tu as un examen .
Elle prit dans le chiffonnier une fiole, s'approc~a de la
fenêtre, lut l'ordonnance attachée à la fiole, et sortit.
.
- Maria Léontièvna, dit, une . minute après, une vmx
féminine, ce ne sont pas les gouttes qu'il fallait. C'est du

VOLÔDIA

545

muguet, et Lili demande de la morphine. Votre fils dort-il?
Demandez-lui de chercher .. .
C'était la voix de Nioûta. Volôdia eut un frisson. Il
passa son pantalon rapidement, jeta sur ses épaules sa
capote et approcha de la porte ...
- Vous comprenez, expliqua Nioûta à voix basse, la
morphine ! Ce doit être écrit en latin sur la fiole . Réveillez
Volôdia; il trouvera ...
Maman ouvrit la porte et Volôdia aperçut Nioûta. Elle
avait la même blouse qu'en revenant de se baigner. Ses
cheveux, non coiffés, étaient épars sur ses épaules. Sa figure
endormie paraissait brune dans la pénombre.
- Tiens, Volôdia qui ne dort pas ... dit-elle. Volôdia,
mon petit, cherchez la morphine dans le chiffonnier. C'est
une vraie malédiction, cette Lili ... Toujours quelque chose.
Maman marmotta quelques mots, bâilla et sortit.
- Cherchez donc, dit Nioûta ; pourquoi restez-vous
planté?
Volôdia alla au chiffonnier, se mit à genoux et commença à remuer les fioles et les boîtes, de médicaments.
Ses mains tremblaient, et il avait la sensation que des
vagues froides parcouraient sa poitrine et ses entrailles.
L'odeur de l'éther, de l'acide phénique et des diverses
herbes, qu'il touchait au hasard, l'entêtait et le suffoquait.
c&lt; 11 me semble, pensait-il, que maman est partie.,. C'est
bjen, c'est bien ...
- Trouverez-vous bientôt? demanda Nioûta marquant
de l'impatience.
- Tout de suite ... Voilà, c'est je crois la morphine, dit
Volôdia, lisant sur l'une des étiquettes le commencement
du mot .. . Tenez !
Nioüta était sur le seuil, un pied dans le corridor et
l'autre dans la chambre. Elle mettait en ordre ses cheveux
difficiles à arranger, tant ils étaient épais et longs, et ell;
regardait distraitement Volôdia. En sa blouse ample,
ensommeillée, les che,·eui défait~ dans la lumière . pauvre
35

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

&lt;ln jour, venant du ciel pâle, mais qu·e le soleil n'éclairait
pas encore, elle parut à Volôdia désira.ble, magnifique ..•
Séduit, tremblant de··tout son corps et se rappelant .avec
délices qu'il ~vait1 sous la tonnelle, tenu aans ses bra:s ce
corps merveilleux, il lui donna les gouttes en disant :
- Que vous êtes_.
-Quoi?
Elle entra dans la chambre et demanda en souriant~
-Quoi r
11 se tut et la :regard.a, puis, comme sous la tonnelle, il la
prit pa:r le brns ... Et elle le regardait, souriant et a_ttendant
ce qui allait arriver.~. ·
. ,..... , t _,1m,01;ri')
_: Je vous aime..~-&gt;I1i1U1101llr1~t-füp nifJôio '1 ,2rr·JiT
F JElleicèssa.-:àti1SOOfi1erlvéitfuhit:anrdil: :,')rh•"rb ,1:bq fl en
. ,2-.!.:Auendf7,-:i},çqe-&lt;sèmbiè:.qu:a rqudcpi uirli '.l.irem ©IY \.,ut6
lycéens, ·'. 111::-edie.r:lm trii'-~ l' J~ ' 1·.al\-aai 'we"tWr4.tt . tfürtil et
a11tg:rrdarrt, daioo\_'e ro:o1flqir.JNob~ ~è6onn~ .. s?rl:i~".l ') Elle revint.
~ ~ • r;l q
-, Ib pa wv ens:ui!d Vhlôdiia q nli ri:ai &lt;IIhàm blie, rNrur6ta? lliat1 be
et: hrnmême-• se',f~ihrtil ètl ;uh, Jut1iqll8!JS8U'tÎfnêlfltGtle
Mn be"µr r ~ig:ttJ1:exti.ao'idwaitî.e; .iinéovù1Ù{Hptlùr2d~{\M'el&lt;'. 0fl
.peifüsact-ifiet2 s.l. '.)VÎ1tn ètJ ~11-rer lei !tùl'lt~€~r~ite-rrle~.\J 'M!tis
;en1·ll'lhh

démi~:rrlrrçiie·:t(b-µokli~phu'i V0lbtiia 'ri.e 'iJî()ili,t\i\

.qir'an;mf}grosserdigutêp l:tilhttn:iéfdrm'têt~li "a1.\ illttr~mMlnle
.r:ép.Ülsiolli; er;ibserrt.ititout ittroulp-,1hti;.i~mb! rd~~â)~ptlsi?n
pour ce qui venait de se passer.
... ";ir; , 7 ~) ,P., ,J
: •s-ff,Pour~ntiiir. f.ûhit ·qu~J.e'm'ê11~i'1le-,_. ·&amp;tJN~aT
dant Volôdia avec dégoût. Vous m'êtes ~~x'l~irntihrn
•
.'
1 .
• ' ,,. 'T • , • ':l..lJ?.
.; '.) •:.J •,
1' nàn~otr!]"Orrt
f, 210"I'.) 5{ 12? :l , ~ 10
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1 rr fu11rma I Molôdiaztttru.,~.il6 aftftlil111l.oilai me.1fü fit 1 sef!l •1-0 rigs
cheveux, sa blouse large, ses pas, sa voil!! .• .J'cc/Vifaml~Îl.#bil'.Otll,Opl3flsa,i Gll 2qabrnli9ijleo 11JiarHtr:J~Writttbl tiwè~Vîjë ~ u~s
Jmd):l r'!fdut esMaid rJ))Jismm 'JWI .'.ndrw:rb r,[ ?.fl:b '..):rJ?': I
5[!'.Lt&gt; s.0l!,til~I àYpr$~t}r&amp;ir.t~và4t. J rlrus .~tfiii~ ôhllli.~'.à!~Ht
,bfq.ymnmemC:J On: ertièn J:i:it~&lt;'~fi 'r,irdttt? lmll'âitfrl~ le ilfl{ëlfülêt
:et1gr,qice:6s-a,brodeerei,h F.wt~rè~~tll~btli1llléffi\'ë9g4êl-

~~a_;·

H

VOLÔD1A

547

ment des vaches et le pipeau du berger. La lumière du
soleil et les bmits du dehors disaient qu'il existe quelque
part une vie pure, exquise, poétique. Mais où est-ce ? Ni
maman, ni les gens de son entourage n'en avaient jamais
parlé à Volôdia.
Quand le domestique vint le réveiller pour le train du
matin, il fit semblant de dormir.
- Qu'il aille au diable ! se dit-il.
Il se leva vers onze heures. En se peignant, voyant dans
la glace sa. .figure lai.de, pâlie par une nuit sans sommeil, il
pensa:
~~~
• « .C'e-st '1rai,.je në':suis)qtf'Un vifa,ii11.càneton: )&gt;
•
Qu.ddd . .rtta:rn'll.n-de;:vit et(s'effitra&lt; d'e,ôe-: qu~.n l16'.n1t pnfüt
fexam:enJ Volêfdia lui ·ditrt . ,, . /,h;,rr1 -:r •i J? 1'q :sj
- Je ne me suis pas réveillé, maman ; . .maisAie.wbus
inqtrië.te,r pas r;;jff1füu1'.tiirài:tnn'tcrertiiim de.trlédecim~' Mm• Choumîkhine et Nioûta s'éveillèreht.v.ersumLheuni
:tptàs nüdi.CV'ol.ôdip. 1enmndir Mi--Chifmwîicbioe..• ci&amp;r-tr sa
fenêttre &lt;aVj!c?.!P,tl1it 'm }{_ioût!i: [r.ép,olldr.e ~ sa i\T.otx.' dÏ'.ite:&gt;gar
'un-:rii:è . enll ~:i.deJrùtl :-v~'1 hi · FJOtte, de cUa~• ~a.ne à · mange~
s'om.vtir~ ~(S.'ral1~ger-,v~t~~tl$'fa lcl:igqp.dile _des nièces ,e:t
d-tIB.rtcôii\meMattt,,~ahl'ii:·)l!S.guets')sà'·lma:nixa'.n ;i •puis (il 'lvit
pass-er.• Nio~tà,., 'SOijiti:rutè etrfavëe )eh: àr.l::.ôtihi?e;Ue,., les'. s!MD.r~
cits1rroh:s .et ,la•' baib'ei dij ~d!rÜ'®te;, qtif v.emi,~tid'ilrrhœr
-· Nli.o:ûtaî a~Î, UJ1ei•romrpdiîuprUS61emise -l[t{l ne luhàlait
pâ:s -ët f' ehlaidissàit 1/atfclmâct~froHtk·c~rem bo1irs ,plat~.et
pes&lt;1nts. Il sembfa à·NlJf'ti&amp;ù'tftl'e dhns.lçs..côielettes: quèfün
serv'ir,, îf'y av.-iit trapld'oigqqurJ.fi:.hrl paruo aussi rquéNioûti
f~ilit--e~près; (Ù{f. ri(f :foi-t~h!e; iegardei' de JSOII. cpté; ;pollit'
lui dormeis'~ entehçlre:iè(tre~hl~Quvani.r; dd,fa nuit ne 1a,tratf-i
blm &lt;'J1Ul.tèment1IH! qtùille! /Je. réma:rq'.nai pa:s 'i:i ,_i&gt;r~sitnoo ,.à
tahle du/ Wa,it1 can~éfo;rrJ fW'('.1'/ cr ', p ..;GÎJr; 'J. , 'a : 7
Vers quatre ht11tes7-V~1~ia ~a.rtitlr,cvebeia,rina.nian ,-i,o.~
1i 1gàf.e. :,ùè-.s wwi12rii!:-s·1 uowbles.~ là'.&gt; nuira.an~ soh-itrneit; le
r-en\roi"·prdch.a;.a} ta-S"1;teruo,i~{1tciu. ~n!ditŒi n1nintenaû11èfi
lui,;;une fur:eu11risit:iisrnL nfüi.:rega,dàitc Je-&gt;tptofiL.aUbngé?. de

�5-1-8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

maman, son petit nez, son imperméable, un cadeau de
Nioûta, et il murmurâ :
.
_ Pourquoi vous poudrez-vous ? Céla ne sied pas à
votre âge ! V ~us vous furdez, vous ne payez pas vos dettes
de jeu, vous fumez le tabac des autres ... C'est répugnant!
Je ne vous aime pas ... ne vous aime_ pas!
.
Il l'insultait et, elle, effrayée, ternfiée, remuait ses petits
yeux levait ses petites mains et balbutiait: ·
_' Qu'est-ce qui te prend, mon ami ! Mon Dieu, le
cocher va entendre! Tais-toi, ou le cocher va entendre! Il
peut tout entenqre.
.
.
- Je ne vous aime pas ... ne vous a1me pas! contmuat-il suffocant. Vous êtes sans mœurs, sans cœur. .. Ne prenez plus cet imperméable ! vous entendez ! Ou je le mettrai
en lambeaux ...
- Reviens à toi, mon enfant l dit maman sanglotantf'.
Le cocher entend.
- Où est passée la fortune de mon père ? Où est votre
argent? Vous avez tout gaspillé! Je ne rougi_s pas de ma
pauvreté, mais j'ai h&lt;?nte d'avoir une_mère p~re1lle_. .. Quand
mes camarades me parlent de vous, Je rougis touiours. »
Il y avait deux stations jusqu'à la gare. Volôdia resta
tout le temps sur 1~ plate-forme du wagon, tremblant de
tous ses membres. Il ne ·v,oulait pas entrer dans le compartiment parce que sa mère, qu'il haïssait, y était. Il .se haïssait lui-même, haïssait les contrôleurs, la fumée de la locomotive le froid auquel il attribuait ses frissons. Et plus
lourd il en avait sur le cœur, plus il sentait qu'il existe
quelque part dans le monde, chez des gen~ ignorés de lui,
une vie pure, noble, aisée, élégante, ple111e d'amour, de
caresses, de gaîté, de liberté! ... Il sentait cela et en éprouvait tant de peine qu'un voyageur, l'ayant regardé fixement lui demanda s'il avait mal aux dents.
En' ville, maman et Volôdia habitaient chez Maria
Pétrôvna, dame noble, qui avait un grand appartement et
en sous-louait une partie. Maman louait deux chambres.
\

VOLÔDIA

549

Elle occupait l'une, qui avait des fenêtres, où elle avait son
lit, et où il y avait aux murs deux tableaux dans des cadres
dorés; Volôdia habitait l'autre, contiguë, petite et obscure.
Il y avait un canapé sur lequel il dormait, et sauf ce
canapé, nul autre meuble. La chambre était encombrée de
corbeilles en osier remplies de robes, de cartons à chapeaux, et de toutes sortes de vieilleries que maman gardait,
on ne sait pourquoi; Volôdia faisait ses devoirs dans la
cbambre de maman ou dans la salle commune, - c'es;
ainsi qu'on appelait la grande salle où tous les pensionnaires
se réunissaient au moment des repas et le soir.
Revenu à la maison, il se coucha sur son canapé et se
couvrit d'une couverture pour faire tomber sa fièvre. Les
cartons à chapeaux, les corbeilles, les hardes lui rappelèrent
qu'il n'avait pas de chambre à lui, pas d'abri ou il pût se
garder de maman, de ceux gui venaient la voir et des voix
que l'on entendait maintenant dans la &lt;&lt; salle commune i&gt;.
Son sac d'écolier, les livres répandus dans tous les coins, lui
rappelèrent l'examen auquelil n'était pas allé ... Sans raison
aucune, il se ressouvint de Menton ou il avait vécu avec
son père, quand il avait sept ans. Il se ressouvint de Biarritz et de deux fillettes anglaises avec lesquelles il courait
SlJ.r le sable ... Il voulut se rappeler la couleur du ciel et de
l'océan, la hauteur des vagues et son humeur d'alors, mais
il n'y parvint pas. Les fillettes anglaises passèrent vivantes
devant ses yeux. Tout le reste s'emmêla, se brouilla, ùffaça.
« Non, se dit-il, il fait froid ici. ))
Il se leva, prit sa capote et entra dans la salle commune.
On y buvait le thé. Autour du samovar se trouvaient
trois personnes : maman, une maîtresse de musique, vieille
&lt;lame à lorgnon d'écaille, et Augustin Mikhaïlovitch, vieux
Français très gros, employé dans une fabrique de parfumerie.
- Je n'ai pas dîné, disait maman ; il faudrait envoyer 1a
femme de chambre prendre du pain.
- Douniâcha l cria le Français.

�55°

LA NOUVfilLE REVUE FRANÇAISE

La propriétaire avait justement envoyé Douniâcha faire
une course.
- Oh l ça ne fa,it absolument rien, dit le Français avec un
large sourire. Je vais tout de suite chercher du pain moimême.
Il posa son cigare âcre et puant en une place a.p_paxente,
mit son chapeau et sortit. Après son départ, maman
raconta à la maîtresse de· musique comme elle avait passé
agtéahlement son ten.1ps chez les Choumîkhine et y avait
été bien a'Ccueillie.
- Lili Choumîkhine est ma parente, disait-elle. Feu son
mari, le général Choumîkhine, était cousin du mien. Elle
est née baronne Kolb ...
- Maman, ce n'est pas vrai ! dit Volôdia nerveusement;
pourquoi mentir ?
Il savait parfaitement que ma,.man disait vrai. Dans ce
qu'elle disait du général Choumîkine et de sa femme, .née
baronne Kolbe, il n'y avait pas un mot de faux. Mais il
sentait que, malgré tout, elle nl.entait. Le meus.ange se sentait dans sa façon &lt;l'.e parler, dans l'e; pression de sôn visage,
dans son regard, dans tout..
- Vous mentez ! répéta Volôdia, et il donna sur la
table un coup de poing si violent que toute la vaisselle
trembla et que le thé de maman se répandit. Que parlezvous de généraux. et de baronnes? Tout est faux l
La JTi aîtresse de musique, c.onfuse, toussa dans son
mouchoir, faisant mine d'avoir avalé de travers, et maman se
mit à pleurer.
- Où aller? pensa Volôdia.
Il était déjà allé dans la rue;, aller chez ses camarades, la
honte l'en empêchait. Il se rappela de nouveau, sans sujet,
les deux fillettes anglaises ... Il marcha de long en large dans
la salle commune, puis en.tra dans la chambre d'Augustin
Mikhaïlovitch. Il y traînait une forte odeur d'huiles aromatiques et de savon à la glyc;érine. Sur la table, sur le rebord
des fenêtres, et même sur les chaises, se trouvait unemultitude

VOLÔDIA

551

de :fioles et de tubes à e~sai avec des liquides multicolores.
Volôdia prit sur la table un journal, le déplia et lut le
titre: Le Figaro. Le journal répandait une odeur agréable
et forte. Puis Volôdia prit, surla table, un revolver.
- Bah ! n'y faites pas attention, disait dans la pièce
voisine la maîtresse de musique, consolant mama,n. Il est
encore si jeune ! A_ cet âge, les ieunes gens se permette'ut
tant de choses! Il faut en prendre son parti.
- Non, Evguénia Andréievna, il est trop perverti I dit
maman d'une voix traînante. Il n'a personne d'âg~ auprès
de lui; et je suis faible&gt; et - ne puis. rien. Oh! je suis malheureuse!
Volooig mit le canon du revol'\ter (\ails sa bouche, tâta
quelque chose, la gâchette ou le cl:iie_n.,, et pre~a avec le
doigt .... Puis il tâta encare' qi.ielq.ue ch-ose de saillant,. et
pres~a encore un~ fois ... Ayantreûr~ le canon de-sa bouche,,
il l'essuya avec le pan de sa capote et contempla. la pla-tine.
Jamais auparavant il n'avait eu une arme en main ...
« Il me. semble qu:'i1 fa:n.t relever ça.,. ~e dit-iL Ou.i, if me
semble ... ,,
Augustin Mikhaïlovitch rentra da.ns hr salle commune et
se. mit à raconter (lUelqn:e. chose en riant très fort ...
Volôdia. remit le canon dans sa botrc:h~, le serra entre ses
dents et pressa quelque chose avec le doigt. Une détonation
retentit...
Quelque chose frappa Volôdia. à la nuque-avec une force
effroyable etil tomba. sur la. table, .la frgure droit sur les
verres et les· fioles. Puis il vit son père, en chapeau baut-defurme a~ec un large crêpe, tel qu'il portait, .à ~enton, Ie.
deuil d'une dame inconnue,. le saisir taut à coup dans. ses
dem bras; et ils tombèrerit tous deux dans un abîme· très
s.ombre et très profond.
Puis tout se. brouilla et disparut .•.
/iNT ON Tç:HEKHO.V

Traduit du

1'U5se

par I5ENIS ROCHE
(Seule traduction autorisée. paY I'auteur.)

�FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

FINALE
DE

SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN
Un jour je trouvai affichée à la porte du Casino une nou velle qui nous chassa de la Baltique.
- Révolution Munich. Comte Docteur Artiste Peintre
von Zelten a pris pouvoir.
Car il faut, en Allemagne, la moitié au moins du télégramme pour indiquer les titres bourgeois du révolutionnaire.
L'aube se levait, quand l'automobile que nous avions
frétée à Berlin et qui avaiL l'autorisation de traverser les
lignes révolutionnaires, le citoyen Siegfried von Kleist
étant invité à faire partie du nouveau Sénat, nous déposa
dans Munich. Des agents vêtus de l'ancien uniforme nous
poursuivirent dès notre entrée et nous donnèrent une
alerte, mais ils en voulaient à nos phares encore allumés et
il fallut leur payer contre reçu vingt-quatre marks, le premier impôt certainement qu'ait perçu le dictateur Zelten.
Ils ne nous demandèrent pas nos papiers, l'ancienne police
n'assurant plus la surveillance que des objets inanimés :
voitures, automobiles ou pots de fleurs, et devant remettre
à la nouvelle celle des êtres humains. On entendait de temps
à autre un coup de feu, timide, car_ guerre et révolte
demeurent :filles de la chasse, défendue en tous pays avant
le lever du soleil. Un dernier arrêt, provoqué par des
agents qui me signalèrent une déchirure à mon manteau,
- toujours l'ancienne police, - et je fus à la maison. Si

553

;'avais pu concevoir un doute sur la révolution, le moindre regard jeté vers la cour intérieure et la cage en verre de
mes israélites russes l'eût levé. Ils étaient déjà tous habillés,
groupés - je ne pouvais pas le préciser encore - à la manière du gibier ou des chasseurs, et les téléphones, les appareils de T. S. F. avaient surgi dans les réduits où le facteur
hier ne pouvait pénétrer que sa carte de facteur à la main.
Les femmes, que j'avais toujours vues étendues sur des grabats et recouvertes de haillons, étaient debout, demi-nues,
&lt;lécolletées pour la fête, et les bijoux avaient apparu à leur
gorge, leur cou, leur front et jusqu'à leurs chevilles comme
les tatouages qu'on repique de frais chez les Papous au jour
du Grand-Jour. Le murmure des harmonicas, des boîtes à
musique et les fredons, seule particularité empruntée à
l'Allemagne par la tribu, avait cessé. Eux qui ne ten:iient
jusqu'ici leurs renseignements sur le monde que par des
colloques, des lettres chiffrées, des pressions de pouce,
s'arrachèrent les journaux, et l'on sentait que le journal, en
effet, apportait aujourd'hui imprimés tous ces mots cabalistiques que leur transmettait hier la tradition orale. Des
mélanges que je n'aurais jamais soupçonnés et qui n'avaient
dû avoir lieu que de nuit s'opéraient au grand jour; la
blonde à dartres du quatrième circulait dans le premier à
gauche ; le casquettier, dans la cellule opposée à la sienne,
recevait pour la première fois les flots du soleil levant,
desquels il s'écartait avec dégoût, comme si c'était vraiment
-de l'eau. Les femmes tendaient des rideaux, hissaient des
stores, ainsi que dans les fiacres avant de complètes et
rapides unions. Les fenêtres, chose incroyable, s'ouvraient,
et l'air de la révolution recevait le droit d'aérer. Parfois une
nouvelle sensationnelle, comme un coup heureux au jeu
de l'oie, faisait avancer tout le monde de plusieurs chambres. Des enfants qui avaient l'ordre jusqu'ici de ne pas se
connaître, reprenaient dans la cour et en évidence le jeu
qu'ils avaient péniblement poursuivi toute l'année dans un
placard. Derrière leurs vitres, les quatre espions montraient

�554

LA NOUV"ELLE REVUE FRANÇAISE

les visages ahuris de savants qui ont étudié vingt ans au
microscope les mœu:rs des m~crobes et qui les voient soudain autour d1en:x. se marier et s'ébattre grosseur buma.ioe.
Pour la première fois des parfums, violents à la fois et
fades, et tels qu'en doit exhaler le corps des saints morts
en odeur de sainteté. L'agitation de la maison avait d'ailIeurs.m1e orientation ; c'était vers ma voisine de chambre
que venaient toutes les femmès en vêtements drapés teints
de ces couleurs que l'on projette sur les femmes nues. dans
les cafés-concerts. avec le pavillon de leur nation. Le drapeau de cette maison était rouge vif, jaune vif, or vif, en un
mot arc-en-ciel vif, sur teint d'ocre, de pourpre et de mort.
Puis on entendit un aéroplane passer. Toutes disparurent.
Il ne demeura de visible que Je casquettier et quelques
hommes qui insultaient de lem fenêtre l'avion gouvernemental comme des coqs la buse. Us lui criaient en hébreu
que le ciel est à Jehovah et en allemand qu'il n'est pas à
Wirth ni à Ebert ... On voyait distinctemeu.t à bord un
observateur écrire sur une carte.
- Marque-moi t criait le casquettier. Je suis Lie.viné
Lieven. J'ai à moi seul les deux plus beaux noms de la dernière révolution !
A neuf heures,. Ida m'apporta les nouvelles. C'était bien
le iour anniversaire de sa naissance que ZeJten avait proclamé sa dictatuxe. On n'était pas très bien. fixé encore sur
l'esprit du mouvement, car dans Schwabîng on avait arrêté
tous les juifs, e.t dans Haidb-ausen trois réunions de sémin.1ristes qui fêtaient la nomination d'un nouveau nonce. La
seconde république bavarœse avait d'ailleurs déjà. un débat
avec le Vatican, et pour la même raison. que la première,
ses agents ayant réquisitionné !'automobile de la nonciature,
à cause de sa couleur rouge. Zelten, d.'ajl[ès ces renseignements, me semblait déjà transiger avec_ ses goûts et ses
haines, car ce qu'il détestait le plus c'ét::ùt les ingénieurs
électriques et les peintres de plein air, et l'on nè signalait
point qu'aucun encore eütété pendu. Le 1•r juin,J'adjointdc

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

555

Zelten, capitaine Kessler, séduisant le gardien de la Bavaria,
cette statue de bronzé dont on apprend par cœur dans les
éco!es les dimensions géantes c~mme dans les hôpitaux celles,
momdres, de la belle Eva avait logé cent révolutionnaires
a,rmés de grenades dans la poitrine de 15 mètres 21 et les
jambes de 8 mètres 30. Ils avaient bouilli tout le jour, car
le thermomètre marquait trente-deux et la statue était surchauffée, mais à huit heures, comme les Grecs sortant de
leur cheval, ils s'étaient rués sur les casernes et avaient pris
le Rathaus. Il y avait eu un mort, et comme il arrive toujours le sort avait mal choisi: car c'était un malbeureuxsoldat qui allait être libéré Je soir, qui devait se baptiser le
lendemain matin, se marie1: ldendemain soir, et avoir un
enfant dans la sem:,t ine. Ida m'apportait un revolver, etme
pria de l'essayer, car il sentait la rouille. Je n'avais qu'à
tirer au plafond. Tous ces bruits dans la ville ce n'était ni
lutte ni fusillade, mais les bourgeois qui s'exerçaient au
pistolet dans leurs jardins.
Dans le ciel de Js:hovah passa un autre avion, cette fois
du gouvernement Zelten. Il jetait des proclamations vers
lesquelles la maisonnée tendait les bras comme vers la
manne et qui disparurent - celles de la dernière révolution valaient déjà trois dollars - ·,am.me des pièces de
collection. Ida l'a.,ait lue. Il y était question de la stupidité avec laquelle--!' Allemagne, après avoir imité toutes les
autres nations, s'était forgée l'idée d'une Allemagne gigan·
tesque à l'imtrieur de laquelle elle menait la vie hypocrite
d'un crabe dans un coquillage, et du trésor des forces électriques bavaroises. fo révolution avait pour but ùe déloger
le crabe et de répartir également les hectowatts sur chaque
tête de Bavarois.
D~ns b chambre de ma voisine, la voix de lieviné
Lieven faisait assaut avec une voix d'enfant.
- Ce gu'il faut, criait Lleven, c'est que la calomnie
cesse, c'est que l'honneurd'Eisuer soit lavé l Que lui reprochent-ils, Lerchenfeld et Brentano ? D'avoir dépensé

�) 56

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

LA NOUVELLE REVÙE FRANÇAISE

5.ooo marks dans son voyage en Suisse? J'ai fait et refaitle
~alcul, avec les ta'blei; de change ; j'ai compté comme lJOur
moi-même ; pas de bain ; les places en seconde, avec l'aller
et retour jusqu'i Landau, et la carte-tarif suisse. Je compte
les trois dîners offerts à Albert Thomas et à Ambroise Got
à 7 francs suisses chacun; je compt~ ro francs les deux
ressemelages; et j'arrive à 5.2 30 marks. Cest 2 30 marks que
legou vernement bavarois doit encore à ses pauvres héritiers ...
- Tais-toi, tais-toi, dit la voix d'enfant. Que fait
Zelten ?
- Que veux-tu qu'il fasse ! Il attend Kleist, il attend
Thomas Mann, il attend sa letfre de Gorki~ sa lettre d'Anatole France ! Les dictateurs coUectionnent les autographes
et disparaissent. En tout cas, il a trouvé au courrier la
mienne où je réclame les 230 marks. Au fond, tu le connais, ce n'est qu'un Allemand, ce qu'il attend, c'est Gœthe,
G'est le vrai Kleist. Mais la France est le seul pays où les
morts règnent et arrivent au commandement. Il ne veut
que des Bavarois en Bavière ! C'est comme s'il 1;1e voulait
que des Allemands en Allemagne et à qui est l'Allemagne,
sinon à nous? Cette belle bourgade de Berlin, à qui estelle ? A qui est le village de Francfort ? A qui est le district
de Leipzig ? Que Zelten me trouve un bateau, un théâtre,
unê barque oû nous ne soyo1Js les maîtres ? Chez Rhe\nhardt, l'autre soir, au Marchand de Venise, il n'y avait pas
un seul chrétien dans les quarante-trois acteurs qui insultaient Shylock ! Que Zelten me cite un seul beau livre ou
me montre un seul beau tableau fait depuis trente ans par
d'autres que par nous ! Qui est Schnitzler ? Qui est
Cassirer ? Qui est Rathenau ? Qui est Liebermann ? Le
bec de l'aigle allemand c'est notre nez.
- Tais-toi. Tu es. banal comme un national-libéral! On
nous écoute.
- Qui nous écoute, ma reine? Le Canadien ? Je me
moque du Canada. Je me moque de l'Amérique. Le billet
coûte trois cents dollars. Laisse les Allemands s'y précipiter,

557

y cirer_ des bottes, vendre du sirop et y tendre le dos à:
l'Amencan, Legion. D'ici, avec dix pfennig, je vais an.
cœur de 1Allemagne. Le petit Kieterfeld est allé au
Canada, on !ni a volé une dent en or qu'il aYait dans son
porte-:11i?.e. L'Allemagne est un pain sans levain qui me
nournt 1 ame. Regarde notre maison, ma reine ! Vois ces.
possédés! Tout fonctionne en nous déjà de cette vie nouv_elle que nous ne partageons pas encore. Que Zelten nous.
tl~nne à l'écart, s'il veut tenir la rate à l'écart de la course !
T1_ens.' rega_r~e ton Kleist qui s'en va au conseil... Je vais
lm cner qm Je suis !
·
Kleist en effet partait, fermait sa porte à clef, portant
sur ~e ~ras u?e couverture, allant au pouvoir suprême
aussi tnste qu on va en loge aux Beaux-Arts, pour tirer des
flots Vénus ou. des sillons l' Agriculture. Il se retourna vers
celui qui lui criait Lieviné-Lieven, fit signe que ce n'était
pas son no~1, _et partit. Il avait une musette et de quoi
manger trois Jours, comme le soir où il était parti pour le
front français.
- Excusez-moi, dit soudain la voix d'enfant derrière·
moi, je ne vous croyais pas chez vous. Vous y êtes d'ailleurs, à ce qu'il me semble, aussi peu que possible?
Surla reine de Lieviné Lieven, sur une chair ensoleilléer
n:es yeux posaient la petite tâche grise de Kleist, qui fondit
bie?tôt dans tant d'éclat. La reine avait vingt ans, et elle
é;alt _vêtue comme une parisienne à huit heures du soir.
J a~a1s devant moi le contraire d'Eva. Au lieu de chaque
chiffr_e accroché à chaque membre et à chàque trait de la_
parfaite Allemande, il y avait indiqué sur chacun de ceux-là
sa _valeur .dans le bien et dans le mal. Ces bras savaient:
mieux étreindre que les bras de Lisette Friedlander ellemême. Cette _bouche yenait seconde pour embrasser après.
celle de la reme de Sabba. Ce cerveau premier pour le
dévouement et le badinage dans le drame depuis la petite
S~yl~ck. Pas l'ombre d'une veine, d'une artère, n'apparaissait sur sa peau, - la peau la plus reconnaissante après.

�558

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

celle de Jacqueline May, - et il semblait évident que du
cœur artères et veines allaient tout droit en rayonnant à
travers la chair, comme en Judith. Elle était nu-tête. Ses cheveux ondulés avec la raie large d'un petit doigt étaient les
plus confiants qu'on ait vus depuis Mary Garden. Jamais un
corps n'avait été à ce point le désaveu du mesquin et du
mensonge et provoqué sur lui le doux écartellement des
chants de Salomon. Mais tout cela pouvait ne point
exclure d'ailleurs, chez le même être, les manies et les
nienson.ges de i'i.me..
· r, , •
, 1
Elle regardait avec dégoût les objets en, peiin,4.e dljh·aiid.
•.:_Le vieui sei;p~nt, clin.ngela1o1~~rdlhttl de-· pe.tt:èi,l&amp; e
dit-elle_ Â-U'4'&gt;:.IDÎl!î l.:r 1n.. Ls: • r·, m j
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TeU:e .étailO·LUi:1D:wù:l,.i8.rw:ur-e
rctt?tr.eofoii.r gue j'Gdote,
et qui ·appanien tl/ aurlJin! dit,.1.'.lè Î-tlé&gt;lliev.eii, ran Déinofi. .e.t
nonà W:.i.rth. Ses .pruiielles OÜ-s~.mêl~ieut et s&gt;em·m,êliient
ticom i l:es personnages :tles dessinsl de 1Re;mb.tirtdr&gt; avt't !~
pétl.te, lampe de là s.yriagogue eule précise1 sés mains irnlé~
pendantes de femme qui a l'habitude de pdec).uihi~s.
disjointes,. sci'ni.sourfre Utll piurLtant dèjpoUttpre (\:,rSa p.ensée,
tdut .indiquajr, '--' c~est toujou.rs, "ltin!ii tj'ailleuirs'le:tjgi:ir\~iù
l'on a'i besoin de •,q-iœrgu'nu~pour CO:u'dre vos ,boumas1~
faire ·vbrre v.allie -ttr une cré&gt;.itùre -pour ·qui ].Il 'tmdk . ét.iit
le moindre 1:hiatiaient. et la 6éatitud,er. J:r pnm~èr-er petite
réco1n.peose. P,àrrs ,:un: ·amre temps, )T~tl'Jids acoep~é de
m'accr:ooher quelques semaines· au bafuncier ~fùii bnttdë .ki
vie:à, .l'éter1aité,' 1avec arrêt,au-dëssos de Fa JérMaJ m céfost-€,.
mais' c.'était joµr 'de frévoiuiÛilnJ j'état5'- pressM~»~ 011t11lds
ét!:l:œnt rouge :, vrif, ' lDi~è.\:rlis, .et iP '){ JUVa.it, Üois. h~~s.
per.ciés ·xlaes· cha-que .lobe . ., ~eumb hma&amp;lais , cromt11ent tm
a-~1i ptliraifuê.ted le1Jsaiig,·&gt;f.dnrqciœ:.ijou!l!Pde tlfoi·ag6... • Sés
jain~.es· ét2ierlttles pros;oii..ressantès.et, les' plus fidèlé6,. ~p:&amp;s
ce1les, d(! l1.1jJmtri(!. , J"/1';..,
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Vdus .~ FllllQÇn!i6,'.l~ii:t•eUeJ je.!vrens \r'OU!i''demanàèh
seryipéa , .111.c Jrt. h
:i.
'... ~ ,J, ,
.. . : ,,, , 1?
2-~B·yile rnaïveté.qui. uni~ dè rnro~ ,, fran.~i 1&gt;&gt;' et, les 'ffio~

de

FINALE DE SIEGFRIED E'f LE LIMOUSIN

559

« demander service » ! Lili David me rappelait ce monsieur
à moustache bleue qui du fond du salon vide de l'OrientExpress s'avança vers ma table et me dit: - Voulez-vous
jouer aux cartes avec moi, je suis Grec? On voyait que
Lili ne connaissait pas mon oncle millionnaire, qui me
laissa ne faire qu'un repas par jour pendant deux .ans,
faute de trente~cinq francs par mois; ni Sainte-Beuve, qui
donnait aux étrennes dix sous à sa concierge; ni le directeur de Polytechnique, qui roulait dans un papier la
somme sans pourboire qu'il glissait au taxi, et disparaissait
avant que le cocher ait pu dérouler~et compieru tJn , soù:,
p~ màlheor pmir iui,')1! hvai: pris ii:me JJnau~adsé clef.
- Je vais être arrêtée, continua Lrli.Da:vid. Nous avions
préparé un mouvement que celui de votre ami Zelten
annule. Les Zelteniens, à moins que ce ne soit les Kleistims, à moint quexe ne "Soitl~ réactionm1ires qui s'emb:usqud.t ~à i d.èrri:èœl:Daohaw~nt11{ne prend.te. Je. .ser~
relâ.chèe, ·ofuis ou petd'dans es pri:soni; bien des oh os.es et
tous ses p ~ Aidez-moi à sai.rver ïes, seir\~ .:aux.qµel-s je
tienneJ i:ei, 1ro1s'ileroies,. qui ont évlLècri-tcs &gt;pao'Heiqv-iab
Heine::i. moo itciâre;.grand'mère. Vous pehse-z:qneLl!is"femii
d'elles,la nouvi,au. Séidl ou le n(:}\Wel Egeihofen Mo11 !W!eùx
Ll6iiné Llev&lt;!n •d'aut1lei 'p:rrt lès JJerirdr,aiq ire ~ulœp,o.1wl
Je pris les 1Jetttes. Jusqu~u .dèje~ner i'M:llèurs .lili
m&gt;;m va , de.5- ~.r.éreNtes à reverriK ; eU~ avak ub hlié en,. une
fois ée que les&gt; 'fe:tt1me&amp;' -0,ulitiena·in;:ùne-t anbéè c1~e,l;l1deui
ami, .S&lt;Jtl mo'tichoir1' son face-cà-ma~ run;,:&gt;etit' rçornet
ac~tiqu~Me§ i ls rpbw1.1:son,,camr,,1~ .r füp ét:ait }Ja$ fin dt'l
ses&lt;:'lienS' qôir 1 e fû.t: ti:op 'tenµu' où 1trdp liché; èt 'qw 11d
fédamâr ·a 1ia11te 1bèûre
exditllllt .ou!.imi freip. JEHe ::tffoctait r.d~rld 'p:M fttlsilr &amp; des .m'.ii.i~es~ieq m~ ~fi:ente_:-;1mè
l.tishitt,l~illl!~on q®j;ë rhtetrais w 1!1He. .a'lJ ,même .rythme
et.ses, yeu_~ ~ ~s :,Poumo·ns\ ét les- tmtles sonores. .. Pn'.is,,
q\liloo f.t:oUJCGtti , rdrou tléj"tlUe 'i-re,i Î.tft rp1!11.!L11 1n1b rco tri blln1hl.~
dons} que awi je .trlâi:ai$' §wguère oobliur-cnaa1elld, d1nne
rmiUc de: VO age enJlaqu~gr«vé~,lde.(;'Mnda-licws en.cire toUSI

uq

�560

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ustensiles éminemment pratiques, et qu'une révolution
risquait en effet de ne respecter qu'en partie. Puis ma
mission de coffret remplie, elle revint pour détruire les
objets en peau de lézard.
- Il faut du moi us que la révolution serve à cela ! dit-elle.
Je les arrachai avec peine de ses mains. Je dus ouvrir ses
mains pour les reprendre. Combien la peau du lézard est
moins douce que celle de Lili David !
Par malheur, c'est moi qu'on arrêta le soir à minuit, et
qu'on conduisit au café Luitpold. Mon agent devait être un
agent de l'ancienne police, car il bousculait mon bagage
mais il me parlait tendrement.
*
* *
On s'est demandé pourquoi le dictateur Zelren put durer
quatre jours alors que tous les cbefs de partis bavarois
réprouYèrent unanimement son programme, dont le premier paragraphe était l'alliance avec la France, et que les
troupes de Lerchenfeld étaient réunies dès le 3 juin à leur
immuable citadelle, Dachau, ville de peintres, d'où il
s'échappait maintenant sur Munich presque autant de
sang que jadis de peinture. Cest que toutes les sociétés
secrètes dont il me parlait à Paris et dont il était membre,
paralysèrent chacune quelques heures la machine, c'es_t que
le sous-chef du ravitaillement gouvernemental était de
ceux qui se reconnaissent au regard, le troisième ingénieur
postal de ceux qui se reconnaissent au mot ALRAUNE, et
le 4• chef de bataillon de la garde de ceux qui se découvrent frères par l'index. Au Luitpold, où le vestiaire fonctionnait pour les prisonniers, et où l'on m'obligea à
remettre mon pardessus et mon chapeau contre un ticket,
je fus lkhé dans le compartiment des révolutionnaires de
la dernière révolution qui, d'Autriche, de Suisse, d'Italie,
s'étaient abattus aux environs de Munich en auto, en avion,
ou en canot automobile. Il y avait là Axelrod, qui récla-

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

mait l'immunité diplomatique, le docteur Lipp le fou, qui
maître des transports une heure en 1918 en avait profité
pour déclarer à la Suisse et au Wurtemberg une guerre
qu'il croyait toujours sévissante et qu'il avait hâte de conclure. Il s'était échappé de l'asile, à la faveur de cette
confusion qui fait douter quelques minutes le directeur de
maison de fous, à l'annonce d'une guerre ou d'une
émeute, que les règles du bon sens vont rester les mêmes,
avec un camarade de cellule, un gros brasseur à folie
douce, qu'il essayait d'exciter en lui contant tous les
m6faits de cette Allemagne, qui avait laissé massacrer les
Roumains de Temesvar par les Hongrois, les Bulgares
russes par les Bulgares bulgares, les Arméniens par les
Turcs, qui avait ruiné la France et ne la payait pas. Les
gardes, désignés aux suffrages de leurs collègues comme les
plus doux, - pour éviter ks massacres de r9r8, apportaient des foulards à ceux qui toussaient et conduisaient le Dr Lipp fumer sa cigarette aux lavabos, après avoir
vérifié sa manchette comme au concours général. Le bruit
du canon seul donnait à réfléchir, car il n'était guère possible de l'expliquer, comme Ida les coups de fusils, par
l'exercice des bourgeois sur leurs terrasses ou contre leurs
plafonds. J'étais là depuis une heure dans la tabagie, et
commençai à regretter le compartiment pour révolutionnaires non fumeurs, quand une garde, de la part d'une
détenue, m'apporta le billet suivant :
- Cher Heinrich, je suis près de toi, au fond à droite.
Ecris-moi trois lettres. Qu'est-ce que la culture et qu•est-ce
que la civilisation? N'as-tu point passé jadis l'examen
du port de Hambourg? Sais-tu si je t'aime? Ta Fanny.
Je crus que le gardien s'était trompé. Mais, m'étant
levé, j'aperçus dans le fond à droite Lili David, qui
m'envoyait des baisers avec une ferveur dont je fus
surpris jusqu'au moment où je compris sa ruse. Elle voulait ses trois lettres ou leur copie. Les surveillants qui
eussent confisqué les manuscrits, nous laisseraient peut36

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

être correspondre. Je recopiai donc la première lettre :
cc Mon ange, ma lumière.
Tu t'en es laissé accroire par le petit Spontini. Chacune
de ses journées est consacrée à des mensonges qui préparent
une journée de mensonges plus ample. S'il ·t'a dit qu'il était
né au numéro 9 de la rue des Petits-Champs, c'est qu'il va
te dire aujourd'hui qu'il est le fils de Mademoiselle George,
qui habitait cette maison., et demain que Napoléon était
son père.
Mon ange; je réponds à tes demandes comme à un
enfant. La culture, la civilisation? On me posa cette question le jour où, devant les principaux magistrats des quais,
des entrepôts et des phares, j'aspirai aux fonc.tions de sur·
veillant du port de Hambourg. J'obtins la note o, mais je
crois cependant devoir te faire la même réponse. La culmre
est la superstition de la culture. Les pays de culture sont
aux autres ce que sont aux vrais les champignons de culture. Au lieu de suivte les leçons et les instincts que leur
donne le sol, qui leur fournit les oranges ou les pommes de
terre, ils se forgent un modèle, et croient dur comme fer à
la didactique (cette dernière phrase m'a fermé les entrepôts,
l'entreposeur étant ancien professeur de gymnase). Ils
imitent tour à tour chacune des rares nations auxquelles la
chance, les dons, la persévérance ou la sagesse ont permis
de donner une nouvelle forme à la dignité humaine, Grèce,
France, ou Angleterre, - ce qui assemble sur leur tête
des vérités opposées, qu'ils invoquent selon les occasions,
ce qui les rend, non pas menteurs, non_ pas hypocrites,
mais convaincus successivement et même à la fois de la
primauté du droit, de la force, de 1a fa;iblesse, des bienfaits
de la surpopulation ou de la stérilité. (Ici me fut fermée
la Chambre de Commerce, dont le président n'avait pas
d'enfant.) De là vient qu'ils sont cruels, sentimentaux,
qu'ils invoquent sans cesse les traités, et qu'ils les violent.
(Ce dernier mot, je ne sais pourquoi, me fit perdre la
dernière faveur du grand éclusier de !'Elbe.) Enfin, dans le

FI~ALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

563

dern,~er ~tade, ayant îmité tout le monde, ils entreprennent
de s 1m1ter eux-mêmes, on plutôt l'image de leur nation
que leur a forgée un peuple de pédants et de princes gendannes. Tyr, Rome, ont été des pays de culture mais
l' All~agne les d~pas~ra de ,cent ~oudées, dès qu:elle se
sera faite une galene d idoles a sa taille, se sera constituée
~ar l'emprunt une mythologie, et que le fils Meyer se sera
hé personn~llem~nt avec un Siegfried ou un Hagen ... (Ici.
me furent mterdtts les bateaux eux-mêmes, le directeur du
personnel naviguant s'appelant Meyer.) Pour la civilisation
c'est le résultat de l'enteme cordiale entre un · climat, u~
peuple, et ces courants de richesses morales et matérielles
gui disparaissent et apparaissent a:u cours des sièdes dans
les environs des mers tièdes. C'est un état de modestie qui
pousse l'homme civilisé à vivre parallèlement à la nature
~ ce ~ui lui év~te d'.ailleurs de rencontrer cette personn;
1~p1toyabl~), a attnbuer par une juste évaluation du pouvoir humam, dont les cathédrales et les Pyramides lui
marquent le plus grand volume, le moins de prix possible
à la vie, à garder vis-à-vis de son contraire la mort une
certaine déférence et à fa. saluer, - et d'autre pan, en raison
de ce doux mépris pour elle., à ne pas la compliquer sur
ter~e par d'a~tres e:&amp;igences que les humaines, à exercer,
ma_1s sa~s mure aux autres et par gymnastique, les qualités
qru seraient nécessaires si la vie était juste, agréable et éternelle, telles que le courage, l'activité, quelque parcimonie
et la bonté. (Ici, j'espère bien que l'embouchure de la Seine
me fu_t . ~uverte.) La France est actuellement le pays le
plus c1V11isé. Le Français a refusé ces missions fausses sur
lesqne~les l'Allemagne se précipite parce qu'elles comportent
un umforme, d'être dieu, d'être mondial, d'être démon et
quand il lui arrive un de ces reflets semi~divins dont n~us
sommes gratifiés tous les deux cents ans, il ne s'en sert
que pour éclairer le visage ou l'esprit humain. Sa langue
et _son raisonnement ne permettent que des vérités humames. (Ici je pense qu'on me leva le pont de Rouen.)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Î)e ce scepticisme s'expliquent tous ces contraires, que le
Français est le seul qui sache faire la cuisine et qu'il est
sobre, qu'il est acharné dans le combat et sans rancune~
qu'il déteste les étrangers et qu'il est au_mond: seul_ ami
des nègres, des races débiles, des panas. (Io s ouvrit de
droit pour moi le pont de Grenelle.) Telle est la France,
paisible, et elle exterminera ceux qui viendront troubler
ses couturiers, ses philosophes et ses cuisines ...
Si je sais que tu m'aimes ? Je t'écris d'un café du boulevard Saint-Michel, mon ange. Les garçons servent ma
rêverie avec de grandes burettes de grenadine et de kirsch.
Je n'aurais qu'à m'étendre, à arracher une lame du parquet
pour trouver une source qui a don_né s~n no_m a~ café et
qui rnisselle jusqu'au fleuve sans 1ama1s voir le Jour. Je
n'aurai qu'à me lever, à monter sur la banquette, a trouer
la tente pour voir l'étoile polaire veiller sur l'établissement.
Il fait noir, on ne soupçonne pas les maisons; seules apparaissent, soulevées au-dessus de la ville, les chambres
illuminées de ceux qui aiment à Paris. Des remords
me viennent du mal que j'ai dit à to;.t dans ma vie : j'ai dit
que les vêtements des civils sont d'affreuse couleur; je
pense ce soir qu'avec un évêque en gala, avec ces hommes
de Biarritz qui ont des pantalons rouges, avec quelques-uns
de ces vignerons bleus qui sulfatent les vignes ... &gt;J
Ici s'interrompait la lettre ... et je dus m'interrompre.
j'ajoutai tout juste une phrase où je ne retirais rien _du
mal dit par moi des lézards et de leur peau. Mon gard1e~
parcourut la copie, la porta au contrôleur Hofmann, ~ut
me regarda, regarda Lili David m'e~voy~r un. dernier
baiser et laissa passer, non sans av01r fait copier mon
manuscrit par la petite Kramer, l'ancienne dactylo du cruel
Egelhofer. Lili) par retour du courrier, pour amorcer la
seconde lettre, m'écrivit :
_ Cher petit Heinrich, crois-tu à l'été? Que penses-tu
des Musset ? Que font tes cousins Schombach ?
Je répondis;

1:

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

« Mon ange, ma lumière, crois à l'été. Rends-moi
cette justice que je n'ai pas encore évité une seule fois,
si fugitive qu'elle fût, l'occasion de pader du printemps
et de l'été. Le jour n'e5t pas loin d'ailleurs où je ne résisterai plus qu'à l'hiver. Mais que le bel été de l'an dernier
me paraît morne auprès de notre été pluvieux:! J'étais pourtant dans une auberge qui n'était autre que celle du PetitMorin et de l'Œuf dur. Ce doux vent, que les Français
appellent le faux mistral et les Allemands la vraie tramontane, retroussait pourtant les lilas débarrassés déjà
pour l'année de toute fleur et de toute ambition, po~r le
reste de l'année purs comme l'herbe. C'était pourtant l'été
habituel : au moindre signe de sécheresse l'angoisse envahissait le visage des maraîchers, au moindre signe de
pluie, celui des cultivateurs. Dans les ajoncs, les peintres
s'installaien; dos au soleil et tournaient avec lui, comme
s'ils s'exerçaient au daguerréotype. Aux abbés en victoria
Dieu parlait par la voix des petits torrents, par le silence
des lacs, et par les coucous volants ... On se retournait en
riant quand une femme justement était parfumée au lilas ...
Moi je sortais de la rivière le matin, pour vivre nu jusqu'à midi sur le rivage, pour mettre ma pélerine l'aprèsmidi, et le soir · j'allais en- frac aux petits chevaux de
Saint-Germain, - histoire de tout homme sans amour
en vacances, histoire du vêtement à travers les âges,
histoire de l'humanité. Mais je ne te connaissais pas,
mon amie. Mes sens étaient pourtant plus aiguisés que
jamais. Je voyais la fumée que font les pivoines en éclatant. Je voyais l_e clapet inférieur du bec des oiseaux quand
ils chantent.... Mais je ne te connaissais pas... C'était
pour un autre que les ormes sonnaient sept fois sous le bec
des picverts, que onze fois ce que les Français appellent
l'oie sauvage et les Allemands le cygne domestique claironnait au-dessus cle la diligence ... Je ne te connaissais
pas ... Le soir venait ... Les jasmins, qui par leurs efforts
de tout le jour étaient parvenus vers le crépuscule à se

�) 66

LA NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

cramponner à ma fenêtre, deY-ai-ent céder quand je l'ouvrais, et m'inondaient de parfum, de pollen, d'é.tamh1es ...
Mais je ne te connaissais pas .. , }a.mais dans îl~ du Pacifique
pollen n'était tombé sur un rocher plus sec ... J'étais enfin
libéré du chat sans queue de l'hôtesse, qu'il me fallait
caresser à mon tour de table, d.u chevreuil à trois pattes
du gérant, que je devais nourrir de .cigarettes ; la nuit
m'expédiait des oiseaux sauvages intacts, qui ne dépelldaient point de l'hôtel, des insectes au complet et vernis,
et faisait hululer pour moi un grand-duc bien portant ,i,u
fond de la forêt... Mais je ne te connaissais pas ... J'écrivais
en automate j,e ne sais quell.e œuvre qui continuait à
pousser comme les ongles d'un mort, puis j'éteignais et
m'accoudais à tllil. fenê tre... Chaque ét~ng, chaque bassin
semblait épuisé, et se reposer d'avoir porté pendant le
jour une flotte innombrable ; à chacun une lune déjà
vieiUie distribuait un portrait jeu.ne d'elle. Jamais créature
de I m. 65 à 2 mètres n'avait moins demandé à la nature
et à l&lt;l, nuit, et jamais nature et nuit n'avaient offert davantage ... Elles ne savaient pas que pour moi, depuis ce jour
de plein juillet où j'avais senti qQe tu viva_is et que je ne
te con-naissais pas, l'image de la désolation ne m'était plus
donnée par des arbres dénudés, par un ciel ravagé de vent
et de verglas, mais en bas par les floraisons et eu haut
par les astres ... Je ne voyais de ma fenêtre que le spectacle
de forêts plus touffues, de collines plus rondes, .d'oiseaux
de nuit tout gras, celui de la désola!iop des désolations ...
D'un regard plus lent. mais plus dur que le leur, ~e regardais
fixement les étoiles ... Je ne te connaissais pas... Pas une
q~i n'ait cligné avant moi. .. Adieu, mon ange.
P.-S. - Les deux. Musset sont deux poètes et les deux.
Schombach deux idiots. )&gt;
Le temps pour la petite Kramer de recopier à six _exemplaires, et j'eus la réponse de Lili .• .
~ Petit Heinrich, d'où vient que tu casses les verres s1

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

facilement? Dis-moi si mes baisers te plaisent ? Tu ne me
parles pas non plus de mes jambes.
Je répondis :
« Fanny, ma main tremble. Ce n'est pas seulement
parce que je t'écris, ou par ce frémissemeut de l'aimant
qui veut attirer hors du papier quelques trésors. Parfois,
dans ce corps qui: t'appartient, surgissent des gestes qui
sont à mes aïeux et qui me possèdent quelques minutes,
Tu sais combien ma main est sûre, tu m'as vu jongler
avec un couteau, mais une ou deux fois par mois je me
sens tout à coup les doigts gourds, j'hésite devant le verre
que je voulais saisir, je me fais violence, je le casse, - et je
suis pris, non de remords, mais de tendresse pour mon
père, que j'ai vu si souvent, possédé du même frisson
infernal, répandre le vin rouge sur la nappe et la bière
sur les robes. Parfois aussi je bégaye vingt secondes, chaque année au moins une fois. C'est tout ce qui me reste du
bégayement d'un ancêtre. Je m'occupe, pour mes petitsneveu,x, de composer le répertoire de ces refl.exes qui sont
notre blason et nos coutumes, et s'ils se grattent soudain
l'annulaire de l'ongle de leur pouce, si toutes les fois
qu'on p.wnonce devant eux le mot français : Chat, leur
pensée, d'un penchant invincible, y ajoute le suffixe lu~
meau ou rançon ; s'ils aiment à se p1.ncer les doigts' a;vec
des épingles à tendre le linge, ils sauront que c'est leur vieil
oncle Heinrich Heine qui revient une minute en eux .
Voilà ma main solide, Fanny, voilà ma lèvre trem
blante. Quelle sorte de planète bizarre tu habites. Tu
n'apparais jamais à ma pensée comme un navire nous
apparaît, sur ce globe tout rond, par ton mât et tes voiles.
Ton pied nu d'abord m'apparaît, puis ta ,cheville ... Voici
ton visage enfin, Fanny. Mais déjà il est disparu .. . &gt;&gt;
Comme il n'était nulle part question de baisers) je
fus forcé d'ajouter un post-scriptum de mon cru. Mon
imagination me servit mal. -- Vous ne vous êtes rien
cassé, me dit plus tard Lili.

��LA NOUVELLE REVUE FRANÇ!ISR

dernier verste, je criais plus fort que si l'on m'égorgeait ...
Cest ainsi qu'un matin je fus réveillé, une main dans
les mains de Lili, u ne autre comprimée dans les mains de
Lieviné Lieven, par un vacarme. Protégés par le bruit de
la machine à écrire? quelques prisonniers avaient comploté.
Ils venaient de désarmer les gardes, et cherchaient maintenant à sortir par le.vestiaire.. . L'escouade de secours les
avait refoulés en tirant en l'air. Il ne restait plus, barricadé derrière l'estrade . de l'ouvreuse qu e le bon fou du
Docteur Lipp, déchainé, et qui tirait à vraies balles sur
1es hideux personnages dont le Docteur luîavait révélé les
méfaits.
- Ah l petits égoïstes., criait-il écumant, vous faites tuer
les Arméniens !
' Il rechargea son fusil.
- Ah! petits méchants! vous avez fait massacrer les
Roumains de·Temesvar l
Il tira, puis monta debout sur la. barricade.
.
- Ah l gr.an:ds paresseux! vous ne payez pas les Français l
lei il tomba en avant, et îe ne vis plus rien .
* **

A n·euf heures, un officier pommadé vint chercher
Lieven, qui affectai~ de croire, sans doute pour obtenir mon
adresse à Paris, que je lui avais sauvé la vie, et qui nous
quitta en cherchant par quoi il pourrait bien dégoûter son
garde. A dix heures ce fut mon, tour. Les nouvelles, d'après
mon surveillant, n'étaient pas bonnes . On disait que Zelten
était tué . La véritè était que les armuriers téléphonaient
à fa._ police dès qu'un étudiant leur avait acheté un revolver. Mais le.revolvet• n'est pas le signe caractéristique des
assassins d'hommes d'État ; c'est le p,etit pain et la barre
de chocolat que l'on trouve toujours dans leur poche ; et
les indications des boulangers sont plus' précieuses, en
révolution, que ceiles des armuriers. Zelten était sain et

FINALE DE SIEGFRIED .ET LE LIMOUSlN

57 I

sauf. Il avait lu mon nom dans la liste des prisonniers et
c'était lui qui m'appelait.
Il s'était logé à la Résidence. Pour l'atteindre, il fallait
accomplir un chemin terrestre comparable à la route d'eau
que je suivais avec Elsa pour le rejoindre jadis aux bains.
U ugerer : par une série de couloirs _à vitraux, p.at la grotte
des moules, la salle des singes et l'escalier en papier mâché.
Puis, après les quatrè salons des 60 panneaux des Niebelungen, peints par Schnorr von Carolsfeld, la cour de la
Pharmacie, la salle d'Hercule et Je salon blanc, j'arrivai
enfin à la salle d'Or, salle du trône, où je trouvai Zelten
tout seul, le col de son veston relevé, car il n'avait pas
dormi et il avait froid. Où était l'heureux temps où, après
l'enfilade des cavernes., je le retrouvais tout nu, mais au
soleil ! Il avait accroché la photographie de sa mère sur le
dossier du trône. Deux jeunes filles travesties en pages
noirs - tout ce qu'il avait pu travestir de ses six millions
de Bavarois - apportaient des télégrammes pour lesquels
le facteur exigeait un reçu. Les maillots de ce.s dames
ajnutaient encore à la ressemblance avec l'établissement de
bain. Puis l'homme du train apporta lui- même un paquet
recommandé. Puis Zelten fut appelé au téléphone, il y
avait erreur, on demandait le café Stefanie. Tout cela
tenait de la royauté et de la loge de concierge. Quand le
tlouveau roi m'aperçut, il vint me prendre les mains .
- L'opération est réussie, dit- il, mais le malade va
mourir. J'aurai à choisir dans quelques heures un des
quatre souterrains qui partent de cette salle même, car jen1eefuse absolument à revoir les Schnorr \'On Carolsfeld. Le
premier m'amènera dans un orme creux de l'Englicber
Garten, qu'on a eu d'ailleurs toutes les peines du monde _à
garder creux, car M. Grane, le journaliste américain, profite
de la révolution pour faire plombcr au ciment tous les beaux
arbres qui sonnent vide. Le second est relativement m oderne ; il aboutit -dans la gare de Ceinture à une des fosses
de nettoyage des ..machines. A la machine est attelé u n

�FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

572

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

wagon spécial. Le troisième au lac de Starnb~r?. Le quatrième est inutilisable, il donne dans une prame dont les
foins sont coupés depuis hier. Que diraient les paysans de
voir émerger la tête du dictateur, tiré au~ pi~~s par u~
garde? Je crois que je prendrai surtout le cmqu~e_me, celm
qui débouche par la gueule du Métro au m1heu· de la
Rotonde.
Je lui dis qu'il avait bonne mine, je lui demandai s'il
avait mangé. Ces questions eussent mieux conve_n~ po~r
un opéré de l'appendicite que pour un tyran, mais 11 était
aussi heureux de trouver à qui confier ses démêlés avec la
royauté qu'une maîtresse de maison en villégiature qui
aperçoit enfin, de la plage, émergeant des flots, l'âme sœur
capable de comprendre ses démêlés avec sa bonne.
- Cher Jean, dit-il, tu arrives pour le plus beau table~u,
pour l'abdication. Toute abdication, . fû:-ce d'un méue~
infime, prête à celui qui abdique une d1gmté con_ipara~le a
celle du sacre. Songe à un maître d'école qui abdique, a un
boulanger qui abdique! Veux-tu que j'abdique en t~,f~veur?
Cela fera bien dans les cafés. Le malheur est que J ai avec
moi la nation et que je l'abandonne. Ne crois pas que les
opiomanes, les cocaïnomanes et les morphinomanes _aient
été les seuls agents actifs de mon soulèveme~:· Mais . les
grands peuples, à part peut-être la France, n aiment e:re
gouvernés et régis que par ceux qui ne partagent ~omt
leurs soucis. Dès que le dieu de la poésie et du romantisme
agite soixante millions d'hommes, comme l'Allemagne en
ce moment, ils se donnent corps et âme à des t~afiquants en
pétrole. Dès qu'un peuple est sauvagement pratique, comme
l'américain, il élit pour guider ses pas les plus fameux et
ignorants idéologues que l'univers ait jamais connus. Chez
vous du moins la sagesse est entretenue par le corps même
des fonctionnaires. Du cantonnier au Président de la République, du plus infime traitement au plus élevé, quatre 1:1Hlions de Francais sont élevés ainsi à l'école de la modérat10n,
de la liberté,· et le percepteur et le receveur de l'enregistre-

573
.

ment sont des prêtres de la sagesse. Avec quatre millions
de brahmanes un pays est tranquille. Tous les excès sont
commis en dehors de ce corps officiel, qui est en Allemagne
le seul inintelligent et le seul dominateur ...
On apportait une liasse de télégrammes.
- Lis-les toi-même, dit-il, cela t'amusera.
Je lus donc :
- Paris Rotonde. Offrons à nouveau tyran vœux ·les
meilleurs. Retire couronne que Madeleine et Claire embrasent front royal. - Bombay. Tagore refuse questure honoraire nouveau Sénat bavarois. - Moscou. Ordonnons.
Zelten relâcher Docteur Lipp avec camarade. Cas refus,
orûlerons chaque heure un dessin original de Poussin que
Zelten passe pour aimer. - Berlin. Forces gouYernement
sont à deux kilomètres Munich. Une seule bourgade, Mittenwald, ville des luthiers, a pris parti Zelten. - NewYork. Tailleur Thomasini rappelle respectueusement petite
dette Excellence Zelten.
On an nonça le Docteur Krumper, sénateur de l'opposition.
- Où l'avez-vous mis ? dit Zelten.
- Il est dans la Cour des Grottes, auprès du Puits de
Persée.
-Quand jesonnerai, amenez-le parlasalleSaint-George,.
la salle d'Hercule, la Caverne de Nacre et la salle Blanche ...
Tu ne peux t'imaginer, cher Jean, ce que j'ai dû pâlir sur
le plan de la Résidence. Tous les dédales qu'un roi doit
connaître à rintérieur de sa royauté, je n'ai pu arriver à les
connaître qu'à l'intérieur même du château. Aucun de ces.
politiciens ne veut être vu des autres, et tous veulent
m'atteindre. Je suis une châtelaine obligée de recevoir à la
fois tous ses amis brouillés entre eux.
On annonça Siegfried von Kleist.
- Il s'est déclaré contre moi, dit Zelten. Il se sent humilié, paraît-il, que la tragédie du pouvoir absolu se débatte
dans une âme aussi enfantine que la mienne ... Je ne voudrais pas qu'il rencontrât Mueller, qui est dans la chambre

�LA NOUVELLE R.EVUE FRANÇAISE

papale .. . Faites passer l'Ambassadeu:r Mueller dans la
T roisième Chambre de Charlotte,, par la galerie des Petits
Saints. Que le Docteur Krumper recule jusqu'aux Niebelungen parla Salle Verte et !'Escalier Dodu.
Mais les visiteurs se multipliaient, sinistre présage. On
annonça M. von Salem, chef du parti tyrolien. Zelten dût
consutter son plan et se fàcha :
- Fourrez-le dans le Trésor l dit-iL Tous ces gens-là
viennent le .revolver au poing. D'ailleurs, qu'ils ·entrent
tous!... A part cependant le capucin Stobben, que vous
évacuerez sur le jardin parïa Trappe des Blasons . .. Toi,
Jean, reste .. .
Salem arriva le premier, car, familier du palais, il avait
trouvé une traverse du xv1c siècle pour aller du Trésor à la
salle Barberousse. Mueiler, Krumper et Kleist entrèrent
ensemble, avec le capiidn qu'on avait dû mal aiguiller à
quelque carrefour et; de peur de glisser sur ces parquets
luisants, ils marchaient sur la pointe des pieds, comme les
magistrats et le prêtre qui viennent réveiller un condamné.
Kleist voulut parler, mais M. von Salem le· pria de lui
.céder son tour.
- C'est cela, dit Kleist, que M. von Salem parle en notre
nom.
~ Pas du tout, dit -von. Salem. Je tiens à parler d'abord
pour moi-même. Je tiens à protester contre l'attente qu'on
m'a imposée dans les salles du Trésor, réservées ::1ux ministres émmgers. Depuis r 341, les Salem ont entrée directe
auprès des Wittelsbach. Si je dev;tis attendre, ce ne pouvait
être que dans la salle Grenat. Mais j'ai peur que le comte
von Zelten ne connaisse pas plus, les chemins de la Résioence que les avenues àu cœur allemand.
Zelten était allé prendre an dossier du Trône le portrait
de sa mère, et avait remis dans sa poche.
- Et puis ? dit-il.
Il n'y avait ammne chaise Olt fauteuil dans la pièce, et
l',im ne pouvaît guère li accouder . à la cheminée qui avait

r

FJN ALE DE SlEGFRIED ET l.E LIMOUSIN

57.5

huit pieds de haut... J'ét-ais sur le point de tomber dè
fatigue ... Kl-eist _s'avança :
-De la part du Sénat et de la Chambre, dont je suis le
mandataire, je demande à Zelten combien de minutes
encore H entend prolouger cette plaisanterie-...
- Le mandataire de qui?- demanda Zelten.
- D'un pays que vous vous retirez le droit de dire vôtre,
l'Allemagne.
·
- Messieurs, dit Zelten, dans une heure j'aurai quitté
le palais. Ce n'est pas vous qui m'en chassez, ni l' Allemagne. Je persiste à .croire que les vrais Allemands sont
avec la paix, l'amour des arts et la fraternité . Ce qui m'en
expulse, ce sont deux télégrammes pour Bertin que voitt--interceptés : le premier vient d'Amérique, et est adressé à,
Wfrth. Je vous le lis : Si Zelten se maintient Munich,
annulons contrat pétrole. Le deuxième vient de Londres et
est adressé à Stinnes : Si Zelten se maintient Munich, a111rnloos contrat Volga et provoquons hausse mark. Par contre,
je n'ai intercepté aucun télégramme disant ; Si Zelten
est roi, musiciens allemands refusent eomposer et jm1er.
- Si Zel:ten est président, philosophes allemands incapables penser et décorateurs feront grè:ve. - Si Zelten est
Premier Consul, jeunes filles allemandes renieront jeunesse
allemande, printempsallemand refu5€ra produir~ my11illes
et narci:sses. Mais je n'insiste pas. Que le pétrole et la
Volga pénètrent donc à fl0ts par les puits de Persée et la
fontaine Vittelsbach. J'ai traversé le pouvoirabsolu comme
aux enfers on traver-se une ombre. Je ne l'ai exercé en
somme que sur moi-même. Pendant quatre jours je me
suis dévoué comme un esclave à ces deux petites qualités
que je me connaissais, le désintétessement, la franchise,
et qui étaient devenues soudain une franchise et un
désintéressement royaux... Je pars, sans avoir dormi id,
sans savoir ce qu'est le sommeil royal. Mais je veux
vous conseiller, Messieurs, pour les. auttes exécutions,
quand vous choisirez un mandataire à l'Allemagne, de le

�576

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

choisir Allemand. Monsieur Kleist n'est pas Allemand ...
Kleist pâlissait. La transfusion de sang était commencée.
- Monsieur de Kleist est étranger. Un ancien soldat a
demandé hier à me parler. Il a vu apporter Kleist blessé dans
sa chambre d'hôpital} et l'a entendu se plaindre. Il ne se plaignait pas en allemand. Sa plaque d'identité, qui fut à dessein
égarée, portait un chiffre qui ne correspond à aucune formation allemande. A la suite de quelle amnésie Rathenau,
Harden et Scheidemann se sont introduits en Allemagne,
ce n'est pas à moi de vous le dire, ni les plaintes yeddish
qu'ils ont poussées tout petits ... Adieu, messieurs.
Je voulus courir à Kleist, que les autres emmenaient,
mais je devais a voir dans ce palais antique, en plus de ma
faùgue, le mal des musées. J'eus un étourdissement, je
tombai sur Zelten. Il me prit dans ses bras, chercha où
m'étendre, et me hissa par l'estrade sur le trône.
- Repose-toi une minute, cher Jean, fit-il...
Quand je m'éveillai, Zelten avait disparu. Les portes
étaient fermées et sans serrure visible. Quelque radicalsocialiste, mon futur concurrent aux élections, m'avait
enfermé seul avec un trône, comme les épouses prévoyantes
enferment sans qu'il s'en aperçoive, pour divorcer ensuite
à leur jour, l'époux avec une négresse. Le téléphone, le
microphone, le réflecteur avaient disparu. La vieille saUe
dorée avait supprimé ou réabsorbé ses sens nouveaux, et
il ne restait plus, sous un portrait de Benedicta, femme de
Louis le Sévère, qu'un tableau d'appel dont je pressai deux
boutons, celui du Chambellan de la Porte, pour qu'on
m'ouvrit, et celui de la Chambellane Tercéenne, pour en
voir une dans ma vie. Mais il ne vint qu'un des deux pages,
son maillot noir à la main, et qui se hâtait d'accrocher les
boutons à pression d'une robe verte, jaune et rouge. Le bain
de tyrannie et de bon goût était terminé. Par des passages
obscurs et des escaliers de service, mais qui longeaient les
salons à couleurs et à noms féeriques où nous pouvions

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

577

plonger grâce aux hublots dissimulés, par la piste de la
valetaille que la tradition des chambrières et des laquais
avait aussi baptisée, par le couloir de l'Araignée, la cour
aux Chats et le palier du Nombril de Charles, nous forâmes
dans le Palais, aux parties non protégées par la nacre,
l'onyx, et l'encaustique des préraphaélites munichois, un
terrier sans honneur. Les hublots nous laissaient .parfois
aperceyoir dans le Salon du Grand Casi~ir, dans la Cour
Papale, des groupes bavarois à la recherche de Zelten, que
la famille Wittelsbach, vieille Atalante, déroutait ou ralentissait par des parquets trop glissants ou par des mosaïques.
Pas de rencontre, à part celle du concierge à casquette
galonnée, casquette qu'il souleva, sachant par expérience
que tout ce qui sortait depuis quelques années par l'escalier de service avait infiniment plus de chance d'être princier que ce qui entrait par l'escalier d'honneur.
Je passai la journée à chercher Kleist qui n'avait pas
reparu à Nymphenbourg. Ida croyait qu'Eva de Schwanhofer l'avait conduit à Oberammergau, à sa villa. Il
paraissait impossible d'aller ailleurs, tous les moyens de
transport étant réquisitionnés ou par les Contrerévolutionnaires, ou par le Service de la Passion. Le lendemain,
vers deux heures, je fus déposé à Oberammergau.
La représentation commençait et j'eus de la peine à l'éviter. Les archers de Dieu rabattaient vers les guichets du
Calvaire. Mais ma curiosité ne les aidait point, car j'étais
déjà venu ici en I 9 r 5, pour cette répétition générale qui
précède de cinq ans la représentation ... La Passion d'ailleurs doit être la seule œuvre dramatique qui supporte cet
intervalle ... Arrivé par la montagne, avec des bandes de
tyroliens abhorrés des cantonniers car leurs bâtons ferrés
crevaient les routes, j'avais eu la chance d'être le voisin du
nonce, qui avait donné le signal des applaudissements au
châtiment de Judas, et de Mrs Barfield, de Birmingham,
qui devait acheter l'ânon chevauché par Jésus dans l'entrée
à Jérusalem, l'emmener à Birmingham, et pour guérir sa
37

�LA. NOUVELù'E REVUE FRANÇAISE

nostalgie, pauvre sioniste, l'y ,fa;fr..e périr .de candies et ,de
vrais ~ha,t:d.Ol'lS .é,cossa:i:;. l;a cenversation, ing:r~te 'llc'o/ec le
nonce, qui :miindiquait pll!r len-r nom bihlique ·les •héros du
lever du rideau, G:aii, Arcl~'i!wphei, et Achanaas, le fot
m@ins av-ec Mrs Barfield, quj habitait le .v,i.Uage de-puis twis
m(i)is, ,et ne savait au contti:aiire de Jésus, ~e V:é"ronique o:n
des:apêtr-es que 'leurs Mms de paysa:ns. Je !pl!!~ grâce à elte
e0nst.1.t"er que Str0ssmayer ·EG~ta-i't PonGe !Pilate) se• .la v-ait
vrà.Fment let mains dms une bouteille d'•eau-du Jourdain
offerre par Mrs Bairfi.éld, lij_Ue -le -père Wolf ~étail piqué à la
cour©nne tl'éprnes en ln portant •et qu'il i:tignait ; que
Zwartg tenait mal ses trente de-nier-s et aUaü sùrement ,les
pe1dr.e; et j"obtins -p0ur touiours rnn .traduction allemande
de la Bible, .quand, ,cèlni qu:etle appelait Anton Lang
ay&gt;ànt soupiré •sut la tl'Otx ,et -'l!e·nmin le-dernier -soupir, celte
qu'elle appelait Marîa Lang, sa ,mère, justement s'étant
étroulêe d·e mttfüeu:r, 'Meléhior Breitimmer~ le disciple -aux
cheveux 'dtor -soutenant Ji&gt;-anla Rendl, célle·qui devait aborder -un jom aux Saintes-Maries avec B~rtha V:eit et Llesl
G&gt;hlmüller, s01:1drri11, au milieu des cris et des tempêtes,
qutlnd Meyer, le simple Meyer, du haut 1de ses cieu,x,
appela son .fils Mll1er à sa-üt0ite, s'entOllra de ses séraphins
Zwick, Mayr, Zwinok.-et -de la mam Garessant Sll barbe b]an,che, de l'œil faisant un signe d'i:rneliigence -!m nonce, fouckoya, car ils wmmençaient à ·s'agiter bruyamment ave-c
leur cent trente démons, Julius -Fteysin.g et Kurt iEberlein.
La tribu sa'inte d'Oberammergau n'était pas-s011:ie intacte
de la guerre . Les mobilisé~ av:üen.'t dü, malg&amp;é ies •démarches t!lu bour,gme-stfe, fais:ser aouper pQur ta -premièi:e :fois
de 1eur •vi-e leurs chevélures ; sur ,les bras nus .demeuraient
les marq-1:1 es,du. -vacGiu -a.tlti typhique, an ticholérique, .antitétanique, 'et il apparaissiüt que les Amalécites avaicent sévi
sur la région. Al'!x porte,.~ du bomg, des gaillards armés
d'arcs et tle ja:vdots montaient l:a garde, .car ·tes mineurs
voisins de P-ei:sse-nberg menai;aienvd'interrornpre par la force

FINALE DE SIEG.FRIED' ET LE LIMOUSJN

579

des :;pectacles si pFéjudiciables aux -prix des denrées, et un
Américain ,devait&gt; malgré les défenses, cinématog:raphier la
sdne d~u:ne fenêtre. Dès qu.e le soleil éclatait :snT une vitre,
tous les arcs se ban·daient .ccrntre elle. Ils .parlaient le langage du nonce, et j'appris d'eux qu~ les Schwanhof.er habitaient en dehor-s de la ville entre les ma:isons de Sadok et
de Saint Pierre. Pour y acrii;,er, j'eus :à pa~ser sur le tronc
d'un chêneJes canau'i: il'eau .courante, à écart(!r les ·au~
pines, à 101e1cher tous les végétaux qui av.aient fourni aux
Jeux la couronne, la croix ou les :fl.-eurs. Un aigle planait au-dessus de quelque agneau dédaigné pour Je -rôle
d'.agneau pascal. Le printemps et la mo111agne, affolés par
tant de v,isîteµis, ,offraient à 'Profusion ·de qu01 finir pour
ton jours la Passi011 et la Lutte du Bien et ,du Mal, des cbnœs d'eau par .milliards de volts pour &amp;ctrntuter définitivetllent Judas, .des lacs profonds de _mille pieds pour noyer
l'enfer, et, pour donner un jeu éteriieJ .mx séraphins et
au~ archanges, un chamois apprivoisé qui m'escorta.
Forestie,r était assis sur la terqsse, et un jeune homme
près· de Jmi :feuillerait.les jonmauoc. Il .avait soulevé sa tête,
de .ses maiti.S, .ctl'-Offrait.a.u sole.i1 comme on offre une part
de soi amc i:a.r0ns X. A t0ut bruit, à. tout .murmure de
cascade, il tend#tl'oreille avec la d.emi-grimace de cerne'
qui croient avoir entendu crier leur nom. Son lecteur lisait
les dernières nouvelles ùe chaque nation, qu'il écoutait religieusement, comme si l'espoir lµi restait de deviner son
pays au nombre des ouvriers chômeurs, des .incendies ou
des duels entre parlementaires, et il se promenait sur l'Europe comme un sourcier ... Que peu de nationalités d'ailleurs paraissaient .enviables !
&lt;c Et en Jtalie ? demandait-il.
~ Le brave Gasparri a conclu un .trnité avec. les bolcheviki. Les-fascistes marchent sur Rome etles réc0ltes sont
mauvaises. D'Annunzio 'S'est fra'Cassé la tête, et un.e maladie appelée carico s.évit dans les lronilles,
·
- Et en Hongrie ?

�580

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Les fonctionnaires des provinces cédées, qui logent
dans des trains, ont obtenu des wagons de seconde. C'est la
seule information de bonheur. La récolte est mauvaise. Une
maladie appelée charnin sévit près du Balaton.
- Et de Russie ?
- On a découvert à la fonte des neiges quinze mille
cadavres dans un coude de collines, là où les prospecteurs
espéraient trouver du pétrole. Deux Américains de la
Croix-Rouge rapportent les photographies de petits
enfants qui ont mangé leur père.
- Et des pays baltes ?
Il semblait ne pouvoir se résoudre à questionner le lecteur sur l'Angleterre, l'Amérique, la France. J'y pressentais
une appréhension, c'est-à-dire une préférence, et je n'en
étais pas fâché ; le journal ne donnait _ce matin sur la
France qu'un renseignement ridicule : deux éléphants d'un
cirque en voyage avaient évité une collision en gare de
Tulle, car on les avait attelés, en l'absence de machines, à
une rame mal placée ... Je me décidai à avancer, résolu à
parler aujourd'hui même et à guérir le seul être qui souffrît dans ce bourg dédié officiellement à la souffrance . Du
moins je le croyais ... Mais il se précipita vers moi _ave~
l'élan de celui qui donne une nouvelle et non de celm qui
la ,reçoit :
_ Mon pauvre ami, me dit-il, Geneviève se meurt! Il
a fallu l'opérer ce matin, on désespère ... Eva est près
d'elle ... Venez.
*
* *

Geneviève ne mourait pas commodément. Elle avait un
lit un peu court pour elle et ses regards aussi étaient gênés
par la montagne, qui tombait devant elle à pic. Elle préférait attendre la mort les genoux pliés et les yeux ferm és.
Jamais humiliée, mais toujours repentante d'être fille natu_relle, pleine d'admiration pour ce qui est l'ordre ou la ~OJ,
elle essayait seulement de donner à sa vie une conclus10n

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

58 I

plus _régulière que son commencement. - Est-ce que cela
se fait, me demandait-elle, quand je voulais lui mettre trois
oreillers au lieu de deux, ou lui lire quelque livre nouveau_? L'i~ée d'une mort conforme aux usages établis l'effra~an moms. !ous ces personnages licites et légitimes qui
allaient et venaient autour de son lit, non insoumis non
polygames, à métiers clairs et définis, la flattaient da~s son
m~l. Le cur~ d'Oberammergau vint la voir, puis le pasteur,
puis le rabbm. Elle déplorait d'avoir à d10isir une religion
au moment où trois s'offraient si aimablement comme on
déplore une triple invitation pour le même soir et décidait
'
d,.etre enterrée selon le rite qui permettait l'assistance
et la
présence des deux autres. Au fond, elle eût voulu être en
règle aussi avec la religion musulmane, la religion hindoue. Elle me demandait sur Bouddah les renseignements
qu'elle eût demandés sur un employé d'état-civil s'il était
impitoyable, s'il était beau. Elle était tourmentée s~ulement
de la tristesse et de l'incertitude de Forestier. De sorte
qu'un soir je fus amené à lui dire qui il était. Elle en fut
toute heureuse. Non point qu'elle eût éprouvé moins de
sy°:1p:thie pour l~i s'il était né dans une ville étrangère,
mais etre Hongrois, ou Bulgare, ou Lithuanien ne lui
semblait pas une situation en aussi parfaite conformité
avec la vie régulière et avec le code qu'être Français.
_« Tâchez qu'il s'inscrive à Belleville, me dit-elle. Tout
lUI sera aisé. Le jour de mon mariage le maire de Belleville
n'a lu tout haut ni mon acte de naissance, ni mon âge.
Il fut convenu que Kleist, dès qu'elle pourrait rentrer en
Franc~, nous accompagnerait. Elle le lui fit promettre.
Depms Iâ. révélation de Zelten, je n'avais reçu aucune lettre de la Consul, aucune visite de Schmeck et Eva s'était
résignée.
'
- Mon cher Kleist, disait Geneviève, ce n'est vraiment
pas de ~bance de voir mourir ainsi sans raison la première
Française que l'on rencontre. Si vous raisonniez comme
l'A ng1ais
. qui· vit
· 1a femme rousse de Boulogne vous nous

�582

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

feriez une belle réputation ... Vous le voyez, Jean. J'avais
raison. Tout ce qui n'est pas en bois me porte malheur.
Mais allez réclamer une table d'opération en bois, des pinces et des bistouris en bois ! Les opérations sont comme
les voyages en Algérie, on $'.imagine qu'on va pouvoir choisir son bateau, sa place, sa semaine et l'on est jeté sans précaution dans un des tubes même du déterminisme.. Je n'ai
vraiment jamais pu être comme les. autres, je .reviens faire
mes enfants en France et te vais mourir en_ Allemagne ...
Pour reparler des Françaises, Kleist, je vous assure qu'elles
sont très solides, et que les veuves en France sont autrement nombreuses que les veufs.
- Ne parlez donc pas toujours de mott, Gen:eviève.
- Cela ne se fait pas. Pourquoi?
Au lieu de revoir sa vie en une ~econde, comme d'antres
mourants-, elle- la revit minutieusement, mordant même
un peu sur la vie de sa mère du temps oit elle-même
n'existait pas encore. - J'en étais:-à ma naissance. J'en étais
à. l'élection de Félix Faure ..... J'en étais à l'exposition de
1900,. disait-elle quand on entrait, car _ses.souvenirs n~ se
cristallisaient qu'autour de dates _officielles. Elle parlart à
peinedeson métier, mais ses.mains -s'agitant, caressant ou
creusant, on sentait que sa mémoire de sculpteur cotnplétait et illustrait l'autre. C'était des mains qui avaient beaucoup touché l'univers et son argile, un peu usées, étroites,
et qui entraient dans tontes les mains amies ou ennemies
comme dans un fourreau, avec de hien inu~es petites rides
pour le sang. Elle avait peu. de fièvre ; le mal l'attaquait
par assauts qui dérouta:ient les docteurs, enflant subitement
un de ses bras, entourant son front d'un band.eau.. On eill
dit qu'il essayait sm elle de. nouvelles façons de tuer. Le
matin où elle en était au passage à. Paris du roi d'Espagne,
elle sentit ses jambes froides, et le froid monter. M~is
c'était trop peu pour nne pauvre créature abîmée par la. v1:,
les excès et l'insouciance. Une p.éritonite se .déclara, puis
pneumo.nie double, puis te ne sais plus qM encore et

une

0

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

583

par ses armes les plus vulgaires la maJadie parvint à: tr.inmpher de cette. enfant.
·
- Ne padez pas tant l disions-nous.
- C'est gue je n'ai jamais tant pensé,. mes amis... Quelle
drôle d'histoire est la vie ! Peut-être· personne dans lilfle
sen:,aine ne pou1:ra plus parler à la première personne de
1:101, demon corps, de Llil..esyeux, et cependant je neren0nce
a au~uu de mes goûts ; je préfrhe toujours le ja1.me au-x
autres _couleurs ; je sens le bleu, le- rouge intriguer autQur
de moi., essayer de m'attendrir, profiter de rua faiblesse
ri~n à faire ; Je continue à détester jusqu'à la dero-iir;
mmute les ~aux secs, le crêp.e de Chine, les aigrettes.~.
Pour l~s a~11maux er les hommes, au contraire, je n'ai plus
~e parti pns, plus auctm. Dieu sait s.i j'ai pu détester. les
s~~es, les. animaux à; ktngue visqueuse comme le fcrur-011lier, les rats ;.. je les verrais sans ennui entrer maintexi.an.t
par centaiia.es dans ma chambre;.. et aussi d'ailleurs ce pauvre Bougu:.ereau, et aussi cet hypocrite de Kessler, et Laut;lme, et un grand blond dont je mll! souviens, mais ce.La
c est une aut11e histoire ..

La porte s'ottvra.i.t. Ce n'était ni l~s fuuumiliers ni les
a~s, ni le co~1ège des humains dont la prétentio~ t'agaçait, des actrices aux députés, ce n'était pas non plus,
hélas! les Bernardo de Rotscbild. C'était le docteur avec
sa morphine. Il essayait de la faire taire.
-:- Je me tais. Mais ce grand blond, malgré t©ut j'y
reviens. Une brute, qui croyait tous les autres. êtres des
~rutes, ne les aimant que pour ce~ et disparai-ssa:nt le
Jour où il doutait de leur brutalité. Que n'ai-j·e pas c.ornmis
pour retarder ce jour-là! Sous ses yeux, je touchais en
~rut~ à mes oiseaux,. aux verres, à moi-même. Dès que
JétaJ.S seule,. j'essayais de réparer en embrassant et caressant conu:n~ je le pouvais. ces pauvres objets et cette pauvre
fem_me. Mais cela ne vous in.t_éresse po.int, Kleist. J'ai des
projets sur ~ous. Voulez-vous que nous fassions l'aveugle
et le paralyuque? Je, n'ai plus rien devant moi, mais j'ai un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

petit passé. On n'arrive jamais à la mort sans dot. Je voudrais vous léguer ce qui peut subsister de ces trente-six ans,
et deux ou trois commissions. Je tiens à ce que vous
habitiez parfois ma mais.o n de Solignac. Vous hériterez de
moi, de moi-même ; j'ai écrit dans ce papier deux ou
trois de mes manies que je voudrais ne pas voir périr, car
je n'ai pas de petits neveux auxquels elles reviendraient
naturellement, comme disait Heine dans sa lettre. Je
tiens à ce que vous soyez à Paris pour l'Exposition coloniale de 1924. Celle des Arts appliqués je m'en moque.
(Arts appliqués est d'ailleurs une faute de français.) Je
tiens à ce que toutes les fois que vous entendrez le mot
Prémisses...
.
Elle passa ainsi le soir à séparer ce qui devait périr avec
elle et ce qu'elle devait planter dans le nouveau passé de
Kleist. Puis quand ·le chromo officiel de sa vie fat épuisé,
quand les troupes alliées eurent défilé sous l' Arc ~e
Triomphe, et quand il ne resta plus en elle que ses défaillances, ses erreurs, ses mauvaises habitudes, elle se tut,
gémit toute une nuit, ressembla soudain à la mort, ressembla pour la première fois à son fiancé futur et non
passé, et mourut ...
*
* *

Il était minuit. Tous les Français dormaient. Y compris
le million de mères que la guerre a privées de fils. , Y
compris, dans les dortoirs de la Légion d'honneur, groupées pour la surveillance autour de la répétitrice qui ronfle
sous sa tonnelle de mousseline, les quatre élèves roman·
tiques. La lune, pour une aussi belle nuit, s'était arrangée
à la paraffine des traits normaux. A peine un futur clairon
s'exerçait-il dans les jardins lumineux sur un clairon d'argent.
Tout dormait eritre Rhin, Atlantique et Pyrénées, y compris, car c'était le lendemain d'un dimanche d'élections et de
sports, les nouveaux conseillers généraux et les nouveaux

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSI~

585

champions de longue-paume. Y compris Monet, Bergson,
Foch... Dans une proportion défavorable aux pyjamas et
favorable aux chemises de madapolam, les huit cent
mille fonctionnaires dormaient, gloire et douceur de
l'état. L'égalité de la nuit pénétrait par des millions de
volets hermétiquement clos et par cinq ou six fenêtres
· ouvertes le peuple le plus amoureux de l'égalité et le plus
ennemi de l'air. A peine une cloche mal rattachée.tintaitelle parfois en reprenant son équilibre. Au douanier et au
poète qui veillaient encore, par respect de la République
ou ~~ firmament, .et qui recevaient debout les coups
homicides de la nmt, la nature hypocrite affectait de se
donner elle aussi pour mortelle, mais ne consacrait à cette
politesse que l'effort minimum, une brindille cassée, un
craquement dans un silo, ce peu qui satisfait, paraît-il, les
douaniers et les poètes que consume à minuit l'idée d'une
nature immortelle ... Tout dormait. Y compris les acteurs
et les actrices encore maquillés dans le dernier train de
Bo~s-Colombes. Les trois cent mille concierges dormaient,
mais avec des sursauts, consciences des maisons. Y compris le Loing dont on avait clos les écluses. Y compris,
dans· de grands cimetières inclinés à la lune, Pasteur,
Debussy, Rodin ... Tout dormait ...
Hormis moi, qui regardais Forestier endormi, dans le
wagon gui nous menait au Limousin. Devant la première
pente du Massif Central la locomotive soufflait. j'avais
fermé le gaz, tiré les rideaux. Je maintenais l'ombre sur
mon ami jusqu'au moment où je pourrais à la fois lui
apprendre son nom et lui révéler son département HauteVienne étincelant, car.J'avais décidé de tout dire aujourd'hui. Il dormait, comme tous les Français. Je l'entendais
pa_rfois rêve: dans sa langue étrangère, je me penchais, je
lm répondais dans la mienne, je ramenais le francais sur
lui comme une couverture. Ce qui restait encor; en lui
de Siegfried aspirait à longue haleine cet air nouveau de la
montagne. Ce qui restait en lui de Kleist maintenait sur

�LA NOUVELLE REVUE FRAl',fÇAISB

ses yeux que la· mort de Geueviève avait adoucis des paupières- encore rudes. Puis l'an cria- le nom de la première
gare limousine,. et, soudain, ce département que j'avais
quitté à. deux ans et que je croyais ignorer me reçut
c(i)mme son enfant. Mon père l'avait habité toute sa:. jeunesse,.. tom; l~s noms propres que l'on prononçait cliez
moi avec amour et respect étaient pris dans les almanachs&gt;
les annuaires, les. journaux de ce pays, et aucuns noms
n'avaient contenu pour moi plus. de nostalgie et d'aventure
que ceux qu'appelaient maintenant à toute voix les
employés, ou que je voyais collés au flanc des gares comme
des colis précieux laissés pour moi en consigne, entre des
arbres et cl.es troupeaux don.t mon cœur aussi reconnaissait
la. race, par mon père adolescent. Car, comme si l'on
criait tout à coup dans le silence, aux arrêts de votre train,
les noms de celles que vous avez aimées ou désirées, on
criait Argenton, Saint-Sébastien, Azérables ! Dès le sud de
Châteauroux, tous les bourgs dont je conwiss:tls seulement par morr père les dates de foire et de frairies sor-tirent pour une si belle rencont.l.ïi! de leur réserve fixée par
le préfet, et Eygurande, de sou premier jeudi- mensuet,
Saint-Sébastien de son troisième rnardi, La Souterraine, de
son deuxième vendredi et de son 28 février des ann~es
bissextiles, vinrent me saluer jusqu'au quai. Gargilesse,
Crozant, pas un seul de ces bourgs dont je ne connuss.e
exactement à. quel jour et à quelle saison se produisait vers
lui la migration des génisses, des &lt;lin.dons et des poulains.
A Sagnat, j'aperçus d,ans l'étang la plus grande quantité
&lt;feau que mon. père ait jamais vue, ca-r il ne connaissait
pas la mer. A Razé, où mon père vit Monsieur Grévy,
une gare obscure, mystérieuse, accrochait pour la première
fois dans mon esprit au train_ présidentiel le wag&lt;.n de la
solitude-. Toute.s les sonnettes des gares sonnaient sans
arrêt ; en lisant ou en prononçant leur- nom, j'avais pressé
sur un boutorr électriqué que je ne savais plus apaiser et
qui appelait pour moi de la bourg-Gde et d.e la. co1ll0,lun-e

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

tous les personnages liés à elles dans trnr mémoire: à Morterolles, le père- Arouet de Saint~Sauveur, l'athée,_ qui faisait
ses enfants en janvier pour qu'ils naquissent en septembre&gt;
mais dont Ia femme n'avait que des grossesses raccourcies
ou prolongées; à Bessines, le cantonnier, le père Bén.oche,
qui avait sauvé un colonel eu Crbnée, un général au
Mexique, et dont la vie était ratée, disait-il, car il. lui
restait à sauver un Maréchal; au Breuilh-au-fa 011 l'on prend
au filet les saumons,- Monsieur Claretie qui avait emmené
à la pêch~mon père, le jour où il eut juste un mètre,. et
qui l'étendait près des poissons pour les mesurer. A
Droux,
des renards qui mangeaient les baies sous des
genévriers effrayèrent .mon pète. quand il regagnait le
collège, après les arrières-petits-neveux: de ces reaards,
peut-être, des chiens aboyaient. A Ambazac,.. ou le loup
suivit son cheval, je vis en me penchant deux disques vert
et rouge, un loup vairon. J'entrais dans le pays le pl.us
légendaire et le plus irréel pour moi ap1-ès celui de Gu11iver, mais où les hommes avaient ma taille et où le. train
passait. Tout ce qn:i a permis de prouver que l'itinéraire de
Chateaubriand en Amérique était faux, prouvait que la jeuness.e de mon père était vraie!. U y avait juste la place entre
Fnrsa.c et Blond pour la chasse à courre. des Lee.ointe. Je
devinais le nom d'arbres et de. plantes presque.inconnus pour
moi, sarrasin, merisiers, genévriers, tant chacun sem bla.it
_placé ou semé à la place exacte que lui assignait la parole
de mon père; et, bien que chaqu.e village offrît à mon regard
un tassement nomieau, ce n'était pas sur une contrée nouvelle. que j'éparpillais ces noms pour moi usés. Chacun
fécondait son district d'une humanité et d'une faune distinctes. Le Breuil, où_ les Lacôte, nouveaux venus du
Bourbonnais, s'étaient brouillés avec les Si-Hac, qui avaient
servi le poulet avec le foie et la tête,. et ou chez mon cousin
Petit vivait un lynx apprivoisé. Rançon, où était empaillé
à la mairie un oiseau porte-lyre et où le député auquel
mon père donnason premier vote affecta toujours de croire

ou

l

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il avait voté pour l'adversaire. Rancon, premier synonyme pour moi de la beauté et de l'injustice. Fromental,
avec sa tortue, où les nouveaux riches appelés Frommenthal s'empressent d'acheter des maisons de famille, et où il
vit un saltimbanque tomber de la corde raide et se tuer, premier synonyme pour moi de la mo.rr. Pas un de ces bourgs
ensoleillés pour lui et lunaires pour moi dont le nom ne
s'accolât ainsi à l'un des espoirs et l'une des déceptions de
la yÎe tels que je les avais imaginés pour la première fois à
huit ans. Quelquefois des stations, Larsac, Le Raynou,
dont je ne lui avais jamais entendu parler, et l'air, le sol
m'étaient dans cette z.one sans saveur; mais arrivait soudain Saint-Sulpice-Laurière, enbranchement vers les trois
villes d'Universités, où il dormait sur un banc dans ses
voyages d'examens, et où justement je voyais ce matin
affalés une dizaine de collégiens à l'intersection de Bourges,
de Clermont et de Poitiers, vers lesquelles chacun à l'aube
s'orienterait suivant sa force en mathématiqùes ou sa faiblesse en latin, qu'un répétiteur empêchait de dormir_ les
, uns sur les autres par habitude de les empêcher de copier.
Plus encore que par ce bruit, aux arrêts, d'eaux vives perpétuellys, ces odeurs nouvelles d'essence, cet accent de ma
terre, j'étais atteint par l'accent limousin des hommes
dans la nuit noire, cet accent du Midi que mon père reprenait dans ses surprises ou ses émotions, que je retrouvais ce
matin dans la voix des chefs de gare, des hommes d'équipe,
du répétiteur, et qui me donnait Pimpression de circuler
dans une province surprise et émue ... Sur mon cœur ~a
pesée s'accentuait de l'air ancestral ; j'étais tout à ce se~ttment de modestie vis-à-vis des éléments et des humains
que l'on ne peut éprouver que dans le pays de ses ~ères,
où ni les monuments ni les familles ne semblent avoir été
créés spécialement pour votre passage, comme Chambord
ou les Luynes, et, moins que le décor de notre vie, en
figurent une base inébranlable et quelque peu humiliante,
avec ses églises romanes où l'eau bénite n'a pas été changée

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

589

depuis votre baptême, ses chênes qui en toute votre vie
ont pris 30 cercles de 2 millimètres, et la dynastie des
Chausson-Bouillat. Cette force à vivre dix siècles, que l'on
se sent en Touraine,. entre Cléry et Montbazon, ce n'était
plus guère ici que l'espoir d'une vieillesse robuste; cette
immortalité garantie que donne la Provence, ce n'était
plus? entre Montagnac et Morterolles, que la certitude d'une
belle mort; et peut-être, à mesure que j'allais m'approcher
plus près de la ville de ma naissance et y reprendre mon
rang de simple pion dans le jeu qu'y jouent contre la mort
les neuf familles principales, cet intervalle avec l'éternité et
la liberté allait-il encore se restreindre. Que ma petite
dignité d'homme me paraissait claire aujourd'hui, à michemin de Magnac-Laval où sommeillait la lignée inconnue de mes petits cousins, et du Dorat, .ivec mes bellessœurs de belles-sœurs. Pour la première fois j'étais réduit
à la taille où la page de ma vie cadrait avec le transparent,
avec la grille et l'apparition infaillible de chaque nom
attendu, - Tiens, voilà Droux, Pierre Buffière n'est pas loin,
- près de cet être qui n'avait plus ni la jeunesse de son père
ni la sienne, - Tiens, Folles et Bersac ont disparu, non les
voilà ! - me donnait plus encore que l'indication d'une
expérience réussie, la seule vraie estimation que j'aie trouvée, - justement voilà Bellac! - de la condition humaine.
Soudain, le train fut secoué d1un de ces légers heurts
qui passent au corps du voyageur la surprise du mécanicien à la vue d'un mouton sur la voie ou la mort d'un
bicycliste dans un passage à niveau. A notre gauche le soleil
se levait et d'un rayon horizontal transperçait le corn partiment. Aux stations, on entendaitle début ou la fin du chant
d'un coq, et, quand l'arrêt était habile, le chant entier.
Du pardessus de Forestier, de ces vêtements qui allaient lui
sembler dans une heure la dépouille d'une autre, une
lettre avait glissé. C'était la dernière lettre de Kleist au
prince de Saxe Altdorf.
- Mon ami, disait-elle, adieu. Ce n'est pas que vous

�59°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

m'ayez peiné en préférant Hoffmann à Tieck. Ce n'est pas
que je doute dn récit de votre voyage en Sicile, et de ce
rosier dont les racines enserraient le cœur de Platen. Ce
n'est pas que j'en veuille à votre neveu Ernest d'avoir
reproché à la France ses idées claires, et .s on ar'.11ée ~s
poésie. Ni que je songe amère~en~ a n?s t~bles disputes~ et que je m'écarte de celui qm crœt la vre née ~e
l'ordre et non du d1aos, qui estime le sanscrit plus utlle
aux historiens que le grec~ et l'effort au lieu de .l'iut:a:ition
la seule preuve de rexistence. C'est que ie ne suis plus
Allem:md...
11 est six .heures ,du matin et je vous écris d'Oberammergau, à cette fenêtre des Schwanltofer vers laquelle
eécho renvoie six fois les paroles et douze fois les pensées.
Je vois tous les animaux sortis de la nnit grands et purs~
les bœufs endormis debout se redonner à la vi:e de hœuf
en ouvrant .simplemen.t les yeux, couverts de rosée comme
des plantes ; les chats tout lisses guener les musaraignes
toutes peignées. J'ai vu par contre le voisin Sadoçk lav~
son visage sali paT le sommeil, .étendre ses bras .alourdts
par le repos, et rap.pel.er ses esprits déchaînés par les
rêves en lisant sa Gaz.ett.e de Munich. La banque Mlleller
a sa,uté. Le ténor Knote va mieux. La bière baisse de
2 pfennig. Ces trois nouvelles vont .amorcer le passage
d'Oberammerga.u du songe au réel. La vie peut y reprendre.
La Passion continuer ...
C'est .que je disparais. C'est que ce soir., .à six heures~
mon train passera une fro.n:tièr.e et que Siegfried Kleist
aura vécu. Je vous rends ces deux noms intacts, de même
que j'-ai dû ,r endre, élève, à la fin de l'.année, 11 l'économe
du gymnase, mes livres de latin et de .grec sans taches
nouvelles. Tous mes papiers, permis de circulation pendant les .émeutes, cartes de séjour pendant les révolutions,
médailles d'identité pour la ration des denrées indigènes,
entrée gratuite aux Pinacothèq~es et à tous les ~sée_s
germaniques, abonnements spéciaux au gaz e:t à l é1ectn·

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LTMOUSIN

591

cité, j'en débarrasse tout à l'heure mon portefeuille. Désormais je paierai double pour voir les Cranach et les
Dürer, triple pour me chauffer à Munich, et quadruple pour
acheter l~s œuvres de Schiller ... J'ai perdu l'Allemagne ...
Le Rhm, le Danube, l'Elbe et 1~oder, tous ces fleuves
que j'ai appris si r-écemment dans l'ordre comme un enfant, je les ai perd~s. Il y en a que je n'aurai même pas
eu le temps de voir pendant qu'ils étaient mes fleuve&amp;
nourriciers. Soixante millions d'êtres et leurs ancêtres se
sont envolés de m?i l'autre jour, et m'ont laissé seul,
&lt;!omme le renard glissé dans l'assemblée des oiseaux qui°
apparaît dès que les oiseaux s'élèvent. Le gros aigle de
!"Empire s'est envolé. Me voici abandonné aussi par l'oi-•
seau Wagner, l'oiseau Nietzsche, l'oiseau Gœthe. Zelten
me :etire un second passé dont le souvenir peut m'être
:rus~ cru:l que le néant de l'autre. Je sens d'ailleurs qu'il
a dit vrai. Je sens que j'ai été un élément étranaer en
Allemagne ; je me rends compte aujourd'hui seulement
des malaises, des douleurs provoqués par elle en moi et
qui '.~'in?ique~ont peut-être mon vrai peuple : cette p~ine
que J avais touiours à rouler le verbe à la fin, cette manie
de Be pas croire les journaux, ce besoin d'avoir les cheveux
non rasés, d'exiger une preuve à toute affirmation et un
.
'
statut précis aux relations des états avec l'Empire et du
cœ~r ~vec les sens. Vous rappelez-vous comme je reprochais a. vot:re dynastie de n'avoir pas réglé depuis 1 n:3
la quest10n des biens du dergé avec la Saxe ? Vous auriez
dû .deviner ce jour-là que j'étais né hors de l'Allemagne.
Je ?1e rends compte mieux encore depuis l'autre jour du
dél1re sacré de votre patrie, que j'ai dansé chorégraphiquement, de sa r-ésonnance -terrible, dont j'ai usé pour lire
de petits discours composés, de son détermrnisme épouvantable, que j'avais cru quelque phénomène politique et
passager comme la course à la mer ou au Rhin, en somme
de tout ce que je croyais une conséquence .de la guerre
al ors que 1es causes -seules en apparaissent encore en Alle-'

�LA NOUVELLE REVUE FitANÇAISE

59.2
magne comme les muscles après l'écorchement. Pauvre
grande nation, qui n'est plus que chair, que poum~ns et
digestion à jour, et sans douce peau ... Tout ce que Je d:mande aujourd'hui c'est que l'on me redonne pour patne
un pays que je puisse caresser'.
J'ai prévenu les autorités. Il n'y aura pas de scandale.
On va me porter noyé au Starnberg. Mueller et Sa~em
m'ont vu couler devant eux. Ils m'ont tendu une dernière
fois les ~ains, avec une force d'ailleurs qui aurait retiré
vingt noyés. Krumper m'a regardé partir avec cet air à la
'fois dédaigneux et jaloux du soldat qui voit le soldat
blessé quitter le front. Toutes les recherches et ies sondages dans le lac n'ont donné aucun résultat. Dès que
je reparaîtrai, dans l'Adriatique, dans le lac d'Annecy, ou
le Balaton, vous serez prévenu par Eva ... Adieu ... Deux
vrais oiseaux viennent de s'élever près de moi, de la terrasse même... Les râles de genêts et les faisans bavarojs
m'abandonnent. ..
*

* *

Tous étaient maintenant éveillés en France. Le soleil
rayonnait sur le pays à idées claires. Un chasseur à cheval
de l'armée sans poésie avait capturé un renardeau et le
montr;J.it d'une barrière aux parents voyageurs qui n'hésitaient plus, pour un si beau spectacle, à réveiller leurs
enfants dans les filets. Ces mille sidecars roux hérités de
l'armée américaine couraient déjà les routes comme des
parasites. Tous étaient éveillés, à Valençay, à Buz::i,nçais,
et dans les pays des fromages, Roquefort et Levroux,
déjà on les mangeait tout jeunes en buvant du vin blanc.
Tous ouvraient les yeux, y compris les six cent rr:ill_e
.candidats aux Palmes académiques) à la Médaille des Ep1•démies. Y compris les tireurs à l'arc de l'Oise, devant
l'épouse en papilkmes et sans prétendant, qui bandent
l'arc d'acajou. Y compris les Indifférents de Pont-sury onne, tous déjà penchés sur l'Y on.ne avec leurs lignes et

FINALE DE SIEGFRIED ET LE LIMOUSIN

593

q~i arrachent à .l'eau dorée des gardons comme des gangl10ns. Y compns Monet, Bergson, Foch. C'est l'heure
les peintres et les chasseurs de Crozant rentrent de conserve
à l'auberge Lépiuat, dégoûtants de sang et de couleur. On
cire au vernicire les sabots des chevaux de Robinson. A
Louang-Prabang, à Cayenne, à Brazzaville, les administrateurs jeunes et vieux se disent qu'il doit faire rudement
beau aujourd'hui à Bayeux, à Périgueux, et à Gap. Déjà
ceux des Français qui croient le plus en Djeu sortaient des
cathédrales après la seconde messe, tout heureux de la fin
do prêche, et les pies assaillaient les chouettes hasardées
dan~ ce beau dimanche. C'était le premier dimanche du
m?1s ; et tous acceptaient avec reconnaissance ce jour de
~a1x pro~onde au milieu des sept jours de paix problématique. Rien ne menace aujourd'hui les maisons et les
familles, c'est sans raison, et pour s'exercer seulement que
les pompiers se groupent autour de leur pompe e't les
filles Durand autour de leur mère. Les souvenirs des
batailles s'éveillent pour les visiteurs. Tout le monde est
éveillé: y compris ce_ux que l'on attendait le moins, y
compns Pasteur, Rodm, Debussy ... Les écluses lâchent
leurs eaux sur les canots du loueur de Nogent qui les
baptise et rebaptise d'après le nom de notre plus fidèle
allié, et les noms n'en sont jamais secs. Les ~réveils que
mon père avait placés pour moi dans chaque gare se sont
tus inutiles. Personne ne dort plus en France.
Hormis Forestier, près de moi. Mais il est temps. Pas
un: :allée, pas une colline depuis une heure qu'il n'y ait
eu Joie à caresser. Je vais le frapper à l'épaule de ma main
gantée comme celle d'un contrôleur, et, pendant qu'il
cherchera son billet, je lui tendrai, billet pour trente ans,
sa photographie d'enfant avec le nom imprimé du photographe, et, quoique à l'encre simplement, son nom ...

où

JEAN GIRAUDOUX

Copyright by Librairie Gallimard.

�R!Fl..IDf.IQ~S SUR LA LITTÊRATURE
:ri

REFLEXLONS SUR
LA LITTERATURE
r, -•

LA COMPOSITION DXNS LE .ROMAN
Des Nouvelles Pages de Critique et · de Doctrine, de M. Paul
Bourget, j'avoue que je n'ai pas.Ju les pag.es de doctrine. La
doctrine de M. Pa1,1l Bourget est connue depuis longtemps. Il est
probable qu'elle ne changera pas. Et il est certain que tout a
changé autour d'ell~ d'une telle façon q:ue ce -qui est aujourd'hui
le moins pris au sérieux: chez M. Bourget, c'est assurément le
doctrinaire. Il n'en va pas de même du romancier, ni surtout
du critique. J'ai donc lu ses pages de critique, et particulièrei:nent ·celles sur l'art du roman; avec toute l'attention qu'elles
méritent et qu'élfes récompensent.
.
On souhaiterait même, en tette matière, trouver, au lieu de
pages, un livre. Je ne sais combien dè romans M. Bourget
écrira encore jusqu'à la fin de sa carrlè're ; mais sans doute y en
aura-t-il plusieurs de médiocres. Ilesrvrai que le romancier, en
entamânt un roman, ne sait jàmais si ce1a donnera du bon, du
moyen ou du mauvais : le vin une fois tiré, on le boit, et ou
voit ou on sent comment il a passé. En tout cas ce que nous
savons bien, - c'est qu'un livre sur l'Art du Roman, écrit par
M. Bourget, présenterait -le plus vif intérêt, tiendrait dans son
œuvre une place élégante ~t utile. On -peut en pêcher déjà
quelques bribes dans ses anciennes et_ses nouvelles P~ges.
.
Les deux: ·volumes des premièrés Pages ont paru 11 y a duc.
ans, et je retrouve dans la Nouve'lle Revue Française d'aoüt !912
des Rtflexions sur le Roman, que j'écrivais à cette occasion. J'y
relevais et discutais ce que disait M. -Bourget au sujet d'une
qualité du ro~an &lt;1 sans laquelle il n'est pas de chef-d'œuvr_e
accompli. Cette qualité, la rhétorique classique la nommait
d'un terme pieu modeste : la composition. &gt;; Lui-même revient,

595

dans ~ses Ntmvellef Pagts, sur cafté quastion, et son point de Vüë
n'a pas cnangé, Il te n-ouve1 par ün exéeptiMMl nasard, qu'il
en est dé même du mien, Et cômmèon p~ur Vôir là une que§tion capfütle' de &lt;&lt; rhétorique &gt;&gt;, cômffl.è c\i~t rnênie la q-uestiôn
centrale de la rhétotiqi:re; comme il faùt bieil de témps é-o
temps se rettempu dahs l:t rllétoriqué,• je voudrais reprendra,
après ·dix ans, ~ mêtne problème Je n'ài, en œà ma-tières 1 ni
l'autorité de M. Bourget,, ni nOfi phis ceue con!fciem:e de ' sol}
autorité; (J_u'est sôn dogmàtisl:he ,- J'entte dans tint quastlptt
ouverte que je ne. prértnds pas fentief, qîte je tiehs au tontrair'é
à laisser ouvetre. tJn Att
Ronia-n véti~ablé serait u-ne sotte de
dialogue, issu d'Eta-ts -Gênéraux dû roman, aY~lt--ees trois ordres,
les rotnarîtlers, ]~ Cfi-tiqticl, le public, - le premier qui fhi!lte,
le second qui faif Maison, le troisièmè qui paie. Je s-ais bieü q-ue
nos oremùs paraissent aux deux autres- or.d res, d·e la fürtiée
subtile et·vaine; et que le tiets-érat, en nïatiète de tomàtt, tend
à ~tte tout. C'estg-râce à lui que rious aUi'bfls plutôt une ·aufre
Ecuyère qu'un Art du Roman. Rais011 de pJüs à notre dergé,
tant qu'il est èhcote t~léî'é; pour rê'vet sur °Ctt Art,. àvet des
fumées; tantôt épaisses, tantôt .bleues.
« Il y a, dit M. Bourget, outre l'élément de vérité, un élément
de beauté dans ·tet art si coü)ple~e du r'Mnan. Cet élément de
beauté, c'est, à illôfl s0ns, la èo111pôsitiôfi, Si nous voulons que
le roman fra-nçais garde un r.ang à pitcrt~ t'est la. .qüa-Ut&amp; que hOUS
devons maifltellit dan&amp; nos œuvtes. Une Eugé-nié Grandet, une
Colomba, une Mâdamè Bovary; un Gêfmir1al, un François le
Champi, un Nabab, pour ctiter au hasard quelques livres de type
nès dHférertt; sôm retnàrquabl~s par cetfé nettété da11s le
dessin, que vous ne tfOUvuez ni daûs Wilbelm Meistet, ni dans
les Purif1tit1.s d'Ecosse -ou Rob Roy, tri dlins David Coppstfiûd ou le
Moulin sur la- Floss, tü dans Anwa lforthint ou Crime et Châtimeiit. Je cite' de nouveà-a, au hasard de ma mémoire, d'autres
lin es dé toùt prertJ.iër ordre êgale:mént. 'Nws -ûe uoùvons pas.
davant-age ~ette beauté de co111posi1ion da'ns D&lt;nt Quichotte ni
dans Rô/Jinson. Pou-rqu:ôÏ ne pas tecôhnaitte que l'insuffisance de
ces puîssll.nts réêits est j-ustement Mt1s ce défaut d'ordonnance ?
Nous l'admirons, cette daire ordonnance, dans tous nos classiques.,. C'esr ,me ve1tu nationale, à ne jamais- sacrifier.
Quand on ex-amin~ les récits des romanciers nouveaux., on

du

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

voit qu'ils se laissent volontiers tenter par l'impressionnisme. rr
- Le roman français est un roman bien composé. Les Français seuls savent composer. Un romancier qui veut être éminemment français doit savoir composer. Un impressionnistequi ne compose pas n'est pas un écrivain très français.y ne.
suffit pas d'écrire en français, il faut composer en français. Tout cela, M. Bourget, bon traditionaliste, le redit après ses
maîtres de rhétorique, après les nôtres, après Brunetière, après
Fa~et. Ici tout notre passé littéraire fa~t. bloc. Nos ~remiers
exercices d'écriture s'appelaient compos1t10ns françaises. Le
« Ce n'est pas composé » est tombé incessamment et _tombe
encore des chaires universitaires, tantôt sur un écolier de
troisième, tantôt sur une thès·e d'histoire, tantôt sur MM. de
Goncourt. Et tout cela, d'un certain point de vue, est utile, est
légitime. Ce sont idées anciennes, idées cons_id~rables. Mais.
nous pouvons, nous devons toujours, comme d1sa1t ~ourmont,
les dissocier. Dissocier des idées n'est pas nécessairement les
ruiner. C'est voir d'abord comment elles se sont associées.
En 1912 j'écrivais que, dès qu'on sort des généralités, et decette composition sommaire qui consiste à avoir un commencement, un milieu et µne fin, composition qui existe à peu près
dans toute œuvre d'art, on s'aperçoit que le sens du mot est
très différent dans chacun des arts, en sculpture, en peinture,
en littérature, en musique. Remarque trop évidente, et par ellemême de peu de portée. Mais, pour nous borner à la littérature,,
voyons dans quelles conditions et autour de quels genres la
rhétorique a cristallisé son idée de composition.
,
A des époques précises et autour de deux genres seulement, a
savoir le discours et le poème dramatique.
Pas de discours sans composition. L'eipérience apprend en
effet que si on veut faire entrer des raisons dans la tête _d'un
tribunal, d'une assemblée, d'une foule, il faut que ces raisons
fassent masse, ou plutôt boule de neige, qu'elles s'appuient_Jes
unes les autres en une progression qui prenne le plus possible
les caractères d'une proo-ression
géométrique, qui accroisse
0
•
incessamment la conviction, et qui utilise avec le maximum
d'~ffi.cacité un espace de temps restreint : restreint mécaniquement chez les Grecs, par la clepsydre, restreint organiquement: partout, par la capacité d'attention d'un auditoire. De là~

RÉFLEXIONS SUR LA LIITÉRATURE

597

&lt;:omme dans le vaisseau phénicien de l'Economique, la nécessité
d'un ordre, à la fois artificiel et vivant, dont les rhéteurs siciliens firent un art. Cet art sicilien de la rhétorique, dont les
logographes et les orateurs athéniens donnèrent ensuite des
modèles, dont Aristote, Cicéron, Quintilien étendirent les lois
et les observations en une véritable Institution Oratoii-e, il est
demeuré jusqu'à nos jours l'arsenal de la rhétorique et la maisonmère de la « composition ». Composition et discours sont
presque synonymes. Composition latine ou française, en langue
scolaire, équivaut à discours latin et discours français. Les chaires
de prose latine ou française, dans nos universités, s'appelaient
naguère ou s'appellent encore chaires d'éloquence latine, d'éloquence française. L'Académie française décerne alternativement
un prix de poésie et un prix d'éloquence . li est vrai que l'éloquence qui nous gouverne n'est plus celle de Corax et Tisias
et du plaidoyer, mais celle de Bossuet et du sermon, c'est-à-dire
des trois points. Tout sujet peut et doit se traiter en trois
points, et s'il ne vous paraît en comporter que deux, c'est que
vous ne savez pas « composer». Faute d'un point, vous perdrez
le prix d'éloquence.
En matière dramatique la composition est aussi nécessaire
qu'en matière oratoire. Une pièce mal faite est une mauvaise
pièce, j'entends une mauvaise pièce pour le spectateur. La
Poétique d'Aristote porte sur la composition dramatique, comme
la Rhétorique porte sur la composition oratoire. La floraison du
théâtre en France s'est accompagnée d'une feuillaison de Poétiques ou de Dramatiques, depuis l'abbé d' Aubignac jusqu'à
Sarcey, où la question capitale était celle des règles de la composition : il y avait ici le songe comme il y avait là la prosopopée, ici la scène à faire comme là la péroraison, ici l'exposition comme là l'exorde, etc ...
Voyez au contraire les deux autres grands genres, à savoir
l'épopée et la poésie lyrique. Les prétendues règles de la compos1t1on épique, telles que les reproduit Horace, sont des
f~usses fenêtres, tentées par les critiques ; elle_s ont été vite
discréditées. La vérité est qu'aucune des trois grandes épopées
antiques, l'Iliade, l'Odyssée, l'Enéide, ne comporte une véritable
composition. On ne peut pas ôter une scène à Œdipe Roi, on
peut retrancher, sans les rendre ni moins épiques ni moins

�LA NOUVELLE REVUE FR,A.NÇAJSE

chûres, la moitié de l'Iliade, du No,tos, de la Mnesieropbonio ou
de l'Enéide. Elles ~ont belles avec vingt,quatte gU t\quzi:: çhants,
Elles &amp;eraient pell~s avec quarante-huit ou six, L., corupositioo
n'est pas une partie ii~sentielle de leur etre poétique. Il n'en va
p;is de même cle&amp; p~1tie~ : l'épi&amp;&lt;;&gt;de d'Uly&amp;se chez Polyphème,
de Priam dans la. tente d'Achille, sont des chefs-d'Q!uvre de
composition (qont hl leçon ne sera pas perdue pour le dramç
satyrique et la tragMie). NptoQs cette différence, Elle pous
!iervira tout à l'het1re.
Enfi,n, quapd jl s'agit de l?, poé~ie lyrique, ce µ'est plus la
coinpositiqn qui est érigée et) maxime, c'est l'absence ~e com_ppsiîioq, Il n'e~t pcmhêtre pas de théorie à _laqw:He }301le~u a1i
plt1~ tenu que ce\le du b~:;i..~ dé~9rdreen matuhedehaurlynsme,
Il insiste fortement sm elle ~f-ns ~es œuvres critiques çn ·pr,ose,
et, ce qui est plus gt;ive, il prétepd la mettre ep pr!ltiqus, daµ~
son Ode sur la prise de Namur. Je sais b.ien qiJe B\w1etièr~ et
Faguet ont cru voii: que les grapdes 9des de I,,amartine et qe
Huoo ét;iieot admirablement composées. Je ne crois pas cepen,
d;m~ que le mot c0Qvi1mne. La composition, la clilltributioo c\es
matières, le plan, sont, pour un discours ou pour un c\rame, un
travail préparatoire indispensa.l,)le. Mais pendant qu'u,o poète
lyrique procéderait à cett~ préparatiç&gt;n, l'ü1~piration l_'ahand~.nnerait ; elle reviendrai.\ ens1,1i\e sa h~urter aµx barqGres. du~
Cf\c;lre artificiel qui o,e serait plu$ f1tit poiH elle. Elle coqstru1t
:m coi;itraire son pl;m aq fur et à mesu~e qu'eHe se fait, comm_e
l'çtre vivant constn1it e,n gr\!,nçHssaot le squelette sur leque,l 1J
s~;tppuie. Il y a évidernrnent un qrdry dans les Révolutions, A i:-elle
qui est restée eu France ou lç R~~our de l'Ev,pereur, un, ordre pliltM
qu'un beau dé&amp;Qrdre; in~is Qr,c\rt1 ne signifie pas ici plan : c'e~t
un ordre spontané dé.Dosé par nospira,tiOJ;l1 penda!}t: q\le.stççrivait le poème. Et ce serait évidemment abt1ser des mots qye ~e
le cmnparer à l'orgr'\ d'un ~ermon c\e)3os&amp;uer ou d'une tragédie
de Racin11
Faguet, 4çrival)t sJ.Jr l'&lt;;lrrne du_ Mq,il (article rectleilU. dao~
les Propos- Littfrair~s), dit ql}e 111 livre « ~ i;es ?~faut&amp;,. qm ~o~t
u,n maqque tro,p ab&amp;oh,1, çnhu,e pour une fün\a1S1e, ç.e compos1tlon ». L'é\ern(lHç note, ~ l'e.ocre rougtl, qui foisonne sur les
copies l Bi nhc;ure\\ m~t\que cje composttiqn, qui ,now1_permel
d'qtJvrir l'Orme à n'iniµprte quelle page,, comme Mon,ta1gne ou

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

599

La Bruyère! On lit les livres qui sont composés, mais on relit
ceux qui ne le sont pas. Or, un ou deux ans après, parlant du
Mannequin d'Osier, voilà Faguet qui s'avise que c'est une merveille de composition parce qu'il est « en progression bien
ménagée et mesurée. M. Bergeret, mécontent, sans fureur, du
reste, d'avoir été vulcanisé, chasse sa femme; mais, comme il
est de caractère faible, il la chasse en trois fois. Il s'y reprend.
Un pas, puis un autre plus accusé, puis :un autre, définitif. Il la
chasse, d'abord, en la personne du mannequin d'osier sur lequel
elle essayait ses robes, et qu'il jette par la fenêtre. Il la chasse
ensuite en la personne · de la servante dévouée qui prenait les
intérêts de sa maitresse. Il la chasse enfin elle-même, et voilà
qui est d'une composition. admirable. » Très juste. Mais qu'estce que c'est que cette composition? Une composition de
roman? Non. Bien plutôt une composition de théâtre. Certes
personne n'est plus incapable de penser théâtre que M. Bergeret, si ce n'est M. France. Mais voilà que, mis en face de la
situation la pius comique qui soit dans les Gaules, le cocuage,
ils réagissent comiquement, ils font de la comédie, du théâtre.
« Un pas, puis un autre, puis un autre», c'e.st cela même le
mouvement dramatique. Relisez le Mannequin. On a eu l'idée
absurde de mettre le Lys Rouge au théâtre et même au cinéma.
Je suis loin de posséder le' répertoire du théâtre contemporain ;
mais je ne crois pas qu'un industrie} de l'adaptation ait songé à
scénifi.er le Mamiequin, qu'il n'y a pourtant qu'à jeter en l'air
pour le voir retomber sur la scène, y marcher,, y comporter ses
trois actes, y fair ses trois pas. Il y.a le Cocu imaginaire.. Il y a
le Cocu magnifique, il y a Dardamelle ou le cocu glorieux, le
Tartarin de la corporation. Il y aurait, ,en M. Bergeret, le .Cocu
malin r ]'Ulysse de la grande. armée. Et voilà pourquoi le livre
peut recevoir en marge, dè la main de Faguet, l'apostille : « Bien
composé »-Notez que plusieurs des romans de M. Bourget ont
été ainsi, et pour les mêmes raisons, portés d'eux-mêmes au
théâtre, où, ils résistaient mieux que les tableau~ épisodiques
adaptés des romans des Goncourt, de Daudet, de Zola,
Si l'on s'en tient-aux anciens genres, on, trouve donc que la
composition au sens plein du terme, c'est-à-dire la composition
préconçue, est issue des nécessités de deu genres déterminés,
florissants en notre âge classique, le développement oratoire et

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'œuvre de théâtre. Que dirons-nous du genre qui tend aujourd'hui à absorber les autres, - le roman?
Notons d'abord que lorsque M. Bourget exhorfo les romanciers à vénérer surtout l'arche sainte qu'est la composition, il
semble bien qu'il prêche pour son saint. Aucun romancier ne
compose d'une manière aussi habile, aussi nette, aussi apparente que lui; la qualité qu'on· peut le moins lui refuser c'est la
solidité de la construction : il y a dans sa soupe bien des
légumes venus des jardins de Taine, de Balzac, de Walter
Scott, mais ces légumes, associés à un pain bis, font une assiettée
épaisse, substantielle, nourrissante, je dirai même auvergnate :
soupe qui n'est évidemment pas signée Montagné, mais qui
tient debout la cuiller, qui tient solide dans l'estomac, et que
j'avoue manger de bon appétit presque chaque fois que M. Bourget publie un roman nouveau. Dans presque tous les livres
de M. Bourget, on reconnaît un homme qui a expliqué le Conciones, qui a pensé avec Taine et Brunetière, et un des rares
écrivains d'aujourd'hui qui ait fait visiblement et loyalement sa
rhétorique, Quico11que a le goût et le sentiment de la tradition
française, dans son fonds ancien et son étoffe solide, lui en sait
gré. Un roman de M. Bourget est composé comme un discours
de Tite-Live ou une tragédie classique. Mais qu'est-ce à dire
sinon précisément qu'un roman de M. Bourget nous apparaît
peut-être moins comme un roman pur que comme un recoupement romanesque des deux genres à composition, l'oratoire et
le dramatique ? M. Bourget a un style oratoire et même un but
oratoire, comme Taine et comme Brunetière. In narratione
orator. Il écrit des romans à thèse pour prouver et pour convaincre, ce qui est besogne d'orateur. Le récit prend spontanément chez lui la forme du discours, d'un fl.o t qui roule, d'un
ensemble en marche, marche ordonnée méthodiquement,
j'allais dire militairement. Mais l'oratoire à lui seul ne donnerait
rien, si M. Bourget n'y joignait précisément un don dramatique
des sîtuations, des crises: le talent de l'exposition, l'art des préparations sont chez lui visibles, peut--':tre trop visibles ; la
scène à faire, en général une grande scène d'explication,
est amenée aussi immanquablement et à une place aussi
déterminée que chez Sardou et Henry Bataille. Les marronniers de Figaro ne manquent pas davantage, où tous les per-

RÉFLEXIONS SUR LA LI'ITÉRATURE

6or

sonnages sont conduits et s'entrecroisent, soit par hasard, soit
par le mouvement même et la logiqùe de l'œuvre. Dire que
M. Bourget sait admirablement composer, c'est donc dire
qu'avec lui le roman verse à la fois dans l'oratoire et dans le
dramatique. Ce cas qui lui est particulier, ce cas Bourget,
n'est-ce pas par un mirage tout naturel et par une projection de
sa propre nature, que M. Bourget, lorsqu'il disserte sur son art
l'érige en règle et en nécessité du·roman?
· '
Il cite comme des exemples de « composition » : Eugénie

Gratukt, Colomba, Ma.dame Bovary, Germinal, François Je
Champi, le Nabab. C'est vrai pour Colomba etFra11çois le Champi,
un peu moins pour Eugénie Gra11det, fort peu pour Madame
Bovary, Germinal, le Nabab. Ces trois derniers romans sont au
contraire formés d'épisodes, tous intéressants, mais tels qu'on
pourrait en supprimer plusieurs ou en ajouter plusieurs sans
que l'ouvrage perdit sa signification. Il en est de même des
romans que M. Bourget déclare mal composés : Wilhelm
Meister, les Pc"itains, David Copperfield, le Moulin sur la Floss,
À11na Karénine, Crime et Cbâtiment. Je crois que "tout esprit non
prévenu reconnaîtra que le rythme, la disposition de Madame
Bovary se rapprochent beaucoup plus de ceux d'Anna Karénine
q~e de ceux de Colomba et de n'importe lequel des romans, si
b~en composés, de M. Bourget. Tolstoï nous dit qu'Anna Karémne lui étant payée à la page, il fit, pendant qu'il l'écrivait, de
grandes pertes au jeu, et dut, pour cela, allonger beaucoup son
roman. Donc, Tolstoî, s'il et\t amené plus souvent le roi à
!'écarté, Ânna Karénine eût été plus courte. Eût-elle été meilleure ou moins bonne? Nous n'en savons absolument rien. En
tout cas elle elÎt été encore At111a Karénine. C'est un fait que
l'imm~nse majorité des grands romans européens, de ceux qui
font partie de notre vie comme notre histoire même, individuelle ou nationale, ne sont pas des « compositions » oratoires
ou dramatiques, màis de la vie qui se crée elle-même à travers
une succession d'épisodes.
« Nous l'admirons, cette claire ordonnance, s'écrie M. Bourget, dans tous nos classiques, dans Corneille comme dans
Racine, et dans Molière comme dans La Fontaine, dans la Princesse dt Clèves, comme dans Candide et Manon Les.caut. C'est une
vertu nationale, à ne jamais sacrifier. )) 0 le dangereux natio-

�602

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nalisn;ie ! C'est avec ce raisonnement que l'Académie Française,
gardienne de la o: vertu nationale » et de la tradition française,
a exclu, depuis Balzac, presque tous les grands romanciers
français, parce que Madame Bovary n'est pas « composée ,,
comm~ un djscours du duc de Broglie ou une étude de Brunetière, parce que Numa Roumestan n'a pas la bâtisse de Theodora
ou de Célimare le Bien-Aimé. Le romancier n'a pas à composer
comme l'orateur, mais à disposer comme la yie, avec laquelle
il collapore et qu'il inùte. Que nous dte ici M. Bourget~ Corneille; Racine et Molière, qui sont des hommes de théâtre, La
Fontaine qui est un conteur, la Princesse de Clèves et Manon
Lescaut qui sont des nouveUes, Candide qui est une simple succession de scènes et de propos destinés à prouver q~elque
chose. Où est donc le roman? Le roman, genre nouveau, veut
des vertus, nationales ou autres, sur ses propres mesures, non
des vertus· qui aient déjà servi.
On l'a dit bien souvent. Que le roman descende plus ou
moins de l'épopée, il tient chez nous la place du poème épique
dans d'autres civilisations. Or, nous l'avons vu, le poème
épique n'exige nullement la composition oratoire ou dramatique. L'Odyssie a vingt-quatre chants. Elle aurait pu, comme
Anna Karénine, être plus longue ou plus coùrte, à la fantaisie
de celui qui les a réunis. C'était toujours l'Odyssée, l'histoinf du 7tOÀlYtpoitoç, la vie . industrieuse du roseau pensant
et actif, plus fort que la nature et la fortune. Mais allez donc
enlever la confirmation du Pro Milane ou un acte de Polyeucte 1
L'épopée ne demande pas de composition. Seulement les
épisodes, dont elle est formée, en exigent une. Ils sont faits de
disçours et de courts récits. Or le discqurs est composé, le
court récit est composé. Et précisément on verra, quand
paraitra l'Odyssée de Victor Bérard, à quel point l'épisode
homérique est lié à ces deui genres parlés et composés : le
disçours cher aux Grecs et la représentation dramatique.
Comme l'épopée le roman est formé d'épisodes, tous _destinés à
faire connaître les mêmes personnages, et donnant autant de
coupes sur le même flux dé vie. Et ·ces épisodes, eux, exigent
une composition, à laquelle ne manque aucun grand ronian..
cier. Il n'. y a rien au-~essus de la composition du Comice
Agricole dat1s Madame Bovary. Le~ épisodes de Dîckens et

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

d'Eliot, de Tolstoï et de Dostoïewsky se détachent, ou plutôt
s'auiicbent, pareillement.
Mais il y a un genre où l'épisode est seul, vit pour luir.même,
et où par conséquent la composition est tout : c'est la nouvelle.
Qui le dit, et fort bien? M. Bourget lui-même. La matière de
la nouvelle, écrit-il, « est un épisode, celle du roman une
suite d'épisodes. Cet épisode, que la nouvelle se propose de
peindre, elle le détache, elle l'isole. Ces épis.odes don.t la sùite
fait l'objet du roman, il le~ agglutine, il les relie. Il procède
par dév~loppement, la nouvelle par concentration. Les. épisodes
du roman peuvel)t être tout menu$', insignifiants presque. C'est
le cas dans Madame Eovary et dans l'Ed11cation Sentimentale. L'épisode traité par la nouvelle doit être intensétnent significatif. »
C'est juste. M;i.is pourq.1;1oi, &amp;Otl ~ cette étiquette de « composition 'l'J empruntée à la, rhétori.que classique, M. Bourget
réunit-H les deux opérations contraires_, celle de la nouvelle qui
concentre, celle du roman q\li étend et disperse. Le roman,
dit-il, « agglutine 1;t relie » des épisodes. Soit. Mais le romancier i1e çomp0s1; pas u,_n roman comme il compose ses épisodes,
tout au moins un rotnai.ciet plJrement romancier, non or.a,teur
ni dratnaturge. Un romancier, ayant conçu l'embryon de ses
personnages, vit avec ces personnages, se la.isse conduire par
leur&amp; eiigences de 'lie, se garde de vivre leur durée a.vant
qu'eul(-mêmes l'aient vécue. Les critiques à principes condamnetH la fin de Julien Sorel qui tue par vengeance alors que son
« caractère » e~t l'ambitioQ., celle d'Emma Bovary qui se tue
pour des affaires d'argent alor:i que son « ca.rac.tère » la classe
dans les afü;1(r~~ d'.amour ; ih reprochent tout simplement îci
à Stendhal et là à Flaubert, d'avoir laissé fa. vie se ,former,
déposer et s'achever comme elle fajt dans la réalité et dans un
tact de rom3-ncier qui crée, au lieu de l'avoir fait conclure
comme concltJt l'esprit d'un discours qui prouve. L'expérience
nous montre q1;1'un certain idéal de « composition 11 classique, portant &amp;_Ur les c.ar-actère__s- et sur l'œuvre,. doit être
considéré comme uu danger et un ennemi du roman : lisez
un roman écrit par un. schala;r comme l' Etienne Mayran de
Taine! Compo~er, dit M. Bourget, est « le è.onseil qu'une
critiq1te bienfaisante donnerait à c.es jeunes écrivains » trop,
purement impres$ionnistes, Je crois qu'il faudrait mettre

�LÀ NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

les plus gtandes précautions à pratiquer cette bienfaisance.
Sainte-Beuve, dans l'article qu'il écrivit à la mort de Balzac,
dit : « Il y a trois choses à considérer dans un roman : les caractères, l'action, le style. » Il n'emploie pas, dans cette table des
valeurs justes, le mot composition. Mais trois pages plus loin il
écrit :. (( M. Eugène Sue est peut-être l'égal de M. de Balzac en
invention, en fécondité, en composition. ii La composition a
pris place dans les trois qualités, plutôt inférieures, en lesquelles
un Eugène Sue peut dépasser un Balzac.
En réalité, il y a deux grandes di visions de l'art littéraire :
l'art à qui le.temps est mesuré et l'art qui dispose librement du
temps. Le discours, la conférence, le théâtre, la nouvelle sont
des genres très différents, mais ils présentent ce caractère commun d'être contraints à utiliser un minimuii.1 de temps pour un
maximum d'effet. De là la nécessité et les lois de la composition.
Le l,yrisme, l'épopée, le roman, disposent au contraire du temps
à la façon de la nature elle-même. Un même sentiment, l'amour
d'une femme, la mélancolie de la mort, peut être exprimé en
un sonnet, mais aussi en un long poème lyrique, en un recueil
lyrique, en une douzaine de recueils lyriques. Un Pindare ou
un Stesichore ne pouvaient chanter ou faire chanter trop longtemps devant leurs auditeurs, mais un Shelley ou un Hugo
peuvent chanter indéfiniment les mêmes choses pour leurs
lecteurs. L'épopée peut s~ répandre en liberté, et le roman
aussi. Voyez la faveur avec laquelle le public accueille les longs
romans, les romans-somme qui donnent non une sensation d'ordonnance et de composition, mais de long fleuve vivant : les
Misérables, les grands romans russes, jean-Christophe, demain,
peut-être, les Thibault. Le genre s1:1prême du roman est probablement là. Une « critique bienfaisante » ne saurait faire naître
ces œuvres cycliques. Elle peut du moins leur sourire et les
saluer, leur conseiller de ne pas s'inquiéter devant le vieux « Ce
n'est pas composé 1 » C'est notre plaisir. Mais c'est aussi un
devoir de savoir gré à M. Bourget de cette critique technique
que loue si justement en lui M. Charles Du Bos à la fin de ses
Approximations : critique technique, critique des genres, que
M. Bourget tient en p&lt;lcrtie de Brunetière, que chaque génération
est appelée à modifier, à rectifier, et dont il importe de ne pas
laisser perdre la tradition et le goût.
ALBERT THIBAUD'ET

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THÉATRE DE L'ŒuvRE: L'Enfant truqué, pièce en 3 actes, de
M. Jacques Natanson.
ÛDÉON: La Dent rouge, pièce en 4 actes et 6 tableaux, de
M. Henri Lenormand.
GYMNASE : Judith, drame en 4 actes et 7 tableaux, de
M. Henry Bernstein.
Vous c.onnaissez Marivaux. C'est l'analyste des choses du
cœur, raffinant sur le sentiment et la passion avec élégance et
préciosité, célébrant les femmes et leur donnant la première
place, entièrement soumis à leur pouvoir. Il est agréable à
entendre. Il est pénétrant et vrai sous son maniérisme. Pourtant, il est bien quelquefois un peu fade et impatientant. Nous.
avons mis plus de rapidité en toutes choses, même dans
l'amour, moins de grâce aussi, peut-être? plus de franchise
moins d'esprit de sacrifice - et de soumi.ssion. Nous somme~
moins portés à recouvrir et masquer de jolies phrases ce qui
n'est au fond qu'une question physique, que pur attrait sensuel.
Chamfort entendait blâmer l'amour tel qu'il le voyait de son.
temps quand il a dit : « L'amour n'est q_ùe l'échange de deux:;
fantaisies et le contact de deux épidermes. &gt;i L'amour n'est pourtant que cela, ce qui n'empêche nullement la passion et les
gran?s déchirements. On commence par le goût, par le simpleattrait du plaisir. Le li.en se forme ensuite, souvent profond et
~urable, né de ce même plaisir. L'amour sans le physique ?·
l amour idéal ? l'amour platonique ? C'est une rêverie de
malad~, c'est pure hypocrisie, ce sont des phrases pour romans
pour Jeunes filles. Le véritable amour et le plus fort c'est'
l'
'
,
amo~r physique. Je demande qu'on me montre l'homme qui
aura aimé pendant toute sa vie une femme sans l'avoir jamais.

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

eue. Il me fera bien rire. Mais je m'aperçois que je commence
déjà à déborder de mon sujet. Je veux seulement dire que nous
avons un nouveau Marivaux. Non pas tel que nous connaissons
le premier. Mais un Marivaux ~niquement cérébral, jugeant
l'amour et le peignant uniquement en philosophe cynique,
férocement misogyne par-èlessus le marché et mtilttant à exprimer cette misogynie le plus mordant esprit, plein des traits les
plus vrais. Je vous le présente en la personne de M. Jacques
Natanson, un auteur dramatique de vingt et un ans. Son premier ouvrage, L' Age heureux, également représenté à l'Œuvre
Ia saison dernière, avait déjà rensefgné sur les tendances de son
esprit. Avec sa nouvelle pièce, L'Enfant truqué, il n'y a plus à
douter de ces tendances, nî surtout de son grand talent d'auteur
dramatique. Assez d'autres nous montrent sur là scène les
femmes comme des idoles devant lesquelles tous les hommes
plient et auxquelles ils sacrifient tout. M. Jacques Natanson
paraît vouloir nous dire quelques vérités sur leur compte et
nous démontrer 9.u'e-lles sont un peu moins fortes quand on se
mêle d'user. avec elles de leurs propres moyens.
Un homme a beaucoup souffert par les femmes penda,nt toute
sa vie. Il résu1ne ainsi son histoire sentimentale, arrivé à cinquante ans : il a toujours donné sans jamais recevoir; il s'est
toujours attaché et il a tourours été quitté, il a tolifou:rs cru que
la nouvelle aventure alhiit 1e consuler de· toutes leS' autres et el]é!
n'a toujours été qu'une déception de plus. Ce rôle désavantageux en amour a a:treint pour lui les proportions d'une véri-table
vocation. Comme,il n'est pas un niais, qu'il a a'u com raire le
don de l'ob-servatioA et le sens· de l'ironie, il à beaucoup réfléchi
sur tout cela et il a fait de -son ·t::xpé rience comme une sorte de
code de combat passionnel con,tre le:s femmes.
Il a un fils, qui a atteint l'âge de vi ngt ans et qui est fort jolt
gar(l:On. Il l'a élevé tout spécialement pour mettre ce wde en
p:ratique , pour être, lui qui aura été averti, renseigné et prémurri sur le compte des femmes, le vengeur de tous les hommes
dupés pa-r elle·s . Il a même trouvé un moyen assez remarquable
pour rerrforcer son enseignement. :Il a donné à son fils, comme
une sdrte de précepteur1 un autre joli garçon, son aîné de
quelques anné,es, qui tire toute sa subsistance et'tout l'.1rgent de
ses plaisirs des femmes dont il e;st aimé. Il semble hién, en

CHRONIQUE DRAMATIQUE

effe~ qu'il n'y ait pas de meilleur moyen, pour rnettte un tout
jeune homme en garde contre l'empite des fetilmes, que de lui
donnerpour mentor un homme qui joue auprès d'elles le rôle
même qu'elles jbuent généralement auprès de nous~ et de ltti
montrer par là qu'entre les deux m:tnières il n'y a que la distance d'un préjugé et que tout l'avantage des femmes ne tient
qu'à c,e prèjugé. Ce personnage, que je ne trouve nullement
blâmable'" je me dépêche de le dire pour rass~rer mes lecteurs,
explique de façon délicieuse autant que naturelle le mééanisme
de son agréable carrière. « Cela a débuté presque sans que je
m'en aperçoive. Elles (les-femmes) ont commencé par me vré•
ter de l'argent que je ne leur ai pas rendu. Je n'aurais pu le leur
rendre, d'ailleurs, n'en ayant que par elles. Cela a éontinué.
C'est devenu maintenant chose toute simple. Je suis beau, elles
m'aiment, ·e t c'est une partie de leur amour, et peut-être la
meilleure, de subvenir ainsi à tous mes besoins. » Le pète a de
la jubilation à voir un botnme qui sait si bien utiliser les femmes.
Quelle différepce avec lui, quelle supétiorité sur lui, qui a toujours été bafoué par elleS', qui a passé sa vie 1 souff:rir par eJles 1
Il voit dans. la vie et les actions de ce garçon tous les éléments,
tous les principes d'une morale amoureuse autrement supérieure
à. la morale habituelle. Il ne doute pas que son fils, sons l'égide
d'un compagnon qui sait tirer de si beaux profits cfe l'amour, ne
soit de tons points le vengeut' qu'il a souhaité,
L'enseignement qu'il lui a donné · personnellement peut se
résumer en ceci, sur la conduite à tenir à l'égard des femmes :
faire exactement avec elles·-ce qu'elles font a.vec ncrni~ savoir
toujours dire à temps, avant ellesi les paroles qu'ellés nous
disent, en un mot être, en toutes circonstances, encore plus
femme qu'è)les. Engager le jeu, mais ·savoir se retenir à temps,
4 uelq,ue fièv re qu'on se sente déjà~ quelque àrdeur d'al~er plus
loin qu'on éprouve. Paraître s'à:bandonner 1 avoir Yatr d'être
pressé de se donner, mettre l'eau à la bouche à sa. partenaire,
et se reprendre aussitôt, sans qu'ü y paraisse, détaché, i.ndiff~
rent ou capricieux. Toujours dire, comme elle,s , des non qui
signifient oui, et des oui qui signifient non.. Il hü rappelle sonvent comment il l'a dressé, tout enfant1 à cette gymnastique
sentimentale, par un exercic~ physique qui consistait à 1e fa~re
courir à peFdre hàleine dans nn patc, et quand il était .épuisé à

�608

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lui tendre un verre d'eau fraiche dans laquelle il lui permettait
de tremper seulement le bout des doigts. C'est là, en raccourci,
tout }'essentiel de son enseignement. Pousser les choses très
avant en gardant son sang-froid, et laisser l'adversaire en plan.
&gt;
Lr•
A
;c
Le jeune homme objecte que les femmes souunront peut-dre .
« Il faut qu' lies souffrent, répond le père. Songe à t~n père qui
a souffert. Songe à tes frères qui ont souffert, qui souffrent
encore, à ceux qui souffriront». li lui permet cependa~t q~elques concessions, quelques adoucissements: « A~ beso1~, s1
y tiens, caresse-les un peu, et jette-les d~hor~ ausstt~t. l&gt; J a_urat~
mieux aimé, pour ma part : « Au bcsom, s1 tu y tiens, fa1s-to1
caresser un peu, et jette-les dehors aussitôt. » Ce père ne compte
plus les ar!!Uments que ses expériences lui ont fournis pour prouver l'inég:iité du jeu dans les choses de l'amour. Il dit_ notamment à son fils i &lt;t Explique-moi, par exemple, pourquoi le mot
maîtresse n'a pas, en amour, son équivalent masculin ? Quelle
meilleure preuve de notre duperie'. de notre ~sclavage l Ne
sens-tu pas qu'il est temps de nous libérer ? » Le 1eune hom:ne
semble douter que les femmes ne voient pas clair da~s son 1eu
et s'y laissent prendre . Le père le rassure sur ce ~OJnt p~r un
aphorisme que je cite entre cent autres que ~o~ttent la pièce&gt;
tout aussi spirituels dans leur forme que v~nd1ques. dans leur
fond. « e t'inquiète pas de cela. Elles te croiront tou1ours. _Les
femmes ont une crédulité sans borne parce qu'elles se crment
être seules à savoir bien mentir. »
Ce père ne s'est pas borné à cet enseignement donné à son
fils et qui nous est expliqué par les propos des personn~es
pendant le premier acte. Il lui a encore meublé une garçonmère
destinée à ses rendez-vous. Il met à sa di position tout l'argent
dont il peut avoir besoin. Enfin, lui-même, il lui choisit et lui
procure des femmes. Nous voyons le jeun: homme dans s~
première expérience. Il s'agit d'une toute 1e~e femme ~~ 1
l'aime vraiment, sincère dans son amour, pleme de la ~ens1b1lité et de la tendress les plus charmantes. Il se conduit assez
proprement avec elle. Après l'avoir aimée_ ou f~in~ d~ l'aimer et
s'être laissé aimer pendant quinze jours, 11 lui s1g01fie presque
brutalement son congé et la laisse partir malgré ses larmes et
malgré son propre attendrissement qu'il maîtrise et rcfoul~.
C'est une première victime. Son père est assez content de lut.

t?

CHRONIQUE DRAMATIQUE

Le maquereau trouve aussi que les choses vont assez bien. On
passe à une autre expérience.
li s'agit cette fois d'une femme mariée, sorte de coquette et
de vicieuse, que le père a fait se rencontrer dans un salon avec
son fils et à laquelle a plu le joli visage du jeune homme, et,
sans doute, a-t-elle pensé eo elle-même, sa jeunesse à instruire.
Elle vient le voir dans sa garçonnière. Le père l'a prévenu, lui
a renouvelé tous ses préceptes. Ce sera le jeu classique. Elle
n':i.ura que cinq minutes à lui donner. Pas même le temps d'ôter
sou chapeau. Qu'il n'insiste pas. Qu'il prenne pour vrai tout ce
qu'elle lui dira. Au bout des cinq minutes, ce n'est pas seulement son chapeau qu'elle aura ôté, mais encore ses fourrures,
pour commencer. Qu'il n'oublie pas non plus d'avoir bien soin
de la prtvenir pour toutes les choses qu'elles disent toutes en
pareille circonstance, et qu'il soit bien le premier à le lui dire,
a,,1nt qu'elle les lui dise elle-même. C'est extrêmement important. Tout se passe ainsi, et la scène est merveilleuse et jouée à
merveille par les deux interprètes. Le jeune homme joue absolument le rôle de la femme, et celle-ci, décontenancée, surprise, tous ses effets supprimés ne sait plus que faire ni que
penser eo entendant dans la bouche du jeune homme tous les
propos qu'elle avait préparés. Les cinq minutes annoncées sont
à peine écoulées que devant la tranquillité du jeune homme et
sa façon de trouver tout naturel qu'elle n'ait pas plus de temps
à lui donner, elle a noo seulement ôté son chapeau, mais encore
quitté ses fourrures et s'est étendue sur un divan en montrant
quelque peu ses jambes. On parle de l'amour et le jeune homme
joue son rôle : son âme est une énigme, il n'est pas comme les
autres hommes, il ne faut pas le juger d'après eux, beaucoup de
femmes très bien ont voulu l'aimer mais il a résisté, il s'est
réservé pour le véritable amour, pour un :i.mour digne de lui.
L'a-t-il enfin rencontré ? Il voudrait bien le croire. Ce serait un
grand bonheur. Qui sait, pourtant? Les femmes sont si trompeuses ... En un mot, ce sont, dans sa bouche, tous les propos
que tient une femme quand un homme lui fait la cour et qu'elle
n'a l'air de résister que pour mieux céder. La femme, qui n'a
cessé de le regarder en l'écoutant, dans un étonnement grandissant qui frise le dépit et l:i. méfiance, finit par lui demander
s'il est sincère ou s'il s'amuse. Il est sincère, parbleu I et il le
39

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

proclami!. Elle se trouve alors réduite, ,lui jouant si bien. le r6le
de la femme, à jouer, elle, le rôle de 1homme. Elle arn ve aux.
propos équivoques, aux. allusions libertines, aux gestes inviteurs.
Elle garde l'espoir qu'il va bien finir par l'entraîner dans la
chambre à coucher. Il se tient au contraire très loin de l'entrée
de cette pièce, comme quelqu'un qu~ n'esi: pas pr~ss_é, qui n'y
pensë même pas, qui rougirait même d'y penser. St bien que les
rôles se renversent complètement. C'est elle qui, le prenant par
la main, l'entraîne presque de force vers le lit, comme font
habituellement les hommes avec les femmes, et c'est lui qui,
minaudant, résistant, f.ait des manières, joue la vertu et a des
airs de pudeur effarouchée, comme en font et comme en ont
les femmes en pareil cas.
Après l'amour, il s'agit de rompre, de laisser en plan la par•
tenaire, de la faire souffrir, de faire d'elle, selon l'enseignement
du père, une nouvelle victime expiatoire.,. C'est la matièr_e du
dernier acte. Le père demande à son fils sil est sür de lm. Le
jeune homme est plein d'assurance. C'est l'affaire d'un quart
d'heure. Son père sera content de lui. Le père s'en va, étant
entendu qu'il téléphonera dans un quart d'heure pour savoir le
résultat. La femme arrive, le jeune homme joue l'homme froid,
piéoccupé, indifférent. Elle s'étonne, s'inquiète et questionne.
Il déclare tout net qu'il ne l'aime plus et qu'il veut rompre.
C'est alors à la femme, dont la finesse naturelle et l'intuition
d'amante se sont éveillées, de jouer sa partie et de défendre son
amour. Tour à tour ardente, suppliante, dédaigneuse, moqueuse, dure, tendre, elle arrive à ébranler le jeune homme, à
le faire faiblir dans son jeu, presque à le confesser. Le père
téléphone pour savoir de son fils si la rupture est chose faite.
Le jeune homme ne peut que lui répondre d'une voix ~al
assurée : non, pas encore, tout à l'heure. La scène se poursmt.
La femme se fait de plus en plus éloquente. Le jeune homme
perd de plus en plus de t:rrain, ~bandon~~ de plus en ~lus son
jeu, ou ne le joue plus qu à demi. Le plaisir a créé le lien. Les
souvenirs, les rappels du plaisir agissent. Il n'a pas non plus
vino-t ans pour rien. Sa tendresse et son besoin de tendresse sont
plu: forts que la dureté et la sécheresse qu'il affecte. Autant il
faiblit, autant la femme gagne. Il est là, enfoncé dans un fauteuil, cachant son visage dans ses mains, ne se défendant plus

CHRONIQUE DRAMATIQUE

6rr

~ère qu_e par des gestes. Elle est debout à deux pas de lui et
dune voix émue, et peut-être avec sincérité, elle lui débite, romanesquement, toutes les niaiseries élégiaques dont on dit
qu'elles ~ont l'amour, toutes ces faiblesses qu'on célèbre comme
des motifs de bonheur. Elle lui jette même cette vérité p ît'l
1. .
' ara
1, que ce UJ qui ne veut pas être esclave n'a 1
·amais aimé c
.
'
è
'
1'h
qm ~ e~t gu re a onneur de l'amour. Finalement, comme' ile
fallait s _Y attendre, , le jeune homme, se défendant de · plus en
plus
faiblement, s abandonne à ses sentiments , et fi m·t par
,
s élancer dans les bras de la femme, éperdu d'amour. Juste à cc
momen~,
pè'.e survient. Le manque de nouvelles par le téléphone 1 a mqu1été. Il est accompagné du joli garçon si bien
entretenu par ses maîtresses. 11 voit son fils et la femme enlacés, juge du travail et de l'écroulement de son œuvre. 11 injurie
la femme et la chasse. Il cherche ensuite à réconforter son fils
à le remettre à flot, à le tirer de sa défaite. Mais l'autre n'es;
plus qu'un amoureux ordinaire. Il aime sa souffrance comme
o~ dit. Il ne veut rien entendre. Il ne croit plus rien de ce que
dit son. père. Il défend la femme contre lui, et gémissant,
a_rd~nt, 11_ ne_cesse de répéter avec délices ce mot qu'on voulait
si bien lm fa.1re détester : ma maîtresse ! ma maîtresse! Le père
appelle alo_rs à la_ re_sc?usse c~ntre son fils le maquereau luimême. ~fats celm-ci s attendnt, prend le parti du jeune homme
et conseille au père de le laisser suivre son amour. Il se révèle
.ainsi, lui qui est pourtant payé pour savoir ce que valent les
femmes, soumis lui-même à leur pouvoir. Cette attitude n'a
d'ailleurs rien pour surprendre. Ce personnage, au premier
acte, en même temps qu'il explique la nature de ses relations
avec les femmes, laisse voir quelques doutes sur la beauté de
sa conduite et la met, en s'en blâmant, sur le compte de sa
paresse. La valeur _m orale de son r6le lui échappe. Aucune
envergure. Ce n'est qu'un petit maquereau comme on en voit
~nt. De;ant tant de défaillance, le père abandonne la partie, en
Jetant à l adresse de son fils, de son mentor inutile et de tous
leurs pareils en esclavage ces mots justes dans leur comique :
« Moules ! moules ! moules 1 »
On comprend, je pense, le sens du titre de la pièce : L'enfa1it
truqué? Au fond, dans la pensée de l'auteur, le personnage vrai
dans so n natu re1, c' est cel ut· que nous voyons au dernier acte. '

1:

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

612
Une dame m'a dit, après avoir entendu la pièce, et parlant de
l'auteur : &lt;t Il a probablement eu certaines aventures désagréables, pour s'exprimer ainsi sur le compte des ,fe~mes. '.)
Voilà qui n'est pas du tout un argument. Don J~an n avait p~sa
se plaindre des femmes et pourtant il ne regardait pas à les fane
• souffrir et on peut penser qu'il ne les estimait guère. Aimer les
femmes physiquement et ne pas les aimer moralement, cela va
très bien ensemble, cela ne se contredit pas du tout. C'est tout
de même curieux qu'on ne puisse pas voir clair en un sujet, sans
être soupconné de se payer de certains mécomptes. Exemple :
un écrivai~ qui, faisant de la critique, dit tout ce .qu'il pense et
trouve partout, comme il en est forcément, plutôt des défauts
que des perfections, plutôt de la bêtise gue de l'esprit et plutôt
du ridicule que de la grandeur. Ou veut à toute force qu'il juge
ainsi par rancune, jalousie, déception, vengeanc~.' manque d~
réussite, caractère aigri, carrière ratée, alors qu il est, tout a
l'opposé, le meilleur exemple d'un écrivain, ~u~, ay~nt ~rès peu
produit et sans rien demander à personne.' na 1ama~s nen produit dans l'indiflérence et s'est au contraire conqms quelques
lecteurs si bien qu'il est fort loin d'avoir à se plaindre de qui ou
quoi qu~ ce soit. C'est de moi-mê~e qu_e je parle ici, je tiens à
le dire pour le cas où on ne le devmera1t pas.
On peut avoir été aimé par les femmes et leur garder rancune
pour les travers de leur caractère qui gâtent si souvent les
·plaisirs de l'amour. M. Jacques Natanson a fait du pèn:: de son
héros un homme qui n'a eu que des déconvenues avec les
femmes. Il aurait pu, il aurait dû en faire, au contraire, un
homme à bonnes fortunes ayant toujours gardé la faculté de
juger ses partenaires. Sa pièce y efl.t gagné et ces dames
n'auraient pu dire, tant de l'auteur que de son personnage,
qu'ils ue parlent ainsi des femmes que pour se venger de leurs
mauvaises aventures avec elles.
M. Jacques Natanson a vingt et un ans, dit-on. Peut-on, à cet
âge avoir eu tant d'-aventures, heureuses ou malheureuses, et
les ~yant eues, peut-on être capable d'y voir si bi~~ clair? Mon
avis est plutôt celui-ci : M. Jacques Nat~uson est 1mf. li a le don
intellectuel des juifs : une grande capacité de t~ut anal?er, de
tout dissocier, de tout décomposer, de découvnr de qu01 toutes
choses sont faites et comment. Il a dû s'amuser à regarder de

CHRONIQUE DRAMATIQUE

613

très près le phénomène nommé amour, qui n'est pas au fond
très compliqué, ni très relevé, et au lieu de le prendre du point
de vue du sentiment, qui fausse tout, il l'a pris du point de vue
de l'intelligence, bien que ce mot et ce qu'il signifie n'aient
guère affaire avec l'amour. Quoi qu'il en soit, sa pièce est
remarquable. Le premier acte, avec le jeu soutenu de ses répli•
ques toutes mordantes et spirituelles, sans aucune d'inutile et de
forcée, n'était pas un ouvrage facile. On en entend rarement
d'aussi pleins en même temps qu'aussi amusants. De même,
comme je l'ai dit, la scène de séduction entre le jeune homme
et la coquette, traitée et conduite de façon .étonnante. De même,
l'acte final, avec son caractère de satire douloureuse.
La même dame dont j'ai parlé plus haut m'a dit aussi, en
parlant de la pièce : « C'est fait par un tout jeune homme.
C'est sans importance. )J Je livre cette opinion aux réflexions des
femmes, s'il en est qui me lisent. Que signifie-t-elle, tout au
fond? Que l'auteur, malgré tous ses sarcasmes et toute sa pénétration, en passera par où passent tous les autres ? Ce doit être
cela.
Je crois que c'est au deuxième acte. Le père expliquait à ~on
fils, avant son entrevue avec la coquette, comment il devait s'y
prendre avec les femmes, étant donné ce qu'elles sont. Il venait,
je crois bien, d'énoncer entre autres aphorismes véridiques
celui que j'ai reproduit plus haut : « Les femmes ont une crédulité sans borne parce qu'elles se croient être sêules à savoir
bien mentir. ,, Une jeune femme, et jolie, placée derrière moi,
se mit à dire : « Qu'est-ce que nous prl!nons ! ,, « Et mérité ! ,,
dis-je de mon côté. Il m'a semblé que s'élevait alors, autour de
moi, chez les spectatrices, un murmure peu favorable.
La pièce est fort bien jouée par M. Harry Krimerdansle rôle
du jeune homme, M. Dartois dans celui de !'Alphonse sentimental, et Mesdames Suzy Prim et Corciade dans celui de la
première jeune femme et celui de la coquette victorieuse. C'est
M. Lugné Poe, le directeur de l'Œuvre, qui joue le rôle du
père. Il y a longtemps que j'en ai jugé et c'est souvent que je
l'ai dit que M. Lugné Poe est un comédien extraordinaire. Je
n'ai vu chez aucun acteur un tel manque de souci de l'effet,
une pareille soumission au rôle, une pareille manière de jouer
pleine de dessous, toutes les nuances d'un rôle interprétées et

�614

")

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rendues fi.dèlementi en un mot un acteur dédaignant à ce point
les ficelles de l'art du comédien. Il a eu raison, pour lui et pour
n.o tre plaisir, de jouer le rôle dii père dans l'Etijant trnq11é. Le
caractère sarcastique, amer, blessé et orgueilleux du personnage va à merveille à son physique comme à sa voix et à sou
débit.
La nouvelle pièce de M. Henri Lenormaod m'a fait joliment
plaisir. Je ne connaîs pas toutes les œuvrès de Get auteur. Je
n'ai vu de lui, au Thé¼tre des Arts, que Le temps est un songe.
C'est une pièce dans laquelle l'étrangeté tient lieu d'idées,
L'nallucination d'intérêt et des procédés imités d'Ibsen d'origi-.
nalité. On l'écoute à peu près comme on regard~rait eFJ passant
un épileptique se tordre dans une crise. C'est absolument du
même domaine. Il paraît cependant que c'est là un art dramatique s,upérieur et que nous devons attendre beaucoup de
M. Henri Lenormand. Je lis à chaque instant sur son
compte, dans les journaux, de petits articles extrêmement
élogieux. On Je tient pour un rénovateur du théâtre, pour
un écrivain hardi, pour un penseur et pour un poète. On
le place en tête des quelques auteurs nouveaux qui vont relever
le niveau de notre théâtre et dont').er au public le goût des belles
œuvres. Enfin, quelqu'un et.d'un grand format. Ce que je viens
de dire du Temps est ,m souge (pièce wu vent citée), étant la vérité
même, on pense si tout cet encens m'amuse. Je finissais par me
demander si tous ces thuriféraires sont de bonne foi ou si ce
n'est pas là tout simplement une bonne farce qu'oti nous
monte. Notez que la première suppos~tion était fort possible. Il
y a des gens qui ont des notions spéciales sur l'art littéraire et
dramatique. Le pathos et l'artificiel font tout de suite figure
pour eux de pensée et de beauté. Je suis renseigné aujourd'hui :
c'est une bonne farce. Il n'y a pas à en douter quand on a entendu La Dent rouge. C'est une pièce dans laquelle il est sans
cesse question d'esprits, sans qu'on voie jamais celui de l'auteur. Tous les procédés du mélodrame du plus ancien modèle.
M. Henri Lenormand l'a seulement ornée d'un amphigouri qu'il
trouve probablement très beau. Ses admirateurs ont raison de
trouver en lui un écrivain hardi. Il fallait du courage pour écrire
une pareille chose.
La Dent rouge est une certaine montagne, à la cime difficile-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

ment accessible, dans les Alpes. C'est une émulation chez les
paysans de L'endroit, d'atteindre à son sommet, et c'est aussi
une superstition bien établie chez eux que nul n'y parvient sans
y trouver la mo.rt, dévoré par certains esprits qui habitent les
ravins d'alentour. On se ·rappelle l'admirable Solness, élevant
sa tour toujours plus haut, et précipité dans le vide au moment
même d'atteindre à la lumière et à la vérité. C'est d'une autre
envergure et d'une autre pensée. M. Henri Lenormand doit
avoi r beaucoup lu Ibsen. n croit sans doute le rappeler. Il s'illusionne. On ne rappelle pas un écrivain comme Ibsen. Cette
affaire de montagne et de superstition se complique d'une
histoi re d'amour. Un homme du pays est parti faire fortune au
Mexique. Il revient ave.c sa fille. Celle-ci. s'éprend, malgré la
volonté de son père, d'un jeune montagn'.lrd ,e t devient sa
maitresse . Elle obtient de lui qu'il renonce à l'ambition d'atteindre au sommet de la Denrrouge. Elle doit pourtant lui rendre
bien.tôt sa parole; le jeune bomme dépérissant de regret. Il part
sur-le-champ pour son escalade, parvient à la cime, et, comme
le veut la légende, choit aussitôt dans le vide. Tout Je village
s'ameute contre la jeune fille~ voyant. en elle une sorcière complice des esprits de la montagne, et ces brutes la tueraient si le
curé du lieu ne prena-it sa -défense. La jeune fille fait alors son
examen de conscience. Elle pense que les paysans ont peut-être
raiso11 et qu'elle a peut-être en elle quelque sorcellerie. N'est-ce
pas par sa permission que son amant est parti et qu'il a trouvé
la Ulort ? EUe avait le pressentiment de cette mort et pourtant
elle ne l'a pas retenu ? Le curé trouve qu'elle exagère. Elle lui
dit alors : « Et vous, Monsieur le Curé, vous croyez bien à des
choses aussi mystérieuses ? » Il est bien obligé d'en. convenir.
Vous voyez si tout cela est passionnant? Quatre actes, six tableaux, des phrases, des cris, du bruit, trois heures de bavar,dage et d'ennui, une pareille niaiserie avec les pires trucs et
ficelles dramatiques, pour arriver à dix mots qui signifient un
peu quelque chose, et par-dessus le marché la prétention à l'art
et à Ja pensée? M. Henri Leoormand est décidément un grand
auteur et l'Odéon sera brillant sous M. Gémier si c'est là, avec
le Motiere que nous avons eu récemment,~le genre de cbefs-d'œu,.
vre qu'il doit nous révéler.
Je ne suis pas revenu enchanté_complètement de la nouvelle

;/

�LA NOUVELLE llEVUE FRANÇAlSE

œuvre de M. Henry Bernstein. Une pièce sur Judith écrite par
lui, jouée par Madame Simone, - je ne sais si on comprend,
sans que j'insiste, tout ce que signifie le rapprochement de ces
deux noms, - cela pouvait être une belle chose, une chose
curieuse et att.ichante. Je ne vois pas au reste pourquoi je ne
dirais pas toute ma pensée. Je n'ai en vue, ici, qu'une question
d'art et de littérature. M. Henry Bernstein est juif et cela a souvent marqué, plus même qu'il ne l'aurait voulu, les héroïnes
de son théâtre. Madame Simone est juive, et le tempérament et
le caractère de sa race ont passé dans tous les rôles qu'elle a
joués. 11 y avait là pour tous les deux, avec le personnage de
Judith, l'héroine et le rôle rêvés. Eh ! bien, malgré tout cela,
- on n'a pas la sensation de la réussite jusqu'au bout. Je le dis
avec regrets, avec scrupules aussi. Il s'en faut de bien peu, mais
ce p·eu compte, puisque l'impression qu'on emporte de l'œuvre
dépend de lui. Ce peu tient uniquement dans les deux derniers
tableaux. A mon avis, ils sont parfaitement inutiles. Ils détonnent dans l'ensemble de la pièce. lis font l'effet d'un réalisme
cru, de deui, tableaux du Musée Grévin succédant à un débat
presque purement philosophique. Si bien commencer est important dans une œuvre littéraire, bien finir ne l'est pas moins,
surtout finir en harmonie avec l'ensemble.
Le sujet imaginé par M. Henry Bernstein avec le personnage de Judith est très beau. Judith, bien qu'ayant été
mariée, demeure ignorante de l'amour, en esprit et physiquement. Il y a là un domaine de choses auxquelles on
sent qu'elle rêve parfois avec curiosité. Elle surprend une
•
de ses servantes accouplée avec un homme, malgré le nsque de mort qu'entraîne pour elle une telle action. Elle veut
tout d'abord donner à cette femme le châtiment qu'elle s'est
attiré, puis elle se ravise, et lui promet la vie sauve, à condition
qu'elle lui raconte, dans les détails les p.lus intimes, les plaisirs
et les voluptés qu'elle éprouve à aimer et être aimée. Ils doivent être bien forts, pour qu'elle ait risqué pour eux jusqu'à sa
vie? La servante obéit, ne cache rien. Judith écoute avidement,
veut toujours savoir plus, et rêve plus que jamais à ces choses
qui restent un mystère pour elle. Mais une autre rêverie l'occupe davantage, un autre désir. C'est le désir de la gloire, celui
d'accomplir une grande action qui fera vivre son nom à travers

CHRONIQUE DRAMATIQUE

1

les siècles. Béthulie est assiégée par l'armée de Nabuchodonosor, commandée par Holopherne. C'est la reddition forcée à
brève échéance et tous les habitants massacrés par les vainqueurs. Judith veut sortir de la ville, se faire faire prisonnière,
pénétrer auprès d'Holopherne, le tuer, quitte à périr elle-même,
et privant ainsi l'année ennemie de son chef, sauver sa patrie et
assurer sa gloire à elle.
Nous la retrouvons dans la tente J'Holopherne, suivie de sa
servante, toutes deux prisonnières et les mains liées. L~ conquérant est tout de suite séduit par sa beauté, en même temps
qu'intrigué par l'intelligence qu'il devine en elle et le mystère
qui se dégage de toute sa persoooe. Il ordonne qu'on délie ses
mains, qu'on l'emmène, qu'on la pare, qu'on la parfume et qu'on
la. lui ramène. Le débat qui suit alors entre les deux personnages est d'un extrême intérêt. Holopherne, conquérant féroce
et débauché, semble garder dans un coin de son être comme
une aspiration à l'amour. Il cherche à séduire Judith, à lui
plaire. Celle-ci, de son côté, vaguement troublée, sans refuser
ni consentir, s'efforce surtout de ne rien laisser voir de son
dessein. Mais Holopherne, l'esprit aiguisé par la résistance de
Judith autant que par le souci constant qu'il a de sa sécurité,
pénètre ce dessein. Il montre à Judith qu'il sait qu'elle n'est
venue que pour le tuer et la condamne à la torture. D'abord
écroulée d'angoisse et de terreur, Judith se reprend, se relève
et jette tout son mépris et son dégoût à la face d'Holopherne.
Le conquérant, subjugué par tant de courage et d'orgueil,
déclare alors à Judith qu'elle est lib.r:e et qu'elle peut retourner
sans crainte à Béthulie. A son tour, séduite, intéressée malgré
elle par cette magnanimité dans laquelle elle devine l'amour,
Judith déclare qu'elle reste.
Le tableau suivant nous montre Judith dans sa tente, le jour
d'une sorte de fête du rut, en usage chez les guerriers d'Holopherne. Le conquérant vient la retrouver. Ardent, sensuel, fou
d'amour, désespéré d'impatience et d'incertitude, la pressant de
questions et de supplications, il l'entend lui dire qu'elle ne
l'aime pas et ne peut l'aimer, tout en eux se heurtant et les
éloignant, chez lui son réalisme, son désir trop sensuel et brutal, chez elle cette poursuite inquiète et indécise d'un bonheur
qu'elle sait à peine se définir. En vain, il essaie de la hausser

�LA NOUVELLE REVUE 1'.a.àNÇAISR

jusqu'à l'amour. 11 lui montre Je néant de la glotte. Il a conquis
le monde, détruit des villes; anéa:nti des peuples, semé partout
le désert et la mort. Que lui en reste-t-il? Tandis que deux êtres
qui s_e s011t aimés ont tenu l'univers entre fours bras. Judith
reste insensible, du moins incertaine. Il se rend compte que
l'idée de la gloire est la plus forte en eUe et que seul cet amour
l'occupe. Or, quoi peut lui procurer cette gloire? -~a mort à lui;
Holopherne, tué par elle, Judith r Cette action remplira la
mémo.ire des hommes ,au plus lointain des siècles. Puisqu'elle
ne peut l'aimer, il est prêt à lui donner cette preuve d'amo&amp;r. Il
s'étend sur son lit, place s0n cimeterre dans la main de Judith,
lui indique, .sur son cou, la place où l'enfoncer, et déjà lui dit
adieu. On voit Judith bien près de profiter de l'occasion, bien
tentée. Le cœm et l'esprit combattent en elle. Mais une fois
encore l'aspiration à l'amour t'emp011e. Elle laisse le cimeterre,
Elle se jette sur Holopherne, l'étreint et se donne à lui, dans le:s
c.r;is les plus passionnés.
Au tableau suivant, Holopherne, étendu sur le lit, de&gt;rt profondément. Judith, debout à quelques pas, songe. ·Les étreintes
qu'elle vient de subir, le don "qu'elle a fait de son cJ:Jrps à cet
homme, ne lui ont laissé que déception et tristesse. C'est donc
cda ces voluptés tant célébrées, ces élans qui font battre les
cœurs, ce bonheur pour lequel les êtres s'exaltent ou se désespèrent ?C'est donc cela l'amour ? Elle n'en garde que déception
et tristesse . (( Je déteste famour ! » repète-t-elle, presque surprise de la découverte. On sent qu'elle se représente jusqu'au
phénomè.ne physique et qu'elle n'en éprouve que dégoüt,
comme une créature fermée à laréciproqJ.le. Ellerevientprès&lt;l.u
lit d'Holopherne et regarde l'homme auquel elle s'"Cst donnée. IJ
rêve à voix haute. Elle écoute. En songe, il prononre ce mot:
l'ennemi ... Judith se trouve soudain ramenée au mobile qui l'a
fait quitter Béthulie. L'esprit, - et l'ambition ! - reprennent
le dessus. Dans une résolution presque farouche, heureuse,
comme se raccrochant à une _actiou qui, celle-là, au moins, ne
la décevra pas, et pourtant froidement, elle saisit le cimeterre
resté au côté d'Holopberne et le tue. Sa servante, qui survient,
coupe Ja tête du cadavre et toutes deux s'enfuient vers Béthulie;
C'est à Béthulie que nousreti::ouvens Judith. La mort d'Holopherne a mis la débandade et la dérour.e dans son armée. Béthu-

CHRONIQUE DRAMA,TIQUE

lie est s.auvée. La ville est en fête. Le peuple acclame Judith.
Mais une-âme comme la. sienne ne peut trouver le repos. Cest
l'éternelle insatisfaite, irrésolue et changeante, déçue aussitôt
que comblée, toujours· .ardente! pressée,. et chaque foi: désenchantée et le c,œur vide. Judith a mamtenant la gloire, et la
gloire la laisse sans contentement. fndi.fférente aux acclamations, elle se tourne de nouveau vers l'amour et n'a que désespoir d'avoir tué . Holopherne,. d'avoir gla~é cette ·~ou_che
qui l_a couvrait de baisers,_ éteint ces yeux qm seremphssaient
de sa beauté, séché ces btas qui l'étreignaient. 11 faut qu'elle
bouge encore. Elle était partie un jour,. poussé:e par l'ambition,
pour tuer Holopherne. 11 faut qu' elle parte maiutenant p~ur
revoir encore une fois le visage de son amwt, au haut du gibet
sur lequel on a cloué. sa tête. Arrivée là, elle lui parle, elle la
supplie, l'adore, cherche à voir, dans la nuit, à la. faveur d'un
éclair, &lt;a:e v-isag..e aimé. La vision qui lui est offerte n'est plus
que celle d'une tête exsangue, 1es yeux déjà dévorés par_ les
corbeaux, et Judith s'écroule au pied du gibet.
Ce sont ces deux derniers tableaux qui font tache, à mon
avis , dans l'ensemble, sans rien ajouter à la pièce, et Lui nuisent par l'impression qu'ils laissent. Le beau cl.rame psychologique que M. Henry Bernstein a imaginé avait s.a fin ~a:turelle
dans la scène dans laquelle Judith, déçue par la gloire et se
retournant vers l'amour, se désespère d'avoir tué Holopherne.
L'exhibition mélc,qramatique du gibet no\ls fait retomber dans
un simple-théâtre d'effets, dans la déclamation la plus inutile. 1~
est surprenant qu'un auteur _dramatique ~omme M. lien~
Bernstein ne se soit pas rendu compte d un contraste aussi
fâcheux.
Enfin, je crois bien aussi que pour une œuvrt de ce caractère,
le style :nanque un peu.
D'autres scènes fort intéressantes se placent au .oours du débat
entre Judith et Holopherne. Par exemple, au deuxième tableau,
la dispute entre les généraux cupides, débauchés et jaloux: les
uns des autres, sous les yeux indifférents et méprisants d'Holopherne, songeur sur son siège de chef. Egalement la s~ène,
dans l'un des derniers tableaux:, entre Judith et le ieune
Saaf qui l'aime depuis longtemps. Il remarque le tourment
et l'indécision de Judith au milieu de son trîomphe. Il la

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

presse, maintenant que la ville est délivrée, de répondre à son
amour. Judith lui fait cette question: « Dis-moi, crois-tu qu'on
p~isse tuer ce qu'on aime ? )&gt; Il comprend alors que Judith a
aimé Holopherne, et de désespoir il se poignarde sous ses yeux.
Nous voyons là que des ètres comme Judith, pourtant supérieurs, font le malheur des autres en même temps que le
leur.
Madame Simone a, comme toujours, des moments de grand
talent. Il faut malheureusement, quelque rôlt! qu'elle joue, qu'à
un moment donné elle crie et gesticule, comme une mauvaise
comédienne. Aux deux derniers tableaux, elle est aussi exagérée
que déplaisante et ajoute à la fâcheuse impression qu'ils laissent.
~- Grétillat est superbe, dans Holopherne, d'attitudes, d'expressions de physionomie et de chaleur verbale. La pièce comporte
e~ outre un rôle d'eunuque servile et sarcastique que joue fort
bien M. Alcover. A mon avis, la pièce, surtout pour les rôles
&lt;le Judith et d'Holopherne, est jouée un peu trop extérieurement. C'est une œuvre d'analyse. Elle gagnerait à être jouée
avec plus de dessous. C'est un jeu qu'on obtient difficilement
des comédiens et comédiennes.
On s'est extasié sur les décors, les costumes. Je ne suis pas
fou de toutes ces beautés. Judith est une œuvre toute cérébrale.
Elle a son intérêt en elle-même et pourrait se passer de tout ce
luxe. Les déploiements de mise en scène ne servent vraiment
que les mauvaises pièces.
.
A propos de M. Alcover, que je viens de nommer, on a
récemment raconté sur lui une anecdote. Il entre un jour dans
un débit de tabac et demande à la buraliste: « Vous avez des
timbres?- Oui, Monsieur. - Veuillez m'en montrer, je vous
prie. » La buraliste sort toute une feuille et la lui place sous les
yeux. M. Alcover se penche, examine, puis désignant un timbre
au milieu de la feuille : « Donnez-moi celui-ci », dit-il.Je ne sais
si cette anecdote est vraie. En tout cas, elle est amusante.
MA URI CE BOISSARD

NOTES

LITT~RATURE GÉNÉRALE
MAURICE BARRÈS ET LA CRITIQUE CATHOLIQUE.
Rien de plus délicat pour nous que de nous immiscer dans le
débat qui vient de s'om·rir, à propos du Jardin mr l'Oro,ite,
entre.Barrès et les principaux représentants de la critique catholique•. Il est clair, en effet, que notre neutralité en matière
religieuse nous retire le droit de décider si, oui ou non, le livre
de Barrès est offensant pour des lecteurs chrétiens et peut troubler leur vertu. C'est même, nous semble-t-il. le faible de la
position adoptée par l'accusé, que de réclamer l'assentiment de
juges dont il ne partage pas les principes. Aussi longtemps
qu'il ne se déclare pas formellement catholique, on voit mal et
l'on cherche pourquoi il attache tant de prix à l'approbation de
l'Eglise.
J'en distingue pourtant une raison : il est des consciences,
vraiment et profondément émancipées, pour qui le catholicisme
1. Les principales pièces du procès sont : trois articles d~ M. José
Vincent dans la Croix du 9-ro juillet, du 3-4 septembre et du I"-2 octobre ; - un article de Maurice Barrès dans l'Ecbo de Paris du
16 aoiit ; - un article de M. Jeao de Pierrefeu dans le Journal des
Dibats; - une lettre ouverte à Barrès de M. Robert Vallery-Radot
dans la Revue Hebdomadaire du 23 septembre; - une réponse de
Barrès dans la même revue (numéro du 7 octobre); - une chronique
de M. Henri Massis dans la Reuue Universelle do 1er octobre ; - un
article de M. Ga2tan Bernoville dans les Lettres du 1er octobre ; - un
article de M. Paul Souday dans le Tmips du 2 octobre ; - un article
de M. Victor Poucel dans les Etudes du 5 octobre ;
un article
d'Edmond Renard dans !'Eclair de l'Est du 8 octobre .

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

représente une si considérable et si magnifique autorité que Je
jugement de ses mandataires ne peut les laisser indifférentes.
Person.nellement je comprends assez bien: la gêne de .Barrès
devant l'espèce d'excommunication dont son livre est l'objet .
Je comprends surtout sa révolte contre les personnes qui. la
,décrètent. Il est vexant, au lieu des ~randes voix de l'Eo-Lise
b
, de
n'entendre s'élever contre soi que celles des nouveaux convertis. Ils forment aujourd'hui une phalange redoutablement
organisée et montent, autour âe l'orthodoxie~ une garde_féroce,
et - ce qu'il y a de plus t'lrôle - dont personne ne semble les
.avoir chargés.
C:u lisez en regard tles articles de José Vincent et de R. Vallery-Radot, llartide dont la conclu'sion sans doute n'est guère
moins sévère, mais où se marque tant de réserve, de tolérance,
et même d!hésitation, que M. Victor Poucel a publié dans les,
Etudes. Là, .s 'exprime, je crois, le sentiment de la véritable
Eglise catholique vis-à-vis de l'art :
~

•

'

1

Aüx yeux d'un chrétien, l'art 11-'est pas dans une situation nmrale
da!re. La .figure d'Eve, éternellement doutèuse, adresse: a.u monde son
sourire amJ:,igu : à cette vue l'artiste, s'il est chrétien,.sei:it son admiration se trembler. Ces formes où son intelligence vi~nt de sai0r U-D signe
lumiheux d'ordre viva.ut et de rectitude morale, ces mêmes formes, il
les voit s'assembler comme un alphabet magique dont la lecture
nourrit sa perversité. Comment donc conciÙer tout l'art et toute la
morale ? Un chrétien peut logiquement ne pas,y prétendre. Après} out
ce n'est pas pour œ monde qu'il att;end de sa foi des lumières de ce
genre-. Pour le moment, contradiction, guerre. Son christianisme n.'a•
t.:H pas dépose dans son Ame, avec l'essentielle paix, de nouveauit ferments d',inquiétqde, de tristesse, d'obscurité même, qtù cuveront toute
sa vie et ne s'apaiseront en douceurs qu'aµ festin des noces de
l'Agneau.
Et plus loin :
En cette maüêre, les règles pratiques sont troubles. Tous fes chrétiens, tant s'en faut, ne choisissent pas le parti cl'Au~anel ( de chanter
la Beauté paienne).. La plupart, rencontrant au passage )'e marbre
éblouissant de la déesse ferment les yeux. et se taisent. Certains, enfin,
ne savent pas et ne sauront jamais ce qu'ils doivent faire. Et moi, je ne
suis ni asse~ fin ni_ assez sot pour le leur appre11dre.
Jésuitisme, direz-vous. -

Non, sensibilité et bon sens, deux

NOTES

qualités que le catholicisme n'a jamais obligé ses fidèles à
dépouiller.
Mais ce ne sont là que iles àvertissemen1s à la prudence qu'il
est intéressant d'entendre un bon catholique, et plus ancien
dans sa foi, adresser à ses jeunes coreligionnaires. Il me semble
que Barrès pourrait invoquer pour sa défense certains arguments positifs dont on ne trouve dans son ar1=icle d'apologie
que l'embryon :
Etudier et remuer les passiom, écrit-ïl, est-ce un mal en soi et
une action sans efficacité? Descartes, si j'ai bien compris son Traité des
Passions, croit dur comme fer que les passions sont des forces avec
lesquelles on peut produire de granâes bienfaisances.. Allons-nous les
ignmer, les redouter av~c · haine et refuser de faire leur éducation ?
Pour moi le gsand artiste tend à. améliorer ce que la nature nous suggère de pire mêlé avec de t'ellicellcnt, et les belles lettres .accomplissent,
pour une grande part, l'œuvre de la civilisation celle-ci étant dénoie
dans les termes qu'a proposés admirablement Baudelaire : ,, La
civilisation, dit-il, n'est pas dans le gaz, ni dans la vapeur, nï dans les
tables tournantes. Elle est dans la diminution des traces du pécl1é
originel. »
Eh l oui, va-t-on laisser dire que le catholicisme ignore les
passious, ou ne les connaît que pour les condamner? Va-t-on
laisser transformer une doctrine d'amour, bien mieux : la seule
grande théorie de l'.amour qui ait j~mais existé, en un morne
-système de prohibitions ?
li me semble à moi, profane, que si le christianisme a une
originalité, c'est bien celle d',avoir osé réquisitionner les passions de l'homme. Quelle doctrine philosophique, ou même
r eligieuse (je pense aux doctrines orientales) à jamais osé
absorber une aussi grande quantité des forces instinctives qui
s'agitent en nous:?
Sans doute, ,en inventant l'amour de Dieu, il a dépouillé
l'amour humain de son exclusive rçyauté, il l'a frappé de servitude 1 • Mais on pomrait aussi bien se demander s'il ne l'a pas,
par là même, créé, s'il ne lui a pas en tous cas communiqué une
sublimité dont on n'avait jamais eu l'idée jusque là de le parer.
r. La seule objection valable, du point de vue catholique, contre
le Jardin su1" l'Oronte, c'.est que ·le pûncipe de cette servitude y est un
peu ·trop méconnu.

�LA NOUVELLE 'REVUE FRANÇAISE

Oui, l'amour humain, en tant qu'il se distingue du désir, ou
en tant qu'il le dépasse, peut bien être considéré comme
une création par contre-coup, du christianisme. La remarque
est d'ailleurs, je crois bien, des plus anciennes et des plus
banales.
Mais il y a plus encore : le désir lui-même, - voyons les
choses en face - le christianisme, et spécialement le catholicisme, ne l'a-t-il pas d'une certaine manière intégré ? Le problème est obscur, et de ceux auxquels on doit, avec M. Poucel,
réclamer le droit de ne pas donner de solution précise. Pourtant qu'est-tee que le dogm!'! du p~hé originel sinon un effort
pom faire entrer les choses de la chair dans un système spirituel?
La réprobation qui d'après ce dogme pèse sur elles doit être
soigneusement distingu'éè d'une exclusÎ-OH. L'exclusion, c'est le
stoïcisme qui s'en chargera. Le christianisme crée le péché,
mais crée du même coup le lien de la chair avec l'esprit et toutes les circulations qui pourront s'établir de l'un à l'autre, c'està-dire sans doute d'abord le renforcement de la volupté par la
réflexion, sa haute dignité de crime, mais aussi l'enrichissement
de la spéculation et de la vertu même par l'afflux secret du désir.
Si le christianisme conserve sur des esprits .qui s'en sont éloignés un pouvoir auquel ils ne se sentent pas sûrs de résister
jusqu'au bout, c'est avant tout par cette utilisation totale qu'ils
le voient seul savoir faire de l'hom me. Du jour où il leur faudrait reconnaître que certains élans en eux dont ils ne peuvent
douter qu'ils soient force et richesse, ne doivent y espérer
aucun emploi, ils perdraient toute envie d'accéder j_amais à la
vie catholique.
Ce qui vexe dans les attaques dont Barrès est l'objet, c'est
qu'on sent bien, en général, -je ne fais pas de personnalités, qu'elles émanent de gens qui s'annexent le catholicisme uniquement parce qu'il représente pour eux la simplification dont ils
ont toujours eu besoin, mais par manque de complexité, l'excuse à leurs insuffi.sances. Tous ces défenseurs de la pureté
chrétienne, s'ils sont si vigilants et si hargneux, c'est parce
qu'elle leur va comme un g,ant ; s'ils avaient eu plus de difficulté
à l'épouser, ils n'oublieraient pas si facilement les charmes qui
peuvent la compromettre, ou du moins ne les réprouveraient
pas sans ce mot de regret, de nostalgie et de tendresse, que je

NOTES

61.5

ne vois naître sous la plume d'aucun d'eux, que M. Pouce! est
seul, en tous cas,1 à laisser échapper.
Barrès rapporte dans la Revue Hebdomadaire un ~m,ot bien
charmant, d'un prêtre, dit-il : &lt;c Soyez tranquille, votre œuvre
est belle ; ne vous laissez pas troubler par certains néo-catholiques. Ce sont des suisses à rebours. Ils se tiennent aux portes
du temple pour le mieux fermer. » Je suis ici pour apporter une
confirmation à cette parole ; car je suis bien sùr de ne jamàis
entrer ou rentrer dans le temple, si je dois, sous le porche, :i,u
préalable,! remettre à M. José Vincent, pour qu'il le brùle, mon
exemplaire du Jardin sur l'Oronte, bréviaire, pour moi, de haute
extase.
JACQUES RlVIÈRE
*
* *

DURÉE ET SIMULTANÉITÉ, par Henri Bergson

(Alcan).
Il est bien diffi.cile de parler des théories d'Einstein en
renonçant au secours des formules algébriques et des calculs, - bien difficile aussi de résumer en quelques lignes
l'argumentation sur la durée et la simultanéité d'un esprit
aussi souple, nuancé, subtil, que M. Bergson. On peut regretter, il est vrai, qu'un philosophe de sa valeur s,e soit un
peu trop attaché à la lettre des vulgarisateurs, êt ait négligé
l'un des côtés les phfs ésotériques, mais les plus intéressants
et les plus philosophiques, d'Einstein : celui par lequel le
grand physico-mathématicien allemand se rattache aux logisticiens contemporains, à l'école axiomatique de David Hilbert
et à ces physiciens phénoménologistes (Maxwel, Hertz, Lorentz) qui calculent les phénomènes sans s'en faire aucune
image. Einstein n'a rien. d'un intuitionniste .
.M. Bergson proclame cependant son admiration pour le
théoricien de la relativité. Il désirait très évidemment que
la philosophie de la durée n'apparût pas en désaccord flagrant
avec les vues d'Einstein. On pouvait très facilement prévoir
qu'il déclarerait : « J'ai saisi, dans une. intuition, cet absolu :
la durée pure. Mathématiciens et physiciens ne peuvent se
mouvoir que dans le dom~ine relatif des comparaisons spatiales,
des mesures. Nos domaines sont différents. »
Mais M. Bergson va beaucoup plus loin. En premier lieu,
40

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la durée pure immédiatement perçue par les consciences
humaines implique, à son sens, la réalité d'un Temps nratériel
un et universel. « Ce n'est qu'une hypofüèse, dit..J.l, mais elle
-est fondée sur un raisonnement par analogie. » Suit ce raisonnement par analogie qu'on trouvera a-nx pages 58 et 59
de Durée et Simultanéité. - Je ne crois pas qt1e les einsteinie~s
lui accordent plus d'attenti'on qu'à la« conscience universelle»,
la « conscience monstre » de M. Edouard Guillaume, qui eut
-si peu de sutcès au Collège tie Ftante. - Eo second lieu,
M. Bergson estime que les temps relatifs et multiples d'Einstein prouvent l'existence d'un temps absolu et unique. Et -il
don.ne de c.ette assertion d'allure paradoxale une démonstration
extrêmement fine et élégante que l'on pourrait croire inspirée
par M. Painlevé. Au Collège de Franoo, M. Painlevé insista
· sur la réciprocité qui doit exister logiquement, au point de
vue de la mesure de l'espace et du temps, entre deux systèmes
en mouvement relatif l'un par rappott à l'autre. ~- Bergson
insiste à son tour sur cette . réciprocité. Si un observateur A
·voit les mètres et les horloges que porte un observateur B
raccourcis et ralentis par la vitesse, de même 'observateur B
verra les mètres et les horloges de A raccourcis et ralentis dans
les mêmes proportions. Si B parait à A vieillir moins rapidement, c'est l'inyerse qui se ,produit pour R Toutes choses
sont égales et réciproques. A ne viéillit pas plus que B et B pas
plus que A. Il n'y a donc pour les 'deux qu'un seul et même
temps.
Les einsteiniens répondront que, seuls, les systèmes en
mouvement uniforme de la relativité restreinte ionissent d'une
réciprocité, mais il n'en est pas de même des systèmes -en
mouvement accéléré de la relativité généralisée. Le fair pour
un système matérrel d'être en accélération on en rotation,
ou d'être ·soumis à la gravitation, ·exerce sur les instruments
de mesure une influence telle que, seules, des mesures loaales
sont possibles et qu'elles ne sont point comparables d'un lien
à l'autre. Comme le dit M. Borel, l'anraction newtonienne
ou une aocélératron rapide entràlnent un ralentissement des
horloges. « Le ralentissement de toutes les horloges doit entrainer également le ralentissement de tous les phfoomènes,
car tout phénomène est une horloge ·plus où moins ·grossière,

NOTES

\
r

en particulier le ralentissement des phénomènes vitaux, et,
pa:r suite, la modification de ce que l'on peut appeler le
temps .psychologique, la noti-0n intime que nous avons de la
durée, notion évidemment liée aux phénomènes intérieurs à
.notieipropre oorps. »
Il est vrai que, ·pour M. ..Bergson, la durée .est purement
spirituelle et n1a rien d'un système matériel. Mais je ne crois
pas qu'on · puisse confontlte durte et esprit et, en dépit- de tous
les prodiges d'ingéniosité .dialectique que Fon peut toujours
-espérer de M. Bergson, H ne.me semble pas que la durée berg. ..somenne soit une donnée à.la fois a.caeptaole et compatible avec
les--v.ues d'Einstcin.
Pour étayer cette double opinion, je négü~rai malgré son
intérêt (mai-s la place me :manque) Le problème logique du
temps, pour ne cornidérer que le problème psychologique et
kpiobl'èmepbysique. Le proh1:ème ps.ychologique est celui-ci:
y...a-t-il · une intuition ou une perception de la durée pure?
On ne convaincra j:amais un mystique que son intuition
est iUusoire et, d'.ltlltre part, nombreux sont les disciples (j'ai
été momentanément de ceux~tà) dont o: ,me certaine intensité
d'effort philosophique coutre nature », comme le dit Jacques
Mari.tain, «- a été capable de fixer l'esprit &lt;laps une vision ou
.dans une hallucination » de la durée bergsonienne. C'est, en
tout cas, un admirateur de Bergson, c'est l'inventeur du
« stream ofthougt », WilJiam James, qui a déclaré que, tout
11u moins, la perception d'une " suite de durées pures que l'on
sent poindre, se gonfler ,et s'épanouir comme des bourgeons
_s.ous un regard embrumé » est trompeuse. La conscience n'est
-pas alors a vidée de tous ses états multiformes "· Mais, de
même que, les yeux fermés, nous voy@ns encore « un champ
visuel sombre où .passent des tranches de luminosité pâle ,,
de même « le ténébreux royaume de la durée recèle encore
.tle la vie : battements de cœur, respiration, pulsations de
l'attention, fragments de mots ou de phrases qui traversent
notre imagination, etc ... » (le signale dans Proust - A l'Otnbre
des Jeunes Fitles -en Fleurs - une admirable notation sur
l'évaluation du temps d'aprèS' le sentiment de no-s fortes
refaites pendant le sommeil.) On peut se demander si ce n'est
pas toujours une réalité à quatre dimensions, une réalité à

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

la fois spatiale et chronologique, que saisit notre conscie.nee
.(par tranches de deux millièmes de seconde à douze secondes
dans la quatt.ième dimension, dimension temporelle.) Cela
pourrait être vrai de la perception intérieure, aussi bien que
de la perception extéri.eure, car, une émotion est toujours
accompagnée de réflexes, un sentiment d'un état du tonus musculaire et, plus généralement, un phénomène psychologique
de phé_nomènes physiologiques, c'est-à~dire spatiaux, Mais
M. Bergson dissocie, ne retient que l'élément subjectif (la
conscience) et l'élément temporel , puis refait une union indissoluble des deux, les confond même, et déclare que cette
union, cette confusion, est une donnée immédiate appréhendée
dans une intuition.
La solution du •problème psychologique du temps, que je
me suis borné à esquisser ou. à suggérer, s'accorderait avec la
solution eiusteinienne du problème physique. Toute la physique d'Eio-1tein tend à prouver que, dans Ja réalité physique,
le temps et l'espace ne sont pas dissociables. Le monde physique est un mixte insécable de l'un et de l'autre. li y a un
continu spatio-temporel, l'Univers de Minkowski. Bien plus,
non seulement le temps et l'espace sont interdépendants,
mais encore ils sont indissolublement liés à de la iµatière et
à de l'énergie. (Je serais presque tenté d'ajouter : et à de
l'esprit, en tenant compte de tous les degrés possibles de
subconscience et d'inconscience). Les propriétés métriques
du continu spatio-temporel sont différentes ·dans l'entourage
de chaque point spatio-temporel et conditionnées par la matière qui se trouve en. dehors de la région considérée. L'espace
et le temps, comme le dit Minkowski, ne sont que des c&lt; fantômes » des cc ombres vaines· ». il y a une union choses espace -temps (Dingraurwzei#) dont nous constatons les ctrUariances. L'unique réalité, la seule donnée, objective, imp.ersonnelle et invariante, est l'int~rval]e (le rayon de courbure).
Même, à l'ettrême rigueur, c'est peut-être beaucoup que ·de
parler d'espace, de temps, de choses. Car toute description
physique einsteinienne se résout en un certain nombre de
propositions exprimant la concordance de quatre nombres,
x1 , i.z, X3, n, n'ayant aucune signification. On voit, s-ans
que j'aie besoiµ d'insister, que (plus encore que, tout à l'heure,

dans le domaine psychologique) nous sommes ici dans ce
domaine logique, vidé de toute intuition, de tout élément
irrationnel ou étràngec à l'esprit, bien loin de cette durée
pure. ou concrete-} sur laquelle est fondée la philosophie,
d'ailleurs si ingénieuse et si originale, géniale même, de
M. Bergson.
CAMILLE VElTARD

*

* *

L'AMOUR, LES MUSES ET LA CHASSE, Mémoires
par Francis Jammes (Plan-Nourrir) .
Ce deuxième tome des mémoires de Francis Jammes situe,
explique et commente De l'Angelus de l'aube ... , Le Deuil des Primevères et le Tri.ompbe de la Vie, c'est-à-dire les trois œuvres qui
suffiraient, à elles seules, à faire durer son nom et qui ont ou vert
à la poésie française ( et aussi à la poésie allemande, russe, italienne, espagnole) des voies nouvelles. Son influence s'est souvent confondue avec celle de Laforgue, chez la plupart de ceux
qui l'ont subie, parfois avec celle de la comtesse de Noailles.
Elle a été en tov.t cas celle d'un maitre nouveau qui a découvert
u.ne « harmonie ,:, . Ses œuvres suivantes, après sa conversion,
ont complété, nuancé sa figure littéraire : mais le poète catholique n'a pas eu Yinfluence littéraire que l'élégiaque, le bucolique, le provincial fils de créole avait exercé. Sans doute s'en
console-t-il ai.s émenten songeant à la salutaire influence morale
de ses derniers ouvrages.
On imagine volontiers une édition de ses premières œuvres
où un admirateur pieux ferait suivre cbaque poème d'un &lt;&lt; commentaire » à la façon de Lamartine, puisé dans l'Amour, les
Muses et la Chasse. Après !'Elégie deuxième on imprimerait :
« Il est dans une rue dont je tairai le nom ... Ma première Muse
était née » ; après la septième : « Une nouvelle Muse m'attisait
de son souffie, le plus doux et le plus violent que j'aie connu ... » ; après la course de vaches d'Exi.stences: « Je n'ai vu,
ni ne reverrai a.u grand jamais rien qui puisse donner une
impression de stupidité plu.s grande que 1a course de vaches ... »
Ce qui nous rend ce livre cher entre tous ceux qu'a publiés
Jammes depuis quelques années, c'est que nous y retrouvons
tous les thèmes d'autrefois, repris dans un autre mode ( en
mai·eur , cette fois ' et non plus en mineur), tous
. les thèmes d'ado-

�6Jo

1

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lescence qui firent le délice de la notr.e• repris auj..ourd'hui
à: voix d'homme. De «. patriarche 'li_,, dirait Jamlll.l:ls,
Mais ce serait peu si ces mé.moir.es devaient tout leur charme
à cette évocation du passé. Us ont unautremé.dti, tout,_ présent
et intrinsèque : ils mettent en lumière un côté de -Er.ancïs
Jammes.jusqu'ici inconnu, ou connu seulement de eem qui_
avaient entendu sa conversation primesautière, anecdotique,
ponctuée d'un léger accent béarnais. La prose de Clara d' J;lléoeuse ou de Pomme d' Anis, aérienne et cristalline, rend un antre
son que celle des mémoires : elle fuyait l'in,dicati'on -générale
économi_quemem .f.ow:n.ie par l'abstrait, etlui-substituait&gt; un s.eul
déta.il choisi quL éclairait pat allusie.n tous le&amp; a.utœs dltmls'."
nécessaires àJ'ensemble du tabl.eau, p.1ëésenrant ailisLsai briè.veté
et son lyrj,sme. La p:rose des mémoires. n'ép~-rgn.e aucua détail,
elle procMe. classiquement, sans silences. IJaµ.ecdate naîtr_et
monte à son apogée, saas· hâte-~ moulée sur le, r~ en.apparence, en réalité d:éfot.mé:e dans. l'exacte mesure où:- ·I/art le
réclame.
Le · rappr.ochement •que voici ne plai.ra:.peu.t:être beau.coup. ni
à l'un, ni à l'autre ~ Jammes mémorialiste fait .souvent penser à
Léautaud~Boissard. Et dans les pmtraits pl.us encuœ peut-être
que dans l'a-ne.-cdote : cm~parez par. exemple les. portraits de- la
cbilmne Flore (pp. 1:06, 150 et passim) avecles pages de Léautaud, sur ses- chiens et chats, c.eLui de Loti:(p.. 166) à celui.dl!.
Philippe par Boissard. Un Jammes caractérist11, comme clis!!nt
les Italiens, voilà du nouveau et..quLréjouitc.
Parfois le texte s'ouate d'onction, s'humecte d'eau bénite.
Jammes moralise, rend grâces au Seigneur ou exorcise le diable.
l:.e mécréant d'abord sourit, mais pas longtemps. Que Jamme&amp;
si sensible à tous les ridic.ules aille risquer celui~là pour son
propre compte, c'est la preuve cfune sincéd.téi entière, d'un,
mépris du respect humain qui commande le respect tout court.
On comprend mieux Jammes. poète, apr.~s avoirlu ses s.ouve.-,
nirs. Qu'on en. compare. la sérénité évangélique au tumulte fac~
tic.e et vain qui s'agite dans le journal des· Goncour.t ou dans Les
'Vivants et. les Morts de Léon Daudet, qu'on compare cette 'l.ie de
poète _à ces vies d'hommes de lettres ; il y a là un parallèle à
instituer, une leçon à dégager dont le contemplatif ne se tirera
peut-être pas· à son désavantage, en tou.t cas_ de qu.oLlongue-

SOT.ES

ment rêyer su1 l'existen&lt;;e, sur Paris, sur la province.,. sur soimême. C'est be:wc.:oup.
BEl{JA~HN CRÉMIEUX

LA POÉSIE
LE SECRET PROFESSIONNEL, par Jean Cocteau
(Stock}.
Rien dans son œuvre, mîeux que ce petit livre ·de théorie
ne sau:~lÎt démontrer que M. Cocteau est poète. Sitôt qu'on
l'a fermé, si l'on veut s'en souvenir, ·ce n'est plus qu~un défilé,
dans la mémoire, de~ plus subtiles métaphores, une espèce
de cavalcade où les idées sont si bie·n costumées qu'on ne les
reconnaît plus. L'auteur lui-même, sentant que le lecte~r Y
aurait quelque peine, a •tâcbé de résumer dans les dermères
pages l'a~port doctrinal de son tivre, ~ais au~sit~t c'est, pou~
chaque article une nouvelle comparaison qm lm est venu_e a
'
' Il e a
l'esprit, et si séduisante,
si ravissante au sens propre que
entraîné, draîné, presqu(;! effacé la thèse.
Pourtant on ne peut pas dire qu'une telle façon, purement
sensible, de réfléchir, soit vaine. Les chemins par où Cocteau
nous fait passer qot beau n'être q_ue d'air, co·m me ceu~ qu_e
suivent ses chers acrobates : il reste quetque chose à I espnr
de les avbir parc_o urus. Je rie sais pas dire quoi. Mais écoutez :
Selon toujours ce luxe qui consiste à user sans .comm:ntaires _de
certains termes évidemment interprétés par le lecteur d une toute
autre sorte que par nous, les poètes parlent so~vent ~es ao~es. Sel~n
eux et selon nous l'ange se place juste entre I Immam et 1mhumam.
C'est un jeune animal éclatant, charmant, vig?ure~x, qui passe- du.
visible à- l'invisible a&gt;1ec les puissants raccourcis' d un ploogeur, le
tonnerre &amp;'ailes de mme pigeons sauvages. La vitesse du mouvement
·
~ he âe Je vorr.
• s1· ce mouvement
radieux
qw· le compose empc:c
.
. ralea-'
tissaït, sans doute apparaîtrait-il. C'est alors que Jacob,_ un vnu luttem:~
lui saute dessus. Beau specimen de monstre spornf, la mort! lm
demeure incompréhensible. Il étouffe les vivants, et leur arrache
l'âme sans- s'émouvoir. J'imagine' qu1H doit tenir du boxeur, du bateau
¼. voiles.
Bien que la pensée soit id emportée au gr_é des_ im~ges et
qu'on ne sache pas bien si c'est à l'ange ou a celm qw le te~rasse que Je poète est comparé, l'ensemble du morceau fi.rut

�632

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE'

par former une définition point si mauvaise de la créatiocr
poétique, telle gue l'entendent les modernes. Uoe attitude
nouvelle est décrite avec tout le relief et toute l'imprécision
nécessaires : Jacob aux. aguets de l'invisible et lui sautant
dessus sitôt qu'il se trame dans l'air, et ce débat, et cette lutte
avec!on ne sait qui sinon qu'il est quelqu'un qu'il faut saisir
et qui se défend, c'est bien le symbole de la poésie telle quel'ont conçue Rimbaud, Mallarmé, et même Baudelaire déjà.
Et si le poète est l'ange en même temps qu'il est son agresseur (souvenons-nous que dans tout sym.bolisme le principe
d'identité cesse, d'après Freud, de jouer strictement), cela
n'est pas, à. certains égards, sans exactitude et sert assez bien
à figurer l'espèce de constant problème où est le poète moderne
de savoir s'il est J;eul, d'où lui vient cette matière qu'i l tâche
d'informer et si ce n'est pas seulement à se construire une
personnalité seconde, comme un double incompréhensible
et vivant, qu'il travaille à. tâtons. La relativité de tout effort
créateur, la subjectivité foncière de l'opération poétique, sont
indiquées, de la seule façon dont on puisse le faire encore, diins
ce mythe gracieusement ambigu.
.
Oui, Cocteau nous aide ici à comprendre en quoi «: nos
po~tes », ceux qui ont refondu notre sensibilité et lui ont
donné ses nouvelles manies, se distinguent des grands poètes
historiens : Homère, Dante, et Ronsard même, et Chénier, et
Hugo. Il faut lui en savoir gré.
Il faut aimer aussi la façon, un peu trop suivie et appuyée
peut-être, mais subtile et profonde, dont il analyse les rapports de la poésie avec 1a mort :
La poésie dans son état brut fait vivre celui qui la ressent avec une
nausée. Cette nausée morale vient de la mort. La mort est l'envers
de la vie. Cela est cause que nous ne pouvons l'envisager, mais le
sentiment qu'elle forme la trame de notre tissu nous obsède toujours.
li nous arrrive de sentir nos morts contre nous et, cependant, d'une
sorte qui empêche toute correspondance. Imaginez un texte dont nous
ne pourrions savoir la suitt:, parce qu'il e-st imprimé à l'envers d'une
page que nous ne pouvons lire qu'à l'endroit. Or l'envers et l'endroit.
utiles pour s'exprimer à la mode btuna1ne, n'ayant sans doute aucun
sens dans le surhumain, ce verso, vague, creuse autour de nos actes,
de nos paroles, de nos moindres gestes un vide qui tourne l'âme
comme certains parapets tournent le cœur.

NOTES

La poésie active ce malaise, le.melange aux paysages, à l'amour, aUsommeil, à nos plaisirs.

De tels passages, qui témoignent d'un sentiment vrai de la
poésie et qui semblent impliquer chez l'auteur un certain
détachement des contingences littéraires, foot qu'on s'étonne de
le trouver au contraire, en d'autres endroits, préoccupé
des plus petites histoires et soucieux à l'excès de sa situation, au
sens propre, comme écrivain. Le besoin le tourmente de rester
à l'avant-garde; s'il est dépassé, le. voici qui s'épuise à démontrer que ce ne peut être qu'en apparence. Plus grand que l'inquiétude de la perfection semble être en lui par moments le
goût de créer, ou de lancer des modes artistiques .
On est gêné aussi de le voir faire avec tant d'insistance l'histoire de ses œuvres. Qu'il attende que la curio"Sité s'en éveille
en nous ! Il sera toujours temps, pour lui, de répondre aux
questions que nous lui poserons.
Et si nous n'avons pas deviné toutes les intentions qu'il a
mises dans Parade, dans le Potomak ou dans les Mariés de ta
Tour Eiffel, c'est notre faute, je n'en doute pas, mais qu'il nous
la laisse d'abord expier tranquilles l
Le public a tous les droits, et d'abord celui de se tromper.
Cocteau a de quoi conquérir sa faveur, et il l'aurait déjà conquise plus solidement, s'il ne voulait toujours lui faire la leçon
et ne contestait en toute occasion sa souveraineté.

,. ,.

JACQUES RIVIÈRE.

POÈMES DE LA VIE MORDUE, par Henri Dalby
(Images de Paris).
Un poète -se met en r011te, sachant

à peu près où il veut
alJer. Mais voici qu'il se laisse distraire, fait trop de détours,
arrache des épis verts et des fleurs fanées, oublie parfois le but
de sa promenade. J'espère p1ourtant qu'il arrivera.
Tributaire de l'unanimisme, partkulièrement attentif aux
,expériences techniques de quelques maîtres, M. Henri Dalby
compte ses pas, les écoute sonner sur le pavé. Il ne peut se
défendre, le rythme suscitant l'émotion, de servir du même
coup l'idéal de force et de viril amour qu'un Jules Romains, un
Charles Vildrac ont impérieusement défini. J'ai cru comprendre

�634

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSB

que, bien au fond du cœur, le disciple gardait le regret de certaines tendresses d'élégie et même de préciosités sentimentales
qui se traduisent en images littéraires. li en résulte un déséquilib1ie111omentané. Quand M. Henri Dalby sera maître de son
cfulnt, il .,n'auta- plus à se défier de son inspiration . Mais avant
qu'il s'abandonne davantage, on peut souhaiter que davantage
iL se contraign.e. Il est digne de recevoir un tel avis.
PAUL F!ElŒNS

LE ROMAN

KO'l'ES

humains, accusations contre les profiteurs, anathème contre le
tango, appels féministes, un peu de morale, deux lignes mystiques pour finir. D'autre part M. Vietor Matgueritte a des
grâces de style. Lui seul pe11t dire d'un homme qui va se
marier : « Il chaussait la perspective de cette stabilité comme
une tiédeur de pantoufles. »
La Garçonne est le grand succès de l'année . .A c6té les Don
Jaanes pâlissent, les Doti fuanes qui, aujourd'hui, hélas! me
semblent une source fraîche.
l'-AUL RIVAL

*

LA GARÇONNE, roman, par Victor Margueritte (Flammarion).
Le. plan de ce livre est naïf, Vous rappelez-vous les ficelles
ingénue(! de. Fénelon promen,ant son charmant mannequin
Télémaque à travers le monde ancien ? Vous souvenez-vous
des deux petits Lorrains du Tour de France errant de yj}]e cm
ville à la recherche d'u.n oncle introuvable et s'instruisant au
passage des mœurs, des industries et des grands hommes ?
M. Victor Margueritte conduit une irréelle jeUDe fille à travers
les plaisirs défendus. Joies très simples ou très compliquées,
in,ersions, chatoui)lemei1t, opium, l'auteur s'applique et
n'oublie rien. Il aura.it dù intitule, son livre : P~tït abrdgé des,

distractions confsmparaiues.
Cette matière a ~évolté beaucoup de gens. Eourquoi.? Les
plaisirs de la chair, c'est un très grand sujet. Imaginez un poète
ardent, robuste, s'enivrant du contact des corps_, quel bymne
de soleil pouvait naitre ! Ou bien pensez à un être concentré,
las du phtisir banal, cherchant la lueur inconnue, aiguisant son
esprit et ses sens, fouillant le noir jusqu'au frisson étrange.
Pcmsez, à Baudelaire!
M. Victor Margueritte n'a ni la flamme claire, niJe sombre
feu.. C'est un col!ectionneUI tou.t sec d'égarements i il les décrit
avec patience. il énumère les petits tours d~ gymnastique
sexuelle, Son line est un recueil, une.« règle des jeux».
A qu-~ ce manuel peut-il servir? A des vieillards doat le sang
s'engourdit, à de très jeunes gens_, que sans doute il rendrait
ch.-astes ?
Ces ternes priapées s'entremê lent de quelques trémolos, :
écqos de la gµerre,. tirades généreuses sui; les misères des

CES PETITS MESSIEURS (Emile-Paul) ; LE JEU DE
L'AMOUR ET DE LA DANSE (Œuvres Libres, n° 16),

par Francis-de Miomandre.
Peu ou prou fos héros de Francis -de Miomandre.s'appa:rcntent
tous au délicieux Pr-errot cle la pantomime marseillaise, tel que
l1adorent les habitués du Palais. de Crisflll. IL semblait que Ja
guerre (l'après-guerre plutôt) eüt chassé de la réalité l'insouciant
et nonchalant héros fantaisiste d'Ecr:-it sur de. l'eau., de Le Ve,it et
la Pmwière, des Dialogues att bon solei:l. Mais non, ce persoanage
est immortel, ou du moins· Mi-omandre, qui le cbédt comme
un frère, est parvenu à Je ressusciter. La vie comme à tout le
monde Jui est devenue difticile ; taper les amis d'un Jours de fois
à autre ne suffit plus pour manger et fumer (car pour ce qui est
de se vêtir, il n'a jamais été question dans un livre de Francis
de Miomandrede régler les factures de son tailleur). Il a pris
des allures iaquiéta11tes, comme dan.s Ces- Petîfs ' Messieurs, 011
bien Miornandre a fuit pleuvoir du ciel sur lut quelques rentes
comme dan&amp; le Jeu de Z:Amottr atde la Da11se. Mais c'est toujours
le rythme preste, les gestes et les- pirouettes de la pantomrme
italienne qui cadencent le rtût. Et comment ne pas ~abandonner à cet humour si ~aer, mélange de plaisa.nteries faciles;
de badinage exquis etd'iro0ielyrique, qui coufo de source ...
Dans sa peinture des hommes-femmes comme dans celle des
dancings, Miomandre a gliss_é rrne discrète étude de mœurs. U
aurait pu s'en dispenser : nous aurions eu tout de même ces
deux· couples inoubliables, le couple des champions de tango et
celui de l'héritier du trône d'Albanie et de la richissime Brésilienne.
BENJAMIN CRÉMIEUX

�I

LA NOU\'ELLE REVUE fRANÇAISB
NOTES

BAS -BASSINA-BOULOU, par Franz. Hellens (Rieder).
D'un côté il y avait des Anglais en tenue kaki cernés par un
parti Zoulou. Equipements, cartouches, baïonnettes et fusils
européens s'avéraient inutiles dans la mêlée. Les noirs, empanachés de plumes de guerre, abattaient et décapitaient les blancs,
en riant, tellement cela leur était facile sans doute. De l'autre
côté, sous un ciel bien bleu, à la corne d'un bois plein de fraîcheur, des Français en flottard et la canne à la main admiraient
un groupe de fétiches dahoméens deux fois hauts comme eux,
rouges, verts et jaunes plantés là awc leurs mamelles en obus,
Jeurs verges horizontales et leur rire sanglant, d'une oreille à
l'autre, plutôt idiot que cruel. C'était, il y a bien trente ans, une
illustration populaire sur quoi je me souviens avoir passl- des
heures entières, fasciné par cette barbarie et cette grossièreté.
Franz Hellens vient de me rendre toutes neuves ces vieilles
sensations enfantines. Sous le fer rouge qui lui grave des yeux
et une bouche, son Bass-Bassina-Boulou prend vie tout à coup.
Et les sorcelleries, les massacres, la tornade et la famine que
cette caricature de bois, quelque part en Afrique équatoriale.
préside et contemple en croyant les provoquer ou les arrêter,
ne m'effrayent pas trop, pas plus que le carnage zoulou de la
vieille image, pas plus que Bass-Bassina Boulou lui-même dont
le plus grand effort est de trouver tout cela « bien et nécessaire», puisque tout cela est.
Après tant de curieux livres et surtout cette Mélusine qui semblait bien marquer une étape dans son talent, Franz Hellens ne
pouvait re\'enir - brusquement du moins - à l'étude tendue
et émouvante des hommes si étroitement compliqués de ce
côté-ci du soleil. On n'escalade pas impunément, a\'ec Merlin,
la belle cathédrale inconnue. Il en faut redescendre, et comme
elle s'élevait en plein désert, c'est en plein désert que l'on remet
le pied tout d'abord, avec au plus près une ou deux tribus noires
où les femmes font encore l'amour sans s'en douter avant d'être
égorgées pour nourrir les mâles quand le ravitaillement fait
défaut.
Animer un fétiche nègre pour suivre aux cercles concentriques de sa cervelle de bois les courts tirets d'idées que l'uni•
vers y inscrit était une gymnastique tentante et nouvelle, et

637

fort périlleuse. Car il y fallait redécounir cet univers et le
re-conoaitre avec - et malgré - cette immobilité de bûche
taillée, ce cerveau embryonnaire d'anthropophage et cette ignorance de nouveau-né que l'auteur a su consen·cr à son fétiche.
Cest, au ralenti et par images simples, adroitement rapprochées, complétées et surchargées, la suggestion d'un monde
que nous ne connaissons déjà que vaguement et où nous pénétrons ainsi, avec les yeux, le nez et les oreilles d'un bout de
pieu à peine promu à l'animalité. Ainsi un boutiquier de Londres découvrait la vie martienne par petites surfaces, petits
fragments dépareillés, en se cassant le cou d~une certaine façon,
à une certaine heure, sous une certaine lumière, au-dessus de
son merveilleux œuf de cristal. C'est, au vrai, assez fatigant et
l'on est étonné de la force, de la patience de !'écrivain que ce
jeu, loin de rebuter, a conduit aux minuties les plus crupuleuses. Son talent de l'image primitive permettait seul de soutenir aussi longtemps cette exploration à petits pas. Rieo n'est
suggestif comme B-B-B jetant devant lui les cercles de ses yeux.
Ainsi il accroche et cerne précisément chaque objet- de bleu,
de jaune et de rouge - et le conduit en couleur et en forme à
son cerveau obstiné. Et ainsi du reste. Mais le vocabulaire
réduit dont il dispose pour ses conversations avec les animaux
qui seuls l'entendent et lui répondent (magie du règne inférieur) limite par influence les ressources du conteur. Certes, la
connaissance et le jugement de B-B-B sont curieux à découvrir,
mais d'autres choses qui lui échappent partiellement ou tout à
fait nous attireraient volontiers plus au large. La réceptivité de
cefétiche, tout extraordinaire qu'on nous la livre, nous devient
vite un loup étroit, aux yeux mal en place, sous lequel nous
étouffons. L'envie vient souvent, le désir prend de n'être qu'un
sorcier ou qu'un simple nègre même, plutôt que ce v maitre de
l'univers » toujours immobile que tant de choses simples
étonnent encore ou ne touchent même pas du tout. Sortir de
cette branche taillée et polie serait bon ; tourner la tête, seulement, ou la lever serait reposant. Mais sans doute est-ce là le
vrai dessein de Franz Hellens. Après la fantaisie et l'ubiquité
dont il nous a grisés dans Milusine, a-t-il voulu nous ankyloser
dans ce Quasimodo noir pour nous révéler le tourment des
pierres qui vivent elles aussi comme le prétendait Mouata-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Yamvo? Mais c.e n'est point ce tourment-ci qui abolira cette
griserie-là.
RENÉ-MàRIE HE'R,\IANT

LETT)ŒS bTRANGÈRES

LE DÉJEUNER CHEZ (E MARÉCHAL DE L,A.
NOBLESSE; UN MOIS A LA CAMPAGNE, par Iva~
Tourguéniev, traduction de Denis Roche (Bossard).
La coofüsion que nous ressentons à l'égard de Tchekhov
pour avoir si longtemps méconnu son œuvre, ne nous por:têt-elle pas, par une réaction. naturelle, à sutfaire uu peu son
.théâtre. - du moins à lui attribuer ¼e mérite exclusif de qualités
qu'il n'est pas seul à posséder dans SOll. pays? Rien de curieux
.à cet égard comme les ci.eux pièces de Tourguéniev que. vient-de
traduire M. Denis Roche, surtout la seconde, U,i Mois à la.
Ca,mpag11e . Une voix autorisée déclarait i « Le 1ht'iâ1re de Tourguéniev nous a aidés à comprendre le théâtre de l'chékhov, de
même que, par 1:1ne lumière rétrospechve1 Je théâtJe de Tchékhov nous a fait comptendrie celui de Tourguéuie-v. »
On trouve déjà :dans Un Mois à la Campagne, écrit en 1850,
cette st~ation de la provin-ce russe, cette impression d'ennui
dont plus tard Tcliékhov saura tirer un effet si saisissant.
Même atmosphère,., mêrue pesée du destin ; et, chez l'auteur,
même discrétion dans la conduite de l'action, mais avec un
dessin plus serré des , caractères, .u ne sorte de clarté frànçaisequi met dans toute l'œuvre plus de lignes et d!àrticulations. La
pièce est construite autour d'un grand rôle fémioiu, celui
d'une honnête femme qui s'ennuie entre son mari qu'elle
estime et un voisin qu'elle 11'-aime pas assez pou~ commettre
une folie, quand elle s'éprend soudain d'un jeune précepteur.
La '.llaissance de cette passion, le passage du sentiment confus à
1
la conscience, le. trouble jeté dans l'immooile existence de
ces barines, tout cela est décrit minutieusement, amplement,
~ans hâte. 11 y a quelque chose de racinien dans la délicatesse
.de l'analyse, dans les pro.cédés ..par lesquels sont amenés les
revirements, dans la lutte de l'ins.tinct et de fa pudeur et jusque
dans les monologues maladroitement taillés ur le modèle de
.ceux de Phèdre. La pièce est mieux que curieuse, elle est
-émouvante et, malgré ·quelques .fâcheux artifices qui datent,

NOT.ES

0 39

.elle est beaucoup moins fanée -que presque tonte"ll nos œuvres
dramatiques de la même époque. M. Denis Roche tnbus dit
qu'en la montant Stanislavski a obtenu un de ses plus brillants
succès.
Est-ce la difficulté de satisfaire aux exigences de la censure
russe et par conséquent de faire représenter ses pièces, est-ce
l'influence de ses amis parisiens qui a porté Tourgi.:éniev à se
désintéresser quelque .peu de ~on théâtre et à n'y voir que des
essais de jeunesse ? Il serait curieux que ce soit dans ses pr.emières œuvres qu'il .apparaisse J~ plus spédfiquement, le plus
,prophétiquement de son pays .
JEAN SCHLUMB~~

LE DOMAINE, par ]olm Ga!&amp;worthy, traduction du
prince Bibesco ( Calmann-Lévy).
Galsworthy occupe aujourd'hui uue des toutes premières
places du roman, non seulement pour l'opinion anglaise, mais
pour l'opinion européenne. II paraît avoir en Suède, pour le
prix Nobel, plus de partisans que Thomas Hardy, et il s4:ra probab1eme.nt, cette annêe, le favori. Jusqu'ici il a été acéueillï en
France avec tiédeûr, malgréTa'rticle enthousiaste et éclaifé que
lui a consacré M. André Chevrillon dans ses Trois Etuifes de
Littérature Anglaise (Plon). On a accusé ses traducteurs, dont
la tâche, avec un écrivain si délicat et si subtil, est extraordinairement difficile. La traduction du prince Bibesco parait
attentive et soignée, et elle fait passer en français une œuvre de
premier ordre. Le Domaine (Co1mtry Hottse) se rattache au cycle
des cinq premiers romans de Galsworthy, qui va d'Islartd Pharisees à Tbe Patrician, et où l'auteur a peint cinq milieux de
la haute société anglaise. Le Domaine présente au plus haut
degré les qualités ordin.aires de Gals worthy. Une extraordinaire
délicatesse de touche, une vie très intense obtenue par les
moyens les plus économiques, par les signes les plus discrets de
la vie la plus intérieure, une ironie où il n'y a pas un grain de
méchanceté, et qui se confond, d'un point de vue final, avec la
plus juste clairvoyance. Certains romans de M. Boylesve,
]'Enfant à la Balustrade par exemple, corrèspondraient peut-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

être, chez nous, à ce genre exquis d'art, d'observation et de
philosophie.
ALBERT THIBAUDET
* *

LES REVUES
L'AM'oUR

MEMENTO

(Sept.): Manet, par Tristan Klingsor.
NOUVEAUX (Sept.) : Certains chants d'innocence, par

MARCEL PROUST

DE L'ART

LES ÉcRITS

William Blake.
-

LA GRANOJl REVUE

(Sept.) : Hugo Stinnes, par Félix Bertaux.
Oct.) : Léo11 Chestov, par Boris de

Mli.RCURE DE FRANCE (1er

Schlœzer.
L'OPINION

(29 Sept.): Paul Valéry, par A. Thérive:
Sept.) : Henri Ghéon el le peuple fidèle, par

LA REvuE DES JEuNBS (25

R. Salomé.
LA REVUE DE
1'ar E. Seillière.

GENÈVE

LA REvoE RHENANE

(Août-Sept.): L'évolttlion morale d-e Taine,

(Oct.): Cbas Laborde, par Pierre Mac Orlan.

.

'*

La troupe de l'Atelier que dirige M. Charles Dullin vient de
s'installer au Théâtre Montmartre. Elle y joue La vie esl un
.songe, de Calderon . Nous reparlerons prochainement de son
.effort.

J

.,
LE. GERANT : GASTON GALUMARD
AIIBEVlLLE (FRANCE). -

IMPRIMERIE F. PAll.LART.

Un malheur affreux vient de nous frapper, frappe
les lettres françaises : Marcel Proust est mort. Malgré
la vie cloîtrée qu'il menait depuis plu~ieurs années
déjà, rien dans sa santé ne semblait irréparablement
atteint; il avait même un fonds de résistance qui
étonnait ses amis et les empêchait d'imaginer que la
maladie pût jamais le vaincre. Une petite grippe qu'il
n'a pas su ni voulu soigner, a traitreusement déjoué
ses défenses et nous l'a pris.
Sur cette tombe, il faut avant tout éviter l'emphase.
Il faut que notre douleur se maintienne intérieure
et sage, comme lui-même fut appliqué et profopd.
Et pourtant c'est un ami de la plus rare bonté et
d'un charme délicieux que nous perdons. Et pourtant c'est un des plus grands écrivains français qui
s'en va. Et pourtant c'est la lumière la plus éclatante
que la France ait projetée sur le monde, dans le
moment même où on pouvait la croire épuisée par
la guerre, qui s'éteint.
On ne sait pas encore, on ne peut pas savoir encore,
mais on verra peu à peu combien Proust est grand .
Les découvertes qu'il a faites dans l'esprit et dans le
cœur humains seront considérées un 1our comme
41

.,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aussi capitales et du même ordre que celles de Képler
en astronomie, de Claude Bernard en physiologie ou
d'Auguste Comte dans l'interprétation des sciences.
Il a droit encore pendant longtemps à l'indifférence
de ceux qui parlent au lieu de penser. Mais il faut
que l'entourent et 1assiègent avec instance et fi.délité, dès maintenant, la curiosité, la t~ndresse, la
reconnaissance de tous ceux pour qui se comprendre
et comprendre l'homme sont les seules occupations
qui aient un sens dans cette vie.
La ·Nouvelle Rçuuc Française, qui a eu l'honneur et
la joie de révéler Proust au grand public, tient à
montrer tout de suite l'importance qu'elle lui attribue
en lui consacrant un numéro spéciaJ. C'est l'homme
d'a ord que ses amis personnels tâcheront par des
souYenirs, de faire revivre ; c'est l'écrivain ensuite
que les critiques qui ont su, les premiers, le reconnaitre, s'attacheront à définir et à situer. Un fragment
inédit du volume que Proust venait de nous remettre
pour l'impression, et - nous l'espérons aussi- certains témoignages étrangers, complèteront cet hommage.
Que notre deuil du moins tâche d'l1rc fécond, s'il
est impossible à consoler !
JACQUES RfVIÊRE

ALAIN-FOURNIER

Comment rattraper sur la route terrible où elle nous a
fuis, au delà du spécieux tournant de la mort, cette âme qui
ne fut jamais tout entière avec nous, qui nous a passé entre
les mains comme une ombre rêveuse et téméraire ?
es Je ne suis peut-être pas tout à fait un être réel. » Cette
confidence de Benjamin Constant, le jour où il la découvrit,
Alain-Fournier fut profondément bouleversé; tout de suite
il s'appliqua la phrase à lui-même et il nous recommanda
solennellement, je me rappelle, de ne jamais l'oublier,
quand nous aurions, en son absence, à nous expliquer
quelque chose de lui.
Je vois bien ce qui était dans sa pensée : « Il manque
quelque chose à tout ce que je fais, pour être sérieux,
é~ident, indiscutable. Mais aussi le plan sur lequel je
circule n'est pas tout à fait 1 même que le vôtre; il me
permet peut-être de passer là où vous voyez un abîme: il
n'y a peut-être pas pour moi la même discontinuité que
pour vous entre ce monde et l'autre. »
Ses plus grands enthousiasmes littéraires allèrent toujours aux œuvres qui lui faisaient sentir l'idéalité de l'univers et de la vie elle-même.
Il faut savoir aussi combien il était sobre: matériellement
d'abord (jamais il ne sembla prendre à la nourriture le
moindr plaisir, il ne lui demandait qué de l'entretenir en
vie); mais surtout au spirituel: j'ai souvent admiré combien légèrement il goûtait à la réalité et c'était une surprise
pour moi, à chaque fois, de voir de quelle impondérable

�ALAIN-FOURNIER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mousse s'emplissait seulement la coupe qu'il y plongeait.
Il n'y avait pas là l'effet d'une constitution physique
fragile, hi aucune intolérance par débilité. Au contraire
Fournier fut toute sa vie robuste et bien portant. C'était
son esprit tout seul dont l'aspiration était ainsi prudente et
réservée, - comme s'il eût eu ailleurs d'autres sources où
puiser, et une alimentation invisible.
Quand je la compare à la sienne, toute ma vie, qui pourtant fut occupée par beaucoup des mêmes événernents,
m'apparaît affreusement positive. J'ai à peu près réussi là où
il échoua sans cesse; et pourtant c'est lui qui volait, moi qui
reste ...
Il serait vain de vouloir faire la part du merveilleux spon. tané, dans son histoire, et de celui qu'il y ajouta luimême par la simple tournure de son imagination. Elle
reste, en tous cas, « à peine réelle &gt;&gt;, tissée des aventures
les moins analysables; des femmes y sont mêlées dont, du
fait que son regard seulement les effieura, il devient impossible de savoir qui elles furent d'autre que les anges ou les
démons qu'il vit.
Une biographie d'Alain-Fournier ? Ecrite du dehors,
puisée ailleurs que dans ses co:ites et dans le Grand Meaulnes,
ne sera-t-elle pas un continuel mensonge, le récit des faits
qu'il n'a pas vécus? Et comment oser, en particulier, reconstituer sa dernière rencontre? Comment savoir le visage
qu'eut pour lui, brusquement dévoilé dans la solitude, cette
maîtresse terrible qu'il avait toujours attendue: la guerre ?

I
Pourtant je suis le seul à l'avoir vraiment connu. Nous
nous étions liés au lycée Lakanal, où nous étions entrés
tous les deux en octobre 1903 pour préparer l'Ecole Normale Supérieure. Nous avions le même âge: dix-sept ans.
Notre amitié ne fut d'~illeurs pas immédiate, ni ne se

noua sans péripéties; nos différences de caractère se firent
jour avant nos ressemblances. Fournier, animé de l'esprit
d'indépendance qu'il devait attribuer plus tard à Meaulnes,
avait entrepris d'ébranler la vénérable et stupide institution
de la Cagne, c'est-à-dire la constitution hiérarchique qui
réglait les rapports des élèves de rhétorique supérieure et
l'ensemble de rites et d'obligations humiliantes que les
anciens imposaient aux « bizuths &gt;&gt;. il avait pris la tête
d'une coterie de révoltés, avec laquelle je sympathisais
secrètement, mais que ma timidité et mon .désir d'éviter
les distractions m'empêchèrent de rallier tout de suite.
J'observai longtemps une neutralité rigoureuse dans la
bataille qui opposait mes camarades. La figure de Fournier
m'intéressait pourtant déjà vivement. Parmi ces jeunes gens,
dont plusieurs étaient comme lui fils d'instituteurs, mais
que leurs dispositions universitaires rendaient déjà légèrement compassés, il surgissait libre, joueur, ivre de jeunesse.
Ce que l'atmosphère où nous étions plongés avait d'un peu
pédant et artificiel, il le faisait par instants drôlement fuser
au dehors et nous restituait le caprice dont nous avions
besoin pour respirer.
Je le regardais combiner ses offensives contre le
«Bureau», je lisais les pétitions révolutionnaires qu'il
faisait circuler pendant l'étude. Je me sentais un peu scandalisé, un peu effrayé, fort séduit malgré tout par son personnage.
Je ne pensais pourtant pas à me rapprocher de lui. C'est
lui qui me fit le premier des avances, d'ailleurs mêlées de
taquineries et de moqueries, qui me furent, je l'avoue, très
insupportables. De toute évidence je l'agaçais un peu, si je
l'attirais aussi; ma nature appliquée, scrupuleuse, méticuleuse lui donnait des impatiences. Il me jouait des tours
que je ne prenais pas toujours très bien. Que de fois, en
rentrant de récréation, je trouvai mon pupitre bouleversé,
mes livres en désordre: Fournier avait passé par là. Je lui
en voulais de tout mon cœur !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mais il tenait à moi et peu à peu la sincérité de son attachemënt m'apparut, me convainquit, apaisa mes résistances.
C'est aussi qu'à côté de son indiscipline, tout un autre aspect
de son caractère se révélait ;\. moi, lentement, que je ne
pouvais qu'aimer. Sous ses dehors indomptés, je le dtcouvrais tendre, naïf, tout gor.gé d'une douce sève rêveuse,
infiniment plus mal armé encore que moi, ce qui n'était
pas peu dire, devant la vie.
Le parc de Lakanal, qui fut celui de la Duches~ du
Maine et de la Conr de Sceaux, est un endroit merveilleux;
il dévale lentement vers Bourg-la-Reine. La. grande allée
vient aboutir à une grille qui donne sur un chemin peu
fréquenté; u11 banc la termine, ou, parmi toute cette banlieue, on peut .avoir l'illusi.on d'un peu de solitude. C'est
sur ce banc que chaque jour, pendant l'heure de récréation
qui suivait le déjeuner, je venais m'asseoir avec Fourn1er.
Nous avions de grandes conversations. Il me parlait de
son pays avec une sorte de passion. Il était né I àLa Chapelled' Angillon, un petit chef-lien de canton d~ Cher, à une
trentaine de kilomètres au nord de Bourges, sur les confins
de la Soloone
et du Sancerrois, en plein centre de la France.
0
•
Mais c'est surtout d'Epineuil-le-Fleuriel, un plus petit
village encore, situé à l'autre extrémité du département,
entre Saint-Amand et Montluçon, où ses parents avaient
été longtemps instituteurs et où il avait passé toute sa
première enfance, qu'il me faisait des descriptions enthousiastes et presque amoureuses. Je reconstituais sa vie de petit
paysan dans cette campagne sans pittoresque, lente, pure
et copieuse et dont les aspects s'étaient comme incorporés à
son âme : je me rendais compte de ce qu'a.vait été cette
enfance alimentée par la précieuse ignorance de tout autre
paysage au monde que celui qu'on pouvait découvrir des
fenêtres de l'école. Quelle estacade que cette solitude pour
les voyages de l'imagination!
1.

Le 3 octobre 1886.

ALATh!-FOURNTER

1147

En effet, entraîné aussi, il faut le dire, par la lecture effrénée
des livres de prix que recevaient ses parents chaque année
vers le début de juillet et dont, s'enfermant au grenier avec
sa sœur, il consommait l'entière provision avant qu'ils ne
fussent distribués, Fournier s'était mis très tôt à imaginer
l'inconnu et à le chercher. Comme il était naturel, dans
ce plein milieu des terres, devant son horizon immobile,
il s'était particulièrement épris de l'océan. Au point qu'il
avait décidé Yers treize ans de se faire officier de marine.
Après un séjour à Paris, au lycée Voltaire, il avait été à
Brest pour préparer l'examen du Borda. Mais les mathématiques l'avaient rebuté et, au bout d'un an, laissant, le cœur
gros, échapper, comme un infidèle oiseau, son premier rêve
d'aventure, il était rentré dans son pays.
Il s'était tourné alors vers les lettres et était venu à Lakanal en faire l'apprentissage.
Il ne les choisissait donc à ce moment que comme nn
pis-aller. C'est qu'au fond il ne les avait pas encore, non
plus que moi d'ailleurs, découvertes. Je date des environs
de Noël 1903 la révélation qui nous en fut faite en même
temps à'i'un et à l'autre. Pour nous remercier du compliment traditionnel que nous lui avions adressé avant le
départ en vacances, notre excellent professeur, M. Francisque Vial, à qui mon éternelle reconnaissance soit ici
exprimée, nous -fit une lecture du Tel qu'en songe d'Henri
de Régnier:
f ai crtt voir ma Tristesse - dit-il - et je l'ai vue
- Dit-il plus bas Elle était nue,
Assise dans la grolle la plus silencieuse
De mes plus intérieures pensées, ... etc .

Puis :
En allant vers la ville où l'on cbanfe a,ix terrasses
Sous les arbres en fleurs comme cies bonq11ets de fia11,ks ...

�.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les grands vents venus d'autre-mer
Pas.sent par la Ville, l'hiver,
Comme des étrangers amers ...

Et ces deux vers enfin qui tombèrent en nous comme
une lente pierre dans une eau troublée :
Pauvre âme,
Ombre de la tour morne aux murs d' obsidiane !
Nous nous étions déjà penchés sur .des textes admirables ; nous y avions senti par instants palpiter quelque
chose de tendre et d'exquis ; mais la gangue scolaire qui
les entourait, emprisonnait aussi leur sortilège.
Et puis ni Racine, ni Rousseau, ni Chateaubriand, ni
même Flaubert ne s'adressaient à nous, jeunes gens de
r 903 ; ils parlaient à l'humanité universelle; ils n'avaient
pas cette voix comme à Favance dirigée vers notre
cœur, que tout à coup Henri de Régnier nous fit entendre.
Nous tombions, sans avoir même su qu'il en existât
de tels, sur des mots choisis exprès pour nous et qui
non seulement caressaient nommément notre sensibilité,
mais encore nous révélaient à nous-mêmes. Quelque chose
d'inconnu, en effet, était atteint dans nos âmes ; une harpe
que nous ne soupçonnions pas en nous s'éveillait, répondait ; ses vibrations nous emplissaient. Nous n'écoutions
plus le sens des phrases ; nous retentissions seulement,
devenus tout entiers harmoniques .
. Je regardais Fournier sur son banc; il écoutait profondément ; plusieurs fois nous échangeâmes dés regards
brillants d'émotion. A la fin de la classe, nous nous précipitâmes l'un vers l'autre. Les forts en thème ricanaient
autour de nous, parlaient avec dédain de « loufoqueries ».
Mais nous, nous étions dans l'enchantement et bouleversés d'up enthousiasme si pareil que notre amltié en fut
brusquement portée à son comble.

ALAIN-FOURNIER

Dès la rentrée de janvier, délaissant les occupations dites
sérieuses et la préparation de l' « Ecole &gt;&gt;, nous achetâmes
les œuvr_es de Henri de Régnier, de Maeterlinck, de ViéléGriffin et nous les dévorâmes.
Je ne sais s'il est possible de faire comprendre ce qu'a
été le Symbolisme pour ceux qui l'ont vécu. Un climat
spirituel, un lieu ravissant d'exil, 0u de rapatriement
plutôt, un paradis. Toutes ces images et ces allégories,
qui pendent aujourd'hui, pour la plupart, fiasques et
défraîchies, elles nous parlaient, nous entouraient; nous
assistaient ineffablement. Les &lt;c terrasses », nous nous y
promenions, les cc vasques», nous y plongions nos main~
et l'automne perpétuel de cette poésie venait jaunir délicieusement les frondaisons mêmes de notre pensée.
Où le Griffon a-t-il enterré le Saphir ?

Nous y eussions condui~ sans hésiter le premier de ces
chevaliers masqués, surgis aux lisières ou près des sources
apparus, qui nous eût demandé le chemin.
Nous ne connaissions encore ni Mallarmé, ni Verlaine,
ni Rimbaud, ni Baudelaire. C'était dans le monde plus
vague et plus artificiel construit par leurs disciples, que
nous nous mouvions, sans soupçonner qu'il n'était qu'un
décor qui nous cachait la vraie poésie.
'
***

Pourtant des différences non pas tant de goùt que de
prédilection ne tardèrent pas à apparaître entre Fournier
et moi. Tandis que je mettais au premier plan Maeterlinck, pour la profondeur philosophique que je lui attribuais libéralement, et plus tard Barrès, dont l'idéologie me
ravissait, Fournier élisait avec une affection farouche
Jules Laforgue d'abord, ensuite Francis Jammes. Ces
deux admirations qui le prirent vers 1905, valent la peine
d'être analysées, car elles sont révélatriœs de certaines
tendances très profondes de son esprit.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Que n,ai-je pas dit et surtout écri.t à Fournier contre
Laforgue ? Il m'agaçait; je le trournis pleurard et pédant;
je ne comprenais rien à ses souffrances ; je ne m'en expliquais pas la cause. Fournier le défendait avec acharnement et je vois bien maintenant tout ce qu'il découvrait
de lui-même dans le pauvre blessé des Complaintes.
&lt;&lt; Blessé, mais amoureux, me répondait-il justement
lui-même dans une des nombreuses apologies qu'il me
fit de son héros 1 , blessé mais orgueilleux. Blessé, mais
d'une si grande douceur de cœur. Blessé, parce que tout
cela ; et ironique parce que blessé et seulement pour
cela. Il n'a jamais été que le jeune homme timide (à ne pas
pouvoir passer devant une &lt;&lt; dame &gt;Ï sans tomber), et qui
a répété toute sa vie :

Ob! qu'u11e, d'elle-même, wt beall soir, srit venir,
Ne voyant qlle boire à mes lèvres et mouri"i-. &gt;&gt;
Fournier était tout à fait exempt de cette timidité extérieure et physique qu'if attribue ici à Laforgue, mais il en
avait une plus secrète, à base de tendresse et d'orgueil,
qui ne le paralysait pas moins. Comme Laforgue, il avait
un immense besoin de la Femme, mais aYant tout comme
d'un calmant pour sa susceptibilité frémissante ; il ne
supportait pas l'idée d'être à découvert devant elle, en
butte à ses flèches, déconcerté, malmené ; une pureté et
une innocence parfaites en elle étaient indispensables à la
formation de son amour.
Il lui fallait l'union des àmes avant celle des corps et
un certain absolu d'affection où se plonger. Toutes les
exigences de Laforgue, il les reconnaissait pour siennes.
Et aussi les déceptions, car il n'était pas sans se rendre
compte confusément de ce que son rêve avait d'.irréalisable. Il en éprouvait d'avance cette même irritation
désolée qu'il voyait chez Laforgue se tourner en ironie.
« Ironique parce que blessé et seulement pour cela. i&gt;
1.

Lettre du

22

janvier 1906.

ALAIN-FOURNIER

Laforgue devait lui servir comme d'une vengeance anticipée contre cette étrange nation des femmes à laquelle il
avait la plus étrange idée encore d'aller demander du
bonheur. Il avait à ce moment-là des relations, tout à
fait pures d'ailleurs, avec une petite étudiante, qu'il accompagnait chaque dimanche et tâchait de former suivant son
idéal. Il ne chercluüt pas trop à la transfigurer à mes yeux ;
mais je sentais quelque chose en lui, dès ce moment, se
débattre contre les bornes par trop précises qu'elle infligeait à son imagination ; il la lui fallait déjà plus sincère,
plus candide surtout qu'elle ne pouvait être. Et de ses
petitesses, de ses coquetteries il souffrait comme d'autant
d'injustices qu'elle eût commises envers lui.
Pourtant il ne faudrait pas se représenter Fournier
comme dominé par le scepticisme moral ou le dépit,
ni comme dépourvu de tout réalisme ; à ses chanceuses
aspirations le goût des choses concrètes formait dès ce
moment contrepoids.
Déjà chez Laforgue il n'admirait pas seulement l'exilé en
ce monde ni l'amant tyrannique et craintif. Voulant me le
faire comprendre et aimer, c'est toute une série d'impressions de nature, choisies au hasard des pages, qu'il recopiait
pour moi dans une de ses lettres :
«0

cloîtres blancs perdus, ..

. - Soleils soufrés croulant dans Ier bois dépoi,itlés ...
... Paris I ses vieux dimanches
dans les quartiers tannés o,i regardent des brancbes
par-dessus les murs des puzsi01mats, etc. , ,,

Dès ce moment il· demandait à la poésie une certaine
traduction en langage clair et insaisissable, de la phis
humble réalité. C'est pourquoi Jammes, que nous avions
découvert dans !'Angélus de l'aube ... , l'avait du premier
coup enchanté.
1.

Lettre du zz janvie: 1906.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Toute la campagne, non pas celle qu'on visite, mais
celle où Fournier était né et dont il sentait l'imprégnation,
revivait dans ces lignes un peu tremblantes, privées de
toute architecture interne que Jammes traçait, les unes
au-dessous des autres, d'une main paisible et maladroite
exprès. La façon dont les mots y venaient, à leur place
physique plutôt que significative, et dont ils incarnaient les
animaux, les arbres, les métairies, en suggérant simplement l'odeur, la couleur ou la forme; la peintur~ de
chaque heure du jour, avec son soleil propre et l'exacte
déclivité des ombres ; ces vers si tangibles que certains
pouvaient être tenus entre les mains comme une gaule,
d'autres froissés dans les doigts comme une feuille de
menthe, - toute cette poésie matérielle et pure l'enchantait.

Nous ne séparerons pas la vie d'avec l'art.
Fournier s'empara tout de suite de ce vers faux,
ou mal cadencé, et le fit marcher longtemps, à clochepied, en avant-garde de son œuvre, comme un chemineau
et comme un guide.
Ce fut appuyé sur Jammes qu'il commença à se révolter
contre l'intelligence, c'est-à-dire, dans son esprit, contre la
culture des idées, contre l'effort pour définir, contre le
jugement qui exclut. Barrès, en qui je me complaisais
à ce moment et qu'il fit effort pour aimer avec moi, dans
le fond l'exaspérait : cc Je t'ai dit une fois pour toutes
que je trouvais parfaitement vain ce travail de mise en
formules... Je préférerai, moi, toujours m'arrêter pour
parler de la « mer méridionale éperdument bleue i&gt; - ou
de la batteuse que j'entends ronfler dans les champs derrière moi comme pour me dire que c'est encore l'été encore un peu de tout cet été que je n'ai pas vécu '. ii
Et plus tard : « Je me dégoûte d'écrire ainsi tant de petites
1. Lettre du 23 septembre 1905.

ALAIN-FOURNIER

théories, de petits jugements, de longues phrases qui ne
riment à rien. Alors que lentement, longuement, silencieusement je devrais chercher en moi des mots brefs et
légers qui disent le passé ou la vie '. »
Il avait commencé d'ailleurs, depuis assez longtemps
déjà, à les chercher, cc ces mots brefs _et légers i&gt;, dont it
devait plus tard trouver une si délicieuse et expressive
foison. Peu de temps après notre · découverte du Symbolisme, il s'était mis à écrire des vers. Rien de plus curieux
que ces premiers essais d'Alain-Fournier. Je dois avouer
à ma honte que je ne sus pas y reconnaitre sa vocation.
C'est aussi qu'ils révélaient tout autre chose que le
poète qu'on était porté naturellement à y chercher. Aucune image vraiment neuve, aucune transformation vraiment chimique du monde par les mots ; les objets n'y
devenaient jamais autres et saisissants ; un doux courant
les entraînait comme des fleurs intactes, - un courant
facile et faible comme la rêverie 2 • •
Je recopie ici, à titre d'exemple, non pas le meilleur mais
le plus important - je dirai en quoi tout à l'heure - deces poèmes :
A TRAVERS LES - ETÊS •••.•

(A une jeune fille.)

Attendue
A travers les étés qui s'ennuient dans les cours
en silence
et qui pleurent d'ennui,
Sous le soleil ancien de mes apres-midi
I.

Lettre du

2.

« Les premiers vers que j'ai faits, m'écrivait Fournier lui-mên,e-

22

jan ver r 906.

dans une lettre du 22 août 1906, étaient surtout la découverte extasiée
de deux ou trois mots auxquels je ne pensais plus et de tout ce que
leur son réveillait en moi : &lt;&lt; Angélus... aubépine... après-midi .•
civière ... ou voiture à chien. &gt;&gt;

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lourds de silence
solitaires et rêveurs d'amour
d'amours sous des glycines, à l'ombt:-e~ dans la cour
de quelques tnfi,Ùons calmes et-perdues sous les branches,
A travers nies lointains, ines enfantins étés,
ceux qui rêvaient d'amour
et qui pleuraient d'enfance,
-V:Ous étes 1Jentte,
une après-midi chaude dans les àvetmes,
sous une ornbrelle blanche,
avec un air étonné, sérieux,
un peu
penché oomme mon enjance,
Vous êtes vmue sous une ombrelle blanehe.
Avec toute la surprise
inespérée d'être venue et d'être bknde,
de vous être soudain
mise

sur mon chemin,
et soudain, d'apporter la fr.aîcbeur de v.os mains
avec, dà11s vos cheveux, tous tes étés du Monde.

*

Vous êtes venue :
Tout mon rêve au soleil
N'aurait jamais ose vous espérer si belle,
Et pourtant, tout de suite, je vous ai reconnue.
Tout de suite, près de v.ous, fière et très demoiselle,
et une vieille dame gaie à votre bras,
il rn'a semblé que vous m! conduisiez, à pas
lents, un peu, n'est-ce pas, un peu sous vbtre ombrelle,
à la maison d'Eté, a mon rêve d'enfant,

li quelq11e maison calme, avec des nids aux toit-s,
.tt l'ombre des glyti.nes, dans là cour, sur le pas
de la porte - quelque maison à deux tourelles
avec, peut-être, un nom comme les livres de prix
qu'on lisait en Juillet, quand on était petit.

ALAIN-FOURNIER

Dites, vous m'emmeniez passer l'après-midi
Oh ! qui sait où? - à la « Maison des Tdurtereltes ».
*
Vous entriez, là-bas,
dans tout le piail1ement des moineaux sur le toit,
dans l'ombre de la grille qui se ferme. - Cela
fait s'ejfeuiller, du mur et des rosiers grimpants,
les pétales légers, embaumés et brûlants,
couleur de neige et couleur d'or, coµ,leur de feu,
sur les fleurs des parterres et sur le vert des bancs
d dans l'allée comme un chemin de Fête-Dieu.
Je vais entrer, nous allons suivre, tous les deux,
avec la vieille dame, l'allée où, doucement,
votre robe, ce soir, en la reconduisant,
balaiera des parfums cou.leur de vos cheveux.
Puis recevoir, tous deux,
dans l'ombre du .salon,
des visites où nous dirons
de jolis rienr cérémonieux.
Ou bien lire avec vous, auprès dn pigeonnier,
sur un banc de jardin, et toute la soirée,
aux roucoulements longs des colombes J»Ureuses
ef.c{J.{,hées qui s'ejf.arent de la page t.ournée,
lire;, avec vous, a l'ombrt, sous le rnarr-onnùw,
un romand'autrefo.is, ou « Clara &lt;f Ellébeuse.. n.
Et rester là, jusqu'au diner, jusqu'à la nuit,
à l'heure où l'on entend tirer de l'eau au puits
et jouer les enfants rieurs dans les sentes fraîchies.

C'est Là ... qu'auprès de-vous, oh ma lointaine,
je m'en allais,
et vous n'alliez,
avec mon rêve sur vos pas,
qu'a mori rêue, là-bas,
ir. ce château dont vous étiet, douce et hautaine,
la châ-telaine.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE -

C'est Là - que nous allions, tous les deux, n'est-ce pas,
ce Dimanche, aParis, dans l'a11enue lointaine,
qui s'était faite alors, pour plaire à notre rêve,
plus silenciwse, et plus lointaine, et solitaire ...
Puis, sur les quais déserts des berges de la Seine ...
Et puis après, plus près de vous, sur le bateau,
qui faisait un bruit calme de machine et d'eau ...
*

* *

I

Evidemment j'aurais dû comprendre ; j'aurais dû dém~ler ce que Fournier lui-même d'ailleurs n'apercevait pas
encore à ce moment: que c'était là l'exercice d'un conteur,
et non -d'un poète.
Le vers libre y était adopté par Fournier sous l'influence
sans doute des Symbolistes, mais surtout comme un moyen
de suivre exactement les phases d'un récit. Il me semble
qu'on le sent ici s'entraîner à conter. Il ne s'est pas encore
arraché à ses impressions; il cherche encore à nous les
imposer telles quelles (et avouons franchement qu'il n'y
réussit guère); mais déjà, malgré lui peut-être, elles s'analysent, elles perdent la densité poétique et prennent la
forme d'une énumération. Des faits, des événements
percent sans cesse au travers des spectacles; un dynamisme
se fait sentir sous l'enveloppe émotive; des moments sont
distingués; le présent, le futur viennent tout naturellement
remplacer le passé :
Je vais entrer, nous allons suivre tous les deux
avec la vieille dame, l'allée, où doucement,
votre robe, ce soir, en la reconduisant,
balaiera des parfums couleur de vos cheveux.
D'ailleurs le thème du morceau n'est-il pas une &lt;c aventure &gt;i déjà? Et cette aventure, ne la reconnaissons-nous
pas ? N'est-ce pas, avant la lettre, la rencontre de Meaulnes
et d'Yvonne de Galais ? Plusieurs détails du récit définitif

ALAIN-FOURNIER

figurent déjà dans le poème : la vieille dame dont la jeune
fille est accompagnée, l'ombrelle de celle-ci) sa démarche
le titre de châtelaine qui lui est donné en passant· même'
1e dermer
· vers se retrouvera textuellement dans le ' chapitre'
de la Promenade sur l'étang.
I:ne seule différence importante : au lieu de se passer
entièrement dans un « domaine mystérîeux », la scène est
d'abord située à Paris. Ce n'est que par l'imagination que
le poète la transporte par instants à la campagne.
Ce point s(;rait sans intérêt s'il ne nous permettait de
~e~o~ter plus haut que le poè121e ici analysé, jusqu'à
1ongme dans la réalité de l'aventure qui en fait les frais
ju~qu'à l'événement de la vie d'Alain-Fournier qui a donné
naissance au Grand Meaulnes .
Il est si délicat, si fragile que j'ose à peine le toucher
avec des mots ; je crains de le briser en le racontant.
Pourtant ses répercussions sur toute la vie sentimentale
et même intellectuelle de Fournier furent infinies.
J'ai dit combien il était exigeant, en pensée, à l'égard
des femmes et quelle perfection il leur réclamait comme
son dû. Il avait été bientôt las des trop pauvres satisfactions
que pouvaient lui offrir celles qui étaient à sa portée.
~t-ce une exaspération de son attente qui la lui fit
croire tout à coup comblée ? Ou bien alla-t-il instinctive.ment ~hercher un objet inaccessible qui ne pourrait le
dé~evo1r? Ou bien la vie vint-elle réellement, comme il
arnve, au-devant de son imagination et lui présenta-t-elle son
rêve authentiquement incarné ?
~e fait est simplement qu'il rencontra un jour, dans
Pans, au Cours la Reine, une jeune fille merveilleusement
belle qu'il suivit, dont il obtint par mille ruses le nom et
l'adresse, qu'il retrouva et, bien qu'elle eût l'air extrêmement réservée, aborda. Le miracle est qu'il obtint d'elle
quelques mots de réponse qui purent lui donner à croire
~u'il n'était pas dédaigné. Et il sentit que l'étrange apparit10
· 1a1re
r •
n devalt
un effort sur elle-même pour briser
42

�6 58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'entretien et lui dire : « Quittons-nous ! Nous avons fait
une folie. »
Des années passèrent sur cette rencontre sans effa~er
l'impression que Fournier en avait reçue; au contra1re
elle alla en s'approfondissant.
La jeune fille avait quitté Paris; Four?1er eut _beaucoup
de peine à retrouver sa trace ; et quand t1 y parv1~t, longtemps plus tard, ce fut pour apprendre, avec un immense
désespoir, qu'elle était mariée.
.
Ayant suivi Alain-Fournier depuis son adol~sc:nce JUSqu•à sa mort, )e puis dire ~ue cet évé_ne;°~nt s1 d1:cret ;ut
l'aventure capitale de sa vre et ce qu1 1 alimenta 1usqu au
bout de ferve-ur, de tristesse et d'extase. Ses autres amours
n'effacèrent jamais celui-là, ni même, je crois, n'i~téressèrent jamais les mêmes parties de son âme. ~ vo!a1t tou:
jours· la parfaite jeune fille_ pen~hée s~r lm ; 11 ne. lm
demandait pas de se caracténser 01 de lm révéler ses différences• if n'avait aucun besoin, dans le fond, de la connaître ~u sens complexe et dangereux du mot ; il lui
suffisait qu'elle fût impossible comme la vie; elle non
plus, n'était&lt;, peut-être pas tout à fait un être réel~ : c'est_ par
quoi, en le comblant d'amertume, elle le consolait aussi.

II
J'avais quitté LakanaJ au mois de _juillet I 90~, aya~t
obtenu une bourse de licence en provmce. Fournier étatt
alîé passer ses vacances en Angleterre, puis· était rentré au
lycée pour une troisième année de &lt;r cagne ». Nous resümes séparés pendant deux ans.
Mais de cette séparation naquit une énorme correspondance qui me permet aujourd'hui de suivre rétrospectivem~nt le développement de mon ami pendant cette
période. ·
Ce fut, à coup sûr, une de celles où sa pensée fut le plus

ALAIN-FOURNIER

active, celle où son talent se nourrit, se forma. Tout le
poids dont l'accablait la « préparation de l'Ecole », pour
laquelle il n'était abso-lument pas doué, et qui était pour
l~i un véritable €auchemar, ne l'empêcha pas de lire,
m de pomper autour de lui tous les sucs dont il avait
ôesoin.
Il s'assimila Claudel, Gide, Rimlxmd, Ibsen, acheva de
digérer Laforgpe et Jammes. En Angleterre, il s'était épris
des Préraphaëlites. La peiamre l'intéressait, mais par les
-côtés, il faut bien le dire, où elle touchait à la littérature.
A Paris, il se mit à visiter les salons: Maurice Denis et
Laprade lui donnèrent de grandes émotions. IJ croyait
découvrir dans leurs toiles les paysages purs et dés spérés
qu'habitait naturellement son âme&gt; qu'il voulait à son tour
évoquer.
En toutes ses admürations de œtte époque, d'ailleurs,. et
même de t~:mjours, on sent un fort coefficient subjectif: il
se cherche au travers de ce qui l'enthousiasme; il poulisuit
surtout des exemples, des permissions.
Un moment il plie et s'effondre presque sous Oaudel ;
mais on le voit d'une lettre à l'autre se démener sous
1'ênorme avalanch·e, se rassembler,, se saisir : c&lt; Claude1,
sécrie-t-il, apprends-moi à penser et à écrire selon moi, à
moi qui sem.s selon moi 1 ». Et dans la lettre suivante iJ
note la leçorr et l'encou_ragement qu'il croit avoir reçu 'du
poète de Tête d:Or : « Il m'a renforcé ... dans cime conviction qne j'ai toujours eue ... que je ne serai pas moi tant
que j'aurai dans: la tête une phrase de livre, - ou, plus
exactement, qtt€· tout cela, littératlMi'e classique ou mo derne,
n'a rien àl voir avec ce que je suis et que j'ai été. Tout
tffort pour plier ma pensée à cela est vicieux. Peut-être
faudra+il longtemps etde rudes effotrts pour que, profondément, sous les voiles littéraires, ou philosophiques q:ue je
lui ai mis, je retrouve ma pensée à moi, et pour qu'alors à
I.

Lettre du 7 mars 1906.

�L.-. NOUVELLE REVUE FR,ANÇAJSE

660

genoux, 1e me penche sur elle et je transcrive mot à
mot 1. »
Il est difficile, tant elles sont nombreuses et riches, de
mettre en ordre toutes les découvertes que Fournier fit sur
lui- même, ou plutôt sur son talent et sur les conditions
de sa création, pendant ces deux ou trois années.
Les plus générales d'abord : il comprend, lui qui vient
de s'épanouir, au milieu et par le moyen de la littérature
la plus ésotérique, la plus aristocratique peut-être qui ait
jamais été, - il comprend que ses sources d'inspiration
sont d'ordre populaire, qu'il doit obéissance à son hérédité
paysanne et que c'est du milieu dont il sort que monteront
à son esprit les vrais thèmes de son œuvre future. Toutes ses
lettres sont pleines de descriptions de son pays, de grands
récits de promenades, de conversations avec des paysans qu'il
me rapporte méticuleusement : « Il me répondait, dit-il de
l'un d'eux, avec une grossièreté, et une lenteur, et une
prudence qui me prenaient le cœur 2 • » Et plus loin : « Je
voudrais dire avec le même amour les injures de celui qui
veut qu'on ferme les barrières de ses prés, et qui n'est que
haine déchaînée - et les paroles du braconnier que, revenant en retard, nous avons rencontré, poussé, le long de
la baie, par l'orage menaçant et le vent rouge, vers la nuit
d'août t0mbée, etc. i » Et dans la même lettre encore :
« Je voudrais m'adresser à la campagne, comme les Goncourt à Paris : « 0 Paris ... , tu possèdes ... » Je veux au
moins dire que si j'ai connu moins que les autres ces
inquiétudes de jeunesse, ces angoisses sur mon moi, ce
désarroi du déracinement, c'est que j'ai toujours été sôr de
me retrouver avec ma jeunesse et ma vie, à la barrière au coin d'un champ où l'on attelle deux chevaux à une
herse.. . Et jamais plus que cette année de douloureuse
sécheresse, je ne l'ai trouvée aussi compatissante, sympa1.

Lettre du

2.

Lettre du 3 septembre 19()6.

3. 1/xd.

21

mars

1&lt;)06.

ALAIN-FOUJU IER

661

thisame ... avec ses pardons pour ma fièvre, ses airs de
connaître mon mal comme la lavande connaît les plaies
d'être accoutumée à moi comme je suis terrestremen;
accoutumé à sa compagnie 1 • &gt;&gt;
Cette parenté avec les champs, que j'avais tout de suite
sentie en lui, dont Jammes plus tard l'avait aidé à mieux
prendre conscience, il commence à l'éprouver comme une
incitation à créer. Elle prend un sens positif, actif; elle
veut se développer et se dire.
Aussi comme il est hostile à tout ce qui pourrait le séparer de sa terre et plus généralement du monde vivant, des
êtres paniculiers, de l'immense règne du concret! J'ai déjà
noté plus haut sa répugnance, sa résistance à tout effort
critique et l'espèce de mauvaise humeur avec laquelle il
repoussait mes tentatives pour emprisonner le réel dans des
formules. Elles vont croissant.
Contre un ami à qui il s'était confié et qui avait cru lui
faire p~aisir en reconnaissant et en étiquetant chaque trait
de lui-même qu'il lui révélait, Fournier se ré,·olte :
« C'est moi-même qu'il veut à toute force comprendre et
même réfuter. Je suis loin, moi, d'avoir la même ambition
à son égard 1 . »
Et en effet s'il écrit : « Le principal est évidemment
mon horreur, ma frayeur d'être classé, JJ, c'est vrai qu'il
n_e cherche jamais non plus à cerner, à classer, ni même à
situer dans le plan intelligible, ni les autres, ni aucun
aspect du monde: « J'ai le mef',·eilleux pouvoir de sentir.
Toutes choses ne m'ont été connues que par l'impres-

1. Lettre du 3 septembre 19()6. La dernière phrase est une allusion
à un passage des Muses de Claudel.
2 . Lettre du 17-19 février 1900.
3- Même lettre. Et ailleurs: « Tous ceux qui ont voulu s'occuper de
m~ vie m'on_t froissé. » (Lettre du 9 novembre 19()6). « Surtout il faut
fu1_r ceux qm se prétendent vos amis, c'est-à-dire prétenJent vous conn~ttre et vous explorent brutalement. » (Mème lettre). « Qu'on me
l:usse ma cervelle à moi 1 » (Lettre du 29 janvier 1900).

�662

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sion qu'elles laissaient sur mon cœur. Aussi ne les ai-je pas
dîstinguées •. &gt;J
Fournier aperçoit un inconvénient grnve pour lui dans
toute opération de discernement ou même d'abstraction ;
eile isole, elle brise un contact, pense-t-il. Et c'est de
contact avec les choses, avec les gens qu'il a d'abord
besoin : « Puisque l'ignorance qui accepte est à mon avis
plus près de la vérité que n'importe quoi, et puisque,
selon toi, l'ignorance est la source des émotions infinies
(je n~avais pu formuler que par erreur une telle opinion
que toute ma nature démentait), je te demancie : Pourquoi ne pas se laisser aller tout de suite à cette ignorancelà ~ ? &gt;&gt; Et dans la même lettre : (&lt; Ne rien - même au
fond - mépriser. S'y fondre, s'y confondre, s'y mêler.
Y conformer sa pensée. Et la perdre ailleurs, le lendemain.
Il n'y a d'atroce dans la vie que notre, nos façons de la
voir - quand nous y tenons. »
Au fond, c'est sa vocation de romancier qui se révèle à
Fournier, déjà, au travers de son go{1t pour l'ignorance.
S'il se -dérobe à toute per:ception et à toute énonciation du
général, c'est parce qu'il entend s'établir sur le plan même
de la vie et dans une soi:te de commun niveau avec les
êtres particuliers.
et Il n'y a d~art et de vérité que du particulier 1 », écritil. Et déjà, bien plus tôt : « Je ne crois qu'à la recherche
l~ngue des mots qui redonnent l'impression première et
complète. )) cc f ai toujours désiré quelque chose qui
touche (dans le sens de toucher à fépaule), qui arrête et
qui évoque 4. » Et ailleurs encore: &lt;&lt; Je puis, des années,
avoir conçu les idées les plus claires, elles ne me sont rien
t;mt que je ne les ai pas senti passer de mon intellect à

r. Lettre du 9 novembre I9{)6.
Lettre ·du r9 février 1,00.
3. Lettre du 23 septembre 1905.
4. Lettre du I'5 août r 906.

ALAIN-FOURNIER

cette partie de moi où les choses sont plus obscures et
impossibles à exprimer sinon par l'énoncé difficile, ému,
surhumain de tout leur détail '. &gt;&gt;
Il réclame le droit d'aller trouver chaque être, à sa place,
sans aucune intention ni .ambition préalables, et simplement pour l'y vivifier de son amour et de son imagination ;
« Je crois que toute vie v~ut la peine d'être vécue. On
les évalue, on méprise les unes, 011 glorifie les autres,
parce que peut-être on en fait arbitrairement les parties
dtun tout, d'une société, d'un monde idéal, q_ui 11'a
pas plus de raison d'être sous le soleil que tel ou tel
autre 2 • &gt;&gt;
Déjà l'on a vu comment il fait sortir et pour ainsi dire
engendre au courant de la plume des personnages à la fois
précis et n:ystérieux, que sa lettre m'apporte fragilement,
comme enrobés encore de sa prédilectfon. Il y aurait de
longs passages exquis-à citer.
Toute rencontre l'émeut, toute vie entr'aperçue; il la
reconstruit aussitôt, dans son paysage, sous sa lumière,
avec sa vibration; il s'attendrit sur elle, il épanche sur elle
le flot de son admiration, pour mon goût un 1Jeu tro_p
compati,ssante et aveugle. Je lui reproche de temps en
temps son excès de sensibilité, que j'-appelle sans ménagement de la sensiblerie. Il se gendarme, comme si je voulais tarir une .source en lui.
C'est vra.i, pourtant, à cette époque, qu'il a l'émotion un
peu facile devant tout ce qui se présente avec humilité ou
insignifiance; les profondeurs qu'il veut y-voir, je n'y comprends rien. Je suis froissé par sa tendance à tout transfigurer ; je ne sais _pas y reconnaître ~e don protiigie.ux qui
est en train de lui venir, de rendre à chaque objet sa dose
latente de merveilleux.
Lui~ pourtant (c'est 1a seconde des dècouvertes qu'il fait

2.

1.

2.

Lettre &lt;lu ·21 avril 1906.
Lettre du 23 septembre 1.905.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sur son talent), le sent déjà se former en lui et devine tout
le parti qu'il pourra en tirer.
Ou plutôt il aperçoit, il sait que s'il lui faut rester en
communion avec la vie particulière, ce n'est pas seulement
pour la bien observer et la bien décrire ; Je naturalisme
n'est pas son fait ; l'entbousiasme que lui a donné un
moment Germiuie Laccrteux, est sans lendemain'.
Autant qu'à l'abstraction, il répugne à la reconstruction
littérale et intégrale de ses modèles. En fin de compte ce
n'est pas du tout l'épaisseur des objets, ni le volume des
âmes qu'il va tâcher d'exprimer. 11 n'en prendra que la plus
mince pellicule, et tout de suite leur fournira une autre
chair, comme immatérielle.
L'opération est si particulière et si étrange qu'il faut
alléguer le plus de te.1ttes possible pour la faire bien comprendre : cc Ce pouvoir de ne sentir « des choses que la
fleur » était devenu maladif, cette fin d'été doulou1eux, à
force de subtilité. j'ai revu en rentrant ici le portrait idéal
de la Beata Beatrix par Rossetti et l'impression idéalement exquise m'a immédiatement, inconsciemment et
invinciblement suggéré les bords du Cher, que je n'ai
pas vus depuis dix aus, avec leurs déserts de saules
et de vase. Comment dire cela? C'est venigineusement
particulier. Cette odeur sauvage et unique et brutalement
réelle et le regard idéal de Beatrix c'était, c'est encore tout
un pour moi, pour je ne sais quelle fibre de mon cœur. Arriver à reconstruire ce monde particulier de mon cœur
qui ne sera compréhensible que quand il sera complet r. &lt;c Ces jours-ci j'ai été amené à méditer sur le Réalil;me. Je vois
que c'est encore une formule à travers laquelle on examine le monde.
Un peu de science et le plus possible de « vérités &gt;J médiocres et courantes : on bâtit le monde làadessus et le tour est joué. Le principe du
réalisme, c'est ceci : se faire l'âme de tout le monde pour voir ce que
voit tout le monde ; car ce que voit tout le monde est la seule réalité.
Je me demande comment nous avons pu tous nous laisser prendre à
une théorie aussi grossière. 11 est vrai que c'était un échelon. » (Lettre
du 2. avril 1907).

ALAIN-FOURNIER

où toutes les réalités, à cause du cœur oô elles sont passées,
seront pures comme des idées '. )&gt;
Donc lien, par suite de perception simultanée, du particulier et de l'idéal, autrement dit : sublimation immédiate, sans le secours de l'intelligence, de l'objet concret.
Le résultat sera une transpositi011 comme automatique de
tout le spectacle abordé par l'espr.it du romancier dans un
monde quasi-surnaturel :
cc Pour le moment je voudrais plutôt [que de Dickens ou
des Goncourt] procéder de Laforgue) mais en écrivant
ttn roman. C'est contradictoire; ça ne le serait plus si on
ne faisait, de la vie avec ses personnages, que des rêves
qui se rencontrent. J'emploie ce mot rêve parce qu'il est
commode quoique agaçant et usé. J'entends par rêve :
vision du passé, espoirs, une rêverie d'autrefois revenue qui
rencontre une vision qui s'en va, un souvenir d'aprèsmidi qui rencontre la blancheur d'une ombrelle et la fraî•
cheur d'une autre pensée. - Il y a des erreurs de rêve, de
fausses pistes, des changements de direction, et c'est tout
ça qui vit, qui s'agite, s'accroche, se lâche, se renverse. Le
reste du personnage est plus ou moins de la mécanique sociale ou animale - et n'est pas intéressant.
Ce que je te dis là semble l'énoncé de vérités séculaires
et banales sous une forme tant soit peu différente.
Mon idéal c'est justement d'arriver à rendre cette fomw,
cette façon d'énoncer la vie tangible dans des romans,
d'arriver à ce que ce trésor incommensurablement riche de
vies accumulées qu'est ma simple vie, si jeune soit-eJle,
arrive à se produire au grand jour sous cette forme de
« rêves .» qui se promènent 2 • »
Aussi Fournier admire-t-il dans Tess d' Urberville « ces
trois filles de ferme amoureuses, si simplement irréelles
malgré les mille délicieux détails précis , ... &gt;)
t. Lettre du 9 novembre 1906.

Lettre du q août 1905.
3. Lettre du 24 janvier 1906.
2.

�6-66

LA NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

Ailleurs: ci Mon credo en art: l'enfance. Arriver à la
rendre sans aucune puérilité (cf. J. A. Rimbau&lt;l), avec sa
profondeur qui touche les mystères. Mon livre futur sera
peut-être un perpétuel va-et-vient insensible du rêve à la
réalité: «Rêve&gt;&gt;, ,e ntendu comme l'immense et imprécise
v:ie enfantine planant au-des.sus de l'autre et sans cesse mise
en rumeur par les échos de l'autre 1 • Il
Fournier instinctivement se solidarise avec ses perceptions Jes plus inintellectueUe~ mais en même temps les
plus constructives ; il veut conserver comme principal
moyen de connaissance - et de création - ce regard de
l'enfant qui prélève les plus impondérables éléri.lents du
monde et aussitôt les réagenc;e, les combine merveilleusement, jusqu'à pouvoir loger dans le château qu'il en forme
tout ce que l'âme petite et pesante, par derrière, et souffre
et désire.
Son irréalisme est foncier; il en ferait presque un
système déjà; mais non; c'est vraiment sa a.atnre qni
s'éveille et se trom•e d'emblée tout occupée à l'illusion :
« Je trouve que ce qui est difficile, c'est beaucoup plus de
se donner partoutl'illnsion complète de la beauté, ou plus
généralement l'illusion•. »
IJ Je trouve « difficile », mais au sens de « méritoire »
seulement; car au contraire c'est dans ce sens que fonctionne immédiatement, spontanément, couramment $On

esprit.
L'exposé que nous avait fait notre professeur M. Mélinand de la théorie idéaliste du monde extérieur avait profondément frappé Fournier; mais non pas ~ornme une révélation faite à son intelligence, comme une permission plutôt
donnée à tout son être d'aper,cevoir le monde transpai:ent, et
modifiable par nos facultés.
Lettre du 22 août 1906.
Lettre du 22 janvieu9o6. Cf.: « Je n'aurai derrière moi qu'un peu
de rêve très doux et três lointain, bien à moi, que je façonnerai comme
je voudrai. &gt;1 Lettre du 13 août 1905.
I.
2.

ALAIN-FOURNIER

Lui qui tout à l'heure marquait tant de respect pour les
choses et semblait vouloir prosterner devant elles sa pensée,
ou l'y laisser se perd.re, c'est dans un mouvement plus sincère
encore qu'il s'écrie tout à coup : « Je me jouais du monde
avec la moindre de mes pensées', 11 et qu'après l'avoir
sireligieusement adorée, il parle cc d'une certaine âme de ces
campagnes ... que j'invent~ tous .les jours llll peu plus 2 • »
On sait l'importance qu'a le mot &lt;c changer ,1 chez Rimbaud, et ce clin d'œil, qui: a fait fortune, par lequel il communique à tout spectacle un aspect second. Il y a chez
Fournierune disposition analogue, non pas tout à fait des
sens, mais de l'âme, si j'ose dire. Encore une fois il n'est
pas directement poète, sa visi.on n'est pas assez subversive;
el1e ne brouille pas assez les choses ; il n'entre pas assez de
sens dessus dessous dans ce qu'il a regardé . .!Vfais il a une façon
propre d'ébranler les paysages et les êtres selon une certaine
pulsation comme amoureuse de son cœur et de les mettre
tranquillement en chemin, par ce seul moteur, sur toutes
les pentes du rêve.
Avec Rimbaud Ge ne fais pas ici de comparaison de
valeur), on a la sensation que toute l'étrangeté du spectacle
dépend d'un éclairage venant du dehors, fouru:i par le regard
du poète. Fournier invente une manière de désorientation
plus complète, plus sournoise, par la sympathie. Ce n'est
pas en \l'ain qu'il insiste, dans un des passages que j'ai cités&gt;
sur le rôle du « cœur )l dans la transformation des choses
en «idées». Ce n'est pas par hasard qu'il débute par cet
attendrissement devant toutes choses, à la Charles Louis Philippe, qui me donna un peu sur les ~erfs. ci Ce qui m'importe, c'est mon émotion, &gt;1 écrit-il,. Parce qu'il y distingue un moyen créateur et presque métaphysique, une
source de déplacement des objets et comme l'origine de la
procession qui les transfigurera.
Lettre du 9 décembre 1905.
Lettre du 4 octobre 1905.
3. Le 22 janvier 1906.

I.

2.

�668

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Se plaignant, un peu plus tard, d'une fausse interprétation .d'un
, . de ses poèmes en prose, « il est vrai, dira-t-il,
que J aime assez cette façon de se tromper sur moi et
de comprendre fantastique là où j'ai voulu faire émouvant'.&gt;&gt;
~ui, le fantastique, - mais qui n'est pour lui qu'une
r~ahté plus grande, plus essentielle du monde perçu, - est
bien la fin suprême, et le résultat dernier, de toute sa
dévotion sentimentale. C'est à produire un certain détachement sur fond inconnu de la vie tout entière que tendent
ses admirations et ses apitoiements.
Aux personnages de Solness le Constructeur il reproche
une allure trop allégorique:« Je voudrais que la vie simple
des personnages et celle des symboles fût plus mêlée. Je
voudrais que leur vie fût un symbole et non pas eux... Je
v?udrais que la vie s'éclairât sans qu'on y pënse, rien qu'à
vivre avec eux 2 • »
Le don qu'il se découvre est ici défini dans sa simplicité
même, sous la forme où il défie l'analyse. C'est le don
d'illumination, au sens actif du mot, le don d'allumer au
sein des êtres et des choses, sans en rien prendre de plus
que « ce premier coup d'œil qui dit tout», une sorte
d'absence d'eux-mêmes et de vacance sur l'infini, - une
clarté timide faite de leur subite aliénation. Tout dérive,
tout s'en va sous son regard, tout se donne, en silence et
sans drame, à l'abîme. cc La vie s'éclaire sans qu'on y
pense. » Sa ténuité laisse entrevoir de pâles foyers ravissants. Le monde est « joué &gt;l avec « une seule pensée. »
JACQUES RIVIÈRE
1.

2.

Lettre du 31 décembre 1908.
Lettre du 17 février 1906.

COLOMBE BLANCHET
(FRAGMENT-)

Aussitôt après avoir achevé le Grand Meaulnes, Alain-Fournier avait conçu le plan d'un autre roman, Colombe Blanchet,
auquel il travailla activement pendant les années 1913 et 1914.
Le scénario, qu'il rédigea tout entier, par parties et par chapitres, en est extrêmement compliqué. Ce devait être fhistoire
des amours d'un jeune instituteur ; une petite ville de province,
presque un village, déchirée par des rivalités politiques, devait
servir de fond au récit.
Seuls les cinq premiers chapitres ont été esquissés par Fournier ; la forme ne peut en être en aucune façon considérée
comme définitive, car les brouillons contiennent de très nombreuses variantes et, pour certains chapitres, plusieurs états. Nous
publions pourtant ici une des versions qui nous paraît le plus
avancée du chapitre IV, intitulé le Pari.
Jean-Gilles Autissier est le héros du livre. Voyle et Bonnin
sont deux instituteurs, ses collègues. Josepha est la seule femme
officiellement légère de la ville; les trois jeunes gens ont passé
la soirée de la veille avec elle ; l'incident de la cave Bravard,
auquel Voyle fait allusion, est un épisode de la lutte pour les
élections qui met aux prises le parti du vieux. radical Blanchet
et celui des frères Fougerolles. La jeune fille qui apparatt à la
fenêtre de la Maison des sœurs est Colombe Blanchet ellemême.
J. R.

Plusieurs particularités ignorées de son enfance avaient
contribué à faire de Jean-Gilles ce jeune homme roma•
nesque que nous avons vu tout occupé d'une attente sin-

�670

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gulière : à dix ans il avait perdu sa mère, une toute jeune
femme anglaise pleine de charme et de fantaisie qui passait
des après-midi entières avec d'autres jeunes dames de B. ..
en riant aux éclats, à lui essayer de ravissants costumes
qu'elles composaient elles-mêmes. Son père qui était un
juge suppléant au tribunal de B. .. s'était par la suite fort
peu occupé de lui. Il avait commencé à se distraire de la
mort de sa femme d'une façon peu convenable. On le
voyait partout en voiture pour des parties -de plaisir, avec
des compagnons de tête et des femmes, tandis que l'enfant
restait enfermé durant de longues après-midis d'ennui
derrière la grille de la cour à attendre leur retour. Son
éducation avait été négligée et lorsque son père était mort
. à peu près ruiné, il était en retard de deux classes sur les
garçons de son âge. Courageusement, sous la conduire de
son tuteur, qui était le plus pauvre de ses oncles, il avait
renoncé à toute situation brillante, il avait préparé l'école
normale d'instituteurs, et la vie jusqu'au delà de ,·ingt ans
jusqu'après son service militaire, Jui était apparue comm;
une longue suite de travaux, de devoirs et d'efforts. Par
instants seulement il songeait à ce que serait son existence
lorsqu'enfin les examens seraient finis, lorsqu'il ne serait
pl~s à la c?arge de p_ersonne et inconsciemment il imaginait une existence qw res.5em blait au tendre paradis perdu de
:sa première enfa1:ce. Là aussi il y aurait une jeune femme,
venue on ne savait comment, mais certainement d'une facon
étrange, charmante et inattendue.
uvent, durant ,;ne
longue période où il avait travaillé pour elle, il avait imaginé cette arrivée singulière. lorsqu'il était arrivé à Villeneuve, dans un milieu, avec des collègues et pour un
travail auxquels il eût dû se sentir très supérieur, il ne
s'était dit qu'une chose : voici la ville où elle ne peut
manquer d'être. Et Villeneuve était devenu pour lui un
pays plein de charme et de mystère.
Même la soirée de la veille avec Josepha, si pauvre que
hlt pour les autres cette aventure, avait eu pour Jui ce

COLOMBE BLANCHET

même charme mystérieux. Pour la première fois quelqu'un
était ,·enu du dehors, qui lui parlait de son attente comme
d'une chose humaine et possible et qui n'était pas sans
espoir. Ainsi d'un jeune homme qui n'a jamais parlé de
sa vie à une jeune fille qu'il aime, mais qui ne déteste pas
qu'on le plaisante à ce sujet, comme si c'était une réalité.
A l'hôtel Didier, le ndemain soir, après le dîner, lorsque les deux plus anciens ~ous-maîtres se furent enfin
décidés à partir, Voyle, Bonnin et Autissier se concertèrent un instant du regard, puis tacitement décidèrent de
rester encore à causer autour de la table en désordre. Voyle
le premier raconta en I arrangeant un peu sa lamentable
fin de soirée, dans la c.lve de Bravard .
- Et pendant qn'jls sont là à nous abîmer et à: préparer
tout ce qu'il faut pour mettre l'école sens dessus dessous,
nous passons nos soirées avec une vi ille Josepha.
- U n'y avait rien à répondre, dit à la fin Bonnin. Il
vaut toujours mi ux se taire. Et tu aurais mieux fait aussi
de ne pas aller chez Bravard.
- Tout ce qui nous est permis, dit Voyle amèrement,
c'est de nous taire. Et, si nous voulons nous distrai.re, c'est
de passer nos soirées avec Josepha, le rebut de la ville, le
rebut de tous ces gens-là, de l'emmener promener, de lui
offrir de la limonade. Une Josepha que I année dernière
Jonquières et les autres ne trouvaient plus bonne qu'à
mettre en chemise dans un drap de lit et à faire saut r à la
couvert . Ce telle que oous emmenons. oilà notre distraction er voilà nos amours.
Ici Bonnin se tut et parut gêné. Quant à Auùssier, il
rougit légèrement. Il lui éta_ir pénible d'entendre parler
aussi brutalement de la soirée de la veille et de Josepha.
Et H rougissût que ce lui fùt pénible. Etait-il doL1c si sot
que d'imaginer toujours les femmes autrement quelles
n'étaient. Et il-se rnppelair les manières correctes de Josepha
et la façon dont elle tentait de donner le change, et il
rougissait pour elle, qui avait mérité qu'on la traitât ainsi.

�672

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Etais-je vraiment assez stupide [se disait-il] pour croire, sur
sa simple assurance, qu'elle avait la moindre tenue. Je
m'attache à la première femme à qui je plais, qui me
regarde et m'admire. Je ne demande qu'à croire tout ce
qu'elle dit. Il en rougissait maintenant jusqu'aux oreilles.
- Josepha en vaut une autre, dit Bonnin, l'année dernière ...
Mais Voyle l'arrêta :
- Je te vois venir, mon garçon, dit-il.
- Que veux-tu faire ici ? dit Bonnin. Tu sais bien toimême qu'il n'y a rien à faire. Il n'y a pas une femme.
Est-ce que tu espères encore des aventures, hein ?
Et il se mit à rire; puis il se leva de table, agacé.
Les deux autres le suivirent. Dans la grand'rue devant
l'église, la vieille Mademoiselle Périnaud, péniblement,
baissait la devanture en tôle de sa boutique poussiéreuse.
A l'intérieur, une seule bougie éclairait le triste étalage de
bocaux et de pièces d'étoffes:
- C'est la seule· femme que j'aie jamais vu ici, dit
Bonnin.
- Je finis par croire qu'on nous les cache, dit le grand
Voyle avec découragement.
Ils arri,èrent sur la place carrée. Là il y avait quelques
lumières et fa. légère animation des premiers soirs de chaleur. La musique tournante et enrouée d'un phonographe
dans un café. Des gens, assis devant leur porte, causaient
en regardant les étoiles. Quelques jeunes gens tournaient
en fumant. Au premier étage du café glacier la salle où se
réunissaient d'ordinaire les instituteurs était éclairée et l'on
voyait passer les ombres des joueurs de billard.
Allait-on monter les rejoindre, tandis que la belle nuit
de campagne était là toute proche. Du côté des abreuvoirs
on entendait vaguement les crapauds flûter. La lune brillait
sur le gravier entre les arbres des Grandes Allées. On imaginait des promenades, des rencontres, mais cette fois les

COLOMBE BLANCHET

jeunes gens s'étaient interdit, par leurs paroles mêmes,
l'aventure trop facile d'une rencontre avec Josepha. D'un
côté il y avait c·e café, cette place, cette vie de fonctionnaires, de l'autre la nuit insidieuse et romanesque. Et
Auti.ssier se sentait comme ces enfants qu'on envoie se
coucher les soirs d'été à l'heure où commence le plus beau
moment de la soirée.
&lt;&lt; Si nous faisions un tour encore, proposa-t-il.
- Les vieux là-haut, le directeur avec de Moly et Leboucher vont trouver qu'on les abandonne, dit Bonnin.
- Ils devraient trouver tout naturel, dit Voyle hargneux, que les jeunes aient leurs soirées prises. Et si nous
faisions ce que nous devrions faire, nous aqrions nos soirées
prises.
- Vous nous indiquerez où les passer», dit seulement
Bonnin, mais il suivit tout de même les deux autres.
Ils marchaient maintenant le long de la grand'rue que
de larges accotements plats séparaient des deux files de
maisons aux larges portes à marteaux qui presque toutes
s'ouvraient au ras de terre sans une marche de seuil.
Toute la petite ville était là, inconnue, endormie déjà.
Derrière ces façades si fermées, si ennuyées, il y avait des
jardins obscurs et des cours sous de grands arbres. Passeraije le temps de mon séjour ici, se disait Jean-Gilles, sans
qu'un rendez-vous me soit donné quelque nuit dans un
de ces jardins; sans qu'une porte finisse par s'ouvrir secrètement de l'autre côté des jardins là-bas dans un de ces longs
murs qui ferment leurs propriétés du côté du ruisseau?
11 Il n'y a qu'une chose à faire ici, dit Bonnin, et tu
sais bien laquelle. Je ne vois pas ce que tu as contre
Josepha. Moi j'ai fini la soirée hier avec elle.
Autissier à ce moment se sentit irrité et piqué, comme
d'une vague jalousie. Et cela lui parut un sentiment si sot,
il en ressentit contre lui-même une telle indignation, qu'il
en fut précipité dans un- tout autre sens et qu'il se sentit
assez d'autoriJé pour dire :
43

�6
LA NOUVELLE R'.E'VUE FRANÇ'A'ISE
7-l
.
_._ Eh bien •! je 1e •t'egrette pour vous. Vous valez mieux
que~eb..
, . . . .
......... Je vous tépète qu~il •ri'y a rien 11 fa1-r~ 1c1~ ~tt ento~e
13onnin, à 1li. fois piqué ~t flatté de ce qu Auosster vena"ft
ae ·dite.

.

,......... 'Rien à faire, ce -n'ellt pas prou'1é, dit Autiss1er~ à:~-ec

l'excitation et la légère émotion de voir ~ue ses :prorres
préoccupatiohs et ce1les {k' tes ,garçons_ qm se trouva~ent
être •ses camm-àdes pou.;aient se rrad-'Ufte dans le ~e1:1e
langàge -assez vulg~ire et viril : il y a on il •n'y a pas a faire
datts ce .pays.
,
.
Un 'instant il eut sur les deux autres 1ttutonté que peut
avoir en ces ·m~tières -un joli ·garçon, qui devait s~ .uonnaître et qui pouvait remporter une victoire là ott les

1

•

:fürres av11ient ·échtmé.
.
.
_ Si l'on s'y menait sérieusement, dit Voyle, si -au
li~ de nous enfermer au c1tfé et de r~noncer de gaîté de
cœnr à toutes nos sbitées, nous essay-10ns de frayer avec
les ·gens du pays, de faire ,aes conn~is~nces. ,
. .
.
_ Mais c'est wi-111ême 'llvirnt 1arrivée dAut1ssier qm
-ne ~oulais -pas sottir, tu ne te plais~is q?'ro c~fé, tu -ne_ me
lâchais ·pas d'un cmn pour the fa~Fe J?u~r : la mltmlle.
~ Ne t'inquiète -pas de ue -qae 1e fu1sa-1s _-1,a~tte ~nnée.
1.a:isse-'mbi dire... Si nous faisions -ce que 1e dis sér!eusettieht, avant un·tnois, nqu-s trois, rrous _au_rioFJside q-ei:oi ·~ous
·rt:mquer de Jonquières, •et _nous ne _se~ion~ pa~ ,e~osés à
a1ler dans sa cave le voir lutmer la pente 1nst1rut:nce pe11dant
•n"'-us somtnes là à tirer la hngue ,cortnne des IV'eaux.
que u
.
,.1·
B
·
_ Eh biep. nous verrons d'ahs 'Un mois, uit onnm

-sceptique.

,

.

r, •

_ Naturellement, dit Voyle, nou!&gt; n nnrons rt~ _-1a1t.
Farce que nous y penserons d~u~ jourste:.-que le,tromèm~
nous irons bôire des ·bocls. Mai:s il fauâra1-t ~atrtmger ..quel
que éhose. J\l fa:nd:rait se fix~r •un ?él:ai. .
. .
.
_ Oui, pourquoi pas, ,dit Autiss!er, tnté-ressé. Il faudr:nt
qu'il y eût à nous trois une espèae d1entehte.

COLOMBE BLANCHET

- Mais oomment cela ? Comment y aurait-il une
alliance de cette sorte? » questionnait à moitié badinant à
moitié sérieux Bonnin. Et c'.est ainsi que de question ~n
répo~se et t~ut :11 ba~inant ils en vinrent à parier à qui le
premier aurait fait vemr dans sa chambre une jeune fille de
Villeneuve. A celui-là les deux. autres offriraient un dîner
s~m~tueux à l'hôtel Didier-avec du champagne. On y conv1er::u secr-ètement la jeune fille si l'heureux gagnant avait
su mettre la main sur une personne suffisamment émancipée. Puis comme il importait surtout que le pari f-ût
gagné - peu importe par qui - on convint aussi que
chacun des trois, dès qu'il aurait jeté son dévolu sur une
femme, aurait droit à l'aide et au -dévouement absolu des
deux autres.

11 eût fallu voir la figure des tr-0is jeunes gens devant
cette entente : animés au jeu et sérieux comme des corsaires -qui organisent une carnpa,gne, J.a nuit, dans une
auberge mal famée. Bonnin, méprisant les femmes, mais un
pe~ gêné quand i.l s'agi~sait -des jeunes filles. Voyle cynique
et tngénu. Le moms séneux pa.i' avance était Autissier. En
plaisantant un peu rudement., à la façon ordinaire de ses
compagnons, il tâchait de donner le change sur l'intérêt
profond et particulier qu'avait soulevé en lui cette affaire.
Et pourtant vous n'eussiez pas dit à les voir trois aventuriers. Il y avait dans leur tenue je ne sais quoi de correct
et de démodé qui les eût fait prendre pour timides: des-eols
bas et droits un peu trop larges, qui laissaient voir leurs
pommes d'Adam; des cravates de cérémonie, étroites
comme des lacets, sur des plastr-o.ns de chemise empesés. Le
grand Voyle avait un veston de pêcheur aux larges poches
et un pantalon de toile ; Bonnin une jaquette fatiguée et
~n large pantalon à carreaux, qui .cachait ses courtes
Jambes arquées. Qua.nt à Autissier, on lui voyait toujours
une redingote noire un peu étriquée, qui d-evait -être son
uniforme d'école normale où l'on avait décousu les palmes
d'argent.

�COLOMBE BLANCHET

676

LA. NOUYELLE REVUE FRANÇAISE

. ~e fut Bonnin qui demanda sur le pari les dernières préc1s10ns :
« C'est bien arrangé comme cela, avait dit le grand Veyle:
aura gagné le pari, celui qui le premier aura reçu une
jeune fille dans sa chambre .
- Reçu ? demanda Bonnin. Rien de plus? Il n'y a rien
de plus dans le pari ?
- Rien de plus, répondit Voyle après avoir regardé
Autissier, et tous les trois ils se mirent à" rire.
- Une jeune fille ou une femme ? demanda encore
B'onnin, placidement.
- Une jeune fille, une jeune fille, répéta Autissier en
insistant, comme si cela ne pouvait pas faire question.
Et tout étant réglé, ils se reprirent à marcher. Et au bout
de ~uatre pa~ recommençant à parler de la même question,
mais plus librement, comme des gens qui viennent de
rédiger et signer chez le notaire un contrat difficile :
&lt;&lt; Moi, dit Veyle d'un air pensif, je crois qu'il faudrait
plutôt voir du côté de la campagne. Et il se donna l'air
pensif et fermé de quelqu'un qui combine un plan.
- Chacun son goM, approuva Autissier . Après tout, il
y a de jolies paysannes.
- La grande Blanchet, par exemple, fit Bonnin. Et il
se mit à rire de son rire de crécelle. Autissier demanda des
explications.
- C'est, lui dit-on, la fille aînée dù maire. Elle est plus
avare encore que son père. C'est elle qui conduit les tombereaux de pierre et de fumier pour éviter le prix des rouliers. Elle a des muscles comme un homme, elle est tannée
comme une peau-rouge, et elle porte des chemises en toile
de sac.
- Vous n'êtes pas sérieux, dit Autissier, et il fit mine
de rester en arrière. Mais les autres ralentirent le pas pour
rester causer avec lui, tous les trois s'arrêtèrent. C'était
décid ément avec le nouveau venu que se plaisaient les
deux autres. Du fait au'il venait de loin, qu'il avait vécu à

677

la ville, il devait être, leur semblait-il, plus renseigné qu'eux,
plus audacieux qu'eux, bien que plus jeune. Et son prestige, grâce à cette ignorance de ce qu'il était vraiment, durait.
- Je vous entends sans cesse répéter qu'il n'y a pas de
femmes ici, dit-il. Et pourtant vous vous plaignez que les
gens de la ville aient des maîtresses. Qu'est-ce que cette
petite institutrice dont vous parliez tout à l'heure.
- Ce n'est pas une institutrice, répondit Bonnin ...
A ce moment la lune se montra et les jeunes gens arrêtés
~evant l'étroite façade d'une maison à un étage dont le
linteau de la porte soutenait une niche avec un SaintJoseph, se trouvèrent dans une nappe de lumière. Tant ce
dé:cor, passé onze heures, paraissait irréel, tant ces maisons
de petite ville paraissaient closes et in habitées, que les jeunes
gens ne songeaient même pas à s'éloigner ou que leurs voix
pussent troubler le sommeil de qui que ce· fût dans le
voisinage. Jean-Gilles était debout sur la route, le visage
tourné dans le sens de la rue, et les deux autres bientôt
s'étaient assis de chaque côté de la marche &lt;lu seuil, avec si
peu de gêne que Voyle machinalement tambourinait même
légèrement de son poing sur la porte de bois. Et il parlait
avec ce goôt, cette minutie, et cette application des gens qui
ont passé l'heure raisonnable de dormir et qui veulent faire
durer le plus longtemps possible le plaisir.
- Ce n'est pas une institutrice, dit Bonnin. Et je
n'affirme pas qu'elle ait jamais été la maîtresse de personne.
Nous l'appelons la petite institutrice, mais c'est en réalité la
sœur de Marie, l'adjointe de l'école des filles. Quant à sa vie
privée, on prétend qu'ellê fait la noce à T .. . Moi je n'en
crois rien. Ce sont des racontars de Voyle. Moi je l'ai
toujours vue bien se tenir.
- Demande-le donc aux officiers de T ... et à Jonquières.
- Pourquoi pas, j'ai un parent à T ... à qui je le ferai
demander.
- Nous verrons, poursuivit Voyle. Ici, naturellement,
elle fait la farouche à cause de sa sœur.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Enfia, dit Autissier, vous ne pouvez rien dire de
prééis sUF el1e ?
~ C'est eocore vrai, dit Voyle. Mais c'est parce que je
de me suis jamais bien ocrnpé de la question. Je me
rappelle seutement qu'une fois ...
- Moi je ne crois pas, dit Bonnin qui ne songeait déjà
plus à faire fâcher Voyle, qù'elle ait jamais rien fait pour
de l'argent. Mais elle- a bien J'a,ir tout de même d'une per·smme qui a eu des aventures. Et elle a dû s'y prendre
jeune. Je-me souviens maintenant que le procureur racontait des abomînations sur elle quand elle avait seize ans et
des nattes dans le dos. c~est une personne que les aventures
ont tentée de bonne heuœ.
- E-st-ce qu'elle a un joli v.rsage? demanda Autissi.er.
A ce moment it y eut an premier étage de I'étroke
maison des sœurs un mouvement imperceptilrle que personne ne vit : un rideau se souleva légèrement, i peine
effleuré par l'e bord du clair de lune. On eût pu voir' daas
·1a c-ollereue relevée d'une chemise- de nuit, une paisible
~re de très jeune fil.le, avec une flammèche de cheveux
couleur vieil or. Elle regarda posément les trois jeunes
gens qui parla-ient -r-0ut près d'elle, et ses regards s'arrêtèrent su-r Autissier qui restart de pro.6.I, immobile et
pensif, attendant leur 1éponse, et qui prêsentai-t lur-même
à la m:rison des sœurs un fort joli visage, un profil candide et jeune avec ses cheveux rabattus par une raie de côté,
nn- prool de joueur de flûte et de chevrier biblique. Mais· à
ce motina:ttendu et trop e:hoisi dei visage. les deux autres en
se regatrdant se prirent ,a sourire de- ce garçon trop- distingué, puis à rire aux éclats. Autissier interdit se· reprir à
marcher tandis que les deux autres en le suxva-nt répétaient
avec amusement c:e mot de visage. La: hme de nouveau fut
cachée. Le rideau, à la fenêtre du premier étage, retomba.
Tout s'éteignit, pour- ce soir-là ~ et pour longtemps.
!LAIN-FOURNIER

L'AURORE EN PLUIE

LA NUIT
OU LES CHEVEUX D'ÈVE

La n~ige et l:i: feuille de vigne
Dissimulaient mal ta vertu
Froid de loup que j'ai combattu
En éc.riv.a.n t ces q,uelques lignes 1

Remplis d'onc ma 60U})8', nuit pim:,
Et que je puisse refermer
Les mains. sur. la pditrine d-ure
Que je n'ai pas le goat d'aimer.
Serrées devant le fiot amer
Les rO-Stf,. les. mt1,Î4ons étroit~
Ecoutent l.e bruit de. la mn
Qu'imite-nt des lbvm: adroites.

�6So

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

681

L'AURORE EN PLUIE

Nuit rose ! vois su,-ta fournaise
Les grandes eaux comme à Saint-Cloud .•.
-Pour te bien narguer, froid de loup,

MENSONGE

Mes mains éparpillaient la braise.
La nei1;e tiédit sous tes pas

Par le blanc décembre mordue
L'eau pure et la neige fondue
Vengent l'amour que tu trompas

L'ÉTOILE EXTRA-DRY

Des haies d'étoiles t'ont meurtrie
Pour qu'infidêle à tes dépens
Tu connusses tes mains flétries

Vent marin caresse les voiles
Le port peut ferrner son vantail
Sur elle rEtoile Extra-Dry
Poursuit une Elonde océane

Mais jolies comme queue de paon
Tu vois les lumieres descendre
Sur le visagf;,_ des amants
Et la ville dort sous la cendre
Toi seule n'oublies le moment

Dame de cœur, dame de proue
Neptune passé au bleu

Ni de quel sang l'œillet coup,!

Vous guette un œil au hublot

Tache tnes doigts inoccupés.

La tour Eiffel, la grande Roue

VOIE DES ROSES
Apparaitron( demai1!
Les belles
De deux doigts de nuit maquillées

Les chemises sont sur la haie
Et les étoiles dans les vitres

Riront devant l'ancre mouillée

Au bar italien le pisan

Au matin, frais place Pigalle.

Choque les fiasques, choque les

�LA NOUVELLE' RE.VUE"' FRANÇAISE

L'AURORE EN PLUIE

Filles Adieu, Adieu Voie des Roses
Et sept de trefie qu,and se lèvent
Le soleil et le vitrier.

RITOURNELLE
L'orgue de barbarie

COURONNE

Pour le départ de Jeanne
Egrenait d'aigres sons
Àrnour citrons amers

Feu de· roses,. 1Joici.la vill&amp;

De la vergue à l'eau sombre

Que fr t'assigne•. Ses cyp.,'ès

Glissait la fille-anguille

Fredonnent les, chansotts récentes.
Apprim sans le faire expres
L'eau pure àevant l'eau rougie

Amour fuseaux légers

Sur la darse ou ma.cérent
Des zestes de soleil

Méprise ou com/Jat la pudeur.
Comme d'une main sur la bouche

Un colporteur traçait

L'orage a soufflé la bougie

De son bâüm de coudre
Deux cœurs entrelacés

L'aurore sur les colonies

Pour conjurer le sort ...

Charme les hommes de couleur
C'est à peine si l'ombre touche
Le clair visage de Sylvie-

FEU DE PAILLE

Et les mains. brâlles du pla18teu:r

Feu de paille, au bruit du tambour

Couronne, image du bonheur
Faite de roses et de pitJ,J,tres,

Pttratt le printemps des romances.
Tu voudrais donc que recommence

Si jolie au front dtt mulâl.re.

L'arc-en-ciel d'un candide amour?

�LA NOUVELLE REVUE FRA:NÇAISE

Elle passe et brale ses doigts
Au tendre incendie de Marseille,
Songeant encore au jeu étroit

Qu'u~ mauvais génie lui constille.

LE FLEUVE DE FEU

*

Eto-ile, une douce créole'

« Tout ce qui est au monde est
concupiscence de la chair, ou concupiscence des yeux, ou orgueil de la
vie.))
SLJEAN (Ire épître, 2, 16).

Sort des eaux où vous reposiez.
Et dan:s la corbeille d'osier
Cache le cœur de Rocambole ...

« Malheureuse la terre. de malédiction que ces trois fleuves de feu embrasent plutôt qu'ils n'arrosent 1 »

Sous la- paille des closeries
Le feu du ciel couve en secret,

PASCAL.

Destin que je marque a la craie

« O Dieu... qui oserait parler de
cette profonde et honteuse plaie de la
nature, de œtte concupiscence qui lie
l' il.me au corps par des liens si tendres
et si violents ? »

Sur l'ardoise des bergeries I

BOSSUET.

Caprices dénoués demain,
Quand l'aurore nous abandonne

Si tu doutes qu'une jeune fille bien, née et parfais dé:vote
puisse descendre jusqu'où tu vois GISELE DE PLAILLY,
songe a ton dme. éprise de Dieu, mais qiii toujours aima plus
ardemment ses souillures.

Qui peut dénoncer la maldonne,
Et par quelles coupables mains ?

Feu de paille, je te protege
Et la comete tombe à l'eau

I

Un soir devant Monte-Carlo :
Ainsi se compose la neige ...
PASCAL PfA

De sa fenêtre, Daniel Trasis vit que l'herbe dévorait les
allées. Aucun autre voyageut que lui dans cet hôtel de
second· ordre. Les flancs viv.ants de la montagne épandaient
l'animale odeur des châtaigneraies quand elles fleurissent.
Un troupeau pressé arracha à. la route une poussière qui

�686

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sentait le suint. Daniel entendit l'omnibus de l'hôtel, dans
un vacarme de vitres secouées, cle freins et de grelots, roulant vers la gare : &lt;c S'il revient vide, je reste; s'il ramène
des voyageurs, je rentre à Paris. » Ainsi le jeune homme
voulait se persuader que la solitude ne l'effrayait pas. Une
lou:de pluie inattendue, traversée de soleil, cingla les
feuilles, puis son crépitement cessa. Les pépiements se
firent plus aigus. Daniel Trasis n'avait jamais été si seul.
Il ferma les yeux, retrouva en lui-même la couleur, le par~m de cette. après-midi finissante à Paris : ces pluies du
Jeune éte avivent les feuilles de !'Avenue Henrî-Martin
enduisent les troncs et le macadam d'un noir luisant. Il s;
souvïnt
qu'à cette époque, l'année dernièreJ le passé de sa
A
ma1tresse, !hérèse Herlaut, le tourmentait au point que
pour le délivrer de fübsession, il fallait que Raymond
Co_urrège _l'emmenât chaque jour dans son Hispano. La
nmt, pareils à des bandits masqués, les deux amis traversaien~ en trombe les rues viaes. Sous l'Hispano, Paris désert
et fra1s se rétréà,sait. Ils volaîent à travers ce domaine restreint. Que la Concorde est proche du Point-du-Jour ! Ils
s.,.arrêtaient à des bars, mangeaient aux Halles la soupe de
l'aube-Aujourd'hui, cette Thérèse Herlarit, il la fuit jusqu'au f~n~ d'une vallée des Pyrénées - non plus jaloux,
certes, .mais, excédé, et il ne redoute tien antant que la
poursmte dune femme acharnée et vieille. Sous d1ahsurdes
prétextes, Thérèse Jaissait à Blois svn marit ses enfants ,
débarqu~it sans ~rier gare, ne sonnait pas, sachant,que po11r
eJle Dame! n'était jamais là; mais, derrière un arbre de
l'Avenue,'.le guettait. « Tu es un faible, - disait Raymond
Courrège - une bonne raclée : avec moi , ça ne traînerait
,
pas ... &gt;&gt; Daniel avait mieux aimé fuir.
«

11 faut .tenirqurnze1onrs -

quinze jours ,e ncore » se

dn..JL Rien .ne l'humiliait comme de ne pas accomplir à la
lettre -ses desseins; et il ,avait résolu de demeurer un
mois &lt;ians cette petite station morte. Mais sa force était

LE FLEUVE DE FEU

à bout. Que n~-avait-il fui Thérèse ,daru; la ville même ? Un
criminel t,raqué reste à !Paris. Il Fêva de oe divw. crevé
dans l'antiahambre de Raymond Courrège. Il y avait .-goûté
de belles ouits où, sans tain ière, .i11uou1,1able, ,ioaœessible,
anonyme, il ,était .délivré des hommes. Da-us la chambre

proche, !Ray~1ond ;aunait, l'ôSsait,son,amie, jusqu'à ,ce que
le s0mmeil confondît lew:s souilles, et .ce •ni!tait plus s@udafrn que la respiration.. calme., l'innocence nocturne d'une
cbambxe d" enfants. Etendu, Daniel regardait luire, sons la
porte, la iumière de !':escalier, lorsque rentrait nn locataire
tardif. Au-·dessns de .sa tête? nne étagère était chai;gke de
cartons 11 ,cb:rpeam, ,de vieux s011lier-s, de valises ; quelqu¾.m i:entua:it uo trousseau ,de defs, fermait une ,porte :
Fesc.alier :rede"\œnair absnu. Les hauts murs d'un jardin
étroit répercutaient Jes1roulade.s des merles à l:a.uhe. Du fond
d'11n sommeil lrienhew:.eu:x, Daniel ootendait le choc léger
d'une .bouteille de la:it :posée sur le palier et le gli5sement
sous•Ûa .p.o:rtem.1 jouro&gt;nl .et des lettres.
•&lt;c Si l'omnibus ne~eat v-i.d.e, je --i:este ... ) &gt; Le train devait
avoir du ret:ur8. Daniel, d.ésœuvré, regarda fi. son chevet la
seule ph@rog.ra:p.hrie qui ne le quittât jamais ,et qui n'était
poi:nt celle de ses parents défunts, mai-s ,de son grand oncle
Louprat de la Sesque dont -il a11ait illl.-érité et à qui il étai:t
redevable d'une indépendance modeste. A Bourideys, dans
la cbambr;e dn N,ord,Ouest, le .pè:Fe de Daniel s'était suicidé - ponr ..ne pas surviv:re à sa. femme, disaiient le-s
bonnes .l:mes. Ma.i.s d'antres rappdaient ,ijUe sa vigne ayRit
étégrêlèe cette année-là; edes:anci.errs se solll.venaient que
le grand.:.pème maternel de M . .:I'i:asis., &lt;c le Viiei.ix de la Sesque », qui habitat!: en pa.ys:m de .chtrteau de la Sesq1:1e ,au
delà dé Sauterne:s,,itr.epn .dqJlll:mnhes re.t,de lièvne-s saignants,
de bëcasses, ,de :poulets emgmi:ssés ,à · la ·millad.e, ,se pendit
an fond du cellier, entre les rasiers ifermé-s d'µn .cadenas
oii., dans les .bouteilles ténébreuses, survivaient les étés du
siècle cnmmen:çant. Daniel adolescent avait aimé s'émou-

�688

LA NOUVELLb: REVUE FRANÇAIS!!

voir, se faire peur, sangloter dans la chambre du NordOuest, devant la cheminée, à l'endroit où il savait qu'un
jour le plancher avait retenti du choc d'un corps pesant.
Plus tard, ayant lu dans son manuel de philosophie que
souvent le suicide est un penchant héréditaire, cette idée
fixe l'a vair, torturé au point que, même guéri, il n'avait
jamais pardonné à son père et nourrissait contre sa mémoire
une rancune dont toute la famille eut sa part : la branche
qui habitait Bazas, comme celle de Captieux, la tante de
Sore, les cousins de Landirats. Mais pour le grand-onde
Louprat de la Sesque, son tuteur, Daniel toujours s'était
senti une sorte de goût. Il rendait encore un culte, sur la
carte-album, à ce visage de ruse du vieux finaud haut cravaté, les pouces au gilet et qui, entre Langon et Bordeaux,
dans les premiers chemins de fer, avait lu tous les romans
de Paul de Kock. Il dut vendre après 1870 son château de
la Sesque qu'il s'était ruiné à embellir, persuadé par son
ami Jérôme David que !'Empereur et !'Impératrice y
relaieraient pendant le voyage de la Cour à Biarritz. Il finit
ses jours dans l'une des maisons qui bordent la place
assombrie de platanes du gros bourg dont dépend Bouri·deys. Il croyait en Dieu et haïssait les prêtres. En octobre
1915, un entresol secret de la rue des Remparts, à Bordeaux, reçut son dernier soupir.
Daniel vit, sur l'omnibus, une malle et un sac. Il soupira de joie : c&lt; Je partirai donc ! )) Préc~dés du domestique, les Pédebidou, maîtres de cet hôtel, se précipitèrent.
Daniel aperçut, au soleil couchant, le crâne de M. Pédebidou, les frisons de Madame, ses bras courts que la pres·sion du corset soulevait comme des élytres ; il vit encore
Made.m.oiselle Pédebidou, osseuse, pauvre de cheveux. Il
-fallait la venue d'un voyageur pour que œtte famille fût
visible autrement qu'à travers la vitre dépolie du bureau.
Une dame descendit, jeune et la toque voilée. Daniel
-Tépéta : « Je partirai demain. &gt;&gt; Il entendit des voix con-

LE FLEUVE DE FEU

fuses et soudain cet:te exclamation de la voyageuse :
- Comment ? Madame de Villeron n'est pa; ici ?
Elle insistait : une dame, avec sa petite fille ... Et comme
les Pédebidou se rendaient témoignage l'un à l'autre de ce
qu'ils n'avaient reçu aucune lettre, l'étrangère se lamenta :
-C'est incroyable ! Je n'y comprends rien ! Mon amie
m'avait donné rendez-vqus id ce soir.
Elle était surtout étonnée qu'il n'y eût pas de télégramme à son adresse. Mais Madame Pédebidou, comme si
elle en avait reçu l'avis mystérieux, promit à sa cliente
qu'elle aurait une dépêche le lendemain : (&lt; A la première
heure, bien certainement, Madame. &gt;&gt;
Les voix se perdirent dans le vestibule puis de nouveau
retentirent dans l'escalier. Une porte voisine grinça; Daniel
Trasi:s avait décroché son smoking ; il se rasa de près, descendit au deuxième coup de cloche et, traversant l vestibule, alla droit à « 1-a liste des étrangers &gt;&gt; ot'.i, jusqu'à ce
jour, il avait figuré seul. Déjà le nom de la voyageuse était
calligraphié au-dessous du sien. Il lut : Mademoiselle de
Plailly. Une jeune fille, à l'hôtel? Il comprenait pourquoi
l'absence de son amie l'avait émue; car il ne doutait point
que ce fût ttne très jeune fille. Il présumait qu'au restaurant, pour les commodités du service, leurs tables seraient
rapprochées; aussi fut-il déçu de dîner solitaire encore,
dans la salle où craquaient les bottines neuves de la grande
haridelle qui, mitrée d'une haute coiffe, servait. Elle apprit
à Daniel que la demoiselle mangeait dans sa chambre, sans
appétit : cc Elle se fait du mauvais sang, la pauvre. » Daniel
demanda une demi-bouteille de Oiquot ; il ne s'ennuyait
plus. Souvent il s'était comparé à ces rongeurs dont les
dents ne doivent pas une seconde rester inactives . .Il alla
sur la. route pour attendre la nuit moins attentif aux
bruissements, aux odeurs qui lui rappelaient d'autres soirs
&lt;le Juin dans son enfance et sous un ciel familier, qu'à ce
qui appartenait en propre à cette vallée pyrénéenne : ces
hauts pays encore touch és de soleil, ces hauteurs où tin44

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

taie11t des cloches rauq:ues d-e troupeaux et de chapelles
qu'on ne: voyait pas. Des brumes -flottaient, se défaisaient
au ras des prairies sereines. Il écouta surrou:t cé ruissellen1ent des gavés, ce bruit indéfini d1-eaux vives qui prête à
toute vallée des Pyrénées, le soir, une douceur sutnaturelle,
un repos d'éternité - comme si l'âme, selon la promesse
liturgique, y goûtait à la fois le Rafraichissement et la
Paix.
Mademoiselle de Plailly, une jeune fille ... Quel homme
ne nourrit un goût secret ? Daniel Trasis souffrait d'une
étrange soif de limpidité.~Ce débauché était humilié de se
sentir la proie du vertige devant tout être intact. Il ne l'eùt
avoué à aucun ami. Raymond Courrège lui répétait vainemeut que, depuis l!t. guerre, la dause élargit le terrain de
chasse des hommes. Daniel, parce qu'il avait eu à Vauquois le pied gauche blessé, fuyait les dancing : &lt;&lt; Tu as
tort, disait Raymond, les jeunes filles mettent plus de temps
à se décider; et souvent, après la .première entrevue, vous
quittent avec horreur. Mais élles reviennent toujours, surtout les plus dégoûtées ... &gt;l Son plaisir était de les dresser,
de les plier à ses manies. Daniel feignait de craindre de
telles intrigues, leurs conséquences; mais Raymond assurait
que les jeunes filles savent aujourd'ht1i n'être jamaisn1ères.
L'autre secouait la tête sans répondre et gardait pour lui
seul le secret de ce goût, de cette soif. Raymond s~ gaussait
de la rag.e jalouse qui portait Daniel à scruter le. passé de
chaque maîtresse (ainsi le martyrisa plusi!!urs semaines une
confidence de Thérèse Herlant touchant un jeune homme
qu'elle avait connu, jeune fille, à Cabourg et dont elle
avoua que le bain l'émouvait). Ce que les femmes aimaient
en Dâniel: qu'il eût, avec une si douce figure brune, et
tant de songe sous les paupières, des façons de brute,
venait peut-être de sa rage : cc Parce que, disait-il, elles ont
déjà servi, elles ont des traces de doi:gts. n

69I

LE FLEUVE DE FEU

Mademoiselle de Plailly ... A son propos, ce soir, sur la
route où les vaches revenant de boire l'obligeaient à se
tapir cohtre un p~rapet, Daniel évoqua _le souven~ de c_elle
qui sans doute la pr'el'nière suscita en lu1 cette s01f de lm~pidité. Le bourg du Bazadais, où _l'onc~e ~oupra_t recev~Lt
autrefois pendant les vacances, n offrait rien qm put séduire
beaucoup le c0llégien. Il comprenait mal qu'habitant toujours la campagne, son oncle souffrît que ses fenêtres donnassent directement sur la place enténébrée de platanes
énormes ; et qu'il n'y eût derriêre la maison qu'une cour
qu'assomdissaient les gétnissements de la scierie proche. Il
suffisait à l'oncle Louprat' de savoir qu'il posséd.iit beaucoup
de cc pins sur pied )l. Tel était son orgueil qu'il aimait
mieux les laisser pourrir que les couper. Et puis il craigna.it,
d·epuis la vente ùe la Sesque où l'Empereur n'était pas
venu, qu'on pût crnire qu'il av~it besoin d'argent. A l'affût, dans un bureau du rez-de-chaussée aux boiseries couleur chocolat,- il guettait les allées et venues sur la-place
des voisins, du curé surtout, faisait le compte des visites de
l'ecclésiastique aux demoiselles de la poste, - visites qui
inspiraient au bonhomme mille gaillardises. Ainsi se vengeait-il d'un mot du curé aux enfants de Marie: cc Une
bonne qui se place chez Louprat est perdue. J) Une armoire
de ce bureau contenait, outre une bottteille de fine séculaire, des estampes japonaises d'une laborieuse obscénité.
Casanova, Restif de la Bretonne, le Marquis de Sade aidaient
à ses délectations. Dans le coin des philosophes, l'oncle Louprat avait réuni les Facéties de Voltaire, le Testament du
Curé Meslier, l'Alcuran des Cordeliers, les Jésilites criminels,
l'Hisw-ire des Flagellants. Daniel Trasis ne découvrit qu'à la
mort clandestine de l'octogénaire cettè réserve cachée où le
bonhomme, dans le secret, attisait son feu. Mais durant
ces vacances de son adolescence, le jeune garçon n'avait
aucun autre plaisir que de parcourir a bicyclette les deux
lieues qui le séparaient de Bourideys où s'était tué son
père, - village si perdù que la route n'allait pas au dclà.

1:

�692

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les gardiens Ransinangue et leur fille Marie ouvraient au
soleil d'août la maison abandonnée sans qu'elle perdît son
odeur de moisi. Quatre rangs de chêne; énormes et bas
mêlaient leurs branches; puis s'étendait un grand champ de
pauvre millade. Cet espace de terre et de ciel, ourlé de
pins sombres, était le cirque où Daniel adolescent et la
petite Marie Ransinangue prêtaient aux nuages des formes
d'animaux, de chars et de dieux.
Cette Marie Ransinangue avait passé avant l'âge son
certificat d'études. La sœur Lodoïs, directrice à l'école
libre, disait qu'elle était un sujet remarquable. ·L'enfant
faisait chnque jour seize kilomètres pour apprendre. c&lt; C'est
une tête, disait la sœur, tout y entre. » Elle vantait à
l'enfant l'enchantement du noviciat. A quinze ans, devant
cette fille, dont le sarrau se gonflait durement, Daniel
Trasis avait été pénétré de ces délices douloureuses qui,
après tant d'années où il avait connu Paris, la guerre,
toutes les débauches, ce soir l'inondaient encore au seul
nom d'une jeune fille inconnue : Mademoiselle de Plailly.
La route était libre. Les gaves ruisselaient. Les pas .de
Daniel interrompirent un rossignol : cc Marie Ransinangue, dit-il, Marie Ransinangue ... &gt;) Elle lui avait tant
plu par sa candeur que, bien qu'il ne fût déjà plus pur dès
cette époque, il s'était défendu de la corrompre. Elle était
pieuse, certes, mais rieuse et rien ne manifestait qu'elle fût
touchée par les invites de sœur Lodoïs. A treize ans, elle
aimait poursuivre Daniel dans la maison vide, se dégruser
avec la friperie du grenier, lire à haute voix sur le talus, au
bord du champ, des romans de Maryan, de Raoul de
Navery, de Zénaïde Fleuriot, où sœur Lodoïs s'était
initiée à la connaissance du monde et des passions et dont
elle jugeait que sa protégée pouvait, sans risques graves, se
divertir. Jamais avec _Daniel que le verbiage ordinaire de
deux enfants interrompu par la femme Ransinangue pour
que Marie s'occupe des poules et du cochon. Aucune

LE FLEUVE DE FEU

rêverie chez cette belle fille; parfois seulement son regard
fixait Daniel qui lui disait de ne pas « prendre des yeux
de vache )&gt;. Un jour de 15 août, revenant des vêpres dans
sa robe ridicule, elle lui dit : &lt;&lt; Ce matin, j'ai communié
pour vous. » Il pouffa ; elle le regardait, les sourcils rapprochés. Il inspectait ce corps empaqueté de baleines et de
mousseline, ce corps transpirant, et dit enfin, l'œil trouble:
cc Tu as eu chaud, Marie. » Elle sourit niaisement, rejoignit, en courant, sa mère. Dès lors, et sans qu'il y ait eu
entre eux d'autres paroles, elle l'évita. Il chercha ailleurs
son plaisir, mais sut que Marie faisait réciter leur catéchisme aux drôles de Bourideys, coiffait les mariées et les
communiantes après avoir tué leurs poux, veillait les
morts. Il oublia Marie Ransinangue et n'en ouït plus
parler jusqu'à ce soir de sa première permission, pendant
la guerre, où l'oncle Louprat l'entretint rageusement de la
folie mystique dont tout le bourg, depuis la mobilisation,
était, disait-il, possédé. Un petit berger entendait des voix.
Une métayère avait des visions, prétendait savoir que tel
disparu était vivant.
- Quant à Marie Ransinangue, crois-tu que pour
prouver son dévouement à notre famille, la garce a fait
vœu d'entrer en religion, si tu reviens sain et sauf?
Daniel avait souri, haussé les épaules. Pourtant, lors des
obsèques de M. Louprat de la Sesque ( obsèques solennelles, selon ce que le bonhomme avait toujours promis
au curé : « Vous ne m'aurez pas vivant, mais vous
m'aurez mort. ») Daniel avait, au défi.lé de l'offrande, senti
sur lui les yeux insistants de Marie. Elle le fixa sans vergogne, sachant qu'elle ne le reverrait plus, soit qu'il fût
tué ou que, s'il revenait, elle s'ensevelît vivante. Ainsi la
jeune fille disparut aux derniers jours de r918. On sut
qu'elle était entrée au Carmel de Toulouse. Quand
Daniel, démobilisé, vint à Bourideys lors du règlement des
gemmes, il connut à la rancune muette des Ransinangue
qu'il était te1m pour responsable de leur malheur. Mais,

I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tout à la joie -&lt;l'être dans la vie, de trafiq11er avec Raymond Courrège d'autos, de motocyclettes, d'ampoules
électriques, de toile d'avion, d'uniformes amérlc:iins,, de
conserves et enfin perdu de débauche, Daniel ne donna
nulle attention à cette entrée au cloître, - du moins
crut-il n'en donner aucune. Mais il arriva que sur le
divan dans l'antichambre de Raymond, au dancit'lg, dans
l'Hispano lorsqu'ils roulaient le dimanche vers un hôtel
de banlreue_; avec une cargaison de filles, le garçon avait,
le temps d'un éclair, la vision d\me petite paysanneJ prostrée. Il voyait des carreaux. rouges, 1:1ne terrine pleine
d'eau, un crucifix sur là çhaux du mur,
Ce soir, il pensait à Marie Rq.nsinangue ~ur la route
obscurcie que barra un instant une cJ1aîne vivante et chantante de drôles et de filles. Une seule fenêtre de l'hôtel
était éclairée. En traversant le vestibule, il déchiffra d'un
coup d'œil furtif ce beau nom : Mademoiselle de Plailly_,
décida de rester deux jours encore.
Le lendemain matin, devant le bureau, il la , yit . . Un
simple chapeau de paille cachait ses d1eveux; mai ils
devaient être roux, car ses, joues encore puériles paraissa.i ent
tavelées et lactées. Daniel observa le cou solide, la courte
vague de cheveux arrêtée net sur la' nuque, un peu trop
laroe
comme il les aimait. Il la voyait de profil ; elle parb '
lait vivement à Mm• Péde:bidou qui, honteuse de ses
bigoudis et de son peignoir, eutr.ebâ.illait sa porte. Jeune
fille, certes - ·mais à cette. seconde d'épanouissement où
l'amant futur mesure avec terreur le temps ·de se faire
aimer: demain le beatt fruit sera touché déjà. Daniel, dans
l'ombrè, couvait dé l'œil ce.t te proie intacte encore. Elle
tenait un télégramme ouvert, donnait des instructions
d'une voix hardie :
_ M111• de Villeron arrive ce soir ... La petite était un
peu souffrante... Vous préparerez la_· charn bre à côté
de la mienne... - Oui, celle qui c:om1mmique. -

LE FLEUVE DE FEU

Elle est moins bien exposée que l'autre ? - Cela ne fait
rien, Mme de Villeron aimera mieux celle qui communique ... N'oubliez pas le fü d'enfant ... - Non, pàs un
berceau. Il s'agit d'une petite fille de quatre ans, très gr11nde
pour son âge.
Elle sortit, Des nuées, masquées par la moutagne jusqu'à la ·dernière seconde, soudain ternirent l'.i.zur. Le soleil
s'éteignit et les papillons lourds le cherchaient dans l'herbe.
Daniel fila sur la route, emportant sa proie. 11 allait joyeux,
furieux, avec sa provende de douleur et de plaisir qu'il ne
démêlait pas encore. Le rongeur avait de quoi désormais
s'user les dents. Tout de suite ·il souffrit à cause de cc la
Villeron &gt;), comme déjà il la nommait haineusement. Qui
était cette amie tant désirée ? Il se réjouissait qu'elle füt
mère. Mais pourquoi ce rendez-vous à sept cents kilomètres de · Paris ? Que ce jour sans soleil était accablant !
La terre exténuée poussait le cri des insectes sans nombre.
Daniel, par un chemin de montagne, atteignit un village
croulant et vide, qu'il eût pu croi:re abandonné sans l'église
où il entra et où veillait la lampe. Son front, ses paupières,
ses mains reçurent la fraîcheur. La vo-ûte était peinte de
fleurs et d'oiseaux. Prisonniers depuis !a veille, les lis de
Pautel violemment saturaient cette ombre où Daniel peu à
peu reconnut l'humble défroque du culte, le brancard
pour les obsèques, l'antiphonaire sur un pupitre souilJé de
cire. Il se souvint du collège où il emponait à la chapelle
des livres profanes déguisés en livres d'heures. Les facéties
de l'oncle Louprat, d'après la Bible comique de Léo Taxil
et les chansons de Bérenger, t011chant les curés et leurs
servantes, -l'avaient détourné de la religion moins sans
doute que sa stupeur, au jour de sa première communion,
de n'avoir éprouvé rien que le vertige du jeftne. Mais en
rhétorique, il avait subi un temps la direction du plus
chétif de ses camarades, Jean Péloueyre, celui qu'on
appelait le « landousquet », dont il pressentait l'amitié
refoulée, contenue et de qui il prit le goût des vers iodé-

�LE FLEUVE DE FEU

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aurait voulu qu'elle ne le regardât plus ! Elle fit, pour
gagner la porte, un crochet de perdrix atteinte. Lui, erra
tout le jour, sans s'éloigner de l'hôtel et se répétant : &lt;c La
Villeron -sera là ce soir. Attendons de savoir qui est cette
Villeron. &gt;&gt;

finiment répétés. Evitons-nous jamais de subir l'empreinte
d'un être qui nous aime avec-quelque ardeut ? Plus fortement que ceux que nous aimâmes, ceux q)li nous ont aimés
nous marquent. Eh ce temps-là, garçon grandi trop vite,
hérissé, brutal, Daniel lut, outre tous les poères, Epictète
et l'Evangile, méprisa l'oncle Louprat, le haït même lorsqu'aux fins des déjeuners, en août, il le voya-it défaire son
col et se verser du. Gruau-Larose d'une main si agitée qu'il
en souillait la nappe. (« Voilà soixante ans qu'il boit son
frontignan de vin rouge à chaque repas! )&gt; répétait Ransinangue avec vénération.) Parfois 1~ vieux souhaitait les
confidencès de Daniel&gt; posait des questions queJ'adolescent éludait. Il l'amenait à Bordeau:t, au Grand Théâtre,
lui pinçait le bras pendant le ballet : c&lt; Regarde Lovati, la
dernière à gauche. Tiens : prends les jumelles. »
Ainsi Daniel s'attardait-il à rêver dans cette chapelle
perdue. Il oublia l'heure, revint en hâte et, sans prendre
le temps de se laver les mains, affamé, courut au restaurant.
Comme il ouvrait la porte, Mademoiselle d&lt;t Plailly tourna
brièvement la tête , Il regretta une seconde, puis ne regretta
plus d'être ainsi cramoisi, décoiffé. Raymond Courrège
souvent lui disait: ci Toi, elles t'aime,nt à l'état sauvage ... &gt;)
Il s'étonnait qu'elle ne se retournât ·pas e~ s?inquiétait,
lorsqu'il s'aperçut qu'un jeu de glaces permettait à la jeun,è
fille de le couver des yeux. Il aima ce subt erfuge et déjà il
en souffrait. Jusqu'à ce qu'elle eût fini de "manger ses
fraises, l'inconnue affecta de ne pas le voir ; mais Daniel
connaissait cette ruse ----du regard, toujours ailleurs qu'au
seul visage qui l'attire. lui la voyait mal, éta nt un peu
myope, mais il n'eût pour rien au monde abîmé d.e
lunettes son visage, ni voulu
qu'un monocle l'abêtit. Les
I
cheveux de 'la voyageuse, dans un rais de soleil brûlaient,
non pas tout à fait roux comme il avait cru : il n'aurait su
dire leur couleur _de flamme sombre. Il l'excusait, se
disant : cc EHe ne voit pas que je la vois. » Mais qu'il

I

Quand ce fut l'heure ·du train, la jeune fille traversa le
vestibule, volant vers son 'amie. Elle entr'ouvrit la porte du
bureau et adjura un Pédebidou invisible de placer dans la
chambre de M~e de Villeron deux vases qui pussent
cônterur des fleurs à longue tige. Ces signes d'une_amitié
&lt;lélicate irritèrent Daniel. li s'établit dans le vestibule pour
guetter l'ennemie inconnue. Le train devait avoir du
retard. Survint l'employé de la poste qui remit à: Mm• Pédebido.u un télégra'mme. Lorsque Daniel entendit le nom
de Mademoiselle de Plailly, sa joie Foblig€a-de se lever, de
marcher : il était sûr que l'a Villeron se récusait encore et
déjà mesurait sa puissance sur une proie soli taire. Il se
tapit.
Mademoiselle de Pl::(illy descendit seule en effet de
l'omni:bus et sa figure désolée exaspéra Daniel. Cependant
elle déchiffrait la dépêche, se lameotait : &lt;c Voilà que la
petite a unec angine maintenant ! Il y a écrit : Angine. sans
gravité. Voyage remis. Lettre suit ... ii Mm• Pédebidou la
rassurait : du momç,nt que c'était sans gravité... Son amie
serait là dans une huitaine ... La jeune fille s'arrêta au
milieu du vestibule, sans voir Daniel et murmurant : « Je
ne sais pas ce qu'il faut que je fasse. » Elle alla s'asseoir sur
un banc devant. la porte. Daniel s'approcha et, à travers la
vitre, comme sous une loupe, put observer à loisir ces
épaules, cette nuque. Comment eût-il négligé une telle
oecasion? Il s'avança donc vers la pleureuse qui leva la
tête. Le vent compliçe emporta le télégramme qu'elle
avait posé sur ses genoux. Daniel le ramassa, le lui remi.t,
osa parler : il savait par les Pédebidou qu'elle avait reçu de
mauvaises nouvelles; si elle avait besoin à'aide, il se mettait

�698

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE FLEUVE DE FEU

:à sa disposition. Elle ne s'offusqua pas, mais lui répondit
comme dans une gare la voyageuse qui s'est trompée de
train à Femployé qui offre ses services, et dans son désir
&lt;l'être secourue, comblait de renseignements sans prix ce
garçon avide : Fallait-il qu'elle revînt chez elle ? Les
voyages sont si coûteux aujourd'hui ! Son père habitait les
environs de Paris et ne consentirait pas à de nouvêlles
dépenses poùr qu'elle p(1t rej&lt;iindre son amie à Dut'J'kerque.
L'occasion .serait perdue... Fallait-il attendre seule ici, une
semaine, peut-être plus ? Et puis il y avait les frais
&lt;l'hôtel. .. C'est vrai que sou amie sren chargeait.
- Elle se charge des -frais t
- Oh! Elle esttellement plus riche que moL ..
Elle s'interrompit, les joues en feu, honteuse de s'être
livrée. Il n'nsa la regarder, sut même feindre l'indiff.érence
lorsqu'il -lui conseilla d'attendre la lettre de son amie
avant de rien décider. Elle se leva,- avec un rtibt d'excuse et
d'adieu.

petite Marie Ransinangue, gardée dans un cloître, défendue
des regards. Jalousie ? Il savait que cette passion en lui
dépassait toute Jalousie, car lorsque avec une imagination
prompte et patiente, il tentait de la posséder en pensée, de
la dénuder, il souffrait autant de cette débauche que si elle
s'y fût livrée avec. un autre.
Au re-pas du soir, elle l'acc1,1eillit d'un salut court et ne
le regarda pas une seu-le fois, mème à la dérobée. Il ne
s'inquiéta pas de cette reprise : il la laisserait courir, lui
donperait l'illusion de la liberté~ sachant que d'un bond
il pourrait l'atteindre, se servir d'elle. Non, il n'était pas
pressé et, dur-.mt ce repas,~déplora même que l'ennemie
inco.nnue ne fût ,pj!s là, cette Villeron qu'il aurait aimé
combattre à visage découvert. Que la jeune fille semblait
triste de son absence ! Elle'ne se surveillait pas__, mangeait le
coude sur la table, l'œil vague. Elle avait gardé sa jupe
ppussiéreuse et sa blouse de l'après-midi.

Daniel marcha à pa~ pressés sur la route comme si
quelqu'un l'attendait. Ainsi courait-il lorsqu'en·lui des sentiments contraires s'enchevêtraient et qu'il s'efforçait de
&lt;lémêler son désir de sa crainte, sa peine de -sa joie. Il
savait déjà· qu'il ne partirait pas, mais ignorait œ qui dominait en lui ; le regret de ne pas connaître encore cette
Villeron - l'espoir que toujours donne l'approche d'une
enfant mal défendue, déjà atteinte - la joie d''être seul à
mener cette i-ntrigue, sans témoin, loin de Raymond Courrège surtout. S'il avait été 1à, ce dur maître d'équipage,
Daniel n'aurait-il, par mauvaise honte, forcé ce doux
gibier qui ne songeait pas à. fuir ? Pour la première fois
sans doute, il suivrait sa loi intérieure. Rien ne lui était
plus évident que son désir de ravir ce corps, - rien,
sinon sa terreur qu'il ne fût pas intact. Que n'eût-il donné
ce soir pour obtenir cette -assurance qu'elle ignorait toute
caresse? Il aur.ait.voulu qu'elle eût été jusqu'à ce jour une

Après le diner, Daniel, dans le jardin crissant où, sous
les marronniers, la c,haleur du jour demeurait stagnante,
répondait à une pensée intérieure : &lt;c Pourquoi la salir ?... »
Plus tard il alluma une cigarette et ne sut pas que de la
terrasse, la jeune fille regardait luire brièvement _ses
deux mains enserrant l'allumette. A cet instant, il se répétait : &lt;c Pourquqi l..'l s~Iir ? Que vais-je imaginer ? Si
Raymond m'entendait, il se tordrait. Il dirait : Qu'est-ce
que ça veut _dire s;de ? Il n'y a que des gèstes. Un geste
en vaut un autre... Cette petite, que désiré-je en elle· ?
Après des heures de plaisir, son corps serait-il autre que ce
qu'il est, vierge ? Je chéris en elle un mirage. Qu'est-ce
que la pureté ? &gt;&gt;
Les feuilles épaisses au-dessus de lui se froissèrent ; la
campagne ruisselait d'eaux vives sous un ciel sans lune,
fourmillant et traversé d'une piste lactée, d'un gave blême
d'astres, et ce ruissell,ement indé6ni sm: la terre et dans

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les cieux donnait l'idée d'un effacement de toute tache,
d'une rénovation par l'eau.
Après minuit, l'éveilla un instant le soupir nocturne
de la pluie, et le matin elle chuchotait encc5re sur les
feuilles et sur les oiseaux éveillés. On ne voyait pas la
montagne. Ce filet de la pluie aux mailles innombrables
rabattit dans l'hôtel Daniel et Mademoiselle de Plailly.
Mais comme au restaurant, il lui demandait si elle avait
reçu de meilleures nouvelles, la jeune fille l'avertit, d'un
ton bref, que son amie arriverait à la fin de la semaine
suivante et laissa entendre qu'elle ne souhaitait pas prolonger cet entretien. Il s'inclina et cependant la bénissait
d'être en défense. Il aimait qu'elle se méfiât. De la terrasse, à travers la porte vitrée du sàlon, il vit qu'elle
écrivait une lettre interminable : sa réponse à la Villeron,
sans doute. Il souffrit de ce qu'elle couvrait tant de pages.
Pour rien au monde il n'aurait quitté la place avant
qu'elle eût achevé cette lettre et, cherchant une contenance, relut celle qu'il avait reçu le matin de Raymond
Courrège. Elle portait le timbre d'un bar des ChampsElysées et la seconde feuille était roussie par le feu d'une
cigarette. Raymond ne se plaignait pas des affaires : il
avait gagné cinq mille balles sur une Voisin achetée et
revendue en quarante-huit heures. Il ne pouvait plus se
servir de l'Hispano, en ayant bourré la carrosserie avec
des coupons de soie : un coup merveilleux qu'il avait fait !
Au moment d'obtenir son règlement transactionnel, un
type lui avait vendu le lot en vrac, à vil prix. Il espérait
ratisser la fort~ somme. C'était urgent d'ailleurs au prix où est
le champagne à El Garone et Aux Acacias. Il avait plaquéMarcelle mais levé une petite argentine de dix-huit ans
qui allait au lycée - pas grue du tout. Dès sa première
visite il lui avait fait boire de son fameux vin chaud à la
'
cannelle.
Daniel déchira le papier et cependant, à travers la

LE FLEUVE DE FEU

7or

vitre, regardait Mademoiselle de Plailly qui écrivait,
écrivait. .. De la feuille roussie par la cigarette de Raymond
et vainement déchirée, émanait une force qu'iJ subissait
bassement. Cette fille, derrière la vitre, ne lui était plus
que ce qu'elle eût été pour un ravageur comme Courrège : Ah l forcer la porte, arracher ces papiers où elle
livrait ses secrets, et puis la prendre, se la soumettre.
A I:instant où, debout, elle fermait l'enveloppe, Daniel
entra et, du seuil, il la dévisageait. Comme le temps
pluvieux assombrissait le salon, elle ne put voir l'expression atroce de ses traits, d'ailleurs à contre-jour, mais
sans doute en pressentit-elle la menace, car elle se retira
en hâte par la porte du vestibule. Daniel examina les
ouvrages au crochet sur les fauteuils de palissandre, une
tête d'isard au-dessus de la porte, puis la table où tout
à l'heure la jeune fille écrivait. Un buvard était là dont
il se saisit avidement pour le placer devant la glace. Ainsi
déchiffra-t-il quelques mots insignifiants : tendresses ...
embrasse ... pluie... et la signature : Gisèle de Plailly.
Il emporta ce petit nom, le répéta, le savoura, s'en pénétra ; il en fut comme adouci, apaisé. A la fenêtre de sa
chambre, fumant et rêvassant devant la pluie, ayant sa
part de la joie végétale, il détachait chaque syllabe de ce
nom et de ce prénom : Gisèle, Gisèle de Plailly comme s'ils eussent dû lui ouvrir il ne savait quelles
portes.
Aux Pyrénées, la pluie dure : trois jours passèrent
sans interrompre le déluge qui, ensevelissant les montagnes, rétrécissait le monde autour de l'hôtel désert. Cette
complicité de la plùie livrerait à Daniel la jeune fille
abandonnée. Non qu'il fût si fat que de croire qu'il ne
pouvait déplaire. Mais son instinct d'abord l'avertissait si
la voie était libre, s'il pouvait aller de l'avant\ Sa force
était de se voir sans indulgence, tel que le reflétait la
fem{De élue, comme si malgré lui il eût dû se conformer

�LE FLEUVE DE FEU
702

7o3

LA NOUYELLE REVUE FRANÇATS1'

à l'image que de lui se fai ait l'adversaire. Il avait suffi
d'un mot, d'un regard pour qu'il se sentît parfois vulgaire, bellâtre même. En revanche sa chair éprouvait le
moindre trouble éveillé chez une autre. Il était averti de
la plus secrète complicité d'un corps. Ainsi se sentait-il
sôr de forcer Gisèle, la bénissait 'ti'ê re défiante et, pareil
au chasseur que divertissent les ruses du gibier d'avance
vaincu, ne la pourchassait pas. Plus tard, il devait se
rappeler, comme les seules sereines de son amour, ces
heures dans I hôtel ,·ide, pressées de pluie, des pas furtifs
sur la terrasse quand il feuilletait au salon un vieux recueil
du Monde Illflstri, - surtout ce visage soudain inexpressif de la jfüne fille lorsque, au restaurant, il jetait un
brusque regard vers la glace où il savait que les yeux
aimés l'épiaient. Mais il 'tait de ceux qu'nne femme, dès
les premières paroles, blesse.
Dans un hôtel, des nouveaux venus créent entre les
anciens une complicité. Ce jour.:là, au restaurant, une
famille fit son entrée : d'abord une vieille dame réduite
dont le corset saillant barra.it le dos ; puis un immense
fils d'une maigreur d'affamé et qui agitait, sur un long
cou où la pomme d'Adam semblait une maladie, son
osseuse figure masquée de boutons; enfin le père, gallinacé majestueux, portant haut sa tête chauve et rouge
de coq &lt;l1ode dont on eùt dit que Jébordait Ju col roide
la membrane charnue et IDQmelonnée. Daniel et Gisèle
se regardèrent, sourirent. Ce fut elle qui, au salon, avant
qu'il ait rien demandé, l'a,•ertit que « la petite trainait un
peu ». Mais son amie espérait être là dans une huitaine.
Elle ajouta :
- Savez-vous quelle est la maladie de ce grand
escogriffe, d'après Madame Pédebidou ? Il a le cœur trop
petit pour son corps. Alors le sang n'arrive pas aux.
extrémités.
Il devait avoir les pieds et les mains violets de froid.

Ils riren~ encore, s'étonnèrent de se sentir camarade
'?mn:e s1 ces quelques jours où, sans une parole, ils
nava1ent cessé de penser l'un i l'autre, plus sûrement
que .de longues confidences les avaient rapprochés. Ils
adrntr rent le travail déji fait. Elle montra qu'elle avait
des lettres eu citant une phrase de Maeterlinck touchant
les âmes qu~ se connaissent sa.os l'intermédiaire des corps.
II_ osa réparur que les corps, et non les âmes, réagissent à
distance, se ~airent, s'approuvent... Elle éclata d'un rire
affre~x. - grrouette ou crécelle qu'elle arrêta net.
~mel détesta d'abord ce rire qui ne ressemblait pas à ce
vis~ge P1;:· . Il _souffrit encore, l'observant de près, parce
q~ elle. n e~rut pe_ut-êrre pas aussi jeune que sa myopie le
lut a~att fait r tee. Ardemment, il contemplait ce visage
roussi, et comme flammé - ce beau grès vivant. Mais
autour
de la bouche, des yeux ' au cou même , dé'·
·
·
ia para1ssa1ent des_ signes d'~s~re. Jeune certes, mais d'une jeun~sse déch~:iote qui 1embrasait et la blessait comme de
8.eches honz~ntales. Grossier, il lui demanda son âge.
Elle regarda, mterdite, cet homme - plus rien du joli
garçon flatteur et doux -cet homme impérieux.
Croy z-vous que je dise mon âge au premier
venu?
Le. ton eoj?ué adoucissait un peu l injure ; mais qu'importait à Damd ? Il retenait seulement cela qu'elle avait
hont de son âge. Rien, rien ne pouvait faire qu'il l'ait
connue dans sa pnme
·
·
sai.son.
Il la suivit sur la t rrasse. Les branches s'égouttaient dans les ténèbres pleines
de_ c?assements. Comme il a.llumait une cigarette elle

~~:

'

- Je reconnais à l'odeur une abduUa. Donnez-m'en
une.
Il répondit sèchement :
- J'ai horreur que les jeunes filles fument.
t ~ rire qu'il détestait grinça, s'interrompit. Il lui
en t alors, sans la regarder,, un étui d'écaille; comme

�704

•

LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB

elle ne répondait pas à ce geste, il leva les yeux:, ne vit
dans l'ombre aucun de ses traits mais seulement, bien
qu,elle fût debout, la masse d'un corps affaissé soudain,
les deux mains au dossier d'une chaise. La lumière venue
du salon n'éclairait que ces deux mains crispées. Sans plus
rien dire, elle s'éloigna. N'aurait-il pu suivre sa trace au
sang qu'elle perdait? Il ne doutait pas qu'il eût touché en
elle l'endroit d'une blessure.
Il se demanda, pendant la nuit, s'il pleuvait ou si c'était
le vent qui sous le couvert faisait s'égoutter les feuilles
basses. Il savait qu'il allait souffrir, que plus il avancerait
dans la connaissance du cœur, du corps désirés, s'en
épaissirait le mystère, - surtout s' il était aimé : « Elle
se déformera, elle se recomposera pour me séduire ... »
Il haïssait d'a\·ance les fausses images, les épreuves retouchées. Pourtant il n'avait jamais rien exigé de la vie
que cette recherche épuisante dans les ténèbres d'autrui.
11 n'avait osé confier qu'à Raymond Courr~ge que
l'hiver de 1916 où iJ grelottait sous une tente, dans des
landes inondées - et même l'année 1917 où il traversa
l'enfer de Vauquois, laissait en lui un souvenir dominant :
celui de Thérèse qu'il connut alors. La guerre, ,,était
pour lui Thérèse Herlant.
Le lendemain, pendant le déjeuner, il ne vit pas Mademoiselle de Plailly, séparé d'elle par des pèlerins de
Lourdes. Il maudit cette tablée de voyageurs fervents et
noirs, les accusa de ne s'être pas déshabillés depuis deux
jours. Il mit les bouchées doubles, s'assit au fond du jardin
sur un banc humide encore : il ferait beau, ce nuage immobile, là-bas, était un carré de neige.
- J'ai vingt-six ans. Que voulez-vous savoir encore ?
Interrogez.
ll tressaillit, se leva. Elle était venue à pas de louve.
Ses dents luisaient. es bras étaient nus, abimés d'anciens
coups de soleil - un peu trop forts. A travers la robe

LE FLEU\'E DE FEU

de piqu~, il croyait entendre vivre ce corps, comme à
travers les feuilles on entend l'eau vive sourdre. Son visaae
éclatait d'une jeunesse telle que Daniel n'en put soute;r
plus d'une seconde l'aspect. Il avait souvent regardé en
face le soleil et la mort - mais jamais un ,·isage bienaimé. Les yeux de l'amour sont fuyants. Ceux qui regardent en face n'aim nt pas. Les beaux bras se relevèrent
pour qu'elle pût rattacher sur la nuque une mèche,
comme si elle éteignait une flamme courte, - ses deux
bras se rele,,èrent, et le garçon, à cause de ce qu'il vit,
ferma les yeu.,:. Elle disait :
- Il y a une sortie sur la campagne. Voulez-vous que
nous fassions quelques pas ensemble ? Nous ne rencontrerons personne.
Il souffrirait plus tard qu'elle ait proposé cette promenade furtive. Mais rien ne lui était, à cette heure, que de
marcher près d'elle sur une route. Bien qu'elle ne dît rien
que d'innocent, pourquoi lui trouvait-il l'aspect d'une
prévenue qui brouille les pistes, veut donner le change ?
Il l'écoutait mal d'ailleurs, moins sensible à une parole
qu'à cette main qui, par mégarde, touchait la sienne, qu'à
cette épaule qu'il s'accoutumait à regarder de tout près,
qu'à ce nuage d'odeur autour de ce corps. Cependant elle
disait que chez elle ce n'était pas la même lumière qu'ici.
Bien qu'elle habitât à trente kilomètres de Paris J on ne
pouvait imaginer un pays aussi perdu : une heure de
voiture ;usqu'à la gare, sur des routes défoncées, dès l'autonrne, par les charrois de betteraves... Les gars des
Pyrénées chantent à tue-tête. N'avaient-ils pas empêch~
Daniel de dormir, hier soir ? Mais chez les Plailly, les
garçons abrutis par l'eau-de-vie ne chantent pas. C'est
un village sans curé et le dimanche, les femmes ne s'y
habillent pas, faute de grand'messe. Gisèle n'aimait guère
quitter le jardin, parce qu'elle avait peur des corps
d'hommes au revers des fossés, terrassés près d'un litre
vide. Son père racontait qu'un soir d'hiver, il avait tré4,

�706

LA NOUVELLE REVUE FRA."IÇAISB

bucbé sur la route conrre un cbarretier ivre-mort dont les
rats avaient commencé de ronger la figure. Daniel profita de ce que la bavar&lt;le reprenait haleine pour lui demander si l'hiver elle habitait Paris. Il demandait cela
distraitement, se disant: « Il faudra que je me souvi~nne
de la couleur de sa chair à l'eadroit du coude. » Sa gorge
dev.ait être un peu lourde déjà•.. Cependant Gisèle s'exclamait : Ah ! on voyait bien qu'il ne connaissait pas
M. de Plailly l « Un veuf, n'est-ce pas, prend souvent les
manies d'un vieux garçon. » Economiser .était son idée
fixe. A la campagne, séparé du monde, il n'était pas forcé
de faire figur~. Depuis la guerre, il avait suppri_mé _l'a~~jardinier, binait, sarclait lui-même : « Il a. tout a fan 1air
d'un paysan maintenant ... &gt;&gt; On ne pouvait garder aucune
bonne parce qu'il exigeait qn' elle soignât_ le :ocho~ •
Longtemps la jeune fille accumula _les gnefs. d un air
faussement léger, comme par plaisantene, et parfois en effet
résonnait la crécelle de son rire. Daniel aurait haï chez
toute autre ces commérages, cette facilité à se livrer. Mais
en dépit d'un ton de badinage, si âpre était ;e réq:3-isi~oire
de Gisèle contre son père que le garçon s effarait dune
telle aigreur, de cette rancune démesurée. Comme ils
longeaient une prairie, elle dit :
- Si nous souffiîons un peu ?
Côte à côte ils s'·é tendirent. Us étaient à la hauteur de
l'herbe · leurs cheveux remuaient dans le sillage des granùnées. Il~ écoutaient le vent qui n'est pas le bruit de,s feuilles
froissées mais une voix mouillée et tiède contre l'oreille. A
intervalles irréguliers, -sonnait un seul grillon. Les nn~ges
modelaient la montagne, y creusaient des tranchées noires:
La lumière gli:ssai.t sur des pentes de jade qui soudain aussi
s'assombrissaient. Ils se demandaient l'un à l'autre si cette
tache était une forêt parmi les prairies, ou l'ombre des
nues ou un r.o.c noir. Il ne la regardait pas, mais se brû- 1ait •feu de ce corps épandu. Elle.parlait, parlait. Plus tard
il serait assez tôt pour se rappeler telle parole sur le

:u

LE FLEUVE DE FEU

mariage, sur les jeunes gens, pour s'y écorcher. Oserait-il
un gest-e ? Il avait peur et envie qu'elle ne se défendît pas.
Enfin, s'étant soulevé d'abord sur les coudes, il baissa son
visage vers le sien, comme pour s'abreuver. Mais elle élargit brusquement la place entre leurs corps gisants et tira
chastement jusqu'à ses chevilles sa robe. Daniel connaissait
bien cette joie d'être dé.çu. Il murmura:
Et quelle sombre soif de la li rn pi-ditè ...

-

Que dites-vous ?
Rien ... un vèrs ...

Le ciel se ternit. Une brume couvrit les-Crêtes et Daniel
imaginait des transfigurations sur ces sommets ensevelis.
Ils revinrent. La jeune fille se taisait et il redoutait plus ce
silence qu'aucune parole. Elle traînait les pieds dans la
poussière. Il se souvint de la forme prostrée qu'il avait vue
la veille au soir. Etait-elle lasse ? Hostile peut-être à cause
de cette caresse tentée ? Non; non : ce n,était pas cela.
L'ombre étendue sur Gisèle de Plailly venait d'un ciel
inconnu. Devant une croix de mission, tandis qu'elle se
signait, tout son corps épanoui se contracta soudain, se
reforma. Et Daniel, si peu religieux, aima cette rétraction,
respira cette fille dévote, ce jasmin d'Espagne, puis ne put
supporter son silence, l'interrogea au hasard :
- Vous ne quittez jamais votre village?
- Oh ! je vais à Paris quelquefois ...
- Seule?
Bien qu'il ait jeté ce dernier mot sur le même ton impérieux que lorsque la veille il lui avait demandé son âge,
elle ne parut point froissée, mais anxieuse. Elle parla vite,
un peu b.aletante :
1 on ... Oui ... Enfin souvent seule ... Qui m'accompagnerait? J'ai p.e.rdu ma mère, je ne l'ai pas connue ... Depuis
la guerre, nom n'avons même plus de· cheval, croyez-vous ?
Il faut pour aller à la gare prendre la patache à six heures

�708

LA NOUVELLE REVUE FRAlfÇAISE

du matin ... Et la bonne a assez à faire avec le poulailler,
les lessives .. . Je suis obligée de prendre pour le retour te
dernier train du soir, le seul qui corresponde avec la
patache. Gest long ces journées dans Paris. On ne sait
où se poser; il n'y a que les grands magasins ...
Elle s'interrompit, comme si elle eût compiis que ce
n'était pas cela qu'il aurait fallu dire. Ah ! Dieu ! Dieu !
Elle errait donc des jours entiers dans cette jungle. C'était
un hasard qu'il ne l'eût pas un jour flairée, levée ... Comme
ils approchaient de l'hôtel, la jeune füle lui dit qu' il valait
mieux ne pas entrer ensemble, à cause des Pédebidou. Il
protesta qu'il était tout naturel qu'ils aient lié connaissance
et que personne n'y pouvait rien trouver à dire. Mais elle
secouait la tête et, butée, le suppliait de passer par le fond
du jardin. Il résistait :
- Les Pédebidoq penseront ce qu'ils voudront.
- Oui ! Et quand mon amie sera ici, ils lui raconteront de:; histoires.
- Quelles histoires ? Elle verra bien que je vous connais, votre amie ...
La jeune fille balbutia :
- Vous serez encore là ?
Sans doute, eût-elle voulu reprendre cette parole. Mais
sous le regard haineux du garçon, elle perdit contenance, et
elle demeurait immobile avec une humilité, une soumission douce. Qu'il souffrait ! Il lui sembla que plus jamais_
il n'oserait plonger dans ce cœur donnant, dans c:ette eau
traîtresse. Raymond Courrège, lui, aurait meurtri ces bras
abandonnés, saisi à deux mains cette tête, ployé la fille
tout entière cœnme une branche, jusqu'à la rompre. Il la
quitta sans un mot, chercha l'entrée secrète du jardin et,
comme il se retournait, la vit debout à la m~me place.
Seul maintenant sur l'allée herbeuse, il s'effrayaitdda boue
remuée en lui et dont il salissait la jeune fille. Mm• de Villeron ... Il la, voyait cette inconnue, se la représentait avec
minutie : ramassée, noiraude, l'œil dur et jauni de bile, il

LE FLEUVE DE FEU

connaissait jusqu'à sa toilette, comptait les boutons du
« tailleur ». Une confidence échappée à Gisèle, cette aprèsmidi, lui revenait soudain : A l'Abbaye-aux-Bois~ quand
Lucile était une grande, elle avait ch0isi Gisèle pour sa
petite fille : cc Vous savez l'usage des couvents ? Chaque
grande est une petite maman ... l&gt;

A table, elle quêta le rega.r:d de Daniel sans vergogne.
Qu'elle était imprudente l Qu'elle calculait peu ! Lui,
buvait sec, pou r mieux sentir sa passion; alms une subite
idée le frappa : si Gisèle était une vraie jeune fille, pourquoi ses gestes ni ses propos ne tendaient-ils au mariage ?
Elle ne lui avait pùsé a~cune insidieuse question sur sa
famille, sur son métier, sur ses revenus, comme elles font
presque toutes quand elles jettent le filet. cc Voyons, voyons,
voyons, 1&gt; marmonnait-il, cherchant dans le long bavardage
de la journée ce qu'elle avait pu dire touchant le mariage.
Il se rappela que, lorsqu'au tournant de la route il lui avait
demandé pourquoi sa chère amie Villeron ne s'était pas
inquiétée de son avenir, pareil à un chirurgien qui découvre
sous ses doigts qu'au delà de ce qu'il avait cru, le cancer se
rai;nifie, il l'avajt vu blémir. Mademoiselle de Plailly, verbeuse, s'était alors ietée dans une autre diatribe : à l'entendre, son père ne voulait faire aucune concession. Même
avant la guerre, il ne se füt jamais résolu à doter sa fille. 11
avait sur ce sujet des idées d'ancien régime, disait-elle, et lui
citait l'exemple des jeunes filles nobles d'autrefois ; il ne lui
faisait grâce d'aucun divorce connu de lui ni de leurs pires
motifs. Elle était cc ferrée à glace » ( ce fut son expression)
sur les plus scabreux cas de cassation reçus en cour de
Rome.
Daniel tournait maintenant dans les allées noires, se
cognait aux bancs, frottait l'une contre l'autre les paumes
de ses mains.
Après le dîner, à cause de la brume presque froide,
M;idemoiselle de Plailly s'établit au salon avec un livre.

�710

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE FLEUVE DE FEU

L'entré~ de Daniel ne lui fit pas lever la tête. II s'assit
assez loin d'elle dont soudain le rire éclata et elle lui
montrait, collé contre la vitre d'une porte-fenêtre,. le nez
aplati et blanc du jeune homme masqué de boutons. La
face exsangue alors s'effaça de la vitre et ils entendirent errer
l'escogriffe sur la véranda, sentinelle mélancolique.
- Il y en a qui ont cette figure, et d'autres ...
Et elle regardait hardiment Daniel qui répondit :
- Les jeunes filles répètent souvent q'tlun homme rt'a
pas besoin d'être beau.
Elle éclata encore de son rire, et du ton le plus vul-

Il ferma les y€ux, vit le métro comme un égout humain
qui la roulait. Il se rapprocha, les _dents serrées. EHe se
leva, passa sur la terrasse où le garçon an cœur trop petit
n'était plus. Comme un mufle mouillé et tiède, ils sentirent sur leurs joues et sur leurs yeux le jardin noir. Une
ampoule s'alluma au-dessus d'eux. Eblouis, ils ne virent
pas d'abord Mme Pédebidoù en camisole, le front a-rmé de
deux bigoudis. Mais ils l'entendirent, mielleuse :
- Pardon,_ M'sieur et Dame : j_e venais vo1r si on
pouvait fermer,

gaire :
- Oui, toujours assez beau pourvu qu'il épouse.
Daniel, comme s'il redoutait la réponse, insinua que
sans doute elle. ne l'entendait pas ainsi e_t qu'il devait falloir
être beau pour lui plaire. Ce fut alors que cette parole
étrange échappa à Gisèle de Plailly :
- Oh! Moi! Tous les visages me blessent.
- Ceux qui sont laids ?
- Moins que les autres.
Elle parlait avec une hardiesse d.ésolé:e, une sorte de bravade triste ; et Daniel n'osait soutenir son regard. li .
essaya, par lâcheté, de tourner en plaisanterie cet a::,eu : ce
qu'elle avait dû souvent être amoureuse! Un sourire, un
haussement d'épaul es signifièrent: bien plus souven.t que
vous ne sauriez croire. Alors le garçon, d'un ton fauss~
ment doux :
- Il y en a. tout cle même que vous avez dû préférer à

Avant que vint le sommeil, pendant des heures, il s'efforça de se rappeler toutes les jeunes filles qu'il avait connues pour tes comparer à Gisèle. Sauf Marie Ransinangue,
mystérieusement perdue à cause de lui dans des ténèbres
qu'il ne pouvait imaginer, il n'avait eu d'intimité avec
aucune. Il les revoyait toutes: celles qu'il fit danser, le seul
hiver où il alla au bal ; et d'autres, rencontrées pendant la
guerre au hasard des cantonnements et des ambuJances. ;
elles avaient ce trait commun de se garder, mais sans qu'il
pût démêler si elles étaient chastes ou seulement soucieuses de ne se pas déprécier. La· plupart sans doute con.fondaient-elles le goût de la pureté avec l'instinct de
conservation. L'énigme des jeunes filles,_ songeait Daniel,
naît de cette confusion de leur intérêt avec la plus stricte
vertu. Elles-mêmes ne sauraiem dite si leur cor ps leur est
un capital qu'il importe de réserver, ou si d 'abord elles
révèrent en leur chair intacte un mystère ... cc Gisèle de
Plailly ne me paraît différente q_ue parce qu'elle ne pense
plus au mariage. Oui, c'est c.ela ... Aussi chaste qu'aucune
autre, mais moins circonspecte, et ne ménageant plus rien.
Oui, mais ... »
Il se leva, alla pieds nus à la fenêtre qu'il ouv(it, et il
but à la nuit brumeuse et saturée comme une gorgée
d'eau. &lt;&lt; Même .ttec un père pareil à ce Plailly, quelle jeune
fille renonce au rna;iage ? A moi" par exemple, que n'es-

tous les autres ...
- Rassurez-vous : je les aime tous.
Et comme il se taisait, elle ajouta:
_ N'êtes-vous pas comme moi? En tramway, en train,
en métro, il suffit d'une paupière, d'une bouche, d'une
rriain posée sur des genoux, d'une main nue, pour que la
vie misérable me paraisse moins misérable~.. Vous ne
trouvez pas ? Non ?

�7 [2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

saie-t-elle de jeter l'hameçon ? Je lui plais... Est-elle sans
coquetterie, sans ruse? dégoûtée par d'autres expériences ?
A-t-elle flairé, avec cet instinct qu'elles ont, que je ne suis
pas de l'espèce des mnris? Elle ne ressemble à aucune
autre peut-être parce qu'elle est une jeune füle sans mère.
Elle a dit, elle a osé dire : tous les visages me blessent ... ,&gt;
Il souffrait et jouissait de cette parole insensée, imagina
ce qu'il pourrait faire avec Gisèle, voulut mener sa pensée
au gré de son désir, mais le .sommeil le prit tout d'un coup.
Un dormeur, derrière la cloison, avec des mots incohérents, le réveilla. Peu à peu l'hôtel se peuplait. Daniel
avait vu, la veille, de jeunes silhouettes blanches entre les
grillages du tennis. Il aurait dû apporter sa raquette ...
Pourquoi ne ferait-il pas quelques ascensions ? Les vraies
montagnes étaient trop loin. D'ailleurs il ne pratiquait le
sport qu'aux jours ou peu de passion l'occupait. Alors il y
détendait un corps joyeux et vacant. Mais toujours, quand
le feu intérieur le consumait, iJ en préférait la brûlure à
tout divertissement et n'aimait que la marche qui ne
détourne pas la pensée, qui l'aide au contraire à se concentrer. Ainsi différait-il de Courrège, dans ses crises
s'éreintant sur le ring ou à la rame, en candt. Pour Daniel,
le plaisir d'être le plus leste et le plus fort, en ces instants
ne comptait guère. La jeune foule animale l'assommait à
qui rien ne plaît mieux que se dépenser, exceller. Pourtant
il avait connu, dans les bars, quelques jeunes gens de
lettres qui affectaient de préférer à tout la boxe ou le
rugby qu'ils célébraient en prose et en vers. Mais chez
l'un, ce n'était que religion secrète, exaltée, douloureuse,
du corps humain, - chez l'autre, consumé de débauche,
recherche inquiète d'une discipline, d'un ascétisme ... Peuton aimer son corps dans chaque muscle et le sevrer
de sa joie? Alors Daniel pensa à l'autre excès, imagina
ceue petite pa.Ysanne, Ma.rie Ransinangue, exténuée de
jeûne, amaigrie, les genoux blessés contre des carreaux ...
Et Gisèle ? Il faudrait qu'il pensât à lui demander si elle

LE FLEUVE DE FEU

7r3

jouait au tennis : on trouverait bien deux raquettes. Le jeu
allume les jeunes corps comme des torches ... et il l'imagina brûlante sur le court, se Leva, emplit d'eau son verre à
dents, avala un comprimé d'aspirine, attendit Je ·sommeil.
Le lendemain, la place de Mademoiselle de Plailly, au
restaurant, demeura vide. Daniel sut par la grande hari~elle de service ~ue la jeune fille était à Lourdes pour la
Journée. Il se réjouit de ce répit comme d'une halte dans
une descente indéfinie. Il n'était plus i"inpatient de toucher
le fond. C'était assez d'en respirer le relent. Désormais,
comme le coup de grâce, il attendait de voir la Villeron.
Le seul aspect de cette femme l'éclairerait mieux qu'aucune
enquête. Après cette épreuve, tout serait consommé.
Alors il ne négligerait plus de cueillir ce fruit véreux
~~sèle ! Il ne quitterait l hôtel qu'il ne l'ait mordu pui;
reieté. Après la matinée brumeuse, un jour de feu l'étourdissait, l'accablait dans l'herbe drue et juteuse entre la
route de Saint-Savin et le gave. Cette intrigue dénouée, il
s'efforçait d'imaginer son retour à Paris, les affaires et les
amours que lui proposerait·Courrège. Mais ce rongeur ne
se pouvait détacher de la passion où il usait ses dents. Il
n'avait jamais su interrompre une histoire. De même
qu'enfant, il dévorait les livres, en secret rallumait sa
bougie, Ja p.uit, ne s'accordait de repos qu'il n'eût épuisé
le dernier chapitre, aujourd'hui il humait tout amour
jusqu'à la lie. Daniel appliquait en amour la règle cartésienne d'être le plus ferme et le plus résolu en ses actions
qu'il pouvait. Jamais il ne revenait sur ses pas.
Le jour où, par un colloque des Pédebidôu, il apprit que
Mme de Villeron arriverait le lendemain, Daniel alla vers le
gave. Comme un cœur malade, l'appel aux vêpres .battait
dans ce dimanche accablant. Les traînées jaunes des renoncules décelaient de seaètes eaux à travers les prairies crépitantes. Sur l'herbe, au bord du gave, le jeune homme vit
des taches rouges, bleues et blanches qui étaient le linge,

�714

LA NOUVELLE REVUE FlANÇAISE

les habits des garçons dont il entendait, derrière les aulnes,
les cris et les ébrouements. 11 se coucha à l'ombre étroite
d'une haie. Parfois, à travers les branches, étincelait de
soleil et d'eau un corps fuyant. Il semblait que la torpeur
d'un jour torride eùt éveillé les Œgipaos endormis et que
le grand Pan gonflât soudain sa poitrine feuillue. Daniel,
comme dans le désert un assoiffé suce un caillou, répétait:
Gisèle ... Gisèle ...
Pour rentrer à l'hôtel, il gagna un chemin creux, et
soudain il la vit. Elle venait du gave. La verdure avait
souillé de sève sa robe de piqué, elle tenait son chapeau à
la main. Il pensa d'abord à ceci qu'elle venait du gave
plein d'éclaboussures et de cris. Elle lui dit précipitamment,
comme pour se défendre :
- Je vous cherchais ... Elle arrive demain ...
Il répondit sans la regarder :
- Que voulez-vous que ça me fasse ?
II marchait si vite qu'elle était obligée de courir pour le
suivre. Elle lui demanda:
- Vous restez encore ?
- Si ça me plaît.
Perdant le souffie, elle lui dit :
- Je voudrais ... Je voudrais que vous ne vous occupiez
plus de moi. Maintenant, ce n'est plus la peine ... Laissezm01 ...
Il ne répondit pas. Elle avait renoncé à le suivre, sans
doute pour éviter qu'ils entrassent ensemble à l'hôtel. Il se
retourna et la vit immobile au milieu de la route sans
ombre, - la même épave, la même qu'avait roulée l'égout
vivant des Boulevards; corps noyé dans la cohue du
Printemps; petite vague battant les comptoirs des Galeries
Lzfayette; voyageuse errante à l'heure du train sous le hall
fumant de la Gare du Nord 1 •

(A suivre).
1.

Copyright by Librairie Gallimatd,

FRANÇOIS MAURIAC
19-22.

REFLEXIONS SUR
LA LI~T°ERATURE
LES TROIS CRITIQUES
11 y a bien longtemps qu'une question toute littéraire n'avait
fait autant de bruit que l'affaire des manuels ( et de Manuel)
soulevée par M. Vandérem. Notre confrère est devenu une
manière de vicomte de Foucault, q11i n'a d'ailleurs pas cette
fois, les mains auvergnates.
'
On_a trouvé étonnant que cette petite somme de remarques
peu discutables et dont on a généralement reconnu le bien fondé
n'aient été produites à la lumière qu'à un moment si tardif. Mais.
l'étonnement ne doit être en généra] qu'un commencement, qui
~ous _mène à cet, état où l'on ne s'étonne plus, parce gu'on
s explique et que l on comprend. Ces articles nous fourniront
une bonne occasion de pénétrer dans la vie intérieure de la
c_ritiq~e française et de voir comment les jugements étroits
s1~nales par M. Vandérem, et Ja polémique de M. Vandérem
lm-même, ont été déposés le long d'un courant ancien et
naturel.

*
On sait que Brunetière, étant parti pour l'exécution d'un
grand ouvrage en quatre volumes sur !'Evolution des genres, s'est
arrêté net après le premier, qui porte sur l'évolution de la
critique. Brunetière jugea-t-il que la critique présentait le
tableau le plus démonstratif de cette fameuse évolution ? En
tout cas, et sans méconnaitre l'importance d'une question
générale engagée à faux, mais qui portait bien sur un problème
réel et central et qui devra être reprise un jour, sans méjuger

�7I 6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

non plus les morceaux solides du livre, on le voit, pour sa pl~s
grande partie, crouler de deux côtés. Tout d'abord des_ 101s
d'évolution de la critique, f évolution d'un genre, sont tirées
par Bruneti'ère de considérations qui portent unique~ent sur la
critique française. Or presque toutes les autres. littératures
modernes ont comporté leur critique, et il suffit de lire la.grande
History of criticism de M. Saintsbury pour voir à que_l point le
genre, si genre il y a, a évolué diversement dan_s _les divers ~ays:
En second lieu, dans l'espace même de cette crit~que française a
laquelle Brunetière restreint son étude,. ~n est frap?é d'une
lacune ou d'un parti-pris analogues : la cntique français~, pour
lui, est si.irtout une suite de professeurs en acte ou en pmssance,
qui va de La Harpe à Brunetière lu~-même, et où par exemple
Villemain est investi d'une grande importance. Prenez cela en
gros . Madame de Staël, à laquelle Brunetière fait avec raison
une place considérable, n'a évidemment rien d'un professeu~,
et Sainte-Beuve ne le fut qu'accidentellement. Au surplus il
est tout naturel que l'enseignement soit_ le second e; _même le
premier métier d'un critique profess~o~nel. J~ n a1 aucune
raison de dénigrer la critique universnaue. Mais, coru.11:e_ tout
ce qui existe, elle a ses limites. Elle n'est pas la seul~ _cnt1que:
Elle est bornée de deux côtés. ~l y a deux autres cnnques qm
commencent sinon là où elle finit, t-0ut• au moins là où elle
faiblit où elle devient gauche et dépaysée, et qui au surplus
sont 5~ 6 aî nées. J'appellerais l'une la critique parlée et l'a~tre la
critique d'artiste. En se bornant à la critique franç~1se d~
xixe siècle on écrirait sur chacune d'elles un livre aussi considérable et' aussi intéressant que celui que B~netière a con~acré
à un seul des trois secteurs, qui lui paraît la critique ~,~t1èr~.
Prenons un peu d'esprit géographique. La gé~graphrc, dit
Voltaire, permet d'opposer l'univers_ à la rue_ Samt-Jacques e~
de ne pas croire que les orgues de Samt-Séverm donnent le to
au reste du monde . Ils ne le donnent pas mê~1e au r_este de
Paris . M. Vandérem a €crit autrefois, pour expnmer pittoresquement le rythme binaire de l'intelligence parisienne, so,n
roman des Deux Rives. Admettons qu'avec la Cité et les autr~s
iles cela en fasse trois, et tâchons de voir notre pay sage entique de c~ point de vue des trois rives.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

71 7

J'entends par critique p.:irlé'e ce qu'on pourrait appeler aussi
la. critique spontanée, la critique faite par le public lui-même.
C'est évidemment l'aînée des trois critiques. Du jour où un
poète a chanté devant des hommes, les hommes ont manifesté
leur opinion sur lui. Plus ils ont appris à sentir et à ex-primer
leurs sentiments, ptus cette critique parlée s'est perfectionnée.
Elle s'est développée en fonction de la vie de société, et comme
la vie de société et de .conversa tien n'a nulle part étê plus brillante et plus fine que dans la France des xvne, xvm• et
x1x• s.iècle, il est naturel que la critique spontanée y ait pat'riculièremeat brillé. _cc La vraie critique de Paris, écrivait SainteBr:mve dans un M ses tout premiers Lundis, se fait en causant ;
c'est en allant au scrutin de toutes les opinions, et en dépouillant ce scrutin avec intelligence, que le critique composerait
son résultat le plus complet el: le plus juste. » Il "S'agit, bien
entendu, des conversations du public éclairé. Mais cette critique
verbale n'a guère pour nous qu'une existence théorique. Elfe
ne commence à vivre littérairement que, lorsque certains
détours Jui permettent de passer dans l'écriture sans y perdre sa
sincérité et sa fraîcheur. Ces détours sont heureusement nom-breux .
D'abor&lt;l ces conversations laissent des traces. On en a noté
de brillantes, comme l'éblouissant feu d'artifice criti_que tiré par
Rivarol devant Chênedollé. ll y ,a, dans les mémoires, les correspondances, les journaux, les nouvelles de la littérature
française, une sorte de Journal des Goncourt presque ininterrompu, qui dure depuis trois siècles. Et puis la critique spontanée 11e consiste pas seulement dans les conversations~ dans la
parole auditive, mais dans ces succédanés de la parole que sont les
lettres., les notes persormelles. Les lettres de madame de Sévigné
ou de Doudan, les pensées de Joubert, le joumal d'Amiel, toutes
les fois qu'ils s'expriment sur des matières littéraires, on peut dire
qu'ils font de la critique parlée, parlée ici à madame de Grignan
et là au trou d''où naissent les roseaux qui racontent les oreilles
de M1das. Enfin il existe des critiques, de vrais critiques, qui
peuvent être tentés par ce tôle en apparence ;mbalterue ;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

exprimer moins son propre sentiment que le sentiment du
public, ou plutôt éprouver son sentiment comme un accord
.avec celui du public. « Le critique, dit encore Sainte-Beuve, en
des termes qu'il ne faudrait tout de même pas trop prendre à
la lettre, n'est que le secrét.aire du public, mais un secrétaire
qui n'attend pas qu'on lui dicte, et qui devine, qui démêle et
rédige chaque matin la pensée de tout le monde.
Il y aun moment où triomphe cette critique spont.anée~ cette
critique parlée. C'est lorsqu'il s'agit des arts mêmes de la p~~ole,
:à savoir l'éloquence et surtout le théâ:tre. Certes la cnt1que
_ dramatique professionnel1e, depuis Geoffroy . jusqu'à _Jules
Lemaltre, a connu au xrx.e siècle une belle carrière. Mais on
sait que, même lorsqu'elle était rédigée par Gautier, Lemaître
ou Brunetière, elle n'exerçait presque pas d'influence sur le
public, et que la feuille de location restait à peu près indépendante des « mouvements divers » du feuilleton. Une seule
exception, et qui confirmait bien la règ1~ _: Sarcer U~e ~ritique
parlée, j'allais dire gesticulée; et une cnt1que qm. réahsa1t ex~ctement la définition de Sainte-Beuve, un secrétanat du public,
qui démêlait et rédigeait chaque dimanche non la pensée de
tout le monde individuellement, mais la pensée de tout le
monde groupé en tranches de quinze cents personnes, pendant
trois heures, sous un lustre.
Cette critique spontanée, c'est pour elle qu'écrivent. en
général les auteurs. Son assentiment ne fait nullement lagloll'e,
mais il fait le succès. Tandis que les deux autres, celle de~
artistes et celle des professionnels, sont rédigées par des gensqm
écrivent, celle-ci est rédigée par des gens qui causent, qui lisent,
qui vont au théâtre, et qui ne se s_erve~t de réc~iture , qu'accidentellement, pour fixer la mémoire d un entretien, d une lecture, d'un spectacle. « li y a, dit Voltaire, beaucoup de gens de
lettres qui ne sont point auteurs, et ce sont probablement _les
plus heureux. lis sont à l'abri du dégoût que la yro_fess10~
d'auteur entraîne quelquefois, des querelles que la nv~1t~ f~t
naître des animosités de parti et des faux jugements ; ils JOUIS·
sent ;lus de la société ; ils sont juges, et les autres sont jug~s. 11
Et il est vrai que, dès qu'un critique écrit, il cesse un peu d être
critique pour devenir auteur. Un pur critique n'écrirait pas. Audessus de Sainte-Beuve il y a M. Teste. Mais M. Teste, n0n
J)

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

seulement il n'écrit pas ; pas davantage il ne lit. La critique
idéale c'est la chemise de l'homme heureux, - et l'homme
heureux n'a pas de chemise .
Dans la critique parlée, l'opération la plus accidentelle et la
plus secondaire c'est l'écriture. Mais parler est encore secondaire si on le compare à cette condition primordiale qui s'appelle lire. L'assiette de la littérature est établie, presque autant
que sur des auteurs, sur de bons et probes et patients lecteur~.
Cette année, Jérôme Tharaud le disait excellemment, en commémorant en tête d'un Cahier Vert un de nos camarades qui
n'avait presque rien écrit, mais qui appartenait à cette élite des
vrais lecteurs, Henri Genet. Or un des grands dangers de la
critique parlée, c'est qu'elle arrive vite à tromper, et à tromper
faute de lecture. D'abord on ne lit pas les anciens. Aujourd'hu
un salon où l'on se plairait à parler des classiques serait réputé
bas-bleu et pédant. La critique parlée s'applique aux livres du
jour. Mais ces livres du jour eux-mêmes, il arrive qu'on n'a pas
le temps de les lire. On ne se dispense pas pour cela d'en
parler : c'est en en parlant avec ceux qui les ont lus qu'on trouvera moyen d'en parler sans les avoir lus. Les choses ont-elles
beaucoup changé depuis le temps de Sainte-Beuve, qui écrivait
il y a soix.ante-dix ans : « Sachons bien que la plupart des
hommes de ce temps, qui sont lancés dans le monde et dans les
affaires, ne lisent pas, c'est-à-dire qu'ils ne lisent que ce qui leur
est indispensable et nécessaire, mais pas autre chose. Quand ces
hommes ont de l'esprit, du goût et une certaine prétention à
passer pour littéraires, ils ont une ressource très simple : ils tont
semblant d'avoir lu. Ils parlent des choses et des livres comme
les connaissant. lls devinent, ils écoutent, ils choisissent et ils
s'orientent à travers ce qu'ils entendent dire dans la conversation. Ils donnent leur avis, et finissent par en avoir un. »
Ce sont là des pentes où glisse facilement la critique parlée.
Et pourtant, si elle comporte une limite et des dangers, elle
exerce aussi une fonction. Elle représente en dernière analyse
le goût du public, qui se trompe évidemment, tout comme les
critiques, mais après tout pas plus souvent que les criti.ques.
Entre la critique spontanée du public et la critique réfléchie des
professionnels, c'est un dialogue continuel où l'une et l'autre ont
alternativement raison. Quand la critique du public fait un

�720

LA NOUYELLE REVUE FRANÇAISE

succès aux romans de Georges Ob net, un critique officiel, un
professeur de rhétorique comme Jules Lemaitre intervient et
lu_i expose qu'elle a tort. Quand la critique ~a~en~ée boy~otte
Flaubert et Baudelaire comme elle a boycotte pd1s le Cul', et
que le public finit par les lui imposer, elle se résigne, mais de
mam·aise grâce.

Malgré les Sévigné, les Grimm, les Rivarol e~ les Joubert,
ce que nous possédons de la critiq~e parlée du pa~sé ne
représente qu'une part infime de scnpt~ man-imt à c~té de
tout Je verba. vola.ni. Aussi bien cela n'a-t-il pas grande importance étant donné que, pour les œuvres anciemies, la critique
parlé; a passé dans la critique écrite, didactique, et que ce
qui nous intéresse aujourd'hui en elle, c'est ce ~ue ne p~ut
guère remplacer la critique aux doi~ts d'encre,. J~ veux d1r_e
l'impression fraiche et sincère de la littérature qu1 vient de naitre le vin bourru au sortir du pressoir. 11 n'en est pas de même
de 11a critique des artistes, c'est-à-dire de celle qui est faite par
les écrivains eux-mêmes. Celle-là comprend, surtout ~n ~rance~
d'abondantes manifestations. 11 es't'peu de grands écnva1ns qu~
n'aient exposé leurs vues sur leur genre et sur leur art, qut
n'aient défendu leur façon d'écrire et attaqué celle des autres.
C'est là une tradition cbssique que les romantiques se sont gardés de laisser perdre.
.
La critique professionnelle, ou criti~ue de . professeur, qu.,
u'est que l'une des trois critiques, et qui tend naturellement a
faire croire qu'elle est la seule, à jeter le discrédit sur le~ &lt;leu~
concurrentes (qui le lui rendent) est. tout de _mêm~ ar~1vée a
obscurcir ce mérite des grands romantiques, qui est d avoir f~ndé
et enraciné vioourcusemcnt la tradition d'une critique d'artiste.
Chateaubriand, Hugo, Lamartine, Gautier, Baudelaire, , :aul
de Saint-Victor, Barbey d'Aurevilly, voilà une chaîne cnn_que
qu'on peut fort bien cô~pare~ à la chaine ~a Ha~pe-~ille~
main-Saint. Mar.: Girardm -Sa111te-Beuve-Tame-Biunct1ère
Faguet : l'une et l'autre offrant des qualit~s _et _des défauts
opposés l'une et l'autre se méconnaissant et s miunant comme
'
· remon ter à
il est naturel.
Cette critique, qu ,on peut faire
Diderot, a été baptisée par Chateaubriand d'un nom assez

~FLEXIONS SUR LA LI'ITÉRATORE

72r

juste. Il l'appelle la critique des beautés. Plus précisément
nous dirons que l'honneur des grands romantiques, à la suite
de Diderot, a été de faire entrer dans la critique ces deux puissances royales, que les écoles en bannissaient soupçonneusement : l'enthousiasme et les images.
Faguet remarque que « la critique des défauts a été inventée
par Jes critiques et la critique des beautés par les auteurs .o. S'il
en était vraiment ainsi, la part de ce que Faguet appelle les critiques, c'est-à-dire des seuls professionnels et des professeurs,
serait bien misérable. Ils ont apporté heureusement autre chose.
Mais les auteurs, c'est-à-dire la critique des grands artistes,
laissant les professionnels travailler pendant Les six jours ouvrables, nous ont vrai ment donné, le septième jour, nos vêtements de fête devant la beauté, les orgues et les chants, les corbeilles pleines de fleurs avec lesquelles nous célébrons son
culte. Le génie n'a pas touché à la critique sans y avoir laissé
ses traces d'or, sans lui avoir formé son épaule d'ivoire. Les lecteurs de Chateaubriand savent quelles lueurs divinatrices les
phrases et des images du Gbûe du Christianinn.e jettent sur les
grands écrivains du passé. Sans demander à William, Sbakespeare des services critiques qu'il ne saurait rendre, nous voyons
les traces de gloire ineffaçable qu'a laissées en passant dans le
champ de la critique ce grand oiseau de musique et d'or. Tous
ceux qui écriront sur Mistral seront tributaires des deux articles
de Lamartine, et ne pourront qu·e monnayer cette médaille
d'images souvernines.
La critique, par un certain côté, c'est l'art des comparaisons.
Mais les comparaisons, quand elles de,·iennent œuvres d'art,
s'appellent des images, et les romantiques out eu ce mérite de
tremper la critique dans un bain d'images. Evidemment il peut
y avoir de l'eitcès . Quand je lis Saint-Victor, disait Lamartine,
je mets des lunettes bleues. Mais le besoin heureux. de belles
images est aujourd'hui incorporé à la critique, où elles ne servent pas seulement à illuminer, mais à éclairer.
Je sais bien qu'on ne saurait nier les Ji mites et les lacunes dela critique d'artiste. Elle est presque toujours partiale et partielle. En général un grand poète voit dans les autres grands
poètes des reflets de lui-même, salue en eux les formes du
génie qui l'habite. Victor Hugo, dans William Shakespeare, se

46

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.,.V.
pla:ce entre deux glaces,. aperçoit une douzaine de Hiugos, les
appelle Eschyle-, Lucrèce, Rabelais, Shakespeare, etc ..• Dans ce
qu.'i1 écrit là-dessus d'admirable, il nous suffit de fa.ire la par\ de
ce poiiint de vue piutôt spé:cial.
.
.
La critique d'artiste porte sur les artistes et les éclaire . Elle
porte: aussi sur Ja nature de l'art, du géni.e, qu'elle nom, rend
sensible par l'exemple même. Mais elle portera. rarement sur
des suites, dftS' &lt;:.haines, sw des arts, des littératures, vues synthétiquement, comme des ensembles et. comme des êtres. Saint~Beuve, parlant de la fonction que lui-même chercha à remphr
en 18:;o, écrit: « Lamartine, Victor Hugo, de Vigny, sans le
désapprouver et en. le regardant faire avec indulgence, ne sont
jamais beaucoup entrés dan~ toutes ces c?,ns!dératio_ns ~e ra~ports, de filiations et de ressemblances qu d s efforçatt d éta,bltr
autour d'eux..» Ce devait être en effet, pour ces poètes, de 1 hébreu.
Enfin n'oublions pas que la critique d'artiste est aussi, ou
devient facilement, une critique d'atelier, ou de chapell~, a~ec
toutes les camaraderies, les jalousies, les haines, les hist01rc~
d'Institut, de journaux, &lt;falcôves, tous les champignons qm
pou&amp;aent sous la table et sur la plume de l'ho~~ de lettres . Les
Goncourt ont donJ1é dans l'Art au XVIIIe stecle un des chefsd'œuvre de la critiqu.e d'artiste (au contraire des Maîtres d'1utrefois, autre chef-d'œuvre où FJomentin, malgré son métier,
est beaucovp plus. professem que peintre). Et le Journal dis
Goncourt même dans sa mutilation actuelle► est évidemment la
plus fois~.nnante collecti0tt de œpeaux, de ragots e: d'humeu~s
d'atelier t}Ui existent en. littératuJe, le plus eom:i-cpe témoignage, aussi, (mettez en face le pugnacé BrunetJère, son~~z
aussi à Nisud et Victor Hugo) de l'antagonisme entre la cntlque des. artistes et la critique des pr~fes~eurs'. de la lutt_e entr~
les chantres et leg, c:hanoines du Lutnn httéraire. Je cueille ceo
dans le P"emier volume du Journal : « Î.:n érei~tem~nt_ du
nommé Baudrillart, dans les Débats. Le parti des uruvers1ta1res~
des académiques; des faiseurs d'éloges des morts, des critiques,
des. ncm-producteurs; d'idées, cks non-imaginatifs, choyé, fe&amp;toyé, gobergé, pensiooné,. logé, ehama1ré, galonné, crach~té et
truffé, et empiffré par le règne de. Louis.-~hilip~e, et tou}ours
faisant
chmlin par l'éreintement des mtelligences c.ontem-

mu

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

72 3

poraines, n'a donné, Dieu merci, à la France ni un homme ni
un livre, ni même un dévouement. » Dieu merci vaut son pe:ant
d'or.

** *
Il est naturel que nous n'anivions qu'en dernier. lieu à la cri1ique professionnelle, car, si elle n'est pas la moins considérable
des trois, si elle en constitne même le Tiers-Etat, qui cherche
à être tout, à la grande fureur de MM. de Goncourt, on ne
saurait nier qu'elle soit venue la dernière. Elle correspond à
l'âge des professeurs. Elle a été créée par des professeurs. En
France le Discours sur l'histoire. universelle et l'Essai sur les Mœurs
n'avaient été accompagnés, au xvu• et au XVIII• siècle, d'aucun
« discours » sur l'histoire littéraire. La première œuvre de ce
~genre, celle qui a presque fondé la- critique professionnelle~ cc
fut le cours professé par La Harpe et publié sous. le nom de
Lycée. L'œuvre de La Harpe a été continuée sous la Restauration par les cours éloquents de Villemain, dont on ne saurait
séparer les deux autres cours non moins éloquents de Guizot et
de Cousin. Et, depuis, la critique professionnelle est restée à peu
près réservée aux professeurs . Sainte-Beuve est à peine une
ex:ception. Son Port-Royal, son Chateaubriand, son Virgile, sont
sortis de cours publics, et quand il entra tardivement au ColJege de France, le seul scandale était qu'il n'y figurât pas
depuis longtemps.
Cette critique professionnelle demeure une des parties les
plus solides et les: plus respectables de notre littérature au
)uxe siècle. Elle a ret0urné et labouré en tous sens le champ de
nos XVI•, xvu• et xvn1• siècles. La critique spontanée représente
le c6té de ceux qui par:lent et qui jugent; la critique dl artiste le
camp de ceux qui créent et qui rayonnent ; la critique des professeurs est une critique faite par des. hommes qui lisent, qui
.savent et qui ordonnent : ce n'est pas tout, mais c'est
beaucoup.
Des hommes qui lisent. Le poète parle de ce. qu'il a senti, le
voyageur de ce qu'il a vu, le professeur parle généralement de
ce qu'il a lu. Le monde des lectures devient vite pour lui le
monde réel, ce qui ne va pas toujours sans une certaine naïveté
.à la don Quichotte, mai&amp; ce qui fournit au moi:11s à la critiq~

�LA NOUV:ELLB REVUE FRANÇA.l.SE

une base solide, et de. la nourriture à mâcher. Seulement le
profes.seur aussi est menacé de rouler sur une pente glissante.
La critique des salons se fait volontiers une opinion en écoutant
parler ceux qui ont lu le livre du jour, beaucoup plus qu'~n le
lisant. li arrive de même que les· critiques professionnels lisent,
de préfêrence aUX: auteurs, les leçteurs q!li ont lu lt:s .auteurs et
qui en pnt écrit. De là des tradition~ d!idées. toutes faites: Un
paysan .apporta, un jour de rnarché, un lièvre au .l1.0gp .de
Konia, et le hodja l'invita à dîner, Au marché su1v;mt, des
gens vinrent le voire~ lui dir~nt : Nous so~1mes ~es _parents de
l'homme qui t'a apporté un bèvre. Le bodp les mv1ta encore.
La semaine suivante, nouvelle visite : Nous &amp;mnmes les parents
des parents de l'homme qui t'a apporté un lièvre... Finalement
le hodja convia ses visiteurs ,à un repas où l'on ne-servit que des
bols d'e.auchaude. - Qu'est-ce que c'est que c.ela ? ......- C'.est -la
sauae de la sauce dela sauce du lièvre ... M. Vandérem a trouvé
que certains manuels ressemblaient t~?P à cet;e ~a~ce-là, t~ut
au moins en ce:qui concerne le Jl.-rx• s1ecle. Et 1 opm10n ne lm a
pas donné tort. Mais ce qui me paraît intéres!iant c'est de voir
comment de ce lièvre à la royale qu'e;5t par exemple Je PortRoyal, de Sainte-Beuve, la critique passe ~ l~ sauce de la :si,u~e
deh sauce qu'est tel manuel. Comment,s est formé dans l Université le Corpus .de jugements qu'on répète et qu'on délaye?.C'est peut-être la rançon d!une_ quJi,lité et le revers d't1ne
médaille.
.
Les professionnels de la critique_ universitatre sqnt des gen~
instruits- dans la connaissance des httér,.atures passées. Pourquoilés historiens ne font-Us {]Ue de médiocres politiques ? La
mémoire pourtant a pou,r rôle d'éclairèr l'action présente. Oui,,
mais à condition qu'elle t~nde à l'action présente~ qu~el_le nesoit pas cultivée et aimée pour elle-même_, qu'elle s'incorpore
àu sens du prése-n t qui fait l'homme d'.action et .non al] se,is gu,
passé qui fait l'historien. La di:7ision ~u.travail_ q_ui cr_é~ ~'étoffe
et le ressort de la société humame dmt 1ouer 1c1. D1v1S1o_n du.
travail qu'on retrouve en,,critique. ,l\.ucune période critiqu_e ~•a
été plus brillante que Je xrx• siècle français. Tous l~s écfiva_msqui ont rn.i.rqué dans.la critique profess~onµ~lle depu~s· La Harr.e
jusqu'à Lemaître et Faguet (pou~ ne ,nen dire des v1;v;t~ts), o,nt
dÎl, par une nécessité sans doute 1_nhérente au genre lui-même,.

RÉFLEXJONS SUR LA LITTERATURE

demeurer en retatd d'au moins une génération. Ils ont dll
vivre en état de lutte contre ce qu'il y avait de nouveau et de
vraiment pr:ogressif dans la littérature de leur temps. L'exemple
de Sainte-B.euve est caractéri-stique, nous permet d'ap'pliquer la
.méthode des v-ariations concomitantes. Lui, le mieux doué et
le plus grand de tous, il n'a pu porter le poids des deux tàches,
éc:lairer à la fois le présent et~le pas.sé. Le Sainte-Beuve inter- ,
prète de la litt~ràture contemporaine et le Sainte-Beuve interprête de la littérature classique n'ont pu coexister. lls se sont
succédé, le second pour fleurir dut à peu près supprimer
l'autre, et le critique en est arrivé à couper à peu près les ponts
qui le réunissaient à la littérature de soh temps. Jusqu'en 1870
la critique pr,ofessionn.elle a vécu contre le romantisme, elle -a
vécu ensuite_contre le naturalisme. Le romantisme à Villemain
et à Taine ( celui-ci pourtant si romantique t), le naturalisme à
Brunetière, le symbolisme à Lemaître, ne paraissent que des
maladies, et ils respirent leur flacon de sels en passant dans ces
zones dangereuses. Cer.es Lemaître a écrit son principal
ouvrage de critique sut les_ContenpordÙ1s, mais notez que ces
contempomins sont généralement ses aînés, ceux de la génération précédente; comme les personnages des Essais de psychologie contemporaine de M, Bourget. La vraie critique des contemporains n'est pas faite par les critiques professionnels, mais par
ceui qui gravitent dans l'o.rbe de la critique parlée. Dé là les
malentendus, les injures, les premiers appelant les seconds
ignorants et snobs, les seconds traitant tes premiers de cuistres,.
ou, comme disent les Goncourt, de cc faiseurs d'éloges de morts»,
de déserteurs de leurdevofr, qui est de cornaquer les vivant~.
Celle des tâches de la critique professîonnelle où «Ile réussit
le mieux, ou seule elle est capable de réussir, c'est la fonction
d'enchaîner, d'ordonner, de présenter une-li.trérature&gt; ·un genre,
une époque à l'état de suite, de tableau, d'être organique et
vivant. P.osséder son xv1•, son xvn•, son xvm•, bientôt son
x,1.x• siède, à la fois comme un historien possède le temps et an
romancier les personr.ages qu'il fait vivre, mettre de la logique
et du cc diseours )) dans le hasard littéraire, voilà la carrière et
l'honneur dela critique profession"nelle, telle qu'elle a progressé
pendant tout le xrx• siècle français. Jules Lemaître écrivait de
Brunetière : &lt;c M. Brunetière est incapable, ce semble: de con-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

sidérer une œuvre, quelle qu'elle soit, gra11&lt;le ou petite, sinon
dans ses .rapports -avec un groupe d'al!tres œuvres, dont la relation avec d'autres -gr-oupes. à travers. le œmps et J'espace lui
appara1t immédiatement, et ainsi de sui.te ... Tan.dis qu'il li.t un
livre, il pense, pourrait-on dire, à tous les · H:vr-es qui ont été
écrits depuis le commencement du monde. 11 .ne touche rien
qu'il ne le classe, et pour l'éterni.té. » C'.est là, indiquée sur 111n
ton un peu îr.onique, l'hyperbole d'une qualité inhérente à toute
aitique professionn.eUe, -c'est-à-dire -à la criti-que q·t).i vit dans .le
passé, qui s'assimile une histoire - qui sait. Même Lemaitre,
Icvendiquaut · contre _çette crüique les droits de 1a critique
impressionniste qui ne cherche qu'à jouir, est obligé d'écrire :
o: Lire un livre pour en jouir, ce n'est pas le lire pour oublier
le .reste, mais c'est lcatsser ce -reste s'ordonner librement en
nous, a1.1 hasard charmant de · la mémoire ; ce n'est pas couper
une œuvre de ses -rapports avec le demeurant de J.a production
h.umaine, mais c'est accueillir avec bienveillance tous ces rapports ». lei détendue et là-bas tendue, .i1 s'agit bien, en somme,
dela même critique, celle qui voit les œuvres sous l'aspect de
luociété qu'elles fonne,ot avec d'autres œuvres : la seule ditférea.c.e est que pour l'un .cette société s'appelle Athènes, et pour
l'autre Laçédéroone.
Tout en .estimant que le moment est venu d'i.nçorpore-r avec
moins de préjugéi; anciem; le x1x• sièple et même le xx• d.ans nos
manuels d'histoire littéraire et ,d'aé,rer un peu ces recueils de
jugements, gardons- nous d'abor.d d'attacher une importance
eugérée à des manuels, et ensuite de leur -demander des 1ualités qui ne sont pas c-ompatibles avec une -certaine divisioa de
travail. Les trois critiques oom!}Ortent des registres différents, et
le.goût, en passant de l'une à l'autre, cb~nge sinon de nati.ue,
du moins de for:me. L'.échaoge de polémiques, VGire d'injures.,
entr-e leurs r,eprésentants n'est peut-être, bien souvent, qu'une
preuve de leur salilté à toutes trois.
'
ALBERT THiaillDET

NOTE·S

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

FERNAND VANDÉREM ET LES MANUELS D'HISTOIRE LITTÉRAIRE.
Comme une parenthèse dans la .série des chroniques qtl'H
donne régulièrement à la R~ de France et qui forment la substance de ses -volumes intitulés Le Miroir des Lettres (.déjà
signalés .aux lecteurs de la N. R. F.), Fernand Yandérem a
publié une série d'articles dans lesqueis il fait avec beaucoup
.d'esprit le procès des manuels &lt;l'histoire littéraire actudlement
rtpandus dans ie commerce et mis entre les mains des élèves de
nos Enseignements primaire, secondaire et supérieur. il leur
reproche, avec raison, de faire le silence sur un grand nombre
d'écrivains importants du xrxc siècle et des dix premières
années du :XX", et de donner de beaucoup .d'autres une idée
incomplète ou erronée. Il conclut en disant que tous ces
manuels (sauf un seul, le moins connu de tous et le moins
répandu) sont périmés, inutiles et même nuisibles, et qu'its
doivent être, ou bien entièrement rcfon&lt;lus ou bien retirés de
1a circulation. A la suite de ces articles, ~ui ont eu le retentissement qu'ils méritaient, une pétition a.dressée aux membres du
Conseil Supérieur de l' [nstruction Publique a été organisée p,ar
le journal l'IntransigWJit.
L'argumentation :du réquisitoire :de F. V.andérem est très
intéressante et d.oit retenir notre attention. Il a découvert et il
démontre que ces mauvais manuels procèdent tous de ceux de
F.agu.et et de Brunetièr,e, qu'ils ne font guère qne reproduire :
passant sous silence les écrivains que ces .deux auteurs ont
négligés, et donnant une i&lt;lée insuffisant-e ou fau55e des écriv.ains qu'ils ont o: condanmés » soit au nom de leurs pTincipea

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

esthétiques, soit au nom de leur goüt personnel. Dans l'un et
l'autre cas, ces omissions arbitraires et ces erreurs grossières
fournissent à F. Vandérem une riche matière comique dant il a
su très bien tirer parti pour l'amusement de8 lecteurs : à la fin
de chacun de ses paragraphes on rit ou on applaudit.
En même temps, dans un autre département de la même
revue, j'abordais, à propos des Lettres Anglaises, un sujet
voisin de celui que traitait F. Va.ndérem: l'érudition et l'histoire littéraire. Je tâchais de bien souligner la différence qu'il y
a entre }'Histoire Littéraire, qui esfune -Science, une branche
de la Science Histerique, et 1~ Critique Littéraire~ qui exige
d'autres dons, et comporte une part de création poétique, en
sorte que c'est à la Littérature,, à l'.1ht, qu'elle se rattache. Je
disais que, pour l',historien de la Littérature, il ne -doit pas y
avoir de ,« beaux -» livres, mais seulement des livres importants,
et que la méthode historique s'opposait à ce qu'on pût écrire
l'histoire des événements littéraires contemporains ou très rapproçhés de nous, pour la raison évidente qu'ils ne sont pas
encore entrés dans l'Histo'ire, et que leur importance ( qui est
faite surtout, ou presque uniquement, de l'influence qu'ils ont
eue) n'e-st pas déteJmi:nal:Jle. Par conséquent, l'homme qui traite
de Ia· littérature contemporaine doit abandonner la méthode
historique, 1a Scienêe, et. faire de la Critique, c'est-à-dire de la
Littérature. C'était là ,que ma ,digression rejoignait l'étùde de
F. Vandére,m sur les manuels d'histoire littéraire.
Eh bien, je vpis surtout, en Faguet et&lt; en Brunetière; deux
_h ommes qui ont confondu la méthode bistodque et la critique,
la Science et la Littérature. Raguet l'a fait sans préméditation.
La elassifi.cation par genres, et par écoles a paru suffisamment
méthodi.que à son esprit qui n'était pas scientifique ; et, d'àutre
pa,rt., comme il était, - il faut le diœ, (j'ai ,suivi ses cours
de la Sorbonne autrefois et je dois cet- hommage .sincère à sa
mémoire)' - un grand lettré, un homme pourvu d'une vaste
culture classique, e.t qu'il avait assez de gollt pour aèmer les
dassiques fran_çais qu'il avait longuement pratiqués, il a cru
que ce,la suffisait à faire de lui un critique, comme d'autre~ se
croient poètes ► comme _lui-même, très secrètement, en cachette
et sous son pupitre., . ,se croyait poète. Qu'on ajoute à cette
aai:éable
illusion la confiance en soi, l'assurance, et le ton d&lt;i&gt;go

NOTES

matique que donne à la longue, et si on n'y prend garde, l'habitude d'enseigner, - et voilà Eaguet et le manuel de Faguet.
Le cas de Brunetière est un peu différent, et surtout plus
con_iplexe. Mais il a été si bien décrit par Benêdetto Croce que
je ne résiste pas au- désir de cit"&lt;!r et de résumer ici ce que dit de
1ui l'illustre- philosophe napolitaip., disciple de Francesco De
Sanctis:
. . . La distinction des genres se promène encore d'ans les livres
d'Enseig□ement littéraire, écrits par des phjlologues et des lettrés,

dans les ouvrages scolaires d'It.ilie, de France, d'Allemagne; et des
psychologues et &lt;les philosophes continuent à écrire sur l'esthétique
du tragique, du comique, e,tc . .. L'objectivité des genres littéraires a été
franchement sout'enue par Ferd.Î11and Brqnetière, qui considère l'Histoire Littéraire comme l'évolution des genres, et, donne une forme
aiguë à ua préjugé ,qui, pas toujours exposé avec une telle franchise ni
applîqué :1vec autant de rjgueur, infecte les histoires littér;iires d'aujour•
d'lmi. ..

Croce, continuant, voit dans l'Honoré de BaJtac de F. Brunetière un exemple typique de cette erreur. Il y est sans cesse
question du« Roman &gt;&gt; comme d'un« genre-)J ayant des «lois».
Tantôt le Roman est un personnage auquel il arrive des aventures, tantôt c'est u:n jardin qu'on cultive, ou un fruit qui atteint
sa maturité, ou encore un instrument qu'-0n « porte à son point
de perfection )&gt;. Il a une méthode; des lois. On •ne comprend
pas toujours ce que Brunetière veut dire par ce mot : tantôt il
paraît penser que ce sont le.s lois àu dé;veloppement, ou de ce
qu'il appelle l'évolu.tion, du &lt;&lt; genre Roman », tantôt on dirait
qu'il donne des lois selo11 lesquelles « le Roman » doit être
écrit. (Plusieurs fois on lit : « Le Roman doit ... ~) De cette
erreur initi~le découle toute la fausseté du livre. Il n'y est pas
question de Balzac, homme ou œuvre. Ce ,sont de vaines et
vagues dissertations sur des aspects el!.térieurs de guelques
groupes des romans de Balzac. Il n'y pénètre jamais. Las de
cette promenade en rond autour du monument, il se met à disserter, à propos de Balzac, sur la valeur morale du Roman,
etc. Il se félicite d'éviter les comparaisons av,e c les contemporains ( comme on les trouve chez Sainte-Beuve et à sa .suite),
mais il y retombe à son' insu en faisant ses comparaisons dans
le temps ; avant Balzac, après Balzac. Le Roman, chauve avant

�73°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la découverte de la Lotion Balzac, est devenu très chevelu
après: t,;,s'est enrichi». Le cas &lt;le F. Brupetière n'est pas sans
ressemblance avec celui d'Emile Zola. Ge que Zola fut romme
romancier, Brunetière l'a été comme critique. Tous deux se
sont crus,scientifiques et modernes ,de la même ma1üère. Il Ya
chez Brunetière la même pauvre ruse -que chez Zola : le placage
d'une grossière doctrine scientifique sur de vieux préjugés de
collège. Mais, d'autre part, il y a chez Brunetière_ u~e grande
bonne volonté, une application honnête de ses principes faux.,.
de la naïveté et de l'entêtement. Zola a quelquefois réussi à
exprimer, Brunetière n'a jamais réussi à critiquer. Ou, &lt;:~ez
Brunetière la sottise devient, sous la naïveté, palpable, c est
quand il s; demande si Don Quichotte est un roman. (Cela aussi
est &lt;lans Honoré de Balzac, qui est d'après 1900). Il a pu entrevoir çà et là des lueurs de vérité. Mais la fausseté de sa doctrine
dom'ine to~te son œuvre, l'écrase, l'anéantit, la nullifie. Il
serait intéressant d'en sauver le bon : quelques heureuses rencontres qui ont é&lt;:happé à la vigilance de son dogmatism: . .
Voilà quel jugement le plus illustre représentant d: l Esthétique mod~rne porte sur F. Brunetière, et on peut vmr, dans le
r-équisitoire de f. Vandérem, le dé_veloppement de , toutes les
conséquences de l'erreur initiale de l'auteur de Honore de Balr.,ac.
Le passage de Benedetto Croce que je viens de résumer et
l'étude de Vandérem sur les Manuels mettent la situation dans
tout son 1
·our et il n'y a rien à ajoute,r au jugement porté par
.
le philosophe ' italien et le critique franç,aîs. Il n'y a ~u"a s~n h aiter la disparition rapide des mauvais manuels ~m, au lieu de
faciliter aux étu&lt;li.ants la connaissance de notre littérature, leur
en ferment les avenues .
,
Mais je suis sûr que tous les hommes qui, comme m:?i, ont
souffert, autrefois, de cette incompréhension syst_éroat1que et
dogmatique des manuels et de leurs auteurs-; qui ont vu, ne
serait-ce que pend.a.nt une courte période, quelques-u~s de
leurs plus chers .amis, élèves de « cagne,, ou de la rue d Ulm,
subir !'.ascendant de ces maitres ignorants, et déclarer nettement, par ex.eruple, que Rimbaud ou Laforgue étaient des
a: gosses » sans importance, ou prononcer le ~ameux « No~s
n'écrivons pas,,, ,d'un ton qui signifüiit que la L1tté:ature avait
fait son temps ( comme la Religion) et qu'un pareil désordre

HOTES

73(

de l'~prit n'était plus toi.érable ni mtme possible .en un âge
aussi éclairé que le nôtre ; tous ceux qui, malgré un haussement d'épaules et cc Ils ne savent pas ce que c'est que la Littérature ))' n'arrivaient pas à se débarrasser de cet incube qui,
prenant la voix de Laforgue, leur soufflait ; &lt;&lt; Pauvre, as-tu fini
tes écritures?» (nous étions si jeunes et on nous décourageait.
tant) - tous ceux-là seront r.econnaissants à F. Vandérem du
coup de balai qu'il a donné, et.d'une main si ferme.
Il n'y a qu'un point de l'.argum_entation .de Vandérem sur
lequel je ne suis pas .de son 11vi6, mais cela n'a rien à voir avec
la question des manuels . C'est lorsque, indigné de voir ses
pédants do11ner dix pages à Mm• d·e Staël pour une qu'ils
accordent à Stendhal, il rabaisse indûment le mérite de Mm• de
Staël, Oh, je ne suis pas un grand admirateur de Mm• de Staël !
Pas même son lecteur cons.ciencieux: j'ai, autrefois, très vaguement feuilleté Delphine et De l'Allemagne, et il n'y a pas plus de
six ans que je m.e suis décidé à lire (c'est si long!) Corinne.
Mais quand je Yai lu, j'ai été surpris de lui voir tant de qualités.
Une foule de remarques très fines sur ce qu'on appelait alorSo: le cœur humain l); un grand talent À peindre des coins de
paysage (une gondole attendant, immobile, dans la nuît) et à
saisir des traits d'époque ; et puis ces cc portraits si plaisamment
caractéristiques des différentes nations l&gt; (les contrastes entre
ses Anglais, ses Français et ses Italiens, si vrais encore aujourd'hui), et puis aus.si une .admirable et dramatique histoire
insérée dans la grande histoire, - un peu lente et molle, - &lt;lu
livre. Replaçant tout ça dans son temps, c'est-à-dire avant Stendhal, on y voit le génie moraliste des grands Français du xvn°
et du xvm• siècle sortant des frontières nationales, regardant en
dehors, projetant son rayon pour la première fois sur des
étramgers ( oh, si La Bruyère ! ... ) et mettant toute l'Europe
dans son champ d'observation, - une autre conquête, et moins.
éphémère, que celles de Napoléon! Avouons que tout cel1.
vaut bien au moins quatre pages de manuel, si Stendhal doit en
avoir douze.
VALERY LARBAUD* **

�732

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LETTRES DU LIEUTENANT DE VAISSEAU
DUPOUEY. Préface d'André Gide. (Éditions de la
Nouvelle Revue Française).
« Fallait-il donc la guerre pour me le présenter tel qu'il
était vraiment ? Fallait-il la guerre pour le révéler à lui•même,
pour réveiller en lui les plus belles vertus sommeillantes ? lJ
était mon ami depuis quinze ans et je ne le connaissais point ... »
Ainsi parle André Gide du lieutenant de vaisseau Dupouey
dans son émouvante préface. A dire vrai, ce n'est pas 1:i guerre
qui illumina Dupouey et son retour à Dieu coïncida avec son
mariage. Mais la guerre exalta ce qui était acquis ; elle plaça
sur son vrai terrain, dans les conditions les plus favorables, cet
homme à l'âme ardente, fière, active, qui avait été curieux de
tout, en qui s'était approfondi « ce vide espace, que seule, nous
dit André Gide, la Présence eucharistique. pourra remplir ll.
Sur le terrain de l'absolu, dans l'acceptation du dernier sacrifice, aux portes de la mort, Dupouey est vraiment Dupouey,
j'entends délivré de lui-même, selon l'admirable mot de
Claudel. 11 réalise, par cette délivrance, par sa confor mite à
Notre Seigneur Jésus-Christ, sôn ancien rêve d'individualiste.
Ce n'est pas là un paradoxe. (&lt; Qui veut sauver son âme ( ou sa
vie) la perdra. » Qui veut sauver, pour lui faire un sort, la
petite singularité qui semble particulière à son individu, ne
saurait réussir qu'à anéantir tout le reste, c'est-à-dire tout l'individu. Sur c.ette phrase de l'Evangile on bâtirait non pas seulement une éthique, mais une esthétique - et cette esthétique
chrétienne coïnciderait exactement avec l'esthétique classique.
Dupouey sait, étant chrétien, que si le mal égalise, banalise,
confond l'homme avec le troupeau, le bien, conforme à Dieu,
répand sur la créature, au contraire, cette harmonieuse diversité
qui est la marque de la création. -On ne résume pas ce volume
de Lettres. Elles sont tendres et violentes ; elles respirent cette
sérénité miséricordieuse et implacable, qui refuse de composer
avec l'erreur, avec le mal mais qui propose à tous les hommes le
trésor gratuit de la charité de Dieu . Leçon d'abandon à la Providence, leçon d'obéissance et de fidélité. La mort, demain
peut-être, frappera le foyer de paix où la femme et le jeune
enfant attende.n t le retour du père. Ce ne sera qu'une apparence.

NOTES

733

Par la vertu du sacrement ce foyer est indestructible. Chaque
lettre évoque l'éternelle douceur de la « villa Clémence » 011
.B._otte l'étendard_ bénéd~cti~. On s'y aime eu Dieu ; on s'y
a!me_ra P?Ur J_a vie. Celui qui a reçu la grâce et qui l'a bien reçue,
na nen a craindre des artisans d'iniquité. (( La vie de bien des
hommes, écrit le lieutenant de vaisseau Dupouey, n'est le plus
souvent qu'une l?"~e- et labqrieuse victoire contre la grâce,
sous préte.~te de d1;trnct1on, de culture, de sens artistique, de
largeur d idées, d esprit de famille, de respect de l'opinion
publique et autres idoles, sauterelles aux cheveux de femme
comme celles de l'Apocalypse, qui ont bientôt fait de tondre
ras l'humble gazon de notre foi. » Il les a une fois pour toutes
exorcisées, i_l a « laissé ses bottes dans le marécage esthétique»
et marche pieds nus au combat. La veille de sa mort il ne voit
en lui et autour de lui « que des motifs de joie» et en cela, pas
trace de fausse ex11ltation ; il peut mourir, il a atteint l'état de
suprême équilibre. - Ce beau livre de guerre etd'amour con juaal
que je ne pourrai jamais louer autant que la gratitude I'exi;e,
donne la clef de la mystérieuse aventure que j'ai contée naguère
dans le Tém.oignage d'1111 converti'· C'est avant tout un livre de
spiritualité. Il est digne d'être placé à côté de la Vie du Père de
Foucault et celle-ci est un chef-d'œuvre. Notons là un signe des
temps. On ignore peut-être, même chez les fidèles, le mouvemente de vie surnaturelle qui travaille en son fqnd l'Eglise,
peuple et renouvelle les cloîtres, gagne les laïcs. Il est analogue
sur plus d'un point à celui qui donna au xvne siècle cette phalange de saints et de docteurs qui demeurent l'honneur de
l'Eglise de France - et quelques-uns de la littérature française.
HENRl GHÊON

** •

ROMAIN ROLLAND, parfeanBonnerot. -LAURENT
TAILHADE, par Fernand Kolney. - PAUL FORT, par
Georges-Armand Masson. - HENRY BATAILLE, par
Paul Blanchart. - L'INCROYABLE EINSTEIN, par
F. Jean-Destbùux (Editions du Carnet Critique).
Le Carnet Critique a entrepris de publier une série de monor . Éditions de la Nouvelle Revue Française, r vol.

�•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

gnphies des « Célébrités d'aujourd'hui » et des « Cêlébrités
d'hier &gt;1.
Ecrites d'0rdina-ire par des amis ou des admirateurs de t'a-rtiste étudié, documentées par lui, ces monograp-hies pourront
~tre certainement d'uu grand secours à l'historien littéraire de
l'avenir. Leur valeur c:ritique risque naturetlement d'être beaucoup plus sujette à caution. Mais la critique fût-elte de premier ordre, ces monographies relèvent d'un genre hybride dont
Valery Larbaud, dans un articte de la Revue .de Fran.ce ( 1 5 septembre) a justement montré les dangers-. L'histoire littéraire est
une chose, la critique en est une autre. L'histoire fütéraire
apporte « à pied d'œuvre » au critique « lei. matériaux dont il a
besoin » et fait mieux connaître au.x lecteurs « l'histoire des
livres » qu'ils· aiment. 11 ne faut p-as que l'historien fütéraire
smte de son «doma~ne scientifique» pourfaire « des incursions
dans le domaine littéraire et plus précisément dans le domaine
de la critique littérai re ».
Ces dangers si justement signalés par Larbaud pourraient
cependant être évités si: ces monographies comp-renaient une
part d'histoire littéraire, qu'il n'y a pas d'inconvénient à appeler
biographie, à condition qu'elle soit une histoire non seulement
-de la vie, mais encore de chaqne œuvre et, nettement séparée
-de la première, une part de critique non plus historique et
scientifique, mais esthétique. C'est là to\lt te -eiue peut raisonnablement espérer la monbgraphie d'un contemporain. EUe ne
peut songer, faute de recu1, à situer son- homme, C'est l-'affaire
. de la postérité.
Des monographies que•j'ai sous les yeux (i1 en-e:xiste d'autres
. dans la même collection: Barbusse, Saint-Georges d~ Bouhélier
et la comtesse de Noailles), la seule qui réponde au programme
qui vient d'être tracé est celle de Laurent Tailh.ade, par son beaufrère Fernand Kolney. La partie historique semble complète et
à peu près définitive; elfe s~appuie sur une vive sympathie pour
·Tailhade et une longue-intimité avec lui. La partie critique,
strrcteet dégagéede t-Oute sympathie personne.Ile, est aussi judicieuse que possible. Tou'S les.1ettrés'se raltieront· à ses conclu. sions. C~te monographie est le modèle à suivre.
Le Romain Rolland de Jean Bonnerot est un document d'bisoire littéraire de tout .premier ordre: Cest- une biographie de

NOTES

735

l'homme et de 1'œuvre conduite d'un seul tenant, exposant les
conditions dans lesquelles chaque livre est né, l'analysant, indiquant )'accueil qu'il reçut. Cette biographie au sens le plus
large n'est suivie d'aucune « étude générale» et bien que cette
étude Hit annoncée, on ne serait pas tenté de la regretter, si
M. Bonnerot n'avait introduit dans sa biographie des considérations qui, riy sont pas à leur.place (invasion du domaine scientifique par la littérature) et qui auraient fort bien pris place
dans une étude critique générale-.
Quant au Paul Fort de G.-A. Masson et à l' Henry Bataille- de
Paul Blanchart, ils ne contiennent qu'une « étude générale».
La biographie manque (et c'est surtout regrettable pour Paul
Fort, directeur du Théâtre d'Art, puis de Vers et Prose). Ce sont
deu1f très. longs articles de :revue, ce ne sont pas des monographies.•. ll y a des pages charmantes et .spirituelles dans le Paul
Fvrt, plus de gaucherie et d'inexp-érience dans l'Hmry Batail/,e.
U faut souhaiter que les pJOchains volumes de }a collectton
du Carnet Critique $oient auss.ii excellents que le Tailhade ou
tout au moins aussi substantiels que le Romain Rolland.
Dans le même format et sous même couverture, M. Jean
Des.thieux publie une étude sur l'incroyable Einstein hi.en sommaire ; c'est de la vulgarisation. de seconde main. Quelques
pages plus personneUes sur le relativisme de Leibniz et quelques Gonjectures sur l'attitude de Bergson, que la publication
de Durée el Simultanéité a. démenties.
BENJAMIN CRÉMIEUX

*

* *
UN BOURGEOIS DILETTANTE A L'ÉPOQUE
ROMANTIQUE : EMILE DESCHAMPS, par Henri
Girard (Champion).
Le livre extrêmement copieux, et d'une information vraiment ex.baustive, que M. Henri Girard consacre à un poète ~
pen pi:ès oublié, n'ést pas un essai de réha.bilit~on, qui torn1. Mêm~ remar,que pou, les. monographies de Mistral, Bourget,
comtesse de 'Noailles reçues de~uis la rédaction de cette note. L'étude
sur Bourget se limite mê'me à l'examen de troi's livres représentatifs,
dit-on, de tonte l'œu-vre P

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

berait assez mal. C'est tlne contribution, fort intérèssante et
fort utile, à fhistoire du romantisme français , li serait à souhaiter que le mouvement romantique devînt de moin.s en
moins un sujet de dispute et de plus en plus· un sujet d'histoire. Cela· accorderait ses amis et ses ennemis, ses amis parce
que ce serait une manière de le mieux co.nnattre, ses ennemis
parce que cela serait une façon de le classer, de l'enterrer, de
le ramener à une matière d'érudition objective. _Des caractères
un peu effacés, dociles, passifs, comme celui. de Deschamps,
nous mettent dans le courant d'une époque,, permettent d'en
décrire sinon la région éthérée, du moins l'atmosphère inférieure. Emile Deschamps fut un employé de ministère qui
vécut quatre-vingts ans, eut une vie fort simple~ fit ce qu' on
pouvait attendre en son temps d'un homme qui produisait
honorablement de la littérature, se créa une petite spécialité en
mettant en vers français de pâles traductions en prose d'auteurs étrangers. On en conclut un reu ambitieusement qu'il
nous avait fait connaître lês po'ètes de l'Espagne, .de l' Angleterre, der Allemagne. Ma.is hü-même ne conclut rien de td,
car c'était un homme fort h\cide, intelligeoJ, de peaucoup
d'esprit et de goùt. Et M. Henri Girard le conclut en,core
moins. Il nous montre fort bien cè qu'oh entendait vers 18Jo
par les influences étrangère~, la faibJe rpesme dans laquelle
elles se sont m6iées au ei,urant indigè:qe du romantisme frauçais. Son livre est le second qui parais$e élans la Bibliothèque
de littérature comparée, dirigée par MM. Baldensperger et
Ha~ard, et c'est bien à un problème de littérature comparée
(je serais presque tenté d'employer le mot d'inter-littérature)
qu'il apporte une co~tribntion.
A~BERT THIBAUDET

*

**
BIE_N MANGER POQR BIEN VIVRE, essai de gastrono1:_1ie pratique, par Ed01lard de Pomùme (A[bin -Michel).
Ce n'est pas un hasard si le mo_t de goüt est commun aux
jugements que provoquent l'art de la littérature et l'art de la
cuisine. Les Goncourt corp.parent Taine à un chien de chasse
qui pratique admirablement son roètier, m~is qui n'a pas de nez.
C'est évidemment injuste. Mais les livres et les choses \'te la

NOTES

737

cuisine nous font sinon comprendre, sinon goilter, du moins
flairer avec plus de subtilité certains recoins du plaisir littéraire
ou artistique. Un essai de gastronomie théorique comme celui
de M. Pomiane donne la main à d'autres théories, en fait mieux
saisir les racines vivantes. Au temps où Valéry examrnait les
Métbodes au Mercure de France, j'imagine qu'il eüt wnsacré un
article à ce livre si bien écrit et si bien pensé ; je le rêve écrivant un dialogue dans ses· marges. œautres feront sur lui, à
loisir, des rêvessplus matériels, et aussi _plus.réalisables .. .
ALBERT THIBAUDET

LE ROMAN

LE CAMARADE INFIDÈLE, par Jean Schlumberger
(Editions de la Nouvelle Revue Française).
Parler d'un roman à l'endroit Ot1 d'abord il parut dispense
d'e.o. résumer « l'histoire », - entrt:prise non moins vaine pour
être si malaisée et qui, conduite à terme 1 me laisse toujours
déçu. Succédant à Un Homme Heureux - récit qui a rallié
bien des cœurs et pris tr.anciuillement sa·place - , Le Camarade
lnfidele montre la maîtrise de Schlumberger. en un genre tout
différent et que l'on a Le droit d'appeler nouveau dans Ja mesure
où la faculté de mise au point de l'auteur o6tient ici la conjonction.d'éléments f0rt disparates. J'ai employé au début le mot de
roman, - pour simplifier; mais ce n'est pas qu'en l'occurrence
il me satfsfass.e : mot si large, si lâche qu'il entraîne '.iO □veut
ambiguïté, et déjà je voi-s poindre le moment où, som:ieux de
distinguer, le critique dans cert~ins cas refusera de s'en couvrir.
Henry James revient à plusieurs reprises dans ses préfaces sur
l'alternative qui s'ouvre devant l'artiste lorsqu'il s'engage à
représenter les êtres et les choses: il nous le dépeint oscillant
sans cesse entre le «tableau)) et Je (&lt; drame», sans cesse à la
recherche d'un compromis entre les deux termes, conscient
q~e pour chaque sujet U n'eociste qu'un seul compromïs·viable ;
et plus Benry James avançâit dans la connaissance et dans la
pratique de son art, plus il se ré_pétait à lui-même~ « dramatisons, drall!atisons ! ,, Or. la. forme du Camarade 111,jùlèle est une
formé où le cc drame •&gt; domine, et où la part'faite au «tableau •»
stf ramêne presque à tes indicatîons scéniques telles que les trans47

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISli

forma Berrun:d Shaw, te lles ans&amp;i que now les retrouvons dans
Jean .&amp;rois. Mais l'art di:. Scblumberger justement a su établir
la lieisou, ménager partout les passages. Dans le Jea,1 Barois de
Mm1ù:m du. Gard ceS; iindicarir,ns trahissent encore la gaucherie
d'une probité trop juvénile, et je ne serais pas surpris qu'elles
constituassent une êhs raisons en vertu desquelles le flair soupçonneux de Martin du Gard s'est détourné de cette voie pour
reg:i.gner avec les Thibault la grande route du roman dont ïe
parlais ici naguère à propos de !'Epithalame. Dans Le CamanUI6
I,iful.èle le «: chant &gt;i est confié à la « partie haute » - que représente le dialogue ; la basse ne sert que d'accompagnement, et La
réussite technique du li,•re n'est pas sans analogie avec l'exécution impeccable Ge reconnais qu'elles sont rares) d'une partition jouée à quatre mains au piano. Le dialogue est ici l'agent
dramatique essentiel, et puisque nous ne sommes point&gt; au
théâtre, le constater 'est pas qu'un truisme. Constructeur à tout
moment des ca.ractères, le dia{oguese substitue à l'analyse mais
pouT fiiire son travail;: - et en même temps il rend sans cesse
une sonorité de réplique. Au danger inliérent à la réplique
Schlumberger a su parer en: al-Uant à je ne sais quelle dignité
touchée de hauteur dans l'accent une rudess.e, des à-cnups, et
comme une brusquerie. da11s Je- vocabulaire.. Les mots sortent
boudeurs, ainsi: qu' il ad ieut chez cel:ll qui ont à la fois envie
et pas- envie de parler . Il y a•un.e stylisation certaine. des propos,
mais si adroitement compensée par la dépréciatiQer àu langage
que toutesles répliques portent, blessent juste a;u point visé
sans· que.jamais cependa.on le·cliquetis des a.rn;:ies - péril majeur
de. la réplique - aonfisque l'attention: il n'est perçu qu.'autant
qu'il faut pour dénoncer le choc des sensibilités. D' oùce.tte atmosphère si spéciale - tendue, âcre, salubre, - comme d'une
ttagédie continO.ment en révolte contre son tragique même: un
c@rnélianisme d'abotd wulu; puis à moitié accepté, à moitié
robi; et qui finit par mettre son courage à se-dé.priser..
One démobilisation sentimentale, - &lt;ionnexe de cette démobilisation intellitctuelie dont nous eotreteoaiit, Thibaudet, mais
pour certains combien plus malai ée encru:e à obtenir de soi, td est le vrai1sujet du Ca.nuvade Infidèle: il semble qu'à travers
un dédale de « boyam » nou.s a5:.i.stiona à 1a marçh.e laborieuse
des personnages pour, du cornélianisme, rtj~dre la sincérité

.NOTES

739
sans plus_ des sentiments ; et une des beautés du livre réside dans
le ~ns aigu chez les personnages euxamêmes des abandons. des
renie rnents, 'd«s ill~~des que ce rctou r coœ porte' et aux~els
cependant c est la smcénti même qui nous invite Voilà 1
.des
d''
.
es
s-ous r~portance e_t devaleur si générales _ qui font du
Camarade bpdele un des ltvres les pJus directement issus de la
guerre, et d autant plus directement peut-être que le rôle de la
~err~_s'y ~éduitàcelui d'une ombre portée. Partout y est sen~
s1ble 1_mévnable déchirement du combattantenface de l'attitude
~e lw commande l'après-guerre. Après comme avant, la sincénté s3affirme l'intacte e-t exigeante déesse; mais l'honneur de
Schlumh_erger c'est de ne jamais fermer les yeux sur ce que l'on
peut av01r à perdre e11 remettant le cornélianisme au fourreau.
~ulle,pa~ la coupure si choquante qui' se produisit' dè:. l'armistice na mieux été marquée qu'en ce passage:
• . .. Cette torsion, qu'?n s'est fait_ subir, an ne la détord pas d'un
jOUr à autre. On na f.nt don de SOJ qu'au prix d'une extrême violence:
on ne se repren~ pas au premier commandement; et ce qu'on a eu
tant de mal à s'imposer- comme inviolable, on ne peur-pas le considérer
tout à coup comme insignifiant.

r

~:mois s'aperçoit qu,'il fuit de l'éloquence, mlris, contraiTement à ce
gu_eut été ,son mot1\IJ':ment habituel. il ne songe pas à s'en excuser. Suc
~ ioue_qu elle aperçoit de profil, Clymène remarque uo. pli qui tai;itôt
n y était pas.

•

- fai vu, dit-elle, l'incompréhension de l'arrière pour les angoisses
~u- fro.a~ éveiller des sentiments très amers chez quelques blessés dont
l ai su1v1 la convalescence ; à tel point que la colère et Ia rancune les
aidaient à vaincre la crainte d'un nouveau dëpart.
. J:imais Vernois n'a connu le plaisir de sentir une autre pensée veoir
St Vlvement au-devanr de 1a sienne; il en oublie sa taciturnité.
~ Déjà-pendanr nos pennissions, dit-il, nous flairions le maleaten~u ; mais on avaiic tant d'imérêt â ne pas nous décourager qu'on
~ t de qu~!que pru~ce. C'est seulement llll.e fois tout danger passé
qu[Qll a cyniquement J~ê les masques,. On pouvait eofin tout dire et
tout f~e,_ et rire_ de ces lieux com011Jns, bjea ripés, bien usag.és dont
on avait tiré un s1 beau rendement. Dieu sait si, le retour nous srutlevait
~'ivr-esse, et pourtant ces premiers mois de liberté restent dans notre
souv~nir parmi les plus sombres, ceux où nous nous sommes posé les
q,uest1ons les plus découragées.
Entte un tel sujet et les moyens de Scblumberger il semble

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il existât une prédestination. Esprit d'une sincérité des plus
strictes - mais d'une sincérité toute en redressements plutôt
qu'en sinuosités,-son originalité foncière je la vois dans le cons•
tant refus qu'il oppose - ferme, délibéré, allant jusqu'à l'entêtement - à toutes les formes de l'oubli. 11 ne s'agit point
seulement ici de l'incapacité d'oubli qui est, elle, un don, susceptible certes de culturé, et qui se mue parfois en une inappréciable vertu esthétique, mais qui n'en a pas moins ses origines
en deçà de la \folonté: à l'inçapacité d'oubli se superpose chez
Schlumberger une volonté de ne pas oublier qu'il ne cesse de
nourrir et qui frappe par son caractère tout positif. L'aspect le
plus particulier que cette volonté assume en ses écrits, c'est qu'il
semble qu'elle ne se limite pas aux sentiments et aux idées-,
qu'elle s'étende à tous les visages qui furent une fois regardés
bien en face. Le regard parait créer ici une obligation quasi
morale, - l'obligation du souvenir, et d'un souvenir qui tend
toujours à réduire au minimum la part jouée par les éléments
de hasard ; et c'est sans doute le fait que l'auteur sache à quoi
chaque regard l'engage qui rend compte de cette impression d'une
certaine absence d'ouverture, d'accueil, comme d'uneanti-hospitalité, que laisse presque partout son .œuvre. Ecrivant ailleurs
sur Un Homme. Heureux, je disais que Schlumberger excellait
à peindre cc un màlaise sourd, toujours présent, que le moindre
contact exacerbe, rend rétif et crispé» ; aujourd'hui je me
demandesi ce refus opposé à l'oubli ne nous en fournit pas l'explication véritable. Aux choses et- aux êtres les personnages de
Schlumberger ne disent jamais oui qu'à la dernière limite, parce que sur ce oui, une fois prononcé, il n'est pas dans. leur
nature de pouvoir revenir. Agiraient-ils autrement qu'ils seraient
aussit6t subm,ergés, ce à quoi leur apparente froideur~ quL.est
toujours à base de violence- ne saurait aucunement consentir.
Leur primat demeure la possession de soi : aussi ne s'éprouvent•
ils en sûreté que dans les sentiments bien différenciés, aussi
sont-ils pleins de méfiance envers l'amour dont ils reculent
autant qu'ils le peuvent l'échéance. « Eh bien, dit Vernois, je
pen~e qu'il existe deux: sentiments honnêtes, nettement définis,
et qui n'essaient pas de se donner pour cé qu'ils n~ sont point,
dont l'un est le désir, l'autre l'amitié'. Le premier est compris
partout, mais l'hypocrisie veut qu'on le déclare "'grossjer. Le

NOTES

74 1

second jouit de la considération universelle, mais presque personne ne s'y intéresse. Toute l'attention, tout le bavardage,
toute la littérature, toute l'éducation sont tournés vers le mélange
des deux: qui, comme tant de métis, a de la séduction et les vices
supt.rposés de ses deux parents. » Sans doute cette sortie est
commandée par les caractères et par la situation ; mais, une fois
posé le primat de Ia poss~ssion de soi, la vue qu'elle défend
se justifie parfaitement; seulement serait-il très logique ou très
fructueux de condamner en fonction de la possession de soi un
sentiment dont la grandeur - ainsi que pour certaines formes
du génie - gît dans la dépossession de soi qu'il entraîne? En
tout cas l'originalité de la vie intérieure des personnages de
Schlumberger, c'est d'être faite d'un petit nombre d'éléments,
mais qui sont tous comme fichés dans la mémoire, qui ne
s'épuisent que très lentement et pour ainsi dire à la place même
ou ils furent primitivement introduits.

Lorsque dans la scène finale Vernois avoue à Madame Heuland quel fut le tout premier mobile de son intervention, cet
aveu - sagement tenu en réserve parce que son rôle est de
nous apprendre que la démobilisation sentimentale est désormais un fait accompli - en même temps qu'il ferme le cercle,
touche un point d'une singulière subtilité.

Je dois vous avouer d'abord un abus de confiance. Avec les effets
de votre mari, vous avt"z reçu toutes celles de vos lettres qui se trouvaient dans son bagage, toutes, sauf une que voilà.
· Au botit de ses doigts, l'enveloppe blanche vacille uo peu.
- Il fallait savoir à qui rltourner ces lettres : c'est mon excuse pour
avoir ouvert celle que je tiens. Je n'en ai guère pour l'avoir lue jusqu'au
bout; j'en ai moins encore pç,ur l'avojr gardée. Et quand je dis que
l'intérêt d'Heuland a êté le premier mobile de mon intervention, cela
n'est pas tout à fait vrai ; le tout premier, c'est cette lettre.
_ - Je oe comprends pas.
- Une femme dont ui. tendresse trouvait pour s'exprimer des mots
si simples, si touchants, la savoir menacée d'une révélation brutale et
s'en tourmenter : c'était peut-être romanesque. Votre prénom l'est bien
un peu, et je me souvenais d'une photographie où l'on ne. distingue
que votre profil. .. Assurément je ne songeais pas tous les jours à cette

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
petite -armoire où. ,votre ,mari cachajt sa oorrespqndance, Qr ,quel ,~poir
avais-je-de ~e .montrer utile? Mais je ne l'oubliais pas; etlorsque, cet été,
j'ai pu prendre ioopinémel).t quinze jotll'S •de i:epos, cette i,dée m'a conduît sur votre plage~. Il faut vous .figurer l'ignorance où presque tous
les hommes sont d'une femme véritable. Cette lettre de vous, que j'avais
surprise, reprèsentait pour moi ce que l'amour peut avoir de plus fidèle
ef de plus charmant.

Peut-être ( allant plus loin que le cas strict de Vernois ne le
comportè) pourrait-on déceler ici l'embryon d'un phénomène
assez général et enregistrer un détour nouveau de l'amourpropre: nous sommes si mrturcllemeot égocentristes, ·il nous
paraitesi an:0nnal (quoique nous n'en convenions pas) que. les
aut!respuissen.t. ·éprIDuver .et phrs en.core insprrer des sentiments,
qne lorsque nous en: in!ercep,to.rrs l'expression adressée à autrui,
nous sommes suffisamment surpris ~pour qu'une cufio:sité en
naisse, - qui peut à l'occasion devenir irrésistible. Nul dessein
arrêté; simplement une pente que l'on suit et au sujet de laquelle,
ainsi qu'il advient dans le Camarade Infidèle, on se donne dès le
départ les motifs les plus spécieux. Combien, et qui ignorent
jusqu'au nom de Schopenh.auer, n'en vivent pas .1hoi,ns toute
leur 'lie ,en .fouation ,de s©n a-x.iome liminaire : Je monde est ma
représentation.
Une 1ésenve p:ourJinir, et ,quirJ.vise Je rôle prépondérant teil:
pas a~sez,diffécenàié ,que l'.autem accùi'de a.u petit• Antoine. li
me semble qu'avec le gmît , des difficultés qui le caractérise
Schlull}berger aurait dû se do[!.nt,rune difficuli:é de plus .en obligeant ,son dénou.e ment à ne surgir que des deux protagonistes~
Que si l'on me répond .q ue la nature de :Ver&lt;0ois avait besoin· de
ce prétexte poUI se décou'Vrir tout à. fait, je le veux bien ; mais
alms il faudrait cpae l'enfant apparût nettemént, .~inon ' comme
un simple prétexte, du moins coa:m1e· ,un mobile de sewnd
p'lan ; '0T le sentiment que V.emàts'éprouve-pour le ·petit Antoine
nous est ·montrl: comme plus-important que cela ;- et je ne dis
pas qu'il ne soit pas concevable q-ue Vernois épouse Clym~ène
en partie à cause de lui, mais en ce cas· le proolème dévie un
peu, perd quelque chose de '!a plénitude et de
rondeur, : la
bi:;iucle est moins complètement bouclée.

sa

CHA~LES DU BOS

NOTES

743

SILBERMANN, par Jacques de Lacretelle (Editions
de la Nouvelle Revue Française).
M. Jacques de Lacretelle, en chargeant ,son Silbermann de
tous les vices et de toutes les vertus d'Israël, s'expo:srit à
pein.dre le Juif, et IJ.1011 un juif, et il faut admirer d'abord .que
&lt;:e chétif Silbermann à la fois téméraire et craintif, rampant et
dominateur, propre aux idées comme au négoce, athée et fana- tique, fin ét sans tact, passionné de culture française et détaché
d.e la France, nous paraisse aussi vivant que tel petit israélite
al\Tec qui, au jardin public, nous hésitions à jouer. Il existe
désormais autant que l'adolescent huguenot qu'il a circonvenu.
Celui-d, M. de Lacretelle ,a bien vn qu'aucune tendresse ne
devait l'attacb.er à Silbermann : il subit d'abord Ja domination
d'un camarade qui lui om.,re le morrde des idées ; le lev.ain juif
travaille ce jeune esprit latin. Mais, à cet ~ge, finœlligence seule
ne saùrait fonder une amitié. Il fullait que &amp;ilbermann fût persécuté pour que le petit protestant goûtât :en sa compagnie le
plaisir d'être Jbéroïque. Rien de si fréquent à cet âge .que l'attrait
tlu martyre, qui est d'abol'd le besoin .d.e se séparer du commun.
Ce jeune chrétien accoutumé à l'examen de conscience., soucieux de perfection intérieure, nous acceptons donc qu'il se
donne tout entier à la d.éfense du juif honni et lapidé.
L'auteur nous montre-t-il son héros 'chrétien assez souffrant
de ia perte .d'amitiés qui lui étaient ch.hes? De œ c6té~là., il
nous semblait que dût se prol&lt;)n-ger le dtam.e-; mais c'est dam la
famille du collégien que M. d.e Lacretelle a mieux. aimé en
suivre le retentissement .. Ne le lni reprochons pas : quand le
critique &lt;écrit lui aussi ,des romans, il incline à juger une œuvre
,d'après le livr.e qu'instantan.ément il compose sur les données ,,
~ue lui fournit l'auteur. Sans doute, dès .que nous apprenons
-que le lycéen p.irotestant est Le fils •d 'un juge ~'instruction, nous
nous doutons bien que I-e louche père ·de S1lbermann tombera
sous la coupe ,de ce magistrat, C'était la sittmrion un peu trop
facile .à tmuver .(.a.na.leg:ue 3.l1 p:uisgue :mon père "tst l'off.enré et
l'offenseur ie pere de Chimène). Mais M._ de La:crete~le a s~
idoute eu raison de ne point chercher ailleurs: 1a vie est .fiute
,de œs .cofücidenœ:s et _celle.:-ci Jni a permis d'amorcer rantre
or.a.me d.e .son récit, qui est cette découverte dont nous ffrmes

�r

744

LA NOUYELU: REVUE FRANÇAISE

tous accablés à un instant de notre vie, lorsqu'il nous apparaît
que nos parents ne sont pas des demi-dieux . Nous nous rappelons notre étonnement parce que notre mère se confessait :
quels péchés pouvait-elle commettre? La grâce du père voleur
de Silbermann que l'enfant huguenot ne peut obtenir de son
père, elle est accordée le jour qu'un député influent se mêle de
l'exiger.
Nous avons loué M. Jacques de Lacretelle d'avoir su peindre
un juif et non le Juif: et c'est pourquoi nous regrettons cette
dernière vision de Silbermann, ce sermon sur les fortifications,
où cet effrayant Eliacin prophétise, s'enfle, et s'enlève presque
dans un ciel de Gustave Doré. Si l'auteur n'avait su d'abord
nous le peindre si vivant, il risquait ici de le muer en une
entité. on, ce Silbermann n'est pas tous les juifs. Il ne rappelle rien, ou presque rien du merveilleux Henri Franck qu'à
vingt ans nous avons vu danser devant l'Arche, rien non plus
de ces nobles israélites portugais dont la tribu était absente de
Jérusalem quand le Christ y mourut et qui, à Bordeaux, dans
d'admirables demeures construites par Gabriel et par Louis,
nous font admirer les portraits de leurs ancêtres, contemporains
de Samuel Bernard.
Et de même les jeunes bourgeois catholiques de l'école
Saint-François-Xavier que M. de Lacretelle nous montre si brutaux, si peu intelligents, nous ne nierons pas qu'il en existe
beaucoup de cette sorte ; mais dans ce tryptique où un juif persécuté souffre entre un huguenot compatissant et des catholiques injurieux, il ne faudrait pas non plus élever ceux-ci à la
dignité de «type» . L'un d'eux eût aussi bien pu éprouver que
son camarade protestant, de la ferveur, et la question juive,
alors, même en ces années proches de l' Affaire, se fût offerte à
lui moins simplement. Il faut relire, après Silbermann, la Releve
du matin où M. de Montherlant médite sur ce qu'il appelle « le
grand mystère collégien ». Parmi tant de «François-Xavier»
forcenés et cruels, il nous aurait plu de discerner l'une au
moins de ces figures inquiètes, scrupuleuses, d'enfants dont
nous nous souvenons.
Ce court récit d'un art si simple, si pur, d'un style parfois un
peu lâche, restitue à l'être humain tout ce dont le dépouillent
quelques-uns de nos camarades en leurs ouvrages d'ailleur1,

NOTES

745

délicieux : conscience, inquiétude, goût de la perfection, sens
du péché. Nous voici loin, avec Silbermami, de cette rutilante
littérature où, parmi la faune des palaces, des sleepings, des
bars de nuit et des hammams, l'instinct sexuel mène les êtres
comme des chenilles aveugles. Ce n'est point que M. de Lacretelle ne sache «voir», lui aussi. Regardez Silbermano :
Attentif à tout ce que disait lt: professeur, il ne le quittait pas du
regard ; il resta immobile, le menton en pointe, la lèvre pendante, la
physionomie tendue curieusement; seule, la pomme a'Adam, saillant
du cou maigre, bougeait par roomcntS. Comme ce profil un peu animal
ètait éclair&lt;! bizarrement par un rayon de soleil, il me fit penser aux
lèzards qui, sur la terrasse d' Aiguesbelles, à l'heure chaude, sortent
d'une fente et, la tête allong~e, avec un petit gonflement intem1ittcnt
de la gorge, surveillent la race des humai os .. .

Silbermami est composé soianeusement, selon la méthode
ancienne que M. Thibaudet reproche à M. Bourget de prêcher
aux jeunes écrivains .
FRANÇOIS MAURIAC

DOUZE CENT MILLE, par Luc Durtain (Editions de la
Nouvelle Revue Française).
L'année 1922 restera, entre toutes ces années où s'élabore la
grande littérature de demain, celle où l'imagination aura enfin
repris tous ses droits méconnus. Le roman dit d'aventure qui
comportait avant tout l'évasion d'un monde en ruine et l'invitation au \"Oyage post-baudelairieooe (le roman historique à la
Benoît est une survivance et non pas un point de départ), le .
roman d'aventure, dont Mac Orlan a fixé le type en France sans
parvenir à le réaliser complètement, tend à déboucher dans le
roman d'imagination qui lui donnera l'ampleur, la solidité et le
réalisme qui lui manquaient. Roman d'imagination qui pourra
osciller de la fantaisie de Giraudoux à la légende sociale de
Pierre Hamp ou rustique d'Henri Pourrat, qui les mélangera le
plus souvent selon des dosages individuels et dont les péripéties ( comme celles de Siegfried et le Limousin) pourront se
nuancer de satire. Avec une charge sentimentale infiniment plus
complexe grâce au symbolisme un sens de la construction, de
la progression plus perfectionnées grâce aux exemples anglais et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

russes, ce roman à péripéties pourra se relier à la tradition picaresque de Gil Blas ou de certains contes de Voltaire. Il remettra
de la joie, de l'élan, du feu, grâce au èinéma une rapidité
jusqu'ici inconnne, grâce à l'exemple de Marcel Proust la précision et l'approfondissement psychologiques dans le roman
amaigri, bassement historique et terre à terre que nous a légué
le naturalisme.
Dans cette œuvre de création ou de renaissance du romanfresque, du roman-épopée par opposition au roman d'analyse
genre Adolphe, au roman d'étude à la Madame Bu1.1ary ou à la
Germinie Lacerleux, le D(Jlrze Cmt Mille de Luc Durtain tiendra
une place non négligeable. Les ébauches de grandes épopées
modernes que nous a"Vions rencontrées en 1921 dans des livres
comme Les Nocturnes de Georges Imann ou le Rafael Gnlottna de
Maurice Larrouy se sont chez Luc Durtain muées en une épopée
véritable. La synthèse de ces trois nécessités sine qua mm d'un
renouveau du roman : des caractères, des péripéties, une signification sociale, qui déjà se trouve réalisée dans une œuvre
unilinéaire comme le Silbermann de Jacques de Lacretelle,
prend ici toute son ampleur. Le grand roman de l'amour
moderne conçu selon cette formule, avec des modalités strictement personnelles, existe déjà et on ne pourra plus de longtemps que le démarquer : c'est l'œuvre de Marcel Proust. Mais
précisément À la Rechercbe dit Temps perdu déblaie et éclaire la
route aux romanciers de demain. Leur principale originalité
sera d'émouvoir, de captiver, d'entraîner le lecteur avec autr.e
chose que des amours heureuses ou contrariées. Le précurseur
ici est Balzac, ou, si l'on veut, une interprétation de Balzac à
la mesure du moderne. Une époque atone ou trop enfoncée
dans le bien-être ne comprend pas Balzac, ou plutôt ne saisit
pas tout le côté « reconstruction d'un monde » qui est son plus
grand côté. Les ruines de la Révolution et de l'Empire relevées
par la Restauration, la mise au point du nouveau régime
d'après 89, l'étape franchie par la bourgeoisie Louis-Philip-parde, la légende des cinquante premières années du xix• siècle,
voilà ce qu'offre Balzac en exemple au romancier qui sort de la
guerre et vn dans le monde bouleversé de l'après-guerre.
En dépit de toutes les différences possibles, c'est au Balzac
-d'A combien l'amour revient aux vieillards et de la Dernière lncar-

l,lQT.liS

747

natio11. de ,Vautrin que Luc Durtain oblio-e
à penser en défutlti ve.
D
"b
. urtam ,s est ~o~i avidement de toute son époque. Le futunsme, 1 unanimisme ont trouvé en lui un terrain tout préparé
déjà ensemencé. Tout cela a été absorbé, transformé et l'arbr;
.d'aujourd'hui est un des plus vigoureux qui soient chez nous.
Beaucou~ des afféteries, des tics, des contorsions qui gâtaient
les pretn1ères œuvres de Durtain ont disparu. 11 en reste encore
trop. Une nature aussi généreuse, aussi riche gagnerait à s'imposer encore plus de discipline, à viser à une sorte de sécheresse
qu'elle n'atteindrait jamais, à se \'Ouloir simple.
Mais cela dit quelle étonnante légende que Douze C611t Mille.
La légende de l'argent moderne, rien de moins. Sujet conçu
av:ot la guer~e, réalisé après. ( mieux eût valu le situer après
qu ava~t, mais ~eut-êtr~ le hvre qui s'achève le 3 août 1914
aura-t-il une suite) qw pose tous les pions de cc vaste écbi.quie~: le capita~iste, ~ e d'or à exploiter, personnifié par un
ouvner de province q m a gagné douze cent mille francs et toute
1a .série des exploiteurs flanqués de leurs femmes, le banquier
et ses rabatteurs : l'homme du monde, le général, le courtier
marron sans oublier l'autre indispensable victime : l'inventeur.
~t voilà ~our l'affaire industrielle qui dévorera les premiers
srx cent mille francs. Le reste sera englouti par la terre et les
requins de 1a propriété foncière apparaissent : le notaire de
-s ous-préfecture, !'_homme de conliance à pots-de-vin, l'Jiostilité
paysanne.
Mais pour animer tout cela, pour permettre les mille et un
· rebondissements du récit, il faHait trouTer le moteur. Luc
.Durtain l'a trouvé : c'est s011 héros, Bongrand, d'Artagnan
prolétaire, que son argent jamais ne possède, -4ui dénoue les
situations d'un seul geste .de résjgnation ou &lt;le joyeux sacrifice
et qui peu à peu _en vient à haïr « J'excrément du démon ».
Lorsque miné, red~enu .simple artisan, il apprend qu'il possède
encore près de quarante mille irancs, il les r.efuse et - trouvaille
admirable -Jes donne à l'homme qui l'a le plns ignominieusement dépouillé, comme au seul capable de tripoter cette boue.
Ce vivant simple et puissant - autre trouvaille de Luc
Durtain - attire et .retient les femmes. Les plus viles, les
plus tarées sont intimidées, conquises. Leur intuition, leur
.instinct maternel leur fait épargner c.et homme que leurs

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAfSE

maris ou leurs amants accablent. Mm• d'Aiguesein, Paulette,
Olga, figures un peu trop directement balzaciennes peut-être,
ne s'oublient pas.
Une autre caractéristique de Luc Durtain, avec son imagination et son don de synthèse, c'est l'art qu'il possède de construire tous ses personnages, jusqu'aux plus épisodiques, à
trois dimensions. Tourguenieff établissait les biographies complètes de tous les personnages qu'il introduisait dans ses
romans. Luc Durtain ne se contente pas de les établir pour luimême dans ses préparations, il les livre au public en raccourcis
et en coups de sonde qui ne sont qu'à lui. Une certaine façon
de rattacher le moindre geste à sa signification sociale n'appartient également qu'à Durtain.
On éprouve en fermant ce livre une sensation de plénitude et
d'achèvement que l'abus des images (images parfois inutiles et
trop souvent médicales) et le tarabiscotage souvent agaça_nt,
toutes les scories de la forme ne parviennent pas à entamer. Il
faut enfin signaler que Luc Durtain a retrouvé le ton de la
grande familiarité épique qui lui permet d'interpeller les Muses
ou son lecteur sans jamais déchoir.
Le ciment secret de ce beau roman, c'est son souffle lyrique,
son idéalisme social. Le roman de pure analyse est mort ou
doit mourir, sa veine est tarie ; mais il ne meurt que pour
mieux renaître dans le roman de synthèse de demain où l'analyse jouera, avec toutes ses nuances et tous ses scalps, le r6le
épisodique qui doit en toute justice lui échoir pour compléter
la mise à nu des caractères en action.
Ce qui manque à ce très beau roman, pour approcher du
chef-d'œuvre, c'est un style vraiment d'aujourd'hui, ce style qui
est dans les œuvres les plus diverses, dans Proust, Giraudoux,
Larbaud, Morand, Paulhan, Aragon, Romains. Ici, malgré les
nouveautés très personnelles, nous en sommes encore au style
Paul Adam, Huysmans, Zola, République d'avant-guerre. Douze
cent mille démontre qu'il peut encore donner de beaux fruits.

•••

BENJAMIN CRtMIEUX

AU LION TRANQUILLE, par Marmouset (Librairie
de France).
Ce roman est un bon petit livre bien digne de vivre sans sa

749

NOTES

légende, ou par-dessus sa légende, si j'ose dire. Il serait peu
moral que ce roman bien fait, d'un romanesque fondé sur la
réalité sans le réalisme, ne connùt la fortune qu'à cause du
bruit fait autour de sa naissance irrégulière. Au Lio11 tra11q11i/le
est un enfant naturel de la littérature. Mais c'est la mère qui
fait des façons pour le reconnaitre. Quant au père, que n'a-t-il
pas pour attirer des protecteurss à ce fils costaud et coquet : un
digne ouvrier, ancien apache, écrivant une histoire d'apaches!
Après le nègre de 1921. qui «continuerait» mieux que le voyou
devenu typographe rangé ?
Mais Marmouset a vraiment plus pour réussir. Et d'abord,
il n'y a pas d'apaches ! Combien je vous remercie, Marmouset,
de me prouver que j'avais vu droit, en faisant dire à votre
Jacquot devenu bistrot en 1922, quelque chose d'égal à ce
propos de mon bistrot de 1912 : cc Il n'y a pas d'apaches, il n'y
a que des jeunes gens mal élevés qui s'amusent. » Marmouset
picaresque n'est pas responsable de la légende du repenti bon
salarié. (Cf. Comédies et Proverbes, de Mm• de Ségur). Jamais on
n'avait si justement employé l'argot. M. Boyer, le savant directeur de l'Ecole des Langues Orientales, argotisant éminent,
rangera ce bouquin auprès du trop méprisé Journal de Nénesse,
de Nonce Casanova. Souhaitons que M. Jean Variot écriYe un
second article généreux pour engager à lire de tels ouvrages les
magistrats si ignorants de la psychologie du faubourg. Les
magistrats eux-mêmes auraient de l'indulgence pour Marmouset.
Pourquoi? Marmouset reste dans&lt;&lt; son mitan ». Il ne commet
pas la faute d'indiquer par où ce « mitan » peut « grouper » les
autres oc mitans », le corridor secret par où les catégories d'individus (ignorons les classes) se pénètrent, se fondent, s'altèrent,
s'allient ... ça, c'est le secret de plus d'un succès limité. Marmouset peut tirer à cent mille sans inquiéter personne. Déjà ...
Avec quelle joie certain reporter II littéraire » le jette dans les
jambes de Carco, son camarade de promotion.
ANDRÉ SALMON

•*•
GÉRARD ET SON TÉMOIN, par Paul Brach (Editions
de la Nouvelle Revue Française).
M. Paul Brach expose dans son livre le cas d'un raté. Gérard

�750

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

est un jeune bourgeois riclie qui, tout: en ayaat fesprit et le
goût assez fins pour mépriser le milieu où il vit, est privé des
fortes facultés qui lui permettraient de s'élever hors de ce
milieu. C'est un type que l'on rencontre souvent en ce tempsci 1 car la guerre, si elle a élargi l'horizoa de quelques hommes,
ne leur a pas en même temps donné des ailes. C'est ce désaccord, ce manque d'équilibre, que rameur a étudié. ll nous
montre son personnage d'abord attiré par les lettres et, bientôt,
y renonçant faute d'application. sans doute ; puis, occupé, en
compagnie de camarades oisifs, à des passe-temps insignifiants
qui ne le contenteat point et durant lesquels il soupire : « Cette
existence ne peut durer. » Enfin - cela compose l'intrigue
romanesque du livre - Gérard essaie de donner du prix à sa
vie par une sorte de raffinement sentimental. Devenu amoureux,
le voici qui cristallise, qui analyse ses sentiments, s'embarrasse
de pudeurs et de petites défiances, exerce sur l'objet aimé un
esprit critique stendhalien, bref, transforme en un pur jeu c&amp;ébral des aventures assez terre à terre. Or, si ces subtilités
d'esprit procurent anx. grands amants leurs plus belles jouissances et activent leurs pa-ssions, on conçoit que chez les
natures médiocres elles dressent plutôt des obstacles et provoquent des déceptions. C'est le sort de Gé_rard, d'~~t _qu'il
s'adresse à des marionnettes aimables, ma.is tout a fait mcapable-s de se prêter à son ambition ~e, délicatess~ ~n~mental~
Sa carrière d'amant intellectuel, st 1 on peut ams1. dl.I'e, ne lm
apporte que des mécomptes. Il a la sagesse d'y renonc~, et, à
la, fin du récit, laissant cc à d'autres les débats de conscience et
les nuances sentimentales», il reprend sa. place parmi ses camarades ordinaires.
Ce personnage, qui a forcément les traits un peu pâles d'un
mondain, est bien présenté par l'auteur. Il a. quelqne chose
d'honnête et de touchant. Il fait penser à un personnage réel en
présence de qui l'crn se trouve souvent dans un salon. Nous
savons ce que deviendra Gérard. Ce sera cet homme du monde
« qui a eu des dispositions :o et qui témoigne aux artist~s ou
aux littérateurs une sympathie timide et comme mélancolique.
Quelquefois cet amateur nous paraît ridicule. Mais il est assurément supérieur à bien des gens de son mHieu, par exemple_à
celui.qui réponilllity comme on. lai vantait- les mérites d'Utl écn-

NOTES

vain désireux d'entrer dans un cercle qui est l'apanage d'une
coterie aristocratique : « Dieu merci ! Nous sommes encore
quelques-uns pour qui ces choses-là ne comptent pas. »
M. Brach écrit dans un style agréablement coulant et fort
soigné tout à la fois. Il a le do n de l'ironie et ses caricatures
sont réussies. Peut-être, chez lui, le psychologue cède-t-il trop
volontiers la place au poète. Il arrive que dans son récit le
développement psychologique disparaisse derrière une image
généralement jolie , et originale mais quelque peu gratuite. Cela
donne à l'ensemble du livre un tour élégant mais lui fait
perdre, par endroits, de la profondeur.
JACQUES· DE LACRETELLE

LETTRES iTRANGÈRES
LETTRE D'ANGLETERRE : LE STYLE DANS LA
PROSE ANGLAISE CONTEMPORAINE.
On dit souvent qu'il n'existe pas en anglais une prooe étalon.
A l'analyse on découvre que cette critique pourrait se formuler
plus exactement ainsi: la prose anglaise, si on la compare à la
française, à l'italienne et à l'espagnole, s'est développée tard.
Les formes- premières qu'elle assuma visaient &lt;l"es emplois spéciaux et limités ; et lorsqu'on arrive à l'époque de Hobbes, la
sensibilité et la pensée anglaise avaient déjà trouvé leur expression dans le vers : comparer le vus du temps de Shakespeare à
la: prose correspondante équivaut à comparer un esprit adulte et
indépendant avec un esprit qui n'a encore atteint ni maturité ni
indépendance. Aucune prose n'est jamais parvenue à rendre
l'esprit anglais au degré où-l'on peut dire que le style de Montaigne traduit l'esprit français: à des périodes diverses de notre
histoire littéraire on retrouve le contraste de styles qui ont trè.s
peu de choses en commun. D'où la difficulté à n'importe quel
moment d'assigner un style à une période donnée. Si nous
lisons tout ce que la prose anglaise a produit de meilleur, nous
p-0uvons arriver à savoir comment cette prose s'est développée;
mais nous nous apercevrons qu'il est très difficile de faire des
généralisations à son sujet.
Néanmoins il demeure possible de suivre à travers le
x1x• siècle jusqu'à notre génération ug ou deux courants et d'en

�752

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marquer la disparition. Il est assez curieux de constater que les
talents les plus originaux qui aient fait leur apparition dans notre
littérature pendant la majeure partie du xrx0 siècle furent des
prosateurs. Ni Tennyson, ni même Browning - et je n'avance
ceci qu'après mûre délibération - ne peuvent pr~tendre à
occuper une place de l'importance de celles de Ruskm, Newman Arnold ou Dickens. C'est le style de Carlyle qui constitn; la grande nouveauté. Jusque-là la prose habituellement
en usage se rattachait à la tradition de Gibbon et de Johnson:
le style de Macaulay est un style du xvm• siècle avili par une
exubérance de journaliste et une émotion théâtrale; le style de
Landor est un style du xvm• siècle atteint de bizarrerie. Cependant le style de Landor est un beau style ; celui de Macaulay
représente les résidus d'un beau style aux mai~s d'~n démagogue littéraire. Carlyle - un int~llectuel san~ 1_n:elhge~ce, et
un érudit sans culture - possédait une sens1b1hté umque et
précieuse, qu'il exploita mais_ sans la, discipliner; ~outefoi~, si
une licence avouée vaut 1meux qu une dépravation qui se
cache, son style est plus sain que celui de Macaulay. Les effets
de telles oro-ies ne s'en laissent pas moins voir non seulement
dans l'œu;re des descendants authentiques de Carlyle
comme George Meredith - mais même dans l'œuvre de ceux
qui paraissent appartenir à un type_ d'e~prit to~t diff~re~t. La
prose de tradition classique, plerne a la fois de d1gmté e,t
&lt;l'aisance dont le défaut résidait surtout dans la pompe et ou
l'antitùès~ constituait le procédé le plus fréquent, disparut.
Thackeray est souvent diffus ; Ruskin souvent exagéré et
vexatoire· le cardinal Newman lui-même, à qui nous devons la
plus belle' prose qui ait été écrite au. xrx• siècle, est li1~ité_ aux
couleurs automnales de son émotion propre, particulière.
Disons pour simplifier que même dans les cas o~ Ca_r'.yle n'est
pas directement à l'origine de ce:te rupture d éq,u'.hbre de la
prose anglaise, il sert encore de po10t de repère à laide duquel
la mesurer.
A partir de ce moment i,l y a pr~sque toujours dan~ la
prose anglaise, même lorsqu elle parait l~ plus opp~sé~ a_ la
prose de Carlyle, une certaine exa~ératlon, une _hm1tat1on
spéciale due à la prédominance de 1élément émouf, et pour
~i-nsi dire une température légèrement fiévreuse. D'aucun

NOTES

753

écrivain ceci n'est plus vrai que de Walter Pater, de qui la prose
forme le principal modèle qui eut cours dans les dix dernières
années du x1x• siècle et dans la première décade du xx•.
L'influence de Walter Pater a eu pour résultat une limitation
de la prose très différente de celle que l'on rencontre au
xvue siècle. Les styles de Clarendon, Sir Thomas Browne,
Jeremy Taylor et Hobbes sont tous des styles qui ont leurs
limites et qui sont tr~s différents les uns des autres; mais
chacun d'eux à l'intérieur des limites qui lui sont propres est
un stye équilibré et normal. Les thèmes de Walter Pater
dénotent une sphère d'intérêts beaucoup plus étendue mais en
dépit de cette extension, sa prose trouve ses limites dans les
bornes mêmes que lui assigne une valeur toute émotionnelle.
Walter Pater était un descendant littéraire de Ruskin et de
Matthew Arnold ; et même dans le tour d'esprit sévère,
raisonné d' Arnold se laisse discerner parfois quelque éclat
:fiévreux. Une analyse de l'œuvre de Pater nous entraînerait
trop Join ; je ne puis ici qu'affirmer combien fut grande son
influence. On la retrouve dans l'œuvre d'écrivains aussi différents que MM. F.-H. Bradley, Oscar Wilde et William Butler
Yeats. Les livres de M. Bradley, en particulier Apparence et
Réalité et Les Principes de Logique, méritent d'être salués comme
des classiques qui prennent rang dans la grande tradition des
écrits philosophiques anglais; mais même dans la magnifique
austérité de la prose sèche et osseuse de M. Bradley on décèle
par endroits cette rougeur de la fièvre qui est totalement étrangère à la tradition de Hobbes, Berkeley et Locke. L'ornementation étudiée d'Oscar Wilde et la simplicité étudiée de M. Yeats
diffèrent également des écrits de M. Bradley, mais reflètent non
moins également l'épicuréisme ascétique de Walter Pater. (Les
mémoires de M. Yeats qui ont paru récemment dans le Ne:w
York Dial constituent un document d'un très grand intérêt en
ce qui concerne la génération d'Oscar Wilde; et M. Yeats
témoigne explicitement en faveur de l'influence exercée par
Pater sur sa génération.)
L'influence de Pater, combinée avec celle de Renan, se
retrouve entière dans un volume d'essais admirablement écrits
mais déjà quelque peu anciens, dû à un écrivain de notre génération, Frédérick Manning, et intitulé : Seimes et Portraits. Cet:e

48

�754

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSR

influence de Pâter culmine et disparait à moo sens dans l'œuvre
de James Joyce. Ce que j'avance ici est sujet à discussion ; je
ne suis pas du tout sûr que M. Joyce souscrirait à cette analyse
de ses origines, mais pour ma part je vois dans Un Portrait de
l' Artiste comtm jeune homme l'œuvre d'un disciple de Walter
Pater aussi bien que d'un disciple du cardinal Newman. Dans
Ulysse ce courant disparait. Dans Ulysse, cette influence, comme l'influence d'lbsen et toutes les autres influences auxquelles M. Joyce s'est soumis, - est réduite à zéro. Mon
opinion est qu'Ulysse n'est pas tant une œuvre qui ouvre une
époque nouvelle que le gigantesque aboutissement d'une
époque révolue. Avec ce livre Joyce atteint à un résultat singulier, singulièrement distingué, et peut-être unique en littérature : cette distinction consiste à ne pas a·rnir de style du tout,
- et à 11e pas en avoir, non pas au sens négatlf, mais bien au
contraire dans un sens très positîf. Je veux dire que l'œuvre de
M. Joyce n'est pas un pastiche, mais que néanmoins elle ne
possède aucun des signes qui permettent de diagnostiquer la
présence d'un style.
L'œuvre. de M. Joyce met fin à la tradition de Walter Pater
comme elle met fin à un grand nombre d'autres choses, et elle
accentue par là la nécessité où se trouvent les écrivains de cette
génération de prendre un nouveau départ, soit en se soumettant à une influence étrangère, soit en développant quelque
tradition anglûse plus ancienne.
Il y a eu des écrivains très distingués qui sont demeurés
étrangers à la généalogie que je viens de tracer,; à n'importe
quelle époque des étrangers de ce genre peuyent toujours surgir
dans les lettres anglaises. Henry J:unes, Joseph Conrad et
Charles Doughty sont des éèrivains q1.ü possèdent des styles très
personnels et incommunicables; des styles que l'on peut imiter,
comme on peut imiter celui de M. Proust, mais dont il est pen
probable qu'ils servent de point de départ à une tradition.
Doughty est le moins connu de ces écrivains, en partie parce
que son graod ouvrage Voyages dam l'Arabie déserte est difficile
à se procurer et fort coûteux. Un bon essai sur la prose de
M. Doughty - et qui renferme des cita.tians - se trouve dans
le livre récent de M. Middleton Murry, Régions de l'Esprit.
L'œuvre de M. Doughty est étrangement isolée. Elle constitue

NOTES

755

u.n.e exception singulière au x1xe siècle ; s.a prose est presque
une prnse du xvue siècle; et ses limites sont les limites du
xvn• siècle, et tout à fait différentes de celles de l'école de
Walter Pater.
En présence d'un écrivain dont l'œuvre est encore en processus de formation, il est difficile de dire s'il constituera un cas
isolé comme M. Doughty ou s'il deviendra l'ancêtre d'une
époque comme Walter_Pater. Les écrits de M. Wyndham Lewis
s'offrent à uous aujourd'hui dans cet intéressant état d'ambiguïté. Je ne vois pas d'écrits contemporains au sujet desquels
on puisse établir une comparaison avec ceux de M. Lewis; j'ai
vu cependant certains livres, surtout américains, dont le
mérite - s'ils en possédaient un véritable - se rapprocherait
du genre de mérite que l'on rencontre chez M. L-ewis.
La prose de Wyndham Lewis se trouve ressembler à la prose
d'une époque encore antérieure à celle qui est sympathique à
M. Doughty. Ce dont eUe se rapproche le plus, ce sont les prosateurs, non du xvu• siècle, mais de la .fin du xv1•, tels que
Thomas Nashe, certains traducteurs du temps, et les auteurs
des Martin Marprelate tracts. Cette prose a une abondance, une
vigueur, une vitalité pleine de signification, une force vitupérative dont je ne vois pas ailleurs les équivalents. L'usage que
M. Lewis fait des mots r.ippelk la façon dont ceux-ci a:fHuent à
un Fa\staff. J'ai dit tout à l'heure « se trouve ressembler, parce
que je suis sfu- que M. Lewis n'a jamais particulièrement étudié
les écrivains en question. Dans son premier roman, Tarr,
l'influence de Dostoïevsky est visible -et l)ré-pondérante. Mais
la" partie Dostoïevsky » du livre, bien qu'exécutée- briUammeut
et avec OTiginalitt, n'est pas vraiment représentative de
M. Lewis ; l'autre élément présent dans l'ouvrage, et qui ne se
raccorde nullement au précédent, relève de cet humour anglais,
si sérieux et sauvage, auquel Baudelaire consacra naguère une
brève étude. Lewis est très en sympathie avec Hogartb, Rowlandson et Cruikshank ; comme il est avant tout un peintre,
son imagination est avant tout visuelle. Il possède quelque
chose de cet humour que l'on rencontre cbez Dickens (lui
aussi un écrivain visuel) lorsque Dickens est humoristique et
non délibérément comique. Mais un répertoire d'analogies ne
saurait en rien fournir une formule pour le style de M. Lewis,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lequel, encore imparfait et pas tout à fait au point, se laisse
voir au mieux dans l'essai sur l'art et l'architecture contemporains, intitulé « le Dessin du Calife ii.
Si l'on examine ce qui se produit de meilleur dans le roman
anglais contemporain, on trouve une tendance vers un autre
style très différent de celui de M. Lewis, un style d'une nudité
et d'une simplicité presque excessives. Ceci est particulièrement
visible chez les écrivains que travaille un souci authentique du
vocabulaire et de la syntaxe. Un très intéressant exemple nous
en est offert dans La Vie et la Mort de Harri.etFrean de Miss May
Sinclair. Miss Sinclair a. fait grand usage, le maximum d'usage
possible, des résultats de la psychanalyse. Dans ce livre elle
réduit le roman au strict essentiel ; elle a soin qu'aucune description, conversation ou monologue superflu ne vienne
détourner l'attention du lecteur du tracé de h1 croissance et de
la décadence de l'héroïne. Un autre écrivain qui tend toujours
davantage à dépouiller son style de tout ornement surajouté est
M. Stephen Hudson dans son livre Eleanor Colhouse. Il y a des
moments où le récit de M. Hudson va jusqu'à vous faire oublier
que le livre soit « écrit ii, dans n'importe quel sens du mot: il
semble que l'on repasse simplement en esprit la morne chronique d'existences humaines. Cependant quoique cette méthode
- qu'elle ait pour objet la documentation psychologique ou la
chronique sans plus - soit visible chez d'autres écrivains, je
ne saurais être sûr qu'elle représente une direction véritable, ni
même que les écrivains cités ne puissent être amenés à y
renoncer; et lorsque je me rappelle certains écrivains intéressants comme Virginia Weolf et D.-H. Lawrence que je juge
impossibles à classer, j'ai envie de retirer toute espèce de. gé~éralisation. Dans l'œuvre de D.-H. Lawrence, en particulier
dàns son dernier livre La Verge d'Aaron, se trouvent alliés la
plus profonde explor'ation de la nature humaine et le style le
plus inégal que j'aie rencontrés chez aucun écrivain de notre
génération.
T.-s. ELIOT

LES ARTS

LES ARTISTES INCONNUS A LA
SIMON ET LE SALON D'AUTOMNE.

GALERIE

Il est peu d'expositions qui comportent une morale ; celle

NOTES

757

qu'organisa le spirituel directeur de la Galerie Simon avait le
rare privilège d'être captivante et de faire réfléchir sur les problèmes compliqués de la création artistique. Elle était constituée exclusivement par ces toiles et ces bois sculptés que des
poètes et des peintres, séduits par leur vertu émotive, achètent
pour quelques sous au bric-à-brac. Au sortir du Salon d'Automne où, peu à peu, une espèce de sommeil moral s'abat sur
vous, provenant de l'impression de déjà vu qui émane de
presque toutes les toiles - même des bonnes - cette exposition offrait une véritable oasis de fraîcheur et de douceur.
Natures m_ortes groupant des bibelots lourds de souvenirs ;
paysages pauvres ou redoutablement pittoresques ; scènes de
famille attendrissantes; batailles, chasses, scènes historiques
reconstituées grâce au supplément du Petit Parisien ; scènes de
cirque ; portraits comme figés par l'effet de l'application réciproque du modèle et du peintre, tremblants tous deux de se
sentir les artisans d'une opération magique ; inévitables anecdotes plaisantes ou sentimentales ; toute la gamme des états
d'âme que la peinture peut extérioriser étaient représentés en
cette exposition inattendue.
L'auteur de ces peintures est ce curieux personnage anonyme,
qui, je crois, ne naît qu'en France ; qui tient le milieu entre le
poète et le pêcheur à la ligne ; qui peint les soirs d'été en rentrant du bureau, et le dimanche toute la journée. L'amour, la
patience et la propreté sont ses vertus coutumières ; l'estime de
sa famille et la considération de ses pairs sont la récompense
qui lui est accordée et qu'il peut savourer tranquillement, derrière le rempart d'un emploi honorable, d'une rente régulière,
ou d'une pension méritée. - Tant d'humilité, si naïvement
consentie, ne peut qu'arracher un sourire de pitié aux terribles
hommes que sont les artistes modernes - et cependant on
pouvait voir beaucoup d'entre eux s'attendrir, céder à un mouvement de curiosité presque inquiète devant les œuvres de leurs
parents pauvres.
Pour moi, j'ai souvent été torturé par le mystère de certaines
réalisations picturales, dues à ces anges en jaquette qui, non
gênés par des considérations techniques, se meuvent de plainpied dans le domaine du sublime quotidien. Quelques-unes
des peintures exposées à la Galerie Simon, c'est incontestable,

�75-8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

réalisaient un tel accord entre le sentiment et l'expression
qu'elles touchaient au chef--&lt;l'œuvre. - Et cependant? Une
telle affirmation est inadmissible ; elle contredit tontes nos
conceptions ; elle révolte notre bon sens. La candeur, la pureté,
la sainteté même, nous savons qu'elles sont impuissantes à réaliser une œuvre d'art. L'amour de la ature- ne suffit pas pour
produire un travail admirable. li n'est pas de beauté sans style ;
il n'est pas de style sans métier rationne.!. Ces toiles naïves possèdent souvent un dessin, une mise en page extraordinairement
expressifs ; une couleur sobre et riche, nne matière cristalline,
tout, peut-être, sauf un je ne sais quoi d'essentiel, qui nous
pr-ouverait que ces merveilles sont l'aboutissement d'une intention déterminée. L' œuvre d'art est le résultat d'une série d'éliminations, c'est un lieu commun. Mais il est deux façons
d'arriver à ce dépouillement nécessaire, deux façons dont une
seule compte : celle qui consiste dans un cboix conscient et
délibéré. L'autre qui peut quelquefois procurer des résultats
presque équivalents, n'est due qu'à l'insouciance et à l'ignorance;
il n'y a plus, dans ce cas, dépouillement par choix, ruais par oubli.
(A ce propos il n'est peut-être pas indifférent de dire un mot
du douanier Rousseau. - Est-il, oui ou non, un peintre,_ou
seulement un. amateur à peine supérieur aux exposants malgré
eux de la Galerie Simon ? M. Maurice Raynal, qui écrivit pour
cette exposition deux pages fort jolies, juge qu'on à . eu tort de
comparer l'art du douanier à celui des maitres. - Ont tort
évidemment ceux qui osent le comparer à Fouquet et à
Memling, mais l'ont à un égal degré ceux qui le rabaissent au
niveau des « Inconnus )) . Il y a justement dans son art cette
cm1stance dans les moyens employés qui montre dans son effort
une part de lucidité et &lt;le volonté iodfoiable.)
Il serait certes fort imprudent, et sot, de nier la puissance de
l'instinct, et le qractère poignant et mystérieui de son apport
dans l'œuvre d'art. C'est souvent à cause des choses mêmes,
que l'artiste n'a pas voulu introduire dans son tableau, que
celui.-ci est émouvant. On peut aller jusqu'à dire que c'est la
part d'irresp,msabilifé qui se glisse dans une œuvre qui la m3ccrnifie, lui donne un poids caché, une vertU secrète. Un artiste qui
réaliserait exactement ce qu'il a:vait dessein d'exécuter serait non
seulement un monstre, mais littéralement un« fruit sec». Gest

NOTES

759

une certaine façon qu'il a de rater s011 but, c'est une certaine
faillite de ses intentions qui constituent la poés.ie de son travail.
Mais justement cette faillite n'est possible que, sr au début de
son effort, le pein,tre ne se propose rien d'autre que de réussir à
expliciter ses intentions avec netteté, s'il force en quelque sorte
son subconscient à se réveiller, à s'insurger contre la pression
d'un système tyrannique adopté avec une résolution trop vive.
C'est pourquoi, quelque attrait que puissent avoir ces délassements extasiés des peintres du dimanche, il faut à regret leur
dire adieu, et bien se garder de tomber dans le travers de ces
artistes du Nord, qui s'intitulent « naîvistes », et qui ne se proposent rien moins que d'oublier leur connaissance de la
technique moderne et de ressusciter en eux leur enfance et
leur naïveté évanouies J
Quand nous entrons au Salon d'Automne, nous nous sentons
bien loin du « naïvisme :o. Sauf chez quelques attardés, il n'y
est plus question de singer les primitifs ; ce faux hiératisme de
Musée, qui faisait fureur il y a quelques annéès, a presque
entièrement disparu. Ces mêmes incorrigibles plagiaires, qui
sont les grotesques de l'art, suivent une autre piste. Le grand
Ingres est, hélas l à la mode : vite, il faut « en faire».
Quant aux véritables courants qui se partagent l'activité des
artistes, on ne les voit plus guère se dessiner qu'à leur source.
Si les placeurs de l'automne, cette année plus avisés que ceux
des Indépendants, avaie.at, comme ceux-ci l'année dernière,
mélangé les tableaux sans se préoccuper des préférences théoriques de leurs auteurs, il serait difficile de distinguer qui, de
Pierre ou de Paul, se relie au Cubisme ou au « Naturalisme
organisé 1&gt;. Les jeunes peintres qui par un savant decrescendo
se placent entre les. salles extrêmes où brillent d'un éclat inaccoutumé Braque et Léger côté cuhisme, Segonzac et Vlamir.ck,.
côté naturalisme, cultivent la formule dite œ Constructive ». Il
s'agit, on le sait, d'un art qui repose sur la consolidati&lt;m des
formes naturelles à l'aide d'éléments géométriques adoucis et
d'un mortier pictural plus ou moins épais. Nous voici aux antipodes de l'état d'esprit des primitifs de la Ga.lerit: Simon ! Au
Salon d'Automne, - qui, ~e tiens à le déclarer, fut rarement
aussi riche en bonnes œuvres - une recherche strictement
iechnique motive la presque totalité des toiles exposées. On l'a

�LA NOUV.ELLE lŒVOE FRANÇAISE

dit, fcrit, chanté : il s'agit de faire c&lt; de là peinture » et rien de
plus . La poésie aux poètes, la musique auit musiciens. oc Construire ! » Il y avait, pour uu esprit indépendant, des joies
grandés, et en quelque sorte sportives, à goûter, en visitant successivement le Grand Palais et la Galerie Simon. D'un côté,
constructions, digues, remparts, contreforts, pour mieux emprisonner la pesante matière terrestre; de l'autre, efforts ingénus et
pleins de tendres subterfuges pour représenter les choses les
plus nuancées, les plus légères, les plus poétiques que nous
propose l'Univers. D'un côté, des constàtatio,,s, souvent sérieuses,
quelquefois moroses, presque toujours empreintes de talent ;
de l'autre, une description amoureuse, extasiée, procédant d'une
tendre allégresse, sinon d'une technique disciplinée.
- li ne faut rien exagérer, ni le danger que court' la peinture
moderne, où la technique tiènt une place excessive, aux dépens
du sujet qui la doit justifier, ni le secours moral que peuvent
prêter aux praticiens leurs innocents rivaux. - Toutefois, il n'y
aurait rien d'étonnant à ce que certains professionnels du Salon
d' Automne, rêvant devant ces humbles toiles où les plus profondes aspirations des hommes essaient maladroitement de se
déployer, aient tout à coup la xévélation du pouvoir inspirateur
que peuvent posséder certains spectacles de la Nature, lorsqu'on
les découvre d'un œil sagement enivré, et débarrassé du souci ·
des cuisines d'atelier.
Al'fDRÉ LHOT-E

*
* *

LES REVUES
DE L'EXISTE 1CE DE L'EUROPE
Les Eutretiens de Pontigny ont repris cette année, sous Ja
direction de Paul Desjardins, discret et enflammé. L'on y a
entendu, successivement, Gide, Duhamel, Tbibaudet, Forster
et Curtius, Wiliam Martin, Hymans, Prezzolini. 11 était question de l'bonneur, de l'éducation. de la Société des Nations. Au
surplus, ni dissertations, ni discours - mais de longues causeries, un échange actif cfe réflexions, et, pour wus, un enrichissement à la fois du goût de la différence et du désir de.construire.
La REVUE DE GE.NÉVE, à son tour, prolongeant l'œuvre des
Eu/retiens, convie plusieurs écrivains européens it une conversa-

LES REVUES

76r

tion internatiouale : Y a-t-il une Europe ? Que vaut la Société
des Nations? Keyserliog, Middleton Murry, Vilfreclo Pareto,
Unamuno, Gicle, Merejkowski ont répondu, ou répondront.
Robert de Traz, qui pose les questions, et par avance tâche
d'appeler, d'entourer les réponses, écrit :
En contestant la possibilité de refaire l'Europe aujourd'hui, nous
discréditerions celle.d'autrefois dont nous sommes les héritiers. Dire que
les natiooalitës sont irréductibles et hostiles, c'est dire que Saint Louis
n'est que Français, Dante n'est qu'ltalien, Gœthe n'est qu'Allemand ~
c'est dépouiller notre esprit, c'est détruire notre patrimoine. Les siècles
donr nous sommes nés ont élaboré certaines notions morales où nous
nous reconnaissons tous : l'honneur du gentilhomme ou du gentleman, la liberté individuelle, l'idée du droit, bien d'autres t:ncore : allonsnous, par méfiance réciproque, renoncer à ce langage commun? Tandis
qu'être Européen, c'est perfectionner une entreprise que nous ont
léguée nos prédécesseurs et dont les bienfaits nous nourrissent encore.
La Suisse est le lieu naturel d'une conversation internationale:
L'Eur-0pe actuelle est multiforme; démocratique et nationaliste, c'està-dire sentimentale, elle se complait dans ses variétés. Rebelle à toute
influence Mucatrice et autoritaire, il faut la comparer à une famille ou
il y avait naguère quelques ainés et beaucoup de cadets et ou tous les
enfants sont devenus majeurs et ne veulent plus écouter persnune... Oo
nous excusem de citer ici, à titre de renseignement pratique, le cas de
la Suisse qui rassemble en une même harmonie vingt-deux peuples
divers. Cette cohabitation est rendue possible, grâce à un consentement
général à l'hétérogène ... Voila un premier point ; souffrir comme une
chose naturelle que mon voisin ne concorde pas exactement avec moimême. Et en voici un second : mon voisin et moi, quoique différents,
nous voulons vivre ensemble. Au-x Fatalités centrifuges qui nous opposeraient, nous opposons notre résolution humaine de demeurer unis.
Cela ne nous empêche pas de nous plaindre l'un de l'autre, de nous
disputer: mais toujours, sous nos récriminations, se maintient la croyance
latente qu'il est boa, qu'il est nécessaire que la Suisse demeure. Et l'on
voit cette croyance éclater tout à coup lors des grandes fêtes populaires
par exemple, en véritables actes de foi collectifs. Ces deux conditions
sentirµenrales de la paix helvétique peuvent-elles se réaliser sur u.n
beaucoup plus large ihéâtre. Pourquoi pas ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I

TABLE DES MATIÈRES
MEMENTO

LEs CAHDRS D'AUJOURD'HUI (Novembre) publient une serie de Po,·Jraits plaisants : entre autres, ceux de Valery Larbaud par Marcel Ray,
&lt;le Marie Laurencin par H. P. Roché. Luc Durtain parle de Vildrac,
Salmon de Colette et de Léautaud, Mac Orlan· de Salmon.
LE CRI'rERlON est une jeune revue, que vient de fonder à Londres
notre collaborateur T. S. Eliot . Son premier numéro, fort intéressant,
réunit les noms de Dostoievsky, Valery Larbaud, George Saintsbury,
May Sinclair.
Les sains et drus ÉcRITS ou No-RD, que dirigent Franz Hellens et
Paul Vanderborght, succèdent à la fois à la LANTERNE SOURDE qui
appela à l'Université de Bruxelles Romains, Cendrars et Chennevière,
et au DrsQUB VERT, revue franco-belge, et peut-être internationale.
(Personne n'a parlé mieux qu'elle des littératures rnsse, irlandaise, espagnole.) Mélot du Dy esquisse une méthode de travail raisonnable:
Ce fut 53ns doute la folie bleu naïve de l'ccole dite • futuriste • que de
vouloir observer le monde moderne ;I. la manière des anciens, c'est-à-dire avec
une attention soutenue. On a pu sourire, non sans raison. Celui qui, à notre
époque, s'assied sur u.n banc du boulevar&lt;!, s'accoude â l'appui d'une fenêtre,
s'attable dB.Ils un restaurant, et regarde longtemps devant lni, ne voit plus rien
que d'insensé. Tout innocemment, les cravates se placent dans le dos des mes•
sieurs, les autos roulent à travers le salon, les bouteilles portent des nnméros
-de vestiaire, et cela est d'un ridicule achevé, d'une candeur intolêrnble. Nous
voulons antre chose : Nous voulons savoir ce qu'est l'homme maintenant, ne
point commettre l'erreur de ces peintres, ui de ces moralistes aussi, qui, a force
de patience attentive, confondent toutes les valeurs.
0

MERCUR.E DE FRANCE (15

novembre): Plaisir du l{bertin raisonneur;

_par André Rouveyre.
LE MouTON BLANC vient de se fonder à Lyon. Il sera l'organe du
.classicisme moderne. Ses héros sont Gide et Romains. Ses collaborateurs, Gab1i_el Audisio, Henry PetiÔt, Portail et l'impétueux Jean
Hytier. L'on trouvera dans chaque numéro une liste d'erreurs, et une
liste de vérit-és. La première vérité citée est : « L'art vit de contrainte».
REVUE DE L'AMÉIUQUE LATINE (rer octobre): Les idées philosopbÛjutS
in France, par Albert Thibaudet.
LA REVUE UWVERSELLE (15 novembre): LB Salon d'Autonme, par
Roger Allard.

CONTENUES DANS

LE TOME XIX

(JUILLET- DÉCEMBRE

ALAIN-FOURNIER
Colombe Blanchet (fragment).

1922)

(CXI)

ROGER ALLARD
La SJmpbo1ûe hcroiq11.e, par Henry Jacques
87
L'homme traqué, par Francis Carco .
2 3I
Les trois miracles de Sainte Cecile,- par Henri
Ghéon
241
Chansons : Liberté, par Henri Pourrat .
359
L'Aibum italien, par Jean-Louis Vaudoyer. 361
La lumière natale, par Léon Deubel .
362
Le Poème royal, par Albert Erlande . .
363
Guide chnmpèire, par Gabriel-Joseph Gros
363
Aquarelles, par Emile Henriot .
484
Petite fugue d'ét-é
523

(CVI)

(CVll)
(CVII)
(CVITI)
(CVJII)
(CVIII)
{CVIII)
(CVIII)
(CIX)
(CX)

LOUIS ARAGON
L'futra

20

(CVI)

507

(CIX)

JEAN BARUZI
L'Espagne et le romantisme français, par
Ernest Martinenche

.

FELIX BERTAUX
Les Revues jeunes en AlleITTagne
Lectures allemandes.
WILLIAM BLAKE
Le Mariage du Ciel et de !'Enfer (traduction de
Andr.é Gide).
Chronique
Chronique
Chronique
Chronique

MAURICE BOISSA.RD
Dramatique .
Dramatique
Dramatique .
DraITTatique .

CHARLES DU BOS
Remarque sur les Goncourt . . . .
Fiançailles, par Robert de Traz .
Les trois Impostures, par P.-J. Toul~t . .
Le Camarnde infidèle, par Jean Schluruberger.

JOl

37 1

129

2r5

339
456

6o5

(CVII)
(CVIf)
(èVIII)
(CIX)
(CX)

472

(CVII)
(CV1I1)
(CIX)

537

(CXI)

410

(CIX)

15 r
367

MAURI CE CHEVRIER
Chants

(CVI)
(CVIU)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ALBERT COHEN
Projections ou après-minuit à Genève

414

(CIX)

. . . . . . . . .
L'Escalier d'or, par Edmond Jalou}. . .
G11spc1rd dts Montagnes, par Henri Pourrat
Vers l'Outst, par Constantin Weyer. ·.
E" marge des marées, par Joseph Conrad

.

.

.

.

.

.

.

.

.
.
.
.
.

7ï
84

86

86
92
93
100
108

.

La Nef, par Elétnir Bourges
Henri Duvemois

.

. . . . . . . . .
La Vie en fleur, par Anatole France . . .
La Co11quite de la joie, par Raymond Schwab.
Littérature et Orient, par Henri Thuile. .
L'E11/isemenl, par Jean Monique . . . .
L'année littéraire en Italie . . . . . .
L'Amour, les Muses et la Cbasse, par Francis
Jammes . . . . . . . . . . .
Ces pe_tits Messieurs. - Le ]ttt de l'Amour et
de la danse, par Francis de Miomandre .
Biographies du Carnet critique. . . .
Do1iz.e cmt mille, par Luc Durtain. . .

.

ADOLPHE DELE ŒR
Une vue optimiste sur la situation de la
France
JOSEPH DELTÈIL
Iphigénie.
DOSTOIE\"SIG
La confession de Stavroguinc (fin).

.

.

.

.

.

.

.

Marcel Barnère .

.

.

(CIX)

.

GEORGES GABORY
Diableries, par Mêlot du Dv
Le Courrier des Muses . ·.
Le Courrier des Muses . . . . .
Poésies pour dames seules . . . . . .
Le Coffret de Santal, par Charles Cros

(CVI)
(CVI)
(CVill)
(CIX)
(ClX)

HENRI GHÉO
La Co11quile mystique : l'Ecole française, par
Henri Brémond. . . . . . . . .

Lettres du lieutenant de vaisuall Dupouty,
préface de André Gide

.

.

.

.

.

.

JEA GIRAUDOUX
Finale de Siegfried et le Limousin.
PIERRE HAMP
Compound 300 HP, no 243.

7l

(C\'l

732

(CXI)

552

(CX)

12

(CVI)
(CX)

Bass-Bassina-Boulou, par Franz Hellens .
MARCEL JOUHANDEAU
401

Clodomir l'assassin
JACQUES DE LACRETELLE

253

(CVII)

(CVIIl)

(CXI)

(CVill)
(CVlll)
(CXI)

La fia11cle morte, par J.-N. Faure-Biguet.
Gera,·d et sott timoin, par Paul Brach. .
VALERY LARBAUD

Mount Eryx, a11d other dit-asio11S of lrat•tl,
.

ro6

La 1:ie et l'habitude, par Samuel Butler . .

504

(CVI)
(ClX)

Fernand Vandêrem et les manuels d'histoire
littérnire .
727

(CXI)

par Henry Festiug Jones.
(CVI)

(ClX)

(CVII)

Silbennann .
Silbermann (fin)

.

.

.

.

ANDRE LHOTE
Les dernières rétrospectives . . .
111
Les Artistes inconnus (galerie Simon) et le
Salon d'Automoe . . . . . . . . 756

(CVI)
(CXI)

ANDRE MALRAt;X
88
148

(CVI)
(CVII)

362

(CVIII)

Le Chirnrgim des roses, p,tr Marcel Sauvage

(CVII)
(CVlll)
(CIX)
,(CIX)
(ClX)
(CIX)
(CIX)
(CIX)

(CX)
(CXI)
(CXI)

PACL FIERE S
.

(CV11)

(CVII)

Cbamom désabusées, par Max Elskamp
.

(CVI)
(CVI)
(CVI)
(CVI)
(CVI)

(CVI)

L'évadé de l'Enfer, par Jean Pellerin. . .
Essai mr le J?onjuatiisme co11te111porain, par

RENE-MARIE HERMANT

T.-S. ELIOT
Lettre d'Angleterre : Le style dans la prose
anglaise contemporaine . . . . . . 751

.

(CVI)
(CVI)
(CVI)

(CX)

LUC DURTAIN
Lucienne, par Jules Romains

Yolutes

(C.X)

FERNA} D FLEURET

La Campagne avec Tlmcydide; Gustave Flaubert, par Albert Thibaudet . . . . . 222
Saint-Just, par Marie Lenéru. - }011rnal de
Marie Lenéru

(CIX)
(CIX)

La Foi dtt doole, par Pierre Bourgeois .
J2 Décembre, par Jean-Victor Pellerin .
Poèmes de la vie mordue, par Henri Dalby

BENJAMIN CRÉMIEUX

Pages choisus de Jean Jaurès. - Histoire
socialiste de la Révolution française (I) : La
Comtituanle, par Jean Jaurès . . . .
Reliques, par Isabelle Rimbaud. . . . .
La Chauve-souris, par Charles Derennes. .
Les discours du doctmr O'Grady, par André
Maurois .

765

TABLE DES MATIERES

L'Abbale de Typlxzines, par le Comte de
Gobmeau

Art poétique, par Max Jacob

97
227

(CVI)
(CVII)

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇA.lSE

LOUIS MARTI '-CHAUFFlER
Le Jeu de massacre, par Tristan Bernard .
P. MASSON-OURSEL
Mégbadouta de Kalida.sa, traduit par farcelle Lalou .

.

.

.

.

.

.

.

. .
La Mentalité primitive, par L. Lévy Bruhl.
Trois 1nyst;rts tibétains, tradl!its p:ir Jacques
Bacot . .

FRA.1 ·çms MAURIAC
Le Fleuve de Feu .

Silbermarm , par Jacques de Lacrett:lle
MÊLOT DU DY

Bibelots

GIL ROBIN

348

(CVI)
(CVIII)

379

(CVIll)

JIO

743

(CXI)
(CXI)

17

(CVI)

685

Jean Tharaud .

.

.

.

.

243
528

.

.

.

.

.

.

.

.

121

{CIX)

Le dljeuner cl11~ le 11UJtl dktl de la 11obltSse

o/

.

.

.

.

.

'.

2

(CVl)

91

(CX}

(CVI)
(CVII)
(CVll)
(CVHI)

(CVI)

(CVlJI)
(CX)
(CX)

(CXI)
(CXI)

(CVI)
(CVI)

(CVI)
(CVII)
(CVIII)
(CIX)
(CX)

638

JULES SUPERVIELLE

74

(

li)

ANTON TCHEKHOV
Volôdia

229

8o

.

(CIX)
(CIX)

(CIX)

(CVl)
(CVI)
(CVI)
(C\'Il)
(CX)

bataille du f11tla11d vue d11 « Derjflinger »

fÎr le capitaine de corvette Georg vo~
ase . . . . . . . . . . . .
83
Marsyas 01i la justice d' Apol/011 par FrançoisPaul Alib1:tt . . . . . '. . . . .
89
Ceux qui f'evit1111ent, par Marie Ge,·ers . . l()O
Pitoeff et la fondation à Paris d'un théâtre
de répertoire étranger . . .
. . . 2 39
Cùtq 110s, traduits p~r Noël Péri; Th:J 110
plays Japot!, ~duit par Arthur Waley ;
le TbJatre clm101s, par Tchou-IGa-Kien . 375
Jea11 de La Fo11tai11e, par André Hallays . . 471

234
La maison de Cla11àir11, par Colette .
363
Myrrbin, courtisane et martyre, par Pierre
Mille . .
486
(CIX)
_!a'.-_ _ _ _ _
.:,.:._ _ __._~
La GarÇ()&gt;me, par Victor Margueritte.
634
(CX)

JACQUES RIVIÈRE
Les dangers d'une politique conséquente . . .
Paul Val6-y, poète. . . . . . . . . .
Maurice Barrès et la critique catholique .
Le secret professiomul, par Jean Cocteau.
Marcel Proust . . . . .
.
.
AlaiirFournier .
•

1:20

Terre.

513

.

IIS

SCHLUMBERGER

par Ivan Tourgueniev.

MARCEL PROUST

Les a111ora11des, par Julien Benda . .
Les Do11 J-uanes, par farce! PrévoSt .

109

i•ie de }1ousieur Du Gay-T1·011iti, écrite

de sa mam .
ÙI

(CVTII)

J.-C. PRIVÉ

PAUL RIVAL
La ra11do1111ée de Sambn Dwr1f, par Jérôme et

JEAN
Ùl

(CXI)

499

(CXI)

BORIS DE SCHLŒZER
Le Duel, par Alexandre Kouprine. •
Les B:ùh:ts russes . . . . . . . .
Wagner au théltre des Champs-Elysées .
Le Martyre de S,iint Sébastim à !'Opéra.
Anton Tcbt:khov . . . . . . . .

(CIX)
(CIX)
(CfX)

Charles Silve.m e . . . . . . . .
L'Opbélit1, par Marius et Ary fablond . .
Le Roman de la t'Oit lactu, par Lafcadio Heam .

La regarder dormir.

1 57

A DRÉ SALMON
Au lion tranquille, par Marmouset.

HE,'Rl POURRAT
Sur la Gllbe, par J. de PesquidouK . . .
L'Amour et la Mort de Jec1 11 Pradeau, par

Les daoseusescambodgiennes à l'Qpéra.

Etude de nu.

98

PAUL MORAND
Les bals de Paris, par André W:irnod
Le Cabinet 11oir, par Max Jacob . .
Un ro111anesq1u, par May Sinclair . .
PASCAL PIA
L' Aurore en pluie .

GUY DE PO URT ALÈS
La déàaig11e11se, par Beaumont et Fletcher

TABLE DES MATIÈRES

ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur la littérature : L' Affaire Ubu.
Jules Tellier, par Ht!llriettc Charasson . .
Le vfo de ta vigm, par Louis Arnts . . .
Réflexions sur la littérature : Les jardins sur
l'Orient . . . . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Le Germanisme et la guerre . . . .
Le stupide àix-netn:ièt,u siècle, par Léon
Daudet . . . . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Renouveaux
quand même. . . . . . . . . .
L'Avmir de l'Intelligmct et T,·ois idus politiques, par Charles Maurras . . . . .
Les plaisfrset les jt11x, par Georges Duhamel
Approxi111atio11s, par Charles du Bos . . .
Lei Poésie de Swi11bur11e, par Paul de Reul. -

5J7

(CX)
(CVI)
(CVI)
(CVI)

(C\'ll)
(CVllI)
(CVIlI)

(CIX)
(CIX)

~g~~

�768

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La llgemle socraliqt1e cl les sources de PlaIon, par Charles Dupréel . . . . . . ,198

(CIX)

Réflexions sur la littérature : La composition
dans le roman .
594
Le Domaine, par John Galsworthy. . . . 639
Réflexions sur la littérature : Les trois critiques . . . . . . . . . . . . 715
Un bom·ueois dilettante à l'époque romantique:
Emile0 Descbt1111ps, par Henri Girard. . . 735
Bien 111anger pour bim 'l!Ïllre, par Edouard
de Pomiane.
736
FRITZ VON UNRUH
Fragments d'un Journal de guerre.

(CX)
(CX)
(CXI)
(CXI)
(CXI)
(CVlll)

276

CAMlLLE VETT ARD
Proust et Einstein.
Durie et Simultanéité, par Henri Bergson

246
625

.

124
127
383
384
509
512
512
640
640
760
762

LE GÉRANT : GASTON GALLl:-JA!l D.
ABBEVJLlB (FRANCE). -

'

Les néceaaitéa du tirage de « La Nouvelle Revue Francaiae »
noua obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deeaoua ~uinze
joura avant aon apparition, noua noua bornons à y insérer dea
apercue d'orientation générale. Maïa notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS eat à la dispos ition de toua noa
lecteurs pour tout ce qui concerne leur porte feuille, valeun à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
Adre aser lea lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIU• Arrondia1ement.

(CVII)
(CX)
LA FINAl CE

XXX
Les Revues.
Memento
Les Revues.
Meroento
Les Revues .
Le Prix Blumenthal
Memento des revues .
Memento des revues .
L'Atelier.
Les Revues.
Memento

LA VIE FINANCIÈRE

IMPRTMERIE F. PAiu.ART.

(CVI)
(CVI)
(CVIII)
(CVIII)
(CIX)
(CIX)
(CIX)
(CX)

scx)

( XI)
(CXI)

La ques lion des Detl es.

Il n'y a plus de crise décisive ni dans le domaine de la politique, ni
dans la sphère toute voisine et plus vaste de l'économie. Le mot
« décisif » n'a aucun sens à l'égard des difficultés mondiales issues de
la guerre. De même que la victoire fut, noo pas l'œuvre d'un homme,
n i le résultat d'une roanœuvre isolée, mais le total d'un ensemble
d'efforts, d'expériences et de sacrifices qui amenèrent le problème :i
maturité, de même l'équilibre des droits et des réalités, dans la paix, ne
se rétablira qu'après de multiples oscillations. Ces considérations
d'aspect un peu philosophique n'en comportent pas moins pour le capi·
taliste qui ne vise comme tel qu'à des résultats pratiques, de précieux
enseignements. Elles l'invitent en tom cas, à ne point tomber dam le
pessimisme, et bien au contraire, à utiliser les conditions qui lui sont
taites dans le présent, en vue d'obtenir des résultats positifs dans
l'avenir. C'est là tout le fin du placement.
Ceci dit, qu'il laisse se dérouler les discussions sur les changes,
sur la baisse du mark, que tant de Français assez mal avisés a7hetaient il y a deux ans à 30 centimes, il y a un an à r 5 et qui ne
peut même plus se tenir à r centime et demi, sur l'effondre~ent
de la couronne qui se mesure mal ici, mais que l'on sent mieux
à Londres où il en faut maintenant 250.000 po'ur une livre sterling. De ce que l'on s'est trompé sur la. possibilité ~our. un~ Autriche nouvelle de vivre dans le cadre étriqué que ltt1 ass1gna1ent les
traités, de ce que l'on n'avait pas prévu l'écroulement du mark, il n'en
résulte pas nécessairement que les capitalistes aient tous perdu de
l'argent depuis deux ans. Fon heureusement, ils ont su dans l'ensemble
se tirer d'affaire et beaucoup en achetant à des cour peu élevés des
titres industriels excellents, se sont préparés pour l'avenir d'assez jolis
bénéfices.
Pour le reste, soyez persuadés que des solutions sinon excellentes,
du moins passables, seront découvertes. Il n~ peut ~n être au~rement.
Voyez, par exemple, la question des dettes mteralliées. Le fait même

�de kur existence alors que leur r~glcment n'est pas encore exige,
contribue à troubler la situation genèrale et à empêcher le relèvement
de l'Europe. Le jour où les gouv rnements créanciers réclàmeraient le
paiement des intérêts et l'amortissement, il se produirait peut-être uue
véritable catastrophe économique ; d'autre part, ils n'ont pas eu
jusqu'ici le courage de trancher dans le vif, en éliminant cette cause de
désordre par une annulation simultanée, car ils redoutent d'être blâmés
par une opinion intérieure mal informée. Si une annulation générale
avait lieu, les Etats-Unis seuls y perdraient, sans gagner quoi que ce
soit. La Grande-Bretagne serait déchargée d'une dette. de I milliard de
livres sterling, mais abandonnerait une créance de 1 .867 millions de
livres. La France renoncerait à environ 30 milliards de francs papier,
mais serait libérée d' une dette d'au moins 70 milliards de francs papier.
Tous les autres pays tireraic:nt de l'opération un bénéfice sans contrepartie de perte. On voit aussi que, si la France prenait l'initiative, en
présentant un programme d'ensemble pour les répar-ations, de proposer
l'annulation, elle bifferait des créances dont le total est élevé.
Mais que pensent les Etats-Unis de l'opération? Il n'est pas douteux
que M. Mellon, secrétaire du Trésor Américain, qui fut déjà notre
avocat devant le Congrès, ne l'approuve. li est vraisemblable qu'il
essaie encore de la faire prévaloir dans son rapport. Il est probable que
le Congrès l'eilt admise en d'autres temps et qu'il eût consenti tout au
moins à retarder considérablement les paiements des premières annuités
qui en 25 ans doivent nous libérer. Mais les Etats-Unis sont maintemmt en temps d'élections. Un tiers du Sénat et toute la Chambre des
Représentants doivent être renouvelés en novembre prochain. Voilà qui
change bien des choses. Le Secrétaire du Trésor annonçait, dés mars
dernier, à ce Congrès que Je-déficit du budget américain pour l'année
fiscale 1922-23 monterait probablement à plus de 484.000.000 de
dollars. Pour combler ce déficit de nouveaux impôts devront donc être
créés. Ceci incline peu les contribuables américains qui ne connaissaient
guère le poids des impôts, il y a dix aos, à faire montre de générosité.
Mais peut-être arriveront-ils à penser que leurs charges seraient moins
lourdes si les affaires marchaient mieux et qu'elles ne marcheront
mieux outre-Atlantique que le jour où elles commenceront à se rétablir
de ce côté-ci.

LA VIE FINANCIÈRE
Le, néceuités du tirage de « La Nouvelle Revue Francais
noua obligeant à livrer .à . l'imprimerie le bulle ti n ci· deuoua quinze
• .e »
jour
s avant son appantton, noua noua bornon, à y insérer d
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. notre SERVICE DE REN
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EIGNEMENTS FINANCIERS est à la diapoaition de toua no echteura pour tout . ce qui concerne leur portefeuille val
ac eter, à ven dre ou a• conserver, arbitrages d'un titre, c eura
a
tr
autre, placement de fonda, etc.
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A_dresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5 , rue de Vienne,
P
VIII
aria,
• Arrondia•ement.

f

~

LA FINANCE

La chute du mark.
Le goU\•emement du Reicl~ et les dirigeants de sa grande industrie et
de s~n gran: com1;1er.ce ont JOUé une partie un peu scabreuse en poussant e mar vers I abime ou en ne faisant rien pour l'empêcher d'
. en F rance une
y
·tomber.
dé I Il semble que l'on commence enfin à se f:aire
; e pus ~xacte du caractère essentiellement factice de l'activ'té t d
a_prospénté que sa dépréciation a amenée outre-Rhin Ce i_ e e
tam ' t
dès
•
·
qui est cer1'Ali ces que,
mam~enant, sa chute vertigineuse a fait plus tort à
emagae que ses défaites tnilitaires, auprès des neutres.
-:'près la guer_re nombre de ceux-ci disaient : l'Allemagne n'est as
v~cue économ1quement; elle reste la plus grande nation du monde _Pen
q~ ques anné7s, e~e mettra tous les peuples dans sa poche ; donc ~ur
1~e fortune, il existe un moyen bien simple : acheter du mark ''t la
uisse all~m_ande, et la Hollande et les Scandinaves, et les Es a ~ois et
les Améncains germanophiles s'étaient bourrés les poches de g k Le
désastre estcomplet et formidable. Jamais ces gens-là ne pardo~!~ont
au~Allemands de s'êtr_e trompé~ si lourdement.
. s Alle1:1and~ ~v~ent aussi pour admirateurs certains inflatioorustes fran~a1s qui d_isa1ent : le Reich nous montre !e chemin, voilà
comment 11 faut faire; que le franc soit plus sérieusement déprécié et
nous pourrons soutenir la concurrence de l'industrie aile
d '
?otre :ommerce d'exportation marchera à pleins carnets et ::ie:~:~
mdustne connaîtra uue pro~périté insoupçonnée.
~eulement on ne transgresse pas longtemps les lois du bon sens. La
baisse du mark est devenue de l'avilissement et il ne pouvait as
être autrement avec une politique financière qui ne songeait ic,iot e~
sa~ r«:1èvement. Et voilà l'Allemagne dans un effroyable marasme ,:
âui· fait que depuis quelque temps, l'on parle beaucoup moins de l'ination comme panacée nationale pour la France.

t

PETIT COURRIER

Daniel à R. - Suis très sensible à vos compliments, et vous conseille
de vous porter acheteur, pour tout votre disponible~ des valeurs métallurgiques que je vous ai indiquées précédemment.
Madeleine D. - Je suis d'avis de ne pas exposer les 400.000 fr. qcie
vous avez disponibles sur une même valeur, mais d'en faire au moins
quatre parts. - Veuillez me donner votre adresse et je vous donnerai
mon avis motivé par lettre particulière.
P. F. 235. - Je vous conseille de vendre ce titre immédiatement.
Très mauvaise affaire. Je vois dans le bilan un compte Marchandises
beaucoup trop chargé et une situation trésorerie gênée.
C. à Montluçon. - Je ue suis pas de votre avis. Cette affaire ne rapporte que 2 o/o d'intér~t, mais ce n'est pas une raison pour vendre
cette valeur. On prévoit une hausse très prochaine sur ce titre.
LEON VIGNEAULT

~

�De mê~e que le boutiquier de Cologne ou de Berlin, l'industriel de
la Ruhr voudrait bien conserver sa marchandise, ses produits et ses
matières premières. Sou minerai, il le voit disparaitre avec regret dans
la gueule du haut-fourneau : à quel cours en rachètera-t-il plus tard, en
France ou au Canada ? Ces poutrelles qui sortent du laminoir, il voudrait bien qu'elles allassent rejoindre d'autres poutrelles semblables dans
le dépôt. Les vendre, n'est-ce _pas se dessaisir de quelque chose de
,c réel » pour recevoir en échange des signes monétaires éphémères ?
Mais il faut qu'il écoule ses produits au plus vite, sinon il risque de rester sans numéraire. Et du numér;iire, il en faut toujours plus ; tous les
dix ou qujnze jours recommencent les nègociations avec le personnel
pour ajuster le barème de salaires au prix de la vie que l'on ne rattrape
pas toujours. Malheur pourtaot à celui qui garde trop longtemps ces
marks qui se déprécient à vue d'œil. Ainsi va la vie sous l'emprise
du nouveau minotaure, l'inflation.
Félicitons-nous d'être à l'abri de ses tentacules. La France garde
l'équilibre. La base de sa richesse est dans la culture du sol et ceci la
préserve des fléaux dont souffrent actuellement les pays essentiellement
industriels. Il y a aussi là de quoi donner à son industrie qui n'est heureusement pas tombée dans la surproduction, des éléments sérieux et
solides d'activité. Le magnifique mouvement de reprise qui s'est produit
ces temps-ci à la Bourse ne fait que traduire l'optimisme que font naitre
les comparaisons que l'on peut établir entre la situation économique de
la France et les difficultés où se heurtent tant d'autres pays dont la prospérité apparente a pu faire illusion à certains moments.
LA BOURSE
L'état d'esprit de la Bourse s'est singulièrement modifié depuis quelques semaines. Alors qu'auparavant les plus minimes des difficultés politiquesinternationales que nous a léguées la guerre lui apparaissent grosses de conséquences fâcheuses, elle ne leur prête plus qu'une médiocre
attention. C'est qu'on s'est avisé à la Bourse, que la crise qui s'était
déchaînée en 1920 est finie et que nous sommes engagés sur la voie du
relèvement économique. Il est donc logique et ·légitime de commencer
~ escompter les conséquences heureuses de ce relèvement. Et c'est ainsi
que, depuis deux mois, s'est déterminé un sérieux mouvement de
hausse.
PETIT COURRIER
Alfred G. - Vous vous êtes fié à un bilan où le Compte Marchandises est encore trop chargé par rapport à la situation financière de la
Société. Il faut vous débarrasser de ces valeurs.
C. R. S. - Je ne vous conseille pas de placer tous vos fonds dans
cette valeur, laquelle est par trop spéculative, il ne manque certainement pas de bons titres appelés à profiter du mouvement de hausse qui
se dessine actuellement en bourse. Je me tiens à votre disposition pour
vous guider dans ce sens.
·
Charles 2 .625. - Je ne vous conseille pas de vendre ces tifres actuellement : je prends bonne note de votre lettre et vous aviserai en temps
utile.
Mil• Jeanne C. - Aucun de vos numéros n'est sorti aux tirages.
LÉON VIGNEAULT

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LE

CARNET

DES ÉDITEURS

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LE CARNET DES EDITEURS

HISTOIRE DE MA FUITE DES PRISONS
DE LA RÉPUBLIQUE DE VENISE QU'ON APPELLE
LES PLOMBS

LA VIE FINANCIÈRE

Casanova vieilli et qui perdait sès dents était sans cesse prié
par ses visiteurs de leur conter l'histoire de sa fuite.

Le• néce11ités du tirage de &lt;( La Nouvelle Revue Francaï.e »
nous obligeant à livrer à l'imp,rimerie le bulletin ci-deaaous
jour• avant son apparition, nous nou• bornons à y insérer des
aperçus d'orientation générale. Mais notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la disposition de tou• nos
lecteurs pour tout ce qui con,cerne leur portefeuilfe, valeur• à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrâge• d'un titre contre un
autre, placement de fond•, etc.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

CASANOVA :

I.

Il m'est arrivé cent fois, dit-il, de me trouver après le récit de cette
histoire quelque altération dans la santé, causée, ou par le fort souvenir de la triste aventure, ou par la fatigue soutenue par mes organes en
devoir d'en détailler les circonstances.

Il prit le parti de l'écrire. « Je suis arrivé, ajoute-t-il, à un
âge où il faut que je fasse à ma sa·nté bien d'autres sacrifices. »
Trop d'écrivains écrivent par pur génie ; que ne doit-on pas
espérer de qui écrit par faiblesse, ou par esprit de sacrifice r
Ca:sanova connaît mal le français ; c'est une seconde raison de
l'aimer ou d'attendre de lui des événements vrais, et non pas
précisément faits pour l'éc,riture. Dans sa langue, que d'éclats et
d'éclairs:
Vous verrez que je ne prétends rien ni par mon style, ni par desnouvelles et surprenantes découvertes en morale comme l'auteur que
je viens de nommer 0-·J. Rousseau) qui n'écrivait pas comme on
parle et qui, au lieu de décider en conséquence d'un système., il prononçait des aphorismes résultant d'un enchaînement casuel de ses
chaudes circonlocutions et non pas de la froide raison : ses axiomes
sont des paradoxes iaits pour faire éternuer l'esprit.

Bien des gens se figurent avoir lu l'Histoire de ma fuite, et qui
se trompent. Ils n'en ont lu que la version remaniée, déformée
par quelque professeur de Dresde, que l'on trouve dans les
Mémoires. C'est l'édition de 1787, inconnue, peu s'en faut, en
France, qu'a rééditée M. Ch. Samaran dans la Collection des

Chefs-d'Œuvre méconnus.

1. Un vol. in-16 grand aigle, tiré à 2.500 exemplaires numérotés sur
papier Rur chiffon, de la collection des Chefs-d'Œuvre meconnus(Bossard, éditeur, 43, rue Madame, Paris) : n francs.

quinze

LA .FINANCE
Le Fascisme et les Finances.
Ceux des capitalistes français, et ils sont nombreux, qui ont des
intérêts en Italie et que la dépréciation de la lira, l'effondrement d'une
des plus grandes banques de la Péninsule, la décadence peut-être irrémé.diable que la plus importante fume métallurgique italienne ont si sérieusement touchés, n'ont pas manqué de s'intéresser vivement, sinon aux
défilés des Camicie nère, ni à la grandiloquence parfaitement vide des
discours dont ont tressaj!li des foules trop faciles à émouvoir, du moins
à ce que le fascisme peut apporter de changements dans la situation
économique et financière de l'Italie..
. La lira valait encore 85 centimes au début de 1919, 81 centimes en
janvier 1920; en octobre 1920, elle tombe à 60 centimes, en décembre à 57. A l'heure actuelle elle se tient à 61 centimes, taux qui correspond à un cours de 23 centimes à Genève, E,n somme, la situation ne
s'est pas aggravée de ce. côté.
Mais depuis- deux ans·une crise extrêmement violente s'est ahattue
sur ritalie, crise essentiellement industrielle qui a fourni des éléments
d'abord à un communisme désordonné, avant d'approvisionner de
chômeurs l'armée fasciste.
L'Italie a toujours nourri l'ambition d'être 'une grande puissance
industrielle et il semblait qu'-elle avait réussi, 'suivant son rêve, à édifier
à la fin de la guerre, une superbe industrie métàllurgique. Hélas l
-llédifice ne reposait que sur des fondations d'argile. Lt- fabrication du
matériel de guerre, avec les bénéfices exceptionnels, pour ne pas dire
exorbitants qu'elle comportait, avait seule pu le sout~nir et rémunérer

P. S. - Notre texte, étant parvenu trop tard, n'a pu_être inséré dans le
dernier numéro. Nous nous en excusons bien vivement .auprès de nos
Lecteurs.

�les capitaux énormes qui avaient continué à s'y engouffrer, même après
l'armistice, dans l'espoir chimérique de trouver dans les fabrications du
temps de paix une rétribution aussi large. L'Italie n'a malheureusement
pas de charbon, et avec son change déprécié, celui qu'elle achète à
l'étranger, lui coûte horriblement cher. Le minerai de fer lui-même n'y
est pas assez abondant.
Le fascisme pourra+il relever l'édifice qui s'est écroulé? Il faudrait
évidemment qu'il s'attaquât d'abord au probléme du change, lié à celui
de la dette publique et spêcialement à celui des dettes contractées à
l'étranger. Avant la guerre, la dette italienne n'atteignait pas I 4 milliards
et l'on trouvait déjà ce chiffre élevé, bien que l'Italie nourrisse sur son
territoire une population extrêmement dense de r24 habitants par
kilomètre carré. Au reste, quoiqu'elle ait perdu 560.000 hommes pendant les hostilités, elle est, parmi les pays belligérants, le seul qui soit
sorti de la guerre avec une population supérieure. Mais sa dette est
aujourd'hui de 100 millards de lire environ. Elle doit 13 milliards à
l'Angleterre et 9 aux Etats-Unis. L'Allemagne et les autres puissances
ex-ennemies lui doivent bien, notamment en vertu de l'accord de Spa,
une quinzaine de milliards; mais nous ne savons que trop ce que
valent des cré.tnces de cette sorte.
Il reste à reconnaitre que l'Italie a fait depuis deux ans des efforts
considérables pour équilibrer ses budgets, qu'elle a même été jusqu'à un
impôt très lourd sur le capital. Attendons maintenant le ministère
fasciste à l'œuvre et suivons les cours de la lira.
LA BOURSE
Les changements de cciurs enregistrés à la Bourse durant les dernières
séances, témoignent plutôt de quelque indécision. Outre que les
brusques variations des changes causent un réel malaise, notre marché
se ressent évidemment de la nervosité qui règne au Stock-Exchange de
Londres à la veille d'élections dont l'importance est capitale, non seulement pour l'Angleterre elle-même, mais pour toute la politique Européenne. On attend aussi les résultats définitifs de celles qui viennent
d'avoir lieu aux Etats-Unis et l'on voudrait être fixé. sur la nouvelle
orientation de la politique italienne. Ceci dit, il reste à constater que,
dans l'ensemble, nos grandes valeurs ont conservé une remarquable
résistance en attendant que la reprise générale des affaires dans l'industrie et le commerce, les fasse vigoureusement progresser.
fETIT COURRI~R
C. R. 4021. - Oui, dites-moi exactement quelles sen~ vos disponibilités et je vous indiquerai plusieurs bonnes valeurs -(_actions et obligations) que vous pourrez classer en portefeuille en toute sécurité.
Saint-Brieuc 1905. - Je suis à votre entière disposition pour faire
exécuter vos ordres.
Nouvel Abonné. - Vous pouvez conserver ces valeurs sans crainte,
et attendre patiemment un telèvement des cours, ce qui ne peut tarder
maintenant.
LÉON VIGNEAULT

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique, 1922, Tomo 19, Septiembre-Diciembre</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Gallimard, Gaston, 1881-1975, Director</text>
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                <text>Paulhan, Jean, 1884-1968, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA

NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

• .1 I 3 'l

l A)

1

TOME XIX

i

PARIS
3,

RUE DE GRENELLE,

1922

3

�b

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'il y avait à ce que ce droit fût non pas aboü, ~ais au
moins transformé, quand on se représente la mamère de
génie avec qui nous avions affaire en la personne de
M. Lloyd George, on ne peut se défendre d'admirer, comme
M. Poincaré nous y invite, à défaut d'autres qualités, la
ténaci té ou l'obstination qu'ont d'Ô déployer nos plénipotentiaires.
C'est sans doute vers ces mérites, en eux, qui sont essentiellement ceux de notre race, qu'est montée l'approbation
de la Chambre et, dans une certaine mesure, celle du pays.
On a salué en MM, Poincaré et Barthou des hommes qui
n'avaient pas bronché ; on les a regardés avec quelque
chose du sentiment qu'on , éprouv;:iit, pendant la guerre,
pour les mitrailleurs qu! se faisaient tuer sur leur ~ièce . ,Le
côté héroïque, Je côté Cl. quand même &gt;J ou cc iusqu au
bout» de leur attitude a été émouvoir en nous de secrètes
et profondes sources de sympathie.
Mais c'est au moment où ils triomphent ainsi devant
l'opinion et sans attendre celui où ils trébuch_eront, q~'i~
importe de réfléchir, dans l'abstrait (nou-s ne faisons pas 1.:1
de politique proprement dite), sur la valeur de cette attltade qu'ils O!!t prise, sur les chances qu'ont leurs méthodes
de nous tirer de nos embarras, sur les dangers qu'elles
peuvent nous faire courir.
*

*

*

Et d'abord il ne s'agit pas de contester que le seul
moyen que l'homme ait trouvé jusqu'ici d'~bten~ qu.elque
chose est de le vonlo.ir fortement. Il est bien évident que
le ret~ur d'e notre pays à la prospérité économique, iiue la
mise en équilibre de nos finances ne peuvent pas . être
attendus d'une politique de concessions et de com_promis. 1:l'homme qui gouverne une même pensée touiours doit
être présente, une même idée dont il lui faut assurer le
triomphe contre l'inertie ou la résistance des intérêts con-

1.ES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

7
ttaires. Il funt qu'il conçoive et saisisse l'avantage national
avec une force inéb.ranlable, il faut qu'il en poursuive la
réalisation a'l"ec inflexibilité.
Oui, mais justement il faut d'abord qu'il le conçoive,
qu'il le saisisse: non pas dans son apparence immédiate et
tel qu'il se peint à tous les yeux, mais dans son ess-ence
cachée, dans sa profondenr. La vision politique commence
où finit celle du vulgaire. Le grand homme d'Etat1 c'est
celui qui découvre le sens in évident des événements et qui
y a·dapte sa conduite.
Autrement dit~ à. son -infiexibi::!.ité, au caractère quasihallucinaroii-e que doit prendre dans son. esprit h prém:cupation nationale, il fa:ur que s'ajoute.nt nne grande souplesse d'imagination e-t même, pourrait-on dire,. ane certaine aptitude au tâtonnement. Ceci n'est d'ailleurs pas
une nécessité se.ulemeot e.n politique. Tout cré:tteur,
même d'œuvres ficti-·es, doit réunir en lm-même l'obstination et le renoncement, la certitude et l'ignorance. Ce
qu'il voit, pour le réaliser, il faut aussi qu'il œsse de le
voir, on du moins qu'il se laisse submerger, par instam:ts..,
sous les moyens de le réaliser, jusqu'à pouvoir choisir le
meilleur.
Il y a dans notre. p.olitique. actuelle, telle qu'elle est
menée par M. Poincaré, une fermeté. et une conséquence
indiscutables ; mais purement extérieures, purement formelles, car en quoi consistent-elles, sin.on d.ans l'application
à ne jamais quitter, dans le.s moyens, Ja ligne cuoite ? A
quoi. s'attache l'homme qui nous gouverne sin.on à œ
que, de chaque mesure qu'il prend, nous puissions voir
immédiatement Je rappon direct à ll.Otre intérêt ? Cet
intérêt étant d'ailleurs - c'est ici que caromenceJa folie une fois µour toutes défini, et par le Traité de Versailles l
On reconnaît d'emblée dans que.L sens fonctionne l'esprit
de M. Poincaré ~ c'est uniquement dans le sens d du.ctif.
Ses constructions sont toutes des conclusions, ses inven.tions sout toutes des syllogismes. Dans l'insistance. qu'il

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

met à se référer en toutes circonstances au traité, à ausculter, comme il dit lui-même, « la volonté du traité », il
y a sans doute un peu de la religion du juriste pour les
textes écrits, pour la loi, mais il y a aussi le besoin d'une
intelligence qui ne trouve ses aises qu'à partir de prémisses
qu'on lui donne toutes faites. Il y a, hélas ! l'impuissance
'd'un cerveau purement logique à rêver du nouveau et à
l'édifier.
Comment ne voit-on pas qu'une politique efficace doit
être forcément de forme synthétique ? Sa continuité doit
être déterminée non par la ressemblance de chaque mesure adoptée à la précédente, non par son inclusion à
l'avance en celle-ci, mais par l'appel constant de cette
chose informe et sans contenu préalable que Kant appelait un &lt;&lt; principe directeur &gt;&gt;.
Nous agissons comme si la politique était uniquement
« cosa mentale ». Nous dépensons une activité inouïe à
imposer au réel une forme dont il ne veut visiblement pas.
Le sentiment des résistances nous manque absolument.
Nous acceptons l'irrémédiable dans ce qu'il a de plus cruel
et de ·plus révoltant, dans la mort de seize cent mille des
nôtres, mais il ne nous vient pas à la pensée qu'il puisse y
en avoir aussi dans les choses que nous avons à traiter par
nos décisions. Nous continuons à pousser devant nous les
articles de notre droit comme un troupeau à qui nous vou- .
drions faire gravir un mur. Nous n'apercevôns de salut
que dans l'accomplissement de ce que nous avons une fois
clairement conçu. Il faut que les principes que nous avons
fait admettre et contresigner un jour par le monde portent, dans le temps, et à des échéances fixes, les fruits que
nous en avons attendus.
Nous semblons ignorer que les fmits que la politique
tend en général à rêcolter, sont d'un autre ordre que l'esprit,
qu'il faut donc les préparer autrement qu'en les concluant
du droit et de la justice 1 • Nous ne nous rendons pas
I. « La France, nous prévenait l'autre jour brutalement le Daily

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSÉQUE1'.TE

9

compte que l'arbre sur lequel ils pousseront nous est extérieur tout entier, qu'il a ses lois de développement et que
la sève y monte et y fleurit en suivant des canaux dont la
nature seule a réglé la distribution. Ce n'est pas en cherchant avant tout à nous maintenir d'accord avec nousmêmes que nous participerons à son épanouissement.
A côté de M. Poincaré, M. Lloyd George prend un air
sautillant dont nous croyons pouvoir nous amuser. Mais à
quoi sert de se tenir comme un bloc face à un avenir qui
ne ·viendra pas ? En dansant, M. Lloyd George atteint à
une autre unité que celle, toute statique, où M. Poincaré
s'obstine ; à une unité plus savante, plus complexe, plus
« objective ». Elle imite la forme de ce qu'il veut conquérir et qui, n'étant pas encore, est forcément multiple et
insaisissable: Bien entendu M. Lloyd George peut se tromper ,et faire certains pas à contre-mesure, mais c'est lui tout
de même qui a le plus de chance, se mouvant le plus, et
le plus rapidement, d'attraper la véritable cadence des
événements.
Nous ne savons pas étudier, désapprendre ; nous n'avons
pas cette patience et cette modestie qui permettent à une
idée fausse ou hâtive de s'effacer devant une expérience
évidente.
Pis encore, aucun de nos hommes d'Etat ne consent à
creuser véritablement le problème qui se . pose à nous. Il
veut que les termes en soient dès maintenant acquis. Or
même pas cela. Un monstre aussi énorme que cette dernière guerre ne peut pas avoir encore déroulé. toute sa
croupe. Pour arriver à le dompter, il faut nous tenir sur lui
aussi sagement que possible, subir tous ses soubresauts,
attendre qu'il ait montré tous ses anneaux.
Nous voulons prendre le départ pour l'avenir en un
point du temps qui ne peut absolument pas servir ~de plateExpress, semble croire qu'elle peut obtenir l'argent dont elle a un besoin
urgent sans acce~ter les points de. v~e de ceux qui ont de l'ar9ent. C'est
une erreur. &gt;&gt; Vo1r le Temps du 9 1um.
·

�IO

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISP.

forme. L'année 1919 a été, de toutes ces dernières, la plus
yacillante, celle où,il était le plus impossible de, prévoir la
structure qu'allait revêtir le monde, et donc de lui en
imposer une.
L1. recherche des paliers : voilà quelle devrait être~
pour l'instant, l.a pi;éoccup:ition pr~mière de nos hommes.
d'Etat. Qu'o11t-ils pensé jusqu'ici à utiliser qui §e prése~tait
à eux 'COtnme occasion, ou comme chance ? A quel moment
ont-ils o:;é déwncerter par un peù de pénéltation et de
prévoyance cette opinion publique, qu'ils avaient_ euxµi.êm es, il est vrai, d'abord travaillé à rendre stupide?
Jamais la moindre envie de véritable innovation ne les
a effieurés. Tous leurs mouvements d'énergie ont été pour
reprendre en mains les armes dont ils s'étiient déjà servis
inutilement et pour renou~eler les menàces qui nous
ayaient déjà alién~ les sympathies étrangères.
Ils n'ont jamais cherché que l'assentiment intérieur, le
seul qui compte, il est vrai, au point de vue électoral, mais
celui, auss i, par lequel notre politique peut être le plus
déviée - xéno!}h:obes comme nous sommes - de la communion européenut, sans laquelle nous ne pouvons pas.
vivre.
*
* *
Il y a, en ·général, chez nous tous Francais un terrible
'
'
besoin d'avoir émdemment raison, j'entends : d'une manière
qui permette là. démonstration. Rien n'est plus dangereux.
Ca1: une opinion neuve et féconde , est par essence une
opinion qui n'est pas encore solide, que des quantités
4'arguments peuvent encore -assaillir et même ébranle;.
Nous n'admettons pas le risque d'être mis en éc.he/par
raisonnement. Aussi no1is retirons-nous instinctivement de·
toute conception aventureuse, autant dire ci;éatrice.
C'est ce repliement sur notre prqpre esprit qui m'inquiète; c'est à lui que j'en ai; c'est en lui que· ie vois le·
danger le plus grave que nous courions- à l'heure actuelle~

LES DANGERS D'UNE POLITIQUE CONSEQUENTE

rr

Dans tous les milieux règne ce que je voudrais appeler la
collusion avec soi-même. Nous sommes d'avance d'accord,
et uniquement, avec ce qui prolonge nos pensées, notre
nature, nos désirs. Nous avons l'air de ne plus soupçonner
que le monde puisse avoir ses caprices, contr_e lesquels nous
sommes sans reéours. Et surtout se.s lqis, qu'il nous faudrait deviner.
Nous sommes tout contents des injustices dont nous
pouvons prouver gue nous sommes victimes. C'est leur
mise en évidence seule qui n0us intéresse. Tandis qu'il
faudrait réfléchir et travaiHer.
Où et quand' a-t-on vu q_ue la vertu ait ét.é rémmpensée ?A quel moment la reconnaissance s'est-elle manifestée entre
les nations ? Pourquoi faisons-nous semblant de croire à
toute une pseudo-morale internationale dont nous sommes
beaucoup trop réalistes et sceptiques pour avoir jamais eu la
sottise de nourrir l'illusion?
Mais il faut que -nous ayons raisun, il faut que les autres
aient tort envers 11.011sj il faut, à défaut de celui. qui existe
et où nous nous sentons mal à l'aise, qu'un univers s'organise dans notre. cerveau, ou nous aurons la belle ptnce ; si
ce ne peut être celle de triomphateurs, que ce soit du
moins celle de victimes.
Et ceci serait sans.gravité, étarrt sirn plement humain, si
nous n'en restions là, si notre intelligence er notre industrie
ne se.mblaient s'.épuiser tout entières da'ns cette. fausse représentation.
Aurons-nous su mourir pour o;e pas savoir revivre, c'està-dire nous taire, attendre, ignor-er, pressentir, ruser, chercher l'assiette et nous redresser pen à peu, appuyés aux
autres ?,JACQUES RIVIÈRE

�COMPOUND 300 HP N°

COMPOUND 300 HP N° 243

_ La maison Delambre et Oc, machines à vapeur, envoya
l'été de 1919 l'ingénieur Somin visiter les industriels de
l'arrondissement de Lille et leur offrir les services de la
maison pour la reconstitution de leur force motrice.
M. Sornin fit un triste voyage car il avait l'amour de la
construction mécanique et il vit beaucoup de machines
abîmées. D'une 400 chevaux montée par lui à Armentières
en {909, il retrouva des débris bons pour le cubilotde fonderie. Le massif de soutènement était creusé par les obus.
Il fallait refaire le bâtiment et le matériel :
&lt;c On y arrivera, dit le tisseur Delrue. Puisque je ne suis
pas mort je relèverai tout. Si j'avais été tué, mes fils n'auraient pas renoncé. Préparez-moi un devis. &gt;&gt;
Cette belle volonté, profitable à la maison Delambre et
ü•, ne consolait pas M. Sornin de la destruction d'un travail qu'il avait timt aimé:
« Nous ferons au mieux pour vous, dit-il, à un prix
variable selon celui des matières premières et de la maind'œuvre. Les contrats fermes d'avant la guerre ne sont plus
possibles. Nous corrigeons en plus ou en moins nos factures définitives de o fr. 40 °/o pour chaque variation de
I 0 /o du prix de la fonte hématique; de o fr. 60 °/ 0 pour
le 1 °/o de la main-d'œuvre.
-- Et le délai de livraison ? demanda l'usinier qui
n'avait pas le goût du désespoir.

-

Un an.

-

Je ne resterai pas si longte1nps sans rien faire. Je

243

I _3'

rechercherai les vieux métiers à main, dans les villages.
J'en ferai construire sur ces anciens modèles. U~ charron y
réussit très bien. Je veux être premier à remonter mon
usine et je serai facile sur le prix de ma force motrice si
vous me raccourcissez Je délai de livraison. Mais je ne
laisserai pas mes ouvriers chômer jusqu'à son installation.
Avant la vapeur et l'électricité les hommes ont tissé à
main. Ceux des campagnes autour d'ici n'en ont jamais
complètement perdu l'habitude. Dans le Bailleulais pour
les gros articles, dans le Cambrésis pour les articles fins, on
donnait aux tisseurs à main les plus maunis fils, · car
travailler en usine de la marchandise de dernière qualité
coûte cber. la trame casse souvent, on perd du temps
aux rattachages, la production diminue et les frais généraux restent les mêmes ; tandis que le · temps d'arrêt du
tisseur à domicile ne coûte" rien au patron qui paie au
mètre.
Je vais refaire le vieux métier et donner à tisser à main
du très bon fil pour que beaucoup de métrage tombe vite
du métier et que les ouvriers soient contents. »
·
M. Somin trouvait cela regrettable. Vendeur de machines
motrices il n'aimait que les grandes gesticulations méca:niques. La dévotion aux vieilles formes du travail n'agréait
pas à son amour de construire de grands moteurs. Il plaignait M. Delrue d'être obligé de reve_nir à de si vieilles
-idées.
(&lt; C'est un malheur, disait l'ingénieur, un grand malheur. &gt;&gt;
Il continua sa tournée et vit des usines autrefois animées
par trois cents ouvriers et qui étaient devenues des lieux
sauvages. Il y pénétrait à sa guise. Marchant sur des gravats
mêlés de ferraille, il allait d'abord à la p!ace de la machine. Dans un tissage de toile il tomba deux fois en franchissarrt de hauts décombres. Lui si soigneux de se présenter correçceme;1t vêtu aux clients, se salissait abondamment
par la poussihe blanche du plâtre et celle rouge des.

�14

LA ,N OUVELLE REVUE FRANÇAISE

briques. Des hommes gîtés sous les effondrements ven·aient
lui demander de l'espoir:
cc Ce sera long a vaut de pouvoir tourner ? »
Ouvriers aux métiers actionnés par la vapeur -0u l'électricité, leur force était nulle tant que la poulie n'e11traînait
pas les câbles et les courroies. Privés dn métier à main, leur
œuvre ne commençait que quand la machine· .avait sifflé.
Ils étaient soumis au moteur. Du temps de leur père chacun pouvait remonter le bauant~ le ros et l'ensouple. Le
travail é~air possible en petits abris : la cave,. la soupente.
Aujourd'hui il fallait les murs solides pout soutenir les
tr.ansmissions, -le sol cimenté pour porter les lourds bâtis,
la machine de JOO chevaux pour temuer les arbres et· les
pignons.
M. Sornin prit encore des commandes de réparàtion frde construction neuve. Jamais une tournée ne lui
avait tant rapporté et jamais il n'avait été si chagrin. Il 'finit
par Lille ·où il visita le tissage Vandeckère au faubourg des
Postes. Il y fut ému par le brt1it dé la machine : Compound
300 chevaux, numérotée 243 dans les fabrications Delambre et Ci;,_ M. Sornin monta cornnïe· des màrches d'église
l'escalier de fer strié pour empêcher le gfissement du pied.
Il nota, en tenant la rampe, qu'elle ne vàcillait point, serrée
ferme sur ses barres d'appui et il eut grande joie à voir le
volant noir et la bietle blanche tournet·à 60 tours à la minute.
Il ouvrit la porte vitrée à cadre de fer et, à sentir la douceur du pène et des gonds lubrifiés, il connut qu'il allait
vers un ouvrier très soigneux : Jean Streenkiste, 9.ui avait
49 ans et parla ainsi à l'ingénieur :
cc A._ cette heure je pensais à vous. Je savais que vous
étiez par là.. autour et je me disais : il ne me füra donc point
visite. J'ai eu des rusés avec cette machine. 11 a fallu liwer
aux Allemands les pièces de cuivre du •tissage. Ils les entassaient dans la. cour . . La nuit j'allais reprendre celles de ma
machine et je le"s 110yai~ dans le bassin de la condensation.

COMPOUND 300 BP N°

243

15

Toutl~ fon.d était ple~n de métal graissé. Ce n'était pas
facile d avoir de la gra1sse. Dn distribuait un peu de saindoux
les tartines ; je m'en suis servi pour les coussine_ts et J a1 mangé mon pain sec. Ça éré de la misère. Un
bnn de lard pour manger et rien pour empêcher la machine
~e roJ?~ller. Une piqftre sur les aciers ça. m'enlevait l'appétit. ai essuyé tout le temps. Heureusement les obus n'ont
pas effondré le vitrage : t'humidi.té n'entrait pas.
_Aujourd'.hui on a de l'huile à foison. Quand j'ai tenu ma
burette .fl~me, ce ~ui ne m'était pas arrivé depuis cinq ans
et que J ai pu graisser à plein, j'ai été heureux comme un
homme qui se marie avec une brave fille.
Les Allemands partis, j'ai sorti mes cuivres de l'eau j'ai
nettoyé, j'ai remonté avec deux camarades de bonne ~ ain e; ~ujourd'hui je mets en route pour voir si tout va bien~
J,a1 eu un peu peur' pour les coussinets de volant. Mais il
n Y a pas 'de fau~ ron~; pas de ballant. Le niveau est juste
partom, la machme d équerre et bien à bloc sur son massif
Ils ne l'ont point démesurée. &gt;&gt;
•
M. Sornin prit 1~ bras de cet homme et ensemble ils firent
le tour du grand outil animé de vapeur.
M. ~omin écoutait la mécanique avec tant de science
q~e le Jeu d'un boulon lui était certain avant qu'il ne le
vit re~uer sur sa tige filetée. Le roulement avait ici belle
et plei~e _régu~arité, sans choc ni trépidation. La bielle
~épassait silencieusement le point mort. Dans les palpitations huilées et exactes les soupapes et la pompe émettaient
l:1r. ta?ement ca~en_cé. Les cin~ ~âbles entraînés par la
P ulie a gorge dévidaient et renvidaient leur matière compacte, sans effilochage.

P~?~

c&lt; C'est une bonne machine, dit l'ingénieur. Vous vous
r~ppelez comme M. Vandeckère fut difficile pour la réception · II. vou 1ait
· un contrat dur, avec de fortes pénalités. Nous
gara11 t1ss10ns
·
300 chevaux de puissance normale avec
vape
'
'
. ur a 12 kil ogs, surchauffée à 300 degrés, et condensat1on ; une consommation de 4 kilogs 3 5 par cheval-

�16

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

heure, et un coefficient d'irrégulanté de 1/150° au volant.»
Le machiniste Streenkiste passa sur le bâti le déchet d'essuyage:
« Je me suis donné du mal pour elle, mais aujourd'hui
j'ai du plaisir. &gt;&gt;
Devant la blancheur du revêtement céramique des murs,
ses mains huileuses qui avaient tout fait luire étaient les
seules choses sombres de cette salle étincelante d'amour.

BIBELOTS
_}

PIEE.R~ HAMP

L'épagneul de Copenhague
Et le lion de Saint-Marc
Font joliment bo1i ménage
Sans se piquer dH mime art.
Oh, joliment sur ma table
Totis les animaux que j'ai,
C'est la nature ! A l'itage,
Il y a d'autres objets.
Connaissez., 1nes je.unes filles,
Ces plus hautes figurines,
Cette madone aux Jeux lour~s
Et ce Silène au, cœur sombre
Qui m'attriste q11and je songe
A 111es premières amours.

** *
Oui, cette innocence agile
Qui ta vertu déroba,
Elle eût charmé, j'imagine,
Les me,ssietirs della Robbia.

�r8

LA NOUVELLE REVUE FRAN ÇA ISE

BIBELOTS

19
*
* *

Ce petit enfant fragtlç
En sa ronde nudité,
L'amorino, tu le giffies
Pour, le grondant, l'exciter.

Tai, si tout le ciel embrase
La chair blonde du. coteau,
Tu devitres ivus limflrage
Le sourire d'un oiseau.

Or, séduite par sa grâce,
En riant tu le regardes :
Sais-tu bien ce que tu jais ?

Habitude, mon extase,
IYun tendre geste moqueur,
Ecarte la main brutale
Qui se'pose !ur.,tôn.cœuf"f

\?t
Parfois, ce p_etit voit rou,ge _:
.
Crains ses rigue]trS _s'il'nf trouve ,;
Ni pendule ni buffet.

J

.

'

r
Oh, que de dou;leur abonde,
Pour ne point nous enrichir,
Sous un crâne qui se bombe
A force de réfiécbi1~f
~~

,

-_,fi' :)!J µ, ,,',

Doucement gue ~l on.- s a.muse~Et_ le plaisir dissimf!]e
L' ~nfvers ,tragldien 1
~

L,

l

I,.; ••

~ ~

~

';!

,.MÉUO.T DU

-

Et bientôt, de par le monde,
Je le dis en vérité,
Il n'y aura qrte ·des mottstrts .
Doulottreux d'énarmi"ti.''

.,J

,

L',unij;_ers sans irnf!Ort~nce.
Pg1ir une;âme,biqJ portanJe
Ppu.r un-wrpJ_quifqime-~ien-_.r:.

-, t·

.

...

-:

·D

Ou qui préfère la simple
Assur"1nce d'unt' guimpe
A tau t autre ganfletnent ?
Ou le penseur au,x •mains: vidés
Qui jiwile-s'il avise v, .
Un sein mod&amp;t&amp;et charma-n.t.?

J?--Y

�L'EXTRA

L'EXTRA

A Isidore Ducass,.

Si le ·vent qui descend en vrille à_travers les arbres de
Marruor Island, après avoir balayé le duvet que l'enfant
de l'aigle abandonne dans l'aire suspendue au rocher branlant qu'escalada jadis, ses os qu'a-t-on fait de ses os blancs,
le _brave, le vaillant Eugène Demolder, vient hypocritement caresser, le front plissé et l'œil oblique, le gazon qui
dévale de la fontaine des Trois-Culs à la maison de
Dolorès - quel nom venez-vous de prononcer ? - interrogez-le sur la veuve du calfat, et vous verrez ce qu'il vous
répondra. Le gazon, du moins, se souvient. C'est plutôt à
lui qu'il faudra adresser votre anxiété qui n'est pas seulement de la gorge, mais aussi de la poitrine, que dis-je, de
la poitrine? de l'esprit. Qu'on me pardonne d'emprµnter
au langage de la philosophie (lapin rouge et vulgaire) ce
mot vague qui désigne avec précision une réalité si élémentaire que le premier damné charretier de ma connaissance
ayant essuyé du revers de la manche son nez morveux et
puant l'alcool n'aura pas l'idée de la ·mettre en doute. Vous
voyez bien.
J'ai vu dans la rue Lepic trois hommes qui ne me
parurent pas être des princes déguisés. On leur avait
èoupé le nez pendant la guerre de 1914-18. Ils n'en avaient
pas honte. Le plus jeune tenait dans sa main gauche une
fleur de rhubarbe. Eh bien, je suis au regret d'avouer que
le gazon de Marmor Island avait honte, lui. Il rougis~t

2 I.

comme une simple carotte et le voyageur, qui avait un
instant posé sa besace pour calmer d'une main fraîche et
bienfaisante les démangeaisons de son épaule, où en
étais-je ? se croyait en automne. Ne t'arrête pas, passant à
la barbe de trois jours, malgré la sueur de ta chemise et les
cloches de tes pieds : crois-moi, tu le regretterais. C'est id
que Dolorès avait attiré Eugène Demolder le soir funeste
qu'à l'auberge du Cygne-décoré la chance se montra si
_défa:orable à Victor le bancal, contrairement à ce qui
aurait pu se produire si la sagesse des nations avait été
autre chose qu'une laveuse de vaisselle amoureuse d'un
officier du génie. La perversité de cette femme, Dolorès 7
sera facile à mesurer. Elle avait prévu la faiblesse du solitaire, le triomphe des yeux noirs, l'électricité qui ne prend
pas naissance seulement, comme le croient d'absurdes
professeurs de physique encore mal versés dans la science
qu'ils enseignent déjà, par le frottement de la peau d'un
chat contre un bâton d'ébonite. Elle avait choisi ce lieu
pour le ruisseau qui le traverse en charriant de petits bouts
de bois, quelques mouches d'eau, des cotons de peuplier,
~~ la mousse et d'autres matériaux légers, qui respirent
1mnocence. Pendant ce temps dans la cale du A mort les
tyrans quel monstrueux amour unissait l'horrible mari de
la volage Dolorès et ce pauvre adolescent dont le nom n'a
pu parvenir à mes oreilles tant les éléments déchaînés
avaient pitié de sa réputation. li s'était engagé comme
mo~sse à bord du Les Aristocrates a la lanterne parce- qu'il
avait cru les paroles doucereuses des mappemondes et la
chanson monotone des voiles. Et maintenant ... si comme
on l'~s~ure de pareilles scènes se reproduisent chaque jour,
le m101stre de la Marine devrait s'émouvoir. Que pensezvous de Dieu, hublots impassibles, qui regardez à la fois
les hommes et les poissons ?
Eugène Demolder regagne sa cabane, la veste sur le
bras, le cœur occupé de Dolorès. Hélas ! il a perdu la
sauge bleue de la chasteté, et il ne lui accorde pas même

�22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI&lt;E

une pensée. Il se trouve :heureux comme il est. Pauvre
idiot. Le bancal, 'que fait-il dans tol!t ça? 11 se mouche.
Il est assis -dans ia maison de Dolorès .e ntre le pot de
verveine et le calentlrier des postes et télégraphes. Sa maîtresse tarde à rentrer. Voici l'impudique. Elle pousse un
cri en reconnaissant Victor. Elle le croyait _au jeu. Il la
regarde dans les yeux. L'image tl'Eugène Demolder n'en
était pas encore tout à fait effacée. Mais ie . bancal ne
reconnaît pas sorr rival. C'est alors que le vice à la
h1ngue de salpêtre fait son _apparition entre' les. poutres du
plafond, et .descend familièrement s'asseoir sur les épaules
du couple maudit, qui se livre prè:i du foyer éteiot à des
jeux qui feraient baisser les yeux au di.a.hle s'il était de oe
monde. J'aurais voulu que ma nourrice vît ça. Un petit
enfant gémit dans la pièce voisine-: Dolorès ignore le nom
de son père.
Tandis qu'Eugène Demolder court la montagne à
cueillir · l'edelweiss, s'il y a une fleur diabolique c'est
bien celle-là, pour orner le corsage de sa bien-aimée,
Monsieur et Madame Demolder ses parents meurent de
dénüeJ.ent et de chagrin_. li n'a p.as pu suivre le double
convoi, Eugène, son amante rieuse avait ce jour-là envie
de danser. On dirait un opéra-comique. Voici que la
femme adultère montre à Victor une lettre •du calfat.
Victor, &lt;}Uoique .qu'il ne sache pas lire, fait semblant de
suivre par de-ssus l'épaule sur laquelle il pose -son menton
mal rase. Ses bras enlacent la taille .de Dolorès, et ses
mains jointes s'exercent à la pratique démoralisante du
tournement des ponces. Je sens qu'il va arriver malheur à
quelq1.-r'un :

Ma chère Doloress.e,
Quand le temps n'est pas beau, ii est qn[ain. Le plus salaiul,
test les lames de fond. Je r01ûe partout dans l' mnbre des cales
un million de pensées pour toi : comme des cigarettes Dix pour
les jambe,, dix tit de'I.Jines, dix pour lés yeux, je tr1Juve toujouu

L'EXTRA

quelque chose pour dix de pl'llS. Toutes lis fois que je fais
/:amour~ je rne dis si Doloresse était là. Maintenant c'est av.ec un
mmme qui ne voulait pas les premtëres fois: ça a bien changé.
Je le pends par un pied avec une corde, et hop vas-y l Sa
boucht dtvien-t viol~tte. Il y a des jours, il m'inquiète : il me
promène ses cheveux, tu croirais de la soie, -sur le visage, les
mains, le corps. Puis ~a face semble envahie Pflr la nuit tout
d'un conp. C'est drdle. Nous ferons escale bientôt dans u.n pays
_ où on a des fermiles pour 11n timbre poste. C'BSt là que tu pourrais t'en payer. La cargaison, on mconte que n01is portons des
oranges. Tu, goûtes la plaisanierie. Le mousse a un c-orps
blanc, blanc, blanc. n pw·aft que c1est bientqt( l'élection dtt Ptésident de la République -en France. Les jo1.1 rnaux vont être intéressants. Je ne vois rien d'autre à te dire. Je t'embrasse comtne
au pays des neiges, dans les temps, tu sais. Ton mari dévoué,
Félix Covenol.
Quand la femelle .du hibo-u, après avoir :visitéminutieu.,.
sement les brins d'herbe des clairières et le sol trompeur
des marais, i.ent en battant doucement des ailes, comme
une porteuse de pain, retrouver ses petits dont la voix
depuis des heures n'a plus retenti à ses oreilles, et pour
cause: car le nid a été arraché, emportés les enfants et le
hibou, lettr père; quand_la femelle du hibou .après avoir
vainement cherché son- repaire est obligée de constater
l'étendue de son ma1heur; et ce n'est pas tout de suite
qu'elle y consent, elle s'élèv-e èn gémissant entre les arbres
plus hant qué ne le veut la coutume de~ hibou.,x. Elle suit
les regards de la lune -et descend en tournoyant jusqu'au
vantail d'une porte de ferrue et elle reconnaît son mari,
sur lequel les chrétiens des campagnes ont cru venger la
mort du fils de leur dieu : eh bien, que croyez-vous
qu'elle fasse? Va-t-eUe chanter une romance et mettre une
rose rouge dans ses cheveux? Va-t-elle passer ses mains
aux crèmes et faire de ses griffes des joyaux pour Ja peau
des hommes? Va-t-elle s'enivrer sur des lits de dentelle,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tandis que de jeun\s écervelés se traîneront à l'ombre de ses
caresses, n·t-elle s'enivrer avec le jus des raisins de œtte
province des Gaules où il y a encore quelques églises à
détruire pour la prochaine occasion, va-t-elle s'enivre,jusqu'à enlever sa robe, jusqu'à la jeter à terre sans égard
pour le prix, jusqu'à oubli.cr de la plier soigneusement
con11ne chaque soir, jusqu'à danser, danser, danser, dans
les désirs, le tabac et les verres cassés? Non bien entendu.
La loi de la gravitation universelle a été, dit-on, battue
en brèche. Quel malheur qu'il ne se soit pas trouvé là un
photographe muni de plaques anti-halos ! Ecarquillez vos
yeux, je puis vous montrer un spectacle qui ne -le cède en
rien en grandeur à cette bouffonnerie métaphysique. Une
sage prudence avait toujours retenu la mère du bancal
dlenvoyer le petit Victor à l'école. Mais elle n'avait pas
prévu, la vieille paysanne, la science de Dolorès et les
vices du calfat t Voici que les paroles écrites font sourdement leur chemin dans les veines de l'infirme au teint de
pruneau. Il promène sa folie dans les champs de cerisiers
en fleurs et ses lèvres saignantes répètent : Blanc, blanc,
blanc. Les nuages sont des corps de jeunes hommes balancés par le tangage. Victor râpe la paume de ses mains
wntre l'écorce des arbres. Vôilà quinze ans qu'il n'avait
pas chant~: il émet un son rauque et prolongé comme
celui que pousse le taureau qu'on a tenu enfermé tout
Yhiver quand s'ouvre devant lui la première prairie et qu'il
découvre dans l'herbe la puissante foulée des troupeaux. Il
court. Il s'arrête un instant pour cracher. Cependant sur
1a place du viflage, on vend à l'encan le mobi.lier d'Eugène. L'an.noire, la huche et le reste se changent ainsi
dtvant l'église, ne sonnez pas si fort, en une paire de
boucles à'oreilles en strass er en un foulard de couleur.
Puis le colporteur s'éloigne avec son balucho!l vert sur
l'épaule.
Quel est cet homme qui vient de débarquer dans l'île?
Il porte des chemises molles et ses cheveux sont bleus

L'EXTRA

comme de l'encre. Il passe au milieu des enfants qui
jouaient, il sourit au petit Erik, puis à lui-même. On le
voit traverser tout à coup les places. Dans 1-a campagne on
le rencontre immobile dans des lieux sans découvert: il
ne semble pas rechercher les points de vue. Dolorès
attend le bancal à la fontaine. Il lui dit son secret. Elle
frémit d'aise. Un projet vient de s'étirer dans sa poitrine et
se prolonge jusqu'à ses lèvres. Par-dessus les barrières le
couple regarde d'un air hagard des poulains se poursuivre
en se mordillant. A l'infini les rayons parallèles enfin se
touchent . .Pour la commodité de la perspective l'infini se
figure dans un coin des feuilles à dessin qui servent aux
enfants des écoles à représenter d'après le plâtre l'esclave
de Michel-Ange, ce scandale vivant. Mais suivez les pensées
jumelles des amants de Mannor Island : leur point commun n'est pas comme vous pourriez le croite cette
pâquerette aux bords légèrement rehaussés de pourpre. Ce
n'est pas non plus leur point de départ. Etrangers l'un à
l'autre, ils ne se réunissent encore une fois que par leur
désir, que par l'objet de leur désir. Et comme celui-ci est
tranquill~ dans la huné où il se repose, les manches
retroussées, un bras entourant son front, l'autre main
accrochée à un cordage qui va se baigner dans le ciel:,
tandis que l'air du large et le soleil se félicitent de caresser
une chair tentante sans tomber ni l'un ni l'autre dans le
péché mortel ! Brave Eugène Demolder, pourquoi lances-tu
contre le plafond de la cabane tes naïves chaussures ?
Voici ce qui s'était passé: comme il portait à sa maîtresse
les bijoux payés avec ses meubles, Eugène surprit par la
fenêtre la coupable intimité du bancal et de Madame Covenol. Dans un café du port, l'inconnu observe Eugène
qui s'enivre. Puis il donne un peu de monnaie pour se
retirer avec une grande fille pâle qui a envie de pleurer.
Le calfat Félix rêve dans les flancs du navire. Il sait
enfin ce qui se passe pendant le baiser sur la bouche, ce
Toyage extraordinaire au pays du cotai! et des poissons

�LA NOUVELLE REVUE T'RANÇ&lt;'\;SE

lumineux. Il sera empereur des Iodes. Il est empereur
des Indes et roi d'Aµr:ore. Auroi:e est une ville à
la peau douce, aux mœurs faciles, qui. glisse dans un
décor de palmes. Une bafque au milieu. des joncs.
Que dit la reine ? C'est le grand évencril qui souille,
qui caresse. Réveil. Encore toi. Dans huit jours nous
.serons à Marmor Island, je t'emmène. C'est ma femme
qui l'aura voulu. Elle parle avec Victor qu,elque part
dans l'île tandis qu'Eugène -caché dans un arbre les -épie.
On voit passer l'inconnu qui herborise. Il cherche de
.grandes fleurs laides, les examine à. la loupe et les met avec
satisfaction daus la boîte de fer peint qu'il porte en ban.doulière. Le µ1otme Adolphe a fini par aimer son maître
et c'est à lui qu'il pense en se, lavant les dents. L'homme
,qui fuit tourner les étoiles quand sa main me frôle seulement. A'h ! il n'y a· pas de marguerite à effeuiller sur les
bateaux.
Le soleil qui vient de se lever, si on en cmit les apparences, éclairera le débarquement du calfat et ce qui va
s'en suivre. Il y a nans le port une maison qui s'éveille
.avant les autres. Une ménagère commence à laver à grande
eau le carrelage de la ·cuisine qui,forme des trèfles à qu::itre
feuilles. A qui cela portera+il bonheur ? ~Ailleurs une
,servante d'auberge enlève de ses cheveux les brins de
paille échappés de son traversin. Mais c'est. im couteau
que soupèse Eugène~ Brave, honnêté Eugène~.. je n'ai pas
i.e ternps de teiaire la, morale. Dolorès dort comme une
enfant. Sur le .pont, Félix astique ses boutons .et Tegarde
Adolphe qui s' étîre. Le· bancal inspecte a.vec minutie le
&lt;:anon de son fusH de chasse. Un visage a passé derrière la
fenêtre. Victor ouvre la. porte. Personne : c'est sioguiier.
La petite fille qui pendant v des he1.ues et des heures,
asske au pied des grands tournesols d~ns le jardin.familial, a enfilé des p-erles sur un coton noir, en prenant
garde à alterner régulièrement les couleurs, bleu, jaune,
blanc, vert, mauve, orange, bleu, jaune, blanc, tout à coup

L'EXTRA

27

voit au milieu de son long travail deux perles blanches
~ôte à côte. Elle rompt le coton de dépit, les pedes se
répandent, elle pleure. La chèvre vient pour jouer avec la
fillette, elle écrasedes perles et tout est dit.
V.ers quatre heures de l'après-midi, quel temps_ magnifique, Do1orès, debout sur le seuil de sa demeure~ jouit
:atrocement du drame qui tourne déjà autour de son
:Sourire. Comme elle hume l'air, comme elle fredonne
gaiment! Elle a croisé ses mains derrière sa nuque. Sur
une route, la fureur du calfat. Sur une autre, la ter..reur .du
mousse. Les chemins de l'île ne s'ennuiront pas ce soir.
Encore l'éclair d'-t.m fusil dans les broussailles. L'inconnu
'sort du Cygne- décoré, Tu as bien choisi ton moment,
Eugène (par.donnez-moi, je ne peux pas m'empêcher de
v0us tutoyer), pour venir faire des reproches à celle qui se
rit de toi . Elle t'offre à boire. Ne lorgne pas ainsi sa
gorge, malheureux. Une caresse a mison de tout. Contre
-qui arme -t~on cette main, qui ne songeait qu'à tordre un
poignet de femme? Transparent index de Dùlorès qui
montre le ,s entier de fa, montagne. Où est le bancal ? J'ai
entendu des cris, j'ai trrn Feconnaîtte la voix d'Adolphe.
Des tilles passent en chantant, elles se tiennent par }a
taille, et ceH-es -des bouts jouent avec leur tablier. Qu'y at-il de rouge sur cette feuille ? Qu'y a-t-il de gémissant
près de la fontaine? Je te l'avais bien dit, voyageur. Quel-ques mouches volent. Ce bruit et -cette flamme, j'ai déîà vu
.des coups de feu sur les images. Sur un tas de pierres est
~is l'inconnu : du bout de sa canne il dessine dans la '
poussière le sexe de l'homme .et- celui de 1a femme . II se
lève et parle au cantonnier qui pour lui répondre a -remonté
sa visière. Les genêts fleuriront tant qu'il y aura des amOUe
1'eux. dans Ie .monde. Dans les genêts fleuris de la mon..
tagne, Félix: est accroché par- la mort. Les horrible'5 bles::sures. La tête est presque détachée du tronc, le corps est
tailladé en plus de trente endroits. Une petite fleur }&lt;!Une
-est tombée mélantoliquement dans la plaie du cou. J'ai vu

�28

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

œ couteau dans les mains d'Eugène. Eugène.! l'écho seul

répond : Gène ! La balle est entrée dans le dos ( on avait
fait une croix dessus) et il est tombé de haut en bas dans
la carrière. Pauvre, pauvre Eugène Demolder, maintenant
ron corps n~est plus qu'un petit bouquet de giroflées au
milieu des sikx. C'était bien la peine. Tu ne faisais pourtant pas mal dans le paysage avec tes petites moustaches.
noires cirées. On n'en parlera plus.
Autour d'un billard déjà fatigué, il y a longtemps qu'un
maladroit paya soixante francs cet accroc qui laissa dans le
drap la première cicatrice angulaire, la caissière, le patron
du 'café, deux ou trois habitués, dont l'un tient son demi
pour l'empêcher de s'envoler, le partenaire souriant, les
adversaires impatientés, un sol.dat qui ne porte plus sa pipe
à ses' lèvi:es, elle va s'éteindre, contemplent animés d.e
sentiments divers le joueur heureux qui fait une série. Où
trouver le bancal? C'est à son tour. cc D'où viens-tu
déguenillé, Adolphe ? &gt;) demande Dolorès, mais le mousse
livide secoue sa tête plejne de l'agonie épouvantable de
l'infirme, et ne répond pas. Il regarde ses mains griffées, et
les éloigne de ses yeux. Je commence à comprendre la
joie des animaux qui rampent dans .la terre meuble.
Encore un carambolage : dans la pièce à côté, le petit
enfant de Dolorès gît étouffé dans son berceau. Il ne connaissait pas le genou qui opprima sa poitrine. Mère infortunée, comment ne pas la plaindre ? Le châtiment est trop
fort. Ah oui -? observez plutôt Dolorès: elle s'en fout
comme de l'an quarante. Elle attire Aqolphe dans ses bras,.
ses doigts fouillent les déchirures des vêtements, et voilà la
mécanique encore une fois remontée.
Av9ez-vous entendu craquer des branches? Comme les
.genêts les primeroses sont jaunes. Au catéchisme on me
donnait comme preuve de l'existence de Dieu la danse des
moustiques ::i,u-dessus des marécages : contre toute vraisemblance ces bestioles ne s'embrouillent pas les pattes. Le
mystérieux étranger entre dans la cabane de Dolorès et

L'EXTRA

29

surprend les embrassements de la femme et de l'enfant.
(&lt; Je sais tout», dit-il, et les nouveaux amants tremblent.
Cette fois, cette fois, voici donc la punition du ciel. Pas du
tout. Il y a, Dieu merci, des gens qui sont hors de la
portée de votre Dieu. Avez-vous vu Dolorès, comme elle
est belle avec ses cheveux défaits? L'inconnu rassure le
couple, il commence à se déshabiller, il dit son notn :
Ludovic. Adolphe et Dolorès échangent un long regard.
Ludovic écarte les draps, et glisse son corps froid et mince
entre les deux corps chauds qu'il caresse et qui dans la nuit
tombante, toutes les plantes de l'île se sont raidi'es et les
însectes se sont retournés sur leur dos, se mettent tout à
coup à hurler de plaisir.
LOUIS A RAGO'N"

�J

LA COiqfESSîON DE.i STà VR.OGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUll'IE

JI

- Comment esH:;,e indifférent ? Pourquoi ? s'écria en
se redressant brusquem:eht Stayroguine. Ce n'est pas du_
to,u.r la même cho!ie. Ah! en votre quaJit;,é de rooi11e ·vous
soupçonnez im)Jiédiatemeni: _la., plus affreu,9e vilenie. ·Les.
n1oin~s fer.aient des jtiges d'.instruction idéaux.
Tikhon le rega,i:d&lt;i eri sile.nce..
- Calmez-vous, œ n'est pas ma. faute si la fülettefut
sotte et ne me comprit paSc. .IL n'y .eut neri. Rieu du

tout.
CHAPITRE IX
CHEZ TIKHON

(Suite)

Il y avait en tout cinq feuillets ; l'un était entre les rnai~s.
de Tikhon qui venait de le lire; la dernière phrase n'était
pas achevée. Les quatre autres étaient aux ma1?s de Stavroguine qui attendait, et en ~éponse au reg~rd mterrogateur
de Tikbon lui remit immédiatement la smte.
- Mais cette phrase non plus n'est pas complète, dit
Tikhon en examinant la fouille. C'est le troisième feuillet,
et il nous faut le second.
- Oui, c'est le troisième; quant au second ... L!; second
est censuré en attendant, répondit rapidement Stavroguine
en souriant gauchement. Il était assis sur un coin du ~ivan
et fiévreux, immobile, ne quittait pas des yeux T1khon
pendant sa lecture.
·_ Vous le recevrez tantôt, quand... quand vous en
serez digne, ajouta+il avec un geste qui voulait être familier. Il riait, mais faisait pitié à voir.
~ Pourtant, au point où nous en sommes, le deuxième
feuillet ou le troisième · - n'est-ce pas indifférent ? fit
observer Tikhon.
1.

Voir la Noitvelle Re'/JUC Franfaise du

1er

juin.

- , Grâce à Dieu l Tjkbou -se signa.
·- C'est long "à e:X:pliqûer.,. il y eut ici... il 'Y .eut un
malentendu psychologique.
Il rougit t_out à coup. Le .dég®t; l'ango.isse, fo désespoir
se .reflétèrent .sur .son visagt .. ILse tut. Ils ne se regardaient
plus. et le s.ilence tégna: ~entre eux plus d'une minute.• ·
- Vous sayez, :il vaut mieux que '!OUS _lisiez, prononça.
machioalem_en ~ -Sta vrdgufüe e.n- essu yah t a 'leè ses doigts
l;t'sneur froide quL·Jrenipa.it son front. ~Et.., le mieux. s~rait
que vous ne me-regardi_ez pas du tou.t..-v Il 1ne semble que
ciest un rêve ... Et... n'épuisez~pas. ma patience, .aiouta-t-il
tout bas.
Tikhon détourna rapidement les yeux, saisit le _troisième feuillet et se ipif à. lire sans plus "iàtrê_ter jusqu'à
la fin, Dans les ti:ois feuillets que lu-i avait i;em;is Stavmguine rien plus ne manquait·;, le troisième, débutait
ainsi : .
, ~ ,~
·
&lt;, ••• Ce .fut un instant pe teneur :véritable"' bien .que poinrtrès intèns_e, J'étais très gai ce matin-là et très bon pour
tous et ma bande était fort satisfaite- de moi .. Mais- je les
quittai tous et allai à la_ Go..rokhovai:a.. _ Je la rencontrai
en bas, dans l'.entrée . .Eile œvenait d'une boutiq~e; au on
l'avait: envQyée achetei: dt la ~hi_corée. En me Jvuya:nt eUes'élança dans J'.escalie.r e-n proie à _une peur terrible. Cen'était même- pas, de ,la peur,. màis une terreur muette,
paralysante. Quand j'entrai, sa mère la frappait &lt;c pour s'être
jetée-dans la chambre tête baissée. » Ainsi ·elle puli cacher

�32

LA NOUVELL-E REVUE FRANÇAISE

la vraie cause de sa terreur. Tout était donc encore tranquille. Elle se terra dans un coin et ne se montra pas
.durant tout le temps que je passai dans la maison. Au
bout d'une heure je sortis. Mais le soir j'eus peur de nouveau, et beaucoup plus fort cette fois. Le plus pénible
pour moi dans cette peur était que j'en avais parfaitement
conscience. Je ne connais rien de plus stupide et de plus
atroce. Jamais jusque-là je n'avais connu la peur et jamais
depuis je ne l'ai plus ressentie. Mais à ce moment-là j'avais
peur, je tremblais mètne. J'en avais parfaitement conscience ainsi que de mon humiliation. Si j'avais pu, je me
serais tué, mais je ne me sentais pas digne de la mort.
D'ailleurs, ce n'est pas pour cette raison que je ne me suis
pas tué, mais à cause de cette même p-eur. On se rue
parfois de peur, mais il arrive aussi que de peur on continue à vivre. L'homme commence par ne·pas oser se tuer
et l'acte ensuite devient impossible. De plus, le soir, chez
moi, je ressentis une telle haine contre l'enfant que je
résolus de la tuer. Dès l'aurore je courus cette jdée en tête
à la Gorokhovaïa. Je me représentais tout en marchant
comment je la tuerais et comment je l'outragerais. Ma
haine s'excitait surtout au souvenir de son sourire : un
mépris s'élevait en moi, et un dégoût immense pour la
manière dont elle s'était jetée à mou cou, s'imaginant je
ne sais quoi. Mais en traversant la Fontanka, je me sentis
mal. En même temps, une nouvelle idée surgit en moi,
terrible, et d'autant plus terrible que j'en avais conscience.
Revenu chez moi, je me couchai, frissonnam: de fièvre et
en proie à une terreur telle que j'en venais à ne plus haïr
l'enfant. Je ne voulais plus la tuer, et c'était justement la
nouvelle idée dont j'avais pris conscience en traversant la
Fontanka. Cest alors que je compris ,pour la première
fois qu.e, lorsque la peur est extrême, elle chasse la
haine et même tout sentiment de vengeance contre l'offen•
seur.
Je me réveillai v.ers midi, relativement dispos et

LA CONFESSfON DE STAVROGUINE

33

m'étonnant même de l'intensité des sentiments que j'avais
éprouvés la veille. J'eus honte d'avoir voulu tuer.J'étais pour~ant de t~auvaise humeur et malgré toute ma répugnance,
Je fus obligé de me rendre à la Gorokhovaïa. Je me souviens que j'aurais beaucoup désiré à ce moment avoir une
querelle avec quelqu'un, une querelle vraiment sérieuse.
Mais en entrant chez moi à la Gorokhovaïa, j'y trouvai
Nina Savélièvna, la femme de chambre, qui m'attendait
déjà depuis une heure. Je n'aimais pas du tout cette fille
et elle était venue avec une certaine appréhension, craignant de me déplaire par sa visite. Elle venait toujours
avec cette crainte. Mais je fus très heureux de la voir ce
qui la mit dans le ravissement. Elle n'était pas mal ; de
plus elle était modeste et possédait ces bonnes manières
que les petits bourgeois estiment particulièrement ; c'est
pourquoi ma propriétaire m'en faisait depuis longtemps
grand éloge. Je les trouvai toutes deux, en train de
prendre du café et ma propriétaire enchantée de l'agréable
conversation. Dans un coin de l'autre chambre, j'entrevis
Matriocha : elle était debout et dévisageait fixement, en
dessous, sa mère et la visiteuse. Quand j'entrai, elle ne
se cacha pas comme elle l'avait fait la fois précédente, et
~e s'enfuit pas. C'est un point que je me rappelle bien, car
J en fus frappé. Je remarquai seulement à première vue
qu'elle avait fortement maigri et qu'elle semblait avoir la
fièvre. Je fus très caressant avec Nina et elle me quitta,
~on heureuse. Nous sortîmes ensemble et pendant deux
)Ours je ne retournai plus à la Gorokhovaïa. J'en avais assez
. . '
,
mals Je m ennuyais.
.
Enfin, je résolus de terminer tout en une fois et de
quitter même Pétersbourg s'il le fallait. Mais quand je
~1e rendis à la Gorokhovaïa pour y annoncer mon départ,
Je tr?uvai ma propriétaire en · grande peine et en grand
émoi: Matriocha était malade depuis trois jours et délirait
toutes les nuits. Naturellement je demandai tout de suite
ce qu'elle disait dans son délire (nous causions tout bas
3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

34

dans ma chambre). Des choses terribles, me murmura la
mère : « J'ai tué Dieu
Je proposai d'amener un médecin à mes frais, mais elle refusa : c&lt; Dieu nous aidera, .cela
passera de soi-même ; d'ailleurs elle n'est pas couch~e tout
le temps; tantôt elle a fait une course dans une boutique._ &gt;&gt;
· Je résolus de voir Matriocha seule et comme ~:1 pro~nétaire avait laissé échapper dans la conversatrnn quelle
aurait à aller dans le faubourg, je décidai de revenir le soir.
Je ne savais d'ailleurs pas au juste pomquoi ni ce que je

,i.

voulais faire.
Je dînai au restaurant, puis à cinq heures et qu~tt je
revins. J'entrais en tout temps grâce à ma clef. Matnocha
était se~le; elle était couchée derrière un paravent sur le
lit de sa mère et je remarqu.ii qu'elle avançait l.i tête p_our
voir mais elle ne fit semblant' de tien. Les fenêtres étaient
ouv~rtes ; l'air était chaud, même brûlant. Je fis quelques
pas, puis je m'assis sur le divan. Je ~e souviens de to:1t
jusqu'à! la dernière minute. Je ressentais une gran?e sa_tis:
faction de ne pas parler avec Matt'iôcha et de la faire ams1
lang01r, je ne sais pas pourquoi. J'attendis une heure
entière et tout à coup je l'entendis se lever brusquement
derrière le paravent. J'entendis le ch0cdesesdeu1e p~edssur
le plancher, quand elle ~e leva, puis quelq~es ~as _raf1des, et
elle apparut sur le semi de ma chambre. J étais s1 lache que
fétais heureux qu'elle fût entrée la première. Oh t comm_e
tout cela était vil, et comme j"étais humilié t Elle se tenait
debout et me regardait en silence. Depuis le jour où je
l'avais vue pour la dernière fois de près, elle avait en
effet extrêmement maigri. Son visage était comme desséché et son front était certainement brûlant. Ses yeux ,
agrandisr me dévisageaient avec une curiosité hé?étée,
me sembla-t-il d'abord. Je restai assis et la regardai sans
bouger. Et de nouveau je ressentis de la haine. Mais
bientôt je remarquai que Matriocha n'avait nullement
peur de moi et que probablement elle délirait. Mais non !
ce n'était pas non plus du délire. Elle se mit tout à coup

LÀ CONFESSION DE STAVROGUINE

35

à hocher la tête comme le font, pour adresser un reproche,
les gens très naïfs et q11i n'ont pas ·de manières; puis elle
leva subitement son petit poing et m'en menaça de loin.
Au premier moment ce geste me parut ridicule, mais je
ne fus plus en état de le supporter ensuite ; je me levai
brusquement et m'approchai d'elle, épouvanté. Son visage
exprimait un désespoir pénible à. voir dans un être si petit ;
elle continuait à me menacer du poing et à hocher la têt_e
avec r eproche. Je lui adressai la. parole prudemment, tout
bas, avec douceur, car j'avais peur, mais je vis immédiatement qu'elle ne pouvait me comprendre et ma terreur
s'en accrut. Mais elle se couvrit rapidement le visage de
ses deux mains, comme l'autre fois et alla vers la fenêtre
en me tournant le dos. Je me détournai alors moi aussi
et m'assis près de la fenêtre. Ji: ne pem;: pas du ' tout com-'
prendre pourquoi je ne sortis pas et restai là à attendre ;
j'attendais donc vraiment quelque chose. Il aurait pu se
faire que je demeure longtemps assis à cette place, puis,
que me levant, je la tue, par désespoir, pour en finir d'une
façon ou d 'une autre.
Bientôt j'entendis de nouveau ses pas précipités ; elle
sortit par la porte qui donnait sur une galerie en bois par
où l'on atteignait l'escalier. Je m'approchai rapidement
de la balustrade et pus encore l'entrevoir qui pénétrait
,dans un petit réduit, sorte de poulailler, qui se trouvait
.à côté d'un autre endroit. Quand je me rassis, près de la
·fenêtre, une idée étrange se glissa dans mon esprit : je ne
peux pas comprendre encore maintenant pourquoi ce fut
justement cette idée-là plutôt qu'une autre qui m'apparu t la
première; tout convergeai t donc vers cela. Il était évident
que je ne pouvais pas encore y croire, cc et pourtant ... )&gt;.
Je me- souviens parfaitement de tout; mon cœur battai t.
Au bout d'une minute je regardai de nouveau ma montre
et constatai l'heure exacte. Qu'avais-je besoin de savoir
l'heure ~i justement ? -- Je ne sais pas; mais il y avait, à
.ce momeut, en moi une volonté générale de tout observer;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

je me rappelle donc très bien tout et je1 vois en pa~ticulier descendre le crépuscule. Une moucue bourdonnait
autour de moi et venait continuellement se poser sur mon
Yisage. Je l'attrapai, la tins quelgues instants entre ~1es.
doiats et la laissai s'échapper par la fenêtre. Un camion
pén°éna avec grand bruit dans la cour. Un appre~:i tai!lcur chantait à pleine gorge ( depuis longtemps dép) pres.
de sa fenêtre, dans un coin de la cour. li travaillait et_je
pouvais Le Yoir de ma place. Il me vint à l'esprit que pmsque personne ne m'avait rencontré lorsque_ j'a,•ais traY_ersé
la cour et monté l'escalier, il valait certamement mieux
qu'on ne me rencontrât pas ~on plus à
sortie ; , a~si
écartai-je prudemment ma chaise de la fenetre t:t _m assisje Je telle façon que les voisins ne p~ssent 1~1e vo1~- ~h !
que c'était donc lâche ! Je pr!s un l1v~e, ~u1s le re1eta1 et
me u1is à su ivre, sur une femlle de geranmm, les démarches d'une minuscule araignée rouge ; je m'oubliai pendant un instant. Mais je me souviens aujourd'hui de tout,.

1:

jusqu'au dernier moment.
.
. .
Je tirai brusquement ma montre. Il y avait déjà vingt
minutes qu'elle était sortie. Mais je résolus d'atte~dre
encore- exactement un quart d'heure. Je me &lt;lonna1 ce
temps. Il me vine aussi à l'esprit qu'el~e a~•ai~ p~ rentr:r et
que je ne l'avais pas eut:ndue. Mais c était ~'.11po~s1ble.
Il faisait maintenant un silence de mort et J aurais pu.
entendre voler la moindre mouche. Tout à coup mon
cœur se remit à battre. Je regardai ma montre: il manquait encore trois minutes ; je restai doue assi_s, bien q~e
01011 cœur battît à me faire mal. Je me levat enfin, 1111s
mon chapeau, boutonnai mon paletot et examinai la
chambre : n'y laissais-je aucune trace de mon passage ?fapprochai la chaise de la fenêtre e~ la plaçai t:~actement
à l'endroit qu'elle occupait à mon arrivée. J'ouvns la_ ~ort~
enfin, la refermai doucement avec ma clef et me dmge~l
,·ers le réduit à provisions ; la porte en était fermée, n~atS
non à clef; je le s.1 mis bien, mais ne Youlus pas l'ouvnr;.

t.A CONFESSION DE &amp;TAVROGUINE

37

je me soulevai sur la pointe des pieds et regardai à traYers
une fente gu'il y avait dans le haut de la porte. Dans
l'instant même où je me dressais ainsi sur la pointe des
pieds, je me souvins que lorsque j'étais assis près de la
fenêtre et regardais la petite araignée rouge, pendant cet
&lt;mbli d'un instant, je me représentais en réalité que je me
dresserai sur la pointe des pieds, que je regarderai à travers la fente comme je le faisais maintenant. Je cite -~
détail parce que je veux absolument démontrer à quel
point j'étais en possession de mes facultés, et que, par conséquent, je ne suis nullement fou et dois répondre de mes
actes. Je regardai longtemps par la fente, car il faisait sombre
dans ce réduit ; pas complètement cependant ; si bien
,qu'enfin je distinguai ce qu'il fallait ... Je me dis alors qne
je pouvais partir et je descendis l'escalier. Je ne rencontrai
personne ; personne donc dans la suite ne put déposer
contre moi . Trois heures plus tard, chez moi, nous jouions
tous aux cartes, en manches de chemise, en bnvant du thé.
Lébiadkine lisait des vers, racontait toute1: sortes d'histoires
et, comme par un fait exprès, des choses très drôles, au lieu
des bêtises, dont il nous abreuvait d'habitude, Kirilov était
là aus.si. Personne ne buvait, bien gu'il y eût une bouteille
~e rhum sur la table ; seul Ubiadkine lui fit honneur.
Prokhor Malov observa: &lt;( Quand icolaï Vsièvolodovitch
est content et de bonne humeur, nous sommes tous gais,
dans notre bande, et parlons bien )L Je remarquai cette
phrase ; c'est donc que j'étais gai, content, de bonne
humeur et disais des choses amusantes. Mais je me souviens que je savais parfaitement que ma joie d'être délivré
reposait sur une lâcheté infâme et que plus jamais je ne
pourrais me sentir noble, ni sur terre, ni dans une autre
vie, jamais. Autre chose encore : je réalisais en cet instant
le proverbe juif: « Ce qui est à nous est mauvais mais n'a
pas d'odeur. » J'avais bien conscience d'être un misérable,
mais je n'en avais pas honte, et dans l'ensemble, j'en souffrais peu. C'est à ce moment, tandis que je buvais du thé

�LA ~OU\.ELLE REVUE l'RANÇAISE

et bavardais avec ma bande, que je pus me rendre compte
très nettement, pour la première fois de ma vie, que je
ne comprenais pas et ne sentais pas le Bien et le Mal; que
non seulement j'en avais perdu le sentiment, mais que le
Bien et le Mal, en soi, n'existaient pas (cela m'était fort
agréable), n'étaient que des préjugés, que je pouvais certainement me libérer de tout préjugé, mais que si j'atteignais à cet~e liberté, j'étais perdu. Je pris conscience de
tout cela pour la première fois, en une formule nette,
devant cette table à thé, pendant que ie plaisantais et riais
avec mes camarades je ne sais même plus à propos de
quoi . Mais je me souviens de tout. Il arri;e souven: que
de vieilles idées que tout le monde connait, apparaissent
tout à coup neuves, originales, même après cinquante années d'existence.
Cependant je ne cessais pas d'attendre quelque chose.
Et en effet, yers onze heures du soir, je vis accourir la
fille du concierge que m'avait dépêchée ma propriétaire
de la Gorokhovaïa pour me dire que Mattfocha s'était
pendue. Je suivis la fillette et pus constater que ma pro:
priétaire ne se rendait pas compte elle-même pourqum
elle 'm'avait fait venir. Elle sanglotait et criait comme
foot ces sortes de gens en pareil cas. Il y avait du monde,
des agents de police. Je laissai passer un moment, puis
je sortis.
.
On ne vint guère me déranger pour cette affaJXe ; on
me posa pourtant quelques questions. Mais je déclarai
seulement que l'enfant avait ét€ maùide et avait eu le
délire et gue j'avais proposé de faire appeler le médecin à
mes frais. On me parJa aussi du canif: je racontai que ma
propriétaire avait. fouetté- sa fille~ mais que cela n'avait
aucune importance. Persouoe ne .sut que j'étais revenu le
soir. L'affaire finit donc ainsi.
Pendant une semaine entière je m'àbstins de retourner
à la Gorokhovaïa et je n'y passai enfin que pour r~ilier
ma location. La propriétaire continuait à verser des larmes

LA CONFESSION DE STA VROGUINE

39

( et je me souviens que cela me fut désagréable), mais elle
s'occupait déjà de nouveau de son travail de couture.
« C'est à cause de votre canif que je l'ai offensée »-, me
dit-elle, sans grand reproche. Je réglai mes comptes avec
elle sous le prétexte qu'il ne m'était plus possible désormais de recevoir Nina S&lt;!vé-lièvna dans leur logement.
Au cours de nos adieux, elle me dit encore beaucoup
de bien de Nina Savélièvna. Je lui fis cadeau de cinq
roubles en plus de ce que je lui devais pour la chambre.
A cette époque je m'ennuyais à mourir. Le danger
passé, j'aurais tout à fait oublié l'affaire de la Gorokhovaïa, comme tous les événements de cette période, si
de temps en temps je ne m'étais souvenu avec rage de la
terreur que j'avais ressentie. J'épanchais ma rage sur qui se
présentait. C'est alors que l'idée me vint - mais sans motif
aucun - de gâcher ma vie de la façon la plus bête possible. Un an auparavant ie songeais à me faire sautei; la
cervelle; un autre moyen se présentait, bien meilleur.
Un jour, en voyant Marie Timoféèvna Lebiadkina, la
bancale, qui vaquait à son service dans la maison, l'idée me
vint d'en faire ma femme. Elle n'était pas encore tout à
fait folle, mais c'était une idiote toujours en extase et
mes camarades avaient découvert qu'elle m'aimait secrètement à la folie . L'idée d'un mariage entre Stavroguine et
cet être infirme excitait agréablement mes nerfs. On ne
pouvait rien imaginer de -plus ridicule, de plus stupide.
Mais je ne peux pas arriver à savoi.r si ma décision fut
déterminée, ne fût-ce qu'inconsciemment (inwnsciemrpent,
c'est certain), par la rage dont m'avait empli contre moimême la vile crainte que j'avais éprouvée dans faffaire
avec Matriocha. Je ne le pense ·vraiin-ent pas. En tout ~as
ce mariage ne fut pas seulement le cc résultat d'un pari
conclu après un_dîner largement arrosé. i&gt; Les cc témoins »
furent Kirilov et Piotr Verkhovensky, alors de passage à
Pétersbourg, puis Lebiadkine 1-u.i-même et Prokbor Malov
(aujourd'hui décédé). En dehors de &lt;:eux-là, personne ne

�LA NOUVELLE RE\'UE FRA}.ÇAISE

sut rien, et ils me promirent sur l'honneur de se taire. Ce
silence me parut toujours une vilenie; mais jusqu'ici le
secret n'a pas été trahi, bien que j'eusse l'intention de
déclarer tout; je le déclare donc maintenant. Après le
-mariage je me rendis chez ma mère, à la campagne. J'y
allais pour me distraire, car la vie m'était insupportable.
Dans notre ville je produisis l'impression d'un dément, et
cette impression a persisté jusqu'à aujourd'hui, ce qui
peut m'être très préjudiciable, ainsi que je l'expliquerai. Je
partis ensuite pour l'étranger où je passai quatre ans.
J'ai visité l'Orient; j'ai assisté sur le mont A rhos à des
services religieux qui duraient huit heures, j-'ai été en
Egypte, en Suisse, en Islande même; j'ai su ivi pendant
une année les cours de l'université de Goettingen. Pendant la derniè~e année de mon séjour à l'étranger je fus à
Paris l'ami d'une famille russe très haut placée et, en
Suisse, de deux jeunes filles russes. De passage à Francfort il y a deux ans, je remarquai à la devanture d'une
papeterie, parmi diverses photographies, le petit portrait
d'une fillette, élégamment habillée mais qui ressemblait
be 4ucoup à Matriocha. J'achetai immédiatement le portrait
et, de retour à l'hôtel, je le plaçai sur ma cheminée. Je
restai sans y toucher pendant toute une semaine, je n'y
jetai même pas un regard et lorsque je quittai Francfort,
j'oubliai de le prendre avec moi.
Je cite ce fait pour montrer jusqu'à quel point je pouvais dominer mes souvenirs et combien j'y étais insensible. Je les repoussais tous à la fois, en masse, et toute
leur masse disparaissait immédiatement dès que je le
voulais. Cela m'ennuyait toujours de me souvenir du
passé et je n'ai jamais pu causer longuement du passé
comme presque tout le monde le fait. En ce qui concerne
Matriocha, j'allai jusqu'à oublier son portrait sur la cheminée.
Il y a eu un an au printemps, comme je voyageais en
Allemagne, je laissai passer par distraction la station

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

où je devais descendre pour prendre une autre ligne.
Je m'arrêtai à la station suivante ; il était trois heures
de l'après-midi, la journée était claire. C'était une
toute petite ville allemande. On m'indiqua un 11ôtel ;
il fallait attendre: le train suivant ne passait qu'à onze
heures du soir. J'étais content de cette petite aventure,
car rien ne me pressait. L'hôtel était mauvais et petit,
mais tout entouré d'arbres et de parterres de fleurs. On me
donna une chambrette étroite. Je dînai bien et comme
j'avais passé toute la nuit en chemin de fer, je m'endormis
très profondément à quatre heures de l'après-midi.
Je fis un rêye complètement inattendu pour moi, car
jamais jusqu'alors je n'en avais fait de tel. Il y a au
musée de Dresde un tableau de Claude Lorrain qui figure
au catalogue sous le titre d'Acis et Galathée, je crois; moi
je l'appelais, je ne sais pourquoi, !'A ge d'or. Je l'avais
déjà remarqué depuis longtemps, mais je l'avais revu
encore, en passant, crois ou quatre jours auparavant.
C'est ce tableau que je vis en rêve, non · comme un
tableau pourtant, mais comme une réalité. C'est un
coin de l' Archipel grec: des flots bleus et caressants,
des îles et des rochers, des rivages florissants ; au loin
un panorama enchanteur, l'appel du soleil couchant ...
Les paroles. ne peuvent décrire cela. C'est ici que l' humanité européenne retrouve son berceau ; ici que se
déroulèrent les premières scènes de la mythologie; ce fut
son vert paradis. Ici vécut une belle humanité. Les
hommes se réveillaient et s'endormaient heureux et innocents; les bois retentissaient de leurs gaies chansons; le
surplus de leurs forces abondantes s'épanchait dans
l'amour, dans la joie naïve. Le soleil versait ses ray_ons sur
ces îles et sur la mer, et jouissait de ses beaux enfants.
Vision admirable ! Illusion splendide! Rêve le plus impossible de tous et auquel l'humanité a donné toutes ses
forces, pour lequel elle a tout sacrifié, au nom duquel on
mourut sur la croix, on tua les prophètes, sans lequel

�42

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAlSB

les _peuples .oe voudraient pas vivre, sans lequel ils ne voudraient même pas mourir. Dans mon rêve il me semhla
vivre tant cela; je ne sais pas exactement ce que je vis,
mais les rochers, la mer, les rayons obliques du soleil
couchant - tout cela il me semblait encore le voir quand
je m'éveillai et ouvris les yeux, pour la première fois dema vie, littéralement trempés de farmes. La sensation
d'un bonheur encore inconnu me traversa le cœur; j1en
eus même mal. C'était déjà le soir; à travers la fenêtre de
ma petite chambre, à travers la verdure &lt;les fleurs qui
garnissaie11t la fenêtre, le soleil couchant dardait un faisceau oblique d'ardents rayons et me baignait de lumière .
Je refermai rapidement les yeux, comme pour essayer
d'évoquer encore une fois le rêve disparu, mais soudain je
distinguai, au milieu d'une lumière vive, très vive, une
sorte d'image_et tout à coup je vis très distinctement la
petite araignée rouge . Je la reconnus, immédiatement,
telle que je l'avais contemplée sur la feuille de géranium
tandis que le. soleil couchant déversait ses rayons obliques .
Quelque chose d1aigu pénétra en moi; je me soulevai et
m'assis sur le lit ( voilà exactement comment les choses
passèrent) .
Je vis devant moi (Ob! pas réellement! si seulement
cela avait été une vraie hallucination l), je vis Matriocha.,
amaigrie, les yeux fiévreux, exactement telle -qu'elle était
lorsq1l'elle se tenait sur .le serri.l de ma chambre et, hochant
1a tête, me menaçait -de son petit poing. Et rien jimais ne
me parut si douloureux. Pitoyable désespoir d'un peti t
être impuissant, à l'intelligence encore informe et qui me
menaçait ( de quoi ? que pouvait-il me faire ?) mais qui
certainement n'accusait que lui-même. Jamais jusque-là
rien de semblable ne m'était arrivé. Je restai assis toute la
nuit, sans boug.er, ayant perdu la tiotion du temps. Est-ce
là ce gu'on appelle des remords de conscience, le repentir? Je l'ignorais et ne le sais pas encore aujour&lt;l'hui.
Il se peut que, même encoi::e maintenant, le souvenir

se

LA CONFESSION DE STAVROGUDŒ

4~

de mon action ne me paraisse pas r.épugnant. Il se peut
même que c~ s~uv:nir contienne encore en soi quel~ue chose qm sat1sfait mes passions. Non, ce qui m'est
10Supporta_ble, c'est uniquem.ent cette vision, et justement
sur le seml, avec son petit poing levé et mena-ça.nt· rien
~ue l'as~ect qu'elle avait à cette minute, rien q:e cet
ms_tant, nen gue ce hochement de tête. Voilà ce que je ne
puis supfoner; car depuis lors elle m'apparaît presque
~haque Jou~. Elle n'apparaît pas d'elle-mê::ne, mais je
l évo~ue et re ne peux pas ne pas l'évoquer et je ne peux
pas vivre avec cela. Oh ! si je pouvais la voir une fois
réellement, au moins eu haUucinationJ
J'ai d'autres vieux souvenirs encore, peut-être encore
plus beaux que celui-là. J'ai agi plus mal encore avec une
femme et elle en est morte. J'ai tué- en du l deux bom.mts.
qui ne m'avaient rien fait. J'ai été uoe fois mortellement
offe□-sé et je. ne me suis pas vengé de man ennemi. J'ai
sur l.a conscience un empoisonnement yrémédité et qui
réussit; personne n'en sait den.
(S'.il le fa.ut, je donnerai des précisions), mais pourquoi
donc aucun de ces souvenirs n'éveille-t-il en moi rien de
semblable? Une simple haine peut-être~ d'ailleurs surexcit~,e pa~ ~a situation présente et qu'auparavant j'éau:tais
et ron.bliai.s avec le plus grand sang-froid.
J'errai toute une année après cela, essayant de m'occuper. Je sais _que je peux. encore écarter l'image cle 1a petite
filJe quand Je te vo_u drai. Je suis entièrement maître de ma
vol~nté, comme précédemment. Ma:is toute la question
est Jastemeo~ que je n:ai jamais ,·oulu l.e faire, que dans, le
fond d_e m01:même J:e ne le vemr pas et que je ne Le
voudrai. pas ; Je le sais .tr.ès bien. Cela durera ainsi jusqu'â.
ma ~l~e comp!ète. En Suisse, d ux mois plus tard, je
réussis _a deve111r .amoureux d~une jeune fille, ou plutôt je
ressentis de nouveau un de ces accès de passion, un de
ces élans fous semblables à ceux que j'avais connus dans.
ma première jeunesse. Je me sentis tenté par un nouveau

�44

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.crime, la bigamie (puisque j'étais déjà marié), mais je pris
la fuite sur le conseil d'une autre jeune fille à laquelle je
m'étais presque entièrement confessé. D'ailleurs, ce nouveau crime ne m'aurait nullement délivré de Matriocha.
C'est pourquoi je résolus de faire imprimer ces feuillets et
&lt;le les introduire en Russie au nombre de trois cents
exemplaires. Quand le moment arrivera, je les enverrai à
la police, aux autorités locales; je les ferai parvenir en
même temps aux rédactions de tous les journaux avec
prière de les publier, ainsi qu'à mes nombreuses connais-sances à Pétersbourg, dans toute la Russie. Ils paraîtront
également en traduction à l'étranger. Je sais qu'il est probable que je ne serai pas inquiété par la justice ou qu'en tout
cas je ne le serai que peu sérieusement. Je m'accuse moimême et n'ai pas d'accusateurs. De plus, il n'y a pas de
preuves, ou très peu, en tout cas. Enfin, il y a ceue opinion
très répandue concernant le dérangement de mon cerveau
et il est certain que mes parents feront tous leurs efforts
pour profiter de cette opinion et éteindre ainsi toute pour1:
suite judiciaire dangereuse. J'annonce cela, entre autres
raisons, afin de prouver que je suis en possession de mon
intelligence et que je comprends ma situation. Il y aura
pourtant ceux qui sauront tout et qui me regarderont, et
je les regarderai aussi. Ei plus ils seront, mieux cela
vaudra. Est-ce q-ue cela me soulagera? Je l'ignore. C'est
ma dernière ressource. Encore une fois : si l'on cherche
bien dans les archives de la police de Pétersbourg, on
découvrira peut-être quelque chose. Ces petits bourgeois
sont encore à Pétersbourg, peut-être. On se rappellera
-certainement la maison: elle était bleu pâle. Quant à moi,
je ne m'éloignerai pas et, pendant un an ou deux encore,
ie demeurerai aux Skvoréchniki, propriété de ma mère. Si
.on l'exige, je me présenterai où il faudra.
Nicolaï STAVROGUINE.

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

45

III
La lecture dura près d'une heure. Tikhon lisait lentement et relisait peut-être même certains passaaes. Depuis
l'interruption qu'avait provoquée le feuillet O qu'il avait
retenu, Stavroguine était resté assis, immobile, silencieux,
appuyé au dossier du divan et paraissant attendre. Tikhon
ôta ses lunettes, tarda un instant, puis jeta un regard
indécis sur Stavroguine. Celui-ci tressaillit et d'un mouvement rapide en avant se pencha.
- J'ai oublié de vous prévenir, prononça-t-il d'un ton
brusque et sec, que toutes vos paroles seront vaines ; je ne
modifierai pas mes intentions ; ne perdez pas votre peine
à me dissuader. Je publierai cela.
Il rougit et se tut.
- Vous n'avez pas manqué de m'en prévenir, avant la
lecture.
Il y avait une certaine irritation dans le ton de Tikhon.
Le &lt;&lt; document » avait évidemment produit sur lui une
forte impression. Son sentiment chrétien avait été blessé et
il y avait des moments où il ne pouvait pas se contenir. Je
remarquerai à ce propos que ce n'est pas en vain qu'il
avait acquis la réputation &lt;c de ne pas savoir se conduire
avec le public&gt;&gt; comme disaient de lui les moines. Malgré
tout son esprit de charité, une véritable indignation se fit
entendre dans sa voix.
- Cela ne fait rien, continua Stavroguine d'un ton
co~pant et sans remarquer le changement qui s'était produit c~ez Tikhon. Quelle que soit la force de vos argum~nts Je ne renoncerai pas à mes intentions. Remarquez
qu au moyen de cette phrase habile - ou malhabile,.
comme vous voudrez - je ne songe pas du tout à provoquer_ vos arguments et vos prières. En prononçant ces
derniers mots, il eut un ricannement.

�LA NOUVELT.E XEVUE FRANÇA lSB

Il n'est pas en mon pouvoir de vous réfuter et surtout
de vous demander de renoncer à votre décision. Votre
intention est très noble et il serait impossible de mieux
exprimer une idée véritablement chrétienne. La pénitence
ne peut aller plus loin : ce serait une action admirabJe que
de se punir soi-même, comme vous le projetez, si seule-

ment ...
- Si?
- Si c'était \1éritablement une pénitence) si c'était réeJlement une idée chrétienne.
- Finesse, que tout cela, murmura Sta.vroguine, pensif
et distrait; il se leva et commença _à parcomir la chambre,
sans même remarquer ce qu'il faisait.
- Il me semble que vous avez voulu vous représenter
exprès plus grossier que vous ne l'êtes, que votre cœur ne
désire l'être, fit Tikhon avec plus de franchise.
- Me représenter ? Je ne me &lt;c représentais)&gt; pas et,
surwut, je ne iouais pas:« plus grossier» ? Qu'est-ce que
cela veut dire « plus grossier &gt;l ? - Il rougit de non,·eau et s'en sentie fâché : je sais que c'est nn fait pelit,
insignifiant, misérable, dit-il en indiquant les feuillets,
mais &lt;l a.e sa petitesse même serve à approfondir ... Il
-s'arrêta soudain comme s'il avait honte de continuer et
considérait comme humiliant de se lancer dans des explications; mais en rnême temps il se soumettait douloureusement, encore qn'inconsciemment, à 1a nécessité de rester
pour s'expliquer. Il est à remarquer que pas on mot ne fut
prononcé au sujet de ce qu'il avait dit précédemment quant
à la cobfiscation du second feuillet; ce feuillet paraissait
:rvoir été oa.blié aussi bien par l'un que par l'autre. Stavroguine s'était arrêté près de la table à écrire; il y prit un
petit crucifix en i,·o.rre, conunenç.-i à lt&gt; faire tourner entre
ses doigts et tout à coup le brisa €Il deux. Surpris, il
reviat à .lui et jeta à Tikhon un regard perplexe, mais
soudain sa lè rn supérieure trembla, comme s'il avait reçu
une offense et comme s'il se pré.parait à lancer 110 défi :

LA CONFESSION DE STAVROGUlNE

47

-:- Je supposais que vous me diriez quelque chose de
sérieux. C'est pour cela que je suis venu 7 dit-il à mi-voix.
-eomme s'il tendait toutes ses forces pour se contenir .
jeta les débris du crucifix sur la table.
'
Tikhon baissa rapidement les yeux.
- Ce document exprime directement le besoin d'un
cœur mortellement blessé; est-ce ainsi que je dois Je
comprendre ? dem.inda-t-il a ec insistance et presque
avec ardeur. Oui, c'est le besoin naturel de pénitence • il
s'est e~paré de vous. La souffrance de l'être que v~us
.avez often~ vous ~ frappé à tel point que c'est pour vous
une question de vie ou de mon : il y a donc encore de
l'espoir pour vous et vous suivez maintenant la vraie voie en
vous préparant à accepter devant tous le châtiment de la
home. Vous vo1:5 adressez .au jugement de l'église, bien
que vous ne croyiez pas en l'église.

il

-~st-ce q_~e i,e comprends bien? Mais il semble que vous
~a1ssez déJa. da vanc~ e.t q.ue vous méprisez tous ceux qui
liront ce qm est écnt la; 11 semble que vous leur jetez un
défi.
- Moi ? Je jette un défi ?
- Vous n'avez pas eu honte de confesser votre crime •
pourquoi avez-vous honte de faire pénitence ?
'
- Moi ? J'ai honte ?
vous avez honte et vous avez peur.
- J a1 peur ! Stavrogui11e eut un rire convulsif et de
nouveau sa lèvre supérieure rrembJa.
- Qu'ils me regardent, dites-vous. Mais vous-même,
co~ment les regarderez-vous? Vous attendez déjà leur
hame pour l~ur répondre par une haine plus grande
enc~re. Certains passages de votre confession sont encore
soulignés par votre style. Vous avez l'air d'admirer votre
psychologie et vous profitez des choses les plus insignifiantes pour étonner le Iect-eur par votre insensibilité par
YOtr
.
·
'
D'
e cynisme qw peut-être n'existent même pas en vous.
un autre côté, les mauvaises passions et les habitudes

- ?~i,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

qu'engendre le désœuvrement vous ont en efièt rendu
insensible et bete.
- La bêtise n'est pas un vice, ricana Stavroguine en
pâlissant.
- C'est un vice parfois, continua Tikhon, ardent et inexorable. Blessé à mort par la vision qui se tient sur votre
seuil, vou~ ne semblez pourtant pas voir, dans ce document, en quoi consiste votre crime et de quoi vous devez.
être honteu:x devant les hommes dont vous demandez le
jugement : est-ce de votre insensibilité dans le crime ou ·
de la terreur que vous avez ressentie? A un certain moment
vous vous empressez même d'assurer votre lecteur que le
geste de menace de la fiUette ne vous semblait plus drôle,
mais mortel. Mais est-ce que véritablement il a pu vous
paraître drôle, ne füt-ce qu'un instant ? Oui, il vous a
paru rel, je le certifie.
Tikbon se tut; il parlait comme quelqu'un qui a renoncé
à se contenir.
- Parlez, parlez, le pressa Stavroguine. Vous êtes irrité
et vous me grondez. Cela me plaît de la part d'un moine.
Mais voilà ce que je vous demanderai : il y a déjà dix
mii1utes que nous parlons depuis cela (il montra les feuillets) et bien que vous m'injuriez, je ne vois en vous aucun
signe spécial de dégoût, de hontt ... vous n'êtes pas dégoûté
et vous parlez avec moi comme avec votre égal.
Il ajouta cela en baissant la voix et les mots « comme
ayec votre égal » parurent jaillir de ses lènes sans qu'il
y eût songé. Tikhon le regarda attentivement.
- Vous m'étonnez, dit-il après un silence, car vos
paroles sont sincères, je le vois, et dans ce cas ... c'est moi
qu i suis coupable vis-à-vis de vous. Sachez donc que j'ai
été désagréable avec vous et dédaigneux, mais que dans
votre soif de pénitence, vous ne l'avez même pas remarqué,
bien que vous ayez remarqué mon impatience que vous
avez appelée gronderie. Mais vous vous considérez vousmême comme méritant un mépris infiniment plus pro-

-1-9

LA CONFESSION DE STAVllOGUINE

f?nd et ,vos paroles : « comme avec un égal, ii, bien qu'elles
aient eté prononcées involontairement sont de belles
paroles. Je ne vous le cacherai pas · el1e m'e' pou vante,
cette grande force inutile qui ne cherche à se déployer
d
d
. c .
C
que
ans es 101am1es. e n'est pas en vain qu'on se transforme en étranger : un châtiment poursuit tous ceux qui
se détachent du sol natal : l'ennui et l'oisiveté les assaillent même s'ils recherchent l'action. Mais le christianisme
ad_met la responsabilité, quel que soit le milieu où l'on vit.
Dieu ne vous a pas privé d'intelligence ; réfléchissez
vous:°:ême : si vous pouvez vous poser la question :
« sms-J~ ou non responsable de mes actes ? » c'est donc
~écessa1rement qu~ vous ~tes responsable. Il est imposs1bl_e que la tentat10n ne s mtr-0duise pas dans le monde
mais, malheur à celui par qui elle s'introduit. D'ailleurs'
~n ce qui concer~e vo~re... faute, beaucoup agissen~
..omrne vous avez fait, mats continuent à vivre dans la paix
et le calme, e~ vo~t jusqu'à considérer ces fautes de jeune~~e ~omme mév1tables. Il y a des vieillards qui exhalent
déJa 1odeur du tombeau, mais qui pèch&lt;mt et qui se
consolent avec enjouement. Le monde est rempli de ces
horreurs. Vous, au moins, vous en avez ressenti toute la
profondeur; à un tel degré c'est extrêmement rare
- N'allez-vous ~as vous_ mettre à me respect~r après
la lecture de ces femllets ? ncana Stavrognine. Vous ... respectable père Tikhon, - je l'ai déjà entendu dire pa~ les
a~tres - vous ne sauriez faire un bon directeur de consc~ence, continua-t-il avec un sourire forcé. On vous critique beaucoup ici. On dit que dès que vous découvrez
dans le pécheur quelque humilité, quelque sincérité vous
:ombez im~é~iatement
admiration, vous êtes ~rêt à
ous repentir, a vous hum1her et à vous précipiter au-devant
.de votre ... pénitent.
--. Je ne répondrai pas directement à cela mais il est
cert~m que je ne sais pas m'adresser aux ho1~mes. Ce fut
touiours mon .grand défaut, soupira Tikbon, et avce une

~1:

4

�jO

LA NOUVELLE. REVUE FRANÇAfSE

simµlicjté telle que Sta.vrogui~-e le regarda en souriant.
Qu~nt à cela - e~ il regarda les feuillets- - il ne peut y
avoir à. c,oup siir de crime plus atJ.Toce, plus terrible que
celui que vous avez commrs.
, - Cessons de le mesmer à l'archine, dit après un silence
Stavroguine non sans un_ certain dépit dans ]a \toix. Ma
souffrance n'est peut--ê!r~ pas aussi grande que je l'ai
"1tkrite ici ; il se peut aussi que je me sois trop chargé,
c.ondnt-il soudain. ·
Tikhon ne dit rie11. Stavrowiine, la tête baissé:&gt;, plongé
dans sa méditatio~, marchait de long en large.
- Et ce-tre jeune pefsonne, demanda tout à coup
Ti-khon, avec laquelle vous avez rompu en Suisse où est.elle mainten:rnt ?

- lei.
Il y eut un nouveau silence.
- Il se peut que je vous ai~ menti sur man compte,
i;épéta en insistant Stavroguin~. Je ne. sais· pas bien
moi-même.... D'ailleurs,. je. provoque les gens par PimpudQnce de rµa confession; puisque vous a.vez remarqué
ma. provocati.on: C'est ce qu'il faut. lis ro.étitent bien ça.
- C'est.,-à~dire qu'il vous est plus facile de les haïrr que
d'accepter leur pitié.
- Vous avez rais.on,.-j.e . n'ai pas l'habitude d'être franc,
mais puisque j'ai comrnen.ré ... avec vous~ scachez que je les
méprise tout autant que moi-même, tout autant, si _ce n'est
pas plus, i.m.finiment plus. Aucun d'eux n.e p.el1t être mon
j-uge ... J'ai écrit ces bêtises, pat"ce que cela m'est" venu à
l'esprit, par cynisme ... Il se peut même que j'aie simplement menti, dauS' une minute de fa.n.atisme. - Il S:intertompit soudain, irrité, et de nouveau routit d'avoir p:rrlé
contre' son gré. Il s'approcha. de la :ra.Me en roumant le dos
à Tikhon et saisit de nouveau un fragment du crucifix
brisé.
- ;Réponde;i; à m-a ques:rion, mais sinc.èretneu.t, à moi
seul, ou bien comme si v_a_us vous parliez à vous.-rnême,

LA CO.."\lFESSlON DE STAVROG-UINE

la nuit. Si quelqu'un vous pardonnait cela (il indiqua les
feuillets) mm pas un de œux que vous resp€ctez ou que
vous craignez, mais un inconnu, un homme que v-0us
ne connaîtriez j:amais, qui: vous pardonnerait silencieusement en lui-même, en lisant votre- confession, cette pensée
vous apaiserait-elle ou bien vous serait-elle indifférente·?
Si c'est trop pénible pour votre amour--propre, ne me
répondez pas, mais pensez en vous-même.
- Cela m'apaiseràit, répondit Stavroguine à mi-:voix.
Si vous me pardonniez, cela me ferait beat1coup de bien,
ajouu-t-il très vit€ et presque dans un murmure, sans toutefois se détoumér de la table,
- Mais à condition que vous me pardonniez également .
- Quoi donc ? Ah oui, c'est votre· formule monastique.
Triste humilité ! Vous savez, toutes vos anciennes formules monastiques ne sont pas élégantes du tout. Mais vous,
vous. vous imaginez qu'elles sont très bdles. - Il éclata d'un
rire irrité.'- Je ne sais vraiment pas pourquoi je suis ici;
ajouta-t-il soudain en se retournant. Ah oui, j'ai brisé ...
Dites, cela coûte bien vingt-cinq roubles ?
- Ne vous inquiétez pas de cela, dit Tikhon.
- Ou bien cinquante ? P@urquoi donc ne dois-je pas
m'en inquiéter ? Pour quelle raison viendrais-je &lt;::asser
vos objets et pourquoi donc me pardonneriez-vous ce
d:.égât? Tenez, voità cinquante roubles. - Il tira l'argent
de sa poche et le déposa s.ur la table. - Si vous ne voulez
pas les prendre pour vous, prenez-les pour les pauvres,
pour l'église ... - Il s'·excitaiit de plus en plus. - Ecoutez,
je vous dirai toute la vérité : je veu..-.: que vous me· pardonniez et un autre avec vous et un tr-0isièrne, mais que
tous, que tous me haïssent.
- Seriez-vous capable de supporter en toute humilité
la pi.tié générale ~
- Non, je ne le pourrais- pas. Je ne veux pas de la
pitié de tous. D?ailleurs, c'est une question sérieuse ; elle
ne peut exister cette pitié. Ecoutez, je ne . veux pas

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

attendre, je publierai certainement ... N'essayez pas de me
~onvaincre ... Je ne peux pas attendre, je ne peux pas. Il était hors de lui.
- J'ai peur pour vous, dit presque timidement Tikhon.
- Vous avez peur que je n'y résiste pas ? Que je ne
puisse supporter leur haine ?
- Non pas seulement leur haine.
- Quoi donc encore ?
- Leur.... rire. Il prononça ces paroles tout bas,
comme malgré lui.
Le malheureux n'avait pu se contenir et cornmença à
parler de ce qu'il eùt mieux valu taire : il savait bien
d'ailleurs qu'il e-C1t mieux valu le taire. Stavroguine se
troubla, l'anxiété se .refléta sur son visage.
- .Je le pressentais. Donc je vou,s suis apparu comme
un personnage comique pendant que yous lisiez mon
«document». Ne vous inquiétez pas, ne vous troublez
pas. Je m'y attendais.
Tikhon, en effet, était confus ; il essaya de s'expliquer
au plus vite, mais il ne fit que gâter encore plus les
choses.
- Pour accomplir de telles actions le calme moral est
indispensable ; dans la souffrance même il faut conserver
une haute sérénité ... Or, de nos jours, la sérénité morale
est absente. Partout _ce ne sont que discussions et disputes.
Les hommes ne se comprennent pas plus entre eux, qu'au
temps de la tour de Babel.
- C'est très ennuyeux tout cela ! Je le sais. On l'a
répété mille fois déjà, interrompit Stavroguine.
- D'ailleuts, vous n'atteindrez pas votre but, continua
Tikhon, passant directement à la question. Juridiquement,
vous êtes à peu près inattaquable. C'est ce qu'on vous fera
tout d'abord remarquer en vous raillant. Ensuite beaucoup
se montreront perplexes : qui comprendra les véritables
motifa de votre confe&amp;sion ? On fera exprès de ne pas les
comprendr·e, car on craint ce genre d'exploits ; on l'accueille

LA CON.FESSION DE STAV}l_C'GUINE

53

avec terreur, on le déteste et on s'en venge; le monde
aime sa boue et ne veut pas qu'on l'agite. C'est pourquoi
il tournera au plus vite l'affaire en plaisanterie ; car c'est
avec des plaisanteries que ces gens-là viennent le plus
facilement à bout de ces choses.
- Parlez plus nettement. Dites tout, le pressait Stavroguine.
- Au début, certainement, ils exprimeront leur
horreur, mais elle sera plutôt feinte que sincère et n'aura
pour but que de satifaire les convenances.. Je ne parle pas
des âmes pures : celles-là seront horrifiées, mais elles s'accuseront et se tairont et ne se feront donc pas remarquer.
Les autres, les gens du monde, ne craignent que ce qui
menace directement leurs intérêts. Le premier étonnement, la première terreur conventionnelle passés, ceux-là
justement riront. Votre folie leur paraîtra très curieuse ;
car ils vous considéreront comme un peu fou, tout
en vous accordant suffis;imment de responsabilité pour
pouvoir rire de vous. Supporterez-vous cela? Votre cœur
ne s'imprégnera+il pas d'une haine telle qu'elle vous
détruira? Voilà ce que je crains.
- Eh bien ... et VOU$ ... et vous-même ... je m'étonne
que vous ayez une si mauvaise opinfon des hommes ;
avec quel dégoût vous les jugez ! répliqua Stavroguine
quelque peu agacé.
- Croyez-voûs ! s'exclama Tikhon, en parlant ams1
des hommes, je les jugeais surtout d'après moi-même.
- Y aurait-il donc en votre âme quelque chose qui se
délecterait de ma souffrance.
- Qui sait ? peut-être bien. Eh ! oui, il se peut fort.
- Assez ! Dites-moi donc en quoi mon attitude vous
paraît ridicule dans ce récit. Je le sais moi~même, mais je
veux que vous me l'indiquiez du doigt. Dites-le-moi cyniquement, avec toute la sincérité dont vous êtes capable. Je
vous le répète une fois de plus : vous êtes un grand original.

�LA NOUVI'.~LE REVUE F.RANÇAISE

54

- Il y a quelque .chose de ridicule jusque dans la forme
même de la pénitence admir.able qne vous vous imposez.
Oh, ne doutez pas de votre victoite, ~''écria+il, soudain
presque .:en extase. Gette- forme même vaincra _(il -â ésigna
les feuillets), si seulement vous .acceptez en toute sincér.it-é
las -souff)ets et les .cr;ichats. La croix la plus ignominieuse
finit toujours par aboutir à la plus haute gloire, à la puissance, lorsq-1.1e l'humilité est sincère. Il se peut même
que vous soyez consolé dès cette vie.
. - Ce n'.est donc qu-e d~ns la forme .q_ue vous entre·
voyez quelqn.e chose de ridiml.è., insista.- Stavroguine.
- Et dans le fond aussi. 'C'estla laideurqui tuera, murmura Tikhon en baissant les yeux.
- La laideur ! Quelle laideur ?
- La laideur du crime. Il y a des -erimes•véritablement
laids. En général, quel que soit le crime, plus il y a -de
sang, plus il a d'horreur, plus grand-est l'effet, plus il est
pittoresque, pourrait-on dire. Mais -il y a des -c rimes honteux, ignominieux, à quoi l'horreur même ne peut s'attacher, qui sont par trop inélégants ...
Tikhon n'acheva pas.
- C'est-à-dire, dit Stavroguine, très agi~, que vous
trouv:ez ridicule mon attitude lorsque ie baisais les mains
d'une petite souillon ... Je vous comprends tr.ès bien, et
vous craignez pour moi, parce que c'est laid, vilain, nofi,
pas wilain, mais honteux, ridicule. Et vous croyez 11ue c'est
cela justement que je ne pourrai ,supporter.
Tickhon se taisait.
Je comprends maintena11.t püurquoi vous m'avez
demandé si la demoiselle de Suisse était ici.
- Vous n'êtes pas préparé, vous n'êtes pas suffisamment bien trempé, murmura timidement Tikhon, les yeux
baissés.. Vous vous êtes détaché-du sol, vous n'avez pas la
foi.
.
- Ecovtez, père T.ikhon, je v.eux obtenir mon propre
pardon, et c'est là mon but principal, mon but unique,

y

LA CONFESSION DE STA VROGUINE"

55

déclara tout à coup Stavroguine avec un :ei1thousiasme
sauvage-. C'est alors seulement, je le sâis, que la vision disparaîtra. Voilà pourquoi j'aspire _à une souffrance déme•·
suré:, je. la rec_he~che moi-même. Ne m'effrayez donc pas
ou bien ie périrai de rage.
·
Cet élan fut si subit que Tîkhon se leva.
- fü vous croyez que vous pouvez vous pardonnervous-même et -que vous obtiendrez votre pardon en ce ··
monde pat la soûffrance, si vous vous posez cette fin en·
toute sincérité, oh ! alors vous croyez complètement, s'écria
avec joie Tikhon . Comme-1it donc avez-vous pu_dire que
vous Hé croyiez pas en Dieu ?
Stavroguine ne rèpôndît pas.
- Dîeu vous pardonneta votre manque de foi, car vous
vénérez le Saint-Esprit sa ns 1e connaÎtre.
- A propos, et le Christ, me µardonnera-t-il? demanda
brusquement Stavroguine sur un tout autre ton et avecun
sourire ambigu. Et dans le ton &lt;le cette question il y avait
une légète nuance d'irenie.
- Il est écrit dans le livre : « Si vous sédtrisez un de
ces enfants ... » Vous vous rappelez. D'après l'Evangile il
n'y a pas de plus grand crime.
·
- Vous avez fout simplement un:e peur affreuse du
scandale, père Tikhon, et :7ous me t.endez tm piège, prononça Stavroguine d'une voix nonchalante et p1teuse et
sur un ton de dépit. - 11 parut vouloir se lever. - Pô'ur tant
dire, il faudrait pour vous que je fasse une fin, que-je me
marie même peut-être, que je termine mes jours membre
du dub et qu'à cbaque fête je vienne au com~ent. En voilà
une pénitence ! N'est-ce &lt;pas vrai? D'ailleurs, en votre
qualité de connaisseur du cœur humain il ·se 1;eut que vous
prévoyiez déjà que c'est justement ainsi que les cho-ses.
vont se passer ,et qu'il ne s'agit que de ·me prier instamme~t, afin de .sauver les apparences, car au fond je nè
désire que cela, n'est-ce pas vrai ?
Un sourire tordit sa bou~he.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Non, il ne s'agit pas de cette pénitence ; je vous en
prépare une autre, continua avec chaleur Tikhon sans prêter nulle attention au rire et aux remarques de Stavroguine.
- Je connais un vieillard, il n'est pas ici, mais non loin
de chez nous. Un ermite, un ascète d'une sagesse chrétienne telle que ni vous, ni moi ne pourrions la concevoir. Il écoutera ma prière ; je lui raconterai toute votre
histoire. Allez auprès de lui, soumettez-vous à son autorité
pendant cinq ou sept ans, le temps que vous-même jugerez
plus tard nécessaire. Imposez-vous cette pénitence et grâce
à ce grand sacrifice vous obtiendrez tout ce dont vous avez
soif et ce que vous n'espérez même pas; car vous ne pouvez
même pas concevoir maintenant ce que vous acquerrez.
Stavroguine l'écouta très sérieusement.
- Vous me proposez de prononcer les vœux monastiques dans ce couvent.
- Vous n'avez pas besoin d'entrer au couvent ; il ne
faut pas prononcer de vœux ; ne soyez qu'un novice, et en
secret ; vous pouvez même continuer à vivre dans le
monde.
- Laissez, père Tikhon., interrompit Stavroguine avec
une expression de répugnance. Il se leva ; Tikhon aussi.
- Qu'avez-vous, s'écria-t-il tout à coup, fixant presque
avec terreur Tikhon. Celui-ci était debout devant lui, les
bras tendus en avant ; une convulsion rapide contracta
son visage horrifié.
- Qu'avez-vous? qu'avez-vous ? répétait Stavroguine
s'élançant vers lui pour le soutenir. Il lui sembla que le
prêtre allait tomber.
- Je vois ... je vois clairt!ment, s'écria Tikhon d'une
voix pénétraµte et qui exprimait une souffrance intense,
je vois que jamais, malheureux jeune homme, vous n'avez
été aussi près d'un nouveau crime, encore plus atroce que
l'autre.
- Calmez-vous, insista Stav:roguine très inquiet pour

LA CONFESSION DE STAVROGUINE

57

Tikhon. Il se peut que je remette finalement tout à plus
tard ; vous avez raison.
- Non, non pas après la publication, mais avant cela,
un jour avant, une heure avant cette action admirable, vous
chercherez une issue dans un nouveau crime et vocs ne
l'accomplirez que pour éviter la publication de ces feuillets.
Stavrbguine trembla de colère et aussi de peur.
- Maudit psychologue, s'écria-t-il pris de rage, et sans
se retourner il quitta la chambre.
·
FIN

Traduction

BORIS DE SCHLOEZER

DOSTOÏEVSKI

�t'JifllXlONS SUR LA LITTÉRATURE

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

L'AFFAIRE UBU
Il y a une affaire Ubu dont, lorsque mes pages paraîtront,
mon voisin Maurice Boissard aura peut-être parlé ici depuis un
mois, car un tas de raisons, topographiques et typographiques,
font que mes réflexions, comme les rayons des étoiles lointaines, ne parviennent aux populaticns que six ou huit semaines après avoir été émises' . Si j'en crois les fe uilles qui m'arri-•
vent, certes les neiges et les glaces gui entourent le poële
hyperhoréen où j'écris ne sauraient me donner qu'une faible
idée du fro id glacial où gelèrent devant le pu blic tant de paroles auxquelles nous faisions depuis un quart de siècle un sort
illustre. On avaiJ pu voir à Washington le mot familier à
M. Viviani tomber dans le cadre d'un Waterloo authentique :
celui du Père Ubu, sur ses si x. pattes, ne lui céda en rien. Si j'en
.crois M. Vandérem, ce Waterloo eut même son Wellington et
son Blücher, se saluant mutuellement vainqueurs dans les cou•
loirs du théâtre. Un Bougre las de la critique, qui avait mi lité
contre la gidouille, et dont la plum'! s'était croisée avec le croc
à merdre, recevait d'un air modeste les félicitations, et les :
Cest votre jou:née !
Convenons d'ailleurs qu'en 1922 aussi bien qu'en 1896 on
peut juger discutable l'idée de mettre Ubu sur un vrai théâtre.
Le théâtre des Pbynances était un théâtre dè marionnettes. Et
je sais bien que si j'avais été à Paris je ne me serais pas dérangé
I. Cette fois c'est trois mois, et entre-temps Boissard, sur Ubu, a
passé la main à un Jamulus.

59

pour voir des gens Je chair et d'os traîner tout cela devant des
,espaliers de fracs et de peaux. C'est une des manies les plus
ridicules de notre théâtrocratie et de notre cabotinisme
,que de vouloir enfourn1tr bon gré malgré dans la gueule
.ouverte de la scène tout ce qui parait, à la lecture, beau,
intéressant ou curieux. Il y eut autrefois un « théâtre d'art» où
l'on essaya de susciter l'enthousiasme d'une foule en ~ jouant &gt;J
1e Cantique des Canliqms agrémenté de parfums que répar1daient
-des vaporisateurs . Ubu Roi est à peu près à sa place sur les planches comme le Cantique des Cantiques. 11 ne faut pas confondr.e
le vrai théâtre, et ce qu'on pourrait appeler le parathéâtre, ce qui
est à côté, en dehors, à l'imitation du théâtre, la littérature qui
emprunte au théâtre un extrait de mouvement, comme la poé,;ic emprunte à la musique un extrait de mélodie et d'harmonie.
Mais le monde des mentons bleus, et son innombrable. succur:iale parisienne, ont une tendance à croire que toute littérature,
,et singulièrement toute littérature dialoguée, trouve Je couronnement de son effort et la plénitude de son être dans des
ouvreuses, un lustre et les feuilletons du lundi.
L'accueil fait à Ubu n'aurait ,aucune -importance, s'il ne s'int ercalait dans une histoire savoureuse dont j'essayerai de rétablir, du moins parfragments,Ja chronique. Le Wellington qui,
'Selon M. Vandérern, étalait son plastron de chemise comme le
miroir d~ l'éternelle raison, us-urpait peut-être quelque peu la
q1J.alité de vainqueur. Le véritable vainqueur était l'auteur des
Sources d!Ubu Roi, M. Cba_rles Chassé. M. Chassé, ay ant révélé
qu'Ubu aYait été écrit tout entier par un collégien de guator~
ans, puis l!bandonné par son auteur lui-même honteu x d'avBir
·p erpétré ul)e telle ânerie, ,enfin ni.massé par Jarry da11S les hissés
pour compte d'une classe de provini:;e, et proposé depuis longtemps par des critiques, des hommes de lettres, des poètes (tout
le bloc symboliste en particuiier) aux admirations comme une
énorme œuvre esotérique où il y aurait tout, les journalistes et
le public se sont crus mystifiés, et se sont mis à crier : Ça ne
prend pas l ou : Ça ne prend plus ! Les Pari-siens, dit Albert
-Sorel, pardonnent tout, sauf de n'être pas pris -au sérieux . En
vérité le père Ubu prophétisait lorsqu'il s'écriait du haut du cheval à phynances : « Je vais tomber et ~trc mort ! x,
Et la révélation qui a ulcéré d'hu1.niliation les Parisiens et

�60
'

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gelé toute une salle n'est point une imposture. Il y a eu des
protestations venues des amis de Jarry. Je fus moi-même de ces
amis, mais magis amica veritas. Le livre de M. Chassé, et surtout
l'article qu'il a publié postérieurement dans le Figaro, la lettre
de M. Charles Morin écrite en 1896, me paraissent tout à fait
probantes. Il est établi désormais qu'Ubu Roi est l'œuvre écrite
à quatorze ans par M. Charles Morin, plus tard élève de l'Ecole
Polytechnique, et aujourd'hui colonel d'artillerie. Et après ?
Qu'est-ce que cela enlève à Ubu ? Pour moi qui sais Ubu par
cœur, qui ai coutume de (( parler Ubu » avec de nombreuses
personnes, une telle révélation ne fait qu'ajouter à cette forte
cr4ation un être nouveau, une solidité de renfort, une racine de
plus dans les terrains du génie.
Car si c'est un fait infiniment probable que le jeune Charles
Morin a écrit Ubu, c'est un fait absolument certain qu' Ubu s'est
imposé comme une obsession, comme un état de joie intérieure à des milliers d'individus. Vous me direz que chaque saison quelque chanson venue d'on ne sait où, Poupou.le ou Madelon, impose de même son obsession à des millions d'hommes.
Mais il y a cette différence que la chanson du jour n'est qu'une
chanson, un Au clair de la lune ou un j'ai du bon tabac momentané, tandis qu' Ubu s'est bien étalé comme une réalité littéraire,
comme une fabrique de personnages et de mots, ainsi que Don
Quichotte ou Joseph Prudhomme. Et, à la différence de Don
Quichotte ou de Prudhomme, il ne s'est nullement étendu à des
milieux populaires, ni même à des milieux d'honnêtes gens. Il
est demeuré confiné dans un monde de gens relativement cultivés, monde de littérateurs et de journalistes (l'an dernier un
rédacteur de l'Action ji-ançaise recrutait des caricaturistes pour un
journal satirique projeté sous ce titre : le Pfr( Ubu) d'officiers et
particulièrement de polytechniciens (M. Thérive nous apprend
que, le livre étant alors épuisé, le G. Q, G. en fit pendant
la guerre dactylographier des exemplaires pour son usage.
Nous avons touché dans les compagnies des dactylographies
plus inutiles émanées du même G. Q. G.), d'officiers de
marine ( ce corps, véritable conservatoire du prestige ubique,
en a diffusé la gloire sur toutes les mers. M. Charles Chassé est
d'ailleurs professeur à l'Ecole Navale, et .il a médité ses Sources
dans un milieu nourri de côtes de rastron et de choux-fleurs

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

6r

accommodés grossièrement). Tout cela forme un public autrement étoffé, solide, substantiel que les numéros de vestiaire
d'une salle de première en 1922. Comment se fait-il que l'œuvre inspirée à un petit collégien de Rennes par la silhouette, la
corpulepce et le chapeau Cronstadt du professeur H ... ait
occupé tant de fortes positions militaires et civiles, et qu'elle les
occupe encore, nullement délogée par les révélations de
M. Chassé?
N'est-ce pas d'abord, et précisément parce quec'est uneœuvre
enfantine? Cela d'ailleurs on le savait. Il était entendu que le
prototype du Père Ubu était le père Ebé, soit le professeur H ... ,
et qu'Ubu provenait, avec d'autres pièces ubiq_ues, d'une collaboration écolière dans la troisième du lyc-ée de Rennes. Seulement on croyait que l'auteur principal était Jarry. On sait
maintenant que c'est Charles Morin. Et ni Jarry ni Charles
Morin n'auraient écrit cela à dix-huit ou vingt ans. Ubu est
marqué au coin du génie enfantin, comme ces dessins d'écoliers dont on fait parfois des expositions. Il y en a de fort amusants, de très vivants, surtout ceux des fillette~. Mais demandez
dix ans plus tard à Germaine devenue dactylographe, ou à Jean,
devenu coiffeur, de vous faire des dessins comme ceux qu'ils
vous faisaient lorsqu'ils étaient à l'école. Ou ils ne sauront plus,
ou ils vous fabriqueront Jes machines insipides. Même quand
M. Morin s'efforce de restituer pour M. Cba?sé, dan s les S011rces d'Ubu-Roi, quelques narrations ubiques, on devine à travers
cette version tardive la fraîcheur de l'original à peu près comme
on devine un texte à travers une traduction. Villemessant prétendait que chaque homme a un article dans le ventre, et il se
faisait fort de tirer l'article du premier ramoneur qui eût passé
dans la rue. Il y a pareillement un artiste dans tout enfant, et
un enfant subsiste dans chaque artiste. Mais dans ce dernier cas
l'artiste peut fort bien ne pas ressembler à l'enfant, ou plutôt il
est un nouvel enfant qui en vertu d'une force imprévisible de
création succède au premier. M. Chassé remarque qu'Ubu ne
ressemble à aucune des autres œuvres de Jarry, et qu'on pouvait être mis par là sur la piste d'une usurpation. Mais cette différence, qui est réelle, s'expliquait fort bien par la différence des
deux âges : Ubu écrit à quatorze ans et Hadem ablou écrit à
vingt-deux ans ne pouvaient guère se ressembler. Morin ou

�62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Jarry, l'œuvre ne pouvait sortir que d'un cerveau d'enfant.
Et il y a cet autre fait, que sans Jarry nous ne connaîtrions.
pas Ubu, et si nous connaissons Ubu, si Ubu est devenu une;
œuvre d'art, et une œuvre célèbre, èest que parmi les metteurs
en scène de l'Ubu rennais, pendant que les autres choisissaient
la vie de polytechnicien, de conservateur des hypothèques ou
de marchand de bois, il y en avait un qui choisissait-la vie d'artiste. Si Jarry n'a pas écrit Ubu, il l'a découvert comme critiquer il l'a « inventé » au sens ancien, presque au sens légal, et
l'ayant introduit dansle monde littéraire il lui adonné, commeAmeric Vespuce, son nom. Le nom de Jarry est lié à Ubu comme
le nom de M. Kenyon à la Constitution d'Atbenes ou celui de
M. Lefèvre aux pièces retrouvées de Ménandre. Avec cette différence que cette fois l' Aristote et le Ménandre avaient consenti à
s'effacer et avaientcédé leur œuvre en bonne et due forme. « Pourquoi, dit M. Morin à M. Chassé, et de quel droit aurions-nous.
voulu priver Jarry d'un élément de succès possible au début de
sa carrière littéraire ? ... Enfin, ce qui clôt toute discussion à ce
sujet, c'est que j'ai autorisé Jarry à faire jouer la pièce et à tirer
des Polonais tout ce que bon lui semblerait. A ses risques et
périls naturellement, - car, connaissant mal le public auquel il
s'adressait, j'étais persuadé qu'il allait au-devant d'une avalanche
de pommes cuites. » Tout cela fit une destinée bien amusante.
Des sept ou huit volumes qu'écrivit Jarry, et dont on pourrait
extraire, en les présentant dans un commentaire biographique, des Pages choisies remarquables, seul lui apporta la
gloire le livre qu'il n'avait pas écrit. Et Jarry avait certainement
quelque chose dans le ventre. Il se tira d'ailleurs assez logiquement de cette situation bizarre. Il en noya l'illogisme apparent
dans l'illogisme réel de la boisson. Et puisqu'on le rejetait de
toutes parts dans la peau d'Ubu, il fut Ubu. Il en ~ontracta l'habitude, le parler, l'humeur et l'humour. Ce fut la revanche du
professeur H .. . Celui-ci, à Rennes, eût pu, prophétisant, dire à
Jarry : « Le Père Ebé ce sera toi. Que dis-je ! l'Ueber-Ebé,
l'Ubu. » Ce mimétisme n'est pas d'ailleurs sans précédents.
Henry Monnier était devenu Joseph Prudhomme « s'habillait
cot}'lme lui, parlait comme lui» - en partie d'ailleurs parce qu'il
l'av:iit créé d'après lui. Qu'est-ce que le président Dimanche
sinon Chesterton? Et l'ayant fait d'après lui, il est probable

tu\:FLEXIONS SUR LA LITTERATURE

qu'il se conforme invinciblement au personnage- qu'il a créé.
Jarry a été littéralement décervelé par le Père Ubu, c'est-à-dfre
que le Père Ubu iui a mis dans la tête son propre cerveau. Et ce
décervelage a eu des suites, il continue. « L'ubuisme, dit
M. Chassé, est eacore pour certains une sorte de religion. On
m'affirme qu'à Paris il-existe trois ou quatre Père Ubu, parlant
comme Ubu, s'habillant comme lui et s'efforçant de penser à sa
manière. » Le vrai théâtre, les vrais acteurs d'Ubu les voil-à, et
non pas les décors, le-lustre et le public qui gelèrent dans cette
lugubre soirée. Ce rôle qui devient une véritable incarnation, et
qui dure une vie, cela nous transporte aux origines mêmes du
théâtre, nous fait épouser le courant même de l'ivTesse diony~
siaque. Un critique dramatique, s'il n'est pas abruti par le
métier, devra remercier le ciel de lui ayoir mis sous les yeux ce
cas privilégié.
Cas privilégié qui n'est pas un cas uaique. J'ai toujours été
frappé par la ressemblance singulière du Père Ubu avec le Garçon de Flaubert. Comme Ubu, le Garçon est né de cerveacrX:
d'enfants ; il a été produit à Rouen sur le théâtre du Bilfard
comme Ubu sur le théâtre des Phynances. Le Garçon et Ubu
sont des types de bêtise én-orme, mais aussi et surtout de bêtise
consciente, d'égoïsme et de scélératesse avoués, qui arrivent à
se confondre avec la réussite d'une interiigence débrouillarde,
et qui finissent par coïncider avec l'épanouissement d'un triomphe, avec ce surhomme imaginaire que projette si facilement
comme son image renversée le sous-homme enfantin . Le Garçon et Ubu c'est.Guignol. Notre meilleur document sur le Garçon, nous le trouvons dans une page du Journal des Goncourt
ou Flaubert caractérise très clairement le personnage, et
Jules de Goncourt, qui tient ici la plume, l'appelle fort
pertinemment une plaisanterie de provincial. Le Garçon et Ubu
ne peuvent naître en effet que chez des enfants de province, qui
gardent plus longtemps et plus sa.voureusement leur fraicheur,
et qui ont sous les yeux, dans le mécan isme lent de la vie routinière, une image plus étoffée de l'automatisme et des ridîeules
humains. On ne voit guère Vbu apparaissant chez les jeunes
juifs de Condorcet, ou à Henri IV chez les fils de profs sfe la
rue. Claude-Berna-rd. Par1s a pu faire la gloire d'Ubu., il n'aurait pu faire Ubu. Ains-i Guignol est de Lyon : ce qui est de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Paris c'est la critique de Guignol, ce sont les réflexions sur
Guignol ; c'est la philosophie de Guignol, autrement dit l'impossibilité de créer Guignol. Rien que ce mot de Garçon est un
mot de province (M. Beaunier s'efforce en vain d'en acclimater
à Paris toute l'ampleur). Il y a quelques mois, quand mes conférences sur Flaubert paraissaient dans la Revue Hebdomadaire, un
camarade normand m'écrivait : « Il y a toutefois un mot qui
revient dans tes conférences, et qui a pour nous un son dont
nul ne se doute s'il n'a Yécu dès sa plus tendre enfance en
Normandie : c'est ce substantif garçon élevé à la hauteur d'un
nom propre et devenu un personnage dont tu as si heureusement fait ressortir la valeur. Quand un gars normand a dit à
quelqu'un : Eh bien ! garçon ... Ah ! oui, garçon ... Pour sûr,
garçon, etc .. , etc ... il a exprimé tour à tour tous les sentiments
de son âme. Je ne doute pas que le personnage du Garçon n'ait
été rien de plus au début qu'un mot, extrait petit à petit de la
cohorte des mots de tous les jours, sorti d:u rang par un phénomène psychologique d'attention attirée par hasard sur lui, et
petit à petit devenu caporal, capitaine, général_. &gt;l La façon dont
les Rouennais prononçaient le mot garçon (par exemple pour
désigner les enfants du docteur Flaubert) a servi probablement
de noyau au personnage grotesque destiné à as.s umer tout l'automatisme rouennais, provincial, français, humain, et devenu,
après le Garçon, Homais, Bouvard et Pécuchet. Comme la vie
même de Flaubert, sa création d'art a fait boule de neige. Et
.c'est ainsi que nous pouvons définir Ubu : une boule de neige,
une création enfantine, spontanée, indéfinie, et dont le noyau
réel (le professeur H ... ) grossit en ramassant tout sur sa route,
.devient non seulement un roi de Pologne, mais une planète, un
monde.
Les déclarations des frères Morin à M. Chassé ne laissent
aucun doute là-dessus. Le Père Ebé du Théâtre des Phyoances
(transformé génialement par Jarry en Père Ubu) ne garde absolument du professeur H ... que son aspect physique : grosse
bedaine, démarche lente, un de ces visages que Guignol appelle
des têtes en bois de lit, une vaste redingote et un chapeau
simili-Cronstadt. Aucune allusion à un caractère, à une vie
privée, dont les frères Morin déclarent ne s'~tre jamais occupés
.et qu'ils affirment avoir connue dans la suite comme tout à fait

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

honorable. Mais, comme le remarque M. Léon Werth dans soh
dernier livre, le Monde et la Ville, « les enfants n'imaginent pas
que leurs maîtres vivent d'autres heures que les heures de classe».
Ou bien, s'ils sont poètes, ces autres heures ne sont que la page
bla?che co~verte des _plus fantastiques dessins par leur imagination débridée. Précisément parce que ces collégiens ignorent
tout du Père Ebé en_dehors de sa classe, de son trajet quotidien
~ntre son domicile et _le lycée, la boule de neige peut rouler
hb~ement. Ils en font le héros de toutes les aventures possibles,
m~1s aventures toujours déterminées par son physique, par un
poids dt gros homme, par une gidouille puissante, par une
capacité indéfinie d'absorption qui se confond avec la capacité
d'absorption de la légende elle-même
M. Charles Morin a donné là-dessus de précieux renseignements à M. Chassé: « Le P. H. qui ne vit que d'assassinats et
de rapines, habite une espèce de cassine au-dessous de laquelle
soat des caves immenses où il empile ses richesses volées. C'est
la chambre à sous. De temps en temps il est croché par la
police et mis au violon ...
» Le P. H. traîne derrière lui une immense poche ~ssujettie
au moyen dè bretelle~. Il remorque cette poche à travers les
rues et y empile pêle-mêle les fruits de ses déprédations, les
restes déchiquetés de ses victimes et de tous les détritus dont il
fait son ordinaire (vi~ux godillots, chiens crevés et charognes
de toutes sortes).
» Tous les ans, à époque fixe, le P. H. s'offre le régal d'une
tourte composée d'ordures de toute sorte, détritus organ,iques,
merdes, épluchures, etc ... , dans lesquelles on fait mariner
quelque temps des cadavres de petits enfants zigouillés ad hoc .
Cette infamie se passe dans un terrain vague du côté du Faubourg de Nantes où est dressée une immense tourtière ( c'est
tout simplement un gazomètre chapardé à la Compagnie du

Gaz).
» Les rentiers sont les souffre-douleurs du P. H. Ils ne peuvent pas résilier leur état de rentier, pas plus que les Curiales
du Bas-Empire ne pouvaient cesser d'être Curiales. Non content de les piller, le P. H. les soumet à toutes les vexations
dont la moindre est de les décerveler à tort et à travers. Ils sont
accoutrés d'un costume grotesque ( souliers à boucles, bas

�66

LA NOUVELLE REVUE FRA1'tÇA[SE

chinés, habit à la française, chapeau à plumes ~ houlettes a~-ec
rubans de couleur rappelant les bergers de Florian) ; sous peme
de décervelage, ils doivent peser un poids _mrnim~~-. Ils sont
astreints, à de certains jours, à des exercices mif1taires_ avec
maniement de la houlette. ,Leur lâcheté fait -d'eux un ob1et de
risée et de dégoût pour le reste de la population.
.
,., Les 5-alopins jouent un rôle important dans le cycle ubique.
Leur rôle consiste à voler et à tuer pour le compte d~ P • H • et
à faire marcher les appareils ( machine à décerveler, pmce-porc,
etc ... )&gt;)
.
Tout cela c'est le monde fantastique dont la ville de, Rennes
est peuplée par des imaginations d'enfants, et ce n est sans
doute pas d'une façon très différente qu'~u d~but_ du ;ègne_de
Louis-Philippe le petit Flaubert et ses amis aimaient a se figurer les dessous, l'envers de la vie rouennaise. Ce_~. H. descend
plus ou moins de Croquemitaine avec sa hotte ~ici layoche), et
aYec son croc (plus tard le crnc à merd~~) ~111 r~dait naguere
dans les rues de la ville. 11 est naturel qu il alt fim -par ramasser
sur sa route le professeur H ... et l'ait mis dans sa peau ou ~e
soit annexé à la sienne. J'ignore quelle peut être 1~ ~urerpos1tion possible de rentiers et de redontiers (Redon sera~t-11 a Rennes
ce que Beaune est à Dijon ?) Mais ce troup~au stupide ~es rentiers m'a tout l'air d'avoir pour noyau 1 idée d un d~manche
· _ semblable à tous les dimanches de province
renna1s,
. : la
sortie la promenade lente des gens, ce jour-là tous rentiers, et
qui, { Rennes comme à Ro_u~n, doivent, donner~ un enfant s~
première imagination du ridicule, de l automau_que, du ~on
être spirituel. La célèbre valse du Décervelage~ mise en musique
par Claude Terrasse, et dont M. Chassé étabht le texte _authentique d'après le manuscrit original de M. Charl,es ~onn, confirmerait cette hypothèse. C'est le dimanche gu a heu le grand
décervelage, à Thorigné, près de Rennes. Il_ a suffi à Jarry de
remplacer Thorigné par l'Ecbaudé pour faire de cette va~s~,
s s 6 l'hymme du Mercure, chanté, nous apprend le v01sm
ver 1 9 ,
d .
r· é · Je
Boissard, formidablement par toute la ré action su~ imp _na
d'ùn omnibus en marche. Et ce massacre des rentiers était en
effet propre éminemment à soutenir les ardeurs .d'une revue alors
combative. Flaubert l'eût entonné d'enthousiasme.
Le mot et l'idée de décervelage puisent manifestement leur

dFLEXIONS SUR LA LITIERATURE

origine, comme Croquemitaine, non dans le langage des
enfants, mais dans le langage que les grandes personnes
emploient avec les enfants et qui les rend auprès de ceux-ci
plus ridicules qu'elles ne croient. Tête sans cervelle ne se dit
guère que des enfants, et parlant à eux, chez les parents et les
professeurs. -La séparation de la tête et de la cervelle prend dès
lors place parmi les imaginations grotesques en lesquelles les
enfants sont très habiles à résoudre les clichés usûels. De là
naissent le mot eth figure du décervelage. Et le mot créé par
les collégiens de Rennes est entré dans la langue française, à
une date aussi rigoureuse que le mot rescapé ( catastrophe de
Courrières) ou le mot indéJirable (fugue de M. d'Abaddie d'Arrast). Une lettre d' un accusé de la Haute-Cour en 1900, M. Dubuc, lettre qui figura dans le dossier du procès et fut publiée
par les journaux, parlait de décerveler les dreyfusards, ce qui
décelait de grandes ardeurs patriotiques. Ce lecteur d'Ubu fut
&lt;lès lors appelé par la presse de gauche le décerveleur Dubuc.
Et, allant d'Ubu à Dubuc, le mot ne s'y arrêta pas, rri aux. journaux. Il plut a.u goüt excellent de M. Anatole France, qui,
dans M. Bergeret à Paris, l'incorpora au_vocabulaire prêté habituellement par lui aux. jeunes Trublions. Régulièrement composé, fort expressif, il aura place sans doute dans la prochaine
édition du Dictionnaire des OJ,iarante '. Passé dans là langue
én 1900, il marque élégamment toute une époque, cette éclosion d'un esprit politique en des milieux littéraires, salons et
cafés, qui allait donner l'Action Française. Décerveler pour
recerveler, voilà une formule que je proposerais volontiers,
comme exprimant les ambitions conjuguées de MM. Daudet et
Pujo (décervelage) et de MM. Maurras et Bainville (recervelage ). L'heureux avènement de M. Fallières vint à point pour
nous faire vivre, tout un septennat, sous le signe d'Ubu. De
même que Camille et Marius furent appelés le second et le troisième fondateur de Rome, de même Ubu a eu pour deuxième
I. Il a même pris soin d'en composer une définition poµr ces futurs
Quarante. Décerveler est « proprement tirer la cervelle hors la boëte
1:rânienne, où elle gist par ordre et disposition de nature ». Il est vrai
q~e plus loin il lui donne l'acception plus hu:ge d'endommager la tête
d ~n adversaire politique : « Le citoyen Bissolo, que vous connaissez
puisque vous l'avez décervelé à Longchamp. »

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

auteur, après M. Mo,rin, Jarry, et après Jarry, cet ancien chef
de l'Etat. La boule de neige, partie d'une classe du lycée de
Rennes, a passé par ces trois étapes, et ·Je bonhomme s'érige
aujourd'hui, indestructible par tout dégel, sur une de nos.
places publiques.
Comme le P. E. l'exégèse ubique pourrait faire, elle aussi,
boule de neige, et ramasser sur son passage toute la littérature,
- pas moins. Jarry avait donné à la pièce, dans l'édition du
Mercure (je ne connais pas les autres). cette épigraphe : « Adoncques le Père Ubu hocha la poire, et pour cela fut nommé par
les Anglais Shakespeare, dont nous avons nombreuses et belles
comédies. » Voilà qui prend fort bien place dans la critique
française shakespearienne, celle de William Shakespeare et de
Poete Tragique, celle quL fait de Shakespeare non un auteur et
un homme, mais un synonyme ou une incarnation de ridée de
poésie. Notre enfance comporte des douzaines de destinées en
puissance, et dans celle de M. Morin, comme dans celle de tout
le monde, mais peut-être un peu plus, se trouvaient celles de
Shakespeare, de Rabelais, de Flaubert, de bien d'autres. Ce
n'est pas un signalement bien rare que ·Victor Hugo est censé
avoir donné de Rimbaud : Shakespeare enfant. Des Shakespeare enfants il-y en a dans toutes les cours de collèges. Ce qui
est rare ce n'est pas le Shakespeare d'Ubu., c'est celui de Macbeth et de la Tempête. Mais Shakespeare ne fait sur les grands
tréteaux qu'étendre jusqu'aux étoiles le geste élémentaire de
Guignol, du père Ubu qui hoche la poire. Et la vraie critique
dramatique devrait consister à reconnaître ces schèmes moteurs
originels, ces puissances brutes de déformation et de transfor•
mation. Mais trop s'y arrêter, trop les posséder empêche peutêtre d'aller plus loin. L'infériorité de son instinct a sans doute
contribué à pousser l'homme sur la voie de l'intelligence. Paris
n'a pas été capa.bJe de créer un schème dramatique nu, popu•
laire, original : au xvne et au xviu• siècles il a emprunté Arlequin et Polichinelle à l'Italie, au x1xe Guignol à Lyon, au xx 0
Ubu aux collégiens de Rennes. Mais Italiens et Lyonnais,
comme si tout leur effort s'était épuisé dans ces types généraux,
n'ont jamais pu fournir un grand auteur dramatique, et M.
Morin n'a employé sa vie d'homme qu'à servir Mars dans les
emplois de la République. Et Paris, qui a dû emprunter Arle•

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

quin, Guignol et Ubu, a pu donner au monde Molière, Regnard,
Marivaux, Beaumarchais, Musset.
Shakespeare c'est de l'Ubu arrivé. Mais Rabelais aussi c'est
de l'Ubu arrivé, et dont les origines sont fort voisines de celles
d'Ubu. L'exégèse rabelaisienne nous montre aujourd'hui dans
Gargamua et Pantagrnel une boule de neige, qui ramasse toute
l'humanité sur son passage, mais qui puise dans les environs
de Chinon, dans la Devinière et Lerné, les mêmes origines
qu'Ubu dans la classe du P. H ., Rennes et Thorigné. La Guerre
picrocholine figure la boule de neige d'un procès soutenu par
les parents de Rabelais (ce qu'on savait déjà fort bien au xvi•
siècle : Rabelais a eu tout de suite son Charles Chassé) comme
le cycle d'Ubu est la boule de neige d'un chahut scolaire.
L'imagination de Rabelais marche comme celle de ces collégiens. Ce n'est pas seulement par imitation de Rabelais, mais
par sympathie créatrice avec la genèse de l'épopée rabelaisienne
que procède l'auteur d'Ubu. Voyez en un exemple, entre autres,
dans ce qu'on pourrait appeler le gigantisme momentané. Gargantua et sa famille ne sont pas des géants, mais Rabelais
s'amuse, en des accès de bonne humeur, à les faire parfois se
comporter comme des géants, simplement pour rire, comme
on boit un coup, et en les ramenant tout de suite après à leurs
dimensions normales. Telle la poche du P. H., sa tourtière
gazométrique, la voiture à vent que le père Uhu se propose
d'inventer pour transporter toute l'armée. Et, de Rabelais, cette
voiture à vent nous fait passer fort naturellement à une chanson aussi célèbre dans les rangs de la troupe que le Père Ubu
l'~st dans les cadres tant subalternes que supérieurs (je n'ose
dire généraux). Qu'est-ce que le Père Dupanloup? Exactement,
dans l'ordre pbalJique, ce qu'est Je Père Ubu dans l'ordre de la
gidouille. A supposer ( ce qui n'est pas du tout démontré) que
le prototype occasionnel en ait été l'ancien évêque d'Orléans,
les faits et gestes qui lui sont attribués ne se rapportent évidemment pas plus à la personne de ce prélat que ceux du Père Ubu
à la persollDe du professeur H .... Seule a joué sur la pente de
l'imagination la descente de la boule de neige. Le gigantisme
momentané, qui nous donne la poche du P. H. et la voiture à
vent pour une armée entière, est le même que celui qui attribue, lors de la retraite de Russie, un énorme exploit au Père

�70

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dupanloup. Des sables d'Afrique à la Bérésina, ce Karagueuz
militaire parcourt l'Europe, comme le P. H. d'Aragou en Pologne. La boule de neige. Transposez tout cela sur le plan
suprême : vous avez le Satyre. de Victor Hugo.
De Shakespeare, de Rabelais, de Hugo, je reviens à Flaubert et à M. Morin. Entre le Garçon du théâtre du Billard et le
Père Ubu du théâtre des Phynances, il y a cette différence que
le Garçon a évolué en Homais et en Bouvard, tandis que, d'Ebé
à Ubu il n'y a qu'un changement de voyelles, ce qui est peu.
Flaubert pouvait laisser rouler la boule de neige. Et elle a roulé
en effet jusqu'à la première Tentation. Puis il a vu que la boule
de neige, qui est L'art de l'enfance, est aussi l'enfance de l'art.
11 a compris la maturité de l'art comme la présence d'un bloc de
marbre et, à partir de Madame B-ovary, il a attaqué ce bloc, d'où
est sorti Ho mais ( mais la maquette d'Homais fut faite en neige).
Et puisque les farces du Garçon n'ont pas été rédigées, il nous
manquerait un des états intéressants de l'œuvre d'art si nous
n'avions pas Ubu Roi.
Tout dès lors s'est admirablement passé. La destinée d'Ubtt
s'étale devant nous comme une de ces suites magnifiques dont
la courbe imprévue devrait nous .faire sauter de plaisir. Comme
M. Morin a été bien inspiré de laisser à Jarry la 'paternité putative de son œuvrc ! D'abord il en et'lt été gêné dans sa carrière
militaire ; et l'auteur-d' Ubtt eût été regardé d'un œil torve par
la direction de fartillerie. Mais surtout Jarry senl, type extraordinaire, était capable de porter Ubu dans le monde littéraire et
autre, d'en faire la joie de toute une génération, de produire au
soleil cet énorme champignon arborescent, avec lequel il finit
par se confondre comme Daphné avec le laurier d'Apollon.
Et ce qui me paraît plus beau encore, mieux accordé avec
les puissances substantielles de la vie, c'est ce mot de l'auteur
véritable d'Uhu à M. Chassé : tr Il n'y a pas de quoi être très
fier quand on a fait une c ... nade pareille. » Le metteur en
scène, avec .Flaubert, du Garçon, c'était Ernest Chevalier, qui
se répandait peut-être, étant enfant, en autant de verve et de
génie que Flaubert lui-même. Tandis que Flaubert ne faisait
rien produire à ses études de droit qu'un sentiment nouveau du
grotesque humain, Chevalier en tirait une carrière honorable
dans la magistrature debout, et se scandalisait fort quand son
1,

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

7-1

ami lui écrivait : « J'ai envie de sauter un jour dans ton parquet
et d'y faire l'entrée du Garçon 1 » Le Garçon, que Chevalier
avait contribué à mettre au jour, n'était plus, pour M. le s-ubstitut, qu'une c ... nade. Ainsi va la vie. Et cela est bien. Si tout
le monde gardait son génie d'enfance, où prendrait-on les substituts ? Où se recruterait l'Ecole Polytechnique ? La société a
besoin de magistrats et de DJilitaires, elle n'a pas besoin des
Shakespeare et des Flaubert. Ceux-ci ne passent qu'en contrebande, et parce qu'ils out évité la machine à décerveler. Ce
n'est pas la trappe aux magistrats qui est la vraie, mais bien la
trappe aux poètes.
M. Chassé parle selon une aimable philosophie de substitut,
d'officier d'artillerie ou de professeur quand il termine ainsi
son étude : « Par suite d'un hasard heureux, j'ai pu vider Ubt,
Roi de toutes les interprétations symboliques que ses lecteurs y
avaient mises. Quel est le véritable auteur de cette œuvrette ?
La question en soi est peu importante, et les frères Morin en
conviennent avec moi. L'important est de savoir si, maintenant que l'outre est vide de tout le vent qui la gonflait, elle
pourra, néanmoins, parvenir à rester debout. » Eh oui! La
boule de neige, le bonhomme de neige reste debout au milieu
du Landerneau littéraire. MM. Morin et Chassé l'ont plutôt,
pour moi, cimenté et consolidé. Le voilà avec son balai
(innommable) et sa pipe (le croc?), non pas qu'il ait été érigé
par délibération du conseil municipal et sur la maquette d'un
médaillé du Salon, mais tel que l'ont fait les enfants de l'école,
les enfants, printemps sacré, aube et lumière inconsciente du
génie. « Ah I père Ange Michel, le beau bonhomme de neige
q_ue vous aviez bâti, avec les camarades, sur la place de la Mairie, il y a quarante ans I Quel chef-d'œuvre I Michel Ange en
fabriquait comme ça dans les jardins de Pierre de Médicis. Des
gens de Paris qui passaient avaient trouvé le vôtre si étonnant qu'ils
l'avaient photographié. lis parlaient du Balzac de Rodin. Et je
sais un livre sur les arts où cette photographie est reproduite
entre une statuette de la Vézère et une statue de l'île de Pâques.
li paraît que cela fait mieux comprendre la sculpture, - l'élan
vital de la sculpture, comme disent les bergsoniens. - Monsieur, faudrait voir à ne pas vous f. ... de moi. Je suis aujourd'hui garde-champêtre. J'ai assez de peine à faire respecter par les

�72

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gamins, les jours de neige, les ordonnances de M. le Maire,
assez à faire d'assurer l'ordre, d'astiquer ma plaque et de repiquer mes salades. Je puis dire que je m'en acquitte assez bien et
de ça je sùis fier devant les Parisiens comme devant les autres.
Mais d'avoir attrapé autrefois des engelures à fabriquer un Carmentrant de neige au lieu d'aller à l'école, ah non ! il n'y a pas
de quoi être fier quand on a fait une c ... nade pareille ! &gt;&gt;

NOTES

ALBERT THIBAUDET

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

LA CONQUÊTE MYSTIQUE : l'Ecole française (3• volume de !'HISTOIRE LITTÉRAIRE DU SENTIMENT

RELIGIEUX EN FRANCE) par Henri Brémond (Bloud et
Gay).
Il n'est pas à l'heure actuelle d'écrivain ecclésiastique qui
honore davantage les lettres françaises que M. Henri Brémond.
C'est que l'érudition prodigieuse de ce cc bourreau de travail »
ne fait pas tort, à son goüt pour le beau langage, que sa curiosité des faits et des idées se double du besoin de les entendre
exprimer justement, subtilement, harmonieusement. Aussi
exigeant pour le mot que pour la pensée, nul n'était désigné
autant que lui pour écrire !'Histoire littéraire du sentiment r;eligieux en France. Vous entendez bien : littéraire, c'est-à-dire
manifesté par des écrivains véritables dont les ouvrages ont
résisté au temps. Qu'elle nécessite six volumes in-8° de
-six cents pages, en texte serré, pour le seul xvn• siècle, cela ne
surprendra que ceux qui igno.rent la splendide floraison de la
littérature religieuse en France à l'âge classique. Au fait, celle-ci
balance en richesse et en importance la littérature laïque du
même temps. Mais une fois comptés Bossuet, Bourdaloue,
Massillon, Fénelon, Pascal et ces Messieurs de Port-Royal et je n'oublie pas saint François de Sales, trop fleuri, mais bien
savoureux - qu'est-ce qu'un lettré d'aujourd'hui, même chrétien
fidèle et curieux de spiritualité catholique, connaît de ces rares
trésors ? Ils appartiennent à l'Eglise, mais aussi à la France e~
,c'est défigurer le xvne siècle français que de ne pas les placer à
leur rang. L'inventaire de ces trésors, esquissé au passage par
Sainte-Beuve (cet homme avait presque tout lu), était donc,

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

semble-t-il, utile à entreprendre et M. Henri Brémond fut donc
bien inspiré en y songeant. M~is il nous don~e pl~s ~t. mieux
qu'un inventaire : il tire des hvres même, au!ourd hm 1~trouvables, des citations tellement abondantes quelles constituent
une sorte d'anthologie où il sera permis de puiser indéfiniment.
A chaque page l'œuvre éclaire et complète l'homme et l'historien montre ici tant d'amour qu'il risque de mécontenter les
diverses écoles spirituelles dont il écrit patiemment l'histoire
par l'éloge qu'il fait successivement de chacune. °:-uan~ il
manifeste une préférence pour telle ou telle, ce qui arnve
quelquefois, on se demande si elle sera définitive et si_ une
préférence plus marquée ne viendra pas soudain amo~udnr ou
même annuler la première. Il a l'esprit de sympathie poussé
jusqu'à ce point extr~me. Aussi est-il traité par quelque~-uns
de «dilettante», ce qui en matière spirituelle n'est pas touiours
un compliment. Béni cependant ce dilettantisme qui nous
vaut un ouvrage si considérable et si précieux.
Après l'étude de l' &lt;&lt; humanisme dévot ,, et de l' &lt;&lt; invasion
mystique », voici celle de la « conquête mystique &gt;&gt; et tout
d'abord dails l'Ecole française fondée par le cardinal de Bérulle
( de l'Oratoire )i coptinuée par saint Vincent de Paul, Charles
de Condren, M. Ollitr et les Sulpiciens, le Père Eudes et la
Sœur Marie des Vallées, tous écrivains et fort bons écrivains,
comme bientôt Grignon de Montfort. L'examen de la doctrine
bérullienne que M. Brémond oppose à la doctrine ignatienne,
celle du fondateur de la Compagnie de Jfsus, dépasse notre
compétence et les limites de ce compte-rendu. Il suffira de
noter que la première, seion notre auteur, placerait à l'origine
de toute vie spirituelle l'acte d'adoration, l'adhérence aux vertus
du Verbe Incarné, tandis que la seconde proposerait d'abord la
cliscipline de la volonté pour atteindn: aux mêmes vertus ;
l'une « anthropocentrique », l'autre &lt;&lt; théocentrique » ; l'une
plus mystique, l'autre plus humaine. Exagérez celle-là, vous
avez le quiétisme; poussez à bout celle-ci, vous rejoignez le
stoïcisme. La vérité - diverse - est entre deux. En somme
l' « ascèse)&gt; dans l'école française se résume assez bien ainsi:
c&lt; Nous devons plus aimer la patience et la débonnaireté, parce
qu'elle nous conforme à Jésus-Christ doux et patient, que
parce qu'elle nous rend doux et patients. » Dixit le cardinal de

NOTES

75

Bérulle. Et puisqu'il s'agit spécialement pour nous, en l;occurrence, de l'expression littéraire du sentiment religieux, citons
un court fragment de méditation emprunté aux ceuvres du
même auteur. Il a trait au mystère de l1Incarnation, au
moment où la Vierge donne son acquiescement: «Fiat» à l' Ange
annonciateur:
Si jamais j'ai révéré la Vierge, dans te cours précédènt de sa vie,
de st:s pensées et de ses désirs, je la révère beaucoup plus en ce
moment, en cette élévation, en cette disposition en laquelle elle profére cette parole. Lorsqu'elle la prononce, elle entre dans un état
nouveau opéré en elle et non par elle. Elle est lors non en un mouvement, mais en un repos, car elle est tranquille ; non en un repos,
mais en un mouvement, car elle tend à Dieu et y tend par une
vigueur et vivacité admirables. Elle est en un mouvement céleste
en un repos divin: en un mouvement qui est repos et en un repo;
qui est mouvement.
Ainsi, la grâce de l'Incarnation « ne nous donne pas à connaître le Fils de Dieu seul, mais le Fils de Dieu avec sa Mère ·
ne nous lie pas au Fils de Dieu seul, mais au Fils de Dieu et à sa'
Mère tout ensemble ... &gt;) et dans l'hymne de joie ,de la Vierge
portant Jésus « cette parole de la Vierge me semble, dit
Bérulle, être la parole de Jésus et de la Vierge tout ensemble;
et c'est pourquoi cette parole tire et ravit à Jésus et à la Vierge
conjointement. J)
Citons encore cette louange de l'amour (à propos de MarieMadeleine) :
AmoJJr qui n'a besoin d'entretien et sentiment aucun; amour qui
subsiste par voie d'être et non par voie d'entretien, d'exercice et
d'opération; amour qui, comme ces feux célestes, se conserve en son
âme comme en ,son élément sans mouvement et sans pâture; au lieu
que les feux terrestres sont en mouvement perpétuel et ont besoin.
d'aliment pour être conservés et entretenus ici-bas comme en un
lieu qui leur est étranger.
'
Ce style n'est pas pur, mais naïf et accentué; il est neuf en
son temps (les premières années du xvu• siècle); il influencera
tous les Pères de l'Oratoire. « En leur apprenant, écrit M. Brémond, à fixer leur esprit et leur cœur sur de hauts mystères, le
f?ndateur de l'Oratoire a déshabitué ses disciples de la grossièreté et de la boursouflure; il les a conduits aux vraies sources

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du sublime chrétien. Donnez de l'éloquence à Bérulle, et vous
aurez Bossuet. »
Ceci n'est qu'un, exemple, qu'une indication.• Des textes aussi
riches de sens, il ne serait pas malaisé d'en extraire de tous les
auteurs dont j'ai donné le nom plus haut. En ce temps-là, la
spiritualité catholique était encore littéraire. Après un temps de
déchéaâce, le souci de bien dire déjà renait et, de Lacordaire à
Brémond, la liste des écrivains « spirituels )) se montre à nous
plus qu'honorable. Sam insister davantage sur le livre luimême que tout bon fettré se doit d'avoir lu, je profite de l'occasion pour répondre à certaines objectiohs spécieuses quant au
mérite de nos grands écrivains religieux, par exemple d'un
Bossuet qu'on a mis quelquefois en cause. S'armant de l'idée
trop reçue que cc tout a _été dit » on veut réduire ce mérite à
une question de mots et c'est un argument de poids pour les
champions du " formisme )). Ceux-ci soutiennent, à juste titre,
que l'argumentation de Bossuet n'était pas nouvelle en son
temps et ne dépassait pas ce que la moyenne des prédicateurs
de ce temps pouvait proposer aux fidèles. L'éloquence ou, si
l'on préfère, l'élocution - magistrale - faisait, en somme,
toute sa valeur et, seule, suffisait à le mettre hors de pair. De là
à soutenir que lui, comme les autres, un La Bruyère ou un
Racine ( mais c'est aussi faux pour eux que pour lui) ne se
souciait que de la nouveauté de l'expression, il semble qu'il n'y
ait qu'un pas. Certes, toute œuvre dure par la forme - ou plutôt, sans la forme aucune œuvre ne peut durer. Mais d'abord il
faut reconnaître que l'intensité e't l'accent nous sont des gages
aussi stirs de durée, en cette matière, que la stricte perfection.
Ensuite, pour en revenir à notre objet, n'oublions pas que le
sermon, non plus que la satire et que la fable, n'est point une
œuvre d'art purement objective, détachée du cc sujet » qui la
produit, du « public» auquel elle est destinée, mais tout au
contraire animée du désir de convaincre, de convaincre un
certain public .. De sorte que le point de vue de la beauté formelle le cède à celui de la vérité, de la convictio_n , de l'édification intérieure et que loin de songer exclusivement à traduire en
un beau langage des vérités qui sont à tous, un Bossuet par
exemple, sans même les renouveler, les fait siennes, se les
incorpore si intimement qu'elles reµaissent en lui, rejaillissent

NOTES

77

de lui aveç les mots, comme étant nouvelles et personnelles.
Et ainsi :son originalité n'est pas de les dire autrement qu'un
autre - il n'y songe pas, Dieu merci ! - mais de les repenser
pour les bien dire. Personne n'a parlé, ni pensé avant lui; il
les découvre en les disant. En fait, il prend pour elles sur sà
vie et sitôt qu'elles vivent, l'éloquence s'ensuit.
.
Qu'on cesse donc de prôner, comme on en est tenté encore,
le culte de l'originalité dans la forme ; il se tourne contre son
objet. Que l'on renonce ,!1Ussi à opposer à ceux qui expriment
des idées reçues et définies - un dogme, une tradition - le
risque de se répéter ou de répéter leurs ancêtres ; car la nouveauté n'est pas dans l'idé_e, mais bien dans la prise qu'on a sur
elle, dans le brasier où_ on Ja jette, dans l'amour où on la
refond, dans l'animation personnelle que certain homme non un autre - lui communique : en un mot dans la vie. La
forme sera toujours neuve, lorsque la gonflera assez de vie par
le dedans.
HENRI GHÉON
*

* *

PAGES CHOISIES, de Jean Jaures. (Rieder). - HISTOIRE SOCIALISTE DE LA RÉVOLUTION FRANÇAISE, I : LA CONSTITUANTE, par Jean Jaurès.
(Librairie de l'Humanité).
Le recul de huit années, dont cinq de guerre qui valent plus
d'un siècle, donne à la figure de Jaurès un contour, des traits
qui sont à peu près exactement contraires à l'image qu'on s'es.t
faite de lui pendant ses trente ans de vie publique. îhéteur,
visionnaire, apôtre, poète, idéologue, « monstre oratoire »,
toutes les définitions de sa personnalité prodiguées par ses ennemis comme par ses admirateurs s'effacent quand on aborde
d'ensemble son œuvre: il est avant tout et par-dessus tout un
grand réaliste. Certes il est tout entier et sans cesse tendu vers
un idéal; jamais pourtant l'optimisme et l'enthousiasme qui
l'animent n'obnubilent sa clairvoyance,
Cette œuvre de Jaurès, dégagée de son action quotidienne,
c'est à celle de Péguy qu'on peut la comparer, Péguy qu'il aima
et dont il fut aimé, qu'il conseilla, dont il fut le collaborateur
aux Cat,iers, Péguy réaliste comme lui , comme lui clairvoyant,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mai's incapable d'action sociale, incapable des compromissions
apparentes, des opportunismes nécessai.J'és, de faire servir le
mauvajs et le médiocre au profit du bit:!n, incapab1e d'autre
chose qui. d'opposition, opposition féconde certes,. mais qui
n'atteint pas- à la valeur d'une œu:vre positive et constructrice.
Péguy a pu se séparer de Jaurès,. l'accabler, le calomnier, ils
n'en restent pas moins tout . proche·s l'un de l'autre. Ils étaient
tous deux de même t.rempe snli.de, de •inême origime terrienne,
formés ~par la. même discipline. classique et bourgeoise,
conscients à la fois d'apparten.id la piétaille de France et à son
élite, improvisateùrs inlassables, mais toujours bâtissant sur de
puissantes assises élémentaires, cimentées par l'histoire. C'est
peut-être ce besoin commun de l'élémentaire, de ramener les
questions les plus particulières à. leur cellule originelle dans
l'âme ou dans l'esprit de l'homme, de guider une incessahte
navette entre l'homme d'aujourd'hui et l'homme de toujours
qui les apparente le plus et qui fait d'eux ( avec le Barrès de
l' Appel au soldat, de Laurs Figures et de Scènes et Doctrines du
Nationalisme) les témoins. types de notre temps.
Le réalisme de Jaurès, son zèle à. ne jamais fausser ce qui est,
à épouser toutes les contradictions et toutes les nuances de la
vie, se découvre d'un bout à l'autre de ses Pages choisies par
MM. Desanges et Luc Meriga. On y trouve les morceaux les
plus caractéristiques : les deux discours d'Albi, la conférence
sur l'.A.rt et le ~ocialisme, la réponse à Barrès dans le débat sur
rEcole laïgue, et aussi des morceaux moins connus comme
la Conférence sur Tolstoï ou des articles de journaux perdus
dans de vieilles collections de la Dépêche ou de la Petite Répu-

blique.
On chercherait en vain de la phuséologie creuse dans toutes
ce~ pages. Ch_aque idée s'enchaîne à la précédente, est aussitôt
étayée de faits, d'exemples, éclairée d'une image qui la -fixe dans
l'esprit. Une parenthèse s'ouvre, c'est qu'il est nécessairt:! d'apporter quelque restriction au système ou d'écarter quelque
objection plausible. Quant aux images qui jalonn'ent aussi bien
la période écrite que la période parlée de Jaurès, elles sont
rarement plaquées ; le plus souvent elles nais;;ent de ce besoin
d'élémentaire que nous signalions plus haut, elles sont empruntées à la vie rurale, à la nature, _aux saisons, aux astres. Il y

NOTES

79

aurait toute une étude à.écri(e sur Jaurès paysan, et paysan des
derniers contreforts du Massif central, pénétré de la grandeur
simple de la vie pastorale et montagnarde, puis, plus tard ,
professeur à Toulouse, paysan des plaines prospères du pays
garonnais.
Mais son réalisme, c'est dans une œuvre de longue haleine
comme son Histoire socialiste qü'il éclate surtout. Et là ce n'est
pas simplement un don réaliste foncier qui se fait admirer, c'est
toute la complexité du réel que Jaurès embrasse et domine de
·haut sans en laisser échapper un seul détail. Les généralisations
constantes-de Taine, ses démonstrations géométriques ou le.s
grandes systématisations mystiques de Michelet, ses constructions psychologiques sont ici jalousement évitées. C'est un
modèle d'histoire concrète que celle de Jaurès. Ce prétendu
rhéteur laisse parler les faits, consa:cre des pages et d.es pages à
des statistiques commerciales, à des analyses de documents
locaux. Rien n'est plus admirable dans ce genre que l'évocation
de Bordeaux, Marseille, Nantes et Lyon à la veille de la Révolution. Et c'est toute son expérience de grand parlementaire
que Jaurès apporte à étudier les séances de la Constituante, les
motions~ les discours, les manœuvres de couloirs.
C'est mal comprendre Jaurès- que ·de vouloir le tire.r vers le
« robespierris.me &gt;&gt; comme le fait M. Mathiez qui a revu cette
nouvelle édition de !'Histoire socialiste. Jaurès est au-dess-qs du
« clan Aulard » et d.u « clan Mathiez». La Révolution pour lui
n'a pas eu son apogée sous la dictature de Danton plutôt que
sous celle de Robespierre; elle est pour lui un tout dont il a vécu
avec passion chaque moment. Le fait de voir dans cette révolution bourgeoise la condition de la révolution sociale ne trouble
jamais son jugement. Il est en 1788' de cœur avec la bourgeoisie
productrice des négociants bordelais et des armateurs provençaux, puis il la détestera ; il est avec Barnave, puis il sera contre
lui. Il agira de même envers Danton, envers Robespierre. Les
hommes ne l'arrêtent pas, il n'est sensible qu'à l'âme de la
Révolution.
11 serait juste que la publication des Pages choisies de Jaurès
( en attendant ses Œuvres Complètes) et la ré-édition de son
Histoire socialiste fissent entrer Jaurès dans l'histoire littéraire de
la France où, malgré toutes les scories et les ·bavure$ dues aùx

�8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

conditions dans lesquelles il l'a édjfiée, son œuvre puissante et
vraie a sa place marquée.
llENJAMIN CRÉMIEUX
*

**
LA VIE DE MONSIEUR DU GA Y-TROUIN ÉCRITE
DE SA MAIN (Collection d€s Chefs-d'Œuvre Méconnus,_
Bossard).
Comme presque tous les Mémoires écrits par des hommes
· d'action, surtout par des militaires, ceux de Dl.! Gay-Trouin
commencent par causer de la déception. Quoi, c.e corsaire qui
a cohduit cent abordages, qui a enlevé d'un coup de main et
pillé Rio-Janeiro, ce batailleur emporté et sensuel ne trouve
guère à nous donner que des renseignements technique.s sur la
manière dont il a mené chacun de ses combats, et c'est entFe
deux récits-ile manœuvres, comme par accident, qu'il lui é&lt;.:happe
quelques phrases où nous , 1oyons ce que fut réellement la
guerre de course ? Reconnaissons pourtant que si l'on met à
part quelques admirables récits de capitaines qui furent curieux
de la vie, sensibles à sa couleur et capables de consigner leurs
observations (Montluc, par exemple), ces mémoires sont encore
parmi les plus savoureux que nous aient laissés des hommes de
guerre. N'oublions pas que Du Gay-Trouin ne rédigeait pas es
s-ouvenirs pour amuser ses petits-enfaO:ts ou pour occuper les
loisirs de sa vieillesse ; iJ l écrivait ces notes dans 13' force de
l'ige, pour Ie ·Cardinal Dubois, comme un résumé de so11 ex-périence militaire. N'oublions pas non plus qué la génération qui
grandit en plein règne de Louis-XIV poussa plus loin qu'aucune
autre la politesse qui consiste à ne pas. occuper nos semblables
de ce qui nous est individuel. Ce corsaire dont le bon sens et la
franchise ayaient conquis la confiance du roi et de · ses secrétaires d'Etat, au point qu'on·demanâait son avis sur toutes les
questions maritimes, s'il crut de'Voir prendre perruque , et langage d'honnête homme pour s'adresser au premier ministre, il
ne faut pas en être surpris ; l'étonnant, c'est bien ·plutôt que
eette forte natur&lt;:: ait tout de même trouvé moyen de se faire
sentir ;·sans doute le devons-nous à la popularité dont les ave·nturiers de mer •jouirent pendant la guerre de la Succession
d'Espagne, et à la curiosité que tout le monde éprouvait pour

81

NOTES

leurs exploits. Leur prestige devait ressembler à celui que, pendant la dernière guerre, les commandants de croiseurs allemands
trouvaient en rentrant chez eux. Au reste, l'effort de Louis XIV
contre les flottes del' Angleterre, de la Hollande et du Portugal,
ressemblait assez à celui que tentait l' Alleu1agne au moyen dé
la guerre sous-marine. Incapable de lutter régulièrement contre de si redoutables puissances navales, il lui fallait se contenter
de paralyser l~ur commerce-en coulant ou capturant le plus possible de leurs vaisseaux. Les bâtiments marcnands ne sort-aient
·plus que convoyés par des navires de guerre. C'est contre ceux-ci
que portait l'attaque. On les approchait sous pavillon ennemi, et
c'est seulement au moment de lâcher à bout portant la première
salve d'artillerie que l'on hi;sait lés co1:1leurs du roi. Les corn-·
bats semblent avoir été très meurtriers ; bien -des fois Du GayTrouin dit avoir perdu dans une affaire la moitié de son effectif.
Dans son combat contre lé Devonshire, il a trois cents hor,imes
sur -le carreau au moment où le navire ennemi prend feu et
périt en un quart d'heme avec tout son équipage : « Chuse
hideuse à voir, écrit Du Gay-Trouin, -et dont l"a seule idée fait
frémir ! Trois de ses matelots seulement se trouvèrent dans mon
vais~cau après le combat, sans que j'aie pu savoir comment ils y
étaient entr~s. Ils me npportèrent que, d_ans le vaisseau le
Devonsbire, il avait péri près de neuf c~ts hommes, y ayant,
outre son éq\lipage, deux c.e nt cinquante soldats ou passagers
de considération, de l'un et l'autre sexe. » Le ton même du vainqueur devant la disparit,i9n de ce ~a.vin: de 90 canons montre
un état d'esprit singulièrement différent de celui qu'affectaient
·tes torpilleurs de la Lusitania. Grand soin semble avoir été
apporté à recueilJir les équipages et à respecter certaines règles
de la.guerre. Assurément les prétextes qu'allègue Du Gay-Trouin
pour attaquer Rio-Janeiro manquent de bonne foi et la menace
&lt;iefaire sauter la vÎlle si la rançon n'est pas immédiatement
payée sent assez son pirate. Mais du fait même que cette
guerre de course était entrepr--ise par des particuliers, non dans le
simple dessein de détruire, mais pour ramèner des prises, il
est éYident qu'elle était beauéoup moins iohumaine et moins
àbsurde que ce q-ue nous avons vu naguère.
Il y a une sorte de candeur dans la manière dont cet homme
qui aimait tant les femmes èt les coups parle de lui-même :
6

�· LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

8z

Quoique ces maximes soient d'eJ!es-tpêmes ass.ez estimables, j'avoue,
à ma honte, qu'elles ont été ..chez moi ternies par une vivacité un peu
trop outrée, dans les occasions où j'ai cru qu'on ·ne remplissait pa bien
son devoir. Ce premier mouvement m'a souvent emporté à des procédés trop vifs et à des termes peu convenables à la dignité d'un commandant.

Il lui coûte sans doute moins d'avouer :
La vue d'un danger pressant m'a souvent causé des révolutions
étranges, quelquefois même des tremblements involontaires dans toutes
leS' parties de mon corps.

S'il a l'art des chefs militaires qui est cc de t\mjours mettre ses
équipages dans le cas d'être braves par néces~ité &gt;:, il apporte
une attention continuelle à ne pas les exposer mutdement ; ses
hommes le savent et il peut se p.ermettre des ménagements
dangereux :
Quand il était question d'éviter ou de joindre avec plus de pron;iptitude les vaisseaux ennemis, quelque près qu'ils fussent de moi, je ne
craignais pas de fa1re mettre mes g_ens à fond de ~ale, pa:i:c: ~ue_ j'étais
sûr qu'cà mon premier signal il;, se remettraient auss1tot a leurs
postes.

NOTES

rester un technicien clu tir et met son point d'honneur .à ne pas
quitter son poste, l]lême par une pensée rétrospective. L'événement qu'il raconte n'a duré que quelques heures, cyclone inat- tendu et pour ainsi dire sans liens avec le reste de la -guerre. A
l'aide des feuilles d'observations et des ordres de tir, le combat
est reconstitué coup par coup et minute par minute. Pas de
digressions; pas non plus d'excès de documentation ingrate.
Une narration sobre, presque sèche, qui d·onne bien l'impression
de ce drame scientifique etfoudroyant, auprès duquel les duels
d'artillerie terrestre semblent des batailles de rustres ·armés de
frondes et de catapultes. Il ne s'agit pas ici de confronter les
renseignements donnés par von Hase avec ceux que fournissent
les récits anglais. C'est affaire aux.spécialistes. Qu'il nous suffise
de constater ici que le ton du narrateur révèle un esprit de
modération et de droiture, et que, même là où son orgueil
se donne cours, dest avec ùn respect de l'adversaire qui contribue p~issamment à l'émotion du livre.
JEAN SCHLUM BERGER

JULES TELLIER, par Henriette Charasson (Mercure de

Et ne parle-t-il pas joliment de sa sensualité lorsql}'il écrit :

ff semble qu'un cœur épuisé1rar sa propre inconstance, et accoutumé à' courir après tous les objets 1 soit incapable de s'arrêter à ~~
seul, et de réunir, à: l'égard d'une personne, les désif~ "vastes qu 11
formait pour toutes les autres.
1
Pour un écumeur dé mers, .c'est ass~-i 'âéficatement dit.
JEAN SÎ::HLUMBERGER

*
"' *

LA BATAILLE DU JUTLAND VUE DU" « DERFFLINGER &gt;&gt;, par le capitaine de c01:vettë Georg von Hare
(Payot).
Le récit .du capi_tajne de corvette von !:[ase vient faire pendant à celui que le commandant Semenoff p~us a donné_ de la
bataille de Tsoushima, mais avec toutes les différences qm séparent un Russe d'un Allemand_. De plus, Semenoff p~rle en officier
d'état-major, soucieux de placer les événem~nts à leurs plans respectifs dans une douloureuse épopée, tandis q.ue von Hase veut

France).
Ce livre s'ouvre par un portrait au crayon singulièrement
vivant, et quand on le lit on s'aperçoit que cette vie, comme
derrière les yeux, se conJinue dans l'épaisseur des pages.
Madame Henriette Charasson écrit sur Tellier au moment o"ù
celui-ci trouvera peut-être ses lecteurs les meilleurs et les plu$
émus : je veux dire ceux qui, ayant appartenu à la géi1ération
de Jules Tellier, ont atteint aujourd'hui l'âge où l'on se
souvient, où le .souvenir devient presque une passion, et où il
devient singulièrement doux de revoir les sentiments de , sa
génération arrêtes sous la belle figure d1un jeune mort. Car
Tellier est exactement, sans le dépasser de beaucoup, l'homme
de sa génération intellectuelle, celle où arrivent à la vie de l'esprit, un peu après Bourget, les Barrès et les Maurras : la génération des Essais de psychologie contemporaine. La place . des
Reliques, dans une biblîothèque bien composée, est à côté de ces
Essais, d' Un Homme Libre et du Chemin de Paradis, et non loin
de Thaïs. Ce fort en version, ce sensuel rentré, ce cerveau

�LA NOUVELL\, REVUE FRANÇAISE

mariné dans « l'abus du rêve et de l'analyse» avait écrit comme
Barrès et Maurras à son âge, des « idéologies passionnées ».
Qu'en fôt-il sorti si la destinée l'eftt épargné ? Madame Cha:
rasson croit que cette destinée l'a accouché à son être, qui
était celui d'une jeunesse sans lendemain comme celle qu'il
avait pressentie en Tristan Noël. Et en effet il n'était pas né
jeune. Il avait été lâché dès sa naissances~ le versant des_cendant de la vie, et presque tous ses écnts se ramènent a ses
sensations de descente. Et, au contraire de l'auteur de l'Homme
libre il ne se trouvait pas intéressant. Il s'aimait sans doute,
mai: il n'aimait pas s'aimer. L'essentiel est qu'il ait laissé, comme
Maurice de Guérin, une cinquantaine de pages parfaites ( çà et
là, seulement, quelques épithètes de trop). Ne pourrait-on les
réunir dans un petit livre, du même volume à peu près que
celui de Madame Charasson, et qui achèverah son monument
public ?
*
ALBERT THIBAUDET

NOTES

du Fou et la Maison du Sage, d'un ouvrage qui en aura d'autres,

LE VIN DE TA VIGNE, par Louis Artus (EmilePaul).

et qui est construit sur les thèmes catholiques les plus rigides,
les plus purs, les plus intenses. Il tourne le dos au ,uxe siècle et
regarde vers le moyen-âge. Le vin de la vigne du Seigneur n'est
pas à boire avec mesure et comme à regret, mais bien jusqu'à
l'ivresse, jusqu'à ce que l'être ne fasse plus qu'un avec les puissances de la liqueur mystique. Aussi la littérature de M. Artus estelle comme celle d'un couvent mystérieux, arche sainte de vie
exaltée et de chrétienté intégrale. De là ces Chroniques de _SaintLéonard auxquelles ce livre ajoute des contes parfois étranges,
mais d'une forte vibration, et qui paraissent le diviser comme
en cellules de moines, aux murs blanchis à la chaux et couverts de fresques. La plus curieuse de ces fresques est peut-être
la première, celle du Moine Ivre. Dom Jean imagine éloquemment une Ucbronie singulière, celle d'une histoire renversée,
où l'ère avant le Chri:;t devient l'ère aprè:; le Christ et réciproquement : de sorte que le discours sur l'histoire universelle part
du xxxe siècle, et, de progrès en progrès, s'avance jusqu'à
Prométhée, qui rejette le feu vers le ciel. Dans cette histoire le
Christ ne paraît pas. - Pourquoi? demande l'auteur - ~ Qui
voudrait, répond dom Jean, soutenir le mensonge diabolique
du progrès devrait, comme je l'ai fait devant vous, commencer
par la dernière page, - celui-là qui voudrait démontrer la
sagesse de l'homme l... Mais pour ce mensonge et cette
démonstration, il faut, j'en conviens, ignorer Celui que nous
servons, vous et moi, qui imposa à la durée Je point fixe de sa
naissance et de sa mort. » Sous le titre de Malbrough s'en vat'en-guerre, intermède détendu du livre, on assiste à une jolie
revue des personnages de toute la chanson et des légendes françaises, en marche vers Jérusalem. Le Miracle de la 2oe avenue
et l'Enfant qui n'allait pas à l'école sont deux contes mélancoliques et délicats des temps futurs. Le livre plaît d'abord parce
qu'il est élégamment et parfaitement écrit. Ses personnages de
tapisserie et d'abstraction manquent un peu de vie. Ce qui
remplace la vie c'est un ardent courant religieux et mystique
qui les conduit tous, sinon vers une démonstration, du moins
vers un état d'intuition intense. Attendons, pour le mieux peser
et comprendre, que le cycle de M. Artus soit terminé.

Le Vin de ta Vigne fait le troisième volume, après la Maison

ALBERT THlBAUDET

* *
RELIQUES, par Isabelle Rimbaud (Mercure de France).
Ce qu'on cherche avant Isabelle Rimbaud dans ces pages, lettres ou articles - c'est le frère dont elle ne se lasse pas de
parler : Rimbaud. Son atroce agonie décrite jour par jour, son
dernier départ des Ardennes, on en reste hanté.
Mais il y a autre chose dans ce recueil posthume. Il y.~ la
personnalité de la sœur- d'un gr~nd poète, . transpos1t1on
féminine, - plus faible, moins orgueilleuse, aussi ardente -- de
la personnalité de Rimbaud. .
.
,
On s'étonne que les historiens de la littérature n accorde~t
pas plus d'importance aux sœurs des écrivains. On trou.vera1t
souvent dans cette étude la clef de bien des états d'âtne et de
bien des aspirations difficiles à interpréte~, même _quand ces
sœurs ne sont ni une Jacqueline Pascal, 01 une Lucile de Chateaubriand, ni une Henriette Renan, ni une Isabelle Rimbaud.
BENJAMIN CRÉMIEUX

** *

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

~~vr~e, il faut se réjouir qu'il tire son plus grand mérite del mtelhgence de •fran_c ajoi qui y pétille d'un bout à l'autre.
BENJAMIN -CRÉMIEUX

LA CHAUVE-SOURIS par Char~s DerennfS ' (Albin
Michel).
On lit cétte étude comme un agréable romani mais on a
peine à imaginer· que les êtres exquis.dépeints par M. Derennes
-, les plus proches de l'homme selon lui par leurs instincts, lem:
cc mentalité &gt;)et leur inadapta'.tiotLàla . vie ambiante - soient ces
monstrueuses chauves-souris de cauchemar qui .peuplent les
souvenirs de nos vil1égiature,s enfan1 ines. On a l'impression que
M. Derennes a voulu tenir la gageure de faire .jouer un. rôle de
ténor à une bass.e noble ou. de jeune premier à un grime.
• Entre Colette, J.-H. Fabre et Joseph de Pesqu~doux,. et à
peu p.rès à égale di.stance des trois, M. .Derennes s.è ta:ille. une
place.bien à lui dans l'observation et la peintur.e
monde animal. Orr se scandalise un peu, toutefois, de la ·ifaço·fll çlésinvolte
donriLex.écute'·en deux lignes. D.uwin, Buffon, J .-H. Fabre ou
nos savants zoologistes. Pourquoi surtoùt, dans u.11 sujet simple
et naïf rnmme celui-ni, eet étalage de poncifs néo-classiques,
ces, déclamations sur .,l'@rdre, la •démocratie,, la_ faillite de
la;scien.ce? Cela gà.te le..plaisir •du lecteur rde bonne. foi, qui .supporte mal d'être endoctriné, quand il souhaitait uniquement
è~re instruit et ému.
JlENJA-MIN CRÉM1EUX

ou

..,_ ' .. **

LES DISCOURS J:?.lii DOCTEUR 9'ÇRADY, i par

André Ma,u-rnis (Çrasse,t).
- Les S.ile.nces du -colond 13rarnble étaient déj~ Jort réjouissants ;
·les Discours du docteur O'Grady qui; les conrinuent leur sont
peut-être supérieurs. Ce qui.en fait le charme principal, c'est,
te trois bien, 1 l',lr;i.bile juxtaposition d'un humorisme britan~
nique, fidèlement rendu., et d'une ironie française q11.i s'exèrce
aux dépens de cet humour.
Cest au fond le: pr.océdé. de l'abbé Coignard exerçant une
\lel've d'humaniste sur ,la tradition catholique et · gothique, ou
d'un grreculus du - siècle d' Auguste admir&lt;ant et raillant la
puissance et ia ba:rbarie romaines.
r
Sans exagérer -la portée philosophique de cet agréable

LA POESIE
LA SiYMPH?~IE HÉROIQUE, poèmes, par Henry
Jacques. (Aux éd1t10ns de ·Eelles-Lettres. Prix de la Renaissance).

:e.

sont des poèmes sur la guerre, ou contr~ la guerre,
qu amme une g~n~rosité un peu vague et grandiloquente mais
plem_e de conv1ct10n. La valeur en est ti;ès inégale. Une
certame faconde oratoire y tient souvent lieu de souffi.e
épique et _le goût de l'ampl,i§-cation y paraît avec · tous les
mo~v~ments et coupes _ conventionnels que dissimule une
réc1tat1on complaisante.
1~ serait fort malséant de dénier à_ M. Henry Jacque·s, qui
a fait la guerre, le d~oit &lt;le la détester, mais l'invective n'est pas
de style héroïque, è'est un fait et le leit-rnotif &lt;&lt; guerre à la
guerre &gt;&gt; n'e~t pas w.oins .2,ropice qu~ « gue;:re du _droit » ou
« guerr~ fraîch~ et ioyeuse » au verbalisme déclamatoire. Il
fau~ se résigner à rimer des clichés de g~~che ou de droite, à
mo~ns de se, résoudre à écrire, non l'épopée de la guerre,
~ais les poèmes d'un homm~ dans la guerre, des poèines de
circonstance. Le mode épique exige la sympathie ou le respect
du poète pour le sujet. Les CbâtÎmenfs\ ~ n · dépit du génie de
Hugo, ne se lisent pas sans gêne.
Et voila les sof'dats, les simples au cœur -nu
o-.. •
Danr, le flttiîlie de Cltfr aës:vidlles jugula,ires
Ils s'en vont, sans savoi'f qu! ils sfml Joute la guen:e
Ve1::s quelque graniide~tin qu..i leur re~te inconnu.
Sur cette route étroite où le droit les endigue
Ainsi vont-ils ojfra11t aux ·triomphes futurs,
Tacittirnes sàuveztrs aux di-r:ouemenfs obscurs
Leur adomJ;le sang et leu,· sainte fat"igut..

Dans Te piétinement de leurs brodequins /o;trds,
Moi qiu ce/fecohue Îi 'dmlé ;!Jans. ses cliarges
j'écoute ret~ntir, mcor lointà.ins et sourds,
Les pas mystérieux IÙ l'avmïr en 11111rche.

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ne faudrait pas Juger M. Henry Jacques sur de tels vers
qui résument assez bien le côté artificiel, emprunté ou trivial
de son lyrisme. Il trouve des accents justes et forts pour
exprimer un sentiment vrai, profondément ressenti :
Nous les vivants du dernier iour,
Tout étourdis de notre chance ...

NOTES

aîné &gt;&gt; une image mi-chrétienne e-t mi-bouddhique où nous
reconnaissons plus simplement un homme instruit par la douleur. Revenons à l'œuvre d'abord toute de confiance et célébrant
La Louange de la Vie. Après vingt ans de silence, Elskamp soupire:
Ils se sont tus les anges doux
Que tu voyais en robes blanches,
Avec leur-s violons aux joues
Faire musique à tes dimanches.

La vie qui tremblait dans leur peau
Comme une bête sans courage
Flairant l'ineffable repos
Qu.i suit la fin des grat1ds carnages.

On citerait volontiers ces litanies de la Boue où éclatent des
images pleines d'énergie :
Bave qui salit tout, et la chair qu'elle touche
Et la paille des sofrs et le fer des fusi!s.

et cette apostrophe vi:aiment belle :
Reviendras-tu, soleil, lui dessécher la face
Et durcir dans ses flancs la forme des souliers

M. Henry Jacques, qui estrté poète, ne peut manquer de sentir
ce qui 'tait le prix de tels vers, une justesse naïve qu'il faut sans
cesse retrouver, à forte d'art et de patience -ou de génie.

C'est la même voix pourtant, ses « syntaxes mal au clair», la
savante gaucherie des rimes pauvres et des harmonies dissonnantes. Mais lointaines sont les kermesses dominicales. Il reste
le souvenir d'une aventure intellectuelle, voyage au long cours
d'où l'on revient désabusé. Sans cri, sans geste, le poète, sur
un mode mineur et peut-être monotone, développe le thème
d'une sagesse retrouvée, d'une résignation mélancolique.
Les uns, habitués aux complaintes de Max Elskamp, en
seront comme naguère agréablement bercés. D'autres loueront
davantage, sans trop parler philosophie, la sincérité d'une confession de bonne foi.
PAUL FIERENS

ROGER ALLARD
I

*•

r

CHANSONS DÉSABUSÉES, par Max Elskamp (Van
Oest, Bruxelles).
Les Madones isocèles d'Anvers, à qui Mall Elskamp chanta
ses premières litanies, ont de lourdes couronnes et des manteaux
brodés. Dépouillées de ces ornements, qui ne sont point de
pacotille, elles apparaissent émouvantes, avec l'affectation du
«hanchement» gothique ou leur rudesse d'icônes paysannes.
Ainsi l'art d'un poète que l'on dit &lt;&lt;folklorique» ne l'est vraiment que par surcroît. Sous le décor du pittoresque local, discernon~ l'éternelle attitude de la supplication, de l'intercession,
de la prière. Ce n'est plus pour leur« naïveté» que nous aimons
les « primitifs » et Max Elskamp nous est plus précieux depuis
qu'une étude de Jean de Bossçhère éclaira l'intimité de cette
conscience inquiète. Le scoliaste a tracé de son « pauvre frère

MARSYAS OU LA JUSTICE D'APOLLON, drame
satyrique en trois actes et un prologue, par François-Paul
Alibert (Pierre Polère, Carcassonne).
A vrai dire, ce poème dialogué ne prétend point à la force
dramatique. Le mouvement, non point la chaleur, y font
défaut; et sans doute le style d'Alibert aura-t-il toujours quelque chose de trop décoratif, de trop drapé pour se prêter aux
exigences d'un dialogue scéniqu-e. On songe à ces personnages
des grandes ~ompositions de Lebrun, qui n'essaient pas de nous
faire croire à la réalité des batailles dans lesquelles ils sont
engagés ou à la vérité littérale de leurs gestes allégoriques. Ils
n'en ont pas moins pour cela de beauté. Je songe au monologue
de Minerve jetant loin d'elle la flûte:
Source d'ivresse, vil et sauvage instrument,
Toi qui déformes l'âme aussi bien que la joue ...

�90

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je songe surtout au dernier entretien, dans lequel Marsyas,
vaincu et frémissant de colère, finit par s'incliner devant la
sereine dureté d'Apollon, reconnaissant que l'art· pur devait
vaincre l'art confus et que la victime écorchée devait adorer
le dieu cruel et beau.
Ce qui caractérise le style d' Alîbert, ce sonf des périodes
amples - non pas oratoires, car elles ont de la retenue et se
plaisent à certains raffinements de syntaxe qui couperaient le
sifilet à un ténor de la récitation - mais phrases abondantes,
un peu pompeuses, d'un Louis XIV qui reste sévère même lorsqu'il se charge' d'ornements. Marsyas a été écrit,. croyons-nous,
antérieuremept aux Odes gue nous avions récemment l'occasion
d'admirer et où l'on constate _un é1an plus spontané, une beauté
plus libre.
JEAN SCHLUMBERGER

.. * *

DIABLERIES, par Mélot du Dy (Editions littéraires de
f'Expansion Belge).
M. Mélot du Dy tire aujourd'hui le_ biable_· par la · queue.
L'année de,rnière✓en ses Mythologies, il se moquait des Dieux de
plâtre d'un Olympe de carton et « fumait à leur nez de fines
cigarettes )&gt;. M. Mélot du Dy a: une jolie sensibilité - ce n'est
pas là une simple politesse littéraire - mais cette sensibilité
s'applique trop souvent à des bizarreries quelque peu affectées•
Les poète,s quelquefois se suivent et se ressemblent et le
sanglot lointain de LafoF.g}le vient rouler -encore dans ces
vers :
Dieu ! j àites rom me cliez. vous,
Il n'j a pas autre chase
Qu'un amour qui se propose;
Sans vo1iS prier à genottx.

Ailieurs ~ussi, .on po·urrait penser que ~- Mé\of du Dy s'est
trop souv·enu de Guillaume Apollinaire, mais ne peut-on croire
au Hasard et les poètes ne peuvent-ils ~one se r_l::ncontrer sur le
Parnasse ? M . .Méfot
Dy écrit beaucoup, mais pour ma part,
j'aimerais qu'il suivît l'inspiration cliarmante qui lÜi dicta ce
curieux petit poème :
J

au

..

fls ont perdu le to11 galant,
. Automobiliste et piéton.

NOTES

.

Ils ,;&gt;nt un air bête et mticbarit,
Qui connait Monsieur Pavillon .
Ce sont des illettrés ces gens.
Ils parlent comme des butors.
Et c'est bien triste. ,Et èepènllant
Monsieur Pavillon n'est pas mort.

J'aimerais encore que ce poète 'sût garder le ton simple de
ces quatre vers :
Sur la table 1·ase
Où dort lq. poussière,
Avec rnon index
Je dessine 1111 ,xwr.

Un cœur quj souvent chante faux et qui, j'en suis sûr, saurait
dire vrai.
: GEORGES GABORY
1

LE ROMA.N
LA RANDONNÉE DE SAMBA DIOPF, par Jérônie ,et
Jean Tharaud (Plon).
Lorsque Loti s'éveille en. face d'une terre , nouveUe, ses
prunelles, ses narines, son épiderme vibrent ; l'intelligence
s'annihile ou plutôt .se disperse, redescend dans les nerfs, vient
e.xalter les réce.pteurs des ,sens. Les souffies citérieurs frappent
cet homme où bourdonnent sans cesse des musiques
secrètes. Des accords se forment -au eboc~ àccords .inentendus, aux bases instinctives, impénétrables à la raison. Un
chant s'élève, continu, et sur un orchestre de cordes, semblet-il, succession de mineurs sans cesse modulants. Quelle oreille
a pu oublier son Spabi, ses songeries d'Afrique occidentale?
Où est l'instinct dans ce Samba Diouf des Tharaud ? Où sont
les sens, les résonances imprécises ? Ces Tharaud sont esprit,
clarté pure, raii;on. Des latins, dirait-on, si le mot n'impliquait
emphase. Intellige.nce, général, ton.tee qui s'échange d'homme.à
homme, non Je mystère qui repose au tréfond de l'individu,
qui jaillit par éclairs incertains, qui s'exprime par des murmures, par des rythmes, par des sons complexes et voilés. Les
Tharaud sont deux ; ils parlent leurs œuvres avant de les
écrire. Ils laissent tomber au fond d'eux-mêmes ce qu'ils ne

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peuvent formuler. Ils donnent au public ce qui leur est commun.
Et donc ce qui est commun à la plupart des hommes.
Ce que nous donnentles Tharaud, c'est, plus que l'impression,
la connaissance. Ils dédaignent le cas individuel, inutile à connaître. Ils s'emparent d'un grand sujet: une terre ou un peuple, ils
traitent ce sujet, ils l'épuisent. Leur héros est toujours un type.
Leurs én uro éra tions qui, par le son, évoquent Salammbô, n'excitent
pas les sens par des obscurités étranges : elles renseignent,
enfonçent chaque trait dans l'esprit. Ils sont très instructifs. Il y
a un peu, dans leur manière, du Jeune Anarcharsis.
Il n'est de très clair que le déjà dit; et ils n'admettent que le
clair. Il n'est même rien de parfaitement clair, si ce n'est ces
formules d'algèbre ; l'idée exprimée par des mots traîne toujours quelque musique. Aussi rencontre-t-on parfois dans Samba
Diouf des échos de l'Odyssée, de Voltaire ou de ·chateaubriand.
Mais par où les Tharaud sont uniques, c'est par leur art de
composer. Ils ne se perdent pas dans les compositions trop
raffinées où l'on oppos·e les nuances. Cet art n'a rien d'asiatique.
Ils peignent par tons simples, presque par blanc:et noir. Je veux
dire qu'ils mesurent patiemment la largeur et la teinte du
trait. Bien mieux ce sont des architectes : ils édifient. Architectes qui n'ont peut-être pas taillé toutes leurs pierres, mais qui
ont inventé les jeux de la lumière sur les surfaces, sur les
saillies. Il est des monuments plus hardis, plus étonnants, plus
délicats ; il en est peu de plus sobrement harmonieux, de
ph1s solide.s, de plus francs.

NOTES

93

dant les plus charmants et les plus fantaisistes entrelacs de
dentelles.
Renonçant pour une fois à tout souci de construction, Edmond
Jaloux s'est abandonné à lui-même et il se montre au naturel,
sans jamais se guinder, musant et flânant tout à son aise sous
les arcades du Palais-Royal ou le long des sentiments humains.
Son sourire et sa cocasserie l'accompagnent, son art des combinaisons romanesques et psychologiques aussi. Il est bon pour
un écrivain qui cherche sans cesse à se dépasser de 's'accorder,
tous les cinq ou tous les dix ans, une détente. Souvent les
livres qui naissent de là comptent parmi les plus significatifs et
les mieux réussis de l'œuvre entier.
Dans !'Escalier d'Or, Edmond Jaloux a symbolisé l'essentiel
de sa pensée sur la vie sentimentale des hommes d'aujo~rd'hui :
ce mélange de romantisme et de sens pratique qui se retrouve
chez presque tous ses héros, ce besoin de rêver et ce besoin de
jouissances immédiates et d'aises matérielles, ces grandes aspirations se brisant contre les exigences du réel. Mais cette fois,
Jaloux conclut en philosophe, en méridional et en classique que
« l'on n'atteint pas la sagesse en gravissant un escalier d'or »,
mais que le réel doit et peut suffire à nourrir la poésie et l'idéal
au cœur de l'homme : « Une poésie sacrée, un lyrisme religieux s'élevait·du sol brülant et dur, tout tramé de morts et de
racines ... Et l'on entendait, malgré les cigales, des bruits de
scierie monter des paisibles vallons. &gt;&gt;
BENJAMIN CRÉMIEUX

PAUL RIVAL

*

0

* *
L'ESCALIER D'OR par Edmond Jaloux (Renaissance du
Livre).
·
Pour se délasser, entre deux symphoni~s, un musicien compose un ballet. En écrivant ce conte, Edmond Jaloux a voulu
se donner et nous. donne un «divertissement». Un vieil oncle
autrefois poète qui, dans le vieux quartier du Palais-Royal, offre
à sa nièce des bals costumés et des médianoches, jusqu'au jour
où la vie impose à la jeune fille l'époux bourgeois qui la guettait, tel est le fil léger dont Edmond Jalou;x dessine en le dévi-

GASPARD DES MONTAGNES par Henri Pourrat
(Albin Michel).
Gaspard des Montagnes a sa place marquée dans les bibliothèques entre la Légende de Gosta Berling de Selma Lagerlof et
Le livre de Goha le Simple. C'est une « somme )&gt; des légendes
et du folk-lore d'Auvergne, comme Gôsta Berling du folklore suédois et Goha de l'égyptien, dont la valeur vient plus
encore de fatmosphère où elles baignent que de ces légendes
mêmes.
Feuilletez un recueil de contes populaires : rien qui soit à la

�94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

longue aussi monotone, qui reste en tout cas aussi extérieur à
nous-mêmes. Mêm~ élaborés à la perfection, comme ceux de Roumanille, ils ne pénètrent jamais jusqu'à l'âme. Mais Henri Pourrat, - comme Selma Lagerlof et AlbertAdès et Josipovici- a
su éviter la froideur de l'anthologie et des cc morceaux détachés»,
il a incorporé sa matière à un ensemble cohérent, l'a fait
graviter autour d'un héros central, d'une donnée médiane qui
servent d'épine dorsale au récit et permettent d'y rattacher toutes
les digre~sions. Chaque conte, au lieu de former un tout isolé,
extérieur à ce qui l'entoure et à peu près étanche, naît de l'ambiance recréée par le romancier (faut-il dire le romancier ou
le poète?) et s'échappe de cette vie rustique aussi naturellement que la fumée d'un toit.
Gaspard, c'est le joyeux. héros auvergnat, serviable et goguenard, courageux et fûté, grand redresseur de torts et videur de
chopines. Il est comme Gôsta Berling, comme le Grosso Minulo
des veillées de Corse, le héros triomphant, tandis que Goba
le Simple est le héros souffre-douleur, si fréquent dans les folkslore, comme legavacl,edu Languedoc ou l'homme de Fraimbois
des contes de Lorraine (sans oublier Charlot au cinéma).
Mais si Gôsta Berling et Goba nous emportaient en plein
exotisme, nous dépaysaient, Gaspard des Montagnes, si l'on peut
dire, nous« repayse ». Toutes les légendes reprises par Henri
Pourrat sont dl! vieilles histoires françaises, et seuls les natifs de
Paris n'en ont pas eu leur enfance bercée. En Savoie et en
Bretagne, en Bourgogne et en Limousin, en Gascogne et en
Berry, dans toutes les provinces, ce sont les mêmes contes, avec
les variantes locales qu'apportent la proximité de la mer, de la
montagne ou de la grande ville. Commères bavardes, maris ivrognes et querelleurs, curés paillards et gloutons, adolesc~nts
benêts ou délurés, frairies et épousailles, tout cela pour nre ;
les impôts, la corvée, la conscription, la grêle, l'incendie ; aux
époques de désordre, le brigandage, l'arrêt des diligences, les
chauffeurs masqués pénétrant dans les fermes, les auberges sanglantes et aussi le surnaturel : loups-garous, démons, farfadets,
korriganes, tout cela pour peiner et frémir. Ce n'est donc pas
seulement la vieille Auvergne que ressuscite Henri Pourrat&gt;
c'est toute l'âme paysanne de la France, ou au moins celle du
Sud de la Loire, des provinces d'Oc.

NOTES

95

Mais le plus important, dans un livre comme celui-ci, c'est
qu'il tend à résoudre le grand problème actuel de l'art qui est
de retrouver la cqrnmunion de l'artiste et de la foule. Faute de
cette communion, ce que tente l'artiste français depuis cinquante ans, c'est de ravir le lecteur à lui-même en lui découvrant
soit un aspect inconnu du monde, soit le monde extérieur et
intérieur sous un aspect imprévu. D'où la course à l'orioinalité
.
~
et la contramte pour le lecteur de changer de couleur devant
chaque écrivain, de devenir un lecteur-caméléon à l'usage d'écrivains-uniques. D'où par suite l'abîme qui est creusé entre le
créateur et le public, et la vaine recherche du pont qui leur permettrait de se relier. « Civilisation révolutionnaire», préconisent
les uns, cc patriotisme », « christianisme », « unanimisme »,
proposent les autres. Du moins de tous côtés, le problème est-il
posé ; et les meilleurs, dans tous les camps littéraires, se rendent
compte de la nécessité de cet unisson entre l'artiste et la
masse. •
Dans aucun pays peut-être, pareille exigence n'est plus difficile à réaliser que chez nous, où trois siècles de littérature de
cour et de salon ontlaissé tarir, sans y puiser, toutes les sources
d'art populaire. Le romantisme lui-même qui, dans une certaine
mesure, a cherché à « aller au peuple », à retrouver les grandes
émotions unanimes du moyen-âge, au lieu de puiser dans la
tradition orale encore vivante, s'est uniquement inspiré de la
tradition écrite des vieilles chansons de gestes, depuis trop
longtemps refroidies pour qu'il filt possible de les revivifier.
Aujourd'hui, c'est des spectacles urbains, du machinisme, des
dernières découvertes de la science que l'on cherche le plus
souvent à faire jaillir l'étincelle unanime. Il reste à se demander
si des créations trop récentes constituent un matériel artistiq,ue
déjà capable de fournir des émotions collectives, si des soucis
trop actuels peuvent se transposer du terrrin de la politique à
celui de l'art, si, pour devenir matériel artistique, objets, sentiments, idées ne doivent pas d'abord s'être lontemps patinés,
éprouvés au plus secret et au plus inconscient de milliers et de
milliers d'âmes d'où les extrait un jour l'artiste pour leur donner forme et éclat. De quoi a joué un Baudelaire, de quoi un
Dostoïevski sinon des sentiments chrétiens accumulés depuis
dix-neuf siècles ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pour écrire un livre collectif, Henri 'Pomrat · a eu l'idée
.d'utiliser toutes les traditions tle son pays, chaque jour plus
délaissées, mais chaque jour aussi s'alourdissant d'un peu plus
de poésie, - cette poésie qui crée les âges d'or ~ et de
hausser jusqu'•à rart ces traditions. Tout aaturellement, comme
autrefois Rabélais et l'Arioste, il a fixe le coefficient d'ironie
nécessaire à son entreprise et a donné à son réci~ la-forme d'une
épopée héroï-comique. Il a perçu également quel était l'élément
moderne qui devait se substituer à l'élément chevaleresque du
Roland furieux ou du Don Qnicbotte. Cet ëlément que la basse
littérature et le cinéma d'aujourd'hui nous prodiguent, dont ils
nous ont imbibés, c'est l'élément policier.
On ne peut qu'admirer la conception d'Henri Pourrat qui
égale les·plus grandioses de la littérature. Si l'exécution avait
répondu au programmé, les lettres françaises se seraient enrichies d'un authentique Ghef-d'œuvre, puissamment r~présentatif de la race. Gaspard des Montagnes n'est qu'un beau livre.
Pour être un gran.d livre, trois choses lui font défaut ; des
caractères, des passions, un style. Ces personnages traditionnels du folk-lore, il eftt fallu les typifier, en approfondir, en
humaniser quelques-uns, les marquer de traits généraux ineffaçables, noui; donner un Sancho, un Rodomont ou un Panurge.
.les passions àussi sont trop anodines : cela manque d'avarice,
ae luxure, d'âpreté paysanne:Gaspard manque par trop de truculence. Les m€.chants , et les traîtres ne le sont qu'à moitié.
Voyez ce qu'un Shak:espeare a fait d'une simple querelle de
clocher : Roméo et Juliette.
Le style ·enfü1. Sur ce point sans doute, Henri Pourrat n'aura
que des louanges, et depuis longtemps, en effet, on n'avait ren•
contré pareil langage droit et dru, sans cesse savoureux. Mon
reproche, c'est précisément qÙ'il soit trop uniquement savoureux, trop proche du patois cl'Auvefgne où il prend .sa source.
Là encoré,il eût fallu transposer ; généraliser; dialoguer peut-être
dans ce style, mais écr1re les récitatifs et les deseriptions d'une
autre encre. Réfügë éomme Îl l'est, Gaspard des Montagnes reste
trop un plat local, au lieu de se hausser jusqu'à l'épopée paysanne qu'il aurait pu devenir:
Henri Pourrat protestéra qu'il n'a point r.êvé si haut. C'est
tant pis. Il a, dans le charpentage de son œuvre, fait preuve

NOTES

97

d'une si puissante intuition créatrice et -critique qu'on regrette
qu'il n'ait pas dominé et contrôlé sa matière jusqu'au bout.
Son livre, dont il a droit d'être fier, reste &lt;&lt; à intérêt limité ». Il
aurait pu être, suivant une expression de Pourrat lui-même, un
&lt;&lt; livre moniteur ».
BENJAMIN CRÉMJEUX

*

* "'

L'ABBAYE DE TYPHAINES, par le Comte de Gobineau
(Editions de la Nouvelle Revue F1·ançaise).
Il y a quelque agrément à constater que les hommes de
valeur ne peuvent jamais devenir réellement vulgaires, quels
que soient le désir qu'ils en aient et la certitude qu'ils acquiè-rcnt de ne le point demeurer. L'Abbaye de Typhaines fut écrit
pour les lecteurs d'Eugène Süe sans autre désir que de les satisfaire; et l'on peut s'étonner que ce livre, malgré les plus
grandes qualités d'intérêt, n'ait pas procuré à son auteur la fortune qu'il désirait en tirer. Peu de temps avant sa publication,
Eugène Süe fit paraître en livraisons Les Mystêres du Peuple,
&lt;&lt; récit, en 12 volumes, des aventures d'une famille plébéienne à
travers l'histoire&gt;). Gobineau connut certainement ce livre, qui
eut un succès considérable. Comme les Mystêres du peuple,
l'Abbaye de Typhaines exprime la lutte des Celtes vaincus contre
les Francs conquérants. Mais Gobineau n'avait ni la verve
d'Alexandre Dumas ni l'imagination épique, volontiers cruelle
et sadique, d'Eugène Süe. Les lecteurs des cabinets de lecture le
jugèrent ennuyeux..
·
S'il n'y avait dans !'Abbaye de Typbaines que ce qui permet de
rapprocher ce roman de ceux d'Eugène Süe, nous ne pourrions
avoir pour lui que l'intérêt mêlé d'un peu d'ironie que nous
trouvons aux poncifs anciens, et qui est assez semblable à celui
que nous éprouvons devant les magasins des . antiquaires.
Mais alors qu'Eugène Süe, comme tous les romanciers popu•
laires, s'apitoie sur les Celtes, Gobineau les méprise non sans
quelque puérilité. Et le livre devient intéressant à un point
singulier; car Gobineau, dans l'Essn.i ne fera que justifier les sentimwts qu'il montre dans ce roman avec une relative inconscience. Non que les idées principales de l'fasai se trouvent dans
!'Abbaye de Typhaines; il n'y a pas d'idées dans l'Abbaye de
Typhaines., il n'y a que d,es sympathies et-des antipathies. Mais ces
7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

sympathies et ces antipathies forment une critique presque sentimentale de l'établissement des Communes écrite avec une
rare mauvaise foi. On peut trouver lreaucoup d'agrément
à rencontrer la mauv~ise foi ; car un écrivain ne se livre
jamais si complètement que lorsqu'il l'emploie. Savoir quels
sont les sentiments de Gobineau à l'égard des bourgeois de
la commune de Typhaines, c'est connaître seulement de lui
une attitude provisoire ; le voir ignorer volontairement une
partie de l'histoire pour tle point risquer d'être en contradiction aveceUe, c'est le trouver dans celle qui fut le plus sou~
vent la sienne. Chez les écrivains «. à système,, le point sur lequel
s'exerce la mauvaise foi permet presque toujours. de découvrir
la forme de sensibilité qui est la cause de la formation de leur
système; et qui, plus que Gobineau, s'attacha aux_ systèmes qui
sont des justifications de sensibilité J D'aucuns écrivent pour se
défendre contre eux-ttrêmes ; Gobineau écr•ivit pour trouver
dans son œuvre de nouvelles preuves de la supériorité sur les
autres races d'une race qu'il aimait. Il ne cherchait pas s'il était
raisonnable de croire ce qu'il croyait, mais seulement à réunir
les arguments qui pouvaient faire croire que cela était raisonnable.
J.:Abbaye .fÙ Typbaines le montre dissocié, je dirais presque
dévoilé : plus entêté que tenace, mais surtout énergique. On
pense à Stendhal, avec qui Gobineau eut en commun le goût
de l'énergie et une antipathie extrême de la forme romantique;
car !'Abbaye de Typhaines n'est presque jamais écrite en a: tirades». C'est une Cbartre1tse de Parme inférieure, solide néanmoins, et l'un des rares romans romantiques que nous puissions
lire sa!ls aucun ennui et sans trop d'ironie.

..

.ANDRÉ MALRAUX

** *

LE JEU DE MASSACRE,- par

Tristan Bernard

(Ernest Flammarion).
La collection de petits récits que M. Tristan Bernard a réunis
sous ce titre, n'est pas, à proprement parler, un recueil de
contes. C'est plutôt une série, non de caractères, mais de traits
de caractère, presque tous terminés par une pointe qui les
complète, a peut-être proYoqué leur choix, mais n'est pas rigou-

!./OTES

99

reusement nécessaire. Et ce trait est, tantôt celui qui domine le
caractère, mais qui, invisible à son entourage, guide son action
sans y paraître, et reste dissimulé derrière une explication
logique, mais étrangère et fausse ; tantôt un autre, moins puissant, qui ne marque pas la pers.onnalité, mais réYèle le seul
côté curieux et digne d'intérêt d'un être effacé et commun. Un
moraliste pénétrant, indulgent, non point gai,maisamusé, peint,
à petits coups, sans efforts et sans fatigue (a\·ec trop d'abandon,
bien souvent, dans le style), ces petits portraits, qui ne sont point
des miniatures . Veut-ou connaître la remarque - non point
neuve, mais enrichie de détails iuédits - qui se propose à
l'esprit? Les caractères présentent une suite apparente, et une
autre, à peu près inverse et aussi vigoureuse, ensevelie sous
la première. Que l'apparence soit à la fois logique et trompeuse,
;-oi]à tout le plaisant du monde.
l.OUIS MARTIN-CHAUIT-IBR

*

* *

L'ÉVADÉ DE L'ENFER, par Jean Pellerin (Ferenczi).
Je rencontrai Jean Pellerin pour la dernière fois chez
Bernbeirn, à l'exposition Dufy. Je lui demandai s'il projetait
de faire paraître un recueil de vers. « Oh non ! dit-il, affectant de prendre une note, je prépare un roman ... , pour vivre. n
Ce roman, qui devait faire viwe, sans doute assez mal, un
poète précieux: et charmant, était peut-être !'Evadé de l'Enfer.
Pellerin est m0-rt depuis quelques mois, mais son roman ne
nourrira pas oo mémoire. Il resté heureusement quelques vers
de lui, que ses amis se lisent entre eux, évoquaet .ainsi les
libations rituelles sur les tombes antiques. Ame légère, sois
donc abreuvée de ton propre miel et de tes propres parfums,
comme l'abeille qui sait prévoir l'infructueux hiver, et nous
fait encore profiter de son épargne !
Que dire de !'Evadé de l'Enjer, banale aventure d'étoile de
cinéma ? Il débute assez brillamment, selon les procédés à
la mode chez les petits maîtres du roman contemporain ; il
ennuie bientôt et ne se laisse plus lire dès la seconde partie.
Pellerin, du moins, n'y montre pas les ridicules prétentions
de quelques-uns qui se réclam~nt de Balzac pour nous iutéresser
.aux intrigues prosaïques de commis en goguette, de gens

�IOO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'.office et de figurantes de revues. Comme il s'était résigné
à vivre, il prit le parti de copier leur style, et peut-être mème
Fa-t-il parodié dans ce qu'il a de « bien parisien ", c'est-à-dire
d'artificiel et d'argotique. Il aurait mieux fait de vendre sa
plume à quelque parvenu du feuilleton, ou de s'abriter sousun pseudonyme. Mais les Muses l'ont rappelé à elles, pour
qu'il ne devînt pas glorieux par nécessité chez les Piérides,,
autrement dit les putains et les couturières.
FERNAND FLEURET

CEUX QUI REVIENNENT, par Marie Gevm (La
Renaissance d'Occident, Bruxelles).
Le personnage qui fait l'unité de ces souvenirs d'enfance,,
ce n'est pas le conteur lui-même, c'est une · vieille maison
1lamande, hantée par toute sorte de fantômes. Point de récit
à proprement parler, mais l'évocation d'une atmosphère fami-·
liale, toute chargée de la présence des revenants et des disparus. Comme jadis Til Ulespiègle, l'âme du brigand Guldentop, mort il. y a cent ans, joue de mauvais tours aux Yivantset s'·a muse à épouvanter les servantes. Plus tard cette fantasmagorie ehfarrtine est remplacée par une autrè, celle
gu'introduis'e nt dans la maison des oncles et des tantes pleins,
de fantaisie, en qui le spiritisme a trouvé des adeptes fer:vents. Ces originaux, ces cbarrn~1ts maniaques sont dessinés ,de quelques traits sobres et justes. La langue de ce:
!ivre est ferme, bien en chair, dans la meilleure tradition.
flamande.
JEAN SCHLl)MBERGER

* **
VERS L'OUEST par Constantin Weyer (Renaissance du..
Livre).
Pourquoi ce récit d'aventures et de vie canadiennes n'a-t-il
pa5 eu l'éclatant succès des romans de Pierre Benoît et de Maria
Cbapdela'Ïne ? Il le méritait, comme il mérite par sa probitér
s1 sincérité, sa verdeur et son humour, l'estime des lettrés.
BENJAMIN CR,ÉMIEU)(..

NOTES

IOI .

LETTRES ÉTRANGÈRES

LES REVUES JEUNES EN ALLEMAGNE.
Le mouvement qui amena en Allemagne la publication de
revues nouvelles, jeunes d'esprit, remonte à 1911. Sous le nom
.d'expressionnisme, qui est vague, que l'on a donné à mille manifestations diverses, se faisaient jour des tendances qui ne laissent pourtant pas d'avoir un caractère commun et précis : sans
,être fixés sur ce qu'ils apporteraient de positif, de jeunes écrivains, spontanément, réagissaient contre l'impressionnisme.
~ue ~elui-ci !'f't d_e la peinture ou de la littérature, qu'il s'appefat " unpress10nmsme physiologique " avec les naturalistes., ou.
~&lt; im~ressionnisme psychologique " avec les néo-romantiques,
ils lUJ reprochaient la passivité où il tient l'individu, livré sans
-défense aux sollicitations du monde extérieur, incapable de
résister à s&lt;:1s suggestions. Ils se promettaient d'être à leur tour'
.actifs. Le nom d' « activistes " que quelques-uns se sont dohnés
depuis a pris un sens politique. A l'origin,e il ne faisait que
répondre à une disposition générale de l'esprit, à une motoi-ische
Ge_si~nung, une sorte de dynamisme poussant l'être à partir de
-soi, a aller du dedans au dehors, à s'extravaser dans le monde
extérieur- sinon encore à lui imprimer sa marque - au lieu
d~ se laisser envahir et marquer par lui. L'impulsivité germa111que reparaissait selon le rythme qui dispose l' Allemand à agir
avec d'autant plus de violence que la contrainte qu'il vient de
subir a été plus prolongée.
Der Sturm, die Aktion, tels sont les titres .:aractéristiques de
-deux revues qui furent fondées à cette ~poque-là, et natureHement à Berlin, la capitale politique étant dès lors aussi sans
-contesté le centre intellectuel. Aujourd'hui Sturm et Aktioii
s'.opposent. La première de ces revues, hostile à ce qui est poli~
tique, a surtout souci d'art ; l_a peinture, la sculpture, Marc
Chagall, Fernand Léger, Archipenko, et ses expositions permanentes occupent autant Herwarth Walden que la littérature
le théâtr~ expressionniste, pour lequel.August Stramm, mert
a la guerre, avait fait de remarquables tentatives. Die Aktion sous
la direction de Franz Pfemiert a au contraite délibérément'
~ntrepris de coopérer à une transformation de la condition politique et sociale des Allemands: l'œm re littéraire d'un Stérnheim

?u

�102

LA NOUŒLLE REVUE FRA.."-,ÇAJSE

a exercé ici_ une influence parallèle à celle d'une Rosa Luxcm bourg

et d'un L-iebknecht, et préparé une atmosphère de révolution.
On en peut dire autant de la revue mensue1le Das Forum,
fondée en avril 19r4. Il y avait du mérite à ,ouloir alm:s créer
en Allemagne un courant qui, encore que puremer1t intellectuel, -s'annonçait nettement révolutionnaire. Le mânifeste contre
la guerre que son directeur Wilhelm "Herzog publia dans le
numéro d'avril 19u amena l'interventiQn dt: la censure ; celle-ci
fit passer l'article au pilon et après des tracasseries sans nombre
la police fi.nit par interdire en septembre r9i 5 la publi-cation de
la revue, qui n'a repris qu'au moment de l'armistice (chez Gustav
Kiepenheuer, Postdam), sous l'insp.iratio.o de Romain Rolland,
dont elle vient de publier le Dan/on. Wilhelm Herzog, qui
dirige en même temps le quotidien die Republik, et ses collaborateurs, Latzko, Leonhard Frank, v1sent autant qu'à la défaite des
forces conservatrices, à une régénération intérieure de l'homU1e
- Ja transformation intellectuelle et ·morale étant condition
d'une amélioration sociale et politique.
Même orientation, avec une prédominance de la note littéraire, dans die Weissen Blat ter fondées en I~:H3 et éditées par
Paul Cassirer. C'est de S1.üsse où il s'e-st installé-, que l'Alsacien
René Schick.ele dirige ces feuilles où le plus large accueil a été
fait aux jeunes talents. Grâce • l'intelligente impulsion e
Schickele nombre d'œu'tres dont l'au&lt;lace esthétique ou politique eût effrayé les éditeurs ordinaires ont pu paraître pendant
la guerre dans die Weissm Blatte1·, et l'éclectisme de Schickele
pennet que les articles de Kasimir Edscbmid, théoricien passion né de l'expressionnisme, et romancier d'un dionysisme
éruptif, y voisinent avec ceux du comte Kessler, représentant de
J'aristocratrsme, et inteBectuel d'une inspiration contenue à la
fran~i e.
De telles revues dès le premier jour s'ùpposaient nettement
non seulement aux organes sclér-otiques comme la Deutsche
Rundschatt, mais à ceux &lt;JUi, comme die Tat et d'3r Kunstwart,
sous une apparence. de nouveauté, et malgré un effort de- oc cultlilte » demeuré st1.perfidel, n'on,t guère fait que s'intégrer au
Reich, et vivre selon le rythme de son organisation mécanique.
Les oc expressionnistes ~ eux naissaient en opposition au milieu,
à un état de-choses dont on pritendait qu'il déterniinernit leur

NOTES

état d'âme. Leur révolte était l'eirplosfon d'une force interne
cherchant à briser le moule allemand. Leur inspiration, celle
.de la Gotierdammermtg, une sorte d'ivresse extatique qui revient
périodiquement en Allemagne et pour un jour fait succéder à
l'engourdissement des longues servitudes d'apocalyptiques
réveils : frénésie, joje et fureur m~ées, impatient besoin de
détruire, d'être enfin libre, d'oublier pour recommencer selon
de nouvelles données.
Ma:is ces extases sans objet défi.ni ne durent guère, et si la
guerre, puis la révolution purent un temps les alimenter, maintenant elles laissent une sensation de vide. Depuis deux ans la
fin de l'exprcssfomnî:sme est am10ncée par des esprits clairTnyants, un Rudolf Kayser, un \Vilhelm Hausenstein, qui prévoient, qui dés.irent une réaction intellectualiste. Après une
révolution d'abmd sentimentale, une criùqire qui ne sortait
guère de Ja négation-, l'intelligence tend à se débrouiller et à
faire œuvre positive. Lyrisme et scepticisme sont insuffisants.
La seule voie de salut, pense Keyserling, c'est que la critique
portée à sa plus haute puissance se mette au service de la vie,
qu'elle travaille à lui rendre une forme d'ensemble. Et l'effort
du fondateur de J: École de sag.esse de Darm tadt est surtout intéressant en ce qu'il tend à triompher du dair obscur où se complaît l.a pensée allemande, à échapper '311 danger de l'inexprimé,
de l'inavoué, à conquérir de nouveaux domaines à la conscience
et à y répandre une implacable lumière.
Cest d..ins ce sens que vont les efforts de l'importante revue
fondée à Munich en ~16 : der Neue Merkur. On y expérimente, et sous la double direction d'Efraîm F,isch et de
Wilhelm Hausenstein, des lueurs commencent à y poindre qui
éclairent le chaos. La vertu des eirplosions révolutionnaires
n'est point niée ; mais .au 1ieu de s'attarder dans la griserie
qu'elles donnent, il faut mettre à profit la liberté rendue et
reconstruire. Les derniers venus venleut retrouver une tradition , sans retomber dans les cristallisations anciennes. Le présent en ce qu'il a d'élaboré, voüàJe point où se doit saisir la
tradition. Une tradition n'est point chose définitive, arrêtée,
morte ; elle est de la vie, elle aus.si. Représentant dans l'évolution générale l'élément de continuité, elle 11'en participe pas
moins de cette évolution. Elle n'est que le pouvoir de vivante

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

liaison dans une synthèse chaque jour à refaire, parce que chaque
exploration de l'espace et du temps y apporte des éléments
neufs. L'œuvre de connaissance, qui importe d'abord, suppose
une investigation universelle et un incessant e1fort de lïntelli-·
gence.
Constante métamorphose, c'est aussi la formuk de la Neue
Rundschau. Fondée sous le nom de Freie Bühne en· 1:889, alors
que l'esprit« mode;rne » fêtait à Berlin ses premiers triomphes,
elle n'a sans doute jamais précédé les changements, ni à propre
ment parler créé de courants. Mais avec une remarquable souplesse elle a suivi dès leur formation ceux qui se dessinaiêilt
avec vigueur. Si bien qu'après trente ans, elle gard·e sa fraîcheur.
Ailleurs on eJ:périmente comme en un laboratoire. Ici sont
accueillies les expériences qui ont déjà réussi ou qui au moins
promettent de réussir. Et l'on peut considérer qu'il n'est pas
mauvais qu'à côté de revues qui combattent selon un programme,
il s'en trouve une pour accue:illir les manifestations diverses
comme en une sorte d'anthologie.
Un tel choix est d'autant plus précieux que l'activité d'esprit
des Allemands, comme cela se passe aux époques de crise, est
"aujourd'hui foncièrement anarchique. A côté des courants
caractéristiques de l'ère impériale, d'un déterminisme, d'un
nationalisme qui persistent, qui demeurent absolus, que les circonstances exaspèrent encore, il ,est une vie intérieure que la
révolution a libérée, que la misère sure'Xcite. Elle continue de
croître en intensité, elle cherche à s'exprimer en termes d'une
incroyable exaltation, elle déborde, incohérente, contradictoire,
élans mille feuilles nouve1les souvent éphémères. Genùis,
Dicl~lung, das Riff, das Tagebuch, die Bücherkiste, s'ajoutant à die

Zuku1ifl, die Weltbii.hne, S01,_ialistische Monatsbefte, das literarische
Echo, der Zwiebelfisch, das lnselschijj; que d'autres encore il faudrait citer pêle-mêle, pour donner l'idée d'une « neue Gesinnung » se faisant jour à travers le passé démoli.
Le« nouvel esprit» dont)l s'agit, n'anticipons pas en essayant
ici de le définir. Pourtant il faut remarquer combien l'Allemagne
in.tellecruelle est perméable. Elle le fut toujours. Même son
&lt;' organisation » d'hier ne lui avait pas entièrement ôté ce caractère. Il a néanmoins fallu la grande secousse pour désagréger
les pierres du monument qu'elle se dressait à elle-même et qui

NOTES

menaçait de l'étouffer. Aujourd' hui qu'elle recommence s011
éternel travail d'endosmose, quelle part sera rendue à l'influence
française ? ·
Bien petite à en croire certains. Le retentissant article de
Curtius dans der Neue Merkur sur les relations intellectuelles de
la France et de l'Allemagne, ne fait que traduire la conviction
de plus en plus vive che,; les intellecruels allemands qu'ils n'ont
plus rien à espérer de la France - une France qu'on leur
représente sous un jour assez faux - ni même grand' chose à
désirer d'elle. Dans la région du Rhin, dit Alfred Weber dans la
Nette Rundscbau, un ablme s'est creusé entre la France et nous.
Et tous de tourner le dos, de s'orienter vers l'Est, vers la Russie,
l'Inde, la Chine.
Qu'il y ait pour l'Allemagne un réel intérêt à ce geste, nous
n'y contredirons pas. Il est d'ordre économique d'abord. Outre
l'abîme du Rhin il y a le mur du change. Et puis il est trop
naturel que l' Allemand porté à la métaphysique, avide de se
faire une Weltanschauung, une image du monde, en cherche les
éléments dans l'univers entier et que la tentatiYe de « mécanisation » dont il fut l'objet l'ayant laissé meurtri, il trouve -par co-ntraste une extrême douceur à partager les extases d'un Tagore.
Entre le panthéisme hindou et le panthéisme- germanique il y a
une parenté. Néanmoins ni l'engouement pour les visions
d'Extrême-Orient, ni l'indifférence pour la pensée française ne
sauraient être durables'· L'Ailemand qui toujours se cherche et
jamais ne se découvre sentira le danger, sans cesse menaçant
pour lui, de se perdre dans l'illimité. Les conceptions françaises
avec ce qu'elles ont de fini, d'arrêté, lui sont comme le nécessaire at)tidote à sa musique. La place faite dans les livres et les
revues aux choses de France témoigne assez d\m besoin pro fond. Encore que ce besoin se donne surtout libre cours dans
-des revues où l'art .se mêle à la littérature, comme die Freude ou
das Feuer, encore qu'y soient suivies surtout les manifestations
1. Depuis que ces lignes sont écrites, der Neue Merkur a pub Hé deux
articles dont la juxtaposition est suggestive : l'un de Thomas Mann où
les relations intellectuelles de la France et de l'Allemagne sont envisagées avec le souci du germanisme pur, l'autre de Burschell, . disant
comme il faut sourire des déclarations d'indifférence à l'éga(d de l'intellectualité française.

�106

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE-

les plus hardies de la peinture française, de Oerain à Marie
Laurencin, les Allemands réfléchis savent bien que la France
continue de travailler pour sa part à un renouvellement spirituel
dont ils guettent les signes avec impatience, une impatience
qui les empêche ·parfois de discerner la vérité sous les apparences .
FÉLIX BERT.AlJ;X
*

* *

MOUNT ERYX, AND OTHER DIVERSIONS OF
TRAVEL, par Henry Festing Jones (Londres, Jonathan
Cape, r I Gorver Street,

192r ).

Les lecteurs de 1a N. R. F. connaissent Henry Festing Jones
comme le biographe, l'ami, l'exécut-eur testam_e ntaire et l'éditeur de Samuel Butler. Et il est certain ep effet que· son œuvre
la plus iœportante e.st Samuel Butle1·, a Memoir, deux gros
volumes publiés à la fin de 1919 chez MacmiJlan. Avec cet
ouvrage, qui rep,résente dix ans de recherches, d'as~emblage
et de classification ,d~ documents, dix ans dé travaux d'érudition auxquels l'écrivain a survécu victorieusement, H. F. Jones s'est classé p.armi les grands biographes de la Littér,a,t;ure
anglaise. Il y a quelque temps, ·au début d'une conférence
que H. F. Jones. donnait à Londres, G. B. Shaw, en Je présent.int (suivant l'usage anglais) à l'auditoire, dit à peu près
ceci : « H enry Festing Jones est pour Samuel Butler ce que
Platon et BosweU sont pour Socrate et pour Johnson. Je ne
sais pas jusqu'à q'llel point Platon n'a paes inv_enté Socrate, et je
ne .suis .pas du tout certain que Boswell n'ait pas iuve1.1téJ ohnson.
Il n'en est pas de même your Jones et Butler, er pendant
quelque temps j'ai plutôt cru qu~ Butler aYait inventé JonesMais maintenant je sais que t'un et l'àutre existent. » En
s'exprimant ainsi G. B-, Shaw songeait non seulement aux
qu~lités littéraire$, et à l'originalité de Samuel Butler, a Memoù·, mais à toute l'œuvre personnelle de H. F. Jones : à
Diverswns in Sicily ( 1909), à Castellinaria, alld other Sicilian
diversi'Ons ( 19 u) et ;ru livre r-écent dont le titre figure en
tête de cette note. Avec ces trois ouvrages H.. F. Jones prend
un rang élevé parmi les auteurs de .ce__ que lE!s catalogues anglais appellent « Livres de Voyages ». Tou_s ont pour sujet

NOTES

principal les impressions, les e~péJiences et les observations
de l'auteur au cours de ses nombreui. et longs séjours en
Sicile. Au point de vue littéraire ils se rattachent dire&lt;:!tement
à cet autre grand « Livre de voyages 1l : Les Alpes et les Sanctuaires du Piémont et du Tessin de Samuel-Butler. Bien qu?écrits
après la mort de Butler, on y sent très souvent la présence
invisible de l'auteur d'Erewhon : quelque anecdote sur lui,.
une conversation avec des gens qui l'ont connu, et ce qu'il
aurait dit en telle ou telle circonstance, viennent nous le
rappeler . Mais sa grande ombre est discrète et s'efface volontiers pour laisser le champ libre à l'ami qui lui survit .
Sans doute l'esprit de H. F. Jones _reflète et continue l'esprit
1:mtlérien, mais d'autre part H. F. Jones écrivain est plus.
observateur du détail, plus peintre, et à la fois plus superficiel
et plus attentif que Butler. Avec tous les personnages, les.
incidents, les traits de mœurs qu'il y a dans ces trois livres,
H . F. Jones avait la matière de plusieurs n.ouvelles et d'un
roman de mœurs siciliennes . Il a préféré donner à cette
matière la forme la plus facile et la plus modeste : la note
et le journal de voyage. Ce qui n'empêche pas ses personnages
d'être bien vivants~ et bien à lui, et aussi familiers au lecteur
que s'il les connaissait. On les voit, on les · suit à travers
quinze ou vingt étés de Sicile, on -S'intéresse aux événements.
de leur vie privée, aux déch, aux mariages, aux naissances ;
on voit grandir 1-e.s enfants. Grâce à l'institution sicilienne~
- et:tcore en pleine vigueur - du « parrainage ll, et grâceà laquelle le « compare ,), l'homme qui a été le témoin au.
mariagè ou le parrain au baptême devient membre de la
fan1ille du mari ou du père, - Henry Festing Jones se trouve'
en fait apparenté, aussi réeHement que _par les liens du sang,
à plusietars familles -de la bourgeoisie de plusi&lt;;urs grandes
villes de Sicile. (Cette institution est probablement une survivance des mœurs grecques : Achille était, en somme, le
C()mpare de Patrocle.) Ces notes ~t ces fragments de journal
ne sont donc pas des impressions de touriste, mais des fragments de 1-a vie d'un habitué du pays, d'un homme qui a
vécu de la vie du pays, d'un Anglais qui a fini par devenir
quelque peu sicilien. Aussi n'y trouve-t-on p.as, ou presque
pas, -- surtout dans les deux -derniers.., de traces - je dirais

�NOTES

108

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISR

« d'insularité » mais la Sicile au~~i est une ile -

de traces
de cet esprit ùc dénigrement qu'on trouve trop souvent dans
les livres écrits par des étrangers sur des pa •s dont les mœurs
et coutumes diffèrent notablement des mœurs et coutumes
du pays dont ils sont originaires. Et en lisant ces pages
pleines du soleil méditerranéen, je me peins la haute stature
&lt;le Henry Festing Jones, - cet homme de soixante-dix ans
dont personne ne songerait à dire : « ce vieillard » - se
&lt;lressant entre Santuzza et Turiddu et penchant vers leurs
figures brunes le visage graYement amusé et le sourire indulgent du disciple d'Epicure et de l'ami de Butler, - d'un
homme qui en a vu bien d'autres.
VALERY LA RB AUD

*

EN MARGE DES MARÉES, par joseph Conrad. Traduction de Georges Jean-Aubry (Editions de la Nouvelle Rerne
Française).
Sauf l'Auberge dl!S Deux Sorcières qui est un véritable conte
dont l'action nalt, se développe et se résout en trois jours, les
autres récits contenus dans ce recueil sont d'authentiques petits
rnmans dont l'action s'étend sur des mois et qui mettent en
scène un grand nombre de personnages.
L'aventure, comme toujours chez Conrad, pour extraordinaire qu'elle finisse par devenir, se fraie d'abord péniblement et
lentement son chemin, à coups de hasards et de passions, à
travers la vie de chaque jour. Jamais les héros ne l'acceptent
1ivec la docilité mécanique des créatures de Pierre Benoit ou
même de Stevenson. lis résistent, louvoient, tentent des compromis avant de céder. L'aventure sort de là d'autant plus
imprévue et marche d'une allure d'autant plus saccadée que
les personnages de Conrad ont une vie psychologique et
morale plus riche.
Tantôt l'imprévu nalt de ce que leurs actes ne peuvent être
prédits d'avance, la complexité même de leurs caractères ren-0ant aussi probables une décision de leur part que la décision
inverse. De sorte que l'intérêt et l'émotion se ravi vent à l'approche de chaque tournant du récit. C'est ici le cas pour le
Pla11teur de Mala/a et un peu aussi pour A cause des dollars.

Tantôt au contraire c'est la logique des caractères qui fait
dévier la réalité, la gonfle d'éléments nouveaux, la complique,
l'encheyêtre, la tord, la culbute et la transforme enfin en une
fiction fabuleuse - cauchemar ou féerie - toute chargée
d'humanité. C'est ici le cas pour la fin de !'Associé.
De tous les conteurs d'aventures, Conrad est le seul à ne pas
bâtir des constructions en ciment armé, quitte à en humaniser
ensuite la façade, mais à lancer des bateaux un peu ivres sur la
mer mouvante des âmes humaines. li est Je seul aussi à susciter
une inquiétude qui ne soit tarée d'aucune névrose, une inquiétude d'homme normal.
Sous chaque récit, il dépose un grand problème social ou
indiYiduel qui ennoblit et approfondit le sens de l'aventure.
Dans la Folie Altmayer, c'était le conflit des races la question,
du métis qu'il posait. Dans le Pla11/imr de Malata, il oppose un
~tre qui symbolise la perfection de la vie individuelle, dégagée
de toutes les entraves sociales à un autre être qui -symbolise la.
perfection de la vie sociale, n noue le drame du conformisme
et du non-conformisme.
Conrad a réussi à réaliser cc qui est, je crois bien, le rêve de
beaucoup de romanciers français qui n'ont pas dépassé la quarantaine : un roman à la fois d'aventures, psychologique
et social. Son influence ne tardera plus beaucoup à se manifester dans notre littérature.
BENJAMIN CRÉllllEUX

*

* *
LE DUEL, par Alexandre Kouprine, traduit du russe
par He11ri Mongaull (Bossard).
Altxaodre Kouprine est ce qu'on a coutume d'appeler un
réaliste : il décrit fidèlement la vie, telle qu'elle se déroule
devant ses yeux, telle qu'il la saisit, sans y introduire grand'
chose de son propre food. C'est un ·art sincère, probe et suffisamment exact, si l'on s'en tient à l'apparence des choses ~
Kouprine n'est pas un découYTeur ; il n'est pas de ceux qui
nous font apparaître la réalité sous un aspect nouveau, inattendu ; sa vision n'est pas exceptionnellement aiguë ; rien de
très personnel, de spécifique dans sa façon d'envisager et de
traduire les choses. Mais c'est un bon peintre de mœurs, un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

110

-0bservateur habile et attentif qui a étudié de près les différents
milieux qu'il décrit. Auteur de nombrèux récits et nouvelles
et de deax romans, dont ce Duel que vient de faire paraître
Bossard, Kouprine connut én Ru~ie un succès rapide, et fut
après la mort de Tchekhov considéré comme un ~es ~hefs de
l'école réaliste. Son écriture pourtant est tout aussi éloignée de
}'admirable transparence de Tchekhov que de la p~issan~e
concentrée de Bounine : é'est un art riche, expressif, mais
.quelque peu lourd ; un bon métier, c~sciencie_~x? toujours
égal et qui nè nous réserve aucune surpnse. Le met1er de cer1ains maîtres hollandais.
Le Duel est une étude dé mœurs militaires. Cette peinture
triste et cruelle, une-des meilleutes œuvres de Kouprine, pro•
voqua à son apparition, en 1-904 ( on était alors· en ?uerre a:'ec
le Japon) de violentes attaques contre l'auteur. ancien officier,
&lt;JU'on accusa naturellement d'antipatriotisme. Les événements
.qui suivirent, la grande guerre, la. décompositio~ ~e ~'armé_e
russe la o-uerre civile surtout tém01gnèrent que 1 écnvam avait
,
b
d d'
-vu juste et posé le doigt sur la plaie. On compren . . a~tant
moins donc la « postface » que !'écrivain a cru devoir 1omdre
à l'édition française et où il essaye de s'excuser d'avoir quelque
peu« brutalement» découvert les maladies dont souffrait l'année
russe. De tels «,mea culpa» ne sont pas uhe des conséquences
les moins curieuses de notre révolution.
La traduction de B. Mongault est correcte et agréable .
BORIS DE SCHLŒZER

*
* *
MÉGHADOUTA (LE NUAGE
KALIDASA, traduit par

MESSAGER)

DE

Marcelle Lalou ( au Sans Pareil).

D'où. vie1;s-tu, beau nuage,
Emporté
l~ vent ?
Viens-tu de cette plage
Que je ple1we souvent?

par

Comme l"auteur de la vieillotte romance française, Kalidasa,
dans son MabâkâvJam, prend pour messager de tendres~e, pour
confident de sa nosf-alaie un nuage, que le vent propice conduira vers le séjour de Aimée. Cest pour le poète l'occasion de

l'

NOTES

Ilf

décrire en termes prestigieux les splendeurs de l'Inde ; et ses
-compatriotes ne se demandent guère si l'âme de Kalidasa a paré
de ses grâces ce tableau de la patrie; ou si le charme de cette
dernière a inspiré la célèbre élégie.
Cette nouvelle traduction, œuvre de sanscritiste, n'est pas moins
une œuvre d'art. En comparaison, la niaise élégance de Fauche
(ŒU"111·es complètes deKalidasa, 1859) sera jugée pédante et compassée, pudique et déclamatoire. Ici l'effort le plus original a
été tenté pour compléter l'exactitude littérale par une graphie
désireuse de se montrer aussi expr-essive que peut l'être une dic-tion intelligente. Juxtaposition, groupement, subsomption,
parallélisme, symétrie des développements apparaissent aux
yeux pour parvenir plus sûrement à l'intellect: les aniculations
de la pensée se traduisent par les arabesques de l'écriture. Un
mot 5e détache devant le lecteur comme si quelque diseur expert
lui faisait un sort. Ce n'est point là simple gageure, risquée
pour surmonter la distinction des genres : il faut y reconnaître
le résultat d'une étude très serrée de ce que nous appellerions
la logique des iniages chez Kalidasa. La psychologie comparée,
non moins que l'orientalisme, gagnerait par l'extension d'un tel
procédé à la traduction des œuvres poétiques:
P. MASSON-OURSEL

LES ARTS
LES DERNIÈRES RÉTROSPECTIVES.
Les amateurs de rétrospectives auront été gâtés, ces derniers
mois ; après celle qu'organisa « Style », où l'on pouvait admirer
&lt;le belles baigneuses de Cézanne et un Courbet d'inspiration
« très xvrne siècle » - le naturalisme a de ces retours - il
Y eut Cent ans de peinture française, rue de la Ville Lévêque,
Les grands maîtres du XIX• siècle, chez Paul Rosenberg, et
l'e1tposition Re1toir, chez Barbazanges. MM. Kœchlin et J.
E. Blanche, qui organisèrent la seconde de ces manifestations
-eurent la bonté de me demander quelque aide, et il me fut
permis d'y introduire - trop pauvrement à mon gré - les
œuvres de quelques représentants des différentes tendances
&lt;Ju'i s'affrontent actuellement. On a parlé d'une association
d'int~réts communs, à propos de cette organisation ; il eût été
plus Juste de faire allusion à un duel, des plus courtois, certes,

�112

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

mais qui ne manqua pas, par moments, de vivacité . Une de&amp;
idées chères à celui de mes adversaires qui, pour être le plus
cultivé et le plus aimable, n'en est pas moins le plus vigilant,
est la suivante : la plupart des recherches qui caractérisent les
écoles modernes virent le jour pour la première fois dans les
ateliers des peintres qui illustrèrent jadis le Salon de la Nationale. Des œuvres de Cottet, Aman-Jean, Lucien Simon,
Besnard, Helleu, qui figuraient à cette exposition devaient,
comparées à celles de Derain, Rouault, Segonz_ac, Dufresne,
Moreau, de la Fresnaye, démontrer non pas le peu de talent
de ces derniers peintres, mais bien que leurs inventions ne
furent que le prolongement de celles de leurs aînés. Il n'était
point besoin d'analyser longuement les œuvres en question
pour acquérir la prem·e que la jeune peinture, qui va de ce
que André Salmon appelle « le naturalisme organisé » jusqu'au
cubisme intégral, est l'ceuvre d'une génération dont les plus
âgés ont à peine atteint la quarantaine. La génération précédente, qui révolutionna les Salons officiels, n'opéra ce mouvement qu'en se permettant des libertés, qui parurent scandaleuses dans ce milieu. Or, les jeunes peintres que M. J. E.
Blanche - peut-être aYeuglé par la camaraderie veut
comparer à ses amis, ne scandalisèrent, plus récemment, qu'en
adoptant des discipliues. C'est donc pour des motifs nettement
opposés que réalistes d'hier et d'aujourd'hui suscitèrent l'étonnement. Les camarades de l\L J. E. Blanche ne libérèrent leur
touche de la précision académique que grâce à une interprétation incomplète de l' impressionnisme, des évasions duquel
ils profitèrent sans en assumer les joyeuses servitudes. Leurs
soucis, littéraires et sentimentaux plutôt que techniques, sont
aux antipodes à la fois de ceux de Renoir et de ceux de Cézanne,
animateurs et guides de la jeunesse.
A côté des molles suggestions picturales d'Aman-Jean et
consorts, il était extrêrntment intéressant de regarder le
Portrait de 111a mere par Gerœx. Ce tableau, peint d'une touche
précise et respectueuse, et dans des rapports de tons simples,
e t justes, prouvait surabondamment que l'exercice d'un métier
traditionnel peut produire des œuvres fort estimables. La Jeune
fille accoudée, de J. E. Blanche, autre toile d'un métier appuyé et
modeste montrait également par quels moyens eussent pu se

NOTES

If3

sauver de la déchéance bien des artistes faussement réYolutionnaires. Ne devoir son émancipation de l'Ecole qu'aux seuls
élans de son cœur est un faux calcul ; il est préférable de la
demander à des spéculations plastiques, dont la rigueur serait
tempérée d'nba11do11s surveillés.
Le clou de « Cent ans ... » fut la confrontation Corot-Rousseau (le douanier). On crut à un jeu, à un paradoxe amusant.
Rien de plus normal, cependant. que la juxtaposition des deux
œuvres 1 • En Corot et en Rousseau, en effet, nous pouvons contempler les deux derniers peintres 11alureis de l'époque moderne .
Personne ne contestera que, sauf chez quelques primaires dont
il ne peut être question ici, la ve rtu d'innocence a complètement disparu chez les artistes d'aujourd'hui. Quel peintre, quel
littérateur placés devant un spectacle, pem•ent se vanter de
l'absorber dans son intégrité émotive ? . ' ous tous, à des degrés
différents, Youés aux tourments de la cruelle et merveilleuse
lucidité, nous ne pouYons plus aller droit à l'objet et le découvrir dans sa nudité foncière ; nous en sommes détournés par
mille s0uvenirs secrets qui conditionnent notre perception et
en altèrent la fraîcheur et la sincérité. Le douanier, mieux
encore que Corot, si simple cepe ndant, laissa pousser son âme
d'ua seul jet, comme une plante sauvage, inaccessible aux
« boutures », si j'ose dire, et autres artifices d'un jardinao-e
.
•
b
artistique trop savant et trop compliqué. Il bénéficia de ce rare
privilège : il put regarder la réalité en face, dans sa perpétuelle
naissance, sans introduire entre elle et lui le souvenir d'aucune
œuvre d'art, ancienne ou moderne - comme nous le faisons
tous, prisonniers que nous sommes de l':idmiration ou de
l'émulation.
Le public, plus encore que les artistes, prisonnier des formes
conventionnelles, ne pouvait pas ne pas se révolter devant les
proportions inusitées par quoi s'exprimait l'émotion de Rousseau : habitué aux perspectives académiques ( que seuls Ingres
et Cézanne bousculèrent un peu) et à ce véritable nivellement
des valeurs qui satisfait la sensibilité médiocre, il fut indigué
1

r • Ce principe eût pu être générali é, en \"Ue de conclusions différentes, et aboutir, par exemple, au voisinage Matisse-Monet ; Br:iqueSeurat, etc. Mais le temps et surtout &lt;&lt; l'unité de nies " firent défaut
pour mener à bien ce te tâche délie.1re
8

�114

LA NOUVELLE REVUE FltANÇA ISE

par ce lyrisme nouveau, par ce jaillissement sur la toile, de
formes expo~ées dans toute leur crudité native . Car c'est -bien
cette sincérité scandaleuse, ce lyrisme naïf, cet étonnement
continu, qui différencient !e douanier de Corot. Ce dernier vit
et travaille dans un état de sérénité bonhomme ; il jette un
regard indulgent sur toutes les choses humbles; il peint l'église
et le caillou avec le mJme soin ému et avec un renoncement
admirable aux faciles effets.
Mais Rousseau vit dans le ravissement le pJus enfantin qui
ait soulévé une âme humaine; on se le_figure faisant ses confidences aux oiseaux, communiant avec la nature entière- non
qu'il s'y mélange à la façon de Cézanne, empli d'une inspiration uniquement picturale, indifférent au caractère particulier
de -chaque objet - mais au contmire d'une façon méticuleuse,
restituant à la feuille et à la fleur qui arrêtent son regard l'importance féerique qu•elJes revêtent au moment où il les perçoit.
Qu'ils représentent les rives de la Seine ou les entrailles d'un
Mexique à la fois réel et fantastique, ses paysages prodigieux
exercent sur nous une fascination inoubliable ; la majesté et la
gentillesse s'y marient ineffablement ; ils nous font revivre
comme nulle- autre oeuvre, les délicieuses angoisses d'une
enfance aux surprises, aux terreurs et aux ravissements hélas !
imgossib1es à retrouver. Les qualités purement picturales de son
oeuvre apparaissent avec assez de netteté pour qu'il ne soit pas
nécessaire d'en souligner ici les considérables mérites. Seuls
des yeux aveuglés par la plus académique des routines peuvent
demeurer insensibles à la rareté de ces tonalités, à l'ingéniosité
de ces rnpports de dimensions, à l'exceptionnelle intelligence
de ces c&lt; mesures)) qui en dépit parfois de quelque gaucherie,
offrent un support technique des plus solides à la poésie la
moins recherchée la moins « artiste )) qui ait existé en France
depuis Foucquet, peintre inég~lable du surnaturel.
Il ne peut être question, cependant, de considérer Rousseau
COJTime un «Maître,), dispensateur de conseils. On ne peut que
constater le miracle qu'il incarne, miracle qu'il serait de la plus
folle témérité d'essayer de renouveler. Chercher comme Rousseau à faire fange serait le meilleur moyen de faire la bête,
sans bénéfice possible. Cézanne, le plus torturé des hommes,
est bien plus près de nous ; iI nous enseigne l'art de rendre

II5

NOTES

féconde notrdnévitahle inquiétude. Que. si nous éprouvons parfois le besoio de rrous désaltérer à une source fraîche, le bon
Corot est là, artisan d'une victoire extraoràinaire : celle de la
candeur sur la culture nécessaire mais déformante.
La réplique à « Cent_ ans de peinture » qu'organisa M. .
Paul Rosenberg ne fut pas moins brillante que l'exposition
précédente. On peut dire qu'elle avait.plus de tenue. Si elle
ne 1:évéla. pas au- public des œu.wes au5:si extraordinaires que
la Fabrique et J'.Algérienne de Corot et les grandes baigneuses de Reno.ir ( qui euss_ent pu étre de Ingres), elle présenta Cézanne plus complètement e.t Courbet plus décemment.
Courh,et pein1re magnifique, souvent supérieur à Delacroix-,
demeure cependa11t le plus- inégal du siècle -.précédent. Il est le
représentant type - et revendiqué comme teL par que-lques
naturalistes impénitents - de la production impul:tiYe, sa.os
frein, sans méditation p.réal~le. Les déchets dont son ,œuvre
abonde prouvent, mieux que toutes les théories., la nécessité du
recueillement, et que n'est jamais perdu le temps que l'on_ passe
à raisonner, comme Poussin nous enseigne à le faire, sur
les ressources. expressives de la peinture et du dessin. « Peignez
&lt;la-vantageet parlez moins i~, conseillait Champfleury à Cotirbet;
il eût pr_obableme.n.t mieux fait de lui dire. : « Peignez moins
et méditez davantage. »
Que. ce soit à« Cent ans», chez M. Paul Rooen.herg7 ou à la
galerie Barbazanges, les maîtres les plus regardés, c.omrnentés
avec le plus d'enthousiasme par les peintres g,ui, peu à peu-,
forment l'op-ioion courante . furent Ingres, Corot, Rousseau,
Cézanne et fü;noir. Pureté des trois premiers ; puissance d-'in~
venüon du Maitre d'Aix_.; fraîcheur et .naïveté eonsetvées, en
dépit d'une culture de « Renaissant &gt;} chez !'.abondant et généreux peintre de Cignes~ :rota.nt de vertus dont les meilleurs
parmi les jeunes artistes. essaient, à l'ai-de de moyens à la fois
simples et raf:linés, d'opérer la difficil.e et lente.conquête·.
ANDlŒ l'.HOTE

LA MUSIQUE
LES BALLETS RUSSES.: Trois créations: LA
AO

Bo1s

DORMANT

de Tehaikavsky;

RENARD

et

BELLE

M.A.VRA

de

�JI6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Stravinsky ; Quelques reprises :
PETROUCHKA, CoNTES

RussEs,

LE SACRE nu PRINTEMPS,

L'APRÈS-MIDI n'us FAUNE.

Ce qui me frappe le plus en Stravinsky, ce qui, à mon sens,
doit nous rendre scm action particulièrement précieuse, c'est
qu'il ne se répète jamais, c'est quïl ~e développe ~ême pas,
qu'il n'exploite pas les richesses qu'il découvre, mais que les
abandonnant généreusement à d'autres, lui-même à chaque
œuvre nouvelle -change de direction et nous ouvre de nouveaux
horizons. Chacune de ses créations est une inveption nouvelle,
inattendue et si nous retracions le chemin qu'il a déjà parcouru,
le dessin nous en paraitrait très étrange et même illogique. C'est
ce qui explique en partie les sentiments complex~s que_ ~r~voque chacune· de ses œuvres : surprise joyeuse, ma1s aussi irritation et dépit, car elles exigent immédiatement de notre part
une attitude et une adaptation nouvelle. Après le scandale formidable que déchaîna le Sacre, scandale qui fut aus~i un ,trio~phe, un autre aurait repris lè même procédé, quitte a faire
encore plus grand.
Mais au lieu d'un super-Sacre, Stravinsky nous donne le
Rossignol. Puis, c'est l' Histoire du Soldat, des petites pi_èc~s, des
mélodies, un quatuor. C'est enfin Renard, Mavra. Ainsi, _chacune de ses œuvres est un coup d'essai ; mais ce sont aussi des
coups de maître : jusqu'ici il les réussissait toujours; et le premier sentiment d'étonnement êt d'inquiétude passé, l'auditeur
devait s'avouer convaincu. Jusqu'ici, c'est-à-dire jusqu'à Ma-vni
qui à mon avis, est un échec.
,
Le point de départ de Stravinsky dans Renard- est l'art forain
russe. Renard- est une déformation parfaitement consciente, une
transposition esthétique de la musique de foire. Une comparaison avec Parade tout naturellement s'i;:npose. Musicalement,
elle est à l'avantage de Renard: pour se soutenir, la musique de
Satie a besoin de la danse, du geste, de l'image plastique ; exécutée seule, sa vacuité, ses fi.celles, sa niaiserie ( et qui n'est pas
toujours voulue). apparaîtraient clairement.1:fais é' est juste~ent
ce qui fait la grande valeur _de Par~de au p01~t de vue thé~tre,
au point de vue scénique. La musique de Satte ne peut enstcr
en dehors du spectacle dont elle ne constitue qu'un des éléments. Au contraire, la musique de Renard ne laisse aucune
place à chorégraphie, au g~ste. Ce que je reproch'e à Nijinska

NOTES

117

qui a composé les danses de Renard, à Larionov qui en a dessiné
les décors, les costumes ce n'est nullement de n'avoir pas réussi
la réalisation scénique de l'œuvre, c'est de n'avoir pas compris
que cette réalisation était impossible. Si puissante, si riche, si
bien bâtie est cette musique aux rythmes complexes, mais
rigoureux, implacables, aux sonorités nettes et tranchantes, que
le geste, l'image visuelle en la déterminant ne peuvent que l'appauvrir.
Il y a des livres qm ne supportent pas l'illustration justement parce qu'ils sont trop suggestifs ; il en ést de même de
certaine musique, de celle de Renard en particulier : elle ne supporte pas d'être dansée ou mimée, parce qu'elle est trop essentiellement musique.
On a souvent répété que la musique n'est c:apable de provoquer en nous que des états de conscience plus ou moins
vagues, indistincts, flous ... Il n'y· a rien de plus faux, et l'on
confond ici « vague » avec &lt;1 indescriptible » : ce que je sens
lorsque j'entends Reuard est parfaitement clair, distinct ; c'est
un état psychologique spécifique, infiniment riche et complexe,
et qui ne se résoud au brouillard que lorsque j'essaie de le fixer
aq moyen de la parole ou de l'image visuelle.
L'échec de Renard, en tant que ballet, n'est qu'une réplique
de celui du Bouffon de Prokofieff, la saison passée : il se répète,
cet échec, chaque fois qu'on essaye d'illustrer, d'exprimer par
le geste, l'attitude, les formes colorées, une musique su.ffisamment puissante en elle-même, pensée et construite conformément aux affinités spécifiques du monde sonore. On n'applique
pas une danse à une musique parce qu'on n'aboutit ainsi qu'à
une limitation, à un appauvrissement, mais on enrichit au contraire la danse, on intensifie, on élargit sa signification en lui
adjoignant une -musique qu'elle: ne cesse de régir et qui ne peut
prétendre ainsi qu'à un rôle secondaire. C'·est en somme le
principe du ballet dit classique.
Dans Mavra, au contraire, le musicien s'est soumis à son
texte ( qui appartient à un jeune poète, M. Kokhno, d'après un
petit poème badin de Pouschkine); aussi l'œuvre gagne+elle
beaucoup à la scène.
Ne me fiant pas,à ma première impression, nettement défavorable, j'ai été encore entendre et voir Mavra cinq du six fois,

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

tâchant de découvri:- les raisons de l'enthousiasme de certains et
celles de mon désappointement : il faut être prudent avec Stravinsky · n'est-.ce pas une révélation nouve!Je ?
Stravinsky essaye ici, comme il nous l'a déclaré lui-même
expressément, de remonter aux sources de la musique russe : ce
ne sont plus les chants populaires où depuis Glinka jusqu'à
Stravinsky lui-même tous ont puisé ce n'est plus l'art paysan,
c·est la romance sentimentale des compositeurs pre-glinkiens,
de Verstovsky, de Dargomyjsky, de Glinka lui-même, l'art des
salons et des gentilhommières : le style italien s'y trouve profondément déformé par le goüt russe qui se cherche encore,
mais a déjà des trouvailles délicieuses. Ce vieux style italo-rnsse
subit chez Stravinsky une nouvelle déformation que j'appellerais négro-américaine : ce sont des rythmes syncopés, convulsifs, un orchestre où dominent les cuivres, des crudités
harmoniques qui se plaquent bizarrement sur la ligne mélodique. 11 en résulte un ensemble curieux, très amusant parfois,
très intéressant aussi musicalement, mais qui, bien que sa durée
ne dépasse pas une trentaine de minutes, finit tout de même par
lasser.
Qut:l que soit le point de départ de l'artiste, quelle que soit
la source où son caprice veuille s'abreuver, le résultat seul nous
importe : Stravinsky n'a pas réussi cc nouveau coup d'essai. En
effet, l'impression générale est celle d'un pastiche, d'une sorte
de plaisanterie musicale dont le principal défaut serait de n'être
pas suffisamment plaisante. Mais tel n'est certainement pas le
des ein de Stravinsky : il s'agit d'infuser un sang nouveau à
d'anciennes formes, il s'agit probablement de rénover ces formes, de créer ainsi un nouveau style d'opéra-comique. En ce
cas le sujet est trop mince, trop fragile : il s'effrite en poussière
sous son riche revêtement musical, où les deux styles - italorusse et négro-américain - ne parviennent pas à se fondre et
se gênent mutuellement.
La partie vocale, d'une grande difficulté, fut excellemment réalisée par MMmcs Slobodskaïa, Sadovenn et Rosovska et par
M. Belina; mais l'orchestre sous la direction de M. Fitelberg
me parut souvent trahir les intentions de l'auteur : il fut lourd,
épais, inutilement expressif et insuffisamment rigoureux.
.
C'est l'orientation nouvelle de Stravinsky probablement qw

WOTES

II9

n~~s a valu la Belle au bois Dormant de TschaïkoYsky, réduite
d a'.lleurs à un seul acte. On n'aime pas TschaïJrnvsky en France
et Je partage personnellement l'antipathie de mes collèaues
fr
' '
é
.
b
:13ça1s a cet gard. Pourtant, la virulence de certaines attaques
m_ a frap~é : les ~allets de Tschaïkovsky sont en effet ce qu'il a
fait de mieux. et_1l _Y a dans la Belle nu Bois Dormant des pages
charmantes. Mais 11 est probable qu'il s'aait d'une sorte d'idiosy~crasie : il y a un cas Tscbaïkovs.ky, co;me il y a un ca~ Chabrier, un cas Bruckner; nous ne parvenons pas en effet à comprendre, Français et Russes, ce qui rend chère aux Allemands la
musique de Bruckner. Un étranger ne peut s'expliquer )'engouement des musiciens français pour Chabrier. Il en est de
même de_Tscha.ï~ovsky dont le charme, le caractère profondément n.at1o~al (~1~n plus national que Rimsky-Korsakoff) ne
seront Jamais sams par un esprit de culture française.
I.I faudrait ~aintenant _parler d~nse, mise en scène, spectacle,
mais cela ne m est pas facile, car bien des vérités sont non seulement désagréables à entendre, mais aussi à dire. 1 ous savons tous
ce que nous d~vous à ~crge de Diaghilew: le rôle de cet organisat~ur, d_e ~et animateur incomparable a été vraiment unique dans la
vie a.rtisttque européenne
de ces quinze dernières années•, mais
.
t
no re reconn31ssance, notre admiration pour ce qu'il a fait ne
peut n~us priver Ju droit d'exprimer aujourd'hui nos critiques et
nos crat~tes. Sa trou~e s'est appauvrie: Miassine n'a pu être remplacé, m comme m~1tre de ballet, ni comme danseur; le départ
de. Sokolova se fait également sentir, surtout dans le Sacre du
Pr111/emps: Ja ijinska a beaucoup de goüt, une excellente
technique, ~ais elle est trop nerveuse et manque, de résis~ance. ~réfilova est une ~anseuse classique de premier ordre,
3 tecb01que est presque impeccable; Idzikowski est un gymnaste ét_onnaut,_ mai~ ..dans Je Spectre de la Rose ils ne pc:vent
nous faire oublier • IJtusky et Karsavina.
Cela peut encore changer : la saison prochaine Diaghilew
nous amènera peut-être Spessivtseva ; peut- être reverronsnou
Kars avma,
·
M'iassme.
·
ce qui· est bien
· plus grave c'est
,
1absence d'homogénité, l'absence de discipline dans le corps du
bal!et, et_ surtout l'affaiblissement de cet esprit autoritafre, il est
~s enthousiaste qui dirigeait toute l'entreprise et lui
mpnma1t une vie puissante. Je souffre en voyant se décom-

rai .

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

poser sous mes yeux. l'admirable chorégraphie du Sacre par
oubli, inattention, insouciance des exécutants ; je suis inquret
pour l'avenir de la belle œuvre de Diaghilew lorsque je constate
aujourd'hui dans soù action une sorte de timidité, de l'éclectisme: lui qui, auparavant, par ses coups d'audace et son esprit
de risque, nous imposait ses conceptions, semble préoccupé
aujourd'hui de deviner, de satisfaire nos inclinations, nos goûts
naissants. Il y a en lui flottement, hésitation, peut-être fatigue.
Espérons que ce n'est que temporaire.
B. Di: SCHLOEZER

*

* *

WAGNER AU THÉATRE DES CHAMPS-ÉLYSÉES.
Nous venons d'avoir eu une sai~on wagnérienne au théâtr~
des Çharnps Elysées: une splendide troupe italienne sous la
direction de M. Serafini nous a fait entendre Tristan, le, .Maîtres
Chanteurs, Parsifal, Lohengriii: nous avons admiré de belles
voix, un jeu très expressif, des chœurs merveilleusement disciplinés, riches et souples, un chef d' orchestre d'un tempérament
musical ardent, régi par un goût sûr, servi par un métier parfait,
mais dont toutes les intentidns nt; furent pas toujQurs comprises
par ses instrumentistes.
Warrrier fut exécuté à l'italienne, c'est-à-dire très en dehors,
b
aveç une passion exubérante (Tristan), avec une certaine
bouffonnerie dans le comique (les Maîtres Chanteurs). Ce n'est
pas un reproche à faire aux artistes: l'exécution à l'allemande,
à la françûse n'est ni plns, ni moins justifiée que l'exécution à
l'italienne. Lorsqu'il s'agit d'~uvres comme celles de Wagner il
faut dénier à qui _que ce soit, à quelque nationalité que ce soit
le droit de nous imposer un style modèle, nne e:récution type.
Exécutez \.Vagner à l'américaine) si vous pouvez. et si vous parvenez à maintenir l'unité de style, à me donner une impression
complète, à me convaincre, vous avez raison gagnée . Le résultat couvre tout ; dans ce cas-ci, l'unité de style était parfaite :
les Italiens ont donc triomphé. Ce fait prouve qa'il y a de l'italien en Wagner; un jour, peut-être, on 11ous y feta goûter du
russe, du polonais ... Et ce sera très bien.

,.
**

B. DE SC}!LOEZBR

NOTES

121

LES DANSEUSES CAMBODGIENNES A L'OPÉRA.
Somptueux hommage adress_é par le roi Sisowatb à la
République, sa suzeraine, le ballet cambodgien est venu en
France, à la grande joie des amateurs d'art oriental. De Marseille où elles ont contribué au faste de !'Exposition coloniale, les danseuses de Pnom-Peuh sont venues passer troisjours à Paris : étrange pensionnat d'une vingtaine de fillettesque surveillaient vigilamment cent soldats de la garde indigène!
Petites ( elles ont quinze ans à peine), les hanches larges
et raides, le buste long, elles apparaissent vêtues avec magnificence. Par-dessus . leurs culottes aux teintes amorties,
tombent d'amples tuniques aux. couleurs vives que constelle-·
l'innombrable scintillement des pai.llettes miroitantes . Contrastant avec les teintes opulentes de l'habillement et l'éclat
des ors, leur figure recouverte de céruse apparait blême et
impassible, comme un masque de porcelaine blanche dont
la peinture a été oubliée. Les cheveux noirs et brillants sont
appliqués contre la tête petite comme une couche d'émail;
ils semblent de la même matière que celle des grands yeux
sombres qui s'allongent vers les tempes.
Le rideau se lève. L'orchestre et le chœur apparaissent de
chaque côté de la scène, tournant le dos à. la salle, indiquant
par leur orientation le point important ou se dérouleront les
danses.
Le chœur : quelques chanteurs accroupis qui tout à l'heure
émettront des vocalises confuses et nasillardes en marquent la.
mesure par le choc de deux baguettes de bois.
L'orchestre qui déjà prélude, se compose de clarinettes
indigènes, de tambours et de xylophones dont les sonorités
sourdes s'opposent aux notes claires d'un glockenspiel. "(Jn
rythme impeccable entraine ce jazz-band austère, dont les mélodies pas très différentes des nôtres accompagneraient volontiers
un schimy ou un fox-trot ...
C'est bien là une des choses les plus étranges, ce contraste
entre la musique vive qui incite aux mouvements rapides et
les danses qui tout à l'heure développeront leurs gestes ralentis. Ici, pas de pléonasme selon la formule occidentale clas-

�122

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

~ique, pas de répétition du même sentiment. Selon le souhait
&lt;le Jean Cocteau, la musique et la chorégraphie al,lront chacune
leur signification propre et.les deux arts simultanément évoqueront des choses différentes ...
Mai.$, voici les danseuses qui apparaissent. Et tandis que
l'orchestre nous raconte l'innombrable et anonyme _pulullement
Je l'Asie, le ronflement
- de.« la roue de la vie », les bayadères
en leur Ient défilé, reprennent les danses figées sur les mu
:railles millénaires d'Angkor et renouyellent la procession
hiératique des Apsaras impassibles. Leurs gestes semblent
se mouvoir dans une atmosphère visqueuse, leurs membres
ondulent comme des algues dans les profondeurs marines
et leurs mains s'épanouissent comme d'étranges fleurs aux
-pétales mobiles... Ce sont des demi-déesses certes, mais les
&lt;lemi-déesses d'u11e religion panthéiste où les dieux eux-mêmes
s'identifient à la nature, à la végétation exubérante et vivace
.des terres chaudes.
Avec ses danseuses de quinze ans., le roi Sisowath nous a envoyé un peu de l'antique Asie ...
J:

r23

NOTES

casion où Marguerite Jarnois fut si charmante qu'on oublia
le théâtre et ses mensor.iges pour ne plus voir que ce jeune
et pâle visage où la douleur mettait un pied de rouge, Les
spectateurs sortaient de la salle, à la porte, une ouvreuse
distribuait les billets qui permettraient d'y rentrer. Elle
semblait émue et pleurait presque. Soudain, elle s'approcha d'un monsieur qu'elle regardait avec une attention respectueuse, depuis quelques instants déjà, et lui . prenant les
mains:
- Oh ! Monsieur, comme vous m'avez fait pleurer I monsieur Mérimée !
- Vous vous trompez, ·mad_ame, dit le, monsieur surpris,
et se tournant vers son compagnon qui souriait, il le montra
du doigt, monsieur Mérimée, c'est monsieur.
Puis, Max Jacob, l'auteur supposé de L'Occasion et Jean
Paulhan, saluant son admiratrice par erreur, - cc car c'étaient
eux )l, comme on écrit dans les romans policiers, reprirent
place dans la salle où le rideau se lev.ait sur Chantage.

C. PRIVÉ

* *

LE COURRIER DES MUSES.
Mérimée enfant perdit ses iÜusions pour avoir entendu ses
parents rire ~errière une porte mal fermée. Il avait pleuré,
trop sensible aux reproches qu'on lui fais.ait d'une faute légère,
pleuré peut-être ses dernières larmes. Il sut depuis ce jour-là
fermer son cœur aux sentiments profonds. Il voyagea. Il
écrivit rarement et sans trop croire à son génie. 11 prit.le~
femmes par plaisir et les quitta par ennui, même les plus
.dangç:reuses, George Sand pour qui Musset .perdit sa jeunesse et Chopin sa vie, l'Impératrice qu'on chansonnait sous
le nom de Badinguette. Il fit de belles mystifications litté.taires
çt grâce au masque de Clar_a Gazul, il put rire au nez du
Romantisme. Mérimée, bien qu'il soit mort depuis plus de
~inquante ans
vient d'être le héros d'une anecdote, ou à peu
,
J
~b.
.
Il y a trois mois,. 1' « Atelier » cle Charles Dullin donnait
une matinée au Vieux-Colombier:. O,n venait de jouer I.:Oc-

On m'a cité le mot d'un aimabfe marchand de tableaux, qui
touchait de la main 1e cœur de pierre d'une statue qu'il croyait
ancienne et disait :
- Le froid des siècles !
Le mot est joli mais, _au hasard de la pensée, il n1'a conduit
à de bien tristes réflexions. Que le froid des siècles passés
nous gèle, passe encore, mais la chaleur de celui où l'on vit
ne devrait-elle pas être douce ? Il ~st vrai qu'un siècle _veut
toujours imiter le siècle précédent. Comment il n'y réussit
p11S, c'est sa particularüé, sa marque originale. La grande
mélancolie romantique qui désolait-Wer.ther, René, Obermann,
est auj&lt;mrd'bui remplaoée par un décourage_ment qui àtteint
profondément la jeunesse et surtout celle de qui l'on pouvait attendre le plus. On ne se demande plus « Pourquoi ? )l
On se dit « A quoi bon ? » L'ironie supplée au doute. Au.jourd'hui l'inquiétude de la jeunesse ne prend plus guère la
forme philosophique (Dieu existe-t-il ? C'est s.on affaire et
non la n6tre) mais nous n'avons pas encore dissipé l'héri-

�LES REVUES

LA NOUVELLE RE\"UE FRANÇAISE

tage dangereux de Rousseau. Depuis cent cinquante ans,
!'écrivain se regarde au miroir et caresse amoureusement
ses faiblesses et ses défauts. Les jeunes gens demandent des
certitudes, on leur offre des possibilités. S'ils regardent en
arrière, ils voient Baudelaire au confessionnal du cœur ou
Laforgue se noyant, pauvre Narcisse, dans les étangs du souvenir ! S'ils se tournent vers les maîtres d'aujourd'hui, Paul
Valéry, le divin charmeur du Serpent, André 'Gide? Hélas !
j'en connais qui sont trop faibles pou-r consentir à tout, pour
« ne pas choisir)), et ceux-là qui se refusent à la vie, la quittent
parfois - si elle devient trop indiscrète - et s'en vont. tranquillement, sans laisser d'adresse. ·
GEORGES GA.BOR\'

** *

LES REVUES

125

Les poèmes qu'il nous livrait, il ne les considérait nullement comme
un aboutissement, mais coi:nme un jeu, une sorte de démonstration
qu? se d~nnai_t à lui-n_1ême, d'expérience, ou mieux : d'expérimen:
tauon. Merue Il songeait à les réunir sous ce titre commun : Exercices,
entendant par ce 11101, non un moyen d'entraînement mais bien Ja mise
,
.
.
'
en vigueur d un systeme ; et Je ne pense pas que le Vinci considérât
très différemment ses tableaux.
De ce systëme, il ne m'appartient pas de parler. Je veux croire avec
Valéry que son œuvre la plus importante gît éparse encore dans ces
mys_térieux cahiers où lentement il l'élabore, et qui s;.ns doute rappel lent eux aussi ceux de Vinci. Mais méthode ou système si excellent
qu'!I soit, qùe vaudrait-il pour réussir une œuvre d'art, ;ans les particulières qualités de celui qui l'applique ? Ce qu'il me p~aît surtout de
retrouver dans les vers de Valéry, bien qu'ils l'offusquent, c'est sa tendresse. Je me souviens que dans les premiers temps de notre amitié il
me citait avec adm1ration un mot de Cervantès (je crois) : « co:Umeiit cacher un_homme ? &gt;l, mot dont alors je ne saisissais pas bien ·1e
sens. J'attendais l'œuvre de Valéry pout le comprendre.

.

PAUL VALÉRY
Le dernier numéro du Divan réunit, en hommage à Paul
Valéry, des études, des souvenirs ou des poèmes de la Comtesse
de Noailles, Henri de Régnier, Edmond Jaloux, Fr. Viélé Griffin,
Charles du Bos, Henri Ghéon, Fr. le Grix, Lucien Fabre ...
André Gide écrit :
... Ses premiers collaborateurs de la Conque et du Centaure se déso•
lai,ent de le voir abandonner la poésie, et s'engager dans une voie qui
leur semblait ne mener qu'à des spéculations impuissantes. Mais c'était
pourtant la puissance que recherchait précisément Valéry. Rieu ne lui
paraissait moins tentant que le succès qu'il eùt facilement obtenu par
une production abo,ndante. Son appaTent renoncement cachait une
ambition plus haute. « L'erreur, je parie, de bien des gens à mon
égard, m'écrivait-il en 93, est de me supposer, malgré tout, une
arrière-pensée littéraire ; de croire que je tends, en somme, à travers
les restrictions que je professe et le renoncement, à quelque g_enre nouveau. » Et, en 94 : « J'ai agi toujours pour me rendre un individu
potentiel. C'est-à-dire que j'ai préféré une vie sttatégique à une tactique. Avoir à ma disposition, sans disposer ... Ce qui m'a frappé le pl.us
au moude, c'est que personne n'allait jamais jusqu'au bout. » Il n'était
donc que de persévérer. Et durant vingt-cinq ans Valéry se tut, travaillant sans cesse.

A PROPOS DE MARCEL PROUST
M. Ernest Curtius a publié dans le numéro de Février du

.

Neue Merkur un remarquable article sur Marcel Proust do ot il

,
'
n est peut-etre pas trop tard pour donner ici un extrait :

Ce que Gide a dit un jour des hommes de la Provence : qu'ils ont
cette assurance un peu facile de ceux qui s'étant déjà dits dans Je
P:t5sé, n'ont plus qu'à se redire sans effort et ne trouvent plus rien de
~ten neuf a ch~rcher )), cela nous vient souvent à l'esprit à propos des
~vres des Français. Combien pourtant il serait trompeur de généraliser de telles impressions, c'est ce que montrent les ouvrages de
Pr~ust. Proust demande au lecteur un assouplissement et une réadaptat'.on _de son appareil de perception esthétique, une tension élastique,
qui exige d'abord un déploiement d'énergie, mais qui ensuite - comme
une série d'exercices musculaires - produit une vitalisation bienfaisante de tout l'organisme. 11 a justement, lui, du nouveau à d,ire: et il
a dô se fabriquer, à cet effet, des moyens d'expression nouveaux. Et
pourtant le résultat de son art s'insère après coup dans la loi constitutionnelle de l'espri~ français, dans la perspective de son optique, telles que
nous les connaissons d'après une longue tradition, d'une maniè(e tellement significative, qu'en nous retournant pour regarder en arrière
nous êp rouvons cette saus,act1on
· c · que
.
donne toute vue sur une conti-'
«

�126

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nuité nécessaire, organiqoe et dépassant les individualités. Proust ajoute
un nouveau chapitre à ce que nous savions de la morphologie spirituelle de la France, mais non pas en bouleversant les résultats des chapitres précédents, bien plutôt en les- approfondissant et en les confirmant.
•* •

SUR LES COPAINSD'une étude enthousiaste sur les Copains de Jules Romains,
que publie la Revue de Belles-Lettres, détachons ce passage :
Les Copailn sont pour nous une œuvre sacrée, mais qu'on ne se
méprenne pas. Cela veut dire que nous cr-0yons au côté profond, mysti.que de ltur vie. Mais l'ironie, mais la « monture &gt;l qui est partie
inhérente et non la moindre de leur personnalité nous est tout aussi
sacrée. En analysant ce -lyrisme, nous dissocions un tout, pour en saisir, séparés ou morts, les éléments composants. Mais notre admiration
va au tout brut et complexe. Aussi quand nous refusons de voir dans
les Copains une ~impie farce habile, ce n'est pas pour en faire un traité
romantique. Nous prenons ce livre comme quelque chose de vivant et
de complexe, où l'exaltation de la vie n'a rien de morbide, mais est
baignée d'ironie parce qu'elle resplendit de santé. Ce pourquoi Romains
l'offre pour Conseiller de la Joie et Briviaire de la Sagesse facétieuse.
L'ironie, la« monture n, il faudrait montrer qu'elles sont là, non pas
pour mitiger après coup uoe sentimentalité que l'auteur craindrait être
excessive, mais parce qu'elle. fait partie de sa vision poétique, parcequ'dle est un des éléments de son iyrisme .....
Que les deux facteurs soient mêlés, l' irollie cédant le pas à la ferveur, puis comme avide de ses droits la rattrapant, la dépassant, les
deux jouant _à cache-cache et se démasquant tout à tour, voilà qui cmn-ble le plus pleinement notre attente.....
,._

* •

LES ENTRETIENS D'ÉTÉ DE PONTIGNY
On sait qu'avant la guerre un comité dont M. Paul Desjardins
était l'âme, organisait chaque été, dans le cadre magnifique del'abbaye de Pontigny, des réunions où des esprits cultivés, de
nationalités différentes, échangeaient à loisir leurs idées sur un
thème de littérature ou de morale, à l'avance choisi comme
programme. Dès r9ro les écrivains de la Nouvelle Reu11e Française participèrent à ces &lt;&lt; décades
et se rencontrèrent
avec d'éminents représentants de la pensée étrangère. ·

i,

LES REVUES
127
Le Co~ité_ des 1;ntretiens d'été de Pontigny- composé de
Paul Des1ard1ns, d Arthur Fontaine, d'André Gide de G .
Raverat
·
1
'
eorges
' - 1ug~ ~ue e moment est venu de reprendre son
œuvre. Des mv1tat1ons ont été lancées pour cet été . U
ééé
·
· n programme a t tabh. Nous en empruntons l'esquisse à 1a REVUE
DE GENÈVE (No du r" Mai) :

Cette ann~e, trois décades sont prévues: l'une sur !'Éducation (du

7 au 16 Aout) à laquelle " sont conviés ceux qui 5e préoccu ent du
déf~ut de concordance entre l' éducation d'à présent et le é . p d
so été
li ·
r g1me es
6C1 :
tiques )) ; un sec~nde sur un sujet de littérature (du 17 an
2 Aout1, la cc culture de la -nerté par la riction &gt;&gt; le point d'ho
du. Moyen-Age
a
tl eman, l'honn ête homme l'autono . nneur
. , le .,en
'b é
dmenNne, _la selfreliance d'Emerson - ; une troisième,enfin sur 1:1;0:i;t;
es atrons : à cette décade O
d ·
•
de la
.
.
.
, n vou rrut réumr « des amis réfléchis
. Paix et qul conviennent que le moyen de l'établir (pré ·s
''j
s'aa 1t d'u F ·d, •
c1 ons qu 1
. "' .
ne e erat1on des Etats) doit être voulu pteinetnent
. difficile et reculé enco
E
d
, mais est
.
.
.
re_... ssayer e mettre au point, de sorte qu'elle ne
sou que b1enfa1sante, 1'1dée•profondément naturelle de Patrie . c'est là
~.ne, entre~rise d'é_claircissement, de pacification. On voudrai~ qu'el!~
ut au moms ~qu1ssée dans un conciliabule de civilisés au commencement du xx• siècle.
'

ro

B :armi les adhésions déjà recueillies, citons celles de. Johann
OJer, Arnold Bennett, Albert Thomas

Ferrero

Pr.e

1· .

A d é G'
'
'
zzo llll,
p·n r
ide, Wells, Duhamel, Paul Hymans, Arthur Fontaine
ierre Hamp, Strachey.

'

***

MEMENTO

ACTION (mars-avril) : Pitoejf, par J. Bucher.
ARIANE (mai) : Delille poète, par Robert Bonnert.
BELLEs-I .ETTRES (ru ') • F
· r
Al h
. .
ai ·
mncis ;rmzmes ou notre chag,·ltt
P onse Météné; M . Paul Valéry, par André Delacour.
' par
LaL; BON PLAISIR (maj) : Dans l'i11tm611toriale Asie, par J. Douyau ,
affesse de M . Bl,iise, nouvelle par Ch. Phalippou.
'
ma~:~SES

DE

THÉATRE (mai) : Comment j'écris ime pièce, par Lenor-

. Ll~ Com.AISSA NCE (avril) : Mademoiselle Zeline Ott Bonheur de Di
a usaue d'
•
D
eit
.,
u~e vm11e w wiselle, par Marcel Jpuhandeau ; Les
prr;:EE;b-ve:·sift du Man~arin : M. Reni Can.at lauréat, élève et cuistre.
(n 1 ) : Souvenirs, par Tristan Derême.
LE DIVAN : Tristà1i Klings&amp;r, par Pierre Lièvre.
LE DISQUE VERT (juin) : Poèmes, par Odilon Jean Périer

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

128

EcRITS NouvEAUX (juiu) : La cnuwté rnsse, par Maxime Gorki ;
Fargue, par Adrienne Monnier; Le Secret profession11el, par Jean Cocteau.
EssAJS CRITIQUES (mai) : A /'Atelier, par Azaïs.
LES FEUILLES LIBRES (n° 26) : Poèmes, par Ernst et Eluard ; Mogarmi
Nameb, par Blaise Cendrars.
LES LETTRES (mai) : Lettre 11 Sidoi11e rnr quelques préj111;és ett matière d'a,·i religieux, par François Fosca ; Le, trois Fontaines, par
René Des Granges; (avril) : Lettre IÙ Flaubert à Louis Bouilhet, par
Louis Martin-Chauffier.
LETTRES RHÉNANES (avril) : 'froisième lettre sur les spectacles, par
Benoist-Méchin ; Sonate, par André Norys.
MERCURE DE FRANCE ( 15 avril) : Souvenirs de mon commerce. Dans
la cotltagion de Mécislas Golberg, par André Rouveyre: (15 juin): La
fausse resse1J1blauce, par J. de Gaultier.
LA NouvELLE REVUE (mai) : Stevenson j11gé par son beau-fils, par
Paul-Louis Hervier.
L'ŒUF DuR (avril) : Petits Poèmes, de Tristan Derême ; Side-Car,
par Maurice David.
LA RENAISSANCE D'OCCIDENT (février-mai) : Petite Odyssie d'un
poUe lointai11, par Daniel Tbaly.
REVUE DE L'AMÉRIQUE LATINE (avril-mai): Paysages imaginaires
à'A111irique, par R. Gomez La Serna ; Le sem de l'Exotique da11s la
Poésie Frn11çaise : M. Jules Supervielle, par André Fontainas.
REVUE DE BOURGOGNE ( I 5 juin) : Un touriste italie11 à Mdro11
en 1665 1 par G. Jeanton.
REv·uE DES DEux-MoNDl!S (15 1{iai-15 juin) : Les profondeurs de la
mer, par Edmond Jaloux.
REVUE DE GENÈVE (mars-avril)
Méditation Stll" Baudelaire, par
Charles Du Bos; Guin) : Noct11.rne, par Fr. Swinnerton.
REVUE DES JEUNES (avril) : Les Saints et le thédt1·e chrétien pop11lllire,
par Henri Ghéon.
LA REvuE MONDIALE (15 juin); Du co11tre-sc11s, par Emile Faguet.
REVUE PHILOSOPHIQUE (mars-avril) : La psychoanalyse et le problème
de l'illconsâent, par A. Ombredane.
REVUE RH ÉNANE (juin) : Les tapisseries des Gobelins.
LA REVUE- DE la SEMalNE (28 avril) : Réflexions sur l'œnvre critiqile
de Paul Bourget, par Ch. Du Bos ; La littemture et la Société du moye11a'ge., par Jean Longnon.
LA REVUE UNIVERSELLE (mai): L'A11101w, les Muses et la Chasse
(III), par Francis Jammes ; Einstein et la relativité, par Louis
Dunoyer.
LE GBRANT : GASTON, GALLIMARD.

ABBEVILLE. -

IMPRIMERIE

F. PAILLART.

.l

LE MARIAGE DU CIEL
ET DE . L'ENFER

Le ~ariage du Ciel et de l'Enfer dont nous donnons îci la
trnclu~tion complète, p~rut en 1790. C'est lep-lus significatif et
le m~ms ,touff~ des.« livres pr?phétiques » du grand mystique
an~l~1s, a la_ fms pemtre et -poete (1757 à 1828).
J a1 conscience que cette œuvre étrange rebutera bien des
lecJeurs. En Angleterre elle demeura longtemps presque
complèt.ement ign_orée ; bien rares sont, encore aujourd'hui,
Ceux .qui la
, connaissent et l'admirent. Swinburne fut u n d es
P;em1er~ ~ en signaler l'importance. Riel). n'était plus aisé que
d Y. c~e1lhr les q~elques phrases pour l'amour desquélles je
décidai ~e le tra?u1re. Quelques attentifs sauront peut-être les
découvn~ sous 1ab~rrdante frondaison qui les protège.
- Mais pourquoi donner le livre en entier?
- Parce que je n'aime pas les fleurs sans tige.
A, G.

Rintrah mgit et secoue ses feux dans l'air épais ·
D'affamés nuages hésitent surfabîme.
'
Jadis débonnt;ire et par un périlleux sentier,
L'homme juste s'acheminait
Le long d11, vallon de la mort.
Ou la ronce croissaù on a planté des roses
Et sur la lande aride
_
Chante la mouche à miel.
Alors, le périlleux sentier f11t bordé d'arbres,
Et une rivière, et 1me source
9

�I 30

LE .MARIAGE OU CIEL ET DE ÙENFER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Coula sur chaque roche et tombeau ;
Et sur les os blanchis
Le linwn rouge enfanta.

LA VOIX DU DIABLE

.,

Jusqu'à _ce que le méchant eût quitté les sentiersfaciles
Pour cheminer dans lès se'ltJ.iers périlleui1 et chasser
L'homme juste d®s des régions arides.
A présent le serpent rusé chemine

En douce humilité,
Et l'homme juite s'impatiente,,danî, les déwt~
Ou-les lions rôdent.,
1(

r

...

1)

J

r:'

•

Rintrah rugit et secoue~~s Jeux dans l'air épai-s;
D'affamés n:tlages héoitent sin: l'abîme.
·
fi'

J

Puisqu'un nouveau. ciel é 'commencé et'iu'il' Y, fi'#iairit~;ar.zi
trente-trois ans d'éc01ûés-depuis 2on a:vène'nJenf :1'E.t~~nehE1;1.Jer
·•
f1
•
~
•·
se ranime.
r ('
'
rr
?
Et voici I Swedenborg es.t. cet ange qui se.,jien,J,- assis sur la
tombe: ses écrits sont ,ces linges pliés.
~, '.
C'est à présent la domination d'Edom et la rentrée d'Adam
dans lé Paradis - Voir Tsaïe XXXIV et XXXV.
Sans contraires il n'est pas de progrès. At1ractùm et R(pttlsîon, Raison et Emrgie, · Amou-r et- Haine; s.ont 1'tiçessJit&lt;es a
l'existence de I'ho-mme.
., •. ,
De ces contraires découlent ce. que.les religions ç,Pf}e)lent'le,.8ien
~
et le Mal.
Le Bien (disent-elles) est le passif quî_"se soumet à' la Raison.
Le Mal est l'actif qui prend source dan5 l'l;:nergie-; 1
Bien est Ciel, Mal est Enfer.
\

" .J

Toutes les Bibles, ou codes sacrés, ont été, cause des
erreurs suivantes :
I ~ Que 1'l10mme a deux réels principes existants, à
savoir : un corps et une âme.
2,Q Qué l'Energ3.e, appelée le Mal, ne procède que du
corps, et que la Raison appelée Bien ne procède que de
l'âme.
.
3~ Qt~e. Dieu tartinera l'homme durant l'Rteroité pour,
avoir smvi ses énergies .
Mais contr&lt;\ires â celles-ci, les cl~oses suiva.rites sont
vraies :
'
1° L'hom~1e n'a pas un corps distinct' de $On âme, car
ce qu'.on appelle corps est une p·artie de l'âme përçue par
les .:mq sens, principaux débouchés de l'ftm e dans cette
période de vie.
2 ° ~'énergie-est la seule vie; elle procède .du corps, et
la Raison est la borne de l'encerdement de l'Energie.
3° L'énergie est l'éternel délice.
Ce~x qui répriment leur désir, sont ceux dont le désir
est faible assez pour être réprimé ; et l'élément restricteur
ou raison usurpe alors la place du désir et gouv~rne celui
dont la volonté -abdique.
Et le désir réprimé peu à peu devient passif jusqu'à n'être
plus-que l'ombre du désir,
·
·
La relat~on de cela est-consignée da11s k Paradis P~du;
et 1~ Dommateur c'est•à.-dire la H.aiso,n , y -a npm Messie.
Et l Archange originel ou capitaine de l'armée !:éleste y est
appelé Diable ou Satan, et ses enfants y ·s ont appelés Mort
et Péché.
Mais dans le üvre de Job, le Messie de -Milton a nom
~atan. Car cette relation a été adoptée par les deux parties. Assurément, il· semble à Raison que Désir a été

�I

32

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

chassé, mais le rapport du Diable c'est que le Messie
tomba et construisit un ciel ave~ ce qu'il dérobait à
l'abîme.
Ceci èst révélé dans l'Evangile, où nous le voyons prier
le Père d'envoyer le Consolateur, ou ·Désir, afin que · Raison puisse avoir des Idées pour construire - le Jehovah de
la Bible n'étant autre que celui qui habite dans le feu
flamboyant.
Apprends qu'après sa mort, c'est le Chris't qui devient
Jehovah.
Mais dans M,ilton, le Père est le Destin ; le Fils, un
Raison des Cinq sens, et le Saint Esprit, le Néanr !
NoTE : Ce qui :fit que Milton écrivait d,ins la gêne lorsqu'il parlait des Anges et de Dieu, dans l'aisance lorsque.
des Démons et de !'Enfer,_c1est qu'il était un vrai poète et
du parti de_s Dé_mons, sans le savoir.
VISION MEMORABLE

Tandis que je marchais pa·,mzi les fiammes de /:Enfer, et
faisais mes délices du ravissement du génie, que les Angesconsiderent comme tourment et jolie., je recueillis quelques-uns
de. leurs Proverbes ; car de mime que les dictons en usag'e chez
ttn peuple portent la marque du caractère de celtti-ci, j'ai
pensé que les Prpverbes de l'Enfer manifestent la na/ure de la
Sagesse Infernale, mieux qu'aurnne i.kscription d'édifices on de·
vêternents.
Quand je revi11S chez moi, sur- l,'abînJe de mes cinq sens,
la où un plateau surplümbe abruptement le présent monde, je 'vis
un puissant Démon enveluppé de nuages noirs, plammt au-dessusdes parois du roc : avec de corrodantes flammes -il écrivit la sentence suivante, à présent perçue par les cerveanx des hfJ1Jimes et
lue par wx sur la terre :
Borné par tes cinq sens, ne compre11ds-tu donc pas
Que le. moindre oiseau. qui fe1id l'air
Est un itnmensnnonde de délices?

I.E MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

133

PROVERBES DE L'ENFER
J

Dans le temps des semailles, apprends ; dans le temps
&lt;les moissons, enseigne ; en hiver, jouîs.
Conduis ton char et ta charru_e par-dessus les ossements
&lt;les morts.
Le Chemin de l'excès mè~e au palais de la Sagesse.
La Prudence est une riche et laide viei1le fille à qui l'incapacité fait la cour.
1

Le Désir non suivi d'action engendre la pestilence.
Le ver que coupe la charrue, lui pardonne.
Celui qui aime l'eau, ;1.u'on Je plonge dans la rivière.
Un sage ne voit pas le même arbre qu1un fou.
Celui dont le visage est sans rayons ne deviendra jamais
une étoile.
Des ouvrages du temps !'Eternité reste amoureuse.
La diligente abeille n'a pas de temps pour la tristesse.
Les heures de la folie sont mesurées par l'horloge, mais
celles de la sagesse, aucune horloge ne les peut mesurer.
Les seules nourritures salubres sont celles que ne prend
ni nasse ni trébuchet.
Liue de comptes, toise et balance ·; garde cela pour ut1e
année de disette.

�134

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'oiseau ne vole jamais trop haut, qui vole de ses propres
ailes.
Un corps mort ne venge pas d'une in1ure.

13 5

L'ENFER

Le fou égoïste et souriant, et le fou morne; et re11frogné,
seront tenus tous deux pour sages, et serviront de verge et
de tléau.
•

L'acte le plus sublime, c'est de plaG:er un autre aYant

Si le fou persévér-ait daus sa folie, il rencontrerait la
Sagesse.
·1

m:

Jj

Evidence d'aujourd'hui, imagination d'hier.

SOL

Insanité, masque ·du fourbe.
Pudeur, masque de l'orgueil.

LE MARIAGE DU CIEL ET

J

Le rat, la souris, •lè renard, le lapin, regar"dent vers les
racines; le lionr le tigre, le cheval, l'éléphant regardent vers
les fruits.
Citerne contient, fontaine déborde.
Une pensée, et l'ï°mmensité est emplie.

Les prisons sont bâties avec les pierres de fa Loi, et avec
les briques de la religion, les bordels.
•

J

Orgueil du paon, glo_ire de Dieu ;
Lubricité du bouc, munificence- de Dieu ;
"Colère du lion, sapience de Dieu ;
Nudité &lt;l'e la femme, tra,a-il de Dieu.
L'excès dè chagrin rit ; l'èxcès de plaisir, pleure.
Le .rugissement des lions, le hurlement des loups, le
soulèvement de la mer en furiè et le glaive destructeur,
sont des morceaux d'éternité trop énormes pour l'œil des
hommes.
Renard pris n'accuse que le piège.

' Sois toujours prêt à füte tbn o~iniop., et le lâche t'évitera.
Tout ce qu'il est possible &lt;le &lt;Croire, est un miroir de
vérité.
L'aigle jamais n'a perdu plus de temps, qu'en écçmtant
les leçons du corbeau.
Le renard se ·pourvoit, Dieu pourvoit au lion.'
· Le math½ ·pense ; à midi·, .agis·; le, soir m,ange ;. la nuit,
dors.
Qui s'en est laissé imposer par toi, te ·connaît.
· La charrue ne suit pas plu~ les p~role.s g1,1e la i;écompense
de Dieu les prières 1 •

La joie féconde, la douleur accouche.
Que l'homme vête la dépouille du lion ; la femme, la
toison de la brebis.
A l'oiseau le nid ; à Faraigo.ée la Joile ; à l'homme
l'amitié.

Les tigres de la colère sont plus sages que les chevaux
du savoir.
1. Littéralement! « Comme la ·char.rue suit les paroles, cainsi Dieu
récompense les prières. »
;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

N'attends que du poison des eàux·st~gnaùtes.
Celui-là seul connaît la suffisance, qui &lt;l'a.bord a connu
l'excès 1 •
' '
Souffrir les remontr.~nêes du fou : privilège royal.
Y eux, de feu ; narines: d'air ; bouche, d'eau ; barbe, de
terre.

,. .

Pauvre en courage est riche en ruse.
Le pommier pour pqusser, ne prend point conseil du
hêtre; ni le lion, ni le cheval pour se nourrir.

LE MARIAGE DU · CIEL ET DE L'ENFER

Adversité, raidit ; félicité, rernche

1 37

1•

Le meilleur vin, c'est le plus vieux ; la meilleure eau,
c'est la plus neuve.
Prières, ne labourez pas l Louanges, ne moissonnez pas !
Joies, ne riez pas ! Chagrins, ne pleurez pas !
Tête, le Sublime; Cœur, le Pathos; gén'itoires, la Beauté;
pieds et mains, la Proportion.
Tel l'air à l'oiseau, ou là mer au porsson; le mépris à
qui le mérite.

Le corbeau voudrait que t0ut soit noir, et le hibou que
tout soit blanc.

Aux rewnnaissants, les mains pleines.
Exubérance : c'est Beauté.
C'est parce que d'autres ont été fous, que nous, ngus
pouvons ne pas l'être 2 •
L'âme d~ doux plaisir ne peut être souillée.
Si plane un aigle, lève la tête ; contemple une parcelle de
génie.
De n:iême que la chenille choisit, pour y pose·r ses. œufs,
les feuilles les plus belles ; ainsi le prêtre pose ses malédictions sur· nos plus belles joies.
Pour créer u.ne petite fleur, des siècles ont travaillé_.
1. Littéralement : « Tu ne peux connaître ce qui est ,assez, que si
tu as connu d'abord ce qui est plus qu'assez. &gt;&gt;
2. Littéralement : « Si d'autres n'aYa,ient pas été fous., c'est nous
qui devrions l'être. &gt;&gt;

Le lion serait rusé, si conseillé par le renard.

La culture trace des chemins droits ; mais les chemins
tortueux sans profit sont ceux là mêmes du génie.
Plutôt étouffer un enfant au berceau, que de bercer
d'insatisfaits désirs 2 •
L'homme absent, la nature est st,érile.

1. (Da11m braces; bless relaxes) Damn comporte une idée de malédiction, de damnation; bless, de bénédiction. Grolleau propose ici :
le ma/beur enchaine; le bonheur délivre. Mais il me parait que la pensét:
de Blake est ici faussée. Ce proverbe de l'enfer donne tout l'avantage
à la malédiction, à l'advers.ité. « To brace », ne peut signifier.: enchaîner ; son sens propre est ici : tonifier, (braâng afr) galvaniser,
tendre ; et s'oppose à « to relax » détendre, amollir.
_
2. Plus exactement : des désirs. inagis.

�I 38

-LA NOUv;ELLE REVUE FRANÇAISE

La vérité, jamais ne peut être. dite de telle manière qu'elle
soit comprise et ne soit pas crue.
Même loi pour le lion et pour le bœuf, c'est oppression.
En voilà assez ~ e}i voilà -trop.

.·

,1

Les poètes de l'aotiqu1té peuplaient le monde sensible
de dieux et de génies, auxquels ils donnai~~ les- non:s -: et
qu'ils revêtaient des attributs - des b01s, des rn1sseaux,
des montagnes, des lacs, des peuples, des cit~s, et de
quoi que ce soit que leurs nombrem: sens élafg1s _pussent
atteindre.
Ils étudiaient particulièrement le génie de chaque ville
et de chaque contrée, plaçant celui-ci sous la tutelle- de sa
déité spirituelle ;
.
Mais bientôt ,pour Yavantagè de •quelques uns, et pour
l'asservissemen~ de la masse, un effort fut tenté d'abstraire
ces déités, qui s'éèhàppèrent ainsi de leur matérialité première : les- prêtres entrèrent en scène. ' .
.
Instituant les rites, d'après les premiers récits des
poètes.
Et finalement les prêtres déclarèrent, qu'ainsi l'avaient
voulu les Dieux.

Les hommes oublièrent alors que seul, le cœur de
l'homme est le lieu de toutes les déités .

VISION MEMORABLE ·

Les prophètes )sait et Ezychie! so11paient~avec moi. Je le~r
demandai comment ils osaient si lib~emcnt affirmer q,ue Dieu

LE MAJUAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 39

leur parlait. N'avaient-ils point songé, ce faisan~ qtb'îls
risquaient de n'.étre pa,s compris, de p1tter appui à l'imposturû
Isaïe répondit: cc Certes, je. ne vis ni n'entendis aucun Dieu
par quelque perception limitée de mes organes, mais me5 sens
découvrirent T:·infini dans chaque chose, et dès lors je me convainquîs de ceci, .dont je demeute persuadé : que la voix de
l'indignation sincère est voix de Dieu; je ne mHnquiétai point
des conséquences; j'écrivis .
- Pour qu'une chose soit, demandai-je alors, la ferme conviction qièelle est, suffit-elle.? »
Il répondit .: (&lt; Les poètes le croient. Cette ferme conviction, dans les siècles d'imagination, nmuait les moMagnes;
rnais peu nombreux sont ceux capables, en quoi qut ee soit,
d'une conviction véritable. »
Ezechiel dit alors : c&lt; La philosophie de l'Orient enseigna les
premiers principes de la perception humai-ne, telle nation voyait
l'origine dans rel prùzcipe, t-elle autre, nation dans tel a.ùtre
principe-; nous d'Irraël, enseig11âmes que le génie,·poétique. ainsi que vous le nommez. 1naintenant - était Ye.- principe
initial, et que tous les a:ut-res en d6rwaient; de là-notre mépris
pour les prttres et ies philosophés des a.utres contrées; a t'est
pourquoi nous a.llions prophétisant que tous les dieux trouvaient
en nous leur origine1 comme il ser:ait enfin prouvé, ttib11taires
du. Génie Poétique ; c'étdit 1a œ que notre, grand poète...c:roi David
désirait avec tant de ferveur, et invoquait si pathétiquement, à
quoi, disait-il, il devait l'assufettissement des ennemis et Ze gouvernement des royaumes; et nozfs ai111ions 1w.tre Dieu jusqu'à
maudire en son n()1ilt toute autre déité des nations environnantes
et que nous déclarwns révoltées ; de- sorte que le vulgaire
vint if, penser qt'ie- toute,s les nat-ions seraient a la fin soumises
aux Juifs. Cela, dit-il,fut appelé ase-réaliser, ainsi que toutes les
fen-nes convicJions, car toutes les nations reconnaissent présentement le code'fziif et vénèrent le diett des Juifs. Or peut-il y avoir
sujétion plus grande ? &gt;&gt;
f' entendis tout cela avec stu.peur ei dus confemr ma conviction
pers0nnelle.
·

�140

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

Après le repas, je priai ]saie d'accorder au monde la révélation de ses œuvres perdues; il me dit qu'il ne s'en était
perdu aucune qui eût q1,œlque valeur. Ezechiel me parla de
même.
Je demandai alors a Isaïe pour quel motif il était allé, corps
et pieds nus,' durqnt trois a1Js. Il répondit : « Pour le mtme
motif qwi fit aller aimi notre ami Diogéne, le Grec. )&gt;
Je demandai a Ezechiel ce qui le fit manger des exc:éments
et rester si longtemps de suite, gisant sur le flanc dr01.t ou le
flanc gauche? Il répondit: « Le désir d'elever les autres ~ommes
jusqu'a la perception de l'infini: les tri~s. de l'.Amériqtte du_
Nord ont des pratiques semblables ; et celui-la est-zl honntte qui
résiste à son génie ou à sa conscience, ·pour le seul anwur de ses
aises et d'une présente satisfaction? )&gt;
** *
L'ancienne tradition, selon laquelle le monde doit être
consumé par le feu, au bout de six mille ans, est vraie,
ainsi que je l'ai appris de l'Enfer.
,
Car le chérubin au aJaive de flamme sera releve de sa
b
•
garde auprès de l'arbre de vie, et a?ssit~t la créatio_n
entière sera consumée, et t0ut ce qm mamtenant nous
paraît fini et corrompu, nous ap?araî~ra infi1:i e: p~r.
Ceci sera obtenu p4 r une amélrorauon de la JOU!ssance
sensuelle.
Mais tout d'abord cette distinction entre le corps
humain et l'âme humaine, devra être abolie : ceci je
l'obtie.ndrai, en imprimant selon la méthode inf~rnale,
-avec des corrosifs, qui dans l'Enfer sont des vulnéraires et
des baumes - qui volatilisent les surfaces apparentes et
-0.écouvre.nt l'infini que celles-ci dissimulaient.
Si les fenètres de la perception étaient nettoyées, chaque
-chose apparaîtrait à l'homme, - ainsi qu'elle l'est infinie.
Cai· l'homme s'est lui-même enfermé jusqu'à ne plus
rien voir qu'à travers les fissures étroites de sa caverne.

LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

VISION MEMORABLE

J'étais dans une imprimerie, en Enfer, et je vù la méthode
par laquelle est transmis, de genération en génération, le
savoir.
Dans la première chambre, était ttn Dragon-homme, balayant
les gravats a la bouche d'une caverne;_ à l'intérieur, plusieitrs
dragons approfondissaient la caverne.
Dans la seconde chambre, était une vipère enroulée autour
du roc et de la caverne et d'autres ornant celle~ci avec de l'or,
de l'argent et des pierreries.
Dans la troisième chambre, je vis un aigle, dont les ailes et
les plumes etaient d'air ; et il rendait l'intérieur de la
caverne in.fini; alentour, nombre d'aigles, pareils à des hommes,
édifiaient des palais sur les rocs immenses.
Dans la quatrième cha,mbre, des lions -de flamme ardente
tournaient furieux, et fondaient les métaux en fl11,ides vivants.
Dans la cinquième cha.mbre, des formes sans nom jetaient
les métaux dans l'espace.
Ceux-ci etaient reçus dans la sixieme chambre par des
hommes; ils y prenaient l'aspect de livres et formaient des bibliothèques.
*

* *
Les géants qui amenèrent ce monde à son existence
sensuelle, et qui depuis semblent y vivre enchaînés, sont
véritablement les principes de sa vie et les générateurs de
toute acti\·ité ; mais les chaînes sont les ruses des esprits
faibles et soumis, qui ont pouvoir de résister à l'énergie ;
selon_ce que dit le proverbe - « pauvre en courage est
riche en ruse ». ·
Ainsi, une portion de l'être est le Prolifique, l'autre
portion le Dévorant: il semble au Dévorant qu'il tient k
Producteur dans ses chaînes; mais cela n•est point; il ne

�LA N0UVELLE REVUJ;: FRANÇAISR

tient que des portions d'existence et s'imagine qu'il tient
le tout.
Mais le Prolifique cesserait d'être prolifique si le Dévorant comme une mer, n'absorbait l'excès de ses délices.
Certains diront : Dieu n'est-il pas seul Prolifique ?
Je réponds : Dieu seul Agit et Est, d~ns les êtres existants ou hommes .
11 y a et il y aura toujours sur la tèrre ces &lt;lem classes
d'hommes, et elles seront toujours ennemies ; essayer de
les réconcilier, c'est s'efforcer- de détr-uire l'existence.
La Religion est u·n effort pour les , réconcilier.

.'

NoTE: Jésus-Christ a: désiré - non les unir, mais les
séparer, ;:tinsi que nous le voyons dans la. parabole des
brebis et des bpucs ! f;t ·ne gisait-il pas : Jè. suis venll pour
apporter non pas la Paix, mais-le Glaive.
•,

'1•.\

Le Messie ou Satan,' ou Tentateur; était d'àbord considéré çomme un des Ântidéluyiens, c'est-à::dire : une de
nos E11ergies.
VIS_l0N ~1EMORABLE

Un ange vint vers moi et dit : &lt;&lt; 0 pitoyahle, jeune fou ,/ 0
horrible! 0 état effroyable! C011sidère le ca{;hot embrasé que ln
te prépares a toi-même, pour toute l'éternité, et vers où te mene
lit chimin, qne t?l suis, :» '
_
J r p ;;
Je dis : , &lt;&lt; peyt-ftre voud,rez..-11oµs bien !ne t,!J(r!l,trer mon lot
éfe,rnel, ,ou nous wcontampl~rorj's qisefl]iile et j/.OjtS verrcms, de
votre lot et du mien, lequel_est ¼plus désiiiible. &gt;&gt;
Il mej# awr,s pénétrer ~a11s un~ Jtable, puis dan-s une église,
piijs, m,1,-de,ssous, drins la crypte de /:église à t:ext1&lt;émit4 de _laquelle il y avait un mmûin. Nous pénétrdrites da,1s le moylw;
et az6 _delà c"tûit_, ,tme. cape. J}n , tâtonnant, nous s1livt,1ner une
pé:nibte route, en spi1'al:e, quj descendait (t trav~rs la cavr,rnei
f,t1-Sqttà 1m espace-vide, s-ans limites, qui s'ouvrit au,...des~ous de

LE MARI.AGE DU CIEL ET DE L'ENFER

1 43

nous, comme un ciel; et nou5 retenant aux racines des arbres,
nous pendîmes au-dessils de cette immensz'té. Je dis alors :
&lt;&lt; Ange, si vous le voulez. bim, nous nous abandonnerons à c~ ,
vide et verrons si la Providence est , là itUSJi. Si vous ne le
voulez poi11t, nwi je le veux. )&gt; Mais l'ange répondît : « Jeune
présomptueux, ne suffit-il pas, tandis que nous demeMerons-iâ,
que nous contemplions ton .lot; il va bient6t nous apparaitre
quand cessera l'obscurité. »
Je demeurai• donc p;és de lui, assis dans l'entrelacs dès
racines d'un chêne,· et liû se -retenait accroëhé a un champig•non
qui pendait, tête en bas, _sur l'abîme.
Peu à peu, la profondewr infinie devint distincte, rougeoyante
co11tmê la fu11zée d'u,ne ville -incerrdiée; a11,-dessous ~e nous., à
tlne immense distance, était le soleil, noir mais luisant; alentour du. soleil, des lign,es, de fett s1zr lesq1.1elles d'énormes araignées évoluaient, se traî11ant vers leurs proies; lesquelles valetaient, nageaient plutôt, dans la profondeur infinie, sous forme
d' tmimaux très affreux~ isstts · de 1a corrnptian; et l'espace était
tout empli et paraissait co111posé d'elles: ce sont là les Dé,mons,
et on lllS. riomme Puissan:ces de l'air .
f e demandai donc à mon {ompagnol'} quel était mon lot
étern_el ? Il répondit : cc Ent're les araign'ées noires et bl{l,nches. &gt;&gt;
Mais, à cç nwment_, _J?entre les araignées nains et blanches~
une nuée de fta,mme éclata 'foulant a tra11t:-rs ,l'abiJne, assombrissant tout cé qui sè trouvait au-des:ïotts d'elle, ~esorte que la
profondeur i11férieure dë:vint -11oiré comme · 1me 1ner et s'agita
avec 111i brui-t. terrible : ait-dNsous de nous, il n'était plus rien
q1ltm pût ·voir, q1t'1~7te, noire tempüe, lorsque regiardçmt vers
l'est, nous distinguâmes vers les nuées et les vagues, une cataracte de,sang-rnêlé de feu etJ distant -de nous seul~tnent-de quelques jets de pierre, apparttt et plongea de n@vea{(, le repli
écameux d'un 11wnstrueux serpent~ -vers l'Est eujin, distant
d'environ trpis, degrls, u11~ ;créte enf!a1itrnéè.apparut ati-'fiessus
de, vagues•. lerft~ment cela s'eleva·'ô111'~blabl.e~à u1:e rq,ngét; de
rocs· d:or, et nous vîrnes deux globes de feu cramoisi,, desquels

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'échappait la mer en ntiagfs de fumée, et nous comprîmes alors
que c'était la tête. de ltrl:'iathan : son front était divisé par des
stries de vert et de pourpre-, semblabl,s a cellés sude front d1un
tigre; bientôt nou, distinguâmes sa gueule; ses branchies rouges
pendaient juste au-dessus de l'écume en,. furie et teignaient de
rais de sang lt gouffre noir, avançant vers nous avec tout l'emportement d'une spirituelle existence.
L'ange, mon ami, grimpa de son poste dl:Lns le moulin: je
demeurai seul, et voici; cette apparence nétaît plus ; je me
trouvtti couché sur une plaisante terrasse, au bord d'une riviêre_,
au clair de lune, écoutant un jourur de harpe qui chantait en
s'accompagnant sur ce thème : L'homme qui ne change jamais
d'opinion, est compa.rable a l'eau stagnante; il fomente les seipents de l'esprit.
Puis, je me levai et partis à la recherche du . nîoulin où je
trouvai mon Ange, qui, surpris, me demanda comment j'avais
échappé.
Je réporidis: &lt;&lt; Tout ce qu'ensemble nous avons vu, procédait ile
votre métaphysique; car, sitôt après V()fre fuite, je me suis
trouvé sur une terrasse, écputanf un joueur de harpe, au clair
de lune. Mais a présent que nous avons vu mon lot éternel,
vous montrerai-je le v6tre ? » Ma proposition le fit rire, -mais
moi, soudain, je le saisis entre mes bras et fendis, en volant, la
nuit occidentale; et nous nous élevdmès ainsi j1tsqu' au-dessus
- de l'ombre de la terre : alors je me lançai avec liii tout droit
dans le corps du soleil; et là je me -revttis de blanc et prenant
dans mes mains les liures de Swedenborg, je plongeai loin âu
glorieux climat, et outrepassant les planetes, nous atteignîmes
Saturne. La, je m'arrêtai pour me reposer; JniÏs ntélançai dans
J-e vide, entre Saturne et les étoiles fixes .
« Voici ton lot, lui dis-je., ici, dans œt espace - si espace
ceci peut être nommé. &gt;&gt;
.
Bientôt nous vîmes l'e.table et l'église; et je l'emmenai vers
l'autel et j'ouvris la Bible, et voici: c'Jtait un -puits profond
dans lequel je desce,ndis, faisant passer tange deuarit moi; nous
vînm bierttôt sept maisons de brique; nous entrâmes dans l'une

LE .MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

d'elles; il y avait là quantité de singes babouins et d'autres de
cette espèce, enr,ha!nés par le milieu du corps, grimaçants et
s'agrippant l'un à l'autre, mais emp!chés par le peu de longueur de leurs chaînes. Pourtant, je les vis qui pmfois devenaient plus nombreux, et le fort alors s'emparait du faible, et
toujours grimaçant ils s'accouplaient d'abord, puis s'entre-dévoraient, arrachant un membre d'abord, puis nn autre, de sorte
que bientôt il ne restait plus qu'un tronc misérable, lequel ils
embrassaient d'abord avec des grima.ces de feinte tendresse, puis
finissaient par dévorer également. De-ci de-la j'en vis qui épluchaient, avec gourmandise, la chair de leur propre queue. La
puanteur nous incommodait grandement tous deux ; nous rentrâmes dans le moitlin; ma main ramena l,f. sqtJ.elette d'un
corps; c'était les Analytiques d'Aristote.
L'ange me dit alors: &lt;( Ta fantaisie m'en afait accroire, et
de cela tu devrais rougir. &gt;&gt;
Je répondis: &lt;c Réciproquement chacun de nous en fait accroire
à l'autre; c'est vrainumt perdre son temps que de converser avec
toi qui n'as su produire que d~s Analytiques. &gt;&gt;
*
* *

Il m'a toujours paru que les Anges avaient la vanité de
parler d'eux-mêmes comme étant seuls sages ; ils font cela
avec la confiante _insolence qui naît du raisonnement systématique.
C'est ainsi que Swedenborg se vante d'avoir écrit des
choses neuves - bien que ce ne soit qu'une rable des
matières ou un catalogue de livres précédemment publiés.
Un homme conduisait un singe pour une parade, et
parce qu'il était un peu plus sensé que le singe, il s'enflait
de vanité et se considérait comme sept fois plus sage que
les autres hommes.
Tel est le cas de Swedenborg : il dénonce la folie des
églises et démasque les hypocrites, et en vient .à imaginer
que tous les hommes s011t religieux et qu'il est le seul sur
terre qui jamais rompît les mailles du filet.

�LE MARIAGE DU CIEL ET DE L'ENFER

LA .NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Maintena-nt écoute;,;: ceci est un fait évident : Swedenborg n'a pas écrit une.seule-vérité neuve. .
Et c~ai en est un .autre: .il a écrit toutes les vieilles faussetés.
Et ·maintenant écoutez la rai.son : il conversait .avec les
Anoes qui tous sont religieux, et ne cônversait pas avec
t:i
l
.
les Démons qui tous haïssc:nt la Religion - cari en était
incapable à caùse de sa fatuité intellectuelle'.
C'est ainsi que 1~s écrits de Swedenborg ne. sont qu'une
récapitulation de toutes les opinions superficielles, et
qu'une analyse des· opinions 1~ plus sublimes ; rien de

~m.

.

Voici maintenant un autre fait évident : n'importe quel
homme au talent mécanique. peut, s'ai&lt;laot des écrits de
Paracelse ou de Jac0b Boehme, produire dix mille v.olumes
de valeur égale à ceux de Swedenborg, et s'aidant de ce_ux
de Dante ou de Shakespeare des volumes en nombre
infini.
rMais après qu.'il aura fait cela, qu'il ne vienue pas
se dire au'il en sait plus que son maître, car simplement il
tient un~ chandelle en plein midi.

VIS.10N MEUOR.ABLE

Un jour, je vis un. démon dans ime flamme de f~u, qui
surgit devant un Ange as.sis sur 1m nuage; et le démon dit ces
mots. :
« Le ciûte. de Dieu est de rendre honneur à ses àons dans
d'aùtres hommes&gt; à chacun selon s.on génie, aux pl1is grands le
rneilleur anwur. Envier ou calomnier lts grands honmies, c'eJt
haïr Dieu, car il n1est pas d'autre Dieu.».
L'ange en entendrmt ces mots, devint presq-ue bleu; mais se
'I. Ou peut-être· : à cause dè ses opinions préconçues (ronceiteà
11otions).

1.

147

maîtrisant il jaunit, puis enfin tourna au blanc rose · et souriant
il répliqua :
,
« 0 idolâtre, Dieu n'est-il pas un? Et n'est-il pas visible en
Jésus-Christ? Et Jésus-Christ n'a-t-il pas donné son assentiment a la loi des dix commandements ? et tous les autres hommes
ne sont-ils pas des insensés, des pécheurs, des zéros ? »
Le démon répondit : «~Broiè l'insensé comme le grain de blé
sous la meule! Tu ne sépareras pas de lui sa folie. Si jésusChrist est le plus grand des hommes, tu lui a&lt;is le plus gram:'
amour. Mais écoute à présent comme il a donné son assentiment
à la loi des dix commandements : ne s'est-il pas moqué du
sabbat, moquant ainsi le sabbat de Dieu? N'a-t-il pas meurtri
ceux qui furent meurtris en son nom ? Détourné la loi, de la
femme adultère? Volé le travail de ceux qui le faisaient vivre ?
Supporté le faux témoignage en refusant de se défendre contre
Pilate? Convoité lonqu'il priait pour ses discj,ples et qu'il leur
enjoignait de secouer la pç11-s,sière de Jeurs sandales contre ceux
qÙi refusaient de les loger ? &gt;&gt;
Je vous le dis, nulle vertu ne peut exister qu'elle ne brise ces
dix commandements. Jésus était tout vertu; il agissait par
impulsion, non selon les règles.
Apres qu'il eut ainsi parlé, je regardai l'Ange; il écarta les
bras, embrassa la flamme ·de feu, fut consumé et resurgit en
Elisée.
-

NoTE. Cet ange qui maintenant est devenu un démon,
est mon .imi particulier ; nous lisons souvent la Bible
ensemble, dans son sens infernal ou diabolique - que le
monde connaîtra s'il se conduit bien.
J'ai aussi : la Bible de l'Enfer, que le monde connaîtra,
qu'il le veuille ou non.
Traduit par

ANDRÉ GIDE

WILLIAM BLAKE

�VOLUTES

II

VOLUTES

Quand je revois ta cuisse où le givre se colle,
ô Diane de pierre, et le pli de ton sein,

I

le temps que je n'allais pas encore à I'école
vient reprendre sa course autour de ces bassins.
Tout nuage est possible encore. D'une pipe
un filet monte en point d'interrogation.

Chercher les pas de mon enfance, 6 Tuileries !

Selon que plus ou moins ton souff!,e s'émancipe,

Vous dé.filez toujours, gardes municipaux,

tu vois y moutonner d'au tref créations.

mais il manque à l'orgueil de vos cavaleries
le casque et la blqncheur des baudriers de peau.

Quenouille, a quel rouet ta laine se dévide
sur le rythme d'un pied qui bat les temps égaux ?

Où fiottent les rubans de" vos coiffes, nourrices ?
Vous dites qu'au printemps les orangers fleurissent ?

Tourne, fumée en rond! Et le tabac se vide
de fantômes touclés mieux que des escargots.

C'est un plus jeune vieux qui charme les oiseaux.

Bleus turbans, mais ouvrez la fenttre, ils s'envolent.
Et rien que changer d'air nous ravit l'auréole.

Tandù que sur l'allée où la ronde s'est faite,

Pour un si vain plaisir tant d'argent dépensé I

tu suspends, chassertsse, une jambe parfaite,

,
Fumeur intoxiqué par trop de nicotine
yt sourd- grand bien te fasse - aux critiques sensés,
tu vois naître sans fin le songe où tu t'obstines.

je pousse devant moi ces images, cerceaux.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

III

REMARQ_UE SUR LES GONCOURT

A quel astre, ce soir, vais-je nouer ce vœu?
Je te cherche parmi ces femmes et ces filles
- hauts peignes espagnols sur les divers cheveu~ visage, ô mon étoile où quelque feu scintille.

Mais plus seul au remous des foules, je ne mis,
prêt toujours a cueilHr la lune au bout des branches,
qu'un rêveur !coutant son jaràin dans la nu,i (
nwllement s'éventer d'un arbuste qui penche.

Le jeu de la mantille et du châle brodé,
le rire, une fusi!e entre les feuilles sombres,
quel sérieux regard leur poorrais-je ctcwrder?

Mille reflets sur l'eau des lumières qui sombrent.
Et je donne à l'attrore, ô cieux qui pâlissez.,
cet ombrageux désir que fe n1ai pas fixé.
PAUL FIERENS

De fêcrivain qui fait école, la gloire glisse parfois en
un piège dont elle a peine à se dégager. Entre son œUVl'e
et ri.otre regard des contrefaçons innombrables interposent
une série de rideaux, et toujours davantage l'œuvre recule
dans l'invisible. Par sa nature même, le talent des Gon•
court les désignait pour devenir de ce jeu du sort des
victimes qu'ils auraient qualifiées d'cc exquises». Tandis
qu'on les lit, il n'est pas toujours facile même à ceux qui
•les goûtent le plus de nettoyer la mémoire dés paillettes
poudreuses de tant de. sémillants chroniqueurs, et en par~
ticulier d'un certain .style « a:vant-propos pour catalogue
d'exposition» dont le rappor.t aux réussites des Goncourt
est à peu près cel"1;1i d'un domino sur lequel il a plu, aux
taches vives d'une aquarelle de Boudin ou à quelque berge
frissonnante -de Sisley.
De là peut-être le vent de réaction qui dans les années
antérieures à 1-a guerre soufflait de tous côtés contre
l'œuvre · des deux frères. La réaction était d'a.illeurs à c~
point dépourvue de nuance qu'elle apparaissait proprement
inique; fille légitime, elle, de cette inintelligense même
que l'on jugeait bon de reprocher à des hommes en leurs
limites entièrement originaux ; qui ont retrouvé, ressuscité
l'art de tout un siècle - et de ce siècle à la se!.lle mention
duquel certains détracteurs des Goncourt se prosternent
· aussitôt ~; qui annexèrent le Japon à notre ctilture et
qui .ont • soumis nos habitudes visueUes à des exercices
d'assouplissement et de précision singulièrement pro.fi-

�152

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tables. Aussi, le centenaire d'Edmond ·de Goncou.rt se futil produit quinze ans plus tôt, les esprits qu'anime un
souci d'équité eussent préféré garder leurs réserves pour
eux. Mais les livres des Goncourt appartiennent dorénavant à l'histoire; de la direction nouvelle qu'ils imprimèrent
au roman on peut discuter le principe : on ne saurait nier
que non seulement ils furent les premiers en date, mais
qu'ils remplirent leur objet de telle sorte que ceux qui
prirent d'eux le mot d'ordre se trouvèrent réduits à la
pâleur de la réplique ou à cette autre pâleur détournée
que représente l'outrance. Aujourd'hui que la découverte
éventuelle de nouveaux dessins de Watteau constitue à
juste titre un événement; qu'une exposition Prudhon est
ouverte, on a le droit de postuler que règne au sujet des
Goncourt cette fixité barométrique seule favorable . aux
restrictions des admirateurs sincères.
« Bien écrire, c'est bien penser, bien sentir et bien
rendre. i&gt; Soutenir qu'e.nvers le premier terme de la définition de Buffon les Goncourt ne se soient pas acquittés est
parfaitement inexact : on pense bien quand l'acte mental
est adéquat à la fin qu'il se propose, et le fait de réclamer
sans cesse d'un artiste qu'il pense davantage traduit le
plus souvent une méconnaissance totale du rôle de la
pensée dans l'art, - du plan où cette pensée est appelée
à intervenir ; il n'en est pas moins vrai que c'est sur le
second et plus encore sur le troisième terme de la définition que dans la pratique les Goncourt ont insisté. Tout
• leur effort s'est concentré, - s'est crispé parfois, - sur le
problème de « bien rendre i&gt; ce qu'ils avaient c&lt; bien senti i&gt;.
C'.est précisément pour avoir voulu maintenir avec une
rigueur absolue l'équation qu'ils avaient établie entre cesdeux termes que les Goncourt tombent sous le coup de
ce1tains des reproches qt,1'011 leur adresse; une relative vulnérabilité esthétique naît en leur cas d'une trop méticuleuse· probité. De chaque pièce d'or, ils ont cru qu'il fallait
jusqu'au dernier sou toujours restituer la monnaie : ils

REMARQUE SUR LES GOKCOURT

1 53

n'ont pas su ouvrir ce compte de c&lt; Profits et Pertes &gt;&gt; dont
l'artiste tout à fait grand découvre bien vite que son industrie ne saurait se passer. Toutes les fois où comme ici c'est
parce qu'il a trop préservé sa ligne qu'un artiste touche un
écueil, il commande l'estime et suscite l'examen.
Le rendu strict des objets - et j'entends par Jà, non
point cette suggestion grâce à laquelle les artistes du rang le
plus haut peut-être obtiennent que l'objet se recompose irréprochablement dans la vision du lecteur, mais bien l'acte
qui pose l'objet lui-même devant nous à la façon dont on
le place sur une table - ne s'introduit dans la littérature
française qu'avec Théophile Gautier. Ce ne sont plus des
analogies, ce sont des identités que l'artiste poursuit alors.
Mais le succès d'une tellf entreprise implique cette stabilité de l'esprit présidant au pacifique 'travail de la main qui
constitue un des traits les plus beaux et les plus attachants
de Théophile Gautier : il semble toujours que Gautier soit
assis devant le modèle qu'il restitue. Or l'art de prédilection des Goncourt est celui où la grâce tremble au sein
même de la beauté ; c'est le mouvement de la forme qu'en
leur œuvre ils visent toujours, - et ce mouvement même,
ils prétendent à le saisir de telle manière que dans leur
transcription son tourbillon léger ne soit jamais suspendu.
C'est en quoi la limite où ils s'établissent est périlleuse.
Parce que les effets du peintre sont des effets dans l'espace,
que ses rapports avec le temps se bornent à s'en assurer par sa
science la toute puissante collaboration le peintre peut non
seulement se permettre ce mouvement de la forme, mais.
y trouver un incomparable rehaut : la façon dont imperceptiblement une de ses figures a l'air de bouger est parfois
chez lui l'indice même de la race : songez aux sanguines
de Watteau . Mais !'écrivain qui se veut pictural est tenu
au contraire de renforcer le caractère de fixité qu'a par
nature le tableau peint : la fixité fait ici contrepoids, et
c'est ce qu'ont admirablement compris Gautier et, après
lui, Flaubert. L'inconvénient en effet de l'expression qui

�1 54

•'

LA NOUVELLE. REVUE FRàNÇAISE

bouge, c'est que survienne le moment où elle aboutit à la
trépidation; et cette trépidation s'aggrave ici d_u fait _q ue
l~s Goncourt ont érigé le système nerveux èn uu facteur
esthétique différepcié et conscient à l'excès. Ils ont systématiquement provoqué. chez eux l'entrée en je1:1 d'un:e'force
qui
toute SOD! efficace et toute sa beauté que lorsqu'elle
se dégage, électrique, à la pointe d'autres facultés dont elle
s'offre alors à nnus comrn.e quelque merveilleuse antenne.
Le réseau nerveux des Goncourt est s.i complètement à
découvert que tror souvent l'on pense aux pl~nches Jes
atlas spéciaux.
Manquer de goût à force d'en avoir.,, - le c_as des Goncourt nous apprend qne pareille anomalie_peut se produire:
lorsqu'il est tout entiér jouissance,_ le goût en matière d'art
fausse parfois. le tact ·e n matière de style. La finesse même
de la vision. 1 le pouvoir d.e discrimination presque-iudéfini,e
qu'elle engeo.dte, induisent certains artistes r mettre· ~n
œtte finesse. et en ce pouvoir toutes leurs complaisances,
à modeler chaque sensation avec une i:ns:is.tance finalement
indiscrète. « Es.t-c.e beau 1 Mais rendre ça !--· le tripotis, le
roulement, ça l &gt;l s'écrie un personnage d:e Charles Demailly
devant le spectacle du bal de !'Opéra, et Charles lui-même,
dans lequel les Goncomt ont su faire passer non seulement
leur plus frémissantes mais aussi leurs plus nobles ardeurs,
ne dit-il pas : ic Combien dans ma vie .aurai-je tripoté
d'objets d'art, et joui· par .eax ! 1, Si, sur le plan d'une
certaine bienséance, cet exercice déco1;1sidère légèrement un
artiste, le ravale au rang d'un collectionneur un peu gourmand, du moins l'objet d'art n'en reçoit-il nulle atteinte :
il n'en va pas de même de son équivalent verbal; l'expres.s19n, elle; ne se laisse-pas tripoter sans qu'elle ne se chiffonne ·quelque, peu_. Chez les Goncourt, il est vrai, Ie
chiffonnage ne ·dépasse g:uè_re le point jusqu'où le mène à
l'occasion une lingère ex.'pèrtê, tandis que certains de leurs
imitateurs :ont trav&lt;tillé pour le chiffonnier sans plus.
N'importe : cette continence esthétique qui.chez le grand

n'a

REMARQUE SUR LES GONCOURT

I

55

artiste hride toutes choses, y compris l'expression de l'mcontinence elle-même, voilà la qualité qui aux Goncourt a
trop manqué.
Mais la sensibilité visuelle.., au degré où ils la possédèrent., est un don si rare que c'est à elle que dans leur
cas ilfauttoujours revenir. S'ils ont excellé dans la« note&gt;&gt;,
c'est que la &lt;( note » souffre les approches les plus familières; je dirai même qu'elle les appelle; elle n'est vraiment
« note &gt;&gt; qu'à ce prix. Aussi, envisageant les Goncourt non
plus comme inidateurs mais comme stylistes, je serais
enclin à voir leur chef-d'œuvre dans les trois premiers
volumes du Journal,. - je dis les trois premiers, car, bien
qu·e ce soit le centenaire d'Edmond que nous célébrions
aujourd'hui, c'est du vivant de Jules que l'œuvre atteint
à mon sens son point de maturité. Chose singulière,
c'est dans le Journal que le moteur ronfle le moins. S'ils
l'on certainement écrit avec une ~lirière-pensée de publication, du moins l'écrivaient-ils pour une échéance lointaine qui put contribuer à calmer cette fièvre de l'effet à
produire que leur honnêteté foncière et la dignité de leurs
scrupules ne parvinrent cependant jamais à éliminer . 'Le
Journal est bien davantage que le document inappréciable
reconnu de tous aujourd'hui : en ces annales de deux esprits
hautains mais torturés, d'une intégrité vétille).lse, observations et aperçus pénètrent : on y rencontre plus d'un
trait que Chamfort n'aurait pas désavoué, et chez les Goncourt la formule a toujours l'air de s'enlever sur un
de ces fonds teintés qui avivent tel dessin de maître.
En maints endroits ils se sont targués de ne point aimer
la nature : cependant le Journal renferme certains paysages
d'une précieuse matière saupoudrée devant lesquels on
comprend tout le sens de l'expression : les caresses du
pinceau. Les Goncourt ont su voir, et presque tous leurs
défauts ne naissent somme toute que de l'excès même de
cette qualité. Leur regard ne peut se poser sur les objets
sans qu'il y contracte une ivresse qui se communiquaflt

�LÀ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à la page étend jusqu'à nous sa contagion et nous monte
un peu à la tête. Ils appartiennent à l'ordre de ces écrivains qui pour être pleinement goûtés ont besoin_qu'on
devienne à demi leur complice, - mais sont-ils vraiment
si nombreux ceux qui peuvent se passer tout à fait de cette
complicité là?

t: TUDE DE NU

CHARLES DU BOS

A MADAME M. B.

Exploration! La première fois que je te vis, je n'accueillis que les reflets qui se jouaient sur ton visage. Si j'avais
avoué de quel lin fragile se reliaient alors nos regards,
peut-être ne serais-tu jamais revenue ... Le bavolet de ton
chapeau était d'une faille cyclamen. Une broderie flottait
sur ses bords. La soie vaporisait une clarté que les mailles
éclaboussaient en étincelles. Des échanges s'o_péraient entre
ta pâleur et la soie. D'où l'imprécision de tes traits. Ta
beauté se devinait. On n'eut osé l'affirmer. Captive entre
les feux croisés des fards, des tissus lamés et des lampes
voltaïques, tu te blessais de reflets. D'autres reflets te pansaient. Des lanières d'ares-en-ciel couraient en complexes
spicas sur tes joues. Ajoutons tes lignes noyées dans un
moutonnement de fourrures. Il y avait où s'irriter d'étreindre
un nuage éphémère au lieu des contours désirés ...
** *

Découvertes ! Tu retiras ton chapeau. Vrai, tu changeas
de visage. Ta physionomie vacilla sous d'inattendus reflets.
J'eus du mal à m'orienter. Le bandeau de métal serrant ce
soir-là tes cheveux, les triples mousselines de. la lampe,
dans un ccin une veilleuse, douce paupière abaissée, songe!
Quels rayonnements, fondus ou scindés tour à tour au
hasard de tes regards luisant comme un poignard, au

(

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

caprice de tes gestes- étendards d'ombre levés I Ta coquetterie - gourmande de curiosité - se plaisait à poser des
énigmes. Un peu décorative, ta grâce. Tu évoquais la
ballerine de qui chaque effet de pointes exige un effet de
primes sur un tréteau à réflecteurs.
Somme toute, tu te dé'robais. Tu fuyais sous les lueurs
artificielles : une amoureuse d'antan eût fui sous un bosquet. Craignais-tu de te livrer par l'exactitude de ton teint -?
Il n'est pas impossible que ces fards aient caressé des joues
timides.
Tu minaudais à coups de reflets. Les reflets dansaient des
rondes autour de fa beauté. Les minauderies dansaient
aussi autour de ton amour !
*
* *

Elle a franchi le seuil de la maison bien-aimée. La
qualité de la lumière apprivoisa ses beaux yeux que le
jour ava1t meurtris. Ses pupilles se di1atèrent comme des
corolles inconnues. Ses voiles qui dérobent à son corps la
parcelle d'éternité qu'il porte, ses voiles coulèrent : :eur
soie fut une fumée qui joua un inst3:nt entre s~ doi-gts,
puis à ses pieds se condensa en flocons bleus. Ah ! pas plutôt ses mains nues, elles se mirent à s'ennuyer! Mais elles
ne furent plus que caresses et bien vite s'oublièrent. Ses
hanches enserraient l'effroi d' être dévêtues et se ca{:haient
dans l'étreinte. Ses doigts, posés sur mes yeux, n'empêchaient
pas l'éclat de son sein de diffuser en mon regard:. Sous mes
paupières car~ssées, glissait une extase de banqmses ...
t

,,

** *

C est alors que j'eus tendance à devenir ennuyeux. Déjà
je•lui avais -appris 1 secouer la tyrannie des modes ; amoureuse des étoffes, à s'en moins faire l'esclave; bref -à les
rendre, à leur tour, amoureuses tie son corps. Elle était en

ETUDE DE NU

1 59

progrès. Les plis de sa robe devenaient. son mouvement
même.
Mais, comme je commençais ainsi.:
- Ne .sois belle ni par tes voiles, ni par ta seule beauté ...
Si ta pose est d'une, déesse, c'est que la fleur de ton âme
courbe fa tige de ton buste . .,
,_
( t Mon âme! » fit-elle, quasi choquée. Il ne faut pas
dire de gros mots ... Mon âme! c'est déjà beaucoup! N'ajoute
pas .une fleur au bout, comme ~u canon d'un fosil !
Elle ne comprenait pas que l'homme ait besoin de
s'éblouir et de.frapper sur.l'amour comme sur le fer d'une
enclume pour extraire des scintillations. J'aurais voulu la
persuader qu'elle n:est pas si simple qu'elle pense, qu 1elle
résume toute la vie, que la torche de sa chevelure n'est pas
seule à la distinguer! Mais tes.baisers, lui aurais-je inculqué,
ne sont pas que des baisers~ Ils arrachent les pétales collés
de J'angoisse. Tes yeux ont des profondeurs où ton abandon s'accumule. Tu n.e t'en serais jamais doutée. L'ondulation de tes hanches anime des crépuscules. Mov orgueil
- ah ! celui-là ! - résistant à tout hypnotique, dans le
my stère de tes cheveux., il s'est mis à s'assoupir.
Ha! la pauvreté de nos gestes! Pouvais-je devant elle en
parler! Je crois qu'elle s'en fut froissée et que c'eût été
déplacé.
J'avais un .attirail d'-;1bstractions pour habiller ma pensée, tel que l'armure d'un croisé sur une vareuse « bleu
horizon » lui eût semblé moins démodée. L'Erernité, à ses
yeux, c'était un bloc d'anthracite, bon pour la locomotive
de nos poussives métaphysiques !
Il m'avait semblé deviner ce qui pouvait nous séparer.
EUe a le géotropisme des fleurs qui, voulant s'ouvrir face
au ciel, s'évadent des zones d'ombre et se jettent au cou du
soleil. Pour elle~ tout ce gui brille, c'est de l'or. Moi, j'ai
un cœuT de, rhizome : mes ans se comptent aux racines.
Mon géotropisme est contraire. Je bois l'humus ; elle, la
lumière.

�160

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

Je cherche la raison des choses. Elle aime les choses sans
raison.
Les eaux bleues qui portent ma nage, j'ignorais œ qui
les portait et j'avais peur d'un lit de yase. Je préférais la
certitude des fonds élastiques et fermes .
Elle posait ses mains sur ma bouche pour délicatement
m'ôter le souci d'être importun - si bien que je finis par
m'écrier:
- Oui, tu as raison ... Tu es Femme! Je veux redire ce
seul mot!
Un baiser claqua si clair à ce moment que je crus avoir
mis le doigt sur le déclic d'un secret. Je fis jouer à nouveau
le déclic. J'avais trouvé le mot qu'il faut. Je sus d'autres
mots bourdonnants. J'en fis une ruche mielleuse. Elle inocu1ait dans mes veines des voluptés régulières, mais écœurantes et douceâtres comme un sérum glucosé. Je prenais
l'affreux parti de ne connaître jamais d'elle que son corps et
des murmures.

Pmutant j'eusse aimé la comprendre ou me rendre
compte au moins du peu qu'il y avair à comprendre. Je
fus bien stupéfait un soir. Elle fumait et se mit à parler.
Je crus qu'il y avait une énigme dans ses paroles et dans
les spires de fumée, un point d'interrogation. Ils n'existaient
ni l'un ni l'autre. Lent à comprendre, je fus rapide à m'exalter. - Tu n'es pas sot, faisait-elle et tu me dois d'être
moins bête. Tu ne t'exprimes plus par abstractions. Devant
les mots q ue tu m'écris, tu ne mets plus de majuscules,
mais tu manqu es d'imagination . Tu renifles les images à
cent pas. Tu n'en éternues jamais. Sans doute, &lt;&lt; la sève du
printemps» nourrit l'étreinte de mes jambes, tu le répètes,
c'est entendu ... Tu exprimes à m on sein la « pulpe de je
ne sais quel frui t». Mais tu n'as d'armes à ton service que
la chaude · armure de mes reins ... N 'as-tu donc pu forger
mieux?

161

.ETUDE DE NU

, Qui eût osé

:e

contester que je porte, par exemple,.

1Equateur en cemture, qu'en s'éveillant au creux de ma.
h~nch~ on afait !e tour du monde ? A ta place, moi, j'aura_,s d1t : dans nos baisers - brrr ! d'y penser, fièvre et
fns~ons ! - tournent des feux d'artifice (soleil d'été, fête
nationale) qui lanceraient des boules de neige parmi les
ro~es de salpêtre! Enfin ma chair pourrait avoir des perfidies de Jagunes . Vicieux, mon baleine t'eût donné - ah!
des moiteurs de malaria ! Un sculpteur laisse bien dans Ja
glaise son pouce et parfois son génie : que diable si mes
talons sur les plages ne creusent des fossettes de sable où
~riss~nne ma beauté I Avant de me décoiffer, tu pourrais
1magrner que mes tresses, sous l'arceau d'écaille, ont le
caprice aes jardins anglais. Tu ne discuteras pas que nos
cheveux, au réveil, sont des broussailles enflammées d'aube!
Quand nous roulions dans les gazons, le regard levé vers
un ciel pris dans les glaces des nues, nos baisers pouvaient
se donner Je luxe de tremper dans l'onde antarctique!
Les jours d'introuvables images, tu aurais bien pu chanter qu'un amour universel s'engouffre au fond de mes bras,
avec reprise au refrain :
Je suis l'amant de la Terre
Puisque ton amant, ma chère !
Laisse-moi me moquer un instant ! Les jeunes gens
sont désormais avertis et positifs. Il n'est plus de nahetés
qu'en palme, au front des poètes ! Puisque tu n'es pas
homme de lettres, ne joue donc pas ce rôle-là. Le squelette
de vos pantins ne s'articule qu'avec des mots. Vous disloquez l'existence. Par l'amas des métaphores se distingue un
écrivain, comme un grand port se désigne au nombre de
ses sémaphores. Soyons maniaques d'assonances ! Métaphores, sémaphores ! Tel est Je genre de vos trouvailles,
quand vous désirez dn tapage : Ies assonances sont vos
cymbales.
Au fond, je ne me moque pas. Démence ? Fumisterie ?
II

�I 62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ah ! je te jure que non. Je dis ce que tu n'as pas dit.
J'aime ce que tu n'as pas trouvé. Qu'un nigaud me paraît
beau t Il sera peut-être amoureux. L'amour, ma seconde
enfance ! Quand tu raillais: « Tu es Femme ! i&gt;, tu voulais
me mépriser. Cependant, simplement dit, ce mot me suffit.
N'affirme pas superficielle, qui ne s'est pas donnée toute ...
Soyons simples si possible. Accoudons-nous au balcon
et jouons à aimer les hommes. On lan.çait du bout des
doigts son patriotisme a.u x soldats qu3:nd ils défilaient dans
les rues. On a cargué les drapeaux. Les orages des patribtes
faisaient redouter un naufrage... Laissons les fenêtres
ouvertes. Les passants ne se doutent pas qu'ils remplacent
Ies régiments et que nous jetons notre amour sur là hâte
de leurs soucis!. .. Mon abonné des « Belles Im~ges », je
t'offre un bonheur sans reflets et l'essor de' ma taille libre.
Tu aimes les âmes nues : n'entrave plus leur élan de la
passementerie de tes phrases.
GIL ROBIN

SILBERMANN
1
~~ troisième on passait au grand lycée. Il occupait la
m01tré. de la construction totale etl était identique à· la partie où j'avais f.ait mes étu.des pendant quat:re a1rnées; Mêi.ne
c:our carré.e, plamé.e de quelques arbres, dont faisait le tour
une, haute galerie. couverte, élar:gie. à un endro_it pour former préau. : même disposition d-es classes teiut du long de
cette galerie; et suries murs, entre les fenêtres~ s,embla-bles
mou:fuges de bas-ce1i:efs a-ntiques.
N'ézrrmoirrs~ œmmec'était fa première fois,, le matin de
cette rentrée d'octobre,. 4ue je pénétrais dans aette cotll!,. les
choses, me présentaient un aspect: neuf et je portai5, de tous·
çâtés des regards rurieux.. La pensée ch.agrin.e d.'unf: indépendance qui expire me vint à l'esprit comme je remarquais les portes et les ·crois.ées, nouvellement rep.eio.tes, Leur
couleur marron toug.e était pareille à celle des jujubes que
l'a.vant-veiile encore; je ramassa:is.à Aiguesbelles, près de
Nîmes, dans le jardin du mas. C'était là, chez mes grands·
parents, que nous. avions pa-ssé les vacances airrsi que
chaque année.. Nous y restions jusqu?au s.oir du dernier
dimanche,.ca.r ma mère se pl-aisait beaucoup à ces jours de
cérémonie et de.10.isir qni lui rappelaien.t les réjouissances
virginales de.sa jeunesse. L'absence de mon père, qui rentrait
à. Paris au commencement de septembre, la rendait libre
de les vivre de même. façon qu'autrefois. Le. matin~ nous
allions avec. mes grands parents au. temple. Au retour, ma
mère ne manquait jamais de cueillir au gros figuier dont
les vieilles racines noueuses ét:aâent capti.ves rum.s 16 dallage

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,.

de la terrasse la figue la plus belle et la plus chaude. Elle·
me la tendait, ayant fendu en quatre la pulpe rose et granuleuse, et me regardait manger, cherchant dans mes yeux
si j'aimais les fruits de cet arbre autant qu'elle les avait
aimés à mon âge ...
Mais dans cette cour où je me trouvais maintenant, et
malgré une légère angoisse à l'idée des nouvelles con. traintes scolaires, une joyeuse impatience chassait de mo:
tout regret. J'allais revoir _Philippe Robin, qui était mon
ami.
Il n'était pas encore là, car les élèves de l'institution
catholique où il était demi-pensionnaire arrivaient au lycée
juste pour l'entrée en classe. En l'attendant, parmi le bruit
dont depuis deux mois je m'étais désaccoutumé, j'avais.
serré quelques mains et échangé quelques mots ; mais dela manière la plus insignifiante, la moins intime, réservant avec soin pour Philippe toute effusion essentielle.
D'ailleurs, plusieurs des figures qui m'environnaient
m'étaient inconnues ; d'autres l'étaient à moitié, pe portant pas de nom, ayant seulement la légende que je leur avais.
composée, les années passées, au cours des allées et venues
quotidiennes.
Le détachement de l'école S'-Xavier apparut.
En tête venaient d~ Montclar et de La Bécbellière ( c'était:
l'habitude chez nos professeurs de dire ainsi) qui tous deux
avaient été dans la même division que moi en quatrième.
Le premier, de taille moyenne, robuste, les traits énergiques, montrait cet air arrogant qu'il prenait toujours:
pour pénétrer au lycée. Il lançait des coups d'œil méprisants de droite et de gauche et faisait part de ses moqueries
à son compagnon. Celui-ci, grand, le cou long, également
d'aspect hautain, mais en raison de son buste étriqué et de ·
ses gestes gourmés, laissait apparaître, en guise de réponse""
une expression niaise sur son vis:ige privé de couleurs.
Enfin j'aperçus Philippe qui accourait vers moi. •
Comme il avait changé ! Je ne pus retenir une exclama--

'SILBERMANN

tian en le considérant de près. Son teint était hâlé ; on lui
voyait un duvet doré sur les joues ; et quand il riait, des
fossettes se creusaient profondément, laissant ensuite de
petites lignes sur la peau.
- Hein ! dit-il fièrement, je me suis bien bruni au
soleil. C'est à Arcachon où j'ai passé le mois de septembre
.avec mon oncle Marc, comme je te l'ai écrit. Toute la
journée, pêche ou chasse en mer. Quelquefois nous partions à quatre heures du matin et nous rentrions à la nuit ...
Et une chasse pas commode, mon vieux ! des courlis.. . Il
·n'y a pas d'oiséaux plus prudents et qui soient plus diffidles à tirer. C'est mon oncle qui me l'a dit. Il n'en a tué
-que quatre pendant la saison, et pourtant il a tout le temps
-des prix au Tir aux pigeons.
Je n'avais jamais tenu un fusil. Chasser ne m'attirait
nullement. Je connaissais un peu l'oncle de Philippe.
C'etait un homme d'une trentaine d'années, bien découplé,
-à grosses moustaches rousses, dont la poignée de main était
-brutale.
Philippe s'interrompit et me demanda distraitement:
- Et toi ? Tu es rentré hier ?... Tu as passé de bonnes
vacances?
- Oh ! dis-je, j'adore Aiguesbelles. Chaque année je
:m'y plais davantage.
- Eh I bien, moi aussi, jamais je ne me suis autant
·amusé que pendant ces deux mois, surtout à ·Arcachon.
Il reprit son récit. Il me rapporta l'incident d'une barque
-échouée, me décrivit des régates à voile auxquelles il
avait pris part. Il parlait sans s'occuper de moi et sur un
ton fanfaron. J'eus le souvenir d'une grosse déception que
-j'avais éprouvée, étant enfant, un jour qu'un ami que j'avais
-été voir avait joué tout seul en ma présence, lançant des
-balles très haut et les rattrapant. Tandis que Philippe
résumait cette vie folle et heureuse où je n'avais eu aucune
place, où tout m'était étranger, son visage était devenu
muge de plaisir. Et cela me fut si désagréable, cette bouffée

�I66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de sang, cela m,e pat;ut !a preuve J.'uoe infidélité si profonde.,
q.ue je détournai la tête. Le regard tQmbé sur le cailloutis
_poussiéreux de la coi.u, je m'.avi.sai avec tristesse que depuis
des semaines je songeais aux défu:es du c:oment ou je me
Jietrouv-e-iais -avec lui ... iEt j'e.u s le pressentiment que nous
allions cesser d~tre amis.
Le tambour roula . ous nous mimes en rang.
- A Houlgate, pendant le mois d'août, poursuivit-il à
voix moins haute, j'ai fait beaucoup de tennis. Mais, là-bas,
c'était moins agréable parce que -il fit une moue -il y
av:lit trop de Juifs ... Sµr la plage, au casino, partout, on ne
rnuaontrait que ça. Mon oncle Marc n'a pas voulu y rester
trois jours. Tiens, cehii-là y était. Jl s'appelle Silbermann .
En disant ces mots, il m'avait désigné un garçon qui se
l.en!\,Ï.t ·à la porte de la dasse, en tête des rangs, et que je ne
me rappel.ais p_;is avoir aperçu !',année précédente dans
;uJcune division de quatrième. 11 était peùt et d'extérieur
s:hétif. Sa figurt, q~ je vis bien car il se retournait et parlait à ses voisins, était très formée mais assez laide, avec
des pommettes sajlla,0~ et un menton a-igu. Le tejnt était
-p,âle, tirant sur le }a.UQ.e ; les yeµ~ et les sourcils ét~ient
noirs, les lèvres charnues et d'une couleur fraîche. ~s gestes
éiaie t très vif:; et ~ptivaie.nt l'.attentiou. Lorsque, avec
une mimique que l'on ne pouvait s'e1np~çher de s.ùivr-e, j.l
s'adr~sait à ses voisins, ses pupilles -semblaient sauter sur
l'u.n ·puis sur l'au.ure. L'ensemble é,·eillait l'idée d'unt: préocité éttioge; il me fü songer aux petits prodiges qui exécute.nt des tours dans les;c;i-rcpies. j'eus peine.\ détacher de
lui mon regard.
oqs entrâmes en c,mse.
Les St-Xa ·,ier, au nombre d'une dizaine, s.e_groupèrent,
ainsi qu'ils en avaient l'habitude. Je me ;plaçai devant
Phj!jppe Robin. Sitôt entré, Silbermann ava_it couru avec
un air de trion1phe au pied de la chiire. rotre professeur
était un homme autour de la quarantai ne, aux regards
.pénétrants et froids, aux mouvem~ots justes. li procéda

S[LBERMA. N

envers chacun de nous à une sorte d'interrogatoire
p'.enant des no:es d'après les réponses. On apprit qu;
Silbermann avait sauté une classe. Le fait était rare et
motiva des explications.
- J'étais en retard d'une année, déclara-t-il, et c'est pour
réparer ce retard, comme j'ai eu de bonnes places en
cinquième.
- Je doute que vous puissiez suivre le cours.
. ~ J'ai eu trois pru l'année dernière, répliqua+il avec
tns1stance.
- C'est très bien, mais vous ne vous trouvez pas
préparé comme vos camarades aux matières de notre enseignement. Le programme scolaire est gradué, et qui manque
un échelon risque fort de tomber.
- J'ai travaillé pendant les vaca-nces, Monsieur.
Durant ce dialogue, Silbermann s'était tenu debout et il
avait parlé d'une voix très humble. Malgré cette attitude
exemplaire, son ton sonna étrangement dans la classe tant
il avait voulu être persuasif.
Lorsque nous sortîmes en récréation, quelqu'un s'approcha et lui dit en haussant les épaules :
- Voyons, tu ne pourras pas rester ici. Il faudra que tu
redescendes en quatrième.
- Ah I tu crois ça ? répondit Silbermann, faisant une
mine ironique. Puis, la main vivement tendue avec un
Retie battement âpre de la, narine :
'
- Combien veux-tu parier que je serai au moins deux
fois premier avant la fin du trimestre?

~•_après-mi~ d~ ce premier jour, nous eûmes congé.
Philippe Robrn vmt me voir. Ma famille le trouvait charmant. Mon père me citait en exemple ses manières viriles
et ma mère ses attentions courtoises. Ils avaient beaucoup
encouragé notre camaraderie. La première fois que je l'avais
nommé de,·ant elle, ma mère m'avait demandé s'il n'habi-

�168

.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tait pas avenue Hoche, et, sur ma répcmse affirmative, elle
avait dit avec respect:
- Alors, c'est le fils du notaire. C'est une famille très
connue, un grand nom de la bourgeoisie parisienne. Les
Robin ont une étude depuis cent ans peut-être.
Et elle m'avait conseillé de l'inviter à la maison. Je sais
bien pourquoi. Ma mère, depuis son mariage, n'avait eu
d'intérêt dans la vie que pour la can-ière de son mari. Elle .
avait poursuivi avec une patience unique tout cè qui pouvait
hausser et étayer la situation de mon père dans la magistrature. Certes, elle ne songeait pas à ralentir son effort, car mon
père, juge d'instruction à Paris, n'était encore qu'à micôte, ainsi qu'elle disait. Mais comme j'approchais de l'âge
d'homme, elle s'apprêtait à faire le même chemin avec moi,
tel un courageux cheval de renfort qui ne connaî't qu'une seule
tâche. Elle m'entretenait souvent de mon avenir, m'expliquait
diverses professions, leurs avantages, leurs cc aléas )) , découvrant à mon esprit des espaces un peu obscurs, d'aspect un
peu rude, pareils à des forges, où, pour me stimuler, elle
soufflait le foyer, brandissait l'outil, frappait l'enclume. Son
horreur la plus vive était à l'égard de ceux qui ne travaillaient pas. Elle prononçait le mot c&lt; oisif» d'une façon qui
mettait vraiment hors la loi celui auquel il était appliqué.
-Elle était d'une activité que livrait son agenda, chargé et
surchargé de mille signes et posé tout ouvert sur sa table
comme une bible. Si l'on avait rassemblé toutes ces pages
depuis vingt ans et si l'on avait su y lire, on aurait dén1êlé à
quelle sorte de travail sa vie avait été employée. On aurait pu
suivre à travers ces notes de vaines occupations mondaines,
visites ou assemblées d'œuvres charitables, un ouvrage
mystérieux de galeries percées et étendues, dont l'utilité conùmrait toute à servir mon père. Dans cette fourmilière,
savamment creusée autour de nous, il n'était point de voie
qui ne fût entretenue avec régularité. Oui, elle avait mis
à son effort l'application tenace d'une fourmi. Sur son livre
de visites, les adresses biffées n'étaient pas seulement celles

SlLBERMANN

des personnes qui étaient mortes, mais encore celles des
maisons qui n'avaient pas d'aboutissants, chemins où elle
s'était fourvoyée et qu'elle abandonnait sitôt son erreur
.aperçue .
Ce que lui coûtaient ces démarches, ces manèges, je l'ai
su plus tard, lorsque j'ai compris le sens des soupirs que je
l'avais entendue pousser bien souvent devant son miroir,
tandis qu'elle arrangeait ses cheveux grisonnants ou qu'elle
entourait d'une voilette sa figure pâle et effacée d'ouvrière
trop laborieuse.
- Ah ! ce dîner Cottini... laissait-elle échapper. .. Cette
visite chez Mme Magnat. ..
C'est que Cottini, directeur d'un grand journal. avait
une réputation notoire de viveur, et que Magnat, le député,
avait, disait-on, vécu plusieurs années en ménage avec sa
maîtresse avant de l'épouser. Or ma mère jugeait les mœurs
selon un code rigourei1x et in.flexible.
Instruite par cette expérience, elle désirait m'écarter de toute
carrière ouverte à la brigue et soumise aux influences politiques. Pour d'autres raii;ons, réussite inceitaine, absence
de discipline, elle repoussait les professions libérales ou
celles qui dépendent d'une vocation souvent trompeuse.
- C'est se jeter à l'aventure, déclarait-elle. De nos jours,
la sagesse est d'entrer dans une grande administration privée
dont on connaît le chef. On suit la filière, c'est vrai, mais sans
risque; et si i'on est intelligent et consciencieux comme
.c'est ton cas, on avance rapidement tandis que les autres
marquent le pas.
Aussi, -alors qu'elle ne m'eût pas vu sans méfiance fré.quenter la magnifique maison des Montclar, « ces oisifs ii,
.elle se montrait fort contente de mon intimité avec Philippe
Robin, le fils du notaire. Elle n'avait pas tardé à entrer en
relations avec les parents de mon ami ; et généralement, au
retour des visites qu'elle leur faisait, elle m'appremiit que
~&lt; ce qu' il y a de plus huppé dans la bourgeoisie à Paris se
.trouvait là i&gt; .

�170

' LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette amitié entre Philippe et moi ne provenait pas d?une
conformité de nature. Philippe avait un esprit positif ; i1
était d'une humeur très sociable et assez rieur. Moi, j'étais peu
bavard, plutôt grave, et sensible principalement à ce qui
roue dans l'jmagination. Màis, surtout, notre morale, si l'on
peut ainsi dire pour parler de règles- dirigeant des cerveaux:
de moins de quinze ans, n'était pas la même.
Lorsque Philippe ressentait un vif désir, lorsqu'il cédait
à quelque tentation, ses mouvements étaien: bien vis~bles.
Il ne dissimulait rien ; il se comportait avec franchise et
insouciance, comme s'il eût la garantie commode que route
faute peut être remise. Il n'en était pas de même pour moi.
J'étais tourmenté sans cesse qu'une mauvaise action me
fît dévier pour toujours de la voie étroite qu'un idéal sévère
me présentait comme le juste chemin. Vivant dans une
atmosphère traversée par les foudres de la loi, je redoutaîs
également le jugement de la société. Ces scrupules de rnnscience et ces craintes matérielles retenaient mes actes et me
faisaient placer avant toutes qualités la réserve et-le renoneement. Quel succès, lorsque (souvent grâce à une habile
dissimùlation) je me sentais à l'abri de tome curiosité !
Quelle joie, lorsEJ_ue je parvenais à tri0mpher d'une intention suspect~ ! Joie si forte et ju:gée par moi si salutaire
~ue je ne résistais guère au_ plaisir de la_ provoq~er par
un artifice. Ainsi, je me laissais quelquef01s envahir sournoisement par '&amp; mauvaises pensées, je favorisais leut
développement dàns mon imagination, je prenais plaisir à
m'y exciter, puis, avec une sorte de passion, je coupa~s net
ces mauvais rameaux.- J'avais - alors le noble sentnnent
d'avoir fortifié mon âme. De même, à ~A1guesbelles, mon
grand-père ordonnait au -printemps que qrnûques pieds de
vigne ne fussertt•point taillés, afin que lui-même, se promenant dans son domaine, eût la satisfaction d'y porter la
serpe. Il se penchait sur le aep dangereusement- dé!aissé,
réduisait, rognait, avec une passion vétilleuse, pms me
disait orgueill eusement en se relevant :

r7œ

SfLBERMANK

~ Vois-tu, pet.;it, la meilteure ~igne est celle qui est la
p1us soigneusement taillée.

li
En classe d'ang,lais., je fus placé à côté de..Silberrnama _et
pus fübserver à loisir. At tentif à tG'tit ce que .disait le professeur, il ne le quitta p-as Au reg.ard;. il resta im moblie, le
menton en pointe, la lèvre pendante, la phiysionnmle tend-ne
curieusement ; seule, la pQ'1Ilme .d'Adam, sailla nt du cou
maigre, bougeait par moments. ,Com,me ce profi l n:n peu
animal #ait éclairé 'bizarrement }Dar un rayon de soleil, il
me fi.t penser aux lézar.ds qui, sur la-ten:asse d'Aigueshelles,i
J'heure ohaude, sortent d'une fente et, Ja tête allongée, .airec
un petit gonflement-ii&gt;l.termittent .de la gorge, sur:veillent la
race des •Jrnmains.
Puis, une grande par.tie de fa classe d'a;nglais se ;passant
en exercices dé con v.ersation ia vec le professeur, S-ilberma.n n,
levant vivement la main, demanda la par.ole à plusieurs
reprises. Il s'exprimait en cette langue .avec heancoup plus
de-facifüé qu'aucun d•ent-re n.0us. Pend-ant ces deux:
heures, nous n'-échangeâtnes pas un m:ot. Il ne :fi.t aUCUltle
attention .à moi, sauf une fois a:vet un regar,d tel q,u.e si je
lui eusse inspiré de la erainte, D'ailleurs, les premiers jouirs,
-il se comporta de la sorte "7is-à-Nis d.e tous ; mais c'était
sans doute par ;liléhance et non par'1:imidhé , cnr, au bout
de quelque temps, on put voir qu'il av.ait adapté deux ou
trnis garçons -plutôt humbles, )de .caractère fuibl.e, vers lesquels il .alla&lt;it, --s.itôt qu'ilies ~v:ut.ap:erçns, .avec des gesœs
qui commandaient ; et il se mettaiit .â &lt;liscourir .en maitre
. parmi eux, le verbe ha.ut et assuré.
En récréation -il ne jouait jama:is. Dédaigneux, semblait -il,
de la force et de l'agilité, il passait au milieu des parties
eng~ées sans i:e moindre signe d'attention; mais si un.e
discussion 'Venait à. s 1é1e v.er, elle ne hai. échappa it l)OÙlt -et

�SILBER;',!ANN

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE"

.aussitôt il s'arrêtait, quel que fût le sujet, l'œil en
éveil ; on devinait qu'il brulait de donner son avis, comme
s'il etît possédé un trop-plein d'argumentation.
Il recherchait surtout la compagnie des professeurs.
1..orsque le roulement de tambour annonçait la brève pause
qui coupe les classes et que tous nous nous précipitions
dehors, il n'était pas rare qu'il s'approchât de la chaire
-d'une manière insinuante; et ayant sourpis habilement
une question au professeur, il se mettait à causer avec lui.
·P uis, il nous regardait rentrer, du haut de l'estrade, avec
un air de fierté. Je l'admirais à ces moments, pensant
-corn bien à sa place j'eusse été gêné.
On ne tarda pas à s'apercevoir que Silbermann était non
.seulement capable de rester en troisième, mais qu'il prendrait rang probablement parmi les meilleurs élèves. Ses
,notes, dès le début, furent excellentes et il les mérita
autant par son savoir que par son application. Il paraissait
doué d'une mémoire singulière et récitait toujours ses
leçons sans la moindre faute. Il y a'i'ait là de quoi m'émerveiller, car, élève médiocre, j'avais une peine particulière
.à retenir les miennes. J'étais d'une insensibilité totale devant
tout texte scolaire ; les mots sur les livres d'étude avaient
-à mes yeux je ne sais quel vêtement gris, uniforme, qui
-empêchait que je pusse distinguer entre eux et les
.saisir.
Un jour, pourtant, le voile se déchira, une lumière nouvelle fut jetée sur les choses que j'étudiais ; et ce fut grâce
·-à Silbermann.
C'était en classe de français. La leçon apprise était la
première scène d' lphigénie. Silbermann interrogé, se leva
.-et commença de réciter :
Oui, c'est Agamemnon, c'est ton roi qui t'éveille.
Viens, reconnais la voix qui frappe ton oreille.

11 ne débita point les vers d'une manière soumise et
monotone, ainsi que faisaient la plupart des bons élèves.

Il ne les déclama pas non plus avec emphase; sa diction.
restait naturelle. Mais elle était si assurée et on y trouvait
des subtilités si peu scolaires qu'elle nous surprit tous.
Quelques-uns sourirent. Moi, je l'écoutais fixementr
frappé par une soudaine découverte. Ces mots assemblés,
que je reconnaissais pour les avoir vus imprimés et les
avoir mis bout à bout, mécaniquement, dans ma mérnoirer
ces mots formaient pour la première fois image en mon,
esprit. Je m'avisais qu'ils étaient l'expression de faits réels,
qu'ils avaient un· sens dans la vie courante. Et à mesure·
que Silbermann poursuivait et que j'entendais le son desa voix, des idées et des idées germaient dans ma tête d'un,
terrain toujours aride; les scènes d'Iphigénie se composaient, scènes positives, qui ne ressemblaient nullement
à celles que j'avais vues au théâtre, entre des toiles peinteset sous un éclairage artificiel. J'avais la vision d'un rivage·
où se trouvait dressé un camp; les flots, qu'aucun venr.
n'agitait, glissaient douœment suI" le sable ; et là, parmi.
des tentes à peine distinctes dans le petit jour et d'où nul
bruit ne venait, deux hommes dont le front était soucieux:'.
s'entretenaient .
Je n'avais pas cru jusqu'ici que cette représentation vivanteet sensible d'une tragédie classique fùt possible. Voir
remuer un marbre ne m'eût pas moins ému.
regardai.
celui qui avait fait jouer les choses pour moi. Silbermann .
avafr dépassé la limite de 1~ leçon et cependant il continuait
de réciter. Son œil pétillait ; sa lèvre était légèremenL
humide, comme s'il eût eu en bouche quelque chose de:
délecta blc.
Entendant quelques élèves protester contre l'empressement excessif de Silbermann, le professeur l'interrompit.
et le félicita. Il était heureux; je le remarquai à un petit
souffle qui faisait palpiter ses narines. Mais ce souffle, me ·
demandai-je, n'est-ce pas plutôt l'âme d'un génie mystérieux.
qui habite en lui? Cette idée plut à mon imagination puérile,
qui était encore près du fantastique; et comme je le con--

Je

�r74

LA NOUVELLE REVUE FR~ÇAJSB

templai longuement au. point d'être fascin~ il me fit
songer;. avec son teint. jaune: e.1'.sous le honuèt noir de ses,
cheveux: frisés,. au._ magid:.e n de quelque c..onte oriental,.
qui détient la. de.f dtt tontes 1€S' m~reilles.,
Nous nous a:dr~sâmes la pat:&lt;1lle: qJielqu.es j'O_urs plus,

ta.rd,. un. di:manc.h e matiu,. en des circonstanœs dont j'ai
bien gardé la mémoire.
J'avais été au .ttmyle. av.ec.. ma mère; puis, à la soniè:,
i-e t'a.vais laissée: Je :ressentais: t0uj0urs quelque exaltation
.après le service religieux.;. mais cette ~ltation, je tto.uvais
délicieux de l'us.er à d:.es c:hoses profanes. J'aimais. me pro-,
merrer, seul, dans le Bois:, et, encore ému pat. le bourd.0nnement grave de l'orgue, excité par Yallégresse d.ii:s cantiques, j'ai.mais me livrer,. en. cet état d.'ivress:e sµiritu.elle, à
une activité tonte animale :. COJlr.ir,. bondir à travers, las,
buissons,. a:spi1:er l'odeur de la, terre. et· des. feuilles., me·
laisser toucher par les vi,van.ts. effl.uxes de. la nature. Puis,
a;yant levé par hasard les yeux vers le ci.el, je m'arrêtais,.
n:ao pas. calmé mais c.omrne frappé d'amour. La vue d'un
nuage voguant dans l'azur avait réveillé ensemble mon
cœur et mon. im:agiuatiorr. Tout frémissant, je soupirais
vers. un sentiment: très dcmx, de. qual-ité très noble.,.. et je
rêva:is-aux..avenmres où il m'entraînerait. I.e plus sou.vent,,.
ce sentiment se: cristallisait sous la forme d'une amitié.,.
oix se. mêlaient indist~temen.t une alliance mystique~
une entente intellectuelle et nn dévouement de. toute ma

,

chair.
J'éprouvais cette disposition confuse, ce matin.-là, au
Ranelagh, lorsque je.. v.is .s'avancer,. dans la,_ même allée,
Silbermrum. IL était seul. Il ma:rchai't à pas courts et précipités-, remuant. fréquemment. la: tête ; jl semblait plein
de pensées inquiètes ;_ mi. l'e1'.lt di:t:.p:01.1.rsuivi:. Il m'aper~t
de. Ioin mais n'en montra rien et ou,vrit on livre qu'il
avait à la main. Au moment qu'il allait passer, il leva.
vers moi. des yeux incertains, esquissa un. smu:ire, puis,

SILBERMAN~

1 75

comme je lui répondis par un bonjour très cordial, changea.
brusquement de p-hysionomie, accourut et exprima sa joie
de la rencontr.e.
- Tu habites donc par ici ? Et où cela ?
Il voulut connaître le nom de la rue, le numéro de la
maison, me questionna sur mes habitudes, sur ma famille,
et enveloppa ceue enquête de manières si naturelles et si
amicales que j'eus plaisir à répondre, malgré ma retenue
ordinaire.
- De quel côté allais-tu? ajouta-t-il. Veux-tu que je
t'accompagne?
J'acceptai. Il me montra son livre.
- C'est une édition ancienne de Ronsard. Je viens de
l'acheter, dit-il en caressant la jolie reliure de ses doigts
qui étaient maigres et bruns.
il l'ouvrit ·et se mit à me lire quelques vers. J'eus la
même impression qu'en class.e; Le texte lu par lui semblait
baigner dans une source qui m'en donnait fortement le
goût. Les mots avaient une qualité nouvelle : ils fumaient
mes sens; émotion ignorée, sorte de frisson dans mon cerveau. Mais de Silbermann lui-même que dire et comment
dépeindre sa figure ? Il lut ces vers ~
F:rnche, garçon, d'une main pilleresse
Le bel émail de la verte saison,
Puis à plein poing enjonche la maison
Des fleurs qu'.avril enfante en sa jeunesse.

Ses narines se dilatèrent, comme piquées par l'odeur
des foins, et des larmes de. plaisir emplirent ses yeux.
Nous étions arrivés à I'angle d'une pelouse où est érigée
une statue de La Fontaine. Silbermann m'arrêta et s'écria:
- Est-ce assez laid, ce buste que couronne une Muse ?
Et ce groupe d'animaux, le lion, le renard, le corbeau,
quelle composition bàoale ! Chez nous on ne connaît que
cette façon de glorifier un grand homme. Et pourtant il y
en a d'autres. Ainsi" l'été dernier, j'ai été à Weimar et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'ai visité la maison de Gœthe. On l'a conservée intacte.
On n'a pas déplacé un objet dans sa chambre depuis, la
minute de sa mort. Dans la ville, on montre - et avec quel
respect! - le banc sur lequel il s'asseyait, le pavillon où il
allait rêver. Je t'assure que de tels souvenirs ont de la
grandeur. En France, on ne voit rien de pareil. Il y a
quelques années, on a fait une vente àu château de SaintPoint, en Bourgogne, où Lamartine a vécu. Eh ! bien,
mon père a pu acheter beaucoup d'objets qui avaient
appartenu à Lamartine; et, soit dit en passant, la plupart
&lt;le ces reliques se sont trouvées être de très bonnes affaires~
Nous étions toujours devant la statue.
- Est-ce que tu aimes La Fontaine ? me demanda-t-il.
Et comme cette question me laissait embarrassé, il reprit
avec vivacité :
- Mon cher, c'est bien simple : La Fontaine est notre
plus grand peintre de mœurs. Dans ces fables qu'on nous.
fait ânonner, il a dépeint sorisiècle. Louis XIV et la cour,
la bourgeoisie et les paysans de son temps, voilà ce qu'il
faut voir dexrière les divers animaux. Et alors, comme
l'anecdote prend de la valeur ! Combien il est audacieux
dans sa moralité! C'est ce que Taine a très bien compris ...
Tu as lu La Fontaine et ses fables ?
Je fis signe que non.
--'--- Je te le prêterai.
Je ne répondis rien. J'étais étourdi. Ce garçon quipossédait des livres rares, qui distinguait avec assurance :
« ceci est beau ... cela ne l'est pas » ; qui avait voyagé, lu,
observé, retenu des exemples, jetait en mon esprit tant de
nGtions admirables que cette profusion me confondait. Je
tournai les yeux vers lui. Qu'il fût supérieur à tous les
camarades que j'avais, cela était évident et je n'en doutais
pas ; mais je jugeais encore que je n'avais rencontré ni
clans ma famille ni parmi notre milieu quelqu'un qui lui
fût comparable. Ce goût si vif pour les choses de l'intelligence et cette façon si pratique de les présenter, cette

!SJLBERMANN

177
adresse pour mettre à portée de main ce qui est élevé,
étaient pour moi des qualités vraiment neuves. Et cette
parole forte et aimable à la fois, qui imposait en même
temps qu'elle charmait, qui donc s'en trouvait doué dans
mon entourage ?
Il n'avait pas cessé de parler, citant des noms d'écrivains
et des titres d'ouvrages.
J'avais un immense respect pour tout ce qui touchait à
la littérature. Je plaçais certains écrivains qui avaient
éveillé mon admiration au-dessus de l'humanité entière à
l'image des divinités de !'Olympe. Silbermann m'instrui-sait de bien dt:s faits que j'ignorais, discourant facilement
de l'un et de l'autre. Il me révéla finalement que son dieu
était « le père Hugo». Je l'éwutais avec avidité. Cependant, fut-ce cette familiarité, fut-ce l'éclat de sa voix ou
Ja couleur un peu étrange de son teint ? je ne sais, mais
feus à ce moment la vision d'une scène qui amena un
léger recul de ma part. Souvent, à Aiguesbelles, un marchand de fruits, un Espagnol à la peau basanée, passait
sur la route et arrêtait sa charrette devant le mas, criant
bjzarrement sa marchandise et maniant sans délicatesse les
.belles pommes écarlates, les pêches tendres et poudrées,
les prunes lisses et glacées. Or, Célestine, notre cuisinière,
n'aimait pas cet homme, « venu on ne sait d'où », disait-elle, et lorsqu'elle avait eu affaire avec lui, on l'entendait
maugréer en revenant :
- C'est malheureux de voir ces beaux fruits touchés
par ces mains-là.
Silbermann, ignorant ce petit mouvement instinctif,
-poursui vit :
- Si les livres t'intéressent, tu viendras un jour chez
moi, je te montrerai ma bibliothèque et'"je te prêterai tout
.ce que tu voudras.
Je le remerciai et acceptai.
- Alors quand veux-tu venir ? dit-il aussitôt. Cet aprèsmidi, es-tu libre ?
I2

�r78

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je ne l'étais point. Il insista.
- Viens goûter jeudi prochain.
.
Il y eut dans cet empressement quelque -chose gm me
déplut et me mit sur la défensive. Je répondis que ~ous
c6nviendrions du jour plus tard ; et comme nous étions
~rtivés devant la maison de mes parent&amp;j je 111i tendis la
main.
Silbermann la prît, la retint, et me reg.rrdant avec ~ne
expression de gratitùde, me dit d'~ne voix ifrfinitnent
douce: _
- Je suis conten't~ bien content, qne·nous nn~s.soyons
rencontrés ... Je ne pensais pas que nous pournons être
çatnarades.
Et pourquoi ? demandai-je avec une.. sincère sur·pnse.
.
-Au lycée~ je te voyais tout le temps avec Robm; et
comme lui, durant un mois, cet été, a refusé de m'adresser la parole, je croyais que toi aussi ... Même en classe
d'anglais ou nous sommes voisins, je n'ai p~ osé•. •
Il ne montrait plus gu~re d'assurance en disant ces.mots.
Sa voix. était basse et entrecoupée; elle semblait monter
de régions secrete~ et douloureuses. Sa main qui conti~
nuait d'étreindre )a mienne comme s1il eût voulu s'.atta-eh.er à moi,_ trembla un peu.
Ce ton et c;e frémissement me bouleversèreo.t. J'entrevis
chez cet être si différent des autres, une détresse intime,
p_ersistante, inguérissable, analogue à celle.d'un orphelin ou
d'un infirme. Je balbutiai avec un sounrè, affectant de
n'avoir pas compris :
- Mais c' est absurde... pour quelle raison supposaistu ...

- Parce que je suis Juif, interrompit-il u~tt~ment ~
avec un accent si particulier que je ne pus d1stmguer S1
l'aveu lui coûtait ou s'il en était fier.
Confus de ma maladresse, et voulant la réparer, je cherchai éperdûmeot les mots les plus tendres. Mais dans ma

SILBERMANN

179

famille, on ne m'avait guère enseigné la tendresse. Le gage
d'amour que l'on offrait dans les circonstances graves était
le sacrifice~
seule l'intervention de la consdence donnait
du prix à un acte. Aussi, ayant reculé d'un pas tout en
&lt;:on.servant la main ~de Silbermann, je lui dis solennelletnent :

et

- Je te jure, Silbermann, que désormais je féra-i pour
toi tout ce quf sera en mon pouvoir .
Ce même jour, je passai l'après-midi chez Philippe

·Roôin:
A la fin de la joutn.ée, l'oncle de Philippe, Marc Le Hellier, se trôuva là. Il aimait beaucoup son neveu ; if le
traitait en hommeet non eu écolier, ce. qui flattait Philippe. li lui répétait que. rien n'était plus absurde que
l'éducation donnée dans les lycées, qurun assaut d'escrime
développait mieux- Ie- cerveau qu-'aucune étude, et que
savoir appliquer un coup de poing au bon endroit était plus
utile dans 1a. vie que tout ce que l'on u·ous enseignait en
classe.

U reprit ce chême en voyant sur la table de Philippe Ies
gros manuels scolaires. Il fit, du revers de 1a main, le geste
de les pousser à terre. Philippe rit aux éclats. Je songeaî au
mouvement de Siibermann caressant le volume de Ronsard
et à la ferveur qui '7rûlait en lui lorsqu'il récitait une
poésie.
- Sais-tu ou j'ai été tout à f'heure, Philippe? dit Marc
Le Hellier . .Aux Français de France, dont c'était la· première
assemblée-depuis J-a rentrée. Ah f cela ne marche pas mal,
notre ligue. Près de cîrrq cents adhérents nouveaux en tro_is
mois. Maintenant nous pouvons :?gir.
Philippe faisait une mine fort intéressée. Son oncle I'avar
attiré- à soi, lui tâtait tes bras, et je voyaîs que Phiiippe gonflait orgueilleuse1"nent ses biceps.
- Et d'abord, continua Le HeHier, nous organîsans
une campagne contre les Juifs, qui sera n1enée atec soin et

�I 80

.,.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

intelligence, je te prie de le croire. Pas seulement des
manifestations dans la rue, comme on s'est contenté de
faire
. jusqu'ici. Non :. nous
. . établissons des fiches , des doss1ers; et comme, v01s-tu, à la base de toute fortune juive
il y a toujours quelque canaillerie, nous suivrons pas à pas.
chaque youpin suspect, et au moment propice, vlan ! nous
lui casserons les rceins.
Il fit de la main un gest€ coupant. Sous la moustache
rousse, très épaisse, mais taillée court, la lèvre supérieure
se retroussa et découvrit, aux coins, des canines fortes.
Je n'aimais guère cet homme, qui par les goûts violents
qu'il tentait de communiquer à Philippe éloignait de moi
mon ami. Mais, ce jour-là, ce fut avec un vrai malaise que
j'écoutais œs propos. IL me semblait entendre au loin la
plainte de Silbermann : « Je croyais que tu refuserais de me
parler ... je n'ai pas osé... »
Aussi comme l'oncle de Philippe poursuivait sur le même
sujet et que Philippe, les yeux brillants, lui témoignait la
plus vive attention, je me levai bientôt et partis.
L'appel de Silbermann à ma pitié m'avait touché profondément. Toute la soirée, je-songeai à lui, mé sentant bien
plus attiré que lorsque j'étais seulement ébloui par ses dons
merveilleux. Je me ressouvenais de ses yeux craintifs, le
premier jour ; je m'expliquais sori hésitation à m.'aborder le
matin; et ces images, qui lé représentaient parmi nous
comme un déshérité, me navraient.
Dans ma chambre, m_achinalement, je pris un de mes
cahiers et l'ouvris aux dernières· pages. -C'était là, ·sur des
feuilles barbouillées, qu'on eût pu _pénétrer mes secrets;
c'.était là qu'il m'arrivait de commencer une confession,
d'écrire à un ami im~ginaire, de griffonner des prénoms
féminins. Puis, lorsque je m'apercevais de la puérilité de
ces choses, ou, rougissant de honte, de- la rêverie trouble
où elles m'avaient entraîné, je me hâtais de recouvrir
d'encre tout mon travail.
Je me mis à écrire à Silbermann. Je l'assurâi qu'il avait

SILBERMANN

18 I

eu bien tort de croire que j'agirais avec lui ainsi que Robin,
car je n'avais aucun sentiment hostile contre sa race. Je lui
glissai d'ailleurs qu~ j'étais de religion protestante. J'ajoutai
que toute la journée j'avais pensé à notre rencontre et que
ma conscience n'oubfü:rait pas le serment d'amitié que
j'avais fait en nous séparant.
Je ne comptais pas lui donner cette lettre. Toutefois, le
lendemain, au lycée, lorsqu'il accourut vers moi, débordant d'intentions affectueuses, j'arrachai brusquement la
page de mon cahier, la pliai et la lui remis.
Je pa~sai la récréation suivante avec Robin. A ma grande
gêne, je vis Silbermann approcher de nous. Il me dit à voix
très haute:
- Alors c'est entendu, je compte sur toi jeudi.
Et il s'en alla.
Philippe me regarda, surpris.
- Vous sortez ensemble jeudi ? Comment le connaistu?
Devenu très rouge, j'expliquai que je l'avais rencontré et
qu'il m'avait proposé des livres.
- Tu sais que son père, qui est un marchand d'antiquités, est un voleur. Mon oncle Marc me l'a dit.
Cet avertissement était prononcé d'un ton sec. Je fis un
geste vague. Nous parlâmes d'autre chose.
Ce qui arriva le lendemain fut comme le présage des
temps. troublés qui devaient suivre.
C'était le jour de la Sainte-Barbe. A cette date, les élèves
qui se préparaient aux hautes écoles de sciences organisaient
un tapage quasi toléré par leurs maîtres. Les classes inférieures ne s'y mêlaient guère. Pourtant cela suscitait dans·
tout le lycée quelque effervescence.
Cette année, le tumulte fut grand. Comme la classe de
l'après-midi finissait, la lumière d'un feu de bengale incendia
brusquement la cour, puis s'éteignit, tandis que des clameurs et des chants éclataient. Un instant après une forte
détonation nous fit sursauter. Une sourde excitation se

�182

LA. NOUVELLE REVUE FRANÇUSE
SlLB.ERMANN

:tnanifesta sur nos bancs. Moi, je regardai peureusement les
vitres sombres, Jéj:&gt;ugna11t à ce désordre et à cette sauv,agerie, Le tamhour roula._Les élèves .se ruèrent vers la
porte en criant, et l'un d'eux;, je ne sais g_ui: passa,nt devant
Silber.tnann, le re-jeta eJt a.rrièreJ hurlant fér-ocement à sa
face:
- Mort aux Juifs.

III
Les parents de Silbermann habitaient dans ûne belle
maison nouvellement construit~ en bordure d~ Parc de la
Muette. L'appartement, situé au dernier étage, était fort
grand. Silbermann m 1en fit les honneurs, m'arrêtant devant
de magnifiques meubles de marqueterie et faisant jouer
l'éclairage au-dessus' des tableaux.. Je n'avais jamais pénétré
dans une maison qui contînt tant de richesses. L'impression fut telle, que, des rayons de -soleil entrant par les
fenêtres, je crus à des voiles d'or jetés sur les - objets. Je
regardai par ces fenêtres. On n'apercev,ait que _des arbres
hauts et superbes~ ceux du Parc de la Muette, puis, au loin,
une ligne ondulée de coteaux, la campagne ... Perspective
que l'on peut avoir d'un cMtea.u. Je passais en silence, ne
pouvant rien dire tarit le sentiment de mon humilité était
profond. Je songeai au cabinet de travail de mon père,
é,t roit et sévère, donnant sur une cour, et au petit salon de
ma mère, où des meubles anciens, mais bien rustiques,
ehoisis à Aiguesbelles, faisaient le plus bel ornement.
H eureusemeqt, Silbermann, qui d'ailleurs me montrait
ces choses aussi simplement qu'on pou,vait_le faire, ne JJrolongea pas ma gêne et me conduisit à sa chambre. Là,
l'aspect était qien différent, et j'éprouv.ai ,u n petit mouve~
ment de satisfaction à dire au dedans de moi-même :
&lt;c J'aime mieux l&lt;J mieµne, »
En effet, la pièce était si modeste qu'on ei'.rt pu douter

'

I8J

qu'elle fit suite .à celles que je venais de visiter. Et, à
l'examiner, je m'avisai que ma inère, à coup sùr, eût peiu
de ses ·ru.tirµ; plutôt que .de me laisser dormir parmi le
désordre que je Temarquais ici.
Silbermann tne désigna la bibliothèque qui garnissait
presquie tout un pan &lt;lu mur.
- Voilà, dit-il.
Il y avait des livres de haut en bas. Il y en avait de somptueu~ement -reliés et il y en avait d'autres, brochés~ tout
écornês par l'usage.
Je m'exclamai avec admiration ;
- C'est â toi ? Tu a~ lu tout cela ?
- Oui, dit Sîlbennann avec un petit sourire orgueilleux.
Et il ajouta : « Je suis sûr que tous les S•-Xavier réunis
n'en ont pas lu la moitié, hein ? ))
Il me les montra en d~tail, pr~I,)ant certains exemphires
aYec précaution et m'exp-liquantce qui faisait leur rareté.
Il en ouvrit plusieurs et, avec une sµreté et un choix gui me
parurent extraordinaires, il me lut quelques passages .. Il
s'inten:ompait parfois, les. ~ux humides, d_isant : cc Est-ce
beau ? Ecoute ceci encore ... &gt;&gt;
Il était surtout sensible.à la formt ou plut6t au mot qui
fait image; il Je faisait .ressortir d'un geste de se,c; doigts
réunis, comme si les bea:uJés de l'esprit eussent ét-é · pour
lui matière traitable qu'il voulût modeler.
Le livre, la pensée .écrite, exerçait sur moi un attrait irré~
sistible. Aussi, devant· cette bibliothèque (si différente de
célle de mon père, laquelle était composée surtout d'ou.vrages ne touchant ;pas l'imagination) je feuilletais ces
volumes avec émotion et pressai Silbermann de questions.
Il av.ait l'art de qualifier en une phrase le sujet d'une œuvre,
de réduire celle-ci sous une formule commode.
- J;e.s Mi'Sé:rablef J•.• répondit~il à une de mes questions.
C'est l'épopée du peuple. Puis : (&lt;' Tie ri:s, ~oici le -vocabulaire de la langue françai-se. ii

�184

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et il me tendit un petit volume au dos duquel je lus ~

Œuvres de Paul-Louis Courier.
Ces vastes connaissances et cette promptitude de jugement
me remplissaient d'admiration. Silbermann devina ce sentiment. Il sourit et me dit :
- Prends ce que tu veux. Tu pourras venir ici aussi
souvent qu'il te plaira.
Nous restâmes longtemps à causer. Il me donna de_s
conseils à propos de mes étu_des. Nous parlâmes de nos
compagnons de classe; et il en railla quelques-uns qui passaient pour sots et qu'il imita drôlement. Un mot qu'il
semblait adorer revenait souvent dans sa conversation :
&lt;c l'intelligence &gt;&gt;. Et il le prononçait avec un sentiment si
impétueux qu'on voyait apparaître à ses lèvres une petite
bulle d'écume.
Je l'entretins de plusieurs livres que j'avais lus. Sur chacun il me donna des aperçus nouveaux pour moi. Nous
étions assis l'un auprès de l'autre. Sa voix avait des inflexions
si persuasives que par moments je me sentais dominé par
lui aussi bien que s'il eût posé sa main sur ma tête.
Je fus présenté à sa mère. Elle allait sortir et était couverte d'un long manteau de fourrure. Je n'aperçus de son
visage que des yeux noirs et allongés, des lèvres très rouges
qui ne cessèrent de sourire. Elle reprocha à son fils de me
tenir dans cette chambre au lieu d'un des salons. Elle me
pria de venir déjeuner, fixa le jour et disparut, m'ayant
flatté par son air élégant et sa corn plaisance.
Avant de partir, j'allai choisir quelques livres dans la
bibliothèque de Silbermann. En déplaçant une rangée, je
vis,. cachée derrière, une collection de journaux. Mon
regard tomba sur le titre : La Sion future.
Ce fut à . ce moment que se déclara au lycée l'hostilité
contre Silbermai:m.
11 avait été deux fois premier lors des compositions. Ce
succès avait suscité des jalousies parmi les rangs des bons
élèves. Et comme il lui échappait quelquefois une ironie-

SIL\jERMANN

méprisante à l'adresse des cancres, il n'y avait pas moins
d'animosité contre lui aux autres degrés de la classe.
Les choses commencèrent par des taquineries assez innocentes lorsque Silbermann se mettait à pérorer et à gesti- ~
culer. Silbermann aggrava ces taquineries et les fit persister
par sa façon de tenir tête et sa manie &lt;c d'avoir le dernier» ;
elles furent un peu encouragées· aussi par l'insoucian~e de
la plupart de nos professeurs qui, malgré ses bonnes places,
n'aimaient pas Silbermann. On s'en aperçut bien le jour où
l'un d'eux, irrité de le voir venir trop soûvent près de sa
chaire, le renvoya avec une phrase brusque et cinglante
que tout le monde entendit.
Bientôt, pendant les récréations, ce fut un amuse·m ent
courant d'entourer Silbermann, de se moquer de lui et de
le houspiller. Sitôt qu'il apparaissait :
- Ah ! voilà Silbermann, disait-on. Allons l'embêter.
On Je bousculait, on prenait sa .::asquette, on faisait
tomber ses livres. Silbermann ne se défendait pas mais il
ripostait d'un trait qui, le plus souvent, frappait juste et
exaspérait l'assaillant.
Au début, ces petits succès de parole lui procuraient tant
de plaisir qu'il en oubliait les brimades ; et même il allait
au-devant. Mais comme la répétition de ces scènes et aussi
son physique bizarre lui valurent d'être en butte, dans la
cour, à la curiosité générale, je crus m'apercevoir qu'il commençait à en souffrir. Enfü.1, peu après, les S1-Xavier
venant s'y mêler, le jeu prit le caractère d'une persécution.
Les S1-Xavier ne prenaient point part, si l'on peut dire, à.
la vie de notre lycée. Grands seigneurs obligés de passer par
un lieu indigne d'eux, ils jugeaient inutile d'entrer en relations avec des voisins de hasard. Chaque petite escouade se
dirigeait vers sa place, affectant de ne rien voir et de ne
rien entendre. Leur attitude vis-à-vis des professeurs était
. généralement correcte, jamais zélée; leurs vrais maîtres, ils.
les retrouvaient en sortant. Et même, en classe, le visage
d'un garçon tel que Montclar trahissait parfois un sentiment

�186

.

LA' NOUVELLE

REVUE F.RA.}\'ÇAISE

pire que findodlité, comme s':il y·eût_ 1m ancien compte à
régler entre lui ,et l'homme qh.i instruit. ·
Ce .fut Montclar qui donna une. àirec.tœn nouvelle aux
attaques cc;mtre Silberm.:mn. Le ptemier, il le railla qU
sujet des caractères ph.ysiques de su.ace et des pratiques de
sa reiigi'on. Montclar n?avait pas d'esprit m.a'is une sorte de
fougu~ cruelle qai matù.t Silbennaon.
Les autres, pent-êrr.e de. CO!JVÎ.Cttons plus molles, mais
flattés par la présence .de Montclar au milieu d'eux, le s~ivirent .dans .cette v.oie. On ne laissa plus échapper une
occasion d'oatrager Silbermann. Ainsi, tant que dur.a
l'étude d'Esther, il dut supporter de voir., à chaque trait
touchant les Juifs, vii;igt faces malignes tomnées veB lui.
Il n'était pas le seul Jnif dans notre classe, mais on m:
s'en prenait pas aux a:ulttes. Ce!'.1.X-ci .étaient au nombre de
.dernx: : Haase, le fils du banquier dont on savait que la
sœur av.ait.épousé-un d'Antheniy, .et Crémie1rx:, dont le
père était député. Aucun n'avait un typ.e sémite aussi mar·
qué que Silbermann. Ha-ase tentait d'effacer le sien ·par d~
modes britanniques : une coiffure qui défrisait er :aplatissait
ses cheveux, une prononciation guilHiée. Tous deux semblaient se p1acer au-dessus de .Silberrnantl,
fütune gnnde peine pour moi dev0ir Phfüppe se
joindre aux pernécuteurs. Je sa:vais bien qu'il se ~fa.~ait aux
jeux un peu violents ; je savais· aussi que la faço-n d,agrr
d'un Montclar .ou d'un La Béchellière n'était pas sans le
guider; mais son bon cœur l'empêc_hait touj.ours de comrqettr.e une action qui pût nuire à un autre. Je ne m,expliquais pas œtte haine instinctive et opiniâ1:re, tdie que s'il
eût senti ses biens et sa vie .e n ipéril.

ee'

Je me rendis- déjeuner chez Silbermann. Je fas pi·és.enté
à son père. C'était1.m ·homme &lt;l'aspect un peu l0urd. Un
.accent .étranger embarrassait sa par.ale: Des yeux sans, vie,
une cl1air j~unâtre, une barbe inculte, un gros nez, de
grosses lèvres, donnaient &gt;à sa 6-gure une expres,sion s.tu-

S1LBERMANN

piq_e et comme endormie. Mais par moments il. intervenait d'un mot qui montrait que son esprit veiJ!ait."
Mm• Silbèrm.ann avait un joli v.i,sage aux traits fins, ainsi
qu'il m'avait paru au premier abord. Toutefois, sQn sourire était si ch;1rmant, si jeune et sï répété qu'il communiquait à la longue un peu de fausseté à sa physionomie. Ses
·g~stes étaient menus et vifs ; mais une sorte de renflement
c~arnu au-dessous de la nuque la privait de grâce ~fans
beaucoup de ses attitudes.
Silbermann n'avait pas vis-à-vi~ de ses parents la situation
&lt;l'un fils, ou du moins cette situation était bien _éloign.ée
de celle queï'occup~is entre les miens. On lui demandait
son ayis ; il avait le droit d'interroger, de contredire,. et ne
se privait pas de la discussion. On eût dit d'un jeune mi.
D'autre part, Mm.e Silbermann semblait rester étrangère -aux
occupations de son mâri. Tour cela était -si extraordinaire
par rapport _à l'usage établi chez moi, que ces trois êtres me.
parurent unis moins par les liens de la fanull.€ que par ceux
d'une association, on, si l'on veut, par les lois d'une même
tribu.
Je fus aCèueilli par eux avec une con~idération à laquelle
je n'étais point du tout accoutumé. M. Silbermann me
demanda comment se portait mon père, « le grand magistra,t ». Mm• Silb~rtnann m'apprit qu'elle avait souvent
aperçu ma mère dans des ventes de charité. Ces propos
déplurent à leur fils qui les interrompit. Il fut même plus
b~usque ensuite. Nos projets d'avenir étant en question, il
declara que, pour sa part, il suivrait la carrière des lettres.
Tandis que sa mère approuvait ce dessein dont elle était
flattée, me sembla-t-il, sou père, secouant la tête, dit avec
bonhomie:
- Non, non~ David, ce n'est pas sérieux.
- Que veux-tu, papa, s'écria Silbermann avec vivacité
.
'
Je ne pourrai jamais m'occuper des mêmes affaires que toi:
œla ne m'intéresse pas.
- Oh ! Le_s antiquités, dit doucement M. Silbermaon,

�.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
188
il ne doit plus y avoir grand'chose à faire là-dedans, maintenant que les gens du monde se font marchands. Mais il y
a d'autres bons commerces. Moi, si j'avais vingt ans, je
partirais pour l'Amérique avec un stoc~ de perles ..
Son fils ne dissimula pas une expression de mépns.
Après le déjeuner, il m'offrit de m'emmen~r ~u théâtre:
Je montrai peu d'empressement, car lorsque J étais avec lm
je n'aimais rien tant que l'écouter parler. Et nous fîu;nes
nous promener au Bois. ·
.
.
Tout de suite, je mis la conversation sur le suiet qui
m'intéressait le plus : la littérature. C'était pour moi un
domaine analogue à ces contrées quasi fabuleuses qui vous
attirent obscurément et dont on rêve devant l'atlas. Silbermann, lui, en avait parcouru toute l'étendue; il connaissait les points de vue les mieux situés, m'y entraînait et
m'aidait à distinguer le détail qui fait que le paysage est
beau. Parfois, prenant mon bras, il m'arrêtait, et comme il
se fût écrié : « Regarde cette rivière argentée, regarde cette
chaîne de montagnes », il me récitait deux vers ou une
phrase magnifique. Alors je me sentais transporté et j'eusse
désiré qu'il continuât toujours. Et de même qu'au voyageur
qui m'eilt décrit les Pyraroides, j'eusse ~mpatiemme~t
demandé ensuite: « Et le Nil &gt;&gt;, je demandais, lorsque Silbermann m'avait instruit de tout ce qu'il savait sur un écrivain : « Et Vigny? ... Et Chateaubriand ?... » Alors il repartait, l'esprit aussi .if, aussi sû~, jamais lassé, explorateur
dont la mémoire et l'enthousiasme étaient sans défaillance.
Après avoir marché longtemps, au hasard de nos pas,
nous arrivâmes au bord d'un petit lac.
- Chateaubriand, Hugo... murmura rêveusement Silbermann, être l'un d'eux ! Posséder leurs dons, jouer leur
rôle, voilà ce que je voudrais.
.
- Ah ! non, reprit-il, je n'ai pas l'intention de vendre
des meubles ou des perles. Mon ambition est autre. Toutes
mes facultés, tout ce que j'ai ici, dit-il en se frappant le
front, je veux le mettre au service de la littérature.

SILBERMANN

Puis, baissant le ton :
- Si on savait cela, peut•être me tourmenterait-on
•
;i
moms
....
Il faisait allusion aux mauvais traitements qu'il subissait
au lycée. Je sentis combien il en souffrait. Je cherchai un
sujet qui détournât sa pensée et regardai alentour.
Nous étions seuls. La journée, qui était une des dernières
de l'automne, était froide et triste. Une lourde nuée couvrait
le ciel. L'eau du lac, toute sombre, frissonnait. Les arbres
étaient dépouillés; seule persistait la verdure d'un bouquet
de sapins ; et ce feuillage pauvre et opiniâtre, cerné par des
bois morts, éveillait l'idée d'une vie misérable et éternelle.
Nous fîmes halte.
- Ecoute, me dit Silbermann d'une voix dont le
timbre était devenu un peu plus rauque, mon père s'est
établi en France il y a trente ans. Son père avait vécu
en Allemagne et il venait de Pologne. Plus haut, des
autres, je ne sais rien, sinon qu'ils ont dû vivre honteux et
persécutés, comme tous ceux de leur race. Mais je sais que
moi, je suis né en France, et je veux y demeurer. Je veux
rompre avec cette vie nomade, m'affranchir de ce destin
héréditaire qui fait de la plupart d'entre nous des vagabonds.
- Oh ! je ne renie pas mon origine, affirma-t-il avec
ce petit battement de narines qui décelait chez lui un mouvement d'orgueil, au contraire : être Juif et Français, je
ne crois pas qu'il y ait une condition plus favorable pour
accomplir de grandes choses. Il leva prophétiquement
un doigt. - Seulement, le génie de ma race, je veux le
façonner selon le caractère de ce pays-ci ; je veux unir mes
ressources aux vôtres. Si j'écris, je ne veux pas que l'on
puisse me reprocher la moindre marque étrangère. Je ne
veux pas entendre, sur rien de ce que je produirai, ce jugement : cc C'est bien Juif &gt;&gt; . Alors, vois-tu, mon intelligence,
ma ténacité, toutes mes qualités, je les emP.loie à ~onnaître

�r90

. LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et à pénétrer ce patrimoine intellectuel qui n'est pas le
mien mais qui, ·un juur, sera peut~être ·accru par moi. Je
veux me l'approprier.
Il scanda -ce mot et dü pied frappa le sol.
· - Est~ce impossi.ble? Ces choses, ne puis-je les compren~
dre aussi bien que Montclar ou-R-oèin'?-Rst-ce que je ·ne les
admire pas plus qu'ils· ne les ·adrnirent, dis-moi ? Et à qui
fais-je tort ? Il n'y a aucun ·calcul secret, il n'y a ancun
mobile égoïste dans mon -ambitioTh Alors-pourquoi ne veuton pas de-moi ? Peurquoi m'accueillir pat de la h~ine ?
Comme i1 parlait, je regardais fixement devant moi. Ec
son accent avait une telle portée que sur le fond rigoureux
de ce paysage d'automne, il me semblait voir se succéder
tout ce que je savais des vicissitudes d'Israël.
Je voyai~ un petit lac de Judée, pareil à celui-ci, des
bords duquel, un jour, des Juifs étaient partis. J'avais la
vision de ces Juifs à travers les âges, errant par le m6nde,
parqués dans la~carnpagne sur des terres de teoutou tolérés
dans les villes entre certaines limites et sous un habit infamant. Opprimés partout, n'échappant au supplice qu,en
essuyant Feutrage, jls se consolaient
tèrri-ble traitement
infligé par les hommes en adorant un die-u plus ter-rible
encore. Et au bout de ce&amp;généirati-ons chargées de maux, je
,voyais, réfugié auprès de moi, Silbetmann. Chétif, l'œii
inquiet, souvent ·agité par des mouvements bizarres, comrne
s'il eût ressenti la peine des exodes et toutes les menace5&gt;
toutes les craintes sacrées endur€es par ses, ancêtres, il
souhaitait se reposer enfin paimi nous. Les défauts que les
persécutions et la vie grégaire avaient imprimés à sa race,
il · désirait les perdre à notre contact. Il nous offrait sou
aµtour et sa force. Mais on repoussait cette al-lian,e. Use
heurtait à l'exécratibn universelle.
Ah! devant ces images fatales, en présence d'une iniquité si abominable, un sentîment de pi.ti"é m'exalta. Il me
p:1rut que la voix de S-ilbermann, sîmple et po-igname,
s'élevait parmi les voix infinies d.es martyrs. -

da

SILB'ERMANN"

r91

Il dit :
- Demain je serai insulté, frappé ... Es-h:.e-j'uste. ?
Et il mettait en ;.vanr.ses deux paumes désarmées ainsi
qu'est représentée la petsonne. du Christ au .milieu 'de ses
ennemis.
•

J

IV

Cett~ scè~e_-me tr_oubfa f~~tèment. La n-uit qui suivit, je
~o~gea1, n~01t1~ éveillé mo1t1é rêvant, aux. images bibliques
qu el1e avatt fau apparaître. Au matin, j'eus le. sefltirnent
qu'un devoir m'était dicté: répa:ter t'lnjÙstiœ des hommes
à. l'égard de Silbetm,l'ltm. 1l me fallait non seulement l'aimer
mais prendre ·son patti. contre tous, st difficile et si ingrat;
q?e _füt .l'er1treprise. D'ailleurs ·ses· -ennemis principaux
n étaient-ils pas les S1-Xavier et n'~vais-je pas toujoûrs ressenti envers ceux-ci, Philippe Robin exce-pté, une inimitié
naturelle ?
Je décidai de parler à Philippe afin de le détacher des
adversaires ·de Silbermann.
Le jour même, falla:-ï le trouver. Je lui exposai combien
étaient cruels l~s mauvais traitements infligés à Silbermann. 1&lt; Je sais qu'il en souffre beaucoup ll, ajoutai-je. Et
j'en appelai au bon .:œur d.e Philippe pour qu'i1 les fi\
cesser.
Philippe m"ayait écouté attentivement mais avec froi-

deur.
-_ Mor aussi, , r.épliqua+il,- fai quelque chose à te dire
à ce sùjecll m'est très désagréable de voir un de mes amis
se lier avec ce garçon.
- Et pourquoi ? demandai-je.
- - Pourquoi? ... Parce qu'il est]uif.
C'était bien fa raison énoncée par Silbermann. Philippe
avait articulé duJement ces quelques mots. On sentait que
pour hü Pa.rgun1ent était décisif.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cependant, cherchant une parole d'adoucis?ement,
j'esquissai un geste d'insouciance.
- Oh ! je sais... reprit Philippe. Il se peut que pour
vous autres cela n'ait pas d'imp_ortancè.
Ce ton supérieur et cette allusion à ma religion me blessèrent au vif.
- C'est que nous autns, ripostai-je d'une voix vibrante,
nous ne falsifions pas la parole de Dieu.
Philippe .]laussa légèrement les épaules.
- En tout cas, affinna-t-il, il fau · choisir entre lui et
moi.
Dans l'instant, je songeai à tout ce que comportait l'amitié de Philippe : un sentiment doux et !)ien réglé, des joies
faciles et approuvées ... Devant ces images aimables, je fus
près d'abandonner Silbermann. Mais; de l'autre c6té, se
trouvait une tâche-ardue; j'entrevis une destiné·e pénible ;
et exalté par la perspective du sacrifice, je répondis d'un
sàuffie irrésistible:
-Lui.
Nous nous séparâmes.
Dès lors, je me dévouai entièrement à Silbermann. A
chaque récréatiQn, je me hâtais de le rejoindre, espérant le
protéger par ma présence. Heureusement, l'hiver venu, sa
situation s'adoucit un peu. En raison du froidr nous·-restions
dans les classes, où l'on n'osait rien contre lui; et le soir, à
la sortie, il s'échappait à la faveur del' obscurité.
Nous nous retrouvjons dans la rue. Nous faisions chemin ensemble et je l'accompagnais jusqu'à. sa porte. Quelquefois je montais:chez lui et nous nous mettions .à faire
11.os devoirs. Sa- facilité au travail, autant que ses méthodes,
m'émerveillait. Lorsqu'il faisait une version lati11e, je le
voyais d"abord lire rapidement la phrase aveç un regard
tendu; puis réfléchir quelques· secondés, mordant fiévreusesement :ses lèvres; enfin lire de nouveau en balançant la
tête et les mains selon le rythme de la phrase; et, ayant à
peine consulté le dictionnaire, écrire la traduction. Assis

SILBERMANN""

1 93

en face de lui, dénué de toute inspiration, cherchant sGrupuleusement le sens de chaque mot, j\1vançais dans les.
ténèbres pas à pas.
Lorsque nous avions terminé,il allait vers la bibliothèque
et me faisait part de sa dernière découverte. Car il n'y
avait pas de semaine qu'il ne s'enthousiasmât sur une nouvelle œuvre. Enthousiasme désordonné, qui me faisait passer tout d'un coup, d'un sonnet de la Pléïade à un conte de
Voltaire ou à un chapitre de Michelet. Il prenait le livre
et lisait. Souvent il me tenait par le bras et, aux endroits
qu'il jugeait beaux, je sentais l'étreinte se resserrer. Il ne
voulait jamais s'arrêter. Une fois, il me lut en entier la
Conversation du Maréchal d' Hocquincourt, figurant tour à
tour avec des intonations particulihes et des mines ccmiques le père jésuite, le janséniste et le Maréchal.
Bientôt nous passâmes ensemble tous nos jours de congé.
.C'était lui qui décidait comment ils seraient employés. Je
ne faisais jamais d'objections. Je sacrifiais mes désirs aux
siens sans regret. Mon r6le n'était-il pas de me consacrer
entièretnent à son bonheur et de raeheter par cet acte les
actes des méchants ? Lorsque le consentement me coûtait,
je répétais en moi-même : « C'est ma mission &gt;&gt;. Et cette
pensée m'aurait fait accepter n'importe quel déplaisir.
Cependant, tout enle suivant, je m'efforçais de le guider
sans qu'il y parût. Car j'estimais que ma u.1ission était aussi
de le débarrasser de certains caractères préjudiciables, de le
réformer peu à peu. Je ne savais trop jusqu'où s'étendait ce
plan, je ne faisais aucun calcul ; toutefois il m'arrivait
souvent de passer· exprès avec lui ·devant le petit temple
protestant de Passy. Je. ne disais pas·un mot, je ne désignais
même pas l'édifice; mais j'avais l'arrière-pensée qu'un jour
peut-~treje [y ferais pénétrer avec moi ...
J'avais parlé de lui à mes parents. Ils désirèren,t le connaître et je l'invitai à déjeuner chez nous. Ma tnère qui
était sensible et avait horreur de la· violence s'était beaucoup apitoyée, d'après mes récits, s.ur la situation faite...à
I3

�J

94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Silbcrmann au lycée. Les sentiments de ma mère à l'égard
des Juifs étaient difficiles à définir. Elevée dans un pays
où catholiques et protestants se dressent ~ncore les uns
contre les autres avec passion, elle ressenta.1t pour _la c~use
des Juifs la sympathie qui unit généralement les rru~ontés.
En outre, elle se gardait de dédaigner pour J~ c~ère de
mon père l'appui du monde juif, et elle comptalt là de nombreuses relations. Mais précisément, j'avais toujours remar.,qué chez elle, lorsqu'elle se trouvait en présence. d'une
personne de ce milieu, une façon - ob ! presque imperceptible - de se mettre sur son quant-à-soi. ~t ~n a~e
observation que j'avais faite par hasard m avait mieux
éclairé encore.
Il y avait d.ans un certain quartier de Nîmes - ?ù nous
nous rendions souvent d'Aiguesbelles - une_ m31son q~e
l'on appelait « la maison du J1;1-if D. Elle était ~onstru1:e
selon une .orientation particulière qui la mettait en évtdence. Lorsque nous pa55ions deYant, ma mère ne manquait pas de me rapporter l'bis~ire et ,les co~~m~ de la
famille qui l'avait habitée autrefo1s. 11 n y ~va~ Jamais _dans
son récit la moindre marque de mépns nt la momdre
intention sarcastique. Mais je sentais &lt;:hez elle h même
impression de m stère et le mêrnl! mo~vement de défiance
que lorsque, évitant un peu plus 1010, a~ portes de la
v·lle un emplacement tout gâté par des orru res et des tas
de c;ndres, elle n1e disait : &lt;&lt; C'est l'endroit où campent
les bohémiens. »
.
.
.
Aussi, n'avai -je mis aucune Mte à mtrodurre . S1lb~rmann chez moi, ne sachant trop quelle figure on lui ferait.
On va voir que je n'avais pas eu tort. .
.
Lorsqu'il arriva, je me trouvais seul dansJe salon. Il examina tout de très près. Apercevant un fivre posé snr la
table à ouvrage de ma mère, il le retourna e~ ~ r~rd: le
titre. Cétait, il m'en som·ient, le Journal mtune A~ei.
Silbermano eut un petit sourire que je ne m'exphquai pas
mais qui me déplut. Il aborda mes parents avec un raffine-

?

SILBEIU1ANN

1 95

ment de respect, mais sitôt que la conversation s'engagea,
j'eus un sentiment de malaise. A peine questionné, en effet,
il se mit à discourir avec une Yolubilité qui, 1'en étais
assuré, était, au jugement de mon père, égal au pire too. Il
continua pendant le déjeuner, racontant toutes les histoires
qui pouvaient le mettre en valeur. Il parla de ses lectures,
de ses voyages, d ses projets ... Je ,·oyais ma mère l'envisager avec crainte, comme si elle etît soupçonné à cette rare
activité intellecruelle un principe diabolique.
Mon père ne faisait entendre que des monosyllabes.
Et le plus singulier était qu'à mes propres oreilles cette
verve, qui d'ordinaire me ravissait, smmait déplaisamment.
Silbennaon, par le désir de briller, recherchait des récits
extraordinaires et des opinions paradoxales. Et rien n'était
plus choquant que l'effet de ses paroles dans une atmosphère où je n'avais jamais entendu développer que âes avis
mesurés et le préjugé commun. Je souflrais véritablement
en l'écoutant; mes doigts étaient crispés. J'aurais voulu lui
faire signe de se taire. ?\.lais il ne se doutait aucunement de
l'impression produite. Mon père et ma mère lui donnaient
à tour de rôle un :;ourire forcé. Et il s'adressait successivement à l'auditeur gracieux. ·
Ce fut a,ec soulagement que je vis le repas prendre fin.
Mon père se retira dans son cabinet de travail où, quelques
moments aprè5, ilbermann alla le saluer. li considéra la
bibliothèque, pleine de li..-res de loi et de répenoires juridiques, et dit :
- En somme, l'idée de justice ne serait-elle pas née,
comme l'a écrit La Rochefoucauld, de la vive appréhension
qu'on ne nous ôte ce qui nous appartient ?
Mon père fit avec une wnrtoisie glacée un geste d'incertitude.
Le soir, nia m re me dit:
•
- « Ton ami parait très intelligent », du même ton que
l'on dit d'un escroc : « il est très ingénieux ».
Cet insuccès ue diminua pas Silbermann dans mon

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

esprit. J'y vis plut6t la preuve d'une certaine insuffisance
de la part de ma famille. L'espace où je vivais me parut
borné, étroit, incapable de faire pface à l'intelligence. De
petits usages auxquels j'avais toujours été soumis m'apparurent ridicules.Je m'aperçus que bien des objets de notre
intérieur, que je n'avais jamais jugés tant ils m'étaient familiers, étaient très laids. Je pris moins de plaisir à rester
dans notre maison~ et, soit par honte de ces choses, soit de ·
peur qu'il ne remarquât les mauvaises dispositions de mes
parents, je m'ar:rangeai pour que Silbermann y vînt le
moins possible.
Mais nos rapports n'en souffrirent pas. Il semblait d'ailleurs que ma compagnie lui fût devenue indispensable. Il
m'emmenait avec lui partout. Le dimanche, nous allions
généralement au théâtre ; sitôt le rideau du dernier acte
tombé, il prononçait sur la pièce et sur les auteurs un arrêt
péremptoire, éloge ou condamnation, qui fixait mon esprit
lentement ému. Le jeudi, nous nous rendions chez quelquelibraire ; il discutait éditions, reliures ; il marchàndait,
achetait, faisait un échange. Il avait toujours la poche
pleine d'argent, et sa générosité à mon égard, quand nous.
sortions ensemble, me faisait souvent rougir. A la fin de lajournée, après avoir inscrit mes comptes - habitude imposée par mon père - je m'amusais à calculer ce qu'il avait
dépensé et me trouvais en présence de ·grosses sommes.
Nos entretiens n'étaient pas seulement sur l'art ou la littérature. Il suivait avec un intérêt non moins vif les événements politiques, le mouvement social, et aimait à discourir
sur. ces sujets.
Il m'entraîna un jour dans un quartier excentrique où
avait lieu une manifestation populaire. Il avait décoré sa
boutonnière d'une fleurette rouge et s'adressait fraternellement à ses voisins. Je le suivais dans la foule, très effrayé,
et au bout d'un moment je le conjurai de rebrousser chemin. En revenant, nous passâmes par un point, situé au
sommet de Montmartre, d'où l'on découvre Paris. Nous

SILBERMANN

197

nous arrêtâmes. La vue de la ville à ses pieds
h S'lb
. .
.
provoqua
c ez 1 .erman~ une ex,c1tat10n smgulière. Lançant vigoureusement la voix dans 1espace, il développa ses théories et
~~ fit u_n ta~leau de la société future. 11 affirma sa croyance
a 1amél10rat1on du sort humain et au bonheur universel
-;--- Ces temps viendront, clama-t-il. Cela est aussi sû;
qu 11 est sûr que le soleil se lèvera demain.
Eni~ré par_cett~ promesse, je suivais avec enthousiasme
son do1~t qm, _pomté vers la ville, indiquait d'un signe
destructif ce qm devrait disparaître et traçait le plan de la
communauté nouvelle.
- As~urer 1~ ~aradis matériel de l'humanité, qui aura
cette gloire ? d1t-1l rêveusement.
Et ses yeux s'illuminèrent, comme s'il avait eu l'éclair
qu'il pourrait être ce Messie.
Ainsi passa l'hiver.
Au lycée, Silbermann remportait les mêmes succès dans
ses études, bien qu'il fût souvent blâmé pour son manque de
méthode. Notre professeur de français lui reprochait en
outre l'abus qu'il faisait de ses lectures et l'habileté avec
la~ue_lle il s'appropriait les idées et le style des autres. Et il
la1ssa1t v~ir que le procédé, venant de Silbermano, ne le
surprenait pas.
Le pr~ntemps fut le signal de la reprise des hostilités
contre Srlberrnann. Les jeux en plein air recommencèrent
et chacun s'y livra avec une ardeur nouvelle. Dans la
c~ur, on formait des rondes qui brusquement entouraient
~1lberr_nann :t le tenaient prisonnier. Par des grimaces on
smgea1t sa ~a1deur, laqu~_lle devenait de plus en plus frappante, car, a mesure qu il se développait, il perdait cet air
d'enfant précoce qui lui avait conféré une manière de
grâce. Insulté, bousculé, ayant sans cesse un nouvd assaillant d_an~ le, dos, il tenait tête avec rage, répondant à l'un
et puis a l autre; enfin, excédé, il tentait de rompre le
cercle et roulait à terre.
Cette anrtée-là, il y eut des élections. Elles furent prépa•

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rées avec violence. Dan~ tout le quartier fes murs se
recouvrirent d'affiches donct les vives_ .couleurs attirèrent
nos _regards. Nous nous arrêtions pour les Jire et arrivions
au lycée tout ext:ités par l_a qisptHe des partis. La ligue des
Frqnça:is de France.prena'it une ·pàrt irn,p0i;tante à la. lutte,
Par des -proGlamations, des réunions,,, des conférences,-elle
multipliait ses attaq:ues contre les Juifs. Philippe Robin,
pourvu par son_onde, distribuait à qui voul_ait des ~~nsignes
et des libelles antisémites. Cette fureu11 trouva en Silbet mapn une victime. Sur les murs, à côté des affic;hes, on
inscrivit son nom et on crayonna sa caricature. Enfin, -au
lycée, Montélar organ isa contr,e lui une véritable bande.
C'était une figure singulière que Montd.tr. La plupart
di:: ses.condisciples de S•-Xavier, avec l~W[? tuembres .grêles,
leurs mains pâles et quelque signe distinct.if r~prnduisant
sur leur visage comme une pièce d'armoi:ries - un nez
osseux et plat, un front resserl'é, un épi&lt;lerme féminin semblaient apfnlnenir-à une espèce caduque. Lui, tranchait
par sa constitution normale et sa mine de chef.
D'un chef, il avait également l'âme. Il choisit en dasse
'trois ou quatre garçons, .parmi ks plus b::utaux,, · tes plus
épais, les plus servile.s, et-Jes excita- contre ·Silbermann.
Dans la cotir, il allait, à leur tête, Yers celui-.ci et se tenant
à quelques pas, car il feignaît de ne pou voir: s'approcher
d'un être aus~i abiect, il se met.tait à l'insulter :
- Juif, dis-n0us , quand ru retourneras à ton ghetto,,
nous ne voulons pl1,1s de toi ici.... Juif,, pourquoi as-tu l es
oreilles_ d'un bouc ?
- .Sil berman.n, toUJi e.P . marquant des o;i9m:e1mots_ de,
t:rain.te pa,rei1s à. ceµ~ 4'uve bête faible qp-i -se sent Jraq_uée,
répliquait bravemeu.t à chaque- mot. Puis,.,pur un sjgne de
Montclar, on se iu-~i.pit:ih sur hü. IL6tait jeté à terr~ et
roué de cour.,, Si.je ,tentais d'al1e1; ·à son secQurs, , j'étai,s
arrêté et m.a'intéo.u . ,De loin j'as,s~stais à la, wtaille. J'e1)tendais Montclar applaudir un de . ses mercenaires et je
voy.é\ls . celui-ci_rewn:nàît;re p&lt;!;r, ,un .re~foqblen:i.eni çl;~ bru-

S1LBERMANN

199

talité cette faveur de _son chef. J'apercevais Robin parmi
les assaillants. Il ne frappait pas bien rudement et, avec sa
chevelure blonde en désot.dre, il semblait u11 page- à ses
premières armes. Souvent, nos regards se rencontraient,
mais le sien se dé1i0urnait aussitôt comme pour esquiver
la supplication du mien. Et c'était pour moi chose affreuse,
de voir la grâce de ce visage naguère aimé durcir dans une
expression insensible.
Quelquefois Haase ou Crémieux se trouvaient par
has;ird auprès de la bagarre-. Ifs ·se gardaient d'intervenir,
et même il n'était pas rare que Haase eût un mot de flatterie pour les agresseurs. Cependant on surpre11-.iit dans,
leurs yeux u;re lueur de sympathie secrète ou de vague
inquiétude - on ne-savatt bie_n:....... quiJaisait·.songer aux.
obscurs sentiments .qui agitent les chiens lorsqiùli. voient
battre un de leurs semblables.
, Silbermann s.e relevait, les- vêtements souillés de poussière et déchirés. Je m'empi;essais vers lui et rassemblàis ses
cahiers et sesli.vres épars. Tandis qu'il était mait1tenu, on,.
avait collé sur sa figure ces étiquettes que la propagande
antisémite apposait à profusion sur les. murs. Son front et
ses joues étaient tatoués de petites rectangles multicolores
où on lisait: A bas les.,Juifs l Je l'aidais à les .enlever .et
essuyais son visage. Ses yeui étincelaient. Sa bouche écumait. D'un coup de main j'afrangeais ses cheveux qu'on
av.1it tiraillés; Autour d.e nous. on ricanait. Je n'y faisais
pas attention. J'avais conscience d,accom.plu· ma m.Îs$ion
et cette glo1re m'é:levait bien au-dessus d~ sentences
humaines.
., _
Mais, à ce moment, Silbermann:,, qui n"était-jamais abattu,
ne~pouvait se retenir de ripos_ter. Enéore tout ·frémissant
de la défaite, il repartait à disputer, narguant par des gestes
moqqeurs ceux qui nous entouraient, C'était du co1,1rage
si l'on veut; c'était surtout ·l'espoir de vîÜncre) souffié par
un âprt orgueil;, c'~tqÎt l'ambition, ph1s tenace qu'aucun
sentiment, de prouver :sa supériorité. Alors la bataille' se

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rallumait. De nouveau on s'élançait vers lui. Et je le
voyais, à terre, se débattre encore, comme le tronçon d'un
ver remue sous le talon.
Je lui démontrai doucement ensuite, par un petit sermon, combien sa tactique était maladroite. Et il me
répondait d'une voix rauque, avec une flamme dans le
regard :
- Que veux-tu ! nous autres, plus on nous opprime, _
plus nous nous redressons.
C'était vrai. Je remarquais maintenant combien il était
préoccupé de se venger. Toute occasion lui était hoDne
pour s'en prendre au parti adverse. Sa supériorité d'esprit
le servait. Une fois elle faillit lui coûter cher.
Notre professeur de français nous avait donné liberté
-d'apprendre comme leçon telle pièce de vers qu'il nous
plairait. J'avais appris des stances d'André Chénier que je
-venais de lire grâce à Silbermann et dont l'inspiration
m'avait laissé tout brûlant. Je demandai à Sîlbermann
quel était son choix, mais il me le tint secret.
- Ils vont voir. .. dit-il avec l'expression de quelqu'un
qui prépare un bon tour.
La récitation commença. Les mauvais élèves, peu scrupuleux, s'étaient contentés de repasser quelque texte déjà
connu d'e4x à l'insu du professeur et riaient d'un effort
qui leur avait coûté si peu. ~es timides avaient été déconcertés par cette première liberté ; certains, en se levant,
rougissaient de livrer leur préférence. On attendait avec
curiosité Silbermann dont on savait les connaissances
étendues et le goût original. Le professeur le nomma puis
Jui demanda ce qu'il avait appris.
- Des vers de Victor Hugo, Monsieur ... Un passage
-extrait de Dieu.
Il se leva et, enveloppant la classe d'un regard plein
.d'arrogance, il se mit à réciter :
Dieu I J'ai dit Dieu. Pourquoi? Qui le voit? Qui le prouve?
C'est le vivant qu'on cherche et le cercueil qu'on trouve.

SILBERMANN

20!

Qui donc peut adorer? Qui donc peut affirmer?
Dès qu'on croit ouvrir l'être, on le sent se fermer.
Dieu! cri sans but peut-être, et nom vide et terrible !
Souhait que fait l'esprit devant ]'inaccessible !
lnYocation vaine, aventurée au fond
Du précipice aveugle où nos songes s'en vont !
Moi qui te porte, ô monde, et sur lequel tu vogues!
Nom mis en question dans les sourds dialogues
Du spectre avec le rêve, ô nuit, et des douleurs
Avec l'homme ...
Dès le début, l'apostrophe étonnante avait fixé l'jlttention
générale sur Silbermann. Puis à mesure que s'élevait la
voix claire et puissante qui donnait à chaque mot sa force,
à chaque pensée sa gravité, tous, en classe, s'étaient
entre-regardés avec une sorte de trouble. Devant cette
vision apocalyptique, devant cet éclair illuminant un chaos
chacun avait songé à ses rêves, à ses doutes, à ses angoisses:
et avait désiré être rassuré par le visage de son voisin.
Mais bientôt, comme s'ils s'étaient sentis de force à se
mesurer contre cet audacieux exterminateur, dressé parmi
eux, ils firent entendre un grondement d'indignation. La
voix de Silbermann domina ce bruit. A peine interrompu,
il lança avec un son retentissant :
Dieu l conception folle ou sublime mystère!
Un tapage furieux éclata sur tous les bancs. Le professeur intervint, fit asseoir Silbermann et, une fois le silence
rétabli, lui dit avec une sèche ironie :
- Vous avez sans doute voulu prouver à vos camarades à quel point vous manquiez de tact, Monsieur Silbermann !
Mais qu'importait à Silbermann 1
Je le regardai et je vis, malgré son calme apparent, combien il triomphait intérieurement. Il lançait des coups
d'œil vers les Saint-Xavier, et l'orgueil dilatait ses narines.
La classe s'était ressaisie. Montclar fit passer furtivement

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un billet qui décidait des représailles contre Silbermann.
Celui-ci se douta de la chose et, dès le roulement de
tambour, i1 courut vers _la porte ét s'enfuit à travers la
cour.
Mais d'autres avaient été plus prompts et l'attendaient.
En pleine course il fut atteint d'un ~roc-en-jambe et culbuta net. Je le -vis à terre, agitant les membres en tous
sens. Ses traits étaient défigurés par l'angoisse; sa bouche,.
grand ouverte, ne laissait échapper auëun cri ; le choç extrêmement vi~lent lui avait coupé la respiration. J'accourus ·
et le relevai. Je temmenai à l'infümetle. Eile se trouvait à
tautre bout du lycée. Il me laissait faire et ne parfait pas.
Nous y aHâmes lentement. Je le soutenais'." A un m0ment,
il se mit à haleter et s,.arrêta. Son teint, brun d'ordinaire,
était affreusement livide. Son regard étaft vague. Ses lèvres
frémissaient ou murmuraient je ne sais quelle prière. Une
goutte de sang coula d'une petite déchirure.faite à son front.
A ce spectacle, une pèn~ée · me traversa : &lt;( S'il allait
mourir !. .. ii . Mon imagination prompte ¼ assem0Ier des
scènes tragiques conçut tout le drame et mtme ce qui s'en
ensuivrait. Déjà je me voyais allant le lendemain au devant
des Saint-Xavier, ses bourreaux, et leur disant - de quel
ton accablant :
- Eh! bien, soyez contents, vou~ ~av_e2:, t1;1é. .•
A ce moment; d'un mot qui me rass:.irait, Silbermann
so-uffla sur ces songes. Nous reprîmes notre marche. Un
peu plus loin ·il désira s'arrêter enwre. Nous étionsi devant
la chapelle du lycée. Là se trouvait un carré avec des bosquets de lilas et quelques bancs-. Silbermann s'assit. Il était
appuyé contre le mur de la chapelle, au-dessous.- de vitraux
qui représentaient un groupe d'anges. Ses deux marns
soutenaient, aux tempes, 'Sa tête qui s'inclinart, et son
ombre répétant ue geste dessinait sur le sol une ûlhouette
mince et biscornue.
·
. -L'émotion avait si bien bouleversé ma raison qu'ei-i Je
voyant à cette pla.:ê, je me mis à ·rêver une étrange bis0

• -

•

SlLBERMANN

203

wire mystique. De nouveau j'imaginai qu'il allait mourir.
Et i~ pens;û que c'.était sans nul doute Dieu qui le frapperait afin de le pumr de ses blasphèmes.
- Il va mourir ici, diS--je en moi-même, au seuil -:-de
Eètte chapelle.
Et, avec une inquiétude infinie, je me demandais si
l'élection par b puissance divine de cette église catholique
comme lieu de châtiment ne serait pas un sione qui dût
0
me faire abjurer...
·
La sœur qui nous reçut à l'infirmerie dans une sorte de
cuisine ornée d'objets. de piété, était une ·petite vieFlle dont
la figure toute ridée tremblotait. Silbermann me parut
gêné pour s'adresser à elle. A.ussi, je pris la pa:rote et lui
racontai 1a chute brutale en ·pleine cour.
- Miséricorde! dit-elle en joignant les mains. Qu'il se
repose un moment. M. le Docteur doit passer bientôt.
En attendant je vais lui donner une tisane bien sucrée.
Silbermann ne ressentait plus rienj de la commotion.
Ses pnpiHes av.aient repris Jeu:F vie , et leur mobilité. Je
croyais les voir sauter sur la cornette blanche de la sœur
et sur les statuettes, religieuses comme de noirs petits
démons.
La sœur -pissa dans une autre pièce. Au bout d'un instant que• nous étions seuls, Silbermatrn se leva et me
fotça à en faire autant.
.
- Je me sens: tout à fait bien, ce n'est pas la, peine de
rester. Allons-nous en.
Je fus d'avis d~attendre le retour de la s-œur. _
I l s'y refüsa
et m'entraîna dehors.
'
Nous refîmes le chemin en sens inverse. li parlait a-.ec
abondance. Il avait retrouvé toute sa fierté et me~demanda
avec ull air de triomphe si j'avais remarqué la longne
figure toute scandalisée de La Béchellière pehdant qu'il rédJ
tait: Puis i1.se "mit à1 rite en pen?anv, à la sœur qui devait
nous chercher ·partout. Il se retourna vers l'infirmerie et
ridant ses traits, il parodia d'uni:v.oix- clievtotanie : J

�204

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je vais lui donner une tisane bien sucrée ...
Cette singerie me déplut. La parole évangélique me
revint en mémoire : « Race incrédule et perverse ... »
- Tais-toi donc, lui dis-je avec impatience.
C'était la première fois que je le traitais avec brusquerie.
Il leva vers moi des yeux surpris. Et tout aussitôt, changeant de ton et d'expression, il porta la main à sa poitrine
et dit :
- Je crois que je vais encore avoir un étouffement.

1

La scène · violente de la cour avait été vue d'un répétiteur. En raison des conséquences dangereuses qu'elle avait
failli avoir, l'agresseur fut gravement puni, et l'affaire fit
assez de bruit pour qu'on n'osât plus persécuter ouvertement Silbermann. Mais ses ennemis ne désarmèrent pas
et changèrent seulement de tactique. Nous fûmes tous
deux mis en quarantaine. Personne, ni en récréation ni en
classe, ne nous adressa plus la parole. Les groupes s'écartaient sur notre passage ; les bouches se fermaient. Maintenant, tandis que je me promenais dans la cour avec lui,
je tâchais, n'ayant plus à le défendre, à le perfectionner,
ce qui était aussi ma mission . J'aurais voulu qu'il perdît
ce besoin continuel de s'agiter, de parler, de se mettre en
ividence. Je lui recommandais d'une façon détournée le
recueillement intérieur et la discrétion, ces principes qu'on
m'avait prêchés avec tant de fruit dans ma famille.
- Est-ce que tu ne goûtes pas un plaisir particulier,
lui disais-je, lorsque tu gardes secret quelque sentiment,
lorsque tu caches soigneusement aux autres toutes tes pensées et tous tes désirs ?
Mais le plus souvent il accueillait mes conseils avec un
air narquois, comme s'il eût eu une arrière-pensée railleuse
sur cette morale.
Je m'aperçus bientôt que Silbermann était très sensible
au délaissement où l'on nous avait réduits tous les deux.
L'absence de discussion était pour son esprit un désœuvre-

SILBERMANN

ment insupportable. Il portait vers ceux qui l'attaquaient
naguère des regards presque mélancoliques, comme s'il eût
regretté les âpres querelles soutenues contre eux. De mon
côt~, je me plaisais moins à cet état tranquille qui n'exigeait plus de moi aucun service dangereux. Puis, dans le
désert créé autour de nous, les petits ridicules de Silbermann grossissaient ; je veux dire que je les remarquais
davantage. Souvent lorsque j'étais à côté de lui, son physique, sa gesticulation, sa voix, me choquaient tellement
que je me comparais à Robinson isolé auprès de Vendredi ...
Nos tête-à-tête languirent . Mais, à dire le vrai, ce fut un
peu de mon fait. Chaque année, à l'approche des vacances,
par une habileté mesquine que je ne m'avouais pas, je me
détachais des amis que je m'étais faits au lycée. Je ne voulais point souffrir trop cruellement d'être séparé d'eux pendant les mois à venir. Et vers la mi-juin, en prévision de
la morte saison, je réglais avec prudence l'économie de mon
cœur et le fermais aux sentiments trop vifs.

(A suivre)

JACQUES DE LACRETELLE

�.RÉFLEXIONS SUR LA LITTIUU.TU;RE

REFLÈXI .O N-s· SUR
LA LITîtRATU.RE
LES JARDINS SUR L'ORIENT
Ce n'est évidemment ·pas cf.aujourd'hui que :Se pDse le problème littéraire_et moral des infl·liences r-éciproques.-de l'-Ori-ent
et de l'Occident. Si la question (politique). d'Orient remonte .à
Darius, la question des rapports spirituels_ -est plus ancienne
encore, puisqu'elle remonte au lllOi~ à Homèr-e. Le premier
poète oçcidental, I.e père de l'art oicidéntal, _viv:ait _en cont~ct
étroit avec les Pné.oici_ens, 1out les périples lui .sen1irent à"broder les merveilleuses _a ventures d•Ulysse. Le couple OrientOccident est, comme ceux du masculin et du féminin, du Nord
et du Midi, des blancs et des jaunes, inscrit dans l'élan même,
~t fa tlïaii' et la carte de' fa. planète. Il n'a pas fini de do'rmer des
fruits d'amour et de haine, de mariage et de -divorce, - de
fournir à de grandes individualités des façons de porter leur
flamme, des registres d'art et des thèmes de vie.
Schopenhauer estimait que la révélation de l'Inde à l'Europe
jouerait au xrxe siècle un rôle non moins important qu'au
xv• siècle la révélation de l'antiquité classique. Ces espoirs ( q~e
d'aucuns tourneront en craintes) n'ont pas encore été réalisés.
Quand tout cela sera devenu passé, sujet de thèse, matière de
bibliothèque, on attachera sans doute une grande importance à.
ces deux épisodes de l'après-guerte : le voyage de propagande
de Rabindranath Tagore en Occident, ks écrits et la prédication du comte Kayserling.
Mais que les influences orientales CQrrespondent à un prin·
cipe de régénération ou il un principe de dissolu tion, ou, plus
vraisemblablement, à une complexe alternance de l'un et de
l'autre, il semble que la France demeure et doive demeurer un
des pays les moins atteints par elles. L'esprit mystique de la

207

Russie, l'esprit musical -de l'Allemagne, l'esprit religieu~ de
rA~gleterre, ont aujourd'hui a~ec l'Orient des rapports plu-s
faciles que l'esprit clair et précis, orateire et raisonneur, délicat
et sce~tique qui tisse les ma:ille-s souples, fines et sèches du génie
français.. Laper.sonne et la parole de Tagore n'ont guè.re eu en
France ;qu'tun succès de curiosité., Pierre Hamp; en un utide
-singnüèremetrt -y.jgouremc, a :ramassé .tous les arguments et les
sentïments ,qui emp.êchent un O.ccidentai:sain et normal de céder
à ce doux mi.rage ; mais sans doute, .au temps de M-arc-A.urèle,
des' philosopb.e.s,écrivirent-ils contre.les cnrétiem de petits-trai.tés aussi pertinents, et l'empereur Juiien parle parfois a.vec le
même bo~1 &lt;Sens.. Si les- traductions angla-ises des .poèmes de
Tagoie ont eu ,la chance -d e trouver en Gîde ·e't en d'autres-d'admirables traducteurs français, ;c.e ux de ses ouvrages :dont l'action
enEu.rope .es,t la·plus forte ne nous ont ·guère· touché·s. Le livre
Natio,1alùm U:a même.:pas été .tra:duit. Et le rotn,a,n la}Jaison ie.t
le Monde n'a. eu dalli. sa version française auoun su:c·oès. C'est
pourtant, à mon a,.1is, un pur chef--d'œuvre 1--non seulement de
:sentiment, mais de technique, écrit à la fois pat un
homme d'une sensibilité et d~une tendresse infinies, et par
un arti..ste singulièrement fotelligent, q_ui -a .su, quoi -qu'il en
.dise, se mettre à 1'.éGole .des TOl.illlRCieœ ..arigla:is: Alors que le:s
:traducteurs n'ont pas .h.ési!é à. nous opprimer sous d'effroyables
·pa,vés cmnm.e la .Ge,1èse tkt XIX• .siàle de.H. S. Chamb.er1ain, le
Jourt1al. de voyage d'un. philvsopb.e,' qui .est uu,nes cfud"s-d'œuvre
allemands du~x•.siè:cle, n 1a .pas 'encor.e p.assf eu fcinçais. (Mais
q.u and on'Pense que 1echauvinisme a bien 'irr.êté ia traductiori

des œuvres d,e ·Ntetzsche !j

, "r •

L'orientalisme"a.e projétte pas chez ..lllO'US' Jes luge.s courants
qu ~ sembl&lt;;nt..conoaître les p·ays geonatmJ.ues: Il n'.atteint p:as
.au~ poofund-enrs de ·notre vie religiefrse et morale, Nous
oo•rions foi faire un.accueil d1àütantmeilleui ,que nous ne nous
sentons nullement rtrerracés d'mœ env.a.bis pàdui.- Et de fait, si
nonsJ'introduisons peu dans·.mo.s: ·maisoos è,t 'Ba,ns no-s âmes,
.nous avons cfu·moilis•d.es jardins sur l'Orient, d:es jardins en
OTient. Notre, po.ésie 1 au XIX" siècle n.'a été. tuu:chée ni moins
ni pius que: celle .de. i' âog-Iete..r.re et de, l'Allemagne par Je goût
d.e -l'Orient fit des.imituti.ons orientales. 11 y r a, eu·. pei:nture et
surtout en tittératu.re,. . un o.rientafüme :frlln.Çais, "dont. fe.s-

�208

LA. NOUVELL't REVUE FRANÇAISE

sayais l'an dernier d'esquisser la physionomie en des articles de la Revue de Paris sur Fromentin. Nombreux sont
les Français ( ainsi que les Anglais et les Allemands), qui
demeurent toute leur vie, comme Loti, ensorcelés par des
images et des rêves d'Orient. Mais eux-mêmes nous donnent ce
rêve oriental comme un repos, une euthanasie, une manière
de glisser vers la mort avec quelque douceur et quelque inconscience. lis ue trouvent pas dans l'Orient une raison de vivre,
mais une manière de mourir.
De ces jardins sur J'Orjent il n'en est peut-être aucun qui ait
plus de raisons et de mani res de nous charmer que la Perse.
Elle ne nous dépayse pas trop. Sa littérature ne nous submerge
pas comme celle de l'Inde, et ses grands poètes, à travers Je
voile de la traduction, nous donnent une idée de perfection et
de conscience, un sentiment d'art heureux, parfait et mesuré,
comme les meilleurs d'Occident. Hafiz et Saadi nous évoquent
un La Fontaine ou un Horace religieux. Les Quatrains d'Omu
Khayyam sont devenus au XJx• siècle un des livres poétiques
les plus populaires de l'Occident. La traduction de Fitz-Gérald
l'a acclimaté chez les Anglais comme la traduction de Florio y
avait acclimaté Montaigne. Des traductions moins artistiques,
mais de plus en plus fidèles, nous ont permis de le goûter de plus
en plus purement ... M. Charles Grolleau en adonné récemment
une, élégante et sobre, réduite aux cent cinquante-huit quatrains qui paraissent seuls authentiques. Il n'y a peut-être pas
d'œuvre poétique qui condense a,•ecune vibration à la fois plus
intense et plus aisée l'essence et l'âme lumineuse d'une vie. Une
belle journée humaine est un coquillage de soleil, de nacre et
de sel, - d'intelligence, de plaisir et de larmes. Elle sent que la
destinée du coquillage est de donner une goutte de pourpre, et
elle la donne. Si Moréas avait mené une vie plus solitaire et
moins gaspillée, si toutes ses Stances avaient la perfection des
vingt plus belles, les Stauces équilibreraient les Quatrains dans
notre paysage littéraire. Cette forme ramassée et brève a
été pour le Grec d'Athènes et le Persan de Nisha un moyen
terme par(ait, un crépuscule léger entre la parole et le silence.
M. Grolleau a eu l'excellente idée de joindre à sa traduction
quelques jugements français sur Khayyâm, et ils sont bien
curieux:. Ils datent de la première traduction française, celle de

RÉFLEXIONS SUR LA LlTTERA TURE

.209

Nicolas. Théophile Gautier, qui en 1867 souhaitait depuis longtemps d'être Persan, ou tout au moins Turc, écrit des pages, un
peu pataudes, d'enthousiasme, qui restent savoureuses et franches, le vrai article d'introduction que pouvait souhaiter ce bon
et .fin vivant de Khayyâm. Mais on voit, cette même année
et à cett~ même_ o_ccasion, Renan, dans son rapport annuel,
à la Société As1at1que, sur les études orientales, parler du
grand poète persan sur un ton de pharisaïsme G'aUais dire
de ca_fardise) qui surprend d'abord, et que l'on comprend bien
ensuite.
Mathématicien, poète, mystique en apparence,
1ébauché en réalité, hypocrite consommé, mêlant le blasphème
a l'hymne mystique, le rire à l'incrédulité ... Qu'un pareil livre
pu_isse circuler dans un pays musulman, c'est là un sujet de surP:1se; car, sûrement, aucune littérature européenne ne peut
citer un ouvrage où, non seulement la religion positive, mais
toute croyance morale soit niée avec une ironie si fine et si
amère. Le manteau hypocrite des explications mystiques couvre
tou~es ces hardiesses. » C'est exactement en ces termes que ses
-a~c1ens ca~arades de Saint-Sulpice durent parler de la Vie de
Jesus et de _l Abbesse 1e Jouarre. Le comjque est que Renan pendant les qu10ze dernières années de sa vie allait colporter la philosophie de Khayyâm dans les salons et les banquets. Et un
.autre_ comique_ naît q_uand on voit Renan parler d'explications
mystiques, qui ont bien pu exister pour les commentateurs de
Khayyâm, mais qui paraissent aussi absentes de son œuvre
qu'elles le sont du Cantique des Cantiques, traduit et échenillé
de ces mêmes commentaires, par le même Renan. Concluons
s'.mplement que Renan avait gardé de son éducation sulpicienne une tendance au conformisme des mots sous l'autonomie
de la pensée.
C[

•

* *
Des jardins sur l'Orient sont naturels à un Français cultivé et
bien né. Depuis Chateaubriand le voyage d'Orient joue à peu
près dans la vie d'un écrivain français, ou simplement d'un
honnête homme, le rôle que remplissait au X\ m• siècle Je
voyage d'Italie. L'Orient a été pour une bonne part dans les
fonds, la substance, la richesse du génie lamartinien. Ce que
Victor Hugo a tiré de son bref passage en Espagne et sur le
14

�LA. N,0:UVElLU REmlE'.. FAANÇAil'SE

Rhin~Ae so_n-lmig voi~azge . avœ la:.,mex_,1 t116üs fuit imaginer
.h'afllux;_ fo~r:me que·Jé\ 'ittyage.A'0nrentç,. a~q:u:e-1!. tl. n~ parait
jama.î.::._a,v_oirr pen~. :ror.aiet apporté. à san. g-énie. J'ai ~yé: oe
ntonttet:,. d~ns. ~11 Qn Fta:u lieitf. ,Ç0,mnteall et pQutqiue i la vie .litté:nir.e &lt;le Iïlau~,se di'i~aitsi;,u.ettem_e.m: err, deu.: : 3'vant·ett.aprè_s
lhvoyagei&lt;:!'0,1:ienti.iB~ entmuJtow k sertiUJtPlJfflus f:t..slllivb.
Appr:eJMtmt qu'uu: ÇCli\ai!1l'_, Loti~_.E~_ult~ m.spiiùnsable ~ agues
et yaseux, :p:mmn.a., 'la'iî-1rtir1, p~W' 1'1,, S-}!1ie,..Flat1:1'ett,.,dan 1,111~
,lettre,, p◊.ui'i~e Ulil! rwgiss€inel}.!:- ~ «iril:.chtw~ é.tre défei.1du de serÛll,..c~1nme ~n Russ.i;;J· ~-. de ~a.te.ils c0~1 Qo, 'll'.&lt;1 •. encatc neus
-pp,1end;J~ 1JP~ ,fois_ ceJ ·qu~; ~Îest qili~ m.osql:lé~ et un ..bain
·tur~ • Malbeldf !... »_
- -Mali.s cg~es flal.lbett _1 ;~ &amp;igp.é axcc (à1l]jthQ~iasme-, eJ1;J1~14,
u11e autoris-ati:on de sotti~ ~ M:, Mautlç~ B~tèii.. -« Je, fefuse 1~
1Ifilll11: avall't de m'êrr:e; aoumis aux çrf.és, neint d'Orieu-.t l .~ éoi,v,alrt•M. Bar;rès,, _autrefois. Jl a.canentlu j:l!lsqi:ùtu_, prînt:_rmips d.e
13'llt p(i):ur se soumettt~ ~ Co~tanti:u:op~ et ài l)a-maS&lt;. De-s
~ogues- uombleusm; l'ont ~pê~ de doonetr e.ncO:Ee an
Fo:yage,de _Spart{ le penda$t _d\iimr -V&lt;-ryag;,td,)Driw.t.. ~.En_,1t;tendan:t
v~i 1#1JardinJIJ.r: l'.Onmte:. _
M ~ l¼,i:Eè-s PilfllÎl,~i()ir. é\é-,1\0UJ:QUf..S hil\lltf. pru;. liJl~ t:~rta.i:ne
il:flage, sédu~antt efu111 ~ livi:,esq~,._de- FOûent., E,V le c_a ,,
d~pni~ -Ii'laubert, et même aiva;LLt,,, étajt; c.t'iin rçirnaatis.me.ttO!lnul,
Ast~n.é :Ar.avfan, Arménienne, p~ti 1m. mélange; de, la. femme
è.'0~ient et de ces Jigutes de; f®l~~- r,usses., font populaires
ptnq,a~t' vingt a;n,s, dans le&amp;-mili:e.wr. li,ttiraires., Eli le Vo]Jlg! de
Spada e~t placé en p:mje s0:as l'iu'1P'~tlt)Jt c,!1,t j-,eu-ne. A.nmé:piœ
.Tigli:ane. Je ne sai&amp; }W•~\l'à. quel po-int. tta-it pro&amp;md l',orümtalisme d-e M. Bart(tS, rn ais il. semble bien q,u'il1h~ }'lOrte: avec; une
mauvaise conscience, et en éprouvant le besoin d5!'se, clifendre
cont~e lui. Dans les Déracinés,, si Sturel n'est pas content de luim!me,. ne réussitJas, et s'enlise en de déprimants éche.cs polîtiques1 -Y9W ·:pe11sezi bien &lt;.1,U~ ce- nfe§t pa5 s,i, ,faµ.~, mais,
;omm~ àans le mêti~i: miJ,i!aire, ceHei J:le-On., Et Qu ici iappelle
Aiti né, Ata,;rian et BouteHlie:1;;.._S~ur,cl; :i.:été stér..ilrsif,. s:i:nOL1 mé:,
p.ar l'Orient et par Kant. Et même p;u un.e ooguÎrère-a.11ia..m.Œe
q,u.i n'a ~videmment janiais &lt;rn·istêJJ.tUe- dan~ le .JP.Qnd.e de Jai littératurer les l~G&gt;ns- d~ cB'iautciU!,evl,l.J- les ~ilo~]:'l~; d'Iooi'e· se

IÊFLEXIONS S.UE 1.A. LlTI:Ell.ATURE

2II

sont as.1rociéeg., po.nr flatter et perdre Sture1, avec le charme

oriental d'Asti.n~
_
-&lt;Ze qu-e, ae .faço~ un peu nt:i:ficiell.e'" M. J3arrès parai; a-voi.i;
groupé sous strnJdée cfe YOrieutj œ sont d'-abo-J:'1 les éléments
fén11ninside sa rm.,~urâ(nou~ en .avons to.us en nou.s, 'et, pa.r ~dos..
mose, no.1i1s-~n p.uis:nns to1110w:s pins ou moips chez les fommes,)
et e!esf'-enmite une .sorle de-·. priir:cipe inf~ieµ1 et cruumant1 à
b sêàtictioo -duquel il s' effoice d' échà.p;pet. Le.s visages de Ja
tll'tré lui.sc:invauta.nt de j.ardins emM'.émati41Lue,s qui- sen•oot de
dêco,r -à ~uèlqùe;..â:venture moiti.é poétique, moitié idéologique.
~~ Jar~in sur h'011:mt1faép-ond au Jardin de BMnice: M.ais I:e }ardm· cf A,rgnes~Mmt,es'., se:rv~it de lie:u,à rmeâme, à un moi., jeune
eti on peu cru~ qm -se corui.twisai~ q.ü1 avait dennt lui h-page
l,ia~êlie et.frémissante de,la. vie • .Béffoi:ce, ayant joué son rôle
d~ peri~~ secouss.e,, di.s:earai:ssait danSc un sillage de tenckes-se,
la:wan~ ·à J?hif&lt;iiHFJe;,'lt'Vec mi tresru de;Jatiù.es a~urd.es-, chàudes
et' douces co,mttrelà· plme d\tn. jolJII'., d'étés, le IDOIJl.Vemènt
sui-t
la sewussl?·, nn. mou:vemeot allègre S.tll'.. les i;outes v.ivantes
d'Occident; ·ttrnt ce_ qu:'a dr:clné I'lui_nm:iè; -~uivé à, ht po:inte

qu~

él!trêrne ·d':Eurdpe... -·

Uu Jardin, su:r U.Ororcte lifétenrl, pu un jeu bien curieux de
contraste: sur la terra:sse on la plaine. onosk., Les deux jardins
çe sont deux :femmes:,, mais l'une so11'rnise et .l'a1i1M e- .reine. Bérénice, depms:.lesiremiharités de- M. Prude.nt ju~u'au mariage
a.ve1dJ1:1rles...Ma:rtin, u'.a.connu en l'homme que.le maître dont
-die. est lai di:œl!X:e et l'h.um bk servante~ et le sei:vice ( eo m me pour
hl, féli:cité d'llln Cœur Simple.) fait toute- sa poésie, toute sa
~e:mté- Qu.and sa ~i-e croise celle. d:e Phiti!}pe,,, c'est-à-dire d-!un
twè.te c-apable de respirer c.ette fleur ele sacrifice et de docilité,
.cettœ: infrnieet molledispon:nbili.té.d''émotion,.Bérénice nait ellemème .à hqmésie, elle naît au s-yœ.bole, puisqi..'èntre son.âne
et- ses canards elle personnifie la,foole-, la bonne. foule électo:3-'ie: PhiUppèa. eu.la.,chancr,:de trouver et de- p~tiser une figi.i,i:e
mclinéei cr ploya:ute de to'ut ce qu..c cueille sur lanü:he tene 1lLl
jie.uner.hom.mre pllédé.stin.é à..vivl!e.. Mais void que (équilibre hab~
tue] sur ces hauts registres) i1 reacontre- ~ so-n t0ur l'âm.e~ricine
d:orit i1 serai le , jardin, co·mme- l'_âme-~rvante· de_ Béténice
était. le. jar.d:irr de 'Philippe.
Maishriasons EhiHppe, pws-9,u'aussi bien il-n'a p'ikS préciséo;i.~lll
0

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

'iiurvécu au Jardin de Bérénice. li ne s'agit, dans Un Jardin sur
J'Oro11Je, que de Guillaume, chevalier franc qui, en la personne
d'une sultane d'Orient, a le malheur et la gloire d'aimer une
femme-reine, et même et surtout d'en ~tre aimé. Et laissons
même Guillaume, Saint-Cyrien sage et droit dont l'âme n'est
guère plus compliquée ( et M. Barrès l'a bien voulue ainsi) que
celle des capitaines de l'Atltt11tide. Mais Oriante, elle, ne nous
parait nullement l' Antinéa du cinéma. Elle occupe le centre et
presque le tout du livre. Elle vit, comme Léopold Baillord,
-&lt;l'une vie originale et poétique sous le modelé de laquelle on
sent le pouce intelligent de l'auteur. Le décor oriental, les vers
des poètes persans, n'ont aucurie importance, ne forment qu'un
placage agréable et superficiel auquel celui-ci s'est amusé. Bouquet de musulmanes sur des coussins dans le jardin de Qalaat,
bouquet de Parisiennes sur des canapés dans un hôtel du
XVIe arrondissement, cela se mêle et se transpose facilement.
M. Barrès n'a pas prétendu récrire les Désenchantées, même sous
1a forme;. des Enchantées. Et nous dirons comme Corneille à la
première représentation de Bajazet: o: Voilà des Turcs qui ressemblent singulièrement à des Français ». Mais il y a beau
"temps que nous tournons cela en éloges pour Racine. Nous
pouvons le faire aussi pour M. Barrès.
Quelle revanche de Bérénice, qu'Oriante semble d'abord conïinuer, mais pour la quitter en un si riche et courageux éclat l
&lt;&lt; Toute flexible, mobile et enthousiaste, Oriante semblait de
&lt;es esprits qui jamais ne disent tian . A tous les conseils, à tous
les ordres, à toutes les prières, avant même que les paroles en
fussent entièrement formulées, elle s'élançait pour répondre
--0ui, cent fois oui, mais sous cette faiblesse et cette docilité appaTente, quelle force intraitable ! quelle énergie de fourmi et
-d'abeille ! l'énergie d'une âme dominatrice qui n'admet pas que
·rien entrave sa vocation secrète l Les sourires, les acquiescements, Jes soumission$ et les enchantements qu'Oriante prodigue n'empêchent pas qu'elle percerait le roc, monterait dans
la lune, et livrerait à la male mort ceux qu'elle aime, plutôt que
-d'abandonner sa. ligne d'ascension. »
Ame de poésie dont le chant de rossignol sait emplir et illu•
miner la nuit, âme de domination qui, comme toutes les âmes
~e domination, sait aimer et peut aimer violemment, mais

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

2IJ:

sacrifie infailliblement cet amour à la domination l Si M. Barrès
a voulu se divertir à faire son Bajazet, son Oriante semble bien
le contraire de Roxane . Il serait aussi inexact de parler d'héroïnecornélienne. On peut tout au moins Je dire pour le retirer tout
de suite après, ce qui est une manière de ne pas le taire complè~ment. Je songe aux femmes de Rodogune, j'attache une grandeimportance à ce mot d'une pureté magnifique, clou de diamant
auquel pend cette draperie orientale et française : o: Guillaume
avait l'idée de tenir dans ses bras un jeune héros. »
Un jeune héros ! Le couple seul existe humainement. Mais.
sur un plan supérieur il peut être permis à l'homme de devenirun couple, les côtes qui lui demeurent tendent plus ou moinsr
comme les sœurs de Psyché, à la destinée de la première. Il
n'est sans doute pas de grand artiste qui ne projette hors de lui
quelque puissance féminine. Et la femme elle aussi (mieuir.
encore peut-être puisqu'elJe met l'homme au monde) peut
éprouver en elle le génie des deux sexes. La femme, naturellement, n'est ni poète, ni soldat, ni prêtre. Mais quand l'âme du
poète vibre en Sapho, quandl'ame du soldat descend en Jeanne
d'Arc, quand l'âme du prêtre investit Angélique Arnaud, la.
femme, sans perdre son sexe, assume dans ce qu'elle a de plus.
pur l'essence de l'autre sexe. Elle devient ce jeune héros que
M. Barrès s'est plu à peindre sous des couleurs orientales· seulement il n'y a pas de héros d'amour, pas de héros qui n: doive
sur~onter et dépasser l'amour. Orian te vit de cet éther supérieur.
Gmllaume en meurt, qui ignore la pointe de la vie héroïque.
Que ne s'accommodait-il de la douce Isabelle, dont la plénitude.
amoureuse ne dépassait pas Je cercle de chair qu'ont tracé à un
homme les caresses maternelles ? Qu'il disparaisse dans l'âme
éclatante d'Oriante comme Bérénice s'est évanouie dans le
moi nuancé de Philippe !
*

* *
Les vingt pages de trop qu'on trouve dans le récit de

M. Barrès et qui l'alourdissent à plusieurs endroits ne
l'empêchent pas de nous retenir et de nous charmer en toutes.
sortes de manières. Evidemment il ne saurait guère devenir
populaire. Je crois qu'il a laissé le public un peu froid et la critique un peu déroutée. Mais comme il se place bien dans la file.

�LA NOUVJ!LLE REVUE FRANÇAISE

des œuvres de l'auteur~ Comme il plaît an simple amateur de
phrases et de rythmes par ce r~nou-r-ellemcnt continuel .du
styJe, qui estùne dés foTces de M. Barrès. ( « Toi .seul, homme
injuste, j'ai aimé, est-il u1i.e baroi5se .ou un : C'esJ u,u IJran,.

gère qui parte ? Dans .ce dernier .cas, aa:eprons-le) Que de
points Jam; l'œuvre ancienne, mxquels nous pou,·ons
rattacher la nouvelle guirlande ! Je pense au. VoJ•age de
Sparte, à cette lecrur.e d' A1zJigon~ Isabelle comme Ism~ la
femme sans génie, et ntignne .qm, dle rr nous dé'chire avec sa
groose v-0h. de rossignoi .:o. Et cette ,5agesse oonciliante de
l'évêque sur laquelle se clôt Utl jllrdin, M. Barrès- y pensait
sans doute depuis longtemps, puisqu'il imaginait~lors Tiré ia
wr -ce m-0dêle.
P-0urtant -cette fin-Teste un peu mystérieuse. Orian te devieot
abbesse . Soit. Le génie d' Angélique Amaud .,ne sera pas uo
tombeau pour la fëmme-poète Oll la .femme-Iein.e. Philippe
aussi r&amp;lait autour des cloitres. Et en mour.aot {;uillaume -parl
à Orian te comme Bérénice a Jû parfois parled.Phifippc ~ o: \' otce
image demeurera -sous mes paupières baissées, mais j'ai confiance qu'Isabelle (Charles Martin? ou Bougie-Rose ?)m'assistera plus sûrement que vous qui n'ét':s pas née J&gt;OUr -vous
détourner, füt-ce une setonde, .de votre personne. 'l) Tout cel.2
va bien, et cette courbe, œs justes retours o.ous en.chantent. Et
les quelques pages de .cette fin sont certain m nt:i;in.e des suites
les plus sol~es, les plus pures .qu'ait jamais écrit.es M.• .Bacrès.
Aimons cette « tragédie à triple secret •· J'ai au en du.cerner
~ux. Le troisième serait-il -plus -vulgaire ? Ori:a.nte.s.erajt-elle la
femme de son no.tu, - l'Orient, une natur.e orientale '.lvec
laquelle il est beau d-e--s'afüontei" et de lutter ? Le jardin SUT
1-IOronte pr-endrnit-il imperceptiblement figure. de bastion,
comme dans le Génie di, Rhfo le bastion -sembfait .commencer à
être cultivé en jardin ? Il semble que le moment soit venu, pour
l'auteur des Amitiés Françaises, d'étendre méthodiquement, et
avec une prudence un peu -sèche, ces arnüiés. Il a e,mployé ses
jours d' Atbènes à analyser son désarroi. Sou aitons que l'Oriem
l'ait a1dé à composer un enthousiasme, re-çenir sons le -signe
de Du Sang, de l1i Vi1lupté et de la-Mort, - un Du Sa11g .dont Je
Jardin rnr r0ro11te nous offre aujourd'hui l'Amaltur d'rî,rus.

a

A~DliRT THI8AlJDlrr

CHRONIQUE DRAMATIQUE
~ 1~te_~r. m'a écrit : o: Voos avez manqué un numéro ? ,,
Eh •. otn, J a1 m_anqué un numéro. Je n'étais pas ~n train. J'ai
~om,
·
., . pour écrire, d'1rrnir l'esprit he rem:. C'est :u n a. tome
que I a1 sou-rent énonoé et qui e~ juste au tn-0in nrn,
· .
•~- · b.
r--r mot .
on n =nt 1en -que dans T-e p.J.aisir, l'esprit excité pat ·S-On sujet
sans chercher ses mots, la ptumc courant st11" 1e pnp'
'
d J••
• rer, une
sorte e ~ ats:r physique se méJant au plaisi-r spirituel. Autre1:3ent, é~nre ,n esu:p.1'11Joe besogne froide et pla-te-t-t mieux vaut
s abste:11r. , . :est-ce pas, au :reste, te que St. appelai le III ment
rit, gbue ? S1 tous nons Jlattendions peu ;..étr.e écrirait--'On moins
e: des choses plus inté'l'essantes. Se for~er n'a jamais riea valu
nt donné de bons résuJtats. Il en -est 1à. comme dan l'amour .
c'est le -4ésir qui est t t.
'
, Ell~ me ~mque &lt;jUelquefois, cette heureuse dis~siti-on
né dé enchanté, je ois bien, et trop clairvoyant
sur ~on co?1pt~, trop poné .\ la réflexion et à la rêverie. Le
métier que JC fms ~our gagnet ma vie fait passer- sous mes yeux
la ?lus gra~e pa.~1e ~es ouvrages &lt;le littérature qu'on publie
au1our~bu1.
m amve quelquefois d'~n regnr&lt;ler qu-el~uesuns. Dti-e-qu,1l y a des gens-sui s'amusent à &amp;:rire de pareH+es
choses et qut en contentent jusqu'à. ie pubiier ! Quel l - ·
t il
.
,
p au1r
oo - s pu avon:. ou soot•tls a-vengles à -OC point? A moins qu'ils
-se ~noque~t du t1er~ -comme :du quart:, oe qui est uné ~gesse, et
qu t4s e d1sent, - 11s oo;t :raison nu moi~s Sltr ce point _ que
la plupart.des lecteurs n y œnnaîtro-nr nen. Je manque décid~e~t de oct _a ·euglement et de cette insouciance. Quand •1
~ ~n~e de~ 1re ce ~ue j'écris, ma parole ! k plus souvent
j 1ra1 bien me pe-ndre.

-0 esprit. ft

,.1

Je vais 11Klme reparler-de Mt-es, à cette c:1ccasi-0n. Si un Jec-

�216

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

teur m'écrit que je commence à ennuyer avec les animaux, j'ai
ma réponse toute prête : a: Il m'arrive bien d'être ennuyé par
des bêtes qui écrivent 1 » J'assurerai ainsi, une fois de plus,
sans grand effort, ma réputation d'esprit. J'étais d'autant moins
en train d'écrire ces derniers temps, qu'il m'est encore arrivé
de perdre deux de mes compagnons à quatre pattes. Ce sont le
chat Chati et la chatte Petite Café. Si je dis que c'étaient deux
êtres délicieux, vous penserez que j'exagère, comme ces gens
qui trouvent ce qu'ils possèdent toujours les plus belles choses
du monde. Vous le penserez si vous le voulez . Je ne dis que le
vrai. Chati était un chat noir que des gens avaient laissé dans
une chambre d'hôtel rue Saint-Jacques et que j'avais recueili,
voilà trois ans. Il n'y a pas un animal qui ressemble à un autre.
Ce sont les serins ou les gens qui les ignorent totalement qui se
figurent que toutes les bêtes sont pareilles. Pour eux, un chat
ou un chien sont ni plus ni moins qu'un autre chat ou un autre
chien. Les animaux sont comme nous. Ils ont chacun leur individualité. Celui-ci n'est pas celui-là, qui, à son tour, n'est pas
cet autre . Je le vois bien dans ma petite troupe de chats. Il y a
les vagabonds et les sédentaires, les indifférents et les démonstratifs, les hardis et les timides, ceux qui vont par groupe et
ceux qui préfèrent être seuls - même pour manger. J'ai de
mes chats, par exemple, qui, d'eux-mêmes - entièremen~
libres et toutes les portes ouvertes, ne sont jamais montés au
premier étage du pavillon que j'habite, d'autres qui m'y suivent
aussitôt que j'arrive. Je vôus nommerai, par exemple, la chatte
Madame Minne, la doyenne, qui a de l'esprit plein sa frimousse,
la chatte Lolotte, une petite pimbêche, q1li ne connaît que moi,
ne quitte pas mon cabinet de travail, ne fréquente personne,
me suit partout, bavarde sans cesse, avec des manières de petite
précieuse, les chats Riquet, Laurent, Bibi et Pitou, ce dernier
que j'ai ramassé au marché Saint-Germain, gros comme le
poing, sachant à peine boire tout seul, et qui, arrivé à la maison, quand je l'eus posé sur un canapé, soufflait après tout le
monde. Je les ai tous six depuis bientôt dix ans. A cause de ce
temps, et d'eux-mêmes, ils ont pris des habitudes plus intimes.
Ils m'attendent, _rangés sur la table de l'antichambre, à l'heure à
laquelle j'arrive. Ilssontsurla table, autour de mon assiette, quand
je dîne. Ils se tiennent avec moi, dans mon cabinet, quand je

CHRONIQUE DRAMATIQUE

217

lis, paresse, ou écris. Rien ne pourrait faire, quand je suis là~
qu'ils ne soient pas autour de moi, sur mes genoux, mes épaules~
me prodiguant leurs démonstrations affectueuses, si je ne fais.
rien, en parlant, - car les animaux, et surtout les chats, ont un
langage et parlent, - ou me regardant, immobiles et silencieux, si je suis occupé. Je parle là du caractère. Il en est de
même pour le physique. Sur ce point encore, les animaux sont
comme nous. lis ont comme nous deux yeux, un nez, une
bouche et des oreilles, mais quelque chose dans l'expression les
différencie chacun. Trois chats, - puisque je parle de chats,
- noirs, tigrés, blancs ou jaunes, ne sont pas du t-out, quand
on regarde bien leur physionomie, trois chats noirs, tigrés,
blancs ou jaunes, mais bien un chat, un autre chat, et encore
un autre chat noir, tigré, blanc ou jaune. Des gens riront de ce
que j'écris là, peut-être ? Ce sont des gens qui passent sans rien
voir à rien. Ce qui est merveilleux aussi, c'est la confiancequ'on peut arriver à leur inspirer. J'habite un pavillon composé
d'un rez-de-chaussée et d'un premier. Pour aller de l'un à
l'autre, un escalier. Les chats aiment beaucoup un escalier. Ils
y font de bonnes parties, dégringolades ou montées rapides,
ou jeux d'attrape au long des barreaux de la rampe, ou si le
soleil donne ils somnolent sur les marches. Il arrive que ma
bonne ou moi, pour les soins de la maison, nous montions ou
descendions cet escalier, rapidement, - moi surtout, qui rrai
pas les jambes dans ma poche, - chargés d'un seau, d'un broc,
d'un balai, en faisant plus ou moins un certain bruit. Personne
ne se dérange. Chacun sait bien qu'on saura passer sans les
toucher. ]'ai un énorme chien qui vit au premier. On le fait
descendre de temps en temps pour les repas, pour la promenade dans le jardin. Aucun chat sur son passage ne se dérange
davantage. Lui-même sait dégringoler l'escalier sans en toucher
aucun. Il fait comme nous : il enjambe. Quant au ménage des
chats et des chiens ensemble, c'est purement merveilleux. La
nuit, les chiens sont enfermés. Quand ils retrouvent les chats
le matin, c'est de leur part de grands bonjours, à coups de
langue sur leur nez, les chats de leur côté leur prodiguent de
petits coups de tête, en ronronnant d'aise. Les uns et les autres
font de grandes parties dans le jardin, sans jamais la moindre
brutalité de la part des chiens. Je viens de parler de cet énorme

�:218

LA NOUl-'ELLE REVUE FRt.~lSE

cliion:, nointné Nana,;iqni·:Jl'it·1dans uné pièce a.u premier . le
dlati&gt;it:ou, que ,j'ai. ~@am.re pins .haut, .adore les -chtens . H
aim\requelquefoi-s :qne,~ar :m.égarde, .et' sans s'en apercevoir,
.on k laisse -entrer rer .11.e:n:fei;me nec Nina: Quand ma vient Je
ehercben, on le-trmive· lirèmpé 'Comme -s'il .sortait d'un •baqd!let,
et errcb:mté .. C'f.51 N;a,~ .qui, fe .1ienam: eni!re ses pattes. l'a
rléh-.arbm.rill.é·de toutes ks~s.· ]hl i!u'Wll. petit giriffo,:n blll:lx-el.lo.is, nrnnmé Mo.u:k.ey~ que ,Rouveyre m'avait aooné. Le chat
l...aunerit .dnntJ:a;i également ipar1é -phrs haœ, et Moukey,étaie:nt
fa.séparables,. !Ids se .promena-ient ensemb1e dans le jardin. Bs
m.migeaat ensemhh!. ils dotmaient l'u.n_ roonrre l'autre. On
appclaitMoukey, .qia'ota V'GFit ::ms-sitôt laurent s.e momtl'eT
.aussi. J'ai ,Fttdu Moukey..en J191;8 • .Prend:mt q11i:n:ze jouœ, ie ne
dis ,que ie ~rn:i, i.aurent·le ihercbai:tq,autmù, 'S!.!!rle lit, jusqu'à
souilever la colrViertm-e, :srms ;I.e fu, sous Jes Jfn:rtueï'.ls, :sous la
tdde, ,·dans l'.nr.moire. On ·n'avait qu'il ~uo:noncer mmt haut
le 1rmm ·,dm ch~~ il. vo:œ; tega:r.µ:nt ret attendait, oomme si
son. rcbm~agnnn -a±lait venir. 'foœs œs d.mses ne wnt-elles
pas 111:tamantes!? Peut-.on ne pas ,en être touché.? Les _bêtes,
tontes Jes bêtes., quand ,on NMt '2. ':f i:itténe:sser ·ret qu'on les
y,0it Be morrtner .ainsi, ne méritent-elles pas tous les :égards ?
Le signe particulier .de Chari ,éta.iJt œ:cL: il fuiJaiti.clilIJ.stamme·n t
I:a-vei:r dnns des di,,ras, smit qu'IO!l ll'y prit~ sqit qu'il -y sautât de
ln1-ni.ênie. 'Installé ,il.:\, - il VOlIB ip&gt;rflmlit ipa:r le x:oa et v,ens
COl,lW:rit l:e isage de -caresses. -Le :repos2iit-on :à temœ •e t s'ëloigrurit-un qtr'tlL v.ou-s .siüivait, wrec des '}'CUX ,xq11.1i demam'!aient
clairement -(fU';on de prît ,tle •nnuveim Ha rn.êmie":place. je le dis
ponrles.g..ens ~l.ll'Î 'igno:11ent'ce.qu,e !SXb!ilt les -bêtès, et d,es ohm en
pmtkulier, -dé]fj!ieaoc fà-nÎlmt.ux..:5.hJWCantms : m'est-ce pas :merveilleuoc et.attncfurn:ret tiroubJll'l:lt .nl'Ssi' rde trooiY.er "tant de seosi•
bilitlé chœ un ianimkl ? Er loin"lle~ti!il.'idé'e _ne .dire J1Œ l:e:s
miens ISOntru.niqu.es, ni méme ' pariicuüe:rs. Pre--sque tmlS SJJnt de
même,ilu .susc:eptiibks .:dd'être;· Tolrt'i:dépend· Aes IJlalÎlil'S entre
lesqueUes ils ·wm.b:enr. Les an.i..ln~t. rudoyés, ou rlans les nurirrs
de gsens incliffér.ent5" OOUX qui ·vivent à- l'abanrl.on d:tns rles ter-tains va~ 10u .dan~ des jru.mrrs publ-ics, ecrx: aussi ont ou
!Uilir.aierî:t: leurs g.enti.J.lless.ès.' D-1: même ô'est .une .erreur- de se figurer •G[!U'lllln :animal qllt'10n iélà:o-éLmon'tre 1.111 a:ttactremt:rrt'pius -pan'icniier. Je,-n'!M pas éiiev,é \l111 -seu¼ des io&amp;als et &lt;l'es çlti.ens 'CJ_itUÔ. son1:
0

CHR.OlWl.lJE._ Dll.AMA'fI&lt;ltJE

.chez m0i:.Je 1es:tiens tous du ha~arcl. Ge sont .tous des bêtes
que f:aï trouvées et.,reÇ1,Iei-llies, b,elles ou J,t-1-d.esj jeun.es on non,
1:es questions ne m'occupanit pas; mais seulement la détt;esse et
Je besoin. Eh ! bien; W.;limoo.t; je ne sa:is •p,às ,si le secaiats que je
leur-ai d@:nné n'est.pas pourquelquê chose de pl~ da11s l'atta.c.hement qu'ils me !!Dôn-trent. Je ne,fois pas "&lt;le ,sensible,r-ie ~agérée à !!égard-des bê~s, Je garde àJeJ\H enà~~it mma .sens critique. EUes oJ;J.t 0011s les-défauts des humai~s et, ' entre eÜe,s,
elles ne valent guère mieùx quenou.s ec.tre nous. je parle d'~Ues
uniquern.eo,t dans leurs rapports -avec 001.u, -en dis&lt;).nt' que &lt;les
êtres fai'bles, muets, dans notre entière dépe.n&lt;lanoe, qué nous
mêl_pns y-olenllàirell)ent à notr-e wie sociale, ,ont droit à ' des
.égaT.ds, :à· la protèoüo-n, et ne iSOnt pas du tout des ~ouets qu'on
prend un j-our ~ ,qu'-on met-à la rue un autre jol:1:r. Mais alors,,
.dans leur~ r.a_pports avec nous, quelles qualités intelligentes -et
effectiv,es ! je me rappellerai1eujow-s le chien Spw, _m_ort il y .a
quelques années. Je l'avais rencontré, sq_uelettigue, effaré.,
&lt;lémuté, coUirant en tous -sens, rue ~e Vaugirar4, au œii1 .de la
.rue de Tournon .. Je te -suivis, -sans pouvoir le prendre; jusque
-passé l'Ecole Militaire. Je téùssis e,niin à Le prepdre et risquai.
-d'être mordu par lui, dans -sa frayeur et dans sa méfiance.
J'achetai une bonne portion dans u,a restaui:ant et je rernonta1
avec lui jusqu'à la place Saint-Erançois-Xavier. Là, a-ssis sur un
banc, tranq1.iilles tous les deu:i;;, ft le-fis manger. Je me rappellerai toujours 1a façon dont ce chien, pre~que f-éroœ un qa~t
d'beure auparavant, posa sa tête -sur mes g-enoux et me regarda
alors ·avec quels yeux rassurés et reconnaiss;mts. Je n'eus qu'à
me lever pour qu'il me-suivît comme s',ilm'eüt oonhu de longue
date. ]'.ai ,:léjà parlé ailleurs de ce bon -compagnon~ qui ne vécut
avec moi quequdquesanoées. Je l'a.i perdu en 1i)I3 et sa tombe
est là, dans le jardin, comme celles de '.bieu d'autrés. V@iU
au'SSi le chat Antoine, On verra là que les· noùvéàu;s: venus ne
-m'in~éressent p,as moins q1:1e les -anciens.. Ma bonne i'-a ramassé
dami :le pays, -voilà ·deux moi-s, errant, efilanqué, craintif. Des
-g ens ayiient ·d:Û veo.ir le per&lt;lre, bu le laisser là. en partant. ailleurs. Le seul fait qu'il ait pâti me fait m'occuper tle lui tout
particulièrement. 11 est si heur.eux -de l'avenrure qu'il -ne' -veut ..
p111Sr:me quitter. Tout cela puur dire qu'élev.er .ou non un
animal n'esq1-ourTien dans son attachement. Ne -voit~on pas

�220

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

des chevaux, dangereux entre les mains de br,utes, devenir les
plus dociles du monde entre les mains de conducteurs doux et
patients ? C'est comme de se figurer que les animaux ne sont
pas sensibles au confortable. Il faut n'avoir jamais vu un chie~
se coucher dans un fauteuil et fort bien mettre à profit un des
accoudoirs pour poser sa tête. Je me rappelle à ce sujet le chat
Oscar, - je lui avais donné ce nom. Je le trouvai, un jour de
1919, dans la salle des pas perdus de la gare d'Orsay, e:ffi.anqué,
noir de poussière. Il y avait plusieurs semaines des gens
l'avaient laissé là, paraît-il, en partant en voyage, et il vivait
dans la gare comme il pouvait, de ce qu'il trouvait, d'ailleurs
nullement malmené par le personnel. Je le pris, et ne pouvant
l'emporter le jour même chez moi, je le menai chez une amie.
Sans le vouloir autrement, on le .,posa sur un fauteuil. Si vous
l'aviez vu alors s'étirer, s'allonger, s'épanouir, soupirer d'aise,
ma parole 1 au contact moelleux du siège ! li semblait vraiment
exprimer qu'on était mieux que là d'où il venait.
Le seul ennui, avec toute cette ménagerie, ce sont les paquets
à porter. Etre critique dramatique est certainement plein d'agréments. J'y ajoute souvent l'obligation de courir d'abord porter
les provisions de (&lt; ces messieurs &gt;&gt; comme dit Rouveyre, pour
revenir ensuite m'installer au théâtre. Ce sont aussi tous les
gens qui me tombent dessus. Je n'ai pas assez des bêtes que je
trnuve moi-même. Au moins chaque semaine, on vient me
demander d'en prendre une. Il faudrait être riche, avoir une
propriété à soi. On n'aurait alors que le plaisir, sans les soucis.
Je crois bien que j'aurais un âne, alors. J'ai failli souvent en
acheter un, dans ces bandes que je vois passer pour les abattoirs. Le manque de loisir pour m'occuper de lui m'a toujours
arrêté. Un âne? Un âne pour de bon, vous m'entendez bien?
Un âne à quatre jambes !
'
La Petite Café était la fille de la chatte Càfé. Une exception :
elle était née à la maison. Un jour de l'été dernier, dans le poulailler qui ne sert plus à rien depuis que j'occupe la maison,
nous avions vu une petite boule tricolore sauter et gambader, se
sauvant àla moindre approche. Avec elle, la chatte Café, qui
semblait la surveiller et prendre soin d'elle. C'était sa fille,
qu'elle nous avait faite là en cachette. Il fallut bien deux bonnes
semaines pour l' apprivoiser. Depuis, elle trônait dans la maison

CHRONIQUE DRAMATIQUE

221

et_dans le jardin. Une petite bête fine, jolie, maniérée, volontaire, coquette. On s'occupait beaucoup d'elle. II semblait
qu'~lle le savait. Il en est là encore des bêtes comme des gens.
V 01là les deux êtres charmants que j'ai encore perdus. On
P~~:e si j'.étais en train d'écrire et de m'occuper de théâtre. La
p1t1e, la colère, le_ découragement ... J'ai beau en avoir perdu
beaucoup. Je ne sms pas devenu insensible. Ils sont maintenant
tous les deul( dans la corbeille de rosiers, à côté du chat
Toutou, le cuisinier, qui découvrait toutes les casseroles. Une
tombe de plus dans ce jardin qui en contient déjà tant. C'est
peut-être le plus dur : enfouir ainsi ce qu'on a tant chéri et
ca:essé: Il semble- qu'on n'ait de consolation qu'en pensant
qu un JOUr _on mourra aussi et qu'il en sera pour soi, sous
deux mètres de terre, ni plus ni moins que pour eux. Voilà qui
fera plaisir aux spiritualîstes.
J'ajouterai un détail pour finir. On dit que les animaux se
cachent pour mourir. Probablement les animaux dont 011 ne
s'o_ccupe pas? J~ n'~i ja?1ais vu cela chez moi. )',ii perdu trois
chiens: Q~and ils n é~a1ent pas dans la pièce dans laquelle je me
trouvais, ils ont touiours trouvé le moyen de m'y retrouver
pour mourir. à côté de_ moi. Mon premier chien, par exemple,
le barbet ~m~. Le dermer jour qu'il vécut, après quelques jours
de_ maladie, a .s~pt heures ·du soir, il voulut descendre du preID1er. On le smv1t. Il alla jusqu'à la porte d'entrée du pavillon
s an:eta sur 1e perron, regarda le jardin, en tournant la tête à'
droite et à gauche, puis remonta. Je l'avais installé pour la nuit
sur un canapé. A -la dernière minute, épuisé pourtant, il trouva
la force de sauter sur mon lit pour mourir là, une minute après,
la tête dans ma main. Je viens encore de perdre deux chats. Ils
ont
malades pendant douze jours. J'ai vu une fois de plus ce
que J a1 vu souvent. Chaque fois qu'on les approchait ils s'accrochaient de leurs griffes à nos mains comme pour nous garder
près d'eux. ~out ~e que cel; ajoute au souvenir qu'on garde.
Je me ~u1s ~a1ssé entramer à parler des bêtes plus que je ne
me_ le proposais. Un mot en amène un autre, les souvenirs
reviennent. La plume marche, on se laisse aller. Je voulais
parler des dernières pièces que rai vues. Je n'en ai pas dit un
mot. Ce sera pour la prochaine fois.
)

A

~;é.

MAURICE BOISSARD

•

�S'OTES

223

p-.eintre de portraits excellent rLs:rit être cuis s
goût est d
pcin&amp;e à fiesquc. Le tioe général de son grand ouvrage en
caun, c'est TrrNfe an.t tÙ fra111;oi.se. Maurras,.. Barrès, Bergson
sont pour. lui des rassembleurs de peosée. et e sun:sibilité épa.rse~ qu'ils cristillisent dans leur.i œu\.-Ye~ les miroirs d'une
époque.
Le portrait en pied de Flaubert par Thibaudet, tout définiti.r
qu'il sort, n'apporte à la, méthode mooogca.phique de- Eagtœt.ou
de Jules Lemaître qu'un seul perfectionnemenu ~i estr de ne
s'embanass r d'al.liC\llJe coosi ération morale,. doctrinaire ou
impressionniste dit sJ aaùyse. ~ le juge.ment et de symJiatbi.s:er
aYecson ~jet,
tieude les rno· 121 t « débiner:D.
Mais c'est par sa façon d'étu.dier les- ensembles. que. Thlbaudet
11 vraiment füt progresser la méthode critique et montcé une
féconde originalité. Les trois méthodes françaises les plus
ré€entes pGur étudie. les ensembles étai
celle de Mi&lt;:helet,

vu

NOTES

LLTTtl?.AT UlŒ GÉNÉRALE

LA CAMPAGNE AVEC THUCYDIDE (&amp;f. de la
Nouvelle Re.vue Française); GUSTA E FLAUBERT
(Plon- ow:rit), par Albert Thibaudet.
..
Ces deux livres parachèvent l'image de Thlbaudet, cnuque,
Ontrant chacun t"une. de ses- facultés mahresses H é.tat pur.
en m
• ép isable faculté
Sa Camp@11t avec T1JUCyduù montre son tn .u
d'im·entio~ critique. Sa monographie de Ff:~ubert mo~e. ~n
inépuisable facult~ d'intuition analytique \s'il est penn_i~accoupler ces deux termes : l'un bergsomeu, l'a~e L
ec-

::in:
J

tualiste). Facultés ,ontradictoiteS, on en t ~ , a hi~
conjointes : la première est d'essenœ_ poétt~ue, et a .
ue
haut de é : métaphysique ; b de11nème d ess~nce hrsto ~
et à sof plus haut ctegré : uagiqu.e. La pren:u~re r~prodie,
assemble et con5truit; ra deuxième démonte. dissocœ,. anato-

MaLlar ·

mise.

Dans son Maurnu, dans- n Barris, dans son
~
Afüert Thibaudet usait alternativement de _ces ~on~ oppo~ ~
Dan s la C nrJ.no1u avec Tbu')'didt, ct'ert son imagmauon qui
,,-,,
·
b 1·1
ntente d'aaa ·ser e.t
se CO
d:
don n~ libre cours; dans le Fkw
"
·
cl.'
aran ouvrage 11
d'étaèlir les d~ssous et les prépa.rattons un b
•
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•
nt :a « caractère un peu s
re » c
.
,._ .J.à 11, , " ; ·
Parle daosson a ernsseme
.
l é et'
couts publrc ro1esi= -" vu,_•
cette monoarapb1e, re ev
uo
-tè
t
ité d'U~l (heureux ttudiants-d'Upsal t) . Ce am-. rey ~s
vers
•·1
ît c'est par sim?le coquetteoe.
ra,ement aFJlarent, ou si appara '
d Thi.b
. ,
· l comcienœ et la nature e.
auNon, le vrai, c ~st que 51 a
If l
la. plm. fouillée. et la
det le poussent a commencer pat" ana yse:
. f on
plus subtile qui soit d'un auteur e.t de son œu,;re, sou aspira t l
le conduit plus volontiers au delà. Son Flau bert montre que

m,

•

celle d:e Taine, celle de Brunetière. Il serait trop kmg- de les
caracté1iser co détail dans. ce qu'elles ont de positif, lll:lis leur
défaut commun est celui:..ci ; un schématisme qui les contraint
à fa.ire rayonoel' arbitrairement tonte leur matière autour &lt;fun
centr..: arbitrairement élu, un emprisonneme nt dans.. W1 système
clos qtre 1a réalité déborde de toute. pa,ut.
T bibaudet, en partie p inclination naturel.le, en par11ie par
bergsoni.sme,. s' est évadé de œs prêjugés, intelleetllalistes.. Le
repxoche le phrs courant qiioa. lui adresse, c'est de manquer
de centre. Reproche qui 'a de portée que supeimciellemeot et
méco!lllaît la nouveauté
sa._ criti'l'tll S.yst€matiqo.e et généralisateur comme tou: vrai critique cfott !;'être, Thiba.udet est
exempt du c.1USe,.fioalisme- de 1' ·ae ( milieu) ou. de Brunetière
(évolutio::i.d~ genres). Ses systèmes et ses généralisations sont
d s:coupes sucœssms faites en divers se1is, d:essondages quise
complètent, des c11Caicuetuentsree1 q i I mettent en meilleur lu:m:iè,e et en mei..lTeur relief, un .ia.Cl'ifi.ce consenti au:préjngé spatial, mais :ms j;rmms oublier qae l'élémem primotdial
et \'éritaéle est la durée~
La critique de ThilTaurlet, c'est tm.e série d'images h.yp.otbé. ues dont.chacune est légèrem1rnt déformante de la realité ütté.raire, mais dans. Je. sens d'une grande lai psychique ou socio-

logique. Thibaudet, pourrait-on dire, est un cr entreprenem

�LA NOUVELLE' REVUE FRANÇAISE

-d'illuminations », d'abord en ceci qu'il projette une lumière
artificielle, mais violente et révélatrice sur la matière étudiée
( comme le savant au microscope colore ses préparations bacillaires) et ensuite en ceci qu'il fait fulgurer en éclair une vision
,soudaine et intuitive que l'analyse la plus poussée serait impuissante à révéler. Et il est en même temps « entrepreneur de
transports», par son don des rapprochements, des raccords, des
liaisons entre les· choses les plus opposées ou les moins analogues en apparence. Une étude de lui fait toujours penser à une
.carte géographique ferroviaire ou les petits ronds individualisant les villes ne comptent plus, mais ou toute l'attention se
concentre sur les sillons quUes joignent les uns aux autres.
La Campagne avec Thucydide, qui est un parallèle entre la
guerre du Péloponèse etla guerre de 1914, montre cette con-ception et ce don à leur état-limite. Ce livre qui continue les
Discours sur la premiere décadé de Machiavel, les Considérations
de Montesquieu, certains ouvrages de Ferrero, ce livre à la
recherche du permanent historique est celui où Thibaudet,
libéré de la contrainte d'un sujet, se montre le mieux à nous. Il
sait d'avance toute la part de jeu que comporte un ouvrage de
-cette sorte et sa foi dans la philosophie de l'histoire est mitigée.
Dans tout événement, dit-il, un tiers à peu près ressemble à ce
que des circonstances analogues ont déclanché, un tiers eût
-donc pu être prévu. Cette ·acceptation à demi des lois historiques éternelles est encore atténuée par les trois petites notes
de r922 qui figurent à la fin du volume.
Thibaudet, enclin aux. rapprochements, né pour en faire, ne
peut ~e soustraire, quoi qu'il en ait, à l'impression profondément
ancrée par cette guerre dans tous les hommes qui l'ont faite, à
savoir qu'il est impossible d'écrire l'histoire vraie. Le Clio de
Péguy, tout le monde en adme~ le fond aujourd'hui. Quant au
matérialisme historique, c'est une notion qui apparaît bien simpliste, sans de nombreux correctifs. L'historien d'aujourd'hui se
trouve en présence d'une matièrè si complexe, qui déborde
son sens de l'humain, qu'il ne peut que se sentir impuissant. Le
grand développement pris par la géographie, et surtout par la
-géographie humaine, depuis quelque temps; est un effort qui
tend indirectement à rendre à nouveau possible la grande
histoire.

-NOTES

.

us

Il f~udr_a1t à présent examiner point par point les comp .sons rnstituées pa Th 'b d
l
ara1
r
I au et : a thalassocratie athénienne
att_aquée par Sparte continentale; la destruction de l'hellénisme
sUJvant la mauvaise paix comme la ruine de l'Eu
. J
traités de
.
rope suit es
~9r9 ; la longueur des deux guerres ; les uerres
loc~es_ qUJ les o~t précé?ées, etc ... Tout cela.est frappa!t d'i~gémos1té et _de :'1gueur imaginative et conduit aux plus fruc. tueuses méd1tat1ons. _
, D~ns l'ét?de sur Flaubert, ce qu'il faut mettre hors ligne
c est. e chapitre sur le style. Puis entre autres vues nouvelles ii
convient de noter les passages sur la cc normalité" de 1 1· . ,
avec L · C 1
,.
a 1a1son
omse o et, sur l mtérêt pris par Flaubert à écrire
Madame B~,iry, contrairement à 1a légende de Madame
Bovary exercice et pensum, sur le sens historique de Flaubert à
propos de S~lammbô, sur la portée de l'Education sentimentale ...
et ~nfin de signaler la conclusion. C'est le premier ouvrage ou
Th1bauder conclut d'une façon normale et forrn 11
s
e e.
on manque ordinaire de conclusion nette lui est souvent
r,ep:o_ché: Là encore e'est le méconnaître et ne pas comprendre
l or'.gmahté de sa méthode critique, qui s'oppose à la méthode
st~t1que et c?nclusive de ses prédécesseurs, et constitue la prem1ère
~entat1ve valable de ce qu'on pourrait appeler une critique
dynam1que.
BEN],\.MIN CRÊMIEUX
*
* *

SAIN:-JUST, par Marie Lenéru (Grasset)._ JOURNAL
de Marie Lenéru (Crès).
~e n'est pas Balzac qui nous intéresse dans ses créations
mais un Stendhal, c'est lui que nous cherc;hons à travers se;
héros et quoi qu'il écrive. Il y a les créateurs transcendants du
type Balzac et les créateurs immanents du type Stendhal A 1·
é ' l r
, · , ·
· · PP 1qu e a a 1ttérature d auiourd hUI, cette distinction ranuerait par
exemple _: ~arrès, Gide, Giraudoux, Larbaud parmi 1:s immanents, K1phn?' Romains, Morand même (malgré les apparences) parmi les transcendants r.
Chez le transcendant, c'est le résultat qui importe, chez J'iml }· . Mais où ranger Marcel Pr~ust ? Il est transcendant et immanent à
a 01s. C'est peut-être là sa nouveauté et sa richesse.
15

�22.'6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marient les voies de sa recherche et de son inquiétude. Marie

Lenéru appartient à la race des transcendants . .D'où la v.aleur
topique de ses drames ou de son Saint-Just, l'intérêt moindre
de son journal.
Pour qu'un journal ait de l'intérêt, il faut ou bien, comme
celui des Goncourt, qu'il ioitnche en faits, en anecdotes, en
tableaux et notatiods de mœnrs ; ou bien, comme celui d'Amiel,
qu'il offre avec des traits grossis un type d'huinanité normale:
Ot;t n'écrit ·rl'ailleurs un journal intime ·du _genre de
d'Amiel que si l'on a tendance .à exagérer, - ou tout au moms
à analyser, ce qui revient peut-être au même - ses idées et ses
sentiments. Le lecteur y retrouve ou y découvre, comme dans
un ~iroir grossissant, des parties.de lui-même mal co~ues ou
inconnues et y peut prendre un vif intérêt psy.cbolog1que ou
moral.
Mais le journal d'un anormal ( quand ilue finitp~s par pr~n~re
l'apparence d'un véritableroman) n'alimente quun·e cuno:ité
vite lassée. Sourde et pendant quelques .années aveugle, c est
}'impossibilité où elle se trouvait de vivre une vie féminine qui
a jeté Marie Lehéru dans l'étude et dans la culture du mo:i. Que
ce soit faute &lt;l'avoir pu 'être une femme. _adulée, adorée, q~e
Marie Lenéru a écrit ses œuvres, qu'elle n'ait accepté.de devemr
femme de lettres que comme une déchéance, cela, loin de nous
retenir, nous détournerait plutôt d'elle. Son infirmité la fait
trop différente de nous pour que nous puissions nous incorpor~r
à sa vie comme nous le pouvons à celle, par exemple, de Mane
Baskirtscheff. Tout ce qui chez Marie Lenéru est de toute
évidence conditionné par sa malheureuse destinée physique
nous trouve pitoyables, mais non pas, au sens pre~er du m~t,
sympathiques. C'est seulement quand elle nous l~la1sse, oublier
que son journal pren.d une gra.nde valeur. Mais ce n e.st p~~
une. valeur de &lt;r. journal » :.c'est la valeur d'une belle page cnt1que ou .sociologique.
_
Une âme de la trempe et un .esprit de la vigueur de !"1an~
Lenéru ne manquent pas d'avoir par instants des cns q~1
émeuvent en.nous beaucoup de choses assoupies. Mais ces cns
sont rares, si on les compare à ceux de ses drames.
.
Infirmité à part, Marie Lenéru était faite _pour livrer l'endroit
et non pas l'enyers de sa pensée. Que son superbe égotisme et

œ!m

NOTES

so:1 grand _se~1til}.'.ent d,e l'hQnneur pre11neQt sourçe d)lns çer.tam~s me.sq1unenes et, iVant de jaillii", parçoureot i:;ent canau1t
tortueux, peq nous importe à ÇOI).qition qu'on ,ne ,l'JOUS montre
-que le jai1llssement,

L:

vraie for01e _du_Jour..nal intime de Marie Lenéru, c'est tin
essai comme son Sairit-]uf/ publié par le~ Cahiers Verts. C'est
dle 1tJ.'elle ~ht,rçbe dans J'implaca_ple Conventionnel, c'est pfos
une tma_ge delle qu~ de Sai~-J UH q,lelle no.us offre, et pourt~nt cela re~te de ,1 art t~anscendant. La confession n'est pas
directe, mais médiate, L espèc,e de gérûe qui habitait Marie
_Lenéru se manife&amp;te ici pleinement.
Je .crois que rien en Ocçi4eni 1)'a .été écrit d'aussi pénétrant
depuis quatre ans sur l'é~t d'esprit des dirig:eants bolçhev~st~s
~t e..n pa tic~lièr des ch~fs &lt;le la Tchéka que cet essai q'µ-ne
Jeune file d avant-guerre . Il y il li une presciençe, une intuition
des gr~~des lois historiques, 1me intelligence &lt;:les phéno).llèues
« ~mbJt10n ». et ~ révoluti~n &gt;&gt; qui atteignent au plus ~µ
l~nsme, saos Jamais cesser d :idhérer à la réalité la plus g.iiptj.~henne.
BJ!NJA14JN c~ÉMIE x

7

.

* *

ART POÉTIQUE, par Max ]flob (Emile-Paul).
1:,e 1Nr-e ouve,rt, s_a 1Jivision en phr-ases tourtes séparées 1~
~n_ei, des a:1-tres q}.ar ~e petits si.g_nes typographique;:, fait songer
a un re-cqed de max.1mes; mai-s c'~st un livre de critiq1'le. Les
~rts poétiques, celuj de Boilea~ comn~e celui de Ja~qu.es Pdle,t1~r du _Man~, t,0nt, à propremeot p.arle;,, des .suites de c0;1,1s~ils
necessaues a créer une beUe œuvre; .celui de Max Jacob est
pl~tôt une critique du b.e:iµ, Ce qu;i r,end son Art poétique
u,~1que et-nouv~au, c'est le moy.eu qu'il y .ernpJeie pour tenter
d imposer -ses idée,s au Jecteur ~ 4 ps.ych&lt;&gt;logie. Plus de beau
-absolu, défini .d'ahoxd, p,arta,nt plus de procédés susceptibles de
Je .créer ; ma1-s &lt;les remarques psyie:hologiques, s~vent u;ès
D.IIBs, &lt;lont l.aute.u.r tire --des ,qmséq-uences. Les s.ous--titr.es :
Art poétiq,ue, P_pé&amp;,i,e Al-o.àwne, fHamlétisme, Fréquen-tation
d~ grands homm.es, Art cbr-értien, ,5ont assez ar_oitraii;es.
J'eus_se préfér~ :. Psychologje d~ l'.ârtiste et :Psyc.l).ologie ,Çiµ
&amp;emi11Uent ~r.tlst1que, cette seconde partie séparée eu deux
chapitres : l'Art moderne et l'Art chrétien. La psychologie de

�228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'artiste, écrite seulement pour aider à celle du sentiment artis-tique, est peu poussée ; mais les notes sur l' Art moderne constituent la meilleure justification du mouvement littéraire dit
« cubisme» que l'on ait écrite jusqu'ici. Plus étendue et moins
versonnelle que celle de Pierre Reverdy, plus exacte que celle
de M. Epstein, elle me semble susceptible de refidre sensible à
un lecteur non prévenu le charme que M. Max Jacob appelle
la poésie moderne ; et son apologie du Cornet à Dés est excellente.
Mais Max Jacob use d'arguments pipés dès qu'il nous parle
de l'art chrétien. « L'art chrétien, dit-il, réprouve la passion. »
Cela n'est pas très exact. L'art chrétien réprouve les pâssions
humaines, et non la passion; car il la sollicite lorsqu'efle n'a
pas d'autre objet que Dieu. Ce n'est pas la passion même qu'il
réprouve, mais bien l'indignité des objets sur lesquels elle
s'exerce d'ordinaire; et comme, jusqu'au xvn• siècle, l'art chrétien fut seulement un art religieux, il fut passionné. « Le
xvrr• siècle littéraire, dit-il encore, est entièrement chrétien
même quand il est athée: la force, le renoncement, l'obéissan-ce, l'ordre, l'humilité, la pauvreté d'esprit, la sobriété, la
chasteté, le respect sont à la fois les vertus esthétiques et les
vertus chrétiennes &gt;&gt; et cc On entend par art chrétien l'art de la
tenue ». Max Jacob veut donc que l'art chrétien ne soit pas
l'art créé par l'artiste chrétien, mais un art possédant certaines
qualités définies. Il est pourtant regrettable de constater
qu'aucun chrétien ne s'est exprimé par cet art hors de la tradition latine (Ruysbroek, Ekkehardt, l'auteur anonyme du
Muspilli, Thérèse d'Avila, Jean de la Croix, Catherine Em1:-1e•
rich, etc.); que les deux mouvements par lesquels ces qualités
se sont le mieux exprimées - dans l'ordre plastique, il est
vrai - l'époque grecque qui commence par les archaïques et se
termine à Phidias, et la première Renaissance italienne, sont
l'un strictement païen, l'iutre déterminé par les Albigeois
hérétiques ; et que, si nous accéptons la proposition que nous
fait Max Jacob, et qui lui est évidemment chère, nous ne
pouvons considérer Dante comme un artiste chrétien, alors que
nous pouvons le faire d'André Chénier.
ANDRÉ MALRAUX

*

* *

NOTES

229

LE ROMAN

LES AMORANDES., par Julien Benda (Emile-Paul).
M. Julien Benda a la passion de comprendre. Mais au contact
direct de la vie brute il a d'abord préféré les constructions intellectuelles des hommes. Il semble se défier de ses propres sens.
Il aime mieux évaluer, classer que percevoir. Il fait jouer son
-es-prit sur les apports des autres. On trouve en lui du bibliothé-caire ou du collectionneur. Son esprit a besoin d'impulsions
étrangères. Et ces souffles gui le font mouvoir, ils ne viennent
pas de la terre, -mais des philosophes ou des poètes.
Il est vif, souple, pénétrant. Il nou-s étonne toujours par_son
ingéniosité, par sa finesse et par sa prétision. Il nous apporte
un plaisir délicat. Mais ce plaisir est-il complet? Tant d'efforts
sur une matière déjà élaborée nous déçoivent parfois. Devant
certaines de ces pages nc,us éprouvons ce divertissement sans joie
profonde que donne, malgré la plus brillante perfection, l'inutile travail d'un trapéziste.
Le philosophe constructeur part des multiples sources réelles,
c'est-à-dire du particulier et, condensant les infimes images que
tant de sources lui apportent, il forme lentement un faisceau,
une notion large, générale, une idée. M. Julien Benda travaille
sur ces faisceaux déjà formés ; il raisonne sur ces matériaux déjà
polis par la raison. Et parfois il devient subtil.
La subtilité est le défaut principal de M. Benda lorsqu'il veut
-être philosophe. Mais philosophe, il ne veut pas toujours l'être.
Cet amant des systèmes aime aussi la vie et, si ce n'est la vie
brutale, au moins le reflet que les poètes lui apportent. Goût
du raisonnement et goût des richesses sensuelles du monde,
entrevues à travers le voile des poètes, c'est le caractère double
de cet esprit. Rencontre délicate, qui n'arrive pas à être une
alliance harmonieuse..et qui, parfoîs, fait vaciller M. fü:nda.
Dans la philosophie il se sent insatisfait, il évoque la vie. En
face de la vie, trouble analogue. Et il fait appel au raisonnement.
M. Benda, qui si longtemps s'est nourri de livres, qui semble
,n'avoir vécu que par l'esprit, sent bien quelle sécheresse en
résulte. Ses efforts vers la vie restent d'abord timides. Il met sa
pensée en dialogues, il dramatise ses exposés. Il s'enhardit

�23-0

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ensuite. Il écrit des histoires imaginaires : l'Ordination, les
Amorandes aujourd'hui. Faut-il dire des romans ? Livres
étranges, de son particulier, èt qui portent toufe l'in~ertitude de
M. Benda.
·
La couleur générale, les foimea ,surannée§ de la phra~e, je ne
1,ais quoj d.e noble, de- m.élanco1ique, de plaintif, presque de
troubado1,1r, évoquent le premier Empire, Constant çc,riv ant
Adolphe, Chateaubriand écrivant René. (Claateaubdand _très
apaisé). Le parfum très doux, un-peu, passé-de DominiqueJl.otte
aussi sur. ces Amorande.s. C'est un livre: reci1-eil.lj et qui. ressuscite
les musiques de jadis. M. Benda, ql'l'On a_ pl'is sou:vent cQmme
champion du classicisme, n'est peut~être qu'un ~prit sensible
aux. charmes du passé. La beaut~ dassique, qu."il aime tant, lui
·a été lentement révélée par les livres. La cadence de son livre
est d'un amant d'hier .
I,.e. sµj.ei: est le. plu$ simpl1::, le plus grand de la poésie : un
homme aim.e- une femme ;, ),?ordre i;ocial l'arrache à elle.
M. Be.nda reprend ainsi le drame d'Enée abat;idonnant Digon,
de Titus laissant Bérénice. Elevé à l'école: classiqcue, il dédaigne
!;invention du sujet. Le thème choi-si -est assez général pour
qu'un c.hef-d' œuv:i:.e naisse. Mais .général et banal sont presque
syno.nyw.es. Et si le ~hêm~ .n~est pa~ reforgé par une flamme
neuve, _c'es~ un roman d'Henry B9rd'ea1J.x qui peut surgir._
Ici, M. Benda hésite .. La -tla-rome neuYe est-elle en lui ? ~t-il
l'ingénuité &lt;te cœur nécessaire, la 'SÎmp}e :ipontanéité d'où _sorten? les accents pro.fonds ? Raclrte reprenait &lt;l'es thèmés étfi!r~
nels ; après Euripide _il .s~atta.~hait ~ PhMre, mais lorsque
8.3çipe d~llcendait ell hü-même, lor~qu'il sentait son cœur, il
percevait dts élan~ iuconnus. M. B~11da. craint $:li:115 doute de ne
pas, trouver ces élans et, cle même que' ·sur ks idées de$ pbilo-sopbes il subtüisè, il réduit
suiet, le particularise, il
essaie, de t émplacer la, profondeur par l' étr;uigeté du sentiment.
L'horor.oe, qui d.evait êtt.e le.centre de cette œuvre, perd sa
\Ci,,dlité. Il n'est·_pas le tnâle passionné, qu'1.}ne femme retient p-.i.r
des correspondances intimes. C'est un· enfant blond, &lt;( un
éphèbe- ble_ssé _n, orphehn dès l'enfance, et. qui trouve dans une
vieille maitresse la mère qü'il a perdue trop tôt. Le ,thème est
g-onc ressetré, particulari:s.é, _ C'est l'étude d' un cas réel,. mais
~c;eptionnel : l':homl!1e::enfant ~~t la maitresstt,-mère. Thème-

NOTES

231

déjà traité, mais loin encore d'être épuisé, malgré Maman
Colibri et l'admirable Adieu que Mmie de Noailles •vient de
publier.
Mais M. Benda es.t bien mal préparé à l'étude d'ùn. cas. Son
goùt du particuli-ecr reste toujours fugitif, simple réaction contre
sa passion du raisonnement. Dès qu'il sent la voie s'étrécir, il
recule, il revient à son thème premier. L'amante-mère se transforme en éternelh Hélène., la jeune épouse en éternelle Velléda.
Quant à l'éphèbe blessé~ il redevient l'homme. Jusqu'au bout du
livre, M. Benda h.ésite entre les deux formes de son thème.
L'œuvre, à mi-chemin entre deux conceptions, n'est ni vivante,
ni claire. Elle -n'hallucine pas l'imagination, elle laü.se insatisfaite la raison.
Dans ce livre que l'auteur de Belphigar a écrit, on cherche
l'ordre en vain. Des scènes empruntées à la vie quotidienne se
mêlent à des exp·osés philosophiques coupés de citations de
Spencer ou de D'Annunzio. M. _Benda croit peut-être gra~dir
son œuvre en y mettant des épigraphes poétiques, en comparant ses personnages à. Brünehild ou à Wolfram. S'il croyait
profondément à Etienne ou à Geneviève, .il . oublierait sans
doute de.vaut eux les plus .beaux vers des pgètes antiques ou les
Walkyrie-s d'opéra,
r ,
•,
Pour le style, il semble..d'abord purement intellectuel, car il ·
est articulé vigoureusement cmnme celui d'un philosophe•.
Pourtant il laisse des incertitudes~ parfois il s.e contourne,
M. Benda voudrait-il être obscur pour se croire profond? Dans
sa phrase même on le tetrou-ve, inémédiablement hésita.rit. S'il
commence d'exprimer une id:ée, -il appelle a~s.sitôt une im:i.ge,
image usée, sans-vale.ur ,sensuelle, qui se p-la4ue.artificiellemeJ1tà
l'idée,, la fait miroiter-, mais ne l'éclaire pas..

~on

PAU~RIV.AL

L'HOMME TRAQUÉ, par Francis . Carco (Albin Micbel.
Grand Prix

du R~man 1922).

-

,

M. Francis ~co a débuté dans les lettres par des plaquettes
de vers. Si _ce n'est pa toujours_une garantie, c'est souvent un
indice favorable. On "3ime à pens.er. d'un écrivain qu'il a d'abord
écrit pour son, plaisir, puis qu'il a pris plaisir à s.09- ru.étier.

�:232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ai.nsi de M. Francis Carco. On lui a fait grief de son goût
pour un certain ordre de sujets et de personnages. On a feint
,quelquefois d'y voir .u ne volonté préméditée d'acquérir une
manière, d'êtr.e •le romancier spécial qui i:npose son nom au
p ublic grâce à sa spécialité. Cétait méconnaitre la nature vraie
&lt;le l 1émot10n qui commande l'œuvre de- l'auteur de Jésus la.

Caille.
Les êtres qu'il s'est plu à ,fair'e vivre sont ceux que le
hasard de sa propre vie a mis en présence de son adolescence
-clairvoyante et précoce, qu'il a regardés vivre, qu'il a pénétrés.
Pour M. Carco la dé'couverte du cœur humain est attachée au
:souveni~ d'un visage de prostituée. ~ Le cœur humain de qui, le
~ur humain de quoi », interroge ironiquement le poète roman.:
-tique. Et de fait il est vrai que la hiérarchie des sentiments ne
~uit point celle des classes, ni leut: qualité cellé, des mœurs..
Ou l'outrance romantique apparn:-î"t dest lorsque cette constatation -dédanche l'exaltation, .ta. .revolte où le parti-pris intellectuel. Je vois que l'Homnw traqué est dédié à M. Paul
.Bourget, qui ,ne fait pas mystère de l'estime en laquelle il tient
le talent de Fran'cis Carco. L'un et l'autre de .ces romanciers
-3,uront longtemps pl:rcé les héros de leurs récits dans un milieu
,particulier, considéré comme favorable à l'obseryation et à la
pèintm:e des passions. Entendéz p·at il¼::qù'aucun d'eux _n'a pré1endu être le romancier du oc .monde n ou de la« pègre· &gt;l, pas
plus que Racine ne voulut se f:drè le peintre de l'amour chez
les rois et .les princesses. U:n 1homme de génie qui n'aurait
jamais vu que des sauvages .écrira très bien un livre universellement et éternellement humain. Les·Dialog-ues de bêtes &lt;le:Mm• Coilette et le Livre de la Jungle de Kipling, sont tout chargés d'humanité. Car il ne s'agit gu·ère tl'ob'server, .encore, moins de
noter, ,et pas du tout de découper minutieusement des morceaux de cette éçorce qu'on noml,lle l'apparence. Le romancier
-qui ip.e touche, l'auteur gue j'aime _est ceJui _q,ui sait accorder
1es s~·ri.i iments de ses perso'nnages aux si:fos'proprès, qui éprouve
Jeurs joies et leurs peines, ou du moin ' me donne l'illusion
.qu'il a, éprouvé et vécu lui-même toutes· celles qu'il décrit.
Mais il faut prendre garde à Ia- qualite de cette sympathie, qui
-poUr 'toucher le lecteur ne doit jamais tourner à la partialité ou
.à l'esprit de système ou à la mante de prédication.

NOTES

233

Rien de pareil chez M. Francis Carco. Aussi ses livres, et
singulièrement l'Homme traqué, ont-ils un accent grave et un
peu dur : (&lt; Voilà, semble nous dire l'auteur, comme vous
seriez; comme vous pourriez devenir, si vous aviez été livrés à
vous-mêmes, à moins que vo,us ne fussiez sans cœur, sans
nerfs et sans instincts. » M. Eugène Marsan a finement marqué
le point où la psychologie de Carco rejoint la morale catholi•
q1,1e, et Fintérêt de la Tencontre.
A vrai dire l'espèce de gêne qui nous reste en quittant l'Educalion sentimentale, voire même Mm• Bovary n'est-elle pas due à ce
défaut dé sympathie profonde entre l'auteur et ses héros qu'il
nous présente comme des imbéciles et qu'il traite avec une
pitié ironique, sinon avec mépris. Il faudrait montrer aussi
comment 1a charité de Carco diffère de celle de Ch. Louis Philippe par exemple. M. Paul Souday, mi3 en défiance par la
dédicace · suspecte de l'Homme traqué~ et par ailleurs attentif
aux moindres traces d'esprit réactionnaire et clérical, a: immédiatement flairé chez CarGo. un romancier de droite en puissance et l'a exécuté en quelques lignes d'un récent feuilleton
littéraire du Temps. Du moins cette partialité prouve-t-elle
qu'il a compris. C'est Ie•prïncipal pour lui, sinon pour ses lecteurs.
Le sujet de ce ro;nan est fort simple·. Lampieur, ouvrier boulanger, a tué une vieille concierge pour la volet. Il a accompli
ce crime à l'heure ou les prostituées du quartier qui ont envie
d'un petit pain ont c_o utume de faire descendre par le soupirail
une pièce de monnaie attachée au bout d'une ficelle. Il s'en
trouve donc une qui n'ayant rien .vu remonter, êonnaît l'absence
de -Lampieur et petit la r&lt;1,pporter au crime dont les journaux ont
indiqué l'heure précise. Le tourment de Larnpieur est de découvrir la femme qui sait son secret, et de partager avec elle la trouble
appréhènsion qui dans un être grossier tient lieu de remords.
~ais c~est un fardeaû trop pesant pour leur misérable amour.
Lampieur parune impruden6e involontaire et pourtant commandée par sa conscience obscure, se livre à la police. Ce dénouement a été critiqué. (A-ce propos observons que le livre « qui
finit mal » est sur le point de passer tout à fait de mode.) On
n'en voit-pourtant pas d'autre possible. Peut-être M. Carco a-t-il
abandonné un peu vite son triste héros à son destin. C'est que

�234

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le \'rai sujet du livre était épuisé. Et c'est uhe belle invention
que ce lien de peur, de honte et d'amour, tendu par la vie -entre
deux êtres douloureux et touchants. Qu'est-ce que le roman
d'aventure, sinon cela? Mais comme dans tout roman d'aventure
le difficile est de finir, sans le secours du mystère, si favo~able
aux débuts d'un récit. Les cent premières pages de l'Homme tra-que sont extrêmement émouvantes et le reste ést encore de premier ordre. Le style est net, sobre, dépouillé et retient pourtant
tous les reflets de la vie.
Après Rien qu'une Fen-ime on ne pouvait plus craindre que
M. Carco demeurât prisonnier d'une formule. l\prè_s l'Homme
traqué on doit penser qu'il saura toujours. briser auto~u de soi
les entraves du succès.
ROGER ALLARD

•

• *

LES DON JUANES, par Marcel Priuost (Renaissance
du Livre).
M. Marcel Prévost a créé un mot : derni:..vierge. C'est sa plus
grande gloire et il a voulu recomme.ncer. Il a forgé, il a lancé
Don Juane. Le mot est mal formé ; il a un son rasta, il sent le
feuilleton. Une grande œuvre pouvait l'imposer. M.. Prévost a
écrit un gros livre.
.
.
Porter en une fèmme l'instinct de Don Juan, cette msat1sfaction du plaisir de la terre, cette-solitude qui ne peut se guérir, cette soif de trouver et d' aimet, féconder cette idée, jeter en
pleine chair cette magnifique figure, Balzac n'y imffirait pas-. Il
faudrait Shakespeare.
M. Prévost n'a pas frémi. Nous attendions une Don Juane, 1·1
nous en donne quatre : l'une allumeuse par jeu, éternellement
vierge par infirmité physique, par •impuissance, l'autre _v~eille
Lampito couronnée, entôlée par un beau danseur} ~a- _tro1s1ème
directrice de banque abandonnée par son chef de titres, la qu:1trième.,. La quatrième séduit un jeune homme, mais je ne veux
pas dire par quel moyen de mélodrame M. Prévost dénoue cet
amour.
Où est Don Juan d'ans G.es quatre vieilles lâ.ehées ? M. Prévost avait besoin d'un titre.
M. Prévost-évolue. Il perd ses qualités pr~mîères, celles qui
lui avaient donné tant de Madame Bovàry;s et-de petires fillés

NOTES

2 35

curieuses. M. Prévost avait des qualités ; on ne prend pas la.
foule avec rien. Les Georges Ohneteux-mêmes apportent quelque chose. M. Benoît a sa solide construction dont on commence seulement à sentir la monotonie, M. Bordeaux. a un bel
équilibre de médiocrité, une santé parfaite, M. Bazin a de la
_douceur, une allure paisible et de beaux sentiments. M. Prévost
vaut mieux que ses trois concurrents et il a réussi quelques lettres de femmeS:. Sa fluidité intarissable, dans un billet de
femme devient presque gracieuse. Il a surtout ce go1it de la rare
et de la difficulté physiologique qui est son apport particulier
dans la littérature frartçaise et qui chatouillera toujours les sens.
ignorants ou insatisfaits. Il a l'art de jeter des voiles sur ces
petites polissonneries, d'aguicher ainsi la curiosité en l'énervant d'un parfum de sacristie jésuite, d·e confessionnal élégant.
Malheureusement pour les Don Juanes, on ne fait pas un
roman avec si peu de chose. Les lectrices de M. Prévost frissonneront au éhapitre ou l'impuissante vient consulter le gynécologue, s'évanouit dès qu'on veut le toucher. Mais ce n'est
q.u'un chapitre. Le livre a 400 pages.
Sur la bande l'éditeur annonce qu'avant le tirage 100.000 exemplaires étaient commandés. Ve~dre ce livre avant qu'on le
connüt, c"était bien le meilleur parti.
PAUL RNAL

LUCIENNE, par Jules Romains (Editions de laNouvelle
Revue Française).
J'avais refermé. ce beau livre de Lucienne, où Jules Romains
nous fait part d'une figure inédite de l'amour, et relevais vers.
les choses un regard interrogateur: elles m'ont fait l'une de ces
réponses fugitives, mais profondes, que l'on en reçoit parfois
au sortir des régions de l'art. (L'œuvre en effet, tandis que vous
vous occupez d'elle, s'occupe de vous: elle dopne subrepticement le mot au monde). Ce que ;'aperçus alors de l'univers
- ce morceau 'd'univers que fait le coin d'une chambre n'avait pas de forme verbale. C'était une pure idée, l'idée la.
p-lus limpide, ta plus iucide, de là transparence et des puissances
de chaque oh.jet. Les murs solidement joints et bien d'équerre,
les vouloirs des passants de la rue visibles au travers d'eux,

�LA NOUVELLE RE.VUE FRA.."IÇAISE

les livres marqués de jugements aussi évidents que leurs
reliures.
Cette qualité de certitude, vous la connaissez. Vous l'avez
ressentie chaque fois qu'une œuvre irréprochable venait de
vous instruire, de son stîr et léger langage, à la fois articulé
et ailé. Et je serais surpris, lecteur, ou, plutôt, lectrice ( car le
destin de ces confidences féminines sera sans doute d'être
d'abord écoutées par des femmes: ce sont elles qui feront le
succès de Lucienne), je serai surpris si, quand vous aurez pris
connaissance des progrès mystérieux de l'action, de ces passions
subtiles, réticentes et évasives, de ces douleurs et de ces douceurs
qui se fondent les unes dans les autres, de tous ces éléments
troubles et secrets, dont Romains a établi la décantation avec
tant de respect et d'adresse, si ce qui vous restait enfin n'était
point une idée de clarté et, en quelque sorte, d'explication
dûment acquise.
L'intrigue du roman? Elle se devait d'être bien simple.
Lucienne, qui nous conte sa vie, esl une jeune fille que des
événements de famille ont obligée à quitter Paris. Elle donne
des leçons de piano dans une ville de province: son amie
Marie Lemiez, professeur au lycée, l'a fait connaître à la famille
Barbelenet. Elle y aura pour élèves Marthe et Cécile. Arrh·e
l'homme: Pierre Febvre, commissaire de marine, venu se
reposer dans une ville d'eaux voisine. Tour à tour chacune des
deux élèves de Lucienne le croit épris d'elle-même et s'éprend
de lui: mais ...
Mais vous lirez cette histoire. Vous assisterez à cette vie
solitaire et profonde d'une âme que le dénuement a jeté dans
une « sombre joie :o ; à cette émouvante marche, la nuit, au&lt;lelà du fleuve des rails, vers l'étrange maison Barbelenet ; à ce
prophétique et fulgurant passage du rapide qui ouvre les 1:,;énements ; aux pompes bourgeoises et aux mystères des Barbelenet: repas au goût intense et recuit, importance, maladies et
verrue de Madame Barbelenet, rivalité des deux sœurs. Vous
connaîtrez et vous n'oublierez plus ni ces visages de Marthe
et Cécile dessinés, à la façon des sculpteurs, d'un trait simple et
total, ni cette leçon de piano qui vous arrivera comme l'un des
événements de votre vie, ni ces amitiés passionnées où, sans
Jonner dans le banal écueil des jeux suspects, l'auteur est allé

NOTES

2 37

si loin dans la chair et dans l'âme, ni ces gaillardes confidences
de Pierre Febvre, le marin, ni nulle de ces révélations successives
que sont pour Lucienne la prescience, le désir, la terreur et la
gloire de l'amour.
L'amour? Il domine et pénètre tout le livre. L'amour: le plus
usé, le plus rebattu des sujets : mais n'y reste-t-il pas à jamais
des régions à découvrir ? De même que la « cristallisation »
en donna jadis une interprétation qui fut si nouvelle, il semble
bien que cette secrète marche suivie par la passion dans le cœur
de Lucienne, nous montre des foulées que nous ne connaissions
pas. Ces détours nous initient à des rites singuliers. Il semble
que nous assistions à l'invasion d'une personne humaine, à
la prise de possession de celle-ci par une divine personne qui
lui impose son caractère à soi, ses exigences, ses habitudes, son
égoïsme. Mais je manque encore du recul nécessaire pour connaitre toutes les idées que l'on peut tirer des données fécondes
d'un tel livre.
Ce n'est point à dire que cet ouvrage, si fourni de dessous.
qu'il soit, présente la moindre obscurité. Romains, au contraire, a su y répandre la plus extraordinaire évidence. N'importe
quel lecteur de ciné-roman peut assister, sans être arrêté nulle
part, à ces délicates évocations de sentiments ou d'idées, à ces
nuances irisées qui s'emparent tour à tour de l'univers, à ces
méditations dont les plans se superposent avec la même sécurité que s'il s'agissait de la charpente des plus grossiers événements. La réussite de « métier :o est étonnante: et ce n'est point
assez que de parler de clarté, le style, bref mais point brisé, ne
se bor ne pas à préciser les évt':nements intimes, il sait encore
en garder le frémissement vivant, la poésie. Et j'en reviens à
cette impression de certitude que je signalais tout à l'heure :
l'explication que reçoit ici le lecteur n'est point affaire de mots,
il est introduit dans le déplissement et le développement même
des forces.
Or ce livre de Romains n'e~t pas seulement une œuvre qui,
en soi, s'impose à l'attention: il apporte à di.ers égards certaines indications précieuses.
D'abord parce qu'il marque un nouvel élargissement dans
la manière de l'auteur de la Vie Unanime. Le jeune poète de jadis
qui, dès ses débuts, nous a proposé une si puissante idée du.

�LA NOUVELLE REVUE FltAN-ÇAISE

mon8emoderne et des groupes humains, nous avait déjà signi1ié avec les Copains. - cet ample épanchement de là joie de vivre
- avec Mort de Quelqu'un - cette profonde étude de la suprême
destinée des hommes - avec Europe, avec Cromedtyrt-le--VieiJ,
:sa volonté-de ne point s'en tenir à ses premières conquêtes. Il
,est ttop d'artistes dont la marche est en quelque sorte linéaire:
ils ne peuvent entrer dans une idée sans en quitter _une autre~
et, s'ils vous présentent tel ou tel mérite~ c'est parce -qu'ils
·viennent de renoncer à telle ou teUc vertu. Les étapes, chez
Romains, se.font de façon toute différente, par adjonctions successives, Sam rien céder de-s lieux rudes et hauts- ou- il s'est
établi d'abord, il s'.agrandit peu à. peu, comme .par rl.es péntes, et
des plaines : il s',élargi.t san~ cesse,. Cest peut-être à cette ferme
assise que son œuvre doit d'ê.tre,,regardée de loin comm.e l'un
.des repères auxquels se, reportelilt ceux .qui veulent m esurer notre
époque. L'ordonnance qui gouverne de plus en plus impérieusement cet ensemble d' ouvrages ne doit pas inquiéter : Romains
possède assez de spontanéité et de verve pour résister à ce que
.ce pouvoir-là manifeste parfois d'a.ppauvrissant - et Lucienne,
le dernier apport del'écrivain, y paraît situé àla pointe extrême,
vers l'horizon.
Si nous essar ons maintenant.de situer ce roman, nun plus
parmi les autres œuvres de son auteur, mais dans notre
littfrature actut:lie, oous soulignerons d'abord la forme narrative que Romains .a adoptée. Le «. récit », qui avait été naguère
:assez délaissé, porte volontiers d'excellents fruits dans ce coin
-d'Europe d'où nous sommes, ce généreux terroir entre Seine,
Rhône et Garonne: rappelons-nous deux fortes œuvres récentes,
Un Homt1U Heureux de Schlumberger et la DmJession de Minuii
-de Duhamel, (encore que Lucienne n'ait rien de commun avec
elle,; que .leia:it de donner parole non à l'auteur, mais au principal personnage). Cette réapparition éhe:z nous d'une forme de
roman aussi allègre et alerte npus parait mériter d'être .signalée.
D'autre part, à envisager non plus l'aspect de l'ouvrage, mais
sa teneur, que nous révèle icette dernière? Toutes les forces
valables de la littérature de notre temps se dirigent, croyonsnous, -vers ll1l art largement humain et un mode d'expression
~imple et&lt;lirect tel. qne le fut celui des classiques (que l'on me
passe ce rappel : a.gaçantpour quelques-uns, trop agréable pour

NOTES
2 39

d'autres, il est peut-être' motivé). Or si cettaines &lt;le ces for'ces '
ont pour point de départ le lyrisme, d'autres l'iptuition, il nous
.semble que, malgré la passion, le mystère même partout
empreints dans Lucienne, cette œuvre est de l'ordre de celles où
prévaut l'acuité de la conscience - où l'élément intdlectuel
est le maître. Et il no4s apparaît qu'entre celles-ci, - mais par
&amp;.es propres voies !!t à sa façon, c'est-à-dire a.veç une aisance
décisive, l'important livre de Jules Romains ,apporfe, à tels profonds problèmes que porte en soi-même chacun de nous mieux
qu'un témoignage: un modèle d'élégante solution.
'
LUC DURTA1N

LE THÉATRE
PITOEFF ET LA FONDATION A PARIS D'UN
THÉATRE DE RÉPERTOIRE ÉTRANGE~
Que des gens bien intentionnés fassent le projet de voir une
~iè~e mais qu'elle ait déjà _disparu de l'affiche lorsqu'ils
s avisent de louer des places, ils éprouvent la même sorte de
regret que s'ils arrivent trop tard dans un grand· magasin où
~'on ann~nçait des « occasions )) intéressantes. Pour un peu ils
plousenuent les dégourdis qui ont su se précipiter à temps. Il
ne leur entre pas dans l'esprit qu'une pièce n'est pas une marchandise qui peut attendrele client, mâis un être vivant qu'ils
ont laissé mourir de faim. On a vu, au Vieux-Colombier, un
public renoncer à cette attitude déplorablement passive, à cette
mortelle nonchalance et en être récompensé. Il faut qu'un
appui analogue vienne soutenir les efforts de Pitoëff.
Une sympathie très ch-aleureuse avait accueilli, l'an dernier,
les représentations de la Puissance du Ténèbres et de !'Oncle
Vania . Chacun comprenait que toute une partie du théâtre
étranger ne peut nous être rendue accessible que par des étrangers. Quelque intelligente et bien doc11mentée que soit une
interprétation française, il lui manque ·un je ne sais quoi, certaines intonations, une certaine allure, un certain relent qui,
mieux qu'aucun commentaire, révèlent le sens d'une ~uvre.
On l'a constaté pour la Puis.sance des Tenèbres qu'Antoine avait
donnée avec une force, u.ne ampleur, une süreté de moyens
aui.quelles la compagnie de ' Pitoëff ne p.ouvait prétendre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'interprétation d'Antoine avait plus de grandeur, mais on a le
sentiment que dans sa simplicité, sa bonhomie, son absence de
solennité, celle de Pitoëff restait plus fidèle à la, Russie. De
même pour l'Oncle Vania. Malgré une distribution qui Ôésaxait
la pièce en faisant passer au secon'd plan le personnage principal, on respirait l'atmosphère même·de 'Tchekh.of. Et l'on se
réjouissait à la pensée que nous aùrions enfin à Paris ce théâtre
européen qui nous manque et qui pourrait être un vivafit lien
avec les pays du nord et de l'est, les seuls auprès desquels,
depuis cinquante ans, notre art dramatique aurait pu trouver à
s'enrichir.
Le principal atout de Pitoëff, c'est sa connaissance, son sens
de ce théâtre-là. Il n'y est gêné ni par des préjugés à vaincre
ni par un zèle indiscn;t de néophyte . Il y est chez. lui; il peut
s'y laisser aller à sa fantaisie, à son invention de_metteur en
scène. Ayant débuté, comme le Vieux-Colombier, dans des
conditions quî le for.çaient à monter un grand nombre de spectacies à peu de frais, il a_ gardé uhe sorte de désinvolture charmante en ce qui concerne décors et costumes, et la nécessité lui
a fait acquérir une ingéniosité qui lui permet d'aborder, sâns
en être écrasé, un programme abondant et divers. La composition de sa troupe, où l'accent russe alterne avec l'accent vaudois, lui interdit une certaine"perfection que l'on est en droit
d'exiger lorsqu'il s'agit d'une pièce de chez i;ious ou d'un
spectacle qui vaut surtout par une forme raffinée. On a pu le
constater pour la Salomé de Wilde qui n'est plus qu'une fantasmagorie prétentieuse et démodée sitôt que le luxe et le
renchérissement de l'artifice ne lui prêtent plus d'éclat. C'était
pitié de voir Mme Ludmila Pitoëff, dont le grand talent est tout
émotion et probité, essayer de donner de la vraisemblance aux
insupportables :fioritures du dialogue et c-ueillir avec tant
d'honnêteté ces fleurs vénéneuses. L'inconvénient n'est plus
aussi sensibie dès que les qualités de l'œuvre sont profondes.
Assurément une meilleure diction contribuerait à faire valoir
les beautés d'une pièce de Shakespeare, et la traduction si
ferme, si bien sonnante que M. Guy de Pourtalès a donnée de
Mesure pour Mesure eüt prêté à une mise··au point plus serrée.
Mais l'intérêt de l'œuvre est si grand et l'on est si t~connaissant à une troupe de nous donner une telle comédie sans.

NOTES

aucun tripatouillage, qu'on ne sait comment se montrer assez
reconnaissant.
Tan_t que Pitoëff n'était à Paris qu'un hôte ·de passage, ïi
pouvait_ c~mpter, q_uelles que fussent les pièces qu'il jouât, sur
un auditoire restremt mais averti. Etabli définitivement chez
nous, il _faudra q~'il s'appuie sur u~ public plus large, partant
plus ré:1f,
qu il adapte avec d autant plus de rigueur son
répertoire a ses moyens. Il ne peut pas tout jouer, mais il est
seul à pouvoir jouer, d'une façon viv.ante et suivie, tout un
ensemble d'œuvres qu'il faut que nous connaissions. Le succès
&lt;l_e l~ M_ouette ou_ des Bas-fonds mo_ntre que la curiosité n'est pas
s1 ~1ffic1_le à éveiller. On peut détester une pièce comme Celui
qui reçoit des gifles et ne pas regretter d'avoir eu l'occasion de
juger, une fois pour toutes, la déplorable qualité du théâtre
&lt;l' An~réief; car rien n'est significatif comme l'engouement qu'à
la veille de sa décomposition 1a Russie a éprouvé pour cet
auteur._ Presque tout Je théâtre étranger (Strindberg, Gogol,
Wedekmd, etc.) reste pour nous une carrière à peu près inexploitée . A l'imposante série de pièces jouées cette saison à la
Coi11édie des Champs-Elysées, d'autres séries doivent s'ajouter.
De_ la sorte Pitoëff nous lavera quelque peu d'une ignorance
~u1 nous. couvr:e. de ridicule et, ce qui est plus important, il
travaillera à donner au public français quelques lueurs sur la
sensibilité des peuples étrangers. C'est là, pour notre bonne
conduite dans le monde, un point si capital et qui constitue
pour nous une si grave faiblesse que rien n'est négligeable de
ce qui peut contribuer ày remédier.

;t

*

JEAN SCHLUMBERGER

* *

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE CÉCILE suivis du
MARTYRE DE SAINT VALÉRIEN, par Henri Ghéon
(Société littéraire de France).
Comme il nous en avertit lui-même au commencement de la
préface, l'auteijr a pris le sujet de cette tragédie sacrée dans un
ouvrage de Dom Guéranger, bénédictin : Sainte Céâle et la
Société romaine aux deux premiers siecles. La joie, Ia douleur et la
gloire de Sainte-Cécile sont représentées comme en un tryptique « suivant l'ordre des mystères du saint Rosaire)). Nous
r6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

242

assistous d'abord aux noces de Cécile et.de Valérien selan le cite
païen, puis à la conversion de l'époux qui touché par la pureté
et la vertu dt: sa femme accepte de :renoncer à consommer.. le
mariage. Dans la deuxième partie, Valérien et son frère
Tiburce, convoqués, au tribunal du prêteur pour y répondre
d'une infraction aux édits de l'empereur contre les chrétiens,
marchent joyeusement .au devant du, martyre. Cependant
Cécile, seule avec son. aage, assiste par la,pensée aux tourments
de son époux, uo instant partagée eil.tre les « honteux- attachements de la chair et du monde l&gt; e.t l'amour divin. Enfin, c'est
la fournaise où Cécile subit y. un supp~ce sam tourment», symb.olisaot l'Eté de Dieu qui mfuit les.âmes et les purifie avant la
mort. L'auteur s'est do11c astreint à suivre exactement les Actes,
mais il a f.ait _œuvre de dramaturge en prêtant à ses personnages des sentiments ou des faiblesses ~ommuns à t?us l:5
hommes. Le confiit n'es_t pas entre la pass1on et le devoir, mais
entre la nature et la sainteté.
M. Henri Ghéon a du reste pris soin de déclarer que.les Trois
Miracles de Sainte Cécile sont d'abord une œuvre de foi, voulant marquer par là que son esthétique dilféraît fon~ièr~nt_ de
celle qui inspira par _eKemple le Marty:e de Sa~nt ~eb~tien.
Peut-être le souvenir du « mystère_» de &lt;l Annunz10 n est-il pas
demeuré tout à fait étranger sinon à la conception, du moins à
la réalisation scénique de l'œuvre de l'écrivaincatholique. Mais
il .faut 'SUftout retenir l'affirmation de la joie et _de la force que
ptocUJe au dramaturge« l'obéissance à un suje.tqui lui est venu
du dehors ». 11 est vrai que rien n'est plus propre qu'une telle
tontrainte favoriser le jaillissement de la sensibilité : au lieu
de se répandre au hasard de l'émotion personnelle elle suit le
lit creusé par l'histoire, assez large pour contenir le flot le plus
i~pétueux et le plus abondant. On n'a garde ~'ou~lier _que
Racine, en ses préfaces, se flatte d'observer la véntë h1stonque
et s'excuse lorsqu'il a cru devoir prendre avec elle quelques
libertés. Les chœurs de Saiute Cécile, où se œncontrent beaucoup de pensées nobles et touchantes et d'images gr.acieuses~
font penser à Esther et par la grâce volo~tairem~t un peu ~ste
de leur poésie à Monchrestien~ Des parties de dtalogue ple1?es,
d'énergie, les stances cornéliennes que.l'auteur -place volontiers
dans la bouche de ses personnages ont sou.vent une fem1eté

à

NOTES

2 43

digne de Potyeucte, de l'imitation ou de ces Entretiens solitaires
de Brébeuf qui sont une des perles de la poésie catholique.
En empruntant à des maîtres le ton le plus cnnvenable sans
au~. souci apparent d'originalité, M. Ghéon fait preuve d'une
humilité fruct_ueusej car il a ainsi réalisé une œuvre d'un tr-ès
grand charme, pleine de poésie et d'effusion, où la monotonie
est éludée a:vec beaucoup d'a:rt, et qui est très supérieure, non
seulement au Pauvre sous l'.escalier, mais encore à tout ce qu'on
a tenté ~ans le ~ême esprit, depuis bien longtemps. Ce Mot,
a-t-on d1t, des pièces pour patronages : sans doute, mais la
tragédie classique est née dans un collège. Si elle y retourne ne
serait-ce point 1~elle n'a plus de place ailleurs. A ce co~pte
~ro,ned?'re-l~Vieil, u~ des rares ouvrages dramatiques où l'on
ait senn passer un vra1 souffle lyrique, ferait l'effet d'une pièce
à l'usage d'un patronage nietzchéen,
ROGER ALLARD

LA MUSIQUE
&lt;&lt;

LE MARTYRE ·nE SAINT SÉBASTIEN

&gt;&gt;

A

L'OPÉRA.
L'Opéra vient de reprendre ·Ie Martyre de Sa:bzt Sébastien
auquel -0.nt collaboré uu musicien de génie, Claude Debussy, un
prestigieux créateur d'images verbales, Gabriel d'Annunzio, un
peintre chez lequel une imagination exubérante, mais réglée,
s'aliie à un métier infaillible, Léon Bakst. Et c'est Mme Ida
Rubinstein qui incarne, comme lors de la création, en 1911, le
personnage du saint. Jamais, peut-être, on ne vit semblable
collaboration. D'où provient donc la sensation de fatigue et
d'ennui que dégage cette vaste et complexe composition ?
Je ne crois pas que la responsabilité en incombe aux exécutants. Que la réalisation n'ait pas été à la hauteur des intentions
du musicien et du poète, que ces intentions aient même été
complètement trahies - cela n'est pas douteux: il faut avouer
que rarement nous eô.mes à !'Opéra spectacle plus déplorable,
et puisqu'il s'.agit d'.un artiste tel que Debussy, le mot «crime»
pourrait .Atre sans exagération .aucune appliqué à la réalisation
de-la partie musicale de l'œuvre.. Je n'insiste pas sur la mutilation subie par le texte et la musique du fait de la suppression

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-d'une scène entière, celle de la Chambre Magique : la longueur
du .spectacle pouvait jusqu' à un certain point expliquer, sinon
,excuser cette coupure ; mais l'orchestre et les chœurs surtout
produisirent la plus pénible impression: intonation défectueuse,,
rythme vacillaot, sonorité compacte et grossière, tout se tenait
.si mat qu'à certains instants on pouvait cr_aindre la catastrophe•
li est vrai que M'. Defosse, qui conduisait l'orchestre, avait
:remplacé au pièd levé M. Caplet lequel, au dernier moment,
s'était récusé et avait refusé de prendre part à l' « exécution ))
-du saint. Mais ces histoires de coulisse ne nous concernent pas :
.J 'auditeur n'a pas à se préoccuper des dessous du spectacle,
Mme Rubinstein-Saint Sébastien mise à part, la réalisation
des personnages fut franchement mauvaise (Mme Suzanne
Desprès : la Mère; MM. Desjardin : César; Krauss : le Préfet):
gestes qui prétendaient être nobles et majestueux,. mais qui
,n'étaient que grotesquement compassés, récitation ampoulée,
parfaitement conforme d'ailleurs aux plus anciennes, mais aux
plus mauvaises traditions de !'École, hurlements déchirants,
soi-disant passionnés, mais d'une fausseté à faire grincer des
,dents. Rien de cette naïveté quelque peu précieuse à laquelle
tendait certainement d'Annunzio.
Nos seules joies furent les attitudes admirables de Mme Ru;binstein, son corps ten du, tel un arc, ses gestes sobres et
,harmonieux. Sa voix, lorsqu'elle ne la force pas, .est une divine
musique aux inflexions quelque peu monotones,. mais puissarn·ment expressives dans leur chaude pureté.
Je me représente chacun des principaux rôles tenus par des
.artistes du style de Mme Ida Rubinstein et qui -auraient trouvé la
note juste, _iussi éloi gnée d'un naturalisme déplacé que d'une
emphase fatigante. Cela n'aurait pourtant pas suffi à me faire
;accepter Saint Sébastien.
Jamais œuv.te ne voulut plus sciemment, plus exclusivement
.-être belle : tout y est subordonné à un certain idéal purement
•esthétique. On a la sensation très nette que les auteurs, et particulièrement le poète et le décorateur n'ont pas perdu de vue
un seul instant le plaisir esthétique du spectateur : ils n'ont eu
-d'autre but que de créer une impression de beauté. L'émotion
religieuse, mystique est ici la matière de l'œuvre ; la forme est
Jusqu'à un certain point déterminée par les mystères du Moyen-

1

!.

Age : dans ce cadre, avec cette matière, d'Annunzio veut uniquement « faire beau », conformément à une certaine formule
de beauté harmonieuse, faussement naïve et précieuse. Le
peintre le soutient dans son effort : en Bakst, d'Annunzio trouve·
le décorateur idéal ; mais c'est grâce à lui justement que le vicede l'œuvre apparaît. Sans doute la réussite est complète; pas.
u~e fausse note. dans cette symphonie de couleurs et de lignes.
S 11 y a des d1ssonnances, elles sont voulues, et l'artiste les.
résoud_ immédiatement avec une habileté prodigieuse. C'est'
splendide, comme sont splendides certains vers de d'Annunzio ..
Mais jamais je n'ai mieux senti le vide affreux de la seule
manière, du seul savoir-faire, de la virtuosité pure. indifférente
à ce qu'elle traite. Vers la fin de ce spectacle de beauté, on n'a
plus qu'un désir : briser ce cadre magnifique, voir transparaître
u~ seul sentiment humain, saisir un mot, une forme qui ne
sment pas conditionnés exclusivement par des considérations
de style, d'élégance, de go-ût, par le désir surtout de satisfaire
les aspirations d'un certain public.
Si le Martyre ne durait qu'une heure, ce serait acceptable,
mais il est pénible de respirer cinq heures durant cette atmosphère de paradis artificiel au goût parisien de 1911.
la musique de Debussy a suscité de,s enthousiasmes que,
malgré tout mon bon vouloir, je ne parviens pas à partager : il
y a certainement en elle tout autre chose que de la pure virtuosité, du parfait métier et les formules d'une esthétique déjà
périmée. Le monde des sensations et des sentiments mystiques
fut autre chose pour le compositeur que matière à jolies combinaisons, et, si -l'on confronte la transparente musique de .
Debussy avec les chatoiements d'un Bakst, d'un d'Annu,nzio,.
on reste confondu de la pauvreté de ces formes, de ce texte.
Mais le musicien s'est aussi laissé subjuguer jusqu'à un certain
point par une formule conventionnelle de beauté mystique qui
implique l'immobilité, la simplicité et une certaine mon_o tonie
dans la noblesse, formule qui fut déjà désastreuse pour le Par-•
sifal de Wagner. En écoutant Saint Sébastien, ma pensée se,
reportait invinciblementà Pelléas ou l'artiste suivait sa propre loi.
sans songer à faire beau,. sans penser à faire plaisir aux autres _
Il semble que, quelle. que soit sa conception de la beauté,
l'artiste ne doive jamais tâcher de l'atteindre directement : il

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cherche la vérité, l'"e~pression, le grotesque, le- tragique et
atteint i11clirectement, par ricochet, à une certaine fomie de
beauté. En poursuivant sciemment le beau, rien que le beau,
on atteint le joli. Le Martyre. de Saint Sibastien- rr'est q·ue joli ;
mais, vu les proportions de l'œuvre, ce joli a quélque chose de
monstrueux.
BORIS DE SCHLŒZEB

CORRESPONDANCE
I . PROUST ET EINSTEIN

Nous avons reçu la lettre suivante de M. Camille Vettard, qui rédigea avant b guerre la chronique 'des romans dans la Nouvellè Rev11e

Française:
MoN CHER RIVIÈRE,

~

Je lis aujourd'hui seulement dansia Nouvelle Revue Française
du 1•r juin l'article sur Sodome et Gomorrhe ou Marcel Proust
m~raliste, dans lequel M. Roger Allard fait allusion à la comparaison que « certains critiques » auraient faite de l'œuvre de
Proust avec celle d'Einstein ... Je ne connai:s pas ces critiques
(au pluriel), et M. Roger Allard ne les connaît, semble-t-il, que
par ouï-dire ( « il paraît, écrit-il, que certairis critiques ont
comparé l'œuvre de Proust à celle du sa:vant allemand») .. Mais
je me suis plu moi-même à ce rapprochement des noms de
Proust et d'Einstein, et, dans une dédicace à l'auteur de Swann
et des Jeunes Filles en fleurs, - qui est encore inédite mais qui
n'est pas inconnue à la Nouv~lle Revue Française, - j'ai dit
quelques mots qui peuvent faire comprendre la pensée qui m'a
dicté ce rapprochement entre lln très grand romancier psychologue et un très grand physico-matbématicien.
Vous voudrez bien me faire l'amitié de croire que, vivant,
non p-as à « 6.500 pieds au-dessus de la mer et des choses
humaines», mais à plus de 800 kilomètres de Paris, dans une
solitude presque complète, entre un couvent et des montagnes,
je suis à peu près soustrait aux influence~ de la mode. En fait
il y a trois ans que des lectures de Proust et d'Einstein - je
passais de l'un à l'autre - ont suscité. en moi une· admiration
et un enthousiasme égaux et semblables à. ceux que j'avais
éprouvés, bien des années auparavant, pour Bergson.'
M. Borel.a dit qu'Einstein cc nous a apporté une manière

CORRESPONDANCE

nouvelle de regarder le monde » et qu' « il est désormais impossible à tous ceux qui l'ont lu de penser comme ils l'auraient
fait s'ils ne l'avaient pas lu ». C'es:t exactement ce que je dirai
de_Marcel Proust. Comme cet oculiste dont il parle dans s-a Préface au livre de Morand, Tendres Stocks, Proust a fait subir à nos
yeux une opération salutaire, etun monde nouveau, bien différ~nt d~ celui auquel nous étions habitués, nous est apparu ,
smguhèremrnt attachant et « parfaitement clair ». C'est dire
que Proust, comme Einstein, a fait une œu~re géniale (il faut
ente_ndre que. sa nouveauté est variée, profuse, profonde) et si,
au heu dele rapprocher de tel peintre ou de tel musicien de
génie, je l'ai' rapproché d'un savant, c'est que j'estime qu'A la
RechercEe du Temps perdu, - et ceci n'a pas été suffisamment
mis en lumière, sauf peut-être par Jacques Boulenger - est en
même temps qu'une œuvre d'art, une œuvre de scie-nce, une de
ces œuvres. dont on peut dire, ainsi que l'a fait Merejkowski
des livres de Dostoïevski, qu'elles foot penser c&lt; à cette union
nouvelle de l'art et de la science que les plus grands artistes et
les plus grands savants ont pressentie, e-t qui n'a pas encore de
nom » (M. Merej.k.ovski signale à ce propos certaines poésies
de Gœthe et quelques· dessiM de Léonard de Vind)r Proust n'oublions pas qu'il est, comme Flaubert, fils d'1:1n médecin,
d'un clinicien réputé, le professeur Proust - a d'ailleurs parfaitement conscience de ce caractère de son œuvre, si j'en juge
par une lettre de lui publiée dans les Annales, où il déclare que
son « instrument préféré de travail est le télescope », et qu'on a
"eu tort de croire, parce qu'il disait et je », qu'il se bornait à
« s'analyser, au sens individuel et détestable du mot», alors
qu'il cherche cc à découvri! dès lois générales ». Henri Poincaré
a dit - je le rappelle puisque Proust parle de télescope - que
fastronomie nous a fait une âme capable de comprendre la
naturcr 'C'est cette âme qui m'apparaît chez un Proust comme
chez un Einstein. L'un et l'autre ont le sens, l'intuition, la
compréhension des grandes lois namrelles. (Je comparerai
encore Proust, si vous le voulez, à un hrstologiste maniant non
plus un télescope, mais un scalpel extraordinairement acéJ-é).
Maintenant, on peut fort bien ajouter, je crois, que le monde
Proustien~ où le temps joue un si grand rôle, est un monde à
quatre dimensions, çomme le monde fünsteinien de la relativité

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

restreinte, ou que Proust, comme Einstein, a tenu compte, dans
sa description du monde, de décimales jusqu'ici négligées. On
peut dire avec M. Allard que « si la notion de relativité morale
peut être déduite d'une œuvre d'imagination et de psychologie », c'est « de celle de Marcel Proust où les points de vue
sont multipliés à l'infini, où l'indépendance des sentiments à
l'égard &lt;les mœurs est rendue sensible, où les terres inconnues
de l'inconscient sont réduites à une ceinture mince comme une
ligne d'horizon. » Il est encore possible de faire un rapprochement entre cet Univers Einsteinien de la relativité généralisée
dont la courbure varie en chaque point et le monde - extérieur
ou intérieur - infiniment changeant et nuancé que nous
dépeint Marcel Proust. Enfin, ceux qui savent ce qu'Einstein
entend par « mollusque )) ou mieux « pieuvre de référence » (à
savoir, comme le dit à peu près M. Gaston Mocb, « des axes de
coordonnées qui ne sont plus des droites ni des courbes, mais
des filaments continuellement agités en tous sens et qui se
tordent comme les bras d'une pieuvre )) ) verront pe1:1t-être dans
la phrase de Proust, avec ses incidentes, ses parenthèses, ses
tirets, ses innombrables proposiùons subordonnées et ses multiples images à facettes, quelque chose d'analogue. Ce sont là
des analogies, des images - je l'entends bien ainsi - qui ne
sautént pas aux yeux de purs lettrés, mais qui s'imposent, je
crois, à ceux qui sont un peu moins anachroniques et savent,
au xx• siècle, un peu d'algèbre et de physique mathématique.
Elles ne sont pas plus ridicules et elles sont peut-être un peu
moins forcées et un peu plus inévitables que tant de comparai-'
sons sentant l'huile que nous infligent, à chaque ligne, bien
des ouvrages contemporains que jé ne serais pas embarrassé de
citer.
J'approuve tout à fait Gide lorsqu'il met Proust seul dans son
temps et lorsqu'il déclare que nul écrivain ne nous a plus enrichis. Il n'a peut-être pas tout à fait tort en ajoutant : « Lorsque
nous lisons Proust, nous commençons de percevoir brusquement du détail où ne nous apparaissait jusqu'alors qu'une
ma·sse. C'est, me direz-vous, ce qu'on appelle : un analyste.
Non : l'analyste sépare avec effort : il explique, il s'applique :
Proust sent ainsi tout naturellement. Proust est quelqu'un dont
le regard est infiniment plus subtil et plus attentif que le

CORRESPONDANCE

2 49

nôtre ... :o Non, Gide n'a pas tout à fait tort de dire cela, mais
M. Henry Bidou, dans un article récent de la Revue de Paris sur
Sodome et Gomorrhe, n'a pas tort non plus de parler de« l'a.nalyse
sans répit :o de Proust. Comment s'entendre ? U faut concevoir
chez Proust une sensibilité et une intelligence également extraordinaires qui sont, par je ne sais quel miracle, merveilleusement fondues et conciliées. Les sens de Proust ont une byperacuité prodigieuse, mais son jugement est aussi extrêmement
aiguisé. De plus, organes des sens et cerveau ont une rapidité,
une vitesse telle ( et l'on peut ajouter le cœur) qu'il n'y a plus
de durée, de solution de continuité appréciables, et que l'on ne
sait plus si c'est le cerveau qui pense et l'œil et le cœur
qui sentent ou si ce n'est pas au contraire le cerveau
qui sent et l'œil et le cœur qui pensent. Nietzsche a dit un
jour que « nos oreilles, grâce à l'exercice extraordinaire
de l'entendement, se sont faites plus intellectuelles... ;
notre musique donne maintenant la parole à des choses
qui n'avaient jadis aucune langue. Pareillement quelques
peintres ont rendu l'œil plus intellectuel... » Plus loin, Nietzsche
dira : « Plus l'œil et l'oreille deviennentsusceptibles de pensée ... »
et parlera de ces « dix mille personnes aux prétentions toujours
plus hautes, plus délicates, écouta~t de plus en plus à l'audition
d'une symphonie ce que « cela veut dire » . •. « Le parfum
d'ambre de cette signification, ajoute-t-il, se répand de plus en
plus ... » Il est évident que les sens de Proust sont extraordinairement intellectuels et susceptibles de pensée, et, de plus, de
même que Baudelaire a intellectualisé l'odorat, l'auteur de
Swann a intellectualisé, rendu susceptibles de pensée, doté·
d'un langage et d'une signification, notre corps tout entier, nos.
organes, nos viscères, notre coenesthésie et notre cryptomnésie,
nos rêves et nos sommeils (il faut bien penser de nouveau qu'il
est fils d'un médecin), nos moindres expressions, nos moindres
mouvements musculaires. Il a rendu notre corps d'une transparence éclairée de cristal, translucide notre chair la plus ténébreuse; il a illuminé nos replis les plus obscurs, comme une
rampe de gaz s'illumine dans la nuit. Il a dit lui-même du
romancier d'introspection qu'il doit « tirer hors de l'inconscient
pour le faire entrer dans le domaine de l'intelligence, mais en
tâchant de lui garder sa vie, de ne pas la muùler, de lui faire

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.subir le moins de déperdition possible, une réalité que la seule
lumière de l'intelligence suffirait à détruire, semble-t-il. »
« Pour réussir ce travail de sauvetag.e, ajoute-t-il, toutes les
forces de l'esprit et même du corps ne sont pas de trop. C'est
110 peu le même genre d'effmt prudent, docile, har:di, nécessaire
.à qnelqu'un qui, dormant encore, voudrait examiner sori sommeil avec l'intelligence, sans que cette intervention amenât le
Téveil. »
Nietzsche a très justement remarqué encore que « plus l'œil
et l'oreille deviennent susceptibles de pensée, plus ils s'approchent des limites où ïls deviennent immatériels ». C'est bien
parce qu'il a pénétré son corps tout entier de penséè que Proî.tst
apparaît comme une spiritualité pure, que tout chez lui paraît
esprit et semble lui apparaître esprit, et que son monde - le
monde qu'il nous a révélé - est un monde irisé, éthéré, volatil
-et ~obile, ou rien cc ne pèse et ne pose».
Je ne voudrais effaroucht;r personne en faisant encore allusion à propos de Proust à un autre mathématicien qu'Einstein.
(J'aurais pu faire, plus haut, allusion à un psychologue, à Maine
de Biran). M. Hadamard a dit un jour (le propos a été rapporté
-dans un article de la Grande Revue par M. Milhaud) que q; les
idées de Henri Poincaré se présentaient si natunllement qu'on
cavait peine à comprendre qu'elles n'eussent pas germé plus tôt
dans l'esprit des hommes». Ce n'est pas, je l'espère, ma faute,
si ayant lu Proust et Poincaré, je ressens à la lecture de l'un
-comme de l'autre cettèimpression de naturel. Cela vient sans
doute d'une même aisance et d'une même rapidité à pens.er.
Mais cela vient aussi,, }e crois, de ce que chez l'un comme chez
l'autre, la pensée est traduite de la.façon la plus simple, la plus
.adéquate, la plus nécessaire. M. Bergson .nrait, para:ît-il, l'habitude de conseiller à ses élèves d'habiller leur pensée sur mesure
et non à la confection. On peut dire que la phrase de Prous1
-est faite sur mesure. Il n'y a. pas dans sa pensée écrite appauvrissement, diminution, ou, pour mieux dire, trahison de la
pensée pure. L'écart entre la parole et J'image ou fidée est si
infiniment resserré, réduit à la limite, qu'il n'existe plus et
qu'on n'a pas à déplorer cr ce rapt visible que la phrase fait de
la pensée et cette déperdition que la pensée en subit » q~e
.Proust regrette tant d'avoit à signa.Ier chez Ruskin ( ce Ruskm

CORRESPONDANCE

dont l'exemple et les préceptes ont peut-être enwuragé tant de
ha1diesses géniales, tant d'audaces heureuses de Pwus.t). Qu'on
songe, au surplus, à ce qui est dit dans Swann de la Sonate de
Vinteuil, et, dans le Côté de Guermantes, du jeu de la Berma.
Qu'on relise aussi les études sur Ruskin, l'article sur Flaubert
et la Préface au livre de Morand.
J'aurais beaucoup à dire encore, si je me laissais aller, sur
l'art de Proust (sur ce qu'il a de commun, par exemple, avec
l'art de cet Elstir qui nous est présenté dans les Jeunes Filles
en fleurs), sur les découvertes psychologiques de Proust qui
s'apparentent à celles de Freud, sur les anachronismes, les
intermittences, l.a dissociation perpétuelle du.moi ( dans la durée
et en profondeur) que nous. révèlent les personnages d'A la
Reche:rche àu Temps pe.rdu, ce livre si savant et pourtant si étrangement attachant qu'on le lit' avec autant de plaisir que l'on
l'on faisait, enfant, ( comme l'a dit Jacques Boulenger) les
Trois Mousquetaires ... Mais, je n'ai déjà que trop cédé au plaisir
de parler de Proust et de livrer, au courant de la plume, des
réflexions qui n'ont qu'un rapport bien lointain avec ce rapprochement des noms d'Einstein et de Proust qui a motivé cette
lettre.
On aura vu, je pense, dans quel esprit j'ai fait ce rapprochement etj'avoue que j'estime, avec M. Allard, qu'il est assez
séduisant pour l'imagination. Dirai-je maintenant, et pour
finir, que M. Allard a peut-être tort d'écrire : « Faut-il dire que
Proust a bouleversé la psychologie, comme on dit qu'Einstein a.
fait la physique ? )&gt; Je vois d'ici M. Bouasse, le physico-mathématicien de Toulouse, bondir et fulminer à ces mots de bouleversement de la physique, car il n'y aurait bouleversement que
s'il y avait changement de méthode, et la méthode de la physique est bien fixée. Je me suis quelquefois diverti à appeler
M. Bonasse, qui est une intellîgence étonnamment claire et un
terrible confrère peu respectueux des gloires établies, un
« Stendhal de la physique "· Appelons de même M. Proust un
Einstein de la psychologie ou M. Einstein un Proust de la
physique, sans penser que la théorie de la Relativité généralisée se retrouve daos !_a Recherche du Temps perdu, ni
M. de Charlus ou les découvertes psychologiques et stylistiques
de Proust dans ]es équations covariantes d'Einstein, mais en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

nous disant que l'un et l'autre ont créé un nouveau monde.
Veuillez agréer, mon cher Rivière, l'expression de mes sentiments les plus sympathiques.
Camille VE1'IARD
P. S. - Ct::tte lettre à Jacq1.1es Rivière était déjà écrite et envoyée
depuis plusieurs jours, lorsque j'ai lu, dans la R'evue Hebdomadaire du
17 juin, les pages sur le Cousin Pons, où M. Paul Bourget définit
Balzac, en termes très heureux, un visionnaire analytique et ajoute avec
une extrême netteté : « Balzac possédait, réunies en lui par une étonnante richesse de nature, ces deux facultés contradictoires : une magie
d'évocation qui donne à ses moindres personnages la plus intense
couleur de vie et une acuité de dissection anatomique, qui, derrière
chacun de leurs gestes, chacune de leurs paroles, discerne et met à nu
les causes ... Chez Balzac, le miracle d'équilibre entre la vision et la
Science s'est accompli d'une façon si perman.ente qu'il nous est impossible de séparer en lui le peintre et le phllosophe, le poète et le critique. Ils sont fondus ensemble à une profondeur qui fai; de ses Iivres
une chose unique, etc., etc ... » J'indique, très rapidement, pour prendre
date, que je vois très bien une étude sur Proust où l'auteur d'A la
Recherche di1 TMnps perdu serait également défini un « visionnaire analytique )&gt; et rapproché à ce point de vue (et à quelques autres, tels que
celui du don de sympathie, de métempsychose, de mimétisme), de
l'auteur de la Comédie Humaine. (Il y aurait lieu de montrer à ce
propos toutes les grandes lois psychologiques que Proust a découvertes
ou merveilleusement illustrées et artistiquement exprimées : lois de
l'habitude, en particulier, de l'adaptation, lois de la mémoire, du passage de l'inconscient au conscient, de la dissociation du moi, etc.,,
etc .. .) li ne serait pas difficile de mettre en relief ce qui distingue, au
contraire, de la sensibilité d'un Balzac la sensibilité d'un Proust que je
rapprocherai de celle d'un Shelley, d'un Keats, d'un Maine de Biran, et
l'on pourrait montrer à cette occasion comment Proust a intellectualisé
son hyperimpressionnabilité somatique ... Il y aurait lieu de définir ce
style qui, tel que celui d'un Henry James, tend et réussit, (par des
phrases, pleines d'images, de finesses et de nuances, chargées de conjonctions 'et enchevêtrées de parenthèses et d'incidentes, où les impressions, les pensées et les faits sont savamment tissés ensemble et se
réfractent les uns dans les autres) à rendre la tonalité d'une âme ou
d'une atmospq.ère à différentes époques d'une même vie. Enfin on
montrerait comment la composition chez Proust est basée non sur les
lois d'un exposé didactique, discursif et, disons-le, scolaire, mais sur
lès lois de la réminiscence et de la création subconsciente.
C. V*

* *

CORRESPONDANCE

253

Il. UNE VUE OPTIMISTE SUR LA SITUATION
DE LA FRANCE
En réponse à l'article paru dans le numéro de juillet de la Nouvelle
Revue Française sur les Dangers d'une politique conséquente, M. Adolphe
Delemer nous adresse les intéressantes considérations qu'on va lire :
J'ai lu avec une satisfaction extrême le dernier article de
Rivière. Répond-il aux préoccupations de beaucoup de Fran.çais ? On serait aise de le savoir. Je crois, pour ma part, comprendre le souci qui l'a dicté. J'ai connu le même déplaisir.
Quiconque possède une cervelle active et des nerfs sensibles, qui se sent vivre et qui pense., souhaite invinciblement
que l'esprit règne sur les chose s; il l'imagine pareil au nageur
q~i pèse sur l'eau et la fend, aptè à se gouverner parmi les
forces qui l'entourent. Être, penser, agir, pour lui, ne font
qu'un. · Sa pensée va droit à la vérité, nulle entreprise n'aboutissant dans l'irréel.
Le ~ontraste entre cet appétit intellectuel et la pâture journalièrè est vraiment rude. Nous sommes abreuvés d'éloquence,
mais, pour les idées, mis à jeun, Quand donc avons-nous vu
paraître une conception forte et pleine, qu'on sentît accrochée
par de fermes racines au terreau fécond des choses? Un trait
marq)le le temps présent: on y bavarde, on y crie, comme dans
la salle d'un banquet, à l'occasion de mille détails vains; sur le
principal on se tait. La libre recherche des soins qu'il serait
urgent d'appliquer à un monde en défaillance, est en faveur
dans certains pays. Poü{t "chez nous ! Comme un chœur
hypnotisé, nous entonnons sans relàcl)e, au rythme scandé par
les politiciens, nos formules sacrées, que l'univers et que ·les
faits rèpoussent. L'étranger, qui nous écoute, se demande
quelle perte de substance cérébrale a bien pu affaiblir à ce point
!~esprit français. La guerre a-t-elle donc emporté tout ce qui,
parmi nous, vivait, pensait, agissait?
Etrange atmosphère ! Partout se respire comme une odeur
de chloroforme. Les têtes sont assoupies. Elles cèdent à une
indicible mollesse, qui fait la fortune des pipeurs. On les devine ·
individuellement remplies de préoccupation~ si étrangères à ces
affaires qui les lassent, que l'on est pris de la peur de parler.
On se sent devenir timide. · On se renferme. L'on rougirait de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

254

dire -cc que l'on pense, t;mt il y a d'inconvenance à penser! Le
peuple français fait, ~'à ses guÎdf;!s,- d'occasion, l'effet d'un
:fiévreux près duquel il faut parler bas . Et les journaux sont
comme-dés chambres de.malades.
Voiµ des symptômes f1cheux . Céderons-nous pou.rtant à
l'irtqu'iétude ?
** *
Après tout, ce peuple· rieur n'a-t-il pas adopté, · en matière
politique, l'attitude la plus S1lg'e, 1a plus conforme aussi à ses
instincts tranquilles? Ne s'en plus soucier. Est-ce une illusion?
['on se demande si jamais ces questions complexes ont rencontré de sa p·art plus .d'indifférence, "si jamais la presse, vouée à
deviner ses incHnations, €té moins chàrgée de matière, plus
floconneuse et phis y~011e. Heureux symptôme ! Cela- prou~e
que la paix commence à poindre. Réjouissons-nous. Cette
apparente insouciance témoigne du sentiment où est la France)
qu'il est des choses plus sérieuses que ces. débats· infinis. Elle
travaille ; èlle renait. Quoi d'étonnant ·si elle préfère, après
l'effort, se divertir ? Vraiment, de quelque côté qu'on les
prenne, les problèmes ·politiques n'ont rien de divertissant.
S.ait=on d'ailleurs de quelle conséquence il est pour-la destinée
nâtîonale qu'on les résolve avec ou sans bonheur. Tant d'éléments· s'interpÔse_nt, qui 'diminuent le prix · d'9n succès et
l'~nconvéhienC l:!'un) échec! Avant;iges et obstacles naturels
balancent sou\fi nt Jce qu'on s'imagine avbir gagné ou peTdu
par uné signatù're. S'il arrivait à certains de juger, cfap1:ès
l'expérience passée et pr_ésente, que les Français n'ç,nt qu'un
faible génie politique, la réponse irait de soi : i ls ont tant
d'autres privilèges. La nature leur fut si clémente qu'ils peuvent
sans risque fermer les yeux; grâce à elle, nous pouvons jouir,
en même temps que d'autres luxes, de celui du scepticisme.
C'est donc sans l'bmore d'int~ntion critique, qu:'il convient
d'examiner les faits et gestes des hommes d'esprit qui nous
gouvernent. 'Si 1'on nè veut être injùste envers aucun d'eux, il ne
faut aucunement les distinguer les uns des autres. Malgré l'apparencr;:, ils ont tous suivi depuis quelques années la même rÔ11te,
et n'ont différé que pa:r _la manière. Cette route était 'celle sur
laquelle ils croyaient qi.re la volonté nationale leur prescrivait
de se tenir, et cette docilité méritait les app1audissements qu'ils
obtinrent.

a

OORRESPONDANCE

Si, pourtant, l'on voulait apprécier, d'après la .nornie de
cette raison bizarre, qui jamais ne cesse de s'agiter en nous, et
cherche .à comprendre et distingue le mieux et le pire, les.
événements de .la politique. contemponuue, l'on serait enclin
peut-être, non pas à ce limpide optimisme, mais. au sombre
péssim~sme qui rudt-en.l'homme dès qu'irjuge. L'on n'aurait
point de peine .à discerner maintes erreurs, et plusieurs decelles-ci radicales. L'an pressentirait que Yéchec de l.a.- politique
:rançaise envers l'Allemagne était inévitable, si l'on n.e prenait
a. son égard .que. des manœuvres exclusivement _propres à surexciter sa fureur. Oa -verrait plus clairement encoce que prise
comme nous l'avons prise~ l'entente franco- anglaise n'a été
qu'un mirage, et qu'après lui avoir consacré beaucoup d'enéens, tant qu'a duré la guer.re, nous avons .fini par lui consentir
m~nt ~acrifice., et sans profit. Mais ce ne sont là que des vues
arb1tra1res, émanant de la fausse raison qui raisonne.
L'on voit trop ce qui fut perdu, trop peu ce qui fut gagné.
Il faut un effort de réflexion pour le comprendre en effet :
nous avons gagné du témps pendant lequel nos gens .ont peiné,
ont commencé de reconstruir.e ce que la guerre avait détruit, si
bien que l'attention générale se détournant de la. scène internationale, l'on espèr~ enfin qu'un momt;nt viendra, où l'on pourra
sans encombre baisser le rideau sur la comédie. Les peuples
auront eux-m~mes aplani la .difficulté que l'usage commande
aux gouvernants de faire semblant de résoudre.
Nous parlions d'erreurs; mais celles-ci, vues sous ce jour,
ne:stmt-elles pas des vérités ? Constatation consolante, constatation nécessaire-! On croyait avoir entrevu de belles chances&gt;
offertes à la politique, aux politiciens français. L'on ressentait
quelque amertume à les voir s'évanouir. L'on en souffrait dans
hl préférence que l'on gar&lt;le à son pays, et qui subsiste, si peu
plaîsantes que soient les contrefaçons d'un tel sentiment, ou
ses .excès. L'on regrettait de voir nos hommes .d'Etat se buter
par.tout, partout apparaitre comme les plus ent~tés à s'aveugler
sur le-s aspirations in,viociùfes d'un mondequi va tSe transformant toujours~ On se .demandait .si, à, la longue, nous .ne finirions point p.ar être dépordés, les peuples après tout ayant
besoin de vivre, et les sophismes que nous opposons à l'évi:
dence des causes qui paralysent leur activité impatiente, ne
pouvant tromper leur faim . Et dominé par ces vues critiques,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

surpris à la fois de la faiblesse des raisons fournies par les partisans du statu quo, obligé de reconnaître, comme un fruit se
reconnaît au goüt, leur misère intellectuelle, l'on sentait en soi
une tendance vers le blâme et le regret. Mais non ! La nature
répare _les ruines avec l'aide des plus humbles parmi les
hommes, et tout l'art politique ne consiste qu'à distraire la
pensée, comme une chanson de route, pendant qu'elle agit.
Le miracle véritable de notre politique, c'est que .l'isolement de notre pays apparaissant plus manifeste chaque
jour, la substance des réparations fondant sans cesse, de telle
sorte que l'heure semble proche, où les réparations mêmes ne
seront plus qu'un article de compte à passer par profits et
pertes, l'opinion reste inébranlable, aussi confiante dans le
gouvernement, et p.as_un frémissement ne 1a parcourt. Elle a
compris, elle ne juge plus, bref, - nous avons tous « fait la
guerre », - el1e s'en f...

,

...

LE

*

* *
S'il reste malgré tout en France, quelques esprits curieux de
méditation, voici pour eux une occasion assez rare. Tandis que
la politique s'est faite la chose la plus quotidienne, à qui le fait
de chaque jour à lui seul suffit, chose sans passé, sans avenir,
sans logique et sans lois, un jeune écrivain vient d'écrire une
histoire des trois années dernières. Et par une tendance d'esprit
devenue vraiment singulière-, en ce temps où le dadaïsme,
niant les effets et les causes, sert de symbole à la confusion
.générale, il s'est efforcé d'établir des rapprochements, de chercher des explications, d'ouvrir des perspectives, de formuler un
plan d'action. Nous ne saurions affirmer que le livre de
M. Fabre-Luce sur la Crise des Alliances, ne passera pas
inaperçu, que sa clarté et sa fermeté ne paraîtront pas des
faiblesses. Ceui-là S!! plairont pourtant à le lire, qui aiment à se
T&lt;!ndre compte des rapports réels entre lesc faits, et qui croient,
-comme l'auteur, qu'il est des questions, même politiques, que
« l'intelligence peut résoudre ». Nous sommes, lui, vous et
moi, mon cher Rivière, entièrement du même avis.
ADOLPHE. DELEMER
LB GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABll"EVILLll, -

IMPRUŒRIE F. PAILLART.

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CAR.N ET DFS ÉDITEURS

L'EFFORT CATHOLIQUE DANS LA
FRANCE D'AUJOURD'HUI

GEORGES GoYAO:

LE CARNET DES ÉDITEURS

TH.

SOPHIE

1 •

Dans une éloquente préface l'auteur oflre son livre à tous
ceux qui veulent connaître la France religieuse contemporaÎlle,
à tous ceux aussi qui n'ont pas encore compris qu'elle vaut la
peine d'être connue. Les idées qui y sont développées avaient
fait l'objet de trois conférences données par l'éminent écrivain à
la Faculté de théologie de l'Université de Strasbourg, en septembre 1921 .
M. Georges Goyau se défend de soutenir des thèses théologiques ou autres. Il se propose avant tout de tracer un tableau
aussi complet que possible des plus récentes initiatives du
catholicisme français sous le régime de la séparation. Il n'entend pas mettJt!' en balance les divers systèmes de rapport entre
les deux pouvoirs religieux et civil, et ses observations de fait
n'impliquent jamais aucune conclusion de principe sur la supériorité d'un régime de séparation. Il a voulu en définitive
apporter un témoignage de cette vitalité de l'Église catholique
qui fait, au cours des siècles, l'émerveilleltl ent des historiens les
plus profanes.
La partie la moins curieuse et la moins intéressante de cet
ouvrage n'est certes pas celle qui concerne les œuvres sociales.
Tous ceux que préoccupent à juste titre les problèmes du travail et d'une organisation nouvelle de la production sous toutes
ses formes, ne manqueront pa~ d'être étonnés de la part énorme
qu'ont prise les catholiques français à l'édification de l'économie
nouvelle. Les congrès de l'association catholique de la jemzesse fran-

çaise, les semaines sociales, l'union d'Etudes des catholiqties sociaux,
les secrétariats sociarJx, l'Action populaire : autant d'œuvres d'enseignement supérieur et de documentation dont le mécanisme
est clairement exposé et l'action mise en lumière.
Sur l'influence des sports, du scoutisme dans la vie d'une
nationi sur l'influence tonifiante d'une éducation physique bien
dirigée, le livre de M. Goyau abonde en remarques judicieuses,
Tous les catholiques, tous les Français, soucieux de voir la
nation se développer dans l'ordre et la prospérité doivent lire
ce livre où l'on montre la plus grande force morale du monde
s'attachant à former une élite capable d'apporter la collaboration la plus précieuse aux tâches multiples qui s'offrent aux
hommes d'aujourd'hui.
Editions de la Revue des Jeunes, 3, rue de Luynes, Paris.

3

LES PRINCIPES

DE LA THÉO-

1•

L'intelligence humaine a ses droits : quelle que soit la religion qui lui est présentée, il Jui faut s'enquérir d'abord des
motifs extérieurs qui peuvent justifier à ses regards l'acte de foi
qu'on lui demande ; elle s'assure en outre que l'objet même
de la foi n'est pas contradictoire avec les conditions de la pensée. De ces deux démarches, la théosophie n'autorise pas la
première. Ses preuves extrinsèques sont nulles : elles reposent
sur l'hypothèse d'une tradition occulte, c'est-à-dire qui échappe,
par définition, au contrôle de l'histoire,
« Notre unique préoccupation, écrit le Père Th. Mainage
au début de son étude, sera donc de répondre à, cette question
primordiale : la théosophie a-t-elle droit à l'existence intellectuelle ? » L'on découvrira, par la suite, qu'elle n'a point ce
droit: ses axiomes sont menteurs, sa méthode est incertaine ;
après qu'elle a expulsé par la vertu de ses principes toutes les
notions qui constituent le capital séculaire de l'intelligence et
de la morale humaine, la théoi;ophie réintroduit en fraude ces
mêmes notions et profite de leur attrait sur les âmes.
Conclusion attendue, dira-t-on. Sans doute. Cependant il
serait bien injuste, celui qui voudrait imaginer d'après sa conclusion l'ouvrage entier : de vrai les doctrines théosophiques
n'ont jamais été exposées avec plus de précision, et plus de
mesure - je dirais presque : avec plus de sympathie. Le
théosophe convaincu trouvera dans les chapitres d'exposition
qui forment la plus grande part du livre, un exposé synthétique exact et précis des doctrines d'une Annie Besant, d'une
Blavatsky. Une telle mise au point vient à son heure: la
théosophie comme son émule le spiritisme a bénéficié des
événements douloureux qui viennent de secouer Je monde.
Les âmes cherchent sur l'océan de l'incrédulité et du scepticisme
un point fixe où se rattacher. La théosophie n'est-elle qu'une
épave, est-elle la terre ferme ? II convenait que la question
fût posée. L'on ne pouvait la traiter plus honnêtement, mais
de façon plus décisive aussi, que ne fait le Père Mainage.
1.

1.

MAINAGE :

Un fort volume in-16 jésus,

]e-1111es, 3, rue de Luynes, Paris.

JO

francs. Editions de la Revue des

�4

LB CARNET DES ÉDITEURS

P.ÉLADAN :

LES DÉVOTES D'AV1GNO

propos de GosTAVE-LoUis

, avec un avant-

TAUTAJN '.

•

L',oo ne disti?gue pas encore quelle est Ja part qui demeurera
de _l œuvre_ qu à élevée Pé_ladan : œuvre trouble et confuse,
mais grandiose en son desse111, témoin trop fidNe d'une é o ue
fi~vreuse et désordonnée où il fallait forcer ·a voix p:Urq se
f~tre entendre} œu~re ég:le en noblesse aux œuvres parallèles
&lt;l un Barrès, d un Gide, d un d'Annunzio d'un Paul Ad
U
déf. t d é 1· ·
'
am. n
au . e r a isati~n pres.~ue ~nstaot lui nuit : de tempérament
e~dus1vement lynque, d imagination passionnée et amplifica~1ce,_ Péladan s'est pris pour un penseur, il s'est voulu d'abord
10tel11gent. Tel est le bovarysme qui gâte pour
nous presque
sans remède, Istar, Mélusine ou Typbouia.
Gus~ave-Louis Tautaio remarque justement que cc défaut
appara1: peud~ans les Di:votes d' AvigMn. C'est ici le récit d'une
pos~ess10n amour, conté avec tout le prestioe et l'éclat d
géme péladanien. Le roman se passe dans° la vallée
Rhône ~ù ,la nature s'humanise, « ou poudroie la Civilisation
et verdo,1e I Idéal _des races latines ,,, où l'air vibre. Dans la Provence ou le géme païen et le génie chrétien se sont succédés
sans _que le nouveau Verbe abolisse l'ancien, où Je grand Pau
sourit encore dans l'ombre de la croi victorieuse. C'est ce Pan
et cette croix qui nous apparaissent à chaque page des Divotes
dans leu: éclat et le~r v,érité, soit que Ramman, possédé, idolâtre, _boive avec délice I eau du bain de MIi• de Romani!, et se
nourrisse des miettes de sa table, soit qu'il discute avec les
prêtres de la nature de l'amour, soit que la belle Emezinde lui
don_ne à baiser son pied ou et consente à l'appeler chien. Un
géme torre_ntue~x se donue ici libre cours, jusqu'à l'aberration.
Que 1a voix baisse un peu, l'on n'entend plus qu'un délicieux
causeur, aux délicates nuances:

a:

Bou .SAGNOL. - le Blason ne défend pas de la concupiscence.
É
MEZlNDE. - Le vilain mot l
BoussAGNOL. - Pour une vilaine cl1ose !
~Ml.lJ. N. - Vilaine I Songez à ce qu'il faut pour la rempfacer pour
qu on y renonce...
'
É~œzn.o.E. - Dieu même !

JRAN DES
l.

B0NNESFEU!LLES

Un volume, aux éditions du Mo11d~ N1&gt;1J11tau 1 ...-,
. ~ B~ Ra Sp3l·1 •

LA VIE FINANCIÈRE
Le• néceaaité. du tirage de « La Nouvelle Revue FraJJ~e •
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deaeoua quinze
joma avant ton apparition, noua nom bornona à y iDaérer dea
aper~u• d'orientation géaérale. Mais notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la diapoaition de toua noa
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeur■ à
.acheter, à. vendre ou à conaerver, arbitrare• d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
~dreuer les lettre• à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondistement.

LA FINANCE

Actions ou Obligatio11s.
L'antique prestige des obligations avait déjà subi d'assez rude
atteintes avant la guerre ; l'énorme baisse qu'ont enregistrée depuis,
même celles qui jouissent de gru-anties absolues ou à peu près, a causé
une vive inquiétude parmi les innombrables petits capitalistes de ce
pays. Leur ponefeuille est, en effet, essentiellement composé de ces
v:1leurs dont on leur avait dit qu'elles étaient vraiment dorées sur
tranche. L'évolution du journal financier qui, pendant un demi-siécle,
s'en était fait le protagoniste enthousiaste et opiniâtre, nous voulons
parler du « Rentier &gt;), fondé par M. Alfred Neymark à la fin du second
Empire, est un signe des temps.
Les formules de placement de jadis, écrivait-il, sont périmées ; il
n'y a même plus, étant données les fluctuations des prix, de valeurs à
Tevenu fixe, puisque si le coupon reste fixe, il est payé non plus en
francs or, mais en francs papiers. Or, Je franc papier ne vaut actuellement que Je tiers du franc or, et l'on ne sait pas ce qu'il vaudra demain.
De plus, la brèche légére qu'y faisaient les lois fiscales s'est singuliérement élargie : c'est de 20 pour 100, et quelquefois plus, qu'elle réduit
.maintenant la somme à percevoir.
Voici certes qui n'est pas de nature à égayer les vieux jours de tant
de l'etits épargnants qui avaient placé toutes leurs économies enoi:&gt;Jigations. Mais, dira+on, des placements en actions eussent pu leur
.réserver des surprisi;:s encore plus cruelles. Et, de fait, nombre de
sociétés ont péri dans la période que nous vwons de traverser, période
si prodigieusement troublée au point de vue financier, industriel et
-commercial. Toutefois, elles restent en majorité celles qui ont survécu

�et leurs titres sont aujourd'hui, dans l'ensemble, à des cours de beaucoup supérieurs à ceux d'avant-guerre ?
De plus, et le journal le Rentier le déclarait sans ambages, les
actions . donnent maintenant plus de garanties de stabilité que les
-obligations. Que les p,rix de toutes choses augmentent, hypothèse qu'il
faut envisager, les obligataires verront décroître le pouvoir d'achat de
la somme fixe qu'ils continueront à toucher. Pour les actionnaires, des
chances sérieuses de compensation se présentent : avec des prix plus
élevés, les sociétés dont ils possèdent ·dès titres réaliseront- un chiffre
d'affaires et de bénéfices plus imporl.llnts et distribueront des divi- \
dendes·plus forts.
Ajoutons qu'après la baisse énorme -qu'elles olit enregistré~ 9-epuis
environ deux ans, les actions, même des compagnies les plus sqlides,
font à des cours si faibles qu'au fur et à mesure que la crise_s'atténuera,
elles se relèveront rapidement.

LA VIE FINANCIÈRE
Lea néceuitéa du tirage de « La Nouvelle Revue FranC;aÜe &gt;)
nous obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deesoua quinze
jours avant aon apparition, nous noua bornons à y insérer des
apercJU d'orientation générale. Maïa notre SERVICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS eat à la disposition de tous nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à ve.n dre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA BOURSE

Notre Bourse paraît retrouver un certain sentiment d'optimisme
encore un peu confus, mais qué là tendance 'plus ferme de la plupart
• des valeurs spéculatives e~prime assez bien. Au reste, les _places de
New-York _et dC: Londres .sont manifestement mieux disposées. En
tout cas, si l'on ·comprend que les milieux fü,1anders restent ici fort
réservés :JU sujet d_es !~sti.ltats à atte!_!dre pour notre J!ays de la Confé~
reJ'.!Ce de Gênes, il n'y a évi&lt;!emment _a!l_mne._ raison .B0ur que nos
grands ~itres in,dustriels ne se relèvent pas enfin après une période de .
baissE~qui dure depuis bientôt deux ans.

. PE[IT GOURRIER
225. Di;on.
Je ne vous conseille pas de' vous placer SJ;_IT les
valeurs que vous me· signalez, lesquelles sont à mo!l avis beaucoup
trop spéculatives. Vous pourrez trouver acfoellei:qent ir employer vos
&lt;:apitaux· dahS des. valeurs de tohi: '.premier ordre, ne· comportant pas
d'al

as.

.

]. B ..... - Oui, je suis à même. de vous renseigner utilement sur
tou~~s 1es valeurs çomposant votre 'portefe,qillj!. ,n'.qésitez ·.donc ·pas à
m'en âdrésser la liste, .e t, en. voûs documenta.nt
é.bacune d'elles, ir
vous indiquerai, s'il y a lieu, les arbitragès- q!,le vous auriez intérêt à
.effectuer. ·
'• ·•
•
'
.
·

;ur

René B .... - Je puis.; en effet, v.ous . procurer les renseignements
~ue vous voulez bien me demander. Veujllez me, fair-é' connaitre votre
nom et votre adresse,la place me faisant :défaur·id -pour vqus répondre utilement.
•r

LÉON V.:GNEAUf'î'

LA FINAN&lt;:;E

.

L'ôrientalion des placements.
f

L

On ne saurai~s'étonner que la vivacité avec laquelle s'étaient avancés
nombre ·de titres-de tous les compartiments de 1'l cote, ait fait assez
rapidement place à plus de calme. Les hausses enregistrées ont été à
peu près enti~rement consolidées et il faut savoir se contenter pour
l'instant de ce premier suètcès. Cependant, il est un groupe et c'est
malheureusement le plus important, qui a fait exception dans l'ensemble. L'allure maussade de nos Rentes, puisque c'est d'elles qu'il
s'agit, comme on l'a deviné, a suscité de multiples commentaires. On
comprend facilement que ceux que ne satisferont pas entièrement la
politique financière actuelle et les théories fiscales du jour leur aient
attribué l'état peu brillant de nos fonds nationaux, qui déteint naturellement sur Jes obligations garanties par l'Etat. Comme celles-ci et
ceux-là forment une ,~onne partie de notre fortune mobilière, la question est capitale.
Nous avons dit ici même ce que nous pensions des nouvelles
mesure~ d'inquisition fiscale que contient le projet de budget de r 92 3
et nous ne voulons pas y revenir, non plus que sur notre situation
financière qui appelle évidemment une politique d'économies strictes
que l'on ne cesse de préconiser sans vouloir la faire rentrer dans la
réalité. Nous devons reconnaître aussi que la nouvelle dépréciation "du
franc accompagnée de la baisse effrayante du mark ne sont point faites
pôur avantager nos Rentes et les titres qui en dépcmdent.
Mais le capitaliste qui a à gérer un portefeuille et ~ employer des
disponîbilités, qui do1t acheter et vendre des titres, ne peut s'attarder
indéfiniment dans la discussion des problèm~s du jour. Il lui faut

�prendre des décisions et parfois fort rapidement. Or, les principes sur
lesquels il se ba-?ait jadis, il se rend bien compte qu'ils ont étë balayés
par les ~vénements. Que ~ont devenues les valeurs de pète de famille,
les valeurs de tout repos qui faisaient l'ornement et la gloire des portefeuilles immuables ou presque dans une sécurité que n'arrivaient pas à
ébranler les petites crises du temps passé.
li n'est point cependant de courrier. qui ne nous apporte quelques
lettres ou se manifestent de tenaces illusions sur le sort futur de ce que
l'on appelait les valeurs dorées sur. tranche, qui sont accompagné~saujourd'hui à la cote par un nombrl' de titres énorme et qui s'accroîtra
encore presque_de semaine ·eu semaine pendant de longues anrtées.
N'est-il pas certain qu'il se trouvera toujours des ventes forcées sur ces
émissions qui vont par centaine:,, de mille, alors que les acheteurs leur
manqueront, parce qùe les disponibilité~ qui se reconstiruent sans arrêt,
vont naturellement se p-orter vers les émissions nouvelles qu'oa leur
offre sans répit ?
Fort heureusement, il est d'autres titres qui échappent à cette fatalité. Le choix parmi nos solides valeurs industrielles est-il donc si difficile ? Leur fermeté actuelle a une signification dont l'importance ne
saurait éch;ipper. Il semble bien qu'à moins d'une aggravation peu
vraisemblable de la situation politique et européenne, l'on puisse envisager pour l'automne des conditions bien meilleures pour les usi_nes.
On s'àccorde pour reconnaître que les stocks sont épuisés. Faudrait-il
croire que toutes les branches de l'activité n'ont pas de hesoins nou-_
veaux en produits ~e·toute sorte ?

Dans son numéro du 1er. Août

LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
publiera

11

LE MARIAGE
DU CIEL ET DE L'ENFER
de

WILLIAM BLAKE

PETIT COURRIER
Un Abonné embarrassé. - Malgré la peite que vous subir.ez je -vous
conseille de vendre ces titres et je suis certaj.n que vous pourriez arriver, par 1.1ne opérati-ou appropriée, à compenser votre déficit. _

ANDRE GIDE

Jean de B .. . - Oui, je suis entièrement d'aceord avec vo'tls ¼ce sujet
et j'estime que Je moment est choisi pour mettre en portefeuille dès
maintenant des valeurs industrielles 'de tout premier ordre ; donnezmoi votre adtesse et je vous documenterai uiilemem à' ce sujet.

et

la première partie de

Un Lecteur bretqn. - Ne ~raignez pa§ de me questionner au sujet des
;valeurs cQmposant votte portefeuille, jë réponds aussi r:apidement
qu'il m'est posstble et à titre absolumént gracieu:. à toutes les demandes
qui me sont ; dressées parïe~ Abohf.ré; ~et Leêteurs de la Nouvelle Revue
Française.
· •
]. C. 28 ... - Les titres dont vous m'entretenez sont bien négociables à la Bourse de Paris . Vous p~uvez donc, si vous le désirez, me
confier cette opération que je ferai eJtécuter au mieux de vos intérêts.
LÉON VIGNEAULT

.

'
1,

SILBERMANN
par.

!

~. JACQUES DE LACRETELLE

�LA VIE FINANCIERE
Lea néceHités du tirare de « La Nouvelle Revue Franc;aise »
noua oblireant à livrer à l'imprimerie le bulletin ci-deuoaa quiaze
joan avant aon apparition, now noua bornon1 à y inaérer des
aperc;aa d'orientation rénérale. Maïa notre SERVICE DE REN•
SEJGNEMENTS FINANCIERS eat à la dispoaition de toua noa
lecteur• pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conaerver, arbitrarea d'un titre contre un
autre, placement de fonda, etc.
AdreHer les lettres à M. Léon Vipeault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondiaaement.

LA FINANCE
Inqufoïi.on fiscal,.
On a mis quelque temps à s'apercevoir que le proiet de budget de 192J qui
avait été l'objet d'éloges pré~ipités pour la clarté, la sincérité que l'on y avàit
découvertes avant même qu'il fût publié, contenait de menaçantes dispositions en
ce qui concerne l'extension des moyens dont dispose actuellement le fisc pour
faire rentrer certains impôts. et notamment ceux quj frappent les valeurs.
mobilières et les successions. De sorte qu'au moment oû l'on se réjouissait de
ne pas avoir li redouter de nouvelles taxes, les mesures projetées ponr arrêter
l'évasion fiscale inspirent encore beaucoup pl us de craintes.
Nous savons tout cc qui a été dh au sujet de cette évasfon. Faut-il ajouter
que les exemples cités ne nous sont jamais apparus que comme de simples.
exceptions? Nous connaissons celui du fameux capitaliste français qui possédait au Crérut Lyonoai$ un coffre-fort dans lequel il avait entassé pour
3 millions de francs de Fonds Egyptiens non timbrés. Tous les deux ou
trois ans, il prenait a Marseille le paquebot pour l'Egypte où il encaissait ses
coupons dans une banque du Caire ; puis il revenait nanti d'un pécule dont
les profits, dissimulés au fisc avaient largement payé les frais do voyage.
Il y a un cas plus nouveau ; c'est celui du membre d'une famille ducale qui·
avait loué, dans une banque de Bruxelles, nn compartiment de coffre où il
avait entreposé toute sa fortune. Sa gène, pendant la guerre, et la néccssit~
dans laquelle il se trouva d'emprunter a certains de ses parents, ont même
défrayé la chronique d'uu d~ nos grands cercles les plus connus. Enfin, qui
ne connait pas l'exemple de l'héritier d'un millionnaire célèbre qui s'en va à
trois heures, muni d'un pouvoir, fouiller dans le coffre que l'oncle possède
dans un grand établissement de crédit, après avoir certifié au préalable que ledétenteur du coffre est bien vivant. Une demi-1\eure plus tard, le décès du
malheureux oncle est officiellement annoncé à la mairie voisine ...
Tant ceci ne nous a pas convaincus de la nécessité de créer des milliers de
fo nctionnaires nouveaux en stimulant leur zèle par l'attribution du quart des
amendes, pour mettre fin à l'ingéniosité plus ou moins scrupuleuse de quelques individualith. An reste, le ministre n'attend gnëre de l'application desdispositions nouvelles qu'nne- cinquantaine de millions de supplément. Il n'y
aura peut-être même pas là de quoi payer les fuis de la mise en application

de ces mesures qni von t singulièrement compliquer, comme on va le voir, le
métier de banquier et celui de capitaliste.
Les banquiers sont tenus d'aviser l'administration des Contributions Directes
de tous les dépôts de titres effectués à leur établissement, ainsi que de toute
ouverture de compte de dépôt, d'avances, etc. Les deposants ou titulaires de
comptes doivent adresser à l'Admi nistrat ion un avis contenant leur état civil
au grand complet , sous peine d'une amende de 1.000 à ro.ooo fran cs. Les
banquiers sont tenus de mettre leurs livres, comptes et documents à ia disposition du fisc .
Aucun coupon ne peut être payé sans une déclaration signée par le porteur
et inruqnant les noms, prénoms, domicile, etc ... du vé,itable bénéficiaire.
Enfin, les banquiers doivent adresser à !'Enregistrement dans la quinzaine
du décès de tout déposant, un relevé de titres, sommes, etc ... appartenant à cc
déposant. Les coffres-forts en location ne peuvent être ouverts, après décès d'un
locataire ou d'un cc-locataire, qu'en présence d'un agent du fis.c. Le passage
d'u,;i: exposé des motifs commentant cette disposition est, notons - le, réell ement injurienx pour les notaires.
Les amendes qui doivent s'abattre sur le redevable récalcitrant ou ses héritiers, sont, est-il besoin de l'ajouter, de nature â les faire réfléchir: Empêcheront-ils la fraude, c'est moins certain. En tout cas, après les innombrables et
véhémentes protestations formulées contre une fiscalité qui prenait, depuis
quelques années, un caractère de plus en plus inquisitorial, après les assu rances formelles prodignées au monde de l'industrie et du commerce qu'un
tel système serait abandonné on tout au moins tempéré, on croit rêver vraiment quand on examine les nouvelles mesures envisagées par le Ministre des
Finances.
Peut-être pourrait-on s'incliner si les mêmes mesures étaient déja appHquées à l'étranger. Il n'en est rien et nous signalions, il y a huit jours, la
facilité avec laquelle les çapitaux allemands n'avaient cessé de s'expatrier, au
moment même où nous devions les surveiller de prés. Amsi donc, non seulement le contribuable français sera le plus écrasé par les impôts, mais il sera
en.:ore le plus étroitement enchainé par la légisbtion fiscale . Mais il faut
encore espérer que devant les inévitables réactions quj, déjà, se font jour
con tre eu x, les projets ministériels si contraires à natte tempérament, à nos
nos habitudes et au but même qu'ils se flattent d'atteindre, devront étre
abandonnês.

PETIT COURRŒR
À. L.-Jor. - Je tiens à votre disposition les renseigncm~nts que vous avez
bien voulu me demauder. Veuillez je vous prie m'autoriser à vous les adresser
directement, la place me faisant défaut ici.

Gaston L. - Donnez-:inoi exactement le montant de vos capitaux rusponibles et je me ferai un plaisir de vous adresser une liste de bonnes valeurs
intéressantes à classer en portefeuille aux cours actuels, de même que
je pourrai vous donner tous les renseignements sur les valeurs en votre
possession.

Mademoiselle G. R. -

Aucun de vos numeros n'est sorti an dernie r

tirage.

Madame Vtu'fle iù R. .. - L'assemblée générale de cette société a en lieu
ces jours-ci. Je prends bonne note de vous faire parvenfr le compte-rendu dès
qn'il sera publié. Veuillez me donner votre adresse exacte, s. v. p.
LÉON VIGNAtlLT

�Le Haut Comnùssariat du D• Nansen (Comité international de
secours à la Russie) nous communique l'appel suivant :
ACTION DE SECOURS AUX INTELLECTUELS RUSSES

Ge11ève, (54, rue d11 Rhdne), mai 1922.
Selon les rapports reçus des délégués en Russie de l'action internationale de secours, la situation des intellectuels russes est très critique.
Non seulement ceux qui habitent la zone de la famine sont atteints
aussi gravement que le reste de la population, mais, même dans les
villes non considérées comme affamées, leur situation est très difficile.
Professeurs et étudiants, affaiblis par la sous-alimentation, n'arrivent
plus à accomplir leur travail. Depuis que la famine a éclaté, les rations
gouvernementales qui leur étaient allouées ont été très réduites et
pour ne pas mourir de faim ils sont obligés d'abandonner leuts études
et de chercher toutes sorte, d'occupations.
Les étudiants étrangers ont compris leur devoir de solidarité envers
leurs camarades russes. L'Entr'aide Universitaire Euro~enne, dans
laquelle collaborent la Fédération Universelle des Associations Chrétiennes d'Etudiants, l'organisation intematiooale des étudiants catholiques « Pax Romana » et la Confédération Internationale de$ Etudiants, recueillent des fonds pour secourir les étudiants russes.
Différents milieux·tmiversitaires ont déjà apporté leur aide à la Maison
des Savants de Pétrograd, par l'intermédiaire du Comité Finlandais de
Secours aux Savants et Ecrivains Russes.
Il est urgent d'étendre cette assistance aux autres villes de Russie.
Le Haut Commissariat du Dr Nansen a décidé de secourir immédiatement 200 intellectuels, en particulier des professeurs, dans dix villes
universitaires de Russie et d'Ukraine. Un paquet de vivres du Service
de Transmission de Paquets Standards du Comité International de la
Croix-Rouge et du Haut Commissariat leur est remis mensuellement.
Grâce à cette mesure, 2000 universitaires vont recevoir quelques
secours pendant les trois prochains mois. L 'Entr'aide Universitaire
Européenne, qui secourt les étudiants de Moscou et de Saratov, va
étendre d'autre part son activité à des villes nouvelles. Mais en Russie,
il y a 9.000 prolesseurs et I r6.ooo étudiants, en Ukraine 3.028 professeurs et 562.000 étudiants.
Pour pouvoir continuer et développer son œuvre de solidarité internationale, le Haut Commissariat a ouvert un fonds spédal de secours
aux intellectuels russes. Toutes les personnes qui versent la somme de
2 1/2 dollars ou son équivalent en monnaies nationales, peuvent
donc leur envoyer un paquet de vivres. Les particuliers et organisations
donateurs recevront la liste des personnes auxquelles un paquet aura
été envoyé grâce à leur versement.
Un pressant appel est adressé aux universitaires, aux sociétés
savantes ain.si qu'à tous ceux qui comprennent la nécessité de secourir
les intellectuels russes si durement éprouvés.

/.
J1

.

.
LE

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

ANTONIN SEUHL : PATATI-ET-PATATA EN GUERRE~

un _volume in-18 de 268 pages•.
Il semble ·que les romans d'utopie à la manière de Swift
reviennent à la mode. M. Antonin Seuhl nous a fait connaître,
dans un précédent volume, la république de Patati-et-Patata
qui n'est point banàle, puisque c'est une république gaie, ou
trois manants d'il y a sept cents ans qu'un savant a pu rappeler à la vie, trouvaient matière à exercer les dons d'observations et d'ironie que l'auteur leur prête généreusement. Cette-donnée n'est pas nouvelle, mais un homme d'esprit n'est pas
embarrassé d'en tirer un excellent parti. Voici donc un seigneur du moyen âge, un clerc et un manant qui se mettent en
quête d'une situation conforme à leurs capacités et à leursgoûts, lesquels naturellement datent quelque peu. Par bonheur,.
si l'on peut dire ( mais il s'agit d'un roman gai), un conflit
éclate et la République de Patati-et-Patata est entraînée dansune guerre défensive. Naturellement l'auteur envoie le manant
au front, car il n'appartient pas à un auteur satirique de·
heurter de front la croyance populaire qui veut que les seulesmains calleuses aient manié le fusil ou la grenade. Le clerc.
se fait journaliste et l'on pense que dans ce nouveau.
métier il entend et voit beaucoup de choses divertissantes.
Enfin le seigneur médiéval, vite àdapté à l'esprit de l'arrière,,
s'enfonce davantage encore dans cette région bienheureuse.
Rien n'est plus comique que le tableau de Bordeaux en 1914,
de Paris e.n proie aux marraines, aux permissionnaires et
aux mercantis, rien n'est plus âpre aussi, car on sent beaucoup
d'amertume dans cette satire qui prend vers la fin du livre une·
tournure quelque peu véhémente. Cette brève analyse indique·
suffisamment l'esprit du livre qui, bien entendu, ne plaira.
pas à tous les lecteurs. Mais il eh est bien peu qui résisteront à
l'entrain et à la fantaisie de M. Antonin Seuhl, qu i veut a'vant
tout divertir le lecteur et l'ayant fait rire copieusement le laisse
sinon convaincu, du.moins désarmé.
J EAN DES BONNESFEUI LLES.

LE CARNET DES - EDITEURS

LA VIE FINANCIÈ,RE
·
'tea
· du tir'age de « La Nouvelle Revue Francaiae
. Lea necesai
, . »
noua obligeant à livrer à l'imprimerie le bulletin c!•dea~ou~ qwnze
jours avant ,on apparition, noua noua bornons a Y inaerer des
apercus d'orientation générale. Mais notr~ SE_~VICE DE RENSEIGNEMENTS FINANCIERS est à la dispos1tio~ de toua nos
lecteurs pour tout ce qui concerne leur portefeuille, valeurs à
acheter, à vendre ou à conserver, arbitrages d'un titre contre un
autre, placement de fonds, etc.
.
Adresser les lettres à M. Léon Vigneault, 5, rue de Vienne,
Paria, VIII• Arrondissement.

LA FINANCE

A propos de tuyaux.
La Bourse a connu depuis trois ans les crises les ,elus violentes de fièvre spéculative et le~ séances les plus _vides. ,On
comprend que la question de savoir qm gag1;e o? qm perd a la
Bourse se soit posée de la sorte avec plus d _acmté ~ue dans les
périodes de grand calme où les cours ne _v~nent qu av~c la plus
extrême timidité. Un économiste fort d1stmgué panm les plus
distingués a répondu à cette question d'une façon_ p_éremptoue :
seuls a-t-il déclaré, les gens en inesure de recueillir des tuyaux
peuv~nt gagner _de l'argent en sp_éculan_t.
..
Il faut, à son sens, pour y arriver, vivre au m1h~~ des boursiers, fréquenter les antichambres des hommes . poh~1ques_, coudoyer les dirio-eants des banques et des grandes sociétés m~1;1strielles moye~nant quoi on joue à coup sûr. _Seuls, les ma ms
qui onf recueilli au bon endroit les précieu~ tuy~u~, peuvent
faire fortune à la Bourse ... Et notre économiste d a1outer que
le brave homme possesseur de quelques épargnes lentement
accumulées, ne pourra jamais les _a_ccroît~e à la Bourse,, ca:
éloigné par ses occupations des milieu~ ~u se font les ével~s
ments où se foro-ent les nouvelles, si 1on veut parler P
mode;tement il n~ pourra jamais être informé à temps.
Si notre éc~nomiste connaissait mieux le monde &lt;les sp~culateurs, ·il saurait, au contraire, que ce sont les gens lesf] mieux
renseignés q' ui ont sauté il y a deux ans, lors du dégon ,ement
·
d' un e de nos
Précipité du boom. Tels employés sup éneurs
·
d' un e de nos grandes
orandes firmes de pétrole, te1s d.mgeants
B
tanques voyaient la Royal Dutch à 100.ooofrancs et la De :r,r
à 2.000 Leur simple bon sens a, par contre, empêch_é nom ~e
. cap1ta
. 11stes
.
·
de petits
qm• avaient
a1ors de toutes petites pos1-

!

l . Ollendorff, éditeur, 50, chaussée d'Antin, à Paris.

3

�LE CARNET DES EDITEURS

tions à la Bourse d'y laisser jus~u'à leur dernier sou et beaucoup y ont gagné de l'argent. C est que l'on peut être malin en
affaires de Bourse sans être renseigné. Il n'est même pas trè
avantageux d'être trop près de ceux qui sont dans le mouvement, parce que le mouvement c'est l'engrenage.
Au reste, fallait-il être si extraordinairement fin pour supposer qu'un titre ayant doublé de valeur, allait par ce fait même,
courir vers de tels risques qu'il était préférable de réaliser le
bénéfice qu'il avait déjà rapporté ? La Bourse n'échappe pas
aux règles générales et 100 °/ 0 de bénéfice, c'est tout ce
qu'il y a de mieux. Il ne faut eas essayer de décrocher la lune.
Il est arrivé, hélas, que la maiorité des boursiers dûment stimulés par de mirifiques tuyaux, ont oublié ces règles salutaires
et ont voulu tenir le coup : ils ont aussi rendu à la baisse, ce
qu'ils avaient gagné à la hausse et le plus souvent davantage.
Il n'est même pas douteux que nombre de Banques ont fait
de même et c'est pourquoi elles ont dt'1 procéder à d'énormes
amortissements pour faire disparaître de leurs bilans, les pertes
enre~istrées sur les participations et le portefeuille. Aujourd'hui, le vent change et les meilleurs des titres sont tombés à
des prix qui ne risquent plus rien. La hausse n'est pas loin.
La vérité est qu'il faut savoir chan~er ses positions d'après
l'allure des événements, qu'il faut savoir acheter en baisse et
vendre en hausse, et ne pas escompter une baisse indéfinie,
comme le font en ce moment ceux qui ne trouvent rien de
mieux à faire que d'employer leurs disponibilités en Bons de
la Défense, ni une hausse indéfinie comme ceux qui, il· y a deux
ans, voyaient la Royal Dutch à 100.000 france et la De Beers
à 2.000. Et puis, il y a mieux que les tuyaux qui pa.~sent de
bouche en bouche en se déformant; rien ne peut suppléer à
l'étude sérieuse de l'affaire à laquelle on veut s'intéresser et des
cc,nditions générales dans lesquelles se trouve l'industrie à
laquelle elle appartient. Cette étude, les joueurs la dédaignent ;
le capitaliste sérieux y trouve tout avantage.
LA BOURSE
Les dispositions ont été un peu meilleures à la Bourse durant
les dernières séances sans cependant accuser une orientation
très nette vers la reprise; l'ensemble des faits et des éléments
qui caractérisent la situation internationale actuelle, ne s'y prête
pas encore. Mais nos grandes valeurs industrielles ont montré
beaucoup plus .de résistance. Quant aux fonds et valeurs à
change, ils se sont naturellement ressentis de la détente des
devises. Le relèvement progressif du franc est d'ailleurs un
indice d'une importance qui n'échappera pas.
LÉON VIG."i'EAULT

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Paulhan, Jean, 1884-1968, Redactor</text>
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                    <text>�FRAGMENTS DU NARC I SSE

..
~
~
i•)

... Ce corps si pur, sait-il qu'il me puisse séduire ?
Dt quelle profondeur songes-lu de m'inslrnirt,
Habitant de l'abime, hôte si spécûux
D'un ciel sombrt ici-bas précipill des âmx ?...
0 lefrais ornement de ma triste tmdanu
Qu'un sourire si proche, el plein de conjidenct,
Et qui prtte à ma lh!re wu ombre de danger
Jusqu'à me fairt ffaittdre tm désir llrauger !
Quel souffle vient â l'onde offrir ta froidt. rose?...
f aime... J'aime 1... Et qui donc peut aimer ature cbosé
Que soi-même ?...
Toi seul, ô moti corps, mon cher corps,
Je t'aime, tmiqt~ objet qui me défends des morts!

.•
•

Formons, loi sur ma lèvrt, et moi, dans 111011 si/mu,
U11~ priere aux dimx qu'émus de tant d'amour,
Sur sa ptnle de pqurpre ils arrêtent le jour ! ...
Faites, Maitres bturmx, Peres des justes fraudes,
Dites qu't1ne lueur de rose ou d'émeraudes
H

�J 14
LA • OOVElLB REVUE FRANÇAISE
Qur des songes du soir, votre sceptre reprit,
_Pure, el toute pareille a11 plus pur de f esprit,
Attmde, au sein des cieux, que ltt vives et ·veuilles,
Près cle moi, mon amour, cboisir 1m lit de feuilles,
ort1r tremblant du flanc de la nymphe au cœur froid,
Et sans quitter mes yeux, sa11s cesser d'tire moi,
Te11dre la /rmne fraiche, el celle claire écorce ...
Ob! le saisir, enfin! ... Prendre ce calme torse
Plus pur qru tl'une fi me, et 11011 j01'mé de fruits ...
..\Jais, d'une pierre impl est le temple ou je suis,
Où je·uis ... Car je is mr tes leures a·uares ! ...
0 mon corps, mon cber corps, temple qui me sépares
De ma divinité, je uoudmis apaiser
Votre bouche ... Et bientôt, je briserais baiser,
Ce peu qui nous défend de l'e:x:trbne e j lence,
Celle tremblante frïe, el pimse distance
Entre moi-mbne et ro,uü, d mon dme, et les dimx !...
Adieu ... S ns-111 frémir mille flottants adieux?
Bientot va Jrissanner le désordre des ombres!
L'arbre aveugle vers l'arbre ttend se membres sombres,
Et cherche affreusement l'arbre qui disparait ...
•M.011 dme ainsi se perd dllns sa propre for/l,
Où la puis ance lehappe a ses fi rm upr me ...
L'dme, l'dme aux yeux noirs, touche aux ltnèbre mémes,
Elle se fait immense et tte renro11lre rien ...
Entre la mort et soi, quel regard est le sien !

FltAGMF.NTS DU .·ARCJSSE

fic"!

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515

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Que des songe
Pure, et tout
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Prés de moi
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L'dme, l'dme aux yeux 1101rs, tv&lt;&lt;-~•Elle se fait immense et ne rencontre rien ...
Entre la mort et soi, quel regard est le sien!

BIBLJOTac

u. ~:.. ~ E N 't RA L

5Il . . _

FI!,AGMENTS DU NARCISSâ

Dieux! de l'auguste jour, le pdlc et tendre reste
Va des jours consumés joindre le sort funeste;
Il s'abime aux enfers du pr(?/011d souvenir !
Hélas! corps misérable, il est temps de r'unir ...
Penche-toi ... Baise-toi. Tremble de tout ton üre !
L'insaisissable amour que tu me vins promettre
Passe, et dans im frisson, brise Narcisse, et fuit ...
PAUL VALÉRY

I

�DOCUMENTS SUR LE D~PART DE TOLSTOÏ

DOCUMENTS SUR LE DÉPART
ET SUR LA MORT DE TOLSTOI

Paris, le

22

avril

1922.

MONSIEUR LE DIRECTEUR,

Vous me demandez si les documents publiés par la Revue la

Pensée russe• dans son numéro de janvier-féwier 1922 sont authentiques. La lettre de Léon Nicolaîevitch Tolstoï à la Comtesse
Sacha est conforme à la copie que m'a remise le II février 1911
la fille aînée de Tolstoï, Madame Soukhotine. Ma copie commence aux mots· : « je n'ai pris aucun parti », contient une
phrase assez obscure après les mots « je ne veux prendre aucun
parti», et omet quatre lignes ( d' «impossible» à« imprégnée»).
Je crois le fragment du journal parfaitement authentique. Mais
je suis moralement certain que la responsabilité de la publication
de ces deux textes ne saurait incomber à aucun des membres de
la famille Tolstoï.
Vous désireriez d'autres documents. Je me crois autorisé à
vous en fournir deux: une lettre que m'a écrite Marie Nicolaïevrla Tolstaïa, sœur du Comte, entrée en religion, et le récit
simple et sincère du paysan Novicov: Dernière nuit à Iamaia
Poliana, rédigé peu de temps après la mort de Tolstoï.
Permettez-moi d'ajouter ceci. J'ai passé quelques jours à
lasnaïa Poliana à la fin de juillet 1910. La Comtesse Tolstoï
1.

La Pensle Russe a reproduit la lettre de Tolstoï à sa fille et le frag-

ment de son journal d'après la revue russe les Œuvns et les jours,
no

I.

517

était déjà alors une femme malade. L'une des causes de sen
état nerveux était de toute évidence la présence dans le voisinage de M. Vladimir Tchertkov. Je suis reparti avec le .sentiment bien net que je quittais un foyer détruit, et détruit en
grande partie par cette présence.
Ou trouvera dans les documents que vous publiez des expressions dures, elles devraient être commentées. Il faudrait entrer
dans des explications que je ne crois pas en ce moment devoir
fournir. Vraiment, je ne m'en sens pas libre. Mais je puis vous
4_onner mon sentiment personnel: en quittant Iasnaïa .Poliana, ·
Léon Nicolaïevitch voulait s'éloigner aussi bien de certains
amis que de sa maison.
Développer l'amour et la paix autour de lui avait été son
constant souci. Sa présence n'était plus une cause d'amour et de
paix, il se sentait l'objet d'un âpre et tragique débat. Et enfin il
est parti pour ne pas compromettre en Juiet autour de lui l'effort
de toute une vie .
Avant de quitter pour toujours Iasnaia Poliana, Léon Nicolaïevitch voulut dire adieu à l'une de ses disciples, la vénérable
Maria Alexandrovoa Schroit. Il lui confia son projet. Elle lui
dit : « Eh bien ! c'est une faibiesse. » Et le Co~te lui répondit
d'un mot, mot de demi acquiescement : &lt;( Pojaloui. » « Peutêtre avez-vous raison.»
Je puis vous l'affirmer, Madame Schmit, une sainte femme,
voyait comme moi en la Comtesse Tolstoï une malade. (Qmme
moi elle la plaignait. Au matin du départ elle se portait à son
secours et restait à son chevet. Quant au Comte, son maître,
vous le voyez aussi, elle le jugeait capable de faiblesse.
Pourquoi vouloir, comme certains, faire du Comte Tolstoï un
héros et un saint ? Pourquoi voir dans ce douloureux départ
une sorte de fuite au désert?
les faiblesses d'un homme de génie, les souffrances d'une
femme, ne peuvent que les rapprocher de nous: comprendre et
aimer l'homme de génie, plaindre la femme nous est d'autant
plus facile que l'un aura été faible et I'àutre malh~ureuse.
CHARLES SALOMON

�518

LA, NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LETTRE DE LÉON NICOLAIÉVITCH A SA FILLE
ALEXANDRA LVOVNA
29 O,tollre 191a. Ermitage d'Optino.

te dira tout sur moi, Sacha, ma chère amie. C'est
difficile . Un grand accablement, voilà ce que je ne puis
pas ne pas éprouver. Le principal- ne pas pécher - et là
est la difficulté. J'ai été un pécheur, je continue de l'être,
c'est évident; mais que je péche de moins en moins!
C'est cela le principal, ce qu'avant tout je désire pour
toi. D'autant plus que, je m'en rends .compte, tu as à
résoudre un problème horrible, au-dessus de tes forces, i
l'âge où tu es. Je n'ai pris aucun parti, je ne veux prendre
aucun parti. Tu verras par la lettre à Tchertkov r, je ne dis
pa.5 ce que je pense mais ce que je sens. Je compte beaucoup sur la bonne influence de Tania i et de Serioja.
Puissent-ils surtout comprendre et chercher à lui 3 faire
entrer dans l'esprit que pour moi cette manière d'être
tout le temps à l'affût et aux écoutes, c;es reproches incessants, cette façon de disposer de ma personne à sa
guise, cette éternelle surveillance, cette haine affect~
pour l'homme avec lequel je suis le plus intime et qm
m'est le plus nécessaire, cette haine pour moi et cette
comédie d'amour - que tout cela, je ne dis pas, m'a
rendu la vie désagréable, je dis nettement impossible, et
que pour ce qui est de se noyer, ce ne serait pas à elle
mais à moi ; que je ne désire qu'une chose - être libéré
r. Sur Vladimir Grigoritch Tchertkov, voir Cormpo11da11ce de
l'Unio11 Jx1ur la Virilé, no 4, 1er janvie,~ 19n, p. 207. C'est 1~ ~ont
Tolstoï écrit quelaues lignes plus bas qu il est son ami le plus mttme
et l'homme qui lui l!St le plus nécessaire.
. .
. .
2 . Tania, diminutif de Tatiana, fil le ainée du Comte. Séno1a, dirmnutif de Serge, soo fils ainé.
3. A Sophie Aodréievoa.

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

d'elle, du mensonge, de- la simulation et de la méchanceté
dont tome sa nature est imprégnée.
U va de soi qu'ils ne pourront lui faire entrer cela .dans
l'esprit, mais ils peuvent lui faire comprepdre que toute
son attitude à mon égard non seulement ne marque pas
d'amour, mais semble bien viser clairement à me tuer, ce à
quoi elle arrivera, car j'espère que le troisième accès qui me
menace la délivrera comme moi de l'état horrible dans
lequel nous avons vécu et auquel je ne veux pas ret0urner.
Tu vois, ma chérie, combien je suis mauvais. Je ne
dissinrnle pas avec toi. Je ne te fais pas encore venir, mais
je te ferai venir dès que ce sera possible et ce sera très prochainement. Donne-moi des nouvelles de ta santé. Je 't'embrasse.
L. TOLSTOI
EXTRAIT DU JOURNAL DEL. N. TOLSTOI
25

octobre

1910 ... -

Sophie Andreievna est touiours

aussi agitée.
27 octobre 1910. -Levé de bonne heur-e. Toute la nuit,
j'ai eu de mauvais rêves.... Les relations devienne.nt de
plus en plus pénibles.
28 ocwbre 1910. Je me suis couché à II h. 1/ z. J'ai
dormi jusqu'à trois heures. Je me suis réveillé et,. comme
les nuits précédentes, j'ai entendu ·des portes qu'on ouvrait
et des pas. Les nuits précédentes je n'avais pas regardé à.
ma porte, cette fois-ci j'ai jeté un coup. d'œil et re vois par
les fentes une vive lumière dans le cabinet et [je perçois]
un bruissement. C'est Sopbie Andréievna qui cherche
quelque chose et qui probablement lit. ·
La veille elle avait demandé,. exigé que ie ne ferme pas
les portes. Ses deux pol"tes sont ouvertes de sorte que le
plus léger mouvement que je fais est perçu d'elle . Il faut
que de jour comme de nuit tous m~ mouvements,. toutes

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISR

520

mes paroles lui soient connus et que je sois sous sa surveillance.
De nouveau des pas, la porte s'ouvre avec précaution, et
elle passe.
Je ne sais pourquoi cela provoque en moi un irrésistible
mouvement de dégoût, de révolte. Je voulais m'endormir.
Je ne puis. Je me retournai dans mon lit une heure environ. J'allumai la lampe et m'assis.
La porte s'ouvre, entre S. A. s'informant de ma « santé&gt;&gt;,
et exprimant sa surprise que j'eusse de la lumière qu'elle
avait vue chez moi.
Le dégofit et la révolte augmentent. J'étouffe, je compte
mes pulsations : 97. Je ne puis rester couché et tout d'un
coup je prends la résolution ferme de partir.
Je lui écris une lettre ; je commence à emballer les
objets les plus nécessaires, que je puisse seulement partir. Je
réveille Douchan 1 , puis Sacha, ils m'aident à faire mon
paquet. Je tremble à l'idée qu'elle pourra entendre, sortir
de sa chambre - scène, crise de nerfs - avant déjà pas
de départs sans scènes.
A 6 heures tout est à peu près emballé. Je vais à l'écurie
donner l'ordre d'atteler. Douchan 1, Sacha, Varia 2 terminent
les paquets. Il fait nuit, on n'y voit goutte. Je perds le
chemin qui mène à la dépendance, je m'égare dans un
fourré, je me pique, je me heurte à un arbre, je tombe, je
perds mon bonnet, je ne le trouve pas, je me tire de là avec
peine, je vais à la maison, je prends un bonnet et à l'aide
d'une lanterne je gagne l'écurie, je donne l'ordre d'atteler.
Arrivent Sacha, Douchan, Varia. Je suis tout tremblant,
dans l'attente d'une poursuite.
Douchan Pétrovitch Makovitski, tchèque, médecin et disciple de
Tolstoï, son plus sûr et fidèle compagnon. Parfaitement désintéressé.
Aimé et apprécié de toute la famille Tolstoï. Il recueillait au jour le
jour les moindres propos de son maître.
2. Varvara Vassilievna Téocritova, placée par V. G. Tchertkov à
Iasnaïa Poliana, en qualité de secrétaire dactylographe, elle était toute
à sa dévotion et très liée avec Alexandra Lvovna.
1.

DOCUMENTS SUR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

521

Mais enfin nous sommes partis. Nous attendons une
heure à Chtchekino et chaque minute j'attends qu'elle surgisse. Mais nous voilà en wagon, le train marche.
La peur s'en va. Un sentiment de pitié pour elle m'envahit, mais pas un sentiment de doute sur ia question de
savoir si j'ai fait ce qu'il fallait. Peut-être est-ce gue je me
trompe en me donnant raison, mais il semble bien que
j'aie sauvé - non pas Léon Nicolaiévitch 1 , mais que. j'aie
sauvé ce quelque chose qui, si peu que ce soit, existe en
moi ...
29 Octobre. - Chamordino .... En wagon, je n'ai cessé
de penser à l'issue de la situation, de la mienne comme
&lt;!e la sienne et je u'ai pu en trouver aucune : et cependant il y aura une issue, qu'on le veuille ou non, il y en
aura une, et ce ne sera pas l'issue prévue. Et pu1s il ne faut
penser qu'à ceci : ne pas pécher. Advienne que pourra. Ce
n'est pas mon affaire. j'ai trouvé chez Machenka • le cc Cycle
de Lectures 3 » et voilà que, en lisant la lecture du 28, j'ai été
frappé de trouver la réponse directe que comporte ma
situation : il me faut l'épreuve, c'est bienfaisant pour moi.
LA COMTESSE MARIE NICOLAIÉVNA TOLSTAIA
A CHARLES SALOMON
Couvent de Chamordino.
r5 décembre 19 rr (sic) [lire janvier].
MONSIEUR,

Votre lettre m'a procuré un grand plaisir, une lettre de
Paris qui est venue me chercher dans ma paisible retraite
1.. Ce passage ~st a rapprocher d'une phrase du projet de testament
.:ons!gné dans le Journal de Tolstoï sous la date du 27 mars 1895 :
« J'ai eu des moments où je me suis senti le fil conducteur par lequel
passait la volonté divine. "
2. Diminutif de Maria. C'est la sœur de Léon Nicolaiévitch. Tourguéniev, dans l'un de ses romans, a tracé d'elle un délicat portrait.
3. Recueil composé d'extraits de différents auteurs, pour servir de
lecture quotidienne, rédigé par Tolstoï.

�5i22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

523

DOCUMENTS SUR. LE DÉPART DE TOLSTOÏ

du couvent de Chamordino. Voici près de vingt ans que
j'y suis sans entendre un mot de français ; mais je crains
que vous ne sauriez déchiffrer mes pattes de mouche, vue
mon écriture impo!,sible&gt; si je vous écrivais en russe. Vous
désiriez savoir ce que mon fr re est allé chercher au couvent
d'Optino ? Serait-ce un starets ' doukhovnik ou un homme
sage et ~ivant en retraite avec Dieu et sa conscience qui le
comprendrait et pourrait offrir quelque soulagement à son
grand chagrin ? Je suppose ni l'un ni l'autre : gore égo byw

vous remercie, monsieur, enc.ore une fois pour votre livre
qui m'a vivement intéressé~ tout y est vrai et sincère 1 • J'espère que cette lettre ..:ous trouvera à Pétersbomg et que
vous 01e procurerez. le plaisir de venir passer quelques
jours à Chamordino comme vous le dites dans votre lettre.

sliclikom slojno; on prosto khotiel ouspokoitjsa i pojitj v tichoï i
doukhovnoi obstanovkié ~. - Les fâcheux malentendus qui

(2-1 octobre. 1-910)

ont les derniers temps obscurci l'existence de mon frère
avec sa femme ont à la
éclaté en catastrophe inévitable: plus Léon rc.ontait avec toute son âme et son esprit
au ciel, plus elle plongeait dans son cher terre à terre !
Pauvre, cher Léon, comme il était content de me voir ;
-comme il désirait s'établir chez nous à Cbamordino, c&lt; esli
tvoi monachki rntnia né progoniat } &gt;1 ou à Optino. Je ne
pense p.i$ qu'il voulût redevenir orthodoxe, No ia nadie-

un

ialas cbto nach starets kotoryz· na vsiekh neotraz._imo dieistvoval
svoei krotkost;'iott i lioubov1iou, voz.boudit Olt nievo tchouvstvo
oumileniia douchovnavo, kotoroe ou nevo éschtcho né bylo, no
kotoroé ouje bylo bliz)w k némou poslieànéé vremia. - I vot on
ouiéchal, i oumér rn.ilyi dorogoi moi llvotchlia, kak ia privykla
égo z..vatj. Chto b110Li Sacha (sa fille) skaz..ala, kogda ona
priiechal.a, ot teheuo on tak v-niéz.apno ouiéchal, nikto, ia daje s
nim néprostilas, né z.naiou (sic). Ne mogou boljchtf pisatj 4 . Je
1. Starets, confesseur. Voir sur ce mot, Unio11 pot11:) a VùiU, Correspondance, 1er janvier 191 J, n° 4.
2, Sa douleur était trop cornple3e ; il voulait tout simplement .se
calmer et vivre dans un milieu tranquille, spirituel. ·
3,. Si tes nonains ne me chassent pas.
4. Mais j'espérais que notre starets qui avait une action irrésistible par
sa douceur et son amour réveillerait en lui le semiment d'humilité spirituelle qu'il n'avai~ poi~t encore mais dom il n'était pas éloigné dans
les derniers temps ; et voici qu'il est parti et qu'il est mort en route,
mon Lévotchka, comme j'étais habituée à l'appeler. Ge que. Sacha _luia

SŒUR MARIE TOLSTOÏ

DERNIÈRE NUIT A IASr AIA POLIANA
RECIT DE MICHEL NOVICOV, PAYSAN

2

Le monde est orphelin : l'homme qui depuis 20 années.~
après avoir renoncé à vivre pour lui-même, luttait avec
l'injustice de la vie et pour nous tous cherchait quel en
ttait le sens et le but - cet homme là n'est plus. Quelle
douleur, quelle amertume I C'est comme si. on avait arraché un morceau de mon cœu_r, comme si en moi quelque
chos.e s'était brisé, s'était détache, s'était cassé.
Tant qu'il vivait on avait chaud à l'âme, on sentait en
lui je ne sais quel soutien invisible. Il y avait dans le
dit ~uaod ~ile_ est arrivée, pourquoi il est parti si subitement, personne
- 1e ne lui ai même pas dit adieu, - ui moi-même ne le sait. Je. ne
peux plus écàrc.
r. Cf. Documents sur les derniers jours de Tolsto'i. Article de la
Correspondance de l'U11io1i pour la Véritl, 1er janvier r91i, no 4.
Signé C. S. et D. H,
. 2. Michel Novicov, paysan. Novicov est un paysan petit propriétaire
du Gouvernement de Toula. li apprir à lire à Moscou où il fit son
service militairé, à l'école du régiment. Il a raconté dans un article
f:ettres ~'un pays1in publié par M. Serguiéenko (.J.lmanach tolstoien
11iternat1011,il de 1909) trais visites qu'il fit à Tolsroi. Novicov a écrit
des rédts populaires dont la fraîcheur naïve séduisit le grand écrivain.
Léon Nicolaïévitch voyait en Novicov non seulement un disciple ru.ais
un confrè~e. Boulgakov, _secrétaire dévoué et discret de Tolstoï, note
dans son Journal (Chez. Tolstoï. la dernière a111'1.ée de sa vie), à la -date du
22 octobre 1910, que Tolstoï lui a dit: « Novicov le paysan est venu.
Vous savez qui c'est? 'Comme il est intelligent.!. •• »
_

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

monde, cela était évident, un homme qui pensait pour
nous, qui- luttait avec l'injustice : en arrachant l'homme à
la vie animale et basse pour ramener à un degré supérieur
d'humanité, pour en faire un fils de Dieu, il épurait et
anoblissait la vie.
Il est malaisé de parler sur une tombe encore fraîche, de
choisir des mots pour exprimer la douleur invisible qui ne
cesse de vous oppresser le cœur. Paix. aux cendres de celui
qui était notre conseiller et notre maître.
Je n'ai point envié ta gloire : tu n'as pas envié mes douleurs et nous nous aimions.
Il n'y a pas longtemps, - c'était le 2 I octobre, une
semaine avant le départ d'Iasnaïa Poliana - je fus pour la
dernière fois chez Léon icolaïévitch et- comme d'habitude - je restai pour la nuit. J'avais fait sa connaissance à
Moscou, il y a 17 ans, quand j'étais _soldat. Nos âmes
s'étaient apparent~es et &lt;lès lors jusqu'à sa mort rien n'est
venu rompre nos relations. Cher, très cher Léon Nie-0laïé·
vitch, c'est-à toi que je suis redevable de ma nouvelle naissance spirituelle et de ce qui est la conséquence nécessaire
de ce renouveau, de la lumière projetée surtout un côté de
ma vie. Tu ne m'as pas dit comment je devais vivre, tu
m'as dit seulement que chaque homme est libre, qu'il peut
et qu'il doit organiser sa vie le mieux possible, comme il
l'entend, sans considération pour la façon dont ceux qui
l'entourent vivent eux-mêmes ou apprécient sa façon de
vivre, sans se laisser déterminer par tout le patrimoine spirituel que chaque homme tient en h.éritage du passé.
C'est là tout ce que tu m'as dit. Mais ce peu que tu m'as
dit s'est développé en moi au point &lt;le ne plus laisser place
à toutes sortes de futilités, de caprices de la mode, de
superstitions, de superfluités. Tout cela pesait sur moi
comme une pierre, comme cela pèse sur d'autres et m'em·
pêchait de vivre : et cette nouvelle évaluation des valeurs
dont j'avais hérité s'est trouvée si juste et a si bien résisté

DOCUMl!NTS SUR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

que je ne me suis pas laissé tenter par la vie des villes :
insensible à son charme j'ai habité toute ma vie la campagne; j'y ai vécu du travail de mes mains, j'en ai nourri
moi et ma famille.
Cette fois-là, je partis de Toula à pied, et tout le long de
la route je sentis quelque chose de lourd qui m'oppressait.
Je pensais : j'arrive et voilà qu'il est malade ou déjà mort!
Je ne reçois pas de journaux, aussi je ne savais rien de sa
santé. Mais quelle fut ma joie quand Ilia Vassiliévitch ' me
dit : cc Le vieux Comte n'est pas là, il est parti à cheval avec
le docteur 2 • » A cheval, pensai-je, il est donc en vie et en
santé - les malades ne montent pas à cheval. J'entrai dans
la chambre de Douchan_ Pérrovitch. J'attendis-plus d'une
heure leur retour et m'enfonçai dans le« Cycle de lectures»
au point que je ne les entendis pas rentrer. D'habitude
Léon icolaïévitch montait dans sa chambre au premier et
me faisait appeler. Cette fois-là, il entra sans bruit dans la
pièce où j'étais et d'un geste gamin me frappa sur l'épaule.
Je sursautai. Il était là devant moi, alerte, en santé et la
main joyeusement tendue. Et ie ne fus pas long à penser :
c&lt; Eh bien ! Dieu soit loué, nous en avons bien encore
pour cinq bonnes années, mon bon vieux. &gt;&gt; Léon Nicolaïévitch ne manqua pas comme d'habitude de me demander des renseignements sur ma vie, ;ur la famille. Il entrait
dans to_us les détails, voulait savoir quelles relations j'entretenais avec les voisins, avec le clergé et si mes enfants
allaient à l'école ?
Entrèrent Douchan, le Docteur, puis deux jeunes
hommes du village qui avaient reçu l'ordre de se présenter
au bur~au de recrutement. La conversation s'engagea.
Lé~n N1colaïévitch det?anda à l'un de ces garçons, nommé
Polme ;, ce qu'il ferait s'il était jugé bon pour le service ?
I.
_2.

Domes.tiq1;1e depuis longtemps au service de ta famille.
Makov1tsk1, le Docteur qui quelques jours après partait avec Tols-

to1.
3· Potine a consigné cette conversation. Son récit est entre les
mains de W. G. Tchertkov.

�526

''

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Poline répondit qu'il était social-démocrate et qu'il servirait non pas le trône et l'autel, mais l'Etat et la nation. Léon
Nicolaïêvitch me demanda : « Qu'en penses-tu ? Peut-on
s'enrôler sous ce drapeau là ? »
Je répondis que les gens qui faisaient des sottises ou
commettaient des crimes fût-ce au nom de l'Etat, voire
même au nom de Dieu, n'en étaient pas moins un fléau
dans la vie.
cc C'est un point de vue», répliqua Léon Nicolaïévitch, et
je demanderai à Poline où commence, où finit cet Etat
pour le service duquel il se déclare prêt à apprendre le
métier des armes: au delà du village, par delà Moscou, de
l'autre côté de la Volga ? )&gt;
« S'il veut absolument parquer ses frères dans une frontière comme aujourd'hui, au delà de cette frontière il y aura
toujours des ennemis auxquels il lui faudra bon gré mal gré
faire la guerre et c'est à faire la guerre que l'amènera son
service. Tandis que s'il considère que la terre entière est sa
patrie, son service devient inutile : il n'aura plus avec qui
combattre. »
Le camarade I de Poline dit alors : « Nous avons lu qu'il
existe des sectes où l'on refus~ de faire le service. Ces dissi&lt;ients invoquent fa Sainte Ecriture qui contient une
défense. Moïse a dit : Tu ne tueras point et le Christ a
prescrit d'aimer même ses ennemis. n
« C'est un terrain peu solide, n répliqua Léon Nicolaïévitch, « il existe beaucoup de textes. Moïse avait écrit :
Tu ne tueras point. Mais Napoléon écrira: Va et tue! Ce
n'est pas parce que Moïse ou le Christ ont défendu de faire
du mal au prochain ou à soi-même que l'homme doit s'en
abstenir. C'est parce qu'il n'est pas dans la nature de l'homme
de se faire ce mal ou de le faire aa prochain - je dis de
l'homme, je ne dis pas de la bête, prenez-y garde. C'est en
~toi même qu'il te faut trouver Dieu afin qu'il règle tes
I.

Ce camarade a de son côté rédigé ce dialogue.

DOCUMENTS SUR LE DÉPART DE _TOLSTOÏ

527

actions et qu'il te fasse voir ce qui est bien et -ee qui est
mal, ce qui est possible et ce qui ne l'est pas. Mais tant que
nous nous laisserons guider par une autorité externe Moïse
et le Christ pour l'un, Mahomet ou le Socialiste Ma:X pour
un autre, nous ne cesserons d'être les ennemis les uns des
autres et nous n'arriverons aucunement à nous entendre. »
Puis la conversation dévia : on parla de ceux qui sortent
de l'F..glise Orthodoxe, des dissidents, de ceux qui ont
renoncé à 1a foi de leurs pères.
« Il est aisé, dis-je, de naître et de mourir sans l'aide du
clergé. Mais il peut y avoir des difficultés, là surtout où il
Y, a peu de g~ns sortis de l'Eglise, quand il s'agit du mariage
d enfants qu1 ne se rattachent à aucune confession. n
Là-dessus, Léon Nicolaïévitch, avec vivacité : « Le mariage serait-il le seul but de 1a vie ? Je crois que non seulement Marx, mais Moïse ni le Christ n'ont rien écrit de sembl~ble .. Bi~n au contraire, l'idéal évangélique est la chasteté
et Je sais bien des femmes qui ne se sont pas mariées. Elles
on; eu t~t de besogne avec leurs sœnrs, avec leurs frères
qu elles, n ~nt pas ,eu le loisir de penser à leur vie personne_lle. J esum_e qu aux yeux de Dieu ces vies-là ont plus de
pnx _que la vie des gens mariés. Voyez ma Sacha 1 - et ces
derniers mots furent dits avec tendresse - elle a 2 6 an
et elle n'a point encore songé à se marier. »
s
• Pui~ après un instant de réflexion : cc Je ne conteste point
~ mats ~ne c_hose me paraît claire : si un homme vit selon
D1;u, et St toujours et en tout il agit avec sens, peu importe
.qu tl se rattache ou non par le baptême à une confession
q uelconqu~, _et pour sûr l_a vie lui apportera une part plus
grand~ de _JOtes. » Et _plaisantant : cc J'ai quelque idée que
les céhbata1res ont morns d'ennuis que d'autres. »
, Ent~~ Ale~ndra Lvovna. Elle raconta que ~les paysans
d Iasna1a Pohana venaient, eu assemblée 2, de décider la
r.

½plus jeune des fi lles du Comte.

2.

C est le Skhod, réunion des paysans de la Commune.

�528

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS_E

création d'une coopérative de consommation, et avaient
fixé à 5 roubles le versement initial. Elle ajouta qu'au village de Roûdakov, pas loin d'ici, il y avait depuis deux
ans une boutique de ce genre.
« Qu'en pensez-vous,&gt;, me dit Léon Nicolaïévitch, c&lt; les
paysans tireront-Îls de là quelques avantages ? n
Je répondis que, pour ma part, je ne voyais aucun
inconvénient à ces magasins coopératifs et que j'avais le
projet d'en créer un dans mon village. Au contraire, je
craignais les sociétés de crédit comme le feu et je n'en
attendais aucun bien.
&lt;&lt; Et pourquoi donc?», me dit Léon Nicolaïévitch, « voilà
qui m'intéresse fort. Ces sociétés sont en vogue et chacun
proclame que le grand malheur du paysan c'est l'impossibilité où il est d'emprunter quand il est dans la gêne. »
&lt;&lt; Nous autres paysans, répondis-je, ne savons pas conserver le sou qui nous a causé la plus lourde peine à
acquérir. Le paysan dépense à tort et à travers la moitié de
ce qu'il gagne en œuvres de démon, en réjouissances, en
parrainages, en festivités et pour l'acquisition de nouveautés - impossible de lui porter secours avec de l'argent qui
n'est pas le sien. Bien sl'.lr il ne sera pas lorig à l'accepter,
mais il le dépensera encore plus vite et aussi inutilement
que sa propre pécune. n
c&lt; Parfaiteme1H, parfaitement», reprit Léon Nicolaïévitcb,
« j'ai peine à ne pas pleurer quand je les vois célébrer un
mariage, une fête ou des funérailles. Ils y dépensent leur
dernier sou et cherchent à se surpasser l'un l'autre : on
dirait vraiment qu'ils se sont solidairement engagés à faire
des sottises. Le sou acquis par le travail est une parcelle de
celui qui l'a acquis et de sa vie même, et c'est cela qu'ils
jettent à droite et à gauche. C'est toujours comme ça chez
nous : on se figure qu'on peut porter secours en commençant par le bo1J.t, au lieu de commencer par où il faut : un
corbeau paré d'une plume de paon, n'en reste pàs moins
un corbeau. Souvenez-vous de la tristesse du Christ qui

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

529

disait : Voici, la moisson est grande&gt; mais il y a peu d'ouvriers. Et, semble+il, jamais on n'eüt si grand besoin d'ouvriers qu'à cette heure. Chez tous la vie est absorbée par
l'extérieur. Et on a encombré la tête du peuple de superstitions ortbodo:r:es ; les usages de la ville, les boutons luisants [ des uniformes] r, le tabac lui sont en tentation et
quand il s'est laissé contaminer on l'assiège d'offres diverses:
huile de ricin, poudres médicinales ou encore sociétés de
aédit et propriété privée. Un enfant comprendrait, semblet-il, que tout le mal vient d'en-haut et on veut me faire
croire le contraire. &gt;&gt;
Resté seul avec moi, Léon Nicolaïévitch continua à m'interroger sur ma famille, sur la façon dont les paysans considéraient ma sortie de l'église orthodoxe et le fait que mes
enfants n'étaient pas baptisés. Tout d'un coup, il me dit:
« Et je n'ai jamais été vous voir au village. »
&lt;&lt; Bien des fois vous m'avez promis votre visite et vous
avez oublié votre promesse.»
« Eh bien, dit-il, maintenant je suis libre et je puis la
tenir n'importe quand. »
Je crus qu'il plaisantait et je dis: &lt;c Vous souvenez-vous
Léon Nicolaïévitch qu'il y a deux ans vous avez répondu à
mon appel : « Même si je le voulais, je ne pourrais aller
vous voir. &gt;&gt; Je n'ai pas compris jusqu'à présent, pourquoi
-vous. ne pouviez pas. » Léon Nicolaïévitch m'arrêta, plaisantant : ç&lt; C'était à une autre époque, époque de sévérité.
Mais maintenant nous avons une Constitution. J'ai fait la
part des miens - ou comme on dit chez vous, n'est-ce pas:
je suis sorti de la famille. Je suis de trop ici maintenant,
comme vos vieux quand ils atteignent mon âge - et par
.conséquent je suis complètement libre. »
Il remarqua que je prenais la chose en plaisanterie et
-que je l'écoutais sans conviction. Quittant alors le ton de
x. Ils'agitsans doute des boutons d'uniforme. Les anabaptistes d'Alsace avaient eux aussi, il n'y a pas fort longtemps, un préjugé contre
¾es boutons : ils les r$:mplaçaiem par des épingles.

34

�L,\ ~QUV.ELLE REVUE PRANÇA.fSE

la plaisanterie, il dit : « Si, si, croyez-moi. Je vous parle
sincèrement. Je ne mourrai pas dans cette maison. J'ai
-résolu de partir pour un l~u inconnu où on ne saura qui je
suis. Et j'irai peu.t,êtr.e tout droit à votre chaumière pour y
mour..ir. Seulement, je le. sais d'avance, vous me rudoieœz:
nulle, part on n1aime .les vjeu:s:. fai vu ~eJa dans vos
familles paysannes, et ie suis devenu si incapable de tout, si
inutile, » Sa :voix tombait en disant ces dernier,s mots.
Il lui fallut un grand .effort pour r.etenir ses laoues. L'.aveu
qu'il faisait lui était évidemment pénible.
Longtemps nous gardâmes le silenc.e. Enfin Léon Nîcolai'évitcb ·me dem.aada :
(&lt; Vous passez la nuit chez nous .comme toujours? &gt;)
Je répondiP que j'avais honte de déranger et de forcer à•
s'occuper de moi, mais qu'autre.ment je serais bien embarrassé car j'avais peur d'aller de nuit à la gare.
« Voilà qui va bien &gt;J, dit-il. « Vous coucherez ici.
Quand un beau jour j'entrerai chez vous, je passerai la nuit
chez vous à mon tour et n,ous serons quittes. » Il réfléchit
un instant et dit : &lt;c Se peut-il faire que vous craigniez quelqu'un la nuit ? »
~ Je ne crains ni les loups ni les homm.es, mais je crajns
les soulards et pour cause : au village, j'ai eu beaucoup à
en souffrir. »
- C'est à quoi je ne cesse de penser», m.e dit-il, « si les
hommes croyaient à une vie spirituelle, s'ils coQform.aient
leur vie à cette croyance, des gens ivres et la somme consi-- dérable de soutfrances et de mal qui ,kçompagne nécessairement l'ivrognerie, tout cela serait-il possible ? Bien
mieux que moi qui de la demeu.re seig:Jieuriale où je s1ûs
ne vois et n'entends que de loin, vous savez évidemment à
quoi vous en tenir sur ce ~au ; vous, vous trom·ez les
ivrognes sur votre chemin et je comprends la peur qui vous
étreint. Autrefois, dans ma jeunesse, j'aimais beaucoup les
gens soûls ; i1s sont toujours si disposés à tout vous dire,
leur âme vous est ou'lerte; et peut-être aussi la raison de ma

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

531

sympathie était-elle que moi aussi alors je menais une vie
mauvaise. »
Il m'accompagna et; comme d'habitude) prit congé de
moi le soir même : longtemps il ne lâcha pas ma main
wmme s'il se disait que c'ét,lÏt pour la dernière fois et
cependaiat il me répétait :
« Nous nous verrons bientôt ... Dieu veuille que bientôt nous nous ,·oyions. »

J'étais au lit, j'allais m'endor~ir, j'entendis près &lt;le moi
des pas légers. Je le voyais de nouveau dans une demiobscurité. La légèreté de ses mouvements que n'accompagnait aucun bruit était telle que j'ét~is prêt à croire gue
c'~tait son ombre. Je tendis la main vers la lampe _pour
donner plus de lumière. Ce que voyant, Léon Nkolaïévitch arrêta mon bras. Assis près de moi sur mon lit, il
,dit d'une voix basse et entrecoupée ;
cc Non, c'est inutile, comme ça c'est mieux, je suis venu
vous trouver pour une minute. Je suis content que vous ne
donniez pas. ]'ai dit à Douchan de nous laisser seuls.
« Quant à vos manuscrits, continua-t-il, je viens de les
lire. J'écrirai à Anoutchine et aussi à Korolenko ; seulement je vous conseille, et j'y insiste, de ne pas vous éparpiller, de ne pas vous épuiser sur des choses qui n'en
valent pas la peine - il faut vous borner à décrire votre
vie. Elle est si pleine ·et si instructive que je suis tout p-r~t
à vous envier. Racontez-la, il le f;,tut, et même je vous.en
prie. &gt;J
Puis après un silence :
« Ce que vous avez eu -en abondance, toute ma vie m'a
fait &lt;léf~t. Allons., adieu ! »

�53 2

I"

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il al)ait sortir, mais immédiatement il revint, se rassit
sur le lit et - précipitant les mots :
cc Je ne voulais pas vous parler de moi. Mais à l'instant
j'ai senti que j'avais eu tort de ne pas vous dire pourquoi
alors, pourquoi jamais, je n'ai pu aller chez vous. Pourtant
je ne vous ai jamais caché que cette maison est pour moi
un enfer où je brûle; toujours j'ai pensé à partir, toujQurs
j'ai désiré aller n'importe où, dans la forêt, dans la maison
du garde, au village, chez un être dénué et solitaire, pour
l'aider, être aidé par lui. Mais Dieu ne m'a pas donné la
force de briser avec la famille - c'est ma faiblesse, peutêtre mon péctié - mais je ne pouvais faire souffrir, même
les miens, pour le contentement de mon désir personnel.. . »
cc Cependant», dis-je, cc pour voir les amis, vous n'aviez
pas bes~in de quitter la famille, cela n'est que pour quelques jours... »
Il m'interrompit: cc Voilà précisément le malheur. C'est
de mon temps aussi bien que l'on entendait ici disposer à sa
guise. Partir en cachette, ce n'était pas possible sans
esclandre et la famille en aurait souffert. Quant à consentir
à ce que j'allasse chez vous ou chez tel autre, ma femme ne
l'admettait pour rien au monde. Et si j'avais insisté, ç'aurait
été des crises nerveuses qui ne sont pas exceptionnelles
dans notre milieu. Et à cela je n'ai jamais pu me faire : je
me sentais toujours coupable. »
Tout surpris : « Mais si vous étiez tout de même parti»,
dis-je, cc qu'en serait-il résulté de si fâcheux ? »
- Sophie Andréievna serait partie à mes trousses et nos
entretiens auraient été gênés par elle. C'est arrivé plusieurs
fois, Ainsi quand j'ai été en Crimée chez les Panine 1 ~t tout
récemment à Kotchéty \ ma femme est arrivée tout de suite

I.

A Gaspra, en Crimée. Tolstoï malade y passa deux hivers,

./

533

et il n'y a plus eu de paix. Quant à vous arriver à deux ou
trois dans votre maison de paysan, f~ire toute une histoire
po~u vous dire : bonjour ! et une heure plus tard : adieu 1
- pour vous cela aurait été une gêne et pas plus, mais
pour moi, tout simplement, une bêtise sans raison d'être. »
Il y eut un moment de silence.
Je dis: cc Léon Nicolaïévitch, laisse~moi vous parler de
quelqu'un » - je nommai la personne - « de quelqu'un
que vous connaissez comme moi - et ce que j'en dirai
n'est pas pour vous froisser, n'est-ce pas ? Vous le savez, sa
femme était alcoolique. Elle a eu pendant 20 ans des accès
pendant lesquels elle buvait une semaine, deux semaines et
même plus que ça. Vingt ans il porta cette croix et il se
disait toujours que sa femme finirait par avoir pitié de lui.
Tant qu'il a été un sot, il a fait dire des prières, il achetait
des images saintes pour l'église, il allait en pélerinage dans
l'espo~r que Dieu corrigerait sa femme de son vice : mais
les accès étaient de plus en plus prolongés : l'année dernière
il n'y tint plus. Il prend son fouet. Et d'y aller deux fois sur
la soularde. Eh bien ! l'effet obtenu a été plus efficace que
celui de l'intervention des saints. Elle a presque cessé de
boi~e ; quant aux. accès - plus question. Et avant, il avait
beau la prier, il avait beau la supplier ! Chez nous, dis-je,
l~s querelles avec nos babas• ont une conclusion des plus
s1~ples - .q~ant à des accès de nerfs, ça n'existe pas. Je ne
sws pas, dts-Je, partisan du fouet et jamais je n'y ai eu
recours. Mais on ne peut pas cependant en passer par tout
ce que veulent_Jes babas. &gt;&gt;
Léon Nicolaïévitch rit de bon cœur ; il appela Douchan
Pé_trovitch, lui raconta ce que je venais de dire, puis l'ayant
pné de retourner dans sa chambre, il me parla avec simplicité et franchise :
.

1901

et 1902.
2.

DOCUMENTS SUR LE DEPART DE TOLSTOÏ

Propriété de son gendre, aux confins des Gouvernements d'Orel

et de Toula. Tolstoï y chercha le re,os du
1910.

r. Paysannes.

15

aoQt au

22

septembre

�H4

LA NOUVElLE REVUE FRANÇAISE

cc

J'ai porté· ma croix et .Yai enduré 30 ans, c'est plus que

DOCUMENTS SUR LI! D"fil&gt;ART DE TOLSTOÏ

~

l'homme que vous connaissez. » Et se montant -µn peu, il

ajouta :

Evidemment si, ne fftt-ce qu'une fois, je m'étais
permis c.fe bousculer ma femme, de lui crier après, elle se
serait soumise, bien sûr, comme-se soumettent vos femmes.
Mais ma faiblesse ne me permettait pas de supporter les
crises de. nerfs et quand il s'en produisait je me disais (}Ue
je n'avais pas le droit de faire souffr~r un être qui m'aime et
qui, à sa manière-, veut mon bien. Nous avons vécu
50 années famour, nous nous sommes fàits l'un à l'autre ,._
Ma femrtre ne m'a jam~is trompé-. Jene pouvais pour mon
propre plaisir m'en aller n'importe où et lui causer une
douleur. Seulement quand les enfànts ont été grands et
qu'ils ont cessé d'avoir besoin de nous, je I1ai engagée à
mener U:ne vie simple. Mais elle redoutait plus.que n'importe quoi de passer à' un état de simplicité - œ n'était
pas son â~e qui le repoussait - e-lle le repoussait d'instinct. ll
Il "s'arrêta, réfléchit et reprit :
-« Je ne suis pas parti pour-mon seul contentement et j'ai
porté ma croh-•.... Ici on mapprêciaft en roubles et• on
di'sait que jè rûinais 1a famille. » Et il dit retenant ses
larmes : « Cest vrai, on se préoccupait de ma· personne
avec amour : on veillait à ce que mon repas ne se refroidît point, à ce- que- ma blouse que- void filt propre et
aussi' ces pantalons, &gt;&gt; - et il montrait ses genouX' «- mat$, . à part Sacha, personne n'avait cure de ma vie
spirituelle ». Et tendrement . : &lt;&lt; Sacha seule me comprend, vit de ma vie ; je compte sur elle, elle ne me
laissera pas seuL Et puis » - afouta-t-il-&lt;E-je ne pouvais
voir les amis qu'on n'aime pas ici et en particulier
T chertkov. &gt;&gt;
« Vous connaissez Vladimir Grigoriévitch », - sans me
laisser le temps de répondre: « C'est notre ami à tous deux.
&lt;&lt;

r. Plus exactement 48 ans. Le mariage est du 23 septembre 1862-.

Il emploie tour s-on temps et S&lt;?ll argent à la diffusion de
mesœuvres-. Je l'aime. Et m·a femme ne peut Ievoir. Elle
juge que c'est à cause de lui que je ne vends pas mesi œll:vres. C'est comme ça : pour le voir, il me faudrait ou endurer des reproches et des larmes, ou tromper ma femme,
aller soi disant à la promenade et me rendre chez lui. Et
puis encore ce prix', l'argent ... Je voudrais me préparer
à la mort dans le calme et eux m'évaluent en argent ... Je
m'en irai, pour sîir je m'en irai ... » Sa voix était sourde et
te rlétait guèreà moi qu'il adressait ces mots:.
Il y eut une minute de si.le·nc-e-,- pui:s avec. chaleur l
(! Pardonnez-moi, je V'OUS_ èn ai trop dit. Cest que rà~:ri's
un t~l désir que v_ô us me &lt;:onipre.niez, que vous ne ·pensiez-pas de mal de moi. Encore deux mors ; je- vôus T'ai
dir, à présent. 1e suis libre ; ctoye~-nim, }e 11e plais-ante pas,
avant peu nous nous verrons certainement.. ChêZ vuus-, che:z
vous, dans votre chaumière», aiouta~t-il à fa hâte et remarquant ma surprise : « En vérité, j'ai: quitté ma famill~.- i,
Et plaisantant : &lt;r C'est seulement mon âme qui- l'a quimre
- et sans, dédsion de la commu-rre oommtt chtz vous
a-otres 2 • Je ne l'ai pas fait et_ne pou:'lais le faire dans, man
seul intérêt. Mais maintenant je vok que cela vaût mieux
pour les miens aussi : ils autont ll1ôins d'occasion de·se
querellèt et de pécher à cause de m&lt;5i. i&gt;
Et en me . disant adieu, Lé'on Ni,olaïévitcb de répéter
enw_re : &lt;~ Bientôt nous : .ous verrons- et peut-êt1'e plus tôt
que re ne le pensé. ~
Il fit' qnelques p.ïs, s'.arrêra. et s-e: retourna .. Et,. me dési..
~ant par mom non1 propre et par ~lui de,moo pèi:e i,, il
dit:
I. ~e pr!x Nobel. Son attribution éventuelle à Tolstoïdoonait lieu à
des discussions : que ferait-on du montant du prix ?
~- Le paysan ne pouv-ait quitter le vilfage- sarts nne dëcisfon du

Mir:.

, 3· San~ do_ute Tolstoï appelait Novicov de son petit nom, Micl;Jel.
L appellau.on maccoutumée : Michel Pétrovitch donne à la déclaration
de Tolsto1 quelque chose de solennel.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSB

Si je vous ai dit tout cela, Michel Pétrovitch, c'est que
j'aï la conviction que vous partagez ma manière de voir et
que vous êtes avec moi en complète sympathie. &gt;&gt;
&lt;(

1

1

Mon agitation était telle que, de toute la nuit, je ne
réussis guère à m'endormir. Et puis j'avais honte aussi de
l'avoir en quelque sorte incité à se confesser à moi ; et en
même temps j'éprouvais de la joie : l'homme qu'il était ne
m'avait rien caché de ses faiblesses et de ses douleurs morales. Ce trait me l'a toujours fait particulièrement aimer et
m'avait lié spirituellement à lui.
Mon cher, mon cher bon vieux ! Aurais-je pu penser
que tu vivais dans cette maison tes derniers jours et d'une
pareille vie l
Je rentrai chez moi à la campagne. Quelques jours se
passèrent et le 26 octobre je reçus sa chère, et précieuse
lettre datée du 24 octobre ~.
Jamais je ne me pardonnerai la négligence que j'ai apportée à y répondre. On a su depuis que cette réponse, il
l'attendit 48 heures. Lorsqu'il la reçut, il était couché,
malade dans la gare d'Astapovo. Sans cela peut-être, qui
sait, sa vie aurait été prolongée de quelques années : la
chaumière requise, la chaumière chaude et propre était
libre ; il semblait qu'elle attendît son hôte. Cher Léon
Nicolaïévitch, tu me pardonneras, car tu l'as toujours su,
je t'aimais, j'étais franc avec toi et si j'ai tardé à répondre,
c'e;t sans arrière-pensée .
Au reçu de la lettre, je ne me pressai pas de faire ce
qu'il demandait. Je réfléchis plusieurs jours: comment le
1.

Voir cette l~ttre page 537.

DOCUMENTS SCJR LE DÉPART DE TOLSTOÏ

537

dissuader de quitter pour toujours Iasnaïa Poliana ? Je le
voyais vieux, débile, tout à fait impuissant - il le disait
lui-même, et je devais reconnaître qu'un changement de
toutes les conditions extérieures de sa vie le tuerait du
· coup : sacrifice inutile en soi et sans utilité pour personne.
C'est en ce sens que je lui répondis le 27 au soir ; ce soir
même où, en se cachant des gens de sa maison, il faisait
son paquet et se préparait à passer du moride de la vie
dans un autre monde. Je lui disais que ce cc départ &gt;&gt;aurait eu une signification dix ou vingt ans auparavant.
A l'heure actuelle, ajoutais-je, vous ne faites qu'abréger
vos jours.
Et voici que cet homme qui était grand et que tous
aimaient, n'est plus.
Son rêve - vivre encore un peu, loin du monde et de
ses rumeurs, mourir dans la chaumière du paysan - son
rêve, à quelques jours de sa réalisation, s'est brisé.
·
Paix à tes cendres, maître qui ne sera pas oublié, que
ton souvenir demeure à jamais et aussi bien ta gloire l
MICHEL

OVICOV,

Iasnaîa Poliana,

24

octobre

paysan.

1910.

Michel Pétrovitch, je vous adresse encore la de~1ande
suivante qui se rattache à ce que je vous ai dit avant votre
d_éparr. Au cas où, en fait, j'arriverais chez vous, ne pournez-vous p~ me trouver, près de vous, dans le village,
une chaum1ere, ne fût-ce q~e la plus petite, mais indépendante et chaude, afin que je sois le moins longtemps possible
une gêne pour vous et votre famille? J'ajoute que si j'ai à
vous télégraphier, je ne le ferai pas sous mon nom mais
sous cel~i de T. Nicolaïev. J'attends votre réponse, j~ vous
serre amicalement la main.
LÉON TOLSTOI.

�538

LA NOUVELLJ! REVUE FRANÇAISE

Ne. perdez pas de vue que tout ceci ne doit être su que
de vous seul.

Cette lettre a été publiée par P. A. Serguiéenko (Lettres de
L. N. Tolstoï, 1848-1910. TolstO!ky Almanaklr, 1910, t. l,
p. 345).

PREMIÈRE JOURNEE A RUFISQ_UE
(FRAGMENTS)
TRADUCTION CHARLES SALOMON.

·

TOUS DROITS IŒSERVES.

. .• Je me suis réveillé pendant l'appareillage de la Pan-

toire. Mon premier sentiment a été celui de la fatigue et

...J

cette fatigue ne m'a plus quitté jusqu'au soir. Elle s'est
incorporée à ma journée, qui lui doit peut-être les couleurs fantastiques qu'elle a revêtues.
J'ai d'abord pris possession par mon hublot de cette
matinée du vendredi 6 mai et de toutes les merveilles que
le destin voulait bien mettre sur ma route.
La brise soufHait de terre; sa force n'avait pas calmi
avec le jour; mais le temps s'était nettoyé; plus de boucaille, un soleil blanc et fort sur toutes choses.
Toutes choses, c'était d'abord une mer de plomb
bouillant, terne et agitée ; c'était ensuite une demidouzaine de cargos au mouillage, vers qui notre manœuvre
nous dirigeait; c'était surtout, là-bas, - obfet de ma
curiosité dévorante, - une côte plate, apparemment boisée,
parsemée de constructions pâles, et cernée d'une plage
fauve le long de laquelle le flot faisait courir de grands
rouleaux d'écume.
Les cargos ont grossi, la côte s'est approchée; j'ai alors
distingué quantité de détails qui m'avaient d'abord
échappé : tout un plumage de petites voiles carrées, qui
filaient au ras de l'eau; des cotres un peu plus gros, couchés sur la lame ; et deux remorqueurs minuscules qui
pagayaient de-ci de-là; leur cheminée maigre et sale se

�540

LA

OUVELLE REVUE FRAN ÇA1SE

fleurissait d'une risible petite cage à étincelles en treillage
métallique.
Les constructions pâles ont pris forme; la côte s'est
ordonnée sur plusieurs plans; quatre wharfs ont eu tout le
mal du monde à ~'en détacher; je les ai lentement démêlés
des accidents confus de la rive sur laquelle mon œil les
laissait aplatis. C'est alors que j'ai vu s'isoler_ les uns des
autres plusieurs bouquets de grands arbres gns, et se modeler un horizon de forme très molle.
ous avons doublé par l'arri ère quelques vapeurs dont
je n'at,rais jamais cru que j'oublierais l:s no?1s. Qua~d j'ai
constaté que nous étions près de mouiller, Je me sms levé
et j'ai déjeuné à la hâte.
.
.
Le commandant en pijama a surgi comme J'achevais :
« Vous venez à terre avec mai, Monsieur B/6 ? - Bien stir,

Mo11siettr Chabaneix . Mais, dites voir, est-ce qu'il faut mellre
le casque? - Le casque ? Bè, je crois bien ! - Vous tles sâr
que ... ? - Stlr que quai? - Sûr que ce ne sera pas de la ta1·tarinade ? »
Le commandant qui allait de long en large, s'est arrêté
net; il m'a regardé et a reniflé avec indignation : « Eh ~è,_

ne le mettez. pas le casque, .1\.1onsieur B/6, et vous verrez le JOlt
coup de bambou que vous allez.. prendre. - Bon, bon. Je ne peux
pas m'emplcher de trouver la chose tm peu ... Mais ça va alors,
on le mettra. »
Une demi-heure plus tard, j'allais vérifier avec une
certaine inquiétude, dans la grande ~lace du carré, _la
touche que me donnait ma figure de nen du tout, pnse
sous le grand casque des Indes que J. m'a prêté. Ce
n'est pas sans un effort que je me suis résolu à déboucher
dans cet affublement sous le soleil de Dieu et sous les yeux
de l'équipage.
La curiosité générale était ranimée par l'approche de
cette terre, nouvelle pour beaucoup, quittée par d'autres
depuis plµsieurs années; tout le personnel du bord,
officiers, matelots et chauffeurs, était rassemblé autour de

PREMIERE JOURNÉE A RUFISQUE

54(

la coupée. Mon arrivée a été saluée par ce murmure
mélangé d'amitié et d'ironie qu'excite toujours l'apparition
d'un de nos semblables dans une tenue seyante et fraîche.
C'était la prernière fois, depuis des semaines, que j'abandonnais mon chandail et les sombres couleurs de l'hiver;
le casque en outre produisait son effet.
Mais ce qui m'a d'abord frappé la vue, spectacle qui
primait tous les autres, cela a été M. Chabaneix, haut, large,
bombé dans un complet de flanelle blanche à petites raies
bleu pâle, les pieds chaussés de souliers blancs, son visage
cé arien encadré dans un casque kaki d'une forme heureuse, et serrant sous son bras (seule tache foncée de cet
ensemble vraiment étincelant) son portefeuille de maroquin bruni. Je n'ai pu retenir une exclamation : « Oh,
· vous !tes mperbe ! » C'était la vérité. Aussi a-t-il joui profondément de cet hommage spontané et s'est-il senti, s'il
était possible, plus à l'aise encore dans sa peau.
Le canote était armé et dansait déjà dans la houle; trois
matelots le maintenaient péniblement éloigné de la coque
et de l'échelle.
Je vous ai dit que la brise venait de terre et soufflait
grand frais. A peiue débordés, nous avons eu la vague
dans le nez; le canote n'ayant point de quille de roulis,
le commandant n'avait pas osé mettre à la voile ; les trois
rameurs avaient tout le mal du monde à nager ; je me
souviens du reste avec reconnaissance de l'air de paniculière bonne humeur qu'ils avaient ce matin-là.

** *
Je crois que les Instructions Nautiques donnent au
mouillage de Rufisque le nom de port ou de rade. Mais
rien ne rappelait l'idée que nous nous faisons de l'un ou de
l'autre.
Une brume blanche, mélange de vapeur d'eau, d'écume
et de sable, nous cachait le grand arc que la côte dessine

�54 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

au nord et qui défend .effectivement le .mouillage contre
les alizés du nord. C'est en vain que je cherchais à distinguer, du côté dé la haute mer, l'ergot du Gap Manuel, la
· double bosse des Mamelles et l'emplacement &lt;le Dakar. Je
n'apercevais autre chose s-inon devant moi, à une distance
de deux ou trois miUes, la ligne droite, inhospitalière, de
la plage, sur laquelle la mer brisait avec fureur.
Aussi bien le p1aisir q_ue j1éprouvais n'a-t-il pas tardé à
se mélanger d'un .autre sentiment; la suite de mon voyage
devait m'en faire rougir.
Je vous ai dit que le mouillage était parcouru de cotres
rebondis; le vent les poussait avec rapidité; les uns arri. vaient de terre et tail.laient devant eux en courant au plus
près; parvenus sous le vent du va_peur qu'ils chargeaient1
ils viraient avec une précision gracieuse et venaient exactement l'élonger. D'autres, à peine déb2;rrassés de leur cargaisoµ , hissaient leurs deux. voiles, s'inclinaient sur la
lame et regagnaient les wharfs en tirant de grandes bordées.
En outre, des ,gabares ventrues, chargées à ras bord et
privées de tout moyen de propulsion, dérivaient lentement à travers le clapotis;' elles s'en allaient ainsi jusqu'au
moment où, passant auprès, un des deux remorqueurs.
poussifs leur jetait une vieille amarre de chanvre et les amenait à destination. Vides, elles entreprenaient de regagner
terre par le même procédé; on les voyait emportées' _par·
la dérive à de très grand.es distances. ; mais U!} des deux
serviables et actifs petits vapeurs finissait toujours par le&amp;
découvrir; ni l'un ni l'autre ne rejoignait jamais les wharfs.
sans traîner derrière lui, vaille que vaille, un long chapelet
de ces impuissantes péniches.
Enfin, dans tous les interstices de cette circulation, on
voyait, minces et promptes comme des flèches, filer de
petites _pirogues indigènes, montées par &lt;leux hommes ; la
brise les couchait sur le côté; un des horp.mes gouvemi}.it
au moyen d'une longue rame; l'autre se dressait tout
debout sur l'étroite et tranchante lisse; il levait à bout de

PREi,UÈRE JOU.RNEE A RUFISQUE

543

bras, dans une attitude magnifique, une perche qui faisait
office de vergue et .maintenait ·au vent le carré de linge
rapiécé qui servait de voile_. Un bout de m ât compose,
avec une ficelle et une poulie, le gréément de ces embarcations minuscules, dont la largeur ne va pas à un mètre et
dans lesquelles les mandiagos font des rraversées de cinquante milles.
Tout cela produisait en rade une animation exrrêmement
pittoresque à la contempler du haut d'un solide cargo en
acier. (Juelle fausse honte m'empêcherait d'avouer que, du
fond d'une coquille de 11oix_, rendue très peu maniable par
la houle, ce spectacle n'a pas tardé à me paraîtr.e .assez
impressionnant? D'autant plus impressionnant que, à y
mieux regarder, l'équipage de tous ces bâtiments - cotres
'
'
gabares, pirogues et remorqueurs, - était exclusivement
composé de noirs.
Je ~anquajs alors de la moindre notion sur les capacités
nautiques des indigènes. Je n'apercevais d'eux que leurs
gesticulations, leurs clameurs confuses et leurs corps suspendus en chapelets après les fardages ; quand un coi:re
passait près de nous, au-dessus de nous, à trembler, faisant
sifiler l'eau et nous éclaboussant d'écume, j'avais juste le
temps de fixer le souvenir des yeux sanguinolents que le
timonier dardait droit devant lui· avec une intensité
d'expression presque hagarde.
cc Nage, nage I » criait M. Chabaneix à oos trois matelots; et chaque fois que ceux-ci voyaient grossir un autre de
ces monstres, dans un tourbillon de cris menaçants ils
s'arc-boutaient sur leurs avirons à les faire plier. Je se~tais
no~re lent et frêle canote entièrement livré à l'humanité,,
au coup d'œil, au sang-froid et ~ l'habileté manœuvrière
des
., . étranges animaux déchaînés sans contrôle sur cette rade•,
Ja1 trouvé tout à coup mon destin précaire et misérable.
Je devais plus tard apprendre que les noirs de ces parages
comptent parmi les meilleuxs marins du monde, que leur
audace et leur adresse sont estimées sans rivales.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

544

Mais à ce moment un soulagement m'est venu à voir
l'attention de ~- Chabaneix se fixer sur un des cargos près
desquels notre route nous poussait. Un hurlement ~•a pas
tardé à lui échapper:
&lt;c Mais c'est la Meuse, ce bateau-là, c'est la Meuse! Nage,

naue
;·e vais demander si Fabrechong est à bord.
b &gt;
- Vous connaissez: quelqu'un mr ce bateau-là?
- Hè bé, FabrteÎxmg. C'est là un des deux bateaux d'Andrade, de Bordeaux. Fabrecbong, qui le c.ommande, était second
stir Vistule, l'année q11e j'y ai embarqué comme lieutenant. Voits
allez. voir l'homme que c'est. Nage, nage I »
Nous accostons le cargo ; je fais connaissance avec la
poussière d'arachide; elle souille la muraille, elle s'amasse
dans les anfractuosités des hublots, elle couvre d'une cendre
grise les blancheurs du château. Un jeune homme blond,
sans col et en casquette sale, nous sourit d'en haut et
nous apprend que M. Fabrechon est à terre. _H _n'import~ ;
M. Cbabaneix a ses desseins; d'ailleurs sa cunos1té est éveillée · il me jette son portefeuille, attrape l'échelle de pilote
qu'on déroule à sa rencontre et d1spara1t comme un singe.
ous l'attendons, amarrés à un bout, qui est un cordage, et
qui se prononce boute, tout comme canot se prononce canote;
nous sommes durement secoués; le canote tape et râcle la
noire falaise du vapeur, contre laquelle nos mains tendues
à plat servent bien faiblement de défenses. Tout à coup
des cris éclatent d'en haut, de l'avant, de l'arrière; je me
retourne; un des deux remorqueurs indigènes vient de
doubler l'arrière de la Metise; il débouche à vingt mètres de
nous, suivi de deux gabares lourdement chargées ; il les
mène à accoster précisément là où nous nous tenons; nous
sommes si bas sur l'eau que le timonier ne nous apercevra
pas. Mes trois matelots s'affairent à déborder le canote
sans casser les avirons contre les tôles de la Meuse. Ils Y
réussissent au moment où l'étrave du remorqueur va nous
atteindre; encore nous a-t-il fallu saisir un moment favorable entre deux levées.
'

•

JI,

•

545

PREMIÈRE JOURNÉE A IUFISQUE

Enfin nous voici amarrés plus loin vers l'avant, à un
autre boute qu'on nous a lancé. Je suis désagréablement
impressionné par ces incidents, par ces équipages agités, pa.r
ces manœuvres hasardeuses. Les rafales qui veulent m'arracher mon casque me forcent à le tenir enfoncé ; il est un
peu étroit, presse sur les tempes et ajoute la migraine à
ma fatigue. Je sui$ trempé, mais le soleil devient plus
brôlant à mesure qu'il s'élève ; j'ai plutôt envie d'être à
bord qu'à terre, mais surtout d'être n'importe où ailleurs
que sur ce canote, et l'Afrique ne me plaît pas.
0 Colleone, où êtes-vous ?

•••
... Rufisque avance dans la mer quatre wharfs courts et
trapus ; celui que nous accostons est grouillant d'activité ;
les cotres, les gabares, les canotes des steamers pullulent
tout alentour. Chaque levée, en s'en venant du large, soulève ces rangées d'embarcations les unes après les autres
avant d'aller s'écraser sur la plage, cinquante mètres plus
loin, en produisant un bruit d'écroulement brutal et profond.
Tandis qu'ayant empoigné d'une main les échelons rouillés de l'échelle, je grimpe en assujettissant de l'autre mon
casque sur ma tête, je vois se pencher au-dessus de moi
une vingtaine de noires figures, plissées par la curiosité ;
elles dessinent le long du wharf une frise d'yeux brillants
et de dents proéminentes. En même temps, un verbiage
d'une vélocité incroyable fait connaître à tous présents et
absents que, derrière l'impressionnant cap'taine du grrand
bateau arrivé dans la nuit, débarque un petit toubab maigre
et rasé, qui ne peut à première vue s'identifier ni avec un
administrateur, ni avec un « opérateur ))' ni avec un
shipshandler, ni avec un cap'taine de bateau, ni même en dépit de sa vareuse - avec un officier de terre ou de
mer.
35

�54.6

,111

'
LA llOUVELLB tEVUE Fl.A'NÇ41SE

J'étais tncore à ce moment-là. sur mon éc~U_e, ~ctement sospendu .à mi-chemin entre notre civiltSJ.non et
- 1•autire.
·
La situ.ation aù je -me trou\.'.ais ~it exact!ement œll
d'un lézard qu.e je regardais hier ~scensioooer le mur d'u:n
petit perron. Parvenu près ,du rebord· de la pll\te-forroe~ il
s'est arrêté il a avancé la t!œ, il a proc6dé .à un examen
circonspec; de ce qui pouvait !~ttendre surie mori?e hori-,
zontal; puis, ayant fait, il a pris le courage de se nsqucr à
la surface de ce nouvel étatJe choses.
r
Quand mon nez a eu dépassé les poutres en ibétoo du
wharf et la tranche de son plancher, j'ai moi aussi jeté un
regard sur la surface de ce nouveau continent et j'ai commencé à m'instruire.
Je me suis d'abord trouvé perdu dans une for~tde lon~es
jambes noires, d'une maigreur d'échasses, émaillées de cicatrices et de plaques; elles sortaient de jupes ou de toges
assez longues et dépenaillées ; les pieds qui les terminaient étaient cornés, poussiéreux, inconciliables a-vec les
canons de l'esthétique gréco-roma.ine.
Continuant à m'élever, j'ai constaté que la plate-forme
du wharf était couverte d'un empilage grandiose de sau_
d'arachides entre lesquels quatte voies Decauva.U.e se
frayaient pl!niblement un chemin ; une d.e ~ piles était la
proie d'une équipe d'hommes en toges et en JUP~ de ao~leurs qui la précipitait pièce par pièce dans leude; mus
·l'extrémité d'un mât se balançait tout auprès J cbacune des
vagues, en passant, le soulevait à $0D tour, .avec-a n.e b~squerie de hoquet, et me laissait sup~ser que.. le vide
était occupé par nn cotre en chargement.
Outre 1es manœuvres qui démanteiaient œt édifice, une
abondance incroyable d'êtres gisaient de tous les côtés, couchés sur des sacs vides, assis sur des sacs pleins, a:ccrciopis.
entre les raits et sur 'les planches, fumant de longues pipes'
minces, grignotant des caca.ouettes, jacassant avec une
fureur aiguë, riant de toutes Jeurs dents, et prêts, me

PREt,UÈn:

JotTRtŒE

A. IUFI9QUE

54 7

semblait-il, à accepter pour valable la premièr-e distraction
qui leur écherrait.
En l'espèce, la distraction Jenr a été fournie par le oommaœfant Chabuieix.et par moi.
Mon com~gtmn avait pris quelque avance; je le voyais
s'éloigner de son pas npide et autorisé. Sa prestance en a
fait instantanément le point de mire cl.es noirs; quand je
l'ai rattrapé, ils l'assaillaient déjà de leurs interpellations:
« Hé, boniourr cap'taine I Hi hé, monsieur, "hé cap'tain, bcnjourr I »
Il leur répondait avec une assurance et une jo"e que je_ ne

Lui avais jamais vues, quelque habitué que je fusse à ses
manières. Mais il ne faut pas oublier que son père a été,
pendant toute la fin de sa canière, .ce qu'on appelle un des
v-œux « Séoég:alais &gt;&gt;, c'est-à-dire un de ces capiitaines s~
cialisés dans la navigation de la colonie, familiers avec ses
barres et ses ad.es foraines, à la toule de ses usages, de ses
tr~cs et d~ ses secret~ ravitailleurs essentiels des .comptom. en pouns et en primeurs, de la métropole en sirJges,
fauves, et oiseaux, intermédiaires gaillards pour toutes
sortes de missions publiques ou tacites, licites ou illicites
finissant par avoir transporté je ne sais .corn bien de fois tou;
les blancs et toutes les blanches que leur destin fait vivre
dans ce malheureux pays; bref no de ces capitaines dont
à la l~ngue, le nom, l'humeur, les aventures, les capacit~
nou~1ssent une d«:5 co~versa~ons essentielles de l'Afrique
Occ1dentale, et qu1 méritent bien le titre qu'ils se donnent
de Rois du Sénégal.
'
Lui-même, le Chabaneix que je connaissais, avait fait
le _Sénégal sans interruption, de 19II à 191-6, un an sur
Ymule, quatre sur Mau.ritanie, torpillés .depuis. Sur vingt
phrases que prononce M. Chabaneix, cinq commeocent
par ce préambule qui suffit à reconstituer autour de moi
toute l'atmosphère de l'Atlantique et de la Pantoire :
&lt;&lt; Quand j'étais lieutenant su,- Mauritanie l) ou bién :
« Quand filais second mr Mauritanie ». Combien de fois

�S48

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

au juste a-t-il remonté le fleuv~jusqu'à Kayes, touc~é
Dakar, Rufisque, K.aolakh ou pénétré en Cazamance, Je
l'ignore ; mais qu'il ait rapporté de ce long cabotage une
connaissance intarissable des passes et des mœurs de la
colonie et une préférence secrète pour la vie qui s'y mène,
c'est une chose qui ne peut pas se nier.
(&lt; Vous verrez., vous verrez., Monsieur Bld, _quand nous ·
serons arrivés au Sénégal, vous verrez si je n'y suis pas connu '
de tout le monde. »
Je pensais : (( Nous n'en sommes pas, Monsieur Chabaneix,
à une galéjade près. »
Me doutais-je que je verrais sa prédiction se réaliser si
pleinement ? Car si beaucoup de noirs jouaient avec lui au
jeu qui leur plaît tant, de parler pour entendre le son de
leur voix, pour zézayer quatre :.nots français et pour induire
un toubab à attacher une importance particulière à leur
salutation, ma surprise devient grande d'en voir deux,
trois, quatre se dresser tout debout, lever les bras en l'air,
écarquiller la figure d'un plaisir qui n'est plus feint, et
s'écrier :
(&lt; Hé hé, Moussié Chab'nesse, hé hé cap'taine, Moussié Chab'nesse, moussié Challrzesse ! »
_
On le reconnait. Surprise plus grande encore, il reconnaît ; il s'arrête, se retourne, et, sans une hésitation, met
des noms sur les noires figures.
« Té, Abdoulla, té, Boukfall, té, vieux, tu n'es donc pas.
mort ?
- Hé hé, cap'taine, hé hé, moussié Chab'nesse I &gt;&gt;
Ils se dandinent en tapant leurs_mains l'une dans l'autre;
je vois leurs yeux rieurs s'humecter de la pure félicité d'avoir
été désignés par leur nom, signalés entre tous par ce toubab
superbe.
« Hé hé, Moussié C hab' nesse, second Maurita~ie? Hé hé?
.:_ Non, non, plus second sur Mauritanie, je suis maintenant
cap'taine du grrand bateau là-bas.
- Hé hé ! Hé hé!

PIŒMIÈRE JOURNEE A RUFISQUE

549

· - Et ta femme? Elle couche toujours avec ton frère? Tasœur
fait toujours la garbo et toi le vieux c. ? »
Abdoulla, Boukfall ou Mahmadou comprennent mal
ce torrent de paroles un peu bredouillantes ; ou, s'ils le
comprennent, ce sont de fat?eux diplomates, car leur visage
n'en laisse rien paraître. Leur satisfaction prend un accent
pointu et chevrotant :
« Oho, Moussié Chab'nesse, rnoussié Chab'nesse / »
Leurs congénères se sont rapprochés; ils se pressent maintenant en un cercle compact, où les uns jacassent sans
arrêt, pendant que les autres se bornent à tendre en avant
leurs dents blanches, et leurs lèvres qui rient de contentem~~t. Et moi qui perce leur foule à ce n~oment pour
reiomdre le commandant, je commence à humer une odeur
é~œu~a~te et . douceâtre, qui m'est . nouvelle, mais que
b1entot Je serai sûr de ne plus jamais oublier.
S'il était supetbe surle pont de la Pantoire, tout à l'heure,
M. Chabaneix, combien il l'est davantage ici, gonflé moins
de la vanité d'être reconnu que de sentir jouer si parfaitement les heureux mécanismes de ses facultés. Vraiment
tel qu'il m'apparaît là, ce sont les parties napoléonienn~
d~ son ma~que qui ont raison ; une fois de plus, il me
fait ~ense_r a N., mon ancien capitaine au front; celui-là
aussi avait été entraîné par son goût à servir en Afriq9e •
celui~là aussi ~vait contracté à l'endroit de l'indigène cett;
affect10n rnépnsante de négrier; en entendant les phrases
ou.olof se former spontanément sous le palais de M. Chabane1x., qui ja~ais n~a é:udié aucune langue et qui n'a plus
~arlé celle-ci depuis cmq années, je me rappelle la verve
m~puisable avec laquelle mon autre paresseux, là-bas, entre
~m~pes et Souain, reproduisait le piaulement arabe du
t1ra11l~ur, son sabir, ~es prières et son caquetage.
. Mats M. Chabane1x est pressé; ce qui l'amuse dans l'in~~gè~e, c'est ce qu'il en fait, lui, Chabaneix, et aucunement
l 1~digène. Aussi fend-il la presse et continue-t-il à grandes
eniambées, tandis que j'allonge le pas pour rester à sa hau-

�/
LA NOUVELLE Jl.EVOE FRANÇAIS&amp;

teur e'tqti'autourc de nous repnmd le dangereux tonnerre
des wagonnets.

... Les quatre w~rfs de Rufisque prennent racine dans
le sable même de la plage, mais à une hautem su:ffisa,nte
pour échapper aux effets des levées ordinaires ; qlilant à la
marée, elle est presque insignifiante-sur ces côtes-là..
La. plage.est donc bordée- par _un terre-plein sableux assez
large, où pourrissent les. résidus habituels d'un port. Les
mes de la ville viennent déboucher sur ce q-uaii naturel.
Nous garant donc de; wagonnets, nous avons d'abord
été arrêtés pai: un douanier noir; U s'est rnootré devant
une guê1ite de éiment, avec cette allure désabusée qu~ est
de. i.ègle en Franœ dans sa profession ; il avait l'œil triste
et la figure mélancolique ; il habitait sans ridicule une sorte
d'1wmiforme ,omposite d'où sortaient par en bas ses deux
pieds nus.
11 a.. mis peu de mots et peu de gestes à .rafraîchir les
s0t1venirs topographiques de M_ Chabaneix. Mon superbe
capitaine n'enduraiit toutefois qu'en piaffant la position
subalterne où ce court. incident le plaçait vis-à-vis d'un
indigène par ailleurs philosophe et vite résig.n é.
.
La première chose que R.ufistiue me montrait pendant
ce temps éta~t une perspec;tive rectiligne assez vide ; une
voie Decauville la parcourait sur toute sa looguem et des
constructions basses la bordaient. L'angle que cette me
formait avec le quai était occupé par une maisOL1 sans
étage d'une blancheur offensante ; une de ses fenêtres était
ouverte ; il s'y tenait une- figure que je n' oublieraii Lamais
p_lus, tellement c'était celle-là même que mdn ~nfanœ e.t
mes romans d'aventure devaient députer à ma ren,ontre.,
Imaginez la fiction du vieux. empirique noir, du vteil
esclave de wuleur que toutes nos lecturés nous orut, depuis
Fenimore Cooper et Beecher-Stowe, rendue famil:i_ère.
Essayez de ressusciter cette face camuse,. œs ye~ saogui-

55 1

PREMIBRB JOURNÉE; A RUFISQUE

nolents,.,cette lippe ·un peu pendante

di

ces cpntours qu'ei-

filoche une barbe blanche clairsemée. La crêpeluœ des
cheveux surmontée d'un vieux chapeau de paille, le bras
gauche posé sur l'appui-fenêtre, il fumait sa pipe en examinant le mouvement du port avec une expression curieuse
et bien.veillau~. Par l'embxasme de la fenêtre passable.ment
jl.Îrélevée,. on apercevait un mob.ilie, du Faubourg Saint"Anroine, un lustre, des bibelots de tombola; il ne faisait
aucun doute que le boohoçnne se carrait sur une chaise
Henri Il, émanée en droite ligne de chez Dufayel. Son
habilleme11t était d'un ancien pilote,. linge blanc et vareuse
marine . Il était parfaitement immobile et nous .regardait en

fumant.
La maison se con.tinuait.à. mai.nt gauche par un mur de
la même aveuglante blancheur,. qtientai.l.lait une porte en
bois plein.. Un gigantesque laurier-rose débordait le mur· et
surplombait la rue avec l'encoi:bellement de sa verdure
sombre et de ses fleurs. Nous avons ainsi défilé sous les
yeux. attentifs dtL vieux. sorcier tèa.vesti, qui me donnait
d'nne façon si mystérieuse et personnelle le salut de
t'Afrique.
·
.La courte rue.latéule que. nous avons prise s'engageait
entre deux entrepôts. Les pierres dont ils étaient faits semblaient n'avcm subi aucune des douleurs du travail ,· leur
ivoire gardait son éclat natif, et les murs offraient encore
cette réverbération nacrée qu'on ne voit qu'aux: fronts
d'attaque des carrières. Ces hautes parois ~obiles
-l'ésoanaie.nt toutefois d'une activité intérieme, pour ainsi
.dire mentale, où dominait le roulement martelé des
diables, coupé de la chute claire et flexible des sacs d'au..dµdes.
· Cent pas plus 1-0in, aous débouchions à angle droit dans
,la rue Gambetta._
Celle-ci est le type même de la v~ie moderne, telle que
font rêJ.rée et réalisée les colons de Rmisque ; elle est non
·seulement fartère centrale de la vfüe européenne, mais le

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

modèle sur quoi tout le reste essaye de se conformer. Et ce
modèie est, à certains égards, une réussite.

* **
Rufisque est tracée à l'américaine, par perpendiculaires
et parallèles; la rue Gambetta s'en va, comme un trait de
tire-ligne, du principal wharf jusqu'au jardin public et
à la gare, ce qui fait environ huit cents mètres.
C'est une vraie rue, propre et parfaitement adaptée à
l'unique fonction de la cité, qui est 1e stockage et l'etnbar·quement des arachides. Aussi, d'un bout à l'autre, la
chaussée n'.est-elle qu'une carapace, légèrement bombée,
de ciment épais, entretenu avec soin. Trois voies Decauville
parallèles sont encastrées dans ce dallage, à'. la façc»( des
voies de tramways dans le macadam des villes les plus
brillamment civilisées. Chaque rue 'transversale se ' présente avec sa même chaussée de ciment et son même
Decauville. Les bifurcations des carrefours et leurs aiguillages sont nets et en assez bon état. Des voies de raccor•
dement se détachent à droite et à gauche et vont s'engloutir
dans les entrepôts des différentes sociétés. Les trottoirs
sont bien établis; ils présentent un jeu réduit de ces petits
regards en fonte, à quoi se trahissent nos exigences et notre
asservissement.
Nous remontions à présent cette rue. Les' maisons qui
la bordent sont proprement construites. Deux couleurs
dominent dans les badigeons qui les recouvrent; le lait de
chaux, et un ciment d'une nuance ha,,.ane assez ardente
qui rappelle l'Italie.
Du côté du soleil, on abaisse de grandes toiles 'q ui
viennent s'assujettir à des anneaux scelléi dans la chaussée;
elles embrassent ainsi le trottoir, et forment, par endroits, '
les amorces d'un chemin couv&amp; t, plein d'ombre et de
soulagement. On s'étonne que les colons n'aient pas eu
l'idée de doter toutes leurs maisons de portiques en maçon-

PREMIÈRE JOURNÉE A RUFISQUE

553

nerie et de constituer ainsi, le long des rues, un abri perpétuel contre le soleil ou les. tornades.
Le sirocco faisait clapoter ces tenies avec un bruit marin,
et les bureaux ouvraient, sous leur protection, tout ce
qu'ils pouvaient ouvrir de portes et de f~nêtres. Dans la
-demi-obscurité où luisaient le chêne verni et le cuivre bien
fourbi, j'apercevais des silhouettes en bras de chemise ; au
fur et à mesure que nous passion~, elles tournaient vers
nous, avec une lenteur exténuée, des façes blanchâtres et
tra.nspirantes, privéès de toute espèce de curiosité sensible;
j'emportais avec moi et j'additionnais une à une ces images
·de souffrance et d'abattement. Mais aussitôt sortis de la
protection d'un de ces tunnels, nous nous retrouvions
plongés dans la circulation démoniaque des wagonnets.
Pleins ou vides, ils se suivent et se croisent en files aussi
continues que les tramways de Broadway sur les photographies de New-York. Ils se réduisent d'ailleurs à de simples
plates-formes; on les charge aussi haut que l'on peut; le
centre de gravité s'en trouve surélevé au-delà de tout ce
,qui est raisonnable; cela communique à l'édifice un branle
grotesque et inquiétant dont leurs conducteurs paraissent
se réjouir infinime.nt.
Ces montagnes de sacs blonds accouraient donc les unes
derrière les autres en jappant successivement des ~eux
essieux sur chacun des joints de la voie, et en émettant ce
bourdonnement continu, tout spécial à la vibration de
l'acier dans le ciment.
. Derrière chacune d'elles trottaient deux grands beaux
d1ables ; la lumière brûlante les enveloppait sans rémission•
le _vent q-qi s'enfilait dans la rue le~r plaqua!t au corps leur~
liaillons disparates; la plupart avaient la tete, les bras, une
épaule ou une partie du torse nus; on les voyait arriver la
:fi~ure levée, la bouche ou\terte, les yeux dilatés, riant,
~1aot, cour~nt, s'appelant, et ayant bien plutôt l'air de
Jouer au tram que d'accomplir un travail salarié.
Leur idéal était, sans aucun ·doute, de rejoindre le

�1:A- NOtn!EllEi .RRVUR ~

-wagonnet précédent etj de le tattiponnœ le plu&amp; bruyam;..
ment possible. Le pas~e -Iles -biforl:zàti0ra~ où les joinq,
,sont plus ou., moins- mal :ajustés,- constituait- aûssi ,des
-incidents fort div~issants, car un i chemin-rd fer »-n'est
pas complet s'i} est vendu sans u:i s..ystèmeï,perfectioi:mé
iraccid.ents ;- auss.i pour franchir les cioïsemeats,. lan.çaie~
·
ils · leurs wagonnets .à toute., y1tesse
~ l',a.vexrtur-e I pouva.1"t
tourner bien; il pouvait se &amp;ire aussi que les roues d'avanit
prissent apcpui mr les e)l'.ttèmîtés d'-un mil aomtne sur u11
·providentiel tr~pHn d'acier; la plate-forme .en profi~
sans r.etani pou:r essayer d'a'tl petit saut en hautem; mais
les cinq ou six .cents kilos d'arachides qui lui pesarent sur
les reins. calmaient aussit6t cette belle ambition; en tqi .
clin d'ail tout retombait, dér,aillait et basculait. Eda~
de 1eire et glapissements -de redoubler '; le's wagonnew sui-vants accouraient, environnés de vociférationsj dans le
louable dessein de caramboJer l:i.. v-icti"me de cetfe catas;trop-he ; que d'aventure un convoi se présentât .à q!
-moment par la , vore ttans'i'ersale, et la. disn;action ét~it
1)0rtée à son comble. Cela. durait ainsi tusqu'à ce qu'inter~
vint, à grand fracas &lt;le ·gosier, un cont1emaître iQdigène,
qu'éperonnait l'apparition, au bout de la: nie, d'un coin.mis
européea de la maison. Alors on se mèttait il dix:, à vingt;
c'était occasiàH aux l'iellcs musc\1htures de luire et de touer,
occasion .;;i-ussi aux langues de marcher ; }ëç; wagonnets
- étaient remis sur rail, r,chargés de Jeurs, sacs, et les b11ms,santes files de petits tramways reprenaient leur course ,vers
la mer -0u vers tcS--enttepôts.
Et déjà je rommem;a-is à me cüre: &lt;c,Je -vois bicn-,Je queldté

la fwa, de quel côti est la -tiiohtssë,1 mais .est-ce qf/J4je nvvot.r
pa,s aussi clairement de quel cvré edt itt lihe-Ptt, de ,qu-eL côtt.la

erl

joie:?',,

.

Cependant, .sur les trottoits; dtculah gravement U1il
ttoisiême aspect-de la- question ; il émit figuré par -de,maies·tueux personn::iges. de race. blanche dont . le -ventre bedminait soÙ.5i ~le burnous; ils avaient le fezi sui; · li tête, la

555

PJlEMIÈRE JOURNÉE A: RUFISQUE

canoè à la main; des oo~uches âe prix les shaussaîent ;
ieurs yeu1: veloutés dfédai~aietit les, ba:ga-rres puériles•ac h
ch:russéc; leur masque -cmpât-é, d'un teirit ëistre et légèrement bfüeu-x, ne trahissait que des prébcca.pMîons de
grandes personn,es. &lt;&lt; Des Mârocai111s, , me .répond M. G:habanéix, comme }e les lui désigne du menton, fes plus g-ror

eommerça1ttt du Sb/égal aprls nouJ.

»

-

-l:.!n

quatrième aspect de la questiOl'I' se montre- tout
aussitôt : robe sombre et sordide, d~marcne souple et
glissée, tignasse ébouriffée, peau grise, teint mat, faœ
longue, bras maigre!;, mains- de prince, œil de houri, mirie
de bandit: « Vazde{_-vous VfJzr un Maure? me dit M. Chabaneix, en m'attrapant le couie. Orfevres, chamelier, et

dtftrausseurs de µm,d chemin ; tout leur

&amp;S&lt;t

b&lt;Jn, ils sonf bons

à tout; les g'uts les plus inttlligents du Sfnégal. » Et plus ra.rd
quelqù'un ajoutera: « Si ce n'était pas nous qui tenions le
Shiégal, ce serment les Maures. &gt;&gt;
•
_A~ moment oû nous arrivons sur une petite place provn1c1ale, plantée de douze arbres en carré et du buste d'on
monsieur, J'ai encore le temps de distinguer un cinquième
aspe~, de la question. C'est assurément un Européen,
ce~u1-la, avec son kaki de toile; son casque français, sa
mm~ cre~se et sa démarche fatiguée; et pourtant je sens
au_mt?t, a quelque chose qui m'écha!ppe, que cela pour- 'rait b1en tout de même n'être pas un Européen. La fate
assuré~e_nt est bla?dîe ; mais le tei-m est une îdèe trop
Jl]at,. 1 çeil u:op n01r, la pupille trop humide, la paupière
:rop meurtrie. Le casque est bien la haute poire que les
images des guerres coloniales ont gravée dans nos mémoires
d'enfants; m:i.is il est une idée affaissé et maculé; l'ajustement_ de la tenu~ se~ble au,ssi manquer par quelque
endroit sa~s que Je pmsse men prendre précisément à
aucun détail. Pendant ce temps, M. Chabaneix est entré
dans le bureau du Port; cent pas plus loin, il entrera dans
les bureaux de Maurel frères, qui sont nos affréteurs et
ma curiosité, ma gêne plutôt, restera un temps insatisf;ite.

�556 .

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pourtant j'en croiserai beaucoup de cette espèce-là, ~
si semblables à nous, et à la fois si imperceptiblement différents - avant que je sois confirmé dans mes soupçons;
ceux ~ue ie viens de voir passer là représenten~ b~en u~e
race intermédiaire. Ils n'ont point l'aisance del' Afncam, noir
ou blanc, qui 'se meut dans son ambiancè natale; ils n'ont
point l'assurance du Français qui a reconstitué a~to~r de
lui, dans la mesure où il l'a pu, les entours qui lm sont
· indispensables. Etrangères aux sujets, étrangères aux
maîtres étrangères au climat et au continent, ces ombres
tristes ' fiévreuses et dépaysées représentent l' extrème
point~ lancée par l'Asie en terre d'Afrique; j'apprendrai un
jour que ce sont des Syriens.
Ah, que l'envie me vient donc de connaître les deux
Amériques et l'Australie pour constater de mes rux co_mment s'y fait, réellement et en profondeur, 1adaptation
d'un homme à un pays qui ne l'a pas vu naître! Car mon
regard finit par se Mtourner malgré moi de tous ceux q~e
j'ai croisés pendant ces dix minutes de marc~e,. Fr~nça1s,
Marocains, Maures et Syriens; une force mvmc1ble le
ramène à celui qui pourtant représente ici la défaite et
l'asservissement ; à celui qui, étant le vaincu, le sujet, le
manœuvre, l'exploité, le guenilleux, le prolétaire, n'en est
pas moins le seul qui ait la mine de viyre d~ns _son propr:
pays, et y fasse figure incontestable de propnétaire; à .celm
qui, avec évidence, est le roi de cette rue, - · au nègre.
JEAN-RICHARD BLOCH

LE CAMARADE INFIDÈLE

PREMIÈRE PARTIE

(suite)

1

V

Se méfiant des bancs établis sous les fenêtres, Vernois
propose une promenade, mais à condition que Clymène
fasse choix de la route. Elle prend par · la main le plus
jeune de ses garçons et désigne le vieux chemin qui,
remontant le cours d'un ruisseau, s'enfonce dans les

.

~~

- C'est vrai, dit-elle avec plus d'enjouemeht que jusqu'alors il n'en a remarqué chez elle, vous n'avez rien vu
du pays. Et le plus prodigieux c'est que vous semblez y
être venu sans connaître personne, alors que vous pouviez
choisir entre cent lieux plus séduisants.
Il affirme qu'il est sensible aux noms des endroits et que
celui-ci l'attirait.
- Si donc ses trois syllabes avaient été différentes, je
n'aurais jamais su, dit-elle, que la fidélité au souvenir, si
naturelle à nous autres femmes (ne riez pas; disons : à
grand nombre de femm~s) mais qui n'est guère chez nous
qu'une faiblesse de plus - que cette fidélité pût prendre
une forme virile et raisonnée. Car ce que je crois. discerner en vous (je suis bien hardie de vous interroger
I.

Voir la Nouvelle Revue Française du

rer

avril.

�LA '.NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ainsi) n'est-ce pas de la haine pour la lâcheté de tous les
sentiments oublieux et un point d'honneur . à ne pas les
tolérer?
- Oh, dit-il, ne voyez pas de système là où il n'y a
que des passions assez confuses. Si je suis plus lent qu'un
.autre à quitter les pensées du temps de ~uerre, c'est simplement peut-être que j'ai d'abord eu plûs de peine à les
accepter.
- Voulez-vous dire qu'avant la guerre vous étiez très
.différent ?
- Celui qui est entré de plain-pied dans la bagarre en
est sorti de même : ie général de Pontaubault par exemple.
. Ou encore ceuJt qui ont subi, les événements en fa isant le ·
gros dos, sans laisser entamer leur insouciance et leur
optimisme. Soyez sûre qu'Heuland .revenant de la guerre
n'.aurait l'as eu besoin de se r,accli~ter.
1
· - Je veux bien le ,croire, dit-elh;. Il o'était guère
changé d'une permission à l'autre Jet j'~ éprouvais de 1a
-sécurité.
- On ne pouvait imaginer deux natures plus opposées
q,ue· les n6tres. 11 se moquait de ce qu'il appelait ma philosophie,_ qui ,n'é,tait qu'un besoin _de ne pas n;ie leurrer.
Vernois, disait-il, calcule à quatre , dé~irnales _ pr~s, les
c~ances qu'il a de mourir demain. Et il est bien vrai q1,1.e
je me sens dans les ténèbres et que j'ai peur de toutes les
surprises, tant que je n'ai p~ soupesé l ~.p~r~.; c'e{t seulement quand il est accepté que je puis retrouver du courage.
Ils longent une vaste prairie et s.e laissènt aller l'un et
l'autre au fil de leurs pensées; puis Clymène reprend :
- J,amais en ma présence, même indirectement, même
par plaisanterie, il n 1a..la.-issé pet;cer l'idée· q_u'il pourrait disparaître. Et pour-tant son lapgag~ nié~ it pas dicté par la
pçur ,d t m'émouvoi~.
U répond q.ffectueusement :
- Soyez sûre que tous les miracles, mêrrie les pluJ
offensants pour l'esprit, lqi semblaieot,plus ~aciles à ;co,nceJ

·

559,
voir 4u'an aocident d'où sa ·bonne étoile· ne le tirerait pas.
- Cet aveuglement, dit-elle, n'est-cc· pas ·la plus belle
gr1c.c qui puisse,être accordée au soldat,?

LB CAMA.llADE INFIDÈLE

Veroois l'épliquè au boµt d'un instant ; •
.
- La plus helk, je ne sais pas ; la plus misérsicordieuse
en tout ·càs. Ceux qui ne l'ont .Pa$ réçue sont' tout rompus
par l'effort ~vant d',a.voir seulement ·regagné le nive~u des
autres. TT.ouver ~es raisbm pour acceptt'ir d'être to:µt à
l'heure·un cadavre! Les j&gt;Iemières' fois, il y~ l'élan, la contagion.. M~ x:es ressorts-là ne jouent bie-Q.tôt plus. Les
misons ne manquent pas,. ·évidemment : la fierté, i'hor,œur
&lt;i',ê,t,tc; inférieur ~à sa tkhe, ,.et 4 .Fr~nçe tout simpk,m.~µt.,.
Mais si fortes qu'on les suppose, ces raisons ne trav.aiUent
pas toute!t senlei;. n faut terriblement les interto_g,er, ies
r,et6urner, les sophistiquer même.. Il fam en faire &lt;tuelque
chose de tellement s.acré que tout autre argument toi:qbc
de lui-même. Car recommencer t0ujours le sacrHiçe et se
raccrocher à k ,vie quelques ' heures après, &lt;,ela ne ya pas,
c:.'est au-dessus des forces. ·Mieux vaut prendre son parti, une
fois pour toutes, et de telle sorte qu'i1 n"y ait plµs à y
revenir. Seulement cette ·torsion qu'on s'ést f.ait subir., on
ne la -d étord pas .d ',m jour; à l'autr~. On n'a fait don de soi
qu'au pri'x d'une extrême violenœ : on ne se ,reprend. pas
au premier commande.ment_; et ce qu'on a eu tant de mal
à s'împoser ,c omme inviolable, on ne peut pa.s le considérer
tout ,à coup comme -insignifiant.
Vernois s'aperçoit qu'il tai.t de l'éloquence, mais, contrairement à ce qu'eût été son mouvement habituel, il ne
songe pas à s'en excuser. Sur la j;oue qu~elle ~perçoit de
profil, Clymène remarque un pli qui tantôt n'y était pas.
- J'a~ vu, dit-eHe, l'incompréhension de l'arrière pour
tes angoœses du front éveiller des sentiments tr;ès amers
chez ~uelques blessés dont j'ai suivi la ,eon~.ales&lt;:ence ; ~
tel pomt que la colère et la rancune les aidaient à vaincre
la crainte Ai'un nouve.au départ.
Jamais_Vernois n'.t connu le plaisir de sentir une autre

�LA NOUVELUt REVUE FRANÇAISE

pensée venir si vivement au devant de Ja sienne; il en
oublie sa taéiturnité.
- Déjà pendant nos permissions, dit-il, nous flairions le
malentendu ; mais on avait tant d'intérêt à ne pas nous
décourager qu'on usait de quelque prudence. C'est seulement une fois tout danger passé qu'on a cyniquement
jeté les masques. On pouvait enfin tout dire et tout faire,
et rire de ces lieux communs, bien râpés, bien usagés,
dont on avait tiré un si beau rendement. Dieu · sait si !e
' retour nous soulevait d'ivresse, et pourtant ces premiers
moii. de liberté restent dans notre souvenir parmi les plus
sombres, ceux où nous nous sommes posé les questions
les plus découragées.
L'âpreté de ce grand homme hâlé qui marche à côté
d'elle inquiète un peu Clymène. Va+il, par son exaltation, enlever de leur prix au:ic. propos qu'il a tenus sur
Heuland?
- Ce retour, dit-elle, ne l'aviez-vous pas attendu trop
impatiemment et pendant trop d'années pour qu'il pût ne
pas vous décevoir?
_
- Non, cc n'est pas cela; mais il reste, entre les gens
du front et: ceux de l'arrière, un de ces réseaux de fil barbelé qu'on tendait par précaution derrière notre dos et qui
nous isolaient si _rigoureusement du reste de la vie. On
parle deux langages différents et l'on ne se comprend plus
de part et d;autre de la barrière. Pour nous qui avons vu
tous les garçons d'un canton couchés par terre en un quart
d'heure ~t des villages s'effacer de l'horizon comme des
fumées, mort signifie mort et anéantissement dit ce qu'il
dit. Mais pour ceux qui ne sont pas sortis de leurs
meubles et de leurs habitudes, comment voulez.-vous que
ces mots soient autre chose que des façons de parler?
Quand l'alternative de chaque jour est d'être ou de n'être
plus, les perspecri ves se simplifient ; les hommes aussi
bien que les objets se classent en deux ca.tégories :· ceux
qui nous ont aidés à rester vivants, depuis notre couteau

LE CAMARADE INFIDÈLE

· et nos bons souliers jusqu'à tel service bien organisé ou
tel chef intelligent ; et puis -il y a les autres, les encombrants, les inutiles, qui ne nous flattent quand tout va
bien que pour mieux nous trahir dans les mauvais jours,
ceux qui nous ont énervés, découragés, et ceux dont l'inertie
pesait sur nous autant que tout notre paquetage. Naturellement, dans une vie plus nuancée, ces jugements paraissent un peu raides, irritants même. Je ne me fais pas d'illusions. Tenez, le fossé où vous avez tout à l'heure cueilli
ces brins de menthe, ma première pensée n'a pas été de
me demander s'il est propre à faire son office de fossé,
mais s'il est assez profond pour qu'on y saute et s'y défile.
Vous n'imaginez pas combien notre œil est devenu vif pour
remarquer une déclivité de terrain, pour interpréter l'aspect d'une lisière. Jusqu'au ridicule et à la manie. Mais ces
déformations d'esprit nous ne les avons pas cherchées ; ce
sont des blessures comme les autres, qui ont leur dignité.
Qu'on fasse un pas au devant de nous. Ce qui nous aigrit
éest notre solitude.
Il s'arrête brusquement :
- Je vous demande pardon. Je vous parle indéfiniment
de moi, sans voir que votre petit homme se pend à votre
main. Si on l'asseyait un mom ent ?
Un tronc tiré d'une clairière voisine est couché sur le
bord du chemin. Tout en y installant le bambin, Clymène
&lt;lit, non sans causticité:
=-- J'envie les hommes qui savent comme vous cacher
leurs sentiments sous un voile de pensées. Vous parlez de
&lt;léformations d'esprit là où nous avouerions tout de suite
&lt;les chagrins personnels, et -vous dites simplement cc solitude » au Heu que nous raconterions je ne sais quelles
histoires d'affection déçue.
Il sourit de se voir si vivement ramené à terre:
- Vous êtes terriblement perspicace. Evidemment il
s'agit d'affection ...

Ce n'était pas, dit-elle, une ruse pour vous interroger.
30

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Mais puisque vons m'avez si bien dépisté, il but que
j.e Ql,'-explique, car Dieu sait qùel roman ous me prêteriez:.
H _s'assie4 à côté d'elle, sur lè chêne écorcé :
- Au fon.d, c'est bien une -hist0i1'e d'amour. Il faut vous
dii;~ qile, d'un pr~mier lit, mon père avait un fil-s beau,-coup pl.us âgé q1;1e moi, déjà majeur et même marié quand
à huit ans je suis resté _orphelin. Ce frère est l'être du.
mot}de que j'ai le plus aimé et je puis affirmer que, de bien,
loin, _personne ne lui est aussi cher que moi. Mais par un
malheur ~ssez singulier, ce n'est pas dans le même temps
que cette gra.11.de tendr~sse ; jailli chez tous les deux. Il
était, à mes yeux d'enfant, ce qu'on - peut concevoir de
plus digne d'enthousiasme. J'admirais tout, ~ carrure,. si
force, sa parole, la lumiêre de son regard e.t ju?qu'à cette
passion qui lui .avait tout fait l;,raver en faveur d'un mariage
dont j'étais la première victime. Car absorbé par ce sentiment, il ne pouvatt guère être attentif à un enfant qui _se
s.\Vait de trop dans la maison e-t qui tâ-çhait de u-c pa,s
prendre de place. S'il s'était douté de l'em-pire qu'avait Ja.
moindre de ses louanges, il aurait sans- doute &amp;té plus
expansif; Je ne me .souviens pas de ïawir vu fâché contre
.moi: je crois que· )e me ser,a.is tué de désespoir. Puis j'ai
grandi; tout naturellement j'ai clie.rcl}é au dehors des
sujets d'intérêt, des points d'appui; et il se trouve que
l'époque où je commençais à me suffire, est précisément
celle où mon frère Thomas, bien démQli mais enfin rendu
à lui-même, reportait s4r i;noi toute son affection e-t son
59in. Je crois qu'il était mieui fait pour s'attacher à un
esprit déjà raisonnable qu'à un enfant encore en chrysalide, mais tes événements ont toujours é,té contre lui:.
Cest une des plus belles ititelligences et des plus géné~
reuses qu'on puisse rencohtrer. Il possède une cult1;u:&amp;
inattendue chez on mat.bé!llaticien et qui, sur. certains
}?Oints, s'enfonce très avant. Mais on ne subit jamais impunément la prédominance de l'enseignement mathématique ; !e jugement en garde quelque chose de mal adapté,

LE CAMARADE INFIDÈL.E.

de rigide.. Sa magnifique .loyauté le -conduit p.ai:fois -à,des
partis simplistes et.. sa passion dè la· lqgique le., pfive: de
flair.. Avant mon serricre- militaire_, ÎLJ! a. biein., dou.e;e ans
déj:à-7 nous avicinB touché. t01.1s le.s pDÎ-n:~_,,. les uns ,aprê:s
les autres, snnlcsqueiLnos espnits
pouvaient se rejoindre.
So.n.chagriruen..avait été profund,,.,car. il est .de ces hommes
p.our q.ui. les...d.ivergenœs• d.'idœs sent les plus- diffo.iles...à
passer sous silence. Puis la guerre est v,e.iw;e:1Ji'ai _&lt;i!JÛ. désapprendre oeauc:oup; etJ p1ïéc:isément: de ce qu'il nous restait
encore ea..commnn. Il ruv.air-- assidûment médité les problèmes, iuterna.tiomrux et avec une rarn -i ngéniosité, . mais
pas tl'lle de· ses., p1ié»isi.orus n-e sks tl'ouvée juste. Netez
que presque t0m .le mond.e. s'est trom~, Si mes erreu.rs
ont été moindres- q:ue les, siennes, j-e ne le - dois qu'à ma
paresse et à ce que je n'avais pas fait grands efforts pou_T
rien préciser. Il n'en a pas mo:ios r:essentli de l'humiaia.tion.
Il est deveD.llt timitid:e-, non pas .eomme un homme.ébr-anlé
dans ses convfations. profondes, mais par crainte de ~mpromettr.e ce ql.Ül garde dé cré..dit sur mo1. Sou-v~nt ~
prudences me font pei~.; j-e. préf.érais ses anci.enn&lt;ts intransigeances. Il est tr.iste d'.aimer plus que l'autre:. Notez que
b pl.te qu.'il tienn dans mon affection reste la ~re1nière ;
elle ne peut sembler réduite qu'en regard de mon fl'lraltation d'enfant (j)l.l; de cette passion patei:neHe et, un -peu
jalouse qu'il concentre aujourd'hui sur moi. Tous les d.eux
dimanches,, j.t; vais à Paris air il est JJmfesse.uty et je lui
soustrais. ·bien peu de son temps. Moi qui -visi :sttul dans
une petite vallée, avec la vingtaine d'ouvriexs, de men
usine, je ne pourrais pas trouver ailleurs l{t n:OUJïr:ihtte que
sa: conversation me. doirn~. Mais: ae· n'est pasl un ]tomme
q.u'on leurre a'Vec des_ geniil~ses ;. il .n'est .œntent· que
lorsqu'il o.b.tii.e01r 1-ai parfuite:i adhésion de lî.espritr" Jeiv,audram
vous le faire connanm:e ::- vous,, seciez forcée .à&amp; L'aimer.
-Ah,. dit-elle:,.vous\rerrez sou&lt;Vent à Paris:
Comme on est s.ur lepoint.de i:epartir, il songe-au,.regud
interrogateur q:ui v.a. saru; doute se. filer sur lu:.i âès le

ne

�56-4

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

perron de la villa et qu'il aurait chagrin de décevoir. Il
contemple la main que Clymène pose sur le tronc, une
main nerveuse et intelligente à l~quelle il semble si facilè
de se faire compre-ndre. Mais le gros brillant et la perle
qui luisent à côté de l'alliance lui remettent -en mémoire
l'air méfiant de M. de Pontaubault à l'idée qu'un homme
de médiocre condition soit trop familièrement mêlé aux
affaires de sa famille.
- Ce que je vous ai dit m'excusera peut-être de ne
pouvoir considérer avec indifférence les peines des enfants. J'ai manqué de confidents lorsque j'étais petit,
aussi me suis-je toujours promis d'être le plus attentif
des hommes si jamais un enfant s'ouvrait à moi. On dit
parfois à un passant ce qu'on n'ose p2s confier à un père
· ou une mère.
·
- Antoine vous a parlé, s'écrie-t-elle.
- Ne vous effrayez pas. Un enfant vit entouré d'obstacles imaginaires! Votre fils s'est mis en tête que jamais
vous ne comprendriez combien, pour un garçon, il est
morne de travailler sans camarades.
- Ah, fait-elle soulagée; œ n'est que cela !
- C'est beaucoup pour un écolier qui passe tant d'heures
devant ses livres.
- Il vous a dit sans doute qu'il n'aime pas Mlle Gas- ·
sm.
- Il me l'a dit avec tant de passion que je ne vois pas,
tout experte qu'on la suppose, quel bénéfice il peut retirer
de ses leçons.
Elle riposte, assez mordante :
- A quoi je ne m'attendais pas, c'est à vous voir. plaider la même cause que le général. Je ne puis vous donner
d'autres raisons qu'à lui, rna.is certainement vous les trouverez meilleures. Peu de jours avant son dernier départ-de
la maison, comme nous parlions des enfants,_mon mari
s'est étendu avec une insistance toute particulière sur ~son
désir de les voir rester le plus tard possible à la maison i

LE CAMARADE INFIDÈLE

Il énumérait tous les inconvénients des écoles, et comme
j'alléguais de mon côté certains défauts de M11e Gassin,
il affirmait les connaître aussi bien que moi, mais désirer
que rien ne fût modifié jusqu'à son retour.
Tout ce qui sent l'hypocrisie bouleverse chez Vernois
un fonds de candeur prompt à l'indignation.
- Heuland voulait dire trois mois et non trois années,
répond-il avec une rudesse qui surprend Clymène.
- Ce n'est pourtant pas vous qui allez me reprocher de
respecter sa volonté !
- Il aurait eu trop &lt;le bon sens pour s'obstiner. Accomplir une volonté superstitieusement, c'est parfois ne pas
l'accomplir du tout.
Le désarroi se marque toujours chez Clymène par de la
distance:
- Je suis étonnée ...
Elle ne voudrait pas discuter, se méfiant de l'avantage
qu'ont les hommes par leur dialectique, mais il lui échappe
quand même:
- Si vous saviez comme on m'a fatiguée de cet argument. Comment ne voyez-vous pas qu'il permet de couvrir
tout ce qu'on veut ?
Et aussitôt :
-- Nous allons manquer l'heure de la marée. Si· nous
rentrions.
Pour couper court, elle s'adresse à son petit garçon et,
tout en marchant, lui montre à cueillir un bouqueL Mais.
elle sent la faiblesse de sa défaite et ne peut s'empêcher de
reprendre:
- M11 e Gassin .ne s'est guère corrigée de ses défauts.
Il y a en elle quelque chose de jaloux et de malheureux qui détruit l'effet de la peine qu'elle se donne.
Mais à force d'attendre ensemble. les nouvelles, de nous
inquiéter ensemble, nous nous sommes rapprochées. Lors.
de la catastrophe, seule avec ma pauvre belle-mère elle
a laissé paraître une émotion véritable, C~la ne se' con-

�5·6:6

LA :NOUVEI!IJE lŒVUE "FRA:NÇAISB

tllefait :pas... Son vasage ét~t simrère. .• ·Cela ne s1uùblie pas'
non plus ... Peut--àtre ce qm;e, je dis. là n~st-il pas très fé,..

mioin.. ..
Vernois voucl;rait l'empêoher 'di •ponrsnivt'B' ; il bal-

butie:.:

, •

- Je

comprends ·bienu; Simplement 'je ·~o11llai-s dine ...
que 1ses enfants sont la partie Tu p1us. opréoiewse ~e ce
quj reste â.e ·lui.~ plus précieuse. encme que soo s.ou-=

v;enir...

r

ri

Elle répète d'un ton qui semble distr.l:it, à -moins,qu'u·Jil
regret ne 'SJ' cache :
·
- ,Oui ... je sais .bien..... la plus·précieuse-~

VI
Du ,bar où ï'1 est ;assis., rda.ns la pleine ltrmi:ère rl'Ull
réflecteur, Vernois. considère le manège ·des quelqu:es.
femmes qui erre.ru- snr la terrasse du casino. Au pied des
ni1trohes .c:onduisarut au jm-d:in ,et que \dent de faver r~'lil.
de la dernière averse, il aperçoit une forme enveloppée
d'un manteau gris. Il n'a pas tout de snite 1re.co1111u
Mil• Gassî,n, rmais aussillôt tapir.ès il tir-e un carnet de
sa poche et fait semblant d'écrire : quand il relève tes
yeux, ,elle a .dispar.rr; Un peu plus tard il la rrewit, aissm.ulél'! •deniène la dmpe · de briquë, 'h~sita!nte, le che()dla.n&lt;t.do rregard,: ':tl~OS:ltlt pas ~van~ tra;t}S la clarté. El:Ici
s'en va, pour revenir encore, indifférente à la ·boue, fük
égarée let .si_~ lailse q.11e'., "ilonteoo:, Vernois -se .èlécid•e à la
rejoindre. Elte joue lamentablemenlt :la irom&lt;Mie de ·fa. sm'
~rise et perd ,iittoptinè!iU 1a t~te ::
,_ V0us.:en qn.i j'awis 'mis. toute·w wrlfiarrre, m'atta:.!
quer, .avec- cmnt de p~ficlie, rdtei:cfo:r -et' mlévincer d',:me
maiso.E. :Où fai cônn.u·•,mon setTt ho11heut. 'Ce &gt;S.dirt:, là U
première.- iôbsedati:oti; iA:n.toU1B ' tr1'a., d~etar6 tq_;u.'ih- ser1tiént
D

LE CAMARADE INFIDÈLE

bientôt tous les trois au lycée. Soyez sans crainte : il
ne vous a pas vendu, mais à cef âge, on a le honheur insolent.
- Ce bonheur, interrompt Vernois, :c'est ma secle
préoccupation.
·Elle cri-e :
- Non, non, nem ! Ne croyez pas ca.cher vos mani,.
gances. Votre persécution est Batteuse, car ie ne pensài:s
pas être un témoin avec lequel il fallût prendre tant de
pré:cautions.-:&amp;t-ce elle que je gêne dans l'aveu de ses sentiments ou vous dans ·vos assiduités ? Depuis quatre jours
que vous la voyez· tous.les après-midis. ..
Il lui coupe la parole par un si violent ordre de se uire
qu'elle recule d'un pas sur le gazon mouillé.
- Voilà bien votre imagination de· femme! Je ne me
pardonnerais pâs de voas répondre !
Le mépris la redresse-; elle dit entre ses dents :
- Les faits parlent à Yotre pJace.
- Vraiment? Est-ce qu'on fait la cour à une femme
en allant réYeiller le souvenir de son mari? :Pourqum
suis-je venu sinon pour défendre la mémoire d11n camarade?
- J'ignore si Don Quichotte lui-même ...
Le mot le pique au vif.
- Pensez de moi ce que vous voudrez, mais je vous
défends d'y mêler en rien Mm• Heuland.
Du moment qu'il discute, M 11• Gassin n'a pros peur.
- J'aimerais mieux une autre vie, ;e vou's. assure, que
rle l'observer &gt;du matin au soir. Mon métier m'a placé.e près
.d'elle et non le gbi1t de l'espionnage. }'entends te-qu'à table
elle nous rapport~de:vos-entretiens, je vois l'attmte'Où elle
esr de vos visites.
- Elle m'attend, pourquoi ? P:u:ce que je lui ai r.aconté qu,elques anecdot:es .où certaines quafüés d'Heuland
se faisaient voir ; pàrce que j'ai tâché de lui montrer sous
son vrai jour un esprit qu'autour d'elle on ·a toujours

�1.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tourné en ridicule et un milieu qu'elle n'osait pas apprécier équitablement.
- Milieu qui est le vôtre aussi bien que celui de
son mari. Et quels sont les fruits de votre apostolat ?
Cest que, sur les quatre photographies dont elle ne se
séparait pas, il y en a une de remisée dans un tiroir.
Parfaitement ! Sur sa table il n'en reste que trois. Combien de temps vous faudra-t-il pour en faire tomber une
seconde?
Ce harcèlement l'exaspère, mais il est intimidé par tant
d'ingéniosité dans la haine et par cette plume du chapeau,
qui froissée et chargée de pluie bat le visage de la femme
sans même qu'elle s'en aperçoive.
.
- Je ne vous souhaite pas de déception, poursuit M11.Gassin. Vous ne seriez d'ailleurs pas le premier à qui
elle en aurait causé. Il arrive que ces femmes exaltées
ne soient plus que glaçons quand on les tient dans ses bras.
Ne me regardez pas avec ce dégoût. Ce n'est pas ma faute
si les hommes sont vite lassés d'elle et plaisantent ensuite
s.es manières, ses soupirs ...
Vernois ne fait"pas un mouvement. Elle se méprend sur
ce qui se passe en lui:
- Je vous demande pardon si je froisse vos sentiments ...
- Il ne s'agit pas de moi, riposte-t-il. Je savais Heuland bavard et indiscret, mais tout de même ...
- Evidemment, c'est un trait que vous ne mettrez pas
dans le panégyrique. Reste à savoir si l'image que vous
arrangez est plus attachante que la vraie. Pour celles d'entre
nous qui ne se piquent pas d'être sublimes, une indélicatesse commise en notre faveur nous paraît rarement
monstrueuse. Que voulez-vous ? Les êtres que la vie n_'a
pas gâtés, on les flatte et les attendrit à peu de frais.
Vernois fait quelques pas pour échapper à l'égouttement
des feuillages :
- C'est tout ce que vous aviez à me dire ?

LE CAMARADE INFIDÈLE

Elle murmure sans oser le rejoindre :
- Ce n'est pas pour cela que j'étais venue ... Je me suis
affolée ... Pardonnez-moi.
Il ne s'atten:iait pas à la voir tout à coup si misérable :
- Voyons, Mademoiselle, ne restez pas dans cette
flaque.
Elle avance un peu et répète :
- Dites que vous me pardonnez ...
- Je vous en prie, voilà qu'il recommence à pleuvoir et vous êtes déjà trempée. Laissez-moi vous commander un grog.
Mais la plume brisée s'agite de droite et de gauche :
- Je me suis déjà beaucoup trop attardée ... J'étais
venue pour vous reparler de ces lettres ... L'autre jour
j'avais l'impression que vous saviez où elles étaient, mais
que vous ne vouliez pas me le dire ... Naturellement vous
refusez de me répondre. Vous avez toujours à la bouche
le souvenir de votre ami, le culte de sa mémoire ; mais
l'affection qu'il avait pour moi, vous essayez de l'effacer.
De quel droit, puisqu'il y tenait ? Vous la trouvez moins
noble que l'autre. Toujours la même hypocrisie !. .. Non,
je n'avais pas l'intention de vous faire de reproches ... C'est
ce mot du petit qui m'a bouleversée... Je vous en pne, ne
m'en veuillez pas ...
Et Vernois la voit s'enfuir sous la pluie.

VII
Bien qu'il n'ait fait que hausser ·les épaules aux insinuations de M11e Gassin, Vernois se rapproche de la
table à écrire. Sur un point l'institutrice n'a pas menti :
le chasseur au brocart n'est plus là. Intrigué malgré
tout, il cherche des yeux la photographie, espérant

�57°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇ:AISE

-provoquer une explication de Clymène, qu':il o.btient
.aussitôt.
- Oui, j'ai mis à l'écart uu des -pomaits. C'es.t v-ous
qui voyiez jus.te · il n'est pas ressemblant.. Je m'étonne
-de l'avoir eu si longtemps sous les yeux sans y rem~tquer
je ne s:ai.s. quoi de ,mffis.mt, de ,5arisfa.it, qui répond eien
' mal à ce qu'était vraiment votre ami. Et vous a,viez
-encore raison : c'est le portrait.,e n uniforme. qui est le plus
vrat.
Il rectifie comme pour lui-Ulê:me .:
- Qui estl:e pl'1il5 beau.
- N'est-ce pas la même chose ? dit-elle naïvemer.iL
Et com:me il sourit :
·
1, . , - On nous enseigne pourtant, repreml-.eJ.le, qu'il suffit
-de s"être élevé p.endant une-s~le n;ximtte à ·un panait .degré
d'atbnégacinn ou a'héroïsme pour que œtte minute efface
tout le reste et nnu; vaille. la vie éternelle ou la _gio.ire..
C'est l'instant le plus heau_qùi .c.ampte seul. Je tœ sais
mmment vous raire entendre ce q:ue ·je ve:ux dir:e. Ab, -si
vous aviez grandi à Follebarbe, vous comprendri ez! "
1i 'Veut sa.voir pourquoi ..
- Cela rre peut .pas s'"CX.pli~,.iei::. C'est l'es.prit même
:q.-u'on r.espire dans la maisôn... Tenez,. pour pn!il;rdre un
e\Xemple, ·parfois notre père nons dis:aitinopinément: « -si
"je vous lisais quelque chose ? &gt;&gt; Or dans !a· .hibliotbèqrre
du salon il y avait ;plusieurs rangées de volumes, mai:s ·sauf
un seul _ouvrage on n'y touchait que pour les épousseter.
Lire ne s'entendait chez nous que des tragédies de Corneille. (Mon père tenait ce .9.oût de notre grand'mère ~t
le plus clair de notre éducation s'est borné là.) Parfois
-cette envie le prenait par une matinée de pluie ou, le soir,
q-uand nous tenions. déjà. 1-1os: bouge&amp;rs pour monter ~ous
roucher1. Mais-,_ à quelque h'eure que ce fût, nous poussmns
des--cris .de joie, 11.0u's battions des mains; .bien .que toutes
ces tragédies nous les erlssions',entendues cl:.ix ·Jois, ~même
celles tlont anjour.d'1mi personq_e né sait plus·les norp.s,:I:l

LB CAMARADE INFIDÈLE

57I

s'installait dans son g.rand.f.aw:euil de 1a:pisserie, nous à ses
pieds, et -il commençait à lire avec une. emphase .q tû vous
.aurait peut-être parue tout à. fait c.omique, mais qui uous
transpottait dans un monde merveilleux. Je crois que cetli~
fuçon de décfamer les ve:rs remontait à hi 'pl'.llS 'ilieille tradition ; en tout cas nous n')1Nons. jamais pu preadt:e plaisir
à .les entendre lire diftéremment et un jour "qu'on nous .a
conduites au théâtœ, nous avons pleuré de: déc.eption-. .
Eh bien, ce qui se passe dans ces trngédies t'est .tonrours
la même chose. L'héroïne ou le héros triomphent de -leur
:faiblesse. Ils disent du moins qu'ils en triomphent et leur
vaillance dure juste -assex .de temps ponr qu'ils p-rerment
une décision irrévocable. Après, que se passer.a-1.-il ? Une
femme qui, par devai-r, a repoussé un grand:am.onr ne·peut
pas échapper à des pensées ttonbb, imrmuables même,
à. des éhncemeots de regret. Mais là-dessus on 1u.i doit Je
silence; on ferme le livte. S.a victoire sS11hsi5te seule ,.· .cm
n:e p~ut plus l'-en dépouiller ; c'ies.t sur sa victoire qu'elle
-sera lugée. En tout &lt;:as è est ainsi .que. nous j.ugi011s à Fa.Lleharbe ;, et vous ne sauriez croire .à quel pnint, là~bas, il
semble naturel d.e faire crédrt à l'héroïsme. Ah-~ je suis bien
de chez nous !
Un .rel langage a pour- Vemois des résonnances si
neuves qu'il n'ase y .tépondre tout .de suite e.t qu'il dit

-d'abord~
- Ne.me montrerez.-vous pas Folle barbe 2 Je vais vous
quitter ce soiT, eto ·je n.e pourrai pas me représenter l'endroit que vous aimez tan.t.
Elle v.a décmclrer du mur un petit cadre, mais hésite à
le lni remettre :
·

. .~ C'est 1èllemerrt1Jlus beau qu'on. ne peut le deviner
1Cl.

•

Il lui prend l'objet cl.es mains et c-Onsidèœ l'angle ~un
coirp~ de logis, coillè· d1on baui toit d'ardoise, et enserré
.fu, si. près par les arbres que leurs bra:nches d0im!nt 1ouoo.er
ks murs, Entre les .chaânages d.e granit, le crépi se:m.hle

�57 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE CAMARADE INF!DÈLE

verdi par la mousse. Malgré les chaises de jardin qu'on
aperçoit sur l'herbe, tout sent l'humidité, l'abandon. Mais
la hauteur des fenêtres aux petites vitres carrées suffit
pour conserver au vieux bâtiment son air d~ noble~s~.
Vernois songe à la mesquine décence des maisons ou 1l
a vécu dans l'est, à leur laide commodité. Et tandis qu'il
revoit les festons de zinc du petit auvent qui surmonte
l'entrée de son habitation actuelle, il trouve ce qu'il voulait
répondre à Clymène :
- Puisqu'àFollebarbe on ne veut considérer que l'~nsrant
le plus héroïque, on nous y donne raiso~ à ~ou~ qm ré~lamons pour les sacrifices de la gu~rre u~e ius_uce a P,~rt. C est
le contraire de l'esprit mercantile qm, lm, ne s mtéresse
qu'aux moyennes et qui, toujours, avant d.'admirer, trouve
du passif à déduire, des faiblesses à défalquer. Tel combattant a fait don de sa vie ; oui, mais il avait manqué de
eonrage trois ans plus tôt ; cela se balance, et l'on se croit
quitte avec lui. C'est ce que nou_s n'admettons pas. Tout
l'arrière s'applique à ces soustractions, de peur que la vertu
dépensée pendant la guerre ne rompe J'équilibre et ne mette
sur les épaules de ceux qui survivent un trop écrasant fardeau de reconnaissance.
- Mais comment expliquez-vous que mon onde ?...
- Je ne sais pas ... Il n'a cessé de m'étonner depuis
je suis ici ... Il faut croire qu'il se sent en place dans le v1e!l
équilibre et qu'il ne souhaite pas _ qu'on y ~hange grandchose. Et puis, il a d'autres raisons, plus d1rec:es. Il tra~
vaille ( comment dire ?) à l'épuration de sa famille.
Eli~ rougit ; il sent que le mot trop brutal l'a blessée et
il en éprouve d'autant plus de contrariété qu'il voulait,
dans ce dernier entretien, tenter un nouvel effort en faveur
du petit Antoine. Il se rattrape du mieux qu'il ?eut :
- Peut-être suis-je dur pour le général, mats vous savez
par quels sentiments de vénération j'ai débuté. Je ne me
pardonnerais pas de vous avoir mise en défiance. Sur un
point tout au moins j'ose vous supplier de ne pas vous

~u:

573

opposer à son désir ... c'est en ce qui touche l'éducation de
VOS

fils.

Elle le regarde avec étonnement. Est-ce pour lui marquer qu'il abuse ? Non, car c'est plutôt d'un ton découragé qu'elle lui répond :
- Je vous ai déjà dit .. . pourquoi je ne suis pas libre ...
Et comme elle voit son front se durcir :
- Je vous promets que j'y réfléchirai ... Mais ne soyez
pas impatient ... Je suis franche avec vous ... Si j'ai plus de
confiance en moi que par le passé, c'est à vous que je le
dois ... Je ne vous en remercie même pas, car cela dépasse
ce dont on peut s'acquitter par des paroles ... Vous voyez
que je me rends presque à discrétion ... Mais ne me demandez pas tout de suite la désobéissance à une volonté formelle .. .
Il la voit battre plus vite des paupières. Elle ajoute,
encore plus anxieuse :
- Ai-je dit quelque chose ... qui ne soit pas raisonnable ? Vous semblez ...
- Pardonnez-moi, répond-il ; c'est un vieux travers.
J'ai toujours, après coup, peur d'avoir mal fait en pesant
sur la détermination d'autrui.
Elle retrouve un peu de son enjouement :
- Même lorsqu'il s'agit de l'éducation des garçons ?
Il rit à son tour :
- Je suis certain, n'est-ce pas, de trouver Antoine
sur la plage ? J'aurai juste le temps d'y passer avant de
prendre mon train.
Mais quand il entend que le général de Pontaubault vient
&lt;l'emmener sur mer ses petits-neveux et qu'ils ne rer,itreront
..qu'après dîner, il ne comprend pas lui-même d'où vient la vivacité de sa déception.
- Antoine va croire que je n'ai pas pensé à lui ... Expliquez-lui bien ... Dites que j'irai le voir à Paris.
Mais il sent que c'est à la mère qu'il aurait dû d'abord
exprimer le désir d'une nouvelle rencontre. L'.absurdité de

�514

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

tout ce.qu'il a fai depuis huit jours l'irrite et le rend impatient d'être parti. Mais vainement il fait mine de prendre
congé,.Llymène semble ne pas comprendre. Elle enchaine
une pJ.uase à l'autre. Les voici pourtant près de la porte;
alors elle se décide :
. - Hiei; je n'ai pas osé vous le demande:r, et, tantôt
encore, je compt:ris.. vous écrire da:ns les Vosges ... Mais
c:'était u:n peu lâche._. Vous savez que mon mari passait
beaucoup de temp:d. mettre au point une ou deux inventions dont il était fier. Depuis sa mort, personne n:a repris
son travail en main. Peut-être est.-ce dommage, mais je ne
sais qui commit.tu: .._
Il voit immédiatement où elle veut en veoit, mais il ne
l'aide µas ; .après .t ant d'hésitations, est-:ee, vr.aiment tout ce
qu'elle trouve à lui. demander ? Il se représente si bien ce
q-ue peuvent être les inve:ritions d'Heula,nd !
- Alors je me suis dit que peut-être.... si vous l'en
priiez... votre frère copseJ:J..t irait ... Le brave hommae dont
je vous parlais l'autre jour pourrait lui porter les pièces..-.Le cœur de Vernois :se serre à la voir dev.ant lui si humble et déconcertée. Il inscrit l'adresse de l'ouvrier et promet d'aller le voir dès le lendemain. Mais il a trop fait
attendre à Clymène ce.mouvement de bonne volonté ; .elle
n'ose: plus. s'écarter d~ -q~.elq.ues phrase§- dictées par la
politesse.

vnr
Thomas n'a posé que peu de questions.
- Avoue, mon vi~ux-, dit Vernois, que tu n'aimes pas
beaucoup cetre histoire. Tu penses que je m'abuse- innocemment sur les mobiles qui m'ont conduit à men mêler,
_ et que ces fümmes n'ont pas eu de peine à.me prendre dans
leurs filets. Si tu pouvaine douter combien tu t.c trompes~
L'origine de tout €ela, c'est une lettre qui- traînait dans la
vareuse d'Heuland. Nous en av.ons lu, des lettres d"épou-

LE CAMARADE INFIDÈLE

ses, trouvées dans les poches .des pauvres bougres qu'on
identifiait, des lettres de mfa1~ères1 ou de femmes d'affaires, ou de paillardes ; mais une lettre de ce ton-là non
jamais. Je voudrais te la montrer ; je l'ai chez mo/ Oui,.
vieux, je ne me suis pas permis de lire les- autres, mais
celle-ci, je l'ai gardée. Ce n'est pas qu'il y soit question de
rien d'extraordinaire ; au contraire, la vie de tous les jours,
des nouvelles des enfants, quelques pJ.u-ases de tendresse.
~'est justement ces phrases qui m'oat ému. On ne peut pas
dire un langage d'amoureuse, bien que l'amour soit évident. Pas de protestations; une égalité, une discrétion qui
ne peuvent s'expliquer que par la plus belle confiance. Des
mots tout à fait simples, mais de cette simplicité fière
délicate, qui suppose de la noblesse de cœur. Heuland nou;
parlait souvent de sa maîtresse, guère de .sa femme. A Ja
lecture de cette lettre, je me suis cru certain qu'il avait été
bavard sur ce qu'il considérait comme un amusement mais
que, sur le reste~ il avait g.ardé le silence d'un honnête
homme -qui sait le prix dé ce qu'il possède. Or je me
trouve connaitre l'endroit où il avait l'étourderie de cacher
sa correspondance avec l'institutrice. Un jour ou l'autre,
M111• Heuland peut découvrir cette liasse. En me laissant
présenter dans la maison, je cours la chance d'ern pêcher une
catas~rophe. _Je le dois bien à ce garçon qui peedant deux:
ans s est touiours montré serviable.
Enfoncé dans son fauteuil, Thomas ne peut s~ retenir
d'objecter :
- Tu crois qu'il te saurait beaucoup
que tu prends pour sa femme ?

de gré

des soins

~ Ah, ,P~uv:e_vieux,. s'écrie Vernois, que tu peux être
stupide ! J a1 failli reparttr sans même l'avoir vue. Il a fallu
pou~ me fai_rc intervenir, le zèle cynique de toute un;
fu°:111~, ap~liquée à détruire le souvenir de mon camarade.
Mais Je crois avoir assez bien rétabli Ja situation.
- Je comprends, poursuit Thomas, qn' ou s'attache à
un compagnon d'armes et qu'on app0rte à ces amitiés. de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

guerre une loyauté ailleurs exceptionnelle. Mais pourquoi
la mémoire de cet Heuland te tient si fortement à cœur,
c'est ce que j; vois mal. j'ai peine à concevoir qu'il ait pu
être honnête homme et perdu son temps à des niaiseries
comme ces deux machins que tu m'as montrés tout à
l'heure.
Vernois demande sans trop d'assurance :
- Est-ce vraiment si sot ?
Cette fois l'aîné se fâche :
- Comme si tu ne t'en étais pas aperçu tout seul !
Voyons, mon petit, tu te moques. Ou bien tu n'as pas
regardé, ou bien c'est un parti pris.
- Il faut croire que j'avais mal regardé.
Mais rarement Vernois s'obstine lorsqu'il voit à son
frère un certain coup d'œil attristé.
- Eh bien, oui, je serai franc. Ces mécaniques sont
de l'enfantillage. C'est par acquit de conscience que je
te les ai montrées et me voici d'autant plus embarrassé
pour te faire corn prendre mes raisons. A vrai dire, je ne
sais trop comment les mettre bout à bout. C'est cette satanée optique de l'arrière. Rien qu'à voir les portraits d'Heuland, j'étais tout dérouté, car il n'avait plus rien, sous ses
vestons civils, du gaillard droit et bien pris à côté duquel
j'ai vécu deux ans. Mais il y a plus grave. Il y a mille
petites choses déplaisantes (je ne passais pas de jour sans en
découvrir), des manques d'éducation, de ces riens qui trahissent l'absence de caractère. A mesure qu'on me parlait de
lui, le personnage s'en allait en lambeaux; et ce qui est
d'une ironie assez cruelle, dans le même temps Mme Heuland
cessait de voir ces petitesses pour ne plus conserver que
l'image apportée par moi.
Thomas réfl.échit un instant puis demande :
- Croyais-tu rendre à cette femme un grand service en
l'exaltant sur un fantôme ?
- Mais, vieux, s'il a existé dans le bien-être un Heuland
.sans vigueur d'intelligence ni de volonté, la guerre en a fait

LE CAMARADE INFIDÈLE

577

surgir un autre, plus solide, plus dévoué - je ne dis pas
un héros, mais un brave type, envers lequel on demeure
endetté. Assurément, il montrait encore des traces de faiblesse ; mais c'était un homme soulevé par la violence de
l'épreuve. Il serait retombé peut-être; ·toutefois, puisqu'il est
mort à son plus haut, qu'il y reste pour nous.
Thomas secoue la tête :
·

i '
1

- Les feuilles qu'emporte un tourbillon ne sont que
des feuilles; toute la force appartient au vent.
- Eh, je le veux bien ! Mais comment dissocier ce que
les événements ont confondu ? Comment séparer ce que
nous valons par nous-mêmes et ce que la guerre a mis en
nous ? Si nous nous sommes fait illusion sur nos forces
qu'est-c: que ça fait, puisque, par ce moyen, nous avon;
accompli ce que nul n'aurait osé demander à des hommes?
T'imagines-tu qu'on serait monté sur le parapet de la tranch_ée ~ns s'étourdir de faux espoirs: sur la destruction des
nutra1lleuses, sur le terrain qu'on pourrait gagner, et sur
la fin de la guerre, et sur ce que vaut la France elle-même
pour un soldat qui sera mort dans cinq minutes? Qu'estqui était à nous de notre courage, qu'est-ce qui était à
l ivresse ? Et qu'est-ce qui subsiste en nous de l'ivresse ?
Nous_avons goûté à quelque chose de mêlé, mais de si fort
que nen de ce que nous avons retrouvé depuis ne peut
plus nous satisfaire.

~7

Tho_~as s'est rapproché de son frère, de sorte que Jeurs
deux s1eges se touchent :
- A~, peti_t gars, voilà justement ce qui m'épouvante,
ces émottons s1 fortes auprè~ desquelles tout est sans goût,
à co~mencer par le seul bien que rien ne remplace, la
p_robité ~e la pensée; Crois-tu que les grandes civilisations
aient pén par une autre cause ? Quand les meilleurs ne
sont plus résolus à la défendre, la droiture de l'esprit est
perdue, et son tranchant, et sa justesse . car ce sont de
d:a:
,
s
conqu:tes tro? uuci!es à maintenir dès que les plus courageux s en désintéressent. Mon petit, j'ai chagrin à plaider
A

37

�LE CAMARADE INFIDÈLE
LA NOUVELLE' BEVUE l'JlANÇAISE

contre toi cette cause ingrate. Mais crois-moi, on ne gné·
rira qu'.en assainissant un point après l'autre, en redressant
chaque noùonfaussée.
Vernois réplique doucement :
- ,Ce n'est pas cette VCFtu-là qui amait barré la route
aux Allemands.
- Dieu merci, vous en aviez d'autres ! Mais aujour-

d'hui...

r

Le cadet reprend :
- Ces autres-là, j'ai eu trop de peine à les acquérir; je
m'y tiens. En octobre ou novembre r4, quand on a pu
souffier et qu'on a cru se mettre à réfléchir, va, faî: senti
que je tenais de toi bien plus que je n'a ais soupçonné : le
besoin d'éplucher les nouvelles, de nager à contre cour:mt,
et œ fatigant souci d'être juste! Mais c'est un effort qu'on
ne peut pas soutenir; il faut s'en remettre à ceux que ça
regarde. Défends ta peau et ta tranchée, cela suffit. Un
vigoureux rétabLissem nt dans les sentiments simples,
communs à tout Je pays, une haine b" n élémentaire. Ah,
qu'on est soulagé ! Mais ce tour de gymnastique vous casse
les jointur s ; on ne le recommence pa deux fois.
Thomas se tient co.inme un médecin qm ne sait comment soulever un enfant malade.
- Il faudra pourunt bien ...
on, non. Adressez-vous à la génération sui ante.
Celle-la ne demandera pas mieux.
ous avons fuit notre
service.
L'aîné répète :
- Il faudra bien ... On dit qu'on ne pourra j'3.mais, et
pourtant il n'y a pas d'autre issue. .. Rends-moi justice :
tant que ro. étais sous le coop d'un ~rêt de mort, je n'ai pas
ouvert la bouche. J'étais reconnaissant à tout ce qui pouvait te soutenir, et mieux valait te savoir sous n'importe
quel masque qu'avec ta libre respiration dans un air empoisonné. Mais poi:sque tu es revenu ... Mon petit, laisse-moi
parler ; je ne t'ennuierai pas deux fois de mes réflexions. Je

579

te jure que je n'ai pas bronché, quelques périls que tu aies
courus. Je n'avais pourtant pas lourd d'espérance et peo- ·
dant les heures pa.ssi::es sur le bord des routes à surveiller
mes ~ntonniers, j'ai eu tout loisir d'en ra.battre encore.
Mon imagination ne m'avait pas épargné grand'chose, mais
les camions qui passaient pleins de blessés m'ont fait voir
des mutilations que je n'avais pas eu le ·courage de me figure~. Tout ce que la chair humaine peut endurer, je me le
sms représenté d~os ton corps à toi. Eh bien, je le dis en
pesant les mots, 11 y a plus tragique que tout cela : il y a
la déchéance d'un être droit qui se gangrène dans le mensonge.
Vernois veut protester, mais son frère l'arrête :
, - Je sais_cedonc je parle ... Je le sais par le dedans ...
C est plus misérable qu'on ne peut l'imaginer. Je ne prét~nds pa~ mettre en regard tes expériences à toi, dont tu as
li u de tuer de la fierté, et les miennes qui sont inavouables. Et pas non plus nos deux natures. Avec ton bon sens
tu ne te serais_ia~ais laissé glisser aussi loin que moi ...
Encore une f01s, Je parle en connaissance de cause ... Or il
est d ~ de se _libérer.Je n'ai presque rien fait par moi-même.
Je d~~ tout a la bonne tempête qui m'a jeté sur la côte.
A:uss1 1e ne comprends que trop le besoin qu'on a de subir
violence. Et c'est pour cela que je te tourmente ... Et si tu
n: te ~éfends _pas bien brutalement ... ru auras du mal à me
faire lacher pnse.
Vernois sait que son frère ne lui demande pas un acquiescement des lèvres et que le silence est encore la réponse la
plus émue. Tbomas s'est levé; il replace quelques livres sur
les rayons d~ la bibliothèque.
' - Vieux, dit Vernois, on a déjà sonné à deux reprises.
c est frobablement l'ouvrier qui ient reprendre s~
appareils.
En efietThoma.s introduit dans la pièce un homme à
~arbe ~lanche, modeste et propre, à qui sa vieille a dü pour
occasion, repasser son meilleur faux-col. li porte à la.ronde

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un regard inquiet et son sourire s'éteint aussitôt, car il
aperçoit les paquets tout ficelés.
.
- J'ai bien examiné les deux modèl_es, ~1t Thom~
d'une voix bienveillante. L'exécution est mgémeuse, mais
l'idée première laissait à désirer. Pour le premier a~pareil,
il en existe déjà d'analogues, mais beaucoup plus simples,
qui enlèvent à celui-ci tout intérêt pratique .. Quant à l'autre, il peut tourner à l'aide d'un souffi~t, ~alS dans _le vent
qui ferait pression sur toutes ses parues, tl resterait parfaitement immobile.
L'homme est devenu très pftle:
- Peut-être que si je vous avais expliqué moi-même ...
- Mon ami, je suis un vieil habitué de ces choses. N'ayez
pas trop de regrets. Il faut beau~oup d_e tenta_tives infr~ctueuses avant qu'il en sorte une 10vent1on véntable, et 1on
a toujours raison d'avoir essayé.
Mais l'effondrement est trop soudain pour que de
bonnes paroles puissent adoucir le choc. L'homme balbutie :
- Vous dites qu'on ne peut rien en faire? ... même
avec des perfectionnements ?.. .
.
Il cherche les yeux de Vernois qui se dérobent et 11 comprend qu'il n'a pas de secours à espé~er.
.
,
_ Heureusement que M. Robert n est plus la pour 1entendre ... C'est bien la première fois, je vous l'assure, que
je trouve heureux qu'il ne soit plus là.
Il rajuste l'e~ballage d'un_ paquet, q_ui laiss~ apercevoir
par une déchirure un coussmet de cm r~ ~01.gne~sem:nt
astiqué. Sa détresse est plus forte que sa t1m1d1té ; 11 plaide
encore:
- Si ce n'était qu'une question d'argent... des fois
Mme Heuland n'y regarderait pas ... D'abord les pièces
ne coûteraient rien à exécuter ... car pour un vieux
comme moi qui a sa retraite .... ça serait une distraction ...
- Je voudrais, dit Thomas, vous répondre d'une ma-

LE CAMARADE 1 FIDÈLE

nière plus encourageante, mais je ne ferais que vous préparer de nouvelles déceptions.
Sans défense contre un malheur qui l'accable avec tant
de calme, l'ouvrier a juste la force de garder bonne contenance. Tout en l'aidant à prendre sous chaque bras un de
ses lourds paquets, Thomas lui dit :
- Je sais ce qu'on éprouve quand il faut renoncer à
un grand espoir. li m'est arrivé de me tromper comme un
autre ...
Mais ses paroles produisent une réaction inattendue.
L'homme riposte d'une voix qui tremble:
- Si vous vous êtes trompé ... excusez la hardiesse ...
vous pouvez vous tromper une fois de plus. Vous êtes
s1vant, mais vous ne voulez pas prétendre que M. Robert,
lui, ne l'était pas... Il arrive qu'un savant dit blanc et
l'autre noir ... Si vous aviez entendu parler M. Robert ...
On l'aurait aidé rien que pour l'entendre encore ... Vous
n'allez pas dire que c'était un blanc-bec ...
Alors, n'y tenant plus, Vernois s'avance;
- Ce que je puis vous affirmer, c'est que M. Robert
était le meilleur camarade que j'aie rencontré. li aurait
pu se mettre à l'abri; il ne l'a pas fait ; cela mérite qu'on
ne l'oublie pas. Si mon frère vous a dit son avis avec franchise, c'est parce qu'entre hommes on se doit la vérité.
Mais tout le monde n'est pas de force à la supporter. Vous
penserez comme moi qu'il vaut mieux ne rien dire à
Mme Heuland ... II y a des gens ·qui n'aimaient pas son
mari ; nous n'allons pas leur fournir des armes.
Le regard de l'ouvrier est celui d'un homme qui revoit
' le jour. Pour serrer la main de Vernois, il pose ses
fardeaux ; et quand, sans avoir rien trouvé à dire, il les
reprend et gagne la porte, il semble ne plus en sentir le
poids.
C'est le plus jeune des deux frères qui, rompant le
silence, attaque le premier:
- Tu voudrais sans doute aussi qu'on explique à

�582

LE CAMARADE INFIDÈLE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mme Heuland comment son mari la trompait. Tu lèves
les épaules : mais je ne vois pas, en bonne logique,
pourquoi tu t'arr!tes à mi-chemin. Tu as bien tâché de
détruire chez ce pauvre diable la seule raison de fie~
qu'il eût, le seul joint par lequel sa vie a pris contact avec
quelque chose de désintéressé, sa seule vertu, qui est d'être
fidèle.
- Et toi, dit Thomas, tu mets de l'-acharnement à
brouiller ce qui est clair, à confondre ce qui est distinct.
Parce qu'un homme a été brave et bon camarade, tu l'im-·
poses comme inventeur et comme bon mari. Que signifie
cet escamotage ? Ce que j'y vois le moins, c'est cette justice
dont tu parles sans cesse.
ernois se radoucit :
- Ab, vieux, il est bien vrai que j'ai toujours ce mot à
la bouche. C'est ce que vous m'avez le mieux appris, père
et toi. Je ous avons cela dans le sang. Rappelle-toi les s.:rupules de père, forcé de rédiger une note défavorable sur un
de ses gardes et ne pouvant se résoudre à l'envoyer parce
qu'il avait cet homme en a ver ion. Et quel garçon un peu
sen ible à la géilérosité n'aurait pas été gagné par cette
manière que tu as de faire beau jeu à l'adversaire, d'aller
au devant de ses -arguments, non pas en attitude de défense, mais comme s'ils pouvaient t'apporter des parties de
vérité qui te manquaient. Car tu as souci d'être équitable
jusqu'à te montrer moins exigeant pour les preuves du
contradicteur que pour les tiennes . Oui, vieux, ce son
là des luxes dont il a fallu lestement se d habituer,
des luxes qui supposent la paix jusqu'aux confins du
monde.
Thomas secoue la tête :
- Les seuls, veux-tu dire, qui puissent rétablir la paix
du monde.
- Mais puisqu'il faut, continue Vernois, un luxe dans
la vie de chacun, laisse-moi celui qùi a toujours été le seul
embellissement de la guerre, une sorte d'héroïsme dans la

camaraderie. S'il est vrai que nous avons perdu de la valeur
et de la hardiesse dans le plan de la raison, nous pouvons
les retrouver dans celui de l'amitié. Crois-tu qu'avec un
~nti~ent de loyauté un peu jaloux, un peu exalté, nous
n aurions pas maintenu nos alliances tout autrement que
nous. n'avons fait, ~t qu'à l'intérieur nous n'aurions pas crêé
des hens dont la discorde ne serait pas facilement venue à
bout ?
Mais Thomas ne se laisse pas gagner :
- Mon peàt, tu vaux mieux que ,cela. Tu vaux mieux
que ton amitié même, qui s'adresse au-dessous de toi et
dont ta probité fait tous les frais. Laisse aux femmes ces
fi,délit~s-là. Mêm~ l~ politiciens en sont parfois capables, et
cest b1~n mauv~1s signe. Je sais que je suis ombrageux et
tyran_mque, mats tu es ce qu'il y a de moins manqué dans
ma vie . Aussi, puisqu'il s'agit de 1uxe, ne puis-je me contenter pour :oi que du plus pur et du plus viril; ,et sa formule est le v1eux principe d'identité : &lt;&lt; Une chose ne peut
pas être et n'être pas ... »
Vernois songe un moment :
. - Ne crois-tu pas, dit-il, qu'il y a une forme d'injustice et même d'insiocérité sans laquelle l'hér-oïsme n'est
pas concevable ; et que nous autres, gens de l'est, nous
manquons peut-être de race et par conséquent de liberté
pour oser bondir jusque-là. Un jour Mme Heuland m'a
parlé de Corneille ...
Mais il voit sur le visage de son frère un froncement
fu?itif q~i l~i coupe_ la p~ole. Thomas comprend tout de
SUite qu 11 s est trahi ; matS à quoi bon nier ce dont il a
le cœur plein ? li se contente de dire :
. - Si /étais un homme qui prie, je n'adresserais à
Dieu . qu u~e seule demande, mais celle-là je l'en fat.iguera1s matm et soir : « Seigneur, préservez-moi du mensonge l 1

(A mi.-ure)

J~

.SCRLUMJlERGER

�OIRONIQUE DRAMATIQUE

.,

CHRONIQ_UE DRA~ATIQUE
-

OnfoN: Molière, pièce eo 3 actes et 6 tableaux, de MM. Jean .
José Frappa ét Dupuy-Mazuel. Musiqu_e de sc~ne de Lulli, Charpentier et Vuillon.
·
RENAISSANCE: Molière et son ombre, à-propos en un acte, err
vers, de M. Jacques Richepin. Amphytrion de Molière.
l'.HÉATRE DE L'ŒuvRE : Dardamelle., pièce en 3 actes, dè
M. Emile Mazaud. Les Derniers masques, pièce ~n un acte, de
-M. Arthur Schnitzler, tradu2tion de M. Maurice Rémon et
Madame Noémie Valentin.
·RENAISSANC"I! : La: Femme masquée, pièce en 3 actes, de
M. Charles Méré.
THÉATRE DE L'ŒuvRE : Ubu-Roi, d'Alfred Jarry.
On a joué, il y a quelques ,années, à l'Odéon, une pièce fort
amusante à voir, intitulée Rachel. C'était l'histoire, découpée en
tableaux, dé l'illustre tragédienne. On la VO)?it d'abord, tout
enfant, dans la roulotte de son père, le bohémien Félix, prenant
là, en pleine campagne, ses premières leçons de. théâtre. Ensuite, au Théâtre Molière, petite scène d'études où se préparaient à l'époque les élèves du Conservatoire. Ensuite, chez
elle, après ses premiers succès, déjà célèbre. Ensuite, sur le plateau de la Comédie française, pendant une représentation d'Horace. C'était en même temps, dans le domaine du théâtre, toute
une époque qu'on voyait revivre. On voyait arriver sur la scène
de la Comédie, pour complimenter la tragédienne à un entr'acte,
Chateaubriand vieilli accompagnant Madame Récami.er aveugle,
Victor I:Iugo jeune et déjà chef d'école, Lamartine, Vigny,
Musset, et à leurs côtés les grands acteurs du temps, Samson,
Beauvallet, Saint-Aulaire, Frédérick Lemaitre, Ptovost. On

entendait, au tableau de Rachel chez elle, un de ses camarades
lui lire le feuilleton que venait d'écrire sur elle, dans les Débats,
le grand critique dramatique de l'époque, Jules Janin. Les cos•
turnes du temps, le physique des personnages reproduit le plus
fidèlement possible par les artistes de l'Odéon, - jusqu'à mo"iitrer la verrue que l'un avait à la joue gauche, ou à parler du ne,:,
comme parlait un autre, - ces illustrations des lettres et du
théâtre qu'on voyait réunies sur la scène, une mise en scène
étonnante, par exemple le plateau de la Comédie française, vu
derrière les décors, et, dans le fond, visible comme elle l'est des
coulisses, la salle avec l~s spectateurs ... Tout cela était bien
un peu Musée Grévin. On avait beau ne pas oublier qu'on était
au théâtre. On se laissait néanmoins aller à une certaine illusion.
On était intéressé, amusé, presque pris. De combien de pièces,
que leurs auteurs considèrent comme bien supérieures à ce
genre de théâtre? pourrait-on en dire autant ? Pour ma part, si
on reprenait Rachel à l'Odéon, je ne manquerais pas d'aller la
revoir, et on sait si les pièces·· sont rares qui peuvent me faire
me déranger deux fois.
Le Moliere, de MM. Jean José Frappa et Dupuy-Mazuel, que
l'Odéon a représenté, aurait pu être une pièce de ce genre. Songez donc ! Une pièce sur Molière; ayant Molière pour principal
personnage, nous le montrant dans tout le cours de sa vie
d'homme, depuis ses débuts jusqu'à sa mort ! Une pièce qui met
en scène presque tous les personnages au milieu desquels il
vécut, depuis ses compagnons de jeunesse jusqu'à ses camarades
de théâtre, depuis ses maîtres Gassendi et Bernier jusqù'aux
seigneurs et courtisans de la cour de Louis XIV et Louis XIV
lui-même ! Une pièce qui nous montre Molière prenant ses
premières leçons avec l'illustre Scaramouche, et nous le montre,
dans la Cérémonie du Malade imaginaire, défaillant, en prononçant le fameux juro, du mal qui va remporter quelques heures
après 1 Une pièce dont tout un acte nous montre les jardins de
Vers~illes, lors d'une représentation que Molière donne pour
le rot, avec tous les personnages de la cour arrivant un à un,
tous autant de modèles passés ou futurs pour Molière, qui les
no~me, retiré dans un coin avec son frdèle Chapelle : le marquis de Soyecourt: Dorante le chasseur, - parmi quelques
. femmes : Cathos et Madelon les précieuses, - la duchesse de

�LA NOUVELLE REVUE F~ANÇA"ISH

Richeli.eu : Arsinoé, - Madame &lt;le Lamoign©'n : Madame Pernelle, - Mesdames de Guénégaud et d' Aigulllon : iles dévotes,
- Desmarets ck Saiot.:Sorlin : Tartufe, - le comte de Guiche~
Acaste, - La Feuillade, Lauzun, Marcillac : l~s marquis ndîcnles, - Vardes: don }uan, - le d-uc-de Montaasier: Alceste.
Et encore, au cours de tes trbis actes, ~assend+, Cyrano, Chapelle, . Bernier, Mignard, Perrault, La Rochefoucauld, Madeleine et Armande Béjart, Lagrange et Mademoîselle de 13rie,
Mad.tme ,de La,Fayette et la sernnte Laforêt, Lcnôtre et SaintAignan, Comléet Villarceaux. Certes, c'est là, comme Rachel,
un peu du Musée Grévin. Ce~t là du théâtre un peu gr05. Mais
é'est aussi du théâtre amusant, et l'amusant a son prix. Le théâtre n'a-t-il pa.s é1é, 1à son origine, la mise à la scène de' persqnnages illustres, qu'on faisait revivre là dans leurs actions les y rus
mémorable~ ? Si vous voyiez aussi comme le public, qui pour-' tant n'est guère 4"enseigné sur eux, est sensible à tout cet étalage
de grands per.sonnages ! Si vous voyiez ce silence, dans la salle,
à l'acte des jardins de Versailles, quand un officier, paraissant
au haut d'un escalier, après que toute la cour -est venue se ranger, ann.once d'un ton solennel: le roi. Il y a un temps. L'officier descend l'escalier. On sent' que quèlqu'un vient, va paraître
à son tour au haut de Yescalier, le descendre et venir prendre sa
place à son tour. Toutes les figures sont tendues 'dans l'attente.
Ce quelqu'un paraît enfin : Louis XIV. On croirnit que c'est Iui
.pour de bon, tant il flotte d'admiration et de respect chez les
spectateurs. Brave public ! Sa bêtü,e est éternelle. Un roi ne
sera jamais pour lui un homme ce:.mme un autre. Il a des trésors de soumission et de crédulité infinis. Il faut qu'il se courbe
devant quelque chose. Il n'y a plus de roi. On offre aujourd'huî
à sa dév-0tion la superstition la plus malfaisan!-'C, qui. le trouve
toujours docile, aveugle, idupe et victime aussi. Ce queje ·dis là
n'~t pas pour le plaindre. Il ne faut plaindre que ceux qui sont
contraints. Ceux qui s'offrent d'eox-mêmes au couteau·n'oi'it
que ce qu'ils méritent. Pour en revenir à Molière, -a:'ec t?ute-sa
galerie de personnages, cette piè_çe eiit été nne bon-ne pièce, le
public s'y serait amusé tout à fait, et même aurait pu y prendre_
une leçon d'histoire littéraire.· Moi-même je m'y serais amusé
comme j'ai fait à R&lt;Iohel.
Mais voilà ! Non seulement Molit,re n'est pas . ia pièce quelle

CHRON[QUE DRAMATIQUE

aurait pu kre, m.,ais c'est encore une fort mauvaise pièce. Les
auteurs-ne l'ont pas seulement manquée. Ils y ont encore fait de
la fantaisie, ils ont dénaturé leur sujet, ils ont multiplié les
erreurs et les fautes grossières. C'est ainsi qu'ils ont inventé un ~
personnage de belle iru:onnµe, dont le nom n'est pas prononcé,
- ils eussent été bien embarrassés pour nous le dire, - et
qu'ils nous montrent le 'l.!i.sage s.ans cesse caché par un masque.
Avec ses amis Chapelle et Cyrano, Molière, .encore jeune
homme, un soir sauve la vie à cette dame, sur le Pon Neuf,
dans une attaque de mailandrins. 11 .en devient-amoureux. pour
le restant de sa vie, sans pouvoir la revoir qu'au moment même
qu'il va mourir. Nous avons cette fois une transformation deMolière lui-même, transformé en beau ténébreux et en amant
transi. Cette femme n'.a jamais existé dans la vie de Molière et
on ne voit en rien son intérêt dans .la pièce. Ce n'est pas trop
dire _que cette invention est une pure niaiserie. Les démêlés
conjugaux de Molièrë, quelques traits de sa liais~n avecMadeleine Béjart eussent été autrement intéressants et les auteurs
seraient restés dans la vérité .. La .pièce- que M. Maur:i~.e Donnay
a écrite sur Molière et que l'Odéon a représentée ég.alement '
n'était pas fameuse mais au moins il n'inventait pas et on restait dans l'his~oire vraie du personnage. J'en dirai autant pour
la scène de la mort de Molière dans la pièce de.MM. Jean José
Frappa et Dupuy-Mazuel. Ce tableau était facile à composer,
avec tout ce -qu'on a écrit sur ce sujet. Là. encore ces messieurs
ont préféré innover. Ils font mourir Molière comme un commis de nouveauté atteint 'de langueur amoureuse. Molière. est
presque ay moment d'expirer. Comme cela se passe -toujours
sur le théâtre en pareil moment, il parle beaucoup. La belle
inconnue_ arrive en courant, toujours masqué~ et toujours
muette. « Et voici ... voici ... le bonheur impossible !... » murmure alors Molière, dont ce sont les derniers mots. Les auteurs
se sont mépris. Parce qu'ils mettaient àla sc~ne un auteur comique, ils ont voulu le faire mourir de façon comique. C'.est
excessif. Ce n'est pas tout. Là langue comptai.t, dans une pièce
de ce genre. il n'y _aurait eu_ aucun inconvéniept à employer
plus ou moins celle de l'époque. MM. Jean José Frappa et

1.-: Je crois que je me trompe et que c'était à la Comédie française.

�588

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dupuy-Mazuel trouvent-ils la n6tre plus élégante et plus parfaite ? Ils n'ont pas craint, en effet, d'employer les plus mau~
vaises toutnures-du style d'aujourd'hui. Que pensez-vous de
- Molière s'exprimant ainsi : « Il n'y a qu't).n bon~eur, voye~vous, c'est l'amour ... Etre pauvre, ignoré ... avec, a c~té de sm,
une femme qui vous aime !. .. » Vous serez peut-être de mon
avis : rien que d'entendre cet avec si élégamment placé, toute la
pièce est par terre. Qu'est-ce que vient faire également, dans la
bouche de Molière, cette allusion aux soi-disant découvertes de
M. Pierre Louys? « Mes_ confrères répandent toutes sortes de
calomnies à mon sujet, et l'un d'eux, dernièrement, a même
écrit que je faisais faire mes pièces par Co;neill~. » C'e~t du
domaine d'une revue, cette allusion, et non dune pièce s~neuse.
Il est vrai que MM. Jean Jos·é Frappa et Dupuy-Ma~uel nou~ '
ont prodigué leur esprit. Ils l'ont même prêté à Molière,_ qm
n'en eut pas à ce point. Au tableau des jar~ins d~ V~rsailles,
avant la représentation qu'il va donner au Rm, Molière JOUe une
sorte de parade, dans laquelle il moque les personnages présents et qu'il sait être ses ennemis. Le tour arrive de Desmarets
de Saint-Sorlin, le moaèle de Tartufe, paraît-il. Molière, sous
les aspects d'un marquis de la cour, fait allusion au com~~ot que
Desmarets dirige contre lui. « Vous pensez que sous 1impulsion d'un pareil être, notre complot ne peut man,quer de réussir. Tout est prêt et bientôt l'affaire ne va pas tarder à.•· à
démarrer J•.•• )). On ne peut être plus fin. M. Paul Bourget nous
a appris réceminent que Louis XlV étai_t inc~pable de juge~ du
talent littéraire de Molière. Ce grand roi aurait peut-être mieux
go-Oté cet ingénieux calembour ?
t
.
On pouvait vraiment faire une bonne pièce, avec un _pareil
sujet, la musique de Lulli _metta_nt ç~ et .là ses cadences vives et
rapides ! Il aurait fallu M. Sacha Gmtry.
.
Il faut nommer, dans l'interprétation, M. Vargas, qm a composé un Scaramouche très réussi, et M. Raoul Henry, dans le
r61e de Louis XIV. On n'est pas plus royal par le physique
et par les. manières. Les gens qui ~eul_ent un roi, quand ils
seront décidés, pourront s'adresser a Ju1. Ils ne trouveront pas
mieux.
·
Madame Cora Laparcerie a donné à la Renaissance une exc~l~ lente représentation d'Ampbytrion. C'était parfait comme mise

CHRONIQUE DRAMATIQUE

en scène et comme interprétation. Amphytrion, c'est l'apothéose
du cocuage, en quelque sorte. Jupiter prend les traits d'Ampbytrion, couche avec sa femme et s'amuse de leur mystification à l'un et à l'autre. Il y a dans les vers de Molière, dans cette
œuvre, avec une grâte et une sensualité infinies, une moquerie
et une bouffonnerie irrésistibles. Les artistes de la Renaissance
ont exprimé cela à merveille. Madame Cora Laparcerie ellemême, qui dit si mal les vers quand il s'agit de poésie et qu'elle
en veut faire, a dit le mieux du monde, avec une sorte de gamineri-c et toute la lascivité voulue, les vers d'Alcmène. Ce n'est pas
un mince mérite, chez tous les artistes de ce théâtre, d'avoir si
bien rendu cette œuvre de MolièFe.
On connaît les derniers vers d'Amphytrion, que So~ie vient
dire au public, tout au bord de la rampe, après que Jupiter,
du haut de ses nuages, a consolé de son mieux Amphytrion
d'avoir été cocu, ayant eu cette bonne fortune de l'avoir été fait
par un dieu:

'

Messieurs, voulez-vous bien suivre mon sentiment?
Ne vous embarquez nullement
Dans ces douceurs congratulantel';
C'est un mauvais emba1·quemmt;
Et if une et d'autre part, pour im tel compliment,
Les phrases sont embarrassantes.
Sur telles ajjaires toujours
Le meilleur est de n'en rie11 dire

J'avais autour de moi, à l'orchestre, quelques ménages litté- raires dont les maris ont été amphytrionnés autant que le mari
d'Alcmène, bien que par de simples mortels. Je 1es 'regardais
pendant que Sosie leur servait ainsi la mcrale de la pièce. Ils
avaient bien l'air d'être de son avis que le mieux, en pareil cas,
est de garder pour soi son infortune et de n'en rien dire. Ce qui
n'empêche pas qu'on le sait.
Cette représentation d'Amphytrion était précédée d'un àpropos moliéresque de M. Jacques Richepin dont j'ai complètement oublié le titre. L'intention de l'auteur n'était pas
mauvaise. Il nous montrait Molière, un moment endormi dans
son fauteuil, voy-ant en songe lui apparaître tous les person-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

59o

nages de son œuvre, et une sorte de Gloire, auprès de lui, le
ra,surant sur les arrêts de la postérité. Mais c'était le vocabulaire qui n'était pas fameux. M. Jacques Richepin évoquait à un
moment le roman comique dé Molière à travers toute la
France, promenant sa troupe de ville en ville, encore simple
· comédien, lui qui devait être un jour le pr.emier de nos auteur.s
comiques. L'image obligée était là, : le fameux ch~riot de
Thespis. Je ne me rappelle- pas le vers dans son ent1er. Il Y
avait trois fois le mot chariot, avec un adjectif différent
chaque fois :
Chariot ..... , char\ot ..... , chariot surhumain!

Reconnaissez là le style ridicule, la pathos mis •à la mode,
en poésie, par ce grand phraseur de Victor Hugo. Je vous
demande en quoi un chatiot peut être surhumain et s'il peut
y avoir le moindre rapport entre cet adtectif et ce substantif.. Ce
sont des niaiseries de ce genre qui me faisaient éclater de nre,
quand, fort rarement, et je parle d'il _Y a long~emps, car c'est
bien fini aujourd'hui, j'ouvrais un livre de Victor Hugo. Par
exemple, à la fin de la tirade de Ruy Blas, le pauvre oiseau .
plumé qui cuit dans une « marmite infâme ». Il est vrai qu'il
n'y a rien de plus comique que le théâtre de Victor Hugo.
C'est un vrai Guignol. Ces niaiseries se voient aujourd'hui
partout, à propos des moi_ndres choses. Un monsieur assassi~e
son concierge. 11 enferme le corps dans une malle et expédie
celle-ci dans une destination quelconque pour s'en débarrasser.
L'affaire est découverte. On fait revenir la malle. Les journaux
racontent le crime dans tous ses -détails. Ils donnent à leurs
lecteurs une photographie de ladite malle. Vous savez comment
ils la désignetlt, la qualifient : la malle tragique ! La malle
tragique ! Je vous demande en quoi une malle peut être tra·gique, eût-elle contenu dix concierges au lieu. d'un Une
action peut être tragique, un geste, un~ phys1onom1e; un
' discours. Mais une malle ? Enfin, on peut toujours rire.
Je viens de retrouver le titre de l'à-propos de M. Jacques
Richepin. Cela s'appelait Molière et son ombre.
On a joué, au Théâtre de l'Œuvre, une bien jolie pièce,
curieuse et amusante, de M. Emile Ma,zaud. Cet auteur dramatique a débuté l'année dernière, al;I Théâtre du Vieux Colombier,

!

CHllONIQUE DRAMATIQUE

591

.avec une pièce en un acte : La folle journk, qui était également
une petite chose parfaite. Je subissais une éclipse, due à &lt;le
bien sots lecœur.i, dans mes fonctioru de critique dramatique.
J'en ·aurais dit sans cela tout Je bien qu'elle méritait qu'on en
dise. Dardamelù, c'est un mari auquel sa femme, dans un
moment de chicane, apprend qu'il est cocu, et qui, passé la
minute pénible de la nouvelle, prend la chose avec gaieté,
ironie, sarcasme, je crois pouvoir résumer tout cela en disant :
avec la ·plus c:xtrême et la plus sage fantaisie. Il entend désormais que quiconque vieadra ponr le voir soh introduit par la
bonne le plus aimablement du monde avec ces mots : « Prenez
la peine de vous useoir. Le cocu va bientôt rentreT ,&gt;. Il se
peint un merveilleux écriteau, en capitales fonnidables, véritable enseigne : Cocu DE 1re CLASSE, et le fait accrocher audessus de la porte de sa maison. Il n'est pa, un détail de la vie
courante qui ne lui fournisse l'&amp;:casion d'une allusion aussi
amusante que sensée à son infortune de mari. Sa réputation de
cocu s'affirme et se propage s.i bien, grâce à lui-même, que les
enfants, dans la rue,, devant sa porte, jouent au cocu et se disputent à qui sera Dardamelle, et qu"un érudit du cocuage vient
le consulter dans l'espoir d'apprendre de.lui un détail nouveau
sur la question, qui n'a guère fait de progrès depuis qu'il y a des
maris et qui sont trompés, attendu qu'on n'est pru; cocu de nos
jours autrement qu'on l'était .dans la plus lontaine antiquité,
toutes chose.s que Dardamclle se déclare d'ailleurs enchanté de
connaître. Ne croyez pas, après cela, qu'il tire la moindre vanité
de saréputation bien établie de cocu. Ure.ste infinimenrrnodeste
et lui: fait-on compliment sur sa célébrité, il se to:irrne vers s:
femme et fait remarquer, avec raison, combien tout le mérite
lui en revient à elle seule. Si bien que c'est elle, pour l'avoir
trompé, gui anive à souffrir d'être la femme d'un cocu, tandis
que lui se pavane, tranquille, souriant et glorieux. Il y a dans
toute celte pièce une fantaisie extrêmement plaisante, un comique irrésistible et pourtant profond, et sous ce ton de farce
apparent, l'humanité1a plus vraie. Elle vaut d'être vue et méri1..
ferait_ d'avoir un ·grand succès. Elle montre une fois de phrs
comb.ten des théâtre.s comme l'Œuvre et le Vieux-Colombier
sont utiles, nécessaires. Qui sait, en effet, sans eux, si M. Emile
Mazaud aurait pu faire jouer ses deux premières pièces, les

�592

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

théâtres ordinaires accaparés par tous les fabricants dramatiques
qui se tiennent entre eux, organisent leurs succès à force de
réclame et ferment les portes aux nouveaux venus? Je ne ferai
qu'.un reproche à M. Emile Mazaud. C'est d'avoir employé au
début de Dardamelle, à s'y méprendre, la langue de Molière. Il
semble vraiment, pendant tout le premier acte, qu'on entende
des répliques du Médecin malgré lui. Cela nuit à la spontanéité
du dialogue. On sent l'artifice, la fabrication. Cette imitation
surprend d'autant que M. Emile Mazaud ne la montre plus dans
la suite de sa pièce. Il n'est pas possible qu'il ne l'ait pas fait
volontairement. Cela n'enlève du reste rien aux grandes qualités
de son œuvre. Une a;tre observation que je ferai, mais celle-ci
sous toutes réserves, affaire de gotît uniquement, en reconnaissant que l'auteur était meilleur juge que moi, c'est sur le dénouement. Sur les instances des notabilités de la ville, - la pièce se
pas~e en province, - Dardamelle consent à pardonner à sa femme
et à quitter son jeu. Il reste un moment seul avec elle. « C'est
entendu, lui dit-il. Je pardonne. Mais ne recommence pas. Car
alors il se pourrait bien que l'un de nous deux meure. - Quoi!
lui réplique-t-elle. Tu me tuerais ? - J'ai dit : l'un . de nous
deux, répond Dardamelle. Je n'ai pas dit que ce serait toi ».
Certes, cette fin est touchante. Elle étend sur toute la pièce une
émotion qui se cachait, ou presque, pendant trois actes, sous
la fantaisie la plus divertissante. Je me demande pourtant si la
pièce n'e-Ot pas gagné à garder jusqu'au bout cette fantaisie, ce
qui ne lui eô.t rien fait perdre de sa vérité. M. Emile Mazaud
a peut-être trop obéi au besoin de finir ? Sa fin est d'ailleurs
plus vraie que la fantaisie continuée. Mettez Dardamelle dans la
réalité. Vous sentirez cela tout de suite.
Il faut faire les plus grands éloges de l'interprétation.
M. Jacques Ba~mer a été Dardamelle en person_ne. Le physique,
le ton, les attitudes, les jeux de physionomie, la simplicité,
le naturel, la malice cachée, l'étonnement feint, on n'imagine
pas le personnage sous un autre aspect. De même, Madame
Jeanne Chevrel a été à la perfection l'épouse infidèle, ahurie,
niaise, dépitée, vexée et bien punie de son infidélité. Le rôle
comprend une grande partie muette, toute faite de jeux de physionomie. Cette comédienne y est excellente. Je regrette bien
de ne pas savoir au juste le nom de l'artiste qui joue un visiteur

CHRONIQUE DRAMATIQUE

S93

et qui, accueilli par la bonne de la façon que j'ai dite, trouve la
1:hose si drôle qu'il ne s'arrête plus de rire et communique sa
gaieté à toute la salle. Cela n'a l'air de rien dt: rire ainsi. C'est
pourtant fort difficile, et cet acteur y a été merveilleux,· avec le
plus grand naturel.
J'avoue que j'ai peu de goût pour les pièces macabres du
genre des Derniers Masques, de M. Arthur Schnitzler, qui accompagnait Dardamelle. Ce malade d'hôpital, qui va mourir et le
sait, et qui demande à voir son plus ancien ami pour lui révéler
qu'il a été l'amant de sa femme, et qui, qevant les bonnes paroles
de cet ancien ami, renonce à lui faire sa révélation, après avoir
auparavant répété la scène avec une sorte de jeune phtisique
fantasque et trépidant ! Cela me paraît fabriqué en diable.
On a joué àla Renaissance une nouvelle pièce de M. Charles
Méré, qui s'est fait connaître par une petite œuvre dramatique
fort pittoresque : les Trois Masques, tirée d'ailleurs par lui d'une
légende corse. Cette nouvelle pièce a pour titre La Femme masquée. C'est absolument sans le moindre intérêt. Cela relève tout
au plus du cinéma, tel qu'il est et tel qu'on l'a fait, et je n'entends pas là faire son éloge, je ne me cache pas Je le dire.
Quand je lis dans les journaux toutes les tirades qu'on fait sur
le ~inéma et qui ne cac~ent que des intérêts commerciaux, je
plams les naïfs . qui croient aux belles paroles d'art qu'on leur
prodigue à cette occasion. Le cinéma est devenu uniquement
l'apothéose du cabotinage et du roman-feuilleton, quand il
aurait pu être un spectacle du plus haut intérêt et de la plus
grande utilité. La nouvelle pièce de M. Charles Méré y trouverait sa place toute naturelle. Si c'est là tout ce qu'on peut
.attendre de ce jeune auteur, il n'y a pas à lui en faire compliment.
Le Théâtre de l'Œuvre a repris Ubu-Roi d'Alfred Jarry. On a
beaucoup parlé, et de différentes façons, tous ces derniers
temps, de cette œuvre et de son auteur. J'ai vu, pour ma part,
Ubu-Roi, autrefois, au Théâtre des Pantins, rue Chaptal, chez le
musicien Claude Terrasse, joué au moyen de marionnettes
mises en mouvement par Jarry lui-même. Lui seul avait la voix
et savait les intonations qu'il faut pour donner à cette farce
toute sa saveur caricaturale et bouffonne qui est réelle et à
. endroits, d'un caractère très humain. Je l'ai vu ensuite
' '
certams

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
1jouer

par ,M. Gémier et _Lollise France. Il m'a paru curi-eui
,d'envoyer l'entendre,au.joutd'hui \JO jeune éctivain ne wnaais~
sarft de li pi~ce et de -son aùreur que te qui -en a été dit -et
,til.C-Q.l'lté, cette ·sorte de lëgende qui ento).!.re déjà rune iet r~utre,
M. Georges Pillement a bien voulu accepter cette mission.
Voici ses impressions :
_ «Ainsi. c'est tela Ubu,Rûi? Nous ne l'avions ni lu ni "YiU
jouer. Mais nous · savions que des poètes que nous aimions-i
cotnme A;polllnaire, s'apparentaient à Jarry. Or, nous avQns
.été ,déçus et il nous a paru qu'il y avait un abîme entre l'humour
d'Apollinaire et la,gi:osse oiltlser:iie d'Ulm-~oi.
« Somme
. toute et très. franchement, ·Ja représentation n'est
pas-amusante. On itt'cnd toujours quelque chose et on :reçoit
en pleine figure des mots tels que : « le pays appelé Germanie ·,
.ainsi nommé p~r.ce que les habitants de ce .pays s0nt tous cou.sins germains &gt;&gt;. Ce n'est pas très .satisfaisant.
« Certaines scènes, comn;ie la scène de la. bat-aille, sont pleines
-d'un ba:vàrdage assez cocasse. C'est ce qu'on appelle la 'truculente .de Jarry et qui l'a fait-com_pa~er i Rabelais. Mais cela ne
va Jamais très loin. -Evidemment Jarry avait un -génie particulier pour inventer \.fn vocabulaire, et il y a une certaine .puis.sance &lt;lans ces créations de g-idouille, de voiturins à ,phynanm
et de pttits bâtons pointus à enfoncer dans ·les oneilles. Sa conversatüm devait ê,t-re ahurissante. Voilà, je crois. le:grand point :
l'homme a dfl étonner ses contemporains. Salégende a'Cnchanté
une génération. Tout ce qu'on nous a raconté de l~li\Îstence de
Jarry me semble merveilleux.. Celui-là n'a pas baillé ·sa vie : il
l'a.rie, si j'ose dire. Et yusqu' à en mourir. li y a de . .l'héroïsme
dans le cas de Jarry, dans cette extravagance soutenue jusqu'au
bout. Mais Ubu n'est pas un chef-d'œuvre. C'est une blague d:e
collège où l'on ne sent qu'un écho de la fantaisie vivante de
.}arty. Pourtantïl y a le Père Ubu. Il y a,œ nom qui est une de
oes trouvailles de mot dont Jarry avait le secret. C'est un nom
qui s'impose et qui vivra. Ce personnage est taillé grossièrement, d'une façon très simpliste. C'est un pantin., un p0lichinelle. Mais il existe. rll restera, mêlé au -souvenir_ étrange
d'Alfred Jarry. ~
Un pa'r~raphe a sauté -daBS ma ,dernière -chronique à propos
de l'interprér.ition du Misa.utbrope. au :fhéâtre du V.ieu1-Colom~

~

595

CHRONIQUE DRAMATIQUE

bier. M. Jouvet, lui aussi, a été parfait dans Philinte. Non seulementparson débit nuancé, tranquille, moqueur, exprimant à
merveille toute la philosophie sceptique du personnage, mais
encore par ses attitudes, les moindres expressions de sa physionomie, d.tns les .scènes muettes de son rôle. Quels yeux amusés,
quel regard indulgent, quel sourire indifférent ! Il exprimait
dans sa personne tout le comique des gens autour de lui qui
s'emportaient, médisaient ou faisaient des grâces. Je ne sais si
j'étais sous l'effet d'une illusion, mais M. Jouvet, dans ces scènes
muettes, c'était pour moi le visage même de Moliè,e.
On se rappelle ce que j'ai -dit de Nt Paul Souday, dans cette
même dernière chronique, à propos de la manière de jouer
le Mîsanthrope et généralement le classique. M. Paul SoJ.1day
m'a très aîmablement réponèiu dans Comœclia én ces termes:
C'est justement pour jouer Molière avec' nature1 et d'une façon
vivante qu'il faut 11n long -appr~missage. Ce -sont manffestement les
. novices qui dt:'bitent le classique comme une leçon. C'est prétisément
le grand art de 1e jouer comme si l'on improvisait qui ne s'improvise
pas, JA moins d'.un. génie =eptionnel, œt encore I tous les grands
interprètes du clas.sïque s'y -étaiJ!nt prépa;o:!_S-par de patientes études.

Cela ne manque pas de justesse .
MAURICE BOISSl\.1W

.

l

.)

1 ,

�HO'l"BS

597
gne él~quemment de ses méditations. Il est beau qu'un poète
apparaisse tourmenté, mais on aime que son chant lui soit
comme une évasion . Cet énigmatique reptile qu'on voit
... parmi l'itinullemmt
De sa queue éternellemen;
Et,mellement le bout mordre.

NOTES

LA· ,POÉSIE
LE SERPENT, poème de Paul Valéry, bois gravés par
P. Véra (Éditions de la Nouvelle Revue Française) .
On ne se flatte pas d'ajouter, par un commentaire critiqu~
au plaisir que les lecteurs de cette. revue ont pris à lire, l'an
passé, cette Ebauche d'un serpent qui vient de paraitre en "Tolume.
Mais toute œuvre nouvelle de M. Paul Valéry fait événement
parmi les amateurs de poésie, nombreux à redouter que l'auteur
de la Jeune Parque ne retourne à la longue et silencieuse retraite
rompue par lui naguère, pour notre joie.
Il faudrait mal connaître M. Valéry ou l'avoir lu plus mal
encore pour imaginer qu'il veuille usurper en faveur de son art
le prestige et la vertu des voix qu'on sait ne plus devoir entendre et par lesquelles on est ainsi plus sûrement touché. U a
hérité de Mallarmé le tourment d'absolue perfection et le désir
de donner aux mots la souplesse d'une :i.ile, l'âclat des pierres
et la transparence du cristal. Mais u11 savoir étendu aux sciences
et à la philosophie lui a permis de renouveler son inspiration
et de délaisser enfin le motif pour aborder le iujet. A cet égard
le Cimetière Marin a marqué une phase nouvelle de cette évolution mesurée, pudique et si émouvante à suivre. On conçoit
foftbien qu'une idée aussi haute et ardue de son art dispose le
poète à quelque découragement et que M. Paul Valéry puisse
parfaitement se convaincre, son poème achevé, qu'il n'écrira
plus d'autres vers et que ceux-là sont le chant du cygne. Cette
sorte de pessimisme n'est-elle pas plutôt parnassienne que classique? Telle est la question que M. Valéry ne pouvait manquer
de se poser e_t sa belle préface à !'Adonis de La Fontaine témoi-

cette image ne devrait pas demeurer l'emblème d'un art à·
·
l'é
•
1ama1srep I sur so1. 71uda_nt les tâc~es qui lui semblent trop communes_ comme d expnmer une idée abstraite au moyen d'images
sensonelles, M. V:i.léry se plaît à faire l'opération inverse. Par
exemple, Eve prête à cueillir le fruit de cr l'arbre des arbres

m

•

la graude urne
d'où va fuir le consentement ;

et quelques vers plus loin, le Serpent prétend
voir le l0t1g pur d'un dos si frais
frémir la désobéissance.

Tout n'est po~nt propre à être exprimé d'une façon rare ni avec
d_es mots précieux et le moindre inconvénient de cette précios~té es; de rompre le rythme intérieur du poème. la complication n ~st p~s le mystère et l'obscurité n'est point propice à la
muse _d1dacnque. C'est ce que j'aurais voulu objecter au serpent
hégélien de M. Valéry si je n'avais craint d'interrompre le
déroulem~nt pailleté des strophes dont son corps luisant est
formé, m s~rtout de déranger la radieuse apparition de la.
femme édemque,
toute oj/erte aux regards de l'afr
l'âme ent:ere stupide et comme '
interdite au seuil de la chair,

à qui le savant reptile adresse un si charmant discours:
Tu es si belle, juste prix
de la toute sollicitude
dèS bons et des nui/leurs esprits /
Pour qu'd tes livres ils soûnt pris
li leur suffit que tu soupires I
Les plus purs s'y penchent les pires,
Les plus Jurs sont les plus meMrtris.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇ.&amp;12

ROTES

Pour ma partfC,pri$ccettesim éloquenr.e,.légèrementalt~e
par une émotion persoonelle•ct secrète; pin h:mtque la rliétof.
rique la plus.,mgénieuseetla plus- fl:cmie. M. Val&amp;y connût
trop bien la fable pour n'avoir pas présent à l'esprit le destin de
celui dont le funeste privilège fut de changer en or tout ce que
touchaient ses mains. li sait qu'il est des o&amp;ie.ts et des pensées
auxquels conviennent leur apparence un peu commune et leur
touchante- banalité.
ROGl?R ALU]{l)

HUMORESQUF.S, par Tri.stax Klingsor (Bibliothèque
du Héris.son).
Pourquoi les dames d'un certain âge ne sautent-elles plu~ à la:
corde ? Pourquoi les messieurs sérieux ne jouent-ils plus à sautemouton ? Pourquoi viemir ? Pourquoi la vie eit-elle ennuyeuse,
quand on oublie de iy auur ci ? Questions. Le cré~Ul', appa,,
remment, dédaigne d'y répondre. On a un peu besoin de voui,
monsieur l'enchanteur Klingsor. On n'oubliera pas, du moins,
que votre aïeul Nicolas se rendait à la Wartbourg par la voie
des airs. Tradmon de famille, et bien charmante. Il n est p-as
mauvais d'être un homme en l'air, quand en est sftr de son
~rrissage-, quami on sait d où l'on pan, où n&amp;essairement
ton revient: .
Id parler dToü
Pa,tout cbudlote. :
§.21, m dise.tu, Gailltiafe l
Oui, cela est sans méfancolie, en dépit cl'u temps qui pa5se et
des légères amours qui s'en vont. Il y a une Provîdeoce pour
les poètes, petits et grands, s'ils chantent fa chanson française.
11 y a quelque fraîcheur gaillarde dans les rondes de nos grand'mères. Même, il y a du rose dans le« Klingsors schwarzer Ton ,
de l'aïeul dont nous sourions •..

Et moi aussi malgré
La rose à jamais morte "4ns- l'aulcnme d'or•
Et que &lt;Ù plas ,n plus ce poil gri.s pcus.s,,
Je chante erre«,
Et comme un l&gt;aladm q,ui.f.ait dOASer u.n 011J1s
Sur le pré._
Je traine ,n sourianl 1m arur iUsespird.

Un vers-. Ce qui s'appelle un beau vers Mais n&gt;
plutôt tort de vous émouvoir. Des poètes ~agu.1.

59'
.

au nez
la &amp;n, lité ·
,,
,
1:r~ ont poussé
o
1usqu: a nous faire verser des lamies.. Qci'ils

reposenL

As-ttt VII l'éclipse

La Tulipe ?
Je t'invite
À ltl'l(tr k

tJei'. art pl,u vite.

Les Htiltmoresques de Tristan Klingsor, chanteur français sont
un recue poétique d'un har
é .
,
c

me pr cis, tendre et plaisant_

*

IIUiLOT DO

DY

C~US~ DE CHÊNE, par Pitrri Reverdy (Éditions de la
ga Iene iman).
M. Vandéretnremru:queavccregret• uele e1

!u

d .
lent::~: d~'~:~::

~oèt~s qui se_mblait parti à.bonne allure
uce s est égaillé chacun d'
·
poésie n'a que faire Ce n'e:t' sc~ant à u~e aventure où la
camoullés qui b •
d' pa
as pour 1auteur des Jockeys
'J'
' ien avant autr~ s'était révélé
·
forme, et qui au1·ourd'h .
' .
. 'avait conquis sa
C
u1 encore SU!t sa piste
·eu œur de c~e'ne n'est pas une malle pleine de. cailloux ni un
J de. phySJq ue amusante ; c'est de la belle et saine.,poé .
romantique :
s1e
... et sous les ruissea11x d'ombre le souffte de la tiuit
bat encore par moments .. .

Au physique, Reverdy a l'air d'un sculpteur

lu
'
poète. Son œuv~e est plastique esseotieUem~i,
dp~r
ses qualités exténeu
·
•
fuutier.
res, suivant les recettes d'antiqu:lire de
ÙmoW11ement 1'étei11t
le br11it 1011~ la terra,
l.s litnes du cbnn.in s'en v&lt;mt
l'ho»1111e 4.1t en

~i"'-··

••• des éclai'rs étoujfls
dts 'llisa[U"de pldtrt

et des
1.

cm i'lcbiré,...

Revue de France du I 5 mars

I 922.

e: ;~:

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:

Personne n'est moins • intelligent » que Reverdy ; personne
ne s'opprime moins pour arriver plus facilement à une perfection. Mais c'est un des plus rudes dHricheurs de ces grands
terrains que les poètes modernes ont conquis sur le néant.

•••

PAUL MORAND

LE CYPRÈS ET LA CABANE, poèmes par Jean Ltbrau
(le Divan).
Qui voudra tracer un tablea~ de la poésie française depuis.
vingt ans, n'aura garde d'oublier l'Ecole du Divan, où règne un
ton de fantaisie discrète et de romantisme contenu, à b fois
tributa;re de la grande mémoire de Moréas et des ombres charmantes de Teulet et de Pellerin. C'est ainsi que M. Jean Lebrau
célèbre, d'une voix blessée mais paisible, les charmes de la
mélancolie rurale, en un pays de vignes et de cyprès :
Le rosier refleurit qu'on avait çru mcurant
n suffit que l'enfant revienne lui sourire.
Et le vent rafraichi qui da11s les pins soupire
Agite par mo111ents le beau clxwr od,m:mt ...
Les stances brèves, les épigrammes descriptives ne souffrent
pas les brisures de la ligne mélodique ou faux. traits qui
peuvent plaire dans un poème en forme de récit. Les genres
mineurs ne vivent que de perfection.
R. A.

*
* *

NOTES

601

POÈME D'AMOUR SUIVI D'EXIL, par Jeanne tf Ophem
(Société mutuelle d'édition).
. La peste soit _de la mutualité qui favorise l'impression à plusieurs ex.em~la1res de poèmes où il est fait me·ntion o: d'un

scar~béc qm dort dans les bégonias :o, d'une « enthousiaste
gl~c~ne » et d'un « hérisson qui se promène sans crainte _
SUIT! de son petit :o.
R. A.

**•

J~

GLERIES, par André Harlaire (Bordeaux,

1922).

Mie~ vaut en effet jongler avec des bulles de ,avon qu'avec
des pouh 1:11qu~s. M. Harlaire apprendra vite à jongler avec les
1!1ots. Il dit déjà e~ se jouant : l'aimable cécilé des hommes,
I bymne déloyal du printemps, le bonheur sacrilege des étés. :o
•·· De ton ardeur la force vaine
Ira s'unir au bruit amer
D,s mois wla11t d perdre halei11r.
« Il n'y a pas de thème poétique qui soit usé :o affirme
Georges Gabo ry en épigrap
·
he. Bien
· sôr, mais les versions!.
'
..

•

R. A.

* *

POINT DE MIRE, par Céline Arnauld (Collection
Povolozki).

z,

l

LES TENDRES AMIESJ par Philippt Chabanûx (Librairie des Lettres).
Audacieux. et frivole, M. Philippe Chabaneix est un poète de
vingt ans qui assume une singulière originalité. Les trente-six.
pages de sa première plaquette ne contiennent ni trolley, ni
cocktail, ni érotisme à la Lautréamont. Seulement, queique
part, « un couteau luit au fond d'un bouge » en l'honneur de
Francis Carco. M. Philippe Chabaneix est un gentil disciple de
Musset ; c'est peut-être une manière d'être un précurseur,
quand aura tourné la girouette nommée « Esprinouveau :o .
R. A.

** *

1 ~n joli portrai_t de l'auteur, par Halicka, retiendra longtemps
e ecte~r au semi de ce recueil de poèmes. Pas assez longtemps
toutefois. Entrons dans le vif du sujet :
La clé des histoires enfantines est une cravate étroite qui serre 1~
paroles. La mélancolie croquemort des pays sans vin
le
.
éventail des négresses dans un bol de lait...
sounre en
··: Le_ curé a soldé la rivière de ses yeux. Le crocodile couchant du
soleil lui est desc~ndu dans les sabots. Les palmes de son estomac
J)¾mées en panoplie, etc ...

Bon 1Mm• ~nau!d ti_ent ~ gamme. Qu'elle se surveille pourtant. Faute d attention il lm arrive d'être naturelle
. .. Un rayon se penche sur l~ bord de la fenétr~ et la 1·eune
femme Y plonge ses cheveux pour les dorer.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

60,.3,

Alfons, Madame., r.e:mpfaç,_on:s· wït « fe11êttc » p;ir « ~artinicocktail » et « jeune femme )) par " pyi:og~e :o., et enchalnon~ 11
enchaînons !
R. A.

trouvons. en présenc~ d'un fait nouveau. dam, l'hiatoi.re du
m.onde:;, dapuis quiexiste-nt les socittés, humaines,, on n'avait
i,amais vu tow les petits enfants d'un aontiaent' soumis, à, uni
pétrissage de cette nature.
Et,, à quelques indices,. trous surprenons.- déjà l'.influenœ de
c.ettc J?Iod,igieuse élabo11ation : la dern-ière gu~re nQus offrirait
là-dessus certaÎ.n.5' ex-cmples. &amp;ur lesquels la réfiexio.n ~ourraiu
utilement·s'ex-ercer;,e.ten des sens variés.
Mals pour no.us limiter à l'aspect fra12~ais de. ce grand
pxohlème, remarquons- d'abord que c1est par ces humbles
détour:s q,ue la Morale Sans Obligation Ni Sa,r,i,"tion a propagé,_ depuis quarante ans, ses fi.ères et mélanc0liqu:es,mat-imes,~
.i.'est dans ces,pe.tits-auvrages négligés, du phikisophe, qu.e tant.
de r_ïgides consciences enfantine&amp; ont twuvé lem type· de héros :
le crtoy.cn stoïque i c'est pa-r ces voies in:.t.ttndues-que l'histoire
Je Pasteur" neuf cent mille. fois;réimprim.ée, a donné au nou'le.m saint laïque, issu des conceptions r.a'&lt;lica1es, et maçonni,.
ques., la figure d'un .),:uologiste vertueux,, et,, eKaltant.le laberudisintére$é, subordonné le Gaprice i.n.divi.d1J.e,l l. l'intéiêt.de la
communauté.

LE ROMAN
LB CANTIQUE füES CANTIQUES-, par Pierre Hamp
(Editions de la Nouvelle Revue Française).
Leibniz nous a appris que nous ne pouvons murmurer une
syllabe sans que l'impératrice de la Chine n'en. ait, - si
imperceptiblement que vous le vouliez, - t'"oreille frappée.
Quel réfoP111ateur a,, de so,n côté, pesé les- répercussi'ons lointaines de la réf.orme _qu'il précmnisait ? Et, pour en venir .au
-fa-rt, qu-i avait prévu que Fcnganisation, de l-'enseigneme-nt pri~
maire :rrn:ait des consé'q uences plus fnattend'ues que d'élever les
citoyens à la fierté -d~ sa,voir
l.eurs comptes et parler le
français du Petit Parisien ?
Les pédagogues- qui ont codifié le~ programmes de l'école
:eublique étaient des âmes loy~les, pleines de révérence pour
les, grands dogmes de la. morale, de la science et de l'art offi_ciels. Ils ne pensaient pas faire autre chose sinon dresser leurs
nourrissons spirituels à une pareille - soumission. Et dans ce
but ils se sont mis à composer ces recueils de lectures édifiantes,
ces l~çons de vulgarisation scientifique, dont c.elles de Jean
Macé demeurent des modèles fameux.
. Aux yeux de ceu~ qui les rédigeaient, ave~ un enth_ousiasme
modeste et touchant, ces ouvrages ne devment servrr qu:e de
passage et d'initiation à des connaissances plus- hautes. Mais
ces maîtres avaient compté sans l'extraordinaire tendtesse &lt;l'e
l'imagination enfantine.
Coneevons, dans cet immense publi-c des êcoles, une nature
particulièrement ardente et sensible. A la maison, point àe
plancl'rette à livres ; le cinéma n'est pas encore né; le théâtre
reste cher et inaccessible ; le petit manuel cartonné va former
le seul aliment offert à la voracité de son esprit, les seuls
modèles, les seuls cadres ptopasé.s à. la1 ré-verie et au drame
intérieurs.
Les cons.équew.:es de cet é\!éatment GQn.t incakulables. Nous
commençons à peine à les diicemer. Songeons q,ue nous, nous

te.nu:

Mais cett-e cw:ie:we avetrture. ne s'arrêt:e pas là. Toute plate
qu'elle soit, cette littérature s'est trouiVée- assurée d'un c!AbitLD.tarissable ; elle a bientôt constitl.ié, à- soi seule- un gerue. Ce
ge~re_ n'a pas, tardé.à se.don.net ses, règles et à.faire: prév~o.ir se&amp;
~s. ln.ternes-. Le moyen, s-'est pris- lui-même. p0o,r ab:iet. Et
~si,, de ~épasscment en tl:épa&amp;sement,_une pédagogie d.'i,aten~
tians médrocremtnt utilitaires a fini pan offrir d~s forrnes,nou..:.
velles à l'œu.vre d'art.

Dicouvertes, de. Vildrac~ nous fnur.niGlit un exempte ex:cellentl
de ce que deviennent ces influences- lorsqu'elles sont élaborées,
pu ~n éc.civain. d'un goût exquis et d'1J.ne rate puisssance
6nouve. Découv.ertes n'est autre chose qu'un beat1, livre de prose:
pure, conçu sous l'influence inconsciente de cent manuels delec.tares mru:ale,s_
Et l'œuv.re entière. ~ Piene H~p · nous révèle un autn
~ t de cette influence.
·

Ce qui domin.e. i.ci~ ce n'est plus. seulement le livre de morale
~milière, c'est aussi k m.anuel de lectures s.cienti.nques ; ce;
neu plus hl s.eule. fi:liatio.n de Guy-au~ mais à, la fuis celle de

�LA NOUVELU,: REVUE FRANÇAISE

Paul Bert. Forcerai-je beaucoup les termes si je dis que la
Peine des Hommes est une transposition, dans une architecture
presque grandiose, de la modeste Histoire d'une Bouchée de Pain,
- délices de notre enfance?
L'écrivain qui entreprend de peindre le travail dans le mon_de
a le choix entre deux procédés : décrire le producteur ou décrtre
l'objet produit. Zola s'est arrêté au premie.r. Choisissant l'o~jety
Pierre Hamp y gagne de ~ubstituer au tableau psycholog'.que
d'un groupe d'individus un tableau écono~ique ~e la,soc1été,
telle qu'elle est répartie en class~s et en h1érarch1es. Cest proprement changer de -valeurs, remplacer les faits isolés par des
rapports. Et Hamp parvient ainsi à dbnner une image fr~~pante
de cette.servitude moderne, ou la place de chaque act1V1té est
devenue à la fois si nécessaire et si limitée.
Dans son premier ouvrage, celui gui a commencé à établir sa
renommée Pierre Hamp suivait les avatars d'un lot de soles
'
.
'
depuis le chalutier
Marie Rose, du port de Boulogne, 1usq1.uux
tables d'un restaurant célèbre des Boulevards. Et à l'actif de nos
jouissances gastronomiques il opposait un passif de peines
humaines ; au délicat qui parfume sa bouche avec l'arome du
filet de sole Ouvrard, il rappelait la longue chaîne des
angoisses et des misères qui' conduit ~ ce ~laisir de guelgu~s
secondes. Peintre minutieux des métiers, il nous promenait
parmi les mareyeurs du port, dans le poste_ d'aiguilleurs de
Boulogne-Triage, sur la machine 2638 du train chasse-mar~e,
sur le carreau des Halles, aux cuisines pendant le coup de teu
du dîner; et, chemin faisant, il nous donnait le traitement du
sous-chef de gare ( dix-oeuf cents francs par an, diminués du
blanchissage de deux cols par jour), les salaires des matelots,
des plongeurs et des rôtisseurs.
.
.
Par là se trouvait exprimée la double hérédité dont est sortie
la conception de la Peine des Hommes, - celle de l'humanitarisme socialisant, et celle de !a vulgarisation scientifique.
Mais servi par une sensibilité neuve, dure, personnelle, l'humanitarisme a dépo_uillé son ton prêcheur, il a pris un accent
péremptoire où passe par moment la fierté insurrectionnelle
des vieux blanquistes, et, par moment, comme un tambour
voilé le roulement lointain de la révolution . Appuyée sur une
curi;sité
ao-ile
et infatigable, sur une amère expérience de la
1
b

NOTES

605
vie et des hommes, sur le don des formules tranchantes, la
vulgarisation atteint à la hauteur de l'art, le récit documentaire
se mue en drame, le manuel en création, le tract en roman.
Le Cantique des Cantiques porte, chez l'éditeur, le numéro
d'œuvre Douze. Depuis Marée Fraîche, Pierre Hamp s'est donné
~uelquefois_ licence de se distraire. De là sont sortis quelques
hvres précieux, ces Contes écri~ dans le Nord, cette Vieille
Histoire qu'il n'a publiée qu'en l'enveloppant d'excuses, et qui
restera peut-être un de ses meilleurs ouvrages, enfin ces notes
de gu~rre, ~es _trois volumes dont le premier est l'incomparabie
Travail Invtnczble, témoignage pathétique et sobre.
:°?uzième étape vers la réalisation d'un plan majestueux, poursu1v1 avec une sorte d'âpreté, le Cantique des Cantiques vient à
son tour et trahit une étrange fidélité aux influences qui ont
naguère modelé l'imagination de l'écolier. Ce grand et fort
r~man nous ramène à la technique des débuts littéraires de
P1e:re _Ha_mp, à celle de Marée Fraiche, - qui est aussi celle
de 1Histowe dune Bouchée de Paitt.
1

Mais le Pierre Hamp de 1922 est aussi devenu un homme
avisé. Sa passion ne le mène plus sans qu'il !a contrôle et la
devance . Il a su choisir un thème habilement actuel. .
Dans cette Europe d'après guerre, qui gambillait avec la
f~én_ésie que vous vous rappelez, le parfum devait servir à
dissimuler les suites naturelles et presque inévitables de la
dan~e. Vous m'entendez assez. Pierre Hamp avait donc le
choix, pour une étude, entre deux objets étroitement associés,
la danse et son correctif.
Mais la danse n'est pas une industrie. Elle est, selon qu'on 1a
rega_rde, un art ou un commerce. Or le commerce n'est pas à
la taille des conceptions de Hamp, et l'art n'est pas en soi son

SUJet.
.

'

'

~e parfu?1 est_ une industrie, et une industrie d'autant plus
attirante qu elle tient, par sa naissance, aux origines les plus
:abuleuses de l'humanité. Aujourd'hui encore, elle participe
.i tous les étages de la civilisation. Elle tire ses essences des
-fleurs, dont les unes, comme la lavande, sont demandées aux
procédés primitifs de la cueillette en montagne, les autres
=sont, comme la rose, sélectionnées d'après les recherches les
,plus savantes de l'horticulture et de la physiologie végétale.

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis intervient le labor-atoire où }e chimiste dose, isole, combine et élénatnFe. P11is l'11sine où les-es&amp;ences les plus diveises
sont à leur tour ssociées èt contrarié~, où scmt créés les parfums de grande marque. Enfin les boutiques renommées où,
tians un décor de chapelle, les flacons incantatoires sont d~HV'!'és
:nu. belles mains patriciennes par les fines venlleuses, nées -dans
l~s quartiers ouvriers pour les 1abeur-s de lm1e et-là sa-lacité des
oisifs.
Devrons-no~ regretter que Pierre Hamp ne se soit pas contenté des ressources naturel~ et innombrables que lui ofirait
un pareil sujet ? Il ne s'est pas avisé que,le lyrisme spontané de
son thème en était le principal danger. Entraîné -par lui, il ne
s'est pas défendu contre la tentation d'introduire une histoire
d'amour dans une histoire où déjà les graissew et les pétroles
rivalisaient avec les œillets et lea jasmins.
Histoire d'amour? Tout au plu-s une aventure d'épiderme .
Nous en dép1orons la -présence d'autant plus que 1a langue de
Pierre Hamp, rugueuse et brillante, manqu-e des regi-sms que .
demandent la · volupté des sem et celle de l'esprit. Peut~être
comparable en cela à la musique de Vincent d'Inay, -elle est
plus à l'aise dans l'expression de la force ou de la mélancolie ;
l'ironie, 1a pltié ou l'indignation l'inspi:rent mieux que la
tendresse.
Pierre Ham-p a en outre adopté, pour la première p:trtie de
son ouvrage, une composition qui n'est pas sans évoquer celle
de la Ma,zdragore ou de la Cavalière Elsa; le motif voluptueux
réapparaît en incidentes régulières ; il rompt, à la manière d'un
rappel ·et d'une obsession, la chaîne des chapitres narratifs. Le
procédé reste trop visible. Tant de coucheries répétées nous
blannt. Les plus belles nudités fatiguent qu:md efles sont
prodiguées.
Transportée à Paris, et rhabillée, l'héroïne nous agace par son
insignüiance spirituelle. L':mtcur se montre un peu naïvement
ébloui par le luR dont il se plaît à !',environner ; telle saHe de
bains, décrite a:vec une minutie lyrique, nous fait sourire. Un
repas -sardanaptlesque te-.l'mtne le roman ; il marque la suprême
péripétie de cette HisftJif'e d'u,i Flacvn d'Odeur; trop fidèlement
inspiré de C'l!S Tepas 'fameux où les journalistes et-les clercs de
notai.refont assaut chez Balzac de brio, de traits et de paradoxes

WOTES

à prétentions éblouissantes, il constitue à 1 [, .goût ~tu.ne erreur de oompos.ition.
a ois une faute de
. M_a.is tpJe ces réserves ne dissimulent as I' d . .
inspire uoe œuvrc d'un tel
'd
.~
a nu.rat:tonquenous
Quelques semaines de tnéd~o, . s et d une saveur ~j violente.
itat:Jon et une rév.i .
1
geante de son manuscrit
.
s1on p us exi.
auraient permis .à Pierr H
corriger les quelques défauts u~.n
, e amp de
volumes. Les qualités u'on q
. a trouvés a ces deux
seule réflexion ni d'u q 1 b y vo~t ne relèvent o.i de fa
n a eur uniqueme t b . é
demandent un tempérame
t d"
.
n o stm . Elles
·
n
une richesse exce ti
Il
pu1SSance constructive ui asse l'
. .
p onqe e, une
siasme intellectuel et q Pd
ord1~a~e, une sorte d'entbou'
ce on de v1s1on ynthét"
1
ique grâce
.aI'uque. la Peine des Rommes fiormera un ·
lttérarre auquel le recul d
Jour 11D. monument
de donner sa pleine valeur. u temps permettra seul sans doute
JRAN-IUCHAJtD llLOCR.

ODVERT LA NUIT, par Paul Morand (Ed' .
Nouvelle
Revue França1se
. ).
mons de la
Six nuits, - ,six feux d'artüi d
peu ivre. Palaces b
d
. ce o.nt on reste ébloui -et un
re
, ars, . anc1ng:s sleepfog
ux électriques dans la nuit d ,l' ès s-cars en gerbes de
ncux. de cinéma éclatant dans :.om°fr: -guerre. Ecrans l~~
pins. Eatr'actes noirs
où nul ne se reconnait
, retour au chaos et
. .
goutt~ltttes chaudes du
é
a.u rut ong1oels,
.
sang r pandu s
.
,.
no_nale rouge et l'internationale fardé
ans raison, _l ~~temaqu1 s'engouffre au néant d
e, toute une ctvihsation
parfum d'éthe r et d' opmm
.
ans un• tumulte de jazz-band , un
détraquement des sens des • ~ne t~resse de cocai'oe, tout le
emportées par le
, ru! ne s_ et es cerveaux. Six femmes
ch
gra
tourbillon du Ca.bel
,· oses, sans résist:ince, roulées de l'idéal é
p~uvres
"t.ce, d Un palais granducal à
·11
r vo ~uonua1re au
~chantant à la s
un gn -room éqwvoque, d,un
et de bras en b yn~ogu~ de leur enfance, d'oubli en oubli
l'hygiène s-alvatcicer~e/:u àetc~ui .d'un ruffian assassin, de
du lit d'hôtel Six&amp;..
ps_ :es arues à la petite secousse
·
œmmes qw sont J'imag
Ad
vtau pauvre
,
I
e lDta1.1e e ce nonalcools et ~u =p~r::d;~~;Jo~~d'hui ~t qui demarule aux
, ..u.c sa misère. « C'est une

r~e,

�608

LA NOUVELLE REVUE FliNÇAISE

devenus
génération sacrifiée, Madame, 1es hommes
fi Il
Lesont
destin
y a
les femmes sont devenues o es.
)
soldats,
. r lot de catastrophes. » (p. 104 .
ajouté encore avec un JO I M
d 'amuse . ces années
. ·1 d
gémir ? oran
s
,
• Faudra1t-1
one
,
et la vie humaine sans
ù 1
erles sont 1ausses
.1
faisandées o
e_s p . e le ra m1t. Il plaisante, il ironise, et l
cesse menacée, il en a1m
g
. par intervalles, dans
faut bien tendre l'oreille pour percevoir
me le bruit d'un
l'éclatement des bouchons de champagne, corn
léger sanglot.
d h
. de ces récits tout en mousse
Tel est le food, le f~nl ;~:~~té apparente baigne dans la
et en dentelles, don~ a . l autant que du Pierre Hamp,
technicité et l'économie soc1a e . 1· nt le long de notre
anière et qui g isse
mais d'une autre .m
• fi .d 'tal comme la perche sur
époque, lui empruntant son u1 e v1 ,
son trolley.
. , ût il pas ce su bstrat d'humanité &gt; Ouvert la
• Nuit,
Mais n y e - .
é 't complète la réalisation parn'en serait pas moms une r us~ e
Nous ~ommes déshabitués
faite d'un classicisme ultra-mo e~ne . nous sommes tentés de ne
de la perfection et, plu_s ou modms, fr
ents. li faut nous
.
' bl à réussir que es agm
• . d
croire poss1 e
d l 'il est en pleine maltnse e
résigner à accepter Moran_
qu cap . 'analysant, composant,
ses moyens, armé de pie en . •~st qu'à lui à l'aide de
peignant, écrivant d'une façon ~~1 n de peinture' et de style
dé d' alyse de compos1t1on ,
h
procé
s au appropn
,
'é.s l' un a' l'autre , se complétant armoadmirablemeut

t

nieusement l'un l'autr~. d
.
qu'un poncif nouveau de
orte nen e moms
d '
Moran nappe et une dé marc h e n ouvelles dans l'artdeconter,
style, une coup
d
1 littérature exotique, un renouun renouvellement ans a
fin une façon nouvelle
d
l'étude de mœurs et en
0
vellemen~ ans
.
N ï Nordique). Est-ce là peu ? n
-Oe faire nre et sounre (~ ui
T t pis pour les imitateurs.
.
t aux 1m1tateurs. an
.
frémit en pensan
.
il faudrait remonter 1usl . f . une comparaison,
d'
S'il, fal ait
airede. mon mou 1·m Pour trouver mutatis mutan JS
Lettres
quaux
.
l'équivalent d'Ouvtrt la Nuit. . ( t cela on le chercherait en
d ·· eot de découvnr e
é
Moran v'.
rose familière d'après-guerre, m vain dans Giraudoux) la p
. t d'argots de toute
·
de bonne compagme e
lange d'un certain ton
D udet avait Mcouvert la prose
sorte
exactement comme a

HOTES

familière Second-Empire. Prose familière, tout à fait d'aujourd'hui, mais ailée de fantaisie poétique, bariolée d'images
neuves, trop neuves et trop nombreuses peut-être ( comme
disait Marcel Proust dans sa préface de Tendres Stocks, (I' pas
toujours inévitables »), mais si agréables qu'on ne songe pas à
leur résister. 11 faudrait insister longuement sur la qualité picturale de la prose de Morand, sur son don d'assembleur de
couleurs et de lignes.
Pour se rendre compte de la nouveauté de sa façon de
conter, il suffit de songer à tous ses grands prédécess.eurs, Il
n'y a pas présentement dix façons de conter en France, il y en
a trois qui avec toutes les différences possibles, s'apparentent
soit à Maupassant, soit à Kipling, soit à Marcel Schwob,
Morand nous en suggère une quatrième. Comment la caractériser en quelques mots? Papillotement cinématographique, procédés synthétiques dans l'analyse des sentiments, encerclement
de l'objet à évoquer au lieu de l'attaquer de front, ellipses, allusions, désarticulations, énumérations.
L'exotisme de Morand ? Il est fait d'une prise de contact
directe avec le pays, soigneusement préservée de romantisme,
d'une connaissance pratique de l'étranger qui s'étale sans aucun
respect humain. Comparez à Loti ou à Bourget, vous sentirez
la différence. Hermant, Larbaud ici ont précédé, il est vrai,
Morand ; Larbaud descend plus profondément que lui dans les
particularités de la race et des individualismes nationaux, mais
Morand évoque avec plus « d'immediatezza » l'atmosphère présente de chaque pays d'Europe, dont il excelle à noter à la fois
la façon ou'il a d'être international et les survivances nationales.
L'étude de mœurs, telle que la conçoit Morand, confine à la
sociologie et à l'ethnographie. Particularisés à l'extrême eu apparence, chacun des héros de Morand se classe en définitive dans un
chapitre de géographie humaine. Ces anecdotes rares s'élargissent jusqu'à la grande légende et jusqu'à ces mythes où le savant
découvre l'influence des saisons, du climat, des grandes invasions et la marche des Dieux nouveaux de l'Orient à l'Occident,
Paul Morand, pour sa part, travaille lui aussi à nous délivrer
de l'bistoricisme. Le xxe siècle sera le siècle de la géographie,
en art aussi bien qu'en science et en économie politique,
comme le xix• fut le siècle de l'histoire.
39

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇruE

Et il sera '.aussi re·· S!ièïtle--dlime _.gaiieté ncmveBe. ·-•On n'.a
pas ri en Fl'ance depuis ·cent ans. Voici le 'tire .qui fuse Jcie

tonte part, .comme après tous r;œs _c.atatdysmes . . Les poètes
fantaisistes .rient, runanimisme rit 1 rappelez-vous le grllilld rire
.cosmique de Claudel dans Protee, Jacques .Cbp;eau ticlame des
farrces pour son trkteaù dn Vieuit-Colomlii.e~ Crommelynck,
Mazaud en écrivent. 1Panl -Morand nous d.onne Aïno ou -la
Nuit Nordique, ou il retrouve, en le raflin-ant, le -rire de Ra~
belais.
·
Ouvert la Nuit, qu1 est l'~bôutissement heureu-x tle Lampes à
Arc et TendrdStoc-ks, ~t donc en même-temps - et ·c•est cie
quoi il convient de sè réjouir, - un pdi.'11t 'd e départ. Que les
mauvais prophètes se ra-ssUTent, Pau.J Morand 'n'est pas homme
à piétiner sur place.
BENJAMtN' · CRÉ-MFEUX

ae

. * "'
DU VILLAGE A LA qTÉ.,
(Delalain).

par

Jean,

Marquet

En prenant un'e pl.ice de plus en plus grande, la littérature
col'Oniale ne ,se corrige pa~ toujmus -d'nne c-ecrtafoe-facilité tas-:
sa·nte qui nous illet automatiquement èn gara-e contre ellemême. Ce qui ne veut pas dire que le-s écr-ivains d'Asie et
d'Afriq1:1e -manquent d-e talent ou de pénétration, mais bien qtïe
le champ qu'1ls d'éfrichent nous apparaî't~'avànce lelletnérft fertile qu'il n'y faut, 'préjugeom;-nous, ni graad effort ni 1,i,sque
méritoixe . Par aillelH"s, jaunes ou noirs se ressemblant tant~
à nos yéux trop rapides d'Européëns- ·il nous paraît que ce
sont toujours les mêmes gens qu'on ~non -peint', et sur,l'imprévu 'même de mœurs et d~ climats. nouveaux~ une
mo □otonré s"'instalde · ,qui prépare 'notte indifférencé et notre
injnstiae.
-,,
Ge livre-ci, de M. Jean Marquet, rous-tj'tré « mekurs -anna:mites », ajou'îe à cette infériorité apparente la-mauvaise figUTe
d!une petite couverture triste manquant d'.a:ir .dans son cadrel
do11ble--filet -et d'une typographie d-e,.:hef.:li.eu .à:e canton, encre
pâle, sur têtes de clous. A~sS'i · a'eo e'st~on -que plus ·heureux et souliagé aussi - -q'.uand les petits- tableaux upidès dù dëb.ut
dépa:ssés, les personnages prenneùt souèlain cor:ps et langne -et
vivent sous nos yeu.x, coritinuellemenl aidés et mis en lumière

NO'I:ES

6n
par 1a b'ienve1·1 lance compréhensive d'
bl
.
bi-en, certes, tn&lt;ljs aussi les aime.
~n anc q:ui les coanaît
. Cc mman ,de la révolt~, sournoise ou ai ë
,,
mtéressée, semble• su,1:tout un é
' ' gu , bénéN"ole ou.
à notre léger désavantage - c~r re_Kte ·~: aut1mr pour én,idier,
les causes contradictoires du m~i~1 est un~ belle pr.ohiti. . ,. .
"";use annanute. Cette .r~ .
de d eux c1vihsat10ns,
qu'un jaune et un . bl
,.
u;CtlQ!J
même philosophie « à deux fronts
L
L anc gu!dés par une
. d
&gt;) c.uerc.uent à s'expl1'
'
adoucrr, emeare irréductib·1e
d
. quer et a
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oute du m ·
1
temps encore. Mais il est b
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'
oms pour ongon apprendre qu'
rnmédier, et que l'aide de notre d
. '
on Y pourrait
a versa1re moment é
tnanque pas quand nous pr
1
..
an ne nous
, .
enons a pe-ine de
ce:l u1-c1 et d'estimer celle-là.
comprendre

r/

Pour animer ce livre qui ne com ort ' .
conclusion, M. Jean Mar uet
e d ailleurs ,pas que cette
caractères d'Asiatiques d'ude f
h~euplé de quelques beaux
,
ranc 1se et d'un
é
·
qua bles. Les symboles n'y
e nettet remarmanquent point no
I
h
-e t cac és, profonds sans insistance . et s.
n p us, rapides
&lt;}Uelque fierté à savoir que le . G ' d l le bla?c peut éprouver
.
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..
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aux g émes du c-iel de la terre t d "
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e e ~ eau Il e t d .
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s a roit et loyal
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"tru1te d'après les lois d'une
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e am- o, « cons~
arc tectur,e oubl'é
l . "bJ' l
a1 Ir es coups de bélier du typhon. ,
I e », a reçu sans

*
* *

.R.EMÊ-liiAIUE ff E!Q{ANT

LE SOURIRE BLESSÉ, par Albert

&lt;ie la Nouvelle Revue Fra . )
.
nça1se .

.,

Thterry (Ed:îtio.us

cc lei j'entends trop le jazz-band de
.
. .
quait hier un Anglais de passage a' p ~otrLe ,lutérature », remar'
'
ans
étrano·1
grace a son recul a certai'11e
h
.
"'ber&gt; i est vrai
'
s c an ces de b'
d·
'
l
va eurs. On citerait de n .
.
ten iscerner les
.
os Jours une dem1-d
.
' . .
de peintres,
de sculpteurs do t l'
ouzame d '.écnvains
i
. .
n
œuvre pr,end h
d
'
oute sa s1gmfication avant d'att . d
ors e Franae
diffusion qui lui est promise S eb1~ re en France même à la
é
· no tsme :i No
L
pas~ es, ce n'est plus le jazz-band u ,·
n. es frontières
bruits de la foire aux vanités a
q . ~ 1on entend, et les llliÙe
' d'
, ux amitiés au · . . ,
a istance, des naroles pl .r
'
x 1111m1t1és; il faut
r
us 10rtes et
· , d
,
l 'homme.
'
qui _sa ressent à tout

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

612

B'
·
La . d'Albert Thierry a cette f oree . Henry Bryan mns, a
voix
. 1 . d' 't un mot du Sourire blessé sans soupquelqu'un qm ut. 1sa1 . d l'auteur répondit par l'envoi de
çonner qu'il pô.t nen savoirb e.
poème daté de 1917 y était
1
de vers Novem er · un
son vo ume
.
. d Thi rry Il avait suffi de la lecture
consacré à la glonficatl~n e
e 11 .mer à Londres chez un
des Conditions de la PaCtx' ~oéur baev~sous les obus en mai r915
.
beau feu e trait ac
. Il .
mconnu un
.
simple soldat qui a ait y
dans la mêlée de la Sotme .P;r ::ait et se déclarait content
mourir trois jours apr s, qui el
dement du canon », était
1 h t de l'alouette et e gron
« entre e c an
d p l Desjardins. Il la faut lire pour
précédé d'une préface e Thau_
' Et d'autres viendront qui
à mesurer»
rerry ·
·
commencer
«
'Il'
Ils rassembleront les éléments
achèveront « de la re~ue1 t~.''. éritablement « une fondation
épars d'une œuvre qui est ien v
dans l'ordre de_la pensée \rée et sauf un ènsemble de poèmes,
Elle n'est pomt toute_ pu ~t , êts il semble qu'elle ne doive
'
que l'auteur 1ugea1 pr '
d
un rame,
d I uprême hésitation d une cons. l'êt toute à cause e a s
d
P?mt
~e
our elle-même. Et elle n'agit encore que e
c1ence exigeante p
d l'Homme en proie aux enfants •,
clique Le roman e
f
açoo ~para '
.
. ée une Educa/ion syndicaliste, les proses,
les articles ou est esqu1ss
l'extraordinaire vision d'une
è es donnés aux revues,
h'I
l
es po m
. é cuvelles dans le testament p I oson
' ·1
Europe, d'une humamt
. . d la Paix ont labouré le sol ou 1 s tomph_ique ,des ~onditi:::oe explosif qui apporte on ne sait quel
ba.ieot. a la a~on D lecteurs dont il ne se souciait guère,
pouvoir fécon ant. é Mesais surto~t et cela lui importait, il a
Th'erry
en a trouv •
'
é
1
~
Le plus curieux est que sa pens e
suscité en eux une ervedubré. .
aussi diverses que celles de
.
t 'ner des a s1ons
ait pu en rat
. d'
Charles Andler, Pierre Hamp et MauPéguy, Paul Des1ar ms,
rice Barrès.
.
, 't pas de ces attaches qui si elles
C'est qu' Alb~r~ Thierry n :v:~nu font aussi qu'on le tient àsa
aident à accue11l1r le nouvlea .
e ne se laisse que malaisément
Une fürure comme a s1enn
.
l
p ace.
o
·11
. 'tu Ile » et il est assez piquant
ranger dans une « fami e spm e
'
hi
de l'Union pour la Vérité, reprises
Éditées en 1916 aux Ca ers
rff
9 1 8 par Olleodorff.
en 21. Cahiers de la Quinzaine, puis Olleodo .
Y.

61;

que des orateurs de droite - ceux de gauche l'auraient pu faire
mieux - se soient réclamés d'elle à la tribune du Palais-Bourbon. A vrai dire, dans le tumulte des passions qui ne sont que
d'un jour, elle surprend ceux qui la rencontrent. Tumultueuse
elle aussi, et passionnée, mais comme venue de plus loin, tombée à la façon d'un William Blake, d'un point hors de notre
temps et de notre espace.
u Vertigineux et tendre», ces noms vont aussi bien à Albert
Thierry, qu'à tel personnage de son Sourire Blessé. Sa tendresse
était de celles qui épousent mille vies contradictoires. Mais sa
complexité m~me, son inquiétude, étaient libératrices - nul
n'aima plus, nul ne fut plus détaché - et la multitude des contradictions, qu'il ellt dédaigné d'arranger, ne le déchirait point
trop. Si l'on cherchait une catégorie où le ranger, il faudrait
!'apparenter aux rares esprits qui inventent non la vie, mais une
façon nouvelle de la vivre. Ce qui d'elle irrite, blesse les autres,
ils n'y trouvent qu'excitatioa. L'instinct du fort les pousse à
l'obstacle d'où ils doivent rebondir. A leur naissance ils trouvent
un monde qui se dit vieux, une morale, une religion qui se
disent sûres - de l'air qui a été respiré déjà, et ils aiment mieux
l'aventure intellectuelle, le danger de la découverte.
L'adolescence paraissait à Albert Thierry un état de grâce.
Dans l'expérience dont les adultes sont fiers, alors qu'elle leur
6te cette grâce, il voyait parfois une révélation, le plus souvent
une série de déformations, d'accidents douloureux et qui enlaidissent. Le titre de son roman lui a été inspiré par le sourire de
l'enfant qui à peine ouvert se referme, se flétrit au vent aigre
dont est traversé le tout premier printemps de l'homme.
Quand il s'écriait : « Quel miracle qu'un enfant ! » ce n'était
pas foi naïve en la bonté d'une nature [à la Rousseau que la
société viendrait gâter. Tous ses personnages ont bien ce trait
commun d'être arrêtés par elle dans leur élan juvénile ; leurs
lèvres invariablement se contractent sous la blessure que la vie
vient infliger à chacun d'eux. Pourtant la source de douleur ils
la portaient en eux, leur visage s'épanouissant était celui de la
vie déjà, non pas pur comme on peint celui des anges, mais dès
l'origine troublé de désirs, - de beaux traits disjoints par la
concupiscence, des yeux limpides où les rêves fous de la puberté
mettent une ombre. Un garçon de treize ans a plaisir à mentir,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à inventer p-otw .ses.. cam.-rrades le rem an du m:artyre que lui fait
subir wn père,. à.ienfon.cer lentenrent d:2m l'ean froide ou les
grands retrou.veronnm. petit.cadavre.
autre se. grise. de la
liber.té machinalement couquise err fuyant la maison_ où on
l' «élève)) ;. nouveau Rimb1iu-d il danse c;j:e jore en brôlani: ses.
li-\tres, en huinant l'air des berges, des_ routes vierges de'\tant lui.
Un troisième avec une cruauté admirablement ludde dénoncè
au maître le plus aimé le mensonge d!mre édncation 'qui avait
prétendu l'approcher de 1a b:eauté, de la joi:e. spirituelle défendues ~u. pauvre. Une fr1:lette en. qui la femme. s'éveille: savoure
avec l'e:tpression lwgoureuse du désespoir tom à; tour les
figues volées, qni ont:la "'101:1ceur d'une inipuisahle éponge de
tni&lt;l, et le contact hrscif, d'un éphèbe-de banlieue, tout endéfe1r~
dant son corps, son cœur ; de ses ciseau'X elle lui crève 1es yeux
lnrsqu1iLve.ut la prendre, et puis longuement elle baise err. un
vertige la-face qù'ell'e--mêine defigur.a.
Pecversi'On&amp; que. l'ante-Or :na point recherchées oomme. un
snjl!trnrt. EU~s soatrlans la mtture même. 1..e coûp dé maitre
était d:e le-s analyser i l1â.ge indécis où. l'enfant d.éwnvœ en soi
a(Vl!C urr dé'lice mêté d'horreur l'homme, la femme que son:t
tout homme et route Tomme. avan&lt;r·de prendre le masque.
Je ne s-aini. Fwud a.. passé p,u;. là - Thi:erryétafa un prodigieux lecteur - mais voie±; fouillées: de.la. p:-ait$te, l:t p·}µs aiguë,
ltrs parties troubles cle l?~me qui réser:ventde si richès- surprise&amp;
dès que l'on. y vent regatder:. Et elles s-'en trouvent réhabilitées.
Tàn:t d'équivoq:tre 1 d'obscurité ~y nuit paa à. tant de lumi~re. Le
mal, s'il est intérieur, n'apparaît ici que comnr,e une énergie
naissante encore incertaine de sa, pente, et nnè s&lt;DTte d:e vertu
vraiment, le ~tulliulant d'une "2.ctivit~ béUe et tragi'}ue·. Activité
q,ui-n'est pas: le pi'.opte de-s- êtres d'exceptiom L'exceptionnel est
qu?cile duré chez quelques,c,uns, à l&amp;vvie çlesquels elle donne mi,
caractère héroïque. 'Pour les autres les mœu;rs se chârgent de la
réduire.
Albeft Thieny auraitipu être tenti: de · traiter ée s:tlljet selon
l'ordinaire corrception du rCJ1.llan·, et d10hir un seul héros, lui·
donner peut-être quelques-uns de ses -p•r opres traits . D'autarit
plus qu'il livrait une part de lui,.'.même. Mais il ,s'a:gi&amp;Sait précisément d'un moi si com-p-H:x.e, qu'il et1t été malaisé de le pn6~
senter se tenant selon une CO!l,Stru-:tion, logique. Et puis en

Un

NOTES

observant le~ ado~escen:s qu'il enseignait ·du ~&lt; long regard
appuyé que l OJl d01t ~ux etres et aux choses », il les avait trou,..
~6 -si riches qu'.il eût par le procédé commun fait injure à leur
uchesse. Il a préféré les assel'l'.tbJer en .une sorte de· mnae où
chacun passe eu lan,çant sa note. Unis en apparence par le lien
léger de la danse et de la musique, ils le sont aussi par un lien
profon~. L'~bservateur qui a c.ette qualité d'attention passionnée
~t auss1ian1mateur. Et sonlivren'estplus ni chapelet de contes,
DI ~oman selon la tormule. cQnnue, mafs une sorte de cycle
lynq.u e, de cbant ou des voix que.J'on n'avait pas.·enco.re entendu.es se répondent. Il n'est pas prose seulement ou seulement
poésie, réalité_ qui tue le rêve, ou rêve qui échappe au réel. Des
choses contr~es se mêlent dans. .ç.es pages ,de. Thierry, comme
dans ~s notatlons psy.cholog.i:&lt;]!ùes,.les, image.s d~ Giel ,etc.elles d~
l:'es_pnt, comme dans sa , langue· les mots doux et Jes mots
~mers, san:.vouloi:r se c.0ncilier, ni s:'ex.clure~ Ou:tte la f.orce,
1œuvre est d'une exquise fraîcheur. Nul doute que en
tro~vepour le renouvdl.-ement de la vision ei;théti-que des indica.tions à retenir..
F.ÉU.X B:ERTADX

,r n'y

. t *~

, NINI GÇ&gt;DACHE,

rion).

par· Charles-Henry Hirscb (Flamma-

Charles-H~y H.irscli.fot, sauf erreur, le premier àifoti;ibuec
ses ro~ans dans un quotidien par tranches hebdom'àdaites. Ses
~-,i~n.c:h_s " &lt;lu Journal orit été un exemple suivi par beaucoup,
L~sto1 re des l.ettres, françaises. aq début du xx_e. siècle devra
tcntr compte de cette coutume ~ estimer d-am, qu.eHe mesure
elle a contribué à prolonger l'existence~du rnm.ari naturaliste.
~s romans. ainsi d.écoupés ne peuvent en efliet;iêJr,e quenatuNi les longues analyses du. mman psycltolo:gigue, nU~
t.bondrs.s.ements :incessants da .roman dfaventures,ne supp.ortent ce m~rcellement et ces intem1ptions . .Uo. r~m.a-n na;turaliste
an contOUlie
· ·
de ta bl eauxrJ:our à t§Yur ·pitt{)resques '
·
, suocesswn
émou.v..ants, dramatiques► se plie aisément à cette pFésentatio~
é~ag.ée . ILy ga_gne même parce·qu'il est forci de s'alléger, de
~~érer, de sacrifier toutes les in.utilités dont ,il aimait s'e-ncom1.!f:et.
~ '
D'alllre part la. nécessité de m~nagec dans .i:haque chapitre

~nste~:

�616

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une quantité minima d'intérêt le contraint à utiliser des éléments nouveaux. Ce sont précisément ces éléments nouveaux
qui, en enrichissant le vieux naturalisme, l'ont modifié jusqu'à
le défigurer. Symbolisme, humorisme, criticisme ( celui-ci issu
d'Anatole France), toutes les formules littéraires de la fin du
siècle dernier servent de reconstituant tonique au roman n~turaliste épuisé, rajeunissant surtout le détail du récit, la façon de
le filmer, de le présenter ou de l'écrire, afin de le rendre plus
piquant. Le théâtre fournit aussi sa quote-part, et surtout le
Grand-Guignol, renouvelant le sujet et les milieux. Le subjectif,
sous forme d'humour, d'ironie ou de pitié, se superpose peu à
peu à l'objectivité originelle. Au lieu de s'évader du natura:
lisme, on élargit ses frontières, on lui annexe des territoires,
des colonies de plus en plus éloignées, on l'impérialise quitteà
ce que des Dominions autonomes se constituent bientôt, dont
les liens avec lé régime de Médan s'amenuisent jusqu'à parfois
se briser.
Charles-Henry Hirsch est un des plus curieux exemples de
cet impérialisme néo-naturaliste. Dans Nini GodlUhe qu'il republie, si l'on regarde d'un peu près, on découvre un esthète
mallarmisant de la Revue Blanche, un impénitent styliste flaubertien sous le narrateur des humbles fastes de la famille Godache. Une image, un tournant de phrase, une lueur de raillerie
haussent jusqu'à l'art ce qui pourrait n'être, raconté par un autre,
qu'un feuilleton mélodramatique. Les descriptions de la blanchisserie de la rue du Poteau procèdent un peu du « j'aimais
les peintures idiotes, dessus de porte ..• » de Rimbaud. Il y a dans
le parti-pris de conter des scènes populaires ou canailles, d'évoquer des sentiments médiocres ou bas en un style limé, poli,
truffé de vocables rares et de tournures difficiles, de chercher
pour chaque plus simple chose des alliances de mots inédites
une sorte de mysticisme de l'expression qui ne s'était plus
rencontré depuis les Goncourt et Huysmans.
Mais, par un contraste curieux, ce pur jeu littéraire se double
d'une sensibilité et d'un humanitarisme qui met à chaque
instant et, à la minute même où il semblait le plus se rire d'eux,
!'écrivain cœur à cœur avec ses pauvres ou tristes héros. Il en
a. déjà peuplé toute une galerie : apaches, bourgeois veules,
paysans âpres, escrocs, sadiques, espionnes. Mais son person-

NOTES

617
nage favori, c'est celui de la jeune fille pauvre de Paris aux
prises avec l'amour et la vie.
Ce n'est point un talent simple que celui de Charles-Henry
Hirsch : c'est là ce qui fait son intérêt. Ecrivain de chapelle
il _s'est v?ulu ( ou le °:1al~eur des temps l'a fait) écrivain populaue. D o~ ces r~ahsat1ons. composites et toujours un peu
troubles ou se refl.etent les mille certitudes littéraires et morales
dont les premières années de ce siècle se plaisaient à masquer le
gouffre proche.
BENJAMJN CRÉMlEUX

LETTRES ÉTRANGÈRES

LETTRE D'ANGLETERRE.
Comme préambule à un examen de l'état de la littérature
anglaise à l'~eur_e présent~, il est nécessaire de hasarder quelques gé~éra!1sat10ns, - d exposer avec franchise un point de
vue - mév1tablement contestable en soi - afin que le lect~ur p~isse se rendre compte du degré de confiance qu'il convient d accorder au chroniqueur, ainsi que des limites et des
préjugés qui lui sont personnels. Lorsqu'il s'agit de discuter
le présent il ne suffit pas d'avoir du jugement et du goût ; il
fau~ posséder aussi une foi et une faculté de prévision qui
vanent avec chaque individu. Car le présent se compose de
~e~ucoup de passé et d'un peu d'avenir; il renferme une maJOn:é de gens qui ne sont que l'écho du passé, et un très
petit ~ombre d'écrivains qui représenteront notre époque
dans cmquante ans, mais qui aujourd'hui constituent plutôt
une portion de l'avenir. Si l'on veut donc donner une vue
équitable de la situation présente, ...:... telle qu'elle apparaît à
un ~ontempo:ain, - il est nécessaire de commencer par la
partie la plus mgrate du sujet, je veux dire par le vaste arrièreplan de mort sur lequel se détachent les figures solitaires
de_ l'avenir ; il est nécessaire de partir du procès d'Oscar
Wilde.
, Devant, un auditoire étranger on ne saurait trop souligner
l effet qu exerça ce procès sur la situation littéraire en Angle~er;e·. En pleine société victorienne un petit groupe d'Ang~ais et~Jt parvenu à s'émanciper, à un très haut degré, des
pues vices anglais : ses membres n'étaient ni insulaires, ni

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

S'cnâornür· satisfait de la pos-sess,i an. d'un mérite aussi
simple, - ,ç-oîl,à. qui. Q.l"a-ctérrse bien Péwk de voofi.cateurs
que représente M. Driokwater. Osc:rr Wi:ld~ et ses confrères
ne. se satisfaisaient pa:s à si boll &lt;.ompte:. Malheureusement,
plusieurs, autres parm.ir les membres les p:lus brillants du groupe·
ao·nnurent des fins diversement clésastreuses, et fa petite suciété
disparut.
.
.
Les quelques écriv:ains. sérieux: qui $rvérurent où. firent
leur apparition dans la vacu:t1Ze cl.es; an.nées qui suivirènt,
apparaissent soudain como1e. e.;trê.J;nement isolés. Thomas.
Hardy était défi. un survivant &amp;une époque· ·antérieure ; Henr;y
James et J.os:e-ph Conra:cf sont des figure:,; solitaires. · Le caractère le plus notable èe la p.ériude qui part d:e r896 résida
dans un surjr&gt;urnali.ime actif, popu'Jairtt;, et ass:ez- vulgaire.
Ce reproche toutefois ne saurait. être. appliqué' à aucun de-s
~rivains l:es plus eu vue dé cette époque- sans qu'on le qua:
lifü:t. Wells et Bennett possède11t l'un; er l'autre une...smte de
géni:e; qui leur a, permis de produire.. qtr~lies livres rernarquab!e:s, et quel'qu:e-s p.a:s:sages remarq11ables dans des· livres
inférieurs. Shaw, qui est Irlandais et qui de· plus bénéficia
de l'avantage.- ~avoir fréquenté le cercle de Wilde nrest un
f?11r:na.lî ste qu:e dai.rS' sa méthode : les mobiles de ~ ·productIGln sant au contraire d'un sérieux fnterrse, _ mais d'un
s~rire~ qui n:~ que m:eme.nt le -sérieux propre à, l'artiste
litt~:nre. Parnu ces é.c.riv':rins· Le plus douteux est probablement Cb-esterto:n:, et .même: ëhesterton fait montre· à focc:.is~n de péné.tratiorr. Cependant, en dé:pit du mérite ind1v1d'llel .et d.e .la très g:rffiide diversité: qui existe entre leurs
personnalités, l'influence eJ;;e'rd:e par tous ces hommes a ·
teu_d~ :l. mon_ avis., dans urre même di.recti:on; la vul.gari~uen G!e la littérature. Chez des éGrivains. qui ne possèdent
pas, leunic mérites, l'ahs-ence de tnut cdtérium élevé devient
intolérable.

puritains, ni prndents : un scaruhle public élimina :à: jam.ais
leur chef ; et, dissous, le groupe perdit ~rame influence sur
la civilisation angl:rise. Wilde et son . cercle. Ieprésentai.ent
quelq.u~ c;;hos:e de oemc.oup p:lus imp.ortant qm? ehacm1 des
me.m.bres. du gronpe · pti:s isolément : ils ·i epœsenta:ient un
ceJ:l:ain type de· culture dont ies. traits esse11tiel, .étaient l'urbmité, féducarion d'Oxford, la. tradition eau. bien-écrire, le
point: de vue cosmopolite ~ ils: étaient en cnntact :ur.ec le
rontin.ent, et certains des membres les plus im.portant!r du;
grot:1pe étaient des Irlandais. Bien entendu, en tant qu'écrivains, ils avaient -des faiblesses qui ne sont -que trop visibles
aujourd'hui : je me trompe fort si Dorian Grey est autre chose
que de la camelote et si le merlleur de WH.de ne se trouve
pas dans Intentœns: A mes yeux, le p.hrs vand mérite. de ces
hommes. ne rés.ide p:.s: dans leurs écritsT tnais plu.tôt d~ns
une qualité morafu qui lem: é.tail· comm1rne à. tous, : ils po.ssédhient 1.tne curiosité, une audace, une. i:ndifférena aux com5éq.r.cences qui: :s'opposent par nn contraste violent à cette
partie: de · 1:a. littérature actuelle que je qualifiab: de déjà:
morte.
·
·
A la page 65 d'une an~hologie. récente qui, pius em:ore
qu'elle. n'est mauv.:ais.e,, est dépourvue de tonte· signification
{An Anthoiogy of Modern V:e.rse : Methuen &amp; Co)~ s.e trouve
un po:ème d'Ernest .Dowson, - un contemporain de Wilde
qui a, laissé quelques pièces d'une grande h.eauté ~ Ce poème
nf..es-t pas tin de ses. meillruirs : il est plem,de.•cliahés de l'épo~
quC' qui ont lent origim,e dans Swfuburne; Dowson n'é&amp;it
pins- d'.aillew:s ·un poète très inte:lleduei' ; . cepend,a nt, loi:squ.'on: ~e compare ,aux vers contemporn'Îos. qui 1'eita:mre:nt
dans eette anthologie, c'·est: précisément par une dignité: inteirettnellecque le. poete . d:e D.ow.son se distingue. Il èst imm·édiatemMt sûivà pa:!! 0 un poème de notre contemporain
M. John Dcinkw.mer: •c.kmt le vi:de: .a. pôut! couronnement les
deux vers qui le terminent :

.'. Une fmme qhaeknn&lt;J ue de dégfoéres~en:ce-. déBorde souvent
J~sqn~ sur 1:a::pér~de sn:i~ant.e,
il n'est même pas rare què
ce 'S~ alors qu:elle donn.e nwisanq: à se.s produits les plns
emœssifs,
àJ ccnx. quf attine.nt le pl~ k regard
· ·
.
. . La. vu 1gan-

:t

I turn to sleep, content d1a{ jron/ my slre's
1 dt aw the Uf&lt;R1d o(E~gfantfs ''!i'lmort s11ires
~

_,,

,..

)-

..

/, )f

Je m'endors, ·sat(sfait de 'tenit âe m~; -père~
qtu sont aù t'œul' de î'Ahgleterre. »' ~ , .
,,,
~. &lt;&lt;

ff sang d~ comtés
•

,,

·

s-ao_ou commerciale don:t je parle a progressé assidument,
ct ' l111©.tre plus grand eapoi.r résidè dans la poss.ibilité qi.e le.

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

succès même qu'elle rencontre atteigne des proportions si
manifestement absurdes qu'une réaction s'ensuive. De ce
point de vue, l'accélération finale, la plus heureuse peutêtre, est due à l'extrême popularité dont jouit la poésie pendant la guerre. Je ne fais pas seulement allusion à « la poésie
de guerre » (bien que celle-ci ait connu une vogue particulière), mais à la poésie qui a trait aux sujets les plus
innocents, à des sujets bucoliques. Je sais bien que les poètes
que j'ai ici en vue objectent parfois à ce qu'on les classe
dans un seul et même groupe. C'est un sujet pénible et sur
lequel j'espère n'avoir pas à revenir. Mais des écrivains qui
possèdent en commun des défauts flagrants, et qui ne se
distinguent l'un de l'autre que par de légères nuances de
sottise, doivent s'attendre à ce qu'on les critique en bloc. Le
premier en date d'entre eux, et aussi le plus en vue, était
Rupert Brooke : on trouve dans ses vers un certain goût
d'amateur lequel joint à la beauté de l'homme faisaient de
lui une figure attrayante. li semble aussi que, différant en
cela de beaucoup de ses admirateurs, Brooke n'ait pas pris
son mérite trop au sérieux. M. Drinkwater, lui, est devenu
presqu'un personnage trop officiel pour faire encore partie
du groupe. (Il m'apparait comme un candidat éventuel au
poste de poète lauréat le jour où disparaîtrait Robert Bridges :
ce dernier, d'une génération antérieure, d'un mérite très respectable, et d'une science exceptionnelle dans le domaine de
la technique.) La majorité de ces poètes font montre d'intérêts locaux à l'excès et d'une culture toute provinciale.
Comme chacun d'eux. possède une très faible faculté de développement, il est naturel que les générations littéraires de
ces poètes se succèdent a'\"ec une grande rapidité, et que les
nouveaux venus se dévoilent encore plus inefficaces que leurs
prédécesseurs. Signaler individuellement• des écrivains dont
j'estime qu'ils n'offrent pas le moindre intérêt pour un public
étranger serait superflu ; je les mentionne en bloc parce qu'on
les rencontre à chaque pas dans les revues anglaises, et aussi
parce que je désire rendre bien clair à quel point, du fait
de leur existence, s'accuse le caractère de nouveauté de tout
ce qui est authentiquement nouveau. A l'heure actuelle, les
forces qui représentent le progrès ne sont pas en nombre

NOTES

621

su~sant pour influencer plus de quelques-uns parmi ces écrivams de second ordre qui imitent : seuls aujourd'hui les plus
forts survivent.
Dans cette vue d'ensemble il est nécessaire de tenir compte
également des changements qui se sont produits en Irlande
et en. Amérique . Il y a trente ou quarante ans, l'Irlande
exerca1t s_ur Lo_ndres une influence puissante et précieuse.
Après la _d1ssolut1on de la société dont Wilde était Je membre
le_ plus important, M. Yeats se trouva le principal survivant
B~en qu'il continuât à habiter Londres, M. Yeats s'en absen~
tait souvent non seulement en esprit, mais aussi en fait pour
se cons_acrer à l'œuvre entreprise par le théâtre de !'Abbaye
à ~ublrn. Londre~ n'o~ra_it que peu de tentations pour induire les Irlandais à l eKJI, et par suite les écrivains irlandais
de second plan demeurèrent pour la plupart en Irlande . l'on
cé~ébra en Synge un artiste irlandais traitant des sujets \rtandais, et l'activité littéraire de ces années-là en Irlande doit
êtr~ co~ptée au nombre des causes qui inspirèrent la révolut~on 1rlandaise en 1916. Cela semble fantastique à énoncer
mais cela souligne ce que je désire marquer ici : à mon avi:
le procès d'Oscar Wilde contribua à l'établissement du libre
état d'Irlande.
A 1a ~ême époqu~, ou plutôt à une époque postérieure
- en fait dans ces dtx dernières années - une autre action
~entrifuge a;vait eu pour résultat de séparer l'Amérique de
1Angle~erre. Au cours du xix• siècle, l'ensemble de ce qui
co?1pta1t _dans la production littéraire américaine n'était guère
qu u~ dénvé local_ de la littérature anglaise ; avec une dignité
étudiée, elle restait à sa remorque, et si j'excepte quelques
hommes de grande importance - Poe , Whitman, Hawthorne
-. e_lle se bornait à la suivre sans apporter de contribution
ongmale ou de départ nouveau. L'absence d'un nouvel effort
créateur en Angleterre, le fait que le contrôle exclusif des
lettres américaines cessa de se concentrer en un groupe de
rnt!~men de Boston qui avaie~t de proches attaches avec
?n 1~ers1:é d: Harvard, le déclm du prestige du professeur
d UniYtrs1té, l accroissement dans la population des éléments
non anglo-saxons - ces causes variées se sont combinées
pour donner naissance à des styles qui ne se réfèrent plus en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇMSfi

.,

r.icn_à des modèJes aogJ4 is ,cc,m te~oralns.. Si l'on jauge leur
impolita.nce artistique véi:itab-le, j,e·ne siûs ,p as enclin à acco1:der
.à nos contemporains en Amérique autant de valem q-u 'ils s'en
attribuent. Leurs œ.uvres sont intéressantes, - et l'on se rend
bie-n C011lpte pourquoi 1pour de1, Américains -elles ont une hnport.ance sçm,ver.aine- mais elles· s.ont intéressantes en tant que
symptômes. On y sent une précipitation, une liberté, une
-espérance peut-être illus0ir.e. Certains des poètes .américains
les plUB en v_ue me paraissent, .de,ri~e une nklu.veauté et
~ouvent u,ne ingénuité de forme;., ,donner e1.pre-s-5ion à des
pensées f!lÜ émanent d'esprits ordinaires et coovenüop.nels :
je ciIBrai M. Masters, M. Sandburg, et M. Lindsay. Il y a en
Amér ique plu-sieurs romanc,iers de talent d' un ii;itérêt Joçal ;
phrs~ars critiques de grand talent, mais dont les forces
s'emploient sur.tout à ramener à l'ordre les .f ic.es et la stupi.dité de leur _propre nati0n. C'est _là uµ travail fort utile à.
at:complir, auquel nous devrons peut-être un jour des fruits
précieux, mais qui ne présente pas _grand intérêt pour
l'étroanger.
-Le lecteur se rendra compte par ce ré_sumé gue la littérature
anglaise est dans un état de désintégration qui se .réso.ud pour
le moins en trois variétés de provincialisme ; - .e t si }'QD. s.e
reporte à l'histoire de l'empire romain, il semble qµe ce
processus ait commencé très tôt. Il est certain que ,nous
sommes dans Ùne période instable, mais les faits sur lesquels
j'ai appelé l'att-ention me paraissent correspondre à une aberration temporaire, et il suffirait de l'apparition d'un no.u:vel
écrivain de premier rang pour arrêter .cette dbli.ntégration.
Je ne vois ,pas comment la littérature irlandaise _pourra survivr-e à l'existence de l'Ulyss.e d.e -M. James Joyce: un livre
,aussi irlaudais qu' il -se puisse qu.ant aux matérfaux, mais un
livre d'une telle signification dans l'histoire de la langue a.I,lglaise qu'il ne peut pas ne pa.s prend,re sa _place .comme _partie
intégrante de la tradition Je cette lan,gue. Un livre de ce,t
wdre ne donne pas seulement forme à des p.o ssibilités incluses
dans la langue et jamais enGpre ess.ayées : iLr.evivifie du même
coup l,a totalité de -son passé. « Tout écriv.ain qui irouve la
fangue anglaise inadéquate li, ce qu'il veut exprimer », _;me
disait un jour M. Joy,ce, &lt;&lt; n'est qu'un cas du m.auv.ais ouvtje,r

'10TES

qui ne troüvera jamais de bons outils. » Je rewiend·r ai sur
Ulysse_; eo:11111,e_ artid_e d"'information et de pénétra-nt~ inter-pré-t atwn, Je ,n--a-1 · bes01n que de renvoyer Je lecteur à l'article
de M. Larbaud qui a un .go-ô.t et ù-ne connaiss;moe' de la füté-rature anglaise moderne que l'on ne rencontre que raremen~
mê~e en Anglete:re. Je me borl,1-e ici à signaler qu'une œuvre
de l 1~p~rtance d Ulysse pose aux écrivains irlandais comme
u_n cntérrnm de styi-e aflglais. TI e-st-évîdent qu'il ne saurait contmuer à y avoir trois critériums pour trois nations gui parlent
la m.trn~ langue; l)Wjt vaudront lès écrivains dans les trois pays,
et plus ils a-uront -en commun . .
A un~ ép?que co_mme la nôtre, .l'.écriy;iîn .:de ~ecOJ;1d or~re.,
-:- ~-elm :qui produ'.t des œuvres c.hannantes, intelligentes -et
distmg;m.ees~ - do;1,t S:Urtout être pris ea ç;onsidéra;t1on dans l{l
mesure où ~ œ~vres se rneu~ent dans la m~e direction que
celles des fon-va1ns du ,pren11er ,ran.,. •et là flanquent Cett
é. c;J • ,
o
.
e
.P r10 e-_c1 n -~st pas 1:1n_e période &lt;;&gt;u nous p1:1ission 1,- nous permettre de dir.e CH1 ·b~èn ~e' ~eaurniap -d'om'r l!ges passables.
Nous nous sentons auiourd hll! tr.ès abandonnés. Kipling (qui
est devenu complètement l'équivalent anglais du pompier},
We!J.s, Bennett,, Chesterton, ·Shaw , sont séparés de n(ilus pa:r
un gou~e ; dans leur$ œuvres nous ne _p ouvons plus puisey
de subsistance. En pépit de notre admiration, ni James, ni
Co11_rad ne s om tr-ès pr_oches de nous. Ce n'est pas., ai'nsi q-u' 0 n
dit souvent, _que
littérature anglaise ait toujours- été un.e
~Llllple collection d hommes de g-énie is-o lés et capricieux •
:1 Y a eu une longue tradition qui part de .Ben Jonson et
a travers Dryden. :v~ JUsqu
·
"a Sa mue1 Jo.bnson et peut-être
même un peu aµ-delà ; il J' a eu une aut:!e tr,aà.ition qui p.art
de rL?ck~. La période act_ue!Je est au contraire particulière -par
le '.ait ae se rattacher s1 peu à la précédente.: Walter Pater
éta'.t un héri~:r d'Arnold et de , Rm1kin, et Wilde à son tour
était u~ hént1er ~e, .Patet;. J'~i jugé que ,ces prolégomènes
pourraiern:_ être ,utiles pour m:1eux saisir la signification d
figiares vraim~.t s-i-gnifitat~ves de notre ép0que.
~s
. Pour tentuner par ,quelques pi;:é.cisions, je -citerai comme
exellljple des vers ,américains contemporains les m;in; intéressants ' ,._1 a -M-!~ A mencan
. . R'r{}e ..-w,,,
Vl:l-.. , .,.
J ,u ,aftcou rt et Barce Ne •
Yoà) J
d ·
,
w
, . ·e.ne ois ~. .om.e,1:tr-e d.e mentionner la publication

.l:

1:

qui

eu

.'

�624

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de !'Ulysse de M. Joyce (Shakespeare &amp; C0 , Paris); celle de
la revue de M. Wyndham Lewis, The Tyro, à Lon_dres Çfh_e
Egoist Ltd) et la publication récente par la même maison d éditions des Poèmes de Miss Marianne Moore.
T. S. ELIOT

•* •
TRIVIA, par Logan Pearsall Smith, traduit
par Philippe Neel (Bernard Grasset).
.

• 1

qe

l'anglais
.

Tous les amateurs de poésie seront reconnaissants à Daniel
Halévy d'avoir admis ce petit recueil de poèmes en prose dans sa
offre
uné cas
co li ec t.100 des ci Cahiers Verts». Trivia nous
,
.
· assez·
dans l'histoire littéraire : le cas d un livre cnt pour
rareHeureux Petit Nombre » et connu seulement d' une él'1~e d~ns
l'o:
son pays d'origine, et qui, trois ans à peine après sa pubh~at1on
et sans que rien soit venu attirer l'attention du grand public_ sur
lui ou sur son auteur, passe, grâce à une excellente traduction,
dans la littérature d'une autre nation . lmagine-t-on Gas~ar~ de
la Nuit, ]es Poe.mes en prose de Baudelair:, et les Illummat1ons
traduits en anglais et publiés à Londres trots ou q~atre ans après
leur apparition en France ? Quelle id~e nous aunons, alors, d~
flair et du courage des éditeurs londomens, et du got\t du public
lal·s l 11 est vrai que chez nous le poème en prose, grâce aux
aog
·
· partie
· ,dé sorma1s
· de
grands recueils que je viens de citer,
fait
notre tradition littéraire, tandis qu'en Anglet~rre c est ~ne oouveautl: qui semble, au premier abord, contraire au gé01e même
de la langue nationale.
. ,
Dans Ja préface que j'ai eu l'honneur - honneur, Je 1avout",
li. "té _ d'écrire pour ce livre, j'ai dit simplement
S0 lCI
l' h de ,quelle
riaçon -,
·
connu
r.,1·via
et
comment,
grâce
à
ent ous1asme,
J avais
J. 1
,
Ût u talent et au dévoOmeot de plusieurs lettrés, 1œuvre
au go &gt; a
.
l' f
. J
d L gao Pearsall Smith avait pu attemdre le pub 1c rança1s. c
e
o
.
.
b
tà
me suis abstenu de toute considération cnt1que, me ornan
décrire l'impression que m'avaient faite les quatre ~oè~es_ de
L.-P. Smith,_ lus par hasard dans The Owl - qm m avaient
· sur 1a p'iste du livre. Ces impressions, cette heureuse
mis
•
d surd·
·
_
différaient-elles
beaucoup,
à
un
siècle
environ
e
pnse,
•
1
d1stance, de celles que durent éprouver les premiers ecteurs es
Essays of Elia de Charles Lamb ? Peut-être que oou, parce que

NOTES

beaucoup de grands livres se présentent à nous ainsi : trivialement, sans apparat, sans mystère et sans cr façons » d'aucune
sorte, et nous parlent, d'une voix qui nous semble familière,
des choses que nous pensions connaître le mieux et qui, à notre
avis, « allaient sans dire. :o Mais d'autre part, à lire Trivia, on
sentait bien que tant d'autres choses avaient cr passé par là »
depuis Charles Lamb : Walt Whitman, les foules de Piccadilly
et d'Oxford Street, la photographie des astres, Charles Darwin,
les danses et les chansons nègres, et surtout ce très ancien et
très moderne désenchantement, sans tristesse, de l'intelligence,
ce fin et délicat état de la sensibilité, pour lequel on a détourné
de son sens primitif, en l'inclinant du côté du langage des
.Beurs, le mot : mélancolie.

**•

VALERY LARBAUD

LETTRES DE VOYAGE, par R11dyard Kipli12g (Payor).
Ces lettres sont de bonnes correspondances adressées à des
journaux, les unes de 1892 à 1895, les autres en 1908 et en r913.
Un voyage au Japon à travers le Canada, un second voyage au
Canada et une excursion en Égypte. Beaucoup de · renseignements contenus dans ces lettres n'ont déjà plus qu'un intérêt
historique ; mais la curiosité de Kipling a quelque chose d'aigu
q~i, sans pénétrer très profondément dans une âme étrangère,
satt en tirer avec humour et vivacité tout ce dont un Ano-lais
peut faire son profit ; c'est donc surtout un aspect de l'Ao0o-leterre, Reine des mers, que nous trouvons dans ces co;espoodancês. Pour le Japon, les lettres que Kiplino- écrivait
en 1889 et dont Louis Fabulet a donné une tradu~tion sont
plus complètes ; lire cependant dans ce nouveau recueil Je
tableau d'un crack financier, « Tremblements de terre». Cest
~ur le Canada que l'information est la plus copieuse; elle s'élève
a une vé~itabl~ largeur de .~ue p~litiq~e dans le dernier chapitre
de la séne, qui dénonce I rncune pacifiste où vit ce Dominion
riche proie insoucieuse de se défendre et qui s'en remet entière:
ment de ce soin à la métropole. Il faut lire également la dernière _correspondance d'Égypte, écrite sur les lieux des défaites
~ngla1ses du temps du Mahdi: noms qui furent cruellement
illustres et qu'on ne connaît déjà plus, traces à demi effacées

40

�626

LA ~OUVELLE REVUE FRANÇAlSE

de l'effort militaire, rails et baraquements aba~donnés, souven!r
déjà oublié des-sacrifices qui furent néce_ssa1res pour_ réta~hr
la situation et rouvrir le Soudan à la ténacité du fonct19nna1re
ao.gl.ais . Aujourd'hui que l'équilibre, se mcxlifi.e ~ne fois ,de plus
en Égypre, ~s pages ont un a.cce1i1t1de méfaucpl:e ;tssez, amer.
JEAN SCHLUM{l'.ERGE.R

GERHART HAUPTMANN ET SES DERNIÈRES
ŒUVRES 1 •
Il y a quelque chose de tragique dans la destinée nuéraire de
Gerhart i Ha.uptmaun. :Ou commeuceqie,nt à la fü1 elle. a l~s.
allures d'un de ces drames du nat:u,rali-sme allemand où continue de se dérouler l'écheveau du romantisme. L'individu s'y
débat contre le milieu qui pèse sur lui à la façon de la fatalité
antique. Partagé entre des inclinations co~traires, tant6t il
s'abandonne aux griseries de l'entourage, -q m momentanément
le tran~portent, l'aident, semble-t-il, à gran~ir; tantôt il sent
son moi se dissoudre, se confondre avec mille choses ténues
qui l'absorbent, et dont il finit par éprouver la médiocrité. Ni
le moi ·social.,. ni le moi national qu'il a l'ilh,1sion d'épouser, ne
le dédommagent assez du re1,1oncement }- sa propre pers.onne.
I-1 rêve de se détacher, de s'appartenir encore. Mais. ce . n'est
que rêye, ce ne sont q_ue soubresauts .&lt;l'u~e d;ll,qit_es.se blessée,
L'être en. présence ,d'une force à laquellt 11 na pomt donné sa
totale adhésion, IJ,1.ais dont il n'a pas non plus résolument
tâché à se délivr;ei;, succombe; le poëî~ est réduit à tirer son
i,~spir.ation d'une part donnée de l'univers, au Heu de i;hoisir
son chant de faire se lever l'univers à sa v-oix.
A moi:s qu'il ne soit un très grand poëte - utl. Nietzsche.
Mais où ~Gcrhart Hauptmann, né réceptif et féminin, eôt-il
trouvé l; terrible courage qu'.il fallait pour s'arracher au milieu
de l'ère impériale, pour aller chercher ailleurs, et à trois mille
t. Œuvres complètes, S. Fischer, Berlin., tomes 7 et 8,_ {Pet«
Brauer, 1911. - Festspiel, 1913. - Der Bogen des Odysseus, 1914. _Winterballade, 1917. - D~r Ketz.er von. Soana, 1918. - J?er we1sse
Heiland, 1'920. - lndipohdi. 1920. - A-nt~a, 1921.)
. .
A cette liste il faut ajouter ?hantom, en cours de pdbhcat1on-dans•la
Berliner 1/1111t-riérte Zeiturrg.

NOTES

pieds au-dessus des hommes, son climat intellectuel ? Mar ué
pa~ uu destin intér_i.eur il devait n'être que !'écrivain représ~ntatlf de sa g~néra~on., celle du quart de siècle &lt;4ui a précédé
1914. Que 1on ait so_ogé, p9ur son soi;antième anrùversaire
(qui tombe en novembre 1922), à faire de lui un Président de
4 ~épublique allemande, il y a là une ironie qµi échappe à ses
a~~ateur~ .. La couronne serait dérisoir!'!" qu'ils apporteraient
a1ns1 a une vie passée à « représenter"» allJjeu d'être soi. Mieu
vaut
luj laisser
l"espèce de grandeur qu'elJe aJ q·ui tient, anta,DKt
,,
,
qua ce qu on y trouve de réussi, a ce qu'on y découvre de raté
raté par la force de l'atmosphère allemande d'alors, · d-0nt le;
courants entrainaient à ras de teue les isolés, satis qu'aucun fût
assez fort pour poser son moi en face d'eu.x et leur imprimer sa
direction.
Gerhart H~uptmann ne cessa guère d'être l'inconsciente
victim~ des -suggestions d'une fausse grandeur_. Il faut se
souv:711r d~ ce personnage de son Atiantist s'émerveillant
~e I énormité du paquebot que l'All~migne !ance s.ur
1O~an : devant les pèrspectiyes romantiqu~. qu'entù&gt;u~
vrait la luue du géant contre_ les él~e,nts, l'imaginatio~
échauffée de l'aqteur voyait pâlir toute poésie. Ce pdx
attaché aux proportions de la matière, aux réalisations de la
technique, ce dédain des pures conceptions de l'esprit, dont
Hauptmann oubliait parfois que sans le-viers sans machines il
'
.tn od1'fi e lui a-ussi la vie, l'esprit et. la vie s'en' sont vengés. Son
Lo~h, le mauiste-, le darwiniste de Vor So~rnenaufgang, a pu
fro1deme~t, durement, renoncer } épouser Hélèn~ qui l'aimait,
pai:.ce_ quelle ne lui eôt pas donné d~ enfants C01!ÇUs selon la
doctnu.e deJa .séJection naturelle. En. la repoussant ce n'en ~st
~as ~o~ns _la v_ïe tout entièi:e qu'il a rejetée, alors q~'elle
8 offrait a lm,. q~ elle réclamait une étreinte spontanée. Le .coup
de co~tea~ qu il pousse Hélène l se porter, par préjugé, par
subo_rdina.tion a.ux idées régnantes, Hauptmann lui-i;nême a
continué de le ressentir dans sa chair. ,
Ayant tranché JeJien. qui attache l'hqm(Jle à la vie profonde,
~e tenant plus qu'à ce qu'on appelait autour de lui• &lt;&lt; civilisation », qui n'était qu'un accident du devenir et qu'on prenait
P.0 ~ la fin. de ce devenir, il s'est ,t rouvé ne pouvoir pfos concevoir nettement le monde sous d'autres e~pè-ces que celles de la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

machinerie allemande, comme sa Hannele, la petite pauvresse,
qui ne se représentait pas le Paradis autrement qu? l'image de
la ferme de son oncle où l'on tuait tous les ans trots porcs gras.
Et pourtant l'idée de ce que peut être ce monde entrevu à
d'autres profondeurs, par delà les apparences d'une éphémère
organisation, revenait quand même le hanter. C'es_t à propos
des Tisssrands que Gide disait à peu près ceci : qu'ils cessent
d'avoir faim, ils cessent de m'intéresser. Mot bien juste en ce
qu'il déniait à l'auteur les dons de l'artiste qui avec de nouvelles
formes engendre de nouvelles valeurs, mai~ aus~i ~ien dur.
Comme la faim du corps taisait crier les ouvriers silés1ens, une
faim, spirituelle celle-là, n'a cessé d'arracher à Gerhart Haupt~
mann des accents assez émouvants. Ils résonnent à travers son
œuvre, sur des lèvres de héros manqués, qui écoutent de mystérieux appels, cèdent à l'énigi:naüque attrait d'ê:res étranges, à
demi femmes, à demi forces des eaux et des bois, que le rude
visage de la réalité fait s'évanouir et dissipe. Leurs parole~
tentent de rendre ce qu'il y a au fond de l'àme obscure, et qui
y restera, inexprlmé, indélivré. Aussi ne sont-elles que comm~
une musique lointaine, un chant de la « Sehnsucht » qui
accompagne les actes impuissants, une berceuse de la douleur,
de la nostalgie.
On perçoit encore l'écho de ces aspirations inassouvies dans
les dernières œuvres. Le poëte vieilli se retourne secrètement
vers ses jeunes années dont tant de promesses ont menti.
Mélancolique et désabusé il laisse parler Peter Brauer, le peintre
bohême qui veut crever seul derrière un buisson, Anna,
l'amoureuse, que d'odieuses nécessités ont ravie à l'adolescent
Luz le ruffian de la Winterballade, que poursuit le fantôme de
cell; qu'il aimait en l'assassinant, et dans der weisse Heiland,
Montezuma, à qui l'écroulement de sa. chimère coô.te plus que
celle de son empire. C'est là, et non dans la forme de plus en
plus làche et alanguie, qu'est. l'intérêt, da~s cette fin d'u~
drame intime qui en est au dermer acte et qui pourtant ne finit
pas. La seule fois où Gerhart Hauptmann tenta de s'affranch_ir
de la réalité allemande, du présent allemand, dans le Fe.stspzel
qui en 1913 évoquait une c&lt; Athene_ Deutschland» e~1pruntant
son inspiration à la Grèce, à la lumière, à la beauté, 11 manqua
son geste. La guerre aussitôt le démentant, lui ôta, semble-t-il,

NOTES

629

la foi qu_i l'avai_t jusque-là à _demi soutenu. Rien de surprenant
dès lors a cette immense lassitude que l'on croit deviner où on
le voit,. dépossédé et de son moi et des biens qu'il avait 'parfois
cru temr en échange, errer ombre parmi des ombres, demandant pour réchauffer la cendre un reste de flamme à Gœthe à
Shakespeare, à Homère.
FÉLIX BERTA~x

.

·* *
AU NOM DE GŒTHE.
~ ?1aison paternelle de Gœthe à Francfort, la noble maison
p~t:1c1enne du_ (f Hir~chgraben », menace ruine. Ses poutres,
v1e1lles d_e plus.1eurs siècles, sont atteintes de cette pourriture
sèche qm peu a peu réduit en poudre les trop vieux bois. Les
r~mplacer serait, paraît-il, par les temps qui courent, travail
s1 co11teux que le budget d'une ville même de millionnaires
' ·p
•
comme l est rancfort, n'y suffirait pas. Aussi un cri d'alarme
a-t-il retenti à travers l'Allemagne. Afin de réunir les fonds.
nécessaires à sauver le sanctuaire national, une semaine de
G°:tbe fut organisée dans l'antique ville libre des bords du
Mai~'. groupa~! ~our quelques jours, autour de spectacles.
cho1s1s, une élite rntellectuelle que relevait encore la présence
de quelques poètes et musiciens parmi les plus fameux. Au
programme, Tasso, Egmont, !'Iphigénie de Gluck et la Flûteenchantée, chacune de ces représentations précédé~ d'un discours .d?nt le but direct était de faire appel à la générosité
Pfcu~mre· des assistants, mais qui tous se défendirent de.
n avoir que des visées aussi matérielles.
Gerhardt Hauptmann, le doyen de la génJration naturaliste~
Thomas Mann, dont les racines y plongent mais qui ne dédaigne
p~s de pousser vers des lendemains un peu inattenqus cer~ames. de ses branches plus récentes, Fritz von Unruh, le.
Jeu~e iconoclaste, le fougueux poète de la défaite, d'autres
mo'.ns connus, parlèrent à tour de rôle, reprenan, sur de;
registres différents le thème de la maison à rebâtir non point
ta~t_ de la maison temporelle du fossé aux cerfs, que 'de l'édifice.
spir!:1"1el de la culture allemande en fonction de Gœthe.
S 11 est assez naturel que l'Europe se montre fort préoccupée
et à divers titres, de la chute du mark et de ses conséquence~
pour le monde, il est un autre spectacle qui mériterait cepen-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

dant aussi quelque a-ttentimr: ôeist celui de- r'effondrement des
principales valeurs' iM:i1es 'dônt un pays aussi grand et aussi
puissant que l'Allemagne mir fait les bases è1e-. son. système
moral et éduéateur, et &lt;l'es ëfforts de relèv:eme1:i-t qm se font
jour dans ce dômaine-là aussi, gauches. d'aillems, faibteset incohérents autant qu'ils sont, dans le domaine économique,
adroits et organisés, - indéniibles néanmoins.
Les discours de la Gœthe-Woche sont à ce point de vue
assez révélateurs pour valoir qu'on les sjgna1e.
Hauptœann se mdhtte avant tout so1,Ideux de l'unité allemande : « L'idée d'unité, disait-il dans son infrod1.1ction au
drame d' cc Egmont », c•es{ dans l'âme du peuple qu'elle doit
d'abord exister. Il y a, de ce qui es.t national, d'autres symboles
en{)ore que l'épée. » Puis, plus loin: c1 Rien ne ·pourra _faire
perdre aux Allemands l'amour' qu'ils ont pour le~rs poètes »
(diese niir-riscbl'} LidJe fii.r ihren Dîchtern). _L'ancieh régime l'a bien
prouvé, qui a' fait l'impossible pour cefa.
Mais ne serait-ce pas plutôt aux rorces 1rançaises de la riv.e
gaudie qu'il pense quàn'd ü -constate que K les, Alba .ont toujours tort», faisant :illusion au du€ d'Albe, ce représentant-de
la manière forte dans le&amp; Pays-Bas: qui est' un des principaux
personnagés d'Égmont ? -On pe1,1t-se demander si cette 'Vérité
le frappait autant lors.que les armêes allemandes pressuraient hl
Belgique. D'autre part il faut avouer que la plate-forme est
singullèrement étroite que les événements, les fautes de leur
pays et, dans unè certaine mesure, l'attitude des alliés a laissée,
pour s'y tenir sans bassesse, aux Allemand's, soucieux élë clairveyance poHtiqueèt de loyauté vis-à-vis cre'l'ennemi vainqueur,
a-ut:an-t (}lie préoccupés cl.e Yintérêt -et de la dignité de leur pays,
-et que pour peu~'u'ils fassent litière de ces derniers, .ceux qui
d'abord en , France· Iés mépriseront et les a-cw,seront âe p1atitude
seront le plus souvent les mêmes qui leur auraient fait, d'une
partialité inverse, le pire dès griéfs.
C'est là un dilemne 'dont on Fre voit guère comment se tireront les méilleurs parmi ks Alleniands. Ce n~est d'ailleurs que
pour eux qt{il existe.
'
'
·
Thomas Mann ne fit ,eas-, aux actualités, d'allusion ~ussi
directe : il avait pris pour thème Gœthe comme éducatee1r et
l'influence capitale sur lui, d'e Jean-Jacqués R:.ousseàu . M

NOTES

631
s'efforç;i de prouver qu'.;mtobiograpbes l'un et l'autre ce n'est
pas pur has~rd si tou~ deux se sont également trou:és péda~
gogues pass10nnés, et 11 démontra avec ingénicsité comment le
grand pwfe.sseur le plus souvent se double d'un gi;and éduca;eur. Ce qu'il y a d'un peu ~urprenant, et cependant de difficile
a ré_futer, dans la. ~hèse que Th. Mann développa ce soir-là aux
au~1teurs de 1~ Flute~eµchantée, c'est que dans les rapports étroits
~u1 rattachent, ·Goethe ~ Jean-Jacques, la pensée organique~
l ~rdonnanc~ cons~rva:~1,ee, 1a piété, bref !'.-élément appolli•
men à la fms, et 1ntu1t1.(, s_e trouverait représenté par le poète
~lemand et non pas, par !'écrivain français. Le radicalisme
mca~né par Rousseau, et dont Mann ne conteste _pas d'aiJ,leurs
la raison d'être ni les possibilit_és de noblesse, procède de la
~éthode purement logique et déductive qui, appliquée au
\11:7ant, forcément doit finir par mener à l'humanitarisme anar--cb1ste en matière de politiqtre, à l'anarchie in.divlduali-ste en
matière d'éducation.
Dans le '.11.ême ordre d'idées., Mann Ieprend, pour tâcher
de le réhab1lrter, le _~on~ept d~ la culture allemande, tJUe
le scandaleux abus de 1 ancien régime avait couvert de honte et
d'opprobre, il n'emploie plus le terme de cc Kultur » mais celuâ
de _« Bildung » ch.et à Gœthe, et dont la langue franç:ise ne nous
donne pas réquivalen1 (polll".Ja raison peut-être que la chose
eS t . en Franhe plus qu'ailleurs naturelle ?). Littéralement
". Bildu~g » signifie « formation, information», mais le mt'lt est
ncbe d un sens de structure, plastique. à la fois et spirituel,
que_le mot culture ne renferme pas. à ce degré.
Si ces dtux discours expriment Jes façons de penser les plus
élév~es que peut encore fournir un passé de cc Bilduno- » bien
terni par la « Wilh.elmirtiscbe Epoche », voici mà~tenant,
avec Fritz VOJ;J. Unruh, en des .accents vraiqient modernesJ les
postulats de de:qiain :
« Ne croye.z pas, s'écrie-l:-il~ que je sois venu ici pour lancer
le no~ de Gœthe, comme une fanfare de réclame pu delà nos
frontières, ainsi que le &lt;tisait si a01èrement Nietzsche » _ et
ce sonr_ptesque des injures do~t i.J foudroie son auc!itoir~, une
°:1ercunale passionnée, pleine de reproches, d'appels à la conscience et d"
é ·
,
apres v ntés. Il leur rappelle que tout récemment
encore le prem ·
d
•
·
.
1er gran navire 1ancé depms la paix par le

�632

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lloyd ne portait pas le nom de Gœthe ou de Bach ou de
Kleist, mais bien celui d'un général prussien, tout comme
avant. Et, quêtant pour remplacer quelques vieilles poutres, il
les fait souvenir de la facilité avec laquelle six millions furent
signés en un clin d'œil, lorsque, peu de temps avant la guerre,
le premier Zeppelin était devenu la proie des flammes. « Tu
entendis, peuple », s'écrie-t-il avec une grandiloquence impressionnante, « le ronflement au-dessus de toi de l'hélice, mais
tu ne perçus pas l'élan que dans ses chants "Gœthe imprima
à ton âme. Lui qui nous donna, pour toute la durée pendant
laquelle des hommes hanteront cette planète, la certitude du
divin, tu ne le vis point, et c'est la machine qui dans l'air
retint ton attention.
» Pareil à Faust aveuglé par les soucis, tu prenais le cliquetis
des bêches de Méphisto pour le bruit du travail béni d'une
communauté - alors qu'en réalîté c'était Satan creusant dés
toinhes : la grande fosse commune de la guerre.
D Veillez )), enjoint-il encore à ceux de la vieille génération,
à ce qu'un singe ne se glisse dans la dépouille du tigre,
et qu'une seconde fois vous ne vous trouviez frustrés de votre
âme. ))
Du reste il ne semble se promettre rien de bien efficace de
cette vieille génération, et il ne se radoucit que lorsqu'il s'adresse
~ux jeunes:
« Vous, mes camarades; jeunes filles et jeunes gens, qui avez
dans le sang un autre rythme que vos aïeux d'il y a cent ans, ne
vous lais:,ez pas intîmider par la majesté de la noble harmonie
classique ... D'autres voies vous mèneront à Gœthe, à travers
votre cœur, qui bat co'mme battit le sien, et s'arrêtera comme
le sien s'est arrêté ... Nous ne voulons. plus souffrir la mort
.romantique de Werther, ni nous laisser brimer par les An_tonio
de la réalité 1 ••• En plein esclavage politiqu_e, relégués par:mï 1~
rebut des peuples, c'est fart qui fera de vous des hommes
libres, gardiens de l'esprit immortel. Ah! que qans l'brage de la
défaite, vous puissiez être du côté ·ae Gœthe, quand, après Iéna
et Auerstiidt, aux désespérés qui vinrent lui annoncer le désastre
1. Allusion à l'homme de cour et d'Etat, qui finit, dans Tasso, par
l'emporter sur le poète infortunê.

NOTES

en ces termes : « Monsieur le Conseiller secret, la Prusse est
perdue, l'Allemagn_e est perdue )), il répondit avec hauteur :
« Comment osez-vous dire que l'Allemagne est perdue, alors
que je suis là devant vous? &gt;&gt; •
Ce jeune homme aurait-il tr.ouvé la solution du dilemne indiqué plus haut ? Si quelques Français ont par hasard assisté
à cette haute manifestation de l'intellectualité allemande, peutêtre se seront-ils demandé combien a derrière lui de troupes
le Junker ihtrépide et un peu arrogant de la révolution, Savonarole d'un régime dont ses pères furent les piliers, et qui
peut-être n'aurait pas parlé aussi hardiment si précisément il
n'étai.t pas de ceux-là.
Mais ils n'auront pu rester insensible.s à l'emportement lyrique,
à l'élan sauvage et pressant de ce discours qui introduisait si
étrangement la plus racinienne des pièces de Gœthe.
Et si, d'une pareille manifestation, il n'était pas téméraire
de tirer quelque conclusion, ce serait sans clou.te celle-ci, que
seuls les jeunes, de l'autre côté du Rhin, comprennent le fait, et
admettent la nécessité d'un changement de régime, en morale
aussi.
A.LAIN DESPORTES

*

LE COURRIER DES MUSES.
On a déménagé Barbey d'Aurevilly dont les héros faisaient
l'amour sur u!'le lame de sabre, se souffletaient avec des cœurs
encore tout chauds et semblaient faits pour réaliser, par anticipation, le rêve de Rollinat :
... Fumer l'opium dans un crdne d'enfant,
Les pieds nonchalamment appuyés sur un tigre.

Barbey d'Aurevilly, le burlesque capitaine de cavalerie, n'habitait plus son « pachalic de Lorrette )) d'où il datait les· lettresécrites à Trébutien, mais une petite chambre, rue Rousselet,
au Cherche-Midi. Pauvre capitaine ! Que dira son ombre si
.
'
Jamais elle apprend qu'on a profané le tournebride ?
Un événement plus grave est à signaler dans le monde artistique, un signe des temps, d'ailleurs comme tous les événements
qui se produisent. Je ne plaisante pas. 11 est question de faire
payer l'entrée au Louvre. Le projet serait exécuté rt&gt;tte année,

�6J4

ltl

1 ••

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

malgré l'opposition de quelques rapporteurs aux Beaux-Arts. Je
ne voudrais faire ni le prophète, ni le pédagogue, mais il est
certain, il est probable, si l'on veut, qu'une telle mesure peut
nuire gravement à l'éducation artistique de la jeunesse. Vraiment, on oublie trop le jeune homme pauvre, qHi 1J.'a pas
toujours la chance de reocootrer un Octave Feuillet pour Je
célébrer.
La République n'encourage pas les arts. Elle ne protège pas
les po~tes, mais si eUc se refu.se à leur accorder gratuitement
le pain du corps, veut-elle encore leur faire payer le pain de
l'Esprit ? On m'a dit que cette nouvelle tax.e ne jetterait pas dans
les caisses de l'Etat plus d'un million de francs chaque année.
Je n'a-i pas d'opinions politiques et je me soucie peu du contrat
social, mais je regrette qu'un Gouvernement songe à prélever
11n impôt sur lal3eauté. Notre époque va bientôt ressembler
à celle qu'imagimt Guillaume Apollinaire, dans le f'oète Assassi.né. Le laurier doit servir à la cuisine.. On va sans doute constnüre des ma-chines à penser. La plupart des écrivains n'ont
pour sujets d'entretiens et de méditations que les gros tÎrages,
les milliers d'exemplaires vendus, etc. Une grande revue .offre
en prime à tous ses abonnés le livre d'un académicien, signé
par l'auteur. Un faux Apollon se prostitue dans les tavernes.
On se réunit chez Mm• Lara pour y tenir une conversation sur
l'état présent de la poésie. La devise de- Mm• Lara, muse d'Art
et Action, est qu' « il vaut mieux faire un faux pas en avant que
de bien faire et de rester en place ». Au mque d'être peu
galant, j'avoue que cette devise n'est pas la mienne. Je n'ai pas
pris part à la conversation sur l'état présent de la poésie et je
ne sais si l'on a trouvé qu'il était satisfaisant, mais tous ces
faux pas qu'on fait faire à la poésie ne me paraissent pas la
suvir. Tel ou tel poète « en liberté » de qui le grand secret
est d'ignorer la syntaxe et la grammaire ne me semble- pas gêner
la gloire des poètes du XVII" ou des Romantiq:u.es. Tel autre~
;eune poète perpétuel - je ne le nom.me pas parce qu'il abuse
du droit de réponse et que je veux. épargner sa prose aux, lecteurs de la N. R. F., qui sans doute ~e reconnaitront bien tel autre~ cette année, revient àla Rose et pastiche Jean Mocéas,
Son disciple - il n'en a qu'un - le juge supérieur à Ronsard,
à Malherbe et à Baudelaire. Faut-il s'irriter ? Pour combien

NOTES

d'écrivains la cam.rraderie et la publicité remplacent-elles le
travail et le talent? Tout cela est peu inquiétant. On oubliera
bien des poètes modernes et malgré leurs œu'VJ'es, le deroi~r
souvenir qui me \lienne à propos de la Poésie, c'est d'avoir;
entendu lire l' Adonis de La! Fontaine hns un cercle d'ami$ et
de femmes charmantes.
Les subtilcis causeries qu'Ahdré Gide a faites, dans la bioliothèque du Vieux-Colombier, où Dostoïevski ne fut parfois qu'un « prétexte :&amp; à 1évélations psychologiques me permettent
de croire que je peux parler encore d'une nouvelle toucha.nt
le o: grand romanciet russe », com:oie disent les journalistes.
Un télégramme lancé par les agences Ha.vas et Radio annonçait qu'on aurait découvert à Moscou dix manuscrits de Dos•
toïevski, inconnus et inédits. Dix manuscrits de Dostoïevski !
Lui qui, toujours harcelé par la misère, vendait ses œuvres aux
éditeurs, sitôt qu'il les avait écrites ! Une telle nouvelle pouvait
sembler suspecte, elle est vraie cependant.
Dostoïevski est remis à la mode par la psychanalyse. Le
Professeur Einstein._ est arrivé trop tard. C'est fa saison dernière
que les belles dames voulaient tuer le ·temps - celui-ci d'ailleurs prendra sa revanche ! mais cette saison, daas les saloni
parisiens, chacun raconte ses rêves et quelqu'un les explique.
On se parle tout bas d'actes manqués, de refoulements; les jolies
femmes demandent timidement la clef des songes et chez une
dame polonaise, savante et convaincue, un petit cénacle choisi
se réunit parfois le soir, qu~on a surl!ommé déjà « le Oub de·s
Refoulés».
GEORGES GA.BORY

,. *.

LE CABINET DU DOCTEUR CALIGARI, au CinéOpéra; VOYAGE AU CENTRE DE L'AFRIQUE, au
Gaumont-Palace.
Dès le début de Caligari, le. public se voit prévenu que la
forme absurde ou cubiste du décor tient à la folie du personW1gc
qui l'imagine. Ce scrupule moral retire.au film la plus grande part
de son intérêt: le spectateur devrait croire- jusqu'au dernier
instant, comme dans l'Incident au pont d'Owl Creek, que tout
arrive: assassinats, enlèvement, sadisme.
Les &lt;lécors cubistes sont d'ailleurs la partie la plus touchante

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.. 1

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du film; la plus « ressemblante » aussi. Le terne Voyage au
centre de l'Afrique, qu'a tourné la Svenska-:film, prouve de reste
qu'il ne suffit pas d'avoir « pris )') des girafes, des danses de
nègres ou les m~mes nègres dévorant un hippopotame cru pour
retrouver sur l'écran de vraies girafes et de vrais nègres.
QJ.ielques cônes et pyramides nous font mieux croire à la kermesse où le docteur perfide présente son sujet Césare, l'assassin
endormi.
Les personnages de Caligari sont moins déformés que les
décors ; ils ne le sont pas assez : on leur voudrait des masques,
ou des échasses. Ils r;.mpent, gesticulent et expriment les
divers sentiments, qui ont l'habitude d'agiter les acteurs .

LES REVUES ET LES JOURNAUX

Nous n'entendrons plus ta cb,mson,
Marcbande, « Belles fraises »
Ni ta trompette d l'aigre s011,
Doux rempailleur de chaises .
-

Prépare l'omelette au lard, ,,.
Je vais plier les nappes.
- Oh / les écharpes du brouillard
Sur mon quai de Jemmapes 1
- Où sont les restes du pdté ?
- Où tes rires, faumsse 7
- f ai perdu la passoire à thé.
- J'ai vécu ma je1messe.

.

JEAN PAULHAN

LES REVUES ET
LES JOURNAUX

Une nouvelle revue « pour les enfants de neuf à quatorze
ans » : LEs PETITS BONSHOMMES r publie des contes qui ne sont
pas tous nouveaux, mais dont aucun n'est sot, et de délicieuses images d'Halicka, et d'Albert Uriet : mousses, corail de
prairie, fleurs des herbes.

LE SOUVENIR DE JEAN PELLERIN
Henri Martineau, qui a su mieux que personne parler de
Toulet, consacre au souvenir d'un autre mort : Jean Pellerin,
le dernier numéro du DtVAN (février).
Francis Carco écrit :
Vingt fois, près de s'abandonner à de soudaines détresses, une sorte
de stoïcisme l'en empêchait. Je veux dire que Jean Pellerin reprenait le
dessus et que, si le terme de stoïcisme peut nous paraitre un peu bien
solennel, le poète écrivait :
Écartez. les mots qru j'aimais
De votre bouche lasse.
Le dieu 11ous parle à voix trop basse :
On ne fetilend jamais ...

Or - qu'on le veuille ou non - ce stoïcisme qui n'acceptait aucun
systéme et o'c:mpruntait qu'à sa mesure, dans la sensibilité du poéte,
des moyens d'échapper au ridicule, eSt la clef de son ceuvre. Par lui,
Jean Pellerin rompt avec le désordre des pseudo-romantiques et le
fatras du symbolisme. Il s'en sert comme d'un réactif puissant. C'est
sa sauvegarde et il ne l'igo.ore pas.
Ailleurs l.'on rappelle le poème que Jean Pellerin écrivit ~ur
un déménagement, et ce dialogue entre lui-même et son amie :

.

Le prix de la Renaissance pour l922 a été dédoublé: Henry
Jacques le reçoit pour un recueil de poèmes : La Symphonie
héroïque, et Pierre Mac Orlan pour son roman: la Cavalière Elsa.

• **
D.o\NS 1.E MONDE DES LETTRES
L'on sait qu'une grave querelle littéraire s'est élevée récemment entre trois écrivains bien connus : MM. René Doumic et
Binet-Valmer, et Mme Gyp.
M. René Dournic s'étant plaint en effet, dans le GAULOIS
(5 Mars), de la médiocrité des jeunes auteurs :
Avec les personnages de Feuillet on se sentait vraiment en compa:gnie choisie, on respirait l'atmosphère de la meilleure société ..... [Au
lieu qu'à présent] il n'y a jamais eu autaot de prix pour les romans.
Seulement on ne trouve plus de romans pour leur donner des prii.,

M. Binet-Valmer réplique dans CoMŒDIA (6 Mars), non
sans citer &lt;c ses camarades» Henri Barbusse, Erlande, Escholier,
r. 2 I, rue de Presbourg, Parif•

�LA }1O:liJVELLE REVUE FRANÇAISE

René Bizet, Malherb-e, Duhamel, Dorgelès, Louis Bertrand,
Léon D:mdet, J.-J. Thara_1.H:i, Claude Farrère .... :
Nous vous prions de ne pas p-arler de nous comme si vous nous
aviez 1us. N'est-il pas vrai, mes camarades? En 1906, quand nous faisions nos premières armes, la francci était-elle ,pl1,1s riche qu'aujourd'hui en romanciers? Allons dom: 1Monsieur Doumic, ... ce n'est pas les
romanciers français qui sont à bout de -soufflè.i €!est vous qui êtes
fini !

]\{me

Gyp n'hésite pas à répliquer

M. Binet-Valmer, qui est Suisse de naissance, se reconnait et
en.voie :le 18 mars à Mm• Gyp une copie de ses citatfol:ls e.): des
décrets quiJ'ont n:ommé chev.ali-er et officier d-e la Légion
.d'Ho1meur.
Mme Gyp riposte (COMŒDIA, 27 Mars) :
... Comme vous avez si~oé 1'envoi de vos citations : « Binet-Valmer ►
cuisinï-er français "• VOUS' m'obligez: à vous rappeler que ni un acte
enregistré dans une chancellerie, ni un séjour continu dans un pays □ e
modifient la-ràce.
C:tHJUL m'ét:onna. très fort, c'est que le: &amp;ésideni: d'nae ligue qll i
n'est pas apparemment défaitiste eût cette. idée bii:arre de recomrnand.er à J'admira,.tion l'auteur du Feat et de Cla,,té.

M. Binet Valmer r.é{}On-d dn tac au tac:
Tout cuisinier que je sois, je mets au-dessus de mes passions politiques et même françaises l'amour de mon art et" je dis que 1'-aute.nr du
-Feu est un grand écrLv.lin, je dis que M. Paul _Reboux .a du talent, Je
dis ,que la-Gl!oi.-e de M. Mamice R!Ostand est une œuv.re de Vàlcmr. •
..... Av"nt de cop.clure je répéterai à Mm• Gyp qu'il est vraiment
laid de s'~briter ·derrière son-sexe .et son âge :POllr traiter d'étranger uu
éérivain -trois fois blessé pour notni pays.
.... Je dis notre pays comme uo autre de mes compatriotes, Benjamin
Constant, disait de la France« mon pays &gt;&gt; .

(CoMŒDIA, 28

Mars) :

.... On reste ce que l'on est. Benjamin Constant était Suisse profondément.
Un Français n'eût pas fait Adolp~.

Il n'y a.vait pas moyen d'aller pius loin.

,. * *
DANS LE MONDE DES SCIENCES

M.n• Gyp intervient à son tour dans fe-Gct:rLOIS (16 Mars):
Des sept ou huit livres remarquables, gui ont paru depuis quelques
années, quatre sont écrits par des femmes ,..-,. Les pauvres hommes 1
Pour l'instant, je ne me souviens que de trois jeunes à qui je trouve
des qualités de premier ordre : ... Paul Cazin .... René Benjamin et
André i,3,eumie.i; (sùi!).
A propos de ça ne trouvez-vous ~s q~e c'est cocasse de prepdre 4tparole aµ ppm des éqivainsJr.ançais, pour !ouer M. Barb1t5se etattaque.r
un académiciep très lettré, qiµnd on est étr:wger et qu'on écrit soi~1ème un français de· cuisine ?
~

639

LES REVUES ET LES JOURNAUX

On peut lire dans

l'A.'IN0"AfRE OFFI-CIEL- D'E r.'INSTITUT DE

FRANCE ( 1921):

ASTRONOMIE

Prix Pierre Guzmari

(100.000 /ra.ncs).
Ce prix sera donné, sans exclusion de :nationaltté, .à celui qui trou-

vera le moyen de communiquer avec un astre, c'est-à-dire de fâire un
signe à un .astre et recevoir r.éponse à ce signe. - ) \exclus,, a spécifié la.
fondatrice, la planéte Mars, qui paraît suffis~mment .connue.

•

* •

DANS LE MON.DE ·DES THÉATRES
T~ois discours ont été prono~cés sur la tombe _d'Henry
Bataille. M. Robert de Flers, de l' Acadéi;n..i.e Française, a dit :
Le ttîHtre et la poésie, que l'on a peu accoutumé de voir porter les
mêmes deuils, son· frappés aujourd'hui d'un même malheur. Ce miracle, car c'en est un, il fallait, pour l'accompliï, l'accord parfait de resprit le plus rare et de la sensibilité la plus frémlss.10te :·il fallait l'ardente
union de l'observation passionnée e.t du lyrisme intérieur, il fallait
Henry Bataille. Jamais ensemble de dons plus éclatants ne fu.tdiscipliné
par une intell.igènce plus lumineuse.

Et M. Emîle Fabre, au nom du Théâtre-Français :
Un artiste et un poète, en même temps qu'un des plus r.ares di;aia1aturges du temps présent, voilà ce que fut Henry Bataille ; un artis~e à
l'imagination. ardente, toujours en éveil, aux. nerfs sensibles, et, si on
peut dire, en vibration perpétuelle ; un poète, pour qui tout ce qu'il
'Voyait et entendait, se tOuroait tout nanu::ellement en poésie.

M. Henry Bernstein en.fin:
Icirepos.e le plus pur d'entre nous.
II n'aura convoité qu.e la gloire !

Le journal

CoMŒDIA

(7 Mars) décrit ainsi la cérémonie :

�LA NOUVELLE REVUE FltANÇAISE

Une nef toute tendue de draperies noires écussonnées d'argent. Un
catafalque couvert d'immenses couronnes de roses, de lilas, d'orchi&lt;iées : voici celles du Théâtre de Paris, du Vaudeville .... ; voilà celles
des amis et des admiratrices du poète disparu : A Henry, Yvonne; A
Henry, u11e Amie, M. L.-H. ; A Henry Bataille, Tbyra de Marlier ....

Une foule nombreuse, si nombreuse que la chapelle de l'avenue Malakoff ne peut la contenir : les amis d'Henry Bataille, ses interprètes, ses
confrères, et mille curieux indécents qui ne craignent pas de se jucher
sur des chaises, en pleine église, qui se bousculent pour mieux voir,
pour voir quoi ? je vous le demande : une famille éplorée, une femme
accablée par la douleur, des amis ·profondément affligés par la disparition prématurée de l'un des plus grands auteurs dramatiques de ce
temps.

*

* *

MEMENTO

L'AMOUR DE L'ART (Mars) : Despiau, par René Schwob.
LE CORRESPONDANT (ro Avril) : L'Embellissement de Paris et le
démantèlement, par Louis Dimier.
LE DIYAN (Avril) : La mort de Nane, par P. J. Toulet. (Avril):
Patrice, par Pierre Girard.
LES ECRITS NOUVEAUX (Mars): La ceinture, par Paul Valéry; Montagnes russes, par John Rodker.
EssAIS CRITIQUES (1er Avril): Le Misanth1:ope au Théâtre Edouard VII
et au Vieux-Colombier, par Azaïs.
LES ETUDES (5 Avril) : La Cbristian Science, par Lucien Roure.
INTENTIONS (Mars) : Hommage à Flaubert, par Jules Roi:nains ;
Quatre images d'album, par Marcel Jouhandeau; (Avril) : Etrange et
daulou1·euse raison d'un projet de mariage; par Marcel Proust.
L'ŒUF DUR (Mars): Anna et les autres, par Robert Honnert.
ŒuVRES UBRES (Avril) : Journal inidit de Tolstoï.
LA REVUE DE GENÈVE (Mars): Journ,11 de voyage de H. Keyserling;
Méditation sur Baudelaire, par Ch. du Bos.
LA REvuE HEBDOMADAlRE (1er Avril): Gustave Flaubert, par A. Thibaudet; (15 Avril): La mort cl'Hippolyte, par J. de Lacretell'!.
LA REVUE DE PARIS ( 15 Mars-1er Avril) : Journal intime de Sully
Prudhomme; Stendhal, Balz.ac et fn Chartreuse, par P. Arbelet.
LA REvuE UNIVERSELLE ( 1 5 Mars) : La langue française et ses périls,
par A. Thérive ; A la recherche du style moderne, par Roger Allard.
(1•r-15 Avril) : L'amour, les muses et la chasse, par Francis Jammes.
LA SEMAINE LITrÉRAIRE (8 Avril) : Le succès d'André Gide, par
Ch. Clerc.

•

::_DER NEUE MERKUR (Février) : Marcel Proust, par E. R. Curtius.
LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD .
ABBEVILLF, - IMPRIMERIE F. PAILLART.

SODOME ET GOMORRHE OU
MARCEL .PROUST MORALISTE

Il Y a entre M. Marcel Proust et Zola un trait de ressemblance : T?us deux ont été, sont et demeureront probable,?1ent t~uJours admirés à contre-sens par certains lec-,
t~urs et pré-Jugés par les personnes déterminées à ne pas
hr~ ~es ouvrages sur lesquels il leur plait de garder u,;i.e
o_pm1on de rencontre. A quiconque trouverait irrévérencieux P?U~ l'auteur de Swan, ce rapprochement a.vec le
romancier naturaliste, je dirai que, retourné récemment à
Nana et à la Curée, j'ai trouvé à la lecture de ces deux
rom~s, su:tout du second, plus ·d'agrément que ·;e -n'en
es~~ra1s . .C est en éprouvant une satisfaçtion imparfaite
qu il me devint sensible que M. Proust possédait justement
tous les dons ou plutôt le ·charm_e dont Zola est si cruelle~
ment dépourvu. Par"la•SJ.lite, lisant Sodome et Gomorrhe, je_
fus spontanément conduit -à imaginer ce que fussent devenus, entre I_es doigts qui-_fon::èrent les &amp;,errures bourgeoisesde ~ot~Bomlle, un tel suJet et de-tels personnages, puis à
considérer le sens moral de l'œuvre de M. Marcel Prousf
. Sodome, c'est M._de. Charlu~et Gomorrhe c'est Alber~
tlne: Entre _ces deuxt figures, chacune étant le centre d'un~
trag1-coméd1e dQnt le speçtate1J.r ne ,fait que percevoir 1~
éc~os mêlés, le _héros du li,vi:e, celui qui parle à la pré-:
mière perso11ne, poursuit son voyage a la recherche
temps perdu.
-

du

Le soi? qu'il a. dé placer-le m_o t de vice, lorsqu'il s'en _:;~r;
pour désigner les goûts de M; de Charlu_s, entre de.s guill_e41

�LA NOUVE~LE REVUE FRANÇAISE

mets qui lui ôtent tout sens péjoratif et toute signification
morale, marque bien que, dans sa pensée, l:i, tendance des
êtres de cette espèce n'a rien d'une perversion. Il suffit du
reste de se reporter aux quarante premières pages de Sodorne
et Gonwrrhe et au tableau des hommes- femmes d'un mouvement &amp;ratoire;si ;mple- 'et-s1 èrillant.
·
Le h&amp;osde M. Pnoust t ieÇ9it avec répulsion les avances
du baron de Charlus, mais après que l'aventure du giletier
lui a révélé la nature vraie de son noble ami, il lui voue
une sympathie bizarre, qui prend des nuances changeantes,
selon qu'il y mâle plus d'admiratiœrae pitié ou d'it:ohie.
- Qu'il nous dépeigne M. de~Charlus, avec ses theveux
gris, sa-moûstache leinte et ses 1èvres. fardées, opérant, sur
le &lt;JUai tk li!- pétite gare, sa.., première conjonccitm avec le
vi'o1on'iste M(}rel, c'est di'aborcl. un trait uc peu .caricatoral et
œmique. A'ûss-i l'intérêt ·que: nous portons à ces personmges, la curiosité· qui• nous attache au développement de
leur· caractê.re, au jeu de l!!ui·s dêsirs, -ht:ef, tous les sentiments qu'ils , pimvent inspirè!' .au 1ect:eur doivent nécessaitement, tmvetser un,e :.premièr-e· • zone· de .coca1serie où
iiaventure- dépotiiUe- toute équivoque mystérieuse et to-qte
atnbiguité esthéüque.
"
- "Un sembfable souci B'est-il-• pas comparable :à ieelui que
Molière eut, à n'.en pas douter; de- fake aimer l'honnête
misaethr91)'i:e d'Alceste, ·sarns pour oeü le p0~er-,en maroo reprouvé, ni le pr-0poser.. erf exenipie . ., -;-. , ·,
Lôrsqu\l waite tles qualités du. :cœur et de 1'.esprit, d~s
vet,tus sociales,'de l'adaitié, &lt;les tomments délicien~~tî'engeadre la dëlitatesse duigoot, &lt;le 1'aptitrn!.'e d:es êtres à1 rec~~ t ou â donner le -Èioi:l.beÙ.r et ia.iomfr:mce, M. Marcel
Prbùst juge et•;dédde ave-c· v.i plus -grande nettete, A:u:ssi
bién ne laisse-t-il pasSé,t auœn~ oc,casion '&lt;le venger, avec
l'èsprit -qui est le -sien, les griefu , oomm'tilfs&lt; ii' :.tous les
hommes sensibles et bons.
.. ·,Les seuls êtres à l'endroit desquelir ii laisse percer ..un
mépris sarcastrque sont cetm qu'il 11ous représente tmmme

tyr;

SODOM.E ET GO,MpRRHE OU MARCEL PROUST MORALISTE

643

incapable$ de souffrir eu.x~m~m~s ou d'êtr:e .une source de
plais.ir. pour autrui. Au ;CGotraire, ,Jvl. de Charlus, Je duc de
Guei;m~ntes, le. violoniste Morel, même lorsqu'ils prêtent
à rire par les aven_tures bi~yr~&amp; et grotesques ou les entraîne
leur penchant, nf sontp~s moiQs éloqu~ts_, ni U1oins. touchants_ qu~ le,s rnis er Jes .princesse/&gt; &lt;!,e ·Ri,lGÏne. On rema;quera Justement q,ue -d~ns SOJ:! _derniez: ouvrage,, M. Proust
a multiplié les citations &lt;l'Esther et d'.rA.thalie. C'est, à vrai
dire_, _dans une intention de parodie, mais ge semblabl;s
allusions, auraient un air insolite et choquant si le, lecteur
ne pouvait retrnuver quelque chose de r.acinien. da.ns ]es
passions qui agitent Je~ héros de Sod~me et Gomor.,,-, k. ··
L'indulgence que l'on sent chez M. Mar~el Proust n'~st
pas faite de ~ceptidsme, -elle est comme le reflet-de l'intUU:e
-satisfaction que &lt;lonue au moralist; la sûreté vérifiée de
.sou diagn05tic, aloip qµe chez d' autres pScyd~-0logues, une
.amertume c-0nst_ante trahi-t le trouble où les jette le voj~inage qes passiOJ'!S .dont ils ne eeuvent se détacher p1.mr les
considérer 'à loisir, 0_1l dqnt l'attrait leµr demeure incompréhensible.
, .
- "
.
_,
lJ
~1en n'est plus sigqificarif, ,.à -c-et égard, que les gracieux
t~.uts de pJun;1Nlo_qt )M.. Broust,s~ plaît à fleurir la, pointe
June pen~ée tr-0p aiguë .. N!,1l ne sait mieux rafraîchir . ;i.
propos le lecte~r oppres~é par la révélation d'un instinct
,obscur, pudique\llt}Ot ffi#connµ. Loin de se c9mplaire da-1+,5
le trouble qu'il a 9uscité,il nol!S rend, grâce à la poésie des
mots, à l'.invenûcm. d\111e im.ige divertissante par sa justesse même~ le g9ût dt; respirer la, lumière et l'air libre,
tel PeUéas à la-s~ttie &lt;lu :SOuterrain.
Par exemple, -s'il ve~t expri~r,. -que le désir physique
nait parfois au ipilieu , d'un \:hagtin encore tout vi(,
M. Pi;ou&amp;t écr~ra ,: 1&lt; Ne woit-on~pas, dans la chambre même
« où ils ont ,perdu un epf°g-nts,des 'époux, bientôt de nou·« ~eau enlacés, ~onger U\11 fr.çire au petit mort. » U serait
facile ·d e montrer COfI1-0Ïen ..,µn tel ~m est le contra.jre du
naturalisme et de l'iwpre,ssionajs01e,,,, M. 1 Prgust ne décrit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les paysages que pour y faire apparaitre ce que ses héros y
mêlent de leurs propres passions et maint détail pittoresque est là comme une pierre de touche où ils viennent
éprouver la valeur et la force de leurs sentiments. Si l'on
nous fait voir le petit chemin de fer côtier, la mer, la plage
et les falaises, ou l'hôtel de Balbec, c'est toujours à travers
le désir, l'angoisse ou le regret d'un des personnages du
drame. Tout ce que peint, tout ce que raconte Proust semble
être vu reflété dans leurs propres yeux. Sites ou visages, il
ne décrit pas, il révèle. Ainsi surtout d'Albenine: La voici
dansant avec une autre jeune fille dans la salle du casino
de Bal bec : « ... Je venais de l'entendre rire. Et ce rire
« évoquait aussi les roses carnations, les parois parfumées
« contre lesquels il semblait qu'il vînt de se frotter et dont,
« âcre, sensuel et révélateur comme une odeur de géra&lt;c nium il semblait, etc. » Je ne sais comment, mais cette
odeur de géranium semble la matérialisation même du
soupçon qui nous est suggéré des mœurs d'Albertine. uUe
autre odeur ne convenait mieux à cette sorte de nostalgie
des exilées de Gomorrhe, partout et toujours inquiètes
de se reconnaître et de se rejoindre.
Et ce rire d'Albertine qui sonne« comme les premiers
ou les derniers accords d'une fête inconnue» ! Jamais on
n'avait rendu d'une manière aussi vive, aussi µoigoante, la
sensation qu'un être dont on jouit sans le posséder, est
animé d'une vie lointaine, étrangère, mystérieuse aux jeux
de laquelle on n'a point de part, et qui pourtant peut devenir pour un cœur jaloux et tourmenté la source d'une
volupté inavouable. Qu'on me montre dans Adolphe, dans.
Dominique, des beautés aussi fortes que cet endroit du livre
où le héros de M. Proust écoute dans le téléphone, avec
la voix d' Albertine, les bruits, l'atmosphère nocturne de
l'endroit où elle est, qu'il ignore, et ou il sait qu'elle gotite
certains plaisirs que lui-même ne peut lui donner.
Avec quelle finesse et quelles nuances nous est peinte sa
jalousie, et ce sombre et doux masochisme qui vient, de

SODOME ET GOMORRHE OU MARCEL PROUST MORALISTE

64 5

temps à autre, redonner du ton à un amour plus conscient
qu'enivréet trop perspicace. Aussi longtemps qu'il demeure
incertain des mœurs d'Albertine, nous voyons le héros
prêt à s'abandonner à la lassitude, presque au dégoût.
Mais c'est dans l'instant même où le doute ne lui est plus
permis, où mille petits faits se groupent, où tant de
chemins suivis et perdus se recoupent au même point
brillant et douloureux qu'il puise dans la certitude même
du vice soupçonné en elle, la résolution d'épouser son
amie.
De telles analyses passent les bornes de la psychologie
romanesque. Elles déposent en nous tout un résidu d'inquiétudes et de remords. Il semble qu'à tous les détours du
labyrinthe charmant où M. Proust nous entraîne, des miroirs
inattendus sollicitent nos regards, pendant que le guide
impassible continue son commentaire fleuri. Mais la noblesse de cœur, la qualité suprême d'intelligence dont
témoigne l'art de Marcel Proust a pu faire illusion sur le
vrai caractère de sa morale. Le mot de relativité se présente
naturellement à l'esprit de quiconque réfléchit à la portée
de cette découverte psychologique, celle d'une vérité soumise non seulement aux lois du temps et de l'espace, mais
encore au rythme plus ou moins accéléré de la vie et de
la passion, chez tel ou tel observateur.
Il est évident qu'à la triangulation de Laclos, M. Proust
a ajouté des théorèmes nouveaux et des solutions élégantes;
faut-il dire qu'il a bouleversé la psychologie, comme on
dit qu'Einstein a fait la physique ? Il paraît que certains
critiques ont comparé l'œuvre de Proust à celle du savant
allemand. Etant de ceux qui n'entendent point les théories
de cet illustre mathématicien, je ne puis vérifier la justesse
d'un tel rapprochement. Dirai-je pourtant qu'il a quelque
chose d'assez séduisant pour l'imagination ? Si la notion
de relativité morale peut être déduite d'une œuvre d'imagination et de psychologie, n'est-ce pas de celle de Marcel
Proust où les points de vue sont multipliés à l'infini, ou

�• L~ NOUVELLE' REVUE FRANÇAISB'

l'indépendance :dés• sentiments à l'égard des, 'înœllrs,'est1
ren&lt;l:ue sensible,.. Yù-les terres inéonnues de l'inconscient
sont- réduites-à une ceinture mince \:om'fne u'ne Hgne d':bo-

ri-zen-.

LA CONF}2SlON DE STAVROGUJN}:
,

r,

~

Parmi les différents documents et manuscrits &lt;fe Dostoïevsky
découverts récemment dans l~s archives de l'Académi~ , ires
Sciences de Petrograd se trot1._vai-r le mannscrft d'un chàpfrte
inédit des Possédés, intitufé- Da"Cànfess?rtn, -de Süturoguine, cèhH-là
même que Katkov, le direcren'i de- la revue le Mes5ager Rùste
( où parurent en 18-70 les ·Possédés), ' &lt;avait refusé de puhlier et
qu'on croyait défi:nitivelileot égaré.: Ce,ma:nuscrit est une copie
faite entièrement de li maiq tl.e fa femme ,~e Dostoïevsky. Le
texte russe a été publié il y a quelques semaines dans le premier
fascicuJ.e d~s Dac!"ments pour fet'Vir à l'biftoire de la littérature
(Moscou),, ainsi que dans les journaux le Nouveau Monde (de
Riga) et Iê Gouvernail (-!3erlin ). La,trad\\ction allemande a paru
àans la Gazette àe Fran_cfort,. Nous donnons. ici pour Ia premrère
fois la traduction ' françài'sê- de ces pages extraordiriairès qui
devaient former le neuvième chapitre dè' la seconde partie d'u
roman. Nicolaï Vsiévolodovitch Stavrognine est fe personnage
principal des _P&lt;médés; l''évêqut 'Tîkhoù, son interlcrcmeur-r ·ne
paraît,qué dans cet épisode qui ·fofule mi tout 1J0mplèt.
J

(N,ote1du,. 1'1aducteu,r) ,rr

CHAPITRE ,LX
..J

ŒlEZ

;rurno~

Nicolaï VsièvolodovitcllJ çn~_,tlormit pas .œue nui:t~là,_ iil
"testa jl.'1$!}iau: jour ·aissÎ.S · S:W: _son - div!ln,. -d,irigean.t, pazfuis

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un regard fixe vers un seul point, vers un coin derrière
la commode. Sa lampe bn1la toute la nuit. Vers sept
heures du matin il s'endormit, toujours assis, et lorsque
Alexéï Egorovitch, selon une habitude depuis longtemps
prise, entra chez lui à neuf heures et demie sonnantes avec
le café du matin et l'éveilla, ouvrant les yeux, il parut
désagréablement surpris d'avoir pu dormir si tard. Il but
. rapidement son café, s'habilla et sortit d'un pas pressé.
A la question prudente d'Alexeï Egorovitch : « Quels
seront vos ordres ? » - il ne répondit rien. Il traversa
les rues, les yeux baissés, profondément absorbé ; par
moments seulement, levant le regard, il semblait en proie
à une agitation mal définie, mais pénible. A un carrefour,
non loin encore de la maison, un groupe d'une cinquantaine d'individus traversa sa route. Ils avançaient, calmes,
presque en silence, maintenant un certain ordre dans leurs
rangs.
Près de la boutique où il dut attendre un instant quelqu'un lui dit : « Ce sont les ouvriers de Cbpigouline. »
Il y fit à peine attention. Enfin, Yers dix heures et demie,
il atteignit la grande porte de notre couvent de la Vierge
de Spasso-Evfimi, à la limite de la ville, près de la rivière.
Il s'arrêta alors brusquement comme se souvenant de
quelque chose, tâta rapidement et anxieusement sa poche
de côté et sourit. Etant entré dans la cour, il demanda au
premier novice qu'il rencontra, de l'introduire auprès de
l'évêque Tikhon, en retraite dans ce couvent. Le novice
le conduisit ayec force saluts. Au bout d'un long bâtiment
à deux étages un gros moine à cheveux gris s'empara impérieusement de sa personne et le conduisit à travers un
long corridor, sans cesser de le saluer (comme il était très
gros, il ne pouvait s'incliner bas, mais il secouait la tête
d'un mouvement court et régulier). Bien que Stavroguine
le fît spontanément, il l'invitait sans cesse à le suivre. Il
ne cessait aussi de poser des questions et parlait du père
archimandrite; n'obtenant aucune réponse, il se faisait de

FÉOOOR MIKH AÏLOVITCH DOSTOÏEV KI

Supplêment Il la Nou ,;e/u Revu, Fra,,çair, du ,er Ju in r922.

�LA CONl'BSSIOH DE STAVlOGUIHE

plus en plus respcct11eux. Scavroguine remarqua qu'on le

connaim.it dans le couvent, bien qu'autant qu'il ptît se
rappe~r, il n'y eût plus pénétré depuis son enfance. Quand
lea deux hommes furent parvenus à la porte au bout du
corridor, le moine l'ouvrit d'une main autoritaire, demanda
&amp;milièrement au domestique immédiatement accouru si
l'on pouvait entrer et sans même attendre la réponse,
ouvrit largement la porte et s'inclinant laissa passer • son
cher hôte •· Remercié, il disparut immédiatement, comme
s'il avait pris la fuite .
.•. Nicolaï V~ièvolodovitch entra dans une chambre
étroite, et presque aussitôt dans l'encadrement de la pone
de la chambre voisine apparut un homme grand et maigre,
~é d'une cinquantaine d'années, vêtu d'une soutane
grossière, l'aspect quelque peu maladif, le regard étrange,
timide, un sourire indécis sur les lèvres. C'était ce Tilc.bon,
dont Nicolaï Vsièvolodovitch avait entendu parler pour la
pmniàe fois par Cbatov et sur le compte duquel il avait
ensuite recueilli plusieurs renseignements. Ces renseignements étaient contradictoires, mais aîaient tous un trait
commun : ctux qui aimaient Tikhon et ceux qui ne
l'aimaient pas (il y en avait aussi) taisaient quelque chose
en lui : ceux qui ne l'aimaient pas - par dédain, et ses
partisans, même ardents -.- par une sorte de discrétion ;
on semblait vouloir cacher cenaines choses en lui, une
faiblesse, une manie innocente. Nicolài Vsièvolodovitcb
apprit qu'il habitait au couvent depuis six ans déjà et
qu'on venait souvent l'y visiter (des gens du peuple,
mais aussi des personnes du plus haut rang), qu'il avait
d'ardents admirateurs, même à Petersbourg, mais surtout
des admiratrices. Mais il entendit aussi déclarer par un des
membres les plus lgés et les plus importants de notre club,
pu un homme vraiment religieux : « Ce Tîkbon est
presque fou ; c'est en tout cas un être tout à fait nuJ et
sans doute un ivrogne. • J'interviendrai ici pour dire
que cette dernière accusation était complètement injus-

�6 50

l.A NOUV·BLL:E REVUE FMNÇ;A.I.SB

tifi.ée, et 41i1e Tikhon ne souffrait qJle &lt;C~n rJmmatisme
dans les jambes et, quelquefois, de,convulsons nervt:uses.
Nicolaï Vsièv0lodovitch apprit aussi que~ ,&amp;Oit pàr ~uite .4e
sa fail,les~e-de caractère~ soit par suite d'une distraction
ine"t-cusable et incompatible avec sa .« dignité-)) l'évêque
en retraite n'av;\it pas réussi à ig:rposer au ,c,ouvent m.1
g.rand respect~ On disait même que le pèt:e•~arc;,hi~an~rite,
homme austère et très strict en tou.t ~e q,ui oon@t"Oa.J.t se;s
devoirs de p,i;ieur,. et qui, de plqs, était conn~ pour 53 sde~~e,
·
· sen1:t1.
· 1Jeot d'l·1os••
nourrissait contre T1khon
un certam
...hté
et blâmait (à vrai dire pas directement) .sa vie r_elâc-~é-~ et
ce q;u'il appelait « se} hérésieSi ». Le_s- m_oines aussi t~·a1taient
l'évêque malade, sinon avec c:,lédain, t:emt au m.0.1,QS. avec
un~-cenaiu~, f:am~liarité,
,1
,
1.es deux cham 1.5:c~ ,qui fonnaiént l'appartep1e)!.t,,, de
Ti.khon étaient meublé~ qmilque- peu étit.&gt;1.~ment. Près
de meublJ:ls ·anciens et J6urds: .,ga1mis- de ·cuir ér~ülé-~ on
remarquait quelques jolis objets : uoâauteuil très ~_ç~ ~
i;onfortable, une grande ~ble à écrire d'un travaüA4Clllrable, 1.me élégant-e armoire à livres, ?es t:hleft,_ de$ é~
gères. C'étaiçnt autant de cadeaux. A coté d un _-m:,be tapis
de BoukbaJa des nattes étaient jetées, IL y av;ut quelques
gravures « mondaines », mythologiques et, occupant tout
un coin des icones recouvertes d'.o r et d'a,rgent,, t\t dont
une tr~ ancienne, contenait des reliques. La, b.ibliothèque
disai,t-on, était composée avec trop d'édec~sm{j; _à.
côté de.s ~vres des pères de l '.église.tt des sainU., Ü Y~va.i.t
lài de~rpiàg:s de, théâue « et peut-être pis encore »• 1 • •
Api;ès lC$; premiers compliments, éc~g~_. ?n ne SMt
pGUrquoi, . a,yec une gêne évidente et -tr.ès_ rndistiQctem~nt,
TikbQn -dit entrer son hôte dans leJ cab1twt de travail et
le fit asseoir $ll" le divan,_ en; face de la t;i.ble · lui-~ê~s'installà tout près, tla.t)s· uo fauteuil en ~siec. N1co~,
Vsièvolodovitcll dominé par une émotion intérî.,_ijure,*~~t
u11 wair irès .distrait. Il semblait Ji.'fQir pris une d~slOJ&gt;.
extraordinaite,. inéluctable, mais, en . rnê~1 temps' .irttaJ

~;i,

LA CONFESSION ..DE STAVROGUINE

lisable. Son regard parcourut· la chambre ; mais il ne
remarquait pas ce qt.Lil voyait ; il songeait, mais ne savait
œrtainement pas à quoi. Le .silence le réveilla et il lui
sembla soudain que Tikhon, confus, avait abaissé les
yeux et qu'il avait même eu un sourire étrange,,,inutile.
Cela souleva. immédiateman-r en lui un dégoût. Il voulut
se lever et partir, d'autant plus ~que Tikh.on, à son. aris,.
était complètement ivre. ,.Mais celui-ci .le'\èa tout .à coup
le.s yeux et le regarda d'un i:egard. s-i ferme,. si chargé d.e
pensée et, en même temps, si inattendu, si énigmatique,.
qu'il tressaillit presque. Il lui s.embla que Tikhon savait
déjà pourquoi il était venu, qu'il étaiL déjà pr.évt:JllL
(bien que personne an monde ne- .pût connaître la raison
de sa visite) et que, s'il ne parlait pas le premier, c'était
parce qu'il le ménageait;ret craignait de l'·humilier..
Vous me connaissez ? .questionna-t-il brusquement, d'une voix saccadée. Me suis-je présenté au non
en entrant: ? Je suis si distrait .••
- Vous ne vous êtes pas présenté, mais j'ai eu le plaisir ·
de vous voir une fois, il y. a quatre. am, de cela, dans œ
même couvent, par hasard.
Tikhon parlait très lentement, d'une voix égale, douce~
prononçant chaque mot clairement, distinctement.
~ Vous, dites que je:.suis venu ici il y a quatre ans?
répondit Nicolaï Vsièvolodovitch presque grossièrement:'
Je n'y suis venu que lorsque j'étais encore enfant; vous
n'y étiez donc pas...
·
- Peut~être avez-vous oublié a observa prudemment
et sans insister Tikbon.
- Non, je n'ai pas onblié; ce serait ~ridicule de ne
pas se .souvenir, insista il-Vec. une sorte d' exagéra.tion.
Stavroguine. Vous avez entendu. parler de moi probablement, vous vous êtes fait une certaine idée; et.maintenant
vous vous imaginez m'ayoir vu. ,
Tikhon se tut. Nicolaï Vsièvolooovitca. remarqua alors
que son visage était parcouru parfois par une sorte de

�LA CONFESS[Olo: DE STAVROGUINE

652

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

frisson nerveux, indice d'une ancienne faiblesse nerveuse.
- Je vois seulement que vous n'êtes pas bien portant
aujourd'hui, dit-il, et il vaudrait mieux, peut-être, que
je m'en aille.
Il se leva même.
- Oui, hier et aujourd'hui, j'ai ressenti de violentes
douleurs dans les jambes et j'ai peu dormi cette nuit.
Tikhon s'arrêta. Son hôte retomba brusquement dans
sa vague songerie. Le silence dura longtemps, deux minutes
à peu près.
- Vous m'observez, demanda tout à coup anxieusement
et avec méfiance Stavroguine.
- Je vous regardais et me rappelais les traits du visage
de votre mère. Malgré la dissemblance extérieure il y a une
grande ressemblance intérieure, spiritue~l:.
- Aucune ressemblance, surtout spmmelle. Ab-sa--lument aucune, fit, s'alarmant de nouveau et sans aucune
nécessité Nicolaï Vsièvolodovitch, qui insista exagérément, sa~ savoir lui-même pourquoi. - Vous dites cela
comme ça ... par compassion pour ma situation. Bêtises! ...
)ança-t-il soudain. Mais quoi ? est-ce que ma mère vient
chez vous?
- Oui.
- Je ne le savais pas. Jamais elle ne m'en a rien dit.
Souvent?
- Presque chaque mois ; et plus souvent parfois.
- Jamais, jamais je n'en ai rien su. Rien. Mais vous ?
vous avez certainement appris d'elle que j'étais fou ? ajoutat-il brusquement.
.
.
- Non, elle ne m'a pas parlé de vous tout a fait
comme d'un fou. D'ailleurs, j'ai déjà entendu parler de
cette chose ; mais cela venait d'autres personnes.
- Vous avez certes une bonne mémoire si vous pouvez
vous souvenir de pareilles vétilles. Et du soufflet, n'avezvous rien entendu dire ?
- Si, quelques mots 1

- C'est-à-dire tout. Vous avez beaucoup de temps de
reste. Et du duel, vous en a-t-on parlé ?
- Du duel aussi.
- Vous apprenez beaucoup de choses ici. Voilà où
les journaux sont inutiles. Chatov vous a-t-il parlé de moi ?
Eh bien?
- Non. Je connais Monsieur Chatov, mais il y a longtemps que je ne l'ai pas vu.
- Hum ! Qu'est-ce que cette carte que vous avez là ?
Oh I La carte de la dernière guerre. Quel besoin en avezvous, vous?
- Je l'étudiais avec le texte en regard. C'est une description extrêmement intéressante.
- Montrez ! Oui, ce n'est pas mal décrit. Etrange lecture, pourtant, pour vous.
Il attira le livre vers lui et y jeta un regard. C'était une
histoire très détaillée et très bien faite de la dernière guerre,
écrite d'ailleurs d'un point de vue non spécialement militaire, mais général et littéraire. Il tourna et retourna le
livre, puis le rejeta avec impatience.
- Je ne sais décidément pas pourquoi je suis venu ici,
prononça+il d'un air dégoûté en regardant Tikhon droit
dans les yeux, comme s'il attendait de lui une réponse.
- Vous aussi vous ne paraissez pas bien portant.
- En effet, je ne suis pas bien.
Et soudain il se mit à raconter, en courtes phrases entrecoupées difficiles même parfois à comprendre, qu'il avait
d'étranges hallucinations, surtout la nuit, qu'il voyait parfois, ou sentait auprès de lui une sorte d'être méchant,
railleur et cc raisonnable » qui lui apparaissait sous diftérents aspects, avec différents caractères, « mais c'est toujours
le même, et j'enrage toujours ... »
Bizarres et confuses étaient ces révélations qui paraissaient vraiment être le fait d'un dément. Mais Nicolaï
Vsièvolodovitch parlait en même temps avec une franchise si extraoi:dinaire, avec une sincérité si étrangère à

�1.A , NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-son car:actère qn~l semblait que l'homme ,auden avait
complètement et 51.ÙlÎ1Iement disparu en lui. li ) n~eut aucune honte à exprimer la crainte que lui causait ' ISOn fantôme. Mais ·trout cela aè dura ,qu:nn iastant et ces dispositions disparurent .:russi inopinément • •qu'elles étaient
apparues.
- Des bêtises tout éela, dit-11 avec dépit, en se ressai.sissant. J'irai voir le docteur.
-Allez-y, il le faut:absolttment, .confirma Tikhon.
- Vous ,parlez bfen...affinmativement. V6us en, avez .vu
des gens comme moi, avec ce genre d'hallucin~tion?
'- Oni, j'en ai.-v:{!, ·macis·.très rarement. Je m 1en ~appelle
un; c'était un officier, après Ja.;:iperte de sa fen1me qui
-a.viit été pomdui une emnpagrre .incomparahle!1J'a1 entendu parler d'un autre. Tous les demrnnt été,guéris;ià l'éttan.ger ... Y a-t-il longtemps .que vous êtes sujet' à, ces choses
là !.-:: --'- Unan à peu près. Mais.tout ceia.;ee sont .des bêtises.
Jirai chez le docteur. ~tisesrJ~B-êtises ridicules ~Cest tnoimême sous différents aspects., et voilà tour. 'Puisque
:viens d'ajouter cette _pht-ase; · vctusi&lt;al.lee ice.ri:ainemenJ penser quejecdntinue ::udouter~et&lt;41re je; ne suis pas 6Ûr que
.c'est vraiment moi., et non pas lërdiabte. ,1r•
Tikhrn.1 le regatd~ intet-rogativ.e.ment.;• '
- Et ... vous le voyez rteliement, demanda-t-il, . je veux
,dire .sans conserver d~ tout !°idée que ·c'est une ':hatlucinaoon mensongère ennaladive ;•1voyez-vtms téèllement mre
•image quelconque·?
, ri ,,
. - C'est étrange ..que "V'ons insisriez là-dissus, quand je
v.ous ai déjà ex.pliqrré ce ;que je voyais) TéponditSta.-vroguine
dont fürritation croissait .de ri.ouvea..u à chaque ,met ... Je
vois certainement, comme jer .11.ous vois .. ;, Parfois ie vois
· et ne suis pas sûr de, voir, bien que je sache qu~ .&lt;='est la
vérité.: c'est moi ou 'bien· !.iuL.. Bêtises ·1 Mais est•ce qu'il
vous estjmp.ossibte de supposecr qut c'est véritablement le
diable? ajout2.-t-:il. è.n- rriant'et en rumbant trop brusquement

-~e

U. OONPESSlON DE STAVROGUINE

dans un ton' railleur. Ce serail plus conforme à votre profession?
- La ·ma1adie J!St plus pPohable, pourtant... .i ,ü · - Quoi, -pourmnt.?
; ··
~ Les démons.existèht; sans auctin doute; mais ôh ,peut
les concevoi-r tle..difféï'ent.es façons.
.11
·r, " '
- Vous avez ~e nouveau.baissé.les yeux; ·reprit Stavrogoine sur un ton irrité et moqlié11r, parce que· 'lJOus êtes
honteux pour .moi qûe je -puisse croire au füable- ·et que,
j.ou~nt fincrédulit&amp;, jer"vous pose .astucieoserm::ni: la question : Existe-t-il réellerr1enl-0u. non ?
,(. • · · ;, •
Tikhon eut un sourire vague.
r,
- Et v-ous savèz•? Gela ne ·vous. va p;1s du .t'ont- de
baisser les yeux : ce n'est pas naturel, c'est ridicule, c'est
maniéré. Eh bien, pour compenser cette grossièreté Je vous
dirai sérieusement, avedmpudence: oui, je crois au diable.
Je crois caboniquement ; - j-e crois au diable personnel,
et non allég.orique; et, je n'ai.nul be~,ùî·o de· questionner;
voilà, c'est tout. Vous d.é1tez .être .éxt.raor.dirutiremeni h!mreux. - Il éclata d'un rire forcé, nerveux. Tikhon 1e fix-a
currt!usement d'un regard très.-doox, quelque peu timide,
sembla-it-il.
.i
- Croyez·vous en Dieu? jeta brusquement-5tavroguine.
- Je crois en Dieu. - Mais• il est dit: si tu .crois e•i:-si tu ordonnes à la montagne de marcher, elle marcher.à ... Bêtises d'ailleurs ! Je
suis ctrrieux de lesavoit pourtant": pouvez-vous faire marcher la montagne ?
- Oui, si Dieu !~ordonne, .prononça a~ec douceur et
iéserve Tikhon, abaissant de nouveau les yeux.
- Alors c'est comme si Dieu lui-même la mettait en
mar. che.. Non, vous-même, vous-~me, en r&amp;ompense
de votre foi en Dieu ?
- Peut-être que oui.
- Peut-être ! - Ce n'est pas , mal. .Pourquoi doutez-

vous?

�656

LA NOUVELLE REVUE FRA,NÇAISE

- Je ne crois pas tout à fait.
- Comment? Vous? Pas tout à fait?
- Oui ... il se peut que ma foi ne soit pas parfaite.
- Mais au moins vous croyez qu'avec l'aide de Dieu
vous la ferez marcher ; ce n'est pas mal. C'est tout de même
mieux que le c&lt; très peu» d'un archevêque, il est vrai, sous
le couteau. Vous êtes certainement. chrétien?
- Que je n'aie pas honte de ta croix, Seigneur, fit Tikhon presque ·dans un murmure, avec une sorte de passion
et en inclinant la tête encore plu_s bas. Les commissures-de
ses lèvres se mirent tout à coup à trembler ne-rveusement.
- Mais peut-on croire au. diable tout en ne croyant pas
tout à fait en Dieu ?
- Oh, c'est très pqssible et cela arrive souvent. Tikhon releva les yeux et sourit aussi.
- Et je suis èertain que vous· considérez une telle foi
comme plus respectable que l'incrédulité complète. Oh
pope t - éclata de rire Stavroguine. Tikbon lui sourit de
nouveau.
Au contraire, l'athéisme complet est plus respectaBle que l'indifférence des gens du monde, répliqua-t-il
gaiement et simple.ment.
- Ho ! p.o ! comme vous y allez 1
- L'athée parfait occupe eav;tnt-dernier échelon- qui
précède la foi parfaite (fera-t-il ou noµ ce dernier pas ?
c'est autre chose); l'indifférent au· contraire ne possède
aucune foi, mais seulement une mauvaise crai.nte.
.,
.-:: - Pourtant, ,vous-même.. . vous avez lu !'Apocalypse?
-Oui.
- Vous·souvenez-vous: « Ecris à l'Ange de l'Eglise ·de
Laodicée»?
- Je me souviens. Charmantes par:oles !
- « Charmantes» '? Quelle étrange expression ,p our un
évêque. En général, vous êtes un original. Où est le lhrre ?

LA CONFESSION DE STAVROGUl!.'lE

s'agita tout à coup Stavroguine, en cherchant des yeux le
livre sur la table. Je voudrais vous lire ; y-a-t-il une traduction russe ?
- Je connais ce passage, je m'en souviens très bien, prononça Tikhon.
- Vous' le connaissez par cœur ? Lisez !
Il baissa vivement les yeux, mit ses mains à plat sur ses
genoux et, tendu, s'apprêta à écouter. Tikhon prononça,
se rappelant chaque mot :
- Et écris à l'Ange de l'Eglise de Laodicée:
c&lt; Voici ce que did'Amen, le témoin fidèle et véritable,
•le commencement de la création de Dieu :
« Je connais tes œuvres. Je sais que tu n'es ni froid ni
bouillant. Puisses-tu être froid ou bouillant ! Ainsi, parce
que tu es tiède, et que tu n'es ni froid, ni bouillant, je te
vomirai de ma bouche. Parce que tu dis : Je suis riche, je
me suis enrichi, et je n'ai besoin de rien, et parce que tu ne
sais pas que tu es malheureux, misérable, pauvre, aveugle
et nu, je te conseille d'acheter de moi de l'or éprouvé par
le feu, afin que tu deviennes riche, et des vêtements blancs,
afin que tu sois vêtu et que la hànte de ta nudité ne paraisse
pas, et un collyre pour oindre tes yeux, afin que tu voies. i&gt; ,
-- Assez, interrompit Stavroguine; c'est pour le juste
milieu, n'est-ce pas, pour les indifférents ? Vous savez, je
vous aime beaucoup.
- Et moi aussi, répondit à mi-voix Tikhon.
Stavroguine se tut et brusquement retomba dans sa rêverie de tantôt. Cela se r6pét?-it pour la troisième fois, comme
une sorte d'accès. C'est dans une de ces crises qu'il jeta à
Tikhon : c&lt; Je vous aime. » En tout cas, ce fut d'une
façon inattendue pour lui-même. Plus d'une minute se

passa.
- Ne te fâche pas - murmura Tikhon, effieur_al'}~ à;
peine du doigt le coude de Stavroguine, et comme §i luimême· avait-peur. Stav_roguine eut un sursaut et fro_nça les
sourcils, irrité. .,

�658

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Pourquoi avez-vous pensé que jlétais fâché? demandat-il rapidement. Tikhon voulut parler, mais il l'interrompit, saisi d'une émotion incompréhensible:
- Pourquoi assez-vous supposé que j'étais nécessairement fâché? Oui, j'étais irrité, vous avez raison, et justement parce que je_vous àvais dit-que je vons aimais. Vous
avez raison. Mais vous êtes un cynique grossie,r. Vous avez
une opinion trop basse de la nature humaine. Cette colère
aurait pu ne pas s'éveiller si vous aviez eu à faire à un
. autre que moï ... D1atlleurs, il ne s'agilê pas d'un homme
quelconque, mais de moi.· Et, totlt de même, v~us êtes un
original, un innocent.
·
.... Il s"excitait de plus:en plus et, chose étrange, n'avait
plus de retenue dans ses- paroles.
- Ecoutei bien, je n'aime pas les psychologues-, et les
espions, ceux d'entre eux, an moins, qui veulent s'introduire dans mon âme. Je n'appelle pèrsonne, je n'ai besoin
de personne, je m'arrangerai tout seul. Croyez-vous que
j'aie peur de vous ? - Il éleva la voix et releva la tête en un
mouvement cl.e défi. Vous êtes tout à fait certain, que&gt; je
suis venu vous confesser 1:1n terrible secret et vous t'attendez
avec toute la, curiosité monastique dont vous êtes capable.
Eh bien, sachez que je-ne vous découvrirai rien, aucun
secret, parce que je n'ai- nul besoin de Yous. ,
Tikhon le regarda fermement.
-- Vous avez été frappé de voi:r que l'Agneau préfère les
froids aux tièdes, dit-ii, vous ne voulez pas être tiède. Je
sens qu'une décision extraordinaire, horrible peut-être, slempare de-vous. Si c'est ainsi, je vous en supplie-, He vous tour.mentez plus- et dites t'out 'ce dont -vous étiez plein en
venant.
- Et vous êtes sûr que je suis venu avec quelque
chose?
- je Ya-I deviné ... èflaprès vôtre- visage, murmura&gt; T ikhon, , Jes ·yeux- baissés. Nicolaï Vsrèvolod&lt;:&gt;vitch était! un
peu pâle, ses mains tremblaient légèrement. Pen&lt;kint"quel-ri,.

LA CONFESS[ON DE STAVROGUINE

ques secondes il fixa silencieusement Tikhon,. paraissant se
décider défioiri-vement Enfin, i,I retira ,de la. poche de côté
desaredingote des fenillets-impriméstt.les posa.surla table.
- Ces feui11ets sondestinés à être répandus, prononça:t-il d'une voix quelque peu entrecoupée. S'ils sont lus ne
fût-çe que par une personne, sachez bien que je ne les
cacherai pas et que tous les liront. C'est décidé. Je n'ai nul
besoin de vous, car j'ai tout décidé. Mais lisez•.. Pendant
que vous lirez, ne dites.rien et quand vous aurez fini, ditesr
tom ..
- Faut-il lire ? demanda Tikhon, indé:cis.
- Lisez! Je suis parfaitement calme depuis longtemps
déjà.
- Non, sans lunettes je ne distingue rien; les caractères
sont très petits; cela a, été imprimé à.}' étranger.
- Voilà les lunettes.,- Stra..vroguin.e les prit sur la table
et les lui tendit; purs rI se rejeta en arrière et s'appuya ao
dossier du divan,
.
Tikhon se p.longea:. dans la lecture. :
C'était cinq feuilles. brocnées.de,pa.pier à lettre, de petit
format qui avaient été en effet imprimées sectt:ètemenr à
l'étranger, probablement dans une :imprimerie russe clatr.:destine ; â première vue les feuiUets i:essemhlaient Hemcoup à des proclamations. En tête: on lisaitr: ·d, la part.de.

Stavroguine..

,

Je cite ce document texrnellement darrs ma. chronique (il ,
faut croire que· beaucoup le connaissent déj~ maintenant}.
Jet me suis permis seulement-de comger les fautes d'.orthographe, assez nombreuses, et qui m'ont même étonné · car1'
,
auteur était malgré tout un .homme cultivé et qui1avait
beaucoup de lettnre (comparativement) .. Qua.nt au style,.. jel'ai laissé tel quel, malgré ses incolï.recrions er même ses
incohérences-. Il est évident en tout·.ca.s que fauteur n'est"
pas. nn écrivarn_ Je·me permets em:ore, une antre observa ·
tion, en devançant ainsi les faits-.
A mon aivis ce document est l!œuvre de la maladie,-

�660

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'œuvre du diable qui s'était emparé de ·cet homme. Ainsi)
un malade souffrant de .douleurs violentes s'agite désespéré-.,
ment dans son lit cherchant une position qui, ne fût-ce qué
pour un instant, calmera sa douleur ou, si elle ne l'allège
pas, la remplacera'. tout au moins par une autre, pour une
minute au moins. Et alors, il n'est évidemment plus question de savoir si ce changement est beau ou .raisçmnable.
Ce qui domine dans ce document,, â'est le besoin formidablé, sincère de châtiment, la recherche de la croix à porter, du châtiment public. Mais cette soif de crucifiement vit
dans un être qui nla_ pas foi dans la croix. « Rt èela seul déjà
représente une idée », comme s~exprima un jour Stepan
Trofimovitch, à propos d'autre chose d'ailleurs.
D'autre part, il y a dans ce document q.uelque chose de
violent, de provocant, un certain défi, bien qu'il ait. été
édit dans un tout autre dessein. L'auteurdédare qu'il &lt;( n'a
pas pu )&gt; ne pas écrire, qu'il a été &lt;&lt; obligé 1&gt;, et cela est fort
probable. Il aurait été heureux de pouvoir écarter de lui
ce calice; mais cela lui a été vraiment impossible, et alors
il a encore profité de cette occasion pour donner cours à sa
violence. Oui, le malade s'agite dans son lit et essaye de
remplacer une souffrance par une autre. Et voilà qu'il lui
semble que la lutte contre la société lui apportera un cer:tain soulagement et il, lui lance son défi. Le fait même
d'avoir écrit ce document est un défi inattendu, un manque
de respect envers la société. -Il s'agit pour l'auteur: de- provoquer au-plus vite un adversaire quelconque ...
Et qui sait, il se·_ pe4t fort que tout cela, c'est-à-dire
ces feuillets destinés à être publiés appartiennent au même.
ordre, de. faits que la morsure à l'oreille du gouverneur! .
Pourquoi cette idée me · vient-elle aujourd'hui, quand
tout s'est déjà -expliqué; je ne peux le comprendre. Je
n'apporte , caucune · preuv.ci d'ailleurs et ne peux affirmer..
que le document est faux, c'est-à-dire imaginé de toutes
p1eces. Le plus vraisemblable est que la vérité est eot-rJ! '
ces: extrêmes. :~ D'ailleurs, je devançe trop les faits; il

LA CONFESSION DE STAVROGU1NE

661

vaut mieux s'en référer au document même. Voilà donc
ce que lut Tikhon.
&lt;c De la part de Stavroguine.
c&lt; Moi, Nicolaï Stavroguine, gfficier en retraite, j'ai
passé les années 186 ... à Pétersbourg en m'adonnant à la.
débauche dans laquelle je ne trouvais pas de satisfaction.
J'eus alors pendant un certain temps trois logements : dans
l'un je demeurais moi-même avec une domestique qui
faisait mon ménage ; Marie Lébiadkina, aujourd'hui ma
femme devant la loi, y habitait égalemern. J'avais loué
les deux autres logements pour y recevoir mes maîtresses :
dans l'un je re.:evais une dame qui m'aimait et dans l'autre
sa femme de chambre, et mon désir ,en -ce temps-là était
de les faire se rencontrer toutes les deux, la dame et la fille,
chez moi. Connaissant bien leur caractère, j'augurais
beaucoup d'agrément de cette stupide plaisanterie. Afin de
préparer à l'aise cette rencontre, je devais me rendre souvent dans un de ces deux appartements, situé dans une
vaste maison, rue Gorokhovaia ; c'est là que venait la
femme de chambre. J'y occupais chez des petits bourge.ois
russes, une chambre au qu,atrième étage. Mes propriétaires
en occupaient une autre, plus petite, si petite même
que la porte qui nous séparait devait toujours rester
ouverte; c'était justement ce que je voulais. Le mari, en
long caftan, barbu, travaillait dans un bureau ; il partait
le matin et ne revenait que la nuit. La femme, âgée d'une
quarantaine d'années, cousait et réparait les vieux habits ;
elle sortait souvent vendre et porter son travail chez ses
clients. Je restais donc seul avec leur fille, une enfant.
On l'appelait Matriocha. La mère l'aimait, mais la battait
souvent et criait sur elle comme c'est l'habitude chez ces
femmes. Cette petite me servait et faisait ma chambre derrière le paravent. Je déclare avoir oublié le numéro de la
maison. Maintenant, ren&amp;eignements pris, je crois que la
vieille maison a été démolie et que sur l'empla~ment de
deux ou trois maisons anciennes, on en a bâti une nou-

�66:2

LA. NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

YeUe, tr.ès grande. J'ai également oublié le nom de mes
propriétaires ; il se peut d'ailleurs que je ne J'aie jamais su.
Je me souviens qu'on appelait la femme Stepanida ; quant à
son nom 'à lui - -je ne me le rappelle pas. Où sontils m.3:inteoant.? - Je ne le sais pas du tout. Je .suppose
que s1 l',on se met à chercher et à r:ecuei:llir des renseignements à la police de Péter.sbourg, on finira. par retrouver
leur trace. Le ilogement donnait sur la cour; il en occu;pait un coin. Cela se passait en juin. La maison était
peinte ea blw pâle.
Un jour mon anifdispamt de ma tahle; je n'en avais
&lt;l'ailleurs pas besoin ; il ne me servait à rien. J'en parlai
à ma propriétaire, ne supposant nullement• qu'elle fouetterait sa fille; mais elle :venait de crier sur elle à cause
d'un torchon disparu et .dont elle.soupçonnait que l'enfant
,s'était .set-vie pour f.abriquer une poupé_e ; elle l'avait même
tirée par les cheveux. Quand 1:e même torchon se retrouva
plus tard sous la nappe, la fillette ne voulut pas prononcer u.n mot de repr-0che et resta silencieuse. fobservai
qu'elle le faisait exprès etm'en souvins, parœ ·,que ·c'est
alors -&lt;rue pour la. première .fois je remarquai Je . visage
,de l'enfant qui jusqu'ici ne faisait que p.asser devant mes
-yeux. Elle éta:i.t d'un blond pâle, avec des taches de rousseur ; un visage ordinaire; mais il y avàit en lui quelque
chose de très. enfantin et de Cllme, d'extrêmement doux:
.et ,calme. La mère était 1111écontente qu'elle ne luî fît pis
de reproches et se tftt; c'est alors justem~n:t qu?arri'va l'h~
toire du canif. La fetnme fut prise de rage d'at&gt;oir pour
la première f.ois bat-tu injustement ·sà fille ; .elle saisit .des
verges dans un bala.f et s0us mes yoo'i: même elle foueh.a
l'enfant 3usq_:u'au sang -bien qu'elle· entrât ,déj-à. dans sa
douzième- année. Matriocha ine cria. tpas sous les ver,ges
pa-r-.::e que j'étais là debout - ..certainement ; mais â
,,chaq_µe -coup elle $anglotait -étrangement ; elle continùa à
=--sanglotet en~or.e pendant toute uneheme. L'exécution t:e~
-minée, 1e &lt;lécGUvris tout àlCl'.'lUp Je-carrifrsur tnan lit, .dans

LA CONFESSION DE STAVROGUThlE

663

la couverture ; je le mis cm silence dans la poche de mon
gilet et quand je fus dehors, je le jetai loin dans la rue,
afin que personne ne sût rien. Je sentis immédiatement que
je venais de commettre une lâcheté, mais je sentis aussi un
certain plaisir car une idée me trave.rsa brusqùement ~t
me brûla, tel un fer rouge, et je m'y attardai. Je remar-guerai à ce propos que maintes fois déjà j'avais été possédé presque jusqu'à la démence par divers mauvais sentiments dans lesquels je m'obstinais passio~nément, màis
jamais jusqu'à m'oublier complètement. iorsque m.ême
leur ardeur me consumait, je pouvais toujour.s les
vaincre, les arrêter, mêf!1e lorsqu~ils atteignaient leur plus
puissant àéveloppemen_t; mais il est nv.:e que je voulusse
le ·faire. Je déclru-e en même temps que je ne cherche pas
à plaider l'irres12onsabilité, en me référant à l'influence du
milieu, ou bien aux maladies.
J'attendis ensuite deux jour~. Après avoir pleuré, l'enfant devint encore plus silencieuse; contre rpoi, j'en suis
sûr, elle n'avait aucun mauvais, sentiment, bien qu'elle
ressentît certainement quelque honte d'avoir été · ain~i
punie sous mes yeux. Mais, en enfant soumise, elle s'accusait-elle-même pour cette hoµte. Je l'indique par.ce que
c'est très important pour -mon ·récit ... Je _Rassai ensuite
trois jours dans mon appartement principal. C'était une
maison meublée, où l'on respirait, une mauvaise odeur de
mangeaille, toujours plein(; de monde : petits fonctionnaires, èrnployé~ sans plue, médecins sans-dientèle, toute
sorte de Po_lpnais, toujours empr~sés autour de moi. Je
me souviens de tout. fa vivais _dans cette Sodome trè$
solitaire, solitaire intérieurem.~nt, mais to~jo-urs · entouré
d'une bande bruyante de « ,camar~des »,. exti:êmement
dévoués et i:JUi m'adoraie,nt Rr~sque à cau~e de mon porte~onnaie. Je pense que hous faisions beaucoup de vile~1-es; les àutres locataire~ av~ient même p~ur de nous,
C'C$t-.à-dire. qu'ils -c,ontjJ.)uài(;nt à ~tre aimablts malgré nos
polissonneries et n~s .bêtises, _parfois même impardonna-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I"

bles. Je le répète. Je car.~ssais même avec un certain
p1aisir l'idée d'être déporté en Sibérie ; je m'ennuyais
tellement que j'aurais pu même me pendre ; si je ne me
pendis pas, c'est que j'espérais encore quelque chose,
comme durant toute ma vie. Je me souviens que je m'occupais alors de théologie, et très sérièusement même. Cela
arriva à me distraire quelque peu; mais je m'ennuyais
encore plus après. Quant à mes sentiments sociaux, ils se
réduisaient au désir de placer de la poudre aux quatre coins
et de faire tout sauter à la fois, si seulement cela avait valu
la peine. D'ailleurs, sans nulle méchanceté, mais simplement
parce que je m'ennuyais beaucoup; pas autre chose. Je ne
suis nullement socialiste. Je suppose que c'était une maladie.
A ma question plaisante : « N'existe-t-il pas de gouttes
quelconque pour activer l'énergie civique ? » le docteur
Dobrolioubov, échoué, sans place, avec une nombreuse
famille dans notre maison meublée, me répondit une fois :
« Pour exciter l'énergie civique, il n'y en a pas, je crois,
mais en ce qui concerne l'énergie criminelle, il s'en trouverait, 2eut-être. » Et ce calembour lui fit grand plaisir,
bien qu'il fût terriblement pauvre et chargé d'une femme
enceinte et de deux petites filles affamées. D'ailleurs, si
les gens n'étaient pas satisfaits d'eux-mêmes, personne ne
voudrait vivre.
Trois jours se passèrent encore et je retournai à la
Gorokhovaïa. La mère se préparait à sortir avec un gros
paquet; le père n'était pas à la maison, naturellement ;
je restai donc seul a\·ec Matriocha. Les fenêtres (dans la
cour) étaient ouvertes. Il y avait beaucoup d'artisans,
dans la maison et tous les étages retentissaient du bruit
des marteaux et des chansons. Une heure s'était déjà
écoulée. Matriocha était assise le dos tourné dans son coin,
sur un petit banc; elle cousait quelque chose. Tout à
coup elle se mit à chanter, doucement, très doucement;
cela lui arrivait parfois. Je tirai ma montre; il était deux
heures. Mon cœur se mit à battre fortement. Je me levai

LA CONFESSION DE STA\. ROGUINE

et commençai à m'approcher d'elle. Les fenêtres étaient
garnies de géraniums ; le soleil était ardent. Je m'assis
silencieusement à côté d'elle, sur le plancher. Elle tressaillit, eut épouvantablement peur au premier instant et
se dressa brusquement. Je pris sa main et l'embrassai, la
fis se rasseoir sur son banc et la regardai fixement dans les
yeux. Que je lui eusse embrassé la main - cela la fit rire
comme une enfant ; mais un instant seulement, car elle se
dressa de nouveau, saisie d'une telle épouvante qu'une
convulsion passa son visage. Elle me regarda avec des
yeux atrocement fixes, tandis que ses lèvres se mettaient
à trembler comme si elle allait pleurer. Mais elle ne cria
pourtant pas. Je lui embrassai encore une fois la main et
la pris sur mes genoux. Elle eut alors un mouvement subit
de recul et sourit honteusement, mais d'un sourire oblique.
Tout son visage rougit de honte. Je ne cessai de rire et de
lui murmurer quelque chose. Enfin, il se produisit une
chose si étrange que famais je ne l'oublierai et qu'elle me
frappa d'étonnement. La petite fille entoura mon cou de
ses deux bras et se mit elle-même à m'embrasser ardemment. Son visage exprimait le ravissement. Je me levais
presque furieux; cela m'était désagréable de la part de ce
petit être, et puis, j'eus aussi subitement pitié ... »
Le feuillet finissait là et la phrase s'interrompait. Il se
passa alors un fait qu'il est nécessaire de relater.

(A su-ivre)
Traduction

BORIS DE SCHLOEZER

DOSTOÏEVSKI

�-STANCES A LA RIVJERE SORGUE

·Ainsi
J

t

STANCES A LA RIVIERE SORGUE

/tf · fépanchais,

et l'unanime espace
Où ton nom s'accomplii1
Laissàit, d'un prompt regard, ttumter ti la sùrface
La hauteur de ton lit.

Si bien qu'on ne savait, ou de ta transpa,rence
Ou de ton élément,
Qui des dèux imprimait à leur commune essence
Le premier nwuvement..

Swgue, belle riviére allongée et glissante,
Qiii romps il, tes contours
Les chemins et l'omGrage où ton onde pressante
·,
Commence son décours;

Et t'est alors, penché sur la molle prairt"e
Aux flexibles réseaux, ~Dont la cime innombrable a ton courant nourrie
S'incline sou.s les ,eaux,

Irai-:je -une.autre fois m'a;seoir sur cette ri11e,
Et ton mfroir secret,
Poùr,rai-je ntrouver la c0ul6Ur fugitive
_ Qûe le vent lui prttait l

Qu'elle afflewra 1Jers moi c611ime une ombre ait pas:sàge,
Celle-là qui depuis,
Tient tout 1/'torrttreJ avec son onâuleuse imag,e,; ;
Plein d'amoureux enmds.

Cest là ' non
loin /iu /:;,uouffre où tu reprends naissance,
.
Qüe, pat un jour d'été,
Pou.r mieux voir à travers ta liquide abondance,
Je me suis arrtté.

Elle avait la longueur si'nueuse et timide
Des Sources aux beaux ibras
Que Jeàn G'rfujon cotûait dans leur marbre'fluide', •
Et leur- chasteérnbarras,

Là, sans jamais tarir, tu t'amasses, formée
De cent ruisseaux épars
Qui viennent par surcroit ta nappe accoutumée
Grossir de toutes parts.

Ces négligentes mains, tes membres que decore ·
La grâce, de ses traits,
Et qui vont e1nprnntant a. leil·r contrainte encore ·ï.
De plus ra'tes attraits, '

Puis, à toi seule enfin convertie et rendu-e,
Tu montres jus.qu'aii fond
Leur confuse affiuence égale et répandue
Sur ton bassin profond.

Et ces jambes àussi •de chasseresse antique,
Ces pudiques genottx '
Qu'on devine plutôt au-pli de la run'ique,
Sous leur voile jaioui. _

6"7

�668

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISE

STANCES A LA RIVIÈRE SORGUE

Tantôt, à mtme fonde et sa fuite indplente,
N'ayant, sqns aûtres soins,
Que sa blancheur native aux nymphes ressemblante
Et moi pour seuls témoins,

Et je doute, aujourd'hui q'f,l.e son lointain visage
En moi pleure et sou,rit,
Quelle forme entrevue, ou quel autre mirage
Me ravissait l'esprit,

Je la voyais se fondre et tantôt transparaître
Au soleil de nouveau,
Puis, {évano.uissant, l'instant d'aprçs -renqître
De son glauque berceau,

Sinon toi-même, Sorgue, au regard devenue
Ton fantôme charmant
Et l'intime reflet de ta naïade nue
Qui scintille un motpent,

Ou bien droite, et son oorps supportant tout entière,
Sur point{ (lancé,
Sa beauté tout ense111b/,e et noble et f amiliére
A son orteil dressé.

Avant que d'aller faire une fin ·magnanime
Au fleuve immense et fier
Dont la course avec lui t'emporte vers I'abîme
De l'éternelle mer.

sa

Mais lorsque, de plus près) pour la sentir pressée
Et souple entre mes doirts,
J'eus, vers ses jeunes fiancs, dans le vide avancée
La m_oitiê de mon poids,

FRANÇOIS-PAUL AUBERT

Au lieu de ramener l'enfantine sirène
D'en bas contre mon sein,
Rien_qu'un peu d'eau, mêlé d'un peu d'herbe incertaine,
Me resta dans la main.

Rien navait retenu ses traces expirées
En im.1isibles jeux.,
Ni cette joue étroite et ces boucles dor'é.es,
Ni l'azur de ces yeux,
Ni cette lente épaule, et ces lèvres muettes
Dont la tendre la.nguwr,
Comme un baiser gonflé de larmes toutes prêtes,
S'enfonçait dµns mon cœur.

"

�PIER~ BENOÎT.

PIE:RRE BENOIT
·•
11

1

Tenter de discréditer Pierre Benoît est une entreprise
vaine de la part d'un cFitique. 11 risque le reproche de
spéculer sur la célébrité de l'auteut de l'Atlantide pour s'y
tailler quelque réclame personnelle et, loin d'enlever un
seul lecteur à Pierre Benoît, .sans doute lui en procureraitil de nouveaux. Il y a dans ·le Manuel de Ïittérature française de M. Gustave Lanson au moins une phrase qui
mérite , de durer,-,c'est celle qui a trait au démolissage de
M. Georges Ohnet par Jules Lemaître. « A partir de ce
moment, dit M. Lanson, on n'en lut pas moins Ohnet,
mais personne n'osa plus s'en vanter. » Les cultes prohibés.
sont, comme on sait, les plus redoutables pour la santépublique. On jugera Pierre Benoît, si l'on veut, dans vingt
ou dans cinquante ans. L'intéressant aujourd'hui, c'est de le
définir, d'expliquer ses origines et sa prospérité.
Le salut de Benoît- et l'une.de ses supériorités -c'est
qu'il ne prend au sérieux ni ses romans, ni lui-même. La
perte - en même temps que l'une des infériorités - de"
ses détracteurs, c'est de ne point se souvenir à son sujet
de cette parole de Renan, recevant à l'Académie française
M. Jul es Claretie: &lt;&lt; Il faut fuire une part au sourire et à
l'hypothèse que la vie ne serait pas quelque chose de bien
sérieux &gt;&gt; et de cet autre propos du même Renan : cc Pour
écrire librement, il faudrait que rien de ce qu'on écrit netirât à conséquence ».
Un si~cle de romantisme et de cc culte du moi &gt;&gt; nous a,
accoutumés à exiger du romancier, comme du poète lyrique,.

qu'il se, mette tout entier, cœur et âme, dans son œuvre,.
ou du moins à le 1uger cemme s'il s'y menait t0ut entier.
Stendhal et les Russes, eo devenant -à la ruode, ont renforcé cette tendance. Une des originalités de Pierre Benoît,
c'est précisément de, n'être ni un ,Stendhal, .ni un Dostoïevski.
Mais Le Sage se « donnait-il &gt;i tout en·tter lorsqu'il cri.vair Gil Bla1, Montesquieu, les parties légères des Lettre;
P,rsanes ou Mérimée, Carmen ? Si, pour une part, le
roman moderne .est l'aboutissant du poènw épique . ou
héroï.-comique, il .est, pour une a.u,tre p.art~ un -succédané de
l'histoire ; « l'histoire de ceux qui n'ont pas d'histoire »,.
a-t on pu le définir·
.Pierre- Benoît r.oma-ncier, et qui se qualifie lui-même de
&lt;' romancier de l'histoire ?l, ignore le feu de l'inspiration,
qui soulè\Te un Balzac jusqu'au rydrnJe de l'épopée; il travaille à. froid sur une·table couverte de fiches méticuleusement compilées et d'après un plan méthodjque, longuement mÔ'ri; hi.en arrêté, qui ne se modifiera plus-au cours
de la i:édattion: La · rédacti~n en effet ne faü . point corps
amcyenx de Pierre Beo.0.rt a!Ve.c ta creâti~n lit:téraire proprement dite, c'est une tâ.c~e q.u i lui est postérieure, un
épiphénomène, qui a: certes plus-,d'importance~_ que la dactylographie ouJ'i:mpressîow de l'0uvrage, .m.ais qui est du
même ordre, subordonnée au seul souci d'n:ne présentation décente.
·· ·•
~ ,_
Procédé d'historien .e.tr d'historien ,d'aujourd'hui,. Cest·
ainsi, ont enseigné à Pierre Benoit les deux tnaîtres dont il
procède, MM. Aulard et Seignobos, que l'Qn compose de
bonnes thèses et de solides ouvrages historiqµes. Que fautil pour qu'une thèse der doctorat soit excèllente ? Qu'elle
soit bien documentée et-bien.mrriposée. Le stylé et l'ém°= .
tion humaine n''Y sont point nécessaires. 'fous ¼:s romans dçPierre Benoît, dont cha:cun wntie,nt la parodie d'.une thèse
possibr.e, ont au.· plus. hmt degré ces .de1a vertu.s sorbonniques :-ils- sont supérieùrement documentés et comwsés.

�67'2

LA NOUVELLE REVUE fRANÇAlSE

La méthode, c'est pour un universitaire la qualité
suprême, pour Pierre Benoît également. Ne dis~t-il pas de
lui-même dans une récente conférence : « Kœmgsmarck eut
ce qu'on est convenu d'appeler un succès d'esùme. Pour parler franc, peu m'importait LL'e-ssentiel, c'est que je m~ sentais en possession d'une méthode. »
On ne dira jamais assez en vérité ce que Pierre Benoît
doit à l'Université dont il est le fils prodigue, ce qu'il doit
à cette (l Nouvelle Sorbonne » tant flétrie par son ami
Agathon. Il ne l'a point oublié du reste : s'il raille ses
anciens maîtres, c'est avec l'attendrissement. d'un Renan
pour Saint-Sulpice. Le professeur au Collège de France
&lt;le la Chaimée des Géants, le professeur en Sorbonne de
Kœnigsmarck, le bibliothécaire de l'Atlantide sont légèrement ridicules, mais sympathiques.
L'Université, la Faculté des lettres ont marqué Be?oît
d'un tatouage indélébile. Il réalise le type du normabenlittérateur d'autrefois, il a la tournure d'esprit cœnmune par
exemple à un Edmond About et au Jules Lemaître d'En
marge des vieux livrts; pl us exactement encore il a été façonné
par cette survivance des vieilles h.umanités qu'es~ la(: cagne»,
la classe de rhétorique supérieure préparatmre a la rue
~'Ulm . Toute sa vie, Pierre Benoît sera un &lt;&lt;cagneux». A
jamais il est condamné à voir la réalité à travers les liv es, à
contempler les êtres et les choses à travers des s~uvemrs et
des réminiscences littéraires, à mouler ses sen11ments sur
ceux de ses poètes et de ses prosateurs favoris, à être la proie
de l'imprimé. L'amour de l'histoire et l'irrespect envers les
personnages historiques, le goût pour les anecdotes volontiers scabreuses, pour les anachromismes, les rapprochements
ingénieux, les allusions, le pittoresque fuit d'un savoureux
,détail inédit, la rêverie qui suit le seul énoncé d'un grnnd
nom la présentation d'un grand homme en déshabillé ou
dans' une posture ridicule, la recherche de c&lt; l'astuce &gt;&gt; . et du
« fui tuyau », tout cela est unive_rsitaire et_« cagneux ».
Universitaire, enfin, sa façon de rire, de plaisanter, de se

7

PIERRE BENOÎT

moquer, son art de pince-sans-rire, sa manière de lancer
sa pointe avec une gravité imperturbable.
Les exemples abondent. Il y a les fameux plagiats
,, chausses-trappes », purs c( canulards )&gt; normaliens. Il y a
le télégramme de Gambetta dans le Lac Salé, et sa réponse
en italien à la table tournante dans la Chaussée des Géants.
Dans Pour Don Carlos, Benoît nous présentera« MM. Littré
et Jules Ferry, de la loge « la Clémente Amitié &gt;&gt; prenant
le train pour Versailles». e&lt; Le soin de régler l'addition, ajoutera-t-il un peu plus loin, fut laissé, d'un accord tacite, au
bon M. Littré, qui avait été heureux d'annoncer la cinquantième édition de son très remarquable Dictionnaire de
la Langue fra11çaise. » S'il nous parle d'un atlas, ce sera
avec l'ironique gravité d'un catalogue pour bibliophile :
« Atlas de M. Delamarche, ingénieur hydrographe, Paris,
1856 » et tout ce qui s'ensuit. li n'omettra pas, dans la
Chaussée des géants, à propos de l'étude du mingrélien à
laquelle se livre son héros, de nous renseigner sur les particularités linguistiques des dialectes caucasiens qui « ont en
commun la numération vigésimale », (ce qui est d'ailleurs
une grave inexactitude, les dialectes lesghe, tcherkesse et
laze utilisant la numération arabe). Il met un écusson au
col des soldats qu'il introduit dans ses romans : dans Pour
Don Carlos, il fait intervenir sur la frontière espagnole le
49• d'infanterie qui, en 1875, faisait campagne en Algérie
et ne tenait pas encore garnison à Bayonne, erreur vénielle,
mais erreur qui se répète dans la Chaussée des géants où il
est question d'une 22e section d'état-major existant à
Paris : c'est 20• qu'il eût fallu dire, la 22• est une section
de corn.mis et ouvriers.
Voici encore dans ce genre un raccourci des guerres
civiles d'Espagne à l'aide d'une simple énub.1ération : « Pepa,
la belle Pepa Samaniego ... Elle a sauté sur les genoux de
Lannes et de Palafox. Elle a offert des fleurs au duc d'Angoulême, servi à boire à Zumalacarreguy et à votre serviteur, puis à O'Donnel. » Parfois même l'émotion est
43

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

empr~ntée au nom de simples héros de :roman comme dans
le poème qui commence ainsi :
Uii ,saii qu'e'je dînais cbe.~ 11:n:nu Karéni:tta,
]1; ·m, tra-uuais'ass,is- pres dt&amp;:-tomte Wnmski. ,
r.

, Cette forma1ion ):iistoriq,ue et u.ni_xersiraii;e, en donna.nt
libre co.1.u:s à œ~te imaginauion de bi):,li'Othè.q.ue,, a fortifié
chez Benoit un t~lem i~né de mosaïste~ don.t il avaitd'abord,.
obéissant à, sa nature,pr~fonde,,-.tiré parti inconsciemment
et dont il a eia: l'habi.kté et, l'art de: se fuire eusuiœ une
originaJitt. ün 'ttou~-e dans la, Chaussée des· Géants» son,
dei.ni~r livre -qu! ~t (a,ve,c le Iittc Sa}é) le p1us conscient
Gie. tous œtut 4a'il a éG-Iits,, ~-~lu,i, où rl a le mieu1t deminé sa:
matière, où chaque ligne est inteotionne~. - deux révé1ations sw: son art .qui .v:üen_t:: &lt;l'être soulig_i1.é~ parce qu'elles
montr,ent à q~el poiat Pi.erre. Ben-0ît connaît §és possibilités et ses fonites. « Une associatiQn di'idées un peu liivres9iuei én:it~il page 190) venait de me tenir lieu d'imagination. ,:. !!t page 216~ ,rz' est un vé:ritah.te p~aid0yer prq_-domo
q~'il accrod1e à,·~n éleg,e de Tris.tram Shan.dy _: " Que1
curieux li v:.~ ! E.a},dais _et. Molière avaient passé pa,r là, le n(i)m
d'un des ·héros é:ti-it pris à Sbakespeare ... Je le savais.,_ e i~
.1:1e __pouvai&amp;. m'empêcher malgré tqut de troùver q:. Tr.istram
Shandy un livre s.ympathique, original même. Et comme je
chercliais )es. raisons,d,'une aussi grav,e iu-\i:onséquence.,_ fen
"ins à mera,pp,ûer le cadeau 9iue m',avait fait vingt ans plus
tôt, à Marseill.e 1 une jeune dame blonde, aux che'Jeuxcoupés court : un ieu de œbes géog_raphiques. Avec les-_mêroes
cubes, les mêmes, selon qu'on les disposait diiffétemment,,
onauivait à obtenir, tom àrtom, les G::aires.des deux Amériq1J.e&lt;, d'Asie, d'Europ~1 d'Afrieii,~e, tl' Océanie, du·_monde.
entier elilfin. &gt;i r _
.. ~Les cubes Elue PieriJ: Benoî..E as&amp;en:r\&gt;t-e I sont_ to-us. emprnq.tés ~ l'hist©Î.reOl;l&lt;~à 1-'i~gip,ation. d-'-aattui .. L'oo. peut
~ns paradox.~ rarumer que BenQÎt ,est de t\t!US)es fian~is

PIERRE BENOÎT

vivants le moins doué d'imagination. Est-ce à, dire qu'il
plagie, comme on t'en a accusé ? Sans aucune hésitation, il
faut répondre cc non ))' ou bien considérer que tous nos
grands dassiques, et Racine.,. et Molière e.t plus encore Là
Fontaine, dont chaque fable a:. eu deux ou trois« sources ii,
sont des: pfo.giatres. IL semble prOU'Vé que YAtlantide ne
doit'rien à. Slre de; Sir Ridder Haggard, mais l'idée première
de Kœnigsmarck est empruntée à Blaze de Bury, L'idée première dePoitr Don. Carlos au chapitre intitulé c, La Haine
ern,porte Wa/Jt dans Dit sang, de:. la rmlupté et de la. mort de.
Barrès, celle· du Lac Salé à une noùvelle de Stevenson,
celle de la Chaassi!e des Géants à une documentation fournie à Benoît pai: l'lt:landa.is Gavan Duffy.
, Le vrai, c'est que le point de départ chez. Benoit n'est
pas l'essentiel et peu importe donc qu'il soit emprunté à
autrui, au lieu d'être inventé. Et que ce cane~ initial soit
enrichi d'ainfres canev.is extraits. d'autres lectures, peu
importe enéoi:e. L'intérêt est dans le rapprochement de ces
thèmes. Pour reprendre l'image de la Chaussée. des géant.; :
dans l'assemblage de ces cubes. Avec tout ce ma.téviel épars
qu'il rassemble, iL réalise chaque fois UJ.1e œ11vre honr.ogèoe,
coWrell'te; -v-vaimeE.t sienne. Il ne plagie. donc pa,s, i1 a des
sources; ü n'invente pas, il ju.11.tapose, il compose; pour donner à ce mot tooté sa for.ce étymofogiqùe, on écrirait vol on.tiers : il com-pase:.
Il se défend à: b9i;i: dwit d'être un- romancier d;irnagination. Dire de lui~4rtîil est-un « romancier de· méme,ire &gt;i
serait tendre urr hommage -à sa.~aste culture et à ses-facultés mnémoniques, dont-H a la coqnetterie, mais ce serait en
même temps l'aècnser de manquer de personnalité, et il y
aurait là une.véii:itable injustice . .La définitiôo li plus exteBsive et la, p}ns cciin préhwsive à. la f.ois pour Be1wh serait de
le catatoguer « romancier d'assodati'on 11, signifia-nt par làson excellen.ce- à 2.Ssocier les tronvailles d'autrui et la
richesse de ses. associations d'id.é~ personnelles qui Lui permettent de rapprôcher et d.efon.dre des éléments.aussi éloi.-

�''I

6ï6

1,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

gnés et en apparence aussi hétérogènes que possible, la légende de l'Atlantide par ex~mple et l'histoire de la conquête
française en Afrique. Cette puissance d'association d'idées
qui chez un grand poète se traduit par des métaphores inattendues, chez un grand savant par des découvertes (Claude
Bernard et l'urine des lapins) ou par des hypothèses (Newton), se manifoste chez Pierre Benoît en coups de théâtre
imprévus et inespérés.
C'est bien là qu'est son génie propre et aussi dans une
faculté extraordinaire de vision à rebours. Ses scénarios de
roman se déroulent forcément en lui lorsqu'il les compose, en commençant par la fin, à la manière de ces films
des premiers temps du cinématographe qui, après nous
avoir montré des baigneurs plongeant du haut d'une échelle
dans la mer, les faisaient soudain, contrairement à toutes les
lois de la pesanteur, s'envoler de la mer jusqu'au haut de
leur échelle de plongée. Le don que possède Benoît de se
soustraire aux lois de la pesanteur intellectuelle, d'embrasser
d'un coup tous les détails d'une action compliquée et riche
en péripéties, d'en combiner tous les ressorts, est un don
extrêmement rare. Dumas père n'en possédait pas l'ombre.
Ses romans sont cc à tiroir » comme les romans-policiers
d'aujourd'hui. Mais les romans de Pierre Benoît ne sont
pas des romans à tiroir, ils sont agencés comme des mécanismes d'horlogerie. Les ressorts tendus par Benoît pour
varier et soutenir l'intérêt ne sont certes pas tous de première qualité. Le critique aperçoit et démêle aisément les
« ficelles » qu'il emploie, mais le lecteur emporté par l'action ne songe pas à bouder son plaisir et il faut lui donner
raison, car c'est toujours un miracle que de voir cc marcher »
une machine construite par un homme, que d'entendre
sonner une pendule ou se dérouler d'une allure légère, traversée des rebondissements les plus aisés, un roman de
Benoît. Ce don du mouvement est le troisième grand mérite de Pierre Benoît et ses ouvrages valent tous par l'art de
la combinaison, leur solide armature et leur mouvemJ:nt.

PIERRE BE~OÎT

Mais les combinaisons du genre que chérit Pierre Benoît
lui fourniront-elles une matière inépuisable ·? Il semble vain
de l'espérer. Si on laisse de côté Kœnigs111arck où Benoît n'a
pas encore trouvé sa formule définitive, on s'aperçoit sans
peine gue le Lac Salé est le pendant de l'Atlantide et la
Chaussée des géants une réplique de Pour Don Carlos. La
femme fatale de l'Atlantide entre deux hommes devient dans
le Lac Salé, un homme fatal entre deux femmes. En ce qui
concerne la Chaussée des géants et Ponr Don Carlos, le parallélisme est encore plus frappant: François Gérard est entraîné
malgré lui dans le mouvement sinn-fein comme Olivier de
Préneste dans le mouvement carliste; l'irlandais fanatique
Térence, c'est le Mignoac carliste; le comte d'Antrim est
une sorte de Don Carlos irlandais, Allegria et Antiope, les
deux héroïnes, sont chacune à sa façon des « Jeanne d'Arc »
d'insurgés, des cc cavalières Elsa» au petit pied. L'élémer1t
équivoque est dosé avec la même légèreté dans les deux
livres : Lucile de M.e rcœur, fiancée d'Olivier, nourrissait
pour Allegria un sentiment assez trouble; Reginald, amoureux d'Antiope, est un fervent d'Oscar Wilde.
·
Toutefois Pierre Benoît a introduit dans la Chaussée des
géants un élément emprunté à l'art du vaudeville qu'il
n'avait encore jamais mis en œuvre : la substitution des
personnes. Tout l'intérêt de son dernier roman repose sur
trois quiproquos : ce n'est pas le professeur au Collège de
France, Ferdinand Gérard, ccltisant notoire, invité par les
Sinn-Feiner à assister au soulèvement de l'Irlande qui
répond en réalité à leur invitation, c'est, par le curieux effet
du hasard, un de ses homonymes François Gérard, galant
cavalier français; en second lieu, la comtesse Antiope
d'Antrim n'est pas Antiope, morte deux ans auparavant, c'est
sa femme de chambre; enfin le professeur suisse Stanislas
Grütli n'est autre que le policier anglais Walker Joyce.
Ce recours à des procédés vaudevillesques marque le
terme d'une évolution déjà sensible dans Pour Don Carlos,
qui s'est accentuée dans le Lac Salé et atteint son pa-

�678

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

il'Oxysme dans la Chmissée des géants. Benoît vise.ide moins
en 1noins à l'émotion, il vise de plus en plus à la satire .et
à la drôlerie. C'est sa faç-011 de donner ·r.aison â. ceux de ses
'.lmis qui le proclament un «classique)&gt;.
La sensibilité qui J;e répand.ait dans Kœmgsmar.ck et dans
l'J:'1.tlantid-e ( et dont l'écho se retrouve dans mus les poèmes
,de D.iaàu;mi:n.e et nombre de pièces des Suppl,iante.t) .é tait
une s.en-sibilité nettement post-romantique, assez 1prnche de
œlle d'Alh.ertSamain, à base de « femme fatàle ,&gt; et d'èx:rl. · ration masculine. L'érotisme de Benoît ne ,dépassait pas le
mussehisme et l'hngolâtrie d'un adolescent bien informé,
mais encore chaste. Au romantisme de ces passions, Pierre
13enoit a substitué dans ses trois derniers romans une galanterie et une charnalité-assez basse, mais qui le préservent de
tomber dans un galimatias qu'ilredcmtait. Il s'est lancé dans
la satire .poli.tique. Il a pris en même temps le -parti de railler
légèrea:nent ses héros, ce qui lui épargne de les analyser.

.

.

*

* *
C'e5.t là une des faiblesses, la plus gr~uül.é faiblesse de
Pierre Benoit. Il est incapable {l'animer· des personnages
vivanrs·, humains. Tous ses héros sont -des fantoches purement conventionnels. Connaissant son incapacité à décrite
et à ex:pii.quer :des sentiments, il a, dans :le Lac SàU, tenté
d~ se.iustlfier en soutenant qu'un romancier .d'àction n'avait
point à se souoier de p~ychologie, les résultats seu-ls lui
important. On oonnaît- la fameuse phrase-.mda ba1lle qui
pour ,atteindre son but n'a pas besoin d.e ctmtkître là nomenclature des pièces du fusil qui la tire,, et sur la' revue de
détail des ,sefiti-tnents·. Dans la Chaussk fk, gêitntt, Benoît
essaie -d'un autre procédé. Il emprunte à &lt;le-s n'l.aîtres psy·
chologu-es les senti.ments qu'il attribue à ses: perscmnages:
« Une des pagçis les plus achevées du Jardin de Bérénice,
écrira-t-il, éGt consacrée au trouble qu'on é'pt.ou-ve à retrouver devenue fe~1me celle que l'on ,a connulë enfant, etc ...~

PIERRE BENOI""î:

'C'était au spectacle ide œtte transformation que j'étaïs à
présent convie. )&gt; Et ailleurs : « Julien: Sorel se jttre âe
&amp;iisir, dans nn délai .déterminé, là triste main pendante ,de
Mme de Rén~L Je m'étais juré, moi, d'appeler- dès notre
première entrevue par son prénom· la comtesse. » Pius
foin encore ·: «· Mathilde de la Môle sait à merveille, etc...
Je pus constater que Lady Flora possédait de façon pa-rfiiite
cet art ,d e se rocoiffer. »
Dans œ domaine de ia psy.chologie, il y a plagiat
~voué cum. grano salis. Mais l'·üonie ne masque pas l;impuissance ...
Que te roman d'action p1.1isse · s'ac--c-ommo-der de psychologie, que des personnages puisseol traverser 1es péripéties
tes phis invraisemblables -en ·reia-ntahumains, la preuve en
est faite depuis longtemps. L'Arioste, qui reste le maître
du roman d'aventures, combinait les plus eictravagantes
équipées, mais 1es héros de ces équipées soat &lt;les hommes
qui vivent, jouissent et souffre-1.it comme nous-mêmes à
!'-intérieur de -leur monde enchanté. Stevenson et surtout
Conrad ont réussi de même à faire v-ivte leurs aventuriers
&lt;le la vie la -plus profonde et la plus ,gé~rale. Les hfros ~de
Pierre Benoit -soot· -t ous taillés sur
patrons &lt;l'ùpéra.
Ces emprunts faits -ouvertement aux maîtres &lt;le ·1a psychologie ont pour pendant - les « - chausse-trappes ~&gt;, les
passages -démarqués ·d 'auteurs connus et â.estinés à faire
crier au plagiat le critique-malavisé.•On en trouvait dans
Pour 1Jon .Cairlos,-on en trouvait ,dans le Lac Salé, on en
trouve èncore dans la Cbam-sée des g,éants. Cette phrase de la
Clxlussée : cc Je regardais le -ooleii, ée sâ1e-i1 ja&lt;lis témoin &lt;le
nos adieux -et qui allait .être, au m~me poi-nt de -sa c-our-se,
le témoin de notre Tèanion ~;, •est-elle -de Bernardin, de
Chateaubr:j_and ou de Lamartine? Cette· autre: -&lt;&lt; Quelles
mystérieuses conflagrations du. cerveau et des sens allaient
éclater .en spectacle pour ces grands murs noirs » n'est-elle
pas de Hugo? .Or.i peut être · assurt en tout cas que ni
l'une ni l'autre n'est de Be.ra.o'Ît.

des

�680

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

Là encore, l'habileté de Benoît est vaine. Sa seconde
grande faiblesse, c'est qu'il écrit mal. Le Sage, Montesquieu, Mérimée soignaient leur style. Le premier devoir
d'un littérateur a·nti-romantique, qui ne peut se targuer
d'offrir au public le jet bouillant de son inspiration, tout
çhargé de scor1es, c'est d'avoir un style. Pierre Benoît en
manque.
Il écrit sans rougir: cc Alors, dans quel but? - Eh! mon
cher confrère, dans le mime but que vou~ ... » Il commet
jusqu'à des solécismes dans l'emploi du subjonctif passé :
cc La veille, au cours de la soirée qui s'était prolongée
après que le comte d'Antoine se fût retiré, nous étions restés
ainsi. .. &gt;&gt; ou dans l'emploi de ne : c&lt; Je mentirais bien
inutilement en niant que l'impression qu'elle fit sur moi
ne ftU profonde '. &gt;&gt;
Négligence, dira-t-on. Admettons-le.. Mais par1er
cc d'une forêt de...
champignons... qui s'entrechoquaient 2 », écrire : cc Que cette voix de M. de Magnoac
est perforante i », ou bien cc La portière s'ouvrit. Le
marche-pied s'abaissa. - Place :Beauvauj aussi vite que
possible. - La voiture partit au grand trot 4 », ou encore,
comme dans l'Atlantide: cc La nuit tombait à grands pas »,
c\~st n'avoir aucun don de style et c'est se contenter d'un
.style pis que mauvais, terne et médiocre de roman-feuilleton.
Quant aux chausse-trappes~ s'il faut s'expliqu'er à leur
sujet en toute franchise, elles dissimulent mal les fréquents
recours de Pierre Benoît à ses cahiers d'expression. Si l'on
voulait id être méchant, en restant vrai, on pourrait dire
qu'il s'agit non point à)a vérité de plagiat, mais de kleptomanie'. ·Lorsque, parodiant le « ]'aime, que dis-je aimer,
j'idolâtre Junie », Benoît fait dire par Don Carlos: ,« J'aime,
que dis-je aimer, j'idolâtr.e Mademoiselle de Mercœur 5 », il
peut encore soutenir qu'il s'amuse. Mais lorsqu'il reprend
La Chawsée des géants, p. 195, r 33, 145,
3-4-5. Peur Don Carlos, p. 183, 10, 152.

1-2.

20.

681

PIERRE BENOÎT

une tirade de M. Homais, changeant les noms, mais cariservant les sonorités Flaubertiennes et le mouvement de
la phrase et ,qu'il écrit : cc Mon Dieu à moi, c'est le Dieu
de Rousseau, d' Anacharsis Kloots, de Raspail et d'Alain
Targé' i&gt;, où Flaubert écrivait (le début des deux tirades
est aussi à confronter): « le Dieu de Socrate, de Voltair~,
de Franklin et de Galilée », on prend Benoît en flagrant délit
de mimétisme.. S'il fait défiler des soldats espagnols, une
réminiscence de Hugo le contraint à les chausser d'alpar- ·
gates. Et chose plus curieuse encore, il obéit ·même à des
réminiscences de la « théorie J&gt; : cc Les soldats libéraux qui
étaient derrière leurs faisceaux formés à droite- de la
route 2 • &gt;&gt; Formés a droite _de la route, comme le prescrit le
règlement de service en campagne.
On trouverait des échos plus subtils encore de ses lectures (plus difficiles à démontrer aussi) en lisant de près
Pierre Benoît. Ainsi le vers c.ité plus haut :
.,/

Un soir que je dfoais che1, Anna Karbii11e

est-il autre chose qu'un écho du vers de Baudelaire :
Une nuit que j'étais près i/!imp affreuse Juive.

C'est là pour Benoît le revers· de la médaille. Ce don
opportun de la mémoire qui le sert si heureusement dans la
construction de ses livres le dessert fâcheusement dans
leur rédaction. Qualité en deçà, erreur au-delà, mais
dénotant la même curieuse structure mentale.
Elie est pourtant le signe de la culture de Benoît,
cette culture d'humaniste amusé et de chart1ste narquois
qui, quoi qu'en disent ses détracteurs, en dépit de sa
pauvre science psychologique et de la faiblesse de son
style, le préservera toujours de tomber au bas niveau des
feuilletonistes. Cette culture partout sous-jacente oblige
à pardonner ses plus impardonnables négligences à l'auteur

c

1-2.

Pour Don Carlos, p. 90, 28 5.

�682.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇt\l SB

de l' Â-tiantide-, car :il en.. fait l'usag.e le plus divertl&amp;'ia-rrt et le
plus- cocasse qui soit. Sotï.. .esprit primesautier-, , son ·bon
garçon:nisme, ,sai _(1 vielUe gaieté française »-, ,-q_uLtiennent à
fa nature-de Benoît, 0nt été sans-.ammn,&lt;l-0utemt1fu-m.és,et
dévek&gt;ppés,.; pai: cette 'forme Je :eulwre. Dépo.nil:lé de son
-' romantisme d.e· pacotille, ~1 aipparaîtt désormais . sous so11
véritable ,aspeet/ td ai d:un bc;ute-en-ttain sans préte:ntion.
Pourquoi lui· -résister -dès lors qu'il
veuv pas, s'en. faire
-accroire et ne prétend qu'à amuserl &lt;&lt; Qu~il fasse, son
mlt4er, qu'iL -nous amuse1 » ~omme il le disait de . lnimême •Ô-at:ls sa .conférence du 3· mars dernier.
La pface ~oujouts plus grande qu'il fait dans son œuvr.e
à la ga,ieté et à la" s~ttre laisse entr-evoir la :possibilité. pou;r
Benoît de nous amuser: lo-ngtemps entor.e. -Mais il faut
qu1avet: --sa luci.clité--coutumière il .en cv.ienne à. se. rendre
c-ompte qu'il risque ,d,e -cl.ev,ea,it monotone et. ennuyeux
en se répétant. Après 'P.()ur Don Carlos, la C/Ja.us"Sle des
géants, soit, mais il n,e .faudrai~ pas que Beqoît coulât un
troisième livre dans ce moule qui a deux fois servi.
H y a-dans ta Cha-Ùsséé des géànès des .trpuvail1es~omiques
irrésistibles ( t&lt; la salle Raffin--Dugens ~. &lt;~ le,boudoir Albert
Thomas &gt;&gt; dans la maison d'un snob britannique), il y a
des drôleries sati:tiquês d'ü-ne remarquable cocasserie. Si on
-l es rapproche du_· cbaphre sur le « Glub -des Chev.aulégers &gt;&gt; de Pot.ir Don Carlos, on se convai-n:c qü'Andr-é
BiHy a tout à fait raîsoril;rsqu' il cléfinit Benoît un auteâr
gai et i'on en vîent -à se deriunde~ si· Pierre Bendît n'est
pas destiné à nous âonner un. jour le rofoa,n comique et
-sa!:-rrique de 1~1&gt;d&amp;nocratie -d"après-guetre, -uneJbeuffonnerie
qui 1&gt;otmait tenir de Rabelais _par-1'-abondancé &lt;l-es péripéties, de V~1taire par la fine ,-causti~ité ·et qut ,se'l'.'ait · peutêtre un chef-~œuvre autbentiq-ue.

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LE CAMARADE INFIDÈLE

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B'EN JA.'MîN -CREMIEUX
•

l

D-EUXIÊME

p AR'I'IE

I

I
Ni les caisses qui encombrent J'anticha,mb,re, ni les
meuble~ ~éjà déplacés, ni l'absence de Clyrn:ène
c.ette
a~rès-~rda de dégel,, ne causent de surprise à, Vernois. Il
drt qu il.. attendr~ et, ~ans quitter son pardessus, gagne le
salon dép dé_garru. ~e bibelots. Il écoute s'éloigner la femme
?e chambre, l'entend refen;ner ia porte d'une offi~. Alors
ri va vers le pi~no, écoute ~ncor.e_, puis vite, saisissant le
meu_~le P:r une ~e ses poi_gnées, l'écarte du mur, passe
dernere, s agenomlle pour tâter la bojserie, trouve la serrure d'un pëtit placard, y .introduit 1me clef qu'il tire de
sa poche et qu'H parvient à fa.ire tourner. Iî tâtonne et sa
main tom.be sur ce gu'il cherchait, cinq ou six liasses de
lettres ficelées. Il glisse les premières dans ses poches, serre
le reste sous son bras, entre sa veste et son manteau
pousse la porte et se relève. M11 e -Ga~in ést trois pas d~

par

à

lui.
, Il sor_t au~sit.ôt ' la phrase ~u'il avait préparée pour le os
d une surprise :
_
- J:ai_ laissé ,tomber une {Ji~ce de mon.nait! qu{ a. roulé
sous ce piano ... Quelle poussîçre !. ..
1 • V?it les ~uméros à~ la Nottvelte Revue·Françaisè âes
1~ ma1.
.
;) _

-1er

avril et

�684

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

11 se met en devoir de ramener l'instrument à sa place,
mais avec peine, n'ayant plus qu'un bras libre. M11• Gassin
pousse un cri en reconnaissant, au bord d'une de ses
poches, la couleur du papier à lettres.
- Qu'est-ce que vous avez dans vos poches?
--:- Mais comme d'habitude, des papiers. Aidez-moi à
repousser le piano.
Elle ne bouge pas :
- Où avez-vous trouvé ces lettres? ... Il y avait une
cachette là derrière ?.. . Vous saviez où elles étaient? ...
C'est donc pour cela que vous êtes venu sans prévenir ?
- Il était temps ... Mm• Heuland m'écrivait, il y a deux
jours, que les déménageurs avaient commencé ... J'ai craint
d'arriver trop tard.
Il est parvenu, d'une seule main, à faire rouler le
meuble. Encore un coin de tapis à redresser et tout est en
place. M11e Gassin commence à prendre peur de son air
buté.
- N'était-il pas plus simple, dit-elle, de m'indiquer
l'endroit ... à moi qui suis toujours dans la maison ... Pourquoi ne l'avez-vous pas fait pendant tout cet hiver?
Elle n'ose pas encore comprendre :
- Donnez-les-moi!
Mais il boutonne plus étroitement son manteau :
- Je vais sortir le premier. Vous me rejoindrez au coin
du boulevard. Nous irons ensemble chez mon frère et j'y
brûlerai tout cela devant vous.
Elle s'élance vers lui :
- Jamais, jamais! Vous n'avez pas le droit! Ces
lettres m'appartiennent ! Elles sont tout ce qui me reste de
mon bonheur ...
Elle essaie de saisir un des paquets, mais il le retient
avec trop de force pour qu'elle ait espoir de s'en emparer.
Alors elle s'accroche à ses vêtemepts:
- Donnez-les-moi! Je vous · jure que je n'en ferai pas
mauvais usage. Croyez-vous que si je voulais démontrer

LE CAMARADE INFIDÈLE

la vérité, je ne saurais pas trouver d'autres preuves? Pourquoi faites-vous le cruel, vous qui êtes bon?
Collée à lui, elle a passé les bras autour de son cou, et
soudain elle lui baise éperdûment la figure. Il se dégage
avec brusquerie et peu s'en faut qu'il ne tire son mouchoir
pour s'essuyer. Ils se dévisagent, mais comme dans un
brouillard, aucun d'eux n'étant sûr d'avoir compris ce qui
vient de se passer chez l'autre.
- N'allez pas croire, murmure-t-elle ... Donnez-moi
seùlem·ent mes lettres ...
Ab, s'il pouvait entendre tout à coup le ronflement des
chaudières et rouvrir les yeux sur les éclatants tissus 'qui
sortent tout ruisselants des bains colorés! Il finit par
répondre:
- Mademoiselle, je ~e suis pas fat ... Et si vous saviez:
comme j'ai peu de loisirs ... p~ur rêver à ce qui n'est pas
mon travail !...
Elle reprend, sans plus oser le regarder:
- Ce n'est pourtant pas votre travail. .. qui vous ramène
ici tous les quinze jours.
- Ce n'est pas l'amour non plus, Mademoiselle ...
La gêne de chacun des deux s'augmente de ce qu'il croit
avoir en face de lui un adversaire parfaitement maître de
ses moyens.
- Etant petit, reprend Vernois, j'ai trop souffert des.
contrecoups de la passion pour ne pas la détester et la
craindre ... J'ai vu des hommes que j'aimais, trop cruellement humiliés ... Je bénis mon frère d'avoir osé me dire,
quand je n'étais encore qu'un très jeune homme, qu'on
doit céder au corps ce qu'il demande, pour qu'il ne dévore
pas les sentiments ... Pardonnez-moi de vous parler avec
cette crudité ... Je tâche d'être sincère avec vous.
- Vous réservez le mensonge pour Mme Heuland, ditelle rétractée par l'humiliation, et plus que je n'imaginais.
d'abord ... car non seulement vous lui brodez un mari
qu'elle n'a jamais eu, mais vous vous servez du mari pour

�686

,,,

LA NOUVELLE REVUE 'Fl.ANÇAISB

LE CAMARADE INFIDÈLE

687

l'émouvoir, tout en prétendant ne Iien .ressentir vous-

Ce rep.roche remue Vernois plus qu'il ne vottdrait le

même.
Il riposte- irrité:
- Si j'éprorrvais quelque chose de pius que de l'amitié,
je m'interdirais d'entrer dans cettemai.sQn..
- Mais vous Y- êtes, s'écrie-t-elle d'une voix mordante.;
sauvez,..vous vite !
- Ah, Mademoiselle, finisscrns-en L.r Renoncez. à füe
dans les cœurs;. vous n'y êt.es pas clairvoyltnte. •. Habillezvous et sortons.
- Lire da.ns votre. cœur à vous n'est eni effet pas facile,
tmtl il famt vous supposer de rouerie ouT sans cela, de.
naïveté.
Elle ne croyait pas atteindre, si juste, un petit point vulnérable en cet homme dépourvu de vanit-é.
- Si j'étais .aussi naif que vous Je dites, je vous aurais
crue dès l'abord, et je n'aurais seulement pas souhaité mü::
Mme Heuland.
- Vous préférez donc qu'on vous tienne pour fourbe-et
intéressé?
Il s'écrie:
- Est-ce que mon intérêti,si. j'avais une arrihe-pensée,
n'aurait pas été de lui laisser: découvrir la vérité, de placer
dans la serrure de ce placard la clef trouvée dans la cantine
de son mari et de m'en aller en laissant faire rua bonne
étoile ? Si je voulais avoir le champ libre, je n'avais qu'à
m'en remettre à-vous pour la détacher dn passé.
- Croyez-vous donc que vous ne l'en ditachez pas av~c
vos manigances ? Quand,ie me· rappelle ce pauvre.garçon,
pas trop .raffiné soit dit entre nous· et qui,. après a&lt;;1oir bien
mangé, riait des p]us mauvais ca:lemboars; et quand je
songe au petit saint par lequel vous essayez de Je remplacer, eh! bien je trouve qae vous l'avez. trahi, et.je suis fière,
moi, de penser q_u'il m'ai aimée avec son gros. rire. Vous
avez si bien fait qu'il ne I:ui reste plus, à lai da.rue, que de
la fumée!

laisser paraître :
- Raison de p:1us, dit-il, pour lui abandonner cé qu'elle
a; c'est tout ce que je vous demande. En respectant son iUusion - si tant est que .ce mot soit )TuSte - vous maintenez
entre elle et moi uu mur infranchissable. Ne di-tes pas qu'il
vous Sffait. indifférent de le voir tomber. Vous êtes trop
perspicace pour ne pas discerner au premier coup J.'œil
qu'il n'y a pas d'autre tactique. Mais puisque nouS-désirons
là. même ch~, pourquoi lUJ:tons~oous? Ne vaudrait-il
pas mieux faire alliance? Ecoutez-moi : je liec'.OJfn.ais, que
j'ai eu tort de compter sur mes piécl)ncions au lieu de
faire simplement appcl¼ votre oo.nn.e foi. Vous désirez..ces
lettres, eh bien prenez-les. La condition, je-n'ai même pas
besoin de l'énonc.ei: c'est que votre secret reste impénétrabte. Sommes-nous d'accord ?
Elle Ms.ite un peu, puis dit~
}1
- Soit.
Il prend les liasses ~qu'il -avait sous spn bt:aB._ mais
s'arrête- :
- Laissez-moi vous demander e.nrnre une chose. J'ai,
plus que vous ne croyez., li souci de t1e pas vous nuire.
Vous continuerez à surveiller les études des enfants,; mais
persuadez Mm• Heuland qu'il est l;emps de conduire Antoine au lycée. Ce- déménagé ment facilite; bien des choses....
Elle l'iot-errompt:
- Vous voulez vous moquer de moi. Comme si vous
n'aviez pas plus, de crédit ...
- Pas sur ce j)Otnt. E1le iovoquèun désir de son mari ...
- Et vous voilà coincé. Vous ne l'avez pas volé. Permettez-.moi de rire.
, -:-- Tant qu'il vous plaira. Mais j'ai promis à.ce petit del aider et je mettrai tout en œuvre pour lui tenir. _parole.
Mon obstination -peut vous-paraître- pl.lérile ..
~ Plus rien ne me paraît puéril chez un homme qui
manie le ch~n.tage, comme vous le faites.

�688

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle lève sur lui un regard où luisent le défi et la
volupté d'être maîtrisée.
_ Eh bien, murmure-t-elle, c'est entendu; vous êtes le
plus fort.
Il lui remet, l'up après l'autre, les paquets de lettres.
- Je vous en prie, dit-il, portez-les vite dans votre
, chambre. Je crois qu'une voiture vient de s'arrêter devant
la maison.
Elle ne semble pas pressée :
- Comme il y en a, mon Dieu ! Comme nous nous
sommes écrit en quinze mois !
Deux coups retentissent au timbre de l'entrée.
- Mais dépêchez-vous donc! Prenez ce journal et enveloppez-y tout cela !
Il l'aide à rouler un paquet, juste achevé quand la porte
s'ouvre. Les joues rosies par l'air vif, dans l'élan et l' animation de sa surprise, Clymène n'aperçoit tout d'abord
que Vernois.
- Comment avez-vous pu, s'écrie-t-elle, changer, sans
m'en avertir, la date de votre voyage ! Moi qui étais par
les rues à perdre mon temps d'une façon stupide ...
Elle est essouffiée ; on ne saurait dire si c'est par
l'émotion du plaisir, ou de la contrariété, ou pour avoir
couru à travers l'antichambre.
- Et sûrement vous ne viendrez pas dimanche prochain ... Les garçons sont si déçus... Ces hommes qui ne
peuvent pas écrire un billet !
.
- C'est hier après-midi seulement qu'un de mes fournisseurs m'a donné rendez-vous pour ~e matin.
- Il y a le télégraphe et vous pouviez ...
Elle s'arrête brusquement en apercevant M11• Gassin.
Ses lèvres demeurent entr'ouvertes; toute vie s'éteint sur
son visage.
.
.
- Je vous demande pardon, balbutte-t-elle ... Je sms
entrée comme une étourdie ...
Vernois tâche de la plaisanter; mais, comme un homme

LE CAMARADE lNFIDÈLE

dont la tête tourne et pour qui le carrousel paraît s'arrêter
tandis que les maisons se mettent en mouvement, il voit
celle qui devait se retirer, immobile à l'endroit qu'elle
occupe, et Clymène au contraire fléchir, céder, regarder
vers la porte.
- Non, non, s' écrie+il, ne vous en allez p&lt;1,s. Il y a
une glace ici pour ôter votre chapeâu.
Elle enlève les épingles, pose le chapeau, et dans le
_pénible silence, n'osant plus se retourner, elle fait semblant
de rajuster ses peignes. M 11• Gassin avance d'un pas, mais
c'est du côté de Vernois; et le paquet qu'il faudrait dissimuler, elle le tient en évidence. ·
- Monsieur Vernois ... (et elle attend que Clymène ait
fini par regarder vers elle) je préfère reprendre ma liberté ...
Voici vos lettres ... Faites-en ce que vous voudrez.
Il reste les mains ballantes, sentant qu'il est à sa merci.
- Ne rougissez donc pas comme un petit garçon, continue+elle, et ne faites pas !'abasourdi, avec cet air
d'ignorer ce qu'il y a dans ce paquet ...
EUe a beau trern bler elle-même et parler d'une voix
qui chevrotte, elle est si forte en regard de ses adversair:e:s
qu'elle peut se donner le triomphe de faire traîner leur
supplice:
- Allons, prenez ... Je ne peux pourtant pas donner
ceci à Mm• Heuland .. .
- Comme vous voudrez, balbutie-t-il.
Mais son nom prononcé a redressé Clymène :
- Je suis de trop dans vos explications ... Attendez que
je sois sortie ...

- Oh, Madame; s'écrie Mil• Gassin, il n'y a jamais eu
matière à aucune expliçation entre M. Vernois et moi. Il·
m'a détestée dès le premier jour. Vous nè voudriez pas que
depuis l'été il m'eût écrit toutes ces lettres. Non, non, elles
ne sont pas de lui ...
S'accrochant encore à l'espoir qu'elle n'ira pas jusqu'au
44

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· A1~!9J:elh~ !Jt tqutn.e:i~,;eyi;i füy:~m:.: ·1 ·· _, , r :, _ Y' • · :.
- Je pense que vous me donnei:ez raison; M:adapn:e.,-Je
l'ai ~rlliPê~hé :4,{t:ffelr4Let .%UX:J:€nJ:S:-\ettli~~-de M,R_g.hçirt- Cette fois, laissant -~Pt( h;- paq1,1~t q'-!i,
1~i:tr_sse,..
'{erl)Ra bpp4ifryersi~ll;\ 131ai~ d'~~ écarJ ç~e aj écJ1aIJ.lî! :
J ;r:t. ~ar 'r\tJ.-~ affo.lk.e~t.l ic:e;,t vqUft
!ui fe~ei :5;,:w,Je
q_uf'.-.~p~mati N p.u. nja.~n;i,er 1,. _, . • . r ; .
_u. 1i;
-:!~ lu~ ,$;~r :r,,..fua:ieu;,~rµ~qt l'~y~t-b:i;a.s~ _a rforcsJ:P}}}y~r~;
mais pour voir l'effet du _&lt;;QUB. q,u.'e,Ue N;!'pt,; de -::p~r,,
ene 5~~}1t'ô 'sn-,q&amp;i~ ~: ~Ëi ia,s . i~ter:·, Cf½ .~tc~n~Je

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est~ débÔ~t ~ ,'et '. tdrt( Jli . r~ga;i~détQurn( 'avet,to'ut- ce
'l ,. •&lt;½:i :,;;
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qu elfe .Peut encore 11:~:}J"~d ~ssur;ip~e ~al)~le 5e~;eg1~':1~
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rh~\{lJ'BÔJger; i 6~ê-i i,eine rigatct'ef v~1r? dxrheJi~~ï,
rep'tlééJcfainJ ~J' îaii.t;i'.iiP,r~èt~~e son moJdfüir tut ;{f,;Îl,Che,
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les yeux dirigés avec fixité vers un point du sol: It' fimt
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plus ... Otez celle qui est là tout près...
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Alàtts._ il. .s'c!pex:.ço.it quel les liàssès: 9.nt :i.oulè ,tlhfüs àu
jdlnrilak eu :qllloa'e.itf Sli.i Eun.eJ d:eile~ '.qèr l~witw:etde.Jiam
malljÎ s1:r décliiiffii:~ de1 lG.iŒi, ~elle conti'lllné cd!atta:c:h~,;•,son
rega:r.d.tlL lest ra:mas.5.e, préei:pit:am:mént;.. l'l'.WS'.né sait qufeDJ,
faire ; puis il songe à 1a cheminée et se. dirige 00-{C't!a:/lté~'
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cfeLson; brfütrer. lhfrrté'nd' Ofyruéhe
rntiftm-1:i.tei cFune ;vdix -pfüscpre-ssarl e : ..
- · ·Nô'i!d n':t\;oni pâ!f 'le droit:.. C esr tdn' écritute·.:. .,.. •·
•~ette·foi •H:~ésirei::JI,_e?t ·se t~dré èl: s'é~6tte(~a. ~éné,~
rosi~é d~; _9~~1e~e,,,,ma1s 11 :e do~t de lui épargtiét cette
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p-êhibk
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'Ie~- fic'ell es q_ut·
.,.~ .. ~ktou•è.
-~ u • !E•plaê~ la' .lfamttre
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cecrerlt, et··11;:·ful pretia aux pfetn:réts feui1Iets. . . i • '),, .,·,
Il _ne s:r:~d~~t pas à ce 9-ue l'incinération ,fû,t si long /
Qti~n:cl'. tl &lt;trBît "erl avait' fini ·d~ ée b'a\'fât'dàge.,, liiffihi-?iix: il
c~~1lle en,co:e, _du bput des . ~i_ncettes, . des~p\rgès ·-en(ièrés
qur,~o_m arpélpe-nt&gt;rrtiè's-, pqi~'d~s rr~grrlent de p?J.gës, puis
cfes fadrbeabx OÜ des 11101:S ~cmr totijotlfr Ji:siblés. Sur
cendres même on 1ecom1;rf,t les-êc:_
rlttiri!, JceUé dll1hdi11.me
c(
gtôs rire')) jet les ·éfégàn:i:e~ ~pprêtie(de' sa pa~terîii"le.
Il 1~~~ne yn~e_curioJi~é·4éso1ée•poî.}S1i~1;irClymène, fqrsque
tou_r dhrmrra. ·dari lfa ù'l':iisuti~ à pé'rré_?~Jt·•~J9s_c_e't{ê pi~ce _
et a se pencher sur ces cendres. AUSSI .r~s tetotWJe:t-H 1~s
écrase-t-il.
: , -· .:~., , , u '" ~ .
Sa tâche t1er_mi~r,e, }l se; rapptodi.e\ _,effe'g_ê tieflt ie~ ;yêux
fertrtés er fè-s· '?~1trs&lt;t'i~Üs ~W s'e's ge-rrdfrl ·n s'as~i1;d · oùt
p'rés- d''elle et d irfe,1 il 'tiffe ·fndiha1s~rftlé ~éfe, qu'êtte·fûî!
est reconnaissante de sa présence. 'Jfmùihl!ire.:;··
- Ce n'est pas vrai que vou,s savl~ï? '.'_, '
'· .
.- M.ris· l'orgu6it fa rlidif ettf/&gt;°ré. fl s~n?·hiéfi qti1lrf atltre
que lui prendrait dans les ~ierirtè.s lês-mafa;lfè ceite femme
mai-s il ès't titrdde, ~t '~i f'éüf amltiê 'a ~des· hardiesses ell;
est sans abandon.
'
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i~~Je-vo~~r~is-tp1e:1voµ' ~prüptèrtilz, iepre~d-il, 1e clêsarrol
~o-m.Mhla,rtt, · te1 efilafr1ntê~ ·ptongéés; ce1 :rè&amp;onté'è_s--à' !;i.1urµi~re·= w,..i ip'fès~t~tîr a'é 'prêvâffôhs, Ia fd1i fvèc
la.gtŒIIe ◊~ sé je'tre s:tir~tl~lque~ joufs' de 1ibertf • ·
Elfe- ç"~~vi-.e' tôûj611rs' 1p1rs lt$ y~M;.et git 'précîpitaffl..
pëtit~ •flà~;.é :t jâfth

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- Les droits, il les avait,
tous, .tous! ,
;
- Il ·ne s'agit pas de droits, mon amie, mais df vqtr!!·
chagrin.
·
·
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Âlors, avec une extrême diffip1lté, elle p~rvient J dire:- Autrefois, un pareil chag,rin .•. m'aurair.J paru plus
affreux 9.ue la mort même ... mais vous ~•a,Yez appris: -~
_ Elle ne trouve pas à formuler quoi ,e t reprend ,au bout
d'une minute .: .
- Vous nlavez montré que m;n mar( méritait ge l'affection .. . pour plus de raisons qu'on i;ie le cr,oyait aµtour
de lui...
~
Il sent qu'elle l'attir~ vers, uµe p~nte où il s'est promis &lt;le
ne plus glisse~ :
·
•
1
- La wemière de ses raisons, dit-il, c'est qu'il. ne f est
pas défendu luirmême~ puisqu'il estresté sur le front .; c'est
donc à nous qu;incombe sa défense. ~
t
Mais l'argument est l;,ien abstrait ;, c'est un _réconfort
plus sensihle qu'elle mendie. Il ajoute•:
,
- Dans un 1µo_rid~ où presque pe~sonne n·e l'est, il s~ st
montré dévoué, affectuei,µ .
.. ' J
•
Il
,
Elie a bon de aussitôt :
- Il était egcessivement b.on. ,
Malgré 1a pitiè qu'il ressent, l'e; pr~s~_io1;i l'agace. I;&gt;our.quoi les femmes ei:pploient-elles ~oujours,: -les mots les uns
pour les autres? Il rectifie : ,· ,
·
- Extrêmem·ent bon ...
M~is, dans sa détresse, Clymène ne peut y voir qu'une
approbation qui la fait poursuivre :
·
- Et parce qu'il était modeste, comme on a ca1omI)ié
son inteiligence !
Cette fois Vernois sent les mots se refuser. Il se leurre
de l'espoir qu'elle n'attend pas de réponse précise; mais la
voilà ql.li commence à trembler et -ses mains à lutter l'une
contre l'autre. Ce n'est pas de tendresse qu'elle a besoin
après l'humiliation de tout à l'heure, c'est dè fierté. Est-ce
·en un jour pareil qu'il va lui dérober son soutien? Alors ~n
~

,,.

1

1

-

-

LE CAMARADE rn'FIDÈLE

marchandant le plus qu'il peut et en parlant bas, comme
si? de_la ~orte; il enlevait aux mots une partie de leur plé111tude, il commence à lui répéter, dans l'obscurité tom~
~ante, ce qu'il lui disait l'eté précédent, sur l'esprit d'invention, sur la noblesse du travail industriel. C'est un peu de
ce qu'elle demande, un peu seulement; et c'est déjà tro~
pour lui.
Dès qu'il croit le pouvoir, il lui dit:
.- Laissez-moi surveiller le départ de cette femme.
Elle tourn~ vers lui un visage qu'il distingue à peine et,.
posant la mam sur.sa manche, elle dit vivement.:
- Ne partez pas !
Mais il se lève :
- Je n'ai pas pu vous é"pargner la morsure de cette
vipère, mais je jure que vous ne la rencontrerez plus. ,
Alors il sent se détacher de loi la main .de Clymène.
-- Moi qui m'étais imaginée, murmure-t-elle, que vous
lui faisiez la cour!
,

II
Quand Thomas a vu reparaître son frère, le dimanche
suivant, il s'est gardé d'aucune remarque. C'est seulement lorsqu'est passée l'heJJ.re à laquelle il a coutume de
le voir prendre son chapeau, qu'il demande :
• - Tu ne sors donc pas?
Vernois fait signe que non, et soudain sa confession lui
échappe:
- Ah, vieux, que ne t'ai-je écouté! J'y viens, mais trop
tard. Depuis mon exploit de d'rmanche dernier, quelle
figureferais~je chez Mm• Heuland? &lt;&lt; Pardonnez-moj, j'avais
bonne intention ... » Non, j'ai perdu la partie ; je ne puis
plus que m'effacer. Je l'avais perdue depuis longtemps,
depuis le jour où j'ai voulu mettre de l'ordre dans l'absurde éducation des petits et où je me suis heurté à mon

�LE CAMAllADE îNFJDELE

694

.

LA NOUVt:\-4~ ,R~VUE. J:MNÇAISJ

œuvre mê.rne, au •pres}ig§ que ,l;ij'y~oAfé• cl~f1~\~ •av_;tit
rèpris; .. Ce qui m1e cha.gri-1).era hw\~;,A'~tid~,ne .pas!r..evoir
Jes enfants. Jii: 1:r,ois qv.~ là~ je ·0;1:1.v~i§ pa.s, ~rihgu~~ -~~ -q_~e
leurdnère tllle,m.ê:Ule .i,ùtl!îJ ·le d;ttlihl..'M., p(tn,4rt ug p~1'.
d'ombrage. De q11oi q'âjlleur-s n'fl-*lle pas li~ù -4ti lll:e:,..J.
voulair? Sans moi, mal~.é: tou son c_ouragf, elle gfo,.&lt;;ai-ç
peu à peu vers l'apaisement ; et si elle avait décou~f!ri,Jt
vérité, elle n'en aur-ait,ph1s reçu qu'un ç_oup ..S:\PS force,, le
coup que peut&gt; port!'lr une ombre déi~ ,pdv4e de contour et
de visage. Elle •a dit q4ft.Jl~,-5awa.it . 4~j~, iu;i.it!, G~ 11'e t pas
vr:ii. Parce qu'elle ;.ts:ti 011gt1till~use,- -el~- a ..vpU1M•c-ctnfqn9J-e
la créature qui la bravait, mais en réaJ,ité✓.~H~ sQhissait
l'humiliation la plus mortifiante ... Je ne·(;Ü,guèré· par~ du
peti! Antoine, pour qu~ tu oe prételides l?a~ qu'il est- un
simple préttxte .. .., on, pardo";i ttt; t,1'_aurijis ~ iên ditr tAAÎ.S
tu l'aw:a1s p.ens~, relt cela n'aumit !!té ql.le plus irdtll.nf., Du
reste, ce qùil y-a.ide oo.o, ~•est·qu'ic;Jitre o'&lt;Jus ,le.s :rna.Ientendus sont finis, et c'est dire que somme toute j'y gagne
encore, mon bon Thomas ... La donzelle m'a traité de Don
Quichotte, et je n'ai seulement pas eu le bon sens d'en rir~
avec elle... Désormais je tn'en tiendrai à blanchir des
toiles. Tu dis toujours que le salut ne peut venir que des
métiers 1et je .crois volontiers qu'on· est plus utile en ·livront
dé beaux prodnits ·J:nnsciencieuseùient tra.v;iillé? qu'ep
s'évertuant· à conjurer un mçrt' do.n.t~rperrofu\e&gt;·:o;i p.l.q:;
besoin ... Si je _suis à Paris c'est parce--&gt;&lt;1.ue,, j':ai.rJleçu uu mot
du général de Pontaubault qui demande à me_·\!.oir. Ce
qu'il me veut, je lé devine. Peut-être _agit-il de son propre
mouvement, pour en finir avec un gêneur qui lui tire di:JJ.S
Jesjambes,depuis siLm-o..is. Peut-être est-.ceelle qui'l'a prié
d~ervenfr . . · JJ_
,"
'
Thomas dit ·au. lhmni d'une seconde: ·
- Jene penserpâs que ce .soit el-k.
- Pourquoi ne le penses-tu pas ?
- •
L'ainé soup'èse erl.core mre fois la résponsahiiité. qrCil as·
sume.

- Elle est venuè me v.oir.
Vé.mois riépèfi! av&amp;. .stqem;
- iEUe'.eSt:\-'.enue ·?... ~
.,.· - Jeudi ckrnier.
- ·. - · A qud propos ?
- Pour me deman.der si je -connaîtrais
.laboratoire
auquel foutillage trouvé dans l'ate1iet de .son m&lt;1ri,poutrMt
être utile. Maisice n'était qu'une..enn:ée .en m~ière.
-=--- Que ·voulait-elle ?
· ~ Mon petit, je ne m~ten.dais ~s à .être si ému. Elie
était, ell~-~~me très intimidée, mais on voyait qu'elle
ne sen irait pas sans avoir posé doucement nettement
. .1~s questions qu'elle il.Jta:it .p.tépat&amp;s.. Et' mol je me'
tou~s~~1s d~vmit eüe un peu ho11te1ta.:; 'à .cause des idies ,què
1.a1 s:ur les~mme!l en génér:ü,..et à .cause de .ct lles que j'.ai
pu me_Iorger à son endroit: Ce ,qui m'a 1e ,plus remué
-c'e~t de v.(!,i.r qri'eUe ne posait flas de ces quc~ionsquiqu~
tent. une .l'.ép.bnse .rassu'f.ante, des. question.s , e1'l forme de
harpon~ Elie hésiiatt, cherchait ses mots, 'ne 1-es trol:tV!âit
pas toujours.; mais la -question qu'elle aniv.ait à formuler
avait une pointe sans barbelure, celle du vrai désir .de conreûtre (.snr ce. point on me me .tro~ pas); c'_est...à-füre
qu'elle n'évitait pas, m.a'i:s..,bien s'efforçait ,.dé sonder le pire.
- -Et sur quoi t'intei;:rogèait-elle ?
- Sur toi, .parbleu; et plu&amp; précisément ~ur ta véracité.
Le ,filUJg. monte au visage .de Vernois comme si eile étàit
:présente ; _
,_ Alors quoi ? nrnrmure-t-,il. Si re suis 'Vant ard .à. mon
to~r 1 Si je ina.nœuvne ponr :cpuvrir de: pitoyables galanten~s?
·
.
- Elle cherchait à préciser ce que nous app:eilericms
la rlédim.ison rquc chez ooi les. sentiments ou la volonté
font&lt;Subir à 1a traiectcire d'une :id.te.
- . Tu ne vas pas &lt;lire qu'elle par1ait ainsi !
- :AYec -plus de déli-r.atesse évidemrnl!nt avec de6
détours et des biais ingé;ieux. ••
'

un

J

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Mo~ vieux, · que c'est pénible ! Je ne puis pas y
penser de sang-froid. Et qu'est-ce que tu lui répondais ?
- Je tâchais de lui faire comprendre le désot:dre où vous
êtes, le dégoût, l'incertitude qui vous porte à violenter les
problèmes plutôt qu'à les résoudre ... Ecoute-moi tranquillement ou je me tais !. .. Je lui montrais ce qu'il peut y
avoir de nohlesse dans cette déformation, tant qu'elle est
récente, angoissée, tant qu'elle est un effort et non une
capituhttion - à la différence de ce qu'elle risque d'être un
jour, si elle devient habitude, principe, '.dépérissement, fin
de tout.
Vernois s'essuie le front :
- Que veu;x:-tu maintenant qu'elle pense de moi ?...
Oui, je te remercie de rp'avoir défendu et d'avoir même
un peu triché en ma faveur ; mais dans ces conditions, tu
penses bit:n que je ne me soucie pas de la revoir. Qu~est-ce
qu'elle peut conclure de ce que tu lui as dit ? Que je mentais en affectant de l'aversion pour M110 Gassin ? Nous
pataugeons dans les soupçons, les indiscrétions. Non, la
situation est inextricable ; tant mieux si le général y met
le holà.
Il a dans .les yemt des larmes de dépit; Thomas fait
comme s'il ne les avait pas aperçues :
- Mes pauvres enfahts, dit-il, je vous vois vous débattre dans vos fidélités, vos points d'honneur. Mais comment ne pas se demander si ces renchérissements, ces défis,
si toute cette chevalerie n'a pas déjà dépassé le moment de
sa fraîcheur, ,autrement dit, si déjà vous n'en êtes pas à
l'amour-propre de la gageure, à l'obstination dans une
lettre qui n'est plus tout à fait vivante. Ton affection pour
ton camarade ...
- Dis loyauté, c'est bien suffisant. Non, ne ~e par~e
pas de lui. Depuis six mois que je fréquente sa ma1~on,' J_e
crois que je serais soulagé, L'animal, en le dotant, s 11 eta1t
là, de la bonne paire de cornes qu'il a si bien méritée. Il
n'y est plus malheureusement!

LE CAMARADE INFIDÈLE

Thomas reprend :
..- Quant à ses sentiments à elle ....
- Eh bien?
- Je suis trop soupçonneux pour être tout à fait
lucide ... Et pourtant ... Est-ce vraiment le passé qui l'intéressait? Je me trouvais devant un être encore tout ébranlé,
à qui l'articulation de certains mots faisait mal. Mais ses
questions ne tendaient pas à découvrir de nouveaux faits
soit à la charge soit à l'excuse de son mari ; elles visaient
b~aucoup plus à pénétrer les mobiles de ta dissimulation ...
Je t'ai dit que Mm• Heuland ne mendiait rien. Elle n'implorait pas de raisons pour te justifier, mais soJ enquête
même, qui visiblement lui coûtait tant d'effort, s'expliquaitelle sans une admiration pour toi ?...
Vernois se fâche :
- Je t'en supplie !. ..
- ... sans une admiration ingénue qui fait qu'à ses
yeux tout s'effc:mdre si tu viens à chanceler.
- Non, non, ne me rends pas ridicule. D'ailleurs voistu ça que tes suppositions soient justes et qu'il faille leur
donner le sens que tu indiques ! Qu'après ces beaux débuts,
et ces scrupules, nous soyons si piteusement dupés par
nous-mêmes et que nous finissions, après tant de tracas et ,
d'embarras, par _où deux enfant_s auraient eu l'intelligence
de commencer. Même si le danger n'est qu'imaginaire, tu
as bien fait de m'avertir. D'ailleurs elle est charmante, elle
n'est pas niaise, elle a une fierté qui me plaît, et des mains,
et un beau ~ourire, et plus encore d'intuition et de doigté
que je n'aurais cru, puisqu'elle a su te retourner en moins
d'une heure, mais il ne s'ensuit pas que je l'aime. Je suis
même certain du contraire. Et si je découvrais qu'elle s'intéresse à moi pour d'autres raisons que celles qui nous
ont rapprochés, j'ai idée que du coup je cesserais d'éprouver de l'admiration pour elle.
- Tu soutiens parfois, dit Thomas en le considérant,

�-6,9'f,

LA NOUVELlCE ' REVlIB r:RAN,çAISE

que les mathématiques émoussent notre :.pwspicacité Rans
les choses humaines.. ..
·
..,
- C'est vrai.
su~~
pas :à ex.pli-, - Pour.tant se -que.tu ,en ,a~..a;Hp.ds ne
quer.. .,

r-

-.

J

'
m
· Le to;~ de M. de Pont~~b~ult .est cl.;.~e as ~ ,.trouver
chez lui 4u~ d'~!:&gt;ord 1[~rq.ois sy présente; et !Grsqu'il
le :reçqit 11epda ~ryle l,a -journte,.ij .ne conwJe:'1d :p.as -as~z
vire,.4 ,détresse..qu'il .,pour,rai}. ~ettre à :Pr.o~t- _';
~ ~
. - J'am..ais ma11v~e .grâ:~e, ,dit-.il,_ moi .qui 1~ p.remitr
vous aï parlé de ma -~~' ~ 0\1-e il?}aindre
}'.infl.u~nc~
que vous avez prise sur son esprit. Ni . ".,Qtre. ~9~ne fo1, 1:1
votre délicatesse ne sont en cause. A mon ~g~. -00 devrait
savoir qu'aupr~s d'une jeune fem.me, tes paroles .~n~ ~l~s de
prestige dans une bou~he 4e trent~ ans que ·~de ~01xa_n te.
Mon étou,rderie méritait une leçon que vous _avez eu I-a
courtoisie de ne pas
donner. To;_1t a~ ,plus P~_,u :rais- je
invôquet le fai~ qu"'a notre tabf; l~~i servitude~ au com~a~aemént me forçaient -à. parler plus que vous ; les d1fferences 'd e nos points de vue,' ;,ous étiez .donc cetuî qui les
connaissait le miemç'.
r
· .
~ •,
Malgré la protestation que soufève en lui chacune I de
ces· phrases, Vernois resle tëfu~ié dans le sil~n. ~~ plus
rigoureu,x gardé-à- voµs; et M. de _Pontaubau1t s énerve
peu, sentant.que la guëti~e oû les subordonnés me.ttent
leur amour-propre 'à l'abri des offenses, k1:r four1:1~ du
même coup une retraite o\'i la persnasion ~ peut les
pôursuivre.
l . .
.
..1
•
'VôèlS savet, reprend-il, ·1e~ seQ.tlments que j°ai pou:
M'ln• Heuland,' sentiments ~lus part,iêu.lfers . q'!+~ ~~eux qm
me lient à mes autres nièces. El1é e~t pl1;1s ci1;:~' lpa filleule,
presque ma fille. Nous no.11s spmmes toujo_~ rs ·enteh~us à
demi-moi. Je retrouvais en elle, avoc plus de reheî et

ge

·me:

7~

'Un

LE Gi\.td.ARADE INFIDÈLE

..d'ampleur -qu'en ses ~urs, certaines. vertus -et certarns
défauts de notre famille. Son mariage n'avait pas compromis notri.t jptîn:üté, Je in·e pbtrvais exiger de son mari qu'il
!le Ht. pas N"4}o4 aupr-ès ti'elle ses prppres idées ; mais je lui
rends .igrâce de s'y être toJ.1iours pris -disorè~meot. S'il est
in.terv~u avec quelqne -ra.ideiui:: entre sa .femine et moi
c'est, cho~ paradoxal.e;, ~p.uis qu'il est disparu. Je préciserai ,:-surtout depuis six mois ..
.'·-:. ,Qsei;a,i.-je, dir V~roois, vous demander par quoi :.Se
marque plus procisément-êe que vous app$!-lez l'intcr~ention
d'Heuland?
- Si je vous réponds : par ·un es.pût de révolte, vous
risqqe2i d_
e voir ,el;l 0101 ce mau.ia~ué de l'autorité qu'on
imâgil'le en tout iniilitai_re ; -niais les ciroonlocutions -~e
fer-ai.~nt ,que reQ.dJe av,ec moiru; de uetteté le sens de ces
mots-là, Je fais fa part de la ,dou:leur, mws je suis t:hagriné
p~ 1'-wiertume. M"'• HeuJ.and n,se~t pas de ces fen;imes qui
formu.lent voJontiers t~µ~-s précyçq.1p.ations. U:ne phr.1Se
fortu,iœ, une iotidente lai~~ i~pinément apetce._voir le
.tra-vail q·u i s'est fait ~U: :.clle. ~ sqP.,t dtts éclats presque.$ans
voix ni regard, mais qui dé_npten,v !'inquiétude, le _mafoise,
,et -qui, nJe sèm ble+il. ·se, .,s{)p't ,. Il}Ultipliés· ces · derniers
œm-ps. .
_
Piqué par un mauv~is sourire que Vernois n'est pas
-atteraif /41._r~primer, le généra.l poursuit :
- . Ç; qui m'in:i.t~;, te n'est pas telle eu telle idée, mais
J;i p.1.}pif.estation. de kndances - tout à fait étrangères à la
v-tii~ nature de m&lt;!, nièce. D'entre .nous t-Q.us, elle est la
plus aristocrate, car elle l'est en profondeur. Elle est la plus
ra-cte. Jaµia.i.s elle n'avooera combien elle a. dû souffrir
au,près de c~ pa,uvf4 Jleij._-l,aQd, :el!~ q_ui n'a., pas le goût de
la fortune mais qui pousse jusqu'à, la préçiosité certaines
élégances du cœur. Nous ne l'&gt;a.v,&lt;&gt;I\S compris que ttop
tarJ. : elle était faite pour -êpmaser un hqmme de. ,même
éduçation qu'elle, d~ ll).êrtJe~ préjugé$~ , si le mot vous
paraît plus sincère ; un homme qui eût des hérédités plus

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fines, auxquelles ne supj&gt;léeot ni la bonne volonté ni l'intelligence.
Avec la morne volupté de la délivrance, Vernois laisse
descendre en lui ces paroles dont chacune le déchire ; mais
son silence commence d'inquiéter- M. de Pontaubault.
- Si j'ai souhaité cet entretien, ce n'était pas pour vous
dire tout ceci que vous aviez certainement deviné. Mais
puisque vous voulez bien montrer à ma nièce de l'amitié,
j'espérais en votre ;ide pour lui rendre uoe paix dont elle
a besoin. Ce ne sera pas la première foi!i que nous collaborerons.
Vernois se décide enfin;
- Mon général, je pense comme vous le faites que mes
quelques rencontres avec Mm• Heuland n'ont pas coo~ribu~
à son bonheur. Si \'"ous aviez tardé quelques sem:imes a
me demander cette explication, vous auriez constaté qu'elle
n'avait plus d'objet. Il était dans mon intention d'interrompre toutes visites et de ne jamais paraître dans la nouvelle maison ot'.1 Mm• Heuland s'établit. Je ne me trompe
certainement pas en pensant que c'est la manière la plus
dEcace dont je puisse vous aider.
Ce qui sommeille dans le !1obereau de méfiance pa~sanne
lui fait d'abord flairer un piège. Il cache assez bien sa
stupeur et commence par quelques protestations ; mais
Vernois refuse de se laisser payer par de faux semblants.
- Non, mon général, c'est la solution que vous n'avez:
pas voulu me demander, mais qui s'accorde le ~lus
parfaitement avec vos désirs. J'ajoute : avec les miens
aussi.
- Je reconnais là votre décision et votre droiture. C'est
ainsi qu'entre hommes les questions doivent se régler. Eh -~
bien soit je vous remercie.
n'tcnd 'une main que Vernois se donne l'air de ne pas
apercevoir. Ce ton lui rappelle trop la martiale tranquillité
avec laquelle, naguère, le général acceptait le sacrifice deses hommes.

LE CAMARADE l. FIDÈLE

701

- Auparavant, mon général, je voudrais pourtant renir
une prome·» e faite à Mme Heuland l'été dernier. Je dois la
mener sur le front.
- Je l'y ai conduite moi-même, dit M. de Pontaubault,
et je ne vois pas de profit à lui faire renouveler un aussi
pénible pélerinage.
- Je me suis trouvé mêlé de plus- près que vous, mon
général, au détail des événements. Je puis les lui faire
comprendre d'une manière plus vivante. fy tiens pour la
mémoire de son mari.
Les soupçons de M. de Pontaubault prennent brusqu ment corps:
- Ah ça, dit-il revêchement, quelle nouvelle révélation
lui ménagez-vous ?
Vernois blêmit :
- Je ne comprends pas, mon général.
- Il ne vous suffit donc pas de lui avoir fait connaître
les frasques conjugales de ce vaurien. Vous voulez encore,
à l'endroit où il est tombé ...
D'un bond Vernois est sur ses pieds :
- Vous parlez de mon amitié pour Mme Heuland et
vous me tenez pour capable ...
- Mon ami, les hommes les plus délicats ne le restent
pas toujours quand 1 s intérêts d'un senùment sont en
Jeu.
- Non, non I Dans ces conditions il n'y a rien de fait.
Celui qui cherche à liquider Heuland, ce n'est pas moi.
Non, permettez, mon général : un point doit être établi
tout d'abord, avant quoi toute parole est inutile. Ces
« frasques conjugales», est-ce elle qui vous en a parlé?
- P~u importe. Toujours est-ce par vos soins qu'elle
en a eu connaissance.
- Il importe si bien, que je refuse de m'effacer au cas
ou elle devrait garder de moi l'idée que vous exprimiez
tout à l'heure. Je veux bien être un sot, mais pas ce que
vous dites. Au reste, je ne sais pas pourquoi je me tour-

�LA NOUVELLE REVUE- l"B.A-NÇklSB

mente car les mots- quevotrs ~ploJez. sentent tetrib-le. ,
'
ment la lettre anonyrtle'.
, .J
,v •
.,
.J
En M. de Pontaubault le diplomate repirtl:lcl~lèl desln:ISl .-'-~- LI n'entraiit pas ·-~aM· mon ,espri.11 dt} ~us, t&gt;less~.
Noo l'auteur de la- déht.tfon a signé- sa leme, et volis ~ez:.,
bien' deviné qu'il ne pouvait s'agir que de; Mil• GaSshL ;
Tel est le S'0ulaguf1ètitl de Veroois quei t°.ut -!16n• visages'en éclaire, détente-~ue le gétltral mtt--aussitôt t }?rE1fü-:
, - Voyons, m_oi:i :ra~i, nou~ nàlfs- compr€-ndrMs"·sa:ns
beaucoup de phrases. Lts .caprices de -éel! imbé'dlt! a-ut:riént
gagné-à rester seci:etS:, miis slitl- dht .transpiré' c'est- •èrrct3re
un malheur dont on se relèvera. Il n'en va pas dè' mêœe
pou~ tes ·pétdbles. clrtoosrances que veus coannssé.t am~i
bien que moi...
: " '
· :
- J'ai toujours soutenu, mon général, que le-rectit:'dui.mt
lequel il est tomM .. .:, ·
·
:'
.
- ·Mon chèr Vetnois, ·né d1s1::ut0îfs! p~. ·Mtme• si:- le
uralhttm a tout fait, . U vaut mi,t1ax: .;1e, eacher q~nd il,_,
\, - , 1·•ea.uerru-s
! _ ,,l-:·
. ~ .. '
ressemble si cruellement à autre cuose.
Cf:uc,
sur! ·
ce point, la réputatiôll dé men œvell' nè- !fdit p~-'è\'l~mée.
Groy:ez-moi : tenGf'.ttet à c.ettè, v:isité- )du dilin::l'.p de
bataille.
· -' ·
Jt 1
' •
t.,
~~ Je .ne puis - pits.~fai' mûremétttl •rëft~chi àux termes
qu:e yettfploidtllfÎl, att ,d.1emirl -qne no'Us suivt-Ons:. w
•
•
- Mon ami, vous vous couperez. Trouvez quelq~
pn!œxtèl pour ~bantio?'11e.r ê~ preje~, l\'~U~s':,bte'à~ ~li, "."°'?s
nèltiïrnrgin@~.' J • • :J, ..
~,.,,.J .. °J •
• .,_ _
_
1
'Mai&gt;s -ph:ts ~
n, a ;c'.édlî jüsq_ufâ 1&gt;f~sen\l) pli!S _vemo1s . se'
rêvO'lte .d~nt d ltte &gt;éxigctncaèl -1 - •0 - 1 1. ., • _ ·., • • ':_ ·
~ s~ je ne .vaia ,~as: ;r~c:i él.te ~ltliëah&gt;ù ,s6;1' mà? ·e'9t
mort~ t~ 1:1'.e pui son.g~r ~ voo~·-~n'èP. ~~t1~n- :.sàr- ~:s _
autres points. C'est par_ ma faute qu·e, ~~s- ht so~v~
qu'.éll(!-gatde &lt;fe,lu~!; l'ku.l~n~a. su~it ~ 'tfne~ll-t'ct èt J -m:e
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jairthès l
' J1 ~
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J • ., 'J..

LE CAiMARAD.E INFIDÈLR

,

_; Non,.. man, généml, mais-- bien de lui ·ren:d-re sa1pl.a.ae
entre elle etmoi.
.:.,
Pendant quelques secondes, M; de Pontaubault ga:r.d le
si,k.n.ce 1 m~.au-œ.cnnfont·de , Vernais, .iLoe.sem:hfu pas
avoir compris _
,
, ,
,.,- .,.
~:- wmm.e vous. v.omhe~imopami. J.e ne prétendàfs q-1:1e
VQUS averfu-"'J&lt;;;œeri g;udë!.io;i moi.ps: V'lltt~; pnol'l!ltrSSC ,,'
- _E)b.;_paro.on, j-cl n,ài rien:pmmis.. Je..v(!lu.ç :ui&gt;. dit man
iniention.,, mais: je ne...-suis pas seul en cairse:
~ - Voyons, v:oyons, ne. vomd.âchez .pas.. Cette: collitbo~f,
ration dont nous avians f~it le. ·projet· et -quË'.devnir.repren:dre nos bonnes traditions des temps héroïques...
. , .. " .,
Cette füîS: Verm.M s:€1 rure iont.à fuit" IL :f.rutr,qu'iL sâtisfasse un besoin de vengeance. Pourtatrl"Ôest presqu~1isur
un to1tplaisant qu'il .tepàrtÎ11:::...
~ ,.)
- La •coH{llboortio.a du temps; de guerre· niètait qu'uh
nom flatteur" do~t on réco.mp-emait .DXlt.œ .obéissance-~ .. :~stnous qui emfaision.s taùs.-lés'-fpii5 .•Mais-ces..miradës' &amp;abnégation ne-se.. prd.duiront pas, deux fois. Le 11ressau~~t irus.é; ..
Si.pu: malhen:ôl vous.. fau.1ü errco:œ faire appel à; nous" jèri
grand'pe111i que wusr ne;, s:rchi.ez. :pas le rie.tendre. Je. v.aus,
pi:és~ m~.s.-œ.spects, mou gépér.al.
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lefantônie duLClienùn, qu.f')se sont di&lt;qrùf:é, dem::rn1ontle.s
s'enfonce e ligire,&lt;lroite so.us.t:la.. broù&amp;5aillè ·de fil :de:fer,
et,. mcottt i.mpra-uicabl é allll' viv:nits,,. .st:llID]e
voie _Sblen~lle rGSetl.rte ·au p.iiuip½o :des. ombœ,sivl.ai .,rlrontée'., d ' 'la-,
cô.te a été 5-ile.ncieuk eti n_ppressée-. lb·Jie.ti: .Aat.oiaaerfui.., '
même,: dot1 t Jr.ous d.ë'nei QD tt désu:éla .prëseir.a; n~ pas .posé.
une-quesfimr. M~wl~q:ue,,atte'ignanrle _soœmew iR voifflr
s'ouvrir:autour d'el.llld}ünmèruœn ofüud:e, et,. ooiE aei dëfu:at.

w1

�704

,,.:

LA NOUVELLE REVÙE FRANÇAISE

soleil de mars, l'échelonnement à perte de vue des collines
en friche, la majesté, du lieu endort un instant l'angoisse
, de Clymène.
- Comme rherbe a poussé, murmure-t-elle. Il y a un
an, l'endroit était encore si terrible.
- Nous allons v~rs ce mamelon, là-bas, dit Vernois.
Nos lignes le coupaient par le milieu. Il s'agissait de les
pousser jusqu'au commencement de la déclivité, même
pas jmqu'à ce rocher que vous voyez- d'ici; deux cents
mètres à peine. Ah) que cela paraît maintenant peu de
chose! Prenons par ce sentier qu'on a taillé dans les
réseaux.
Elle le remercie d'un regard encore plein de la crainte
qu'elle n'osait avouer :
- Alors nous ne serons pas forcés de suivre la tranchée ?
Elle était déjà presque obstruée quand mon oncle m'y a
conduite ... Au retour nous nous sommes perdus ...
Ce qu'elle ne dit pas mais qu'il sait par M. de Pon!aubault, c'est que, dans un couloir, il a fallu franchir un
éboulement d'ou émergeaient deux chaussures, et qu'au
retour, voulant lui épargner de passer par le même endroit,
&lt;:'est à grand'peine que le général l'a ramenée jusqu'à
la route avant la chute du jour. Vernois la rassure: les
Jaunes ont minutieusement battu la zone de combat ;
&lt;l'ailleurs il a lui-même reconnu le chemin. Et marchant
le premier, signalant les obstacles, les mauvais pas, il s'en·
gage dans le maquis des piquets, des cerceaux et des
che..vaux de frise. Mais le souci que ses compagnons ne se
blessent dans les détours des chicanes ne le distrait pas de
l'évocation vers laquelle toui son esprit est tendu.
- Que de fois j'ai surpris Heuland à contempler cette
vallée, du seuil de .son gourbi, au coucher du soleil, ou le
matin. quand la rivière commençait à luire dans la brume.
Car il était sensible à la nature, plus qu'il ne le savait luimême. Devant le spectacle de cet horizon, il nous arrivait
&lt;l'oublier les ennuis ou l'insécurité du,secteur; et pourtant

LE CAMARADE INFIDÈLE

aucun de nous n'avait pu lever la tête assez haut par-dessus
les réseaux et les remblais de la crête pour apercevoir,
comme nous le faisons d'ici, les deux versants à la fois.
Nous ne savions pas que notre position avait tant de grandeur. Ce que nous en apercevions, toutes ces pentes et ces
replis du terrain, semblait aussi vide, aussi mort qu'aujourd'hui, à part les éclatements qui tout à coup jaillissaient du
sol, tantôt un seul, tantôt par quatre, ou qui couvraient
brusquement une zone entière. On aurait dit parfois que plus
rien ne vivait dans le pays, hormis ces végétations de
fumée, qui se dissolvaient au bout de quelques secondes.
Quant à l'immense population de soldats cachée dans -les
creutes et les terriers de notre versant, on ne l'aperce:vait
pas plus qu'on ne devine à présent la foule des morts qui
occupe la même place. Il n'y a de changé qu'un peu
d'herbe ... et le silence !
La croupe qui paraissait toute proche s'éloigne à mesure
qu'ils s'enfoncent dans les ronciers et que, coude après
coude, le sentier se referme derrière eux. Puis soudain,
lorsque Clymène se croit encore loin de l'endroit qu'elle
appréhende de revoir, Vernois s'arrête:
- C'est ici ·que. le front de la division commençait. La
souche dont il _reste quelques débris à notre gauche, était
dans ce temps-là un arbre visible de loin. La bdgade
d'Heuland devait passer entre cet arbre et le sommet de
l'épaulement. J'ai pu retrouver la tranchée de départ.
Venez par ici.
Il les emmène par un passage plus étroit encore et plus
tortueux, jusqu'à un boyau si comblé qu'un homme n'y
serait pas caché plus haut que la ceinture.
- C'est là qu'étaient massés les hommes. L'endroit,
depuis, a été pilonné et les Allemands ont renversé le sens
du parapet. On avait taillé des marches dans la terre. Et
à cinq heures moins dix, quand on commençait tout juste
à distinguer les · objets les plus proches, c'est_ d'ici qu'il a
entendu le terrible signal, le petit coup de sifilet ...
45

�_,/

LA NOUVBL-U 1ŒVUE FRANÇAISE

7u,o

.

Vernois n'a -pas compté avec cette ~ ~ e,caœssante, m
prévu .cmµbien des li-e-lilx ,aux contours .Sl effacés manque~aient de langage p:anr qui ne 'les :.a ipas connus d.ans le\lll:

.

état premier.
_ Le boyau que mous ,lJ.lons à ~u~lques, mèttes devao~
nous n'existait pas. sils .ont p.u cmmr 1:u-squ au réseau _ane
nd là où
Les premiers fils de ferJ .Ils iront trav~rsé
ma '
,
• •1s ~ t - au.té ra preroLète
sans beaucoup_ de pewe, puis n u= s

sont

tranchée.
. • 1 b
Vernois siàvanœ em.tte des cratèl'es creusés par es o.mbardements .p.os:térieurs. Mais dev.ant Je _visage de_ iClym~ne
il sent toutes les ,explications iintempest1ves. Il ·aioute simplement :
.
,
· d
- C'est ;uste à }~endroit où nous sommes qu un tir e
barraoe les.a ëcras.és.
Al~rs, comme un soldat touché, ,elle chance~l.e un ipe1:,
tombe à genoux. Paur respecter s~ reoue~emeJ1t, il
recule de .quelques pas, -violemment tué en _arnè11e par le
petit Antoine .dont les doigts tiennen.t les s~ens serrés. 11
· Cl ène prendre de la terre dans.ses mams, la soulever
vort . ym
• l 1·
comme si elle allait la -porter .à ses lèvres., puis a aisser
re tom bex. Et aussitôt.il sent Yenfani se mettre
. Là trembler,
. ,.
·
1
.r0 .-t Il veut le faire asseoir, .roa1s e pettt :ti~t
tirer p us ..1
d
œs yeux fermés et refuse _de .se tourner- du .coté e sa
1 "

•

•

•

mère.
·
.
_ Antoin.e,.mon bonhamme,Jui d:i:.t:doucemeut Ver_ne&gt;1s,
est-ce que tu n'oserais seulement pas rega:~er ce ctm1 de
terre o:ù ton père a bien eu le .c;onra-ge de, s,élanc~ .r~ec 1Ses
hommes au dev.ant des grenades et d un.e m1ttailJeuse
qu'on n'~vait pas pn détruire? Cé.tait pl~ ~ayan: de
fraru:bir ce petit espace que de traverser ~ Afnque ~ une
extrémité à l'autre.
.
Mais l'enfant reste . replié, les mains sur son ·visage.
Vernois pt.éfèrerait :une crise ·de dése_sp_oir où _le .cœur du
petit s'ouvrirait et recevrait un souverur indélébile.
- Je y.ais te dite •une chose que ,p resque 'Perso..nue .ne

LE CAMARADE INFIDÈIJE

707

sait~ il ne •faudra pas 'la répéter à ta mère, par.ce qu'elle en
serait trop bouleversée ... ·
Mais, toujours sans lâcher la main de son ami An toi-ne
relève· la .r:ête, regarde en .arriève et dit avec un ;entiment
d'horre,~ qui ne, peut laisser place à d'autres impressi0ns:
- Ja1 cru quelle voulait manger la terre ...
Et il .ajoute aussitôt:
- Si nous nous en "1llons, il fau'1ra bien q.u'elie
viesne.
A.-u bout d',-un moment, Cl,y mène se relève et demeure
tournée vers la barrière de collines qni . clôt .l'horiion -du
.côté du nord. Quand Vernois la rejoint et .rencontre ses
yeux, il n'y voit aucune trace de pleurs, mais un rega-rd
dur et perplexe. Avec lassitude elle soulève nm peu les bras
et dit, si bas qu'il l'entend .à peine:
- Je n'ai plus rien ...
Il se méprend et répond :
- ;Mon arnie, .il vpus a laissé trois beaux- enfants.
Mais elle secoue la rête, désigne vaguement l'espace
autour d'elle et murmure plus bas encore:
- Je ne fe vois plus.
Et très vite elle ajoute:
_:. Mon onale ne m~avait pas montré cet endroit..•
C'était un emplacement plus ,découvert.
- Nan, dit Vernois, èest bien ici qa'il est tom'bé.
- Je V-OUS cr.ois, mon ami, je ne doute pas
vous. ..

ae

Mais au coup d'œil hésitant qu'.elle ~ette alentour, .il
comprend que Faspect d'.1.m lieu tant soit peu différent a
brouillé les anciens souvenirs et que fümagination décue
ne sait plus sur quoi se poser. Soudain Clymène se baiss; et
ra.masse prévipitamment un ob}et qne dans .le creux de sa
main eUe chei.;che à dégager de la terr.e .adhérente. Ses
doigts se ferment comme sur un talisman.
- Qu'est-ce que vous avez 't rouvé?
- Un boutm1,- dit:-.elle sans rouvrir la. main.

�708

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis elle se- décide à le lui tendre, mais comprend aussitôt l'absurdité de son espoir.
- Ma pauvre amie, un bouton allemand ...
C'est trop pour elle que le surcroît de cette petite déconvenue. Elle a hâte de quitter ces fondrières désolées. Elle
remonte vers le premier sentier, mais avant de l'atteindre
se retourne encore une fois du côté de la vallée abrupte
où durant tant d'années, a commencé la terre interdite.
Ce' décor, du moins, avec ses pentes rousses et ses falaises,
est commun aux deux emplacements entre lesquels hésite
et se déforme fimage qu'elle poursuit vainement.
- C'est en regardant cela qu'il est mort, murmure-telle.
Par pitié Vernois s'abstient de répondre; mais, dans son
désarroi, elle a besoin de certitude :
- Faisait-il du soleil comme aujourd'hui?
- Du soleil... Non.
Aussitôt il comprend que toute imprécision lui est suspecte et que la vérité est moins dangereuse:
_
- Il faisait un léger brouillard qui a permis l'effet de
surprise ... Jamais Heuland n'a vu cette vallée ... que sur
les cartes.
Il reprend la tête de la petite colonne. Dans la charmante clarté, les questions d'Antoine se pressent, se bousculent, parmi des cris à demi-voix, poussés devant les
débris de toute sorte qui déjà ne trouvent plus de place
dans ses poches. Qui sait les épouvantes que l'enfant a
craintes et qu'il sent COl)jurées ! Etourdi par la réaction, il
n'est plus qu'ardeur et confiance. 11 insinue:
- Est-ce qne les Annamites ont aussi ramassé les
casques?
Après tout, la m_é moire d'une chasse heureuse peut aider
à défendre de l'oubli l'émotion de cette journée, et Vernois
se tourne vers Clymène :
- Si vous vous reposiez un mome11t. Nous entrerons
dans les réseaux pour tâcher de trouver un casque.

lE CAMARADE INFIDÈLE

Il tire de sa poche une cisaille et se dégante, ce qui
laisse voir la peau déchirée de ses mains.
- Vous vous êtes blessé I s'écrie-t-elle.
- Ce n'est rien.
Et pour côuper court, il remet ses gants. Mais elle
insiste:
- Qu'avez-vous donc fait?
- Il y a huit jours, je suis venu frayer le dernier passage que nous avons suivi .
.Elle dit, les larines aux yeux :
- Vous avez pris cette peine!. .. et vous allez encore
vous mettre en sang.
- Il ne s'agit pas de moi, répond-il avec impatience;
et ce n'est pas un lieu où s'apitoyer sur des égratignures ...
Allons, mon gars, grimpe sur mon dos, ou tes mollets
resteront dans le barbelé.
La recherche dure plus longtemps qu'il n'avait prévu.
EH~ est récompensée, à défaut du casque, par une ample
mmsson de cartouches, de fusées et de bidons. Un instant
ils croient s'être égarés, car sur le sentier ils ne retrouvent
pas Clymène. La voici pourtant qui revient; ce ne peut
être que du champ d'entonnoirs où elle est retournée, mue
par quelle attente ou quel repentir? Elle matche les yeux à
terre, la robe déchirée, tenant un petit bouquet de fleurs
jaunes déjà pendant et flétri. C'est à peine si elle sourit à
la joie d'Antoine, et pressant le pas pour passer devant,
elle ne prononce pas un mot jusqu'à la route.
Ce point ou la chaussée fait dos d'âne et coupe le chemin
de crête, c'est là, Vernois le comprend bien, que sa
mission s'achève et qu'il devrait dire à Clymène : « La
voit~re vous ~ttend au bas de la côte; vous n'avez plus
~esom de m01. Descendez sans vous retourner, et quànd
!e ~ous _aurai vue disparaître au premier coude, je m'en
t:at m01-même par l'autre versant.» La voici qui pose le
pied sur la route, qui s'arrête pour reprendre souffie,
échappée au cauchemar des nappes de fil de fer; elle

�710

0:-

LA NOUVELLE R,EVUE l'î.l\.NÇAISE

semble lui donner juste le temps d'.engager la phrase, à
l'endroit qu'il faut . Mai&amp; comme une goutte tombée
au point précis où les eaux se partagent et dont un grain
de sable décidera l'hésitation, la phra:',e reste suspendue
entre deux pentes . .Si Clymèpe n'avait ce mouvement
· de têt'e qui semble un commencement de départ, si elle ne
laissait pas tomber ses fleurs fanées,, ·sans duute pu&amp;rait-il.
Mais déjà.c'est trop tard. Pour la pretnière-fois il la prend
par le bras ; il sent sur sa manche ce coude et dans sa ma in
ce poignet qui s'appuient. 11 faudra pourtant bien qu;avant
l,a fin de la descente clarté soit fa1te enue. eu~.
- Mon amie, commence-t-il, yous ne me- vernez pas
.avan·li longtemps~
- Pourquoi ? demande-t---elle ingénument.
- Mon travail ue va. plus me permettre. d'abS&amp;nc.es.
Elle dit avec la soumission de la' fatigrte-~
- Je vous ai déjà-coûté beaucoup trop de temps. Mais
g.u and ce serait dans deux ou tr.ois. mois, dires quand
vous reviendrez~
- Je ne sais pas encore.
Alors elle s'alarme :
- Ne me. fuites pas pe.ur !. .. Dites m.oii bierr e.x.octem~
sans rien de plus ni rien de moins•. . Je ne puis me méiie:r
de tout le 'mon.de ... . et de '-lous encore !
- Vous êtes entourée de meilleurs conseils que 1-es
µriens. Je ne suis que trop intervenu dans votre vi:e.
Elle riposte avec âpreté-:
__,.., Je ne suis entourée que-d!êttes qui.me dtttesteo.t r
Il croit avdir mal enteodui:
_,_ Votre ondedésirerait, ..
M© ll oucle ni mes sœurs- ne désirent mon bien, m a1 s
seulement que j-e fasse leur volontfr.
Les barrières de sa fierté cèdent à la: la.ssil!ude ; elle poursuit:
,
- Si je i.--egard-e \le11s le passé, aussitôt il:s s'efforcent de
le ternir ... Et si je regarde ailleurs .. ·ils, ont .encore pem

LE CAMARADE" INFIDÈLE

,que·je ne leur t-:FiapP,e ... Vous seul ne m'avez pas trompée ...
Il murmure entre. ses dents : ·
- Qu'en savez-vous ?
De ln tête.ellè fait signe qu'elle sait b.ien que non;._ et à
bout de force, elle répète ce geste comme pour empêcher
que Vernois n'insiste. Mais à l'entrée du village en ruines,
où déjà la Yoiture est eœ vu.e, elle reprend, très bà:S :
- Croyez-vous que vos pauvres ruses n'étaient pas
transparentes ..~ Ce n'est pas votre faute ... si mon mari...

Il dit:
- Je ne vous ai conduite lei que pour vous Cbntraindre
à lui, pardonner.
Alors elle fe regarde bien droit et ditav&lt;ec déso~tion:
- Comment ne voyez-vous pas ... que cela m!est devenu
faèile ?
Elle étouffe un sanglot, très vite, car Antoine se .rapproche. Et tandis que l:e petit saute au mu de Vernois, elle
fuit vers la voiture.
·
1J
&lt;

J

~

•

V

Ne.tilt-ce que par ruririecpour M. de Po:n.tau.bau.lt ;. ne fûtce-que pour aémontrer à Th0mas la rutïveté de s~s, &lt;mnseils •
ne fût-ce que par cynisme et par· d.érl:sion. de lui ·m:&amp;me '
Vernç&gt;is est.revenu dès la semaine suivante~ et dans le
d'crne cour tranquille, il est satisfait de soo.ner à hi. porte
de cette maison où il s 1ét-ait promis de ne- jamais pénétrer.
Clymène lit près d'une fenêtlla; elle n:e renrend pas
entrer.
- C'est moi, dit-il; j'ai. voulu vous montrer. ce que
valent mes résolutions.
.
Elle. ne s'écrie pas. Ou dirait que la présence de ,Vernois
ne la force qu'à peine à changer de pens~
- J'avais tellement èspéré, diL-ellc ..•
Il lui baise les deux mains 1 mre après' l'autre.

fond

�712

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Je viens en homme raisonnab~e qui ;ous _deman ~_e
pardon de tout ce qu'il a fait ou dit depms le iour qu 11
vous a vue ...
Elle voudrait l'arrêter, mais il lui baise encore les
1

mains.
.
_ Pauvre amie, avons-nous assez quintessencié ~t
coupé des cheveux en quatre. C'est votre.. faut~ aussi:
Pourquoi me braviez-vous avec votre hér01s_me . li faut
croire que c'est bien français ce goût des acrostiches de se~timents. Si nos voisins en font des gorges chaudes, 11~
n'ont pas tort. Mais il y a, Dieu r:::erci, notre bon sens, qm
finit toujours par avoir raison. Alors c'est entendu, n estce pas? Désormais nous serons sincères.
Elle essaie de dégager ses mains :
_ Je le veux bien, dit-elle d'une voix qui tremble un
peu.
.
1 fi
_ C'est-à-dire que jamais nous ne Jouerons :u P. us n
-l'un ave~ l'autre. Il faudra terriblement changer d hab1tudes.
Enfin nous nous y efforcerons, si vous voulez.
Comme il lui a rendu la liberté de ses mouvements, elle
reprend de la hardiesse :
. .
.
_ On croirait que nous d1ss1mulons des sentiments
bien honteux... C'est entendu : nous essaierons. Mais
d'abord dites-moi que cette pièce est joliment aménagée.
Il en fait le tour avec des remarques· sur les meubles. ~ls
discutent une couleur, heureux tous deux de ce réf1t.
Arrivé près de la table, il prend le livre qu'elle y a laissé
grand ouvert :
- Que diable lisiez-vous?
Il regarde le titre.
_ Comment, vous si vraie, pouvez-vous trouver du
plaisir à une pareille sottise ?
- Peut-être parce que je suis sotte. Mais ce roman estil plus absurde qu'un autre ?
- Essayez de me raconter ce qui s'y passe.
- Non, c'est trop ridicule.

LE t:AMARADE INFIDÈLE

713

-:-. Vous voyez bien. Il y a naturellement qu~lqu'un
qut aime éperdument, dont c'est la grande, l'unique affaire.
Comme si réellement l'amour tenait dans la vie un rang si
éminent. C'est pour s'aveugler sur la laideur de l'amour
qu'on lit des romans.
- Mon ami, dit-elle agacée, laissez l'amour, puisque
-nous ne sommes amoureux ni l'un ni l'autre.
- Voilà déjà que vous manquez à nos conventions.
- C'est un peu fort !. ..
---:- Nous ne sommes pas épris, je le veux bien, mais nous
sommes un homme et une femme qui courent grand danger de s'émouvoir ... ·
Il observe qu'elle pâlit.
- •··. comme cet -accident peut arriver à n'importe qui.
Alors mieux vaut, ensemble, étudier la nature de la menace.
Mettons-nous sur ce canapé et causons en amis à qui les
mots ne font pas peur.
- Il ne faut jamais contrarier, dit-elle ni les ivrognes
ni les fous. Alors ?
'
- Eh bien, je pense qu'il existe deux sentiments hon•
nêtes, nettement définis, et qui n'essaient pas de se donner
pour ce qu'ils ne sont point, dont l'un est le désir ·l'autre
l'amitié. Le premier est compris partout, mais l'h;pocrisie
v:ut_q~~on le_ déclare grossier. Le second jouit de la cons1dérat10n umverselle, mais presque personne ne s'y intéresi;e. Toute l'attention, tout le bavardage, toute la littérature, toute l'éducation sont tournés vers le mélange des deux
qui, comme tant de métis, a de la séduction et les vices
superposés de ses deux parents.
- Je vous écoute.
- Or cet amour qui a tout usurpé, qui s'est fait recon'"
naître ~n c~ractère quasi sacré, devant lequel on veut que
to~t p!1e, c est de tous nos sentiments le plus louche, celui
qui fait commettre le plus de vilenies.
Elle tâche de lui tenir tête :
- Ce que vous dites n'est pas très neuf.

�LA NOUVEJ;.LF.: :REVUE.' FRA'.l'IIÇAIBE

- · Raison de. plus, pour que ce soit vrai. Voici- par
exemplti un homm.e, qui finrrodnit auprès d1une. jeune
femme sous pnétexte d?e~alter ht mémoire de .s0n œarb...•.

Déj-à ell.e
-

es!. debout :
Parlez de l'amour tant que vous· ~ndnez, mais,!$

de. nous.
Il la rattrape par le poignet et la aontraint à se r.assooh:.
-Admettons que cet homme n•a:it: été poussé que par
l'indignation devant la facilité avec lae:ruelle on élimine les
disparus. Son cas n'en stira que plus sigaificatif. Or que
füit-il ? Pa:r ses habiletés et ses maladresses, il n'aboutit
qu'à désagréger peu à peu le souvenir de son camarade: ..
- Si quelque c~ose, s'écrie-t-elle, €datait aux yeux,
c"'est votre l,onne foi I
- Il n'y a que la bonne foi pour réussir de si crélî:ca:tes
perfidies. Car le zèle qu'il apportait à fai.re l'él'oge de ce
pauvre garçon l'amenait, par un subtil détour, à se mettre
lui'.-même en valeur, à suggêrer d'es cotnparaison's.
Elle est à bout de patience :
- Sï c'était pour me dire cela, il v-alait mieux ne p,as
venir.! Allez-vous-en\
- Si je m'en vais à cette heure, ie n'aurai même plus,
pour excuser une autre visite, le faible argument d'aujou_rd'hui. C'est maintenant ou jamais qu'il faut arriver à voir
clair.
Elle le supplie :
., - Il vaut miei,u- pas!.. ..
- Je croyais que mon. frère vous avah cor;i,vaincue.
Nous prendrons les questions rune aptèS: l'autre.
Alors elle s'écrie:.
- Pourquoi, me tourmentez-vous ai.,n:si ~ Vous êœs-a~S'ez
perspicace. pour _mener t0ut seul, \lOtre affreuse enquête.
S'il y a quelque chose à découvrir, v:ous le savez d'epuis
longtemps. Pourquoi me for~er à wus dire ce que je. ne
veux pas?

LE CANU.RA;DE, INFIDÈLE"

F5

Pendant le silence qui suit, ils ne. font un: n.muvem.ent
ni l'un ni h'autre.
·
- Vous voyez bie:m., ma pauv.1:e.. amie,. re.prend.-it dou,'.
cernent, q.ue nous sommes, tousJes&lt;lwx pins. atteints.qu'il
ne paraissait d'.aibor.d
.,
ll ajoute a"ec ulifficulté:"
- Et nous _ne pou.;70ns plus feindre de cro.itG!.~. 9.ue c-e
quJJ ~ous ra.pproche c est vrai1nent la. pe.rn:sée d'Heufand ...
Je sais bien quiiLestr.ridi:cule de parler à un.e. femLllle comme
ie 1~ fais ... Il ~st même pennisi de tnD.uver que e.'est'. un peu
go.upt. •. Mon f:nère préteJiJrl qu'il riy a plus che-x MUS
9-ue de la hr~v.:ade. •. et que le. rnofrrdre sentiment natf,
~Qntan.é, serait plus 1onmhe que no·s µoints: d'honnelilr..Elle murmnœ :
,
·
-:- Votre frère a été très-b:on-. Je l'ai. vu plusiJmrs fois.
Ilrm ai donné- Je COliLrage de liegarder en m0i-même~.
- C'est tout ce qu'il s'agit de faire. Ce&gt; qu1érait Heu.la:nd
dans ~a réalité, la question n'est! pas lit: (}m. reste,, nous
~edev1en~rons plus sensibles à S;1( j~Ul'Iesse, àrncrn b(i);ll.c cœur,
· ~ s~n désmtére:sement, lorsque, nous, ferons a.vec simplicité
1ave.u d_e ses . msu~sances.) L important, c'est de ne. pas
nous _meprendre sur c.e,que. nous a~ons éprouvé po:u:r Iui.
Vamcue d'avanc~ par .tant de méthode, elle semble
a:tendre un arrêt. Vernois porte la mam à. la p.ache inréneure de so_n veston, y palpe une elll,vel@pµ-œ.:.
- Je dois vous avouer d'abo.rd. nrrahus de a.onfiance.'
Avec les effets de votre mari, v@us avez reçu toutes &lt;!elles
de vos lettres qui se trouvaient daaas .som Tuagao.ft•,
toUles '
b')
sauf une que vo ilà.
Au bout d~ ses doigts, l'enveloppe. bla:n~he vaci:llemn pen.
- 11 fallait sawoin à qui i;etou.rner_ces fuwes: c'est mon
excuse pour avoir ouvert celle q,ue· je tïell$.. Je nlen .ui
guère pou: l'avoir lue jusqu'a~ bout;: j'en: a:i mo.itISdi!ncore
pour l av01r gardée. Et quand je dis que l'iutirêt d'Hœu-la-nd
a été ,le ~remi:r. n1,-obile de mon iaterventioi:r, cela. n::es:tr ,pas
tolU a fa1t vrai ; le tout premier c'est cette lettre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je ne comprends pas...
,
.
- Une femme dont la tendresse trouvait pour s expnmer des mots si simples, si touchants, la savoir menacée
d'une révélation brutale et s'en tourmenter : c'était peutêtre romanesque. Votre prénom l'est bien un peu, et je me
souvenais d'une photographie où l'on ne distingue que
votre profil... Assurément je ne songeais pas tous les jours
à cette petite armoire où votre mari cachait sa correspondance, car quel espoir avais-je de pouvoir me m?,n_trer
utile? Mais je ne l'oubliais pas; et lorsque, cet été, J at pu
prendi:.e inopinément quinze jour~de repos, cett,~ idée m'a
conduit sur votre plage ... Il faut vous figurer l ignorance
où presque tous les homm'es sont d'une femme vér_itable.
Cette lettre de vous, que j'ayais surprise, représentait pour
moi ce que l'amour peut avoir de plus fidèle et de plus
charmant. Et c'est justement pour cela qu'il faut qu'aujourd'hui vous la relisiez.
Elle le regarde avec effroi :
- Comment pouvez-vous demander? ...
- Il le faut. C'est le seul témoin que nous ayons du

.
.
Traquée, elle réplique avec 1,1ne hardiesse balbutia~te: .
- D'abord qui vous assure que chaque mot ... était écnt

~~

comme il aurait dû ...
Il n'a pas l'air de comprendre.
- Que jamais je n'essayais, malgré m01 ... de tromper
un immense besoin d'admiration ...
Et comme il reste muet :
- Ah que vous êtes cruel! Je ne puis pourtant pas
m'humilier davantage ...
- Si ce jour-là vous n'étiez pas sincère, murmure-t-il,
désespérons de l'être jamais...
·
Il retrouve cependant ce qu'il faut dire:
.
- Nous avons toujours soutenu que le courage ... était
inconcevable sans un peu d'aveuglement ... Ne croyez pas
que vous veniez de faire une horrible découverte et que le

LE CAMARADE INFIDÈLE

passé en soit ·compromis ... Vous ne consentez pas à relire
cette lettre ? Je n'ai même pas besoin d'ouvrir l'enveloppe.
Ecoutez : c&lt; Encore une journée passée sans toi, ni triste
ni gaie... »
- Non, non, non !
Elle se jette en avant et tâche de lui fermer la bouche.
Il se tait, ?ose, l'env~loppe sur la table. Mais il a de plus en
plus de peme a dommer son raisonnement.
- ~videmment, ce n'est pas notre faute ... si la guerre a
répart.1 la mort au hasard ... et c'est se moquer que de rien
prétendre compenser avec notre petite justice ... On ne sait
pas pourquoi, lorsque tous ont repris leurs commodités ...
no~s seuls nous resterions guindés dans le sublime ...
9u un, ancien sold~t s'éprenne de la veuve d'un disparu,
c est d un ordre meilleur que s'il épousait une fille et elle
un enrichi ... Mais que nous deux précisément ...
. Leurs regards n'osent s'appuyer l'un à l'autre ; ils parviennent pourtant à ne pas s'éviter.
:- J'ai dit que personne n'a respect de l'amitié. C'est
m~me ?our l'amour une gloire de plus quand on peut la
lm s~cnfier ... Que voulez-vous ?... J'ai toujours autrement
sent~··· No·n que mon amitié pour Heuland ait parfaitement
ménté ce nom ; mais les événements suppléaient à ses
manque_s·:·. Croyez-moi : depuis huit _jours'j'ai pesé toutes
les ~oss1b1lités, même cette idée folle que vous pourriez
hab1ter ma maison, si étriquée, si ouvrihe, si resserrée
entre la ro~;e et !a _montagne ... Les obstacles, je vous
assure que J en fa1sa1s bon marché, la consternation de
votre famille, et le scandale, et jusqu'à ma crainte de vous
décevoir. Mais il restait un point sur lequel je n'étais pas
fi:r de
triomphe ... Quel malheur que nous ayons.
de buté s1 bien!. .. Il est malaisé d'oublier cela ... Nous
av?ns notre orgueil t_ous les deux, mon amie, et le go-ût de
lm donner e~ nournture· ce qui nous tient le plus à cœur.
~e très 1~m, avec peine, elle ramène sur son visage un
pémble sounre :

1:10~

�LA NOUVEI..LiE REVUE FRA ÇAISB

-

Hélas, oui, nous sommes orgueilleux.•.
Il sent qu'il ne faudra pas grands coups de cravache pour
qne, l'un et l'autre, ils reprennent le dessus.
- Je réunis parfois mes apprentis, le dimanche soir, et
je leur fais une lecture. Eh I bien, l'autre jour, pour mieux
imaginer votre présence, j'ai voulu voir l'action qu'aurait
sm eux .•. vous devinez quoi ... une de vo tragédies ...
Elle l'interrompt avec un premier retour de crânerie :
- Comme vous deviez la lire à contre·sens I Car malgré tour, mon pauvre ami, vous êtes un peu trop raisonnable.
- Si je l'étais vraiment, je prendrais ma part de butin,
sans m'occuper d'autre chose. Je permettrais qu'on rie
de ce champion de l'amitié, qui pour mieux servir les
intérêts d'un camarade l'a supplanté à son foyer. Tant pis
si mon exemple servait à prouver que tout homme peut
être réduit par l'amour comme tout peut s'acheter pour de
l'argent. Et si l'on s'étonne que cette veuve assez jalouse
de son cb:1i:,rrrin ...
Il savait qu'elle répondrait bien au défi.
- Je n'ai pas encore besoin, dit-elle, que Yous me
défendiez.
- Si l'on s'étonne qu'elle se soit consolée pnr un bonheur sans beaucoup de gloire. ..
Elle lui coupe la pard!e:
- Décidément vous avez l'imagination pathétique. Je
crois que vous vous êtes un peu vite alarmé.
L'ironie les rafraîchit comme de l'eau sur le visage.
- Les scrupules e:«:essifs sont dans les règles du jen,
chère amie; 011 ne saurait tre trop pointilleux. Quand
vous verrez le général, dites-iui que je uis venu Yous
faire mes adieux; mais pour que sa joie ne soit pas trop
humiliante, ajoutez que nous nous sommes séparés en
plaisantant.
os adieux ? s'écrie-t-elle.
- Pour aujourd'hui nous aurions de la peine à nous

LE CAMARADE INFIDiLE

7'1 9
entretenir de choses indifférentes; et la :prouesse dont nous
venons de nous donner le plaisir, nous ne la renouvellerions pas tous les dimanches 1
Elle dit bouleversée :
fais je ne pws me passer de votre amitié !
-. Non, non ! Vous ne me forcerez pas à discuter. Je
ne fa1s pas vœn de ne jamais pJus vous revoir. Dans six
mois, un an, il se peut que je vous apporte des fleurs
ou _des fruits confits. J'obéirai, cda va sans dire, au
momdre ap~el de vo;tre pan, mais tâchez que ce ne soit pas
tout de smte. Maintenant ..dites-moi oû se trouve la
chambre d'Antoine.
Elle balbutie:
e me laissez pas seule!
- Mon amie, je ne ,·ous reconnais pas. 1ous nous
devons de la tenue et même une fa.ç-on d'allégresse. e
répondez qu'à la question que je vous pose : où se trouve
le petit?
-

- Puisque vous l'exigez ... ie vais vous y conduire.
Dans sa terreur d'une sc ne attendrissante, il réplique
durement:
Je vem y aller seul. Où est-ce ?
Mais elle court à la porte et l'ouvre:
- Antoine ! Antoine !
- Je ne veux pas. Devant vous je ne saurais pas comment lui pacler.
-

Elle continue d'appeler :
- Antoine! Mon petit! Vite! Vite!
11 faut que l'acrcent de la voix lui ait paru bien inaccoutumé pour que l'enfant obéisse avec tant de promptitude. On l'entend qui glisse le long de la rampe, en reprenant élan à chaque palier. Vernois murmure:
- Qu'est-ce que vous avez fait, mon amie!..,
, Antoine s'arrête sur la dernière .marche, intimidé par
1aspect des adulte~. Le plus sûr serait de lui dire adieu,
comme chaque dimanche, sans rien lui laisser deviner.

�720

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LE CAMARADE INFIDÈLE

"

.

.,

Mais cela, Vernois n'en a pas le courage. Du moins veut-il
être ferme et bref:
,.
- Mon petit, ta mère t'a fait descendre parce qu il f~ut
que je te dise adieu. Je ne pourrai revenir ni la semame
.
ni le mois prochain ' . ni .peut-être avant très
proc h ame,
.
longtemps ... Même s'il arrive ~ue J~ma1s ,tu n~ ~e rev01es,
il ne faudra pas croire que jet oublie ... J aurais ?1en v~ulu
rester toujours près de toi, mais voilà que c'est 1m?oss1~le.
Un sourire gêné paraît sur le visage du peut. C est
comme si les mots ne l'atteignaient pas,. au fond des
fraîches ténèbres où vit l'enfance. Vernois ne peut se
résoudre à partir sans avoir obtenu ne fût-ce qu'un regard
affectueux :
.
.
Si jamais tu as de la peine, ou des ennuis, ou s1m:
plement s'il te manque un camarad~, à ~ui ~aconter ce qui
t'intéresse, rappelle-toi quetu n'as qua m écnr:. Je te répondrai tout de suite ... Et maintenant, comme il n_e faut pas
. manque mon train , serrons-nous. la marn
que 1e
h . brave· d
ment. Et n'oµblie pas ton vieil ami qm a du c agnn e
s'en aller.
.
Les dojgts du petit se laissent prendre ~istra1te~ent:_On
dirait qu'à la seule annonce de la sép~ration, son u:1aomation s'est résignée et déjà regarde ailleurs. Vernois c~mprend que cette docilité du cœur fait la grâce d_e cet ag~,
mais il en éprouve un cruel pincement. Du moms peut-~l
sans danger prendre dans ses mains la tête de l'enfant; il
l'embrasse :
_ Adieu, mon bien cher petit.
Mais l'imprudence est faite. Les bras se sont noué~ au;our
de son cou. I1 sent qu'il ne s'en libérera qu'au pnx dune
violence déchirante :
. .
- Allons, lâche-moi. Ne me serre pas ams1.
L'enfant crie à sa mère :
- Fermez la porte à clef! Fermez pendant que je le

~Ml

-

Mais quand il voit que, réfugiée dans une embrasure,

721

elle ne bouge pas, le désespoir efface en lui le sentiment
de sa faiblesse. Il se met à lutter comme avec un éaa1 · il
b
,
se pend aux vêtements de Vernois; il le tient par un bras
et, de toute sa force, y enfonce ses ongles. Ilue sait pas ce qui
arrive, mais les mains de l'homme sont molles; sous
l'attaque sa masse chancelle et, une seconde après, tous
deux se trouvent assis sur l'escalier. Sans lâcher prise, avec
de la colère et des larmes, Antoine essaie encore une fois
de trouver de l'aide :
- Mais, Maman, ne le laissez pas partir!
Elle balbutie :
-

Mon pauvre petit, c'est lui qui veut s'en aller.
Pourquoi ? Mais pourquoi donc ?

Vernois tâche de se cramponner à quelque débris de sa
résolution:
- Ne tremble pas ainsi, mon petit ... Je t'aime beaucoup
plus que tu ne peux l'imaginer ... Il faut croire ce que je te
dis. Si je m'en vais, c'est que je ne puis pas faire autrement.
Mais dans le rêve où il se débat, Antoine vient de conn&lt;1ître l'ivresse extraordinaire de faire ployer des volontés •
il poursuit à mots entrecoupés et impérieux:
'
- Vous ne pourrez pas vous sauver. .. D'abord ça ne
vous serviraît à rieJ?,-... Nous serons à la gare aussi vite que
vous et nous monterons dans votre train ...
Ramené contre la poitrine de Vernois, la joue écrasée
contre sa chaîne de montre et les boutons de son gilet, il
entend les coups sourds du cœur de l'homme et, très loip
la voix faible de Clymène :
'
- Mon chéri, laisse-le ... Il n'aura pas pitié de toi ...
~fais cette voix est couverte par une autre, plus forte~
qui murmure près de son oreille, avec une sorte de rire
à la fois terrible et rassurant :
- Tu me tiens, mais c'est moi qui refuse maintenant
de te lâcher. Je t'emporte aveè moi. Tu veux bien, dis? Ta
mère a deux garçons, ça lui suffit. Dis, tu veux bien ?
Passant un bras sous les jambes de l'enfant, il va le ·sou46

�'722

LE CAMARADE INFIDÈLE

LA NOUVEI,.LE REVUE FRANÇAISE

-

lever, m~is Clymène -est .iccourue, A genoux.auprès-de -.son
elle 1le .:ouvre de 1baisers:
- ' Ne troispas-ce-qu!ll te dit. ·~!il t'aimait Vérit;rbletnent,
;i l sait ·oien qu'il, pourrait te revoir ici ... :J'aurais soin qu'.il
'ne me rencontre pas, ·puisqu'il ne :peut plus soufüir.m-a
•présenee ...
Ven1ois veut la for.cet à s·e' t-aire :
- Ne jouons pasœtte,:iffreuse coni~die.
- Que faisons-nous d'autre depuis .trois mois~? Mais il
vous fallait ce coùp de théâtre ·et volis avez . eu le sang-

- Vous ne vo.u1ez pourtant
.
parce que j'aurai cra1"nt d - . . pas que •Je reste, dit-il,
.
e sortir nu-tête &gt;
- Si vous promettez de venir di
1· ....
.
mence Antoine...
manc 1e procham, corn-

froid ...

Mais Clymène lm met l
.
prend qu'il faut être di~c a mam sur la 'bouche. Il com-

Il étaft lâéhe et fou de venir. Je .ne me le ,pardonne
pas. Mais le sang-frnid,ihélas !.. . 1Dix fois .en ull4Jheure--j'ai
-

b::r!~,

out rémis en question.
- Pour augmenter l'honneur de votre victoire, .:ar 'lors-

'que votre amour-propreiest en jeu .•.
Il riposte ave-e e0lè~e :
• - L'amom-propre d'un homme échoué ;sur le bas de
·votre esGal~r ! ··
- 1\lors-que 'direz-!;\ 'bùs -de moi.qui -suis à,vos.genoux·?
- Mais, mên amie, •si je prenais au. sérieùx ce que vous
ëlisiez tout à l'bcmte ...
La parole 1ui esu:oupée par Antoine. ·Ils ne seront pas
aperçus que le petit; se coulan1-à .terre, .s'est échappé de
·leurs bras. )Il vieh.tse rasseoii:, enfa:çat1t sa mère..:
-- Maman, ,n'ayé-z --donc pas peur ... M~lintena:nt il ne
peut plus partir,
- Chéri, tu ne le connais pas ...
Malgré une-larme qui n'a pas enco('.e séché sut sa j,oue,
fenfant la rega.rtle ttvec assu'mnce et malice. iEU·e ne peut
s'empêcher dij s'éGriér :
- Pourq,uoi dis-tu cela ?. .. Qdest-ce qui :te 1:e fait

- Vernois deman'de:

.;
·1

7 3

Antoine se retourne avec rancune :
- Vous pourrez le chercher longtemps.
- Voyons, mon petit, rends-le~moi
Un tel ordre ne demande as à êt. .b .
.
parfaitement. D'ailleurs V p . ,. re_ 0 éi, le petit le sent
tiraille un de ses gants.
erno1s n ms1ste _pas. Il froisse et

'fils,

. ?
cr01re
....
Le petit ménage -son -effet ·~
- Où estJson chapeau-? -dit-il enfin:

2

Où l'as-tu mis?

•

coup. Vernois garde le fr~~~
tout deman~er d'un
ne fait pas mine de se le
C .
,~ne g~sse q~e, mais
. d
v_er. omme sils cra,o-na'knt
1
mom re mouvement d ·é 11 1
"
' par e
mère et l'e f.
/ e t ver er a volonté mauvaise la
n ant retiennent leur souffle L
,_ ·,
,sur les marches A
.
·· · e gant tombe
'
. ntome avance prudemment la m . , ,
..sen enware ... Vernois ne bouge .tou1·ou.r s pas...
ain,~-t .~, •

J

_( Copyright by Librairie Gallimard)

J

JEAN SCHLUMBEROER

.J

�RÉFLEXIONS SUR LA LITŒRATUR.E

REFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

LA CRITIQUE DU MIDI
J'écris ce mot à propos de deux livres de critique fort remarquables, les Œuvres dans les Hommes, de M. Léon Daudet, et
les Mam1ais Maitres, de M. Jean Carrère. Et je vous supplie de
croire (sans espérer absolument vous convaincre) que je n'y
mets pas la moindre ironie. Il y a un soleil du Midi, un langage
du Midi, une poésie du Midi, une politique du Midi. Pourquoi
n'y aurait-il pas une critique du Midi ? La France est une synthèse du Nord et du Midi ; elle porte sur le ord et le Midi
comme un homme sur ses deux jambes. Et il faut éviter deux
excès également condamnables : l'excès du Parisien ou de
l'homme de l'Est qui parle du Méridional comme d'un Français
inférieur ; l'excès du Méridional, qu'excusent les mauvaises
plaisanteries du premier, et qui consiste à affirmer son point de
vue comme une émanation de la pure raison et de la France
éternelle, à s'indigner de tout ce que l'observateur y découvre
de local et de partial, c'est-à-dire de vivant .
Rien de plus conventionnel, d'ailleurs, que la fausse image de
l'esprit méridional qui circule dans l'atmosphère littéraire de
Paris, et qui tiendrait à peu près dans cette définition : j'appelle
Midi tout ce qui n'est pas sérieux. A une plaisanterie de ce
genre M. Maurras, justement en colère, opposait les noms de
Gassendi, de Vauvenargues, de Guizot, de Renouvier. Il eût pu
y ajouter ceux de Montaigne et de Montesquieu, qui sont des
Gascons, et la Gascogne fait bien partie des pays de langue d'oc.
Il y a chez les Méridionaux beaucoup plus de sens cri.tique,

d'esprit d'o_b~ervation et de froideur que ne le suppose la
légende pa:1s1enn:· Et auss! de sérieux. Marseille ne m'a jamais
paru ~ne _v1ll; vraiment gaie, et ceux qui connaissent bien Jes
Marse1lla1s m affirment que leur fond c'est la tristesse (M. Camille
Bellaigue faisait là-dessus, dans une récente conférence sur la
P.r~vence et la . ~usique, d'excellentes réflexions). Ce sont
d at~l~urs les M~r~d1onaux _déracinés qui ont créé à l'usage des
Pans1ens u~ Midi de fantaisie, comme Offenbach leur a apporté
le Gerolstem d~ ~o~ opérette. Ils ont tiré sur la mère grand.
Les reproches 101uneux dont les Méridionaux ont été victimes
p~ndant la guerre paraissent un peu une conséquence de Tartarin. La chasse à la casquette, la venette continuelle de TartarinSan~ho, le Ne l'acculons pas !, la Défense de Tarascon et le reste
o?t unpl~oté en d'innombrables lecteurs cette idée que le Méri:
dton~~• d apr_ès son ~ropre témoignage, manquait de vaillancet
et qu il devait se temr devant l'ennemi comme Tartarin devant
le lion, le chamois et le canon anglais. La légende littéraire a
engendré la légende militaire.
Ce n'est pas à tr2scrs ces légendes qu'il nous faut reo-arder ce
q~~ nous avons appelé la critique méridionale. Elle: prouvé
d aille~r~ son sérieux par son influence. En bref, appelons-la
~ne ~nt1que du :omantisme. Le mouvement anti-romantique de
1fction Française, mouvement politique et littéraire, peut
s appeler un tumulte méridional, dans le sens point défavorable où M. Barrès a appelé le boulangisme un tumulte national. M. Maurras et M. Daudet figurent le type authentique du
blan_c ~u Midi. Alexandre Dumas, débarquant à Avignon, et
assailli par les offres des portefaix, corporation célèbre qui a
malheureusement disparu de la gare, ne remit sa valise à l'un
d'e~x qu'en lui di1sant : « Jt! veux bien t'employer. Mais tu vas
me Jurer que tu n as pas assassiné le maréchal Brune ! » Un
Lorrain ou un Bourguignon aurait toujours envie de demander
à M. Daudet, avant de se confier à lui, le même engagement
que ce!ui-ci ne ~ourrait prendre peut-être qu'avec une certain;
mauva1se conscience. M. Lasserre, qui est Béarnais a lancé
dans le Romantisme français un manifeste méridional' comme
Burke dans ses Consit!Jrations sur la Révolution franÇtdse avait
lancé
manife~t: si spécifiquement anglais. Le rythme ~ropre
à la cnuque méridionale est ce qu'on pourrait appeler un rythme

~?

�LA N01JVELL li REVUE FKA:KÇAISR

: le p2S6age d'un Euf.er à un Paradis par un l?urgatoue. Enfe
Mommitisme. Paradis = Mistral. (M. Lasserre a
l~tit 11n Mistral eo valeun: lumin uses comm-e il a fuit son
R'&lt;muinlis,111, ~ valeu~ sulfu.r ses.) Le Purgatoire c'est une.
abj11.rotion d~ttrte.ur:&amp;1 l pas~ge tfun tempérament romantiqllé,
maladie quel'~ du si cle trouve daas sa triste hér.éclitti, à
nae raison et1 à une forme alassiqn-es, dont la p-oésie de :Mistral
a·ppar.tît com.m'&lt;l hc.~atricc ou la. Lucie. Les Amants de Vmiso
e~ment- œrt:tittt, chants de cc Purgatoire. On. en trou..-erait
imesi-1 i tythrnes dans les livres de M. Daudet, l' Hérédo et le
jantesq

=

Mrm1h: tks lmag•s.
11 est naturel et jus~ que Mistral occupe pour w1 Méridional
lit pfa e de Dante pour un Italien, de Shakespeare pouru.n
:AngTais, peut-être de Mol'ère pour un Français du Nord. Il est
nàturel aussi qu'un très grand poète soit tenu. pou11 une source
d'inspiration politique et morale. Sur le modèle du célèbre
ac Alin1er Molière ... 1&gt; de &amp;iinte-Beuv-e, on écrirait un : « Ai met
Mistral ... » Et après tout on l'a écrit, et non seulement 1 ,
politiques méridionaux, mais M. Barrès, ou tourau moins Galtant de Saint-Phlin. M. D:iudet et M. Carrère ontl'un et l'autre
onsacré d·a ns leurs livres de beaux et enthousiast.es chapitres
au poète de Maillane, et les deux 01.IVrages semblent rédigés
sous son signe et son invocation.
Mais· !~ livre de M. Carrère ne s'appelle pas le JJon Maitre. Il
s'appelle les Motivais Maitres. Et le Mistral ou le Génù Eq11i/ibré
de M. Daudet' esr èncadré entre un Victor Hago ou la Llgende
,i'u11 Siècle et un Emile Zola lm le Ro111a11tisme àe l'égout, qui font
de Hugo et de Zola les titulaires de deux- loges dans !'Enfer littéraire, politique et moral. Comme amateur de bonne langue et
de style savoureu je ne m'en plains pas. L'in ective abondante
et imagée de M. Daudet nous- rappelle, avec sa santé drue, ses
muscles roulants, son contact vi..-ant avec la.langue parlée, celle
de Barbey d'Aurevilly et de Léon Bloy; elle a moins de flamme
romantique, m111s pl~- de substance et d'observation, et sé rapprocherait, à ce point de vue, de celle-de Veuillot. Il est cttrieux
que ces quatre ll'.iaitt.es de l'invective (on p0-ürrait y joindre, l
une certaine distance, Drumollt) aient tous. été der bla.ncs,
originels ou convertis, furieux catholiqtles, mais fort ennemis
de la charité chrêtiennc. Lé'oo Bloy lui rendait hommage à peu

REFLEXIO. S SUR LA LITTÉRATURE

près comme Rollon baisa le pied de Charles le Simple, en l'élevant jusqu'à ses lèvres- et er, jetant le roi sur le dos : « Ce qu'on
peut souhaiter de plus charitable à ce puant, écrit-il à propos de
Zola, c'est de crever demain, de pareils maudits ne pot1vant
qu'aggraver l'inexprimable rigueur, des chfttiments éternels. »
Et M. Daudet doit se reconnaître en cette femme dont parle
Saint-Simon, laquelle avait supprimé de son Pater le passag{l
sur le pardon des injures. Ce qu'un pamphUtaire de cette nature
apprécie en l'Egfüe, c'est qu'elle a un enfer. Les polémistes de
gauche sont handicapés par la mauvaise qualité de leur enfer,
aussi médiocre que leur paradis et terrestre comme lui. La Terreur, la Commune, le bolchevi me, ces pauvr s petits enfers
terrestres ne supportent pas la comparai~on. Les rouges de
Paris ont eu pendant tr nt ans leur polémiste en Rochefort :
un néant ! Le seul grand écrivain que ce côté politique ait produit, c'est Vallès. M. Vanderem signalait ~\'ec raison l'oubli
dont il est victime, oubli scandaleux, qui d'ailleurs s'explique
par des raisons étrangères à hr littérature : l'au.tellr de l'Eufanl
aura évidemment moins de lecteurs et surtout de lectrices
qu l'auteur de Monsimr, Madame el Bébé J Mais fermons cette
parenthèse, et revenons à Mistral. La critique du Midi, ceJlé
de M. Maurras, de M. Lasserre, de M. Daudet, de M. Carrère,
aime Mistral, considère Mistral c;omme un centre d'iotelli,
gel)ce et d'action, formule une discipline mistralicnne. Mais
ensuite, ou plutôt d'abord, et surtout, die -aime Mistral
contre quelqu'un, elle le prend comme point d'appui dan une
attaque, elle fornmle une doctrine anti-r0mautique. Les étrangers, qui s'étonnent de nous Yoir continuer aujourd'hui des
disputes vieilles d'un siècle entre le classicisme et le romantisme,
voudront bien considérer que c'est là, en partie, un rythme de
notre vie intellectuelle française au xrxe siècle, un moment
naturel dans l'exi tence d'une naüon qui constitue un ména.ge
du Nord et du .Micli, un dialogue jamais acbeYé entre le , Tord
et le Midi.

Je ré~ssirais-assez mal à définir le Midi littéraire par ce qu'il
est,_ t•t 11 m'y faudrait tout un livre. Mais je mettrais beaucoup
moms de temps à le définir par ce qu'il n'est pas. Le Midi n'est

�728

,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas romantique. Les écrivains roman~iques ~nt été fournis par
les pays du nord de la Loire. Le géme de Victor Hugo, métal
de Corinthe du romantisme, n'est pas une synthèse du Nord et
d u Midi mais Lorrain et Vendéen, une synthèse de l'Est et de
l'Ouest. ' Certes' la Renaissance provençale du xrxe s1'èc1e peut
être considérée comme un contre-coup du romantisme : le
i:omantisme, en restaurant la poésie dans la langue française, l'a
restaurée dans toute l'âme française, et la langue d'oc en a profité. Mais la poésie des Félibres ne subit à peu p_r~s aucun~
influence livresque romantique. Mistral est resté aussi etranger a
Huo-o à Vigny à Baud elaire, qu'il put l'~tre à Nietzsche et à
b '
'
•
'
Edgar Poe. Son culte pour Lamartine n'implique aucune 10sp1ration lamartinienne. Rien dans Mireille. ne rappelle Jocelyn.
Et l'analoo-ie de Mireille et d'Hermann et Dorothée, si instructive,
s'explique°par ce fait que les -çeux poèmes sont pareille~ent
construits en dehors du romantisme, à une époque romantique,
mais consciemment chez Gœthe qui traite le romantisme en
adversaire qu'il porte en lui, et par prétérition chez Mistral,
qui se contente d'ignorer superbement le romantisme.
M. Daudet nous apporte sur cette prétérition des remarques
fort intéressantes et justes : « D'un petit épisode, il faisait jaillit
un enseignement général,, san~ appuyer, co_mp~éta~t s~ démon_stration d'un sourire, ou d un nre léger, qm lm plissait le corn
de l'œil demandant à celui-ci et celui-là une explication corn'
.
plémentaire, prenant à témoin sa fem~e, la servante, son mterlocuteur, un personnage légendaire et historique, et demeurant
grand amateur de précision ... L'homme du Mi~i a h~rreur du
vague, et, quand il aborde le mystère, il le fait méucu'.e~sement. Rien d'abrupt dans les fresques majestueuses de Mireille,
de Nerte, de Calendal. Le Poème du Rhône est un itinéraire dramatique à travers les âges et le long du fleuve de la civilisation. »
Le « fleuve de la civilisation » manque peut-être un peu de
mesure. Un Méridional, quand il dit cela, entend bien que la civilisation a remonté ce fleuve, qu'elle ne l'a jamais descendu. Et
pour M. Carrère, la véritable épopée mistralienne, c'est la troisième conquête, après César et Numa Roumestan, de la Gaule
par les Latins : « En réalité, s'écrie-t-il dans l'épilogue de ses
Mauvais Maîtres, l'esprit classique, dans tout ce qu'il comporte
de lumière, de sérénité, de force, d'allégresse heureuse et d'ins-

RÉFLEXIONS SUR LA LIITÉRA'rURE

piration élevée, est restauré en France depuis un demi-siècle. Et
celui-là même dont le génie solaire nous a rendu la pure clarté
de l'hellénisme est aujourd'hui dans tout le rayonnement de sa
gloire et dans la vigueur de son influence : c'est Mistral... Il
faut donc en prendre son parti, puisque c'est la vérité : la
renaissance provençale provoquée par Mistral :mra èu pour
corollaire une renaissance du pur esprit français. » M. Carrère
écrit de Rome et prend un peu son rêve latin pour une réalité.
La poésie de Mistral, qui n'a subi à peu près aucune influence
française, n'a non plus exercé aucune influence sur la poésie
française . .L'exemple de Mistral a eu un rayonnement politique,
et il est curieux de voir l'auteur de la Comtesse et de Calendal
au fond si hostile à l'unité française et à la figure de la conti-'
nuité historique française, fournir au nationalisme français
cer[âins de ses éléments les plus élégants et les plus purs. Peutêtre eût- il fait la grimace si on lui avait expliqué comm·ent, ici
encore, le diable a porté sa pierre à Dieu. Mais, littérairement,
ce n'est pas la Provence de Mistral qui a pu être francisée, c'est
la Provence de Roumanille et de l'Armana. Alphonse Daudet
et Paul Arène y ont fort bien réussi. Leur Midi n'est pas tout le
Midi, n'est peut-être pas le .vrai Midi ; c'est en tout cas un Midi
vivant, et qui a passé dans notre courant littéraire. Quant au
grand Midi solaire qui illumine les intelligences, dissipe les
erreurs, enfante les chefs-d'œuvre, restaure la tradition civilisatrice de la Grèce et de Rome, il reste un mythe oratoire pour
les banquets de la Sainte-Esteliè et les articles de journaux.
« Après cette invas-ion d'idées troubles et de styles désordonnés
que Je romantisme avait précipités sur notre littérature en
ouvrant, toutes grandes, par le Nord, la porte des barbaries
tumultueuses, il nous fallait la purification de la Méditerranée et la vigueur réconfortante du soleil helléno-romain ,,
dit M. Carrère. M. Maurras avait dénoncé en termes plu:
modérés « l'échancrure de Genève et de Coppet ». Mais
enfin le Nord est là, avec ses portes et ses échanerures,
avec ses ouvertures sur le Rhin, la Manche, le Léman. II
fait partie de la France. On ne peut pas le tuer. Paris
est même, si je ne me trompe, une ville du Nord. Les
Girondins perdirent la tête ( qu'ils n'avaient déjà pas très solide)
à vouloir le réduire à un quatre-vingt-troisième 'd'influence, et

�73°

,;;

Lk NOUVELL~ . REYU.E . FR.ANÇAlSE

bjen que certaines « barbaries tumultueuses ,, s'y soieJlt _do_n~é
tendez-vous, nous avonJ; moihs de mal que n~ le préd1sa1~ le
houillant,Provençal Isuard à che.rcl1er. sur les _nves de. la Seine
]:endroit où il a:. existé, Les Méridionaux, qm n'entençl.en_t p.as
toujours bi:en la: plaisanienie, s~ sont sc~n,dalis_és des- ~alé1ades
d1speptiqne_s d'liuysmans, qm regrettait que· le Nord de la
Fran:ce ne fô.t pas resté aux Anglais, et rêvait d'un r.oyaume.
angle-français, purifié d'éléments- méridionaux, ~ù. l'ail non
contentrd'être si fâcheusement exclu. des gigots P-ans1ens, ~e. se
füt plus trouvé, comme en Su~.de:, que ~hez les phar;.11.aciens,.
Huysmans et M. Carrè.te. nous disent par.~illement, ave; Sga,nar
relle : Voilà ·un~ . jaml5e que je me ferais _couptr !• Lup ,eut
couper- la droite et: I'autre. la.ga~chè.. ·Qu'ils aillent a~ 'di-able. ~
B'cmrguio-non l'écnancrure de Genève e.t de. Coppet· m est pres
q1.1e aussi pré~ieuse que Lyon appelée par, Rou1:nanille la porte
d:'.br et de soie du Midi.
Les Méridionaux qui, en dénonçant. la mala.d-ie ro01antiqu-e,
veulent nous. amputer d.'une jambe:, ne sont plus bien diaccord
sur-la hauteur. à Jaqudle il faut couper.. Un jour,_dans 1~ c.h armante station de Montmirail où il allait volontiers faire une
saison conune on dînût sous les platanes~ Mistral s'entretenait' avec Je Përe XavLer, des p..apesi :- un petit abbé, qui écou!"'
tait r~spectueusement le poète et le fr~~o.ntré, é.t~nné da
c.ertaines affirmations, demanda w:ec t1m1dité •: &lt;I Mais, mo~:sieJir Mistral, de quels papes parlezfvous donc ~ -. D~s vr:u:&amp;,
répondit le poète, ceux d!Avjgrron l ~' Je ne. sa'.s s.1. MJstra~ et
Dom Xavier de Foùrv.ières, s'entendaLent fott bien, à-_ ce SJlJCt,
m-ais il me semble que-pour M. D:au.det &lt;c les vrais )X ne sont pa_s
les mêmes· que pour M. Carrère:- d'Avignon à Vilfen.e:u.ve,. il
n'y a, qt1'un pontr ( et où l'on danse) et cependant l on: change
de département.
,
.
M. Canèrn appelle&lt; Mati.vais Maitres, Rousseau,. Chate~ùa
bri:tndy Balzac, Stendhal, George ,Sand, Musset, Bandèl~rr~,
Flaub:ert, V,erlaine~ Z.ofa. Il place·même parmi tes Jnam1ais
malttes du passé ·son compatriote~Montaigne ( c quL man~
qu'il ne faudrait pas: l'accuser de fanatisme lo.ca]), lI~-neJes
combat pas sur fü terrain littéraire. 11 reconnaît le .géme de la
plli.patt a!eBtte euix mais consirlère la beautfde Jeurs œa.v.re.s
comnre; ~w.tan.tl pl~ perpici.euse:. qu'elle est plus parfaite. n

REFLEXIONS SUR LA LITTERA:TURE

n~en.tend pas· par· ~au.vais maîtres de faup. maîtres, mais des
maîtres dangereux. « Le u0n maître est celui, qui, nous emporte
,ers un idéal de force et de lumière ; le mauvais est celui qui
nous berce· dans le trouôle de l'espri.t et dans le frisson deSl
sens. » i Sa critique est donc une critique morale, ou plut6t
moraliste, 011. encore civique, et son livre une étude ( et non la
première) sur.la maladie cfu xrx• siècle, comme un des prnchains
livnrs de M. Daudet, homme aux épithète.s excessives, en sera
une sur ce siècle &lt;&lt; stupide &gt;&gt;. Parmi les bons maîtres, les maîtres
réconfortants., il cite Lamartine, Vigny, Hugo, Ibsen, Tolstoï,.
Wagner (ce qui fait bieri des-tempéraments au inéridionalisme
qJ.ùrboraient les phrases oratoires, de tout à llheure ). Pout
M. D'aude.t, au contraire, Hugo est.le-ty,pe du, roauvais maître,
2:ola représente le romantisme· de l'ég,out. M. Carrère plaee
bien: Zola dans,, son Enfer, mais en l'admirant profondément, et
aYe.c autant de .regret qu'en éprouve., Dante de \\::&gt;ir ~ez lo
diable son ·maître: vénéré Brunett0 Latini. M. Carrère, plus
méridional iai (j'allais dire plus toulousain) 4ue M. Daudet,
estime err Zola le rhéteur latin, l'homme· qui bâtit, c.omrrre
&lt;::icéron Branquebahne, des aq11educs romains., La Cloaca
Maxima, rectifierait M. Daudet. Mettons un aqueduc d'eau
lmucbeuse. Jaurès, Gasquet, onh appartenu à ce Midi, , et ils cmt
littérairement souffert du dëdassement des valeurs~oratoi11es
depuis l111 clémi-siède. M. Carrère,. critique ·orateur, aime les
écrivains orateurs. Le beau courra.nt 0ratoiie de son livr,e, nous
le fait lire, d'un bout à.l'autre, sans un, 1110mént de fatigue..;
toute son•étude sur, Flauliert lè Viking est· un morceau entraînant et é'clatant, qui ellt r.a'vi· Taine., 'et que les fl.aubertistes
auraient bien tort -de néglig.er.
' &lt;Dn doit en- di.r.e· autant, 'à plus forte r-a-ison, de M. Daudet.
On. p:eut.faire. des-repwch.esi à sa: cr.itique, et je n'y manquerai
pas:, ,nais. pas en tout eas celui d!êtm ennuyeuse. Elle nou~
amuse co·mme mr roman:, et il se v:oit qµe M. Daudet, s'e~t
amusb àd'é.crii;e pluS' pcut~être qu'à écrire·un , roman. Quand il
nous annonce. que ses études seront « d'uJ1e complè.te obje.cti:vité » et .qu'il ne nous., dira, pas : , « j'aime· ou je n'aime pas! &gt;&gt;,
noru nous· aontent.ons de &lt;t zuzer u.n peu » ce que no~
lii&gt;ions, si, elles; étaient11subjecrives- et frÎ elles !}Ons e,xpos~ent
.bo11nement les· amours et les. haines- de leur auteur ! Le titr~

�73 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

donné par Zola à des essais critiques : Mes Haines, pourrait
flamboyer à bien des pages de M. Daudet. Il hait en Vic~or
Huo-o une idole de la démocratie, en Zola l'homme de l'affaire
Dr~,fus, et il ne se prive pas de le dire. Mais_ ~n aurait_ grand
tort de voir dans sa critique seulement une cnt1que de 1oum~liste politique. Elle se rattache ~~rtout à ce q1u'on P?urra1t
appeler la critique artiste, la c:1uque :elle quelle na1:, _très
vivante, très pittoresque, très pnmesauttèr~, da~s des m1heux
d'artistes. Ecrite en une langue parlée, mobile, unagée, savoureuse fraîche elle est déposée par une tradition orale qui date
'
· corps dans le
d'une' soixantaine
d'années, celle qui a pns
grenier d'Auteuil, ces conversations des Flaubert, des ~oncourt, des Daudet, des Zola, des romanciers naturalistes,
toute cette critique animée que nous puisons joyeusement,
à pleines mains, dans la correspondance_ de Flau~~rt et d~ns _Je
journal des deux frères (vivement la suite!). Cr~~que qu_1, d1~férant tellement de la critique livresque, de la cnttque ~ruvers1taire, vit avec elle, au foyer littéraire, com~e le chie~ ~t le
chat, _ comme chien et chat: mais il faut bien à la cnuq~e'.
comme à tout, une droite et une gauche, un Nord et un M1d1
hostiles.
..
,.
Cette tradition formelle n'implique pas une tradtt1on d idées,
elle l'exclûrait plutôt. Dans un tel courant ~es idé:5 se_ renouvellent vite vieillissent vite, les générations littéraires se
pressent et :e renversent. M. Daudet, qui a toujours besoin de
penser, de parler, d'agir, d'exister con~re quelqu'un, _s'.est formé
contre ces mêmes écrivains du Grenier dont sa cnt1que continue la conversation. Il n'est arrivé à son style parlé d'aujour:
d'hui qu'après s'être essayé, dans ses pr:miers rom~ns, a
l' a écriture 'l&gt; d.es Goncourt. Il a déclassé v101emment 1 esthétique de Flaubert. Il ne traite du pilier de Grenier qu'était Zola
que comme il ferait d'un wagon de poisson5, ~a-r;, pendant
q11.inze jours au gr-0s soleil. Et précisément par la 11 s m.c~rp~re
d'autant mieux à ce cercle, à cette suite tumultueuse d histoire
littéraire ow. ont vécu des passions Littéraires, où se sont.formées,
comme ~bez les peintres de la Renaissance, des haines et des
sympathies d'atelier. Quand on_con~acrera à M: D~udet l:érod_e
impartiale et attentive qu'il ménte, 11 faudra v01r s tl ne s expliquerait pas un peu comme un type d'écrivain porphyrogénète.

WLEXIONS SUR LA LITIÉRATURE

733

J'emploie le mot au sens ou Saint-Simon parle des bourgeois
porphyrogénètes, des dynasties ministérielles de Colbert, de Le
Tellier, de Phélypeaux. Ces familles littéraires, si exceptionnelles autrefois, n'apparaissent guère de façon courante qu'après
1850 - littérature fraternelle type Goncourt, littérature héréditaire type Dumas. Elles constituent aujcurd'hui un cas assez
fréquent pour qu'il soit temps d'en faire la psychologie particulière. Sous ce titre de Pophyrogénètes je vois assez bien le curieux
roman ou le livre intéressant de critique qu'on écrirait.
M. Daudet lui-même, depuis Héeres jusqu'à l' Heredo a été attiré
là comm·e par un problème personnel. Né dans l'ombre des
statues, il en est évidemment. sorti, mais les gouttes de cette
ombre se mêlent encore à son soleil.

Critique du Midi d'une part, critique par tradition d'artiste
et de Grenier d'autre part (il existerait de même, chez tels ou
tels, une critique de salon et une critique de café, l'une et
~autre méritant attention), M. Daudet s'affirme des deux côtés
critique anti-romaotique. Mistralien il estime que le romantisme n'est pas de chez nous, - dans l'espace. Familier des
i .coles artistiques ( ou plutôt d'une école), il juge que le romantisme n'est plus à la page, - dans le temps. Et depuis l8 50
il est ordinaire que toute doctrine littéraire s'arbore comme
une réaction contre le romantisme, mais que chacune de ces
réactions soit accusée par la réaction concurrente ou la réaction suivante d'être elle-même une réaction romantique. Je
n'irai pas analyser chez M. Daudet ce que M. Benda a appelé
le romantisme de la raison. Il est exagéré de crier : au romantique 1 devant tout ennemi passionné du romantisme. 11 y a ce
fait beaucoup plus clair et plus simple. Notre Midi n'est pas
romantique. Nos écrivains méridionaux, qui vivent à Paris.,
sont toujours quelque peu imprégnés de romantisme, mais ils
le portent avec une mauvaise conscience. lis y voient - ce
qui est en partie exact - une nature commune avec le nord
anglo-saxon et germanique. Ils veulent nous défendre, ce qui
part d'un bon naturel.. Us se croient investis d'une mission
otement civilisatrice, et nous les écoutons volontiers. Ils veulent

�LA N:OUVELLE REVUE FR&gt;ANÇAISE

.

~ne Cannehlère à Paris. Commé ils sont-souvent élQquents et
iharmants, nous :ndus laissoDs .séduire par eux, et un bon
Tourangeau comme Jules Lemaitre ,en arrive à écrire s.on
-article comique sur les Littératures dit Nord. La que·sti.on rna·tionale des Bastions del'Est vient encore compliquer la qµesttion intellectu:elle et esthétique, ' ·et cela oblige- Jes ducs de
Lorraine à toute une diplomatie compliquée. Bt ,moi~même
qù.i aime le -romantisme et qui .aime le Midi, , qui ies aime jusque ,dahs letrrs. exagérations, "te .ne &gt;laisserais pas d'être assez
.embarrassé, comme le petit Sylvestre B~noor.d .ent:r.e 11.oncle
-demi~solde et le vieux -éhouan,. ~yan.t à .marable J:es deux ,en.nemis, si la boutej,lle n':était là ,pouriaire Ja liaison.
Je dis la bouteille. M. Daudet rtetrnine ..a:insi ,san .article sur
Victor Hugo : t La remise au point de cette renommée tapageuse mesurera la sagesse nationale et nous épargnera peutêtre des crises inutiles. Car le romantisme a parfois d'éclatantes
.couleurs, •mais la fausse ,oronge aussi ; et elle tue. J&gt; A-vanthier, Jje lisais dans.l'Action Françafre un article.ifort bien p.eM.é
et encore tnieux écrit, appelant tous •les'recte et les optime, où
'M. -oaudet défendait puissamment le vin contre les attaques
insidieuses .des .;buveurs d'eau. Un de..ce.ux-ci ayantœssayéim
jour -de.le convaincre que le vin -emp.oisonnait, M_ J)autlet,
paraît~il, .,éclQm -d'un grand •rire olyrqpko-ra:belaisien, .et ,le
1tînt.a\l'ec rà'.ison pour fou. Rou, je crois, cotnme 'celui que-pré'sentait un employé du dire~teu:r, chargé:d·e faire voit ,ea·sile à
mn médecin: « Figurez-vous :que..ce malheureux se crott Jésus,Christ ! » Le visiteur convenait en.effet que .c~était .une granlie
'folie, mais point rare. « , Et ce n'. est pas tout ! _continuait le
ciceroize. Savez-'.vous à qui ·il .vient raconter cela? A ·moi, .•qui
-suis Dieu le Fère&gt;! -» L'interlornteur hydrophile de M. _Daudet
$?adressait peut-érr.e à ·Dieu le &gt;P-ère~ je veux dire à un parti-prîs
du même. tonneau que le si-en. Ceux que le romatlüsme tue
sot1.t, comme ceux que le vin tue, des gens déj.à tués un pBU,
dirait ,Ubu. Les n·o ms des poètes rom~ntiques resgemblent à
des noms de trns, et nous disons,laiLégetide,des. Sièclts comme
on dit la Roman~e. « .Cela tue ! " -c:Pie M. Daudet horrifi~.
,Imi~je dé~-sser le -vocabulaire 'd 'injures qtùdresse, ;et parfois
qu\mtaisse, M. Daudet, .et-qualifierai-je le romanticophobe ·des
'. Œtwrts dans les Hommes de buveur d'eau? Soyons mo.dé:i;é·s·Lll

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

735

y a beaucoup de remarques pychologiques fort justes dans son
article sur Victor Hugo. Je dirai même que l'article est juste
par tout ce qu'il affirme et faux par tout ce qu'il nie. Quand
M. Daudet s'étend avec indignation sur l'avarice de Hugo, sa
luxu_re, _son ?rgueil, ses imaginations dévergondées, l'objet de
son md1gnat10n ne me gêne pas plus que son indignation ellemême. ,Nous m! voyons pas, -Ou voyons mal, ces ,vices. quand
nous les avons : faisons donc le même crédit au génie. Lui, au
moins, ne les gaspille pas comme nous, inutilement. fi fallait
probablement tout cela pour donner un Hugo, il fallait tous
.ces:alime·nts huu1.aîns i ses fameuses cent -vingt-huit dents, ces.
métaux pour forger cet airain de ·Corinthe :
·
Et rapportant ce bronze d la Rome française,
Il âisait aux fondeurs penchés sur 'la fourn aise : '
En avez-i·ous assez l

L'orgueil pharaonique de Hugo, est incorporé à un visaoce de
/2 •
no t re pocs1e
comme l' « orgue1·1 pharaonique » de Louisb XIV
l'est à un visage de la France. Nous v9yons assez bien
les chemins de liaison .pour nous rendre compte que le o-énie
hugolien n'eût _pas existé sans ces rançons p&lt;1,5sionnelles~ g_ue
la fournaise eftt mal fl.acibé sans ce charbon. (Si M. Daudet
avait pf us de charité et ,s'il disait son Pater en entier, son style y
perdrait sans doute. Et Dante .. :) Le Satyre est là comme Versailles est là. Chéops manquait probablement d'humilité. Mais
avec un grain d'humilité il n'eüt pas bâti sa pyramide, et nous
sommes tczut de même heureux .que sa pyramide existe.
Il y aura bientôt cent ans qu'un académicien classique proclamait que le romantisme n'est pas une doctrine, pas un art,
mais une maladie. Il serait · beau de e:élébrer joyeusement le
centenaire prochai!1 de cet apophtegme, qui a eu la vie dure.
.Ce qui a la vie plus dure encore c'est le malade. Le jour ,où
_notre arrière-grand-père romantique nous chantera, Je verre en
main:
A mis, -je vi~ns d'avoir cei1t am !
-autant qu'aux cent ~os qtl'il aura vécu, sohgeons -aux ·cetrt mé-decins qui l'aurorn 'ëondamoé, auK- cfül:J.l.lMnotts.to.ujours.d~us
.qui l'attendent derrière la potte . •
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�CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THÉATRE DU Vrrnx-CoLOMBIER : Les Plaisirs du Hasard,
comédie en 4 actes, de M. René Benjamin.

Il était deux heures moins le quart. Je sortais du Mercure
pour aller à la répétition générale du nouveau spectacle du
Vieux-Colombier. Je venais de tourner de la rue de Condé
dans la rµe Saint-Sulpice ... Je ne dirai pas de mal de la rue
Saint-Sulpice. Certes, elle n'est pas au nombre des rues charmantes ou pittoresques de ce quartier de la rive gauche com_pris
entre le boulevard Saint-Michel et la rue du Bac, et les quais et
la.rue de Vaugirard. Elle ne vaut pas, même de bien loin, la
rue de Seine, la reine,· ou peu s'en faut, des rues de la rive
gauche, la rue Mazarine, la rue Guén_égaud, _la rue Bo~aparte
dans la partie comprise entre les quais et Samt-Germam-desPrés, la rue de l'Odéon ou la rue Jacob. Elle ne vaut même
pas la rue de Savoie, la rue Cardinale, la rue Férou, la ru~ Servandoni, ou ce q_ui reste de la vieille rue de Varennes. Mais elle
est charmante et presque pleine d'agrément quand on la compare à la hideuse rue de Rennes, au déplaisant boulevard Raspail, à l'affreux bouleva~d' Saint-~ermai~, au répu?nant
boulevard Saint-Michel. Voila des voies où 1e ne voudrais pas
habiter, m'y offri~ait-on pour rien le plus bel appa~eme_nt.
J'aime dans une rue de Paris l'intimité, le passé, la diversité.
Les voies que je viens de dire, j'ai l'impression, quand on
y habite, qu'on doit s'y sentir chez soi comme dans la rue.
Regardez un peu la rue Saint-Sulpice quand vous y passerez.
Elle a, je m'exprime peut-être mal, des attraits personnels _et
des attraits de perspective. Qu'on l'a regarde d'uoe extrémité
ou de l'autre, la vue est charmante. De la rue de Condé, où

737

elle commence, c'est, à l'autre bout, passé la muraille noirâtre
de Saint-Sulpice, l'éclaircie soudaine de la place Saint-Sulpice,·
.comme un grand espace de lumière. Quand on la regarde dé la_
place SaiM-Sulpice, elle semble fermée, à l'autre· extrémité, par
le côté gauche de la rue de Condé et la vieille maison élégant_e
et sobre, aux hautes fenêtres garnies de glycines, au rez-dechaussée de laquelle la papeterie Gallin-Fuzelier a ses magasins.
Parcourez-la maintenaht dans sa partie la plus agréable, celle
comprise entre la rue de Condé et la rue de Tournon. A
gauche, un serrurier_, une crémerie, un rétameur, un antiquaire, une fruiterie, une herboristerie, un marchand de cuirs
un autre antiquaire. Il y a même, au numéro ... , au premie;
étage, une Madame X ... , qui fait, de dix heures à sept heuresh
des ~assages sur lesquels la confusion n'es't pas possible. ]'aï"
ap~ns cd~ t~ut réce~.m~nt, en lisant par curiosité une petite
feuille qui fait sa spécialité de ces annonces, et, l'autre matin
comme je,rass~is dans. la rue, j'ai vu entrer là !'écrivain ... , qui
me c~nna1t moms que Je le connais, et qui ne se doutait guère_
que Je le regardais. Encore un_ qui n'a pas dû faire un bon
mariage pour qu'il ait ainsi le besoin de se faire mas~er d'aussi
bonne heure.
Du côté droit, un libraire, 1!,n antiqpaire, un deuxième antiquaire, une fruiterie, une lingerie, une teinturerie, une bou- tique de ~ieux_ éta_ï11s, une autre teinturerie, dans laquelle il y a
un chat s1am01s ·gaté comme un enfant et qui se prélasse dans
ia mont;,e'. au milieu des den_telles et des étoffes. li y a quelque,
~,e~p~, J a1 ;u? chez ce d~~x1è~e antiquaire, une vieillerie que
J a1 bien failli aczheter. C était un théâtre en carton, dans le
genre de ceux qu'on fait comme jouets pour les enfants. II
n'était pas laid, toutes ses couleurs un peu fanées. J'ai été
arrêté par le prix que je pensais qu'on -me ferait et par la scène
~yth_ologique ,q~e représentaient les personnages qui le garnissaient. Je n ai aucun goüt, -en effet, pour la mythologie ni
pour tout ce qui touche à l'antiquité. Je me moque complètement de.s Grecs et des Romains et de ce que po1,1vaient faire, et
pe~ser tous ces gens-là. J'aurais voulu une scène de la comédie
ttahenne ou des personnages de notre théâtre comique. N'est-ce.
pas dans un livre-. de M. He_mi de Régnier que j'ai lu qu'on
-trouve quelquefo!s, en Italie, chez des anti(lua.ires, de ce~
4ï

�LA NOUVID..l;E RF.NOE .~NÇA.1$E

théâtres d~ m.'lrionne~ .du œmps de l'Italie heureuse., fantasque .et masquée, l'ItaHe de Goldoni, d.e · Gozzi, ded)a Ponte
et de Casanova? Je de-v~ndnû p.eutrêtre glus ~ urvjour?
li faudra, ,que jeJ prie \m a;roi-v.oy,ageur de m.e cappo.r.tua m de
ces théâtres. Un th.éâtr-e :où-,; e serais ..seul ! tOes ,acteurs muets !
L'imagin~tiop..des ~ctacles cùarm-ants qu'il .dohna en d'autres
temps., pour &lt;les spectateurs·· ,font la, :i,1 ie était toute ·dwei-&amp;rté et
toute gaieté L Cela me .consolerait des théâtres réels .où ,il m;e•
faut passer tan.t..rle soirées.
,,,
.Le reste de.,la r-lW Saint--.Snlpi-ce1 de la r.oe- de Tournon .àJ.a
place, est ,cilun.autre geru:.e.. Qµelques b011tiq_ues ~ans intétêt .et
on· active à ces .étonnants ma«asim con~acrés aux .ittributs defa
religion : livres, chapelets, chemins .d.a 1.c:roix 1 ·statues et statuettes d·e to~tes tailles et de tous .genr.etl' .dont Ge qmirtœr a la.
s-péoi~lité. Vois ,connaissez.œs étalages, ces scènes ~difran:tes
composées de personn9.ges gtXlupés -de,;ant des fonds de toile
peinte.- Qu'on ne s'étonM pas· -de mè -von, én parler içi. C'est
encore du théâtre et c'est, m:a partie. J~ m'arrête quelquefois
devant cés magasin!&gt; . . Je regarde · ces statues, généialement
grandeur' nature, et peintes, quî repté-s entent le Christ, l'a
Vierge et les saints les plus importants. Ce qui me surprend,
è&lt;!st dé Les Atoi.r souvent ehang-u cha-eun de physionomie et
d'aHure ,19\li.Vaot le magasin qui lC6 exhibe. Iêi, le Christ est
blond, a:Ve4 beli.\lOOUï&gt; -de -~arbe, 1'aspect d'un homme fait et
sollcàe . Là, il est brun, avec une barbe 1é'gère, et quel.que chose
de, rontl}ntique -et mal portant. lei, la Vier-g-e a un 'Visage tranquille, •vec &lt;le bonnes couleu-rs, des formes -rebonaies, l'air
d'une bonne ménagère très terrestre. - Là, -eHe est mince, pâle,
diaphane, les yeu~ alanguis, l'attitude la-sse et pnkieÙse, on
croirait vraiment qu~elle va ,s'envoler. Il en va de m!rne pour
les saints, que chaque marchapd expose dans un modèle de son
choix. Je me r,i.ppélle, en regaràant tout cela, le mot de Licht~nberg : -4- Les saints en -bois sculpté ont plus fait dans le
monde que les saints vivants. " C'est fort vrai et, cela donne
une belle idée de l'intelligence humaine. Mais encore faut-il
pouvoir s'y ,eeonnaitre et ne pas aa,roir sa confiance mise en
déroute pâr de pareils avatars. Songe:i: à- tous -ces- dévots et
dévotes qui vont s'àgcmsmiller dev•nt ces statue's •et •qui prient
les uns un Chr.ist brun, use ierge en bonne santé, les autres

OiRON-IQUE DRAMATIQUE

7

un. Christ
blond, une Viergè thl otottque
.
h
et tous d
. 39
qat c angent de _physionom.
.
;. ,
, es samtstique ou d'une autre ·. 0 ide sui~an; _qu ilssoitettt d'une boù., n evratt 1a1re plu àtt ·
différences et les éviter.- Elles sont d .
- s
entlon à cés
doute dans l'esprit. Là religion n~ -a~lgereuses et: font entrer le
~u'on ait au moins quelque- ·ce-rt7~d: ,J:s à:sez de ~ys,~ère?
s1que.
A moins que l'Eglise , qui s'y conna lt m1eu:x.
_e domame-ph.y~
•
que·m ·
~1t assurée que le vrai fidèle ne. réfléchit ·a .
, o1,_nê'
nen et se contente de prié l
~
l mais et n examrne
Une chose que 1· e regarle es ye~-x ermés autant que l'esprit .
.
, aussi, quand je passe d
magasms, ce sont ces iina es .
. é
.
ev:mt ces •
personnès décédées O
g . impnm es qm représentent des
.
. ne petite legenàe placée
b . . pner pour .elles que le S .
au as mv1te à
comme un p'e ti; mns.ée
en son s~in. On a_ là
leur rêve, paraît-il, et ont vu leurs .è dé~otes qui ont réalisé
généralement pas très séd . .
pn res e:,i:aucées. Ils ne sont
ont -des :figures revêches u'.sa:;, ces n_abitants du Paradis. Ils
que peu sournoises Mau' p'.nc éscl,méd10cres, égoïstes et quel.
·
va1se r ilme pour 1
bennes,, si elles vous .d
.
es vertus cbréje- crois bien qui a r.di~nn~nt d: ces visages. C'est André Gide;
qu'il ':l en.
2 J'en suis
/m;n_e va~t selon- l'inqui-étude
tude .d'aucune sorte )
. - . en a1 ~aiment aucune iaquié. e sms on ne peut pl t
â
enfoncé dans l'.6-,,,aisse m .t 'è . A
.
us erre ' terre,
~y
a 1- re ·• ucun au-delà
ment~ ~t j.e suis au contraire solidement assuré ne me t~ur~e sm que je motrrrai. tout entiet'.ét je n'attends ::n p~mt. •
rr un mot, le mécréant actom li ,
. .
e nen.
de chimères M . .,
p ' n en déplaise aux amateur¼. ais J Y pense chaque f ·
, .
.
les images de ces élus si .,
.
1o1s-qu ea pàssant 1e regarde
suite de cette vie terr' tr l ava1s qu~ qu_e inquiétude touchant la
de ,
es e, ce serait bien d'aller au Par d.
tro~ve~ en société avec. tous ces honnêtes gens. a 1s et
ena1s one d'entrer dans la
Sa. S .
me rendre au Théâtr d Vi
rue . mt- ulp1ce pour
conp d' ï
e u 1eux-Colomb1er. J'avais jeté un
théâtre œ1 ' en pa~ant,_ chez Yantiquaire, pour voir si le
ch
l ~ .carton était touiours là et je -venais de fai
ez u1 un chat de b
. .
re rentrer
de
ont1qmer 'éj_ui se prôm
. .
mment,-sur la chaussée· A c .
.
.,
ena1t 1mprutrottoir, venant en
.
e ?1oment, 1 aperçus sut l'autre
Billy! Tout le m dsens co~tratre de moi, mon -ami -André
grand, blond à Ion e connalt Andl'é_ Billy. C'est un garçon
, unettes, les cheveux boudés, "',ouiours
.
. de
v!fu

d:1::::~ ~~eÂ;es

lui

J=.

~

1: ~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS~

74°

.

clair, à la marche déc~dée, qui traîne dans tQU.S ~es quartiers de
Paris, fait le gourmet dans des restaurants curieux, cou:t le_s
femmes et commence à prendre du ventre. Son nom n es:-1;
pas charmant?, Un nom de cirque, un nom de clown._« Hlp .,
B"U 1 » (il faut prononcer sans mouiller les· 1, comme dans-:
1 Y·
,
.
·
om ·pour un
balle). AvanJ dç le connaitre, 1e prenais (. ûC. n
.
pseudonyme plein de fantaisie. C'est~ André Btl:y qui a corn~
me(lcé ma rép_u tation, du tempi qu'il rédigeait le~ Echos a
Paris-Midi. Il avait sans cesse des anecdotes à raco~ter su_r mo~
compte et me prêtait plu.s d'esprit que je n'en a1 réelleme~t.
Il a publié .p'lusieurs romans: Bénoni, La Damr à_ l'arc_en ciel,
La MaJabée, Ecrit eri songe, Barabour ou l' Harmonie univ.erselle,
un livre sur Paris vieux et neuf il\u.stré par Hua~d, ~~el~ue~
livres d'observations . parisiennes : $cènes de la vie lit:,eraire a
Paris, la Guerre des journdux. Voilà plus d'un an ~ue 1_atte~ds
le petit volume sur Guillaume Apollinaire que ~oit lm éditer
la Sirène. C'est un écrivain vivant, prompt, clair. _très observateur. Il ne lui manque . qu'une chose, selon m01 : un pe11
plus de réflexion et un peu plus d'applicat_i~n. Il :e dépê~~e.toujours trop, comme tous les gens de pla1s1r. Il. n .a pas 1 a1:r
de se douter des avantages qu'.on retire de revo~r un pe_u ce
u'on écrit du premier jet et qui fait qu'on améliore to~iours
q
Il tient la critiqJJe littéraire à Z:Œuvre et réèhge de
un peu.
. l'
.
petits articles quotidien~ au Pétit Journal. 11 pourrait : s~ute~1r
s~uvent et utilement la caµse des .animaux et ne 1~· !ait iama1~,
ce qui me. fait en secret l'accabler de reproches_ et lm _en voul~1r
pour son îridifférence. Je ne l'avais pas vu de?~1s ~lusrnurs ,m01s.
Il m'aperçut en même temps. Nou~ nous re101gmmes et co~me
· lui demandais où il allait, pour se trouver dans ce quaruer,
Fappris qu'il allait comme moi ~u _Y~eux-Colombier._ « Vous •
· guli·e,. chemi·Jl· lm d1s-1~ car vous lm tournez
prenez u.n sm
, .
"
· '
le dos. ·_ J'ai le temps, 'me tépondit-il. Je flâne un ~eu.
Je regarde chez les ~antiquaires, s'il n'y a pas quelque _vieux
_ Comme on voü que vous êtes encore 1eune,
meu bl e .. ,
.
,
d.
lui dis-je en riant. Vous peq§èZ encore a acheter , es meubles. Voilà upe pens~e. que 1 je• 11';i.i pJ:us gu.ère. »-Et-comme
il riait à ·son tour- : « C'est vrâi. •c.ontinuai-je. Je ne °:e .sens
est trop t:1:rd.
è de goût, à faire des achats de ce gente. U c
gure
·
·
Ma vie aura été :,.insi faite qut: les cho~es. me ,.a.1;saient en:v1c

CHRONIQUE DRAMA-T IQUE

74J

,q_uand je_ne pouvais les acheter et qu'elles. ne me disent plus
·nen mauitenant que je pourrais les avoir. Le fauteuil sur
-lequel je me repôse, dans mon cabinet, est tout - défoncé.
La chaise sur laquelle je m'assieds· pour écrire a un montant
·de son dossier cassé.- Le sommier sur lequel ;e couche est
.
f at1gué.
.
'
bten
Mes li"'res, mes papiers, s'empilent
les uns
sur les autres, sur une vieille commode, et je dois souvent
renoncer à lire plutôt que de déranger tout cela. Eh ! bien
je m'en contente'. C'est assez bon pour .finir ma vie. Ce serai~
folie _d'acheter !11.aintenant d~s ~hoses ' dont je jouirais peutêtre s1 peu. Je n ai plus de gout, ie ne me sens plus d'attrait
que pour l'inutile, le superflu, ce qui fait uniquement plaisir.
Ce qu_i est -~tile me fait horreur. Et encore, ce superflu qui
me fa1~ pla1S1r, aussitôt que je l'ai je m'en moque ... » Nous
marchions tous les deux vers le théâtre et Billy me donnait
de ses nouvelles, depuis si longtemps que je l'avais vu.
J'app~is ainsi qu'il vient de terminer, avec Jules Bertaut,
une pièce sur Balzac, ayant pour titre le nom même de l'écrivain et montrant c~lui-ci au milieu des personnages de son
œuvre. On connaît l'histoire de Balzac avec la duchesse de
Castries, qui lui servit de modèle pour la duchesse de Langeais. La pièce le montre aux prises avec elle. Il a pour rival
le baron du Tillet, qui l'emporte. 11 est ruiné dans l"affaire
Nucingen, saisi, vendu, arrêté et conduit à Clichy. En un
mot, une idée curieuse, consistant à donner aux héros du
ro?1ancier _la même réalité qu'à lui-même. Comme j'en faisais compliment à Billy : « Mais dites donc, me dit-il, vous
savez que nous devons toujours écrire une pièce ensemble.
Quand vous déciderez-vous ? » C'est vrai. Voilà plusieurs
années que nous avons fait le projet d'écrire une pièce tous
les deux. Sur quel sujet, avec quels personnages, dans quel
ton, nous ne le savons guère ni l'un ni l'autre. bans ma
pensée, c'était un petit acte, sur un sujet libertin, pris dans
1a réalité. Je voyais trois personnages : un mari, une femme,
un a_mant, dans un petit milieu bourgeois. J'avais les premières
r~phques et celles de la fin. Dans ma pensée, Billyferaitle reste.
J Y ai renoncé. Je me méfie du théâtre, depuis que j'ai vu
tant_ de pièces, et j'ai profité de notre rencontre pour le dire
à Billy. « C'est trop difficile, mon cher. On risque trop de se ·

�742

LA NOUVELLB JŒVUB FRANÇAISE

tromper. On écrit sur le papier des choses qu'on trouve drôles..
On est s-ôr d'être spirituel et piquant et d'amuser se~ •spe~tateur.s. Et quand on entend tout cel~ sur -la- scène, nen ~-e~
plm, drôle du tout ni spirituel, ~a1s long_, eon~~eux. et fatigant. J'ai acquis qaelque réputauo~ cpmme -c!mque dramatique. C'est assez drôle, je le reconnais. Je ne suis pas press~ de
la compromettre en me transforman~ en auteur à insucc~. »_ •
Je ne. me doutais pas que la pièce de M. Ren~ BenJ.a}lliI! •
Les Plaisirs.du Hasard, allait s~ bjen me ~o~ner raison. ~ndré
Billy placé loin de moi, je le ri.tr~uv_ais_ a_ chaque entr ~ète.
! bien -qu'en dites-vous? lm disa'LS-Je, Vou~ voyez ce
« Eh
'
.
.
que je vous .disais tout à l'heur~. M. René B~n1amm a ccr·t ainement cru qu'il écrivait une chose tr~s dn\le, débordao~
d'esprit, neuve, de la: plus haute.fantaisie. L'e~et s-ur le pubhc
ne.fais,1it certainement pas de doute .pour lm. Il a✓ même Mi
s'amuser beaucoup en éqivant sa pièq:. l,.,e r,és:y.ltat- .,? Ç:.µ
.mot drôle de temps en tem4&gt;s, -uoyé, dans des longueur;,. ,p_n
comique qui ne porte pas, pour être t~-op, fo~çé_- Une-~;rntalst_e
-qui apparait trop inventée. Un._ perso~nag~ pnnc1pal qui devrait
plaire et qui agac.e pat sa prétentt~n a fare -un ~ersq,nnage
unique. En toll.ti, uoe pièce -qui devrait amuser &lt;._t qu op. trou,Y}!
intern1inable. E vous ne pQUvez pas cl.in:, 4-u~nd i~. p~rle
~insi, que je le f:üs en critiqui: ~e parti-pris,.en.h&lt;omgi.e ,d,iffi_cil~Vous. pouve_z juger èoIJ1me moi, ét ,o~r q~e to"9te la ~alle_pen~
,de même. La pièce de M. Re~ BeniamLn e~t q g-e ~J,:;ellen~e
leçon. Faites du théâtre si vous voulez, moq ch~r~ Billy. M01 ,
je préfère continuer à juger les pièce~ d,wautres ,et,a, me g.at.d.er
d'en écrire. »
,t
J'aurais pu · écrire une chrorÜq_Qe b_e~ucQJlp JP.ieux sur,;_t:i
pièce de M. René Bebjal)]#l. _Le-s P-lamrs du. Hasar1 ~ f.1Î
un si heau titre I Ce son.t :,~usti les plus Qtaux platsJn., .Le
hasard lui-même en a dé.çîdéau~ment, ,On n'est _pas ~rillant
,J.,
tous les jol).rs.

!

~ , ~~[:E. ,p0IS$... R~
•J

LITTÉRATURE GÉNÉR4LE
QUATRE-VINGT-UN CHAPITRES SUR L'ESPRIT
ET LES PASSIONS,. par, /4.lain (Camille Bloch).
Ces. notes d'un, philosnpiie. ; ont nature11em.ent u11- ca-ractè.te
plus abstrait et plus schématique que les autres propos ci'AW.n.
Elles laissent une impression fort originale : Alain, comme la
plup.art.des philo.sophe~► o..e parle jamais de lui, et c~pendant,
q~and il êcrit; nous nous sentons beaucoup pfus-en présence du
-S~Jet qui pense que de }'obret qui est pensé. Là potnte de son
discours dessine nf.l.l! figure de pliilDsophe plutôt, qu'une philosophie, plutôt suno.ut que de la philosophie. Qu.and oh a: iioi
le. livre, on sait men qu'on a pens:êr.a.vec 1'au.tétll', mais on sait
assez matce qu'un ru pensé. On a eu ave:c un homme intelli~1ent, et stuto,ut vi-va:nt, rune conve!fsa:tion excitante, maisc dont
1 ne,zeJite guère que ct&lt;tte.. excitation même.
Guère?- Qu.e
-vous.,faot-il donc 7 Socrate n 1en. laissait pas davantage • .,... C'~t
vrai. Mais Alain est p:eut-êtJe -plus anguleuJJ 41J1t Socrate, et
surtout plus dogmatique. Il a bûrr raiso-n _de-., dire, dans son
avant-~?pms, que Je~ p:olémignes ne m'instruiseiat• pas. Ne
faudraLt-il pas en ' excepte1 les polémiques qu'on souti&amp;nt contre
soi-même? et qui. instruisent a:u moins..une p.e:rsonne_? C'es~ es
-~elles-~ que Socrate était maitre. Alain ne., cherche pas l'assimt1ment d'autrui, et c'est,une fonce. Mais,..dans une de ce~, belle§
etTObustes sohtudes.d'esprit:à la Suarès., iles-.t, ,oomm.e il le dit
dao$ son. épig1apbe, le d-ieu ,lijui géométrise . .il&lt; est 'p.hilo.s0ph.e
~omme Suarès est p_oëte. « Si œ hivi:.e; ,cforit, il,,1ombait sous le
1ugem~n.t de quelqué philowpheide mêtierl-eettl! s:euk pensée
gâterait le plaàsir que&gt;f ai tJouvé à l'éairn, qui, fw- vif~n.. U ne
fa.u&lt;ba donc ~s ~u''il soitr.lu et pigé par~- Ota.rti&amp;. Ce$

�744

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quatre-vingt-un-chapitres me paraissent tous l'œuvre d'un philosophe de métier, et de métier habile. Il existe évidemment une
philosophie sans métier, chez les mystiques par exemple. Mais
nous reconnaissons le métier de philosophe en Alain comme
nous reconnaissons celui de marchand drapier en le père de
M. Jourdain, expert en draps et qui en cède pour de l'argent.
Je sais bien que pour être philosophe il faut dépasser le métier
de philosophe (dans un pénétrant Eloge de Descartes, Alain
désigne discrètement du doigt une des lignes par lesquelles on
le dépasse, « encore solitaire lorsqu'il parle ... ~ ). Mais on ne le
dépasse que si on l'a, et, une fois qu'on l'a, certain automatisme
nécessaire empêche qu'on le dépasse complètement. Et dire
qu'en le lisant on pense plus au philosophe qu'à la philosophie,
c'est vraiment faire l'éloge d'Alain comme Alain a fait celui de
Descartes.
AI.BERT THIBAUDET

NOTES

745

poète françai , ressemble à tout, sauf à un distique latin.
De _sort~ que ~ans c~ livre si agréable à lire, ce qu'on se garde
de (1re c est Ovide lu1-méme, ou ce qui nous est donné pour
Ov1~e. ---;, Une petite question amusante. A la page 17, il nous
est dit qu a Rome on demandait aux élèves dans Jeurs dissertations :. s'il était possi~Je de creuser un po;t à Ostie, de dessécher I 1st~me de Conn the ». Dessécher un isthme ? Je me
dema~de s1 par hasard M. Ripert n'aurait pas emprunté son
~.~nse1gnement à un auteur qui aurait traduit, sur un texte que
l,'.gnore, secare Isthmum par dessécher l'lstlnne J Le percement de
l :sthme de C~rinthe, qu~ commença Néron, était, dès le temps
d Auguste _à l ordre du JOur des travaux possibles, et il était
na~_rel qu'il servit de matière à discours, comme le percement
de I_ 1~thme de S_uez au temps des Saints-Simoniens. Si ma suppos1t1on est vraie, la crise du latin ne date pas d'aujourd'hui!

• *

OVIDE, POÈTE DE L'AMOUR. DES DIEUX ET
DE L'EXIL, par Emile Ripert (Colin).
Sous ce titre un peu grandiloquent, M. Ripert consacre une
étude littéraire à un poète dont on ne parle d'ordinaire qu'avec
une tiède bienveillance. On lui reconnait le mérite d'une double
facilité : facilité, pour lui, de ses vers qui paraissent se faire
tous seuls ; facilité, pour nous, d'un latin dans lequel autrefois,
dès notre cinquième, nous entrions de plain-pied. Joignons-y
le mérite d'avoir traité d'admirables sujets. Ayant rêvé sur les
Métamorphoses, que M. Ripert compare aux Mille et une nuits,
il m'est arrivé une fois de commencer à les lire : elles parlaient plus à mon imagination avant qu'après. Ce qui nous
plait dans les Amours et l'ArJ d'Aimer c'est Rome au siècle
d'Auguste plutôt qu'une vraie source de poésie amoureuse.
M. Ripert s'est efforcé de mettre le plus haut possible le poète
sur lequel il écrivait un livre. Il a réussi surtout à écrire ovidiennement toutes sortes de choses ingénieuses, à faire d'aimables comparaisons (il a une bien îolie page sur le jardin de L'l
Fontaine) et à bâtir pour Ovide un tombeau qu'il eût aimé. a
me permettra seulement de trouver tout à fait insoutenable sa
manière de traduire les vers latins en vers blancs : l'hexamètre
suivi d'un décasyllabe, forme barbare que n'a pratiquée aucun

LA POÉSIE

ALBERT THIBAUDET

VOCABULAJRE, poèmes, par Jean Cocteau (La Sirène).
Arbre, bocal d'oiseaux, feu de bengule
entre les fies
Le soleil fait chanter les tra,nwavs dans la ville
Le ciel est u,i 111arfo ,mis sur r:S maisons ...

Tiens, dites-vous, j'ai déjà lu ça quelque part. Parbleu f il n'est
pas une revue nouvelle, typographiquement costumée en nature
morte cubiste, qui ne tienne à honneur de recueillir des traits
de se~sibilité aussi ingénieqx. Tous les birbes barbus qui lamentent, a la terrasse de brasseries désuètes, le bon temps des.
glareuls symboliques et les femmes à bandeaux plats des génér.ales de l'Œuvre, vont bientôt, touchés par la baguette de
1enchanteur nocturne Paul Morand, faire semblant de croire
com~e mon ami Mac-Orlan lui-même, que les trolleys serven;
à tentr les tramways en laisse. - Alors Vocabulaire est un catllogue de gentillesses dans le goût dada-centre-gauche ? - Pas
le moins du monde. Voici le poème-programme qui termine le
recueil :
France gentille et ve1·àoyan/1
Qui fait les femmes et le viti
Comme on en chercherait en vain
Sur toute Europ, enviroruuu,te,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Si je te d,ante i 1n4 fllf(}lt
Chacun, SI/ delourne et me 11/DtJlltMai:s un.jnur arrive l'é.poque
Où l'orei1ü entend lq cha1tson.

Guilkmme .Apollinaire. dans C11Jiiu1&lt;aw1rw a.vail d_tjà p:inc_é
cette corde-là, renouvelant~ a'{ee un grâce modeste et subtile,
Je- petit chantage bien co.11n-u : c&lt;. Mru.s o:n a dit ça de Manet .•• P
De combien de milliers de méchants tableau~ ne sont-ils pas
responsables, les jurés qui IefusèLent Corot 1
Tel q14i jadis- me- ,z1oulllt mordre
Voyan~ nus jg11rt-à. l'em:ers,
Camprt:1dra soudtzin que mes. vers
FurmJ. les w·vife14rs de l'ordre.

Evidemment rordre -est à la mode . Mais ici, M. Je-an Cocteau va, comme on dit, u1f peÙ fort. Ce n'est pis lui qui sert
l'ordre, c'est l'ordre qui le sert et quand il pastiche Malherbe (le
.M alherbe des Larmes de Saint-Pierre), il est évidemment plus à
l'aise- que dans l'a1-;on du· Cap de J3onne-Espira11cs, et dé.gui~ en
_pilote de la nouvea1,1té.
Sans être tenté pour cda de « mordre»- M., Jean Cocteau, je
me plaius non pas d'avoir vu sa .figure "à l'envers», mais de ne
l'avoirvue que très rarement, cad1ée qu'elle était sous des masq_ues où je croyais re,coo,o-aitre
ou l'autre Rost~nd, Miw; de
Noailles, Ap.ollUJ,~ire1 MaxJac.o b, u,11Romère nègre in.vi:nté par
Paul Guillaume.,_
~ Sous le bénéfice de çes réserves », ,;:om.me disent les conférenciers,g~noi~ 1 nçus so.ouues p,r:êts à déçla,rer que l'unifoon,e
de-l'armée_de l'Ordr11;: sied parfaitemCIJt ~ M. Cocteau, Qq'il se
perI]\ette une ce.rtaine f~t;1taisie da{ls la.tenue~ nul ri.'y trouve à
redire, mais "lu'il n'aille pas coudrl:l préQlaturémentsur se?
manches les étoiles de général. Nous cFoirions le voir encore
e!l chef d'op::l;t.e~tre ou1ep. O?!!neur c}e jazz. ~ vaut mie.u~ qu~
çela,. et Vocabutaire, s,on dernier livre, est aussile meilleur, celui
où il a mis le plus de lui-ijlême. Et vqici des '7et~ que persooi:ie
ne lira sans un vif agrément:
Les cbeue1L:t pis, quand ;ermesse les perte,
Font doux tes yeux et le tei111 lc1ttta11' ;,

ru.ni

]l tni1wd rm pldistr de la mi11M-sofle

A vous veir, lml11,Y1 oUr:i.frs dù printm,ps.

La 111-er de sa fraiche. d lente ralivtl

uI

Imp,egna le sol d11 rivag,grec
An,r que vofrê f n,Ji.t atnbig1i~ l'olive
Ccwtunne llê11us et CJb le avec.

T1114t de votre adoltsce11èe cnènue
Me plaU, moi gui suis le wteil d'hiver
Et qu.i;, ~mme ·11ous, sur la rose ,me
Penche un jeune front de cend,,es couvert.
Surtout que M. Cocteau n'aille, pas découvrir Moréas. Si je ne
savais que l'Endroii.et l'Envers a été ~écité à la Comédie Française je serais un peu inquiet d'entendre le poète s'.écrier :
Qu'-imporlent I.e, mleil el les marbr~ de Grè:a

à L-t ma~ière d'un 1auréat . d~ prix Arc'heon-Desperouse.
« L"Ordrè »·n'en demande pas tant, nous nôn plus.
ROGER ,V.LARD

.t:\.NDROT:ITE, par J. farta.il, dessins d'A. Favory (};:Q .
&lt;le la Charmille).
.
•
• ., f
.t

'

Tout rompu et tou_t lyrique. que soit le vaste poème de
M. J. Portail, il forme à proprement parler 1.1rre épop.ée.
Le sujet n'en est rien de moins que l'éclosion et la déchéance
de la civilisation humaine, . en un lieu précis, au pied d'une
montagne solitaire. Dieu de la plaine, vénéré par les premiers
hommes, 1€ mont protège la croissance des villages. La vie
rustique germe à ses flan.es, se développe, de l'enfance à la
vieillesse, selon un rythme rude et monotone. Puis l'homme
essaie d'atteindre plus baut ; les ermites fondent des confréries ; mais !'.-élan de la vie spirituelle retombe et fait place
à d'autres ambitions. Sut les- versants de la montagne. s'ouvrent -cles carrières ; la 1Ville se construit ; les faraes:- de.Ja vie
~odernc s'y rl6:b.aîneut; &lt;l'outra.n:ce et l'artifice s'exaspèrent,
1usqn'àc.e qm:, affoië--par son excès, la puiss.ince ·se- retmune
contre elle-même, la ~deoœ..détnùse ce qu.':eli.e. a édifié et que
Ja guerre l'imène la mort et le silence Jà ou J'orgu_eH de
l'homme avait cm dresserune œuvre étern,elle.
.
,_ i
J'ignore si l'on saura beaucoup I de gré à J. Po.tta.iL dr'avoir

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAirn

Chacun préférant
A l'agrégat •
Et à la cqm.munauti
Des hommes solidaires
L'isolement
Du solitaire.

.

.:A,,,~-et-wrps sans biens
lls'fl-bordaiept un soir
Ainsi que de.s marins au port de la mqrt,
En ètreiguant itroitement-dans leurs. bras
Le,palt'l;re 'n1dt de leur destin
Chtt sur eiix· de fout son long
. ' 'comnie
àrbre scié,
Et la voiliblanche de leur dme
Désormais repliie,
A la proue, leurs pieds harasses,
L. A la poupe, leur tête ,·emrersie,
- Elle [IJJ,/t·ejois, le Kouvernail de la pensee ..:....
· I;t pa,·eii 1111 mitan épançui tÙ la coque
Plus large et plus lourd t:11 même temps,
Les bms pendant comme une paire de rames,
Les reins, la crqupe, la taille,
Tout le milieu enfin du corp;, centre et Î-w.tt-e,
Pit.issant, craquant, pesan,t comme un sac plein.

J

un

Il y a là de la vigueur, de la gravité, une harmonie voilée,
un peu grise. En beaucoup de passages, une simplicité familière et virile, des images neuves, bien ajustées à ce qu'elles
doivent évoquer. Parfois pourtant le désir d'atteindre à la force
conduit J. Portail à J'emploi de termes trop forts, qui dépassent le sentiment vrai et' par conséquent l'affaiblissent. On ne
maintient pas, sans quelque fatigue, son attention éveillée
jusqu'à .]a 3 34'• page du second volume, car la mémoire -paresseuse n'a guè.re de prise sur cette vaste coulée. Mais on serait
coupable si l'on n'apportait pas à la lecture-&lt;l1Androlite la. pel'sévérance à laquelle ce livre. a droit.
De belles eaux-fortes de favory ornentîe poème et en reflètent bien J'esprit.
JEAN SCHLUMBER.GER

:J

Je cite ces détestables vers parce qu'ils montrent à quel
point, çà et là, l'auteur est encore pris dans la gangue des
théories scolaires. Mais lorsque, spontanément ou par un
effort de libération, son imagination s'engage sur un terrain
qui est bien à lui, lorsque les abstractions font place à .des
termes plus sensibles et plus directs, le poème atteint pa~foi~ :à
une force, à une probité d',accent qui émeuvent. Il est difficile
d'isoler un court passage, citons ·pourtant ce beau fragment
consacré au cimetière dt}. village :

749
•

subordonné le foisonnement de son imagination à ce plan
général. Ces grandes synthèses ont toujours _quelq~e- cbose
de sommaire et de froid. Les exemples, les traits qm servent
à illustrer une aussi formidable aventure paraissent nécessairement trop grêles; trop individuels, même si le héros en
est c&lt; J'Homme ii. Les quelques douzaines d'épisodes qu'on
choisit font maigre figure de symboles. Ce raccourci d'histoire
est trop simplet pour qu'on le prenne au sérieux, et il est
trop insistant pour qu'on puisse l'écarter comme une convention sans importance. Mais, si persuadé qu'on soit de
l'impossibilité qu'il y avait à mener à bien une entreprise
comme celle de J. Portail, il faut convenir qu'un dessein
aussi haut mérite de la considération. En ce temps d'impressionnisme poétique, on est reconnaissant envers ceux qui
·coordonnent leurs efforts et qui restent convaincus qu'il y a
un ordre de beauté auquel on ne peut atteindre par une juxtaposition de simples fragments.
,
.
Plus peut-être que lui-même ne sen rend compte, J. Port~il
s'est servi de la poétique, des tours de phrases, du répertoire
d'images que, pour plus de simplicité, il faut bien nommer
unanimistes. Parfois l'adhésion aux doctrines de l'ancien groupe
de l' Abbaye est avouée ingénument, comme lorsque J. Portail
montre les ermites

. *
1,

LA VERDURE DORÉE, par Tristan Deréme (EmilePaul).
Dans les poèmes que M. Tristan Derême dispersa en maintes
plaquettes· et qu il •réunit 'aujourd'hui en voJume, il prend' soin
de nous avertir•que cc la, tris.tes se et l'afiliction les plus &lt;loulou.:.
« reuses n'apparaîtront qu'ornées des claires guirlandes de

�•
LA NOUVELLE REVUE FRAN!;AISE

75.0

l'ironie, qui est, on l'a dit,. utiepudeur, et.•qu1 est aussi une
(( rébellion et u.ne revanche ;,, n semble\ bien que ce souci
d'éviter un étalage indiscret de sentiinell trop intimes, crûment exprimés, ait conè!nit M. Dèrl!iÎ:ie 'à ~hbisir trne technique
particulièrement industrieûse 1 et phipnl 1à tradùire par les
rythmes, par l'agencement _des
·ce désd~cord _perpétuel du
poète avec ce qui l'entoure, conime ;ivec soi-même. Ce désa.cêord n'est pas une invention _du ro~antisme et Ronsard ne se
voulait pas moins r~tranché du « ,P.opulaire &gt;1 que Chatterton.
Mais îl se gardait de pn~ndre les ch&lt;i-ses au t.ra:gique et de donner à l'affi.rma,tion-de la solitude intellootuelle 'lln tCfür révolté.
De même que Moréas pa:r la-noblesse et la -laige'o.r de son discours, le poète d,e la '/Terâure Dorée, par l'esprit de sei inventions
verbales, ·par la richesse de 'sa fantaisie·, ai:toubit un pessimisme
qui pourrait paraître outré et une am.értulne \font on ne sentirait pas assez les m~tifs profonds.
·•
Entre Toufet et fean Pellerin la place "de ' Ce charmant
recue:;il est toute marquée, mais Tristan Derême a su g;irder un
ton d'irol).i~ sentimentale qùi fai::t parfoîs songer à:Musset el qui
lui 'a ppartient en pî:o~re aujburd'hui. ·:
•·
ROGER A, LARD

.i ·-

&lt;(

m_chs;

,.,.,.

J-

...

•

-.,

- l

.;

_,

J

Il arrive à M. Sup'érvie1le de creus~r fa mine L:tfonrué 'lnais
l~s thème~ -du. ~egre~ ~~\de, 1~ Nostal~1è
toüj6 11 1~ pitis
beamr qué pu1s1;ent fle~nr de feur soutfra:nce et de feur foquié-

·sont

tudeîes pottt~hfopsènsibie's :-'· ·
•

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AFI PLA,ÏSEZ-t'10I..., par R~né !foyrtlsve· (Editions deN9»yt;1lf )3.~vue Françai~~\.
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J
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~

Vqytz l~, cbarq:1~ d'l}n_.aW&gt;!P.:&lt; Il ~onsti;qrs 1.J~ 1·y;e 4\k1Ué;r~s
0

d!

tqgtEJ~.rle~ fègte~, ,e,t l'on ~feœbk en songeant- qu'il e'l)t pus Y,_soumettre. rt nous promet un drame, un crime rnystér~eU.î,
qqil !lSt ~,h,~Jg@ de-,4~J:IQ!l.ç.çr :,.il noQs, ,d·onp.e &lt;tes souvenirs
des pqrt;r,i,ts,, , gtsi fi.u}~jl~~~ d'"analysf; , d&lt;î? ,3:-p,erçµ~ · gµj no,u~
ench~-p.tent, L~ ;gi\'M .-µ\y, tn%i;i_q1;1e _pas 1 G''(}~tr vrai;- on l.'a~ai,t
~ubh(}. rll ~D'il!/ à la_,ftn_. PQP.1 comme k w~e. f,aral 3:ug-uel
l\Uteuy a OOJAStJ.J:ll~î ,sqvgfi, y.ers.lt~i;l;i,~ . d5aJ,Datiq_ue duq,1i1eb
il a t(!nçlu tmJtes ,~t;.s ficelle~ µiail! c9mnw, \e,-. ~ei:;nier {lé)llent
Cl\fl~b!e ,d.'édil;\fef «·un (}tS ~ Jnwre,ssant,· toud1a.11t le °Cceu1r
féJllJl!W. » et de.f§ir.e ~oP;Oaifrs: /1, qy~lle- t;tx.tw,JQiî~ttr;igi_q,~e p~ut
se- ~.Onj&gt;r .&lt;lnf~emJpe 10'-apablt, et déllirn;ql\e~4&amp;:~.lller, ,ff.1tfü1ée. ~1.1'
s~1l de l,i ywiJleJ&amp;e · &lt;Je lll; pire &lt;t4çe;p,tii;m., tnu~e aµssitqt e-o.
ha,10.e. ~e. n'est ·pa.s, ~,~ Cfi:PJe ~M.i.: no~s iqtére)lse, 11tais q,~il .a~t
éte pos,s1,ble.. ,e..t ~e~ent i-1,1'.a ~té, H ?!} se- sluait rien passé du
tout, n~us n a.l!n_o)jls P,%~.::~Jé -dé1;v.:i, 1L:'&lt;lctiop Qe conyerg,e pa,s,
v~s ce. déno"1em-e0;t~1 çtlmm~ v r&amp; ~ - r;tis_Qn '1' ~tre ·, majs ce:
dénouemellt, &amp;\:aljl;t p:rq~ofi ;) Vaut~~r et: ~on, i;Jiois{ p,a~-1u'i, il
Y trouy~ pré.k-lfit~ à: l'tv.pç~J,ioµi d'un . pstSi-?.é do1,1t di:~iu.m\.ères
nôuyelles é,daifelàt ro1;1.~ .à c;o&amp;IL ~es. coiy,s eEJltrés d~~s. fa,
~nombre,-~ ltces- réfle)!jp9§, i;ig_4nieq~1\·:\u~ql}elles un mor;~
lu~e ltobven~ to1;1jburs plJJ~ Qe. p~iq q-,\t'à ,l.:i. J;n,ortelle t{agÙie
qm les a, mises en, mo1Jveme1JJ.
-- · ,,

!

- DÉBARCADË-RtS; par Jules Supervielle (EdJtions ~é k
Reyué de l'Ap_1érique Latin.e).. : , .J . , ~ ,; (! ,

11

M. Jules Supervielle chante les paru.pas, du Paragüay, les
lf,lUchos, les forêts •vierges ou demi-vierges et tou.te cc~:tte Amérique du ,Sùd si. .bleùe sur les pages de nos atlas_ d'enfants_. La
poésie géogra.phique a son défaut : l'-exoti:sine. Celui de
M. Supenie1le est ,aimable~ hl,:, Supe~iellë- n'ab,use pa.s des
mots barban:s qui,créent la « couleur locale ii. il r.este un poète
français qui trouve parfois des accents émouvants ou émus :
Dans l'heu1·e mille et millbtaire

}

Qui ti-empe an fond c/j;f! timips secrets · l
Pour qui ces roses et ces pierres
Qui n'ont jamais disespéré?

J } 1 -1 / I
l'fH

M. Superyielle abandonne tsouvent le beau je.u des- v.ers el
l~isse&lt; sa. mus.e ea liberté. Je kpréfhe e,:ichaîné.e. efdiantant ces
vers mélancoliques :

~t, si l'on œasi~_r:e: c;t: l.iivr-e,,-Jlqn.., pl~:S C(i)IDJl!~ \l,IJ tomar;i.,,
mais li:omme 1a.p.eintur~ ~-U:t"§ -de li',tH&gt;l;;t'11,lameQ!, q,u so~v.e,n,ir~

�752

LA NOUVELLE REVUE FRANçAISB

accru de toutes les richesses que l'imagination Y ajoute et
que le juaement en extrait, si l'on accepte complètement la
fable que l'auteur présente dans son prologue, l'œuvre, sous
.ce nouveau point de vue, se montre de proportions parfaites, et
construite selon les meilleures règles, non plus du genre,
mais de l'analyse intérieure.
Robert d'Egmont, qui eut, dans son be.au temps'. une grande
réputation dans les milieux monarchistes de sa province, ~eurt,
vers la cinquantaine, d'une façon mystérieuse, assassmé au
coin d'un bois. Bien des années après, Mlle de Querrevégant,
sa fille, ayant pris connaissance d'un carnet de n?tes gri_ffonoées
par son père, et qui éclairent singulièrement 1 o~scunté de ce
trépas, l'apporte au romancier : cc Vous all~z écnre une fable.
Elle ne sauvera aucun innocent, elle ne pumra aucun coupable.
Cependant, quand des faits iniques sont rois au net par un
cerveau clairvoyant et juste, il me semble que la bonne cause

y gagne.»

.
Boylesve a donc (admettons-le) connu Egmont ~ans sa _1eu:
nesse. On sent bien que c'est là son principa.I a~ra1t, et qui lm
mérite un portrait détaillé. 11 aurait pu offnr dix autres apparences, conformes à son destin, ou même n'être crayo~né que
dans une esquisse indécise; sa place dans le drame o ~û~ pas
été modifiée, ni son sort malheureux : il a beau ê~e la v1cume,il n'est en somme qu'un comparse, porté au premier plan, non
point précisément en vertu de son ca~actère,, mais par le hasard
malencontreux d'une rencontre tardive et dune dérob~de der:
nière devant une vieille chercheuse d'amour, en quête d un ém01
vainement poursuivi et qui croit reconna1t:e le _seul hom,me
capable d'en satisfaire l'appétit dans celui qui précisément s est
toujours refusé à tenter l'expérience. Mais, bien plus que co'.11me
· t'me , c'est comme témoin et comme évocateur des. 1ours
'VIC 1
-anciens qu'il intéresse l'auteur. Sur la toile du souvenu-, to~t
à coup déroulée, il a sa place marquée, entre Laure, la grand.mère et Mil• Cloque. La meurtrière, M~e d~ Blou, y apparait
.aussi, puisque cette femme, alors jeune, s off~1t, au cours de ses
recherches, au potache Boylesve. Mais elle n est pas mêlé~ aux
;autres personnages, elle n'a pas la même couleur, et,_ s1 ~lle
· au m1·1·1eu d'eux , c'es\ qu'une circonstance
-surgit
,
"parucuhènr
_
la met en vedette et l'extrait de la foule ou elle était perdue.

NOTES

753

Les autres font partie du passé, lui donnent son caractère, ils
sont inséparables du décor, qu'ils animent et qui les entoure,
ils ont été peints en même temps que lui, on ne peut les
dissocier, ou alors il y aurait une rupture d'harmonie, comme
si l'on oubliait, en copiant le Printemps de Sandro Botticelli,
d'y faire figurer une des nymphes dansantes. Tandis que, pour
que Mme de Blou apparüt nettement et fît saillie dans un cadre
où jusqu'alors elle demeurait fort effacée, il a fallu une recomp,osition momentanée provoquée par un événement sensationnel,
de même que, sous le porche d'une cathédrale, l'entrée solennelle du nouvel évêque fait appliquer ses armoiries peintes sur
le tympan, sculpté au xive siècle. Si bien qu'elle seule joue son
rôle réel, et manifeste qu'il s'agit non seulement d'évoquer une
atmosphère de jeunesse, mais de préparer et d'expliquer un
drame : parmi les personnages familiers elle tranche par sa
nouveauté ou par sa récente importance, comme dans un
théâtre de province, pour jouer une pièce qui entre dans son
répertoire, un directeur perspicace et audacieux va chercher,
parmi les figurants, une étoile inconnue et la met en vedette,
au milieu des acteurs bien connus du public. Elle apparaît, de
cette façon, non plus à sa place accoutumée, daas la pénombre
de la mémoire, comme une maîtresse qui se propose sans être
désirée, mais dans une lumière tardive, qui reçoit tout son éclat
d'une révélation postérieure, comme si un vieux provincial
apprenait, en lisant son journal, que Sarah Bernhardt, à quinze
ans, jouait des bouts de rôle sur le théâtre de sa viUe, où il
était familier. Et ses démarches amoureuses, au lieu de
demeurer un vague sujet d'étonnement, de satisfaction et
d'ennui, se montrent comme le premier signe éprouvé, et
récemment compris, d'un tempérament féminin, dont le dernier
est le meurtre d'Egmont.
LOUIS M.ARTIN-CHAUFFIER

•* *

LES THIBAULT, I. - LE CAHIER GRIS, par Roger
Martin dti Gard (Editions de la N. R.F.).
Dans Jean Barois, Roger Martin du Gard racontait toute la
vie d'un homme, miroir et reflet d'une génération. Avec Le
Cabùr gris, il commence l'histoire d'une famille, la famille
48

�754

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAfSE

Thibault, qui comprendra huit ou dix-volumes. Il est impossible,
après la lecture de ce premier épisode, de présager 1a suite du
roman. Pourtant un certain nombre de traits semblent déjà se
dégager nettement ; celui-ci, en premier lieu : tous les personnages sont pleinement conscients, ils appartiennent à une éJite,
ils s'analysent, se jugent, font effort pour se diriger, ont une
vie morale; en second lieu, tout eh restant très individualisés,
chacun d'eux. appartient à un type social -eonnu, classé : un
grand publiciste catholique, une fille de pasteur, un protestant
libertin ( dans le double sens du mot: le sens du xvn• siècle et
celui d'aujourd'hui), un Christian scimtist, un abbé pédagogue,
etc ... , de sorte que ce sont davantage des doctrines de ,·ie qui
se heurtent et s'affrontent que des passions individuelles qui
jouent. Cc qui ne veut pas dire que cette première partie des
Thibault manque de vie, de chaleur et de mouvement. Vie,
chaleur et mouvement sont tout au contraire les qual ités prinpales du Cahier gris. Mais sous le romancier, l'on sent le sociologue et le moraliste. L'émotion dominée, on trouve matière à
discussion. II y a là un danger certain auquel a presque totalement échappé dans cet épisode M. Martin du Gard, mais qui le
guette sans nul doute. Le romancier ne doit étre enchaîné par
rien, surtout par aucun didactisme, et s'il peint la génération
qui l'a précédée, la sienne propre et celle qui suit, il faudra que
ce soit ~os le faire exprès, ou du moins que le lecteur n'ait
jamais l'impression qu'il l'a fait exprès.
Quant à savoir si M. Martin du Gard a tort ou raison d'entreprendre un roman cyclique, c'est au résultat qu'on en jugera.
Le Cahier gris campe le petit Jacques Thibault (pour{Juoi
cette homonymie gênante avec le violoniste ?) qui sera, à n'en
pas douter, l'un des principaux protagonistes des Thibault.
Il a quatorze ans. li est violent, avide d'absolu, d'amour ; il est
poète ; quand un surveillant surprend la correspondance passionnée qu'il échangeait avec un de ses camarades, Daniel, il se
sauve à Marseille 1 entraînant Daniel avec lui,-et tente de s'embarquer pour l'Afrique, le pays inconnu où il situe des aven·
tures héroïques, tous ses rêves, la liberté. Un nom s'impose :
Arthur Rimbaud. Et une piste s'ouvre : les Tbiba,ût pourraient
aussi être un second Jean-Cb,·istophe, si le génie du petit Jacques
est autre chose que la haute flamme pure de la pré-adolescence.

tlOTEs

755
Le noyau de cc Cflhin, 1r • ,
d
nf:
. ,;ns, c est one une aventure courue par
eux e ants, une fUJte romaoesqu h
d
d'hui l) ef de la vie
. . e ors u « morne aujour.
trop quot1d1eane, une aventure
,.
posent ni les contingences comme chez un p·
B que n i_mgoOt baudelairicn d dé
terre enolt, m le
es parts comme chez Mac O 1
.
.
éclôt d'une crise d"
. ,
r an, mats qu1
ni d'
r
a?1e et qui ne t à la poursuite ni d'un trésor
une iemme, mais à celle de l' b I L
'
ru-rêtés sur la route de Toulon et a sou. é es deux enfants sont
Le premier épisode finit là.
ramen s chez leurs parents.
d

ta!:1:

1:autres épisodes sont amorcés. Le drame intime de la
u compagnon de Jacques, Daniel, est exposé avec un
coups de théâtre, un dosage des effets qu. br
,
rappeler que M. Martin d Ga d
.
1 o ,gent a se
p d fi .
u
r est aussi dramaturge
Un as e ~ntures dans 1e récit et cependant l'amour. du détail
~tyle qui se dérobe sa ns cesse au regard pour laisser à
1.
sEentim_ent ou l'événement. De 1a force; le don de l'é n~ e
t ce livre fermé
IÎ
,
.
motion.
bo L
, ce rago t de I a sun:re qui met l'eau à la
ucue.
.art des

Une obsen,ation cependant
. . ell
terrible critique Ce déb t d qui, s1
e portait, serait une
.
u
e roman n'est pas daté E
avant, pendant ou après la guerre ? Un roman c li . d st-on
espèce ne
t ê
yc que c cette
('
peu: tre Ta Iable aujourd'hui que s'il a 1
J entends : la &lt;c vie privée l) pendant ou depuis I a guerre
comme fond. Mais en huit volumes M M . d Ga guerre)
loisir d f: ·
·
'
· artm u ard a le
e aire vivre ses héros de 1913 à 1922 n, •·1
'
Balzac dont 1
· ~u J se report a
&lt;iont t .
es personnages vivent sous la Restauration zpais
oniours nous savons ce qu'ils .
f: .
,
parents ont fait) entre 1789 et 181 &gt;- ont ait ( ou ce que leurs
BENJAMIN CIŒMŒUX

•*•
LOIN DE LA RIFFLETTE~ par Jean Gabier Boi·s,,
J.,e
(Crès).
...:i:,,
Bo~v~nt toute autre considération, le livre de Jean Gal .

ng::;re est un_Iivre cour.igeux, et le fait d'écrire un livre,:~:
quable sur ce SUJet, rempli de pièges, est d'autant plus remuà crainir~eq~eettleaguerreh ~t terminée et qu'il ne nous reste plus
proc atne,

�LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

'
en éliminant certains ouvrages

li"

Petit à petit,
sur la guerre et
en retenant les autres, on arrive à garder de cette aventure des
images représentant honnêtement les mille aspects de cette burlesque tragédie.
C'est, maintenant que la guerre est lointaine, mais qu'elle
nous tient encore sous la puissance des souvenirs qu'il faut lutter
contre cette sentimentalité déprimante qui donne à ces souvenirs une saveur incomparable. Cette saveur, si l'on n'y prend
garde, nous fera un jour regretter la guerre.
Pour cette hypothèse, dont il faut éviter la réalisation aux
dépens de sa sentimentalité, le livre de Jean Galtier Boissière, Loi.n de la Rijfktte, c'est-à-dire Loin du Fm, dans le
jargon des soldats de 1914, prend place parmi les grands livres,
parmi les livres les plus humains qu'inspira cette situation désespérée.
Il y a ici, comme dans le beau poème à la mort, composé
par Jean Cocteau, l'envers et l'endroit : l'endroit à la surface où
la bataille crépite comme une chevelure en flammes et l'envers,
dans les clapiers où l'on élève les cobayes.
Mais ici et là le burlesque domine et la nature humaine se
révèle en s'adaptant au milieu. Tel qui fut un héros au combat
devient un poltron au dépôt et tel qui pensait mourir de peur à
la lecture des communiqués se révéla sur la ligne avec assez
d'orgueil de soi-même pour accomplir les mêmes gestes homicides que ses camarades mieux doués pour ces ébats.
Jean Galtier Boissière a pris le ton qu'il était convenable de
prendre pour écrire cette pièce qui se jouait au dépôt un peu
comme Les 28 jours de Clairette, mais avec une fin tragique qui
n'exclut pas la terrifiante sottise de ce vaudeville à peine transposé.
Des comparses que nous avons vus dans toutes les publications humoristiques destinées à faire rire les médiocres, les
légendaires figures de la sottise toute-puissante s'animent cette
fois sans craindre les responsabilités. Et la pauvre nature
humaine, celle qui protège sa peau contre le feu et contre le fer,
·se livre nue, dépouillée de ses fards et de ses ornements individuels, aux hasards soigneusement corrigés qui retarderont
l'inscription du nom au tableau de départ.
Loin de la Ritfletle n'est pas un livre amer. Il présente la vie

NOTES

757
spéciale aux années_ de gu~rre sous un aspect comique. Or uo
des asp~cts de la vie guernère était comique. Un homme qui
• veut é:1ter la mort par des moyens nécessairement puérils
est touiours .drôle, de même que l'homme qui a pour mission
d~ le condmre à la mort à l'aide de « boniments» superficiels.
C est la lutte du potache contre le pion avec à l'horizon les
flammes ro,uges de la bataille. Mais du dépôt à 1a bataille il y
~ ';1pture d atmosphère et, pour cette raison, en passant de l'un
a 1autre la personnalité de l'homme change.
. Tout ce~i ~e cont~b~e.pas ~- faire de Loin de la Rijflelle uu
livre so~m1s a des d1sc1phnes unéraires comme il est bon d'en
découvrir pour permettre à la critique de s'exercer.
Mais si l'on tient compte que Jean Galtier Boissière a écrit
~es so.~venirs avec plaisir, et qu'il possède au plus haut point
1art d !nterpréter une figure, une chambrée, un restaurant, où il
ne craint pa~ de présent:r des gens célèbres avec une vigueur
assez agressive, on conviendra qu'il y a dans Loin de la Rijflette
les éléments nécessaires pour remonter au moins jusqu'à Juve~
nal.
Mai~, mon cher Jean, pour av;ir risqué votre peau, vous avez
compns le sens de la farce et vous avez écrit - peut-être en
pe~dant la plus belle rose de votre chapeau, c'est-à-dire le plaisir
délicat de regretter un jour votre jeunesse militaire - un
~uvrage profondément comique, profondément émouvant ..•
1envers de cette belle médaille qu'il nous est difficile de reaarder
0
sans rourrir
b

PIERRE MAC ORLAN

•

* *a

LES ÉGAREMENTS SENTIMENTAUX de Restif de La
Bretonne, avec des illustrarions de Joseph Hémard (Crès).
• Dans sa courte mais substantielle étude sur Dosloievsky et
1 I~ondable, parue ici même, M. Jacques Rivière dit que l'écri;a10 rus_se est peut-être le premier qui ait résolument envisagé
1absurdité de nos sentiments ; qu'îl accuserait volontiers le
désordre qu'il trouve dans ses modèles, et qu'enfin nous le
~?mpr~nons mal, parce que, placés en face de la complexité
une ame, nous cherchons d'instinct à l'oraaniser. C'est en effet
le soue·1 J J
d. ·
t&gt;
e P us or 1oa1re des romanciers, que la recherche de

�tS8'

WOTES

LA NOUVELLE REVUE HA.NÇAISJi

1~unité psychologique, à laquelle t0us les actes d'un héms dorvent ~tre subordonnés, et telle ttst l'accoutumance à la conven:ti:on que nous accusons un être vivartt de manquer de- c.aractère:s'il trahit des inspirations imprévues. « J'imagine, dit encore le
critique, que c'est cela qui doit gêner l~s étrangers devan1t le
Néron de Rac-irle, ou même devant le Julien. de Stendhal. Nous
ne donnot1s jamais le vertige de l'âme hûma,i~.e. »
.
.
Dostoîevsky ne- me parait pa~ être le prem1et (1 qui nous ~1t
fait sentir notre insuffisance sur ce poi.m ». D€c nombreux espnts
songeraient à Restif, s'il n'était l'auteur
plus. ~e trois_ cents
ouvrages, pour la plupart introuvables, d un ménte ~ort méga!:
et d'une lecture parfois rebu.tante. Toutefois, pai!IDl ceux q~1
connaissent assez Restif pour s'en former une îdée générale, il
s'en trouve benuco-up qui soat précisément rel&gt;urês, non par son
manque de go-üt presque absolu, ses naïves utopie,s, son style
sou!\rent flasque, ses redites, sés fadeurs écœurantes et son é;é.thîsme maladif, mais par sa complexi~é rnême; qui le 1e,ur ait
ran&lt;tet au nombre des fous les plus: rntoh€rents . Te1 n est pas
Res~if et d'ailleurs, son ambition littéraire, qu'il manifesta
'
· r1e re
frêquemment,
fut, comme Rousseau, de trous représenter
itt.téu-rid. Les premiets réa.list'és d.ti l'analyse, ave4: Duranty, se
sbn~ rédaméS' de lui. Sans doute, parmi les di\"erses classes ou
catégories d'hommes; Restif, malgré- ses prétent~ons, n'appa~tiertt pas à ia plus délicàte ni à.là plU!f élevée ; mai~ encore est-il
au-dessus de la moyenne, etpou"{ons-nous le wns1dérercomme
le représentant d'individus assez nombreux dans la petitô bourgeoisie, et même dans le monde intellectuel. Il n'est pas un cas,

....
1

d;

une exception.
.
.
,
On doit trouver louable toute tentat1ve de vulganser 1auteur
de Monsieur Nicolas, ouvrâge en une ·quinzaine dè volumes, et
qui porte en sous-titre : ü Cœàr hutnain dévoilé. Mais il ~a~t,
pour ne point tomber dans l'insuffisance des:- Pages Choisies,
nous donner un fragtnént d-è mémoirés qui forme un tout
romanesque et contienne le meilleur de R~srif. Qu éta!t , donc
prêt à féliciter l'éditeur des Egarements Sen.Jimentau~,. qm, a première vue, reproduisent l'histoire de Madame P~rango~ et c~Ue
de Zephire, encore que l'on s6it prévenu par le t1u:e. St le bwgtaphe de Monsieur Nicola:s est Un disciple- de Ro~sseau, ~'est
aussi un comphtisant élève de -Chorier, fe rnnranaer sotad1:que

du Mmrsius, et l'on peut dire qu'il fut le plus souvent égaré par
~s sens. ~ais, ne ~hicanons pas tro.l? sur une _phraséologie qui
s entendait fort bien au xvrne siècle, sous le couvert de la politesse, comme en témoignent les Egarements du Cœur et de l'Esprit, de Crébillon :fils ...
On s~ demanae ~nsuite par quel ~rtilice de typographie,
l'histoire de Madame Parangon, extraite de Monsieur Ni'colas,
peut tenir en moins de cinquante pages sans que 1e caractère de
cette touchante héroïne en soit diminué. Hélas ! a v-ant d'entrer
dans le vif du récit, aucun avertissement critique ne nous présente Madarne Parangon, telle qu'elle apparut à Restif en 1750,
et, au lieu de debuter par le charmant tableau de la visite à l'imprimerie, le texte commence un péu brutalement par le portrait
physique de la P.at~onne. A la rigueur, on admet que quelques
p;isgages difficiles à. relier aient été sactifiés ; mais on est stupé'...
fait que l'histoir.e s'arrête court après l'épisode de la nuit, où
Restif regagne sa cbambre sans avoir possédé sa maîtresse endormie. Les convenances, à elles seu1es, dans un livre aussi libre.ment illustré, n'a1;1raient pas suffi à faire passer sous silence le
viol de Madame Parangon, décrit avec toute la décence possible,
comme avec le plus grand pathétique. C'est justement là où
Restif dévoile l'incohérence des sentiments dont parle M. Jacques
Rivière, et sur quoi le public aurait pu méditer... D'autre part,
dans l'histoire des mœurs et de la littérature, Madame ParanCTon
•
b
tient sa place en_tre Mm• de Warens et Mme de Rénal.
Non, ce n'est pas la pudem;, mais la nonchalance de recourir
à-l'édition complète de Monsier;r Nicolf1S, qui nous a privés de
cet épisode, c.ar, en comparant les textes, on voit que Madame
Parangot1, telle que la présente fyf . Georges Crès, est extraite
des Pages Choisies du Mercure, lequel,, pour diverses raisons,
n'était pas tenu à l'intégralité. C'est aussi pourquoi l'illustrateur,
M. Joseph Hémard, n'a pu s'inspirer des précieuses indications
que donne à chaque tome l'auteur de Monsieur Nicolas, au sujet
des estampes qu'il projetait de faire graver. M. Georges Crès a
pourtant des érudits à s01uervice, qui soutie.n nent l'honneur de
sa mai.son.
FERNAND FLEURET

1
:J )1 .....

•

�760

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE COURRIER DES MUSES.

...,.

une Fran~ise a fait Maman, Doudou, Joujou, Dodo, etc.
On_ me ~1t que les femmes écrivent beaucoup cette année.
Certams sen plaignent, mais les hommes aussi écrivent beaucoup 1 ~ans doute la plume de Colette, la lyre de Madame
de Noailles ne peuvent être mises entre toutes ces mains qui
chang~nt souvent la forme de nos cœurs; mais moi qui ne suis
pas mtsogyne, quoi qu'on en dise, je regrette seulement que
tan~ de femmes auteurs se connaissent mal et qu'elles veuillent
écnredes ~~~res «fortes», masculines, alors que le domaine
de !a. se~s1bihté leur appartient et qu'elles le dédaignent. Le
pla1s1~ d être homme n'est pas si grand, mesdames ! Pourquoi
vo~Ioir nous ressembler? Pourquoi vouloir vous déguiser en
écnvant, changer de sexe ? Je n'aime point qu'une Amazone
monte P~gase à califourchon. Les cordes de vos lyres doivent
être sensibles, mesdames, permettez-moi ce conseil. N'entendezvous plus la voix mélodieuse de cette grande sœur de Verlaine
la pauvre Marceline, la triste Valmore dont on va publier u~
album de souvenirs ?

Le mois dernier, le grand événement de la vie littéraire parisienne a été gastronomique. Je me suis quelque peu occupé de
cuisine et à une certaine époque de ma vie, je travaillais à des
livres culinaires, sans aucun enthousiasme d'ailleurs et sans
connaitre beaucoup ce dont j'écrivais. Le lecteur est prié d'excuser ces souvenirs évoqués à propos du dîner d'inauguration du
Restaurant du Vieux-Colombier. La direction avait convié la
troupe du Théâtre, quelques représentants du Club des Cent
venus pour apprécier la qualité des mets et quelques amis choisis. La soirée fut charmante. Ou but des vins excellents. La jeunesse, la beauté, l'esprit étaient réunis autour des tables jonchées
de fleurs. On prononça des discours entre lesquels il faut signaler celui de M. J .-L. Duplan qui, venant de courre le sanglier à
Rambouillet, arriva en costume de chasse, au saut de l'étrier :
- La cuisine ici sera sincere, dit M. J .-L. Du plan, et, reprenant
le mot de M. Paul Poiret: « Ici, on ne mangera pas des fauteuils
Louis XV ! » Un phonographe joua des airs américains. Les
danses de caractère de MM. Dunoyer de Segonzac et Boussingault furent particulièrement remarquées. On chanta des
romances:

. On a publié aussi le «Journal» de Marie Lenéru • la sévère
Jeune fille qui, à vingt ans, écrivit un essai sur Saint-Just, la
pauvre sourde et muette, la prisonnière du silence.

M igno1111e, quand It soir descendra sur la terre
Et qiu le rossigmJl viendra cb1111ter encor ...

* *

Vers onze heures, quelques-uns des convives avaient perdu

la raison. Les comédiens du théâtre qui jouaient ce soir-là,

.,.

JfOTBs

revenaient, fardés, costumés, boire un verre de champagne entre
deux actes, entre deux scènes. Une étrange animation régna
dans la paisible rue du Vieux-Colombier durant toute cette soirée qui fut moins brève que la nuit et qui s'acheva quand les
étoiles pâlirent et s'effacèrent devant un jour gris et rose.

*
* *
« Un Français n'eût pas fait Adolphe », écrit Mme Gyp dont le
cœurde Française s'émeut et reproche à M. Binet-Valmer d'écrire
un français de cuisine - tandis qu'elle, Mme Gyp, on chercher:lÎt vainement à charger sa conscience d'écrivain d'une seule
faute de français 1 « Un Français n'el1t pas fait Adolphe. »Hélas!

*

Cb_acun ~rend son plaisir où il le trouve, mais j'en connais
certams q~1 ne le prennent jamais et le cherchent toujours. On
~onde tou1ours de nouvelles revues sans intérêt. On fait touJours des enquêtes sans conséquence. Une petite revue récemment reparue demande à ses lecteurs :
- Que faites-vous quand vous êtes seul ?
Le~ grands journaux se renseignent sur la jeune Poésie. Un
;on_Sieur :oudrait savoir ce que pense la jeunesse d'aujourhui. De Jeunes poètes songent au théâtre, de vieux dramaturges songent à la poésie. Le soleil du printemps n'a pas fait
éclore de nouveaux génies. Le Parnasse est calme.

• ••

GEORGES GABORY

�LA NOUVELLE REVUE FRA~lSJl

LES REVUES
M. Jean Guehenno, dans un article, qu'a publié le numéro
d'avril de la GRANDE RE.vuE, sur les Relatio11s inlûlectuelles ent,-e
la France et l'..d.llemagne, traite sans complaisance et sans aménité l'attitude que nous avons prise à la Nouvelle Revue Française,
sur cette grave question. Ses critiques ne nous empêcheront
pourtant pas d'entendre ce qu'il y a de juste et de courageux
dans ses remarques, en particulier dans cette page sur la propa.gande:

........

C'éstic.i qu'apparaissent clairement la sottise et l'inutilité des « œuvres
de propagande &gt;1. Outre qu'une pensée, quand elle vaut quelque chose
se propage d'elle-même, il est amusant de voir charg.!s de cette propagation, ceux qui précisément sont les moins faits pour persuader et
convaincre, gens à tournure d'esprit iliplomatique, qui dans leur&amp;
mouvemCDts de générosité les plus spontanés, ne s'oublient jamais,
en qui le « retour à soi » est comme naturel et qui font généralement
trop de cas des qualités les plus bornées de leur pays pour savoir mettre
en valeur ses qualit.!s les plus communes. Toute la puissance d'un propagandiste alla-t-clle jamais plus loin qu'à faire connaitre an-delà de nos
frontières la forme de nos monocles ou &lt;le nos gilets ? Pensée française et propagande française sont peut-être des termes contradictoires, si l'une est le résuroè de cc qu'il y a de plus large en notre
génie, si l'autre sert les plus mesquins de nos intérêts.
Il y eut un temps où la France se propageait d'elle-même. C'est
qu'elle n'y pensait pas. Mais ses écrivains regardaient le monde avec
une curiosité affectueuse. Et ils disaient quelque chose. Des choses de
demain plutôt que d'hier. Et ce sont peut-être celles-li qu' il f.aut diYe à
qui veut que des peuples inquiets l'écoutent. Ils se souciaient moins
de justifier des titres dès longtemps acquis que d'en acquérir de nouveaux.. Ils ne cc nationalisaient » ni ne « dénationalisaient » leur pensée.
Sans effort, sans seulement y -prétendre, ils g~aient la confiance de
l'Europe. Comment un Montesquieu, un Voltaire, un Diderot eussentils provoqué la dAfiance ? Ils travaillaient dans cet « esprit de liberté P,
qui, d'après Diderot lui-même, caractérisait son temps. Ils méprisaient
tous les fanatismes. Ils ne criaient point mais savaient le pouvoir d'une
id~ comme d'un mot, mise en sa place, et qu'il ne s'agit que de bien
sa"lroir manier les le'liers et en reconnaitre précisément les points d'application pour soulever des montagnes_ Le visage de la France en leurs
œuvres souriait. Il n'avait point cet air rébarbatif que nos contemporains, tristes et perdus dans la méditation deux-mêmes, lui ont donné.
Ils ne se demandaient pas où une idée les conduisait, prêts à toutes les
affirmations comme à toutes les négations. Ils ne craignaient point les
aventures de la pensée. La probité intellectuelle était leur règle, qui
consiste à accepter de tout voir. Ils ne s'arrêtaient point en chemin,
par souci de servir le prince ou la nation. Ils faisaient confiance à

LES REVUEs

761

.
I'espnt,
hommes de raison pl t6

•
plutôt qu'idéolo
L
u t que rati~nalistes, ho1umes à idées
mesure de leur ~ :...N'ose/!~~!; se trouv:1t _être p~écisémcnr â la
qu'ils étaient cbez eux encore en
ne les genaR1ent_ point. li savaienr
étonnés ·e
'
russe ou en US!lle. On les eût bien

f

la ques~i~n p:Se;e:1tf:::t~~t~~ll:"::~t~n débat ditat à Etat
d'Etat sont d'un ordre et les h
d l'
. , eux pays. es choses
ou les défaites des nations leu' osesbla~ espnt d un autre. Les victoires
r sem lent sans r.apports a
1
et la propagation des idées et 1
•
vec a ,a1eur
qn'en leur humanité.
'
eur acnon européenne ne se fondait

. Et M. Jean Guehenno, ayant observé ue « des
rntell~ctuels supposent une réciprocité l&gt;, ter~ine en po;i~f~~es
question:
Sommes-nous prêts encore à l'é han i\ ,
l'amitié: c'en est du moins la condi~ion g~ s L échan~e,lc'est_presque
autre atn10s h ·
el!
·
uppose, Je e crains une
jour qu'ils/ra;;eki~ :es c v!~:~~q~::~~t'.s«vQivinsd ~~ntesquie•u, un
les pays étrangers ·e ,
. '
·
an l :u voyagé dans
pris part à I
f. ' J m )'., suis_ attac1ié comme au mien propre j'ai
florissant » euru ortune, et J ~ r:11s souhaité qu'ils fussent dans un' état
porteron;-ils t:nin:o~~e;~e!c~:::s F~nçais et de jeun~ A!lemands
de cette svmpathie ? Je
. . 1,
peu de cette b1enve11Jance et
lectuclles
ne sais SI on pourra parler de relations intelse fera.
aiment profondes entre les deux pays avant le jour où cela

vr .

CORRESPO JDA CE
Nous ai'Ons reçu de M. Victor Burrucand la letlre s11ii'fl nte :
Mo~SIEUR LE DllŒCTEUR

,

Alger, le

1r

avril

1922.

On me _commun ique la Nouvelle Revue Fm11çaise. du 1er
l
une cbroruque dramatique de M B .
d
.
.
avn avec
en
· oissar que Je crois devoir rectifier
la ~:!~i:~;;n;:yoed/Goarrespect pour la vérité, la vraisemblance et
n
urmoot.
So ni! me souvient pas d'avoir jamais rencontré Remy de Go
. n .oom réputé n'a pour moi aucun visa
urmon~.
Jamais présenté à lui et si 1·e l'a\' .
ge c~nn~. ]&lt;!_ne me suis
reconoaitre.
rus rencontré 1e n aurm pas pu le

t

J'ignore également M Boissard
d h
d
.
croAis pas être jamais ent;é dans sonC:ur:a~:ù Jes:,a:~;~~~u~ je ne
vant de me fixer en Algé . ( d
. 1
aire.
parfois à la Revue blanche m . n~ ~~~1~ pus de vingt ans) j'écrivais
me contentais de suivre ' ais Je n a _aIS pas ~u Mercure de Fra11ce et
raire.
avec sympathie cette mtéressante revue litté-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Après la représentation du Chariot de Terre cuite à « I/Œuvre »
(janvier 1895) je reçus cependant deux lettres du Mercure, l'une de
M. Vallette et l'autre de Mme Rachilde qui me touchèrent beaucoup,
-et je crus devoir remercier mes correspondants par une visite. Je me
rendis donc au &lt;c jour » du Mercure. Il y avait là un cercle agréable de
jeunes gens et de littérateurs. J'en connaissais quelques-uns pour les
avoir rencontrés chez Mallarmé ou en compagnie de Moréas. M. Boissard pouvait s'y trouver aussi mais je ne me souviens pas spécialement
de lui. En tous les cas, Remy de Gourmont n'était pas là, sans quoi
j'eusse demandé à nos hôtes de me présenter à lui. Quelque temps
après, Octave Mirbeau me dit un jour incidemment : « Vos aperçus de
la Revue blanche intéressent Remy de Gourmont. Il voudrait faire votre
connaissance. »
Je reçus, en effet, dans la même semaine un exemplaire sur hollande d'un ouvrage de Remy de Gourmont illustré par lui-même avec
une dédicace de l'auteur. J'attendais l'occasion de l'en remercier de
vive voix, mais je quittai Paris peu de temps après pour une tournée
de conférences sur le Pain gratuit et j'avoue à ma confusion que je n'ai
pas encore payé ma dette de reconnaissance à l'auteur de Phocas le
]ardillier autrement que par les citations élogieuses que j'ai pu faire de
ses« Dialogues » dans mes critiques de l'Akbba r.
Quoi qu'il en soit, ce souvenir documenté montre bien que Remy
de Gourmont n'avait pas l'intention de jouer au Misanthrope avec moi
puisqu'il avait fait les premiers pas vers moi.
J'attends de votre courtoisie bienveillante, plus encore que de mon
droit, l'insertion de cette réponse dans votre estimée revue que nous
citons toujours avec plaisir.
Le Directeur de l'Akhba,.,
VICTOR BARRUCAND,

P.-S. - Je tiens la dédicace autographe de Remy de Gourmont à
votre disposition.

Nous avons communiqué cette lettre à M. Maurice Roissard. Voici sa
réponse :

TABLE DES MATIÈRES
CONTENUES DANS

LE · TOME XVIII

(JANVIER-JUIN

FRANÇOIS-PAUL AUBERT
Stances à la rivière Sorgue. . . . . . . . . 666

(CV)

ROGER ALLARD

Adonis, par Jean de La Fontaine . . . .
Haut-Vivarais d'hiver, par Jean-Marc Bernard

.

.

.

i

La Danse macabre; 1d ~friande l'époZ:Sée;
Jonchée de fleurs sur le pavé du Roi par
. Fagus. .
. . . . .' . .
Deux poètes chrétiens : Polymnies, odes et
stan:es, par .Jacques Reynaud; Vers la
maison du père, par René Salomé . . .
Le Cygne androgyne, par Joseph Delteil .
L'Age de l'Humanité, par André Salmon. .
A,~our couleur de Paris, par Jules Romains.
M. Francis Jammes au Tombeau de La Fontaine.
Le Serpent, par Paul Valéry. . . . .
Le Cyprès et la cabane, par Jean Lebrau .
Les tendm amies, par Philippe Chabaneix .
Poème d'amour suivi d'exil par Jeanne
d'Ophem . . . . . . ' . .
Jongleries, par André Harlaire. .
Pofot de mire, par Céline Arnauld . . .
Sodome et Gomorrhe, ou Marcd Proust moraliste.
La verdure dorée, par Tristan Derême . .
Vocabulaire, par Jean Cocteau.

97

(C)

222

(CI)

223

(CI)

224
226

(CI)
(CI)
(CII)
(CII)
(CIII)
(CIV)
(CIV)
(CIV)

339
341
485
596
600
600
601
6o1
601
b41

749
745

(CIV)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)
(CV)

LOUIS ARAGON
Les Paramètres .

(CI)
MARCEL ARLAND

MON CHER DIRECTEUR,

Je maintiens l'anecdote que j'ai racontée concernant M. Victor
Barrucand et Remy de Gourmont. M. Victor Barrucand évoque inutilement un passé lointain. C'est entre 1908 et 1914 que se place la rencontre que j'ai rapportée très exactement. Je l'ai souvent racontée
verbalement et je la revois comme si elle était d'hier. Si je savais dessiner, je pourrais reproduire la pose des personnages.
La mémoire de M. Victor Barrucand, en cette circonstance, le sert
aussi bien que lorsqu'il attribue, dans sa lettre, Phocas le Jardinier à
Remv de Gourmont.
·
Cordialement.
MAURICE BOISSARD.

"'

* *

Etat-civil, par Pierre Drieu la Rochelle .

491

(CIII)

244

(CI)

57

(CII)

119
365
61 I
626

(C)

MICHEL ARNAULD

Le Caméléon, par Johan Bojer .
JULIEN BENDA
Le Triptyque de M. Abel Hermant . . .

2

FÉLIX BERTAUX

Le Kaiser. La triple révolutio11, par Walter
Rathenau. . . • . . . . . .
Editeurs Allemands . . . . . .
Le Sourire blessé, par Albert Thierry . . .
Gerhart Hauptmann et ses dernières œuvres.

cS~~
________..:..:.:.:..:.

(CIV)

�TABLE DES MATIÈRES
LA NOUVELLE REVUE FRA 'ÇAISE

JEAN-RlCH-ARD BLOCH
Première journée à Rufisque

.

.

.

• • • •

Le canliq11e des ca11tiq11es, par Pierre Hamp.

DOSTOIEVSKI
Lettres . . . . . . .
la confession de Stavroguine

(CIV)
(CIV)

539
6o2

(Cl)
(CV)

GEORGES DUHAMEL

(Cil)

Lettre sur les orateurs.
MAURICE BOlSSARD
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique
Ch. onique Dramatique
Chronique Dramatique
Chronique Dramatique

(C)
(èl)
(CII)
(CIII)
(OV)
(CV)

.
.
.
.
.
.

CHARLES DU BOS
Q1tteri Victoria, par Lytton Srrachey .
A111,1zo11es, par Eugène Marsan. . .
COLETTE
Ma mère et les livres .
BENJAMIN CRÉMIEUX
Le passag, de l'Aisrie, par Emile Clermont .
Mais l'art est difficile (Ile série), par Jacques
Boulenger

.

.

.

. . • • • • •
Lts hommes aba11do11nis, par Georges Duha-

(Cil)

355
497

(èIIl)

(CIV)

FERNA D FLEURET
Terre de C~anaa11 , par Louis Chadourne. . 109
Une repe~tie (Marie-Magdelai11e), par Mar. celle V 10ux . . . .
236
Brelan marin, par Eugène i.fo~tf~rt : : : 500
Les Egareme11ts smtimmta11x de Restif de
la Bretonne. . . . . . . . .
757

(C)
(CI)
(CUI)
(CV)

GEORG.ES GABORY

Vies imag_it1ains, par Marcel Schwob.
179

93

95

mel . . . . .
106
Les 11octur11es, -par Georges lmaru1 . . . . t 12
Le sixième cente11aire de Dante : Le Opere di
Dante; La Poesia di Dante, par Benedetto Croce ; Ode Jubilaire po11r le
six-ctntilme anniversaire de la merl de
Dt111le, par Paul Claudel. . . . . • II 3
Le bar de la Fourche. - La Co11scie11c, dans
le mal, par Gilbert de Voisins . .
231
U11d1istoire de do11zehe11res, par F.-J. Bonjean . . . . . . . . • •
234
Désobéir, par Henry Thoreau (trad. Léon
Balzagette) .

Lettre d'Angleterre T.-S. ELIOT

.

. . . . . . . . 240
Le fils de la ser11a11te, par Auguste. Strindberg. 243
Saint M11gloire, par Roland Dorgelès. . . 342
Les Copairis, par Jules Romains . . . . 344
Le pout traver~é, par Jean Paulh~n . : . 351
Le baiser au Lépreux, par François Maunac. 495
Terre dii citl, par C. F. Ramuz . . •
499
Ou'l.&lt;ert la ,uiit, par Paul Morand.. . . .
607
Nini Godaclie, par Cbarles-H~ry Husch
615
Pierre Benoit . . . . . . . . . . •
670
Lts Tl,i]&gt;a1Llt, par Roger Martin du Gard
753

(Cl)

(C)
(C)
(C)
(C)

(C)
(Cl)
(CI)

(Cl)
(Cl)
(Cll)
(Cil)
(Cil)
(CIII)
(CIII)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)

Le Coumer des Muses
Lunes en papûr, par André. M~lra'ux.
L'assassinat de Monsieur Fualdls, p~r
mand Praviel . . . .
Mau,:ice Utrt1/o, par Francis C~rc~ .
Man, La~rmciti, par Roger Allard .
Le Coumer des Muses . .
Le Roi de Biotie, par Max Jacob · ·
Le Courrier des Muses . .
· ·
Le Courrier des Muses .
DébarC11.dlres, par Jules Su~rviell~
Le Courrier des Muses . . . .

(C)
(C)

97

Ar~

[ 20
228

(CI)

(

(CI)
(Cl)
(Cl)
(CI)
(Cil)
(CU)

èIV)
(CV)
(CV)

HE RI GHÉON
La Spbh-e et la Croix, par G. K. Chester-

ton

.

.

.

.

IIS

.

La Jernirre auberge, par· M;rti:tl Piécha~d

233

Dosto·!CVSk'1

A DRÉ GIDE
•
•
La ,queS t io~ d~s r~pport~ ~teÙectueis avec
!Allemagne
fmillets . ... .· ..
· · · · · · ·

(C)
(CI)
(CI)

(CI)
(CII)

BERNARD GRŒTHUYSEN
Lettre d'Allemagne.

.

.

.

.

.

.

.

503

(CIII)

PIERRE HAMP

La contagieuse misère

(Cm
FRA Z HELLENS

Eclairages.

(CI)
.

AL~ DESPORTES
Au nom de Gœthe .

(CIV)
629

. RE 1É-MARIE HERMANT
Du village a la cité, par Jean Marquet . .

610

(CIV)

�768

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

JACQUES DE LACRETELLE
Lettres à Sixtine, par Remy de Gourmont • 219

(CI)

TABLE DES MATIÊRES

JULES ROMAINS

Aperçu de la psychanalyse

·usout·.h..

James Joyce. · · · · ·
Trivia, par Logan Pearsa

(CIII)
(CIV)

·
.

ANDRÉ LHOTE
Le salon des Indépen dan ts · · · ·

.

.

SOI

LÉON SCHESTOF
Dostoïevski et la lutte contre les évidences (note
et traduction de B. de Scblœzer) . . . . .

Loin de la Riffette, par Jean Galtier_ ~is~ 755
sière . • · · · · · · ·

LOUIS MARTIN-CHAUFFIER
Décadi ou la pieuse enfa11u, par Paul Cazin. 34~
.

.

75

P. MASSON-OURSEL
, , nde d Bouddbismt chinois, par
Co11tes et uge s :ables chitloises du II[• au
E Chavannes; r&lt;
'fié
VIJ[e siJcle de notre èl-e, vers1 es par 247
Mme E. Chavannes. • · · · · · ·

Le rJgne de r Antéchrist, p:ir Dmitri Mérejkovsky; Mon foumal sous la terreur, par
L. Hippius; Notre l:vasicn, par D. Pilosophoff . .
372
Le Monsieur de San Fra11âsco, par Ivan
Bouaine .
373

MÈLOT DU DY
Humoresques, par Tristan Klingsor .
HENRY DE MONTHERLANT
Le Jeudi de Bagatelle • · · · · · · · · ·

(CV)

(CII)
(CV)

(CI)
(CIV)

23

(C)

PAUL MORAND
La

nuit~';,:}~}~:::e tru~wl~, par ·c,~1d~ Ane~

Chroniques italiennes de Stend~a . . .
-•e ' par le comteN"de Gobineau
. .
~..,.errlvu
l
V. laine par Harold tco son . . .
C~r de ',büu, par Pierre Reverdy

242

(C)
(C)
(Cl)
(CI)
(CI)

599

(CIV)

56
Ill

228
230

JEAN PAULHAN
Sur lts chemi11s de Fra11u. _pa~ ~eo~ge~

(CII}
(Cil)

ho

Delaw. · · . · · l,.
Charpentier.
La pe_inture a11gla1se, par ol . . au CinéLe Cabinet du doctrur a igar!, .
au
0 ér . V.iage au centre de l Afnqtu,
p
a'
.
.
.
.
Gaumont alace • · · ·

(CIV}

JEAN PELLERIN
Fil de rêve .

• ·

·

JACQUES -RIVIÈRE
De Dostoïevski et de l'insondable . . . . .

21

175

(C)
(CI)

I 34

(Cl)

BORIS DE SCHLŒZER
Quatorze Décembre, par Dmitri Mérejkovsky. 246

(CilI)

PIERRE MAC ORLAN

Ah I Plaisez.--moi, par René Boylesve.

5
(C)

VALERY LARBAUD

(Cl)

(CII)
(CII)

JEANSCHLUMBERGER

André Gide et ses morceaux choisis
4r
Madame de SévignJ, par André Hallays . . 216
Poèmes de. guerre et poèmes en prose, par
Gérard Malet . . . . . . . . . 227
le Camarade infidéle (l). . . . . . .
416
Le Camarade infidéle (suite) . . . . .
557
Lettres de voyage, par Rudyard Kipling
625
Le Camarade infidéle (fin) . . . . . .
683
A11drolite, par J. Portail. . . . .
747
Poémes

CAMILLE SCHUWER.

(C)
(èI)
(Cl)

(Cill)
(CIV)
(CIV)
(CV)
(CV)

276

(CU)
ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur Li. littérature : Un livre de
guerre. . . . . . . . . . . .
70
Les propos &lt;I'Anatole France, par Paul Gsell. 92
Radieuse A.urort., par J.ack London. . . . r 19
Réflexions sur la littérature : Mallarmé et
Rimbaud.
.
.
.
199
Paul Adani, par Camille Mauclair. . . . 217
Poète tragique, par André Suarès . . . . 218
Lts Philosophies. plmalistes en Arigkterre et
t11 Amérique, par J. Wahl
. . . . . 220
JaC()b Cow le pirate ou si les mets sont des
signes, par Jean Paulhan . . . . . . 22 I
Réflexions sur la littérature : Le roman du
plaisir. . . . . . . . . . . . 322
Souvenirs de i-oyage, par le con1te de Gobineau . . . . . . . • . . • • 375
Voyage dia Grande-Chartreuse, par Rodolphe
Tôppfer • . . . . . . . · · · 375
Réflexions sur la littérature : Le roman de
la douleur . .
. .
. . • 46o
D'un sikle à l'autre, par Georges Valois. . 489
Réflexions sur la littérature : La critique du
Midi .
724

(C)

(~~
(Cl)
(CI)
(Cl)
(CI)
(Cl)

(CII)

(CII)
(CII)
(CIII)
(CID)
(CV)

49

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇALSE

770

Q11atu-1!t11gt-1m cb.1pitres s1,r l' Esprit et lts

Passwns, par Alain. . . : . . . . 743
l'Ex1l, par Emile Ripert.

.

.

.

.

ALBERT THIERRY
La garde-malade

.

(CV)

tA11"!ur, d$S Dieux et de

Ouide, poète de

.

LÉO

744

(CV)

300

.(Crt)

5 c6

(CIV)

TOLSTOI

Documents sur le départ et sur la mort de Tolstoï.

PAUL VALÉRY
Fragment du Narcisse.

.

.

.

.

.

.

.

513

.

(CIV)

CHARLES VILDRAC
Le Jardin.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

GILBERT DE VOISINS
Les Prélud,s, par Octave Maus .

.

410

(Clll)

22[

(CI)
(C)

Poème. . . . .

(CUI)

.

XXX

• 384Correspondance
_ _ _ .- 763
Correspondance
124
Les Revues. .
126
Memeoto . . .
128
Revues Allemandes . . . .
128
R&amp;eotes publications anglaises
250
Les Revues. . . . . . .
256
Ecole du Vieux-Colombier . .
256
Récentes public:itions allemandes .
Les Revues. . . . . . . .
Memento . . . . . . . .
384
Memeoto bibüograpliique anglais.
512
Memento . . . . . .
636
Les Revues et les Journau:i;.
640
Memento . . . .
762
Les Revues. . . .

~~

U: G~RANT : GASTON GALLIMilD,

AllBEVCLLB, -

IMPRIM.ERI1! P. PA.ILLAJtT,

(CII)
(CV)
(C)
(C)
)
C)
( I)
(Cl)
(CI)
(CII)
(C1I)
(CII)
(Clll)
(ClV)
(ClV)
(CV)

[

LA

REVUE

NOUVELLE

FRANÇAISE

�</text>
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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELL E

DE LITTÉRATURE ET DE CRffiQUE

TOME XVIII

PARIS
3,

RUE DE GRE N ELLE,

1922

3

�APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

Toute la saison dernière, Einstein a été, chez nous,
furieusement à la mode. Philaminte et Bélise s'en sont
donné à cœur joie. Elles ne vous tend.tient point l'assiette
.de petits fours sans vous mettre en demeure de choisir entre
la relativité généralisée et la relativité restreinte. Et des
_gens qui auraient eu beaucoup de peine à définir le carré
.d'un nombre vous disaient, d'un air désabusé: « Maintenant qu'Einstein a démontré que tout est relatif... &gt;&gt;
Cet hiver-ci sera, je le crains, la saison Freud, Les
« tendances refoulées » commencent à faire, dans les salons,
quelque bruit. Les dames content leur dernier rêve, en
.caressant l'espoir qu'un interprète audacieux y va découvrir
toutes sortes d'abominations. Un auteur dramatique dont
je tairai le nom, a déjà - voyant poindre la vogue trouvé le temps d'écrire et de faire refuser ~ar plusieurs
.directeurs une ou deux pièces nettement freudiennes. Je
lui conseille de les corser un peu et de les offrir d'urgence
.au Grand-Guignol. Enfin les revues spéciales, après avoir,
pendant vingt-cinq ans, omis de constater l'existence de
Freud, se donnent le ridicule de le découvrir, de discuter
hâtivement ses thèses, ou, ce qui est plus touchant, de les
.admettre comme la chose la plus naturelle du monde.
La niaiserie de tels engouements ne mériterait pas d'être
'Signalée une fois de plus, s'il n'y avait là qu'un travers de
1a bonne société. Ces petits âccès se renouvellent périodi,quement chez nous depuis trois siècles, à la manière des
-épidémies de grippe ; et cela tient moins, sans doute, au

�6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tempérament français en particulier qu'aux habitudes de la
pensée mondaine de tout temps et de tout pays. Mais les
gens du,rnonde ne sont pas seuls en cause. Nos spécialistes,
nos savants, nos informateurs qualifiés sont aujourd'hui
comme hier beaucoup trop lents à s'apercevoir de ce qui
se passe hors de chez nous 1 • Les uns pèchent par paresse,
d'autres par suffisance, d'autres par mauvaise foi. S'ils
avaient la fermeté de « tenir le coup » jusqu'à la fin,
leur attitude ne manquerait pas d'une certaine élégance.
Le mépris constant des « barbares » et de leurs inventions
n'est pas ce qui séduit le moins dans la Grèce ou la Chine
d'autrefois. Mais non . Un beau jour, ils lâchent pied. Ils
cèdent à la vogue, comme à une panique. Ils ont ignoré et
dédaigné tout le temps qu'il y avait mérite à connaître et à
estimer au juste prix. Leur aveuglement cesse soudain sur
une sommation de l'opinion commune. L'Institut s'ébranle
trois mois après Je sais tmtt.
La NüUvelle Revtte Française, qui ne se pique d'être ni
l'un ni l'autre, n'en a pas les obligations. Si elle parle
aujourd'hui des travaux de Freud, ce n'est point pour les
signaler à ses lecteurs, qu'elle suppose déjà avertis, ni
pour faire chorus avec les voix de la mode. Mais il vient de
paraître en français la première traduction de Freud qui
soit importante ~. Les honnêtes gens qui l'ont lue trouveront légitime qu'on s'occupe ici d'un ouvrage de cette
valeur et de èette portée. Ceux qui ne l'ont pas lue
penseront avec nous qu'il y aurait de l'affectation à attehdre
que Freud soit passé de mode pour parler de lui.
*

* *
L'ensemble des travaux de Freud et de son école a été
groupé par Freud lui-même autour de la. notion et sous
1 . Et chez nous aussi, pourrais-je ajouter ; mais je veux être aimable,
et c'est affaiblir les reproches que de les accumuler.
2. lntrodu&amp;tion à la Psycha11alyse. Trad. S. Jaokélévitch (Payot).

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

7

la rubrique .de psychanalyse. Le mot « psychanalyse » veut
dire: analyse du contenu psychique de l'être humain. Il
peut sembler un équivalent prétentieux d' « analyse psychologique&gt;&gt;. Mais ce dernier terme est de~enu beaucoup trop
fruste pour désigner quelque chose d'aussi neuf, en somme,
et d'aussi complexe que la psychanalyse. Freud a donc eu
pleinement raison de créer, ou d'adopter, une expression
neuve, qui est d'ailleurs le moins barbare possible.
En fait, le mot de psychanalyse se trouve aujourd'hui
recouvrir quatre choses solidaires, mais distinctes: une
méthode d'investigation propre à déceler le contenu de
l'esprit ; une théorie étiologique des névroses ; une thérapeutique des névroses ; enfin une théorie psychologique
générale.

La psychanalyse, méthode d'investigation, ne se laisse
pas aisément mettre en formules. Fteud lui-même y réussit
mal. Elle ne prend son intérêt, son originalité que dans
l'application. Ce n'est pas une mauvaise note. En psychologie au moins, ce ne sont pas les méthodes qui s'exposent
le plus brillamment qui sont les plus fécondes. Il y a même
des méthodes dont la raison principale est de s'exposer, de
fournir la matière d'un cours. Elles n'ont jamais servi à
faire une seule découverte. Tout se passe entre l'écrivain et
son papier, entre le conférencier et son auditoire. C'est de
l'aviation d'appartement.
Je n'ai pas vu travailler les maîtres de la psychanalyse.
Mais les rapports qu'ils nous donnent, les allusions même
qu'ils font à leurs procédés laissent une impression favorable. Les gens qui ignorent tout de l'expérimentation
psychologique - par exemple nombre de professionnels
français de la psychologie et de la psychiâtrie - ne
peuvent manquer d'être mis en défiance. Tout cela leur
semble bien fuyant, bien suspect'. Les autres reconnaissent
à plus d'un trait que Freud leur parle d'un pays où il est

�--8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

réellement allé. Nous aurons le temps de faire des réserves,
de nous demander à quel point les &lt;&lt; trouvailles » freudiennes sont des « découvertes», de protester contre l'esprit
aventureux de Freud. Mais ne lui disputons pas ce singulier mérite. La cc matière psychique&gt;&gt;, il sait ce que c'est.
JI l'a touchée, maniée; il en a le sens. li a, sur elle, moins
des mots d'ingénieur que des mots d'ouvrier. Avant de le
chicaner, que les ingénieurs aillent donc faire un an
d'apprentissage.
L•expérimentation freudienne implique cette idée: l'observation courante nous met en présence d'un aspect psychologique de l'être humain qui est romposé; composé au sens
.où l'on dit qu'un corps chimique est composé, mais aussi
au sens que l'on dit qu'un visage est composé. Il s'agit donc
d'une part de dégager des éléments, mais d'autre part de
dissoudre une apparence mensongère et de vaincre les forces
'}UÎ travaillent à la maintenir comme elles tra,-aillèrent
~ la constituer. L'on voit bien que les deux tâches ne se
.confondent pas. Un composé chimique ne s'évertue pas à
nous tromper sur sa composition. L'homme s'é\·ertue à
nous tromper et à se tromper sur lui-même, l'homme tel
,que l'ont fait les conditions de la vie.
Or l'analyse traditionnelle a discerné cela beaucoup
moins nettement que Freud. Trop souvent, elle accepte le
moi tel qu'il se présente. Elle prétend bien dépasser la surface, atteindre les profondeurs cachées; mais dans uombre
de cas, elle se contente de fouiller le détail des apparences.
,Elle voit menu, ce qui n'est pas du tout la même chose
.que de voir profond. li est clair qu'analyser jusqu'à !'infiniment petit la couche superficielle d'un sol n'équivaut pas
à un sondage géologique, fût-il grossier. Lors m me qu'elle
cherche les dessous, elle se laisse diriger par les indications
voyantes de la surface. Elle ne soupçonne un gisement
'1e fer que si les roches du dessus sont toutes rouillées, un
~e charbon, que si l'on piétine une poussière noire.
Si la surface d'un sol n'est trompeuse que par accident,

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

9

celle d'une conscience l'est à la fois par accident et par artifice. D'où tant d'échecs et tant d'illusions de l'analyse traditionnelle. La psychanalyse, avant de considérer le premier
sens où le moi' est œmposi ( comme un corps chimique), considère le second (composé comme un visage) et s'y attaque.
Deux voies d'accès à la vérité du moi, deux détours plutôt lui sont offerts.
D'une part, la surveiUance que le moi exerce sur luimême, pour nous dérober ce qui se passe en lui, n'est pas
toujours également stricte ni tendue. Il y a des moments
et des formes de son activité où le moi laisse faiblir son
système de défense, où, sans se livrer avec naïveté, il « se
coupe», où ses mensonges - car il continue à mentir paraissent« cousus de fil blanc». Ainsi dans les ac/es manqués et dans les rêves. Le type de l'acte manqué, c'est le
lapsus. La psychologie traditionnelle, même quand elle se
donne pour expérimentale, néglige l'étude du lapsus. Elle
n'y voit qu'un &lt;c raté » de notre mécanisme, mental ou
nerveux, qu'un accident, dépourvu de signification psychologique, dont une science vétilleuse pourrait s'amuser à
rechercher les causes, mais qui ne tient pas plus à la vie
profonde de l'esprit et ne nous renseigne pas mieux sur
elle qu'une faute d'impression, explicable par la distraction
ou la maladresse du typographe, ne \Îent à la pensée de
l'auteur et ne nous aide à la pénétrer. La psychanalyse a eu
le mérite de former cette hypothèse que le lapsus est « un
acte psychique complet ayant son but propre, une manifestation ayant son contenu et sa signification propres». Plus
généralement, l'acte manqué est un acte qui «happe au moi,
c'est l'aveu d'une pensée, d'un sentiment, d'un désir
secrets, aveu que le moi rattrape au plus vite et dont on est
convenu de ne pas faire état dans l'ordinaire de la vie.
I. le lecteur voudra bien admettre, pour la commodité du discours,
que nous prenions ici les termes de moi, conscience, esprit ... comme
synonymes. li s'agit, dans tous les cas, du contenu psychologique de
l'être humain, à tous les degrés de conscience et de per.;oonalité.

J

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Muni de cette hypothèse, le psychanalyste s'attaque aux
actes manqués, que ses prédécesseurs lui ont abandonnés
comme des scories négligeables, et nous devons reconnaître
qu'il y fait quelques découvertes de prix. L'explication
psychanalytique des actes manqués est à la fois celle qui
réussit le plus souvent et celle qui porte le plus loin.
Donc, en bonne règle scientifique, c'est actuellement la
meilleure. Voilà un premier résultat.
L'importance des r!:ues était plus aisée à apercevoir ; les
études sur le rêve ont été nombreuses. Pourtant la psychologie ne s'est guère attachée au rêve qu'en lui prêtant les
caractères d'une activité de rés~du. Vous rêvez catastrophes
parce que vous digérez mal, voyage au pôle, parce que
votre couverture a glissé. Vous rêvez qu'on vous traîne en
justice pour faillite frauduleuse, parce que vous vous êtes
surmené la veille dans vos calculs de fin de mois. Explications intéressantes, mais courtes. Le rêve n'y apparaît
que comme une suite un peu morbide de l'activité diurne,
ou que comme une déformation fantastique d'événements
corporels des plus médiocres. Rien à tirer de là quant à
rhistoire et à l'avenir de notre moi profond. Souvent
même, l'explication se fait à moindres frais encore. On
admet que, pendant le sommeil, les courants nerveux circulent dans le cerveau non plus suivant les voies systématiques de l'action, mais suivant les liaisons fortuites que le
repos laisse subsister - ou, pour parler un autre langage,
que les images s'associent au petit bonheur. La psychanalyse forme l'hypothèse, que le rêve est une activité psychologique complète, ou si l'on veut suffisante, c'est-à-dire
qui trouve sa raison d'être en elle-même et qui, comme
toute fonction définie de l'être vivant, doit s'expliquer
autant par le but qu'elle poursuit que par les causes qui la
déterminent. Le rêve constituerait pour nos tendances et
pour les forces qui s'y développent une sorte d'issue complimentaire. La vie réelle offre bien à nos tendances une issue,.
mais étroite, mais contrariée - parfois même barrée sévè-

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

11

rement. Le désir ne s'apaise que dans l'action et n'est inoffensif qu'à ce prix. Le rêve, par les fantômes d'action qu'il
suscite, joue l'accomplissement du désir et désarme le
désir. Donc, pour ce qui est de la recherche analytique, le
rêve complète, corrige ou dément l'image de nous-même
que notre vie réelle s'évertue à dessiner. L'interprétation
correcte des rêves n'importe pas moins au psychanalyste
que n'importait au moraliste d'autrefois qui peignait un
« caractère » l'interprétation des actes et des attitudes. Mais
si le moi qui rêve se surveille moins que le moi qui parle
ou qui agit, il se surveille encore. Il nous présente un visage
qui est, à sa façon, composé, qui l'est plus maladroitement,
cenes, ou pour mieux dire, qui l'est plutôt avec une subtilité capricieuse Je sauvage qu'avec une froide maîtrise de
civilisé. En particulier, si le rêve « avoue » beaucoup plus
souvent que l'action diurne, il ne le fait guère qu'en langage symbolique ; et nous savons quelle ingéniosité l'imagination la plus primitive dépense à créer des symboles.
D'où les difficultés et les périls de l'interprétation des rêves.
L'hypothèse même du symbole ouvre le champ à toutes
les fantaisies de la conjecture. Au xrxe siècle, quelles divagations n'a pas autorisées le symbolisme des mythes ?
Qu'il s'agisse de donner un sens aux actes manqués ou
aux rives, la psychanalyse garde une attitude 4ui n'est qu'à
de.mi active et qui la rapproche des sciences critiques. Le
psychanalyste fait penser au philologue qui cherche le texte
véritable derrière les leçons des tnanuscrits, ou à l'historien
qui essaye de rétablir un événement grâce à la confrontation d'un certain nombre de mensonges diplomatiques,
d'inscriptions tendancieuses et de témoignages suspects. Le
savant n'a pas l'initiative des faits ; il se contente d'en tirer
le meilleur parti.
L'autre voie d'investigation psychanalytique se rapproche
clavant~ des méthodes expérimentales. Elle .consiste en
somme à provoquer des états de détente du moi, à multiplier, par l'intervention de l'art, les moments où le moi se

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

surveille le moins, compose le moins son visage. Une telle
intervention se laisse concevoir de bien des manières, et la
psychanalyse est à cet égard beaucoup moins audacieuse
qu'elle n'en a la renommée. En particulier il semble que
Freud, après avoir recueilli de l'école de Charcot et dans
cette école même la notion d'hypnose n'en ait fait ensuite
que l'usage le plus banal. On a le sentiment qu'il s'est conduit, sur ce point, en disciple timoré, qui recommence le
travail du maître avec plus de respect que d'invention et
finit par se dégoûter d'un instrument de recherche dont il
n'a su ni maîtriser l'emploi ni perfectionner le principe.
La théorie des régimes de la conscience, née en France, et la
technique expérimentale qui s'y rapporte, paraissent en cela
plus avancées que la psychanalyse.
Ce qu'on peut appeler l'expérimentation psychanalytique n'est guère que la mise au point de pratiques courantes comme l'interrogatoire. L'interrogatoire, sans doute,
reste, entre des mains inexpertes, uo outil grossier etde faible rendement. Mené par un gendarme, l'interrogatoire ne
sera qu'une alternance mécanique de questions inertes,
vides de curiosité, et de réponses platement défensives.
Mené à loisir par un juge d'instruction habile, il se complique et déjà se transforme. Les questions ont alors moins
pour objet de prornquer une réponse directe que d'obliger l'esprit du patient à prendre certaines postures qui le
découvrent, qui le mettent soudain hors des gardes qu'il a
préparées. L'idéal, dans bien des cas, est même de réussir à
décl:i.ncher un monologue, le plus long possible. Si l'accusé
parle une heure de suite et si le juge n'est pas distrait,
c'est le juge qui gagne. La vérité est comme&lt;( ramenée du
fond &gt;&gt; par le torrent des paroles. Il se peut qu'elle passe
fugitivement et morceau par morceau. Ayez l'agilité de
tout sai&amp;ir. Mais contre l'interrogatoire du juge, le moi se
tend de toute sa force . Toutes les résistances de la vie
viennent épauler la conscience qui ment. Remplacez le juge
par le confesseur. Le moi n'a plus à sauver la carcasse. Il

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

ment encore, par l'effet d'une contraction invétérée, mais
il n'y a plus de raison capitale pour qu'il ne cesse pas de
mentir. Au contraire J'aycu, l'a,·eu profond, s'il est sollicité
sans brusquerie, procure une détente délicieuse.
Le pouvoir analytique de la confession est limité, d'ordinaire, par les soucis mêmes du confesseur. Le confesseur
se préoccupe plus encore du bien des âmes que de leur
vérité. Dans l'aveu, il cherche le repentir . Son interrogatoire est orienté vers l'absolution. Enfin il lui arrive de
manquer de temps ou d'aptitudes. Le psychanaliste est un
confesseur qui se donne tout le loisir nécessaire et qui s'interdit, au moins provisoirement, tout autre souci que celui
de connaître. De plus il est guidé par des hypothèses spéculatives, aidé par les diverses notions et habiletés spéciales du
psychologue, du physiologiste et dn psychiâtre.
li ne serait donc pas entièrement injuste de prétendre
qu'il manque à la méthode d'investigation psychanalytique
ce quelque chose de premier, d'irréductible, qui caractérise
chacune des grandes méthodes de la science, chacune des
grandes techniques de laboratoire et qui, sans doute, en
e;tplique la fécondité. Car l'on conçoit très bien qu'avant
l'emploi du microscope ou de la coloration chimique des
tissus, qu'avant l'emploi du télescope ou celui de la spectroscopie, certaines découvertes aient été impossibles; et
l'on conçoit non moins bien comment l'introduction de
ces procédés a rendu les mêmes découvertes inévitables. Or
quand il s'agit des résultats de la psychanalyse, on hésite à
prononcer le mot de découvertes. A coup sûr, plusieurs
d'entre eux sont fort brillants. On se récrie d'admiration .
Voici l'analyse d'un cas de jalousie qui éblouit par la virtuosité de l'enquête et qui étonne par les profondeurs
qu'elle atteint. L'on pense à Ra.::ine, à Stendhal, à Dostoïevsky . L'on se demande si pour la première fois les
savants à lunettes ne sont pas allés plus loin que les poètes
dans la connaissance du cœur de l'homme. Mais ce n'est
pas là ce que la science entend par une découverte. Ordre

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de faits nouveau et constant ; rapport de faits nouveau et
constant ; ou, si l'on veut : nouvelle famille. de faits, nouvelle loi des faits ; tels sont les deux aspects de la découverte
~cientifique. La psychanalyse nous apporte autre chose, que
Je me garde de dédaigner, que je tâche seulement de délimiter: peut-être un succédané de l'intuition poétique; plus
sûrement encore une connaissance aiguë des faits particuliers, une science de l'individuel. Je sais bien que la théorie
des actes manqués et celle de la fonction des rêves peuvent
passer pour la formule de rapports généraux. Je n'oublie pas
que la psychanalyse comme théorie psychologique générale
nous reste à examiner. Mais la généralité à quoi l'on prétend ainsi est plutôt celle des « vues générales » que celle
de la découverte scientifique.
Bref, pour nous en tenir au point que nous traitions, la
psychanalyse, comme procédé de recherche, a plus d'analogie encore avec les habitudes de l'érudit ou celles du littérateur qu'avec celles du savant. Elle semble relever de l'art
au sens large du mot, plus encore que de la science. Le'
savoir-faire y a plus de prix que la méthode même. Et ce n'est
pas tant de la méthode que semblent naître les trouvailles,
que d'une heureuse rencontre entre la richesse occasionnelle de la matière etle talent personnel du chercheur.
** *

La psychanalyse, théorie étiologique des névroses, se
ramène à l'hypothè5e suivante : le symptôme névrotique
est comme le rêve, comme l'acte manqué, une issue de
secours aux tendances qui ne trouvent pas leur issue dans
la vie réelle et normale. La vie de l'homme en société ne
lui permet de réaliser qu'un certain nombre de ses désirs,
de satisfaire qu'à une partie de ses tendances. La pensée de
l'homme en société va plus loin : elle ne s'autorise même
pas à prendre une conscience nette de celle de ses tendances naturelles qui se heurtent le plus directement au veto
social. D'où deux degrés de refoulemènt. Si je suis pauvre et

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

si ma condition n'a aucune chance de s'améliorer, il n'est
pas criminel mais il est absurde que ma pensée soit occupée d'automobiles et de châteaux ; je chasse tout cela de
ma pensée active pour le refouler dans la région des rêveries et celle des rêves nocturnes. Je me donne en rêve les
automobiles et les châteaux que la vie s'obstine à me
refuser. Mais si je désire le meurtre de mon frère, si je
désire une union incestueuse, ce premier refoulement ne
suffit pas. Je chasse mon désir plus loin, jusque dans la
région de l'inconscient. Mêmes mes rêves nocturnes ne
l'accueilleront que déguisé sous une forme symbolique.
Chez l'homme bien constitué, ce double refoulement
fonctionne sans trop de peine. Les tendances refoulées se
contentent de l'issue régulière que sont le rêve et la rêverie,
de l'issue étroite et fortuite qu'est l'acte manqué.
Mais il arrive que le travail incessant de refoulement
dépasse les forces du sujet. Le moi garde assez d'énergie
pour empêcher la tendapce de se satisfaire par l'acte, le
meurtre ou l'inceste d'avoir lieu, mais non pour contenir la
pression de la tendance avec le succès habituel. La tendance
se donne une issue anormale, qui est le symptôme, sorte
d'anévrisme psychique. Dans le symptôme, le moi névrosé
joue, simule, sous des formes plus ou moins allégoriques,
la satisfaction de son désir. La maladie devient un refuge. où
le moi se dérobe à la tentation en feignant de lui céder.
Théorie d'une profondeur et d'une élégance admirables.
Dans quelle mesure est-elle susceptible d'une démonstration ? Par elle-même la matière s'y prête mal. Il faudrait
déjà s'être mis d'accord sur la notion de névrose, sur les
limites et sur le classement de cette famille d'affections.
Les spécialistes n'ont pas l'air d'y réussir. Vues du dehors,
leurs définitions et classifications n'inspirent aucune confiance. Celles que propose Freud n'ont' guère meilleure mine.
Accordons aux spécialistes les moins suspects de partialité que la théorie freudienne rend compte d'un certain
nombre de névroses, échoue à en expliquer beaucoup d'au-

�I6

LA NOOVEUE REVUE FRANÇAISE

tres et que dans tous les cas elle laisse subsister la principale inconnue : pourquoi ce qui est rêve ou rêverie
chez Pierre devient-il symptôme chez Paul ? Défaut congénital ou acquis de résistance? C'est un mot. L' explication
reste à trouver.
*
* *

La thérapeutique freudienne des névroses découle de la
théorie étiologique. C'est l'aspect de la psychanalyse le
plus fameux, et qui assura la vogue de la doctrine. Nous
n'en dirons qu'un mot.
Puisque la cause du symptôme lui est connue, le psychanalyste peut espérer agir sur elle et supprimer radicalement
le symptôme, au lieu de le masquer ou de le dériver
comme se contentent de le faire les psychiâtres.
A l'origine de la névrose, il y a le refoulement. Supprimons le refoulement, nous supprimerons la névrose. Mais
la chose n'est pas si simple. Voici un névrosé dont Je mal
vient de ce qu'il désire secrètement ruer son père et épouser sa mère (ce que les freudiens appellent galamment
l'Œdipe-complexe). On conçoit bien une ordoon~oce
héroïque : cc Tuez votre père, puis épousez votre mère »
(ce que nous pourrions appeler l'Œdifx-cure). La névrose
primitive guérirait du coup. Mais le remède coûte moralement trop cher, et de plus le patient risquerait d'ètre saisi
par une névrose de remords, d'un pronostic encore plus
sombre que la première.
La psychanalyse ne peut donc recourir à ce traitement
direct que dans les cas où la libération de la tendance ne
menace pas trop gravement la morale, ni la société; par
exemple lorsqu'une éducation puritaine a détourné le sujet
des jouissances les plus légitimes. Néanmoins, certaines
ordonnances psychanalytiques ont fait scandale, dit-on.
Circonstance qui ne prouve rien ni pour ni contre Freud.
Dans les autres cas, le traitement s'appuie sur la vertu
curative des idées « claires et distinctes ,&gt;. Si l'on préfere,

17

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

le traitement ne supprime que le refoulement du second
degré (de la conscience à l'inconscient), pour laisser
subsister le refoulement du premier degré (de l'acte à la
tendance) dont le moi, fôt-il affaibli, reste capable.
La psychanalyse, traitement, use de la psychanalyse,
méthode de recherche. Le malade est appelé à prendre
conscience progressivement de l'origine et de la signification
de ses symptômes. Il assiste, il participe à l'enquête dont
son moi est l'objet. Il est guéri, quand la tendance coupable est venue tout entière se déployer sous la lumière de la
conscience. Il est guéri quand il sait.
Ce qu'il y a là-dedans de socratique et aussi de stoïcien
(vertu curative de la définition, traitement des fantômes intérieurs) n'est pas pour déplaire. La psychanalyse reprend de
vieilles traditions de sagesse. L'expérience millénaire de la
confession chrétienne et de son pouvoir de purgation
psychique y ajoute encore de l'autorité.
Que cette thérapeutique puisse obtenir des succès décisifs et durables, tout ce que nous savons de la vie de l'ey
prit nous incline à l'admettre. Mais les échecs, les succès
précaires ne sont-ils pas plus nombreux ? C'est une question de statistique, plus facile à poser qu'à résoudre. La
constitution névropathique, quand elle est bien établie
chez un individu, ne se dt-elle pas de ce traitement qui
reste en somme local et circonstanciel ? Ne produit-elle
pas, avec une déplorable fécondité, des pousses toujours
nouvelles de symptômes ? Voilà ce que je n'ai aucune
qualité pour trancher, mais que nos spécialistes feront
bien de débattre avec honnêteté d'esprit, sous peine de
rester de vingt ans en arrière sur leurs confrères d'Europe.

La psychanalyse, théorie psychologique générale, a des
ambitions trop vastes pour que nous songions même à les
exposer dans les limites d cet article. C'est d'ailleurs là
que commencent les aventures. C'est là aussi que les
2

�18

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

essayistes de tout poil, les informateurs et déformateurs de
tout rang trouveront l'aliment le plus facile. Je m'en voudrais de rogner leur part.
Nous avons fait assez d'éloges à Freud pour nous permettre une remarque qu'il peut à la rigueur prendre encore
pour un éloge. Quand on le lit, il arrive qu'on pense à
Darwin ; il arrive aussi qu'on pense à Spencer et même à
René Quinton. Je veux dire qu'entre deux idées de savant,
il n'hésite pas à jeter une de ces &lt;t vues brillantes » qui
témoignent, à coup st1r, d'une grande activité de pensée,
qu'on a envie de déclarer &lt;c géniales », mais qu'on ne range
pas ensuite dans le même coin de l'esprit que la bonne
monnaie scientifique. Ce sont valeurs fiduciaires, liées au
son de la banque d'émission.
Je sais tout comme un autre apprécier ce qu'a de piquant,
d'excitant, l'idée que l'angoisse, ba~ale ou névrotique, a pour
origine chez l'homme l'impression d'étouffementqu'éprouve
le nouveau-né en sortant du ventre de sa mère. Loin de
railler, je dis même que c'est une grande idée, une admirable
intuition de-poète. Je l'imagine très bien ramassée' dans un
verset de Ttte d'Or. Mais je suis gêné qu'on fonde là-dessus toute une théorie, presque toute une clinique de la
névrose d'angoisse, et cette confusion des genre , qui se
répète vingt fois, finit par me choquer.
Elle m'inquiète aussi quant à la solidité de la théorie
générale. La réduction de l'activité psychique à la libido, le
pansexualisme, ont-ils été dictés à Freud par l'expérience ?
Ne sont-ce pas plutôt des cc vues brillantes &gt;&gt;, que l'expérience est par elle-même hors d'état de vérifier ? des
« dadas » philosophiques qu'il serait plus loyal de présenter
comme tels ?
La thèse est simple. Toute notre activité psychique,
normale ou anormale, se ramène au jeu des tendances ; et
toutes les tendances se ramènent, en fin d'analyse, à la
tendance sexuelle, ou libido. La tendance sexuelle ne se confond pas avec l'impulsion génitale, car elle n'est pas liée

APERÇU DE LA PSYCHANALYSE

r~

comme celle-ci à la fonction des organes reproducteurs. Il
faut entendre en somtne par libido l'appétit général de l'~tre
vivant pour la jouissance chamelle. Tous ses organes, au
moins dans le principe, sont capables de la lui procurer.
Mais pourquoi considér.er comme sexuelle une tendance de
cette généralité? Pour deux raisons, l'une d'ordre logique,
l'autre de chronologie; Si nous cherchons ce qu'il y a d-e
commun et d'essentiel à toutes les formes du plaisir de la
chair, c'est dans la jouissance spkialement sexuelle que nous
le trouvons au plus haut point de concentration et de
pureté. En d'autres termes un plaisir de la chair est plaisir
par ce qu'il a de commun avec le plaisir dit sexuel. Le langage en témoigne ; lorsqu'on parle des cc jouissances de la
chair l&gt;, des « plaisirs du corps)), sans spécifier, on reconnait
si bien le caractère éminent du plaisir sexuel qu'en fait on n'a
voulu désigner que lui. La seconde raison est que, dans le
développement de l'individu, la libido d'abord diffuse se
ramasse peu à peu, se condense, au point de ne déborder
qu'à peine, chez l'adulte normal, les limites de l'activité
spécialement sexuelle et la fonction des organes génitaux.
La théorie freudienne des perversions sexuelles n'est pas
1~ conclusion la moins ingénieuse qui se tire de ces principes. Toute perversion sexuelle provient d'un arrêt de
développement de la libido ; car dans toute perversion de
ce genre ~a libido déborde avec excès la fonction proprement gémtale, ne réussit pas à s'y condenser ou même ne
r~~ssit ~~s à s'y rattacher. Tous les pervenis sont frappés
dmfannlisme psychique. Ce sont de « grands enfants».
~urs pratiques c&lt; monstrueuses », leurs états passionnels
s1 odieux à l'adulte normal, ne font que perpttuer ou qu;
r~trouver les émotions troubles et les jeux secrets de l'âge
s1 mal appelé «innocent». Ici Fteud porte à la fameuse
« pureté de l'enfance &gt;J un coup dont je crains fort qu'elle
ne se relève jamais. Car il n'a pas pour lui que l'appareit
de sa théorie. L'expérience est incontestablement de son
côté. Vfoté déplaisante ? peut-être; dangereuse ? je ne le

�I

20

•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pense pas. Les grandes époques, les époques d'affirmation
sereine, de civilisation bien construite, ont toutes cberch~
l'idéal de l'homme dans l'adulte normal. Ce sont les époques
inquiètes et menteuses qui ont feint d'adorer chez l'enfant
le meilleur de l'homme. « Ces anges ! » dit Tartufe.
Mais les fonctions supérieures de la vie humaine, qu'en
fait-on ? Freud admet, après bien d'autres, une rnblimation
des tendances. Et s'il ne célèbre pas comme il convient le
miracle de la société, il en aperçoit du moins les plus visibles effets. Chez l'homme social, la libûùJ, traquée, se
métamorphose. Elle nourrit, de son ardeur animale, les
magnifiques travaux de l'esprit.
Et c'est ainsi que la doctrine freudienne, si occupée du
moi, si favorable, dans son principe ou dans son apparence, à l'exaspération de la conscience individuelle et à un
renouveau de l'individualisme, pourrait bien en fin de
compte apporter sa pierre à la déification du groupe humain.
De l'animal au dieu. Freud a travaillé sur l'animal. Il n'a
pas travaillé pour lui.
*

* *

,

Dans les pages qui précèdent, je me suis contenté d'exposer, et sommairement. Quand il m'est arrivé de faire
une critique, je ne l'ai pas poussée à fond. Je n'ai pas
cherché davantage à montrer tout ce que Freud doit à
d'autres, tout ce que la psychanalyse donne volontiers pour
des nouveautés prodigieuses, mais qui n'est que l'appropriation, la mise au point ou la mise en système de connaissances depuis longtemps acquises. Le meilleur moyen
d'apercernir l'originalité d'une doctrine, c'est de commencer
par l'admettre. La meilleure condition pour juger, c'est
&lt;l'avoir compris. Nous autres Français, nous avons, en
l'espèce, mille raisons de résister à l'engouement et de gar&lt;ler notre calme; mais nous n'aurions aucune excuse de ne
pas comprendre.
JULES ROMAINS

FIL DE RE.VE

Dans vos souvr:nirs
Quels amants couchés ?
P01tr vos avenirs
Qt1els songes clichés ?
Un laintain dic01·
Durci d' Apennins,
Un nègre, des nains
Qui sonnent du cor.
Un duigt qui ternit
La moire d'un lac.
Deux œtifs dans un nid :
Vos seins ait ham~c.
Vif printemps niçoi,s,
Carnaval moqueur.
Bel été soi-soi,
Passé cœur à cœ11r.

;i,-

�22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE"

La lune frangeant
Une mer tfipis,

Mots amers, dépits,
La questio,: d'argent.

LE JEUDI DE BAGATELLE

Freins. Arrtt. H6tel
T.sigatte et porto.
Quel joli manteau
La petite Untel /

Dans la plaine de Bagatelle, (}tt les écoliers du jeudi jo11e11t au ballon.
La fin d'octobre. Après la guerre.

A ces cadres, qui ?
La princesse Esther,
Et Poniatowski
Sautant dans l'Elster.

Le port et la nuit.
Trois œillets aimis,
Un verre qui luit,
Un pas qi,i bruit,
Et puis tout lenfuit.
Plus rien. Vous dormez..
JEAN PELLERIN

MOI, arrivant. - C'est terrible, mon cher abbé ! C'est
une provocation ! Toute cette plaine est aux mains des
hommes noirs.
L'ABBE. - Je ne sais quel hasard, ou quelle convention
tacite, livre chaque jeudi en entier ce grand terrain de
Bagatelle aux seules maisons d'éducation catholique. On
me dit que le recrutement des équipes de ballon est
aujourd'hui assez difficile dans les lycées ; les élèves
iraient le jeudi au dancing. Voici peut-être une demiex plication.
MOI. - J'aime ce lieu, j'aime ce lieu. Souvent, lorsqu'un long matin je suis resté courbé sur ma table, le
brusque besoin de la vie me prend, vif comme la colère ou
la soif. Alors, en trois minutes, le frais petit tramway nous
transporte, mon chien et moi, de Neuilly jusqu'à ce plein
air : cette proximité du Bois me donne sans cesse ce qu'.il
me faut de temps perdu pour ne pas perdre ma vie. Je n'ai
pas aperçu vos soutanes qu'aux visages des garçons qui
t.'acheminent j'ai reconnu de petits catholiques, comme
on peut le faire encore, les dimanches matin, à la poussière des bancs de catéchisme sur leurs genoux nus.
Avouons toutefois que j'avais davantage de mérite lorsque,
à seize ans, je listinguais à leur tournure, dans mon
~ollège, les élèves qui &lt;&lt; faisaient » de l'anglais et ceux qui

�24

LA NOUVELLE REVOE FRANÇAISK

faisaient de l'allemand. 0 jeudi, gentil jour! Le dimancheest vraiment le jour de la bêtise triomphante, le jour le
plus bêt~ de la semai~e. Mais jeudi est le jour de la jeunesse. St Jésus revenait sur la terre, il choisirait certainement un jeudi pour y apparaître. Tenez, je l'imaginedescendant ici, parmi vos petits joueurs de foot. Ils s'arrêtent
de jouer, viennent autour de lui, enlèvent leurs casquettes·
ils_ ne sont pas du tout étonnés. Nous deux (et le bo;
chien), nous restons un peu en arrière, attendant qu'i l
nous fasse signe, cependant que je songe : « C'était donc
vrai! »
L'ABBE. - En avez-vous douté ?
Mo1. - Auprès d'eux? Vous me faites souvenir du
mot que m'a dit un grand athée : « Il n'y a jamais que
devant un enfant que je regrette de ne pas croire ».
L'ABBÉ. - Us exhalent le christianisme comme une
odeur, et nous, leurs maîtres, nous en sommes pénétrés.
Voyez celui-là, si gentiment mal habillé, avec un certain chic
naturel et en même temps ce débraillé, le chic des enfants
riches mais dont les parents ne s'occupent pas. Eh bien, il
y a cinq minutes, quand la mai:cbande était là, il a acheté
des gâteaux, puis a fait la grimace en disant: « Ob, je ne
les aime pas. Si tu les veux ... &gt;&gt; et les a offerts à un de ses
camarades, qui est boursier comme orphelin de guerre. Et
ce camarade, vous entendez bien, n'était pas so1i ami, et il
n'est pas vrai qu'il n'aimait pas ces gâteaux., car il a
menti, si vous aviez vu, d'un mal I Cependant voilà un
enfant que vous ne voyez ici qu'en raison d'une faveur.
Il devrait être à l'heure actuelle en retenue, pour s'être
découpé un masque de bandit dans son feutre mou. Mais
suis-je bien sftr qu'il ne soit pas plus près que moi de JésusChrist?
MOI. - Il reçoit davantage de grâce, je le crois. Ce n'est
pas par un hasard que le plus jeune des disciples est celui
qui fut préféré. Ce choix. a un sens général très clait.
Charmide aussi avait seize ans, et Lysis. Rien d'éton-

LE JEUDl DE

BAGATELLE

nant pour ceux qui croient à la mission divine du peuple
grec.
L'ABBE. - Je ne suis pas de ceux-là, je l'avoue.
MOI. - Admirez alors la rencontre des deux grandes
sagesses qui sont restées la substance de notre vie morale.
L'une, en propres termes, nous a proposé comme modèle
les enfants; l'autre a été versée dans des garçons qui, de
nos jours, n'auraient pas encore passé leur bachot.
Il y a un signe sur la jeunesse.
L'ABBE. - Retenez un peu les rênes, je vous prie. Je
crains, voyez-vous, que vous ne travailliez à l'avènement
d'un nouveau mal social - l' adolescentisme si vous voulez,
ou le jttvénilisme, concurrent du féminisme et dans le fond
opposé à lui, -- mal que provoquerait vite une conception
du monde où la jeunesse est considérée comme tabou, le
fait d'être mineur comme une preuve suffisante que l'on a
raison, et l'àme d'un écolier de treize ans comme la plus
riche et la plus importante dans la succession des âges:
paradoxe qui trouve une complicité secrète dans l'anarchie
intellectuelle de notre époque, mais que le bon sens rejette.
D'autre part, je sais la fommle que vous proposez froide-ment aux prêtres éducateurs : celle de créer de la crise chez
les jeunes garçons « de treize à dix-sept ans » qui leur sont
confiés! - Tout cela me paraît réclamer quelque lumière.
Mais entendons-nous, pas de fulgurations !
Mor. - Eh bien, soit. Je vous donnerai ce que je puis.
Vn dieu nous a préparé cette minute. De sentir à côté de
nous ces êtres, il me semble que nous ne pourrons
penser que justement, ou tout au moins proprement. Je
suis sûr que Socrate n'aurait pas eu le désir de la vérité,
s'il n1y avait eu autour de lui des âmes qu'il aimait, c'està-dire dont la seule existence engendrait en lui ce désir.
Comme lui, nous voici au milieu des Jeux, à quelques
stades de la cité, sans manquer même d'un nouvel lllissus
que nous voyons scintiller derrière ces arbres. Et nous
2urons sur lui cet avantage de n'être pas distraits par les

�.26

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

jeux, car il faut que je vous fasse tout de suite, mon cher
.abbé, pour êt~e plus li~re, une remarque qui me fait gros
s~r le c~~r : Je veux dire que vos enfants sont bien gentils, mais Jouent bien mal. ~vez-vous qu'ils n'ont pas la
première notion de ce qu'est le foot-ball ? Enfin., je leur
_pardonne, à cause de ces deux qui causaient tout à l'heure
_pendant la mi-temps., les souliers lourds, les genoux couvers de boue, mâchant du chewing-gum et tels en tout
que de gracieux petits butors. J'ai prêté l'oreille et j'ai
.èntendu : « Virgile ... » - 0 Virgile, le tilleul de Saint-Dié
qui a fleuri neuf cents mois de mai, me touche moin~
fort que vous refleurissant à chaque automne sur les lèvr s
&lt;l'une nouvelle génération d'enfants.
L'~mp?rtance de l'adolescent, elle; ne. m~ se~bÎe ;as ~n~
relative a nous. Un des contacts est perdu entre lui et ·
l'inconnaissable. A la raison enfantine succède une folie
qu'on nommerait justement morbus sacer: mots qui disent
et la maladie et sa nature, mais aussi le respect que nous
lui devons. Et c'est alors pour la destinée même du jeune
homme que ce qui va se passer est surtout grave.
Treize ans I Balzac a écrit : c&lt; La femme de quarante
an~ », donnant à cet âge un visage sans égal. L'âge de
treize ans chez les garçons me semble aussi à part, aussi
nettement distinct des douze et des quatorze ans, et
bien que je n'aie trouvé cette observation dans nul des plus
subtils traités de psychologie et de physiologie que j'ai lus
touchant la jeunesse, je persiste à croire à la très franche
spécialité de cet âge. Brève année éclatante! Sénèque dit
que la splendeur de l'enfance paraît surtout à sa fin, comme
les pommes ne sont jamais meilleures que lorsqu'elles
commencent à passer. A treize ans, l'enfance jette son feu
avant de s'éteindre. Elle traverse de ses dernières intl}itions
les premières réflexions de l'adolescence. L'intelligence est
sortie de la puérilité, sans que l'obscurcissent encore les
vapeurs de· la vie pathétique qui va se déchaîner dans quel-

t.E JEUDI DE BAGATELLE

27

-ques mois. Avant de s'en aller pour sept ans dans de vertigineuses oscillations, l'être se repose une minute en un
merveilleux et émouvant équilibre. Jamais cet esprit n'aura
J&gt;IUS de souplesse, plus de mémoire, plus de rapidité à
&lt;:encevoir et à comprendre, jamais ces dons ne se montreront plus dépouillés. Il n'est rien qu'on ne puisse demander à un garçon de treize ans. Dans tous les collèges, la classe
de troisième est une grande classe, de toutes la plus apte à de
remarquables réalisations; élèves de treize et de quatorze ans,
ses éléments s'y complètent les uns les autres, les premiers
.ayant la supériorité intellectuelle sur les seconds, les seconds
ia supériorité affective. Et puis on rentre en Humanités.
Quelque chose est mort. Quelque chose commence.
La tension douloureuse de cette époque qui commence,
&lt;:e triste état pourtant pas nécessaire, si remédiable, si allé.geable, les méprises que multiplie l'endémique maladresse,
1e génie d'irriter avec cette intolérance sans force, de se
faire mal juger avec cette gaucherie de parole, l'incapacité
d'être brefs, les efforts sans proportion, les achoppements
sur des choses aplanies depuis des siècles, le faible orgueil
( de quoi ? de quoi?), l'âpreté et l'imprudence nées de la
totale impuissance, le vain don de soi et la vaine candeur
,et la chevalerie pas reconnue, pas aidée, et tout ce qu'entraîne de misères la poursuite non de la qualité mais du
nombre, et tout ce que trois mille ans de pensée, effleurés
en dix mois, peuvent mettre de louvoiements perdus
2utour des faux visages de la vie ... ah ! je le sais bien,
disons-le tout de suite, qu'il y a un virus qui infirme
-chaque pensée, chaque sentiment, chaque geste de cet
âge. Et cependant, infirmes, ils n'en demeurent pas moins
les premiers, avec ce que comporte de puissance tyrannique, dans la vie morale, le droit du premier occupant.
« Illusion ! Mirage du souvenir I Ne voyez-vous pas que
c'est un mauvais fanal sur la berge? » Possible! mais il
allonge dans le fleuve une colonne éblouissante. Le reflet
-tclaire la nuit, pas le feu.

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB

L'Ancien a dit en d'autres termes : cc Le Yase conserve
toujours l'odeur du premier vin qu'on y versa. » Inutile
je crois, d'insister. Ce terrain est solidement conquis.
'
L'ABBÉ. Permettez-moi une parenthèse. Vous avez
dit : cc Cet état pas nécessaire ... » Mais enfin il est dans la
nature. Votre chien aussi a eu la maladie quand il était
jeune. Chacun de nous, cinq années de l'existence, doit
revêtir cette tunique de Nessus qu'est pour lui la robe
prétexte.
Mm. - Est-ce bien sûr? Si peu que varient les conditions où grandit un adolescent, l'intensité de sa crise varie
avec elles. Observez le garçon du peuple, l'apprenti, sans
même aller plus loin que l'apparence, si révélatrice à cet
âge. Il a encore la gravité de l'enfant, déjà le calme de
l'homme qui a atteint sa force. Ni les disloquements, ni
les gaucheries de nos collégiens; souvent l'air, auprès
d'eux, d'être d'une race supérieure; il n'est pas (cette indication physiologique a son prix) il n'est pas jusqu'à
l'impureté de teint, si fréquente dans notre âge ingrat, qui
à lui ne soit épargnée. La liberté de vie, le défaut de mauvaise science, la simplicité de l'instruction sexuelle ont fait
tout cela. Un échelon social plus haut, le fils du petit
employé, qui fréquente l'école professionnelle, a déjà pris
l'âcreté de notre adolescence bourgeoise. Croyez-moi. Il
n'y a crise que par le malentendu entre l'être et ce monde
ignoré que son désir et sa peur défigurent. Rapprochez-le
doucement, ce monde, avec les divinations de la sympathie
et ~e l'intelligence, votre crise passera comme une lettre à
la poste. Je vous jure que mon fils à venir ne connaîtra de
souffrance, ces jours-là, que la bonne souffrance: celle que
je lui laisserai comme un instrument de sa vertu.
Or, nous voici arrivés toue naturellement dans une des
raisons qui me justifient (je réponds toujours à votre première objection) : on ne dirigera jamais trop de lumière
sur une âme, lorsque, à cette heure où la plus dure fait
secrètement le signal de détresse, son trouble génie parvient

LE JEUDI DE BAGA TELLE

à provoquer un divorce auprès duquel celui des époux
paraît dans l'ordre : le divorce entre le garçon et ses parents.
De ceci je parle avec une grande indépendance. Je n'ai
eu qu'à me louer de mon père, et ma mère, très jeune
d'âge, plus jeune encore de nature, me fit libre avec elle
comme une sœur. Je n'ai pas là-dessus d'expérience personnelle. Mais j'ai vu et j'ai entendu. J'ai reçu quelques
confidences. Elles m'assurent dans la conviction qu'en cette
matière ce que je devinais confusément est bien au-dessous
de la réalité.
Des hommes me parlent. Ils ont vingt-cinq, trente-cinq,
quarante ans. Ils en avaient quatorze le jour où la vie, en
ricanant, a levé le masque. La Gorgone l et ils la croyaient
Ange ! Effroyable apparition devant laquelle j'ai vu des garçons décomposés comme devant un spectre, du soir au lendemain le sang tourné, avec la fièvre et des vomissements.
Mais je m'abuse ; vous êtes là-dessus plus savant que moi ;
il me faudrait, pour vous instruire, vous raconter dans le
détail les drames dont ces hommes m'ont fait le récit. Et
,·oici que toujours, lorsqu'ils ont parlé : « Expliquez-moi
maintenant, finissent-ils par me dire, comment mon père,
ma mère, qui m'aimaient pourtant, n'ont rien vu, rien
compris. Mes silences, mes rougeurs, mes larmes qu'à table
. je ne pouvais retenir, ma porte fermée à la clef, les soudaines plongées au lit sans être malade, tout mon visage à
l'âge où le visage change si l'on a seulement pris la résolidi&lt;m
d'ttre meilleur, ils n'ont rien aperçu, rien soupçonné dans le
fils de leur sang, qui vivait sous leur toit, eux qui lisaient
des romans ! qui allaient au théâtre ! Ah ! expliquez-moi
cette monstruosité ». J'ai alors envie de leur répondre:
u Vous dites qu'ils vous aimaient. Dites plutôt qu'ils ne
vous aimaient pas assez. »
La puberté, on l'a dit, est une seconde naissance. L'avènement de l'âge d'homme en est une troisième. Chacune de
ces naissances est aussi une mort : grande loi qui ne régit
pas que les êtres. Si vous craignez un abus de mots à

�30

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

dire, avec moi, qu à l'avèn ment de l'âge d'homme il y a.
mort de I' me (on m'a.fait cette plaisaateri : «Quoi! Un
catholique ! Parler de la mort de l'âme 1 ») dites qu'il y a
disparition d l'activité intérieure.
Si vous eussiez pris un instantané de la famille, il y a un
ou deux ans, quand le garçon était encore enfant, vous eussiez vu la mère plongée dans le jorunal de modes ou les
comptes de cuisine, le père dans la cote de la Bourse ou un
suce dané de la Vû Parisienne; en ce même instant, leur
fils, qui les regarde, a dans son cartable César et Tacite ;
dans la vaste maisonnée, il t le seul à avoir notion qu'il y
ait une civilisation de l'esprit. Aujourd'hui, adolescent, la
situation est la même, mais au lieu d'un livre dans un cartable, c'est un feu qu'il a dans sa poitrine. Quand le fils
déchire et fait son feu, le père est tout abruti par le ralentiss ment, l'engourdissement et l'opacité de la vie. La pauvre
m re, n'en parlons pas. 11 ~t narur I qu'elle ne comprenne
rien à ces histoires de garçons ; qu'elle \'euille parler, Qllérir, nox n«ti indicat scin1tiam, c'est la nuit qui enseigne à la
nuit '. La m re, qui aimait l'enfant câlioeur, lui en v ut de
n'être plus assez faible, alors qu'il ne l'a jamais tant été. Le
père, que mande la lutte sociale, lui en v ut d etre trop
faible devant un invisible qui ne menace jamais de se mettre
eo chiffres. Assez souvent un maladresse, une disgrâ e
physique se sont ajoutées à son mpêtrement moral. Mill
raisons refroidissent autour de lui un tendresse qui, chez
des natures frustes, peut aller jusqu'à se tourner en aversion. Aimit-on dans le fond quelqu' un, s'il vous agace,
impuissant sera l'amour à survwre à des irritations de
nerfs. Le fils r ndra plus tard au père, en rudoiemen
parce qu le ,~ieillard musse, les rebuts qu'il a reçus d lui
à quinze an , parce qu'il a\'ait l'air niais.
Ce garçon repoussé développe son pouvoir de silence ;
1, (la mére) ... u Son intervention est souvent plus nuisible qu~ ne
l'eût ét~ on .lhst tio o compli:te 11 . Herbert Speo, r, De rEà11çatw1r

LB JEUDI OR BAGATELLE

3l

le sil nce tune des conquêtes de la quatorzième année.
Effrayant silence de cet âge, tell ment univ~rsel, tellement régulier que lorsque vous verrez côte à cote un garçon et un homme dans la rue, s'ils ne s'adressent pas la.
parole, il suffit : vous savez que c'est le père et le fils. ':)
mornes promenadesdu dimanche, jamais connu~ de m~1,
mais tant de fois rencontrées : le père et la mtre et loin
d'eux se trainant, le plu loin possible, comme physiquement' répugné par leur vue, leur fil au visa~e étei~t qu'ils.
abandonnent et qui les a en horreur. li fait sa vie et les
en exclue. Lycéen, il la fait dans le monde e:uéri~~r, é~ève
d'un collèae religieux, il la fera le plus souvent à l mténeur
du collège0 même, parce que ce collège a l'âme envahissante. Désormais c'e c le collè e qui devra contenir, per Jas
et ntfas, tout ce qui va naître de lui. C'est pourquoi, d!ns
telle de ces mai ons, j'ai vu bien des élèves sangloter à 1arrivée de rand vacances. C'étaient les m~mes qui pleuraient à la rentrée quand ils avaient dix ans.
Ah t oe dison pas, comme ous le disiC'l tout à l'heure
p ur l'âge ingrat, que nous sommes dans une loi de la
nature. Lâche refus d'agir, voilà ce que je vois dans ce
sones de « lois» là. Quoi que j'aie dans le cœur, le mot
de bonté est un mot que je ne prononce jamais; ce n'est
pas pour aimer le voir sur les murs. Eh bien, cependant,
quand je passe avenue de la fott Picquet devant ce dispensaire qui affiche en gro • lettres : «
•ez bons pour
la jeunesse », je songe qu'il suffirait de cette bonté, avec
dedans ce qu'il faut d'intellicreoce pour que tout vaiUe, et
caduque serait votre loi de la nature !
L'ABBÉ. - Une bonté qui guérit en « crêant de la crise&gt;&gt; l
Car c'est cela que vous propo ez aux pr tre éducateu~.
\'ous vous souvenez que c'est le second point ur lequel Je
voulais vous interroger. Et je ne l'accorde pas du tout avec
ce que vous venez de dire d'une crise qui m'a l'air de pouvoir se passer fort bi n de cette crlatùm..
M01. - Quand ous étiez p tic, mon cher abbé, s'il

�LA ~OUVELLE REVUE FRANÇAISE

vous était arrivé de vous arracher une peau à la naissance
de l'ongle, ce qui pique ferme, d'instinct vous vous pinciez vigoureusement à un centimètre de la petite blessure,
jusqu'à ce que cette nouvelle sensation surpassât l'autre ;
ainsi votre souffrance, ne dépendant plus que de votre
volonté, devenait une sorte de jeu et cessait de vous
affliger. Comparaison qui n'est pas raison, je m'empresse de le dire. ous en avons de plus sérieuses pour
justifier le fait de créer délibérément, dam certaines nattms,
une crise surnuméraire à la crise de l'adolescence.
L'ABBÉ. - Je suis curieux de ces raisons.
Mot. - Laissez-moi d'abord vous poser une question.
Vous, prêtres éducateurs, quel est votre devoir?
L'ABBÉ. - Fai~ de l'éd'ucation chrétienne.
M01. -Mais qu'est-ce qu'une éducation chrétienne ? Je
vais vous dire ma pensée. Je crois que c'est celle qui donne
pour toujours, avec la fraîcheur d'émotion devant les formes
sensibles du catholicisme, un tact spontané à reconnaître,
dans l'extrême complexité du monde, l'acte ou le sentiment qui est selon son génie. Génie tout caché, subtil ·;ystème de prohibitions et de mlérances - règles absolues et
sans appel, règles souffrant l'infraction, infractions à la lettre, qui ne le sont pas à l'esprit - l'hérédité et l'amour
même ne suffiraient pas à vous les découvrir. Il y faut tout
un jeu inconscient de réactions et de déclics réflexes, que
seule peut créer l'habitude personnelle: une seconde nature
autonome, tellement profonde qu'elle se passerait des pratiques, et au besoin se passerait de la foi.
L'ABBE. - Oh oh 1
Moi. - Mon Dieu, oui, je ne crois pas que le don de la
foi soit, en fait, un sine qua non de l'éducation catholique.
Sur dix hommes cultivés, qui ont des réactions catholiques
et même sont pratiquants, combien, dans un sentiment
pur de bravade, d'honneur, etc... mettraient leur main au
feu que la Trinité comporte trois personnes ? lis agissent
en mut comme si ce dogme et les autres étaient vrais ;

33

LE JEUDI DE BAGATELLE

dans le fond ils n'ont qu'une espérance et-y_/1.Ào:, xLvÔ:.iYoç
- un beau risque. Ces hommes sont le corps du christianisme, ils le soutiennent, ils le propagent, dans une grande
mesure ils le vivent, - de bonne foi, sans la foi.
L'ABB8. - Paradoxe !
Mor. - Paradoxe, certes. Mais boutade ? Aussi bien
laissons cela, qui n'est ici nullement nécessaire. Cette
réserve faite, vous paraît-il que j'ai défini justement le but
de l'éducation catholique ?
L'ABBE. - Cela me paraît.
Mm. - Voici donc, en face de vous, ce bue. Sous \·ous,
une matière vierge, malléable, où tout va marquer et pa~fois
à jamais. Et vous enfin, prêtre, avec tout pouvoir.
L'ABBÉ. - Si les parents vous entendaient !
Mor. - Eh bien ? Ils auraient mis leur fils au lycée, s'il
ne fallait que lui faire réciter des leçons. Ils le mettent chez
vous pour qu'on exerce sur lui une influence, avec tout ce
que cette chose comporte de risques. Dans le cas où ils le
mettent là, comme autre part, simplement pour qu'on ne
le voie plus, eux-mêmes conviennent tacitement qu'ils
renoncent à tenir leur rôle.
L'ABBÉ. - Tout en en gardant jalousement les prérogatives. Mais continuez ...
Mm. - Quel est le meilleur moyen pour atteindre ce
but, avec cette matière ?
Si vous versez de l'huile sur de l'eau, sans plus faire,
elles ne se mêleront pas. Si vous voulez que l'eau s'imprègne, il faut battre. Si vous voulez que Dieu imprègne
les âmes, quand Dieu est là tout autour, dense et délié
comme il ne le sera jamais plus, battez les âmes.
Il est bien entendu que je ne vous parle ici que de candidats à la vie raisonnable, et qu'il ne s'agit que de l'éducation des garçons. Il y aurait imprudence à livrer des filles
à une vie sensible qui plus tard ne doit pas avoir de contrepoids.
L'ABBE. - Battre les âmes ! Dites le donc carrément,
3

�34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

vous croyez que Dieu pêche mieux en eau trouble. Après
tout : Cum inftrmor, t1mc potens sum ,· nous sommes dans la
phrase de saint Paul.
.
Moi. - Vous l'avez dit cent fois : au collège ils doivent
vivre leur religion. Prinumi vivere, d'abord vivre ; vous
n'êtes pas des boîtes à bachot. Mais n'embrassiez-vous pas
complètement .ce que contenait ce terrible verbe que vous
avanciez là : vivre ? 11 ne faut pas qu'ils sortent de vos
mains sans que tous leurs mécanismes, sans exception, aient
fonctionné catholiquement, de peur que celui que vous
aurez laissé inerte, s'il entre en action après vous, ne
brouille tout. parce qu'il n'aura 1&gt;as reçu votre inflexion.
Ne dites pas qu'un directeur dirige, c1est-à-dire agit uniquement sur ce qui existe déjà; si vous vouliez ne pas susciter, il fandraitvousfaire ombre, ombre immobile, et sourde,
et muette, et cette ombre susciterait encore.
~ L'A:BBE. - F.aire fonctionner un mécanisme avant so
heure, èest exactement de la pré.maturation. Il n'est p~
nn éducateur qui ne s'élève contre 1
Mm. - Comment douter que soit un bienfait cette
royale avance sur les autres que vous leur donnez en lem;
apprenant à souffrir l L'émotion précoce, qui bâte l'éveil
de l'intelligence, l'infuse et l'aiguise pour des années.
Abréger févolution d'un jeune être, c'est raccourcir le ressort qui lance sa vie.
L' ABRÉ. - En matière de don sensible, il me semble
que déjà la pomp~ du culte, nos Fête-Dieu ...
Mm. - Ah, de grlce, ne croyez pas qu'il suffise d'un
souvenir d.l_enceos ou de Fête-Dieu ; ce n'est jamais de cela
que je parle ; on ne se fait pas ouvrir la porte avec un :
&lt;t Vivent les sensations catholiques 1 » Il faut que la vie
ait été égorgée sur vous, et a,1oir été couvert de son sang,
comme le néophyte dans le taurobole, pour être initié dans
le mystère catholique. Pourquoi l'émotion religieuse,
comme le constate une statistique célèbre, atteint-elle son
maximum de fréquence chez l'bommé pendant la puberté ?

LE JEUDI DE BAGATELLE

35

le psychologue Stanley Hall vous répond qu'à partir de
-0ouze ans le sentiment religieux croît dans la mesure où
croît l'amour ; et il établit douze correspondances entre ces
deux sentiments. Vous me comprenez? ous entendons
anwrtr au second sens de l'amor latin, à sa.voir passüm en
général. Le génie mâle qui apparaît vers la douzième année,
avec son trop et son défaut, le monde créé ne suffit pas
pour sa faim . Il se dérive en fureur de connaître, il se dérive
en goût du sacrifice, il se dérive en tendresses, en rêves
de gloire, en fous dons de soi ; épuisé le réel, il veut
encore et saute chez les ombres ; il va à Dieu de toute
l'espèce.
0 combien j'ai.me mon Christ dans l'instant qu'il se ressuscite, quand il s'élance comme le désir, quand de sa
bouche éclate le chant qui éteint les pins rauques trompettes:
Toute puissanc-e m'est dct1née
dans le ciel et mr la tene / ,

Il dit que toute puissance ... Sur la terre ! Dans le ciel !
Rendons les armes ; il nous écrase ; on ne lutte pas avec
son orgueil. Mais on peut s'inspirer de sa violence, on peut
devenir violents de la violence évangélique. Entendez-vous
les voix dans cette plaine, tandis que les passants ricanent :
« Potaches ... » ? Une voix dit: « Je ne suis pas digne, oh
non, je ne suis pas digne. &gt;&gt; Une voix dit : « J'ai besoin
d'avoir confiance en vous ». Une voix dit: &lt;&lt; Je voudrais
donner ma vie pour toi ». Ces paroles, je les ai entendues
jadis. On les dira quand je ne serai plus. Les générations se
les passent comme une flamme. Il est dans votre tradition
je dirais presque, si le mot n'était décrié, il est dans votre'
politique qu'elles soient dites. Dans toutes ces plaies ouvertes, le dieu qui guette « comme un voleur » met une goutte
de son bomis odor. Que demain la chair se referme! mais
1.

Matth. XXVIII, 18.

�36

LA. NOUVELLE REVUE FRA.NÇA.ISB

pour toujours ses derniers tissus macèrent dans la catholicité. ous aussi, pour glisser votre vaccin, il vous faut
donner des coups de lancette.
est-ce rien que d'avoir eu
un scrupule ? Créez en avec une prohibition, fût-elle la plus
arbitrair . Créez les larmes de l'intelligence. Avec un appât
créez la lutte et avec une frêle défaillance 1 remords. Créez
une amitié pour que les prémices du cœur n'aillent pas à
la dame du Boul'Mich, et quand cette amitié ne peut plus
donner davantage, brisez-la afin qu'elle donne la souffrance,
et qu'une fois. dans sa vie ce garçon sache ce qu'est une
souffrance qui est offerte. Créez de la vie pour le eigoeurde-la-vi -plus-abondante, et pour eux-mêmes aussi, ces garçons, eux qui, les meilleurs surtout, sont guettés par la
sécheresse, qui sans cesse devront lutter pour ne pas se
déprendre et retourner avec les fils des bêtes. Dénouez toutes ces forces vierges I Date putris iras ! Donnez des passions au: enfants pour qu'ils puissent vivre la passion de la
religion.
L ABBÉ. - « La passion de la religion », l'expression
choquante!
Mor. - Elle est de Lacordaire : « La religion est une
passion de l'humanité» . Et pour mon:« créer de la crise»,
laissez-moi l'abriter derrière le texte d'un grave professeur
de philosophie au lycée, docteur ès lettres, peu suspect de
littérature lorsqu'il écrit dans une excellente mais fort pondérée étude' : « Peut-être ne serait-il pas excessif d'affirmer
que tout adolescent normal doit présenter dans sa mentalité
un mêlange de génie et de folie, et peut-être y a-t-il lieu de
craindre pour la vitalité d'un grand garçon trop bien équilibré. - La genèse d'une virilité morale maîtresse d'ellemême implique comme sa principale condition un appel

amstant attx virtualités émotives

» ...

Et enfin, pour finir, si vous restez dans votre première
1. l'dme de l'ndoltsant, par P. Mendousse, Bibliothèque de philosophie contemporaine, chez Alcao.

Lë JEUD[ DE BAGATELLE

37

objection, sj vous pensez que ce qui est de cet age est sans
grande importance et larrangua /QUjours, si vous avez dit
quelquefois à l'un de vos élèves : &lt;c Vous sourirez de tout
cela à vingt ans», alors je vous dirai : raison de plus pour
qu'ils fassent l'essai de ce qu'ils sont, - essai nécessaire à la
formation de leur caractère- dans un temps où leur désordre éventuel troublera un collège au Ji u de troubler toute
une société ; c'est ainsi que vous donnez un vieux cuir à
votre chiot, et pour qu'il se fasse les dents, et pour qu'il ne
se les fasse pas sur vos carpenes .
L'ABBt. -Mon cher ami, tout ceci peut être parfait dans
certai~s cas exceptionnels, mais dans la pratique courante,
combien dangereux ! Pour un prêtre qui aura la clairvoyance et la fermeté néces aires, combien d'autres, excellents sans doute mais épais ou maladroits, nous feront des
cataclysmes ! Quelle nuancée, prudente audace il faudrait 1
Quelle sûreté de main et de cœur ! Souvenez-vous de
He_llo, disant~ peu près : « e doit entreprendre une opératton que qm est sûr de ne pas s'évanouir ».
~or. - Deu.x. préfets de di ision seulement par collège,
celu1 de la première et celui de la seconde divisions
auraient parfois cette tâche à remplir. Est-il impossible d;
trouver deux hommes de taille à chacun de vos principaux
collèg:s ? En ce ~• ceux qui occuperont ces postes pourron: b1~n ?e pas mterveuir; votre collège aura peut-être un
t~/mt, 11 o aura pas d'âme. Et malheur aux collèges cathohques sans âme I J'aimerais mien pour mon fils l'école des
faunes .
Un des garçons s'approche. Le maillot bleu ardoise, 011:,; poignets el col capucine, frissonne sur lui comme l'oriflamme
da11.s le haut venl prestigieux.
Regardez-le, ce garçon. Quelle merveille que cette suprême fleur, française, catholique et romaine ! Essoufflé,
av~c ce beau regard, le sang rapide sous la peau brune, et
d,éJà ses ép~ul~ droites, il est t0ute force et toute gr· ce;
c est peu dire, 11 est toute intelligence et toute noblesse.

�LA NOUVELLE REVUE FRAl{ÇAISE

Gest un exemplaire accompli. L'avenir qu'il porte en lui
semble nié par ce point de perfection. Je 'l"'OUS admire de
lui mettre la main sur l'épaule I Pour moi je n'oserais pas
le toucher. e le respecte et il me fait peur. Assis dans le
métro, lui debout, je me l verais pour lui donner ma
place. (L, 11arçou s'iwig,u.) Il a souri 1 Gloire au mira.de l
Une âme est sortie de son sourire. Elle était ancienne
comme les blés. Elle avait brûlé sur le parapet devant
les gueules des mitrailleuses. Elle avait mis comme un
bouquet de fleurs à chaque charrette de Thermidor. Elle
avait filé les flèches des cathédrales, gonflé les joye
accageurs de villes, soupiré dans le vieux Charlemagne faisant
sa petite plainte sur Roncevaux : «. Dites-lui que je suis en
mult grwde peine ... » Elle était bien plus ancienne encore.
Elle n'était pas née au grondement des li os, derrière les
griU des ergastules; pas m me quand l'eufunt nouveau-né
posait sa main sur le front de Melchior. Elle erra sur la
bouche de l'Hermès à l'heure ou Cicéron, ayant fait un
silence, écrivit que le pauvre est l'envoyé de Dieu. Criton,
le matin de Ja cigu€., la vit se former comme une image sur
les traits du Sil ne endormi. 0 mon cher abbé, cette âme
est en dé.sir dans chacun des garçons de notre race: elle
n'aura l'être que si vous le lui donnez, et on donne l'être du
fond d'un combat. Avec près de dix années de recul, je
proclame que la mimne n'elQista que du jour où un de vos
collèges l'eut e:aercée par d'horribles tourments.. Par delà
l'âge d'airain des quatorze mois de ce coll ge, la tiédeur,
qui a été maudite, comme mon dur Maître savait mau-·
dire; en dc-ça, Rome sentie, Rome &lt;!:Ue, Rome Iuttée,
Rome efficace et jusqu'au pourpre port. Celui-là ne se
croyait pas si précis qui m'écrivait : « Vous avez fait de
tout cela un buisson ardent ». Oui, un buisson ardent,
c'est-à-dire l'apparition de Dieu. Ma.is Dieu a1i milieu d41

fl11,rwie.s.
Inmisibl11n111t, le j'mtr donne lieu à l6 nuif. Ou wif briller tle1

pe:litu flaques tfe1m, b/wuJrts c.o.1Tur1c. des 111orri:JJ11x de ciel

LE JEUDI DE BAGAT.ELLE

39

cassé. L'odeur de l'herbe mnniù ~t de la boWJ s~ faü plw
drue. La. lumière du cuuchanl béroise ks êJres. Depuis la
clarté de l'or jusqu'au sombre hdle brun de brique., les visages f}ortent Ioules les cou/e11rs dr, feu.
Voici le soir, voici la grande nuit fraîche, la nuit au grand
corps, ardente de fraicheur. Vous rentrerez dans la nuit
faite ; tous les réverbères seront allumés. Allons, rompez
ces jeux. Dites que c'est l'heure. Donnez ce coup de sifflet
qui perce encore mon passé comme un cri ... (A soi-mime,
pendant que f abbé fait cesser le.s jei,x.) Est-ce que j'ai parlé ?
M'a-t-on entendu ? Calme était mon cœur quand je vins,
sous les grands arbres, auprès de mon chien aux dents
blanches. Depuis longtemps ma l re était serrée sur l'immobilité de ce cœur rigoureux, si fort qu'une petite plaie
lui était venue qui jamais ne put se faire cicatrice. Et voici
qu'au fond de moi-même un visage s'est rouvert auquel
j'avais fermé les yeux.11 s'est rouvert, il m'a souri, il m'a
fait lourd comme l'éponge pleine. Et j'ai eu froid, et ma
lèvre a tremblé. 0 ma faim ! ô ma soif ! jusqu'au dernier
jour, jusqu'au dernier jour. Et que vous me soyez douces
encore, dans les ténèbres.
L'ABBÉ, revenant. - Ils vont changer de vêtements dans
la maison de la Pompe à feu ...
On entend les ro11lements de tambours des jeunes soldais du
Mont-Valérien, qui s"exerce11t sur les berges du fleuve.
Mot. - J'en vois un, tout là-bas, dans la poussière violette, vers Suresnes. Tandis que tous les autres se rassemblent, lui s'écarte toujours de plus en plus. Seul, ivre du
soir, de l'angoisse du crépuscule, il court après le ballon de
routes ses forces, et quand il l'a rattrapé il l'envoie plus loin,
et le poursuit encore, comme condamné à un supplice
fabuleux qui l'empêche de plus jamais s'arrêter, comme pris
d'une démence divine. Jusqu'au ira-t-il ? Est-ce qu'il est
protégé ? Je prierais pour lui si j'étais son père.
L'ABBÉ. On ne le Yoit plus.
Mm. - J'en vois deux qui portent un poteau de but

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'ils ont enlevé, l'un à un bout et l'autre à l'autre bout.
Je ne vois que leurs ombres. Ils marchent au même pas,
pesamment. Ils ont l'air de brancardiers.
L'abbé ne dit rien.
Mm. - J'en vois encore, là-bas. Quelles petites taches
dans cette étendue ! De si loin, on ne croirait pas qu'ils ont
des imes. J'en vois qui s'enfoncent sous bois) à la file
indienne. Pourquoi sont-ils penchés comme cela en avant ?
On croirait qu'ils ont le sac au dos.
Encore u11 silence. Les divisions tfun des collèges s'ébranlent.
L'ABBÉ, à voix basse. Vous au5sÎ alors vous y aviez
songé, qu'un jour, dans quelques années ...
Moi. - J'y songe sans cesse.
L'ABBE. - C'est aŒreux ! C'est affreux!
Mm. - Soyons tous forts.
Ils regardent encore un petit temps.
L' ABBt. - Allons, mon cher ami, au revoir.
Mm. - Au revoir. Ne les laissez pas avoir froid.
Dans fombre, à mt.s11re qu'elles arrivent sur la rouie, les
divisions en marche se mettent au pas cadencé.

Ortobre

1921.

HENRY DE MONTHERLANT

ANDRE GIDE ET SES
MORCEAUX CHOISIS

ous possédions des études sur les livres ou le style
d'André Gide; personne ne s'était encore aventuré à tracer de lui un portrait tant soit peu poussé. Il faut nous en
féliciter, car si le travail eût été fait par un autre, Gide
ne se serait sans doute pas avisé de réunir en une image
d'ensemble les traits épars de sa pensée ; et comme personne ne le connaît aussi lucidement qu'il le fait luimême, nous aurions fort perdu au change. Cest en effet
un portrait véritable que présente ce volume de Morceaux
Choisis ', non pas recueil des plus belles pages, mais des
pages les plus significatives, de celles qui marquent le
mieux la direction d'une œuvre et sa couleur. Mosaïque, si
l'on veut, dont seulement quelques rares fragments
avaient dès l'origine un caractère autobiographique ; tous
les autres, empruntés à des œuvres d'imagination ou à des
polémiques, y remplissaient leur rôle propre, et ce n'est
qu'iodirectement, par raccroc, d'une manière désintéressée
pourrait-on dire, qu'ils fournissent un reose~nement sur
l'auteur. Les témoignages qu'invoque André Gide n'ont pas
été formulés pour la circonstance : c'est une garantie de
bonne foi; il en est qui sont vieux de trente ans: et c'est l'assurance d'un recul suffisant pour distinguer les traits permanents de ce qui pourrait n'être que jeux de physionomie.
I.

André Gide, Morceaux Choisis, éditions de la Norwelk Revm,

Française.

�42

LA. NOUVELLE REVUE FRANÇAlSli

Un point frappe dès l'abord le lecteur même le plus
familier avec l'œuvre de Gide: le puissant enrochement decette reuvre dans le sol national et les multiples veines qui
la relient à tous les grands gisements, à tous les grands.
problèmes de notre époque. Parce qu'il s'est de bonne
heure opposé à ce que la théorie barrésienne de l'enracinement provincial présente de vieillot, d'étouffé, de déprimant pour une jeunesse qui n'a pas répudié tout courage
d'esprit et toute hardiesse de tempérament, parce qu'il a
écrit : (&lt; Né à Paris, d'un pere Uz..Atien et d'tme mère Normande~

ozi voult{_-wus, Momieiir Barres, que je m'enraci11e? ]'ai donc
pris le parti de voyager... » on a trop vite oublié, ou feint
d'oublier, qu'il ajoutait : &lt;&lt; Entre la Normandie et le Midi i~
ne voudrais ni ne /xmrrais choisir, et me veux d'autan{ plus.
Français que je ne le suis pas d'un seul morceau de France. » Je
sais bien que ces pages choisies me parviennent avec une
carte de visite où je lis : André Gide, en voyage ... C'est avec
des matériaux de cette sorte qu'on bâtit les légendes ; et si
on lui a ;fait celle d'un homme détaché, fuyant, nomade,.
reconnaissons que Gide s'est parfois amusé à donner le
ch.ange. Mais ce serait n'être guère de chez nous que de ne
pas savoir reconnaître, dans ]es mouvements d'un esprit
aventureux, ce qu'il peut y avoir de sourire, d'impatience
ou de boutade. Gide écrivait à Barrès : cc Votre affirmation
trop c®stante nous fait désirer contredire)), en quoi il ne se
montrait peut-être ni Languedocien ni ormancf, mais bien
d'un peuple qui comprend des Bretons et des Alsaciens. Il
écrivait encore: cc A force de vou/,oir paraitre Français, artainr
perdent tottte grâce à l'ltre ; le plaisir tfêtre Français· dimitme
à devmir contraint; on l'est malgré tout, lors9u'on l'est &gt;&gt;. Et il
ajoute : « Je consens qm plus je serai Français pFus je serai

moi-mlme; mais je sais aussi que plus je serai moi-mlme, plus
je serai Frauçais. »
On ne peut prendre position plus nette en son pays, en
soi-même et hors de tous les partis. C'est là justement ce
q_ue les gens de parti jamais ne pardonnent. Quoi de plus.

ANDB.E GIDE ET SES MORCEAUX CHOISIS

4J

cuisant que les critiques d'un homme qu'on ne peut accuser de prévention puisqu'il se permet parfois la louange ?'
N'osant le traiter ni de sot, ni d'imposteur, on tâche de
s'en tirer en le traitant de versatile. Et pourtmt si quelque
chose surprend dans les pages de ce livre consacrées am:
questions générales, c'est l'unité du point de vue, c'est la
fidélité de l'auteur à ses prémisses. Qu'il s'agisse de France,
d'Allemagne, d'hérédité, de morale, d'écoles, d'influences,
partout on reconnaît l'empreinte de la même personnalité"
et le jeu de la même raison. Quels qu'eussent été les problèmes abordés par Gide, on acquiert la certitude que cet:
ing~nieux esprit ne les aurait pas attaqués par la smface~
mais par le noyau, et que tout ce qu'il y a chez lui de
souplesse et d'invention il l'aurait utilisé à mieux atteindre
le point le plus résistant de l'obstacle . D'.autres font plus
~e bruir, soulèvent plus d'étincelles et de poussière, mais
ils n'ont pas cette prise vigoureuse que donne la sûre intelligence des endroits où se trouvent les centres vitaux. L'~prit de Gide est fort éloigné de l'esprit politique, non
pomt parce que la politique est la science du possible et.
que la pensée de Gide manquerait de réalisme Ge voudrais
démop.trer, tout au contraire, qu'elle a horreur de l'abstraction) ; mais parce que la politique est aussi. la science
du compromis et que c'est justement devant cette nécessité
là que Gide se dérobe. Pourtant rien non pins chez lui
qui rappelle cet cc au-dessus de la mêlée » que l'extrémité
du péril nous a rendu odieux. Il ne traite nulle question
où nous ne le sentions engagé, où il ne pooe comme enjeu ce qui lui tient le plus à- cœur. Peu d'hommes sont
plus incapables que lui de se donner à moitié, de s'intéresser tièdement. C'est le secret de sa force là où il intei:vie~t; c'est al.\S$i la raison pour laquelle il refuse d'interverur plus sou•1ent. Et ç'est tout à la fois l'explication de
son asçe-odant sans rival sur certaines natures et de son.
effacement aux yeux du grand nombre.
Une ~sée n'a sur le public d'action directe que dans la

�44

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mesure où elle consent à revêtir uoe forme oratoire, c'est-àdire où elle renonce à convaincre et s'efforce de dominer.
L'orateur prie, adjure, menace; ce qu'il faut qu'il obtienne,
par force ou par douceur, c'est une capitulation de ceux
qui l'écoutent. Dans cette pression, dans cette violence,
dans ce désir de troubler l'auditeur pour surprendre son
acquiescement, il y a une indiscrétion, une déloyauté qui
déjà froissait Montaigne. Dans combien de pages des Essais
ne proteste-t-il pas contre cette outrecuidance qui prévient
le jugement de l'auditeur et en compromet l'honnêteté ;
combien il a horreur lui-même de peser sur autrui. u C'est
par maniëre de devis q1u ie parle de tout, et de run par manière
d'advis, ... po1,r esclaircir vostre iugemwt, 110n pour l'obliger.
Dim tient ws cottrages et vous fcmrnira de chois. » Certes je
vois tout ce qui sépare l'attitude d'un Gide, qui est d'abord
artiste, de celle d'un Montaigne, qui est d'abord amateur
de pensées. Le premier est nécessairement pl us engagé dans
sa sensibilité ; il n'aspire pas du tout à cette liberté presque inhumaine où l'autre met toute son application. Mais
ce qui les rapproche, c'est ce goût de ne faire appel qu'au
bon sens et au « courage o.
Les phrases de Gide sont toujours de plain-pied ; je veux
dire qu'il ne les entasse pas, à la façon des orateurs, de telle
sorte que la dernière, celle qui se trouve tout en haut de la
période, tombe sur la tête de l'auditeur avec une force
qu'elle ne doit pas à son propre poids mais à la hauteur
d'où on l'a lancée. De même pour ses arguments : il ne
souhaite pas faire céder mais faire réagir. li ne parle pas à
des inférieurs mais à des pairs, ec ce qui pourrait passer
pour manque d'égards à l'adresse d'esprits qui ont besoin
de ménagements constitue la plus belle, la plus rare marque
d'estime, celle qui doit flatter un honnête homme à l'endroit le plus délicat de sa fierté . « je mis las de feindre d'Uttqt1er quelq1ùm, s'écrie-t-il à la fin des Nourritures. Qtla11d ai-je
dit q11e je te voulais pareil a moi? athanail, jette 11w11 livre;
11e t'y satisfais point. Ne crois pas que ra vérité puisse être trawvée

45
par quelque autre; plus que de tout, aie lxmte de cela ». Non,
Gide ne cherche pas à entraîner des disciples, mais à susciter
des hommes; et il sait qu'il ne faut pas trop tarder à laisser
le jeune nageur se tirer d'affaire en pleine eau.
Il y a, chez le véritable aristocr:tte, une humiliation
personnelle à voir domestiquer un de ses égaux. La marque
du collier à une nuque qu'il croyait née pour l'indépendance le blesse dans le respect qu'il se doit à lui-même ;
et, plutôt que d'asservir à son tour, il aime encore mieux
ne pas faire valoir ses propres droits. Ses amis sont avant
tout des compagnons de jeu;. il les veut de bon sang et de
bonne culture, mais capables de lui tenir tête, de lui renvoyer la balle la plus difficile, de le défier au saut des obstacles que, seul, il aurait tournés. Et si son attachement pour
eux se pique d'une loyauté jalouse, il oe comporte pas cet
appuiement de l'un sur l'autre auquel leur faiblesse contraint
des êtres plus débiles. Si son humeur le pousse à la solitude,
il peut y céder sans l'arrière-pensée qu'il jette ses familiers
dans la misère et le désarroi ; il leur sait assez de ressource
pour tirer profit de la séparation, comme ils eo tiraient du
commerce amical. &lt;&lt; Nalhanail, à présent, jnte mon livre.
Emancipe-t'en. Q,titte-111oi. Qititte-moi; maintenant t1t m'importunes ; tu me retiens; I'amour que je me sui.s surfait po,tr lûi
m'occupe trop .. . » Dures paroles, assurément, et qui tueraient
tout ce qu'il peut y avoir d'alaogui dans un attachement;
mais paroles salubres, où uo rien de bravoure ne messied pas
et qui mettent une sorte de virile coquetterie à montrer moins
d'émotion qu'elles n'en cachent peut-être en réalité.
.ANDRE GIDE ET SES MORCEAUX CHOISIS

Il n'est pas étonnant qu'une discrétion si hautaine déconcerte par un temps de vie chère où les luxes intellectuels
prennent si vite un air de prodigalité. Dans la concurreoœ
de ce lendemain de guerre, oo n'a pas le moyen de faire
les délicats. Un ton impératif passe pour une marque de
force; la prudence dans l'affirmation devient pusillanimité.
Que cette prudence reste nécessaire dans les laboratoires,

�46

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

on le concède, mais comme l'infirmité de la science plutôt
que sa vertn. La guerre a développé une promptitude de
riposte, par suite de quoi la dis~ussion, qui pouvait ~tre
moyen d'investigation, n'est plus qu'épisode de lutt~- La
réflexion même n'est plus qu'une pbase de la tacnque.
Qu'en ces sortes d'escumouches vous puissiez tronver
avantage à ètre vaincu, pour peu que ce revers vous
débarrasse d'une idée mal venue ou d'une prétention erronée voilà qui n'entre plus dans beaucoup de cerveaux. On
rit la pensée que telle découverte morale, telle exploration
dans les replis des sentiments ne puissent se faire, tout
comme les découvertes scientifiques, qu'avec des précautions particolièrcs d'isolement et d'impartialité. e peser
en rien sur le résultat de l'expérience, pas même par un
désir qui risquerait d'en fausser finterpré~tion, c'est la
loi majeure des recherches exactes, celle qui ne pardo1:111e
.aucun manquement. Or n'est-ce pas l'inconsciente application de cette règle d'or à un autre ordre d'investigations
que définit Ménalque lorsqu'il dit : c&lt; Je me suis fait dua_ile,

à

a l'amiable, disponible par tous mes sens, attentif,

tcouteur JUSqu'a ne plus avoir une ptnsk personnelle, capte~r de tau~
émotion en passage, et de réactùm si minime q,u. Je 11e tenais
plus rien pour mal plutôt que ~ prottste: deu~nt rien. &gt;&gt;
il
Dans cette période de l élaboration 10tellectuelle,
importe qu'aucune arrière- pensée, qu'aucune intention
n'intervienne. On a reproché à Gide d'admirer ce mot de
Renan : « Pour pouvoir ptnser 1ibrt11ll!1it, il faut être sar que ce
que l'on é.crit ne tirera pas a conséquence. » lmpertine~e ~e
dilettante ? Bien plutôt scrupule d'un homme qm s~1t
quels lointains contre-coups tout geste provoque, au pomt
que ses mouvements en sont gauchis. C'est une ,des préoccupaùons qui reviennent le plus souvent dans l ~uvre de
Gide que ce souci de se ménager des zones de soltm?e et
de silence, où sa pensée puisse se fortifier com~e un Jeune
cheval auquel on se garde d'imposer trop vite des fardeaux. Quelle autre explication donner à ces longues

.A. DRE GIDE ET SES MORCEAUX CHOISIS

47

époques de maturation, où se détournant du public et
barricadant les abords de sa pensée, il semblait vouloir
rendre ses livres inaccessibles à ceux qu'un désir véritable
ne porterait pas à les rechercher? « f en vins acomprendre, dit
un de ses- personnages, que la parfaite sindritl, alle qui fait

.selon moi Ntre le plus valeureux, le plus digne, la sincérité non
pmnt seulement de racte mtme, mais du motif, ne s'obtient
qu'avec l'effort le pfos constant, mais le moins âpre, qrlaVtc le
-f'efard Je plus clair - /entends par là le moi,is suspect de
complaisance, et qu'avec le plus d'ironie. »
Plus nous avons mis d'héroïsme, pendant quatre ans, à
gâcher toutes richesses, à }eter pêle-mêle les matériaux dont
il fallait faire mitraille, plus il importe que quelque part
idées et sentiments soient décortiqués à nouveau, triésJ
.distillés, ramenés par l'analyse à leur état de pureté. Ce
n'est pas, dira-t-on, de telles alchimies qui reconsùtueront
la force d'un pays. Elles ne s'en targuent pas plus que
l'aff11teur du rabot ne prétend être l'artisan da meubl_:-.
Mais qui dira le prix du rayonnement que peut répandre
dans un esprit le parfait cristal d'une seule idée claire, et
qael tranchant donne à l'intelligence d'une nation la seule
présence de quelques hommes habiles à distinguer rigoureusement? Pour invoquer encore une fois l'exemple de Montaigne, on aime à se souvenir que, dans les difficultés d'une
ère troublée, il sut être de bon conseil et de bon service, qu'il
remplit à son honneur de délicates missions auprès des
princes. ~est-ce pourtant pas lui qui éludait avec une si
, jolie désinvolture les &lt;( conséquences » de ses paroles : « Je ,ie
serais pas si hardy à parl.er, s'il m'appartenaiJ d'en estre creu ».
Est-ce à dire que Gide se désintéresse de l'influence
qu'il peut exercer ? Assurément non. Mais sur qui et de
quelle manière, tout esdà. Dans une excellente conférence
sur le rôle de l'influence. en littérature ( on regrette de n'en
trouver aucun fragment dans ces morceaux choisis), il a
montré comment les natures fortes trouvent partout ali-

�-48

L,\ NOUYELLE REVUE FRANÇAISE

ment et fécondation, et précisément dans ce qui leur est le
plus étranger. Les forts ne sont reconnaissants qu'aux impulsions qu'on leur donne ; ils en veulent à un livre qui les
accompagne trop jalousement, qui veille sur leurs pas
jusqu'au bout. Ils ne demandent rien de tout élaboré,
mais de beaux prétextes au labeur. L'influence à laquelle
Gide peut prétendre ressemble à ce qu'en électricité on
nomme, si je ne me trompe, courants d'induction. S'il
voulait figurer les forces auxqueJles il fait appel, il les représenterait sans doute par d~ parallèles plus souvent que par
des lignes convergentes. De là son extrême répugnance,
dans ses œuvres proprement dites, à démontrer ou à
prendre parti. Il sait bien que, si l'art qu'il préfère est fils
de l'esprit critique plus que de l'imagination, c'est par
les idées que cet art vieillira le plus vite, si elles n'ont pas
su se muer en sentiments et en personnages. (Il analyse
quelque part très finement le prestige par lequel Stendhal,
pourtant si loin de lui, ne manque jamais de le captiver:
« Je me refuse sans cesse à Stendhal; je ne ferais qtie :Je l'ennui de
cc dtml, lui, fait son plaisir; prolongk, sa société me serait
nwrtelle; mais c'est toujours d'un visage nouveau qiu me
sourient Mosca, Fabrice, et la duchesse ... Le grand secret de
cette diverse jeunesse, c'est que Stendhal ne veut proprement rien
aJfirmer. »)
Gide sait aussi qu'il faut laisser la porte ouverte à l'initiative des meilleurs lecteurs et que, si quelque chose
décourage l'intérêt de la postérité, ce n'est pas les brèches
qu'ell~ peut trouver dans une œuvre, mais bien plutôt sa
trop méfiante fermeture. Que d'auteurs ont cru se bâtir
des citadelles, qui n'ont fait que s'emmure·r, et si étroitement que même les pilleurs de tombes ne se sont pas
souciés de leur rendre visite. Nulle œuvre moins fortifiée
que celle de Gide, moins close à tous les vents. Nul auteur
qui se préoccupe moins de masquer ses points découverts.
Sans cesse il offre prise, et si ouvertement que les politiciens se croient en présence d'une ruse de plus. Cepen-

49

ANDRÉ GIDE ET SES MORCEAUX CHOISIS

.dant pas de meilleure preuve que Gide ne vient pas se
mesurer sur leur terrain.
Cet.te négligence ~ se ga~er est une prudence esthétique
&lt;&gt;? m1~ux une su.péneure. Justesse de l'instinct. Mais quand
bien Gide ne serait pas aruste, la seule logique imposerait à
ce qu'i! écrit un ordre par juxtaposition plut6t qu'un ordre
déductif. A cela deux raisons : le relativisme de sa pensée
c'est-à-dire sa conception de la vie sous forme d'un éterncl
changement, et ses antinomies, c'est-à-dire la substitution
&lt;lu dialogue ou du drame au monologue intérieur.
De bonne heure le spectacle de la vie-agricole a fait de
la notion d'assolement une de ses idées-mères et les
études d'histoire naturelle ont fourni justification' et formules à plusieurs de ses plus justes intuitions. Usure du
~errain où croit longtemps une même espèce de plantes •
mdolence des jeunes racines qui ne sont jamais émondées:
d'où bénéfic~ de la transplantation pour le jeune arbre ;
et, pour le Jeune homme dont on prétend faire un sujet
de choix, profit au dépaysement, au voyage. Etouffement
d_es espèces rares pa~ les plus communes ; traduisez : précanté des formes exqmses de la culture. Apparition de variétés
nouvelles chez les sujets les plus malingres d'un semis,
plus souvent que chez les robustes; traduisez encore : utilisation de l'accident heureux, bon usage des maladies
.apport .de l'ê~e ~'exception dans l'harmonie générale. O~
pourrait mulupher les exemples, mais à la clef de toutes
c~s consi~érations on trouverait un sens profond du rythme
vttal, crmssance et vieillissement, flux et reflux. Comme
&lt;:hez tous ~eux pour qui les individus ont plus d'existence
~ue l:s sociétés, répulsion à détruire quoi que ce soit, effort
p~ur mtégrer dans le chœur les voi"{ discordantes, sympath1e. pour toutes les forces, nous fussent-elles hostiles, qui
balaieront la ~atière .morte. De même qu'il proteste
contre ceux qm voudraient réduire la France à un seul de
ses éléments constitutifs, à l'élément latin par exemple, de
4

�50

LA

CUVELLE REVUE FRANÇAISE

même il lui paraît folie de rejeter quoi que ce soit du
concert européen. S'il y a un mysticisme chez Gide, c'est
l'a,nor fati p:tr lequel il se persuade que toute expérience,
toute traverse, toute épreuve sont faveurs du destin à qui
sait bien les recevoir. &lt;&lt; ]'aime, dit-il, tottt ce qtti met l'homme
tn demet1re de périr ou d'ltre grand. » Optimisme qui n'est pas
un mol oreiller, mais accessible à ceux-là seulement qui
n'ont pas peur, qui ne subis eot pas les événements avec
passivité et chez qui la curiosité est une forme de courage.
Comme il parle bien de cette audace, de cette avidité de
l'esprit et des sens, qui malgré tant de déboires arrache
obstinément Sindbad le Marin à un bien-être trop facile,
&lt;&lt; désir de risque qui devient d'autant plus aigu que le confort dt'
l'on vit est plus grand. »
On comprend qu'un tel point de départ rende tout dogmatisme impossible. Il y a constance dans les lois de l'esprit,
il ne peut y en avoir dans leur application. Ce. qui était
opportun ne peut le rester indéfiniment. Tottt mouvement
retombe, toute théorie s'épuise, toute affirmation au bout
d'un temps réclame son contraire. On a traité Gide d'hérésiarque, mais il aurait tout aussi bien inventé l'Eglise si les
hérésies avaient manqué de contre-poids. En politique évidemment, mais en art même, on ne peut donner une position fixe au gouvernail. Parlant de l'extrême civilisation
latine, Méoalque dit: « Je peignis la culture artistique mentant
a fleur de peupie, à la manière d'une ~icntion, qtti aabord indique pléthore, surabondance de santé, puis aussit6t se fige, se d11rcit, s'oppose a tout parfait contact de l'esprit avec la nat1tre,
cache sous l'apparence persistante de la vie la dimintttion de la vie,
forme gaine où. l'esprit gêné lar.guit et bientdt s'étiole, puis meurt.
Enfin poussant à bout ma pensk, je montrai la C1tlt1tre, née de
la '1Jie, tttat1t la vie.» Or puisque toute civilisation dégage des
toxines qui peu à peu l'empoisonnent, et qu'aucune ne peut
prétendre à se prolonger indéfiniment, une angoissante
question effleure en certains jours quiconque n'est pas aveuglé d'infatuation nationale - et Gide ose la poser : dans le

SI

Al.'DR:É GIDE ET SES MORCEAUX CHOISIS

m~nde neuf qui s'édifie autour de nous, notre propre civilisation sera-t-elle encore longtemps prolongeable j) Il répond
ave_c un~ confiance que certains peuvent trouver sacrilègeJ
ma.ts qw est un hommage à notre vitalité: &lt;&lt; Tout ce qui représente la tradition est appelé à ltre bouscttlé et an'est que longtemps
après que ron pourra reconnaitre, à travers les bouleirersemmts
!.a cotttinuité malgré tor,t de notre tempérament de notre bisJoir/
C'est à ce q11i n'a pas eu de voix jusqtt'alo:rs pMler. C'est un;
ld~he:.erreur de croire que nous ne po/J,vons lutter contre l' Allerma[-tti
qrim nous retranchant de,-,ière rwtre passé. Si la Frame n'esJ
plus capable de nom:eauté, pour qui serait-ce qu'elle fotte ? &gt;&gt;

d;

Cette notion de continuité dans l'alternance, de rythme
~ans le temps, est familière à tous les esprits que la yje
JOtéresse ~lus que les doctrines. Mais elle se complique chez
André Gide d'un rythme intérieur qui lui est parâculier.
~~8nd • après un roman et des traités d'une tonalité
rehg1e~se, méJitative et un peu abstraite, parurent les
Nourntuns Terrestres, on trouva naturel que le jeune homme
t;OP sage_ s'avisât de jeter sa gourme. Quand il donna
l I1mnoraliste, on le considéra comme endurci et l'on s'en
co,~sola. Par la Porte Etroite il parut rentrer au bercail ce qui
était encore d,ans l'ordre. Mais le Retour de l'EnfantP~odigue
fit les gens s entre-regarder. Que signifiait cette nostalgie
et cette approbation du vagabondage chez celui que le baiser de la Mère faisait pleurer de tendresse et qui avait si
chè;ement acheté la réconciliation ? Survinrent les Caves,
et 1_ on ?~ douta plus qu'on ne fût en présence d'un relapse.
Mais vo1c1 la Symphonie Pastorale, et l'on désespéra de compr~~dre. Croyants et libres penseurs également déçus
&lt;:na1em à _l'i~fidélité,_ à l'inconstance,•à la perversité. U~
homme qui na_ pas fait honneur, ce jour-là, à son intelligence sou,·enrs1 haute, disait de Gide:« Son esprit son talent
son to:"" d'imaginaJion sont d'ttne coquette achevée / ils perden;
do~c a être connus de toutes parts. lls ne peuvent itre soufferts
qu à la faveur d'une pénombre officieuse et d'un -propiœ clair

�52
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
obscur. » On se fût épargné bien des sottises en relisant le
Journal tfAlissa, en relisant les pages les plus ivres des ourrittlre.s et en comprenant que des accents d'une celle intensité
ne sont concevables ni chez un amateur, même prodigieusement doué, ni chez un être exceptionnellement réceptif
mais falot et la proie du vent.
Gide a raconté comment son enfance s'e t nourrie de
deux livres, la Bible et les Milleet Ut1t uits. Dès le début,
son imagination travaillait autour de deux pôl s et sa conscience prenait l'babirude de deux mouvements complémentaires: l'un de repliement, l'autre d'expansion. Il est vraisemblable que, dans la joie première de la découverte, il dut
se laisser aller à cette double attirance, à cette obligation
double, sans s'apercevoir qu'elles étaient la négation l'une
de l'autre et que ses dieux se haïssaient. Peut-être certains
jours, désespérant Je les réconcilier, a-t-il souhaité qu'une
des deux forces l'emportât sur son antagoniste. Ceux pour
qui la vérité ne saurait être qu'une auraient célébré la victoire d'un vigoureux esprit sur les contradictions qui le
déchiraient ; mais en réalité nous aurions perdu tout ce qui
est irremplaçable chez Gide, Lout ce qu'il est seul à dire
aujourd'hui et qui fait proprement sa grandeur.
La pensée moderne sous toutes ses formes n'est guère
que la combinaison, à des dosages infiniment variés, d'éléments chrétiens et païens. Rares sont les hommes chez qui
l'on trouve un des Jeux facteurs à l'état pur. Ceux qui croient
ne relever que d'une des deux disciplines se dupent le plus
souvent, jouent sur les mots et les vident de leur contenu.
Et c'est fon bien ainsi, car, sans certe neutralité de fait, le
monde ne serait pas habitable. On quitte peu les régions
médianes où l'Eglise semi-pélagienne côtoie un rationalisme
spiritualiste ; il y fait bon vivre, mais on y perd de vue les
~xtrêmes. Or c'était un tendance de Gide, au service de
laquelle ila mis sa clairvoyance et sa volonté, que de priser
en toute créature ou en toute idée ce qu'elJe a de plus
accusé, ce par quoi elle diffère et se refuse plus encore que

ANDRÉ GIDE ln'

ES MORCEAUX CHOISIS

5J

ce qu'elle a de g néral ec de conciliant. Il n'était pas moins
dans son caractère de ne rien consentir à répudier qui
puisse mener l'homme à un haut degré d'excellrnce. Ne
voulant rien affaiblir et rien abandonner, il se condamnait
à vivre au point où les deux tendances se heurtent à deve' elles.
nir lui-même un des lieux où le drame se joue entre
On rencontre chez Walter Pater quelque chose qui rappelle cette attitude d'esprit. Dans la manière dont il parle des
hommes de la Renaissance, d'un Pic de la Mirandole par
exemple, on retrouve cet effort pour conserver, dans tout l'éclat du renouveau païen, le plus exquisduchristianisme. Mais
l'analyse de Pater garde un caractère cérébral; chez Gide le
con8it s'enfonce dans des régions autrement pathétiques.
Si le dialogue n'est pas la forme la plus naturelle de soo
écriture, il est le mode le plus spontané de sa pensée j'entends un dialogue qui n'est pas un artifice d'exposition,
comme chez les deux bonshommes qu'aimait à faire converser Rémy de Gourmont et qui, parfaitement d'accord d~ le
début, ne s'appliquaient qu'à menre en valeur la pensée
tout unilinéaire de leur patron ; non, un dialogue entre
deux antagonistes qui, dans l'amour ou dans la haine,
s'efforcent chacun de dominer l'autre et pour aucun desquels l'auteur n'a parié. Et comme certaines causes sont
trop vastes pour pouvoir s'exprimer en répliques alternées
ou pour colutbiter dans un même récit, ce sont des livres
entiers qui se répondent en un dramatique débat.
Tantôt la parole appartient au christianisme, à celui qui
tro~v~ ~ grandeur dans l'humiliation de. l'orgueil humain,
~hru~1an1Sme sans volupté ni complaisance, qui n'est
Jama1s las de dépouiller le corps au profit de l'âme et le
m~n~e au profi~de Dieu. Tantôt au contraire c'est l'orgueil
q~1 sexalte, qui rompt les barrières et se dicte ses propres
lois, pou nt l'audace jusqu'aux confins du crime, les
dépassant même. Saint Augustin ou Pascal ne refuseraient
p~s d'accueillir AÜ5.5a comme leur fille spirituelJe et
Nietzsche sourirait avec tendresse à Lafcadio. Certes les

�54

LA

OUVELLE RE\'UE FRA:ÇAJSB

démons qui tourmentent Saül ou ceux qui rôdent sou les
noms de {énalqae, de Protos, d'Edouard mett nt n œuvre de terribles séductions ; ils savent prendre l'él qu ce
et la beauté de Lucifer ; leur courage ne le cède qu'aux
plus braves. Mais c'est manquer de respect à D}eu que de
lui opposer des diables ridicules dont I s p t1ts nfants
même n'ont pas peur. En vrai manichéen, Gide n'a garde
de déprécier le rôle de Satan ; mais il lui im po de,_t lies
exigences, il ne lui reconnaît sa part de ro.yauté_ qua. des
conditions si ardaei que pour nn peu il lw nsCJgnera1t la
vertu. « Ce que j'a.tl111ds d wtts, dit un des tentat urs à ~fcadio, é,st le c ·nism~, et n'est pas l'insmsibilit . L'é.1110/wn
gb11; et nkmmoin.s tout 1st" perdu dà qu'on 1ü,u:ù, .ou ~lit smlement ellf. dimimLe. » Le même personnage dit ailleurs :
cc L'habitad el le besuin d'tm&amp; disciplille me laissaient mtrtn.!oir,
khappi de la rè.g-le comtmmt,, tout m,trt chose qu'ttn sim-p~e
ttl,a11dan tt qui me pmnellail dl. bansser ks ~poules l~r~ue_ Jt
m'entendais atttuer dt u'trouter plus dtromrais que fmclfalum
Ju plaisir. Et al/,• règle 110,rutllt que jt trlimposais_: a ir
sûuri la plus grandt sindriti, impliquait ttne réso/_111, n ttne
perspicacitt, im effort où toute ma volonit se bandait, d~ sor~e
que jamais je tt.e 111'appants plus 1~1oral q1let1 l"mps où. ,:~vais
dtcidi de t1e pl11s l'lm, je veux dm : de nd_ élre. pl!,s qt1 a. nza
[tlf0'1. » Uo écrivain n'est corrupteur que s'il fleunt falla:1ea~
sement le chemin défendu, s'il ~n dissimule les fondrières
et l'aboutissement. C'est ce qu'on ne peut repro her à Gide.
Est-ce à dire pour cela que son immoralisme soit d tout
repos? 11 n'y prétend pas. Mais lacontreparti o l' _tait pas
non plus, cette âpre et mortelle recherche de Dieu, où
tant de protestants comme d catholiques refusèrent de
reconnaître la porte même la moins large d leur reli ion.

;t

Et cependant, malgré tant d'antagonismes intimes,
}' uvre de Gide n'est pas elle d'un esprit tourmenté. C'est
même celle d'un homme qui conserve, parfois à la stupeur
de gens sérieu , des di ponibilités de funtaisie et 1 gofil:

ANDRE GIDE ET SE&lt;, MORCEAUX CHOISIS

55

du jeu. Mais tant de liberté ne lui est permise que parce
que son art lui fournit un centre de gravité, une certitude,
une conscience sereine. Ce n'est pas le lieu de parler de
de cet art; les Moraatt:x Choisis n'essaient pas d'en donner
une idée complète, bien qu'ils en montrent les directives.
C'est dramatiser à l'excès l'image de Gide que de ne pas
balancer tout ce gui a été dit Jans les pages qui précèdent,
par une étude de son cla~tcisme. L'un ne va pas sans
l'autre, n'est pas intelligible et harmonieux sans l'autre.
C'est la certitude esthétique gui a rendu possibles tant de
perplexités morales, et celles-ci à leur tour empê hent la
sclérose de l'art, lui assurent un perpétuel rajeuni ment,
foot que nous ne cesserons jamais de regarde~ avec attente
vers les nouveaux livres que Gide pourra nous donner.
Une langue si mesurée, si claire, si aisée n'implique pas
nécessairement une pensée sans trouble, mais elle suppose
un calme, une maîtrise de soi, un plaisir au travail qui
sont déjà une forme du bonheur. Chez eux qui ont la
passion de leur méti r, c'est dans le métier m me qu'il
faut chercher en dernier ressort le plus certain de leur
morale et de leur pai.· mtérieure. A vouloir considérer, en
dehors des œuvres qui les nveloppent, les t ndances de
Gid , on leur prête sans le vouloir quelque chose de tendu,
de heuné, qu'elles n'ont point. Je me reprocherais cette
trahison si je ne pouvais supposer, cbe.z tous les lecteurs de
cette revue, la familiarité a ec des paysages pour lesquels
cette analyse ne cherche qu'à dresser un plan schématique.
Quelque hachures représentent une chaîne de montagnes;
elles n'en disent ni la coul ur, ni la lumi re, ni le climat.
Gide veut que l'œuvre d'art soit le dernier refuge du
plaisir, et ceux qui détestent le plus sa pensée ne peuvent
se défendre de goûter dan s livres c u'il considère
comme la 6n d rnière de l'art :

urdrt tt btauli,
b,xe, calme d t'Olupté.

�LA NUIT DES SIX JOURS

..

t

LA NUIT DES SIX JOURS
1h 1

Depuis trois soirs on la voyait. Elle était seule, sauf pour
les danies, qu'elle ne manquait pas mais avec le professeur
ou des copines. Quand on l'invitait, elle refusait ; mor
comme les autres, bien que je fusse venu pour elle, et elle le
savait. Ce n'était pas son dos lacté, sa robe de jais, tremblante pluie noire, un excès de bijoux d'onyx, dont des yeux
étirés et noués aux guignes de l'oreille ; c'était plutôt son
nez aplati, le bondissement de sa poitrine, son beau teint juif
de vigne sulfatée, cet isolement un peu louche. Et aussi, plusieurs fois par soirée, de curieuses manœuvres· vers le lavabo
et le téléphone.
Elle payait ses consommations et non le maître d'hôtel.
Elle allait des boissons courtes aux boissons longues. Ce
furent, ce troisième soir, entre minuit et deux heures, deux
champagnes, six anisette!&gt; et un carafon de fine 67, sani
compter les cure-dents et les amandes vertes.
Elle monta au téléphone; moi derrière elle.
« C'est Léa. Avez-vous du bon lait ? Ça roule ?... Pas
de point de côté ? Il a mangé? Ah ... ? Au biberon ? »
Nous nous connûmes davantage dans le cadre du lavabo
sans eau, souillé dé pétales, de chalumeaux, de poupées.
rompues, de cocaïne, de rendez-vous et de poudre Rachel.
Elle se considérait sans pitié sous la lampe jusqu'à se baiser
sur les lèvres dans la glace. Sur la buée de cette haleine
j'inscrivis mon cœur. Elle haussa une épaule.
Elle avait un corsage noir sur lequel des fonctionnaires
chinois d'argent se consultaient au seuil d'une pagode.

57

cc Rien à louer ? demandai-je, en posant mon doigt à la
porte de la pagode, chaque fois que le motif s'en répétait
sur sa poitrine. Elle se redressa comme une majuscule :
- Ça ,·ous prend souvent?
La dame du lavabo, qui s'essuyait les mains à un pardessus, fit volte-face et pour moi intercéda.
- Oui, vous avez l'air d'un gentleman, dit Léa. Mais
quand je suis schlass, je me trompe toujours.
Du balcon, à mi-corps hors des archets dressés, on voyait
les nègres en costume de plage mastiquer à vide, trembler
d'un paludisme sacré. Des iris de cuivre tordu, boutures du
métro, éclairaient des paysages de Seine, non plus malmenés par les usines, mais inondés de poésie et où des nus
frileux se rinçaient. Pressés corps à corps dans la cuve des
valses les danseurs talonnaient. La salle sentait le bouillonminure, l'œuf couvi, l'aisselle et « Un jour viendra».
- Où habitez-vous ? lui dis-je. Je vous aime.
Elle ouvrit les yeux comme des œufs sur le plat.
- Tu charries ou t'as l' béguin ?
- Les deux, comme toujours, à la fois.
Elle, inévitablement :
- Il me semble vous avoir vu déjà quelque part?
- Vous êtes ma sœur, dis-je en baisant sa robe, et indispensable.
Je dus lui apparaître hardi, méprisable et dénué de libre
arbitre. Elle se dégagea:
- Vous avez l'air bien pressé.
-Non, maii tout ce que je fais, je le fais vite et mal, de
peur de cesser trop tôt d'avoir envie.
- Il va être Jeux heures, il faut que je me débine.
.- P~s avant que vous m'ayez dit pourquoi vous dispara1ssez a chaque instant? Vous en vendez ?
-Pas souvent, répondit-elle.Jenetiens pas à tirer cinq ans.
J -Alors?
- C'est pour avoir des nouvelles de mon ami qui travaille.
_
'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Qu'est-ce qu'il fait, votre ami ?
- Il est stayer ... Un six daymatt.

-?
- Il court les Six Jours, quoi. Vous n'avez jamais
entendu parler de Petitmathieu. D'où sortez-vous ?
D'un geste elle s'enveloppa de quatre-vingt dix-huit lapins
blancs.
- Je ne fais pas veiller mon cocher. Arrêtez-moi un
taxi. Direction Grenelle.

-

Le long d'une Seine recourMe, le compteur kilométrique
battit comme un cœur fou. Des perles roses égrecées le
long du Cours-la-Reine, des égouts phosphoreux, sa toux
sèche, ébauches d'effusions, serments à moi-même de faire
cesser les équivoques à partit du Champ-de-Mars, voitures
de choux bleus.
·
- C'est drôle qu'on fasse surveiller la nuit par la police
à cause de ses mœurs.
Grenelle. L'eau plie sous le joug du pont. Des feux
rouges pour le parapet des amoureux, des feux verts pour
celui des hommes d'affaires. 14 francs 25.
Moi inquiet :
- Vous habitez Paris ?
- Outil, dit-elle. Qui vous cause de chez moi ? Je vais
-au Vel' d'hiv pour les primes de deux heures.
*

* *
Un passage souterrain conduit au pesage. Tapis de ~ La
Place Clichy &gt;&gt; levés par les courants d'air. A mi-chemin,
ce fut un tonnerre sur nos têtes. Les lattes gémirent. Puis,
.apparurent le cirque de bois et son couvercle &lt;le verre -unis
par un brouillard divisé en lumineuses sections coniques.
.Sous des ombrelles émaillées les lampes voltaigues suivaient
la piste ; Léa se dressa sur la pointe des pieds, frigide et
impériale.
- Vous voyez : jaune et noir ... Les Guêpes ... l'êquipe

l.:A NUIT DBS SIX JOURS

59

des as. C'est Van den Hoven qui est en course. On va
ttveiller Petitmatbieu pour les primes de deux heures.
_De:. siffiets effilés coupèrent le ciel. Puis il y eut quatre
mille clameurs, de ces clamèurs parisiennes, du fond de la
,gorge.
L'Australien tentait un lâchage. Les sprints commençaient.
Plus haut que les placards de publicité, je vis les traits tirés,
les yeuxardents des populaires. Un orchestre éclata. Latriche
ch~ntait. On_reprit en chœur « Hardi coco ! » ce qui anima le
train. Les seize coureurs repassaient, sans un écart, toutes
les vingt secondes, se surveillaient, en peloton compact.
Le pesage occupait le fond du ,·élodrome. A chaque
extrémité les virages debout comme des murs, que les
coureurs dans leur élan escaladaient jusqu'aux mots « Ja
~u~ homogène_ des essences &gt;&gt;. le tableau de pointage
s amma. Des chiffres descendirent. D'autres montèrent.
- 4e nuit. 85e l1eure. 2.300 kil. 65o.
. - Tenez, le voilà, voilà mon chéri qui monte en selle
du Léa.
'
Petitmathieu roulait tout seul encore se dandinant
&lt;0mme son maillot, jaune et noir, tout frisé, le cou sale:
-yeux faux de èhat.
- C' qu'il ~t ~ath, pour une quatrième nuit, mon gosse.
Le p~ne-vo1x mckelé annonça deux primes de cent francs,
.que calibra le claquement &lt;les pistolets.
- Avançons-nous, le train devient plus dur. Tenez, il
nons.,a vns.
Il m'avait vu. Je tenais la main de téa.
ous échan:geâtnes en un éclair un regard haineux d'homme à homme.
Allongé encore en un fuseau, le bruit se faisait à chaque
1.0Ur plus bref. A la. cloohe, ce fut comme une bille lancée
et les seize hommes passèrent, projetés sur les lignes droites
par les virages tordus.
.
- Léa, murtnurai~je, si nous n0us couchions en délices
-co~me dit ce vieux calviniste d'Agrippa d'Aubigné
Qu est-ce que vous prenez Je matin ?

?

�60

LA NOUVELLE REVUE FR,ANÇAISI

Les hurlements de la foule furent inhumains.
- Vous êtes !ouf, répondit-elle .• ous les rouler quand
ce chéri est là à tourner sur bois : il me semble que je
serais une maladie, un fond d'évier, de la boue, si je pensais à autre chose qu'à lui pendant ces six jours et ces six
nuits.
A l'emballage, ils s'abattirent sur la prime comme des
carpes sur un quignon, l'italien laineux, le géant suisse, l
Corses à tête de rempilés et tous les nègres parmi des Flamands roux.
- C'est fini : c'est pour !'Australien. La poisse ! Petitmathieu s'est lai é enfermer, dit Léa. Il va descendre de
selle, allons le voir, cet amour.
Le quartier des coureurs avait poussé au bout Je la piste,
au petit virage. Chaque homme disposait d'une niche en
planches avec un lit de camp fermé de rideaux. On lisait
en lettres au pochoir: TA D ELOX. EQUIPE PETITMATHIEU-VAN DE HO\ E r_Unprojecteurédairaitjusqu'au fond des cabines, permettant à la foule de ne perdre
aucun des gestes de ses favoris, même au repos. Les soigneurs
allaient et venaient en blouse blanche d'hôpital, parmi des
bruits d'assiette, des taches de pétrole et de graisse, composant des embrocations sur des chaises de jardin, avec des
œufs et du camphre. Roulements démontés, cadres, rondelles de caoutchouc, ouates noires noyées dans des cuvettes. Petitmathieu était étendu sur le dos, les bras derrière la
nuque, livrant au masseurd s cui es poilues à veines fortes. Celui-ci les tapotait, 1 s rendant molles comme une
étoffe.
- Bibendum, permettez qu'on l'embrasse, dit Ua au
manager.
Petitmathieu ouvrit l'œil.
- Ça va bien, fit-il de mauvaise humeur, et en l'écartant. Laisse lui faire son boulot.
- Tu n'es pas rasé, mon vilain.

LA

UJT DES SIX JOURS

61
Fou~moi la paix.
Il yeat un silence. Le peloton passait à la corde, nous
frôlant et les ombres s'foscrivaient sur les tentes. Les jambes
nues tournaient comme des mécaniques. Van den Hoven
en passant nous cria :
- Vivement demain soir !
Je fis la connaissance de Petitmathieu, mais il n'eut pas
l'air de me considérer comme présent. 11 ronchonnait.
Plus souvent qu'on luj apprendrait à se relever pour une
putain de prime. Et de cent balles encore. Public de fauchés I Des nüeux qu.i viennent a,;•ec leurs poules, bien beureux encore quand ce n'est pas pc,ur cueillir les femmes des
autres.
Ses cuisses éraient maintenant un ivoire mouillé.
- Petitmathieu, debout là dedans ! crièrent au-dessus
des lions Peugeot, inexorables, les populaires. Mais il fit
signe de la main qu•il en avait marre.
Les m_écaoicie?s souillés, avec une barbe de cinq jours,
t~ chemise_ khak1, bandaient les guidons au fil poissé, mettaient en fatSCeaux les roues à vérifier, serraient un écrou.
Petitmatbieu ne trouvait pas le bien-être.
- Le ventre, quand vas-tu te décider à me travailler le
ventre?
Le masseur écarta l'élastique de la culotte ; on lut
au:dessous du ~ombril : « 4• régimn,J de z..01/llves, r•• compagn~ » et la devise « Tant que ça peul )) ; il passa à plat la
paume de sa main sur les intestins.
- Sucre-moi les fe~es avec du talc.
Ceux que leur équipier venait de relayer, descendaient
de machine pour dormir deux heures. Les managers les
arrêtaient au guidon et à la selle, dénouaient leurs lanières
a~x pédales, transportaient avec de tendres soins ces poulains vers le lit.
Puis tout s'aménagea pour la nuit. Malgré le bruit, des
concurrents ronflaient. D'autres le corps hors des couvertures rigolaient de lit à lit, comme à la chambrée. On
-

�LA .·oo\'El,.LE RE\'UE FR NÇAISB
62
entendit le souffle des pompes à po u suivi de l'échappement de l'air comprimé hors de valves.
Comme un gisant, Petitmatbieu e tenait toujours sur le
dos 1 · doigts ornés d'anales carrés et noirs et de gros es
bagues d'or rouge, croisés sur la poitrine. l.h. 'as it
pieds et se mit du rose aux joues. Je m' loigoai.
Derrière la baraque, j'entendais P titmatbieu
- J' t'avais pourtant défend 1 de foutre les pied chez
Ma:im's pe dant la course. Léa eitpliqua qu'elle éta:t trop
nerveuse, qu'elle n pouvait rester chez elle. Elle ne arvenait pas à s'endormir. Elle ne pensait qu'à lui, q~'à s belles
cuisses qui en mettaient, qu'à sa figure chêne, avec ses.
petits cheveux noirs frisés, sa moustac,he _à la Cbar,lot.
sa mâchoir ,
y ux fixés au pneu d amère de l entrain ur, qu'à son chandail grenat attaché a~ cou par des
boutons de nacre. En était-il à sa pr mi rc épreuve ?
avait-elle pas vécu au télégraphe tout l temps qu'il avait
tourné à fadison Square, l'année précédente ?
Ecrasés par ce 105 h ures de travail et 2.872 km. 58~.,
les coureur tournaient en fi.le indienne, au bnut
aroentin des billes. Un nègre était au commandement.
c:rtains avaient mis des hm tt . Parfois l'un J'eu crevait ou une chaine sautait. En hâte on réveillait son camarade assoupi, on l'asseyait de force sur la selle ; tout en
dormant il collait au peloton. La ronde devenait monotone
comme en toutes les fins de nuit, où, sauf à l'o casion d'une
défaillance, personne ne songeait à « s uver n.
Léa me rejoignit au pesage.
,
.
- Cass z-vous. Sans cela il ne pourra pas s endormir.
Tout le temps il nous surveille. Cela le rend fou de_ savoir
que je suis avec qu lqu un et qu'il n peut pas quitter sa
taule. Tant plus que la fatigue augment ra ec tant plus
qu'il deviendra nerveux.
.
.
Ce n'est pas qu'il vous en ,·eu1lle, 11 vous tr?uve m~me
assez gentil, bien qu'un peu demi-siphon, ..:ontmua.-t-~ll_e ;
mais c'est après moi qu il en a. Il ne veut pas que J aJ.11

63
chezMax.im's, ni que je danse. C'est un homme à la redresse.
J'appris aus i que Petitmathieu ne lui permettait que
l'Excelsior, la brass 1ie des oureurs, pour la correspondance
et es visites. Là, il était sûr au moins de savoir, à cause
des c.opains et des garçons de café.
J'eus beau lui promettr une surpri , un cadeau, l'honneur sauf, je ne pus décid r Léa à venir chez moi. j'obtins
seulement d'ail r lui faire une isite-apéritif, l lendemain.
J'a,·ais be1cin d'elle. Elle décrivait de joli s courbes grasses,
et sa voix rauque, un enchantement, me ra issait. Tant de
peau douce, apai de baumes, lavée d'ongu nts, tant de
bijoux, de mets précieux, de teintures, de drogues, de tendresses, au service de ces cuis es velues, fortes, comme des.
bielles qui reposaient maintenant enroul~ précieusement
dans des couvertures. C'était tout un jeu illogique et pourtant naturel où j'entrais eu tiers, qui m'ét nnait, m'irritait~
en tous cas me donnait seul la force de supporter ce moment
atroce ou les :unaceors de nuit s voient obligés de s'avouer
LA

UIT DES SI.

JOURS

vaincus.

•"' •
ucber de soleil. Grenadine. L'heure itait facile
comme l'asphalte. Un apaisement tombait, mal ré la brûlure des amers. J'attendais Léa à la brasserie de la Porte
Maillot. Elle descendit de Montmartre, en coupé de louage~
vêtue d'un manteau de loutre, vers les apéritifs à l'eau.
- Cela me rappelle ma ji:unesse, quand j'ai connu
Petitmathieu. j'avais une chambre au mois rue des cacias.
fon premier mot fut pour lui demander des nouvelles
de la course.
- Un peu fatigué, dit-elle. faux de reins. fa des coliques. ais l'autre équipe de ête ausl&gt;Î. L'Au tralien est
amoché. Epanchement de synovie. li laisse ça là. Oo a fait
du sur-place toute la matinée ; du tourisme, quoi !
- Et Van den Hoven ?
- Tourne, comme un sauvage, toujours. Mais pour la

�l.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tête, tu sais, pour la combine, il n'y est pas. C'est Bibendum et Petitmatbieu qui sont là pour un coup.
Je m'aperçus que mon plaisir de retrouver Léa n'était
plus sans mélange. J'aimais ses mains plébéiennes, ses paupières de crêpe gris, ce cœur aride que la force magiquement ouvrait, mais sans pouvoir oublier la lutte ronde qui
continuait là-bas.
Rangées au bord du trottoir, les autos des consommateurs épuisaient les formes étranges. Elles étaient des
canons, des yachts, des baignoires, des dirigeables. D'autres
ne présentaient qu'un châssis hâtivement couvert d'·::me
caisse à champagne. Leurs maîtres, ces jeunes gens laqués,
si beaux, qui attendent les heures derrière une glace, avenue
des Champs-Elysées, dans une pièce carrelée où il n'y a
qu'un palmier, un tapis de prière et un châssis nickelé. Cela
rappelle les dames des bas quartiers d'Amsterdam, derrière
leurs vitrines.
Entre les tables, les sommeliers volaient, tenant entre
chaque doigt un apéritif noir. Des mécanos en salopette,
des cyclistes avec des pneus roulés autour du corps, des
pugilistes qui sortaient de chez Cuny.
Chaque homme abordait l'autre avec le geste de sa spécialité. Cordialement les bantams se délivraient des crochets dans les côtes, les ~rois-quarts se plaquaient aux
jambes.
Léa était toujours belle, et rebelle. Seule une cravate
jaune et noir, aux couleurs de l'équipe, que j'avais achetée
spécialement, l'émut. Elle avait un grand chapeau d: fe~tre
blanc piqué d'une plume de faisan et des pendants d ore1ll~
en filigrane qui rappelaient le Far West et les. d~mes qu~
tirent derrière leur dos dans une glace. Je le lw dis. Je lui
dis aussi sans ménagements que je n'étais pas un homme
comme Petitroathieu avec pour devise &lt;&lt; Tant que ça
peut », que je n'avais jamais rien su vouloir six j~urs er_six
nuits de suite, que le médecin m'interdisait les bains froids,
que mon cœur était une pièce détachée, que les femmes très

LA NUIT DES SIX JOURS

maigres avec des cheveux bouclés avaient leur charme.
Elle parut, par contre, capturée quand elle sut que je
.connaissais les lacs italiens, l'auteur de Tipperary et que
j'avais des autographes du Maréchal Joffre. Je me vantai
même de posséder dans mon atelier la reproduction exacte
d'une tente de chef arabe et de pouvoir lui jouer au violon
les Trilles du Diable, de Tartini. Elle me regarda.
- On peut dire que vous n'êtes pas comme tout le
monde.
- Merci, Léa. Seules, les femmes vous disent de ces.
choses ; et pourtant c'est avec elles surtout qu'on est
comme tout le monde.
On entendait au loin une chasse passer sous les fortifications, et ce cor si mélancolique résonner sous le scenic de
Luna Park qui est comme la cale d'un grand paquebot
immobilisé dans un chantier en faillite.

•

* *
Je dus m'avoui!r avec humeur en arrivant le soir même
au vélodrome que je ne venais pas moins pour la course
que pour Léa; à l'affichage rien n'était changé. Mais tout de
suite il y eut branle-bas. Les six coureurs tournaient en un
ruban où se mêlaient le vert, le jaune, le blanc, le grenat,.
l'orangé. D'une pédale souple ils usaient les planches
polies par le travail, au coup de cloche surveillant les.
démarrages.
Petitmathieu était en selle ; il me vit et me fit un sourire d'amitié de la paupière gauche ; il y eut une tentative
d'échappade vers le km. 3421, à la 131• heure.
Les balustrades gémirent sous la poussée dc:s populaires.
surprises pendant le dîner, la bouche pleine.
Le nègre, le nez au guidon, partit en flèche, prit un
demi-tour, maintint son avance.
Ce fur la bagarre. Ceux qui souffraient d'une chute, ceux
qui se tenaient les reins, ceux qui avaient une roue voilée,.
5

�66

LA NOUVELLE REVUE FRA ÇAISB

tour à tour furent lâchés, bientôt doublés. Mené par Petitmathieu, le peloton s'élançait dans le sillage du noir qui
commençait à défaillir, tournait la tête ; son coéquipier
dormait et ne venait pas ; la foule l'appelait à raide.
- Coco, gueule d'empeigne, à cheval !
Un garçon laissa cboir un bock du premier étage. Le
hall trembla sous les hurlements, les crécelles, les coups de
sifilets, jusqu'à c.e que le nègre se redressât, remontât les
mains au haut du guidon, « vivant sur sa lancée», témoignant qu'il n'en voulait plus.
Alors, j'allai au quartier des coureurs.
Petitmathieu commençait à dîner de belle façon. Débarbouillé, rasé, beau gosse dans un peignoir de cachemire, il
tenait à la main une côtelette dans laquelle il mordait.
~ise sur le bord du lit, Léa le regardait mastiquer, le
regard humide et soumis. Il m'offrit une tasse de champagne
et, dans une boite de dissolution, des œufs à la neige.
J'étais fier de connaître ce coureur, « un ténor de pédale&gt;&gt;
disait le programme. Je me prenais à avoir l'orgueil de ses
jambes souples, de son endurance, de ses genoux sans blessure. Je lui marquai ma sympathie et l'encourageai.
- J'ai ramené la meute, expliqua-t-il simplement. Le
nègre à ce train-là n'a pas tardé à être écœuré. Le tout, c'est
que la chasse s'organise.
Petitmathieu m'étonnait surtout par son calme, dînant
paisiblement, en bourgeois, quelques minutes après cette
poursuite, entouré de ses soigneurs diligents, de sa femme
aimante, calé dans des coussins, avec au dos, un paravent
à glycines qui lui taillait dans le vide une manière d'intérieur.
Léa lui tenait un doigt tendrement et ne disait rien. Je
les aimais tous deux également. Je le leur dis.
Nous trinquimes. Léa récita ce compliment:
A notre santé qui nous !!St chère à tous
et qu'on a tant besoin
parce qu'avec la santé on peut avoir de l'argent

LA . UIT D~ SJlt JOURS

avec de l'argent on peut acheter du sucre
avec du sucre on attrape des mouches.

Pecitmatbieu m'expliquait so bonheur:
- Ce qu'elle est marrante I Avec ça, bonne fille. Et
quand il faut, les petits plats, les compresses, tout le reste.
Et un cocher au mois qui sonne de la trompe et qui connaît les champignons. Pleine d'instrnction et de conversation, faisant rire en société. Pour le particulier, une peau
avec des veines comme les Beu es sur les cartes de géographie, une tignasse jusqu'aux talons (pas ces trois tifs qu'ont
les femmes au jour d'aujourd'hui, et qui ne fatiguent pas
le peigne fin), une poitrine urf, du vrai frigorifié ; et puis
se mettant au plumard avec application et n'y allant pas
que d'une fesse; se lavantles dents après les repas, prenant
les asperges avec une pince exprès pour, et pas de corset :
- Vous verrez, dit-il, quand vous la connaîtrez mieux.
L'orchestre jouait un boston qui était des montagnes
russes. De cimes exquises, on était précipité dans les vallées langoureuses des refrains. Des comédiens à mâchoire
poudrée arrivèrent, après le théâtre. Ils voulurent danser,
mais le peuple les traita de feignants, de crâneurs, de mangeurs de saucisson.
Je laissai Petitmathieu en pleine verve, amusant son
public, faisant semblant d être couché avec Léa dans sa
cabine.
Je dus promettre de revenir le lendemain pour le grand
coup et de passer la nuit.

•

* •
Sixième nuit, 15 8ç he re, 3962 k. 570. Même spectacle
monotone. Harassés, les écureuils dormaient en tournant;
l'un accrochait une roue et tombait, entraînant les camarades. On entendait des cris anglais, des jurons turcs, une
clameur parfois, qu'expliquait un abandon; puis la ronde
recommençait.

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il était très tard. Les sprints de la nuit étaient finis. Les
coureurs tournaient, les mains à l'envers, pour se reposer
les poignets, enveloppés dans des passe-montagnes, contre
le froid nocturne.
Petitmathieu reposait dans sa cage. Van den Hoven
faisait son obscure besogne de nuit, laissant à son équipier
le brillant travail des dernières heures qui allait commencer. J'offris. mes ser-vices à Bibeodum, la figure déforméepar la fatigue comme dans une cuiller. En bras de chemise
nous mîmes un boyau au fond d'un seau pour découvrir la
crevaison. Léa me surprit dans cet exercice. J'étais si occupé
que je lui parlai à peine. Elle s'en plaignit. Je haussai les.
épaules.
Beaucoup de spectateurs passaient la nuit. Couchés sur
la tache rose ou livide des journaux sportifs, des enfants
dormaient. Des plantons de l'Ecole Militaire, des chauffeurs de grande maison, des ouvriers des Moulineaux,
avant l'usine, des expéditionnaires avant le bureau, des
couples provinciaux en deuil, bâillaient, se tenaient éveillés à coups de manilles, faisaient sauter des canettes.

~9
répondis-je, en la caressant. Et peut-être demain. Mais

LA NUIT DES SIX JOURS

aujourd'hui tout mon cœur est ici : je suis la proie d'une
seule pensée qui est la victoire de Petitmathieu. Je ne m'appartiens pas ; vous non plus. Nous sommes devenus une
partie du vélodrome, un instant de la course, l'attente de
la Yictoire. Q uelques heures encore, et pensez au déclic
des appareils, à la foule, aux éditions spéciales, au banquet,
avec des drapeaux et des députés. ous aurons un peu
contriltué à gagner tout cela à notre vainqueur.
- Mon chéri, dit Léa vexée, tu as une belle âme. C'est
bath ça. C'est délicat. Je t'aime plus encore.
La déception tordait ses lèvres.
Elle ne dit plus rien. Elle ferma les yeux. Puis je l'entendis, mais sans doute en rêve :
- Je ne sais pas comment Petitmatbieu va prendre ça ...
A notre droite, par dessus la publicité du vernis Eternol,
par dessus le vitrage, un jour désolé apparut, salué par le
piano mécanique. Je chantai :
Dans l'aube et ses draps douteux
les coqs ébréchés s'interpellent ;
reniements roses, fleurs aux poubelles.
Mon amour diminue singulièrement pendant que vous dormez.
PAUL MORAND

Nous enroulant dans des couvertures, la tête sur des.
sacs, côte à côte, nous attendîmes le jour. Léa me prit la
main .
- Quels petits os! Je sens que je vais être « chipée pour
vous &gt;), disait-elle, comme dans les fausses romances populaires. Vous êtes le contraire d'un recordman. Vous avez
plutôt l'air d'un prêtre ou d'un chanteur comique. Vous ne
causez guère, mais vous avez de la vivacité. Et puis j'ai
toujours rêvé de m'intéresser à quelqu'un qui n'aurait pas.
beaucoup de santé. Un jeune aniste, par exemple, avec un
col ouvert, des veines trop bleues et une fine barbe en
pointe ... Je suis à toi.
- Rien ne pouvait me faire plus de plaisir, hier encorer

�ltEFLE.XlONS SUB. LAs 1.!TTÉRATURE

REFLEXIONS SUR
LA LJTTERA TURE

UN LIVRE DE GUERRE
, On se pl:iint souvent que la grande guerre n'ait pas encore
produit la littérature immédiate qu'on en attendait. il semble
même., au premier abor4, que nos guerres civiles aient donné
àavantage. Le Panama nous a laissé Leurs Figures, l'affaire Dreyfus survit en Monsù11r Bergere/ it Paris. Déjà la guerre de Vendée
avait été d'un meillenr rendement - pour le roman du moins
- que les guerres de la Révolution et de l'Empire. Il est vrai que
M. Anatole France nous promet sur la guerre un livre dans le
genre de !'Ile des Pillgouins. Mais cette Ile n'était pas du meilleur France. La littérature de guerre a été, comme dirait
M. Ferrero, une littérature de quantité plutôt qu'une littérature
de qualité. On espérait mieux. Peut-être cet espoir lui-même
faisait-il à son objet une mauvaise atmosphère. Il fut entendu
dès le troisième jour de la mobilisation que cela allait donner de
la littérature, et de la fameuse. Tel homme de lettres, mort
aujourd'hui, à qui on refusait une autorisation et une automobile militaires pour suivre les opérations, s'écriait dans les couloirs du ministère : a: Je vous mets sur la conscience la littérature que vous étouffez 1 » Sur quelle conscience doit peser, et
combien plus lourdement ! celle qui n'a pas été étouffée celle de l'arrière, j'entends. Arrière ou avant, la guerre produisit
une littérature hâtive à laquelle manquèrent les forces souterraines et lentes, et qui parut née avant terme, sans le laps de temps
qui lui eût fourni l'ombre, le mystère, le silence. Il est impossible
à un médium de travailler utilement devant un sceptique, à plus
forte raison devant un illusionniste professionnel. L'esprit, l'in-

71

connu qui parle à envers les œuvres littéraires, a des délicatesses
pareilles, il,~ient com~e un voleur à l'instant ou il n'est pas
attendu. S 11 admet d être attendu, il ne souffre pas d'~tre
guetté. On le guettait trop.
En le guettant on lui dictait ses formes. On n'avait pour
exprimer une sensibilité nouveJle que des formes littéraires
anciennes. On peut dire sans exagération que presque toute la
littérature de guerre dérive de deux types : celui de Servitude et
grandeur militaires et celui du roman naturaliste · le livre de
méditation morale individuelle, et la tranche de vie~ Notez d'ailleurs que ces deux types appartiennent l'un et l'autre profondément à _ce_qu'on pourrait appeler la littérature militaire de paix.
Le capitaine Renaud est un anti-Lasalle, un anti-Marbot, il
exprime une destinée manquée de soldat, comme Chatterton
expr~e une destinée manquée de poète, comme Alfred de Vigny
expn~e personnellement les deux. Le livre de Vigny est le
prodwt naturel d'un temps où l'on ne se bat plus. Et il en est
de même, à un autre point de vue, du roman naturaliste dont le
type est fourni moins par l'artificielle et consciencieus; Débâcle
que par l'innombrable roman de l'intellectuel à la caserne,
genre Sous-Offs et Miserey. Non seulement du temps où on ne
se bat p~, mais de l'homme qui ne se croit pas fait pour se bat~e, et qui, contre le méti~r militaire auquel il est contraint, réagit en ~écomposant les ridicules et l'automatisme que comporte
ce n~éner comme tous les métiers, à commencer ( ou à finir) par
celw de romancier naturaliste. Ce roman est produit natureUepar une sociétéoù tout bourgeois doit passer par la caserne;
il la été ~lus naturellement encore après la loi de 1889, et la
~er~e lw a donné une ampleur, une carrière, une résonance
1
llimttées. Si M. Barbusse n'avait pas écrit le Feu, la place du
Feu eût ~té ~enue par un des nombre11X romans analogues.
Aucun n était plus attendu, son lit était tout fait. Le Feu a joné
i;ns la littérature le r~le du Peul-oil dire ? dans le journalisme :
mag~ ~u1 représentait la lutte héroïque de notre Gustave et
de la V1C11le dame aux. ciseaux. tenait dans la vie militaire la même
place que la vigne~te du Père Du,hêne dans la vie révolutionnaire.
Le roman ~turaliste, comme le Peut-o,i dire ? attestait que le
SOidat s~:a1t en mettre un coup, mais qu'il n'était pas là pour
son plaisu, ab mais non ! et qu'il prenait figure de réclamation

~'71t

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vivante et de protestation éternelle. Les soldats de Napoléon
.étaient aussi des grognards, mais comme la presse libre n'avait
.existé ni soue le roi, ni s_ous la République, ni sous l'Empereur,
aucune littérature ne leur avait appris à grogner en musique, et
-c'est pourquoi leur grognement n'a eu aucune expression littéraire. En 1914 le roman naturaliste n'était nullement mort, il
.avait même une académie presque à lui seul, celle de
M. de Goncourt; il se montra tout de suite un peu là.
Ces deux littératures prévues ont fourni des œuvres d'un
haut intérêt. On pourrait mettre sur le rayon de Servitude et
.grandeur militaires l'admirable Capitaine de M. Antoine Rédicr.
Peu après la guerre l'officier qui signait Jean des Vignes-RouffeS
:a publié un Sois un chef! qui devrait se trouver dans toutes les
bibliothèques de quartier des lycées. Et, une fois abattu le déchet
-de l'artificiel et du truqué, on recueillerait bien des colonnes de
~elle anthologie morale. Quant aux centaines de récits de la vie
militaire, c'est par leur masse qu'ils valent, plutôt qu'indivi-duellement. Ils forment un tas, un bataillon. Je conr.ais quel,qu'un qui, les ayant religieusement collectionnés, en a garni
un réduit en forme de cagna, avec des rondins et les petites
lemmes d'Hérouard. Ils sont reliés en bleu horizon, et portent
les galons rouges, argent ou or, qui indiquent le grade de leur
auteur. Cela ne ferait pas mal dans la maison de M. Pierre Loti,
entre le salon turc et la chambre japonaise. Heureux qui comme

l.Jlysse ...
Et pourtant il eût pu et dll sortir autre chose que ces deux
types prévus. Quoi ? li me semble que je le vois à peu près
après avoir lu 1'Ago11ie d11 Mont-Renaud de M. Georges Gaudy.
S'il me fallait faire un classement des livres de guerre, donner
lies rangs, j~ crois bien que c'est celui-là que je rnenrais le premier. Mais il est probable que dans un jury j'appartiendrais à la
minorité. Je vais donc donner mes raisons.

*

* *
Ce n'est pas qu'on y trouve de grandes qualités littéraires. Le
style est d'une correction terne, et rien ne séduit moins : peut~tre M. Gaudy est-il instituteur, ou exerce-t-il une profession
analogue. Ajoutons que le livre est peu vivant. L'auteur réussit

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

73

mal à mettre en pied les camarades dont il parle. Il ne sait même
pas les faire parler. Les propos qu'ils tiennent sont insignifiants,
précisément parce qu'ils sont vrais. Il n'y a qu'un homme de
lettres qui puisse transposer la vie pour la faire paraitre de la
vie, et trouver l'angle de convention qui donne, dans l'optique
du livre, de vrais poilus. Nous avons tous fait en version latine
cette vieille histoire. Un bouffon de foire imite admirablement
le cri du cochon. Un paysan trouve que ce n'est pas extraordinaire et qu'il en ferait bien autant. L'assistance murmure, finalement défi et rendez-vous pour le jour suivant. Le lendemain
le paysan est là, le bouffon commence, applaudi comme la
veille ; son concurrent lui succède, mais la foule le couvre de
huées et donne la palme au bouffon. Le paysan montre alors un
porcelet qu'il tenait sous son manteau et qu'il faisait crier en lui
tirant l'oreille: « Voyez quels juges vous êtes : c'est le cochon
que vous sifflez. l) La foule avait probablement raison. La vérité
de l'art n'est p:i.s celle de la nature. Le bouffon devait donner
mieux que le cochon l'illusioo d'un cochon. Il en est du livre
comme du théâtre, où la vie militaire ne pourra jamais être rendue par un soldat, mais par un habile acteur maquillé en soldat.
Il est dès lors naturel que la littérature de guerre ait été une
littérature fort o: civile 1&gt;. M. Barbusse figurait dans son escouade
comme M. Madelin au G. Q. G. Le romancier naturaliste et
l'agrégé d'histoire ont fait leur métier civil. Dans leurs livres le
« civilisme », comme disait le P. Didon, coule à pleins bords.
Et moi qui n'ai jamais été qu'un civil mal mobilisé, je serais bien
le dernier à le leur reprocher.
Si le livre de M. Gaudy vous parait inférieur au Feu, soyez
certain que c'est le poilu que vous siffte.:. De la première ligne
à la dernière, voilà le livre d'un soldat, qui n'est que cela, d'un
homme au sens de la terminologie militaire. Ce qui remplit
d'admiration c'est moins ce qu'il dit que ce qu'il ne dit pas. L'auteur est un caporal du 57• régiment d'infanterie. Il ne fait pas la
moindre allusion à sa vie civile. Est-il clubmen, banquier, professeur, garçon d'hôtel, terrassier ou camelot? ous n'avons pas
à le savoir. Il est le caporal Gaud y, de la 5e escouade de la 6• compagnie ( capitaine Taravan) du 57• régiment d'infanterie ( colonel
Bussy). 11 a fait toute la guerre, en partie comme simple soldat.
Il a été nommé caporal après un stage d'instruction. Cela même

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJS!t

il oe le dit pas et c'est moi qui le devine en lisant entre les lignes.
( « le capitaine Tara van qui fut mon chefau C.1. D. » ). De sa vie-

militaire depuis le début de la guerre il oe nous entretient pas; à
peine une allusion à sa présence à l'Yser et à Verdun. Aurun
souci de se faire valoir. Aucun souci de portraicturer, avec
cette ironie aimable qui est le péché mignon du Français intelligent, ses camarades et ses chefs. Rien de ce qui fait la raison
d'être habituelle du livre de guerre. Jamais il ne serait veau à
l'idée de ce caporal de mettre du noir sur du blanc si, eo marsavril 1918, son régiment, sa compagnie, sqn escouade n'avaient
pu se croire, sur un point, les mllitres de l'heure. A la Marne il
y a eu la victoire parce que chaque homme a dit: li faut quecela soit fait! Le caporal, après la défense du Mont-Renaud, a
écrit son livre à la suite d'un : Il faut que cela soit dit ! Et cela a.
été dit comme cela a été fait, la même âme circulant dans l'un et
dans l'autre.
« j'ai lu, dit M. Bergson dans une des conférences del' Energie
Spirituelle, quelque part l'lùstoire d'un sous-lieutenant que les
hasards de la bataille, la disparition de ses chefs tués ou blessés,
avaient appelé à l'honneur de commander le régiment : toutesa vie il y pensa, toute sa vie il en parla, et du souvenir de ces.
quelques heures son existence entière resta imprégnée. » Je
suis persuadé que si ce sous-lieutenant avait essayé de faire
passer dans un livre ces quelques heures, il eüt donné à ce souvenir une expression aussi saisissante que le rapport, publié par
la Nouvelle Revue Franç,ise, du commandant Jagueneaud sur le
naufrage de la Ville de Saint-Na{aire. M. Gaudy a passé non
pas quelques heures, mais plusieurs jours dans cette tensionLe Mont-Renaud est un château sur une éminence qui, à la
sortie de oyon, se trouve en travers de la route de Compiègneà Paris. Dans la bataille décisive de mars-avril 1918, où l'offensive de Ludendorf fut brisée, le Mont-Renaud servit de pivot à
la ligne française. Le caporal Gaudy l'occupa, au début, avec un
petit poste de cinq hommes. Le château fut détruit, et le
57e régiment aussi, pendant la bataille qui suivit, mais l'ennemi;
ne passa pas.
D'un bout à l'autre du livre, il n'y a pas une seule ligne qui
décèle la moindre vanité. Mais on y trouve une grande, uce
étonnante fierté. On comprend à quel point la fierté est le:

REFLEXIO.'S SUR LA UTI.ERA.TURE

75

reiSort de la vraie vie militaire, la pierre d'angle qui permet dans.
une guerre comme celle-là le C-ivis tJUJrus erat. Etl'étymologie ne
nous trompe pas, le bloc militaire doit se comprendre dans son
ampleur, l'honneur militaire aussi, fierté. est bien la forme francisée, humanisée,de/erocitas. Fierté d'êtreunchef: ,nesbommes,
je dunne l'ordre ... reviennent souvent, et cela, bien que d'un
simple caporal, ne détooe pas du tout, parce que c'est, dans les
circonstances, le ressort militaire absolument nécessaire. Dans
ces circonstances, la responsabilité d'un caporal, c'est-à-dire du
commandement immédiatement en contact avec le soldat, de
. la règle de plomb qui épouse encore le contour de l'objet,
n'est pas une plaisanterie. - Fierté de ses cbefs; tous représentés
avec un héroïsme tout intérieur, sans littérature et qui n'a rien à
voir avec le geste de bronze sur une place publique ou dans les
colonnes d'un journal. A Noyon, au moment où les Allemands.
entrent dans la ville, le caporal rencontre le général Dauvé, qui
lui donne un ordre :
1&lt; Il avait voulu demeurer le Jernier et tous ses hommes étaient
partis qu'il était resté encore, seul, prês de l'ennemi. J'ai pensé à lui
bien des fois et à la noblesse d'âme de tant de chefs merveilleu.x qui
font notre gloire. Ce souvenir et beaucoup d'autres me reviennent
quand j'entends mal parler de nos officiers par des individus qui ont
toujours cherché les postes de tout repos. Le crapaud regarde voler
l'aigle et bave dans s:,. fange. »

C'est la seule métaphore du livre. Du sublime au ridicule

il n'y a qu'un pas. Mais du ridicule au sublime il y a ex:actement
le même pas, et celui-ci notre caporal est en passe de le
franchir. Cela pourrait être du Courteline. (Comme le Qu'il
mourût ! pourrait être de Molière : Supposez Harpagon à qui
on viendrait dire que son fils n'a pas pu défendre sa cassette
contre trois voleurs). Laissons l'ironie baver dans sa fange, et
louons même M. Gaudy de ne pas ravaler, en l'appliquant
à ces individus, le nom d'embusqué, dignement porté à la
Compagnie par les pionniers, les cuisiniers, le cycliste.
Enfin et surtout la fierté du numéro de son régiment. Un
sentiment qui existait bien chez presque tous les soldats de la_
guerre, mais au fond de la conscience, et qui ne s'exprimait
gu~re que de_façon officielle et forcée. Ici elle apparaît, dans
l'absence de littérature, avec une netteté de médaille. Ce caporal

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

prend sa place, toute sa place, mais rien que sa place, une place
-dans le rang. Il a tenu parce que l'escouade a tenu, l'escouade a
tenu parce que la compagnie a tenu. L'homme n'est rien, et il
part, c'est là:
&lt;&lt; Les assaillants de la ferme ont découvert, dar.;; un appartement de
-cet immeuble, une inscription gravée en larges lettres sur le mur :
« Nous n'avons plus de pain, mais nous aurons Paris. »
Si la route de la capitale emprunte la vallée de l'Oise, ce n'est
pas cette semaine que les Allemands défileront sur les CbampsElysées. Le Mont-Renaud est la porte qu'il faut enfoncer à tout
prix. C'est un pivot sur lequel s'appuie la ligne française établie
sur la ligne droite. Si ce point cède, il est évident que les unités
.qui occupent l' Arbroye et les hauteurs qui se succèdent jusqu'à Lassi,gny devront se replier, ou ne pourront tenir longtemps. Tous les
efforts ennemis s'exerceront sur nous, par conséquent. Mais notre honneur est engagé sur ce morceau de champ. les régiments du 1 01 Corps,
-en position sur la rive gauche, assistent à notre duel. Partout on voit
flamboyer l'orage.
Partout l'on sait, et l'on dit : C'est le 57" qui tient là-bas 1 »

Vous vous souvenez de cette page où Marbot raconte une
mission périlleuse qu'il accomplit la nuit, en Autriche je crois,
et qu'il a reçue directement de apoléon. La situation est compromise, il va échouer, on lui tire des coups de fusil. La
fenêtre centrale du château où se trouve l'empereur s'ouvre
alors au loin toute rouge comme un point minuscule dans la
nuit. C'est cette fusillade qu'on a entendue au château; on sait que
c'est sur Marbot qu'on tire et qu'il est en train de remplir, s'il le
peut, sa mission.« L'Empereur et les maréchaux te regardent 1&gt;
Un courage nouveau, invincible, l'emplit, les obstacles tombent et
il réussit. Voilà le haut lyrisme de la guerre, la fleur de flamme.
Les exploits ne demeurent pas sans gloire au milieu des ténèbres ...
La page du poilu du 57eetcelle de Ml'l.rbot se répondent comme
&lt;les feux dans la littérature des souvenirs militaires. Je voudrais
citer l'arrivée de l'aumônier et la confession dans le château, la
blessure de Biget et son retour avec sa fiche d'évacuation.
Lisez-les.

*

* *
Ce livre sans littérature se trouve beau exactement par les
mêmes lois qui font la haute beauté littfraire. L'Agonie du

RÉFLEXIONS SUR LA LITIÉRATURE

77

Mont-Rmaud c'est le Cimetiere d'Eylau de la littérature de guerre.
Le hasard de la vie militaire a offert toute faite à M. Gaudy
la situation que le génie de Victor Hugo avait su repérer dansses souvenirs de famille. Il n'y a dans toute notre poésie que
deux récits de bataille immortels : celui de Corneille dans leCid, et, ici, celui de Hugo. Le Cimetière l'emporte probablement. Ce n'est pas une bataille d'ensemble, c'est un coin
du champ de bataille, l'engagement d'une compagnie. Unesituation comme celle de la 6• compagnie du 57•.
Nous étions les ga1·dims d11 centre, et la poignée
D'h&lt;mm,es sur qui la bombe, ainsi qu'1me cognée
Va s'acharner, el j'eusse aimé mieux itreai/leurs

Les poilus du 57• eussent aussi préféré être ailleurs. Je necrois pas qu'aucun récit mette en une lumière plus claire que
celui de M. Gaudy les dessous du courage, en fasse mieux saisir la charpente et l'ossature. Quand il a peur et qu'il voudrait
bien se mettre à l'abri, il sait simplement que ce serait un abandon de poste, et qu'un abandon de poste cela ne badine pas. Tout
simplement. Il n'y a pas plus de courage militaire sans la peur du
code militaire qu'il n'y a de sensibilité sans corps ; l'armée ne
va pas plus s:ms ses lois écrites que l'Etat. Comme les poisonsdan!l la composition des remèdes, cette peur-là devient l'antagoniste de la peur. Comme le garde-fou d'un pont, qui ne vous sert
q~•~ ~ous enlever l'idée que vous pourriez tomber, cette peur
m1htaue vous enlève la peur civile, la peur humaine. Et la tension extraordinaire d'un tel moment peut fort bien faire d'un soldat un homme littéralement sans peur.
« Le bouillon arrive ensuite. Cette eau tiède, préparée à Pajet daosuoc cave, est déoorumee bouillon par habitude. Ensuite on nous donne·
de~ haricots. Je les mange avec les doigts, n'ayant pas de cuiller. C'est.
fim. Nous ne dt:vons avoir faim que dans vingt-quatre heures.
- Je roupillerais bien I dit Lhoumeau.
Les autres aussi dormiraient. Mais peut-on se coucher dans la vase?
Nous restons debout, adossés à la paroi molle de la tranchée sousla pluie qui ruisselle. L'eau charge ma capote comme une épongc 1; je la
-sens descendre par filets glacés le long de mon dos.
On acquiert, à force de souffrir, une indifférence absolue pour toute
souffrance nouvelle. Une de plus ou de moins! ...
Nous sommes habitués à vivre sans sommeil, à manger quand,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

J:i. mode, à grelotter dans la boue. Cette vie, qui sem,blcrait terrible à. des gens de l'arrièce, nous en avons q,uisé l'amenume. A pré--

"4:'est

sent, on bisse faire, on se laisse aller.
Je ne suis pas davan1age troublé par l'approche de cette attaque. Si.
ccui qui m'aime.nt, là-bas, pom1ai~t lite dans mo.o. àme, eo cc moment,
ils seraient effrayés en voyant combien je suis loin d'eux. Je n'y pense
même plus, à eux. Vivre ? Mourir i' Ces mots pour moi n'ont plus de
sens. »
..,

Ceux qui ont fait la guerre sentent comme tout cela est vni,
profond, nu. Voilà l'état de grâce du soldat, direct et sans
littérature. Comparez-lui les trois exemples de littérature que
vous avez lus cent fois, et que j'appellerai le pompier, le naturaliste et le moral.
A vrai dire le premier n'est pas de fa littérature, c'est du journalisme de guerre ou de la chose officielle. Pour le pompier, le
soldat, à cette heure, sent derrière lui, comme dans le Rêve de
Detaille, tout le musée de l'armée, la patrie en le temps et en
l'espace, Paris et sa banlieue, etc ... Quand Pétain eut défendu
Verdun, on lui annonça qu'un représentant de nos plus grands
quotidiens demandait à le voir. Le général ordonna en maugréant qu'on le fit entrer. « Qu'est-ce que vous voulez? - Mon
général, au nom de la France, permettez-moi de vous embrasser ! - Si c'est pour des sonneries (la cédille s'égara en route)
fichez-moi le camp.» Le caporal Gaudy, dans sa tranchée, paraît
penser, comme son chef, que l'heure n'est pas à la sonnerie.
Le naturaliste allongera en trois pages ces mots, capitaux pour
lui : « On laisse faire, on se laisse aller». Ils sont tournés chez
M. Gaudy du côté de la tension, de la valeu.-. de l'efficace
mtlitaire : il les retournera de l'autre côté, il mettra en lumière
la misère et la brutalité de la situation. Il n'y aura plus là que de
la chair à canon et de la boue qui se mêleront.
Le troisième, le moral, fera de cette tranchée le sujet d'une
méditation, sur la vie, la mort, et autres grandes idées. Je ne dis
pas que les diverses « méditations dans la tranchée ,, aient été
toutes composées dans un bureau de l'arrière, mais je suis bien
s0.r qu'elles ont été écrites dans des secteurs calmes. Le caporal
Gaud y ne médite pas. Vivre et mourir o'ont poUI lui plus de sens.
Et cette phrase même c'est une réflexion d'auteur qui habille la
nudité morale absolue et parfaite du soldat à l'heure H.

tl:ÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

79

Comme·toute la littérature de guerre appartient à ces trois
"types (je laisse de côté le goguenard, qui nous a donné les
.savoureux Mémoires d'un Rat), il n'est pas étonnant qu'elle fasse
heau~oup de fatras. Ou plutôt ces trois types ont pu nous rendr_e bien des mome~ts et des sentiments vrais, même le pre~1~r, souve_nt trè~ smcère, mais ils étaient incapables par dé6.mt100 de faire voir le vainqueur dans l'acte et le moment de sa
victoire. M. Gaudy me paraît l'avoir fait. Ni en 19r 4 ni
en 1918 il n'y a eu de miracle de la Marne. II y a eu la
volonté et la raison, l'organisation militaire, qui est la poi~ée ~e l'ann~, ~boutissant inflexiblement à la pointe, la pointe
v1ctoneuse qui tient, claire et dure, dans ce livre.
L'Agtmie du Mont-Renaud est un épisode de la bataille de
~aris, fait~ de 01.illiers _d'épisodes semblables. Une bataille qui
.., est _terminée par la Vlctoire comme la bataille de r8 7 r s'est
terminée par la défaite. Or M. Paul Gsell vient de recueillir
parmi des Propos d'Anatole France, le récit d'une affaire de 1871
d~ la1u,ell~ figura l'illustre Maître, alors garde national, et qui
Dl mdmt a bien des réflexions quand je la lis après l'Agonie du

Monl-Renaud.

&lt;( ~e commandant de notre bataillon était un gros épicier de notre
quanier. Il manquait d'autorité, il faut le dire, car il cherchait à ménager ses pratiques.
Un jour nous reçilmes l'ordre de participer à une sortie. On nous
envoya sur l_es bords de la Marne. Notre commandant était splendide
s~us_son uniforme tout flambant qui n'avait jamais servi. .. Comme il
faisait caracoler sa bfte, elle se cabra de toute sa hauteur, tomba sur Je
.dos et tua net notre commandant, en lui cassant les reins.
Nous regrettames
·
peu notre chef. Nous primes le parti de nous
arrêter, de rompre les rangs et de nous allonger sur l'herbe de .la berge.
N~us Y restâmes couchés toute la matinée, puis tout l'après-midi. Au
foin l'anillerie ton mu't.. . Nous n,eûmes garde de marcher au canon
Vers
· qui· dommait
• • 1a nve
.
. le soir, sur le che=
nous vîmes · des
;anos courir. Beaucoup étaient noirs de poudre.
blessés ponaient
es. bandages sanglauts. Ces braves gens s'étaient bien battus, mais ils
.avaient do. céder à la mauvaise fortune.
Quelle idée nous vint ? Nous nous m!mes à crier : Vive la flotte 1
exclamation que les matelots jugèrent ironique, eut le don
deCette
les courroucer .-.. 1
,
.
• "'-ue ques-uns ,oncèrent sur nous baïonnette en
.avant. Ceci nous pa ut d
N
. .
..
al
r angereux. ous quattames précipitamment les
li us gazonnés et nous gagnâmes du terrain. Comme nous étions bien

De;

�80

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

reposes et que les poursuivants étaient accablés de fatigue, nous
pûmes leur échapper sans peine.
.
.
.
Nous rentr~mes à Paris, mais ootre longue inaction nous pesait et
nous avions grand'faim. Aussi n'éprouvâmes-nous aucun s~rupule à
piller une boulangerie que nous rencontclmes sur notre cherrun .. , .
Telle fut notre conduite. Je ne nùn vante pas, oh I non, 1e ne
m'en vante pas. Mais la vérité m'est chére et je lui rends hommage. »

'"

Couvrons la n~dité de notre père dévoilé par M. Gsell. Les
petits-fils des Parisiens qui se comportèrent si mo~l~ment, en
1 870, sur la Marne, se trouvèrent sur la mê~e . nv1è~e, qua:
rante-quatre et quarante-huit ans après. Ils n étaient 01 plus 01
moins braves que leurs grands-pères. Ce qu'ils eurent en plus
ce n'est pas la vertu propre, c'est le dressage et l'encadrement militaires en lesquels M. France voit le mal, et dont est
rempli le livre de M. Gaudy. Aucun soldat d~ 1914 à 191~,
racontant la guerre, heureusement ne pourra dire : « Nous
mes le parti de nous arrêter, de rompre les rangs ... Nous n etîmes garde de marcher au canon. _» Si tout cela etît été confié à
leur libre initiative, ils eussent fait souvent comme M. Berger~t
et comme les francs-archers de Bagnolet parmi lesquels 11
ci porta le képi. Et alors les a. matinées de la villa Saïd » eussent
consisté en 1914 à voir si les officiers allemands, logés dans les
chambres à vitraux que nous peint M. Gsell, avaient bien tout le
nécessaire et si leurs ordonnances respectaient les bouteilles de
la cave en~ore épargnées par la Kommtndatur. Mais les sold~t s
n'avaient pas de parti à prendre, et ne votaient pa~ ~ ~ams
levées pour savoir s'il fallait marcher au canon. Le mihtansm_e
sévissait dans toute son horreur. Quand un commandant avait
les reins cassés, on n'était pas débarrassé pour cela de l'engeance des galonnés, un capitaine prenait le comma~demen~du
bataillon, et si les quatre capitaines et tous les offici_ers étaient
tués, cela pouvait finir par un sergent, peut-être aussi mal embouché que celui qui voyait l'honneur de la mère de M. Roux
entaché par l'inhabileté de son fils sur 1~ ter~ain de manœuvre,
mais fort utile pour barrer avec une umté bien groupée le chemin que suivait un ennemi curieu.~ de me~tr_e dans sa s_oupe les
légumes du jardin d'Epicure. Ce qui a fatlh nous v~mcr~ en
1914 c'est une armée admirablement organisée. Ce qui a vaincu
cette 'armée, ce n'est pas des soldats plus braves que les siens, c'est

pn•

REFLEXIONS SUR LA LlTI'ÉRATURE

une année encore mieux organisée, un commandement dont les
échelons, du généralissime au caporal, étaient plus souplement
solidaires. La valeur d'une armée, comme celle de tout ce qui
existe, n'est pas faite de son énergie potentielle, ruais de son
énergie utilisable, et la discipline, le commandement, convertissent seuls son énergie potentielle en énergie utilisable_
D'elle-même, toute énergie utilisable se dégrade en énergie
potentielle, et les physiciens nous enseignent qu'en cela consistera la mort de l'univers. Si nous considérons une armée
comme un système clos, le roman naturaliste, le Fe11 ou la
Débâcle, éprouvent et nous font éprouver la pente de cette dégradation de l'énergie, mettent en lumière et en valeur ce qui rend
possible la transformation d'une unité organisée en le troupeau
couché que nous étale le France de M. Gsell. Et c'est la direction
la plus naturelle du roman professionnel, qui trouve dans Je natunlisme sa pente de facilité. N'ayant que la o: Yie » à la bouche, il
ne peut peindre de la vie que ce qui anticipe la mort. La vie,
M. Bergson l'a largement enseigné, remonte au contraire cette
pente. L'organisation transforme l'énergie potentielle en énergie utilisable. Et aucune organisation n'y arrive de manière
plus saisissante, plus efficace que l'organisation militaire. Un
général ne doit considérer les hommes que comme des éléments
d'unités, des signes dans des combinaisons. Il est en;bien plus
mauvaise posture qu'un caporal pour rendre dans un livre cette
vivante énergie militaire, pour la faire voir sur le point même
où elle agit, pour la faire sentir à son maximum de tension et
de concentration, comme cette page attribuée M. Fra11ce nous la
fait connaitre dans sa détente et sa dégradation absolues. Aussi
rien dans l'abondante littérature d'Etat-Major ou de G. Q. G.
ne me parait valoir ce récit d'un caporal. 1, La plus sale situation de l'armée», dit-on communément, et avec raison, puisque
le caporal n'a que des responsabilités sans avantages matériels.
Mais la plus belle situation pour vivre de toute la vie de
l'armée, puisque le caporal n'est pas chef vivant enj chef,
mais chef vivant en soldat, c'est-à-dire connaissant ~les deux
côtés de la médaille. Seul un caporal pouvait peut-être frapper
cette médaille à deux faces.
A !.BERT THillAUDET

6

�CHRONIQUE DRAAI.ATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THEATRE EoolJARD VII : ]acqutline, comédie en 3 actes,
de M. acha Guitry, d'après une nou-velle de M. Henri D~

vcrnois.
Ooi'!O!f : Lou,'s Xl, rnric11x

h1J1111nt,

pièce en 6 tableaux, de

1. P:ml Fort.
THÉATRE OF.S ARTS : Le Cousin de Valparaiso, comédie en
3 actes, de MM. J.F. Fonson et Jean Kolb.

YARrtrés: La Rroue iks rariilés, de MM. Rip et Régis Gi-

gnou ..
Allons ! décidons-nous. ll le faut. Ecrivons une chronique
dramatique. Une de plus après tant d'autre ! Le tout est de s'y
mettre. Le reste, ensui e, viendra tout seul. On se demand ,
sans doute, la raison de ce début, qui p:uaitra singulier, peutêtre ? C'est bien simple : je m'exhorte, je me pousse, je m'encour:ige. Je ne sais pas si vous êtts comme moi. Cela se peut.
]e ne me crois pas unique. Le contraire aussi se peut. Ce n'est
-être qu'une bizarrerie de mon caractère. Cette bizarrerie
c'est ceci : j'ai toujours plus envie de faire autre chose que la
chose que j'ai à faire et ce qu'il faut que je néglige a pour moi
plu~ d'attrait que ce dont je m'occu~e. J'ai depuis_ quelq':e
temps ditfére11t~ travaux à mener de pair : un long récit que 1e
donne par fragments à une revue, une rubrique que je devrais
tenir au moins une fois par mois dans une autre revue, enfin
cette chronique dramatique que j'ai reprise ici, et si je l'ai
reprise c'est bien tout de même que cela m'a plu. Eh ! bien,
ces travaux mettent dans mon esprit une fantaisie dont je ne
sais trop si elle est enviable. li est une de ces trois occupations
que je préfère absolument aux deux autres. Seulement, ne

peu

me demandez pas laquelle. Je ne le sais pas moi-même. Cela
dépend des joun. Cela dépend surtout de celle dont je suis
obligé de m'occuper. Mon long récit m'intéresse. J'y parle de
moi, de ma famille : trois ou quatre personnes assez drôles, des
gens que j'ai connus quand j'étais enfant. C'est un sujet qui
m'amu e. Je me plains toujours de ne pouvoir y travailler
comme je le voudrais. Le loisir m'en est-il donné ou fa.ut-il
enfin que je m'y décide parce que le jour est arrivé ? Aussitôt
je pense au plaisir que j'aurais à écrire une chronique dramatique, à célébrer les mérites de tel auteur et de sa pièce qui
m'a fait passer une si remarquable soirée, pendant laqucJle je
maudissais le théàtre à. le voir sous cet aspect. aturellement,
le jour arrive de l'écrire à son tour, cette chronique dramatique.
Alors, l'ennui que j'ai sübi au théâtre se répand à l'avance sur
tout cc que je dois écrire. Au diable l'auteur et sa pièce et même
les compliments que des gens du même talent en ont faits !
Je pense combien il me serait pins agréable d'écrire une Gazette, sur un sujet qui me plairait, à ma guise, Libre de me
laisser aller au gré de mon caprice, sans être limité dans mon
sujet, sans avoir à rendre compte de quoi que ce soit, ni porter
aucun jugement, libre en un mot d'écrire uniquement pour
mon plaisir. Et quand enfin je m'y décide, à écrire une Gazette,
vous croyez que je suis satisfait? Hélas l c'est mal me connaître, c'est mal connaître le démon qui m'anime et cette
humeur jamais la même qui est la mienne. A ce moment-là,
c'est mon récit qui m'occupe l'esprit, c'est cela seul qui existe
pour moi, c'est à cela que je voudrais travailler et ma Gazette
ne me dit plus rien, et, comme rien ne me force, je passe ma
soirée à rêver au lieu d'écrire. Je suis là ce que j'ai toujours
été, ce que je suis encore, et pour tout : mobile instable,
distrait, incertain, jamais content de rien. Je regrette ce que je
n'ai plus, je désire ce que je n'ai pas, cc que j'ai m'est indifférent. Beaumarchais avait raison : posséder n'est rien c'est jouir
qui est tout. J'aurai beaucoup joui, par le désir plus que par la
possession. De même, je n'aurai pas écrit bien des choses, pour
avoir épuisé à y rêver le plaisir qu'elles me donnaient. ous
voyez que j'ai raiso11 de m'exhorter, de me pousser de m'encourager, puisque devant écrire cette chronique dramatique j'aurais
bien plus envie d'écrire autre chose. Ecrivons-la, cependant.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
CHRONIQUE DRAMATIQ. E

Les gens qui discutent le talent de M. Sacha Guitry comme
auteur dramatique auront-ils changé d'a is après avoir vu Jacljlltli11t ? Ils le traitent souvent d'amuseur superficiel. San
-doute, il a écrit quelques petites choses rapides et un peu Lâchées
qui souffrent difficilement qu'on les revoie. Mais comment
peut-on nier le très grand talent de l'auteur dramatique qui
nous a donné ]ta11 de La Fontaine, Deburau Le. /Teilleur de nuit,
,et cette petite merveilJe d'émotion et de vérité : les deux couverts? M. Sacha Guitry n'a pas seulement de l'esprit, ce qui
serait déjà beaucoup. Et quand je parle d'esprit, je ne parle pas
cSeulement de l'esprit de saillies ou de reparties. Je veux dire
qu'il a encore l'esprit de ne pas prêcher ni moraliser et de ne
pas tomber dans toutes les niaiseries de cette époque. 11 a également à un très haut degré le don du naturel, de la simplicité, de la vérité, une grande fines e d'observation, tout cela
nullement dénué d'une sensibilité qui se cache et ne se montre
-que pour rire d'elle-même. Quand tant d'autres auteurs, qui
pourtant se croient bien supérieurs à lui, parce qu'ils sont
gra,1 es et compliqués, ne savent que nous ennuyer avec leur
phraséologie artificielle et leurs sujets inventés, l"ui toujours
nous amuse, nous intéresse et nous touche souvent, avec des
tableau.'t et un dialogue qui sont pris dans la vie même. Je ne le
connais pas. Je ne lui ai jamais parlé. Je me suis même déro~
.devant l'invitation à faire sa connaissance. Je suis sauvage,
timide. Les gens que je ne connais pas me glacent, m'6tent tous
mes moyens. Qu:uid je me trouve devant eux, obligé de
parler, je cos que j'ai l'air bête, et c'est un air que je préfère
qu'on ne me v:iie pas. Je suis de même avec les gens que je
connais et que je n'ai pas vus depuis longtemps : je prHère ne
pas les voir. J'aurais trop de choses à dire et à entendre. Cela
m'ennuierait. Quand il m'arrive de les rencontrer dans une
rue, vivement, si je le peux, je prends une autre rue pour IC$
éviter. Quel besoin d'ailleurs de connaitre les gens ? On se fait
très bien d'eu:1. une idée sans cela. Je connai tous les dons de
M. Sacha Guitry. Je devine un rapport parfait entre sa personne et ses travaux. Cela me suffit, et à lui aussi, je pense. Si
tout le monde était comme moi que d'importuns en moins ! Je
continuerai à me contenter de le regarder avec un cenain air
quand il m'arrive de le rencontrer, ans qu'il e doute qu'il m'a

85

devant lui. U~e ,seule foi , j'~i failli lui parler à la première de
Pasteur. Il était a côté de m01 dans une baignoire. J'avais envie
de me ~ontrcr, de me présenter moi-même, et de lui dire,
comme Je le pensais : « Eh l bien, vous avez fait cette fois-ci
u~e bien fichue chose. J ne vous en fais vraiment pas compliment . .J&gt; Il st probable que nous en aurions ri tous les deux.
Comme on le voit, pour un écrivain je suis original au moins
dans mon caractère. Je laisse d'autres, plus favorisés comme
~~dam~ Aurel par C.'\:emple, de l'être dans ce qu'ils écrivent et
d ctre s1 quelconques dans leur personne.
Pour_ la première fois, je crois, M. Sacba Guitry, avec
Jacquelme, nous a donné un piêce dont le sujet n'est pas
proprement J e lui. Il a poné au théâtre une nouvelle de
M. Henri Duvernois : Morle la bile ... parue dans Je premier
volume des Œu'llres libm. On connaît M. Henri D uvemo1s~
·
C'
e5t un cont~ur ?e ,g_rand talent. li n'est pas un conte, une
~ouveJI~ ~e. lui ~u1 n ~•t son intérêt, qui ne donne du plaisir à
lire, qui n an bien mieux, ce mérite qui compte en linérnturc: ètrt: de lui, être du Duvernois, et non pas quelque chose
~e re~emblant à Ja. production courante. Je mettrai à côté
e lui M • Frédéric Boutet également écrivain de contes
et de no~vel!es, dans lesquels il y a toujours quelque cbose,
un_ dét~il d analyse, d'observation de vérité ou d'émotion,
qu'. rettem, amuse, émeut ou fait rl!ver. J'ajouterai, en ce
q~i concerne M. Henri Duvernois, que sa philosophie linéraire, le domaine de ses idées, non seulement n'est pas médiocre et froid comme cbez beaucoup d'autres conteurs mais
au _contrair~ a toujours de la généro ité, de la bonté, d; I'élévati~n, sensible e'. ~umaine, faite tout ensemble d'intelligence
et_ d '.n.dulgence. J a1 la faiblesse d'être intéressé par cela aussi.
Dirai-Je encore, avec ma manie de coo idérer les hommes
au~nt que leurs œuvres, que l'homme, chez M. Henri Duverno,s, ~aralt valoir )'écrivain, discret et effacé comme il est, att
contraire Je tant de cabotins et cabotines littéraires qui se manifestent à chaque instant et, jugeant qu'on n'imprime pas assez
leur n om, )'écnvent
·
eux-mêmes dans tous les endroits qu'ils
peuvent tr~uver. Je m'attends bien à surprendre eo écrivant
tout c~ qui précède. Je n'ai pas l'habitude de faire ainsi de,
compliments. Il parait que je suis généraJemeot méchant.

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

moqueur, dénigreur, tournant tout en caricature, toujours
porté aux critiques les plus vives. On assure même que cela
tient chez moi aux motifs les plus flatteurs : je suis envieux,
jaloux, aigri, sans respect pour rien, j'ai de petites vengeances
à exercer, je me paie de mes déceptions, je n'écris ainsi que par
dépit. Un jour, je suis allé entendre réciter des vers de quelques-unes de nos muses. Je n'ai pas trouvé ces vers très poétiques et je l'ai dit. Sait-on la raison qu'a inventée Madame Aurel, que j'avais célébrée elle-même comme la muse de l'amphigouri? Celle-ci : ne pouvant rien obtenir des femmes, je me
vengeais en les attaquant. Elle n'oubliait qu'un petit détail. On
donnait, en effet, le même jour, un petit drame de Madame Rachilde qui ne m'avait pas déplu et dont j'avais dit du bien. Du
moment que j'égratignais parce qu'on m'avait évincé, si je
faisais des compliments.... On en a bien ri au Mercure.
Madame Aurel prétend aussi que si je parle si souvent de sa
personne, c'est par dépit de n'être jamais invité chez elle.
Là, c'est ma vanité qui est en jeu. On a un salon, oo ne m'invite pas, - moi qui ne vais nulle part! - donc, je critique.
De quoi se plaint-elle? Je ne manque pas une occasion de le
dire : elle est unique. Elle écrit comme personne n'a jamais
écrit. Elle a recréé la syntaxe et donné un sens nouveau ,à
tous les mots. Molière n'a pas peint une femme savante ni
une précieuse ridicule plus réussie. Elle sait très bien que malgré
ses livres, ses articles, ses réceptions, ses conférences et ses
notes à tous les journaux, elle est très peu connue. Je travaille
à sa réputation, en parlant d'elle ! Préférait-elle que je me
moque d'elle, comme fout certaines gens qui passent leur temps
à lui donner des surnoms, dont le dernier : La Femme à bardes,
pour sa ménagerie de poètes, est peut-être le meilleur? Enfin,
dernier exemple, dans un portrait d'ailleurs merveilleusement
fait sinon exact, te· directeur d'une jeune revue a exprimé
récemment cette opinion que pour persifler ainsi sans cesse je
devais êt,e diminué dans mon être physique. Bossu, probablement? li est vrai qu'au lieu d'une diminution, ce serait
plutôt là une augmentation. Tous ces gens sont bien drôles. On
pe peut écrire, à les entendre, sans arrière-pensée : ressentiment ou intérêt. Je ne serais donc pas étonné, devant le
bien que je dis aujourd'hui de M. Henri Duvemois, qu'on

CHRONIQUE DRAMATIQUE

me suppose un calcul intéressé au moins littérairement. Que
M. Henri Duvernois, lui tout au moins, se rassure. Je n'ai
rien à lui demander. Je ne songe pas du tout qu'il est un des
directeurs des Œuvres libres et je ne le flatte pas en vue de lui
porter un manuscrit. Je n'ai pas de manuscrit. J'ai dit que je
suis changeant dans mon travail et qu'il suffit que j'aie à écrire
une chose pour m'intéresser bien plus à une autre. J'ajoute à
cela de manquer complètement de patience et d'assiduité . Un
roman ! même une simple nouvelle l J'admire les oens qui
écrivent de ces choses. J'admire encore plus ceux qut'peuvent
passer un an ou deux à écrire un livre de deux ou trois cents
pages. Comment font-ils ? Comment peuvent-ils s'intéresser
pendant si longtemps au même sujet ? n'en être pas fatjgués,
lassés, distraits? Certe,S, j'aime écrire. Je crois même que je
n'aime que cela au monde, - avec le plaisir de ne rien faire,
de rêver, seul, silencieux, assis dans un bon fauteuil. Mais quoi
qu~ j'écrive, et si fort que cel:l me plaise, quand j'ai atteint
quinze pages de mon écriture, qui équivalent à peu près à quinze
~~es d_e cette revue, il ne faut pas m'en demander plus que
J aie fi01 ou non . Mon entrain est à bout, j'ai déjà commencé à
penser à autre chose, l'intérêt est épuisé pour moi, j'ai besoin
de changer, et plutôt que de poursuivre si je n'ai pas fini, je
tourne court, je termine au petit bonheur, laissant au lecteur
si j'en ai un, le soin de s'imaginer à sa guise ce qui aurait d~
suivre. Je n'ai donc rien à proposer à M. Henri Duvernois.
P~urquoi j'ai parlé de foi comme je l'ai fait plus haut? Mon
Dieu ! c'est bien simple. C'est pour la même raison que tout ce
· que j'écris. Je connais, pour avoir vu ses manuscrits et ses
épreuves, la façon d'écrire qu'avait Paul Adam, et, je Je disais
de son vivant, je Je tiens pour un sot littéraire, ampoulé,
fumeux et illisible. Je lisais, ces jours-ci, sur son compte des
articles dithyrambiques qui me faisaient bien rire. Cet ho~1me
qui demandait, au début de la guerre, qu'on formât une légion
de tous les civils décorés de la Légion d'honneur ! On mesure
la _nia:serie_ d'un homme, à une telle idée. Il m'arrive quelquef~1~ d ouvnr les romans de M. Paul Bourget, petits, prétentieux,
mais. On n'est pas plus comique par le sérieux guindé et l'air
grand monde que ce penseur et ce moraliste. J'ai horreur de
Flaubert, que je ne puis lire, qui me fait pitié pour son artisterie

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de style, sa rhétorique déclamatoire, et je le tiens sur ~e point
pour le contraire Ju vé rit.,ble écrivain. C'est de llll, aprt!s
Jean-Jacques et Chateaubriand, que nous vient toute la mauvaise littérature d'aujourd'hui. Que sont-ils, eux et bien d'autres,
à côté de !'écrivain admirable comme sensibilité, intelligence
supérieure, spontanéité de l'expression, liberté morale la plus
complète que je ne nommerai pas et qui m'a donné de si vifs
plaisir que je voudrais être seul à le connaître ? Il m'arrive de
dire et d'écrire ces choses, comme j'en dis et écris bien
d'autres. Pourquoi ? Par plaisir, d'abord, c'est le premier
point et le plus important pour moi. Ensuite, parce que je le
pense. Et je me retiens d'ajouter : parce que c'est vrai. Je me
moque bien, après cela, de ce qu'on peut dire de moi, en bien
ou en mal. Je profite de l'occasion pour l'apprendre à ces messieurs et dames qui me prêtent de si jolis mobiles pour les
petites choses que j'écris. Je n'ai qu'un nuage à mon ciel,
c'est que je ,·oudrais bien avoir du talent et que, souvent, je
ne m'en trouve guère.
Mais je reviens à la Jacqueline de M. Sacha Guitry. Je vous
ai parlé du grand talent de M. Henri Duvernois. L'idée maitresse de la pièce lui revient, puisqu'elle n'est que la mise à la
scène de sa nouvelle. Pourtant lisez Murie la bite ... et allez
voir Jacqueli11e. Vous verrez le merveilleux travail dramatique
de M. Sacha Guitry et si les gens qui le jugent seulement sur
ses côtés d'amuseur sont dans le vrai. Ce n'est pas trop dire
qu'il a encore augmenté les mérites et l'intérêt de la nou,·elle.
Si rare est le fait, les œuvres littéraires portées à la scène s'en
trouvant généralement diminuées, qu'il vaut d'être signalé.
M. Sacha Guitry a resserré, condensé, écrit un dialogue extrêmement plein et bref et atteint par là à une force d'impression
étonnante. Par exemple, ie personnage de Jacqueline oe paraît
pas. C'est un personnage dont il est seulement question dans la
pièce, dont parlent les autres personnages, rien de plus. Mais
la manière dont ils en parlent est si vivante si pénétrante, que
pendant toute la partie du premier acte qu'il est question d'elle,
jusqu'au moment qu'on apprend qu'elle est morte, on s'atte.od à
la voir entrer en scène er prendre part à l'action comme les
.1utres. Même les modifications, les changements qu'a apportés
M. Sacha Guitry ont servi l'intér!t de la pièce. Un des persoo-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

nages, Vinceloo, dans la nouvelle de M. Henri Duvernois, est
employé de ministère. Dans Jacquûine, il est peintre. Etant
peintre, il parle de son art. J'en appelle à ceux qui l'ont
entendu. Il n'est pas de mots plus délicieux, plus sensibles, plus
vrais, d'un artiste sur son art, avec ses scrupules, ses hésitations,
ses doutes, ses illusions et la distance qui sépare -la réalisation
de la conception. Ce changement a fourn.i eo outre à M. Sacha
~uitry un élément très dramatique, quand Je mari de Jacqueline devant son portrait, œuvre de Vincelon, étrangle, pour
la veuger, la femme qui l'a tuée . Sans doute, cette fin de la
pièce, - la même que dans la nouvelle, - peut sembler un
peu mélodramatique. Sans doute aussi, le personnage principal, après le changement qui s'est fait en lui depuis la mort de
Jacqueline et sous l'effet des réflexions qu'il a faites sur ses torts
de mari, peut sembler manquer à ses sentiments de pardon en
tua~t ainsi à son tour. Mais on peut répondre à cela que, brutal
et noient foncièrement, le changement n'a pas pu modifier bien
pr~fondément son caractère, et que celui-ci réveill~ par le ch:1gnn et la provocation, il est revenu tout à coup à sa vraie
nature. Ce sont d'ailleurs là des détails sans importance dans
cette œuvre pleine des sentiments les plus vrais et les plus touchants, exprimés dans ur, style admirable de brièveté et de simplicité, et dont la force d'impression sur le spectateur est très
~ode, sans rien qui sorte de la vraisemblance. L'interprétation est hors de pair, avec M. Lucien Guitry, M. Berthier et
Madame Yvonne Printemps, à qui je finirai par trouver encore
plus de talent dans les rôles difficiles que dans les petits rôles
simplement amusants.
J'en suis désolé pour M. Paul Fort, mais j'ai rarement vu
une pièce plus ennuyeuse ~ue son Louis XI, pourtant o; curieux
homme .11. On se demande en vain la signification de ces tableaux
s~ns lien entre eux. On se demande même, car c'est, pour partie, de l'histoire de France, et si loin de nous qu'on l'a tout à
fait oubliée, ce que sont, par rapport les uns aux autres, chacun
de ces personnages qu'on entend discourir. C'est aussi de la
poésie, parait-il ? Je ne l'ai vue, pour ma part, cette poésie, à
aucun endroit de la pièce. Tout cela m'a paru verbeu..'\, terne,
déclamat~ire inutilement, et incohérent. La , 1érité manque, et
la fantaisie est médiocre. j'ai lu dans quelques journaux des

�LA

OUVELLB REVUE FRA ÇAISB

-éloges attendrissants sur une certaine petite ballade délicieuse
du Petit Louis XI qu'un acteur dit au premier tableau. J'ai bi n ·
vu un acteur qui avait l'air de réciter quelque chose à des comparses assemblés autour de lui mai il se tortillait si bien en
récitant, sans doute pour se mettre d'accord avec le maniérisme
de son texte, que je n'en ai pas entendu une s llabe. Il faut
attendre toute une soirée, c'est long ! le sixième et dernier
tableau de cette pièce pour voir et entendre quelque chose qui
semble enfin avoir un peu de sen . Encore est-il joué le plus
-déplorablement du monde, comme beaucoup d'autres parties de
l'œuvre . Je ne me doutais pas que M. Duard, que je rencontre
souvent et qui a l'air si simple, pouvait être à ce point un comédien déclamatoire, emphatique et puéril, et d'un vieux jeu à
rend re jaloux M. Raphaël Dufl.os lui-même. Je connais M. Dauvillier depuis longtemps et je ne me suis pas étonné de le voir
ridicule uae fois de plus. On ne peut d'ailleurs retenir de toute
l'interprétation que M. Chambreuil, un comédien de grand
1alent et qui a été, comme à son habitude, remarquable dans un
rôle, - mauvais, - de duc de Bourgogne dont je ne sais guère,
je l'avoue, et je ne chercherai pas à le savoir, ni l'importance et
le rôle exact dans la pièce, oi ce qu'il est par rapport aux autres
personnages. Louis Xl curieux homme, sons le rapport des décors
et des costumes, a été monté à l'Odéon fastueusement. Pour
parler comme Shakespeare, qui n'a rien à voir dans cette affaire,
c'est là beaucoup de bruit pour rien.
M. François Fonson, l'auteur dramatique belge, dont on a
joué plusieurs pièces avec grand succès, a donné au Théâtre des
Arts, en collaboration avec M. Jean Kolb, une nouveauté :
Le Cominde Valparaiso . Le premier acte est charmant de bonhomie, de finesse, d'observation, avec le ton comique le plus juste.
La suite est malheureusement insignifiante, dans son assemblage
de lieux communs dramatiques.
Aux Variétés, La Revue des Variétds, de MM. Rip et Régis
Gignoux, a des parties amusantes, comme toutes les revues. On
y voit M. Signoret, qui est un fantaisiste de grand style . Une
scène nous montre La Fontaine, revenu au milieu de nous, et
ayant refait ses fables selon la morale de notre époque. Auquel
&lt;ies deux auteurs appartient cela ? Je veux dire lequel des deux

9I

-CHRONIQUE DRAMATIQUE

l'a trouvé et écrit? li y a là autant d'esprit que de finesse dans la
satire légère .
Je ne suis pas très fort en fait de Cubistes et de Dadaïstes.
Ce qu'ils font est fort loin de mes go1;1ts, je ne saurais rien en
dire de précis et je ne sais même par trop si je ne les confond
pas les uns avec les autre.s. Je lis cependant quelquefois les
feuilles que ces messieurs publient et J'y trouve souvent des
.choses qui ne me déplaisent pas, hardies, originales, quelquefois même pleines de bon sens. Vous penserez comme
moi, j'en suis sûr, en lisant ces quelques pensées ou aphorismes, comme vous voudrez, que j'ai relevés au cours de mes
lectures.
Ceci, de M. Erik Satie : o: Toute ma jeunesse on me disait :
Vous verrez, quand vousaurez cinquante ans. J'ai cinqu:lnte ans.
Je n'ai rien vu. »
Ceci, de je ne sais qui: o: Si vous voulez avoir des idées propres, changez-en comme de chemises . .,,•
Ceci encore, également de je ne sais qui : o: Les hommes couverts de croix font penser à un cimetière . .,,
Bien des gens qui disent pis que pendre des Cubistes et des
Dadaïstes n'ont rien écrit qui vaille uae seule de ces petites
-choses. J'ai tenu à vous les faire connaître pour mettre un peu
.d'esprit dans cette chronique .
!dAUlUCE BOIS

RD

�NOTES

NOTES

LITTÉRATURE GÉNÉRALE
LES PROPOS D'ANATOLE FRA CE, par Pattl Gsell
(Grasset).
Il n'est personne, en France et à l'étranger, qui n'ait reconnu
que le prix Nobel a été décerné cette année au plus grand écrivain français d'aujourd'hui. M. Anatole France est entouré
d'une vénération à laquelle les Propos que publie M. Gsell
n'ajouteront pas grand'chose. Il y a moins à glaner dans c~s
entretiens que dans ceux que le même auteur nous rapportait
de Rodin; les matinées de la villa Saïd ne laissent pas beaucoup
plus de matière aux: Eckermann bénévoles_ qu'aut~efois les
dîners Magny. A moins que M. Gsell ne soit un p10c~:sansrire ... Alphonse Allais écrivait parfois des A la mamere de
Sarcey, que nous rappellent curieusement tels propos de
M. Bergeret :
Si les Bretons compreoaieot notre langue je crois qu'ils acce~teraient facilement le collectivisme. Ils y sont préparés par la pratique
des biens communaux, qui sont nombreux chez eux, comme dans
tous les pays pauvres... Par malheur nous n'avons pas d'orateurs
sachant leur patois.
L'alcoolisme aussi leur est funeste .
Ce qui est certain, c'est que durant mon dernier séjour à Quiberon ils m'ont paru fort arriérés.
n'appliquent aucune des nouvelles méthodes de pêche. C'est
au petit bonheur qu'ils vont à la rencontre du poisson.
Ce qui m'a confirmé dans mon jugement défavorable sur leur
intelligence, c'est une conversation que j'ai saisie entre deux Bretoooes.

Ils

J'arrête ma citation, car ici M. Bergeret retrouve. un charmant sourire, et cette couversation l'induit en des Jugements

93

de haute philosophie sur l'amour. Nous mettrous donc le livre
de M. Gsell non à côté du Journal des Gonco1Jrt, mais tout près
des Mémorables de Xénophon et des Vies de Diogène Laërce.
L'un et l'autre sont sévèrement jugés à cause de !'insignifiance (?) des propos qu'ils nous rapportent l'un de Socrate et
l'autre de Diogène le Cynique. Excellente raison pour croire que
ces propos sont vrais. Les entretiens de M. Bergeret, s'ils eussent
été recueillis par M. Goubio, eussent comporté fort peu de
substantifique moelle. Il fallait Platon à Socrate et M. France à
M. Bergeret.
ALBERT THJBAODET

*

* *

LE PASSAGE DE L'AIS E,
Cahiers Vens, Grasset).

par Emile Clermont.

(Les

Je me demande si M. Daniel Halévy en publiant ce cinquième

Cahier Vert s'est rendu compte de l'arme qu'il pourrait devenir
entre les mains d'antimilitaristes intelligents. Jamais encore acte
d'accusation plus écrasant n'avait été dressé contre l'impéritie
et la sottise du commandement français de 1914 que ce récit,
rédigé sur l'ordre de son colonel par le sergent (ou le sous-lieutenant) Emile Clermont, du passage de l'Aisne et des combats
soutenus sur le plateau de Nouvron par le 238e d'infanterie,
entre le 13 et le 21 septembre 1914.
Les « directives » données à Oermont par son chef de corps
sont évidentes dès les premières pages : mettre en valeur la conduite du régiment et de. son commandant au cours de ces dures
journées, et aussi rejeter sur le Général de Division toute laresponsabilité des lourdes pertes subies par le 2 38...
Fain: traverser l'Aisne en plein jour à tout un régiment, sous
les vues et le canon de l'ennemi, sans nécessité pressante, au
lieu d'attendre la nuit ; emprunter à un colonel une compagnie
sans lui dire ce qu'on en veut faire ; enlever les trois-quarts de
sa troupe à un capitaine qui part à la contre-attaque sans même
Yen prévenir, voilà de quoi convaincre en elfet ce général d'incapacité notoire et d'affolement caractérisé.
Mais que dire de la façon de manœuvrer du chef de corps,
des chefs de bataillon et de compagnie dont Clermont a mission
de chanter les louanges ? Que dire de ce chef de corps qui, à
proximité de l'ennemi, au lieu de largement articuler ses troupes,

�94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISlr

traine après soi eo un seul bloc tout son régiment, le rassembleen masse aux. endroits les plus propres à attirer les obus (une
ferme occupée par des batteries françaises en action, un parc de
château, etc ... ). Et la manière dont les compagnies marchent all
combat a de quoi scandaliser le plus jeunet des petits aspirantsde 1918. Et l'entassement des effectifs dans les tranchées à raison d'un homme par cinquante centimètres courant I Et le
mépris de toutes les règles du service de st1reté en station qui
prescrivait une ligne de surveillance nettement différenciée dela ligne de résistance !
Je ne crois pas qu'uu seul vétéran de l'armée Maunoury et de
l'année Franchet d'Espérey, qui bordaieut l'Aisne en septembre t 4, puisse lire les pages de .Clermont sans revivre tous
ses accablements et toutes ses colères d'alors devant les boucheries inutiles qui se succédaient.
Le Passage de l'Aisne a un autre intérêt, intérêt de premier
ordre pour l'historien qui fut en son temps soldat. C'est, à rua
connaissance, le seul récit organique, cohérent et complet d'un
combat de 1914. li est l'œuvre d'un universitaire rompu aux
disciplines de l'histoire, d'un romancier et d'un psychologue de
grande classe, et enfin d'un acteur. Ce récit est-il vraiment complet est-il seulement exact ? Aucun combattant sincèr.! ne l'admettra. Cet échec d'un Clermont a une importance énorme, car
il semble bien qu'on puisse en conclure l'impossibilité d'écrire
des récits de batailles. On analyse, on étudie un combat, -on ne
le raconte pas.
Emile Clermont a, pour composer son récit, apparemment
utilisé plusieurs sources très différentes : d'abord sa mémoire et
son carnet de route ; en second lieu, le carnet d'ordres reçus et
donnés par son chef de corps, le journal de marche du régiment,
les situations-rapports, peut-être quelques comptes-rendus de
chefs de bataiHon, de compagnie ou de section, des motifs de
citation ; en troisième et dernier lieu, les témoignages oraux
et peut-être écrits de soldats et d'officiers ayant pris part aux
combats. Il avait donc puisé à toutes les meilleures sources et
aux seules directes. Et cependant son récit n'est pas véridique.
C'est que le combat est un agglomérat d'infioiment petits.
qu'on reste impuissant à dénombrer. La mort d'un agent de
liaison suffit à entrainer un désa'stre ou une victoire. Oermont

NOTES

95

le s~i~ : aussi son récit ab~nde-t-il en traits relatifs aux agents.
de ha1son. Sans doute est-11 complet sur ce chapitre, et c'est le
seul où il soit loisible de l'être, car les avatars des porteurs d'ordre, qui circule!.lt d'un échelon de commandement à un autre.
sont toujours connus et gardés aux archives.
·
Mais sur l'évolution et l'issue du combat combien d'autres« infiniment petits » influent autant que les porteurs d'ordres t
Et ce sont p~écisément ceux-là qui sont au cœur du combat, qui
forment le tissu même du combat et qu'on ne peut atteindre.
On ne peut les atteindre pour toutes sortes de raisons : parfois-.
parce que les acteurs sont morts; parfois parce que les comptesrendus sont truqués, souvent parce que les acteurs eux-mêmes
o~t accompli sans s'en apercevoir un acte décisif.
Il faudrait des pages pour démontrer l'invraisemblance de
bien des détails du combat du 20 septembre tel que le rapporte
Clermont. Con.statons simplement qu'on y use de la baïonnetted'une façon bien continue et qu'on y agit avec une continuité
surprenante, alors que les hôpitaux ont soigné un nombre insignifiant de blessures par arme blanche et qu'un combat se
compose surtout pour la troupe d'interminables attentes.
La narration d'Emile Clermont n'en est pas moins de premier
~rdre. Pour chaque phase, il définit les quatre éléments essentiels,.: le terrai_n, l'état-major, les officiers de troupe, les soldats.
Et s t1 ne parY1ent pas à conter le combat, il en fournit l'atmosphère. So~ Passage de l'Aisne est un document psychologique
d'une vérité totale sur l'état d'âme des chefs et de la troupe après.
la Marne.
Quant au style, il est parfait de implicité, de netteté et d'aisance. Son grand air de ressemblance avec celui des Mémoires
de Marbot surprend : il serait curieux de savoir si Clermont a
pratiqué Marbot avant de rédiger son récit, ou bien s'il n'y a la
que rencontre fortuite.
BE 'JAMJN cRf.:MtEUX

"'

* *

... MAIS L'ART EST DIFFICILE (IIe série), par Jar.ques
Boulenger (Plon- ourrit).
.«-. Comme une fable est plus inttressante que sa morale, en
cntique les considérants sont plus intéressants que la sentence »
déclare M. Jacques Boulenger dans sa préface, page xu. Décla~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ration assei décourageante puisqu'il ne la formule qu'après
.avoir proclamé l'impuissance scientifique, dogmatique et historique de la critique. Empirisme et im?ressi~nnisme, voilà,
selon lui, son seul lot, et le goût, son umque pierre de touche.
S'il fallait donner un sous-titre à l'ounage de M. Boulenger,
on choisirait donc volontiers celui de "Considérations critiques»
plutôt que celui de « Jugements critiques ». Ce n'est pas que
M. Boulenger craigne de conclure ou d'afficher pr~férences et
antipathies, mais c'est qu'il a avant tout le souci de mettre
en équation chaque problème et d'en examiner to~tes. les s~luti'oos possibles, et non point seulement celle qui lm parait la
meilleure ou la plus élégante. (D'où parfois un manque de
,concision, mais peut-être inévitable.)
C'est, dans chacune de ses études, à une discussion loyale,
nourrie, d'une entière bonne foi que M. Boulenger nous convie.
Il fournit en faveur de \'écrivain qu'il n'aime pas et que nous
chérissons des arguments auxquels nous n'avions pas songé, et
inversement, il signale chez celui qu'il aime des faiblesses qu_e
nous, qui ne l'aimons point, n'avio~s pas aperçue~. _Ja~a1s
chez lui ne se rencontrent cette malve, !lance, ce mépns a peine
déauisé ou cette rosserie qui nous gâtent certaines pages critiq~es de Lemaitre et même de France. L'ironie en critique est
une arme déloyale.
Le second mérite de M. Boulenger, dont la culture a de profondes racines dans le passé national, est de situer les œuvres
qu'il étudie dans une tradition, d'en démêler les ,te~a~ts .et
aboutissants. Façon polie de montrer le manque d ongmaltté
de la plupart, sans doute, mais plus encore souci de mon~rer la
continuité de toutes les belles traditions littéraires françaises et
ôe combattre ceux qui prétendent ne conserver qu'une ou
oeux ou trois de ces traditions et condamner les autres sans
appel.
,
Un troisième mérite de M. Boulenger, c est le courage avec
lequel il affronte les grandes discussio~s « de base», si l'on
peut dire: problème du style, steodbahsme, dandysme, naturalisme, etc ... li s'y mootre' excellent.
.
.
M. Boulenger a bien fait de préciser ses préférences httératres
et de dérouler tout au long ses théories sur l'art d'écrire. On
souhaite à présent lui voir appliquer sa lucidité, sa finesse et

.

NOTES

97

son art dialectique à des sujets moins fi: de tout repos "•
à l'étude d'œuvres et d'hommes nouveaux. Débrouiller le chaos
actuel de la littéràture, et, parmi les grands talents qui se font
jour, discerner les stériles et les féconds, voilà une tâche digne
de M. Boulenger.
BENJAMIN CRÉMIEUX

•••

VIES IMAGI AIRES, par Marcel Scbwob (Crès).
]'aime que Marcel Schwob écrive : « L'Art ne désire que
l'unique » . La vie d'un héros me touche davantage si j'en connais un détail singulier plutôt que les grands événements qui la
composent. L'attitude de Jeanne d'Arc sur le bûcher, celle de
apoléon à Sainte-Hélène ne M'intéressent pas et je ne m'en
souviens plus, mais je n'ai pas oublié que « Scaliger frémissait
à l'aspect du cresson » quoique je ne sache plus aujourd'hui où
j'ai pu lire cette belle phrase. Je sais que l'assassin Burger ôta
son chapeau devant les restes de sa victime enterrés au pied
d'un arbre du bois de Clamart et je ne me rappelle pas sans
intérêt qu'un oncle de mon père rechercha le mouvement perpétuel.
L'œuvre de Marcel Schwob n'est pas une annexe du Musée
Grévin. Empédocle, Crates, Paolo Uccello, le Capitaine Kid,
ces mannequins ne sont pas morts et nous les voyons aux prises avec les difficultés de la vie. Une biographie de Marcel
Schwob possède pour moi les mêmes qualités d'évocation qu'un
bai-kai d'un poète japonais ou d'un poète français, Jean Paulhan, Paul Eluard. Ce livre procure une volupté de l'esprit qui,
pour être solitaire et un peu artificielle, n'en est pas moins
douce.
GEORGES GABORY

LA POÉSIE
ADONIS, par ]ea11 de La Fontaine, avec une introduction
de Paul Valéry (Au Masque d'or).
Sous le titre général de« Florilège Français », M. J. L. Vaudoyer se propose de publier des œuvres littéritires appartenant
aux quatre derniers siècles, chacune d'elles étant accompagnée
d'un essai dô à la plume d'un écrivain contemporain. Le premier volume de cette collection est !'Adonis de La Fontaine, au
7

�98

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

NOTES

99

sujet duquel M. Paul Valéry a écrit quelque trente pages d'une
prose délicieuse, parfaitement digne des beaux vers qui viennent ensuite. Avant d'aborder le commentaire d'Adonis, l'auteur du Cimetibe marin définit la condition du véritable poète,
laquelle ne saurait être l'état de r!ve.

&lt;&gt;bscure qui pâlit sur le papier, le public n'a jamais que le quart ou la
moitié de la poésie que nos poètes ont dans leur génie ; ils gardent
toujours, quoique ma.lgré eux, une bonne partie de leur secret. JJ

« Je n'y vois, écrit-il, que recherches volontaires, assouplissement
des pensées, consentement de l'âme à des gênes exquises, et le triomphe

placé. Au fond, avec mille nuances délicates, avec les images
les plus heureuses, et surtout l'accent émouvant de l'expérience
personnelle, M. Paul Valéry, dans la première partie de son
'1iscours ne dit guère autre chose que cela.
Il s'agit maintenant de déterminer le mode d'expression.
Malgré toutes les précautions oratoires et tout le soin qu'il
prend de ne pas heurter ceux qui réduisent les règles prosodi.ques « à l'observance des lois naturelles de l'âme et de l'ouïe»,
M. Valéry décide en faveur des règles anciennes. Son choix, à
œ qu'il parait, ne s'est pas fixé par caprice : ce fut mariage de
raison ; la passion n'est venue qu'après comme une grâce méritée. Nos pères estimaient fort, dit-on, de telles alliances, et
fondaient volontiers des espoirs sur les fruits d'aussi sages
amours. M. Valéry fait du reste la part belle à « la liberté ».
Elle est si séduisante, concède-t-il ; « elle l'est particulièrement
pour les poètes. » Au vrai, lajiberté prosodique flatte surtout
leur vanité, chacun étant assez enclins à faire « de son oreille et
de son cceur un diapason et une horloge universels ~, à ne
suivre d'autres lois que celles qu'il déduit de ses propres erre-ments.
Observons toutefois que l'anarchie prosodique a peu
d'adeptes déclarés. Tout poète se flatte d'obéir à des lois, des
lois faites à son usage, sur mesure, mais enfin des lois. Nul ne
se fait gloire d'être un fol ou un insouciant, tout de même
que les peintres, après avoir oublié, négligé ou rejeté toutes
les règles communes, s'évertuent à la recherche de nouvelles
.1litciplines !
Mais M. Valéry, s'adressant aux partisans de cette prétendue
liberté, ne songe qu'aux poètes. Avec une ironie secrète, qui a
bien du charme, il vise au point sensible et feint de s'intéresser
à leur gloire. e risquent-ils pas, en inventant une règle qui
leur soit personnelle, « d'!tre mal entendus, mal lus, mal déclamés » ? Aussi tâche-t-il à leur montrer l'avantage de l'ancienne
prosodie dont l'arbitraire, à son avis, n'est pas plus grand que

perpétuel du sacrifice. Celui qui veut écrire son rêve doit être infiniment éveillé..... Qui dit exactitude et style, invoque le contraire du
songe ; et qui les rencontre dans un ouvrage doit supposer dans son
auteur toute la peine et tout le temps qurtl lui fallut pour s'opposer à
la dissipation pennaneote des pensées. »
Cette juste remarque n'est pas seulement le résultat d'une spéculation critique : elle est encore le fruit de l'expérience de
M. Paul Valéry, dont l'ceuvre tout entière est une longue
méditation, pour~uivie tantôt dans la sérénité, tant6t dans l'angoisse, de ce qu'Edgar Poe appelait la f ttiese du poème. Sentir
n'est rien, pour l'artiste, sam la mémoire ; et le don poétique
est une spécialisation de la mémoire. « S'opposer à la dissipation des pensées .... dit M. Valéry, ... changer ce qui passe en ce
qui subsiste », et Montaigne : « Le travail est à l'accouchement
et non à la création. » C'est une vue de simple bon sens, et
Saint-Marc Girardin, qui se faisait gloire de cette humble vertu
intellectuelle pour laquelle les romantiques affichèrent un dédain
profond, a fort bien marqué « l'intervalle inconcevable »,
comme dit M. Valéry, qui sépare la conception de l'expression:
« Quand l'auteur est face à face avec son idée encore pure et vierge,
c'est alors vraiment qu'il jouit du commerce des dieux ; il n'a eu encore
ni les embarras ni les gênes de l'expression ... L: idée n'est pour lui
qu'une inspiration et qu'une émotion intime. Mais bientôt il veut
mettre au dehors ce qu'il a au dedans de lui-même ; il veut faire sortir
de son front cette minerve conçue dans son cerveau ... Alors commence
la lutte contre le style et contre 1es mots. Il veut exprimer son émotion
telle qu'elle est ; il ne le peut. Ce qui était si pur et si beau comme
inspiration encore indistincte et confuse, d'abord s'obscurcit comme
pensée, puis enfin, comme phrase, s'évanouit. Il avait du génie au fond
du cerveau ; sur le papier, il n'est plus qu'un sot ...
... Ainsi, par cette disproportion entre la pensée et le terme, entre
l'jmage qui brille, vraie et pure, dans le cerveau, et l'image terne et

Qu'on •euille bien excuser cette longue citation en faveur de

1a clarté dans laquelle le problème qui nous occupe se trouve

�100

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

celui du langage. Et M. Valéry de pousser son apologie du
vers régulier ; j'oserai dire qu'il la pousse trop loin et dans
une direction quelque peu hasardeuse. Cette loi « asse;: insensée, toujours dure, parfois atroce », est-il vrai qu'elle soit arbitraire à ce point ? Ou plutôt la prosodie de Malherbe n'est-clic
pas l'aboutissement logique d'une longue évolution conforme
au génie de la langue ? Voit-on que cette évolution ait été
marquée seulement par l'établissement de contraintes nouvelles ? Tout au contraire. Le langage poétique, au début du
xvn• siècle, est infiniment plus libre, moins gêné dans des
tourments artificiels que deux siècles auparavant. A la vérité,
les règles de la prosodie classique sont les vraies lois naturelles
de notre langue poétique, non pas sorties du cerveau d'un
législateur (Boileau lui-même n'a fait que rédiger le code du
meilleur usage poétique en son temps), mais découvertes
progressivement et adaptées aux changement:; de la langue
vulgaire. Leur fixité n'est qu'apparente et leurs exigences
mêmes n'ont rien d'inhumain. M. P:ml Valéry n'est pas de
cet avis : « Les exigences d'une stricte prosodie, écrit-il,
sont l'artifice qui confère au langage naturel les qualités d'une
matière résistante, étrangère à notre âme, et comme sourde
à nos désirs. Si elles n'étaient pas à demi-insensées, et qu'elles
n'excitassent pas notre révolte, elles seraient radicalement absurdes. »
Pourquoi donc ? Encore une fois, et M. Valéry lui-même le
note ailleurs, elles n'excitent que la révolte de l'orgueil, alors
qu'au contraire la raison et la sensibilité d'un vrai poète s'en
accommodent fort bien. Au xv• siècle, les rhétoriqueurs imaginèrent des obligations factices qui dans leur infinie complication
constituaient en effet la plus conventionnelle des disciplines,
celle-là même qui, beaucoup plus justement que la prosodie
traditionnelle, mériterait d'être comparée par M. Valéry aux
règles du jeu d'échecs. Encore faudrait-il démontrer que les
dites règles ue sont pas le fruit d'améliorations successives
apportées à un jeu plus rudimentaire, comme on a vu de nos
jours le bridge dériver du whist, puis le bridge primitif engendrer le bridge aux enchères, puis le bridge o: opposition », par
le bridge &lt;&lt; au plafond », en attendant quelque complication
nouvelle toujours possible, puisqu'il s'agit bien, en l'espèce, de

IOI

NOTES

constructions arbitraires 1 • A la vérité, le génie d'une langue
est une contrainte invisible plus générale, qui embrasse et
limite toutes les autres; quand l'imagination des législateurs
ou la présomption des poètes rebelles s'aventure au-delà, elle se
perd dans le néant des systèmes gratuits.
Mais sans doute M. Paul Valéry n'est-il pas, au fond, très
éloigné de cette manière de voir. S'il s'est efforcé de justifier la
prosodie traditionnelle par d'autres raisons que celles qu'on met
en avant d'habitude, c'est peut-être qu'il a craint, en prenant
ces dernières à son compte, de piquer trop mollement l'attention
des esprits prévenus en faveur de la nouveauté et qu'on ne convainct guère sans les déconcerter d'abord.
Ce qu'il avance touchant l'heureux effet d'une discipline
.acceptée nous remet en mémoire le vers de La Motte, que le
poète des Odes et du Serpent aurait mauvaise grâce à renier :
Dam Ta contraiflte rif!'o11re11se
01i l'esprit semble resserri,
Il acquiert cette force beurmse
Qui l'm:ve au plus baut degré.
Tel/$ datlS les canaux, pressée
Avec plus de force élancee,
L'onde s'tlève dans les airs ...

Certes, le poète qui suit la règle classique ne peut pas tout
dire, mais tout n'a pas besoin d'être dit et la plus stricte contrainte offre bien moins de dangers que la faculté de tout dire.
Nul ne saurait se flatter de nous rendre la sensation dans sa
fraîcheur originelle, de transporter la natu're telle quelle dans
une œuvre d'art, sans tomber dans un réalisme ou dans un
impressionnisme qui n'ont bientôt plus rien d'humain. La poésie, comme la peinture, est art d'imitation, et de même que le
plaisir de l'imitation est plus vif quand celle-ci est obtenue par
les moyens les plus imprévus, ainsi le plaisir d'une expression
.achevée est le plus délicat et surtout le plus durable. Vart
-suprême est justement de ressusciter dans l'esprit du lecteur
cette féerie intérieure de la conception q:.i'il faut bien renoncer
à projeter telle quelle sur le papier.
1 , _Encore_ les habiles au bridge sont-ils fondés à penser que leur jeu
fa von a aussi son génie propre.

�102

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

Aussi bien, quand M. Paul Valéry nous entraîne à sa suite
dans « l'arcane de la génération des poèmes », on ne saurait
souhaiter guide plus subtil ; et pour quic-0nque se plait à méditer sur« l'acte même des muses :., c'est un enchantement que
cette promenade au labyrinthe d'Apollon.
.
Ayant ainsi disposé le lecteur à mieux entendre le poème de
La Fontaine, M. P.aul Valéry en entreprend la lecture commentée. Ici aucune réserve n'est de mise ; il faut rendre les armes à
tant de sagacité dans la dilection, à tan.t de clairvoyance dans
l'amour. Voici une remarque qui avait déjà été faite, mais non
pas avec la même netteté : cr Dans les vers, tout ce qui est
nécessaire à dire est presque impossible à bien dire. ]) D'où la
nécessité d'écrire des vers plats. C'est à quoi se refusait Mallarmé, c'est à quoi M. Valéry lui-même ne se résigne qu'à son
corps défendant. Mais il y viendra. li y viendra parce qu'il a
quelque chose à dire, et qu'il nourrit des pensées complexes
qui veulent être expliquées, élucidées, encbaînées. C'est là qu'intervient l'art des transitions, le plus délicat de tous, selon Boileau, qui reprochait à La Bruyère d'en avoir éludé la difficulté ;
un art où La Fontaine excella, et dont il a donné maint exemple
étonnant dans ces Contes dont M. Paul Valéry fait trop bon marché. Pour aimer Adonis, faut-il mépriser la Courtisane amoureus~
et refuser d'admettre plusieurs genres de poésie, entre l'expression lyrique toute pure et le discours didactique ? M. Paul
Valéry trouve admirable« l'attaque 11 de la partie finale, la plainte
funèbre de Vénus. Jamais l'art des vers ne fut poussé plus loin.
Prile{-moi des soupirs , 4 i•ents, qui Sllr vos ailes
Portdtes à Vénus de si tristes 1WUvelles ...

De pareilles beautés d~courageraient d'écrire si l'on ne les
oubliait, ou si l'habitude n'en émoussait l'éclat. Mais cette transition pleine d'énergie et de grâce est d'autant plus frappante
que les précédentes étaient plus simples :

NOTES

103

en l'occurrence par quelque dépit secret de ce que La Fontaine

ne soit pas suffisamment sensible à ces torturés nobles et cruelles
qui sont pour le poète de la Jeune Parque le prix de sa fidélité
aux disciplines classiques.
Martyr docile, innocent "'rnfanmé
Dont la farvmr attise le mpplice,
tel nous apparaît M. Paul Valéry. La Fontaine porte plus
allègrement ses chaînes. Aussi ces deux captifs ressemblent-ils
à ceux de Michel-Ange, que l'auteur d'Adonis a dépeint ( dans
une lettre à sa femme) :
L'un toutefois de so,~ destin soopùe,
L'autre parait mi pe11 moins mutirié.
Henreux captifs ...
Oui, heureux captifs l et l'on conçoit que M. Paul Valéry ait,
malgré tout, préfé.ré son esclavage, quitte à en exagérer un peu
les rigueurs, à cette liberté dont il a vu d'autres poètes, ses
contemporains, tirer tan~ de vanité et si peu de bénéfice,
Sans doute, dans sa dévotion à la muse régulière, il entre
un grain de masochisme. Mais il sait bien etil laisse clairement
entendre, avec cette décence noble qui donne tant de prix à sa
pensée et à son verbe, qu'il a choisi la meilleure part.
ROGER ALLARD

LE ROMAN

BATOUALA, par René. Maran (Albin Michel).
Le Prix Goncourt vient d'être attribué à cet ouvrage. Les
membres de l'Académie ont eu quelque mal à se départager et
seule la voix du Président que les statuts déclarent prépondérante, a pu faire pencher la balance en sa faveur. La Cavaliffe
Elsa de notre collaborateur Pierre Mac Orlan et !'Epithalame de
Jacques Chardonne lui firent en effet longtemps contrepoids et
obtinrent tour à tour chacun cinq voix.

E,1fin pour diverti?- l'ennui qui le possède ...
ou encore cetle-ci :

n est temps de penser aux fimestes mommfs
Oil la triste Vé1111s doit quitter son a111a11t ...

que M. Valéry semble trouver trop prosaique, poussé peut-être

Batouala, nègre congolais, s'éveille dans sa case, s'étire, se
lève, se gratte, sort dans le brou1llud, rentre, fume sa pipe,
&lt;léjeune servi par Yassiguind ja, qui est l'une de ses neuf épouses,
cherche les chiques entre ses doigts de pieds, puis, vers midi,
monte sur la colline et invite à coups de tams-tams les popula-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS

rions environnantes à la prochaine fête de la circoncision.
Pendant son absence, arrive chez lui Bissibingui, le Don Juan
de la tribu. Il a déjà trompé Batouala avec huit de ses femmes.
Quant à Yassiguindja, la neuvième, elle n'attend que tt l'occasion favorable pour manifeskr à ce dernier la haine qu'elle a de
lui ». Mais Batouala est jaloux, contrairement aux autres
nègres.
Le possesseur habituel, nous apprend M. Maran, si on use de son
bien, il suffit qu'on le dédommage en poules, en cabris ou en pagnes
du préjudice causé. Et tout est pour le mieux.
Malheureusement, il fallait prévoir qu'il n'en serait pas de mème
avec Batouala. Jaloux, vindicatif et vio!eot, on pouvait étre sûr que,
malgré la coutume, il n'hésiterait pas à supprimer ceux qui passeraient
:sur ses terres. Yassiguindja ... était fixée sur ce point.
Pourquoi Batouala n'a-t-il pas sur ce point la même insouciance que les autres Congolais? M. Maran ne nous le dit pas.
Suit la descriptfon de la fête de la ganza ou circoncision.
.Fête obscène et volontiers sanglanter Le père de Batouala meurt
d'y-avoir bu trop de Pernod. On l'enterre selon les rites. Yassiguîndja accusée de l'avoir tué en lui jetant un sort propose à
Bissibingui de fuir avec lui. Bissibingui temporise jusqu'après
Ja saison des chasses. Il espère pendant une chasse tuer Batouala
d'un coup de sagaie. Batouala nourrit le même projet. Le feu
est mis à la brousse : la chassè bat plein ; une sagaie frôle le
corps de Bissibingui. C'est Batouala qui l'avait lancée. Une
panthère jaillit de la brous~e et ouvre d'un coup de patte le
ventre de Batouala qui en meurt huit jours plus tard. Yassiguiodja et Bissibingui se marieront.
Pendant les fêtes de la ganza et les préparatifs de la chasse,
les Noirs parlent entre eux des Blancs et se racontent des
légendes. Le récit est encadré de descriptions du pays Congolais.
Tel est, en cent cinquante petites pages, le « véritable roman
nègre» promis à la page de garde, la &lt;1 succession d'eaux-fortes»
qu'annonce la préface et où M. René Maran « a poussé la conscience objective jusqu'à supprimer des réflexions que l'on aurait
pu lui attribuer. »
Entre tous les sujets de a: véritables romans nègres 11 qui
s'offraient à lui : roman du clan primitif et de ses lunes intes-

NOTES

105

tines; roman des rapports entre Noirs et Blancs ; roman du
mulâtre ; roman du nègre instruit et civilisé; roman du fonctionnaire indigène, etc ... , M. Maran a choisi d'écrire le roman
psychologique du nègre encore sauvage, de noter le défilé des
pensées, images, désirs, sentiments dans son âme fruste. Il a
remarquablement réussi dans ses deux premiers chapitres, véritables monologues intérieurs de son héros. Mais il n'a pas eu
le même bonheur dans la suite de son récit.
Ce roman de la jalousie qui ressemble, quant au fond, à
n'importe quelle histoire d'apache ou de vendetta corse, pourquoi l'avoir traité si la jalousie est un sentiment exceptionnel
àez les nègres Congolais?
Mais ce sujet d'exception une fois admis, les détails de l'aventure, la logique sentimentale et le jeu d'idées des héros vont-ils
~tre typiquement nègres ? On attendait dans les palabres et les
dialogues des personnages quelque chose d'un peu semblable à
ce qu'on rencontrait par exemple dans les Hain-Tmy merinas
traduits par Jean Paulhan: des associations d'idées surprenantes,
cette navette continuelle entre le plan du fabuleux et celui du
réel, des procédés cérébraux et verbaux vraiment africains.
Onomatopées mises à part (il est vrai qu'elles foisonnent),
Batouala pense et discQurt de la façon la plus européenne qui
soit:
« Je ne me lasserai jamais de dire la méchanceté des blancs. Je leur
reproche surtout leur duplicité... Il y a une trentaine de lunes, notre
caoutchouc, on l'achetait encore à raison de trois francs le kilo. Sans
ombre d'explication, du jour au lendemain, la méme quantité de banga
ne nous a plus été payée que quinze sous. »

Et que dire de ce récit de la mort du chasseur Coquelin par
Bissiciogui :
Il fit un écart pour éviter l'énorme bête, l'évita, prit du champ,
épaula de nouveau son fusil, appuya sur la gâchette... Tac I un raté.

Et un peu plus loin :
Lorsqu'il reprit ses sens, mon Coquelin, toujours absolument seul,
se sentait faible, ah ! si faible ...
Ce " tac! un raté" et ce « faible, ah! si faible» ne sentent-ils
pas divantage la fréquentation de M. René Maizeroy que celle
de la brousse équatoriale.

�106

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il y a pourtant un grand souci d'exotisme dans ce livre: mai~
il se limite presque uniquement à l'emploi de vocables nègres.
Un lexique à la fin du volume ne serait pas inutile. Une phrase
comme celle-ci : « les sons discordants des balafons et de-s.
koundés s'unissaient au tam-tam des li'nghas » peut évoquer
une musique barbare. Mais un cliquetis -de syllabes incomprésibles, s'il peut suggérer quelques grossières images ituditives,
ne pourra en aucun cas suggérer d'images visuelles. « Ils
avaient quitté leur kagas, leur brousse, leurs patas-patas
boueux, n'en dit pas plus en vérité que« ils avaient quitté leur
brousse. " Et qu'est-cc qu'un ciel « couleur de latérite » ?
Imagine-t-on un auteur français situant un roman en Allemagne et écrivant : " Un Kalb se mit à meugler. Une Fliege
bourdonnait. Un Hund aboyait, etc ... » ? M. Maran écrit :
« Iébé, les m'balas, il n'est -plus temps de barrir J Vous, lu
voungbas, vous feriez bien de ne plus affouiller vos bauges,
d'un groin vorace !.. . Gogouas, enfuyez-vous en meuglant,.
etc ... »
Vent-on maintenant une idée du français tel que l'écrit
M. Maran?
Et d'avance des Européens que je viserai, je les sais si lâches que
je suis sûr que pas un n'osera me donner le plus léger d~mentL Si l'inintelligence caractérisait le nègre, il n'y aurait que fort peu
d'Européens. - Et produisent les arbres un frisselis de mille feuilles
mouillèes. » - « Un brusque mépris haussa ses épaules. - Trop
haut est le ciel dont semble l'azur incolore à force de lumière 1 Allez vers où des fumèes noirâtres n'annoncent pas que le feu dévore
la brousse. »

Par son style, Batoua/a est peut-être un « véritable roman
nègre 11.
_

*

* *
LES HOMMES ABANDONNÉS, par Geurtts Duhamel
(Mercure de France).
Avec ce dernier recueil de nouvelles, Georges Duhamel prend
décidément figure de Maupassant de l'unanimisme. Ceqne Maupassant :6.t pour l'estbétiqne de Croisset et de Médan, Duhamel
est en train de le réaliser pour l'esthétique de !'Abbaye : il la_
rend accessible au gr;md public; sans en rien renoncer, il sert

NOTES

107

d'intermédiaire entre le lecteur moyen et ses camarades d'École.
Après l'avoir lu, on peut aborder de plain-pied Puissances de
Paris ou Un Etre en marche de Jules Romains, et on goûte
mieux certaines œuvres « à côté :o de l'unanimisme, celles de
Pierre Hamp par exemple ou de Jean-Richard Bloch.
Cest que les récits de Duhamel ont la belle humeur, la franche carrure, l'allure entraînante, bref l'abord facile qui captive
et retient le public.
La sensibilité nuancée et volontiers généralisatrice, la bonhomie à la fois railleuse et attendrie, toute la grande camaraderie
humaine, tout l'optimisme quand même de Civilisation et de
Vie dts Martyrs se retrouvent dans les huit récits dont se composent Les bommes abandonnés, et l'on s'aperçoit une fois de plus
que le sens de la camaraderie est le fond même de l'unanimisme
de Duhamel, mais il y a, dans ce nouveau livre, un effort plu~
net pour représenter des groupes et analyser les rapports entre
collectivités et individus.
En sous-titre, Duhamel aurait pu écrire: « Huit exercices sur
des thèmes unanimistes. » Ces thèmes méritent qu'on les énumère et qu'on s'arrête un instant à les examiner. Premier
thème (Le Voiturier): étude de l'infb1ence occulte de la pensée du
groupe sur l'individu. Développement : un homme qui vit
honnête et paisible est, sans qu'il s'en doute, tenu pour un
assassin dans un village qu'il a habité autrefois ; cette opinion
collective est si forte 'qu'elle finit par faire de lui sans raison
aucune un meurtrier ; c'est une sorte d'envoütement social.
Deuxième thème qui est la contre-partie exacte du précédent
(No,welle Rencontre deSalfZllin) : étude de l'influence occuhc de la
pensée del'individu sur le groupe. Développement: u.n homme
souhaite si fort la mort d'un autre homme et l'amour d'une
femme que l'un et l'autre surviennent brusquement et sans raison apparente. Ces deux premiers thèmes relèvent d'un mysticisme unanimiste sans restriction. Aussi Duhamel a--t-il soin
de faire toutes ses réserves, dans le premier cas, sur le récit de
son Yuituri.er et dans le deuxième, de nous avertir que son héros
a simplement rêvé.
·
Troisième thème (On 11e saurait tout dire) : vie d'un groupe
d'amis dans une circonstance donnée.. Quatrième thème
(L'Epave): ,ie d'un groupe social - un village - dans une

�I 08

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

circonstance donnée. Cinquième thème (Origine et Prospérité
des Singes): naissance et développement d'une légende privée
de tout fondement historique.
Sixième thème (L'Expédition) : étude de la résistance d'un
groupe aux contingences, de sa capacité à vivre h vie qu'il
s'est prescdte sans que rien l'en détourne. Développement : un
juge de paix, un docteur et des étudiants en goguette ne se
laissent pas distraire de leur joie par un meurtre qui les oblige
pourtant à une descente de justice et à une autopsie; l"existence
du groupe joyeux ne se laisse entamer ni par les détails macabres, ni par le sort d'un malheureux, accusé à tort et à moitié
lynché par les paysans ; né pour boire et pour rire, le groupe
achève sa soirée en buvant et riant.
Septième thème (La Chambre de l'Horloge) : confrontation
d'un individu avec un groupe qui lui est totalement étranger,
dans l'espèce d'un enfant avec un asile de vieiUards. Huitième
thème (Le Bengali) : confrontation encore de deux indiYidus avec
une ville inconnue et avec les divertissements de cette ville qui
se changent pour eux en pitié et en tristesse, tant il est vrai
qu'on ne peut se divertir qu'à l'intérieur et selon les modes de
son propre groupe.
Que devient la réalité dans des récits systématisés de la
sorte ? Sauf peut-être dans la Chambre de l'Horloge ou le Bengali, elle est sinon absente, du moins tellement déformée qu'on
hésite à la reconnaître. Il n'y a pas la moindre vraisemblance
dans tous ces récits, ce sont des constructions arbitraires, nées
d'abstractions ce sont des recompositions du même ordre que
celles des peintres cubistes. Ou plut6t, pour ne pas sortir du
domaine de la littérature, disons que ce ne sont pas des histoires, maisdes légendes que nous conte Duhamel.
Le caractère légendaire, épique de la prose unanimiste n'a
pas encore été suffisamment mis en relief. C'est là une des mille
manières dont s'y prend le xxe siècle pour se libérer de la servitude historique que romantisme et naturalisme lui avaient imposée. On ne saurait tout dire est ~me épopée héroï-comique de
la même veine que le Lutrin de Boileau.
Que Duhamel, en traitant des sujets si spéciaux, ne heurte,
ni n'étonne, c'est ce qu'on s'expliquerait mal, si on ne remarquait qu'il a superposé des études de caractères à chacune de

NOTES

109

ses études unanimistes. Les premières font a,·aler la dure pilule
des secondes. Celui que rebuterait le fond d'Origine et Prospérité des Singes ne résiste pas à la verve étourdissante et aux histoires de l'extraordinaire docteur qui en fut un des héros. La
Chambre de l'Horloge n'est, si l'on veut, qu'ut1e émouvante histoire d'enfance. Le village de !'Epave lui-même rt'est pas présenté
eu bloc comme Cromedeyre-le-Vieil, mais habitant par habitant.
A l'intérieur du collectif, Duhamel prend toujours soin d'introduire des indh·idus capables à eux seuls de retenir l'intérêt.
Il faut encore tenir compte du ton employé par Duhamel pour
achever de comprendre pourquoi il ne choque aucune routine.
C'est le ton de i'observation clinique, l'énumération de symptômes, sans recherches étiologiques, ni diagnostic. Cette
absence de dogmatisme, ce merveilleux dans lequel il se meut
sans avoir l'air de s'en douter, tout cela empêche qu'on s'irrite
contre lui.
Tous ces personnages individuels ou collectifs vivent-ils
d'une vie complète et qui donne l'impression de la vie véritable? Evidemment non. L'emprise finit presque toujoùrs avec le
récit. C'est peut-être notre vision qui n'est pas encore au point.
C'est peut-être que des héros de légende ne peuvent vivre
l'existence minutieuse et ressemblante à crier, minute par
minute, des personnages de Marcel Proust.
BENJAMIN CRÉM!EU&gt;C

TERRE DE CHANAAN, par Louis Cbadourne (Albin
Michel).
Louis Chadourne nous conte l'histoire d'un rêveur qui selaisse prendre aux paroles dorées d'un aventurier, son camarade d'enfance, et qui, désabusé, revient finir ses jours sous.
l'heureuse médiocrité du toit paternel. Il s'agit, comme l'a dit
un autre trompeur, qui frappait des douros de cuivre, et même
de plomb, de « conquérir le fabuleux métal - Que Cinpango
mûrit dans ses mines lointaines. »
Nous avions plus de sympathie que de solides raisons pour
écouter la voix séductrice de Louis Chadourne et nous embarquer à la suite de ses héros, car l'auteur _du Maître du Navire,
par sa tournure d'esprit, était déjà enclin à décevoir et à désen-

�IIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

~hanter. Quant à celui de l'Inq,lièle Àdolescr-ice, il plaisait par
-des grâces ambiguës de Chérubin chez les Pères, qui faisaient
plutôt présager un élégiaque au cœur meurtri qu'un homme
d'action. Cependant, nous sommes sur le pont de la Mariq11ito,
et l'on nous égrène d'abord des souvenirs de jeunesse pour tuer
le temps et nous inspirer confiance. L'auteur excelle en ce
genre délicat, sa poésie o 'ayant pas encore drapé la robe virile.
Ensuite, nous faisons connaissance d'une troupe de saltimbanques, mais fort incomplètement d'une trapéziste, cette demoiselle Letcby qui semble appelée à jouer un rôle prépondérant,
qui parle du Nirvanâ comme M. Jules Bois, et qui doit mourir
à la fin du roman sans en avoir dit beaucoup plus, ni sans que
nous sachions si elle fut ou non la maîtresse de quelqu'un.
Quelle étrange hi toire !. . . Par cette queue ùe poisson, l'on
voit du moins que Mlle ou M1110 Letchy est une sirène. Enfin,
après une traversée où l'on s'étonne un peu trop des choses du
ciel et de la mer pour un second voyage au long cours (voir le
Maitre dr, Navire), nons nous demandons, dans cette ville de
Puèrto-Léon, si l'auteur va bientôt se décider à corser l'intrigue
et rassembler ses forces. Quand il en prend le parti, le roman
est trop avancé, le héros regrette sa province, et moi les feuilletons d'aventures écrits vers 18 50, où, sans paraitre, davantage
se soucier de la littérature descriptive, de la psychologie et de
la métaphysique, des écrivains oubliés répandaient à pleines
mains les dons véritables des conteurs, procédant par larges
tableaux, substituant l'action au récit, et laissant poliment au
lecteur le soin facile de déterminer le caractère des personnages d'après leurs actes. J'ajoute que ces écrivains avaient pour
le moins autant d'imagination que Walter Scott ou Dumas
père, et que c'est, hélas ! cette qu3lité maîtresse qui fait défaut
dans la Terre de Chanaan. Ce n'est pas à dire qu'elle manque à
Louis Cbadourne.
Est-ce donc qu'en essayant de nous exposer les avatars d'un
« aventurier malgré lui », jouet virevoltant du Hasard, Louis
Chadourne se soit fondu dans son héros : que la timidité, l'esprit critique, la sensibilité morbide et le désenchantement prématuré de celui-ci, l'aient em pêché, lui l'auteur, de concevoir
et d'amplifieT? Toujours contraint, ou prêt d'abréger pour
retourner plus tôt en Périgord , on croit l'entendre soupirer

...

NOTES

III

~'ftc Corbière : c Vais m'ffl aller! ... » Cette sorte de mimétisme
produit d'excellents effets dans un roman purement psychologique, où l'action tient peu de place, où le nombre des
personnages est restreint, où l'on suppose une grande part
d'autobiographie ; mais elle est une entrave au récit d'imagination, où l'auteur doit se multiplier et paraître brûler ses vaisseaux.
En vérité, le romancier était libre de s'attacher à la fausse
situation de son héros, de monter ce Jean Loubeyrac en épingle; mais je songe au parti dilférent qu'en aurait tiré Pierre Mac
Orlan, avec sa fantaisie et son comique amer. Si Jean Loubeyrac
est Chadouroe lui-même, je crain pour la sensible victime
que les sympathies ne se détournent et ne rallient l'entraîneur
Ca"és, qui incarne vraiment la Poésie et la Virilité ; qui voit,
dis-je, renaître ses illusions de leurs propres cendres, et qui
gome le mâle plaisir d'eocbaîner à sa suite des hordes d'illuminés. Dans un roman d'aventures, les faibles ont toujours
tort.
Enfin, l'économie de l'ouvrage me paratt bousculée, dans
cette troisième partie où l'auteur semble avoir pratiqué des
coupures. Il y a, en général, trop de descriptions littéraires, où
l' « atmosphère » aurait suffi, et trop de considérations philosophiques, même pour un familier de Montaigne . L'épigraphe
lapidaire en disait asse~ : Nous n'allons pas, on nom emporte ..•
Je songe, à mon tour, au vers d'Horace :
Cœlum, rnm a11imum m11tant, q11i trans mare wrrunt.

Le Pot au Noir, que l'on attend avec une curiosité qui honore
Louis Cbadourne, me démentira peut-être, mais je crois que. le
romancier avait trouvé sa voie d'analyste dans !'Inquiète Adolescence, et dans un curieux bors-d'œuvre du Maitre du Navire où
il est question du vice del' Homme, c'est-à-dire du masocbis,me.
FERNAND FLEURET

***

QUAND LA TERRE TREMBLA, par Clamle Anet

(Grasset).
Il Y a d'abord la révolution russe; puis la révolution dans le
cœur d'une belle jeune fille et d'un quadragénaire ardent. Ce

�112

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sont deux fables mêlées. Pour la première, l'auteur s'est documenté sur place ; la seconde est plus humaine, plus conventionnelle, moins russe. On y cherche en vain cette précieuse
folie que les Slaves répandent. Cette idylle sous la terreur, très
soigneusement composée, se tient à distance ·égale de la complainte romanesque et de la synthèse historique. A vrai dire,
Lénine (p~ 5I, un excellent instantané) et les dieux bokhevicks
n'apparaissent pas comme ayant très soif. Jusqu'au dénouement
le héros et l'héroïne peuvent aimer sans être de corvée au
balayage. Savinski n'est que tardivement arrêté, et pour atteinte
évidente à la sûreté de l'Etat. Mais l'amour est anti-social, et, à
ce titre, puni par l'âpre vertu de l'Institut Smolny. Une fois disparues « ces agitations qu'on appelle plaisirs », il ne reste plus
que l'histoire de la Russie, et nous attendons encore qu'on
nous conte véridiquement cette importante aventure.

* ••

PAUL MORAND

LES NOCTURNES, par Georges Imami (Grasset).
Le milieu des révolutionnaires russes - juifs pour la plupart - réfugiés à Genève pendant la guerre, celui des diplomates et des espions, intercommunicants, sont évoqués avec
une réelle puissance. Roman à clef peut-être, mais surtout
rpman d'aventures. La femme fatale et l'homme fatal dressés
en pied par Imann ne s'oublient pas.
li est dommage que le beau drame se change vers la page 200
en un mélo un peu vulgaire et qu'à la noble impartialité du
romancier succède je ne sais quelle frénésie chauvine et réactionnaire. D'un coup ses héros d'une psychologie si nuancée
jusque-là se transforment en pantins d'Ambigu : le Traître, la
Repentie, le Jeune Premier, etc ...
Ajoutons d'ailleurs que si, à partir de ce moment, le mérite
du livre nous paraît décroître, l'intérêt n'en est pas diminué l.:
moins du monde. On lira tout ce roman avec avidité.
Le gros défaut du livre, c'est sa forme. On peut êtrl! un bon
romancier sans fignoler son style. Mais trop souvent M. lmann
essaie de fignoler, il tombe alors dans la mauvaise littérature.
Je ne crois pas qu'il devienne jamais un « styliste». Il a assez
de dons précieux pour se passer de celui-là. Qu'il n'essaie pas

NOTES

de forcer son talent dans ce sens, et ce sera parfait, car c'est un
art aussi que de faire oublier au lecteur - et même au critique
- qu'on s'exprime avec des mots.
BENJAMIN CRÉMIEUX

LETTRES ÉTRANGÈRES
LE SIXIÈME CENTENAIRE DE DA TE : LE OPERE
DI DANTE, testo cririco (Bemporad, Florence). -LA
POESIA DI DANTE, par Benedetto Croce (Laterza, Bari). ODE JUBILAIRE POUR LE SIX-CENTIÈME A 1\11VERSAIRE DE LA MORT DE DANTE, par Paul
Claudel ( ouvelle Revue Française).
Le sixième centenaire de Dante ne se solderait que par un
eiicédent de discours et d'articles aussi éphémères les uns que
les autres si l'éditeur Bemporad de Florence n'avait en septembre publié le texte critique de toute l'œuvre dantesque,
complet en un volume et remarquablement imprimé. Faut-il
le dire? Les Italiens oe possèdent pas encore d'édition critique
-0e leur Altissimo Poeta. Ils vont en avoir une incessamment
par les soins de la Società Da11tesca, sub,;rentionnée par l'Etat
italien, et c'est le texte de cette grande édition critique, tel
.qu'il a été établi par des maîtres de premier ordre, que nous
offre Bemporad par anticipation. On oe pourra plus goùter
Dante désormais dans un texte autre que celui-là. Cette édition
est un beau titre de gloire pour la Faculté des Lettres de Florence où enseignent presque tous les érudits qui y ont collaboré. Pio Rajna, Ernesto-Giacomo Parodi, Ermeoeaildo Pistelli, et le bon conservateur de la Laurcntienne Rostagno,
gardien jaloux du manuscrit taché par Paul-Louis Courier et
-0es cahiers de Napoléon, ils ont tous mis la main:à la pâte et
le résultat fait le plus grand honneur à la science italienne.
C'est par de telles œuvres collectives qu'un pays trop souvent
méconnu s'impose au respect unjversel.
0o ne peut passer sous silence le livre de Benedetto Croce
sur la Poesia di Dante, bien que ce soit un de:souvrages les moins
réussis de l'illustre philosophe et critique napolitain et qu'il
sente un peu la hâte.
La thèse que soutient M. Croce est d'aiJleurs sans intér~t
8

�IJ4

LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISlt

pratique, puisque d'instinct la plupart _des étrange~s. qui lise~f
Dante se la sont appropriée. Ne voir dans la Divwe ComJme
qu'un certain nombre d'épisodes lyriques, reliés par de fastidieux récitatifs, négliger de parti-pris la construction du
poème, l'enchainement des pacties, l~ super_positio,n des a~léet ph1losoph1que, c est ne nen
gories , le contenu théoloO'ique
o
l .
ajouter à. la cooipréhension de D,mte et c'est peut-être m
retrancher 14~eJque chose,. On pouvait atteo.dre davantage de
M. Croce $ mais il $'est bo{né à. appliquer strictemen sa méthQde
qitlque, ~ conception- de !'art purement lyrique, qui o.e
sort pas renforcée de cette-cqnfroota ·on a:ec Dante.
.
Que la poésie catholique de Dante pU1$Se e,ncore être pmssamment ressentie et que fe grand poème chrétien soit encore
uu édifice sonde et non pas un ensemble d'e belles ruines
éparses, comme- le voudrait M. Croce, n suffit po~t s'en
convaincre d'e lire rOJe Jubilaire que vient de puhher Pau)

Chn.td'el.
Les futurs e:.tégètes de Claudel, après avoir fait dans son
génie poétique hl part des tragiques grecs et de . l'ExtrêmeOri.ent, auront à étudier l'influence de Dante sur lm. Influence
de première importance parce qu'elle n'est pas a~joncti~n,
mais concordance, on serait par moment tenté de d1rè : ré10camation. Claudel reconnaît en Dante ce qu'il y a de meilleur
e1t lui-même : la massivité de la pensée qui ne consent pas à
s'émietter dans l'analyse, la gaieté et l'ironie géantes, le
didactisme lyrique.
.
Dans l'Ode Jubilaire qui est du pur Claudel, 11 y a, malgré
tout comme un pastiche.dantesque. Quiconque connatt assez
bien' la Divine Comédie a par instant l'fmpression d'un simple
centon. Impression fausse, il n'y a presque-jamais réminiscence,
mais seulement parfaite similitude ou désir de rivaliser. Et Ja
grande strophe sur l'Italie (pp. 3 5-6-7) ne rivalis~t-elle pas
vraiment avec tel passage du Purgatoire ou du Paradis?
Regarde-la, cette coloonl! Italienne, comme un corps, cette terre

longue et resserrée dans le ~oleil...
Pas un mot de verbiage, l'explication la plus chargée de
sens du génie et du tourment dantesques, suspendus entre
terte et ciel, et, pour la première fois ch~ Claudel, l'idée de

:NOTES'

la grande co11aboration entre Phomme et Dieu, qui était le
fond du catholicisme de Péguy. Mais, chez Claudel, cette collaboration n'est qu'un don gratuit de Dieu à fhomme, une
association où l'un apporte tout et l'autre rien que sa bonne
volonté:
Qfland tÏ fit l'Homme à S01i imdge, c'était à Sun image de créateur.
Il a mis en chacun de nous un peu de son pouvoir animateur.
Pour terminer, il coovieat eo-6.o de citer le discours de
Maurice Barrès à la cérémonie de la Sorbonne,. publié par la
Revue Hebdomadaire, oiî Dante homme de lc!ttrcsétairingénieuse-mcnt analysé.
BENJAMIN CRÉMIEUX

.

* *

LA SPHÈRE ET LA CROIX, pur G. K. Chesterton,
traduction Charles Grolleau, (G. Crès et C,•).
Je n"ai pas à présenteF G. K. Chesterton au lecteur. éanmoins les divers ouvrages traduits qui o.ot fait connaître son
nom en France on.t plutôt déconcerté qu'éclaire ceux-là même
qui s'y sont plu. Chesterton nous livre la cief de son hum out
philosophique daos on ,olumt d'essais que nous promet
M. Charles Grolleau : Orthodoxy. Tant que nous ne la tiendrons
pas, nous aurons quelque mal à nous y récoooaître, à moins
pourtant de recourir aux précieuses érodes de Jean Florence,
d'André Chevrillon et de Joseph de Tonquédec. Le uomme
Jeudi, le Napoléon de Nothing-Hill, la Clairvoyance.du Père Broum,
romans d'aventures et de fantaisie, ne projettent que des lueurs
sur la doctrine chestertonienne et ils risquent par là de nous la
faire prendre en bloc pour le paradoxe un peu gros d'un esprit
jovial et fantasque qui a plaisir à égarer ceux qui l'écoutent, en
soulignant ses propres contradictions. Mais à défaut d' Orthodoxie, il est cependant un roman qui nous la donne presque « en
clair &gt;, presque liée, presque logique, c'est la Sphère et la Croix
dont j'ai à parler aujourd'hui. Roman idéologique, roman apologétique. Les aventures d'Evan Mac fan et de M. Turnbull(qui
cherchent en vain, durant trois cents pages, un propice terrain
de rencontre pour y vider, le fer en main, une querelle d'ordre
religieux) n'est pas autre chose que l'illustration cocasse d'une
idée symbolique qui fait le centre même des préoccupations de
Chc-sterton : l'opposition de la Sphère, représentant le monde

�II6

117

NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

$elon la science athée et de la Croix, représentant le monde selon
1a foi. Le professeur Lucifer a enlevé, on ne sait d'où,
dans son aéronef, l'ermite Michael ; comme ils discutent ferme
dans les nuages, l'appareil s'accroche à la croix qui couronne le
dôme de l'église Saint-Paul, à Londres et, à la faveur de cet accident, l'un va plaider pour la sphère, l'autre pour la croix. Ecoulez le premier :
Cc globe est raisonnable. Cette croix est déraisonnable. C'est uo
:mimai à quatre pattes dont l'une est phis longue que les autres. Le
globe est logique. La croix est arbitraire. Avant tout le globe est conséquent avec lui-mt!mc ; la croix est essentiellement et par-dessus tout
ennemie d'elle-rnéme. La croix est le conflit de deux lignes hostiles, de
deux directions inconciliables. Cette chose muette qui se dresse ici est
une collision, une rupture violente, une lutte dans la pierre ... Sa forme
même est une contradiction.
A quoi l'autre répond « avec sérénité » :

Ce que vous dites est parfaitt:ment vrai. Mais nous aimons h:s
contradictions, l'homme en est une ; c'est un animal dont la supériorité sur les autres animaux réside dans le fait qu'il est tombé. Cette
croix est comme vous le dites une éternelle .collision ; j'en suis une.
C'est une lutte de pierre ; toute forme de vie est une lutte dans la
chair. La forme de la croix est im.tionnelle, tout comme la forme de
l'animal humain est irrationnelle. Vous dites que la croit est un quadrupède avec un membre plus long que le reste du corps. Je cils que
l'homme est un quadrupède qui ne se sert que de deux pattes.
Et comme le professeur Lucifer objecte que « l'élément de
lutte et de contradiction» tient sa place, en effet, « à un certain degré de l'évolution, » que « la croix représente l'étape la
plus inférieure du développement et la sphère la plus élevée »,
que la croix est « l'arbre amer de l'histoir@ de l'homme », la
spbhc « le fruit môr et final » et que par conséquent la sphère
· doit couronner la croix comme le fruit couronne l'arbre et non
la croix la sphère, comme sur l'église Saint-Paul, l'ermite
Michael réplique par une boutade qu'il nous donne comme
décisive : « Essayez donc de placer la sphère en haut de la
croix et vous verrez se produire la conséquence logique de votre
plan logique : elle tombera. »
Voilà le thème posé par le prologue. Après quoi commencent
les aventures rocambolesques dw chrétien Mac Ian et de l'athée

Turnbull, les deux derniers hommes sur terre, ou tout au
moins dans le Royaume-Uni que le Seigneur - qui vomit les
tièdes-ait à juste titre épargnés; car seuls ilssontcapables, de
donner leur vie pour leurs convictions intimes, l'un pour son
athéisme scientifique - et pour la Sphère, l'autre pour la Très
Sainte Vierge que le premier a outragée - et pour la Croix.
Comment le romancier réussit à nous attacher à leurs pas, en
dosant les agréments dont son art multiple dispose, art de
conteur, de paysagiste, d'ironiste, de poète et d'apologiste, je
n'ai pas à le démontrer. Le fait est qu'on le suit et qu'on a plaisir à le suivre.
Mais le tout ne fait pas un tout, je veux dire une œuvred'art,
au sens où on l'entend chez nous. Progression à peine marquée, digressions inattendues, épisodes arbitraires qui pourraient
être plus nombreux - et moins aussi, sans grand dommage ici
ou là. De quoi on sent que l'auteur ne se soucie guère, appliquant
en somme sa théorie sur la liberté de l'artiste qui, contrairement au savant (voir Orthodoxy) peut à son gré faire mourir ou
revivre ses personnages, ressusciter Juliette, marier la nourrice
avec Roméo, en dépit de toute logique, de toute attente, de
toute préparation. Sans doute la composition n'est-elle pas pour
un anglo-saxon ce qu'elle est pour un français ; je ne suis pas
bien sùr que les Voyages de Gulliver soient beaucoup mieux
composés que la Spbëre el la Croix. (Mais, même chez nous, le
Pa11tagruel ?) La vérité, c'est que nous sommes en présence d'une
fonne d'art qui échappe aux formes de l'art, qui a la prétention
d'être tout ensemble un pamphlet, uo roman, un poème, un
discours. Dans son livre sur Chesterton, si riche en citations
judicieusement choisies, le R. P. de Tonquédec traduit pour
nous un passage significatif tiré d' Heretics.
Personne n'est assez sage, lisons-nous, pour devenir un gtand
artiste, sans l'être assez pour désirer être philosophe. Personne n'est
assez énergique pour réussir dans l'art, sans l'être assez pour désirer
dépasser l'art. Un gra,id artiste ne se cmitmle de rie11, si ce 11'est du I014t.
On peut exprimer cela si l'on veut, eo disant que pour trouver de la
Doctrine, il faut s'adresser aux grands artistes. Mais la psychologie du
sujet nous apprend que ce n'est pas ainsi qu'il faut poser la thèse. La
thèse vraie, c'est que pour trouver 1m art tant soit pe1i vivant et hardi•
1ious

.levon-s

11011s

adresser aux doctTinaires.

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Autrement dit, dans Chesterton, car il est évident que c'est
pour lui qu'il plaide, la. doctrine est le principal et il s'a.gira, par
tous les moyens, de l'infuser en l'âme du lecteur et de la diffuser aussi loin que possible. OrJbodoxy n'est pas pour tout le
monde ; ce sera le livre des gens sérieux. La Sphlre et la Croix
est pour tout le monde, véhicule-omnibus d'une vérité essentielle et urgente qui doit être abordable .à tous.
Revenons donc à cette vérité centrale. Elle s'exprime clairement à la p.age 120 du livre : indestructibilité du christianisme
- pratiquement parlant - _par celui que le romancier appelle
« le grand libre-penseur » pour le distinguer des petits ... l'auteur
des Propos d' A laùi par exemple.
Ce qu'il détruit (le grand libre-penseur) ... ce n'est pas le christianisme ... c'est le libre-penseur venu avant lui. La librc-pensee peut être
suggestive, elle peut être excitante, posséder autant qu'il vous plaira
ces mérites qui viennent de la vivacité et de la variété. Mais .il est une
qualité que la libre-pensée ne peut jamais revendiquer : la libre-pensée
ne peut jamais être un élément de progrés. Elle ne le peut pas parce
qu'elle n'accepte rien du passé ; elle recommence chaque fois au comm_encement et chaque fois s'en va dans une direction nouvelle. Tous
les philosophes rationalistes sont partis sur des routes différentes, si
ien qu'il est impossible de dire lequel a été le plus Joie. Non, -il n'y
a que deux choses qui progressent réellement ~ toutes les deu.x acceptent des att11trml11tions d'autoriJé... La première est la science strictement physique. La seconde est l'Eglise catholique ... Si ,•ous voulez un
~emple d'une chose ayant progressé dans le monde moral par la même
méthode que la science dans le monde matériel, par des additions constantes ne détruisant rien de ce qui a précédé, alors je dis qu'.il n'en est
qu'une. Et c'estNous.

Je ne suivrai pas Chesterton dans sa brillante et parfu~s captieuse discussion. Il dit ous, sans avoir peut-ê,tre lout à fait
le droit de le dire, n'ayant pas encore que je sache, fait
sa soumission à Rome. U a voué à la raison une haine
affreuse qui n'est pas pr~cisément ortbodm,-e. S'il n'engage pas
l'Eglise dans ses conclusions e~~mes, il la sert dt1 moins par
ses arguments. C'est un apologiste du dehors. fl garde ainsi,
p::ut-étre, les coud~es plus franches, mais risque, par ailleurs,
de verser dans ce qu'il déteste le plus, 1'hfo~sie. A force à'insister, après R. H. Benson, sur les« p~radoxes » du catholicisme il
s'expose à n'y voir plus rien que de paradoxal. - il nous faut Je

IIJ

~OTES

prendre pour ce qu'il est. J. d~ To~uédec parle très j~ste~e'.1t

de ces « poussées de fièvre dialectique par lesquelles l é.cnvam
semble prendre à tâche de démontrer sur lui-même sa thèse
des abus de l'argumentation. » C'est sa faiblesse, c'est sa force.
C'est notre délectation. Avec ses« systèmes de verre filé» .avec
ses o:reprises de fep, inlassables, je connais peu d'écrivains qui
~mmuniquent au lecteur une excitation intellectuelle plus vive.
On a, eu outre, le plaisir exceptionnel de trouver devant soi uu
homme entier dans ses convictions, qui nous invite à fortifier les
nôtres.
Ce dont nous souffrons aujourd'hui, c'est d'un déplacement vicieux
de l'humilité. A tous les coins de rue on est exposé à rencontrer un
homme qui profère cette assertion frénétique et blasphématoire : (&lt; Je
puis me tromper. » Chaque jour wos croisez quelqu'un qui vous dit :
• Evidemment, mon point de vue peut n'être pas juste.» fa·idemmcnt
au contraire, son pojot de vue doit être juste - ou ce n'est pas son
point de ·" ue.

** *

RADIEUSE AURORE,

par

Jack Lmdon {La Renais-

~nce du Livre).
C'est, au moins poi.1r les deux premiers tiers, un des meilleurs
romans qu'ait écrit le grand romancier si justement populaire
en pays de langue anglaise et en Scandinavie et encore trop
peu connu en France. Quel livre direct, taillé en plein roc 1
Quelle présentation saisissante "e l'action, de la volonté, de
l'homme nu ! La traduction de Madame Alice Bosquet. est
excellente. Ceux qui aiment ce genre de comparaisons feront
des réflexions utiles en se souvenant à ce propos d'Un Homme
Heureux de Jean Schlumberger.

,.

ALBERT THIBAUDET

* *

LE KAISER. LA TRIPLE RÉVOLUTION, par Walther
Rathenau. Traduction française (Editions du Rhin).
A maintes reprises la Nouvelle Revue Française .a signalé
l'importance de la pensée de Rathenau. Outre qu'elle s'exerce
de façon critique sur l'Allemagne du passé - cet examen de

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

conscience n'est pas pour nous déplaire - elle s'attache aussi
aux problèmes d'un avenir auquel la France autant que l' Allemagne est intéressée. Et dans le domaine économique, politique, autant que dans celui des idées, l'action de Rathenau
grandit. Il est donc bon qu'après les études qui présentaient ses
conceptions en raccourci nous puissions remonter aux sources
et lire ses écrits dans une traduction française. Cest à ce besoin
que répondent les Editio11s du Rhin en publiant aujourd'hui
deux premiers volumes, Le Kaiser et La Triple Révolution, qui
ne manqueront pas de trouver leurs lecteurs.
FÉLIX BERTAUX

*

* *

LE COURRIER DES MUSES.
Les faits-divers de la littérature sont moins beaux que ceux de
la vie. Hélas! je n'ai jamais coupé de jeune fille en morceaux.
Landru brôlait ce qu'il avait adoré, moi je ne brôle que des
manuscrits, et encore ! Depuis dix ans quel poète s'est en allé
sans laisser d'adresse, sauf Jacques Vaché qui, gentiment, se
dora la pilule d'opium et que ses amis surnommèrent Dada-laMorl. Parfois, on fait un petit voyage à Cythère, à Gomorrhe, iL
Sodome. Simple échange de sensations. D'ailleurs, les mots
sont aussi doux que des baisers. Henri Ghéon a bien voulu écriïe
que j'avais formulé h maxime du temps présent :
Jo1ii-s et nuits passis à boire
La vie avec 11ne paille.

Douceur de regarder le paysage du Tendre qu'on ne reverra
jamais. Joie de sentir pressé contre son corps un corps qu'on ne
connaîtra plus. Plaisir de déguster les sorbets du paradoxe, les
idées fraîches comme des boissons glacées - et cela pour tenter
vainement de tuer le vers.
« Tout le monde s'ennuie ... Pépère s'ennuie ... Mémère s'ennuie», disait une Baronne mise au théâtre par Max Jacob et
dont le modèle est bien connu à Montparnasse. Au printemps
dernier, tout le monde s'ennuyait lorsqu'on apprit soudain une
grande nouvelle. On en parla un peu partout, autour des tables
de quelques cafés toujours pleins de gloire et de fumée, dans le
bureau des revues, au milieu des épreuves d'imprimerie, aux.

NOTES

121

Champs-Elysées, sous le manteau d'Arlequin. Il s'agissait de
fonder une colonie artistique à Tahiti.
Les futurs voyageurs parlaient de l'expédition avec enthousiasme. On en avait assez de Montparnasse, de Montmartre, des
ballets russes, du cinéma. Désormais, tout allait se passer comme
dans les romans de Stevenson. On cultiverait la vanille, là-bas,
aux environs de Papeete. On ferait de la grande peinture. Chaque
acheteur d'un .tableau recevrait en prime un paquet de vanille et
réciproquement. Quelqu'un proposa de nommer la Colonie
c Les pères cubistes de Tahiti ».
Faut-il ajouter que les plus chauds partisans du voyage n'y
croyaient pas trop ? Je me souviens encore de l'accent avec
lequel Paul Budry me dit un jour :
- Nous avons un petit schooner qui tient assez bien l'eau. Le
Capitaine ...
Le Capitaine était l'ami de la femme d'un peintre cubiste, il
avait navigué dans les mers du Nord, son originalité était d'avoir
tout récemment tetté une otarie - une soif curieuse l'altérait du
lait de tous les mammifères. La dame présenta l'équipage au
Capitaine qui, deux heures durant, vanta l'île merveilleue. Une
voix dit:
- Naturellement, Capitaine, vous êtes allé déjà à Tahiti.
- Non, dit le Capitaine, mais j'ai lu de fort jolies descriptions
de ce pays et cela m'a donné le désir de le connaitre.
Le Capitaine partit de Paris au Havre pour acheter le petit
schooner. Il n'est jamais revenu. Les colons manqués racontent
leur mésaventure dans les bars du Quartier Latin. Pour se consoler, un membre de l'équipage fait jouer à son gramophone
les plus mélancoliques des airs hawaïens. La dame du vaisseau
fantôme a peut-être entrepris quelque autre voyage, sentimental.
• **

Dernier événement de l'arrière-saison : La re\'ue Action a
organisé une exposition de peinture moderne à Rouen. Le premier jour, matinée artistique. Mme Jane Mortier a joué de la
musique d'Erik Satie, de Georges Auric, qu'on appelle malicieusement o: le Six », de Francis Poulenc, de Darius Milhaud et
d'Albert Roussel. Florent Fels a parlé du cubisme et du post-

�122

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

cubisme. J'ai prononcé quelques mots sur la jeune poésie et
j'aurais pu écrire ces lignes dans la chambr-e d'un vieil hôtel,
tout près de la Cathédrale.
Le mot « déconcertant » se lit plusieurs fois dnns le compterendu des journaux locaux; toutefois, M. Destin, rédacteur ffl
chef de la Dépêche de R011en, a des opinions sur la peinture. Il
estime que celle d'Irène Lagut est candide. Un autre journaliste,
M. Dubosc, déclare que Modigliani« eut-son heure de célébritl,
et nomme o: Le jeune homme au camélia &gt; un laurier-rose -de
Monte-Carlo peint par Léopold Sunrage. A tout péché miséri-eorde. Je me rappelle avoir jadis confondu un compotier de
Juan Gris avec le portrait de sa femme. J'en fais humbkmeat
l'aveu.
*

* *

M. Clément Vautel chargé de repr!senter

20

Juurnal cet

« esprit français &gt; cher aux commis-voyageurs de table d'b6tt,

M. Clément Vautel y fais-ait l'autre jour de la haute esthétique:
« Les chefs-d'œuvre, c'est une {}Uestion d'atmosphère, de
milieu, d'époque », disait-il, sans savoir sans doute qu'il se
recontrait avec Francis Picabia :
o: Les chefs--d'œuvre sont un anachronisme. »
M. Clémi:nt Vautel, quj doit être flatté d'une telle similitude
d'opinions, déclare la guerre au Père Ubu. Selon lui, l'œuvre
de Jarry « n'ajoute vraiment pas grand'chose à la littérature ,.
Ainsi, c'est 1a révolte des pa1otins, Monsieur Prud'homme
contre Monsieur Ubu. Encore qu'une telle attitude ne soit que
Tidicule, quelques jeunes gens de ma génération peuvent a,'&lt;lÎf
1a faiblesse d'en être irrités s'ils se souviennent du rôle ;oué par
Alfred Jarry dans leur évolution littéraire. Mais faut-il s'étonner
que M. Clément Vautel ne respecte pas les statues? Il sait qu'il
.aura bientôt la sienne.
Deux statues du Salon d'Automoe sont le prétexte d'une
anecdote amusante.
Il paraît qu'aux Champs-Elysées, la veille du Vernissage, 1ll1
peintre, cubiste et théoricien du cubisme, parlait, selon san
b.tbitude, de l'attrait qu'.a cette forme d'art « pour le peuple,.
Son interlocuteur n'étant point convaincu, le peintre appela U11
ouvrier quj passait dans le hall &lt;le la sculpture èt le pria de

'!K)TD

choisir entre deux marbres, l'un un femme déformée, l'autre
111n nu d'homme académique.
- Si l'on t'offrait une de ces statues, laquelle prendrais-tu ?
L'ouvrier :fit deux pas en arrière, ferma l'œil g.auche, étendit
Ja main droite et du doigt désigna l'œuvre .cubiste.
- Vous voyez, s'écrfa le peintre.
L'ouvrier dit en souriant :
- Oui, parce que l'autre, ça m'ennuierait à cause de mes
,enfants ...
Le peintre garda le silence.

*

* *
Le peuple sans doute va murmurer en .apprenant que M. Pau1
-Gavault quittera bientôt le second Théâtre-Français dont il
avait su faire le premier théâtre de qual'tier.
Dans le Manuscrit trouvé dans 11n cbapeau, André Salmon
évoque ce poète si pauvre que « 1orsqu' on lui offrit un fauteuil
-à l'Académie, il demanda la permission de l'emporter chez lui ».
C'était peut~être un pareil désir et l'espérance de le voir réalisé
qni poussait un certain nombre d'invraisemblables candidats à
~olliciter la direction de l'Odéon. Le Iêve d'une situation brillante a embelli durant quelques jours la vie de plusieurs linérateurs infortunés, mais ce n'était qu'un rêve et le Ministère
s'est décidé. M. Gémier va entrer à l'Odéon par la grande porte
,et - plaisanterie facile - par le grand escalier. Dom Basile dit
méchamment que M. Gémier a été nommé par erreur, par
mégarde, par Mégard, mais doit-on faire le moindre crédit à ces
&lt;bruits de coulisses ?
L'Odéon va-t-il reprendre sa vieille réputation de désert et
,d'asile de nuit? Pourra-t-on dormir daos les loges ou bien y
donner des rendez-vous galants? Nous le saurons au prinlem~s. prochain. M. Gémier n'est peut-être pas un excellent
admm1strateur, mais il fut parfois un grand acteur et un metteur en scène ingénieux. Il eut quelques idées curieuses.
P,ar. exemple quand il monta Œdipe, Roi de Thèbes au Cirque-0 Hiv~r où il avait dépensé sans compter les capitaux de
Mons'.eur S., il savait qu'avec la salle pleine chaque soir, il
-perdait de l'argent mais il espérrut refuser du monde et, jouet

�124

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

d'une comique illusion, il comptait comme un bénéfice le
prix des places des spectateurs refusés. D'ailleurs, j'ignore si
M. Gémier jouera de beaux spectacles et je n'ai pas besoin de le
savoir pour écrire cette chronique légère dont le but, outre celui
de renseigner les lecteurs de la N. R. F. sur les faits-divers
artistiques, est de faire dire à Daniel D'Arthez :
a: Quel fatal emploi de l'esprit ! »

LES REVUES

125

La probité m'oblige à dire qu'il ne se vante pas d'avoir beaucoup pra-

tiqué son auteur ; sans doute dirait-il qu'il n'a pas de temps à perdre
à le lire. Tel est bien notre avis. Après cet article, c'est un devoir pour

ceux qui aiment ses livres (car il en a de charmants, savez-vous ?) que
de le détourner de ce genre d'études.
Dire pourtant que c'est ainsi que se fait la critique I Et le public n'y
voit goutte : il souffre tout. Peut-être serait-il bon de l'avertir.

GEORGES GABOR\'

*
* •

OPINIONS LITTÉRAIRES DE VICTOR HUGO

LES REVUES
M. BEAU IER A-T-IL LU CLAUDEL r
Cette troublante question est posée par M. Henri Rambaud,
directeur de la gentille REVUE FéoÉRALISTE dans une lettre que
publient les EssAlS CRITIQUES de i. Azaïs (n° du y•r nov.):
Vous ave1. certainement lu, dans la Rtt·11e des De11x-Mondes du
juillet, les pages que M. André Beaunier y consacre aux Chapelùs
littérafres de M. Lasserre, ou plus exactement, à sa seule étude sur
M. Claudel. Avez-vous remarqué que toutes les citations que M. Beaunier y fait de M. Claudel Ge dis : toutes ; j'ai vêrifié, et tiens mes
références à votre disposition) sont tirées du livre de M. Lasserre ?
Voilà qui est dijà curieux et qui ne témoigne pas d'une familiari~
extrême avec l'œune de M. Claudel. Il y a plus curieux encore. Par
deux fois, une faute d'impression altérait les citations de M. Lasserre.
Une rare coincidenc.: veut qu'à son tour l'imprimeur de M. Beaunier
commette les mêmes fautes. Oh I les fautes heureuses ! Elles font
r~ver délicieusement.
Oui, rêver. Je me garderai bien de conclure. Comment croire que
M. Beaunicr ait négligé de lire M. Claudel, lui qui le condamne avec
la même assurance qu'il reproche aux claudélieas de mettre à le louer 1
Que dis-je, la même assurance ? li rendrait des points à ces pharisiens,
comme il les appelle. M. Lasserre était sévère, mais encore s'appl~
quait-il à faire le départ du beau et du laid dans cette œuvre mêlée,
Rieo ne tempère la sévérité de M. Beauoier. Il déclare tout net que
M. Claudel est inintelligible. « Vous comprenez? demande-t-il à ses
admirateurs. Je le nie ! • Un érudit comme M. Beaunier n'affirme
pas ces choses-là sans de bonnes raisons.
1er

Dans la Rèv11e de Paris du cer novembre 1921, M. Gustave
Simon donne de nouvelles Opinions littéraires de Victor Hugo.
Quelques réflexions fines :
Voltaire dans ses poèmes évite soigneusement la poésie, comme on
évite un ami avec qui l'on veut se brouiller.

Mais en général c'est d'une sorte de Sinar que partent, comme
autant de pompeux éclairs, les jugements du poète :
Pascal fou est encore grand écrivain. La santé du génie peut survivre à la santé de la raison .•..
Pascal écrase l'homme entre deux éternités.
Voltaire est le soleil couchant du vieux monde ; Rousseau est le
soleil levant du monde nouveau .

. Et l'on ne peut lire sans un peu d'amusement cette description enfantine et magnifique que Hugo nous donne, sans
doute d'après ses expériences personnelles, de l'opération du
génie :

Le poète est un prophète. Spirillls fiat. Le souffle, ce prodigieux
mystère, voilà son maitre.
Ce que l'on nomme génie est une irrésistible résultante d'une foule
de phénomènes intimes, à la fois obscurs et flamboyants sublimation
.
'
'
lllaJS quelquefois effarement, de celui qui les éprouve. Empêchez-le
donc, ce prophète, cc visionnaire, de voir le mal, par exemple, et, selon
l'angle où il le voit, d'être pris tantôt d'une formidable colère, tantôt
d'une inépuisable piùé. Par la raison que dans la création il y a du
gouffre, il y a du vcnige dans le génie.

.•.

�126

127

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE JOUEUR DE TAROTS
Ce cliamre fil prit dme et corps
Et dirpersa t(l'US efforts.
Que comprendre à ma parole !
fl fmll q1i'elle fuie et vole f
0 saisom, d chdteaux I

On n'aurait pas cru que ces petits poèmès si ésotériques de&gt;

Illuminatüms pussent jamais avoir de postérité. Pourtant après.
les tentatives de Paul Efuard, voici dans le MERCURJ! 1)1! FRANCE
du 1er novembre, sous. le titre : Le joueur detarots ; les ciuquatttedè11x cartes et la règle, et sous la signature de M. Ket Frank.
Houx, une série de petites images intérieures o~ se reconnaît
la tradition de Rimbaud, et qui impliquent un indéniable
talent :·
s.t:Iiu Ja1itrt.
une 111aiii tlaire
rose u11e lumière- entre Tes doigis'

, adieu
point de vua~
les épliémeres
l'ombreplei1u. la nuit bleue .

•
moulin qui tourne dévide la rivilre
d,um qui trotte derorlle le chemin
thevalier de la 111ar;ol,1ine
d toi qui fais d,s pieds des mailfs
ta vie, comm, une pewte

•
matin suspendu
cett, lune qui s' e.Oare
cOldetll' i111;ertaiile de ciel
Pluie ou 11eige
quel jour sera-ce
bea11 110/re soir secret toujours pareil.
Cil

. •.

MEMENTO

REVUES FRANÇAIS.ES.
ACTION (Nov.): Lettres, poèmes e11 prose etm vers, 11otes, souvmirs,
rijlexio11s et fait-divers de Céline Arnauld, Antonin Artaud, Paul

Budly, Georges Gabory, Mall Jacob, Andrit Salmoll, Marcel Sauvage.
L'AMOUR DE L'ART (Nov.): Jean Mm·chand, parOaude-Roger Ma.o:;
Louis Clxlrlot, par André Warnod; Albart Gtlindet, par Charles Vildrac.
ARISTE (no 1) : Critiques et. poèmes de Ker Frank HouJI'., Henri
Pourrat, J. Vialatte.
Une nouvelle jeune revue AVENTURE, que Pierre Mac Orlan présente en quelques pages fort curieuses, contient des poèmes et des prosc:s,
de Louis Aragon, Henri Cliqueonois, Reu~ Ctcyel, Georges Lin,lbour,
Roger Vitrac, Jacques Baron, etc.
Bcunw Dli LA YTE ARTISTIQUE ( l er Nov.) : Confià,,ues d' Angel

Zanaga.
LES CAHIERS IDÉALISTES (Oct.) : Pdmes en Prose de Max Jacob,
Marcel Sauvage, Joseph Rivièr , Louis de Goozague-Frick, AlexaodreArnoux, Luc Durtain.
LA CoNMAlSSANC.li (Sept.-Oct.): Litt«aluT&amp; BI cllt/wlicîs,11e, par Emile
Dermengl'lem.
LE CRAPOUILLOT (16 nov.): &lt;&lt; Le gosse » (The Kid) de Charlie
Chaplin, par Jean Galtier-Boissière.
C.rnSERJES TYPOGRAPHIQUES (no 3) : Les exemplaim de chapeller
dime frrélet1t'tpar les prmien, par Marius Audio.
L'EsPRIT NOUVEAU (no 10) : Les frères Le Nai11, par Vauvrecy.
Ess,'Js CRmQUES (1er ov.): Autour d'une rêédilio11 de M. Maurice
Barris, par Azais.
LE FEU (Oct.) : La 1iuit to11rne sttl' la mer, par J. d'Ar baud .
LES FEUILLES LIBR.ES (Oct.): Comme un homme, par André Salmon.
GAz.ET!E DU' BoN ToN (no 8) : planches de Ch. Martin et G. Lepape.
LA GRANDB REVUE (Oct.): Pa1111rge à la guerre, par A. Thibaudet.
LES MARGES (l5 Oct.) : Les derniers jours d'Alfred Jarry, par Jean
Saltas ; Ha, ry, par Pierre Guéguen.
MERCURE DE FRANCE (15 Oct.) : Une philosophie de la relati011, par
Julesde Gaultier; (15 nov.): Poèmes, par Daniel Thaly; Industrie, par
Philippe Girardet.
LA NERVlE {Sept.-Oct.) : Elégie, par Pb. Chabaueix.
L•ŒoF DUR (nov.) : Variations su,· q11elques Empereurs Rw11aim, par
Mathias Lübeck.
PooR LE PLJJSJR (15 Oct.) : Vol pla11i, par Fagus.
L.~ RE!-:AISSANCE D'OCCIDENT (Aoftt): Poèmes, par Joseph Delteil.
LA REvuE CRITIQUE (Oct.) : Le Classicisme fant6111e, par Eugène

Marsan.
LA REVUE DE GENÈVE (1er Nov.): Le secret &lt;k Rembrandt, par François
Fosca.
LA REVUE DE PARIS (1; Oct.): Le Dilemne du ùoctmr, par Bernard

�128

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISI

Shaw; Re11a,i au sémillaire, par Pierre Lasserre; (1.,. Déc.) : La Mesur,
du Temps, par Emile Borel.
REVUE HEBDOMADAlRE (29

Oct.): L'Epitl,a/ame de]. Chardo11ne, par

Fr. le Grix. (3 Déc.): Le Comte de Gobi11ta11, par Jacques de Lacretelle;
Le Mouchoir rouge, par le Comte de Gobineau.
LA REVUE DE FRANCE (15 N0\·.-1•• D~c.): L'Opbélia, par MariusAry Leblond.
LA REVUE RHÉNANE (Novembre): Lts lettres frauçaises et la guerre,
par Jacques Rivière; Darag11ls, par Andr~ W:irnod.
SIGNAUX (1•r Nov.): U11e jo11rule t11 Manche, par JC.lll-Richard Bloch;
Poémes D,:imesliques, par Gustave Van Hecke. (I.,. Déc.): Corniaud, par
Pierre Mac Orlan.
REVUES ALLEMANDES.

DIE NEUE RoNSCHAU: Aus den W,stlicht11 Sagm, par Annette Kolb;
- Fra11krtid1 ttnd Europn, par Alfred Weber; - Oscar Wild.es Paristr
Tage, par Frank Harris.

RÉCE. TES PUBLICATIO. S A GLAISES.
Percy Lubbock (Jonathan Cape).
par Edmond Gosse (WilJiam Heioeman).
fORE EssA,S ON BooKs, par Clutton Broek (Methuen).
MEMORlES ANS NoTES, par Sir Syd11ey Colvili (Arnold).
MOLIÈRE, par Arthur Tilley (The Cambridge University Press).

TttE CRAFT OF F1crlON, par

BooKs

A

ON THE TABLE,

HlsTORY OF P1sA,

Xl•h

AND

Xll•h

CENTUJUES,

par

Williat#

Ht)'WOOd (Cambridge University Press).
THE METAPHYSICAL POETS A::,:o LYRlCS OF THE XVIllh CENTURY,

par

RerlJert Griersori (The Clarendon Press, Oyford).
THE C.urnRIDGE HlsTORY OF AMERICAN LI.TE.RATURE,

Vols. Ill

et IV (fhe Cambridge University Press).
COQUETTE, roman, par Frank Swin11erto11.
ADRIENNE TowER, romao, par J1me Basil de Selinto11rt (AT!ne
Sedgwick) (Arnold).

M.

WADDINGTON OF WICK, romau, par

May Sinclair.

DOSTOIEVSKI

Cette courte allocution, lue au Vieux-Colombier pour la
célébration du centenaire de Dostoïevski, peut être considérée
comme une sorte d'introduction aux six leçons sur Dostoïevski
que j'ai promises à l'école de Jacques Copeau 1 :

MESDAMES ET MESSIEURS,

Les admirateurs de Dostoïevski étaient, il y a quelques
années, assez peu nombreux ; mais comme il advient toujours lorsque les premiers admirateurs sont recrutés dans
l'élite, leur nombre va toujours grandissant, et la salle du
Vieux-Colombier est beaucoup trop petite pour les contenir
tous aujourd'hui. Comment il se fait qùe certains esprits
demeurent encore réfractaires à son œuvre admirable, c'est
ce que je voudrais d'abord examiner. Car, pour triompher
d'une incompréhension, le meilleur moyen c'est de la tenir
pour sincère et de tâcher de la comprendre.
Ce qu'on a surtout reproché à Dostoïevski au nom de
notre logique occidentale, c'est, je crois, le caractère irraisonné, irrésolu et souvent presque irresponsable de ses personnages. C'est tout ce qui, dans leur figure, peut paraître
grimaçant et forcené. Ce n'est pas, nous dit-on, de la vie
réelle qu'il représente; ce sont des cauchemars. Je crois cela
parfaitement faux ; mais accordons-le, provisoirement, et
ne nous contentons pas de répondre, avec Freud, qu'il y a

LE GÉRANT : GASTON GAUJJUIU).
AllBEVlLLB. -

IMPRIMl!RIE F. PAILLART.

1.

Voir p. 256.

9

�I JO

••

LA NOU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

plus de sincérité dans nos rêves que dans les actions de
notre vie. Ecoutons plutôt ce que Dostoïevski lui-même dit
des rêves, et des « absurdités et impossibilités évidentes dont
foisonnent nos songes et que vous admettez sur-le-champ,
sans presque en éprouver de surprise, alors même que,
d'autre part, votre intelligence déploie une puissance inaccoutumée. Pourquoi, continue-t-il, quand vous vous réveillez et rentrez dans le monde, sentez-vous presque toujours,
et parfois avec une rare vivacité, que le songe en vous
quittant emporte comme une énigme indcuinée par vous ?
L'extravagance de votre rêve vous fait sourire et en même
temps vous sentez que ce tissu d'absurdités renferme une
idée, mais une idée réelle, quelque chose qui appartient à
votre vie véritable, quelque chose qui existe, et qui a toujours existé dans votre cœur; vous croyez trouver dans
votre songe: une prophétie attendue par vous ... &gt;&gt; (L'idiot,
t. II,~- 185).
Ce que '.Dostoïevski dit ici du rève, nous l'appliquerons
à. ses propres livres, non que je consente un seul instant à
assimiler ses récits à l'absurdité de certains rèves, mais bien
parce que nous sentons également, au réveil de ses livres,
- et lors même que notre raison se refuse à y donner
un assentiment total, - nous sentons qu'il vient de toucher quelque point secret t&lt; qui appartient à notre vie
véritable ». Et je crois que nous tr.ouverons ici l'ex.plïcation de ce refus de certaines intelligences devant le
génie de Dostoïevski, aL1 nom de la culture oc.cidentale.
Car je remarque aussitôt que dans toute notre littérature
occidentale, et je ne par1e pas de la française seulement, le
roman, à part de très rares exceptions, ne s'occupe qu:e des
relations des hommes entre eux, rapports passionnels ou
intellectuels, rapports de famille, de société, de telasses
sociales - mais }a.mais, presque iamais des m.ppons de
l'individu avec lu~même -ou avec Dieu - qui priment ici
tous les autres. Je crois que rien ne fera mieux comprendre
ce que je veux dire que ce mot d'un Russe que rapporte

DOSTOÏEVSKI

Mm• Hoffmann dans sa

131

biographie de Dostoïevski (la meilleure et de beaucoup, que je connaisse - mais qui n'est
pas traduite, malheureusement), mot par lequel elle pré.tend précisément nous faire sentir une des particularités
de l'âme russe. Ce Russe donc, à qui l'on reprochait son
inexactitude, ripostait très sérieusement : « Oui, la vie est
difficile ! Il y a des instants qui demandent à être vécus
correctement, .et qui sont bien plus importants que le fait
d'être exact à un rendez-vous. » La vie intime est ici plus
.importante que les rapports des hommes entre eux. C'est
bien là, ne croyez-vous pas, le secret de Dostoïevski, ce qui
tout à la fois le rend si grand, si important pour quelques
uns., si insiwportable pour beaucoup d'autres.
Et je ne prétends pas un .instant que !'Occidental, le
Français, soit de part en part et uniquement un être de
société, qui n'.existe qu'avec un costume : les Pensées de
Pascal sont là, les Fletirs du Mal, livres graves et solitaires,
et néanmoins aussi français que n'importe quels autres
livres de notre littérature. Mais il semble qu'un certain
ordre de problèmes, d'angoisses, de passions, de rapports,
soient réservés au moraliste, au théologien, au poète et que
lernman n'ait que faire de s'en laisser encombrer. De tous
les livres de B.alzac, Louis Lambert est sans doute le moins
réussi; en tout .cas, ce n'était qu'un monologue. Le prodige réalisé par Dostoïevski, c'est que chacun de ses personnages, et il en a créé tout un peuple, existe d'abord en fonction de lui-même, et que chacun de ces êtres intimes, avec
son secret particulier, se présente à nous dans toute sa
complexité problématique ; le prodige, c'est que ce sont
précisément ces problèmes que vivent chacun de ses personnages, et je devrais dire : qui vivent aux dépens de chacun
de ses personnages - ces problèmes qui se heurtent, se
combattent, et s'humanisent pour agoniser ou pourtriompher devant nous.
11 n'y a pas de question si haute que le roman de Dostoïevski ne l'aborde. Mais, immédiatement après avoir dit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

ceci, il me faut ajouter : il ne l'aborde jamais d'une manière
abstraite, les idées n'existent jamais chez lui qu'en fonction
de l'individu ; et c'est là ce qui fait leur perpétuelle relativité ; c'est là ce qui fait également leur puissance. Tel ne
parviendra à cette idée sur Dieu, la providence et la vie
éternelle que parce qu'il sait qu'il doit mourir dans peu de
jours ou d'heures (c'est Hippolyte de l'Idiot), tel autre
dans les Possédés édifie toute une métaphysique où déjà
Nietzsche est en germe_, en fonction de son suicide, et
parce qu'il doit se tuer dans un quart d'heure - et l'on ne
sait plus, en l'entendant parler, s'il pense ceci parce qu'il
doit se tuer, ou s'il doit se tuer parce qu'il pense ceci.
Tel autre enfin, le prince Muichkine, ses plus extraordinaires, ses plus divines intuitions, c'est à l'approche de
la crise d'épilepsie qu'il les doit. Et de cette remarque je
ne veux point tirer pour le moment d'autre conclusion
que ceci : que les romans de Dostoïevski tout en étant les
romans - et j'allais dire les livres - les plus chargés
de pensée ne sont jamais abstraits, mais restent aussi
les romans, les livres les plus pantelants de vie, que je
connaisse.
Et c'est pourquoi, si représentatifs que soient les personnages de Dostoïevski, jamais on ne les voit quitter l'humanité pour ainsi dire, et devenir symboliques. Ce ne sont
non plus jamais des types comme dans notre comédie classique ; ils restent des individus, aussi spéciatu que les plus
particuliers personnages de Dickens, aussi puissamment
dessinés et peints que n'importe quel portrait d'aucune littérature. Ecoutez ceci :
Il y a des gens dont il est difficile de dire quelque chose qui
les présente d'emblée sous leur aspect le plus caractéristique i
cc; sont ceux qu'on appelle communément les hommes « ordinaires », la « masse », et qui, en effet, constituent l'immense
majorité de l'espèce humaine. A cette vaste catégorie appartiennent plusieurs des personnages &lt;le notre récit, et notamment
Gabriel Ardalionovitcb.

DOSTOÏEVSKI

133

Voici donc des personnages qu'il va être particulièrement
difficile de caractériser. Que va-t-il parvenir à en dire :
Presque depuis l'adolescence, Gabriel Ardalionovitch avait
été tour~nté par le sentiment constant de sa médiocrité, en
même temps que par l'envie irrésistible de se convaincre qu'il
était un homme supérieur. Plein d'appétits violents, il avait,
pour ainsi dire, les nerfs agacés de naissance, et il croyait à la
force de ses désirs parce qu'ils étaient impétueux. Sa rage de se
distinguer le poussait parfois à risquer le coup de tête le plus
inconsidéré, mais toujours au dernier moment notre héros se
trouvait trop raisonnable pour s'y résoudre. Cela le tuait •.
et voici pour un des personnages les plus effacés. Il faut
ajouter que les autres, les grandes figures de premier plan,
il ne les peint pas, pour ainsi dire, mais les laisse se peindre
elles-mêmes, tout au cours du livre, en un portrait sans
cesse changeant, jamais achevé. Ses principaux personnages
restent toujours en formation, toujours mal dégagés de
l'ombre. Je remarque en passant combien profondément il
diffère par là de Balzac dont le souci principal semble être
toujours la parfaite conséquence du personnage. Celui-ci
dessine comme David ; celui-là peint comme Rembrandt,
et ses peintures sont d'un art si puissant et souvent si parfait que, n'y aurait-il pas derrière elles, autour d'elles, de
telles profondeurs de pensée, je crois bien que Dostoïevski
resterait encore le plus grand de tous les romanciers.
ANDRE GIDE
1

L'idiot, 11, pp. 193-194.

�DOSTOÏEVSKY E'l' LA LUITE Cô. TRE LF..S ÉVlDENCES

DOSTOIEVSKY
ET

LA LUTTE CONTRE LES :ÉVIDENCES

13 5

cet égard. ~chestov est certainement l'c.sprit le plus original, le
pius audac1eu.x, le plus profond parmi les écrivains- russes contemporains le plus complexe aussi et-le plu&amp; difficile à définir.
« Quel est l'objet de la philosophie, demande Schestov. Fautil rechercher la signification du tout et travailler obstinément à
édüier une théodicée parfaite à, l'exemple de Leibniz. et de tant
d'autres peosew:s. c~lè.brcs, ou bien faut-il s'attacher à scivre j.usqu'au bout les destinées des individus particuliers, autrement
dit~ poser des questions, qui excluent toutes possibilités de
réponse ? » Schcstov choisit la seconde voie, malgré ses difficultés et ses dangers: il s'attache à l'individuel, aUi concret
anf:rituniqu.c 7 spécial. Berg&amp;an veut qu~ le philosophe
appel au « romancier hatdi " qui 11 déch · e la toile- habilement
tissée de notre moi conventionnel pour nous montrer sous cette
lo~ueapparente une absurdité fondamentale ». C'est ce que
fait JUStement Schestov : il s'adresse tour à tour à Shakespeare, à Ibsen, à Tolstoï à Dostoievsk.y, à Tchekhov, à Nietzsche; ce n'est pas Leurs idées, leur philosophie, 1-ew système
en eux-mêmes, qui: l'intéressent, c'est leur personnalité vivante et
celle. de leurs héros, teHes qu'elles se manifestent dans leurs
œu.vrts. Il les presse, il bis questionne,. i1 les tourmente-, imitoyable, non pour en tirer des leçons, des condusil')ns o-foéra~. Mam pour ODus. faire s_aisir ainsi, toute palpitante," une
ré~é profondément cachée, pour nous faire pressentir et entrevorr brusquement une vérité obscure qui se dérobait à l'étreinte
de la raison.
_La témérité de ses recherches, l'audace tranquille de ses points
d'mterrogation lui attirent l'accusation de scepticisme et de
cynisme. Son scepticisme, en réalité, n'est qu'un procédé, une
méthode d'examen ; sous ce rapport on pourrait le rapprocher
de Socrate, avec. lequel, d'ailleurs, il a encore d'autres points de
contact. Schestov doute, mais il ne se confine pas dans ce
doute, il ne s'y plaît pas: il cherche toujours, tantôt en « gémissant» pour employer l'eipression de Pascal souvent citée par lui,
et tantôt en plaisantant, en Piant de lui-même et des autres
.
'
tou1ours ardent et inquiet.
Ses_ maîtres furent iet:zschc, le Nietzsche d'Humain, trop
humain, du Gai Savaii'; puis Dostoïesvky, Tohtôi, Pascal
qui l'aidèrent à découvrir sa propre- personnalité, ·fortifièrell.t

fas.s;

LÉON SCHESTOV
Dans le domaine de la spéculation systématique:,. nous
n'a.von-s pas encore formé d►école-, nous autres Russes, nous ne
possédons pas encOie de tradition&amp; qui puissen.t être comparées
a_u:1. éco~s françaises, allemandes, anglaises dont la plupart de
nos philosophes ont toujours subi jusqu'ici les influences et 2ux,quelles quelques-uns d'entre eux ne surent opposer que ceruines
traditions orientales : néo-platoniciennes, gnostiques, patristiques. Le génie russe - et c'est une de ses caractéristiques les
plus essentielles - si téméraire qu'il soit - s'appuie toujours
sur le fait concret, sur la réalité vivante ; il S"e lance ensuite dans
les spéculations les plus abstraites, les plus osées, maiJ pour
revenir finalement, riche de toute la pensée acquise, à cette
mème réalité, au fait, son point de départ et son aboutissement.
Celui qui veut juger de la pensée russe doit s'2dresser donc non
aux professeurs de philosophie, non aux gnosséologues et
métaphysiciens de profession, parmi lesquels, pourtant, il y a
des hommes de grand talent, tels Zossky, Franck et d'autres
encore, mais à tous nos romanciers, 1r nos poètes, à nos critiques, à nos publicistes qui travaillent tous sur le vif.
L'œuvre philosophique et critique de Léon Schestov, totalement inconnue en France ', est extrêmement caractéristique à
1. Quelques ouvrages de Schestov ont été traduits en anglais. Les
éditions allemande et itali~nne de ses œuvres choisies sont actuellement en préparation.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

son courage, son audace et versèrent en lui une soif inextin guible de liberté. Ses recherches l'orientèrent plus tard vers
l'étude de Plotin, de saint Augustin, des mystiques médiévaux,
de Luther.
Son style extrêmement simple, familier même, dépouillé d'artifices, sans trace de pédantisme et d'une admirable limpidité, le
place parmi les meilleurs prosateurs russes. Mais cette simplicité est toute de surface ; sous ce ton familier se cache une pensée étrangement subtile, t0ujours tendue, qui creuse et fouille
profondément. Rien n'est plus clair, ne paraît plus facile
qu'un aphorisme, qu'une étude de Schestov pour les esprits
ingénus ; rien n'est plus compliqué, plus obscurément attirant
pour ceux qui essayent d'y pénétrer plus avant.
Schestov débuta avec Shakespeare et son critique Brandis, puis
suh•irent avec plusieurs années d'intervalle : Le Bien da11s
la doctrine de Nietzsche el de Tolsloi, Dostoievsky et Nielz._scbe, un

premier recueil d'aphorismes : L'apotbéose du déraci11eme11l, et
deux volumes d'essais philosophiques et critiques : Débats el
Conclusions et Les Grandes Veilles; deux autres volumes vont
paraître prochainement : Les Mille et une Nuits et De la Racine
des c/Joses. L'article sur Dostoïevsky que nous publions ici est la
traduction, fortement abrégée (avec l'autorisation de l'auteur),
d'une vaste étude de Schestov que publie, à l'occasion du centenaire de Dostoïevsky, la revue russe Les Annales Contem-

porames.
BORrS DE SCHLŒZER.

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EURIPIDE,

sait, dit Euripide, il se peut que la vie soit la
mort et que la mort soit la vie. »
Platon, dans un de ses dialogues, fait répéter ces paroles pari Socrate, le plus sage d'entre les hommes, celui-là
même:qui ·créa la théorie des idées générales et considéra
« Qui

DOSTOÏEVSKY ET LA LOTIE CONTRE LES .EVJDENCES

1 37
le premier la netteté et la clarté de nos jugements comme
l'indice de leur vérité. Depuis les temps déjà anciens les
hommes les plus sages vivent dans cette ignorance énigmatique; seuls les hommes ordinaires savent bien ce que
c'est que la vie et ce que c'est que la mort. Comment se
peut-il que les plus sages hésitent là où les esprits ordinaires ne voient aucune difficulté ? Et pourquoi donc les
difficultés sont-elles toujours réservées aux plus sages? Or il
ne peut y avoir de difficulté plus atroce que de ne pas savoir
si l'on est mort ou vivant? La c&lt; Justice&gt;&gt; exigerait que cette
connaissance ou bien cette ignorance fftt l'apanage de tous
les humains. Que dis-je la justice ! C'est la logique ellemême qui l'exigerait, car il est absurde que les uns sachent
distinguer la vie de la mort, tandis que les autres restent
privés de cette connaissance ; ceux qui la possèdent diffèrent
complètement de ceux auxquels elle est refusée et nous
n'avons donc pas le droit de les considérer tous comme
appartenant à l'espèce humaine. Celui-là seul est un
homme, qui sait ce que c'est que la vie et ce que c'est
que la mort. Celui qui ne le sait pas, celui qui, ne
fût-ce que de loin en loin, ne fût-ce que pour un instant
seulement, cesse de saisir la limite qui sépare la vie de la
mon, celui-là cesse d'être un homme pour devenir ..• pour
devenir quoi ?
Il y a lieu d'ajouter pourtant que de naissance tous les
hommes sa.vent très bien distinguer la vie de la mort.
L'ignorance ne vient - à ceux qui sont prédestinés - que
plus tard seulement et - si tout ne nous trompe pas brusquement, on ne saie d'où, ni comment. Mais il y a
plus. Cette ignorance n'est qu'intermittente : elle s'efface
et cède la place à la connaissance normale aussi brusquement, aussi subitement qu'elle était apparue. Euripide et
Socrate, et tous ceux qui sont destinés à porter le fardeau
sacré de la suprême ignorance, tous savent très bien ordinairement, tout comme les autres hommes, ce que c'est
que la vie, ce que c'est que la mort. Mais il leur

�LA NOUVELLE IŒVUE FRANÇAISR

arnve d'éprnuver exceptionnellement l.i sensation que
leur connaissance ordinaire les a:bandonne. Ce que tous
savent, ce que tous admettent, ce qu'ils savaiient euxmêmes il n'y a qu'un instant, ce que le consentement una,.
nime confirmait et justifiait, cela même perd à leurs yeux
toute signincation. Ils possèdent maintenant leur propre
savoir, injustifié, injustifiable, inadmissible pour les autres. Peut-on jamais espérer en effet que le doute d'Euripide soit unanimement admis ?
Un ancien livre raconte que !'Ange de la Mort, qui
desiend vers _l'homme pour séparer l'âme du corps, est
couven d'yeux. Qu'a-t-il besoin de tous ces y ux ? Je
pense qu'ils ne sont pas pour lui : l'Ange de la Mon
s'aperçoit parfois qu'il est venu trop tôt, que le terme de
l'homtm n'est pas encore éebu ; dans ce cas il n'emporte
pas son âme, il ne se montre même pas à elle, tnais il
laisse à l'homme une de ces nombreuses paires d'yeux dont
son eorps est cou,vert. Et l'homme sait alors - en plus de
ce ~ue voient les-autres hommes- et de ce qu'il voit 1u-i mêmt
avec. ses yeu~ naturels -des choses nouveltes et étranges, et
il les voit autrement que les anciennes, non comme voient
les hommes, mais comme voient les habitants des « antres
µiondes », c'est~à-diTe qu'tlles existent pour lui non « oéces. sairement», mais c&lt; librement», qu'elles sontetqu'au même
instant elles ne sont, pas, qu'elles apparaissent quand elles
diaparaissent et disparaissent quand elles apparaissent. Or,
comme t0us. les; autres organes des sens et même noue
raison sont en connexion étroite avec notre vision mrdinafre, et que l'~xpérience de l'homme tout entière, individueHe et : collective, .Jy i;-accorde aussi, les nouvelles
visions paraissent ridicules, fantastiques et semblent être
produit!es par une imagination dlf:réglée. Encore un pas, et
&lt;:e sera la folie; semhle-t-il, non pas la Eolie poétique, l'ins•
piration dont il est question même. dans les manuels de
phiJosophie et &amp;esthétique et qui, sous les D&lt;l&gt;ms ~Eros) de
Manie, d~E:x.tase, fut tant de fois décrite et justifiée où et

1'0STOÏEVSKY ET LA LU'ITE CONTRE LES ÉVIDENCES

r39

quand il le fallait, mais cette folie quon traite dans les
cabanons. Alors, c'est la lutte entre les deux visions, lutte
dont l'issue est anssi problématique et aussi mystérieuse
que les débuts.
Dostoïevsky fut certainement un de ceux qui possédèrent cette double vue. Mais quand donc fut-il visité par
!'Ange de la mort ? Le p!ns naturel serait de supposer que
ce fut lorsqu'il écourait au pied de. l'échafaud la lecture de
son arrêt de mort. Il est probable pourtant que les suppositions c&lt; naturelles n ne sont plus de mise ici. Nous pénétrons dans le domaine de l'antinaturel, du fantastique par
excellence et si nous voulons y entrevoir quelque chose,
il nous faut renoncer à toutes les méthodes, à tous les
procédés qui donnaient jusqu'ici à nos vérités et à notre
connaissance une certitude garantie. On ~igera peut-être
de nous un sacrifice plus important encore. Il faudra
peut-être que nous soyons prêts à admettre que la certitude n'est nullement le prédicat de la vérité ou, pour
mieux dire, que la certitude n'a ~bsolument rien de commun avec la vérité. Il se peut que tout le charme, toute
l'attirance de ces vérités consistent justement en ce qu'elles
nous délivrent de la certitude, en ce qu'elles nous font
espérer vaincre ce qu'on appelle les évidences.
Ce n'est donc pas lorsqu'il attendait l'exécution de l'arrêt
que Dostoïevsky fut nsité par l' Ange de la mort. Et ce
n'est pas non plus lorsqu'il vivait au bagne. Les Souvenirs de la Maison des Morts, une des meilleures œuvres
de Dostoïevsky, en font foi. L'auteur des Sawue,,.if's est
encore plein d'espoirs. Il souffre, il souffre terriblement,
mais il se souvient toujours qu'en dehors des murs de
cette prison, il y a encore une autre vie. Le coin de ciel
bleu qu'il entrevoit par dessus les hautes murailles lui
est une promesse de lrberté: lin temps viendra, et la
prison, les visages marqués, les jurons ignobles, les coups,
les gardiens, la saleté, les chaînes - tout cela passera et
1.me nouvelle existence commencera, noble, élevée cr Je

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

ne suis pas 1c1 pour toujours », se répète-t-il constamment; « bientôt, bientôt je serai là-bas. » Là-bas c'est la
liberté. La véritable vie, riche, pleine de signification,
n'existe que là où l'homme voit au-dessus de lui non plus
un petit coin du ciel, mais un dôme immense, là où il n'y
a plus de murs, mais où s'étend un espace infini, là où la
liberté est illimitée- en Russie, à Moscou, à Pétersbourg, au
milieu d'hommes intelligents, bons, actifs et libres.

II
Dostoïevsky a terminé son temps de bagne ; il a fini
aussi son service militaire. Il est à Tver, puis à Pétersbourg.
Tout ce qu'il attendait se réalise. Il est un homme libre,
comme tous les hommes dont il enviait le sort lorsqu'il
portait des chaînes. Il ne lui reste donc plus qu'à accomplir les engagements qu'il a pris en prison vis-à-vis de
lui-même. Il faut croire que Dostoïevsky n'a pas oublié si
tôt ces engagements, son &lt;&lt; programme » et qu'il a fait
plus d'une tentative désespérée pour arranger sa vie de
telle sorte que les &lt;&lt; anciennes chutes et les anciennes
erreurs » ne se répètent plus. Mais il semble que plus il s'y
est efforcé, moins il y a réussi. Il fit bientôt la remarque que
la vie libre ressemblait de plus en plus à l'existence du
bagne et que &lt;&lt; jadis le ciel tout entier &gt;&gt; qui, lorsqu'il était
en prison, lui paraissait illimité, l'oppressait et l'écrasait
tout autant que les plafonds bas du bagne ; que les idéals
à l'aide desquels il apaisait son ~me au temps où il vivait
parmi les derniers des hommes, que ces idéals n'élevaient pas
l'homme, ne le libéraient pas, mais l'enchaînaient etl'humiliaient tout autant que les fers qu'il portait au bagne. Le
ciel oppresse, les idéals enchaînent et l'existence humaine
tout entière n'est plus qu'un sommeil lourd, douloureux,
plein de cauchemars.
Comment cela s'est-il produit ? Hier encore Dostoïevsky

DOSTOÏEVSKY ET LA LUTTE CONTRE LES ÉVIDENCES

I4I

écrivait ses Souvenirs de la Maison des Morts ; la vie des
forçats lui paraissait un cauchemar ; mais il suffisait d'enlever les chaînes, d'ouvrir les portes de la prison et l'homme
serait libre et la vie atteindrait sa plénitude. Les yeux de
Dostoïevsky le lui certifiaient, ainsi que tous ses autres
sens, et même la « divine » raison. Mais voilà que contre tous ces témoignages un autre se dresse, qui les
détruit.
Dostoïevsky ne pouvait repousser le don qui lui avait
été fait, de même que nous ne pouvons repousser les
cadeaux de l'Ange de la Vie. Tout ce que nous possédons,
nous le recevons, on ne sait de qui, on ne sait d'où. Tout
cela nous a été octroyé, avant même que nous ayons eu
le pouvoir de poser des questions et d'y répondre. La
seconde vue fut donnée à Dostoïevsky, qui ne la demandait pas, d'une façon aussi inattendue, aussi subite que la
première.
Dostoïevsky découvrit brusquement que le ciel et les murs
de la prison, les idéals et les chaînes ne se contredisent nullement, comme il le voulait, comme il le pensait auparavant, quand il voulait et quand il pensait comme tous les
gens normaux. Ils ne se contredisent pas, parce qu'ils sens
la même chose. Il n'y a pas de ciel, il n'y a de ciel nulle
part, il n'y a qu'un horizon bas et borné. Il n'y a pas d'idéals,
il n'y a que des chaînes, invisibles, il est vrai, mais qui
maintiennent l'homme plus solidement encore que les
fers.
Nul acte d'héroïsme, nulle « bonne œuvre » ne peuvent
ouvrir devant l'homme les portes de ce lieu de « détention à perpétuité i&gt;. Les vœqx qu'il avait formés au bagne
lui parurent alors sacrilèges. Il se produisit en lui à
peu près ce qui était déjà arrivé à Luther quand il s'était
souvenu ·avec horreur des vœux qu'il avait prononcés en
entrant au couvent : Ecce! Deus, tibi VO'".Jto impietatem et

blasphemiam per totatn mM-m vitam.
C'est cette «vision» nouvelle qui forme le thème de la

�142

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Voix so1duraine., une des œuvres les plus extraordinairfi
de la littérature universelle. La plupart n'ont vu et ne
veule.nt voir jusqu'ici dans ce petit livre ,qu'une leçon. Il y
a là.bas, quelq_ue part, dans les souterrains, des êtres misé-

rables, malades, anormaux, frappés par le sort, qui dam
leur rage impuissante atteignent les dernières limites de la
négation. Ces êtres, d'ailleurs, sont le produit de notre
époque ; il n'en existait même pas jusqu'à ces dernières
années. Dostoievskf luj.-rnême nous suggère ce point de
vue dans la note .qu'il place en tête de l'œuvre. Il se
peut qu'il ait été sincèl;e à · ce moment,, et vécidique.
Les vérités du genre de celles q_ui apparurent aux yeuz. de
l'homme souterrain sont telles, .de par leur origine même,
qu'on peut les énoncer~ mais qu'il n'est pas nécessaire,
qu'il est impossible même d'en faire des vérités bonnes
dans tous les cas et pour tous. Celui-là même ne peut en
prendre possession qui les a découvertes. Dostore\·sky luimême ne fut pas certain, jusqu'à la fin de sa ·vie, d'avoir vraiment vu ce qu'il avait décrit dans la Vai."oouJerraine. C'est œ
.qui explique le style si étrange du récit de l'homme souterrain; c'est à cause de cela que chacuu.e de .ses ,phrases
dément la précédente et s'en rit, c'est là l'explication de .ces
.crises d'enthousiasme, de joie inexplicable entrecoupées par
les explosions d'un dés~spoir pon moins inexplicable. D
semble gue le pied lui ait manqué et qu'il tombe dans un
abîme sans fond. C'est !'allégresse du vol, la peur de ne
plus sentir le sol sous ses pieds et l'horreur du vide.
Dès les premières pages du récit, nous sentoos qu'u~e
puissance formidable, surnaturelle (peut-être que cette fois
notre jugement ne nous trompe pas - ra_ppelez-vous
l'Ange &lt;le la Mort) enlève l'écri"'ain et l'emporte. Il est ~
extase, il est « hors de lui », il court ·il ne sait .où, il
attend il ne strit qU&lt;iJÎ. Lisez ces lignes qui terminent le
premier chaf\_itre :
&lt;&lt; Oui l'homme du x1x~ siècle doit être, est ,moralement
,obligé d'être un iµdiwidu sans çaractère, -l'homme d'action

DOSTOÏEVSKY ET LA L01TE CONTRE LES ÉVIDENCES

143

doit être un esprit médiocre. Telle est la conviction de ma
quarantaine. J'ai quarante ans; or, quarante ans, c'est toute
-la ~ie. Il est inconvenant, bas, immoral de vivre plus de
quarante ans ! Qui vit plus de quarante ,ans? - Répondezmoi sincèrement, honnêtement. Je vous le dirai, moi :
les imbéciles et les chenapans. Je dirai cel.a en face à tous
les vieiJlards, à tous ces vieillards à la chevelure argentée
et parfumée. Je le dirai en faae à tom l'univers. J'ai le
droit de le dire parce que je vivrai moi-même jusqu'.à
soixante ans, jusqu'à soixante-dix ans, jusqu'à quatre-vingts
ans. Attendez, laissez-moi reprendre souffie ! »

III
En clfet, dès-le début iil faut s'arrêter et reprendre souffle.
Et ces mots pourra1ent servir de conclusion à chacun des
chapitres qui suivent : laissez-moi reprendre souffle.
Dostoïevsky lui-même et son lecteur ont la respiration
coupée par l'élan fougueux, sauvage de ces pensées cc nouvelles,&gt;. Il ne comprend pas ce qu'il éprouve, et pourquoi
ces pensées. Sont-ce même des pensées? A qui adresser
ces questions? à ces questions nul ne peut répondre; ni
les autres, ni Dostoïevsky lui-même ne peuvent être certains
que ces questions puissent être même posées, qu'elles aient
nne signification quelconque . .Mais il est,Î!ll1i10ssible aussi de
les écaner et il semble même parfois qu'il ne faille .pas les
écarter. Relisez cette pl1rase, par exemple: « L'homme dn
Dx• siècle doit êrre nn individu sans caractère· l'homme
~'action doit être ll'1l esprit médiocre &gt;&gt;. Est-ce u~e convictl.on sérieuse ou bien un assemblage de mots vides de sens ?
A pr.emière vue cela ne fait même pas question - des
mois! Mais permettez-moi de vous rappeler que Plotin
(dont Do.stoïevsky, je crois, n'avait jamais entendu parler)
.éme~ }a même pensée, bien que sous une autre forme. Lui
aussi affirme que rhomme d'action est toujours médiocre,

�LA

ou,'EUE REVUE FRANÇAISI

que l'essence même de l'aaion est une limitation.
Celui qui ne peut pas, qui oe veut pas &lt;c penser n, « contempler l&gt;, celui-là agit. Mais Plotin, qui est tout aussi« hors de lui » que Dostoïevsky, dit cela très tranquillement, presque comme une chose qui va de soi, que tout
le monde sait, que tout le monde admet. Il se peut qùil
ait raison : quand on veut dire quelque chose qui contredit
les jugements unanimement admis, le mieux est de ne pas
élever la voix. Le problématique, l'impossible même,
présenté comme une chose évidente par elle-m~me, est
souvent facilement admis comme tel.
Platon aussi d'ailleurs connaissait le « souterrain », mais
il l'avait appelé «grotte»; il créa ainsi l'admirable parabole, célèbre dans le monde entier. Il fit si bien qu'il ne
vint à l'esprit de persoune que la grotte de Platon était un
&lt;c souterrain » et que Platon était un être anormal, maladif,
aigri, un de ceux pour lesquels les autres hommes, les
hommes normaux doivent imaginer des théories, des traitements, etc. Or il arriva à Dostoïevsky dans son souterrain la même chose qu'à Platon dans sa grotte : ses
nouveaux yeux s'ouvrir nt et l'homme ne découvrit plus
qu'ombres et fantômes là où «1ous » voyaient la réalité;
il entrevit la vraie, l'unique réalité dans ce qui pour
« tous 1&gt; n'existait même pas.
Antisthène, qui se considérait comme l'élève de Socrate,
&lt;lisait qu'il préférerait perdre la raison que de ressemir un
plaisir. Et Diogène, que ses contemporains appelaient un
Socrate dément, craignait par dessus tout au monde
!'équilibré, l'accompli. li semble bien que sous certains
rapports la vie de Diogène nous découvre la vraie nature
de ocrate plus complètement que les brillants dialogues
de Platon. Celui en tout cas qui veut comprendre Socrate
doit étudier l'affreux visage de Diogène tout autant que les
admirables traits classiques de Platon . Le Socrate dément
est peut-être bien celui qui nous parlera sincèrement de
lui-même. L'homme sain d'esprit - l'imbécile aussi bien

DOSTOÏEVSKY ET LA LUTTE CONTRE LES É\'JOENCES

145

que l'intelligent - ne nous parle pas en réalité de luimême, mais de ce qui peut être nécessaire et utile à tous.
Sa santé consiste justement en cela qu'il émet des jugements bons pour tous, et ne voit même que ce qui est bon
pour tous et dans tous les cas. Mais les cyniques ont
passé sans laisser de traces dans l'histoire. Ce qui
caractérise justement l'histoire, c'est qu'avec un art admirable, presque humain, conscient, elle efface les traces de
tout ce qui survient d'étrange dans le monde, d'extraordinaire. L'objet principal de la science de l'histoire, telle
qu'on la comprend toujours, est de rétablir le passé sous
l'aspect d'une série d'événements reliés entre eux par la
causalité. Pour les histol'iens, Socrate n'était et ne devait
être qu'un « homme en général». Ce qu'il y avait en lui
de spécifiquement a socratique » « n'avait pas d'avenir »
et n'existait donc pas aux yeux de l'historien. L'historien
n'accorde une certaine signification qu'à ce qui est entré
dans le cours du temps et le nourrit; le reste ne le
concerne pas. Ce qui est important, c'est Socrate « homme
d'action », celui gui a laissé des traces de son eJ istence
dans le torrent de la vie sociale. Aujourd'hui encore nous
avons besoin des « pensées &gt;) de Socrate. ous avons
besoin de certaines de ses actions gui peuvent servir
d'exemple, de sa fermeté, de son calme en face de la mort.
Mais quant à Socrate lui-même, quelqu'un en a-t-il besoin?
C'est justement parce qu'il n'était nécessaire à personne
qu'il a disparu sans laisser de traces. S'il avait été nécessaire, il y aurait eu une « loi » pour le conserver.

IV
Dostoïevsky voyait aussi la vie avec des yeux d'historien,
des yeux naturels. Mais quand on lui donna une seconde
paire d'yeux, il vit autre chose. Le « souterrain », ce
n'est pas du tout cette niche misérable où Dostoïevsky
10

�146

LA NOO\'ELLB REVUE FRANÇAISB

fait vivre son héros et ce n'est pas non plus sa solitude. Au
contraire - il faut se le répéter continuellement - Dostoïevsky recherche la solitude pour s'évader, pour essayer
de s'évader du « souterrain » (de la «grotte» de Platon)
dans lequel « tous » doivent vivre, que tous considèrent
comme le eu\ monde réel, comme le seul monde possible, c'est-à-dire justifié par la raison. C'est ce que nous
observons :mssi chez les moines du moyen-âge. Ils haïssaient par-dessus tout cet équilibre mental qui apparaît à la
raison comme le but suprême de la vie sur terre. L'ascêtisme n'avait nullement pour objet de combattre la. chair,
comme on le pi.:nse généralement. Les moines, les ermites
voulaient avant tout s'arracher à cette « omoitude D I dont
parle chez Dostoïevsky l'hornm~ soute~n, à ce~e coo~cience commune que le vocabulaire scolarre et philosophique appelle « conscience en général &gt;&gt;. lgn~:e d_e _Loy~la
formule ainsi 11 règle fondamentale des Extraha spmt ualia:
Quanto se ma.gis reperit anima segregatam et ~olt'ta~-iam, tanlo
aptiow" se i,t,5,1m rtdàit ad q11.,mndum inttlligend11mque
Creatomn el Domi11w11 mum.
La conscience commune, voilà l'ennemi principal d~
Dostoïevsky. Aristote avait déjà déclaré que l'homme qui
n',lUrait besoin de personne serail dieu ou bête fauve.
Dostoïevsky, de même que les saints qui. sauvaie~t leur
~me entend sans cesse une voix mystérieuse lui cbuchot,er : tt Ose ! recherche le désert, la solitude. Tu y seras
une bète fauve ou bien un dieu. Rien n'est certain d'avance:
renonce d'abord à la conscience commune et après on
verra. Ou plutôt, c'est bien pis : si ru renonces à cette co1nscience, tu seras métamorphosé d'abord en bête, e,t ce n_est
que plus tard, quand? personne ne le sait - qu_aura heu
ta dernière métamorphose ». D'ailleurs, cette ~ern1ère métamorpho e n'est pas certaine. 'est-il pas évident en effet
t Dostoievsky cré~ un néologisme : "vsiems1vo » (de « vsié • nous
tou~) \itt~ralcment " ornnitude 11, ce qui e commun à tous.

DOSTOÏE\'SKY ET LA LUTTE CO.'TRE LES É\'IDfil:CES '

147

que l'homme peut se transformer en bête fauve, mais qu'jl
ne lui est pas donné de devenir un dieu ? Une expérience
millénaire est là pour nous confirmer que les hommes se
sont transformés souvent en bêtes fauves, mais qu'il n'y a
pas eu jusqu'ici de &lt;lieux parmi eux. Llse.z les confessions de
l'homme souterrain. A chaque page il raconte sur son propre compte de choses presque iocroy;ibles. tt En réalité,
sais-tu ce qu'il me faut : que vous alliez tous au diable,
voilà ce qu'il me faut. Il me faut ma tranquillité. Mais
saï.Hu que pour n'être pas dérangé je endrais immédiatement l'univers tout entier pour un kopeck ! Que le
monde entier périsse ou que je ne boive pas de thé ? Je
dirai : que le monde entier périsse, pourvu que je bcive
toujours mon thé. Savais-ru cela, ou non ? Eh bien, moi
je sais que je suis un chenapan, un mi rable, un paresseux, un égoïste. » Er à la page suivante, de nouveau :
• Je suis le plus ignoble, le plus ridicule,, le plus mes uin,
le plus envieux, le plus bête des vers qui soient sur la terre.»
L'œuvre est remplie de confessions semblables. Mais lisez
les livres, les confe~ions des plus grands saints ; tous ils se
considéraient comme les tres les plu horribles (toujours
ce superlatif), les plus vils, les plus faibles, les plus stupides
de la création. Ce n'était nullement par excès d'humilité ;
ils se voyaient vraiment tels. Saint BernanJ, sainte Th\.~
rèse, tous avaient horreur d'eux-mêm s.
Nous avons toutes les raisons de croire que lorsque Dostoïevsky décrivait son souterrain, il connaissait fon peu
les livres des saints. li ne se sent soutenu par aucune autorité, par aucune tradition. Il agit à ses propres risques et p rils
et il lui semble que lui seul, depuis que le mondee. iste, avu
ces choses extraordinaires. &lt;&lt; Je suis seul., et il sont "tous ! •&gt;
s'écrie-t-il épouvanté. Arraché à la conscience- com.mune,
rejeté en dehors de l'unique monde réel dont la réalité est
justement fondée sur cette conscience commune - car sur
quelle autre base la réalité a-t-elle jamais pu être fondée?
- Dostoîevsky paraît suspendu entre ciel et terre. Le sol

�DOSTOÏEVSKY ET LA LUTTE CONTRE LES tVIDENCES

148

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'est dérobé sous ses pieds et il ne sait pas si c'est la mort,
ou le miracle de la seconde naissance.
Les anciens disaient que les dieux se distinguent des
hommes en ce que leurs pieds ne touch~nt jamais la ~erre,
qu'ils n'ont pas besoin de point _d'app~1,_ de sol. Mais ce
sont des dieux, des dieux anciens d ailleurs, des êtres
mythologiques. Et Dostoïevsky sait très b~en, to~t com_m~
un autre, mieux qu'un autre, que les anciens_ dieux, amst
que le Dieu nouveau, ont été bannis par la ra1s~n hors des
limites de l'expérience et ne sont plus que des idées pures.

V
Dans ses Souvenirs de la Maison des Morts Dostoïevsky
parle souvent des condamnés. au &lt;t bagne à perp.étuité •
et de leurs tentatives d'évasion désespérées. Lhomme
connaît les risques qu'il court et combien il y a peu d'espoir ; il se décide pourtant. Au bagn~ déjà, _Dostoïevsky
était surtout attiré par les hommes décidés qm ne recule~t
devant rien. Il dchait de comprendre leur ~syc~ol~e.
Mais cela ne lui réussit pas, non par manque d esprit d observation, mais parc~ qu'il n'y a là __ rien à comprend~e. ~
décision est« inexplicable&gt;&gt;. Dosto1evsky, ne pouvait q~
constater que les gens décidés sont partout rares. Il aurait
· _p~s de gensrtl
été plus exact de dire qu'en généra1 I·1 n' existe
« décidés », qu'il n'y a que de grandes déc1s1ons, ~u
est impossible de comprendre, car rien ne les souuent
et par essence même elles excluent tout motif. Elles ne
sont soumises à aucune règle ; ce sont des &lt;c décisions » et
de « grandes » décisions, justement parce qu'elles sont
en dehors de toutes les règles et, par conséquent, de tou~
les explications possibles. Au bagne, Dostoïevsky ne se1
n
·1
·
0 me tout e
rendait pas encore compte ; ~ croyait,_ c. m
~
monde que l'expérience humame a ses linutes et que
· · ·mtangi'hies ' étcr·
limites ' sont déterminées par des principes

149

nels. Mais dans le « souterrain J) une vérité nouvelle lui
apparut: ces principes n'existent pas et la loi de la raison
suffisante qui est à leur base n'est qu'une suggestion de
l'homme qui adore sa propre limite et se prosterne devant
elle.
« Devant le mur, les gens simples et les gens d'action
reculent très sincèrement. Ce mur n'est pas poÙr eux ce
qu'il est pour nous, une excuse, un prétexte pour se
détourner du chemin, prétexte auquel nous-mêmes souvent n'ajoutons pas foi, mais dont nous sommes très heureux de profiter. Non, ils reculent de bon cœur. Le mur
a quelque chose de tranquillis:mt pour eux, de moral, de
définitif, quelque chose même de mystique, peut-être ...
Eb bien, c'est justement cet homme simple que je considère comme l'homme normal, tel que l'avait voulu voir
la tendre mère nature, quand elle le faisait aimablement
naître sur la terre. J'envie au moins cet homme. Il est
bête, je ne discute pas, mais il se peut que l'homme normal
doive être bête, qu'en savez-vous ? Il se peut même que
ce soit très beau. »
Réfléchissez à ces paroles ; elles valent la peine qu'on y
réfléchisse. Ce n'est pas un paradoxe irritant, c'est une
admirable intuition philosophique. Comme toutes les
pensées nouvelles de l'homme &lt;&lt; souterrain &gt;&gt; elle prend la
forme d'une question, non d'une réponse. Et puis, il y a
cet inévitable c&lt; peut-être &gt;l qui semble mis là tout exprès
pour transformer les réponses naissantes en questions nouvelles auxquelles il n'y aura plus de réponse à faire : il se
peut que l'homme normal doive être bête ; il se peut que
cela soit même beau ; toujours ce &lt;( peut-être» qui affaiblit et discrédite la pensée, cette clarté douteuse, clignotante,
insupportable pour le sens commun, qui détruit les contours des objets, efface les limites entre les choses, à tel
point qu'on ne saisit plus où finissent les unes, où commencent les autres ; on perd toute confiance en soi-même,
tout mouvement vers un but déterminé devient impossi-

�l

50

LA

OOVELLE REVUE FRANÇAISI

DOSTOÏEVSKY ET LA LUITE CONTRE LES EVIDElsCES

ble. Mais le principal est que cette ignorance apparaît brusquement non comme une malédiction, mais comme un don
du ciel. ..
« Ob, dites-moi, qui est-ce qui a déclaré le premier, qui
est-ce qui a proclamé le premier que l'homme, si on l'éclairait, si on lui ouvrait ]es yeux sur ses véritables intérets,
sur ses intérêts normaux, deviendrait immédiatement bon
et honnête, car étal1t éclairé par la science et comprenant
ses véritables intérêts, il verrait justement cr.ms le bien son
propre avantage ; or, il est e~tendu q~e persoon_e ~e pe~t
agir sciemment contre son mtérêt; l homme a.10s1 serait
donc obligé nécessairement de faire le bien ? 0 enfant 1
Enfant pur et naïf!.. . L'intérêt ! Qu'est-ce que l'intérêt?
Que dirtz-vous s'il arrive un jour que l'intérêt humain
non eulc ent puisse ccnsister, mais àoive même consister en c rtain cas à se ouhaiter non du bien, mais du
mal ? S'il en est ainsi, i ce cas peut se présenter, la règle
tombe en poussière.»
.
Qu'est ce qui attire Dostoïevsky? Le «peut-être», l'mat·
tendu, le subit, les ténèbres, le caprice, cela justement qui,
au point de vue du bon sens et de la science, ~•existe ~as
ou n'existe que négativement. Dostoïevsky sait très bien
ce que tout le monde peo e, il sait aussi, bien qu'il_ n'ait
pas coonu les doctrines des philosophes, que d~pu1s les
temps déjà anciens le crime le plus grand a touiours. éti
de manquer de respect aux r' gles. Ma~s un sou~o'C horr!ble
pén tre dans .son âme : ne se peut-il pas qu en cela JUStement les hommes se soient toujours trompés ?
i jamais ]a Critique de la Raison Pure ~t écrite, il_ faut
la chercher chez Dostoîevsky, dans la Voix s01.1terrai11t et
dans les grands rom·aos qui en s nt issus. Ce que nous
a donné Kant ce D'est pas la critique, c'est l'apologie de la
'
.
.
;, La
raison pure : comment Kant a-t-1I posé la quesnon • •
science mathématiq e existe, le sciences narorelJ s existent; y a-t-il place pour une science métaphys!que dont 1
structure logique serait identique à celle des sciences post·

!

I 5I

tives qui se sont déjà justifiées? C'est là ce que Kant appelait «critiquer", « se réveiller du sommeil dogmatique » !
Mais il fallait avant tout poser la question de savoir si les
sciences positives s'étaient vraiment justifiées, si elles
avaient le droit d'appeler « connaissance » leur savoir ? Ce
qu'elles nous apprennent n'est-ce pas illusion et mensonge ?
Kant s'est si ma] réveillé de son sommeil scientifique qu'il
ne se pose même pas cette question. Il est « convaincu »
que les sciences positives sont justifiées par le succès, c'està-dire par les services qu'elJes ont rendus aux hommes.
Elles ne peuvent donc pas être jugées, mais ce sont elles
qui jugent. Si la métaphysique veut exister, elle doit au
préalable demander la sanction et la bénédiction des mathématiques et des sciences naturelles.
Chez Dostoïevsky, au contraire, c'est l:i métaphysique
qui juge les sciences positives. Kant pose la question : la
métaphysique est-elle possible ? Si elle est possible, continuons les tentatives de nos prédécesseurs. i non, renonçons-y, adorons notre limite. L'impossibilité est une limite
naturelle ; il y a en elle quelque chose de tr.:inquillisant, de
mystique même. Le catholicisme lui-même affirme : De11s
impossibilia non jiibet.
Dieu n'exige pas l'impossible. Mais c'est ici que se manifeste la seconde vue. L'homme sout rrain, ce même
homme souterrain qui se proclamait le plus vil de tous les
hommes, s'écrie tout à coup d'une voix aigre, sauvage,
affreuse ( tout est affreux dans l'homme souterrain), d'une
voix qui n'est pas la sienne (la voix de l'homme souterrain
n'est pas la sienne, de même que ses yeux ne lui appartiennent pas) : « fausseté, mensonge! Dieu exige l'impossible ! Dieu n'exige que l'impossible. Vous cous, vous cédez
devant le mur ; mais je vous déclare que vos murs, votre
« impossible &gt;&gt; n'est qu'une excuse, un prétexte et que votre
Dieu, ce Dieu qui n'exige pas l'impossible, est non Dieu,
mais une affreuse idole. &gt;1 •

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

VI
ous nous souvenons de la rage avec laqueUe l'homme
souterrain s'est jeté à la gorge des Yérités évidentes, guindées
dans la conscience de leurs droits wuverains, intangibles.
Ecoutez encore ceci, mais cessez de croire que vous avez à
faire à un fonctionnaire pétersbourgeois, infime et méprisable : « Je continue au sujet des gens aux nerfs solides ...
ces messieurs s'humilient immédiatement devant l'impossibilité. Impossibilité, donc muraille de pierre. Quelle
muraille de pierre ? Mais les lois naturelles, évidemment,
les conclusions des sciences naturelles, les mathématiques.
Essayez de discuter ! - Pardon, vous dira-t-on, impossible
de discuter : deux et deux font quatre. La nature ne
demande pas votre autorisation ; elle ne se préoccupe pas
de ,·os désirs et si ses lois vous plaisent ou non. Vous êtes
obligé de l'accepter telle qu'elle est, ainsi, par conséquent,
que tous ses résultats. Le mur est un mur, etc., etc. - Mais
mon Dieu ! Qu'ai-je à faire avec les lois de la nature et de
l'arithmétique, si ces lois pour une cause ou pour une
autre ne me plaisent pas ? Je ne pourrai naturellement
pas briser ce mur avec mon front, si je n'ai pas les forces
suffisantes pour le démolir, mais je ne pactiserai pas avec
lui pour la seule raison que c'est un mur en pierre et que
mes forces n'y suffisent pas. Comme si cette muraille était
un apaisement et suggérait la moindre idée de paix pour
la raison qu'elle est bâtie sur «deux fois deux font quatre•!
Oh, absurdité des absurdités ! Il est bien plus difficile de
tout comprendre, de prendre conscience de toutes les
impossibilités et de toutes les murailles de pierre, de ne
pactiser avec aucune d'elles si cela te dégoûte, d'arriver en
épuisant les combinaisons logiques les plus inéluctables aus
conclusions les plus affreuses sur le thème éternel de ta
propre responsabilité (bien que tu voies clairement que m

DOSTOÏEYSKY ET LA LUITE CO.'TRE LES ÉVIDENCES

153

n'en es nullement responsable), de te plonger voluptueusement en conséquence dans l'inertie, en grinçant silencieusement des dents, et de penser que tu ne peux même pas te
révolter contre qui que ce soit, car il n'y a personne et il
n'y aura jamais personne ; probablement que c'est une
farce, une tricherie, que c'est un simple galimatias - on ne
sait quoi et on ne sait qui. »
Il se peut que vous soyez déjà fatigué de suivre la pensée
de Dostoïevsky et ses efforts désespérés pour renverser les
évidences invincibles ... Vous ne savez pas s'il parle sérieusement ou s'il se moque de vous. Peut-on, en e!fet, ne pas
s'incliner devant un mur ? Peut-on opposer à la nature qui
fait son œuvre sans songer à nous, notre « moi », petit et
faible, et qualifier d'absurdes le jugements qui nient cette
possibilité ?
Mais Dostoïevsky se permet justement de douter que
notre raison ait le droit de juger du possible et de l'impossible. La théorie de la connaissance ne pose pas cette question, car, s'il n'est pas donné à la raison de juger de la
possibilité et de l'impossibilité, qui donc pourra alors en
juger ? Alors, tout serait possible et tout serait impossible.
Et Dostoïevsky, comme s'il se moquait de nous, avoue par
dessus le marché qu'il n'a pas les forces nécessaires pour
renverser Ja muraille. n admet donc une certaine impossibilité, une certaine limite ? Mais alors, nous tombons dans.
le chaos absolu, pas même dans le chaos, mais dans le
néant où disparaît avec les règles, les lois, les idées, la réalité
tout entière ! li semble bien qu'au-delà de certaines limites
il faille également éprouver cela. L'homme délivré de
l'atroce pouvoir des idées s'engage dans des régions si
extraordinaires, si peu connues, qu'il doit lui sembler qu'il
a quitté la réalité, et qu'il est entré dans le néant éternel.
Dostoïevsky ne fut pas le premier à vivre ce passage infiniment terrible d'une existence à une autre. Quinze cents
ans avant lui, Plotin qui avait essayé lui aussi de « survoler » notre expérience, raconte qu'au premier moment on

�154

LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

a l'impression que tout disparaît et on ressent une peur

folle devant le pur néant •. J'ajouterai que Plotin n'a pas
tout dit, qu'il a caché le plus important : telle n'est pas
seulement la première étape, mais la seconde aussi et toutes
celles qui suivent. L'ime rejetée hors des limites normales
ne peut jamais se délivrer de sa terreur, quoi qu'on nous
raconte des joies extatiques. La joie ici n'exclut pas la
terreur. Ces états sont liés organiquement l'un à l'autre:
pour qu'il y ait joie sublime il faut qu'il y ait terreur atroce.
Un effort véritablement surnaturel est nécessaire pour
que l'homme ose opposer son moi à l'univers, à la nature,
à la suprême évidence : le « tout » ne veut pas compter
avec moi, je ne compte pas avec le« tout ».
Que le « tout » triomphe l Dostoîevsky trouve même
une sorte de volupté à nous faire part de ses défaites incessantes et de ses malheurs. ul avant lui et nul après lui n'a
jamais décrit avec cette abondance désespérante toutes les
humiliations, toutes les souffrances d'une âme écrasée par
les &lt;&lt; évidences ». Il s'arrache cette confession : « Est-a
que l'homme qui a pris conscience de lui-même peut vraiment se respecter ? » Qui peut en effet respecter l'impuissance et la petitesse ? On offense l'homme souterrain,
on le chasse, on le bat. Et lai, il semble oe rechercher que
les occasions de souffrir encore et davantage. Plus on
l'offense, en effet, plus on l'humilie, plus on l'écrase, plus
il est proche du but qu'il poursuit : s'évader de la« grotte,,
de cette contrée ensorcelée où règnent les lois, les principes, les « évidences », hors de l'empire idéal des gens
« sains » et « normaux ». L'homme souterrain est l'être le
plus malheureux, le plus misérable, le plus pitoyable. Mais
l'homme (t normal » c'est-à-dire, l'homme qui vit dans ce
même souterrain, mais ne va pas jusqu'à soupçonner que
c'est un souterrain et est convaincu que sa vie est la vie
Yéritable, suprême, sa science la science la plus parfaite,
1. 4&gt;opi"1-:«t P."i ouaàv t;u1 (VI En. 1. 9 cap. 3).

DOSTOÏE\'SKY ET LA LUTTE CONTRE LES ÉVlDENCES

I 55

soo bien, le bien absolu, qu.,il est l'alpha et l'oméga, le
commencement et la fin de tout, cet homme-là provoque
dans la région souterraine un rire homérique.

VII
Dostoïevsky pose la question : le « tout», la conscience
commune ( d'où proviennent les évidences) ont-ils droit
am hautes prérogati.es dont ils se sont emparés, autrement
dit, la raison a-t-elle le droit de juger de façon autonome,
sans rendre compte à personne, ou bien n'y a-t-il là qu'une
prise de possession que les siècles ont sanctifiée. Dans la
dis.cussion entre le « tout » et l'homme particulier vivant,
Dos1oïevsky soulève la question de droit: le « tout» s'est
emparé du pom·oir; il faut le lui enlever et pour cela il
faut cesser de croire au bon droit du « tout » et se dire que
ce qui fait la force de l'adversaire c'est notre foi en sa puissance. Si c'est ainsi, il nous faut lutter contre les principes
de la connais ance scientifique non plus au moyen d'arguments, mais en employant d'autres armes. Les arguments
pouvaient serYir tant que nous admettions les prémisses
~ont ils découlaient, mais puisque nous n'y croyon plus,
il faut chercher autre chose.
« Deux fois deux quatre, messieurs, ce n'est déjà plus la
vie, c'est la mort. En tout cas, l'homme a toujours craint ce
« deuxfois deu:xquatre » et moi, j'en ai peur 'encore maintenant. Il est vrai que l'homme ne s'occupe quede rechercher ce deux fois deux quatre ... , il sacrifie sa vie à ces
recherches, mais quant à le trouver, à le découvrir véritablement - je vous jure qu'il en a peur... Mais deux fois
deux quarre, c'est, à mon avis, une simplé impudence.
De~x fois deux quatre nous regarde insolemment ; les
mams sur les hanches il se plante en tra,ers de noire route
et nous crache au visage. J'admets que deux fois deux quatre
est une chose excellente, mais s'il faut tout louer, je vous

�I

56

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSI

dirai que deux fois deux cinq est aussi une chose charmante. &gt;&gt;
Vous n'êtes pas habitué à de tels arguments; vous êtes
même offensé peut-être qu'en parlant de la théorie de la
connaissance je cite ces passages de Dostoïevsky. Vous
auriez raison si Dostoïevsky n'avait pas soulevé la question
de droit. Mais deux fois deux quatre, la r:aison avec toutes
ses évidences ne veulent justement pas admettre qu'on di~
cute la question de droit; s'ils l'admettent ils perdent leur
cause. Ils ne veulent pas être jugés; ils veulent être juges et
législateurs, et si quelqu'un refuse de leur concéder ce droit,
ils lui lancent l'anathème, ils le retranchent de l'église
humaine, œcuménique. Ici cesse toute possibilité de discussion, ici commence une lutte désespérée, mortelle. L'homme
souterrain est privé au nom de la raison de la protection
des lois. Et voilà que cet homme misérable, humilié,
pitoyable, ose se dresser pour la défense de ses soi-disant
droits. Mais comment s'y prendre pour renverser ce tyran,
quelles méthodes imaginer ? N'oubliez pas que tous les
arguments sont des arguments rationnels qui n'existent que
pour soutenir les prétentions de la raison. Il n'y a qu'un
moyen: se moquer, invectiver et à toutes les exigences de
la raison opposer un « non i&gt; catégorique. A la raison, qui
crée les règles et bénit les gens normaux, Dostoïevsky
répond : « Pourquoi êtes-vous si solidement, si solennellement convaincu que seul le normal est nécessaire, le pos~
tif, en un mot, ce qui donne le bien-être. La raison ne se
trompe-t-elle pas? Il se peut fort que l'homme aime autre
chose que le bien-être ? Peut-être qu'il aime tout autant la
souffrance? ... Il arrive parfois que l'homme aime la souf·
france, jusqu'à la passion. C'est un fait. Nulle nécessité de
s'en référer à l'histoire universelle. Questionnez-vous vousmême, si seulement vous avez vécu. Quant à mon opinion
à moi, je vous dirai qu'il est même inconvenant de n'aimer
que le bien-être. Est-ce bien, est-ce mal, mais il est parfois
très agréable de briser quelque chose. Je ne défends d'ail-

DOSTOÏEVSKY ET LA LUTTE CONTRE LES ÉVIDENCES

I 57

leurs pas ici la. souffrance ou le bien-être, mais je suis
pour rr.on caprice et pour qu'il me soit garanti, quand il
le faut. Dans les vaudevilles, par exemple, les souffrances ne
sont pas admises, je le sais. On ne peut les admettre dans
~n palais_ de cristal : la souffrance est un doute, une négation, mais ~u•es~-ce qu'un palais de cristal dont on peut
douter: Or Je suis sôr que l'homme ne renoncera jamais à
la vraie souffrance, c'est-à-dire à la destruction et au
chaos. »
•
. En face de cette argumentation, les preuves les plus subules élabor~es au cours de milliers d'années par les théories
de la connaissance doivent s'évanouir. Ce n'est plus la loi
c_e n'est plus le principe qui exigent et obtiennent des garan~
ttes, c'est le caprice, le caprice qui, par sa nature même,
comme tout le monde le sait, ne peut prétendre ni à
octroyer ni à recevoir des garanties quelconques. Nier
ce~a c'est nier l'évidence, mais c'est justement contre les
é~1denc_es, comme je l'ai déjà dit, que lutte Dostoïevsky.
Nos év~de?ces ne sont que des suggestions, de même que
notre vie, 11 le répète tout le temps, n'est pas la vie, mais la
mort. Et. si vous voulez comprendre Dostoïevsky, vous
devez tou1ours vous souvenir de sa « thèse fondamentale » :
d_eux fois deux quatre est un principe de mort. Il faut chois1_r : ou bien renversons le &lt;&lt; deux fois deux quatre &gt;&gt; ou
bien admettons que la mort est le dernier mot de la vie
son tribunal suprême.
'
. C'est là la source de la haine de Dostoïevsky contre le
bien-être, l'équilibre, la satisfaction et c'est de là que
découle son paradoxe fantastique : l'homme aime la souffrance.
. En l~sant a~jourd'hui Dostoïevsky nous ne savons pas au
Juste si nous avons le droit de protester contre l'impudence du &lt;&lt; deux fois deux quatre i&gt; ou bien si nous devons,
comme par le passé, courber l'échine devant lui. Dostoïevsky aussi ne savait pas s'il avait terrassé son ennemi
ou s'il était retombé sous sa loi.

�LA

CUVELLE REVUE FR.ANÇAISI

Il ne l'a pas su jusqu'aux derniers jours de sa vie. S'étant
évadé de la conscience commune, il avait pénétré dans un
labyrinthe, ne pouvait plus juger et ne savait même plus
si c'était là on bien ou un mal. Il haïssait la tranquillité et
toutes les satisfactions que l'ordre procure à l'homme : ni
notre théorie de la connaissance, ni notre logique ne pouvaient plus lui en imposer.
Celui à qui l' Ange de la Mort a octroyé son don mystérieux, celui-là ne possède plus cette certitude qui accompagne nos jugements ordinaires et confère une belle solidité
aux vérités de la conscience commune. Il lui faut vivre
désormais sans certitude, sans conviction. L'homme souterrain voit que ni les cc œuvres » de la raison, ni aucune
des« œuvres &gt;&gt; humaines ne sont capables de le sauver. Il
a examiné - avec quelle attention! avec quelle tension de
tout son être ! - ce que l'homme peut faire de sa raison,
tous ses cc palais de cristal &gt;&gt;, et il a vu que c' était non des
palais de cristal, mais des poulaillers et des fourmilières, car
ils étaient tous bâtis sur le prinGipe de mort, sur deux fois
deux quatre. Et à mesure qu'il en prenait conscience, cet
irrationnel, cet inconnaissable, ce chaos, gui fait horreur i
la conscience ordinaire, s'épanouissait plus largement en lui.
C'est pourquoi Dostoïevsky renonce à la certitude et pose
comme but suprême l'ignorance ; c'est pourquoi il cc ose
tirer la langue &gt;&gt; aux évidences, c'est pourquoi il. chante
le caprice, inconditionné, toujours irrationnel, imprévu, et
c'est pourquoi il se rit de toutes les vertus humaines.

(Traduit par B.

DE SenLŒZER)

LÉON SCHESTOV

DEUX LETTRES DE DOSTOÏEVSKY

La première des deux lettres que l'on va lire a paru
dans les numéros I 2 et I 3, aujourà'hoi introuvables, de la
Vogue ( 1886) ; elle ne figure pas dans le volume de Correspondance qu'a publié la librairie du Mercure de France.
Adressée à Mikhaïl Dostoïevsky, frère aîné de Théodor
elle fut écrite par celui-&lt;i à l'époque de sa libération, pe~
de temps après la publication des Souvenirs de la Maison

dts Morts.
. La seconde lettre était inédite en russe jusqu'à ces derm~rs,temps. C'est le journal bolchéviste de Riga Nwi Put
qui I a révélée. Le présent numéro était déjà sous presse
quand le Mermre de France en a publié une traduction par
M. Bienstock.
le

22

février 1854.

Je puis enfin causer avec toi plus longuement, plus sûrement aussi, il me semble. Mais avant tout laisse-moi te demander, au_ nom de Dieu, pourquoi tu ne m'as pas encore écrit une
seule ligne. Je n'aurais jamais cru cela ! Combien de fois dans
m~ prison, dans ma solitude, ai-je senti venir le véritable désespo~ ~n pensant que, peut-être, tu n'existais plus : et je réflé:ts~s ~urant d~s nuits_ entières au sort de tes enfants, et je
au~1ssa1s la destinée qm ne me permettait pas de leur venir
en aide.
D'autres fois je me persuadais que tu vivais encore, mais
alors la colère me prenait ( surtout à mes heures - si fréqu~ntes ! - de maladie), et je t'accablais d'amers reproches.
Mais bientôt je t'excusais ; je te justifiais de mille manières et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

160

je tâchais de me tranquilliser. Car je n'ai jamais perdu ma
confiance en toi : je crois que tu m'aimes et que tu ne m'as pas
oublié.
Je t'ai écrit une lettre par l'intermédiaire de notre état-major.
Elle a dt\ certainement te parvenir. J'attendais une réponse et
je n'ai jamais rien reçu. Se pourrait-il qu'on t'eftt défe~~u de
m'écrire ? Mais cela est permis I Tous les condamnés politiques
reçoivent ici plusieurs lettre;; par an. Doura en recevait souvenL
Maintes fois, sur la demande des autorités locales, l'autorisation accordée aux condamnés politiques de correspondre avec
leurs parents a été confirmée. Mais je crois avoir deviné la véritable cause de ton silence : c'est ton apathie naturelle. Tu
n'auras pas jugé utile d'aller à la préfectu~e de police, ou: si_ 111
y es allé, tu te seras contenté de la première réponse negat1ve
d'un employé peu au courant, peut-être, des règleme~ts. Tu
m'as fait beaucoup souffrir ... S'il ne peut même pas faire des
démarches pour obtenir le droit de m'écrire, pensais-je, il se
souciera bien moins encore de solliciter pour obtenir quelque
faveur plus importante 1... Ecris-moi, réponds-moi le plus ~
possible, n'attends pas une occasion, écris-moi d'abord o.fficullement mais une lettre détaillée, étendue.
Je ;uis comme un membre retranché de notre famille et~
voudrais y reprendre ma place. Ne le pourrai-je donc pas? lJr
abJents &lt;ml toujours tort. Sera-ce donc vrai, même pour nous?
Jou, n'est-ce pas? Je puis avoir confiance en toi !
Voilà déjà huit jours que je suis libéré des tranux forcés •.Je
t'envoie cette lettre sous le secret le plus absolu, ne la communique à personne. Je t'enY:rrai au:si une lettr~ o~cielle pi!
l'intermédiaire de l'état-maior de I armée de S1béne. A cetu
dernière lettre tu répondras immédiatement et à la présente do
que tu auras une occasion favorable. En tous cas, et cela dans
la lettre officielle, il faut que tu me racontes dans tous leun
détails les principaux événements de ta vie durant ces q~
années. Pour moi, je voudrais t'envoyer des volumes ! m2ll
c'est à peine si j'aurai le temps nécessaire pour t'écrire cctlt
lettre. Je ne te dirai donc que le plus important.
.
« Important 1 » Eh ! que s'est-il passé d'important pour !l1DI
1.

Le

II

février 1854,

DEUX LEITRES DE DOSTOÏEVSKY

dans ces derniers temps ! Et pourtant, en y réfiéchissant, je
vois bien que je ne pourrai tout te dire dans une lettre. Comment t'envoyer tout ce que j'ai dans la tête ? Tc faire comprendre ma vie, les convictions que j'ai acquises, mes occupations
durant ce temps, ce n'est pas possible. Je n'aime pas à faire les
choses à moitié : ne dire qu'une partie de la vérité, c'est ne
rien dire. Voici du moins l'essence de cette vérité : tu l'auras
tout entière si tu sais lire. Je te dois ce récit. Je ,;•ais donc
commencer à réunir mes souvenirs.
Tu te rappelles comment nous nous sommes séparés, mon
cher, mon ami, mon meilleur ami. Dès que tu m'eus quitté• ...
on nous emmena tous trois, Dourov, Yastrjembsky a et moi,
pour nous mettre les fers. C'est à minuit- juste à l'instant de
la Noël, - qu'on m'a mis les fers pour la première fois. Ils
pèsent dix livres et la marche en est très incommodée. Puis on
nous fit monter dans des traîneaux découverts, chacun à part
avec un gendarme (cela faisait quatre traîneaux, le feldyeguer l en
ayant un pour lui seul) et nous quittâmes Saint-Pétersbourg.
J'avais le cœur gros ; la multitude de mes sentiments me
troublait. Il me semblait que j'étais pris dans un tourbillon et
je ne ressentais qu'un désespoir morne. Mais l'air frais me
ranima et, comme il arrive toujours à chaque changement dans
la vie, la vivacité même de mes impressions me rendit mon
courage, de sorte qu'au bout de très peu de temps je fus rasséréné. Je me mis à regarder avec intérêt Pétersbourg que nous
traversions. Les maisons étaient éclairées en l'honneur de la
fête, et je disais adieu à chacune d'elles, l'une après l'autre.
Nous dépassâmes ta maison. Celle de Krorevsky était tout illuminée. C'est là que je devins mortellement triste. Je sa,•ais par
toi-même qu'il y avait un arbre de Noël et qu'Emilia Théodorovna devait y conduire les enfants ; il me semblait que je leur
disais adieu. Que je les regrettais ! et que de fois encore,
plusieurs années après je me les suis rappelés avec les larmes
dans le_s yeux t
I. Ces interruptions sont reproduites telles qu'elles sont dans le
texte russe.
2. Membres de la conspiration Petraschevsky contre le Czar Nico-

las Ier, en 1849.
3. Courrier.
11

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

162

Nous allions à Y-aroslavl. Après trois ou quatre stations,
nous nous arrêtâmes vers l'aube à Schlisselbourg, dans un
traktir. Nous nous jetâmes sur le thé comme si nous n'avions
pas mangé pendant une semain~. Hui~ moi~ de pris~n et
soixante ,·erstes de route nou.s avaient mts en s, bel ~ppént que
je m'en souviens avec plaisir. J'~tai~ g~i. D~urov pa~lait saru
cesse. Qulmt à Yasttjembsky, il voya1t l a,·emr en norr. Nous
tâtâmes notre feldyeguer. C'était un bon vieillard, plein d'expérience · il a traversé toute l'Europe en portant des dépêches. ll
'
,.
nous traita avec une doucear, une bonté qu on ne peut simaginer. Il nous fut bien précieux tout le long de l_a route._ Son
nom est Kousma Prokolyitcb. Entre autres compla1saoces il eut
celle de nous procurer des traîneaux couverts, ce qui ne nous
fut pas indifféreat car le froid devenait terrible.
. .
.
Le lendemain étant un jour de fête, les yamschtchiki I av:ucnt
revêtu l'armiak a en drap gris atlemand .avec des ceintures écarlates. Dans les rues des villages pas une âme. li faisait u.ne splendide journée d'hiver. On nous fit tnwerser les déserts des gouvernements de Pétersbouto-, Novgorov, Yaroslavl, etc. Nous ne
rencontrions que des pe~ites 'Villes sans importance et clairtt•
mées mais à cause des fêtes nous trouvions partout à manger
et à boire. Nous avions horriblement froid quoique nous fussions chaudement vêtus. Tu ne peux t'im¾criner comme il est
intolérable de passer sans bouger dix heure,s d~ns la ~i~tka 1, et
de faire ainsi cinq à six stations par jour. J avais fro1d 1usqu au
cœur et c'est à peine si je parvenais à me réchauffer dans uoe
chambre chaude. Dans le gouvemement de Perm nous avons eu
une nuit de 40 degrés 4- : je ne t-e conseille pas de faire cette
expérience, c'est assez désagréable.
Le passage de l'Oural fut un désastre. Il y avait ~o orage de
neige. Les chevaux: et les kibtki s'enfoncèrent; 1! fallut des·
_ c'était en pleine nuit, - et attendre qu'on les eât
cen dre ,
'è de
dégagés. Autour de nous la neige, l'orage, la frontl re ..
l'Europe ; devant nous la Sibérie et le ~ystèr~ ~e notre avenir,
derrière nous tout notre passé. C'était triste. J :u pleuré.
.

,,,

)

x. Postillons.
Manteau, variété du caft:10.
3 Voiture couverte des paysans.
4: Réaumur, 50 degrés centigrades au-dessous de zéro.
2,

DEUX LETTR~ DE DOSTOÏEVSKY

Pendant tout notre voyage des villages entiers accouraient
pour nous voir et, malgré nos fers, on nous faisait payer triple
dans les stations. Mais Kousma Prokolyitch prenait à son compte
près de la moitié de nos dépenses : il l'exigea ; de sorte qlle
nous ..... ne dépensâmes que quinze roubles d'argent chacun.
Le 1I janvier 1850, nous arrivâmes à Tobolsk. Après nous
a\'Oir présentés aux autorités on nous fouilla~ on nous prit tout
notre argent, et on nous mit, moi, Doura et Yastrjembsky dans
un compartiment à part, tandis que Spiescboer et ses amis , en
occupaient un autre : nous ne nous sommes ainsi presque pas
\'US.

Je voudrais te parler en détail des six jours que nous passâmes
à Tobolsk et de l'impression que j'en ai gardé. Mais ce n'est pas
le moment. Je puis seulement te dire que nous avons été
entourés de tant de sympathie, de tant de compassion que nous
nous sentions heureux. Les anciens déportés 2 ( ou du moins,
non pas eux mais leurs femmes) s'intéressaient à nous comme à
des parents. Ames merveilleuses que vingt-cinq ans de malheur
ont éprouvées sans les aigrir ! D'ailleurs nous n'avons pu que
les entrevoir car on nous surveillait très sévèrement. Elles nous
envoyaient des vivres et des vêtements. Elles nous consolaient,
nous encourageaient. Moi qui suis parti sans rien, sans même
emporter les vêtements nécessaires, j'avais eu le loisir de m'en
repentir le long de la route .
. Aussi ai-je bien accueilli les couvertures qu'elles
nous ont procurées.
Enfin nous partîmes.
Trois jours après nous arrivions à Omsk.
Déjà à Tobolsk j'avais appris quels devaient ttre nos chefs ·
immédiats. Le commandant était un homme très honnête. Mais
le major de place de K.rivtsov était un gredin comme il y en a
peu, barbare, maniaque, querelleur, ivrogne, en un mot tout ce
qu'on p~ut imaginer de plus vil.
Le jour même de notre arrivée, il nous traita de sots Dourov
et moi, à cause des motifs de notre condamnation, et jura qu'à
I.

Autres condamnés politiques de la même conspiration.

.2· Les Décembristes. Conspiraûon du 14 deœmbte 1825, contre

NICOias l•r,

�LA NOUVELLE RE\'OE FRANÇAJSB

la première infraction il nous ferait infliger un châtiment corporel. 11 était major de place depuis deux ans et commettait au
su et vu de tous des injustices criantes. li passa en justice deux
ans plus tard. Dieu m'a préservé de cette brute I Il arrivait
toujours ivre (je ne l'ai jamais vu autrement), cherchait querelle
aux condamnés et les frappait sous prétexte qu'il était • saoul l
tout casser :a, D'autres fois, pendant sa visite de nuit, parce
qu'un homme dormait sur le côté droit, parce qu'un autre par•
lait en rêvant, enfin pour tous les prétextes qui lui passaient
par la tête, nouvelle distribution de coups : et c'était avec un
tel homme qu'il fallait vivre sans attirer sa colère ! et cet
homme adre sait tous les mois des rapports sur nous à Saint•
Pétersbourg.
]'avais fait connaissance avec les forçats à Tobolsk.
A Omsk, je devais rester avec eux quatre années entières 1
C'est un peuple grossier, irrité et exaspéré que celui-là I Sa
haine pour les nobles dépasse toute mesure. Aussi, en notre
qualité de nobles, nous accueillit-on avec une joie féroce. Ces
malheureux nous auraient dévorés si on le leur avait permis.
Du reste juge toi-même quelle défense nous pouvions avoir
contre des gens avec lesquels il nous fallait vivre, boire, manger
et dormir des années durant et qui, à la moindre de nos
plaintes, répondaient par des torrents d'injures. - « Vous
autres les nobles, becs de fer, vous nous écrasiez ... Des messieurs, vous autres, et vous torturiez le peuple, et maintenant
vous voilà pris, vous voilà pareils au dernier des derniers,
pareils à nous-mêmes. •
Voilà leur thème!. .. Et pendant quatre ans ces deux CCDl
cinquante bourreaux oc se lassèrent pas de nous tourmenter.
C'était leur consolation, leur plaisir; cela les occupait. Si nous
leur avons échappé, c'est par l'iodüférence, par la supérioriœ
morale qu'ils ne pouvaient comprendre mais qu'ils subissaienl
et parce que nous ne cédions jamais devant eux. Ils avaient
toujours conscience qu'ils nous étaient intërieurs. Ils ignoraient
les motifs de notre peine; nous nous taisions à cc sujet, préférant subir leur haine. Mais nous étions très malhcureus. Le
régime militaire des travaux forcés est plus dur que le civil.
]'ai passé ces quatre ans derrière un mur, ne sortant que
pour être mené aux travaux. Le travail était dur. 1 m'est arriff

DlOX LETI'RES DE DOSTOÏEVSKY

de1 travailler,
· d I épuisé déjà, pendant Je mauvais tem ps, sous 1a

P ~e, ans a boue, ou bien pendant le froid intolérable de
l'h1v~r. Une fois je suis resté quatre heures à exécuter un
travail suppléme_ntai~.: le mercure était pris; il}' avait plus de
40 degrés_d~ froid. J a1 eu un pied gelé.
ous. ,1v1o?s en tas, tous ensemble dans la même caserne.
~mag10e-,to1 un vieux bâtiment délabré, une construction en
bois, hors d usage et depuis longtemps condamnée à être abattue
L'été on y étouffait, l'hiver on y gelait.
•
Le plancher était pourri, recouvert d'un verschok , de
saleté. Les petites cr~isées étaient vertes de crasse, au point
que, mêm,e. dans la JOurnée, c'est à peine si on pouvait lire.
Pendant 1h1ve~ ell_es étaient cou\'ertes d'un verschok de glace.
Le pl:ifond Suintait. Les murs étaient crevassés. ous étions
serrés c~mmc des harengs dans un tonneau. Ou avait beau
m~ttre si~ btlches dans le p~le ? aucune chaleur (la glace fondait~ peme dans la chambre), mais une fumée insupportable:
et voilà pour tout l'hiver.
Les forçats lavaient eux-mêmes leur linge dans les chambres
de sorte qu ,.1J Y• avait· des mares d,eau partout; on ne savait où'
:arche_r. De la tombée de la nuit jusqu'au jour il était dffendu
e sortir, sous quelque préte. te que ce ftlt, et on mettait à
fent~ée des_ chambres un baquet pour un usage que ru devines;
~outc la n~it l'a puanteur nous asphyxiait. « Mais, disaient les
orçats, p~11sq11 011 tsl des êtres vivants, c0711111e,,t ne pas Jaire drs
&lt;«ho,mrriu. •
Pour lit deux planches de bois nu ; on ne nous permettait
t'u~ oreiller. Pour couvertures des manteaux courts qui nous
aJSSaient_ les pieds décou~·erts ; toute la nuit nous grelottions.
Le~
b punaises, les poux, les cafards, on aurait pu les mesurer au
. . en deux m.anteau:t
i Otsseau · otre costu me d'h.1ver cons1sta1t
ourrés, des plus usés, et qui ne tenaient pas chaud du tout·
aux pie~s d.es bottes à courtes tiges, et allez ! marchez comm;
ça en Stbéne !
On nous donnait ,\ manger du pain et du schtschi a où le
m;;es~izième partit- de l'arschine qui est d'un métre quarante c..:oti2·

Soupe â la choucroute aigre.

�LA NOUVELLE REVUE FRA..'-ÇAISB

166

règlement prescrivait de mettre un quart de livre de ,iande par
homme. Mais cette viande était hachée, et je n'ai jamais pu la
découvrir. Les jours de fête, nous avions du cacha ', presque
sans beurre ; pendant le carême, de la choucroute à l'eau, rien
de plus. Mon estomac s'est extrêmement débilité, j'ai été plus
d'une fois malade. Juge s'il eût été possible de vivre sans argent!
Si je n'en avais pas eu, que serais-je devenu? Les forçats ordinaires ne pouvaient pas plus que nous se contenter de ce
régime; mais ils font tous à l'i_ntérieur de la caserne un petit
commerce et gagnent quelques kopeks. Moi, je bu'vais du thé et
j'obtenais quelquefois pour de l'argent le morceau de viande qui
m'était d1'.1 : c'est ce qui m'a sauvé. De plus il aurait été impossible de ne pas fumer, on aurait été asphyxié dans une telle
atmosphère; mais il fallait se cacher.
J'ai passé plus d'un jour à l'hôpital. J'ai eu des crises d'épi•
lepsie, rares, il est vrai. J'ai encore des douleurs rhumatismales
aux pieds. A part cela, ma santé est bonne. A tous ces désagréments ajoute la presque complète privation de livres. Quand je
pouvais par hasard m'en procurer un, il fallait le füe furtivement J au milieu de l'incessante haine de mes camarades, de la
tyrannie de nos gardiens, et au bruit des disputes, des injures,
des cris, dans un perpétuel tapage, ;amais seul 1 Et cela quatre
ans, - quatre ans! Parole, dire que nous étions mal ce n'est
pas assez dire ! Ajoute cette appréhension continuelle de co~mettre quelque infraction, qui met l'esprit dans une gêne stén~
lisante, et tu auras le bilan de ma vie.
Ce qu'il est advenu de mon àme et de mes croyances, de
mon esprit et de mon cœur durant ces quatre ans, je ne te le
dirai pas, ce serait trop long. La constante méditation où je
fuyais famère réalité n'aura pas été inutile. J'ai maintenant des
désirs, des espérances qu'a11paravant je ne prévoyais même pas,
Mais ce ne sont encore que des hypothèses ; donc passons.
Seulement toi, ne m'oublie pas, aide-moi. Il me faut des livres,
de l'argent : fais-m'en parvenir, au nom du Christ!
Omsk est wie vilaine petite ville ; presque pas d'arbres ; une
chaleur excessive, du vent et de la poussière en été; en hiver
un vent glacial. Je n'ai pas vu la campagne. La ville est sale;
t. Gruau cuit.

IŒ'OX LETTRES DE DOSTOÏHSKY

soldatesque et par conséquent débauchée au plus haut point.

Oe parle du peuple.) Si je n'avais pas rencontré des âmes sympathiques, je crois que j'aurais été perdu. Konstantin lvonitch
lvanor a été un frère pour moi. Il m'a rendu tous les bons
offices possibles. Je lui dois de l'argent. 'il vient à Pétersbourg
remercie-le. Je lui dois vingt-cinq roubles. Mais comment
payer cette cordialité, cette constante disposition à réaliser chacun de mes désirs, ces attentions, ces soins? ... Et il n'était pas le
seul! - Frère, il y a beaucoup d'âmes nobles dans le monde.
. Je t'ai déjà dit que ton silence m'a bien tourmenté . Mais je
e remercie pour l'envoi d'argent. Dans ta plus prochaine lettre
(m~me dans la lettre officielle, car je ne suis pas encore sûr de
pouvoir te donner une autre adresse), donne-moi des détails
sur toi, sur Emilia Theodorovna, les enfants, les parents, les
amis, nos connaissances de Moscou, qui vit, qui est mort.
Parle-moi de ton commerce : avec quel capital fais-tu maintenant tes affaires? réussis-tu ? As-tu déjà quelque chose ? Enfin
pourras-tu m'aider pécuniairement et de combien pourras-tu
m'aider par an? 1 Te m'eo,voie l'argent dans la lettre officielle
que si je ne trou,e pas d'autre adresse; en tout cas, siene toujours Mikhaïl Pétrovitch (tu comprends ?) Mais j'ai e~core un
peu d'argent ; en revanche, je n'ai pas de livres. Si tu peux,
envoie-moi les revues de cette année~ par exemple les Annales

de la Patrie.
Mais Yoici le plus important: il me faut (à tout prix) les
historiens antiques (traduction française) et les nouveaux•;
~uelques économistes et les Pères de l'Eglise. Choisis les éditions les moins cofiteuses et les plus compactes. Envoie immédiatement. Je suis détaché à Sémipalatinsk, presque dans le
steppe Kirgize . Je t'enverrai l'adresse exacte. En attendantj
voici : Sémipalati11sk, ù l'bomme du bataillon de ligne de l' amik
dt Sibtrie. C'est l'adresse officielle ; elle te servira pour les
lettres (n'oublie pas de signer Mikhail Pétrovitch). Je t'en donnerai une autre pour les livres. - Le premier livre dont j'aie
besoin, c'est le Iexicon allemand.
. J'ignore encore ce qui m'attend à Sémipalatinsk . (L'avenir
nrunédiat m'intéresse peu .) Mais l'autre avenir m'est moins

r

1.

Vico, Guizot, Thiers, Ranck, etc. (note de Dostoievsky).

�168

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

indifférent. Frère, fais des démarches pour moi; demande si,
dans un an ou deux, je ne pourrai pas être envoyé au Caucase:
c'est au moins la Russie! Voilà mon plus ardent désir. Frère,
excuse-moi, au nom du Christ! Ne m'oublie pas l Voilà que je
dispose de tout, même de ton avoir. C'est que je n'ai pas perdu
ma confiance en toi : tu es mon frère et tu m'as aimé? li me
faut de l'argent. Il me faut vivre, frère 1 Ces an11ées ne seront pas
sans fruit 1 n 111e faut de l'arge,tt et des livres. Ce que tu dépenseras pour moi ne sera pas perdu. Va, tu ne dévaliseras pas tes
enfants en me venant en aide. Prie que je vive seulement et je
leur rendrai Je tout a,ec usure. On me permettra bien d'imprimer d'ici cinq ou six ans; peut-être plus tôt ; il peut survenir
bien des changements ! et je n'écrirai plus de babioles. Tu
entendras parler de moi.
Bientôt nous nous reverrons, frère. J'y crois comme à deux
fois deux font quatre. Je me sens sûr de moi. Je vois devant
moi mon avenir et tout ce que je ferai. Je suis content de ma
vie. Je ne redoute que les gens et l'arbitraire l Je puis tomber
sur un chef qui me prenne en haine. (Cela n'est, hélas l pas
impossible!) Il me cherchera chicane, m'épuisera d'exercices
militaires que je ne pourrai supporter, car je suis très affaibli.
« Ce sont des gens simples », me dira+on pour m'encourager.
Mais un homme simple est bien plus à craindre qu'un homme
compliqué.
D'ailleurs les hommes sont partout les mêmes. Aux travaux
forcés, parmi des brigands, j'ai fini par découvrir des hommes,
des hommes véritables, des caractères profonds, puissants, beaux,
De l'or sous de l'ordure ? Il y en avait qui, par certains aspects
de leur nature, forçaient l'estime; d'autres étaient beaux tout
entiers, absolument. J'ai appris à lire à un jeune Tcberky
envoyé au bagne pour brigandage ; je lui ai même enseigné le
russe. De quelle reconnaissance il m'entourait! Un autre forçat
pleurait en me quittant ; je lui ai donné de l'argent - très
peu - : il m'en a une .gratitude sans bornes. Et pourtant mon
caractère s'était aigri; j'étais a,·ec eux capricieux, inconstant i
mais ils avaient égard à l'état de mon esprit et sup~ortai~,n~
tout de moi, sans murmurer. Et que de types merveilleux J :u
pu observer au bagne ! J'ai vécu de leur vie et je puis me vanter
de les bien con naitre.

DBUX LETIRES DE DOSTOÏEVSKY

Que d'histoires d'aventuriers ét de brigands j'ai recueillies !
faire des volumes. Quel peuple extraordinaire l
Je_ n'ai pas perdu mon temps : si je n'ai pas étudié la Russie, je
sais par cœur le peuple russe, bien peu le connaissent comme
moi ... Je crois que je me vante ? C'est pardonnable, ti~est-ce

Je pourrais en

pas?
Frère ! encore une fois, dis-moi les principaux événements de
ta vie. Ecris-moi à Sémipalatinsk officiellement et officieusement, comme nous en sommes convenus. Parle-moi de nos
amis de Saint-Pétersbourg. Mets-moi au courant de la littérature (en détail), et enfin donne-moi des nouvelles de nos amis
de Moscou.
Que fait le frère Kolia? la sœur Pascbegnka ( c'est le principal)? L'oncle vit-il toujours? Que fait le frère Andréï? J'écris à
la tante par la sœur Verotcbka.
Rappelle-toi bien que cette lettre est un secret. Pour Dieu,
cache-la ou plutôt brûle-la. e compromettons personne.
N'oublie pas de m'envoyer des livres, mon cher ami, surtout les historiens, les économistes, les Atmales de la Pairie, les
Peres_ de l'Eglise et l'Histoit·e de l'Eglire. Envoie à différentes
repnses, mais envoie. Je dispose de ta bourse comme de la
mienne : c'est que je ne connais pas l'état de tes affaires. Ecrismoi donc à ce sujet quelque chose de précis, que je puisse m'en
faire une idée. Mais, sache, frère, que les livres sont ma vie,
m~ nourriture, mon avenir ! Ne me délaisse pas, au nom de
Dieu! Demande l'autorisation de m'envoyer les livres officiellement, mais agis avec prudence. Si on te la refuse, adresse-les
à Konstantin lvanovitch: il me les fera parvenir. Du reste,
Konstantin Ivanovitch ira lui-même à Pétersbourg cette année.
Il te dira tout. Quelle famille il a! Quelle femme! C'est la fille
du décembriste Anneokov. Quel cœur ! Quelle âme! et ce
qu'ils ont souffert !
A Sémipalatinsk je m'occuperai tout de suite de trouver une
autre adresse. Je n'irai que dans huit jours. Je suis retenu ici
par une indisposition.
Envoie-moi le Koran, Kant (Critiq11ede la raison pure), Hégel,
- surtout son Histoire de la Philosophie. - Mon avenir dépend
de tous ces livres. Mais surtout remue-toi pour m'obtenir d'être
transféré au Caucase. Demande à des gens bien informés ou je

�170

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

pourrais publier mes li\lres et quelle.s démarches il faudrait
faire. D'ailleurs, je ne compte rien publier avant deux ou
trois ans. Mais d'ici là, aide-moi à vivre, je t'en conjure! Si je
n'ai pas un peu d'argent, je serai tué par le service ! Je compte
SU! toi 1
Mes autres parents ne pourraient-ils aussi m'aider, au
moins pour une fois ? Ils te remettraient l'argent et tU me
l'enverrais. Mai.s, dans mes lettres à Vérotchka et à la tante, ie
ne demande rien ; elles comprendront elles-mêmes, si le cœur
leur en dit.
Filipov, en partant pour Sébastopol, m'a donné vingt-cinq
roubles. Il les a laissés chez le commandant Norbokov, sans me
prévenir. li craignait que je vinsse à manquer d'a;gent. Excellent cœur !
Tous les exilés vivent comme ci comme ça. Foll a fini son
temps. Il est à Tomsk et se porte bien. Yasttjembske finit son
temps à Tara. Spiechnev est dans le gouvernement d'Irskousk
où il a conquis l'estime et l'affection de tous. Quelle étrange
fortune il a ! Partout, même chez les gens les plus médiocres,
les moins cordiaux, il excite la sympathie. Pétraschevsky n'a
pas retrouvé sa raison. Mo1Dbelli et Fiva sont en bonne santé,
tandis que le pauvre Grigoriev est tout à fait fou, il est à
l'hôpital.
Et autour de toi quoi de nouveau? Vois-tu Madam·e Pleschtscbeev? Que fait son fils? Des condamnés de passage ici m'ont
appris qu'il est au fort d'Orsk. Golovinski est depuis au Caucase. Où en es-tu de tes projets littéraires ? Ecris-tu quelque
chose? Que fait Krorevskory 1 ? Quels rapports avez-vous?
Ostrovsky:t ne me plût pas. Je n'ai rien lu de Pissemsky. Droo,,
ginisie 3 me fait mal au cœur. Eugénie Touv 4 m'a enthou•
siasmé. Krestovsky s me plaît aussi.
Je voudrais t'écrire beaucoup plus longuement. Mais mes
souvenirs datent déjà de si loin que j'ai eu de la peine à me
remémorer ceux que je consigne dans cette lettre.
1.
2.

Directeur des Annal~ de la Patrie.
Célèbre dramaturge.

3. Poète médiocre.
4. Auteur de divers romans.
5. Pseudonyme de l!tme Khovschtschin. ky.

DEUX LETTRES DE DOSTOÏEVSKY

171

Assure-moi que nous n'avons pas changé l'un pour l'autre.
Embrasse les enfants. Se sou"iennent-ils de leur oncle Fédia?
Salut à tous les amis, mais oe leur montre pas cette lettre.
Adieu, adieu, mon bien cher l tu entendras parler de moi et
peut-être nous reverrons-nous. Oui, certainement, nous nous
reverrons. Adieu. Relis bien tout ce que je t'écris. Toi, écrismoi le plus sonvent possible, même officiellement. Je vous
embrasse mille fois, toi et les tien.s.
Ton
DosTOÏEVSKY.

P.-S. - As-tu reçu le conte pour les enfants que j'ai écrit

à Raveline 1 ? n'en fais aucun usage et ne le montre à personne.
Qui est ce Tchernov qui a écrit le Ménechme en 1850?
Envoie-moi, je te prie, des cigares, non pas des plus chers,
mais des cigares américains et des cigarettes.
Le

22

février.

li est possible que je parte demain pour Sémipalantinsk.
C'est même à peu près st'lr. Konstantin lvanovitch restera ici
jusqu'au mois de mai. Ecris-moi le plus souvent possible. Pour
Dieu, fais des démarches I Obtiens que je sois envoyé au Caucase ou quelque part loin de Sibérie.
Maintenant, je vais écrire des romans et des drames. Mais j'ai
encore à lire beaucoup, beaucoup : ne m'oublie donc pas!
Encore une fois adieu.
TH. D•

(Traduit par E.

HALPÉRJNE

et

CH. MORICE).

« Genève,

le 1 z janvier-3 1 décembre 69.

.. . Quant à moi, voici ce qui m'est arrivé : j'ai travaillé
et j'ai souffert. Savez-vous ce que cela veut dire « composer 1&gt; ?
Non, grâce à Dieu, vous ne le savez pas. Vous n'avez jamais
icrit, je crois, sur commande et à l'archine et n'ayez pas enduré
I.

Fort de Pétropavlovsk (Pierre-et-Paul).

�172

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

ce supplice d'enfer. Ayant pris tant d'argent au Messager Russ,
(14.500), j'espérais depuis le commencement de l'année que la
poésie ne me délaisserait pas, que l'idée poétique m'apparaîtrait
et se développerait vers la fin de 70 et que j'aurais le temps de
contenter tout le monde. Cela me paraissait d'autant plus probable, que nombre d'idées germaient dans ma tête et dans mon
âme ou s'y faisaient pressentir. Mais elles ne faisaient que passer rapidement ; or, ce qu'il fallait, c'était les incarner complèment ; mais cette incarnation se produit toujours brusquement,
quand on ne s'y attead pas ; impossible d'y compter. Ce n'est
qu'après que le cœur a reçu l'image complète qu'on peut passer
à la réalisation et calculer sans crainte d'erreµr.
j'ai commencé alors à me torturer l'esprit pour invent~r un
nouveau roman. Je ne voulais pour rien au monde contrnuer
les anciens. Je ne pouvais pas. j'ai réfléchi du 4 au 18 décembre
inclus, vieux style. En moyenne je trouvais bien six pla~s par
jour, j'imagine (pas moins). Ma tête est devenue un moulm. Je
ne comprends pas comment je ne suis pas devenu fou. Enfin,
le 18 décembre je me suis mis à écrire un nouveau roman. Le
5 janvier ( n. st.) j'ai expédié à la rédaction les cinq chapitres de
la première partie.
. .
En somme, je ne sais pas moi-même c-e que 1'a1 envoyé.
Mais pour autant que je peux me faire une opinion, la
chose ne paie pas de mine et ne produit pas _d'e~et. ~I
y a longtemps déjà qu'une idée me persécutait, mais 1e. c~gnais d'en faire un roman, parce que cette idée est trop _d1ffic1le
à réaliser et que je n'y suis pas préparé, bien qu'elle so1textré·
mement tentante et que je l'aime. Il s'agit de représenter _u~
homme parfaitement bon. Il ne peut y avoir rien de plus d_1ffi·
cile, à mon avis, surtout à notre époque. Vous serez certame·
ment d'accord avec moi. Cette idée m'était déjà apparue sous
une certaine forme, qui n'en reflétait pourtant qu'un aspect par·
ticulier or il faut en donner une image complète. Seule, ma
' ,
.
situation désespérée pouvait m'obliger à reprendre ce pro1et,
insuffisamment mûri. J'ai risqué à la roulette ; « peut-être que
cela se développera sous la plume». C'est impardonnable. .
Les grandes lignes du plan sont déjà arrêtées. J'e~trevo15
dans la suite des détails qui me tentent beaucoup et souttenoeo~
mon ardeur. Mais le tout ! Mais le héros ! Car le tout chez 111°1

DEUX LETTRES DE DOSTOÏEYSKY

1 73

c'est le héros. Cela s'arrange ainsi. Je dois fournir ce personnage. Se développera-t-il sous la plume ? Et imaginez-vous les
choses épouvantables qui m'arrivent : en plus du héros il y a
encore une héroïne, par conséquent deux héros. Et en plus de
ces deux héros, il y a encore deux caractères tout à fait importants, c'est-à-dire presque des héros ( quant aux caractères
secondaires dont je dois tenir scrupuleusement compte, ils sont
en nombre infini, et le roman est en deux parties). Deux de ces
quatre héros ont déjà leurs traits bien marqués dans mon âme,
le troisième ne se dessine pas encore, et le quatrième, c'est-àdire le principal, le héros, est fort pâle. Peut-être qu'il se tient
solidement dans mon cœur, mais il est terriblement difficile à
faire. Il faudra en tout cas, pour écrire cela, avoir deux fois plus
de temps au minimum.
La première partie est faible, à mon avis. Mais il me semble qu'on peut encore sauver les choses parce que rien n'est
compromis et il est possible de tout développer d'une façon
satisfaisante dans les parties qui vont suivre ( oh, si cela pouvait être !). En somme, la première partie n'est qu'une introduction. Une chose est nécessaire, c'est qu'elle éveille un certain intérêt pour ce qui suivra. Mais je ne puis vraiment pas
juger de cela. Je n'ai qu'un lecteur, Anna Grigorievoa. Cela
lui plaît beaucoup ; mais elle ne peut être juge dans mon

cas.
Dans la seconde partie tout doit être définitivement mis
en place (mais sera loin d'être éclairci). Il y aura là une scène
(des principales), mais me réussira-t-elle ? J'en ai pourtant fait
une esquisse, et c'est bien.
En général, tout est encore dans l'avenir ; mais j'attends de
vous un jugement sévère. La deuxième partie décidera de tout.
Elle est la plus difficile, mais vous m'écrirez aussi au sujet de la
première (bien que je sais très sincèrement qu'elle n'est pas
bonne), écrivez-moi tout de même. De plus, je vous en supplie, dès que le Messager Russe paraîtra, faites-moi savoir si mon
roman est publié. J'ai une peur horrible d'être malgré tout
arrivé en retard ; or il m'était de la première importance de
paraitre en janvier. Au nom de Dieu, prévenez-moi immédiatement, afin que je le sache, en deux Lignes au moins.
En envoyant à Katkov la première partie, je lui ai écrit

�174

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

presque la même chose qu'à vous. Le roman s'a~pelle l'Idiot,
Personne, d'ailleurs, ne peut être son propre 1uge, surtout
quand la première ardeur n'~st pas eoco~e cal.~ée., ~ se peut
que la première partie ne soit pas mauvaise. _Si Je n at pas développé le caiactère principal, cela était nécessité par le plan_général. C'est pourquoi j'attends votre jugement avec une 1mpa•
tience avide.
Mais c'est assez parlé du roman. Tout ce travail depuis le
18 janvier m'a tellement excité que je ne puis penser à rien
d'autre, ni parler d'autre chose.
Je vous dirai quelques mots maintenant de nott'e vie quotidienne depuis que je ne vous ai plus écrit.
.
.
Ma vie, naturellement, c'est mon travail. Mais au moins,
maintenant, je ne suis plus dans le besoin, grâce à l'envoi_ régu•
lier de 100 r. par mois. Et pourtant, nos effets sont contmuelLement chez: le preteur. Nous les rachetons chaque fois que nous
recevons l'argent, mais à la fin du mois nous les engageons ~e
nouveau. Anna Grigorievna m'est un véritable aide et c'est dé~à
un écrivain. Son amour pour moi est infini~ bien qu'il Y ait
pourtant beaucoup de divergences entre nos caractères ...

(Traduit par llORIS

OB SCHLOEZEi}

DE DOSTOIEVSKY ET
DE L'INSONDABLE
L'idée d'un personnage étant donnée dans son esprit, il
y a, pour le romancier, deux manières bien différentes de
la mettre en œuvre: ou , bien il peut insister sur sa complexité, ou bien il peut souligner sa cohérence; de cette
àme qu'il va engendrer, ou bien il peut vouloir prad1,in
toute l'obscurité, ou bien il peut vouloir la supprimer pour
le lecteur; en la dépeignant, ou bien il réservera ses cavernes, ou bien il les explorera.
André Gide a défini plus haut très justement les raisons
pour lesquelles Dostoïevsky s'est heurté en France à tant
d'incompréhension. Il y f.mt ajouter, je crois, celle-ci,
que, dans ses inventions psychologiques~ il suit toujours
la première de ces deux méthodes, tandis que tous nos
dons nous ont toujours inclinés à ne pratiquer que la
seconde.
Ou sent que le fait qui a le pJus frappé Dostoïevsky et
auquel il s'est voulu d'un bout à l'autre de son œuvre
fidèle, est celui de la cohabitation dans chaque conscieace
d'instincts à la fois contradictoires et irréductibles Il est
peut-être le premier qui ait résolument envisagé en face
l'absurdité de nos sentiments tels qu'ils se conjoignent en
nous spontanément et qui, dans un élan d'enthousiasme et
d'amour pour la nature huma-ine, ait osé embrasser cette
absurdité comme un idéal. Dans tous ses personnages, c'est
elle qu'il cherche à révéler, et même~ et surtout chez ceux
1\Ü lui sont sympathiques.
Il accuserait pour un peu le désordre -qu'il trouve d.i.ns
ses modèles ; il romprait de sa propre main les fils qui

�176

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

maintiennent malgré tout leurs aspirations en faisceau; il
porterait le trouble et l'incoordination dans la série de leurs
sentiments.
En tous cas il s'intéresse avant tout à leurs abîmes et
c'est à suggérer ceux-ci le plus insondables possible qu'il
met tous ses soins. A mesure qu'il insuffle à son personnage la vie romanesque (et c'est le moyen q~'il choisit de
lui insuffler cette vie), il se préoccupe de faire apparaître
l'insuffisance des raisons par lesquelles on serait tenté d'expliquer ses déterminations ; il place celles-ci ~- chaque fois
en rapport avec un x qui est le seul fond qu 11 consente à
.donner à cette âme. Et cet x, loin d'en poursuivre la défi.
nition il nous retire sans cesse les moyens que nous
croyo~s apercevoir de le faire entrer en équation avec des
valeurs connues.
Nous, au contraire, placés en face de la complexité d:~ne
âme, à mesure que nous cherchons à la repré~e~ter, d mstioct nous cherchons à l'organiser. Notre descnpuon même
est un effort d'intégration. Quelque chose en nous, que
nous ne sommes pas maîtres d'empêcher, aussitôt se déclenche qui nous montre les attaches î~térieures du modèle,
la solidarité de ses aspects. Au besom nous don?ons ~n
coup de pouce : nous supprimons quelq~es peuts tr.Uts
divergents, nous interprétons quelques_ dé~1ls od~mus d~
le sens le plus favorable à la const1tut10n
une um
psychologique.
. ,
Nous répugnons toujours, en traçant le portr~1t d 11_11
personnage, à y' rien laisser _d'indéfini: « li y avait du ~
ne sais quoi dans tout Monsieur d~ _la Roche:o~caul~ ,
écrit le cardinal de Retz. - Oui, mais JUStemeot il 1expnme
pour que le lecteur n'ait pas à l'y sentir.
Jamais rien, dans le personnage suscité,. ne rest_e béa~t
par où des inspirations imprévu~ p?urra1ent lm v~1111':
Quand nous le faisons parler, jama1S nen ne résonne inO
plicablement, jamais rien ne fait ,entendre un son différent
pour l'esprit et pour l'imagination.

DE DOSTOÏEVSKY ET DE L'INSONDABLE

1 77

Dans tous les interstices de son caractère nous pénétrons
avec notre cire industrieuse, et nous les cimentons. Une
parfaite obturation de ses abîmes : tel est l'idéal auquel
nous tendons. Et j'imagine que c'est cela qui doit gêner les
étrangers devant le Néron de Racine, ou même devant le
Julien de St«ndhal. Nous ne donnons jamais le vertige de
l'âme humaine.
*
* *
C'est Dostoïevsky le premier qui m'a fait sentir notre
insuffisance sur ce point. J'en ai été confus pendant longtemps et pour rien au monde je n'eusse osé comparer aucun
de nos romanciers ni de nos dramaturges au terrible é\'"ocateur d'inconnu que je découvrais en lui.
Et puis des réflexions me sont venues peu à peu, qui se
sont trouvées dirigées non pas contre l'œuvre de Dostoïevsky, mais contre l'excellence, ou tout au moins contre
la précellence de sa méthode.
Celle-ci, d'abord que l'abîme n'est rien aussi longtemps
'lu'on n'y descend pas. Loin de moi l'idée de prétendre
qu'il en est dans les romans de Dostoïevsky comme je vais
dire ; mais enfin un abîme, cela peut très bien se dessiner
en trompe-l'œil. On peut très bien capter et conduire les
regards vers les lointains d'une âme, mais sans que ceux-ci
perdent leur caractère hypothétique. Le fait qu'un personnage agit d'une manière dont rien ne peut rendre compte,
n'implique pas forcément qu'il y a en lui des profondeurs
'lUe rien ne permettra jamais d'atteindre : il peut aussi
avoir été inspiré par sa seule inconsistance, qui est chose
&lt;le surface, et définissable.
Après toutl'explication d'une âme ne comporte pas a pric;ri
beaucoup plus d'arrangement et de truquage que l'insistance
sur son mystère. Il ne s'agit que de ne pas se tromper, que
de ne pas aller contre la vie. Rien ne me fera penser qu'avec
une suffisante intuition, on ne puisse pas donner à la fois
à un personnage de la profondeur et de la conséquence.
12

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous devons nous méfier, nous français, de notre tendance à simplifier, à réduire au même dénominateur. Mais
pour peu que nous soyons en garde contre elle et que
nous ne la laissions jamais prendre le pas sur la complication du réel, elle peut nous faire apercevoir des enchaînements qui eux: aussi sont du réel, et font partie de la nature
psychique.
Car enfin l'être humain, si particulier soit-il, tant qu'il
n'est pas fou, et peut-être même lorsqu'il l'est., - l'être
humain n'échappe jamais dans son food à une certaine
logique. D'une action à l'autre il se retrouve; il peut a_gir
saos cesse contre la raison, et pourrant obéir à une certaine
idée. Prenons des mots plus vagues : à une certaine disposition, à un certain pli de son cerveau qui est comme le
moule de toute sa vie spirituelle. Et même lorsqu'il se contredit, qui peut affirmer, tant qu'il ne l'a pas analysée, que
cette contradiction soit autre chose que la réfraction, par
les événements, d'une tendance simple ?
Plutôt que d'égarer l'esprit vers un infini psychologique,

oo peut très bien concevoir que la tâche du romancier soit
de le ramener, par la seule continuité de ses peintures, vers
cet événement sec11et, mais concret et connaissable. L'effort
de sa raison peut fort bien l'aider dans sa représentation de
la vie. 11 peut, en le dessinant, rechercher la. loi d'un individu sans tom ber pour autant dans l'abstraction ni dans le
schématisme. Sa patience, son instinct des résistances
auront ici la plus grande importance. Mais s'il en est doué,
en même temps que de ce que j'appellerai la facultéd'adh~
rence aux intuitions, il pourra produire une œuvre qw
dépassera, en profondeur même, tout ce que i'avent~reu~
génie de Dostoïevski a pu fonder. Car en psycholog!e, il
faut que je me permette de le redire encore, la véritable
profondeur, c'est celle qu'on explore.
JACClUES RIVIERE

MA MÈ'RE ET LES LIVRES

La lam~, par l'ouverture supérieure de l'abat-jour,
éclairait une paroi cannelée de dos de livres, reliés. Le mur
opposé était jaune, du jaune sale des dos de livres brochés,
lus, relus, haillonneux. Quelques « traduits de l'anglais»,
- un franc vingt-cinq - rehaussaient de rouge le rayon
du bas.
A mi-hauteur, Musset, Voltaire, et les Quatre Evangiles
brillaient sous la basane feuille-morte. Littré, Larousse et
Becquerel bombaient des dos de tortues noires. D'Orbigny, déchiqueté par le culte irrévérencieux de quatre
enfants, effeuillait ses pages blasonnées de dalhias, de perroquets, de méduses à chevelures roses et d'ornithoryn-

ques.
Camille Flammarion, bleu, étoilé d'or, contenait les planètes jaunes, les cratères froids et crayeux de la lune,
Saturne qui roule, perle irisée, libre dans son anneau ...
Deux solides volets couleur de glèbe reliaient Elisée
Reclus. Musset, Voltaire, jaspés, Balzac noir et Shakespeare olive ...
Je n'ai qu'à fermer les yeux pour revoir, après tant
d'années, cette pièce maçonnée de livres. Autrefois, je les
-0istinguais aussi dans le noir. Je ne prenais pas de lampe
pour choisir l'un d'eux, le soir, il me suffisait de pianoter
le long des rayons. Détruits, perdus et Yolés, je les dénombre encore. Presque tous m'avaient \•ue naître.
.
Il y eut un temps où, avant de savoir lire, je me log~1s
en boule entre deux tomes du Larousse comme un chien

�180

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans sa niche. Labiche et Daudet se sont insinués, tôt,
dans mon enfance heureuse, maîtres condescendants qui
jouent avec un élève familier. Mérimée vint en même
temps, séduisant et dur, et qui éblouit parfois mes huit ans
d'une lumière inintelligible. Les Misérables aussi, oui, les
MisJrables, - malgré Gavroche ; mais je parle là d'une
passion raisonneuse, qui connut des froideurs et de longs
détachements. Point d'amour entre Dumas et moi, sauf que
Je Collier de la Reine ruùla, quelques nuits, dans mes
songes, au col condamné de Jeanne de la Motte. Ni l'enthousiasme fraternel, ni l'étonnement désapprobateur de
mes parents n'obtinrent que je prisse de l'intérêt aux Mousquetaires ...
De livres enfantins, il n'en fut jall?ais question. Amoureuse de la Princesse en son char, rêveuse sous un si long
croissant de lune, et de la Belle qui dormait au bois, entre
ses pages prostrés ; éprise du Seigneur Chat botté d'entonnoirs, j'essayai de retrouver dans le texte de Perrault les noirs de velours, l'éclair d'argent, les ruines, les
cavaliers, les chevaux aux petits pieds de Gustave Doré:
au bouc de deux pages je retournais, déçue, à Doré. Je n'ai
lu l'aventure de la Biche, de la Belle, que dans les fraîches
images de Walter Crane. Les gros caractêres du texte couraient de l'un à l'autre tableau comme le réseau de tulle uni
qui porte les médamons espacés d'une dentelle. Pas un mot
n'a franchi le seuil que je lui barrais. Où s'en vont, plus
tard, cette volonté énorme d'ignorer, cette force tranquille
employée à bannir et à s'écarter? ...
Des livres, des livres, des livres... Ce n'est pas que je
lusse beaucoup. Je lisais et relisais les mêmes. Mais tous
m'étaient nécessaires. Leur présence, leur odeur, les lettres
de leurs titres et le grain de leur cuir... Les plus herméti·
ques ne m'étaient-ils pas les plus chers? Voilà longtemps
gue j'ai oublié l'auteur d'une Encyclopédie habillée de
rouge, mais les références alphabétiques, indiquées sur
chaque tome, composent indélébilement un mot magi·

MA MÈRE ET LES LIVRES

18r
que : ~phlncécladiggalhymaroidphorebstevanz:;. Que j'aimai
ce Guizot, de vert et d'or paré, jamais déclos ! Et ce
Voyage d'AnMharsis inviolé! Si !'Histoire dt, Consulat et~
rEmpire échoua un jour sur les quais, je gage qu'une
pancarte mentionne fièrement son C( état de neuf» ...
Les clix-buit volumes de Saint-Simon se relayaient au
chevet de ma mère, la nuit ; elle y trouvait des plaisirs
renaissants, et s'étonnait qu'à huit ans je ne les partageasse
pas tous.
- Pourquoi ne lis-tu pas Saint-Simon ? me demandait-elle. C'est curieux de voir le temps qu'il faut à des
enfants pour adopter des livres intéressants !
Beaux livres que je lisais, beaux: livres que je ne lisais
pas, chaud revêtement des murs du logis natal, tapisserie
dont mes ?eux initi~s flattai;nt la bigarrure cachée... J'y
co_nnus, bien avant I âge de l amour, que l'amour est compliqué et tyrannique et même encombrant, puisque ma
mère lui chicanait sa place.
. - C'e_st _beaucoup d'embarras, tant d'amour, dans ces
li;res, d1sa1t·elle. Mon pauvre Minet-Chéri, les gens ont
dautres chats à fouetter, dans la vie. Tous ces amoureux
que tu vois dans les livres, ils n'ont donc jamais ni enfants
à élever, ni jardin à soigner ? Minet-Chéri, je te fais juge :
est-ce que vous m'avez jamais, toi et tes frèrei, entendue
~bâcher autour de l'amour comme ces gens font dans les
~vres ? Et ?,~urtant je pour_rais réclamer voix au chapitre,
Je pense ; J a1 eu deux mam et quatre enfants l .
Les tentants abîmes de la peur, ouverts dans maint
roman, grouillaient suffisamment, si je m'y penchais de
f~nt?mes classiquement blancs, de sorciers, d'ombres,
dammaux m~léfiq~_es, ~ais cet au-delà ne s'agrippait pas,
pour ~~nter _Jusqu a mor, à mes 'tresses pendantes, contenusqu ils étaient par quelques mots conjurateurs ...
- Tu as lu cette histoire de fantôme, Minet-Chéri ?
Comme
· li , n•est-ce pas ? y a+il quelque chose de
l . .c•est JO
P us Job que cette page où le fantôme se promène à

�11A .MÈllE ET LES LIVllES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

minuit, sous la lune, dans le cimetière ? Quand l'auteur
dit, tu sais, que la lumière de la lune passait au travers du
fantôme et qu'il ne faisait pas d'ombre sur l'herbe ... Ce
doit être ravissant, un fantôme . Je voudrais bien en voir
un, je t'appellerais. Malheureusement i!s n:exis~ent pas. Si
je pouvais me faire fantôme après ma ~e-, Je n y manque:
rais pas, pour ton plaisir et pour le mien. Tu as lu aussi
cette stupide histoire d'une morte qui se venge ? Se venger, je vous demande un peu ! Ce ne serait pas la peine de
mourir, si on ne devenait pas plus raisonnable après
qu'avant. Les morts-, va, c'est u1: ~ien ~ranqu~e voisinage.
Je n'ai pas de tracas avec mes vo1s10s vivants, 1e me charge
de n'en avoir jamais avec mes voisins morts !
Je ne sais quelle froideur littéraire, saine à tout prendre,
me garda du délire romanesque, et me porta u1: peu pl~
tard, quand j'affrontai tels livres dont le po_uvo!r ép:ouv~
semblait infaillible, - à raisonner quand 1e n aurais du
être qu'une victime enivrée. Imitais-je encore en cela ma
mère, qu'une candeur particulière inclinait à nier le ~),
,e pendant que sa curiosité le cherchait et le contemplait,
pêle-mêle avec le bien, d'un œil émerveillé?_ .
.
- Celui-ci ? Celui-ci n'est pas un mauvais livre, Minet·
Chéri me disait-elle. Oui, je sais bien, il y a cette scène,
ce ch;pitre .... Mais c'est du roman. Ils sont à court d'inventions, tu comprends., les écrivains, depuis le temps. Tu
aurais pu attendre un an ou deux, avant de le lire ... Que
veux-tu ! débrouille-toi là dedans, Minet-Chéri. Tu es assez
intdligente pour garder pour toi ce que tu comprendras
trop ... Et peut-être n'y a-t-il pas de mauvais livres .. ·.
Il y avait pourtant ceux que mon père enfermait dans
sou secrétaire en bois de thuya. Mais il enfermait surtout
le nom de l'auteur.
- Je ne vois pas d'utilité à ce que les enfants lisent
Zola!
Zola l'ennuyait, et plutôt que d'y chercher une raiso~
nous le permettre ou de nous le défendre, il mettait

d:

l'index un Zola intégral, massif, accru périodiquement
d'alluvions jaunes.
- Maman, pourquoi est-ce que je ne peux pas lire
Zola ?
Les yeux gris, si malhabiles à mentir, me montraient
leur perplexité :
- J'aime mieux, évidemment, que tu ne lises pas certains Zola ...
- Alors, donne-moi ceux qui ne sont pas 11: certains » ?
Elle me donna la Faule de rAbbé Mouret, et le DocttUr
Pascal, et Gmninal. Mais je voulus, blessée qu'on verrouillât, en défiance de moi, un coin de cene maison où
les portes battaient, où les chats. entraient la nuit, où
la cave et le pot à beurre se vidaient mystérieusement,
- je wulus les autres. Je les eus. Si elle en garde, après,
de la honte, une fille de qu:uorze ans n'a ni peine ni mérite
i tromper des parents au cœur pur. Je m'en allai au jardin,
avec mon premier livre dérobé. Une assez douceâtre histoire d'hérédité l'emplissait, mon Dieu, comme plusieurs
autres Zola. La cousine robuste et bonne cédait son cousin
aimé à une malingre amie, et tout se fût passé comme
sous 0hnet, ma foi, si la chétive épouse n'avait connu la
joie de mettre un enfant au monde. Elle lui donnait le
jour soudain, avec nn luxe brusque et cru de détails, une
minutie anatomique, une complaisance dans la couleur,
l'odeur, l'attitude, le cri, où je ne reconnus rien de ma
tranquille compétence de jeune fille des champs. Je me
sentis crédule, effarée, menacée dans mon destin de petite
femelle ... Amours des bêtes paissantes, chats coiffant les
chattes comme des fauves leur proie, précision paysanne,
presque austère, des fermières parlant de leur taure vierge
ou de leur fille en mal d'enfant, je vous appelai à mon
aide. Mais j'appelai surtout la voix conjuratrice :
- Quand je t'ai mise au monde, toi la dernière, MinetChéri, j'ai souffert trois jours et deux nuits. Pendant que je
te portais, j'étais grosse comme une tour. Trois jours, ça

�184

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSB

paraît long... Les bêtes nous font honte, à nous autres
femmes qui ne savons plus enfanter joyeusement. Mais je
n'ai jamais regretté ma peine : on dit que les enfants,
portés comme toi si haut, et lents à descendre vers la
lumière, sont toujours des enfants très chéris, parce qu'ils
ont voulu se loger tout près du cœur de leur mère, et ne
la quitter qu'à regret ...
En vain je voulais que les doux mots de l'exorcisme,
rassemblés à Ja hâte, chantassent à mes oreilles : un bourdonnement argentin m'assourdissait. D'autres mots, sous
mes yeux, peignaient la chair écartelée, l'excrément, le
sang souillé ... Je réussis à lever la tête, et vis qu'un jardin
bleuâtre, des murs couleur de fumée vacillaient étrangement sous un ciel devenu jaune... Le gazon me reçut,
étendue et molle comme un de ces petits lièvres que les
braconniers apportaient, frais tués, dans la cuisine.
Quand je repris conscience, le ciel avait recouvré son
azur, et je respirais, le nez frotté d'eau de Cologne, aux
pieds de ma mère.
- Tu vas mieux, Minet-Cbêri ?
- Oui ... je ne sais pas ce que j'ai eu ...
Les yeux gris, par degrés rassurés, s'attachaient aux
miens.
- Je le sais, moi ... Un bon petit coup de doigt-de-Dieu
sur la tête, bien appliqué ...
Je restais pâle et chagrine, et ma mère se trompa :
- Laisse donc, laisse donc ... Cc n'est pas si terrible, va,
c'est loin d'être si terrible, l'arrivée d'un enfant. Et c'est
beaucoup plus beau dans la réalité. La peine qu'on y prend
s'oublie si vite, tu verras !... La preuve que toutes les
femmes l'oublient, c'est qu'il n'y a jamais que les hommes
- est-&lt;e que ça le regardait, voyons, ce Zola? - qui en
font des histoires ...
COLETTE

ECLAIRAGES

RÉCIPROCITÉS

Lts bruits que fait en bas la ville
Avec ses tramways,

SlS

autos,

Ne m'arrivent pas moins sonores

.,,

Que les cris ailés des grillons
Je mène 111a curiosité
Avee une égale allégresse
Sur les rails dlS chemins de fer
Et parmi le vol des abeilles.
Mes yeux prennmt autant d'images
Entre les murs carrü et secs,
Qi(il y a d, fours minuscules

Dans la

grappe dtt poi,vrier.

�186

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
BCLAlRAGES

MIROIR

A r heure ou les chattves-sauris
Vont remplaar les hirondelles,

Les barques s'éloignent dtt bord
Comme des rats, en ligne droite.
L'eatt de la rade, presque obscure,
À des refitts passés de

vieux miroir

Dans le cadre doré du quai de brique

Où brille encore ttn reste de soleil.
La belle a pris l'une des barques

Et cing]e

en ligne droite, elle sait ou ;

En partant, elle a glissé dans sa bourse

Le miroir que ;e lui avais donné.

SOURCES

Qu'ttn cerceau, d'or mrgisse de l,i 11uit
À

cette place où le jour n'a pu faire

lYa1ttre prodige que dit bmit,

Qu'importe si ce tiest q1l1me rtcla111e?

!:orchestre étroit d'tm vieux taxi
Fait pour deux rangs de rtuerbères
Pltls de festin que le roulis
Des cent-chevaux million11aires.

]'ai dans la tête plus d'orgueil
Lbrsque je. baisse les paupières,
Qtie cette Joule où je. suis seul
Et qui riigit les yet~ 01iverts.

�188

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

RAIL HUMIDE

ÉCLAIRAGES

189

SIMPLICITÉ

Le tramway roule sous les arbres,

La macbine qui répète

On entend grincer le troley
Comme le bec du diamant

Le mouvement sans broncher
Est aussi simple que l'enfant

Sur la surface d't-1,ne vitre.

Qui rlpète sa priére.

je prends la route qtti descend

Faites, mon Diett, que le fil

Pleine d'eau, sans appui,fatale,

Ne s'échappe de I'aiguille,

Pfas le nwindre bruit de tramway,

Faites, mon Dieu, que ma main

Le mmndre reflet électrique.

Ne ldche ce qu'elle tient.
FRANZ HELLENS

Vais-ie enfoncer jtisqii'aux gencux?
La lune sortant d'un nuage
M'écoute et glisse une lueur
De rail au /mg de deux ornières.

�LES PARAMÈTRES

191

cr Tout seul, Roland, c'est la coutume

- Vous voyez, Marie, l'habitude.

?

1&gt;

*

LES PARAMÈTRES
Où le mensonoe commence et prend corps, où il cesse
d'être le consente~ent à ce qui est pour devenir le complice
de l'erreur, je suis bien incapable de _le dire. 1:out d'abord,
si je me prêtais à l'idée qu'on prenait de moi, sans doute
qu'elle me révélait quelque réalité ca~h~e. De nouvelles
conditions d'existence, la campagne, fa1sa1eot éclater cette
qualité de citadin aux dépens des autres éléments de ma
personnalité. Je me sentais ainsi envisagé qu'il fallait p~ler
des cultures avec étonnement, des heures auxquelles s_ ouvrent les fleurs et se ferment les étoiles ; mes quesuons
avaient alors valeur de réponses pour qui les attendait, pour
moi bientôt.
Parisien me voilà devenu parisien. J'accentue involon,
·
d de
tairement mon ignorance, ma gauchene, mes nœu s
cravate. Charmante prostitution : c'était tout à l'heure u_o
jeu. J'essaye aujourd'hui de siffler les airs à la mode que 1c
n'ai pas retenus.
Sur la route de S. à R., au mois d'août 19 ... , un hom~
trouve un enfant de douze ans pendu à un arbre et déjà
violet. Dépendu l'enfant refuse d'expliquer son aventure. On
· ·
Il est.
ne peut rien obtenir de lui touchant ses ongmes.
placé comme ouvrier agricole chez un fermier. Il acc0ti~plit
ponctuellement son ouvrage pendant trois ans. ~ qurn~e
ans interrogé à nouveau, il plaisante, prétend av01r oublié,
'"élttD·
Une' femme de la cuisine, poussée par 1a cunos1t
, e
contre à l'heure de la sieste derrière une meule :

Un homme, venu le vent sait d'où, s'établit dans une
petite maison au bord de l'Oise un étl!. Il prend vite la
manie d'aller chez le passeur plaisanter avec les deux 6ltes
qui servent aux clients de la bière et de la limonade. Elles
n'auront jamais que ce petit nom, Paul, abandonné d.e
guerre lasse. L'une imagine qu'il se cache de la police,
l'autre qu'il se dérobe à un amour.
*
Marceline roule dans la chaleur un corps lourd du secret

qui depuis un an bientôt se détacha d'elle. Elle s'arrête et
croise les mains. Marceline, Marceline, quelles chansons :
il y a de la fierté dans le secret, mais l'ennui c'est de ne pou\"Oir rien dire. On s'enivre, parait-il, pour se délier la langue. Marceline pense à prendre un amant dont le corps
serait beau comme l'alcool, une espèce de bête de confiance.
Roland a rencontré l'étranger qui est un peu plus pile
que les autres hommes. C'était dans le chemin cl:'eux où il
y avait juste la place de passer, et à terre ces excellents
petits fruits rouges, qu'on écr-ase du pied en pensant aux
femmes. Roland voyait bien venir l'inconnu. Il ne s'est pas.
garé. TI l'a bousculé. L'autre n'a rien dit., a pris le poignet
gauche de Roland, l'a serré et a ri, sans que Roland qui
aurait crié de douleur songe à parler. Puis il est parti. Il
était habillé de gris clair, avec un chapeau de paille et des
souliers découverts ; et une chaîne de montre.

Marceline pense à ce parisien du bord de l'eau. Elle s'est
promenée dans les champs. Elle a mis du rouge. Thomas,

�LES PARAMÈTRES

192

193

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

le valet de cham.Jre des C ... , l'accoste : « Je ne plaisante
pas, tu es belle ». Elle a le cœur plus haut placé.
*

Paul songe à d'autres lieux: les femmes cnt des cheveU1
comme des plumes et chantent bas, bas, des airs où meurent tous les hommes qu'elles aiment. Sœurs des éponges
dans les cases bleues et jaunes, qu'attendent-elles de la vie,
sinon ces visiteurs aperçus dans la rue et qui ne monteront
peut-être pas. Les fontaines, et les bouches de fard s'étei•
gnent dans un benjoin de brunes.
*

Les deux filles du passeur comptaient retenir ce soir
l'inconnu dans leur chambre. Il n'a pas compris. Songeait-il
à les séparer? Elles se savent trop jalouses. A un moment,
il riait : le plastron de sa chemise, boutons sautés, s'entrebaîlla sur une poitrine blanche. Irma et Claude se surveillaient. Thomas, le domestique, est entré. Il voulait passer
l'Oise.
*
Marie attendait Thomas et rê\'ait de Roland. Elle avait
un corsage écossais. Quand ils furent près de dormir, elle
dit à Thomas : « Tu es bien jeune, tu ne sais pas ce que
c'est petit. Laisse-toi faire et dis-moi ce que ru sens •
'
/
Thomas dormait comme toujours, la bouche ouverte.

Claude a vu entrer chez Paul une femme élégante descendue d'une automobile. Le chauffeur était vêtu de blanc.
Elle a planté là ses seaux, elle a tout dit à Irma. Amers
reproches : on en serait venu aux coups sans la petite fille
d'un voisin qui entra pour une bonne raison. Les sœurs
l'ont assise entre elles, l'ont caressée.

*
Sur une espèce de fourrure, Paul regarde la visiteuse, qui
rampe comme un serpent.
11 Zéphie, tu es bien brune. Tu ressembles à ce jeune
garçon l'autre jour dans le chemin des baies saignantes. Je
vais te tordre le poignet. »
Elle, crie.

*
Marie lave le linge, Roland passe. Elle crie quelque
chose qu'il ne comprend pas. Il s'approche. Elle s'aide à
lui pour se lever. Le voilà taché de savon. Ah bien, qu'at-elle ?
*
Thomas refuse, rouge, de se prêter aux fantaisies de
Marie. Puis cède. Il change de manières avec elle. Sans-gêne
et plus galant.
·
Le soir il raconte les détails de l'affaire au cabaret du
passeur. Irma et Claude se sont prises par la taille. Deux
moissonneurs rient. La petite voisine entre.

*

Marceline dans les champs souffle les chanterelles: i:e
sont des secrets. Effeuille les pâquerettes : elles en savent
long. Regarde ses seins par l'ouverture de sa guimpe: il les
aimera. Se lisse le front avec le lait des pavots : qu'il me
nomme la rousse. N'est-il pas roux lui-même comme l_e
matin et le soir ? On soupire derrière une meule : si c'était
lui ? Ce n'était que Roland, seul, qui n'avait pas entendu
venir.
*

Paul fait la planche dans l'Oise. Bonheur qui ne s'appartient plus, l'élément. Je n'ai plus de cheveux, ni vraiment
de mains, avec pouce et ongles, etc. Songer au désir.
Zéphie quand elle a trop bu, c'est le fleuve. La paresse qui
est entre le matin et l'amour.
De la berge, Roland regarde Paul dans l'eau, son caleçon
blanc traversé par l'eau courante, n'oubliez pas qu'il fait la
13

�194

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

planche. Une flèche rousse remonte au milieu de son
ventre. Un brusque mouvement des jarrets ride l'eau.
Marceline en chernise dans sa chambre de la ferme
attend en plein jour un miracle qui ne se produit pas.
*

C'est au grenier que couche Roland. On avait quelque
chose à lui dire. On est monté. Il était tout nu près de la
lucarne et il soufflait dans ses mains.

*
Marie cache quelque chose à Thomas. Il la battra pour
avoir l'objet. li l'aura. C'est une carte postale en couleurs:

Lt Baiser:
Si je vous dis que je vous aime,
Me refuserez-vous le bonheur suprême ?
Thomas retourne la carte : elle est neuve.
11 n'a pas remarqué que l'amoureux était roux.
*

Paul se baigne. Sur le rivage, Roland se déshabille. Au
moment de se mettre à l'eau il hésite, immobile. Paul
l'aperçoit, lui fait signe. Roland s'enfuit ses vêtements sur
le bras.
Il rencontre Marceline.

*
Marie parle toute seule en battant son linge. Elle répond
aux avances de l'étranger. Elle est vertueuse. Mais Roland
surgit ; elle se jette sur lui .e! le prend par les jambes. .
Ici son battoir en l'air, elle voit que Roland est là qui la
regarde et qui l'entendit.

*
Roland par la fenêtre du passeur voit Claude et Irma sur
leur lit, rieuses. La petite voisine, six ans, Lina, les quitte.
Thomas surprend Roland au guet, s'indigne. Quelle

LBS PARAMÈTJŒS

1 95

râclée. Roland ferme les yeux, tournoie un peu, et tombe
comme d'insolation. Thomas, inquiet, avec remords, lui
tape dans les mains. L'eau de la rivière. Il soulève la tête
de sa victime, l'appuie contre soi, parle. Les yeux de Roland
s'allongent sans s'ouvrir. Il gémit. Il se tourne contre
l'homme qui ne sait ce qu'il advient. Il gémit. Tout à coup
ses lèvres se collent aux lèvres de Thomas. Quel baiser de
putain. Les yeux ne se sont pas rouverts. Roland murmure:
« Maman. »
*
Claude, Irma, la petite Lina, Paul au cabaret. Il s'agit de

la petite : c&lt; Du satin », dit Irma. Paul rit de ses dents coupantes : « Je vais vous montrer ma villa. » Irma prend son
bras droit, Claude son bras gauche. La petite marche
devant.
« Vous dites qu'elle a six ans? &gt;&gt;
*

Thomas raconte à Marie le baiser de Roland. Mais par
exemple, tu ne trouves pas ça drôle? Elle ne rit pas. C'est
insensé, on croirait que tu m'en veux. Elle est bien bonne.
Pour ce galeux. Tiens, le voilà. Et des injures.
Roland les yeux candides. Roland comme devant. Il a
des yeux cernés comme ceux des anges. Marie pense que
ses bras sont plus beaux que tout au monde. Elle est
sérieuse, la gorge serrée.
Thomas plaisantedur. Roland rougit.
Marie a une idée : « Mon petit Roland. &gt;&gt;
Thomas a compris. Il la battra. Roland s'enfuit.
Il vase jeter à plat ventre dans les hautes herbes du bord

de l'eau.
D'où on voit la villa de l'étranger, et son petit canot
amarré à la berge. Le petit o.not dans lequel il rame ea
maillot vert.
*
Marceline dans les sainfoins. EUe miche une herbe. Elle

�196

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

respire avec _un bruit de forge. Le vent relève sa jupe sur
son ventre. Elle n'a rien à cacher au soleil. Il lui mord le
ventre. Il la cuit. Il la perce. Elle n'est pas vierge.
Le soleil est un roux comme elle, bien entendu comme
elle. Entre frère et sœur, est-ce que ça compte ?

*
Roland mâche de la terre ; se met des fourmis dans
l'oreille; cache des pierres dans ses souliers ; et les fait
revenir sous sa semelle ; enfonce tout à coup goulûment
ses lèvres dans le pli de son coude gauche; contemple les
contractions des muscles sous la peau de son bras ; avec son
couteau se fait froid à un sein ; s'ensanglante le front en le
cognant aux arbres; enfin, n'y tenant plus, se fait gratter la
tête par n'importe qui sous n'importe quel prétexte.
*

A quoi rêve Paul dans son jardin ? Il froisse une fleur,
sent ses doigts, et se couche à terre . Une ombre descend
des arbres sur son front. Une main jadis balançait un éventail du geste même de l'amour. Entre les écailles du pied,
on apercevait tout le corps de la femme. Une chose nue et
difficile. Elle jouait au refus quand il n'y avait plus loisir.
Sa fuite était plus épouvantable que le retrait de la mer aux
marées d'équinoxe.
*

Marie apporte le linge à Paul. cc Vous êtes à la ferme »,
et Paul s'enquiert de Roland. Marie, tant pis, raconte tout:
le pendu, le baiser, la meule. Un peu pêle-mêle. La carte·
postale. Elle a dit : c&lt; Blond comme vous ». Il a compris,
Ses dents coupantes, coupantes, entrent dans une épaule
ferme, et grincent un peu. Il prend un peu de linge dans
le panier de Marie.
*

Roland qui danse en se regardant dans la rivière tombe
dans la vase et se salit jusqu'au front. A ce moment, Paul

LES PARAMETRES

197

passe et le dévisage. I1 a un jeune chien qui vient à Roland
et se frotte, dressé, à la jambe droite de son pantalon.
*

Marceline tire les vers du nez à Lina, moyennant une
surprise et des caresses dans le dos.
« Il a des cheveux en feu sur le bide et c'est doux comme
du quinquina. »
Après tout, cette enfant l'a vu comme tout le monde. A
six ans, déjà menteuse, tu n'as pas honte. Lina pleure.
*

Par deux portes, Marceline et Roland entrent à l'église, le
seul endroit frais du pays. Il est deux heures. Un même
mensonge les mène au même bénitier. Le hasard emmêle
un peu leurs doigts et les démêle. Pendant une heure, ils
se regarderont en dessous, seuls, sans bouger. Puis Roland
s'agitera doucement.
Marceline alors sort de l'église.
*

Au retour, dans son grenier, Roland trouve Marceline.
« Nous avons un secret chacun. » Elle ne sait que dire cela,
et cette parenté suffisante, nous sommes collègues, explique
sa présence, sa volonté très simple.
Il n'y a qu'une chose qu'ils ne s'avouent pas, un autre
lien plus fort, une communauté de désir : tous deux pensencau même homme roux, et blanc comme une laitue.

*
Mon secret, c'est que Thomas avant toi, l'année dernière,
elle se tait. Il n'est pas déçu, il la méprise. Elle ne saura
jamais le secret de Roland, ce n'était pas la peine d'avoir
toutes ces complaisances. Elle a un peu de paille partout.
C.CS greniers. Roland la chasse.
Il est seul. Il va essayer de retrouver ses plaisirs innocents. Il ne Yeut pas que cette femme compte.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

*

Ce n'est pas un secret le secret de Marceline. Thomas l'a
dit partout sans doute, c'est comme avec Marie. Il ne
semble pas pourtant. Personne n'a l'air de comprendre ses
insinuations.
Alors ce secret ridicule, s'îl le veut, Roland, ne sera plus
un secret. Il dit tout à tout le monde. Thomas l'an dernier,
et lui le matin même. Elle lui a fait ci avec la bouche, ça
quand il l'a voulu. Et ceci donc sans qu'il demande rien,
parce qu'elle en avait l'envie depuis six mois. Et l'enfant
qu'elle avait fait tomber elle-même, et comment.
On n'en revenait pas, il parait : Marceline si réservée.
*

On arrêtera Marceline pour infanticide, qu'ils disent.
Effacée.
Roland sera témoin : il voit la belle robe du juge. Un
homme magnifique. Un peu roux toutefois. JI y a des
gens qui ne détestent pas ça.

"'
Maintenant c'est Paul qui, de sa fenêtre, regarde Roland
qui se baigne, et qui se noiera sans que personne vienne à
son aide.
LOUIS ARAGON

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTERATURE

MALLARMÉ ET RIMBAUD
_Il m'arriva d'écri_re ici, il y a quelques mois, qu'on pouv:1.it
discerner, à la pomte extrême de la littérature actuelle une
influence de Mallarmé et de Rimbaud. C'était à propos 'de la
Suianne de M. Giraudoux, dans l'ile de laquelle se trouvait
un rocher Rimbaud, et qui, en nageant une ou deux heures,
eût pu découvrir, non loin de cette île, le pays de la Prose pour
des Esseintes. Je fus repris avec quelque sévérité. M. Georges
Cardonnel assura, dans la Revue Universelle, qu'il n'en était
nen, que ces gens-là n'intéressaient que quelques maboules, et
que je voyais la littérature française de l'observatoire d'Upsal,
dans des verres taillés par André Gide.
L'artic,le ayant été traduit en allemand dans la Revw Rhénan~,
le Journal m'accusa de bourrer le crâne des Rhénans avec ces
fariboles. Comme beaucoup de gens de goüt, et même de
grands écrivains, continuent à croire que les noms de Mallarmé et Rimbaud ne correspondent qu'à une mystification
~o~tée dans ce qu'on appelle les cénacles, il n'est peut-être pas
inu~e de revenir sur ce sujet, non pour de vaines polémiques,
mais en Yue d'honnêtes précisions.
Pour ce qui regarde Mallarmé, il faut bien s'entendre sur sa
~~~ et son influence actuelles. Il est certain qu'on ne
1imite plus, et que, durant le bref laps où ils sévirent, ses imitate_urs_ furent parfaitement ridicules. On peut ( cela se défendrait) Juger un écrivain d'après son rayonnement de clichés et
sur sa capacité d'être imité. Les grands classiques du xvn• siècle
ont été imités servilement pendant plus de cent ans. Victor
Hugo l'était encore au début de ce siècle. Les maîtres du sym•

I:e

�200

•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bolisme, et aussi les Goncourt, le furent presque une dizaine
d'années. Cette proportion décroissante est significative. On
n'est imité que dans la mesure où les imitateurs se croient
originaux en imitant. Voltaire pouvait &lt;le bonne foi se croire
original en alignant des centons de Racine, penser que, si
Racine n'eôt pas existé, lui Voltaire eôt tout de même écrit Zaïre,
parce que Racine n'avait fait que découvrir la raison et le
beau uniques, comme Colomb avait découvert l'Amérique, et
que Voltaire aurait aussi bien pu les découvrir plus tard,
comme un autre ·navigateur aurait pu trouver la même Amérique que Colomb. Tell'~ est la croyance implicite qui donne
bonne conscience et vigueur reproductrice ·à l'imitation.
Ajoutons que Racine ayant fait mieux qu'Euripide en imitant
Euripide, Voltaire pouvait candidement s'imaginer qu'à soo
tour il ferait miem: que Racine en imitant Racine ( oubliant que
le mot imitation était une étiquette qui recouvrait dans les deus
cas deux réalités fort différentes). Tout cela nous place exactement à l'antipode de Mallarmé. Certes Mallarmé avait commencé par imiter Baudelaire (Rollinat l'appelait méchamment
un Baudelaire en morceaux qui n'a jamais pu se recoller). Mais
il était allé bien vite vers une paradoxale originalité, une peur
maladive du cliché et du lieu commun, s'était créé, moitié de
son propre fonds, et moitié par volonté ou par point d'honneur,
une manière, la plus individuelle possible, de s'exprimer. Il
excluait dès lors, au même titre qu'une imitation dont il e11t été
l'auteur, une imitation dont il füt devenu l'objet. Et (sauf par
naïveté ou par jeu) ni ses vers ni sa prose ne furent vraiment
imités.
Comment pouvons-nous dès lors parler de son influence, et
que pourrait être cette influence? Voici. Je ne crois pas écrire
de paradoxe en disant que le petit et frêle recueil des poésies de
Mallarmé est cher bien moins, et avec moins de raison, aux
amoureux de la poésie de Mallarmé qu'il ne l'est aux amoureux
de la poésie française. C'est Racine que nous aimons d'abord
en Racine, Hugo en Hugo. Mais si nous ne cherchions dans
Mallarmé qu'à aimer Mallarmé, nos raisons seraient un peu
frêles. Nous n'éprouvons pas ici le contact avec un grand cou•
rant de sensibilité, d'intelligence, d'humanité. Mais nous éprou•
vous le contact avec la poésie française, à son extrémité la

UFLEXIO

s

SUR LA LITI'ERATURE

201

plus fine, la plus logique, - la plus diabolique, allais-je dire,
en songeant que le diable est le meilleur logicien. Mallarmé n'a
eu qu'un sujet, n'a fixé que sur un point ses yeux interrogateurs
et rêveurs : le fait littéraire, l'existence et la vie du vers, du
poème, du livre. Il est, à ce point de vue, le Boileau du romantisme, ou plutôt il indique d'un doigt tendu ( comme le Saint
Jean des tableaux) la place que devrait occuper dans l'art du
xvc• siècle un Boileau. Ne dites pas de mal de Nicolas, écrivait
Voltaire : cela porte malheur. Et Sainte-Beuve répondait à
des railleries vieillottes de Taine sur Boileau que celui qui
méprise Boileau risque de mépriser au fond toute poésie.
Comme Voltaire et Sainte-Beuve avaient raison! L'auteur de
l'Art Poétique n'est pas un des dieux de la poésie, mais il en
est le prêtre, et on ne saurait guère mépriser le rôle du prêtre
sans mépriser la religion. Mallarmé a tenu dans l'autre massif
français qui équilibre la poésie classique une place analogue.
Rien d'étonnant qu'il se trouve au croisement exact, à la patte
d'oie de ces trois routes du x1x• siècle poétique, le romantisme,
le Parnasse, le symbolisme, et qu'on puisse presque indifféremment voir en lui l'aboutissement et la logique absolue de ces
trois mouvements en apparence ennemis. Il ne se mêle pas à
leurs disputes - abhqrret a sanguine. Il fait partie du service
spirituel. Il dit la messe également pour tous trois, la messe de
la poésie pure.
L'influence essentielle exercée par Mallarmé a été celle de
son exemple. Un homme avait mis son idéal à réaliser non pas
une œuvre aussi parfaite, aussi vivante, aussi bienfaisante que
possible, mais à pousser le plus loin possible dans la direction
de l'absolu la poésie française, à atteindre une extrémité. Ainsi
un explorateur qui, laissant à d'autres les Amériques et les
Eldorados, ne s'attacherait qu'à planter un drapeau dans les
glaces sur ce point mathématique qu'est le pôle. Certes, s'il y
avait à choisir entre l'un et l'autre, il vaudrait mieux découvrir
l'Australie ou le Congo que le pôle Sud. Mais il n'y a pas à
choisir. L'ensemble de$ explorations forme un bloc, un tout,
déposé par une division spontanée du travail. Et le résultat c'est
la découverte de la terre entière, où restent encore bien des
espaces inconnus, mais où toutes les grandes lignes sont repérées. On pourrait voir dans la poésie, dans la littérature, un

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

effort analogue. L'el.emple de Mallarmé n'a fait naître aucun
cbef-d'œuvre, le pays de la Prose pour dllS Esseintes n'a encore
produit ni sa Légende des Siecks, ni sa Buuary. Mais il a suscité
tout un mouvement d'exploration. Les possibilités de la littérature française ont ,été examinées et sondées. Les nombreuses
écoles littéraires d'avant-guerre et d'après-guerre (si différentes,
mais qui ont ce trait commun d'aller à l'extrémité de quelque
chose, de représenter des paroxysmes) n'ont pas encore trouvé
de trésor, mais elles ont retourné un champ. Si Mallarmé n'eût
pas existé, ni Claudel, ni Apollinaire, ni Romains, ni Proust, ni
Giraudoux, n'eussent été avec cette bonne conscience allègre
( et un peu provocatrice), vers l'accomplissement de leur destinée particulihe. Ils eussent cherché plus de compromis.
L'influence de Mallarmé ne s'est pas exercée sur le contenu
de la littérature, mais sur la manière de poser le problème litté•
raire.
N'exagérons d'ailleurs pas cette restriction. Si l'influence de
Mallarmé nous apparaît surtout comme une influence formelle,
qui modifie l'atmosphère plutôt que les objets littéraires, il ne
faut pas oublier qu'il a laissé un héritier direct, qui est Paul
Valéry. Or Valéry est peut-être le moins discuté des poètes
d'aujourd'hui. Tous ceux qui parlent de ses odes s'en déclarent
les admirateurs. Et si les formes les plus récentes de sa poésie
ne procèdent· pas directement de Mallarmé, ce n'en est pas
moins le doigt de Mallarmé qui lui désigne silencieusement la
cime et l'air raréfié où aneindre. L'hommage à Valéry com•
porte, qu'on le veuille ou non, un hommage à Mallarmé.
Qµant à l'influence positive exercée par Un Coup de Dis
(exhumé en 1894 du tombeau de Casmopolis) sur les essais de
poésie ou de prose littéraire ou calligrammatique, elle n'a donné
que des curiosités de bibliothèque, qui font passer qu~lques
quarts d'heure agréables, mais dont aucune ne rappelle év1dem-01ent en quoi que ce soit le caractère presque tragique de cet
admirable poème.
L'influence de Rimbaud a été aussi différente de celle de
Mallarmé que les deux auteurs étaient eux-mêmes différents.
Mais l'un comme l'autre a aujourd'hui son représentant, so~
héritier direct. Si Mallarmé genuit Valéry, Rimbaud genurl
Claudel. Et ce n'est pas un hasard si la gloire est venue à

Ul'LEXlONS SUR LA LllTBRATURE

203

Claudel au moment même où Rimbaud agissait sur l'extrêmegauche littéraire.
L'action de Rimbaud sur le symbolisme proprement dit avait
été très faible. On récitait volontiers et on admirait à juste titre
les Chercheuses de poux et le Ba/eau ivre à cause de leurs vers
étonnants, de leur mouvement à la fois baudelairien et parnassien. Mais les écrivains symbolistes à qui il m'arriva de parler
des 11/uminalùms les considéraient comme un amas incompréhensible de folies qui avaient dtî avoir du sens au moment
où Rimbaud les écrivait, l'avaient en tout cas depuis longtemps
perdu. On les mettait sur le même rayon que les Chants de Maldoror. Ce qui intéressait surtout chez Rimbaud, c'était, comme
chez Mallarmé, sa destinée. Avoir écrit enfant les plus admirables vers, ètre passé de là à un brouillon en apparence inintelligible, fait pour le poète seul, avoir jugé ensuite que ce
n'était plus la peine d'écrire, avoir laissé derrière lui comme
un bagage inutile la littérature, avoir réalisé, pour une Afrique
vr2ie, ce départ qui, chez les écrivains, avorte toujours eu un
roman ou un poème, voilà qui excitait les imaginations et
apparaissait comme un horizon de vertus héroïques. Rimbaud,
qui avait renoncé à la littérature, fut canonisé comme un saint
de la littérature. Et même comme un saint tout court. Claudel
nous affirme qu'il est sauvé, avec la même certitude (si peu
chrétienne en somme) qui fait déclarer au poète des Ciuq
~andes odes que Hugo, Michelet et Renan cuisent en enfer. La
place de Mallarmé était celle de l'homme dont la chair est triste
et qui a lu tous les livres; la place de Rimbaud paraissait celle
de l'homme qui aurait pu écrire tous les livres, mais qui, content de s'être transporté une fois aux limites de la littérature,
n'a plus écrit.
On pourrait être tenté de comparer cette place à celle de
Petrus Borel dans le romantisme. « Dire que j'ai cru en Petrus 1»
constatait mélancoliquement Gautier à la fin de sa vie. Et de
,ieux symbolistes s'accusent aujourd'hui, en souriant, d'avoir
cru en Rimbaud. Je ne crois pas que ce soit la même chose, à
moins qu'on ne se place au point de vue de Sirius. Si Petrus et
Rimbaud ont eu leur raison d'être dans les cénacles, dans ce
que M. Lasserre appelle les chapelles, ils ne l'ont pas eue en
la même qualité. C' est le cénacle qui agit sur Petrus, le forme

�204

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à son image et admire en lui sa propre fumée, tandis que Rirn-

.

baud agit sur le cénacle. Il n'y a jamais eu eu une influence de
Petrus, tandis qu'il y a encore, un demi-siècle après les Illumi11ations, une influence de Rimhaùd, celle même dont M. Max
Jacob se défend vainement dans la préface du Cornet aDès.
Ces poèmes de Rimbaud, que la génération symboliste savait
par cœur, on les oublie à peu près aujourd'hui. En revanche il
semble qu'on lise avec ferveur et profit les Illumiuatio11s et Unt
Saison en Enfer. Le livre avait d'ailleurs, je crois, inspiré Jarry.
Il me souvient de promenades avec lui où des spectacles de la
rue étaient référés subtilement à tel passage des Illuminations.
Et ce courant est sensible dans son œuvre (trop oubliée au
profit du seul Ub1t), des Minutes de sable mimorial à Messalint.
Une revue posait naguère, à peu près, à des écrivains cette
question : « Croyez-vous qu'une littérarure inspirée de Rimbaud,
de Lautréamont et de Jarry soit aujourd'hui possible? » Très
possible, trop possible, trop peu capable de sortir de ce pur
possible. 'oublions pas, d'ailleurs, que du point de vue médical, fort relatif comme on sait, les Cbants de Maldoror furent
écrits par un fou ( « un vrai », comme on dit du député qui
exerce la profession de vétérinaire, ou du saltimbanque des
Folies-Bergères que le Jura élut jadis sénateur) et que Rim•
baud et Jarry demeurèrent, comme bien des poètes plus grands
qu'eux, en coquetterie avec la folie.
C'est précisément dans le genre de folie propre à Rimbaud
qu'on trouverait, je crois, la clef des Illuminations. Rimba~d
était un chemineau, pour qui la vie consista longtemps en ceci:
aller indéfiniment à pied sur les grandes routes. C'est ainsi qu'il
parcourut une partie de l'Europe et &lt;le l'Afrique. Les aliénist~
ont décrit et classé depuis longtemps cette folie ambulatoire, qw
n'est, comme toutes les folies, que le développement anormal
d'une tendance natmelle. Comme Rimbaud était ~vec cela fort
intelligent, et qu'il avait du génie, il sut tirer parti de cette te~·
dance, et, voyageant inlassablement en l'Abyssinie, il était,
lorsqu'il mourut à Marseille, sur le point d'y repartir, en passe
de faire une grosse fortune commerciale.
Il aurait fait, ou plutôt il fit, sur les mêmes voies, sa fortune
littéraire. Le Voyage de Baudelaire, c'est le voyage d'un séd~ntaire ; le Bateau Ivre c'est le Voyage d'un voyageur, d \Ill

llÉFLEXJONS SUR LA LITTERATURE

205

maniaque du déplacement, qui imite bien la toupie et la boule,
et porte dans son sang les puissances vagabondes du mouvement
pour le mouvement. Quant aux Illuminations, qui paraissent
avoir été écrites pendant ses continuels voyages à pied entre
Charleville et Paris, c'est précisément le livre de la route: c'est
de la littérature décentrée, exaspérée par l'optique de la marche
et par une tête surchauffée de chemineau.
Presque tous les morceaux des Illuminatio11ssemblent rédigés
sur un talus, dans un champ, au bord de la route, par un homme
en qui la marche, le grand air, ont développé furieusement
les puissances du rêve. Lisez, presque au début du livre, les
trois poèmes Mystique, Aube, Fleurs. Le premier est simplement
la vision d'un homme couché, qui regarde le paysage en renversant la tête. La sensation d'étrangeté, de fraîcheur, de couleurs retrempées, de monde neuf qui vous vient alors est bien
connue de ceux qui aiment la course en montagne. Elle est
comparable à l'effet d'une bonne bouteille de Beaune, et je la
trouve pour ma part, fort digne d'avoir son expression littéraire.
Si Y0Us essayez d'en donner cette expression littéraire, vous qui
ête:; habitués à voir les choses droites, c'est-à-dire dans la direction et les conditions où elles vous sont utiles et où elles facilitent
votre action, vous arriverez au résultat le plus médiocre, parce
que vous aurez exprimé le monde renversé avec les images habituelles du monde droit. li vous arrivera la même aventure qu'à
M. Richepin qui a« chanté », comme on dit, les vagabonds et
les gueux en normalien d'autrefois, faiseur de vers latins. (Rien
de plus semblable, de plus symétrique que Gabrielle et le Chemineau : le notaire père de famiile et le vagabond conventionnel,
ce sont deux têtes en carton que le même poète s'est faites pour
deux mardis-gras différents.) Mais Rimbaud, chemineau authen•
tique, et qui, après des journées de soixante kilomètres, allonge
dans un champ ses grandes jambes et sa tête renversée, le
monde qu'il voit alors, qu'il voit ainsi, c'est son monde vrai. Il
pourrait dire comme Ruy Blas : je suis déguisé !quand je suis
autrement . Il est déguisé quand il est dégrisé, dégrisé de cet
air vif, chargé d'une invraisemblable proportion d'oxygène,
'?mme celui que le docteur Ox fit respirer aux habitants du
village hollandais. Aube c'est simplement une course dans le
matin, -un admirable morceau, d'une clarté et d'une fraîcheur

�206

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

presque sacrées, d'une langue aussi belle que n'importe quelle
page française, et qui tient à notre mémoire, ainsi qu'une giroflée à un mur, aussi bien que les plus beaux vers. Fleurs contient
les mêmes musiques. Il faut bien du p:uti-pris pour trouver
inintelligibles des poèmes qui sont la lumière même (il est vrai
que c'est une questio, d'habitude, et que les critiques d'art ont
longtemps estimé absurdes les tableaux impressionnistes qui
étaient tout en valeurs de lumière). Dès qu'on a compris ce
parti-pris naturel de Rimbaud, cette optique de l'homme des
routes, cette faculté d'évoquer partout des spectacles intérieurs,
de planter sur tous les prés sa tente de pourpre et son cirque
ambulant, on ne trouve presque aucune difficulté dans les Illu-

1ninations.
Les Illumi11ati.ons ont eu une postérité. J'ai nommé tout à
l'heure Jarry. MaisC011naissanu dr, fEst relève directement de
Rimbaud, et, aussi, bien des passages de M. Luc Durtain. Rimbaud aura laissé dans la littérature, au même titre que des poètes
plus grands que lui, une manière originale de sentir la nature.
Tellement unique chez lui qu'il pot croire lui-même de bonne
foi à la pure folie des fllwnimuions, avoir honte de son livre et
en vouloir détruire l'édition. Il a été justifié lorsqu'il a trouvé
son public, Ionique sa sensibilité a passé dans d'autres sensibilités. Les résistances qu'il a rencontrées sont, jusqu'à un cer•
tain point, analogues à. celles qu'a rencontrées Baudelaire. La
poésie de Baudelaire, c'est essentiellement cette découverte que
l'homme d'une grande capitale n'est pas l'homme de la nature,
et qu'il comporte une poésie originale, différente, et même
ennemie, de la poésie de la nature. La découverte de Rimbaud,
ou plutôt celle que nous faisons en lisant Rimbaud, c'est que
l'homme en mouvement n'est pas l'homme au repos, que s'il Y
a une poésie de l'homme en mouvement, elle doit être f~rt
différente de la poésie de l'homme au repos, ne pas être faite
avec des extraits du repos, des VUCS' snr le repos, mais porter sur
un monde senti et repensé à. neuf. A une époque où le cinéma
est roi, où la physique et la métaphysique sont transfo~es
par ce point de vue du mouvement, il n'est pas étonnant que
cette littérature attire notre attention et exerce une influence.
Ceux qui se scandalisent et lèvent les bras au ciel en verront
bien d'autres.
ALBERT THIBAUDET

CHRONIQUE DRAMATIQ_UE

J'étais à flâner dans mon cabinet, en compagnie de quelques-uns de mes
la bonne ouvrit la porte , et J·e VIS
·
• . chats,
, quand
,
eo~r mon. v1e1l ami, 1amateur de théâtre, que j'avais presque
oublié,
·
. depws
h . des années que je ne l'ai pas vu. C'était b1·en l UJ,
tou1ours ab1Ilé à la mode de sa jeunesse, avec son visage hardi
un peu plus fané par l'âge, ses yeux bruns restés très vifs, s:
bouche aux lè,':~s serrées, où, I_a malice et l'éloquence s'expriment ~vant qu 11 ~arle. Je I_ a1 . connu voilà bien longtemps,
quand Je fréquent:us avec ass1dwtéla Comédie française. II était
là comme chez lui, allant de la salle au foyer des artistes, connu
de tous ~t bav~rdant avec tous. Quel âge peut-il bien avoir ? On
ne saurait le dire. Quelquefois, il laisse pousser sa barbe, elle
est toute blanche, et alors le vieillard apparait. Mais le plus
s~u':'ent, proprement rasé, toujours mince et droit, et alerte, il
fait illusion. Qu'a•t-il fait au juste dans sa vie? Toutes sortes de
choses ! Il a certainement dù jouer la comédie dans sa jeu~ • car il a dans toute sa personne quelque chose de la fan~ie, de la pose et de l'allure dégagée de l'acteur. Il a dô.
~Ile au~si, car il parait savoir beaucoup de choses et je crois
bien noir entendu dire qu'il s'est mêlé un jour d'ajouter quelpa~agraphes au Paradoxe de Diderot sur le Comédien. Je
il~~is so~ve~t cause~ a,·ec mon père, quand j'étais enfant, et
mémerve1lla1t par I entrain de ses paroles qu'il lançait
1
'
l'conrm
. e ~ '1
1 es eût adressées à un nombreux auditoire, par
aoimatton de sa physionomie, sur laquelle se peio-naient toutes les
·
·
1:,
d'
eipress1ons de ses discours, par ses gestes à la fois étu.1~5 et naturels, comme s'il se fût trouvé sur la scène. Je nt lui
ai Jamais connu de femme ni d'enfants et 1· e n'ai 1· a mais su non
plus•11
·
ou I ogea1t. Sans doute, qua:id il a fini de se montrer, se

res

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

208
retire-t-il dans une chambre modeste, dans un quartier qu'on
ignore, cachant là sa pauvreté et ses regrets ou ses déceptions,
ne laissant voir à tous que le beau de son personnage. Je l'associe dans ma pensée à ces vieux acteurs sans gloire que j'ai
connus dans mon enfance et dont le type plein de pittoresque

tend de plus en plus à disparaître.
11 entra donc, et dans ma surprise j'étais encore à le regarder
qu'il me dit : « Eh ! bien, il paraît que vous faites de la critique
dramatique. J'ai appris cela l'autre jour, qu'on parlait de votre
père et que la conversation est venue sur vous. La critique dramatique! Cela m'intéresse. C'est encore du théâtre. Ecrirezvous quelque chose sur Molière, qu'on célèbre en ce moment 2
C'e$t un grand sujet. C'est à lui seul presque tout le théâtre.
Cen est, en tout cas, un côté considérable, Molière ... »
Je sentais qu'il allait se lancer et je répondis aussitôt :
« C'est un arand sujet, justement, et c'est pourquoi je ne me.
risquerai pas à le traiter. Je ne sui_s pas comme _vou,s, q~
savez si bien parler de ce que vous aimez. (Il sount d un au
avantageux. à ce compliment). Moi, l'admiration me rend
timide, me remplit de scrupules, je doute de mes forc~s et
souvent je préfère me taire. Si je vous disais que les pièces
que j'ai le plus admirées, et qui méritaient de l'être, j'en ai
rarement rendu compte dans mes chroniques dramatiques. Leurs
auteurs ont certainement dtl se tromper sur l'opinion que j'en
avais. Ils ont dû croire que je trouvais leur œuvre négligea~le,
qu'elle ne m'avait pas plu, et que, peut-être, pl~tôt q~e den
dire du mal, j'avais jugé mieux de me taire. C'était précisément
le contraire. Je ne me taisais que parce que je doutais de mes
moyens pour parler de ces pièces comme elles méritaient qu'o~
en parlât, pour dire tout le bien que j'en pensais. Je me se~tais
peu de chose à côté de ces auteurs et mon talent bien mince
auprès du leur. Comment dire tous ces mérites, ce ton naturd
et vrai, ce dialogue aisé et vivant, ces personnages criants_ de
ressemblance, l'émotion contenue dans telle scène, le comiq~c
se dégageant de telle autre ? J'étais sorti du spectac.le P!eUI
d'enthousiasme, de plaisir, plein du contentement qu'il e11stâ~
encore des auteurs dramatiques de cette sorte à une époque_ ou
ils se font décidément rares. Je m'étais dit qu'il y avait là manère
•
·
· r
é l ' l'é en're , etlc
à une belle chromque,
j'étais 1ermement r sou a
~

CHRONIQUE DRAMATIQUE

209

'!1~111en~ ve~rn, timide, embarrassé, hésitant ... Que de fois je
l a1 senti et 1e me le suis dit qu'il est plus facile de dire du mal
d'une mauvaise pièce que de montrer les mérites d'une pièce
excellente ! Cela m'est arrivé notamment pour L'I11 discrel, de
~1. Edm~n~ Sé~, une ~uvre vraiment remarquable ... »
~fon ~1etl ami ne m écoutait pas. li avait posé son chapeau
avait pns un fauteuil, l'avait approché de la cheminée, et, fac;
à la glace, s'était assis. Il m'interrompit: 1, Molière ... »
« Je dois l'avouer, lui dis-je, j'ai été longtemps avant de l'ai~er. Je me rappelle comme il me déplaisait quand j'étais un
1eune hom~e. J'avais à ce sujet des discussions avec mon père.
Je le trouvais bas, commun, terre à terre.
Je vis de bl)11t1e S()UjJe el 111m de beau la11gag~ •••

c~ Yer_s, dans lequel je voulais voir toute sa philosophie, m'ind1gna1t. Je trouvais sa langue triviale, sans élégance, manquant
de finesse. Cette santé d'esprit et d'ex.pression, qui est un
de ses grands mérites, me choquait. ]'avais cet idéalisme et ce
romanesque de la jeunesse, lesquels sont som·ent si Join
de_ la vérité. Et, comme on est à cet âge, je m'eotêtais. Le
Misanthrope seul me plaisait ... En un mot, je ne Je connaissais
pas et_ je ~anquais d'expérience pour le juger et l'apprécier.
Depuis, Je me suis joliment rattrapé. Je le dis souvent dans
une association qu'on m'a quelquefois reprochée : Molière et
Shakespeare. Voilà à mon avis les deux pôles du théâtre. Je
donne pour eux tous les Grecs et tous les Romains tous les
~orneille et tous les Racine. Quand on a vécu, et ~u'on a su
,·ivre en observant, et qu'en observant on a su retenir, on ne
p~ut pas ne pas aimer Molière, qui a peint les hommes si véridiqueme~t. Il . a, lui aussi, sa poésie, qui est grande, et sa
mélancohe, qui est pénétrante, et sa passion, qui est profonde.
Une grande partie de son œuvre est son histoire, sous bien des
~ersonn~ges c'est lui qui s'exprime, et c'est encore ce qui le fait
51 h~mam. Et quelle fantaisie, quelle simplicité, quel don du
com1q~e et de la satire, quels accents vrais et touchants, quelle
merveilleuse galerie .. . »
« Molière ... ». dit une nou\'elle fois mon vieil ami, l'amateur de théâtre. Il s'était assis à son aise, les jambes allonaées
au feu. Il faisait de sa main droite des mouYcments légers dans
14

�210

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

l'espace, comme s'il eù.t jugé oiseux mes propos et voulut calmer l'impatieacc qu'ils !.ui causaient, et, son visage offert àsa vue
dans la glace, oubliant presque que j'étais là et semblant se parler à lui-même :
&lt;&lt; Molière, répéta-t-il, quand on parle de lui, même sans
observer l'ordre cbronologi&lt;jue, il faut commencer par L'Etourdi,
qui est sa première pièce, ou par La Jal~usie du ~rbouiJlé.
L'Etourdi est une pièce charmante et plcme de gaieté. Elle
porte la marque de la première jeunesse du poète. Quand
Molière la fit représenter, sur le tréteau qui lui seNait encorede
théâtre, i1 était jeune, beau, plein des plus grandes espérances
de succès et de fortune. On peut ajouter qu'il avait la chance de
trouver, à son début, la sympathie et l'admiration populaires.
Il comprenait déjà qu'il serait le maître des esprits et des in_tdligences de son temps. Il sentait qu'il serait un jour le favori du
rci. Déjà la ville et la cour fêtaient L'Etourdi comme une œune
pleine de sourires.
« MascariHe était déjà un enfant de Molière et bien étonné
était celui-ci de se voir deux fois applaudi, pour son jeu et pout
ses vers. Ajoutez toutes l-es complications et toutes _les joi':5
d'une intrigue italienne, la passion d'un amour vif et b~en sentl'.
la aaieté surabondante d'un écrivain jeune, sllr de pla.ue et qm
t&gt;
. l'art.
pourtant
avait tout à créer : la langue, les mœurs, l'. esp;1t,
et les convenances de la comédie. Ecoutez avec smn L Etounb
et ,•ous comprendrez quel sage esprit se cachait sous ce vers
itbondant, ingénieux, facile, net et vif et si bien fait. La langue
nouvelle s'y montre dans tout son éclat, l'esprit dans toute sa
verve, le dialogue plein d'1rne grâce et d'un naturel inimit~es.
A chaque instant, éclate la bonne· humeur de ce merve1lleus
génie qui annonçait déjà son admirable destinée. Il échappe à
Turlupin, à Scaramouche, aux joies licencieuses des trétea.ux _dc
Tabarin et cependant il n'en est pas encore si éloigné que de
temps à autre il ne se rappelle quelques-uns des lazzis de ces
illustres farceurs.
c A cette époque, la coméd-ie en est encore à la gaieté e~ :roi
hasards d'une aventure. C'est la comédie de la place publique,
l'esprit-de plein air, 1e rire qui fait qu'on se tient à deux mains
pour ne pas éclater. II faut donc accepterœs vieilles et franches
comédies qm ont été pour Molière une source si féconde de

CBII.ONIQUE DRAMATIQUE

211

vraie gaieté. Il est bien vrai que ce Mascarille est un drôle
malavisé, qui se permet des plaisanteries excessives. Mais il y
met tant de bonne foi et de bonne humeur I Tout le monde lui
pardonne, même ses dupes. Fourbe, mais fourbe fort amusanL
Il fait de l'intrigue pour le plaisir, non par intérêt. Il y e-st
passé maître et connait son adresse. il a la bravoure d'un h~ros.
Quand il est vaincu, découvert, battu et sans argent, il ne s'en
relève que plus vif et rendu plus fort. Rappelez-vous ce vers :
Oui, je vais le seroir 11n plat dt: 111a /Of-011 !

C'est l'homme qui savoure déjà sa vengeance. Il est fier ?
A-t-il si tort ? Auprès de ces tranquilles bourgeoi~, de ces riches
sans soucis, presque plus logiquement que Figaro, songeant à
ses mérites, il peut s'écrier : Et moi, morbleu ! Aussi quand
son maître lui dit ces vers :
Lersque me ramassant tout mtier e11 111oi-111ime
f ai ccnf11, digéré, produit u11 s!ratagime
Dt:l1a,1t q11i tous les tiens, dont tu fais tant de Cils,
Doivmt, sans contredit, mettre pavillon bas ...

nous trouvons ce pauvre Lélie bien imprudent. Il offense sa
providence. Privé du génie de Mascarille, il est perdu. Heureuaemeot Mascarille pardonne. Il pardonne par orgueil, sachant
bien que la défaite de son maître lui serait attribuée à luiméme.
« L'Etourdi fut joué pour la première fois à Lyon en x653. Il
fut joué:\ Paris cinq années plus tard. Lagrange, jeune et beau,
jouait Lélie. Mademoiselle de füi.e, grande, bien faite, très jolie,
qui resta jeune jusqu'à cinquante ans, jouait Célie. Mademoiselle Duparc, qui fut aimée à la fois par les deux Corneille, pu
Racine, par La Fontaine, par Molière, et qui n'aima, pour son
compte, que Raçine, jouait le rôle d'Hippolyte. Pandolphe,
c'était Louis Béjart, qui était un peu boiteux, ayant été blessé
en séparant un joul des hommes qui se battaient à l'épée au
Palais-Royal. Enfin, Mascarille c'était Molière. Sentez-vous bien
tout ce qu'évoquent ces noms aux premiers temps de la gloire
de Molière ? Messieurs les sociétaires du Théâtre français, que
vos noms sont petits à côté de ceux-là et queile distance vous
sépare de pareils prédécesseurs !

�212

LA NOUVELLE REYUE FRANÇAIS!

«

Le Mariage force est également une pièce charmante . Il n'y

a guère de comédie écrite avec plus de vivacité, de grâce et
d'énergie. Voltaire l'appelait une farce? C'est bel et bien une
comédie et dans laquelle on retrouve, à plusieurs endroits,
toutes les hardiesses de bon sens de Molière. Sganarelle est le
plus populaire des personnages cr~és p~r ~olière. ~'est_ 1~
bourgeois ridicule, ou le bourgeois enncb1. ~ene fo1s-c1, .~t
veut se marier et se marie malgré lui. Aux premiers mots qu 11
dit, on devine toutes les mésaventures qui l'attendent : « Si l'on
m'apporte de l'argent, qu'on me vienne quérir vite chez le s~igneur Géronimo ; et si l'on vient m'en demander, qu'on dise
que je suis sorti et que je ne dois rentrer de toute la jo~r?ée. •
« L'argent est l'unique occupation et la seuJe ambition d_e
Sganarelle. Enrichi, il veut prendre femme. Encore veut-11
qu'elle soit noble. Il va demander conseil à son compère ~éronimo, bourgeois de bon sens. Celui-ci, le prenant au sérieux,
veut lui donner d'abord un bon conseil. a: Quel âge pouvez-vous
bien avoir maintenant ? » lui demande-t-il. C'est une question
bieo simple et bien naturelle. Pourtant Sganarelle n'y a p2S
pensé. Géronimo fait le compte. li en résulte que Sganarelle ~
cinquante-deux ans. 11 Songez-y, seigneur Sganarelle ! » ~ q~~
Sganarelle répond : « Est-ce qu'on songe à cela ? Et p~1s, J 11
l'œil vif, la poitrine forte, le jarret nerveux ... » A quoi ~ronimo lui répond à son tour « que le mariage est en ~01 une
folie, à laquelle il faut que les jeunes gens pensent, bien. m6·
rement avant de la faire, mais les gens de votre âge n y doivent
point penser du tout » et le déclare le plus ridicule du monde,
« si, ayant été libre jusqu'à cette heure, vous allez vous charg~
maintenant de la plus pesante des chaînes ». Sganarelle, mortt·
fié et s'entêtant, oppose des raisons sans réplique : il est ré~ol~
de se marier, la fille lui plaît, il l'aime de tout son cœu_r, 1~ la
demandée à son père, le mariage doit se conclure ce s01r, 11 ~
donné sa parole. Géronimo change alors de système et au~o
qu'il décourageait Sganarelle de se marier, l'y encourage maintenant de la meilleure façon. Rappelez-vous le tableau qu_e
Sganarelle se fait de son mariage, de son ménage, de sa mat·
son : o: Que j'aurai de plaisir de voir des créatures qui vont sor·
tir de moi, de petites figures qui me ressembleront comme
deux gouttes d'eau, qui se joueront continuellement dans la

CHRONIQUE DRAMATIQUE

213

maison, qui m'appelleront leur papa quand je reviendrai de la
\'ille et me diront de petites folies les plus agréables du monde!»
Ce sont de petits' détails charmants. Et rappelez-vous la réflexion
qu'il se fait à lui:même sur son union : « Mon mariage doit
é~re heureux, ~ar ,_l ,?onne de la j~ie à tout le monde et je fais
nre tous_ceux a qm en parle ». C est du meilleur comique.
« Donmène parait. Cette belle fille est impatiente d'échapper
à la pauvreté et aux brutalités de la maison paternelle et ne
s'!nquiète guèr~ d'examiner le mari qu'on lui donne. Elle pense
bten être la maitresse dans la maison de ce mari. Cela lui suffit.
Elle va se o: donner du divertissement et réparer comme il faut
le t~mps perd~». ,Quant à Sganarelle, qui n'a jamais été à
pareille fête, 11 s extasie sur son bonheur : « Vous allez être à
moi de la_ tête aux pieds, et je serai maître de tout, de vos petits
yeux éveillés, de votre petit nez fripon, de vos lèvres appfais~tes, ~e vos or~illes amoureuses, de votre petit menton joli. .. »
L imbécile ne voit pas que plus ces petits yeux sont éveillés,
plus vite ils découvriront ses cinquante-deux ans cachés sous
sa ~erruque, que plus sa femme promènera son petit nez fripon
moms elle restera à la maison. üu'a-t-il à faire de ses lèvres
appétissantes et pense-t-il qu'elle tendra ses oreilles amoureuses
à l'é~outer ? Il y a dans tout ce dialogue entre Sgaaarelle et
Donmè~e une gaieté et une sagesse qu'on ne saurait trop
applaudir. Sganarelle, ébloui, veut encore prendre conseiJ du
prudent Géronimo. Trop tard I Celui-ci sait à quoi s'en tenir.
II le renvoie au seigneur Pancrace, Aristote-Pancrace comme
l' appelle Sganarelle pour se faire écouter de lui.
'
c Nous ne voyons plus aujourd'hui, dans cette scène du doct~ur !ancrace, qu'une scène de comédie . Au temps de Molière,
c était un acte de courage. La philosophie de Descartes mettait
dans_ les esprits ses premières lumières. L'Université, qui ne
voyait que par Aristote, s'inquiétait des progrès de la doctrine
nouvelle et s'agitait pour faire remettre en viQ'Ueur un arrêt qui
défendait, sous peine de mort, d'enseigner° aucune doctrine
CO?tr~ire à celle d'Aristote. La philosophie de Descartes trouvan amsi un premier appui dans Molière, comme elle devait eu
trouver un, plus tard, dans Boileau. Et l'important, c'était que
cette comédie du Mariage forcé était jouée en plein Louvre,
devant le roi, et applaudie par lui. Il était impossible de se

!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

moquer plus gaiement d'Aristote et de sa cabale. Pancrace
s.'emporte comme un philosophe ignorant. Il se répand en
injures et en sottises. li appelle à son aide le ciel et l'enfer.
C'est pourtant un philosophe qui sait lire et écrire, comme dit
Sganarelle, croyant lui faire là le plus beau compliment.
« Le Docteur Marphurius n'est pas moins divertissant. Mais
lui n'est qu'une invention de Molière. Vous savez comme Sgaoarelle, qui veut décidément sa"oir à quoi s'en tenir sur son
mariage, se met en tête d'aller consulter une sorte de grand
magicien . C'est alors qu'il rencontre Dorimène avec Lycaste,
son amant. Un amant auquel elle ne tient guère plus qu'à
Sganuelle. « Je n'ai point de bien, dit-elle à Lycaste, et vous
n'en avez point aussi. Or, vous savez qu'avec cela on passe mal
le temps au monde. J'ai embrassé cette occasion de me mettre
à mon aise et je fai fait sur l'espérance de me voir bientôt délivrée du barbon que je prends. C'est un homme qui moum
avant qu'il soit peu et qui n'a tout au plus que six mois dans le
ventre ». Et comme Sganarelle se montre à eux. : (&lt; Ah ! nous
parlions de vous et nous en disions tout le bien qu'on en saurait
dire.»
e; Enfin, Sganarelle preud la résolution de se débarrasser d&amp;
cette affaire. Il va trouver son futur beau-père. Celui-ci le salue
et l'accueille comme son gendre. Plus Sganarelle s'inquiète de
cet accueil, plus il s'enferre. Quand il ose enfin avouer ses
répugnances au mariage projeté, le seigneur Alcantor n'a l'aie
de rien. Mais il a juré de se débarrasser de sa fille, Sganarelle ne
peut lui échapper, et il va avertir l'homme d'affaires de la maison, le bretteur Alcidas, qui saura bien le mettre à la raison. Il
n'y a rien de heurté dans le dialogue de Molière dans cette scène
entre Sganarelle et le père de Dorimène. Il tire toujours le plus
beau parti des éléments comiques. Molière a trouvé Le Maritlgc
ft&gt;rci à la même source que le Bourgeais gentilbomtm, Georg,

Dandin, l'Ecole des maris, l'Ecale des femmes, les Femttzes savanlts,
le Malade Imaginaire, en un mot toutes ces admirables leçons
qu'il a données à la bourgeoisie de son temps, qu'il a défendue
jusqu'au bout contre les courtisans et les hypocrites, les médecins et les coquettes, les charlatans de toute espèce, si puissants
qu'ils pussent être ... »
Mon vieil ami l'amateur de théâtre parla encore pendant 1lll

CHRONIQUE DRA MA TIQUE

215

bon ~ornent. Il aborda les grandes pièces de Molière : Tartufe
Le M1sa11thrope, Les Femmes savantes Don Jua11
Il éta't
.,
· l' · d · r
'
··•
1 assis
1e a1 it, 1a-ce à la glace, me tournant le dos Je l'é
t ·• 1 '
d ·
.
·
cou a1~ et e
regar ais, assis derrière lui, à quelques pas à ma table d t
vail Pe d t •·1
l .
'
e ra. n an ~u l par ait, ne pouvant me voir et d'ailleurs peu
oc~upé de _moi, et prenant des temps comme au théâtre i"'é ._
n1s ce qu' J d· · J' ·
• en
.
I • isa1t.
a1 remis au net tant bien que mal
les
p_re~1ers fc~1llets, pour en composer cette chronique. Elle a
ams1 ce ~énte, indiscutable on er. conviendra, en dehors de la
présen_1at1on de mon vieil am.i, dene pas contenir un seul mot
dem01.
UURlCE BOlSSARD

�NOTES

NOTES
LITTÉRATURE GJ;NÉRALE
MADAME DE SÉVIG É, par André Hallays (Perrin).

lt

Tant qu'on est jeune, on a peu de goût pour Mme de Sévigné. Les lettres citées dans les anthologies sont souvent celles
dont le brio sent un peu l'esprit de salon et le désir de briller;
quant aux autres, leur naturel, leur fraîcheur, leur vie prodigieuse -n'apparaissent clairement qu'à des lecteurs déjà dégoûté~
de la pédanterie et de l'abstraction. Mais d'autres raisons encore
expliquent cette aversion de la jeunesse. Pour elle, l'amour
maternel de Mm• de Sévigné représente ce que l'esprit de
famille a de plus pesant. Tant bien que mal, on arrive à se
défendre:contre un père despotique, tandis qu'on est sans armes
contre une~mère trop aimante. En secret, les écoliers prennent
tous le parti de M111• de Grignan, et ce que les maitres leur
représentent comme une odieuse sécheresse de cœur ne leur
semble qu'une légitime échappatoire aux tyrannies des adultes.
Plus tard, les positions étant renversées, on risque d'épouser un
peu aveuglément la cause d'une mère si durement rabrouée.
On soupèse quelques mots terribles, épars dans les lettres à sa
fille : « Vous savez quelle inclination j'ai eue toute ma vie pour
vous : tout ce '. qui peut m'avoir rendue haissable vient de~
fonds &gt;&gt; ; ou encore : o: Ce n'est pas une chose aisée à soutenir
que la pensée de ne pas être aimée de vous; croyez-m'en.•
On fi.oit par oublier ce qu'il y a d'injustice chez cette mère
idolâtre et qu'elle n'a jamais accablé son fils, pourtant affectu_eus
et aimable, sous de bien . vives protestations d'amour. Le hvrt
de M. Hallays jette sur les sentiments réciproques de cette
famille une lumière qui ne laisse rien d'essentiel dans l'ombre i
et il le fait avec ce goût des choses de l'esprit et du cœur, à la
fois pénétrant et discret, qui sait ne jamais froisser l'objet de
son investigation.

217

Mais si l'on cherche un intérêt en dehors de la pure joie d'entendre bavarder Sévigné, ce n'est pas dans sa personne même
qu'on le trouvera, c'est dans l'image qu'elle trace de la vie
privée au xvn• siècle. Comme l'indique bien M. Hallays, sa
correspondance est le principal document que nous possédions
sur ce point. Peu de problèmes, aujourd'hui, nous semblent
plus importants que de savoir quel fut, aux divers siècles passés, le véritable niveau de la culture, ce qu'on goôta d'aisance,
de sécurité, d'agrément à vivre. Il n'y a pas d'autre méthode
pour circonscrire l'idée de progrès, jalonner le chemin parcouru et chercher si le gain vaut ou non les sacrifices dont on
le paie. L'heureux caractère de Mm• de Sévigné, sa bonne
santé, les faciUtés que la vie lui a prodiguées empêchent que
son optimisme puisse être pris au pied de la lettre. Sa situation
sociale limite à un milieu assez restreint les renseignements
qu'elle nous fournit. Toujours est-il que nous nous sentons de
plain-pied avec ce milieu-là ; nous ne voyons pas quelles
nuances de notre sensibilité, sans excepter le sentiment de la
nature, n'y auraient pas été comprises. Les raffinements ont
changé d'objets mais ils se valent. Peut-être sommes-nous
d'ailleurs plus rapprochés de cette génération formée par la
Fronde et qui a conservé une remarquable franchise du collier,
que nous ne le sommes de la suivante. Le point sur lequel
Mm• de Sévigné nous donne moins d'indication, c'est l'étendue
qu'avait au xvn• siècle la zone de culture. Si la question de
qualité est à peu près claire, celle de quantité l'est beaucoup
moins ; or il est évident qu'elle n'importe pas moins que
l'autre.
Mais voici de bien lourdes considérations à propos de lettres
où tout est enjouement et Yie, et d'un commentaire qui excelle
par le goût, la bonne grâce et la ferveur.

...•

JEAN SCHLUMBERGER

PAUL ADAM, par Camille Mauclair (Flammarion).
, M. Camille Mauclair a écrit sur la vie, la carrière littéraire et
1,œuvre de Paul Adam un livre attentif, complet, ému, tel qu'on
1attendait d'un ami et d'un compagnon d'Adam. Adam était

�218

LA NOUVELLE RE\"UE FRANÇAISI

un beau caractère d'homme et d'écrivain, Dans son œuvre
trop abondante le choix est déjà &amp;it. M. Mauclair n'a ries
voulu en sacrifier, l'a analysée tout entière avec la même piété,
et il rame difficilement sur cette barque trop chargée. Ce qui
restera, c'est la suite de romans aur la. famille Héricourt, l'Enjaut d'Amierlit-i._, la Furce, fa Rwe, mémoires romancés ~•une
inspiration puissante, où il y aseulement trop de maçonnene, de
carbonarisme et autres fariboles. On tirerait du reste au moins
un volume d'admirables pages choisies. M. Mauclair dit avec
raison qnc Paul Adam auteur de nouvelles mériteiait d'ê~e
moins méconnu. li met •ustement à sa place le Serpr.1it Noir,
qui reste un des beaux romans d'Adam. Quant au Tnisl, sur
lequel comptait surtout l':mtem et qui était, je crois, son œm'Tt
favorite, c'est un roman fort artificiel que M. Maudair compare
un peu imprudemment à ceux de Jack London. Le livre de
M. Mauclair sera des plus utiles à qui voudra étudier dans sa
vie profonde la génération littéraire qui va de 1889 à la guerre.
Al.BERT TIUBAUDET

l!100'ES

posé de l'un et de l'autre, qui s'appelle Poète tragique. Non
p~e aut':'1r de trag~dies in.dépendantes de lui et qui vont après

lui lem libre cbeman, mats poète dont les tragédies ne sont
considérées que comme la figure de son tragique intérieur, les
reflets de son jeu intérieur. M. Suarès ne descend pas le fleuve
jusqu'à ses bouches, mais il remonte vers la source, et une fois
qu'"al )' est parvenu il y mire un visage que, à chaque page, nous
reconna:issoos pour le sien. Le mystère où flotte la personne de
Shakespeare rend ce procédé facile et permet qu'il porte en
t~e sû.~eté ses magniJi~~es fruits. C'est ainsi que Victor Hugo
ava1t déJa conçu son William Sl,akespeare, auquel on a raison de
rendre aujourd'hui hommage, bien qu'en des termes parfois
impropres. Le livre de M. Suarès procède des mêmes direct!ons. Le jour. où on écrira sur la critique romantique le grand
lme sympathique et clairvoyant auquel elle a droit, on y fera
une place aux livres ardents et lyriques où M. Suarès a mêlé,
en grand mnsicien, son âme à celle des héros de l'art et de la
pensée.
ALBERT THIBA-CnET

** ..

POÈTE TRAGIQUE, par André Suares (Emile Paul).
Les feuilles·qui composent un livre de M. Suarès paraissent,
comme celles où écrivaient les oracles, jetées quelque peu au
hasard de ri aspiration. Mais peu importe : de Màrc--Aur~e à
Moutaigoe età Pascal, il ne manque pa~ de grn-,nds. livres
humains qui sont complètement affranchis du p~rt1-pm a.:: la
comPosition. Ce serait léser l'auteur de Poète Tragi.Jl,e que~ apprécier seulement la netteté de médaille et le son métallique
d admirables phrases, qui roulent sous les yeux comme_ des
pièces d'or sous les doigts. Ce ~ui fait l'intérê_t de ce gros livre,
comme de ces portraits en vmgt pages qm demeurent pOllf
moi (avec Je- Voyage du Condottière) le meilleur de l'œuvre de
M. Suarès, c'est la passion âpre qu'il met à revivre pour son
propre compte la vie d'un grand homme, 1~ c~~viction rude,
la hardiesse de condottière, avec laquelle 11 s installe en ~o
Shakespeare comme en un Salluste ou un Pascal, pour dire
non pas : La mai-.sJJH m' appartien[ 1 mais tantôt : A 1U1tJS deux (
et tantôt : Nous deux. Dans ce livre ce n'est ni Sbakespeatc 111
· un magnifi:q ue colll·
Suarès qne nous avons sous les yeux, mais

:t.

* ..

LETTRES A SIXTINE, par Remy de Goumumt (Mercure de France).

Ces lettre~ ces notes et ces petits poèmes adressés à celle
qui inspira Si:xtin~ ne manqueront pas d'attirer la curiosité de
tous les îélatew:s de Gourmont. Ils pourront rapprocher l'aven~e réelle et l'aventure du roman, observer l'arrangement des
faits, marquer les variantes ; et cette lecture mettra en lumière
potl1 eux l'élaboration du fameux « roman de la vie cérébrale n. lis trouveront sous forme de ballade une nouvelle description de la robe &lt;t. aux ondulations pourprescentes » et ponrmnt comparer les deux. morceaux. Ils reconnaîtront dans la
c~espond.ance d'amour, fine et tourmentée, le caractère essentiel de Gourmont, qui fot toute sa, vie dévoré par l'aoalyse de
la sensttalité. Ils seront instniits de certaines vues de l'écrivain,
en 1887, au sujet de Sll curière : u Quant à cette crai.nted'arriTer tJop vite, disait-il, je la crois chimérique. Je puis arriver, à
mon âge, sans danger, ne me sentant aucunement dans la voie
de la stérilité, au contraire. Puis, un~ foi~ arrivé, c'est-à-dire
4 onon, au lieu d'un but général on a des buts particuliers,

�220

LA NOUVELLE RE.VUE FRA 'ÇAISS

telle œu\'re, tel succc spécial, un genre différent de celui dan$
lequel on s'est fait connaitre, une bataille à gagner ur un terrain neuf, le théâtre. » Enfin ils retiendront quelques pensées
qui peignent bien Gourmont et font présager les Le/Ires à
l' Amll{Ont ; celle-ci entre autres : • Le plaisir est humain et
divin ; il est :;pirituel ; ce n'est pas un instinct qui le domine,
il a une âme. ll n'est pas égoïste et m~me ne s'ép:mouit qu'en
autrui. La chair ne frissonne qu'aux frissons de la chair i le
plaisir ne vit que du plaisir qu'il donne. ,
Toutefois, ces fragmenh recueillis en marge de Sixtine sont
destinés principalement aux « gourmontiens , et n'offrent aux
autres qu'une substance assez mince.

••

J.\CQUES DE LACRETEW

LES PHILO OPHIE PLURALISTES E ANGLETERRE ET E A \ÉRIQUE, par J. Wa/1/ (Alcan).
Le livre de L Wahl nous donne du mouvement pragmatiste
et pluraliste en pays aoglo- axon une carte claire et bien faite.
Il juge ce mou\'ement a~•ec sympathie et fait bien saisir l'utili~
de sa réaction contre le monisme dont le x1xe siècle a connu tant
de formes étroites. Aujourd'hui, si l'excellente revue philosophique anglaise The Monisl voulait rester entièrement fidèle à
son titre, elle n'aurait plus guère de copie. Le pluralisme, doo1
l'influence en pay anglo- axon 'est heureusement conjugu~
avec celle de Bergson, a donné à la philosophie du jeu, de
l'air, de l'espace. Peut-être M. Wahl aurait-il pu le rattacher
d'une façon précise aux graod courants de la philosophie
anglaise, qui, depuis Bacon, forme un pays intellectuel o~ginal. Une philosophie intellectualiste est conduite nécessairement au monisme, et l'esprit anglo-saxon a toujours répugné à
l'intellectualisme des grandes philosophies conti11e11tales. De
Bacon 1 de Hume, Je fül (je ne dis pas de Berkeley et de Spencer) je crois qu'il serait facile d'extraire sinon des thèses pluralistes, du moins..un esprit pluraliste. Le demi-pluraliste Renouvier se rattache à Hume par delà Kant, et ce que James retrouve
avec enthousiasme daos le criticisme français ne sont-ce pas les
éléments que celui-ci tenait de Hume ?
ALBERT îHIB,\UDl"E

NOTES

221

JACOB,cow LE PIRATE ou SI LES MOTS SONT
DES SIGNES, par ]ra11 Paulhan (Au Sans Pareil).
. Le liwe_t de M. Jean Paulhan présente sous une forme elliptique des idées fort justes sur les rapports de la pensée et du langage: li est dédié à M. Paul Valéry; nous y retrouvons certaines
manières de parler que celui-ci avait cultivées au contact de
Mallarmé, et qui servent excellemment à serrer le contour et à
égouser le~ méandres de la réflexion la plus mobile. Il pourrait
1ctre aussi à M. Bergson, car il se propose de montrer que
cous parlons, non par sig_nes de ce que nous pensons, mais par
un mouvement dont le signe est tantôt l'arrêt, tantôt le point
de: départ: De même .~ous ne pe~sons pa:; par images. Ce que
nous_ croyons dans 1image réalité positive est défaillance, ou
défic,~nce. M. Paulhan le montre par des exemples ingénieux.
Sonhvret soulève d'ailleurs plus de questions qu'il n'en résout:
~~ sont des notes provisoires en vue d'une théorie du mot et de
1image. Il serait à souhaiter qu'il les développât.

,.

ALBl:RT THIBAUOlff

• *

LES PRÉLUDES, par Octavt Maus (Robert Sand,
Bruxelles).
Un roma~, certes non ; plutôt des souvenirs, à peine transpo~s. Les impressions d'art, comme le pèlerinage à Bayreuth,
Ytteooent la haute et importante place qui convenait à cette
époque où le roi fou présidait encore l'assemblée des s;ectateurs
en état de grâce, l'époque où Wagner vh·ait. Tel qu'il se
présente, un n .cueil charmant, d'une ensibilité déjà lointaine
de la n6trC' mais qui se fait bien comprendre, d'un style plus
proche peut-être de la causerie que de l'écriture, mais qui ne
g~ne pas.
Octave Maus exerçait, en Belgique, une considérable influence
personn~lle, dans le domaine de arts, et son effort appelle la
5}'tllpath1e. li entendait, il aimait les lettres la musique les
ans f_rança1s
· : son admiration pour Wagner ne
' l'égarait pas.
' li
restait maitre de son choix. Il eut le loisir de dire ses goûts et

�222

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAR

ses dégoûts dans la gazette qu'il di~igeait. à Bruxelles ; il le fit
avec intelligence, avec ferveur; il illustrait en quelque sorte
articles, conférences et polémiques par ~es concerts, des_ expo.
sitions ui eurent du retentissement, qm étonnèrent •. qm scan
dalisère!t et dont il sut défandre les tendances de « hbre esthé -

se:

tique».
l'é
a que pour
Le livre qu'il laisse presque achevé ne
voquer
1
ceux qui le fréquentèrent de près : ils y trouveront comme c
fum de cet esprit attachant et de ce noble cœur.
par
Cu.BERT DE VOISINS

•••
HAUT-VIVARAIS D'HIVER, par ]tan-Marc Bernard,
dauphinois (Au Pigeonnier).

,

Tout ce que le zèle de ses amis nous a révélé de 1œuvr~
inachevée de Jean-Marc Bernard avive les regrets d'une perte SI
déplorable .
.
è d
hinois
Ces quelques pages ont été inspirées au P~ te au~
be
par une lecture d'un auteu: oublié, son compatriote, Chnst?P
de Gamon qui vécut au xv1e siècle. Le prétexte est n_~nt:
mais prêt; à des descriptions conduites avec la sobn t a
laquelle J.-M. Bernard s'efforçait
emb
' plit d'une
... Ce paysage sévère, sous le ciel de déc lre,d~: e:e se bien
.
'
d
I
i· oie mais commr e
esrr
satisfaction qm n eSt pas e a
'
br à la maitrise
sséder Dans ces lieux, l'austérité de la nature o ige
.
po
de soi,. à. la sage ,._
&lt;;&lt;.Ooom1·e de la pensée et du sentiment; eUe enselgll'
à tout savoir tirer de son cœur.
.
d lt ou trois phrases comme
On trouverait sacs peine encore eu.
d
I J'il
celle-là que personne ne s'étonnerait de rencontrer aos a

de Rancé.

. d B rnard audio
Cet1e plaquette est ornée de dessm~ e e
édité dans
et de bois d'un métier assez faible. Un livre de vers,
t dans
la même collection, offre un frontispice et des f o_:n;::;,:rd en
un crotlt modern-style assez fâcheux, en par a1
1 ccès
:,
c
l'art
du
poète
et
qui
peut
compromettre
e su
tout cas ave
'
d'une tentative intéressante.

ROGER ALLAlD
•

•

i:

223

LA POÉSIE
LA DANSE MACABRE (Bibliothèque du Hérisson,
Malfère, édit.); LA GUIRLANDE A L'ÉPOUSÉE (Id.);
JONCHÉE DE FLEURS SUR LE PAVÉ DU ROI par
Pagus (L ouv. Librairie Nationale).
M. Fagus, dès la publication de son poème L'Cion (1903), a
marqué sa volonté de composer une œuvre cyclique, de dimensions assez amples pour contenir un monde de visions, de sentiments et d'idées. L'argument général de son œuvre e11core
inachevée nous est donné dans l'avis au lecteur qui précède la
Danse macabre : « Stat Crux dum volvitur Orbis ». Les intentions du poète ainsi définies, il y a lieu d'observer qu'il s'est
accordé les plus grand es libertés dans la composition, jusqu'à fair(;
rentrer, de gré ou de force, dans le cadre de cette vaste épopée,
des pièces qui n'ont trait que fort indircctemen.t au dessein
primitif.

Le héros de ce poème semble être le pécheur, l'homme en
proie à ses appétits, que la grâce divine vien.t toucher au bord
~ l'abîme. La danse macabre est en somme une sorte de
«Grande Tentation». C'est assez dire que la conduite du poè c
rappelle un peu celle des revues à grand spectacle qu'on voit
dans les music-halls : Défilés d'amants célèbres, de fantoches
fameux, d'illustres criminels, avec Don Juan, l'inévitable compère. Cette comparaison ne saurait déplaire à M. Fagus, qui
entend user de toutes les formes poétiques, même les plus
décriées et qui fait difficilement des vers de mirliton :
. . . Petite lJétaire
Qu'11n sqir je cuei1li:i,
Quels mots sauront dire
Quzl bim tu me fis ?
Ta airesu étrange
Fait crier : Assez.
Coquine, cber ange
T11 m'as terrassé ! ...
L'auteur nous confie, du reste, qu'il a écrit cette danse
~acabre &lt;r dans l'arrière-pensée d'une glose musicale &gt;. Si
Je comprends cette arrière-pensée::, il s'agit bien d'àda.pter

�224

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Amour,_ de lotts les biLIIS que .lispmse t,1 fraude,
En esl-1l de plus 1•ait,s que lts plus dlsirt's 7
Depuis que s11r ces bords, 111isb·,1blt, Je rôde,
w ombres 111'0111 défigurè.

aux paroles des airs connus, toujours selon la formule des
revues. Aussi bien M. Fagus n'hésite-t-il jamais à introduire
dans son poème des fragments de chansons populaires; le réper•
toire des rondes enfantines et des vieux airs à boire et à danser
n'a pas de secrets pour lui. Il en tire des effets singuliers, quelquefois touchants et lorsque, se tenant à égale distance de
Laforgue et de Villon, il adoucit son ironie d'un accent de
charité évangélique, son discours ne manque ni d'ampleur, ni
de mouvement.
Ainsi dans l'épisode des fiançailles et des unions volontairement stériles, le cortège des saints Innocents menés à
l'Enfant Jésus par Saint icolas offre une saveur naïve et fran•
chement populaire qui fait songer aux anciens oëls.
Au demeurant ce long poème se lit sans ennui. En dépit de
la couleur macabre et satanique que le poète a voulu répandre
sur ses tableaux de luxures extraordinaires, il ne saurait effrayer
les sceptiques ; tout au plus peut-être son insistance pourrait-elle
troubler les âmes pieuses ...
Pour ma part j'ai regardé avec; plaisir ces images d'Epinal
violemment coloriées, surtout lorsque M. Fagus, empruntant le
~tyle monotone et tragique des complaintes triviales, suivait
au plus près son génie familier.
ROGER ALLAID
*

* *

POLYMNIE, ODES ET
STANCES, par Jacqt1es Reynaud, lyonnais (Au Pigeonnier). ERS LA MAISO DU PÈRE, par René Salami,
poèmes (Revue des Jeunes).
DEUX POÈTES CHRETIENS :

Sous l'invocation de Polymnie, M. Jacques Reynaud a réuni
neuf poèmes de forme traditionnelle, odes et stances, dont
l'inspiration mâle, l'accent plein de fermeté et les si\rCS
cadences font souvent penser aux humanistes catholiquesdu
xvne siècle non moins qu'à Malherbe sur qui notre poète sem~le
avoir voulu se régler. Son art gagnerait beaucoup à répudier
des épithètes et des tours trop prévus, des images dénuées de
-surprise. Non moins solide, il serait plus vivant.
.
Voici quelques strophes, tirées d'une des meilleures p1ècCS
du recueil, le Délire d'Orphée :

.225

'NOTES

E11rydice, Eurydice, est-il i·rni que la P,1rq11t
Ta ravi la beauté que tu te11ais d#s die11.x
Et que l'ajjrenx ,wdier t'emporte dans sa barque,
Implacable et silmcitux I

. .... Je t~ retr&lt;J1werai pemive et l'tposée ;
Jamais prfotemps plus beau 11'a11ra lui sous le ciel,
Et la fdle beauté, par l'amour reposée,
Rwdra jaloux les immortels.

Le livre se cl6t sur une Ode à Psycbé, réponse à l'appel fameux
de M. Charles Maurras « Où sont les sources de la joie ? » Pour
M. Jacques Reynaud elles sont aux flancs ensanglantés du Golg~t~a. 11 le proclame sur un mode grave qu'il définit lui-même
ams1:
Théologie et haute foi ;
Mais pour les co11traittdre -à 111a loi
Il me faudrait to11 dme, d Dante ...

Si étra~ger qu'on puisse être. aux sentiments qui font vivre

cette poésie, on ne restera pas bsensible à la gravité sévère
de ces chants noblement retenus.
En revanche, je n'éprouve aucun embarras à déclarer mon
aversion pour la fadeur pieuse des propos de dames patronesses
ou les confidences d'ex-adolescents inquiets qui ont introduit
dans les sacristies, avec leur « sensibili~é frémissante », style
Chambre blancbe, les béguineries à la Rodenbach, les cousines
de M. Francis Jammes, et leurs oncles planteurs. Il y a beaucoup
trop de tout cela pour mon goût dans les poésies de M. René
Salomé. Si j'é~ais catholique, rien ne me choquerait davantage
qu~ cette mame de prêter au langage de la foi ces petites minaudenes, ces couleurs désuètes, ces tons démodés. Les choses
qu'il aime bien, auxquelles il croit ferme, comment un vrai
poète en peut-il parler comme d'antiquailles touchantes, et
non comme de réalités vivantes et qu'on tâche à faire vivre.
ROGER ALLARD

•

* *
15

�226

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

LE CYGNE ANDROGYNE, par Joseph Deltal (Images
de Paris).
M. Joseph Delteil est fort capable d'écrire un jour d'excellentes choses. Voici de lui une impression rhénane qui n'est
pts sans ingéniosité :

Une femme de circonstance
Passe sept fois sur un pont tsain.
I: ·s wurJisa11es de Maymu
Sijjlent UII air C(Jlltemporaill.
.. . Un dne w11ronni d'épines
Brait sur 1111 mode p,imitif...

Mais l'auteur se satisfait rarement d'un style aussi simple. Il
est question dans ses vers de « vent théologal qui flagelle les
reins li, de« besaces d'ombre qui pendent à des âmes» et d'autre,
objets non moins cocasses. Le titre du recueil est à lui seul
une trouvaille.
Ecoutons cependant chanter les filles de Crète qui viennent
« attester au ciel pur » leurs « amples cœurs de monstres » :
No11s veno11s, dieu Crétois, en t111n11lte, t'oJJrir
Nos seins vertigine11x et des drachmes de cuivre,
Et t'orner àe soupirs, et te la11rer d'olives,
Et brandir a bras tors nos thyrses de ros,awc,
Afin q11e ta fai~r, dieu d'outrance, bient&amp;t,
Acwrde, un soir de Sacre, à. nos fiè'vres insignes
L'etreirite des Ta11reaux ou k baiser des Cygnes.
Voilà sans doute des façons de s'exprimer fort ridicules; est-il
certain qu'elles eussent paru telles il y a quinze ans, et avec une
pareille évidence. M. Joseph Delteil a découvert la poésie dans
le faux Bois sacré de M. Henri de Régnier, aux nymphes fardées
par M. Raphaël Collin, de l'Institut. Le ton qui régriait ~n
ces lieux nous parait aussi lointain que les to1'rnure., et les petits
cbapeam1: haut-perchés. Il est probable que le matériel emprun~
aux I]Juminations par des débutants mieux informés des modes
du jour que M. Delteil connaîtra bientôt semblable décri.

'

.•

•

ROGER ALLA.ID

•OTES

227

POÈMES DE GUERRE et POÈMFS EN PROSE, par
Girard Mallet, préface de ]ean-1.Duis Vaudoyer (Société littéraire de France).
La dernière année avant la guerre, par quelques notes, Gérard
Mallet avait collaboré à la Nouvelle Revue française et il comptait
apporter un concours de plus en plus régulier à cette revue
dont il avait été un des premiers amis. Le volume de vers qu'avait imprimé la Presse Sainte-Catherine, Heures et Rives, permet à ceux qui furent ses familiers de retrouver sa loyauté, son
goflt de la méditation et cette pudeur sentimentale qui était un
de ses traits dominants. La plaquette où sont réunis SC$ derniers vers et celle qui comprend une série d'essais en prose contribueront à mieux éclairer sa figure où une sorte de candeur
mettait à la fois de la fraîcheur et de la gravité. Mais la réserve
qui lui rendait toute expansion si difficile empêche trop souvent,
ici encore, de deviner quelle chaleur de cœur se cachait en lui.
Seuls ceux qui l'ont connu le sauront.
Il -ett sans doute souhaité recevoir à cette place, pour toute
louange, celles que lui décerne sa dernière citation : o: Bien
qu'appartenant à l'armée territoriale par son âge, a servi depuis
le début de la campagne dans un régiment actif. Aussi brave
que modeste, a toujours été un modèle de dévouement et
d'énergie, possédant au plus haut point l'idée du devoir. Officier informateur dans un régiment américain, pendant les combats du n juillet au 7 août r9 I 8, a fait preuve d'un courage
intrépide et d'un merveilleux esprit de sacrifice. » S'attachant
à sa tâche de sous-officier d'infanterie, il s'était en effet donné
à la guerre avec une abnégation patiente et lucide, aussi ennemi du panache que de la faveur, refusant jusqu'à la fin d'accepter un poste moins exposé,
Dans l'exaltatio11 tot,jours 11e1rve el robuste
Du respect reronquis Jans cette g11en·e juste.
Jean-Louis Vaudoyer écrit, dans une préface émue : o: La
conscieace militaire de Mallet se lisait dans ses yeux, dans sa
d~rche, dans l'attitude confiante et modestement résolue de
tout son corps. Pourtant son sourire, un peu tiré, parfois un
peu nerveux, découvrait tout à coup la pure volupté du sacri-

�LA NOUVELLE REVUE Fll.ANÇAISI

fice. Ce sourire ignorait qu'il était triste ; il trahissait incons.
ciemment la détresse matérielle, la tension morale. Quelle élégance de q:eur ! C'est par un sourire involontaire que ce poète
reflétait les marques du carnage et du combat. " Le sourire de
Gérard Mallet était ce qu'il y avait de plus particulier et de plus
charmant dans son visage ; il faut se le rappeler pour donner
toute sa signification à la stoïque mélancolie de ses dernières
années.

*••

JEAN SCHLUMBERGEI

LUNES EN PAPIER, par André Malraux, avec des
_gravures sur bois de Fernand Léger (Editions de la Galerie
Simon).
André Malraux, l'éventreur de poupées, est aussi marchanJ

de petits ballons rouges ou montreur de marionnettes. Il fait

.

danser élégamment les sept péchés capitaux, la Mort en smoking
et d'autres personnages bien sympathiques. Un beau soir, dans
une ville imaginaire, au clair de la lune en papier, la Mort se
laisse mourir et dit :
... Moi j'en ai assez, vous dis-je, j'en ai assez I Je suis malade, on
me cherche noise : je prends mon parapluie et je m'en vais.. Mon
départ, d'ailleurs, sera une mystification honorable. On m'appelle b
Mon, mais vous savez bien que je suis seulemenl l' Accident ...
Les bois de Fernand Léger illustrent singulièrement ce livre
qu'André Malraux a eu l'attention d'écrire en une langue très
GEORGES GA.BOIT
pure.

f

LE ROMAN
CHRONIQUES ITALIENNES, de Stendhal (La Con·

"

naissance).
Beyle aurait pu aussi être affecté à un consulat en Angle~erre,
Il aurait pesté contre la foire aux vanités, qui s'ouvrait CO
ces années victoriennes. Mais son anglomanie n'e6t :peut-être
pas été moindre que son italolâtrie. Il aurait célébré_ l'~
d'Elisabeth ou la RestauratiQO libertine. Son ironie (pu1squ il
est le fils de ce xvme français qui doit la vie aux Anglais) Yeû~
gagné, au lieu de se trouver si dépaysée chez les Italiens, qw
ignorent, jusqu'à l'invraisemblance, l'usage de ce stylet. Beyle

NOTES

se fclt aussi rendu compte que l'amour-passion, les beaux travers érotiques, les grands crimes, et m~me le plaisir, c'est chez
les races du Nord qu'il faut les chercher. (On s'étonne toujours
qu'11n voyageur aussi averti que Stendhal se laisse abuser par
l'erreur romantique qui dit les pays de soleil des pays d'amour.)
Enfin, t:n admettant qu'il eût persévéré dans son goût des latitudes méridionales, quand Beyle eût quitté l'Angleterre, c'est nous,
Français, qui aurions profité de ses enthousiasmes au lieu d'être
sans cesse l'objet de ses comparaisons peu flatteuses qui agaceraient à la longue si l'on ne pensait qu'il se borne au fond à
nous reprocher ce cœur trop sec qui fut le sien.
Mais rien de tout cela n'a eu lieu, et ce ne sont pas des Cbro11iques anglaises d'après Holinshed, mais des Chroniques italiennes
que Stendhal nous a données. M. René-Louis Doyon nous les
présente aujourd'hui dans la collection des chefs-d'œuvre de la
Connaissance, en une excellent~ édition critique accompagnée
de notes, documents, fac-similés et portraits. L'idée est heureuse
d'avoir, pour la première fois, réuni les trois préfaces écrites
par Stendhal dans les manuscrits italiens. Ces préfaces, les
notes, le choix des textes, leur présentation au public de Buloz,
tout respire l'ardente admiration de l'auteur pour la Reciissance
italienne et ses héros pré-uietzchéens, Il goûte le plaisir aride
de traiter impersonnellement des sujets romantiques. C'est son
droit. Mais n'a-t-il pas perdu bien des années à ces excavations,
enlisé dans les boues de Civita-Vecchia? De 1833 à 1840
naissent la presse, les banques, les chemins de fer, toute la vie
moderne. Pendant cc temps Beyle était dans ses archives. Comment Balzac employait-il ces mêmes années ? Et auquel des
deux va notre cœur?
~AUL MORAND

*" •

L'ASSASSINAT DE MONSIEUR FUALDÈS, par
Armand Praviel (Perrin).
La surprise est-elle l'élément le plus attachant de l'art ou du
crime, qui semblent souvent les expressions différentes d'un
mème état sensible et qu'on peut croire encore des manifestations morbides, sinon sexuelles ? Certaines formes d'art ou de
crime correspondent directement aux besoins d'une époque.
L'affaire Landru représentera sans doute la nôtre. L'affaire

�230

LANOUVBLLÈ REVOB PRANÇA.191

Fualdès boquc justement la Terreur Blanche. Bastide, Jausion,
Cowd, légenùires sujets de vignettes, marchèrent au supplice,
un beau matin de printemps.

Dedans la maiso11 B11nca1e,
Li~u ck prostitution,
L,,s bandits da l'Àfltyron
Vont faire leur ba«bariale.
diuil la complainte célèbre. L'angoisse possédait tous les habitants du Rouergue. Des délateurs passionnés apportaient au
Tribunal cent faux témoignages opposés que les juges cherchaient à concilier pour envoyer à l'échafaud les trois innocenu
qu'avait désignés l'ange tombé d'un ciel de lit suranné, J'h~
rique Amazone, Clarisse Manzon qu'on regrette de ne pa
voir figurer dans l'un de ces romans de George Sand où les
héros masculins « tiennent à la fois de la gazelle et du chml
arabe».
M. Armand Pra"ie) nconte parfajtement cette histoire tragique d'une erreur judiciaire que précède une préface
M. Marcel Prévost dit ses opinions sur le roman français et ta
fa90n de lire les m:musaits.
GBOII.GES GAIIOIY

œ

WOTBS

231

ensuite dans un provincial bien~re, peut, grâœ à l'amour,
racheter du consolidé.

La donnée ?'est pas, comme on voir, très nouvelle, et rappelle Mlldemmselit. de la Slglièr,, qui est de la même époque.
Mais déji Gobineau s' révèle formellement comme Wl roman~er ardcnt,,_travaiUeur forcené et honBlte, avec autant de passaon que d idées. créateur de ~ second:tires non débilit~
par leur naissance accidentelle, mais :iu contraire pleins de j
violente, d'esprit ou d'humeur.
~'action,,~ _moments, se suspend, pour hire place à de ta
peinture d h1St01re : les Cent Jours forment le food de ce
roman d'amour. M. T. de Visan nous explique, dans sa préface,
qu'Arthur de Gobineau utilisa à cette occasion des 'Souvenirs
de ~ui~ ~e Gobineau, ~on père, ancien officier royaliste qui
a,~n swvt le Comte d Artois à Gand. L'idée est heureuse.
Lom de _surcharger le récit, ces p-ages hlstoriqucs l'animent et
en élargissent le sens. On n'oubliera pas ces Champ~Elysécs
ooct~es, et les Princes, à la lueur des réverbères, gagnant Ja
~lgique. a,·ec 1~ escorte de Cent-Suisses et de niousquetattes notrS, tandis que des acclamations déjà retentissent derrière eux, sur la route de Lyon.

•••

t
TERNOVE, par le Comte dl Gobinea" (Perrin).
Tutu111t est un premier roman. Gobineau l'écrivit en r847, à
1'1ge de trente et un ans. ùs Dtbats en eurent la primeur sou
le titre rfOctave tt Marguerite. Comme l'indique ce titre, 011 y
déclame encore un peu dans le goOt path~tique de l'époque
impériale :
Le séjour dans les bois avait été Je compltment de Il sdne
nocturne pour l'imagination exaltée d'Octave. Les nuits passées
sur la mousse, au pied d'un arbre, à l'abri d uo roc, u.ncfü que le vair
sauffiait ,t que la cllouettc faisait entendre son ai funeste aUJ alcn·

,ours ...

Nous voyons un despotique meunier, acquéreur du bien de
ses ci-dennt ml.Îtres ; sa petite fille, au doux cœur de laquelle
luttent des globules jacobins et du sang bleu ; Je héros qui,
d'abord avide de gloire, ruiné par la Révolution, coaguiE

PAUL MOUNO

LE BAR DE LA FOURCHE. - LA CO ~scIE CE
DANS LE MAL, par Gilbert de Voisins (Crès).
G!lbert de Voi~ins a écrit depuis quinze ans des romans plus
m6ns, plus fouillés, de plus va.ste portée littéraire et morale
que le Bar tk la Fourche. « Cc t"écit d'actions violentes commisn
en un pays lointain •, comme iJ le définit ~ns sa dédicace reste
~ réussite fa plus complhe, et, d'une façon absolue, une' riusAte complcte.
•• 0$

voyons bien mjourd'bui tous les éléments qui ont été

~ par lui, mais il fallait songer à les rassembler, et pour certains, les découvrir. Oui; ce Bar de la Fourcht est hanté par des

bom~cs

et des femmes assez peu düférents des héros de Jean
lomin, de Bubu tu Mo111parnasst ou du Tigr~ d Coqutlicol. Oui,
il rappelle un peu l'auberge du début de ]'Ile au Trlsor et
comme dans le roman de Stev nson, c'e t uo jeune gar'çon

�232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

qui raconte les scènes auxquelles il a assisté. Oui encore, le$
allusions à l'aventure proviennent de Stevenson et de Conrad.
Oui enfin, certains procédés sont un peu grand-guignolesques.
Mais tout cela réuni fait un maitre-livre dont l'érotisme,
nécessaire selon Mac Orlan à tout roman d'aventures, est le
ciment. Mais n'est pas érotique qui veut. Pour ne pas verser
dans la pornographie gratuite, il faut pour exprimer le
déchainement de l'instinct, le rut, tous les grands sentiments
élémentaires, la soumi sion de l'homme :\ l'électricité de l'atmosphère, à l'odeur de la for~t ou de la terre en gésine, une
puissance qu'aucun de nos romanciers d'aventures n'a au m!me
degré que Gilbert de \' oisins.
Actions violentes et pays lointain ... le poème de la forêt
vierge, de la ruée vers l'or ennoblissant la vulgarité de cette
populace ivre et obscène, justifiant la stature morale et les crimes
de Van Horst, sans que cette déformation et cette amplification
tour à tour lyrique etépique empêchent la vérité des caractères:
Kid, Carletti Maria, Caldaguès, Jane Holly.
Et par là-dessus, le style nerveux, ~obre, juxtaposé, un
amble sec qui soudain s'accélère en un galop aux délices
duquel on ne résiste pas.
La ûmscimce dans le mal, récemment parue, est encore un
rOm:ln d'aventures. Mais autant Gilbert de Voisins était:\ l'aise
dans le Bar de la Fourcbe pour employer tous les accessoires et
les procédés qui lui plaisaient, :mtant il se trouve contraint
aujourd'hui, après Mac Orlan, Pierre Benoit et autres nventuriers actifs.
Aussi la Conscience dans le mal fait-elle, dans son effort pour
renouveler le genre, un peu figure de gageure. D'abord, ce ne
sera plus le héros qui quittern son pays pour courir ,tpri:s
l'aventure, ce sera l'aventure qui viendra le trouver à domicile,
Un cirque cotre di:ux tournées dresse ses tentes dans les prairies
normandes de Mathieu Dclannes. Et ce cirque, loin de symboliser l'invitation au voyage, la vie libre et nomade, le naturisme
païen, tout ce qui pourrait séduire et tenter un cl!libataire jouisseur et blasé comme Delannes, représentera l'horreur du péché,
la plus funèbre des contraintes protest:mtcs. Le puritain qui le
dirige se propose la moralisation de ses artistes d'abord, du
public ensuite. Si par exemple il exhibe des monstres, ce serl

IIOTES

233

pour rappeler aux spectateurs que l'homme n'est que laideur et
poussière, et pour les rejeter dans la crainte de Dieu.
Le puritanisme au cirque ! li y avait là une idée toute cérébrale, m:lis vaste et complexe. Difficile à monnayer en chapitres
de roman, à coup sûr. Mais M. de\ oisins, en la réduisant à un
drame d'amour entre la femme captive de ce maniaque et le
galant Mathieu Delanncs, l'a trop rétrécie. Le beau rebondissement psychologique de la fin, cette condamnation à la vie en
commun de ces deu: êtres qui ne s'aiment pas ne suffit pas à
justifier le livre. Er malgré sa grandeur dans les dernières scènes,
le personnage du m:inager puritain est loin d'être o: réa.tisé»
comme le Yan Hor t du Bar de la Fourche.
Le ,·éritable sujet est en somme l peu près escamoté. li y a
cependant des morceaux de premier ordre : l'apparition du
jeune acrobate, à l'aube, sur un cheval blanc au galop ou le
repas des monstres. On aimera aussi le style fluide et parfois
\'aporeux de tout le livre.
BENJA~IIN CREMIEUX

'

•

LA DERNIÈRE AUBERGE, par Martial Pitchnud
(Bernard Grasset).
On connaissait M. Martial Piéchaud par un roman, le Relo11r
dans la Nuit, et surtout une pièce, Mademoiselle Pascal, représentée il )' a quelques mois :\ l'Odfon. Celle-ci, malgré des
défauts de jeunesse, révélait une force dramatique peu commune, une honnêteté, une simplicité généralement absentes de
h comédie bourgeoise telle que nous l'ont faite les successeurs d' Augier et de Dumas fils. Nous retrouvons ces qualités
dans le nouYeau roman de M. Piéchaud, mais peut-être diminuées, en tout cas moins immédiatement sensibles. La forme
dramatique a ceci pour elle, qu'elle force l'écrivain à concentrer
son effort sur l'essentiel, je veux dire sur les réactions de ses
~rsonnages. La motivation y demeure le plus souvent implici~e. Elle sera au contraire explicite chez le romancier et, de ce
fait, les figures qu'il tracera risqueront de perdre en force ce
qu'elles gagneront en nuance. lais je ne prétenJs pas donner
pour absolue
ccue opposition et on a vu le cas de 0crrands
•
romanciers usant presque exclusivement des proc~Jés du dramaturge: voyez Dostoïevsky. Je crois M. Martial Piéchaud

�234

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISI

plus doué pour parler au nom de ses héros que pour let
peindre du dehors. Dépouillez l'action de la Derniere Aubtrgi
des descriptions, des explications, des entr'actes, toutes choses
nécessaires dans un roman pour nous donner l'impression pittoresque d'un milieu et le sentiment du temps qui s'écoule,
vous aurez une tragédie saisissante, qui pourrait ressembler am
Revena11.ts, mais se déroulant sur un autre plan, le plan cbrétiencatholique, celui de la responsabilité personnelle et de la faute
héréditaire. On souhaite à chaque page ce resserrement. C'est
dire que la matière psychologique de l'ouvrage n'est pas -et
loin de là - indifférente. A côté d'un héros un peu insuffisant,
le lieutenan .. Je Charrière, se dresse au moins une figure vivante,
celle de sa tante Mlle Maucombes, vieille fille déçue, aigrie et
pourtant bonne. Ni Boylesve, ni Estaunié, aucun de oos
romanciers de mœurs provinciales n'a réussi plus complètement
un portrah. Comme eux, M. Piéchaud s'avance sur un terrain
sfir et, à part une concession un peu.facile à la mode déjà passtt
de 1 a « pitié russe » qu'il sied de ne confondre point avec la
charité chrétienne (je songe au personnage de la petite prostituée « la Souris ») il suit la grande tradition balzacienne qui a
produit en France tant de beaux fruits. Mais si Balzac pouvait
s•abandonner à son génie, M. Piéchaud devra resserrer et régler
.ses dons.
HENRI GfféOW

•

...

UNE HISTOIRE DE DOUZE HEURES,
Bonjean (Rieder).

par F. ].

Ce livre répond à une des questions que nous nous sommes

le plus souvent posées au cours de la guerre. A quoi pensaient,
que pensaient nos prisonniers en Allemagne ?Non_ pas fa ma,st,
pour qui les obligations de la captivité ne différaient peu~-ârt
pas beaucoup de celles de la tranchée _ou de_1'~sine, mais les
êtres les plus conscients, les hommes libres, l éhte. M. F. J.
Bonjean nous en montre une demi-douzajne, dans un camp de
Bavière, qui ont su se trouver parmi la foule et qui entre-c~
queot leurs personnalités, exaspérées par le cafard avec une ~olence qui confine parfois à la haine. Il y a un peintre, un philo.
. é .
so1dal
sophe, un aristocrate ami des sports, un mg meur, un

llOTBS

2

35

de métier, et enfin, poète et penseur à la fois, Sevrier le héros
central du livre, qui semble autobiographique.
La scène est d'abord dans le coin de baraque où vit Sevrie.r. Il
est midi. L'histoire finira à minuit dans la baraque où le peiotrt:
et le sportsman font popote en commun. Douze heures pendant
lesquelles ces hommes parlent, discutent, souffrent, mettant à
nu le fond de leur pensée et de leur âme. Chacun d'eux sait ce
qu'il pense, ce qu'il sent, ce qu'il croit ou a cru vouloir. Conversations de damnés qui s'agrippent chacun à ur. espoir différent, qui se fournissent chacun une explication différente du
mal dont ils souffrent et dont souffre le monde. Ces conceptions
diverses, nous les connaissons : celle qu'expose le sportsman,
Drieu La Rochelle et Elie Faure ont mis tout leur lyrisme à
l'animer ; celle du soldat de métier, nous la retrouvons dans
l'Action Française et l'Ecbo de Paris de chaque jour; celle de
l'ingénieur, nous l'avons trouvée dans tous ces livres qui ont
founnillé après l'armistice : Produire, Agir, Mettons de l'ordre dans
ù maison I La reconstruction de la France, etc ... ; les idées du
philosophe, du peintre et de Sévrier, plus subtiles et plus profondes, nous en avons eu l'écho dans des conversations particulières ou nous les avons agitées en nous. Ici elles nous sont présentées dans l'ambiao.ce de désolation où elles ont été conçues .
Certes, les personnages sont des types, des façons de penser,
de sentir, d'être, plutôt que des individus; ils symbolisent le
jeu multiforme d'un cerveau et d'une âme singulièrement
riches et héroïques. Toutes les raisons de vivre, de lutter ou de
renoncer, remises en question par la guerre, nous les voyons
$0\ldain à nu, à cru chez ces écorchés vifs. Et si parfois la roue
dentée de leurs raisonnements semble tourner à vide, souvent
aussi, elle nous accroche et nous déchire }llsqu'aux entrailles.
L'orgie des dernières pages autm~r du « ragoO.tmonstre obtenu
par la fusion de plusieurs plats expédiés en boîtes soudées » et
dt « huit bouteilles de-vin et quarre- de liqueurs, pour dix perac,nnes » est un morceau hallucinant.
Mais pourquoi, dans ce beau livre pathétique et austère, avoir
introduit cette série de poèmes en prose quasi érotiques, assez
mal réussis, qui n'ajoutent rien à l'émotion du lecteur et dont le
ton est indigne de Sevrier, leur psendo-anteur.
BL'&lt;JA.!UN CRÉll!BOX

�236

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

•••
U E REPENTIE (MARIE-MAGDELAINE), par Marcelle Vioux (Fasquelle).
Bien qu'au bout d'une centaine de pages la monotonie et la
mollesse d'un style déjà poncif obligent à fermer le livre, c'est
un excellent travail d'élè"e bien doué, qui a lu Renan, France,
Louys, et surtout Flaubert. Je ne serais pas étonné qu'il cachât
dans son pupitre le Péplos Vert de Maurice de Waleffe, et je le
serais encore moins qu'il lût ostensiblement Sienkiewicz sous
l'abat-jour familial. Ce n'est pas ce qu'il ferait de mieux. Mais
c'est incroyable comme e11 deux ans, soit depuis la copie dacty•
lographiée d' U11e enlisée, que le hasard me mit entre les mains,
c'est incroyable comme l'élève a progressé en goùt 1 en orthographe, en grammaire. Et même, il sait du grec! Sauter du
Certificat d'Études à la Rhétorique supérieure n'est pas donné à
tout le monde, et l'on ne dira pas que la bourse des Professions
libérales n'a guère profité à son titulaire, lequel a fait mentir le
vieil adage: Natura 110n Jacit sal/11s ...
Je m'excuse de parler de l'auteur au masculin, puisque c'est
une femme. Cela n'était pas douteux avec l' Enlisée, mais on
peut l'oublier à la lecture d'Une Repentie. Que de choses
incroyables et déconcertantes 1
Il y a lieu de penser que, l'année prochaine, Marcèlle Viou1,
qui a fait retour à Dieu et sait dorénavant
Ce q11e c'est qu'bypostase ai•teq11e sy11dùise,

nous mènera derech;f visiter les &lt;r sai11cls lieux :o, ceu:c qui, du
moins, ayant quelque analogie avec le Chemin de Damas, per·
mettent de mêler heureusement le sacré au profane dans une
équitable évocation. Oui, que diriez-vous, par exemple, d'un
Saint Paul « avant et après»? Des courtisanes, des cinèdes, des
orgies, deux pincées de Forberg et de Mirabeau, mais aussi des
tableaux Je sainteté peints avec amour et non sans une certaine
fadeur qui rappelle Renan par Saint-Sulpice.
Je ne crois pas que Marcelle Vioux soit une bonne recrue ni
pour la Morale ni pour l'Eglise; je crois plutôt qu'elle drainera
le denier de S•-Pierre chez M. Fasquelle. Ce sont là d'habile,
conversions en argent.
FERNAND FLEURrl'

or.ES

2 37

LES ARTS

LES PEINTRES FRANÇAIS NOUVEAUX. - MAURICE UTRILLO, par Francis Carco.
_Francis Carco n'est pas seulement Mon Homme, le héros du
soir des revues ~e n~usic-hall, c'est aussi un poète qui sait
trouver des mots mqu1étants et des accents désolés tout au fond
d'un« cornr qui s'écœure ».
Il appartenait à l'auteur des Scènes de la Vie de Mou/martre
d'évoquer l'ombre incertaine de Maurice Utrillo, l'enfant perdu
de la Butte, cette ombre qui, glissant parfois sur le mur du
petit cimetière de la rue des Saules, troublait la solitude amoureuse des couples attardés. Peintre de Montmartre Maurice
~trillo l'e~t aussi d'une banlieue mélancolique et grlse et des
villages arides du nord de l'Ile-de-France. Il possède un don
ii'évocation tragi~u_e et les couleurs de sa palette ne sont pas
sans danger. li n aune pas la figure humaine et presque tous
ses tableaux sont des paysages: cours de casernes, rues étroites
tt sombres, coins de Paris sous la neige. Certaines toiles de son
avant:dernière p~riode, la plus abondante - elle comprend, dit
10n biographe, près d'un millier de toiles faites en trois années
- ~e:1aines toiles ont un sinistre reflet d'exécution capitale. Le
petit 1our descend. On croit voir la guillotine, les bras au ciel.
On croit entendre au loin le roulement suprême des tambours
voilés de crêpe.
Toutes les œuvres de Maurice Utrillo ne sont pas dues au
« tremblement des mains dans l'alcoolisme » dont parlait Lautrbmont, mais il y a quelque amertume à penser que les meilleures furent faites dans les maisons de santé où leur auteur fut
mené, de temps en temps, par le délire alcoolique et qu'elles
sont l'expression des désirs et des rêves d'un pauvre malade qui
ne peut s'évader.

•

MARIE LAURENCIN, par Roger Allard (Editions de la
Nouvelle Revue Française).
Habile aux jeux de grâce, l'ama1.one Marie Laurencin ne pardonne leur sexe aux poètes que parce qu'ils l'ont chantée. Nar-

�LA NOUVELLE REVUE FRANç..\151

cisse changé en femme, elle effeuille ses souvenirs au gré de
l'eau perverse du miroir qui la reflète. Les images charmantes
où elle s'est tendrement fixée dansent et jouent sous un ciel
trop joli pour étre vrai, Eves dédaignant l'Homme-Serpent
dans un paradis artificiel.
Comme ses sœurs de tendresse prises au chevalet, Mme
Laurencin sait de tristes chansons des rues et des romancea
sentimentales qui font pleurer. Je me souviens d'une qu'elle
chanta délicieusement, un soir d'é•é :

Dedans Paris, y a une maison
Remplie de Princes, de Prirlcesses,
Remplit de Ducs et de Barous
Qui pleurent Je Maréchal Biro11.

•

Je ne saurais pas dire tout ce qu'elle mit de tristesse dans
ces vers anciens, il faut l'entendre et la voir et ceux qui l'ont
,·ue ne peuvent oublier qu'elle est la grâce et la douceur de
Paris.
Aux célèbres symboles féminins, 1a ceinture de Vénus ou le
nez de Cléopâtre, ne faut-il pas ajouter les pinceaux de Marie
qui créèrent un monde adorable et faux.? Comment peindre la
da.me à l'éventail ? Roger Allard l'a su et l'exquise aq~relle
qu'il nous donne semble faite a,·ec les couleurs de l'arc-en-ciel
ou le sang rose d'une colombe égorgée pour plaire à Ill Reine
de Cythère.
·
GEORGES o,\BOIJ

LETTRES ÉTRANGÈRES
LA QUESTION DES RAPPORTS INTELLECTUELS
AVEC L'ALLEMAGNE.
Les considérations .sur l'opportunité d'une reprise des reJa.
tions intellectuelles entre la France et l'Allemagne, que les leoteurs de la N. R. F. auront pu lire dans notre numéro ~
novembre rencontrèrent un assentiment qui me montra que JC
n'avais pas inutilement parlé 1 • A l'appui de ce que j'avançais,
je citais les opinions du Français Thi baudet et de l' Allemaad
Curtius, mais ne parlais qu'en mon nom propre, et ne préteD·
r. Voir page 125 .

~

dais engager ni la Franc~ certes, ni tel parti, ni même la N. R, F.
C-ependant Monsieur J., dans laRevueFrançaise, s'indigne: Qui
suil-je ? Mandataire de quel groupe? -et précisément parce que
je ne parlais qu'en mon nom propre, ma voix dit-il, n'a aucune
importance, - de sorte que je ne comprends même pas pourquoi il cherche à la couvrir. Entre temps, et pour plus de commodité il nous annonce que Curtius, lui du moins, « vient de
se convertir au catholicisme » - ce qui est faux.
Massis dans la Revue Universelle, pour mieux combattre Curtius, lui fait dire que le nationalisme français est moribond.
- C'est faux. Curtius dit exactement le contraire.
De tels procédés de discussion, cette falsification de la pensée d'autrui ( cet autrui fût-il un ennemi) discréditent la France
tt aident à l'aveugler ; et cela au moment où il lui importe le
plus d'y voir clair, et d'être considérée. L'heure est très grave.
Cbielques esprits de bonne volonté (il en est, Dieu merci, des
deu1 cl&gt;tés du Rhin) pas trop ignorants de 1a question, tâchent,
sans élever la voix, de discuter avec bonne foi, sans passion.
Comme ils ne sont d'aucun parti, aussitôt contre eux tous les
partis s'élèvent : « Vous n'avez pas qualité pour puler » •
. Que vous cherchi~ à discréditer et à falsifier ma pensée, peu
un porte; si mon ceuvre même ne suffit pas à protester contre le
camouflage, tant pis pour elle ; pissons. Mais quand il s'agit
d'un étranger aux écrits duquel le lecteur ne peut se reporter,
la falsification me paraît beaucoup plus grave. Si je ne citais
œs quelques lignes d'une lettre de Curtius 1 , comment le lecteur français pourrait-il savoir que M. Massis l'a trompé ?
•:C'est une tâche bien ingrate, vous l'avez ér&gt;rouvé vousmtme, de vouloir introduire un peu de bon sens et de bonne
foi dans les relations franco-allemandes ... L'article de Massis
~t d'une incompréhension haineuse et préméditée. Il me fait
dire que le nationalisme français est moribond. Eh I je ne s~is
que trop que c'est le contraire qui est vrai. - J'aurais plaisir à
me rencontrer avec des adversaires honnêtes, et je suis toujours
~t:à apprendre. Mais je ne peux pas entrer en conversation
avec des gens qui au lieu de critiquer, ne savent que dénigrer et

fausser».
1•

La lettre est écrite en français ; je ne traduis

p.'.1S :

je transcris.

�LA NOUVELLE RE\'OE FRAMÇAISI

M. Curtius a également prote:.té contre une grave mésinterprétation de sa pensée, dans l'article que M. Muret consacrait
dans les Dibals à son livre sur Maurice Barrès. Cette prote11&gt;
tion qui parut dans der. journaux allemands n'a été reprodaitt.
que je sache, dans aucun journal français. C'est ainsi que chez
nous les faux jugements s'accréditent. La , . R. F. s'efforcera
toujours de remettre les choses au point, estimant qu'elle sat
ainsi la France mieux qu'en souillant sur les passions.

••

ANDRt ClDI

DÉSOBÉIR, par Hemy Tb,mau. Traduit de l'anglais par
l.io11 Bar_algelle (Rieder).
Léou Bazalgette a traduit Whitman. Louis Fabulet a tradail
Kipling. Avec André Gide et Valery Larbaud, cc sont eux qui
ont le plus fait depuis vingt ans pour répandre chez nous la
connaissance de la littérature anglo-saxonne moderne et cœtemporaine.
Rien de plus justifié que la fière protestation de Fabulet, e1da
des cérémonies de la Sorbonne en l'honneur de Kipling. Ua
fallu la guerre et les crédits de la propagande officielle poar
informer nos maîtres de l'enseignement supé~icur, titulaires de
chaires de langues \'i\'antes, qu'il y avait des hommes vi\'allll
dan les pays qu'ils étaient chargés d'étudier et que leur tkbe
n'était pas uniquement besogne de nécrophore.
Aujourd'hui c'est )'Américain Henry Thoreau (1817-18'2)
dont la leçon nou est proposée. Et ce n'est point par quelqae
professeur spécialiste, c'est encore par Bazalgette et Fabulct
Dùobür, que publie Bazalgette dans la collection des PrOJOI~
Elrn11gtrs Modtmts qu'il dirige, est un recueil d'essais cholSIS
dans toute l'œuvre de Thoreau. Fabulct donnera prochainement aux éditions de la N(luvelk Ret1ue Fra11raise une tnaductioD
de Waldm, le plus important ou,·rage de Thoreau.
Il est donc, avant d'avoir lu ·waldm, assez difficile de juger
tout cc que Thoreau peut apporter de salubre et de tonifidl
soit aux simples lecteurs, soit aux écrivains français. Car è~
cela que nous annonce Bazalgette dans son Introduction.~
on peut s'en faire une idée déjà assez nette en lisant Désobéir, n
se dégage de tous ces es ais une impression de santé intellcc·

)l()Tl!S

tuelle, morale, physique, une impression de courage intellec1ucl, moral et physique qui ferait penser à cc que nous a déjà
apporté Kipling, si le ressort de cette santé et de ce courage,
au lieu d'être national et social, n'était purement individuel.
Individualisme et idéalisme joint , plus que joints, soudés
ensemble, cela représente la résolution d'une antinomie qui
peut nous paraitre irréductible, ou tout au moins la synthèse de
deux formules fort éloignées l'une de l'autre. Si Thoreau s'affirme avec tant d'éclat anti-csclavagistc, s'il défend envers et
contre tous John Brown, condamné à la pendaison pour avoir
tenté de soulever les noirs de Virginie, c'est parce qu'il ressent
penonnellement l'offense faite à sa liberté propre par l't:xistence de l'esclavage. Libertaire, c'est la qualification qui lui
convient le mieux, révolté contre toute~ les contraintes de la
société. Et non pas seulement de la société, mais encore de J.1.
civilisation.
Tout cc qui n'est pas dans Di.soblir rébellion contre les injustices sociales et le pharisaisme, est un acte d'accusation contre
les aises inutiles, les complications de la vie civilisée, un
hymne à la vie naturelle, à la vie dans les bois, à la façon
joyeuse des oiseaux et des fleurs.
Littérairement, il y a dans la façon carrée dont Thoreau
attaque ses dissertations, dans sou lyrisme dru et familier quelque chose d'attirant. Est-ce très différent de cc que nous enseignait Whitman ? Il ne le semble pas : mais comme Thon.:au
écrit en prose, et non en vers, il a de articulations dans la
phrase, un rythme dans la diction qui lui sont propres et dont
il n'y a pas d'exemple dans notre littérature.
Intellectuellement et moralement, il me ,emble difficile que
Thoreau puisse exercer une grande influence. Traduit avant la
guerre, il aurait pu n'en être pas de même. Mais après cinq ans
de tranchées et de vie dans les bois, cc n'est pas le bonheur par
la suppression de la civilisation que cherche l'homme occidental, mais par un aménagement plus rationnel et plus équitable
de. la civilisation. Quand on n'est pas content du régime,
au1ourd'hui, on ne dcYient pa anarchiste, mais communiste.
On ne cherche pas i s'évadc-r de la contrainte sociak, mais à en
modifier les conditions, sans la relàch~r, bien au contraire, en
l'accentua 111.
16

�LA .·ou\"ELLE REVUE FRA ÇAISI

il y a en outre dans Tbore:i.u un côté Kantien et un côté
{é,ah-Raymond Duncan qui le revêt d'un léger, très léger
ridicule à nos yeux et compromettra peut-être s:i fortune en
France.
Mais attendons Walde11.

•• •

BE JAl&gt;IIN CRÉIIIIEUX

VERLAlNE, par Harold Nic&lt;Jlson (Constable).
icolson vient de faire paraître en anglais ao
travail important sur Verlaine. Fils d'un grand diplomate bri•
tannique fidèle ami de la France, lui-même une des jeunes
gloires du Foteign Office et de la Société des. arions, M. Harold
Nicolson n'a pas cru impossible, à l'encontre de ce qui se voit
trop souvent, de concilier l'intellectu:ilisme et la francophilie ; nous lui en sommes très reconnaissants. Tout en
traitant son sujet a ec application et modestie, l'auteur laisse
percer une personnalité très attachante, une sensibilité intel•
ligeute, fine, ironique non sans dandysme, et une connaissance
fol't approfondie de notre littérature et de nos modes poétiques.
M. Nicolson étudie Verlaine avec beaucoup de patienct et
une certaine sympathie. Il a réussi à contrôler ses réflexes britanniques devant un personnage d'une aussi incroyable fémi•
nité: Il nous explique, ce qui n'est pas inexact, que Verlaine
Cit un peu oublié dans un siècle où la nuance passe un mauvais
quart d'heure. Mais voit-il aussi juste en écrivant que Verlaine
est uo. libérateur du vers français? ous en doutons. Dix lipes
de Rimbaud ont plus fait l cet égard que toute l'œuvre de
Lélian. M. icolson n'aime pas Sagesse. Pour lui, les Français
n'ont pas la veine mystique. La conversion de Verlaine est
trop rapide (too burritd). Que dia de celle de S1 Paul, que les
Anglais admirent tant?
Je ne querellerai M. Nicolsoo que lorsqu'après avoir cons~
l'importance de l'élément étrmger dans les écoles poétiques
françaises de la fin du xn-e siècle, il conclut que Verllline étant do
Ardennes, comme d'ailleurs Rimbaud, n'est guère français; pa
plus que René Ghil, belge, G. Kahn, juif, Laforgue né à Mao·
tevi.deo, Corbière et Villiers, bretons et Mallarmé, de Sens 1
Savoir à ce point sa géographie, c'est ne plus 12 savoir. A
M. Harold

11

IIOTES

ce titre, Kipling et Shaw ne sont pas des écrivains anglais, et
M. Nicolson lui-même, qui est né en Perse ... Et quoi qu'en
diie l'auteur, nous n'avons pas laissé à Arthur Symons le soin
de nous révéler Vcrlaiae.
Nous pardonnerons à M. icolson car il est taquin, un peu
superficiel, plein d'esprit, en somme l'un des nôtres. Je veux
traduire cette amusante page de critique du caractère français,
par laquelle s'ouvre le dernier chapitre de son livre :
« De toutes les races civilisées, L1 mec française est peut-être la plus
douée, de mmie qu'elle en est certainement la plus charnnm e. Mais
les Français ont un défaut capita1: ils n'ont pas le sens de l'infini. lis
possèdent en \·érité toutes les qualités de l'àme et de l'intdl.igence,
mais de façon si vive, si consciente, si p ~ qu'il ne leur reste plus
aucune marge pour se déployer. Pas de gradation. Aussi voit-on le
Français avoir du patriotisme mais pas d'esprit public; de L, perspicaci~ mais pas de larges vues ; de l'esprit mais pas d'humour ; de la
personnalité mais pas d'individualisme ; de la discipline mais pas
d'ordre ... li n'a pas cene intuition joyeuse et gaffeuse des Anglais ...
Dans les questions pratiques et objectives, comme la guerre européenne, cette adaptabilité particulière du génie fraoÇlis joue admirablement. Quand il s'agit de questions subjectives, comme la littéraltlre
ou la politique, les Français ont des tendances à la conveotion et aux
,11es courtes... Le génie français s'élèçe alors comme un glacier, arrogant, lucide et froid. L'esprit frnnçais est architectural, méfiant, circonspect, équilibré, absorbé par des soucis de proportions, de stabilité
et du sens de l'article qu'il tient en main. Il répudie !'improvisé. Il
vtut, non seulement sa,•oir où va le créateur mais être bien sOr que le
créateur est lui-même conscient de ses propres tendances... De tout
ceci nait cette rigide discipline sous l'empire de laquelle la littérarure
frani;:iise prospère et se multiplie ... »

Il fallait citer cette page d'an:ùyse brillante et un peu rèche
~ui est bien dans la manière de M. icolson, avant de lui
tendre les mains, comme foot les Français.

•

PAUL 1101.lA D

••
LE FILS DE LA SERVANTE, par Auguste Strindberg,
traduit par M. Camille Pollak (Leroux).
Jamais deux sans trois. Après Ma Vie d'Enfant de Gorki et
Ainsi va Joute chair de Butler, après une enfance russe et une

�244

.,'

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

enfance anglaise, voici une enfance suédoise, celle de Strindberg. M. Lucien Maury a eu en effet l'heureuse idée de publier
dans la Bibliotheqr,e Sca11diuave qu'il dirige les six volumes
autobiographiques épars dans l'œuvre de Strindberg, qui en
compte plus de cent. Le premier : Le Fils de la Servante, vient
de paraître.
On ne résiste pas à l'élan de cette confession, malgré toutes
les entorses à la vérité qu'on y devine. C'est que ces déformations, ces exagérations perpétuelles font partie de la sincérité de
Strindberg. Son livre est un réquisitoire et un plaidoyer, l'un et
l'autre également ardents. Réquisitoire contre la famille, contre
la société bourgeoise ; plaidoyer en faveur des droits de l'enfant. Il y a toute une part de l'intérêt du livre que le lecteur
étranger perçoit difficilement : celle qui a trait à la Suède, au
régime scolaire, moral ou politique suédois.
Mais il reste de quoi captiver et émouvoir, des analyses de
sentiments enfantins d'une acuité extraordinaire et un art sobre
et puissant de conteur qui font pardonner les dissertations d'ordre moral et social dont le jaillissement du récit est parfois
ralenti.
Et surtout il y a, se dressant en chair et en âme, le déconcer•
tant, antipathique et attirant Strindberg.
BENJAMIN CREM.IEUX

LE CAMÉLÉON, par Johan Bojer (Calmann-Lévy).
Un des traits qui dominent chez M. Johan Bojer et l'opposent assez nettement à la plupart des romanciers français, c'est
le souci de traiter le paysage comme une force agissante, non
comme un simple décor, et de montrer l'homme subissant les
influences de la nature autant ou plus que de la société. Le
même trait se retrouve chez maint écrivain scandinave ; nulle
part il n'apparaît mieux que dans le Pat1 de Knut Hamsun.
Mais c'est là qu'on en voit l'excès : les passions ne semblent
plus que des reflets du paysage, et la passivité de l'âme ~e
révèle jusqu'en ses sursauts d'énergie. Dès que ce parti pris
n'est plus justifié par le choix même du sujet, il entraîne cette
pauvreté de psychologie qui choque dans Victoria. Une

NOTES

2 45

réflexion plus ferme, une plus large culture, des relations
amicales avec l'esprit latin, ont rendu M. Bojer autrement
capable de suivre la courbe d'un vrai caractère. Dans la
Gra11de Faim, l'importance accordée aux circonstances extérieures, les vides immenses qui divisent l'action, le refus d'une
logique étrangère au réel, ne nuisent point à cette logique plus
profonde qui saisit une loi de constance sous les variations de
l'être intérieur. Notez pourtant que la conclusion - où le
sens de la vie se découvre à la clarté d'un pardon surhumain répond sans doute à un dessein préconçu d'apostolat. Pour
l'amener, l'auteur a dô. forcer les événements, mais non fausser
son personnage : on comprend que celui-ci, dans la ruine de
ses forces, finisse précisément ainsi, bien qu'en d'autres conjonctures il pôt finir autrement.
L'histoire d'Andréas Berget est assurément plus simple ;
l'intérêt en est d'étaler, dans le grossissement d'un cas morbide, un bon nombre de motifs présents en chacun de nous.
Le Caméléon, ce garçon menteur qui devient escroc de haute
volée, c'est le faible cher ·bant sa force dans la ruse ; mais
c'est en même temps l'acteur heureux d'imiter les gestes, le
poète heureux d'imiter les âmes, l'imaginatif accueillant aux
rêves -, et tout homme enfin, qui voudrait être plusieurs
hommes et mener plusieurs vies. En l'absence de tous motifs
qui lui opposeraient leur frein, le bovarysme peut ainsi s'exaspérer en manie . L'écueil du sujet réside en ceci que, le thème
une fois donné, chaque lecteur peut de lui-même inventer les
,•ariations. Avec trop d'aventures, ou trop peu, nous aurions là
soit un récit qui se répète, soit un schème tout sec, un dessin
sans couleur. Le goût de M. Bojer se reconnaît au choix, au
rythme et à la gradation des faits ; il nous donne, à ce qu'il
me semble, tout le nécessaire et rien de plus. Il fallait le chapitre d'amour pour montrer le trompeur pris à son piège et
s'éveillant, par un peu de douleur, à la sincérité. Il fallait le
chapitre final de la prison pour montrer la vocation plus forte
que toutes les épreuves, le démon intérieur triomphant dans la
lolie au seuil même de la mort.
MICHEL ARNAULD

•* •

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISS

QUATORZE DÉCEMBRE, par Dmitri Mtrejkowsky,
traduit par Michel de Gra11Jo11t (Bossard).
Deux hommes semblent co xister en Dmitri 1érejkowsky:
l'artiste intuitif, le créateur et le théoricien dogm-:itique, le raisonneur. C'est l'impression que produisent tous ses romans, à
commencer par Julien l'Apostal, le premier, pour finir par
Quatcrtt Déumbrc dont la traduction française vient de
paraitre. Ces deux hommes s'oppo nt et se combattent; et c'ett
tant6' l'un, tantôt l'autre qui triomphe. Quand l'artiste réuS$ità
se débarrasser du contrôle tatHlon et de l'emprise du théoricien
et parvient à lui imposer sa libre fantaisie, Mérejko, ky noua
donne alors d'excellente pages, pleines de grâce, de nature~
écrites dans une langue alerte, expressive. Mais cc ne sont,
hélas I que des pages, pa m~me des chapitres, car le plus souvent c'c ·t le tMoricien raisonneur qui domine : son action desséchante se manifeste non seulement dans le plan g~néral de
l'œune, da..ns le de in des caractères, mais jusque dans les de.criptions et les plus infimes détails.
Quatortt .Déumbre marque sous ce rappon l:a. complète
défaite de l'artiste ( défaite non irrém~diable, espérons-le), quine
réussit à faire entendre sa voix que trois on quatre fois au cours
de ce roman de quatre cents pages. euJ résonne le reste da
temps le verbe autoritaire et coupant du théoricien religiem et
social, qui dirige les mouvements, les paroles, les pensées de
ses personnages, tel un c.iporal son escouade. Le début du ro!Dd
produit une excellente impression et autorise les plus raditm
espoirs : l'éveil de l'amour entre le prince Galitzine. et Marit
Tolytcheva qui deviendra plus tard sa femme, leur voyage CIi
diligence; le portrait de la jeune fille, bien qu'un peu appuyé(on
saisit trop facilement l'intention symbolique de l'auteur), tour
cela est du bon M~rejkowsky. Mais le plaisir est de courte dur&amp;,
le rideau est rapidement tiré, et pour longtemps. Pas un eue
't'Îvant p:a..rmi tous ces per onnage : révolutionnaires d ~
bristes, générawr, courtisans; tous, et Nicolas I hii-méme •
sont que des marionnettes dont on distingue facilement les
ficelles, et l'armature. Dmitri Mérejkowsky veut être son propre
commentateur ; il craint de laisser un doute quelconque au
lecteur ; il ne veut lui permettre aucune initiative, aucune

JIOTES

2 47

liberté: il répète, il ouligne, il appui , il insiste ( cette insi
tance de mauvais goùt gâte la scène du supplice qui aurait pu
ffi~ ad~irahle), tante~ si bi~n que le I cteur qui ne veut pas
qu on lui miche et qn on lui triture sa nourriture, finalement
se rebiffe et refu e en bloc les pcrso11oag s et les idée de
l'auteur - idées d'ailleurs généralement élémentair , stérile,
et qui ne prêtent qu'à d s dé\·eloppemenb d'une monotonie

désespérante.
On connait la méthode d lérejkowsky ou plutôt a vision
simpliste qui ne:sa.isit les choses qu sous l'a&amp;p ct d b Jualité
et d~ l'oppo. i1jon d~ cootrairi.: . _n fut un temp où il n'appli-

qua1t ce schème qu avec un certain tact, une c~rtaine prudence •
~is il n'en _est plus I maitre aujourd'hui : a ·ec la régularité
d1lne machine sa pensée chématique brise, écrase et broie la
vivante réalité.
La traduction françai5e est agréable :i lire et correcte, à part
quelques erreurs insignifi:lntes.
B. 0.E SCHLŒZER

CO. TES ET LÉGE1 TDES DU BOUDDHISME CHINOIS, par Edouard Chavannes. Préface et vocabulaire de
Sylt•ai,i Lft'i, avec bois dessinés et gravés par Andrée Kar-

FABLES CHINOISES DU III• AU
VIII• SIÈCLE DE I tOTRE ÈRE, ,·ersîfiées par Mm Ed.

ptlh (Bossard). -

Cha1.·a1111es (Bossa rd).
Ces Co11tes et ces Faliles puisés dans le Bouddhisme chinois,

9?Bt extraits des Cinq ce11t.s Coniei d Apologues' traduits par le maitre
s1 profondément regretté de la sinologie. D'achat facile et bon
marché, quoique d'édition élégante, ils feront connaitre hors
du cercle étroit des spécialistes la contribution capitale apportée
à l'étude du folk-lore universel par Ed. Chavannes, en retrouvant
dans le canon bouddhique chinois de vieux apologues hindous,
convertis en récits édifiants et mis de la sone au ~ervice d'une rel igion particulière. Pour chacun d'entre eux, une " table de cont.

L:roux, éditeur.

�Li\ NOUVELL~ REVUE PRANÇAISI

cord:mce II précise fort à propos la version du même récit ou sa
transposition chez Esope, chez Phèdre, dans )es Mille et mu
.'V11ils, chez La Fontaine. En relisant ainsi, affublés d'une certaine couleur locale, empreints d'une ambiance, d'une sentimentalité particulières, des apologues qui nous sont familiers,
nous ne pouvons que nous initier par une voie prompte et sûre
à la pensée indienne, qui, si elle n'a point créé de toutes pièces
ces récits, les a toutefois présentés à sa propre image dans tant
d'œuvres auxquelles elle s'est complu: la B~batkalbâ et le Pa1icala11tra brahmaniques, les Anufnnas et les Jâtakas bouddhiques,
sans compter les P1mi~1as sectaires et les fables jainas de Pùr1_1abhadra. N'est-ce pas déjà, en effet, à l'utilisation qu'il a faite
de ces apologues, que le Bouddhisme fut redevable de sa rapide
propagation à travers l'Asie, notamment dans cette Chine qui
nous a si fidèlement conservé, traduits dans sa langue en Jcs
circonstances et à des dates dont la précision importe si fon à
l'histoire, ces traits d'une sagesse vraiment collective et d'autant
plus humaine, composée à la fois d'humour et de naïveté ?
Madame Chavannes et l'Association Française des Amis de
l'Orient rendent, par cette double publication, non seulement
hommage à une illustre mémoire, mais sen•ice à l'histoire
comparée des ci\•ilisations.
P. MASSO~·OUIISEL

LE COURRIER DES MUSES.
L'ironie permet de souffrir en public. Les soirs de pluie, les
soirs de tristesse, des cafés toujours pleins de gloire entr'ouvrent doucement leurs portes. Les amis sont assis autour d'un
guéridon de stuc. Des mots s'envolent dans la fumée des
cigares.
- Prométhée, s'il vous plaît, donnez-moi un peu de feu du
ciel...
Le beau temps n'est plus des cafés littéraires. Aujourd'hui,
quand les poètes vont au café, ils laissent leur lyre au vestiaire,
pour ne pas se faire remarquer, et n'écrivent plus à l'encre verte
de l'absiutbe qu'imitent mal des liqueurs de consolation. Apallon s'est noyé dans les miroirs infidèles où les filles du Parna5$C

NOTES

cher,hent en vain leur reflet. fonsieur Prud'homme dirait
volontiers : Tous les arts soul sœurs I La poésie, la peinture dont
le culte a remplacé le culte de la poésie, dans les cafés de Montparnasse. Les couleurs sont des folles. Elles viennent d'envahir
« La Rotonde » qui, secouant enfin son nuage de plàtre et
fardée à blanc, fait un aimable accueil aux passants du boulevard. Là, récemment, eut lieu le Vernissage d'une exposition
picturale « des meilleures œuvres de l'époque ». Trois cents
personnes de « toutes les élites » comme disait, je crois, Paul
Adam, se sont rencontrées dans les salons éclatants. On a
chanté, Jansé, parait-il, on s'en est donné à cœur-joic, à cœurtristessc. Ab I que
La blancht dème Raiso11
Som/Ire da11s les flots dri dx,111pagne .••

Offert par la maison, ce champagne où des ennemis intimes
ont noyé de vieilles rancunes, puis se sont embrassés - charmant tableau vivaut auprès des natures mortes. La peinture
adoucit les mœurs.
On peut craindre la contagion. Les couleurs ne sont pas
toujours sans danger et Montparnasse est menacé par la maladie
de l'arc-en-ciel. La nature morte devient une seconde nature
et nulle part on ne peut entrer sans entendre parler d'esthétique.
Et que de temples ! o: La Rotonde •, le « Parnasse 11, le« Petit
Sapolitain », le « Caméléon», joli nom pour un café d'artistes
où l'on organise de petites soirées littéraires bien gentilles !
Où allons-nous ? La Closerie des Lilas est triste et défleurie.
Je ne sais pourquoi j'y étais l'autre jour, avec un ami. Un joli
papillon réclame vint se poser devant lui, sur la table: « Votre
nom est cité dans cet ouvrage. •
Quelle touchante attention I Et songez que le papillon sortait d'une enveloppe doublée d'un bulletin de souscription. Je
connais de belles ruses d'éditeur. Dans les vitrines, des volumes.
reposent qui portent de charmantes ceintures de couleur tendre.
Les bandes de librairie, il y a une collection à faire I L'une
insinue:
Des milliers de jeunes femmes portent aujourd'hui des lunettes.

�250

LA NOUVELLE REVUE FRA~ÇA~E

Cela tient surtout aux publications mal fabriquees qu'elles lisent,
etc. etc ... Prenez mon ours.
L'autre affirme, en gros caractères ;

PRIX DU ROMA
puis, plus bas, discrètement : 5. 7 5 ou 6. 50.
Où faut-il se réfugier ? Le café des Deux-Magots garde un
aspect agréable malgré ses récentes transformations, ses lambris
dorés, ses glaces brillantes. D'ailleurs Montparnasse n'est pas le
seul pays des Muses, Montmartre non plus et le soir, dans un
grand bar du quartier de l'Opéra se réunissent quelquefois les
sept memb1es d'un comité d'organisation ùU Congrès l11ftn111-

iional pour la détermination des directives et la défense de l'espril
moderne.
Le Congrès tiendra ses séances à Paris, en mars. Le prix
d'e ..1trée sera basé sur l'égalité des changes, un franc valant un
mark, une couronne un shelling. L'un des sept m'a dit que
le but du Congrès serait de renseigner le monde entier sur
les mouvements perpétuels de la pensée. L'Irlande enverrait
des délégués, Lénine un représentant, Freud viendrait luimême. Il sera.it question de créer un ministère de l'Esprit.
... Et dans Paris, il y a encore quelques cafés obscurs où j'ai
rencontré parfois cette ombre inquiète à qui je murmurais :

Je t'apporte ce soir 11W1t cœu,· u11 peu fané,
"Muse, il est tard, Paris sommeille sous la plme;
Dep11is longtemps, be/as ! la terre a 111al tourné,
Allo,zs-11ous en hors de ce numdt où l'on s't1111uit .•.
GEORGES GAl!OllY

LES REVUES
A PROPOS D'A DRÉ GlDE
M. François Mauriac répond dans L'UNIVERSITÉ DE PARIS l
l'article sur André Gide de M. Henri Massis, qu'a publié LA
REvuE UNIVERSELLE, du 15 novembre :
Une pratique plus ancienne du catholicisme ce vous aurait-elle pré·
servé, Massis, d'appiiquer à un chrétien - fût-il Gide - l'tpitbëte

LES REVUES

,

de « démoniaque " ? Gide n'est peut-être pas si ennemi de Dieu qu'il
,ous plait à dire. Sans doute Claudel, Jammes, bons chiens bergers,

grondent et tournent autour de cette brebis perdue, qui pousse le goût
de la conversion jusqu'à. se convertir chaque jour à une vérité cWférente. Efforçons-nous pourtant de comprendre, chez Gide, un cas de
sincérité terrible : nulle trace en lui de cc que Stendhal appelle injustement hypocrisie et qu'il dénonce chez les hommes du XV1• siècle.
C'est vrai que le choix d'une doctrine nous oblige, dans les instants
où des forces en nous la renient, à continuer de la professer des lèvres,
iusqu'au retour de la Grâce. Gide est l'homme qui ne se rêsigneraitpas
à incliner, fût-ce une minute, l'automate.
Quelle louange dans ce reproche que vous lui faites de n'avoir voulu
aprimer que sa jeunesse u •.. sans souci d'exprimer rien d'autre et ne
50Uhaitant que de l'exprimer mieux... » ! A ce goût de la perfection, à
ce scrupule, accordons une valeur même morale. Un livre de Gide
DOUS est une leçon de mesure, de renoncement, - renoncement formel mais qui intéresse aussi le cœur. Apprer:.ons de lui le refus des
succès faciles et cette dignité de l'écrivain qui est, Massis, une éminente vertu. le mepris de la gloire viagère, lequel de nos ainês nous
l'enseigna ?
Il ne signifie rien de dire que Gide ne choisit pas. ll choisit de penser, mais la pensée est action; il choisit de « goûter »1 mais le goût
est actif. Un Gide sert d'autant mieux qu'ii oc prémédite pas de servir;
il sert la Frmce en écrivant le français mieux que personne a1.1 monde;
asservie à une fin morale, sa langue serait peut-être moins pure ; cet
art exquis vaut par son désintéressement ; en tout cas, utilisé, il serait
awre; il ne s'agit pas de l'ériger en exemple: à chacun sa mission, et
je vous accorde qu'il ne fa...J.rait pas beaucoup de Gide dans les lettres...
mais je ne crois pas à ce péril...
Ce que vous appelez « l'antagonisme de l'esthétique et de la morale»
donne à l'œm·re de Gide sa valeur hunu.ine. Les créa:eurs catholiques
reconnaissent ici le grand débat qui les déchire Qes créateurs, je ne dis
pas ; les critiques) ; si, convertis, il nous est doonè de le clore enfin,
ce débat, devrons-nous insulter nos maitres et nos camarades moins
heureux ? Hors le catholicisme, l'attitude de Gide n'offre rien qui choque la raison : son désordre intérieur devient la matière de son art,
sans doute, mais c'est là le plus noble usage que l'homme sans Dieu
puisse faire de sa misère.
Dénonçant le go0t dt Gide pour les « natures félines », pour les
êtres primitifs et sauvages, vous obtenez, MaS!&gt;is, un facile effet de cour
d'assises. Pourquoi omettre de rnppeler que ce go0t est commun à
tous les artistes ? Il eitplique en partie l' œu -..re de Stendhal et celle de
Mérimée (pour citer des noms que votre chapelle honore). L'un en

�252

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Italie, l'autre en Espagne et en Corse n'ont rien fait que chercher des
Lafcadios - des êtres se faisant à eux-mêmes leur loi. Voulez-vous
toute ma pensée ? li ne m'a jamais paro, si l'on n'est pas catholique,
qu'on puisse aimer le peuple d'une autre maniére.
Une pratique plus ancienne du cathol.icisme vous aurait révélé le
secret de Gide. Il dut être de ces enfants dont on cüt dans nos familles
chrétiennes : il a la vocation. Car cet homme si ondoyant fut toujours
la proie d'une fixe passion : agir sur les jeunes cœurs. A cc signe
reconnaissons l'homme prédestiné à l'apostolat. Mais, né hors du bercail, que ferait-il de ce redoutable don ? Il joue, il s'en divertit. Ce d~n
lui devient une « fin en soi ». N'empêche que son œuvre rend témoignage. Elle ne nous révéle que des joies déçues, des soifs irritées, des
expériences vaines, et ce silence de Narcisse vieilli, penché sur sa fontaine et détournant soudain des yeux pleins de larmes. Parce qu'il
irrite notre soif, Gide nous fait souvenir de l'eau du puits de Jacob.
Multiple, Gide se délivre dans ses ouvrages. Ce sont, non des d_iscipl~
vivants, comme vous l'en accusez, mais le.~ fils de son géme qu 11
charge d'accomplir les gestes dangereux ou défendus. Lafcadio peut
sans doute faire du mal ; il peut faire du bien aussi, car tout poison
est un remède ; il guérit ou tue selon la dose, et selon le tempérameo~
qui le reçoit. Quel écrivain se vanterait de ne troubler personne ? Qw
sait si certains « jugements » ne dégoûteront pas à jamais certains
esprits du catholicisme ? Soyons humbles, Massis 1
Tout homme qui nous éclaire sur nous-mêmes prépare en nous les
voies de la Grâce. La mission de Gide est- de jeter des torches dans DOS
abîmes, de collaborer à notre examen de conscience. Ne le suivons pas
au delà : lui-même nous supplie de ne pas le suivre et de nous prémunir contre tous les maitres qui ne sont pas le Maître. Gide démoniaque 1
Ah I moins sans doute que tel ou tel écrivain bien pensant qui exploite
avec méthode l'immense troupeau de lecteurs et sunout de lectrices
" dirigées», - et pas plus que Socrate, accusé de corrompre la !euoesse parce qu'elle apprenait de lui à se connaitre. li me souv1eot
d'avoir entendu Gide défendre le Christ contre Valéry, avec une
étrange passion : attendons le jugement de Dieu.

*

* *
LES RELATIONS INTELLECTUELLES
FRANCO-ALLEMANDES
A l'article d'André Gide sur la Reprise des relations intellet·
tuelles avec l'Allemmme, que nous avons publié ici même, c'est
M. Paul Souday, q~i, dans PAR1s-MI01 du 4 novembre, a fait, le

LES REVUES

premier, écho. Des considérations fort intéressantes qu'il alléguait pour fortifier la thèse d'André Gide, nous nous permettons
de détacher ce qui suit :
Proscrire un grand écrivain, un grand penseur, ou plus généralement, une grande littérature pour des raisons de nationalité, c'est vouloir s'appauvrir et s'anémier l'esprit. Se replier étroitement sur soiméme, fermer ses fenêtres aux souffles du dehors, vivre dans cette
atmosphère de chambre de malade, c'est pour un peuple, si bien doué
soit-il, se condamner à une décadence plus ou moins rapide, mais inévitable. La France ne l'a jamais fait, pas mtme à l'àge classique et
sous Louis XIV. Le nationalisme est une sottise moderne, née en
Allemagne, et qui aurait bien dû y rester.
Et plus loin :
C'est un danger pour la civilisation française que la campagne conGœthe, Kant, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Wagner, contre la
laague, la philosophie et la musique allemandes, qui ont utilement
contribué à la formation de beaucoup de nos artistes et de oos écrivains. Bien entendu, il ne faut jamais accepter naïvement et sans contrôle tous les produits d'importation. L'esprit critique garde ses droits.
Mais la xénophobie intellectuelle est une variété de la manie du suicide.
tre

Un peu plus tard, M. Fortunat Strowski s'étant prononcé
dans la RENAISSANCE du 12 novembre contre tout commerce
intellectuel avec es Allemands, M. Paul Souday est revenu courageusement à la charge dans PA1us-Mm1 et a défendu de nouveau en termes excellents la cause du bon sens :
Même si l'Allemagne avait des accès de nationalisme intellectuel,
plus excusables du reste chez les vaincus que chez les \·ainqueurs,
nous devrions marquer le coup, mais ce ne serait pas une raison pour
imiter cette sottise. C'est au surplus en l'imitant que uous ferions son
jeu. Pour jouer une bonne partie de nationalisme, il faut être deux.
Chaque nationalisme s'entraîne et s'excite au contact de l'autre. Asi-

nus asin11m Jricat.
(On peut même dire : a besoin de l'autre pour s'exciter et
lui est reconnaissant de toutes ses manifestations. Voir l'article
de M. René Johannet sur Curtius et Klemperer dans la Revue
Universelle du 1er décembre.)

Ce qui g~nera et déconcertera le plus les chauvins allemands, ce sera
que nous restions bons européens et imperturbablement attachés à la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•

haute culture uoiverse11c. Tant pis pour l'Allemagne si elle ùent à s'et1
séparer !
*
* *
Nous ne croyons pas que ce soit sa tendance profonde ni
que « la conversion vers l'Est }) que, d'après Curtius, 1a1eunesse
allemande est en train d'opérer, entraîne une désaffection définitive des valeurs occidentales, et notamment françaises.
Cependant il est un fait très important sur lequel Pierre
Mille, toujours à propos de l'article d'André Gide, a fort justement attiré l'attention dans la ÛÉPê:CHE DE TOULOUSE du
17 novembre,et qu'on ne saurait négliger sans simplifier arbitrairement la question si complexe des rapports intellectuels
franco-allemands. Voici ce fait ex.posé par Pierre Mille luimême:
C'est, comme le dit M. Curtius, en Russie et en Extrême-Orient,
que l'Allemagne va chercher une influence fécondatrice ... Mai~ je me
persuade que ce phénomène a une cause plus profonde [que le dépit
de la défaite et l'au.ir.i.oce pour le bolchévisme]. Et c'est que, dans son
essence, }'Allemand est romantique, ne peut être que romantique,
tandis que, malgré des œuvres magnifiques, le romantisme n'a jamais
touché les Français que superficiellement, et que nous sommes déjà en
pleine réaction contre lui. n a donné chez nous tout ce qu'il poonit
donner, il s'est épuisé, et maintenant nous cherchans autre chose.
, En peinture, en sculpture, à travers les divagations des jeunes éœlel,
nous recherchons « Je style », et nous passons par une période d'iDWlectualisme qui se traduit par une tendance, pour l'instant excessive, à
l'idéographie : l'artiste cherche à faire comprendre, au lieu de faire
sentir. En littérature, même intellectualisme ; et la cérébralité rem·
place la sensualité. On n'en est encore qu'aux tâtonnements ; on com·
mence seulement de créer le vocabulaire adéquat :i. ce nouveau P
d'expression littéraire, qui n'est pas classique, est beaucoup plus co~plexe que l'ancien cartésianisme des dix-septième et dix-huitième sitcles, mais se rapproche pourtant davantage du classicisme que dn
romantisme. Il faut suivre attentivement les essais des nouveaux V'tll1IS
qui essuient les plâtres, comme jadis les M.illevoye et les ChêiJedolU
essuyèrent les plâtres pour les grands romantiques, et disparurent, El
l'on comprend qu'ils se réclament de Baudelaire qui, en ce ~os, f1II
leur précurseur. Avant tout, et quel que soit leur talent parfois exceptionnel, leur principal mérite e~, de fabriquer 1'outil indispen_sable à 'li
génération foture. Mais qu'est-ce que l'Allemagne peut faire de al
outil? Il DC lui convient pas, et elle s'en rend compte.

255

tl!.5 REVUES

Voilà, je pense, l'ei,.:p)ication du fait évident que constate M. Curtius.
Quelque effort que des esprits généreux et justes « fassent pour rétablir les ponts et les voies de communication » entre les peuples, nous
sommes à un moment où chaque culture nationale se mmasse, poor
ainsi dire, sur elle-même, se cherche et se concentre. La culture frnnçiise se découvre psychologique et cérébrale. L'Allemagne sent qu'elle
est métaphysique et intimement romantique. Elle regarde alors vers
l'Extr~me-0rient, vers l'Inde, qui avait déjà inspiré Schopenhauer.
Cela est naturel et inévitable. D'ailleurs, pour la paix future du r:ionde,
elle et.it pu plus mal choisir : sauf au Japon, les civilisations, les philosophies, les littératures d'I~trêroe-0rient ne sont point nationalistes.

En tous cas, même si les deux cultures française et allemande devaient aller désormais en divergeant, il n'y aurait là
qu'une raison de plus pour elles de se connaître et de s'étudier,
s'il est vrai qu'on ne prend jamais une consci'!nce profondede soi-même que par réaction contre un antagoniste.

•

* *
L'ÉCOLE DES HAUTES-ÉTUDES
La linguistique et la philologie étaient, vers le milieu du
xix• siède, des sciences allemandes: la littérature persane était
enseignée à Paris par un Allemand, Mohl ; l'assyriologie par
0ppert, la philologie grecque par Weil; pour préparer une
édition du Thesaurus d'Henri Estienne, l'on faisait venir Hase
d'Allemagne. C'est à l'Ecole des Hautes-Etudes et à ses premiers
maitres, Monod, Bréal, Gaston Paris, de Rougé, formés à
l'école des savants allemands, que la philologie française doit
son existence et son rayonnement.
M. Meillet écrit dans la REYUE DE FRANCE ( I 5 Janvier), i
l'occasion du cinquantenaire de cette Ecole :
C'est un de ses maitres, G. Maspéro, qui a été durant plus de
quarante ans le chef de l'égyptologie en France et en Egypte ; c'est un
de ses maitres qui a découvert et publié le code célèbre d'Hammourabi; c'est un de ses maitres, James Darmesteter, qui a renouvelé la
philologie de !'Avesta, et ce sont des hommes formés à l'Ècole des
Hautes-Etudes qui, en organisant !'École d'Extrême-0rie::nt, ont donné
à la France une place éminente dans l'étude de l'Asie. Une œuvre
d'importance nationak, comme l'.d.tlas ling11istiq11e de la France, est due
tout entière à l'Êcole des Hautes-Études.

�256

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Et pourtant ces grands ouvrages et les 228 volumes. de la Bibliotlxqa
qu'elle a publiés sont le moindre de ses titres de gloll'~- Plus encort
que de ses publications, elle est fière des élèves qu elle a fo~&amp;.
Quelques jeunes gens, à peine rétribués, enseignant dans de vieilles
salles qui servaient de magasins à la Bibliothèque de la Sorbonne, ODt
renouvelé tout l'enseignement des lettres en France.

LE TRlPTYQ_UE DE M. ABEL HERMANT

***

ÉCOLE DU VIEUX-COLOMBIER
Six causeries d'André GrnE sur DOSTOIEVSKY
Tous les samedis à 16 h. 30 à partir du samedi 18 février.
Samedis 18 et 2 5 février ; samedis 4, 1 1, 18 et 2 5 mars.
Les six causeries auront lieu au Vieux-Colombier même dans
]a bibliothèque des comédiens.
La bibliothèque ne pouvant contenir que 70 personnes, la
places ne sont mises eu vente qu'à l'abonne°:1ent.
.
Les souscriptions (50 francs pour les six causeries) s~nl
reçues dès maintenant au Secrétariat du Vieux-Colombier
(:u, rue du Vieux-Colombier, Paris, 6•).

*

* *
RÉCENTES PUBLICATIONS ALLEMANDES
GERHART HAUPTMANN :

A1111a. Lândlicbts Liebesgedicbt in 24 Gnb-

jttl (Berlin. S. Fischer).
HERMANN HESSE : Ausgewàblte

.

.

Gedidite (Berhn. S. Fischer).
QTfo FLAKE : D,u klei11e Logbucb (Berlin. S. Fischer).
rl'
JACOB WASSERMANN : Mein Weg als Deutscher und Jude (Be Ill,

S. Fischer).

-'

Rede 1111d A11turort. Gesammelte Ablia11dlu71gtn ~
klei11e Aufsiitz.e (Berlin. S. Fischer).
LINIŒ PooT : Der Deutsche Maske11ball (Berlin. S. Fischer).
KASIMIR EoscHMIDT : Fra11en (Berlin. Paul Cassirer).
MARTIN BUBER : Der grosse Margid, 1111d seine Na~ifolge (Littcrarische Anstalt Rütteo und Lôniog. Francfort sur le Mam).
Verkimdig11~g. Anthologie ju11ger Ly,.ik, bera11Sgegebm t'011 RuDOLf
THOMAS MANN :

Jù.YSER

(Münich. Roland Verlag). Dr Albert Muodt.

Après l'A11be ardente et la Journée breve, M. Abel Hermant nous donne aujourd'hui le dernier panneau de son
triptyque : le Crépuscule tragique 1 • Son héros, Philippe
Lefebvre, dont l' « aube ardente » se levait aux environs
de 1882, est conduit dans cette dernière œuvre jusqu'à
l'armistice de 1918. Il est donc exactement de cette génération de Français dont le mortalis œvi spatium, du moins en
sa vraie valeur, se sera écoulé d'une guerre à l'autre et il
nous est peint dans cet espace.
Encore qu'il soit loisible de nier qu'on ait voulu faire la
psychologie de cette génération, ou seulement d'une de ses
fractions, quand on n'en a montré le représentant ni devant
le Boulangisme, ni devant le Panamisme, ni devant l'affaire Dreyfus, je doute que M. Abel Hermant se défende
beaucoup de cette prétention. J'en doute d'autant plus
qu'elle serait fort suffisamment justifil:e. Son Philippe
Lefebvre est bien, par certains traits, une fidèle image de
l'intellectuel aisé de cette époque ; et si ses traits nous sont
montrés dans l'âme intime plutôt que dans l'âme sociale,
s'ils baignent dans la pénombre de la vie privée plutôt que
dans le grand jour de la place publique, le portrait n'en
réussit que mieux à ne point faire double emploi avec tel
de ses glorieux précédents et ce qu'il perd peut-être en
grandeur il le gagne en vertu pénétrante.
Ces traits, osons le dire (M. Hermam n'y est pour rien),

LB GÉRANT; GASTON GALLIMARD.

AllBEVlLLE. -

IMPRIMERIE F. PAILLART.

1.

Publi&lt;: par l'Opi11iJ11.
17

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sont de ceux qui rendraient cette génération assez peu sympathique, surtout par contraste avec celle qui l'a sui vie ; ils
sont des formes diverses de son agrippement à la vie, de
sa douleur d'en être dépossédé, de son application à jouir
du moi, de cet individualisme effréné dont la génération
de la Marne et de Verdun semble assez bien exempte.
Voici le sentiment de la brièveté de la jeunesse, de la
foudroyante fugacité de la force et des beaux jours, sentiment assurément vieux comme le monde, mais dont la
violente conscience, dont l'étreinte forcenée semble bien
u.n triste monopole de la génération de Philippe. Qu'est-ce
que la plainte des grands romantiques (Chateaubriand
excepté), qu'est-ce que le soupir des Feuilles d'automne :
Q1u vous .1i-je do11, fait, 6 mes jeu11es années,
Pour m'avoir fui si viteet 1•ous être éloig11Jes
Me croyant satisfait .•.

auprès des rugissements de désespoir poussés en ce sens
par les Loti et les Noailles ' ? Le cri de Philippe monte
dans une tonalité plus discrète, mais n'en sort pas moins
des régions les plus profondes, c'est-à-dire les plus basses
(aussi les plus poignantes), de l'attachement au moi :
« André, écrit-il à un ami, dans la nuit près du berceau de
son fils qui vient de naître, le flambeau qui vient de s'allumer m'a sigµ-ifié pour la première fois qu'un jour, bientôt,
mon propre flambeau doit s'éteindre ... André, j'ai faim de
tout, je n'ai encore thé de rien et voici que la cène est
finie. &gt;&gt;
Puis cette autre forme de l'accrochement de l'individu à
lui-même, de son refus de se nier au profit de plus grand
que soi: le sentiment - conscient, c'est là le nouveau 1. Peut-être faudrait-il remonter à Virgile, si proche de oo~s li
encore, pour trouver cette douleur - combien ~onteoue, toutefOIS devant la volatilité des beaux jours :

Optima quœque dies mt'seris mortalib1ts œvi
Prima fugit ...
• (Georg., III, 66.)

LB TRIPTYQUE DE M. ABEL HERMANT

2 59

de la rivalité profonde, comme organique, des pères et des
fils, de ce que M. Hermant appelle fort heureusement la
loi d'airain des successions. L'avenir sera confondu du
nombre d'œuvres de ce temps (le Vieil Homme, la Gloire;
je n'ai pas dit d'œuvresd'art) qui font état de ce sentiment;
rien ne lui montrera mieux la crânerie de notre époque à
de plus en plus ouvrir les yeux sur les cloaques du cœur
humain. (C'est ce qu'elle appelle le progrès en psychologie.) A dire vrai, cette rivalité parcourt l'ouvrage de
M. Hermant surtout d'une manière sourde et latente.
Ajoutons que les circonstances dans lesquelles l'auteur la
fait monter à la conscience de ses héros la rendent particulièrement pathétique : c'est l'apparition d'une femme, la
polonaise Zosia ·Wielickza, dont le jeune Rex Lefebvre
pressent qu'elle va ravir son père à la fidélité du foyer ; c'est
un manuscrit de Rex que lit Philippe et où celui-ci, écrivain lui-même, découvre une esthétique chère à ses jeunes
cadets - un peu « belphégorienne ll, M. Hem1ant a
retrouvé le mot - et qui condamne la sienne. Le tout,
d'ailleurs, traversé par une attirance de Philippe vers ces
valeurs qui se dressent contre lui, par des reprises du père
sur le fils, par un courant d'affection profonde et réciproque
qui donnent aux rapports des deux hommes un ton singulièrement humain dans leur complexité.
Voici enfin, et surtout, l'irritante minutie de cette génération à cultiver sa sensation, à l'aiguiser par l'analyse, à
prendre conscience de ce travail, à le vénérer. cc Philippe,
nous dit-on, poursuivait un ex.amen et un commentaire
perpétuel de tout ce qui l'affectait à mesure; jamais il n'eût
accordé que la réflexion affaiblit le sentiment, quand il
avait chaque jour tant de preuves qu'elle l'affine et le multiplie. » Voilà un homme qui a dft fortement goûter les
premiers livres de M. Barrès ; on croirait même parfois
qu'il les a faits. Ce tour d'esprit de Philippe donne lieu à
des mouvements fort .savoureux : ici, c'est son application
à jouir d'une doctrine« d'une façon toute puérile » avant

�260

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

de la disséquer ; là, c'est son art, au moment de cueillir sa
maîtresse, à ménager tous les raffinements de son désir en
en retardant l'échéance. otons encore sa science à se dédou•
bler, à se regarder agir, aimer, à éprouver des sentiments
compliqués, à les étudier jusqu'en des circonstances qui,
chez un simple homme de cœur, ne laisseraient de place
qu'à un cri ; par exemple, lorsqu'au moment de revoir UD
1ils qu'il avait cru tué, il trouve moyen de ratiociner sur et
sentiment qu'il se découvre : que l'idée de la résurrection
le déconcerte plus que celle de la mort. Evidemment Philippe est de ces monstres donc parle Renan qui dans un
cataclysme cosmique où sombrerait notre globe, s'occuperaient à réviser leur conception du monde. Ce n'est toutefois point de cette furie de comprendre que je féliciterai les
petits-neveux de Philippe de s'être affranchis.
Philippe présente encore d'autres traits bien spécifiques
de sa génération : par exemple, la nature de son patriotisme et de son évolution. Sans doute, c'est à ce sujet qu'on
eût aimé que M. Hermant nous montrât les réactions de
son héros en face d'une crise qui fit, il y a vingt ans, pâlir,
chez tant d' " intellectuels &gt;), la notion de patrie devant
celle de justice ; qu'il nous fit voir la succession des positions de Philippe par rapport à son attitude d'alors à mesuff
que grandissaient, depuis 1905, les provocaù(?ns d'outreRhin. Toujours est-il que ce patriote assez mou et rebtiré
par les outrances du chauvinisme, en 1880, qui dinit
volontiers avec un des parrains de sa sensibilité 1 : « I.e
patriotisme, belle vertu, mais rarement fine et ingénieuse•,
qui sent l'instinct de la conservation nationale reflueràsa
conscience vers 1900 devant la vague montante de l'inter·
nationalisme, et en arrive, le jour de la déclaration de
guerre, à trou\'er que le profil de sa femme a quelque chose
de romain, est un dessin fort juste de la courbe du patri~
tisme chez une gra11de partie de sa promotion.
1.

Saint-Evremond.

LB TRIPTYQUE DE M. ABEL HERMANT

261

.•

·•

Philippe est donc bien, et en un large sens un homm
de sa génération. Toutefois ce qui me retie;t le pl
e
1 · • d'
.
us en
u1, c est autres tratts par lesquels, au contraire, il jure
avec elle ; par_ lesquels, plus exactement, il m'apparaît
comme
un survivant de l'ancienne France - d'une ancienne
.
F
,rance - dans un temps qui a précisément commencé
den déposer les principaux attributs.
Philippe a - et consen·e - le culte de la raison ; il ne
se sent. a~~un goût pour u ces soi-disant philosophies où
Ja se?s1b1lité ~t tout, où l'entendement n'a point de pan»,
et, d une rnamère générale, pour toute doctrine qui inscrit
en tête
un état irrationnel de l'espnt
. .. vague
. . éde sesr valeurs
.
m~s~1e1t _ou roi préc~se. M. Abel Hermant oppose en cela
de son fils ,. 1·1 eu· t pu aussi. b"1en
I'Ph1hppe a la génération
.
?pposer à la sienne. Philippe appartient â une promotion
dhommes de I ttres, qui, éle\'és par Taine et Renan et
pr_esque tous entrés dans Ja lice sous les bannières d~ la
DJSOn, ~one po~r 1~ plup~rt, et pour des motifs qui ne sonc
pas touiours d ordre umquement pratique, passés depuis
lors au camp adverse . La désert1on
· a commence. vers 1890
avec le haro poussé par Faguet contre le xvmc siècle qu/
non seu 1e~ent n' est pas chrétien, mais ne serait, paraît-iJ,
'
'
~. français, et elle s'est poursuivie jusqu'à il y a une
dizame d'années. Philippe, que nous retrouvons à cin~~nte_ ans aussi areligieux qu'à vingt-cinq, cachant mal
1impatience que lui cause dans le monde le voisinage d'une
soutane et s'irritant de ce que son fils passe pour " bien
~osant », ne doit pas seulement heurter les amis du
Jeune Re~, mais faire scandale parmi ses pairs. Je ne serais
pas ~urpns que cet entêtement lui ait coô.té gros dans sa
carn_ère ; notamment si, comme son talent l'y autorisait il
a bngué l'~cadémie. S'il persiste à solliciter les suffr~cs
de cette brillante compagnie (car je ne sache pas qu'il en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

soit encore) je lui crierais volontiers comme Andromaque
à son héros : « Insensé, ton courage te perdra. i&gt;
Observons combien le culte de la raison est pratiqué
par Philippe à la française, je veux dire avec naturel, avec
modération, avec sourire. Rien de cet embrassement sombre et fatal qu'en fait tel illustre de ses coacemporains, apô,
ue patenté de classicisme, et dans lequel un Bœhm ou un
Gerson (l'ardeur mystique peut prendre le rationalisme
pour objet toue comme auue chose) se reconnaîtrait certes
plusqu'un H.ivarol. otons aussi le consentement de Lefebm
à n'avoir point les suffrages de ses cadew, l'absence chez lui
de la seule pensée de les conquérir. Cela déjà -;uffirair à le
distinguer de ce maitre qu'on croit parfois rl.!\'Ïner en lui,
qui, salué de la jeunesse de I 680, \'eut aussi celle de 1912
et dont l'effort de ces dix dernieres années s mble admettre
pour devise : Hodie mibi, cras mibi.
Mais ne forçons rien. La génération de Philippe, dans
la mesure où elle est restée fidèle à la rai oo, se trouve alll
prises surtout avec celle qui la suit. M. Hermant symbolise
ce conflit dans le geste de Rex se faisant soldat dès 1910 et
partant pour l'Afrique comme on se fait moine et dans la
douleur du père qui sent la leçon que l'enfant entend donner à ses valeurs. Il y a là une hostilité secr te, une souffrance vive et inarticulée, toujours baignée d'une grande
affection muruelle, dont l'effet est poignant. L'avouerai-je?
je ne partage pas entièrement la sév~rité de l'auteur (ce
n'est point là, d'ailleurs, qu'il l'e. prime) pour l'anti-intellecrualisme de la promotion de Rex, pour son &lt;1 pragudtisme ». ans doute, l'attitude de ces &lt;1 jeunes gens d'aujourd'hui » aura renu à des causes dont certaines sont peu
sympathique1&gt; : l'abaissement de leur culture, une sourde
soif d'en prendre comme une revanche sur des aînés miem
partagés, le parti-pris puéril qu'ont tant de générations de
faire pièce coôte que coûte à ceux qui les précèdent, d'autttJ
encore. Il en est une toutefois qni paraît évidente et ne
laisse pas que d'émouvoir : c'est le sentiment qu'ils avaient

LE TRIPTYQUE DE M • .AREL HER.\tA:T

en grand nombre des terribles épreuves auxquelles ils
étaient promis. La haine de la pure raison est assez xplicable chez ceu: qui sentent venir l'heure de se battre et de
mourir et le cri de guerre poussé contre l'esprit cri.tique,
bien avant 1914, par les Pt'!m., les Psichari, les Paul
Drouot, prend un sens aujourd'hui singulièrement tragique. M. Abel Hermant pourra toutefois me répondre que
les héros de Denain et de Fontenoy (dont la race n'est
d'ailleurs pas éteinte) n'eurent pas besoin d maudire la
raison pour savoir mourir.
Les deux générations dont il s'aait ici me semblent un
fulgurant exemple de cette loi que Renan crevait discerner à
travers l'histoir , selon laquelle le haut deg;é d'intellectualité d'une époque se paye d'une assez faible moralitt!, cependant qu'une haute tenue morale a pour rançon un pauvre
étiage intcllecruel. L1 génération de Philippe, placée dans
des conditions exceptionnellement favombles à la culru're
de l'esprit (songez que pendant quinze ans, de 1890 à
1905, elle a pu croire -à fau,;. mais il n'importe - à la
fin des grandes gu rres ; sang z, du point de vue social,
économique, à la tranquillité relative de cette période) aura
étr particulièrement éprise de savoir et de beauté en même
temps qu'assez peu étreinte par la préoccupation des problèmes de la raison pratique ; elle s'est définie dans son
culte pour Anatol France ; la suivante, pri e dans des difficultés de toute sorte • et de plus en plus angoissantes et
résolue d'y faire face, se sera montrée, en
plus grande
J. On aimerait que Rex - œb marquerait encore Je contraste de sa
génération avec la précêd&lt;!nte, du moins dans ln classe bourgeoise connlit, ou du moins entre\·lt, des pn:occupations d'ordre p~'\.-uniaire
dont ses p::rems furent affranchis. Toutefois M. Abel Hermant nous
semble se rauacher :\ la grnnde traJition du roman fra.11çais en nous
emmenant assez peu de la condition cconomiquc Je ses héros. Je ne
peux oublier que, si je veux des développements sur cet ordre de choses

en ces trois derniers siècles, il me faut lire, non pas des patriciens du

gc~re comme ~lm• de Lafayette, ~farh·aux ou Stendl1al, mais des
artisans, comme Furetière, Lesage ou Balzac.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS};

partie, méprisante - et incapable - d'intellectualité pure
et toute vibrante de passion morale ; elle se signe dans
Péguy. Ç'aura été une heure tragique que ces années
d'avant-guerre où tant de jeunes gens, sentant monter le
péril et s'enfonçant de plus en plus dans les fureurs de l'action et de la foi, se prenaient d'une véritable haine pour
leurs aînés dont la jeunesse spéculative leur paraissait avoir
été une trahison à la patrie, cependant que ceux-ci articulaient des défenses spécieuses ou balbutiaient des mea c11lpa
plus ou moins nets qui ne désarmaient personne. Aujourd'hui la paix est faite ; les jeunes fervents de l'action, ayant
sauvé la France, se sont donné l'élégance de pardonner
aux vieux leur religion de l'esprit. Bien mieux - M. Hermant l'a noté - ils veulent y venir, à cette religion. Le
pourront-ils ? Ne sont-ils pas, et quoi qu'ils veuilleflt, condamnés pour toujours à leur sombre discipline ? L'un
d'eux, des plus représentatifs, tout récemment encore, s'éleYant précisément contre M. Anatole France, déclarait n'accorder le rang suprême qu'aux œuvres « inspirées par une
conviction profonde)), en sorte que son esthétique est ainsi
faite que les clameurs d'Ezéchiel y ont le pas sur l'Iliade.
On se demande avec tristesse si ce jeune héros n'est pas,
plus encore que ne l'a dit un de~ siens en un morceau célèbre,
d'une générati0n (&lt; sacrifiée &gt;&gt;. On va plus loin, et l'on se
demande si elle serait souhaitable, cette revenue de la jeunesse au pur culte de l'esprit ; si l'avenir ne s'annonce pas
tel que, pour bien longtemps encore, la France aura autrement besoin de voir ses fils vénérer l'énergie du cœur et la
furie de la volonté que la perfection de la pensée; si l'adoration de cette dernière - du moins par une jeunesse
compacte - n'est pas un de ces nombreux luxes que
l'humanité de demain ne pourra plus s'offrir.
Triste rayon, es•tu I'a11rore
jour q,ii 11e doit pas finir ?

Dit

Marquons un autre trait par quoi Philippe nous semble

LE TRIPTYQUE DE M. AllFL HER:\C&lt;\.NT

un spécimen de l'ancienne âme française égaré dans un
temps qui :ommence à l'abdiquer: son goût - dans tous
les ordrb, en fait de paysage comme de philosophie - pour
le mesuré, le modéré, son aversion pour l'illimité, pour
l'infini. (Voir son malaise devant les énormités de !'Engadine, son bien-être devant tontes les expressions du génie
grec.) Ce trait qui rattache Philippe à la pensée française
plus peut-être encore qu'il ne croit ( car nos métaphysiciens eux-mêmes, Descartes et Malebranche, sont des infinitistes très mauvais teint; je le montrerais si c'était le lieu),
ce trait requiert notre attention spéciale en ce que Philippel'a manifestement hérité de son père spirituel. M. Abel
Hermant nous paraît un des seuls dans la génération de
1890, dans la promotion des Barrès et des Maeterlinck, dont
le fond ni la forme n'aient été mordus rigoureusement en
rien par Je romantisme hégé]jen, importé chez nous à cette
date ; dont l'œuvre, pour parler plus généralement, soit
indemne - combien indemne ! le mot seul que je vais
prononcer fait sourire, dit à propos de notre auteur - de
toute pâmoison panthéiste. C'est peut-être là ce qui explique la situation particulière faite à son œuvre, laquelle évidemment n'a point connu de succès de forum.
Ce n'est pas dire une chose très différente de dire que
M. Abel Hermant est un des seuls de sa génération qui
n'aura pas été atteint de la religion de Pascal, de ce Pascal
qui devait attendre l'intrusion chez nous de la philosophie pathétique pour être salué de père de la pensée française (voilez-vous, Voltaire et Montesquieu !) L'auteur
desPensées, lui aussi, eût pu dire: c&lt; Je serai compris vers

1880.))
Notez combien ce goüt du mesuré, du fini, du pur intelligible, est en quelque sorte organique chez notre auteur,
combien il y est inscrit dans ce qui, chez !'écrivain, signe le
plus profondément le tempérament de l'homme : dans le
ton de son verbe, dans la coupe de sa phrase, dans le choix
de ses images, dans les proportions de ses développementsr

�266

LA .'OU\'ELLE REVUE FRANÇAISB

dans la nature de ses explications (toujours données par
exemples, par du concret, comme chez V~ltaire). On ne
peut s'empêcher ne songer à tel de ses bnllants . contemporains qui défend la mesure et la clart~ française~ dans
un style infiniment plus semblable à celui de 1ovahs que
de La Bruyère. Je pense souvent, à propos de M. ~ermant,
· à ce mot de r L Pierre Lass rre, dans son beau hvre sur
l' Esprit de la 111USÙ)tte française: « Il fau~ être Français sa~
le faire exprès ; c'est la bonne mamère. )&gt; Et, de fatt,
L Hermant ne clame pas, comme d'amres, depuis vingt
ans : « Je suis Français ! &gt;&gt; ; il l'est. C'est pourquoi on le
dit surtout de ces autres.
Au reste J ne félkitons pas à l'excès notre auteur
de •cette
• •
sensibilit~ au pur intelligible, d'être de ceux qu1 pma1s ne
murmurèrent :
l'ù1ftr.i me to:irmm/e . .

LE TRIPTYQUE DE M. ABEL HER.MA.NT

267

choses dans leur nature la plus intime, la plus profonde, la
plus « mystérieuse ». De cette pénétration la nouvelle
œuvre de M. Hermant donne maint exemple ; par-dessus
tout dans cette merveilleuse analyse de la « paternité passionnée » de Philippe, de ce père qui se sent heureux que
son fils ne ressemble qu'à lui, que la mère n'y ait pas mis sa
marque, qui, le retrouvant mutilé, souffre de cette humiliation, de cette diminution de la chair qu'il a créée, tandis
que pour la mère au cœur simpliste il suffit que l'enfant
vive. J'ai idée que bien des pères se sentiront décelés au
plus secret de leur cœur par de telles pages, et, plus généralement, tous les parents par la notation de cette tendance
qu'ont Philippe et Madeleine, quand ils croient leur fils
mort, à se le rappeler surtout enfant, de leur joie, lorsqu'il
leur est rendu, à retrouver en lui le sourire du premier
âge. Saint-Evremond loue un de nos grands tragiques
1 d'être allé jusqu'au fond de l'âme de ses personnages
pour y Yoir former les passions, y découvrir ce qu'il y ade
plus caché dans leurs mouvements », ce qui ne veut pas
dire du tout (il ne l'en eût d'ailleurs point loué) d'avoir
épandu aucune ombre de mystère sur ces profondeurs.
L'œuvre de M. Hermant me semble tomber souvent sous
le coup de cet éloge. Au surplus, des lignes comme cellesci sont parfaitement baignées de mystère dans leur te~eur
analytique :

Là est évidemment la limite de son beau talent : une cer·
taine absence d'inquiétude, d'atmosphère de mystère, une
manière d'être peut-être plus statique que dynamique de
l'œuvre et de ses héros. Si l'on nomme âme, avec une fame~se
philosophie chère à la génération_ de. Rex, une certame
« inquiétude de vie », on pourra'.t due que ~es pe~nnaaes de M. Hermant, qui ont tou1ours et en s1 haut rehef
u: caractère, n'ont pas toujours une âme '. En lisa~t le
brillant romancier, je pense souvent que les romanuques
ont tout de même apporté quel~ue cho~e- et m~ s~rpre_~drais parfois à de,·enir belpbégonen - s1 Je ne I étalS déJa,
M. hermant ne s'affectera certes point de ces réserves, car
il est en belle compagnie : le procès que je lui fais, _c'e5l
celui que Scblegel et Jacobi ( en quelle bande me voilà!)
ont fait à nos dassiq..ies - et Michelet à la Grèce.
Disons bien Yite que ne point créer d'atmos~hère de
mystère n'implique nullement qu'on ne sache attemdre les

M. Abel Hermant, disions-nous, pose toujours ses idées
dans le concret ; plus exactement, il ne les conçoit qu'insérées en &lt;les mouvements de sensibilité humaine, liées à
des âmes. Ce trait, qu'il a eocore transmis à son héros
(Philippe Je note dans une page émouvante 1 ) fait bien de

1 Compensation à tant d'ouvrages - de dames principalement où ies héros ont de l'âme - que d'âme l - et point de car_actére.

1_. L'Aube ardente, p. 267. Déjà le narrateur de la Disccrde déclare se
désmtéresser de toute notion qui« ne s'associe pas à une figure animée».

Rex avait levé les yeux sur son père et le gênait d'un de ces
inquiétants regards d'enfants, dont on ne sait jamais s'ils sont
vagues et vides, ou s'ils contiennent, avec l'immense mémoire
de tout le passé, la prévision de tout l'avenir.

�268

....

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

l'un et de l'autre des intellectuels de leur nation, de cette
nation où tant de véritables philosophes ont produit leur
pensée sous les espèces du conte, du roman, du dial~gue,
où les plus grarids critiques s'appellent Bayle et SamteBeuve qui n'ont jamais su séparer ,un syst_ème de l'âme
particulière qui l'avait conçu. . C est , év1d:mm~nt ce
caractère d'incidentes, de choses dues à 1occasion d autres,
qui fait que les idées de M. Hermant, malgré leur très fréquente valeur dans leur subtilité, sont assez peu_ retenues
en tant que telles. 'est-elle pas valable comm~ 1dé~ cette
remarque, jetée en passant, que &lt;&lt; langage 1mpér_1al ne
signifie pas langage de cour, mais militaire et pléb~1en 1' ;
que « le protocole, qui évolue dans les monarchies, demeure inflexible dans les républiques » ; que « l'absence
est une habitude et comme les autres habitudes ne peut se
rompre sans qu'à la joie se mêle un peu de déplaisir» et
mainte autre, d'une véritable généralité ? Tel est le béotisme de nos contemporains que les idées n'ont leur respect que produites sous forme dogmatique (le succès de
M. Bergeœt ne me donne que plus raison). C'est u~e des
nombreuses hontes &lt;le ce temps que l'auteur de la Discürdt
et des Grands liourgeois soit moins considéré comme penseur que rel solennel assembleur de truismes sur la Sagesse
et la Destinée ou sur cc la chair humaine J&gt;.
Rassemblons ces traits: culte de la raison, du mesuré,du
concret absence de toute emphase, de tout dogmatisme, de
'
tout romantisme.
Rapprochons-les de ces autres p~r ~·
quels l'auteur achève de modeler son héros : surve~llance
de sa sensibilité, application à la cacher au monde Jusque
sous les dehors de l'inhumain, pudeur des larmes; perfection de politesse, de respect des convenances d'autrui? re~
de se croire le centre de l'univers, d'égaler son peut moi
aux plus grandes choses ; acceptation d~ la fat~lité, ~ép~:
gnance à s'exagérer la puissance du vouloir humam. Avi~n
nous tort de dire que la haute saveur de Philippe est de~re
un survinnt de l'ancienne France, - proprement du dix-

LE TR1PTYQUE DE M. ABEL HERMANT

huitième siècle - égaré aux âges pathétiques ? Comment
a-t-on pu, encore une fois, voir en cet élégant un de nos
maîtres aussi célèbre par sa pesante a.utolâtrie et son grave
moralisme que par les belles cadences de ses doctes périodes?
S'il me fallait à tout prix identifier cette espèce de Champfort en smoking que m'apparaît Lefebvre, je songerais bien
plutôt à un autre de nos coryphées littéraires, vrai gentilhomme de lettres, infiniment voisin de M. Abel Hermant,
et j'oserais me souvenir que Phidias, en sculptant sa Minerve,
s'était dextrement enchâssé, dit l'histoire, aux plis de la
robe de son modèle.
***

M. Abel Hermant promène son héros à travers des péripéties qui lui sont une occasion de portraits, d'évocations
de milieux, de scènes de toute sorte où non seulement se
retrouvent tous les dons bien connus de l'illustre romancier mais où d'autres se révèlent.
Voici le jeune Philippe à Oxford, dans l'orbite du barde
Ashley Bell, l' « Adam américain &gt;&gt; exilé aux jardins anglais
et qui semble bien être à Whitman ce que le Choulette du
Lys rouge est à Verlaine. Elle est inoubliablecette vision du
grand vieillard, les cheveux au vent, le col nu, dont les
bras en s'ouvrant font naturellement le geste de la prière, à
la fois puissant et puéril, catéchisant et priapique, toujours
inféodé à la nature en ses désirs, en ses clartés profondes,
en ses contradictions. Tout autour se groupent les disciples : Rex Tintagel, le délicieux camarade de Philippe et
son introducteur dans la communauté, tour à tour questionneur et recueilli ; le jeune lord Swanage, aux cheveux
pâles et moirés, qui traite avec le maître de pair à compagnon ; I' Allemand Lembach, qui prend des notes ; le petit
Liphook, qui admire de confiance ; enfin, Philippe, chez qui
la dévotion, comme il sied à sa race, n'exclut pas l'ironie. Le
tout forme un tableau exquis. Tel retourà. la tombée du jour,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

avec Bell vaticinant au milieu de ces éphèbes, a sa place
toute marquée dans les anthologies.
Philippe s'est marié, est devenu un brillant écrivain,
admis de droit dans les milieux les plus choisis. Le voici chez
les Goncourt, chez la princesse Mathilde, dans un fameux
salon tenu par une ex-biche du second Empire, qui voyage
dans la galerie de M. Hermant sous le nom de M111e de Chézery. L histoire puisera comme chez un Saint-Simon dans
ces pages où de grandes vedettes de ce dernier demi-siède
- un Jean Lorrain, un Montesquiou, un Jules Lemaîtresont évoquées en si haut relief '. Mais elle y puisera comme
chez un Saint-Simon philosophe, qui saurait saisir le sens
historique des spectacles dont il est témoin. N'est-ce pas un
moment de l'histoire, du moins de l'histoire des mœurs,
que l'auteur discerne quand il nous montre en Mme de
Chézery une épave du demi-monde de 1865 pouvant
enseigner le bon ton aux grandes dames de 1910? N'est-ce
pas tout le popolare de la famille Bonaparte, tout le secret de
sa poésie et de sa séduction qu'il projette dans cette scène
où la princesse Mathilde, jugeant insuffisante la gratification qu'elle a fait remettre à des Napolitains qui viennent
de jouer chez elle et voulant y joindre un remerciement,
s'avance toute seule au pied de leur estrade, et, après leur
avoir adressé deux ou trois phrases en italien, fait plusieurs
courtes révérences, elle, la nièce du grand empereur,
devant ces pauvres musiciens, avant de s'en retourner, du
même pas lent et majestueux, vers ses hôtes ? les Monmerqué de l'avenir aimeront de trouver dans Zosia Wieliczka un portrait de Marie Bashkirtseff, en même temps
que l'histoire plus générale y apprendra des traits de l'intel1. Et parfois en deux mots (quelle leçon pour nos asiates 1); par
exemple, la reine Hortense (&lt; pâle figure de marbre, d'une gdce souveraine et inconséquente &gt;&gt; ; la princesse .Mathilde c1 vieille et vivante,
brusque et superbe ... : elle avait tout d'une médaille, sauf le fruste ... ;
majestueuse sans y penser, elle était, dans un fauteuil commode et
sans style, assise comme dans un trône. ,,

LE TRIPTYQUE DE M. ABEL HER!'.iANT

lectuelle exotique vers 1900, avec sa fatigante intelligence
qui ne dés:1rme jamais, son irritante adaptation immédiate
àtoute chose, sa &lt;c connaissance de notre littérature 1&gt; qui
consiste à ignorer maint dt nos phénix.cependant que tel
oisillon de chapelle lui est familier. - Les randonnées de
Philippe, en Allemagne, eu Grèce, en Pologne:, pour rejoindre la vagabonde Zosia, sonc l'occasion des plus heureuses
descripuons, encore que l'auteur, vrai disciple des anciens,
nous peigne moins les choses que leur réaction sur les âmes;
j'aime, entre d'autres, cette page où Philippe, dans une petite
ville de Posnanie, découvre que l'Allemagne est plus allemande, le matin, quand elle tait son marché ; cette autre
où il retrouve dans l'architecture du château de Zosia
l'âme de la polonaise, si différente de la sienne qu'il c&lt; ne
pouvait l'admirer que jusqu'à la passion, non jusqu'à la
sympathie. »
Retenons cet hommage à la sympathie. Il s'apparente
à un trait qu'on n'a pas assei: fait ressortir chez notre
auteur, encore qu'il soit remarquable chez le peintre
terrible et comme diabolique de tant de vilenies et de
convulsions: le bonheur de modeler, à l'occasion, une âme
noble et sereine, un être d'equilibre et de paix. Ce trait,
qui s'aperçoit déjà, par exemple, dans le portrait de
Madame Morand-Fargueil du Joyeux garçon, paraît ici dans
celui de Madeleine, la femme de Philippe, avec ses
yeux gris « qui se reposent à loisir sur les objets et sur
les âmes », toute sa personne qui exprime &lt;c la compagne
dont le cœur est sûr. &gt;J L'auteur enveloppe cette exquise
créature dans la même care se ou Balzac berce Madame
Frrmiani et Thackeray Amélie Osborne. Une fois de plus,
on se dit que tous les Satans n'aiment qu'Eloa.
Aussi bien M. Hermant - rappelant par là encore son
frère en satanisme Thackeray - peinr avec un bonheur
tout spécial le charme des famille. 1 1ies, la poésie des
foyers purs. Souvenons-nous, dan:-. b Discorde, des vieux
Lengellier. La nouvelle œuvre pré~c nte en ce sens deux

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vrais joyaux : dans la Jottrnée breve, le tableau des Lefebvre
au dîner de l'éditeur Mercadier ; dans le Crépuswle tragiqut,
la scène où, la nuit, dans le cabinet de Philippe, Madeleine et son mari_lisent l'un près de l'autre le manuscrit
de leur fils. Sans doute le ménage, ici, n'est point pur ; Philippe est infidèle ; mais l'auteur sait, jusque sous cette
tache faire briller la lumière de l'ordre conjugal ; a\'ec
quel 'art, quelle émotion de pinceau! jugez-en :
Dans ce ménage toujours ami, même aux jours les plus sombres, J'adultère n'avait pas été une plaie secrète, mais il avait
été un péché muet ... Madeleine savait que c'était elle qui avait
la mei!Jeure part, mais elle n'ellt point souffert que Philippe lui
dit: « C'est toi que j'aime
car cette phrase, salie par l'usage
que l'on en fait, et qui est cependant, le plus souvent, une Yé•
rité, il fallait, pour lui l:tisscrtoute sa valeur, justement qu'il ne
la dît point et que ce fût elle qui la sentît.
Au lien si fort qui les unissait et qui ne s'était pas rompu,
s'ajoutait celui d'une reconnaissance délicate._ Ces deu~ étr~s
à qui la vulaarité était en horreur se savaient gré, rnfint•
b
.
d
ment, de pouvoir grâce à une entente tacite, vivre ce ram~
sans y rien admettre de trivial, sans faire aucune des scènes a
faire. Madeleine n'avait ni revendiqué ni repris sa place: elle
l'avait gardée.
l) ;

Convenez-en : il n'y a que les démons pour trouver de
ces débauches de pureté.
*

* *

Mais voici de grandes pages, et un ton auquel l'auteur
ne nous avait pas habitués. Déjà, dans l'Aube ardente, l'an·
nonce par Bell de guerres terribles, - plus terribles q_ue
toutes celles qu'on a vues, parce que les nations vont mam·
tenant devenir des personnes, - avait fait passer sur l'œuvre
un grand souffie. (J'avoue que l'épisode du vieux barde,
retrouvé mourant par Philippe dans une ambulance en
1915, me semble un peu forcé.) Voici maintenant l: guerre
elle-même, le sourd malaise de la France à partir de la

LE TRIPTYQUE DE M. ABEL HERMANT

2 73

mi-juillet 1914, la préparation de l'Allemagne dès cette
date, notre angoisse des premiers revers, notre confiance
en dépit d'eux ; ces grandes choses nous sont montrées
dans de menus faits, dans l'atmosphère d'une répétition
générale le 14 juillet 1914, dans les impressions de Philippe lors d'une dernière traversée de l'Allemagne quelques jours plus tard, dans une entrevue furtive de Rex
et de ses parents sur un quai d'embarquement à la fin
d'août ; mais l'auteur a su, dans la peinture de ces petites
scènes, faire sentir toute la grandeur qui les sous-tend,
comme un de ses maîtres jadis avait su peindre tout le
mouvement d'une grande bataille dans les avatars d'un
petit troupier et d'une vivandière le long d'un chemin de
traverse. Puis c'est le deuil de la famille française, Rex
« porté disparu », la douleur des parents si poignante
dans sa dignité, dans son silence, dans sa pure intériorité. Enfin, Rex n'étant que prisonnier (avec un bras
en moins) et interné en Suisse où Philippe monte le
voir, c'est, chez le quinquagénaire, la reconnaissance
mêlée de vénération pour le jeune héros sorti de lui.
M. Abel Hermnnt illustre ce sentiment en rappelant dans
la mémoire de Philippe un mot qui aurait été réellement
prononcé, celui d'un pauvre paysan dont le fils était
mort à bord d'un sous-marin coulé et qui aurait dit : « Il
me semble que mon fils est devenu mon père. &gt;&gt; L'auteur
a traité ces mouvements d'âme relatifs à la guerre dans un
tel symbolisme qu'on dirait que ce mot est de son invention
et que c'est la réalité qui l'a pris à l';:rrtiste.
** *

Quelles que soient ces beautés, la haute valeur de l'ouvrage me semble être ailleurs et dans la peinture de choses
apparemment plus humbles.
Elle est dans la peinture d'Oxford, du ravissement du
jeune Philippe à découvrir la cité élue, le charme de ses
prairies, la poésie de ses vieilles pierres, à embrasser la
18

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
274
jovialité de son idéalisme, sa mystique de la camaraderie,
la perfection de son libéralisme ; elle est dans la peinture
du souvenir qu'il en garde 'comme d'un baume de pureté
versé à la source de sa vie et qui en parfume tout le cours.
Elle est dans la peinture, en ce même Oxford, de la
camaraderie de Philippe et du jeune Rex Tintagel (la scène
de la baignade est déjà dans toutes les mémoires); dans la
caresse, - l'émotion, - avec laquelle l'auteur a noté ces
jalousies subtiles et inavouées, ces inquiétudes muettes, ces
réconciliations tacites, tout ce réseau de tendresse chaude
et discrète dont se compose l'affection de deux jeunes
hommes au cœur fier; dans le bonheur avec lequel il a fait,
dans l'Aube ardente, un vrai poème de l'amitié.
Elle est dans la peinture du profond humanisme de
Philippe, de l'intimité totale et continue de son esprit
et de son cœur avec le génie grec, principalement avec
Platon. Plus exactement, elle est dans les combinaisons
que, tout le long de l'ounage, l'auteur fait de ces trois
thèmes : par exemple dans cette scène du voyage de Grèce
- la perle de l'œuvre selon nous - où le jeune Rex
Lefebvre, dont le seul prénom sonne le rappel du thème
d'adoration d'Oxford, recueille en ses petites mains les
larmes de la fontaine de Castalie pour les faire boire à son
père et communier avec lui dans la vénération de la terre
de beauté.
Mais non seulement c'est dans ces peintures qu'est la
haute saveur de l'ouvrage, là qu'on trouve ses grandes
réussites, - et ce parfum de mystère que nous souhaitions plus haut, - mais c'est là, très évidemment,
qu'est le véritable intérêt de l'auteur, le sujet qui lui
tient au cœur. Ce sont ces choses qui, dans l'ensemble
qu'il peint, lui paraissent cardinales. C'est à elles que
les ·autres, si grandes qu'elles soient, sont rapportées,
Voyez, par exemple, comme les pensées de Philippe
devant la guerre montante sont gouvernées par les
souvenirs d'Oxford et du voyage de Grèce. Au. sur•

LE TRIPTYQUE DE M. ABEL HERMA "T

2

75

plus, l'auteur sait ce qu'il fait quand il achève son œuvre
sur un retour de Philippe à la cité galloise ; l'impression
qu'il veut nous laisser, c'est que les drames de la vie de
son héros, de la génération qui a vu la guerre, passent
pour lui au second plan devant les enchantements de Lefebvre à Oxford et ses autres émois de même nature.
Et alors, devant cette étrange échelle de valeurs, devant
ce dilettante qui subordonne les plus gyaods mouvements
de l'histoire à des émotions de luxe parce qu'elles lui sont
chères, on reste un moment interdit. On reprend, non
sans révolte, ( comme quand M. de Porto-Riche faisait
jouer le Marchand d'estampes au début de 1918, pendant
la défection russe et la terrible menace allemande) le mot
du vieux Romain à propos d'un autre voluptueux :
Bella gerant alii ; Protesilaus amat I

Mais bientôt on se ressaisit, on se dégage de cette vénération dont s'aveugle toute époque pour les événements
qui ont été sa chair et son sang ; et on découvre alors que
c'est le dilettante qui voit juste, que c'est lui qui fait une
classification vraiment philosophique des choses, qui subordonne l'anecdotique à l'éternel ; que le cataclysme de
1914 est un épisode par rapport au &lt;&lt; miracle grec » et à
l'amitié des creurs virils, et que les jeunes voix de Lysis
et de Ménexène répondant à Socrate sous les platanes de
l'Ilyssus ont plus de retentissement dans la mémoire des
hommes que le fracas des armes de Chéronée·. La trilogie
de M. Hermant pose, et dans la même lumière de grâce,
dans la même abolition de dogmatisme, la même hiérarchie de valeurs que Thaïs ou. que l'œuvre historique de
Renan. Elle est bien l'expression - une des dernières
peut-être et non la moins précieuse - de la France intellectualiste et spéculative, dans son contraste avec la France
montante, éprise, nécessairement hélas l et peut-être p~ur
son salut, des religions de la morale et de l'action.
JULIEN BENDA

�277

POÈMES

C'est vrai, dit Savry, qu'on a marre ! i&gt;
crachant loin de lui, d'un seul coup, 1
le fort, la pluie, la boue, et tout.
cc

*

* •

POÈMES

LE FORT

Le fort souscrit, dans la boui/lasse,
à l'écrase-moi des chemins
qu'insinue, aux mains des ragasses,
la nue au ventre parchemin.

Passé le fossé, passe l'arche;
la porte grince rnr ses freins,
le sergent hurle une c/x,se .. arche,
le soldat crotté plie les reins.

Herb~ et ciel à la fois démarrent
au vent, à l'eatt ... Quand mo1trro11s-tunts
de l'ennui jà jusqu'aux genoux?

Bon soldat de pose à trois heures,
pisse au frais sttr les pâquerettes.
Tti viendras rneillir la fleurette,
à dimanche, qtt'elle y demeure.
Le ciel ,osit sous la tonnelle,
l'herbe fleurit sur le pré nw1t;
premieres feuilles pointent belles
leur lance tendre en cœllt" vert-cl:ou.

Copain, j'exhibe mes radis ;
va, fais le mcrt, l'œil en dessous,
toi qui n'as un maravtdis,
tandis que j'allonge,fauxriche,
pottr 110s dmx cafés-bols, six sous ....
De nous, c'est encor moi qui tnche.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

POEMES

2 79

CIVITA VECCHIA

AUTOMNE

Beauté, bouqud brandi du jour qui va périr,
beauté, quand vous retrouverai-je ?
Qu'un lacet déjà cMe et vont les jlettrs pourrir
quand tus les chœurs et le chorége I

Les bœttfs blancs au bord de la rne.r,
Leurs cornes font de longs accents,
Tirent la "her!e dans le sens
Des sillons ou dort Démiter.

L'oiseau qui passe au ûtl tire à foi son reflet,
cher souvenir, de f eau qui tremhle,
cotnme toi, jour farté des feux mr ce palais
de ma vie a ma mort ensemble.

A l'horiz..011, la bande mauve
Du ciel qui nait sur tout cela,
Et les nuages qtti se sauvent
Mourir sur Civita Vecchia.

Mais l'instant qui se double au vain, trop vain miroir
de. notre esprit qui I.e possède.,
quand f arrache déjà le courant fleuve noir,
se retourne. et nous crie à l'aide.

Mélancolie, ô double plaine
Long11e de la terre et des eaux !
Le train soulève des oiseaux,

Femme, chanson, soleil, feuille au vent, fleurs, mes fruits,
comme. vous êtes périssables,
et comnu le silence est fort après le bruit,
co1'!lme. le font les grains de sable !
Octobre I 92 I.

Ce sont augtirtS, par centaines
Silence et paix entiers, sans nul
Mommzent de Stendhal, Consul I

�2So

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

ROME

POEMES

2 81

NAPLE S

Quatre léz.ards boivent le vif
Rayon qui tarde att Colysée;
Heure où l'on ferme les musées,
Le couchant allonge les ifs.

Je te retrowve, Napoli,
Soleil Dieu lauré d'épluchures,
L11isa11t rnr les architectures
Des chevenx des sœurs Rondoli !

Les chats compissent la Trajane,
La garde monte au Vatican;
Destins encor, toge ou soutane ?
Mais César a fichu son camp.

Barbe verte des fi11occhi,
Port de pourpre aux bras des mâtures,
Blocs de coulettr des couvertures
Aux balco11s ,nie11x que sur les lits.

Le Tibre mord de vieilles pierres,
Jupiter rend les clefs à Pierre,
Un roi s'enferme au Quirinal.

Je le retrom!e encor qtti chantes,
Matrone aux deux joues éclatantes,
Vautrée aux cris de la Cbiaia.

Et so11s le cintre d'1111e arcade,
- On da11Se ferl/le à l' Ambassade - ,,
Descend tm vieux char triomphal.

Foin de l'art avare et des livres,
0 toi do11t les gorges sont ivres,
Ca11z.011e Napolitana I
CAMILLE SCHUWER

�LA CONTAGIEUSE MISERE

LA CONTAGIEUSE MIStRE

Une des idées probablement le's plus vieilles du monde
sur le commerce et les échanges est qu'on fait fortune en
mettant les autres en misère. La vente a eu la même psychologie que le vol. Pressurer Je vaincu, le débiteur, le
client jusqu'à ce que rien ne lui reste a permis l'axiome :
« Le malheur des uns fait le bonheur des autres. n Ce vieil
esprit du vol, de la guerre et de la chasse, qui croie qu'on
n'est enrichi que par ses victimes, a déjà été très atténué
dans l'emploi et la rétribution des ouvriers. Les épuiser de
travail en les payant le moins possible, sans s'occuper du
soin de conserver Jeurs forces, fut une pratique longtemps
considérée comme très fructueuse pour l'employeur. La
dégradation de la santé des ouvriers par la liberté d'en tirer
profit sans restriction parut ensuite un état ruineux pour la
nation. L'ère des lois sociales commença. Le même phénomène s'accomplit actuellement entre le commerçant et le
client. Enrichir, prolonger l'homme à qui l'on vend paraît
, plus fructueux que de l'épuiser à misère. Dans une civilisation commerciale, être impitoyable à l'acheteur cause la
ruine du fabricant, du vendeur. Le matérialisme historique
aboutit à la justification de la pitié. Les conséquences·de la
guerre 1914-1918 prouvent l'absurdité de vouloir établir
la fortune d'une partie du monde sur la ruine de l'autre.
La démonstration de la solidarité universelle est faire
d'une manière énorme, non par l'intelligence des hommes
qui ne se montrent capables que de la subir et l'exprimer
à mesure qu'ils la comprennent, mais par une fatalité maté-

rielle plus puissante que les forces spirituelles. On voit
enfin que les haines patriotiques ne peuvent subsister que
dans la misère. Les nations ne s'étaient jusqu'ici précautionnées que contre la contamination pathologique. Aucune
n'avait l'idée de mettre la nation voisine en état de maladie
pour se maintenir soi en état de santé, mais chacune croyait
se maintenir en fortune en tenant autrui en misère.
L'internationalisme commercial d'avant 1914 pouvait
encore affirmer qu'une nation avait intérêt à vaincre l'autre.
Il apparaît après les hostilités de 1914-1918 qu'une nation
en frappant une autre se frappe elle-même. L'idée de Norman
Angell que la guerre appauvrit toutes les nations belligérantes, même le vainqueur levant tribut, est étendue jusqu'à la preuve que la guerre associe toutes les nations pour
la réparation des ruines qu'elles se sont causées. Quand
même cela serait une iniquité par égard à une nation
assaillie, c'est une réalité, non pas amenée par le raisonnement et la justice des hommes, mais imposée à eux
comme une intempérie, un cataclysme, une loi physique.
Il n'y a pas entre les nations de non-wlidarité devant la
misère de l'une d'entre elles. Quand la pénurie et l'inanition sévissent en Russie, en Autriche, les effets en courent
jusqu'en Angleterre et en Amérique par le ch6mage des
usines dont les produits ne sont plus achetés par les peuples dépourvus. Il faut aider le vaincu, enrichir le client,
procurer le crédit à qui doit payer le tribut. La France se
rebute à cette solidarité internationale qui n'a pas été pensée par elle. Des révélations s'accomplissent matériellement
qui ne sont point encore établies dans l'esprit des peuples
mais déjà les contraignent et les dominent. L'idée vient dernière, entrainée par les faits. La France basant son
raisonnement sur la justice d'obliger l'Allemagne à réparer
les ruines qu'elle a accomplies ; l'Allemagne voulant l'éviter et réserver sa fonune au détriment de la France, ont
cependant un intérêt commun sur quoi leurs sentiments ne
leur permettent pas de s'entendre. e cherchant des raisons

�284

LA

OUVELLE REYUE FRANÇAISE

de guerre par prétextes historiques elles étaient dans l'erreur • se cherchant des raisons de paiement par preuves de
justi;e, elles sont encore dans l' erre~r; non dans l'e~reur
spirituelle, tllais dans l'erreur matérielle. Il faut quelles
raisonnent sur la simple idée de profit commun. L' Allemagne doit réparer la ruine de la France q~i doit aider
l'Allemagne à redevenir riche. Cela ne sauverait pas encore
leur fortune si d'autres nations étaient autour d'elles en
misère : Russie, Autriche.
Jamais la fatalité de l'association n'a telle1~ent ~émenti
l'idée de lutte. Car il y a une fatalité plus qu une idée de
l'association. Tandis qu'il y a une idée et une pratiqu~ de
la lutte. Toutes les vieilles habitudes de penser collectmment acrissent contre l'intérêt commun des nations accoutumées nséculairemènt à se haïr et y ayant des causes glorifiées. Il faudrait une négation de !'Histoire par raison
d'intérêt général. Ce n'est pasune possibilité que les hommes
eoseignec.t mais qu'ils réprouvent.
*
* *
L'humanité n'est pas arrivée par la philosophie et la
morale à bien définir la solidarité universelle. Elle la prouve
par le négoce. Le cou1merce impose ~e qu'aucune religion
n'a pu suffisamment enseigner et prattqu~r : la démonstra·
tion de l'idiotie de la guerre. L, réprobation contre le mercanti est une des vieilles erreurs dues à l'esprit de noblesse
et au goût de la fainéantise.
Parmi les nombreuses manières de classer les homme~,
il en est une fort importante qui est de distinguer les f~bn·
cants des trafiquants. 'Les fabricants agissent sur la matière,
y incorporent la valeur du travail. Les trafiquants la char·
gent de leur bénéfice ; ils agissent sur les hommes et en
tirent profit. Un fabricant isolé dans une île y peut pros~érer par la force de son travail sur les choses brutes : le bois,
la pierre, la terre. Un trafiquant ne peut r_ien faire _seul. Il
faut des hommes autour de lui, des fabncants qui créent

l.', CONTAGIEUSE MISÈRE

le· objets dont il trafique, des clients sur qui il réalise wn
profit. Plus les hommes communiquent entre eux et étendent la civilisation, plus le trafiquant régit le fabricant, plus
le ,·endeur domine le producteur.Une nation sans vendeurs
serait ruinée par son travail dont l'accumulation la réduirait à la misère. Le monde est arrivé à souffrir par la force
de fabrication dont il a si longtemps manqué.
Ce qui crée la puissance du solitaire dans lïle ruine une
collectivité; car le produit du travail doit être consommé,
sinon son prix baisse entràînant le salaire ouvrier, la valeur
de l'usine, la fortune nationale. Contre quoi le vendeur
est sauveur.
Le commerçant est le grand fraternistc de l'humanité.
Il vaut plus que le chrétien pour la pacification du monde.
Religieux et vendeurs ont accompli la sottise d'aider l'armée et de croire prospérer par la guerre. Chaque nation a
invoqué Dieu et la lutte économique pour écraser le concurrent fabricant et vendeur. Avant que la religion ne
revienne à la fraternité des fidèles, le commerce a compris
qu'il devait sauver le client. Jésus-Christ qui n'avait aucun
sens commercial a commis une des plus grandes erreurs
d'économie politique de tous les temps en chassant les marchands du Temple. C'est le commerce qui réclame aujourd'hui la solidarité internationale dont le christianisme a été
incapable. L'idée de la solidarité mondiale est vivante surtout chez les peuples marchands : les Américains, les
Anglais. La misère épidémique déterminée par la guerre
1914-1918 démontre l'universalisme. Un peuple vendeur,
tel que les Etats-Unis d'Amérique, ne peut plus se désintéresser d'un peuple belliqueux tel que la Pologne ou la
Serbie. Il n'y a de politique fructueuse que celle qui fait
que les nations reconnaissent entre elles les liens qui pratiquement existent. L'Amérique n'est isolée de rien de ce
qui se passe en Europe. On a estimé que l'humanité aurait
par cette dernière guerre un tel dégoût du militarisme
qu'elle s'en guérirait, mais si elle n'est pas encore délivrée

�86

..

LA NOUVELLE REVOE FRANÇAISE

du vieil esprit de pugnacité, elle bénéficie de la création
d'un nouvel esprit commercial qui pourrait bien accomplir
le salut du monde. Ayant éprouvé la misère épidémique
l'humanité âvance dans l'idée de solidarité. Rien de si grand
ne s'est jamais passé dans la civilisation qui arrive enfin à
éprouver fortement l'universalisme. Ce n'est pas une idéologie, mais un réalisme. Les faits déterminent la pensée des
hommes. Ils voient les choses comme jamais ils ne les
avaient vues malgré qu'ils les accomplissent depuis des
milliers d'ans. La science chimiste et mécanicienne augmentant les facilités de meurtre prétendait que les créant aussi
énormes elle abrèo-erait d'abord la guerre, puis la rendrait
'
0
impossible. Ainsi le génial inventeur d'explosif devenait un
bienfaiteur de l'humanité qu'il dégoûtait du meurtre s'il
l'en gavait. li n'y a point paru mais au contraire que la
race humaine ne tirait pas encore de la science homicide,
vassale . de la haine, une suffisante satisfa~tion. Peut-on
espérer pour tenter encore le salut du monde une foi
scientifique, comme il y a eu une foi religieuse ? Le commerce arrive plus vite que la religion et la science à imposer à l'humanité la solidarité,
Le travail est encore fou dans ses lois et sa pensée qui
tantôt lui montrent la guerre comme nécessaire pour vendre
le produit âes usines; tantôt lui prouvent la folie de mer,
de diminuer par le massacre la clientèle et de consommer
sottement les matières par la simple destruction.
La puissance scientifique peut dès maintenant agir pour
préparer la prochaine guerre, mais la puissance commerciale est la seule actuellement puissante pour l'éviter. Elle
a appris la loi de la contagion de la misère; jamais l'inter•
nationalisme de fait n'a bénéficié d'une telle démonsrration.
Mais le nationalisme de sentiment n'est qu'atténué. Les
peuples arrivent lentement à la certitude que la misère est
épidémique comme la peste. Mieux que la maladie elle
démontre la solidarité humaine. On parviendra à procla·
mer après:« Aimez-vous les uns les autres 1), « Achetez les

LA CONTAGIEOSE :.ustRE

uns aux autres)), qui pourrait bien être un christianisme
commercial plus efficace pour la fraternité humaine que
l'ancien christianisme religieux.
Mais de quoi seront de nouveau capables les nations
quand ellr5 auront refait leur fortune ? De s'en servir pour
se remettre en misère ? L'internationalisme économique
peut fort bien recréer le nationalisme de sentiment qui
attend que le-\ commerçants aient payé assez d'impôts à
l'Etat pour qu'il puisse re onstiruer les armées. Dès que
l'Allemagne sera earichie par la fabrication et le négoce, elle
voudra une revanche militaire. C'est pourquoi la France
est fondée à la maintenir pauvre pour qu'elle ne soit plus
assaillante. Comment imposer à l'Europe la solidarité de
la fortune après la solidarité de la misère ? La pénurie
mène à l'union par humiliation du nationalisme appauvrisseur ; l'abondance mène à la pugnacité par l'orgueil du
nationalisme enrichi. L'Angleterre veut que l'Allemagne
soit fone poor commercer. La France craint quel' Allemagne
ne redevienne puissante pour guerroyer.
Comment développer le commercial sans ressusciter le
belliqueux ? La meilleure garantie de paix: est-elle dans la
continuation de la misère tant que les peuples d'Europe ne
sont pas capables de penser au rebours des nationalismes et
de toutes les haines historiques pour parvenir à l'union dont
aucun ne sera exclu: ni le Français, ni l' Allemand, ni le Russe.
Contre cela quelle nation est la plus éprise de soi, contente de penser pour elle seule ; m~fiante devant la cn~ation d'un esprit européen et d'une économie humanitaire.
11 apparait au monde entier que c'est la France. Il faut l'en
plaindre avant de l'en blâmer. Elle est dernière à comprendn: les intentions nouvelles parce qu'elle serait première à subir leur fausseté. Elle veut la paix par cous les
anciens moyens de la guerre et s'armer première pour ne
pas être première attaquée. Elle ne fait pas confiance. El!~
se rétracte sur son droit. Juridiquement elle est raisonnable.
Avant tout elle veut son dû. Humainement elle est

�288

LA

OOVELLE REVUE PRANÇAISI!

pitoyable, avaremenc recroquevillée sur l'esprit ancien,
subissant du monde entier l'attaque d'idées nouvelles
qu'elle nie simplement sans y répondre par une création
d'idées. L'humanité veut une foi. La France n'est capable
que de caractère. Obstinée et sommaire, durement certaine
de l'invariabilité de son hi toire, elle est la nation de Jeanne
d'Arc plus que de la Révolution. Toute sa psychologie est
de résistance à l'invasion, non de propagation d'une philosophie. Elle a remis sur son écusso~ : (&lt; Dieu et mon droit•
et y ajoute pour l'Allemagne : 1&lt; Paye-moi. »
Elle a une âme de créancier. Et elle est une créancière
maladroite, usant son temps et la sensibilité de son opinion
publique à réclamer la punition des coupables de guerre
allemands, ce qui est d'une réalisation impossible parce que
différée. li faut e souvenir aujourd'hui pour s'i~digoer. Les
peuples ont d'autres soucis que l'indignation. Ils ont b
misère. La France pense ju te mais mal à propos. Elle est
une intelligence à retardement. Parce que ses hommes qui
sont tombés sur les champs Je bataille ont aboli avec eux
une partie énorme de son esprit. C'est pour les morts qu'elle
se veut intraitable. Et c'est l'e.!.prit mort avec les morts qui
l'aurait maintenue comprében ive, largement humaine. 11
ne faut point la haïr pour son inintelligence momentanée.
Elle a perdu dans cette guerre sa fortune, sa santé, sa philosophie. Le monde exige d'elle, apn.:s un million et demi de
morts, une loi nouvelle. On lui demande Mirabeau et le
patriotisme humanitaire ; elle n'est capable que de Poin,aré
et du patriotisme anti-germain. Cela changera, mais dans
la mesure où l'Allemagne dira sa volonté de fraternité, sa
foi dans l'esprit nouveau, sa résolution de démocratie. Le
monde entier qui veut la fin de la comagieuse misère, a un
espoir qu'il n'ose pas dire, un espoir attendu depuis des
si des, et sans la réalisation duquel l'Europe sera définiùvementdébile : l'alliance franco-allemande qui est la première
condition des Etats-Unis d'Europe et de la paix du monde.
PŒRRE HAMP

LETTRE SUR LES ORATEURS

i.: 'otre pays, mon ami, traverse une époque troublée •
on le devinerait, si mille tristesses n'en donnaient preU\·;
â toute heure du jour, on le devinerait, dis-je, à l'épanouissement de l'art oratoire. Les pluies d'automne ont
cette vertu de faire, en une nuit, éclore à profusion les
champignons sur un sol qui, la Yeille encore, n'en portait
nulle trace. Pareillement les grands phénomènes politiques
suscitent, d'un jour à l'autre, le miraculeux talent de la
parole : l'Auspasie est malheureuse, l'Auspasie est di,·isée,
l'Auspasie parle ; les tribunes s't'.-rigent à tous les carrefours
et, par légions, les orateurs naissent du pa,·é.
Réunir cent personnes satisfaites et leur faire entendre
un long discours, voilà une entreprise téméraire et qui
semble vouée à l'échec En revanche, qu'il est aisé &lt;le
grouper les foules opprimées, pour leur parler des souffrances qu'elles endurent ! Les peuples heureux, qui n'ont
pas d'histoire, n'ont pas davanraae d'orateurs. Mais l'éloquence fleurit en enfer, n'en doutez pas.
Les Auspasiens sont grands bavards; à cet égard, leur
réputation date de l'antiquité. La parole est si fort en honneur parmi nous que celui qui s'en trouve défavorisé ne
saurait prétendre à aucune influence, eût-il, par ailleurs,
les dons les plus rares et les mérites les plus respectables.
Ici, l'autorité est affaire de langue et de souffle. Les intérêts du pays sont confiés à des assemblées que l'on nomme
parlements, parce que leur unique soin est la parlerie.
En fait, Je pou,·oir est aux mains d'un petit groupe de

19

�288

LA

OOVELLE REVUE PRANÇAISI!

pitoyable, avaremenc recroquevillée sur l'esprit ancien,
subissant du monde entier l'attaque d'idées nouvelles
qu'elle nie simplement sans y répondre par une création
d'idées. L'humanité veut une foi. La France n'est capable
que de caractère. Obstinée et sommaire, durement certaine
de l'invariabilité de son hi toire, elle est la nation de Jeanne
d'Arc plus que de la Révolution. Toute sa psychologie est
de résistance à l'invasion, non de propagation d'une philosophie. Elle a remis sur son écusso~ : (&lt; Dieu et mon droit•
et y ajoute pour l'Allemagne : 1&lt; Paye-moi. »
Elle a une âme de créancier. Et elle est une créancière
maladroite, usant son temps et la sensibilité de son opinion
publique à réclamer la punition des coupables de guerre
allemands, ce qui est d'une réalisation impossible parce que
différée. li faut e souvenir aujourd'hui pour s'i~digoer. Les
peuples ont d'autres soucis que l'indignation. Ils ont b
misère. La France pense ju te mais mal à propos. Elle est
une intelligence à retardement. Parce que ses hommes qui
sont tombés sur les champs Je bataille ont aboli avec eux
une partie énorme de son esprit. C'est pour les morts qu'elle
se veut intraitable. Et c'est l'e.!.prit mort avec les morts qui
l'aurait maintenue comprében ive, largement humaine. 11
ne faut point la haïr pour son inintelligence momentanée.
Elle a perdu dans cette guerre sa fortune, sa santé, sa philosophie. Le monde exige d'elle, apn.:s un million et demi de
morts, une loi nouvelle. On lui demande Mirabeau et le
patriotisme humanitaire ; elle n'est capable que de Poin,aré
et du patriotisme anti-germain. Cela changera, mais dans
la mesure où l'Allemagne dira sa volonté de fraternité, sa
foi dans l'esprit nouveau, sa résolution de démocratie. Le
monde entier qui veut la fin de la comagieuse misère, a un
espoir qu'il n'ose pas dire, un espoir attendu depuis des
si des, et sans la réalisation duquel l'Europe sera définiùvementdébile : l'alliance franco-allemande qui est la première
condition des Etats-Unis d'Europe et de la paix du monde.
PŒRRE HAMP

LETTRE SUR LES ORATEURS

i.: 'otre pays, mon ami, traverse une époque troublée •
on le devinerait, si mille tristesses n'en donnaient preU\·;
â toute heure du jour, on le devinerait, dis-je, à l'épanouissement de l'art oratoire. Les pluies d'automne ont
cette vertu de faire, en une nuit, éclore à profusion les
champignons sur un sol qui, la Yeille encore, n'en portait
nulle trace. Pareillement les grands phénomènes politiques
suscitent, d'un jour à l'autre, le miraculeux talent de la
parole : l'Auspasie est malheureuse, l'Auspasie est di,·isée,
l'Auspasie parle ; les tribunes s't'.-rigent à tous les carrefours
et, par légions, les orateurs naissent du pa,·é.
Réunir cent personnes satisfaites et leur faire entendre
un long discours, voilà une entreprise téméraire et qui
semble vouée à l'échec En revanche, qu'il est aisé &lt;le
grouper les foules opprimées, pour leur parler des souffrances qu'elles endurent ! Les peuples heureux, qui n'ont
pas d'histoire, n'ont pas davanraae d'orateurs. Mais l'éloquence fleurit en enfer, n'en doutez pas.
Les Auspasiens sont grands bavards; à cet égard, leur
réputation date de l'antiquité. La parole est si fort en honneur parmi nous que celui qui s'en trouve défavorisé ne
saurait prétendre à aucune influence, eût-il, par ailleurs,
les dons les plus rares et les mérites les plus respectables.
Ici, l'autorité est affaire de langue et de souffle. Les intérêts du pays sont confiés à des assemblées que l'on nomme
parlements, parce que leur unique soin est la parlerie.
En fait, Je pou,·oir est aux mains d'un petit groupe de

19

�LA NOUVELLE REVUE FJI.ANÇAISB

rhéteurs qui ont tous, dans les circonstances graves, fait
montre d'un larynx bien musclé. Il serait surprenant que,
sous un tel régime, les qualités que l'on exige d'un magistrat, d'un prêtre ou d'un médecin ne fussent pas,
d'abord, des qualités vocales. Elles sont tel~es, e? effet, et
qui sait proférer des phrases est tenu quitte d autres talents. A ce compte, devinez comment vont les choses en
Auspasie.
.
Mon ami ce n't:st pas pour lamenter en \'am sur les
'
.,
malheur de mon pays et le règne des avocats que ) entreprends de vous distraire aujourd'hui des ooble_s travaux
de l'agriculture. J'ai pris à tâche ?e vo~s ~~mù_re les
mœurs de mes compatriotes, non den faire l muule satire. Je suis impropre à la critique et si, parfois, je vous
parais capable d'humeur, excusez-moi : il y a là plus de
larmes que de fi 1.
.
Malgré la défiance que j'éprouve à l'égard des réunions,
j'ai été plusieurs fois, cette année, entendre les oratc~rs.
Remarquez-le, bon ami, je choisis mes mots de roaniere
à vous montrer que je n'ai pas choisi mes orateurs. Ceux
que j'ai pu observer se ressemb\aien: cu~eu_sement cnt~e
eux. Eonemi des généralit~ téméraires, Je Juge toutefois
que cette espèce manifeste des cara~t~res assez _constants.
La diversité des individus est prod1g1euse, mais la multitude n'est pa créature humaine, elle présente, dans ~
coutumes dans ses réactions, une con.stance presque minérale. C~mme il n'y a pas cent façons de traiter la foule,
il n'y a que peu de variété dans les méthodes orac~i~es. En
vous entretenant de quelques-uns de ces parleur , J a1 donc
l'impression, en parùe justifiée, de vous présenter toute la

rare.

.

Comme les églises, comme les tribunaux, les réunions
publiques ont une clientèle. La foule q~i les ~ante se
recrute dans une société étroitement c1rconscnce. Au
théltre l'assistance offre le plus souvent du mélange, une
·
la
morne ' confusion des catégories. p resque tou1ours,

IJ!TTllE SUR LES ORATEURS

291

réunion publique est pure; oon pas, entendez bien, que
ses hommes professent les mêmes opinions et se réclament
du même parti, mais en ce sens qu'ils sont tous possédés
de la même passion. Ils ne vi nnent pas là n oisifs et
pour combattre le dés ~uvrcment, mais comme à une
volupté qui se donnerait toutes les apparences d'un devoir.
Ils prennent sur leur repos le temps de ces cérémonies ;
ils s'imposent, pour y participer, des privations et des
soins ; ils font de longs chemins en dépit des intempéries,
désertent leur foyer, découragent l'amour, essuient des
vexations, souffrent mille incommodités et, ùl faut donner
de l'argent, en donnent.
Ils s'entassent à l'intérieur d'édifices qui n'ont le plus
souvent d'autre agrément que leur grande capacité. Le
confort amollit les passions : il n'a que faire en ces lieux.
Les hommes se pressent sur des bancs gros.siers, s'accroupis.sent sur des gradins ; certains se tiennent debout, les
uns contre les autres, serrés c-0mme les épis d'une gerbe.
Si la place fait défaut, ils s'accrochent aux. boiseries, se
hissent jusqu'aux saillies des murailles ; ils s'installent sur
les corniches et laissent pendre leurs jambes dans le vide.
Plus on est tassé, mieux cela. vaut : la buée des haleines
se condense sur les murailles et ruisselle ; la chaleur circule activement d'un corps à l'autre et les opinions, dans
cette serre moite, de,·iennent turgescentes, comme un fruit
pres d'éclater.
Qu'attend donc ce peuple impatient ? Quel spectacle
rare et curieux lui promet-on ? Va-t-on, comme au cirque, voir paraître les clowns bigarrés, les animaux féroces
et savants, les boxeurs à l'art sauvage, la troupe des danseuses deini-nues, les monstres qui excitent le ricanement
ct la compassion, les acrobates ingénieux et terribles ?
Point. Ce qui va se passer est bien plus enivrant, bien
pl~ angoissant, bien plus délicieux que tout cela : un
homme va parler à des hommes.
L'assemblée escompte son plaisir. Ceux qui connaissent

�LETTRE SUR LES ORATEURS

292

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

l'orateur discutent ses mérites, le décrivent, l: miment et
donnent un avant-goût de sa manière. Us d1scour~nt en
connaisseurs, appréciant la voi.~, le geste, le débit.. Ils
rappell!!nt ses succès précédents, comroenten~. ses t~utauves
et ses échecs. Ils évoquent les émotions qu 1ls d01\;ent au
tribun, les jours où, grâce à lui, ils connurent l extase,
l'assouvissement. Ils en parlent comme les femmes font
d'un ténor.
Quoi qu'ils affirment, ils ne viennent pas là pou~ ~pprendre quelque chose. Depuis longtemps, la conVI~t1on
est enchaînée dans leur cœur. Si d'aventure elle d?1t se
trouver ébranlée tout à l'heure, ce ne sera pas sous l effo~
de la raison, mais à cause d'un geste impér~em.,, d'un c~i
opportun. Ce qu'ils savent, ce qu'ils sentent, ils_ l ont _appris
et compris ailleurs. lis ne veulent pas être m~tru1ts, c_e
soir, mais étreints. Ils ne sont pas ici pour t:ava11ler, mais
our jouir. La science ? Il y en a dans les hvre~ et peut~tre des bribes dans les journaux ; ce que l'on v1:nt chercher ici, c'est cette voiic chantante, bondissante, agile, mâle,
qui s'introduit en nous comme une cares~e un. peu bru~
tale qui nous exalte et nous grise, nous disant 1ustemen
ce ~ue nous voulons nous entendre dire, ce que nous attendons ce que nous connaissons.
' alors que paraît l'orateur. Des m1ïl',~rs d'ye ux. se
C'est
fixent sur lui avec avidité. Une bourrasque d applaudis~
ments l'enveloppe, le fouaille. On attend beaucoup del~/
on attend tout. Il faut qu'il se dépasse, qu'il nous posse1~
ces premiers bravos Ill
Plus totalement que jamais. Que
.
.
d e une me·
soient un encouragement, roa1s auss1 un or r '
nace.
Silence ! Silence ! Il va parler ; il parle.

Vous croyez peut-être, mon aro1,· que l'orateur est un
·
• devant
homme chargé de preuves, un homme qui parait

2 93

le public en brandissant un pesant portefeuille. Détrompez-vous. Qui a réglé d'avance son discours, qui sait
d'avance ce qu'il dira n'est point orateur. Un fâcheux, un
pédant, peut-être. Cet auditoire ne ressemble guère à une
classe d'écoliers. Qu'un pédagogue dispense aux moineaux
la becquée, belle affaire ! Il n'est pas question de nourriture, ici, mais d'enthousiasme, d'amour, de possession.
Qui peut prévoir ce qu'il improvisera au déduit? L'invention du mâle ne saurait compter sans les fantaisies de la
femelle. Ici, la femelle est légion.
Le véritable orateur sait parfois ce qu'il ,·oudrait dire, il
ne sait jamais ce qu'il dira.
Celui que j'entendis hier et que je voudrais vous peindre est un petit homme replet dont la mine n'explique
aucunement le prestige. li a vu le jour dans l'Auspasie
méridionale, riche en rhéteurs : cela n'est pas sans assurer
à son débit un charme pittoresque, de l'accent, de la chaleur, de l'emphase.
Les succès oratoires lui valent une grande fortune
politique. Il est chargé de tant de soins qu'il serait vraiment en peine d'en supporter seul le poids ; il attelle à son
char plusieurs tâcherons que nous appelons ici des secrétaires, par désir qu'ils se montrent secrets sur la qualité
des services qu'ils rendent à leur maître. En fait, ils s'occupent activement à penser pour le grand homme : il n'a
pas trop de toutes ses forces pour proférer ses discours.
Pareils aux mouches industrieuses qui quêtent le nectar
de toute une prairie, les secrétaires de Barbadou usent
leurs jours à butiner de par le monde des hommes.
Lui, comme le bourdon, mange, parade et fait son
bruit.
Il est très recherché : pas de vraie fête sans lui. Il se
dépense courageusemeni:. Il va de tribune en tribune. Il
n'a plus, pour méditer, que le temps qu'il passe en fiacre.
Encore lui faut-il, pendant ses minutes de recueillement,
.souffrir l'éloge des fâcheux.

�1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
2 94

Il soigne sa voix, choisit ses boissons, invoque à to?t
propos ses médecins, gémit sur son goût du tabac et traite
sa gorge comme une châsse.
.
Parlera-t-il au1· ourd'hui ? Enfreindra-Ml les décrets de
'V . ''\
la Faculté ? Risquera-t-il sa santé, son organe . ra~, s ~
ne s'agissait de la eau e ... Mais il connaî~ son devo'.r: il
parlera. Il est sensible aux égards, access1bl~ aux pr~ères,
respectueux de la nécessité, touché d'une s1m~le p01~ée
de main. Soit ! Soit ! Il parlera. Il saura se sacrifier. Qu on
ne le remercie point.
Barbadou monte à la tribune. Les applaudissements de
la multitude crépitent sur son âme comme sur la peau
d'une timbale. Il en éprouve une étrange vo\upté: quelque
chose en lui se gonfle, se tend, se ~re~se. . .
,
Le voilà en chaire. D'un coup d œ1l furuf, 11 a mesure
l'espace offert aux évolutions de son ~o?s. ~•un autre
conp d'œil, celui-ci large, pesant, a~toncaire, ü em~rasse
le champ de bataille. Un général qui compte les bamllons
dans la plaine ? Non : un matelot qui, de la grande vergue,
interroge l'horizon marin.
.
Une mer en vérité! Une mer grondante de passions.
,
b'
Une mer, avec ses bas-fonds, ses brisants, ses~ m~es, ~
houasses et ses fureurs. 11 la regarde sans trop d amoété : il
n'en est pas à sa première traversée.
,
Les derniers bravos hésitent, puis meurent. Un silence
frissonnant s'étale. Barb:tdou le laisse durer, c_om_me
l'homme qui veut irriter l'amour avant que de le sausfau:·
Enfin, quand il sent l'attention tendue à l'extrême, il
fonce, il pénètre ... C'est lent et fort. Un peu so~rd, son
premier coup de gosier fait songer à un_ coup de rems. .
L'assemblée frémit. Toutes les halemes, retenues pen
dant le grand silence, s'échappent des poitrines avec un

•

petit tale voluptueux.
.
,
Barbadou parle debout: c'est un véritable orateur. 1~ ny
a que les professeurs, les magisters, les petits bourg~1~
la parole pour confier à une chaise leurs fesses faugu

LETTRE SUR LES ORATEURS

295

Qu'on y prenne garde : l'i:loquence n'est pas un m~tier,
mais une passion.
Et Barbadou parle. Il parle avec sa bouche, avec sa
barbe, avec ses bras courts et robustes, avec son torse haletant, avec ses orteils convulsés dans les brodequins.
Les mots étaient épars dans l'air, comme des milliers de
génies invisibles. Troupeau sans maître, les mots semblaient à jamais dispersés dans l'infini. Barbadou a fait un
geste de la main et les mots sont venus se ranger dans sa
poitrine; ils sortent en bon ordre par la gorge musclée ; ils
obéissent tout à coup, comme des conscrits à l'exercice.
Barbadou a l'air d'un dompteur de bruits.
L'assemblée est heureuse. Elle suit la courbe des phrases
comme une musique. Vous le savez, mon ami, il n'y a pas
trente-six façons de faire de la musique, il y en a deux:
on joue fort et on joue doucement. Quand on a enflé les
sons, il n'y a plus qu'à les éteindre et, quand on les a
suffisamment assourdis, il reste à les enfler. Barbadou
n'ignore pas cette règle. Tantôt il \'oile l'éclat de sa parole;
ce n'est plus qu'une caresse sournoise, énervante ; alors
toutes les bouches s'entr'ouvrent et s'emplissent de salive.
Tantôt il lâche de généreux rugissements; aussitôt, dans
toute l'assemblée, les mains se ferment, les mâchoires
grincent, les sourcils se tordent.
Parfois Barbadou ménage un bref repos, soit qu'il laisse
la _foule perchée au sommet d'une gamme vertigineuse,
soit qu'il la dépose mollement au pied d'une période en
pente douce. L'auditoire ne se fait pas prier; il connaît
son devoir : il applaudit. C'est la réplique, c'est sa façon
de rendre le baiser, de remercier, d'exciter le mâle.
Alors Barbadou repart en hennissant. Il a posé devant
!ui une montre qu'il regarde souvent, qu'il ne verra
Jamais. Le temps n'a point affaire ici. Barbadou ira jusqu'à
l'anéantissement. Ça durera ce que ça doit durer.
Il parle. Et que dit-il ? Ah ! mon ami, ne m'en demanez pas trop. Vous avez accoutumé de chercher les mots

�LA NOOYELLE REYUE FR.-\NÇAISB

dans des livres ; vous entendez que ces mots aient une
place, un sens, un destin. Vous êtes plein d'exigcnc~. Vous
ne sa\•ez rien de l'art oratoire. Restez dans votre sohtude et
ne troublez pas notre plaisir.
Vous qui, dix nuits de suite, avez gémi sur uni! ligne de
Spinoza sans toucher au terme de votre méditatio_n, vous
qui, depuis l'adolescence, murmurez, chaque 1our, le
même vers de Ronsard, vous ne pourriez que troubler
notre joie sans la partager. Vous êtes l'homme des amours
languissantes. Ici, ce n'est qu'assaut, frénésie, râle, pante\lement.
Des deux mains, l'bomme a saisi, comme un bastingage, la balustrade de la tribune. Il l'étreint, l'ébranle, la
frappe. 11 rampe d'une extrémité à l'autre. Un fauve ~n
cage. Va-t-il bondir, sauter, plonger dans cet o~é:m hu~m~
qui ondule à ses pieds ? Non pas! Soudam ~a!rne, 1~
lâche prise et recule. Il se tient droit, dans un équ1hbre qui
semble prodigieux. Il tourne sur lui-même, lève les bras,
prend à témoin les murailles, la charpente d_u faîte, les
globes lumineux d'où tombe la clarté. Puis les br:is
s'abattent les mains saisissent le bastingage et l'étreignent
de nouv:au comme pour parer à un coup de roulis. Le
bois résiste en grinçant : il est fait à ces rudes caresses.
Dix ans d'éloquence l'ont imprégné d'une crasse vénérable.
Et Barbadou parle to:.ijours. Que s'il avait formé d~
résolutions, elles sont loin . L'éloquence est nourne
d'imprévu; elle se rit des programmes. L'esprit souffle ou
il veut et bien parler n'est point parler comme l'on pense.
D'ailleurs Barbadou ne pense pas : il parle. C'est périlleuse

.

besogne.
.
, d··
Voici qu'un peu d'inattention se manifeste dans l au 1
toire ... Barbadou sent une petite sueur d'angoisse sourdre
à ses tempes. Il a fait fausse route, mais rien n'est perdu;
il est encore temps, pour l'habile nautonier, de rejeter la
· au no rd, un
nef en pleine eau. Cette phrase qui_· partait
coup de barre énergique va la tourner de bout en bout et

LETTRE SUR LES ORATEURS

2 97

la renvoyer vers le sud. Cette affirmation longuement préparée va, par une adroite et soudaine combinaison des syllabes, s'épanouir en négation. C'est le miracle de la parole
qu'elle soit à ce point indépendante de l'esprit. Une seule
chose, maintenant, importe : le succès. Que Barbadou
triomphe et 1a cause est sauvée, puisque Barbadou est
d'abord l'homme de la cause! Barbadou est aussi l'homme
de tous les sacrifices : il saura sacrifier ses idées à son
succès puisque de son succès dépend la grandeur de ses
idées.
Par de petits gloussements d'aise, l'assistance manifeste
son approbation; la \'Oici regagnée au jeu. Et Barbadou
frappe de grands coups : il fait donner les mots magiques,
une série de mots acérés comme des banderilles et que
l'orateur adroit plante audacieusement dans le cuir de la
bête.
Les mots magiques ne sont pas éternels. Leur fortune se
décide un jour et dure une saison. Ce sont parfois
d'humbles mots que les événements ont tirés de la roture;
parfois ce sont des noms propres chargés de haine, gonflés
d'amour; parfois des mots savants que personne ne comprend tout à fait mais qu'on reconnaît comme des signes,
comme des drapeaux.
L'orateur remplit une grande phrase de mots morts,
rien que de l'étoupe, rien que de la bourre; puis, pour
finir, il fait fuser un mot magique et toute la phrase éclate
comme une mine.
Chaque fois que paraît un mot magique, l'assemblée
s'ébroue, l'assemblée rue. Elle applaudit, elle hurle, elle
jouit. Barbadou connaît les endroits sensibles; il y appuie,
il y revient sans pudeur.
Maintenant, la partie est gagnée, il le sent, il le sait ; il
peut songer un peu à son propre plaisir. Il va le faire
durer, soyez sûr. Chacun son tour. Des mots, du bruit,
du bruit! Et Barbadou parle, parle, jusqu'à ce que, 11.1isselant de sueur, exténué, étourdi, titubant, il descende de la

�LA

OU\'EI.LB REYUE f'RA ÇAJSE

tribune en serrant toutes les mains, même celles qu'on ne
lui tend pas.

•••

L'éloquence est un plat qui se mange chaud. Il parait,
excellent ami, que la postérité fait le plus souvent bon
marché des produits de l'art oratoire. De quoi les parleurs n'onc nul souci, car ils ne travaillent pas à crédit.
Comme les comédiens, ils reçoivent comptant leur pan de
gloire. A quoi bon tirer des traites sur l'avenir? Plutôt ce
feu de joie ! Plutôt ce délire ! Toute l'éternité pour cette
seule minute ! Ainsi pensent les aventureux et les impatients.
L'auteur des Caractlres a fort justem nt écrit : u I.e
métier de la parole res .. emële en une chose à celui de la
guerre : il y a plus de risque qu'ailleurs, mais la fortune y
est plus rapide. &gt;&gt; Eh quoi ! consumer le meilleur de ses
jours dans une solitude laborieu5'! pour briguer les suffrages d'une poignée de rêveurs dont la plupart demeurent à
naître! Fi donc ! • fieux vaut ·ouer tout notre patrimoine
d'un seul coup et sur une seule carte. Mieux vaut jouer.
Il y a toujours dans la parole une part de jeu.
Si le jury qui pourvoit les échafauds recevait par écrit
plaidoiries et réquisitoires, il se tromperait moins souvent,
moins griè\·emeot. Mais il faut jouer.
Si les assemblées qui font la loi et votent la guerre se
défiaient de la rhétorique et du bavardage, il y auraic plus
de sagesse dans la conduite des nation . fais il faut jouer.
Si les peuples qui cherchent à tâcons Jeur bonheur
renonçaient à l'ivri:sse des mots, plus redoutable que celle
du vin ... Mais il faut jouer, vous dis-je ! Il faut jouer.
Joueur celui qui ne sait où le caprice d'une période le
peut conduire et qui ne s'en lance pas moins d'un cœur
léger dans l'aventure.
Joueur celui qui confie sa raison, comme une nacelle de
papier, aux mouvements, aux orages de la multitude.

LETrllE SUR LES ORATEURS

2 99

Il faut jouer et plus fort est l'enjeu, plus aiguë sera la
volupté. J~. doute q~•u~ véritable amateur d'éloquence
tro_u~e pla1s1r au géme d un maître bavard s'il doit en jouir
sohra1rement. Hypothèse absurde, d'ailleurs, car quel
orat&lt;:ur donnera sa mesure à moins d'un auditoire nombreux. L'orateur fait l'auditoire, mais l'auditoire le lui
rend bien.
On dit que d'illustres tribuns ont recherché et obtenu la
faveur de la postérité en faisant métier d'écrfrain et en
co~posant mot pour mot leurs plus belles pièces. Voilà
qui. est proprement tricher. Que diable, il .y a des rèales
à
::,
ce 1cu.
J'ai connu maints jeunes hommes pourvus d'un larynx
vigoureux, d'un léger talent et d'une ambition magnifique.
Presque tous ont demandé à la tribune des lauriers que
tr~nte ans d~ labeur opiniâtre ne leur eussent peut-être
pomt procures.
Leur en ferai-je grief? A Dieu ne plaise ! Par des chemins secrets et tortuell.""&lt; la tristesse; je le sens, me ramcne
à la tolérance.
Allons! il faut des oratrurs, comme il parait quïl faut
un coup de rhum avant l'action violence. Vous le savez,
durant la dernière guerre, les malheureux qu'on envoyait
à l'assaut recevait une forte ration d'eau-de-vie, car Jupiter
Rod fous ceu qu'il veut perdre. Vertu des poisons! Il
&amp;ut des mots, beaucoup de mots, pour que l'homme
renonce à son libre arbitre à la souveraineté de son juge-

ment.
Mon ami, je fais amende honorable et m'interdis dorénavant, notez-le, toute vaine récrimination. Je renonce à
imaginer que l'humanité pourrait être autre que nous la
voyons. Je m'engage à respecter les obscurs desseins de la
nature, à honorer l'orage, l'avalanche, les sautereUes et
ro~teur. Toures choses sont à leur place dans ce monde
m1sérable, même le pathétique désir d'un monde meilleur.
GBOR.GES DUHAMEL

�LA GARDE-MALADE

301

La paysanne, empaquetée dan:. un caraco noir et dans
un tablier bleu, se cenait un peu déjetée, ses doigts croisés
sur Je ,·entre. Un mouchoir à carreaux:, jaune et violet,
serrait ses cheveux gris. Et là-dessous, la peau brûlée ec
couleur de brique e collait sur des os saillant si fort que
yeux, la bouche, ea étaient tout rétrécis, er que le nez
paraissait tranchant entre les sourcils et les lèvres parallèles.
Po11r Gtorgtltt.

La parisienne portaic l'uniforme de la petite bourgeoisie
où elle gravitait péniblement : une robe brune ajustée, un

- Alors, demanda l:i jeune femme avec humeur, il ne
,·eut pas ail r à l'hôpital ?
.
..
. - Je voulons point non plus qu'il y aille, dit la v1e11le.
.· . 1ui,. assis dans son lit sous l'énorme
Le \:teux,
d édredon
.
.
1
.
·c
regardant
à
peine
cette
bru
ont
t 1 rcnt·
rouge, se t::nsa.i , ,
•
.
.
.
d
.fiait le parfum avec ennui. Trots oreillers lut .calaient e os,
c:1.r il étaie cruellement voûté et_ ne pouv:1.1t plus se coucher que sur le flanc. Entre les n~eaux bleus à fleurs, on
voyait mal son ,·isage jaune, _se tram longs, son grand nez,
ses !èvrec; molles qui tremblaient.
.
.
Au pied du lit, son fils affaissé sur une cha1~e &lt;le pa1ll~
ff: ·c silencieusement. L1 déchéance de I ancêtre hu
sou ra1
. .
te coura
.
t0urmema1·cl, le cœur .· à peine s'il reconna1ss.11t cet ·d
euse figure autrefois penchée sur s.1 jeunesse, ce~ n c~ cr:~ées à la charrue, cette dureté paysanne ~ù ne d1spara1ssaic
as la noblesse humaine ... Surtout la vame querelle de sa
femme et de sa bell -mère l'offensait : il eût \Oulu les preo·
dre, coures les deux, par les épaules, e~ les pousser dehors.
Seul alors avec son père, il crou,·emt les phrases nécessaires.
Cependant, faible, il ne disait rien.
rire
Les deux femmes se défiaieoc du regard et du sou .
Dans leur attitude déjà et dans leur costume, leurs de111
vies combattai nr.

corsage où pendait une montre &lt;l'or, un chapeau de plumes noires. Ses mains soignées jouaient avec uo manchon inutile. Et sous ses cheveux roussis, son visage attentivement pâli, attentivement déridé, surprenait par un
agrément convenu qui n'exprimait rien.
Autour d'elles, les meubles suyeux et fatigués, la petite
table, le petit poêle, une grosse marmite de fonte accrochée
à la crémaillère ; la mé sur laquelle reposait de la vaisselle
à laver; un autre lie; des claies à fromage au plafond, des
ustensiles de cuisine derrière la porte ;' er, peigné par les
barreaux de la claire-voie fermant à demi la baie, un soleil
d'hiver couché tristement sur le carrelage. 1
Les femmes discutaient, k poêle mangeait son bois avec
des grognements joyeux, on entendait parfois la vache
mugir. Le père et le fils se considéraient ; puis le vieillard
grommela:

- Je voulons mourir ici, mais le plus tôt sera le mieux.
Le fils ne dit rien, la bru protesta.
- Ah, quelle horreur ! comment peut-on penser des
choses pareilles quand on a des enfants qui vous aiment !
EUc avait en effet des beau. -frères et des belles-sœurs ;
mais se détestant cous, ils ne faisaient jamais leur visite
ensemble au père.
- Bien, poursuivait la jeune femme, il restera ici.
L'hôpital est plus confortable ; mais quoi, nous respecterons vos caprices !

�LA NOUVELLE REYUE FllANÇAISB
2

3°

·11
Le v .1e1·11ar d soup1·ra, puis· • faisant ébouler
• les oret
•é ers,
il se tourna du cÔté du mur · Sa bru repnt sans s mouvoir:
l ·?V
- Mai qui est-ce qui prendra soin d u1 . ous tra:
vaillez aux champs, vous allez en journée, qui est-ce qu1
le lévcra, le la\·cra, l'arrangera t
_
ini ! cria la paysanne.
b
Des sabots trottcreot dehors et une fillette enrrda. Ro uste
. .
plus que ses ouze ans.
et hâlée, elle paraiss:ut un peu
fié d'un sang
Fi re ronde, 1 vres bi n ourlées et gon e~
bon
gu
.
.
troussé
.
le
cout
éclairé
du
sombre gat p ut nez re
.
é
,
serr sur
feu de deu
yeux 001'sette · Un tablier à carreaux,
•
d vieilles cottes, 1ut. don nait une grâce bizarre et tauchante.
, t Eugénie qui s'occu- Quoi I s'exclama la dame, ces
pcra de son grand-p re 1
.
s'ai- Oh, dit l'enfant d'une voi.· n~tt~, il peut encore
d ·1 'y a qu'à le conduire, je ferai bien ça 1_
cr, 1 n
. sa femme
1 .ount
L'l arand-mère sourit, le fis
aussi '
bégay~t indignée et embarrasE.éefi. ·1 a des choses que
- Mais les convenances I n n l y
r.
c peuvent pas faire !
l
es emants n
E . . l'é outait avec surElle co dit bien davantage. ugente c . . l dame
.
d ar hasard, en se lamentant amsi, a .
~:1sia~: tua;g:rdait, elle détournait les yeux, examm:~~
les souliers fins et décousus de sa tante avec une moqu
sournoise.

II
Les visiteurs firent ce trouble et repartirent : c'était tou).ours ainsi.
·
· é le bourg
Au Ion de l'année, depuis qu'ils avaie~~ qmtt.
fête
natal le !nfants d'Étienne Harry le vena~e:
en fê~e. Au carnaval ~riva~en_t les deux ain , c .:iix-ne~
et dont on disait qu'ils faisaient les quarre-cent

v~;\;:ires

LA GARDE·M..U.ADE

coups: l'un employé de chemin de fer et l'autre voiturier.
Ils traitaient leur pèr et leur bel! mère avec une cordialité
brutale. La plus jeune des filles, mariée à un mécanicien
nonu:md, apportait à Pàqu s des cho es de la mer. Son
Etieno tte une petite bossue int lli nte, méchante, jolie,
tourmentait Eugénie jusqu'aux larmes. A la Pentecote
apparaissai• l'autre fille, femme d'un épicier dont ell a\" it
été la bonne : elle distribuait des friandises et laissait pour
quatre jour dtux garçonnets uo p u niais. L pr mier fils
du second lit, un profe. seur, accourait en septembre, tant6t du nord, raotôr du midi, trainant une famille diaboliqu . A 'oël enfin, ce Benjamin, qui avait tué sa mère
pour naitre, et qui végétait dan le plus bas journalisme,
muet, trist , humilié par sa pauvn:té et par l'élég,.nce mensongère de sa femme.
Ils é,·itaient de se trouYer ensemble : les héritier de la
mone jalousaient par: cupidi é les htritiers de la vivame;
tandis que les intellecmeb, les ouniers et les commerçants se méprisaient les uns les autres. Par politesse, par
habitude, ils prenaient aio i des vues de la déchéance de
leur p re ; puis il:s l'oubli:iienr. D'ailleurs, aucun d'eux
n'eût su vraiment l'aider : ils luttaient comme ils pouvaient contre des patrons, contre des clients, contre des
enfants ; et la ,ic les abimait un peu plus d"année en
année. Le vieux les accueillait en ilcnce : il embrassait ses
filles et ses brus, serrait la main de ses fils et de ses gendres, caressait avec des préférences variables l s tout-petitS.
Leur mésintelligence ne l'étonnait pas. Il avait haï a
sœur et ses frères aussi tant qu'il:. avaient vécu. Au fond,
il était orgueillell% et humilié : orgueilleux d'a\'Oir si 1'Jin
ttpandu son sang autour du pauvre village où il était né,
d'ou il n'étaie pas sorti ; humilié que, s'acharnant toutes
et tous à ces conquêtes extéri ures, nul de ses 61s, nulle de
ses fiUes n'eût voulu demeurer avec lui pour continuer la
race au lieu où elle s'était faite.
Le père d'Eugénie, dernier enfant du second mariage, y

�304

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

avait travaillé dans la ferme même, six ou sept ans. Laboureur, il s'entendait à tout ouvrage et peinait comme un
galérien. U oe pleurésie le tua à trente ans, sa femme
traîna six mois après lui, l'enfant resta seule._ Ses grandsparents l'aimaient ; ils refusèrent au ~u.ré, q~ le leur proposa, de la mettre aux mains des rehg1euses a Orléans, et
ils la gardèrent avec eux.
·
Eux vieillissaient, elle devenait jeune, ils vivaient de
concert une difficile et triste vie.

III
A l'aube, en hiver, on levait l'homme. C'était la c~arge
de sa femme. Elle le découvrait, le tirait des draps, lm pas·
sait son pantalon, l'asseyait sur une c~aise auprès ?u po1êle.
Le reste regardait Eugénie : elle avait sauté du ht qu e~le
occupait dans l'autre chambre, et vite vêtue, ~lie accourait:
Elle chaussait son grand-père avec des précauuo~s tendres.'
ayant remarqué que le contact de ses mains. froides le fai.
sait frissonner, elle les mettait tiédir, une mmute, au four
du petit poêle, et leur caresse ensuite lui était douce.
· ; mais
· sans sa bonne
li conservait son gilet pour dormir
veste de velours, il se trouvait nu. Or sa tête, à cause ~e la
courbure de son dos, n'était guère qu'à q~inze ~u v1~
centimètres de ses genoux ; ses bras pendaient tnste~en
au long de ses mollets: et s'il pouvait les re~resser, il~
réussissait presque plus à lever la face. Eugéme harn~c~
pourtant vite le pauvre homme. Ramenant toute ~to
sur le wl, elle présentait les deux manches. Le . v1e1\~
offrait ses poings : les manches glissaient. Les porngs
sortis, il était facile de déplier le vêtement et de serrer un

!

bouton sous la poitrine inclinée.
.
.
.
Après quoi, la petite lle se r~cula1t en sounant, reg2I
dant son grand-père et l embrassait.
.
Un jour, il grogna en lui voyant ce sounre.

f

1A GARDE-MALADE

Tu fais ton apprentissage, Nini ?
ne pe~sa_it qu'à une seule chose : au jour prochain,
qu 1! souha1ta1t à la fois et qui l'épouvantait, au Jour où il
ser~lt é:endu sous_ces douces mains drapant le dernier drap.
Mais eut-elle de\,né ce dégolit amer de la vie, enfant que
cette épreuve étrange mûrissait, elle l'eût caché soigneusement à l'homme humilié, elle n'aurait pas répondu autrement qu'elle répondit :
- Oui, pour quand j'aurai un petit gars !
~ette _r~role instinctive émut le cœur du malheureux ; il
~n1ra 1 101 sur ses genoux, et la baisa au hasard sur les
Joues, sur les yeux, ce qui ne lui arrivait jamais tant il était
habitué à elle.
Tout de même, l'amertume revint bien vite en lui la
source étant inépuisable:Il dit entre ses lèvres molles:'
-. Pou_rtant, quelle chose c'est-il que la vie ? ]'ans
travaillé, i'ons élevé sept gosses, j'ons vu la guerre et rue
~~oomme~!
'
La petite fille l'écoutait et le comprenait. Elle dit d'un
~ul sourire ce qu'un homme eût mis longtemps à
mveuter :
- Puisque t'as encore une petite boelle, c'est-il pas
assez !
Elle parlait français aux parisiens et gâcinais à son grandpère. Il ne se plaignit plus ; mais comment jamais se ftît-il
résigné?
L'habillage terminé, l'enfant lavait l'homme. Elle mouillait une serviette dans l'eau tiède et la lui passait délicatement sur le front, sur les joues, la nuque et le cou. Puis
elle frottait un peu plus fort les mains et les poignets parcourus de cordes grises et bleues. La grand'mère, se réserv~nt la toilette du dimanche, déclarait ces deux opérations
bien suffisantes.
~nsuite, tous trois prenaient leur repas. Jusqu'à son
é~u1Sement, le vieillard s'était toujours contenté de pain
bis et de fromage; mais depuis qu'il ne pouvait plus
-

!!

20

�306

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pétrir, ni enfourner ni défourner, et qu'il s'était dégoûté,
au bout d'un mois, d'imposer ce travail éreintant à sa
femme, il se résignait .m café et au pain blanc. L'enfant
lui trempait une soupe dans son bol: il pêchait la croûte et
la mie spongieuses; puis, avec lènteur, et serrant les
lèvres, il arrivait à manger presque proprement.
La grantl'mère souriait, elle baissait les paupières sur un
peu d'eau qui ne coulait pas de ses yeux. Ils ne se sentaient pas seuls. Quelqu'un, une Pensée, une Force,
accompagnait continuellement le vieillard. A le regarder,
ou comprenait bien qu'on voyait un être déjà différent de
l'homme.
Puis la vieille femme s'en allait. Elle avait pensé d'abord
vendre les champs de son mari ; mais les héritiers de deux
lits s'y étant opposés, elle occupait dessus des ouvriers
qu'elle surveiHait et qu'elle aidait, aussi dure et sèche
qu'eux-même . Par les gros temps, elle cousait ou lessivait
au bourg.

.
.
S'il faisait beau, Eugénie ins~llait son graod·1ère sur le
barJC qui vacillait soutenu par quatre bâtons a~près
de la porte. Elle balayait le carrelage, elles essuyait les
meubles.
S'il ventait ou s'il pleuvait, ils demeuraient à se chauffer
dans la pcussière et la fumée. Ils e parlaient pre~que pas.
C'était la plus mau\7aise heur . Le coucou sonnait quand
i le jugeait nécessaire. C'était une occupation que _d'o~ver le lono- du mur mal peint, la descente des pois rOUtlleu~ et de0 leur ombre. La pluie trempait la mousse des
t';ïiles comme une éponge; des gouttes qui tomb~ient p&amp;T
la cheminée formaient, sous le pot de la crém:llllère, de
grosses boulettes de cenôre. Les r.ifale , derrière la grange,
brutalisaient les vieux: pommiers. De temps en temps, Ja
vache mugissait ou donnait un coup de pied au mur: ~
fumier, la suie, la terre, l'herbe enveloppaient la ma~
dans leurs odeurs comme dans un brouilbrd successivement aigre et fade.

LA GARDE-MALADE

Parfois, Eugénie atteignait, dans. le coin de la fenêtre ,
quelque journal, - rindipendant du Gdlinais, traînant là &lt;lu
dernier dimanche; un Petit 'Parisien sans date, toujours
nouveau, toujours oublié ; u quelque livre, - un
vieil almanach cubique à couverture rouge, où la liste des
foires alternait avec des littératures bêtasses ; un ancien
bouquin d'école, Tour de Frana ou Pages choisies des Classiq11es; l'un des deux prix qu'elle avait obtenus autrefois,
où il était question, en langage si\)yllin, de la grande Révolution et de la Télégraphie sans fil ; - et elle lisait tout
haut, tristement.
Elle ne s'intéressait pas au journal, il ne s'intéressait pas
au livre. Pourtant ils subissaient tous deux la 1 cture,
comme si, à cause de ce bruit, ils avaient espéré ne plus
entendre la troisième pensée travailler dans le silence.
Midi arrivait. Tantôt la grand'mère revenait pour le
déjeuner; tantôt elle chargeait la petite fille de ce soin
&amp;cile. Eugénie préparait deux œufs, choisissait un fromage, des noix, tirait un peu de piquette violette. Au
début, l'homme s'irritait souvent.
L 1om de Guieu l Encore manger ! Et ça me sert-il à
autre chose qu'à chier ?
Il regardait ses poignets tordus, ses mains tendineuses,
dont les os crevaient le parchemin ocreux et fripé. Élevant
sa tête de côté avec un effort de bœuf sous le joug, il écoutait l'enfant, à 1imitation de sa femme, lui reprocher ses
gros mots.
- Qu'est-ce qu'il faut dire, alors? demandait-il.
- Il ne faut rien dire, répondait-elle.
Il mâchait bien de ses dents indéracinables, et, salivant
un peu des coins de la bouche, il avalait avec honte.
- Ah, gronda-t-il un joUJ, si je m'étions seulement
pendu dans le guernier ! A quoi que je sons bon, à présent ? Dis, .1 ini, t'aimerais pas mieux que je sois mort!
Elle dét0urna la tête, elle répliqua d'une voix. toute

faible :

�30S

LA •·ouvELLE RE\'UE FRA. "ÇAISE

..

;'.)

_ Et moi, à quoi que je servirais • .
., .
Question qui le fit rire de son ab. .:ur nre mou, pms qui
le fit taire.
Il ruminait ensuite, \'aguement ensommeillé, _Pen?ant
une heure morose. Ensuite, un signe _à la peme _till~:
elle se levait du banc où elle frottait sa~s bruir, es
assiettes et, prenant son grand'père par la mam, elle I emmenait.
1 f ·
·
Il fallait passer le chemin ferré, contourner_ e um1er qui
s'amoncelait entre quarre ruisseaux de purin: ~gner a~
coin de la grange une cahute de planches ou Ion avait
creusé un trou rond à même la terre.
.
L'enfant aidait le vieillard comme un_e no~rnc: son
.
Elle lui tirait son vètement,
nourrisson.
. il1 pauenta1t
·
· sur
d
.
b
"des
Parfois
s'il
se
renait
ma
et
nsquan
e
ses 1am es ro1 .
'
d
tom ber ou de se salir, Eugénie disait avec trn resse
:
1
- Plus à droite, grand'père ... avance un peu:.
. .
Il obéissait. La nécessité les conduisait, la pm~ ve1lla1t
sur eu., "ils ne se trouvaient pas. abandonnés. - L enfant le
rajustait ils revenaient à la maison.
elon,le temps ils rentraient d:tns la chambre om_bre _elt
· ; ~u bien I s
tuaient les heures' une à une comme le matm
restaient dehors, sur le banc, a contempl~r a_u loin la te:~;
· de la Rivière
blanc et miroitant, partag
Le chemm
. ' .
,
.
teaux
la vue. A gauche et à droite, Jusqu aux haies, aux. po_ le
et am rails de la voie ferrée, le paysage se com~sai:.:~m~es
et bariolé avec des pièces verres ou brunes. Dun 1.b ' •
bâtiments rouges de la gare, de l'autre ~n. h~meau ~~
"t dans un fond entre des arbres le hm1ta1ent. Qu_
d
orma1
•
t ut nous
ues noyer ' un chêne, des poiriers se ten:u_ent o
Jans les champs. Au long du chemin, réguhcreme?t ~:
cés des tas de cailloux ressemblaient pour Eugéme Jal , .
'
n}
maisonnettes
et pour son grand' père a· des tombes
, . . ment
avait pas d'autre mouvement en tout cela que I é~o1~1;:e des
du soleil vers la droite et le rapprochement ,me
ombres.

LA G.\ROE•.\IALADE

Au del:\ du passage à niveau, la terre montait doucement, avec la souplesse vivante des plaines, jusqu'à toucher
le ciel à la hauteur des yeux. · La différence des cultures y
traçait des lignes fermes comme celles d'un monument.
Un petit cortège d'arbres, çà et là, s'ordonnait sur une
crête. Et tout au loin, deux faibles plateaux mauves, interrompus par de beaux peupliers droits qui suivaient la
rivière, comme une ceinture avec sa boucle changeaore,
serraient la raille du monde.
Cette vue enchantait Eugénie. Elle la goûtait, elle la
respirait, elle s'y promenait seule en songe, libre pour le
travail ou pour le jeu. Elle en revenait plus douce pour le
vieillard qui n'en foulerait plus jamais le sol gras et dru,
ni l'herbe et le blé.
Lui n'y voyait que bien peu avec ses yeux presque
éteints : mais aux bruits et aux odeurs, il reconnaissait la
vie éternelle. Des paysans traînaient sur la route une charrue, une herse ou un rouleau : chaque caillou, chaque
pointe de fer, chaque fibre de bois parlaient alors. Il répondait des choses que la petite fille n'entendait pas, et où il
n'y avait ni admiration, ni regret, ni plaisir, mais seulement l'idée &lt;lu labeur et du profit. Les passants continuaient
le dialogue.
- Tu te reposains donc, père Quenne, vieux feignant l
- C'est bien mon tour, disait-il.
Puis il était question des blés, des betteraves, des
avoines, &lt;les machines, du député et du curé. Quelques
événements de Paris, parfois, faisaient qu'on s'occupait des
invemions nou,·elles et de la guerre. Là-dessus, le vieillard
avait son expérience et ses méthodes : il les communiquait,
on les écoutait, il servait donc encore; un peu de sang lui
revenait dans les tempes et dans les joues.
Il respirait les heures, les saisons et le vent. Quand il
sentait la fumée de la gare, il disait :
- Il va faire chaud.
Et lorsque le fleur fort de la sapinière à droite lui

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

310

.

.

. .
d
l herbages et les emblavures, il annonamva1t p.ir essus es
r~h ·
r-· ·
· ·1
pleuvre
_ Mais dema10, 1 va
· . .
. ·1 les donnait
.
. él
·t des exp11cat10ns • 1
Eugéme lui r c amai . .
d · · Elle contes.
·d . evrva1t un peu e 101e.
d'une voix sour e ou r
. d'école il se moquait
r · d'
vague souvenir
,
tait sur la iot un , ,
h 1 n'y comprenaient plus
d'elle. Se reportant al almanac ' l s
•
· l'
ni l'autre.
.
nen m u 0
. t dait en une nuit au creux
L'hiver finissait. La neige on
reteinte Les
des sillons. La terre paraissait molle et lavée,f m d'he~bes
d" rsant un par u
·
ffi ·
vents de • fars sou aient, ispe ·ent à reverdir et à refleul mps commençai
Les arbres des c 1a
.
blé levait avec un
. Les oiseaux reparlaient. Le 1eune .
. t les
nr.
. 1
1 Et pms sonna1en
frisson chaque maun p us amp e.

Il

1

cloches de Pâques.~ .
1 'el Le soleil d'abord rou·
Les jours s'élargissaient sur e ~:rs. de la rivière, puis un
lait sur la cîme m~me des peuht en avril à peine au delà du
-dessus : et s étant couc
.
l bo'
• peu au. . .
ai il s'en allait Jusque dans es is.
passag~ a ntea~, en: froment mûrissaient au signe des
Les foms, 1 a'l.ome,
·goureux du monde.
. •
r~ortS v1
d'mère rentrait s01gna1t sa
Le soir tombant, la ~an l . ·11 d Elle etl'enfant
. . h fJ: du lait pour ev1e1 ar •
vache, f~1sa1t c a~ er r . il restait assis contre ses oreille mettaient ensuite au it .
d
h vron d'os, attenlers, ou plié à travers comme un ur c e
dant.
. .
à cette heure-là, venait avec
Parfois, quelque v1s1te, .
b
ui voulait
son aumône : une benne femn:ie du ourg, q rand'mère
·uer et qui bavardait bas avec la g
d
un peu vei
l grand'père . une petite fille e
ou très haut avec e
'
l
, Eu...L
.
b'er ou une eçon a
i;•
récole, qui app~rtait. 1;-Yn c~ i
ère au vif regret de
nie, laquelle n érod1a1t p_us gu d ' enfants de jouer
. . • 0 permettatt aux eux
l'mstitutnce. n
. .
causant avec un
· lies ne 1oua1ent pas,
dehors, ':°ais e 1 l
de la vieillesse, des champs,
sérieux bizarre de a c asse,
du temps.

311
- Qu'est-ce que je ferions sans cette boellc ! soupirait la

LA GARDE-MALADE

grand'mère.
- Pour sûr qu'a vous aïdaint hcn ! disait la voisine.
Elles chuchotaient. La lampe fumait. Entre les rideaux
bleus, le mur recevait la silhouette du vieillard et des
oreillers comme des montagnes d'ombre.
Les jours s'épuisaient ainsi. Les dimanches approvisionnaient la semaine.
Avant la messe, la grand'mère s'appliquait à changer
son pauvre homme. Dès que le barbier l'avait rasé, elle lui
récurait l'os, non sans rud~e. Puis, le dépouillant avec
ses doigts crochus comme avec des ongles, elle lui passait
en deux coups la chemise et le caleçon qu'Eugénie faisait
tiédir. Elle se tenait très sage auprès du poêle : les jambes
et les bras de toile pendaient à ses mains des deux côtés du
tuyau noir. Le grand-père, appuyant sa vie à la douceur
sérieuse de sa petite-fille, oubliait un moment l'incurable
tristesse où il agonisait.
Ensuite et alternativement, tantôt la vieille femme, tantôt l'enfant se rendaient à la messe. N'on qu'elles crussent
à rien : l'une avait jugé le dogme faux parce qu'elle ne
voyait jamais l'instituteur à l'église, l'autre était si pure
que l'odeur de l'encens lui déplaisait et l'ombre étoilée en
jaune. Elles allaient aux nouvelles : avant, après Je service,
on parlait des morts, des mariages, des naissances, des
baptêmes, des premières communions, et, sous couleur de
religion, toujours de vie. Le père se plaignait du soleil, le
fils partait au régiment, la fille n'écrivait plus de Paris, la
mère relevait de maladie. Mots qui revenaient à la maison
comme des visiteurs : on les répétait, on les commentait,
l'impotent reprenait en eux un peu de passion et de quoi
penser encore.
Pour ravitailler les dimanches, il n'y avait que les Parisiens. La grand'mère les appelait tOùS ainsi, qu'ils vinssent
de Paris, de la mer ou de la Bourgogne. Ils apportaient
leurs soucis, leur égoïsme, leurs préjugés; ils laissaient

�JI Z

LA NOUVELLE R1':\'UE FRANÇAISE

leurs enfants une semaine, une demi-semaine ; mais leur
souvenir s'enrichissait après leur départ. Eugénie organisait leur légende moqueuse. Un cousin confondait la herse
avec la charrue; une cousine voulait accompagner le vieillard partout, et la garde-malade la renvoyait par des farces
admirablement combinées; une tante parlait d'hôpital, de
secours, de conseil de famille, de pudeur, et n'y pensait
jamais deux fois.
Tout cela, dans la mémoire et l'imagination attentives
de la petite fille, faisait une agitation aussitôt communiquée au grand-père. Ainsi ces abandonnés plongeaient
encore un peu, juste assez pour ne pas mourir, dans l'eau
sociale.

IV
Le vieillard prit un mauvais rhume, ne se leva plus et,
le troisième jour, entra en agonie.
C'était juillet : la moisson dévastait les fermes et précipitait jusqu'au délire la vie. Au moment où débuta le
rale, Eugénie se trouvait seule et savait qu'elle serait seule
tout le soir. Cette idée l'affola d'abord : elle courut à la
porte, bouscula la claire-voie et, se hâtant sur le chemin,
cria :
- Au secours !
Le chemin, les champs de regain, d'éteules et de meules s'étendaient vides jusqu'aux. peupliers ; les machines
travaillaient derrière les bois, hors de la vue.
L'enfant buta contre une pierre, faillit tomber, se mit à
pleurer. Le râle du grand-père la rappela dans la mai~on.
Elle resta debout auprès du lit, ne sachant que faire. Le
mourant, étendu de son long sur le dos, pilait sous lui les
oreillers: il semblait un peu moins courbé. Ses yeux écarquillés ne voyaient rien. La pomme d' Ada_m montait et
descendait dans son cou. Et de ses lèvres mi-ouvertes sor•

LA GARDE-:\1ALAOE

tait, mesuré par son haleine, un bruit caverneux dont le

retentissement remplissait la chambre.
Sa main gauche, à la hauteur de son genou, grattait les
draps. Sa main droite pendait. L'enfant la saisit, elle était
molle et chaude. Ce contact la rassura, elle retrouva la
force de crier :
- Grand-père !
Il ne s'interrompit pas, trop occupé à mourir. L'enfant
recommença à pleurer.
- Grand-père ! oh, grand-père !
Elle regarda dans l'effroi ce visage qui pâlissait sous le
hâle. Quelques mouvements lents et doux traçaient des
rides aux deux côtés du nez et au bord des oreilles. Dans
l'effort désespéré du souille, le cou se gonflait et se creusait, le menton s'élevait et s'abaissait, la tête alourdie descendait plus livide au milieu de l'oreiller jaune.
Ce travail mystérieux, consentement et résistance, intéressa Eugénie. Appuyée à la forte main, elle se tint pleine
de curiosité et d'horreur.
Quelques instants, le râle s'arrêta ; une respiration égale,
courte et douce, vibra, chuchotant l'espérance; puis il reprit
en sourdine, écartant à peine les lèvres violescentes.
- Grand-père! soupirait l'enfant, grand-père !
Elle sentit qu'il allait mourir. Go remerciement, un
conseil ne sortiraient•ils pas de cette bouche tordue ?
- Oh, parle-moi !
Et gémissant ainsi, elle serrait aussi fort qu'elle le pouvait dans ses deux mains la grande lourde main molle.
Mais il ne répondait pas. Son soupir à deux temps allait à
peine plus haut que celui d'un homme qui dort ...
Les tressaillements de son visage se ralentissaient. Ses
doigts sur les draps ne bougeaient plus.
Eugénie s'accota au bois du lit: élevée au-dessus de son
!tge et de tout ~ge, elle se soumit à la Loi.
Soudain , le corps du grand-père glissa, ses genoux se
plièrent et saillirent, il se tint en plusieurs angles sous la

�314

r

LA NOUVELLE REVUE FM~ÇAISE

couverture. Eperdue, Eugénie ôta un oreiller de sous ses
épaules, et réunissant toutes ses forces, les ramena sur le
traversin. Il lui sembla encore que le moribond se redres·
sait.
Ses traits n'exprimaient plus ni souffrance ni conna~
sance. Ses paupières iermaient à demi ses yeux : un rayon
jaune passait entre les cils et rasait les joues pâles. Tout le
visage était devenu immobile, sauf les lèvres, dont l'écartement régulier accompagnait le battement du cou. Et le râle
ne rendait plus qu'un très petit bruit de bise.
Il s'arrêta sans que l'enfant s'y fût attendue. Cela fit un
étrange silence, comme si tout à coup le monde lui-même
s'était arrtté. Elle interrogea les objets et les meubles
autour d'elle.
Puis le coucou du mur sonna quatre heures : et quand le
même silence se fut refait, énorme et creux, autour de la
dernière vibration, Eugénie comprit.
Pourtant, la main qu'elle tenait n'était pas froide. Elle la
lâcha tout à coup et, obéissant à un souvenir obscur, s'en
alla sur la pointe du pied décrocher le petit miroir rond de
la cheminée. Elle monta sur une chaise et, présentant la
olace aux lèvres du vieillard, n'y recueillit aucune buée.
r, Elle ne dit rien, elle ne pensa rien : elle se mit à l'ou·
vtage.
Elle ôta les oreillers, n'en laissant qu'un : le mort s'y
appuya, droit comme dans sa jeunesse. D'abord, l'enfa~t
en avait peur ainsi que d'un mannequin de marbre. Ma 15
il était tiède et léger, s~s membres restaient souples comme
ceux d'un petit garçon, elle se rassura. Avec précaution,
elle déploya le drap bien proprement sur lui. Ell~ se _raP:'
pela qu'il fallait fermer les yeux, o~ le _lui avait d~~ a
l'église ; elle s'y reprit à deux ou tr01s fois, les paup1eres
glissant déjà sur l'iris jaune : elle y réus~it enfin, et ~or2nt
dès lors, dans sa dignité terrible et sa paix, cette face 1mmobile, elle en baisa la joue et pleura.
.
Elle n'avait plus peur, elle ayait du chagrin. Elle pensa a

LA GARDE-MALADE

fuir pour l'oublier, à partir pour ramener sa grand'mère de
la moissonneuse. Mais c'était très loin, et d'ailleurs pouvait-elle abandonner ainsi le pauvre mort? Elle sechercha
encore du travail.
Elle fit chauffer un peu d'eau, et très doucement, avec
une petite éponge, essaya de laver les joues terreuses. Mais
elles se refroidissaien1. Effrayée, Eugénie jeta sa cuvette,
rangea ses linges et se mit, sans faire aucun bruit, à balayer
la maison et à épousseter les meubles.
Cela fini, le soleil avait baissé et le reaangle de la porte
était jaune. Elle prit une bougie qu'elle aJluma, versa quelque eau bénite dans une assiette sur la table du chevet, y
mit tremper deux brins de buis qui pendaient au mur, sous
un vieux numéro bariolé de tirage au sort. Enfin elle se
nettoya longuement les mains, brossa sa robe, se peigna :
et quand elle vit qu'aucun ouvrage ne restait et que la
grand'mère ne rentrait pas, elle s'assit au pied du lit, sur la
chaise de paille, et regardant le mort, frissonna.
EUe savait une ou deux prières. Elle les dit tout bas
devant elle. Puis leur latin lui déplut. Elle prononça alors
ce qu'elle pensait :
- A présent, il va se reposer ; et, moi, je retournerai un
peu à l'école avant de travailler.
Elle se troubla, souffrit, se résigna. Elle se rappela comme
on se rappelle un voyage, par une impression générale de
lassitude, de plaisir, de regrets et mille détails touchants,
l'année passée ainsi à soigner son grand-père ; elle soupçonna obscurément ce qu'elle avait gagné et perdu dans ce
long espace de vie, et tout cc qu'elle n'oublierait plus. Joignant les mains, elle en remercia le mort sévère qui rêvait
sur l'oreiller, les yeux clos, la bouche mal fermée entre les
lèvres lhrides, le nez pincé déjà sous une pression très
froide ...
Elle finit par s1endormir: et c'est ainsi que la grand'-mère
les trouva tous les deux, le mort veillant sur la vivante, à
l'heure où elle revint harassée à ce labeur nouveau.

�316

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

V

LA GARDE-MALADE

317
à craindre que les vivants. On n'a qu'à dire deux Pater et
deux Ave, et ça ne vous fait plus rien du tout.
Il y avait des anticléricaux dans la famille, ils murmu·
rèrent .

Après l'enterrement, selon l'usage, et quoique les enfants
du mort, soucieux de la succession, ne dussent pas repattir
tout de suite, on fit un festin.
La grand'mère servait, avec une vieille femme du village
qu'on employait, à cause de son adresse et de sa piété, à
ensevelir les mores. Eugénie avait disparu parmi ses .::ousins
et ses cousines. La table était longue, allant de la cheminée
à la porte de la seconde chambre : et tous ces gens du
Nord, du Midi, de Paris, ramenés par le deuil seut à leur
source, se regardaient et regardaient leurs assiettes en causant de leurs intérêts et parfois de leur père.
Presque tous se montraient hostiles à la veuve. Ses propres enfants la défendaient tout juste. Les uns, arguant de
la présence d'une mineure, voulaient qu'on vendît aussitôt
la ferme et les champs ; les autres, énumérant les qualités
de leur mère, qu'on lui laissât l'usufruit.
Un compliment plus maladroit que les autrés fit se dresser le corsage noir de la Benjamine.
- Parlons-en ! siffia-t-elle. On ne nous a même pas
prévenus que le père était malade !
Il y eut une rumeur, approbations et protestations mélangées.
- Personne n'était là, poursuivait-elle et le pauvre
homme est mort tout seul comme un chien !
- Il y avait moi, dit Eugénie, de sa voix nette.
- Ce n'était pas ta place ! s'écria la jeune femme. Ce
n'est pas la place des enfants.
La rumeur s'enfla ; les uns parlaient de l'hospice et des
convenances ; les autres de cruauté, de dignité ; la majorité
devenait impitoyable.
- Bah, chuchota l'ensevelisseuse, les morts sont moins

., -: Moi, _dit Eugénie, je n'ai pas eu peur, j'ai dormi,
J avais besom de me reposer comme lui.
Les Parisiens s'indignèrent. L'enfant les regarda lentement un à_ un et les _jugea. Puis elle sourit à sa grand'mère
avec_ sécunré. lnstru1te par la pitié, par la maladie, par la
nudité, par la mort, elle se sentit prête à la vie.
ALBERT THIERRY

�FEUELLETS

FEUILLETS

prunt sont celles à quoi l'on se cramponne le plus fortement, et d'autant plus qu'elles demeurent étrangères à
notre être intime. Il faut beaucoup plus de précaution
pour délivrer son propre message, beaucoup plus de prudence - que pour donner son adhésion et ajouter sa voix
à un parti déjà constitué.

II
I
On a dit que je cours après ma jeunesse. Il est vrai.
Et pas seulement après la mienne. Plus encore que la
beauté, la jeunesse m'attire, et d'un irrésistible attrait. Je
crois que la Yérité est en elle ; je crois qu'elle a toujours
raison contre nous. Je crois que loin de chercher à l'instruire, c'est d'elle que nous, les aînés, devons chercher
instruction. Et je sais bien que la jeunesse est capable
d'erreurs ; je sais que notre rôle à nous est de les prévenir
de notre mieux. Mais je crois que souvent, en voulant
prést:rœr la jeunesse, on l'empêche. Je crois que chaque
génération nouvelle arrive chargée d'un message et qu'elle
le doit délivrer ; notre rôle est d'aider cette délivrance. Je
crois que ce que l'on appelle « expérience», n'est souYent
que de la fatigue inavouée, de la résignation, du déboire.
Je crois vraie, tragiquement vraie, cette phrase d'Alfred
de Vigny, souvent citée, qui paraît simple seulement lorsqu'on la cite sans la comprendre : « Une belle vie, c'est une
pensée de la jeunesse réalisée dans l'âge mur. ,, Peu m'importe du reste que Vigny lui-mème n'y ait peut-être point
vu toute la signification que j'y mets ; cette phrase, je la
fais mienne.
Il est bien peu de mes contemporains qui soient restés
fidèles à leur jeunesse. Ils ont presque tous transigé. C'est
ce qu'ils appellent &lt;c se laisser instruire par la vie». La
vérité qui était en eux, ils l'ont reniée. Les vérités d'em·

J'ai tant aimé Flaubert! ... Tout ce qu'on écrit contre
lui me meunrit ; mais combien plus encore ce que je me
reti~ns d'écrire moi-mème. Sa Correspondance a durant plus
de cinq ans, à mon chevet, remplacé la Bible. C'était mon
résen·oir d'énergie. Elle proposait à ma ferveur une form
de sainteté nouvelle. Je pense que les élè\•es de Gustave
Moreau ont eu pour leur maître une st .1blable vénération.
Mais Gustave forcau n'est pas plus un grand peintre que
Flaubert, hélas! n'est un grand écrivain. Celui-ci le sent
bien : il n'écrit P,as si bien qu'il s'efforce de bien écrire.
Les vrais maîtres, Montaigne, Pascal, aim-Simon, Bossuet,
.ne se donnai nt pas tant de mal. Lorsgue je relis Flaubert -aujourd'hui, sans plus autant de révérence, ce n'est
jamais ~ans peine, sans chagrin. Je voü partout contention, gaucherie. Chaque phrase ne sort d'embarras que
par une extrême simplification de ia syntaxe; elle mor~elle et juxtapo e. Elit: n'obient non plus la fusion qu
1analyse ; le éléments en restent à l'état brut. Mais aœc
plus de don réel et qui nécessiterait moins de peine, avec
plus d'assurance, nous verrions sa dl'.:votion faiblir et
' ,
panant, notre admiration.

III
J'ai été ,·oir Matisse à Nict. Ah! quel homme charmant !

Il m'a fait entrer dans une chambre assez petite, oblongue, étroite comme un large couloir. C'est dans cette

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.
320
chambre qu'il vit, qu'il travaille; les murs sont tapissés
de ses dernières toiles qu'il ne parvient pas à voir avec
assez de recul, même dans le reflet de l'armoire. à
glace. Il peint aussi longtem_ps que_ le jour ,dure, pms,
à la lumière de la lampe, 11 dessine. Il n est pas de
ceux qui pensent qu'ils travaillent dès qu'ils ~nt ~n main
plume ou pinceau ; il che~che sans cesse, 11 s ~ITorce ;
les plus exquises de ses toiles sont cell~~ do~t 11 est le
moins satisfait, car il dédaigne les effets qu 11 obtient ,désormais à coup sûr. Il reporte votre atten~ion vers d autres
toiles, moins accomplies, mais où se ht une recherche
que ses admirateurs de la première h~ure, _et vous savez
s'il en a, n'attendaient certes pas de lu1, qm peut-être va
leur déplaire et qu'il~ ne comprendront pas. Il parle de précision de réalisme ; il aspire à pouvoir dessiner proprement ~ne main, &lt;&lt; des doigts qui n'aient pas l'air de bouts
de cioare » à mettre un œil en place, c'est-à-dire au'
.
dessus0 du nez
et de côté suffisamment pour 1a1sser
p1ace
au second œil. Il dit : cc Ce n'est pas tout de bien dessiner
une main ; encore faut-il qu'elle fasse partie de_ l'e~sem:
ble ». Car c'est de l'ensemble qu'il est parti : . m:11~ c e~t 1.i
qu'il faut revenir. Et d'une part, dans ses dessins, 11 soigne
à présent des détails qui s'efforcent vers un ensemble, d'autre part dans sa peinture il ,s'effo:ce vers ,des
détails qui ne contreviennent pas _à. 1é~1ot1on de Iensemble. Bref, à cinquante ans, le vo1~1 q~1 redécouvre.
élémentaires vérités que l'école enseignait aux élèv~s ,
vo1c1 qui vers la fin de sa vie va rejoindre 1~ pomt de
départ des grands maîtres : de Mantegna, d~ Michel Ange;
dont ensuite nous feuilletâmes des reproduw~ns. « Voyez·
me criait-il comme c'est dessiné, cette mam ! &gt;&gt; Car on
.
en revenait ' toujours aux mams,
comme au morceau de
choix le plus difficile. Et il me redisait le mot atroce de
Forain : « A présent que les Allemands n'achète1~t p~us
-notre peinture, nos jeunes \"Ont devoir apprendre a faire
les mains. &gt;&gt;

32 I

FEUILLETS

Et je pensais que sans doute il importait de désapprendre d'abord tout ce qui ne devenait plus qu'un acquis
banal, et que l'on ne savait vraiment bien que ce qu'une
exigence personnelle vous avait fait apprendre avec peine.
Mais lorsque j'entendais Matisse protester que rien ne
l'irritait plus aujourd'hui que d'entendre admirer telle ou
telle de ses toiles, oubliant que chacune, à ses yeux,
n'était qu'un acheminement vers autre chose, et s'écrier:
«Ce qui m'importe, ce n'est jamais ce que j'ai fait, c'est ce
que je veux faire. Je voudrais n'être jugé que sur l'ensemble de mon œuvre, la courbe générale de ma ligne, de
mon évolution&gt;&gt; - si je ne pouvais lui refuser l'assentiment'
de ma sympathie, je pensais pourtant qu'il demandait
l'impossible; qu'un peintre ne peut être jugé que sur des
œuvres, et dispersées; qu'il commet rare imprudence en
renonçant à faire un tableau.
ANDRÉ GIDE

c:

21

�IÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

REFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE
LE ROMAN DU PLAISIR

,,11

On a médité souvent et tristement sur la mort des livres. Le
passé nous y invite, et nous modelons l'avenir à son itmge. Le
naufrage de tant d'œuvres grecques et latines nous paraît annon•
cer un destin pareil à nos littératures modernes ; l'usure du
papier, les révolutions futures, le dégoût possible de la lecture
et de l'écriture, nous sont représentés par nos bibliothécaires,
bibliophiles, bibliomanes, bibliophages ou bibliophobes, comme
des périls vraisemblables. Habent sua fata libelli. Et pourtant,
s'ils sont sujets aux coups des divinités mauvaises, il me semble que, tout compte fait, le génie immanent de la terre attache
à leur conservation une valeur précieuse, étend sur eux une
aile presque miraculeuse. ous avons gardé, après tout, la plus
grande partie des chefs-d'œuvre admirés des anciens, et, quand on
songe aux chances de destruction, on imagine qu'il a fallu vraiment
qu'ils fussent conduits jusqu'à nous, comme le jeune Tobie, par
la main d'un ange. L'ange gardien des livres ( certains penseront
peut-être que c'est un diable) n'a pas fini de veiller sur eux et il
leur fera peut-être traveri;er des pas plus dangereux. Le jour où
l'espèce humaine aurait terminé sa mission et transmis à d'autres
êtres la charge de figurer l'avant-garde à la pointe de la vie terrestre en marche, il est probable que ces êtres trou,•eraient moyen
de recueillir l'héritage de nos livres, et qu'ils rêveraient, sur ces
livres, à l'humanité, comme nous imaginons la vie d'Athènes et
de Rome entre les feuillets de Platon ou d'Horace.
Ils trouYeraient dès lors dans nos livres, et bien mieux encore
que nous, ce que nous y trouvons nous-mêmes: une grande fa.
brique d'illusion. Les livres à vrai dire ne nous trompent jamais
complètement sur nous, parce qu'en même temps que nous les
lisons nous nous sentons vivre, et que nous savons corriger con-

323

tinuellement l'écart entre l'homme qu'on voit dans les livres et
l'homme réel. Mais ils nous trompent abondamment sur la.
nature, et s'j ls nous aident à l'utiliser pour notre action ils nous
empêchent de l'éprou:er dans son être. Nous devons, ~our passer ce Styx, les dépouiller avec nos autres vêtements sociaux.
Dès lors nos livres tromperont nos successeurs sur l'humanité
bien plus encore qu'ils ne nous trompent sur la nature ; ceux-ci
ne pourront les corriger par leur expérience, parce qu'ils ne
seront pas des hommes ; et ils ne pourront en tirer le schème
pratique d'une action sur nous, puisque nous ne serons plus.
Dès lors la trace ou la reproduction de nos I ivres risquerait de
figurer dans ce magasin d'inventions anciennes et délaissées
parmi lesquelles le Cavor de Wells retrouve, chez les lunaires,
notre télé_graphi~ sans ~) (T~gore_ affirm~ ingénument que nos
plus subtiles philosopbres d Occident g,seot pareillement au
rebut dans la vieille ferraille de l'Inde). Mais n'oublions pas que
nous avons passé par un moyen-âge, que l'antiquité y a été conservée pendant dix siècles comme une ferraille obscure et rouillée, et qu'!I est bie~ des ,·oies imprévues au bout desquelles
cette ferr:.ulle, fourbte à neuf, redevient utile et belle.
. Je m'_excuse de cette longue préface où j'ai vpulu seulement
mtrodu1re des êtres imaginaires, mais après tout possibles, qui,
succédant aux: hommes, se les représenteraient d'après les livres
que nollS leur aurions, par quelque artifice, laissés. (Supposez
une ?umanité condamnée à périr en quelques années par u'ne
modification ioé\itable et graduelle de son atmosphère, et s'employant à jeter sa a: bouteille à la mer», c'est-à-dire à semer sur
sa planète quelques témoignages quasi indestructibles de son
passage, à graver des. livres sur un métal durable, à faciliter la
besogne des Champollions extra-humains, à laisser un témoignage comme )'Arne Da Knussem de Jules Verne ou le Cavor
de Wells.) Nous transmettrions sans doute à ces héritiers une
image bien différente de notre image réelle. Et, (pour en arriYer
~ut de même, après avoir tant musé, à l'objet de ce discours)
51 notre intelligence et notre action leur apparaitraient tout de
même sous un jour assez exact, nous ne leur apporterions
guè~e de quoi les aider à se représenter nos plaisirs. Ils
~raient devant nous comme nous de,•ant l'Egyp!e. Les Egyptiens ne nous ayant laissé que des monuments funéraires,

�324

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

',,,"

325

n'ayant employé qu'à la vie d'outre-tombe leur génie monumental et plastique, nous en concluons candidement qu'ils ne
devaient penser qu'à la mort et ressembler à un peuple de
chartreux où on se disait l'un à l'autre: Frère, il faut mourir.

emprunter au m~~e ordre physique une autre métaphore, l'interférence du pla1S1r de style et d'un autre plaisir produit facilement un déplaisir, comme l'interférence de deux ondes lumineuses engendre une zone obscure.

,.

. Le problè~e ne, se p_o~e d'ailleurs de cette manière qu'en
htté~ature. S1 on I étudiait dans les autres arts, il faudrait en
modifier les termes, et tel n'est pas mon dessein. Je veux simplement no~e: que le poète, l'auteur dramatique, le romancier
sont mal à l aise et se trouvent tout de ~uite pris de court devant
le pla!sir. Et le lecteur, le spectateur ne savent trop que penser et
que d1r;. Un livre qui implique un appel à la sensualité, pour
peu qu il ré:7èle quelque talent, trouve des lecteurs par milliers .
li a p~ur lui no_n Socrate malheureux, mais ce qui sans être
sat1sfa1t, sommeille et grogne dans le cœur humain ... Le criti~ue, homme sage et qui vit au-dessus des passions humaines,
1~pose corn_me saint Antoine silence à ce compagnon disgrac_1eux .. Il fait: en bon globule blanc, la police de l'organisme
httéra1re. Mais pour certains ce saint Antoine est un Paphouce ...
Je songe ici au conflit entre M. Henry Bataille (soutenu en
so.~me p~r le p~b~ic puisque ~es pièces foot de l'argent) et la
cnt1que, a leurs 101ures et à leurs exclusions mutuelles . C'est un
sujet que je retrouverai un jour sur mon chemin.

**

•·'1

RÉFLEXIONS SUR LA L1ITtRATURE

Trabit sua quemque voluptas. Et pourtant il n'est rien dont la
littérature s'occupe moins que du plaisir, j'entends le plaisir
physique. Et il va de soi que la faute n'en est pas à la littérature, mais bien au plaisir, qui ne se révèle pas susceptible d'expression littéraire. Il y a une littérature amoureuse, une littérature élégiaque, une littérature tragique ; il n'y a presque pas de
littérature voluptueuse. Celle que nous a laissée le xvm• siècle
(on mettra les noms) ne vaut pas cher. Et il faut beaucoup de
bonne volonté pour trouver dans les Mille el une 11uits traduites
par M. Mardrus la présence ou l'image du plaisir. On en dirait
volontiers ce que dit Montaigne d'un ·vers morne et précis
d'Ovide qui le « chaponne ». Le plaisir de la table nous a fourni,
au crépuscule de la douceur de vivre, le livre charmant de
Brillat-Savarin. L'autre plaisir ne donne lieu qu'à des polissonneries lugubres comme l'Art dt jouir de La Mettrie. Mieux vaut
être, dit Stuart Mill, Socrate malheureux qu'un pourceau satisfait. L'essence et l'ordinaire de la littérature s'appliquent généralement à ce Socrate malheureux, et sa plus riche matière ce
sont les misères d'un roi dépossédé.
C'est aussi que (le mot style étant pris dans son sens le plus
large) il n'y a 1ittérature que là où il y a style, et le style figure
pour nous un plaisir qui en évoque lointaioemeot et subtilement d'autres, mais ne souffre pas d'être recouvert par un autre.
Tout plaisir exprimé littérairement devient plaisir de style, et
sa lumière propre s'efface dans cette lumière, comme la clarté
des étoiles dans celle du jour. Le contraire se passe pour nos
douleurs, nos misères de roi dépossédé. Si le plaisir est lumière,
la douleur est ombre. La lumière du plaisir littéraire n'absorbt
pas cette ombre, mais au contraire la met en valeur, et un sujet
tragique ou triste palpite et vit dans ce clair-obscur. La lumière
qui transfigure cette ombre ne saurait (à moins d'un artifice qui
ne va pas très loin) comme chez certains Hollandais ou chez les
impressionnistes) transfigurer une autre lumière. Or, pour

*
**
Ce chemin où, au lieu de marcher, je m'assieds sur un banc
d'où je regarde un paysage un peu trop lointain, je m'y suis
engagé à la suite de deux romans agréables et charmants
Su{am1e et le Plaisir, &lt;le M. André Beaunier, et les Taupes d;
M. Francis de Miomandre .
Les pages ordinaires de M. Beauoier sont pour mon goût, et
~ême pour ma raison, un peu réactionnaires et ses romans
1ngéoieux m'apparaissent, dans le recul des souvenirs, bien inégaux. Je n'aime pas beaucoup sa manière de romancer l'histoire
et Sidonie m'a fait froncer le sourcil. Mais depuis son Jouber;
aucun de ses livres ne m'a autant intéressé que cette Sttzanne .
C'est un sujet très neuf, comme tous ceux qui portent précisément sur le plaisir (je ne dis pas, bien entendu, sur l'amour)
M. Beaunier n'a eu qu'à ouvrir les yeux et à voir vivre le monde
d'aujourd'hui pour cueillir et placer dans son roman, exquise-

�326

REFLEXJO. 'S CR LA LITTÉRATOllE

LA NOUVELLE REVUE FRA.ÇA! li

ment écrit, la fi !Ure d'une petite femme toute charmante et
bonne, qui ne vit que pour le plaisir, ne respire que le plaisir,
le jour ou cet air respirable lui manque, brusquement tari par
la mort de celui qui incarnait pour elle le plaisir définitif, meurt
de la plus inévitable asphyxie. Ce petit changement de point de
vue, cette pré ence du plaisir, au si volontaire et méthodique
chez l'auteur qu'elle e t libre et pontanée chez . on héro ne,
suffisent pour donner une figure nouvelle au plus traditionnel
thème du roman français. Ain i l'auteur de f'ale11ti11e Pacquaull
n'avait pa~ eu de peine à écrire une B&lt;TVary plus âpre et plus charnelle. Pour M. Chéran le corps de la femme prenait un poid de
fatalité, tandis que pour M. Beaunier il ne comporte qu'une pente
de plaisir,- une pente par laquelle s'écoulent et s'éteignent son
Ame et sa vie. Et tout autour, M. Bcaunier a mis en place les
touch , les harmonique voluptueuse qui donnent a lineses
fonds, ses valeur·, ou unité. Cc livre eût été un peu frele
ponr porter le titre lourd de Ro111n11 du PlaiJir, ou simpl cnt
celui de Il Piartrt de d'Annunzio. Suianne tt le Plaisir fait un
titre qui nous met de plain-pied avec sn fragilité i,a grâce et ses
demi-teinte .
bi cc roman sur le plaisir, pourquoi M. Beaunier (et s2ns
doute aus i tout écrivain il\-i&amp;é) lui donnc-t-il pour njet une
femme et non un homme ? L'homme est après toutaus-i ardent
et aus:.i naïf que la femme dans la recherche du plaisir. Peut-être
plu, : la langue n'a pas C:'équivalent féminin du 1erme de
viveur. Et, quels que soient le accommodements avec Je ciel
de lit, l'homme connait mi u , évidemmcn~ le plai ir de
l'homme qu'il ne connait l plaisir de la femme. L'homme de
plaisir a d'ailleurs fourni son continuent littéraire au roman et
au théâtre. M. Lavedan en a fait de façon abondante et amu•
sante la physiologie, depuis Vitwrs et le T'imx Mnrcbeur iusqu'à la série des Leur. I.; cien Mühltèld ~crit sur ce thème une
jolie et adroite Camïre d'A11drc Tourette.Mai voici la diiférence.
L'homme a toujour · écrit le roman du plaisir de l'homme
sur un ton railleur, dé enchanté, parfois envieux. L'écrivain
s'ingénie à reconnaître et à révéler les tares, le faiblesses, les
sotti c de l'homme de plaisir. Il l'étudie en le méprisant ou enle
déte ·tant, en voulant faire partager ce sentiment au lecteur. Le
plaisir épous{! sympathiquement par l'auteur, intérc cet peu,

P7

Ou plutôt di tiuguon . S'il s'agit du plai ir de jeune gens 'I
est. trop ~p~ntané.' trop. simple, trop incon cicnt pour qu/ sa
pem~ur nille. b1 n 1010. La jeune e, pour l'art, est l'âge de
la ~Je, non 1âge du plai ir. L'homme de plai:.ir c'e t l'épieu'., n: et on n de,-ient guère que vers quarante an un vrai
épicunen., Un _des pcr onnage ûc M. Benunier dit que l'âge
heur u~. c est_ c,~quanre an , quand la vie c t faite et qu'il n'y a
plus qua en 1ou1r. Peut-être! mai loT!l(!ue la ie est faite elle
n'-a plus qu'à se défaire, et elle n'y manque pas .. 'ous sc;ions
~cœuré_ ~e voir le~ cen11:naire de Brillat- avarin célébré par
1Assoc1anon des Etudiants. Une heureuse impécuniosité la
ga~de contre cette faute de gotît. Mais une tablée de mes ieurs
murs, ch:tuves, v ntru , haut n couleur, devant la carpe à la
Cha~bord ou l'o~eiller de la Belle-Auror • nous plait comme
une image parfaite t une harmonie de la vi .. 'ous n' lion
g_uère plus loin : le roman vrai et franc du vieil épicuri n aurait
b1~n de:. chances d'ftre désagrfable, et surtout- vice rédhibitoue - de révolt r toutes le femmes.
Vieuit ou jeune l'homme de plai ir (il n s'ao-it pa é\-idcmment de do~ Juan) ne cra gucre admis par le public littéraire.
Ce ~era tOUJours une fio-ure plu:, ou moins ridicule ou odieu, e.
n en est pas d même de la femme. La littérature va ici à
1 encontre des mœurs. Les mœurs et même Je lois, qui permettent à l'homme de «s'amuser&gt;, le défendent à la femme. Et
pourtant la ~cmme qui sans méclunceté, vit pour Je pl:ii ir,
~ sympathique à l'homme et à la littérature des homme&amp;.
(Sro_on à celle des femmes: le rapporte t invem:, .et maintenant
les lionnes :;a,·ent peindre.) Voyez Renaud promettre à Claud in
&lt;:°~~e une ~âce de plu avec Rb.y, ce qu'il déplore, av~
1op,nio~ publique, chez son fils Marcel. Qu'une jeune et jolie
femme aille au bout de tous les plaisirs, dit l'homme pourquoi
pas ? Elle n'en est que plus belle, et cette beauté c' ;t une promes e _de bonheur. - Pour elle ou pour vous ? - C'e t to t
:au moins uc Jdée du bonheur, une Idée du ~lai ir : l'artiste
pla~onicieo relaye l'homme épicurien. Et en effet il y faut un
am ~~, ~omme Col ttc et M. Beaunier. Hors du monde de l'art
00 s md1gnera. Où donc ai-je lu cette \'ariante de l'Evangile ?
J sus eut arrêté par un mot divin le bras de ceux qui
pidaieat la femme adult!rc, un Juif sun·eou n'en ramas$a pas

'!

~:in~

�p8

L.\ NOUVELLE REVUE FRA~ÇAl~F.

moins un très gros pavé. - « Malheureux, lui dit le Maitre,
pour frapper cette pécheresse te crois-tu _donc sa?s péc~é ,? on, mais je suis son mari. » M. Beaumer expliquerait a ~e
forcené - comme le fait à son fils b mère même de François
_ qu'il n'y a pas de vilaines femmes q~i trompent leurs mari~,
mais des femmes que leur destinée a fan tomber sur des mans
nés pour être trompés. On naît encorné ~omme on naît _rôtisseur.'M. Beaunier a fait semblant de pumr Suzanne, mats son
pavé est en carton : iusqu'à l'extrême-onction le plaisir demeure autour d'elk comme les roses d'un buisson sacré.

** •

.

Si le plaisir ressemble à un buisson de fleurs, épanoui so~s le
soleil, ces fleurs, comme toutes les plantes, ont un ennemi: les
taupes. M. de Mioruaadre a écrit le roman ~~s Taupes. ,.
Quand on dit d'une femme : C'est une v1e1lle taupe, 1image
est plus claire que toute définition_, Il y a d'aill~urs d~
jeunes taupes. Le livre de r-.t de M1omandre, para1ssan~ a
l'époque des lettres anonymes de Tulle, béné~cie d'une ccrtame
actualité. Actuel il se relie tout de même a un ancêtre, le roman-type de la taupe, la Cousitte Bette. D~ns le c~armant pays
de joie et de sourire qu'est la Tourame, de 1eunes époux
réalisent une figure de bonheur aussi agréable à regarder qu'un
beau tableau ou un joli paysage. Mais ce bonheur est comme les
roses• il a besoin d'être arrosé, arrosé d'amitiés, arrosé d'argent,
il lui faut plonger ses racines dans un sol propice ; et les taup es sous la fÏQ'Ure de l'avarice et de l'envie, sont à l'œm-re, l~s
0
'
· · et qu'tl
taupes
que le plaisir scandalise parce qu ''l
I est 1e pl a1~1r,
s'épanouit dans la lumière au-dessus de leur doma10e souterrain. Et alors le rosier se flétrit et les fleurs tombent ...
· · que le
Les Ta1tpes sont donc moins le roman d u p \a1S1r
roman des ennemis du plaisir .et gardons-nous de le juger avec
un esprit taupe c'est-à-dire aveugle. Loin de moi la pensée de
tro uver dano-e:euses et fausses les idées religieuses et morale~
0
· · et qui
qui nous mettent en garde contre \·amour du p 1a1S1r
.
contribuent à nous placer dans la divine mesure. Mais la haine
du plaisir (la haine qui est un amour trahi) ~•a~pelle du no~
des deux sentiments dont M. de Miomandre a ammé ses taupes·
·
s'excusent
\'avarice et l'envie. Les cinq autres p éc hé s capitaux
·

R.EFLEXIC'NS SUR LA LIITÉ!tATCJRE

P9

si bien qu'on les avoue, et même qu'on s'en vante volontiers :
on se reconnait fort bien gourmand, luxurieux, paresseux
org~eilleux ou colérique. Mais ni Harpagon, ni Bette, ni personne, ne se reconnaîtront a\'ares ou envieux, ni ne recevront
ces mots autrement que comme une injure. Bel hommage rendu
au plaisir, de ne réserver comme péchés inavouables que les
deux péchés contre le plaisir !
M. de Miomandre avait écrit avant les Taupes un volume de
critique plein de finesse et de gotî.t, le Pavillon du Mandarùi. Et
M. Beaunier est un de nos critiques estimés, malgré ses partispris ( qui n'a pas les siens ?). Or dans la critique est contenu un
art d'éprouver du plaisir et de le faire partager. On ne saurait
peut-être sans exag~ration appeler la critique un grand plaisir,
mais il ne saurait exister de critique, de goût, sans une affection
pour le plaisir, sans un art pour le repérer et le savourer. Là
étaient les lacunes d'un esprit aussi robuste que Brunetière,
d'une intelligence aussi déliée que Faguet. Brunetière, qu'Anatole France appelait Picrochole, voulait, nouveau Gram! Ferré,
passer sa plume au travers du corps d'un brave Anglais, sir John
Lubbock, qui avait écrit un livre sur le Bonheur de vivre. M. Lécm
Daudet, qui dina chez lui, nous fait de ses repas un tableau affreux ( et je sais bien que la baronne Staffe n'approuverait pas
M. Daudet, mais je prends le renseignement où je le trouve, et
M. de Coislin eût fait évidemment un médiocre polémiste).
Faguet, qui se délectait d'une omelette au boudin, louangeait parfois de la littérature, et singulièrement de la poésie, qui n'étaient
en vérité qu'omdette au boudin. Mais le seul roman qu'ait
écrit Sainte-Beuve s'appelle Volupté, et il n'y a de critique complet que celui qui est capable d'écrire, en gros ou eu détail, à
sa manière, son Volupté. Jules Lemaître n'avait ni l'éloquence
et l'architectonique de Brunetière, ni l'intelligence pétillante de
Faguet, mais comme il l'emportait sur eux pour le goût, et
quelle bonne cuisine que ses articles! Et M. Daudet ( qui nous
donne toujours de bons renseignements sur les gens de lettres
amphitryons) nous affirme qu'à sa table régnait la chère la plus
parfaite. La décadence de la critique suivrait probablement celle
du plaisir. Bonne raison pour le défendre contre ses ennemis
de droite, qui sont le taupes, et ses ennemis de gauche, qui
sont les gloutons.
ALBERT THIBAUDET

�I

CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQUE

GYM

'ASE :

Lorsqu'on ~ime. ... , pièce en 4 actes, de M. André

Pascal.

Colicbe el Gri.ffelin, comédie en 3 actes, de M. Louis
Bénières. Les Uns cbtt les Autres, comédie èn un acte, de
M. Paul Gaffiéri.
COMÉDIE-FRANÇAISE : Aimer, pièce en 3 actes, de M. Paul
Oo.toN :

Géraldy.
THÉATRE DE t..'ŒuvRE:

de M. Jacques • atanson.
CoMPAGNIE

L'Age beure:ix, pièce en 3 actes.,
. .

.

d'AUDITIO.·s ORAlUTJQUES : La Ro11de, dix dia-

loQ\JeS de M. Arthur Schnitzler, traduction de M. H. Sidersky.
THÉATRE MARIGNY : My love : mon amour, comédie en 4 actes.,
de M. Tristan Bernard.
Je voulais reparler de Molière, et parler de M. Paul Bourget,
_ assemblage inattendu, déconcertant 1 - parler de_ la célébration du Tricentenaire de Molière au Vieux Colombier et de
la représentation du Misanthrope à ce théâtre. J'ai flâné, j'ai été
dérangé, je me suis mis en retard, le temps me manque. Ce
sera pour la prochaine fois.
, . .
.
]'ai quelques spectacles passés, dont je n a1 nen dit. Je vais
en rendre compte. Travail mélancolique. Joue-t-on enco~
ces pièces? Je n'ose regarder sur un journal le tableau des t?éâtres. Les 1.mes m'ont intéressé sur le moment. Les autres ~ ont
profondément ennuyé. Aucune n'occupe plus mon espnt. Je
suis sûr qu'il y a quelque part, même en plusieurs « qu~lque
part », en province, des gens qui m'envient, en me .hsani
d'aller ainsi passer la plupart de mes soirées au théâtre,
entendre de jolies choses, à écouter des acteurs de talent, à

331

voir des ,, actrices », au milieu d'un public composé d'hommes
spirituels et de jolies femmes. Bonnes gens, ne m'enviez pas
tant que cela. Les picces qu'on joue ne sont pas drôles, en
plus qu'elles se rcsssemblent toutes terriblement. Les acteurs
de talent sont si bien convaincus qu'ils en ont et y tiennent
te!Jement qu'ils se gardent bien d'y apporter la moindre variété.
La plupart des spectateurs ont des visages d'épiciers enrichis
et, à entendre leurs réflexions, sont bêtes comme leurs pieds.
Les jolies femmes sont rares, ou, quand on en rencontre, elles
sont à d'autres. C'est plutôt à moi de vous envier, dans vos
veillées paisibles, au milieu d'une petite ville ou d'une petite
bourgade. Vous lisez un journal, ou une revue. Vous lisez
qu'on a joué, dans tel théâtre, telle pièce, de tel auteur. Vous
vous représentez la scène, la salle, les lumières, les entr'actes,
les toilettes, les applaudissements, les rappels, les artistes venant
saluer, enfin tout ce qui compose une soirée de théâtre à Paris.
Tout est pour vous merveilleux, tran portant, paradisiaque.
Oui, oui, c'est bien plutôt à moi de vous envier. J'aurais tant
de plaisir, ce soir, à aller flâner rue de Richelieu, et dans les
petites rues avoisinantes : rue de Louvois, rue Chal&gt;anais, rue
Rameau, rue Chérubini, rue Lulli. C'est un quartier qui me
plait beaucoup, dont l'air et le ton m'enchantent, qui est plein
de choses pour moi, i changé qu'en soit déjà l'aspect en certaines parties. J'irais prendre une bavaroise chez le glacier du
Passage Choiseul, en face de la sommeillante librairie Lemerre.
Je pousserais jusqu'à la rue du Hanovre, en som·enir de H. B.,
quand il souhaitait avoir dans cette rue, au quatrième étage,
un petit salon bien chaud où faire la conversation de sept à
huit le soir avec quelques amis sans préjugés et sans gravité.
Je reotrerrus emcite, l'esprit occupé de ces choses lointaines
et délicieuses. Je m'arrêterais une minute, comme si j'allais
encore entrer, à la porte de la Comédie, où j'allais presque
chaque oir, vers onze heure:,, finir ma soirée, quand j'étais
plus jeune. Que de souvenirs aussi je reµ-ouverais là, dans ces
couloirs, dans ce foyer des artistes, où l'on a tout refait et
modifié, d'aiUeurs, et qui n'ont plus rien de l'aspect démodé
et charmant que je leur ai connu. Au lieu de cela, je suis
enfermé, condamné à la tâche, et il me faut écrire des comFtesrtndus de théâtre I Mon chat Riquet, un être exquis d'intelli-

�332

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aence et d'affection e le doven de la maison, qui est là ur
~1a table, assis sur son de;rière à côté de la bougie qui
m'éclaire, semble considérer a,·ec pitié la course de ma plume

...

sur le papier.
.
. .
, .
Ajoutez, pour empoisonner rua vie, les histoires d animaux mis à la rue, maltraités, ou égarés sans aucune précaution pour faciliter leur recherche ou leur rapatriement. J'ai
dans ma rue, à deux pas de chez moi, une espèce de p nsionnat
d'enfant - tenu par des œurs. li y a quelque temps, la porte
ouverte, j'avais vu là un bra\·e bonhomme de chien mouton
couleur chocolat, les meilleurs yeux du monde, plein de s ·mpatbie pour tout le monde .. De.puis ~~elq_ues semaines je ne 1~
voy~is plus, ni n'entendais rien qu'. md1quât s~ présence. Ou
les sœurs pouvaient-elles bien le temr ? Ce mana, une de ces
créatures étant à la fenêtre, quand je passais pour aller prendre
\e train, je lui demande : ci: Yous n'avez donc plus votre chien ?
_ Mais non, me répond-elle, il s'est auvé. - Et vou ni:
vcus en êtes pas occupée ? - Si! 1 ous l'avons cherc_hé ... _:a
Entendez que l'une ou l'autre est venue deu~ ou trois .fois
sur le pas de la porte regarder dans la rue si elle :oyait le
chien. Rien de plus. Ce chien n'était dans cette maison q~e
depuis quelques jours. Il f~llait le surveil~er, s'occuper de. l.u•,
l'habituer à sa nou,·dle maison, ne pas lais er la porte omcrte
il. tout hasard, éviter qu'il sorte flâner dans ce pays qu'il n~
connaissait pas. Rien de plus simple, mais rien oon plus a
quoi pensent moins les gens en pa~eille circonstance. Et pa le.
moindre collier j'entends un collier avec nom et adresse. Le
malheureux a dû être ramassé, et voilà encore un martyr pour
le llinistres charlatans des laboratoires. Je passe deux fois _par
jour devant ce pensionnat. Deux fois par jour, l'image de ce chien,
la pensée de son sort, me reviendront. Le diable emporte
ces ~œurs dites de charit~.
~lais voyons un peu ces chefs-d'œuvre sur lesquels il faut
que j'attire l'attention. C'est par la pièce de M. André ~ascal
qu'il faut que je commence, je crois bien. Oui, c'est bien la
_une
Plus ancienne dans le petit lot dont. j'ai fait une• liste.. C'est'ous
pièce en quatre actes, ayant pour utre _: LJrsqu on_ amie... . &gt;
allez compléter et dire : Lorsqu'on aime on fait des fohes •
L'idée de M. André Pascal, dans cette pièce, est plutôt : lors•

CHRONIQUE DRAMATIQUE

333

qu'on aime, on de,•ient quelquefois très bon. Le sujet est celuici : un homme de cinquante ans, très riche, a épousé une jeune
femme de \:ingt ans, qu'il adore et dont il est l'esclave. Cette
jeune fiJle aimait un jeune homme et en était aimée, mais a
préféré un mariage qui lui donnait une existence heureuse. Un
jour 9u'elle reçoit, elle se retrouve en face du jeune homme en
question. Il n'e t pas de phrases que celui-ci ne lui débite alors
pour lui évoquer le passé, lui rappeler leurs projets, lui dire
qu'il n'a rien oublié et qu'il ne peut vivre sans elle. A ce propos, quand no11s débarrnssera-t-on. au théâtre, de ces scènes
d'amour les mêmes dans toutes les pièces, et presque avec les
mêmes mots: « Vous rappelez-vom? C'était un mardi. Vous
aviez une robe mauve. Vous teniez des fleurs à la main. j'étais
venu voir \'Otre mère. Votre beauté rayonnait su'r tout, Dès ce
jour, j'ai senti que je vous appartenais.\ otre image ne m'a pas
quitté. \' ous étiez toute ma vie. » Encore n'est-ce pas aussi bref.
Au contraire, un lyrisme, des métaphores, un bavardage .. .
Quand on entend cenc scène en moyenne deux fois par semai ne,
pendant six mois de l'année, depuis quinze ans environ, je
\'ous assure qu'on finit par la troU\·er un peu bête. La jeune
femme proteste, naturelle.ment. Puis, non moins naturellement,
elle fait sa partie dans ces ndmirables couplets et les deux soupirants deviennent amants. L'histoire ~st bientôt connue de tout
l'entourage. Seul le mari l'ignore. li semble du moins qu'il
l'ignore. Son frère la lui découvre avec ménagements. Surprise : on ne lui apprend là rien de neuf. Il sait tout depuis le
premier jour. S'il n'a rien dit, c'est qu'il adore sa femme . [! se
rend compte qu'il est pour elle un vieil bomœe. L'autre, elle
l'aime et cet amour est pour elle son bonheur. Comme la voir
heureuse compte pour lui plus que tout, il se tait. S'il parlait, il
la perdrait peut-être. En se taisant, il a au moins la joie de la
voir, de l'entendre, de la tenir quelquefois dans ses bras. Mais
personne ne peut savoir ce qu'il a souffert, ce qu'il souffre
encore. M. Arquillièrc a été très bien dans cette scène humaine
et généreuse, dans laquelle la raison l'emporte sur l'instinct. Ce
mari pousse même l'amour et le sacrifice à ce point : il va trouver l'amant, lui explique qu'il va divorcer et le met en demeure
de choisir : épouser sa maîtresse, ou recevoir une balle dans la
t~te. L'amant, qui a une autre histoire en train avec une riche

�334

-

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Américaine, qu'il espère bien épouser, se défile pour ce mariage
forcé. La jeune femme, qui se trouvait che.z lui à1 l'arrivé~ de
son mari et qui n'a eu que le temps de se cacher dans une pièce
voisine est ainsi mise à même de juger ce que valaient les
'
.
jolies phrases et les serments de son amant. Elle rene~t chez
elle se jeter aux. genoux de son mari, toute en larmes, implorant son pardon, qu'elle obtient, le mari étant trop heureux de
la conserver. Je n'ai pas besoin de vous dire que je ne me suis
nullement attendri sur les malheurs de cene jeune sotte. Une
personne d'ailleurs peu intéressante, ayant, je l'ai dit, préféré_la
fortune à. l'homme qu'elle aimait et qui l'aimait, donnant ensuite
dans toutes les billevesées qu'il lui racontait, sans voir plus
loin que le bout de son nez et sans souci du mari . a_uquel ~le
devait tom. Je la regard.ais mê.me pleurer avec plaisir. Ce n est
pas qu'une femme qui pleure soit bien joli:· ~'est même plutôt
tout le contraire. Mais au théâtre, on :ut s1 bien pleurer en restant jolie I J'oubliais presque·qut: j'étais au théâtre. Je me disais:
« En voilà au moins une qui reçoit une leçon. Pleurez, ma chère
amie. Vous ne l'avez pas volé 1 » On me dira sans doute qu'elle
l'emportait, puisque Le mari pardonnait. 11 faut s'ent~nd~,
Elle l'emportait, là, au théâtre. Mais transportez cette h1sto1re
dans la vie. Croyez-vous que l'affaire du jeune homme ne
reviendra pas de temps en temps entre les deux époux. ? C'est cc
qui fait la faiblesse de la plupart des pièces : leur dénouement
n'est fait que pour finir un dernier acte, s~ns aucun rap~ort
avec la réalité. Après cela, il est bien certam que ce man e5t
bien supérieur aux maris qui !uent et assomm:nt, _en p~r:an~d:
leur honneur outragé. Mêler 1 honneur à ces h1sto1res-la • Ces.
pour moi d'un comique !. . . Je ne suis pas ~ar!é et _n: le ~~rai
probablement jamais . Mais le serais-je et~ arnve~a1t-il d ~tr~
trompé, - et il me L'arri,verait, c'est certam, . - J_e me d1~1s
peut-être que je suis cocu, mais je me ~ardera1s ~1en de mder
mon honneur, ou ce qu'on appelle tel, a cette affaire.
Nous avons ensuite, à l'Odéon, une pièce en trois actes de
feu Louis Bénières : Coliche et Griffeli11. C'est la mise à la scène
d'un personoaae d'avare d'wi très grand relief, avec des e&lt; mots»
extrêmement cypiques. M. Chaumont l'a fort bien jou~, don~
nant à ce personnage une apparence physique très ré~s~ie: 0 e
a dit que cette pièce rappelle L' Avare dt: Molière et qu ainsi ell

CHRONIQUE DRAMATIQUE

3H

était inutile. Le fait est qu'elle montre plusieurs des circon •
tances de L'Avare : la cassette Yolée, l'économie sur ]a table 1
é.
'l
,a
r s1staoc:e a a tentation amoureuse pour la dépense qu'elle
représente, 1~ ladrerie vestimentaire ... Elle n'en est pas moins
amu~ante et 10téressante à ,·oir, avec ses caractères tortemcnt
dessinés, ses personnages qui s'expriment en un lanaaae parfaitement en rapport avec les situations, et des scène~ d'un réel
comiq~e. Et puis, vous savez, la fameuse scène d'amour dont je
v~us a1 parlé plus haut ? Il n'y en a pas, dans Colicbeet Griffe/in.
Rien que cela donne pour moi à cette pièce un mérite inestimable.

Elle était accompagnée, le soir que je J'ai vue, d'une comédie
en un acte de M. Pa~l G-affieri : Les 1111s chez.. les autres, pochade
bo_u~onne fort réussie, nous montrant des petits employés en
soiree les uns chez les autres, aYec leur médiocrité hypocrite
pré:entieuse et ~oltro~ne. Pas u1~ mot, un geste de trop. L;
vé~té mê~e. Dire qu 11 y a certamement de ces gens qui vont la
v01r et qu 11s ue se reconnaissent ras ! Je m'arrêterais d'écrire
pour rêver à cela, si je m'écoutais.
Je me s~uviendrai de tna soirée à la Comédie française pour
la comédie de M. Paul Géraldy : Aimer. Me suis-je assez
ennuyé ! M. Paul Géraldy peut avoir tout le succès possible. Ce
succès ~e m'imp~~ssi.oone pas. 1imer ~st une pièce qui a plus de
préten~1on que d rnterêt, plus d 1nvent1op que de vérité. Autour
de mo,_ des g:ns bâillaie~t, d'autres donnaient. , otez que je sui
allé voir la pièce plus d un mois après la première. J'étais là
avec le vrai public. On va voir Aimer, ans doute, parce que
~•est la pièce à la mode. De là à s'y sentir ému, ou intéressé,
ity a loin. Il y a même impos~ibilité. Tout est artifice, recherche, dans les situations comme dans le langage. Tousent1·ndons
encore là cette scène d'amour ridicule, usée, qui finit par ne
plus que faire rire, alors qu'elle devrait toucher. M. Paul GéralY montre en outre un vocabulaire dans lequel la préciosité le
dispute à la puérilité. Au reste, toute la pièce est écrite de
même. f'.ai sauvé dans la bataille l'or!fueil de moi, le goût de moi. _

d!

Je vo_r1S aune au-dessus de votJS-mi me. - Je crois en moi. je crois
en lot. - Tout ce qu'on entend dans Aimer est de cette qualité.
1~ le répète: au moins pour mon goût, c'est à se sauver, las
dattendre des personnages qu'on voit sur la scène un mot vrai

'

�LA . OU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

naturel, senti, humain, et qui ne vient pas. Les artistes de la
Comédie font leur possible. Mademoiselle Pierat débite avec la
plus grande aisance des tirades de mau_vais livr~ qui la feraien~
moquer à la viUe. M. Alexandre, froid et ra.Jsonne,ur, et qm
explique à sa femme l'adultère comme un problème a résoudre,
y met plus de réserve. Seul M. Hervé, qui est bien laid, semble
trouver son rôle très beau et y dépense un grand enthousiasme
de voix, de bras et de jambes.
Le Théâtre de l'Œuvre a joué une pièce d'un tout jeune
auteur, M. Jacques atanson : L'âge beureux. C'est encor_e une
pièce sur l'amour, mais pris du point de vue de la rouene, du
calcul , des essais successifs, des leçons qu'on prend en passant
.
de l'une à l'autre, de l'expérience amoureuse qu on acquiert
ainsi et tout cela chez de très jeunes gens qui sortent du
collè~e et considère'nt l'amour comme un problème d'algèbre.
Chose étonnante et méritoire: ces personnages s'expriment avec
les mots Jes plus naturels, alors qu'on aurait pu craindre da~s
leur langage les mêmes complications que ~ans leu_rs sennments ou ce qui leur en tient lieu. Cette pièce, ~u1 met en
scène de tout jeunes gens, est jouée par de tout Jeunes gens
qui ont tous du talent et sont sur la scène comme chez eux.
Une jeune association dramatique s'est formée . C'est la Co111pacmie d'auditions dramatiques, à la tête de laquelle est Mm• Jane
H~gard. Elle a donné sa première audition avec La Ronde, de
'écrivain autrichien Arthur Schnitzler. Il parait que cette Ronde
a un grand succès en Allemagne. où elle est jo~ée dans _un
ton et avec une mise en scène extrêmement appropnés au su1et.
Elle se compose de dix tableaux, qui sont en réalité to~jours le
même : l'acte sexuel, accompli par des personnages d1ffére~ts
au point de vue social. Nous voyons ainsi daus cette opérat1~:
le soldat, le jeune homme, l'époux, le poète,
c~mt~, avec
prostituée, la bonne, la jeune femme, le trot~m, l actnce, etc.,
etc. A dire vrai, c'est peu intéressant, et vra1me~t un feu_ trop
purement animal. Voir dix fois de suite la lumières éte:ndre
parce qu'un individu, quelqu'il soi:, pa~se des p~roles
acte,
et celui-ci accompli, se remet aussitôt a penser a ses affaire~· ··
,
.
. ~~
Cela ne nous apprend rien et ne nous mo~tre nen
piquant. L'interprétation, composée de tout _Jeunes amate:~
méritait la plus grande indulgence. Seul, M. Jean Cassou,

.

!e

à!

CHRONIQUE DRAMATIQUE

337

le personnage de !'Epoux, qui parait dans deux tableaux, savait
parfaitement son rôle, et y a montré beaucoup &lt;l'aisance et de
naturel. M. Jean Cassou est le rédacteur de la rubrique des
Lettres espagnoles au Mercure de France. Il a également publié,
dans des revues, quelques vers et quelques pages de critique
littéraire. Il est jeune et on ne saurait dire ce que tout cela
donnera. Mais son jeu, l'autre soir, son naturel, l'aisance qu'il
a eue sur la scène, et d'autant plus qu'il jouait couché dans un
lit, ce qui ne lui facilitait pas sa tâche, montrent chez lui de
grandes qualités pour le théâtre. A son f1ge, il est encore temps
de changer de voie.
M. Tristan Bernard a fait jouer au Théâtre Marigny une nouvelle comédie : My love : 111011 amour. J'ai été empêché d'aller
la voir. M. J. W. Bienstock, mon excellent ami, qui est venu
tout exprès de Russie pour juger le théâtre français, m'en a dit
son avis pour me consoler: « Vous ne perdez rien, m'a-t-il
assuré. C'est très mauvais, ennuyeux ... » II faisait une moue
en disant cela!. .. « Vous devez exagérer, lui dis-je. M. Tristan
Bernard a pourtant de l'esprit. Une pièce de lui. .. - Il a peutêtre eu de l'esprit, me répliqua M. J. W . Bienstock. Mais c'est
fini . Il vieillit, il baisse .. » Je le revois il y a deux jours. « Eh
bien! avez-vous vu My love?» me demande+il encore. Je lui
lui réponds : Non. « C'est une niaiserie, me dit-il alors,
une niaiserie sans aucun esprit. » J'ai voulu être fixé pour de
bon et j'ai envoyé à Marigny un ami qui avait envie d'aller au
théâtre, en le priant de me donner un petit compte-rendu. Le
voici :
u Sur un canevas qui a servi à de nombreux romanciers,
M. Tristan Bernard a brodé une comédie. S'il existe des formulaires du notariat, on y trouve certainement des modèles de
testaments pour vieux monsieur qui trompa autrefois un ami et
se trouva ainsi père ·d'une fille. Dix-huit ou vingt ans après, ce
monsieur, -qui toujours est millionnaire, - se sentant près
de la tombe, fait un testament qui oblige son principal héritier
à épouser la bâtarde : condition sine qua non. Mais le vieux
monsieur a des héritiers directs et naturels qui comptent sur
l'hoirie et l'ont même déjà escomptée . Naturellement, ces hoirs
directs n'acceptent pas de gaieté de cœur les dernières volontés du podagre de wjus et cherchent à provoquer l'application
22

&gt;

�LA NOUVELLE REVUE FRA'NÇ~lSE

de la clause qui, faute d'acceptation du mariage, leur fait revenir tout l'héritage. Et naturellement ces· héritiers directs
emploient tous les mo ·ens, même les plus canailles, pour
provoquer ce refus. C'est l'histoire que, sous ce titre de My love,
,non amour, M. Tristan llernard fait jouer au Théâtre Marigny.
« La plus vieille affabulation peut être prétexte à peindre
des mœurs et des caractères, ce qui est la raison d'être d'une
comédie. M. Tristan Bernard y a réussi en ce qui concerne certains de ses personnages. L'un d'eux, Lerobert, est bien le bonhomme dont la profession est de ne pas avoir de profession,
qui mène tout de même sa vie sans trop de malpropretés et qui,
s'il lui arrive de boire un peu trop, se ressaisit toujours à. temps.
Un autre, Bonaventure, vieux soldat qui est comme son pompou et vieillit, approche égaleml!nt, quoique un peu exagéré,
du vrai et vit. Il semble, &lt;l'autre part que les héritiers, si
noceurs qu'ils soient et si privés d'idées et d'esprit, ne doivent
pas être à ce point idiots comme il nous les montre.
« M. Tristan Bernard, et c'est son mérite, fait des « mots »
sans jeu.Je veux dire que l'esprit est dans la situation et qu'isolé
de cette situation le même mot n'aurait plus aucun esprit.
« Dans un compte-rendu de My love, un critique dramatique,
avec beaucoup de restrictions, a voulu nous montrer M. Tristan
Bernard, - dernier écho du tricentenaire ! - comme le
Molière de nos jours. Si on veut, mais avec l'attémiation que
les trames donnent aux tableaux vivants-. »
M.AURlCl! BOISSARO

NOTES
Ld POÉSIE

L'AGE DE L'HUMANITÉ, poème, par André Sal,nim,
Laurencin (N. R. F.).

avec un portrait de l'auteur par Marie

J'ai relu plusieurs fois ce poème de M. André Salmon, non
sans y découvrir de nouvelles beautés, ce qui prouve qu'elles
sont assez nombreuses, et aussi de nouvelles significations, ce
qui me laisse en définitive un doute sur le dessein du poète.
Il y avait dans Prikaz une forte unité intérieure qui ne sera pas
ressentie par le lecuur de l'Age de l'Humanité, soit que le sujet
même de ce film épique offre des contours trop flous, soit que
M. Salmon, soucieux. de décevoir des zélateurs indésirables et
de décourager les classificateurs politiques, ait excessivement
nuancé sa pensée. Aussi paraît-elle semblable à Loïe Fuller
que peignent les faisceaux chatoyants et qu~ le jeu fini, ne laisse
en nos yeux que le souvenir de la forme blanche qu'elle est
redevenue, non par prudence, certes ou crainte de se compromettre (André Salmon est bien l'écrivain 1e moins accessible
à un sentiment de cette espèce), mais il règne dans son esprit
IUl tyrannique désir d'indépendance et un appétit insatiable de
singularité.
·
Rien d'étoilll2llt si l'aube .des temps nouveaux comme l'on
dit, s'offre à ses yeux sous des couleurs insolites. Là où d'autres
voient blanc ou rouge, Au.dré SAimon distingue une infinité de
llllances intermédiaires. Aussi nuJ parti politique ne saurait-il
se flatter d'annexer son lyrisme. L'âge de l'Humanité qui, si je
comprends bien la,_ pensée du poète, doit succéder à l'âge des
nations dont la guerre aurait marqué le couron11ement, s'élabore
à Paris, dans les milieux rurieusement décrits par André
Salmon dans ses romans, :\ M.ontparoasse, .rue des Rosiers,
parmi les membres du Syndicat des casquettiers ; chez un
OCUiiste juif et polonais .qui gar.de dans son appartement bis-

�34°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

torique du quai Voltaire une incomparable collection de
toiles cubistes» germe en secret l'art adéquat au communisme
russo-asiatique ; au cinéma « Alhambra noir du peuple en
liesse » naissent les dieux des superstitions nouvelles. La grippe
espagnole, peste des temps modernes, renouvelle les terreurs
de l'an mil. « Et cependant c'est la victoire ..... » La France
sauvée doit à son tour sauver tous les hommes, et c'est en son
nom que M. André Salmon prêche la religion de l'amour:

NOTES

341

monde~ à qui le passage d'une auto fait l'effet d'un transatlantique abordant rue des Blancs-Manteaux ! Combien d'autres
figures, au fil de ce poèmedormant. nous.Poursuivent, d'un regard
amer ou sardonique et d'une ironie pitoyable dont le poète
ennoblit les faces vulgaires de ses héros.
Mais l'homme nouveau dont les doigts levés.
s11Spe11de11t les boules de g11i nux voûtes des grands j011rs sol11ires, ••
. c'est, comme 011 dit, u11e autre a.Doire

Aimer ! c'est la b~11ille q11i se change m aile
Aimer I le plus juste dts z.rles I
Ai111e1· I voir ce qu'à fbomme l'humanite ûlii

Parbleu, oui, mon cher Salmon, c'est une autre affaire. Européen avec Romains, humain avec vous, je ne dis pas non,
mais je demande à voir.
ROGER ALLARD

Aimer I aimer I Je dis-je
Aimer / c'est bie,i a.ssez. : et c'est un assez. gra11d prodige

*
* *

Je ne sais si mon ami Salmon me saura gré de ce r:tpprocbement mais les cent derniers vers de 1'Age de 1'Ht1ma11ité m'ont
fait penser à la fin de Satan :
L1 11uit est la promme t1:idmte du jour

.

Le père Hugo n'eut pas désavoué ce vers. Et, ma foi, le comte
Tolstoï, en dépit des invectives contre
les mal/dictions assom111011tes des pauvres
et les dettes des morts
et les puliés des autres

eut reconnu dans la pensée de Salmon d&lt;;s lambeaux de cet
amour slave qui commence par d'inoffen~ives discussions
anarchistes autour d'un samovar_, dans un atelier de peintre,
et se termine dans les prisons de la tcheka.
Or qui veut entraîner le lecteur dans un tourbillon de pen~e
lyrique, doit éviter tout ce qui peut le distraire de cet ave~
qu'on pavoise, au bout de l'avenue. Et celle-ci, qui mène a
l'âge de l'Humanité est toute bordée de baraques ou M. André
Salmon a disposé des vues d'optique coloriées avec uo goût
populaire et raffiné. Je suis resté longtemps, pour ma part,
devant l'affiche du théâtre Yddish de la rue des Rosiers, en
compagnie de cette ft Rachel qu'un vice retrouvé fait illustre
entre les courtisanes » et des o: plus vieux petits enfants du

AMOUR COULEUR DE PARIS et plusieurs autres
poèmes par ]ides Romains (Éditions de la Nouvelle Revue
Française).
Voici l'œuvre la plus intime de Jules Romains, la plus
secrète : petite suite au Vayage des 4mants, composée de pièces
brèves, étroites à la manière des flaques d'eau qu'on voit dans
les rues déserres, pendant l'interrègne de la vie urbaine, de ses
bruits et de ses mouvements, et qui contiennent tout le ciel
nocturne. Le poète a tenu la gageure de peindre des paysages
parisiens vrais et pourtant anonymes, de suggérer l'aventure
sans montrer de visages, que ces « ombres qui peuvent descendre » quand la vie et l'âme sont prêtes, de composer avec
des reflets, des souffles et;des rumeurs une sorte de cathédrale
où les mâles accents d'une poésie tendre vibrent et prolongent
leurs mystérieuses résonnances .
Rien ne serait plus piquant que de comparer ces odelettes
graves à certaines chansons de Verlaine. Par des moyens tout
opposés Jules Romains obtient des effets de pureté profonde :

Du ciel pour une benre encore,
Du bleu qui serre le cœur,
A mOl/r couleur de Paris.

On admire avec quelle rigueur, il se garde de l'art le plus
facile, et d'une séduction à la fois sûre et commune, l'art des

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

impressions parcellaires, des tons justes posés par petites taches.
Romains expose et cooclnt. Son plus court poème est un
unners in,·enté, peuplé d'~s et de choses recréées par la puissante et volontaire imagination de l'auteur des Puissanus tù

Paris.
Sur la technique de Jules Romains, il y aurait beaucoup à
dire, et j'y vois pour ma part un trop grand nombre de possibilité, offertes aux poètes médiocres. C'est pourtant le plus
sérieux et le plus émouvant des efforts tentés pour restituer à
la poésie, sous une apparence nouvelle, les. beautés 'lligoureuscs
de la métrique traditionnelle.
ROGE"R ALLAiD

LE ROMAN

SAI 1T MAGLOIRE, par Roland Dorgelès (Albin Michel).
Pourquoi cfüe que Roland Dorgelès a choisi un sujet trop
vaste et trop difficile r Les ~rands sujets ne sont nullement
interdits aux Français de ce temps. Et sans doute une ' bonne
partie de la littérature française de demain trai1era-t-elle de
« grands sujets ». Dorgelès n'a·vait-il pas réussi un livre sur un
sujet aussi ·aste et a.ussi difficile : la guerre'? Avoir entrepris dt
peindre un saint dans la société d'après-guerre, et être allé jusqu'au bout de son entreprise, ce n'est pas un miece mérite. JI y
fallait uoe grande ferveur el' même quelque héroïsme. Il convient donc a.a-ot tout de rendre justice à Dorgetês et de lui
renouveler notre sympathie et notre confiance.
Mais il con ient aussi de constater qu'il a complètemtnt
échoué dans son entreprise. Son talent est hors de cause.
Dorgelès pcendra brentôt sa revanche. Mais Saint Magloin est un
livre manqué.
L'anecdote de Saint - Magwire est la &amp;Uivaote : Magloire
Dnboorg rentre en France en 1930 avec une réputation de saint.
li a passé quarante ans en Afrique à évangéliser les Noirs. On
rapporte sur son compte des choses miraculeuses. Le village de
Barlincourt où il s'établit chez. son frère est envahi par les journalistes et les malades. Le saint guérit un coxalgique, un épilep·
tique ; surtout il rend la vue à un aveugle. L'Eglise inquiète des
miracles accomplis par ce simple Iarque, intervient, s'effraie dt
ses doctrines. Magloire fait un scandale à kt Chambre en protes-

NOTES

343

tant contre une expédition répressive au Congo. Il prêche dans
les rues de Paris, dans les rues de Barlincourt, semble encourager
une grève, provoque indirectement le suicide de sa nièce, intervient en Cour d'assises si maladroitement qu'il fait condamner
à mort celui qu'il voulait sauver, provoque des émeut~ dans
Paris, finit par être arrêté. Discrédité, honni, impopulaire, il
doit repartir pour l'Afrique.
Je ne crois pa que la faibles e doctrinale (très réelle) des
,royances de Saint-Magloire, mél:mge incohérent où entrent
des ingrédients bouddhistes, gnostiques, orphiques, fouriéristes,
etc ... , mais qui témoignent d'une incompréhension totale de
l'aoti-naturalisme catnolique, ait la moindre part dans la faiblesse
du roman. Les causes de la non-réussite sont presque uniquement d'ordre littéraire. Dorctelès en effet prétend non pas nous
con,ertir, mais nous émouvoir. Est-ce que les croyances des
gens de Cromede ,re-le-Vieil :sont beaucoup plus cohérentes que
celles de Saint-Magloire ? Mais dans Cromedeyre, nous voyons
les rapports précis qui existent entre la croyance et les actions,
comment la décision sort du sentiment. Chez Dorgelès, rien de
pareil : nous voyons agir fagloire, nous ne le voyons jamais
préparer son action., 1ous ne savons rien de la genèse, de l'é,olution de sa, croyance, de son but, de son plan. ous voudrions
connaître ses espoirs, ses doutes, les rehondissements de sa foi.
C'est en vain. Magloire agit, semble+il, au hasard. Et à aucun
moment,. Dorgelès n'a su nous communiquer t'intime frisson
mystique qui devait animer son héros.
Une autre faiblesse littéraire de ce roman, c'est sa composition« à tiroirs&gt;&gt;, la monotonie des épisodes tous construits s.ur
un même modèle, consistant tous ( ou presque) en une entrevue
du saint et d'une foule sympathique ou hostile. D'au un manque
de progression interne dans le récit ; une simple juxtaposition
à.e scène5,pitto.resques,.quefauteur fait o: bien tourner» dans les
deux-cents premières pages, « mal toomer » dans les dernières,
sans autre préparation et sans autre nécessité que s011 pur arbitraire.
Ajoutez que toutes ces scènes, dont les journaux rendent
compte le lendemain, au dire de l'auteur, sont traitées par lui
tomme du grand repoi:tage très soigné et non pas comme des
scènes de romans. Les détails savoureux abondent. La bêtise et

�344

LA NOO\'ELLE REVUE FRANÇAIS!

l'idéali~me des foules sont mis en scène de main de maître. Mais
toujours l'essentiel manque, l'essentiel, cet impondérable partout répandu, par exemple, dans Dostoïewski. C'est l'atmosphère qui fait défaut.
Dorgelès a essayé pourtant de créer cette atmosphère, et
il a ,ru y parvenir en recourant aux procédés documentaires de
Pierre Benoît. Il a évidemment lu et utilisé de nombreux ouvrages sur l'Afrique, les missionnaires et les hérésies, mais c'est
sans résultat appréciable. On salue aussi au passage comme un
hommage à Mac Orlan le faux Hollandais Van den Kris, mais
cet aventurier passif ne contribue pas à mettre en plus net relief
Saint-Magloire.
Le style alerte et, comme on dit, bien troussé fait tantôt
curieusement penser à Zola, celui de Lourdes ou celui du Rive,
tantôt à Alphonse Daudet. Changeons la formule du télégramme célèbre : Ct aturalisme pas mort. Roman de Dorgelès
suit.»
BENJAlUS CRÉMIEUX

*

* *

LES COPAINS, par ]tûes RQtnains (Editions de la
velle Revue Française).

cu-

On s'isole volontiers pour pleurer et bien des douleurs sont
incommunicables. Mais en se groupe pour rire. On ne rit bien
qu'à plusieurs. Et si chacun pleure selon la complexion person:1elle que la nature lui a donnée, il rit à la façon de la caste
et de la nation où il est né. Le rire est social par essence. Un
Français ne rit pas pour les mêmes causes, ni de la même façon
qu'un Chinois. Tout ce qui dt.os Shakespeare est dramatique
est universellement accessible, mais l'on sait - tout au moim~
depuis la publication d' À la mamere de ... - qu'il est bourré de
plaisanteries "intraduisibles en Îrançais ». La facilité accrue de&amp;
communications, dont les économistes se plaisent à énumérer
les bienfaits et les crimes dans la vie matérielle de l'humanité,
tend à élargir les frontières nationales de chaque rire indigène.
La vogue en France du comique anglais depuis trente ans eo
est une preuve.
Mais le rire le plus spontané, le plus inextinguible, le plus
gratuit implique toujours dans le groupe des rieurs une francmaçonnerie, une solidarité qui exclut l'étranger. li y aurait une

NOTES

345

étude à faire sur le rire des divers métiers ou professions, souvent associé à un argot : rire des calicots, rire des commisvoyageurs, rire des o: coloniaux ,i (a,·ec son cycle provençal
dont le héros légendaire Olive a envahi durant la guerre toutes
les popotes d'officiers en campagne et aussi son cycle annamite), rire des Polytechniciens, etc ... Qui recueillera en France
le folk-lore comique et grivois des 111étiers co'ime on l'a déjà
recueilli pour les diverses provinces ?
Ces forrues du rire, jusqu'ici transmises dans un milieu professionnel restreint et uniquement par la tradition orale, ne sontelles pas appelées à élargir et à renouveler le domaine du rire
c-d'expression littéraire » ? Et les Copams ne sont-ils pas en partie une tentative de cc genre, pour hausser jusqu'à la littérature
et à l'humanité générale un rire de caractère particulier ?
Regardons-y de près. Le rire français contemporain, en littérature, se réduisait à trois courants principaux jusqu'à ces dernières années. Un courant « Vieille France » qui perpétuait le
rire de la Monarchie de Juillet (Henri Monnier - Gavarni Labiche Jules Moineau) et dont le représentant typique est
Courteline. Un courant d'assimilation du comique anglais dont
les principaux représentants sont, après Alphonse Allais,
Gabriel de Lautrec, Curnonsky, Mac Orlan (à ses débuts), etc ...
Enfin un courant d'assimilation du comique juif, surtout suivi
par des écrivains israélites : Tristan Bernard, Duvernois, Max
et Alex Fischer, et, dans les cabarets de Montmartre, Jules
Moy.
Mais deux courants nouveaux se sont frayés la voie au cours
de ces dix dernières années, qui prennent de plus en plus
d'importance et qui ne font que dériYer au profit de la totalité
des Français un sens du comique propre à un milieu qui n'est
pas un milieu professionnel, mais qui y ressemble beaucoup :
un milieu scolaire. Le premier de ces deux courants a pour
origine un point nettement localisé de la carte universitaire :
c'est le collège Stanislas.
Pour définir ce que comporte de narquoiserie, de satire,
d'irrespect, de pseudo-nihilisme, d'esprit de mots, le rire propre
aux« Stan » il faudrait des pages, mais, pour caractériser ce
rire, il suflira de citer les noms disparates de La Fouchardière,
Pierre Chaine (Mémoir~s d'tm Rat), Marcel Sembat, Henry de

�LA NOU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

Jouvenel, de Monrie, tous s.1uf erreur, anciens élèves du Collège Stanislas.
Dan lss Copains, comme dans Donogoo Tonka et dans Mmrsieur le Trouhadec saisi pa, la. deb{llJ,(,be, Jules Roma:ios acclimate
définitivement dans notre littérature le canulard, jusqu'ici
réservé au:.. élèves de l'Ecole 'ormale Supérieure, et à un deg~
moindre à ceux de l'Ecole de Beaux-Arts et au:1 o: carabins-»
des Salles de Garde. On peut d'aiUeurs ranger parmi les précUJseurs de Romains, Jarry dont l'Ubu roi, apparaît, de plus en
plus, comme une énorme farce de collégien. Le canulOTd mystificateur et parfois tortionnaire déclenche un rire féroce et
impitoyable, qui exclut de la vie les faibles, les :.ieux et les
imbéciles e qui est avant tout un rire de pui ance.
Mais ce n'est pas en vain que !'instaurateur de cette nouvelle
forme de comique est un poète de l'envergure de Romains. Ce
rire tout gratuit a chez lui a un fond et une résonance lyriques,
et la farce que la bande de Copains joue aux citoyens d'Ambert
et d'Issoirc atteint des proportions d'épopée.
Dans l'uoh·er · unanimiste, le rire a une place privilégiée. Et
sa caractéristique est de n'avoir aucun arrière-goô.t d'amertume.
Il n'a rien de la « mâle gaieté » dont il faudrait pleurer après
en avoir ri, propre à toutes les comédie de caractère. Il n'a
rien non plus du rictus désolé dont La foucbardière accompagne chacune de ses plaisanteries. C'est un rire qui ne désespère pas de l'humani é, qui est nne acceptation allègre de 12
vie, une interprétation joyeuse de l'univers, une dilatation de
tout l'être dans l'aise de la pleine santé, une multiplication de
sa force vitale qu~ accélère sa marche et lui compose milk
visages, lui inspire mille combinaisons, lui donne enfin l'àlnt
d'on Dieu créateur et consacre le triomphe de l'esprit sur la
, matière, du libre-arbitre su-r le d~terminisme.
.
II faudrait examiner aussi comment ce comique nouveau, SI
étroitement inspiré par notre époque (voyez entre autres la sa~
de la poésie moderne au début, puis la satire de la dém_ocraue)
se rattache à la grande tradition des fabliaux, de Rabelais et des
farces molièresques par les accessoires (les beuveries, les ciré·
monies avec discours latins, etc ... ) et surtout par le style
robuste, dru et, si l'on peut dire, d'une « pureté populaire•
inimitable.
BE. JAMIN cRé)Udl

JIOTES

347
*
* *

LE ROI DE BÉOTIE, par Max Jacob (Editions de la
~ouvelle Revue Française).
Certains auteurs écri ent pour se délivrer d'eux-mêmes .
~•a~tres semblent ne se séparer jamais de leur œuvre qui le;
1m1te et les épouse comme une ombre. Max Jacob est drapé
dans sa légende comme un dieu dans son nuage. Chacun de ses
li,res est un portrait nouveau, toujours ressemblant.
Si i' itais roi de Béotie
j'aurais des mj~ts peur m'1iimer J

chantait un jeune pêcheur d'opéra-comique, « des lecteurs »
diront les livres dédaignés, dans les bibliothèques.
1 ouvelles? Bonnes nouvelles? Impressions? Som·enirs ? A
quel genre littéraire appartient le dernier livre de Max Jacob ?
On ne sa~rait le dire. L'émotion s'y mêle à l'ironie, la fantaisie
au pathétique. On peut regarder la vie « par le gros bout de la
lorgnette _.; les hommes sont tout petits, d~vant Dieu, dit l'auteur touché de la Grâce. La première partie du livre contient
quelques. cont~s ou nouvelles, d'une qualité remarquable.
La Ptllie Crise de Dandysme étlldièe chez mi Ado!escmt met en
scène un jeune homme élégant qui, soudain pris d'une maladie
de Foi, veut vivre selon la Vérité des Evangiles. li n'y réussit
pas; moqué par ses amis, fatigué d jouer son rôle d'ano-e, il
renonce au Paradis et, piètrement, i;emonte au ciel du J~ des
damrs de chez. Maxim's.
Alors commença cette vie de privations et de souffrances qui est
encore aujourd'hui la mienne.

~cr'.t Max Ja~ol&gt; à la fin de Surpris tl Charmé que je crois le
meilleur de toute la première partie du livre, avec quelques
pages de l'Entrepôl Voltaire oil l'auteur cède moins facilement
qu'ailleurs à l'ironie. Je n'oublie pas La Bohême pendant la
Guerre de r9r4, Bonnes Intmtio,:s, Chantage, une charmante
comédie - l'art du dialogue est familier à l'auteur du Cinématoma et des Lettrss avec Commentai,·es qui souvent confie à ses
personnages le soin de se présenter eux-mêmes au public et qui
écrivait :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

Pour se venger de l'écri\'ain qui leur a donné 13 vie, les héros
qu'il :i m!l!S lui cach1:ot son porte-plume.
Ma.~ Jacob sait attacher et séduire un lecteur ; d'un fait divers
sans importancè, il dégage un petit drame psychologique. La
souplesse de son style, l'élégance - parfois un peu trop recherchée de son écriture, le don qu'il a d'observer des détails pittoresques, « uniques &gt; parce qu'il les rend tels, font de lui un
écrivain singulier, et de son œuvre, presque aussi surprcMnte
que celle de Restif de la Bretonne, une exception à la règle
littéraire - sans parallèle, car l'originalité de Max Jacob le présen·e de toute évocation précise.
La econde partie du livre .\Tuits d'bôpital et l'.Atirore est un
journal du temp passé par l'auteur chez la « Marquise de Lariboisière ». L'auteur avait été écrasé par une voiture, place
Pigalle. Un ami lui disait :
- Alors, ce taxi ...
- Ce n'était pas un taxi, mais une superbe limousine, répondit Max Jacob en ce soulevant sur ce lit d'hôpital où les nuits de
fièvre et de souffrance étaient si longues. Il raconte son entrée
au Purgatoire du boulevard Magenta, un soir d'hiver :
li éuit évanoui dans son habit noir trop petit. On l'avait laissé
deux heures sur une cb:iise de jardin d:i.ns un recungle bitumé qui était
une salle pour attendre une « baigaeuse » et qwnd la baigne= éuit
venue, comme elle avai(montré un peu plus de bonne grâce que les
agents de ville en civil si nombreux et les agents de ,,iUe c:o uaiforme
qui s'informaient du nom de demoiselle: de sa m~re avec tant de solli·
citude, car il n'y avait encore que cela dans l'hôpital endormi, Schwevicheobund (c'est le nom que l'auteur prêle à s:i burlesque image)
avait éclaté eo =bilit~ fondantes.
Ces pages sont empreintes d'une tristesse de premier choit
et d'une émotion véritable qui nous éloignent un peu de la vie
littéraire. Les mots magiques nous ouvrent les portes du monde
obscur d'où l'auteur revient douloureux, blessé, mais le cœur
plein d'un désir de pureté, espérant la fin du monde et l'aurore 1
Le plus touchant c'est que la Muse de Max Jacob 6te enfin son
masque de carnaval, essuie le fard de son visage et laisse couler
sur ses joues de t•raies larmes, sitôt changées en perles.
GEORGES GABOIY

• *

NOTES

H~

DECADI OU LA PIEU E E FA 'CE, par Paul Cazin
(Pion- ourrit).
De&lt;:3di e !.un ~e~it garçon, si réellement p tit garçon qu'il
faut b'.en qu il soit inventé. JI vit en enfant, en enfant emible,
atten~f, réflé~hi, curieu&gt;;, et imaginatif, autant qu'on peut l'êtrè
a cet age, mais dont le - pensées les observation , la logique, et
les rêves, ~e so_nt pas plus la, première ébauche de ceux qui
occupent I esprit et le cœur d un homme que lui-mc.'!me n'est
une ébauche d'homme. Dccadi n'est pa un homme en formation ; c'est un in&lt;li"idu complet, parfait, dont toutes les facultés
sont logiquement développé s, et adaptées au monde dans
lequel il évolue. Et c'est pour cela qu'il est un véritable enfant,
non un d~ ces personnages comme on en présente souvent,
auxquels 11 ne manque qu'une certaine maturité, un peu de
barbe au menton, et une erreur de l'état-civil pour être des
hommes : ils vivent dans le monde des hommes, ils découvrent
la vie, en reçoivent des impressions diverses, et réaoissent
devant elle, à peu près de la m me façon que ferait un s:uvage
~duite, d.ébarquant u~ beau jour sur le pavé pari icn. On aurait
~ 1mpress1on, à les v01r, que ce sont des hommes faits, un peu
innocents, pas mal dessalé et pas tr1:s réussis, si l'on ne savait
~u'au _fond i_ls son~ tout simplement le fruit d'une imagination
httéraue qui travaille sur des souvenirs, et les ad;tpte, sans que
l'~uteur remarque qu' il regarde son enfance .l\'ec de yeux
d homme, et se fonde sur des anecdotes, conservées par sa
mémoire, où il introduit, pour les animer, non point le caractère qu'il avajt jadis, en les vivant et dont il a perdu le souvenir
mais le caractère nouveau, qu'il a acquis depuis, et reporte dao;
le passé en l'astreignant à se plier à l'image qu'il se figure avoir
conservée, et qu'il crée de toutes pièces.
• Le monde, tel que le \'Oit Decadi, est aussi éloigné que possible de la réalité. Il voit bien ce que voient ses parents, et le
docteur Dulait, et le Père de la Sorbière et le thermidorien· mais
i~ le ~oit autrement, il donne à chaque fait des explicatio; par•
t1cubères. le situe et l'ordonne dans un u11ivers spécial, qu'il a
formé, qu'il cultive :iruoureusement. où la réalité transformée
l'imagination et le mystère se fondent avec agrément. Le Pèr;
de la Sorbière peut lui tenir de beaux discours, pleins de suc et

�350

-

l:A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de sel ; il les comprendra à sa façon ; et, s'il en retire des fruits,
c'est qu'il a l'âme bien faite, et capable de transformer en prunes
succule:-ites et douces à sa gourmandise les pommes de terre
nourrissantes que l'on offre à son appétit.
Et cette « Pieuse enfance 1&gt; n'est point une enfance mystique.
Decadi ne demeure pas des heures en adoration devant l'autel;
s'il prie'trop longtemps, il s'en.dort, quand il n'a pas pu s'échapper pour aller jouer aux billes ; il ne se soucie pas du mystère
de l'Incarnation, et la question de savoir si les bêtes parlent la
nuit de Noël lui semble un mystère plu.s excitant, et plus digne
d'être éclairci. Il aime le bon Dieu, la Sainte Vierge, son grandpère, ses parents, ses amis, les fruits et les gâte.,ux., et l'âne,~
du père Garbasse. Que peut-on lui demander de plus? C'est un
petit Français, qui est heureux. de vivre, qui pleure quand il a
de la peine, qui rit quand il est heurc1u::, qui interroge quand il
ne comprend pas, et arrange à sa façon les réponses qu'on lui
fait, pour qu'elles deviennent intelligibles, et satisfaisantes.
C'est une pieuse enfimce puisque cc petit enfant fait son métier
de peti enfant, et le fait bien, et suit les règles qu'on lui impose,
comme il les entend, et a bon cœur.
On ne s'aperçoit pas tout de suite de cette fraicbenr, de cette
simplicité, de cette vérité, parce que cet enfant ingénu est présenté par un auteur ingénieux. Decaçi n'est pas seul en scène ;
toute une petite ville de province s'agite autour de lui ; des
personnages diserts s'entretiennent avec élégance, et, quand ils
parlent à Decadi, on sent bien qu'ils ne parlent pas seu.lement
pour lui, mais pour C:tre entendus des lecteurs de .M. Cazin. Et
comme ils s'expriment bien, qu'ils ont beaucoup d'esprit et
d'intelligence, les lecteurs de M. Cazin ne songent pas à le lui
reprocher. On prend ainsi la double image de ce petit monde
provincial, tel que le peint, dans sa vérité et son ironie, un écrivain observateur et fin, et tel qu'il apparaît à Decadi, dans la
simplicité de son âme sans malice, mais non sans ingéruosité,
Je disais que ce petit homme ne pouvait être qn'inventé. Comment aurait-il pu, en vérité, conserver dans son souverur un
double aspect si différent ? Que tous ces personnages aient
existé, je n'en suis pas bien assuré; mettons qu'ils ont existé
juste assez pour servir à M. Cazin de prétexte à les inventer.
Mais je suis bien certain que si De.cadi a vécu, l'année dernière

351

NOTES

l'a vu naitre; avec un rien de souvenirs - toujours le simple
prétexte - beaucoup d'observation et d'imagination, autant
d'artifice, et encore plus d'art, M. C.'\zin l'a composé. Et c'est
pour cela qu'il est vrai. 11 n'est rien de pire que la mémoire
pour déformer les vérités anciennes. Mais alors ce n'est là que
de la littérature ? C'est de la littérature, et l'on aime assez cela
dans les livres. Je préfère l'émotion qui crée et l'art qui en
ordonne les propos, à !'.art qui s'évertue à créer une émotion
sous prétexte de Ja ressusciter, verse le présent dans le passé,
fausse l'un et déforme l'autre, introduit partout le désordre.
LOUIS MARTIN-CH,1.UFFlER

LE PO T TRAVERSÉ, par Jean Paulha,r
Bloch).

(Camille

Il y a un drame du langage. Qu'on n'en ait pas discerné
l'importance et le pathétique depuis sept mille ans qu'il y a
des hommes et qui pensent - donc qui parlent - comment
n'en être pas confondu? Tous les rapports sociaux sont fondés
sur le langage. Il stipule les conventions et les lois, cristallise
les poèmes. Il est chargé de signifier. Comment ce serviteur de
l'humanité avait-il pu jusqu'ici éviter tout contrôle et toute
vérification de ses services ? Il avait trop su, c'est certain, se
faire aimer pour lui-même. Mallarmé lutta pour le tirer de son
rôle subalterne et lui confier toute gratuité d'action. Mais ce
rôle subalterne le tenait-il avec fidélité et ne s'était-il pas désenchaîné tout seul, jusqu'à régenter ses chefs hiérarchiques,
Pensées et Sentiments ?
On se rendit enfin à l'évidence. Quelques années avant la
guerre, le langage était dénoncé comme il le méritait. Les
pamphlets lancés contre lui par Le Spectateur de 19 I 3 n'ont pas
été vains. On vit que les trahisons de ce traducteur infidèle
dépassaient les malfaçons et allaient jusqu'à se substituer à la
pensée, jusqu'à l'asservir aux mots. Toute réforme intellectuelle, morale et sociale devait commencer par une réforme du
langage, et peut--être s'y réduire.
Ceux qui voient en Jean Paulhan un épigone de Freud
oublient, ou n'ont jamais su, qu'il appartenait au groupe du
Spectateur, que la guerre a dispersé . Il en est resté le mainte-

�352

LA NOUVELLE REVUE: FRANÇAISE

neur. Tous les renforts qui lui sont venus : le renfort lyrique
de~ dadaïstes, le renfort médical de la psychanalyse et, en tout
dernier lieu, chaperonné par Valery Larbaud, le • monologue
intérieur» de James Joyce n'empêchent pas qu'il ait été le premier à occuper la place. Entre les pages des dictionnaires, les
mots tremblent de terreur: le moment d'expier est proche.
Jaco/, COVJ le Pirate ou Si les mots so11J des signes n'est qu'un
réquisitoire: « L'on ne parle pas sa pensée directement. On
parle ses mots ... Les mots vous engagent ... Il suffit de retourner
l'ordre des mots pour avoir leur i.ens retourné ... L'on n'a plus
l penser, les phrases y suffisent... La tâche de la rime est de
fonder pour un moment une prétention des sons ,·oisins aux
pensées voisines. &gt;&gt;
Les mots n'ont-ils donc à invoquer aucune circonstance
.atténuante? Si. L'incurie de celui qui parle a sa part de responsabilité dans les crimes commis par les mots. Si l'on utilise leur
,r ressource naïve », les mots traduisent, sans trahir. (Voyez les
pré.cautions employées par Jean Paulhan lui-même dans le
maniement du langage.)
Bien mieux : « Tel maitre, tel serviteur. » Freud, par sa
théorie des actes ma11q11ts, nous ouvre des fenêtres sur bien des
lieux bas de notre nature : c'est le langage ici qui sert la vérité
en faisant apparaître fugacement ces terribles secrets, dans nos
lapsus et dans nos rêves. Dans ce confüt permanent, c'est tour
à tour l'inspirateur et le traducteur qui est dupe, criminel, véridique, faussaire.
S'il ne se joue plus chez un seul individu, mais cotre plusieurs, combien ce drame de l'expression se compliquera+il
encore, combien de possibilités engendrera-t-il ? Une pensée
déformée d'abord par les mots de celui qui la parle, interprétée
ensuite par l'auditeur qui traduit ces paroles dans son propre
langage et les soumet, ainsi tradui,tes, à l'action de son inconscient, à quelles confusions, il quelles explosions, à quelles
interférences ne peut-elle pas conduire?
Principe d'identité, syllogismes : fondements logiques du
langage; figures de rhétorique : fondements poétiques du langage, autant de notions périmées. Voyez dans Jacob Cow !':analyse de la métaphore. Une image n'est originairement qu'une
impuissance à nommer l'objet une approximation :

NOTES

353

Quelque enfant, ou étranger, parle de u cuillerc à trous ,. , de
u ~ou~ercle pour tête ». Quelle fantaisie, dit-on. C'est qu'ils ne coo1U1ssa1eot pas fourcl1eUe ou d}(l.pea,i, ou bien ces mots leur avaient
4!chappé. Ils ne cherchent qu'à serrer l'objet du plus pr~s et à se faire
entendre.
A la conception physique du langage, Jean Paulhan substitue
une conception cbimiqru. Ces unions, ces échanges entre les
pensées et les mots, que l'on croyait passagers, fugitifs, sans
conséquence, incapables d'apporter un changement soit dans la
nature de la pensée, soit dans celle des mots, nous sont révélés
comme des phénomènes chimiques, stables, définitifs donnant
ruiissance- à des corps composés, qui, une fois c~mposés
agissent avec leurs qualités propres, provoquant des modi~
fi.cations imprévues dans leur entourage immédiat de pensées
et de mots .
Cette bataille i?cessaote de la pensée ( ou du sentiment) et
des mots (ou des images), avec ses alternatives et ses rebondissements, c'est évidemment le tissu même de notre existence
mo~ale. En d~nner la notion, en faire revivre toutes les péripéties, ce serait donner naissance à l'art le plus réaliste qui ait
jamais existé.
C'est celui que souhaite Jean Paulhan. L'instinct qui a poussé
le dadaïsme à renoncer au jeu normal de recouvrir chaque
pensée du mot correspondant en laissant libre carrière aux
paroles pour traduire l'inc-0nscient est chez Paulhan volonté
réfléchie, née de ses études de psychologie et de lin!!llistique.
Notons qu'un réalisme de cette sorte qui nous introduit dans
le plus secret laboratoire intérieur, pourvu d'autant de couloirs qu'il y a de circonvolutions dans notre cerveau, entraîne à
de longs romans cycliques dont l'œuvre de Marcel Proust nous
o[re un exemple.
~i Je~n Pa~~ha~ ne nous a donné ju qu'ici que de courts
récits, c est qu 11 vise surtout à nous fournir des données élémentaires, propres à illustrer ses théories. Le Pont Traversé.
c'est, après la Guiriso11 Sévère et Aytré qui perd J'babiti,n'• u '
.. è f
'
,, ne
trom me açoo d étudier, dans un cas psychologique simple,
l~s \"apports de la pensée et du langage et le jeu de l'inconscient.
Pourquoi le héros de la Guérison Sévere ne parvenait-il pas à
23

�354

LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISB

trouver la force de guérir sa grippe espagnole, malgré les soins
de Juliette? C'est qu'il aYait trompé Juliette avec Simone et
que ce secret, avec son fardeau de sentiments et d'images,
occupait tout son esprit. A peine a-t-il laissé découvrir par
Juliette les lettres de Simone, qu'il s'achemine vers la guérison.
Toute la charge Je sentiments et d'images qui l'encombraient
a été transférée à Juliette par les simples mots révélateurs
contenus dans les lettres de Simone.
Pourquoi le sergl!nt Aytré, qui a rué dat1s un dllage malgache Mme Chnulinargucs, Européenne, révèlera-t-H son crime?
Simplement parce que les mots trahiront sa pensée i la déri\'e
et que le carnet de rout~ - à Jui confié pM l'adjudant, chef de
convoi, - dévoilera l'aspect imprévu pris par le monde à ses
yeux depuis l jour de son crime, aspect impré\'u qu'l e-.tp~ime·
par des séries de questions et des projets de réforme. le, les
mots jouent un rôle actif de dénonciateurs.
Enfin, dans le Pont Traversé, c'est le dr:ime même de l'intercommunication des êtres qui est traité. Li f, mmc a quitté
l'homme en lui reprochant
ne point assez se faire connnîtrc:
« Tu expliquais : je ne p.arlais pas assez, je ne me livrais pas. •
Trois jours plus tard, l'homme est décidé à faire les premiers
pas vers la réconciliation. Le pont qui sépmtit les J1c:u1 .imants
se trouve ainsi traversé. Ce queœtte décision coûte à l'homme,
les sentiments qui l'agitent pendant ces trois jours, voilà toute
b matière du récit, exp05ée sous la forme d'une succession de
rtves - trcis par nuit pendant trois nuits - sobrement com~
mentés. Pourquoi ces rêves plutôt qu'une analyse suivie r
C'est qut: ce procédé d'exposition permet de montrer avec
une pleine liberté les. images.,,· torieu'Ses des pensfrs et des
sentiments, pui-s vaincues par eux, U y a des rêves
la sur•
abondance des images va jusqu'à étonner le rêveur : « Il est
étrange, écrit Paulhan dans le commentaire du troisième rêve
de la première nuit, que l'on prenne, ét:ant seul, tant de précautions et d'images pour se parler. »
Résumer ces rêves, ce serait presque les supprimer. li faut
avoir la patience d'en suivre tous les méandres, sans jamais
s'irriter de leur lenteur. Peu à peu, presque tout s'éclaire et ce
qui reste dans l'o~bre, c'èst que nos yeux n'ont pas su l'~
faire sortir. Toute la première nuit est donnée au)emords et.a

ae

ou

NOTES

355

la crainte de ne pas retrouver le bien perdu. 'on, je ne savais
pas me faire entendre d'Elie, dit le premier rêve. Le second
répond : c'est qu'elle était teUemeot en moi que j'imaginais
que nous ne faisions qu'un. Et le troisième: si elle ou moi,
pourtant, allions changer? La deuxième nuit est consacrée à la
rancune. La troisième à l'espoir des retrouvailles et d'une
entente désormais parfaite gràce à !'emplois de mots 11ifis . •Le
nifi est sans doute le vrai langage des amants.
Il y a dans la façon dont Jean Paulhan mène ces jeux une
subtilité, dont l'agilité et parfois aussi l'arbitraire souvent nous
déconcertent. Et sa prose a l'aridité impitoyable d'un miroir.
Nous nous interrogeons. La ~uéthode proposée est bien
séduisante. Mais que rapportons-nous de ce voyage au pays des
rêves? Pas Je moindre approfondissement de notre connaissance
de l'âme humaine. Simplement une défiance plus expérimentée
envers le langage, quelques symboles heureux illustrant une
théorie psychologique et Enguistique. ous n'avons pas entendu les cris révélateurs que nous espérions; nulle illumination s'entr'ouvraot sur les abîmes de l'inconscient. Un intérêt
purement cérébral, où l'âme n'a point de part. A quoi bon
tout ce réalisme, s'il n'en doit pas jaillir un sentiment nouveau
de la vie?
Mais que e cache-t-il derrière le masque d'ironie dont Jean
Paulhan n'a point encore consenti à se défaire? Un visage de
mandarin sceptique et mystificateur, qui 1;1e trouve de plaisir
qu'aux raffinements de l'ellypse et de l'allnsiou? Ou un visage
de douleur et de piété humaines qui, par pudeur, a jusqu'ici
caché les larmes dont il nous plaisait de nous émouvoir ? .
BENJAMIN CRÉMIEUX

LETTRES ÉTRANGÈRES
QUEE, VICTORIA, par Lytton Stracbey (Chatto et
Windus, Londres).
Lorque parut en mai t 9 t 8 Eminent Viclorians de Lytton Strachey, le livre obtint un succès retentissant. Le succès - a-t-on
dit avec raison- ne prouve rien ni pour ni contre la valeur d'un
ouv-rage. 11 se trouva que cette fois il était justifié. De la pré-

�LA NOUVELLE REVUE Fn.ANÇAISB

face, qui définit nettement le point de vue adopté par l'auteur, j'extrais ces lignes :
L'histoire de l'âge victorien ne sera jamais écrite : nous eu savons
trop à son endroit. Car, pour l'historien, l'ignorance est la première
condition requise, - l'ignorance qui simplifie et qui clarifie, gui choisit et qui omet, avec une placide perfection à laquelle l'art le plus
accompli ne saurait atteindn:... Cc n'est pas par la méthode directe
d'une narration s~rupuleuse que l'explorateur du passé peut espérer
dépeindre cette époque singulière. S'il est sage, il usera d'une stratégie
plus subtile. li attaquera son sujet en des points inattendus ; il tombera sur les flancs ou sur l'arrière-garde ; il dirigera à l'improviste un
phare puissant vers des recoins obscurs, jusqu'alors insoupçonnés... Il
naviguera sur ce vaste océan de matériaux et plongera çà et là un
petit récipient qui des profondeurs fera remonter à la lumière du jour
quelque spécimen caractéristique, destiné à être C};aminé avec une
curiosité soigneuse ... J'ai essayé, par le moyen de la biographie, d'offrir à notre regard de modernes quelques visions victorieones.

Dans Eminent Victorians, Strnchey a strictement rempli son
programme ; le livre cependant offrait cette particularité d'être
à la fois une réussite et une promesse, et la promesse était de
celles qui arrêtent l'attention. Tout historien qui est en même
temps un artiste le prouve avant tout par sa faculté de modeler,
et ce pouvoir se reconnait à la progression dans le récit. Un
récit ne progresse que dans la mesure où il ne demeure jamais
plan : il faut qu'il soit alerte, mais il ne faut pas moins qu'à de
constantes ondulations - infiniment délicates à apprécier, mais
dont par contre on remarque aussitôt l'absence - se décèle le
pouce du modeleur. Eminent Victarians portait à chaque page
les traces d'un tempérament d'historien-artiste, et i I apparaissait évident que le jour où Lytton Strachey s'interdirait de nous
éblouir, où il restreindrait même en apparence la part faite à
l'amusement immédiat, il produirait une œuvre de la plus élégante fermeté.
Quem Victoria a répondu à cette attente. Je sais peu de lec•
turcs qui divertissent à ce point ; je n'en sais guère où le diver·
tissement soit aussi subtilement provoqué. Le secret de l'art de
Strachey, c'est qu'il nous prédispose : comme d'un cou~ de
baguette, il suscite les arrière-pensées qui répondront aux sien·
nes et un accord tacite s'établit qui se maintient jusqu'au
'
terme. S'il était difficile, - en mon cas impossible - de rés1s-

.

NOTES

357

ter à la qualité de la satire dans certains passages d'Eminent
Victoriam 1 , on redoutait cependant qu'elle ne rejaillît sur le
contexte et qu'elle ne le discréditât quelque peu ; on regrettait
surtout qu'elle usurpât une place qu'on de\'Înait pouvoir être
mieux tenue encore ; sans doute d'ailleurs aurait-il fallu y voir
ce pétillement spécial qui fuse des dons lorsque pour la première fois ils jouent à plein et qu'ils se découvrent pour ainsi
dire en cours de route à celui-là même qui les détient. Avec
Queeu Vic/orin, comme une peinture dans la toile, la satire rentre dans le constat: une basse continue d'ironie accompagne ce
constat, mais toujours à la cantonade ; - d'une ironie si réfléchie qu'il semble presque que ce soit elle qui donne à l'ouvrage
cet air de tranquille autorité. Les conclusions, que l'auteur
nous laisse partout tirer, en prennent une portée toute générale.
li y a même parfois, entre autres dans l'étonnant paragraphe
final, un moelleux auquel avec Strachey nous ne pensions pas
a\'Oir droit.
Une traduction de l'ouvrage paraîtra prochainement chez
Payot, et je m'en réjouis d'autant plus que ne possédant pas
le talent d'exposition de Strachey, j'eusse été fort embarrassé de
résumer un livre qui vaut par la science des éliminations non
moins que par le nombre et l'imprévu des éclairages. ]'essaierai
d'indiquer ce qu'apporte de si nouveau l'art de Strachey et en
quel domaine précis il s'ei..erce ; pour ce, ayant marqué la distinction entre les deux livres, je ne me ferai pas scrupule de les
mettre tous deux à profit.

Et d'abord c'est bien un art, - qui recouvre sans doute une
méthode, sur laquelle nous reviendrons tout à l'heure, mais
qui ne la laisse pas transparaitre - et c'est un art qui s'applique à la fois à l'histoire et à la biographie, qui est situé aux
confluents des deux genres, ou plus exactement qui institue uo
confluent là ou coulaient jusqu'alors deux courants parallèles.
La signification de l'œuvre de Strachey réside avant tout dans
l'originalité de la position où sont installées ses batteries. A
1. Dans un article d'Edmund Gosse : Tbe ago11y of the Victorian age
(qui fait partie de Sorne diversions of a man of letters) le lecteur trouvera
formulées les réserves que l'on peut adresser à Eminent Victori!lns
ainsi que l'indication de certaines lacunes daos la documentation.

�LA NOUVELLE REVUE FRA. 'ÇAlS.H

l'ordinaire le don de l'historien se présente isolé, - et aussi
bien celui du biographe : un Albert Sorel d'une part, un Romain Roll:tnd, un Daniel Halévy de l'autre déploient des qualités qui ne s'apparient qu'exceptionnellcment. Si chez Stracbey
le fond premier semble la disposition de l'historien, la curiosité
complexe et ce pendant agile, aux insinuations balancées, est celle
d'un biographe de race. « Les êtres humains, dit-il, sont lTOp
importants pour qu'on ne les traite que comme âes symptômes
du passé. Ils ont une valeur indépendante de toutes les circonstances temporelles, - une valeur éternelle et qui doit être scotie pour elle-même. » Gardez-vou d'attacher à cette phrase les
concomitant spirituels et moraux qu'elle impliquerait chez un
Romain Rolland; prenez-la au contraire dans l'acception quasiscientifique oil l'entendrait c un botaniste des esprits » comme
Saintc-lkuve, tel qu'il apparait dans l ~ Lundi sur Fontenelle
par exemple, - ce Fontenelle cher à L tton Strachey qui offre
avec lui plus d'une aftinité.
Strachcy avoue son goût pour. e. les incomparables éloges de
Fontenelle qui dans le lustre de quelques pages condci:seot les
existence multiples des hommes». Lui-même ne rencontre pas
en son récit un seul perMJnn~ge qui y joue uu r6le import:101
qu'il n'en prenne la mesure : pour faire son portrait il choisit
le moment oü l'astre du personnage prévaut, grâce à qioi le
portrait s'incorpore au récit sans que cc dernier en soit suspendu.
Tout en ne perdant jamais de vue la position qu'elles occupent
sub specie a:iernitatis, Stra.chey possède à un rare degré le sens de
la complexité des figures secondaires.
Je songe, écrivait Stendhal à Balzac, que j'aurai peut-être quelque
succès vt:rs 186o ou 8o ; alors on parlera bien peu de M. de Mener·
nich, et encore moins du petit prince. Qui était premier ministre d'Aogleterre du temps de Malherbe ? Si je n'ai pas le malheur de tomber
sur Cromwell, je suis sûr de l'inconnu. La mort nous fait changer de
rôle avec ces gens,:.;là; ils peuvent tout sur nos corps pendant leur vit;
mais à l'instant de la mort, l'oubli les enveloppe à jamais. Qui par1era de M. de Villèle, de M. de Martignac, dans ceot ans? M. de Tal·
leyrand lui-m&lt;:me ne sera sauvé que par ses Mémoires, s'il en laisse de
bous, tandis que le Roman Comique est , ujourd'hui ce que le Pere
Goriot sera en 1980 •.
1.

Lettre de Stendhal à Balzac. Civita-Vecchia le 30 octob~ 1840-

NOTES

359

Mais précisément Strachey excelle dans le travail inverse :
ceux qui, vivants, furent les di majores de leur époque et que la
postérité a ramenés à leur rang de minores, l'art de Strachey les
tire de cet tt oubli ,, qui menaçait en effet « de les eo...-elopper à
jamais» et leur fait contracter un nouYeau bail avec l'existence 1 •
Libre d'un dogme paralysant entre tous, Stracbey ne croit
jamais à la simplicité des médiocres. Toujours les éléments
sont multiples mêlés, et laquestion pour Strachey reste toujours
une question de dosage. Qu'il s'agisse de la galerie des portraits du pe_rsonnage central : la reine Victoria elle-mC:me
- qui nous livre vraiment les différents âges d'une e. btence
humaine, - du Prince Consort (la révélation la plus surprenante peut-être du volume : le personnage réel, d'une complexitl'.: si attachant , avait été à la lettre enterré ous le panégyrique~ officiels), de Lord 1elbourne, de lord Palmer ton, de
combien d'autres, - il emble qu'avec je ne sais quelle courtoisie narquoise chez l'artiste, la fraicheur des· peintures ait
\'Oulu deYoir quelque chose à la jeunesse abolie des modèles :
1falgré l'ctiquette &lt;le la cour et l'ennui qu'on y n·.spirait, les rel::.tions de Lord Melbourot: avec la Reine avaient fini par deYcnir pour
celui-ci l'intértt dominant de son · existence : se ,·oir sevré de c s relations lui eût t!échirê le cœur ; d'une manière ou dune autre l'é,i.:otualité redoutable avait été conjur.:e ; il se retrouvait en plac.:., trioru.
phant : sans rien eu laisser rerdre, il savoura les heures passageres. Et
c'est ainsi qu'enveloppée de la faveur d'une souvcr:iine et réchauffée
par l'adoration &lt;l'une jeune fille, cette rose automnale, en cet automne
de 1839, connut une surprenante Horaison. Pour la J1:rniêrc fois, mcrvcilleusemeot, les pétales s'épanouirent. Pour la dernière tois, en ces
relations imprévues, incongrues, presque incroyables, le vieil épicurien
goûta l'exquis du roman~que. Observer, instruire, réfréner, encourager la jeune créature royale à ses côtés, c'était déjà beauc!-mp; dwantage cependwt de sentir, :\ travers cette constante intimité, le contact
de 50n affection ardente, le rayonnement de sa ,italité ; plu~ que tout
1. Je pense ici à Queen Victoria plus qu'aux Eminmt Victuria11s ou
l'on trouverait par contre la trace d'une tendance opposée : celle d'exécuter un peu rapidement des personnages d'une valeur authentique.
Sur ce point je ne puis que renvoyer à l'article de Gosse, mais je tiens
à m'associer à ce que dit Gosse au sujet de Arthur Hugh Clough.
Dans la présentation de Clough, où rien ne contrebalance l'asp_ect
mis en lumière, entre certainement une pointe d'iniquité.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

peut-être était-il doux de se perdre dans une contemplation enjouée
que coupait de temps à autre une vaine apostrophe, - de parler sans
suite - de faire d'innocentes plaisanteries au sujet d'une pomme ou
du volant d'une jupe, - de rêver. Les sources enfouies de s:i. sensibilité débordaient. Souvent, lorsqu'il se penchait sur !a main de la Reine
pour la baiser, il se surprenait en larmes.

parvenait jamais à obtenir. Qu'était-ce? Une sympathie sans réserve,
inexprimable ? Quelque succès extraordinaire, sublime ? Peut-être bien
une combinaison des deu::i:. Dominer et l!tre compris, - conquérir du
méme coup, 1ar le triomphe d'une influence identique, la soumission
et l'appréciation des hommes, - oui, cela vaudrait vraiment )a
peine 1

C'est au moment où il commence un de ces portraits qu'il
faut observer Stracbcy : on dirait qu'il s'attable. Dans cet esprit
qui possède un tour si à lui que le moindre détail en est marqué,
- mais dont il semble toujours que ce soit en se retirant qu'il
s'inscrive, - on surprend alors la délectation. Les problèmes
humains qu'il a dC\·ant lui, son plaisir est moins d'y apporter
une solution définitive - trop intelligent et trop désenchanté
pour croire qu'on la tienne jamais - que d'en agiter les éléments, de secouer sans cesse le cornet, et de faire se contrebalancer les multiples combinaisons des dés. Parvenu presque au
terme, il introduit parmi les données, au même rang qu'elles et
à titre de complémentaire, un doute final s"ur la valeur des données elles-mêmes, - et par cette dernière chance qu'il lui laisse
de s'échapper il achève de circonvenir son modèle.

Sous de tels résultats il v a certainement une méthode et
'
j'inclinerais à croire qu'elle- consiste en un art de lire très personnel, fait à la foi:i de flair et d'un détachement dont nous
aurons tout à l'heure à préciser la nature. Persuadé que c'est là
où 1'00 doit le moins les attendre que surgiront le détail, le
trait typique, Strachey lit tout sur son sujet : le caput mortuum
de la documentation tombe par son propre poids et Strachey le
commet allègrement à l'oubli. Les traits qui survivent, il se
garde de les détacher ainsi que nous a,·ons coutume de le faire :
il n'y a pas - enviable exemption - d'italiques en cet esprit :
le moment venu, les traits occupent tranquillement la place qui
leur convient ; et ce rehaut qui les lustre, c'est le soulignement
de notre adhésion qui le leur communique en partie : par euxmêmes ils ne veulent devoir l'essentiel qu'à leur lumière. On
sent que tout s'est composé d'abord dans la tête de l'auteur qui,
à l'abri de toutes les sortes d'enivrement, ne prend jamais la
plume trop t6t.
L'impression qui se dégage de la lecture de ces livres ne
rappelle rien autant que celle que donne un grand mémorialiste. Il semble qu'à vivre avec les témoignages, Strachey ait
acquis une expérience qui équivaut pratiquement à la fréquentation des personnes et qui le place à l'angle même d'où le
mémorialiste écrit. Au o: je » du mémorialiste se substituent
- parfois sous la forme de propos entre guillemet~, mais le plus
souvent ( et c'est là que Strachey est vraiment incomparable)
sous la forme pour ainsi dire de la parole intérieure - les opinions, les points de vue et les jugements des personnages qui
successivement vieonent occuper le devant de la scène ;
ailleurs, dans les parties où Strachey ne rapporte plus, où il
évoque, il fait toujours figurer l'un ou l'autre de ces dê:tails
matériels qui demeurent bizarrement incrustés au premier plan
de la vision interne pour y rompre toute perspective : au seul
fait de leur mention à la minute opportune, l'apparition surgit.

Car en dépit de tout, le Prince Consort n'avait jam!.is atteint au
bonheur. Son travail, pour lequel en ses dernières années il finit par
témoigner d'un appétit presque morbide, le soulageait, ne le guérissait
pomt ; tel un dragon, son déplaisir dévorait avec une sombre satistaction le tribut toujours grossissant des jours et des nuits laborieuses,
mais sans que sa faim en fût assouvie. Les causes de sa mélancolie
étaient cachées, mystérieuses, peut-être par delà toute analyse ; elles
plongeaient des racines trop profondes da:is les replis les plus secrets
de son tempérament pour que l'œil de la raison pût les appréhender. Il
y avait des contradictions dans sa nature gui, aux regards de ceux gui
Je connaissaient le mieux, le faisaient apparaître comme une énigme
inexplicable : il avait de la sévérité et de la mansuétude ; il était modeste
et méprisant ; il soupirait après l'affection d'aut~i et lui-même était
froid. Il souffrait de ta solitude, non seulement de cette solitude que
crée !'exil,. mais de celle qui enveloppe une supériorité dont on a cons~ience et qui n'est pas reconnue. Il a,•ait l'orgueil, à la fois r6igné et
présomptueu,-, d'un doctrinaire. Et cependant ce serait Je décrire
inexactement que de oe voir en lui qu'un doctrinaire ; car le pur doc·
trinaire jouit toujours d'un contentement intime dont Albert était fort
éloigné. li y avait quelque chose que tout son être désirait et qu'il ne

I

�LA NOUVELLE REVUE FRA.'ÇAISE

Il y a dans Q11te11 Vicloria certains chapitres----.. celui sur la joute
engagée entre le Prince Consort et Lord Palmerston, celui sur
les rapports contrastés de Gladstone et de Beaconslield avec la
Reine - qui se classent tout près des passages o imes de
Retz, - de ces passages où le récit roule sut les rails de telle
sorte que pan·enu au terme seulement, puis revenant en arrière
le lecteur e t en mesure d'évaluer le butin. L'histoire, chez l'un
et l'autre, est bieu « une ré~urrection », mais sans que nul fiai
n'intervienne : ils discernent trop Je choses pour être ~isissants : l'exposition re te leur pro édé favori et Strachey a eu
raison de placer sou premier livre ous cette devise : «. Je n'impose rien, }e ne propose rien, j'expose. :e
Qui poursuivrait ces recherches jusque dans le style même Je
trachev aboutirait san doute à des constatations amlogues.
'on se~lement Stracl1ey préfère à tout le mot ju te ; m;is la
justesse même, il la veut attendue, ayant pas.sé p.ir tous les frot•
tements de l'u age. Demi-coquetterie d'un anise qui sait ce
dor.t il est capable. A chacun de ces mots, il semble qu'avant de
les employer Su-acbey ait fait subir une cur
'bokm nt, et
lor~qu'ils ap?araissent sur la page, il I font avi:c je ne sais
qu lie proprilté néoligentt! qui n'excluq1as l'étinc lle : le galel
scintille uu instaut. Dans le style de Stracbcy il y a comme une
rareté, - mais c'est celle d'une familiarité qui a retrouYé son
éclat.
Au moment où parut Eminent Vicloritms, le critique du Tinies
signalait &lt;.&lt; quelque cho~e de presque sinistre dans le détachement de l'auteur », et l'épithète rendait avec exactitude le léger
fris on que donnent certains passages du livre. A Qurw VicJoria, pour les raisons que j'indiquais au début. elle n'est plus
applicable ; il ne faudrait pas en inférer cependant que le dé~chement ftît moindre; il semble seulement que l'on en aperçOL\'.C
mieux. les motifs. Essayons de préciser en quai ce détachement
consiste.
Sans doute, lorsque dans la mixture humaine on prise si fo~,
On isole avec autant d'in(Téniosité le condim nt personnel, 11
"' le sien propre, ni qu'on' en nég1·ige
est impossible qu'on ignore
l'emploi ; - et le détachement d'un Strachey est en tout _éta~
de cause aussi inévitable que l'immersion d'un Péguy. Mais S1

NOTES

on s'aventurait à en déterminer les composantes, peut-être les
trouverait-on dans l'alliance d'un « point de vue de Sirius »
(mais qui chez Strachey ne va jamais jusqu'à s'exprimer) avec un
goût d'entomologiste qui collige les Yariétés des humeur . L'intérêt qu'il porte à celles-ci semble en son cas fonction de ce
détachement premier ; - et par là l'attitude de Stnchey devient
l'attitude inyerse de l'attitude de celui qui donna le premier la
formule du« point de vue de Sirius». « Renan peut être considéré comme le type d'une classe d'intelligences absolument contraire à cette autre classe d'intelligences qui reconnaît son
modèle dans Sainte-Beuve. Pour ce dernier, les idées étaient un
moyen de voir et de montrer la réalité. Cette réalité n'est guère,
au r~rd de Renan, que la condition d'existence des idées 1 ».
Fontenelle et Sainte-Beuve, telles sont ici encore les références
de Strachey 2 •
Mais en sus de la disposition nath1e, le détachement de Stra•
chey ressortit à des causes tout intellectuelles, - lesquelles sont
solidaires de la conclusion générale qui se dégage de ces volumes,
et l'illuminent. Esprit critique avant tout, Strachey s'est
constitué l'historien d'une époque où se produisit une éclipse
quasi-totale de cet esprit, et sou œuvre vient parfuire n·os inductions à cet égard. Le fait négatif fondamental concernant l'épo•
que ,ictorienne semble bien résider dans une acceptation passionnée des donnée premières, - dans le refos et l'incapacité
tout ensemble de les critiquer. A quoi on pourrait objectt:r que
l'époque Yictorienne fnt au premier chef une époque de controverse, et en particulier de controverse religieuse ; mais la conI. Paul Bourget, Essais de Ps)'chologie Contemporaine, appendice B.
A propos du Prêtre de '!1,'èmi.
2. Strachey est à tous égards un amateur exquis des lettres cc de
l'esprit français. Il débuu par uo essai sur la poésk dt: Racine - paru
en 1902 dans la ,\'tw Quarlerly Reuiew - qui est uu modèle de discernement et de sagesse critique et qui constitue la premierc justice rendue en Angleterre au génie racinien. Strachey est revenu Stll' ce sujet
dans ses La11dmarks of Frmcb Litemt11requ'il écrivit pourla Home University Libr.uy of Modern Knowledge et qui, dans les dimensions
prescrites par la série, traite de la litrerature fraoçaise depuis les origines jusqu'à Baudelaire inclusivement : petit volume accompli où la
~t~ de la mise en place et l'impartialité des jugemeots n'excluent
Jam:11s des vues et un tour personnels.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

troverse précisément implique un accord tacite sur certaines
données premières qui ne rend que plus aigus et plus âpres tous
les différends qui surgissent autour de leur interprétation.
Même chez les plus grands victoriens il subsiste toujours, parfois sans qu'ils en aient conscience, une donnée soustraite à
toutes les attaques. De l'un à l'autre la donnée varie, mais
toujours il y en a une.
Cette carence d'un esprit critique qui aille jusqu'au bout de son
travail rend compte à la fois de la prodigalité du génie et de la
réaction inévitable contre ce génie même. L'opulente richesse
des œuvres qu'il engendra tient pour une part à la solidité
jamais mise en question du terrain sur lequel il s'appuie. li fallait que la viclorian complacency vint à être battue en brèche, et
qu'il en résultât cette désagrégation que fait subir aux données
l'analyse d'un Butler par exemple. Mais presque toujours l'épaisseur en est le prix : il semble que l'esprit critique soit obligé de
payer par un certain amincissement des œuvres ce qu'il obtient
par ailleurs de plus courageuse vérité 1 • C'est pourquoi lorsqu'on relit tel poème de Hardy composé dans les années 18661867 2 on mesure mieux que jamais la solitaire grandeur de
l'homme qui, nous ébranlant d'une émotion à laquelle aucune
région de notre nature ne saurait demeurer soustraite, ne l'obtient jamais au dépens de la vue générale de l'univers à laquelle
son esprit donne adhésion, - qui par cette vue au contraire
communique à l'émotion elle-même une vigueur qui la creuse et
la tonifie à la fois. D'où le respect, la vénération même, mais
virile, que lui portent aujourd'hui eu Angleterre tous ceux qui
ont peine à être justes pour les grands victoriens.
J'ignore tout de l'attitude de Strachey envers le point de vue de
Thomas Hardy ; mais s'il le contestait, ce ne pourrait être que
1. Un des prodiges de l'œuvre de Marcel Proust réside dans le constant démenti qu'elle inflige à cette assertion. - En France d'ailleurs le
probléme se po5erait dans des termes assez différents, car l'esprit criti·
que est si central dans le génie français que cdui-ci, plus ou moios,Jui
a toujours fait sa part. - Cette désagrégation des données premières
p:irait constituer aujourd'hui le fait européen essentiel ; et si grave
qu'en puissent i:tre les multiples menaces, dans un domaine au moins
- ·celui de la psychologie - il autorise de vastes espoirs.
2. Les Wesux Poems parurent pour la première fois eu 1898, mais
les plus anciens portent la date de 1865.

NOTES

parce que le détachement de Strachey l'aurait détaché du point
de vue cosmique lui-même - et on serait libre alors d'y voir
ou le comble de la logique, ou la pièce de choix dans la vitrine
de ce perspicace collectionneur des illogismes humains.
CHARLES DU BOS

*

* *

EDITEURS ALLEMANDS.
Une fois de plus le voyageur qui s'arrête aux devantures des
librairies en Allemagne est frappé par l'extraordinaire richesse
des publications de tous ordres. En r 9 r 1, les éditeurs de là-bas
lançaient 3 I .ooo ouvrages sur le marché contre 11 .ooo en
France, 10.000 en Angleterre. La proportion demeure aujourd'hui sensiblement la même. Et la qualité matérielle des éditions semble à peine souffrir des conditions économiques du
pays. On est étonné du luxe avec lequel sont présentés des
livres comme celui de Grautoff sur la peinture française depuis
I9r4, des reYues comme Genius Feue,·. On se demande
comment les éditeurs couvrent leurs frais, le lecteur allem:md
ayant la réputation de prendre ses livres en location plutôt que
d'acheter. Mais la clientèle étrangère se trouve attirée par le
~ange, malg~é la ma!oration des prix à l'exportation et la rapacité des courtiers, et l Allemand lui-même achète plus qu'autrefois. Certains chiffres sont éloquents. De la fameuse et fumeuse
dissertation de Spengler : Unlergang des Abendla11ds, dont le
premier tome - 6r5 pages grand in-8 - revient à cent marks,
53 .ooo exemplaires s'étaient vendus en r 920. Du Rt'lo11r de l'enJant prodigue d'André Gide, tiré en r9r7 à 25.000 dans la. collection à soixante pfennigs, l'Insel a dô douner une nouvelle
édition. Des œuvres de Tagore 300.000 exemplaires se sont
enlevés. li y a là le signe d'une activité intellectuelle exaspérée
plutôt que ralentie par la guerre. C'est toujours l'élan d'un
peuple qui bien que vaincu, peut-être parce que vaincu, entend
jeter dans le plateau de la balance toute sa masse, peser de
toute cette Wucht dont il est fier, et qui est à la fois poids et
mouvement.
Mais la masse ainsi projetée a-t-elle une orientation nette ?
La direction du mouvement intellectuel demeure+elle celle
d'avant-guerre ? Dans une richesse dont on a toujours dit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.JI
1

1
1

qu'elle était désordonnée et que l'Allemand lui-même ne s'y
retrou,-:tit pas, est-il possible de distinguer des valeurs nouvelles, de les démêler des anciennes ? Cda exigerait une longu\! investigation. Elle n'est pas impossible. Une première et
intéressautc démarche consisterait à faire le tour par l'extérieur,
à prendre les catalogues de libratrie, dont l'examen est suggestif. Les éditeurs allemands facilitent la besogne. Tous les ans
ils publient en commun une liste des ouvr.ages nouveaux qui
peuYent intére~er le grand public. Eu outre, quelques maisons
particulièrement actives, Fischer, Diednchs, l'Insel-\'crhg,
Kurt WolŒ, offrent r&lt;;,oUlièrernent à la clientèle comme chez
nous les grands magasins, un aperçu de leurs nouveautés.
Dans des almanachs de plusieurs centaines de pages, soigneusement imprimé , illustrés et cartonnés, on trouve non seulement une bibliographie commode, mais des ex.traits assez longs,
de ve::ritabks échantillons du roman, du drame, du recueil de
vers qui viennent de paraitre. En outre !es éditeurs se sont grou•pés pour faire paraitre dans le même esprit une publication
men suelle : Jas Deutschc 13ucb, qui est destinée spécialement à
l'étranger.
Il ne faut pas voir seulement une ingéniosi é commerciale
dans c tte innovation. Elle ·répond autant au besoin qu'a le
public allemand d'être guidé, qu'à la volonté de l\:diteur de
l'engager dans ses voies, et cette réclame est en m!!me temps une
propagande d'idées ; elle fait partie de ce que, dans les vingt
années qui précfalèrent la guerre, on appelait J{ulturpolitik. En
même temps que Nietzsche, une élite là-bas .s 'était rendu
compte des dangers du réalisme bisrnarckien pour la vie spirituelle de l'Allemagne. La civilisation neuve dont on avait
attc.ndu l'apparition à un coup de baguette magique tardait à
naître, menaçait d'étouffer sous le poids de la matière. D'ardents
prosélytes se mirent en tète d'aider à sa genèse. L'idée J'organis:uion hantait leur milieu ; ils entn.:prirent donc d'organiser
l'activité intellectuelle du Reich comme d'autres organisaieo.t
son industrie, son commerce. Penseurs, poètes, artistes, chacun
s'enrôla, voulut prendre sa part de la grandiose tâche collec·
tive : l'enfantement d'une civilisation allemande, dont on espérait qu'un jour elle serait la civilisation tout court.
Quelques éditeurs d'avant-garde furent des premiers à se

NOTES

rallier au mot d'ordre. Eux aussi se sentaient chargés d'une
mis,ion. la plus importante peut-ètre de toutes celles qui constituaient la grande mission allemande. Ils eurent leur politique
du livre, celle don Fischer de Ilerlin fit un exposé si curieux
dans son utalogue de 1911. Dan ~ l'esprit de cet éditeur dont
la maioon était dcpui ving -cinq ans le quartier générnl des
jeun s, il ne s'agi:.!ait plus seulement de lancer au petit bonheur l'ou ·rage quiJoit réu~sir, l'auteur qui mérite de perœr,
ou de faire sa fonune avec celle d uu cénacle. L'éditeur moderne
devait tre, sinon le créa eur d.: valeur nou-velles dan le
domaine de l'esprit, du moins l'org·10isatcur de le ir marché,
le banquier qui use de on cré lit pour leur donner cour~.
Dans la bourse au · ic.léc on le vit en efiet dét miner Jes
cour;ints, imprimer des directions. Choix des auteurs, u'il
groupait de façon à créer une atmosph.:!re, collec ions .i b n
marché établies en vue d'une action pédagogique, présenu tion
du livre dans le goùt (gothique, ou français ou anglais) que
l'on voulait faire prévaloir, uggestions et conseil· au lecteur,
recette· pour se cultiver, utant de mo ·ens de former la clientèle. Le procédé réussit, s'adres ant à des 'ns dociles, avides
de se former, impatients de ne plus passer pour « les barbares
d'autrefois », et d'autant mieux prêts à admirer t'idéal &lt;le culture
qui leur était proposé qu'ils en étaient plus éloi Ynés. Ainsi à
chaque uouvelle entrepri e dl! librairie une école s'ouvrait pour
l'éducation en masse d'un peuple demeuré enfant.
Un trait était commun ¼ ces t,;:ntatives de civilisation : h
recherche de ce qui est allemand. Comme il e;,t naturel à un
pays qui n'c t pas fait encore, qui demeure s:1.11s unité profonde,
des tendances contradictoires s'affirmèrent .• 'éanmoins, et c'est
un point important, Fischer en particulier réussit à mettre
un lien entre des intellectuel venus des quatre coins de l'Allemagne. Gerhart Hauptmann, Thomas Mann, Dehmel, Alfred
Kerr, Rathenau, pour ne citer que ceux-là, se présentaient
comme une sorte de bloc fondu au creuset berlinois. La capitale
de l'Empire devenait ca.pit:ile dans le domaine de idées aussi,
des impulsions en partaient qui allaient jusqu'¼ la périphérie.
Un certain goùt s'y formait, le ton y était donné, donné surtout
par des i raélites berlinois. De la souplesse et du système, le
goût du nouveau et celui de la tradiuoo, de la seule tradition

�368

LA NOU\"ELLE REVUE FRA. 'ÇAISE

qui existât en Allemagne, la prussienne, et par-dessus tout un
éclectisme intelligent, autant d'éléments qui assurèrent le succès
de Fischer. Ses publications flattaient par leur allure à la fois
libérale et germanique. Eclectiques, accueillantes aux étrangers,
en particulier aux Scandinaves, tout en écartant doucement
l'influence française, elles agissaient dans le sens national,
préparaient l'avenir d'une plus grande Allemagne intellectuelle.
La province aussi était à la tâche. Mais les mots d'ordre qui
en partaient n'étaient pas toujours ceux de Berlin. li faudrait
signaler les efforts de Diedrichs d'Iéna, visant à retrouver dans
le passé allemand, et, malgré un peu de tcutomanie, chez les
Russes et les Français, les éléments d'une régénération morale,
et à constituer une tradition allemande plutôt que prussienne.
Même orientation, avec plus de pédanterie, dans les collections
du Kimstwart, qui devait faire l'éducation esthétique de la petite
bourgeoisie. Ce n'est qu'avec l'lnsel-Verlag de Leipzig qu'a
commencé de poindre l'esprit artiste. Ici la note fut dès le début
franchement cosmopolite. Il faut, disait Van de Velde, chercher
partout, à l'étranger aussi bien qu'en Allemagne, les maitres de
la civilisation nouvelle. Verhaeren, Gide, y prirent une place
d'honneur à côté de Wilde, de Hofmannsthal, de Rilke. Plus de
typographie gothique, mais, ce qui était une petite révolution,
le signe d'un renoncement à certaine foi tudesque, de claire et
belle romaine, et des livres nets, sobres, corrects, à l'anglaise.
A la présentation de ces ouvrages et de ceux d'éditeurs comme
Paul Cassirer, on reconnaissait qu'une partie au moins de l'Allemagne, celle qui souffrait d'être amorphe, qui tendait au style,
s'orientait vers nous. Les formes du Midi lui semblaient bonnes
à contenir l'âme du Nord.
Quelles modifications la guerre a-t-elle apportées aux conceptions des missionnaires du livre ? Triomphante, elle eùt été
pour eux aussi l'occasion d'étendre le domaine de leur organisation. Au début, presses et auteurs furent mobilisés ; Haupt·
mann, Thomas Mann, Dehmeldonnèrent de la voix; descollec·
tions pour servir à l'histoire contemporaine - entre autres
celle de Fischer - furent lancées, où l'on exaltait le Goebett,
l'Emden, la liberté allemande, la mission allemande, la Prùsst
et son empreinte. Cela ne dura guère, et il est assez curieux de

NOTES

,onstater combien vite un demi-silence se fit sui- les choses de
la guerre, ou tout au moins quel changement.se produisit dans
la façon d'envisager les problèmes qu'elle posait. Dès 1916, le
titre seul des ouvrages lancés annonçait déjà un revirement.
Comme si l'unanime mouvement de r914 n'avait été qu'une
spéculation, comme si sa grandiose faillite eût alors paru évidente, il n'intéressait plus ceux dont Rivière a dit la prodigieuse
faculté d'oubli, Les écrits nouveaux sortaient volontiers de
l'ordre lyrique. Orientés en masse vers l'examen des faits passés, ils trahissaient un besoin de retour sur soi, un lent réveil
de l'esprit critique. La Prusse, s' il était encore souvent question
d'elle, s'y trouvait passée au crible. Aux manifestes de la foi, de
la certitude, succédaient ceux du doute. Gœthe au lieu de Bismarck redevenait pour quelques-uns le héros, et chaque année
c'est un vers de lui que les éditeurs de l'Insel mettaient en épigraphe à leur catalogue, un vers exhortant à reconstruire après
avoir détruit, ou à espérer, tel Epi mén ide, du fond de la douleur.
Espérer, se reprendre, refaire, le mot d'ordre était rrénéral
Diedrichs et Fischer aussi bien que l'Insel annoncèr:nt leur
intention de contribuer au nettoiement, ala purification, désormais nécessaires, de l'esprit allemand.
Et sans doute faut-il louer de ce courarre
ceux qui naITTJère
0
0
ne doutaient point d'eux. Reste pourtant qu'ils continuent de
croire à leur mission, modifiée en ce sens seulement que l'esprit
)' aurait plus de part. Mais toujours l'esprit national. Et, il faut
le craindre, toujours hypnotisé par l'idée d'organisation, pa~
encore délivré du moule ancien, pas encore libre. On n'a pas
impunément cru, pendant un quart de siècle, tenir les matrices
de la civilisation ; l'attitude d'accoucheurs de mondes nouveaux
est devenu habitude. Elle reparaît chez ceux qui tra\·aillent à
co~stituer une énorme bibliothèque de la sagesse d'Extrême0nent, pour ravitailler, régénérer l'univers. Et c'est, autant
qu'une tendance au cosmopolitisme, qu'une Yolonté de « rebâtir la civilisation mondiale ", un peu de la suffisance de l'ère
impériale qui pousse l'Jusel, fière de donner un signal de ralliement aux navigateurs dispersés par la tempète, à éditer trois
collections nou,·elles : Pa11dora - Bibliotbeca M1mdi - Libri
librorum - où les œuvres de toutes les littératures sont publiées
dans la langue originale, de sorte que l'on peut - au cours du

..,

�370

LA , 'OU\'ELU:: REVt:E FRA. ÇAISE

chang~ c'est un avantage dont le étranger ne se privent guèr:e
- acheter • iolière, Mu set Baudelaire tendhal dans une édition de Leipzig •.
Pourtant, aux yeux de quelque Allemands chaque jour plus
nombreux, la K11lt11rpolitik est déjà du pa~sé- Quelque cho~e de
plus fort que l'esprit d'organi arion les anime, un so~ftle qua ~
endroits fait -auter le cadres rigid d'hier. L'Empire semblait
aux K11 lturn.1litik une maison nue mais bien bâti ; ils s'accom,-v
~
d·
'à
modairnt de on architecture imposante et ne prcten aient qu
• l'orner, à y trou er un coin pour l'art, les livres, pour lem ~
sée, ordonnée selon les lignes m~mes du monument. Ta~d11
qu'aujourd'hui le jeunes- la jeune se ch~z.e~. non plu n_cst
pa que tion d'état-civil- se sentent mal al 3IS dans la b.~ns:ie
de Bi marck. FClt-clle étendue aux limites du monde qu'ils la
trouveraient ca eroe, que leur p ruée étoufferait encore_- La
ré,·élation qu'il apportent, c'est que la pensée ~oit ~tre ,libre.
Pour eux, dire: Kullurpolilik, u ordonner cc qui e t de 1_o_rdrc
intellectuel à ce qui est de l'ordre politique, un ordre pohuquc
que tacitc•nent l"on re.:onnaîtrait fixe, parfait, t Je\'ant ùêter•
miner le reste, c'e t intervertir l facteur , fau ser leur_ r:1PP_0 rt.
Au lieu de Kull11rpolilik les nouveaux-venus, s'il. cho1s1~ a'.cnt
un formule, renvcr craie nt les termes, à la française, et J,~:uent
« culture politique 11. 'e t ce qui a le plu manqué 2 l lit-:
magne, ils le sentent, et de quel pris: paie a faute_ un p~ys _qw
s'abandonne, qui 'en remet:\_ s dir'. ants ?u . 010 de _l 1enter. La pensée qui se croyait le m1euit à. 1abri de agi tauons
d'un 1
·our y a ru&gt;rdu son autonomie. Ce n'est rien moins ~ue
r· qu'il veulent
·
· d'•~n t•11 ,
c&lt;:tte autonomie
retrouver. L'E mp1re,
était tourné contre l'esprit. L'e prit à on tour e r~ve:llant se
tourne contre l'Empire. ux yeux de ce hommes qui n ont _pas
encore d'é\lucation politique, pour qui le mot « Repubhk ~
n'est qu'un symbole, il ne s'agit ni de triomphes él~ctora~x, ~1
Je partis. Le seul parti qui importerait serait celui de l cspnt

m:

Qej;\ avant 1· gu.:rrc Kurt \Volff avait Mit en français ~
~:- ., ;idicuùs Manon L;scaut. 1A Flt11rs d11 mal et des • Vers•
P,..,.,,ws~
•
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Musset • S"11·
de l'Jnstl r=raissent Ba uuc
1J11e, ,
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V rla.ine. Aux ·'dirions
'•
11• • nit R.ur,u,
uoli.'re Ba'~ilc Bossutt, Corntille, La Font,mu, mtrl1 • d ._
tlhal ' ,..
' ~ ,
k - C ux C y
_ Les volumes de la collection P:mdora coCltent 4 m ·. &gt;OBibliothc·J. Mundi l5 mk.

NOTES

37 1

réclamant d'abord le droit de se gouverner, et ensuite le droit à
gou,·erner.
Que leurs idées fassent du chemin, on n'en saurait douter à
voir le succès d'ouvrages comme ceux de Heinrich Mann
l'Homme de 1,i républiqut alluna11de. Après son frère, pétrifié
dans le germanisme, en opposition à lui, il connait a son tour
les tirages à trente, quarante, cinquante mille. Une partie de la
jeunesse allemande échappée aux déformations de l'enseignement officiel se nourrit de es œuvres .• féme accueil e:;t fait aux
écrivains qui comme Fritz von Uoruh, Carl Steroheim, ont
délibérément brisé le attaches avec un régime intellectuel solidaire du régime politique qui ont osé dire non, qui sont
opposés à la folie d'acceptation d'adaptation.
Quelques éditeurs se sont laissés porter par ce flot o; ré,-oluùonnaire •· Cela ne va pas sans choquer ceux qui passèrent
longtemps pour c modernes • et qui déplorent avec Diedrichs
• une p ycho e nouvelle succédant à la p ycbose de guerre •·
En fait l'Allem o-ne bouge dans les profondeurs, t arec elle oo
von avancer les plu avisés, uo Kurt Wolff de Leipzig, qui édite
Tagore, Heinrich Mann, Carl Stemheim, franz Werfel, - un
Paul Cas irer, de Berlin qui déclare chercher dans le œuvres
qu'il publie:__ celles de Schickele, d'Edschmid, de Hasenclever,
de Kurt Ei. ncr, de Landauer - une pen ée jeune, accordée à
de nouveaux besoins moraux et sociaux, hbfratrice. Il faut
également citer ici les tracts de la maison Rowolilt, le.: collection d'Erich Reiss de Kiepenheuer et le Rhein-Verlag de
Bâle, qui publie surtout des traductions, entre autres une version française des œuvre de Rathenau.
Le mouvement quel' on devine en passant en revue les éditeurs allemands n'est point de surface. li s'accu e puissant dans
les œuvrcs de quelques écrivains que nous aurions intérêt à
connaitre. Mais il faudrait avant de passer à leur Etude continuer d'uaminer dans son ensemble la nouvelle Allemagne,
chercher ses frémissements à travers les revues et d:lns les manifestes qu'elle lance à profusion.

ftux

•

•

BERTAUX

I

�3ï 2

LA l);QUVELLE ltl· VUE FRA 'ÇAISE

LE RÈG E DE L'A TÉCHRIST, par Dmitri Mirtjkuwsky; MOr JOUR AL OUS LA TERREt;R, par
Z. Hippius ; , 'OTRE EVASI01 r, par D. PbilosC1plx.,f!; traduits du russe (Bos ard).
L'intérêt et la signification de ce recueil me paraissent ré:.idcr
non dans les P.rophéties et les considérations générales Je
D. Mérejkowsky, mais dans le Journal de M.,.&lt; Hippius.
Les considérations générales et les prophéties, cc n\::.t pas
cela qui nous a jamais manqué ; celle· de Mércjkowsky ne présentent pas un degré de probabilité rnpérieur à celui de la plupart des affirmations de ce genre, si catégorique qm: soit leur
ton. Mais le Journal de Mme Hippius est un Jocumcnt historique d'unt.! ,·alcur immense dont toute la ignificarion et la
,·érité atroce ne peuvent être bien saisies que par nous autres,
Russes, qui avons passé par le mèmcs souffrances, qui avons ,-u
Je nos propres yeux ce qu'elle raconte d'une façon si naturelle,
si exacte, qui avons vécu ces sentiments, ces émotions qu'elle
tran crit avec une si parfaite sincérité. M.ib les témoignages d
ce genre sont très nombreux déjà : aussi quand j'insiste sur la
valeur documentaire du Journal de Mc,e Hippius j'ai en vue non
ses descriptions des rue. de Pétrograd, les renseignements
qu'elle nous donne sur le prix ùu pain, sur la température dans
les maisons, etc., mais sa propre p rsonnalité, cc qu'elle nous
laisse voir de ses pensées de ses sentiments.
L'accusation la plus terrible qu'on ait pu porter contre le
régime bolché, i te c'est d'aYoir « a,·ili les âmes . ous l'action
de la faim, du froid, Ùt.! la terreur, le e prits se débilitèrent,
la crainte, la haine et la rage impui ante prirent possession
des cœur , d'anciens in tincts depuis longtemps éteints s'y
réveillèrent. M111 • Hippius dlt:-mêmc, malgré son bt:au talent,
malgré son intelligence si claire, si précise et sa grande
culture intellectuelle, Mme Hippius ne put échapper à 12
contagion : elle distingue très bien qu · les autres sont malades ; a-t-elle conscience d'être également atteinte ? • 'ous de\'ODI
lui êtn: reconnaissant en tout cas de son entière sincérité ; l'ac•
tion déprimante, avili ante du régime russe ne peut plus faire
de doute lorsque nous voyons Mme Hipp1us, le poète, le roman•
cier, le critique que nous avons tous aimé, rapporter très séritu-

373
scment des racontars et des potins de concierae sur les maltresses d1.:s commissaires, les gains de tel ou ~el spéculateur,
les menu des diners de Gorky et de Lounatcbarsky, etc.,
lors~ue nous lisons des phra5cs comme celle-ci : ._ Après l'explo ion de Moscou (anentat fort bien conçu, mais dont les
ré u~lats o~t été in ignifiants - quelques petits youpins de
médiocre 1mportanct.! ont seuls été tués et Nakhamkès
assourd.i) ... ». On compr\:nd à la rigueur que M"'• Hippius ait
pu écnre cette _phrase sur son carnet le 21 septembre 191 9, à
Pétr~g~aJ ; mai on s'étonne qu'elle ait pu la faire paraitre sans
restncuon aucune, sans un mot d'explication, eo , 921 , à
Pari ! ...
B. DE SCHLŒZER.

L~ 10 Sl~UR DE A FRA CISCO, par foan
Bo1mwt. Traduit du russe par Maurice (Bossard).
C'est un recueil de nou,;elles, choisits dans l'œuvre déjà
considérable de )'écrivain russe, jusqu'ici ignorée eo France et
dont la v~cur n'a été reconnue, même dans son propre pays,
que depuis la guerre, depuis la révolution urtout. Dans a
préface à l'édition française, Ivan Bounine s'étend Iui-mème
avec quelque complaisance sur le~ difficultés qu'il a eu à surmonter. sur l'accueil réservé, indifférent qu'ont fait à ses livre
1~ grand public, la criuque. Le causes de l'erreur d'appréciation dont il se plaint, apparaissent très clairement aujourd'hui :
en Russie, les considérations et les sympathies politiques ont
toujours joué un très grand rôle dans les destinées dès écrivains·
on y a vu des écrivains de second, de troisième ordre arriver'
très rapidement à une !mllde notoriété pour des raisons tout
à fait extra-littéraires ; l'ardeur de leurs convictions libérales
ou socialistes leur servait de talent. Des opinions conservatrices
r~c~ionnaires, au contraire, un attachement trop marqué pou;
1éghse, paralysèrent l'action de maints écrivains remarquables,
par exemple de l'admirable Lièskov.
lkunine jusqu'en ces dernières années ne s'occupait jamais
de. politique; il faisait pis encore: il traçait des pays,10s une
peinture cruelle qui était en complet désaccord avec la légende
doucereuse que depuis des années cult:vait avec une sorte de
fétichisme la littérature russe. D'autres avant lui, Tchekhov

�374

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

par exemple dans ses Paysans, avaient déjà peint des tableaux
peu Batteurs du peuple des campagnes. On ne le leur avait pas
pardonné, et Tchekhov lui-même fut long à se remettre du
coup qu'avaient porté à sa popularité les Paysans. Mais- les
scênes tracées par Bounine étaient particulièrement terribles et
produisaient une impression d'autant plus douloureuse que
l'écrivain conservait toujours un calme épique, contait avec un
parfait détachement et paraissait ne nous présenter qu'une
simple épreuve photographique.
Aujourd'hui la situation a complètement changé ;· les esprits
ont tourné et ce qui nuisait au succès de Bounine - la peinture
du paysan russe poussée au noir, son éloignement de tout socialisme - lui est maintenant porté à crédit. Le voilà promu au
rôle de prophète de la révolution russe; lui seul, dit-on, a vu
clair. Bounine lui-même, semble-t-il, se prête volontiers à ce
nouveau rôle. Des considérations extra-littéraires viennent donc
une fois de plus fausser nos appréciations.
En réalité, Bounine n'est ni un prophète, ni un penseur, ni
un homme poHtique. C'est tout simplement un grand artiste,
et, vraiment, cela suffit.
Le lecteur français pourra ma.i ntenant jusqu'à un certain point
se faire un jugement personnel sur ce maître étrivain, car le
volume qui vient de paraître comprend quelques-unes de ses
œuvres les plus caractéristiques: Le Mmisieur de San Frat1ci.sco,
Frères, Bauche Close et ces épouvantables Propos Nocturnes. li est
vrai que ce n'est qu'une traduction, traduction qui tout en
reproduisant exactement la signification des mots, alourdit
souvent le rythme de la phrase, estompe les images vigoureusement taillées, détaille parfois trop minutieusement la pensée et
parfois l'appuie d'un trait trop souligné. Mais la Yersion fran•
çaise laisse pourtant transparaitre la puissance et la richesse de
vie de l'original, son art pleinement conscient, sobre et concentré.
Le vrai domaine de Bounine - c'est le monde des formes,
des volumes, des couleurs, des odeurs, le monde matériel,
l'uriivers extérieur. Son imagination est surtout visuelle, tactile
aussi et olfactive. Lotsqu'il veut faire œuvre de psychologue,
quand il pénètre dans le domaine de l'âme, il traite celle-ci par
analogie avec le monde matériel. C'est ce qui fait justement sa

NOTES

375

force, mais aussi sa faiblesse : pour saisir le monde des pensées,
des sentiments, des désirs il le transpose en volumes, en couleurs. Sous ce rapport, il est complètement différent de Dostoïevski pour qui le monde spatial n'existait pour ainsi dire
pas comme tel. Bounine se rapproche de Tolstoï dont l'influence
se fait surtout sentir dans le Monsieur de San Franûsco. C'est
non seulement la tendance générale de l'œuvre qui fait songer
à Tolstoï (à la Mort d'lvan llitch, surtout), mais aussi les descriptions : Bounine est sobre de détails, mais son regard saisit
toujours dans le monde matériel la particularité marquante :
un geste, un timbre, une odeur, une teinte, qui suffisent à évoquer l'objet, le caractère, l'être tout entier en un raccourci
prodigieux et avec une puissance de suggestion, parfois même
pénible. Sous ce rapport l'arrivée du Monsieur de San Francisco
à Capri et sa mort, les dialogues des Propos Nocturnes, les rêves
du chien Tchang, sont de véritables chefs-d'œuvre.
BORIS DE SCHLŒZER

DIVERS
SOUVE IRS DE VOY AGE, par le comte de Gobineau.
(Crès).
Les. So,wenirs de Voyage de Gobineau méritent de prendre
place à côté des Nouvelles Asiatiques. Gobineau était un maitre
conteur, qu'il serait peut-être excessif de mettre au rang de
Mérimée, mais qui, s'il a moins de maitrise dans l'exécution, a
peut-être plus de verve et de sève dans l'invention. Des circonstances heureuses permettent aujourd'hui à sa famille ces rééditions. Mais au lieu de les disperser sous tant de formes chez tant
d'éditeurs, pourquoi n'entreprend-on pas une publication des
• œuvres complètes, rangées par ordre chronologique ? Gobineau
mérite ce monument, et il gagnerait à être vu en masse. Il est
vrai qu'il faudrait y introduire le lourd fatras des œuvres poétiques, et on peut hésiter.
ALBERT THIBAUDET
*
* *

VOYAGE A LA GRANDE-CHARTREUSE,

texte et

dessins par Rodolphe Toppfer (Edition Bois~onas à Genève).
Le Jour11al de Genève fronça le sourcil un jour que je faisais

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇc\lSE

de Tôppfer un auteur local, comme les vins de la Côte sont
des vins locaux. Ce n'était pas un mauvais compliment de ma
part.' Mais le Voyage à la Grande-Chartreuse, réédité ici luxueusement, oc pouvait guère lui fournir un titre à figurer dans la
grande littérature. Reste que ces notes impro\·isées seraient
charmantes à lire et ces dessins à la plume exquis à feuilleter
entre une fondue et quelques décis de vin de Montreux. Les
Français, à lire Tôppfer, gagneraient au moins de ne plus voir
Genève à travers l'image d'un sombre Picard. Tôppfer est à
Genève cc que Piron est à Dijon, Gélo à Marseille, Roumieux à
Nîmes, un dieu indigète et tutélaire.

NOT.ES

ALBERT THIBAUDBT

SUR LES CHEMI 1S DE FRA CE, par Georges Delaw
(Crès).
L'aimable fantaisie de Georges Delaw se partage : voici, d'un
cùté, les images, qui sont plus raisonnables qu'à l'ordinaire ; le
récit de l'autre. Après quelques pages, les deux se rapprochent
suffisamment pour que le lecteur découvre le tableau le plus
malicieux et ingénu qui soit de la Champagne, des Ardennes
ou du Quercy.

LA PEI TURE A TGLAISE, par John Cbarpentier (La
Renaissance du Line).
Cette suite d'études ingénieuses et sobres va de Hogarth aux
préraphaëlites. Les portraits des peintres les plus di\'~rs y so~t
tracés avec un bon sens piquant; M. John Charpentier écot,
assez sévèrement, de Reynolds : « Il devra le plus durable de ses
titres de a-Joire à sa compréhension des vérités qui gouvernent
les arts/; et de Hogarth : « Que ses toiles sont verbeuses 1 1
JEAN PAUi.HAii

*

* *

LE COURRIER DES MUSES.
Mon confrère Lucien de Rubempré, pauvre poète chassé du
Parnasse, vous a\"ez fait cet ennuyeux méti~r : Journaliste!
Poursuivre la nymphe « Echo » fuyant au Bois de Boulogne.

3i7

Aller à la chasse au c..1nard, la nuit, dans les petits théâtres où
s'allument de fausses étoiles et souper chez les actrices. Faire de
son cœur un article de Paris ...
Aujourd'hui Lucien, Lousteau même, on les rencontre rarement sur le boulevard. Les héros de Balzac ne se trom·ent pas
toujours sous le pas d'un cheval, ce cheval fût-il Pégase et bien
des journalistes n'ont pas d'illusions à perdre.
Un jeu littéraire amusant, c'est celui des enquêtes. Dans les
Annales, M. André Lang raconte le voyage qu'il fait à travers la
République des Lettres, d'où presque tous les poètes sont
bannis.

rous n'irons plus au bois sacré ...
- Que pensez-vous de l'Art, de la littérature, du théâtre? a
1icmandé aux gens célèbres M. André Lang qui s'est engagé
d'honneur à répéter exactement ce qu'ils auront dit ; et ce
n'est pas toujours agréable, quand on songe à la qualité de certaines réponses.
M. Maurice Rostand qui voudrait bien être Alcibi~e, mais
qui n'osera jamais couper la queue de son chien, M. Maurice
Rostand aime Henri Barbusse, La Fontaine l'ennuie. M. Maurice Rostand n'a pas toujours mauvais goût, il aime aussi la littérature confidentielle. Hélas ! il est l'auteur du Cerctteil de

Cristal.
- Ce jeune homme ! Touché par l'aile du Génie, ça n'est pas
niable! dit de lui Mme Sarah Bernhardt qui s'exprime d'une façon
remarquable. Evidemment, Mm• Sarah Bernhardt fut une excellente interprète, une « artiste », comme on dit, mais pourquoi
veut-elte dépasser son rôle et devenir un symbole ? M 01 • Sarah
Bernhardt appartient à la légende, aux chroniques et je ne voudrais pas toucher aux gloires nationales, mais un temps ne
vient-il pas où « il faut songer à faire la retraite »? j'oublie que
Mme Sarah Bernhardt ignore le temps, elle qui disait, la tête
levée vers le cintre, à un machiniste tapageur :
- Vous voulez me tuer? Eh bien, tuez-moi, je suis immortelle !
M. André Lang interroge des représentants de toutes les
espèces littéraires : le vieillard indulgent, le grand homme
incompris, le jeune poète perpétuel. Il est rare que ces aveux

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

378

soient intéressants et bien peu seront à retenir pour les anthologies. Personne n'a répondu, par exemple:
_ L'intelligence est notre profession.

379

qu'on en dise. Les gens heureux n'ont pas d'histoires, mais les
autres ? L'Ange du Bizarre n'est pas encore déchu et les singularités ont toujours leur charme.
GEORGES GABORY

ou:
-

L11S REVUES

*
* *

La beauté, notre pain quotidien:··

Mais l'enquête n'est pas terminée.

LES REVUES

* *

*

L'AME ET LA DA SE

La revue Litterature posa jadis - déjà 1 :---: u~e ~uestion_ ~lai. ·vn-vous
sante : pourquoi. ecn
v"
·7 Feu Dada qui mv1ta1t
. . au suicide,
,
. . blement aurait pu demander : -Pourquoi vzve-z-vous.
s1 aima
•
. .
;; d
de t
. . e est facile. Pourquoi vtv011s-110us. se eman n
Le Pess1mism
.
· l
ho.
filles dei"oie et de tristesse . qui croient avouà u1 c·
des Jeunes
. Baudelaire et qm veulent trouver
a vie
penhauer et compris
.

Du beau dialogue de Paul Valéry, qu'a publié la R.Evuri MusrCALE (1•r décembre 1921), détachons ce fragment:

s

Le charme inaliendri d'un bijou rose et noir.
L'une d'elles.••
.
•
el.
K"1s1·mg habite un atelier où ses amis
Le peintre
,. ont quu
fois re ardé la vie à travers les nuages roses de 1ivresse. o
que en revenant
g
du cm
· éma , Kisling trouva sous la porte une
soir,
carte de visite :
MoNSlEUR

X

vous prie d'assister aux obsè1ues
de celle qtti Jut foute sa v,e.
celui de la Mon•
jeune
Un nom encore était écrit sur le carton,
,
,.11
Elle
était
bien
connue
a
Montparnasse.
D
morte: w~e.
.
X devait l'épouser.
.
sieur
.
.
l
utc
du
cimetière
de
Panuo.
L cortège funèbre a smv1 a ro
.
.
e_
char tout fleuri de roses marchaient trois manoeDe_rnè;e l:hez Madeleine et Madeleine, le directeur d'un théâtre
qums
où
l'on danse et mon ami Kisling menacé par une
h" Rolls-R.oyœ
.
.
ue conduisait un jeune homme très c ic.
11npa~1ente qtl_t cœur souvent ouvert toute la nuit, naguère, et
Adieu, pe
d dé è 1
.
à ·amais fermé pour cause e c s.
.
roam~enaot él
1 évoqué ce fait-divers parce qu'il présentai~
fat racont , non
r • ·
ue quoi
un caractè re litté raire et que la vie est pano1s p1ttoresq '

SOCRATE. - ... Voyez-moi ce corps, qui bondit comme la flamme
remplace la flamme, voyez comme il foule et piétine ce qui est vrai 1
Comme il détruit furieusement, joyeusement, le lieu même où il se
trouve, et comme il s'enivre de l'excès de ses changements 1
Mais comme il lutte contre l'esprit l Ne voyez-vous pas qu'il veut
lutter de vitesse et de variété avec son âme ? - li est étrangement
jaloux de cette liberté et de cette ubiquité qu'il croit que possède
l'esprit !. ..
Sans doute, l'objet unique et perpétuel de l'âme est bien ce qui
n'existe pas : ce qui fut, et qui n'est plus ; ce qui sera et qui n'est pas
-encore ; - ce qui est possible, ce qui est impossible, - voilà bien
l'affaire de l'âme, mais non jamais, jamais, ce qui est !
Et le corps qui est ce qui est, voici qu il ne peut plus se contenir
daus l'étendue l - Où se mettre?- Où devenir? - Cet 1111 veut jouer
à Tout. Il veut jouer à l'universalité de 1'5mc l li veut remédier à son
identité par Je nombre de ses actes ! Etant chose, il éclate en événements 1 - Il s'emporte 1- Et comme la pensée excitée touche à toute
chose, vibre entre les temps et les instants, franchit toutes différences ;
et comme dans notre esprit se forment symétriquement les hypothèses,
et comme les possibles s'ordonnent et sont énumérés, - ce corps
s'exerce dans toutes ses parties, et se combine à lui-m~me, et se donne
forme après forme, et il sort incessamment de soi !. . . Le voici enfin
dans cet état comparable à la flamme, au milieu des échanges les plus
.actifs ... On ne peut plus parler de &lt;&lt; mouvement )) ... Ou ne distingue
plus ses actes d'avec ses membres ...
Cette femme qui était là, est dé\'orée de figures innombrables... Ce
corps, dans ses éclats de vigueur, me propose une extrême pensée : de
même que nous demandons à notrè âme bien des choses pour lesquelles
elle n'est pas faite, et que nous en C.\Îgeons qu'elle nous éclaire, qu'elle
prophétise, qu'elle devine l'avenir, l'adjurant mt?iue de dccouvrir le

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dieu, - ainsi le corps qui est là, veut atteindre à une ~o~sessioo
entière de soi-même, et à un point de gloire surnaturel. .. Mais 11 en est
de lui comme de l'âme, pour laquelle le Dieu, et la sagesse, et ia profondeur qui lui sont demandées, ne sont et ne peuvent être que des
nioments, des éclairs, des fragments d'un temps étranger, des bonds
désespérés hors de sa forme...
.
.
PHÈDRE. _ Regarde, mais regarde !. .. Elle danse la-bas et donne aux
veux ce qu'ici tu essayes de nous dire ... Elle fait voir l'insta~t·:· 0
quels joyaux elle traverse !.. . Elle jette ses gestes com~1e des sc1ou,lla_tions 1. .. Elle dérobe à la nature des attitudes impossibles, sous I œi!
même du Temps l. .. Il se laisse tromper .. . Elle tra\'ers~ impunément
l'absu.de ... Elle est divine dans l'instable, elle en fait don à nos
regards!. ..
ERYlllMAQUE. -

L'instant engendre la forme, et la forme fait \'Oir

l'instant.
PHÈDRE. SOCRATE. -

Elle fuit son ombre dans les airs 1
Nous ne l:l voyons jamais que devant tomber ...

•••
INTENTIONS
qui paraît depuis le xcr jaovi~r sous la direction
de Pierre André-May, a publié une curieuse no~vel(e de
Georges Duvau : Fiançailles de Sutanue, des contes uomques
de Maurice David, et, en guise de manifeste, quelques noms
qui nous sont précieux. Voici un beau poème de George,
INTENTIONS,

Chennevière :

FiTES

Lohi de Ta fête el des bètts cabrüs,
La l1111e atlmd, à la portt du ciel,
La nuit prcnuise tt Te signe de r ombre.
Dts lampes crnts plaqumt sur les visages
U,i Jaux t•ernis, dont le reflet glaci
J-àit q11'ils cn1t l'ail- de sourire à des songes.
Fmile Joraiut, embrasse r ei,co/urt
Et cei11s les flancs de l'aveugle 111011/ure
Dofl/ flla 11 Jou t111lle part ne s'acbtve.
Sur le poisso11, la sirène et la wche,
Sur le lio11 , le porc el Te cJ,eval,
Dtlit•re-toi dii séj1Jur el de l'heure.

LES REVUES

Ta boudie est ivre et se crispe au passage
D'1111 jeune dieu q11i t'illvile au baiser
Pour s'ejjaur à l'approclie cks livres.

L'bori.z.011 vibre, tl les formes s'allongent
Comme 1111 filet qu'on /1111ce sur l,1 mer
Et qui s'ilale a1.m1t dt retomber.
Hérisse-toi de flammes et de briûts,
Sans autre amour et sans autre désir
Que du prismt où plongent les nasem,x.

Laisse la èbair, au soujjle des 11111siq11ts,
Se di:1:itir et fondre awc délice
En 1m vertige oii IOII âme renaisse.
Ferme le.s Jeux, et p11ise à reUe noce,
Dont la lueur éclabousse les cieux
U11 bref tourment, meilleur que le plaisir.
j'irai sans loi, le long des rues désertes,
Fouiller, d'un œil ébloui de silmce,
Le monde obscur par delà les l11111ifres.

*

* *
SUR MARCEL PROUST
Détachons d'un ingénieux et fin article de M. René Rousseau : Marcel Proust et l'Esthéiique de l'inconscient (MERCURE DE
FMNCE, 15 janvier 1922) les passages qui suivent:
Marcel Proust s'est employé à décou\'rir, sous les étiquettes appliquées aux mobiles humains, et qui les confondent sous le~ ooms d'ai-a.ria, d'ambition, de va11ité, de jalousie, etc ... , le tra\·ail préparatoire
et sourd qui lt!s explique. Il est allé au bout du problème ; parti
de la solution, il en a retrouvé la donnée. Au food des manifestations
bruyantes ou méchantes de ses contemporains, il a vu Je petit cinéma
actif, fébrile, de leurs désirs dramatisés. Il s'est dit qu'un acte gé11éreux,
tgoiste, t&gt;aÏ11, diloyal, luxurit11x, était considéré pour tel par une perversion naturelle du jugement et une ioclinatioo irrésistible de l'habitude, mais qu'il répondait avec la véracité d'une répliqu~ aux images
qui passent dans la chambre noire de notre âme. Délicatement, scrupuleusement, avec une volupté spéciale et un peu équivoque, il a examiné
ces images au microscope. Et, tout de suite, au premier examen, il a
dirigé son objectif sur l'appareil de mensonges dresse au seuil de nos
passions .....

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Renouant la tradition des moralistes, il a exploré les cœurs ; il a cru
aux choses de !'§.me, de laquelle il a décrit, expliqué les passions. Avec
lui, le ton s'est élevé ; Marcel Proust a rejoint les grands connaisseurs
des vicissitudes humaines dans l'étude qu'il a entreprise de l'homme.
De fin, il ne s'en est pas proposé d'autre, mais il nous suffit, pour lui
rendre grkes, qu'il ait rempli les vastes limites qu'il s'~tait tracées.
Déjà, dans la I ATION du 7 décembre 1921, Ellen Fitzgerald
avait présenté l'œuvre de Proust aux: lecteurs américains :
Le roman de Proust n'a pas de héros, pas de personnage dominant
dont la destinée capth·e l'attention du lecteur. Si en lisant les volumes
de Proust, on ne sait pas voir uu triomphe de la technique du roman,
dans la façon impersonnelle, anonyme dont il dépeint pour ainsi dire
à contre jour l'enfant, le garçon, l'adulte qui remplissent successi\'ement le rôle de héros, si on ne comprend pas que la maîtrise de
Proust apparait d'autant plus grande que c'est précisément en observant cette réserve envers son pt:rsonnage qu'il se crée la perspective
sous laquelle il étudie, analyse, projette et peint des groupes dans leur
ensemble, on ignore cc qu'il y a de plus merveilleux dans son art.
Dans l'œuvre de ce grand magicien il n'y a pas à proprement parler
d'histoire qui se puisse raconter, mais sous sa main se cristallise un
monde complexe et vaste et pourtant tout en nuances, à c6té duqucl
le monde si multiple d'un Balzac apparaît décousu et fortuit, et celui
de Jean Christophe une cr~tion très simple.
Et plus loin :
Peu à peu une philosophie se dessine à travers cc tissu de vies
enchevêtrées, et, c'est étrange à dire. cette philosophie présente des
analogies avec le grand motif qui inspire le roman tel que Scott,
Bab.ac, et Henry James l'ont conçu, je ,·eux dire que ce qu'il y a de
oeuf a moins de valeur que ce qu'il y a d'ancien, que l'avenir ne doit
pas porter atteinte au passé. L'ancienneté est la note qui revient toujours dans le roman de ~1. Proust. C'est une œuvre dans laquelle un
homme dont la vie est imprégnée de vieillesse retrace ses souveoirs.
L'enfant, le garçon, le jeune homme sont vieillis par le contact avec
un groupe de vieilles gens : les grands parents, et Leurs familiers, et
leurs domestiques .....
Les Français sont un peuple courageux; ils n'ont pas peur de leurs
propres émotions, et ce sont des artistes ; ils n'ont pas peur de leurs
vices et ce sont des moralistes; ils n'ont pas peur des idées, et et
sont,' daos le sens vrai du mot, des intellectuels. A chacun de ces trois •
points de vue, M. Proust est un vrai Français de France.

LBS REVUES

LE THÉATRE DU MARAIS

M. Jules Delacre présente le théâtre du Marais, qu'il vient de
fonder à Bruxelles :
Nous renions tout ce qui peut paraitre tolérable à la scène et de\'ient
souise à ltt lecture, tout ce qui ne révèle qu'une recette ayant fait ses
preuve~ pa: la vente, une habilc:é - parfois remarquable d'ailleurs _
de fabncatton. Bless~s ~ar un certain ton qui fait ressembler plus d'un
théâtre à un. mauv~1s heu, excédés de cette rudimentaire psychologie,
~e cette senumentalité à bon marché, ou, pis encore, de cette préteohQn à. la pen~e. - que Jules Romains si justement appelle&lt;( un voyage
en tram de. plalSlr sur les frontières de la philosophie » - nous rejetons
tout ~e qui ne peur_ que duptr un public, cooscient ou non, grâce au
prestige_ du_ ~o.":ié_dieo ~u à cette habitude de se mal nourrir qui est
dans les poss1bilitt.:s de I homme. Des œ11v1·es - nous ne voulons pas
d'autre raison d'être, nous n'avons pas d'autre mot d'ordre et nous
ne rougissons point de cet élémentaire acte de foi puisqu'il ~et en jeu
toute notre conscience, et que le fâcheux état du thé:ltre d'aujourd'hui
nous force bien a recommencer par le commencement .....
~us som~es prêts à tenir bon, à ne pas désespérer de sitôt d'un
publ.1c auquel il nous faut peu à peu faire entendre que notre scène est
un heu dllermini, où règne un&lt;:: unitc: d'acùoo.
Cette unité, si le public la comprend, peut-être l'aidera-t-clle à se
refaire la sienne. Elle est aussi indispensable, et plus difEcile à réaliser
que la nôtre, car elle dépend à la fois des individus et du nombre. Pour
Y1 a~teindr~, il ~aut précisément, et avant tout, dépasser cette notion
délite qui a fait échec à plus de tentatives qu'elle n'en a aidées. Il ne
d'u~ public d'c:lite, pas plus que d'un public populaire. Il
s~,t ~ un public tout court. Trop souvent, le souci d'une pédante et
facile tntellectualité a desservi la cause du Théâtre, qui semble souffrir
avant tout d'une sorte de déchéance physique. Songeant à cet admirable équilibre de l'âme et du corps que, sur la scène, ont su célébrer
les. maitres de jadis, ranimons-le par l'hygiène du comique et du
lyrisme, rappelons-nous qu'il naquit d'un bondissement divin, faisant
large ~art :\ la joie, qu'il n'est point de grande époque sans un Théâtre
à sa taille, et que Molière, dans son génie, pouvait à la fois ench:mtcr
sa servante et son Roi.

s:~t fl?int

de

Aux programmes des premiers spectacles figurent des pièces
J· M. Barrie, Tristan Bernard, Maeterlinck, Jean Schlum-

�LA. NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

384

r
V'\d c et d'abord, Sgn11nrelle ou le
berger Synge, \ erhaeren, l ra , ,
.
'
.
.
l
tumes
d'Yves Alix.
corn imngrna,re avec es cos

( no

l ) .

L'ESPRIT NouvEAU
3 .
LE MERClJRE DE fRt.:-:CE (1)

Mosaïques romaiues, par de Fayet.
dé
fév ) . La ~011e d,rngaeme, par
c.-1

Marthe Genlis.

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. .

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JAMES JOYCE

*

* *
MEME TO BIBLIOGRAPHIQUE ANGLAIS
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,-fo E11glis/J A11l11ology, by Sir

NEWBOLDT (Dent et
ENRY
(N I on)
b JOHNBUCHAN
es
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A 1-listory of t/Je Great War, Y
•
(M millan)
l d" Old and New, by Sir VALENTINE CHIROL ac ) .
,, ia,
. .
FRIDLANDER Qonathan Cape .
Ma1thew Mans, by ERNEST
Sc
BLuN·~ (Alfred Knop[).
.
.
~ss
,
by WILFRID AEN
•
My D1.ir1es Io -r9r.,,
l' b, L R. VARNELL (fhe
Gruk Hero Cuits a11d ldeas of Immorta ,ty, } .

C\.ueodon Press, Oxford).

•

* *

CORRESPONDANCE

Mon cher Rivière,
.
'
ne rectification à mon article Ju
Je vous prie d apporter u
d s relations intellectuelles
numéro de Février sur la question e
. d M Massis,
L' f cle paru dans la re,;ue e . •
d
franco-alleman es. ar tC '.
f ·t llusion dans la phrase de
auquel M. Ernst Robert urtms. ai_ a •· 1 a , p~ le croire, de
.
· , n'est pas ainsi qu 1
lui que 1e cite . '
J
t C'est donc à celui-ci que
M. Massis, mais de_ M. o anne t.ius et la mienne. Je m'excuse
s'adresse la protestation de M. Cur
d M Massis
. d ·ous de vos lecteurs et e . ,
de mon erreur aupres e ,
'
bl' eance pour m'aider à la
lui-même, et compte sur votre o ig

h

réparer.
Croyez...
.

A~DRÈ GIDE

f

't dire que le nationalisme

l. ,&lt; Mass1~ me a1

'est

Eh ! Je ne sais que trop que c

le

·

· . t:St

Ll! GÉRANT : GASTON GALLIMARD.

AllBEVlLLll, -

moribond·

trauçrus.
est vrai ... »

contraire qui

a1PRIMEIUE F. PAltLAJl.T,

Ce qui suit est le texte d'une conférence faite le 7 dlcembre
dernier à la Maisoii des Amis des LJvres. Je la tienne ici
telle q11e je f ai rédigée, en indiqiumt, par des parenthèses, les
passages q~ la brieveté du temps dont je disposais m'a obligé
à sauter oii à résumer a la lecture. Telle qu'elle est elle peut
donner de l'œuvre de Ja11us Joyce une idée, sommaire sans {U)U/e,
mais assez exacte.
Depuis deux ou trois ans James Joyce a obtenu, parmi
les gens de lettres de sa génération, une notoriété extraordinaire. Aucun critique ne s'est encore occupé de son
œuvre et c'est à peine si la partie la plus lettrée du public
anglais et américain commence à entendre parler de lui ;
mais il n'y a pas d'exagération à dire que, parmi les gens du
métier, son nom est aussi connu et ses ouvrages aussi discutés que peuvent l'être, parmi les scientifiques, les noms
et les théories de Freud ou de Einstein. Là, il est pour
quelques-uns le plus grand des écrivains de langue anglaise
actuellement vivants, l'égal de Swift, de Sterne et de Fielding, et tous ceux qui ont lu son Portrait de l'Artiste dans
sa Jeunesse s'accordent, même lorsqu'ils sont de tendancei;
tout opposées à celles de Joyce, pour reconnaître l'importance de cet ouvrage ; tandis que ceux qui ont pu lire les
fragments d'Ulysse publiés dans une revue de New-York en
1919 et 1920 prévoient que la renommée et l'influence de
James Joyce seront considérables. Cependant, si, d'autre
~rt, vous allez demander à un Membre de la « Société

is

�386

J,1MES JOYCE
LA NOUVELLE RBVUE FRANÇAISE

(américaine) pour la Suppression du Vice » : Qui est
James Joyce? vous recevrez la réponse suivante : C'est un
Irlandais qui a écrit un ouvrage pornographique intitulé
Ulysse que nous avons poursuivi avec succès en police correctionnelle lorsqu'il paraissait dans la cc Little Review de
New-York.
Il s'est en effet passé pour Joyce aux Etats-Unis ce qui
s'est passé chez nous pour Flaubert et pour Baudelaire. li
y a eu plusieurs procès d'intentés contre c&lt; The Little Review &gt;) à propos d' Ul)'sse. Les débats ont été parfois dramatiques et plus souvent comiques, mais toujours à l'honneur
de la directrice de cc The Little Revie,v &gt;1, Miss Margaret
Anderson, q . a combattu vaillamment pour l'art méconnu
et la pensée petsécutée.
Etant donné les précédents que je viens de citer (Flaubert et Baudelaire) auxquels il convient d'ajouter celui de
Walt Whitman, dont les livres ont été, en leur temps,
officiellement classés comme cc matière obscène &gt;&gt; et de ce
fait déclarés intransportables par l'administration des Postes
aux Etats-Unis - nous ne pouvons pas hésiter un instant
entre les jugements des membres de la Société pour la Suppression du Vice et !-'opinion des lettrés qui connaissent
l'œuvre de James Joyce. Il est en effet bien invraisemblable
que des gens assez cultivés pour got'lter un auteur aussi
difficile que celui-ci, prennent un ouvrage pornographique
pour un ouvrage littéraire.
Je vais maintenant essayer de décrire l'œuvre de James
Joyce aussi exactement que possible, et sans chercher à en
faire une étude critique : j'aurai bien assez i faire de dégager, ou d'essayer de dégager, pouda première fois, lesgran·
des lignes de cette œuwe et d'en donner une idée un peu
précise (aux lecteurs pour lesquels elle n'est pas, ou ~
encore, accessible, car, au moment où j'écris ces lignes, le
plus récent et jusqu'ici le plus important des ouvrages de
Joyce, Ulysse n'a pas encore paru en volume).
&gt;)

387
. D'a?ord, quelques mots sur l'auteur : l'indispensable notJCe biographique.
. James Jorce est né en 1882, à Dublin, d'une très anc~enne 'famille, originaire en partie du sud et en partieM'l
de 1·ouest de l'Irlande.
n est ce qu'on appe Il e un pur
.
« i és1en &gt;&gt; : Irlandais et catholique de vieille souch . d
cette Irland; q~i se se~t quelques affinités avec l'Espag:~,
France et 1Italie, mais pour qui l'Angleterre est un pays
étranger dont rien, pas même la communauté de langue ne
la rapproche.
'
Il _a été él~vé_ dans un établissement d'éducation des Pères
J~mtes, q~t lm ont donné une solide culture classique, la
meme . qu tls donnaient che,: nous à leurs élèves a
xvmc
·
u
t Il siècle
d : le. latin enseigné comme une langue
,
vivante,
c · aé ant
e
pair
avec
la
langue
nationale
etc
Ses
h
fi ·
,
•
umant~ s n:es: Joyce entreprit, d'abord à l'Université de Dublm,. puis a cell~ de ~aris, des études de médecine qu'il ne
ter~ma pas, mais qui ont certainement contribué à la formation de son esprit. En même temps, il étudiait, pour
son ?ropre compt~ et. sans songer à une carrière, la philosop~1e, et en particulier la philosophie grecque et la schol~nque._ C'est ainsi que, pendant qu'il était à Paris, il passait pl~s1eurs _heures c_haque soir à la Bibliothèque SainteGenev1ève, ltsant Anstote et Saint Thomas d'A uin
-/lors que la Sagesse Môndaine, peut-être, aurait !ul~
quR
il préparât avec plus de soin son p .c.N
.
, eve?u en Irlande il s'y maria, et presqu'aussitôt aprèsil
sexpatna, et habita successivement Zurich, Trieste Rome
et de nouveau Trieste. Il s'était consacré à l'ensei!?l;emenr'
sans toutefoi~ abandonner_ ses études personnelles, qu'ij
poUS5a trè~ lom dans plusieurs directions : philosophie et
;at~émat1ques_ surto~t. En 1915J il quitta Trieste pour
p~cb et depuis 1920 11 habite de nouveau, avec 5~ famille
a;_ts· Tout compte fait, c'est en Italie, ou en pays italie~
~u1l a vécu_le plus longtemps, (environ quatorze ans), et
est en Italie que ses enfants sont nés.

1:

�LA NOUVELLE REVUE PUNÇAJD
388
Comme élève des Jésuites, il serait également inexact de
dire qu'il les sert ou qu'il les combat. Attitude ~ie~ différente de celle qu'ont eue ceux de nos propres écnvams du
xrx~ siècle qui sont sortis des établissements d'éducation~es
Pêres ; et c'est ce qu'il ne faudra pas perdr.-: de vu~ lo1?qu on
voudra porter un jugement sur son œunc., Lu1-m_eme se
plaît à reconn:ûtre que son esprit porte I empr~mte de
l'éducation que les Pères Jésuites lui om donnée et 1I admet
qu'.au point de vue intellectuel il leur doit bea~cou~. Du
reste, - je puis bien le dire dès à présent, ~ 1e crois que
l'audace et la durdé avec lesquelles Joyce décm et met_en
scène les instincts réputés les plus bas de la nature humaine
lui viennent, non pas, comme l'ont dit quelqu~-uns des
critiques de son Portrait de l'Artiste, des laturahstes fran. rnatS· bien de l'exemple que lui ont donné• les dgrands
ca1s,
~assuites de la Compagnie. Quiconque se som·1ent e certains passages des« Provinciales ll, et notam~e~t de ceux
où il est question de l'adul~ère et de_ la forn1cat1_on, co~prendra ce que je veux dire ; et il semble bien qu au
fond, derrière James Joyce, c'est Escobar et le P. S~n.chr:z
e la Société pour la Suppression du Vice a poursuJV1s en
qu
·
Joyce. a la
police correction ne lie ! De ces gran ds casuistes,
froideur intrépide, et, à l'égard des faiblesses de la chair la
même absence de tout respect humain.
.
.
Comme Irlandais, James Joyce n'a pas pns effectivement
parti dans le conflit qui a mis aux prises, de 1914 à ces
derniers jours, l'Angleterre et l'Irlande. I~ ne ~ert a~cun
parti, et il est possible que ses livres ne pla1_seot ~ :iuct n :
•·1 't également désavoué par les Nanonahstcs et l
qu I so1
.
.
.
6 e de
Unionistes. Quoi qu'il en son, il ne fait pas ~r .
patriote militant, et n'a rien de commun avec :es écn":31ns
a Risorgimento qui étaient surtout les serviteurs d ~ne
u et se présentaient comme les citoyens
•
d'un~ nauon
cause
'mée pour laquelle ils réclamaient l'autonomie, et en
oppn
.
, 'd &lt;l
· tes et
faveur de laquelle ils demandaient l a1 e es patno
des révolutionnaires de tous les pays. Autant que nous m

JAMES JOYCE

pouvons juger, James Joyce présente une peinture tout à
fait impartiale, historique, de la situation politique de l'Irlande. Si, dans ses livres, les personnages anglais qu'il
introduit sont traités en étrangers et quelquefois en ennemis par ses personnages irlandais, il ne fait nulle part un
ponrait idéalisé de l'Irlandais. En somme, il ne plaide pas.
Cependant, il faut remarquer qu'en écrivant Grns tk Dllbli11,
Portrait tk /'Artiste et Ulysse, il a fait autant que tous les
héros du nationalisme irlandais pour attirer le respect àes
intellectuels de tous les pays vers l'Irlande. Son œuvre
redonne à 11rlande, ou plutôt donne à la Jeune Irlande,
une physionomie artistique, une identité intellectuelle; elle
fait pour l'Irlande ce que l'œuvre d'Ibsen a fait en son temps ·
pour la orvège, celle de Strindberg pour la Suëde, celle
de Nietzsche pour l'Allemagne dt! la fin du x1xe siècle, et ce
que viennent de faire les livres de Gabriel Mir6 et Qe
Ram6n G6mez de la Serna pour l'fupagne contemporaine.
Le fait qu'elle est écrite en anglais oe doit pas nous donner
le change : l'anglais est la langue de l'Irlande moderne,
comme il est la langue des États-Unis d'Amérique ; ce qui
montre combien peu nationale peut être une langue littéraire. Ecrire de nos jours en Irlandais, - ce serait comme
si un auteur frauçajs contemporain écrivait en vieux français. Bref, on peut dire qu'avec l'œuvre de James Joyce, et
en paniculier avec cet Ulysst qui va bientôt paraître à
Paris, l'Irlande fait. une rentrée sensationnelle dans la haute
littérature européenne.
Je voudrais pouvoir vous p:1rler ~'Ulysse dès maintenant, mais je crois qu'il vaut mieux suivre l'ordre chronologique, et du reste UIJsse, qui est par lui-même un livre
diflicile, serait presque inexplicable si on ne connaissait pas
les ouvrages antérieurs de Joyce. Nous allons donc les
examiner l'un après l'autre, dans l'ordre où ils ont été
composés et publiés.

�392

LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISll

II
Duhliners '.

(Et en effet, il avait commencé à écrire des nouvelles
qui devaient paraître, après bien des retards et des difficultés, sous le titre de Gens de Dublin, à Londres en 1914.
Je dirai quelques mots de ces difficultés.) Ce recueil se
compose de quinze nouvelles qui se trouvaient achevées
et prêtes à paraître dès I 907, sinon plus tôt. (La seconde,
intitulée Une rencontre, traite, d'une manière parfaitement
décente, et qui ne peut choquer aucun lecteur, un sujet
assez délicat : en fait, elle raconte comment deux collégiens qui font l'école buissonnière rencontrent un homme
dont les allures et les discours étranges, - principalement
sur les ch~timents corporels et les petites intrigues amoureuses des écoliers et des écolières - , les étonnent, puis
les effraient. Dans une autre, la sixième, l'auteur met en
scène deux Dublinois de position sociale indécise et de pr&lt;r
fession douteuse, et qui sont en somme des confrères
irlandais de notre Bubu-de-Montparnasse. Ce sont là les
deux seules nouvelles du recueil dont les sujets soient de
ceux que semblent ou plutôt que semblaient, jusqu'à ces
dernières années, éviter les romanciers et conteurs de
langue anglaise. Cependant, elles pouvaient f~urnir _alll.
éditeurs un prétexte pour refuser le manuscnt. Mais à
défaut de ce prétexte, les éditeurs irlandais pouvaient
trouver quelques raisons plus sérieuses pour refuser de
publier le livre tel qu'il était. D'abord, non seulement
toute la topographie de Dublin y est exactement reproduite; c'est-à-dire que les rues et les places y gardent leur
1.

Quelques-unes des nouvelles de Dublitl#'S ont été trad~ites en

français par M111e Hélène du Pasquier et publiées dans 1A Écnls Nn-

waux.

JAMES JOYCE

393

n-ai nom, mais encore les noms des commerçants n'ont pas
~té changés et certains notables habitants pouvaient se
croire mis en scène et protester. Mais sunout,) dans la
nouvelle intitulée : L'anniversaire de la nwrt de Parmll dans
la salit. du Comité électoral, des bourgeois de Dublin, des
journalistes, des agents électoraux, parlent librement de
la politique, donnent leur opinion sur le problème de
l'autonomie irlandaise et font quelques remarques assez
peu respecteuses, ou plutôt très familières, sur la reine
Victoria et sur la vie privée d'Edouard VII. C'est cela qui
fit hésiter même l'éditeur le plus désireux de publier Gens
dt Dublin. En eftet, étant données les conditions politiques
de l'Irlande, les exemplaires mis en vente auraient pu être
saisis et confisqués par l'autorité. Devant les hésitations
de son éditeur, Joyce écrivit à Sa Majesté Georges V, soumettant à son appréciation les passages considérés comme
dangereux. La réponse fut, par l'intermédiaire du secrétaire de S. M., qu'il était contraire à l'étiquette de la Cour
que le Roi formulât une opinion sur une question de ce
genre. Là-dessus l'éditeur irlandais consentit à imprimer
le livre, à condition que l'auteur verserait une caution en
prévision d'une action judiciaire de la part des autorités.
Au reçu de cette nouvelle, Joyce, qui habitait alors
Trieste, partit pour Dublin. Avec l'aide de quelques amis
il réunit la caution demandée. Et enfin, le livre fut imprimé.
Mais le jour où il vint prendre livraison de l'édition,
Yéditeur, à sa grande surprise, lui apprit que l'édition avait
été achetée, - par qui ? on ne l'a jamais su, - achetée
en bloc et aussitôt après brûlée, dans l'imprimerie même, à
~•exception d'un seul exemplaire, qui lui fut remis. Comme
Je l'ai dit, Gms de Dublin ne put paraître qu'en juin
1914, à Londres.
(La plupart des critiques qui se sont occupés de ce livre
parlent beaucoup de Flaubert, et de Maupassant, et des
Naturalistes français. Et en effet il semble bien que c'est
de là que Joyce est parti et non pas des romanciers anglais

�194

LA NOUVELLE REVUE FRANÇ.,UU

et russes qui l'ont précédé, ni des romaociers français qw
oot succédé aux grands maitres du .paturalisme. Cependant
avant de se prononcer sur cette question, il faudrait faite
une recherche sérieuse des sources de chacune des llOl.1·
velles. Ce n'est qu'une hypQthèse que je vous soumets.
En tout cas, c'est avec nos naturalistes que le Joyce de œ
premier ouvrage en prose a le plus d'affinités. Toutefois,
il faudrait bien se garder de le considérer comme un naturaliste attardé, comme un imitateur ou un vulgarisateur, ea
langue anglaise, des procédés de Flaubert, ou de Maupassant, ou du groupe de Médan. Ce serait aussi absurde que
de voir en lui un pasticheur de Dowland et de Campioo..
Même l'épithète de néo-naturaliste ne lui conviendrait pas,
car, alors, on serait tenté, sur une connaissance toute superficielle de son œuvre, de le prendre pour un Zola ou un
Huysmans, ou encore pour un Jean Richepin aux aud~es
purement verbaies. Car même en admettant qu'il est parti
du naturalisme, on est bien obligé de reconnaître qu'il a'a
pas tardé, non pas à s'affranchir de cette discipline, mais à
la perfectionner et à l'assouplir à tel point que dans Ul~
on ne reconnaît plus l'influence du naturalisme et qu'OII
songerait plutôt à Rimbaud et à Lautréamont, que Joyce
n'a pas lus.)
Le monde de Gens de Dublin est déjà le monde du brtrait de f Artiste et d'Ulysse. C'est Dublrn et ce sont des
hommes et des femmes de Dublin. Leurs figures se
détachent avec un grand relief sur le fond des rues, des
places, du port et de la baie de Dublin. (Jamais peut-êuc
l'aunospbère d'une ville n'a été mieux rendue, et dans chacune &lt;le ces nouvelles, les personnes qui c o ~1
Dublin retrouveront une quantitt d'impressions qu'elles
croyaient avoir oubliées.) Mais ce n'est pas la ville qui est
le personnage principal, et le livre n'a pas d'unité : chaque
nouv Ile est isolée: c'est un portrait, ou un groupe, et ce
sont dei individualités bien marquées que Joyce se plaît .à
fi.ire vivre. Nous en retrouverons du reste quelqueruacs,

Jü'ES

~OYCE

395
q°7 nous reconnaitrons, autant à leurs paroles et à leun
traits de ca~~ctères qu'à leurs noms, dans ses livres suivants.
(La demie~e des quinze nouvelles est peut-être, au po.int
te vue techmque, la plus intéressante : comme dans les
autres,. Joyce se conforme à la discipline paturaliste: écrire
sans faire appel au public, raconter une histoire en tournant_ le dos aux auditeu:s; mais en m~roe temps, par la
hardiesse de sa c~nstructlon, par la disproportion qu'il y a
entre la préparauon et le dénouement il prélude ,
fut
·
.
"
a ses
ures mnovat1ons,_ lorsqu'il abandonnera à peu près comp_lètement la narration et lui substituera des formes inusitées et quel~uefois inconnues des romanciers qui l'ont
pré~dé : le d~logue, la notation minutieuse et sans liea
logique des _faits,_ des couleurs, des odeurs et des sons, le
monologue mténeur des personnages, et jusqu'à une forme
empruntée au catéchisme : question, réponse . question
réponse.)
'
•

A portrait -0f tbe artist as a you11g man •.

Portrait de l' Artiste dans sa jeumsse parut, deux ans ap.rèi.
Du,~lin, _à New-York, les imprimeurs anglais ayant
refusé de l impnmer; mais il avait attendu beaucoup moini
longtemps e_t il n'avait pas rencontré les mêmes difficultés.
Dans ce hvre, qui a la forme d'un roman, . Joyce s'est
pr~posé de reconstituer l'enfance et l'adolescence d'un
aruste dans un milieu et des circonstances données. E1.
~me temps, le titre noûs indique que c'est aussi, en un cer~n sen~, l'hist-oire de la jeunesse de l'aniste en général,
e5r-à-dire de tout homme doué du tempérament artiste.
Le héros, - l'artiste - s'appelle Stephen Dedalus ~
Get1s de

1·

Une traduction française ~t aunoncée.

�39 6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇA]SK

Etienne Dédale. Et ici, nous abordons une des difficultés de
l'œuvre de Joyce : son symbolisme, que nous ~etrouverons
dans Ulysse et qui sera la trame même de ce hvre extraordinaire.
.
D'abord le nom de tephen Dedalus est symbolique:
son patron est S1-Etienne, le protomartyr, et son _nom
de famille est Dédale, le nom de l'architecte du ~byrmth:
et du père d'lcare. Mais dans l'esprit de l'auteur, il a aussi
deux autres noms, il est le symbole de deux :utres personnes. L'un de ces noms est James Joyce.
. Lenfance, et
1
l'adolescence de Stephen Dedalus sont év,1demment. _enfance et l'adolescence de James Joyce : c est son JTUl_1eu,
ses souvenirs de famille, ses études chez les Jésuite~.
Même, les armoiries de Stephen Dedalus sont les armo~ries de la famiU~ Joyce. Et à la fin Stephen part pour continuer ses études à Paris, exactement co{l)me le fit Joyce
l u1-m
· êm e. Mais il est aussi - nous le verrons· dans
"fi
Ulysse - Télémaque, l'homme ~ont le 11~m • grec s1gn1 e
Loin-de-la-Guerre, l'artiste qui reste a I écart de la
mêlée des intérêts et des appétits qui mènent les
hommes d'action ; l'homme de science et l'homme de
rêve qui reste sur la défensive, toutes ses forces ab~rbées par la dche de connaître, de comprendre et d exprimer.
.
Ainsi le héros de ce roman est à la f01s un personnage
symbolique et un personnage réel, comme le seront _t~us
les personnages d'Ulysse. C'est du reste la seule apparition
que tait le symbolisme dans Portrait de l'A~tiste. Tout le
reste est purement historique, et le plan du livre est fondé
sur l'ordre chronologique. Autour du héros, nou~ rencontrons une foule de personnages très réellement vivants et
humains: des enfants, des prêtres, des« Gens de_~ublio •;
des étudiants, tous présentés avec un relief saisissant e
une netteté extraordinaire. Il n'y a pas d'à peu prè~,
de profils perdus dans les livres de Joyce : on peu~ ~1r~
tour de ses personnages; rien n'est en trompe-! œ1l.

'f

JAMES JOYCE

397
livres de Joyce sont grouillants, animés, sans truquage, sans
morceaux de bravoure.
Les critiques anglais qui se sont occupés du Portrait dt r Artiste ont encore une fois parlé de naturalisme, et de réalisation à peu près comme s'il se fût agi de tel ou tel roman de
Mirbeau. Ce n'était pas cela. Ils auraient pu tout aussi bien,
ou aussi mal, parler de Samuel Butler. En effet, et j'en parlais
l'autre jour avec une amie qui était arrivée à la même conclusion que moi, il y a certaines ressemblances fortuites,
commandées par la situation et par le génie des deux: écrivains, entre la crise religieuse d'Ernest Pontifex cc celle
de Stephen Dedalus; comme aussi enrre les longs monologues de Christina et la forme du monologue intérieur
qui tient tant de place chez Joyce. Mais c'est tout au plus
si on peut considérer Butler comme le précurseur de Joyce
sur ces points-là.
on, ces critiques se sont fourvoyés. A partir du
Portrait de r Artiste, Joyce est lui-même cc rien que luimême.
Ils se sont trompés aussi ceux qui n'ont voulu voir dans
ce lfrre qu'une autobiographie : t&lt; l'auteur qui, sous un
nom supposé, etc... » Ce n'est pas cela. Joyce a tiré
Stephen Dedalus de lui-même, mais en même temps, il
l'a créé. Autant dire alors, que Raskboloikoff, c'est Dostoiewski.

Le succès de ce livre a été grand, et c'est à partir de ,a
publication que Joyce a été connu des lettrés. Ç'a été un
succès de scandale. Les critiques, pour la plupart anglais et
protestants, ont été choqués par la franchise et l'absence
de respect humain dont témoignaient ces « confessions »
(toujours l'autobiographie). Quelqu'un a même écrit que
c'était un livre « e~traordinairement mal élevé ». Il est
œnain qu'en pays catholique, le ton de la presse aurait été
bien différent. Nous avons eu en France, dans ces dix dernières années, plusieurs romans dans lesquels un collégien
ae débat entre ses croyances ou ses habitudes religieuses et

�8

LA •'OUVELLE REVUE PlAMÇAlSI

le$ exi ences de ses sens qui le pouss nt à. de visjt.es furtives aux maisons closes. En fait, le meilleur ai:1cle dt
..
--cr,.'
au Port,.ait de l'Artis~ · fut celui de la
cnt1que
con.ç
è Dublin Re i
•, une des randes revues du monde
.
réd'i,.,/.',à
ctt 11011que,
6'-" ou du moins inspirée par des prêtres.
· di
(Le st •le du Portrait est en grand progrès sur celua_ e
Gens dt Dublin. Le monologue intérieur et la conver ttoa
5e substituent de plus en plus à la narration. ous _sommes
de plus en plus fréquemment transportés au sem de la
pensée des personnages : nous -ç-oyons ces pensées se fo~
mer nous les suivons, nou5 assistons à l'arrivée des sensation~ :i la conscience et c'est P:tr ce q~~ pe_n~e personnage
que nous apprenons qui il est, ,e qu il fait, ou il c_ trouve
et ce qm. "... pa e autour dè lui. Le nombre des images,
lt
des analogies et des symboles augmente. ur la page où
oll~oien résout son problème, les équation s développent
c mr- e des constellaùons et puis se résolvent comme une
corn
•è e J'ét0iles qui tombent à travers 1•·mfi m.· ous nr
pou I r
• r6 lis
sommes pas prévenus, nous ne sommes pas ~repa i
choses ne nous sont pas racontées .; elles ~mvent; elles
. ·ent· Et dé'Jà les symboles apparat.
nous am'I;
. eot:
'6 · tout dtlt
de
l'
lise
Les
différentes
s1gm
cations fait
bol.
sym 1sme
·
chaque objet employé dans le culte, ~e chaque gesreéties
ar le wèrre, sans parler des préfigurat1 n_s,_ &lt;les prop_h
~t des ~oncordances. Comme dans les Best1a1res mys~1ques,
nne d:1.ns le Livre de Kells et dans la statuaire des
con
.
fi
· des
cathédrales, les figures symbohqu_es et 1a gur:ui~n évipéché a\' c toutes les représentations _obscènes qu~, a
demment, ne choquaient pas les Chrétiens de ces
~
t3ui nous apparaissent comme des époqu:s d~ grao
,·tur relioieuse. Tout cela, du re te, sapphque epcott
.
à Unlysse qu'au Portrait de l'Artiste.)
m1eu~
.
n: ant
Je laisse de côté, à mon grand regret, mais ~nco
8
fois notre temps est limité, le beau drame pubhê en 19-r '
et intimlé Exilts •; et je pa e à Ulysse.

1:

t

1.

E.t!Us n'est pas'un hori-d'œuvrt dans !'~semble de l a ~

JAM

J

'r'Cl-:

399

]\"

VIY;tSts.

Le lecteur qui, s:i.ns avoir l'Odyssée bien présente à l'esprit, aborde ce livre, se troU\·e assez dérouté. Je suppose;
naturellement, qu'il 1agit d'un lecteur lettré, capable de
lire sans en rien perdre des auteurs comme Rabelais, Montaigne et Descartes; car un lecteur non lettré ou à demilettré abandonnerait Ul :rse au bout de trois pages. Je dis
qu'il est d'abord dérouté; et en effet, il tombe au milieu
d'une com·ersation qui lui paraît incohérente, entre des
personnages qu'il ne distingue pas, Jans un lieu qui n'est
ni nommé, ni oécrit, et c'e t p:i.r cette conversation qu'il
doit apprendre peu à peu ou il est et qui sont les imerlo-cuteurs. Et pui , ,·oici un livre qui a pour titre Ulysse:, tt
2ucun de personnages ne porte ce nom, et m~me le nom
d'Ulys.~e n'y apparaît que quatre fois. Enfi~, il commence à
voir un pc-u clair. Incidemment, il apprendra qu'il est à
Dublin. Il reconnaît le héros du Portrait der A rJislf-, tcpl1eu
Dtdalus, revenu de Paris er vivant pam1i les imellectueu
de la capitale irlandaise. Il a le suivre pendant trois chapitres, le verra agir, l'écoutera penser. C'esr le matin, et
huit heures à onre heures, le lecteur suit Stephen Dedalns; puis au quatrième chapitre, il fait Ja connaissance d'un
certain Léopold Bloom qu'il va suivre pas à pas toute la
journée et une partie de Ja nuit, c'est-à-dire pendant les
quinze chapitres qui, avec les trois premiers, constituent
le lh·re entier, environ 800 pages. Ainsi, cet énorme Jivre
raconte une seule Journée ou, plus exactement, commence
à huit heures du matin et fiait dans la nuit, vers trois
heures.
de James Joyce, et c'est ~aucoup plu que l'essai honorable, daos Je
4nme, d'un romancier et d'Wl poète: c'est un monument imponant
dti Îhéitre irlandais.

�400

LA NOUVELLE REVUE FRA.NÇAISE

Donc, le lecteur va suivre Bloom à travers sa longue
journée ; car même si, à une première lecture, beaucoup
de choses lui échappent, assez d'autres le frappent pour que
sa curiosité et son intérêt demeurent constamment en éveil.
Il s)aperçoit qu'avec l'entrée en scène de Bloom, l'action
reprend à huit heures du matin, et que les trois premiers
chapitres de la marche de Bloom à travers sa journée,
coïncident dans le temps avec les trois premiers chapitres
du livre, ceux au cours desquels il a suivi Stephen Dedalus.
C'est ainsi qu'un nuage, que Stephen a vu du haut de la
tour à neuf heures moins le quartJ par exemple, est vu,
soixante ou quatre-vingt pages plus loin, mais à la même
minute, par Léopold Bloom qui traverse une rue.
J'ai dit qu'on suit Bloom pas à pas; et en effet, on le
prend dès son lever, on l'accompagne de la chambre où il
vient de laisser sa femme Molly encore mal éveillée, jusqu'à
la cuisine, puis dans l'antichambre, puis aux cabinets oil il
lit un vieux journal et fait des projets littéraires tout en se
soulageant ; puis chez le boucher où il achète des rognons
pour son petit déjeuner, et en revenant il s'excite sur les
hanches d'une servante. Le voici de nouveau dans sa cuisine
où il met les rognons dans une poèle et la poèle sur le feu;
puis il monte rejoindre sa femme à laquelle il ~rte so~
déjeuner ; il s'attarde à lui parler; une odeur de viande qt11
brûle; il redesce11d précipitamment à la cuisine; et ainsi dt
suite. De nouveau dans la rue; au bain; à un enterrement;
à la salle de rédaction d'un journal ; au restaurant où il
déjeune · à la bibliothèque publique; dans le bar d'un hôtel
où un co~cert est donné; sur la plage; dans une Maternité où
il va prendre des nouvelles d'une amie et où il rencontre des
cams.rades; au quartier de la prostitution et dans un bord~
où il reste très longtemps, perd le peu de dignité qui pouvait
lui rester, sombre dans un morne délire provoqué par
l'alcool et la fatigue, et enfin, sort accompagné de Stephen
Dedalus qu'il a retrom•é et avec qui il va passer les deux
dernières heures de sa journée, c'est-à-dire le seizième et le

JAMES JOYCE

401

dix-septième cha~itres. du livreJ le dernier étant rempli par le
long monologue mténeur de sa femme q1J'i1 a réveillée en se
couchant près d'elle.
Tout cela, je vous l'ai dit, ne nous est pas r:iconté et le
livre n'est pas que l'histoire détaillée de la journée de s:epben
et de Bloom dans Dublin. Il contient un grand nombre
d'autres choses, personnages, incidents, descriptions conversations, visions. Mais pour nous, lecteurs, Blo~m et
Stephen sont comme les véhicules dans lesquels nous
passons à travers le livre. Installés dans l'intimité de leur
pensée, et quelquefois dans la pensée des autres personnages, nous voyons à travers leurs yeux et entendons à
travers leurs oreilles ce qui se passe et ce qui se dit autour
d'eux. Ainsi, dans ce livre, tous les éléments se fondent
constamment les uns dans les autres, et l'illusion de Ja vie
de la chose en train d'avoir lieu, est complète, et Je mou~
vement est partout.
Mais le lecteur lettré que j'ai supposé ne se laisserait pas
continue_llement entraîner par ce mouvement. Ayant l'habitu~e de lue et .une longue expérience des livres, il voudrait
voir comment et de ~uoi est, fait c~ qu'il lit. Il analyserait
Ulysse tout en contmuant a le hre. Et voici quel serafr
sans doute, après une première lecture, le résultat de cett;
analyse. Il dira: en somme, c'est encore une fois le monde
de Gens de Dùblin et les dix-huit parties d'Ulysse peuvent
pr?viso~rement, s'assimiler à dix-huit nouvelles ayant pou;
SUJets différents aspects de la vie de la capitale irlandaise.
Toutefois, chacune de ces dix-huit parties diffère de l'une
quelconque des quinze nouvelles de Gens de Dub/i,1, par
beaucoup de points, et en particulier: par son étendue,
par la forme dans laquelle elle est écrite, et la qualité des
personnages qu'elle met en scène : ainsi, les gens qui rom
iigure de personnages principaux dans chacune des nouvelles de Gens de _Dublin ne seraient dans Ulysse que des
comparses, de petites gens, ou, ce qui revient au même
des gens vus de l'extérieur par !'écrivain. Id, dans Ulysse:
26

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISK

ceux ~UI ont au premier plan sont tous, littérairement
~lanc, des Princes, des personnages ~sorti de la
vie profonde de !'écrivain, faits avec son exp rience t sa
nsibilité et auxquels il prête son intelligence, son émotion et son lyrisme. Les convcrs:ition ne sont plus seule01 nt typiciue d'individus appartenant à telle out Ile classe
sociale : cenaines constituent de véritabl essais philosophiqu s, théologiques, d critique littéraire, de satire poliriqu , d'his oire. Des théories scientifiques y som exp.osées
ou &lt;liscutées. Or, c s morceaux que nous pourrions considérer comme des digr ions ou plutôt comm es pi ces
rapport es, d
i compas s en dehors du line et ani6.ci llement in. ér dans chacun d « ou ·eU s • sont si
bien adaptés à l'action, au mouvement et à l'atmosphère
des différent parties ou ils figurent, que nou sommes
oblig s de reconnaître qu'ils appartiennent au livre, au
m me titre que les personnages dans la bouch ou dans la
p&lt;;osée d squel ils ont été mi : ais déj m me, nous ne
pouvons plu con idérer ces dix•huit parti comme da
uouvell isolées : Bloom, Stephen, et ~uelques autres
~rsonnag en restent, tantô ens mhle, tantôt séparéme~
le forures principales, et l'histoire, le drame t la comédie
de leur journé se poursuit à trav rs elle . Il faut le reconnaître : bien que chacune d c s dix-huit parties diffère de
toutes les autres par la forme et le langage, li s forment
c pendant un tout organ · é, un livre.
Et en même temp que oous arrh·ons à cette conclusion.
toutes ortes de concordances, a'analogie:; et de correspoodances ntre ces différ ntes parti
ou apparaisseDl,
tomme la nuit lorsqu'on regard un peu de rem~ le ciel,
le nombre des étoiles visibles parait augmenter. 1 OIII
commençons Jécouvrir,et à pr ss ntir d symboles, Wl
dessein, un plan, derrière ce qui nous paraissait d'abord W1e
masse brillante mais confuse de notations, de paroles, dl
faits, de p osées profondes, d cocasseri~, d'icna~ ~plcodide , d'absurdités, de situations comiques ou dramauque&amp;J

p\MES JOYCE

403

~t nous comprenons que nous somm s en présence d'un

livre beau~oup ~lus_ comp_liq~é que nous n'avions cru, que
ce_ qui _1X1ra1 1t arbitraire et padois enravagam, est
eD réalité voulu et J&gt;rémédité, et enfin, que nous sommes
peut-étre en présenc d'un livre à clé.
Mais alors, où est la clé ? Eh bien, elle est, si j'ose dire,
sur la porte, ou plutôt sur la couverture : c'est le titre :
•Ulysse».
tout

Se ,Pourrait.il_ donc u~ ce Léopold Bloom, ce personnage
que I auteur tra1te avec s1 peu de ménagements, qu'il nous
montre dans t0utes ones de postures ridicules ou humiliantes füt le fils de Laerte, 1 subtil Ulysse ?
ous lev rrons tout à l'heure. En attendant, je reviens
à ce lecte~r non lett:é qui a été rebuté dès les premières
~s d~ hvr , troP. difficile pour lui, et je suppose qu'après
lw a~o1_r lu quelques passages pris dans différents épisodes,
on lu1d1Se: Vous save.:, Steph n Dedalus est Télémaque,
~ Bloom est Ulys.se ». Il croira, c tte fois, qu'il a compris:
I œuvre d Joyc n lui P.araîtra plus ni rebutante, ni cho•
quante; il djra: « Je vois : c'est une parodie de l'Odyssée.&gt;&gt;
Et, en e.ffi t, pour lui l'Odyssée est une grande machine
solennelle, et Ulysse et Télémaque sont des htros, des
~mes de marbre iO\·enrés par la froide antiquité pour
servir de modèles moraux et de sujets de dissertations scolaires. Ce sont pour lui des personnages solennels et
~nuyeux~ i~humain , et il oc p ut s'intéresser à eux. que
st on le fatt nre à leurs dépens , . c'est•à-dire' en somme,
quand ou leur donne un peu de ette humanité dont il
croit, de bonne foi, qu'ils manquent.
Or, il y a des chances pour que le lecteur lettré n'ait
J-. une opinion bien différence de celle.là sur l'Odyssée. Il
~ restt: sous l'impression qu'il en a reçu au collège: une
~mpr~ion d'ennui ; et comme il a oublié le grec, s'il a
JllD~s été capabl de Je lire couramment, il lui est à peu
pr~ _impossible de vérifier par 1a suite si cette impression
~t Juste. La seule différenc qui le sépare du lecteur non

�404

LA NOUVELLE &amp;EVOE FRANÇA}Sll

lettré c'est que pour lui l'Odyssée est, non pas solennelle
et pompeuse, mais simplement sans intérêt, et par conséquent il n'aura pas la naïveté de rire quand il la verra travestie : la parodie l'ennuiera autant que l'œuvre e!le-même:
Combien de lettrés sont dans ce cas, même parmi ceux qui
pourraient lire l'Odyssée dans le texte ! Pour d'autres, elle
sera une étude de grand luxe, surtout philologique, hist~
rique et ethnographique, une spécialisation, une très noble
manie et ils ne sentiront qu'accidentellement la beauté de
tel ou' tel passage. Quant aux créateurs, aux poètes, ils
n'ont pas le temps d'examiner la question et préf~rent la
considérer comme réglée. L'Antiquité, l'Athènes mtellectuelle est trop loin et le voyage coûte trop cher et ils sont
trop ~ccupés pour y aller. Du reste, sa civilisation ne leur
a-t-elle pas été transmise par héritage, de poète en poète,
jusqu'à eux? Pourtant, eux seuls pourraient compr~drc
les paroles de leur ancêtre com~u_n. ~ertains fimsscnt
cependant par faire le voyage, mais ils s y prennen~ trop
tard à une époque de leur vie où la puissance créatrice est
étei~te en eux. Ils ne peuvent plus qu'admirer et parler
aux autres de leur admiration ; quelques-uns essaient de la
faire partager et de la justifier, et alors i~s consument leurs
dernières années à faire une traduction, généralement
mauvaise et toujours iusuffisante ', de l'Iliade et de l'Odyssée,
Le gra~d bonheur, la chance extraordinaire de. James
Joyce, ç'a été de faire le voyage à l'é~ue où la puissance
créatrice commençait à s'éveiller en lui.
.
Encore enfant, chez les Pères, il s'était. senti ~turé vers
Ulysse tout juste entrevu dans une traductton de l Odyssée,
et un j~ur que le professeur avait proposé à toute l~ classe
ce thème : Quel est votre héros préféré ? tan~is q~
ses camarades répondaient en citant les noms des diftëreu
héros nationaux de l'Irlande ou de grands hommes !els qu_e
Saint François d'Assise, Galilée ou Napoléon, il avait
l. En

disant cela, je songeais à S. Butler, auSSI• b"icn qu 'à V. ,\16ai,

JAMES JOYCE

répondu: Ulysse, - réponse qui n'avait que médiocrement
plu au professeur qui, bon humaniste et connaissant assez
bien le héros d'Homère, devait le juger défavorablement.
Ce choix d'Ulysse pour héros favori ne fut pas chez Joyce
un caprice d'enfant. Il resta fidèle au fils de Laerte, et au
cours de son adolescence il lut et relut l'Odyssée, non pas
pour l'amour du grec ou parce que la poésie d'Homère
l'attirait alors particulièrement, mais pour l'amour d'Ulysse.
Le travail de création dut commencer dès cette époque-là.
Joyce tira Ulysse hors du texte et surtout hors des énormes
remparts que la critique et l'érudition ont élevés autour de
ce texte, et au lieu de chercher à le rejoindre dans le temps,
à remonter jusqu'à lui, il fit de lui son contemporain, son
compagnon idéal, son père spirituel.
Quelle est donc, dans l'Odyssée, la figure morale
d'Ulysse ? Il me serait impossible de répondre à cette question, mais des gens compétents l'ont étudiée et il existe
plusieurs études sur ce sujet. Je prends celle d'Emile
Gebhart, qui a le mérite d'être courte et dontla conclusion
est précise. En voici les points principaux : &lt;&lt; Homo est »,
il est homme : a lthacae, matris, nati, patris sociorumque
amans » : il est attaché à son pays, à sa femme, à son fils, à
son père et à ses amis ; « Misericordia benevolentiaque
insignis » : il est sensible aux peines des autres et d'une
grande bonté ... Mais, poursuit notre auteur : &lt;&lt; Humanam
fragilitatem non effugit » : il n'est pas exempt des
faiblesses humaines. Uopold Bloom non plus, nous
l'avons bien vu. « Mortem scilicet reformidat » : en effet,
il craint la mort ; « ac diutius in insula Circes moratur &gt;l :
et il reste trop longtemps dans l'ile de Circé; oui, - comme
Bloom au bordel.
Il est homme, et le plus complètement humain de tous
les héros du cycle épique, et c'est ce caractère qui lui a
valu d'abord la sympathie du collégien ; puis peu à peu, en
le rapprochant toujours davantage de lui-même, le poète
adolescent a recréé cette humanité, ce caractère humain,

�406

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

comique et pathétique de son h_éros. Et en le recréant, il
l'a placé dans les conditions d'existence qu'il avait sous les
yeux, qui étaient les siennes : à Dublin, de nos jours, dans
la complication de la vie moderne, et au milieu des croyances, des conm1.issances et des problèmes de notre temps.
Du moment qu'il recréait Ulysse, il devait, logiquement,
recréer tous les personnages qui, dans l'Odyssée, tiennent
de près ou de loin à Ulysse. De là à recréer une Odyssée
à leur niveau, une Odyssée moderne, il n'y avait qu'un pas
à franchir.
Et de là le plan du poème. Dans l'Odyssée, Ulysse n'apparait qu'au chant V. Dans les quatre premiers, il est question de lui, mais le personnage qui est en scène est Télémaque ; c'est la partie de l'Odyssée qu'on appelle lt
Télémachie : elle décrit la situation presque désespérée
dans laquelle les Prétendants mettent l'héritier du Roi
d'Ithaque, et le départ de Télémaque pour Lacédemone,
où il espère avoir des nouvelles de son père-. Donc, dans
Ulysse les trois premiers épisodes correspondent à la Télémachie : Stephen Dedalus, le-fils ·spiritue1 d'Ulysse et son
héritier, est constamment en scène.
Du chant V au chant XIlI se déroulent les aventures
d'Ulysse. Joyce en distingue douze principales, et c'est à
elles que correspondent les douze chapitres ou épisodes
centraux de son livre. Les derniers chants de l'Odyss&amp;
racontent le retour d'Ulysse à Ithaque et toutes les péripêties qui aboutissent au massacre des Prétendants et à sa
reconnaissance par Pénélope. A cette partie de l'Odyssée,
qu'on appelle le Retour, 6a-to;, correspondent, dans
Ulysse, les trois derniers épisodes qui, dans Ulysse ~ême,
font pendant aux trois épisodes de la Télémachie.
Voilà les grandes lignes du plan qu'on peu~ représenter
graphiquement de la façon suivante : en haut, trois panneaux: la Télémachie; a~dessous, les Douze Épisodes; et,
en bas, les trois épisodes du Retour. En tout : dix-huit pallneaux, - les dix-huit nouvelles.

JAMES JOYCE

4o7

A partir de là, sans perdre complètement de vue l'Odyssée, Joyce trace un plan particulier à l'intérieur de chacun
de ses dix-huit ;anneaux, ou épisodes.
Ainsi chaque épisode traitera d'une science ou d'un arr
particulier, contiendra un symbole particulier, représentera
un _organe donné du corps humain, aura sa couleur particulière (comme dans la liturgie catholique), aura sa technique propre. et en temps qu'épisode, correspondra à une
des heures de la journée.
Ce n'est pas tout, et dans chacun des panneaux ainsi
divisés, l'auteur inscrit de nonveaux symboles plus particuliers, des correspondances.
Pour être plus clair, prenons un exemple : l'épisode IV
des aventures. Son titre est Eole : le lieu où il se passe est
la salle de rédaction d'un journal ; l'heure à laquelle il a
lieu est midi ; l'organe auquel il correspond : le poumon ·
l'art dont il traite : la rhétorique; ses couleurs : le rouge~
sa. figure symbolique : le rédacteur en chef ,· sa tecbnique : l'enthymème; ses correspondances : un personn~e qui correspond à !'Eole d'Homère; l'inceste comparé
au Journalisme; l'île flottante d'Eole: la presse ; le personnage nommé Dignam, mort subitementtrois jours avant et à
l'enterrement duquel Léopold Bloom est allé, ( ce qui constitue l'épisode de la descente au Hadès) : Elpénor.
Naturellement, ce plan si détaillé, ces dix-huit grands
panneaux tout quadrillés, cette trame serrée, Joyce l'a
tracée pour lui et non pour le lecteur ; aucun titre ni soustitre ne nous le révèle. C'est à nous, si nous voulons nous
en donner la peine, de le retrouver.
Sur cette trame, ou plutôt dans les casiers ainsi préparés,
Joyce a distribué peu à peu son texte. C'est un véritable
travail de mosaïque. J'ai vu ses broui!lons. Ils sont entièrement composés de phrases en abrégé barrées de traits de
crayon de différentes couleurs. Ce sont des annotations
destinées à lui rappeler des phrases entières, et les traits de
crayon indiquent, selon leur couleur, que la phrase rayée

�LA NOUVELLE R.BVUE FRANÇAISE

a été placée dans tel ou tel épisode. Cela fait penser aux
boîtes de petits cubes colorés des mosaïstes.
Cc plan, qui ne se distingue pas du livre, qui en est la
trame, en constitue un des aspects les plus curieux et les
plus absorbants, car on ne peut pas manquer, si on lit
UIJsse attentivement, de le découvrir peu à peu. Mais,
quand on songe à sa rigidité et à la discipline à laquelle
l'auteur s'est soumis, on se demande comment a pu sortir,
de ce formidable travail d'agencement, une œuvre aussi
vivante, aussi émouvante, aussi humaine.
Evidemment, cela vient de ce fait que l'auteur n'a jamais
perdu de vue l'humanité de ses personnages, tout ce mélan~e
de qualités et de défauts, de bassesse et de grandeur dont ils
sont faits : l'homme, la créature de chair, parcourant sa
petite journée. Mais c'est ce qu'on verra en lisant Ulysse.
Entre tous les points particuliers que je devrais peut-être
et que je n'ai pas l'espace de traiter ici, il y en a deux sur
lesquels il est indispensable de dire quelques mots. Le
premier de ces points, c'est le caractère prétendu licencielll
ùe certains passages d' UIJsse, ces passages qui ont provoqué, aux États-Unis, l'intervention de la Société pou~ la
Suppression du Vice. Le mot licencieux ne leur convtent
fauPas '• il est à la fois vague et faible; c'est obscènes qu'il
,
drait dire. Joyce a voulu, dans Ul)•Sse, représenter l homme
n1oral, intellectuel et physiologique dans son intégrité, et
pour cela, il était forcé de faire entrer en ligne de c~mpte,
dans le domaine moral, l'instinct sexuel et ses diverses
manifestations et perversions, et dans le domaine phys_iologique, les organes de la reproduction et leurs fon~uons.
Pas plus que les grands casuistes, il n'hésite à_ traiter ,._ce
sujet, et il le traite en anglais de la même manière q~ ils
l'ont fait en latin, sans aucun égard pour les conventto~
et les scrupules des laïcs. Son intention n'est ni grivoise Dl
sensuelle ; il décrit et représente, simplement; et dans~
livre les manifestations de l'instinct sexuel ne tiennent Dl
plus' ni moins de place, et n'ont ni plus ni moins d'un-

JAMES JOYCE

portance, que la pitié par exemple ou la curiosité scientifique. C'est surtout, naturellement, dans les monologues
intérieurs des personnages et non dans leurs conversations
que l'instinct sexuel et la rê\·erie érotique apparaissent : par
exemple, dans le grand monologue intérieur de Pénélope,
c'est-à-dire de la femme de Bloom, qui est aussi le symbole
de Gè, la Terre. Dans ce morceau qui n'est pas un de ceux
qui contiennent le plus de passages obscènes, les expressions
· toujours très crues, que les traducteurs français, sous le
contrôle de l'auteur, ont choisies, correspondent très exactement à celles du texte. La langue anglaise est très riche
en mots et en express?ons obscènes, et l'auteur d'Ulysse a
puisé largement et hardiment dans ce vocabulaire.
L'autre point est celui-ci : pourquoi Bloom est-il juif?
C'est pour des raisons de symbolique, de mystique et
d'ethnographie que je n'ai pas le temps d'indiquer ici,
mais qui apparaîtront clairement aux lecteurs d'Ulysse.
Ce que je peux dire, c'est que si Joyce a fait de son héros
préféré, du père spirituel de ce Stephen Dedalus qui est
un autre lui-même, un Juif, ce n'est évidemment pas par
antisémitisme.
VALERY LARBAUD

NOTE. -

Depuis que cette conférence a été faite, Ulysses

(le texte anglais, naturellement) a paru, édité par la maison
' Shakespeare and C0 » (sous la direction de Miss Sylvia
Beach) r2 rue de l'Odéon, Paris (VI&lt;). L'édition, à tirage
limité, et presque entièrement souscrite d'avance, a commencé à sortir le 2 Février 1922.
\', L.

�U

JARDIN

Ci!lui qui se leva aussitôt
Et qtti tout en mangeant dit : ]'y vais,
Citait Ch'tiot Cottineau
Dl!S pays dévastés.

LE JARDIN
A

}EAN-RlCHAJU&gt;

Bloœ.

Citaient deux gars du Nord
Qui arrivaient à pied, de chez. eux,
Et allaient s'embaucher, je ne sais ou.,
Beaucaup plus Iain qilici.
C'est chez la mire Hilaire
Qiu ces deux gars dit Nard
Entrèrent au crépuscule
Pour dîner et dormir.
-

« Y a-t-il

pas moyen, la patronne,

Y a-t-il pas tn())'en d'avoir,
IYavoir de la saladd
Qutlques brins de salade
Ça nous ferait bien plaisir.

&gt;1

(&lt; Je veux bien mes enfants,
Mais - sans vous commander - qu'ttn tk WUS
Àille choisir 1,ii-méme :
ÀU fond de mon jardin
Q1/est tout à ïabandon,
Qu'est un jardin de vieille,
Il y a peiit-ttre encore dettx ou trois chicorées• »

-

Et c'est la nuit tombante
Et voilà brusquement
Voilà Ch' tiot Cottineau
Àu milieu du silence
Au milim du jardin.

C'est un endroit à part du monde,
Clos par les mMs et la maison,·
Tous les arbustes et les plantes
Et la terre mu et les pùrres
Y regardent celui qui vient.
C'est tm jardin comme tous les jardins
Qui sont derrière les maisons de villages :
Ch'tiot Cottineaii en avait un
Dont le fiéau n'a pas laissé trace;
Un tout pareil a celui-ci.
Un tout pareil avec sa 1.igne
En espalier sur le mur gris,
Sa tonnelle de clématitts,
Son puit&amp; fleuri de pissmlits.
Un tout pareil avec ses buis jùWes
Bordant ses deux allées en croix
Et son prunier qiti dressait la tlte
Et son pommier qui tordait ses bras;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Un wut pa,reil au crépuscule;
Et voici, pour qtlWlf, wix parle
Au cœ11r crispé qui se rappelle,
Que le cri apeuré d'un merle
Ricoche sur l'air immobile.
- Clltiot Collineau, vois ton jardin!
Vois-le déchtt et délaissé :
Le cbiendent mange les fraisiers
La bêche roui/lie gît dans l'herbe.

Vois, l'oseille est montk à graine
Ce carré inculte est plein de cbardo11s
Les rames des pois de l'année dernière
Sont restles mi sol comme un buisson mort.
Et Clltiot Cottinèau, tottr à tour
Va, tombe en arrêt, regarde et rb.Je.
Mais qui vient 11ers lui? La mère Hilaire:
C'est pour lui montrer l'endroit des salades.

•

• *

Vous avez la d" plan, la patronne,
Du plan qtti va se perdre.
Si vous voulia:_ demain m'éveilkr
Une heure avant les attfres,
Je vous retournerais ce carré
Rien q11e pour le plaisir.

-

LE JARDIN

L:___ amiao
. --Lle a' vous, 1110n garçon
- (( C'est men
Je vous tkleillerai donc J
'
Mais si vous wus trouvez. bien att lit
Au lit vous resterez.. »
'

Les vieux ne sont pas si matinaux
Que jeunesse en voyare :
Qui réveilla Clltiot Cottineau?
Ce fut son camarade ;
Son camarade qui lui dit :
- « Yiens, marchons à la Jratcbe
Et après souper s'il fait chaud
Nous pourrons faire la sieste. »

Ce fut setûemmt sur la roule
Alors que les deux gars sijflaimt
Loin dte village el de l'auberge,
Que Cb'tiot Cotti11eau se souvint
Des salades et du jardin.

&lt;&lt;

Rien que pour le plaisir
De dérouiller la blcl,e ;
Rien qtle pour le plaisir
De faire - de VOt~ Jaire Une belle planche de laitues
Comme il y en avait tout rlté
Chez moi dans mon jardin qrti n'est plus,
En pays dl:uasté. »

Il ne dit rien, n'étant pas parlant,
Mais il s'arrlla brusque.ment
De siffter l'air du Ch'tiot Quin-qttù1.

Et jusque vers les dix-onz.e heures,
Où il but tm coup de vin frais
Àu soleil et devant la plaine,
Ch'tiot Cottineati eut rdme en peim
Et dte regret.
CHARLES VILDRAC

�POÈME

\

POE M E

Il naissait un poulain sous les feuilles de
bronze. Un homme mit des baies amères dans
nos mains. Etranger. Qui passait. Et voici
qu'il est bruit d'autres provinces à mon gré...
cc Je vous sal.ue, ma fille, sous le plus grand
des arbres de l'année. &gt;i

Car k Soleil entre au Lion et l' Etranger a
mis son doigt dans la bouche des morts. Etranger. Qui riait. Ei nous parle d'une herbe. Ah_!
tant de souffies aux provinces! Qu'il est d'ta·
sance dans nos voies! que la trompette m'est délice et la plume savante au scandale de l'aile !,..
&lt;&lt; Mon âme, grande fille, vous aviez vos ]Qfons
qui ne sont pas les nôtres. »

Il naquit un poulain sous les feuilles de
bronze. Un homme mit ces baies amères dans
110s mains. Etranger. Qui passait. Et voici
d'un grand bruit dans un arbre de bronze.
Bitume et roses, don du chant ! tonnerre et
flûtes dans les chambres ! Ah ! tant d' aisgnce
dans nos voies, ha! tant d'histoires à l'année,
et ['Etranger à ses façons par les chemins de
toute la terre ! ... « Je vous salue, ma fille,
sous la plus belle robe de l'année. »

�LE CAMARADE lNflDÈLE

LE CAMARADE INFIDÈLE

PREMIÈRE PARTIE

I
Le silence qui dure depuis quelques se':°ndes, Clymènc
sait qu'il faut le mettre à profit, sous peme ,de_ ne ~lus
trouver, jamais peut-être, de chemin vers 1obJet qw la
préoccupe. Elle n'entend plus la mer déferler sous les murs
de la villa ; la branche de vigne vierge a cessé de se balan·
cer dans l'ouverture de la fenêtre; les mouches même ne
volent plus dans le salon.
.
- Mon oncle, je voudrais vous poser ~ne quesuon:
La pipe ne quitte pas les dents q~i ~a nen,nent, m.alS un
regard, qui déjà se durcit un peu,. s1_gmfie qu on écoute.
_ La veille de l'attaque du 16 1um ...
Elle est interrompue aussitôt:
·
.
_ Mon enfant, tu manques à nos conventions. Il était
décidé que nous n'en parlerions plus.
Elle a l'audace que donne une grande timidité et pour·
~uit comme si elle n'avait pas entendu :
,
. ~ Quand, la veille du 16 juin, vous avez donné Iordre
&lt;l'attaquer.•.
.
•,
-Non pas donné: transmis. Un simple brigadier reçoi
de l'État-Major de l'armée un plan qu'il se contente ~•ex~
cutcr. Non, Clymène, je ne parlerai plus. Tu te plais à œ

faire du mal en ne cessant de revenir sur des événements
dont tu connais tout ce qu'on peut savoir.
- Je me fais beaucoup plus de mal en cherchant à me
représenter tint de circonstances qui m'échappent. Ne
comprenez-vous pas tout ce que l'imagination peut ajouter
de cruel à la réalité ?
Il a posé les deux mains sur les accotoirs de son fauteuil,
comme s'il allait se lever ; mais elle s'écrie, les joues brôlantes:
- Vous devenez très lâche quand vous croyez voir
poindre, de si loin que ce soit, quelque chose qui pourrait
conduire à de l'attendrissement. Soyez juste pourtant : je
ne vous ai jamais fatigué de mes larmes.
Tant de fermeté luit dans le regéird de sa nièce, qu'il
laisse retomber son grand corps avec un grognement de
protestation :
- Il y a une espèce de piété, dit-il, à ne pas parler vainement de ce que les morts ont souffert.
Elle riposte avec douceur :
- Si du moins nous comprenions ce qui s'est passé
dans le cœur des survivants, ce serait déjà quelqne chose,
ar ils ont eu part à la même action. Mais ils sont presque
aussi fermés pour nous que les disparus.
Le général de Pontaubault n'est pas de ceux que l'on
mène aisément où ils ne veulent pas, et il apporte à se
dérober uue grâce où il se sait maître :
- Crois-tu qu'avec sa conscience chargée de peccadilles,
un homme consentira jamais à se montrer tout à fait sincère devant un petit nez, busqué si joliment, et à laisser
regarder jusque dans le fond de son cœur par des yeux
auxquels il aurait si grand chagrin de déplaire ?
Mais la galanterie ne la fait même pas sourire.
- Ainsi je comprends bien, continue-t-ellt, que ce n'est
pas vous qui décidiez l'heure de l'attaque, ni le secteur, ni
les effectifs. Mais, dans votre propre division, vous étie;r,
pourtant le maître de disposer les corn pagnies à votre gré ?
27

�LA NOUVELLE REVUE fRANÇAIS!

Il est sur ses gardes, comme le prouve l'immobilité de
ses cils roux :
-Oui et non ...
- C'est vous qui avez désigné celle qm tiendrait la
pointe de ce terrible saillant?
Il réplique durement :
- Où veux-tu en venir ...
Et détachant chaque mot :
- A me faire avouer que j'ai prononcé l'arrêt de mort? ...
Elle -a la force de ne pas baisser les yeux, mais elle pose
sur sa robe noire des mains entr'oo.vertes et un peu tremblantes. Il continue plus doucement :
- Tu sais pourtant que, dans la pratique, on suit une
sorte de roulement ...
- Ce ne pouvait pas être le cas, puisque son régiment
donnait pour la première fois, après avoir été complèterneut
refondu 1
Go de ces courts silences qui sont, chez lui, comme le
ramassement de la volonté avant le bond, ces trois secondes
de suspens qui coupent le soufBe à certaïns de ses officiers
et qui donnent de la hauteur au moindre de ses ordres. Le
courao-e,
où qu'il le rencbntre&gt; a toujours •sur lui
quelq1lC
0
•
prise, aussi murmure-t-il, avec une résrgnat1on mautsade:
- Soit~ Interroge, je répondrai.
Décontenancée par une capitulation si brusque, Clymène
tâche d'être nette, car son onde ne peut souffrir qu'on
balbutie:
.
- Dans Yinstant où vous donniez un de ces ordres q'lll
signifient la mort pour un grand nombre de ce_ux qui les
reçoivent ... (ne vous étonnez pas de mes questions; tOtlt
ce qui s'est passé ce jour-là prend pour m~i tant d~ ~vité !...) je voudrais savoiT si vous n'aviez dans l espnt
qu'un problème de stratégie ou si vous in_1ag!oi~z tel ou tel
visage pour chacun des rôles que vous d1stnbuiez.
- Tant d hommes ont passé sous mon commandement,

LB CAMARADE INFrDELE

ma pauvre petite, et si souvent les visages ont fait place à
d'autres !
- Je ne parle pas de ceux que vous ne pouviez connaître
individuellement. Mais ... les officiers qui vous approchaient,
qui mangeaient avec vous ...
Il rêve une minute; à chaque aspiration, un petit gémissement se fait entendre dans le fourneau de sa pipe :
- Mon camarade de promotion, le général de Crissé,
m'a dit qu'il priait Dieu tous les matins pour chacun de ses
bataillons en le désignant par le nom de son commandant.
Il devait regretter de ne pas pouvoir prier pour chaque
escouade en nommant le sergent. C'était un brave homme,
mais un pauvre chef. Il a fait massacrer tout son monde,
&amp;ute de consentir rapidement aux sacrifices nécessaires.
Nos subordonnés sont, entre nos mains, une monnaie avec
laquelle il s'agit d'acheter quelque chose : acheter le plus
qu'on peut avec le moins de dépense. Quand tu paies, tu
ne considères pas l'effigie des pièces; toutes celles qui ont
cours se valent. Et puis, vois-tu, celui qui regarde se succéder autour de sa table tant de têtes de soldats, ce n'est pas
IIU'il devienne indifférent ni que son jugement s'émousse;
au contraire, plus la guerre s'est prolongée, plus j'ai fait
de distinction entre les individus et mis d'écart entre les
excellents et les médiocres ; mais si je savais toujours
parfaitement combien j'avais d'officiers d'élite et de nonvaleurs, c'est effrayant comme, dans une même catégorie,
les visages se superposaient, s'effaçaient... Irais-je jusqu'à
dire que, pour un chef responsable, le vide laissé par un
mort, c'est surtout la qualité de· son remplaçant qui le
détermine ?
L'orgueil la maintient droite sous ces considérations qui
rabrouent si brutalement son chagrin. Mais elle souffre d'une
peine si vive qu'elle aurait soulagement à blesser elle aussi :
- Parfois Yous perdiez au change, parfois non ... Est-ce
que j'ose comprendre ?... Dieu merci, je ne sais pas qui a
pris la place de mon mari !...

�420

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mais déjà elle a peur de sa propre hardiesse et, plus
encore, de cette sincérité masculine qui parfois se venge si
lâchement sur une temme des humiliations que d'autres
femmes ont pu lui faire endurer. Aussi sa voix redevientelle discrète, égale :
- Le terrible pouvoir que vous déteniez, n'avez-vous
jamais eu la tentation de vous en donner la preuve à vousmême, non en faisant mourir, mais en sauvant malgré lui
un de ces pauvres garçons ?
- Ce que tu appelles sauver un homme, c'est dans
un cas pareil rejeter le danger sur d'autres. Si j'ai commis
quelques charités de cet ordre, je n'en suis pas fier en tout
cas. Oui, tu me fais souvenir d'un de mes téléphonistes, un
gamin qui sifflait et chantait toute la journée et qu'on ne
pouvait pas plus songer à envoyer sous les obus qu'on
n'imagine de tirer sur un rossignol. Je crois bien qu'une
fois, juste à temps, je l'ai fait partir pour l'arrière ...
Mais il se sent, malgré tout, sur terrain glissant :
- Encore de tels manquements à la justice n'ose-t-on se
les permt!ttre qu'en faveur d'hommes qui ne peuvent pas
en mésurer le sens véritable, de très petites gens, qui n'ont
pas, dans cet ordre de choses, les mêmes susceptibilités
que nous.
Clymène a compris tout de suite où tendait cette précau•
tion, et sa fierté se révolte :
- Vous pensez bien que mon mari aurait refusé une
pareille faveur !
.
Craint-elle qu'une ombre de doute ne se marque sur les
lèvres de son oncle ? Mais il murmure d'une voix si naturelle : - Personne n'en doute 1 - qu'elle regrette la
naïveté de son exclamation ; et comme il ne se laissera pas
deux fois interroger si docilement, elle se remet à l'encercler avec une craintive audace :
- Du moins vous redites-vous parfois les noms de
ceux à qui vous ~vez donné l'ordre d'un si grand sacrifice?
- Faut-il te répéter que mon rôle était plus modeste ?...

LE CAMARADE INFIDÈLE

421

- Tout de même, c'est vous qui décidiez les opérations
secondaires, les coups de main l
- Pour ces affaires-là, jamais il ne m'a fallu donner
d'ordres. J'ai toujours eu plus de volontaires que je n'en
a\'aÎs besoin.
Elle s'impatiente :
- Ne jouez donc pas sur les mots ! Pour tout homme
courageux, un simple souhait de votre part, la simple offre
d'une mission périlleuse équivalait à un ordre. Leur vaillance vous a déchargé d'un fardeau pénible, mais en fin
de compte ...
Il la contemple avec surprise; il aime constater qu'une
fille de sa famille sait ne pas raisonner sottement :
- Ma parole, dit-il gentiment, personne ne m'a jamais
soumjs à un pareil interrogatoire.
- Peut-être ne vous êtes-vous jamais soucié de savoir ...
ce que pense une femme qui a tout perdu.
- Tout perdu par mon ordre, veux-tu dire.
Elle ne répond pas. Il contemple sur la table une photographie qui représente un homme tenant sur ses genoux
trois bambins. Les têtes bouclées permettraient de discuter
et d'en rabattre un peu sur ce (( tout perdu &gt;&gt;, mais il goô.te
une sorte de plaisir à se laisser glisser sur une pente ou il
s'aventure rarement de lui-même, et il s'étonne de s'intéresser à ses propres sentiments.
- Nous sommes drôlement faits, dit-il. Tandis que tu
parlais, tout à l'heure, sais-tu quel visage j'ai revu d'abord ?
Non pas celui d'un de mes compagnons, ni d'aucun de ces
braves garçons dont j'ai pourtant aimé quelques-uns
presque paternellement ; mais le plus ridicule de tous, un
cuistot bègue et presque imbécile, qui fut tué parce que je
lui avais commandé d'établir ses chaudrons dans un endroit
qui s'est trouvé brusquement bombardé.
Clymène n'a cessé de le contempler :
- Et moi qui vous connais depuis que je suis née, je
vous écoute, je vous regarde. Je n'arrive pas à mettre bout

�4,22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à bout le présent et le passé ... Car enfin, pour vous aussi,
une vie humaine a représenté quelque chose d'inestimable.
Quand votre petit Pierre a été pris des poumons, vous avez
lutté, des années durant, comme n'importe quel père; vous
avez demandé Briançon, malgré de grands inconvênients
pour votre carrière ... Vous étie:l parmi nous, je ne dis
pas un homme comme les autres, car nous vous ayons
toujours admiré, mais tout de même un homme de la
même race, du même niYeau que notre père. Et soudain,
tandis qu'il continuait, lui, dans sa terre, à ne régner que
sur quelques bestiaux et quelques pommiers, vous voilà
disposant de la vie des hommes comme aucun prince ne le
fait plus. Et cette main qui tout à l'heure caressait mon
chien, comme n'importe quelle main, la voilà qui signe des
ordres où la mort est entre les lignes. Elle écrit : ic Le
sous-lieutenant Heuland occupera tel boyau et ne le quittera sous aucun prétexte ». Cela suffit. Pas besoin d'in~ster.
li y va de lui-même. Les siens ne vous demandent pas de
comptes. Ils s'inclinent comme si la foudre était tombée.
- Les comptes, tout de même, finissent par se rendre.
- Ceux qui intéressent votre avancement peut-être,
majs les autres ? Tout ce qu'il y avait de courage en France
s'employait à vous justifier. Suis-je venue discuter avec
vous ? J'ai voulu tout connaître, l'heure, l'endroit, les
moindres circonstances, mais je n'ai jamais tâché de savoir
si l'ordre était nécessaire, si vous aviez travaillé votre plan
jusqu'à la limite de vos forces, si vous n'aviez pas négli~
des détails parce que c'était l'heure de vous coucher ou
que vous aviez la tête obscurcie par vos cigares.
La corbeille à ouvrage placée sur le bord de la table a
basculé. Clymène se lève et en ramasse le contenu . Elle
va jusqu'à la fenêtre et n'en finit pas de chercher une
bobine qui a roulé dans cette direction. M. de Pontaubault a un petit mouvement des lèvres qui semble
annoncer une explication ; mais c'est assez d'un remous
dans l'air de la pièce pour faire chavirer cette velléité. Il vide

LE CAMARADE L"IFIDÈLB

sa pipe dans un cendrier, annonce habituelle du départ.
- Tes petits vont remonter de la plage, dit-il en se
levant, et il est temps que je rentre à mon hôtel.
li prend la tête de Clymène entre ses robustes mains et
poursuit avec un tendre regard :
- Pour te ré~mpenser (et ce mot supplée à tout ce
qu'il n'a pas dit), je veux t'amener un de mes anciens lieutenants, Vernois, que j'ai u 1a surprise de rencontrer hier
sur la digue. Il a connu ton mari au Chemin des Dames.
Aussitôt elle s'affole :
- J'ai déjà vu trois de ses camarades. Aucun d'eux n'a
su me dire la moindre chose. Ils paraissaient tellement
gênés ;. et moi j'étais honteuse de leur arracher de si pauvres

phrases.
- Celui-là est intelligent ; il passait seulement pour un
ptu bizarre.
- C'est justement ce qu'il y a de plus intimidant. Si
encore il était tout simple!
-Comme tu voudras.
Elle l'accompagne jusqu'au perron. Il s'arrère sur la dernière marche et regarde le couchant, de sorte qu'elle aper~it le gris de la mer des detU côtés de ses épaules. Elle
murmure~
- J'ai une amie dont le mari a disparu dans un naufrage . Voilà longtemps de cela, mais elle n'a jamais pu
regarder la mer sans horreur.
Il tourne vers elle ses yeux clairs, si experts à jauger
une âme fone :
- Tandis que tu conti11ues à me regarder (c'est bien cela
que tu veux dire ?) avec un visage sans effroi ni haine ...
.avec un pauvre visage tout ému et tout blanc, ..
Elle se contente de lui tendre une joue qu'il embrasse.

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

II
Le hasard veut qu·a.près le dîner, faisant les cent pas sur
la digue, le généra\ de Pontaubault laisse échapper sa
canne, qui glisse le long de l'escarpe et va se ficher dans le
sable. La nuit n'est pas assez tombée pour qu'un groupe
de promeneurs, parmi lesquels il y a des jeunes gens, ne le
rnie pas interroger du regard l'échelle usée; mais, peut-être
à cause d'un certain coup d'ceil que, d'un peu haut, l'homme
grisonnant a commencé par jeter à la ronde, la gaucherie
de sa descente sur les premières marches est observée avec
quelque malice. Brusquemel'lt, quelqu'un se lève du banc
où il était assis, bouscule les badauds avec une phrase désobligeante qu'on ne perçoit pas clairement, descend la pente
abrupte et, par l'échelle, rapporte la canne. Il y a, dans le
respect avec lequel l'objet est rendu, une leçon à l'adresse
des jeunes joueurs de tennis, qui d'ailleurs s'esquivent.
- Quelle bande, mon génl:ral ! dit le nouveau venu de
manière à ce qu'on l'entende.
- Diable, mon cher Vernois, vous êtes vif. Et d':1bord
merci, mon ami. Mais pourquoi ces jeunes gens me traiteraient-ils autrement que n'importe quel promeneur maladroit?
- lis m'agacent, mon général.
M. de Pontaubault passe son bras sous celui de son
ancien officier. Il vient d'aspirer une bouffée venue de loin
et dont ses narines voudraient prolonger !e plaisir.
- Singulière existence que la nôtre, dit-ii en entraînant
son compagnon. Quelle souplesse on nous demande! Tan·
tôt chefs et chargés d'imposer à des hommes ce,qu'ils peu•
vent endurer de plus rude, tantôt leurs égaux et forcés d'essuyer le choc en retour de ce qu'ils one souffert. Vous ne
connaissiez qu'un de mes avatars ; la modestie du second
vous a surpris.

LE CAMARADE ISFIDÈLE

Tout autre que Vernois serait gêné par cette insistance ;
mais il est trop absorbé dans ses propres sentiments :
- Je ne me suis habitué facilement à rien de ce que j'ai
retrouvé depuis la guerre, mon général. Cette subordination parfaite que nous avions acceptée, on la dégrade à nos
propres yeux, quand on manque de respect à ceux qui
étaient nos chefs. Si ces gamins font les importants enfact&gt;
d'un homme de\'ant qui je me suis incliné, ils se placent
par trop au-dessus de moi.
La vi,·acité de cette sortie est un hommage assez délicat :
- Vous m'amusez, mon ami. C'est yous qui n'êtes pas
souple!
- Je n'essaie p~s.
- Er pourquoi donc ?
Nul moins que le général de Pontaubault n'est capable
de s'intéresser à la vie intérieure d'autrui. Vernois le sent
bien et se dérobe :
· - Oh, question de caractère.
Mais, dans le fond, il ne lui déplaît pas que ce cavalier
dont il admire la promptitude ait peu souci de ces nuances.
Comment Vernois ne se souviendrait-il pas de l'allégresse
animale qu'ils ont ressentie certains jours, ses camarades et
lui, à se trom·er lancés par le général de Pontaubault,
comme un cheval enlevé par-dessus l'obstacle ? Il voudrait
mettre à profit cet instant de familiarité et cette demi-nuit
favorable au.-: aveux, pour lui faire comprendre sa gratitude.
Il cherche un biais :
- Vous rappelez-vous, mon général, ce que Yous nous
expliquiez dans votre poste de commandement sur l'assouplissement des volontés ? J'y ai songé bien des fois depuis,
dans mes rapports avec mes subordonnés et, plus encore,
si je puis dire, dans mes rapports avec moi-même.
Au reste tout, ce soir, l'invite au bien-être, depuis
les lambeaux de musique que le vent happe aux baies
ou,,enes du casino, jusqu'à la présence, contre son épaule,
de l'homme qui fut si longtemps, pour dix mille soldats,

�,p6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

comme un mur dans leur dos et une protection contre
toutP faiblesse. Il se laisserait conduire, indifférent à la
route et à l'heure, si M. de Pontaubault ne l'arrêtait au
tournant de b. digue :
- Mon ami, je me suis emparé de vous, parce que je
trouve plaisir. à votre conversation, mais il me semble
tout à coup que vous n'étiez pas seul. C'est bien vcus qui
vous teniez sur ce banc, dans un renfoncement du par.
pet? Et même (excusez-moi si je suis indiscret) je ne
vous avais pas reconnu, mais j'avais bien cru distinguer
l'institutrice de mes petits neveux, Mlk Gassin.
- En effet, hier je l'ai rencontrée au pied de la falaise.
Heuland s'est toujours montré pour moi bon camarade.
Quand j'ai su que sa famille était ici, j'ai eu la curiosité de
voir ses enfants. Je cherchais un prétexte pour m'approcher,
quand justement un filel de pèche a perdu son manche...
Tant de détails précis ne font que rendre l'histoire plus
suspecte, comme aussitôt d'ailleurs M. de Pontaubault ne
manque pas de le lui faire sentir :
- Je vois. que les folles mèches de l'institutrice vous
ont plus intéressé que les caboches rondes des élèves.
- Oh, mon général, l'impression qu'elle donne est 1111
mélange de franchise et de fausseté qui fait qu'on reste sur
ses gardes.
- Eh bien, puisque nous avons le même sentiment, je
vous avouerai que je verrais sans déplaisir Mme Heuland la
mettre à la porte. C'est une fille aigrie et prétentieuse. Je ne
lui ferai pas grief, puisque éétait à votre profit, de venir
causer le soir sur la digue ...
Le général prévient la protestation de Vernois :
- Tant qu'à faire, mieux vaut que vous me laissiez \'OIJS
présenter à ma nièce. J'ai déjà prononcé votre nom deffllt
elle et je sais lui être agréable en vous amenant.
.
- Vous avouerai-je, mon général, que j'ai failli la faire
prier de me recevoir, mais qu'au dernier moment de SOIS
scrupules m'ont arrêté.

LB ~MARADE INFIDÈLE

- Lesquels donc ?
- Quelques mots de M11• Gassin m'ont déjà prouvé que
ma prudence était déplacée. Mais convenez qu'on peut
tomber mal en venant rappeler à une jeune veuve le souvenir d'un homme enterré depuis bientôt trois ans.
- Si vous estimez la constance, vous en trouverez chez
Mm• Heuland un exemple qui impose le respect.
Une certaine causticité pointe souvent dans les phrases
les moins ironiques du général, mais le ton de celle-ci surprend Vernois au point qu'il ne peut s'empêcher de le
laisser voir :
- Pardonnez-moi si je me trompe, mon général, mais il
y a, dans la façon dont vous prononcez cela... je ne sais
comment dire ... une arrière-pensée.
- Mon Dieu, pour parler franc, simplement cette idée
qu'il doit y avoir proportion entre le deuil et celui qu'on
pleure. Je ne voudrais pas manquer à la mémoire de mon
neveu, mais vous l'avez connu ...
- C'était un garçon courtois et sans méchanceté, qui
s'efforçait de bien faire.
- Oui mais, entre nous, pas très fort. Je ne dirai rien
de ses examens ...
- Bien d'autres ont échoué dans les concours, sans manquer peur cela d'intelligence !
- D'accord ; seulement, dans son industrie, il n'était
pas plus remarquable. Il se croyait un génie d'inventeur.
Or il n'existe pas de personnage plus dangereux qu'un fruit
sec qui se mêle d'inventer. Il ne vous a jamais parlé de son
piège électrique ?
Vernois s'impatiente :
- Je ne sais qu'une chose, c'est qu'avant lui le poêle
de notre cagna ne cessait de fumer et qu'il a su l'arranger
très ingénieusement.
- Je vous concéderai donc son talem de fumiste, fait
M. de Pontaubault piqué par tant de résistance. Mais
CODvenez que s'il n'avait pas eu sa fortune pour se

�428

LA NOUVELLE REYUE FRANÇAIS!

faire pardonner son manque d'éducation et sa famille ...
La riposte trop longtemps retenue part avec une impétuosité maladroite :
- Pour se faire pardonner tout ce que vous dites, il a
ceci qu'il s'est fait tuer !
- Evidemment ...
- Eh non, ce n'est pas évident, sans quoisa place ne lui
serait pas contestée. Mourir n'est pas un sacrifice comme
un autre.
- Pensez-vous me l'apprendre ? réplique glacialement
M. de Pontaubault.
La crevasse s'est ouverte entre eux si soudainement
qu'ils sont presque aussi surpris l'un que l'autre de se trouver sur les bords opposés. Celui qui tantôt mettait toute
son application à rentrer dans les habitudes de l'obéissance,
s'est dégagé d'un bond ; et l'autre est forcé de mesurer la
distance qui sépare la subordination Yéritable de ses plus
généreuses contrefaçons. Mais étant celui qui a le plus à
perdre, le général est aussi le plus prompt à se ressaisir:
- Croyez bien, mon ami, que je serais le dernier à vouloir amoindrir le sacrifice de mon neveu. Je vous supposais
plus de sang-froid. La mort est toujours un scandale, mais
depuis qu'il y a des hommes et qu'ils meurent ...
La bonhomie reste sans prise.
- Cette mort-là, mon général, est d'un ordre panicu·
lier.
- En êtes-Yous sûr ?
- S'il était revenu, songeriez-vous à l'éliminer de voue
famille ?
- J'aurais le droit de trouver votre question impertinente. J'y réponds cependant. Oui, je souhaite que ma
nièce ne passe pas dans les larmes le reste de sa vie. C'est
unè des grandes lâchetés contemporaines que cette disPo"
sition à voir dans la mort un événement tellement moll5"
tiueux qu'on refuse de la regarder, qu'on la cache à celll
qui s'en approchent, qu'on déclame contre elle, qu'oo

LE C.HI.\RAOE INFIDÈLE

refuse de l'accepter, comme si elle n'avait pas ses bonnes
raisons po11r être là. Ne me faites pas dire ce que je ne dis
pas : qu'elle est peu de chose ou qu'elle n'est pas plus atroce
dans relie condition que dans telle autre. Mais (libre à
~o~ de _v?ir en moi un esprit gauchi par le métier)
Jestime vml de ne pas perdre son temps à la qualifier ou à
la maudire. C'est en créant de la vie nouvelle qu'on la
combat.
La force de ce langage calme la nervosité de Vernois
mais ne vainc pas son entêtement :
- Il n'en résulte pas moins qu'Heuland a eu tort de
mourir.
Dans l'intransigeance du jeune homme, tout n'est pas
pour déplaire à son ancien chef.
- On a souvent raison d'avoir tort, mon ami. C'est
moins simple q11'il ne paraît d'abord. Vous avez 28 ans ?
30 ans ? Tant mieux si vous raisonnez moins sèchement
qu'on ne fait à mon âge. Admettons que je n'aie rien dit,
voulez-vous ? Et prenons date pour une visite à ma nièce.
- Je crains qu'il ne me faille repartir dès demain , mon
genéral.
. - Drôle de garçon ! Vous aviez parlé de rester quinze
Jours. Enfin, si vous changez une seconde fois d'avis, vous
saurez où me rencontrer. Bonsoir.

.

Chagrin, Vernois ne va même pas jusqu'au prochain
banc, mais s'assied à l'endroit où il se trouve, sur le bord
du_ môle, les jambes ballantes, les regards tournés vers l'eau
none où ~~nse le reflet ~•une lanterne. Il sursaute en s'aper- •
~ant qu 11 est observé depuis un moment déjà et que la
Jupe blanche de M11e Gassin est arrêtée à deux pas de lui.
-Il vous a condamné aux arrêts de rigueur ? Il vous a
défendu de me parler ? Il vous a dit du mal de moi ? Enfi n
que vous_ a-t-il fait pour vous plonger dans une pareille'
mélancolie ? Peut-on s'as eoir à côté de vous ?
De deux ou trois coups de sa casquette, Vernois balaie

�'4-JO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

la pierre, puis offre l'appui de sa main à- la jeune femme.
L'ombre d'un chapeau de lingerie ne laisse apercevoir ni le
front ni les yeux, mais la faible lumière du quinquet durcit le dessin d'un nez qui peut passer pour spirituel et
d'une bouche aux coins de laquelle les années ont mis un
premier avertissement.
- Alors vous ne voulez pas dire ce qui vous rend si
rêveur ?
Vernois commence posément :
- C'est bien Mm• Heuland, n'est-ce pas, qui signe ses
lettres d'un C souligné d'une barre ?
- Mon Dieu, vous aurait-elle écrit ?
- Quand un de nos camarades tombait, nous étions
bien forcés de trier les papiers qui traînaient dans ses
poches ou dans sa cantine. Il y a beaucoup de lettres qu'il
valait mieux ne pas renvoyer aux familles. Vous savez la
manie qu'avait Heuland de ne rien jeter. J'ai dû dépouiller
de vraies liasses, car sa dernière permission rernoota:t hlea
à trois mois. Beaucoup de lettres de sa femme ... beaucoup
d'autres aussi.
, .
. .,,
- Ecntes... par qui .
- Par une femme. Pas signées d'ailleurs. D'une écriture
couchée, un peu anguleuse.
- Vous avez bien fait d'épargner aux siens cette révélation. Personne ne le croyait capable d'une folie.
- Vous estimez que rien n'a transpiré ? que ni Mm• Heuland ni sa famille n'ont eu le moindre vent de l'aventure?
- Mm• Heuland ne me fait pas ses confidences, mais la
manière dont elle cultive ses souvenirs prouve qu'elle n'a
jamais douté de son bonheur. Quant à ses sœurs, qui l'ont
toujours jalousée (elles ne lui pardonnent pas de s'êuc
mariée, alors qu'elles, les aînées, montaient en graine)soyei
sô.r que le moindre soupçon elles l'auraient exploité conne
leur beau-frère.
Il suffit d'un regard intéressé pour la faire poursuivre:
- Si vous saviez les airs que prenait cette famille à

LE t:AMARADE 1. FIDÈLE

4J I

l'égard de la vieille Mm• Heuland et de son fils. C'était encore
plus risible qu'odieux. On ne sait pas si, dans leur manoir,
œsdemoisellesde Pontaubault mangent autre chose que des
c.boux et des pommes de terre ; peut-être un morceau de
lard le dimanche. Mais quand elles s'étaient bien repues
chez leur beau-frère, il fallait les voir échanger des clins
d'yeux chaque fois qu'il prenait la parole. Pas ostensiblement, de peur de se faire remettre à leur place par
M- Heuland. Mais c'étaient des soupirs, des froncements
de sourcils. Elles s'en croient parce qu'elles savent les dates
des rois de France depuis Mérovée et elles n'ont pas manqué de me faire la leçon pour un imparfait du subjonctif.
Mais à leurs dédains, on aurait cru que leur sœur a\-ait
qJOusé un bouvier. Remarquez que Mm• Heuland est une
c~mante femme, be.:rucoup moiris sotte que son milieu ;
mars en somme elle a Je goO.t des grands mors plus que
l'esprit vraiment ouvert.
L'hostilité qu'il a ressentie pour M. de Pontaubault porte
Vernois à l'indulgence envers ce qu'il sent de révolte sous
œs commérages un peu trop sifflants.
• - Je ne voudrais pas .insinuer, fX&gt;Ursuit l'institutrice,
que toute femme soit pour quelque chose dans les infidé!ités de son mari ; mais enfin, d'après ce que vous me dires,
il est vraisemblable qu'en quelque manière elle aura décu le
sien. Allons, donnez-moi raison. Je fais la part des hon;mes
terriblement belle.
Vernois reprend :

- M. de Pontaubault ne cache pas qu'il voudrait voir

sa nièce se remarier ...
- Elle vous intéresse d'une manière incroyable !
- C'est Heuland qui m'intéresse. Elle, je ne l'ai jamais

vue.

~ Ce n'est pasune raison. Jusqu'à ce que ses fil soient
ffla)CUrs, je pense qu'elle est un beau parti. Et puisque ce

~t toujours les mêmes après qui l'on court, il n'y a pas de
lllso11 pour qu'elle ne vous plaise pas.

�LA NOU\'ELl.E RE\"UE FRA:ÇAISE

.132
- Je vous en prie, Mademoiselle ...
_ Et puis, même sans fortune, on peut la trouver
agréable. Elle a la peau très bla~che 1 ?~s yeux allongés qui
lui donnent un air un peu brebis ... D ailleurs convenez ~uc
ce grand étalage de deuil ne laisse pas d'être déplacé, s1 cc
que vous venez de raconter est bien exact.
_ Oh, parfaitement exact, n'en doutez pas. Rap_pclczvous d'ailleurs qu'Heuland, qui n'était pas avare, l'était particuli rement peu de ses confidences. ~uand ~n n•~ ~los
rien à se dire depuis trois ou quatre ~ois, ~t qu on n aime
pas le silence, il faut avoir une di crétton b1e~ ombï.1geuse
p0ur ne jamais ouvrir la bouche. sur un ~uJet auque,1 o~
pense continuellement. Reconna1sso~s qu Heul~nd n étaie
pas discret jusqu'à ce point-là. Et puis~ Mad~mo1selle, dans
un terrier où l'on écrit à deu. ou trois, assis sur la_même
paillasse, il faudrait se couvrir les yeux ~•un mo~cho1r pour
ne pas remarquer les noms qui chaque 1our rev1ennentsur
les enveloppes des voisins.
.
Mlle Gassin redresse la tête si brusquement que Ver~
craint d'avoir tout gâté ; mais il voit se dessiner un sounrc
où il y a du cynisme et de_l'amcrtume.
1
_ Après cout, dit-elle, 1e ne regrette pas qu un ~?m~
tel que vous ait pénétré mon gr:md secret, même il doit
me juger sévèrement.
-Oh, juger ...
- Je ne puis même m'empêcher d'en éprouver u~•
espèce de bonheur. Quand on a le_ c_œur_ plein d'un~~
ment qu'il faut taire, c'est déjà une 101e bien rare qu:~
entendre faire allusion. En outre, peut~tre pourrezd. t
me rassurer sur un point qui me préoccupe, en me ISIII
ce que sont devenues ces lettres.
cires
- Soyez tranquille : je les ai brûlées et leurs cen .
sont ense-çe\ies sous deux m tres de terre avec des rondi;
et des rails par-dessus, car l'abri s'est effondré. que\q
iours plus tard. Mais à mon tour, permettcz-mo~:;e:
.demander ce qu'il en est du reste de sa correspon

LE CAMARADE l."FIDÈLE

4H

vous : non pas où elle se trouve, ce qui ne me regarde pl·►
mais si elle est en sûreté. Un jour que le besoin de confidences le démangeait plus particulièremtnt, Heuland m'a
raconté les précautions un peu étranges dont il s'était fait
une règle ...
M11 • Gassin oc sourit plus :
- Ah, il vou. a dit cela aussi ...
- Il est donc bien exact qu'il YOUS redemandait ses
lettre ?
•
- • ·e le jugez pa~ sur les apparences. ·ous sa,·ez comme
il xc liait à ces peàtes maladresses qui donnaient le
change sur ses sentiments réels. e voyez en tout ceci
qu'un enfantillage d hornme amoureux. li voulait que mes.
lettres fussent conservées avec les siennes, intercalées entre
elles.
- Mais, continue impitoyablemeqt Vernois, ,·ous savic-z
où il cachait ,c reliques ?
1 aturellem nt !
Au lég r silence qui s'établit, . 11 Gassin comprend
qu'elle s'est trop a,·ancée :
- C'est-à-dire, reprend-elle, je le savais .. fais, à ~n dernier départ, il a eu l'idée d'une cachette plus sûre. Il n'a
pas jugé prudent de me l'indiquer par lem~, de sorte
qu'aujourd'hui ... En croyant agir pour mon bien, pouruit-elle a,·ec plus de vivacité, mon ami m'a cruellement
désarmée ; car enfin, si j'étais poussée i bout ...
Un instant endormie, la méfiance de Vernois se réveille
en sursaut:
- Je ne vois pas bit:n, Mademoiselle, dans quelles circonstances vous pourriez avoir besoin ...
La voix de M11 • Gassin, qu'elle a nette et timbrée, prend
plus d'édat:
- fais qu'elle . e marie donc, qu'elle se marie, et que
c'en soit fini de ces voiles, de ces soupirs, de ces photographies sur tous les meubles. ous me ,·oyez en demi-deuil
(Vernois remarque, en effet, une ceinture noire et un lber~
0

�434

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAID

de même couleur autour de la cravate); mais j'y suis par
ordre, comme les enfants et les domestiques, pour honorer son chagrin à elle. Le mien, il faut que je le cache. Ces
lettres, vous pensez bien que j'aurais en la générosité de ne
pas m'en servir ; mais enfin, dans le fond d'un tiroir, pour
mon propre réconfort, j'aurais eu cette preuve de mon bon
droit. La vie est dure pour une femme seule, qui ne doit
compter sur aucun appui.
Sentant qu'il importe de serrer son jeu et de ne perdre
aucun indice, Vernois scrute ce visage avec une insistance
qui achève d'abuser M11e Gassin.
- Je suis peut-être ingrate, reprend-elle, car dans to\ltC
votre attitude il me semble discerner... une loyauté ... je ne
sais comment dire ... presque une sympathie ... qui m'est
déjà un grand soutien. Vous non plus vous n'êtes pas de
leur monde ; cela nous rapproche. Soyons amis, voulezvous?
Elle tend la main avec cette franchise qui passe pour
anglaise et prend celle de Vernois qui retombe aussitôt.
Pour n'avoir pas à répondre, il s'empresse de demander:
- Vous avez cherché ces lettres?
- Vous ne sauriez croire combien je m'en suis tourmentée. Elles ne peuvent être qu'à Paris. J'ai vainement
fouillé toute la maison. Mais il y a des bureaux et des ateliers o~ je n'ai pas facilement accès. Si seulement vous
vouliez m'aider ?
Pris au piège, son premier mouvement est de se dêgtgtt:
- Malheureusement, il faudrait un hasard bien exmor·
&lt;linaire ...
Mais il comprend encore à temps sa gaucherie. Va-t-il
perdre sa dernière chance de mener à bien le projet qui l'a
conduit sur cette plage, et comme un enfant boudeur s'en
ira-t-il en taissant le champ libre à ceux qui le froissent 011
qui lui déplaisent ? Il reprend donc :
.
- Jamais je n'ai mis les pieds dans cette maison.:~
M. de Pontaubault m'offrait de m'y conduire, mais j'ai

ut CAMARADE INFlDÈLE

435
refusé dans un accès de mauvaise humeur, pour n'avoir pas
à reprendre une conversation qui m'irritait ...
- Allez-y pour moi, murmure+elle.
- Eh bien soit, je verrai Mm• Heuland.

m
Le lendc~1ain, Vernois ne fait pas attention à un petit
~çon de dtx ans, la nuque et les jambes dorées, qui se
lient sur les planches~ à l'angle de l'établissement de bains
et qu~ le regarde fixement. Mais à l'autre bout de la palis:
sade, il le retrou~e, qui a dû faire en courant un détour par
le sable pour ,•enu se poster dans la même .attitude. Et soudain il se souvient de l'avoir déjà croisé&gt; cinq minutes plus
tôt, à côté de la boîte aux lettres, tenant ce mêm~ filet de
~c_he et l'_ïnterrogeant de ce même regard. Dès que le
peut se voit reconnu, il a un grand sourire.
- Eh bien, la pêche ? demande Vernois.
Le petit rit toujours et montre les morceaux disjoints du

filet.
- Quoi ? il s'est encore déboîté? Montre un peu.
L'enfant t'observe anxieusement:
- J'ai de la ficelle, dit-il.
- Où ça?
~our toute réponse, la petite main le saisit par un de ses
-doigts et se met à l'entraîner.
- Où me mènes-tu?
Le jeune Antoine tire plus fort et Vernois se laissefaire
~vi de cette confiance et de ce mutisme, admirant la bar~
di~_des p~eds nus qui trébuchent sur les galets, jusqu'à
œ-qu1mpéneusement ramené vers le sol, il se trouve assis
-dans un trou de sable en face de Clymèoe. Excuses ni prer
testations n'empêchent qu'ils n'aient à tenir le filet, cbacun
~r un bout, et que Vernois ne doive commencer une
liure. L'enfant veut comprendre comment le fil est con-

�LA NOUVELLE REVUE FRA.'ÇAISI

duit ; avec application, il achève lui-mêmP les derniers
tours, et sitôt le bout du lien tranché, il s'emp:ire de son
bien , sans une parole, et court vers la mer. Alors seulement
Vernois peut se présenter :
- Le général de Pontaubault que j'ai eu l'honneur
d'avoir pour chef...
Elle l'interrompt gaiement :
- Mon oncle est impardonnabk. .. Croiriez-vous qu'il·
m'avait fait peur de vous, au point que je l'avais supplié de
ne pas vous amener chez moi .
..:.__ Et moi, Madame, j'avais décliné son invitation, tant
il avait trouvé moyen de m'impatienter par ses théories.
Je ne le regrette pas, puisque votre fils a si gentiment
réparé ma faute. Nous sommes, lui et moi, de grands amis
depuis deux jours.
Les louanges qu'on fait de ses garçons touchent Clymène
en un point si sensible qu'elle rougit et feint de ne pas les
avoir entendues.
- Qu'est-ce que mon pauvre oncle avait bien pu vous
dire ?

- Ob, rien qui ne fût tout naturel. La guerre n'est dans
sa vie qu'un grand incident où il a pu donner la mesu~
de son énergie. Ces années n'ont rien commencé pour lui,
rien interrompu. J'admire les hommes qui ont une assiette
aussi ferme, mais je ne puis faire qu'ils ne me révoltent un
peu.
A la m~nière dont on l'écoute, il sent qu'il peut continuer, car il hait les explications incomplètes :
- C'est paradoxal à dire, mais l'obstacle qui nous sé~
de tous ceux qui n'ont pas mené la vie de soldats, eh b1~,
il me semblait le sentir hier soir entre le général et moi,
D'où cela vient-il ? Cet homme qui fut pour nous l'esprit
même de la guerre, il raisonnait d'une manière aussi déroUtante que ces gens de l'arrière qui ne sont pas sortis de leur
maison et de leurs habitudes. Nous parlions justement de
mon camarade Heuland. Je m'étonnais qu'il l'eût si inal

LE CAMARADE INFIDÈLE

437

connu, qu'il n'eût pas su voir plusieurs de ses qualités les
plus certaines.
Cette fois il ne peut faire autrement que de poursuivre :
- Nous avons partagé, Heuland et moi, la même vie
pendant près de deux ans. Cela oe veut pas dire qu'on se
connût parfaitement, car dans nos cantonnements et nos
cagnas, certaines parties seulement de nous-mêmes trouvaient ~ s'exprimer. Mais par l'égalité de son humeur, par
son obligeance i rendre mille petits sen;ices, Heuland était
populaire auprès de tout le monde. D'abord chacun compr~nait une_ chose, c'est qu'il était là de son plein gré,
puisque en mvoquant l'intérêt de son usine, il n'aurait pas
eu de peine à s'y faire affecter.
-Oh, dit Clymène, il n'y a jamais pensé !
_-D'autres, qui font étaJage de grands sentiments, l'auraient pensé et l'auraient fait, surtout s'ils avaient pu se
cacher derrière trois enfants. Et ce 11 'est même pas par
gloriole qu'il restait ayec nous. Il confessait ingénument
qu'il n'avait aucun goût des aventures ni des honneurs.
Même il n'y avait pas à le pousser longtemps pour lui faire
déclarer, sans aucune fausse honte, qu'il n'aimait pas les
coups.
- Vous du moins, s'écrie Clymène, vous ne lui teniez
pas rigueur de ces boutades. Tant de gens lui en ont fait
grief!
- On l'en plaisantait quelquefois ; mais, en fin de
~m~te, ce sont les bourreurs de crânes que sa simplicité
faisai~ paraître ridicules. Et je vous réponds que si l'on supponait sans trop d'irritation les petits ennuis de la vie en
commun, on le doit en bonne part à son inlassable gaieté.
- . Sa mère, dit Clymène, raconte qu'il riait dès le lendematn de sa naissance. Et Je fait est que nous ne possédons pas une seule photographie où il ait trouvé moyen de
garder un air graYe.
-:- Pourtant, reprend Vernois, c'est dans un grave souvenir que je revois son visage le plus volontiers. Il a dû

�438

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSll

vous parler de la cote 122 et des quarante-huit heures que
la brigade y a passées, oubliée dans des trous d'obus. Pour
moins souffrir du froid, les hommes avaient roulé les uns
sur les autres, formant des sortes de nids où rien ne bougeait ni ne parlait plus ; et j'avais fini par me laisser tomber
à mon tour, tellement transi et harassé que je n'entendais
plus les explosions, tant j'avais la tête emplie du bruit 4c
mes dents qui claquaient. Et je ne sais pas si je serais sorti
de l'engourdissement où j'étais tombé peu à peu, si quelqu'un ne m'avait secoué par l'épaule en s'écriant avec une
angoisse extraordinaire : 1 Oo vient nous relever 1 •
C'était Heuland ; et malgré sa barbe et la boue, je me souviens qu'il me parut rose et frais : un enfant qui sort de son
bain. 11 continuait à me secouer et à m'annoncer, comme
s'il m'apportait la vie : «On n'entend plus tirer vers l'ouest l 1
Q'ai souvent remarqué sa prodigieuse fuculté de reprendre
espoir sitôt qu'il était seul, et la fragilité de son optimisme
dès que quelqu'un le contredisait.) Ce qu'il voulait de moi,
c'~ un encouragement; mais la mort m'effra ait beauœup
moins que l'idée d'avoir à me remettre debout. Aussi ai-je
commencé par le rembarrer grossièrement. li insistait; je
rue fâchais, je le suppliais de me ficher la paix. Devant mon
abattement, il commençait à prendre peur. Il s'accoudait
sur moi ; je faisais simplement a J 1on » de la tête. (Il faut
vous dire que, la veille, je ne sais comment, ma de~
boîte de conserves avait disparu de ma musette, et que
j'étais mal en point pour lutter contte l'épuisement.) Est-&lt;:'
qu'il a deviné comment il pouvait attaquer mon pcssl"
misme et du même coup se rassurer? Soudain il murmme:
a Prends ça, mais cache-le » ; et il me passe la moitié
d'une grosse table de chocolat, puis un bidon qui con~
nait un reste de café. Dans mon attendrissement, j'autlll
rrouvé bonnes toutes les raisons qui pouvaient flatter st
lubie. A mesure que j~ mangeais, son espoir, il est~
commençait à me paraître moins extravagant ; mais i'~
bien au-delà ; je le comblais d'arguments str:atégiques; Je

LE CAMARADE 1.' FIDÊLE

439

,le réconfortais de toutes les chimères qui me venaient à
l'esprit. Dans cet instant, nous trouvions vraiment l'un
dans l'autre ce dont notre faiblesse à chacun manquait le
plus. on que je veuille comparer la valeur de ce que
nous nous donnions réciproquement : de mon côté, le plus
vain bavardage: du sien, ce qu'un homme perdu dans le
brouillard et la boue possède de plus précieux, des vivres
qui pouvaient, quelques heures plus tard, lui faire cruellement défaut. Mais tous deux, nous avons gardé de ce têteà-têre un attachement sentimental qui ne s'est pas démenti
et que nous n'éprouvions pour aucun autre -camarade. Je
n'ai pas raconté ce trait au général : le chocolat l'aurait fait
sourire; ce n'est pas matière à citations. fais je me suis
toujours promis que si, quelque pan, on gardait de l'affection à la mémoire d'Heuland, on connaîtrait cette anecdote
qui, pour moi, lç p int avec tant de vérité.
Devant l'émotion de Clymène, Vernois soudain se sent
penaud d'avoir remué ce souvenir avec si peu de cir.:onspection. Mais elle n'a pas coutume de se laisser aller :
- Oui, dit-elle simplement, c'est bien lui.
Il reprend au bout de quelques secondes :
- Je me représente miew que naguère tout ce qui
pouvait séparer deux hommes tels qu'Heuland et le gén ral
de Pontaubault.

- Oh, non, s'écrie-t-eUe, vous ne le savez pas encore!
Pour commencer à le deviner, il faut tre monté dans la
vieille tour de Follebarbe puis avoir longé la grille de
l'usine à Levallois. Il vous avait sôrement parlé de Follebarbe? Il vous en avait au moins dit le nom ? C'est l'endroit du monde le plus beau. Les gens qui passent sur la
route et qui voient au-dessous d'eux ce pauvre petit château de granit, avec son étang rempli d'herbes et son boque·
teau de sapins, s'imaginent qu'on doit y mourir de mélancolie. Mais si vous arrivez par le fond du vallon, et que
VOUS débouchez brusquement dans la cour, vous sentez
18\lt de suite que vous êtes dans un royaume de fées,

�440

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Même te sous-bois de sapins, vu de là, paraît cb:t.rmant
avec sa vieille table de pierre, et vous comprenez, au premier coup d'œil, qu'il n'y a pas de lieu dans le monde où
une lecture semble aussi belle. Et dès que vous entrez
&lt;ians la maison ! Cette odeur qui n'existe nulle autre part,
ces délicieux papiers des murs, dont certains morceaux
itaient déjà tombés bien avant notre naissance, de sorte que
ie plâtre apparaît, formant d'étranges figures et des cartes
de géographie où quelquefois s'ajoute un nouveau pays. Et
le vieux mobilier où presque rien n'a changé depuis la Révolution, non par goô.t mais parce que les revenus ont tou•
jours été modestes à Follebarbe : de braves meubles
Louis XVI, dont on ne voit presque plus les sculptures tant
on les a souvent repeints. Pourquoi est-ce que je vous dis
tout cela? Oui, pour vous expliquer l'humeur du général.
C'est là qu'il est né, ainsi que mon père, c'est toujours là
qu'il est revenu durant ses congés, dans cette maison qui
est à nous depuis le milieu du xvu• siècle, où tout est
pauvre mais aimable et large, et sent la bonne compagnie.
Vous le figurez-vous transporté tout à coup dans l'habitation que mon beau-père avait fait construire à la porte de
son usine. parmi ces boiseries, ces tentures de peluche, ces
vitraux ? Mes sœurs sont bien drôles quand elles racontent
la première visite qu'il vint y faire, lors de mes fiançailles,
Il regardait les poufs, les lustres; il humait toutes ces choses
cossues, avec un peu de dégoût, avec un peu de respect
tout de même. Il faut vous dire que j'étais l'enfant gâtée
et que, pour me savoir à l'abri de bien des difficultés dont
ils n'avaient que trop souffert, les miens approuvaient un
mariage qu'aucun d'eux n'aurait peut-être accepté pourlui·
même. Ils étaient bien contents et en même temps ils
n'étaient par très fiers; vous comprenez sans que j'insiste,
lis prenaient mon mari par-dessus le marché. Moi, natu·
f'ellement, tout d'abord je ne voyais rien. J'étais tellement
heureuse et de bonne foi. Autour de nous, j'avais vu tant
de célibat, tant de vies incomplètes, tant de femmes sans

LE CAMARADE JNFlDÈLE

.

4-P
enfants ; et telle cousine aigrie, telle parente entrée en religi~n sans vocation véritable nous présentait une image si
tnste de cc qu~ nous serions nous-mêmes dans vingt ou
trente ans. Ou,, tout d'abord j'étais trop heureuse pour
comprendre chez_les autre~ des sentiments à mon égard qui
ne fussent pas umquemeoqoyeux. Peut-être me les cacbaiton. Je n'ai commencé d'entrevoir qu'au bout d'un ou deux
ans ce qu'une éducation si différente peut créer de malentendus.
Jamai~ elle n'a tant parlé d'elle-même. Il a fallu l'espèce
~e veruge éprouvé devant ce vide que représente un
mconnu.
- Quelle sorte de malentendus r demande Vernois. II
avait une nature _si accommodante.
~lors elle sent qu'elle s'est aYenturée en eau profonde, et
agilement elle cherche à se rapprocher du bord :
- Comment vous l'rxpliquer ? Il ne pouvait, pour
prendre un exemple, partager dans tous ses excès notre
idolâtrie pour l'Ille-et-Vilaine, pour ses landes, ses genêts,
son herbe broutée par les troupeaux d'oies. Songez qu'à
nos yeux tout y est un charme de plus: la pauvreté du sol,
le rocher qui affieure, le ciel gris, la pluie même. Pendant
les nuits d'hiver, quand les renards battent les bois pour
donner la chasse aux lapin~ et qu'ils jappent si tristement
(vous ne connaissez pas leu:- cri ? on dirait des enfants
qui ont du chagrin) eh bien, quand nous l'entendons,
notre cœur se serre d'émotion et de joie. C'est toute notre
enfance, c'est tout l'hiver, c'est un Follebarbe que les passants ne connaissent pas, un Follebarbe du milieu de la
nuit, tel qu'il est pour nous seuls.
. - Tel qu'il ne pouvait être pour Heuland. Mais cene
'?CO~préhensioo, si l'on peut employer ce mot, il la corngean par tant de bon vouloir. Je comprends bien : dans
une maison où depuis longtemps la vie est immobile et
::me ralentie, sa gaieté pouvait paraître naïve, un peu
yante ...

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Elle demande aussitôt :
- Est-ce qu'il vous a jamais laissé entendre ?... On a
parfois chez nous la parole si vive ... Il pourrait avoir au.
sentir un reproche... Il pourrait en avoir souffert sans le
montrer ...
- Je n'ai-aucune raison de le croire. Mais je sais com•
bien ceux qui sont raffinés depuis longtemps rendent malai•
sément justice à celui dont la culture est plus récente.
- C'est vrai, dit Clymène. Pourtant si vous saviez à
quel point mon père a souci d'être juste. Je ne voudrais
pas vous donner des miens une idée qui vous fasse mal
penser d'eux.
- Je pense du bien d'Heuland ; c'est tout. Je pense qu'il
apportait dans votre famiJ.le quelque chose de neuf, de jeune,
qui lui venait de son milieu et de ce qu'il y a d'esp~t scien·
tifique dans les applications d'une industrie mécanique. Il
avait peut-être autant à donner qu'à recevoir.
.
Devant la surprise que marque un instant Clymène, il
craint de ne pas s'ètre fait comprendre :
- Je veux dire qu'un certain tour d'esprit créé par le
maniement des affaires, et qui peut n'être pas fort riche en
lui-même, agit comme un ferment véritable là où les idées
ont toujours procédé d'habitudes toutes différentes. D'abord
il choque ou surprend ...
Elle l'interrompt avec chaleur :
- Je comprends bien ... Oui, je saisis ... Seulement c'tst
un raisonnement que jamais je n'avais entendu formuler
ni par mon mari ni par personne de son entourage. Vous
voulez dire, n'est-ce pas, que des habitudes de pen~ ms
différentes des nôtres peuvent nous apporter ce qui nom
manquait et qu'elles nous heurtent nécessairement, dans
· nnnr
la mesure' même où elles sont neuves et salutaires
rnous.
Elle reste absorbée, puis reprend :
- Comment se peut-il qu'une idée pareille, qui, OOUS
semble évidente dès qu'on nous la propose, nous naJOIII

LE CAMARADE INFIDELE

44.f
pas su la trouver tout seuls, même dans les moments où
nous en aurions eu si grand besoin, où elle nous aurait
apporté des raisons de confiance et de bonheur ?... Il est
bien vrai qu'à Follebarbe, je ne dis pas que mon mari fût
honteux de son métier, mais il s'abstenait d'en parler. On
évitait de l'en faire souvenir. Et moi-même bien souvent ...
si quelque chose me déroutait dans son langage ou ses actions ... je jugeais tout de suite.,. je ne me demandais pas ...
Lâche devant les larmes, Vernois préférerait ne pas voir
celles dont s'emplissent les yeux de la jeune femme; cependant la fierté d'une mission bien remplie l'emporte, et il
regarde sans trouble, presque avec dureté, cet hommage au
compagnon disparu. Ils restent silencieux. Mais soudain
Vernois se relève. A son tour, Clymène aperçoit le général de Pontaubault qui s'avance en longeant la frange des
vagues. Ils n'ont pas à se concerter, aussi ombrageux l'un
que l'autre à l'idée de voir· un tiers surprendre leur entretien.
- Il ne vous a pas encore aperçu, dit-elle. Je ne veux
même pas qu'il sache que nous avons parlé !
Et elle n'est rassurée que lorsqu'elle a vu Vernois s'éloigner denière les tentes.
C'est pourtant M. de Pontaubault qui, le rencontrant un
peu plus tard, lui dit tout d'abord :
- Ma nièce se tourm nte à l'idée de vous avoir laissé
partir ainsi, et j'ai mis le comble à son inquiétude eu l'informant que vous preniez le train aujourd'hui même. i ·
pourtant vous restez encore, je suis chargé de vous faire
savoir qu'elle ne quittera pas sa villa de toute l'après-midi !
Le regard de Vernois interroge vainement ce visage sans
mobilité.
- Je ne doutais pas que vous sauriez l'intéresser, dit le
génêral.
Pour essayer de trouver un point de prise, Vernois
répond en àppuyant :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSK

444
- Je n'y ai pas eu de peine ; nous avons uniquement
parlé d'Heuland.
M. de Pontaubault ne ~emble pas percevoir l'intention et
rêve une seconde :
- Nous autres Chouans, dit-il, nous sa,·ons cc que c'est
que la fidélité. Mme Heuland est bien du même sang que
celles de nos grand'mères (elle ressemble étonnamment
au portrait de l'une d'elles) qui soutenaient par des exercices d'imagination poussés jusqu'à la virtuosité, leur foi
dans les princes en exil. Ceux-ci ne pouvaient montrer de
faiblesse oi1 ces femmes chevaleresques ne prétendissent
découvrir une nouvelle vertu, et si la déception ne pouvait être masquée, tout ce qu'on parvenait à tirer d'elles
c'est quelque chose comme : « Il n'en a que plus grand
besoin de notre respect. » Ma nièce, qui possède l'esprit le
plus raisonnable et qui n'est point du tout mystique, doit
trouver quelque difficulté à ces prouesses spirituelles. Vous
me faites souvenir d'un mot qu'elle a eu, après un déjeu~er de chasse où plusieurs de nos voisins étaient réunis.
Heuland s'était permis, quelques jours aupara,•anr, une
plaisanterie un peu lourde sur le compte de l'un d'eux à
qui on l'avait répétée, mais comme si ma nièce en était
l'auteur. En prenant congé d'elle, cet invité, fort aimable
homme, a su glisser Jans un complin1ent courtois une
pointe qui laissait clairement entendre d'où il croyait que
venait le coup. ous attendions ce qu'allait dire Heuland,
mais il s'est avisé de courir rattacher un chien. Sa fe1nme,
décontenancée, s'est tirée du mauvais pas le plus crânem(nt
qu'elle a pu. Nous étions si mortifiés pour elle que per•
sonne n'aurait eu la cruauté de faire allusion à cette petite
félonie conjugale ; mais notre silence lui était insuppartable
et il fallut qu'elle me cüt : « Je tremblais qu'il ne manquàt
de sang-froid et ne blessât doublement ce pauvre homme
en intervenant. » Cette anecdote simplement pour vous
faire comprendre ce caractère si ferme dans ses affections
et qu'oo soupçon de rornanesque après tout ne gâte pas,

LE CAMARADE INFIDÈLE

445

IV
Dès le seuil du salon, Vernois reçoit le naïf aveu de Cl mène:
Y
-;- J'étais résolue à ne pas m'inquiéter avant six heures .
mais
Es vous voyez qu'à trois je commençais à dése sp érer.'
t·ce mon oncle que vous avez rencontré ou si vous êtes
tombé sur Ant~inc qui vous guette à l'entrée de la digue ?
Pardonnez-m01
mon
. peur,
.
. inconséquence ,. mais ,·•a1· pns
ca.r _rien ne po~va1t vous faire deviner quelle importance
a~att pour mo1 ce que vous m'avez dit ce matin sur la
plage.
Elle l'entraîne vers une embrasure où, sur une petite
table, ~~elques photographies sont disposées. Le rien de
solenmte que présente cet accueil enlève à Vernois l'aisanc_e qu'il éprouvait dans la rencontre inattendue de la
mann~_e ; aussi va-t-il droit aux portraits. li en reconnaît
u? qu ,l_a vu ~re_ndre, à l'entrée d'un abri, dans un vill:rge
ou sa brigade eta1t au repos. Les autres datent d'avant la
guer_rc '; c'est ceux-là qu'il regarde particulièrement. D'abord
celui d Heuland assis dans l'herbe, un de ses garçons sur les
~ules, !es ?eux autres sur ses genoux ; puis sa photographie en eqmpement de chasse, le fusil à la bretelle un brocart abattu à ses pieds. Est-ce le sourire avantage~x, est-ce
q~elque ch~se, d'un peu bouffi qui le surprend dans ce
visage et qu1 s accorde mal avec ses souvenirs ? Il cherche
le re~r~··· cel~i de l'homme qui feignait dene pas entendre
et qui sen allait rattacher son chien.
. - Vous voyez, dit Clymène, tous ses portraits respirent le bonheur.
En effet, c'est partout le même sourire, qui bride un peu
les yeux et empêche d'en surprendre l'accent.
- Le plus vrai, c'est encore celui-ci, dit Vernois désignant l'officier adossé au bloc de béton.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

- Pourquoi dites-vous le plus vrai ?
Il ne sait comment exprimer sa pensée avec ménagement:
- Certains d'entre nous se sont dépréciés durant la
guerre ; d'autres au contraire y ont atteint leur sommet,
sans le savoir eux-mêmes, portés par les événements. Je
crois qu'Heuland était du nombre. A la longue, iJ s'est produit du fléchissement chez presque tous, non pas dans leur
conduite mais dans leur ferveur. La fatigue a fini par tOlll
user, même la souffrance, et l'habitude a dti suppléer à. DOi
autres soutiens. Mais Heuland n'a pas eu le temps de connaître ce desséchement. Croyez-moi : c'est lorsqu'il avait ce
visage-là qu'il a touché son point le plus haut.
Le regard de Clymène ne se détache pas de la ·ph&lt;&gt;'lgraphie:
- Vous voulez encore m'enlever quelque chose, mm·
inure-t-elle, et touiours au profit de la guerre. Elle m'a trop
pris déjà, elle est trop forte pour que je prétende contester
avec elle. Admettons que la part la plus pure lui revienne;
mais cette part-ci du moins est bien à moi.
Elle prend dans ses mains le cadre où le père et les trois
petits sont réunis:
- Je comprends bien qu'il y a dans l'uniforme mie
noblesse qui manque ici; mais par contre je le distingue,
lui, davantage ; il est plus près de moi; il a son air de txlW
les jours; je vois ses mains ...
Les yeux de Vernois vont au portrait militaire, où les
mains disparaissent dans les poches de la vareuse. Clymàle
essaie d'expliquer :
.
- Oui ses mains étaient si :i.droites. Quand il travail'
lait dans son atelier, j'aimais voir comme elles maruaient
les outils. Elles semblaient agir toutes seules, pour~
propre plaisir. On peut discuter sur les idées et les sentt·
ments; mais les mains, on sait ce qu'elles valent, quand
on les tient, quand elles vous touchent. Peut-être ~n
homme ne peut-il pas comprendre ... Que cela soit dftn»I,

..

1B CAMUADE lNFIDÈLE

447

ces ;uticuJations, ces veines, tout cet agencement si délicat,
si habile ... ce n'est pas, dans le cflagrin qu'on éprouve, la
perte la plus affreuse, mais c'est peut-être ce qui fait le plus
de mal.
La pudeur avec laquelle s'exprime ce regret du corps
disparu remue Vernois; et la pitié le distrait un instant de
la garde qu'il monte auprès du souvenir de son ami.
- J'ai vu des femmes, poursuit Clymène, qui trouwient leur première consolation dans l'idée du pays, de
l'héroïsme. Moi qui me croyais courageuse, j'ai mesuré ce
jour-là ma faiblesse, car je ne savais que me répéter: « Il
n'a pas souffert ! &gt;&gt; Son capitaine m'a écrit une longue
lettre. C'est par lui que j'ai reçu les renseignements les
plus explicites, car, dans la bagarre de ces terribles journées, mon oncle n'a rien su qu'indirectement. La lettre
disait : « Un obus, éclatant à un mètre de lui, l'a tué net. »
Vous nt sauriez croire quel rôle a joué pour moi la pensée
qu'il n'a pas souffert. Je sais bien qu'à l'heure de la mort
chacun est seul, eût-il tous les siens autour de son lit.
Mais quand la souffrance dépasse ce qu'on peut supporter
avec patience, et que l'isolement réel s'y ajoute, comme on
doit se sentir trahi par ceux qu'on aimait; comme ils
doivent paraître inutiles et détachés; et le bonheur qu'on
avait fondé sur eux, comme il doit tout à coup sembler
un leurre!
Elle ajoute :
- J'ai craint parfois... que par ménagement pour les
familles ... on n'atténuât systématiquement la vérité ...
- Je n'étais pas à l'endroit même, dit Vernois sans
1e~er les ye~x du portrait qu'il regarde toujours; mais
qu~t:ce qm peut vous induire à douter de ce qu'on vous
écrivait, sous le coup des événements, au lendemain de ce
malheureux jour ?
- Je ne sais pas... murmure-t-elle. Le besoin de se
tourmenter ...
Serait-ce qu'elle attendait une réponse plus décisive et

�448

LA ~00\'ELLH RE\ UE FRA ÇAIII

que, craignant soudain d'en trop apprendr , elle recule J
Vernois voudrait la rassurer:
- Dans de par ils moments, on n'a pas le loi ·ir de corriger les faits de manière à les rendre moins cruels, sortoat
lorsque les pertes sont nombreuses et que la i.ituation reste
indécise ...
Et, pour gagner un autre terrain, il demande en montr2nt l'homme au chevreuil :
'avait-il pas du tout changé depuis le temps de cet
exploit de chasse ?
Mais elle a retrouvé son sang.froid et reprend :
- Ce qui nù troublée, c'est qu'il y avait de légères contradiction dans le faits tels qu'ils m'ont érl rapportés. la
lettre de son capitaine disait : u Il a été frappé à la ~te de
es hommes, au cours d'un assaut victorieux, dans l'intervalle de 200 mètres qui sépare la première tranchée allemande de la second . » De son côté, mon oncle disait:
o: Il est tombé dans le va-et-vient d'une attaque dont les
péripéties ont été dramatiques. On n'a pu retrouver son
corps que le lendemain. ,, La différence entre les dem
rapports n'est pas considüablc. Les tt:rmes cmploy~ par
mon oncle sont moins officiel ; ils ont donc chance d'M
plus vrais. Or ils donnent l'impression que Je succès a éœ
moins décisif et bien plus chèrement acheté. Depuis, je l'ai
\·ainement interrogé ; il croit faire un pa,; dans le sens de
ce qu'il appelle ma guérison, .:haquc fois qu'il peut éluder
un entretien où risque de surgir le nom de mon mari. Je
ne puis certes pas douter de la tendre affection qu'il a poar
moi : je me ens presque sa fille. Mais ce marin nous pat·
lions, vous et moi, de tout ce qui le séparait de vœt
ami. Il e t bien trop loyal pour vouloir frustrer un mon
de la pauvre part de mérite qui lui revient; mais ce n'è&amp;l
jamais de tout à fait bon cœur qu'il la lui accorde. Vous
qui êtes entre eux un arbitre impartial...
.
- Impartial, dit Vernois, jadis oui. Même je crois biea
que j'aurais tâché de donner raison au chef, par instinct de

LB CAMARADE INFIDÈLE

449

vénération,_ et aussi, délibérément, pour aider au roulement
de la ma~h~n:. Aujourd'hui c'est un peu différent ... Il m•a
f.ll!u ve_mr,_1~ p~ur m'apercevoir que j'avais changé ... C'est
qu aussi I JDJUStlce est trop blessante. Heuland a tout
donné : trente ou qumnte ~ns su~ lesquels il pouvait corn pter
de lumière, de bon sommeil, de Joie à manger et à respirer
av~c tout ce qu'il avait en outre de bonheur, et l'on vien;
~~er sur la reconnaissance, lui disputer le peu de place
qu il occupe encore! Notez que le général de Pontaubault
l'etît accablé d'excuses s'il l'avait seulement bousculé dans
une _porte ou frustré de deux sous dans le règlement d'une
parue}e bridge. Qu'il lui laisse donc sa mort qui est belle,
et ~u 11 respecte toutes les raisons, même les plus fragiles,
qui peuvent le maintenir près de votre pensée.
. - Une seule personne, dit Clymène au bout d'un
instant, m'a jamais laissé voir, oh bien timidement les
mêmes préoccupations que vous. C'est un brave ho~me
de l'usine, qui tenait en ordre le petit atelier de mon
mari et souvent lui donnait un coup de main. Il a cru
qu'~n alla~t tout d_isperser et s'est armé de courage pour
vemr me dire : o: S1 chaque chose reste à sa place ça vous
donnera de l'aide pour vous le rappeler. » En deb~rs de ce
pa~vre vieux_, tous ceux qui m'ont témoigné de la sympathie ne parlaient que de consolation, c'est-à-dire d'oubli. Et
une conjuration tacite s'est formée tout autour de moi
entre gens qui n'avaient jamais pu s'entendre sur rien'
mais qui se trouvaient tous d'accord pour m'aider à triom~
piler d_es scrupu.Jes, pour prendre sur eux le bl~me des
mfidéhtés progressives ... Et trois années s'écoulent avant
que, par hasard, un de ses camarades s'égare sur cette
plage, se laisse attendrir par la bonne mine d'un petit garçon et m'adresse, à l'instant de s'en aller, quelques phrases
courageuses.
Vernois répond avec un peu d'embarms :
:-- Je partais, pour ne pas avoir à vous teni; Je langage
qu eût souhaité le général. Mais fUisque la consigne ~st
29

•

�450

LA NOUVELLE RBVUB PRANÇAlD

tournée, je ne saurais trouver un meilleur endroit pour y
passer ce qui me reste de vacances.
Elle a un petit mouvement de surprise où il est difficile
de ne pas voir quelque chose qui ressemble à de 1a contrariété. Aussitôt d'ailleurs elle sen aperçoit, rougit, puis
prend le parti de la franchise :
- Pardon, dit-elle en souriant ; mais devant un
homme qu'on pensait ne plus jamais revoir, on parle avec
une sincérité dont on est un peu confuse après coup. C'est
comme les dernières volontés qu'on a formulées sur son
lit de mort : quand à l'improviste on guérit, on est vexé
d'avoir été si solennel...
•
Il y a trop de bonne grâce dans cette explication ponr
que, passéquelquessecondes,ilsubsisteentre eux de la.gène;
cependant le fil de la confidence est rompu. Ils font bien
quelques efforts pour le renouer~ mais sans vigueur,
sachant désom1ais qu'ils ont du loisir.
- Voulez-vous, dit-elle, accepter ce somenir de lui.
J'ai d'autres épreuves. Cette vue vous rappellera un de
vos postes d'écoute.
Vernois prend la photographie:
- C'est un abri, explique-t-il, qu'on avait construit en
seconde ligne. (Ma foi, je ne sais plus le nom du village.)
Il devait nous servir ainsi qu'aux bonnes gens des maisons
voisines ; mais je n'ai pas souvenir que nous ayons eu
besoin d'y descendre.
- Comme les hommes nous en imposent avec leur
précision 1 Vous voyez pourtant, dit-elle, que vos .,souveinirs sont inexacts.
Et elle lui montre, au dos du carton, l'indication tracée
par Heuland: « Poste d'écoute de G., pendant une accalmie: 1
Il ne peut maîtriser l'agacement que lui cause cette petite
vantardise :
- Non, non, il s'est trompé. C'était à côté d'une église
à demi démolie. Tenez, il traîne une pierre de taille sur ce
talus.

1JI CAMARADE INFID&amp;.E

451
Mais il se rattrape encore à temps :
- Après tout.. · On a vu tant d'abris pareils ... Mais
E&amp;rdez cette épreuve puisqu'elle porte un mot de sa m .
. d .
~~

et permettez-mot,
autre.

emam, de venir

eu chercher une

Mlle G .

.

.

assm se. trouve déboucher par la petite porte du

Jardm au moment où Vernois, sorti par )'autre issue reprend le chemin de la plage.

'

-

Je ne-.devrais pas l'~vo~er, dit-elle; mais en passant
sous Jes fenetres du salon, Je n ai pu m'empêcher d'entendre
quelques-uns de vos propos.
Vernois répond par un « Ah ? » si impertinent qu'elle
riposte :
-

Admettons que j'aie écouté. Dites-vous qu'une vie

de. domestique développe des défauts do domestique, ...
"1!54Ue vous ne vouiez pas me faire bénéficier des excuses
~ on accorde pourtant presque toujours à un sentiment

SlllCère.

, -

Nous n'avons rien dit qu'on ne ptît entendre. Vous

laurez constaté.

V~s n'avez rien dit qui ne fût propre à réconforter
II était si cruel
de se_ demander si, malgré le dire de ses supérieurs~ il
n'avait pas souffert.
Vernois la dévisage :
-

ceui: qw ne cessent de penser à votre ami.

-: Vous le demandiez-vous vraiment avec le désir de
savoir?

-:- On ne m'a pas, riposte-t-elle, élevée avec douilletterie. Je ne suis pas née Pontaubault pour m'étourdir de
phrases, et je n'ai pas peur de la vérité.
,~ Apprenez donc, dit-il d'une voix sourde et dure
qu d ~ souffert plus que jamais vous n'avez osé le craindre.
est bien
. . un o bus de grcs calibre est
bé . exact que, le t 6 JUlD,
tom, 1uste à côté de lui et l'a mis en charpie. Mais cela
ne s est passé qu'à la nuit, alors que. l'attaque avait eu lieu

!1

�.,.
LE CAMARADE INFIDÈLE

LA NOUVEi.LB REVUE FRAllÇAISI
4S2
dès l'aube, et qu'il hurlait depuis ce mo~~nt-là, le. ventre
ouvert entre les lignes, sans qu'il fût possible de lui porttr
secour;. D'ailleurs qu'aurions-nous fait de lui ? Il sou~t
moins, couché ~ur le sol, que trimballé dans les ~ya~
et il courait la chance d'être achevé par un pro1ectile.
Dans un pareil endroit, il n'a pas eu de veine d'attendre
quatorze ou quinze heures sa délivrance. .
.
Le souffie coupé, M11 • Gassin ne parv1er.t plus a le
suivre. ll finit par avoir pitié et ralentit sa marche.
_ Pourquoi, balbutie-t-elle, me dites-vous ces choses
'atroces ... Vous les inventez pour le seul amusement de
faire souffrir 1. ..
Il se contente de lever les épaules.
- Pourquoi la rassurez-vous, elle, tandis que vous me
torturez ainsi ?
du
_ ll a dû mourir, reprend Vernois, vers sept ?eu~
. car on a vu tomber un obus juste à l'endroit où il se
sou,
· Le 1
trouvait et surtout on a cessé d'entendre ses cns.
en·
'
les
Allemands
se
sont
résignés
à
l'abandon
~
demam,
vons
nitif de leur seconde tranchée, de sorte que nous a
pu visiter le terrain et ramasser nos morts. Les ~~
qu'on a retrouvés de lui, il n'y en avait pas le po1d~ un
petit enfant ; encore a-t-il fallu glaner ~ur. les buisSODS,
« dêgaroir les arbres de Noël l&gt;, comme d1sa1t un homme.
A cause des passants, Mil• Gassin ra~le ses larmes 00
les essuie d'un brusque coup de mouchoir:
.
- Comment voulez-vous, gémit-elle, que je vive avec

cette idée ?
nsées, et
_ Vous prétendiez avoir son cœur et ses pe
vous ne voulez rien savoir de son agonie? C'est trop COfllmode.
1 ntiœent
- Au moins dites-moi qu'il est mort avec e se
que ses souffrances n'étaient pas perdues.
d se le
_ Plaise à Dieu qu'il n'ait plus été en état . e de la
demander, car le recul qui a fait refluer sa ~orm::~;l'efet
deuxième tranchêe allemande dans la première

453
d'une simple panique. Il faut soi-même avoir été roulé
dans une de ces avalanches, pour savoir avec quel désespoir l'esprit se débat, tandis que le corps obéit à l'esprit
des autres.
Rétractée par l'attente de nouveaux coups, encore une
fois M11e Gassin presse en vain le pas. Mais voyant que
Vernois ne dit plus rien, elle reprend de la hardiesse :
- Comment n'avez-vous pas honte de charger ainsi la
mémoire de votre ami ?
- S'il a connu la souffrance de mourir inutilement,
pourquoi ne le mettrais-je pas à son acquis ? Est-ce qu'il
était responsable de cette poussée qui lui a coûté la vie en
le ramenant dans une zone découverte? S'il était resté seul
dans la seconde tranchée (ce que certains lui reprochent
de n'avoir pas fait, mais qui eût été fou) ne croyez-vous
pas qu'il aurait été quitte à bien meilleur compte soit prisonnier, soit fusillé sur place ? C'est pour que vous lui
rendiez justice que je parle comme je fais. Il est dur de
mourir ainsi.
M11• Gassin est à bout de forces:
- Si vous pensez vraiment ce qne vous dites, pourquoi suis-je la seule qui doive porter ce terrible secret ?
Donnez-en leur part aux autres.
- Vous n'avez donc pas le courage ...
- Le général est en droit de tout apprendre !
- Et il sait tout; mais il paierait beaucoup pour pouvoir en oublier une partie.
M11t Gassin saisit la manche de Vernois :
- Mais M111• Heuland, elle au moins...
- Laissez-la tranquille, répond-il durement.
Puis, se radoucissant, il cherche à être habile :
- Je m'imaginais que vous mettriez votre fierté à rester
la seule femme qui sache la vérité entière. Puisque vous
avez le mépris des phrases, montrez cette forme de courage qui se passe de rien embellir.

�454

LA NOUVBLLB REVUB PRANÇAlSll

Ces cris dont vous parlez ! gémit-elle. Je ne pourrai
plus songer à lui sans les entendre.
li sourit avec méchânccté:
.
._ Un mourant qui crie et perd ses entrailles, ~n ~
peut pas, en effet, lui faire place dans toutes les r~\tenes. S1
je me suis trompé en vous parlant de la sorte, excusezmoi.
ous aviez raison. Si vous
Adieu, je pr ods par ici.

LE CAMARADB INFID.È.1.B

455
- Sai ·tu qui :iimait le sucre autant que toi? C'est un
bon camarade que j'avais et qui portait toujours sur lui la
photographie de ses trois petits gars. Dès qu'on s'installait
dans une cagna, il l'épinglait à la paroi; mais quand les
marmites commençaient à tomber trop fort, on lui criait:
• Voilà la pluie! Il est temps de serrer tes mômes I » Alors
il rentrait ses garçons dans sa pcche .... ·ous les connaissions
comme s'ils avaient fait la campagne avec nous : le plus
gros, celui qui ten:iit un bateau à la main et qui s'appelait
Antoine ; et le second ... attends... quelque chose comme
Henri.
Trois sûretés valent mieux que deux; l'enfant demande:
- Et le plus petit s'appelait comment ?
- Robert, je crois, comme son père.
Alors seulement le isage d'Antoine s'illumine.
- Eb bien, poursuit Vernois, un jour que nous cantonnions pas loin de Verdun, qui est la ville des dragées, il
nous n a rapponé non pas une boîte ni cinq ni dix, mais
un grand bocal tout entier, enveloppé dans un ac. La
marchande n'avait pas demandé mieux que dele lui vendre,
~rce que les bombes commençaient à mettre tout en
l'air dans la ville.
uJement, pour rentrer, la route
n'était pas commode ; il fallait se coucher par terre à cause
des obus, et naturellement le bocal s'est cassé. Et naturellement aussi, à son arrivé , nous plongeons nos mains
danslesac pour voir quelles bonnes choses il nous rapporte;
et nous nous enfonçons d1ts éclats de '\'erre dans les doigts
et nous lui en disons de toutes les couleurs. Il était tell ment fatigué qu'il s'est laissé tomber ur sa paillasse avec
son sac à côté de lui. Sa main avait just encore assez de
bœ pour s'avancer jusqu'à une dragée et la ramener à sa
bouche. Au bout d'un moment il rootlait, mais sa mâchoire
travaillait tout doucement et sa OlÂÎll allait toujours s
ravitailler. On croit qu'il n'a pas ces é d'un bout à l'autre
dt la nuit, et pourtant, le matin, il n'avait pas une coupure. On a tkhé de le blaguer, mais quand il a vu nos

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISa

doigts enveloppés dans des chiffons, c'est lui qui s'est
payé notre t te.
Les yeux brillants d'Antoine laissent de\'iner qu'on ne
lui parle pas souvent de on père sur un ton si familier.
- Je p nse, dit Vernois, que tu te le rappelles bien.
Moi j'ai perdu mon père juste au même âge que toi et
pourtant je le revois comme s'il venait de me quitter.
- Il est aussi mort à la guerre ?
- Ton, c'était dans un temps où l'on ne savait même
plus du tout ce que c'est que la guerre. Il était garde fo~
tier et il est mort dans la montagne, d'une coog~tion de
froid. Eh bien, souvent je cherche dans mon sou,·cnir tout
cc que je puis me rappeler de lui - comme il faut que tu
recherches dans le tien tout ce que tu peu% retrouver de
ton père à toi. Je l'aperçois assis à tabie, ou lisant son
journal, ou marchant devant moi, des heures et des heurm,
dans les grandes forêts de sapins. Et tu devrais te rappeler
bien plus de choses que moi, parce que ton père était jeune
et gai et qu'il jouait a,·ec vous, tandis que le mien com•
m nçait à se faire vieux et ne me parlait presque jamais.
- Pourquoi il ne \'OUS parlait pas ?
- Parce que c'était son caractère, et que sa vie n'avait
pas été bien facile ; ma mère était morte quand je savais 1
peine marcher, et sans doute il ne trouvait pas grand'cbose
à dire à ce petit bonhomme qui trottait derrière lui claœ
ses promenades. Quand il apercevait un champigooa
comestible, il se contentait de me le montrer du bout Je
sa canne ; je courais le cueillir et je le mettais dans un filet
que nous emponion pour cela. Dès qu'il voyait que~
filet de,•enait trop lourd, il me faisait signe de le .•
remettre. Dans le fond il était très bon. Mais combico
j'aurais été plus heureux d'avoir un père sur le dos duqncl
on pOt grimper, avec qui l'on pôt faire des niches 1
Ce n'est pas sur lui-même que Vernois désire amcher
l'esprit de l'enfant, mais il est touché de l'entendre demaltder:

U

CAMARADE J,'FIDÈLR

457
- Et une fois que vous étiez tout seul, qu'est-ce que
vous avez fait?
- J'avais un grand frère, plus âgé que n1oi de quinze
ans et qui m'a recueilli. Je l'aimais plus que personne au
monde ; ~ais il avait une femme qui me trouvait de trop
dans la maison. Au lieu de me dire du bien de mon père,
comme ta mère fait pour toi, elle profitait des moments
où nous étions seuls pour glisser quelque méchanceté qui
me remplissait de chagrin et de honte... Dis-moi : est-ce
que parfois M11• Gassin vous parle de lui?
_Dn brusqu~ assombrissement se fait dans le visage d'Antome. 11 rougit, regarde ses pieds :
- Oh, elle!
- Quoi? Vous ne l'aimez pas?
Il s'écrie avec passion :
- C'est une menteuse, une rapporteuse !
- En quoi ment-elle ?
- Elle se donne l'air de tout savoir, mais vite elle
regarde dans un livre. Quand elle s'est trompée, elle dit
que c'est nous.
La droiture blessée de l'enfant le rend tout tremblant de
colère.
- C'est donc elle, demande Vernois, qui ,·ous donne
toutes vos leçons ?
- on, mais c'est pis. Elle nous conduit dans un cours
dégoûtant, plein de filles 1
Devant le rire amusé qu'il provoque, le petit se décontenance. Il rougit de nou,·eau; Vernois sent la confiance à
peine éclose qui va se refermer. Il se penche sur l'enfant et
doucement lui prend le bras:
- Ecoute, mon petit...
Mais Antoine a un mouvement de timidité.
- Ecoute, que je te dise : elle me déplaît autant qu'à toi,
M11e Ga sin.
li voit des yeux, d'abord incrédules, qui le scrutent, mais
où l'émerveillement peu à peu grandit. Et soudain il sent

�4 58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à ses épaules les deux bras de l'enfant, qui s'est mis à

genoux:
- C'est vrai, dites, c'est vrai ?
Par crainte d'avoir à s'expliquer davamage, Vernois
demande:
- Pourquoi ne vous envoie-t-on pas au lycée ?
- Ils ne voudront jamais 1
- L'as-tu demandé à ta mère ?
- Oh, elle dira comme Mademoiselle.
- Mais non, vu qu'avant tout elle désire que tu sois
heureux.
II est visible que, dans son fatalisme, le petit n'espère
plus aucun secours et que même il ne distingue déjà plus
bien nettement le visage maternel.
- Voyons, mon petit gars, si tu lui pArlais bien r~
Jument?
Les bras d'Antoine se resserrent, sa tête se coule contre
celle de Vernois et il lui murmure à l'oreille~
- Si vous lui parliez, vous !...
- Elle me dirait: cc Vous devez vous tromper. Connaissez-vous donc mieux que moi le c0;:ur de mon garçon ?•
Ou bien elle me dirait encore: « Vous êtes ingénieur et
non pas maître d'école; occupez-vous de votr teinturerie,
là-bas dans les Vosges, et de vos produits chimiques. »
La déception met un instant à faire on œuvre; sousson
poids, peu à peu, le nœud des bras se rel che. Mais inopinément une forte main s'abat sur la nuque de l'enfant,
une autre pèse sur l'épaule de Vernois.
1 on, ne vous levez pas, dit M. de Pontaubault;
vous faites un tableau trop touchant.
Vernois saisit l'occasion:
- TI m'expliquait, mon général, qu'il en avait assez
d'être élevé parmi des filles et qu'il travaillerait bien plus
gaiement avec des camarades.
Il sent contre lui le petit corps traversé par la tem~tu de
l'àppréhensioo, puis, au premier mot de M. de PootaU•

LE CAMARADE t FIDÈLE

459
~ault, qui est un grognement de bonne humeur, rebondir
mstantanément:
- Si vous saviez, oncle Philippe, ce qu'elle esr menteuse! Elle nous a prétendu qu'elle avait une maladie de
c~ur t:t qu'avec la vie que nous lui faisions on la trouverait morte dans son lit. Tous les matins nous regardions
par le trou de la serrure. Mais pas de danger qu'elle meure
ah non, pas de danger J
'
_Il est arc-bouté contre la poitrine de son ami; et cette
fois les hommes ont beau rire, ils ne parviennent plus à 1 ~
déconcerter :
e

~ Et puis, 0nde Pllilippe, ajoute-t-il en saisissant Vernois pars~ veste, il parlera du lycée à maman.
.- Vraiment? fait M. de Pontaubault d'un ton de surprise désobligeante.
En vain :Vernois balbutie quelque chose, il en résulte un
peu de tro1d.
- Allons viens, dit le général, il
remontions.
(À suivre).

�461
gique qui se confond avec la nuit et révèle comme elle le rayon
des mondes lointains, - la douleur.
Les !tres que j'im.aginais, et qui, succédant à l'homme, ne
pour~:nent le connaitre que par ses livres, ne verraient presque
de
que sa fa': douloureuse. Quand l'homme a chanté ses
plamrs et en a fait de l'art, il est bien vite arrivé au bout de cet
art, comme est bien vite au bout du plaisir celui qui lui consacre
sa vie. Mais les poésies, le théâtre, le roman, ont trouvé dans la
souffrance humaine leur air respirable et leur carrière indéfinie.
Et mê~~ dans !es arts pl~stiques, qui donnent bien davantage
au. p\a151r sensible, ce pnmat de la douleur subsiste : une œuvre
qui nous apporte une idée de santé et de joie comme celle de
Raphaël et de Rubens, ne la mettons-nous pas au-dessous de
celle qui décèle une inquiétude et un mécontentement celle
d'un Léonard ou d'un ~embrandt ?_ Et quelle qualité pla~tique
trouverons-nous supérieure au tragique de Michel-Ange?
L'art n'existerait pas sans la présence de la douleur ou bieu
il se serait arrêté à des formes superficielles. Qu'il s~rvienne
pour la calmer ou pour la rendre plus consciente, il lui est lié
par une communauté fraternelle. Le langage ici nous avertit.
De ce qui est écrit sur le plaisir, nous ne dirons jamais que c'est
profond : nous imaginerons toutes les épithètes laudatives,
excepté celle-là. Mais dès qu'une ligne, une page, un livre sur
la douleur humaine nous frapperont et nous saisiront ce sera le
.
'
p~em1er mot qui nous viendra ; nous les appellerons profonds.
C est que, par leur mouvement et leur être, ils vont toucher à nos
propre~ profondeurs, et, comme le son de la pierre qui tombe,
nous a1d~nt à les mesurer. Dans le plaisir nous sentons quelque
chose qui se répand comme un plumage ou un chant d'oiseau
à la surface de nous-mêmes, la multiplie sous la lumière ert
facettes cristallines. Dans la douleur nous éprouvons ce qui en
n_ous se ramasse et pèse, le mouvement qui contracte et inten11,fie _notre densité pour nous ne savons quelles balances. Il
nex1ste, au fond, qu'u1,1 sujet de l'art et de la pensée humaines:
l'homme devant l'énigme de la vie. Le plaisir va probablement
da~s ~e courant de la vie (tout au moins de la vie de l'espèce),
mais 11 nous fait tourner.le dos à cette énigme. La douleur est
aans doute un obstacle que rencontre la vie, mais cet obstacle
nous retourne le visage et les yeux vers cette énigme, nous l'exIÊFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

!~1

RE.FLEXIONS SUR
LA LITTERATURE
LE ROMAN DE LA DOULEUR
Lorsque Socrate, reprenant et refaisant le discours de Lysias,
a montré au jeune Phèdre combien l'amant raisonnable et pru•
dent est supérieur à l'amant enflammé et démoniaque, il sent
autour de lui, parmi les puissances invisibles qui l'entourent et
l'inspirent, une réprobation. Il se compare à Stésichore, qui,
ayant mal parlé d'Hélène, perdit la vue, et ne la retrouva que
lorsque, tenant sur la plus belle des créatures le langage des
vieillards aux. portes Scées, il eût écrit sa palinodie. Non, s'écrie
Socrate, on ne saurait comparer la sagesse, qui est humaine, à
l'inspiration, qui est divine, ni l'amour prudent, qui marche
sur la terre, à l'amour orageux, pathétique et furieu1, qui a des
ailes et l'espace. Je louais l'autre jour l'heureuse inspiration de
deux aimables esprits, M. Beaunier et M. de Miomaodre, qui,
ayant songé que le plaisir, fraîcheur précaire de notre vie, pou•
vait à lui seul animer un roman, avaient élevé dans le feuillage
un autel gracieux au petit dieu qu'ils servaient. Mais, hélas !
Le 1·e11t de l'a11tre n11it a jeté bas l'Amow·
Q11i dans le cofo le plus 111ystérie11x du parc
Souriait m ba11dant malig11emmt so,1 arc,
Et do11t l'aspect 11011s fit ta11t rh•er to11l 1111 jo11r.

otre louange du plaisir ne sera, comme celle de la. rai5?6
dans le Phèdre, supportable que si elle est suivie de la pahoodie,
et si, derrière le dieu délicat et lumineux, nous apercevons
comme fond de notre art et de notre pensée la grande forme tra·

�462

LA NO VELLE REVUE FllANÇA1!1

pose sous un biais qui lui donné de~ lignes intelligentes
nous permettrait peut-être de la devmcr.

UFLEXIO. S 'UR LA LIITÉR.ATURE

ty~. Le stvle
aperçoit co
transport
actu Ile
le style
le~

wn~

tron que l'auteur
ure qu'il l'écrit,
invention
le : tel

priori
e~

~Gft

si d'autr
ntraire
(tout cela :.
e tyle
d'inquiétude proc
tinues
pressée , et cepend
omm
des coups de doigt à la porte d'un m ·stère, et qui imposent à
notre vision la présence d'une figure anxieuse, de même que Je
style de certitude lui impo ait celle d'une figure impérieuse et
satisfaite, et le style de découverte celle d'une figure chercheuse : 1 type .aisi ant de ce style d'inquiétude nous est
fourni par les Pmsles Je Pascal. Je oc comparerais pas plus
M. fataunié à Pa cal que Zola à Bos uet ou M. Proust à Montaigne. Mais on donnerait le st ·le de Zola, tout oratoire et
affirmatif, et absolument pur de toute réticence c'est-à-dire de
toute critique. comme un exemple de st le de certitude, le
style de M. Prou t comme un type de style de découyerte, et
a,6n Je st •le d M. Estaunié e par.l.Îtr:iit pour des raisons
que l'on comprendr~ en reli ant une page des Pmsdes, vivre
selon le mou\'emem même d'uo t le d'inquiétude, Eo d'autres
taro~, le premier st ·le extrait, de l'image ou de l'idée, Ja
dkision de l'homme qui a rai on et qui propage cette raison
toute faite, le deuxi~mc le probl me où se plaît J'homme qui
aime chercher et pour qui les trouvailles oe sont qu'uo moyen
de chercher plus loin, le troi ·ième l'angoisse il se consume
l'homme qui est perdu dans un m •~the et qoi frappe à la porte
SO.S laquelle de rai de lumière parais nt. A cette porte on
peut d'ailleur frap er tumuln1eu. ement ou m hodiquemcnt.
àl,.Macterlinck y frappe un peu tumultueusement comme uo
}lœte romantique. M. E. taunié y frappe méthodiquement.
conune un ingénieur. oton qu'il r avait un ingénieur en
Pllisaance dans l'inventeur de la machin arithmétique et des
tarro•cs àsix sous, et qu'on trou ·erait, avec beaucoup d'artifice,
tlD p)ao d'iagéoi ur dan l':Apologit de, la rtligio11 cbrlti.e1111e.

�464

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISS

M. Estaunié s'est attaché à écrire, avec une sécheresse d'i•
nieur vraiment consubs~ntielle au sujet, le roman de la douleur.
Mais ce roman, cette sombre Hécate littéraire, a trois faces :
roman de la douleur, et aussi roman de la solitude et roman
du silence. Roman de chacun des trois précisément parce qu'il
est le roman des deux autres. Ce roman qui était en puissance
dans l'Empreinle et le Fermeut, et qu'à la lueur des œuvres suivantes nous en voyons se dégager, M. Estaunié l_'a abordé de
divers côtés avec Les cbosesvoienl, Solitudes, l'Asct1mo11 de M. Baslhm. Il semble qu'il en donne aujourd'hui la somme dans l'Ap-

pd de la Route.
* ,.

'-

Pour M. Estaunié l'existence est affectée non seulement du
sceau originel de la souffrance, mais en~ore de c~tte aut~e mar•
que, que nous ne pouvons vivre sans faire sou~nr autrui. ~ans
l' Ascmsion de M. Baslèvre un pur amour menait vers la lum1h_e
un être terne qui avant d'aimer ne paraissait que le ~lus ordinaire des vaincus de la vie. Ce livre aurait pu aussi s'appeler
l' Appel de la Route, et se terminer sur le même thème que ~c
livre d'aujourd'hui. Mais il s'agissait alors de la route lumineuse, tandis qu'il s'agit ici de la route sombre. Une route dont
toute la ténèbre tient dans l'énigme de cette phrase, prono~~
par un des personnages : « Pourquoi l'ètr_e humain ne ~au~•t-~~
respirer sans créer d'abominables confüts ? P~urquo1 1~ssat
mage automatique de la douleur' et la nécessité de tOUJ01lfS
tuer pour vivre ? » Et ailleurs : « Est-ce que les ~1ommes ont
besoin de vouloir pour faire souffrir ? Il suffit d'extster: »
Cela je ne dirai pas que M. Estauoié l'a démontré. Un ro~
.d'ailleurs ne démontre rien. Mais il l'a développé dans ~IS
iécits convergents qui s~nt dc_s ch;fs-_d 'œ~vre de compasi;:
savante et originale. Trois amis reums discutent sur la les
franc e humaine et chacun s'engage à apporter des escmp
'
·
'
.
·
·
le piefournis par la vie à l'appui de sa thèse, a savoir, pour,
mier que la souffrance est injuste, pour le sec~nd qu c_lle ~
t·oco~prébensible , pour le troisième qu'elle est incomprise.,
, font qu nn,
il se trouve que les trois récits se complètent et n en_ .
t
Le hasard a fait que le deuxième ami, puis le troisiè~:• ~c
. en rapport avec les persona,aues
qut ,ont
.été plus ou m01ns
1:&gt;

IÎFLEXIONS SUR LA LITTBRATURE

sujet du premier récit. Le deuxième récit vient compléter Je
premier et le troisième éclairer les précédents, L'une et l'autre

des deux premières thèses seraient successivement justifiées si
on s'arrêtait à l'un et à l'autre des deux premiers récits. Mais
précisément elle ne serait justifiée que parce qu'on se serait
arrêté. Cette justification ne serait faite que de notre ignorance.
C'est le troisième qui conclut, ou tout au moins son récit se
confond avec cette conclusion. Et on conçoit fort bien, et
même on doit concevoir une suite indéfinie de récits dont chacun apporterait un éclairage nouveau et impliquerait peut-être
une autre réponse. Mais il fallait que l'auteur construisît, se
bornât et pût paraître conclure. La conclusion est formulée par
un prêtre, comme dans les romans de M. Bourget, et d'ailleu;s
on peut imaginer ce roman construit sur le type de ceux de
M. Bourget ; on le voit, par exemple, suivant le cours et le
rythme de ['Echéance, et recevant le titre de Drame de Famille.
(En comparant les deux techniques, précisément curieuses des
mêmes sujets, on se rendra fort bien compte de ce qu'il y a de
plus populaire, et d'un peu périmé, dans celle que M. Bourget
a héritée de Balzac.) Cette conclusion n'est autre qm: la conclusion chrétienne : la voie douloureuse est une voie. L'abbé Manchon en donne pour signe ceci : la souffrance détache ; en
détachant l'homme de la terre elle l'atlège, le rend comme
fluide et mobile le long de la route où la mort le fait disparaitre
de notre horizon sans qu'il cesse d'aller.
Je contesterai d'autant moins cette conclusion qu'un hvre sur
la souffrance, une réflexion sur la soutfrance ne sauraient guère
en comporter d'autre. Réfléchir sur l:i ~ouffrance, c'est déjà la
dominer, c'est déjà chercher à l'utiliser. Et si le plaisir sert à.
nous attacher à la vie, à nous la faire vivre et à nous la faire
transmettre, la douleur ne saurait être utilisée que pour nou~
détacher de ia vie. Et nous savons bien que sans ce détache~e~t la société humaine ramperait misérablement, et que l'ind1v1du ne garderait qu'une valeur médiocre. Mais quelle que
soit la vérité d'une telle conclusion, ce n'est ni cette vérité
cette conclusion qui nous intéressent dans ce roman. C'est le
~man. Et celui de M. Estaunié pouvait se passer de sa conclusion sans cesser d'être le roman de la douleur, et sans q•.1e rien
à peu près fût diminué de son art ni de son artifice.
30

n•

,,

�LA NOUVELLE REVUE PIAJIIÇAISI

Car il comporte un artifice ; je l'indiquerai en disant que,
plutôt qne sur la vision de la douleur humaine, il est fondé sur
une vision douloureuse de l'humanité. Il implique à la foi.
chez l'auteur et chez ses personnages une volante de douleur, i
laquelle Dostoïevsky nous a accoutumés, mais qui n'est paa
habituelle à un Occidental, et qui nous parait chez M. Estaonié particulière et originale.
Une volonté de douleur, n:ous la trouvions bien dans l'Aliala
de la Porte Etroite. Et le tit:re du roman de Gide, ainsi que certains de ses mouvements, nous rappellerait peut-être l'App,tl i,
la Route. Mais là ou G_ide ne voulait écrire que le drame d'une
âme humaine, M. Estaunié a voulu_ écrire le drame de l'âme
humaine. Et il n'a pas généralisé sans !.'artifice nécessaire.
Cette volonté de souffrance que je crois y discerner, M. Estaunié la nie et même il a écrit son roman pour la nier : • Est-ce
que Les hommes ont besoin de vouloir pour faire ~ouftrir ? 1~
leur suffit d'exister. » Soit. li a voulu raconter des e.ustencesqu1
font souffrir, et sans le vouloir. Mais que sont ces existences?
Il n'y a dans l' Appel de la Roule que des destinées souffrantes
et brisées. Simplement, dit M. Estaunié, parce que ce sont des
destinées humaines et que des hommes existent. Ces hommes
souffrent bien par des hommes, et ne souffrent qu~ par des
hommes, mais non par des hommes qui veulent les fa1~e souffrir. Celui qu1 nous fait souffrir n'est que la cause occas1onnelle
de notre souffrance, oo la cause par déclenchement, comme
l'oiseau de l'avalanche ou. le fumeur de l'explosion.. « Le plus
souvent celui qui la provoque est irresponsable et ne soupçonne
pas ce qu'il a fait. Une seule chose compte ~ la souffrance.en
elle-même, et le mérite qu'elle nous acquiert. »
Mais en fait les souffrances infligées aux créatures dece sombre
roman 'ont une' cause, et toujours la même, qui. est le silence et
la solitude. Ces personnages souffrent et font souffrir non.F'"
qu'ils existent, mais parce qu'ils sont seuls et qu'il~ se wseotEntre Larmier et sa fille, entre Mademoiselle Lorrruer et Renf,
entre Henri et son père, entre Madame Manchon et ~Oil fila
aîné se sont installés non des silences passifs, mais des silellCCI
acti~ qui font fonction de zones d'hostilité, de terrain vén~
où foisonnent toutes les espèces de la douleur. La f~Dlt e
Lormier est une famille où on a pris l'habitude du silence

dFLEXIONS SUR LA LITIERATURB

comme o~ pre~drait ailleurs cell~ de l'alcool ou des disputes.
Le médecin qui entre dans la maison, au début du roman, l'a
vu installé, ce silence, au lit de more de Madame Larmier, entre
la morte et les deux vivants, comme un maître dur et terrible
auquel la victoire restera et qui finira par étrangler Geneviève
dans sa cellule de carmélite aussi bien que Larmier dans
chambre de Versailles. Dès que la morte a fermé les yeux, il
s'empare avec plus d'autorité des deux vivants. tt Pour se torturer ces deux êtres déjà avaient commencé de se taire. » Et cc
silence n'est pas un simple vide, c'est un poids, c'est une force,
com~e les silences d'Eschyle, et une force qui tue. Lorsque
Lornuer pousse son : Pourquoi ? pourquoi ? désespéré, il est
itraoge que personne ne lui dise la vérité, à savoir qu'il souffre
non d'autrui, mais de lui-même. Il meurt du silence de sa fille,
mais ce silence eUe le tient de lui avec sa vie même, elle a. respiré chez lui ce poison : cet inventeur absorbé dans ses recherches a dû faire du silence, au sens où les médecins disent qu'on
fait de l'albumine ou de la tuberculose. Sa fortune même est
consubstantielle à ce silence. Elle a été constituée par sa femme
sans qu'il le sût, et c'est seulement quand sa femme est morte
qu'!l se _connaî~ riche. Mais son prl!mier mouvement est pour
ma1nte01r le silence autour de cette fortune. Il craint, dit-il, qu'on ne recherche sa fille pour son argent. C'est une de ces
raisons dont on se dupe soi-m~me. En réalité i} est tenu par la
passion installée dans sa maison, la passion du silence, comme
Grandet l'est par l'avarice ou Hulot par la luxure : passion du
silence, c'est-à-dire passion de la vie secrète, qur porte comme
toute passion sa puissance de vie et sa puissance de mort. Dans
ce roman on en meurt. Ainsi Geneviève Lormier mourra de cc
silence d'un quart d'heure, de cette voilette abaissée, entre Ja
gare et la ville de Semur; elle en mourra en se demandant :
~ Pourquoi me suis-je tue ? »
Mêmes nappes de silence empoisonné dans 1a famille Manchon.
La maladie a été inoculée ici par un homme, qui ne paraît qu'en
une page, le père qui, convaincu par une calomnie que son jeune
~lsn'~ta_it pas de lui, a mieux aimé garder ce secret en se tuant que
1kla1rc1r au moyen d'une explication. Lui aussi a été serré à la
g_orge et étranglé par le silence. Il aurait pu, pour le repos des
llens, emporter avec lui son affreuse maladie, mais il a fallu

sa

·'

�468

LA NOUVBLLE REVUE

fl.A'NÇAISB

qu'avant de mourir il parlât tout juste a ez pour la c~~muni1
quer, comm e M. et Mm• Lormier,
. à son .sang.
,. Il a. fait JUrer
._...a
1
ainé
de
chasser
de
la
maison
celw
qu
11
croit
un
blwn,.
ron 6 .
d r·
al,
Et plutôt que de tenir ce serment, pl~tôt que e ~aire ce m
Henri s'est exilé lui-mCme de la famille en se faisant pr!tre.
, fais il faut que la de tinée s'accomplisse,. que le silence
engendre le silence comme chez les Atndes le meurtre
engendre le meurtre : en se tais~nt Henri. installe chez les
fanchon le silence qui tue, le silence qui c~asser~ et fera
mourir René et fera tenir à Henri, malgré lm, ternblement,
on serment.
Les silences de Lormier, de Geneviève, d'Henri, so.nt des
ilences faits de noblesse et de fierté, et pourtan~ ces. s1len~
mfcct1on, matS
tuen t . 11 empoisonnent non parce qu'ils sont uue
..
l f "d
parce qu"ils constituent, comme un corp.s sa•~•_par e rot , un
· favorable à l'infection. Et c ttc mfect1on elle est repréterra1n
. .. tall
J
le
entée ici par le créatures blafardes qui s ms . ent ans .
ilence pour l'exploiter, le creus r et ,pour y faire le mal qui
leur est propre : celle que M. de • iiomandrc appell~ les
taup s. Le su·1et de l' ÀM"'l
rr· de la Roule ~t à peu. près celui des
le
Taupes. Il faut un effort pour 'en apercevoir : supposez
m~me thème traité par Fragonard et par Rembrandt, par Ban,·ille et par Baudelaire !
.
.
Il y ; deux taupes dan le roman de M. E taumé (osc1llcz,
elon votre commodité, de l'image de la taupe à c~lle d~
microbe) deux habitantes inf1.:rnale) de ce royaume ~u silence:
la vieille, fille et la petite ville. La vieille fille up1ro~e é~t
jeune quand elle a installé chez le Manchon la calomn.,e.
fait du père un cadavre et du jeune homme un v1e1~ .
J e ou vieille elle était l'em;e, la méchanceté, une triste
c~:oe irresponsabl que L Estaunié ne 'arrête p~s à accabler
et qui a rempli, dans un terrain favorable, s~ fonction Je taupe;
~ . la taupe individuelle n'arrive , la plénm1de de son œuvr
e/;e son mal que lor qu'elle s'est croisée avec cene uu~
collective qui est la rumeur d'une petite vil_le. A.lo~ leu:le
s'étale dans a perf ction les t.aupe ou':rent, 1usqu à •~':te du
. •ctrondre
leur galenes dan l âme et dans 1
11 '
terr:un
•
E
'é donne
silence. Le triple récit, brisé et repns, ~e M. staun~e,celacif
d'ailleurs la sensation même de ce galenes obscures,

qUl;

UPLEXIONS SUR LA LITrÉRA TURE

souterrain qui semble écrire les caractères du hasard, et qui
écrit ceux de la destinée.
,.
*
• Le silence d'un homme qui souffre, Jit M. Estauoié, finit
par éteindre la beauté de l'univers et l'univer lui-même. » Ses
pcnonnages croient qu'ils e taisent parce qu'ils souffrent. En
realité ils ne souffrent que parce qu'ils se taisent ou qu'on se
tait autour d'eux ; parce qu'ils se sont tus ou qu'ils ont été pris
dans une conspiration familiale de silence. Et ce n'est p2.5 le
silence qui éteint l'univers autour de l'homme que le silence
&amp;it souffrir, mais, s'il 'est tu, c'est qu'il ·i,,;ait déjà dans un
univers à peu près éteint. Se taire c'est nier l'uni\'ers et se
constituer soi-même en univers. li y a dans l'homme le silence
bas, l'air des vallées, qui provient de la timidité, et le silence
élevé et glacial, l'air des cimes, qui provient de l'orgueil.
Mais l'un et l'autre participent de la méme ence, car h timidité est une forme de l'orgueil, c'est l'orgueil des faibles.
Le silence ne fait qu'un avec la solitude, et ces récits de
M. Estaunié nous apparaissent comme la suite de ses Soliiudts.
Il y a des hommes qui souffrent de la solitude et des hommes
qui paraissent en jouir : les Penslts de Pascal nous donnent la
formule des premiers, et tant de pages délicieuses de Rousseau
la formule des seconds. Et cependant le malheur et la folie de
Rousseau ne sont-ils pas nés de la solitude, de cette solitude
peuplée par lui de • taupes » imaginaires ? Dans ses derniers
romans M. Estaunié semble avoir été halluciné par cette idée
que la solitude est le visage le plus ordinaire de la souffrance.
Mais ce mal fait tellement corps avec le olitaire qu'il l'aime du
mhne fonds dont il s'aime, qu'il ne pourrait le détester qu'en se
!Utestant. Dès lors il est am né à tenir cette solitude et cette
souffrance pour l'appel d'une route qui se confond, ou qui
pourrait se confondre avec lui. La conclusion du roman de
M. Estaunié est en somme chrétienne, pui que l'appel de la
route reste personnifié par la retraite d'une carmélite et par les
discoun d'un prêtre qui parle eo pr::tre. Mais cette conclusion
n'est pas présentée comme une certitude, et le livre, commencé
sur une angoisse, écrit dans l'angois~e, finit sur une angoisse.
Dtnière le rideau de on parloir nous n vo •oos pas plus

�LA

00 ELLE REVUE FRA ·ç.,1SE

Gene"iève que son père ne l'a \'\le ; qui sait si elle n'a pas
emporté son désespoir dans la mort ? Et, comme on nous le
laisse entendre, les propos de l'abbé Maochon sont un peu des
propos professionnels de prêtre : quel est, derrière cet autre
voile, leur fonds et leur poids d'humaniré ? Le livre a l'apparence d'un dialogue, où il faut finir, mais ou on ne conclut pas
réellem ·nt et nous sommes invinciblement portés à estomper
l'image sur laquelle il s'achève, à voir devant nous non une route
toute fai1c qui nous appelle, mais une forêt épaisse et mystérieuse où il nous appartient d'abattre des arores et d'ouvrir des
pistes.
AUIERT THIBAUDET

M. Aragon veut bien m'écrire la lettre suivante :
Je n'ai pour vous, Monsieur, qu'une estime limitée, et je ne lis guere

la N. R. F. Cependant il me parait bien regrettable qu'.\ l'instant où
vous prenez la défense de Rimbaud vous croyiez bon d'accréditer encore
la légende qui fait de Lautréamont un fou. Je vous prie de bien considérer aV\.'C quelle légèreté ceux de qui vous tenez cette certitude vous
ont assuré d'une dtmence, au moins discutc!e; sur quels textes s'appuyaient leurs dites ; et quels secrets motifs vous les font si facilement
accepter. Je ne pense pas que savoir Je cas que je fais d'Isidore Ducasse
soit pour vous l'occasion de reviser un procès, je veux le croire, trop
hâtivement instruit. Mais sachet cependant, que pour moi et pour
quelques autres, aucun poète oe lient devant Rimbaud, si ce n'est L:iutre..'lmont 01!me, qui le d~passc de la tete. Excusez-moi.
LOt'lS ARAGON

Je serais heureux de voir M. Louis Aragon « discuter :o
cette démence dans la N. R. F., qui ce jour-là :ru moins méritera d'être lue. Mon opinion était à peu près celle de Rémy de
Gourmont, qui dans une étude sur Malcwror écrivait : " La
folie est indubitable. l'l Les seuls textes sur lesq!tels me paraissent s'appuyer ces dires ce sont les Chants de Maldoror et
les Poi.siu, qui ressemblent d'une façon frappante aux écrits
d'aliénés, publiés par des médecins. Que ces pages soient
îOUvent plus intéressantes et plus littéraires que la prose médicale qui les entoure, je le reconnais. La folie évidente qui
frappe les Reveries du pro11:eue.ur solitaire ne diminue pas notre
admiration pour le livre. La littérature de$ Illruninatwns est

RÉFLEXIONS SUR LA Ll'ITÉRATURE

47 1
celle d'un homme qui marche; celle de Maldoro1· (où le génie
ne manque pas) est celle d'un homme qui réve. Et peut-étre
bien que le rêve c'est la littérature intégrale ! auquel cas
M. Aragon aurait raison. Mais si Lautréamont dépasse tous les
poètes de la longueur de sa tête, plus la longueur de Rimbaud,
M. Aragon tient-il absolument à nous faire avouer que cette
tête fumante est en outre u.ne tête solide ? Avouons seulement
que, placée si haut, elle voyait peut-être loin. Qui diable peutelle apercevoir quand Maldoror s'écrie : « O dadas de bagne 1
Bulles de savon ! Pantins en baudruche I Ficelles usées 1 »
A, T.

�CHRONIQUE DRAMATIQUE

CHRONIQUE DRAMATIQUE

THliATRE DU

VIEux-CoLOMBJEJ\: Le MisantJJrope, de Molière.
VII : M. Lucien Guitry dans Le Misa11-

THÉATRE ÉDOUARD

thrope.
Nous reparlerons de Molière.
N'est-ce pas merveilleux qu'une œuvre littéraire, après deux
cent cinquante ans, garde ainsi tant de fraîcheur, tant de naturel, tant de vérité, tant de portée sur notre esprit ? Pas un mot
devenu fade, pas une tournure qui ait vieilli, pas un trait
démodé qui fasse sourire. Qu'est-ce qui assure ainsi la durée
à une œuvre ? Il en est de même pour Villon, pour certaines
parties de Ronsard, pour Corneille, pour Racine, pour Regnard
et Marivaux, pour Tallemant, Voltaire et Diderot, Beaumarchais. Rousseau nous gêne par son emphase et son affectation
de sensibilité. Chateaubriand nous semble déclamatoire et
théàtral. Victor Hugo nous fait rire et nous apparait puéril par
ses sujets et par son vocabulaire. Flaubert nous lasse par sa
phraséologie apprêtée, tendue et monotone. Chez les autres,
autrement loin de nous, rien n'a vieilli et n'a perdu contact avec
notre esprit. Qu'est-ce qui fait qu'une œuvre du passé garde
ainsi tant de force et de fraicheur et nous semble écrite d'hier?
Est-ce l'expression de sentiments vraiment humains, la peinture
de traits généraux à toute l'humanité, l'absence de toute mode
dans le style, en un mot le naturel et le vrai dans le fond comme
dans la forme? J'ai toujours été profondément intéressé par ces
questions. Je m'émerveille, quand je lis de si vieilles choses, de
les trouver encore si jeunes, et je cherche le secret de cette jeunesse. Les noms que jt viens de citer sont des grands noms. Il
y en a d'autres de moindre éclat, il y a d'autres œuvres moins

473

célèbres et qui sont également restées pleinement vivantes. J' oubliais aussi Montaigne et Saint-Simon. N'ont-ils pas gardé tous
deux, l'un tout le charme singulier et pénétrant de son esprit,
l'autre toute la puissance de ses peintures ? Pourquoi ? N'est-ce
pas parce qu'ils n'ont eu de préoccupation, l'un et l'autre, que
de peindre vrai, sans recherches ni embellissements? Qu'on
n'attende pas de moi que je recherche en détails les raisons de
la durée de certaines œuvres littéraires. Je n'en aurais pas le
talent. Je suis aussi trop paresseux. Je ne sais guère que
rêver là-dessus avec une grande jouissance intellectuelle.
En tout cas, rien ne montre mieux combien certains écrivains d'aujourd'hui, de préférence des poètes, par exemple
Rimbaud et Mallarmé, sont destinés à mourir tout entiers.
Nous reparlerons donc de Molière. Je ne sais pas si vous êtes
de mon avis, je trouve qu'on le joue bien différemment de ce
qu'on devrait faire. Nous oublions qu'il est un auteur comique
et qu'il a écrit pour nous amuser et nous faire rire au spectacle
des ridicules et des travers humains. On dirait même que nous
le trouvons insuffisant d'être cela, et que nous n'osons pas nous
en contenter. Nous sommes devenus savants et pédants et nous
voulons absolument lui ajouter tout ce que nous avons acquis
d'idées, de sentiments et de sensations. Nous avons même affublé certains de ses personnages, comme Alceste, d'un romantisme et d'une élégie dont ils n'ont que faire et qui les dénaturent complètement. Le c6té interprétation souvent ne vaut pas
mieux. Ce théâtre, qui a tant de côtés de théâtre populaire et
qui en procédait à son origine, ne nous est plus montré que
comme une pièce de musée, une série de leçons. Aucune vie,
aucun naturel. Sous prétexte de théâtre classique, - l'odieux
mot 1 - nous n'entendons plus que de la récitation. Les profes1,eurs d'un c6té, de'l'autre « nos modernes sensibilités » comme
a dit si joliment un critique, ont tout abîmé et faussé et rendu
plein d'ennui ou plein de prétentions ce qui était franchise,
clarté, justesse, santé, satire et éclat de rire.
Il y a pourtant quelqu'un qui a trouvé encore mieux. C'est
M. Paul Bourget, l'écrivain le plus ennuyeux qu'on ait jamais
vu et qui a le plus écrit sans avoir jamais rien dit de neuf ou de
vivant. M. Paul Bourget a l'esprit de parti, la manie politique.
Il les applique à la littérature. Les résultats sont drôles, sans

�474

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il s'en aperçoive certainement, personne n'ayant jamais eu
moins.d'esprit ni de sens du comique. Comme Molière était à l'ordre du jour, il a voulu dire sou mot sur lui, et cela .a été pour le
ranger dans un parti politique, le sien, narurellement, et voilà
Molière, deux cent cinquante ans après sa mort, posé en écrivain de droite, en penseur orthodoxe, en soutien de la royiuté,
en écrinin politique, pour tout dire. Il faut lire cet article
de l'Ill,irtration dans lequel M. Paul Bourget arrange si bien
la érité, avec ce style qui singe la profondeur et n'est que vague
et prétention. On verra jusqu'à quel point peut .aller la sottise d'un écrivain dogmatique, systématique et pédant, incapable
de juger et apprécier une œuvre littéraire pour sa valeur et son
intérêt propres, en dehors de toute question de politique, et
n'hésitant pas à tout fausser dans l'intérêt de sa thèse. Sa nfaiserie,éclate quand on le voit, dans cet article, pour caractériser~
-selon lui, le génie de Molière, faire intervenir les AUe_m ands,
les Hohenzollern, la guerre de 1914, apparenter le grand comique aux paysans français qui moururent pendant cette guerre et
le transformer, lui aussi, en«. héros » et en &lt;c bon serviteur du
pa s ». Personne autre que M. Paul Bourget ne pouvait, à
propos de Molière, avoir cette trou,,aiUe et pour une fois il
aura inventé quelque chose. Ce n'est pas la première fois
qu'il s'amuse à ce jeu de dénaturer complètement la personne et
l'esprit d'un écrivain. li s'y est déjà livré pour Stendhal, lors de
l'inauguration du monument dans le jardin du Luxembourg,
quand il a prétendu no le montrer comme un héros du patriotisme et un précurseur des soldats de i914. Là encore l'invention n'était pas mince. Stendhal, cet épicurien, ce dilettante,
cet « européen 'J)~ qui plaçaitla patrie là où il avait trouvé les
plus vifs plaisirs, qui reniait tant de nos façons françaises, qui
n'avait vu et célébré dans la guerre qu'une a,•enture.commeune
a\KJ"e, qui n'y a porté qu'une passion de curiosité .etn'a cessé de
témoigner de son mépris pour les cc manches à sabres qui composent uue armée » ! Je m'anendais d'ailleurs, p.our ma part. à
cette comédie. Outre que je trouve qu'on abuse avec cette œanie
des monuments qu'on a aujourd'hui, que je trouve que Stendm.l a le sien, et qui lui convient, sur sa tombe, qu'une copie
àu médaillon de David d'Angers par Rodin, qui 11'a fait que Je
déformer, n'avait rien à faire au Luxembourg, dans un quartier

CHRONIQUE DRAMATIQUE

475

totalement étranger à Stendhal, et que lui-même surtout a nettement formulé son désir de n'avoir aucun monument de ce
genre, rien que l'idée du discours sophistique de M. Paul Bourget m'a fait rester chez moi ce jour-là.
Je le dis sou,·ent et je le pense fermement : on n'a jamais vu
une époque plus bête et plus laide que la nôtre. Le sens de
l'art, de la littérature, comme un moyen de plaisir et de
bonheur, se perd de plus en plus. On veut absolument qu'un
livre serYe à démontrer quelque chose, à prouver quelque
chose, à améliorer quel.que chose. On Yous fait de Molière
un écrivain social et, de Stendhal un patriote d'antichambre.
Pauvre Molière qui fut, pour son époque, itln esprit si h_ardi,
attaché aux idées nom-elles, tout le contraire d'un courtisan,
combattant à sa façon les doctrines établies et l'Eglise ennemie
des choses de l'esprit ! Pauvre Stendhal, qui fut la liberté d'esprit en personne, sans préjugés ni rien d'officiel, qui ne vit et
chercha en tout et partout que le plaisir ! Etre travestis à cc
point, et p;tr un écrivain que l'un et l'autre eussent abominé,
et qui, lui-même, vivant en leur temps, les e"Ût alfominés ! C'est
m1 spectacle fertile en réfleKions.
Mais laissons cet académicien morose, froid et guindé, qui se
prend au sérieux, m:i. parole I Toute son œuvre n'est que du
papier imprimé et il n'a même pas ce mérite, étant un homme
qui éorit, d'être au moins un écrivain vivant, ce qui pourrait lui
faire pardonner, les vraies idées et l'originalité n'étant pas données à tout le monde, de n'aYoir rien découvert, ni inventé, ni
jamais rien dit de personnel et d'intéressant. Il n'est amusant
que par ses airs, qu'il a si bien gardés de sa jeunesse, de provincial qu'éblouit la vie de Paris et la fréquentation de la « haute
société •· Dans ce genre, il est unique. Avez-vous vu un roman
qu'il a publié récemment ? Cela s'appelle Un Drame dans le
monde, et c'est, entre parenthèses, l'histoire la plus rocambolesque. Eh ! bien, tout M.. Paul Bourget est dans ce titre, qu'on
dirait celui d'un feuilleton pour petites ouvrières, destiné à
es faire rêver sur les .amours d'une duchesse et d'un marquis.
On sent tout ce que ce mot : monde, dans cette acception,
garde encore de prestige pour lui ... ous disons quelquefois,
nous autres, en riant, quand nous allons en soi.rée : Je vais dam
le monde. M. Paul Bourget, lui doit dire cela sérieusement,.

•·

t

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gravement, avec importance et admiration. On retrouve ce provincialisme émerveillé dans toute son œuvre, dans laquelle tout
n'est que convention prétentieuse. Puisque nous parlons de
Molière, M. Paul Bourget c'est le bourgeois gentilhomme en
Jinérature.
J'arrive enfin au vrai sujet de cette chronique. Le Théâtre du
Vieux-Colombier, pomcélébrer le Tricentenaire de Molière, a
joué le Misantbrope. De son c6té, M. Lucien Guitry a voulu
jouer Alceste. C'est de ces représentations que j'ai à rendre
compte. Auparavant, je cèderai la place à mon vieil ami l'amateur de théâtre, que je vous ai présenté récemment. Vous avez
vu qu'il m'a parlé de certaines pièces de Molière. Il m'a aussi
parlé du Misanthrope et là également j'ai noté de mon mieux ce
qu'il disait. j'ai recherché mes feuillets, je les ai mis au net et je
les reproduis ici, comme j'ai fait pour les premiers. S'il y a des
trous, c'est que mon vieil ami, heureux de parler et de s'écouter
parler, parlaittrès vite et que je n'arrivais pas toujours à le
suivre. Il est certainement plus agréable, et il connaît mieux
Molière, que M. Paul Bourget.
« Le Mirantbrope I Une des plus grandes œm•res de notre
théâtre, un des rôles de ce théâtre les plus difficiles à jouer !
Savez-vous bien qu'Alceste, c'est Molière en personne ?
Mais oui! Vous me direz que je n'en sais rien? Je vous dirai
pourtant que c'est vrai. C'est lui, c'est sa bonté, c'est son
esprit, c'est sa gravité, c'est le ton qu'il avait pris dans l'intimité du prince de Conti et dans le particulier du roi. C'est
son amour pour cette créature si jolie et si coquette qui l'a
rendu si malheureux. C'est cette jalousie qu'il cachait et qu'il
se reprochait. Le Misanthrope, c'est Molière tout entier.
« On disait alors qu'Alceste c'était M. de Montausier. Celuici répondait que si c'était vrai, c'était pour lui beaucoup d'honneur. li avait raison. li y a dans ce caractère si loyal et si franc
quelque chose de plus qu'un grand seigneur honnête homme,
mécontent et frondeur. 11 y a un homme de grand mérite qui
souffre, un philosophe qui observe et sait voir, un cœur désenchanté et déçu pour jamais. Il y a aussi un homme excellent,
très bon et dévoué, plein de bon sens même dans ses mouvements excessifs sous l'empire de la colère ou de la passion,
toutes qualités qui sont méconnues. Cet homme sait très

CHRONIQUE DRAMATIQUE

477

bien que sa sagesse a tous les aspects de la folie aux yeux
autmi, mais iJ aime, et il a raison, sa folie et il n'en veut rien
rabattre.
« Voulez-vous que je vous dise ? Changez le caractère
de Célimène, faites qu'elle aime Alceste et se comporte en
conséquence avec lui. Faites qu'il soit heureux par elle au
lieu d'être sans cesse rebuté et berné. Vous aurez aussitôt
un autre homme, avec un autre esprit et un autre visage,
dont toute~ les actions et tous les jugements changeront. Pourquoi ne voulez-vous pas que ce soit l'amour déçu gui lui
ait fait ce caractère? Mettez-le amoureux d'Eliante. Vous verrez
le changement.
« En tout cas, je pense ainsi, et si bien que je ne vois jamais
jouer le 1\.fisa11thrope sans me figurer voir Molière lui-même
dans sa vie intime. Vous savez qu'il a créé le rôle. Comme il
devait le jouer, avec quelle tristesse, quelle brusquerie ! Célimène, c'est sa femme, c'est Armande Béjart, qui ne l'a jamais
compris ni senti combien il souffrait par elle. Arsinoé, c'est
Mademoiselle Duparc, qui l'abandonna pour Racine. Eliante,
c'est Mademoiselle de Brie, son amie discrète, intelligente
et dévouée. Acaste et Clitandre sont le duc de Guiche et
Lauzun, qui faisaient les galants auprès de sa femme. Quant
à Philinte, c'était Chapelle, un des meilleurs amis de Molière et
son contraste en tout. Oui, tout ce Misanlbrope c'est la vie
même de Molière.
« Avec cette pièce, Molière abandonnait définitivement ses
premiers modèles. li créait selon son génie. Il ne peignait
plus que d'après des personnages vivants. Quelle ingéniosité,
et quelle vérité ! Comme chacun de ces personnages s'exprime
bien comme il doit ! Comme le ton de la comédie est parfait du commencement à la fin ! Je ne comprends pas
Voltaire qui prétendait y retrouver le ton et la forme de la
satire.
« li est vrai, pourtant ?... Mais non ! C'est bien encore de
la comédie. Je pense au portrait du Comte de Guiche, l'amant
de Maùemoiselle Molière, avec sa perruque blonde, ses amas
de rubans, sa vaste ringrave, son ton de fausset: Ce de.vait
être charmant d'entendre Molière parler ainsi à sa femme
de son galant, dont tout le monde savait le nom. Lauzun

f

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAIBB
est encore mieux. peint, comme le personnage le méritait.
Mais le plus beau c'est quand il les met tous les deux face à
face, chacun complet dans son ridicule. Et quelle peiJ1ture
merveilleusè de la coquetterie féminine, ce portrait de la prude
Arsinoé ! Tout le troisième acte du .Misanfbrope est à lui
seul un chef-d'œuvre. Nous avons là, dans le salon de Célimène, la conversation ml'!me de la belle société de Paris au
xnr: siècle, l'épigramme, la satire, la médi ance et la passion y
parlant chacune son bngage.
Il'
ous retrouvons ensuite. !'Alceste des premières scènes.
Il est plus brusque et plus malheureux. Ses amours vont si
mal ! Il a beau vouloir fermer les yeux. Il va découvrir la
vanité, la coquetterie, la versatilité de la femme qu'il aime.
En ce moment, sa misanthropie est à son comble, sous l'effet
de l'étonnement et du chagrin. Aussi voyez comme il p:1.rle à
Célimène elle-ml!me. Et sous cette colère, sous cette verve,
quel grand amour ! Eh ! bien, l'affaire de cette lettre qu'on lui
dit adressée à une amie, c'est une histoire qui est arrivée :\
Molière lui-même. Oui, lui aussi il a tenu d:ms ses mains la
preuve de la trahison, uoe lettre de sa femme au comte de
Guiche, qu'un rival qu'elle avait dédaigné lui avait fait
tenir. Il s'emporta. Armande Béjart pleura, niant qu'elle eût
écrit cette lettre à un homme. Il pardonna, demandant l'oubli
de son emportement. oble misère de ce grand génie ! En le
voyant pleurer lui-même, elle se mit à rire, et le lendemain elle
rappelait son amant.
« Trouvez-moi quelque chose de plus beau que le duel d'Alceste et de Célimène. Lui, passionné, s'emportant et pleurant. Elle, indifférente, au fond, et se moquant en secret de
sa faiblesse. L'amour d'un homme pour une femme a-t-il jamais été plus loin ? Quel auteur d'aujourd'hui, avec toutes
ces recherches, ces subtilités de langage que vous admirez,
a jamais peint l'amour aussi vrai, aussi ardent, aussi humain?
'oubliez pas non plus qu' A:uiromaque ne vint qu'un an après
le Misanlhrope. Molière a peut-être servi de modèle à Racine?
« Vous connaissez ce qui suit. Alceste est accablé de tous
les côtés. Il a perdu son procès. On le fait passer pour l'auteur d'un libelle calomnieux, - ce qui est encore arrivé à
Molière lui-même. Il éclate., pour le coup. Quelle élo-

CHRONIQUE DRAMATIQUE

479

quence ! Tout se tait devant cette juste indignation. Il n'y a
que Célimène qui. ose l'affronter, mettant sa confia.ace dans
l'amour qu'elle inspire. EUe y use cependant sa dernière séduction. Le charme est entamé. Aiasi Armande Béjart avait perdu
Molière, pour n'avoir pas voulu renoacer à ses galanteries.
Molière était prêt à tout pardonner. Tout aurait été oublié
si elle avait voulu l'aimer, n'aimer que lui. Elle préféra répondre comme Célim!ne : « Il ne me plaît pas, moi ! » Alors
Molière se sépara d'elle, tout en continuant à l'aimer. li écrivit pour elle tout exprès ce grand r6le de Célimène. Sur le
théâtre, l'approchant, c'était encore une façon de pouvoir
lui dire : Je vous aime ! et de re.·oir près de lui la femme
qu'il aimait. Vous a.lle-z encore dire, peut-être, que j'invente ? Je
vois, moi, dans cette scène entre Molière et sa femme, le point
de départ de cette grande comédie.
« Comme le .Misanthrope devait être bien joué par la. troupe
de Molière! MoJièré était Alceste. La Thorillière était Philinte.
Du Croisy était Oronte. Armande Béjart était Célimène.
Mademoiselle de Brie était Eliante. Mademoiselle Duparc était
Arsinoé. Je ne sais comment exprimer ce que devait être
Alceste joué par Molière lui-même, qui avait tant mis de lui
dans ce personnage. »
Tout ceJa est fort beau. Mon vieil ami l'amateur de théâtre a
&lt;lu romanesque, de l'éloquence. 11 s'enflamme à ses propres
paroles et il embellit tout. Il connait fort bien son sujet et le
traite encore mieux que je ne l'ai montré. Mais comment doiton jouer Alceste? Avec quelle sorte de caractère doit-il nous
être présenté ? S'il est vraiment plusieurs manières de le jouer,
ce qui ne se soutient que par toute la déformation que nous
avons apportée .à ce rôle. quelle est la bonne, la vraie? Voilà ce
ce qui m'aurait intéressé à entendre. Je ne l'ai pas entendu. Mon
vieil ami l'amateur de théâtre ne m'a rien dit sur cette question.
La soirée s'avançait et il lui fallut partir. Je ne l'aurais d'ailleurs
écouté que pour le plaisir. J'ai mes idées sur ce sujet, et etit-il
pensé différemment qu'il ne m'eût pas changé.
Alceste est un personnage que j'ai toujours beaucoup aimé.
Je puis même dire qu'en vieillissant je l'aime et le sens encore
davantage. J'ai pour cela des raisons particulières. Quand je le
vois sur la scène, j'oublie tout à fait que je suis au théâtre. Je

�CHRONIQUE DRAMATIQUE

LA NOUVELLE REVUE FJI.ANÇA[SE

m'!nt~resse vraiment à lui comme à quelqu'un que je connais,
qm vient de me quitter pour monter là dire leur fait à quelques gens, et que je retrouverai tout à l'heure à la sortie. Je ne
sais pas comment on jouait ce rôle au temps de Molière ni si la
manière dont on le joue à la Comédie française la répète fidèlement. Je viens d'y voir M. Jacques Copeau. J'y ai vu ensuite
M. Lucien Guitry. Je voulais aller voir ce qu'il est à la Comédie
française, mais le rôle est tenu en ce moment par M. Raphaël
Dufios et la seule idée de voir un si mauvais comédien m'a
découragé. M. Jacques Copeau est certainement un acteur de
beaucoup de talent, bien qu'un certain esprit, très fort en lui et
sur lequel il est difficile d'insister, le rende surtout propre à
certains rôles. M. Lucien Guitry est un maitre. Ni l'un ni l'autre pourtant ne sont Alceste tel que je le vois, et, j'ose le dire,
tel qu'il doit être exactement.
C'est tout d'abord un point indiscutable : Alceste doit faire
rire. C'est l'homme franc, courageux, désintéressé, sensible►
modeste, timide aussi, et pour tout cela brusque, bourru, susceptible, prompt, vite emporté, uu peu gauche et maladroit,
pouvant passer pour malappris. li aime, P.t quand il veut être
tendre, étant trop sincère, jouant toujours franc jeu, allant droit
au but dans ses paroles, il est un peu brutal et choque au lieu
de plaire. Il manque de patience devant la sottise et la vanité
et quand un importun l'assaille, c'est à grand'peine qu'il se
retient de l'envoyer au diable. Quand il souffre que Célimène,
qui n'est pas du tout, elle non plus, la grande coquette à panache qu'on nous a faite, mais une jeune femme sans beaucoup dt&gt;
fond, aimant la société et ses caquetages, réponde si mal à son
amour, c'est eu rageant en même temps contre la légèreté, la
coquetterie et le bavudage féminins qui sont cause de ce désaccord. Quand il dit aux gens la vérité sur leur compte et qu'il
s'emporte de les voir si lâches et si hypocrites, ce n'est pas seulement par amour de la vérité et de la droiture : il y trouve
encore un très Yif plaisir. Quand il se réjouit à l'idée de perdre
son procès et se refuse à rien tenter pour le gagner, ce n'est pas
seulement par amour de la justice et haine de l'intrigue, c'est
encore par satisfaction de voir un coquin l'emporter et de pouvoir par là renforcer en lui son dégoût de l'humanité. Enfin,
quand il prend le parti de se retirer du monde, ce n'est pas,

'

c~mmc on ~o~s le montre, comme un élégiaque, un homme
faible et pla1nt1f, pour passer ses jours à souffrir et à gémir.
Alceste n'est pas du tout un homme mélancolique et larmoyant,
ténébre~x et chi~érique. Il est, au contraire, solide, bien campé,
combatif, fort bien portant, très réaliste. C'est encore une jouissance qu'il éprouvera à se trouver seul, loin de taotde sots, de
bavards et de faiseurs, et à pester de loin contre toutes leurs
façons. On connaît le paradoxe de Rousseau : « Alceste représente la vertu. On doit rire de lui. Donc, on doit rire de la
vertu. ,, Mais non I Ce n'est pas de la vertu qu'on rit. C'est des
façons qu'il apporte à combattre en sa faveur. Alceste doit faire
rire comme un homme qui se met trop facilement en colère après
les travers et les ridicules. Il est l'homme qui a raison et il doit
faire rire par contraste avec nous-mêmes, qui avons notre nature
faite_ de tous les défauts qui le choquent et y ajoutons cette prétention de trouver que nous sommes bien ainsi et que c'est lui qui
est un butor et un maladroit dans sa franchise et dans son mépris
des conventions sociales. li doit faire rire encore par la mine
que font ses victir,1es sous ses coups de boutoir.
Tenez, le Misanthrope c'est quelqu'un que je connais. Ce
quelqu'un fréquente une maison dans laquelle fréquente également une vieille fille sotte, cancanière et bavarde, dont le signe
particulier est à la lettre celui-ci : qu'elle ne répète pas moins
de six fois de suite chaque détail de sa conversation. Ce quelqu'un que je connais, qui n'est pas bavard, qui a horreur de certaines sociétés, qui est pour qu'on dise en trois mots ce qu'on a
à dire et sans rien déguiser, ne peut la supporter. Quand il est
là et qu'elle arrive, il se renfrogne et attend avec impatience
qu'elle ait fini et le débarrasse. L'autre jour, après qu'elle avait
parlé pendant une demi-heure, le voyant muet elle s'approcha
de lui : « Et vous, Monsieur ... qu'en pensez-vous? it Il leva un
peu la tête : « Moi, Madame, lui répondit-il, j'aime le silence.»
Elle prit le chemin de la porte et à la maitresse de la maison
qui l'y avait accompagnée : « Est-il malhonnête 1 -o dit-elle.
Le Misanthrope, c'est encore ce même quelqu'un que ie
connais. Il aime la simplicité. Il a horreur des compliments. Il a
aussi peu de vanité qu'on en peut avoir. C'est un de ses mots
favoris : « On a du taleot comme d'autres sont bêtes, sans y
être pour rien. li n'y a pas là de quoi se pavaner. » Il a aussi
3I

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAlSE

horreur de ces coups d'encensoir qu'on se prodigue aujourd'hui
entre gens de lettres, de ces témoignages d'admiration qu'on se
donne mutuellement si facilement. C'est encore, à ce propos,
un de ses mots : u On se demande vraiment, devant tous ces
encensements, lequel est le plus niais~ celui qui les prodigue
ou de celui qui les reçoit et s'en regorge. • Ce quelqu'un dont
je parle écrit. Il paraît que ce qu'il écrit a quelques lecteurs. Au
nombre de ces lecteurs se trouvent des gens qui écrivent eu1.mêmes. De temps en temps, quelques-uns lui envoient un livre
qu'ils viennent de publier. C'est ainsi, l'autre jour, qu'il reçut
un nouveau roman de M. Léon Werth et un petit livre fort
agréable de M. Emile Sedeyn. Chacun de ces volumes oomportait un envoi. M. Léon Werth avait écrit : c: A ..... , son
admirateur. J) M. Emile Sedeyn : « A ..... , un de ses lecteurs. u
Ce quelqu'un que je connais trouva là l'occasion de montrer
une fois de plus ce qu•it pense des faciles compliments qu'on
prodigue aujourd'hui. Il le dit à un ami de M. Léon Werth.
c: Est-ce que Léon Werth se moque de moi ? Me croit-il niais à
ce point ? Ou s'il est sincère, a-t--il si peu lu et ne connaît-il
rien, ou est-il si peu difficile, pour que ce que j'écris lui paraisse
ainsi admirable ? ,, Au contraire, l'envoi de M. 'Emile Sedeyn
lui plut beaucoup. Cette simplicité, cette brièveté le ravirent.
On n'est pas toujours s'Ôr d'avoir des lecteurs. S'en découvrir un
et qui vous le dit avec cette bonhomie et ce naturel, est un
vrai plaisir.
· Le Misanthrope, c'était encore Remy de Gourmont, comme
je l'ai vu. Celui-là non plus n'aimait pll.s beaucoup les compliments, les flatteries, ni certaines sociétés, ni les gens qui viennent se jeter à nctre tê.te et n'avait que de la timidité et de
t'embarras devant ceux qu'il ne connaissait pas. Au Mercure, un
soir, dans mon bureau, que nous étions là à bavarder comme
nous le faisions chaque jour, quelqu'un entrn. C'était M. Victor Barrucand. Il reconnut Gourmont. Sans doute heureux de
cette rencontre et de se faire connaître, il s'approcha, face à lui.
Il s'inclina, son chapeau à la main : « M. de Gourmont .... Je
suis M. Victor Barrucand. ,, Gourmont le a à peine la tête, se
souleva et son fauteuil en même temps en le tenant des deux
mains, fit un demi-tonr et se rassit le dos tourné à l'importun,
sans avoir dit une syllabe.

CHllONIQUE DRAMATIQDE

Vous me direz que j'exagère, qu' Alceste est un « homme du
monde .- et qu'il ne peut commettre de ces actions ? Si voua
voulez. Il est en tout cas sa.ns cesse cbns l'humeur qui fait
commettre ces actions. C'est cette humeur que je n'ai p.as trouvée dans Je jeu de M. Jacqut&gt;sCopean ni dans celui de M. Lucien
Guitry. Ce dernier l'a pourtant montrée, pour sa part, à un
moment, au deuxième acte, dans l'entretien d' Alceste avec
Célimène, quand il éclate de voir qu'on ne peut jamais la trouver seule et lui parler en particulier. Je ne puis surtout admettre l'attitude de saule pleureur qu'ils lui donnent l'un et l'autre,
au final de la pièce, quand ils le font partir chancelant de
chagrin, la main sur ses yeux pour cacher ses larmes.
Alceste souffre, il est tout déchiré, c'est entendu. la déception
l'accable et il doit renoncer. Mais un homme comme lui, de
son caractère, à cause même de ses « défauts », est autrement
fort. C'est en se dominant, avec mauvaise humeur et brusquerie, en rageant encore et presque en claquant les portes qu'il
doit partir, pour aller vivre en « sauvage ». Il pleurera peutêtre tout à l'heure quand il sera seul. Maintenant, ooo.
Ce qui a été la perfection au Théâtre du Vieux-Colombier,
c'est l'interprétation de tous les rôles de femmes. Mesdames
Valentine Tessier, Blanche Albane et Suzanne Bing ont été
absolument remarquables dans les rôles de Célimène, Arsinoé
et Eliante. On ne peut pas mieux dire et je n'ai jamais entendu
mieux dire, le plus naturellement du monde, avec toute la
malice et la finesse féminines, le merveilleux dialogue entre
Célimène et Arsinoé, que ne l'ont fait Mesdames Valentine Tessier et Blanche Albane.
Au Théâtre Edouard VII, la maitrise de M. Lucien Guitry,
- je pensais, en le voyant, comme il jouerait bien Tartuffe, faisait un peu pâlir le jeu de ses partenaires. M. Paul Souday,
en rendant hommage à leur bonne volonté et à leurs jolies
qualités de naturel, a fait, à ce propos, cette remarque que « le
classique ne s'improvise pas ». Voilà bien le détestable état
d'esprit auquel nous devons la manière si peu vivante dont on
joue Molière, le manque de naturel et la convention qu'on y
apporte. C'est, au contraire, comme si on improvisait qu'il
faut le jouer et non avec ce ton de récitation et de leçon qu'on
a si fâcheusement adoptés. M. Paul Souday entend sans doute

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dire qu'on ne peut jouer les pièces de Molière comme on
joue d'autres pièces? Si je ne me trompe, M. Paul Souday est
normalien? il parle là comme un professeur.
Voulez-vous, pour finir, deux appréciations importantes sur
l'Alceste donJlé par M. Lucien Guitry? Les voici. M. Le Bargy~
q"!_i assistait à la première répétition, a dit, on me l'a rapporté ;
« C'est bien, mais ce n'est que bien. » M. Edmond Sée, lui, a
dit, devant moi, c'est bien le mot, car j'étais placé derrière lui :
« Il joue le premier acte admirablement. Après, c'est impossible. J&gt;
MAURlCE BOISSA.RD-

NOTES
LA POÉSIE

M. FRANCIS JAMMES AU TOMBEAU DE LA
FONTAINE 1 •
M. Francis Jammes n'aime guère La Fontaine. li ressemble
en cela à Lamartine. Toutefois, les raisons de M. Jammes sont
d'un ordre qu'il serait piquant de faire paraître : il s'agit d'une
ancienne querelle théologique. La Fontaine, qui rima la CaptiviU de Saint-Malo pour complaire aux Messieurs de Port-Royal,
était demeuré, parmi les égarements du siècle, janséniste à sa
manière. C'est-à-dire qu'il semble toujours considérer le mal
comme une chose fatale, les vices comme inhérents à la nature
humaine, et qu'il tient les passions pour charmes à quci force
nous est de céder et dont on ne saurait guérir autrui ni soimême. En dépit des préfaces où l'auteur plaide la cause de
l'apologue moral, la morale des fables est empirique et réaliste,
nettement dénuée d' « idéal ». La Fontaine ne nous offre d'autre
remède qu'une lanterne pour voir clair en son propre cœur et
dans celui du prochain. Je ne sais s'il est un bon éducateur du
parfait citoyen, mais je le crois parfait pou,r un futur monarque.
Aussi La Fontaine déplait-il, et doit-il déplaire à quiconque
fait de la réforme morale individuelle la condition d'une réforme des institutions politiques ; à quiconque prête une oreille
complaisante aux cris des membres révoltés contre l'estomac
au nom de la Justice, et généralement à tous astrologues &lt;( q_ui
bâiJlent aux chimères » et autres c&lt; sm1ffieurs » de baudruches
idéalistes.
1. Lt Tcm1bum de Jean de la Frmtaine, suivi de Poèmes 11us111ù, par
Francis Jammes (Mercure de France).

�LA NOUVELLl:: REVUE FRANÇAISE

Voilà qui lui fait beaucoup d'ennemis. Pourquoi faut-il
compter au nombre de ces derniers le poète de Jean de Noarrieu et du Deuil des Prim,:vères? Donc, au tombeau de Jean de La
Fontaine, M. Fraacis Jammes n'est pas venu muni seulement de
ses pipeaux aux frêles dissonnances. li s'est fait escorter, de gré
ou de force (plutôt de force) par l' Amateur des jardins, le Maître
d'Ecole, le Chêne, le Roseau, et par une trentaine d'animaux.
Quelques-uns y vont d'un petit compliment aigre-doux, cependant que le plus grand nombre exerce sur le fabuliste de!. représailles souvent maladroites, parfois obscures et toujours inoffensives. Leurs éloges manquent de conviction, leurs apostrophes d'énergie, et leurs épigrammes de pointe.
Le Cbameau par exemple s'exprime en ces t~rmei :
], 11e puis qut ~mer ai11si qiu l'éllpl1a11/ ;
La Jable 01i tu me mets en rien ne me nbausse.
De la Jaune de l'Oriml
Tii n'as pas, comme j'ai, la bosse l

Que ~oilà un plaisant grief! Mais écoutons ce sermon d'un
Soue édifiant :
Encore que j'y sois victime ,fa rmard,
Dans ta Jable du moi71s ne mis-je qu'une blte !
Ton bon sens 111'a laissé 111011 esprit campagnard :
Mieux 11a11t le fond d'un p11its, pum· ,m bouc, que la ftte
O,i l'immole Romarà.

Quelque irrévérencieux insinuerait que ce bouc-là est tombé
dans un puits d'eau bénite.
Le Lion est imprécis :
Il te faut de moindres sujets
Com111t11t aurais-ln su 1111 p,indre l
Passe encor I'ilèpba,1t, mais moi, lion, m'atteindre I
li n'ejf dans mon d&amp;ert 11i route.s, ni trajets, ..

Et le Geai poétique :
Tu m'as /ail nu parer du plu,nage des jltlons, ,
Je n'en avais que Jaire :
Sa c.oule11r 111étalliq11e est celle de.s serpt11ts
Q11i ram~11t sur la T,rre.
Ah J que n'as-tu ctmipris à quel poit1t je préf~re

NOT.BS

Cu goutte.s de l'az.ur
si belles
Q,,i perlent toujours sur
me.s ailes.

Peut-être ! Mais il nous fâche de voir l'auteur de ~Clara
d'Ellebeuse se parer ici des plumes d'Edmond Rostand.
Quant à l'Ane, il ne mérite pas d'accompagner en paradis l'auteur des Quatorze prières. Il commet des erreurs volontaires d'interprétation. Il feint de croire que o: otre ennemi, c'est notre
maître I J&gt; dit la même chose que ex Ni Dieu ci W.aître 1 ,. La
Fontaine anarchiste! li ce s'est pas fait faute, à toute occasion,
d'appuyer l'ordre et l'autorité, et Voltaire le lui a assez reproché. Qui ne se souvient de ces dures maximes :
0 w11s pasteurs d'humains el 11011 pas de brebis,
Rois q11i croyez. gag11er par raiso11 le.s esprits ...•
Serwz.-wus de ws rets ...

A la Yérité il a constaté l'instinct. de révolte et la haine de
l'autorité qui est en tout homme ; mais l'idée d'en faire un
précepte lui eût paru fort ridicule.
Aussi bien, l'àne a-t-il tort d'ajouter :

Je te charge, à mon ù,111·, de ces mots sans bluteur
Qui laissenl lrim paraitre
Que tu n'as pas de cœur:
Ils sont lo11rJs d porter, plw que Notr, Seigneur.

M. Francis Jammes prête là à son Ane un langage dénué de
modestie, et qui ne laisse pas d'étonner. La Fontaine n'a-t-il
pas répondu par avance :
011

ru

saur.iit sou.Drir u11 dtie fa11Jaro11
Ce 11'esl pas là leur caractère.

On ce savait pas non plus qu'il fût dans le caractère de la
grenouille, du chien, du moucheron, de joindre la mauvaise
foi à la méchanceté jusqu'à représenter La Fontaine, poète aussi
modeste qu'insouciant, sous les traits d'un homme de lettres
vaaiteux, aigri et jalou~ de la gloire de Louis XIV. Ce moucheron-là est uo vilain moustique, que je ne souhaite pas à
M. Francis Jammes de rencontrer, à Orthez, :iu bord du Gave.
Du moins le Chêne, reprochant au poète sa légèreté d'esprit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

et son égoïsme de célibataire trouve-t-il des accents dignes d'un

LITTÉRATURE GÉNÉRALE

arbre inspiré .
.. . Mais ClJine if Abraham autant q,~ Je Virtilt,
Je gardais dans mon sein,
en iletulant sur eux mon o&lt;nbre comme une ile,
et le nid et ressaim.

Il e6t été pénible d'entendre Philomèle mêler sa voix à ce
concert d'aigres rancunes offert à La Fontaine en guise de
messe commémorative. M. Francis Jammes a voulu nous
épargner cet ennui. Apollon l'en a récompensé :
Dans rallie 01i Diane a1t port jaroud1t et fier
De son arbre pare11 au flocon de la mer
Blanchit l'ombre indécise ..•
.. I'ifrbze le collier des perles de la brise.
Mais je ,ie Jais ula qu'avec timiditJ,
Car Jupin me chargea, le printemps et fété,
Lorsque la nuit endort tes chants, d 1A Fo11tai11e,
De les continuer sous la lune sereine I

Ces vers sont jolis, mais leur genre d'agrément n'est pas
celui qui appartenait en propre à M. Francis Jammes. La gracieuse gaucherie qui faisait le charme de sa muse irrégulière le
cède à des beautés plus froides, mais non plus classiques. D'où
l'on peut déduire ceci : que le vers libre fut souvent un moyen
bien commode pour atteindre le sublime ou la naïveté.
La Fontaine touché par la grke eüt changé de sujets, non de
style poétique. Il fallut sa mort pour que l'on s'avisât du cilice
qu'il portait sous ses vêtements.
Si l'on veut visiter en esprit son monument, que ce soit plutôt
avec Diderot, qui eüt voulu se rendre, une fois l'an, « dans un
lieu toujours sacré pour les poètes et les gens d'esprit :o. Et il
ajoutait : « Ce jour-là, je déchirerai une fable de La Motte, un
conte de Vergier et quelques-unes des meilleures pages de Grécourt. :o
Revenant parmi nous, Diderot pourrait allonger la liste
des victimes expiatoires. Mais je ne risquerai pas, moi chétif,
un geste odieux à notre siècle indulgent où la confraternité
demeure pour les gens de lettres, la seule vertu profitable.
ROGER ALLARD

D'UN SIÈCLE A L'AUTRE, par Georges Valois (Nouvelle Librairie Nationale).
M. Georges Valois a donné pour sous-titre à son livre :
Chronique d'une génération (1885 • 1920). On pourrait être
tenté de voir là une généralisation arbitraire, et de ramener
cette chronique à la chronique d'un esprit. A propos des
Générations Sociales de M. Mentré, je faisais observer ici que
beaucoup de tendances contradictoires - toutes les tendances
humaines en somme - sont représentées dans une génération.
Et pourtant, réflexion faite, M. Valois, et ceux qui ont donné à
leurs mémoires un titre analogue, ont raison. Ils ont parfaitement le droit d'assimiler, en . gros, leur courbe propre à la
courbe de leur génération, voici pourquoi : l'état d'esprit qu'ils
analysent et dont ils développent l'évolution est celui de tous
ceux qui prétendent penser et parler au nom de le9r génération,
qui sont hantés par cette idée de génération, qui s'efforcent de
représenter le plus grand nombre de leurs compagnons
d'âge et d'en accoucher la pensée. La culture désintéressée de
l'intelligence, le dilettantisme, la foi' en la démocratie, ne
manquent pas aujourd'hui d'amis ; mais ces amis se sentent
isolés, ils éprouvent la peine - ou la volupté - de penser
contre un courant, il ne leur viendrait jamais à l'idée de
présenter leur esprit comme celui d'une génération, alors
que ceux qui en 1880 pensaient comme eux se voyaient
portés par leur génération au même titre que les positifs et
les constructeurs d'aujourd'hui. Pour tenir les deux bouts de
la chaîne, il faudrait d'ailleurs songer au diagnostic si différent
que donne M. Benda dans son Belphégor. Mais le belphégorisme est un peu imaginé ou du. moins codifié par M. Benda,
qui a besoin d'un ennemi à combattre. Nous ne connaissons
pas de porte-parole autorisé d'une génération belphégorienne.
Et si Belphégor existe, il se dissimule avec quelque mauvaise
conscience.
M. Valois marque au contraire avec une franche conviction
et une allègre fierté le pas d'une génération qu'il voit, en ce
qu'elle a eu de mauvais et en ce qu'elle a de bon, pareille à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

lui. Comme la plupart des nationalistes qui ont dépassé la
quarantaine, il a commencé par l'anarchie, et il s'est trouvé
plus tard encadré dans une jeunesse qui ne commençait pas
par l'anarchie. 11 attribue une grande importance à l'affaire
Dreyfus, qui fut en effet à la France ce que la guerre de 19r4
a été au monde : une coupure décisive. Mais cc que je prHère
dans son livre ce sont les expériences personnelles, originales,
qui ne se confondent pas avec celles de ses contemporains.
Il fait admirablement comprendre comment un séjour en
Russie a pu ramener aWl idées d'ordre et de constructien
l'anarchiste qu'il était : ces pages me paraissent même les plus
fortes et les plus convaincantes de son livre. Ce qui ne manq_ue
pas de singularité, c'est de le voir conduit à la foi chrétienne
par le livre de M. Quinton, au grand étonnement de celui-ci
qui avait trouvé un disciple si peu chrétien en Rémy de Gourmont. L'e"iplicatiou qu'en donne M. Valois est d'ailleurs fort
intéressante. Enfin et surtout la vraie nleur personnelle de
cette évolution consiste en ceci qu'elle a produit une philosophie du travail Yenue du travail lui-m~me. M. Valois nous
dit qu'il a rêvé d'une vie d'études et qu'il a été contraint à une
vie active. Anarchiste tant qu'il a subi cette contrainte, il est
devenu homme d'ordre quand la réflexion sur son travail lui
a permis de mettre spontanément dans sa pensée l'ordre qu'il
mettait nécessair~ment dans son travail. C'est là une ligne
de Yie logique, humaine et saine qu'on a plaisir à regarder.
Anarchie et traditionalisme sont deux coups de poing, l'un
à droite, l'autre à gauche, sur un ennemi toujours détesté qui
'appelle le libéralisme. o: Dans aucun pays, dit M. Valois, un
libéral ne peut passer pour un homme bien intelligent. • Pourquoi pas? Je conviens qu'un pays où il n'y aurait que des libéraux
serait un pays bien mou et bien fade. Mais les vrais libéraux,
en petit nombre, qui vivent et pensent dans un pays, en assainissent l'atmosphère, la rendent respirable et douce, la défendent contre les dogmatismes, c'est à dire contre les excès de
l'orgueil humain. Montaigne, qui est le type du libéral le
direz-vous peu intelligent ?
ALB,ERT THIBAUDET

NOTES

49 1
LE ROMAN

ÉTAT-CML, par Pierre Drim la Rochelle (Editions
ouvefie Revue Française).
Il semble que les souvenirs de jeunesse jouissent aujourd'hui

de la

d'une vogue nouvelle. Naguère encore, on les tenait un peu à
l'écart. On se méfiait d'une naturelle idéalisation. Le pass~ servait trop souvent de justification du présent. Nous savons tous
que nous eûmes du génie à huit ans.
L'étude de l'enfance réserve des découvertes psychologiques
trop riches pour être longtemps négligée. La spontanéité, la
vigueur de l'instinct, qui sont le propre de cet âge, aident à la
science de l'âme humaine autant que le font d'un autre côté les
anomalies, les névroses, certains phénomènes de rêve ou de
subconscience vers quoi tendent en ce moment les t'echerèhes
des savants et des psychologues. Si le but de l'art doit être de
chercher, sous l'illogisme et la complexité des faits mentaux,
uue logique supérieure, et comme un rythme - nous trouverons un terrain dans cette vie volontiers incohérente, heurtée,
toute de cris de joie, de larmes et de rêves qui est celle de
l'enfant.
Cependant, tandis que les autobiographies comme celle
d'A. France, comme Si le grain 11e 111ellrt, ou k Premier de la
classe sont écrites pour la propre satisfaction de l'auteur, et, à
chaque page, artistement œuvrées et caressées, l'État-Civil de
Pierre Drieu la Rochelle tend à une signification plus grande. Il
pose une question, introduit un conflit d'idées. Ces souvenirs
d'enfance ont une portée sociale.
On a dit de ce livr~ qu'il était le témoignaged'unegénération.
Ce qui est vrai dans les limites où le sont d'aussi précises affirmations. Le journal d' Amie! ne forme pas un pléonasme vis-à-vis
de !'Enfant d11Sikle. Ne pensez pas que je veuille aussi citer
Lemercier.
Cette génération, dont Etat-Civil est l'expression, semble
d'abord se caractériser nettement. C'est la génération du sport,
plus exactement de ceux qui, sans s'être adonnés au sport en
leur jeunesse, lui dédièrent, depuis, leurs regrets et leur
enthousiasme. Entendons par sport : la volonté, l'air libre,

�49 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l1anarchie de plein gré disciplinée. Telle est-elle aujourd'hui.
Mais son enfance ?
Parce que certains rêves, cris ou sexualités sont inhérents à
la nature humaine et qu'une éternelle fatalité en règle le cours
et la -répétition, l'enfant d'État-Civil et celui du livre de Rousseau
apparaissent, sur tous les points essentiels, les mêmes. Des
nuances, je le concède. Outre la coupe des vêtements - le
coefficient personnel, la plus ou moins rêveuse sentimentalité,
la différence de classe, de siècle et de mode de locomotion.
Mais le véritable caractère est identique.
« J'ai écrit ce livre pour me débarrasser de mon enfa11ce. Je la
hais. La renie. » Voilà qui laisse quelque doute sur la sincérité
.de cette génération. C'est donc une sincérité acquise, puisque
ceux qui s'en glorifient ne le peuvent qu'en se reniant euxmêmes. Elle s'oppose à l'enfance, qui est instinct et vérité. Je
crains qu'elle soit surtout une attitude. Je la souhaiterais profonde et durable, car si étrangers que puissent me paraître ces
jeux splendides sur des terres nues, je ne laisse d'en être séduit
- comme d'un animal vigoureux. Ce serait une fort curieuse
expérience. Une régénération, si l'on veut (bien qu'une telle
phase implique la mort d'uo précédent état). Mais je ne puis
m'abstenir de penser que, de tous temps, des jeunes gens ont
méprisé, au nom d'un certain modernisme, l'époque écoulée.
Et qu'une belle idée est plus riche en émotions et en consé&lt;)Uences qu'un ballon ovoïde de rugby - peut-être. C'est fort
estimable de dédaigner l'art comme il est actuellement de coutume. Encore en faudrait-il admettre un minimum. Cela sert
~i'ailleurs tant à vivre.
Je confesse un certain parti-pris au cours de cette page. j'ai
peur de m'être montré injuste à l'égard de M. Drieu la Rochelle,
dont le livre mérite toute sympathie. Il serait faux de nier que
l'enfant d'Etat-Civil ait avec le panégyriste du sport de multiples
.affinités. 11 diffère de Sébastien Roch. Ses rêves s'enchantent
particulièrement des épopées impériales. Au collège un besoin
.de domination lui assure la suprématie sur ses camarades. Assez
peu tourmenté par l'inquiétude de Dieu, il est volontiers hardi.
Pas encore de la volonté, mais de fréquentes impulsions. Un
&lt;:ertain manque de tendresse attentive à son berceau l'aguerrit.
li connaît à peine sa maison natale, ne s'enchaîne pas aux lieux.

NOTES

49&gt;

Nul agenouillement prématuré devant un cadavre jeune et
connu ne l'a replié sur lui-même. Il n'est timide que dans la
mesure où le sont d'ordinaire les enfants. Il ignore à peu près
les hontes, les subtilités, les atroces pudeurs - où d'autres
jeunesses se sont complues.
Le voici en Angleterre, où des jeunes filles et de jeunes
hommes ont des gestes harmonieux et sains. Cet adolescent,
poreux à toutes sensations, s'émeut de vivre. Déjà à trois ans :
« Le cuir sent bon. J'y écrase mon nez. Encore cette fraîcheur.»L'impression présente seule compte : a Il n'est que ce soleil qui
s'~chauffe en moi à cette heure. Je suis l'astre solitaire qui ilJu.
mine le monde. » Quoi d'étonnant, quelques lectures aidant
qu'il renie son bref passé, ses précédentes émotions et ne soi~
plus qu'un corps avide de liberté. Toutes réserves, encore une
fois, sur les conséquences et l'enracinement de ce nouvel état
d'âme.
Un des soucis principaux de la critique doit être de situer
!'écrivain dans son époque et de l'y rattacher par sa ressemblance ou son éloignement. De son propre témoignage, Drieu
la Rochelle finit une époque et marque le commencement d'uneautre. li n'est de l'une ni de l'autre - de toutes deux pourtant~
Aussi m'apparait-il si attrayant.
Deux influences ont marqué notre âge. Je croyais l'une un
peu effacée. Pourtant M. Barrès semble avoir donné, janséniste
porte-parole de Nietzsche, plus d'une directive à Drieu la
Rochelle. fïat-Civil n'est pas si loin qu'on pourrait le penser de
l'Homme Libre, ne serait-ce que par un mtme culte de la volonté,
une intelligence aiguë qui ne supprime pas la sensibilité, aussi
un certain réalisme romantique.
Mais cette invitation à la liberté, au grand air, voire à l'anar-·
chie, nous l'avions entendue. E!Je est dans les Nourritures
et dans tout Gide. Cette adoration même de la forme corporelle n'est-elle pas exaltée dan!. !'Immoraliste. Mais où Gide
ne voit sans doute qu'un caprice, Drieu la Rochelle se fixe
un but .
Deux sortes de disciples de Gide peuvent être constatés. Chez
les uns, il a surtout insinué un gotît passionné pour certaines
amoralités, certaines expériences psychologiques, d'une pratique
dangereuse et fort charmante. Lafcadio a maintenant appris.

�494

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'autres manières plus nuancées que par le passé de tuer un
homme ou de commettre un acte gratuit.
P-0ur Drieu la Rochelle cette influence s'est corrigée par celle
de Barrès et aboutit~ ce paradoxe : une anarchie disciplinée. Au
reste, par influence, si le mot irrite queJqu'un, je n'entendrai
que certaines id~es dont un écrivain est pris pour représentant.
Tel est ce témoignage d'une génération. Un appétit de vivre,
le gotlt de la liberté, de l'orgueil, de la volonté, le rejet des
traditions et des ancitres :
. ., Je ne regrelle den
Et j'appelle les dtmo/isseurs ;
Foutez. 11un1 t11jn11ce par tene,
Ma famille et mes habitudes ...
Je me suis fait un nom nouveau
Visible comme une affiche bleue
Et rouge, montée sur un uhafaudage,
Derrière quoi on édifie
DeHrouwautb, dts lendemains.

Ainsi s'écriait dtjà Blaise Cendrars. Cela suffi.ra-t-il pour assurer la beauté d'wre époque. On peut douter ,que ces jeunes
gens en clairs chandails soient plus vivants et moins romantiques
qne leurs aïnés. I:idée de Dieu ne soll-icite plus leur angoisse.
Une curiosité de bon aloi les tient, que l'on oe saurait appeler
inquiétude. Vraiment, UD peu trop sains. Et en sais peut-étre
de plus jeunes.
Drieu la Rochelle vaut mieux que fa. génération qu'il peint.
Si libre apparaisse-t-il dans ses page \SUr la notion .de patrie, ce
n'en est pas moins l'esprit qu'on a accoutumé .d'appeler français,
c'est-à-dire à fa fois intelligent et sensible. Son caractère principal : une sensibilité énergique. 11 note : o: Je croîs que je ne
me suis connu de profil et de dos que vers vingt ans. J)
Une forme saine s'apparie à merveille à l'i.déc. Elle ne répugne
pas quelquefois à une certaine trivialité : « A la campagne oà
elle passait le plus de temps possible elle marchait comme un
bataillon de chasseurs à l'entraînement, en .aspirant avec de
grands effons &gt;. Elle est précise et forte : « Il faut qu'un artisan,
rassemblant diver.ses pièces .de bois, conçoive la figure particulière, unique du meuble, comme un homme pressant une

r

MOTES

49S

femme envisage l'être déterminé de celui qui va venir, et sa
pensée va frapper dans les limbes une ~me singulière. &gt; La
phrase est volontiers brève ; l'image introduite pour l'explication de l'idée, non pour elle-même. Un certain lyrisme l'anime
presque toujours.
Je ne sais si la génération qu'exalte EtaJ-Ci:vil - elle a
trente ans aujourd'hui - satisfera aux: espoirs de son panégyriste. Une autre génération vient, qui la trouvera ~urannée.
Plus qu'en elle, j'ai confiance en Drieu la Rochelle. C'est un
écrivain original et vigoureux. Il rapporte un trait de sadisme
singulièrement piquant : le supplice d'une poule par un enfant.
Puisqu'il a compris l'importance de ce trait, et même si son
énergie s'est maintenant tournée vers un autre côté, on peut
attendre de lui des expériences et des cris bien curieux.
MARCEI. ARLAND

*

* *

LE BAISER AU LÉPREUX, par François Mauriac
(« Les Gibiers verts.», Grasset).
Le talent de M. Mauriac, un peu fumeux et trouble, apparait
dans cette nouvelle que publient les Cabius Verts, décanté et
discipliné, sans avoir rien perdu de ses richesses. Le poète que
fut M. Mauriac à vingt ans n'est point mort, mais il ne se mêle
plus d'influencer le prosateur qu'il est devenu. Quand on dit
d'un roman: rom:in de poète et qu'on a raison de le dire, ce
roman est mauvais. L'art du conteur est antagoniste de l'art du
poète.
Dans le Baiser au Lépreux, M. Mauriac s'est délibérément
voulu conteur. Cette histoire d'un jeune homme laid, malingre,
impuissant, mais riche qu'accepte pour mari une jéune fille
belle, pleine de santé et de vigueur, mais pauvre, a le profil d'un
conte de Maupassant. Dans le détail, le dénouement excepté c'est le sujet m~me de Tbérese RO(JUin. Chez Zola la mère
infirme, chez Mauriac, le père malade et maniaque ; chez tous
les deux, le fils gringalet et la belle fille robuste ; chez tous les
deux, l'autre., sanguin et brutal. Mais tandis que chez Zola,
c'étaient les plus bas instincts de la nature humaine qui triomphaient, conduisant Thérèse et son amant au crime; chez Mauriac, ce sont les plus hauts sentiments qui 'triomphent. Non seu-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

lcmcnt l'héroïne résiste à la tentation de tromper son mari
mais encore elle finit par se rendre compte de la noblesse d'âme
de ce pau ,•re être disgracié ; et si elle reste à jamais physiquement
incapable d dominer le refus de son corps, elle lui accorde toute
sa tendresse et même tout son amour spirituel ; et après sa mort
demeure une veuve inconsolée. on seulement Jean Péloueyre
n'en veut pas à sa femme de ne pouvoir s'abandonner à lui, mais
encore il se laisse mourir pour lui rendre sa liberté.
Cette hauteur morale où s'élève par degrés un récit qui, à son
début, baigne dans la plus irrémédiable médiocrité provinciale,
les héros de M. François Mauriac y atteignent naturellement
parce qu'ils sont catholiques ~e trad~tion et d'édu~atio~ et qu'ils
obéissent en définitive à la loi chrétienne de résignation et de
sacrifice, malgré tous les assauts de l'esprit du mal. Leur catholicisme foncier les arrête au seuil de la faute, après qu'ils sesont
abandonnés aux délices de la tentation. Dostoiewski, lui,
n'arrêtait même pas ses personnages au seuil de la faute et les
menait jusqu'au cœur du remords.
Ce n'est point par hasard que M. François Mauriac, dans ~a
meilleure œuvre qu'il ait écrite jusqu'ici, se rattache à la tradition naturaliste. Tout romancier catholique digne de ce nom
doit sacrifier au naturalisme, car il doit peindre le péché. C'est
cc que ne comprennent pas en général les « con;7e~ lD qui _se
croient obligés à des peintures chastes ou à de I bag10graph1e.
Mais M. Mauriac n'est pas un converti, c'est un catholique de
toujours qui ne cr.tint pas d'aborder des sujets scabreux. Un
libre-penseur peut avoir foi dans u~e humanité. vertue~se et
régénérée et ne peindre qu'cll~,. mais un. catbohque sait q~e
l'enfer existe et que la tache ongmcllc est meffaçable. Un _écrivain catholique ne doit pas craindre de ~araitre pomogr~ph1que,
car il sait bien qu'il ne l'est pas gratmtement et aussi que sa
mission n'est point de prêcher la vertu, mais de peindre la des•
tinée des hommes, telle que Dieu l'a voulue, balancée entre la
faute de notre premier père et le rachat du Sauveur mort sur la
croix.
. , 1
Un des plus grands romanciers catholi~ues.' Manzoni n a:t·I
pas, dans ses Fiancés, peint un prêtre pus1lla01me et un temblc
pécheur soudain conve~i? Et Dante·:·
.
.
Si la place m'était moms mesurée, 1e ch1canera1s longuement

NOTES

497

M. Mauriac sur certaines articulations psychologiques de son
récit (sur les motifs de la décision du père ; sur l'effet produit
parla phrase de ietzschc, etc ... ) Mais il me reste juste assez
d'espace pour le louer de son évocation de la forêt de pins girondine f't landaise, sous le soleil et sous la pluie, traversée de vols
de palombes.
BENJ/ùllN CRÊMIBUX

,.

.

AMAZONES, par Eugène Marsan (Les Amis d'Édouard).
Depuis une dizaine d'années les lecteurs du Divan et de plusieurs autres de ces petites revues - qui souvent plus que les
grandes sont l'asile de la littérature - rencontraient des feuillets, détachés parfois du carnet d'un certain Sandricourt, mais
portant tous la signature d'Eugène Marsan : naguère on en vit
ici des extraits. Ce sont quelques-uns de ces feuillets que sous
le titre d'Amatm~ Marsan réunit aujourd'hui en une plaquette
de moins de cinquante pages.
« Il y a dans le soin de placer les mots, quelque léger qu'il
soit, une diversion qui trompe doucement les ennuis •. ,, Je ne
serais pas surpris que cet aveu de Maurice de Guérin rendit
souvt:nt compte du sentiment qui se trouve à l'origine d'un
recueil tel qu'Amatones, et qu'indirectement il en éclairât le
charme. Di..-ersion, - fuite dans l'attrait qui prévaut à tel point
qu'il semble que ce soit à lui seul que l'auteur veuille devoir
notre estime ; diversion qui donne à l'attitude la vaillance élégante d'un Fontenoy de l'esprit, - maiscelui qui mène le combat ne s'en fait jamais accroire ; par où il assure la partie. I mpossiblç d'être plus délibéré que Marsan : tandis qu'on le lit on
guette son refroidissement et le n6tre ; mais non, il esquiYe
toute sécheresse. Là surtout réside sa grke particulière.
Pour jamais ne se disjoindre du plaisir, le soin que Marsan
apporte à son tracé n'en est que plus minutieux : la légèreté ici
est toute dans le résultat. Les trois terres cuites de femmes ma prédilection va à Léone ou la Philosophe - s'offusqueraient
de tout autre commentaire que la phrase de Hamilton sur Gramont : « Il faisait bon l'écouter quand il faisait quelque récit ;
mais il ne faisait pas bon se trouver en son chemin par la conr. Lettre de Maurice de Guérin i Barbey d'Aurevilly, 3 février 1838.

32

�LA ~OUVELLE REVUE FRAWÇAlSE

currence ou le ridicule. » Peut-!tre cependant l'attrait est-il
encore plus vif dans ces Passantes telles que les a saisies le
Carnet d'un fat : vingt lignes suffisent à Marsan pour obtenir l'équivalent à la date d'aujourd'hui des séduisantes pages
d'almanachs de modes où survit la fraicheur désinvolte d'un
Ancien Régime finissant ou de quelque Directoire d'une nudité
encore délicate. Son art excelle à montrer u la petite femme »,
- avec une tendresse légèrement amusée, qui se brô.le un peu,
qui émeut parce qu'on sent que la convoitise l'emplirait aussitôt
d'un feu grave: il semble que de s'y abandonner conduirait ici
tout droit à l'amour. A tout ce qui est fortuit : une rencontre,
l'indice, le trouble le plus fugitif, Amazones sait prêter une
valeur esthétique. Je songe à )a Silencieuse, ravissant ornement
au bas &lt;lu sonnet de Baudelaire : " A une Passante » ; - à la
jeune fille qui représentant la fée dans le Baiser de Banville avait
à contrefaire la vieille : « Elle ne parvenait pas à altérer, dans
son capuchon, le cristal de sa jeune voit. Et tant d'inexpérience
commençait à gêner, lorsque, recevant le prodigieux baiser de
Pierrot, elle rejette le vexant simulacre et paraît, bloode, de
blanc vêtue, diamantine, pareille à un bouton de rose enveloppé
d'argent souple. Elle tenait un peu penchée la tête sur l'épaule
droite, avec un air de défi, d'attente et d'enivrement. » Je songe
aussi à l'imparfait du Subjo11ctif:
« L'un de mes amis avait une maitresse adorable. On l'appelait Tio.
« Elle avait observé qu'il y a des subjonctifs de plusieurs
sortes, ên asse, en usse, en isse, qu'il n'y en avait point en osse.
Et elle disait : « Je voudrais que tu me chan tosses ... »
« Ainsi elle nous moquait tous parce que nous étions un peu
pédants, sans nous en apercevoir, ou pour faire pièce à nos
contemporains. l)u reste, elle nous aimait bien.
« Comme elle parlait d'un air aérien ( et elle était danseuse à
}'Opéra) l'on pensait que l'on aurai:t beaucoup donné, higres,
s'il revenait, pour peindre son cou renversé, et nous pour mettre
un baiser sw l'agréable houche dans le moment qu'elle pronon~
çait cet o charmant. « Os, oris, la bouche ... D'où: adorer. »
Le tour, qualité française, - Ôui certes, mais d'un emploi
combien dangereux : quel ennui mortel ne dégage pas à cet
~gard la moindre trace d'affectation ! Un ton à la cavalière -

NOTES

499

qui s'accompagne parfois si comiquement d'un certain air pénétré - ne rend ceux qui l'adoptent « bien français » qu'à leurs
propres yeux : soulwtons qu'il leur soit épargné qu'on les
détrompe. Mais les autres au contraire, dans l'œuvre desquels
s'atteste cette réviviscence du tour authentique, prenons plaisir
à les saluer. Marsan lui-même vient de s'acquitter de ce soin
pour Jean Pellerin de qui le dernier numéro du Divan commémore dignement le souvenir,-uosouvenir que garde avec une
non moindre fidélité Roger Allard qui jusque dans la critique
sait, ainsi que Jean Paulhan, introduire ce tour avec bonheur.
Tous sans doute demeureraient d'accord de la part qu'il fa.ut
attribuer dans ce renouveau à l'usage non pareil que fit de la
langue le secret et sucastique magicien : P .-J. Toulet.
CHA.lU.ES OU !!OS

TERRE DU OEL, par C. F. Ramuz. (Crès).
Encore un roman légendaire. La formule en est différente de
celles de Romains (Mor/ de Quelqu'un), de Duhamel (Les
Hommes abandomies), d'Alexandre Arnoux (Indice JJ), mais en
aussi nette réaction contre l'historicisme naturaliste.
C'est même beaucoup plus une légende qu'un roman. On
peut imaginer contée par Roumanille dans quel vieil Armanà
ProU1.Jençau cette légende des élus d'un même village qui, après
le jugement dernier, se retrouvent rassemblés en un Paradis
tout semblable à leur pays natal, dans des maisons ( celles-là
même qu'ils habitaient de leur vivant et où tout est comme
autrefois 11 mais en plus joli, en plus neuf et comme repeint »)
et qui bientôt lassés de leur bonheur s'aventurent dans une
gorge, où séjournent les réprouvés, snnt poursuivis et menacés
dans leur sécurité par les damnés grimaçants, mais sont préservés par l'ordre de Dieu qui, après avoir désigné les bienheureux,
ne les destitue plus. Désormais ils savoureront leur éternité sans
regrets ni curiosités dans la e: Terre du Ciel n.
On serait curieux de savoir si Ramuz a emprunté cette légende
au folk-lore savoyard ou vaudois, ou s'il l'a créée de toutes
pièces. Quoi qu'il en soit on pense bien qu'il l'a traitée avec une
ampleur à laquelle n'eùt pas atteint le bon Roumanille.
Souvent, da-ns ses œuvres précédentes, on sentait chez Ramuz

�500

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

SOI

un effort pour se guinder, pour a: faire grand », mais ici, du
moins dans la première partie, il y a une noblesse et une grandeur naturelles, une richesse en oxygène pur qui réjouit et
élève l'âme. Les cent vingt-cinq premières pages où tous ces
paysans s'abandonnent isolément et de concert à leur bonheur
sont de premier ordre. Et que l'on songeà la difficulté qu'il y a
à évoquer un bonheur immobile et à le propager dans l'âme du
lecteur. L'histoire des réprouvés est contée avec moins de simplicité et à l'aide des procédés ordinaires aux récits de terreur.
Ce n'est point par hasard que le nom de Roumanille est venu
sous ma plume. Ramuz est un félibre suisse. li traite le français
comme un dialecte, mêlant l'archaïsme, le provincialisme et
l'incorrection savoureuse. Quand il fait penser à Claudel ou à
Péguy, il est moins aimable. M,lis quand il est lui-même, il
donne une note rustique et noble qu'on ne trouve nulle part
ailleurs dans la littérature française d'aujourd'hui.

De ces trois contes, le Revenant des Cappucini me parait être le
plus attachant et le mieux réussi. C'est là que se retrouvent le
naturel dans le style et l'invention, la nonchalance, l'émotion
contenue, qui ont fait le succès des Noces Folles, et aussi de
quelques impressions de route comm'! De Messine à Cadix.
Eugène Montfort ne connaît pas l'artifice : il doit tout à la juste
mesure de son instinct ; comme on disait autrefois des gentilshommes : il est né.
Le titre de Brelan Marin s'explique du fait que ces contes ont
pour cadres Palerme, Barcelone et Guernesey. Je me permettrai
de faire remarquer au voyageur que good bye signifie au revoir,
et non bonjour ...

BENJAMIN CRÉMIEUX

Les Indépendants ont eu mauvaise presse, cette année, et,
pour une fois, la Presse eut raison. Cette 33e exposition laisse
le visiteur inquiet, incapa hie de dresser « le dernier état de la
peinture » comme on disait en ces temps d'agréable curiosité
qui précédèrent 1914. Le nouveau mode de placement par ordre
alphabétique institué cette année, s'il permet, par un égrènement sy5tématique des œuvres marquantes, de donner quelque
intérêt à la plupart des salles, enlève au promeneur nerveux et
harassé, le loisir de comparer entre elles les œuvres de même
tendance, et surtout celui de les dénombrer. Certains ont prétendu que c'est justement dans le but de diviser les efforts de
jeunes, jugés turbulents, que cette nouvelle répartition des toiles
fut décidée. C'est pousser un peu loin la malice. Mais on peut
dire que, défendre aux artistes associés dans la méditation de le
demeurer dans la « bataille » est, de la part du Comité des
Indépendants, porter paradoxalement atteinte au principe de
liberté sur lequel repose la Société qu'il dirige.
C'est grâce à la dispersion des œuvres qu'a pu s'accréditer,
entr'autres légendes, celle du « cubisme agonisant ». J'ai mon
idée sur l'avenir de ce mouvement, et, si j'avais eu le loisir de
répondre à l'enquête à laquelle se livre la Revue de l'Epoque,
au sujet de s~ disparition possible, j'aurais affirmé que, loin
d'être mort, le cubisme n'a pas encore fini de naître. Les œuvrcs

•••

BRELAN MARIN, par Eugène Montfort (Bibliothèque
des Marges).
Ce charmant petit livre, le premier de la Bibliotheque des
Marges, contient trois nouvelles : Le Revenant des Cappllcini, la
Soirée Perdue et Mon Ami de Guernesey. Je ne sais si l'auteur se
connaît à ce point lui-même et s'il l'a fait exprès, mais il y a 1~
les trois formes d'esprit que les amis d'Eugène Montfort lui
découvrent, quand, après un long commerce, ils ont pénétré
cet homme distrait et volontiers distant. Le Revenant des Cappucini révèle un poète imaginatif et sensible, effrayé des fantômes
qu'il enfante, et qui n'est pas sans parenté avec Gérard de
Nerval. La Soirée Perdue est d'un dillettante à la curiosi1é insatiable, qui fait de l'amour la chose la plus importante de sa vie,
et trouve dans l'aventure la plus banale une source de plaisirs
aussi voluptueux qu'intellcctuels. Mon Ami de Guernesey. enfin,
est d'un humoriste indulgent; j'ajouterai, àce propos, qu'Eugène
Montfort, qui a du trait et des convictions esthétiques, aurai_t pu
devenir un pamphlétaire de ta littérature si le sens du comique
ne le détachait presque aussitôt de ce qui commence par
l'irriter.

FERNAND FLEURET

LES ARTS

LE SALON DES I DÉPENDANTS.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de Metzinger et de Hayden, pleines d'une douceur et d'une
fantaisie inattendues, montrent ce qu'une discipline débarrassée de quelques formules extro-picturales, promet de réaliser.
Quel que soit d'ailleurs le jugement que l'on porte sur cet art, ,
on est obligé d'avouer qu'on n'en compta jamais autant de
manifestations sur les murs du Grand Palais. Mais le plus étonnant, c'est qu'ro reoours de ce qu'on pourrait imaginer - et je
m'empresse d'ajouter : désirer - ce n'est pas la tendance réaliste qui l'emporta, ctlte année, mais celle qui, employant des
matériaux « purs •• se borne à tracer sur la toile des arabesques
décoratives, et à deux dimensions, rigoureusement. Uger et
Gleizes sont les chefs de cette école. Pour demeurer dans les
limites de l'observation objective, je dois ajouter qu'une tendance absolument opposée fait également des adeptes dont le
nombre grossit de jour en jour. 11 s'agit du naturalisme, dont
Dufresne et D. de Segonzac sont les animateurs évidents. Les
derniers artistes de talent qui se rallient à cette austère école,
dont la technique est à ba e de matière sourde, aux modulations
réduite , sont Sabbagh et Favory.
Entre ces tendances antagonistes, qui se nient et se méprisent
copieusement, il faut ranger le mouvement que je me permettrai d'appeler le cubisme analytique, dont les représentants
actuels, à peu près isolés dans la foule des peintres contemporains, sont : Maria Blanchard, Bissière, Simon Lévy, Gemez,
Latapie et MU• Heudebert. Cette tendance, qui n'est pas une
école, tend à hausser les éléments tirés de l'observation sensible
jusqu'il ce niveau supérieur où se confondent les formes matérielles et les formes pures.
On ne voit pas très bien par quel fil une certaine critique
voudrait relier ces dera ières tentativts à ce renouveau académique
qui, sous le vocable de néo-class1cisme, poursuit le but, haissable
entre tous, de « refaire du Musée ,i en modernisant les œuvres
de Giotto, de Botticelli et de Ingres. Une peinture basée sur la
copie d'œuvres anciennes n'a rien à oir avec no art qui cherche
ses éléments primordiaux dans une sensation de nature. Je verrais plutôt les sources de ce néo-académisme ( de plus en plus
florissant, il faut l'avouer) dans une faus e compréhension de
l'art de Derain - qui n'en est pas responsable. Derain, s'il confessa souvent son go!lt pour les œuvres anciennes, n'en étudia

NO'rES

pas moins les formes vivantes, ainsi que le montrent ses nombreux portraits suffisamment individualisés. 11 me reste /t signaler, à part, la tendance puriste, dont Ozenfant et Jaoneret recberc~e~t les éléments régulateurs; des artistes comme Lotiron,
~,sl_m~, Desgarets dont l'aimable caprice refuse dese plier à uae
d1sc1plme collective et, enfin, les quelques probes artisans, de
tout_le monde.connus, qui tirent de l'impressionnisme ou du
fauvisme assagi des effets toujours agréables.
ANDRE LHOTE

LETTRES ÉTRANGÈRES
LETTRE D'ALLEMAG E.
Jamais peut-étre l'Allemagne n'avait produit autant de biogra~hie~ qu'e~ ce mo~ent., Le lecteur veut savoir à qui il .a
affacre, li déme connanre 1homme, avant de pouvoir croire à
l'artiste ou au penseur. La pensée a perdu son anonymat, et
l'œuvre d'art ne saurait se suffire à elle-même. Cela tient évidemment aux circonstances. Des idées, nous en avons assez,
semblent dire les contemporains ; ce que nous cherchons, cc
~~nt des ho~mes, ~u ~lus exac~ement l'homme nouveau. Il y a
1c1 u? certam m_ess1anisme, qui méle à toutes les aspirations, je
ne sais quelle foi naïve, quelle attente impatiente de cet homme
à venir.
Toutefois le besoin d'humaniser pour ainsi dire J'œuvre
d'art, ne date pas d'aujourd'hui. Déjà bien avant la auerre il
s'.ét~t développé en Allemagne une sorte de pragmatisme,' un
vitalisme spirituel, qui concevait les idées comme des mo\'ens
dont l'individu se sert pour organiser sa vie, assimilant ·telle
impression, rejetant telle autre et affirmant à travers tout sa
volonté d'être lui-même. Pour pom·oir apprécier une idée, il
faut la rendre à l'individu ; tandis que les idées changent et
s'entre-détruisent, il reste la seule réalité profonde.
:'"ussi l1e ~iograpbe devint-il un personnage fort important,
puisque c était en somme lui qui retrouvait derrière l'idée, la
pensée, derrière l'œuvre d'art, la vision, et restituait à la vie ce
qui de droit lui appartenait. Refaisant en sens inverse ce que le
penseur et l'artiste avaient frut avant lui, il ressuscitait les idées
et les visions les rendant à leur destinée première.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

On me dira peut-être que pourvu que les biographies soient
bonnes, il n'y a qu'à laisser faire les biographes. Pourtant je ne
suis pas rassuré, et j'ai quelque appréhension au sujet des biographes et de leur art. Répondez-moi : faut-il donc que tout le
monde trouve son biographe? Non, direz-vous, car vous voulez.
certainement qu'il n'y ait que les gens éminents de qui l'on nous
raconte la vie. Votre réponse toutefois ne me satisfait pas. Ne
trouvez-vous pas comme moi qu'il faille encore que l'individu
dont on veut nous présenter la biographie, quels que soient
d'ailleurs ses mérites, ait eu du tout une vie, ou autrement dit
qu'il ait vécu sa vie. Or, est-il bien s'Ûr que ce soit le cas de
chacun?
Je me rappelle que lisant un jour les mémoires d'un grand
savant, je me posai la question. L'auteur y racomait longuement comment il y connut sa future épouse, de laquelle, le
mariage conclu, il eut trois enfants, deux filles et un garçon.
Avant son mariage, il avait fait des livres, et il continua à en
faire après, dont certains d'ailleurs fort intéressants. Seulement
je n'ai jamais bien pu comprendre pourquoi il nous avait laissé
des mémoires. Je fis part de mes doutes à un autre savant, qui
me répondit qu'il n'en voyait pas plus la nécessité que moi,
la vie d'un savant étant si peu de chose, qu'il ne valait
pas la peine d'en parler. Il disait cela sans regret, et sans amertume, comme s'il ei1t voulu dire : est-il donc bien nécessaire
d'avoir vécu, et n'avais-je pas mieux à faire ?
Mais il y a aussi ceux qui ayant su vivre ont vécu d'une vie
cachée, qu'ils sont seuls à connaître. Il ne leur arrive de vivre
et de revivre que de loin en loin, et toujours en dehors du cours
ordinaire de la vie. Leur vie, un long sommeil, interrompu par
quelques moments où souvent mal réveillés encore ils rentrent
chez eu,;:. Des moments sans lien apparent entr'eux et comme
détachés des jours qui se suivent, des révélations venues ils ne
savent d'où ni comment, voilà la seule vie qu'ils puissent
reconnaître. Qu'importe alors les événements, les rencontres,
les changements de lieux et les liaisons, l'enfance, la vieillesse,
et pourquoi parler du tout d'une vie qui ne fut pas la leur ?
Il y a enfin ceux dont la vie compte pour quelque chose.
Vous les voyez se développer à travers les années qui se suivent, vous apercevez aisément les stades par lesquels ils ont

~OTES

passé et que des rencontres, des amitiés, des amours ont marqués. Un changement de milieu, le passage d'une ville dans une
autre, un voyage parfois, forment naturellement les étapes.
d'une vie et qu'on peut raconter. Le biographe alors, refaisant
le chemin, revivra la vie d'un autre, et assistera à la formation
d'une personnalité. Mais suivant ainsi le cours d'une vie, il lui
arrivera presque toujours qu'à un certain moment son pas se
ralentisse ; le paysage devient monotone, et la route encore
longue ne présente plus aucun intérêt. Son compagnon a atteint
la quarantaine; et si alors la vie continue, c'est la plupart du
temps une vie sans histoire, une vie qui ne se raconte plus, quel
que soit d'ailleurs l'intérêt des œuvres et de la personnalité du
voyageur. C'est aussi pourquoi la plupart des biographies trainent en longueur, le biographe continuant son récit, alors que
ce qu'il a à nous dire n'est plus qu'un épilogue terne et insignifiant, une rallonge à la vie . La fin d'une biographit- ne coïncide
presque jamais avec la mort de celui auquel elle est consacrée,
et le biographe ne sait comment se débarrasser d'un personnage
devenu fort encombrant depuis que sa vie ne présente plus
aucun intérêt.
Je crois qu'il n'y a en somme que très peu de personnes dont
on doive ou même puisse écrire la biographie. Pour la plupart,
il suffirait de s'en tenir à leur œuvre, d'analyser leur personnalité, et de dire quelque chose sur leur milieu. Mais peut-être me
ferais-je mieux comprendre en citant comme exemple le personnage qui plus que tout autre semble réunir en lui toutes les
qualités nécessaires pour faire l'objet d'une biographie : Gœthe.
Chez Gœthe, en effet, tout est en fonction d'une vie, tout s'y
rapporte, tout est vital pour ainsi dire. Ses visions, ses idées.
nées du moment, expriment les phases par lesquelles il a passé,
ses œuvres incorporées à sa vie n'en peuvent être détachées.
Elles se suivent et s'enchaînent pour former un ensemble dans
lequel se retrouve le rythme de la vie : les différents âges y sont
gravés,, y apportant chacun ce qui lui est particulier. Ainsi
quand on nous parle des œuHes de jeunesse de Gœthe, cela
signifie bien la jeunesse comme telle, la jeunesse avec son droit
et les valeurs qui lui sont propres. C'est une phase de sa vie qui
se suffit à elle-même, une fin en soi en quelque sorte, une
jeunesse qui aurait trouvé sa ~1aturité. Et il en est de même

�506

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour les autres âges. L'œuvrc se lie à la vie, elle en conserve
toujours l'empreinte, elle en fixe les moments, et en reflète
l'unité. C'est Gœthe lui-même qui a eu soin de nous révéler les
liens intimes qui unissent les deux. Pour lui ni la science ni la
poésie ne sauraient se suffire à elles-mêmes ; elles ne sont rien
en dehors de la vie. Et la vie, c'est tout l'ensemble des actions
et des réactions à travers lesquelles se manifeste une personnalité ; rien n'y est indifférent, tout s'y situe et sert à corn poser
l'ensemble. La yie chez Gœthe, pourrait-on dire, embrasse et
pénètre tout, elle semble à t0us moments rayonner au dehors et
absorber en elle tout ce qui se présente. C'est la vie continue et
qui pour se retrouver n'a pas besoin de ces momentli d'extase où
l'âme se replie sur elle-même. Vie qui ne semble pas devoir
connaître de fin : arrivée à son terme naturel, elle rebondit
encore et la vieillesse n'a pu ralentir son essor.
C'est aussi pourquoi écrire la vie de Gœthe, signifie en quelque sorte faire la biographie par excellence, et cela explique que
l'intérêt qui s'attache à sa ,•ie peut même dépasser en un certain
sens celui qui s'attache à ses œuvres. En effet si vraiment il est
possible de concevoir l'art du biographe comme l'interprétation
d'une vie, qui situerait tout événement, toute rencontre, toute
impression de manière à en faire comprendre la suite et l'unité,
il semble que l'on ne puisse trouver de meilleur objet que la vie
de Gœthe.
Aussi est-ce avec grand intérêt que je me mis à lire · le livre de
M. Gundolf dont je voudrais vous parler aujourd'hui (F. Gundolf. Gœtbe. Ed. Georg Bondi, Berlin). M. Gundolf, je m'empresse de le dire, a parfaitement compris cc qu'il devait à son
art et à Gœthe. C'est ce qui nous permettra d'aborder aussitôt
les grands problèmes qui se posent au sujet d'une biographie de
Gœtbe.
Dans son introduction, M. Gundolf a soin de nous dire
quelle fut la méthode qu'il a suivie en son ouvrage. Il commence par se demander quelle est l'importance relative qu'il
faut attacher aux différents témoignages que nous a laissés
Gœthe, et il en arrive au classement suivant : entretiens, lettres,
œuvres. M. Gundolf nous dira que pour comprendre la vie de
Gœthe, c'est Gœthe poète qu'il faut interroger avant tout, et
non le Gœ1he que nous connaissons par ses lettres et ses entre-

NOTES

tiens, entre lesquels d'a.illenrs il y a une nouvelle distinction à
f.airc, les lettres nous renseignant mieux que ne le font les entretiens. Il me plaît de voir M. Gundolf insister pour nous dire que
la vie d'un artiste se retrou~ dans ses œuvres, et non dans un
ensemble de gestes et de paroles qu'ont pu noter ceux qui l'ont
approché, ou dont témoignent telle lettre écrite dans une circonstance fortuite. En effet les biographes de Gœthe l'ont trop
souvent oublié. Seulement je doute que pour comprendre Gœthe,
on puisse s'astreindre à un classement. Sans vouloir discuter le
food de la thèse de M. Gundolf, je ne crois pas que lui ou aucun
autre connaisseur de Gœthe ait pu se former une vision de la
personnalité du poète, en s.ui\7ant une ,-oie méthodique. Relisant l'œuvre de Gœthe, il nous arrivera de nous arrêter à tel
passage ou)el autre qui nous semble une révélation, et chaque
fois, toujours au gré en quelque sorte du basard et des rencontres, nous croirons le connaître un peu mieux. Pourquoi
s'en cacher et vouloir régler d'avance l'importance qu'il nous
sera permis d'attacher à tel passage de Gœthe, selon l'endroitoù
nous l'avons trouvé ? C'est trop raisonner, surtout quand il
s'agit de Gœthe dont l'esprit d'une variété infinie ne saurait être
réparti dans des cadres.
Le vrai problème semble devvir se poser autrement. Voki de
quoi il s'agirait d'abord. On connaît assez bien le rôle que joua
tel personnage dans la vie de Gœthe, mais on voudrait savoir
aussi si l'homme ou la femme qui l'approcha ressemble vraiment à l'image que s'en fit le poète. Sachant que Gœthe avait
aimé telle femme, on a bien soin de rechercher d'après le témoignage de parents ou d'amis s'il ne s'était pas trompé. Je comprends parfaitement que M. Gundolf ne fasse rien de la sorte, ~t
qu'il ne veuille pas se placer, pour ainsi dire, en dehors de la vie
de Gœthe pour apprécier ceux ou celles qui y ont joué un
rôle.
Mais cette question une fois écartée, nous nous retrouvons
aussit6t en face d'un problème qui nous semble présenter de
bien plus grandes difficultés. Nous sommes d'accord, c'est la vie
de Gœthe que nous voulons décrire, et toute personne qui l'approcha ne nous intéressera qu'en tant que personnage de cette
vie. Qu'en résulte-t-il pour le biographe ? C'est à Gœthe luimême qu'il devra s'ach'esser, pour savoir ce qu'.il en est de tel

•

�508

I.A NOUVELLE REVUE FRANÇAfSE

événement ou de telle personne. Nous ne questionnerons d'ailleurs jamais en vain, Gœthe ayant presque toujours d'une
mani.ère ou d'une autre révélé ce que fut la portée de telle rencontre ou quelle fut l'influence qu'exerça tel personnage sur son
développement. En effet, tout ce qu'il écrit peut être considéré
comme une interprétation de lui-même de son passé, de son
présent, du sens de toute sa vie. La tâche du biographe consisterait donc à recueillir ses interprétations, à en découvrir le sens
là où on ne les trouve que sous forme de symbole, et à les réunir
pour en composer l'image d'une vie.
C'est donc Gœthe lui-même qui, si j'ose m'exprimer ainsi,
nous dicterait sa biographie. Autrement dit, faire une biographie de Gœthe serait écrire son autobiographie, ou plus exactement puisque cette autobiographie est déjà écrite sous différentes formes dans ses œuvres, il ne s'agirait plus que de la
transcrire de manière à en former un ensemble. Mais est-il bien
sOr qu'il faille s'en tenir là, et le biographe doit-il accepter sans
plus, l'interprétation que Gœthe lui-même donne de sa vie ?
La question peut paraître bizarre. Pourtant il n'est pas rare
de voir un hiographe en parfait désaccord avec son personnage,
qui lui semble avoir mal compris le sens de sa vie. Rousseau
considérait sa vie comme essentiellement manquée. Destiné à
n'être qu'un petit artisan paisible à Genève, il devint un grand
littérateur à Paris. Repassant dans sa mémoire sa vie passée, Rousseau regrettera d'avoir jamais quitté Genève, et de s'être laissé
entrainer à écrire des livres. Il ne verra dans la suite des
événements qu'une série de rencontres qui l'ont détourné de sa
voie. Aucun de ses biographes n'étant de cet avis, tous interprèteront la vie de Jean-Jacques tout autrement qu'il ne le fît
lui-même. Le biographe trouvera que Rousseau vécut dans des
circonstances favorables à son développement, et que tout en
somme, à différents degrés, lui a profité. Considérant l'ensemble,
il ne pourra manquer de retrom·er dans cette vie un enchaînement des plus merveilleux, tout ayant contribué à former le
personnage de Jean-Jacques tel qu'il continuera à vivre dans
l'histoire. Que Rousseau ait d'abord pu s'abandonner à ses
« douces rêveries » et à ses « chères extases », sans leur chercher des formes précises ; qu'il ne soit venu à Paris que sur le
tard, après avoir développé sa \·ie émotive; que dans les milieux

NOTES
littéraires de Paris, il ait trouvé des manières de penser et de
s'exprimer, sans que celles-ci aient pu altérer le fond de cette vie;
qu'il n'ait fait que passer dans ces milieux, pour revenir ensuite
à sa solitude : cela et bien d'autres circonstances encore, feront
croire au biographe que dans cette vie tout se combinait pour
former l'auteur des Rêveries d'un Promeneur solitaire. Lorsque Rousseau ne nous parle que d'égarements et de rencontres
malheureuses, ses biographes le contrediront donc presque tc,ujours, et si à la fin de sa vie, il se plaint de mourir sans avoir
vécu, ils trouveront qu'il n'a rien compris à sa destinée, ce qui
d'ailleurs fait encore partie de cette destinée.
Rien n'est plus opposé que la manière dont Rousseau et
Gœthe envisagent, chacun sa vie. Rousseau se demande sans cesse
ce qui aurait dô être, et ce qui ne fut pas; il ne saurait avouer
une vie qu'il ne peut reconnaître comme sienne parce que contraire à sa destinée . Entre la destinée et ce que la vie fait de
nous, il y a la différence de l'homme naturel à l'homme civilisé.
Gœthe par contre cherche à comprendre ce qui était, et ce qui
devait être ainsi. Sa vie, c'est lui, lui dans son développement,
l'expression de son moi à travers les âges. La vie· est toujours
naturelle parce que c'est la vie. Tout est nature, et il n'y a que
l'homme tout court, l'homme partie d'un univers invariable où
tout se reproduit d'après des lois. Aussi là où l'un ne voit que
des accidents, l'autre ne cherche qu'à apercevoir des nécessités.
Tandis que pour Gœthe la vie est l'épanouissement d'une personnalité, Rousseau n'y verra qu'une mort lente de ce qu'il y a
en nous de personnel, une défiguration de ce que nous sommes
en nous-mêmes, et ce n'est que dans les rares moments où cette
vie se tait, qu'il croira être revenu à sa destinée première.
Il est clair d'après ce que nous venons de dire, que le biographe sera beaucoup plus porté à adopter le point de vue de
Gœthe que celui de Jean-Jacques. Rousseau semble toujours
vouloir décourager son biographe et le contredire d'avance. Je
ne comprends rien à ma vie, paraît-il répéter sans cesse, et tout
ce qui m'arriva me semble parfaitement absurde, et il eût étt
fort fâché de s'entendre dire le contraire. La vie de Gœthe, par
contre, apparaît comme une œmTe d'art, dans laquelle tout
s'enchaine admirablement et où tout ce qui arrive, arrive à son
heure, et contribue à l'ensemble. C'est Gœthe lui-même, qui

�SIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous a appris à interpréter sa vie ainsi. C'est à l'école de Gœthe
que le biographe s'est formé.
Mais entre les deux conceptions si différentes de la vie iepréseotées par Rousseau et par Gœthe, il se peut que parfois on
hésite. Une vie, fut-ce celle de Gœthe, peot-elle jamais se comprendre à la manière d'une œuvre d'art ? Cette vie ne connaitelle v,as de regrets ?
.
La vi.e une œuvre d'art ? ll faudrait donc que rien jamais
ne s'y perdit et qu'aucun moment ne s'isolât de l'ensemble.
Il faudrait que l'un fût toujours ordonné par l'autre, qu'on
vit toujours naître le présent du passé, afin que tout formât une suite réglée, et que l'individu rassemblant ses sou,•enirs pût dominer le tout, et apercevoir les liens qui unissent
leii temps. Mais la vie, aucune vie est-elle ainsi ?
Peut-être un jour, se trouvera-t-il un biographe qui n'ayant
pas la même foi dans le développement harmonieux d'une vie,
et sceptique par nature, se mettra à douter de l'œuvre d'art
aux aspects toujours sereins. Je me l'imagine rech.ercbant soigneusement chez Gœthe ces moments d'angoisse que la vie
n'avoue pas et qu'elle écarte, sous-courants désordonné5 sous
une surface plane et égale ; il guetterait ces moments, et rechercherait aussi ce qui mourut sans être arrivé à maturité, ce qui
s'est perdu et dO.t être abandonné en route au croisement d'un
chemin, ou au gré d'une rencontre. A cette vie qui passe et
s'affirme, il opposera l'éternel non. Tel Méphisto interprétant Faust ? Peut--être. Mais après tout, n'y a-t-il pas du Méphisto dans Gœthe ? Pourquoi alors ne pas interroger ce témoin
de toute sa vie, et confident peut-être de certaines choses que
son compagnon ne voulait s'avouer à soi-même ?
Sera-ce là diminuer Gœtbe ? C'est le contraire plut6t qui me
semblerait vrai. Tout ce que fut et voulut Gœthe ne peut entrer
dans une vie. La vie : l'affirmation d'une personnalité, mais en
même temps une négation, parce que détermination, parce
qu'opposant à l'infini d'une volonté, le fini d'une durée. Je suis,
donc je suis éternel, disait Gœthe, Et pourtant je ne le suis pas.
Une contradiction donc, la contradiction qui est au fond de toute
vie. Gœthe n'aurait rien vécu de la sorte? On semble vouloir
exclure de sa vie la mortalité. On attache je ne sais quoi de
divin à la vie de Gœthe. Et j'appréhende que la grandeur de

NOTES

5II

l'homme n'en soit diminuée : Prométhée devenu Olympien.
J'ignore si un jour quelqu'un écrira la tragédie de Gœthe.
Mais je sais que j'aimerais le Gœthe tragique, grand malgré la.
vie, que je l'aimerais plus peut-être que l'autre dont nous parlent les biographes, symbole d'une vie toujours harmonieuse,
et qui se suffit à elle-même: cbef-&lt;i'œuvre suprême du grand
artiste qui l'a créée.
Pourtant j'hésite. Quoique nous puissions penser de l'homme,
respectons le poète qui nous apprit, par son exemple, à comprendre la vie et à lui donner un sens nouveau. La vie de
Gœthe, une légende sacrée, un symbole de toute ,•ie : rien de
plus vrai pour les générations qui ont grandi sous l'influence de
Gœthe. C'était une foi nouvelle, une religion qui à l'encontre
de toutes celles qui l'avaient précédée, ne prétendait pas chercher à la vie un sens en dehors de la vie elle-même. D'ou
venons-nous et cù allons-nous? Nous n'en savons rien. Pourquoi
vivons-nous? Nous vivons pour vivre, etnvre, c'est en passant
à travers les différentes phases de la vie, être soi-même. De cette
plante qui vit et se développe quelle est la destinée ? D'être
plante. De l'homme ? D'être homme. De cet individu enfin
dont la vie commence? De s'achever en formant une personna:
lité. Et cela est vrai partout où une vie s'organise, pour les
peuples aussi bien que pour les individus. Tout ne tend qu'à
être soi-même ; la vie est une réalisation. Gœthe vécut pour
être Gœthe, comme la plante vit pour être plante. A la question
quel est le sens de la vie, c'est la vie elle-même qui seule peut
donner une réponse. Elle répond en se créant. Le sens de la vie,
c'est que tout ait un sens dans la vie. N'en cherchez pas d'autre.
Tout n'est d'abord qu'accident et hasard, mais rien de ce qui
arrive ne reste accident, dans une ,ie qui en se formant assigne
à toutes choses sa place, pour s'achever dans le temps.
La religion de Gœthe connait des devoirs. Ne rien laisser de
ce qui nous arrive en dehors de la vie, sans l'ordonner par rapport à l'ensemble ; s'arrêter son,'.ent et s'abandonner à ce que le
moment apporte, mais ensuite reprendre la route; savoir oublier
parfois, mais sans que jamais rien ne se perde de ce qui fit partie de nous-mêmes : afin que tout, à son heure et à sa place,
rentre dans ['œuvre que nous créons en vivant notre vie. Et
quand arrivés au terme, nous nous arrêterons pour voir passer

�512

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

devant nous événements et ren.:ontres, tout ce qui fut nôtre,
et tout ce que nous filmes nous-mêmes, apercevant alors l'ordonnance du tout, devant cette vie qui s'achève, nous nous
dirons : j'ai vécu.
·
Ils croyaient donc à la vie ceux qui avaient appris à vivre à
l'école de Gœthe. Sûrs de se retrouver toujours, et d'apercevoir
le rapport des choses, ils s'engageaient sans crainte sur la route
inconnue. Et telle était leur confiance, qu'au fond des tran•Chées, ces disciples de Gœthe continuèrent à croire à la vie.
Leur route les avait menés là, face à face avec la mort. Mais
n'avaient-ils pas accepté d'avance la vie, toute la vie? Le jour
viendrait, comment en douter, ou ils sauraient pourquoi ils
avaient passé par là et en comprendraient le sens profond.
Mais la guerre fut longue, et ils finirent par ne plus se comprendre. La vie une œuvre d'art, répanouissement d'une per:
sonnalité, d'un moi qui, à travers tout, ne cessera jamais d'être ce
qu'il doit être, tout apport ne pou-vant servir qu'à cette fin? Les
paroles de Gœthe sonnaient étranges, comme venues d'un autre
monde.
Reviendront-ils encore à Gœthe ? Pas maintenant, pas tout
de suite. Ce qui pour Gœthe semblait une réalité, est devenu un
idéal lointain. un rêve. Vivre sa vie : il n'y a plus que des utcpistes, pour y croire encore.
Mais qu'elle était belle, la religion de Gœthe.
BERNARD GROETHUYSEN

*

**

LES REVUES

MEMENTO
LES ÉCRITS NouVEÀUX (Fevrier): L'Arabie, par J. Joyce.
L'EsPRlT NOUVEAU (n° I 5) : L'illusion des plans en architecture, par
Le Corbusier-Saugnier.
LR MONDE NOUVEAU (I 5 Févr.): Strindberg, par L Blumeafeld.
REVUE DES DEUX MONDES (r 5 Fév . 1er Mars): La randonnù de
Samba Diouf, par Jérôme et Jean Tharaud.
REVUE HEBDOMADAIRE (11-25 Févr.) : La mithode policière de Sherlock
Holmès, par E. Locard.
R.EvuE RHENANE (Mars) : A. Dunoyer de Segonz.ac, par Daragnès.
LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
ABBEV1LL1l. -

fMPRIMERIE F. PAlLLAR'f.

LE

CARNET

DES ÉDITEURS

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

A. M. GorcHON: ERNEST PSICHARI, d'après des documents inédits, avec une préface de M. JACQUES MARITAIN'.

Les amis de l'auteur de L'Appel des Armes ont élevé à sa
mémoire un monument digne de lui. Rien n'est plus émouvant
que le spectacle de cette vie de passion, de devoir et de sacrifice à la fois si courte et si bien remplie. M. Goichon nous
conte d'abord l'enfance d'Ernest Psichari, ses premières
amitiés, les influences qui s'exercèrent sur lui et qui déterminèrent l'évolution de son esprit. Comme on sait, Ernest Psicbari fut d'abord anti-militariste, socialiste marxiste et subissait
en quelque sorte à travers l'influence de Charles Péguy ce11e de
Jean Jaurès. Mais Péguy provoqua dans l'âme du jeune homme
les premières inquiétudes qui le conduisirent à la découverte de
l'idée féconde de la mission de la France liée à celle de l'Eglise
catholique. Ernest Psicbari suivit naturellement Péguy dansson
orientation politique nouvelle, et commença à se tourner vers
le mouvement d'action française.
Puis vient la grande crise intellectuelle et la conversion d'Ernest Psichari à l'ordre. M. A. M. Goichon note avec beaucoup de
finesse les impressions ressenties par l'auteur de Terre de Soleil
el de Sommeil devant l'Afrique : le silence absolu qui règne dans
les solitudes brôlantes, silence inconnu de nos campagnes françaises, qui nous laisse écrasés et seuls en face de nous-mêmes,
envo11ta Ernest Psichari qui s'y complaisait, dit-il lui-même,
comme dans un a. charme subtil et malfaisant». C'est alors
qu'il découvrit la beauté de l'action et le bonheur viril qu'elle
laisse au cœur ; désormais selon la saisissante expression de
M. Goichon, il est entré dans cette voie de la perfection dont
l'armée, le catholicisme et le désir du sacerdoce sont les
étapes.
Illustré de portraits et de reproductions d'un grand intérêt
documentaire, cet ouvrage aurait pu comporter une bibliographie complète. Ce sera sans doute pour une des prochaines éditions de ce beau livre où tant de jeunes gens voudront chercher un exemple et un enseignement.
1. Un vol. de 371 pages in-16 jésus, aux éditions de la Rn•11e des
]mnes, 3, rue de Luynes (10 fr.).

LE CARNET DES &amp;&gt;ITEURS
JEAN ROSTAND :

3
PENDANT QU'ON SOUFFRE EN-

CORE'.
Le premier volume de M. Jean Rostand La Loi des Riches
avait immédiatement classé son auteur au premier rang de la
nouvelle génération littéraire. Par ses qualités d'âpre ironie,
d'observation aiguë, par son style mordant et direct, ce livre
permettait de beaucoup espérer. Le nouvel ouvrage de M. Jean
Rostand ne sera pas accueilli avec moins de faveur, mais il sera
certainement discuté violemment.
Avec une grande vigueur dialectique et une volonté d'absolue sincérité, M. Jean Ro!tand pose devant la conscience de ses
contemporains un certain nombre de problèmes qu'il est bon
d'approfondir « pendant qu'on souffre encore ». Le portrait
u de celui qui aime » et qui ne peut pas croire à la destruction
de l'objet aimé est tracé en traits d'une extrême précision et
dont quelques-uns s'enfoncent au plus profond de notre
inconscient.
Sur la mort, sur le danger, sur le courage, le jeune écrivain a
des vues d'une franchise pénétrante qu'il nous découvre avec
une audace singulière.
Comme beaucoup d'autres jeunes gens de la génération dite
« sacrifiée » il s'écrie : « Oh l pendant qu'on souffre encore,
pendant que sont encore présents les dépositaires dela douleur,
tous ceux qui, sur les champs de bataille ou au chevet d'un
mourant, ont poYr jamais senti qu'il n'est pas possible que la
sanglante absurdité se renouvelle, il faut qu'on s'acharne à
préparer la paix. »
Idées généreuses, semble-t-il et qu'il reste à faire passer
dans le domaine des actes ; et c'est là justement que l'on s'aperçoit que selon la parole fameuse du poète nous vivons dans
Un monde où l'action n'est pas la sœur du rêve.
C'est de quoi M. Jean Rostand s'avisera lui-même quelque
jour lorsqu'à plus de maturité de jugement il joindra les magnifiques dons littéraires qu'on peut lui reconnaitre dès aujourd'hui.
En résumé, un beau livre qui émeut et qui fait penser.
1. Un volume de 136 pages in-18 jèsus, chez Grasset, 61, rue des
Saints-Pères, 3 fr. 50.

�4
LE CARNET DES EDITEURS
FRANCE MAILLANE : NICOLE AUBRY, VEDETTE DE
CINÉMA. Un volume in-18, à 5 francs'.
Ce roman, ce film harmonieux, présenté avec beaucoup
d'habileté et de talent, plaira aux délicats.
Nicole Aubry est une fine jeune fille blonde dont le cœur pur
et sans joie se sent devenir lourd certain jour de doux avril.
Une détresse vague l'envahit. Peut-être à cause du récent départ
pour l'Asie de Jean Renaud, frère de son unique amie, peutêtre le sentiment devenu plus fort de sa solitude d'orpheline ?
Pour s'oublier une heure elle entre au cinéma. Rencontre.
L'écrivain Morlières, un camarade de Jean Renaud, la présente
à Lucien Besnier, metteur en scène et vedette du film qu'on
projette.
L'artiste est séduisant, il est jeune ; une grâce câline, prenante, émane de toute sa personne. Quand il reconduit Nicole
vers sa demeure après 1a représentation, elle se sent troublée.
Lui l'aime déjà. Pour la conquérir, il fera d'elle une reine de
l'écran. Nicole connaîtra le succès, la richesse, l'amour. Dans
un décor de rêve, en Auvergne ou sur le bord de la Méditerranée, leur roman fleurira ...
Mais Besnier ambitieux et que ses camarades jalousent entreprend à ses frais la mise en scène d'un film malheureux. Sa
liaison lui pèse ; il se lasse, regrette sa liberté. Son goô.t des
aventures, un mauvais orgueil lui font préférer bientôt Diane de
Brives à sa touchante maîtresse blonde. La belle aventure est
fü1ie. Et Nicole, blessée, revient, après la rupture, souffrir en
silence dans la famille de Jean Renaud.
Deux lettres arrivent : un engagement princier pour une
tournée d'Amérique: itinéraire enchanteur, cachets... la fortune; un aveu éperdu de l'exilé. La jeune femme doit choisir
- et décider ...
Ce livre vaut par l'excellente étude de mœurs dans laquelle
l'auteur a enveloppé l'action. L'on découvre dans les descriptions qu'il consacre au monde du cinéma, une connaissance
approfondie de ce milieu plt::in de couleur : ce sont des pages
d'un fin psychologue enchàssant une rare silhouette de femme.
1. Librairie

des Lettres, 12, rue de Séguier. Paris (VIe).

DES EDITEURS
PETITE COLLECTION ORIENTALISTE. ABANINDRANATH TAGORE: ART ET ANATOMIE HINDOUS,
1 vol. illustré de 36 figures ; SAMARENDRANATH GUPTA :
LES MAINS DANS LES FRESQUES D'AJANTA,
1 vol. illustré de 19 figures, 2.40 ; ABANINDRANATH
TAGORE : L'ALPONA ou LES DÉCORATIONS
RITUELLES AU BENGALE, 1 vol. illustré de 50 figures, 7.50, trad. par ANDRÉE KARPELÈS ; AUGUSTE
PAVIE : SANSELKEY, conte cambodgien, r vol. illustré
de 5 planches hors-texte, 2.70; FABLES CHINOISES,
traduites par E. CHAVANNES, versifiées par Mm• E. CHA•
VANNES, 1 vol. orné de 46 dessins, 4.80 '.
LE CARNET

Abanindranath Tagore, en ressuscitant les vieux traités d'art
sanscrit, a su grouper étroitement autour de lui plusieurs je~nes
hindous épris d'art et de vie nationale. L'on ne peut mieux.
comparer qu'à la renaissance italienne le mouvement dont ces
trois premiers ouvrages de la Petite collection orientaliste marquent les premières recherches.
Art et anat?mie bindcus évoque les anciens traités consacrés à
la théorie esthétique des lignes, des formes et des mouvements.
Lon y traite des rapports subtils qui existent entre l'œil de
l'homme et le poisson rouge, son oreille et le vautour, son
torse et le sablier, sa cuisse et le tronc du bananier. Voici
avec les mains dans les fresques d'Ajanta, les mcdèles de l'art
hindou, non pas sèchement imposés, mais commentés avec
amour: mains exprimant le désespoir, l'attente, l'incertitude,
la confiance ; mains de jeunes filles, de reines, de Bouddhas.
L'Alpona enfin est une œuvre d'un genre ~out di_fférent: seul un
Hindou pouvait nous révéler ces décorations rituelles, œuvres
éphémères que les mains des jeunes filles et des femmes t'.acent
pendant les fêtes sur les nattes, les sièges et_ le sol d~s ~rusons.
Un conte cambodgien, émouvant et subnl, recueilli et traduit par Auguste Pavie, des fables chinoises versifiées sur la traduction du célèbre sinologue E. Chavannes par Mm• E. Chavannes complètent heureusement la liste des ouvrages de la
collection parus jusqu'à ce jour.
1.

Bossard, éditeur, 43, rue Madame. Paris (VI•).

�6

LE CARNET DES ÉDITEURS

CONGRÈS DE PARIS
Congres international pour la détermination des directives
et la défense de l'esprit moderne 1 •
Au mois de mars prochain s'ouvre, à Paris, un Congres international pour la détermination des directives et la défense de l'esprit
moderne. Tous ceux qui tentent aujourd'hui, dans le domaine de
l'art, de la science ou de la vie, un effort neuf et désintéressé,
sont conviés à y prendre part. Il s'agit avant tout d'opposer à
une certaine formule de dévotion au passé - il est question
constamment de la nécessité d'un prétendu retour à la tradition - l'expression d'une volonté, qui porte à agir avec le
minimum de références.
La part de la vérité n'est certes plus à faire dans les arguments
que peuvent invoquer en leur faveur les représentants de l'une
et de l'autre tendances. Il est, par contre, permis de dire que
l'attitude des premiers, s'appuyant sur une doctrine des plus
strictes et se posant, on ne sait pourquoi, en gardiens de l'ordre,
menacerait gravement la liberté des seconds, livrés par définition à des entreprises hasardeuses et fréquemment contradictoires, si ces derniers ne se renouvelaient sans cesse ou s'ils
n'étaient renouvelés. Les uns gagneront donc à être instruits de
notre projet. Aux autres, nous demandons de faire abstraction
de leur ambition particulière et de nous adresser leur adhésion.
Les membres du Comité d'organisation, au nombre de sept
professent des idées trop diverses pour qu'on puisse les suspecter de s'entendre afin de limiter l'esprit moderne au profit de
quelques-uns ; leurs dissensions sont publiques. Le malentendu
qui règne entre eux répond de leur impartialité au sein du Congrès ; il laisse cependant subsister le minimum d'accord indispensable pour ne pas paralyser la tentative.
Georges Auric, compositeur ; André Breton, directeur de
Littérature; Robert Delaunay, artiste-peintre ; Fernand Léger,
artiste-peintre ; Amédée Ozenfant, directeur de }'Esprit Nouveau ; Jean Paulhan, secrétaire de la Nouvelle Rrot1e Française ;
Roger Vitrac, directeur d'Aventure.
1.

Secrétariat : 2, rue de Noisiel, Paris (16•).

�LE

CA R"N ET

DES ÉDITEURS

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

LES ORIGINES DE LA TROISIÈME RÉPUBLIQUE. Un vol. de 328 pages 1 •

AUGUSTE

CALLET :

Une édition de cet ouvrage publiée en 1889 est épuisée
depuis longtemps. Tous ceux qui ont vécu les heures douloureuses de la Commune et qui ont suivi les luttes qui ont accompagné la fondation de la Troisième République connaissaient le
travail d'Auguste Callet qui mérite de rester, comme M. Daru
le disait en 1873, « une pièce à jamais historique et une œuyre
polftique de premier ordre ».
M. Callet était appelé par ses collègues de l'Assemblée Nationale l'honneur de la politique et des lettres. On lui doit en effet
des ouvrages de linguistique fort estimés. Nommé rapporteur
de la Commission d'Enquête sur les actes du Gouvernement
du 4 Septembre, son rapport fit sensation. Avec un courage
admirable et une implacable justice, Auguste Callet ne s'est pas
borné à raconter sommairement l'histoire de ce qu'il appelle
l'odieuse et inepte dictature de cinq mois; il s'est proposé un
but plus élevé : inspirer à toute la France, outre la haine d'actes
détestables, le salutaire effroi des hommes qui, à divers degrés,
avaient participé à ces actes. Sans égard aux attaques des partis
dont il flétrissait les agissements, l'auteur ne s'appuie que sur
des documents absolument authentiques ; il ne dit que la
vérité, mais il dit toute la vérité.
Aucun livre n'est plus attachant ni plus actuel si l'on admet
qu'on apprécie mieux la situation présente et les problèmes
qui se posent quotidiennement à nous, à la lueur des événements du passé. On conçoit la surprise et la gêne qu'un tel
livre a dü propager dans des milieux parlementaires toujours
enclins à céder à la camaraderie et à se réconcilier dans l'oubli
de toutes les responsabilités. Mais le témoignage porté par la
haute et claire conscience d'Auguste Callet restera et mérite
d'être médité.
Au point de vue purement littéraire, ce tableau des origines
de fa Troisième République est encore une œuvre remarquable.
Par la vigueur des peintures, par l'éclat et la fermeté du style,
par le mouvement ample des morceaux oratoires, A~guste
Callet rappelle Tacite. C'était l'avis de ses contemporains, et
ce sera sans doute celui de la postérité que ce grand et honnête
citoyen aura contribué pour sa part à affermir dans la voie de
l'ordre et de la liberté.
1.

Editions Bossard, 43, rue Madame, Paris.

LE CARNET DES ÉDITEURS

3
LES NOCTURNES. Un vol. in-16
double couronne, de la Collection « Le Roman», publiée
sous la direction d'Edmond Jaloux 1 •

GEORGES IMANN:

Y crois-tu maintenant au complot des Nocturnes,

Chantecler?
ce sont ces vers de Rostand que Georges Imann place en épigraphe: ils situent et résument son livre entier.
Nous sommes en pleine guerre, à Genève. De la lutte par les
armes n'arrivent que la sourde rumeur des canons d'Alsace et les
convois lamentables des grands blessés. La Suisse n'est plus
qu'une prodigieuse ambulance, une grande oasis de charité. Et
pourtant on s'y bat avecla même âpreté que sur les divers fronts.
Mais la lutte est cachée, perfide : la trahison remplace les obus.
Le monde interlope des tripots cosmopolites, les déserteurs des
pays de !'Entente, tous les néfastes comparses de l'Internationale
dorée sont là, à l'affüt de profits éventuels, d'inavouables trafics,
et la horde des proscrits russes - étudiants faméliques, vagues
professeurs ou médecins, juifs échappés aux pogromes, devient entre leurs mains un redoutable instrument de désordre, maoœuvré au nom du communisme pour le profit de
l'ennemi.
C'est le bolchevisme à sa naissance.
Et Georges Imann nous conduit dans la curieuse boutique du
juif Ouritzky, siège d'un comité révolutionnaire russe dont les
principaux membres sont aux gages de l'Allemagne. On y reconnaît des figures sinistres, et la mentalité de ceux qui préparèrent
l'horrible tragédie soviétique s'éclaire d'un jour nouveau.
C'est de ce repaire que partent vers les usines de France,
le Creusot en particulier, d'occultes fomentateurs de grèves.
Ida di San Carvagno, Russe d'origine, femme du consul de
Sardie et la maîtresse à la fois du chef anarchiste Medviedoff et
du consul français, se charge, à l'aide d'intrigues qui conduiront ce dernier au suicide, d'obtenir les passeports.
Autour de cette femme, type accompli de l'espionne, qui
fuira vers la Russie quand enfin grondera la révolution, gravitent d'attachants personnages, qui font de l'ouvrage un roman
vécu, riche d'action et de couleur, livre d'histoire et d'actualité,
s'il en fut, plein d'une psychologie troublante et aiguë.
JEAN DES BONNESFEUILLES
I. 6 fr. 75. Bernard Grasset, éditeur, 61, rue des Saints-Pères, à
Paris (VI•).

�4

LE CARNET DES EDITEURS

FONDATION AMÉRICAINE POUR LA PENSÉE
ET L'ART FRA ÇAIS.
Dans l'intérêt des jeunes écrivains et artistes, nous rappelons
que la Fondation Américaine pour la Pensée et l' Art Français
décerne tous les deux ans 12 bourses de 11.000 francs chacune
réparties comme suit :
Littérature 2, Peinture 2, Sculpture 2, Gravure r, Musiquer,
Arts Décoratifs 4.
Ces bourses (à perpétuité) fondées par Mm• George Blumenthal avec l'appui des plus grands noms des Etats-Unis et placées
sous le patronage du Ministre de l'Instruction Publique et des
Beaux-Arts, seront attribuées au printemps 1922 par des Jurys
français dont fait partie l'élite de nos écrivains et de nos artistes.
Les candidats (femmes et hommes), qui doivent avoir au plus
35 ans, peuvent dès maintenant faire valoir leurs titres par lettre
au Secrétariat de la Fondation, 15, boulevard de Montmorency.

UNIVERSITÉ DE PARIS: INSTÎTUT
DE PSYCHOLOGIE
P.

Conseil directeur: MM. F. BRUXOT, H. DELACROIX, G. DUMAS,
}ANET, G. LANSON, M. MoLUARD, H. P1tRON, Et. RABAUD.
Secretaire : I. MEYERSON.

Année 1021-1922.
Cours de MM: Delacroix (Psychologie génirale), Dumas (Psycbologie pathologique), Janet (Psychologie expérimentale), Piéron
( Psychologit. pbysrologiqlle), Rabaud (Psychologi11 -i..oologiq11e), Wallon
et Simon (Pédagogie), Lahy (Tnwa11x pratiques).
L'Institut de Psychologie décernera le prix d'élève diplômé
( de psychologie, de pédagogie ou de psychologie appliquée)
aux étudiants justifiant d'une scolarité de deux semestres, ayant
suivi avec assiduité les enseignements de la section correspondante et ayant satisfait aux examens de fin de semestre.
Des recherches en vue des diplômes d'Etudes Supérieures et
des Doctorats pourront être poursuivies dans les laboratoires
de l'Institut.

LE

CARNET

DES ÉDITE UR S

�2

LE CARNET DES ÊDITEORS

MERMEIX

'

LE COMBAT DES TROIS, Notes et docu-

1.

Librairie Ollendorff, 50, chaussée d' Antin. Paris, Vill• (7 fr.).

ÊDITEORS

3
CRITIQUE LITTÉRAIRE, Introduction et notes de Maurice Wilmotte r.

SAINT-EVREMOND :

ments sur la Conférence de la Paix 1 •
Ce livre est un de ceux qui restent pour montrer à la postérité
ce que fut la politique d'une époque, et d'une époque aussi
inquiète, aussi troublée que celle qui suivit la Grande Guerre.
L'auteur traite la question de la Conférence de la Paix avec une
rare maîtrise et les exposés qu'il fait des discussions entre Clémenceau, Lloyd George et Wilson, sont remarquables par leur
intérêt et leur clarté. M. Mermeix suit de près« le Combat des
Trois » et ne perdant pas une phase de la lutte les fait toutes
passer sous nos yeux.
On voit vivre les trois glorieux antagonistes : Clémenceau, le
o: Maréchal civil de la Guerre », Wilson « l'avoué devenu clergyman» Lloyd George, le« Premier Anglais» et les passionnants
problèmes du partage des nations sont agités, résolus devant
nous. L'auteur nous initie aux mystères de la politique internationale. Il faut noter les trois admirables mémoires du Maréchal Foch, le chapitre important des « Réparations » et les
observations si justes et si pénétrantes sur les Bolcheviks et la
Conférence.
Ce livre, pour n'être pas un roman ptaisan~ et léger, a d'autres
mérites plus rares et qu'on voudrait trouver plus souvent : celui
de renseigner le lecteur sur des matières qui lui sont d'ordinaire
peu familières et qui pourtant doivent intéresser vivemen.t tous
les citoyens puisque les Traités de la Conférence de la Pallt ont
fixé le destin des Etats, celui encore d'élever l'esprit jusqu'à des
régions supérieures et de lui faire embrasser le vaste horizon
taché par le soleil couchant de la guerre européenpe.
Ce livre est un de ceux qu'on relit souvent, et sur quoi l'on
s'appuie pour fonder un jugement sur les questions internationales et les passionnants problèml!s de la Politique étrangère.

LB CARNET DES

• ,1

Si Saint-Evremond n'est pas devenu un « classique », il n'en
faut accuser que les traits un peu inquiétants de son originalité.
« ~'bi~toir~ littéraire, é~rivait Sainte-Beuve, pour peu qu'elle
soit ~1dact1que, a le droit et presque le devoir de le négliger».
Saint-Evremond
ne réclamerait pas contre cette omission&gt; il
• D
en serait natté : la séduction que son œuvre n'a pas cessé d'exercer sur quelques esprits choisis tient aussi bien à son inquiétude, à son peu de goüt pour l'enseignement. C'est que son
esprit le tire sans cesse vers le perfectionnement d'une connaissance, qui est devenue pour lui un besoin d'autant plus vif qu'il
n'en fait pas profession; les intérêts de son cœur, d'autre part, Je
rendent ingénieux à varier l'expression d'une sensibilité inattendue. II ne lui reste guère de place ni de temps pour simplifier les sujets dont il traite. Les hommes le touchent plus
encore que les événements et, plus que les hommes, les individus. Il répugne à toute explication trop aisée. Est-il question
du célèbre désintéressement de Fabricius, Saint-Evremond
re~arque : « Il se pourrait bien qu'il eôt été de ces gens pour
qui se passer de peu, c'est se retrancher moins de plaisir que de
peines ». Ou, s'il s'agit de la dévotion: « Il y en a que le malheur a rendu dévots par un certain attendrissement, par une
pitié secrète que l'on a pour soi. Jamais disgrâce ne m'a donné
cette espèce d'attendrissement. »
La critique littéraire était demeurée la face méconnue de
ce talent souple et varié. C'est que, si les jugements de
Saint-Evremond ont eu l'influence que l'on sait - Racine se
soumit à eux. lorsqu'il composa Andromaque - ces jugements
semblent avoir tenu peu de place dans les préoccupations de
leur auteur, qui, lorsqu'il prend la plume, paraît condescendre
à quelque besogne étrangère à son humeur comme à son rang.
Le choix de vingt-cinq morceaux sur les anciens, sur les auteurs
étrangers, sur Corneille, Racine et Molière, témoigne du goût
patient, érudit et fin, de M. Maurice Wilmotte.

1. I vol. de la Collection des Chejs-rfœuvre mrconn11s, 12 fr. chez Bossard, 43, rue Madame.

�4
MAJlCEL CouLO~ :

LE CARNET DES tDJTEUJlS

ANATOMIE LITŒRAIRE •.

Qu'il traite de Rimbaud, de Moréas, de Verlaine ou simplement de Louis Dumur et de Raoul Ponchon, M. Marcel
Coulon n'apporte aucune vue d'ensemble nouvelle, il n'organise
autour de son auteur nulle de ces théories éloquentes que savait
charpenter Brunetière, il ne se borne point tout à fait non plus,
comme Lemaitre, à exprimer dans la lumière et la limpidité une
vérité traditionnelle. Je le comparerais plus volontiers à quelque
entomologiste. Encore n'est-ce pas l'insecte entier qui l'intéresse,
mais le seul appareil digestif, cette tache de l'élytre, ou cc
parasite de l'intestin : c'est sur un point choisi qu'il fait con\"erger les plus riches, les plus impitoyables lumières. Non pas
Rimbaud, mais la prkociU de Rimbaud; ni Leconte de Lisle,
mais l'aclua/itl de Leconte de Lisle; ni Anatole France, mais
Anatole France bomm, tl'allion.
A la que,tion posée par Albert Thibaudet : ai la critique
littéraire peut et doit juger les auteurs contemporains,
M. Coulon apporte la réponse la plus modeste, mais la plus
ingénieuse et probante qui soit. Il serait injuste de ,·ouloir
entièrement cerner l'a:uvre de nos contemporains : elle nous
échapperait toujours par quelques côtés, les côtés par où clic
touche à nous, participe de notre nature, et contient donc, pour
une part, la surprise que nous attendons encore Je cette nature.
Du moins peut-on dans cette œuvre découper, délimiter quelque
tranche que l'on examinera à loisir. li sera temps plus tard de
voir si l'observation vaut pour le reste du corps. M. Coulon
n•est pas pressé. li ne nous heurte, ni ne nous bouscule. Son
inquiétude m~me ne trouble qu'insensiblcment le repos de notre
esprit :
Que nous l'.tppclions le Hasard ou l.1 Providence, que nous y
\'Oyions les marques d'uoc voloot! sup&amp;ieun: ou un concours de forces
physic~imiqucs, Fabre nous a rkonciliés avec ce qui est ~poo•
sable de l'uru\"'Cl's. Le transformisme, avec ses notions par trop c.ommodcs du temps et de l'blridit!, ,t ,,. laismnt ile c6l/ l'hwù à,s instilltls,
enlC\':lÏt tout int~t psychologique au problt:mc.
JEAN DES BONNESFEU!LLES
1. Uo volume : 5 &amp;ancs, l la Librairie des Ltttrcs,
Paris.

12,

rue Séguicr,

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>�POEMES DE KABIR
traduits sur la version anglaise de

RABINDRANATH TAGORE
(FRAGMENTS)

Le poete Kabir est une des figures les plus intéressantes du
mysticisme hindou.
Né a Bénares, de parents mahométans, aux environs de 1440,
il devint de bonne heure disciple du célebre ascete hindou
Ramananda, qui prechait dans le nord de l'Inde le réveil religieux, que Ramanuja avait déja apporté dans le sud au
x1r- siecle. Ce réveil était la fois une réaction contre le fanatisme excessif du culte orthodoxe et une revendication des droits
du creur en face de l'intellectualisme exagéré du monisme
védantiste. La prédication de Ramanuja avait la forme d'une
dévotion ardente au Dieu Vishnou, représentant la forme personnelle de la divine Nature. Ce fut cette religion mystique de
l'amour qui apparait partout mi se rencontre un certain niveau
de culture spirituelle et que les croyances et les philosophies
sont impuissantes a détruire.
L'histoire de Kabir est environnée de légendes contradictoires
auxquelles on ne peut accorder foi . Quelques points seulement
paraissent peu pres certains. II était le fi.ls, ou l'enfam adoptif
d'un tisserand de Bénares, et c'est dans cette ville qu'il passa la
plus grande partie de sa vie. II n'adopta jama is Ja conduite d'un
asee te professionnel ; il ne se retira pas du monde pour mortifier
son corps et se livrer a la contemplation. Toutes les légendes
s'accordent pour dire qu'il exer~a lui-meme le métier. de tisse-

a

a

17

...

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-

1

J,Jr :MOOVJ;LtE REVUE FRAN~AISE

PO.EMES DE KABlll

raiíá; qu.'il était marié, pere de famille et que ce fut au sein de la
domestique qu'iL~hanta le divin amour.
Tant au. poinf de vue hindou qu'au point de vue musulman,
K abir fut d'ailleurs nettement hérétique. La « simple union »
avecla divine Réalité, qu'il célébrait sans cesse commele devoír
et la joie de l'ame, était ases yeux indépendante de tout rite et
de toute austérité.
Aussi fut-il en butte a des persécutions. Comme il était né de
parents mahométans, il écb:a.ppait a l'autorité des brahmanes.
S a vie fut épargnée, mais il fut banni, sans doute vers 149 5. II
erra alors atravers les villes du nord de l'lnde, continuant,
comme exilé, sa prédication.
En 15 r 8, vieux, mal ad e, les mains trop faibles pour pouvoir
j ouer encore cette musique qu'il airnait tant, il mourut aMaghar
pres de Gorakhpur.
Une légende dit qu'apres sa mort ses disciples mahométans
et hindous se disputerent la possession de son corps, ceux-ci
v oulant le bruler et ceux-la l'enterrer. Kabir leur apparut alors
et leur dit: « Soulevez leJinceul etvoyez ce qu'il y adessous. »
L'ayant fait, les disciples trouverent en place du corps un amas
de fleurs. La moitié fnt bru.lée par les Mahométans a Maghar,
l'autre emportée par les Hiodous a Bénares.
Touchante conclusion _a la vie d'un homme ~ui avait répandu
le parfum de ses poemes sur les plas belles doctrines des deux
grandes religions.
(D'aprés la notice sur Kabir de M. Evelyn

"'vie

s

Uuderbill.)
*

**

La version anglaise des Poemes de Kabir a été faite par
Rabindranath Tagore en collaboration avec M. Evelyn
Underhill.

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- -v-ul uu Moi et du Míen sera mort, alors
l'reuvre du Seígneur sera accornplie.

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Tant au p~ínt de vue hmauu ':f-- _,
R'.abir futd'ailleurs nettement hérétique. La « simple umou n ~
avec la divine Réalité, qu'il célébrait sans cesse comme le devoir
et la joie de l'ame, était ses yeux indépendante de tout rite et
de toute austérité.
Aussi fut-il en butte des persécutions. Comme i1 était né de
p arents mabométans, il échappait :i l'a:utorité des brahmanes.
Sa vie fut épargnée, mais il fut banni~ sans doute vers 1495. Il
erra alors atravers les villes du nord de l'Inde, continuant,
comme exilé, sa prédication.
En r 5I 8, vieux, malade, les mains trop faibles pour pouvoir
j ouer encore cette musique qu'il aimait tant, il mourut Maghar
pres de Gorakhpur.
Une légende dit qu'apres sa mort ses disciples mahométans
et bindous se clisputerent la possession de son corps, ceux-ci
v oulant le brúler et ceux-la l'enterrer. Kabir leur apparut alors
et leur dit: « Soulevez le linceul etvoyei ce qu'íl y adessons. ))
L' ayant fait, les disciples trouverent en place du corps un amas
de fleurs. La moitié fot brülée par les Mahométans Maghar,
l'autre emportée par les Hindous a Bénares.
Touchante coaclusion fa vie d'un homme qui avait répandu
1e parfum de ses poemes sur les plus belles doctrines des deux
grandes reli.gíons.

PREMIE RE SUITE

a

I

a

a

a

a

(D'apres la notice sur Kabir de M. Evely,i
Underbill.)

La version anglaise des Poemes de Kabir a .été faite par
Rabindranath Tagore en collaboration avec M. Evelyn
Uuderhill.

Dis-rnoi, Frere, cornment je puis renoncer a Maya.
Quand je défis le nceud de mes rubans, j'attachai encore
mon verement autour de moi ;
Quand j'eus óté mon vetement, je couvris cependant
mon corps de ses plis.
- Ainsi quand j'abandonne mes passions, ma colere
demeure.
Et, quand je renonce a la colere, l'envie ese encore en
m01

Et, quand j'ai vaincu l'envie, mon orgueil et ma vanité
,
sont toujours la
Quand !'esprit est libéré et qu'il a chassé Maya, il reste
attaché a la lettre.
Kabir dit: ce Ecoute-r;noi, cher Sadhu, le vrai sentier est
difficile a trouver. »

II
La lune brille au dedans de moi; mais mes yeux a veugles
ne peuvent la voir.
Elle est en moi ainsi que le soleil.
Sans qu'on le frappe, le tambour de !'Eternicé résonne au
dedans de moi; mais mes oreilles sourdes ne peuvent l'entendre.
Aussi longtemps que l'homme réclamera le Moi et le
Mi.en, ses re11vres seront comme zéro.
Quand tour amour dn Moi et du Mien sera more, alors
l'ceuvre du Seigneur sera a:ccomplie.

�260

LA NOUVELLE REVUE FRANt;AISE'

Car le travail n'a pas d'autre but que la connaisance.
Quand la connaissance est atteinte, le travail est laisséde cóté.
La fleur s'épanouit pour le fruit; quand le fruit múrit, la
íleur se fane.
Le cerf contient le muse, mais il ne le cherche pas en
lui-meme : il erre en quete d'herbe.

III
Quand 11 se révele aLui-meme, Brahma découvre !'invisible.
Comme la graine est dans la plante, comme l'ombre est
dans l'arbre, comme l'espace est dans le ciel, comme uneinfiniré de formes sont dans l'espace,
Ainsi, d'au dela de l'Infini, l'Infini vient; et l'Infiui se
prolonge dans le fioi :
La créature est daos Brahma et Brahma est &lt;lans la:
créature ; ils sont a jamais &lt;listincts et cependant a ¡ama1s
Ul11S.

Lui-meme, Il est J'arbre, la graine et le germe.
Lui-meme, 11 est la fleur, le fruit et l'ombre.
11 est le soleil, la lumiere et tout ce qui s'éclaire.
11 est Brahma, la créature et l'Illusion.
II est la forme multiple, l'espace infini;
11 est le souffie, la parole, la pensée.
11 est le limité et l'illimité; et, par dela le limité et
l'íl!imité, II est l'Etre pur.
11 est !'Esprit irnmanent dans Brahma et dans la créature ..
- L'Ame supreme est vue en dedans de l'ame.
- Le point ultime est vu dans l'Ame supreme.
- Et, dans ce Point, les créations se refletent encore.
Kabir est béni parce qu'il a cette supreme vision.

l'OÉMES DE KABIR

IV
Dans le vase terrestre sonr des berceaux de verdure et
des bocages; en lui est le Créateur.
Daos ce vase soot les sept Océans et les innombrables
étoiles.
Le joaillier et sa pierre de touche sont dedans.
La voix de l'Eternel y retentit et fait jaillir le priotemps.
Kabir dit: &lt;e Ecoute-moi, mon ami; mon Seigneur bien.aimé est dans ce vase. )&gt;

V

Oh, ce mot mystérieux, comment pourrais-je jamais le
prononcer?
Oh, comment puis-je dire: Il n'est pas comme ceci et
• Il est comme cela ?
Si je dis qu'Il est en moi, l'Univers a honte de mes
paroles;
Si je dis qu'Il est en dehors de moi, je mens.
Des mondes intérieurs et extérieurs Il fait une indivisible uniré ;
Le conscient et l'inconscient sont les tabourets de ses
pieds.
11 n'est ni manifesté ni caché; Il n'est ni révélé ni irrlvélé.
Il n'y a pas de mot pour dire ce qu'll est.

VI
Tu as attiré mon creur a Toi, ó Fakir?
J'étais endormi daos ma cham bre et Tu m'as éveillé de ta
voix saisissante, ó Fakir.

�LA NOOVELLE REVUE FRAN~ISE

Je me noyais daos les profondeurs de l'Océan de ce
monde et tu m'as sauvé, me souten¡¡.nt de Ton bras, ó
Fakir.
Un seul mot de Toi; non pas deux - et tu as brisé tous
mes liens, ó Fakir.
Kabir &lt;lit: « Tu as uni Ton creur a mon creur, ó Fakir. »

VII
Jadis je jouais jour et nuit avec mes camarades et maintenant j'ai peur.
Si élevé est le palais de mon Seigneur que mon creur
tremble d'y monter : pourtant je ne dois pas erre craintive
si je veux jouir de Son amour.
. Mon creur doit s'attacher ~ mon Bíen-Aimé ; je dois
écaner mon voíle et unir tout mon étre alui.
Mes yeux ferom I'office de lampes d'amour.
Kabir dit : &lt;e Ecoute, mon amie, Il comprend qui
l'aime. Si tu ne languis pas d'amour pour ton Unique
Bien-Aimé, il est inutile d'omer ton corps ; il est vaín de
mettre de l'onguent sur tes paupieres. i,

VIII
Dis-moi, ó Cygne, ton antique histoire.
De quel pays viens-tu, ó Cygne ? - Vers quel rivage
t'envoles-tu ?
Ou prendras-tu ton repos, ó Cygne, et que cherches-tu ?
Ce matin meme réveille-toi, 6 Cygne, Jeve-t0i et
suis-moi.
11 est un pays ou ni le doute ni la. tristesse n'ont d'ernpire; ou la terreur de la mort n'existe ph1s.
La, les bois du printemps sont en fteurs et leur senteur

POEMES DE KABrR

parfumée qui d:it: &lt;&lt; ll est Moi »7 est portée sur la brise.
U, l'abeille du cceur plonge profondément dans la fl:eur
et ne désire plus d'autre jo.ie.

IX
O Seigneur incréé, qui Te servira ?
Chaque fidele adore le Dieu qu'il se c_rée ; chaque jour
il en re~oit des faveurs.
Aucuns ne le cherchent Lui, le Parfait, Brahma, l'indivisible Seigneur.
lis croient en dix Avatars; mais un Avatar, endurant
les conséquences de ses actes, ne peut etre !'Esprit infini.
L'Un Supreme doit étre antre.
Les Yogi, les Sangasi, les Ascetes se disputent en t'te eux.
Kabir dit : « O frere, celui qui a vu le rayonnement
de son amour, celui-la est sauvé ! &gt;i

X

La riviere et ses vagues forment une me.me surface: quelle
est la différence entre la riviere et ses vagues ?
Quand la vague s'éleve, c'est de l'eau et, quand la
vague retombe, c'est toujours la me.me eau. Dites-moi ou
est la différence.
-Parce qu'on l'a nommée vague, ne sera~t-elle plus considérée comme de l'eau?
Au sein du Supreme Brahma les mondes apparaissent
comme les grains d'un chapelet ;
Regarde ce rosaire aYec les yeux de la Sagesse.

XI
Ou regne le Printemps, ce Seígneur des Saisons, une
musique mystérieuse se fait entendre.

�264

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AlSE

La des torrents de lumiere coulent en tous sens.

Peu d'hommes peuvent atteindre a ce rivage,
ou des millions de Krishnas se tiennent les mains
croisées;
ou des millions de Vishnus sont prosternés ;
ou des millions de Brahmanes lisent les Védas;
ou des millions de Shiva sont perdus dans la contemplarion.
La des millions d'Indra t:t d'innombrables demi-dieux
ont le ciel pour demeure.
La des millions de Saraswatis, déesses de la musique,
jouent sur la Vina.
La mon Seigneur se révele a lui-meme et le parfum du
santa! et des fleurs fl.otte dans les profondeurs de l'espace.

XII
Entre les poles du conscient et de l'inconscient, l'esprit
se balance:
A cette balan~oire sont suspendus tous les étres et tous
les mondes ; et cette balalll;oíre ne cesse jamais de se
balancer.
Des millions d'etres y ~ont accrochés: le soleil et la !une,
dans leur course, s'y balancent.
Des millions d'age$ passent et toujours 1a balan~oire se
balance. Tout est balancé: le ciel et la terre et l'air et l'eau,
et le Seigneur Lui-meme qui se personnifie :
Et la vue de tout ceci a fait de Kabir le serviteur de son
Dieu.

XIII
la lumiere du soleil, de la !une et des étoiles brille d'un
vif éclat : la Mélodie de l'amour monte toujours plus haut
et le rythme du pur arnour bat la mesure.

PO.EMES DE KABIR

Jour et nuit le Choeur musical remplit les cieux ; et
Kabir dit : &lt;&lt; Mon Unique Bien-Aimé rn'éblouit comme
l'éclair au ciel. »
Savez-vous comment les instants disent leur adoration ?
Brandissant son cercle de lumieres, l'Univers, jour et
nuit, chante en adorant.
U se cachent la banniere et les célestes lambris ;
La le son des cloches invisibles se fait entendre ;
&lt;e La, dit Kabir, l'adoration ne cesse jarnais ; la le Seigneur
de l'Univers ese assis sur son trone. &gt;&gt;
Le monde entier fait son oeuvre et commet ses erreurs :
mais peu nombreux sont les amoureux qui connaissent le
Bien-Aimé.
Commese mélangent les eaux du Gange et de la Jumna,
ainsi se melent, dans le creur du chercheur pieux, les deux
courants de l'amour et du sacrifice.
Dans son creur .l'eau Sacrée s'épanche jour et nuit ; et
ainsi s'acheve le cycle des naissances et des morts.
Voyez quel repos merveilleux est dans l'Esprit Supreme !
Celui-la en jouit qui le cherche.
Tenu par les cordes de l'amour, la balani;.oire de l'Océan
de joie va et vient ; et un son puissant éclate en cbansons.
Voyez quel lorus fl.eurit la sans eau ! et Kabir dit :
« L'Abeille de mon coeur boit son nectar. &gt;&gt;
Quel merveilleux lotus est celui qui fleurit au creur du
rouet de l'Univers ! Seules quelques ámes pures en connaissent les vrais délices.
La musique résonne partout alentour et le creury participe a la joie de la Mer lnfinie.
Kabir dit : ce Plonge-toi dans cet océan de douceur et
laisse s'envoler au loin toutes les erreurs de la vie et de la
mort. »

�2.66

•

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;.AISE

Vais comme, ic~ la soif des cing sens est étanchée ; les
trois formes de la misere ne sont plus.
Kabir dit : (e C'est le Sport de l'lnaccessible ; regard.ez ·
en dedans et voyez comme les rayons de lune du Die u
caché b-rillent en vous ! ll
La bat le rythme de la vie et de la mort.
U j.aillissent les ravissements. Tout l'espace est radiant
de lumiere.
U, une musíque mystéríeuse se fait entendre. C'est la
musique de l'amour des trois mondes.
La brulent les millions de lampes du soleil et de la lune.
La le tambour bat et l'amoureu:11: s'amuse sur une escarpolette.
La les cbansons amoureuses résonnent de toutes parts et
La Iumiere pleut en ondées; et l?adorateur goute avec ravissement au céleste nectar.
Regardez la vie et la mort : il n'y a plus de séparation
entre elles. Telles -la main gauche et la main droite sont
elles-memes et pareilles.
Kabir dit : &lt;&lt; L'homme sage restera muet ; car cette vérité
ne peur se trouver ni da ns I es. li vres ni dans les V édas. &gt;)
J'ai pris place dans l'hannonieux équilibre de l'Un.
J'ai bu la coupe de l'ineffable.
J'ai trouvé la clef du mystere.
J'ai atteint la racine de l'Union.
Voyageant sans chemin je suis arrivé au pays sans douleur; tres doucement la grace du Grand Seigneur est descen:due sur moi.
On chante le Dieu infini comme s'il était inaccessible ;
mais, moi, dans mes méditations, sans mes yeux, je L'ai vu.
C'est bien le pays sans souffrances et personne ne connalt le chemin qui y mene.
Seul, celui qui est sur ce chemin est allé a:u dela de la
région des douleurs.

POEMES DE KABIR

Merveilleux est ce pays, dont aucun mérite ne peut etre
le prix.
C'est le sage qui le voit ; c'esr le sage qui le chante.
Ceci est !'ultime parole ; mais comment ex.primer sa
merveilleuse saveur? Celui qui l'a une fois savourée, celui-la
sait quelle joie elle peut donner.
Kabir Jit : « La connaissant, l'ignorant devient sage et
le sage devient muet d'adoratíon silencieuse. &gt;&gt;
L'adorateur est totalement enivré.
Sa sagesse et son détachement sont parfaits.
Il boit a la coupe des inspirations et des aspirations de
l'amour.
La tout le ciel s'emplit de sons et la musique se joue
sáns cordes etsans d.oigts.
La le jeu de la joie et de la douleur ne cesse pas.
Kabir dit : ce Si tu te plonges dans l'Océan de Vie, tu
vivras dans le Pays de la Supréme Félicíté. &gt;&gt;
Quelle frénésie d'extase il y a dans chaque heure ! L'adorateur exprime et boit l'essence des heures. Il vit de la vie
de Brahma.
Je dis la vétité, car j'ai accepté la vérité dans ma vie. Je
suis a présent attaché a la vérité ; j'ai halayé loin de moi
rous les faux clinquants.
Kabir &lt;lit : « Ainsi l'ad01ateur s,affranchit de toute
crainte ; ainsi le quittent toutes pensées erronéessur la vie
et sur la mort. &gt;&gt;

La le ciel s'emplit de musique.

ll il pleut du nectar.
La les cardes de la harpe vibrent et les tambours battem.
Quelle secrete splendeur est la dans ce cha-teau du
Ciel.
Ll il n'est plus question du lever et du coucher du soleil.
Dans l'océan de révélations qu'est la lumiere de l'amour,
le jour et la nuit ne font qu'uu.

�268

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISB

Joie a jamais ; ni douleurs, ni luttes.
Ll j'ai bu, remplie jusqu'au bord, la coupe de la joie,
de la joie parfaite.
La, il n'y a pas de place pour l'erreur.
Kabir dit: &lt;( La, j'ai été témoin des jeux de l'Unique
Félicité. ,,
J'ai connn en moi-meme le jeu de l'Univers; j'ai
échappé a l'etreur de ce monde.
Le ·dedans et le dehors sont devenus pour moi un seul
Ciel. L'infini et le fini se sont unis. Je suis ivre de la vue
du Tout.
Ta lumiere emplit l'Univers ; elle est la lampe d'amour
qui brule sur le plateau du savoir.
Kabir dit : « La, aucune erreur ne peut entrer et le confüt de la vie avec la mort n'existe plus. &gt;&gt;

DE UXIEME SUITE
I
Vide la coupe ! Enivre-toi ! Bois le divin nectar de Son
Nom!
Kabir dit : « Ecoute-moi, cher Sadhu ! Du sommet de
la tete a la plante des pieds, l'homme est empoisonné par
l'intelligence. »

II
O homme, si tu ne connais pas ton propre Seigneur, de
quoi es-tu si fier ?
Renonce a toute habileté. Jamais de simples mots ne
t'uniront a Lui.
Ne te laisse pas tromper par le témoignage des Ecritures.
L'amour est bien différent de la lettre et celui qui en
toute sincérité l'a cherché !'a trouvé.

POEMES DE KABlR

III
La douceur de voguer sur l'océan de l'immortelle vie
m'a délivré de toutes vaines questions.
Comme l'arbre est dans la graine, ainsi tous les maux
sont dans les vaines demandes~

IV
Quandenfin tu as trouvé l'océan du bonheur, ne t'en
va pas assoiffé.

Réveille-toi, fou que tu es ! la mort te guette. Ici est
l'eau pure devant toi. Bois-la a perdre haleine.
Ne poursuis pas le mirage, mais aies soif de nectar.
Dhruva, Prahlad et Shukadeva en ont bu; Raida en a
gouté.
Les Saints sont ivres d'amour, c'est d'amour qu'ils ont
soif.
·
Kabir dit: « Ecoute, mon frere ! le repaire de la crainte
est brisé;
Pas un instant tu n'a-s regardé le monde face aface.
Avec la fausseté tu tisses ton esclavage ; tes paroles
sont pleines de tromperie.
Avec le fardeau de désirs dont ta tete est charoée
b
,
comment pourrais-tu erre léger ? &gt;&gt;
Kabir dit encore : « Garde en toi la vérité, !'esprit de
sacrifice et l'amour. »

V
Qui a appris a la veuve a laisser consumer son corps sur
le bucber de son époux défunt ?
Mais qui a appris a l'amour a trouver sa joie dans le
sacrifice ?

�LA NOUVELLE REV1JE FRAN&lt;;:AISE

VI
Pourquoi, mon cceur, es-tu si impatient ?
Celui qui veille sur les oiseaux., sur les betes et sur les
insectes,
Celui qui a pris soin de toi quand tn étais encore dans
le sein de ta mere
Ne te préservera-t-il plus a présent que tu en es sorti?
O mon cceur, comment peux-tu te détourner du sourire de ton Dieu et errer si loin de Lui ?
Tu as abandonné ton Bien Aimé pour penser ad'autres.
Voila pourquoi ton ceuvre est vaine .

VII
Comme il m'est difficile de rencontrer mon Seigneur !
L'oiselle de pluie, altérée, appelle la pluie a grands
cris. Elle mourra d'attente plutót que de boire une autre
eau;
Attirée par les sons de la musique, ]a bicbe s'approche:
elle risque sa vie en les écoutant et pourtant la crainte ne
la fait pas reculer.
La veuve reste assise aupres du corps de son époux; le
feu ne lui fait pas peur.
N'aie aucune crainte pour ton misérable corps.

VIII
O fr.ere ! quand je m'égarais, le vrai Maitre me montra la route.
Alors je laissai les rites et les cérémonies; je ne me plongeai plus dans les eaux sacrées.

POEMF.S DE KABIR

27 I

Je compris que moi seul j'étais fou ; que tout le monde
autour de moi était saín d'esprit et que je scandalisais les
gens sages.
Depuis ce jour, je ne me roule plus dans la poussiere en
signe d'ohéissance;
Je ne sonne plus la cloche du temple;
Je ne place plus l'idole sur son tróne ;
Je ne mets plus de fleurs devant les images en signe
a•adoration.
Ce ne sont pas les austérités et les mortifications de la
chair qui plaiseot au Seigneur.
Ce n'est pas en quittant tes vetements et en tuant tes
sens que tu Lui es agréable.
L'homme qui est bon, loyal, qui demeure calme au
milieu de l'agitation du Monde, qui estime autaot que
soi-meme toutes les créatures de la Terre,
Cet homme-la atteint l'Etre Immortel et le vrai Dieu
est avec luí.
Kabir &lt;lit : « Celui dont les paroles sont pures et qui
n'a ni orgueil ni envíe connait Son Vrai Nom. i&gt;

IX
L'ascete teint ses vetements au lieu de teindre son ame
des couleurs de l'amour.
Il reste assis dans le temple, abandonnant Brahma pour
adorer une pierre.
II se perce les oreilles; il porte une longue barbe et des
guenilles sordides; il ressemble a un bouc.
Il marche dans le désert, tuant en lui le désir et il
de;-ient semblable a l'eunuque.
Il se tond la tete et teint ses vetements ; il Jic la Gita et
devient un grand bavard.
Kabir dit: « Toi qui agis comme lui, tu vas aux portes
de la mort, pieds et mains líés. »
.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN¡;:AISE

X
Je ne sais quel est mon Dieu.
Le Mullah críe vers Lui: pourquoi ? Le Seigneur est-il
sourd ? Il entend bien résonner les fines articulations
d'un insecte qui marche.
Egrene ton chapelet; peins sur ton front le chiffre de
t?n Dieu ; porte de longues guenilles tachées et voyantes ;
s1 une arme de mort est dans ton creur, comment posséderas-tu Dieu ? ·

XI
J'entends la mélodie de Sa flüte et je ne suis plus maitre
de moi.
La fleur s'épanouit sans que le printemps soit venu, et
déja l'abeille a tec;u son message odorant.
Le tonnerre gronde, les édairs brillent; des vagues
s'élevent dans mon creur.
La pluie tombe et mon a.me languit apres mon Seigneur.
U ou le rythme du monde tour a tour prend naissance
et meurt, c'est la que mon creur a atteint.
La les bannieres cathées fl.ottent au ven t.
Kabir dit: e( Mon creur se meurt de vivre. i&gt;

POEMES DE KA'.BIR

Tous les bommes et toutes les femmes du monde sont
Ses formes vivantes.
Kabir est l'enfant d'Allah et de Rama. Lui est mon
Maitre ; Lui est mon directeur spirituel.

XIII
Celui qui est roodeste et content de son sort; celui qui
est juste, celui dont !'esprit est rempli de résignation et de
paix;
Celui qui L'a vu et qui L'a touché, celui-la est libéré de
la crainte et de l'angoisse.
Pour Lui la pensée de Dieu est comme une pate desantal
répandue sur son corps.
Pour lui il n'y a aucune autre joíe que cette pensée.
Une harmonie accompagne son travail et son repos · un
,
'
rayonnement d amour émane de lui.
Kabir dit: ce Touche les pieds de Celui qui est un indivisible. immuable, paisible, qui remplit de joie a'pleins
bords les vases terrestres et dont la forme est amour. »

(Traduit sur la version anglaise
par Mmc H. MIRABA UD-THORE:WS)

XII
Si Dieu est daos la mosquée, alors a qui ce monde
appartient-il ?
Pélerin, si Rama est daos l'itnage que tu adores, alors
que se passe-t-il la ou il n'y a pas d'images ?
· Hari est a l'orient; Allah est a l'occident. Regarde dans
ton creur, tu y trouveras a la fois Karim et Rama.
18

�1NGRES VU PAR UN PEINTRE

•
INGRES VU PAR UN PEINTRE

Ingres est la plus grande mystification du moment.
(Revut critique du. Salon de 1824.)

On assure que M. Millerand, visitant l'exposition lngres,
pria un ce ingrisant &gt;&gt; célebre de lui démontrer le rapport
que l'on dit exister entre la peinture cubiste et celle du
Maitre de Montauban. Le critique ainsi sollicité se récusa,
pour le plus grand désappointement du chef de l'Etat. Je ne
pousserai pas l'impe1tinence jusqu'a me substituer a ce
cicerone pris au dépourvu, mais je ne crois pas faire preuve
d'une trop grande vanité en pensant que les réflexions d'un
technicien peuvent éclairer une partie du débat. Ces
réflexions, je les amon;ai l'hiver dernier, dans une conférence que je fis en Hollande. Ayant a expliquer la genese
de !'esprit nouveau, c'est tout naturellement que je remontai jusqu'a lngres, dont l'ceuvre, pour qui veut bien ouvrir
les yeux, est la plus passionnée et la plus ingénieuse des
innovations picturales du siecle dernier.
C'est devenu une coutume d'évoquer Rapbael a propos
d'Ingres. La comparaison pour qui ne jette qu'un regard
distrait sur l'ceuvre de ces peintres, parait s'imposer; elle
est facilitée par les propos du Maitre de Montauban qui
ne perdait aucune occasion de se réclamerdu grand Italien.
La ressemblance entre les deux reuvres parait flagrante a
l'analyse superficielle, mais elle ne résiste pas aun examen
approfondi. Raphael et Ingres, urtis dans le méme idéal

2 75

plastique, se séparent par l'attitude qu'ils adopterent en face
de la nature. Raphael marque l'apogée du mouvement
académique ; il porte a une hauteur qui ne sera jamais
dépassée l'a-priorisme de la grande peinture d'histoire.
Son descendant direct serait plutót David. logres, a l'inverse de ces peintres, inaugure véritablemem, malgré les
velléités de quelques devanciers, la peinture d'intimité : il
.aborde la nature sans idées préconc;ues, avec une nai:veté
sans précédent, bien plu innocente que celle de Chardin.
On peut affirmer, si la formule ne paraít pas trop prétentieuse, qu'il est le héros de I'a-posteriorisrne. Je n'ai pas a
revenir sur les Jifférences profondes que j'ai mises en
lumiere ici meme 1 , entre l'art italien et l'art franc;ais. 11 me
suffira de noter que l'avenement d'Ingres marque celui de la
sensibilité moderne. Si l'on veut comprendre le sens et la
portée de ce mot, il est nécessaire de s'identifi.er passionnément avec le peintre de l'Odalisque etde minutieusement
analyser le processus de. son ceuvre.

Pour saisir la différence radicale qui existe entre l'attitude d'Ingres et celle de ses devanciers, il faut se rappeler le
bruit que suscita a son apparition sa fameuse Grande Odalisque. Ce nu, qui nous parait aujourd'hui si classique, ou
tout nous semble merveilleusement naturel, possede, aux
yeux des censeurs professionnels, entre autres tares, deux
vertebres de trop, et un sein déraisonnablement placé sous
le bras ! Voici profanée l'anatomie, cette science sacrée, cette
clef de voute du temple de l'Académisme décadent. Ingres
est accusé .de rechercher ce l'extraordinaire a tout prix » ; il
devient un gothique, un archaisant, un littérateur •.
r. Premifre visite au Louvre, dans la Nou'11elle Revue Franf(tise du
rer septembre 1919; le Cubisme au Grand Palais, r•r mars 1930; le
quatrieme centenafre de Rapbael, I"' juin r920.
2. Est-il nécessaire de faire remarquer que ce sont les titres memes
.dont on prétend accabler les oovateurs d'aujourd'hui ?
·

�LA NOUVEI..LE REVUE FRAN&lt;;:AISB

Pour quelles raisons ce peintre si versé dans les sciences
de l'Ecole manifeste-t-il un mépris si total de l'anatomie ?
Est-ce désir de se singulariser, insincérité calculée, manceuvre pour attirer l'attention, comme on l'insinue ? - C'est
au contraire par sincérité profonde et par amour violent de
la nature qu'il nous don ne de celle-ci une représentation si
nouvelfe et si décevante.
Eleve de David, et, comme tel entrainé des son jeune age
~l'étude compliquéede la musculature, Ingres possédait son
anatomie a fond, aussi bien qu'un chirurgien ... lorsqtlilétait
a l'abri dt? modele. Mais lorsqu'il était « devant la nature »,
il ne pouvait plus conserver cette froideur toute scientifique
qui n'est une vertu que cbez l'opérateur qui taille dans
la chair vive.
M. Roger Allard a fait apparaitre, avec juste raison,
tout ce que son art comporte de sensualité 1 , mais cette
sensualité, qui eut pu en effet 1e pousser vers un réalisme de mauvais aloi, devieot a·dmirable chez Ingres,
tellement elle se confond avec la soif de peindre. Alors
que David, soucieux d'assigner aux muscles leur place
précise~ conserve tout son sang-froid devant le modele, et appel!e a lui taus ses sou venirs, Ingres, empli
d'un trouble sacré, va perdre la tete. Cette chair aux tenflements si aimables, aux ondulations si voluptueuses, il ne
peut plus la disséquer du bout du crayon comme avec
l'extrémíté d'un scalpel ; c'est elle, au contraire, qui va
entrer en lui, victorieusement, et transformer sa conception
scientifique du corps humain en une conception purement
sensible. Des lors peu lui importera le nombre exact des vertebres. Il n'y a plus de vérité an:nomique, si cette védté est
en opposition avec la sensation que lui donne le corps qu'il
a devant les yeux. Cette courbe adorable du dos, si déliée,
si souple, si longue, il l'allongera encare, malgré lui, pour
r. Cela n'empéche pas M. Florent Fels de le traiter de «pisse-froid &gt;),tant la critique offre de plaisante di versité l

INGRES VU PAR UN PEINTRE

277

mieux rendre apparent a autrui le trouble qu'elle luí
inspire. Il déformera ; il entrera en contradíction avec ce que
san esprit sait pour exprimer ce que son cceur vient d'ap-

prendre.
Voici done le stade premier de son effort : sous~ le seul
controle de sa sensibilité, il note fiévreusemenc:ses frnpressions, tout comme, plus tard, feront Monet et ses amis.
Mais, a l'encontre de ceux-ci, ce sont des impressions plastiques, et non uniquement colorées, qu'il enclót en ~es
lignes riches de virtualités. Cette notation rapide, presque
rageuse a force de concentration, cette divination spontanée
des vertus les plus secretes, les plus particulieres des objets,
sera dorénavant ce qui tiendra lieu d'inspiration aux peimres
qui lui succederont. logres m'apparait ainsi, littéralement,
comme le premier impressionniste plastique, le premier qui ait
tout demandé, et d'abord, a l'analyse - j'entends a l'analyse de ses sensations. 11 est jusqu'ici, avec Cézanne, le
grand peintre de l'introspection. Je viens de citer, a titre
d'exemple, l'Odalisque, reuvre de jeunesse ; pour montrer
que son souci de ce construction &gt;) demeure immanent, d'un
bout a l'autre de sa carriere, a son analyse sensible, je dois
citer égalernent le portrait de Mm• Ingres (née Ramel), peint
sur ses vieux jours, portrait ou la déformation impressionniste de l'épaule et de la main demeure apparente aux
yeux les plus paresseux. Ing¡:es est tellement dépendant de
l'extérieur que jamais un de ses tableaux ne jaillit tout
corn;u de son cerveau, comme il arrive souvent aux ce peintres d'bistoire ». Mais au contraire sacomposition s'alterera
jusqu'a en etre méconnaissable, au fur et a mesure de la
naissance de ses dessins préparatoires, qui suscitent en sa
conscience, par les éléments nouveaux qu'ils lui proposent,
de nouvelles combinaisons. On compte 250 dessins et une
dizaine de compositions différentes pour LeMartyre de Saint
Symphorz'en et plus de 400 études pour l'Age d'Or !
M. Mabilleau, auteur d'un ouvrage sur les dessins d'Ingres
au Musée de Montauban, constatant ces tatonnements,

�LA NOUVf;T.LE REVUE FRAN~ISE

s'exclame sur son « mangue d'imagination ». C'est cette
incapacité a ríen inventer sans la présence du modele qui
fait la véritable force du grand Montalbanais. Ses toiles
mythologiques memes ne sont qu'un étalage de figures
puisées a memela réalité, et puisées non froidement, raisonnablement, mais sous l'empire d'une émotion de visionnaire. C'est parce que sa sensation est pure, d'origine strictement optique et absolument débarrassée de la surveillance
de !'esprit critique, que ses déformations sont aussi saturées
de réalité profonde. A l'encontre de M. Mabilleau, je me
réjouis de ce qu'Ingres, de meme que Cézanne, ne puisse
tracer une ligne ni donner un coup de pinceau sans etre
« sur le motif i,. Ils ne croient tous deux qu'a ce qu'ils
voient, ou plutót a ce qu'ils croient voir et leur imagination ne peut jouer que sur ce que je demande la permission
d'appeler les &lt;&lt; données immédiates » de leur sensibilité.
*

* *
lngres vient de sacrifier asa pure émotion de plasticien.
Le modele disparu, en tete a tete avec lui-meme, il se rend
compte des fautes de dessin que son transport de tout a
l'heure lui a fait ·commettre. Sa fievre qui vient a peine de
l'abandonner, lui a fait voir les objets autrement qu'ils ne
sont, et commettre ainsi des mensonges. Doit-il corriger
ces erreurs ? S'il exprime a nouveau ce qu'il sait des choses,
ne va-t-il pas mentir a son sentiment ? Dilemne douloureux, inconnu des primitifs et des renaissa:11ts, mais singulierement fréquent chez certains artistes modernes. Cette
nature qu'on voudrait tant respecter, voici qu'on lui fait
violence a force de ferveur ! 11 arrive un moment, passionnant entre tous, ou comparant le nouveau visage qu'ont
revetu les objets magnífiés par l'impression que nous avons
d'eu:x, avecla figure que la perceptíon réfléchie leur assigne,
on demeure saisi, anxieux, ne sachant qui l'on doit croire,
de son creur ou de sa raison. D'un coté, voici l'image

INGRES VU PAR UN PETNTRE

2 79

froide, narrative, que trace notre main assurée, lorsque
notre émotion est dissipée; de l'autre voici l'image surprenante, métaphorique, que la meme main, inspirée, faitsortir de l'inconnu, et qui est le chiffre de notre sensation
fugitive ... Ce trouble nai"f qui fait dérailler la main, et tracer des objets une figure différente de leur textualité, n'estce pas le plus bel hommage qu'un artiste puisse rendre ace
qu'il étudie ? N'est-ce pas encore « la nature », cette forme
que l'homme invente a son contact ? Et cette invention,
n'est-elle pas l'unique vérité, en somme ?
Si l'on accorde de telles libertés a l'artiste, que lui resterat-il a faire, pour retrouver la tradition, c'est-a-dire pour
hausser au style impersonnel ses trouvailles intimes ? Il luí
faudra redevenír intelligent apres n'avoir été que sensible;
redevenir une volouté organisatrice apres n'avoir été qu'un
instrum~nt enregistreur; cultiver a froid les embryons plastiques que son émotion luí a· fait découvrir. Et encare :
ayant déterminé le rythme natif des ligues, les organiser
selon un plan logique, lés laisser s'épanouir en un bouquet
abstrait, en un mot substituer, volontairement, cette fois,
les signes plastiques de son émotion aux signes littéralement représentatifs de l'analyse discriminative.
C'est en pratiquant une spéculation intellectuelle de cet
ordrequ'Ingres trouva, entre centautres, la forme essentielle
du corps de Thétis. Qu'on en veuille bien regarder un seul
détail : ce bras qui d'un geste adorable effieure la barbe du
Dieu. Ce n'est pas un bras tel qu'ilest en réalité, avec ses
plis, ses angles, et le fouillis de ses veines et de ses muscles, c'estune forme inventée, une chose chaude et sinueuse,
faite pour caresser et envelopper sensuellement. Je souhaite
qu'a la lumiere de cet exemple, le terme d'architectures
mentales, dont je me suis servia propos de Cézanne ( et qui
fut si mal interprété par une certaine critique) revéte le
sens précis que j'ai voulu lui donner, et que la suite de cet
essai aidera peut-etre a mieux déterminer encare.
Si logres n'avait fait que déployer pour ainsi dire comme

�280

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

un éventail les signes plastiques de son émotion de peintre, il n'aurait fait que portera leur limite ses spéculations
introspectives, il n'eut été (et déja cela serait suffisamment
important) qu'un décorateur nouveau trouvant en soi-inéme
des motifs ornementaux comme au fond du creuset le
chimiste découvre de nouvelles substances. Mais il n'eut
pas été plus grand que les peintres de l'école de Fomainebleau, par exemple. Une prodigieuse et plus précieuseauréole
l'entoure.
Qu'est-ce qui donne aux reuvres d'Ingres cette force
magnétique qui nous attache a elles, nous envoúte et nous
poursuit? Qu'est-ce qui les doue de cette force fertilisante ?
C'est le récit qu'elles nous font du dtarpe ineffable qui se
joue en cette conscience. Nous avons vu le peintredéformer
le modele sous l'empire de son émotion, puis spéculer sur
ses découvertes, faire fleurir les lignes ainsi obtenues, les
délivrer de l'emprise de la matiere, en amplifier l'essor, les
faire rebondir librement les unes sur les autres. Le plaisir
que goute l'imaginarion a ce jeu est violent, et il est difE.cile de résister au désir de cultiver cet univers inconnu.
Cette liberté, cette facilité, cette complaisance dans l'arabesque sont les caractéristiques des arts de décadence.
Botticelli, par exemple, s'y livre avec délices et laisse couler
les lignes onduleuses et distinguées de ~es personnages sans
se préoccuper de les douer d'une humanité définie. Vénus,
Nymphes et Madones obéissent indistinctement a son amusement de décorateur habile. Mais In gres est trop fortement
attaché au sol, trop amoureux du réel, trop esclave des
objets pour obéir a ce caprice avec tant d'abandon. Voici,
a ce stade second, son tableau tout établi : les lignes s'enlacent les unes aux autres, voluptueusement. Mais elles ne
contiennent plus ríen de la matiere chaude et vivante qui
les remplissait. Elles vivent par elles-mémes ; un effort
de plus et elles voot se vider tour afait, cesser d'étre représentatives pour n'étre plus que le véhicule de « l'effusion
pure &gt;&gt;. A ce mom~nt pathétique, Ingres, déchiré de mille

INGRES VU PAR UN PEINTRE

beaux remords, éprouve le besoin de retourner, lucide, cette
fois, aux sources d'ou son émotion est jaillie. Il tieot en
main, tel un prétre nouveau, les signes mystérieux d'une
religion inconoue. Va-t-il jongler avec ces symboles hermétiques, pour triomphersans controle? Non, il va succomber
acette tendre défaillance provoquée daos son creur par la
sollicitation des choses charnelles : avec un tact admirable,
ce sensuel, puisant dans la matiere animée, en nourrira
derechef ces lignes géométriques sur le point de se dessécher. La Naissance des Muses donne une idée de ce qu'eut
pu deyeoir son reuvre, abandonnée a cet état Je simple
transposition. Les formes y sont admirablement spiritualisées, mais il leur manque une certaine ardeur, dont elles
se fussent enrichies a étre replongées dans l'élément vivant
d'ou elles sont issues. C'est cette trempe vivifiante qui leur
manque, qu'lngres doone presque toujours a ses reuvres.
Il n~ restreint pas l'élan de ses lignes ; il n'en jugule pas
l'essor, mais il ajoute a leur articulation une chaude onctuosité, il augmente les ·formes d'un gonflement de seve, il
les recouvre comme d'une em·eloppe melliflue. Il trouve
enfin le point d'équilibre admirable ou la ligne métapborique et la ligue spécifique concluent un pacte indéfectible, ou le sentiment naif et la pure discrimination confondent leurs résultats. Merveilleux accord, entente sublime
entre des éléments ennemis. La lutte intérieure dont
Ingres vient d'étre l'acteuret le témoin s'apaise, mais inoode
la toile de ses ondes musicales.
*

* *
On ne saurait citer trop d'exemples pour éclairer un
sujet aussi complexe que celui du dualisme d'lngres. 11 est
nécessaire de parler un peu techniq11e, et de procéder a des
coro paraisons.
Dans un tableau byzantin, ou tout est construction géométrique, les cercles, les triangles, les parallélogram1,11es se

�LA NOUVELLE REVUE FRAN9AlSE

distiogueot au premier coup d'reiL Ils nous offreot, par
leurs combinaisons, une beauté essentielle, désincarnée. La
ligne ne rencontre, daos son ascension ou sa volute, aucun
obstacle; elle s'épanouitsans contrainte. Lorsqu'on compare,
au Louvre, la Vierge entourée d'anges, de Cimabue, a la
grande Odalisque, on constate que, dans ce dernier tableau,
c'est le meme systeme de cercles et de droites qui suscite
le style monumental de l'reuvre, mais que cette organisatioo, cette construction architecturale se cache subtileroeot derriere le voile palpitant des détails physionomiques. II n'est pas une forme, dans cette figure, qui
ne soit inventée; elle est invraisemblable d'un bout
a l'autre. (Je ne manque pas, daos mon académie, de
dooner cette position et celle de Thétis a chaque modele,
a titre d'expérieoce, et pour la plus grande édification des
éleves incrédules.) Pas une ligne ne co10cide avec la
forme naturelle, qui apparait a la coroparaisoo toute
empatée. Ríen qu'a analyser le visage de l'Odalisque,
j'éprouve un plaisir sans limites, a ccnstater le mélange de
violence et de déférence dont il est le produit. Je ne sais ce
qui est le plus émouvant, de l'arbitraire des formes, ou des
précautions que le peintre a prises pour les poser sur la
toile. Ce cou est une ,·erticale, ce turban un cercle, ces
bandeaux de cheveux une sinusoide. Pour éviter la symétrie, le muscle trapeze s'arrondit vers la gauche et devient,
de l'autre coté, une droite. L'empatement qui relie le menten au cou a disparu ; il n'y a plus qu'une ligne horizontale faisant un angle droit avec le cou, parallele a la nuque.
Mais le plus étonnant, dans ce visage, c'est le faux parallélisrne du profil avec la verticale. Pour mieux me rendre
compte du travail du peintre, j'inventorie vingt visages
féminins, placés dans la meme position. J'en conclus
qu'il est impossible, en copiant froidement la réalité,
d'amener un profil normal a cette espece de nivellement.
Le nez tracera forcément un angle superfétatoire (car l'essentiel~ pour lngres, est d'obtenir, dans cette partie du

INGRES VU PAR UN PEINTRE

tableau, l'illusion d'un parallélisme avec les deux lignes du
cou). Avec quels soins délicats le peintre met en lumiere
cette partie du visage, et établit un cornpromis entre la
ligne réelle et la ligne constructive ! Elles s'interpénetrent
si bien que le spectateur sentimental et le technicien y
trouvent tous deux leur compte. L'intelligence de l'agencement des lignes est toujours prodigieusement émom·ante
dans lngres, mais que dire des égards infinis avec lesquels il
les manie et les installe. Quels mots trouver, pour célébrer
cet art de délicat camouflage, cette décence daos l'aveu de
ses calculs ? Sauf pour quelques ennemis de lugres, singulierement perspicaces - comme ce charmant M. Dimier
qui me disait finement: « Voyez le bras du duc d'Orléans:
c'est déja le bras de fauteuil cubiste ! » - les créatures de
lngres, ses créations devrais-je dire, s'offrent sousdes dehors
irréprochables. Certains &lt;&lt; modernes &gt;&gt; auxquels il faut parler
gros pour etre compris, vont jusqu'ales trouver &lt;&lt; pompier &gt;&gt;.
On qualifie plus généralement son dessin d' &lt;1 impeccable ».
M. Roger Allard parle ·de « contour exact » confondant
me semble-t-il, ici, précision et exactitude.' Le méme'
critique déplore que &lt;&lt; le lyrisme et le drame aient
déserté la peinture &gt;&gt;. Mais je le demande a tous ceux qui
ai°:ent la peinture pour elle-méme: Y a-t-il quelque part
lyns_me comparable a celui qui nah de ce compromis
subt1l, chez logres, entre 1a sincérité et le subterfuge ?
Recréant, par un e:ffort d'imagination, les formes naturelles que le premier cubiste-impressionniste eut devant
les ~e~~' je mesure la distance parcourue par cette agile
se~s1~1ltté. Mon intelligence se réjouit de ses procédés
art1fic1eux ; mon creur nage dans une joie sans bornes en
reconnaissam, a travers ces merveilleuses architectures
le visage de la Nature immortelle.
'
*

* *
C'est parce que partagée en .deux morceaux opposés, et
décelant a l'analyse a la fois une agitation et un apaise-

�LA NOOVELLE REVUE FRANCAISE

ment ( comme du bouillonnement de la source et du calme
de l'esruaire) que les ceuvres d'Ingres, ses portraits surtout, nous font parcourir les plus grandes étendues de la
sensibilité humaine et nous proposenr des modeles que
nous ne saurions trap étudier.
J'arnue que je ne puis, en aucune fac;on, me sentir
d'accord avec M.. Roger Allard quand il voit en Delacroix
le maitre le plus apee a orienrer aujourd'hui les jeunes
peintres vers le salut. Comment Delacroix, dont je reparlerai a propos du Louvre, pourrait-il nous enseigner la
regle, sans laquelle il n'est pas de licence possible,
puisqu'il ese la licence tout court, la liberté sans frein,
l'explosion? Loin d'évoquer cette accalmie magnifique
que réalise l'ceuvre d'Ingres, son ceuvre est l'orage
meme, avec rous ses effets brutaux et toutes ses syntheses rapides. Elle ese l'exception : on l'admet, on !'admire
quelquefois, mais on ne l'érige pasen príncipe. Ses procédés
sont les plus périmés qui soient; la preuve en est que, malgré son génie indéniable, il demeure roujours inférieut aux
maitres done il a emprunté les modes d'expression : Tiotoret, Véronese, Rubens. Ceux-ci, Titans d'une autre race,
exprimaient les objets de mémoire : il faur une puissance
presque divine pour atteindre au lyrisme en travaillaot
uoiquement par la connaissa11ce. Ingres, rout comme Delacroix, eut échoué dans cette entreprise. Ses dessins exécutés sans modele montrent la pauvreté de son « imagination »; son génie, comportant toutes les tares dont nous
sommes héréditairement atteints, est d'avoir adopté un
systeme de travail en accord avec son tempérament, et
c'est une raison de plus pour que sa lec;on nous paraisse
exemplaire. A l'encontre de Delacroix, s'il choisit Raphael
comme maitre, c'est, plutót qu'un modele, un excitant
qu'il rechercbe. Ses procédés de travail, nous l'avons vu,
sont absolument différents de ceux du peintre de la Fornarina, et, s'il évoque, par fa pureté toute géométrique des
cootours, le grand Iralien, c'est pour mieux oous faire

INGRES 1·u PAR UN PEINTRE

goóter les différences profondes qui existeot entre ces deux
iospirations opposées. Ainsi, s'il ne nous propase pas une
ceuvre plus noble et plus belle que celle de Rapbael, il
nous en offre une plus touchante parce que plus proche de
notre sensibilicé. Ce n'est pas it propos d'Ingres, mais bien
de Delacroix qu'il faut parler d'académisme . Delacroix est
le dernier grand académique illustrant des concepts plutót
qu'obéissant ades sewations. Une fois pour toutes, précisons
cette différcnce profonde, absolue, irréductible qui existe
entre les deux modes de travail adoptés par les deux grands
rivaux. Delacroix, séduit avant toutes choses par la tragédie
humaine, représente une anecdote, • historique ou de
mceurs », le plus littéralement possible, avec le maximum
de couleur loen/e. A cóté des Renaissants, traitant quelquefois
de sujets analogues, il parait d'un naturalisme étroit.
Trap dérnué au drame h111nain, il n'a pas le temps ni la
force de le transposer dans le domaine de l'absolu. Luí
aussi a recours a des procédés paralléles au su jet choisi, et
son reuvre demeure emprisonnée dans la gangue des formes
pour ainsi dire « journaliéres ». Ainsi que l'enseigne
l'&amp;ole, il dessine le visage, le pied, la main types; il se
conforme a un canon établi une fois pour toutes. Regardez
les Croisés: c'est le m~me dessin de visage anonyme au
nez court dans le prolongement du front, c'est le méme
type conventionnel que l'on trouve daos la plupart de ses
tableaux. Pressé d'en arriver a l'action, il ne va pas
• s'amuser » aen différencier les acteurs: ce qui l'intéresse,
c'est le tumulte, l'entrecroisement des lignes, la véhémence du désordre illustratif: a !'instar de ses visages, les
1:'embres de ses personnages se trouveront dans des posit10ns prévues, et ne cesseront d'étre conformes aux regles
de la perspective habituelle et aux lois de l'anatomie.
N'est-ce pas la la caractéristique de l'Académisme ?
Regardons travailler Ingres a nouveau : il aborde la
nature sans idées préconc;ues, en état de virginité intellectuelle, en parfaite posture de réceptivité: il est pret a

�.286

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

.subir et a enregistrer le moindre choc venu du dehors.
Des lors ce n'est pas la ressemblance qu'ont les objets entre
eux qui le frappeta, mais leurs différences les plus subtiles.
11 sera sensible d'abord a ce qu'un visage, une main, une
étoffe offrent de particulier, d'inédit, d'individuel. Si l'on
compare entre eux ses portraits, on découvre presque dans
le moindre accessoire ce gout de la différenciation, cet
.amour de l'humain, dans ce qu'il offre de plus intimement
révébteur de l'ame, cette recherche des éléments les plus
spécifiques, les plus rares, les plus exceptionnels. La con-fiance en soi-meme d'un bourgeois cossu, ou le souci a
peine perceptible d'une gracieuse mondaine qui sent déja
fuir sa beauté, sont pour lui des drames aussi importants
que les Massacres de Scio ou les revers de la Crece expirante.
Tous ses portraits sont des évocations attendrissantes
d'une humanité percée par le regard le plus attentif, et
peintes par la main la plus soigneuse qui aient existé depuis
Foucquet. Il fallut cet effort de spéculation plastique dont
j'ai parlé, opérant sur les découvertes de la sensibilité, pour
qu'ennoblie par la floraison des ligues génératrices, l'ceuvre
du portraitiste échappat a l'anecdote et se haussat a I:Universel.
Je voulais longuement parler des portraits d'Ingres,
auxquels M. Allard me semble avoir trop peu pensé.
Mais aussi bien tout ce dont il a été question dans cette
étude peut leur etre appliqué. Ingres est une personnalité
trop puissammen t organisée ( trop forrement im prégnée,
aussi, de l'influence Davidienne) pour apparaítre inégal
selon les sujets par lui choisis. II me faut cependant signaler
ce fait inoui: : il est peut-etre le seul ponraitiste dont les
modeles ne se soient jamais plaints. Et cela seul suffiraít a
préciser sa valeur: cet inventeur de formes est en meme
temps le créateur des plus aimables ressemblances ! 11 n'est
pas jusqu'a ces minuscules nacures martes, placées dans un
coin de la toile - comme ce buste et ces livres (portrait
de Bartolini), ces gants et ce rouleau de papier jetés sur le

INGRES VU PAR UN PEINTRE

coin d'un canapé (portrait de M. de Pastoret) et cet exquis
mélange de rubans et des franges d'un fauteuil (Mme Moitenier, 1851) qui n'accentuent la ressemblance du modele
par celle de l'atmasphere dans Jaquelle il baigne.
A titre d'exemples faciles a méditer, je cite les dessins
pour le portrait de Afme d'Haimonville ou de Mrne de Broglie
(je pourraís les citer tóus), qui, comparés aux peintures,
rnieux que tous les discours, démontrent l'amplification
qu'Ingres sut faire subir a ses notes directes. Chaque
dessin, vu séparément, parait définitif, et comme n'adroettant pas de su~enchere, mais il semble maigre des qu'on le
compare au portrait terminé. Dans celui-cí, les rapports des
formes vivances avec celles du fond jouent si justement
qu'elles en sont augmentées et ennoblies. Les dimensions
de chaque objet sont si rigoureusement établies, colorées
avec tant de mesure, en fonction de l'économie générale,
qu'il est impossible de déplacer d'un demi-centimetre
chaque détail. Nous tous qui cherchons les secrets de 1a
coostruction harmonieuse, qui pourrions-nous interroger,
sinan encore l'infaillible magicien qui, ayant amené sagement chaque objet a sa place fatale, trouve encere le
mayen, l'ayant ainsi emprisonné, de lui conserver son
saurire?
Je quitte aregret lngres portraitiste; ce ne sera cependant
pas saos avoir souligné la nécessíté, qu'il nous fait admettre,
du :rompe-l'ceil. Cézanne lui-meme, peintre bien plus
allus1f, le déclarait indispensable. Qui ne comprendrait
que la nudité des surfaces martes, mur, meuble, livre,
etc., peut paraitre plus calme encere, opposée a la vivadté d'une robe ou d'une draperie ornernentée avec précision ? M. Allard dénonce comme un danger le « sens »
qu'avait logres « du détail poussé jusqu'au sadisme )). Que
pensera-t-il alors de l' &lt;e exactitude scrupuleuse » des primitifs? ~· A~lard se laisse entrainer un peu trop loin par
son ant1pathie pour les procédés cubistes. Qu'il veuille
empecber M. Braque de tomber par ce l'abus du trompe-

�.288

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

INGRES VU PAR UN PEINTRE

l'cdl » dans le « bas-réalisme &gt;&gt; qu'on voudrait ainsi e&lt; proposer comme le dernier effort de l'art », ¡~ le cornprends
fort bien, mais est-il bien sftr que, si, au lieu d'interroger,
comme ils le font, dévotieusement logres et Corot, les
peintres cubistes se mettaient a l'école de Delacroix, ils ne
courraient pas la plus stérile aventure?

*

**
En plus de la le~n morale qui se dégage de son attitude,.
les moyens qu'emploíe lngres nous apparaissent les plus
propres a réintégrer la peinture daos ses limites normales.
Comment saisir 1a forme, en évah1er les propriétés pfa.stiques, si ce n'est en Yemprisonnant en des linéaments géométriques? Débarrassant la peinture· de ses ornements
fragiles, de ses hors-d'ceuvre périssables, Ingres reporte
notre esprit angoissé vers les chefs-d'ceuvre savants et
na1fs de l'Egypte et de la Grece. Certaines de ses toiles,.
comme la grande Odq,lisque, le nu de dos de la collection
Bonnat, ]upiter et Thé.tis, évoquent les procédés les plus
farneux de l'art antique. Les danseuses des bas-reliefs
égyptiens, grace a quelques lignes profondément méditées,.
et totalement inventifes, résument saos sécheresse ni pédanterie toutes les souplesses et tous les mysteres du corps
féminin. Les contours les plus divers s'y mélangent avec
un tact indépassable et nous renseignent sur l'esseotiel ¿e
la structure humaine. Le profil d'un visage donne de
celui-ci la définition la plus typique: la figure s'appliquera
done de cóté contre le mur. Mais un ceil dessiné tel que le
propose le visage ainsi placé est insuffisamment ex:pressif.
L'artiste égyptien va avoir recours a un subterfuge : imaginer un déplacement de sa vision et intégrer l'ceil rkl,
l'reil absolu, l'reil de face dans le profil, qui en demeure
tour illuminé. Le meme procédé présidera a l'expression
du corps. La ligue du dos, la chute des reías sont des
signes admirables : les voki fixés. Mais est-ce une-

r

rnison pour sacrifier ce ventre merveilleux qui se trouve
dissimulé ? Un déplacement dans Je sens opposé, et voici
la subtile jonction établie. Ce dos, ces rondeurs jumelles des
fesses, si on les dessine en leur entier, ne présentent que
l'envers du corps; une légere incursion d'un cóté, et le
sein caché va doucement renfler la lígne ou se greffe le
bras. Voici une parfaite énumération, un inventaire complet des beautés du corps féminin. C'est a la meme totalisation des valeurs expressives que tendent les ceuvres
d'Ingres pré-citées. Si l'on compare le nu de la collection
Bonnat ou l'Odalisque avec ces bas-reliefs, on demeure saisi
de leur ressemblance, et l'on ne sait que choisir du charme
sensuel ou de rémotion spéculative que dégagent ces
a:uvres si éloignées et si paren tes. Puissent M. Lapauze et
ses amis, si dévoués a l'art d'Ingres et sans doute soucieux
de la prospérité de sa descendance spirituelle, réfléchir sur
ce rapprochement et s'attendrir davantage sur le désir
d'absolu qui incite certains peintres cubistes a noter simultanément les propriétés dffférentes des objets, et qui leur
fait concilier a leur tour, sur leur panneau, les signes éloignés d'un sein et du dos ou la rondeur et le profil d'un
compotier empli de poires a la fois rondes et triangulaires !
11 n'est pas jusqu' au procédé cu biste de la teinte-plate,
procédé également ancien, qui n'ait été utilisé par Ingres,
et camouflé, selon son habitude, de fat;on a para5tre le
moins archafque possible, le moins agressif. Tout ce que
ce peintre génial ajoute au contour, il le retranche de
l'intérieur. Je prends au hasard le portrait de Madarne de
Tournou. On ne peut appeler modelé ce léger dégradé sur
les bords du bras droit: il tourne, malgré cela. Le peintre,
expen a tirer parti des moindres lignes, a compris qu'en
exagérant, en relevant la courbe de la manche, et en la
reliant doucement au dessin du bras, il suggérera ainsi la
rondeur du membre. C'est a une méditation de meme
nature sur la valeur expressive des contours que se livrertt
19

�LA NOUVELLE REVUE FRANí,.AISE

les peintres nauve-aux: animer l'intérieur de surfaces planes
emplies du ton local par le frémissement de la ligne qui les
délimite est leur constante préoccupation. (Les peintres
strictement linéai,res, au contraire, n'obtiennent que des
surfaces inertes: ce tie sont pas des peintres.) C'est encare
un souci identique qui donne en partie l'ampleur et le
style aux rneilleurs tableaux de Courbet, moins éloign"é
qu'on ne pense, dans ses bons jours, du grand Mantalbanais. C'est enfin une constante méditation sur le pauvoir
suggestif des Ugnes, et l'exercice fréquent des déplacements
(au sens ou j'ai indiqué que l'entendaient les Egyptiens),
qui doue les tableaux de Cézanne d'intensité expressive, et
en fait le logique ttait-d'union entre lngres et nous.
Malgré que cette filiation m'apparaisse indéniable et qu'il
y ait, dans l'attitude admirative prise par la majorité des
peintres nouveaux a l'ég:i.rd d'lngres, la confession d'une
admiration sincere, et qu'aucune cansidération politique
ne viem entacher, je comprends que le public soit encore
sceptique au sujet ·de la filiation Ingres-Cézanne-le cubisme. A vrai dire, je ne vois guere quel est, parmi les
al'tistes contemporains, celui qui vit réellement le drame
dont Ingres jadis fut le héros. 11 n'y a pas beaucoup de
peintres déchirés d'aussi vertueux scrupules. Mais n'oublions pas que le cubisme nah a peine : il a exactement
dix ans d'existence, et la guerre ne fut pas faite pour le
doter d'inspirations ferriles. Nous en sammes encare
a ce moment douteux d'un mouvement naissant ou les
éléments le,s plus troubles se mélangent, ou maitres de
&lt;lema.in et simples profiteurs ¿u jour sont, aux yeux du
vulgaire, confondus. Lorsque l'hnpressionnisme avait cet
dg.e-1.it, Cézanne et Renoir ne paraissaient pas plus grands
qu'un Guillaumin. Sisley, qui n'atteint pas a la cheville
des maitres d' Aix et de Cagnes, mais qui peut passer
pour l'impressionniste-type, peignait alors aYec des tons
sales, et s'in&lt;lignait des ombres violettes qu'osait timidemerit Renoir. Qui, a ce moment-la, eut pu prédite a la

INGRES VU PAR UN PEINTRE

nauvelle écale son glorieux avenir? On objectera, en
m'empruntant mes propos memes, que les plus gra:nds
d'entre les impressionnistes sont ceux qui sant sortis de
cette Ecole. 11 s'agit bien, en effet, de sortir du cubisme,
mais encare y a+il « 1a manier.e » et le cboix de l'heure.
Il peut y avoir deux fa~ons de s'en év.ad.er: 1° en le
reniant, ce qui ne serait ni tres noble, ni tres profitable;
2° en le dépassant, apres l'avoir assumé tout entier. Pour
qu'il y ait évasion, il faut que la prisan soit construite ; il
faut que le cubisme, ensemble de lais définies, existe, grace
aune cohésion des effarts, et aun renoncement provisoire a
la recherche de l'originalité a tout prix. Travaillons done,
puisque- l'art se meurt de trap de liberté, a édifier cette
nouvelle prisan. Ce sera ensuite aux plus agiles a en escalader les murs, jusqu'aux nuages, qu'illuminera sagement
le reflet du génie tempéré du grand ce Mansieur logres &gt;&gt;.
A~DRE L!fOTE

Je ne peux raisonnablement abandanner cette étude
sans dénancer: une fois de plus, le mépris que l'on a en
France pour les ceuvres d'art qu'on pourrait facilement
sauver de la destrucrion. Qu'un ce audacieux bandit ,i vale
un tableau dans un musée, qu'un obus abime un monument, et vaici tous les journaux emplis de protestations
indignées. Mais que, par l'incurie des fonctionnaires,
des chefs-d'ceuvre tombent en poussiere, personne ne
s'en émeut. 11 y a beaucoup a dire sur l'organisation
de nos musées... L'admirable Portrait de Granet, qui
appartient au musée d'Aíx, est dans un état déplorable.
La toile, distendue, faisant poche, et usée sur les bords,
menace d'abandanner le chassis : on a bien voulu la cansalider (?) a l'aide de quatre petits bouts de bois claués au
petit bonheur par dessus la peinture. Ce tablean réclame
impérieusement un rentoilage, ou, au moins un collarre
'
t, •
sur panneau de bois. Les 'Ambassadeurs d'Agamemnon, toile

�LA NOUVELLE REVU.E FRANCAISE

a.ppartenant a l'Ecole des Beaux-Arts, s'écaille en plusieurs
endroits. Chaque coup de plumeau destiné a enlever
la poussiere, ~ggrave la blessure. Le Portrait de Bonaparte,
du musée de Liege, a éré reverni follement, par vagues
successives. Sous les irrégulieres nappes brunatres, il est
irn possible de savoir de, quel vert a été peint le tapis ; la
jambe droite du premier Consul, moins vemie que l'autre
ou partiellement nettoyée, est blanche, cependant que
la jarnbe gauche est devenue d'un beau jaune d'or ! Je
,reparlerai des soins a donner aux tableaux d'fngres a
propos du Louvre.

POEMES

INTIME

Les lettres sur le bureau
Semblent exhaler des plaintes
Et la courte horloge peinte
Fait des poids comme un vieux beau.
L'inutile plume d'oie
Et le bloc de pdle azur
Dévotement dorment mr
L'albwn de Ma Mere l' Oye.
Sous les verres les images
Disent des enfantillages
Et les parents dans leurs cadres
Sont bien sages pottr leur áge.
Le buvard aux bavardages
Rose comme tm écolier
A ttend l' beHre de lier
Sa bouche aux lévres des phrases

�2 94

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

295

POEMES

Tandis qu'au loin mes pigeons
Roucoulent des gargarisrnes
Et font un Henri Matisse
Avec l'ombre du balcon ...

AUBE

ZÉLANDE

Toza un paysage en lignes bla:nches
L'octroi de Paris est un Foujita
Avec un oiseat, rnr 11,ne branche
D'un arbre comme il y en a des tas.

De l'air, de la lumier.e
Et ce ciel que balaie
Le vent, ou de légeres
Fumées et nules errent.
Une eau grise venant
Implorer dBS caresses
A ux flanes du bateau svelte
Comtne des cbiens jappant.
Tout cela qui clapote,
Un instant danse et fróle,
Puis regagne. en bon ordre
Les tapis d'un vert proche,
\

Mouli11S et ber,ges douces
Sur un fond vieille Hollande,
Eglises sous lettrs hollSses
Et beffrois qui s'élancent ...

Un réverbere est encore en vie
S1" la grille qui coupe du jour
Et dans cette petite at.we en sourdine
C'est le passage des topinambozm.
Tout un monde somnolent s'avance
En cette lumiere tféchafatul
Tandis que le gabelou de sa lance
Perce le secret des tombereaux.
RENÉ KERDYIC

�LA NOtJ\'ELLE REVCJE fRAN&lt;:AfSE

LE CONCIERGE
I&gt;a11s le ciel fument de grands vaisseaux
et mr terre il y a ce soir un homme qui écrit
pres d' une bougie
avec un styl.ographe Watermaizn
Il pense aux oiseaux gris
aux valses lentes qui sont des oiseaux gris
il pense aux pays qtt'il ne connatt pas
comme on pense ason cbien endormi
n sait beaucoup de choses qui n'ont pas de nom
sur la ferre et dans les cieu.x
d'ot't s'envolent les grands vaisseaux
I es arbres réc1ament le silence et la plttie
ll y a im homme qui écrit pres d'uné bougie
pres d' un chien endvrmi
et qui pense a la /une
et qui pense ait Bon Dieu
Jl y a aussi ces papillons pelites réclames du paradis
111aison des anges tres bien mis
propriétaires de cannes elégantes
et de grandes voitures simples souples silencieuses
Les anges son t des amis
a qui l'on demande conseil pou.r choisir une cravate
et qui dpondent tristement
ce Choisís celle qui a la couleur de tes yeux. »

POEMES

Les anges disparaissent dans les jlammes des bo11gies
et il n'y a plus q11-e les arbres
et naturellement les animaux que l'on oublie
et q11 i se cachmt
Ces bra1.'es savent que le silence est de rigHwr
a cette hmre de la nuit courageuse
l.t cette beztre oú descendent les priéres
et les chansons rnr des ecbelles de colon
C'est l'heure 01i l'on voit aussi des yeux
qui ne veulent pas s'éteindre
immobiles comme des séraphins
Anges de Paris prétez.-moi vos ailes
préte'--moi i·os doigts
prétez-11wi i•os mains
Faut-il que je darme encare si longtemps
et que 111a té/e soit plus lúurde qu'un péché
Faut-il que je 111eure sans 1m cri
dans le silence que récla.ment les ai:bres
pres d'une bougie
pres d'11n chien endormi

2 97

�LA. NOUVELLE REVU:E FRAN~AISB

299

PO.E.MES

I
CALENDRIER
INAUGURATION D'UN CANON
La f umée des cigares
la chaleur des rnaisons
la lumiere des odans et des rivieres
sont nos chers compagnons
Et pourtant notre ingratitude est sans bornes
comme nos regards, comme notre voix
Nous passons avec notre rt're
,
pour mieux voir les bonheurs des dames
et les paradis des enfants
Notts ne savons pas qu'il existe quelque part
une 1le
un désert
pour les petits
Aujou,rd'hui et demain
comme deux mains croisées
s1-1,pporte1it malgri tout la chaleur des années
Notis pouvons courir
et nous po1wons mourir
la pluie sera pour nous la chére bienvenue
Son visage sanglant et ses mains croisées
supportent-elles aussi la chaleur des années.

Quand la table s'ovalise
et que les verres changent de forme,
1m Frere Supérieur en frac
Jait signer les hótes sur le Livre tf Or.
e( - Croyez a notre attachement pour vous,
plus fort que le ciment. »

Lors,
une visite au polygane.

L'ingéniettr principal, un squale
en leggins et barbe noire) crmfinna :
e&lt; C'est notre 220mm sur chenilles;
deviendra papillon.
Je ne saurais trop le recommander ·
aux nations avides de higl&gt;-life. »
Combats sanglants. Sanglants combats.
Tira la bobinette.
La mission ferma ses oreilles et ouvrit la boucbe.
Une rose trémiere tamba.
Cotnbats sanglants.

PHILIPPE SOUPAULT

Notre wagon attendait, loamwtif,
dans une gare concave oú résrmnaient des veaux.
Nous aussi, nous sommes une nation d'artisles.

�· LA NOGVELLE REVUE FRAN~!SE

300

II

MADAME DE NOAILLES
INAUGURATION D'UN PAQUEBOT

Les artistes de la Comédie-Franvaise
sont venus stt1' le paquebot a 4 turbines
réciter les deme Pigeons
satis un plafond signé L11c-Olivier Merso11.
Les filles du Préfet maritime dansent
et so-nt en nage
d'espérer 11n mari.
Le Capitaine dit: « Voyez. dames Sirlries
habillées de mazout. Ji
(Peut-on considérer sa11s baine
l'atticisme du Capitaine ?)
Des gouttes to-mbent) large sue11r.
Les foryafs du 4m pont r:mt des sentiments excessifs.
La mayonnaise to11rne.
On entend crier
les chi,ms promis ti la vivisection.
Dans sa péroraison, le Ministre aux invités :
~&lt; Lanyons sur l'océan,
0

suave mari magnum,

ce petit caín de France,
e' est a dire,
un peu plus de Justice el tm peu plus de Beauté.

&gt;&gt;

PAUL MORAND

L'Académiefran~ise vient de décerner aMm• de Noailles la
plus haute récompense dont elle dispose, et dont elle dispose souvent avec moins de discernement ou de bonheur.
Le poete de l'Ombre des Joitrs pla&lt;;ait son recueil de début
sous la protection des paysages de l'Ile-de-France ; des le
premier poeme Montaigne vient rimer a chataignes, Ronsard a lézards, le reve dudit a feves et Jean Racine a
résines ; et des la premiere strophe on ne rencontre pas
moins de trois especes de végétaux, avec le creur latín et
le lait de la Gaule. Sept strophes commencent par le meme
mot Quand et sont coupée~ sur le meme patron. Ce
scheme: ce Quand les choses sont ainsi et ainsi, je suis moimeme ainsi ... &gt;&gt; est constant chez Mme de Noailles. Mais
voici la conclusion du poeme :
Alors on a co11clu ai•ec votre beauté
Un sí fort mariage
Que l'on ne sail plus bien, qua11d l'a{ur de votre reil
S11.r le monde Jlamboie,
Si c.'est da11s sa tendresse 011 bim dans son orgueil
Q11' 011 a le plus de joie ...

Ce qui ne signifie rien, ou bien peu. A proportion que
l'auteur y veut enfermer une idée, le nombre des vers
s'affaiblit, le rythme déraille, les consonnes se bousculent
et la phrase essouffiée dégrafe son corset. &lt;&lt; Un si fort
mariage » est une expression baroque et le distique
Que l'on ne st1it plus bie11, qnand !'azur de votre ceil
S1ir le 111onde jlamboie

�302

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

fait un bon exemple de cacophonie syllabique. Facheusement disposé, le lecteur tourne la page et tombe sur les
stances que voici :
Natu1·e au cattr profond mr qui les cieux rtposent,
'

Nul n'aura comme moi si chaudement aimé
La lumiere des jours et la 1UJuceur des cboses,

L 'eau luisante et la terre ou la vie a ge1·mé.

C'est une autre musique et qui ne bronche pas. Si les
strophes se répetent encore un peu, c'est a 1a fa~on des
miroirs opposés qui multiplient le moindre reftet a l'in fini :
La forét, les étangs et les plaines fécondes
Ont plus toucbé mes yeux que les regards bumains.
Je me suis app1iyee ala beauté du t1umde
Etj'ai tenu l'odeur des saisons dans mes mains.
]'ai porté vos soleils ainsi qilttne couro1me
Sur mon front plei.n d'orgueil et tle simplicité...

Ici, pour peu qu'il ait a quelque degré le double sentiment de la vraie poésie et des cadences fran~aises, le lecteur bat des mains. Quels beaux s'ons, que! chant large et
simple, et quel souffle de passion !
Heureuse de vivre et de voir clair, comme on dit, heureuse d'etre jeune et belle, mais d'un bonheur romantique,
et qui, en dépit des soupirs extasiés et des cris de jouissance, est au fond pareil a celui de la Diane de Vigny,
&lt;e taciturne et toujours menacé », la poétesse s'écrie;
Ab ! Jaut-il que mes yeux s'emplissent d'ombre un jo11r,
Et que j'aille au pays sans 'l!ent et sans 1•erdure ,
Que ne visitmt pas la lumiere et l1amour ...

Mais ce· tourment de la mort, elle en saura bientot faire,
selon les bonnes méthodes romantiques, le ragout de la
volupté. Elle développe en passant les vieux themes
anacréontiques, peut-etre pour légitimer son culte pour
Ronsard, mais ses vrais maitres sont les grands révoltés de
1820. Et si Mmc de Noailles ne s'écrie pas a son tour :
&lt;&lt; Levez-vous, orages désirés i&gt;, elle aspire a

MADAME DE NOAILLES

Habiler le sommet des sentiments bu111ains
Ou l'air est ápre et vif comme mr la mo11tag11e.

Elle veut vivre dans l'exaltation « les jours qui :menent
au tombeau » :
Le goút de l'héroTque et du passio1mel
Qui ftotte autour des corps, des sons, des Joules vives,
Touche avec la brúlure et la saveur du sel
Mon c~tr tumultueux et mon áme excessive ...

Cet éréthisme mi-cérébral mi-sensuel a pour complément
obligé un panthéisme naturiste dont on a cruellement
raillé les fantaisies potageres. Elle se melera intimement a la
nature, entre sa chair et les éléments s'effectueront de
mystérieux échanges de plaisir. Androgyne consciente, en
sa frénésie lyrique, elle possede tout, tout la possede.
Je m'appuierai si bien et si fort ti la vie
1/ime si rude étreinte et d'un te! serrement .
Qu'avant q11e la 1UJuceur du jour me soit mde
Elle s'écbaujjera tle mon enlacement.

Remarquez en passant cambien cette strophe, ou l'idée
du poeme est exposée, est faible et, comme disait Maynard,
&lt;&lt; pleine de bourre » a en etre insupportable. Mais sitót
qu'il s'agit de développer, d'imaginer des métaphores, le
poete retrouve tous ses moyens:
La mer, abondamment sur le 11umde étalJe,
Gardera (ici une cheville pénible)
Le goút de ma douleur qui est tic re et salét
Et sur-les jours mouvJ11ls roule comme u11 bateazt.

Mais dans un genre plus touchant et moins imagé, voici
qui égale presquele « respirez-en sur moi ... » de Marceline:
je laisserai dnnoi da11s le pli tles col/in.es
La cbaleur de mes yeu.x qui ies ont vu fteu1·ir.

Le meme theme revient jusqu'a l'obsession. Si M"'• de
Noailles s'avise d'adresser des Faroles a la /une ce sera pour
s'informer du mal qui peut « troubler d'un désir haletant

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AlSE

sa langueur superbe » ; si c'est le spectacle des boucs et des
chevres accoup1és ou les hommes qui &lt;t vont se pendre ou se
noyer » pour la désennuyer ! Ces inventions rappellent d'au•
tres fantaisies, le « point sur un i » de Musset et les gentillesses pour monologue de Rostand. La lune est du
reste un tres bon astre de touche, si l'on peut dire, et
propre a décéler imr;nédiatement le romantisme d'un
poete. Il y a une maniere d'invoquer les astres qui ne
trompe pas:
Belle lune d'ar![e-Jtt j'.úme

a te

i•oir bri/Zer ...

Moréas, certes, ne s'avise pas de. poser a la chaste déesse
des questions aussi saugrenues.
Enfin dans cette passion Msordonnée que Mllle de Noailles
a vouée a la nature, il n'entre pas que des instincts ou des
réflexes sensuels; il entre encore des raisons, celles de JeanJacques. Ce panthéisme esta base de pessimisme social.
• A vingt ans le poete, sans etre sorti de son verger
natal, a reconnu que le monde était sans cceur, sans
amour, et sans pitié, la société mal faite, que la conscience
humaine n'était pas e&lt; le lumineux domaine ou fleurissait
la loi clémente et l'équité &gt;&gt;; e&lt; que le mal emplissait les
cités, que l'homme était dur aux misérables » et qu'en
conséquence &lt;e les bois de sapins et les bouquets d'érables,
le froment, l'orge, le sarrazin, le figuier, le raisin
Foisaient plus d'o111b1úl l'dme orgueil!euse ~, blessle
Que le plaisir, que le travail, que la pmsée ..•

Que! plaisir, puisque le vótre est de vivre avec ces
végétaux, et comme eux.? Quel travail et quelle pensée ?
Tout cela pour aboutir a renouveler les vceux de végétalisme cent fois pmnoncés au cours du livre. Le panthéisme de Mm• de Noailles n'a pas, malgré l'appart'nce,
J'assurance tranquille de la conviction. Femme, elle a choisi
.u ne doctrine assorcie a son tempérament.

MADAME DE NOAILLES

Nous voici a la page 59; nous pourrions aussi bien nous
arreter la, car ni la fin du Caur innombrable, ni les autres
recueils ne nous apprendront ríen de plus.
... La 1t1archa11de mr sa voiture

N'a pas plus de quatre saiso11s

chantait notre pauvre et tendre Pellerin. Ainsi cbez Mrne de
Noailles, le printemps est toujours ven, et l'été jau.ne, la
vie est la vie, et l'amour est l'amour. Elle essaye bien de
&lt;e passionner le débat &gt;&gt;, (comme on dit a la Chambre)
a force d'images, mais elle n'y réussit pas toujours.
M. Charles Maurras ' a disséqué avec une précision
cruelle et une :i.dmirable lucidité cette frénésie de sentiment, cet abus méthodique d'une belle et forte sensibilité
naturelle : « Nulle composition réelle, quoique l'auteur
« sache toujours ou il va et, de biais ou de droit, qu'il y
« puisse toujours aller. Ni providence ni pensée. Les élé~
« ments se groupent, selon leurs poids ou leur venue. Ne
« lui demandez pas de « soigner » autre chose que ses da(&lt; meurs. i&gt;
Les cris les plus violents, les mieux poussés, voire les
plus beaux ont vite fait de lasser. Si sincere qu'elle soit, si
nue en sa passion qu'elle désire etre vue, Mme de Noailles
n'ignore pas le secours qu'on peut attendre d'une rhéto•
rique habile ; elle parah s'étre mise l'école de ·Víctor
H~go i, le. maitre par excellence du développement
lynque. Mais elle ne contróle. pas sa richesse verbale.

a

I. L'Avenir de l'lntelltgence, le romantisme féminin (2" éd.), p. 226.
Cf. les Sfatrces d Víctor Hugo (Eblouissements, p. 179) :

2.

Qua1ul je wis l'it1fini, je pense : cest Hugo
C'esl sa b0111:be pro/onde...
&gt; Je crois ,¡.u c'esl loi Pan, qw c'est toi Jébova
T&lt;Ji le cbanta11t l{q,nért,
'
Que rim=11se ocian brisant ses bords s'en va

_¡r

Dans la frilrine amere.

Ad~i:ons en passant ce phénoméne de mimétisme Httéraire... et bien
fénunm: Mma de Noaillescélébre Hugo dans sa langue ¡\ Jui.
20

�306

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AIS:i.

A la récitation on est emporté dans le flot bondissan t
des métaphores; mais la lecture des yeux laisse paraitre la
pauvreté de la trame, l'absence de construction. Ce sont
des poemes invertébrés dont l~s ~trop~es se su:cedent,
mais ne s'ordonoent pas. La descrtptton, 1énutnérat10n sont
des procédés dont le poete use le plus volontiers lorsgue
son génie, comme celui de Mm• de Noailles, engendre plus
d'images_ que d'idées ; car les images naissent les une.s des
autres par leseul effet de la rime qui force a concevo1r des
rapports éloignés.
.
,
.
Les Eblouissements, tel est le tltre d un des recueils de
Mm• de Noailles, qui convieodrait a merveille al'ensemblf de
son ceuvre. Elle prodigue les luniieres, les couleurs, les parfums, les fleurs rares, les villes d'art célebres, les pays décoratifs, les nuits persanes, les m.atins de Sicil:, les soirs
Stamboul. Et tout cela, qui panlt neuf, est dé¡a caduc.
Dans le Voya.ge, Baudelaire avait donné l'exemple et la
formule de cet exotisme sensuel, olfactif. et non plastique a
la maniere parnassienne. Mm• de Noailles abuse d'effets
comme celui-ci :

a

Car je pos&amp;ede en moi tous les pays de prix
Et les a:¡:urs de la.jeune Oúe
El le camr délicat, nsigeux, rose et jleuri
Des adolesutztes chinoises -

Ou em.core:
Le sublime mzivers cst ttfl rocber d'argent
Contre qui mon désfr bondit, sa1tglote et s'use, ...
O nuit de Bénares, ó matfa de Raguse.

Bénares ec Raguse n'ajoutent ríen a la belle image contenue dans_ les deux premiers vers, heureuse réplíque de
!'adorable distiqne des Bijoux :

MADAME DE NOAILLES

nante, elle est exposée
travagantes :

La mémoire assoupie, en d'insurgés sursai:ds
Parfois s'éveiT!e et bouge,
Et pareil!e aux fraisiers, va jetant ses aneaux
Et portant tks fruüs rouges .

Mais pour etre juste il faut reconnaitre que de tels vers
sont rares dans son ceuvre. La redondance et la banalité
méme n'y manquent en général ni d'harmonie, ni&gt;a défaut
de rythme profond, d'un certain mouvement oratoire. Je
ne suis pas de ceux qui prennent ce mot en mauvaise
part ; aussi lorsqu'il arrive a Mm• de Noailles d'éprouver
par aventure, non la douceur d'une feuille ou d'une épaule,
ou l'ivresse d'une odeur, mais un sentiment huma.in, elle
atteint a la véritable éloquence, comme dans Les Cam-

pagnes i:
O pauvreté profonde et chaste tks campag=,
Fatigue des corps las qui se couchent le soir
Silence de la vie aritk qu'auom/lafmnt
Le sijjlement des fata et le bru!t tks pressoirs .. .
Moti áme, voyez:-les ces marins de la terre
Dans la houle des blls smikuis ce tnatin ...

ll faut du reste observer que la pitié de M111• de Noailles
est toute rornantique. Elle plaint na'ivement tous ceu:x: qui
sont occupés a tous autres travaux que ceux de l'amour,
des villégiatures excitantes et des méditations dans les jardins. C'esr cette espece de naiveté féminine et meme puérile qui donne .a son lyrisme un accent personnel, alors
meme qu'elle reprend presque mot amot un theme baudelairien, comme daos ce Dial.ogtte marin :
Et la mtr dit : je vois par les jours e,t les nuits ...
... L'amour cruel et doux,. .
... Touj~rs, d11m bord du m®de a l'autre, le disir,
L'appel et la conquete,

Et mon amour profond et doux1comme la mer
Qui ver.s elle montait comme vers sa Jalaise .. . •

Voulant l'image toujours plus ra.re, toujours plus surpre-

a en rencontrer de bizarres ou d'ex-

I.

L'Ombre des jours, p. IJ7·

.

�MADAME DE NOAILLES
LA NOUVELLE REVUE FRAN!;AISE

Le tourment du regret, le tounnent du plai.sir
Chez. l'homme et chez. les bétes.

La réponse des voyageurs dans Le Voyage surgit aussitót
dans la mémoire :
Nous avons vu des idoles

afrompe •.•

Cest encare dans ce méme Dialogue marin que se
trouvent ces deux vers ou la mer est invoquée en termes
inouoliables :
Visage étincelan:t du monde, battemtnt
Di, temps et de ia •de ...

Pour des trouvailles de cette qualité, qui n'excuserait un
peu de remplissage ? Ailleurs, daos une piece aux Pdtresses
des Panathénées r, le poete compare succ-essivement les robes
de'S servan tes de Pallas aux rayons, aux fieuves; leurs membres effilés, leur e&lt; frele épaisseur » la surface des sources ;
leur marche a la course du soleíl... et ríen de tout cela
n'est tres juste ou tres frappant; mais tout d'un coup, une
admirable rencontre :

a

O roseaux enjiammés, 6 fiúte du dieu Pan ...

Et vingt lignes plus loin une strophe exquise et que termine, ou pour mieux dire que prolonge a l'infini une
image vraiment digne du « chantant Homere »
Songez.-vous aux bergers assis au bord de l'eau
Au potier prls il'un toit qui fume,
A la brebís laineuse aJlaitant un agneau
A la mer,jileuse d'écume.

Et la meme plume qui a tracé ces vers lumineux comme
en se jouant, voyez-la, quand l'invention verbale et l'imagi' nation visuelle faiblissent, suppléer péniblement a cette
défaillance :
x. Les Eblouissements, p. 143.

Ah / que j'aille t-resser une cor/Jeille d'or
Et qtu pour vous l'ojfrir i'y mette
Les roses de Dilos, les figues de Luxor
Les se,·polets du mont Hymette I

Mais ou le procédé paratt dans toute sa sécheresse, comme
la carcasse d'un abat-jour chatoyant qui aurait flambé, c'est
aux endroits ou le poete veut exprimer une pensée.
Par exemple, dans cette meme piece, apres avoir convié
les blanches pretresses a demeurer sous le del de France,
pour y recevoir de ses mains le serpolet de l'Hymette,
Mmt de Noailles, voulant signifier que la Beauté est la religion de l'avenir, ce l'Idole future », et que tout autre culte
est moins légitime, écrit :
D'autres pritres, c;ourbis aupds de lourds autels
Illu111i11és comme 1m thiátre
Bnílent deiJant des dieux moins que V{)US immortels
Votre e11cens laiteux et bleuátre •.•

Supposons qu'elle ait dit simplement ce qu'elle voulait
dire, nous aurions eu quelque chose dans ce genre :
D'autres prétres, courbés aupre.s d'autres autels
Encensent d'autrts dieuxmoins qtu vous immortels.

Mais vous entendez bien que Mmt de Noailles ne saurait se
dispenser de décrire, en passant, ces lourds autels illuminés comme un théatre et l'encens laiteux et bleuatre. Et
vous pouvez tenir pour certain que, si la mesure du vers
l'eut permis, on n'eut pas manqué de joiodre a ces deux
építhetes une troisieme, olfactive. Ainsi, loin d'etre une
richesse, cette abondance et cette verbosité prolifique sont
un poids mort que le poete tratne apres soi. J'admirais la
déesse dans sa robe sompmeuse et versicolore, mais témoin
du mal qu'elle éprouve a remuer la lourde tratne, je souris en voyant ses pas s'y embarrasser au lieu de poursuivre
l'idée. Mais il s'agit bien de railler ! Non, ce n'est pas une
méchante joie ironique, mais un agacement tournant a la
rage qu'on doit ressentir au spectacle ~ d'un magnifique

�JI0

LA NOUVELLE REVOE FRAN~lSE

génie gaspillé, gaché cornme a plaisir, faute d'une discipline et d'un ordre profond.
I1 est bien vain de prétendre que romantique et classique sont des mots vides de sens et que le génie se rit de
ce5 inventions de cuisttes. L'c:euvre de M111• de Noailles est
la pour témoigner tout ensemble des dons les plus surprenants et d'un avortement splendide et tragique. Celle qui
pouvait etre, que tout semblait, apres le Cttur innambrable,
désigner pour etre le plus grand poi:te de son temps, ,ne
!'aura été qu'en puissance.
je porte m moi loule ma chance
Comme un jlambcau puissanl et pur,

Sans doute, mais elle pouvait en embraser le siecle ! Je n'ai
certes pas la prétention de réussir la ou des critiques plus
qualifiés ont échoué, et je pense que Mrnc de 1 'oailles n'a
besoi-n de personne pour lui révéler les défauts qui paralys.ent son génie. Elle en est tout ensemble orgueilleuse et
jalouse et, daos sa révolte romantique, préfere un beau o:wfrage ala pure sérénité du port, s'il faut, pour atteiodre ce
dernier, savoir corriger la direction des vents au lieu de
céder a leur víolence, et surtout, quand luiseot, embaument, ou chantent trap fort ou trop Jongtemps les sirenes
impressionoistes, aYoir la force de se boucher les yeux, Je
nez et les oreilles.
Mm• de . . oailles a choisi de céder toujours a toutes
choses et de nous offrir le spectacle de ses pamoisoos.
Eh bien ! si délicieux, si noble et si surprenant qu'il ait
paru d'abord, on s'en lasse comme d'une maitresse trpp
démonstrative. Lorsque les cris, les extases, les palpirations
se répetent a l'infini, on est enclin a se demander si tant
d'ivresse n'est pas un peu pénible et forcée, car l'attitude
du bonheur sensuel ne saurait étre si longtemps narurdle.
J'ai tenté de marquer quel genre de déception l'reuvre
poétique de Mmc de NoaiUes apporte a tous ceux qui
avaient dix-huit ans quand parut le Cceur imrombrablt et

,

MA'DAME

E NOAILL''ES

) l I

pour qui les strophes de flmage furent un enchautement.
Je viens de retire ces vers: ils sont admirables. A peine
quelques petites taches de bizarrerie, dom l'effet de surprise aura été bien court: les « doigts qui sentcnt le troene »
et ces « cheveux bleus comme des prunes » qui feraient
mieux au Luxembourg dans un tableau mythologique de
M11c Dufau. Mais que de beautés simples et touchaotes !
Va, et i!.is aus morls pmsifs
A qui mes yeux auraient s11 plaire
Que je rlr:e d' eu:c s011s les ifs
Ou fe Jiasse petite et claire.

Ici, meme l'impression visuelle de « petite et claire » ne
détournc pas l'attention parce que le sens symbolique se
d!gage de lui-meme.
Et comment, pour peu qu'on scnte le délicat et puissant
rythmc de l'octosyllabe, n'entendrait-on jamais sans délice
ces mots souples et doux comme un collier de perles
pales:
Tu leu r Jiras q11e j, m'endo,-s
Mr.s bras nus ¡x,ds sous ina JIJe .•.

Et les deux derniers vers du poeme :
]'tur le désir Je leurs amcurs
Et j'ai t,ressi leurs omlttrs raines.

qui pourraient trouver place daos 1~anthologic, la vraie.
En relisam ce chef-d'reune, je pensais a la reine des
Pi~ces condamnées. A cel/e qui est trop gaie ... Et j'ai cherché
,a raison de cene iovolontaire association d'idées et je erais
bien avoir trouvé.
C'est qu'-:\ un cenain ordre de bcautés, &lt;lont je goute
ie charme, s'opposc im;ociblement daos mon esprit une
perfection dont le poemeo de Baudelaire est un exemple
et dont norre La Fontaine a dooné le modele. Or, dans
l'lmagz, je cherche en vain le bruit mystérieu..,: des im·isibles
gonds d'or et de cristal sur quoi tournent les strophes

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

312

l'une apres l'.1utre, pareilles a. des portes sonores ouvertes
sur l'infini. Avec Mm• de Noailles, je suis entrainé au hasard
dans le labyrinthe; avec le poete classique je sens dans roa
main le fil d'Ariane. Le poete du Caur innombrable avait
eu le pressentiment d'un art plus sobre qu'a. tort elle a cru
moins touchant :

Est e11core etoniue .. .

Mais je ne voudrais pas paraitre citer a dessein son premier recueil. C' est dans les Eblouissements q u'il fa ut chercher
cet Eté qui n'est qu'une invocation et qu'un cri vers
l'azur, mais beau comme une fl.amme haute qui monte en
plein soleil et qui lutte avec le jour.
-- ·- ···-~- - ··· · ·.~
~:&amp;.

• • . ur.J"'

~ ·~.r-

.._,.... . ....

.. ~

.._ . " - ~

Vents ble11S ! Sóflrires de /1espnce !
Au fond des cieux polis et d1m
L'az.ur, l'az.ur poursuit l'az.ur
Un jlot liger sur l'atttre passe ...

a l'excellent

Je vous avais domié to11s les rayons du temps ...

et ou se trouve un vers que Radne ne renierait pas :

Jamais encare on n'avait exprimé ce sentiment complexe de la femme qui dispute au temps sa beauté, a force
d'ardeur et de passion, et qui se fait un fard de sa propre
souffrance :

... Mcm dme des amours qu'elle eut l'autre saison

-:

plus nombreux. Aínsi le médiocre se mele
dans le poeme:

Je ne re11drai q1/a vous les armes de mo11 caur.

Enfant Eros qui joue. d l'ombrc des surgecns
Et bois aux sources claires,
Toi qui nourris ainsi qu'tm couple de pigeoris
L'amour el la colere

~

3I 3

MADAME DE NOAILLES

. ..

~

· _.._.,

... Quel bruyant orgueil me souli1Je I
L'un,ivers, le sublime été,
.Ont-íls dormi dans mon cdté
Comme Adam portait le corps d'Eve.

En faveur d'une. image sublime, on passe sur la syntaxe
embarrassée des deux derniers vers.
Dans les Vivants et les Morts j'ai cherché une piece parfaite, d'un seul jet et d'une seule coulée, et je ne l'ai
pas trouvée.
Aux approches de la mure saison, les cris de passíon se
font plus douloureux, mais tout, reverie philosophique,
méditations et, comme &lt;lit l'auteur, élévations, tout y parait
trouble et frénétique. Trop souvent_la rhétorique remplace
la passion, et les accessoires exotiques dont j'ai tenté de
montrer par ailleurs les facheux effets, sont de plus en

Déjd mon Jront plaintif est tnoins brillant qu'hier,
Mais la douleur ne rend pos laide.
Le visage est sacré qua11d il est ápre d fiq-...

Voila qui suffit a m'émouvoír; mais peu m'importe
que ce visage soit a.pre et fier ce comme les sables de
Tolede &gt;&gt; que je n'ai pas vu et dont je n'ai souci.
Au contraire j'ai vu, comme tout le monde, des campagnes brulées par la saison torride et derechef je suis touché
lorsqu'on me dit avec une forte simplicité :
Un visage est sacré quand il s'épuúe et 111eurt
Cotnme un sol que l'eté divaste,

et je me moque bien apres cela des « taches sombres et
vertes » que &lt;&lt; les lourds pigeons et les om bres des fleurs »
p_euvent faire sur ce sol. Mais aquoi bon répéter une expénence concluante, du moins pour moi.
Non ! cette culture forcenée de l'impression et de la sensatíon n'est pas poétique. Et cette hypertrophie descriptive
rend bizarre et monstrueux le visage de la Poesie. J'entends
bien que depuis, on lui a fait subir d'autres défonnations
et qu'on l'oblige chaque jour a de pires grimaces. Mais ce
qu'il importe de voir, c'est ou commence le déséquilibre, et
quel est le príncipe de tour faux lyrisme, de tout l'art

�LA NOUVELLE RE'VUE FRAN(:AISE

truque dont on -voudrait nous faire prendre la verroterie
pour des pierres precieuses.
Mais si l'on arrache .a la prétendÜ.e nouveauté son
masque, on n'a pas de peine a reconnahre Belphégor. Trap
heureux si pour seduire, ce demier prenait souvent la
forme charmante d'une bacchante de génie, qui peut
désormais jo1ndre aux pampres rituels et aux autres fleurs
promues par ses chants a la dignité poétique, les lauriers
de l' Académie. Puissent-ils etre légers a ses ternpes. Car
malgré tout il nous faut préferer ses jeux désordonnés aux
Janses &lt;&lt; antiques &gt;&gt; et aux froids exercices, qui ne sont,
de l'art classique, que la piteuse parodie.

JNAHILÉ !BATAN
TJRAILLEUR DAHOMEEN

Fréjus, mars 1918,

llOGER ALLARD

11 n'y a que de rares ames comme celle d'lnahilé: qu'on
y jette un grain d'affection, il y croit aussitót une fo~t
sentimentale. Je n'en avais jamais encare rencontré d'aussi
fertile, meme chez les negres, et je ne songeai malheureusement pas, en voyant Inahilé si apte a la joie, qu'il dut
etre non moins doné pour la peine.
Depuis que nous l'avions un peu plus_choyé, je le voyais
raidi du désir de nous plaire ; j'aurais du prendre grand
soin de lui, et j'eus fa malchance de le bousculer. Il se
brisa par mon imprudence, ainsi que sous des mains
puériles la branche trop lourde de fruits.
Inahilé est installé parmi quinze autres éleves noirs
prenant part amon cours, vers 6 hemes, le 4 mars lorsque
notre locataire, le capitaine Vié, frappe a la porte et i'ouvre
pour introduire et présenter :
- Koro Suba, un nouvel éleve, qui vient de la part de
son cousin Inahilé.
De l'humeur me vient contre Inahilé. La veille j'avais
congédié pour donner satisfaction aux anciens éleves, trois
nouveaux, fort inteUigents, mais dont l'admission, j'en
avais convenu, aurait ralenti les progres des autres. J'avais
dti leur avouer, - avec queHe répugnance ! - qu'íls
venaient trop tard, qu'ils encombreraient leurs camarades

�3I 6

LA NOUVELLE REVUE FRANt;AISK

installés al'école depuis trois moisdéja. Je les avais suivis du
regard, tristement, pendant le temps trop long qu'ils avaient
mis a comprendre leur congé, puis a cacher, dé~us sous
trois tours de leurs cache-nez gris, leurs beaux visages
ronds, biats al'arrivée et comme gonflés d'espérance.
Inahilé a\'ait du remarquer que je les regrettais. Avant
celui de tous les autres, son creur s'émeut de l'ambiance,
ainsi que daos un bois les feuilles du bouleau palpitent au
yent les premieres. J'avais vu le long visage noir d'Inahilé trahir de l'émotion sans la prononcer. Ses traitssculpturaux ne
grimacent pas. Nulle torsion, nulle moue n'attirent l'attention sur son nez fin de peu de relief, sur ses levres hautes
bien aplaties sur le maxillaire puissant et bien doses. Mais il
a des yeux énormes qui s'effarent facilement.
J'ai vu, les yeux d'lnahilé s'effarer quand j'ai dit aux
congédiés :
:__ 11 faudra revenir nous voir quand meme ! S'il n'y a
pas de place autour de la table pour de oouveaux éleves,
il y a toujours de la place daos la maison pour de nouveaux amis.
Quaod j'ai dit ces mots d'une voix émue, j'ai senti la
sollicitude d'Inahilé m'atteindre, comme celle des chiens
atteint les gens qui pleurent.
Comment s'expliquer, des lors, qu'a la place béante et
sensible encare de mes chers hótes de la veille, il ait im·
planté son propre cousin?
Quand j'interrogerai un peu plus tard Koro Suba sur sa
venue, il m'expliquera qu'Inahilé ne la connut pas avant
moi. Quand j'interrogerai le capitaine Vié, il m'avoueraque
c'était dans la seule intention aimable d'accrediter plus
surement Koro Suba aupres de moi qu'il l'avait préseoté
comme venant de la part d'Inahilé. 11 avait cru pouvoir
s'autoriser de leu~ parenté pour cela.
C'était done sur des données fausses que je condamnais
secretement Inabilé. Secretement, car je n'ai pas un mot de
reproche, pas un geste d'agacement a son adresse. Personne

,

INAHILE IBATAN, TIRAILLEUR DAHOMÉEN

317

daos la classe ne s'aper\oit de mon inimitié. Je serais bien
embarrassée moi-meme pour dire comment je la fais sentir.·
11 faut !'extreme sensibilicé d'Inahilé pour percevoir dans
l'air, comme avec des anteones, l'altération de ma pensée.
Je lui ai fait réciter ses le~ons de meme qu'a ses camarades et je corrige sa dictée. Je lui explique ensuite, plus
particulierement qu'aux autres, la maniere de relever les
noms et les adjectifs de cette dictée et de les écrire en les
analysant un peu, daos deux colonnes. J'assiste meme a la
mise en train de son devoir ; mais, apres mon éloignement,
il ne le continue pas. 11 laisse bientót s'arréter sa plume sur
un point toujours le meme de son cahier ou elle se fixe.
Malgré de nouvelles explications, il me semble impuissant
a la déplacer comme si elle subissait l'influence d'une
aimantation.
J'ai dit une fois qu1nahilé ne s'appuie pas, comme d'autres, pour écrire, sur la table commune ; il s'appuie sur
mon plaisir a le faire travailler. Il s'installe solidement sur
un regard, sur un sourireencourageant faits expres pour luí,
mais tout autre mobilier tui parait ipst?ble. 11 a done cherfhé, cette fois, comme chaque jour, les émanations de ma
sympathie qui le concernent parce quíl en avait besoin
immédiatement pour maintenir dans leurs axes sa plume
et sa main. Mais il ne les a pas trouvées. C'est peut-etre
parce qu'il est pris de vertige, faute d'un appui, que son
long torse demeure aussi immobile et rigidement ,·ertical ?
Mon reil enregistre mécaniquement son étrange forme
saos que ma conscience en prenne notion. Ce n'est que
plus tard que je me représentcrai la souffrance qu'il a
éprouvée a rester une heure et demie suspendu au-dessus de
sa page blanche, la main inerte, au milieu de l'activité générale.
·
Mais au moment dolit' je parle, je suis absorbée toute par
le violeot dépit de ne pas avoir signifié a Koro Suba, des
son entrée en classe, la clóture des admissions. }'estime que
sa présence insulte au souvenir de mes petits amis d'hier.

�3I8

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;A,ISE

Et cependant plus le ternps passe et plus il me sembleimpossible de renvoyer Koro Suba. Si je le renvoyais, je Di:
reproduirais pas les précédents congés, ou je me privais, au
bénéfice des anciens éleves, de la joie d'explorer des etres
nou:eau+. Je n'aurais plus le mérite d'u sacrifice. J'éprouvera1s Ja honte d'expulse:r grossierement Koro Suba parce
qu'il me répugne.
~I est affreusement laid et triste. Petit, gros de corps et de
tra1ts, marqué de la petite vérole, édenté, il transpire en
pluie d'orage des que ie Jui parle, car sa laideur l'a rendu
craintif. ]1appréhende si fon de le voir se précipiter sous la
table pour se cach-er, comme 1.1Il crapaud, si je critique sa
venue, que je me décide a. l'installer en parfait contraste
aupres du bel Inahilé, son parent, toujours figé dans son
étrange expectative.
Je suis allée prendre dans la bibliotbeque un exemplaire
du pr~mier livret de la méthode Machuel pour le donner au
nouvel éleve, puis j'ai dft le quittir pour aller fournir a
d'autres quelques édaircissemen ts gramma.ticaux. Quand je
reviens aupres de lui, je trouve son parent occupé a le faire
Iire. Je releve Inahilé de ses fonctions aupres du monstre
et je constate vite que celui-d ne manque ni d'intelligence, ·
ni de vivacité, ni de mémoire, ni d'aucun moyen, malgré
que ses préoccupations intellectuelles se doublent de c,elles
physiques etpressantes, d'empecher les gouttes de sa sue~
d'inonder le livre. neuf.
- Si tu travaiUes toujours aussi bien, lui dis-je, tu rattraperas bientót ton cousin Inahilé, surtout si sa plume ne
court jamais plus vite qu'aujourd'hui.
J'ai prétendu dire cela en riant et lnahilé est trop poli
pour me démentir. U s'efforce de rire un peu aussi. Il s'incline meme imperceptiblemenr pour regarder sa page et sa
plu~e d'un reil tres doux: et je m'imagine qu'il va écrire;
ma1s l'instant d'apres, il s'est retlressé et il a repris sa pose
extatique pour jusqu'a la fin du cours.
La sortie de mes éleves noirs n'est jamais tres précipitée.

INAHILE IBATAN, TI.R.A.lLLEUR OAHOMEEN

3I ~

Certains échangent avec moi, avant de partir, quelques.
pr;opos sur la soirée, sur le service ou sur la guerre. Certains&gt;
déja en allés, rne regagnent précipitamment pour me rédamer, sur l'e:xerdce donné, quelques indications supplémentaires. Ce soir-li, a chaque dislocation d'un groupe, i
chaque départ a.pres un retour, panni les mains a serrer
pour l'adieu, celle d'lnahilé sans cesse se représente ; elle
est la derniere a quitter ma main. lnahilé est parti dix
fois et, tel un batan qui fl.otte au bord d'un ruisseau, il semble chaque fois que le courant du départ de ses camarades
va l'emporter ; mais bientót ses affres le ramenent vers
moi comme le baton que le moindre remous fait remonter au ras de la berge.
Le lendemain soir, Inahilé, a son arrivée en classe, me
remet discretement une lettre de lui. Mon cours étant
commencé, je la place d'une main distraite panni les éléments du courrier du matin.
Koro Suba travaille bien ; il copie au cray0n, puis, a fa
plume, il écrit de mérnoire le présent des verbes parler et
marcher dontil souligne les terminaisons. Mais Inahilé, lui,
questionne au
ne s'applique point. Pas une fois il ne
sujet de sa tache ainsi qu'il en était coutumier, pas une fois
il ne requiert mon attention. II ne cherche évidemment plus
a me retrouver pour lui-méme car, sans doute, met-il tout
son espoir dans cette petite enveloppe qui g1t la, devant lui,
oubliée. Il ne m'attend que le rour suivant et jusque-la il
gache impassiblement des minutes et des pages. Cependant
il sé détourne de son cahier chaque fois que mes paroles
ou mes gestes s'adressent a son cousin qui s'est assis assez
loin. de lui. Je vois dans le blanc large des yeux d'Inahilé
ses prunelles me suivre quand je vais cbercher, pour le
replacer aupres du nouveau venu, le Iivre de la veille. Et
lorsque, l'instant d'apres, jer'prends parmi ]es autres sur la
table un cahier au nom de Koro Suba et que je fais remarquer au destinataire les modeles que j'a.i, tracés a son intention, lnahilé s'est interrompu tout afait d'écrire. II a planté

me

�320

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISI!

sur la table un conde tranquille, il a calé sa téte oblongue
daos sa main et il demeure a contempler la perite scene
avec un sourire heureux ou les regards brillent un peu trop
entre les paupieres Jourdes des jours d'émotion. On dirait
d'une mere qui a renoncé a attirer la bienveillance sur ses
ínfortunes personnelles et qui se console en voyant gftter
son petit enfant.
Le petit enfant c'est, comme dans une féerie, le vilain
gros amphibie Koro Suba..
Apres le départ de tous les éleves, je me suis enfin rappelé la perite lettre d'Inahilé. Elle ne soup~onne pas mes
griefs, et pour cause ; elle ne renferme pas d'allusion a
Koro Suba, et j'entrevols mon absurdité.
Ma chere Madante,
Je vous m'excuserez de mon retard, il y a un peu de ma faute,
mais if ne /aut pas vous facher. Le service il m'a pas donné le temps
pour venir déjeuner l'autre dimanche a n beures. Si je gagne permissíon prochaine fois je vous direz. Cepas ma fa!lte aussi quand je
manquer quélquefois l'école, c'est malheureux seulement que j'ai pas
Lomprendre tou,jours bien.
Recevez, Madame, mes meilleurs pensées et ayez un bon souvenir
d'un pauvre exilé.
La formule finale ttahit une collaboration blanche, et il a

bien fallu que le chagrin, le désemparement de ma victime
fussent manifestes pour qu'ils inspirassent a son camarade
fran~ais cette imploration digne d'une épitaphe : Ayez un
bon souvenir d'un pauvre exilé.
Le doux Inahilé était remonté a l'aventure, a travers les
jours de nos relations et il n'avait trouvé a se reprocher que
ces méfaits : un empéchement a accepter notre invitation
un certain dimanche, asuivre un autre jour l'école, a comprendre d'autres fois la grammaire fran~ise.
En goutant l'ingénuité de cette ime, je ne réfléchis
malheureusement pas que son élan vers moi est pareil a la
course que fournit sur une montée qui la suit la voiture

321

lNAHILE !BATAN, TIRAILLEUR DAHOMÉEN

emballée sur une descente. Je ne sais pas prévoir que, la
courbe achevée, rien ne relancera plus la foi de mon ami.
Je fais gauchement cette réponse :
Mon cher Inahilé,
Je te remercie de ta bon11e lettre, mafr je ne mfr pas Jachée contre
toi, comme tu le crains. Ces derniers soirs, j'étais seulement un pm
fatiguée parce que je ne pouvais pas arriver a bien Jaire travailler
tous les éleves qui étaient plus nombreux que d'habitude. Il ne Jaut
plus pmser a cela.
Je te serre amicalement la main.

Je suis bien étonnée, le lendemain, - alorsque tropfacilement je suppose I'incident dos, - de recevoir une nouvelle lettre en retour de la míenne qui témoigne d'un état
persistant d'inquiétude et de mélancolie. Pour qu'elle me
parvienne des le matin, par l'ordonnance qui avait emporté
ma réponse la veille a 9 heures du soir, l'auteur l'a composée la nuir, avec l'aide de l'ami blanc.
Ma chere Madame,
]'ai reyu votre lettre qui m'a fait plaisir, mais pas de savoir que
vous étes_ fatiguée ; je mis bien triste. Vous vous dévouez pour nous.
Je 11e sazs comment vous remercier, mais il ne faut pas étre fácbee si
vos protégés ne compren11e11t pas toujours tout ce qu'ils dcivent /aire.
Il Jau/ les pardonner pour cela. Je toujours bonne gentil.
Je vous serre cordialemmt la main.

Je suis malheureusement plus agacée par l'odieux personnage de dame protectrice, que me prére la lettre, que
troublée par la détresse dont témoigne le signataire.
- Pourquoi n'as-tu pas écrit tout seul, au lieu de copier
ces mots que tu ne comprends pas, comme « protégé &gt;i,
« dévoué » ? lui ai-je remontré ason retour a l'école.
., :-- J'ai commencé la lettre tout seul, explique+il, mais
J a1 plus trouvé les mots pour continuer ... c'est pour ~a,
Madame.
21

�LA'ROU'8.l.81flfthAlff;,Ulll

S. vou est toajoars dc,u(e et miaacée, mais le souriR
Ml0G1hméoe l'accoJDPll81lC flU· C'est si anormal que, P&lt;JUI'
la premiére fois, je suis tRS émue, ua anp;oissée, a,mme a

l'approche d'un d ~ . Je m'efforce du moins de le prevenir,. j'eaie, en hite, du premier moyen venu de rappeler
fmhilé a S()D ime quotidieone.
- C,ela ne te fiait done pu rire, tui &lt;lis-je, de voir que je
ff:CODDais toujoors bien les mots qui ne sont pas sortis de
u téte?
Je le regarde bien amicalement pour qufter l'illumination habituelle de sa figure ; mais il ne m'envoie qu'un
tout perit rayon., comme s'il ne loi en restait plus.
Par quelle perversité ai-je voulu, dés Ion, cheminer
eJKOre dansla voie decette pénibleaventure avec des panr
les ? Inahilé a épuisé les mots, puisqu'il n'en a plus trouvé
pour écrire sa lettre. Il aevrait loi rester encore des sourires
et voila qu'ilss'époisent atis.ú.
D'autres individus, sous l'empire de la soutfrance, réagissent ostensiblement, par l'impatience ou les larmes. Chez
un autre qu'lnahilé mon injustice aurait provoqué la
colue ; maís chez luí Ja douleur n'a pas d'autre réftexe que
l'anbntissement.
Il faít tellement nuit, maintenant, sur sa persoone que
je ne sais plus dans quelle région de son étre il s'est réfugié
et que je le cherche, a urons; au risque de le piétiner, et
c'est, hél14 ! ce qui m'arrive.
J'ai pris pourtant le ton le plus dolll: possible pour lui
demander:
- Qui t'a aidé afaire t2 lettre ? Est-ce ton camarade le
téléphoniste ?

- Non, Madame, 1ui était parti permission.
- Alors, c'est pcut-étre le caporal-fourrier qui a aidé
Mamady l'antre jour ?

- Non, Madame.
Evidemment Inahilé croit que son collaborateur a commis un nouveau críme, de la nature mystérieuse de celui

~ J9A'l'AW• 11'11.'R.LBUt DAHOMUN

JIJ

~ a «&gt;mmis lui-méme ~ en e&amp;piatioe aquel Usotd&amp;e
4epuis pluieurs jcun. n pr.end done biea girde 4e ne pas
le4énm-er. Ma situatioa est dewnue tH&amp; embamssante «
je Alis bien aise de pouvoir ea IIOltir l ila fa-.eur d'un ,edt
.L..:..J.......
11RlKSIH,

•

Un étm re&amp;anlataire frappe .a coaps ~blés ei aes

-.ioleots a la grande porte, íaute d~voir osé, oo su toumer
la dé. On devine qu'ii se désespere et tolllie la dMR ea
• amusée. Je vais moi-rnéme raccueitlir poar le mnener
- riant.
- Alors, Yatma Gueye, tu ne sais pas encore feme,
DOtre' porte depuis trois mois que tu viens íci ? Si tb 11e
4MlDa1S pas le métier de camlmoleur aprés qatre an, de
Rl'9ioe e~ de guerre, qu'-..ce qu'on fait 4onc dans ion

iataitlon?
·
YatlaaGl!eye s'6tou&amp; l force de rire, car c'~tungrlDé{
rieur et pour mettr-e 1 profit .cette disposition, toutes les

plaisanteries, mhte un pea Joµrdes, lui sont bollBes.
Pn,squ,e tous les ffeves s'égayent avec tui.
Inahilé, lui, n"a rien entendu. Maintenant tout le monde
conjugue oralement le verbe vouloir qui se traduiráit pat
•.Yª content • en espérauto militaire colonial. Il faudra
1'6crire ensuite. Inahilé n'a pu r6ci11er et il aligne dútniteaaent : je vem, tu vewc, il veut, nous veunons, vous vea•
nez. Je dénonoe, en ce verbe étrange, la confusioe avee
\feair et lnahilé de lui~me corrige et met le passé imlé&amp;ú en train. Mai.s apeine l'ai-je quitté que je le -.oís s'.tfterencore et poser sa plume ; puis,' peu apres, il place•
Ji\lRS les unssur les autres, rhensement.
- Je ais faire tnwail au camp, Madame, me confie+il
quand je passe ad&gt;té de luí.
- C,omment, dis-je, tu ne vas pas faire la dictée avee les
utres? Tu ne vas pas non plus finir ton ffl'be? Tu n"en
as que poor ~ínq minutes; je vais t'ai4er.
- Demain, Madame, je viendrai pour finir.
Les traits d1nabílé et sa voa sont mómes jusqu'a l'im-

�'; 2.j.

LA KOU\'ELLE RE\"UE FRA~c;~IS&amp;

personnalité, jusqu'a l'abscnce. Je sens que mon cher t':leve
et ami dont je regarde encore a\·ec admiration1 quand il se
leve, la forme élancée, m'a déja quittée depuis quelque
temps ; je comprends que des cris, m~me, seraient impuissants ale ramener. ]'a vais pu rappeler Fodé atra,ers la porte
lors de ma brouille avec lui, le mois précédent, mais Inahilé,
quoique présent, est déja trop loin.
Je m'agite cependant encore :
- Pourquoi demain ? voyons, demain il peut arriver
quelque chose ; demain, il peut tomber de la pluie .....
- Si, demain, répete Inabilé qui s'en va sans regard
pour personne.
J':iccompagne le tranquille fugitif jusqu':m seuil avec
l'espoir, non de le retenir, mais de luí donner a emporter
quelque mot heureux qui recréerait un peu plus tard sa
confiance. Je ne trom·e que cette affirmation périmée :
- Tu as bien compris, n'est-ce pas, lnahilé, que je ne
suis pas flchée contrc toi ..... que ma famille et moi nous
sommes tous contents de ton travail... et de ton cceur. ..
A chaque protestation de mon amitié, des demi-sourires
s'allumen t sur le visage mort d'lnahilé pou r s'éteindre
aussitót, renom·elant mes affres de certaines nuits ou ,
réveillée par un chauchemar ou un mal subic, j'avais frotté
l'une apres l'aucre mes dernieres allumettes sans autre
bénéfice que ces lueurs breves qui remuent les téoebres.
Je savais bien qu'il n'y avait plus a attendre Inahilé le
lendernain ni les jours suivants. Je savais bien que mes
derníers mots a,·aient été vains. J'avais assuré lnahílé que
je n'étais pas fachée ? Que lui importaic-il ? Puisqu'il
n'avaic pas su étre aimable a mes yeux alors qu'il s'était
efforcé le plus pieusemenr de l'etre ; puisqu'il n'avait su
que m'agacer avec les lettres, avec les mots en lesquels il
avait mis toute son espérance, a quoi servait-il qu'on cherchar a le consoler de sa misere ? 11 valait mieux qu'il la
dérob:it.
J'ai relu sa dernicre lettre pendant son absence. J'ai

lNAHILÉ IBATAN, TlRAILLEUR DAHO~IÉEN

325

retrouvé parmi les phrases toutes faites dues a notre formulaire, ces petits mots émanés d'une ferYeur plus nai:vement humaine : Je toujours bonne gentil. (Je serai toujours bon, gentil.) Aussi délicatement formée ec ferrnéi:
que des bourons de roses, l'écriture atteste la sincérité de
cette promesse et je découne enfin, daos une marge, tracée
d'une pointe de crayon fine comme un cheveu, estompée
légerement de l'ongle, la premiere ceuvre picturale d'Inahilé.
C'est une délicate 'copie, répétée, d'un trefie a quatre
feuilles.
Son camarade blaac a vait dO. lui dirc que cela porterait
bonheur a s~ lettre ; mais la deuxieme tentative, la plus
jolie, n'o.ffre que uois feuilles ..... innocemment.
Je me ,·ois désormais telle que je dois apparaitre au
fugüif: un phénomcne d'inhumanité et je me dis, au bout
de quelques jours de sa retraite sous sa tente, qu'il ne doit
pas me regretter.
Comment, en effet, pourrait-il m'aimer encare, s'il me
croit c:ipable de lui avoir témoigné de la rancune pour les
&lt;( méfaits » qu'il s'est reprocbés ? Je le suppose bien consolé et rempla~nt mes le~ons par les conseils du soldat
frani;ais obligeant qui l'a aidé a faire ses lettres.
Mon hypothese est approuvée par ma famille et par notre
locataire, le capitaine Vié.
Toutefois j'interviewe sur le su; t Moussa Boury, l'ordonnance de Vié, et celui-la meme qui fut notre courrier.
~foussa Boury n'est qu'un enfanc ; sur ses traits ronds,
sur ses joues rebondies, sa peau tendue reluic comme
celle d'une grenade verte. On ne saurait dire qu'il sourit :
quand il s'égaie, sa chair creve comme un fruir trop plein
et laisse ,·oir, tour blancs encare, les pépins des dents.
Cependant malgré sa jeunesse, je pense que Moussa
Boury est plus grand orade que moi, que son capitaine
et que tous les miens sur les q uestions sentimentales, car} a
propos des chagrins de creur, sa gravité deviene farouche.

�32 6
-

LA N'OOVELLE RE\'OE FRAN~AISE.

Qucls éleves as-tu vus au camp, avant d'arriver ici?

lui ai-je demandé tout d'abord.
- J'ai vu tous.
- Que t'a dit Amadou Saar ?
- Lui va arriver ce soir a l'école.
- Et Yatma? et Fódé? et Mahava M'Ba?
- Tous, tous ils va venir.
- Et InahiJé, áendra+il aussi ?
- Non, Jui y a fatigué trop pour venir.
- Fatigué ? a Ja section hors rang ? Non Moussa
lnahilé n'est pas fatigué. lnahilé est faché contr: moi c'es;
bien triste.
'
.,. M_oussa ne :épon~ rieo, il baisse la tete. Maís, tandis que
J msinue ensmte qu Inahilé a sans doute trouvé, pour remplacer mon école, la bonne volont~ d'un camarable blanc
les traits de Moussa se tendent si fort que je crains qu'il;
n'expulsent I'reil qui devient saillant. Perfidement j'ajoute
encore:
de la peine de ne plus le voir ici, pres de nous,
ma1~ s1 tu peux m'apprendre qu'il a trouvé quelqu'un pour
cornger ses devoirs la-bas, j'en serai bien heui:eusc pour
lui, quand meme.
Moussa se redresse a ce vreu, comme si je l'avais insulté
lu_i-m~me. :oute son áme pousse hors de sa gorgc des
negat1ons v10lentes qui me giflent séverement.
- Non I lui Inahilé il a pas faire école, daos le camp,
la-bas ! luí y a pas demandé jamais n'autre personne pour
faire prendre tire comme vous ici !
Cependant, Ie capitaine Vié a été intrigué par ma conversation des jours précédents concernant ma classe et, comme
il a r~ncontré lnahilé dans le camp il lui a demandé :
- Pourquoi toi y a plus aller l'école avec camarades ?
Y a pas bon l'école ?
- Si, mon capitaine.
- Quand l'école y a bon, faut pas manquer l'école, faut
re,enir ce soir.
1

-:-- Tªi

INAH!Lt IBATAN, TllAILLEUR DAHOMEEN

Et Inahilé est re,¡enu le soir, parce qu' il ne pou..vai t
expliquer son empéchement a son capitaioe et parce que
sans doute aussi, il lui semblait fatal qu'il revint.
A travers les arbres je l'ai ra arriver a une allure rapide,
mais il n'a pas jeté son coup d'reil habitnel et familier par
la fenetre ouverte du rez-de-chaussée, en passa~. 11 a atteint
la porte saos détourner la tete, il est entré sans sourire et
sans tendre la main. Deux éleves sont déja au travail daos
la sall.e. Á cóté d'eux, il se présente a mon accueil avec
discrétion. Il est tres beau, ainsi, debout, silencieux, son
long corps engainé dans la raideur de sa capote neuve, d'un
bleu vif.
Je ue le laisse pas longtemps incertain.
- Alors, lui dis-je, tu étais f:iché contre moi ?
- J'étais jarnais faché avec vous, Madame ; c'est vous
qui étiez fachée avec moi.
Je me mets a rire.
- Mais puisque Je t'ai dit que non, vieux fou !
- Peut-etre c'est vrai que je suis fou, mais moi j'ai toujours pensé comme ~a.
- Enfin, je suis contente de te revoir !
Je lui ai pris la main trois fois en signe de réconciliation
et il s'est preté a ce rite avec sa tranquille douceur habituelle. Je ne sens, dans le retour de sa pression, aucun
exces qui trahisse de l'assurance, aucune iodécision non
plus qui témoigne d'une contraintc. La dél_icatesse de son
tact, la noblesse de ses mouvements m'étonnent.
En bate, tres impressionnée, je me mets a chercher
parmi les exercices au programme du jour, cdui dont
l'agrémem conviendra le mieux: aux heureuses circonstances. Mais Inahilé a ouvert son cahier et réi~ere plusieurs fois le souhait de finir le verbe &lt;&lt; vouloir » laissé,
huit jours auparavant, en panne. ]'admire l'insistaot désir
de reprendre, le jour du retour, la tache que la brouílle
avait sectionnée. Je me plais a voir la précision tranquillc
avec laquelle lnahilé, des que je l'ai permis, recoud de sa

�)~28

LA NOUVELLE REYUE FRAN~!,l~E

plume adroite la minute actuelle aux jours intacts de notrl!
amitié.

Quaud il a fini, il rit et je ris aussi, de la memt surprise sans doute, de voir qu'apres une si épaisse nuit le
grand jour nous éclaire aussi subitemeot aux yeux !'un de
l'autre.
LUCIE COUSTUIUER

REFLEXIONS SUR
LA LITTeRA TURE

LE VOY AGE INTÉRIEUR
Je crois bien que le genre du voyage intérieur ou, si l'on ,eut,
de la psychologie décorative, fut une des inventions du symbofüme. Invention relative, puisque la carte du Tendre peut rentrer sous cctte rubrique, et, surtout, que le Roma,i de la Rose s'y
relie formellement. Le symbolisme se trouvait U dans son
domainc : visions et voyages terrestres symbolisaient visions et
,·oyages de l':\me ; le passage a travcrs la naturc ~tait un
passage a travers la « for~t de symboles », et les regards que
nous fixions sur elle étaient au moins aussi familiers que ceux
dont elle nous observait.
Le royage d' Urieu d' André Gide, sui,i, a quelques mois de
distance, de Co11ro1me de Clarti de Camille Mauclair, furent, en
prose, deux reuvres typiques, deux illustrations précises de ce
symbolisme. Mais la poésie surtout vécut en partie sur lui. Les
premiers poemes de M. de Régnier, la Ch,·t:attchée d'Yeldir de
Vielé-Griffin, la plupart des écrits des poetes mineurs semblent
hantés par ce theme. On y rattacherait d'ailleurs, a,·ec des
résen·es, telles ceuvres des peres de l'école comme les lllumi11atio11s de Rimbaud, la Prose po11r des Essei11tes et le Né11upbnr
Bla11c de ~fallarmé.
Des réserves dont il n'est pas difficile de voir le seos. Toute
cette production se distribuera entre deux limites, dont !'une
sera l'allégorie pure et l'autre ce que j'appcllerai, faute d'un
meilleur terme, le symbole pur. Le Roman de la Rose et
surtout la carte du Tendre sont des allégories pures, puisque
les p:1ys et lt!s personnages y portent les noms m!mcs des sen-

�-

330

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

timents qu'ils représentent. Le sens allégorique répond aux
incidents du voyage et aux lieux traversés, exactement et trait
pour trait, comme la ligne de lamer a celle de ses rivages. Mais,
dans le voyage symboliste, l'allégorie reste a l'état de tendance
et de direction, ne passe pas a une réalité matérielle. Le symbole n'est pas un décalque, mais une substance poétique qui
vit aussi par elle-méme, avec spontanéité et gratuité.
Et surtout le voyage symboliste comporte un sujet déterminé,
toujours le méme; il rappellerait le Pélerin de Bunyan plutót
que le Roman de la Rose ou le Tendre: c'est un voyage du poete
al'intérieur de lui-méme. Le symbolisme s'est développé a
l'ombre du mythe de Narci.sse', que des- accointances avec le
Parnasse lui faisaient appeler parfois Narkissos. Le Voyage
d'Uri1m tenai.t par bien. des cótés au Traiti de. Nardsse, eo garda.it l'íllustration, le décor. Rémy de Gourmont ne se troropaít
pas lorsqu'il voyait dans l'idéalisme la philosophie propre de
· la littérature symboliste~ comme le scientisme avait été la philosophie de la littératme naturalisre, comme le bergsonisme est,
selon M. Benda, la philosophie de la littérature belphégoriste.
Mais ce voyage intérieur qui, dan.s les dernieres années du
XIX~ siecle, fournit leurs themes principaux aux. poetes et aux
prosateurs symbolistes, nous en voyons a présent les parties
artificielles. Quand parut Couromie de Clarté,. M. Mreterlinck:
écrivit dans le M.it:cure, tres $Ínceremeot sans doute, que cela
lui paraissait un des plus beaux hvres qui eussen.t jamais été
écrits. Si quelqu'un e,c disait autant aujourd'hui, M. Mauclair y
verrait probal&gt;lement une ma-uvaise plaisanterie. Parcillement
le Voyage d'Urnn~ qui émerveilla autrefois tant de jeunes gens,
est aujourd'hui le moins ludes ouVIages d.'Aodré Gide, le plus
indifffrent au gro:; de ses kc.teurs. Il occ¡¡pe dans son ceuvre
cette place en porte-a-faux que tieot l'Ennemi des Lois daru
l'reuvre de M. Barres. 11 intéresse d'aiUeurs d'autant plus l'his.
torien, a qui il piah de voir seulement dans une reuvre sa
fouction dans une suite littéraire on s.on róle dans le développement d'un écrivain. De ce point de vue il forme entre André
Walter, Paludes, Ies N(}ttmiu1·es, le deuxieme de quatre degrés
qui se suivent tres régulierement.
Mais, du point de yue de l'art, Ccuro1me de Clarté et le
Voyag, d'Urien nous paraissent aujourd'hui des mondes morts
0

REFLEX!Ol,S SUR LA LITTERATURE

3F

comme la lune. Le premier ne rayonne que de clarté froide, et
le second est un voyage dans un univers a deux dimensions qui
non seulement n'est pas le notre, mais n'es.t pas celui de l'auteur, car l'auteur l'a abstrait de lui par une coupe artifi.cielle,
par une démarche de son intelligence. Ce sont la les témoignages d'une période littéraire, les signes d'un ai:t qui fut intellectualisé l'exces, et auqael les acteurs, .qui sava~ent fort bien
cela, s'eropresserent tous deux de tourner le dos. Bien qu'i:ls
fussent alors tres jeunes l'un et l'autre, ils paraisscnt avoir écrit
ces voyages pour liquider un passé plutot que pour exprimer
leur présent ou pour s'orienter vers. un avenir. Ajoutez que
c'était pour des débutants, bantés par Flaubert et par le métier
parnassien, de magnifiques exercices de style.
Je rattachais, tres largement d'ailleurs, ces voyages symbolistes a. tels paemes mallarméens et aux Illmnitiations. Mais
notons d'abotd que s'ils ont subi l'influence de MaUarmé ils
n'ont pas subí celle de Rimbaud. Couronne de Clarté etle Voyage
áUrim sont des ceuvres de logique liée, de suite oratoire, comportant tous les développements, les tours de pensée et de
styie qu'on trouve dans la rhétorique transmise par Flaubert.
Ils se placent sur un registre taut a fait diffé!ent de l'art direct,
discontinu, purifié de ciment c:.ommuu et de liant ínteHectuel,
tel que le révelent les Illuminations, la Pros.e pour des Esseintes
ou le Nbmpbar Bla~. Et remarquons enfin qu'autant ces
reuvres du symbolisme de 1893 ou 1894 out cessé d'exercer uneaction littéraire et. meme d'eue conoues, autant les formules de
Rimbaud et el.e Mallarmé nous pani.ssent e.n plein courant de
la littératurc actuelle et en pleine infiuence sur elle.
Du point de vue qui nous occupe, celui du voyage intérieur,
la différence est grande. Dans le premier cas il s'agit d'un
voyage dans un monde d'idées, de ce qu'on appelait en ce
temps-la 1,me idéologie. Mot aussi consubstantiel a la littéiature
de cette époque que les mots de « méditation :, ou d' 1J: élévation &gt;&gt; a la pot'.:sie romantiqne. Les trois livres du Culte du Moi
sont appelé~ par M. &amp;rres « trois idéologies ll. Les symbo!istes
se proposaient "Volantiers d'écrire des (fidéologies passiannées »,
ou den ne manquait plus que la passion. Au contraire les fragments de Rimbaud et de Mallarmé que nous opposons ic.i a.ux
amples idéologies- symbolistes nous frappent en ceci qu'ils

a

�332

LA NOUVELLE REVUE i'RA1'1~AISE

essaient de présenter au lecteur non pas un extrait idéologique,
obtenu par celui dont la chair est triste et qui a lu tous les
livres, mais un monde iotérieur ~omplet, un monde vivant,
siogulier, individuel ; ils ne se servent pas de la géographie
pour fi.gurer artificiellement un pays nouveau, mais sont euxmémes un pays nouveau, avec sa lumiere propre, sa végétation
particuliere, son humanité indigene, son langage. Un poete est
un monde, non au seos quantitatif, mais au seos qualitatif.
Pour nous faire voyager dans ce monde, il faut nous l'ouvrir
avec ses trois dimensions. Les Il/uminations et le Nénuphar
Blanc poussent a l'hyperbole (Hyperbole! de ma mémoire ... ) cette
création du pays, de la nature qu'est le poete, et ou nous
voyageons. La carte du Tendre et la Prose pour des Esséntes
(je renvoie au commentaire que j'-en ai donné dans mon Mallarmé) constituent les deux extremes absolus d'un genre.

*

* *
Je m'efforce ici de remonter moi-méme un courant de mon
mon.de intérieur et de moo passé pour m'expliquer la joie ou
ni'a plongé Suzanne et le Pacifique, de M. Jean Giraudoux.
J'en dirais bien volont1ers ce que M. Mreterlinck disait, vers
1894, de Couronne de Clarté. Et comme M. Mreterlinck exagérait de bonne foi, il se peut bien aussi que j'exagere de bonpe
foi. On verra dans dix ans ce qui restera de cet enthousiasme.
Mais enfin, pour moi, la beauté des Illuminations et du Nénuphar
Blanc n'a pas bougé, et comme le livre de M. Giraudoux me
parah se relier a cette veine, participer a cette oature, comrne,
au contraire des lllumiuations, il n'est pas un livre isolé, un
aérolithe étrange, mais se relie a toute la Jittérature de la génération montante (qui n'est d'ailleurs pas lamienne et quejevois
d'un autre rivage) il y a bien des possibilités pour qu'il fasse
une·fortune durable.
Suz_a1ine vient a sa place et en son temps dans l'reuvre de
M. Giraudoux qui parait maintenant dessiner une perspective
aussi v:ivante et aussi intéressante que la premiere partie de celle
de Barres ou de Gide. Daos l'Ecole des Indi"fférents, et dans
Simon le Pathétique, M. Giraudoux détachait des parties de luiméme, leur donnait une liberté dont elles se grisaient comme

11.ÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

d'uu Vouvray doré, les laissait ou les faisait jouer sous ses yeux
daos le miroir d'un monde plus vrai
Le divin Mahomet enfourchait tour a tour
S011 m11/et Daidol et so11 á11e Yafour,
Car le sage lui-méme a selon l'occunmce
Son jour d'entétunent et son jo1:1r d'igno1·a1ice.

Et d'autres jours encore, et l'artiste bien davantage. Ces jours-

Ja M. Giraudoux écrit Datdol l'Entété ou Yafour l'lgnoraat,
Manoel le Paresseux ou Simon le Patbétique. Puis ce fut la
guerre, le moment ou on sortait de soi de maniere plus originale et plus difficíle qu'au temps de Du Sang, de la Volupté et de
ld Mor! ou des Nourrifures Terrestres. Le bleu horizon teignit
ces ce sorties » a des couleurs que le$ littérateurs de r894 igooraient . Et Lectures pour une Ombre, Amica America, AdorableClio
ont cette originalité de nous paraitre habillées de bien et vivantes dans le bleu. Une originalité que nous croyons d'abord bien
excentrique, et daos laquelle ensuite nous nous reconnaissons
nous-memes et cinq millions d'hommes. C'est le privilege d'un
grand écrivain. « Je suis, dit Suzanne, la seule personne qui
rnit le soleil en réve. » M. Giraudoux est le seul homme qui
ait vu la guerre en bleu, c'est-a-dire comme elle était. Les Fran9ais, peuple logique, ne veulent pas savoir que la couleur du
drap militaire a été changée. Ils voieot toujours cette guerre
culottée de rouge. Comme a la lueur d'une étoile lointaine, il
faut des années au rayon bleu pour atteindre le monde sublunaire. Comme daos une étendue cartésienne M. Giraudoux l'a
ameué instantanément a nous .
Sous ses prénoms aépithetes, i1 s'était dit lui-meme. Dans ses
livres de guerre il était sorti de lui, sorti aussi de la guerre par
chacune de ses phrases, qui, en tournant le dos a la guerre,
devenaient _pour nous le type de la littérature de guerre; ainsi,
de ceux qui disputaient aqui verrait le premier le soleil levant,
le gagnant fut celui qui regarda vers le couchant et apen;:ut les,
montagnes occidentales touchées par les premiers rayons.
Suzanue et le Pacifique est un ~oyage comme Amica America,
mais un voyage daos le monde intérieur.. Voyage qui rappellela Prose pour des Esseintes beaucoup plus que le Voyage d'Urien.

�334

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

L'ile de Suzanne n'a rien d'allégorique. Elle est, comme la nature,
une vraie nature.
Quand le livre parut débité en tranches minces dans la Revue
de Paris, comme d'Otrante a Cadix, les lecteurs partís trente au
premier numéro se trouverent a peine dix au dernier. Moiméme j'abandonnai a la premiere étape. Je me rendis compte
que cela ne supportait guere la division. Le contraire exactement de ces romans de M. Paul Bourget, dont les six parties se
moulent exactement sur les disposirions et fattente du lecteur
de la Revue des Deux Mondes, comme le melon que la nature,
selon Bernardin, a divisé en tranches pour nous inciter a le
manger en famille. Suzanne n'est pas un melon. C'est une
pomme : et je pense aux raisonnements insidieux par lesquels
les instituteurs persuadent aux petits enfants que la terre ou une
pomme cela se comporte de la méme fac;:on. Comme Jupiter
visita Léda sous la forme d'un cygne, la Terre n'apparait-ellepas
a Newton sous la figure d'une pomme ? (a Eve aussi). Suzanne,
ile de Suzanne, pomme rose et blonde,
Qu'as-tu •vu dans ton exil ?
Disait ti Spencer sa femme,
A Rome, ti Vienne, a Pergame,
A Calcutta ? Rim l ... fit-il ...
Veux-t1i découvrir le monde
Fernu les yeux, Rosemonde.

Puisque c'est son univers que M. Giraudoux a voulu rnettre
au jour dans cette belle bulle ronde, pourquoi ce changement
de sexe? Pourquoi Suzanne au lieu d'Urien ou de Simon ?
C'est que la création poétique ressemble a l'autre, et que celui
qui crée imite Dieu. M. Giraudoux a détaché de Simon - ou de
lui-méme - une cóte. Le monde que nous créons, ou le monde
qui se crée de nous, c'est une femme, c'est' de la nature féminine, c'est de la féminité inemployée, que sais-je ? Pour
M. Giraudoux, dont la littérature est tres jeune, ce serait fort
bien une jeune filie. La jeune filie est partout présente vaguement dans son reuvre, comrne une eau invisible et divisée dans
un pays de verdure, cornme le jeune homme dans l'reuvre de
.M. Abel Hermant. 11 était naturel qu'il trempat, pour le rendre
plus frais, son monde intérieur dans une sensibilité de jeune

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRA TURE

335

fille. non d'une couventine, mais d'une lycéenne. (Avez-vous
rem~rqué que depuis vingt ans la lycéenne a évincé &lt;le la littérature la couventine, alors que l'adolescent des romans est resté
le pensionnaire des établissements religieux ?) Suzanne est une
sreur de Claudine. Mais les aventures de Clandine ne la menent
qu'a Paris, tandís que Suzanne gagne le voyage autour du
monde offert par le Sydney Duily la prcmiere de son concours
la meilleure maxime sur l'ennui, et au cours de ce voyage
est jetée sur une qe déserte, ou plutót dans une ile individuelle,
faite asa mesure, qui n'est peuplée que par elle, mais est toute
peuplée d'elle.
M. Giraudoux a une vision originale des choses et surtout
des rapports entre les choses. Et comme les choses ne sont qu~
dans leurs rapports réciproques, cela revient au méme. Quand
on entre chez lui, il faut faire comme un wagon du SudExpress qui en arrivant en Espagne doit modifier l'écartement de ses roues. Il faut s'adapter a de nouvelles images. Ríen
d'ailleurs de plus agréable et de plus facile. Suz_anne remet tout
cela au point en transportant ce monde dans une ile, en symbolisant sur une figure de jeune fille l'imagination de M. Giraudom:. Il y a dans cette ile le rocber Claudel et le rocher Rímbaud. Aujourd'hui l'ile Giraudoux nous semble un mande
bizarre. Mais n'oublions pas que ce genre d'image géographique
fut appliqué pour la premiere fois par Sainte-Beuve a Baudelaire dont l'&lt;l!uvre était pour lui un Kamchatka littéraire.
Aujourd'hui ce Kamcbatka est devenu pour nous un Bough·al.
Dans cinquante ans on ira peut-étre a l'ile Giraudoux comme a
la Grande-Jatte.
On s'étonne parfois de voir M. Giraudoux voir et sentir
ainsi ; on se demande comment il peut étre Persan, - je veux
dire de l'ile Suzanne. 11 doit, luí, trouver bien singulier un
monde ou tout le monde n'en est pas, ou plutót un monde ou
chacun n'a pas son íle. Ce livre qui a paru si bizarre a
tant de lecteurs de la Revuede Paris, j'imagine une humanité ou
il représenterait le seul mode de littérature possible. Dans ce
monde, faire de la littérature, écrire, ce serait mettre au jour
son ile, dire son ile, la dire insulairement, avec les créations qui
lui sont propres, ses epyornix, ses moas, ses ornithorynques. Mais je n'ai pas d'ile. - Alors n'écrivez ¡y.is. Dans ce monde

a

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

\

évidemment il n'y aurait pas de littérature classique, et le mot
de classicisme serait inintelligible. Certes il n'est pas le nótre.
Littérairement comme géographiquement, notre tei:re est faite
d'un mélange et d'un équilibre de culture insulaire et de culture
continentale. Mais la Prose des Esseintes ou Suzanne nous fait
rever une hyperbole, une pureté d'ile, état rare, précaire et
charmant qui prend fin par le retour de la regle, la rentrée au
bercail. Le roman se termine sur l'entrée du contróleur des
poids et mesures ...
Un contróleur qui opérerait sur un registre plus délicat de
poids, et qui incorporerait l'Ue Suzanne a. des mesures plus
subtiles, ne serait pas embarrassé pour lui trouver d'autres
antécédents, et la rattacher un archipel, un systeme insulaire. Je crois que le monde d'images ou vit M. Giraudoux
dérouterait moins un Anglaís qu'un Fran~ais. Elles rappellent
la préciosité du xvre siecle et particulierement les dialogues des
comédies shakespearíennes. Or comment Shakespeare, avant
de se retirer Stratford, a-t-il terminé et résumé son reuvre?
Il a voulu que sa derniere comédie, la Tempéte, fftt l'ile Shakespeare. Il s'est représenté en Prospero, créant et organisant
autour de lui un monde a lui, un monde qui fut lui, ou le
génie Ariel fut tout simplement son génie. La poésie de Víctor
Hugo apres 1851 s'explique comme un effort pour créer l'ile
Hugo,

a

a

a

(Mais le Pére est ld-bas dam l'íle !)

effort d'ailleurs mal réussi parce que le poete empétré dans une
trop abondantc tradition copie de trop pres une autre ile, qui
est Patmos. Chateaubriand, apres avoir cherché son ile toute sa
vie, !'a trouvée une fois mort, au Grand-Bé. Et le parcours continental de Napoléon est peu de cbose a cóté de la perfection
plastique des deux iles qui ne vivent que de lui et par luí, celle
de sa naissance et celle de sa mort. II y a peut-étre un dialogue
possible entre le contróleur des poids et mesures ( dont
le critique fait lourdement le personnage) et la charmante
Suzanne.
ALBÉRT THIBAUDET

P. S. - Comme la plupart des lecteurs de la N. R. F. sont
des Iecteurs du Temps, je les avertis qu'ils ne me croient pas,

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

337

sur la foi d'un article de leur journal, passé a la réaction et a la
congrégation, au tróne et a l'autel. II m ·est arrivé d'écrire que
les quelques c-oups de baton re~us, un jour de sa jeunesse, par
Voltaire, faisaient bien dans le paysage littéraire qu'est son existence. M. Souday en a conclu que j'approuvais les coups de
baton donnés par les grands et petits seigneurs aux gens de
lettres et aux « confreres que je n'aime pas », ce qui ne pouvait
étre que le fait d'un « homme bien pensant ». De ce que
Sainte-Hélene fait bien dans la vie de Napoléon, s'ensuit-il que
nous approuvions Hudson Lowe ? Les critiques qui admirent
le plus Voltaire sont unanimes a mésestimer son caractcre, et
s'il ne mérita pas les coups de Rohan, qui agit dans cette affaire
avec la plus dégradante lacheté, il lui resta une longue vie pour
en mériter un peu d'autrcs, qui heureusement lui furent épargnés.
Aucun bomme ne fut moins a plaindre que Napoléon d'avoir
été a son tour une victime de la guerre. Et de tous les bommes
de lettres aucun n'eut moins lieu que M. de Voltaire de se
poser en victime de son temps. Quand M. Souday nous &lt;lit que
la destinée du pauvre Arouet eut suffi alégitimer la Révolution,
qu'il vécut et écrivit sous un despotisme pire que celui du
Saint-Office, nous avons le droit de sourire de cette littéramre
électorale. Voltaire uous est un admirable modele dans l'art
d'écrire et méme de penser, mais je persiste a croire qu'il n'est
pas pour les gens de lettres d'un bon exemple professionnel et
moral. « On peut apprendre quelque chose d'un scélérat »,
disait Frédéric 11 pour s'excuser de l'avoir fait venir a Berlín. Je
n'irai pas jusque-la. Je m'en tiens aux opinions modérées et
motivées de Brunetiere, de Faguet, de M. Lanson. Mais n'appartenant a aucun partí politique méme en matiere de politique,
aplus forte raison ne suis-je d'aucun partí politique en littérature. Le jour ou je changerai, je préviendrai ; je pense bien
d'ailleurs qu'aucun lecteur de la N. R. F. ne s'y est trompé.
A. T.

�!\OTES

NOTES
CRlTIQUE ET HISTOIRE UTTÉRAIRE
LA POÉSIE D'AUJOURD'HUI, un nouvel état d'intelligence, par Jean Epstein (Editions de la Si rene).
Y a-t-il jamais eu entre les poetes et leur public, un plu.s
large abime que celui qui, aujourd'hui, les sépare? Les bor-ds
en vont s'écartant. Et pourtant l'on pourrait prouver que cette
époque-ci eS't essentiellement poétique . La poésie eovahít le
roman et le tbéatre supérieurs ; les savaots et les philosophes
se trouvent, au profi.t des poetes, déboutés de lem:s conclusiom.
Voici que deviennent, ajuste titre, des armes essentielleroent
apollouiennes ce qu'on refusait jadis aux poetes : les calembours, les tics, les jeux d'écriture, les exercices mécaniques,
le hasard, - et non seulement celui-la né du freid arti.ficiel
de Mallanué - , l'idiotie, les preuves par l'absurde. Mais le
public qu'on précipite saos enseignement technique ou avertissement historique préalables dans de di:fficiles frénésies, se refuse
a faire l'effort nécessaire auquel le convoque le poete. Celui-ci
rebuté s'enfonce des lors dans µn hermétisme qu'il corrige par
des a-coups de réclame hargneuse ou par des credos comminatoires. C'est ici que devrait intervenir la critique. Jamais les
poetes n'en eurent plus besoin. J:imais elle ne leur fut i:µoins
fidele. Exception faite de trois ou quatre noms, parmi Jesq_uels
il y a d'ailleurs quelquefois plus de bonne volonté que de compréhension, la critique nie, rit, se dérobe.
Tout ceci pour expliquer que c'est dans un sentiment de
réelle sympathie qu'on ouvnit le livre si nécessaire de M. Epstein. Il faut malheureusement ajouter de suite qu'on n'y a guere
trouvé ce que l'oo y cberchait. Des le début le lecteur est rebuté
par des définitions de manuel telles que celles de la penséephrase, et de la pensée-association ; par des truismes, « la répéla suppression de la sensation
tition de l'excitation conduit

a

339

produite » (p. 35) ; « les émotioos sont involootaires »
(p. 31) ; « l'émotion sex.ue1le est une des bases de l'lnspiration artistique ii (p. 32), que le désir de faire reuvre de
vulgarisation ( ce -qui n'est pas d'aiileurs, semble-t-il, dans les
intentions de l'auteur) n'explique pas suffisamment. On force
son chemin a ttavers une tenninologie scientifique ínassimilée
et souvent inexacte. L'auteur croit évidemrnent que la crenesthésie ~t un phénomene pathologique (il y revient a plusieurs
reprises) alors que ce n'est que ce sentiment obscur de la vie
de nos organes qui est a la base de la notion du moi. L'usage
que M. Esptein faít du mot pressentiment est également inexact.
L'argumentation de l'auteur s'appuie sur une psychiatrie
périmée comme celle d'Ebbinghaus ; sur des philosophes
d'avant-hier comme Ribot ; sur des vulgarisateurs comme
Gourmont ; sur des ouvrages d'arnateurisme comme ceux de
G. Le Bon. Par contre M. Epstein parle du subconscient
sans mentionner les travaux de l'école de Zurich, en en
réduisant le champ a un ensemble de phénomenes de la vie
végétative, alors que ce champ est infinimeot plus vaste, et
contient, avec notre passt'.: oublié, les instincts primordiaux,
nos reflexes ataviques, etc... Plus 1oin l'auteur affinne, non
saru arrogance, « qu'on ne peut plus se passer du déterminisme universel » oubliant Bergson (dont le nom qui a pourtant une certaine importance en matiere de poésie contemporaine n'apparait a au01n moment), encore que sa théorie du
développement de la pensée sur le plan unique paraisse bien
bergsonnienne. En passaot, nous apprenons que « l'étude -de
la logíque onirique n'a encore été réussie sérieusement par
personne » (p. I09 ), ce qui est bien singulier aptes les travaux
célebres de Freud, Yung, et Havelock Ellis.
Les pages que M. Epstein consacre a la 1ittérature moderne
(refus de la logique, impulsívité, les métaphores, etc ... ) sont
meilleures. « La métaphore, dit-il, a toujours ,été la moitié de
la poésie ; rnais jamais, sinon par Mallarmé, elle n'a encore
été employée en qu-aotillés aussi industrielles ,&gt;. 11 cite de bons
a.meurs. Mais .dans un livre sur la poésie moderne, il est insuffüant de consacrer deux pages aux problemes de la rime, et
douze ligues au rythme.
Seront lus utilement deux essais sur la poésie des aliénés et

�. LA NOUYELLE REVUE FRA:N&lt;;:AJSE

340

sur le cinéma dans leurs rapports a.-ec la poésie (rappelons en
passant l'auteur que l'admirable mot « movies » est de l'argot
áméricain et non anglais ).
M. Epstein termine en expliquant la poésie moderne par
l'état de fatigue. Ne l'expliquait-il pas plus haut par la recherche
du nouveau qui est bien, quoi qu'il en dise, le contraire de
l'état de fatigue? Et si des poetes fatigués s'adressent a« une
aristocratie névropathique » comment obtiendront-ils d'elle
l'effort nécessaire pour étre compris ? Sans vouloir offenser
personne, on pense parfois en tournant ces pages qu'elles
ont été écrites par un Max Nordau sympathique la dégénérescence . Nous arrivons ainsi
la fin du livre de M. Epstein
sans avoir trouvé le traité de la poésie des dix dernieres années
qu'un public fran&lt;;ais et étranger continnera d'attendre.

a

a

*

a

PAUL MORAND

•
i:

NOTES

ses conclusions. Que le nihilisme de Barres ait été de qualité
médiocre puisqu'il n'a pu y conformer sa vie, c'est l'évidence.
Cela ne concerne que lui et ne nous a jamaís désillusionnés.
Nous goütames chez Maurrice Barres une curieuse méthode
jésuite appliquée a la négation, sans plus ; po{!r un systeme
philosophique, ce ne fut jamais lui que nous nous adressames,
mais aux Russes et l'Extreme-Orient. Que Barres soit revenu
a l'action ne porte aucun préjudice au nihilisme en soi, qui
continue d'etre le plus puissant tonique et la forme la plus
élevée de l'élan vital. Les jeunes accusateurs qui veulent
sympathiquement reprendre l'expérience et la continuer jusqu'au bout peuvent aller de l'avant sans s'arréter a condamner. « Barres n'a jarnais été un homme libre,,, disent-ils .
C'est bien possible, mais nous serions tentés de condure avec la
défense: &lt;&lt; ce n'est pas sa faute ». A leur tour, d'essayer leurs
forces et de tacher de passer « de la certitude au doute et
du doute la négation, sans y perdre toute valeur morale » '•
Pour revenir Jean Cocteau, qui, notre regret, s'est imposé
de faire court, on lira avec grand amusement ces buit minutes
chez M. Barres. Ce qui cboquait les Dadas, c'est la double
personnalité de Barres. Ce qui agace Jeao Cocteau, c'est le
jardin de Bérénice. 11 en résulte d'heureu~es formules : « le
voyage
Sparte est un voyage d'amour_ trois. Mais de la
Grece ou de la Lorraine qui porte la cbandelle? » ; de justes
remarques : « Barres parle beaucoup d'ausculter, de consulter,
la
de méditer... mais cela finit toujours par une réverie
porte .. ... » ; une exacte topographie : « cet esthétisme ... cette
gauche de droite que Barres exploita toujours ... » ; d'excellentes notations psychologiques : « la profonde mélancolie de
Barres de n'etre pas poete ... &gt;&gt;. Enfin ce jugement rigoureux :
« Barres s'arrange ... on ne s'arra11ge pas », par lequel Jean
Cocteau et les Dadas ( que je m'excuse de réunir ici) terminent
leur réquisitoíre .
l'AUL MORAND

a

a

AU SUJET DE MAURICE BARRES.
Pourquoi tout a coup M. Maurice Barres? Pour rien. Cependant, quelques semaines de d istance, une Vie de Maurice
Bar1·es, d'Albert Thibaudet, un Billet a Angele, une Mise en acwsation de Maurice Barres des Dadas, et deux Visites a Maurice
Barres, par quoi s'ouvre un cbarmant album de souvenirs de
Jean Cocteau. Certes ce dernier opuscule date de 1917 et c'est
par pur hasard que les Dadas ont choisi Barres parmi d'autres
pour le juger. Mais i1 n'en .reste pas moins vrai qu'on vient
d'évoquer encore le proces que les générations qui ont aujourd'hui moins de trente cinq ans n'ont cessé de faire l'auteur des
Déracinés. Pour notre part, nous ne trouvons dans tout ceci aucun
fait nouveau et nous estimons qu'il n'y a pas lieu a révision .
Daos les discours faits
la Salle des Sociétés Savantes,
nous relevons d'anciens reproches : théories confuses basées
sur des postulats1 duperie de l'action comme remede au nihilisme, critique de l'analyse considérée comme une fin, enthousiasmes frigides. La seule et grave accusation qu'il y ait lieu
de retenir contre Maurice Barres c'est « d'avoir renoncé ce qu'il
y avait d'unique en lui &gt;&gt; . Dans facte d'accusation, un orateur
prit texte de la seconde partie de l'reuvre et de la vie de
Barres pour nier la premiere. Nous ne le suivrons pas dans

a

a

a

a

a

a

a

a

a

a

; . On pourrait d'ailleurs, sans sophisme, démontrer que dans la
deuxieme partie de son ceuvre Maurice Barres contioue a ttre destructif. Qu'oo songe ou le stérile culte des morts a mené la Chine.
A quelle catastrophe ne conduirait pas un natiooalisme tel que le
veut l' auteur ?

.

* *

�34 2

L\ NOUVELLE REVOE FRAN(:AISE

NOTES SUR MÉR~MEE, par Charles Du Bos (Cres).
Cet essai tres fouillé et tres ajgu avait été fort remarqué lorsqu'il :ivait paru dans une revue. M. Du Bos s'est efforcé de
pén~trer au foyer m~me de Ja conscience et de l'intelligence de
Mé_nmée, dont la place demeure encore assez discutée. La pos~nté le rangera-t-elle, comme parait l'y inviter M. Du Bos, a
coté de Stendbal ? En tout cas Stendhal et lm ne sauraient se
~uire. 11s se mettent en valeur l'un par l'autre. 11s apparaitront,
a des rangs probablement différents, comme deux especes d'un
genre, dépmé par le courant et la tradition du xvm• siecle. La
qu~st_ion du style de ;\férimée serait
discuter. L'autC'ur qui
écnv1t la préface des No1rvelles Le/tres a une Incom111e, Blaze de
Bury, dit c¡ue la grande différence entre Stendhal et Mérimée
est que le prernier n'a pas de style tandis que le_second en a un.
•
ro1t-1·1 ~• Qu1on vous hse
au hasard une derni-page de Stendhal
et v?us reconnaitrez l'autenr. Reconnaitriez-vous une page de
Mérnnée ? Ce n'est pas la, je le sais, une pierre de toucbe
absolue; mais. le probleme reste posé.

a

e ·

ALBERT THIRA.UDET

NOTES

343

Mad:ime Duclanx suppose bienveillamment que ]'admirable
a soixante-treize ank,
est plus ou moins su par creur par tous les écoliers fran&lt;;ais.
Lui enle,erons-nous une illusion si honorable pour l'Uoiversité
de France? La seule reuvre qui ait atteint ce genre de popularité
est les Pauv-res Gens, « picce a dire l) d'ou est sortie une redoutable postérité de Coppées et de Manuels. Les reuvres de Rugo
sont assez mal classées dans le sentiment public. Tout le monde
connait le médiocre Ruy Btas, mais il ne m'arrive jamais,
je dis jamais, de trouver quelqu'un qui ait lu le cbef-d'ceuvre
du tbéatre romantique que sont les Deux Trouvaillcs de Gallus et
qui sache seulement daos quel ouvrage on lesrencontre.
Madame Duclaux, qui a assisté aux funérailles de Victor
Hugo, fait de la cérémonie un joli tableau et y voit avec raison
l'apothéose exacte que le poete eut révée, ordonnée par le génie
méme de la pompe, de la popularité et de l'antithese. De-puis,
les opinions franc;:aises ont été tres mélée-s, les éreintements ont
succédé al'apothéose. Un livre comme celui-ci fait une élégante
et raisonnable mise au point.

Cimetiere d'E,ylau, écrit par Victor Hugo

ALBERT THJBAUDET

*

VICTOR HUGO, par Mary Duclaux (London, Constable).
Madame Mary Duclaux, outre plusieurs essais, nous avait
donné en fran~s une étude charmante sur Froissart. C'est en
anglais qu'elle a écrit son Victor Hugo dans la col1ection des
Makers of /he 1tineteenth century. La hiographie, copieuse et pittoresque, y est plus développée que la critique littéraire. Peutétre souhaiterait-on que l'auteur se fút tenue en garde contre
~es ~uissances d'illu~ion qui débordaient de Hugo, s'imposaient
ª, lu1 _et autour de lm, et q_ue, sans tomber daos les mesquineries
d anuchambre, e.lle eut davantage corrigé le témoianarre des
é_crits autobio?rapbiques du poete et de sa femm~ p:r les
livres de M. Biré. Mais apres tout il ne faut pas nous plaindre
que le _grand poete ne soit pas présenté au. public anglais par
le p_etit. bo~t ~e la lorg?ette. Si Hugo avait des petitesses de
déta'.I, Il • n éta1_t, daos 1 ensemble, pas plus mesquin qu'un
Lou1s XIV et 11 a rayonné comme lui puissamment érroi:s.
' o
tement, seremement.

* *

ÉCRIVAINS FRANl'.;:AIS EN HOLLANDE, par Gustave Cohen (Cbampion).
Le livre de M. Cohen n'est saos doute que la premiere partie
d'un travail sur le róle de la Hollande dans la littérature fran&lt;;aise du xvue siecle. Sí la France et la cnlture frarn;:aise sont
des moyens termes entre le Nord et le Midi, il est curieux de
voir qu'a l'époque ou, par l'Espagne et l'Italie, les influences
méridionales pénetrent si largement chez nous, la petite Rollande les équilibre, daos le Nord, apeu pres seule, tient pendant une cinquantaine d'années la place d'une Allemagne et
d'une Angleterre. Quand arrive la vague d'influence angJaise,
le róle de la Hollande est a peu pres fini pour nous, et l'histoire
littéraire s'encadre a peu pres daos les mémes dates que l'histoire politique. Mais ce role reste chez nous en grande partie a
étudier. Le volume de M. Cohen traite de la premiere partie
du xvuc siecle, ou le courant franco-hollandais est presque aussi
pittoresque, sinon aussi dense que le courant franco-espagnol
0

�344

LA NOUVEtLE REVUE FRAN(.AfSE

au temps de Brantóme. On y trouve deux monographies
savoureuses de Jean de Schelandre et de Descartes. Il faut aussi
remercier M. Cohen de sa riche iconographie cartésienne, plus
complete que celle du Hvre de M. Adam. Ce livre plein de
renseignements figurera dans toutes les bibliotheques ou le
xvne siecle est honoré.
ALBERT TI-!IBAUDET

***

IDSTOIRE DE FRANCE CONTEMPORAINE. TOME
III : LE CONSULAT ET L'EMPIRE. - TOME 1V :
LA RESTAURATION. -TOME V: LA MONARCHIE
DE JUILLET (Hachette).
M. Parlset pour le troisieme volume, M. Charléty pour le
quatríeme et le cinquieme, continuent sur le méme modele,
avec une remarquable unité, la publication dirigée par M. Ernest Lavisse. Ce sont de bons e1emples de la littérature de
précis, du livre indispensable de bibliotheque, avec beaucoup
de faits et peu c!e jugements. La partie économique est tres
largement dé,·eloppée dans les trois volumes, mais il est difficile
de réagir avec plus de parti-pris que M. Pariset, historien de
l' Empire, contre l'histoire &lt;lite histoire-bataille. La conspiration
du général Malet tient plus du doubk de la place accordée ~ la
campague de Russie ! Si on maintient les mémes proportions darrs
Iedernier volume, celui de l'histoire actuelle, le boulangisme occupera plus de pages que la guerre de 1914. N'y a-t-il pas la quelque
exces? Je sais bien qu'une Histoire comrne celle-la c'est le Meunier, son ftls et J'a11e. S'il fallait contenter tout le ·monde ! Celle
de M. Pariset, qui d'ailleurs ne satisfait, n'aurait jamais fait se
hérisser d'enthousiasme le bonnet a poil qu'un poete connu
ALBERT Tf!IBAUDET
avait dans le creur.

345

NOTES

seurs de Nietzsche ne seraient plus ici de mise. M. Andlerse trouve
en plein daos le sujet qui lui permet de déployer ses qualités
d'érudit et de psychologue. Nietzsche y est suivi pas a pas;
moins dans sa vie matérielle que daos cette \'ie intellectuelle
qui est devenue de si bonne-heure le tout du philosophe, et
qui a eu, a un &lt;legré si intense, ses tragédies et ses orages.
L'atmosphere, la préparation, la rédaction de la Naissa11ce de la
Tragédie sont étudiés de fa~on a ne laisser aucun probleme dans
l'ombre, et a nous faire voir daos l'ampleur meme des guestions qui se posent a son sujet tout un fond qui l'idéalise et
l'élargit. Si le probleme de la tragédie grecque a hanté Nietzsche avec une si vivante intensité, c'est d'abord qu'il se sentait
destiné avivre tragiquement, que le probleme de la vie tragique
s'imposait puissamment a lui, et qu'avant de résoudre en philosophe la question de la tragédie de l'homme, il a d'abord
voulu résoudre en philologue le probleme de la tragédie grecque. Les deux problemes sont aspirés par le méme mouvement,
le meme orage, et n'en font en réalité qu'un : il était des lors
naturel que cette idée de la tragédie allat s'alimenter, s'éclairer~
se bruler au foyer wagnérien. Durant toute cette période,
Wagner et Nietzsche ne sauraient étre séparés. lis ont vécu sur
le meme plan. 11s se sont trouvés en face du sphinx de la tragédie, lui ont fait deux réponses différentes, !'un recréant la tragédie,
l'autre vivant la tragédie. Aussi n'est-il pas de biographie plus attirante que celle de Nietzsche, si vide d'éléments extérieurs, si
pleine intérieurement. Une esquisse rapide ne sutfisait pas. II y
fallait patience et longueur de temps, telles que M. Andler les a
mises en reuvre. Aucun philosophe n'aura été chez nous si roya-lement traité, aucun ne le méritait mieux..
ALBERT THIBAIJDET

*

* *

LA POÉSIE

LA JEUNESSE DE NIETZSCHE, JUSQU'A LA RUPTURE AVEC BA YREUTH, par Charles Andler (Éditiqns
Bossard).
Ce second volume du grand ouvrage de M. Andler est en
réalité le premier de la biographie de Nietzsche. Les réserves
qlle me paraissaient impliquer le plan et I'exécution des Précur-

JEAN PELLERIN.
On le savait tres malade, depuis plusieurs mois ; on espérait
pourtant, sachant qu'il était en.fin résolu a prendre tous les
soins et tout le repos nécessaires. La nouvelle de sa mort est

�LA ~OUYELLE R,EVUE FRANCAlSE

venue mettre fin aux illusions de ses amis et confirmer douloureusement les appréhensions de qudques-uns. Raoul Dufy qui
ne le connaissait pas et qui le vit pour la premiere fois le jour
qu'il des sin ale beau portrait frontispice de la Roma11ce du Rttmir,
avait été effrayé par la flamme dévorante qui brulait da.ns les
yeux du poete. Le dessin de Dufy a fü,é le visage de Jean Pellerin, dans les derniers mois de sa vie, émacié, osseux, tout
i:onsumé d'un feu intérieur, avec un inoubliable front bombé,
trop lourd pour les épaules chétives. Il mettait une coquetterie
dissimuler Ja sou:Ífrance, n'offrant ses amis qu'un soui-ire
mélancolique, un peu crispé, mais sans amertune. Impo.ssible
d'imaginer un étre plus mystérieux et plus simple ala fois, plus •
affable et plus courtois en toutes les circonstances de la víe. En
dépit des tounnents physiques qu'il endurait, il avait gardé cette
&lt;louceur gaie et cett~ franche bonté qui m'avaient tant séduit
lorsque Louis de Gonzague-Frick nous présenta !'un a l'autre,
aux Ecrifs Franrais. C'est apeine si J'infle:xion de sa voix se
nuan~ait de quelque ironie lorsqu'il faisait allusion aux besognes de plume auxquelles il était obligé de donner la plus
grande part d'une Yie qu'il aurait voulu consacrer ala poésie . I1
m'avait raconté le sujet de son prochain ro man, qui devait avoir
pour cadre ces montagnes de Savoie entre lesquelles il vient de
s'éteindre. 11 méditait d'autres ceuvres. Celle qu'jl laisse estassez
miuce, un recueil de pastiches, qui sont parmi les plus fins
qu'on ait fait_s et ou se remarque plus d'intelligence que de rosserie et plus de vraie sensibilité que de virtuosité facile ; des
nouvelles, un court récit quí fait pressentir le romancier qu'il
eut été, enfin et surtout la Romance dit Retour. Sacbant combien
fadmirais et combien j'aimais son talent de poete, Jean Pelleriu
m'avait dédié cette complainte délicieuse et comme d'autre part,
il avait consacré un petit album de vers de moi une nofe trop
élogieuse, j'avais cru devoir me priver du plaisir de présenter
son reuvre aux Jecteurs de cette revue. Pierre Mac Orlan s'est
acquitté de ce soin et, avec un sens exquis de la qualité poétique de ce petit chef-d'ceu,vre, il avait rapproché le nom de Jean
Pellerin de celui du malheureux et charmant Claude le Peti_t,
l'un des premiers poetes chez qui l'on vit !'esprit satirique le
céder ala fantaisie.
Pour moi je garderai précieusement les lettres- que Pellerin

a

a

a

347

NOTES

m'écrivit au sujet de ce poeme, en réponse aux remarques que
j'avais rédigées, sur sa ,demande, apres lecture de la premiere
version, et auxquelles il voulait bien attacher quelque prix. II
me savait gré surtout d'avoir discerné l'accent profond et
pitoyable de ses vers dont il lui était pénible d'entendre louer
u □ iquement la virtuosíté fantaisiste. 11 portait jusque dans le
calembour un gout et un sens de la mesure qu'il ne devait qu'a
lui, et non a la syntaxe. II savait parler des objets modernes avec ·
simplicité, du métro ou de la tour Eiffel posément et sans se
croire obligé d'entrer en transe :
SiLtnce, les demiéres ram~s
Impatientes aux nnéis
Vont porter les dernir.res dames
Au termitms de Champeri·et.

Non content de nommer un moteur ou d'éructer quelque
onomatopée futudste, il sait décrire, ex primer :
La crafotive soupape
Ele:ve tm 11mnnure lwi5J .

Ses sceu1-s cha11te11t a·vec ensemble,
Mais elle doute, appelle, tremble
Surttn cylindrc- walisé.

Et quelle délicieuse musique se leve d'entre ces syllabes agencées avec un art infini et discret:
C'était une nu'it de mYvembre
Que man amertume t'voquait
Le grand Jeu 111élait dans la chambre
Sa résine dpre d ton bouquet ...

Tout le poeme chatopnt et pailleté ménage, de proche en proche, comme de petits bosquets de verdure soru bre ou la romance
de.vient la voix mystérieuse des sources:
Tes chei•eux tordent u11e flamm1.1
Tes genoux 011vrmt mze Je111me.

Avec des jaiUissements de fraiche émotion.
, Pawunti, chaste

Sl1!1tl'

de l'homme.

�LA NOUVELLE REVGE FRMI\'..\ !SE

Et ceci encore, vision poignante du temps de la guerre :
]'ai plmre par les ,mits lipides
Et de cbaudes 111tits m'011t pleuré ...
Froides horre11rs q11e rie11 11'efface
La /erre écarle de sa face
Ses lo11gs cbcveux indijfiren/s.

Pierre Mac Orlan a dit comrne il fallait pourquoi de tels vers
doivent étre admirés, et pourquoi ils toucbent surement. Bien
osé qui eut assigné des limites a un art aussi savant. Cette vie de
París a laquelle il célébrait son retour picio de mélancolie et
d'ironie lui eut inspiré d'autres chants, peut-étre ceux que nous
attendous encere. ll n'avait pas le féticbisme du progres, mais il
savait en découvrir les aspects imprévus et susceptibles de poésie.
Apres Apollinaire, apres Joacbim Gasquet, Jean Pelleriu; il
semble que la mort veuille parachever son reuvre de guerre et
étouifer les voix qui protesteot contre la brutalité des ternps
nouveaux :
Le 111011de 11'a crié Lucine
Que pour accoudier de l'usine.
La Jantaisie et le subtil
Vo11l fuir le ,·egne du morlingue ,·
Ils sont déja dans le carli11g11e
El cbac1m dit : &lt;&lt; Aitisi soit-il. &gt;&gt;

Jea11 Pellerio, j'ai récité en mémoire de vous le poeme que
,•ous avez voulu me dédier. Quelles plus belles fl.eurs que celles
inventées par vous-mérne jetterai-je aujourd'hui sur votre tombeau? Est-il moyeo plus noble et plus efficace de disputer un
poete l'indifférence des hommes que de répéter ses plus justes
chants au seuil de l'ombre ou, navrés, nous le voyons dispaROGER ALLARD
rattre.

a

** *

EURYDICE DEUX FOIS PERDUE,

par Paul Drouot

(Société littéraire de France ).
Nous savons qu'il l'aimait, qu'elle était bdle, qu'elle partit,
ce dont il eut un affreux désespoir. .. n'aurait-il pu la reten ir ?
question bouleversante qui le fait souffrir davantage. Nous
savons qu'il se retira daos la solitude, a la carnpagne, pour se

NOTES

349

déchirer le creur a loisir, loin des hommes, mais il ne nous dit
rien d'autre, et pourtant cette fernme, ce fantóme de ferume
qu'il n'évoque jamais de fa¡;:on précise, bien qu'il ne parle que
d'elle, doot il ne cite que pcu de paroles, dont il ne décrit ni
les traits, ni la taille, (quelques regards a peine, un geste, une
infl.exion de voix,) cette femme est toujours présente, est toujours la. « Est-elie brune ou blonde ou rousse? Je )'ignore ... »
mais cette femme, je la connais.
Merveilleuse magie, vertu vivifiante d'un seotimeot poussé a
l'extréme, qui s'exprime saos cris publics, qui étouffe ses larmes, qui se replie sur soi et prend en cette retenue des forces
nouvelles, un élao oouveau ... Car ce livre est une reuvre a la
fois décente et déchainée, celle d'uo bomme prisonoier de sa
passion, qui ne peut vivre qu'en elle, qui ne peut discourir que
d'elle, réver, raisooner que d'elle, et qui, néanmoins, la garde
pour lui. 11 revoit partout l'objet de son amour, il le reconnait daos le murmure du ruisseau qui passe, daos le bruit du
Yent, daos le chant d'uo oiseau, a tel point que sa passion en est
cornrne dépouillée et qu'il se trouve plus seul encere au centre
de ce monde dont les allusions raYivent son souvenir, qui, a
tout inst::1nt, lui répete un nom, le méme, luí montre une
irnage, b méme, ou lui reovoie un invariable écho.
Et qu'on ne vienne pas dire que si Paul Drouot avait parachevé l'reuvre dont il ne nous reste, raccordés par des mains
pieuses, que des fragments, elle eut été plus claire, plus
directe, rnoins voilée. Non : de méme qu'il serait oiseux de
tácher de la rnieux reconstruire ( cbacun de oous est libre de la
relire comme il luí plait, quand il la conoait et qu'il l'aime)
aussi bien pouvoos-nous étre certaios que Paul Drouot n'y eut
ríen changé d'essentiel, et le secret, le mystere, l'angoisse retenue de ce poeme écrit en prose, mais sentí, souffert et chanté
par un poete, en sont précisément la plus intime essence.
On y lira des pages dont l'accent reste vraiment inoubliable
sur l'aagoisse de l'attente et sur la solitude, d'autres, aussi
belles, sur la paix des charnps, l'automne, les voix sourdes du
crépuscule, les sous-entendus et les confidcnces de la nuit, d'autres ou l'oa dirait que le creur est serré comme avec la main,
d'autres ou cette main nous prend a la gorge, et d'autres d'un
désespoir glacé, d'une angoisse brulante, d'une indilférence hau-

�35°

35 1

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AlSE

taine dont l'effort est aussitót vaincu ... d'autres encore, et toujours cene impression subsiste d'une puissante reuvre lyrique,
macérée dans la douleur, l'inquiétude et la mélancolie, subtile sans froides complications littéraires, convaincante sans
éloquence voulue, incessamment vibrante jusqu'a sa derniere
ligne et dont le chant, par sa simplicité, par son désordre, par
sa jeune plénitude, nous exalte, nous ravit ou nous épouvante,
et dont la mémoire nous hantera longtemps.
Dans sa belle préface aEurydice deux fois perdue, M. Henri de
Régnier écrit:
« Je ne sais que! sera le sort de ces feuíllets, mais j'ose
leur prédire cependant une grande destinée littéraire. »
Pour peu que l'on ait le gout des belles ceuvres, l'amour et
le respect des nobles ames, on ne peut que penser comme lui.
GILBERT DE VOISINS

*
* *

LE POEME DES CHIMERES ÉTRANGLÉES, par
Tristan Dedme (Emile-Paul).
Roses et rossignols, chansons dans l'ombre, doµceur chaude
des nuits toulousaines, tel est !'asile de vos chimeres, Tristan
Dereme. Etranglées, &lt;lites-vous, non, mais seulement blessés,
et qui chantent comme des cygr:ies, c'est-a-dire d'une voix non
entendue, en ce temps-ci. Que vous importent ceux qui disent,
apres vous avoir écouté négligemment : « c'cst du Toulet ». Ce
n'est pas pour eux que vous ch~ntei: si juste et d'ailleurs, s'il
vous arrive, comme aux plus mélodieux., de manquer la note,
iis ne s'en apercevront pas davantage. Au demeurant, nul ne sait
mieux que vous ce que vous devez au poete des Contrerimes.
Ca::ur satisfait et versificateur.renchéri raillant qui son enthousiasme et sa tendresse et qui sa propre habileté, Tristan Den~me,
daos un garni d'hotel, regrette :
Les coteaux bleus dans la lwniére
Et les feuillages de l'été
Qui remuaient 11am la rivüre

ou bien, un autre jour, couché dans l'herbe natale, il songe :
Casino de Paris, Olympia, Foli~Bergfres, quels tnmpea11x tl'ápres mélancolies

Chevreaux; ,,uurt!'is, béliers fourbus, dans vos lumi eres
Et vos tumultes, f ai tra!11i . ..

La pipe des nuits de vaine ivresse, l'escargot des vacances paresseuses, décorent le blason d'un poete qui révait la gloire :
Au bruit &lt;ks vers q11e je chanlais
Je pensais vaincre les ,ités .
... Et q1L'a Passy, charma11teivresSJ!,
Les d1aujfeurs sauraient mon adresse.

Mais les cbauffeurs ne lisent pas de vers, et leurs patrons et
clients guere da.vantage.
Bien qu'il essaye de plaisanter et de tourner sa propre peine
en dérision, l'amertume des illusions perdues don ne aces élégies
faussement ironiques une saveur touchante. Sous l'habit de
campagne et les bones du chasseur, ou sous le smoking de
l'habitué des promenoirs, c'est le sombre creur de Chatterton
qui se révolte et gui pleure ; mais discretement et avec le sourire, parce que Tristan Derc'.!me est d'une génération qui apprit
la discrétion a ses dépens et sait que les poetes a transes et a
trépied sont des articles d'exportation. Mais quiconque a l'esprit
généreux et ferme ne se résigne pas d'uu cce-ur léger a n'étre
que le poete de quelques-uns. Est-ce la faute a Deréme, a Toulet, a Jean Pellerin si le vulgaire s'en tienta la plate rengaine et la
soi-disant élite a laloufoquerie consciente et organisée. Restent
les chevauchées, a dos de bouc, a dos de chimere, qu'importe !
Rien ne i•aut la belle aventu1·e
Et les espoirs toujours 11oui•e1lUX ...

Mais le bouc noir lui-meme est un coursier décevant. Il ne sait
pas le chemin des ferventes adolescences :
Nous attendions des beroines
....

Qui donrrissmt sous des troetll!S
Ou tendisSJ!nt sur des Jerrasse.s
Des lis verls et des braiicbes rousses,

(remarquez en passant cette jolie et discrete satire du modernstyle symbolar&lt;l)
Et ,wzis auriotis d,anti leurs lbr:res
At•ec leurs fu:1.1res dans nos livres
Afin, difuntis nos jmnesses,

Pastériti r¡11e tri co11nlill~

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

Les traits, les tresses, les détresses
A troces de ces Béatrices.

Cet exemple est pour montrer, en outre, le parti que le
poete sait tirer &lt;les plus secrets mysteres de l'oblitération; non
pas tyran ni dompteur rigoureux, mais gentil accordeur des
rimes adulteres. Quand d'aventure le couple est mal assorti,
c'est un tour de ce diable d'accent, revenu de Tarbes ou de Toulouse. M:tis ces fioritures, on doit préférer tel adagio large et
simple :
Tu ne crois plw aux bequx cbcveux,
A11x seins qu'une rose décore,
Et, le caur "tnorose, tu veux
Cependacnt les chanter encore.

a

Un beau regard, s'il te sourit,
Tu le railles mais tu regrettes
Ces printemps 111orts ou Ion esprit
Etait plein d'Jtoiles secretes.

Car Tristan Dereme est de ceux qui se sont faits du geme
poétique une idée si vaste et si belle, celle meme d'un « univers
sonare )l et qui ne se consolent pas d'avoir découvert, un beau
jour, qu'ils ont, « ténors na1fs », pris la voix de leur jeunesse et
celle du pr.íntemps, pour la voix méme du génie. Et les chants
amers qu'ils inventent pour se consoler sont justernent les plus
capables d'aller toucher les creurs que le poete re-vaient naguere
d'étonner et de conquérir de force.
ROGER ALLARD
1

LA COMPLAINTE DU CYPRES BLESSÉ,
Franfois-Paul Alibert (Píerre Polere, Carcassonne):

par

Pas plus que les derniers volumes de vers publiés par
Franr;;ois-Paul Alibert, celui-ci ne semble avoir vaincu I'indifférence de la presse. Alors que les moindres filets de lyrisme
trouvent a se faire recueillir et vanter, ce beau :fl.euve coule a•
l'écart et son nom méme n'est pas familier a taus ceux qui
aiment les lettres. C'est qu' Alibert vit dans une sévere solitude,
une solitude imposée par le travail et la nécessité - non pas
&lt;lans un de ces exils ·volontaires qui sont une coquetterie et un

353

NOTES

artífice de plus, une habile réclame, un ingénieux moyen de
faire affiuer journalistes et gens du monde. Quel libraire ira
faire venir de Carcassonne les plaquettes que l'auteur du
Buisscm ardent y fait imprimer ? Quels amateurs songent a en
guetter la publication ?
Le 25 juin demier, la Revue Critique faisait connaitre une
admirable Ode d' Alibert, poeme ample et bró.lant, qui respire
la passion la plus déchirante, cri de reconnaissance envers un
bonheur qu'on n'espérait plus, auquel on g011te enfin, mais
dont on sait la possession fragile. Je doute que l'on trouve,
dans aucun poeme con,temporain, ua mouvement comparable
a celui qui souleve ces strophes souples et altieres . Les octosyllabes de Valéry ont une perfection plus savante, plus adamantine, mais ils ne tremblent pas d'un sanglot si humain.
Le~ trois pieces que réunit la Compláinte du Cypres blessé
sont d'une coulée plus calme. La résignation de l'arbre vieillissant, qui se sent mourir, s'oppose a l'inquiétude de I'homme
errant, toujours hanté par le désir du reteur, toujours travaillé
par l'obsession de oouveaux départs :

L'étern(l/e aventure et l'amour du foyer.
L'arbre blessé jette un tendre appel vers le libre enfant, et le
voyageur, fatigué de son inconstance, invoque l'image du
Cypres austere et fidele. Dans le Retour au Jardin natal, un
dialogue s'établit entre eux, mélancolique et courageux, chargé
de male sagesse. On. pourrait reprocher a ces alexandrins une
tendance a laisser les phrasses se prolonger avec un.e lmmriance inutile, a repartir en rameaux adventices, alors qu'on
croyait la période achevée. On songe parfois a ces jets de ronciers qui reprennent racine si Ieur extrémité touche le sol et
qui, de la, lancent de nouvelles pousses : gracieux arceaux, mais
ou les pieds du promeneur s'embarrassent. Que de pages
cependant ou tout est mouvement et netteté ! On trouverait
des passages qui ont plus de force, mais quelle tristesse attendrie dans ces vers par lesquels le Cypres, trop Iongtemps déi;:u
daos son espoir, accueille l'enfant prodigue :
Comme l'absmce est courle au matin de la vie 1
L'dme ti qui la moitié de son dme est ravie,
Qu'elle est riche pourtant d'avmir et d'amour,

�354

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

Qrt'elle est pleine, et cambien l'attente du retour
La cambie jusqu'au fond d'une cbaude UJOt!dance I
Mais aqui fait dijaut cette fenm espérance,
Quand l'automne s'attalihe a ses memb,·es lassés,
Que ses plus beaux m.Mnents ne son/ pas taus passés,
Chaque jour devant lui se traine et dé.respire ;
Et s'il jette parfcis 21n regard en anÜi'e,
De son dge en un coup il ressent le jat=deau
Qui plus vite l'indine aux marches du tombeau.
Cl)tnme ttt me manquaís ! Quelle joyeu,se féte
Enfin de te revoir ne m'étais-je pas faite /
Tu me reviens, c'est toi, je n'avaü pas revé.
Et wici, maintenant que je t'ai retrouve,
Laquelle seulement l'emporte en ta presence,
Ou de ma joie, ou bien de cette indif!éreTUe
Ou nous tombons apres avoir trap attendu
Notre bo11heur qui tarde a nous étre rendu ?
JEAN SCHLUMBERGER

* **
DEVOIRS DE V ACANCES, par Rayrnond Radiguet.
Images d'Irene Lagut (Edírions de la Sirene).
Ces devoirs ne sont pas un pensum, car Raymond Radiguet
a été re~u partout avec mention. Ne pas se laisser prendre a
une couverture trap verte, a un accueil de fruit pas múr: cela
cache les plus ingénieux des divertissements, et les moins
ingénus ; des jeux glacés et ardents, des prestidigitations narquoises. On pense souvent a Fragonard devant cette grace
permanente et ces tristesses de circonstance.
Ciel ! les colonies

Dinicheur de nids
Un oiseau sans ailes
Que Jait Paul sans elle
Ou est Virginie
Elle tajeunit.
,,w Les images dont s'orne le Iivre, espiegleries, repentirs et

fausses pamoisons, sont d'un non moins dangereux petit
PAUL MORAND
diable.

*

* *

355

NOTES

LE ROMAN

LE COTÉ DE GUERMANTES, II. SODOME ET GOMORRHE. I, par Marcel Proust (Éd. de la N. R. F).
L'apparition de M. de Charlus, au Grand-Hótel de Balbec,
son humeur moins versatile que concertée en ses brusqueries,
ses démarches mystérieuses, enfin le soin pris par l'auteur de
faire paraitre en son plus vif relief le physique de ce personnage nouveáu, tout laissait prévoir que cette étrange :figure réflé.chissant la lumiere d'un foyer qui ne nous était pas visible,
mais que nous dennions situé daos une contrée encore inexplorée, au dela des paysages ou nous nous plaisions a suivre
M. Marce! Proust, a la rechercbe du temps perdu.
D'autres écrivains nous avaient promenés du cóté de Sodome
et Goroorrhe, mais cette fois-ci ce n'est plus la tournée des
grands-ducs superficielle ou plus ou moins truquée, c'estla visite,
ou mieux encare la découverte, par un terrible Asmodée, d'un
hópital monstrueux. Pour retrouver une pareilie impression de
puissance évocatrice il faut remonter au Jardín des supplices, ou
mieux encare a ces grands panoramas sur quoi s'ouvrent certains romans de Balzac.
M. Marce! Proust a tenté une entreprisebardie et qui ne pouvait
etre menée a bien qu'a condition de dépayser completement le
lecteur, de l'acclimater a un univers insoli.te. Et ce guide
implacable est encore un observateur qui se défend d'etre un
moraliste, qui n'afl:iche pour le vice ni la haine généreuse
d'un d'Aubigné, ni la sympathie .aventureuse d'un Wilde, et
pour qui le mot vice o'est qu'une convention, du discours enfin,
qui souriant au passage a taus les visages de la be;mté, admire
ou plaint sans juger jamais, avec une clairvoyance plus cruelle
que l'ironie ou le sarcasme.
Non seulement pareíl sujet n'avait jamais été traité ainsi,
mais on peut dire qu'aucun écrivain ne l'avait envisagé avec
cette meme liberté d'esprit, que tempere chez M. Proust une
singuliere tendresse pour taus les instincts humains si touchants
lorsqu'ils sont brimés et meurtris par les lisieres de la p-olitesse.
L~ conjonction de M. de Charlus et du giletier Jupien est décrite
avec un réalisrne qui ne saurait guere étre poussé plus loin. Les
cétails en sont fignolés avec minutie, mais sans complaisance.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

357

NOTES

Aussi ne respire-t-on pas dans ces pages cette odeur faisandée que
dégagent certaines ceuvres d'un ton moins libre et moins cru.
Cette absence de complaisance intellectuelle est bien remarquable. Elle laisse a la curiosité du romancier toute son acuité
visuelle et psychologique : du point de vue nouveau ou il se
place, le champ de son observation s'accroit a l'infini. On ne
saurait préjuger de la suite du roman, mais ce premier chapitre
sur les hommes-femmes est une date d'histoire littéraire. En
- e-ffet ces pages d'une si bnilante éloquence, d'une poésie si
a.pre et si noble, rompent un charme, le charme esthétique
de l'inversion sexuelle sous lequel les arts et la littérature sont
si longtemps demeurés.
La persistance d'un te! sortilege a été favorisée par le symbolisme pour qui l'idée d'équivoque et d'ambigu1té était pour
ainsi dire rituelle, et qui considéraient l'androgyne comme la
figure la plus expressive de la beauté bumaine.
Toute une génération de poetes, initiés par le morose
Samain, a con-sacré ses premieres plaquettes a chanter d'équivoques épbebes, propageant dans les brassetíes d'art le snobisme
de l'bomosexualité littéraire.
Ainsi toute la saison qui s'étend du Portrait de Dorian Grey
au Martyre de Saint-Sébastien sera, grace a M. Marce! Proust,
mieux comprise et mieux appréciée. Car ce magicien devanee
l'ceuvre méme du temps ; il invente et il impose aune époque,
celle de I' Affaire Dreyfus, la couleur et le style qui lui conviennent et qu'elle semble devoir tenir de luí seul.
Quant ases observations touchant le róle des hommes-femmes dans la société, c'est au lecteur a les transposer dans le
plan intellectuel : que de découvertes et que d'explicatio~s lui
seront alors rendues faciles, et si attrayantes.
A la suite du professeur Freud, une école considere le réve
comme un e-ffort tenté par l'étre physique pour réaliser un désir
inavouable en luí proposant un objet symbolique. On peut
admettre que toute ceuvre d'art est le produit d'une velléité
semblable. Ainsi envisagée elle se dépouille des faux-mobiles
dont l'auteur se plait généralement ala parer et nous apparait
sous une forme nouvelle. Selon le mot simple et profond de
M. Proust : « c'est la raison qui ouvre les yeux », on peut
dire qu'une erieur dissipée nous donne un sens de plus.

En portant dans Sodome et Gomorrhe une lumiere si nette
M. Marce! Proust a détruit le mystere qui les environnait, un peu
comme l'explorateur qui réellement découvritTombouctou, non
qu'il y fut entré le premier, mais parce qu'il en revint, lui premier, pour raconter ce qu'il avait vu.
ROGER ALLARD

** *

LA JEUNESSE DE THÉOPHILE, par Marce! Jouhandeau (Editions de la N. R. F.).
Le héros, Théophile, nait obscurément « entre la rue des
Pommes et une cour pourrie de boucherie &gt;&gt;. Autour de son
berceau, peintes avec une fidélité primitive, aux couleurs
garanties, on voit les tetes de l'étable et du bourg. La mere de
Théophile est une religieuse manquée. Lui-méme, des l'age
d'étre sevré, est touché par les pompes catholiques. Théophíle
qui ne connait pas Dieu, et nous, apres lui, qui l'avons oublié,
sommes gagnés parl'ostensoir, le missel, le buis, le cimetiere ...
. suite de petites proses poétiques, narquoises et tendres, d'une
évidente frakheur.
Tante Ursule ~eurt, en dansant nue, et cette vision nous
restera présente comme l'odeur d'iodoforme des derniers souvenirs. La jeune Jeanne va entrer ensuite dans la vie de Théopbile. Elle le menera, sans fermentations, au seuil de la Premiere Communion, a l'orée de la foret, aux premieres pentes
de la montagne et de.Dieu.
Mais c'est de la derniere partie du livre qu'il faut s'étonner.
On y trom•era l'esquisse ingénue et féroce de Mme Alban,
aupres de laquelle Théophile atteint l'age de la perfection.
Nous sommes a l'église et nous nous égayons, en compagnie
de l'adolescent Théophile, des dévotions de Mm• de Villemoral
et de Mm• !a Marquise des Ursins. Mais nous ne nous attendions
, pas a rencoutrer Mm• Alban si étrange, stérile et suspecte. En
nous la présentant, M. Jouhandeau réalise pleinement son programme qui est d'écrire une synthese d'ironie et de mysticisme.
« Venez mevoir, Monsieur, j'ai quelques philosopheset tous les
mystiques reliés en vean. Vous en disposerez. Surtout nous causerons. ·» Mme Alban rei;oit daos un salon bleu, profond comme une
forét. &lt;&lt; Elle parlait de la Perfection comme d'elle-méme. Théopbile fut intimidé quand la Perfection l'embrassa. » Elle prend

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AfSE

soin de la conscience de Théophile, luí fait, avec une méchanceté onctueuse et inspirée, renoncer a l'amour de Jeanne,
moyennant quoi, le héros obtient d'entrer par la porte des
amis dans l'oratoire de cette Sainte provinciale mariée a un
haut fonctionnaire. Equivoque, cette Mme Alban soigne •
aussi les corps et comme Théophile souffre d'une jambe, elle le
conduit « chez tO?S les médeciris de la ville qui, stupéfaits,
déshabillent le corps sur les genoux d'une étrangere J&gt;. La
jalousie de Mme A1ban éloigne Théophile de ses études, de ses
parents, de la vi-e intérieure et de l'amitié d'un curieux abbé a
qui, dcux fois le jour, sa protectrice écrit sur du papier couleur
de son ame. Pourtant elle semble, bien que par d'étranges voies,
conduire Théophile au sacerdoce. 11 n'en est ríen; c'est a elleméme gu'en fin de compte, elle demandera a Théopbile de
sacrifier sa vocation. Cette exigence derniere libere Théopbile.
Il abandonne ases douteuses oraisons cette orchidée départementale dont les baisers et les sophismes ne cachent peut-étre
que l' arden t et banal désir de ne pas vieillir seule.
Le livre de M. Jouhandeau parcourt toute une gamme,
depuis les sains et crus bariolages du début jusqu'aux nuances
les plus faisandées. L'auteur s'y meut avec aisance, bien qu'il
penche par instants vers une préciosité d'images qui, appliquées
a des scenes de vie simple, produisent toujours un douloureux
effet. Mais son délicieux livre, d'un rnérite certain, doit etre
choisi, Ju et agréé.
PAUL MORAND

* *

PRÉSÉANCES, par Franyois Mauríac (Emile-Paul).
La Cbair et le Sang de M. Mauriac était une reuvre remarquable et riche, mais touffue, bousculée et qui manquait d'air.
Préséances présente justement a un haut &lt;legré les qualités
in verses, avec sa distribution éga1e, paisible, sa lumiere juste.
Chaque roman de M. Mauriac marque un progres sur le précédent, et celui-ci donnerait entiere satisfaction si la fin n'était
un peu maladroite : cette substitution de personne a un aspect
bien lourd, et quand il aura encore plus de métier, M. Mauriac
trouvera facilement des rnoyens plus élégants de faire jouer les
sentiments oú il conduit ses personnages. Préséances continue
le cycle de romans ou il s'est tenu jusqu'ici : les romans de

:NóTES

359

l'adolescence. Un jeune homme et une jeune fille, entre quinze
et vingt ans, se posent généralement, s'ils ont eux-mémes quelque valeur, la question des valeurs, des « préséances » : la vie
individuelle vaut-elle mieux que la vie sociale ? la vie pour
]'estime des autres que la vie pour !'estime d'un autre? l'une et
l'autre quel'estime de soi? Leur milieu leur impose un systeme
de valeurs qu'ils acceptent ou qu'ils révisent. M. Mauriac s'est
abstenu avec raison de toute these, de toute solution artificielle :
il a simp1ement fait vivre le prob1eme dans les deux sensibilités
du frere et de la sreur. 11 l'a fait tourner autour du personnage
tres vivant d'Augustin. 11 lui a donné pour toile de fond un
monde conformiste, une opinion publique poussée de fac;on
constante a la caricature : le haut commerce de Bordeaux, le
chreur des Fils. L'ensemble fait un beau morceau de vie et de
style.
ALBERT THIBAUDET
*
* *

A BORO DE L'ÉTOILE MATUTINE, par Pierre Mac

Orlan ( Cres).
Pierre Mac Orlan s'est enfin décidé a se libérer de sa hantise. Evoquer en plein vingtieme siecle des pseudo-descendants
des anciens gentilsbommes de fortune a la recherche d'une ile
au Trésor comme dans le Chant de l'Equípage, déceler chez nos
soldats légionnaires ou coloniaux la vieille ame d'aventures ne
pouvait lui suffire. L'reuvre de Stevenson n'avait été pour lui
qu'une premien! étape vers les mémoires authentiques des écumeurs de la mer des xvue et XVIIIº siecles, vers les glossaires
d'argot, les répertoires de chansons de la basse pegre de jadis,
les historiques des prisons et des galeres, vers tout ce qui pouvait l'éclairer sur ce monde des hors-la-loi, si étrangement
déformé dans les romans purüains des auteurs anglais (Daniel
de Foe excepté) ou en France, daos ceux d'un Lucien Biart qui
faisaientsous le second Empire la joie des enfants.
Mac Orlan a tiré de ses lectures et de son imagination et nous
otfre aujourd'hui une suite de chapitres dans la maniere et le
ton d'CEx.mclin, destinés a compléter les récits du chirurgien
hollandais, consacrés a des abordages, a des batailles navales et
terrestres, aux démélés entre capitaines rivaux, etc ... , bref au
métier de gentilhomme de fortune. Mac Orlan a négligé de

�•
LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

propos délibéré ce cóté professionnel, pour s'attacher au cóté
humain et plus spécialement érotique de ses héros. Chacun de ses
récits débute a la fin d'un combat, c'est-a-dire au moment méme
ou s'acheve celui d'CExmelin. L'atmosphere dont il les enveloppe est de luxure et de sang, de superstition, decrime etde vice.
Sur l'Ei-Oile Matutine, capitaine Georges Merry, il y aen 1720
un mousse qui est le Ganymede de tout l'équipage. Un jour,
d'un sloop pillé, le Dieppois et le capitaine conduisentun jeune
et beau compagnon. Une agrafe défaite révele, apres des semaines, que c'est une femme : l'équipage la hue o: luí reprochant de
nous avo ir contemplés ... daos l'horreur de notre grossiereté, de
nos barbes longues, de notre linge sale, de notre puanteur, de
notre triste misere. » Le chirurgien Mac Graw, dont la chienne
Dalila a mis bas quatre chiots en noie trois sur l'ordre du capitaine, mais la tristesse qu'il en ressent ne se dissipe qu'apres
avoir tué un matelot hollandais de la bande a Lowther. « Le
sang d'un homme peut-il effacer le saog de quatre petits chiens?
11 est difficile d'expliquer ces caracteres-la. » Un autre jour, une
partie de l'équipage se rencontre avec Nicolas Moi"se, matelot
fantóme du Hollandais volant. Et le Nantais meurt saigné dans
son sommeil par une négresse ivre de rhum a laquelle on l'avait
marié pour rire. Telles sont quelques-unes des aventures
des« fanandels » de Georges Merry. L'on a lu ici-méme le récit
de leur entrevue avec la peste a Vera Cruz.
Ce sont autant de curieuses estampes, ouvragées avec un
patient amour et une recherche jalouse de la pureté du trait. La
réussite est fréquente et en quelques lignes, Mac Orlan évoque
une vie ou un tableau : « Un nommé Pélisson qui avait été
autrefois écrivain sur une galere de Toulon ... Quand j'étais écrivain sur la réale, disait-il, j'habitais avec le comité dans la chambre de mieje ... Une fi1le que j'ai rencontrée a Malte quand j'ai
abandonné ma charge, se mit en ménage avec moi. Elle était
blonde et juive ; son pere avait été bnilé par la Sainte Inquisition. Moi, n'est-ce pas ... »
Ce soin du détail empéchait-il la largeur de la composition ?
Peut-étre. Le livre reste, malgré toutes les tres acceptables circonstances atténuantes, un peu gréle. II y manque un peu de
ce souffie épique qui animait par exemple le Thomas l' Agnelet de
Claude Farrere, si inférieur a Mac Orlan daos l'analyse psycho-

NOTES

logique et dans la forme. Il y manque meme 1usqu'a un certain
point lamer. L'épopée des gentilshommes de fortune n'est pas
contenue daos A bord de l'Etoile Matutine. Mac Orlan ne nousa
donné que des ce en marges », mais les plus délicatement et
délicieusement pervers qui soient.
BENJAMIN CRÉMIEUX

*
* *

IL Y A UNE VOLUPTÉ DANS LA DOULEURJ par
Joachim Gasquet (Les Cahiers VertsJ Grasset).
Ce roman posthume de Joachim Gasquet nous montre qu'il
a été enlevé au moment ou il allait grandir. C'était un beau
tempérament poétique, un homme dont la respiration était
presque rythmée sur celle d'un vers fran~is, et qui présentait
ce mélaoge de nature romantique et de volouté exubérante du
classique qu'on trouve chez d'autres Méridionaux. II vivait en
état d'enthousiasme et de tension. Ayaot donné déja, saos
doute, toute sa mesure poétique, il lui restait a donner sa
mesure en prose autremeot qu'avec des ouvrages didactiques
vers lesquels ne le portait pas directement sa nature. Le roman
lui en eut fourni l'occasion, un reman lyr:ique a la d'Annunzio
dont 1l y a ttne Volttpté fait déja un tres bel échantillon. N'y
cherchez pas d'analyse, mais un feu de passion amoureuse qui
bnile da~s l'été et le paysage marin du Midi, avec de magnifiques phrases, d'éclatants paysages, búcher de pin, de résine,
de pourpre, qui fut pour ce bel et noble écrivain un búcher
ALBERT THIBAUDET
funebre.
*
* *

HISTOIRE D'UNE MARIE, par André Baizion (Rieder).
Ce crui frappe d'abord et surtout daos ce premier rornan de
M. Baillon, comme daos le recueil de notations intitulé Moi,
quelque part et édité l'année derniere en Belgique a tirage restreint, c'est la qualité de sa prose, pure, rapide, serrée, traversée
d'images comme d'éclairs. Rien que pour son « écriture », ce
livre mérite de ne pas passer inaper~u.
Mais on prendra un vif intéret a son contenu, a !'admirable
étude de sentiments qu'il renferme, surtout dans la deuxieme
partie, la plus fouillée, qui est davantage le roman du poete

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

Henry Boulant que celui de Marie, la prostituée au creur pur.
lntéret vif, mais par instants mélangé de déplaisance et d'irritation, a cause d'une certaine inconscience cynique, de certains
étalages inutilement poruographiques ... Selon qu'on aura subi
plus ou moins cette impression de malaise, on sera tenté de
qualifier Histoire d'une Marie de quasi chef-d'reuvre, d'reuvre
solide ou d'essai tres estimable. 11 semble au vrai que le ragoi'.1t
principal de ce livre soit précisément dans le contraste entre la
maitrise disciplinée de la forme et Je débraillé sans retenue, ni
contr6le du fond.
Pour !'historien littéraire, il est intéressant de noter que ce
livre d'un Belge ne dérive ni de la lignée Rodenbach-Maeterlinck, ni de la lignée Lemonnier-Verhaeren, que les personnages
qui y sont peints ne sont ni des figures de vitrail, ni des buveurs
de kermesses, et qu'Ón a l'impression, pour la premiere fois, de
voir vivre dans un roman des gens du peuple, des bourgeois et
BENJAMIN CRÉMIEUX
des artistes vraiment belges.

LE THÉATRE
AU THÉATRE DU JORAT (canton de Vaud): Le ROI
DAVID (texte de René Morax, musique d'Arthur Honegger,
décors et costumes d'A. Cingria, de J. Morax et d'A. Hugvnnet).
Comme nous avons le théatre d'Orange, la Suisse possede

a Mézieres, village du canton de Vaud, le théatre un peu moins
antique du Jorat, fondé voici quelque vingt ans par M. René
Morax pour y représenter ses reuvres. Ce que nous avons fait
jusqu'ici du théatre d'Orange, je ne le rappe1lerai pas. Le
plus souvent nous nous sommes contentés d'y transporter des
pieces classiques ou modernes qui n'étaient point a sa mesure.
Le théatre suisse du Jorat au contraire, báti en planches sur
le modele de Bayreuth, avec une fosse pour l'orchestre et une
scene admirablement machinée, est exploité par une direction
autooome et compétente, qui sait bien ce quelle veut et ne
néglige ríen pour faire rendre a l'ínstrument son maximum.
J'ai eu tout récemment la bonne fortune imprévue d'assister au
dernier spectacle, le premier qu'on y monte depuis la guerre, et
si j'ai le devoir d'en signaler la réussite, je dais aussi faire pro-

NOTES

fiter le lecteur de l'enseignement que ¡'en ai re&lt;;u quant aux
moyens éventuels d'une rénovation théatrale.
Que l'élément verbe soit le principal dans un ouvrage dramatique - la cause et le centre du mouvement, l'expression
supréme de l'émotion - je ne suis pas pres d'en démordre :
le premier toujours et partout dans l'ordre de la digoité. Mais
je conviens qu'il a peut-etre pris trap de place sur notre scene,
ou, pour mieux dire, qu'il n'en a pas laissé assez aux autres
éléments du drame depuis l'age classique franfais. Chez Moliere excepté, auteur, directeur et acteur, qui put presque toujours tenir d'avance dans sa main, non seulement le theme et
J'argument dialogué, non seulement l'etre intime de ses
comédies, mais aussi tout rappareil extérieur sous lequel elles se
présenteraient au public, partout, depuis le xvu• siecle, ce qu'on
appelle une piece de théatre est essenriellement un texte, qu'un
auteur a écrit a. part soi dans son cabinet ( et qui déja se suffit a
soi-meme) a charge, pour un autre que lui, de pretera. ce texte,
par le jeu, l'atmosphere, le mouvement et le costume, une
vie extérieure qui sera plus ou moins la sien ne propre, sans
préalable collaboratíon. Une collaboration ultérieure entre
l'auteur et le metteur en scene, Je costumier, le décorateur, le
musicicn, les interpretes, en tient-elle lieu completement et
pare-t-elle suffisamment aux inconvénients qui résultent de son
absence ? Non tout a fait sans doute. C'est un péché de plus a
mettre au compte de l'individualisme moderne. Si l'on ne
considere que l'ceuvre littéraire, telle que, la scene l'ayant
animée un moment, elle demeurera dans le livre et telle y
durera par ses qualités iotrinseques, a la disposition des metteurs en scene futurs qui tenteraient de l'animer encare, il n'y
a la que demi-mal. Mais il faut bien que l'écrivain en prenne
son partí, le texte n'est pas seul ; cette partie solide et éventuellement survivante du drame n'est pas le tout du drame ; elle le
soutient, elle le motive, elle le suscite, on peut meme dire
qu'elle l'informe ; mais elle ne l'épuise pas. Et mcme il est
permis de concevoir l'art dramatique, en s'appuyant sur l'exemple des Grecs, de Shakespeare de nos auteurs du Moyen-Age et
du Moliere des divertissements (souvenez-vous de la Princesse
d'E/ide, que la Petite scéne ressuscita cette année avec tant de
grace) comme un art essentiellement passager, qui n'a sa pleine

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

,,J.

raison d'étre, son épanouissement total que l'espace de quelques
soirées et dont, par suite, il importe de trai.ter sur le méme pied
les éléments durables et les éléments éphémeres, le maquillage
et le« pathos », l'éclairage et la poésie. Il s'agirait alors de réunir
sur le théátre, ne füt-ce que pour une fois, autour d'un theme
dramatique suffisamment clair et puissant, tout ce qtü serait
susceptible de l'éclairer, de l'exalter, de le magnüier, disons :
de le manifester (avec le plus d'éclat possible, de diversité et
-de force) a l'esprit, aux yeux, aux oreilles, d'un public saín,
qui ne boude pas son plaisir. Paysages et défilés, coups de
lumiere et coups de théátre, musique de scene, chceurs, déclamation et poésie, ce serait la formule du pur spectacle requis
pour un « théatre populaire &gt;&gt; et réalísant enfin cette fameuse
« union des arts » révée et manquée par Wagner, en dépit
ou a cause de son génie (trop abondamment musical et trop
encambré de métaphysique) - mais réalisée, semble-t-il, par les
tragiques Grecs, par les auteurs de nos mysteres médiévaux
et méme, a la Cour du Grand Roi, par Moliere et Lulli dans
maintes comédies-ballets. Ceci ne s'improvise pas; un seul
homme n'y peut suflire ; ou du moi.ns, il faut, sous un homme
&lt;JUÍ serait le meneur du jeu, tout un faisceau de volontés
consentant a se mettre au pas, a s'accorder, a se cornpléter,
a se fondre, a subir en commun l'ascendant du sujet choisi.
Or plus les éléments seront nombreux et variés, plus les coopérateurs devront étroitement se joindre ...
C'est ainsi pourtant qu'est né cet été, apres des études de
plusieurs mois, le Roí David a Mézieres. M. René Morax qui
se chargeait du texte, réunit tout d'abord ses collaborateurs,
acteurs, peintres et musicien et l'on convint qu'il s'agissait
de t_irer du Livre des Roi.s et de,s Psaurnes davidiens, une série
d'images épiques et lyriques illustrant la vie de David pasteur,
&lt;:hef de bandes, roí d'Isráel, pécheur et pénitent, dans toute
la simplicité de l'histoire . Le style en serait libre, a conditioo
qu'il fút noble, large et brillant. - Aussí bien l'écrivain
emprunta presque tout son texte aux Ecritures ; quand manquait le dialogue, il eut recours au chant; pas une scene dans
son reuvre qu'un psaume aussitót ne commente, le plus souvent chanté, parfois récité sur un fond d'orchestre, ou récité
et chanté la fois : d'ou constant appel au musicien. De la

a

NOTES

mérne fac;on, il se garda bien de tracer aucune indication de
scene ou il n'eut en vue le peintre ( ou les peintres) et les
splendeurs dont ils disposeraient pour la traduire dans .le
seos convenu. Non, le poete ici ne songe presque plus so1 ;.
il invite a collaborer ; il fournit des themes et des prétextes,
fait sa partie, mais s'efface aussitót apres. Quelle le&lt;;on de modestie !
Et ne croyez pas pour cela que le musicien_ ou les décorateurs abusent. Le musicien, c'est - 6 surprise ! - M. Arthur
Honegger, du groupe des Six, plus connu pour des fantaisies
aimables et singulieres et qui tout d'un coup donne sa mesure
d'une fa&lt;;on décisive et sans prescription. Il n'encombrera. pas
le drame de développements symphonico-psychologiques hors
de saison. II faut que les images se succedent vite; c'est la loi
du genre « spectacle ». Mais a l'école de Satie, i~ a appris _ª
faire bref. Si peu que je m'y connaisse en mus1que, ¡e cro1s
pouvoir répondre de la fermeté, de la nouveauté et de l'excellence de cette suite de morceaux courts et allants. Chose étrange
en un temps de notes volatilisées, ils se gravent dans la mémoire, sans l'avoir préalablement obsédée de leurs procédés
incorrects. Ils sont simples, directs et forts. Que le sujet y soit
pour quelque chose, je le sais et m'en réjouis : preuve nouvellc que l'art exige une matiere digne de lui et d'autant plus
qu'il se raffine davantage. Le jeune musicien qui a écrit le
Cba11t de la Servante, le psaume : Ah I si lavais des ailes de
colombe f, le chceur a l'unisson : De mon caur jaillit un canfique
et les Psaumes de la Pénilence est autre cbose qu'un jongleur ;
on peut tout espérer de lui. - Et cependant, je le répete, ~l
n'empiete pas plus que le poete sur le champ commun ; il
couvre le petit espace qu'on lui a donné a couvrir; pas un
pouce carré de plus. Ainsi feront aussi les peintres.
La difliculté pour eux était triple, en ce sens qu'ils avaient
dü se mettre a trois, vu l'énormité de l'effort : M. A. Cingria,
M. J. Morax et M. A. Hugonnet. On eut pu craindre par
exemple que le tempérament de coloriste forcené de M. Arthur Cingria, grand rénovateur d'art religieux dont on admire
la cathédrale de Geneve des vitraux merveilleux quoique
lisibles difficilement, écrasát par son voisinage l'art mesuré
de M. Jean Morax. Mais tout avait été prévu et la besogne

a

a

�366

LA NOOVELLE REVOE FRANCAISB

équitablement répartie se loo les moyens de chacun. Celui-ci,
M. Jean Morax, s'était réservé exclusivement la mise eo page
des scenes intimes, s-elon l'esthétique Vieux-Colombier. De
sorte qu'apres un tableau calme et channant comme la Chambre
de Mica!, avec ses plans nus et carrés, le magnifique style
jésuite exaspéré du camp de Saül ou du Temple de No/ apportait
justement l'élément souhaité de contraste. Je crois bien n'avoir
jamais vu de décor plus pathétique et plus ex:ictement accordé
a l'émotion que celui, noir et rouge, du champ de bataille de
Guilboa: voici l'exemple type de ce qu'un décor peint peut
ajouter aune situation dramatique.
Reste la mise en scene propremeut dite qui fait rnouvoir
toute uni: fouJe, dans les costumes les plus beaux et les plus
fantasques (je songe au Goliath pareil a un samouraI ou a un
homard gigantesque). Un peu gauche parfois, elle est daos
]'ensemble, pourtant, surprenante de vie, d'accent, d'iogéniosité. N'oublions pas que ces acteurs, ces .figurants, ces musiciens, ces choristes - panni lesquels il est juste de signaler
~l. A. Guex, un David d'une force et d'un style étonnants a
tous les ages de sa destinée - sont pour la plupart bénévoles :
des étudiants, des amaterus, recrutés daos les villes et dans les
campagm:s : car toute une province s'y est mise ; c'est un ouvrage collectif. Trouverait-on de pareils amateurs chez nous?
Lt ;1c.:..:pteraient-ils de se soumettre au cours de répétitions longues et dures, a la méme loi d'harmonie et d'effacement mutuel
qu'ont respectée les peintres, le musicien, le poete? Voila ce
qu'on a fait en Suisse, sans grands moyens, pour le plaisir d'un
public vraiment populaire qui n'eut pas, semble-t-il, un mornent d'ennui, ni de déceptíon. - Daos un article paru a la
.Reuue des feunes, M. René Salomé distingue judicieusement deux
sortes de tbéátre : le théátre e/os, littéraire - et c'est le nótre,
en bonne voie de rénovation - et le théatre social, disons
plutót ouvert, religieux ou civique, qui est tout entier a créer.
Mais voici justement sa premiere réussite vraiment complete,
sur une terre ou l'on parle frarn;ais. Invitons poetes, musícit:us
et peintres - et nous n'en manquons certes point- se concerter au plus tót en vue de fetes dramatiques qui ne peuvent
qu'élargir notre conception du théatre et qui ne seront pas saos
action sur le goflt public.
HENm GHEON

a

NOTES·

LES ARTS

LES SCULPTURES DE DEGAS, chez Htbrard ET DE
MADAME SPITZER, chez Drnet.
On ne s:mrait laisser passer ces deux expositions de sculptore
sans en ooter l'exceptionnel intérét. Degas, sur la fin de sa vie,
ne put contenter son amour passionné des formes qu'en s'improvisant pétrisseur de cire. Déja il avait dressé sur la selle
cette étonnante figure polychrome de danseuse, vétue d'une
jupe de vraie gaze, chaussée de vrais chaussons de da ose, qui par
son style et sa réalité défie les plus belles réussites de la Renaissance. Comment, aune époque ou son dessin, autrefois un peu
linéaire et japonisant, tendait de plus· en plus au relief, al'architecture, i la séréaité des grands équilibres de masses formulés par l'art hellénique du ve siecle, eut-il résisté a tirer a
soi, du plan de la toile, ces chevaux et ces ballerines dont désormais la forme et le volume l'intéressaient plus que la tache et
que le reflet ? A petits coups, qui sont encare d'un peintre,
amoureux malgré tout de la lumiere fragmentée, il a modelé
des statues,' « sosies » exacts de ses figures peintes, mais si fortemeat établies, qu'eiles sont surtout d'un sculpteur. On s'aper~oit ici que quand il se contentait de les peindre, ce n'était
jamais saos, auparavant, en a-voir observé, étudié et éprouvé
tous les pro6Js. Oui, il en avait fait le tour. Quelle le~on
de conscience ! Avant de rendre compte d'un aspect de la
forme, il avait pour principe de l'épouser tout entiere : ainsi font
les grands mahres et c'est pourquoi le moindre coup de leur
crayon nous en dit tant. Nous nous expliquons aujourd'bui cette
sécurité magistrale qui ne fitque croitre avec l'age et porta tard ses
plus beaux fruits ; saos true ancien ni modera e, par laconscience
de l'étude, il nous donnait l'impression complete de l'objet. Aussi
bien, ses sculptures valent ses tableaux. Que les cires a'aient
pas gagné a étre coulées en bronze ; on le &lt;lit ¡ je n'y consens
pas. L'éternité de la mati~métallique convienta leur solidité;
car si l'enveloppe est impressionniste par la rugosité du grain,
les volumes sont pleins a se rompre et la géométrie indéfectible.
Dans le méme temps qu'on pouvait admirer l'ensemble de

�LA NOUYELLE REVUE FRAN&lt;;:AlSE

Dcgas chez Hébrard, la galerie Druct doonait la premiere
exposition de Madame Marthe Spitzer: Comm: presque ~?us
les sculpteurs de notre temps, en réacttoo avouce contre l 1mpressionnisme, comme Maillol. comme Bourdelle, comme
Joseph Bcrnard, celle-ci semble rechercher av:~t tout une
beauté proprement architecturale et cepeodant spmtuelle. Sao
ouvrage le plus frappant est, en ce sens, le buste de Claude
Debussy, exécuté librcment, de mémoire, avec un parti-pris
de simplification, qui convenait singuliercment au modele et
'qui sans rien retrancher de la vie mobile, crée un~ imprcssion
émom·aote de fixité, celle que nous donnent certams Hermes de
bonne époque. A dire vrai, c'est par l'art hellénique que
Madame Spitzer semble avoir été le plus fortement et le plus
heureusement influencée. Aucun pathos, aucun cxces, mcme
daos le Crucifix et daos la Vierge qu'elle expose. Une volonté
d'atteindrc le plus directement et le plus simplement possible la
forme exacte, nécessaire et dans son mañmum de plénitude.
Mais cene recherche qui pourrait engendrer quelque froideur,
n'a pas lieu aux dépens de la sensibilité personnelle et celle-ci,
tres féminine, trouve le moyen de percer travers l'enveloppe
unie et volontairement lisse des visages. Je songe au buste du
R. P. de S 1 Sébastien et surtout aquelques figures de jeune filie,
classiques, discretes et vivantes, sans l'ombre pourtant d'archa1sme, dont on garde le souvenir comme de personnes coooues .. tadame Spitzer n'a pas encore une a: manihe lD et il nous
est permis d'espércr, étaot donné l'état de maturité de son art,
qu'clle se gardcra d'en prendre une. ·

a

HE.'lU GHÉO:{

** •

AUTOUR DE TOULOUSE-LAUTREC, par Paul
Leclercq (Floury).
lllustré d'excellent;s reproductions de lithographies de Toulouse-L:mtrec, ce recueil d'anas contés avec fi.nesse par un ami
de J'artiste qui fut le Guys et Je Saint-Aubin de son époque,
apportc une contribution précieuse a l'hístoirc de mceurs et' des
modes d'il y a trente ans. C'est ainsi que livre a livre se forme
sous nos yeux l'allusion légeodaire d'un temps doot on pourra

NOTES

. ó t, comine d'un au tre , qu'on ignore, ne l'avant
penser b1ent
J
pas vécu, la douceur de vivre.
ROGER ALURD

LETTRES ÉTRANGERES
L'ANNÉE AMÉRICAINE
Crotoo-sur-Hudson, Ncw-York, avril

1921.

De ma table, la vue plonge, au sud, sur la vallée de l'Hudson.
Daos l'air épais et chaud, les ccrisiers, les pruniers et les
p~cbers en fleurs lancent leurs traits de fianunes colorées. Le
tleuve suit, sur une longueur de vingt milles, la ligne de montagnes bleues qui le limi~e a l'Occideot._ Pui~ il ,'.ourne,. et oo
ne le voit plus. Viogt m11les eocore, et 1e sais qu 11 va cotoyer,
daos sa liberté sereine, le mmulte, le bruit, les fievres de 'ewYork.
La vivent des millions de créatures humaines, daos le heurt
inccssant, la bousculade de leurs ames. Au milieu d'eux, des
ceotaines aux yeux vifs et l'esprit a.pre, se disputent, comme
des chiens un os, les trouvailles de la pensée ou de l'expression • et ils se figurent que l'agitation créée autour de leur
ronr~n ou de leurs grognements, de leurs coups de griffe ou
de leurs cajoleries résume toute l'activité intellectuelle du

a

pays.
Ils n'ont pas absolument tort. New-York est la Bourse de
notre production nationale. 11 est d'autres centres d'échange
le cours des o:uvres s'établit ; mais New-York tient la t~te.
Si l'on obser\'e la cohue des petits cénacles, le coocert discordant des voix qui acclament ou qui dénigrent, les parades, a~
milieu des artistes ou écrivains de profession, de ceux qm
s'intitulent oracles ou guides, et qui sont pour la plupart remplis de vent et couverts du vernis de la mode ; si l'on note cette
hiérarchie de prophetes et de génies, cette séquelle de lettrés,
de critiques et de chefs d'école, on est bien obligé de reconnattre
la les sons et les odeurs d'une capitalc de la culture, d'une
métropole, d'un orgaoisme aux nerfs surexcités comme furent,

ou

24

�37º

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISR

a n'en

pas douter, Jérusalem, Athenes, Alexandrie et Rome,
comme sont de nos jours París et Berlin.
11 convient d'ajouter New-York a cette liste. Nous sommes
mó.rs. Voici bien tout l'appareil d'un peuple qui, grace a qu~l~
ques esprits de cboix, dit quels sont et sa vie et son réve ; vo1c1
les revues et les places publiques, le commérage des salons et
des journaux, le défilé des « grands hommes » de la saiso_n, et
Ja horde d'écrivassiers, de gacbeurs, de maraudeurs, prost1tuées
et vivandieres de la littérature, qu'une ironique loi des Muses
oblige a s'ass.embler en des maisons doses .... lis sont dix mille
contre un véritable artiste, un créateur-né .... Tel est le bo~
plaisir des Muses: acceptons-les tous avec humilité, pui:.qu'auss1
bien ( au taux prescrit) il est quelques pur.s ?ans leurs rangs.
Si le tourbillon de ce marché est ce qui mtéresse, tant de
cboses s'y produisent en une semaine, ~ue le jou:~aliste con~ciencieux est tenu de fournir une chron1que quotid1enne. Mais
daos le domaine tranquille et serein ou poussent lentemeut les
fteurs de !'esprit qui ne se doivent pas flétrir, il n'arrive presque
ríen dans l'année. CJ.iaque fleur est le fait organique d'une
intime et riche croissance : il se peut qu'elle résume tout
une vie, n se peut qu'elle soit la formule_ derniere,ou aboutit
l'effort d'une génératioo. Deux ou tro1s dans 1 année font
une saison fructueuse, une saison favorable aux récoltes.
Telle est aujourd'hui notre bistoire. La jeune Amé~que,
au sortir d'un long hiver protecteur, se dresse au seml de
son printemps.
,
•· .
.
Nous sommes si babitués a nos batJ.sses hat1ves et tapageuses
qu'il faut pardonner a la frénésie de ces _hérauts pro~lamant
un cbef-d'ceuvre inconnu toutes les semames. Le pnntemps
donne la fievre a nos critiques. Les vocables « littérature »,
« significatif », « de premier ordre » so~t c?ez nous ~e si
fraiche date, qu'ils aiment a en user. Mats ou leur att!tude
rotnantique est néfaste, ¿est lorsqu'elle ferme leu:~ yeux a ~es
ceuvres provinciales d'un i11térét plus profond, s 1! est moms
apparent. Je preods le roman de Sinclair Lewis La G~and'Rue,
qui vient de para1tre. Qu'il ait été écrit et lu, est un signe des
temps. Lequel de nos critiques criant au o: chef-d'ceuvre » s'est
arrété pour noter le fait ?
.
,
]'ignore si l'écho des clameurs louangeuses est allé ¡usqu a

NOTES

37 1

Paris. M. Lewis est un jeune écrivain d'une belle intelligence
et d'un grand cceur. Poussé par le besoin, il écrivit, pendant
plusieurs anoées, des nouvelles étincelantes et épbémeres pour
les revues les plus cotées. Sans lu.i apporter richesse ni gloirc,
ces écrits le remplissaieot d'uoe honte toujours grandissante. ll
y a un ao, n'y tenant plus, il « envoya tout promeoer ». Ainsi
qu'il le disait a un ami : « Voici assez longtemps que je me
prostitue. Je vais enfin écrire pour moi. Et je me fiche un peu
que le livre se vende ou non !. .. » Et le livre s'est vendu par
centaines de mille; et la fortune de M. Lewis est faite : tout
cela parce qu'il s'est insurgé soudaio contrc la commercialisation de son talent, imposée par un monde vénal. Dans un esprit
de pureté, voici que M. Lewis écrit un bon livre : il en est
payé de retour comme il ne le fut jamais par de méchantes
nouvelles. Dans un esprit nouveau de haine a l'égard de l'Amérique, il expose et il met a nu la vie de ses compatriotes : il
devient l'idole de la saisoo !
Assurément, la farce est plaisaote et mérite d'étre signalée.
Le livre lui-meme se distingue par la fidélité du détail, par une
entiere soumission a la vérité des personnages qui sont représeotés. C'est par dizaines de mille que les villes américaines
ont leur « Graod'Rue ». L'eau-fotte de M. Lewis est l'ouvrage
d'un révolté. C'est une Emma Bovary de chez nous, froide,
doctrinaire et prude, qui en est l'héroine. Dans la fadeur
, uniforme, la laideur satisfaite de sa province, e1le périt. Mais
l'Américaine ne prend pas d'amants, elle réforme sa ville.
Devant l'échec, elle n'a pas recours au poison, elle tombe dans
un état de résignation vague et stérile. Si le livre a une valeur
artistique, on sent que l'auteur n'y est pour ríen. M. Lewis
prend au sérieux l'écceurement de l'héroi:ne ; or, si elle nous
émeut c'est parce qu'elle n'en sait pas plus que la ville dont
elle entreprend la réforme, et parce que son idéal de lf culture&gt;&gt;
est tout aussi apsurde que celui de son mari ou de l'épicier.
M. Lewis soigoe avec un soin scrupuleux et jaloux ses personnages de premier plan : du moins il les croit tels. Et il se
trouve que l'ouvrage, pris dans son ensemble, n'est qu'un fond
de tableau tres dense et tres poussé d'oir ne se détache aucune
silhouette. Car l'absence de plaos, le manque de -personnalité,
sant bien américains; sans s'en rendre compte M. Lewis anoté

�};QTES

37 2

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AlSB

la ce qui est peut-etre notre trait dominant. Le rom.ancier amé-

ricain qui veut, a tout prix, étre psychologue, étud1er de~ caracteres, qu'il le croie ou non, imite l'Europe et se condamne al écbec:
Voici done La Grand' Rue, CEUvre de protestation amere, q.u1
est couronnée de ce succes réservé, au dire des sages ~onna1s:
seurs aux seuls marchands de saccharine, aux habiles qui
flatte~t le contentement béat de l'Amérique. La favcur des
sycopbantes saos imagination décline. Si, d'une part, notre
population croissánte semble assurer ces produits une vent:
encare fort passable, d'autre part, depuis quelque~ ann_ées, 11
s'est constitué un public qui déteste les bon~oos httér_aues de
fabrique douteuse, qui o'en veut plus, ~t qm ~~utera1t, ~ous
forme de comédie ou de satire, J'ápreté d une cnuq~e mo~eré?.
Ce public était sans pature. Quaud parait La Grand Rue, 11 s Y
jette, affamé, vorace, enfin doué de langage. L'édificelongtemps
chancelant de l'infantilisme du pionnier s'écroule avec fracas,
et une structure nouvelle apparait : c'est un gout pour les
,astringents, pour une révision du passé, ~ui se~oue. C'est u~
gout qui n'est plus celui de l'enfance, ma1s celm de la pubertc.
Je parcours les volumineux catalogues des.« ro~ans de 1~
saison », et un seul retient encare mon atteo.Uon ; e est_ Souns
aveugles, d'un romancier iocono.u, M. C. Kay Scott 1q~1'. avec
cet ouvrage, se place tout de suite au premier rang.' \_01c1 enfin
la Grande Comédie en possession de la scene améncame. Deux
romao.ciers s'y étaient essayés déja: \Villiam Dean Howells et
Henry James . Mais celui-ci, qui ~'avait cber~hée daos les mouvements d'une sensibilité malad1ve et repliée sur elle-meme,
était tombé dans une sorte de mélodrame de l'occultisroe, parce
que l'émotion, la sympathie, lui faisaient totalement. défaut.
Quant a Howells, ses compositions éphémeres reposa1:nt sur
le fréle tissu de la convention bostonienne, qu'elles aura1ent du
percer a jour, illuminer, puis détruire. Ces deux « classiques »
sont de mauvais écrivains dont nous pouvons nous passer
aujourd'hui saos que notre amour-propre en. souffre .._. c_ar,
voici que nous avons mieux. Nous nou~ passenons auss~ b1e11
de leur principale héririere, Mm• Ed1th Wbarton, ~~1 a
vision de James, associée un sentimeot du drame spmtuel a

a

a

17

la Bernstein.
La roatiere cboisie par M. Scott est la petite ville. Son dessin

373

est d'un trait aussi ferme et aussi intellectuel que les compositions de M. André Gide, et ce n'est pas la un mince triomphe.
Avec un seos tres sur du comique, L Scott traite un sujet conventionnel; il dépeint la démoralisation d'un foyer ou la jeune
femme a re~u sa mere en visite. ll suit avec une précision
froide et distante, qui est plus latine qu'aoglo-saxonne,
les facteurs qu'il a mis en ceuvre. A vrai dire, sa bellemere fait peo.ser a des créations, plus riches saos doute,
mais non pas plus justes, de la comédie fran~aise : Harpagon et Tartuffe. M. Scott n'éleve pas la voix.11 n'a pas recours a
une crise toute extérieure. A la fa~on du compositeur qui
agence les voix d'une fugue, il tient la bride ataus ses personnages jusqu'a la catastrophe finale. Il a écrit un lívre remarquable. Et il y a prouvé que nos provioces soot enfin assez
müres pour donner naissance au virus d'un art raffiné, lentement destructeur. La Grand'Rue, c'est l'assaut d'un esprit romantique et blessé; il y a du lyrisme daos cette cbarge co11tre la
grossiereté de l'informe masse américaioe. Souri.s aveugles, avec
moins d'arnpleur, s'enfonce beaucoup plus avant dans cette
masse, et en tire les formes d'une pure comédie, par le seul
effort créateur d'un esprit qui est blessé mais qui fonctionne
juste . L'art de M. Lewis est inconscient; il est en passant,
et par surcroit. M. Scott veut étre artiste; mais l'attaque va
de soi quand un homme a l'intelligence et la sensibilité.
Les « catalogues » rnarquent toutefois un progrés. Le savoirfaire vient a nos romanciers et a nos poetes. II est cenain que
l'Angleterre, au cours de la génération précédente, a eu vingt
romanciers contre un des nemes, qui savaient leur métier. 11
est non moins certain que, daos le cbaos actuel de forces mal
disciplinées, l'Amérique fait preuve d'une plus grao.de originalité. Or, pourquoi cet effort créateur n'aboutirait-il pas enfin a
un style, s'il est bien vrai que le style, l'art d'écrire, doive se
substituer a notre fa~on actuelle de suivre notre humeur et
notre penchant? La bataille, toutefois, esta peine livrée. Si le
Belpbégor de Julieo Beoda n'était pas écrit d'un poi.nt de vue si
stríctement fran~ais, je voudrais qu'il se répandit parrni nos soi~
disant artistes. Car le mythe est encare tenace parmi nous
qu'en matiere d'art, la science exclut l'excellence. La formule
pseudo-bergsonienne estcelle-ci: « Un homme qui sait peindre,

•

�374

LA NOOVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

ne saurait etre artiste. Mais celui qui ne connait pas l'~rt?ographe, et qui n'a rien lude plus ancie~ que Wells~ ce~m-la a
quelque chance d'etre un Dostoiewskr. » Cett; 11lus10~ oe
s'explique pas seulement par J'encouragement qu elle rec;o1t de
la doctrine bergsonienne. Whitmao, Thoreau, Emerson, !oe,
tous les peres de notre littérature, avaient été des ~ommes_ d une
large culture, soucieux de discipliner leur express10~, ma1s _leur
exemple restait sans vertu devant les fallacieuses r~1sons t~rées
d'une révolte générale contre ce qp.e 4t conventlon ava1t de
mort et de funeste. Quand Courbet et Cézanne entraien:. en
lutte avec le faux académisme, ils s'appuyaient sur une trad1t1on
vivante de l'art franc;ais. Quand Wagner et Nietzsche ~'insu:geaient contre la routine des petit~s. cour~ allem~nd_es, 11s puisaient leur nourriture daos une tradition v1tale. A10s1 fit A'.11old
Schoen berg ason tour, quand il se révolta contre le wagnénsme.
Mais quand nous autres Américains, nous nous révoltons contre
les dogmes odieux de nos écoles et de nos uni~ersités, no~s
n'avons aucune tradition vivante a reprendre. D une propos1tion erronée nous concluons done que toute tradition est
~auvaise; e; que, le cri de guerre en faveur de ~a techniqu_e
étant poussé par des écoles défuntes, toute techmque aboutlt
par force a un art défunt.
.
.
Le dada'isme en France est le fait d'hommes nourns aux
disciplines anciennes. Si différente que soit la doctrine d'.un
dada'iste intelligent et celle d'un André Gide, sur les quahtés
intellectuelles d'un style digne de ce nom, les deux hommes
tombent d'accord. Mais la tradition meme, che~ nous, s'est
réfugiée parmi des barbares; et la moisson que l'reu~re _de
Whitman, de Hawthorne, d'Emerson et de Poe deva1t _faire_
entrer dans nos greniers, est perdue. Dans un monde mcohérent et sans racines, on les a pris pour des précurseurs
d'incohérence.
Nos conservateurs manquent d'atmosphhe; ils ne vivent pas
dans leur époque, c'est pourquoi ils ne s_ont pas mi_eux p,répa~és •
acommenter l'art du passé qu'a pronostiquer celm de 1~vemr.
Nos révolutionnaires, ceux qui clament au nom de la liberté,
parce qu'ils ignorent ce qu'estune saine tradition, tom~ent to~s
dans l'imitation servile d'une forme européenne, qu elle smt
du reste nouvelle ou périmée. Cet état de choses ne laisse pas

&gt;!OTES

375

d'étre bouffon . Si nos conservateurs répetent Tennyson,
Dickens, ou Anacréon, nos radicaux en font autant de \Vells
ou de Bennett, et nos dadaistes,
travers quelque écrivain
anglais plus accessible, copient Flaubert, Schnitzler, Rimbaud
ou Verlaine. Cette loi, a savoir que l'art est pareil a une plante
qui se nourrit et croit, leur échappe a tous également. Si bien
qu'au Iieu d'une alimentation convenable qui se transforme en
leurs propres tissus, ils ingurgitent au hasard et se détruisent
eux-memes. L' Amérique est pleine aujourd'hui de créateurs
dyonisiaques lesquels, au moyen d'un stupéfiant appareil a
technique multiple, débitent a un public blasé de mornes et
fades répliques de ce que l'Europe a produit au xrxe siecle.
Que pareilles denrées encombrent les marchés ou s'approvisionne un public en mal d'émotions, passe encere . Mais que
notre critique suive tous les vents de la mode, est plus grave.
Quand l'artiste ignorant reste inférieur a la sculpture des
Mayas ou a la céramique péruvienne, il a du moins !'excuse
d'oblir a une vague inspiration lyrique : au lieu qu'un critique
ignorant obéit a sa seule bétise. Certes nous ne manquons pas,
a l'heure actuelie, de critiques, en meme temps hommes de
gout. Combien sont munis de }'arme a deux tranchants nécessaire a leur fonction, je veux dire de la connaissance du milieu,
et du courage de parler? Combien, parmi ceux-la méme qui
mesurent la distance de l'reuvre de beauté a ces monstrueuses
fumées, a ces flatteuses élucubrations de la mode et d'une fantaisie passagere, seraient préts a encourir les huées et les risques
d'une querelle? La controverse, jeu cher aux critiques des pays
européens, est pour ainsi dire inconnue aux Etats-Unis ou celui
qui sait a bien trop peur pour parler.
Nos journalistes, en tous cas, ignorent ces scrupules, et
montrent la belle assurance de la plus complete ineptíe. Et ce
sont eux, des ignares sans culture, qui régentent l'opinion a
New-York. Les dernieres années m'ont instruit de ce qui est,
saos doute, une vérité vieille c,omme le monde, mais qui était
pour moi d'une amere nouveauté : les plus intelligents ne sont
pas toujours ceux qui mettent le plus de zele a défendre ou a
exposer leurs convictions, et les meilleurs esprits sont souvent
les plus veules et les moins généreux. Oh l l'on n'achete pas
notre critique comme celle d'Europe ! Mais la question se pose

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

a

de savoir ce qui est le plus prt!judiciable la cause de l'esprit :
une critique pourríe, encore qu'éclairée, ou une honn~teté
faroucbe, qui n'a rien d'ingénu.
Pour revenir mon sujet, je dois dire que cette ignorance
bavarde et dogmatique accompagne l'avcacment de l'Amérique
aun état nouveau, celui de la culture. L'art natt spontaaément
dans une société qui a pris conscience et possession d'elle-méme;
pour qu'il s'épanouisse, il faut un sol la fois riche et bien travaillé. (Ainsi des milieux sociaux d'une unité aussi puissante
que l'Amérique des Indiens
la belle époque, l'Egypte et la
Judée anciennes, Athenes, l'Inde ou tout s'encbaine si rigoureusement, l'Eglise médiévale, et la France moderne.) Le génie
a besoin d'une discipline, c'est-a-dire qu'il a besoin d'etre sans
cesse confronté avec ce que l'artiste apprend de la vie par les
roceurs, la religíon, l'histoire, et sous la pression de !'esprit
social et critique. Le premier bomme n'était pasartiste; l'énergie humaine s'aflirme seulement au contact d'autres énergies.
Mais aujourd'hui qu'il y a en Amérique autant de génie en puissance qu'au printemps de fleurettes sous bois, je voudrais que
nous ayo ns pour nous conduire un chef plus inspiré, une regle,
une norme plus intelligente. ]'aspire apres un homme dont la
stature égale ce lle de Lessing ou de Brandes ... afín que nous marchions vers une naissance, soutenus par la sagesse et par la force.
(Mais j'encombre de mes opinions ce qui devrait rester une
pure chronique, un relevé des naissances. C'estun trait de plus
qui s'ajoute mon message américain. A tout, nous préférons
une opinion. L'art sous lequel n'apparait pas une opinion ne
compte pas pour nous. Le succes de Sbaw en Amérique n'a pas
d'autre raisoo : Shaw, né pour écrire des farces géoiales, gaté
par son puritanisme. 11 aurait dó. naitre dans le Nébraska ; du
point de vue estbétique, il differe fort peu de M. Bryan. Et
voici nujourd'hui Sinclair Lewis ... La Gra1uJ'Rue est un merveilleux exemple de roman these, tout comme les reuvres de
H. G. Wells. Car Wells est u.n journaliste américain que le
hasard fit naitre Londres.)
Je reprends toutefois mon sujet ... et je dis que l'Amérique ae
vient pas en aide a l'artiste créateur. De l'éloge, de !'insulte, il
n'en manque pas ; mais la louange est niaise, l'opposition faiblardc et sans propos. L'artiste ou le penseur ne peut pas

a

a

a

a

a

a

a

NOTES

377

répondre aux objections qu'on luí fait, il n'en peut pas tirer un
enseignement, car elles sont vulgaires et sans solidité. Pourtant
il progresse . Daos notre théatre méme une personnalité vient
de se révéler.
Eugene O'Neill était depuis plusieurs années le héros de
nos « petits théatres », en particulier des « Acteurs de Provincetown », lesquels jouent, daos une ruelle du quartier latín
New-York, despieces de leur cru avec une verve et un entrain
qui ne s'appuient nJ sur la science dramatique ni sur un instinct
tres sur. Le temps pourtant leur a donné raison puisqu'ils ont
abrité O'Neill, jusqu'au jour ou O'Neill les a dépassés. A la
saison derniere, timidement, O'Neill a francbi l'échelon qui le
séparait de Broadway : quelques matinées de son drame Par
del,i l'boriz.,011 furent bientót suivies d'une série de représentations; puis quand la piece eut fait courir tout New-York, des
tournées la porterent dans la province. C'est un drame plein
de lyrisme, traité comme une tragédie, brossé par grandes touches claircs et lumineuses ; il est romantique par la fa&lt;;on, tres
lache, dont l'auteur le con~oit, et par les aspiratioos, tres
vagues, du héros. Ce héros est unfermier dela Nouvelle-Angleterre, attelé une travailleuse opiniatre, et qui révasse de rivages tropicaux, de typhons sur les mers de Chine, et néglige ses
terres. La critique, bien entendu, saluant daos cctte piece une
tragédie, l'a comprise tout rebours. Elle venait de découvrir
Ibsen, l'an passé ; elle en conclut qu'O'Neill avait voulu écrire
un drame ibsfoien. Elle mesura la piece américailie, construite
dans un plan horizontal, d'apres les lois de la composition scandinave, qui va droit la catastrophe.
Cette année-ci, O'Neill nous a donné deux pieces. L'une est
une idy lh: effrayante et fantastique, i otitulée L'Empereur Jones. Le
héros est encere un poete qui a la nostalgie des borizons lointains ; c'est un negre d'Amérique, un employé des wagoos-lits,
une espece de flibustier qui acquiert aupres de sauvages d'une
ile caraibe un prestige assez mal assis. Daos une série de scenes
extr~mement alertes, la piece suit le travail rongeur que font,
dans cette force impériale, les antiques terreurs et supersútions
negres.
La seconde piece Quelque ehose d' autre, qui n'est pas un drame
rapide et serré, dit l'échec amer d'une jeune fille, née dans un

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a

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�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

village de pécheurs en Nouvelle-Angleterre, entourée d'bommes grossiers, et qui réve, pour elle-méme et pour son fiancé
q~dque chose d'autre. Mais l'amoureux se trouve ne pas valoi;
m1eux que les autres ; et elle le repousse, payant d'un célibat
traversé de névrose et de désirs, le beau réve de sa jeunesse.
C'est le th~me dont ~'Neill ne se lasse pas : l'aspiration,
condamnée d avance; et i1 ne s'agit pas de l'aspiration apres les
abi~es ou .les cimes comme celle d'un Faust, d'un Brand ou d'un
Julien, ma1s apr.es les graces, les ,aleurs simples de fa. vie, la
couleur, la mus1que, la foi, aussi étranges dans notre monde
matéríel, qu'en Europe les visious exaltées de Paracelse.
O' Neill a une imagination remarquable ; ses conccptions
son, celles d'un vrai dramaturge. Mais il n'apporte aucun soin a
la forme. Avec le scns du drame tel que Je Jui suo-&lt;Terc la Yie
américaine, ?'Neill ~e travaille pas, n'approfoudi; 0pas le dialogue. -:1- les !1re, ses p1eces sontmauvaises. Cette espcce de chaleur qm - c est le secret de la création - se communique ame
m?ts, est absente chez lui. Si Eugene O'Neill ne se rcnd pas
m'.eux comrt~ de la :aleur de ses idées, s'íl n'apprend pas a
m1eux apprec1er la puissance qu'elles recelent, il les gaspillera
chaque année en des ceuvres imparfaites.
L'acteur negre, Charles Gilpin, celui qui a créé le róle de
1'Emp_ereur Jo.nes, a conquis le public par un'talent vigoureux
saos ,nen ~e :710Ie_nt. A vec Ben-Ami, qui est une importation de
la scc~e J1dd1sh, il est le plus beau talent que nous ayons en
Am.énque._ Mai_s j_e n'ai pas dessein de traiter ici la question du
théa:tre, q~1 .ª r,ns ~ndéniablement son essor depuís que j'écrivais
Notre 11nmq~e. C est un article tout entier qu'il faudrait consacrer a ce su¡et.

., Les poetes, je les aí oubliés. Du nombre ' une voix claíre, que

J entends et que j'aurais du mentionner dans mon livre. 11 faut
rectifier cette omission.

a

Voici quelques années, une jeune Australienne née Duhlin
Irlan~e, ven~it échouer a New-York et y gagnait sa vie daos]~
qu~rt1er de I e:t, celui des fabriques et de l'exploitation ouniere.
Mamtenant qu elle en est sortie, elle raconte ses expériences daas
deux volumes de poemes, Le Ghetto et Soleil Limant. Les tableaux
que nous préseate Miss Lola Ridge soat inscrits, gravés daos
soncerveau. Or, elle a un cerveau ou le Ghetto de New-York

NOTES

379

reste exotiquc. Saas doute il est réel, il l'est peut-~tre plus que
les autres images; il est beau, c'est encore ccrtain. Mais l'intelligence sur laquelle il s'est imprimé n'a pas été nourrie par
l' Amérique; c' est l'íntellige □ ce du Celte, qui est d'ordrc sensible,
faite de subtilité, de tendresse et de reve. La marque pourtant de
l' Amérique est daos l'abime existant entre l'esprit celtique de
l'auteur et la vie juive qu'elle décrit; et Miss Ridge ajoute
ainsi au trésor, déja si riche, de l'imagination américaine. Son
apport est celui de la surprise éveillée en elle par un mond_e
aussi étranger. C'est une équation poétique entre Celte et Jmf
qui est sans exemple.
La phrase lapidaire de Miss Rid¿e oblige la luxuriance, 1~ passion juive, a rev~tir une forme claire et dure comme le cristal.
On y sent l'agoaie du Juif transp.)anté dans son esprit"et dms sa
chair, mais toujours a travers l'émerveillemeat du poete. Elle
reste une voyageuse cxplorant son sujet.
Au póle opposé sont les bistoires de Miss Anzia Yezierska,
jeune juive Russe immigrée qui, d'un séjour plus prolongé dans
le quartier ouvrier de l'est, est entrée daos le do_mai_ne ,de l'ex:
pression. J'en parle, non a cause de leur valeur mtnnseque qm
est mioce, mais cause du contraste qu'elles présentent avec
l'reuvre de Miss Ridge. Car Miss Yezierska possede ce qui
fait défaut a Miss Ridge. Son livre Camrs ajfamés nous la
montre chez elle daos le Ghetto natal, séjour des lamentations
et des plaintes, des désirs vagues mais effrénés. 11 manque
d'ampleur, il est lourd, il a la crudité de rythme et de couleur
qui est celle du subcoascient. N'importe ; une richesse s'y
révele qui est u:ue promesse.
Dans les peintures de Miss Ridge, tout objectives qu'elles
soient, on sent trop l'éloignement estbétique et spirituel de l'auteur. A celles de Miss Yezierska, il manque ce qui assure a. J'art
la durée : un dessin qui recouvre des imagcs par trop cérébrales. Notre pays ne nous a pas encare donné le poete qui
joindrait :i" la faculté créatrice de Miss Ridge la sympathie que
Miss Yezierska éprouve pour son triste su jet. Alors seulement les
Israels turbulents, les Italics, les Russies, les Syries et les Balkans
de New-York auront trouvé - avant de disparaitre - leur place
délinitive dan~ le monde immortel des ouvrages de !'esprit...

a

(Traduil par MIi•

H. BOUSSINESQ)

WALDO FRANK

�380

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

LES REVUES
*

* *

LA PENSÉE DE NICOLAS MACHIA VEL, par Franrois
Franz.oni (Payot).
Ce n'est pas seulement une joie intellectuelle que de suivre
le jeu d'idées d'un Machiavel, c'est encare s'évader de toutes les
conceptions actuelles issues du matérialisme historíque, et qui
écrasent de leur masse tout ce qui est individue!. II est réconfortant de se voir démontrer par la théorie et par l'exemple la
capacité de l'homme diriger ou
forcer l'événement par sa
seule virtu, judicieusement appliquée.
Ajoutons qu'il n'y a pas de guide meilleur a travers l'antiquité. Machiavel est le seul avoir placé les hommes et les choses
de l'antiquité sur le plan du quotidien et avoir rendu apparente
l'allée et veoue de la navett.e qui de ce quotidien réussit tisser
de la grande histoire.
M. Franzoni a groupé en chapitres, cóté des morceaux les
plus célebre~ de Machiavel, un ensemble de paragraphes et de
phrases qui contiennent l'essentiel de sa pensée. La traduction
de M. Franzoni, légerement, mais non pas désagréablement,
archaisante, est en général exacte et solide. Ce n'est pas ici le
lieu de chicaner sur quelques discutables ioterprétations de
détails ou sur l'escamotage de quelques dif:ficultés. Le texte
italien qui est en bas de page est aussi correctement reproduit
qu'il pouvait l'étre en France: i1 convient d'ex:cuser les quelques
coquilles qui le déparent.
Tel que! ce travail est, non seulement utile, mais fort remarquable. Regrettons pourtant qu'un des chapitres n'ait pas été
consacré la Virtu, et que tout le Partrait des Choses de France ne
figure pas da.ns ce choix. Une scene entiere de la Mandraucre
"
edt complété heureusement la figure de Machiavel.

a

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BENJA.MIN CRÉM!EUX

*

Quand Copeau est venu au Tbéatre, il était un homrne neuf, un
novice, et par la un bomme nouveau : c'est a cette circonstance, négligeable en apparence, que le Vieux-Colombier doit aujourd'h~i sa
vigueur et son espoir, et qu'il devra plus tard une véritable techmque,
laquelle ne sera pas l'inconsistant résultat d'une foudroyante idée nouvelle ou l'impossible révc d'une longue macération esthétique, mais la
somme, le résidu et l'extrait d'un travail constant daos le meme seos
et le meme esprit, travail controlé par la réalisation elle,-méme.
... La nouveauté ici consiste :l. n'en pas avoir. Et Copeau n'est
venu au Théátre qu'avec la passion profonde du Théatre méme, de ce
qu'il appelle }'affaire, la chose dramatique, avec, daos l'espri.t, « la pure
conftguratio1t du chef-ifauvre dramatique. » Armé d'une visioo dramatique aigue, exclusive, personnelle, en dehors de toute contingeoce,
au-dela de toutes les peiotures et par-dessus toutes les architectnres, en
jO'oorance
de la moiodre machinerie, sans aucuoe théorie, saos la
!)
moindre « idée ,&gt; et sans avoir la plus petite iotention, il est entré au
Théatre daos l'absolu du Théatre meme. Et ceci est tellement vrai que
Copeau ne peut pas s'exprimer « techniquement )&gt;, qu'il lui cst impossible de matérialiser lui-mérne son inspíration, de concrétiser son
émotion, et que la réalisation doit naitre sous ses yeux afin_ qu'_íl ~ontróle par lui-meme l'identité de cene émotion et de cette msp1rat:1on.
La technique du Vieux-Colombier ne peut pas s'écrire ou se décrire
comme une iovention ou un procédé ; mais on en connait la formule :
c'est la somme, le ptoduit, l'expression de ce que j'appellemi les incompatibtlités tecbniques et les besoins dramatiqttes de Copeau.

S1GNAUX

Aventures a failli etre le titre de la revue ; il méritait de
l'etre : « Le goftt de !'aventure, écrit Franz Hellens, n'est pas
un fait permanent dans les lettres franc;aises. La plélade l'a
ignoré, parce qu'il n'y a pas d'aventure en arriere; les classiques l'ont méconnu, crainte de déchoir. Les romantiques
penserent le trouver au clair de lune ; c'était encare une erreur
d'éclairage.

* *

LES REVUES
LA TECHNIQUE DU VIEUX-COLOMBIER
Lou,is Jouvet remarque dans la REVUE RHÉNANE Quillet) que
la « technique » du Vieux Colombier a consisté n'en pas avoir :

a

i

l)

annonce done un romantisme dont l'éclairage est
rectifié, et l'information précise. Quelques noms sont aussi
clairs : André Salman, Max Jacob, Pierre Mac Orlan, Paul
Sm:NAUX

1. 6, rue Joseph Bara, Paris ; et 1385, cha11ssée de Waterloo, UccleBruxelles.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~AlSK
Morand, franc;ais, et, belges, Aa.dré de Ridder, P. G. van
Hecke, Franz Hellens qui écrit cette &lt;&lt; Note prise d'une

lucarne J&gt;:
COMME LE MAL SORT DV BIEN

Comme la chévre doooe son lait, la vigne son raisin. L'une grilnpe
l'autre escalade les murS. Toutes deux flexibles, rebelles
et maniables. Elles ont fléchi sous l'accablant effort du bouc er du
soleil. Les grappes pendent et se gonJl.eot comme des mamelles. Le
lait et le jus frais iqondent les tables. Mais quelque part, au fond des
caves, de noirs fermenrs se sont Levés du lait pressé et du raisin foulé.
La douce et saine fraicheur n'a duré qu'un moment; l'aigre ch:ileur et
Ja mordante moisissure augmentent et se propageot daos le flacon,.
le moule, au cceur de l'homme, tandis que sautent les chevres sur la
montagne et que les vignes couvent de nouveaux res59rts daos leurs
bourgeons feutrés.

a la montagoe,

Voici, d'André S-almon, qui donna déja a SmNAUX l'excellent
Marché libre, quelques souvenirs sur Alfred Jarry « ou le Phe
Ubu en liberté )) :
Al.(red Jarry qui, en un áge si tendre 1 inventa Monsieuye Ub1, mourut
des ex.ces du sinistre personnage. C'est proprement Je méchant Pere
Ubu qui tua le charroant Alfred Jarry. Alfred Jarry, caudlde mystifü:ateur, mourut d'avoir obstinément adapté au naturel le róle du modemecroquemitaine, capitaine des Dragons de la Vistule, Roi de Pologne et
d'Aragoo.
Chez Jarry;
L'attraction sensationnelle du lieu c'était la bibliotheque. Soit une
pyramide de bouquins et de brochures s'élevant jusqu'au plafond,
a vrai dirc si bas que seul Jany, tres court de jambe, pouvait en cet
étrange logis se tenir debout saos devoir plier les épaules.
La dextre étendue vers letumulus bibliographi:que, le Pere Ubu proféra:
- Il y a la des écrits 1 (tl parodiait le titre du premier livre de Paul
Fort), derriere ces écrits une porte, derriére cette porte une chambre.
Du nioins il y eut, Nous a-t-oo assuré, une chambre. Nous n'en avoos
jamais rien connu, Nous craígnons singulierement qu'elle soit perdue
et, sachant Nous conteoter de fici-présent capharnaüm, Nous repoussons de toute la force de Notre caractere tout espoir de déménager.
..... Jan:y nous demanda de luí donner, en toute franchise, notre
opinion sur son portrait grandeur nature, chef-d'o:uvre du douanier
Rousseau.
Nous ne \limes qu'un fond de draperies, a la maoiere de S!evens~

LES REVUES

ma!s exécuté avec plus d'attendrissaote naiveté et, sur son perchoir, lez-h1bou favori, oiseau qui, je le répete, était eo porcelaioe.
Jarry l'oo ne distinguait que la silhouette, mais découpée daos
la to1Ie vide au milieu de quoi, on s'en doutera, elle laissait un vide
singulier.

D:

Le Pére Ubu ne consentit point a avouer qu'il avait mutilé le
tab~ea~ de Rousseau parce que l'obsession de sa propre image lui chatouillaa désagréablement les nerfs. Il préféra conter que, redoutant
d'etre p~rcé d'un coup de parapluie par un maladroit, il s'était découpé
avec som et proprement roulé dans le &lt;&lt; tiroir unique et central de
notre Bureau de Colbert en bois blanc. »
~o~nant avec quelle mintitie le Douauier, ce vieil innocent de génie,
avaiHI pas exécuté le portrait de l'écrivain ! Guillaume Apollinaire a
conté commeot Rousseau qui ne demanda au Pére Ubu qu'une séance
employa celle-ci :i. prendre, a la fa~on d'un maitre-tailleur, mesure de
son modele. A peine le viut-il revoir avant de donner au visage la
touche définitive.
La maniere de Rousseau différait-elle beaucoup de celle du horsconcours Gustave Courtois, pour qui Rousseau professait une grande
admiration et qui, prié a déjeuner pour le samedi d'une prochaine
semaine, répondait :
- ~amcdi '. Impossible l J'achéve un portrait et c'est samedi que je
mets l express10n.
S1GNAUX

q_ui a publié, dans ses quatre premiers ouméros

l'Etude romanesque de Max Jacob, des poemes de Paul Morand:
~o_rges Gabory et Melot du Dy, une curieuse analyse de la
poes1e russe, a eu la faiblesse de fonder un prix littéraire.
*

* *
L'ART DÉCORATIF, ET L'ART

Roger Allard écrit dans la

propos

REVOE UN!VERSELLE (r 0 r Ao11t),

a

de l'exposition Fragonard :

Quelque soin qu'aient pris les mauvais bergers de l'esthétique d'éga'.er le goút fran~is daos les terrains vagues d'un art saos patrie et
¡usqu'aux confins de la barbarie. on a vu les meilleurs de nos jeunes
attistcs interroger l'o:uvre des maitres de chez nous avec une passion
P~ois trop ~quiete, ou quelque exces didactique, ou quelque parti pris
d 1nterprétat1ons opportuoistes, mais en défmirive avec le seutiment tres
net de cétte vérité rnéconoue, eofin retrouvl!e, que c'est en cultivant les.
particularités de son génie propre qu'un homme se rend utile a ses semblables, qu'unenatioo enrichitet ennoblit l'humanité. Saos doute il existe

'

�LA NOOVELLB REVUE FRAN&lt;;:AISE

encore des esprits a ttardés, et qui se croient a vanees, pour qui le probleme
esthétique capital est de doter la France d'un ai·t décoratif qui, parait-il,
lui fait défaut, et qui serait florissaot en d'autres pays ; il existe encore
des professeurs de dessin, des conseillers municipaux et des cbronii:¡ueurs d'art qui croient que nous devons sans plus tarder rivaliser avec
les architectes américains ou les tapissicrs munichois. Une grande exposition d'art décoratif projetée devait combler leurs vceux: elle parait
remise aux calendes grecques. ll y aura bien une exposition d'art décoratif modeme, mais c'est a Munich ; il est permis de penser que c'est

LES INTERMITTENCES DU CCEUR

fort bien ainsi.

On commence a se rendre compte que pour qu'il existe un art appliqui, et pour que ses applications soieot beureuses, il o'est pas mauvais
de commencer par restaurer « l'art &gt;l tout court. Il ne s'agit pas de traiter les artistes décorateurs en parents pauvrcs et pas davantage de faire
fi des avantages économiques que leurs travaux peuvent valoir a
notre pays, il importe tout siroplement de se persuader que cette activité est· secondaire, par définltion mfane, et qu'elle ne s'exercera avec
bonneur et profi.t que si les peiotres et les sculpteurs, dans une zone
plus proche des courants intellectuels de l'époque, créent des ceuvres
riches d'influence et de rayonnement.

AVIS : Pour évíter des confusioos toujours possibles, nous croyons
devoir ioformer nos ]ecteurs que c'est M. Maurice Martín do Gard et
norr M. Roger Martio du Gard, notre collaborateur, qui vient de
prendre la direction des EcRITS N0UVEAUX,

•• •

MEMENTO

REVUE BLEUE (20 aoút): Les ]ardins sau.vages, par Henri Pourrat.
LE Co.RRESP0NDANT (ro aout) : Les roma11ciers .amtiricains co11tempo,-ains: I. Slewart Edu·ard While, par Marc Hélys.
GRANDE REVUE (juillet) : Histoire technique et sociale de l'imprimerie,
par Georges Renard.
REVUE HEBD0MADAIRE (6 aoüt): Les Trois i111postu.1·es, par P. J. Toulet; (t 3 aoüt): Stendhal et la musiqu.e, par Henry Prunieres; Nozwelles
notes d'u.n dilettante, par: Stendhal .
LE NouvELLISTE DE RENNES (18 juillet): Un intéressant article de
J. Gahier sur Le cóté de Guermantes, par Marcel Proust.
ÜPINION ( 1 3 aout): Petites questions de goúl, par Albert Thibaudet.
LA RENAIS$ANCE (13 aoút): Les cabiers de Mécislas Golberg, par Gaston Picard ; Voya¡e m Bolch'évie avec Madame Rippi.us, par Denis Roche.
DER NEUE MERKUR (juillet): Extraits du. jott-rnal, d'Anton Tcbekhov.
Drn NEUE RuNDSCHAU (aoüt) : La morl de Moise, légende, par
Rudolf Kayser.
PoLITIKEN : Chronique sur Marcel P-roust, par Charles Rímestad.
LE GSRANT : GAST0N GAWMARD.
ABBEVlLLE. -

lMPRIMERIE F. PAILLART.

Ma seconde arrivée · a Balbec fut bien différente de la
premiere. Le directeur était venu en personne m'attendre a
la gare, répétant cambien il renait a sa clientele titrée ce
qui m_e fit craindre qu'il m'anoblit jusqu'a. ce que j'e~sse
compns que dans l' obscurité de sa mémoire grammaticale
titrée signifiait simplement attitrée. Du reste au fur et
mesure qu'i~ apprenait de nouvelles langues, il parlait plus
mal les anc1ennes. 11 m'annonc;a qu'il m'avait logé tout
en haut de !'hotel. « ]'espere, dit-il, que vous ne verrez pas
la un manque d'impolitesse, j'étais ennuyé de vous donner
une chamb~e dont vous etes indigne, mais je l'ai fait rapport au bnut, parce que comme cela vous n'aurez personne
au-dessus de vous pour mus fatiguer le trépan (pour
tympan). Soyez tranquille, je ferai fermer les fenetres pour
-qu'elles ne battent pas. La-dessus je suis mtolérable &gt;) .
'
ces mots n'expnmant
pas sa pensée~ laquelle était qu'on
1~ trouverait toujours inexorable a ce sujet, mais peut-etre
bien celle de ses valets d'étage. Je pourrais faire faire du
feu ~i cela me plaisait, ( car sur l'ordre des médecins j' étais
partt des Paques) l!lªis il craignait qu'il n'y eut des
&lt;e fixures » dans le plafond ; &lt;e surtout attendez toujours
pour rallumer une flambée que la précédente soit consommée (pour consumée). Car l'important c'est d\~viter
&lt;l.e ne pas mettre le feu a la cheminée, d'autant plus que

i

I • Extrnit de _s_oJrmu et Go111orrbe II, ouvrage qui paraitra prod1ainement aux Ed1t1ons de la Nouvelle Re\•ue Frani;aise.

�386

LA NOUVELLE REYUE FRANc;:A.ISH

pour égayer un peu j'ai fait placer dessus une grande postiche en vieux chine, que cela pourrait abimer. &gt;&gt;
TI m'apprit avec beaucoup de tristesse la mort du bátonnier de Cherbourg: « c'était un vieux routinier », dit-il
(probablement pour roublard) et ~e laissa e~tendre qu~
sa fin avait été avanoée par une v1e de déboires, ce qu1
signifiait de débauches.
·
Déja depuis quelque temps, je remarquais _qu'apres le
diner il s'accroupissait dans le salon (saos doute pour
s'-assoupissait). Les derniers temps, il étaittellement changé,
que si I'on n'ava1.t pas su que c'était lui, a le voir, il était
a péine reconnaissant {pour reconnaissable sans .doute).
Compensation heureuse, le premier Président de Caen
venait de recevoir la « cravache » de commandeur de la
Légion d'honneur. Sur et certain qu'il a -des c.apacit'és,
mais parait qu'on la lui a donnée surtout a cause de sa
grande « impuissance &gt;&gt;. On revenait _du reste s~ cette
aécoration ~me dans l'Echo de Pam de la vedle. Le
directeur n'avait d'ailleurs lu que le « premier paraphe »
(pour paragraphe). La polirique de.~· CaiU~ux y ~~it
bien "llrrangée, &lt;&lt; Je trouve du reste qu ils ont raison, d1t-il.
11 nous mettrop sous la&lt;&lt; coupole » de l'Allemagn-e(sous
la coupe).
Comme ce gente de sujet traité par un hotelier me
paraissait enouyeux, je cessai d'écouter. Je pensai aux
images qui m'avaient décidé de retourner a Balbec. Elles
étaient bien dilfétentes de celles d'autrefois, la vision que
je venaís ch-ercher ·était aussi éclatante ~ue la pr~mie~ était
brumeuse; elles ne devaient pas m01ns me decev-01r. Les
images choisies par le souvenir sont aussi arbitraires,
aussi étroites, aussi insaisissables que celles que l'imagination avait formées, et la réalité détruites. 11 n'y a pas de
raison pour qu'en dehors de nous, un líen. réel poss~e
plutót les tableaux de la mémoire que ceux du_ réve. Et pu1s
.une réalité nouvelle nous fera peut-etre oubher, ou méme
détester les désirs a cause desquels nous étions partís.

LES INTERMITTENCES DU CCEUR

a

Ceux .qui m'avaient décidé d'aller Balbec tenaie~t en
a ce que les Verdurin (des invitations de qui je ..
.n'avais jamais profité, et qui seraient certainement heareux
de me revoir, si j'allais .a la caippagn.e m'excuser de
n'avoir jamais pu leur faire une visite Paris ), sachant,
que plusieurs iideles passeraient les vacances sur cette cóte,
et, ay.ant
cause de cela loué pour toute la saison, un
des cMteaux de M. de Cambr.emer (La Raspe.liere), y
avaient invité Mme Putbus. Le soir ou je l'.avais appris (i
Paris) j'envoyai, en véritable fou, ñotre jeune valet de
pied s'infonner si cette dame emmenerait a Balbec sa
premiere femme de chambre. Il était onze heures du soir.
Le concierge mit longtemps a ouvrir et par mira.ele n'envoya pas promener mon messager, ne fü pas appeler la
police, se contenta de le recevoir tres mal, -tout en lui fournissant le renseignement désiré. Il dit qu'en effet la premiere femme de chambre accompagnerait sa rnaítresse,
d'abotd am:: .eaux en Allemagne, puis a Biarritz, et pour
inir chez Mm• Verdurin. Des lors j'avais été tranquiHe et
oontent d'avoir ce pain sur la planche. J'avais pu me
dispenser de ces poursuites dans les rues ou .j'étais
dépourvu aupres des beautés rencontrées de cette lettre
d'introduction que serait aupres de la belle femme -de
cbambre d'avoir diné le soir méme, a La Raspelier.e, avec
sa maítresse. D'ailleurs elle aurait peut-etre meilleure idée
de moi encore en sachant que je connaissais non seulement
les bourgeois locataires de la Raspeliere mais ses propriétaires, et surtout Saint-Loup qui ne pouvant me recommander a distance a la femme de chambre de M 111• Putbu.s
(cene femnre de chambre ignorant le nom de Roben)
· avait écrit pour moi une lettre chaleureuse aux Cambremer. II pensait qu'en dehors de toute l'utilité dont ils
tne pourraient etre, M= de Cambrerner, la belle-fille née
Leg¡:audin, m'intéresserait en causant avec moi. J.C C'e~
11ne femrne inteHigente, m'avait-il assuré. Elle ne te diu
pas de choses .définitives (les choses « définitives 1&gt; avaient

panie

a

a

�LES INTERMIITENCES DU C&lt;EUR
LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

été substituées aux choses «sublimes» par Robert qui
modifiait, tous les cinq ou six ans, quelques-unes de ses
expressions favorites tout en conservant les principales),
mais c'est une nature, elle a une personnalité de l'intuition, elle jette a propos la parole qu'il taut. De temps ~n
remps elle est énervante, elle lance des betises, pour « faire
gratin }), ce qui est d'autant plus ridicule que rien n'est
moins élégant que les Cambremer, mais somme toute elle
est encare dans les personnes les plus supportables a fréquenter. &gt;l
.
Aussitót qu'ils avaient eu rec;u la recommandat1on de
Robert, les Cambremer, soit snobisme, qui leur faisait
désirer d'étre indirectement aimables pour Saint-Loup, soit
reconnaissance de ce qu'il avait été pour un de leurs
neveux a Doncieres et plus probablement surtout par
bonté et traditions hospitalieres, avaient écrit de longues
lettres demandant que j'habitasse chez eux, et si je préférais
etre plus indépendant s'offrant a me chercher un logis.
Quand Saint-Loup leur eut répondu que je logerais au
Grand Hotel de Balbec, ils répondirent que, du moins, ils
;;.ttendaient ma visite des mon arrivée et si elle tardait
trop, ne manqueraient pas de venir me relancer pour
m'inviter a leurs garden-partis.
Sans doute rien ne rattachait d'une fa¡;on essentjelle la
fem.me de chambre de Mme Putbus au pays de Balbec, elle
n'y serait pas pour moi comme la paysanne que seul ~ur la
route de Méséglise, .j'avais si souvent appelée en vam, de
toute la force de mon désir. Mais j'avais depuis longtemps
cessé de chercher a extraire d'une femme comme la racine
carrée de son inconnu, lequel ne résistait pas souvent a
une simple présentation .
Je fus tiré de ma r~verie par la voix du directeur done
je n'avais pas écouté les dissertations politiques. Changeant
de sujet, il me dit la joie du premier Président en apprenant mon arrivée et qu'il viendrait me voir dans ma charobre, le soir meme. La pensée de cette visite m'effraya si

fort, car je commenc;ais a me sentir fatigué, que je le priai
d'y faire obstacle (ce qu'il me promit) et pour plus de st'.ireté
de faire, pour le premier soir, monter la garde a mon étag-e
par ses employés. 11 ne paraissait pas les aimer beaucoup.
ce Je suis tout le temps obligé de courir apres eux parce
qu'ils manquent trop d'inertie. Sí je n'étais pas la ils ne
bougeraient pas. Je mettrai le liftier de planton a votre
porte &gt;l. Je demandai s'il était enfin e&lt; Chef des chasseurs. 11 n'est pas encore assez vieux dans la maison, me répondit-il. 11 a des camarades plus agés que luí, cela ferait crier.
En toutes choses il faut des granulations (probablement
pour graduations). Je reconnais qu'il a une bonne aptitude
devant son ascenseur. Mais c'est encare un peu jeune pour
des situations pareilles. (:a manque un peu de sérieux, ce
qui est la qualité primitive (sans doute la qualité primordiale, la qualité la plus importante). 11 faut qu'il ait
un peu plus de plomb dans l'aile (mon interlocuteur voulait dire dans la tete). Du reste il n'a qu'a se fier a moi.
Je m'y connais. Avant de prendre mes galons comme
directeur du Grand Hotel, j'ai fait mes premieres armes
sous M. Paillard ! ii Cette comparaison m'impressionna et
je remerciai le directeur d'etre venu lui-meme jusqu'a la
gare. &lt;e Oh ! de rien. Cela ne m'a fait perdre qu'un temps
infini i&gt; (pour infime). Du reste nous étions arrivés.
Des la premiere nuit, comme je souffrais d'une crise de
fatigue cardiaque, tachant de dompter ma souffrance, je
me baissai avec len,teur et prudence pour me déchausser_
Mais a peine eus-je touché le premier bouton de ma bottine, ma poitrine s'enfla, remplie d'une présence, inconnue.,
divjne, des sanglots me secouerent, des larmes ruisselerent
de mes yeux. L'etre qui venait a mon secours, qui me
sauvait de la sécheresse de l'~me, c'était celui qui plusieurs
années auparavant, dans un moment de détresse etde solitude identique, était entré quand je n'avais plus rien de
moi, mais qui m'avait rendu a moi-méme car il était moi
et plus que moi, le contenant qui est plus que le contenu

�LA NOUVELLE REVUE FilAN&lt;;AISB

390

et il me l'apportait. Je venaisd'apercevoir, dan.s-ma mémoice,
p.frnché sur ma fatigue, le visage tendre, préoccupé et d~
de ma grand'mere, telle qu'el1e' avait été ce premier soir
d'anivée, le visage de ma .graq_d'mere, non pas de celle que
je m'éta.is étonné et reproché de si peu regretter et qui
n'avait d'elle que le nom, mais de ma grand'mere véritable
dont, pour la premiere-fois depuis les Chatnps-Elysées, oir
elle avait eu son attaque, je retronvais dans un souven.ir
involontaire e.t 1Xomplet la réalit&amp; vivante. Cette réalité
· n'existe pas pour nous tant qu'elle n'a pas été recréée par
notre pensée, saos cela les hommes qui ont. été m~lés un
combat gigantesque seraient de gtands poetes épiques ;
et ainsi, dans un désir fou de me précipiter dans ses
bras, ce n'était qu'a l'iustant, plus d'une année ap.res son
enterr:ement, cause de cet anachronisme qui empeche si
sou~ent le calendrier des faits de coi'ncider avec celui des
sentiments - que je ven;üsd'apprendre qu'elle était morte~
ra.vais so.uvent parlé d'elle depuis ce moment-la et aussi
pensé a eDe, mais sous mes par~es et mes pensées de- jeune
homme ingrat7 égoi"ste et cruel, i1 n'y avait jamais ríen. eu
qui resse-mblit a ma grand'mere, parce- que dans ma lége- reté, mon amour du piaisir, mon accoutumance a la voir
malade, je ne contenais en moi, qu'a l'érat virtuel le soavenir de ce qu'elle avait été. A n'importe quel moment que
nous la consid.érions, notre ame totale -n 'a qú~une valeur
presque fictive, malgré le nombreux hilan de ses rid1esses,
car tantót les uoos, tantót les autres sont indisponibles,
qu'il s~agisse d'ailleurs de richesses e:ffectives aussi bien que
de celles de fimagination, et pour moi par ex.emple tout
autant que de l'ancien nom de Guermantes, celles cambien.
plus graves du .s.auve.nir vrai de ma gran:cfmere. Car
aux. troubles de la mérnoire sont li.ée:s les. intermittences
du c~ur. Cest sa.ns doute l'e.xistenee de n0tre corps~
sem blable pour nous a. uu. vase
oótre spiritualité setait
endose-~ qui nons induit a supposer que taus nos biens
intérieurs, nos joies pa.ssées, toutes nos douleurs sont

a

a

ou

LES INTERMITIENCES DU CCEUR

391

perpétuellement en n·o tre possession. Peut-etre est-il aussi
inexact de croíre qu'elles s'échappent ou revienne1n. En
taus cas si elles restent en nous, c'est la plupart du
temps da.ns un domaine incoanu ou elles ne sont de nul
serviae pour nous, et oú mé01e les plus usuelles sont refoulées par des souvenirs d'ordre différent et qui exduent toute
simultanéité avec elles dans la coascience. Maissi le cadre
de sensations ou elles sont conservées est ressaisi par naus,
elles out a leur tour ce méme pouvoir d'expulser de nous
tout ce qui leur est incompatible, d'installer seul en nous, le
moi qui les vécut. Or comme celui que je venais subitement
de redevenir n'avait pas existé depuis ce soir lointain ou
ma grand'mere m'avait déshabillé a mon arrivée a Balbec,
ce futtout naturellement, non pas apres la journée actuelle
que ce moi ignorait, mais-commes'il y avaitdans le temps
des séries différentes et paralleles - sans solution de continuité, tout de suite-apres le premier soir d)auttefois, j'adhé-rai a la minute ou ma grand'mere s'était penchée vers moi.
le moi que j'étais alors et qui avait disparn si l0ngtemps,
ttait de nouveau si pres de moi qu'il me semblait encore
entendre les paroles qui avaient immédiatement précédé et
~ui n'étaient pourtant plus qu'un songe, comme un homme
mal éveiUé croit encore percevoir rout pres de lui les bruits
de son réve qui s'enfuit. Je n'étais plus que cet étre ·qui
cherchait se réfugier dans les bras de sa grand'mere,
cffa:cer les traces de ses peines en lui donnat1,t . des baisers,
cet etreque j'aurais eu autant de difficulté ame figurer quand
j'étais tel ou tel de ceux qui s'étaient succédé en moi d~pcis
quelque temps, que maintena□t il m'eüt fallu d'efforts,
stérifos d'ailleurs, pour ressentir les désirs et les joies de l'un
des etres que, pour un temps du moins~ je n'étais plus.
Je me rappelais comment une heure avant le moment ou
ma grand'mere s'était penchée aínsi, dans sa robe de cbambre, vers mes bottines, errant dans les rues étouffa.ntes de
chaleur, devant le pátissier, j'avais- cru que je ne pourrais
jamais dans le besoin que j'avais d'embrasser magrand'mere

a

a

�39 2

LA NOUVELLE REVUE FRANvAISE

attendre l'heure qu'il me fallait encare passer sans elle.
Et maintenant que ce meme besoin renaissait, je savais que
je pouvais attendre des heures apres des heures, qu'elle ne
viendrait plus jamais aupres de moi, je ne faisais que de le
découvrir parce que je venais en la sentant pour la premiere
fois, vivante, véritable, gonflant mon creur a le briser, en
la retrouvant enfin, d'apprendre que je l'avais perdue pour
toujours. Perdue pour toujours ; je ne pouvais comprendrrtt je m'exen;ais a subir la souffrance de cette contradiction : d'une part une existence, une tendresse, survivantes
en moi, telles que je les avais connues, c'est-a.-dire faites
pour moi, un amour ou tout trouvait tellement en moi
son complément, son but, sa constante direction, que le
génie de grands hommes, taus les génies qui avaient pu
exister depuis le commencement du monde n'eussent pas
valu pour ma grand'mere un seul de mes défauts, et
p'autre part aussitót que j'avais revécu, comme présente,
cette félicité, la sentir traversée par la certitude - s'élancant comme une douleur physique a répétition - d'un
~éant qui avait efFacé mon image de cette tendresse, qui
avait détruit cette existence, aboli rétrospectivement notre
mu~uelle prédestination, fait de ma grand'mere, au moment
ou je la retrouvais comme dans un miroir, une simple étrangere qu'un hasard a fait passer quelques années pres de
moi, comme cela aurait pu etre aupres de tout autr:,
mais pour qui, avant et apres, je n'étais rien, je ne sera1s
rien.
Au lieu des plaisirs que j'avais eus depuis quelque
temps, le seul qu'il m'etit été possible de gouter en ce
moment c'eut été, retouchant le passé, de diminuer les
douleurs que ma grand'mere avait autrefois ressenties.
Or je ne me la rappelais pas seulement dans ce1:e
robe de chambre, vétement approprié~ au point d'en devemr
presque symbolique, aux fatigues, malsaines sans doute,
mais douces aussi, qu'elle prenait pour moi, peu a peu
yoici que je me souvenais de toutes les occasions que

LES INTERMITTENCES DO CCEUR

393

j'avais saisíes, en lui laissant voir, en lui exagérant au besoin
mes souffrances, de lui faire une peine que je m'imaginais ensuite effacée par mes baisers comme si ma tendresse eut été aussi capable que mon bonheur de faire le
sien; et pis que cela, moi qui ne concevais plus de bonheur maintenant qu'a en pouvoir retrouver répandu dans
mon souvenir sur les pentes de ce visage modelées et
inclinées par la tendresse, j'avais mis autrefois une rage
insensée a chercber d'en extirper jusqu'aux. plus petits plaisirs, tel ce jour ou Saint-Loup avait fait la photographie de
grand'mere et ou ayant peine a dissimuler a celle-ci la puérilité presque ridicule Je la coquetterie qu'elle mettait a
poser, avec son chapean a grands bords, daos un demi-jour
seyant, je m'étais laissé aller a murmurer quelques mots
impatientés et blessants, qui, je l'avais senti a une contraction de son visage, avaient porté, l'avaient atteinte; c'était
moi qu'ils déchiraient maintenant qu'était impossible a
jamais la consolation de mille baisers.
Mais jamais je ne pourrais plus effacer cette contraction de
sa figure, et cette souffrance de son creur ou plutot du
mien; car comme les morts n'existent plus qu'en nous, c'est
nous-memes que nous frappons sans reláche, quand nous
nous obstinons anous souvenir des coups que nous leur
avons assénés.
Ces douleurs, si cruelles qu'elles fussent, je m'y attachais de toutes mes forces, car je sentais bien qu'elles
étaient l'effet du souvenir de ma grand'mere, la preuve que
ce souvenir que j'avais était bien présent en moi. Je sentais que je ne me la rappelais vraiment que par la douleur et
j'aurais voulu que s'enforn;:assent plus solidement encore en
moi ces clous qui y rivaient sa mémoire. Je ne cherchais
pasa rendre la souffrance plus douce, a l'embellir, a feindre que ma grand'mere ne fut qu'absente et momentanément invisible, en adressant a sa photographie ( celle que
Saint-Loup avaít faite et que j'avais avec moi) des paroles
et des prieres comme a un etre séparé de nous mais dont

�LA NOUVELLE REVUR ERAN~AISR
3.9-4
Findiv.idualité: rrous cannait et reste reliée a nous par une
indissoluble barmonie. Jamais je ne le fis, car je ne tenats
pas seulement asouffrir,. mais a respec.rer forigim.lité dema
souíira:nce telle que je l'avais suhie tout d1un coup sans le
vouloir, et voulais continuer a la st1,bir, snivant ses lois a
elle, a chaqne fois que revenait cette contt:uikrion si
étrange de la survivance et du néanr e'nttecroisés en moi.
Cette rmpression doulom:ense et actuellement incompréhetrsible je savais, non. certes p.as si j'en dégagera~ un peu
devérité un ycmr, mais qu-e si: ce peu áe vérité je pouvais
jamais l'extraire, ce ne pourrait etre que d'elle, si paniculiere, si spontanée, qui. n'..vait été ni tracée par moniotelligence, ni attén.uée par ma pusillánimité, mais que la mort
elle-m~e, la hrusque révélation de la mort, avait comm~
la. foudre cre.usée en ~oi, selon un graphiqne surnaturel et
inhumain, comme- un double et mystérieux. sillon. (Quant
a Foubli de ma grand'mere ou fava:is vécu jusquíci, je ne
pouvais meme pas songer a m'attacher a lui pour en tirer
de la. v.érité ; puisqu'en lui-mf:me il n'était rien qu'une
négation, l'aifaiblissement de la pensée iocapable de recréer
un moment ré.el de la vie et obligée de lui substituer d:es
images ccmventionnelles et indí:fférentes). Peut-etre po1IFtant l'instinct de conservation, fingéniosité de fintelligence s nous préserver de la douleur, commen~an1 déji a
construite sur des ruines encore fumantes, a pose.t les premieres assises de son reuvre utile &lt;:;t néfaste, goutais-je trop
la douceur de me rappeler tels et tels jugements de
l'étr-e chéri, de me les rappeler comme si elJe ellt pu les
porter encore, comme si elle exista.ir, comme si je continuais
d!'exister pour elle. Mais des que je fus arrivé am'endormir,
a cette himre, plus véridique, aa:. mes yeu..t se fermerent
aux choses du dehors, ·1e monde du som.meil (sur le seuil
duquei rintelligence et la volonré momentanétt1ent para~
lysées ne pouvaient plus me dispu.ter a la, cmauté de
mes impressions véritables), reíléta, réfracta la douloureuse
synthese de la survivance et du néant, dans la profondeur

LES INTERMITTENCES DU CCEUR

395
erg-.inique et devenue translucide des- visceres mysréri.ensement éclairés. Monde do sommeil ou la coa.rraissance
interne-, placée sous la. dépendance des rrouhles de nos
organes, accélere le rytlune dn creur ou de la respí:ration,
parce qu'une meme dose d'effroi, de tristesse, de rem.ords:,
, agit avec une puissance centuplée si elle est ainsi inftX:tée
dans nos v:eines; des que pour y parcourir les arteres de he
-eité souterraiue nous nous mmmes embarqués S?lf' les flots
noirs de notre propre s:mg cdmme sur un Léthé intérietrr
aux. sextuples replis, de grandes figures solennelles nous
app.t:raissent, nous ahordent et nous quittent, nous laissant
~ l:mnes. Je cherchaien vain celle de ma grand'mere des que
feus abordé sous les- parches sombres ; je sa.vaís paurtant
qu'elle ex:istait encore, mais d'une viedirninuée, aussi pale:
que celle d.n sou-venir; l'obscurité grandissait., et le vent;
mon _¡rere n'arrivaít pas qui devait me condnire aelle. Tout
d'.un coup la respiratiorr me manqua, je senti.s mon creur
camme durci, je venais de me. rappder que depuis de 1ongues semaines j'avais. oublié d'écrire ama grand'mere. Qne
-dtva.it-elle penser de moi ? « Mon Dieu, me disais-je,
comme elle doit etre malheureuse dam cette perite charubre qu'on a louée pour elle. arrssi perite que_ pour une
ancienne domestique, ou elle est toute seule avec la garde
-qu'on a placée pour la soigner et ou elle- OC' peut pas bon~
ger,. car elle est tG1t1jours un peu paralysée etn'a pas voulu:
Wle seule. fois se leveI.. Elie dait croire que je foubl-íe
wq,uis qu'elle est motte,. comme. elle doit se sentir sealeet
abandonnéet Oh_! il faut que j~ courre la voir, jene penx
pa:s attendre une mfoute, je ne peux:. pas attendre que mon·
pere arrive, Iruris ou. est-ce, coroment ai-je pu oublier
l'adresse, pourvu qu'elle me rec.onnaisse encare tComment
.a.i.-je pu l'Q\lhlielipen.dantdes mo:is. Il fait non-, je ne trori"Verai pas, le vent m'e-mpeche d'avancer; mais voici man_
' pere qni se promene devant moi ; je. luí ccie--: « Oü est
grand'mere, dis-moi l'adresse. Est-elle. bien? Est-ce bien
sur qu'elle. ne manque de ríen ? - ~is no~ nre dit

�LA NOUV'.ELLE REVUE FRANc;AISE

mon pere, tu peux etre tranquille. Sa garde est une per·
sonne ordonnée. On envoie de temps en temps une toute
petite somme pour qu'on puisse lui acherer le peu qui lui
est nécessaire. Elle demande quelquefois ce que tu es devenu. On lui a meme dit que tu allais faire un livre. Elle a
paru contente. Elle a essuyé une larme ». Alors je crus me
rappeler qu'un peu apres sa rnort, ma grand'mere m'avait
dit en sanglotant d'un aír humble, comme une vieille ser·
vante chassée, comme une étrangere : &lt;&lt; Tu me permettras bien de te voir quelquefois tout de meme, ne me l.aisse
pas trop d'années sans me visiter. Songe que tu as été mon
petit-fils et que les grand'meres n'oublient pas &gt;). Et revoyant
le visage si soumis, si malheureux, si doux qu'elle avait
je voulais courir immédiatement et lui dire ce que
j'aurais du 1,ui répondre alors : &lt;( Mais, grand'mere, tu me
verras autant que tu voudras, je n'ai que toi au monde, je
ne te quitterai plus jamais )) . Comme mon sílence a dó la
faire sangloter depuís tant de mois que je n'ai été la ou elle
est couchée, qu'a-t-elle pu se dire ? Et c'est en sanglotant
que moi aussi je dis a mon pere : ce Vite_, vite, sonadresse,
conduis-moi ». Mais luí : « C'est-que ... je ne sais si tu pourras la voir. Et puis tu saís elle est tres faible, tres faible, elle
n'est plus elle-méme, je crois que ce te sera plutot
pénible. Et je ne me rappelle pas le numéro exact de l'avenue. - Mais dis-moi, toi qui sais, ce n'est pas vrai que les
morts ne vivent plus. Ce n'est pas vrai tout de meme, malgré ce qu'on dit, puisque grand'mere existe encore &gt;&gt; . Mon
pere sourit tristement : ce Oh ! bien peu, tu sais, bien
peu ; je crois que tu ferais mieux de n'y pas aller. Elle ne
manque de rien. On vient tout mettre en ordre. - Mais
elle est souvent seule ? -:-- Oui, mais cela vaut mieux. pour
elle. 11 vaut mieux qu'elle ne pense pas, cela ne pourrait que
lui faire de la peine. Cela fait souvent de la peine de penser. Du reste, tu sais, elle est tres éteinte. Je te laisserai
l'indication précise pour que tu puisses y aller, je ne vois
pas ce que pourrais y faire et je ne crois pas que la garde
0

tu

LES INTERMll"'fENCES DO CCEUR

397
te la laisserait voir. - Tu sais bien pourtant que je vivrai
toujours presd'elle, cerfs, cerfs, Francis Jammes, fourchette».
Mais déja j'avais retraversé le fl.euve aux ténébreux méandres, j'étais remonté a la surface 011 s'ouvre le monde des
vivants, aussi si je répétais encore : « Francis Jammes,
cetfs, cerfs, .,i la suite de ces mots ne m'offrait plus le sens
limpide et la logigue gu'ils exprimaíent si naturellement
pour moi i] y a un instant encore et que je ne pouvais plus
me rappeler. Je ne comprenais plus meme pourquoi le mot
Aiasque m'avait dit tout al'heure mon pere avait immédiatement signifié : ce Prends garde d'avoir froid » saos aucun
doute possible. J'avais oublié de fermer les volets et probablement le grand jour m'avait éveillé. Mais je ne pus supporter d'av-oir sous les yeux ces flots de lamer que roa grand'mere pouvait autrefois contempler pendant des heures •
l'image nouvelle de leur beauté, indifférente, se complétai~
aussit6tpar l'idée qu'elle ne les voyait pas ; j'aurais voulu
boucher ~es oreilles a leur bruit, car maintenant la plénitude lummeuse de la plage creusait un vide daos mon
cceur, tout semblait me dire comme ces allées et ces pelou~.es ~•un jardín public 011 je l'avais autrefois perdue, quand
J éta1s tout enfant : &lt;e Nous ne L'avons pas vue &gt;&gt; et sous
l'immense rotondité du ciel pale et d~vin je me sentais
oppressé comme sous une immense cloche bleuatre fermant un horizon 011 ma grand'mere n'était pas. Pour ne
plus ríen voir, je me tournai du cóté du mur, mais hé]as !
ce gui était contre moi c'était cette cloison qui servait jadís
entr~ no~ de~x de_ messager matínal, cette doison qui
auss1 doc1Ie qu un v1olon a rendre toutes les nuances d'un
sentiment, disait si exactement a ma grand'mere ma crainte
a,,.la fois de la réveiller, et si elle était éveillée dé¡·a, de
n etre
pas entendu d'elle et qu'elle n'osat bouo-er
puis
•
b
&gt;
auss1tót comme la réplique d'un second ínstrumeut, m'annom;ant sa venue et m'ínvitant au calme. Je n'osais pas
approcher de cette cloison, plus que d'un piano ou ma
grand'mere aurait joué et qui vibrerait encare de son tou-

�LA NOUVELLE RBVUE FRA.NvAJSE

cher. Je savais que je poum.is fmpper maintenant, méme
plU!i fort, que rien ne poutrait plus la réveiller&gt; que je,n'entend:rais ancune réponse, que ma grand'mere ne viendrait
plus. Et je ne demandais rien de -plus a Dieu, s'.il e:iriste un
p.rradis, que d'y pouvoir frapper contre cette cl0ison les
trois petíts coups que ma grand'mere reconna1trait entre
mille, et auxquels elle répondrait par ces autres coups qui
voulaient dire: « Ne t'_agite pas, ·petite souris, je comprends
.que tlll es impatient, mais je va.is venir » et qu'il me 'laissat
resrer .:avec elle toute l'éternité qui ne 5erait pas trop lon'gue pom nous deux. Mm• de Villepar:isis S\'! demandait tonjours aotrefois qu'est-ce que nons pmrvions t:mnver únsi
sms 1.cesse-a nous dire, maman et elle, elle et moi 1 Cenous
seni:it déja une assez grande douceur de rester l'un a cóté
de 1l'11,utre sans nous rien dire.
Le directeur vint me demander si ie ne voulais pa.s,des.cendre. A tout haS11rd il avait veillé a mon &lt;&lt; placement »
dans la saHe a manger. Comme il ne nt'avait pas vo,
il avait craint ,que je ne fusse repris de mes étouffements
d'autrefois. Il espérait que ce ne serait qu'un tout petit
(( maux de gorge ,, et m'assura avoir entendu dire qu' on
les calmait tres bien a l'aide de ce qu'il appelait : le ce Calyptus &gt;).

11 me r.emit un petit mot d' Alhertine. Elle ne devait
pas venir a Balb.ec aette année mais av:ait changé de
projets et était depuis trois jours, non a Balbec méme,
ma.is a dix minutes p~ le tram, a une station voisine.
Craignant que je ne fusse fatigué par le voyage elle
s'étak abstemre pour le premier soir, mais me faisait
demander quand elle pourrait venir. Je m'informai si elle
htait venue elle-méme, non pour la voir, mais pour m'arr,anger a ne pas la voir. r&lt; Mais-zoui, me répondit le di.rectenr,
elle ivo'Qdrait que ce soit le plus tót possible, i moins que
vous n'-ayez pas de raisons tout a fait nécessiteuses. Vous
voyez, conclut-il, que 'tout le monde ici vous dé1,ire, en ·
définitif. »

.LES lNTERMITTENCES DU CCE.UB.

399
Mais moi, je ne vourais voir p.ersonne. Et pourtant la
-.·eille al'arrivée, re rn'étais senti repris par le ch:arme indolent de .la vie de bains de mer. Le :meme lift silenci:eux~
cct~e fo~ par resp.ect, ~on par dédain, et rouge de plaisir,
ava1t mis en mar.che l .ascenseur. M' élevant le long de la
colonne montante~ j'avais re.traversé ce qui avait été autrefois pour moi le mystere d'un hotel inconnu, ou quand
on ~ve, ~ouriste sans protection et sans prestige, duque
habitué qm rentre daus sa chambre, chaque jeune filie qui
desee.na dmer, chnqne bonne qui passe dans les couloirs
étrangement d~linéamenrés, etla jeune füle venue d'Amé.rique avec sa dame de compagnie et qui &lt;lescend dtner
Jfttent sur vous un regard o:u l'on ne lit ri.en de ce :qu'on
aurait ,·.auln. Cette fois-ci au contraire j'avais · éprouvé Je
plaisir trap reposant de montera travers un ·hotel connu
ou je me sentais chez moi, ou j'avais accompli une foi¡
de plus cette opération toujours a retommencer, plus
longue, plus difficile, que le ret.ournement de la paupiere
et qui consiste .a poser sur les choses l'ame qui nous est
familiere au lieu de la 1eur qui nous effrayait. Faudrait-íl
maintenant, m1étais.. je dit, ne me doutant pas d:u brusque
changement d'ame qui m'attendait, aller toujours dans
d'a.utres hatels .ou je dinerais pour la premier.e fois, ou
l'habitude n'.aurait pasen.rore tué a chaque étage, devant
chaqne porte, le dragon terrifiant :qui semblait weilwr sur
nne aistence enchantée, o.u i'aurais a approcher de -ces
kmmes incommes 4ue les palaces, les casinos, les pJages,
ne font, a la fa~n des v.astes polypiers, que réunir et faire11ivre en commun.
Quant a un ch-agrio aussi profonrl que celni de ma
mere, je dewis le .connahre un jour, on le verra dans Ja
suite de ce rédt, mais ce n'était pas lllilÍntendnt, ainsi que je
me le .figurais. Néanmoins comme un récitant qui dev.rait
oo~nait~e son róle et étre a sa place depuis bien longtemps
tna1s qm., arrivé seulement a la derniere seconde et n'ayant
lu qu'une fois .ce qu'il a a dire, sait dissimuler astez habi~

�400

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

lemetit quand vient le moment ou il doit donner la
réplique pour que personne ne puisse s'apercevoir de son
retard, mon chagrin tout nouveau me permit, quand ma
mere arriva, de lui parler comme s'il avait toujours été
le meme. Elle crut seulement que la vue de ces lieux ou
j'aYais été avec roa grand'mere (et ce n'était d'ailleurs pas
cela) l'avait réveillé. Pour la premiere fois alors, et parce
que j'avais une douleur qui n'était rien a coté de la sienne
mais qui m'ouvrait les yeux, je me rendis compte avec
épouvante de ce qu'elle pouvait souffrir. Pour la premiere foís je compris que ce regard fixe et sans pleurs
(ce qui faisait que Fran~oise la plaignait peu) qu'elle avait
depuis la mort de ma grand'merc, était arreté sur cette
incompréhensible contradiction du souvenir et du néant.
D'ailleurs quoique toujours dans ses voiles noirs, plus
habillée dans ce pays nouveau, j'étais plus frappé de la
transformation qui s'était accomplie en elle depuis la mort
de ma grand'mere. Ce n'est pas assez de dire qu'elle avait
perdu toute gaité ; fondue, figée en une serte d'image
implorante, elle semblait avoir peur d'offenser d'un mouvement trop brusque, d'un son de voix trop haut, la présence douloureuse qui ne la quittait pas. Mais surtout,
des que je la vis entrer dans son manteau de crepe, je
m'apen;us - ce qui m'avait échappé a París - que ce
n'était plus ma mere que j'avaís sous les yeux mais ma
grand'mere. Comme dans les familles royales et ducales, a
la mort du chef, le fils prend son titre et de duc d'Qrléans,
de Prince de Tarente ou de Prince des Laumes, devient Roi
de France, duc de la Trémoille, duc de Guermantes, ainsi
souvent, par un avenement d'un autre ordre, et plus profond, le mort saisit le Vif qui devient son successeur
ressemblant, le continuateur de sa vie interrompue. Peutetre le grand chagrin qui suit chez une fille telle qu'était
maman, la mort de sa mere, ne fait-il que briser plus tót
la chrysalide, hater la métamorphose et l'apparition d'un
etre qu'on porte en soi et qui sans cette crise qui fait

40 I

LES lNTER.MITTENCES DO CCEf)R

bruler les étapes, et sauter d'un seul coup des périodes, ne

fut survenue que plus lentement.
Tout ce qui avait rappon a ma grand'mere était si sensible
amaman qu'elle fut touchée infiniment, garda toujours le
souvenir et la reconnaissance de ce que lui dit le Premier
Président, comme elle souffrit avec indignation de ce qu'au
contraire la femme du bátoonier n'e11t pas une parole de
souvenir pour la morte. En réalité, le Premier Président
ne se souciait pas plus d'elle que la femme du bátonnier.
Les paroles énmes de l'un et le silence de l'autre., bien que
ma mere mit entre eux une telle distance, n'étaient qu'une
fa~on ~iverse d'exprimer cette indifférence que nous inspireot les morts. Mais je crois quema mere trouva surtout
&lt;le la douceur dans les paroles ou malgré moi je laissai
passer un peu de ma souffrance. Celle-ci ne pouvait que
rendre maman heureuse, (malgré toute la tendresse qu'elle
avait pour moi), comme tout ce qui assurait a grand'mere
une survívance dans les camrs. Tous les jours suivants
ma mere descendit s'asseoír sur un pliant au bord de la
mer, pour faire exactement ce que sa mere avait fait,
et elle 1isait ses deu.x livres préférés, les Mémoires de
Mme de Beausergent et les Lettres de Mm• de Sévigné.
Elle, pas plus qu'aucun de nous, n'avait jamais pu supporter qu' on appelat cette derniere la ce spirituelle marquise &gt;&gt;, pas plus que Lafontaine &lt;&lt; le Bonhomme ». Mais
quand elle lisait dans les lettres ces mots : « Ma fille »,
elle croyait entendre sa. mere lui parler. Elle eut la mauvaise chance, dans un de ces pelerinages ou clle ne voulait
pas etre troublée, de reocontrer sur la plage une dame de
Combray, suivie de ses filies. Je crois que son nom était
Mm• Poussin. Mais oous ne l'appelfons jamais entre nous
que ce Tu m'en &lt;liras des nouvelles », car c'est par cette
phrase perpétuellement répétée qu'elle avertissait ses filies
des maux qu'elles se préparaient, par exemple en disant a
l'une qui se frottait les yeux : « Quaod tu auras une bonne
ophtalmie, tu m'en diras des nouvelles. &gt;&gt; Elle adressa de
26

�lA NOOVELLE REVUE FRAN&lt;;AlSE

a maman de longs saluts éplorés, non en signe de
condoléance, mais par genre d'éducation; nous n'eussions
pas perdu ma grand'mere et n'eussions cu que des raisons
d'etre heureux qu'elle eut fait de merne. Vivant assez
retirée a Combray dans un immense jardin, elle ne trouvait
jamais rien assez dou.x et faisait subir des adoucissements
a.ux mots et a.ux noms meme de la langue frarn;aise. Elle
trouvait trop dur d'appeler cuiller la piece d'argenterie qui
versait ses sirops et disait en conséquence cueiller, elle eut
eu peur de brusquer le 'doux chantre de Télémaque en
l'appelant Fénelon comrue je faisais moi-meme en
connaissance de cause ayant pour ami le plus cher l'etre le

loin

plus intelligent, óon et brave, inoubliable a tous ceux qui
l'ont connu, Bertrand de Fénelon - et elle ne disait jamais
' que Fénélon trouvant que l'accent aigu ajoutait quelque
mollesse. Le gendre rooins doux de cette Madame Poussin
et duquel j'ai oublié le nom, étant notaire a Cambray,
emparta la caisse .et fit perdre, a man onde notamment,
une assez forte somme. Mais la plupart des gens de Coro·
bray étaient si bien avec les autres membres de la farnille,
qu'il n'en ~ésulta aucun fraid et qu'an se contenta de
plaindre Mme Poussin. Elle ne recevait pas, maís chaque
fois qu'an passait deva.nt sa grille on s'arrétait a admirer ses
admirables ombrages, sans pouvoir distinguer autre chose.
Elle ne nous gem. guere a Balbec ou je ne la rencontr.ai
qu'une fois. Elle disait a sa fille en train de se ronger les
ongles: e&lt; Quand tu auras un bon panari, tu m'en diras
des nouvelles n.
Pendant qu'elle lisait sur la pla.ge, je restais seul daos !lla
chambre. Je me rappelais les derniers temps de la vie de
ma grand'mere, et tout ce qui se rapportait a eux, la porte
de l'escalier qui était m.aintenue ouverte qu.and nous étions
sonis pour sa derniere p:romenade. En contraste avec cela
le reste du monde semblait a peine réel et ma souffrnnce
l'empoisonnait tout en.tier. Enfin ma mere exigea que je
sortisse. Mais a chaque pas quelque aspect oublié du

LES INTERMITIENCES DU CCEDR

403

Casino, de la rue ou en l'attendant le premier soir, j 'étais
alié jusqu'au monument d,e Dugu.ay-Troui.n, m'empechait,
cornme un vent contre lequel on ne peut 1utter, d'aller
plus avant, je baissais les yeux pom ne pas voir. Et apres
avoir repris quelque force, je revepais vers l'hótel, vers
l'hótel ou je savais qu'il était désormais impossiblt que, si
longtemps dussé-je attendre., jit retrouvasse ma grand'mere,
ma grand'mere que j'a:vais retrouvée aunrefois, le premiei:
sofr d'arrivée.
Mes pensées -étaient hahituellement attachées a.ux derniers jours de la. maladie de ma grand'm~re, a ses souffrances que je revivais en les accroissant de cet élément,
plus difficile encare a supporter que hi souffrance meme
des autres et auxquelles il est ajouté par notre cruelle pitié;
quand nous croyons seulement recréer les douleurs d'un
•etre cherj notre pitié les exagere; mais peut-etre est-ce
elle qui est dans le vrai, plus que la conscience qu'ont de
ces douleurs ceux qui les souffrent, et auxquels est cachée
· cene tristesse de leur vie, que la pitié, elle, voit, dont elle
se désespere. Toutefais ma pitié eut dans un élan nouveau
dépassé les souffrances de ma grand'mere si j'avais su alors
ce que j'ignorai Iongtetnps, que la veille de sa mort dans
un moment de conscience et s'assurant que je n'étais pas
li, elle a vait pris la ma.in de maman et, apres y avo ir callé
ses levres fiévreuses, luí avait dít : « Adieu rna fille, adiéu
pour toujours ». Et c'est peut-etre aussi ce souvenir-la que
ma mere n'a plus jamais cessé de regarder si fixement. Puis
les doux souvenirs me revenaient. Elle était ma grand'mere
et j'étais son petit-fils. Les expressions de son visage semblaient écrites dans une langue qui n'était que pour moi ;
elle étair tout dans ma vie, les autres n'existaient que
relativement a elle, au jugement qu'elle me donnerai:t sur
eux ; mais non, nos rapports ont été trop fugitifs pour
n'avoir pas été accidentels, Elle ne me connait plus, je ne la
re\'errai jamais, Nous n'avions pas été créés uniquement
l'un pour l'autre, c'était une étrangere.

�404

•

1

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;:AISB

Cette étrangere, j'étais en train d'en regarder la photo;graphie par Saint-Loup. Maman qui avait rencontré Albertine, avait insisté pour que je la visse a cause des choses
,gentilles qu'elle lui avait dites sur grand'mere et sur moi.
]'a vais donné rendez-vous a Albertine. Je prévins le directeur pour qu'il la :6t attendre au salon. II me dit qu'il connaissait, depuis longternps, elle et ses arnies, bi~n a,·ant
,qu'elles eusseot atteint « l'age de la pureté )&gt;, mais qu'il
Ieur en voulait de choses qu'eUes avaient dites de l'hótel.
11 faut qu'elles ne soient pas bien ce illustrées &gt;i pour causer
.ainsi, a moins qu'on ne les ait calomnisées. Jecompris aisément que pureté était dit pour « puberté ii. En attendant
l'heure d'aller retrouver Albertine, je tenais mes yeux fixés
.comme sur un dessin qu'on finit par ne plus Yoir a force de
l'avoir regardé, sur la photographie que Saint-Loup avait
faite, quand tout d'uo coup, je pensai de nouveau : &lt;e C'est
grand'mete, je suis son petit-fils n, comme un amnésique
retrouve son nom,.comme un malade change de personna1ité. Fran~oise entra me dire qu' Albertine était la et voyant
1a photographie : &lt;( Pauvre Madame, c'est bien elle, jusqu'a
-son bouton de beauté sur la joue ; ce jour que le Marquis
J'a photographiée, elle avait été bien malade, elle s'était
-deux fois trouvée mal. ce Surtout, Fran~oise, qu'elle m'avait
{!ir, il ne faut pas que mon petit•fils le sache ». Et elle le
-cachait bien, elle était toujours gaie en société. Seule par
exemple je trouvais qu'elle avait l'air par moments d'avoir
l,esprit un peu monotone. Mais &lt;;a passait vite. Et puis elle
me dit cornrne &lt;;a : « Si jamais íl m1arrivait quelque chose,
il faudrait qu'il ait un portrait de moi. Je n'en ai jamais
fait faire un seul ». Alors elle m'envoya dire a M. le MarquisJ en lui recommandant de ne pas raconter a Monsieu:
que c'était elle qui ]'avait demandé, s'il ne pourrait pas lm
tirer sa photographie. Mais qnand je suis revenue lui dire
que oui, elle ne voulait plus parce qu'elle se trouvait trop
mauvaise figure. C'est pire encore qu'elle me-dit quepas de
photographie du tout. Mais comme elle 11'était gas bete elle

.LES INTERMITTENCES DU

cam.R .

finít _par s'arranger si bien en mettant un grand chapea u
rabattu, qu'il n'y paraissait plus quand elle n'était pas au
grand jour. Elle en était bien cpntente de sa photographie,
parce qu'a ce moment-la elle ne croyait pas qu'elle reviendrait de Balbec. ]'avais beau Iui dire : « Madam.e il ne faut
pas causer comme ~a, j'aime pas entendre Madame causer
comme ~ )J, c'était dans son idée. Et dame il y avait plusieurs jours qu'elle ne pouvait pas manger. C'est pour cela
qu'elle poussait Monsieur a aller diner tres loin avec
M. le Marquis. Alors au lieu d'aller a table, elle faisait
semblant de lire et des que la voiture du Marquis était
partie, elle montait se coucher. Des jours elle voulait prévenir Madame d'arriver pour la voir encare. Et puis elle
avait peur de la surprendre, comme elle ne lui avait rien
dit. (e II faut mieux qu'elle reste ,avec son mari, voyez-vous
Fran~oise )l. Franqoise me regardant me demanda rout a
coup si je me &lt;( sentais indisposé &gt;), Je hú dis que non; et
elle: ce Et puis vous me ficelez la acauser avec vous. Votre
visite est peut-etre déja arrivée. II faut que je descende. Ce
n'est pas une personne pour id. Et cependant, elle pourrait
etre repartie. Elle n'aime pas attendre. Ah I maintenanc
Mlle Al-bertine, c'est quelqu'un. - Vous vous trompez,
Fran~oise, elle est asse.z bien, trop bien pour id. Mais allez
la prévenir que je ne pourrai pas la voir aujourd'hui »
et je restai toute la journée daos ma chambre ap_leurer.
Quelles dédamations apitoyées j'auraÍs éveillées en Fran~ise si elle m.'avait vu pleurer. Soigneusement je n;e
cachai. Sans cela j'aurais eu sa sympathie. Mais je luí
donnai la mienne. Nous ne nous mettons pas assez dans
le cceur de ces pauvres femmes de chambre qui ne
peuvent pas nous voir pleurer, comme si pleurer: nous
faisait mal ; ou peut-etre leur faisait mal, Fran~oise
m'ayant dit quand j'étais petit: « Ne pleurez pas comme
cela, je n'aime pas vous voir pleurer comme cela. &gt;) Nous
n'aimons pas les grandes phrases, les attestations, nous
avons tort, nous fermons ainsi notre cceur au pathétiqu·e des

�406

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

campagnes, a la lége11de que la pauvre servante, renvoyée,
peot-etre injustement, pour vol, toute pale, &lt;levenue subitement plus hum ble camme si c'était un crime d'etre-accusée,
déroule en invoquant l'honneteté de son pere, les príncipes de sa mere, les conseils de l'aieule. Certes ces memes
domestiques, qui ne peuvent supporter nos larmes, nous
feroot prendre sans scrupule une fluxfon de poit ·ne, pam:
que la femme de chambre d'au-dessous aime les courants
d'air et que ce ne serait pas poli de les supprimer. Car il
faut que ceux-la meme qui ont raison, comme Fran~oise,
aient tort aussi, pour faire de la Justice une chose impossible. Meme les humbles plaisirs des servantes provoquent
ou le refus ou la raillerie de leurs ..mahres. Car c'est toujours un ríen, mais maisement sentimental, anti-hygi&amp;
nique. Aussi peuvent-elies dire : Comment, thoi q1,1i ne
demande que cela dans l'année, on ne me l'accorde pas.
Et pourtant les maítres accorderaient beaucoup plus, qui
ne fut pas stupide · et dangereux: pour elles - ou pour eux.
Certes a l'humilité de la pauvre femme de chambre, tremblante, prete a avouer ce qu'elle n'a pas commis, disant:
je partirai ce soír s'il le faut, on ne peut pas résister. Mais
il faut savoir aussi ne pas rester insensible, malgré la hana-lité solennelle et menac;ante des choses qu'elle dit, son
héritage maternel et la dignité &lt;le son « clos )&gt;, devant une
vieille cuisiniere drapée dans une vie et une ascendance
d'honneur, tenant le balai comme un sceptre, poussant
son role au tragique, l'entrecoupant de pleurs, se redressant avec majesté. Ce jour-la je me rappelai ou j'imaginai
de telles scenes, je les rapportai a notre vieiUe servante,
et, depuis lors, malgré tout le mal qu'elle put faire i
Albertine, j'aimai Fran~oise d'une atfection, intermittente
il est vrai, mais du genre le plus fort, celui qui a pour base
la pitié.
Certes je souffris toute la journée en restant devaot fa
photographie de ma grand'mere. Elle me torrurait. Moins
pourtant qne ne fit le soir la visite du directeur. Comme

LES INTERMITTENCES DU C&lt;EUR

4o7

je lui parlais de rna grand'mere et qu'il me renouvelait ses
condoléances, je l'entendis me dire ( car il aimait employer
les mots qu'il pronon~ait mal): ce C'est comme le jour ou
Mme votre grand'rnere avait eu cette symecope, je voulais
vous en avenir, parce qu'a cause de la clientele, n'est-cepas, cela aurait pu faire du torta la mai,son. Il aurait mieux
valu_ qu'e_lle parte le soir meme. Mais elle me supplia de
ne nen dire et me promit qu'elle n'aurait plus de symecope
ou qu'a la premiere elle partirait. Le chef de l'étage m'a
pourtant rendu compte qu'elle e a eu une autre. Mais
dame vous étiez de ·vieux clients qu'on cherchait a conten~
ter et do moment que persoone ne s'est plaint ». Ainsi
ma grand'mere avait des syncopes et me les avait cachées.
Peut-etre au moment ou j'étais le moins gentil pour elle
ou elle était obligée, tout en souffrant, de faire attention
~tre de bonne humeur pour ne pas m'irriter et a paraítre
bien portante pour ne pas etre mise a fa porte de l'hótel.
&lt;( Symecope » c'est un mot que, prononcé ainsi, je n'aurais
jamais imaginé, qui m'aurait peut-etre, s'appliquant a
d'autres, paru ridicule, mais qui daos son étrange nou- ,
veauté sonore, pareille a celle d'une dissonance originale,
resta longtemps ce qui était capable d'éveiller en moi les
sensations les plus douloureuses.
Le lendemain j'allai a la demande de maman m'étendre
un peu sur le sable, ou plutot dans les &lt;lunes, la ou on est
caché par leurs replis, et ou je savais qu'Albertine et ses
am~es ne pourraient pas me trouver. Mes paupieres,
aba1ssées, ne laissaient passer qu'une seule lumiere, toute
rose, celles des- parois intérieures des yeux. Puis elles se
fermerent tout a fait. Alors ma grand'rnere m'appamt
assise dans un fauteuil. Si faible, elle avait l'air de vivre
moins qu'une autre personne. Pourtant je l'entendais
respirer; parfois un signe montrait qu'elle avait compris
ce que nous disions, mon pere et moi. Mais j'avais beau
l'embrasser, je ne pouvais pas arriver a éveiller un regard
d'affection dans ses yeux, un peu de couleur sur ses

i

�408

LA NOUVEUE REVUE FRANC,:A.IS:G

joues. Absente d'elle•meme, elle avait l'air de ne pas
m'aimer, de ne pas me connaitre~ peut-etre de ne pas
me voir. Je ne pouvais deviner le secret de son indifférence, de son abattement, de son mécontentement silencieux. J'entrainai mon pere a l'écart. a Tu vois tout de
meme, lui dis-je, il n'y a pas dire, elle a saisi exactement
chaque chose. C'est l'illusion complete de la vie. Si on
pouvait faire venir ton cousin qui prétend que les mons
ne vivent pas. Voila plus d'un an qu'elle est marte et en
somme elle vit toujours. Mais pourquoi ne veut-elle pas
m'embrasser? - Regarde, sa pauvre tete retombe. - Mais
elle voudrait aller aux Champs-Elysées tantot. - C'est de
la folie! - Vraiment tu crois que cela pourrait lui faire
mal, qu'elle pourrait ntourir davantage. 11 n'est pas possible qu'elle ne m'aime plus. J'aurai be.tu l'embrasser,
est-ce qu'elle ne me sourira plus jamais? - Que veux1
tu, les morts sont les morts. »
Quelques jours plw¡ tard la photographie de Saint-Loup
m'était douce a regarder: elle ne réveillait pas le souvenir
de ce que m'avait dit Franc;:óise parce qu'il ne m'avait plus
quítté et je m'habituais a lui. Mais en regard de l'idée que
je me faisais de son état si grave, si douloureux ce jour-la, la
photographie profitant encore des ruses qu'avait eues ma
-&lt;Trand'mere
et qui réussissaient a me tromper, meme
:::,
depuis qu'elles m'avaient été dévoilées, me la montrait si
élégante, si insouciante, sous le chapeau qui cachait un peu
son visage, que je la voyais rnoins malheureuse et mieux
portante que je ne l'avais imaginée. Et pourtant, ses joues
ayant a son insu une expression a elles, quelque chose de
plombé, de hagard, comme le regard d'une bete qui se
sentirait déja. choisie et désignée, ma grand'mere avait un
air de condamnée a mort, un a.ir involontairement sombre,
inconsciemment tragique qui m'éch.ippait mais qui empecbait ma mere de regarder jamais cette photographie, cette
photcgrap hie qui lui paraissait moins une photographie de
sa mere que de la maladie de sa mere~ d'une insulte que

a

LES INTERMITTENCES DU

cam:R.

la maladie de sa mere faisait au visage brutalement souffieté
de cel1e-ci.
Puis un jour je me décidai a faire dire a Albertine queje la recevrais prochainement. C'est qu'un matin de
grande chaleur prématurée, les mille cris des enfants qui
jouaient, des baigneurs plaisantant, des marchands de
journaux, m'avaient décrit en traits de feu, en flammeches.
entrelacées, la plage ardente que les petites vagues
venaient une a une arroser de leur frakheur; alors avait
commencé le concert symphonique melé au clapotement.
de l'eau dans lequel les violons vibraient comme un
essaim d'abeilles égaré sur la mer. Aussitót j'avais désiré
de réen\endre le rire d'Albertine, de revoir ses amies, ces .
jeunes filles se détacha t sur les -B.ots, et restées daris mon
souvenir le channe inséparable, la flore caractéristique de
Balbec; et j'avaís résolu d'envoyer par Franc;:oise un mot_
aAlbertine pour la semaine prochaine, tandis que montant
doucement, la mer achaque déferlement de lame recouvrait completement de coulées de cristal la mélodie dont•
les phrases apparaissaient séparées les unes des autres.
comme ces auges luthiers qui au faite de la cathédrale
italienne s'élevent entre les cretes de porphyre bleu et de
jaspe écumant. Mais le jour ou Albertine vint, le temps
s'était de nouveau gaté et rafrakhi, et d'ailleurs je n'eus
pas l'occasion d'entendre son rire; elle était de fort mauvaise hurneur. « Balbec est assommant cette anoée, me ditelle. Je tkherai de ne pas resrer longtemps. Vous savez
que je suis ici depuis Piques, cela fait plus d'un mois. ll
n'y a personne. Si vous croye:z que c'est folichon ». Malgré la pluie récente et le ciel changeant a toute minute ►
apres avoir accompagné Albertine jusqu'a Epreville, car
elle faisait selon son expression la « navette 11 entre
cette petite p1age, la premiere station apres Toulainville,
et ou était la villa de Mm• Bontemps, et Iocarville ou
Albenine avait été « prise en pension » par les parents de
Rosemonde, je partís me promener seul vers cette grande

�410

LA NOUVELLE REVUE FRANc;AISi

route que prenait la voiture de Mme de Villeparisis quand
nous allions nous promener avec ma grand'mere ; des
flaques d'eau que le soleil qui brillait n'avait pas séchées,
ma
fa-isaient du sol un vrai marécage et je pensais
grand'mere qui jadis ne pouvait marcher deux: pas sans
se crotter. !vlais des que je fus arrivé la route ce fut -qn
éblouíssement. La ou je n'avais vu avec elle, au mois
d'aout, que les feuilles et comme l'empla.cement des
pommiers, a perte de vue ils étaient en pleine floraison,
d'un luxe inoui', les pieds daos la boue et en toilette de
bal, ne prenant pas de préx:autions pour ne pas giter le
plus merveilleux satín rose qu'on eut jam:lis vu et que
faisait hriller le soleil; l'horizon lointain de la roer faisait
aux ponuniets comme un arriere-plan d'estampe japonaise;
si je levaís la tete pour regarder le ciel entre les -fleurs, qui
faisaient paraitre son bleu rasséréné, presque violent, elles
semblaient s'écarter pour montrer la profondeur de ce
paradis. Sous cet azur une brise légere mais froide faisait
trembler légerement les bouquets rougissants. Des mésanges bleues venaient se poser sur les branches et sau~
taient entre les fleurs, indulgentes, comme si c'était un
amateur d'exotisme er de couleurs qui avait artificiellement
créé (:ette beauté vivante. Mais elle touchait jusqu'aux
lardes parce que, si loin qu'on allát dans ses effets d'att
raffiné, on sentait qu'elie était naturelle, que ces pommiers étaient la en pleine campagne comme des paysans,
sur une grande route de France. Puis aux rayons du soleil
succéderent subitement ceux de fa pluie; ils zébrerent
tout l'horizon, eoserrerent la file des pommiers dans leur
dresser 1eur
réseau gris. Mais ceux'"ci continuaient
beauté, fleurie et rose, .dans le vent devenu glacial) sous
I1averse qui tombait: c'était une journée de printemps.

a

a

a

'

MARC:EL PROUS1'

SAINT JOSEPH
Quand les outils sant rangés a leur place et que le
travail au j-our est fini,
Quand du Carmel au Jourdain Israel s'endort dans le
bll et dans la nuit,
Comme jadis quand íl était jeu11e gar(on et qu'il commem;ait afaire trap sombre pour lire,
Joseph entre dans la canversatíon de Dieu ave, un
grand soupír.
Il a préféré la Sagesse et c'est elle qu'on luí amine pour
l'épouser.
Il est sílenct"eux comme la ferre á l'heure de la rosée.
Il est dans f abondanr.e et la nuit, il est bien avec la
joie, íl est bien avec la vérité.
Marie est en sa possession et il l'entoure de taus cótés.
Ce n'est pasen un seul jour qu'il a appris ti ne plus étre
seul.
Une fermne a conquis cbaque partie de ce caur mainlenant prudent et paternel.
De nouveau il est dans le Paradis a-vec E-ve !
Ce visage dant taus les bommes ant besoin, il se tourne
a'i..'ec amour et soumissíon vers Josepb.
Ce n'est plus la meme priere et ce n'est plus l'ancie-nne
attente depuis qu'il sent

�4 f 2¡.

LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISR

Comme un bras tout a coup sans haíne l'appuiement de
cet étre profond et innocent.
·
Ce n'est plus la Poi toute nue dans la nuit, c'est
l' amour qui explique et qui opere.
Josepb est avec Maríe et Marie est avec le Pere.
Et nous aussi, pour que Dieu enfin soit permis, dont
les muvres surpassent notre raison,
Pour que Sa lumiére ne soit pas éte·inte par uotre lampe
et Sa parole par le bruit que nous faisons,
Pour que l'bomme cesse, et pour que Votre Regne arrive
et pour que Votre Volonté s'accomplisse,
Pour que nous retrouvions l' origine avec de profondes
délices,
Pour que la mer s'apaise et pour que Marie commence,
Celle qui a la meÚleure part et qui de l'antique Israel
consomme la résistance,
Patriarcbe intérieur, Joseph, obtenez-nous le silence !
1

1

r.r'

t

A

Lyon,

20

avril 192I

PAUL CLAUDEL

SO I RE ES P ER D U ES

JouR

DE NoEL.

Une jeune fille tremblant sous la neige des souvenirs
(la seule, hélas ! la seule qui tombe aujourd'hui), ouvre ses
yeux bleus et soupire : Ne m'oubliez pas. Sois tranquille,
Simone, tu seras immonelle grace a cette longue journée
d'hiver. - Quand un poete s'ennuie, il créeune déesse. Plus tard, tu seras mariée, tu n'iras plus au bal. Tu auras
quitté la tunique de satin, les bas de soie a gdsottes et dans
le métro, tu ne voyageras plus en premiere classe.
J'ai connu Simone chez un ami, un jour d'octobre. Elle
avait amené une petite amie Léo qui, assise sur la table,
chanta d'une jolíe voix fausse le Tango du Réve. Des cartes
ajouer jonchaient le tapis rouge, les jeunes filies voulaient
connaitre !'avenir. Je leur prédis des amants magnifiques,
des automobiles et des chagrins d'amour. Le soir tombait,
nous étions tristes rnon ami et moi et nos partenaires de
jeux voulaient s'amuser. Je me souvins a propos qu'il y
avait, sur une étagere, un petit flacon de liqueur de cantharides. J'eus l'idée de renouveler, réduite al'échelle de la
situation, la plaisantede que fit le marquis de Sade dans
une petite maison de ·Marseille. Les deux jeunes filles me
virent jeter quelques gouttes du poison dans les verres
d'alcool, mais fe1gnant d'ignorer mon geste, elles se donnaient des baisers, les yeux fermés. Léo, curieuse, désirait
s'eodormir du sommeil m~anétique. Elle rit pendant que
je caressais son front, sa nuque et ses petites mains, soudain

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

41 4

elle se tordit les bras et se mit a pouss-er des cris. Inquiet,
je crus qu'elle était atteiote de la danse de Saint-Guy. Qu~ls
démons hantaient le corps de la jeune fille ? Une ma1n
enchantée rompit mes bretelles et déchira ma cravate. Les
levres de la jeune fille touchaient les miennes. Simone
riait dans les bra.s de mon ami; elle me conseilla d'embrasser la jeune malade pour la guérir. Cet essai passionné
ne fut pas heureux. Léo sensible aces caresses m'en rendit
de plus tendres. Son égarement devint contagieux, l'ombre était douce et perdant la ttte, je trouvai facilement le
chemin de son creur. L' Amour jouait aux quatre coins de
la chambre. Simone et mon ami, Léo et moi, quels beaux
couples et quels jolis sujets de pendule !. .. Léo r~int a
elle ou a moi. Ou suis-je ? a Cythere, ma chéne. La
lampe allumée, les derniers soupirs s1éteign:nt. Un p~u ~e
rouge simule la pudeur. Les jeunes filles ria1ent au m1roir,
colon.1bes se baignant dans les vasques, perdant leurs plumes. Des famiiles les attendaient, c'était l'heure du départ
et tous quatre, bras dessus bras dessous, no~s partíme~ en
chantant, gentils enfants perdus sur le chemm des écoliers .
En route, rnon ami pressa le bras de Léo : Elle avai.t quel_qu'un (pas moi, bien entendu) et ceci et cela et elle alla1t
tous les samedis a. Schéhér.azade. Simone me donna rendez-vous pour le lendemain matin, sur un banc du pare

1
1

1 .

municipal.
. ..
Le soir aTabarin en regardant la danseuse Anita, s1 ¡ohe
'
'
..
dans la lumiere rose du projecreur, je revais a ces JOl.fS
interdites : jeter quelques grenades en fieur aux jolies danseuses, allumer une cigarette au feu du ciel descen~ant ~~r
Gomorrhe, et puis tous les hommes sont freres : 1ls s aiment un peu beaucoup ... effeuiller l'églantine rouge des
'
.
. . l
révolutions et quand la troupe des figurants envahirait a
salle en criant - le peuple murmure!-. rnalgré le caquet
des mitrailleuses donner des conseils ironiques auxgrands
de la pourpre ridicule du grand soir.
premiers róles
Une femme était assise aupres de moi. Deux bras nus

vé:ms

SOIREES PERDUES

sortaient de sa cape de satín noir. Deux petits bouquets de
cheveux bnllés par le fer a friser fleuri~saient ses joues.
Ange tombé des paradis artificiels, ses narines roses étaient
écorchées et ses paupieres bleues battaient de I'aile. Símone
m'avait dit : Tu peoseras a moi. A trois heures du matin,
je sortais d'une chambre d'hotel, rue Pig.alJe. Adieu, Montmartre, Babylone en fiammes, Rome incendiée. J'ai donné
mon creur aux pantheres des Batignoiles, dans les bars,
dans les restaurants de nuit. Je suis rentré seul, a pied, par
les rues désertes, ou le clair de lune imitait la nejge.
Duram deux jours j'ai essayé d'aimer Simone, d'ailleurs
sans y réussir. Impossible de la prendre au sérieux. Tant pis
pour elle!

CINQ HEURES, AU CAFE DES PRINCES.

Je désire inspirer une passion et par habitude, je me
plains de manquer de maitresse. Un ami me propose de
séduire la veuve d'un écrivain : Une dame rousse, d'incertain age, jolie, distinguée, répondant au nom de Palma et
qui le convoitait, il y a quelques mois. Mon ami ne p~ut
me présemer a cene dame que son insensibilité a fort affectée. On décide que je prierai un autre carnarade littéraire
de me rendre ce service. Le lendemain, cet ami me donne
une lettre d'introduction aupres de Palma; il lui vante
mes qualités, mon génie, ma beauté. Parfaiternent, madame l - Bien. J'irai' la vorr a Neuilly.
REFLEXIONS NOCTURNES.

Si j'allais aimer Palma ? Quelle idée ! Cette premiete
entrevue sera tres ennuyeuse, Par politesse, il faudra faire a
cette dame l'éloge de son mari que je n'appréde pas. Mes
hommages peuvent n'étre pas agréés et le creur de Palma
est peut-etre occupé. Enfin, oui ou non, veux-tu avoir une
maitresse? me dit al'oreille un démon familier. La pend.ule

�LA NOUVELLE REVUE fRANCAISE

miaule sous son globe. L'ennui, mon ange gardien, s'envole silencieusement.
VENDREDI.

Ce matin, il pleuvait ; je ne suis pas alié a Neuilly.
Toute la journée, j'ai fl.ané dans Paris, cherchant des cadres
pour ma belle tristesse. Le Jardin des Plantes ou reve
accoudée au bassin d'eau sale, une ourse blanche qui res•
semble a Sim0ne, les quais gris de la Seine ou les nymphes
ne viennen·t plus &lt;lanser, la place des Vosges et les vieilles
maisons roses. Au crépuscule, assis a la terrasse d'un café,
je me souvenais de mes amies perdues, Annie Laurence...
Des ornbres faruílieres glissaient sur les vitres. Une femme
me regardait en souriant. Adieu, passante, toi que je
n'eusse pas aimée !
Annie est une jeune fille de Nantes qui arreta un passant
&lt;lans la rue, un soir de plqie :
- Monsieur, permettez-moi de vous réciter des vers.
- Mais, répondit-il.
Elle avait suivi des cours de diction et se rappelaot un
&lt;:onseil du professeur, vieille demoiselle a lunettes, elle
&lt;:ommen~ de déclamer le titre: Le dormeur du val.
Une étoile brilla :
- Rimbaud, dit le jeune homme, qui était poete. A
minuit, il embrassait tendrement la jeune fille dans le jardin
de la ville, sous les yeux rieurs d'une Vénus provinciale,
coiffée a la chien et pudiquement drapée dans une tunique
de pierre.
Cette nuit-la, le poete fit de mauvais reves. Un ange lui
apparut et Iui reprocha sa conduite. L'ange parlait I'argot, il
avait une jambe de bois et desplumes d'oie. A son réveil, le
poete était désespéré; il avait des principes séveres. Il n'aimait pas Annie et il regretra de_l'avoir embrassée, la veille,
dans le jardín public. Pourtant n'était-il pas excusable ? 11
.aimait tant Rimbaud ! Ah ! qu'aurait-i.l fait lui, Rimbaud,

SOIRÉES PERDDES

4 17
Arthur ! s'i1 s'était trouvé dans cette situation. II serait allé
au Harrar, sans doute, mais c'était bien loin. Le poete confia ses ~-crup~les a un ami gu'il présenta a la jeune fille
afin qu 11 devmt ~moureux d'elle et qu'elle ne devint pas
amoureuse ?e lut. Quelgue temps apres, mes· rrois personnages, Anm~, le poete _et l'~mi soupaient tous les soirs
dans_ les me~lleurs hótels de la ville. L'ámi poursuivait
~nn1:, ~nn1e le poete, le poete son ombre. Aucun d'eux
n atte1gmt son but .
. Plu: tard, Annie vint a París et fréguenta les miliefil
!1tt~~1res : La Closer~e ~es Lilas, la Rotonde. C'est la que
¡e_ l a1 connu: . .Ce so1r~la, elle était vetue d'une jolie robe
gr15-per!e et nart am:: 01seaux bleus de la Iumiere entourée
des poeres de .Mo~tparnasse qui lui faisaient des ~adrigam:
en style tél~graph1que, alors ala mode. J'ai beaucoup aimé
ses yeux tnstes.
Annie s'ennuyait, écrivait des poemes cubistes traduisait
I'~nglais les romans inconnus d'Anne Rad;liffe. Elle
~ma1t Cbatlot, Fantómas, Lautréamont, le poete de
Nantes. Elle ne m'aimait pas. Nous avons diné ensemble
au Lapin-Agile, un soir d'hiver, je m'en souyiens encare et
dela ~ue des Saules et du petit cimetiere ou mon creur
dansa1t, feu-follet perdu. Je la quittai ~res tard dans la nuít,
devant la porte de sa tnaison, au Quartier Latín et j'attendis
pour m'en aller qu'une fenetre s'éclairfit au sixieme étage.
Celle de sa chambre, évidemment.
Je &lt;leva-is revoir Annie.
Quelques mois passerent.
Un iou_r, je marchais ayenue, de l'Opéra lorsgu'une voix
douce cna m?n ,nom. Annie ! Je n'avais pas oublié les
~aux yeux qui me regardaient toujours si tristement. La
Jeune_ filie m'avait écrit une lettre qui fut perdue. Méchant
cour:1er du destin, que fais-tu des lettres d'amour qu'on ne
re~oit pas ? Oú s'envolem tous ces baisers ? Depuis la terre
: m~I tourn~. ~nnie est partie en Egypte, enle•rée par un
fficier améncarn, s~ns doute pour interroger le sphinx.

d:

27

�4I8

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

Dimanche dernier, chez une dame ou je prends le thé,
un cartomancien m'annonce qu'une femme doit m'aimer
et, j'ose a peine técrire, m'offrirde l'argent. 11 ajoute merne
que je serai touché par ce sentiment et que je consentirai a
ses manifestations.
Sous le Sig11e de la Balance,
U11 jo1tr d'octobre, je suis ni ...
Venus bélas ! m'a co11da11mi
A subir sa folle injlttence.

Séveres lecteurs, n'accablez pas l'enfant perdu sur le chemin de Cythere. Vos exemples excuseront-ils ma faibless~,
ó mauvais garyons, mes grands freres morts ! Le cho1x
d'une profession est difficile a un poete; celle de sous-chet
d'un bureau de ministere occupait Franyois Coppée, Franyois Villon honora celle de fanandel ; entre ces deux poetes,
celui-ci n'est-il pas pr~férable a celui-la ?
Cette question résolue, est-ce Annie la dame de trefle et
de creur ? Cette prédiction m'inquiete. Je voudrais écrire
un livre : De l'infiuence des prophéties que je crois considérable, surmoi, particulierement. Les trois sorcíeres me sont
apparues : Macbeth, Macbeth, tu seras roi ! On sait que les
poete~ portent des couronnes.
.
.
Annie reviendra-t-elle ? Le vent du souvemr souffie sur
mes chateaux de cartes. Je me rappelle Laurence que j'ai
aimée par erreur d'astrologie judiciaíre. Ou est-elle auj?~rd'hui, l'amie céleste ? Nous étions cependant deux mo1t1és
d'Androgyne qui ne demandaient qu'a se retrouver. J'aurais bien voulu mourir un peu pour elle :
Ab / q1/w1 coup de ton aiguille abroder me serait doux I

Laurence ! Elle m' appara1t dans la boutique des marchands
de chansons du faubourg, assise au piano, effeuillant des
romances mélancoliques et le soir dans une petite chambre
·
fieurie, composant de la mus1que
tan d.1s que M'
. mna, la
poétesse morte, écrivait des vers d'amour ou bien sur le

SOIRÉES PERDUES

4 19
pont du vaisseau cinglant vers laFrance, la voilette blanche
flottant au vent comme les petites furnées blanches des
villas . rouges dans les bois, revenant de Londres, amaigrie
et malade ... Je la revois encore dans le jardin de la maison
de santé, a Saint-Germain, embrassant une amie ivre de
morphine, alors que je l'attendais grave et vétu d'~n élégant costume clair. On pouvait visiter les malades deux
fois par semaine. Ah I la semaine des trois dimanches et
des quatre jeudis !
te soir, dans ma chambre, j'écrivais ma tristesse :
Petits bateaux, 111es sentiments
A la déri-ve ó f eu de joie I
Le plus beau souvenir se noie
Dans la mémoire d.es amants I

J'ai retrouvé une lettre de Laurence, la derniere qu'elle
m'écrivit :
« J'ai été triste toute la journée, chéri, j'aurais tant voulu
etre avec vous. Cette apres-midi, je suis allée sur la Terrasse et un vieux pauvre est venu s'asseoir a cóté de moi. II
m'a donné des conseils pour ma guérison. J'ai pleuré, j'ai
eu beauwup de peine, chéri ; il me semble que je n'aurai
~Ius rien de t~ut ce qui m'a rendue si heureuse. Est-ce poss1ble que ma 1eunesse soit déja finie ?
On ne comprend pas que j'aie de la peine en songeant
aux années de ma vie qui ne reviendront plus. Maman raisonne un peu comme le pauvre de la Terrasse. Ce matin,
elle m'a exhortée a l'abnégation, au sacrifice ... Je ne sais
pas pourquoi. Hier soir, j'ai relu toutes vos lettres en pensa?t ~ue je vo1:5 verrais demain. Vous avez été si gentil de
m écnre quand J'étais malade et je suis si heureuse de vous
avoi: connu ! Maintenant je n'ai presque plus de peine
chén, c'est parce que j'ai pensé a vous.
A demain, n'est-ce pas ? je vous envoie toute ma tendresse. &gt;)
Mais je n'aimais pas Laurence, si je l'avais aimée, je

�420

LA NOUVELLE REVUE PRAN&lt;;:AISI

n'é'crirais pas ces lignes. Elleavaitla poitrinefaible, le poumon gauche un peu déchiré. La lectrice sentimentale pourrait croire qu'elle mourut. Il n'en fut rien.
Laurence a re01 ma démission d'amaot, un beau matin
fleuri, sur~ un banc des Champs-Elysées. Elle a pleuré
quelques larmes; je lui ai embrassé la main, me croyant
un héros de Paul Bourger. Avant-hier, nous nous sommes
rencontrés, elle et moi, dans le tramway, ellé a tourné la
tete pour ne pas me voir et j'ai fait semblant de ne pas la
reconnaitre.

AINSI TOMBENT LES FEUILLES

A LA MÉMOIRE DE DÉODAT ;E SÉVEJ).AC.

GEORGES GABORY

Nulle jeuiile au ndtn:e rameau
Ne subsiste, .une fois j anü,
Et, soit de saitle, ou bien d'ormeatt
'
Chacune, un ptu moins d'une année,
Ne connait qn'un seul temps nouveau.
I

Mais, a la brancbe verdissante
D'1me bottrgamnante foison,
Apres l'autre une autre naissante
Montre sa tendre feuillaison
Au mtme poirtt recommew¡ante.

Ainsi tout arbre aux justes lois
Dti déclin ne se mbordonne
Q1te pour renaítre, et, cha.que fois,
IYune intime et ne1we rouromze
Ceindre le f ront des je unes mois.

Et nous, aussitót terminée
Notre ftorissante saison,
Jamais de l'humaine jottrnée
Ne revient la germinaison
Nous faire une autrt matinée,

�422

LA NOUVELLE REVUE FRAN\;AISE

Ni jamais le méme berceait
Noits faíre goúfer d'dge en dge
Le retour d'im printemps plus beau&gt;
Et, comme un annuel feuillage,
Remonter du mém6 tombeau.

LES VOIX A LA FONTAINE

Or, avant la chute prochaine,
Toute feuille&gt; a l'arbre natal,
Desséchée ou naissante a peine,
Ne subit qu'un sort inégal
Et qn'une durée incertaine.
L'une, dans sa f aible primeur,

Au gel printanier s'abandanne ;
L'autre, ayant fini sa verdeur,
Jusqu'au bout, de l'extrlme automne
Eprouve l'exacte longueu r.
Mais le vent non plus, ni l'orage,
N'épargne, au plus fort de l'été,
A celle qu'un superbe ombrage
Préserva-ít du ciel i'rritt,
La rigueztr du commun naufrage.

Et, Jroissée au rude élément
Oz't sa maturité succombt,
Sous le coup d'un soufjk inclément,
El1e meurt, se détache et t-0mbe,
Et s'abime en im seul moment

,

Vous souvient-il de moi, dites, qui vins m'asseoir
Au seuil hospitalier de la maison, un soir
Déja lointaín, un soir de naces ait village l
Je restais la, perdu sous !'invisible ombrage
Que les noyers obscurs ajoutaient a la nuit.
Je voyais du dehors, d'un pas léger, sans brtút,
Au travers de la salle et sur la galerie,
De beaux jeunes garyons qui, l'oreille fleurie
De basilic, de menthe et de souci doré,
Leur tablier de Jete a la taille serré,
Souples, distribuaient les serviettes laineuses,
Les corbeilles de pain et les cruches víneuses.
La danse balanfait son rythme et sa lenteur;
Et je me coniplaisais a !'amere douceur
De n'etre aupresde vous qu'un étranger qui passe,
Sans oser de moi-meme a vos jeux prendre place,
Ni pouvoir contenter ce tirnide désir
Qui malgré nous s'éveille, et wudrait retenir
Sa pointe et sa langueur dans notre ame naissantes.
Lorsque d'en bas un chamr de voix adolescentes
Eleva jusqu'a moi sa confuse fraícheur
A ussi vague que l'onde errante ou la rumeur
Qw! le •soupir du vent túse aux feuilles dt1 tremble.
C'était les jeunes gens et les filles ensemble
.
Qu'un mime dge et I'amour l'un a l'arttre accoupla1entJ
Qui descendaient a lafontaine, et s'en allaient

�424

LA NOU\"ELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

Cbantant l'inconsolable eL be/le fiancée
Que son amant, voila longtemps, avait /aissée
Pour se faire bandit, la-haut, dans la forét.
Parfois tm rire tendre, 1m mtmnure secret,
Q1ielque branche furtive au passage froissú,
Trahissait une main plus vivement pressée,
Une ardeur plttS instante, et ce dtsir muet
Qui brúle, et qui contient quand méme son souhait.
Aús les voix enchantaient encore le silence,
Et peuplaimt au hasarii de leur intermittence,
Comme anrait fait ape.ine un frisson de roseau,
L'opaque profondeur et le f aible rnisseau
• Sur qui dorn1ait im gouffre incliné de fcuillage.
Je n'en entendis pas ce soír-lá davantage,
L'1tn d'entre vous, avec un sourire amical,
M'ayant pris, et condiút au festín nuptial
Qui se réjouissait de ce nmweau convive.
i\1ais j'écoate depais, comme un courant d'ea1t vive,
Tout au fond de món ca:.ur sourdre ineffablement
Vos chanson:s, votre plainte et leur accord charman t,
Ou la nuit, redoublant a vos voix incertaines
La musique des bois, des puits et des fontaines,
Suspendait ttn momcnt sa fuite sans 11:tour,
Pottr s'mivrer par vous de jeunesse et d'amour.
FRANc;:OIS-PAUL ALIBERT

LES IDEES ET LES AGES

DE L'ÉDUCATION
Ce beau mot est plein de seos. Remarquez qu'il eiprime
plutót un mauvement qu'un état assuré et acquis. Les degrés
des ages y sont cornpris, ce qui enferme de l'írrévocable;
mais j'y veux voir ici plutót les ages subsistant, et ces
degrés de l'etre qui suivent l'homme; car les pensées du
vieillard, s'il en a, commencent taujaurs par quelque mauvement de jeunesse; mais souvent le temps d'un geste
elles mt'trissent et sant déji fanées et flétries. En l'hamme
mur, termin~es et tempérées; en l'adolescent, bauillantes,
et a peine contenues par la discipline extérieure ; en
l'enfant, indamptables et camme hars de luí aussitót. Et,
comme il faut conduire l'enfant asa maturité, ainsi l'hamme,
ataut age, doit conduire taute pensée a sa maturité; et
l'on dit qu'il manque d'éducation justement s'il manifeste
des pensées d'enfant. L'éducation serait dancen acte toujours;
non point se~lement possession et acquis, mais conquete a
chaque moment. Meme si l'on voulait réduire l'éducation
la sciénce des manieres, il serait encore vrai de dire que
l'homme bien élevé est le seul qui soit capable d'inventer.
Car l'enfant est empané par le premier mauvement, et
l'adalescent ne peut se livrer au sentimcnt sans quelque
honte; mais l'homme véritable conduit ces inspiratioos a
maturité; de fa~on que la grace de l'enfance s'y fasse vair,
encore, et la chaleur de l'adolescence, mais réglées par le
jugement, ce qui acheve la vraie politesse. Et celui qui agit

a

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~A.ISE

par regle est un pédant, quand il serait formé par le meilleur
maitre a danser. La poliresse est done úne grande et rare
vertu; et en acte, comme dit Aristote, c'est-a-dire inventée.
Rien n'est charmant deux fois.
Si l'on veut étendre encore cette grande idée de la Politesse, on le peut; íusqu'au plus haut de !'Esprit, comme
les deux seos de ce mot nous y invitent. Et dire qu'il n'y
a point de pensée saos esprit, c'est dire, en suivant les
mots, qu'il y a toujours de la Politesse dans l'art de penser.
11 esi bien aisé de co~prendre que les memes causes,
d'humeur, de caractere ou de métier, qui nous jettent dans
le gauche, le timide ou le bourru, nous portent de la meroe
maniere au précipité, au sec, au mécanique, qui sont des
défauts d'esprit. On voit que, si l'instruction sur les
manieres ne su:ffit point au savoir-vivre, l'instruction dans
le sens le plus étendu ne suffit point non plus au jugement.
Chacun a pu constater que les idées d'un auteur ne peuvent
jamais etre séparées de ~tte forme heureuse qui traduit en
meme temps l'humeut, le caractere, et enfin toute la nature
de l'homme. Les résumés la-dessus nous trompent encare
plus qu'on ne croit; car il y manque certainement quelque
chose; mais je crois qu'il y manque tout. Et les idées en
résu¡né ne sont méme plus des idées. C'est pourquoi on
voit périr, comme par une destinée interne, ces algebres
que sont les fangues composées pour exprimer toutes l~s
idées possibles, brievement et saos aucune ambigurté; ma1s
l'ambigui:té est l'ime des langues naturelles, comme les
deux mots Education et Esprit le rappelaient ci-dessus.
Maintenant i1 faut voir les causes, et d'abord en gros ; sur
quoi la loi des áges nous éclaire déja. '
La nécessité d'etre enfant d'abord, et de passet aux ages
successifs sans sortir de soi, définit assez l'éducation. Car il
ne sert pas de sa\·oir si l'on n'a ignOJé d'abord ; et ignorer
doit etre quelque chose. ce Ne :mis point droit, disait le
Stokien mais redressé. &gt;i Ainsi, si notre idée vraie n'est
'
.
pas le redressement d'une idée fausse, j'entends ¡eune,

LES IDEES ET LES AGES

,onfüse et rkhe, l'idée vraie ne tiendra pas plus a moi
qu'un chapeau ou qu'un vetement. C'est pourquoi la
Science ne civilise point ; mais cette maniere de dire
n'exprime que les effets; il vaut mieux dire que la Science
qui ne civilise point n'est point science du tout. L'ordre des
~ges est irréversible; on peut parier que cette loi regle tous
nos móuv~ments d'esprit. Comme l'homme sort de
l'enfant, il faut que l'idée sorte de la nature. L'algebre ne
fut science qu'en l'inventeur·; daos les autres ce n'est
que machine. On peut conjecturer qu'il ep est ainsi de
tout, et que la pensée vraie est daos le meme seos que les
ages; debas en haut toujours, daos le moindre jugement.
De haut en bas, cela ne va point du tout. La couronne
ne fait point le roi.
DES CLASSES
Puisque la foncrion est ce qui donne des idées, et ce qui
détermine l'opinion, ainsi que l'opinion qu'oh a de l'opin.ion,
il ne faut point s'étonner de voir le terrassíer qui trinque et le
notaire qui s'en va a la messe, deux hommes. Et la division
entre proléraires et bourgeois est la principale; mais on peut
déterminer bien d'autres variété d'apres le méme principe.
Car le bourgeois est parfaitement bourgeois lorsqu'il vit de
l'opinion seulement, comme le pretre ou le notaire; ces
hommes ne sont plus rien des qu'on ne croit plus en eux.
Mais le marchand est sans doute
l'autre extreme de la
bourgeoisie, parce que la qualité de ce qu'il vend importe
beaucoup; la politesse ne fait pas que le vin soit bon. Un
médecin est plus bourgeois gu'un chirurgien, parce que le
savoir-faire l'ernporte pour le second, et le savoir-dire pour
le premier. Un ingénieur est moins bourgeois a mesure
qu'il est plus savant, parce que son pouvoir dépend alors
de I'action gu'il exerce sur les choses; et, dans un ministere,
le directeur du personnel est plus bourgeois que le directeur de la comptabilité. Un professeur est bourgeois autant

a

�428

.'

l
1

LA NOUVELLE REVUE FRAN!;AISE

que l'art d'enseigner l'emporte en lui sur la science; des
qu'il sait des choses que d',1utres ne savent p.as, Alg~bre ou
Chirnie, il est en cela prolétaire, et cela se voit aussitót et
a mille uaits. Un cuisinier est moins bourgeois qu'un
valet de chambre, parce que le cuisini~r n'a pas besoin de
politesse. Un portier est bourgeois; un frorteur est prolétaire. Souvent c'est alors la femme du concierge qui est
bourgeoise ; et lui-mt:me est prolétaire, ayant .affaire non a
des horomes, mais a des escaliers.
I'aper~ois \ln intermédíiíre remarqu-abfe, qui est le
dresseur d'animaux; il est prolétaire par les résultats, mais
il est un peu bourgeois par les moyens ; e.ar on dresse un
animal par menace et persuasion, enfin par un genre de
politesse, ou bien d'impolitesse, mais toujours par le
paraitre. Ce cocher-livreur, qui parlait si durement a ses
chevau:,¡:, avait un ceil d'adjudant, et certainement il
employait sa colere comme un moyen, ce qui ne se rencontre jamais dans les rnétiers manuels, car le fer et le bois
s-ont insensibles a la colere. D'apres cela un cocher est plus
pres du bourgeois qu'un conducteur d'automobile. Et cela
va au détail; car le chauffeur ressemble a un ouvrier bien
mis, et le cocher aun bourgeois mal habillé. Je crois m~me
que l'habitude de parler aux animaux détermine une espeee
d'homrne, par l'exercice d1.1 pouvoir absolu tempéré par
l'aífection. Ce trait est un de ceux qui définissent le
paysan, mais ce niest pas le seul. Le maitre de ferme commande asa famille et aux valets; en cela il est bourgeois.
Au marc é, de meme, car il a plus de puissancesur l'acheteur
par sa pólitesse, que sur les produits par son travail. Et voila
ce qui distingue surtout le1paysan du prolétaire, c'est que
les produits agricoles dépendent moins du travail que des
causes extérieures; il y a des années ou le blé est bon, ou les
paules sont_malades, ou les foins fermentent; de meme
pour le vio. Au lieu qu'un habile cordonnier fera toujours
de belles chaussures. Et un bon ajusteur fera toujours une
honne monrre. Ceux-la done comptent sur leur savoir-faire

LES IDÉES ET, LES AGES

et se moquent du reste; les choses ne leur jouent pas de
tours. Mais le paysan est plus craintif; il ne peut compter
sur lui-meme qu'en considérant une longue suite d'années,
ce que l'épargne et l'achat de nouveaux champs rend sensible. Et les saisons, dont il dépend, forment en lui l'espérance et la crainte. En méme temps, l'incertirude et les
malices du temps font qu'il est prudent, et ne veut jamais
erre jugé sur ce qu'il tient. Ainsi le besoin de vendre, et
aussi d'obtenir du temps pour payer, le font dépendant a
l'égard des autres. Et l'habitude qu'il a prise de s'assurer
dans les bonnes années contre les mauvaises le rend
prévoyant et discret; il ne répond jamais de ríen; au lieu
que le prolétaire a confiance én lui-meme, des qu'il saít
bien un métier difficile. Aussi n'y a-t-il ríen de mystique
dans le prolétaire ; rnais dans le paysan, au contraire, le
sentiment de forces invincibles, et do~r l'effet est imprévisible, ne fait que se fortifier par l'expérience, et ¿est ce
genre de superstition qui conserve la politesse campagnarde,
toujours religieµse, et done plus égale et plus noble que
ceUe de l'avocat et du marchand, qui n'est qu'une marchandise.
Dans le prolétariat on trouvera sans peine des degrés
au~si, d'apres les memes causes. Car le manamvre, qui n'a
que sa force de travail, dépend plus des hommes que
l'ouvrier babile. Le jardinier a le souci de plaire·; l'ouvrier
de village aussi, qui est en meme temps marchand, et qui
compte, dans son art, l'art de persuader et au besoin de
tromper. Meme l'ouvrier qui travaille sous les ordres du
patron participe en cela a la bourgeoisie; il garde quelque
chose de la précaution du commer&lt;;ant. Le vrai prolétaire
est celui qui, appuyé sur un métier difficile, ne compte
qu'aYec un surveillant souvent _moins habile que lui, et
pr(!létaire comme lui; les produits décident alors de tout.
L'employé, qui est "toujours moins payé que l'ouvrier, est
pourtant'bourgeois, par le souci de plaire
son chef et de
plaire l'acheteur. Souvent~une entreprise prospere par les

a

a

�430

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

soins de deux hommes, l'un qui est savant et qui construit,
l'autre qui est habile a persuader, et qui vend; le premier
deviendra une sorte de Grand Prolétaire, surtout s'il
n'exerce aucun pouvoir sur les hommes; et l'autre, qui
a souvent moins de culture, sera bourgeois dans ses
moindres gestes. Ce n'est pas le méme regard qui mesure ce
qu'on peut faire d'une planche et qui évalue ce qu'on peut
tirer d'un homme.
DUMÉTIER
Assurément vivre selon l'Opinion et daos l'Opinion,
comme dans un milieu nourrissant et respirable, et prendre
pour Idée de soi l'idée qu'en ont les autres, ce n'est pas
la vie morale. dans le sens plein. 11 y a un abus de la cérémonie et de la vie publique qui réduit la Vertu a ses apparences. Et la se trouve ia source du plus grand des maux
humains, qui est la guerre; il faut que l'intérieur reste
libre, et conduise s'il le peut le Chreut vociférant. Disons
que cette vie extérieure et purement sociale, de Comédie a
proprement parler, doit etre surmontée; et les Sages de
l'Antiquité nous offrent tous ce trait qu'ils se font sauvages
a un moment, et citoyens du monde, La perfection de cette
fui te se trouve en Socrate, . qui refuse de fuir, et, daos
notre temps, en Tolstoi:. Toutefois les raisons id rassemblées,
d'-accord avec l'expérience humaine, permettent de prononcer que, pour surmonter, il faut d'abord accepter, et que la
force de l'honnéte homme, qui jugera au moment critique
contre la clameur publique, se prépare néanmoios dans la
vie publique, dans l'exercice d'une charge, d'une fonction,
d'un métier. L'homme est élevé par la société. Marc-Aurele
acceptait beaucoup. Tolstoi a traversé tous les áges, et en
chacun a pds un peu de sa force négatrice. Faute de ces
épreuves, la personnalité retombe presque toujours a
l'bumeur, comme Alceste le fait voir. 11 en est de la
Personnalité morale comme de l'Originalité esthétique; il

LES IDÉES ET LES AGES

43I

faut savoir accepter et imiter d'abord, si on ne veut accepter
et imiter finalement. Il y a un a.ge pour l'atelier, et beaucoup de jeunes disent non avant de savoir. C'est pourquoi
l'honnéte homme est un gibier rare et de poil mélangé.
Ainsi le comte Mosca, dans la Chartreuse, est souvent mal
jugé parce qu'il accepte beaucoup; mais il surmonte a
chaque minute; et c'est saos doute ainsi que Marc-Aurele
fut empereur, et punit les chrétiens.
Au nívea u du métier, qui est le niveau commun, mais non
point bas, il faut juger équitablernent la vertu professionnelle, !'esprit de corps, 1e Respect Humain, l'Honneur et
toutes les vertus de ce genre, obéissantes et portantes, non
méprisables cenes, ou plutót qui ne peuvent etre méprisées
que si on les re~oit d'abord par une juste idée de la faibless~
humaine.
&lt;e Vous aimez ce métier de gendarme ? &gt;i est-il demandé
dans l'Otage. « Non pas, répond le Préfet, mais i1 faut faire
ce qu'on fait. » Il y a des obligations de métíer, quotidiennes et non ambigues. J'en vois qui viennent des choses
et de l'outil; j'en vois d'autres qui viennent des hommes et
de l'opinion.
Paire une chose que l'on sait bien faire, cela oblíge.
Nettoyer une arme rouillée ; prendre un vio Ion et jouer.
Surtout si l'outil attend, car l'outil familier donne aisance
et parfait contentement. Grandet répare son escalier et
chante. Cet amour du travail n'est nullement fictif. D'abord
l'outil invite a une sorte de danse. Un marin prend la rame
ou le cáble, meme saos y penser. Encore mieux parle l'atelier
avec ses outils rangés; la puissance humaine n'a pas de
plus forte image d'elle-meme.
Mais les choses, en changement par le travail, ont de
l'éloquence aussi, et surtout la terre en culture, qui promet
autant qu'elle récompense. Le paysan considere, non pas le
résultat seulement, mais d'immenses projets, qui ne le
laissent point dormir tard. La se fonde l'amour de la propriété, parce que seule elle offre · une perspective assurée

�LES IDÉES ET LES AGES

LA 2\0UYELLE RE\'UE FRANt;:AISE
432
&lt;le travaux, de changements, d'aménagements. Le sentiment
bumain le plus fort correspond sans dome a la conquete la
plus importante. 1ul repos pour ce poete. Le spectacle de
champs mal cultivés ou remplis d'herbes folles est douloureux pour le paysan. Autant a dire de toute ceuvre commencée; mais l'ceuvre paysanne a ceci qui lui est propre,
c'esr qu'elle est sans fin. les saisons renouvellent l'appel Je
la chose et de l'outil.
A cela s'ajoute toujours l'idée que d'autres hommes
attendent, et .::omptent sur l'ouvrier. Je suis attendu, cela me
tire et m'heille. Et, conformérnent aux príncipes, l'idée la
plus puissaote n'est pas ici la plus éminente, a savoir que
le travail des autres va se trouver plüs pénible si je leur
manque; au contraire, l'idée cuisante, c'est que le tra,ail
sera fait par d'autres, et avec bonheur. L'idée insupportable
c'est qu'on sera remplacé et meme oublié; c'est une espece
de mort. C'est ce qui tourmente daos 1a maladie; et la
vraie consolation est de dire : e, On vous attcnd; on ne
peut vous remplacer. )) Le devoir, pour la plupart, n'est
autre chose que cette place vide qui attend l'homme, et
cette opinion qui regarde l'borloge, la gloire, c'est d'etre
actendu; l'acclamation le fait entendre, et chaque ernploi a
sa gloire.

433
Ce qui n'empeche point que l'ouvrier puisse comprendre
une doctrine rdigieuse, l'admirer, la vouloir vr:i.ie ; de tcls
exemples se rencontrent. l\1ais il faut recounaitré qu'une
tclle discipline intellectuelle o'est point une religion a proprement parler, mais plutót une sorte de philosophie, et
cncore qui ne nourrit pas longtemps la curiosité. Quand
j'ai jugé qu'il me faut une religion, et que j'en pu.is espérer
avantages spirituels et paix du cceur, je ne suis pas cncore
religieux pour cela. Au contraire la pratique de l'obéissancc et de la vénérarion que l'on voit dans une famille
paysanne dispóse mieux a. croire, et d'abord fait sentir la
puissance du culte, des traditions., de l'opinion, de l'autorité. Nul ne peut dire si l'énergie électrique, bien plus
aisément transportable que l'énergie du moteur a cbarbon,
ne restaurera pas la religion en meme temps que l'atclier
familia! et le foyer. C'est au foyer meme que sont assis les
dieux les plus anciens; et ces dieux-1:i., si on entend bien la
chose, portent encare et porteront toujours les religions, ·
quelles qu'elles soienr.
VerlOns au paradoxe de Marx, qui est roujours bon a
rcprendre. S'il est supposé qu'une riviere, comme on le
dit de la Lys et de quelques autres, favorise, par la vitesse
de son cours et la cornposition de ses eaux, :e roui-ssage
du lin, sur ses rives sera filé naturellement le fil de !in le
plus fin ; done a la quen ouille, comme Pierre Hamp nous
l'enseigne ; et snr ces rives aussi 5eront tissées les plus
fines étoffes de lin, et au métier amain, puisque le métier
mécan.ique casse le fil fin. Voila done les familles occupées
a.utour du foyer, l'homme tissant et la femme filant a la
quenouille, les pe-tites mains dévidant ou renouant le fil.
Vie paysanne, discipline des sentiments, respect, aútorité,
vtrtus familiales, dieux du foyer, rcligion conserv1:e ou
restaurée. En sorte que cette tiviere, sur ses rives et par la
venu de ses eaux, fait pousser la religion aussi. Les vraies
preuves de l'existence de Dieu ne sont pas daos Descartes,
ni méme daos saint Thomas.
1

LA RELIGION ET LE METIER
L'irréligion des prolétaires s'ex.plique déja par les causes
qui ont été examinées. J,e pense ici au parfait prolétaire,
a celui qui ne dépeod en son travail que de machines, et
par conséquent que de son propre savoir-:-faire. 011 co:mpreod
bien que la priere d'un tel homme revient naturellement a lui-meme. D'autres causes sont a examiner, et
principalemcnt le genre de ,·ie que la machine a vapeur
a imposé aux ouvriers d'usine, villes industrielles, loisir
et travail brutalement séparés, familles dissociées par le
travail industriel, foyer trisre,
sans passé et saos racines .
.,

�434

LA NOUYELLE REVUE FRAN\'.AlSE

LA SOCIÉTÉ DES MARCHANDS
L'échange crée des liens forts. L'activité de la plupan
&lt;les hommes se passe en marchandages. Et, quoique marchands et acheteurs semblent vouloir se tromper les uns
les autres, l'un feignant de n'étre pas pressé de vendre et
l'autre de n'avoir pas besoin d'acheter, on se tromperait
beaucoup en considérant comme une sorte de vol l'opération heureuse qu'ils esperent l'un et l'autre. I.:e vol et le
voleur sont parfaitement définis par l'acte de prendre le
bien d'un homme sans qu'il y consente, soit qu'il ignore,
soit qu'il soit forcé. Au contraire c'est le consentemenr
qui termine tout marché. Et le consentement se donne
presque partout selon des formes ; je ne vois point que
l~s plus rusés marchands discutent jamais la-dessus. Les
engagements ~crits sont plutót pour faire foi aupres des
autres; mais entre deux hommes qui échangent, le consentement bien clair acheve le marché. Meme les marchandages paysans, les plus longs de tous, et qui feraient rire
par les fausses ruptures, les délibérations, les retours, sont
eux-rpemes de forme, comme faisant mieux paraitre le libre
consentement. C'est comme un étalage de saine raison et de
pleine liberté.
La publicité des marchés est une institution aussi ancienne que le commerce, et qui fait voir une profonde
sagesse. Quand le cours s'établit par des marchandages, qui
sont comme des encheres diffuses ou chacun limite pru·
demment les concessions, c'est comme si chacun prenait
conseil de tous, et s'assurait d'avance d'etre approuvé par
tout homme raisonnable. Cette rumeur des marchés sonne
bien aux oreilles. Non que l'imagination ne tende ses
pieges ici comme partout. Chacun connait les paniques
.qui poussent soit a vendre a tout prix, soit a acheter a
tour prix. Mais ces accidents, souvent décrits, ne doivent
point faire oublier la stabilité des prix et la sécurité de

LES IDEES ET LES AGES

435

chacun au sujet des prix, qui sont le régime ordinaire. Un
marché est malgré tout le plus bel exemple de l'élaboration
d'opinions vraies daos une réunion d'hommes ; c'en est
meme, a bien regarder, le seul exemple. Car, dans les
r~unions _qui n'ont pas pour objet le commerce, les opimons vra1es ou fausses en chacun sont plutót confirmées
qu'éclairées. Et l'on ne trouverait point d'exemple d'un
marchand qui, pouvant s'instruire des prix, refuserait de le
faire, par une préférence de sentiment. Si l'on veut expliquer
d'ou sont venues dans notre espece les idées communes
d'investigarion, d'enquete, de critique des témoignages, il
vaut mieux considérer le marché que le prétoire, ou quelque Pilate se lave les mains toujours. L'achat et la vente
sont nos maitres de raison. Les assises de toute Humanité
~on~ done économiques. Les modeles de la paix, de la
1ust1ce et du droit sont dans ces heureux échanges, si communs et si peu remarqués, d'ou le vendeur et l'acheteur s'en
reviennent contents !'un de l'autrF·
Aussi je vois un peu de mauvaise foi dans ces déclamations faciles contre les Avares; quelq\les fous mis a part,
et encore que l'imagination déforme toujours, je remarque
qu'un esprit continuellement attentif a l'économie et a
l'épargne s'accorde aux vertus les plus solides, patience,
sobriété, tempérance, bonne foi, sagesse, dignité, courage.
Au contraire les prodigues sont livrés aux passions, aux
folles espérances, aux humiliations, a la servitude ; pour
avoir trop vite méprisé des pensées moyennes, ils tombent
au plus has. Le calcul est le commencement de toute raison
ferme. Aussi voit-on par l'expérience que les organisations
coopératives donnent seules le vrai apprentissage de l'existence politique. Ces remarques ramenent a considérer toujours attentivement les relations d'échange comme formant
l'armature de toute société humaine un peu étendue. Et
le préjugé Marxiste est saín pour !'esprit, d'apres lequel
toutes les transformations des sociétés saos en excepter les
constitutions, les croyances et méme les idées, résultent

�436

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;:AISE

toujours et sans exception d'un certain changement dans le
régime de la production et des échanges. Et ce systeme
est tres bien nommé le Matérialisme de rHistoire. Toutefois il ne faut pas dire trop vite que les intérets menent
le monde ; ce monde humain est plus flexible en ses cimes,
comme sont les arbres, et les passions l'agitent terriblement.

L'ESPRIT ÉGALITAIRE
La Démocratie n'est nullement un systeme politiq_ue ;
elle serait plutót la négation de tout systeme politique,
car la Hiérarchie, et l'obé¼sance religieuse qui est attachée
a toute hiérarchie, sont éliminées par l'effort démocratique,' qui, considéré de ce cóté, est toujours anarchique
au fond. Mais une négation n'est rien. Le positif de la
Démocratie, et qui n'est pas peu, est un effort pour régler
toute la vie sociale d'apres la Justice d'Echange, et done
sous l'idée 'd'Egalité. Je dis que le secrétaire obéit religien:sement au commissaire, et humilié du reproche, et orgueilleux du choix et de l'a;ancement, au lieu que le fonctionnaire possédé de l'esprit démocratique veut un contrat
d'échange entre lui et son chef, et repousse l'avancement
au choix, imitant en cela l'ouvrier qui s'est promptement
' organisé contre le choix, et qui imite lui-meme la Justice
des marchands, fondée sur les lois de l'échange. Et c'est
ce que le politique ne veut jamais entendre, exigeant au
contraire l'inégalité et l'obéissance saos examen. Autant
done que l'esprit démocratique triomphe en nos sociétés,
e' est l'Ordre Mercantile qui triomphe.
Observons commentJ dans les temps anciens, c'est dam
les échanges que l'égalité des personnes appa.rait. La célebre
histoire du Meunier sans Souci ramasse en elle une longue
suite de légendes ou l'on voit que le despotisme militaire
est arreté net devam une nécessité inférieure qu'il ne peut
mépriser. C'est alors que le droit s'oppose a Ja force, et
que la propriété se distingue de la possession. Et c'est,

LES IDEES ET LES AGES

437
comme dit Comte, la transformation du régime militaire
en un régime i~dustriel qui fait prédominer de plus en plus
les rapports économiques sur les rapporrs prop¡ement
politiques. D'ou est née la notion abstraite d'Egalité juridique, négative dans la forme, mais positivement puissante, parce qu'elle repose sur l'infrastructure économique-,
tout aussi résistante, et par les memes causes, que le
besoin biologique de manger, de s'habiller, de se chauffer,
de se loger. Il faut done considérer avec attention ce droit
de propriété, a la fois né des échanges et condition des
échanges, et qui se trouve lié ainsi par ses racines avec
fégalité des personnes. Supposez la propriété commune
instituée partout, ce qui est d'ailleurs le régime des armées,
et aussitót il faut dite adieu a la Justice commutative,
humble, mais qui a du moins ses regles, pour revenir a
la Justice distributive, toujours despotique en ses démarches
décisives, puisque tout dépend finalement, aux frontieres
de l'obéissance, de l'appréciation du mahre, sans aucun
recours a !'arbitre, comme on voit lorsque le caporal donne
un ordre ou lorsque l'examinateur apprécie une composition
de candidat.
11 apparalt done que c'est l'ordre mercantile, résultant
au fond, dirait Platon, du gouvernement que les besoins
exercent finalement sur les p.issions, qui porte tout notre
droit moderne, qui, a vni. dire, n'a point changé depuis
les ancie1:1s temps, mais s'est seulement étendu, passant du
commerce des choses a l'achat de la force de travail et
'
,
s.efforgint par ce chemin de soumettre la puissance polittque. et meme la puissance militaire, qui n'existe que par
le travail forcé. Afin de mieux apprécier ce puissant effort,
et les ruses auxq.uelles les pouvoirs se trouvent réduits, il
faut considérer que le Travail Forcé, saos espérance, saos
confiance, sans crédit, séparé enfiu .de la Justice commu:41tive, descend de lui-meme a ce niyeau q~i permet tout
Juste au travailleur de manger. L'excédent se trouve a peu
pres annulé, d'ou une misere universelle, centre quoi nul

�'
LA NOUVELLE REVUE FRt.Nt;:AISE

pouvoir ne peut ríen. Un systeme mi les esclaves travaíllent
seuls est condamné a la conquete continuelle, et périt par
l'extension des fronts de combat. Aussi voyons-nous que
la forc~ armée est toujours attentive a protéger la propriété,
les marchés, les juges et les lois, afin d'établir et de conserver le Crédit. C'est par ces lois inflexibles que les rois
furent dans la dépendance des banquiers. Tel est le jeu
des pouvoirs en tous les temps. Et l'idée d'égalité se maintient dans les relitions de société malgré les efforts de l'ambition, universelle parce qu'il faut vivre d'abord. Le droit
de Greve exprime done cette profonde vérité que sans la
bonne volonté des travailleurs il n'y a point de richesse
pour personne. Et le machinisme ne remédie point a cela,
bien au contraire. Car la vengeance de l'esclave devient de
plus en plus facile et redoutable; mais surtout l'esclave n'a
point d'idées, et !'industrie ne marche pas sans ces idées
ou initiativ'es qui naissent a cbaque mcment de l'attention.
Ainsi meurt et mourra le régime tyrannique des qu'il s'artaque a l'Economique. Et ce n'esi: point par hasard que
les prolétaires sont partout les défenseurs du droit et de
la paix.
DE LA PRÉVENTION
On s'étonne trop, surtout dans la jeunesse, qu'un
homme ne soit pas disposé a changer d'opinion sur de
fortes preuves auxquelies il ne peut pas répondre. Il esr
bientót dit que ce sommeil d'esprit accuse lacheté et paresse ; mais ce n'est qu'a moitié vrai. L'homme pense toujours plus qu'on ne croit ; et la prévention est souvent
voulue, comrne par un serment a soi-meme. Voulue pour
elle-meme; l'homme est naturellement dogmatique; l'érat
errant de l'esprit lui est i:isupportable. Le doute n'est point
a portée de mus; il suppose un centre de doctrine 'ferme.
Le vide de !'esprit laisse rentrer aussitót des croyapces confuses et incohérentes, et c'est une raison de ne pas abandonner facilement ce qu'on a coutume de considérer

LES IDÉES ET LES AGES

439

'?mm_e assuré. De tous les genres de sécurité, la sécurité
d espnt e~t p~ut-etre _la plus nécessaire ; et cela d'autant
plus que l espm est m1eux éveillé, c'est-a-dire plus attentif
a s~s pro~res conceptions : « Des embuches de l'esprit
malm, déhvrez-no~s, Seigneur. » Le diable, c'est Ja pensée
~e t~averse ; et le d1able, selon la vue profonde de l'Eglise,
mspire surtout des pensées dissidentes ,. l'hé rés1e
. est p1us
redoutée que la faute.
Penser contre l'opinion commune, voila une formule
creu_se. Penser c'est s'accorder a,u.x autres ; et celui qui
co:n~e les autres pense en commun avec tous pour Ie
pnnc1pal. Descarte~, si hardi entre les hommes, réserve
beaucoup de quest10ns, qui sont justement celles ou le
commun affirme le plus. Dom la r¡i.ison est que I'accord
avec les. hommes est la premiere condition de la pensée ;
~ pre~1ere dans le temps, car c'est en s'a.::cordant qu'on
smstru1t; la premiere en importance aussi, car l'ensem ble
~e notreyensée est comme un monde humain que porte
~~uma~It~ tout entiere; il faut que l'on sente la résistance
n' ª soli~ité ~u tout pour oser penser ; et dans le fait ¡¡
y a pomt d autre méthode pour penser que de lire les
Penseurs; c'est se remettre en position humaine et s'ento~rer de témoins éminents. Il est beau de voir que
:m?za a d'abord mis en ordre pour lui-meme la philor{hie .de Descartes. Et en vérité se mettre d'accord aYec
d'/m~m est ce qu'il Y a de plus pressé ; car l'accord
spn_t av;~ la Nature, on peut toujours l'aíourner; il
est ~ac1le d ignorer, attendu qu'íl est difficile de connattre
:::1sé de di~puter. L'astronomíe, qui est la plus facile des
liénces, exige un an ou deux d'observatíons suivies et
re
que les éléments soient seulement compr1·s
AUSS!~s 1'avant
·
·
th
opm1on que d'autres savent cette sdence par mé ·
d
e~ accord avec la masse des observateurs tient Iie~
eCª SCience elle:meme, et cette opinion suffit a la plupart.
. omprenons d apres cela que toute opinion dissidente
fait scandale ; et le scandale est un étonnement triste,

ºt

�LA NOUVELLE IU::VUE FRANt.;:AtS!

bientot irrité par l'échange des signes, et qui nait lorsque
quelqu'un rompt l'aq:ord de société. c:est pourquoi on
ne peut essayer de penser en société ; on tencontre alors
des obstacles impréyus et puissants. Et il n'e.st point raisonnable de mener une Guerre Socia]e en meme temps
que l'on veut s1.üvre l'Evidence et l'Analyse. Mais le seandale n'est lui-meme qu'un avertissemeot. Revenu en solitude, le philosophe trouyera encore des raisons d'etre
prudent en ses démarches. C'est la Précipitation qui nous
rejette a la Prévention ; ainsi Descartes, en ces deux mots,
a puissamment décrit le cercle entier de nos erreurs.
C'est peut-etre surtout par crainte de la Précipitation,
et des sottises sans mesure qui la punissent aussitót, que
l'homme tient ferme d'abord et par précaution. a c,e qu'il a
• toujours pensé. Il faut redire ici qu'on n'estime communément pas beaucoup ceux qui changent ai~ément d'opinion et de partí. Ce sentíment est juste, en ce qu'il attache
du prix au sérieux et a la profondeur des co1wictions au
moins autant qu'a la Vérité; et réellement la Vérité est
une abstracrion, et impossible a terminer. C'est le préjugé
des préjugés, et bien fondé, que le travail de pensée doit
etre lent, et toujours soutenu contre les ídées de traversepar quelque foi volontaire. Il faut que l' esprit soit posé,
et non pas erra,nt, flottant, discuteur, divagant. Telles sont
les causes les plus honorables de la Prévention, sans
compter la Paresse d'esprit, et l'Amour-Propre, qui sont
ici de puissants allíés. Mais la Prévention engendre sa
passion propre, en des esprits naturellement vifs et m!me
curieux, des qu'ils ont l'expérience d'une guerre trop dülicile a mener, contre les autres et contre soi, avec pertes
certaines, et sans profit assuré. La Frivolité est un état
sérieux; de l'esprit qui se craiut lui-meme, et a fait serment
de rire de tout.
·
ALAIN

REFLEXIONS SUR
LA LlTTERA TURE
HISTOIRE ROMAINE
1~ petit volume de M. Ferrero sur La Fin de la Civilisatio1t
An~1rue ~aus~ra fcut-étre ases lecteurs autant de regret que depla1S1r. J ava1s d abord écrit ]' « é1égant volume et · ·
·
d
l'é • h
'
»
s1 ¡e v1ens
e rayer
pit ete, justifiée par la darté et Ja méthode d l
nés
.
'
e a
,.r entation, e est que le livre a été écrit en francais et
M Fe
.
J
d'
. '
que
• . ·• rrero, ~u1 par e et tscourt si bien en notre langue, ne
1é:rit pas tou¡ours (pareil en cela a beaucoup d'historiens fran~1s)
une parfaite súreté. Une légere révision eút suffi a
fa1re d1spara1tre des incorrections genantes. Ne reprochons pas
ces tach~s a_M., Ferrero : nous ne pouvons que lui savoir
un gré mfim d user de not_re langue beaucoup nüeux que
.
,
. ,chez nous ne saura1t user de l'itafien • Ma'1s, pmsque
.personne
len sms a cette q~estion, remarquons encore, ou déplorons,
que _M. Ferr:ro a1t toujours été un peu desservi aupres du
p~bhc fra?~a1s par la présentation de ses livres. Alors que
d Annu~z10 a eu Ja chance de trouver chez nous un traducteur
hors p~1r, _la vers,ion fram;aise de Grandeu._r et Décadmce de
Rcmu Ja1ssa1t fort a désirer. Un autre Hérelle lui eút gardé e
b~a~ fran~ais, ~e large mouvem ent oratoire du texte itali~n:
~~ eut P:s hés1té a enlever deux fois sur trois l'épithete
tble qu1 ne choque nullement un Italien hab:tué aux
te;mes extrémes, mais qui, revenant a chaque pag·e du r: / .
Cesar fi 't
f: .
.
,u es
' ni par a1re sounre un Fran~ais des coteaux modérés
Un T~urangeau ou un Bourguignon.
'
. Ma1s !e regret auquel je faisais allusion ne vient pas de la II
tient :\ notre peme
· de voir
· tourner court en ce bref résumé· la

ª:ec

;u

�44 2

LA . ºOU\'ELLE REYUE FRA. ·~JSE

grande reuvre hístoríque de

~t Fe_rre~o, cette. hi:.toire de la

GranJtur el Düadmce de Rome, dont 11 n aura écnt, et encore en
partie, que la Grandeur. Mémc aventure a peu_pres était adv~nue
Mommsen, qui, apres son histoíre magnifique de la Rcpublíque romaine, ne put arriver
mettre entiere_ment debout
son histoire de l'Empire, les parties qu'il en a réd1gées relevant
d'ailleurs de la littérature de précis pour historiens, et non,
comme l'histoire de la République, de la littératurc généralc et
vivante.
Peut-ctre l'histoire romaine ne retrouvcra-t-elle jamais un
cerveau comme celui du vieil érudit allemand qui aurait pu
.s'appliquer le vers de Serlorius :

a

a

Rome 11'esl plus da11s R"me : tlle es/ toute oii je rnis.
Mais la Gra111lmr ti Décatfence de Rome de M. Ferrero, malgré
toutes les querelles souvent fondées qu'on peut chcrcher toute
ccuvre de généralisation et les critiques que les érudits n'ont pas
ménagées :i la sienne, ne supporte pas plus mal le redoutable
voisinaae de· Mommsen que celui de Montesquieu. Elle est
pleine de ce sentiment de l'histoire viva~te, qui manque tant
J'historiens, et des plus instruits. Elle repose sur une psych~
logic moins brillante peut-étre que celle de Mommsen, mau
d'unc mesure, d'une finesse, d'un b'on seos que le courant du
style oratoire et certaine emphase italienne font parfois méconnaitre. Les portraits de Lucullus, de Cicéron, .de Gsar,
d'Antoine, d'Auguste, sont solides et souveot neufs. Cer•
taines physionomies de l'histoire romaínc ne peuvent étre,
semblc-t-il, entierement saisies que par un ltalien ; César et Auguste sont déj:i des figures !taliennes moder~es prcsque autant
que des figures romaines anuques; les apolog1es de César tclles
que les a lancées, d'un fond artificiel, l'histoire impérial~ la
Napoléon III ou l'histoire impérialiste la Mommsen, parament
un peu naives et barbares
qui les voit de la Florence de
Machiavel ou de la Rome papale. Le jour ou la Grece se sera
fait une culture européenoe, peut-ttre lirons-nous une histoire
grecque écrite en grcc par un Grec d'aujourd'hui. Elle ne
pourra manquer d'etre ori?inale et d'atteindre :i c~rtaines ~rofondcurs de vérité,
certa10es sources psycholog1ques nauves
ne sauraicnt aller les Curtius et les Beloch.

a

a

a

-0u

a

a

a

Wl.EXIONS , OR LA LIITÉRATURE

443

M. Ferrero a arrété jusqu'ici son histoire ;\ Auguste. Les
quelqucs conférences qu'il public aujourd'hui sous le titre de la
Fin de la Civilisatiou A11liq11e ne soot-elles qu'une pierre cPattente
pour une future histoire de l'Empire? 11 faut le souhaiter saos
l'espérer. 11 est méme probable qu'on n'écrira jamais une his10ire de l'Empire Romain. Un Duruy peut bien l'entreprendrc,
mais un Mommsen est trop informé pour s'y risquer. II sait
qu'il peut lui arriver de donner pour pendant a sa République
4e marbre un Empire de platras ou de brique ; le grand rassembleur du Corpus inscriptio11um lati11arum posscde sous son regard
10us ses documents, tous ses textes, et il en sait la misere.
Les inscriptions permettent de donner un tableau suh·i de la
vie administrativc, mqitaire ou juridique a Rome ou dans les
provinces, et Mommsen n'y manque pas. Des livres comme
«ux de M. C.1gnat sur l'année romaine d'Afrique ou de
M. Jéquier sur l'armée roI)lainc d'Egypte peuvcnt, gr.ice a la
Bttérature épigr:iphique ou papyrologique, concentrer beaucoup
de lumicre sur un point donné, foumir une vue claire et complete de leur sujet. JI n'en est pas de mémc de ce qui fait le
massif solide de l'histoire, c'est-a-dire l'Etat et les hommes
IEtat. lci les documents font défaut. Les restes auxquels,
malgré les précautions de l'Empereur son parent, les rancunes
des chrétiens ont réduit l'reuvre de Tacite fournissent, pour la
période la mieux connue, une maigre provende, et d'ailleurs
ce grand peintre, qui n•e~t pas un politique, ne saurait rendre :i
l'bistorico de l'Etat les services d'un Thucydide ou d'un Polybe,
ni méme d'un Salluste. A partir des Antonins, peu pres rien,
tt surtout ríen de vivant, rien qui apportc a !'historien ,lrtiste,
pour son ceuvre, la pulpe d'une belle chair et l'ardeur d'un
1111g vif.

a

L'Hisloire Romaine de Mommsen, et Gra11deur et Décadt11ce
(aans la Décadmce) de M. Ferrero sont des reuvres de jeunesse,
de celles qu'on écrit quand on est amoureux de l'histoire. Cene
lanede miel n'a pas duré chez Mommsen, qui passa bien vite:\
aa phase de ménage érudit et critique. Elle parait aussi bien
obscurcie aujourd'hui chcz M. Ferrero, qui est devenu un écrivain politique, d'ailleurs excellent, un des a: bons Européens »
~•aujourd'hui. Mais ce o'était pas seulement cene ferveur de
JQnesse, c'était aussi un admirable sujet qui fournissait une

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

444

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:A!SX

atmosphere chaude et bienf1cisante pour une reuvre d'a,rt historique. L'histoire romaine depuis les gu~rres puniques ju~~a
Auguste peut étre dite une des plus cuneuses, des plus m-1g1nales et des plus fécondes. qui aient été vécues par un peuple.
l..'Occident a connu tr~is formes politíques : la cité, l'Etat
rooyeD et l'Empire ; toutes trois sont présentes, al'état de d:c~n
ou de forma:tion, et luttant tragiquement entre elles, dans 1histoire de la République roma.ine. Cette histoire es.1 animée par
des fü!Ur.es d'une originalité et d'un relief incomparabtes. ·
b
•
Et surtout cette originalité et ce relief nous sont transnm
par le miroir de. grandes reuvres d'art ; !'historien o'en fuit
de la beauté que parce qu'il les étudi.e dans la beauté, qu'il
prend la suite de Polybe, de Salluste et de Ciceron ( sans compter la précieuse rallooge fournie par ces Vies que Plutarque
n'a pas continuées apres César). L'histoire e.st le seul genre
littéra:ire qui prenne naissance et perfection da.ns la }ecture,
qui se nounisse de lecture. Un historien est un lecteur a-vant
d'étre un écrivain
. , et le lecteur de Cicéron se continuera phu
souplement en l'écrivain que le lecteur de Lampride ou de
Sulpice Sévere. En d'autres termes l'horome de culture classique vit daos la cité romaine avant Tibere comme il vivait
dans la cité athénienne. Son point de perspective se coofond avec la perspective centrale de l'Etat. A partir de Tibere,
· il n1en est plus de méme, notre point de perspective devieot
celui de la province ou de la religion, nous sommes Gaul?is ou
chrétiens avant d'étre Romains, et le grand courant historique
ne s'appelle plus histoite rornaine. II s'appelle pour nous, ~éjil,
histoire de France, dont l'histoire de la Gaule romaine fiut le
premier chapitre, ou il s'appelle histoire du christiauisme, et
nous pm;sons a un ordre d'histoire nouveau. Si Mommsen et
M. Ferrero n'ont pas continué leur histoire romaine sur le plan
qui leur avait se~ pour celle de la République, si pour la
période impénale ils se sont bomés a des fragments, dest p-robablement qu'ils sentaieot qn'il n'y avait pas de suite possible,
et que l'histoire ~e l'empir.e romain ne pouvait présenter avec
I'histoire de la République qu'une continuité de durée et non
une continuité de sujet.
.
A ce point gu'il y 2., semble-t-il, un grand paradoxe a étud1er
du po.i:nt de vue de Rome l'histoire de l'empire romaia, et le·

445

petit livre de M: Fetrero nous donne I'impression de ce paradoie. M. Ferrero constate que l'avenement de SeptimeSévere, la
victoire de fempereur de l'armée sur l'empeteur du Sénat,
ouvrc une crise d'autorité ou succombe le prestige de l'organe
traclitionnel du gouvernement, le Sénat. Ubi S&amp;tJ.Q/us, t"bi Roma.
Plus dé Sénat qu'en pejnture,des lors plus de Rome, plus"d'empire romain, mais, au lieu de cela, ce .que Montesquieu appclle
« une espece de république irréguliere, telle a peu pres que
l'aristocrati-e d' Alger, ou la mili ce qui a 1a pui:s-sance souveraine
&amp;it et défait un magistrat qu'on appelle le dey ... Quoique les
mnées n'eussentpas un lieu particulier pour s'assembler, qu'elles
ne se conduisissent point par de certaines fom1es, qu'elles ne fussent pas ordinairement de sang-froid, délibérant peu et agissant
litaucoup, ne disposaient-elles pas en souveraines de la fortune
-publique ? » e.es lignes ironiques de Montesquieu, ce CaUban
militaire succédant au Prospero que le monde avait cru posséder
en les Antonins, cette lutte, jusqu'a. Dioclétien, du priocipe
4'antorité personnifié par les seuls empereurs ( qui n'eurent
jam.ais tant de valeur personnelle) et du principe d'anarchie brutale représentépar les prétoriens qui les tuent, voila ce qui fait
• le fond du tableau rapide esguíssé par M. Ferrero. La décadence
de Rome c'est la décadence et la ruine de l'autorité sénatoriale
qui, m~me au temps des empereurs jusqú'a Sévere, faisait l'ossature de l'Etat. Cette autorité a bas, l'Etat glisse a. la mort, et
c'est presque un miracle qu'il se soit maintenu si loogtemps.
M. Ferrero, qui considere que 11iistoire du passé doit nous servir d'enseignement pour leprésent, etgue les situations se répetent, oous montre dans l'Europe actuell.e, slave et germanique
surtout, un flécbissement analogue de l'autorité, avec1'effondre1Dent des monarchies qui • jusqu'ici assuraient la solidité, l'eflicace et 1a continuité du pouvoir, · et son pronostic est fort
sombre. Aussi sombre que celui de M. Deonna dans ses trois
curieJU articles de la Bibliotheque Um'verselle, La nuit qui ,vienl.
Les bistoriens tro-uveront peut-étre que M. Ferrero exagere
on peu, pour les besoins de sa these, l'autorité que le Sénat
áurait cootinuée a exercer avant Septiroe Sévere. N'oublions
J)QS que si aucun prince, -aucu.ne époque, ne con&lt;;:ut un Etat
romain sans Sénat, la personne de chague sénateur était depuis
longtemps a la discrétioo des empereurs, et que leSénat, n'llyant

a

�446

LA NOUVELLE REVUE FRAN~I E

jamais eu de force année, de garde sénatoriale pour se défendre,
ressemblait aun mollusque saos coquille entre des crabes. Dans
la Rome impériale comme dans l'Angleterre de Cromwell et la
France du 18 brumaire et du 2 décembre, les crabes ont tou•
ours ce qu'il faut pour réduire au moins le mollusqu~ a l'état de
croupion. Les exécutions comme celles d~ Septtme Sé:ere
faisaient depuis Caligula et Néron partie des nsques profess1onnels de l'état de sénateur. Et surtout, de Septime Sévere a
Dioclétien, ce n'est pas la déchéance du Sénat qui cause _ta~t de
maux, c'est ce fait qu'il est remplacé par un p~uvo'.: mférieur, par une stratocratie, laquelle d'ailleurs tena1t dé¡a assez
de place dans les massacres d'empereurs et les changements
de dynasties antérieurs aux Antonins. Or les soldats a cette
époque ne se recrutent presque plus parmi les Italien~, rnais
parmi les provinciaux et les barbares, d: sorte_ que la pmssance
de cette stratocratie se confond avec 1envah1ssement graduel
de Rome par des éléments de moins en moins ro:nai.ns.
La deroiere phase de l'histoire ancienne c'est la romamsat1on
du monde méditerranéen. Ce qu'on peut appeler le com•
mencement de l'histoire du moyen-age, c'est la déromanisation de ce monde. L'armée est déromanisée par son recrutement, comme la religion est déromanisée par le christianisme,
et l'affaiblissement de l'Etat romain, arrété un moment par
l'héro1que remede de Dioclétien, est le résult~t. automatique
de cette double déromanisation. Ajoutons un tro1S1eme facteu~,
plus mystérieux que les deux autres, je veux d_ire l'oli~anthro?1e
dont a péri l'Empire romain comme en ava1ent pén les c1t~s
arecques avec cette différence que dans les cités grecques c'étatt
b
,
.
!
une oliganthropie mécanique, causée par les guerres contmue •
les, tandis que dans l'Empire romain nous trouvons une s~rte
d'oliganthropie organique, de maladie c~mpl~xe du corp,s ~oc1~l,
ala fois physique et morale, mystere smguher dont 1h1sto1re
n'arrivera sans doute jamais a donner le diagnostic complet ..
Ainsi M. Ferrero, brillant historien de la république romaine,
est amené naturellement traiter l'histoire de l'Empire en Y
faisant ce qu'on pourrait appeler une coupe républi~aine. _Son
idée générale rappellerait la derniere phrase de la Cité Atiltqut_•
Rome c'est le Sénat, elle croit avec luí et succombe av~c hu.
Cette coupe repose évidemment sur une idée juste, smt une

a

RÉFLEXJONS SUR LA LITTÉRATURE

447

certaine ligne de faits. Mais ces lignes de faits ( comme celle de
la Cité Antique) S(?nt des abstractions. Quand on sait s'en servir
(comme M. Ferrero) elt~s aident a comprendre l'histoire.
Quand on s'y asservit elles empechent de comprendre l'histoire. En lisant le livre . de M. Ferrero, je pense a ce qu'il
oe dit pas au moins autant qu'a ce qu'il dit. L'histoire du
xvm• siecle et cel!e de la Révolution nous ont montré que
l'affaiblissement du príncipe d'autorité peut bien etre une
cause, mais qu'avant (logiquement et chronologiquement)
d'etre une cause, il est d'abord une résultante. Et on se met
apenser a tou tce dont il est la résultante, aux causes efficientes
qui expliquent cette cause déficiente. Si M. Ferrero a renoncé
acctt: ceuvre presque impossible d'une histoire de l'Empire
Romam sur le modele de son histoire républicaine, il serait
intéressant qu'il continuat le meme ordre de coupes. Nous
avons une tendance écrire la Fin de la civilisation antique d'un
point de n1e chrétien. M. Ferrero l'a plutót écrite du point de
vue d'un contemporain de Cicéron ou d'Auguste. On pourrait
appliquer le meme príncipe &lt;c. réactionnaire », la meme perspective purement romaine au probleme du chrístianisme.
Nous étudions toujours l'histoire du point de vue de !'avenir,
on peut aussi l'étudier, dans une certaine mesure, du point
de vue du passé. La Révolution frarn;:aise nous appara1t surtout
au bout de la perspective de cent vingt ans d'histoire ultérieure
et c'est d'un bout de cette avenue que nous l'écrivons; le;
contemporains qui en ont écrit la voyaient daos leur présent, et
comme les faits historiques ne s'expliquent bien que par leur
~lace dans le temps, nous avons la les deux premieres dimens100s, également utiles, de l'histoire. Mais il en est une troisieme
la perspective inverse a aussi son importance, celle du passé
de la Révolution, celle de l'horome d'une génération antérieure
qui y assiste en la comprenant du point de vue de Louis XV
ou de Louis XIV. Aínsi nous sommes heureux quand un Léon
Bloy voit notre temps avec des yeux du moyen-áae et met sur
n~tr~ édifice composite une gargouille goique. st'_M. Ferrero
fa1sa1t cette coupe romaine dans l'histoire des preroiers siecles
du christianisroe, au lieu de l'habituelle coupe chrétienne daos
l'~istoire_rom~ine, (je. cr~is d'ailleurs qu'il e)l a l'intention) je
lu1 conse11lera1s de reitre I Uchronie de Renouvier. Le contraste

a

�LA NOUVELLE REVUE FKAN&lt;;AlSE
448
y est singulier entre le sujet, un des plus intéressants et des ~lus
beaux qu'on ait trouvés dans les temps mod:rnes, et la, mam~re

lano-uissante et ennuyeuse dont le pbtlo·sophe I a tra1té
(ex~eption faite peut-étre pou~ le Testame~t de Marc-Aurele,
qui, autant que je m'cn souv1enne, a de l a~lure!° Il ap~artiendr:iit
M. Ferrero a·e reprendre et de ra¡eumr 1~ mat1ere
de ce livre trop oublié, dont J'invention est assez gémale pour
exciter Je commentateur et l'exécution assez pauvre pour ne
décourager aucun de ceux qui voudraient le refaire.

CHRONIQ_UE DRAMATIQ_UE

a

ALBERt THlBA UDET

Je vais done retourner au théatre. Les mémes auteurs occupent la scene. Les pieces qu'on joue sont toujours les mémes.
Les acteurs aussi n'ont pas changé, ou si quelques-uns sont
nouveaux, ils ressemblent aux précédents qu'ils imitent. Les
salles de répétitions générales ou de premieres ont toujours leur
assistance de critiques francs, libres, hardis, jugeant selon leur
seule opinion, en dehors de toute combinaison d'intérét ou de
camaraderie. Le public a toujours autant d'attrait pour les belles
reuvres et autant de goüt pour le véritable esprit. Que! changemeot ?Aucun ! Pas mérne dans mes dispositions admirer et
célébrer tout cela.
Dire que je n'aime pas le théatre ?... ]'exagérerais. Fils de
comédieu et de comédienne, élevé au milieu de gens de théalre, au milieu de troupes sans cesse en répétitions dans l'appartement de mon pere, rue des Martyrs, j'ai passé au théatre mon
enfance et une partie de ma jeurresse. I1 est vrai que c'était dans
les coulisses, dans les couloirs, dans les loges d'artistes bien
plus que dans la salle, ou encore dans le trou du souffieur,
endroit qui m'enchant~it. Je dais cela d'avoirperdu de bon ne
heure l'iJlusion au théatre. Je voyais, dans les cbulisses, les
héros et les grandes amoureuses parler familierement, comme
vous et moi, de choses ordinaires. Je voyais se prornener, en
riant, deux ennemis qui, tout l'heure, pleins de menaces, choquaient leurs épées avec grand fracas. J'enteodais l'ingénue
tenir, en les accompagnant de gestes, les propos les plus osés. Je
voyais le grand jeune premier, que son áge trahissait daos cette
iatimité, refaire sur son visage, al'aide de fards, avant d'aller
briller et soupirer de nouveau, la jeunesse de son róle. Je voyais
le pauvre comédien éternellementcondamné des róles muets:
invité, guerrier, ou domestique apportant une lettre sur un
plateau, se consoler en débitant avec chaleur les tirades des
grands róles qui lui étaicnt interdíts. Je les voyais les uns et les

a

a

a

a

29

�45o

LA 1'0UVELLE RE\'UE FRAN&lt;;AISI

:\ qui
autres,. quan J tel d'entre eux úait en . scene,, le débiner
· A'
mieux mieux, pour le couYrir de comphmentsa s~ s.0~1e. JOUtez que je circulais au milie~ de tout ~e monde a I a1~e
chcz moi, et que, sí je parlais peu, dé¡a de nat~rc t1~1de,. ¡e
· regarJcr , écout·er et retcoir · Comment
d1ablc 11llus1on.
sa\'ats
.
me serait-elle rcstée ? JI aurait fallu avo1r une dosc extraord1airc d'idéalisme et l'idéalisme n'a jamais été mon fort, non
;lus que l'admiratioo, je crois_bieo. Je n'en ~¡ done gardé aucune,
et depuis Jongtcmps je ne sws pl_us au_ tbéatre, a m ~lace dans
}a salle, qu'un spe.:tateur plus httér:ure que dramat,que, plus
obsen·ateur que passionné, suivaot la, souveot, comn~c p~rt~~t
ailleurs, ma propre rtverie. Je regrette .q~elquefo1s d a~o'.r
quitté cene fréqueotatioo des coulisses. Je n a.i. pas_ gran~~ admiratiou ou sympatbie pour les comédieos. La fatu1té qu 11s oot,
J'importance qu'ils étaleot, et qui les g:itent, a mes yeux, da~
un métier qui denait ctre une fantaisie pcrpétuelle, me ks_fa11
·peu rechercher. j'ai toujours préféré de beaucoup les~coméd1eo•
oes. A mon a,·is, le théatre ajoute ala fcmme, et elle est commc
faite pour Jui. Il est également aremarquer que les femmes gar•
deot la beaucoup plus de simplicité et de nature~ ~ue les -~om~es;
Je songc, quand moo regn.:t me prend, au pla1s1r q~e Jaura~s 3
flaner la au milieu de femmes charmantes, parées, YI\"CS, em.:orc
embcllies par l'anifice, adroites a plaire en g~es et en paroles.
De toutes pareillcs, - la tradition est une s, belle cho~e, mirent dans mou enfance des momcntsdélicieux. ~e me _dis _qllC
ce serait cncore nüeux aujoun.l'hui. Le facheux, ¡e cro1s bien,
c'est que, depuis ce temps-la, elles se sont diablemeot embour·

:ºm~c

., • rlé
geoisées.
· Je ne vais done plus au théátre que dans la salle, et J a1 pa ,
plus d'une fois du peu de plaisir que j'y trouve souvcnt. JI ~ a a
cela plusieurs raisons. D':tbord les pieces carrément mauva1ses,
fadcs, bavardes, sans iotérét ou d'un intérét complthcruent_ mé,
ces picces atiradcs, adiscours, daos lesquelles I auteur prcche,
moralisc, dogmatise, Ycut coscigner ou convertir, se prend au
sérieux et tombe dans la bétise, ces pieces, par excmple, dans
lesquclles M. Fran~ois de Curcl, \Tai parY~ou de 1~ li~érature
dramatique, s'e t ré\'élé un maiue. Ou ces p1eces so1 d1sant 5ur
l'amour sur b passioo el qui ne sont qu'inYentions perverses et
artificicÍlcs fausses dans le food cornme dans l'expression. sans

CHRONIQUE DRA~fATIQvE

rien d'humain ni de géoéral, mincc~ de m:1ticre dans lcurpré.:iosité, ces píeces doot les chcfs-d'~uvrc oous ont été donoé par
M. Henry Bataillc et M. Gcorges de Porto-Riche. j'aime ce qul
est simple, naturcl, vrai, r:ipide, ce qui rit avec légcn.:té, ce qui
est sensible sans déclamation, hardi avcc esprit, cequí s'cxprimc
dans le langage de la causerie, ce qui peint la vie et les hommcs
tels qu'ib sont. Je penseque le tbéhre se fait avecdes réplíqu ,
et non avec des couplets de livres plus ou moins avants ou plus
ou moins poétiques. De tels auteursmc font l'cffet de gens, dans
un salon, qui ,·eulent brillcr a tour prix, n'arrivcnt pas a sortir
de leurs phra~es et cnnuient tout le monde. Un jour, je me suii;
amusé a dépeindre moo retour de ces mcrvcillcux spcctaclts,
dans ma maison tranquille et solitairc. J'ai donné un apcn;u du
mooolog\Jc que je me ticns alors, débarrassé de ces phrascurs
en compagoic de mes chats et de mes chiens et de mon bu5te de
Diderot, me reportant par la penséc et le regret a cctte admirable époque de l'csprit, de la hardiessc des idées, de la facilité
des mo::urs, pleine de fantaisie, de pittoresque et de diversité.
On frrivait par plaisir, sans nul souci d'instruire ou de fllOraliser, comme on voit aujourd'hui tant d'auteurs ne savoir l'ctrc
autrcmeot, éblouis d'apprendrc a leur voisin ce qu'ils ont appris
la veille. Ou est-il ce temps dont nous nous éloignons de plus
tn pluk par les mceurs. les arts, la société, par ccttc vulgarité,
cette uniformité et cctte cupidité qui regncnt sur tout aujour4'bui ? J'étais né pour y ,·ivre, moi qui le scns i bien et qui
fais de tout ce qui le compasa moo plus vif plaisir d'esprit,
bien plus que pour vine daos ce temps présent, ou écrire e t
dcveou un métier comme d'aligoer des chiffre ou débiter des
dtnrées. )'y réve quclquefois. J'aurais été, san &lt;loutc, un gazeticr
connu, un habitué de thtatre écouté, ua fai cur J.c libcllcs
redout~, un diseur d'anecdotes apprécié, la rue, l:i. rucUe les
coulissc n'auraient eu aucun 5ecret pour moi, des filles d'opér:t
aux grands seigoeurs j'aurai. eu mon eotrée partout, ouverte ou
clandestine, partout malicieux, indiscret, hardi, équivoque et
g¡J¡nt, m'amusantdc tout sans croirea grand'chose. me moquant
du tiers comme du quan, tout au plaisir de riotcr ur mes
table1te5 la chronique de la ville, moa esprit et moa talcnt sans
ce se cxcités par tant de spcctacles divers. L'umour aurait cu s:1
part, commc on s'en doute. )'2urais été cntrctcnu en sccret par

•

�4B

4S2
la femme d'un fermicr général dont j'aurais contenté quelq
restes d'ardeur, l'amant de creur d'une comédienne dont la
tection m'ellt été fort utile, le con6dent et l'intermédiaire
filies de théltre, l~ secrétaire galant de quelque riche amate
de beautés désireux de passer aupr~s d'elles pour un bel esprit,;
faisant l'amour pour mon compte tout en travaillant a le •
faire a d~autres. Un ter métier, me dira-t-on, n'aurait pas
sans risques ? Je le sais fort bien. j'áurais re~, sans doute,
temps en temps, quelques coups de báton de quelque impe
nent mécontent de mes propos, de l'adulateur de quclq11e
•. tjeuse par moi ~atignéc ou de l'entreteneur sénile de quel
belle, fiché de me voir tenir aupr~ d'elle un rl&gt;le plus éloque
que le sien. Mais aune époque ou un bon mot faisait la fo
d'un homme et le tirait des pires situations, qu'était-ce e¡
quelques coups de baton? j'aurais de mon mieux fait to
cette aventure amon avantage, ou l'aurais déguisée d'une fa
ou d'une autre, comme ce Rivarol disant a Champcenetz : e
m'est arrivé une aventure. j'ai re~uquelques bOches sur le don
A quoi l'autre qui le connaissait répondait : « Tu as toujours
Je talent de grossir les choses qui t'arrivent ». J'aurais
doute connu, avec tout cela, les joics de la famille, qui me
refusées aujourd'hui. J'aurais peut-étre eu de mes amours q
ques filies, jolies je le pense bien, dont la galanterie e6t as
mes vieux jours. ]'imagine cette tranquillité que j'aurais eue
Supposons, par exemple, trois filies, et que chacune m'ait d
chaque mois deux cents francs : on doit bien cela ason vi
p~re. Deux cents multipliés par trois, cela e'llt fait six ce
francs. A cette époque, avec cene somme, j'eusse été treS
mon aisc. Au lieu de cela... Hélas 1.•• Au lieu de ceia, au lieu
cette société pleinc de fantaisie, de ces relations charmantes,
ces plaisirs délicieux, de ces amours pleines d'agrément, de cea:
· aisance honorable, de toute cctte vie piquaote et variée .••
non I Je ne veux pas vous pcindre le tableau. 11 est trop noir, D.
est trop Iaid. 11 est trop béte. Passons, n'est-ce pas? passons.:
Je reviens au théatre. Je viens de décrire certaines pikcs q
m'em~chcnt d'y trouver du plaisir. 11 y en a d'autres. U y•
cclles qui ont un certain intérét, qui sont bien faitcs, réussiel»
qui soot des reuvres littéraircs et non pas uoiqucment
marchandise théatrale. Je sais voir cela. Je les appré~ie, sur

•

t. Je _me pr~mets d'en parler, avec des compliments.
quaod v1ent le Jour de ma chronique, je me contente d'en
• mer l'a~teur et d'en indiquer le titre daos mon sommaire,
Je _parle d autre cbose. Pourquoi ?... C'est qu'il y a ausai le
de la lccture, le s~uvenir des livres que j'aime, qui
ent s~ m~ler a mes 1mpressions. U aussi, je pourrais me
ndre ~ avo1r ?~rdu un pcu de l'illusion qui fait le plaisir
plet, si le plamr que procure l'analyse ne compcnsait et
ela. Quand je lis, bien souvent, malgré moi, je suis plus
pé a r~ardc:r comm_ent cela est fait qu'a me laisscr emr p~r l mtérét du suict. Quelles jouissances j'ai connues et
connais encore, cependarit, et que de pcrsonnages j'ai été
gré de Qles lectures : de tous les genres, de tous les états,
toutes les fo~nes, de tous les mérites, élevés dU bas, mé~ o~ supéne~rs, fétés o~ dédaignés, ,;vant vraimcnt, pat
nation, la v1e, les sentiments et les aventures de chacun
• Je par~e la, iJ est vrai, de ma jcunesse. J;ai changé. J'ai
mon cho1x, pour dire plus juste. Je n'ai d'ailleurs jamais
grand gout pour les a:uvres purement lyriques. Un homme
e Hugo, par exemple, a toujours été pour moi un monuch d'ennui._ A l'imagination a succédé le go'llt e1clusif pour
oses ~~cs. Je porte la les mémes gouts que je porte au
et J a1me daos les livres les mémes mérites. Oepuis
_emps ce soot les mémes que je lis quand je lis : ouvragc.11
bttérature personnelle, mémoires, autobiograpbies porb, recueils d~ maximes, ~e. pensées ou d'anecdo~s, qui
. ent les pass1ons et les nd1cules bumains saos pbrases
, avec des traits rapi?es et moqueurs, fidcles et francs.
tont la une cinquantai11e, dans ma biblioth~ue qui me
t bien _indifférent a tout ce qu'on écrit aujourd'hui. On
~~era s1 ~n veut : méme ces picces que je dis, qui ont un
n mt~;~t, ¡e les rapproche, ma mémoire y aidant, de ces
que J a1me. J_e les compare au moins daos le plaisir qu'ils
donn~nt. Mon ¡ugemcot s'en ressent, puis mes dispositions,
fe fims par trouver que ces pieccs n'ont, au fond ríen
rdinaire. A~vé chez_ moi, pour me délasser u; peu,
prtnds ~~ de ces hvres qui sont pour moi un perpétuel ravist spantu~l, d~nt ríen n'a bougé ni vieilli, ni un trait, ni
mot, dont nen n est devenu faJe ou inutil,¡, dont tout sem-

�454

LA NOUVEI.LE REVUE FRAN&lt;;..\151!

ble c!crit d'hicr, parce qu'ils ont Eté écrits simplement, san,
mode ni recherche de ,style, par plaisir d'observerctJe raconter,
a,·ec l'unique souci d'~tre clair et vrai. Lo piccc que je viens
de voir et qui m'avait plus ou moins plu cst bien loin, alors,
et il n'en reste plus grand'chose a mes yeux. Quel ~éltrt
d'amour commc on dit aujourd'hui, voulcz-vous qu, me
donne a~tant de révcrie sur l:a p:ission que cette maxime de
La Rochefoucauld : cr On a bien de la peine a romprc quaud
oo ne ,s'aime plus" ? Qucllc pi~ce prétentions philosophiques
voulcz-vous qui me donne autant de réffexio,ns ~uc ~ett~
m:ixime encore oc La Rochefoucauld : « On o cst ¡ama1s s1
hcurcux ni si malheureux qu'on s'imagine • ? Toutc l'illusion
humnine n'est-ellc pas expriméc la, cene folie de nous désespércr quand nous souffrons, cette autre folie de no~s e?t.housiasmcr quan&lt;l nous avons un bonheur, alors que nen 1c1 bas
ne vaut qu'on en souffre ou qu'on en jouisse a l'e1ces, 4uand
on sait le regarder de pre~ ? Que &lt;lites-vou~ aussi de ce_ ctw-mant tablcau d'intimité, que j'extrais d'une lettre de Gnmm:
« Qu'on se rcprésente Madame du DefTan&lt;l ,aveuglc, nssise au
fond de son cabinet, dans ce fauteuil qui rcssemble :m tonneau
de Diogcne, et son vicux ami Pont de Veyle, couché daos u~
bergcre, pres de la cheminée. C'est le lieu de la sceoe. Vom
un de k-urs demiers entretiens. « Pont &lt;le \'cyle ? - Madame?
- Ou ~tes-vous? - Au coin de votre cheminée. - C.Oudi
les pieds sur les chenets, eommc on est chez des amis ? - Oui,
Madame. - Il fout conycnir qu'il est p~u de liaisons aussi an•
ciennes que la nótre. - Cela cst ,,-ai. - 11 y a cinquantc ans
passés. Et daos ce long intervallc, ,aucun nuage.', ~as n~éme
l'apparence d'une brouillerie. - C est ce que J :u tou1ours
admiré. - Mais, l'ont de Veyle, cela ne viendrait-il point de
ce qu'au fond nous avons toujours été fort indiffér_ents l'uo i
l'autre? - Cela se pourrait bien, Madame ». Je hs cela avcc
ravisscment, moi qui me moque de la sympnthie et de l'aotip:i·
thic J'autrui, qui ,·errais le monde disparaltre sans en t:trc
bien chagriné, qui mets toute ma jouissance daos la solitudc et
le silcnce, et qui n'aime la société que de quclque, per~onnes
qui saveot tout de moi comme je ~is tout J'elles, ce qui nou~
évite de plus rien nous Jire. On va se deman&lt;ler alors pourquot
je vais au théAtre si tout m'y parait ace point médiocre et en•

a

CHRONJQUE DRA~ATIQUE

455

nuyeux ? Je répondrai que j'y vais comme on sort pour se
distraire les yeux. Je contioue la, je l'ai dit,
réver mes
aff"aircs, tout en regardant ce qui se passe autour de moi et sur
la scene. Le métier de critique dramatique a cela d'agréable
qu'on n'a pas bcsoin d'étre rigoureusement attentif. Un critique littér.1ire doit Jire soigneusemcnt les lines &lt;lont il ren&lt;l
compte, du moins je l'imagine. 11 pcut se trou\'er, atelle page,
le morceau de talcnt qu'il risquerait d'ignorer. Au thé:itre, ce
n'cst pas cela. On pcut pcnser a autre chose. Sans qu'on y
prenne garde, on retient toujours du spectacle auqucl on :ISSiste
ce qu'il faut pour en écrirc un comptc-rendu. J'ai d'ailleurs
mes bonncs soirées, quclquefois, et il m'arrive aussi d'avoir de
gnnds plaisirs au thé:itre. C'est quanJ je. vois jouer du Moliére,
ft Mariv:mx, du Regnard, du Shakespeare, du Beaumarchais,
et théatrc si vrai daos son comique, si fin daos sa lég!reté, si
Emouvant daos sa fantaisie, si hardi dnns son badinage, si
humain dans sa force. Alors, je reconnais tous les traits qui me
louchent, me passionnent ou me font ré\·er. Mille sou•;enirs
me re\'icnnent et me rajcunisscnt. L'enchantement du théatre
lle prend, presque aussi grand que celui de la lecture. De
méme que j'ai été la les personnages les plus divers, je rc\·e de
me préter aussi a tous ces personnages que je vois, et il me
&amp;at me retenir pour ne pas interrompre le spcctacle, interpcller
les acteurs, et réclamer un rólc, moi aussi. Oh! pas un de ces
róln grandiloquents, hyperboliques, a t1r;1de!&gt; et A métaphores,
i grands gestes et ¡\ panache, qui ne sont qu'invention et divagation, mais un de ces róles dans lesquels l'homrne par:iit tel
1u'il est: comique, ridicule, pitoyable, absurde, avcugle et crédule, dupé et bcrné, fantoche prétcntieux ou puéril, dont le
~rieux fait rire et dont la gaieté attriste, un de ces rólcs dans
lesquels nous rctrouvons tous une part de nous-mémcs et qui
montrent que le ~cul vrai thé:itre est le thé:ltre comique. On
•oit done bien que je suis loin de ne pas aimer le théitrc et
1ue je ne manque pas de bonnes raisons, voyant jouer tant
et tant de pi&amp;es de nos auteors d'aujourd'hui, pour préferer
souvcnt, daos mes comptes-rcndus, parlcr d'autre cbose.

a

a

MAUIUCE BOCSSARD

�NOTES

pays d'Orient, des pays sauvages, faísait rechercher les matériaux ; leur variété mcme a foumi la méthode pour les étudier :
la comparaison (voir le chapitre Sur la méihode de la grammaire

a1mparée).

NOTES
CRlTIQ UE ET HISTOIRE LITTÉRAIRE

LINGUISTIQUE HISTORIQUE ET LINGUISTIQUE
GÉNÉRALE, par A. Meillet (Cbampion).
Le maítre de pliilosopbie. La voix U se forme en rapprochant les
dents san·s les· joindre entierement, et allongeant les deux levres en
dehors, les approchant aussi l'une de l'autre sans les joindre tout a
fait: u.
• • • • • • • • • • •

■

••

~\.fo,;sitn~r Jourd4itL. Quand tu dis U, qo'est-ce que tu fais ?
Nicole. Je fais ~e que vous me dites.
, •
. .
Monsiímr Jou,·dain. Oh ! l'étrange chose, que d avo1r alfatre a des
bet-es l Tu allonges les levres en dehors, et approcbes la roachoire d'tn
hatit de celle d'en bas : U, vois-tu? Je fais la moue: U.

On rit. Le linguiste rít aussi. Mais un regrét le pince: l'ensei•
gnement du xvu~ siecle sav.ait done décrire l'articulation des
sons-du langage? Et le collégíen de nos jours sait-il de phoné•
tique autre chose que ces scenes qui font rire de la phonétique?
Pourtant la sciehce du langage a la part plus belle aujour•
.d'hui qu'au ternps de Moliere; un gra!1d Jivre de méthode,
comme le recueil d'articles que M. Meillet vient de consentir a
réunir, permet de la mesurer. la. linguistique n'est plus raogée
dans une des multiples cases de l'armoíre amalites ou puisnit le
ma1tre de philosophie ala mode aristotélicienne de vingt siecles
apres Aristote; elle a sa place dans les sciences, ses méthodes,
son vaste domaine .que désormais un seul cerveau peine a
embrasser tout entier. La pério'de cartésienne avait peo fait pour
l'étude du langage : le raisonnement, la logique, voire l'expérience, y étaient sans effi.cace. L'époque des sciences historiques
et naturelles a donné l'essor a la linguistique. L'intéret pour les
laagages présents et passés de chaque pays européeo, des

La grarumairc comparée groupe en familles des lanQUesindividus, totalement différentes, souvent, a entendre et ai:,analyser. L'ancétre peut en étre attesté directement, comme le latín
en regard des langues romanes; mais il peut aussi etre inconnu,
comme l'ancétre commun du grec, des langues italiques, germaniques, slaves, indo-iraniennes, etc. : la grammaire comparée se
,harge alors, par le rapprocbement des traíts qui paraissent le
plus archai'ques dans les diverses langues, de reconstituer un
fantome de l'ancétre ( on l'appelle dans l'espece indo-européen
commun). Cet ancetre a son tour pourra etre comparé ades
ancétres d'autres familles, évoqués de fa~on analogue (ainsi le
fiono-ougrien ou le cbamito-s€mitique). De meme les géologues essaient de faire l'histoire de la croute terrestre les
'
observateurs du monde vivant scrutent le passé des especes
moderoes.
A que] point de raffinement la linguistique historique est
parvenue entre fes mains d'un maitre comme M. Meillet, on
pourra
le juger a la Note sur une diijfi
· culté bo-énérale de la buram.
m_aire compar"ée : les linguistes ont établi que « les divers
d1alectes d'une meme langue évoluent d'une maniere parallele »
(p. 37) j des lors les ressemblances que présentent entre elles
des langues parentes, issues d'anciens dialectes d'.une langue
commune, « admettent souvent deux interprétations : ideatité
initiale ou développement díalectal identique » (p. 43). Suivant
qu'on admet une interprétation ou l'autre, la figure qu'on doit
.attribuer a l'ancetre-fantóme varie légérement. Or, souvent,
dans l'état actuel des connaíssances, ríen ne permet de choisir.
Une science qui critique ainsi sa propre méthode est assurée
de se renonveler a temps et de vivre avec utilíté. Aussi bien la
linguistique, consciente de ses moyens, équipée de ses disci?lines annexes (la phonétique ,n'a-t~elle pas" maintenant ses
l~struments, ses mesures rnatMmatiques, ses savants spéciahstes ?) est préte a passer de la description, prolongée dans le
~assé~ á la recherche de Iois, de la linguistique historique Ja
lingu1stique générale.

a

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~TS!

Chaque langage, a chaque époque, est un systeme dont
presque tous les éléments se correspondent suivant des équi-.
libres qui sont propres aux langues (voir p. 16) et qu'il est
inutile de comparer a un organisme vivant. Or le systeme
linguistique est un bon objet pour la géoéralisation scientifique.
Multiple - car aucune !angue u'a le méme systeme qu'une
autre, c'est un objet d'observation d'une abondance telle en
combinaisons diverses d'éléments d'ailleurs peu nombreux, que
la presque impossibilité d'expérimenter est saos inconvénients.
Changeant avec une te lle rapidité que l'observation des temps historiques - ce moment si bref de la vie de l'bumanité- pernret
d'étudier l'évolution de plusieurs groupes de langues issue d'un
méme ancétre, c'est un sujet d'envie pour les i:oologistes et les
botanistes qui sont génés par la quasi fixité des especes actuelles.
Pour toutes ces raisous ce la recherche des lois générales,
tant morpbologiques que phonétiques, doit étre désormais !'un
des principaux objets de la linguistique (p. 13).
La linguistique générale est done en train de naitre. M. Meillet aura beaucoup fait pour lui donner conscience d'elle-méme:
qu'on lise, entre autres, le cbapitre qui a le méme titre que le
livre (p. 45 a 60 ). 11 a lui-méme d'autre part marqué les limites
présentes de la notrvelle science (p. 48) : « Saos sortir de la
discipline grammaticale proprement dite, il semble qu'il soit
possible de dégager des principes. Saos doute ces principes
devront s'expliqucr en derniere analyse par les conditions physiques, anatomiques, physiologiques, psychiques, sociales daos
lesquelles se trouvent les sujets parlants ... Pour les dégager il
faudrait un livre qui n'est pas encore fait, et qui n'est saos
doute pas encore assez préparé par des recherches de détail
pour ~tre écrit des maintenant ,,. M. Meillet écrira peut-étre
cependant ce livre nécessaire ...
Jusqu'a présent, depuis une quinzaine d'années, ses recherches originales ont eu surtout pour objet les causes sociales qui
peuvent partiellement, d'apres lui, non pas seulement dégager
les principes linguistiques, mais cxpliquer les faits : « Du faít
que le langage est une institurion sociale, il résulte que la linguistique est une science sociale, et le seul élément variable
auquel on puisse recourir pour rendre compte des changements linguistiques est le changement social dont les variations

ROTES

459

d~ langage ne sont que les conséquences parfois immédiates et
d1rectes, le plus souvent médiates et indirectes » (p. r7).
Le laugage en effet est une institution, la plus nécessaire, la
plus ?éné~ale et :n méme temps la plus proche d'une fonction
~hys1olog1que. L envisager sous cet angle, c'est en renouveler
1étude. ~ans le chapitre Conmzent les mots changent de sens (qui
l paru d abord dans l' Am~ée Sociologique ), il est montré que
les se?s de:. mots sont hés au milieu social étroit qui les
emplo1e; s 11s changent, c'est que les milieux sociaux les
empruntent, daos certaines ¿onditions, les uns aux autres •
empru~ts inévitables, car chaque indivi&lt;lu fait partie a la foi~
de plusreur~ _groupes sociaux : les mots dépaysés s'attachent au
oouvea~ ~1lieu en prenant une nouvelle valeur. La sémantique
cesse a1Ds1 de dépendre uniquement de l'analyse des mouvements psychologiques de l'individu. Un mot, méme né d'une ,
fantaisíe índividuelle, ne garde vie que si l'ambiance sociale le
permet : ainsi le sumom pittoresque de « manaeur de miel J&gt;
' d
b
0 est evenu, en certai~s endroits, le seul nom de l'ours que
parce que les regles mag1ques de la chasse interdisaient de l'appeler par son nom vulgaire (p. 284).
. 1:ts rech;_rches originales de M. Meillet sur la « linguistique
•oc~ale )&gt;. n mtéressent pas que la linguistique : le reste de la
soc10l~g1e souffre d'avoir afaire a des institutions souvent peu
org~mques, représentées dans un trop perit nombre de groupes
soc1aux, trop différentes suivant les états de civilisation au
point que la définition du Jait social si justement établie' par
D~rk_heim est encore contestée par de boas esprits. La « linguistique sociale » est le modele d'une partie bien constituée
de la sociologie.

M. Meillet, dans son avertissement, exprime le souhait que
~es pédagogues (le Maitre de philosophie !) trouvent dans son
hvre « le moyen de rendre parfois plus vivant et plus moderne
l'e .
nse1gnement de la langue ». Les honnétes gens aussi ceux
du motos
· qui· veulent bien
· penser que les sciences de l'homme
'
sont de nos jours les émules non indi!!rtes des sciences exactes
d0
b
'
nneront une place sur un rayon de Jeur bibliotbeque a cóté
d~ Scrence
·
.
'
Li . . et hypothese de Poincaré et des Alomes de Perrin , a la
ng,mtique historique et linguistique générale de Meillet.
MARCEL COHEN

�LA NOUVELLE llEVUE FRANt;AIS!

*

* *

MINERVE OU BELPHÉGOR? par Gaé'lan Bernovilfe
(Bloud).
M. Benda a fait de Belphégor non un personnage de roman,
mais un personnage de critique. Sachon~-lui gré ~•avoir animé
de ce feu-follet notre lande aride. M. Bernov1Ue, dans un
volume d'expression un peu lourde, mais ,de ton tres. sensé,
défend notre temps contre M. Benda et s effor~e ~e ~1rcons,crire contre luí Je domaine de Belphégor. En réahté 11 n Y a pas
d'époque de Jaquelle on ne puisse écrire _un, Minerve ou Belphégor. Le génie d'un temps comme ~elm d ~n. ~omme ~onsiste dans la coexistence d'une certame sens1b1hté et d une
certaine intelligence. M. Benda, apres s'étre fait une idée u~
peu artificielle, rigide et uchronique de l'inte_lligence'. a constate
que l'époque actuelle lui tournait le dos, et 11 a bapnsé du nom
&lt;le démon de la sensibilité beaucoup de formes en lesquelles
M. Bernoville 'croit reconnaitre le visage de la dé~sse de la
Sagesse. Je signale l'intérét du débat; mais ce n'est pas dans
l'étendue d'une note qu'il me serait possible d'y prendre part.
ALBERT THIBAUDET

LE ROMAN

ELISE, par René Boylesue (Calmann-Lévy).
Un des romans-type de M. Boylesve, un de ceux qui se
tiennent le mieux au centre de son talent et qui _épou~en~ 1~
plus naturellement le fil de sa maniere. Brunettere d1sa 1t~ .ª
Propos de l'Ecbéa11ce de M. Bourget, qu'on. ne peutl défi~uvement classer 1·uger et ¡·auger un romanc1er
que orsqu '11 a
'
·
·
-écrit un Jivre sans amour et un critique que ¡orsqu•·¡1 5'est
expliqué sur le xvne siecle. j'admettrais volontiers la seconde
· 1a prem1·ere eut
partie de cette déclaration catégorique, ma1s
risqué de rendre Brunetiere' bien injuste pour M. Boylesve.
On ne !'imagine guere écdvant autre chose que de bonne mu· · ne
sique de chambre sur l'amour. Si je voulais donner 1ci ~
'définition commode, aussi arbitrain:: que celle de Brune~ie:e
. comme la s1enne
.
. d e Ia cause, ·¡e d1ra1s
et faite
pour 1es besoms

NOTES
qu'un romancier fran~ais se doit d'avoir écrit au moins une
fois une Madame Bovary, je vcux dire d'avoir fait vivre un •
caractere de femme en conflit avec son milieu en général er
son mari, délégué du milieu, en particulier. Sujet, en France,
toujours inépuisable. M. Boyles'Ve, qui l'a abordé dans Madeltine je1me femme, le reprend, d'un autre point de vue, dans Elise,
c:t il pourrait répéter encore, en nous faisant le méme plaisir,
ce motif d'une plasticité infinie. Un Tourangeau comme
M. Boylesve et dont la maniere offre d'intéressantes affinités
avec la sienne, M. Francis de Miomandre, avait, daos I'Ave11fure
tle Thérese Beaucbamp, délícieusement rajeuni le vieux sujct
simplement en y mettant un Chinois. Comme un critique sait
gré un auteur de cette indication spirituelle et transparente !
Un homme avisé comme M. Boylesve a toujours un Chinois
sous la main, je veux dire la variation individuelle et le détail
singulier qui renouvellera l'éternelle situation, le clina111e11 qui
fera dévier de la ligne droite l'atome élémentaire du roman.
On s'est étonné qu'Elise aime un homme aussi insignifiant que
Le Coultre. Mais tout le roman est la. Si on voulait le ramener
i une these, il faudrait dire qu'Elise c'est le roman du fauxménage, et que, dans cette Physiologie de l'amour moderne que
tout rornaocier frans:ais contient en puissance, Je chapitre DeS'
faux-minagts peut copier tout le texte du cbapitre Des licences
poitiqttes dans le Traité de poésie de Théodore de Banville : 1l n'y
en apas. Tout faux-ménage est un mépage, tous les irréguliers
de l'amour ont leurs regles, et ces regles sont aussi étroites et
plus ridicules que les autres. Est-ce
dire que ce ne soit pas
la peine de changer ? Nullement. Ce serait une these et
M. Boylesve, observateur curieux de la vie, pense qu'un roman
i these n'est pas vrai. Ce fut pour Elise la peine de changer,
puisqu'en changeant elJe aima. Entre les deux mécanismes ou
est pris successivement un camr de femme comme le sien, il
Ya l'instant de tension, de joie et de plénitude ou elle a vécu,
et tout est bien ainsi., car la nature n'a pas dooné aux étres
vivants l'amour comme une continuité mais comrne un instant.
On aimera l'humour, si retenu et si bien &lt;losé, avec lequel
M. Boylesve fait tourner !'un vers l'autre les deux tableaux
symétriques, peuplés de ces fantoches pittoresques et sympathiques qu'il excelle a modeler. L'art du roman pourrait se-

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANc;:AISE

&lt;léfinir, en termes bergsoniens, comme un mélange du mécanique et du vivant, un équilibre instable de !'un et de l'autre
et un ajustement perpétuel de l'un a l'autre. Si íe -voulais développer cette these, je disserterais longtemps sur Don Quichotk.
Gil Bla$ et Madame Bovary ; mais, sur un autre registre, (paulo
minqra ... ) j'aimerais attester les romans élégants, et artistement
fran&lt;;a.is de M. Boylesve ; Etise- serait un de ceux ou la chimie
dida.ctique isolerait le mieux, en des cornues transpatentes,. les
deux éléments. Et, comme l'art de M. Boylesve est toujours a
base d'intelligence, cette lourdeur démonstrative pomrait nepas
sembler trap ridicule.
ALBERT 'FHIBAUDBT
,.
" *

LA NUIT DE SAINT BARNABÉ, par Alexandre Arnoux

NOTES

~ne jeune filie, l'enlever, l'arracher aux mains de qui la martynse, cela est excellent, mais cambien le costume, l'heure le
paysage et l'idiome que l'on est censé parler mettent de l'imprévu, en plai;ant le bean ges.te dans son cadre !
Ain.si, chaque génération d'enfants se compase un petit univers ou rever lo.isir ; elle le pcuple d'etres humaia:s d'arbres
,
'
'
d.e betes
et de machines, spécialement de moyens de locomot10n : on y trouve le dromadaire et la charrette, la chaise apor~u~s, la locomotive, les chiens esquimaux, l'automobile et
l av10n ... on y trouve encare autre ch ose. - S'il aime les aventures ou l'activité se manifeste: l'enfant se plaitaussi a rever les
bras ballants, de fa~on plus tranquille, et nous voila sur les bornes du fantasque, de lafantaisie, du fantastique aussi, peut-étre
~u burlesque. C'est la troupe des ravis.santes fées qui s'évoque a.
linstant, des gnomes balourds et des sylphes jouant la baile
a.vec une ~ulle irisée, des demi-dieux transposés du livre de
classe dans la prairie, la source ou le bois d'oliviers tors des
f~t6m:s,_ si l'on veuttrembler un peu, des anges en.fin, po~tant
bien. offic1els et qui ne pretent guere la libre invention. De nos
jours, il semble méme que le personnel se soit renouvelé : la
machine apporte son reve, rl se forme comme une fa¡;on de
mythologie mécanicienne ou les enfaots se sentent l'aise.
M. Alexandre Amoux connait les enfants ; il a, par ailleurs,,
fré~uenté le.s lieu_x enchantés ou le féerique, l'inattendu, Je singuher e_t l'étra~ge font la. loi. Quoi d'étonnant ce que, dans
« la Nu1t de satnt &amp;rnabé », íl nous ait raconté avec tant de
verve. et de ma-niere si avertie les im~inations, aspiratibns et
tentat1ves de Gnouf et de Lou, sa co1npag.ne ? De méme que
~ Ar~ou_x a montré daos « Abisag )&gt; une église transportée
pierre a p1erre par la seule vertu de la foi, de meme au¡· ourd'hui
s'o,cupe-t-1·1 tiort plaisamment a nous faire voir les
' effets d'une'
foi nouvelle. Des diverses qualités de cette histoire : forme
ª?équate ~u suj~t, vérité dans le détail, fraicheur comique du
d_ialogue, 11 conv1ent de retenir surtout celle qui rend le lecteur
~ crédule aux r~ves présentés, si sympathique aux projets du
~eune héros, et qui le pousse a se scand.aliser douloureusement
q_ua'.id Lou, e:ffray~e par l'ampleur et les dangers de la belle
équtpée, abandonne au dernier ins.ta.nt.
Qu.elle fut, exactement, !'aventure de Gnouf? - Ah ! je n'en

a

a

(Albin Michel).
Ce serait une bien curieuse entreprise que de fix.er un peu la
ditection que prenaient nos réves d'enfants, non pas ceux de ~
nuit, mais ceu;g qui nous occupaient en plein jour, ou notre
imagiaation nourrie de lectures, d'histoires entendues et d'itnages, s'ingéniaita créer tout un monde ou nous satisfaísions nos
désirs. - De quoi révions-nous, cet age ? de quoi révaient nos
peres ? de quoi r~ve-t-on aujourd'hui ? devant quelle toile d.e
fond et dans quelle atmosphere? quels sont les acteurs que nous
groupions autour de nous et de quoi se composait, au juste,
notre magasin d'accessoires ?
11 fut un ternps ou l'on s'orienta vers l' Améri¡¡¡ue et sesindiens
au ccem; géuéreux; les pírates, les boucaniers et autres gentilshommes de fortune eurent un long moment de célébrité, (on
ne reut attaquer éternellement la méme diligence !) ón fréquenfa.
l'ile déserte, d'évocation si commode, l'oasis qui se plante peu
de frais, la ville orientale, 1a cité des gratte-ciel, (voir les journaux illustrés), et .tant d'autres lieux de délices. Les glaces du
p61e et les palmes d'Afrique se remplacerent suivant le millé' sime. Un bandeau de plumes dressées, un foutard en serre-téte,
le sembhnt d'un bonnet de fourrure, nous coifferent háo'ique•
ment, avant que l'usage du casque fi'.it rentré daos les mreurs, et
si l'action ,raíment noble et glorieuse ne variait guere, du
moins prehait-elle une allure tres différente, vécue dans la sierra
d'Espagne, en Corse, au Sénégal ou sur un trois-mats. Sauver

a

a

a

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANCAlS!

s'ais rien et n'en veux rien savoir ! Va-t-on demander ce que fit,
minute par minute, la romanesque Marinette quand, sous la
conduite de Mme Gérard d'Houville, elle rendit visite l'enchanteur Merlin ? va-t-on surveiller de si pres Alice, jeune Anglaise
voyagean t au pays des Merveilles ou se fondant daos un miroir?
va+on imposer Mowgli daos la jungle une regle logique plus
sévere ? - Non ! certes non ! Si voús tenez
ce supplément
·d'information, tácbez de l'obtenir en relisant vous-meme.

a

a

a

GfLHERT DE VOJSINS

*

**

L' ANGE DU BIZARRE (Ferenczi)
MÉMOIRES
D'UN DADA BESOGNEUX (Cres), par Pierre Mi/le.
. Pierre Mille a· rássemblé .dans ces deux volumes un certain
nombre de contes et de cbroniques publiés par lui dans le
Journal, le Temps ou dans l'un des.autres quotidiens ou il collabore avec une assiduité qui tient du miracle.
Daos ses contes, on retrouve la fertilité d)nvention, l'ingéniosité dans la 'mise en ceuvre, la franchi.se dans « l'attaque »
et le développement du récit, la simplicité de facture, tout cet
ensemble de qualités qui, depuis Maupassant, ne s'étaient plus
jamais rencontrées cbez un conteur fran¡;ais. Moins émouvant
que Maupassant, Pi.erre Mille a plus d'humour, un humour qui
chez Jui n'est pas la pudeur de la sensibilité, mais la fl.eur d'une
intelligence saos cesse en éveil et qui ne veut point etre dupe.
Rationaliste impénitent, il se penche avec la curiosité d'un
homme saín en visite dans un asile d'aliénés sur tous les mysticismes et sur tous les mysteres de l'instinct. Son culte pour
l'intelligence et meme pour cette forme simpliste et grossiere
qu'est le bon sens le pousse
en étudier toútes les déviations
et u~ lui masque pas la toute-puissance des forces qui luttent
contre elle des qu'elle prétend quitt~r le cerveau ou elle est
née pour pénétrer daos le regne de l'action. L'instinct, la race,
les passions, l'empreinte sociale, autant d'ennemis implacables,
et le plus souvent victorieux de l'intelligence pure, autant ~e
ruines
sujets pour Pierre Mille. Un de ses themes favons,
c'est l'effort impuissant de l'homme pour canaliser l'inuonibrable variété des cas individuels daos des reglements et descodes. II admire chez les Anglais la faculté de faire abstractioo

a

a

NOTES

465

de '.out ce. qu·í, dans

!ª réalité, déborde les regles de la vie

sociale éd1ctées par ¡ homme britannique M .
·
•1
.
• a1s ce pragma~sme qm, e sédmt, le ?éc;oit aussi, car son intelligence cartéSlenne dem~le .trop bien que ce triom Ph e de l'h omme qm.
;~m~oi:f.e une s1 grosse part d'aveuglement volontaire reste la
,01s uct1 , truqué et provisoire.
'
S'il se
. p 1a1't s1· souvent a' raconter de &lt;&lt; bons tours » joués l

a

a

a

la mag1strature ou l'administration c'est qu'il voi"t d
hª
. . d ,.
.
'
an s e acun une v1cto1r~ e 1 mtelhgence claire sur ]'intellig
r.
ou trop schématisée.
ence rausse

·a

C'est la méme fantaisie, la méme philosophie qui p é
d p·
.
r s1 e aux
O •
e 1erre M1lle, mais dans ce domaine, il a été un
V~ntab]~ créateur. Le type de sa chronique n'est ni celui
a
Aurélien Scholl, ni ceh,1i de Chincholle ou de G
1 d
A I'
· d
rose au e.
eu res
. espn_t e boulevard, aux calembours et aux
ti a subst1~é u~e q~alité_ plus haute de comique o} de ~ur~
l~ue. L on n es,t ¡ama1s bonteux d'avoír ri quand on a ter1111né la lecture d une chronique de Pierre MilJe 11 d
'
son ]ect
]'
•
·
onne a
.
eur occas10n exceptionnellement rare d'un
. . I
bgent ».
« nre rnte -

ch

,r. mques

a

a

a

, C:la vie~t de ce. ~u'il applique
juger et
commenter
pans1en des procédés de mesure inattendus
hest ?1en ce q~e f~it aussi un La Fouchardiere, mais La Fou~
e ardiere dep~~s cmq ans mesure tout la méme aune ; il finit
~ar manq~er d impré,11, apres avoir été prodigieusement diverttssaot. Pierre_Mille, Jui, possede tout un jeu de poids et de
mesures dont il use paradoxalement, pesant au kiloo- e
,
est ha,bitué doser au compte-gouttes, ou mesuraºnt :uq~i;:
ce qu on a coutume de soumettre
la toise. II tire ainsi les
;nséquenc_es les plus déc_oncertantes des faits les plus anodins.
es procédes les plus ordmaires sont d'en appelera l'
, .
tion d'
h
,
appreciaun omme ou d une femme du peuple d'u A 1 .
.d'un col . 1 d'
'
n ng a1s,
.
oma ou un professeur aussi Iouique qu'ingém
.
den a d'autres,
º
i, ma1s

~~u Jo~r le JOUr

a

a

a

!' Et pour présenter ces appréciations, il a aussi innové ou .
~n préfere, rénové l'art de I'apolo!llle. La plupart de
h' s1

mqu
b' .
~
ses e roes sont at1es comme les grandes fables de La F t . .
exposé d he
on ame .
.
u t me, un ou plusieurs apologues une ou plusieurs
morales.!
'
30

�466

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISI

L'improvisateur extraordinaire qu'est Pierre Mille ( et qu'il
n'est devenu qu'apres des années de voyages et de reportages
a travers le vaste monde) écrit dans un style également improvisé, m.ais qui se res-sent de longues lectures, de Voltaire
et aussi d'Anatole Fran.-ce et de Kipli.ng et qui, s'il n'est pas ala
derniere mode, si parfois méme il est négligé, est en général
nourri e;t savoureux, et toujours plaisant.
BENJAMIN CREXIEUX

*
* *
LA BREBIS GALEUSE, par Henri Duvernois (Flammaríon).
Henri Duvemois a inventé quelque chose qui est bien, apres
tout, une espece de frisson. IL a inventé un sourire, Cette trouvaille lui donne l'avantage sur tant de poetes conscients de la
légitimité, de la s-anté, de la sainteté de ce sourire, bien assurés
qu'il n'était pas le sourire de l'anti-poete et qui, pourtant, pour
l'avoir trop lais-sé errer sur leurs levres ont gáté d'ironie antilyrique les plus fares paroles de poé'Sie. Conteur, Henri Du-vernois sait étre bon sans etre dupe. Il ne divinise pas le grotesque
qui est un monstre, mais il ne lui marchande pas, malgré le
sourire, cette piúé qui nous est d'abord nécessaire, car l'au•
móne est pour nous. Charles-Louis Philippe nous annonce
magnifiquement cette vertu excepüonnelle. Ses lettres, plus q.ue
ses livres, le prouvent. 11 plaint la. petite prostituée, il ma.udit la
société qui la veut esclave, mais elle l'attire, il la désire, et il
la possede. Philippe devina:it Dosto'iewsky plus grand que Tolsto'i malgré qu'ou ait traduit le grand Russe en l'altérant.
Peu voluptueu'½ ma:is riche du sourire magiq~e, Henri
Duvemois, dans un sentiment qui désormais se précise, s'est
installé au café des négociants ou Tristan Bernard avait fait des
mots avec génie.
.
Comme dirait un personnage de Duvernois « je ne sais pas s1
je me fais bien comprendre », mais depuis que j'ai lu ses
romans qui le font descendre d'une grande familie par les
Biro•t&lt;&gt; ' 1, je trouve une irrfi.nie ruélancolie a ces mots du coro·
merce: boldnc, madapolam, lasting. 11!1 ne sont pas moins
déchirants que les mots musiciens des symbolistes : aspho&lt;lile,
gui vre, sphinge !

JOTES

tt:e~i

Duv~rnois, demeurant un romancier de la grande
twht:100 ;éa.liste, a devaneé les poetes du madernisme qui
arrangent en symphon ie le dernier cours de la bourse et les dépk.ches de 1a Cote Auxiliaire.
Henri Duvernois a écrit Edgar. Jama.is. peut-etre parfait
ouvtage comique n'avait si bien donné a pleurer. Je ne peux
plus v?ir un petit ours de peluche saos songer a tant de vaines
postéJJtés. Et quand Ma.rie Pe.latz, qui redit cela sans s'en fatiguer, articule e~ censément », c' est comme si j'entendais. « ainsi,

soit-il i&gt;.
J'aime. bien que Duvernois ait tenté l'reuvre d'art qui ne soit
pas ahs~lument formé~ au plus vaste public. Son dernier ouvrage,
la Brtbis galtuse, contmue parfaitement Edgar et donne le désir
qu'un personnage de la qualité du peintre de aénie en exil rue
des Lious Saint-Paul, mari répudié de
nouvelle riche
~.... Aguila~euf, frgure bientót au centre d'une épopée pariS1enrie, réplique du Faubo'Urg M(/11,tmartre. ou creve la romance
- entendue une fois encore ! - sur le paillasson d'une créa-

1:

lllt s.uspecte.

,.

ANDRÉ SALMON

* *

. LES PROPOS RUSTIQUES, de Noll du Fail, introducpar Jacques Boulenger (Bossard).

t1on

Noel du Fail, ou le neven de Rabelais. chez. les bons ména-

gers d'Olivier de Serres.
C'est enten~u : Maitr: Frarn;:ois demeure l'unique. U emporte
par cette 1mpétuos1té de verve qui semble la jovialité ayant
pns feu. L'autre n'a pas ce jet, cette fougue, ni sa langue tantot
la forte plénitude, tantót le tour net et coupé daos le vif.
B Mais que: engage~?t compagnon gai, preste, hardi, riant. Ce
reto~ manifeste dé¡a les humeurs qu'aura son compatriote, le
!,~ªn':1°º de Sorel. Ecolier, et dissipé, puis piéto11 des guerres
tal1e, Du Fail, ~ont ~- JacquesBoulenger traceunnetprofil,
CO°'.meni;a sa carnere d homme de judicature en 1548. Or c'est
environ ce temps qu'il donne ses Propos RMtiqu.es, et ce livre
c~rmant sent la fois son leste ba.chelier et son sage et bien
avisé conseiller au Parlement de Reunes.
Daos ks verts prés ou les jeunes font e&lt; exerclce d'arc de
l1.Utes., de barres » 7 des preud'hommes assis sous unlarge c:h~ne,
to~t

a

�-468
e jambes aoisées, leurs cbapeaux un peu abaissés aur la ,ve
jugent des coups et parlent du viem temps, tt;mps,,d.
temps de _simplesse, vrai temps de Die~. Qu ºº. n atlle
croire a une bergerie : e Tenant en aa nwn un petat baat
couldre duquel il frappe ses bottes lim avec courroyes
ches •• voici maltre Anselme, e bon laboureur et assez bon
notaire pour le plat pals. Et celuy que voyez
costé aya
poulse passé a la ceinture. a laquelle pend celle grande
:s.
... sont des lunettes et une paire de vieilles beures,
SJCre
Ou
•
• dº
pelle Pasquier, lun des grands gaudisseurs q~1 so1~ acy
.oumie dun cbeval, et quand je dirois de deuJ, 1e croas
~entiroia point: toutesfois c'est bien celuy de toute la •
qui 'plus toat ha la main a la bourse pour donner du Vlll
bons compaignons. •
.
Jamais Fénelon, ni Florian, ni Rousseau, ne_so':8'enP:1ent
particularités qui f9nt tant plaisir. Mais Du ~ad na pomt la
faite de méme ; (si daos son épttre au lecteur il é~uche un
trat Social, rudimentaire sociologie ou le bon Juge pro
fait UD corps de'ses obse"ations, c'est UD Contrat plus pla.
atout prendre que celui de Jean-Jacq~es): e.e Breton V~
choscs et il sait les faire voir. ·U color1e vivement ses P'
mais au plus pres du naturel. Des érudi!s ont retrouvé
carte et aur ·1e sol tous les lieux de son hv":, comme 11W
registres paioissiaux ses personnages. ~cu. importe. 11
J'écouter ces villageois parler des part1cul1ers, des «.
qu'ils ont connus, et faire commé°!?r.ations de leun
d'étre et de Ieun manies : on sent qu 1c1 tout est touché

ª

~Et quel vieux gout de pays : mieux marqué que ehez
ctla ne se pouvait : plus purement marq?é, peut-.étre. .
Done, non pas une de ces bergeries n a~t DI sel ~a
mais une églogue a la fran~isc, ou le loup vient tres baca
ces belles filies qui n'en ont point assez peur, u~e églogue
bien troussée, fteurie, pleine de matice et de traJts.
Ces bonnes gens, a propos rompus, font des ~rrés ~u
temps. lis traitent ainai les divers points de la vae rusb
fétcs, les banquets, les farces, le gouvem~men~ des
le joli portrait, celui du frisque galant qua, assas, tam
des pieds, sur le cotfre, e disoit le peti_t mot ala traversdJ

469
ot•.. » - les douces harangues des preud'bommes ofa
·ent sentences morales et dictons d'almanach. Aussi les
ea entre villageois, les gar~ons allant en troupe abaguil, Jea querelles, les bons mota, les sanes de ménage.
lálisme au premier chef. Le dialogue, d'impressionnante
malgré l'archaisme des phrases, garde le timbre méme du
; de ces vives annm il a encore OD ne sait quelle chaleur
• Tels passages, - l'ancien soldat montranl tout glorieux
ois qu'il mene faire prouesse, les secrets de l'escrime
, ou l'écolier qui se fait wloir par le récit d'imaginairea
es, - sont vraiment d'un agrément oaturel auquel on
·•tepas.
'
ce qu'il importe de marquer ici, c'est que parfois, en
trois traits, et ayant le charme minutieux et large des
bois gravés, de petites scenes font tableau.
· le compue Thenot tenant son petit voisin par la main
faisant dire mille beaux mots a un chacun, malgré la
c¡ui se fAche de ces propos trop verts. Mais le vieil homme
oyant asa quenouille, agence pour le marmot un mouliune fttlte d'écorce, et lui plante sur le bonDet un plumart
es de cbapon. .
•• en tel équipage suyvois le bon Thenot et son cher comTriballory, lesquelz congnoissans les choux et lard estre
(« voyaas par les comeilles q1.1i se retiroyent des champs
percher au bois, et du bestial qui desja estoit mis au tect),
loyent le petit pas, disputaos quelque matiere de consecomme de regarder par lcurs doigts quand seroit la
Noel ou Ascension, car tresbien ~voyent leur compost ;
yent de la serenité des jours subsequens par les bruines
; puis me chargeoyent de un petit fagot de bois que ila
t faict amasser, disans (en conscience) que jamais ne
retoumer a la maison vuyde et que cest le dire duo bon

••

Propos R11sliques, saos étre sana doute une ceuvre impor, demeurent un bien joli bouquin. Mais qud est ce secret
avons perdu ? Pourquoi les livres de nos contempoCflli nous feraient plus dispos ala vie, - et il n'y en a pu
gardent-ils on ne aait quel arriere-gotlt autre que

fDOlls

HBMIJ POUHAT

�471

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AiSI

la pr~e~tation pourrait étre plus directe. Si M. de Pesquidoux tra1ta1t plus bonnement et de plain-pied ses themes s'il

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CHEZ NOUS, par Joseph de Pesquúú:Jux (Plon).
Les Pro¡,os R11.stiques restent en sorome un traité des mreurs
villageoises. Cber._ Nous par .quelques · chapitres s'y apparentt.m:..
Mais bien autre ~t le ch.iffre du livre, bien autre son sens. La
verve libre et le caprice n'auraient point ici serví a'auteur. Son
dessein ,voulait du sérieux, de la ferveur, ·et un pea de ce se111
naturel .qui fi.t s:ms doute la fois, jadis, le sorcier, l'.agricu1teur
et le poetc.
L~ livre pourrait etre plus un, traiterpar exemple uniquement
des tnrvaux etmétiers. Ou bien alors un bestiaire- le blaireau,
l'isaro, la taiupe, - un wlucraire, - l'oie, la pal6lllbe? Mm
de quoi s'agit-il ici? Si je vois juste, d'introdufre la vi.e rustique en Armagnac. De dire non seulement les jeux et les couturnes, les fomaines sacrées ou les petits métiers villageois, mais
encore les animaux du bois et .de la basse-cour, et la vi.gne, et
le blé, et l'eau...de-vie, .avec aes particularités que savent sculs
les paysans. Par vingt avenues ou sentiers M. de Pcsquid0111
entend nous mettre au creur d'une métairie gasconne. Montrer
comment le terrien, 1a-ba:s prend puissanoe S'Ur les betes, les
plantes, les ,ch.ases, les plic :a son usage et organise l'éconamie
de ,son monde. C'est en ce point que le livre, d-0nt les cbapitres
p.araiS'Sent -assez divers, trouve son unité.
Régionalisme., terrcir, perite patrie, mots redoutablcs qui ont
provoqué et qui ont excusé trop de pauvretés sans nom. Sur le
marché, jamais r.égionalisme sérieux n'abonda. On ne lui ,voit
.guere d'ailleurs que .deux formes possibles ~ !'une rétrospecti'?C,
un folklore élargi faisant registre de tout le trésor des mémoires
paysannes; l'autre., une connaissaru:e .des champs, du monde
paysa.n en ce qu'il a de partimlier et peut•etre d'inexpl(!)'I'é. Tous
deux pourraient ouvrir l'imagination de curieuses provincesct
permettre de réinventer bien des choses.
Ce Chez_ .Nous, .en san do.maine, offre un e1tceüent type de
liwe proprement régionaliste. De oes études consciencieuscs et
fines, on peut dire tou.t net : c'est fort. Cest en tout cas aut~ment intéressant que ces romaus de terroir presqoe reujourstrap
romancés, aia Zola ou la Sand.

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évitait certains mots qui « font trop riche » ettroublent l'a~ospbere, si ses paysages étaient un peu plus proches de !'esprit
agreste, ces « introductions » si fortes en couleur et en nat~re
waien.t bien pres d'etre des chefs-d'reuvre.
Ce ne sont point les chapitres les plus cousins - cousins
él~ignés, - des Pro_Pos, .ccu,x des coutumes, des fetes, qu'on
pr~ferera. Souvent. 11 amve a ceux qui parlent des paysans ce
qu1_selon Pascal amvc aux hérétiques : ils ne parlcntpas faux,
ma1s ne présentent qu'une des faces de la vérité laissatlt dans
l'ombre la ~ace contr~ire. M. de Pesquidoux
c;up s 11r peint
honn~te et ¡uste ; ma1s ses rustiques font sonuer des borgnes
tmicalement peints de profil.
,:,

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Au~ p~esqui traitent d~sailtures, des chasses, iJ sait marquer
plus d arnere-plans. Tant 11 a de gout noter les particularités
Ge la besogne bien faite, ou de l'obscure histoire des animaux
des plantes.
'

a

Eternelles géorgiques. Pourquoi ne pas dire avec Olivier de

Ser~es et tant d'autres : e&lt; la culture des champs se.roit la plus
pla1sante cbose du monde et par maniere de parler telle vie
approcheroit de celle des Auges, si on pouvoit recouvrer des
gens cela propres et affectionnés comme il appartient ? »
Le Tbéátre d'Agriculture Ju paisiblement devant que!que
grange au bord d'un pré-verger oú les pommes tombent sur le
~~fle et leplantain, enchante peu peu l'imagination. Mais le
V!CUX bouquin est énorme. I1 y faut des soirées, des soirées.
Ch~ Nous &lt;lonnea moins de frais des plaisirs plus conscients et
plus rapides. Son intérét, ou mieux son poids, et son charme ne
ifont_q~'un : ils sont daos cette entente du monde agreste, ces
précmons données, ces secrets livrés, ces correspondances
-notées, - ainsi celle-ci, des aromes : l'eau-de-vie ne prenant
toutc sasaveur que dans certains füts de chéne noir, - ou la
poésk nah d'un mariage entre le naturel et le mystérieux.
Certes ces sapi!!nces la fois tres anciennes et tres frakhes se
perdent. Les paysans gascons s'ils croient encore que les sorciers
peuvent rendre les couettes aussi dures que chemin gelé,
,(~alhcrbe cante bien en une de ~s lettres comment par l'effet
d un sort la plume de tous les oreillers de son quartier se mit en

a

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�472

LA NOUVELLE REVUE FRANi;:AISB

pelotons ), n'estimcnt plus comme Olivier de $erres que le blé
augmente ou dimínue dans les greniers selon les pluses de la
tune. Mais tout cela est lenta disparaitre. Il y a plus de choses
sur la terre méme, chez !'animal, le végétal, plus de vie, d'esprits cachés, de vertus secretes, que notre philosophie ne le
pense. Et ceux-la, ces «- gens purs et mundes » qu'Olivier de
$erres voulait étre seuls « employés au sacro-saínt exercice
d'Agriculture », le savent encore qui vivant en pleine □ ature
gardent un sens subtil des correspondances.
Chez Nous nous emmene en d'anciens domaines qui sont
notres et faits maíntenant pour nous plaire. Car, apres taat de
littérature logique et psychologique, n'est-on tout porté a s'occuper des faits sans explication, des points étranges, de la víe
directe que l'analyse n'éclaire pas, bref du mystere, deviné par
sympathie, mais non démélé de tout un monde agreste et profond?
Sous l'ongle du cheval ailé des fontaines peuYent encare
sourdre de la vieille terre. 11 faut savoir beaucoup de gré a
M. de Pesquidou¡ qui nous le fait aujourd'hui mieux comprendre.
HENRI POURRAT

LE THÉATRE
LE FEU QUI REPREND MAL, par ]ean-Jacques Bernard
(lllttstration du 6 aoút).

1

M. Jean-Jacques Bernard nous a donné deux pieces dont les
sujt'ts sont empruntés a la guerre, ou plus exactement deux
pieces situées dans cette région de vie civile 011 les remous de
la guerre se font encare sentir. La Maison épargnée inontrait la
population d'un village incendié poursuivant de sa jalousiele seul
habitant de qui, par hasaní, le feu n'a pas détruit la demeure-:
jalousie si perfide et meurtriere que le pauvre homme fin~t
par fuir apres avoir lui-mtme fait flamber sa maisoo ; ains.1,
rentrant dans la misere commune, il espere désanner l:r
calomnie. Juste et émue daos tout ce qui releve de l'obser•
vation, cette piece manquait de la puissance qu'il aurait fallu
pour soulever les personnages jusqu'a un pareil dénoueroent,
Pour rendre vraisernblables les actions qui sortent du comroun,
il faut une chaleur dramatiquc, un lyrisme qui emporte la con-

NOTES

473

viction. Si l'on se rappelle Ies romans et les nouvelies précédemme~t pub!iées par M. Jean-Jacques Bernard, L'Epicier, Les
enfants ¡auent, on reconnahra que cette vigueur d'invention est
précisément ce qu'on y trouve le. moins, alors que la notation
des choses vues ou des émotions directement éprouvées est
toujours délicate et vraie.

Si-Le F~u qui reprend mal, joué le printemps dernier par
les ~schohers, a rencontré un succes unanime, c'est que,
fortu1tement ou de propos délibéré, l'auteur a mis en reuvre
un sujet qui ressortissait entierement
ses qualités et ou il
a pu_ en donner 1a mesur.e. Le retour des héros leur foyer
tena1t autant de place dans l'épopée grecque que la guerre
de Troie tout entiere. I1 n'existe pas de sujet plus émouvant,
et les événements contemporains ont été de telle nature, iis
ont causé des séparations si longues, des dispariti'ons, des
rencontres, des bouleversements si imprévus que, de longt~mps, nous_ n'aurons pas épuisé cette mine de sujets pathétiques. La ¡alousie conjugaie qui fait l'étoffe du drame de
M. Jeao-Jacques Bernard pourrait aussi bien éclater ailleurs.
qu'entre un prisonnier qui rentre d'Allemagne et une jeune
femme qui a con&lt;;u pour un officier américain un sentimeut
tendre mais innocent. Pourtaot le conflit du Feu qui repre11d
mal re~oit de la guerre sa couleur et sa motivation. Il est
particulier et général ; c'est ce qui fait sa force. Des conversations entre quatre personnage6 suffisent nourrir ces trois
actes. La joie du prisonnier qui rentre inopinément chez Jui
.
'
qui trouve chaque chose
sa place, les meubles, ses vétements la trace de toutes les vieilles habitudes ; sa serviette
meme semble étre restée dans le tiroir, rouiée dans son lien ...
~on, c'est celle de l'Américain qui vient de partir, et la
Jalousie fait sentir sa premiere morsure. C'est par des traits
aussi simples que procede M. Jean-Jacques Bernard. La délicatesse avec Iaquelle il les choisit en fait l'éloquence, et
une bonté sobre de phrases les réchauffe d'une sensibilité de
bon aloi.

a

a

a

a

JEAN SCHl,UMBERGER.

&lt;

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�LA NOUVELLE REVUE FRANr;USE

474

LETTRES ÉTRANGERES
LETTRE D'ANGLETERRE.

llOTES

475

davantage encore, qui semblcnt n'utiliser qu'un reil, et qui par
&lt;:onséquent ne voient les choses qu'en surface, et non seion les
trois dimensions. &lt;;:a et la on rencontre un auteur dont les
phrases, au lieu d'aplatir en quelque sorte l'objet qu'eiles décrivent, réduisant ainsi une sphere arrondie ·un disque, encexclent
l'objet., le mett:ant en relief comme font les deux yeux d'un
homme dont la 'Vlle est normale. C'est la un don rare, et chez
midébutant, il en est peu qui promettent w.t.ant. Miss Ethel
Smyth, le nouvel é.crivain, et la vieille connaissance dotrt je
wus parle, docteur en musique, auteur de Impressúms thatremaiwsl ' et de Streaks of Memory 2 , Je possede un degré éminent.
Ce sont les mémoires les plus intéressants qui nous aient été
donnés depuis longtemps, et leur valeur est considérable. Lorsc¡u'un autobiographe a le taJent de tran~ormer la vie en art, peu
impone si les scenes qu'il a vécues ont été étraoges et &amp;oti&lt;¡~es, ou douces et familieres. Les expériences par lesqueiles
MlSS Smyth a passées, ou plutót ce qu'elle en a fait revivre dans
ses Jivres, n'ont rien qui transporte
des altitudes extraordinaires, ou qui ouvre des horizons mondiaux, Une des nombreuses filles d'un soldat retraité; sa jeunesse s'est passée dans
un comté du Sud de l'Angle.terre; elle a étudié la musique
~ipzig, et a voyagé en Italie. Voila tout le champ de son expénence, pour autant qu'elie I'ait retracé dans ses li:vres, mais la
moisson est aussi grande que si elle avait gouverné des provinces
ou conduit des armées - car elle a le dondevoir. Les ~nsparmi
lesquels elle se meut reprennent vie dans ses sonvenüs, sont mis
en Jnmiere et en reJief. Parmi les impressions qu'eílle a fait
revivre, i1 en est deux surtout, variées et peupJees, qui sont de
petits che:fs-d' oouvr.e.

a

Si parmi le nombre des livres. ~ubli~ dans l'espa.ce de _trois
ou quatre mois, il s'agit d'en chomr tro1s ou quatre, ce c~o1x ne
peut fare dü en grande partie qu'au,hasa.rd : on_ ne saunut _avan•
cer que les quelques volumes mis a part cont1ennent v~_aunent
c~ qui a été fait de mie111:~ de plus remarquable ; qu 1ls sonl
représentatifs en aucune fac;on, qu'u.n ~rincipe quclc~nquea présidé leur sélection. Ce seront tout s1mplement tr01s ou qume
Hvres qui auront attiré fortement l'attention de te~ on te1 ~bse~vateur. C'est ainsi que j'ai aujaurd'hui devant m01 un p.etlt tno
de liVTes étrangement assortis, et formant l'un avec l'autr~ le
plus !l'Tand contraste; inutile de dire qu'il y a eu une ra.ison
quelcºonque de les grouper. Ce sont trois livres fra~ra~ts et de
publica.tion récente; ne me laissez pns prétendre qu 1ls ~llustrent
de quelque fac;on que ce soit le cours que prend la littéra~re
parmi nous. Corrunent pourrait-on juger d'aucuoe ph~se d nn
paTeil développement, avaut d'étre
mé~e de_ le vo1r, pour
ainsi .dire, en raccourci et dans le passé. Qu 11 suflise de consta.ter
que ce sont des livres lire et que nous avo~s tous lus .. Daos_ le
choix auquel je me suis arré.t.é, denx catégones au mo1ns _comcitlent : Ia catégorie des livres qui sont lus et la catégorte de
ceux qui valent la peine d'étre lus.
..
Un nouvel etremarquableauteurvient de faireson appannon
parmi nous depnis un an apeu pres. Ce n'est pas ~e nouvdle
connaiss.a.n:e · nous l'avions rencontré depuis longtemp.s_dans
un autre ,dom~ne, car c' est un talent ex.ceptionnel a la fois en
musique et .en littérature. Je ne m'anarderai pas parler de ce
•
·
• 1
qu'il fu dansle premier de ces arts., mais
J.,a1mera1s
" m'éteodre
,quelquepeu snr ce qu'ilnous a dooné dans 1~ sec~o? ou ilestun
nou\'eau ven u. On d.ev:ra:it toujours saluer d une Jme spont_an:
l'écrivain qui montre qu'il ou qu'elle possede le don de Vtn~,
don de créer par les mots uneimpression visuelle, etplusqu ua_e
impression visuelle, une ímpression plastíque. 11 Y a des écn·
vains et parmi les meilleurs, qui, des qu'ils écrivent, sembleat
· ·
'
soudainement
privés de toute faculté de V1S1on,
et 1·1 y en a

a

a

a

a

a

a

a

La pre.miere est celle de la vieiUc maison de campagne dans
laqueUe elJe fut8evée, la maison aux nombreuses filies llllle
.
'
unage évidemmenttypique pour l'Angleterre. C'est une ma.ison
co~ortable et accueillante d'aspect, malgré ses traces d'usuc.e ;
t?11Jaurs ouverte tou.s, prodi-gue et imprévoyante, c'est .a peine
s1 l'on peut y parler dí.me orgwsation, tant elle r.epose sur une
base pécuniaire incertaine, tant !'esprit de sage .économie y fait

a

I.

2.

ltnpressfons qui reslerent vitoantes.
Traits de Mémoire.

�476
dffaut. Elle résonne du matin au soir de bavard~es pu~la
d'éclats de rire, de discussions et d'altercations, ~e Jeux, 1pla
teries et marivaudages ; la vie y est amusante, ~ais elle ~ a a
style auc:un fini : dépourvue de toute forme, hvrée entrm:
au b~ard, elle est en un mot tout a f~it dicowue '· Les n
breuses filles sont partout, il y en a hwt de tous Ages, ent
d'un essaitn d'admirateurs. 11 n'y a gu~re de pla~ pour taot
jeunes gens débordant de force et de vitalité, mais_ ds se bo
lent avec une parfaite bonne gdce daos leurs JeUx, sports
aventures. Daos l'ensemble oo peut dire qu'ils prenneot du
temps 2, Et le caract~re le plus eotrepreoant de tous, le p~us P
est l'auteur qui évoque
de VI·e et d'nriaioalité
- • .,,.
• le souventr de
tableau, w aquarante ans de distance. Dátrez-vous vous
liariser avec le décor daqs lequel se meuvent les personnagea
douzaines de romans écrits entre 186o et 188o, p~r exemple
romana d'un écrivain aussi typiquement anglats que
Brougbton, qui malgrf toute la négligence d'u,~ art b
larges traits fut !ffllement l'auteur de la _comédte de
si íréqueote daos notre littérature de 6ct1on ? Vous trouv
dans la description de Miss Smyth la chose méme, le
ment original, et, de sa main, ce doel;'ment es~ plus proche
la vie, et d'une lecture plus captivaote, que bien des ,
Ce n'est pu qu'elle écrive avec soin, elle parle plut6t qu elle
s'applique aécrire avec Mt, elle parle avec un humour
rant et une parfaite liberté, n'épargnant persoone, e~le-,.
moins que les autres, mais elle parle d une fa~on 11 ~
et si pittoresque, que l'impressioo est produne, la vte
0

• · d l'
Et puis il y a sa description des milie~~ de pro':1nce e
magne centrale, de la petite bourgeo1s1e amatnce de
musique, un monde familier depuis lo_ngtemps a _la pi
d'entre nous, méme a ceux qui ne conna1ssent par. aillean
peu de cbose ou rien du tout de la Prusse et de Berhn. P
n'a dépeint ce milieu avec plus de rechercbe ~ue Miss S
qui pendant tout le tempt que dura son apprenttssage fut
de la tradition de la belle musique classique allemande,

recréée.

1.
2.

En fran~is dms le texte.
Have a good time.

,,,
477
e ou cette tradition (il y a de cela trente ou quarante ans)
Je plua jalousemeot gardée : celui de Madame Schumano,
Joacbim, de Brahms. Daos ce petit monde aux mcnrs siml la vie aQtcre soutenue par de grands enthousiasmes,
Smytb semble étre tombée comme UD oiseau étrange et
e daos un poulailler. On le sent agr6ablemeot surpris et
ment bouleversé par l'intrusion de cet étre étraoge venu
ord, dont l'esprit entreprenanfet capricieux est si düRrent
cclui du baekfiscb indigene et qui est capable de teoir t~e a
h6tes sur le terrain sacré de la musique. L'image est devenue
ºque avcc tout ce qui depuis s'y est ajouté ou en a dis; nous regardons par dela un abime, et la,.dans le lointain,
perite, brillante, et distincte, nous retrouvoos cette vie
le souvenir est resté si net et qui paraissait si ■table et si
avec ses petits potins, son économie frugale et sa mu■ ique
(hambre classique, oh Wagner était encore un parvenu, qui
• corrompre le goilt musical par son art tapageur. Miss
reproc!uit fidclement cette vie, avec UD mélange judide sympathie et d'ironie, et elle en fait non seulement le
cfUDe admirable étude de mceurs mais aussi le fond d'avenpenonnelles variées et étranges dont le romantisme va
'au dramatique, et qu'elle rend avec: art et sincérité. Imprestbaf remairud, i la fois reproduction des choses vues,
tlrame _d'une :\me large et origioale, noua ofl"re uns aucun
de grandes richesses. Dans le livre qui lui 1.Uccéda, l'audonne des aper~us d'un cercle plus grand, de petites esquiases
te■ de personnalités en vue telles que la reine Victoria,
pératrice Eugénie, l'empereur d'Allemagoe, auxquellea elle
une fratcheuret une plasticité qui ferait croire qu'on les _
tre pour la premiere fois. Voila done un écrivain qui a
ent apporté quelque chose de nouvcau dans le monde
• e, ne laissons pas passer un tel événement saos le célé-

'autre livre auquel s'est arrété moo cboix e~t une reuvre
d'une main délicate et parcimonieuse, connue et admide
• longtemps. Le lecteur critique a dcux cboses a reprol M. ~ Beerbohm, deux seulement. La premicre c'est
ier si raremeot un livre. Nous attendons, et, apré■ dea
d'attente, il arrive un petit volume de contes ou d'essais,

�LA NOUVELLE REVUE FRA?f&lt;;AlSE

pleins- de fantaisie . Nous le dévorons en une hcure, et nour.
nous mettons a atten&lt;lre le suivant quelques année&amp; encorc.
C'est tres fatigant mais heureusement les intervalles semblent
aller en se raccourcissant. Le dernier livre d'e53ais, Even Now 1
est venu plus tót qu'on ne s'y serait attem:l.u. Mais cela n'a fait
qu'accentuer le second grief auqu.el j'aí fait allusion. M. Beerbohm dont l'art comparé a celui de Miss Smyth est une épée
a une hache, a le méme don sacré de vision. ; il es.t de ceux
qui savent sculpter aU$SÍ bien que dessiner une irnpression
vécue. Et cependant, daos ce dernier groupe d'essais, il n'y en a
qu'ma, UJl seulement qui contienne plus qu'une fantaisie, une
ré&amp;:xion capticieuse, une btavade de la pensée. ll fait servir
son talent exquis a l'élaboration de petites plaisanteries, et c'est
amusant, et les ch.oses sont délicatement tournées ; mais il y a
la un o-aspillage apres tout, car il est de taille amanier des données plus substantielles. Une fois seulemen.t dans ce livre il
laisse de coté ces gracieuses fantaisies pour créer une chose
viable ;·u évoque ses souvenirs de Swinbume, or nous ne verrons jamais sous trop d'aspect~ la silhouette si étrange de Swinburne jeune ou agé. M. Gosse, dans la si parfaite biograpnie
qu'il a faite du poete, nous en a donné beaucoup, il no~s ,ª
révéléSwinburnesurtout dans sa jeunesse. M. Beerbohm, hn, La
connu agé lorsque le fidele, vigilant, et absurde Wat~s·_Dunsto~
le co1.1vait de sa sollicitude, et que ce couple de v1e11lards s1
étrange vivait dans une des villas banales des faubourgs de
Londres-. Jamais ü n'y e.ut su jet plus digne de portrait que ce
vieillard degénie, avec son hornunculus tutélaire ; il faut que je
vous cite une page de l'esquisse délideuse et sobre qu'en a
tracée M. Beerbohm :
« L'entrée de Swinburne fut pour moi un grand moment. Jevoyais apparaitre en chair et en os soudainement deva.nt moi,
l'étre légendaire, le chanteur divín. Il étrut U, ferma.nt la porte
derriere tui, comme l'aurait fait tout autre mortel et marcbant
vcrs moi - une é.trange petire. silhouette grise a l'allure noble
et espiegle 1 fie.re et gami.ne ala fois. ün lui burla mon nom
dans les oreilles. Swinburne était tres sourd. En lui s.errant la
rnain, je m.'inclinai profondément, y allant naturellemellt de
l.

Et 111.ime 1l prmnt.

ICYI'ES

479

t?,ut ~on ere~; et lui, selon l'a_ncienne mode aristocratiq,ue,
unclma auss1 profondément, mau a.vec une telle célérité, que
nous fo.mes pres de nous beurter. En général l'idée ne vient pas
lorsqu ' on se trouve en présence d'un homme de génie, de le'
cataloguer daos une classe sociale, et Swinbume est si différent
d'aspectde tout exemplaire de l'espece humaine, que j'eus lieu
d'.étre errcore plus étonné de ce que la premie-re impression qu'il
ait _
produite sur moi, et qu'il produisait sur qui que ce soit,
était_ celle d'etre un tres grand gentilhomme. Je &lt;lis un grand
gen'.ilhomme, et non. pas un vieux gentilhomme. Quelque rares
et d1spersés que fussent les cheveux gris qui bordaient d'unefnnge l'immense dome pile de sa tete, et quelque vénérable
qu'~t été ~our moi l'anréole dont l'entourait sa grandeur, il y
~vait en 1~1 quelque chose qui faisait penser ... aun petit gan;on?
a une petúe filie? Je ne sais. Plutót a un enfant, aun enfant de
race to_ur a,fait supérieure. ?v~aís il avait les _yeux d'un Dieu, et
le soume d un elfe. Au prem1er aspect, sa silhouette paraissait
presque épaisse ; mais cela venait seulement de la fa¡;on doot il
se tenait, car il t:endait son long cou tellement en arriere que
tout son buste reculait pour ainsi dire au second plan. Je
remarquai ensuite que cette :tnaniere de se tenir faísait écarter le
bas de son. veston de ses jambes, et ses épaules étaient si étroites
et_si inclinées que celui-ci paraissait toujours sur le point de lui
g~ser du corps. Je me rendis compte aussi que lorsqu'il s'inchnait, il ne déraidissait pas le dos mais seulement le cou, de
sorte que la profondeur de son salut était due la longueur de
son cou. Ses mains étaient petites, méme par rapport a s;on
corps, et elle_s s'agitaient sans cesse maladroitement, comme si
elles cherchaient des choses a tatons. »
Ouant a mon troisieme livre, j'ai dit qu'il valait la peine d'étre
lu, comme les autres, mais je dois admettre qu'a strictement
parle_r il ne mérite pas par lui-mérne qu'ons'y arrére longtemps.
Un livre toutefois qui nous rappelle que M. George Moore est
toujours parmi nous a cela au moins de bon· c'est pourquoi
bien qu~ son n~uv:au livre, une comédie intitulée
'
: Tbe c.omi11{f'
1
oJ_ Galmelle s01t d éto:tfe assez maigre, 011 ne peut le passer s.ous
:nlence . On a vite fait de le lire et presque atISSi vite fait de

a

1.

L'.-frrivét tk Gabrielle.

�LA NOU\'ELLE REVUE FRANCAISE

l'oublier, mais il vous force a penser une fois de plus ala position étrange qu'occupe George Moore parmi les hommes de
lettres. 11 y a de longues années que parurent ses premiers
romans; ils s'inspíraient si résolument des reuvres des « naturalistes » fran1yais que la place de leur auteur a cette époque était
claire. La plupart de ses bistoires (pas toutes) étaient tres rnauvaises; ruais elles représentaient un essai courageux d'implanter
les príncipes des Goncourt dans notre sol aride, et George
Moore s'est distingué par cet elfort, quelque signalé qu' y ait été
son manque de succes. Depuis Iors il a fait du chemin, et il est
tres difficile de dire ce qu'il représente aujourd'hui. I1 y a quelque
temps i] remarqua tout a coup qu'il était irlandais et il changea
aussitót la fa&lt;;:on stricte et littérale qu'il avait de transcrire la vie
et qu'il avait empruntée aParís en une nouvelle maniere errante,
vagabonde et loquace, qu'il croyait etre caractéristique de l'imagination irlandaise. Je ne sais pas jusqu'ou c'était la le fait d'un
lrlandais, mais cela servit suffisamment a faire ressortir que
M. Moore, bien qu'ayant rompu avec la Fraoce~ ne tenait aucunement a s'alüer' avec l'Angleterre philistine. Il écrivit des bistoires, des nouvelles, des pieces de théatre consciencieusement
ce celtiques ll et peu a peu il lui arriya une chose surprenante :
il devint un écrivain tout afait original et vraiment admirable.
Par une persévéraoce continue, une application sans défaillances, il apprit a écrire, et a présent il écrit comme n'écrit
persónne d'autre, d'une maniere qui est absolument a lu_i et qui
fascine par un charme étrauge, monotone et légerement mélan•
coligue. C'est notre ancieo mariníer, non pas sauvage et
décharné comme le vieil homme de Coleridge, ma.is avec toute
la culture confortable du citadin ; et il nous force a. écouter ses
histoires interminables et les souvenirs innombrables qu'il
-évoque. lls soot ternes presque jusqu'au désespoir, et cependant
ils nous captiveut a travers des centaines et des centaines de
pages, saos qu'on puisse dire exactement pourquoi. Son parler
ressemble au oiou-glou étouffé- j'oserai a peine dire des eaux
b
'
printanieres - non, plutot d'un robinet grand ouvert et qu ap·
provisionnerait sans cesse une source cacbée .. 11 coule, et coule,
""agréable et dow:, et eofm tout fait charmaot l'oreille, si bien
qu'il se P-ourrait qu'on finisse par ne plus faire attention ace
.qu'il dit.

a

a

HOTES

Et ce qu'il fait de mieux, saos aucun doute, c'est de raconter
l'bistoire de George Moore. C'est ce qu'il a faít en plusieurs volumes pleins d'images du passé qui laissent une trace remarquablement vivan te dans la mémoire du lecteur. M. Moore couve ses
souvenirs avec la s-ereine assurance que le moindre d'entre eux,
étant lui, a une valeur unique, et il a tout fait raison. Ce n'est
pas parce qu'il a connu tant de personnes intéressantes, ni parce
qu'il semble ignorer toute retenue et toute discrétion, mais tout
símplement acause de quaiités personnelles qui ont le don de
s'imposer comme telles, qu'il arrive a captiver l'attention par
ses souveoirs, quels que soieot les sujets qu'il traite. S'il rappelle
qu'un jour vers I'année 80 et quelques, il mit son chapean et alla
faire un tour au jardín du Luxembourg, observa les bonoes et
rentra chez lui (je n'aflirme pas que ceci soit textueJ, mais
c'e.st typique), c'est en quelque sorte un 'événement; et ce petit
ép1sode doit la lumiere dans laquelle il est mis, uniquement ce
que la personnalité de George Moore est un phénomene sans
précédeJ,¡t, une espece de divertissement ,de la nature si l'on
v~ut, de sorte que toµt ce qu'il rappelle et décrit, quelque trivial et empreiot de fatuité que 'cela pui'sse étre a l'occasion, est
quelque chose a part. Lorsque l'ancien marinier commence sa
confession, il faut qu'on l'écoute. Mais le charme est certainement moins piiissant quand il passe de sa propre histofre a celle
de créatures de son imagínation. L'immense roman biblique :
The Brook Kerith ', qu'il a fait paraitre récemment, est un désert
qui ne fleurit que pour quelques Iecteurs, mais qui, pour la.
plupart d'entre eux, a plus de sable que de roses. Et l'on dit
présent qu'il vient d'écrire une histoire d'un millier de pages
sur le theme d'Abélard et d'Héloise ; le livre n'a pas encore été
publ~é, mais il le sera certainement quand paraitront ces lignes,
Et bien que nous eussions préféré un millier de pages sur le
the~e George Moore, qtielle vitalité ne doit-il pas y avoir daos
Cet ~mpayable • vétéran des lettres pour qu'il puisse ainsi toujours
sort1r des rangs dans toutes les directíons, pillant les différentes
é~oques pour y trouver la matiere de son art bigarré et patient !
Cest de tout cela que l' Arrivée de GabrieUe nous a fait nous

a

a

a

a

I. Le ruisseau Kerith.
2. En fran~is daos le

texte .

�LA ~NolWELLE REVUE FRAN~ISB

ressouvenir. Nous avons VI.te fait d'oublier Gabrielle, mais
George Moore est toujours avec nous.
PERCY LUBBOCK

•••
MESURE POUR MESURE, de Shakespeare, traduit et
Guy de Pourtalis (Société littéraire de_ France).

préfacé par

Ce texte est ce 1m. que , l'hiver dernier' Pitoeff .a ut1hsé pour
t a Geneve Mesure pour Mesure. La traduct10n de M. Guy
mon er
f
·
e l'ori
d Pourtales est aisée. Une soigneuse con rontat1on ave
:
~nal pourriit s~ule nous apprendre si nous 'Pouvon~ la .cons1gdérer comme défi m't'ive · A premiere vue ' on. souha1terait plus•
de ythme et d'accent dans le reodu de certains pa_ssages lynue: oll brusquement Shakespeare fait intervenir le_ mftre
;égulier et méme la rime. Mais i1 faut un coup de génie pour
trouver des équivalents ade si surprenantes beautés; et m1eU1
vaut en laisser quelque peu pilir les couleurs tout en en rc:ectant le dessin, que de perdre dessin et beau:é pour ª''Olr
p rudemrnent ¡Írétendu calquer !'original. Une p1ece de Sha~:~eare continue d'exister, méme dépouillée de ses ~rnements,
uion n'en altere pas le mouvement et la v1e. M. Guy
pourvu q
d'
, phere
de Pourtales a su conserver a cette comé te .son atm~s
.
voluptueuse et sanglante, son élan, et cett~ vénté essenn;lle qut
luit si curieusement sous l'apparente invra1sem blance de I affabu-1ation. Et il a trouvé moyen de ga~d~r aux stenes bouffoanes

Jeur grande saveur.
.
.
laires
Mesure pour Mesure e·st une des p1Cces les romos. popu
de Shakespeare, sans doute parce que le point de. départ en
parait assez saugrenu. On prend difficileme~t au s_ér1e;1
l'expérience tentée par ce Duc indulge~t, ~ut s~ ret1re
monde pour confier a son lieutenant le smn d apphquer' a ''I
. eur féroce les vieilles lois centre la débaucbe, qu t
·
une rigu
,
J que
a lui-mé.me laissé tornber en désuétude. 0 n con~o1t
1 ·e du malbeureux Claudio soit réel!ement meoacee parce
a v,
é
·
des
sa fiancée se trouve enceinte avant la cons crauon
~~:e,, alors que tout le monde d'aigrefins et d'entremetteu;;
qui circule dans la piCce s'en tire avec des cb.1.uments as d
doux 11 est probable, en outre, que la tonalité géoérale. e
• tres trouble et chame 11e~ en a ren du la représentauoa
l' ceuvre,

v:

?1ª

NOTES
difficile. Mais quelle conoaissance des hommes révele cette
c!trange comédie !

Les neurologues ont récemment défini un type de malade,
le« persécuteur », qui hait et poursuit en autrui des tares
sexuelles dont :l son insu iI est attei.nt lui-méme. La fureur

qu'apportent ces individus a réclamer des répressions n,est
qu'une inconsciente défense de leur organisme centre un mal
qui l'attaque en secret. Le personnage d'Angelo, le sombre
lieutenant du Duc, est la parfaite illustration de cette névrose.
· Ce n'est pas un simple hypocrite. La rage avec laquelle il
pourchasse la sensualité est celle d'un maine Cana.tique, non
d,un débauché qui couvre son jeu. ll observe, semble-t-il,
une sévere continence j'usqu'a l'instant olJ sa folie éclate et
ou, voyant i ses pieds la jeuoe religieuse, sreur de Claudio,
qui le conjure d'épargner la vie du jeune homme, il lui
propase soudain son iufáme marché. Notez la brusquerie du
désir, ce qu'il a de sacrilege, de sadique et de follement imprudent. Angelo « hypocrite » reste une figure assez incohérente ;
mais Angelo cr persécuteur ,, voila un type posé avec des
dessous d'une exactitude .i:mpitoyable. « Nous veudrions, puis
nous ne voud'rions pas », dít-il 1ui-méme, mot qui est d,un
homme trav.aillé par des instincts contradictoires.
Avec Shakespeare il faut toujours oser comprendre. Quand
un de ses personnages ne nous satisfait pas, c'est parce que les
indications en sont trap peu développées, ce o'est point parce
qu'elles sont fausses. Examinons de nouveau la figure du Duc
'lui, tout d'abord, nous semblait déconcertante et con1rue uni&lt;¡uemeot pour les besoins de l'affabulatioo. Cet épicurien pes&amp;Uniste qui, moitié par curiosité, moitié par lass.ítude et g01lt
de la vie cootemplative, livre sa bonne ville de Vienoe .a la
tyrannie de l'impitoyable Angelo ; ce sage qui se plaít sous un
froc de moine nous surprend Iorsqu'il avoue qu'il connaissait
déja une vilenie commise par son homme de coofiance. Alors
pourquoi l'avoir revétu d'un pouvoir si redoutable ? Oubli .?
inconséquence ? 11 ne faut jamais invoquer ces excuses, tant
qu,il est possible de découvrir une intention. Voici, quelques
iastants plus tard; le Duc en présence de Claudio qn'il est résolu
de sauver et qui certes a suffisamment expié sa légereté. Or
pourquoi lui dit-il : « Jl faut mourir demaio ; mettez-vous

a

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

genoux et tenez-vous prét » ? Pourquoi aller ensu_ite trouver
la malheureuse Juliette, écrasée de remords, et lu1 déclarer :
« Votre complice,
ce que j'apprends, doit mourir demain »?
Désir de chatier ? Peut-étre, mais avec une pointe qui va plus
loin ; car s'adressant la religieuse qui, elle, n'a pas le plus
petit reproche s'adresser, il lui applique la meme torture :
« La téte de votre frere est tombée et a été portée Angelo. »
Que signifie cette cruauté chez ce sage ? C'est ~n trait_ sur
lequel Shakespeare insiste : « Par froides gradat1011s, d1t le
Duc, et pans les formes les plus étudiées, nous en finirons
avec Angelo. » Et tout le cinquieme acte est un jeu ~e fauve,
supplicier tour
tour la rehgeuse et
ou le Duc s'amuse
Angelo, en les faisant passer de l'espérance au désespoir.
Quoi, chez ce prince si juste, si bon, détaché de toutes les
petitesses, qui parle de la mort et de 1~ vie avec ta~t de h~uteur, il y a par moments un blasé qm se compla1t
fa1re
couler des !armes, a voir palir des visages, pour s'amuser
les foudroyer par la joie ? Tel est certainement
ensuite
l'homme que Shakespeare a voulu peindre dans ~a parti~ularité
la plus audacieuse. Qui voudrait contester la vénté ternble du

a

a

a

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a

personnage ?
.
M. Guy de Pourtales a mis en tete de sa traducuon une
préface qui contient, sur le génie de ~hakespeare, ~es remarques pénétrantes. Mais pourquoi écnre: « Le tr!1t (e plus
profond du génie littéraire de Shakespeare est ~ av01r su se
libérer des regles étroites qui ligotaient la tragéd1e, pour rebondir librement jusqu'aux nai:vetés divines de l'ancienne dra•
maturgie présocratique. » 11 faut n'avoir rien Ju du théatre du
Moyen-Age, souvent si admirable scéniquement, pour ne pas
voir par quelle filiation directe la forme dramatique de Shakespeare en est jaillie. Nous sommes si loin d'épuiser toutes ,les
bonnes raisons d'admirer Shakespeare que nous pouvons nen
pas chercher de problématiques.
JEA.N SCHLUMBERGER

*

**

LES ILES ARAN, par ]ohn M. Synge (Rieder).
Dans un excellent avant-propos, M. Maurice Bourgeois nous
montre le jeune Synge l'hótel Corneille, pres de l'Odéon. 11

a

écritun article sur Racine. Yeats, qui habite le méme hótel, dit

aSynge : « Quittez París ; vous ne créerez jamais rien en lisant
Racine ... Allez aux iles Aran ; vivez-y comrne un des indigenes ; exprimez leur vie, que nul n'a encore exprimée. »
D'ou ce livre. Aran est,un archipel de trois iles, l' ouest de l'Islande, face au large. Chacun de ces trois rochers, fonds schisteux
de ces récits, apparait sous un pale soleil, au-dessus des brumes,
ou dans la pluie, surtout dans la pluie. Comme Stevenson
Samoa, comme Gauguin, Synge découvre sa personnalité et la
fixe au milieu de gens simples, qui font des gestes éternels.
Tout :ci se passe hors du temps. Racontée en gaelique, la
lueur d'.un feu de tourbe, la légende se place entre des tableaux
réalistes : embarquements de porcs, marchés aux chevaux,
enterrements, expulsions par huissier. Tout y est dit sans littérature ; cette lecture est reposante comme un congé lamer. Il
y a de visibles tempétes, avecde sobres drames de péche, nullement aménagés, comme chez nos auteurs. Au-dessus, degrands
ciels bousculés qui prennent ptesque toute la toile, et font penser Bonnington.

a

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a

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a

M. Bazalgette a traduit avec une sincérité et une discrétion
ou se reconnait un véritable artiste. Il est indispensable de lire
ce livre pour comprendre Synge et son reuvre postérieure.
PAUL MORAND

*

* *

LETTRE D'ALLEMAGNE.
Ma premiere impression en revenant en Allemagne avait été
celle d'un chaos, et tout naturellement je cherchais
entrevoir
dans ce chaos les contours du monde nouveau qui devait en
naitre. Or, maintenant je me rends de mieux en mieux compte
combien il est difficile d'apprécier une littérature dans des
moments de crise. La fermentation des esprits excite les volontés,
mais il est rare qu'elle procure les moyens d'exécuter ce qu'on
croit devoir se produire. Aussi arrive+il souvent que le poete
apres une période de fievre, se retrouve devant les mémes problemes qu'auparavant, les problemes de son art, qu'il reconnait
alors ne pas avoir varié au gré des circonsta□ces.
M. Werfel, dont je vous entretiendrai aujourd'hui, est bien
sorti du cha os, comme le prouve sa derniere reune : le Spiegel-

a

�486

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISJ!

mensch, Mythiscbe Trilogie (Munich, Kurt Wolff, 1920) quel'on
dit étre classique, et que d'aucuns comparent au F~ust de
Grethe. Sa piece est en tous cas fort instructive, pourqu1conque
veut se rendre compte des tendances qui dominent dans la poésie moderne allemande.
La trilogie de M. Werfel représe~te l'histoire syi:nboliqu_e
d'une vie. Thamal, dégouté des voluptés terrestres, a pns la déc1sion de se retirer dans un couvent ; mais trop attaché encore a
lui-méme et aux vanités de ce monde, il succombe aux épreuves
qui lui sont imposées avant de pouvoir. étre re~u m~ine. Laissé
seut dans sa cel1ule, ses regards sont attlt'és vers un ndeau ~ystérieux. ll l'écarte et YOit apparaitre un miroir, daos lequel il se
contemple. L'image le rappelant trop
lui-méme e_t au p~sé
qu'il maudit, d'un geste viole~t ,n brise la. g~ace, 1:1'ª1: ce n est
que pour voir surgir devant lu1 1homme muoll',, qm n est ~u~e
que son alter ego. A peine sorti de son ca~re, l homm; m1ro1r
lui fait force compliments, glorifie sa pmssance, et l ent~aine
hors du couvent P,OUr devenir désormais son compagnon tnsé•
parable.
Nous ne suivrons pas Thamal daos sa course
_travers _le
monde. II tuera son pere pour avoir son argent, il sédu'.ra
Amphé, la fiancée de son meilleur ami ; il finira par se cr.orr.e
Dieu et se fera adorer par le peuple. C'est l'homme miro~
devenu son mauvais oénie qui lui fera commettre tous les . cr'.·
mes exaltant son moi et flattant en toutes occasions ses ambition:. Arrivera le jour, ou la justice humaine se s~isit de Tb~mal ; mais c'est lui qui prononcera sa condamnation, et décidera de se donner la mort pour expier ses péchés.
Dans un finale nous retrouvons Thamal au couvent, et le
voila une fois de ~lus devant le miroir qui naguere avait ex~ité
sa colere. Mais, cette fois, ce qu'il y voít apparaitre, ce n eSl
plus sa propreface. Lemiroir est devenu transparent, et Thamal,
au lieu de son image, aper~oit comme a travers une fenétre largement ouverte, un monde rayonnant de lumiere et de couleu~.
C'était le refiet de son moi qui jusqu'ici l'avait empéché de vot~
l'univers tel qu'il est en réalité. L'homme miroir, substitu~nt :
la vraie vision des choses l'image démesurément agrandie d
son moi l'avait mené d'illusion en illusion et en mém~ tem~s
de crim; en crime. Ce moi n'est plus depui_s qu'il a fait le sacn-

a

a

NOTES
fice de sa vie. Libéré de tout ce qui 1'attachait asa pro pre personnalité, il voit l'aube se lever sur uo monde ou toute chose
n'existe que pour ~tre aimée d'un amour infioi. L'ame inquiete
de Thamal a trouvé la paix dans le nirvana.
J'ai essayé, avant tout, de dégager en quelques mots le sens de
la trilogie de M. Werfel, et il me semble que c'est bien par U
qu'il fallait commencer. Ayant lu la piece, vous ne sauriez manquer de vous demander ce que cela veut dire, et tout naturellement, vous chercherez la réponse daos des réflexions &lt;l'un ordre
général, que d'ailleurs M. Werfel vous facilitera en les faisan t
pourvous. En effet, ce queM. Werfelreprésente surlascene, ce
n'est pas une vie seulement, c'est la vie tout court, la vie comprise daos ce-qu'elle a d'essentiel la fois et d'immuable. Sa
_p!ece sera une démoostration portant sur le seos méme de fa

a

VIC.

Mais comment M. Werfel fera-t-il pour nous élever ala sphere
des idées pures ? A défaut des universaux dont le logicien se
sert en pareille occasion, il créera des symboles. Aussi lorsque
vous verrez apparaitre sur la scene Thamal, n'est-ce pas tel
homme, mais l'homme représentant de son espece que vous
aurez devant vous ; lor~que ce sera le tour d'Amphé vous
devrez vous dire que ce n'estqu'un nom pour désigner la femme
en général ; et quand les deux s'aimeront, aucune erreur n'est
plus possible : c'est bien de l'amour en soi qu'il s'agit, et non
de te) amour en particulier. Ces prgcédés vous permettant de
condure, vous vous formerez une idée générale de la vie, et
vous serez a méme d'apprécier la these que M. Werfel développe dans sa trilogie.
La piece de M. Werfel sera done symbolique d'un bout
l'autre. Aussi me semble-t-il que pour bien juger de sa tr.ilogie
iI-!aut commencer par s'entendre sur ce que veut dire, en poésie,
le terme de symbole, -qui est loin d'avoir toujours la méme
signification. D'ailleurs en nous posant la question, nous aborderons en méme temps un des problemes les plus essentiels de
la poésie ailemande modeme.

a

« Ou'est-ce que le général? C'est le fait índividuel et unique.
Qu'est-ce que le particulier? Des milliers de faits » disait Grethe,
auquel on a comparé M. Werfel. Grethe sentant la profonde
Unité de ]'individue) et du général, tout lui devenait symbole.

�LA NOUVELLE REVÜE FRANQAISR

Pour voir les choses sous forme de syínbole, il suffirait done de
les voir en poete. Le symbole ne s'ajoute pas
la visíon du
poete, il y est impliqué; et c'est précisément en sachant garder
toute chose son caractere propre qne le poete créera de
l'universel et de l'éterne!. Qu'y a-t-il de plus individue! que
Hamlet ? que le Misanthrope ? que Faust ? et qu'y a-t-il en
méme tetnps de plus humain ? Etre bomme, c'e's t savoir étre
pleinement soi-meme, enseignait Grethe. I1 n'y a pas d'humanité en dehors de l'individu bien compris. Le poete n'ira done
pas au loin pour chercher des symboles, il en trouve partout
pourvu qu'il sache voir et comprendre. Mais des que se perd
la vision du sens propre des choses et qu'il ne teste plus
que des menus faíts, l'unité entre l'individuel et le général est
brisée ; ou plut6t íl n'y aura plus ni l'individuel, ni le général;
il n'y aura que le nombre d'une part, et l'abstraction de l'autre;
ce ne sera plus le monde du poete qui en vain y chercherait des
symboles.
U n'y a done pás d'opposition entre l'individuel bien compris
et l'idée, nous dit Gcethe. Qu'est-ce que la femme ? Cest cette
femme-ci. Maisunefois qu'elle aura cessé d'ttre pour vous ce
qu'elle est en elle-meme, et qu'elle n'existera plus qu'en comparaison avec d'autres, pour ne plus etre qu'une de celles qu'on
rencontre tous les joms, il n'y aura plus la femme, il y aura les
femmes; c'est le nombre qui tue l'idée.
,
Voila les príncipes dont s'inspiraít Grethe, qui en poésie ne
séparait pas l'individuel du général ! M. Werfel part d'un point
de vue différent. Chez lui le symbole se rapproche souvent du
concept logique ; c'est une pluralité réduíte
l'11nité par des
procédés d'abstraction. Ainsi quand vous serez mis en présence
d'Amphé, je crois entendre le poete vous dire: voila bien les
femmes, c'est comme cela qu'elles sont; connaissant moa Amphé
vous les connaitrez toutes. Amphé est done née d'un pluriel,
ce qui aux yeux de Gretbe, ainsi que nous venons de le voir,
suflirait pour la disqualifier comme symbole. Retranchez d'un
ensemble d'expériences érotiques ce que chacune d'elles aura pu
avoir de particulier et d'individuel, vous serez parfaitement en
état de comprendre Amphé. Ce n'est pas ainsi que vous
connaitrez Gretchen. Gretchen c'est la femme, telle qu'a un
moment de sa vie l'a vue Gcethe, symbole vivant né d'une

a

a

a

NOTES

ex~érience unique; AmpJJé ce sont les fernmes, ou encore c'est
le sexe, terme générique, né d'une abstractíon. Disons aussi
Ju'u~ certain cyn~sme, ,en .réduisant l'amour asa plus simple e¡
mvanable _express1on, s al11e parfaitement aux vues abstraites, et
mé_me y d_1spose, comme il disposera Thamal a se faire moine
et a mépnser le monde.

M. Wer~el sait done ce que c'est que I'amour et ses person_nages tém01gneront de son savoir. Le symbole chez lui résume
·et précise ; aussi signifie-t-il tou¡·ours un ter~1 e Or ' ' t
.
.
.
.
, e es ce
que ¡e ne . saura1s vo1r ~ans ~rainte. Un monde mis en symbole est un monde qui finJt. En suivant les principes de
Gcethe, par contre, nous ne saurions jamais arriver a une fin .
car, .vu qu'il
y a autant
.
.
. de symboles qu'il y a d'individu
.
s, 1·¡ y'
aura ~ou¡ours, une mfimté de manieres d'exprimer ce que nous
n_e fa1so_ns ~~ _entrevoir, chacun dans ce que, sous forme d'expénence md1VIduelle, il con~oit de la vie. 'fout poete pour sa
part ~~na .done recommencer l'reuvre qui consiste a rechercber I '.n:fim daos le fini. M. Werfel, lui, nous arréte. L'amour?
Le vmla. I1 nous montre les idées descendues sur terre et
venues expres ~e _l'autre monde pour se substituer aux appa~enc~s de celu1-c1. Il est vrai que chez lui les idées ne sont
¡ama1s ennuyeuses. En séjournant quelque temps parmi nous,
elles semblent perdre de leur gravité et cesser d'étre riErides
M. ~erfel, qui sans aucun doute est un grand artiste le: fer~
cabnol~r tout a son a~se ; elles ne chercberont qu'a n;us amuser. Ma1s tout en me divertissant leur jeu, je les crains ; car
q_uelle que soit _la forme sous Iaquelle on nous les présente, elles
nsqueront tou¡ours en se substituant aux visions de Ja vie de
mettre fin a toute poésie. « C'est dans ses reflets aux te¡'ntes
changeantes, qu'il vous sera donné de voir la vie ». Le mot est
encore de Grethe.

a

On m'objectera pe~t-étre qu'aucun poete ne voyant l'idée de
~a m~m~ ~aniere ~u'un autre, et la vie individuelle repreant a10s1 ses drmts, il y aura toujours diversité dans le monde
~es symboles. Thamal et Amphé ont beau prétendre étre
1 homme et la femme en soi, ce ne seront toujours que l'homme
: 1~ fe~medeM. Wez:íel, _etquand M. Werfel vous dira: «Voila
v,1e », 11 a~ra beau fa1re, 11 ne fera toujours que nous l'interpréter asa mamere. Le symbole sera l'ab_solu, mais l'absolu yu a

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;:AISE

490

travers un tempérament de poete, ce qui par un juste retour des
choses, ouvre des possibilités a l'infini, c'est-a-dire qu'il y aura
finalement autant d'absolus qu'il y a d'individus pour en concevoir. C'est en effet ce qu'on voit aujourd'hui se produire en philosophie ou la pluralité des absolus aboutit a un relatívisme
général. Tout le monde est aflirmatif, mais puisque les autres le
sont autant que vous, et que vous u'étes pas assez prétentieux
pour vouloir l'étre i vous seul, tout s'arrange, et la vie, sous ses.
mille formes cootradictoires, continue comme par le passé et
semble méroe etre deveoue plus riche, du fait que chacun sera
entierement libre de pousser son idée jusqu'au bout, sans devoir
se soucier de celle des autres.
Mais revenons a la poésie. Rien n'empecherait done le poete,
dirions-nous, de symboliserdesidées, pourvu que ces idées fussent bien a lui, c'est-a-dire pourvu qu'il ait su y mettre assez du
sien pour que ce qui s'y trouve de général, en passant par son
ame, ait repri.s un caractere individue!. ·Pourtant, tout ea
admettant que cela soit possible, je ne cesserai de voir dans
le symbolisme compris ia maniere de M. Werfel un danger
pour la poésie. Le poete s'aj:,andonnant tr9p exclusivement a
ce genre de littérature, risguera toujours de perdre le contact
direct avec la vie, tirant ses inspirations d'un monde qui n'est
pas le sien, ou du moins qu'il ne s'est pas c.onquis de haute
lutte.
Pour pouvoir mieux. m'expliquer, il faudra que j'ajoute ici
quelques mots sur la psycbologie de M. Werfel. Non qu'il faüle
chercber daos son •reuvre des procédés psychologiques. Le
pourquoi etle comment s'y p·erdent dans lesens symholique; il ae
faut pas de psychologie dans le royaume des symboles. C'est
méme un des cótés les plus caractéristiquesde la nouvelle poésie
symbolique que l'absence voulue de toute analyse. L'amour est
un fait dont i1 s'agit de dégager la portée générale. Or, toute psy·
chologie rísquerait de uous ramener aux vues particulieres ;
ce serait un amour et non pas l'amour dans le seos que
donne M. Werfel. Il faut d9nc se garder de pénétrer dans les
secrets d'une áme, car on retrouverait fatalement l'io.dividu, au
lieu de la chose en soi. Mais aous a'aurons pas la méme retenue
a garder envers le poete, créateur de symboles, et dont nous
voudrions connaitre l'inspiratíon afin de mieux comprendre

a

NOTES

491

comment, dans une áme d'artiste, naissent et se développent les
visions symboligues.

Le_s origines psychologiques du symbolisme nouveau sont
certa10ement _comple~es. 11 me parait cependant possible de
d~~er un .fa1t es~nt1el, q~, une fois bien étabii, nous. permettra1t, ¡e crms, de m1eux préc1ser certains caracteres de la littérature contemporaine.

L.e poete na1f parle peu de la vie qu'íl ne prétend pas avoir
~1sée et dont il n'extrait pas l'essence sous forme de symbole.
~a change, quand. le poete se trouve devant une littérature
dé¡a toute formée ! Il luí sera facile alors de résumer la vie
sans mém: l'avoir vécue, par pu.re anticipation littéraire. Les
femmes, l amour, la gloire, le péché, la mort : i] aura déja: vu
tout cel~, dans ce grand livre d'images quereprésente pournous
tous la lmérature. Fermant le livre, il dira; voila la vie et doué
d'un certain esprit et de quelque imagination, il saur; n~us la
représenter en raccourci er développer tantót telle these tantót
tell~ autre. Le symbolisme compris d'une certaine nunie;e aura
tou¡ours des origines littéraires ; c'est une littérature au se~ond
degré. Le poete, en créant des symboles, travaille sur des images, et sur des idées toutes faites.
Le f:a1·1 que ¡e
.
·
de s1gnaler
·
v1ens
tne semble avoir son impor-

a

tance pour quiconque cherche a compreadre et
situer les
;uvres _de Ia littérature contemporaine. Mais avant d'essayer
en dégager les conséquences, je voudrais résumer la these que
dans sa t n·1ogie,
· M• W erfel nous développe, au moyen de sym-'
bo
les, et n1ontrer les préoccupations aux.quelles elle répond.
M. Werfel nous enseigne qu'il faut détruire son moi. Le couvent dans lequel Thamal finira une vie, désormais bienheu~se, se trouve quelque part aux Indes. Le poete, comme tant
autre~ de sa génération, en ce moment, se déclare pour la sagesse hindeue. Ce qu'íl ycherche, c'est unesolutioa au probleme
cenes,:oujours angoissant, .de l'ttre et du paraitre, de l'homm:
re! q~ il est, et de l'homme te! qu'il se voit au moyen d'un
lllll'O!r.

Le probleme est anden. Rousseau -l'avait posé pour les mose dédouble ; il y a son moi réel et
son rnoi fictif; pour savoir ce qu'il est, il faut qu'il sache ce qu'il

dernes._ L'homme civilisé

représente, comment il est vu par les autres et le róle qu'il joue

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISB

49 2

daos le monde · c'est par son moi fictif qu'il prend connaissance
de lui-méme. Les poetes d'avant-guerre con~aissai~~t plus ou
moins bien cette dualité, qu'ils interpréta1e~t d a1lleurs de
diverses manieres, et, sans toujours s'en rendre compte, so~ffraient des conflits qu'elle devait f~ire naitr~. Mais ,.quand_ i(s
allaient a la recherche de l'a.me, 11s croya1ent qu 11 suflisa1t
pour ]a retrouver intacte d'avoir cre~sé as~~z profo~dément et
de savoir rentrer en soi-méme. L oppos1t1on de l étre et du
paraitre se réduisait en somme pour eux: a une difl:érence. de
surface et de profondeur. lis croyaient e~ l'am~ ; 1ls éta~ent
optimistes d'un optimisme intérieur et qui par bien des cotés
rappelle celui de Rousseau.
.
.
La foi naive en l'ame semble diminuer, et je v01s que depms
quelque temps on reparle beaucoup de la corruption h~maine.
A la place d'une :ime, príncipe éternel ~e tou~e bea~te et de
toute vérité, on ne parait plus voulou vo1r qu une b~te
méchante et pei:verse, qu'il faut abattre. Je! se~ble. bien
étre l'avis de M. Werfel, qui pour se libérer de toute 11lus1o~et
de tout péché, ne voit d'autre solution que le ~uicide du ~10 1, et
qui, disciple a la fois de Bouddha et de Samt-August~n,_ ala
vision de la Mafa unit l'idée du péché origine!, au pess1m1 5me
oriental, le pessimismt: chrétien.
]'ai essayé de vous exposer ce qu'on pourrait a~peler lam~taphysique de M. Werfel, et j'aurais tort de ne pas a¡outer aussitót
que les passages qui nous l'interpretent, sont souv~nt de toute
beauté. Et pourtant il faut que·je l'avoue, je préfere a ~a ~agess~
transcendante des moines, le cynisme de l'bomme mir01r, qui
s'en tient aux apparences de ce monde.
C'est que, tandis que les autres personnages _de/ª piece son;
d'une simplicité toute symbolrque, l'~omme m1r01r est un_étr_
. un 1n
. dºice qu e parf01s 11
fort complexe et vivant. Faut-1·¡ y vo1r
et que du
Peut y avoir désaccord entre le philosophe et l'artiste,
·
tpar.
point de vue de l'art ce sont souvent les Mephisto qui· fi. mssen_
l'emporter ? Quoiqu'il en soit, le pe'rsonnage de l'homme om~L!
est réellement fort intéressant. Tantot flatteur, tantot narquois,
• votre ma1tre,
'
tant6t votre serviteur, tantot
e' est u n autre vous·
.
méme c'est votre moi qui, se dilatant et prenant des proportwns
'
b er d'illusions ou
grotesques se place devant vous pour vous ere
'
.
· votre vi'd e. 11 me
aussi en d'autres occasions, vous fa1re sentir

'

NOTES

493

semble connaitre l'homme miroir, et je crois méme qu'il aura
des choses anous dire que le poete ne nous &lt;lit pas, ou dont il
ne nous parle qu'en passant, et sous forme d'allusions.
M. Werfel, en créant l'homme miroir, me parait en effet
avoir créé en vrai poete, un de ces personnages qui, une fois sur
la scene, paraissent jouir d'une vie indépendante et n'appartiennent plus a celui qui leur a dooné le jour. Le poete comprend-il toujours ce qu'il a créé ? Connait-il afond ses personnages ? Hamlet n'en sait-il pas plus que Shakespeare, et le
Misanthro~ plus que Moliere? Quoiqu'il en soit, il me semble
que l'homme miroir n'a pas tout dit M. Werfel, et qu'il cache
quelque chose. Je voudrais l'interroger pour savoir ce qui en
est, et si possible lui arracher son secret; car, si je ne me trompe,
il doit avoir des ch oses intéressantes a nous révéler, entre autres
sur le symbolisme moderne et sur M. Werfel lui-méme. En
effet, l'homme miroir ne joue-t-il pas un role important dans la
littérature contemporaine, et le fait de sa présence n'est-il pas
propre nous expliquer certains confl.its qui aujourd'hui troublent l'ame des poetes ?
11 y a dédoublement du moi chez le poete moderne. A coté
d'une ame qui sent confusément sans savoir dire ce qu'elle sent,
il y a !'esprit, il y a le moi littéraire qui sait et voit tout, et qui
toujours maitre de lui-méme ne manque jamais de mots ni
d'images pour représenter les sentiments. C'est lui qui, riche de
toutes les imaginations du passé, aujourd'hui domine généralement le poete, et l'entra!ne au loin, faisant miroiter devant
ses yeux l'image d'un monde immense né de la littérature.
Avant la guerre, pourtant, les deuic moi vivaient en paix. ~e
poete n'en voulait pas a son rnoi littéraire de la domination qu'il
exer~ait sur son ame ; il jouissait en connaisseur des richesses.
que l'autre avait rassemblées pour lui, et, sans se faire de scrupules, y puisait ses inspirations. Les reuvres nées de cette paisible un ion ne manquaient d'ailleurs ni de goftt, ni souvent
méme de profondeur.
Mais tout changea quand les poetes, pourse mettre au diapasoo des événements, voulurent crier au mpnde leurs souffrances
et leurs révoltes. 11s s'apen;urent alors avec dépit, que leurs sentiments et leurs gestes n'étaient plus tout a fait a eux; et qu'ils
ne savaient plus pleurer leurs propres larmes. L'homme miroir

a

a

�49-t

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISI

se fait un jeu de tout ce que nous sentons, disaient-ils, or les
ternps ne s.o nt plus ou il pouvaít étre permis de jouer. lis déciderent de se révolter. Mais comment se débarrasser de leur
compagnon devenu Ieur maitre ? Il n'y a que l'extase et la folie
qui puissent nous líbérer de Iui, et nous rendre a nous-m&amp;nes,
annoncerent-ils. Mais esquissant le ges!e approprié' aux circonstances nouvelles et se tournant par une ancienne hahitude
vers le miroir, c'était le fou de Shakespeare ou quelque autre
persoonage tantot tragique, tantót comique qu'ils] voyaient
apparaitre. - Il est pourtant fort ridicule de ne fas pouvoir
verser de lannes, sans se voir pleurer dans un miro ir, se dirent-ils
alors, et pour etre devenus fous, de ne savoir l'etre qu'a la
maniere des autres ! - ]'en suis fort faché pour vous, répoadit l'homme rniroir, mais cet air de morne abattement que je
vous voü prendre en ce moment ne vous rappelle--t-il done
rien? N'est-ce pas encore upe fois . de moi, qui vous ai conservé
tous les gestes du passé, que vous le tenez ~ Regardez-vous bien
daos ce miroir, et dites-moi si ce n'est pas vrai. L'homme miroir
devenait méchant'; il semblait prendre plaisir a 'tourmenter
le poete. Ce n'était plus le ficiele ·et érudit compagnon d'autrefois, c'était un Méphisto d'un genre nouveau, obséquieux la
fois et narquois.
Etre soi-méme, renahre dans un monde que jamais regard
d'homme n'~it e:ffieuré, pouvoir étre le premier homme, et le
premier poete dans un univers qui vient de sortir du néant,
n'est-ce pas leur réve atous ?
Chacun de ceux qui se s.ont suivis a travers les siecle~, nous a
en.levé quelque chose de ce monde, en le transformant a sa
maniere, et ainsi s'est formé ce va.ste univer.s littéraire daos
lequel nous autres, venus trop tard, nous nous voyons condamnés a vivre. L'homme miroir y domine en despote. 11 est
devenu riche de toutes les riéhesses du passé a mesme quenous
devenions pauvres. Nous ne voulons plus de maitre, allons ala
conquéte d'un monde qui soit a nous. Ecrasons l'iní.lme.
L'hommemfroir c'est l'ennemi !
Ont-ils raison, ont-ils tort ? lis accusent l'homme miroir d'a•
voir faussé l'inspiration du poete. Quand nous chantons, est-«
bien encore notre voix que nous entendons, et nos réves sont-ils
encorea nous ? Que faisons-nous autre chose en composant nos

a

NOTES

495

reuvres, que de répéter des róles inventés par d'autres qui,
eux, furent des poetes ? Qui est-ce qui saurait oous dire ce que
nous sommes au fond de nous-rnemes ? Eteruels acteurs ~ous
savons jouer tout, sans jamais etre rien de ce que nous 'représentons. Ils s'accusent de mensonge :
- Mes pauvres amis, leur répond l'homme mitoir, vous ne
savez ce que vous &lt;lites. Pour etre acte·urs, etes-vous done menteurs ? Vous ne le devenez que quand vous prétendez etre autre
ch~se. Dégoutés de la scene, vous dédarez vouloir vivre-désorma1s d'une vie qui soit vous, ruais quoi que vous fassiez vous
ne _ferez jamais que changer de róle, et votre jeu n'en se;a pas
me1lleur ...

a

~a discussion en e_stla. Disons toutefois que chez M. Werfel,
a_l encontre de ce .qw se passe dans sa piece, i] y a réconciliatlon, Le fait mérite d'étre signalé, d'abord parce qu'il constitue
un des symp_tóz:ie_s, fort nombreux d'ailleurs, qui nous montr.e nt
que tout finira 1c1 par entrer dans l'ordre, et ensuite parce qu'il
nous a :alu l'ceuvre fort intéressante, dont je víens de vous
entretemr.
!l Y a toutefois des jeunes qui restent irréconciliables, et leur
fu11e éper_due devant le miroir qui les mene daos les p.ays les
plus exot1ques, ne manque ni d'intéret ni de grandeur. Mais je
leur dirais de tcnjours se méfier, car l'hommemiroír est tenace.
Débarquant dans une de ces contrées lointaines, refuge d'une
.ame_ en qutte de songes vierges et d'inspiration premiere, sontils bre_n surs de ne_ pas y retrouver leur éternel compagnon, le
Mephtsto de la l!ttérature? Je le vois sous la forme d'un
d ,·1 b
•
en c e ou d un negre Jeur tendre le miroir révélateur -et,
souriant d'~n air narquois, les féliciter d'avoir bien joué un' role
dont certarnement les connaisseurs sauraient apprécier les
charmes et la nouveauté. Est-ce done la ce qu'ils avaient vonlu
quand errant de par le monde, ils étaient partís a leur recherche·
de leur moi?

!

a

ll aur~it_reut-étre une autr'e solution proposer; celle qui
co_n 51_stera1t a ne plus avoir besoin de se regarder dans un
m1ro 1r2 pour étre s\1r qu'on existe. Mais c'est bien difficile car
rela rnp¡;oserait que le moi etit repris pleine confiance en 'luiMmeme, et fut rewnu_ a sa premicr~ :igneur. o~, tout ce que
, · \Verfel nous ense1gne ne tenda1t-1l pas préc1sément nous

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANl;AISB

apprendre a nous mépriser nous-mémes, et a rechercher un~
paix bienheureuse daos le Nirvana? .
BERNARD GRCETHUYSEN

*

* *

ALEXANDRE BLOCK.
La pensée russe, la poésie russe viennent d'éprouver une perte
immense : Alexandre Block est mort, mort du scorbut, conséquence d'une nourriture insuffisante. II n'avait que trente-new
ans. Nous avons subi en ces dernieres années de telles pertes, en
víes humaines, en richesses intellectuelles et matérielles, que
nous devrions étre parfaitement insensibles et incapables de
réagir, semble-t-il. Et pourtant, la dépéche d'Helsingfors
annom;ant cette mort produisit daos toutes les colonies russes a
l'étranger une impression profonde ; la disparition du grand
poete, qui depuis des mois déja vivait dans un dénuement
atroce, manquant detout, cette disparition acquérait a nos yeux
une signification symbolique ; c'est que Alexandre Block était
bien plus pour nou,s qu'un poete de talent : en lui s'incarnaient,
semblait-il, toutes les aspirations de l'ame moderne russe,
ardente, tourmentée, croyante, enthousiaste, amere aussi et
désenchantée. On l'admirait, mais on l'aimaitsurtout. Beaucoup,
pourtant, le supposaient en communion d'idées avec les bolchevistes, depuis ses poemes Les Dou{e, puis Les Scythes, que
les cercles communistes accueillirent avec un tel enthousiasme ; rnais on savait qu'en ces derniers temps le poetes'était
dressé contre les maitres actuels de la Russie, que ses dernieres
reuvres n'avaient pu paraltre, que la misere dont il souffrait
n'avait été que la conséquence de son opposition courageuse.
Alexandre Block débuta en 1905 par un recueil : Vers a la
Dam; de Beaute qui attira immédiátemeot l'attention des critiques et du public lettré. 11 s'y montraít l'éleve des symbolistes
russes de la premíere génération : Balmont, Brioussoff qui euxmémes, comme on sait, avaient sµbi l'action des symbolistes et
décadents fran&lt;;ais : Baudelaire, Verlaioe, Mallarmé. L'influence
de Tibuttcheff et de Y.ladimir Solovieff s'y faisait également
sentir. Le mystícisme de ce dernier, surtout, avait exercé une
action puissante sur le jeune poete : cette Belle Dame a laquelle
il adressait ses oraisons arden tes, qui luí apparaissait en de cour·

•

NOTES

497

tes et brusques visions, c'était l'Eternel Féminin qui, tantótsous
l'aspect de la Sagesse (~o(¡)l.cx), taotot sous celui de la ViergeMere, imprégnait d'un mysticisme érotique tout le vaste systeme de VladimirSolovieff. Ce theme, en se développant, dominera la poésie d'Alexandre B:ock jusqu'aux anoées terribles de la
guerre et de la révolution. La visíon de la Dame de Beauté, de
l' Ge Inconnue », comme il &lt;lira plus tard, transparait a travers
ces vers, d'une douceur exquise, mais dont la sonorité ne se
dissout pourtant pas en musique comme chez Balmont, par
exemple : Block a l'imagination plastique et concrete ; avec
cela, une légereté, une liberté, un naturel que la poésie russe ne
connaissait plus depuis Pouschkioe. Un second recueil, la Joie
lnattendue, vint confirmer cette impression ; au sentiment aigu
et profond de la nature et de l'Eternel Féminin s'y joignaient
d'autres motifs : sous l'influeoce de ses a!nés, Bríoussoff en
Russic, Verhaeren a l'étranger, Alexandre Block découvrait 1a
ville, l'usine; aucune idéologie socialiste ou símplement révolutionnaire, daos ces vers, nulle description réaliste, mais des
réves, des visíons empreintes d'une teodresse souffrante. Puis
vinrent trois drames lyriques, Le Guicrnol, Le Roi sur le tróne
'
,
i?,
'
ou I on sent passer le souffie des fu tu res catastrophes, et l'Incomme qui exprime sous une forme syrnbolique le sentíment
cher aux.romantiques du contraste entre le réve et la réalité en
laquelle il transpárait. Le troisieme recueil, La terre sous la
neige, paru en 1908, marque une étape nouvelle : la poésie
de Block était jusqu'íci exclusivement subjective ; il n'eotrevoyait
choses qu'a travers son propre moi. Il s'en détourne
maintenant pour voir, pour comprendre son peuple&gt; son pays.
Le chantre de la Dame de Beauté devient le chantre de la
Russíe, de la Russie soutfrante, mísérable, crucifiée, mais
indiciblernent belle, pleioe de mystere. L'ídée de l'Eternel
Féminio s'élargit id et prend un nouvel aspect dans ces
visions de la Russie, amante et mere. C'est une tendresse profonde, mais clairvoyante et qui serefuse au mensonge; le poete
voit la mísere, la nudité humilíée de son pays, mais un mystere
admirable y resplendit. Cette adoration religieuse, cette pitié,
cette crainte aussí, pleíne d'obscurs pressentiments, s'expriment avec plus de force encore dans le quatríeme recueil, Les
Heures 11oct11mes, ou par instant frissonne une vérítable

!es

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~A~E

. '

angoisse. En 1913 parait un drame symbolique La rose et la
c.roix - sur le sujet d'une légende bretonne du Moyen Age.
Cest, de nouveau, le theme de l'amour jusqu'a la mort pour la
.Dame de Beauté.
Pendant la guerre Block se tait ; c'est ensuite la révolution,
puis le triomphe du bolchevisme. Alexandre Block fait paraitre
ses Douz_e, puis les Scythes et plusieurs articles sur laquestion des rapports entre le peuple et les intellectuels, attaquant violemment ceux qui maudissent la révolution et s'en
détoútnellt, épouvantés par les catastrophes qu'elle déchaine.
Pour le poete, la révolution russe était avant toutune révolution
intellectuelle, morale ; atravers les souffrances et les maux elle
doit nous rénover completement ; il faut détruire pour reconstrnire un nouveau monde. Son extrémisme est mystique et
slavophile : la Russie a une mission uoique. 11 voit le bolchevisme non tel qu'il est en réalité, mais en son idée, en son
essence religieuse : le Cbrist lui-mtme, invisible a leurs yeux,
conduit, sous la tourmente de neige, au combat, au sacrifice, ces
douze soldats rouges, ces bandits, apótres inconscients, nalfs
dans leur souillure, d'une foi nouvelle. C'est l'ancienne opposition entre l'Orient et l'Occident qu'il renouvelle dans ces Scytbes: en face de l'ancienoe Europe, co.nfiante en sa science et ou
regnent l'ordre, la mesure et le calcul, se dresse !'esprit révolutionnaire russe, qui veut tout ou rien, qui ne reconna!t aucune
limite, formidable et chaotique.
Les derniers vers de Block ne furent pas publiés ; de ses
lambes on ne connait ici que quelques- fragments, ces deux
vers entre autres, écrits au lendemain méme de l'émoi provoqué
par Les Douze:
Nous autres, poetes, 11ous n'av0tts p&lt;1urlanl pas changé.
Sévcres el purs com111e deJ1:a1it sont 110s temples.
BORIS DE SCr!LCJ::ZER

*

* *

MA VIE D'ENFANT, par Maxi11ie Gorki. Traduit du
russe par Serge Perslry.
Voici un tres grand livre qui vient enrichir la littérature un~verselle. Il faut accueillir avec gratitude cette occasion d'adnn-

NOTES

499

rer pleinement. Le contenu, ia forme, le moindre détail, tout

daos ces mémoires autobiograpbiques, prend un aspect d'éter~
nité. On chercherait en vain des points de suture entre la pensée
. \ et l'express1on.
.
prem1ere
Ce n'est pas une descriptiou de paysage,
une anal~se de caractere qu'on lit, c'est un paysage qu'on
regarde, e est_ quelqu'un dont_on fait conoaissance. Rien ne s'y
rencontre qm ne semble sortt dans son état définitif et irréversible du cerveau créateur.
Les souvenirs d'enfaoce proprement dits - éveil de l'intelligence, de 1a sensibilité, amours, haines, pudeur, révoltes __'._
s'égalent aux plus vivants et aux plus beaux qu'on possede, a
ceux d'un Jean-Jacques ou d'un Chateaubriand. Mais ils ne sont
que partie de l'ouvrage.
~ qu'a voulu peindre Gorki, c'est le peuple russe, sa misere,
wn 1gn-0rance, sa bestialité et ses aspirations. Par la ce livre
écrit en 1913 est une introduction unique a l'étude et a I'intelligence du bolchevisme. Pas de couleur locale · l'évocation
d'une race.
'
M:iis sous cette race que Gorki souhaite faire plaindre etaimer
il Y a l'humanité. Cette famil!e d'artisans russes, dont les mem~
bres bataillent entre eux, c'est la famiilepauvre de tous les pays
etde tous les temps. Jamais on n'avait rendu avec autant d'intensité ce moment ou la famille pauvre s'écartele et se brise, ou les
parents vieillis n'ont plus qu'a souffrir de l'ingratitude de leurs
enfants en attendant la mort, ou freres et sreurs ne se connaissent plus ou se ha1ssent. Alcoolisme, brutalités, égoisme et
fureurs des males, résignation ou révolte des femmes, et l'entourage ordinaire des quartiers ouvriers : sottise, méchanceté,
crapule et dévouement, rien n'est omis et l'art d'évoquer tour
atour l'endroit et l'envers de la nature humaine est porté ici a
un degré de perfection qui confond. Le personnage central de la
grand'mere, ivrognesse et sainte a la fois candide et rouée
docile et rebelle, d'une complexité extraordi~aire, est peint ave;
~ne simplicité et um: sureté découcertantes pour notre schématisme latino-telte.
~n n'échappe pas l'emprise de cette succession d'épisodes
trag1ques et terrifiants, on participe a toutes les émotions des
héros. joyeusement puériles ou nostalgiques, on suit Gorki partout ou il luí plait de nous conduire ; quiconque s'aventure a

a

�•

LA NQUVELLE REVUE FRAN~AISE

500

ouvrir son livre lui appartíent jusqu'au bout, méme s'il frérnit
d'horreur et de dégollt, chemin faisant. Ce grand Barbare ne fait
qu'une bouchée des civilisés que nous nous vantons d'étre. Et
pour un temps, pris dans le tourbillon d'humanité ou il nous a
précipités, nous en oublions les rornanciers anglais.
BENJAM1N CRÉMrEUX

*

* *
ANTHOLOGIE DES POETES ITALIENS CONTEMPORAINS (1880-1920), par Jean Chttz.eville (Bibliotheque Universelle).
Corn;ue sur le plan des morceaux choisis Poeti d'oggi de
Papini et Pancrazi, qui s'inspiraient eux-mémes du « Van
Bever et Léautaud», l'anthologie de M. Jean Chuzeville, véritable foire d'écbantillons de la poésie italienne d'aujourd'bui,
vient
son heure et il faut lui souhaiter le succes qu'elle
mérite aupres du public fran~ais cultivé qui ne lit pas couramment le tascan.
M. Chuzeville, pour•mieux mettre en valoor l'effort de renouvellement qui se manifeste depuis vingt ans en Italie, a eu
l'excellente idée de placer en téte de son anthologie quelques
morceaux de Carducci, de Pascoli, de D'Annunzio, de Verga
et (c'était peut-étre moins utile) de De Bosis. Cela permet de
mesurer Ie.chemin parcouru depuis 1900 pour s1éloigner de la
. poésie historique et de l'anecdotisme sentimental et se rapprocher du supréme idéal poétíque ou l'ame humaine rejoint le
plan cosmique et s'y joue dans l'espoír et la tristesse universels.
Les traductions de M. Chuzeville, ingénieusement présentées
au point de vue typographique, sont autant de poern~s en prose.
Tout ce qui ,pouvait subsister en fran~ais du timbre et de la
cadence poétiques de l'original a été amoureusement conservé.
Par malheur, il s'y rencontre bon nombre de petits contre•
sens de ceux que nos professeurs de rhétorique appelaieot ~es
contre-sens de mots. Rien ne si:ra plus aisé que de les fa1re
disparahre dans une prochaine é&lt;lition. On peut leur ~tre
indulgent, car ils ne jettent jamais de trouble ou de confus1o_n
dans les développements poétiques et ne se laissent apercevotr
.
que si l'on se reporte au texte italien.
Ce qui fait défaut cette anthologie c'est d'abord une 1ntro-

a

a

NOTES

501

duction claire et nourrie. Celle que M. Maurice Mignon a écrite
en guise de préface est tout
fait insuffisante. Ce sont ensuite
des indications biblíographiques. Les morceaux traduits ne sont
méme pas suivis de leur référence.
Malgré ces réserves, cet intelligent fl.orilege est d'un extréme
intérét et ces poemes traduits se lisent avec un plaisir qui semblait jusqu'ici réservé aux traductions des poésies orientales.
Rien de plus curieux que cette poésie italienne d'aujourd'hui,
si éloignée et pourtant parente de celle de chez nous, " ni tout
fait la méme, oí tout fait une autre ».

a

a

a

BENJAMIN CRtMIEUX

*

* *

STORIA DI CRISTO,

a

par

Gi()'l)anni Papini (Vallecchi)~

Le public ítalien fait cette Vie de Jésus de Papini un succes
comparable
celui de l'Atlantide en France. La critique est
partagée.
0n connaít Papioi. C'est méme le seul Italien de sa génération (U est né en 1881) qui ait une renommée et une clientele
internationales. Son Crépuscule des Philosophes obtint e 1906 un
gros succes de scandale dans le monde des métaphysiciens. Sa
revue Leonardo (1903-1907) fut en Italie l'organe du pragmatisme et lui valut l'amitié de William James. Collaboratéur,
puis directeur de la Voce, il attaqua avec une violence comparable celle d'un Laurent Tailhade ou d'un Léon Bloy, les
professeurs, les hommes d'état ou de lettres en place de la
péninsule, fondant ainsi définítivement sa réputatioo d'iconoclaste. De 1913
r9r5, il participa au mouvement futuriste
avec la frénésie et l'intolérance qu'il a apportées dans toutes ses
entreprises d'action intellectuelle. II fut avec Soffici le fondateur
de Lacerba. En 1912, il avait publié Un Vomo Fivito, roman
'autobiographique qui reste son reuvre la plus émouvante.
Depuis 1915, Papini avait donné une série de volumes de
poemes en vers ou en prose, ou s'aflirrnaient ses dons de styliste
dru et coloré.
La Storia di Cristo est le fruit de la derníere évolution de
Papioi. II s'est convertí au catholicisme, il a souhaité dresser un
monument a sa nouvelle foi, comme aux précédentes, et Jui
recruter des adhérents. Sa Vie de ]ésus est un livre de propa-

a

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANC,AIBE

502

gande religieuse, établi d'apres les Evangiles et les traditions les
plus orthodoxes. C'est ce qu'il explique dans une-longue introduction: Qui don.e a11jourd'bui lit encare les Evangélistes? Et qui
saurait les lire comme il Jaut, s'il les lisait? Les [loses des philosaphes, les com1ne11taires des exégétes, les variantes et l'érudition des
atmotateurs servent bien peu ... Le cmur veut auire cbose. Cbaque
généraiion a ses i11quietudes et ses idées - et aussi ses folies. Il Jaut
retraduire, pour le service des egards, l' antique Eva11gile. Pour que

Christ soit toujours viva11t dans la vie des bommes, qu'íl sait éternellement présent, il es.t nécessaire de le ressusciter de temps en temps,
11m1 point pour le peindre a la mode et aux couleurs du jour, mais
pour reprifrenfer grace ades pal'oles nouvellcs, ades rapprocbements
avec le présent, sa vérité eternelle et son histofr1J immuable.
Et c'est a cette tache que Papini, néophyte illuminé, consacre tous les dons de poete et d'artiste que la grace divine lui
a accordés. 11 se fait ce joculator Dei », avec 1'espoir que ses
jongleries rameneront au sanctuaire déserté le peuple en proie
au matérialisme et ala haine. Regardons-y de pres : ce rapprochement del'homme d'aujourd'bui et de Dieu, c'est le princ¡pe
meme du franciscanisme, c'est l'essence de toute l'hagiographíe
italienne du xiv• et du xv• siecle_s, depuis les Fioretti jusqu'a la
Légende dcrée, depuis Saint Bonaventure jusqu'a Sainte Catherine de Sienne. Papini, dans l'ardeur de la foi, rejoint le Saint
d'Assise. Mais son tempérament coléreux luí donne en route la
haiae d'un Saint Domintque ou d'un Jacopone da Todi contre
les impies et les sceptiques.
·
Son histoire du Christ, en cent vingt-neuf chapitres qui
couvrent six cent vingt-neuf pages imprimées serré, est une
suite de tableaux et de récits, coupés de réflexions historiques,
morales et religieuses. Le but sans cesse poursuivi est celui-la
mérne que s'assignent les prédicateurs de la Passion, le ven•
dredi-sairit. 11 s'agit d'émouvoir d'abord pourmieux convaincre. •
Et pour émouvoir, on tvoque le gout de l'éponge de ñel, on
moatre le sang coulant de chacune des plaies, dégouttant m~lé
a la sueur poussiéreuse de la couronne d'épines aux yeux du
Christ, etc... Papini se sert de la pitié et de la sympathie
humaines pour hausser son lecteur jusqu'au divin.
Voici l'étable: Jésus est né dans•ur1-e Etable. Une Etable, une
Etabie reelle, ce 11'esi pas le ioyeux portique idi.fté pour. le Fils dt

"

NOTES

503

David par les peinlres chrétims, qua-si ho11/eux que kur Dieu ait
dormí dans la mi~re et la saleté. Ce n'est pa¡ da'//antage la Crech,
de ca.rt-0n-páte que la fanlaisie pátissi.are des imagiers a cóllftJ.e da,u-s
lts tetnps modernes, la Creche propre et gentille, etc .. , Non, un.e
E~able, ~ne Et~le ré8lle, /esl la Mai~ott des Bétes, la pr:ison des
JMtes q,u1 travmllmt pour l bomme. L'antique, la pa1nire Etable des
pays _de l'~nti1uité, des pays patwres, du pays de Jésus, n'csf pa-s le ,
P~h,que a _pzla:tre: et a cbapit~aux, ni l'Ecurie scienlifique des
ntbes d au¡oul'd hm ou la Cabant {légante des veilles de NoU.
L'Etable n'est que quatre murs bruls, un. pavé sale, un toit ti«
pouíres et de pLan~bes. La vraie Etable est sombre, dégoútcmt~,
puante .....
Cette allure un peu piétinant(!, ces « ce n'est pa.s.,. ce
n' es t pas ... e,est ... e,est ... », qui rappe1le l'allure de Péguy,
~ cha.age guere tout le long du livre,. sauf aux pages d'iovec...
t:1,ves, ou Papini retrouve sa rapidité coutumiere. Des morce¡nu:
de b-ravoure, du méme style solennel, mais d'une perfection
rare ( on est tenté d~ di.re : fl-aubertiens), traver~ent la monotouíe du rédt toutes les dix ou quinze page;.
Citons la description de la veille de la Paque : -Des toisans
d'r¡gneau par milliers étctie11t étendue{ au toleil wr les tofü ; et de
c~ue n'.aison s'élevait-un filet de fumée, qui s-'épanouissait d4ns
l'~ir, déhcat comme l'éclosioti d'une,faur, et puis se perdait dans le
retentwant de féte. Des melles déboucbaient aux carrefours les
v1eilles aux ne;t_ méchants, marmonnant des anatbemes; des pelits
enfanfs aux joues sales qui galopaient, un paquet sous le bras ,- des
hommes barbus ,qui portaieni sur l'épau]e U') chevrel;Jtt OJ.t un baril
di 11i1z ,: des anicrs qui tiraient par la bi;ide /eur béte, vwseau bas ·
des jeunes filies qui dardaient lenrs yeu,-c impudents et mélan.calique:
S"1' les étrangers qui cbemina:if/lJ.t, círconspects, au milieu de ce ti111lt1,,":4'"~e tJ.e jite ... Un parfum d'espé:rq.nc~ et de pr»1ietnps purifiait
• l antu¡t{e puanteur de ,e 11id avermine d~ ci.rwncis. l:!.t u,¡ déluue
de clarté se dév~rsait du grand soleil d'Orient sur les qwtire e:/.
/~.
Et citoas aussi, p'ris au hasard, pour etre complets, u.o pa,~e explicatif et P10ralisant. Il s'agit des naces- de Caoa : Vous
'll()IJS rappelet les paro]es de l'échanson a l'époux : « Cbamn com1t11nce. par mettre sut la table le bon vin; puis, quand les gens
sont ivres, on sert le moins bon ; milis toi, tu as conservé le br;m
1

et~:

�LA !\OUVELLE RE\'UE FRANCA,ISB

¡usqu'lz re momml. » C'ilai/ Id fandm usagr, l'usagc dts anliq11tS
l/lbrt11.-; ti dtS P,1ims. Mais JI.sus 11e11/ rnwerur re t&gt;ieil usage
ampbylrional. Ltsa11cims domzait,nl d'abord le bo11, p11is le ma1wais i.
el lui, aprrs le bo11, strt le meilltur. Le t•i11 aigre el s1iri, la piqueltt
qui se IMit au dib11I du rtpas, r'es/ le t•ÍII de rA11tieu Teslamml, lt
trin gálé, qui a jleuri ti tourné el q11'011 ne pmt boin. Le t•in
qzlapporle ]t.sus, plus pur el plus gnillard, qui rtjouit le «e:tr el
rkbaujfe le sa11g, r'esl le vin 1101weau du RoJaume, le Vi11, duli11é
aux épousai/Jes d11 ciel et Je la /erre, le t•i11 qui don11e /'itrresse divi",u
qui, plus lard, s'appellr.ra In • folie de la aQix ». Lts nocrs de
Ca11a qui, da11s /'it•angile de ]ea11, sau/ le pre11zier miratle, sont
une alllgorie de la rivolulion éva1Jgéliq11e.
Te! est le livre de Papini, débordant de sincérité, mais non
pas exempt de rhétorique, ouvrage de longue haleine ou les
beautés abondcnt, mais qui ne selaisse pas absorber sans fatigue,
la meme fatigue qu'on éprouve daos les Loges Vaticanes :i trop
rcgarder les plafonds de Julcs Romain ou dans les cloitres de
Florence les fresques d'Andrea del Sano. Les draperies sont
belles et les morccaux d'académie sont réussis. :Nous ne marchandons pas notre admiration, mais était-ce bien de l'Andrea
del Sarta que voulait íaire Papini? X'était-ce pas plutot du
Giotto ?
BENJAMJN CRÉMlEUX

•

ANTHOLOGIE NEGRE, éditée par Blaise Cendrars
(La Sircne).
A l'heure ou se réunit le Congres pan-noir, voíci la littérature africaine pré,entée pour la premicre fois, dans son ensemble, au public fran~ais. M. Blaise Cendrars s'est impasé la un
travail ardu de compilation dont on lui saura gré. 11 le présente
sous uue forme loyale, cohérente et modeste qui ramcnera a
l'art ncgre un public que d'autres manifestations avaient
éloigné.
•
.
Des légendes cosmogoniques, représeAtations tres somma1res
de la divinité et qui font bientot place au fétichisme et a la
magie. Aucun mysticismc, aucune intuition de l'infini. Thc~es
éternels de la désobéissance, de la discorde, de la résurrecuon,
de la destruction du monde. Monstres dévorcurs de vierges,
ogrcs, miroirs magiques. Une incantation du feu assez wagn~

IIOTES

riennedans la Ugmde de la Srparahon (n° 3); daos cette méme
ligende un chant de funérailles d'une beauté certaine. Totémisme, grigris et contes : des sentiments tres touchants, quoiqae sans profondeur et entachés de scn,.ualité. Les légendes
et le merveilleux sont d'une composition défectueuse, d'un
débit incohfrent, embarrassés d'infinies rép~titions qui les font
prendre en avcrsion. On est loin de la concision chinoise, de la
sobriété des récits juifs, des mythes grecs. lmagin:ition sommaire, invention pcu décisive.
Les cantes moraux sont d'une exquisc fraicheur primitive et
aussi une partie des cantes d'amour. Le ncgrc yapparait tel que
nous le conn:iissions : impylsií, puéril, doux et avidc de destruction •. Une intelligence saos lucidité, mais du bon sens et
UDeexpérience condensée d:ins d'heureux proverbes: • Le mensonge donne des fleurs, mais pas de fruit• »; • que l'homme sindre achcte un bon cheval pour fuir lorsqu'il :aura dit la Yérité » ;
• la mort est dans les plis de votre manteau " ; • la guerre est
une vache qu'on trait au milieu des épines. »
Les femmes jouent un róle important; elles sont travailleuses,
ingénieuses, et experte,. en magie. Souvent encare la sagesse se
découvre chez les cnfants. La préscnce des animaux est itnpérieuse et leur róle c.1pital ; a ce point anthropomorphes qu'on
le demande souvent s'il ne s'agit pas de chefs de clan désignés
par le signe du totem protecteur. Certains contes, comme le
n° 33, ou le pcre-éléphant visite tour :\ tour les villages des
tigres, des antilopes et des sangliers ; ceux de la légende du fils
cluCrocodile et de la légende des Singes rappclleront Kipling.
Cene littérature, d'origine ancienne, nous est parvcnue
modernisée ; il y est question de fusils, de rasoirs, de tabac.
Cependant on remarquera que, sauf dans les trois con tes moderles, il n'y est jamais question de blancs, de soldats, de voyages
lointains ni d'aucun peuple étrangcr.
Ce recueil devra figurer désormais dans les bibliothcques.
Scientifiquement dressé, muni d'une rigoureuse documenta1. 11 n'cst pa, sans imén~t de remarqucr que les AUenunds qui
i&amp;aitnt, dcpuis quelques années, spéc:Wisés CWJS les études n~rcs,
IODt aujourd'hui les premicrs A vouloir déshonorer les noirs par lcur
P'Opagande.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

506
tion, ¡¡ eut fait honneur
de le devoir un poete.

a

a un

savant. Nous sommes heureux
PAUL MORANU

* *

LES REVUES
LES TROIS IMPOSTURES
La REVUE HEBDOMADAlRE ( 6 Aout) etle C:R.APOUILLOT ( J 5 Aoüt)
donnent des extraits d'un livre posthume de P.-J. To~let: ~
trois Jmpostures; ce sont des maximes d'un style e:&amp;qms, et qw
ioue la pensée :
Q=d on a raison, il taut raisonner comme un homme ; et comme
une lemme, quand on a tort.
Bien des femmes qui peosent aimer, peut-étre n'est-ce poi~'.t l'amoW'
qll'e!le&amp; aitnent, autant que l'esclava.ge, et cette douceur de pher ...
Les funes ont leur glace, ou la violence ne fait que reboodir. la
ferveur du printemps délie les fontaines.
·
On a dit ,d e Ja beauté que c'était une protnesse de bonheur.

~11

n'a

pas dit qu'elle ft\t tenue.

a

faut la dou[eur bien de la sincérité pour qu'elle ne soit pas flattée
secretement d'étre en spectacle.
Comme un adolescent sa sa:nr, l'amour apres tui qui traine l'amitié,
.
c'est ~us de rides que de sagesse.
Pour les femmes et les enfants, la liberté c'est de contredire.
Le miracle de la charité, ce fut de la faire faire par les pauvres. Cela
s'appelle: mutuallté.

Ces gens qui prétendent que ce qui les perdit, c'est d'~tre bons .. ~
Sans doute : mais aquoi?
*
* *

Enfouies sous les feuillages, mi-partie blanches et brunes, avec
leurs murail!es couronnées de planches, et coilfées de la tuile sarrazine, les fabriques á papier ont la figure, presque, de certaines maisous
de Syrie. On tient d'ailleurs que cette industrie s'est établie en Auvergne au retour des Croisades. Ce qu'emendait dire en somme lt vieux
Ratou qui .nous déclarait un jour sur la roure : « Le papier, c'est un
progres que Louis XIV a rapporté du Maroc. i, Pro:he le pont de
Valeyre, couverts de licrre au milieu des arbres, on voit des pans de
murs en délabre: la Dame et Escalan, - Damas et Ascalon ? - qui
auraient été les premieres papeteries de France ....

*
Quels particuliers que ces papetiers, fiers de !eur état, aimant les
frairies al'auberge et partés aux propos sentendeux. Jean les a encare
connus, ceux-la qu'on voyait, trente ans auparavant,, sous l'Empire,
veoir chaque dimanche a la ville en habit de serge jaune. Beaucoup
avaient, comrne on dir, Jes talents sur la clarinette. IIs les devaient a un
des leurs, ex-musicien de régiment, glorieux d'avoir joué devant le roi
aSaint-Cloud, - c'était pour lui « le diner qu'il avait fait avec LouisPhilippe. » Et ces anistes rehaussaient de leur présence la procession
de la Fete-Dieu, qui est la grande. fétc d'Arnbert. Les autres papetiers
suivaient en chantant, revetus d'une robe et d'un surpJjs de chantre
loués a la sacristie.
*
Le grand-pe.re-parrai.n était devenu papetier a_pres avofr étudié pour
étre pretre. Un esprit curieu.x, sao8 doute, et qui eut toute sa vie un
gout pour la lecture. Peut-étre en al!ait-il de lui comme d'un autre papetier de ce temps : ce! i-hl, lorsqu'il partait pecher !a truite daos les
torrents de ces hautes vallées boisées, fourrait dans sa poche une chandeUe et quelque livre. La pluie venait-elle a se lacher, il s'asseyait sous
un sapin devant les roches et les amicas, allumait son luminaire et
passait sa nuitée en lecture ....

•
Bien sur, ces gouts rustiques ne sont pas, méme chez ces villageois

LES JARDINS SAUVAGES
Henri Pourrat raconte dans la R.EvuE BLEUE ( 20 aotlt!
; septembre) l,enfance de Jean l'Olagne, poete, tué l'eonem1

a

le

Tille : un coin des monts du Forc.i; oú les papeteries délabrées font
encore leur tapage de pilons, daos les vallées ¡&gt;aysannes toutes riantes
et verdissantes, des vallées d'eaux vives, d'herbages, de noyers et de

frénes.

*

n

LES REVUES

II ¡uin r915_:
Tu me parlais de Valeyre, ta province, aux portes de ootre petite

de roman, un amour de la nature a la Jean-Jacques. Ce contentement
des belles joumées, plutot : le calme de I' apres-midi au soleil qui couche
les ombres bossues des pommiers sur les prés-vergers pleins de griilons,

Et tel, lA-haut, parlera quasiment avec lyrisme du joli mois &lt;fe mai,
lorsque le coucou chante au vert naissant des bois.
11

Quand j'étais petite füle, on m'envoyait remplir la bouteille d'eau

�LES REVUES

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

minérale a la source de Longechaux, Des la pointe du jour, tant on se
levait de bonne beure cbez nous, pour le travail, alors que tout est
encore mouillé et que les oiseaux se réveillent. On entendait le ~incement des charrues et les chansons des laboureurs, parce que tout le
monde chantait, en ce temps... Ha, Valeyre, c;:a ne me passera
jamais ... »

.*

.

AMIEL

ET
LA PLURALITÉ DES LOCUTIONS
Charles du Bos écrit dans la REvuE DE LA SE1i!.AINE (16 septembre):
Pour tendre au sortir d'une lecture l'impression immédiate dans
toute sa vivacíté et toute sa force, je crois bien que personne n'a jamais
surpassé Amiel : il semble alors trouver instantanément ou plutót pos•
séder par nature cet équilibre entre la conipréhension et le jugement
auquel d'autres n'atteignent que beaucoup plus tard ou pas du tout:
l'objectívité qui ailleu'rs paralyse son effort ici lui fouroit aussitót le
recul nécessaire. A ces moments-la, par la qualité scieatifique du
regard et la netteté des fom1es qui se dresseot devaot lui, il fait songer
a un homme qui, penché sur un microscope, apercevrait un champ de
cristaux. De La Fontaine, Rousseau, Chateaubriand, Hugo, Quinet,
Douda.n, Sainte-Beuve, Taine, Renan, il n'a rien dit qui ne stimule la
réflexion.

La Bruye:e doit demeurer l'objectif idéal de tout écrivain digne de ce
nom, ma1s au grand artiste littéraire il se présente comme la norme :
il le pratique d'ínstinct, et d'instinct aussi il consent les sacrifices
nécessaires.
:·· Pour d'autres écrivains, non pas anistes, mais psychologues de
naissance, ce recours a la « pluralité des locutions » offte une teotation
d'autant plus forte qu'elle leur apparait au contraire sous J'aspect d'un
devoir essentiel: celui de ne pas mutiler la pensée. lis se livrent alors a
une .sorte de jeu, - littérairemeot le plus dangereux qui soit - qui
coos1ste non plus, apres l'avoir déterminé, viser le centre de Ieur
cible, ?1ª'.s, _persuadés que ce centre se déplace toujours, a Je cerner
pour ams1 clire par leurs expressions accumulées.
Je ne puis id que renvoyer a la lettre du marquis de Ja Tour du
Pin sur Volupté que Sainte-Beuve a reproduite en appendice au roman
et. qui témoigne d'une faculté d'analyse égale a celle-la méme qu'elle
de_fend : le lecte~: y trouvera décrite, mieux que je ne saurai jamais le
Íall'e, cette mamere de procéder dont jusqu'ici Volupté demeure précisément a mon sens le seul chef-d'ccuvre incontestable . .Mais si, dans
Voluptl, de cette peinture par touches successives se dégage un
tableau complet, c'est que, pour voisines qu'elles soient - et iJ est
!mpo~si~Je de l'etre davantage - les expressions cepend:nt ne sont
1ama1s mterchangeables : chacune figure un chiffre dans les colonnes
de la longue addition. Or c'est ici surtout qu'Amlel se laisse prendre
en défaut: il addirionne moins qu'il n'aligne.

a

*
* *
LETTRES DE SOLDATS

et, plus loin :
Critique littéraire, Amiel possédait le don enviable entre taus : la
fermeté dans la nuance ; et sans que rien vint alors s'interposer, du
jugement cF don p.issait aussitót dans le style. Grand écrivain toutes les
fois mi il se pre.te a un sujet précis et individue! ; le reste du temps
nuaocé toujours, mais trop docile a la peo te qui l'entraine :
I8 juillet 1877. -

Je viens de rencontrer dans un roman cemín personnage
qui a le tic des synonymes. Je me su.is dit : Prends garde i,. toi, tu penches
de ce c6té . .En cherchant la nuance juste de ta pensée, tu parcours le clivier
des synonymes, et tres souvent c'est p:a.r triades que u plumc procede ...
L'exprcssion uniquc est une intrépidité qui implique la confiance en soi et la
cl:úrvoyance. Pour arriver :\ la touche unique, il faut ne pas douter, et t~
doutes tonjours.

Amiel fait ici allusioo it une des diflicultés les plus complexes avec
lesquelles certains esprits se trouvent aux prises. Le classique adage de

L'Union pour la Vérité continue

a publier,

dans ses Docu-

MENTS SUR LA CrvrLISATION FRAN&lt;;:AISE, d'admirables lettres de

sold~ts to1:1bés pendant la guerre. Voici (juíllet 1921) celles du
« pemtre inconnu » Eugene-Emmanuel Lemercier, adressées
son camarade Pierre Auzende. On lit dans la derniere
(2r mars 1915) :

a

Ah I le spectacle de ce champ boulcversé, plein de morts, comme ¡¡
, est consolant daos son horreur ! Comme c'est facile d'etre mort d-ans
la terre et comme c'est plus beau que les singeries des funérailles ...
J'ai appris entre temps roa nomination au grade de sergent. Je suis
content de tout céci pour ma mere de qui ces souvenirs pourront
a~oucir les tristesses que je prévois, car a l'heure actuelle il est imposs1ble de s'en sortir. Cher bon ami que j'ai beaucoup aimé, je voudrais

�5ro

LA NOUVELLE REVUE FRANt;A!S1!

que tu pusses choisir quelquccl1osc comme souvenir, ma1heureusement
je n'ai rien. Peut-etr.? ruoo impeml.éable t0ut ncof te ferait-il plaisir.
Ke t'étonoe point de ces propos, car sache qu'apres chaque coup dur,
nos compagoies revieonent a quarante bommes. Pense a moi et aie de
l'espoir pour moi qui n'ose pasen avoir.

MEMENT O
AcrION (aoüt):

Faits-dii•en,

par Georges Gabory.
(juin): L'Art 1k J'émail, par Frao~ois Fosca.
ART ET DÉCoRATION (aout): Le Thédlre de Marionnettes du bouJev,1r4
de Clicby, par Reue Chavance.
lE Buccn,i (aoút): Poemes, par Jean Lcbrau .
L'AMOUR DE L'An:r

LE BvJ.LETIN DE LA VrE ARTISTIQUli- (15

aout): Arts minettrs nigres,

par P. C. Lepage.
LA CoNNAISSANCE (juillet-aoüt): Origines arabes de Dante et de
Pa;cal, par Jean Cassou ; Poet~s faitt,iisistes, par Henry Charpentier.
LE DrvA:.-. (juillet-aoüt): Sur /a Fin d'uii bean ¡oiw, par Ch. du Bos;
Fra11cis Careo, par Henri Martineau.
·
EtUDES (20 aoút-20 septcmbre): L'CEuvre tks Frires Tbaraud, par
Louis de Mondadon.
LES FACETTES (été 1921): L'Etranger, par Michel de Gramont.
FE0ILLETs DE L'EFFORT (aout-septembre) : Dari11s Mi!haud, par
Henri Sauguct.
JouRi.AL DE PsYCFIOLOGIE (15 juilkt): Doctrines et metlmde; psycholagiqius de l'lnde, par P. Masson-Oursel.
LES MARGES ( 1 5 septembre) : Nez. au vent et pt1s perdus : Thulassa !

Thalassa J par Fagus.
MERcun DE FRANCE ( r 5 aoút) : Léon Bloy, par A. Retté ; .lts
parents de Baudelaire, par Emest Rayoaud; (r 5 septembre): Post•
scriptum li 1me version angl.iise de « Pb_vsiqu.e tú l'Amour », par Ezra
Pound.
LA Nouv.ELLE JouRNÉ.E (1•r aout-ier septembre): Recits poitevitis,
par Gcorges David.
LE PRISME (rer septcmbre): Aube. Apres, par Max Elskamp.
LA RENAISSA1&gt;1CE D'OccrnENT (septe.mbre): L'Abbesse el l'Abbayt de
Castro, par René-Louis Doyon.
LA RErnE DE fRANCE ( 1 5 aout): La Lida sans cygne, par Gabriele
d'Anounzio ; ]aurnal de Marie Lenéru; (rer septembre): U118 re,Ulis·
sanee de Ja Poésie américaine, par Valery Larbaud.
LA RE.vuE DE G.ENEVE (aoüt) : Figures passageres, par Jeao-LouisVaudoycr.

MEMENTO

: .R!;is 11egm, par Pierre Bonardi.
H11on de Bordeaux, par

LA

GRANDE REVUE (aoüt)

LA

REVUE HEBDOMADAIRE (10 septembre):

Alexandre Arnou.x.
REvU'E DES ]Ecnms

(25

aout) : Naire-Dame du .\1.ont-Carmel, par

Henri Ghéon.

REvuE DES DEux-MoNDES (15 aout-rer septembre) : S11primes
visiom d'Orient,, par Pierre Loti.
REVUE DE PARIS (1"' aoüt) : Lettre d'Hector Berlioz sur les TrO)'e11s;
L'Empenur dts Paríais, par Jean-Louis Vaudoyer.
LA REVUE UNIVERSELLE (15 aout) : La pmsée allemande et l'Orie,11;
par Maurice Muret; Une 1.IÍsile d Orthez.. chez. Fra,icis JammtS, par Marce!
Provence.
S1GNAUX (septembre): Je fütliais en /aire un bomme, par Neel Doff;
Hrm1111age ti ].-E. Bln11d1e, peintre splendide et cn·tiqu.e admirable., par

André Derain.
VALORI l"LASTICI (no 2): De l'état de la peinture italie1me, par
Cario Carra.
LA Vrn (septembre) : Du cóté de la vil/e de btmgalo-ws, par Jeaxme

Lichnerowicz.

MEMENTO BIBUOGRAPHIQUE.
LITTÉRATURE ANGL~SE

WrtLIAM MORRIS AND THE ·EARLY DAYS OF THE SóCIAL!ST MoVEpar]. Bruce Glasier. (Longman : 6 sh. 6d.).
THE Ow MAN's YouTH, par Willim11 de Morgan. (Heinemann).
VANESSA AJ'ID HER CoRR!!SPONDENCE WITll JONATHAN Swn,.
Lettres pub!i.:cs pour 1a premiere fois d'apres les originaux avec une
lotroduction de A. Martín Freeman. (Selwyn and Blount).
H~LOiSE AND ABELARD, par Georg-e Moore.
MODERN DEMOCRACIES, par James, Viscotmt Bryce. (Macmillan).
PAcL VERLAl:S:E, par Harold .Vicholson. (Constable).
llENT,

BE:YO"ND THE HORIZON, -

THI!

MOO:l/

Of TRE CARRIJ3EES, par

E1,ge11e O:Neill. (Boni and Liverwright).
PRINC[PLES OF FREEDOM, par Terence McSweeiuy. (Dutton, .rewYork).
SHE AND AtLAN, par Sir Ryder Haggard. (Hutchiosoo).
MARY STUART, par Jolm Drinkcl,(Jater. (Sidgwick and Jackson).
STUDIES IN Isu.Mrc PoETRY, par Nicbolson. (Cambri&lt;lgt: University
Press).
'

�LA NOUVELLE REVUE FRANC,\ISE

512

LITIÉRATURE ALLEMJI.NDE
(

AEON. DRAMATJSCHE TRILOGfE.

I. AEON

2. AEoN zwrscHEN DEN FRAUEN, par

DER

WELTGESUCHTE.

Al/red Mombert.

(Iasel

Verlag,

Leipzig).
DAS M:~RCHENBRIEFBUCH DER HEILIGEN N.il'.CHTE 1M }AVANERLANDE,

par Max Dauthmdey. (Albert Langen, Munich). •
ARMAND C.~RREL, par Moritz. Heima,m. (S. Fischer; Berlín).
UTA CuRETIS, par Erna Grautojj. (Deutsche Verlagsanstalt, Stutt·
-gart).
GEORGE,

par friedricb Gimdolf. (Boodi, Berliu).
JusTE-MILIBU, par Carl Stembeim. (Kurt Wolff,

LES RAPPORTS INTELLECTUELS
ENTRE

LA FRANGE ET L' ALLEMAGNE

BERUN ·ooER

Munich).
DER DEUTSCHE JANUSKOPF,

par Cárl Schejfler¡ (Bruno Cassirer,

Berlin).
JAHRBUCH DER JUNOEN KUNST. HERAUSGEGEBEN VON GEORG B!El•
MANN,

(Klinckhárdt und Biennann, Leipzig).

KAIRUAN 0DER :EINE GESCHICHTE VOM MALER KtEE UND VON DEI
KUNST DIESES ZEITALTERS,

par Wilhelm Hausemtein. (Kurt Wolff,

Munich).
GEORGE

GRoss,· par Wi/li Wolfradt. (Klinckhardt und Biermann,

Leipzig).
PHILOSOPHIE ALS KUNST,

par Keyserling (Graf. Hermann). (Otto

Reichl).
par Otto Flake. (Drei Masken Verlag, Munich).
par Otto Neuratb. CN- Callwey, Munich) .
Hermami Brinckmeye1·. (Wielaod Verlag, Munich).

PANDAEMONIUM,

ANn-SPENGLER,

STINNES, par

LE GERANT: GASTON GALLIMARD .
ABBEVILLB. -

IMPRIMERIB F. PAILURT.

Nombre d'esprits, et des meilleurs - je veux dire : des
plus frans;ais - commencent a envisager d'un autre reil
la question des relations intellectuelles avec l'Allemagne.
lis commencent aadmettre que ces relations puissent etre
repríses; et de la a penser qu'elles doivent etre reprises
il n'y a qu'un pas ; que certains ont déja franchi (et tou;
ce que je vais dire ici ne parait déja plus bien hardi a
personne); certains ont meme pensé qu'il ne pouvait y
avoir qu'avantage pour la France a les reprendre, et a les
reprendre au plus tót. II parait a ceux-ci que l'ignorance
est toujours une cause d'erreurs, et que de toutes les ignorances, celle de l'ennemi est la pire ; que cet isolement
ou l'on prétend parfois maintenir l'Allemagne, pourrait
bien en fin de compte se retourner centre nous ; que ne
pas regarder n'a jamais empeché d'etre vu et que ce jeu
d'autruche était un jeu de dupe, qui conférait a l'Allemagne
tout l'avantage dont nous nous départions du meme coup.
A détourner ses regards du voisin, sous couleur de le tenir
en pénitence, a se refuser de considérer ses découvertes et
ses progres, notre seule vanité trouve son compte. Il est
pour les peuples, aussi bien que pour les individus, une
infatuation, une sorte de suffisance qui ne va pas sans
niaiserie et que fatalement un arret &lt;le développement
accornpagne, c'est-a-dire la décadence. Les lendemains de
33

�514

LA NOUVELLE REVUE FRA.~&lt;:AISB

yictoire sont particulierement dangereux ; Nietzsche le
savait bien, et c'est ce qui lui faisait écrire, apres 70 : « La
nature humaine supporte plus difficilement la victoire que
la défaite i&gt;, et les quelques pages qui cornmentent cette
phrase, au début de ses Considérations inactuelles - _pages
si éloquentes et si sages, et dont la méditation serait
pour nous de si grand profit, que je les souhaiterais affichées sur nos monuments publics, a cóté des discours a
la Chambre.
Je crois que l'on peut aujourd'hui, sans trop se faire
aboyer, dire a voix haute ce qui ne fait secret pour personne et que seuls quelques obstinés se refusent encare a
admettre: la France, depuis la fin de la guerre (je n'ose
dire: depuis le commencement de la paix) n'a cessé de
perdre du terrain - moralernent et intellectuellement.
(Et j'ajoute aussitót que je la crois sur le point d'en re.
prendre.) Des ava11tages de sa victoire a-t-elle maladroi•
tement usé ? Je n'ai garde d'aventurer ma critique sur
le terrain de la politique et de la diplomatie. Je sais bien
qu'en travaillant a se faire craindre, parfois on ne parvient
qu'a se faire détester, et j'ai grand besoin, pour me rassurer, de relire cette phrase de Bossuet : ce Il est arrivé
qu'en méprisant par ·raison la haine de ceux dont il nous
fallait combattre les prétentions, nous en acquérions l'es·
time, et souvent meme l'amitié et la confiance '. » Je
souhaite qu'il en advienne ainsi; mais~ précisément, si
j'examine l'action officielle et officieuse de la France daos
le domaine qui m'est le plus familier~ celui des lettres et
des arts, il me parait que trop souvent ce n'est pas la
raison qui guide, cette raison que souhaitait ici Bossuet
- ou qu' elle est bien mal éclairée. Que penser de cette
ce propagande l&gt; fran~ise, dont parle Thibaudet ditns un
excellent article de l'Opinion ( r 3 aoftt 1921)? Les ex:emples
qu'il cite d&gt;incompétence, de maladresse, d'imbécile fatuité
1.

Oraison funebre de Michel Je Tellier.

t.ES RAPPORTS INTELLECTOELS

{auxquels hélas ! on pourrait ajouter bien d'autres) sont
si mortifiants pour notre amour-propre national, qu'il
m'est pénible de les redire. Je préfere ne retenir de cet
article que les réflexions que voici ; elle me paraissent si
sages et si bien &lt;lites que je ne me retiens pas de les citer
tout au long :
Nous avonsune vie nationale etunevie internationale. L'une
et l'autre se combinent dans notre attnosphere intellectuelle. La
guerre nous ayant déshabitués nécessairetnent de la vie internationale, l'aya~t constamment affectée d'exposants nationalistes,
soumise a un contróle nationaliste, il est naturel que nous
éprouvions aujourd'hui quelque difficulté a nous réadapter a
elle. Certains cerveaux s'en montrent incapables. Et il n'est
peut-etre pas souhaitable qu'il en aille autrement. La division
.du travail intellectuel et social implique des spécialisations, une
nation a besoin de défenseurs matériels et moraux a qui le
nationalisme donne l'ossature qui leur permet d'agir et d'etre.
Mais le danger du nationalisme exclusif pour la nation ellememe apparait bien vite. 11 est incapable de voir les intérets
généraux de l'humaniré, de reconnaitre le$ courants qui traversent les nations. Le sens de la víe internationale s'oblitere alors
de la fa~on la plus dangereuse, et qui ménage de durs réveils.
Je le sais bien, on cootestera énergiquement que le nationalisme
refuse de se préoccuper de la vie internationale, ni surtout de la
vie des autres nationalismes avec 1esquels il soutient constamment des rapports d'alliance et de lutte. Des intelligences nationalistes, des organes nationalistes, sont attentifs et ouverts a ce
qui vient de l'étranger ; le nationalisme implique m~me une
on est toupréoccupation constante et inquiete de l'étran&lt;Yer,
•
b
JOurs nationaliste contre quelqu'un. Mais précisément la préoccupation d'utilité na:tionale compromet gravement l'infonnation
internationale. I1 faut savoir s'en líbérer momentanément
5•a bandonner al'étude désintéressée. C'est de cette maniere seule'
qu'on peut arriver a la coonaissance, et que la connaissance, a
·son heure, pourra se transformer en utilité. Un esprit que la
guerre aura libéré de l'internationalisme de la paix aura chance
.de rendre des services précieux s'il demande ala paix de le libé·xer du natiooalisme de la guerre.

�. LA NOUVELLE RE\'UE FRA~&lt;;AISI!

516

Puis il parle de ce ce danger pour l'esprit fran&lt;;ais, pour
la pensée fran&lt;;aise, qui perdraient bien vite par les procédés
en cours, d'abord leurs qualités de mesure et de gout,
puis leur clientele naturelle 1, ... Car, outre la ruineuse
infatuation du pays qui le pratique, ce systeme de boycot•
taue de protectionnisme outrancier et de volontaire aveub '
glement, présente un autre danger : le détournement
progressif des regards de l'autre pays. L'attention, la curiosité, les convoitises de l'Allemagne, aujaurd'hui se détour·
nent vers l'Est ; et bien nai'f serait celui qui n'y verrait
qu'avantage pour la France ! Ici je céderai de nouveau la
parole, et laisserai parler l'Allemagne elle-meme. L'article
que je vais citer copieusement a paru dans le Neue Merkur
de juin dernier , . L'auteur de cet anide, Ernest Curtius,
s'était déja signalé a notre attention par un remarquable
livre suite de conférences sur les nouvelles directions de
de la' pensée fran~aise - dont la Nouvelle Revue Fra11yaise a
dernierernent rendu compte. Ec-0utons-le:

ENTRE LA FRANCE ET L'A.LLEMAGNE

5I7

que !'indice extérieur de ce revirement. L'attitude qu'on a vis-avis du bolchévisme ne compte pour rien. Ce qui importe, c'est
qu'il est l'expression d'un changement de direction de l'inte1ligence occidentale. A la suite de Descartes etde Voltaire, de l'affranchissement de la pensée tant en France qu'en Ano-leterre
•
t&gt;
'
de la Révoluuon frarn;:aise, toute émancipation intellectuelle,
tout renouveau social semblait devoir venir de l'ouest. La France
se sentait le porte-fiambeau de l'Europe. Quand aujourd'hui elle
continue a vouloir jouer ce róle, elle ne trouve plus chez nous
d'auditoire.

Et plus loin :
L' Allemagne a cessé de regarder du cóté de la France avec
l'intérét de celui qui attend quelque ch ose. Pour qu' elle y dirige
nouveau ses yeux, il faudrait qu'une personnalité éclatante
y panit, témoignant que les vieilles traditions de la France
aussi bien que son intarissable vitalité ont encore de quoi
fournir de nouveaux aliments au monde, qu'elle peut donner
autre cho~e que de piquantes variations d'analyse psychologique
et des raffinements littéraires ; qu'elle est capable de francbir les
frontieres de l'auto-dissection artistique et de la contraction
nationaliste, pour porter une parole de vie spirituelle dans le
concile européen interrompu.

a

L'aspect du probleme intellectuel franco-allemand, aujourd'hui, n'a plus rien de commun avec ce qu'il était en 1914. La
o-énération est éteinte qui aurait pu fournir les supports d'un
t&gt;
é .
nouveau líen organique entre les deux cultures. La gén rat1on
nouYelle a de tout autres bases d'expérience. La jeunesse intel·
lectuelle del' Allemagne de 1921 n'apport 7 plus au probleme
des relations psychologiques avec la France l'intérét vi,·ant
d'avant la guerre ... La jeune Allemagne regarde ver~ l'est, tournant le dos l'Occident. Ceci indique un revirement décisif. De
tout temps, sortir de soi-ml!me, fut une des nécessités de
!'esprit allemand, qui ne parvient a sa forme qu'apres une
fécondation venant d'ailleurs. Mais la ou cette tendance reste
vivan te ( c'est-a-dire la ou elle n' est pas refoulée par un nationa·
lisme de culture, pédant et vieilli) les esprits se tournent vers_ la
Russie, et au-dela, vers les Indes et la Chine. Les sympath1es
que le bolchevisme rencontre aupres de notre jeunesse, ne sont

de ce genre sont, de notre part, tout ce qu'il y a de moins indi-

La Re-;me Rhénane d'octobre l'a reproduit itz-extenso daos une
excellente traduction que nous eossions certainement utilisée id, pour
nos citations, si elle nous eí\t été conoue plus tót.

qué. En plus, elles font preuve d'une parfaite méconnaissance
de la psychologie fran~ise. Elles amenerontnon pas un mouvemeot vers nous, mais le contraire, - une pénible surprise et un

a

1.

Analysant ensuite les différentes raisons qui rendent la
reprise des relations intellectuelles entre les deux pays si
difficile, Curtius n'hésite pas ( et ceci nous invite a lui faire
crédit pour le reste) a dénoncer d'abord l'absence de tact
de nombre d'Allemands, qui viennent a nous la main
tendue, « sans rancune » et comme si rien ne s'était passé,
puis s'étonnent qu'il y ait en France des intellectuels aux
idées si étroites que de ne pas serrer avec empressement la
main qu'ils nous tendent.
Le tact le plus élémentaire doit nous dire que des tentatives

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~A!SE

retrait indigné. - Elles nous discréditeront précisément aupres
des meilleurs. Et ce qu'elles nous rapporteront d'approbation
ne pesera pas lourd, moralement.
Oui, ceci devait étre dit. Mais la suite de l'article me
paralt plus importante encore, et je la citerai d'autant plus
volontiers qu'elle me permettra peut-étre de dissiper un
malentendu. II m'est revenu que mon nom avait été
plusieurs fois cité, particulierement dans les pays scandinaves, comme
inscrire parmi ceux du groupe Clartl.
L'on me demanda de protester ; je m'en abstins, par
crainte de préter a croire que je me ralliais au contraire
au partí du nationalisme - ce a quoi je répugnais également. Des que les opinions se polarisent, il devient on ne
peut plus malaisé de ne pas se ranger de !'un ou l'autre
partí, d'inventer une position nouvelle. On risque, en Je
tentant, de passer. pour indécis, pour tiede; mieux vaut se
taire en atteudant, pensai-je, et laisser a l'opinion Je temps
de se reformer sur un nouveau plan. C'est done avec une
extréme satisfaction que j'ai pu Jire dans cet article de Curtius les lignes suivantes, que j'ai plaisir a rapprocher de
celles de Thibaudet que je citais tonta l'heure. Je traduis :

a

Certains d'entre nous, rebutés parles manifestations du nationalisme frarn;ais, ont cherché ase rapprocher de ce groupement
fran~ais qui a résolument tourné le dos au nationalisme, je vem:
dire : le groupe Clarté - et cela est psychologiquement comprébensible. Henri Barbusse a fixé les príncipes de ce groupe
dans son livre: La lueur dans l'abime (1920), document importan! dont tous ceux que préoccupe le probleme franco-allemand
devront tenir compte . La prerniere partie de ce livre est analy·
tique et a pour titre : La fin d'un monde . Les aper~us de cette
partie me paraissent particuliercment jmportants en ce qu'ils
coostituent un des tres rares documents fran~ais oll, né de la
siruation fraoc;aise, soit exprimé le sentiment apocalyptique de
se trouver al'un des grands tournants de l'histoire du monde,
sentiment qui domine aujourd'hui la pensée allemande - et
en dehor; duque! une explication franco-allemande concernant

ENTRE LA FRANCE ET L' ALLEMAGNE

5I 9

les problemes centraux de la vie, nous parait impossible. Quelles
que soient les divergences de notre pensée avec celle de Bar~sse~ nos di~érences d'appréciation de l'évolution historique,
11 est 11nposS1ble de ne pas interpréter comme lui les signes de
ce temps, dans leur ensemble, de ne pas partager Je sentiment
tragique qu'il a de la catastrophe,
Cependant cet acquiescement cesse, et doit cesser quand
Barbusse passe 1 la secondc partie de son livre, la pa.rtie constructive, qu,il intitule : « 1A rivolte de la raison. l)
lci regne le doctrinarisme rationaliste le plus enfantin. llarbusse croit i une infaillible raison, innée en chacun de nou~ et
dont il suffirait de suivre les lois pour que tout rentrit aussit6t
dans l'ordre .. Barbusse est hypnotisé parl'idée d'Egalité. « Quand
on a da Egal1té, on atout &lt;lit " : te! est le titre significatif d'un
de ses chap1tres. La• loi d'égalité •, dit-il, doit former le concept fondamental de toute société humaine. L'égalisation sociale
doit é:tre réalisée sans considération pour quoi que ce soit
d'autre. L'idéal patriotique esta remplacerparun idéal bnrnanitaire, et le nationalisme par l'internationalisme, etc., etc. Avec
la plus grande nalveté, Barbusse pose ces postulats comme des
données absolues, des évidences de la raison. ll ne s'apen;:oit
pas qu'en partie déja elles contredisent aux r~gles élémentaires
de la logique. Et it plus forte raison est-il inconscient du fond
intellectuel d'oll il a tiré ces axiomes; inconscient de ce qu'ils
sont en réalité : une derniCre forme chétive du moderne e: esprit
bourgeois l&gt;, sa dernil!re conception du monde, son dernier systeme de valeurs : une schématisation poussée a l'extréme, et
devenue completement exsangue, des idéologies rationalistes
des xvure et xrxe sif:cles.
Ce sont ces formes surannées d,un monde finissant dont Barbusse voudrait faire les bases d'une construction nouvelle. Voil:\
le paradoxe du groupement Clarlé. Saos vouloir refuser toutc
~time aux forces morales qu'on y sent actives, son plat rationahsme, son intematíonalisme abstrait, sont formes d'expression
d'une époque finissante et contrediseat le vivant sentiment des
valeurs que l'esprit porte en lui.

Et si ce derriier passage parait quelque peu confus, voici
qw deviene beaucoup plus clair :

�520

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

Certes il est désirable et beau de jeter des ponts par-dessus
les abimes des haines nationales, et de préparer les voies d'une
réconciliation européenne. Mais si cela n'est possible qu'au prix
du sacri.fice de toutes 1es profondeurs et de tous les sommets de
l'ame, et a la condition d'accepter les doctrines insipides de
quelque association de libres-penseurs - alors plutót y renoncer, et se tenir a l'écart d'une activité qui demande comme condition premiere un sacrifiz.io dell'i11telletto. Nous ne devons pas
acheter la défaite du nationalisme au prix d'une domestication
de l'esprit. Tendons-y; mais par d'autres chemins.
Nous ne voulons pas, nous ne devons pas nous laisser acculer
l'alternative du nationalisme ou de l'internationalisme. Tant
que cette alternative pernicieuse et trompeuse ne sera pas écartée, tout effort d'apporter clarté et assainissement daos les rapports intellectuels franco-allemands fera faillite. Tant qu'elle ne
sera pas dépassée, nous resterons a un point mort - tant que
nous n'aurons le choix qu'entre un étroit repliement sur nousmémes, et d'indign,es concessions.

a

Eofin une voix d'outre-Rhin nous encourage et oous
rassure - car nous ne pouvions considérer comme porteparole de 1'Allemagne tel adhérent allemand aux doctrines
du groupe Clarté, non plus que les adhérents frans:ais de ce
groupe ne pouvaient prétendre parler au nom de la France.
Et peut-etre cette voix n'est-elle ni la seule, ni la premiere
qui parle ainsi: je m'excuse aupres de ceux que je n'ai
pas entendus. Curtius souhaite, autant que nous le pouvons souhaiter, une reprise des relations intellectuelles
entre les deux pays ; mais ces relations lui paraissent et
nous paraissent également, inadmissibles, s'il faut qu'elles
soient basées sur une préalable dénationalisation de l'intelligence. J'ai déja maintes fois exprimé mon opinion sur
ce point, et l'on pourra la retrouver éparse au cours du
volume de Pages Choisies que la Nou.velle Revue Franraise
vient de faire paraitre. ce Nous voyons de mieux en mieux
a que] point nationalisme et internationalisme sont aujourd'hui des termes non point vides, mais lourds et dangereux, et comme on arrive vite au bout de leur sens

ENTRE LA FRANCE ET t'ALLEMAGNE

521

utile, &gt;&gt; dit Thibaudet. J'ai plaisir a luí laisser encore la parole, ne trouvant ríen a ajouter, ríen a redire a ceci, dont
je veux faire ma conclusion :
11 y a une vie internationale, dans laquelle les individus et
les nations sont baignés, et avec laquelle les individus ne communiquent pas toujours par l'intermédiaire obligatoir:e de leur
nation. Sachons la considérer non d'un point de vue nationaliste, non d'un point de vue internationaliste, mais d'un point
de vue international, c'est-a-dire d'un point de vue humain. On
ne saurait dire que les intéréts d'aucune nation, fut-elle la France
. '
se confondent avec ceux de fhumanité, de méme que les intéréts de l'individu ne se confondent jamais completement avec
ceux de la collectivité. C'est par un effort continuel d'adaptation, de mise au point, et, dans des moments exceptionnels,
de sacrifice, qu'on arrive les faire a peu pres collaborer, sans
dépasser jamais beaucoup le domaine de !'a pe.u pres. La génération frarn;aise qui a passé par la double crise de !'affaire
Dreyfus et de la guerre, ceux de cette génération qui se sont
efforcés dans ces deux moments de conserver leur équilibre et
leur santé intellectuelle, sont peut-étre parmi les mieux armés
pour cette tache délicate. Dans les régions dévastées du Nord,
le premier travail de réfection, celui saos lequel les autres sont
impossibles, doit porter sur les voies de communication, routes, cbemins de fer et ponts. 11 en est de meme du monde
apres la guerre, et particulierement du monde intellectuel. Il
faut y retrouver les routes qui font communiquer les pensées
individuelles et nationales, les retrouver pour elles-mémes,
pour la circulation économique, meme pour le voyage d'intelligence et de plaisir, et non en songeant toujours aux besoins
stratégiques. N'ayons d'ailleurs pas la naiveté de croire qu'elles
aient attendu notre initiative. Difficilement et peu a peu leur
restauration a déja commencé ; nous devons la contiuuer.

a

Puisse la Nottvelle Revue Franyaise y aider; il n'est peutetre pas aujourd'hui de tache plus importante.
ANDRÉ GIDE

�AMANTS, HEUREUX AMANTS .•.

AMANTS) HEUREUX AMANTS ...
To James ]ayee
my (rimd, and the only begelter
of the jorm I bave adopted fa
tl;is piece of writing. V. L.
Amants, beureux amants ...
LA FoNTAINE (Fables, IX,

2.)

Des flots et de Palavas-les-Flots le soleil qui vient tout
droit jaillit a travers les lames de la persienne; c'est bon,
de pouvoir laisser la feoetre ouverte toute la nuit, a ce
commencement de novembre. Les bouteilles et les coupes
sur la table et sur le guéridon, la bouteille encare bouchée,
dans le seau a glace; ce désordré. Et la porte ouverte qui
tous ces derniers jours était verrouillée. Elles dorment
encare. Tant mieux. J'aime me sentir seul a cette heure la
plus frakhe et la plus solitaire; la plus, de toutes, lucide.
Elle réduit a leurs justes proportions toutes ces histoires
de ... Bon, de se retrouver soi-méme, l'esprit net et tranquille, désabusé, apres la confusion et le délire. Ne pas
bouger. Mais non. J'irai. ies regarder dormir. Doucemen t; pourvu que le chien de Cerri ne se mette pas i
aboyer. Zitto, zitto. Il m'a vu et reste couché sur le
fauteuil. M'étendre sur le canapé; retourner ce coussin; ce
galon me gene; ornements; il n'y en aura pas de l'autre
cóté. Horrible, le toucher du velours. Au réveil et jusqu'apres le bain on ne devrait avoir de contact qu'avec de
la toile. D'ici, je les vois assez bien. Som_meil au cbampagne. L'oreiller me cache leur figure. Les boucles blandes
pres des lanieres bleu-noir, et le hras brun et lourd de

523
Cerri sous le bras tendre et nerveux et blanc d'Inga. Elles
se sont prises par la main en dormant. Buone ragazze.
Leurs formes confuses sous les couvertures ; mélées. Et
cette chambre qui était pour moi, hier encore, « la chambre
acóté de la m.ienne ». Ne pas bouger. Cela durera jusqu'a
ce que ce long rayon étroit se soit assez allongé pour toucher leur oreiller. De ma chambre vient jusqu'ici le souffie
frais du dehors, l'odeur du matin proven~l. Celle a qui je
pense m'a dit un jour: Comme ~ doit etre triste, un pays
ou on ne dit pas la messe. Oui, et apres le pays sans.
messe il y a la ville qui ne connait pas la mer. Villes non
marines, viUes de terre ; apres elles, la monotonie des
cultures, partout. Mais les meilleures des villes marines
sont celles qui ont été trop indolentes pour rejoindre le
rivage proche : Athenes, Valence, celle-ci et d'autres bien peu, - que je ne connais pas. Prudes, fausses
tiroides, mais difficiles a démasquer d'ahord, comme celle
aqui je pense, avec son linge qui pourrait tenir, chiffonné, dans mon poing fermé, et ses fines dentelles sous
le saint ha bit de Notre-Dame. De meme Inga: la tenue
décente et correcte, l'air candide, et sa vie sans frein.
Athenes, Valence et celle-ci qui ressemble a Athenes: au
plus calme de leurs jardins, au creur de leurs patios frais
et hleus, dans le silence de leurs enclos ou repose, tout
noir et hérissé, I'alignement épais des orangers, - tout a
coup : Viens done ! - le vent du large. Et les tentures des
cafés et des magasins, celle de la Paz, me de 1a Loge, se
mettent a s'enfler et a battre comme des voiles, et tout ce
qui peut s'agiter dans la brise est saisi de l'allégresse de la
mer. Et se balancent et chantent ces rideaux de bambou,
de perles et de verre qui sont aux portes des coiffeurs. Et
meme la nuit, a un carrefour, au long de l'Esplanade ,·ide,
la rencontre avec le souffie tendu, éperdu, tout d'une
piece, des grandes traversées. &lt;e Viens done ! " Et pourquoi
pas? j'en ai vu bien d'autres. Cette grosse lum.iere rouge
au flanc du cargo-boat, daos le noir universel, c'était La

�524

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISI

Sude; et comme on était passé pres de la Petite-Crthere:
tous les détails du paysage en ampJ1ithéatre: les tro~peaux,
les oliviers, une fontaine. Et un Arlequín et une Colombine rose et verte, soudain aper~us et perdus de vue au
fond d'une avenue aux arbrcs dépouillés : les premicrs
habitants que je rcncontrais, un jour que je venais de
débarquer dans une ville, ayant oublié qu'on était en
Carnaval. Et la mer, encore, a son ré\'eil, qui est apaisement, a cette heure-ci, sensible jusque sur la plus lointaine, la plus pauvre place de cette ville : le macadam
luisam comme le pont d'un paquebot lavé a l'aurore et
que seche le mcme vent rapide et désordonné. 11 faudra
que je les mene aux environs de la ville, ame bords du
Lez, a ce coin dt verdures et d"eau tranquille. Ce qu'il y a de
tableau champctre bien composé, de Poussin surtout, dans
ces paysages de petits fleuves au voisinage de la Méditerranée. Et que je leur montre de plus pres ces jardins de la
banlieue blanche. Ot x·;;7.~~- Tout a fait ~: derriere les
murs blancs, que longe une rue profondément tapissée de
poussiere, il y a le joli XT¡7.◊; frais, plcin de verdurc, de
fieurs et d'eaux ,·ives. Et les bois sacn:s sur les collines, la
campagne civilisée, arrangée par les architectes pour sen·ir
de fonds aux rues, aux avenues et aux terrasses de la
ville. Entre les panaches des pins maritimes, la villa toute
raide et archaique regarde la g:irrigue tachetée de touffes
de huis et de romarin, et plus has les oliviers et les cypres,
et plus loin Lattes, et les lagunes, et Maguelone, et le
long, mince reflet de fer-blanc au bord Ju ciel. L:i cam•
pagne autour de Mégare. 11 faut que ces deux enfants de
la grace connaissent mieux cette gracieusc cité. Elles n'ont
pas encore \'U J'arc de triomphe au seuil de la grande terrassc qui est une solitude d'eaux prisonnicres et de pierres
dévorécs par des siecles de lumicre, et le petit t~mplc der•
riere lequel l'aqueduc commence sa marche ininterrom•
pue, une jambe pour chaque pas, jusqu'aux collines qui
bornent l'horizon. Ce matin meme je les y mcner:ii, puis-

AMANTS, HEUREUX AMA};TS...

525

qu'elles repanent ce soir. Ah, ~e chien de Cer.ri a b~~gé.
Sa chute, hiera Palavas. « Povenno ! tutto bagnato ! G1u ! •
DésagréabJe animal. Le soleil touche le drap_ juste.ª 1~ ha~teur de ... Si je ne cr:iignais pas de les révetller, Je ttrerats
le drap pour voir arriver le rayon sur la gorge d'lng:t,
comme ce jour ou nous étions ensemble dans son pa ys, ce
matin de l'autre été, dans la chambre d'auberge, a Finja.
L'odeur des brindilles· de sapin dont les planchers étaient
parsemés. La, je l'ai eue bien ~ moi, tou: cntiere, ci, p~
une arriere--pensée entre nous, nen que la 1euncsse et l l:te,
et ses dix-neuf ans, et ason bras gauche ce lourd anneau
d'or qu'elle avait oublié de quitter. Et c'est_ un de ces jours1.i qui a été son :mniversairc. Oui,. a m01 _súrement, ~ette
fois du moins. ~¡ tome son expénence, DI son an, m ses
années d'Autriche, de France et d'ltalie, ne comptaient
plus : comme clic savait bien etre « filie du ~ays u : Froken
Ingeborg, Kaere Inga, sa dignité, sa tenue ~1 prude, et s~n
rire pouffant, de petite filie, tout a coup. Mats femme ~uss1 :
la jeune dame de la ville, dans cctte :mberge_ de v1llage,
dans le grand lit paysan. Filie et femme des Ro1s de la Mer:
la mcme race, les mcmes ycux farouchcs et tcn&lt;lres, - ses
longs ycux clairs, - que ces filies qu "ils emportaient dans
leurs navires hérissés de longues rames, a la proue en
forme de tl:te de cheval ou &lt;le dragoo. Jonchées Je lis sur
les rudes coisons, le doux et grand butin de guerre. Aux
ri,•es de Nonhumbrie, J'Ecosse ou d'Isl:\nde, ils les débarquaient soigneusement, comme les Phéniciens leurs tapis
et leurs vases. Et parfois il dut y a,·oir la reocontre d'une
filie d'Italie ou &lt;le la Narbonnaise avec une de ces grandes
paiennes tomes claires et dorées comm~ l'an_cienne Apl,_rodite d'Or. La fason Jont elles se cons1dér.11ent sans nen
dire • leur étonnement. Comme ce Pape, au marché des
escl;,·es a Rome: « Non pas Angles mais Anges. » Quel' comme cela; amoins... Comme e•est secret pour
que chose
nous, les pcnsécs d'unc fcmme ala ,·ue d:une ~utre fcmmc.
La premihe rencontre d'Inga et de Cern. Ma1s avec Inga,

�·526
LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISI
il n'y a pas de doute. Pourquoi cela ne se passe+il pas
plus souvenr ? "Je n'ai eu que des brunes pour amies, de
ces femmes qui ooc toujours l'air d'etre a J'ombre, comme
les sources. A l'école j'avais Gret.a Kromer, au Conservatoire Rosele Mayer; ensuite il y a eu Carmela Savini, et
j'ai pensé mourir quand Maria Ferrero m'a quittée. •
Pauvre creur d'Inga I depuis ses douze ou treize ans occu~
par ces amitiés passionnées, torturé par les jaJousies, les
fureurs, les délices, les lkhetés, les triompbes, les abandons. Ses lettres, ses bouquets fanés, ses rubans, un grand
tiroir, chez elle, plein d'évenrails brisés, et les boucles de
chevem: bruns ou noirs dans les médaillons ternis. Nulle
place pour autre chose, dans ce cher creur d'Inga. Des
aventures, oui, mais c'est leur profession qui ['exige. Les
jeunes patriciens, accablés par le vin et le sommeil, tom•
bant confusément sur les coussins avec les joueuses de
flúte, :\ la fin des festins; et meme dans cette ivresse et ce
trouble, les yeux et les mains des petites se cbercbent encare.
Et pour elle, les vraies aventures, celles qni comptenr, sont
celles-la : « C'est toute ma vie. Je ne compte pas ]es années;
je dis : C'est quand j'avais Savini; 011 : C'était au moment
ou j'ai connu Ferrero. Ah ! et quels jolis souvenirs j'ai
déja !. . » Oui; mais Finja ? est-ce, aussi, un joli souvenir
pour elle? Si douce elle a été et si gaie ces jours-la. C'est
depuis ce temps qu'elle m'a toujours appelé Felice Francia;
avant j'étais simplement un des amis et admirateurs. Si
douce, si gaie, et si bonne. Comme je m'ennuyais, seul
daos ce pays dont je ne savais pas la langue. Alors je lui
ai écrit, sachant qu'elle était en vacances daos sa famille,
et elle est venue. C'était si dróle et si gentil de la retrouver
sur Je quai d'une gare de son propre pays. Et ce jour ou,
aprés avoir dormi, nous ne sa,-ions plus si c'érait le matio
ou le soir. Ce rayon rouge entre les troncs des sapins
pouvair si bien erre un premier rayan. La petire servante
qu'elle a interrogée, et j'écoutais sans comprendre, et elle
traduisait pour moi. O douce comme ton pays ! les !aes

AMA.'ITS, HEUREUX AMANTS ...

sous le del tendre, et ces jolies paysannes qui nous faisaient la révérence quand nbus passioos. Que j'étais jeune
eocore cette année-la, et plus pres des sombres années que
je n'aurais voulu me l'avouer : songeam encare parfois
aux lamentables promenades du jeudi, le long des quais,
ffl'S Bercy, sous ces tristes arbres, et cette pointe de !'lle
Saint-louis; _l'écriteau : Départs pour Charenton ; et les
allées du Jardín des Plantes qui blanchissaient si vite nos
10nliers, et ces .grandes foules tristes, et Montrouge. Quelle
rcvanche c'était, Finja, e la mia sposina Inga, et partout
devant nos pas les cent mille avenues noircs des interminables forets de sapios. Départs pour Charenron ! Oui
c'était bien la France Heureuse. Je n'aurais plus cette joi:
aujourd'hui : je suis habitué :1 la liberté, et je vieillis :
vingt-cinq ans, déja. Enfin, la voici encare une fois prés
de moi ma jeunesse blande et blanche et riante, dans cene
ville que j'aime et ou J'hiver demier j'ai pensé souvenr i
elle, pensé a la lui faire voir. Gentil, de s'étre écattée de sa
~te p?ur venir a moi, et elle n'arrivera a Nice que le
)Our ou commence leur engagement. Ah, pouvoir la
décider a passer quelque temps ici avec moi ! Quitter cet
hótel et louer une petite villa, du coté du boulevard des
Arceaux, daos ce quattier de calme, de soleil, de cyprés
et de bambous, avec l'ombre amusante, sur la cbaussée
&amp;lanche, des deux étages d'arceaux, et ces rues oettes, !impides, vues jusqu'au fond, et on ne sait que] bonheur les
tient éveillées tres tard, mais en silence. Que! bon hiver
nous passerions, bien seuls, daos cctte viUe ou personne
ne l'a jamais vue et ou je ne connais que des monuments
et des arbres. Lui montrer les micocouliers de l'allée
Cusson et le liquidambar du Jardin Plancbon. Elle aussi
lllrait plaisir a s'adapter, a sentir sa vie limitée, pendant
quelqnes mois, aux ressources et aux amusements d'une
ville de soixante a quatre-vingt mille habitants. Le coté
dinette, forme de Trianon, d'une aventure comme celle-la.
Oui, oo se sent un peu partí a !'aventure, un peu loin,

�528

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

ayant laissé derriere soi la civilisation centrale, et tout ce

qui nous la rappelle en devient plus précieux. On attache
plus d'importance aux devantures des boutiques, aux
bonnes choses qu'on peut se procurer, (le choix de nos
fournisseurs,) et méme au temps qu'il fait. On se sent
mieux vivre, surtout dans cette ville ou la foule et les
jolies choses sont a peu pres également distribuées sur
toute son étendue, qui n'a pas de quartiers. morts, qui est
active jusque dans ses extrémités. Son ame la remplit tout
entiere. Une ville pour nous. Y passer Fhiver, c'est comrne
aller goúter sur l'herbe, dans une clairiere d'une de ces
belles foréts du Centre de la France que les gens ne connaissent pas. Elle aimerait ~a, comme moi. Faire partie du
joli mouvement de ces rues, y contribuer, elle par sa jeunesse et sa gráce et moi par une tenue exemplaire. Penser
a faire donner un coup de fer aux deux complets de Poole.
Oui, boulevard ties Arceaux. Pour tout le monde : ce M. et
Mm• Francia», c'est tout trouvé. Et entre nous, devant les
gens, toujours l'italien, pour étre plus a nous-mémes, plus
isolés. II doit y avoir quelque moyen de résilier cet engagement. Elle pourrait étre malade. Rembourser ce qu'elle
a touché. Elle a déja fait quelque chose comme fª, lorsqu'elle a préféré accepter un engagement dans un théátre
du second ordre, pour ne pas se séparer de Ferrero. Je me
consacrerais entierement a elle._Lui dire, tout a l'heure :
Ce serait plus amusant que d'aller retrouver- a Nice les
boutiques de la rue de la Paix. Autre argument : ·soc
projet de voyage en Andafousie pour.-vói¼ ce qu'on pourrait tirer des danses populaires. Pres idu, bouleyard 'des
Arceaux, il y a tout un quartier remplit éle gitanes. Oh!
tout ce qu'elle voudra, mais qu'elle reste. Qu'elles restent. Cerri aussi, naturellement. A présent que la glace
est rompue entre nous; et meme 011 peut dire qu'elle a.
toute fondu. Ce serait amusant de veiller sur elles deuxr
de les distraire, de m'occuper d'elles. Sincere besoin de
me dévouer. Obligations et devoirs de chef de famille !

AMANTS, HEUREUX AMANTS •••

529

Tres bien, ce pyjama. Havane et creme. Frais et souple.
Acheté le jour ou celle a qui je pense ... Cerri. Chérie
Cerri ( difEcile a prononcer). Elle ne m'aime pas. J'ai bien
V? qu'elle était dé&lt;;ue en me voyant et en m'écoutant,
h1er, apres tout ce que Inga avait du Iui dire de moi.
Elle est de ces personnes pour qui le tout-fait, le courant,
le commun seuls existent. Ainsi il est probable qu'une
lettre qui ne serait pas entieremetu composée de phrases
toutes faites et de formules lui paraitrait une lettre mal
écrite et l'ouvrage d'un ignorant. De rneme un homme
dont la conversation n'est pas du type de conversation
qui lui est familier luí parait bizarre, naif et méme mal
élevé. Comment lui faire comprendre que j'ai dépassé
ces choses memes qu'elle croit que je n'ai pas encore
aneintes, que je me suis depuis longtemps débarrassé de
ces affectations qu'elle approuve, et que c'est justement
la lettre faite de formules et de clichés qui est d'un ignorant ? Hier elle a admiré Palavas, et quand, traversant
J\Euf avec elles, je 1ui ai montré le groupe des Trois
Graces, elle l'a apeine regardé. &lt;&lt; Au lieu de m'arreter deux
jours a Marseille, j'irai vous voir a Montpellier . .Mon amie
Romana Cerri, dont je vous ai parlé sera avec moi. »
Pourquoi, lorsqu'elle m'a parlé de son amie Romana
Cerri, ne m'a+elle pas dit : Je l'aime parce qu'elle est
douce et belle et qu'elle n'a aucune espece d'esprit? Je n'ai
pas coonu Kromer, ni Mayer; mais Savini et Ferrero
étaient comme cela, &lt;&lt; douces et belles », des filies saines
bien d'aplomb, sans caractere, flexibles, faciles a persuade;
et a commander, et pour tout le reste, tellement comme
tout le monde que meme Inga ne pouvait pas les idéaliser.
lncapables d'aimer tant soit peu leur art (sauf peut-etre '
Ferrero qui est maintenant premiere danseuse), incapables
de se faire aimer sérieusement d'aucuo homme toutes
.
'
au ¡oyeux petit train de leur profession et ne s'attendrissant que lorsqu'elles pensent a leur mere, et allors elles
ftllploient toutes les formules d'usage. Et c'est pour ces
34

�5W

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISB

amies-la que Inga a refusé des engagements qui auraient
paru tres désirables aux plus ambitieuses de ses camarades,
et c'est pour elles qu'elle finira par manquer sa carriere.
Elle qui leur est tellement supérieure. Celles-la, sans la
routine professionnelle, les heures des répétitions et des
représentations, Dieu sait jusqu'ou elles se laisseraient
tomber. Ah, justement, c'est leur faiblesse qui lui plait:
les dominer, les sentir a sa merci. Tout donner, mais
exiger tout. Alors le reste : Finja ! oui, un « joli souvenir », mais qu' elle a classé a part, peut-etre dans les
souvenirs de voyages; et en e:ffet c'était quelque chose
comme un voyage de noces de boúrgeois, avec le retour·
par l' Allemagne et la France. L'été dernier, je lui ai dit :
Cela me rappelle le lac de Finja ; tu te souviens ? Ach ! non ho dimenticato nulla ! Avec ce mauvais accent
qu'elle n'a pas en franc;ais. Rien de plus, et il y avait,
dans l'intonatioh, dans le regard, dans l'emploi de l'italien,
un mélange d'émotion vraie et de pose dans lequel il était
impossible de voir si l'émotion tenait le plus de place.
Non, non: rien afonder sur le souvenir de Finja; rieo de
solide, pas meme un séjour ensemble ici. Son meilleur
ami, le seul a qui elle a parlé de son enfance et dit son
secret; mais rien de plus. Les autres hommes l'ont trouvée, et la trouveront encere, aimable, obéissame et perfide, et souffriront quand ils comprendront qu'il faut lui
d~re adieu. Ils ont souffert. Ce jeune Anglais, a Naples,
qui voulait l'épouser; et Je petit étudiant, a M.ilan, et cet
homme, l'autre hiver, a Nice. Le bon petit jeune homme,
- cela arrivera encore, - qui s'éprend d'elle, qui lui
envoie des bouquets, qui parfois s'endette pour l'inviter a
souper ou lui faire des ca&lt;leaux, et qui l'attend, sous la
pluie, a la. porte des artistes, elle qui sort presque toujours
la derniere. I1 est content, iI a obtenu ce qu'il voulait;
elle lui permet de venir l'attendre, elle lui a meme dit que
ce n 1était pas la peine de faire la dépense d'un fiacre, que,
du reste, elle a plaisir a marcher a cóté de lui, et qu'elle

AMANTS, HEUREUX AMANTS •••

531

préfere souper chez elle, seule avec lui, comme deux étudiants. Quelle chance d'avoir rencontré une femme de
théatre si sage, si rangée, si ménagere de l'argent de son
amant. Le prestige de l'artiste, la grande fraícheur et la
jeunesse de la femme, les bonnes manieres et l'expérience
!'esprit amusant meme daos ses poses, - tout cela sponta~
nément donné en toute propriété, presque humblement
donné, avec ce geste de tendre ses poignets croisés en
disant, la tete baissée et avec un beau regard bien bleu et
bien franc : Sono tua ! Et rire, ensuite, d'un bon rire
attendri, et au bout d'un instant dire a voix basse : Ma
evero, sai, quello che ti ho detto: la tua schiava innamorata.
(Les deroiers mots, en se pressant a son coté, et en se
détournant un peu. &lt;;a correspond sans doute a une des
positions techniques de la danse ; elle est peut-etre, a ce
moment-la, en « cinquieme », et elle a « pris la Jigne ».)
ll est heureux, le bon petit jeune homme: a pres une sage
et sombre adolescence, cette belle récompense lui víent
comme le prix d'excellence a la fin de l'année scolaire. Et
Inga, - eh bien elle est sincere a ce moment-la: elle a eu
plaisir a le rendre amoureux, et elle aime en lui sa jeu:iesse, la frakheur de son sentiment, peut-etre meme quelque chose d'un peu féminin qu'il a gardé de son enfance.
Quand il se monti'era jaloux, elle fera tout ce qu'eUe
pourra pour le calmer, le rassurer, l'emp~cher de souffrir.
«Je resterai agenoux jusqu'a ce que tu m'aies pardonoée. ))
Il sera dérouté et charmé. Surtout s'il est Fran&lt;;ais. Toute
cette hmnilité, tous ces « esclavages &gt;), ces agenouillements
et ces abaissements, il n'en a pas l'habitude. (ce Dis done,
mon chéri, si c'est une scene que tu cherches. ») Comme
moi la premiere fois que j'ai accompagné celle a qui je
pense dans une église : refuse la chaise et s' agenouille sur
le pavé, comme le font, sans doute, les femmes du plus
has peuple dans son pays. Il ne sait pas ce qu'il faut en
prendre et ce qu'il faut en laisser : la belle jeune femme
daos toute l'innocence et l'éclat de son décolleté et qui,

�532

LA NOUVELLE REVUE FRA.NC.\JSI

en fait de corps humain, est ce qu'il y a de plus fin, de
plus soigné, de plus blanc, de plus civilisé, se comportant
avec lui comme la plus humble et la plus avilie des mendiantes de quelque ville d'Orieat. Car il sera jaloux et
inquiet, s'il l'aime, et sans qu'il puisse rien devi_ner, i~ seo
tira que sa vie est ailleurs. Il aura méme la ¡alous1e ~~
passé, maladie des tres jeunes gens aux débuts de leur vie
sentirnentale. Rougeole sentimentaJe. Comment cene
femme, a qui il attache tan t de prix, a-t-elle pu se donner sa~s
amour, par caprice, ades homme_s qui étaient ind~gnes d'elle,
qui ne l'aimaient pas ? Pourquoi a+elle permts, et peutetre meme recherché, une aussi monstrueuse profaoation?
Quelle patience il faut qu'elle ait pour écouter ces plainres,
pauvre Inga; et cela lui est déja arrivé trois ou quatre
fois. Une expérience qu'elle refait. Celui qui lui a meme
demandé, en criant et en pleurant, le nombre exact des
amants qu'elle avait eus avant luí. &lt;;a, c'était dróle; et
peut~tre que r;a l'amuse, apres tour. Mais il est jaloux aussi
du présent. JI soup~onne le directeur, 17ténor, _le mai~e
de ballet un journaliste qui a fait un amele élog1eux, et 11
sait exa,;ement les jours et les heures ou il y a répéútion.
Elle est obligée de donner a l'habilleuse les bouquets
qu'on envoie; mais elle a appris que, s'~l vient un bouquet sans carte de visite ni adresse elle do1t le montrer, car
c'est une ruse de son jaloux. Et pendant que tour cela se
passe, le jeune homme voit constamment la person_ne qui
est &lt;&lt; son ri,·al », lui parle, !'invite a diner ou a fa1re u~e
promenade avec Inga. Et Inga aussi est jalouse, mais jam~
acause de lui ni d'aucun homme, et elle est, comme lw,
pressée d'arriver ades rendez-vous secrets, et lente~ quitter
certains endroits ou elle a été heureuse. Ou bien elle
poursuit une conquéte difficile, languit et, se consu~1e, et
pleure tour bas, toute une nuit, aupres de l amant qui ~ort,
satisfait, repu, béat. S'il savait ! Mais comment prévm_r ~
qu'il en penserait? S'il serait tranquillisé ~u s'il souffnmt
davantage. I1 romprait, peut-etre, et Inga uent a le garder,

AKANTS, HEUREUX AMAl-i"TS...

533

comme distraction et comme écran. Et puis r;a ne le
regarde pas. Et il arrive ceci : que l'engagement prend fin
ou que le théatre ferme, et Mademoiselle lngeborg s'en va,
et le jeune homme reste. Jusqu'a présent aucun n'a eu,
avec tour son étalage de passion, assez de caractere et
d'imagination pour la sui vre. Le manque d'argent, ou des
~tudes a continuer, ou des pareots séveres leur ont paru
des excuses suffisaotes, - ou encore leur ville ou ils ont
leurs habitudes, et ils ne se voient pas vivant ailleurs. Pourtant, partir avec elle ! voir ce qui arrive ensuite; partager
sa vie aventureuse. Mais ils se font une raison, se persuadent que ce grand amour, si douloureux, a pourtant été
rassasié, et bien peu ont été assez clairvoyants pour deviner
que la véritable Inga, la dangereuse, la passionnée, la
domínatrice, n'était pas celle qui écomait si patiemmeot
leurs plaintes et toutes les sottises que leur vanité blessée
et leur besoin d'étre aimés leur faisaient dire. Mais tous
ont souffen et ont indistinctement senti qu'ils s'étaient
fourvoyés daos une vie ou il n'y avait pas de place pour
eme. 11s ont obtenu ce qu'ils voulaient et en mc?!me temps
ils sont dé~us. Peu écrivent. Et l'année suivante, si elle
revient, a la réouverture, - comme a Nice demain, - il
arrive qu'elle retrouve le jeune homme marié et déja
engagé daos l'orniere de sa perite vie, piare et sans aventures, de notable habitant. Et elle, toute a sa passion ou l
une nouvelle passion, ne prend méme pas le temps, lorsc¡ue par hasard elle le revoit, de se rappeler ce qui s'est
passé entre eux ; et quant ase comparer a la femme qu'il a
épousée, une comparaison qui serait certainement flatteuse
pour son amour-propre, elle rfy songe meme pas; tout
cela s'est passé dans cette région de sa vie qu'elle abandonne ave, indifférence ;\ ses camarades, aux bavardages
des habilleuses, et aux sentiments des amis et admirateurs.
Elle sait bien que c'esr surrout leur vanité qui a souffert :
cene prétention qu'ils ont tous de vouloir erre aimés exclusivement et de la posséder tout entiere: son temps, ses

�534

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISB

pensées. Elle, ce n'est pas ainsi qu'elle aime; la passion et
non la vanité la mene, et rien au monde ne l'empecherait,
elle, de rejoindre ce qu'elle aime. Celle a qui je pense, le
jour ou je luí ai dit cette paovreté : que je l'aimais autant
que moi-méme, - e&lt; Alors tu m'aimes bien peu. )) Elle
voulait díre que je ne m'aimais pas moi-meme parce que
je ne peosais pas assez a Dieu et a mon ame. Mais Inga,
lorsqu'elle aime, se dépasse : elle devient la personne
aimée, et il y a désormais entre elles un pacte si étroit que
personne ne peut espérer s'y joindre. Emmurée dans
son amour. Volontairetnent détournée, sourde, implacable, pétrifiée dans son amour. Et il faudra les laisser
repartir ce spir, comme elles l'avaient décidé. Mieux
ainsi. Libres tous deux, et personne ne nous cntravera,
Elle a ce qu'elle aime. Tant pis pour mol si... Mais
j'ai celle a qui . je pense, et dont je ne lui parlerai pas.
Non pas pour le plaisir d'avoir quelque chose de secret
pour elle, mais pa,r crainte qu'elle ne voie ma faiblesse,
Bonheur d'aimet un peu celle-ci, et de penser avec beaucoup d'amour acelle-la. Equilibre sentimental. e&lt; Aimer
beaucoup ii ? Non, libre, libre, détaché, a la dérive. Le
vouloir fortement. ce Ah, malheureusejeunesse ... &gt;l Eh bien,
baisser la téte dans la tourmente, et patiemment ~archer
de l'avant comme sous les grandes averses tiedes et claquantes de ce pays ; on voit reverdir les arbres et les volets
des maisons ; fraicheur ou se mele le souffle marin ;
pioggia dirotta. Ah, et le voisinage constant de Cerri, si
elles restaient. Le plaisir serait vite épuisé, et l'ennui resterait : la terre sous les fleurs. Son mépris pour moi, hier
soir. C'est pour ~ que j'ai tenu a les enivrer, elle surtout.
Et meme dans l'ivresse, quand enfin elle a cédé, - cela
ne pouvait vraiment pas se passer autrement, elle le
savait, - ses regards, son air, sa pose, exprimaient ce
mépris; quelque chose comme : Je ne me donne pas ; vous
me prcnez comme un voleur, tristement, honteusement,
parce que les circonstances vous favorisent et grace alá

AMANTS, HECREOX Ai\IANTS •••

535

complicité d'Inga, qui ne sait plus ce qu'elle fait .
·
d''
,ma1s
ré u1t a vos seuls mérites vous ne m'auriez jamais obtenue.
A ce °:1,º?1ent-_la, c'était un défi, et je l'ai accepté. Et
quand. J a1 sentt ses mains se poser sur mes cheveux ( ce
geste s1 tendre, comf?e pour constater qu'on est bien la,
cet:e mue~te bén~iction~) j'ai compris qu'elle cédait.
Ma1s elle s est tepnse aussitót. Comme elle s'est jetée en
pleurant de colere, daos les bras d'Inga, qui riait. Pa; un
ba_iser a. moi. Et bien qu'elle m'ait tutoyé deux ou trois
avant de sombr~r dans le sommeil je suis sftr que tout
a l heure elle me dira &lt;e leí&gt;). « Douce et belle? &gt;&gt; Bel1e et
dure, plutót; dure et sévere cotnme le laurier. Pensé aux
mots &lt;e _la sta.tuaire &gt;&gt; a ce moment-la. Comme son esprit :
tout fait, saos rien qui soit d'elle seule et qu'on n'oublie
pas. Magna parens frugurn: les fruits parfaits · les colonnes •
·
'
~ firagment d'un torse de D1ane
trouvé a Herculanum
ii '•
les courbes ombres bises sur une coulée de blanc mat ~
l'absence d'éclat'et de ces adorables défauts; et le voile d;
crepe_au bas de l'urne d'or. Inga, la meme, le pays connu:
la p_et1te vallé~ ~'or et de neige. Mais sa croissance depuis
les ¡ours de Fm¡a : plus de douceur et de générosité dans
les contow-s; le dessin ou des blancs ont été remplis, des
om_bres augmentées, des traits tepassés. Encore deux ou
~ro1s_ ans et ce mon jeune prince &gt;l ne pourra plus faire
il.lus1~n, en travestí. Ah, le rayon a dépassé son bras et
b1e~tot son ~xtrémité touchera la joue de Cerri. Je le laissera1 les réve1Uer. Ou bien ... Ob, une tasse de thé et une
·
cigarette apres.

!º1:

Le grand coup d'aile de l'ceil noir, a la rencontre. Un
vers, et m~uvais. Elle est gentille. Son parfum ? Sage
&lt;:omme les 1mages du Monde Illustré qu'elle lit pendant
~ue Madame Mere regarde d'un air important les chaises

�536

LA NOUVELLE REVUE FRANt;.\ISE

vides, les jardinieres et les murs du vestibule de l'hótel.
(Les propriétaires disent : le hall.) Un peu trop parées
pour l'heure. Et habillées, sans doute, par 1a grande couturiere de Toulouse. N'importe : elles ne savent pas. Elle
aurait vite appris; un an de París ... Encare l Encore e&lt; le
grand coup d'aile &gt;&gt;, etc.? Aussi, je regardais avec trop
d'insistance. (Autre alexandrin; tres Emile Augier.) Mais
non, c'est parce qu'elle m'a vu sortir de la salle-a-manger
avec Inga et Cerri. Ah, peuple différent, nation des
femmes ! Comme un Oriental qui m'aurait vu, ici, avec
deux de ses compatriotes en costume national : la curiosité, l'intéret, presque le désir de me parler. Sans cela,
elle n'aurait jamais fait attention a l'épais et quelconque
jeune homme. « Pauline. » Madame Mere l'a appelée
Pauline. Joli nom pour une fille de 1a Province Romaine.
Lui trouver un nom de famille. Rien au courrier ! je m'en
doutais. Cela'fait dix jours qu'elle ne m'écrit pas. cc &lt;;a ne
fait rien », ma belle. Un nom de famille pour Mademoi·
sefle Pauline de Septimanie. Consolar. Oui, ~a va. Consolat; en pronon~nt légerement le t. Que je ne te connais pas, enfant du Sud béni ? Je t'ai vue au moment ou
la grace humaine t'a touchée : guand Inga et Cerri, impatientes des lenteurs de l'ascenseur, se sont prises par la
taille et ont commencé a monter l'escalier : !'ensemble de
leur mouvement, le bel élan qui les portait, tandis que
sous la soie transparente on voyait saillir, presque blancs,
ces deux petits muscles, les jumeaux je crois, qui tirent et
renforcent, sous le jarret, le renflement du mollet. Un
peu surprise, PaulineJ ou du moins sa pruderie a fait
semblant de l'etre, par la vive action de mes amies. Mais,
surtout, pendant quelques secondes, énrne malgré elle,
touchée par la grace de ce mouvement; résultat de l'érnde,
d'aílleurs. C'était la premiere fois qu'elles abandonnaient
la tenue presque sévere qu'elles adoptent quand elles sont
hors du théatre ou des réunions d'amis. C'est Inga sur·
cela, et elle a mis Cerri son pas. Tres
tout qui tient

a

a

AMANTS, HEUREUX AMANTS ...

537

correcte, notre entrée dans la salle-a-manger : ce n'est
qu'une fois qu'e11es ont été assises que les gens se sont
rendu corn pte que deux jolíes femmes étaient la. J'ai vu l'impression produite sur les habitués : le général, 1a comtesse, le jeune seigneur écossais qui voyage avec sa jolie
ga~de-malade en uniforme, et ce pretre si sympathique,
qw a eu la bonté l'autre jour de m'avertir que j'oubliais
une revue sur ma table. Oh, elles représentaient avec beaucoup de dignité la Scala de Milan et le Conservatoire Impérial et Royal de Vienne ! Bien malins ceux qui auront
deviné leur profession : évidemment étrangeres, et cela
déroute ; et aussi évidemment habituées a la bonne compagnie. Je ne sais pas, mais il me semble bien que, des
deux, c'était Cerri la plus agréable a regarder. Avec ~a
figure qui paraissait plus sombre et plus mate encare pres
du teint clair d'Inga. Aussi l'échancrure de son corsage :
les pointes aux épaules, ne découvrant que le haut de la
gorge, et la mince chaine autour du cou, avec la médaille
du couvent ou elle a été élevée. Son petit air modeste ;
les yeux baissés sous le beau front bombé. Piglio di Madonnina. Les rnains sont tres belles. Pensé aux vers :
« O bella mano... » J'aurais du les lui réciter. Et dire que
sans la connaitre, brutalement, sottement. Bah, c'est fait.
D'une fa9on ou d'une autre. Mais quelle surprise I Je m'étais
trompé en pensant qu'elle m'avait détesté a premiere vue.
C'est seulement la fa~on dont les choses se sont passées.
~t puis, elle en a vu bien d'autres. Tout de meme, sa gent1llesse et ses mains méritaient plus d'honneur. Lui fairc
comprendre que je regrette, - non ! je ne regrette pas,
au contraire. Enfin, oui. N'avoir pas fait attention a ses
mains avant cet instant. C'est finir par le commencement.
Ainsi j'ai été plus lent que Pauline a reconnaitre la
grace. Mais Pauline, tout en la se-ntaot, n'y a pas cédé.
Elle a plutót insisté sur ce qu'il y avait de trop vif ou
d'un peu saos gene dans leur beau départ. Parce qu'elle
désire trouver quelque chose a redire en elles. Son

�LA NOUVELLE REYUE FRANC::AISE

-instinct bourgeois. Nous ne pourrions pas 11ous entendre,
Pauline et moi. Les yeux sont beaux, mais la bouche et le
menton plutót séveres. Ah, tiens, elle s'en va, suivie de
Madame Mere, et saos me regarder une demiere fois.
J'avais pourtant préparé mon attitude et composé ma
physionomie. Adíeu, Pauline Consolat ; adieu, jeune filie
a marier. Car c'est visiblement ce qu'elle est. L'eau qui
&lt;lort~ et probablement ce que devait etre, avant son
mariage, celle a qui je pense. Triste existence, celle de
ces filies-la, et Madame Mere n'avait pas l'air commode.
La longue attente du fiancé, les déceptions, les situations
{]_UÍ ne conviennent pas, les dots qui ne sont pas en
rapport, les perites faveurs distribuées &lt;;a et la avec la
préoccupation de savoir si elles rapporteront ou si elles
seront perdues pour « le bon motif ». &lt;&lt; On aime Pierre,
et c'est Paul qu'on épouse. » Oh, meme pas c;a : le penchant, et tout' ce qui pourrait de\·enir l'amour, constamment rebutés, finissent par disparaitre. Elles ne connai1ront jamais ce beau sentiment de la vierge amoureuse, aqui
sa pro pre personne devient sacrée, et digne f etre protégée
et défendue par tous les moyens, du moment que dans
son ame elle l'a donnée a celui qu'elle aime. Comme il
&lt;loit etre fatigant et attristant, cet effort continu pour
se conformer aux opinions, regles et convenances du
monde impossible qui les entoure. C'e,t pour cela sans
-doute que méme les plus gentilles ont si peu d'attraits.
Calcul mesquin, ignorance, vanité. Et malgré toute la
peine qu'elles se donnent, combien de belles occasions
elles doivent manquer, les occasions inespéréesJ justement; parce qu'elles se méfient. Toutes a leur affaire, et
pas de fantaisie : un jeune homme du pays, ayant u~e
position solide et des idées sain~s. C'est ainsi que je vois
Pauline faisant, dans quelque temps, un joli mariag~, e,t
~a dot servira a finir de payer une étude de notaire a
Clermont-l'Hérault ou a monter un cabinet de consultations a Balaruc. Leur voyage de noce. Les choses qu'ils

AMANTS, HEUREUX AMANTS ...

539

se disent, a l'étranger, quand ils ne soupc;onnent pas que
Ieur voisin de table ou de fauteuil d'orchestre les comprend. Les valets et les soubrettes des romans et comédies
de l'Ancien Régime, devenus Monsieur et Madame. Quelques mois de libertinage, et puis les années et les années
de ménage. Je n'arrive pas a imaginer s:a. Mais comme
Pauline envierait la libre existence d'Inga et de Cerri, si
elle pouvait la connaitre. Ne la connaissant pas, elle les
' regarde avec le mélange de curiosité et de désapprobation
avec lequel les gens qui sont bien, tout entiers, d'une
dasse reoardent les gens d'une cfasse différente. Comme
'
b
•
. •
&lt;lans tóutes les nations du monde, moms les gens sont c1v1lisés plus ils méprisent les étrangers. Elle dirait, sans
doute, que te sont des gens qu'on ne res:oit pas et que les
femmes ne sont pas présentables. Mais Inga est re~ue ou
elle ne le sera jamais, et il n'y a pas de comparaison
possible, pour la tenue et les manieres, entre elle d'une
part et Inga et Cerri de l'autre : Pauline ne sort pas sans
Madame Mere, et Madame Mere serait bien én:rne si on la
présentait a la comtesse. Mais si elle connaissait leur vie l si
elleavaitpu les voir constammentdepuisleur arrivéea Montpellier hier m.atin jusqu'a maintenant, jour et nuit. Quelle
initiation I quelle correction de bien des erreurs ! En
supposant qu'elle soit intelligente et pas sentimentale (elle
n'en a pas l'aif) quelle le~on I Oh, Inga s'attaquant a une
filie comme celle-la ; a une demoiselle a marier ; et complétant son éducation. Elle réussirait : la perite bourgeoise
si timide et si rangée, sur le bateau entre Malino et
Copenhague: si la traversée avait été _plus longue ~ou~
soupions a trois (non, a quatre: le man) ce méme soir, a
Tivoli. « Petite Nora », « Chere Inga », déja I Mais Pauline ne sait pas, et ne saura jamais. Elle se croit sage, et
on l'étonnerait bien si on lui disait qu'avec ces yeux-la et
malgré la bouche et le menton un peu séveres, elle fera,
elle aussi, des sottises, conime tant d'autres. Ainsi Madame ... , oui, je sais qui je veux dire. Je l'ai rue se détour-

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISI

ner, comme on le dit d'un gar~on qu'on a connu bien
sage au college, un peu « gourde » meme, et qu'on
retrouve quelques années plus tard dans un milieu de
filies et de noceurs. Apres dix ans de mariage, celle-la,
dix ans passés a se plier a la volonté du mari, a gouverner
sa maison, a l'.aider dans sa carriere, a l'aimer peut-etre.
Tout d'un coup, i;'a été la révolte, le besoin d'avoir son
tour, de s'appartenir, et une sorte d'épanouissement,
comme si le temps ou elle était sage et fidele n'avait été,
entre son adolescence et ce moment, qu'une longue et
pénible mue. Et encore Madame ... Celle-la, une fois veuve.
Un jour, j'avais seize ou dix-sept ans et je luí ai dit,
comme un collégien, ponr l'étonner, ou pour voir si elle
me prendrait au sérieux, que c'était par timidité et faiblesse de caractere, et non par amour, que la plupart des
femmes étaient, fideles. L'effet, formidable. M'a fait peur.
Je crois meme qu'elle l'a répété a son mari ; une allusion
qu'il m'a semblé qu'il y faisait, peu apres. Oh, ~a n'était
pas une chose a dire. Elle avait du me traiter en petit
gar~on, et comme l'idée de l'embrasser ne me serait
jamais venue ... J'aimais mieux ... Oui, enfin je l'ai retrouvée quelques anuées apres, veuve, et transformée ; ne
cherchant plus seulement a etre aimable, mais i etre
aim_ée. Elle découvrait les amusements de la ville, et les
joies du ménage n'étaient plus qu'un souvenir : l'amour,
la coquetterie, les restaurants des Halles, Moñtmartre, les
facilités de la vie de chatean et d'hótel pendant les vacances. Déniaisée ; plus de timidité ni de faiblesse de caractere. Ce n'avait done été, réellement, que cela ? Un fond
de vulgarité qu'elle avait et qu'on ne voyait pas auparavant se montrait rnaintenant. Sa na1veté aussi: des plaisanteries d'esprit fort, sur la religion, pour scandaliser des
gens qu'elle considérait, saos savoir, comme des provinciaux, qu'elle croyait dévots. Ainsi elles avaient vécu en
tuteile pendant des années, fieres de leurs devoirs ponctuellement accomplis, se croyant bien gardées, bien assu-

AMANTS, HEUREUX AMANTS •••

541
rées contre les coups de tete, et puis, sans qu'on sache
comment, - ni elles-memes, - elles sont arrivées a leur
majorité sentimentale, et ont perdu l'équilibre. J'ai vu
aussi, dans le premier cas, la surprise du mari : comme
Pere-et-Mere déja vieux quand le grand fils commence a
découcher. Car c'est ainsi que ~ se passe: elles ne savent
pas s'y prendre, ne savent pas dissimuler, pensent
qu'elles n'ont pas besoin de dissimuler. &lt;;a se voit a leur
allure, aleurs regards, a ces longues plaintes qu'elles font,
atout venant, contre leur mari. Elles sont meme fieres de
s'etre affranchies. Mais, ,·u de l'extérieur, c'est ceci : elles
étaient tranquilles, effacées, discretes et, dans certains cas,
faites pour etre passionnément et fidelement aimées par un
homme exceptionnel, fin et délicat ; et les voici, en peu
de temps, devenues hardies, voyantes, importunes et
ennuyeuses, faites pour plaire a n'importe qui, a la grande
masse des hommes qui vont a ce qui brille et a ce qui se
fait remarquer. Et, si elles ont un peu attendu pour se
transformer ainsi, elles sont franchement ridicules. Voila
ce qui peut fort bien arriver a Pauline et qui n'arrivera ni
a Inga ni a Romana Cerri. Discretes, maítresses d'ellesmemes, ayant une vue juste de ces choses. Inga, ne mettant personne dans ses secrets, Romana, sage, pleine d'expérience, fermée. Plus sage que Inga : la vieille sagesse
d'un peuple civilisé depuis plus longtemps que le peuple
d'Inga. Nourrie par l'olivier, le plus sage des arbres. Sor
attachement, sa maniere d'etre avec Inga. Comrne vous
aime l'épouse dont, a moins d'etre un imbécile, on ne se
lasse pas: Quand, pour une raison ou pour une autre, la
rupture se fera, elle se donnera de la meme fa~on a un
homme. Ton peuple sera mon peuple. « Tu es confiante
et amie de l'homme » : Iu Et ma"t7¡ x:it «;l;,ri.voo?,. D'ou
¡
'
cela me revient-il ? Ah ! Lucien : le seul dialogue que j'aie
aimé suffisamment pour le retenir. Le dialogue entre Mousarion et sa mere, qu'elle appelle Mq.p.p.(Íp~ov. Comme elle
défend bien son amour contre sa mere qui voudrait la vendre

�542

LA NOUVELLE REVOE FRANc;AJII

a deux ou ttois riches préten&lt;lants ! Pas sentimental, le dialogue: juste la situation. Les au tres? ll faut que je les revoie.
Voir ce que Lucien savait et pensait des femmes, et comment
tour cela lui apparaissait. Surement je comprendrais beaucoup mieux a présent. Je vais peut étre avoir de granda
surprises : ttouver Inga et Romana dans quelque coin da
livre. Il sera saos doute a la Bibliotheque Fabre: l'amantde
l'Albany devait avoir un Lucien. J'irai demain matin. Je
cherchais justement ce que je lirais maintenant que j'ai fini
« Les Nourritures Terrestres ». L'Albany... Elles n'en
finissent plus. En train d'écrire, peut~tre, aux amis et
admirateurs nic,:ois. Et fabre : cet homme jeune dans cet
illustre vieux ménage. Mais Alfieri savait-il ? Indifférent
p~ut-etre. Tenant a ses habitudes et, pour le monde, lt
nécessité de continuer a etre le Poete amant d'une Reine.
Et toute cette histoire qui finit . a Montpellier. Oh, oui,
indi.fférent. S~s promenades, seul, le soir, au bord de !'Amo,
ruminant les vers d'Homere. Pieno il capo ... Et des rh~
matismes aussi, probablement. La chute du jour. La paum
gloire humaine. Pas la peine d'essayer. L'oubli complet.
moins triste. Ou alors, quand notre intéret matériel y ~
engagé. Comme dans lecas d'Inga. Elle oui. Elle se le ~Olt.
Oh, j'en serais content et fier. Grande vedette. Le ~
s'appliquerait tres bien a elle ; ríen a y chaoger : ce Le suc·
ces l'aroent les ... n Ah, enfio, les voila. Qµelle leuteur I La
'
rose' et ole laurier.
u Belle », comme disent les gaminsa la
sortie de la messe, le dimanche, dans les perites_villes d'I~
lie. Belle. Si celle a qui je pense les voyait? Si elle savaJt.

Si...

Addio cari villani. Notre formule d'adieu aura retenti
. · Elle avatt· d6
aussi sur' le quai de la gare de Montpelher.
prévenir Romana : Au moment mi le train partira nous

S43
dirons tous trois en meme temps : Addio, cari villani ! La
premiere fois, c'était pour nous empecher d'etre tristes a
l'instant de la sépararion, apres le retour de Finja. A&lt;ldio,
cari ... C'est curieux, les plaisanteries d'Inga et de ses grandes amies, de ces Femmes Damnées : de petites plaisanteries de religieuses, de &lt;&lt; bonnes sreurs ». A notre avantderniere réunion, dans cette grande ville pleine d'appel.s
joyeux, de fleurs et de parfums, chaque matin je répétais plusieurs fois : Je vais me lever. Alors ell~ disait : Tu ~s te
bwer ?tu vas devenir un !ion! Oh, j'aipeur, tu vas me dévom. Et elle riait, comme si ce jeu de mots était extremement
dróle. Ah, oui : la petite filie en elle. C'était bon aussi, ces
matins-Ja. L'été. Les grandes avenues bien ombragées, larges, toutes pleines de l'été et d'une belle vie lente et heureuse. On en voyait trois de nos fenetres. Eucore une ville
ou nous ne connaissions personne, et qui était comrne un
grand jouet qu'on nous avait donné pour nous récompenser d'étre si sages ; et pas de théatre, pour elle : les
vacances. Trop tard a présent pour aller faire un tour au
Jardin Botanique. Mais n'importe quoi plutót que de rentrer a l'hótel. Et ce ñ'est rneme pas la peine d'y passer : au
courrier du soir il n'y a que les lettres de la région. Non,.
méme pas pour diner. Apres, forcément, je retrouverai
cette porte fermée, comme elle l'était avant leur visite.
;Remonter jusqu'au Peyrou par la rue Maguelone, la Loge
et la rue Nationale: au bout il y aura un beau ciel sombre
sur les collines blanches. Voici done la solitude qui recommence. Plusieurs mois de silence ; car meme pour demander du paio je peux faire un signe. La ouit était déja insllllée sous le feuillage du liquidambardu Jardin Planchon.
Ses branches pareilles a des fouets, a des lanit:res arretées
en plein élan. Elles som parties. Elles sont parties. Et je me
retrouve, et je n'ai pas le plaisir que j'en attendais. Je n'ai
pas le plaisir de me reconnaitre. (Oh, que c'est mauvais.)
D faudra done toujours qu'apres lesadieux j'éprouve ce sentiment d'un manque, ce serrement de cceur ? Mais j'ai

�544

LA NOUVELLE REVUE FRAK&lt;;AISE

voulu avoir cette solitude; je suis venu ici pour cela. Rien
ne m'empéche d'aller prendre mes bagages a ]'hotel et de
partir par le premier train dans la direction de Marseille et
de Nice. Mais je n'en ai pas la moindre envíe, et je saisque
demain au réveil je serai content d'etre seul. Seul avec le
bruit de la ville, l'air marin, les voix fran~ises. Mais c'est
maintenant que j'ai un mauvais moment a passer. Si elles
pouvaient voir Felice Francia tout désemparé, tout cha viré
par leur départ, remontant la rue Maguelone et arrivant
sur la Place de la C-0médie. C'est ~ : attendris-toi sur toimeme ! Je traverserai l'CEuf pour passer plus pres des
Trois-Graces. Voila une des choses qui vont me consoler
bien vite, avec les jardins et ... Salut, les Trois Sreurs, les
trois plus belles filies de Montpellier. (Et l'éloge n'est pas
mince.) Salut, la triple montée depuis les pieds jusqu'au
torse, la couronne des six bras tendres et vigoureux, et les
trois attelages deseins, chacun de chaque paire tirant de son
coté. Leur rondeur ingénue ; leur air d'attente, toujours.
Et quand on les prend tout a coup a tatons, par dessousles
bras, on sent leurs museaux frais et lisses au creux des
mains, surpris; et alors ils font tout ce qu'ils savent : la
moue. Bienheureux cet homme-la d'avoir pu dresser sur la
place publique, nues et sans honte, les filles de son esprit.
Quelle expérience, quelle longue méditation du corps férninio... « Io, finche viva Ombra daranno a Bellosguardo i
lauri... » Ugo Foscolo, ou l'apres-midi solt:nilel. Ah, ces
gens-la seuls ont vécu et donné la vie, et les autres ont été
comme s'ils n'étaient pas. Leurs plaisirs et Jeurs peines sont
les seules choses qui comptent dans le monde ; les seules
peines et les seuls plaisirs qui n'aient point passé comme
des reves, parce qu'ils n'ont pas été seulement éprouvés,
mais repris a la mémoire et transformés en objets qu'on
voit et qu'on touche, et en voix qu'on entend ... Ah, ~a va
mieux. Elles t'ont fait du bien. Allons, sois plus fort.
ce Quittez l'enfance et vi vez. » Et si ton énergie ne va pas
jusque-la, raccroche-toi humblement a ta vanité. Et ayoue

545

AMANTS, HEUREUX AMANTS...

que. dans lefond de ton creur, ce n'est pas Inga, l'amie déja
anc1enne, que tu regrettes le plus, mais l'autre, celle qui
est nouvelle pour toi, la mal connue. Oui, et si pendant
un seul instant je pouvais songer a les suivre, c'est a cause
de Romana que je le ferais. Quel bon souvenir le baiser
rapide et maladroit, pendant une courte abse:ce d'Inga
dans le jardin du restaurant au bord du Lez ..• Plus dou~
que _tous les autres souvenirs, pourtant bien plus intimes
et bien plus précis, que j'ai d'elle. Plus doux que tous les
autres b~isers donnés, avant et apres celui-la, en présence
d'Inga. Curieux, ce besoin de se cacher, et cette difficulté
qu'il y a aconcilier le libertinage et le sentiment. Pourtant
j'ai bien vu que pour elle ce baiser n'avait pas un sen;
différent. On allait se quitter dans une heure, et comment
aurait-elle pu deviner qu'a ce moment-ll je la préférais a
Inga? Mais non, je ne la préférais pasa Inga. C'était autre
chose. Ah, justement, c'était... Allons, laisser cela, n'y
plus penser. Tout s'est tres bien passé et ne pouvait pas se
passer mieux : Inga apportant l'élément connu et familier,
le theme principal, et Romana l'élément nouveau les
variations. Il y a eu, comme presque toujours, deux ou 'trois
fautes de goút dans la conversation d'Inga. &lt;&lt; Tu sais,
Romana, notre Francia est un artiste, et comme tous les
anistes il ne peut vivre pleinement que s'il a une femme
pr~s de lui. » Pleinement ! Et sans intention ironique ;
séneuse, ace moment-la, comme une héroi:ne d'Ibsen. Et
encare : que si je reste a Montpellier au lieu d'aller sur la
Riviera, c'est parce qu'il est « plus · original » d'etre ici.
~omment ne voit-elle pas la différence qu'il y a entre cette
v1l!e noble, occupée de ses propres affaires, vivant par ellememe, et la grande foire de la Riviera ? Elles y seront
demain ; c'est tres bien. Et j'ai bien fait de ne pas luí parler
de celle aqui Je pense ; elle n'aurait pas compris. Si elle
avait dit : &lt;&lt; moins banal » ; mais non, elle voulait bien
exprimer que, si je passais l'hiver ici au lieu de le passer
sur la Riviera, c'était par un désir de me distinguer et
35

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~SI

d'étonner mes amis et connaissances; et elle trouvait cela
tout naturel. Il y a un peu de s:a chez elle ; cemines affectations et de petites bizarreries qu'elle se donne, des singularités qui ne sont pas du tout daos son caractere. C'est
presque touchant, cet effort pour devenir la persoone
qu'elle veut paraltre. Si le succes vient, oo verra un dróle
de mélange de sa personnalité artificielle et de son caractere
réel. Meme ses plus vieux amis ne sauront pas distioguer
!'une de l'autre. Qui sait si elle ne fioira pas par montrer,
par se faire gloire, comme d'une preuve d'origioalité, des
choses qu'elle tieot soigneusement secretes a présent, - et
peut-étre aune époque ou ces choses ne l'intéresseront plus,
ou son art et l'ambition seuls l'occuperont tout entiere ...
C'est triste, ces. déformations que nous fait subir le souci
ou l'influence de l'opinion. Oui, mais c'est aussi l'humble
ruse de !'esprit. I1 ;eut étre de telle ou telle fas;on, occuper
telle Oll telle position, et pour cela il commence par feindre qu'il est de telle fa&lt;;on, ou qu'il mérite d'occuper cette
position ; le reste vient par degrés, et a la fin il se trouve
qu'il est deveou cela, qu'il occupe cette position. Nous
avoos beau faire oous ne pouvons pas etre absolument
oaturels, et nous n'avons pas grand avantage a l'etre. Le
sourire du marchand, la maniere du médecin, l'allure militaire. Ce sont les· masques grossiers, mais des qu'on les
quitte on est contraint d'en mettre d'autres. Ainsi demain
matin quand j'ouvrirai le volume de Lucieii. Je sais que
je ne suis plus capable de Jire meme cet auteur facile a
livre ouvert; rnais je me souviendrai qu'en rhétorique
Eugene Manuel m'a prédit que je ferais un bon hell~
niste : je m'attacherai a cette opioion si flatteuse, j'essaierai
de vivre asa hauteur, je me persuaderai qu'elle étair juste,
et je tacherai d'agir comme si elle l'était. Quand je me
verrai arreté, je considérerai que c'est une humiliation,_ et
apres avoir eu recours au dictioonaire je retiendrai bien
mieux le mot ou l'expression que j'aurai eu la mortification de ne pas savoir. Et ainsi a la fin de mon séjour je

AMANTS, HEUREUX AMANTS . ..

547

serai de nouveau capable de Jire Lucien presque couramment, et tout prét a aborder les auteurs que j'aimerais
connaltre mieux : Aristophane, les Alexandrins. Ce sera
bon, ces heures passées chaque jour en la compagnie des
personnages de Lucien ; les tirer hors du texte, les voir
vivre. Mais le texte lui-meme doit étre délicieux : je me
som~ens qu'oo entend causer ses petites femmes dans ce
joli langage, avec ces formes féminines et charnelles,
l'aoriste et le moyen. Pauline et Madame Mere qui entrent daos la boutique de Meoton. Elle m'a vu sans me
reconnaitre. J'ai bien fait de les. mener chez Menton : elles
ne trouveront pas d'aussi bons chocolats fourrés, a Nice.
Comme elles se sont fait gouter leurs g:iteaux, se donnant la becquée !'une a l'autre. Nous n'avons rien,
en Occident, comme l'aoriste et le moyen ; quelques
emplois inaccoutumés et presque incorrects de certains temps en relation avec d'autres; c'est tout daos
l'intention. Elles vont se bourrer de chocolat et en arrivant a Marseille elles n'en auront plus. Ni plus envie,
saos doute. En.suite, ce sera aux amis et admirateurs

a

leur fournir des bonbons ; s:a ne me regarde plus. La part
des femmes dans la formation d'un langage donné : impossible d'arriver jamais a déterminer une chose comme
celle-la. Preuve qu'il n'y a pas de différeuce mentale essentielle entre elles et nous. Le sexe: une chose ajoutée, un
-déguisement. Et puis, il y a tous les degrés de !'un a
l'autre. Aiosi Inga dans le complet de voyage qu'elle
pone quelquefois pour sortir, le soir : deux fois travestie.
Li différence morale apparente entre les deux sexes,
l'exagératioo et l'opposition des deux attitudes, viriles et
fémioines, plus grande chez les peuples sauvages ou a
demi civilisés, que chez nous. Mais les Grecs, la condition des femmes chez eux ? Ce qui a rendu possibles les
püetesses de l'époque lyrique ? Lire Lucien a ce point de
VUe aussi. La distance n'y fait rien : certaines manieres
-d'etre, et merue des gestes, se transmettent a travers des

�548

AMANTS, HEUREUX AMANTS...

siecles d des cbangements de langage et de régime politique comme les noms celtique:. des rivieres. Surtout
1
chez les femmes, et les femmes du peuple. Mousarion, je
crois venait de Chypre. Oh il va y avoir de bonnes matiné:s paisibles, et aussi les premieres heures de l'ap~
midi, a l'ombre des chenes-verts de l' Allée Cusson, tout
seul dans ce beau jardín édifié avec amour par les grands
botanistes de France, sous les laurier~ du tombeau de ~arcisse et Iisant lentement, tout enuer a la pensée d un
autr; , ou bien épiant les démarches de son esprit.
Savoir
.
toutes les choses aimables; jouer a nos pass1ons et a nos
impulsions le tour d'en savoir plus long qu'elles, et ainsi
les dominer, les discipliner, les soumettre. « La Nature,
plus jalouse de notre action q~e de notre ~~ence. » Montaio-ne. Oui vraiment ? Eh bien, nous n a1mons pas les
b
,
.
F" la
contraintes, et nous esquiverons celle-la auss1. ~1re
greve de l'action et donner la plus gro~se part a la sc1ence.
Entre Je monde et nous, mettre un mtervalle, et ne pas
permettre au monde de le franchir ; rnais de ~emps ~ autre
le traverser, aller voir de pres quelque ob¡et qut nous
a paru intéressant, le connaitre, et. rcntrer ~a~s n_otre
monde a nous. Des étudiants grecs. D1do : le d1mmut1f de
Démétrius. C'est agréable d'enteodre parler grec dans ces
rues: c;.i va avec le paysage. Naturdlement, avec ce systeme-la c'est la vie contemplative. Kon, c'est sunout ne
ríen de~ander au monde et ne gener personne. Ou. dansquelle vi lle d'Europe, existe-t-il un groupc de gens que tu
Puisses considérer comrne les tieos, tes compagnons, entre
•
''a pré-:ent
lesquels tu te sentcs chez toi ? Nu 11 e part, ¡usqu
· :
Peut-etre un jour ... Mais en attendant la solitude est l'~nique parti possible. Nous habitons une grande salle claire,
fraiche et silencieuse, autour de laquelle le paysage change
souvent et dont les fenetres &lt;lonnent sur toutes les ru_es
d'Europe. U, un petit nombre de gens viennent parfo15,
· · nous voir.
· Et s'en vont, saos
spontanément et avec p lalSlr,
·
que nous cberchions ~ les reten1r; et nous d'1s00s tous en-

.

549

semble: Addio, cari villani. Je ne comprends pas trois
mots sur dix. Quand je pense que j'ai su les chants six et
tteize de l'Odyssée presque entierement par creur. Que
m'en reste+il ? Dans le six, je serais bien vite arreté. Les
discours d'adieux du treize, et quelques passages encore.
Etonnant, l'arrivée a l'aurore et ensuite le réveil sur le
rivage, dans le brouillard. TI a bien vu cet épais brouillard
amer qui monte parfois de la Méditerranée et submerge
les terres jusqu'a mi-hauteur des premieres montagnes,
cachant « les longues routes, lts ports tranquilles, les
hauts. rochcrs et les arbres vigoureux ». Oui ' les oliviers
Jes pins maritimes, les chenes-verts et les bosquets d'oraogers et de citronniers. Alors l'air est saos [1preté, et tous
les bruits s'atténuent, et en marchant on s'aper~oit avec
SDrprise qu'il n'y a pas de vent. L'éternel ouragan tiede a
fini de couler ; plus une feuille ne bouge, elles qui étaient
conscamment agitées. C'est alors qu' on voit, tout pres, un
olivier immobile qui semble s'etre approcht: de nous saos
bruit, et qui se tient la, tout pale, daos sa robe trouée.
Tout le début de la conversation avec Minerve déguisée
en berger a lieu daos ce brouillard, sous cette menace d'un
cataclysme silencieux, d'un commel¼cement de période
glaciaire. Et soudain la Déesse disperse la nuée, et la terre
apparait, telle qu'on l'a toujours connue, frappée de soleil,
et tout sur elle agité de vent. Le vent dans le jardín, cet
&amp;pres-midi, au bord du Lez. Commeil meuair leurs écharpes
et méme le bas de leurs jupes tandis que nous nous bercions sur la balan~oire. Les deux jeunes gens qui étaient
assis a une table, sur la terrasse. Quinze et dix-sept ans
peut-etre. De la campagne surement; mais rien, en eux,
du paysan du Nord ou du Centre ; plus dégourdis,
plns vifs. La fa~on dont ils nous regardaient ; surtout
rainé. Jamais je n'oublierai s:a, son regard vers Inga et
vers moi quand nous npus balancions; pas trace d'envie,
mais l'admiration, !'ex.tase de voir que tant de honheur
~t JX)SSible, existait, la, devant luí. Et.quand Romana,

,

�LA NOUVELLE REVUE FRANC,::AI2

remplaqant Inga a mon cóté, est venue se faire bercer ason
tour : son étonnement; le coup au cceur, la rougeur qui
a couvert ses joues. Comme ses yeux s'.agrandissaient pour
emporter leur image. Elles étaient pour lui, quoi ? des
grandes dames comme on en voit au cinématographe; des
anges s'exprimant en des langues inconnues ! Mais c'était
visiblement a Inga que son cceur allait, probablement parce
qu'elle est la plus vive des deux, ou parce qu'il n'avait jamais
imaginé qu'une femme pút etre si blonde et si blanche. Ah,
il aurait fallu ... J'aurais du le dire a Inga et la persuader de
rester daos ce jardín tandis que nous nous serions éloignés,
Romana et moi. Nous aurions fait une promenade et nous
serions revenus pour reprendre Inga, une heure apres.
Ainsi, j'aurais passé une heure avec les variations, tandis
que le theme principal ... Et quel souvenir il aurait emparré
daos son vilhige, ce joli garc;on ! Son visage, sa jeunesse,
tout semblait iodiquer qu'il aurait gardé secrete sa bonne
fortune ; assez fin pour ne jamais en parler grossierement,
en tous cas. Quelque chose comme la rencootre avec une
fée. Sa vie, peut-etre, son avenir en eusseot été changés.
Tant pis. J'aime mieux croire que ce qui l'attirait, c'était
moins la jeunesse et la frakheur des deux femmes que le
fait qu'elles appartenaient a une classe supérieure a la
sienne : leurs robes, leurs quelques bijoux, et leurs ma•
nieres. Et sans doute la rnéme fraicheur et la meme grace
cliez une filie de son village le toucheraient beaucoup
moins. Comme ce gars du peuple, lorsque celle a qui je
pense luí demaodait des nouvelles de sa fiancée : Oh, ma
pauvre fiancée ... Voulant bien clairement dire: Elle n'est
ríen· aupres de vous, je l' oublie quand je vous vois. Le
nombre d'hommes riches qui sont peuple a cet égard. Ce
qui explique pourquoi la plupart des filles qu' on voft a
Monte-Cado sont laides et meme vieilles~ mais splend1dement v~tues et couvertes de bijoux. 11 avait peut-etre gardé
les troupeaux, ce gentil gamin. « Le Patre et la Danseu~,
conte. &gt;&gt; '(out de meme, i;a aurait été joli, et i;a l'aurait

illANTS, HEUREUX AMANTS .•.

55I

cha~gée, elle, des amis et admirateurs. Minerve déguisée
en berger. La description est sommaire; mais il y a le
détail : 1ta.v~1t&lt;X1,o; : le corps délicat et tendre comme l'ont
les fils des Princes. Et les fils des Princes étaient la, assis
aux tables, tandis que l'aede chantait. Homere, homme de
lettres, poete autodidacte, vénéré des peuples, et a qui un
dieu a mis tous les chants daos !'esprit l transporté par
l'inspiration, oui, mais pas au point de manquer l'occasion
de faire un compliment au tendre objet ..... La description
de l'antre des Nafades, obscure et belle comme l'antre luimeme. Naturellernent, des qu'on s'y arrete un peu on
pense a la femme. Mais ce pourrait etre aussi le cerveau.
Non: la porte des hommes et la porte des immortels n'ont
pas leur équivalent daos la tete. Les abeilles, oui: les pensées, justement: les ouvrieres, l'action, et les reines, la
science. Le vers ou on entend le bruit sourd, épais et sec
de la ruche. Les deux palmiers de la Préfecture. L'autre
jour, la grosse marchande de poisson qui a dit, en me
montrant a la femme qui était avec elle : Bienn habillé,
mais pas lé sou dann lla póche I Le malentendu : j'ai été
vexé par les deux premiers rnots : personne, ni surtout une
marchande de la rue, n'aurait du s'apercevoir que j'étais
habillé avec soin. Peut-étre, pour le pays ... Les notions
simples qu'ont les gens: ils disent: un militaire un
industriel, un homme du monde, un journaliste. :., et
cela leur su:ffit. Le monde est pour eux une espece de jeu
de massacre : le Maire, le Gendarme, la Belle-mere, dont
eux-memes font partie. Inga et Romana y figurent en
maillot rose et en jupe de gaze blanche. Ah, ah, voila de
jolies personnes qui ne doivent pas « e.ngendrer la mélancolie ». Ils les voient aussitot assises sur les genoux du
Banquier. Comme c'est simple. Et moi j'oublie trop que
c'est aussi un aspect dont il faut tenir compte. En m'attachant seulement ace qui différencie les personnes, je perds
de vue ce qu'elles ont de commun avec beaucoup d'autres:
la marque de leur profession, de leur état, l'influence de

�5)2

LA NOUVELLE REVUE FRAN{:AISB

leur condition. Et souvent cet aspect est le seul vrai : les
gens ne sont pas assez différenciés, pas assez inattendus
pour qu'il vaille la peine d'aller plus loin ; ils relevent
uniquement de l'ethnographie et de la sociologie: les
classer, et les laisser de coté. Mais ils coUent leurs étiquettes partout et toujours, et n'imaginent méme pas qu'il
y ait des gens qui peuvent paraitre ceci et étre cela. Calixte
disant: Je me demande qui peut bien étre cette vieille
institutrice ? Renseignements pris, c'était une Altesse
Royale. Mieux encore, comme erreur : les gens pour qui
Baudelaire n'était qu'un prodigue qui faisait le désespoir
de sa famille. Par tontre : les grands hommes de petits
groupes et les célébrités locales. Et comme les amis et
admirateurs d'Inga la peuvent voir. Pas un ne se doute
que c'est une femme passionnée, une grande amoureuse,
une ime ardente dont ils sont aussi éloignés qu'ils peuvent
l'étre d'un saint ou d'un grand homme. Mais comment
jugeraient-ils celle a qui je peose ? Sous laquelle de leurs
formules rangeraient-ils ses discours angéliques et les
désordres de sa vie? Probablement,. ils ne tiendraient
compte que des désordres, et diraient que le reste est
hypocrisie. Ne voudraient pas se donner la peine d'exa•
rniner de plus pres. Pauline dirait qu'elle se conduit mal;
et c'est vrai, comme on dit d'un chauffeur qu'il conduit
mal; elle conduit mal sa vie : le gaspillage d'argent, et de
tout. Mais elle en dirait autant d'lnga, et ce n'est pas vrai:
Inga se conduit assez bien. Et moi ? Ah, moi je ne
m'aime pas, dit-elle. Et elle done! qui, allant aun rendez·
vous, si elle passe devant une église, y entre, baise bien
humblement les plaies du Seigneur, et dix minutes apres ...
Elle qui galvaude le saint habit de Notre-Dame daos les
cabarets de nuít, - il est vrai qu'elle quitte l'écusson, le
petit creur percé de sept poignards, et le cordon de soie,
avant d'entrer; mais les gens voient bien qu'elle porte un
ha bit de vreu. « &lt;;a ne fait rien; Dieu m'aime », &lt;lit-elle.
Et moi, sans doute, 11 ne m'aime pas; et c'est moi qui suis

.AMANTS, HEUREUX AMANTS •••

553

responsable de ses pécbés. Non, c'est inutile d'essayer de
voir les gens que nous aimons ou qui nous intéressent
comme les indifférents les voient. Les indifférents ne
savent pas ; nous savons. C'est ainsi que la beauté et la
grace passent le plus souvent inaper~ues, excepté de deux
ou trois personnes qui sont les seules dont l'opinion vaille
quelque chose, et soit vraie. Comme certains amants ou
certaines mattresses, qui restent fideles a ce qu'ils aiment,
en dépit de tout. Ils savent. Ah, elle est adorable quand
elle s'incline pour baiser les chevilles d'un grand crucifix
tout sanglant. Et ses mots, tout a coup, avec ce ton qui
fait qu'on ne les oublie pas: « Une servan te, une fi!Ie
pauvre et saos appui, c'est un ange daos la maison. » Et
e &lt;;a ne fait ríen &gt;&gt; si, le lendemain, l'ange s'envole en
emportant une des bagues de Madame. Ou bien, elle se
laissera voir, dans l'intimité, avec son amant, i cette fille
digne de tant de respect. Et les crises de !armes, les caprices,
le besoin de s'avilir, toute cette folie. Inga est fade aupres
d'elle. Toute la journée, méme quand je parlais i Inga et a
Romana, je pensais a elle, et toute la journée j'ai eu,
au fond de mon creur, cette peine et cette inquiétude :
ma derniere lettre, alaquelle elle n'a pas encare répondu.
Ah, je vais la rejoindre. Ce soir meme. Non, trop tard.
Demain. Demain matin, le rapide, a cinq heures vingtcinq. Le voyage, et l'arrivée saos avoir prévenu. Me
retrouver chez elle. Je suis súr de son accueil : avec elle,
famant qui revient est mieux re~u que celui qui n' est jamais
parti. La honte méme d'etre revenu sera douce. Elle feindra
d'avoir oublié notre derniere · querelle. Le diner, a l'arrivée, dans sa maison confortable ; le service bien fait ; le ·
calme; la tiédeur d'un foyer; et apres, sa chambre, ou
Madarne deviendra la plus soumise des servantes. Les bancs
de pierre sont encore tiedes du jour. Ah, il est calmant,
le bruit de l'eau dans les bassins noirs dont les margelles
luisent encare faiblement. Et des feuillages frémissent,
la-bas, au-dessus des manes apaisés de Narcisse. Des allées

�554

LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISI

enveloppées de rameaux s'emplissent de nuit, retournent
au passé, descendent au pays des reves, s'évanouissent dans
ce grand paysage ou il n'y a que du noir, de !'azur et des
reflets d'argent. Eh bien, non.! je ne céderai pas. Je resterai. lci, seul. La-has, ce serait toujours la meme chose :
la jalousie, les faux serments, les larmes, le partage, toute
cette banale histoire se répétant semaine apres semaine,
mois apres mois. Ne l'ai-je pas completement épuisée?
tout ce qu'il y a d'aimable en elle n'est-il pas entré une
fois pour toutes dans mon souvenir ? ai-je encore quelque
chose a apprendre d'elle? est-il possible que j'aie la faiblesse
de l'aimer encore, sachant si bien ce qu'elle est et le peu
que vaut son amour ? Non. Au fond, avec elle, ce que je
veux, c'est avoir le demier mot. Vanité. Mais c'est acela
qu'il faut me raccrocher, faute de mieux. Et mon seul
moyen d'a,,oir le dernier mot, c'est de ne pas revenir. Ah,
tu trouves que je ne m'aime pas assez. Tu verras bien. Ah,
c'est pénible, de renoncer a elle, d'arracher cette chose si
forte et si dure. Mais il y aura un jour, stlrement, ou je
la verrai comme les indifférents la voient, et ou je penserai : Ce n'était que c;a ! Oui, un temps viendra ou je
l'éviterai, ou je serai gené en pensant aux lettres que je
lui •écrivais, ou je considérerai qu'en l'aimant je me suis
fait un affront a moi-meme, ou j'aurai honte de l'avoir
traitée avec la digoité de l'amour, et ou, meme daos mon
souvenir, je ferai le silence sur elle. Mais maintenant,
c'est bien douloureux. Me dire: que mon affection aussi
a du prix, et qu'il vaut mieux ne pas la donner que la mal
placer; et que, d'autre part, j'ai pour elle beaucoup moins
d'importance que je crois en avoir, merne lorsque je crois
n'en avoir que tres peu. Aussi : je ne pense a elle' que
lorsque je suis content, et jaroais quand j'ai quelque peine
ou quelque sujet d'ennui : et c'est la un grand signe. Et
puis, les projets : cette ville et la paix qu'elle me doone;
les jardins, les livres, le travail : pent-etre quelquc essai
de traduction, ou céder a la maoie écrivante. Joli pro-

AMANTS, HEUREUX AMANTS •••

555·

gramme. Vivre pour travailler. Mais il y a quelque chose
de plus important que le travail : ceci que je défends contre
moi-meme : ma liberté. L'iotégrité de la Séréoissime
Républigue ! Et apprendre a hre seul devant la vie comme
un jour je serai seul devant la mort. Non, pas meme le
silence, pas meme l'oubli vofontaire: ce serait lui donner
trop d'importaoce; ce ne serait pas de l'indifférence. Dans
quelques années~ l'année prochaioe peut-etre, je verrai
tout cela comme des choses arrivées a un autre, dont les .
impulsions et les erreurs de jugement étonnent et divertissent; et le cours de mes pensées d'a présent, si je me
le remémore avec exactitude, me fera l'effet d'uoe pauvre·
chose lointaine, infirme, a peine drole, et pathétique~
Alors, ni celle-ci, qui m'occupait tant, ni les autres, ne
compteront plus. Et meme maintenant, si je me doone 1a
peine de démeler ce qui se passe en moi, meme maintenant, ni !'une ni les autres ne sont atout dans mon jeu.
Dans cette espece de partie de cartes que je joue tous les
jours avec moi-meme et dont l'enjeu est ma satisfaction
persoonelle, cette vague approbatioo, ce contentement
qu'on éprouve a la fin d'une journée bien remplie, elles
ne sont pas atout : tout au plus des figures, qui comptent
pour quelques points, mais qui ne me feront pas gagner.
Je peux les jouer. Et en restant seul ici, je les joue. Et
ce sera une impresssion curieuse et asssez agréable quand,
reprenant · des cartes au talon, un jour ou l'antre, je les
releverai, - pour les rejouer aussitót . . Peut-etre surtout
aqmse des souvenirs qu'elles feront reparaitre : le pays
cela se passait, le temps qn'il faisait, ce qui m' occupait, ce que j'avais en train, les vers ou la musique qui
chantaient dans roa tete, tout le mouvement de roa vie,
auquel elles étaient melées, étant les seules personnes,
alors, que j'aimais regarder vivre, les seules assez agréablement indifféreotes, apres tout (oui, ce o'est que cela),
pour faire partie de ma solitude, le seul, et léger, lien qui
llle rattachait aux gens. ~t c'est probablement a Inga que

ou

�556

LA NOUVELLE R,EVOE FRAN&lt;;AISI

je penserai avec le plus de plaisir. A cause de Finja, d'abord.
Je me rappelle, quand nous étions a Elseneur, regardant
la. 7ot~ su~d~ise,. en face, un peu avant le départ pour
Fm¡a, ¡e lut a1 réc1té la fin des « Deux Pigeons » : Amants,
heureux amants, voulez-vous voyager ? Que ce soit aux
rives prochaines ... Oui, pendant une semaine nous avons
été amants; nous ne l'avions pas été avant, et ne l'avons
jamais été depuis; c'était comme si, malgré nous-m~mes,
en dehors de nous-memes, sa vie et la mienne s'aimaient.
Et ensuite, a cause de l'absence complete de souffrance,
dans le temps passé ensemble depuis. La bonne camarade
qui 1¡e disait jamais non ; la compagne, et parfois le compagnon ( « Ces deux types &gt;&gt;) des promenades aventureuses:
découverte des villes, jeux sur les plages, fi~tes populaires,
visites aux quartiers dangereux. Et qudquefois le partage
et l'échange de notre butin. Inga et ma jeunesse, ces années de tna jeunesse, ce qu'il y aura eu de meilleur dans
ces années-la. Mais je prévois aussi le temps, pas tres
éloigné, ou cette période de nos deux jeunesses étant
passée, nous cesserons de nous réunir. Surtout, a ce
moment-la, laisser faire ; ne pas chercher a prolonger la
longue aventure; ce serait une faute de gout. Des points
de suspension ; du blanc ; et un nouveau chapitre commence, en belle page. Mais savoir, ou deviner, qu'elle continue etre heureuse. Et puis, il pourra y avoir une rencontre.fortuite ; mais ce sera sur un autre plan. Mademoiselle
Ingeborg. Monsieur Francia. Quelle agréable surprise !
Peut-etre daos un restaurant, ou sur le pont d'un bateau,
ou dans le couloir d'un wagon. Elle, avec la nouvelle
amie, la cara, la diletta, « l'unica ». Et moi, tout seul, probablement.

a

VALERY LARBAOI&gt;

JEROME ET JEAN THARAUD

Au pres du public comme au pres des lettrés, les freres Tharaud ont une réputation bien établie : ils « écrivent bien ».
Louange méritée. On lit un chapitre, une page, une phrase
des Tharaud, et la premiere, la plus forte irnpression
qu'on en retire, c'est celle de la perfection de leur prose.
S'agissait-il d'évoquer un paysage ? Toutes les grandes
lignes de son architecture, et chacune a son plan, s'y
retrouvent, et ses couleurs, toutes ses nuances, son sens,
ses moindres inflexions. D'une a'necdote ? Elle s'ouvre
lentement comme un éventail pour finir en coup de vent
ou se déboite comme les tubes d'une longue-vue pour
s'achever en panorama. D'une argumentation historique,
psychologique ou morale? L'ordre et la raison y président
ou, s'il le faut, les arguments se pressent, se chevauchent,
zigzaguent jusqu'au but avec une mattrise sans défaut.
Quoi qu'ils tentent de traduire en mots, toujours les
Tharaud y réussissent.
Y a-t-il une seule phrase manquée dans toute leur
reuvre ? On serait tenté de parier que non. Miracle d'un
don verbal qui n'est fait ni d'abondance, ni d'imprévu,
mais d'une propriété exemplaire dans l'expression, d'un
sens de l'épithete que bien peu d'écrivains fran~ais d'aujourd'hui possedent aussi raffiné, et surtout aussi éclectique, d'un usage exquis des ellipses, de l'emploi savamment alterné de taus les modes de l'élocution, depuis le
ton de la causerie familiere jusqu'a l'austere froideur de
l'histoire, jusqu'a. l'éloquence, jusqu'au lyrisme.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISI

Virtuosité incomparable, mais qui n'est pas exempte de
grands dangers. Sans cesse entre la page et l'émotion du lecteur s'interpose ea tiers ce beau style, toujours en habits de
dimanche, requérant sans arret l'attention et tyrannisant les
auteurs aussi bien que leur public par des exigences de« m'astu vu ». L'on pourrait dans un acces de mauvaise humeur se
laisser aller jusqu'a dire que les Tharaud s'écoutent écrire,
comme un Maitre de Moro-Giafferi s'écoute parler, ou encore
qu'il ne se rencontre pas dans toute leur ceuvre une page
qui semble s'etre écrite seule. Et en parlant de la sorte,
on ne ferait en vérité que pousser jusqu'a l'outrance une
impression parfaitement juste.
Le style des Tharaud est proprement surajouté, plaqué
.&lt;lu dehors sur la pensée ou l'image. C'est la sa force appa-rente et sa faiblesse intime. Sa force, car aucune prose,
celle d'Anatole France excepté, ne donne présentement
une pareille impression de classicisme, si l'on groupe dans
ce mot confus un sentiment de certitude, de stabilité, de
pureté.
.
Sa faiblesse, si l'on songe a la double fonct1on des gr.inds
prosateurs qui est d'une part d'intégrer dans la l~ngue
écrite ce qui vaut d'etre retenu du langage parlé a leur
époque et d'autre part de mouler la grammaire et la_ syntaxe sur les móuvements les plus secrets et les plus v1vants
de leur ame et de leur temps. Travail de discrimination et
d'élection qu'il est glorieux d'entreprendre et ou les plus
acharnés échouent souvent rnalgré leurs dons: ce fut le
cas des Goncourt, de Huysmans. Mais Flaubert, ma!s
fümbaud, deux exemples de réussite. Et aujourd'hlll,
chez un Giraudoux une tentative dont le résultat demeure encare imprévisible.
Au contact de tous ces novateurs ou rénovateurs, nous
ne manquons jamais de ressentir un peu d'inquiétude,
le sentiment d'une instabilité, ou, pour mieu.x dire, d'une
_gratuité. L'arbitraire daos le choix des mo~, _d~ns celui des
mages et des constructions est frappant. S ag1t~1l seulement

JÉROME ET JEAN THARAUD

559

d'une ~ode éphémere, ou bien l'adhésion de la postérité,
fenreg1strement des grammairiens naruraliseront-ils durablement ces hardiesses et ces essais ? On hésite a le

décider.
Avec les Tharaud, aucun trouble de cette sorte. Leur
forme n'est pas un point de départ, c'est un aboutissement,
la résultante de toutes les plus belles traditions nationales
.depuis la Pléfade jusqu'aux impressionnistes de la fin d~
XIXº ~iecle, en passant par le grand siecle, par celui de
Volta1re et le romantisme.
To~s les , ma~ériaux qu'ils emploient sont éprouvés ;
le~r tn est sur_; tls ont le regard per~ant du lapidaire qui
TCJette toute p1erre douteuse, un sens infaillible de ce qu'on
nomm: au college la e&lt; bonne langue », éloignée de toute
affectat1on et pourtant recberchée ou meme un tantinet
précieuse. Ils aiment l'archai:sme et le craignent; iis adorent
le mot technique et le redoutent ; ils chérissent les adjectifs
concrets et les temperent a tout moment d'adjectifs abstraits
&lt;&gt;u neutres ( ce un affreux courant d'air &gt;&gt;); ils recherchent
la pureté de l'antique parleure et pourtant ils n'bésitent
pas atruffer leur texte de mots anglais, arabes ou bébreux
(e le wbarf », « l'almémor », ce le hendir et la rhai'ta »),
Ce qu'est le travail du sty!e pour &lt;';U.X, les Tharaud nous
-ont offert un moyen de l'apprécier en pleine connaissance
~e cause en publiant du Dingley, l'illustre écrivain deux vers1?ns différentes. Voici confrontées les deux Ie~ons du
debut de cet ouvrage qui leur donna la notoriété :
PREMIERE VERSION

DEUXIJiME VERSION

Partout ou l'on parle anglais, personne n'ignore le

Partout ou l'on parle anglais, personne n'ignore le
nom de l'illustre écrivain Dingley. Les enfants eux•mémes
le connaissent : maint d'entre
eux apprend a lire dans ses
livres.

nom de l'illustre écrivain Din-

gley. Les enfants eux-mémes
le connaissent : maint d'entre
eux apprend a lire daos ses
livres.

�LA NOU\"ELLE REYUE FRA!:o:(;AISE

Cé/ait 1111ho111med'unegaielé,
d'wze fantaisie, d'une fraicbeur
d'imaginalion i11compai-able.

C'étail un homme d'zwe fraicheur d'iniagi11ation incomparable.

... Qu'il décrivit une forét
vierge de l'Inde, un office de
Commerce dans la Cité de
Londres, un lever de soleil sur
la mer des Tropiques, un cré-

... Qu'il décrivlt une forét
vierge de l'Inde, un office de
Commerce dans la Cité de
Londres, un lever de soleil sur
la roer des Tropiques, zm cripuscule d'Europe occide11tale, sa
vision toujours imprévue étai/
celle d'un homme qui ouvrirait sur les spectacles du monJe
des yeux neufs. On trouvail

puscule d'Ettrope occidentale sali
par la funde des usines, sa vision toujours si imprévue élait
celle d'un bomme qui om•re sur
tous les speclacles du monde des
yeux neufs. Ses histoires étaient
peintes avec l'exaclit11de d' un
realiste japonais ou la folle, la
delicieuse fantaisie ami poete
persau.
Les personnages de ses
contes habitaient presque tous
un pays ou la pnissa-nte imagi11ation de l'homme a poussé des
fleurs merveilleuses: les plaines
dts Ga11ge, temoins de l' ejj'ort le
plus désespéré des penseurs
pour découvrir un sens a la
vie. Du cmztraste entre les pré-

occupations mesquines des Européens émigrés la-bas et une civilisation indigene saturée par les
reves des pbilosopbes morts il y
a des 1111lliers d'a,mées, Di11gley
avait su tirer les effets les plus
saisissa11ts. Car lui, dans sa cervelle d'artiste 1i1Jsur ceffe terre, il
unissait /'esprit pratique, co11cret,
des bommes de race anglaise ti
l'áme i11satisfaite de la vie et passiomtée pom· le rb:e d'un Hi11dou.

dans ses bistoires la précisio11
d'zm Japonais et la fa11taisic
d' w, Persa11.

Les personnages de ses
contes habitaient pour /a plupart un pays ou l'i111agi11atw11
de l'homme a fait 11aitre des
fleurs merveilleuses, ces vastes

plaines du Gange, qui 0111 i•n
l' effort le plus désespéré des
penseurs pour découvrir un
sens a la vie. Son capríce ttn-

mélait avec une liberté dii1i11t ks
svit1s de ses compatriotes perdus
daus quelque poste ig11oré du
Rohila11d ou du Sind et les rb.•cs
des pbilosophes indige11es morts
il y a des milliers d'armées. En
l11i s'accordaient les i11sti11ds posilijs de la race anglaise et J'ámt
i11satisfaíte et passio1111ée pour le
rfvc d'u11 Hi11do1t.

JÉROME ET JEAN THARAUD

561

. . . D' une de ces réveries
... Et c'é/ait le jeu 111éme de
d'apres-midi étaít surgie cette son esprit qu'il avait représeuté
prodigieuse histoin d'uu jeime daus « La Plus Bel/e Histaire
commis de Londres trés ig11orant dtL Monde » 01't l'011 1.1oit tlll
de l'antiquité et qui pwt recon~- commis du Stra11d 1·eco11stituer,

tituer avec I'exactitude d'un
homme qui l'aurait soufferte
toute la vie d'tm rameur enchainé au banc d'une galere
phénicienne mille ans avant le

Cbrist.

avec I'exactitude d'un homme
qui l'aurait soufferte, la vie
d"un rameur grec enchainé au
banc d'une galere phénicienne
millc ans avant le Christ.

La premiere version ne fait-elle pas penser a la copie
d'un t:es bon éleve et la seconde a cette meme copíe revue
et corngée par un tres bon professeur, exquis grammairien
et fin lettré, conformément a tous les canons éprouvés
de la grammaire et de la rhétorique.
Faut-il entrer daos le détail ? D'abord soumission aux
lois de la simplicité ; impitoyable suppression de tous les
adjectifs inutiles ; la trinité chere aux cuistres « d'une gaieté,
d'une fantaisie, d'une frakheur d'imagination », premien:ment, deuxiemement, troisiemement s'unifiant en « d'une
frakheur d'imagination » ; « la précision d'un Japonais et
la fantaisie d'un Persan » se suffisant sans les inutiles épithetes « réaliste, folle, délicieuse &gt;&gt;.
. En second lieu, recherche du détail concret, du trait
pmoresque, du mot exotique : « ses compatriotes perdus
dans quelque poste ignoré du Rohiland ou du Sind &gt;&gt; ;
« un commis du Strand » ; « un rameur grec ».
Et enfin l'épouillage de tout jargon éphémere, naturaliste
ou symbolard, chasse curieuse et qui montre l'évolution
spirituelle de ces deux jeunes gens qui avaient dédié a
Villiers de l'Isle-Adam un de leurs premiers contes, ou les
eaux étaient " cérulées » et ou le héros, la nuit, était
quelquefois réveillé « par le rugissement d'un tigre ródeur
~ par le grondement d'un volean en éruption ». Ici ils
\'lsent au durable et non plus au neuf. « Pousser des fleurs
36

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISB

merveilleuses ll, bien rimide pourtant, se voit préférer
« fait naitre des fleurs merveilleuses » ; la « civilisation
saturée par les reves » devient « les reves &gt;&gt; ; « sa visión
toujours si imprévue &gt;&gt; se réduit a ce sa vision toujours
im prévue ,i. Et la tres légeré dissonance : « sa vision était
ceíle d'un homme qui ouvre ... » cede la place aune stricte
concordance des temps : ce celle d'un honune qui ouvrirait ».
Pour tout dire~ style qui n'est pas le cri d'un tempérament, mais le concert de deux sens critiques, style ou la
dualité des créateurs s'aflirme. Quand l'un des freres tient
la plume, l'autre lit par-dessus son épaule. Quel laisseraller espérer dans ces conditions ? Jamais le parfum
d'une fleur, toujours cclui plus indécis, quoique plus riche
d'un bouquet composite. Additionnés, ces beaux morceaux d'anthQlogie donnent un style original sans aucun
doute, car l'assemblage que font les Tharaud de tant de
recettes diverses leur appartient en propre, mais non pas
un style créateur. Style forgé, jamai~ jaillissant.
D'ou cette admiration qu'éprouve le lecteur batif pour
cette forme qui a une existence en soi et s'impose a lui;
d'ou l'inquiétude du critique qui se demande si ce~te forme
n'est pas arbitrairement plaquée sur le fond, sans parvenir a faire corps avec lui, et si ce don du beau style
mis par une Fée maligne dans le berceau des deux freres
ne fut pas un don néfaste.
*
* *

Cette divergence d'avec l'opinion comrouoe qui vient
d'~tre marquée, loin de viser a desservir ou a diminuer les
deux freres Tharaud voudrait tendre bien plutót a fixer l'at·
tention sur ce qui est cbez enx I'essentiel : lenr pay~e
intérieur. Toutes les parures superfétatoires de leur style
cachent le plus souvent, comrne d'inutiles dra.peries, une

JÉROME ET JEAN THARAUD

563

nudité d'ame qui est admirable et qui ne ressemble
aucune autre.

a

II fut d'ailleurs un temps, celui de leurs débuts et de
leur coll~boration aux Cahiers de la Quinz.aine, ou le principal souc1 des deux freres était d'exposer sans voiles, brutal~ment cette nudité. C'était l'époque ou Péguy écrivait
d eux : &lt;&lt; Les con tes et les nouvelles de Tharaud ont une
sorte de force breve et de brieveté forte telle qu'elle ne
supporte absolument plus aucun voisinage... ))
Qui songerait depuís le second Dingley a. parler encore de
force breve ? alors que tout chez les Tharaud est devenu
fluidité, éclat harmonieux, musical balancement des périodes, enchainement moelleux des phrases.
Et pourtant cette brieveté forte correspond a ce qu'il y a
de plus profond chez les Tharaud, ou peut-etre - et cela
expliquerait tout ce probleme troublant de la forme et du
fond, !'un foutnissant le fond, l'autre la forme - chez un
seul d'entre eux, a une sauvagerie instinctive a un sens
.
'
atgu et singulierement ludde de tout cet entre-deux
confus de la personne humaine qui se place entre l'individualité (pour etre plus clair, résignons-nous meme a
dire I'idiosyncrasie) et la bestialité, et qui est le domaine
trouble des atavismes, de la race, de la caste, des traditions
reli~ieuses, de tout ce qui vient du fond des ages, de toutes
les mfl.uences climatiques et géologiques, le territoire en
gros de cette science nouvelle : la géographie humaine.
Surprendre sur le vif une réaction soudaine de ces
forces qui oous dominent secretement, ou bien scmter
ce qu'un apport religieux entra1ne de remous et de
tourbillons dans ce gouffre de la personnalité inconsciente,
ce fut d'abord ce qui pas.sionna les Tharaud. Deux inconscienrs l'un anglais, l'autre hindou en présence et en
1utte chez un homme de génie, plus la lutte du « soi »
de cet homme (pour emprunter Ja terminologie de Léon
?audet, hanté Iui aussi par ces problemes) contre ces
mconscients en conflit, c'est le su jet de Dingley. L'inconscient

�564

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISI

d'un hobereau périgourdin en lune contre ce qu'il croit les
désirs de sa conscience claire, c'est le sujet de la Maítresse
Servante '. Le sens de la race et de la patrie envahissant
chez un homme tout le cbamp de la conscience claire
et lao~nt cet homme dans une lune ouverte contre
son peuple qui n'est plus guidé par cet inconscient de la
race, c'est le sujet du Paul DéroulMe. L'inconscient religieux d'un homme attisé par des prédications fanatiques et
aboutissant a un meurtre, c'est le sujet de la Tragédie dt
Ravaillac.
Et les sujets des premiers con tes des Tharaud étaient du
meme ordre: les Freres Ennemis décriventune lutte entre une
ame calviniste et une ime catholique ; Bar Cocbebas entre
une áme juive et l'ame chrétienne ; les Hobereaux un conBit entre deux classes, celle des féodaux et celle des paysans, qui ne savaient plus qu'elles se haissaient et qui, se le
rappehtnt soudain, versent le sang.
Il n'est pali jusqu'a l'un des tout premiers essais des Tharaud, daté de 1898-99 qui, livrant le secret de leur vingtieme
année, ne pose le probleme pour eux vital du confüt
entre l'homme et ses atavismes, sa race, sa religion. Le
jeune aveugle de la Lumiere qui cherche sa voie dans l'ombre et qui, apres bien des tatonneRJents, préfere au catholicisme une morale anarchiste d'action et de beauté, ne
reviendra-t-il pas a la religion de son enfance ? De quelle
durée sera son triomphe sur sa race et sur la croyance de ses
ai'eux ? Le récit se termine sur cette phrase ou les Tharaud
ont exprimé l'impossibilité de l'évasion : « Des vols d'Elohim tourbillonnent autour de sa téte. David ne sera pas
toujours aussi orgueilleux. Sa raison sera domptée. Il se
prostemera devant l'Eternel avant que la carde d'argent se
1. « Les seotiments (de ma t:inte] étaient ceux de toute rna famille.
C'étaient les miens profoodément. Mais je pomtis déja dans mon
ca:ur quelque .:hose d'iruatisfait qui s'est roujours révolté centre eux .. ,
Et c'est aiosi que de boone heure je me trouvais en guerrc ouverte avec
ma oature profonde 11. La Mailrme Serv,mte, p. 16.

JEROME ET JEAN THAR.AUD

565

rompe, que levase d'or se brise, que 1a cruche se casse sur
la fontaine et que la roue éclate sur la citeme. »
~réfigur~tion ~e la carriere littéraire des Tharaud partant
de_ 1anarch1~ et d une morale de beauté pour aboutir, apres
m1lle tours a travers les nations et les religions et sans
'
cncore oser ]'avouer ouvertement, a tous Ies'conformismes
de leur peuple et de leur caste.
Ces grands courants souterrains qui en définitive menent
le monde, bientot il n'a plus suffi aux Tharaud d'étudier
, comment ils entrainent les individus, íls ont voulu
m~ntrer comment ils conduisent les peuples aux grandes
fo~es c?llectives, au meurtre en masse qu'est la guerre.
Dé¡_a. Dmgley avait la hantise de la guerre ; la premiere
mo1t1é de la Bataille a Scutari d'Albanie est consacrée aétudier « des gens qui se battent, des hommes qui croient a
quelque chose et qui donnent leur vie pour cela ». Et c'est
cncore la figure de la guerre qui apparait dans Une Releve
et ade nombreux passages de Marrakech ou les Seigneur.s de
fAtlas.
Mais ce n'est point assez encare pour la curiosité des
deux: freres que d'exprimer ces moments de paroxysme que
sont les guerres. Pour pénétrer a fond les secrets des
humains, il faut étudier les races et les religions, non pas
a~ repos - elles n'ont jamais de repos, - mais a l'état de
cnse latente, daos leur vie quotidienne. Et de ce soud
sont nés les deux plus puissants massifs de l'rem•re des Tharaud : le massif juif et le massif musulman. Juifs et musul~ans considérés en soi et dans leur lutte contre la chrétlenté. Judai'sme, christianisrne, islamisme, trois des
gra~des traditions humaines, trois des grandes ámes collect1ves de l'humanité. Si demain les Tharaud s'attaquent
aune étude du bouddhisme, ils auront fait le rourdes races
et des religions.
D~ns la Féte Arabe, c'est l'islamisme aux prises avec Ja
~réuenté franc;aise, luí résistant, mais refo~lé par l'invasion
dune tourbe méditerranéenne gorgée d'anisette et animée

�LA NOUYELLE REVUE FRANc;AISE

par le vil matérialisme de la plus basse Europe. Dans la
deuxieme parrie de la Bataille a Scutari, e' est la victoire de
l'orthodoxie sur le Croissant dans le Balkan, le rejet du
Turc vers l'Asie. Dans Rabat ou les Heures Marocaines, dans
Marrakech ott les Seigneurs de l'Atlas, c'est l'évocation de
toute !'admirable civilisation du Nord africain musulman,
la vieille civilisation des Maures d'E.spagne, l'historique de
l'essai d'accord de l'Islam marocain et de la France tenté
par le général Lyautey.
Pour le judai'sme, c'est, apres Bar-Cochebas, l'Ombre de la
Croix, récit de mreurs juives, le chef-d'reuvre des Tharaud;
Un Royamn¿ de Dieu, histoire d'une communauté juive
d'Ukraine menacée d'un pogrom et qui obtient la protection
bientót odieuse d'une sotnia de cosaques ; Quand Israil est
roi, histoire des Juifs de Hongrie et de la révolution de
Bela Kuhn. Le judai:sme, sujet entre tous passionnant pour
les deux freres, car ils y retrouvent a l'état pur une race,
une religion, un idéal, se conservant a travers les massacres
et les persécutions séculaires.
En:fin élargissement supreme de cette vision a grands
traits du monde, les Tharaud aboutissent aux quelques
sentiments essentiels qui font mouvoir l'humanité, réduite
ainsi par eux au plus petit commun multiple.
A travers paysages et anecdotes, a travers différences et
haines, c'est le fond commun de la nature humaíne que
touchent en définitive les deux explorateurs.
Apres nous avoir conviés aux plus beaux voyages et nous
y avoir serví de guides, nous avoir étonnés par la diversité
des mceurs qu'ils nous dévoilaient, les Tharand nous ramenent au bercail des sentiments les plus généraux et les plus
universels.
Y a-t-il tant de grands écrivains d'aujourd'hui qui nous
offrent plus et mieux ? Les Tharaud, comment ne l'a+on
pas encare mis en lumíere, sont les meilleurs de nos romanciers sociaux, et il faudrait meme dire unanimistes en pensant a Un Royaume de Dieu. Ils témoignent par leur exemple

JÉRO.ME ET JEAN THARAUD

567
qu'il n'es~ bes~in ni d'usines, ni de greves pour écrire des
romans ou s01t rendue sensible l'áme des foules.
Et en meme temps, ns méritent d'etre rangés au nombr~ des prosateurs contemporains qui nous ont rendu le
gout et_ le sens du voyage, de l'Europe, de l'aventure que le
naturalisme avait détruit, Entre Gide et Larbaud, il faut
leur réserver une place d'honneur.
***

L~ matiere premiere de leur art étant celle qu'on vient
de dire, comment s'étonner que tout l'art des Tharaud soit
un
de juxt¡¡position, d'additior1 ~. II ne
, .art de. collaboration,
,.
s ~1t pomt ic1 de faire jaillir du fond de soi-meme des sensat10ns ou des images, mais de patiemment observer des
~aces et ,des civilisations, d'apres nature ou d'apres les
livre~. D un Pª!sage, d'un geste, d'une parole, il faut
extraire un sent1ment, méditer sur luí, le comparer a d'autres, le ranger daos sa série pour, Je moment venu, l'utiliser, daos tel ou _tel chapitre. Mieux vaut pour cela etre deux
qu un seul. Et 11 vaut mieux aussi etre deux quand il s'agit
de se ressouvenir de la figure exacte d'un paysage ou
encare de 1:°ettre bout a bout des argumeots. Oo irna~ine
~tte e~tr'a1de permanente, et le résultat, c'est qu'on a touJours I 1mpression que les deux freres épuisent chacun de
leur dévelopfem,ent, ch~cune de leur description. Quand ils
om achevé, il n y a vra1ment plus ríen aajouter.
Et cette collaboration est sensible a travers toute 1a mise
en ceuvre, comme elle I'était déja daos Je style. Ce ne sont
pas les Tharaud qui créent e~ état de somnambulisme ...
Toutes les phases de la création sont soumises aux exigenc~s d'une discipline consciente et sans reláche, obtenue
du hbre as~entiment de leurs deux talents .:onjugués aux
Supremes ,Iors ~e la logique et de l'esthétigue. Dans Je charP;ntage d un h vre, les plus petites poutrelles seront prévues
&lt;l avance. Avant de rédiger, cambien tracerom-ils d'épures ?

�568
LA NOUVELLE RE\'UB FRAN~ISI
Tous ces préparatifs qui Jescendent jusqu'au plus infime
Jétail expliquent encore leur style. Au moment d'écrire,
ils n'out vraiment plus qu'a distribuer leur style sur leur
schéma, commeun logres la couleur dans les cases d'avance
ménagées sur ses esquisses.
On ne manque pas de trouver ép.us daos leur ceuvre
des fragments de Ieur &lt;&lt; art poétique &gt;i qui corroborent ces
hypotbeses sur lcur méthode de travail. Dans Dingley
d'abord ils parlent de « la sensibilité modérie de l'artiste
qui arrete sur l'humanité le regard du chirurgien sur le
patienr qu'il découpe ». Et plus loin: « II choisissait
autour de lui un objet, le considérait longuement et cher,. chait le mot, J'image qui rendrait son apparence sensible. 1
Ailleurs encore: « Iofonunés littérateurs ! Les photographes leur font une concurrence redoutable. La phrase la
plus pittoresque a moins de force expressive qu'une image
d'un penny. En serons-nous bientót réduits a écrire des
romans psychologiques, des adulteres fran~ais ou des
moralités slavcs? Dieu m'en préserve ! ]'ai quelques traits,
quelques mots, quelques sileoces, quelques actes aussi,
que nulle photographie ne reproduira jamais. &gt;&gt; Et daos Une
Reln.•e: « La seule vérité, c'est le reve qui s'épanouit audessus de ces choses d'accident; c'est ce qui reste de brillaot, d'irisé au creux de la main de tant de minutes saos
éclat, etc ... C'est un art bien misérable celui qui se complait a reproduire les choses avec servilité ... Sous prétexte
de réalisme, c'est presque toujours du mensonge. i&gt;
Qu'est-ce 1:i préconiser sinon un art tout d'élaboration
patiente et jamais de premier mouvement? La quete avide,
mais s.1ns émotion superflue, du trait, du mot, du silence
ou du paysage; et la lente décantation de ces choses d'accident jusqu':i y décounir un prétexte a reverie ou un
sentiment élémentaire... Art-aboutissement comme leur
tyle, et non point jaillissement. Pour reprendre le mot de
Barres : citerne et non pas source.
Art composé de quatre éléments toujours les memes,

569
agencés de mille et une fa~ons : des paysages, des anecdotes, des argumentations et quelques syntheses. Le
Traosvaal, le Limousio, l'Algérie, le Sahara, la Charente,
la Dalmatie, le Mont Athos, la Cóte d'Azur, l'Ile-de-France,
la Galicie, la Champagne, les Flandres, le Maroc, l'Ukraine,
la Hongrie, tels sont les grands décors qui restent dans la
mémoire, les livres des Tharaud fermés, et ils suffisent a
eux seuls a élancer la reverie daos des directions si mulriples et parfois si nouvelles qu'ils méritcraient déja a eux
seuls d'assurer une renommée d'écrivain.
Décors scrupuleusement exacts ou · s'émeuvent les
grands débats des races et des religions chers aux Tharaud.
C'est Paul Souday qui faisait remarquer apres la Féte
Arahe et la Bataille a Srntari que les sujets choisis par les
deux freres comenaient la matiere de grandes discussions
parlementaires: l'un, sur l'Algérie, l'autre, sur Constamino~le et le Proche Orient. La remarque ese fine et juste,
mais elle n'est tout :i fait exacte qu'a Ja condition de considérer la contribution des Tharaud a ces discussions
comme purement romanesque et légendaire et point du
~ut comme ayant la moindre valeur historique ou pratique.
C'est d'ailleurs le plus grand éloge qu'on puisse faire
d'un romancier, puisque créer du romanesque est son
premier devoir et édifier une légende la marque de sa plus
belle réussite. (Quoi de plus enviable pour un romancier
que de laisser derriere soi la légende d'un Julien Sorel ou
meme d'un Tartarin de Tarascon ?) Ce n'est pas de l'histoire des religions que nous attendons des Tharaud, c'cst
du « roman des religions ».
La F¿tc Arabe n'explique pas plus l'Algérie que Di.ngley
n'explique Kipling, la Yie de Déroulede Déroulede ou la
Tragldie de Ravaillac Ravaillac. Les Tharaud n'évitent
iamais, parce qu'ils sont de vrais artistes, de dijor,11tr leurs
modeles.
Les Tharaud se som d'ailleurs défendus, sauf erreur,

�"57º

LA NOCVELLE lU!XUE FRANc;:AISI

d'avoir voulu peindre Kipling dans leur Dingky. Ils sont
partís de lni et leur imagination a travaillé ensuite daos les
directions qu'il leur a plu de choisir. L'Algérie de la File
Ara/Je n'est de m~me qu'un point de départ, un theme sur
lequcl fuguer et contrepointer en toute liberté.
Au surplus l'imagination inventive est chez eux inexistante. Quand ils essaient de batir une affalmlation, cornme
dans les Pre.res Ennemis ou la Maitresse Servante, elle a toujours un sens profond, mais elle est gréle et gauche.
D'ordinaire, et ils ont raisoa, ils préferent s'élancer d'un
tremplin de réalité, pour s'évader aussitóc du réel. Leur
imagination, sur ce canevas, se donne libre carriere, transposant, enrichissant, dramatisant jusqu'a rendre la matiere
premiere méconnaissable.
Leurs meilleurs livres sont ceux ou ils appliquent la
regle du jeu en pleine conscience : Dingley, la Féte Arahe,
le Ravaillac, l'Ombre de la Croix, Un Royaume de Dieu, ou
·ils se boment a faire ceuvre de romanciets. Leurs rares
échecs, c'est quand ils se donnent le change et prétendent
écrire l'histoire : daos le Déroule.de ou daos Quatui Israil est

nn.

C'est qu'alors la divine liberté de l'artiste vient a leur
manquer en méme temps que l'impartialité de l'historién.
lis deviennent partisans, et assez bassement, car ils n'évitent
pas le pharisaYsme. Un panégyrique de Déroulede n'exigea.it pas, par exemple, tant de mépris latent ou ouvertement exprimé pour un Ferry, un Oemenceau ou un
Jaures... Et la sympathie passionnée et malveillante Pour
le judaisme qu'on rencontrnit dans l'Ombre de la Croix et
dans un ;Royaume de Dieu et qui n'y génait pas parce qu'on.
se sentait en plein roman, se mue dans Qttand Israil est roi
en antisémitisme catégorique et universel, particulierement
contagieux.
On se demande ce qu'aurait pensé Péguy de cette diatribe, ou l'interprétation la plus Jépourvue de méthode
critique de quelques faits tend a se donner l'air_ d'une

JEROME ET JEAN TBARAUD

57r

démonstration rigoureusement conduite et ou les conclusions générales anti-juives sont tirées d'une étude toute
partiale, fragmentaire et locale de vie juivc en Hongrie,
durant· quelques mois d'apres-guerre.
Et comme ce simple recueil d'articlesmanque d'une cbarpente solide, et a de toute évidence été rapidemenr mis
au point, tout son intéret littéraire réside daos la virtuosité
du style. Cette forme qui n'est plus étayée par un fond
solide et original montre le défaut de sa cuirasse. Ce n'est
plus du Tharaud, c'est du Barres qúon croit Jire, et non pas
celui des meilleurs jours.
C'est que le róle de Barres, dans la carriere des Thanud, ne saurait etre exagéré. Ce fut celui d'un maitre et
-peut-etre d'un mauvais ange. Quand son in:B.uence commen~ s'exercer sur eux (c'est vers le temps de Dingley
que les Tbaraud devinrent ses secrétaires), les deux freres
avaient déja écrit beaucoup et s'approchaient de la maítrise. Leur caractéristique, c'était alors cette brieveté forte
dont parle Péguy, un style haché qui rappelait Mérimée,
un style saccadé qui s'apparente a celui du Jean-Cbristopbe
ou de l'Ordination de Beoda et qui fut au début le style
des Cahiers. C'est entre les deux Dingley que la cassure se
produit et a partir de la Féte Arabe, on pent découvrir dans
cbaque livre des Tharaud tous les procédés, tous les
poncifs, la nonchalance appretée et l'ironie voilée de
Barres.
Dans un livre manqué comme Quand Israel ... , rout
- et non plus seulement le style - est barrésien : la
fa~on de présenter les paysages, d'y relier des états d'ame,
d'isoler des détails pour théoriser a leur propos, de
truffer de souvenirs personnels des développemencs d'ordre
général, de camper les personnages, tout jusqu'a la maniere de s'exclamer ou de tennioer les chapitres. 11
n'est pas jusqu'au dialogue final entre le Chrétien et le Juif
qui ne rappelle le dialogue a Sainte-Odile entre les deux
génies aux prises sur nos marches de l'Est.

a

�572

LA NOUVELLE REVUE FRAN«;AISI

On peut vraiment se demander si le sentiment d'artifice
et d'artificiel que donne le style des Tharaud ne vient pas
de ce qu'ils ont abandonné leur forme propre pour s'annexer - ou tenter de s'annexer, car il leur manque le
lyrisme propre al'auteur de Du Sang, de la Volupté- celle
de Barres.
*

CESAIRE

* *

C'est le manque de fusion intime entre la forme et le
fond et aux moins bons moments, leur divorce, qui
'
empechent les Tharaud, parfaits prosateurs, d'etre de tres
grands écrivains.
Entre leur ame et celle de leur lecteur, leur style trop
souvent éleve un mur, si couvert de curieux feuillages et
enguirlandé de :fleurs précieuses, qu'on s'arrete a le contempler, en oubliant de le franchir. Mais qu'on s'arrac~e i
ces séductiops, qu'on franchisse le barrage, et l'on attemti
la plus vraie richesse. On se meut dans un monde d'instincts, de sensations et de pensées que nul avant les Tharaud n'avait encore su animer. Condamner le style des
Tharaud pour mieux mettre a nu leur ame, c'est sans
doute le meilleur s~rvice que puisse leur rendre la critique.
C'est a quoi l'on s'est essayé dans cette étude.
BENJAM[N CRÉMIEUX

PERSONNAGES
CÉSAIRE.
BENOIT.

LAZARE.

ACTE PREMIER
SCENE PREMIERE
l!inlérieur d'une cabane de pécheurs. Une lampe pendue au plafond
l'éclaire tant bien que mal. Sur la pierre de l'átre est assis
Lazare. C'est un bomme apeine sorti de l'ad.o/escence, grand mais
chétif et dont la voix est restée mfantine. Il chercbe sur une
petite flúte un air gréle et mineur qu'il semble avoir du mal a
retrouver. De temps en temps il s'interrompl pour surveiller la
marmite. Tandis qu'il est aimi absorbé, la porte s'ouvre siLetzcieuse~nt. Un homme épais et de jode carrttre franchit le seuil, pose
a ferre son baluchon, referme la porte, puis difait le cache-,~z..
qui_lui e~tourait le c~u. ll examine la chambre d'un rapide coup
d'ceil, puis son attentions'arrite sur Lazare qui, toút ason jeu, ne
remarque pas la présence de l'étranger. Celui-ci semble intéressé,
comme par un spectacle quºil n'aurait encore jamais vu. JI s'avance
~un pas. On dirait qu'il désire surtout apercevoir la figure du
¡oueur. Comme il se rapproche encore de deux pas, puis de de11x
aufres, lAz..are sursaute.
iAzARE. -

Qui va la ?

CtsAI.RE. -

Tout beau, le gars, on ne va pas te sauter

(D'un bond il esl sur ses pieds.)

ala gorge.

�574

LA NOO\'ELLE RE\"UE FRAN~ISI

rec11lant. - Qu'est-ce que vous voulez ?
CESAIRE. U! la!. .. On croirait que tu as aper~ le
diable ! On comprend que sur votrc ilot, a une lieue de
la terre chré.tienoe, une visite ait de quoi vous surprendre.
L.-.zARE. - Qu'est-ce que vous faites ici ?
CÉSAIRE. - Je te regarde souffier dans ta flute ... (Avtt
rnriosíté) Ta musique te plait done tellement que tu
n'entends plus ce qui se passe autour de toi ? (Laz.are, toujours 111éfia11t, recule meare d',111 pa,s.) Tu ~s abs_orbé comme
un enfant qui suce un sucre d orge. D1s-mo1, lorsque tu
. . ;,
joues, c'est aux levres que tu ressens du p1:ns1r .
LAZARE, completemmt dkottcerté. - Aux lenes ... non ...
Mais qui etes-~ous ?
.
CtsAIRE. - Tu ne souffies daos ce petit bout de bois
que pour le son que tu en fais sonir ?
LAZARE. - Oui, pour le son ...
CtsAIRE, - C'est daos tes oreilles qu'est ta jouissance?
LAZARE • ..!... Pourquoi demandez-vous ~a ?
CÉSAIRE. - Parbleu ! vous etes tous les mcmes des
qu'on vous demande d'expliquer.
·
LAZARE. C'est des choses qu'on sent tout seul.
.
CtsAIRE. Et ceux qui ne lt!S sentent pas ... qui
savent qu'ils ne les sentiront jamais ... et qui voudraient
comprend.rc quand meme !... On croirait qu'on. veut
gouter a votre gateau et qu'il vous en restera mom_s ...
Ah ! vous avez du flair, meme les plus sots, pour devine~
ce dont un homme a envíe ... ou besoin ... et pour le lut
refuser ! Ramasse ta flúte. Apporte !
· ·1
LAZARE, at·ec un joyeiix soulagemmt. - Je comprends ·
C'est toi le surnuméraire. C'est le petit vapeur de la pecherie qui t'a déposé en passant. Pas malheureux qu'on nous
envoie de l'aide. Le poisson donne en ce moment. Nous
n'avons plus le temps de dormir quasiment. N'emp!che,
pour un pccheur, tu en as de droles de fa~ons_ de te. prl...
senter. Tu arrives la co01me un revenant qui ne d1t' pas
des choses oaturelles. (Ramassa11t sa fiútc) Mais si tu velll
LAZARE,

que je t'apprenne

a jouer de

575

la flute, moi je veux bien.
(JI va toers Chaire.) Mets tes doigts sur les trous, et souffie.
Souffie done.
CEsA1RE. - lmhéc.ile ! avec ces doigts que j'ai la !
L~ARE. C'est vrai qu'ils n'ont pas l'air habiJes.
&amp;.we quand meme.
CÉsAIRE, réftkbit. - Un jour, un violoniste est venu
jou_er da?s un ~e~t café ,ºu j'al~ais sou_vent. On disait qu'il
~ta.lt ~abde. Ma1s Je ne J écoutais pas; ¡e regardais sa figure.
D ~van u_ne dr_ole de mine. Tout d'abord j'ai cru, parce
qu ti ~erra1t 1~ v1olon contre sa gorge, qu'il en avait le sang
ala tete. Ma!s tout a COUJ), il n'y avait pas as'y tromper,
les !armes lw sont momées aux yeux ... Ah ! j'aurais bien
voulu savoir ce qu'il sentait a ce moment-la !... Tu ne
compre_nds p~ ?... (..1 ne fait ríen ... Tu ne dois pas
penser a grand chose quand tu joues sur ta petite flüte ?..•
A du cid re et a des galettes ?...
( 11 semble encqre txaminer I'i11slrume11t, p"is dtJicatemcnt il le brise .)
L1tZARE. - Ha ! la brute !
CtsAIRE. Tu ne pensais pas que j'allais t'observer
comme J'homme au violon.
LAZARE. - Tu m'en paieras une autre.
CÉsAIRE. - Quand je m'en irai.
LAZARE. - Tu t'imagines qúelle ne cotitait rien !
CÉSAIRE. Laisse-moi tranquille.
LAZARE. - Tu vas me la payer !
Cts.URE, Jui jetant ttnt pike. - U, ne crie pas !
(Lazare regarde la pike m bomme qui a Jait une
bom1e affaire mais qui ne voudrail pas le laisser voir.)
(Césaire prend u11 ton autoritaire et bourru romme
s'il revenait au vérilable obftl de ses préoccupatio~s.)
Tu es done seul ici ?
• LAZARE. - C'était le tour du camarade d'aller lever les
lignes. II va reotrer.
CtsAJRE, disig1fant le c&lt;rin de la piice. - C'est l.a qu'il

�Bai1

.• ne cicatrice •

unen

•pnl&amp;.m,qa11•
ne le bu ai pn demtadl.
ta, t1 ••r• &amp;i,
- ....... ,. ;,,,, ¡ "
" 'tlllÍIII.)

. cltca cc,c6-ll. Q.a'tst&lt;e qa!il
J

....-oeva.W.afilels.
Ce JiM fll (é pje

o.

........

-"'-,

••• il te dit lcun DOIIII 1

l pm'atbiell.i ...

Maiiqlaelsaoma

rmlinklli
homme qui repau ad,
ou6ieaa-t-illeft81!diu
son esprit cf1Uae'JIClll6l mi4•\
. . . . . as-tu

(1.A(.,, Md afllil ""'1 4l fmt,

·--•a,,,;,,,p,;¡.,;,,;¡.-atílllllt'r,

a.;,,.u. - ~ . ,-,.~,i~
........
qa'il bricole l ne pas fflltret ?

""'""- s'kbt,JJ/llr. - Je
Reste
ici f
. - c-_¡t pour te rendte

le'IISBl-~ll

?
&amp;it comme toi.
~?
s'uiud sm ce 11bomet.
,_ tout?
bien il • coacbe lllr
•
aepaie pu?
i&gt;is.
-Q.íiillNle qa'il lle l'lmnte ?
D jme. n dit: • QaeUe•
011 bien : . e Les íanmcs,

.........

,.M,~Clsitir,

wrde"""""ik'-,IIbia:
por,.) Oil ~ t - i l ?
""""1llÜe ,,,,,,,,,,,.. - Na d'i
t trop nait. •• Tu ne poww pae

(ClMin, OIIWrl la po,ú i il.-- ~
il lllflMtl J&gt;rtuJe,,,,,,,, en,,,,. ,m _,,,.
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a,. porte.)

Jj

�579
d'un coup d'aviron l... Tu vas m&amp;R:her

SCENE Il
BENOIT, sous une charge de ftlets nwuillJs. - Tu
bien pu m'aider. Uetant a terre son Jardeau) Deux
rures par ou je pourrais passer la téte.
LAzARE. - Tu as rencontré le nouveau ?
BENOIT. - Qui ~ ?
LAZARE. Celui qu'on vient de nous amener. Voil1
son sac.
BENOIT. - Ah l on s'est décidé a nous donner de l'aide...
Ce n'est pas trop t6t. Qui est-ce ?
LAzAllE. - D'abord je l'ai pris pour je ne sais pas qui,
pour un ensorcelé ou pour un pape. Mais je peux ~ien te
dire que c'est un pas grand'chose. Il m'a cassé ma meilleure
flOte.
BENoIT. _:_ Ou est-il ?
l.AzARE. - 11 est allé a ta rencontre'.
BENOIT. - 11 me connait done ?
LAZARE. 11 a demandé si c'est bien toi qui as une
marque en travers de la main.
BENOIT. - Qu'est-&lt;:e que~ peut luí faire ?
l.Av.1E. Et un tas d'autres cboses : si tu ·parles en
dormant, ce que tu racontes couché sur ton ventre, et le
nom de tes demoiselles.
BENOIT, atter,¿. - Un grand bouffi ?... Césaire !...
(laffolant) Il fallait m'avertir tout de suite l. .. ou est:il.:·
Tu diras que tu ne m'as pas vu revenir... (fl ouvre un tiros,
prkipitamment, y prend 1me bourse, des papiers.)
LAZARE. - Ou veux-tu aller ?
BENoIT. - Je ne reste pas ici ... Cen'est pasun homme
auquel il faille avoir affaire ...
LAzARE. - Tu ne peux pas traverser, le courant remonte,
BENOIT. - J'aime mieux le courant et les Roches plates
qu'un tete a téte avec Césaire ... Dire qu'un jour j'aurais pa

(A ce momenl paraU üsaire barrant la porte. lJeMIJ
saisil un wuleau de tahle.)

SCENE III
CásAIRE. -Doucement; on ne sort pas l. .. J'ai bien fait
• ne pasme laisser voir ... Tu te serais sauvé sans eotrer,
.tdans cene diabJe d'üe, je ne t'aurais pas rattrapé a Ja
course... Pose ce couteau ! (Benolt se sip,e sans lá&amp;her son
~-)Je n'ai rien dansmes pocbes, moi ... Tiens, regardel ...
ne s'arme pas contre un chien.
IIEN01T. - Que me veux-tu ?
CÉsAIRE. - Je te jure bien qu'encore ce matin je ne pena pasa toi. Je cherchais simplement du travail quand j'ai
too nom sur les listes de la pécherie••. &lt;;a m'a produit un
le d'dfet... Oh I je ne t'oubliais pas. Mais depuis deu
j'ai dú m'occuper de trop d'autres choses... ll me fallait
abord régler mes comptes avec Yvon.
BENOIT. Ce n'est pas moi qui t'ai soufflé la Rose·e, c'est lui !
CÉsAJRE. - Il ne recommencera pas.
BENOIT. - On sait qni est cause de sa mort !
CÉsAIRE. - On se trompe.
BENoIT. -Tu nevas pas dire qu'il est tombé da mit.
nne n'avait la tete moins sujene a toumer que lui. Tu
le vas pas dire non plus que tu ne travaillais pas sur le
ebatimcnt 1
C8sA.1RE. On a peché trois semaines ensemble sur
'Orion. &lt;;a n'i rien de louche, je suppose... J'avais bien
droit d'alJer le rejoindre une fois mon travail fiai et de
· raconter ce qui me passait par la téte l... Comment
-tu qu'un de vous se défende contre celui qui sait raier?
BEN01T. - Tu lui as rendu l'esprit malade.

�580

LA NOU\'ELLE RÉVUE FRANc;AISI

J'étais -comme par hasard ! - du meme
quart que lui. On causait en_tre les manreuvre~ ... ou bien
de nos coucbettes qui étaient, tu le penses bien, comme
celles de deux freres, l'une a cóté de l'autre.
BENOIT. - Pourquoi restait-il pres de toi ?
CÉSAIRE. Des le second jour, il a voulu payer un
camarade pour changer de place avec lui. Mais j'ai payé ~e
double et I'autre a refusé de quitter sa couchette ... Ne crolS
pas que je le tourmentais. Jamais je n'ai fait _allusion a 5«:5
amourettes. Nous parlions d'une ,-oix tranqu1l1e. On aur:11t
dit des amis de creur.
BENOIT. - Jl aurait mieux fait de s'échapper a la nage,
l'imbécile !
CtsAtRE. - Au commencement je le sun·eillais et il ne
se rendait pas compte du daogcr~ Il ne !'a compris q~e
trop tard, quand il ne pouvait plus étouffer son en\'te
d'écouter c~ que je luí raconrais. Je l'ai bien constaté un
soir qu'il était couché et qu'il grognait entre ses dents:
&lt;&lt; Parle-tout ron soul. Tu perds:ton temps. J'ai mes deux
mains sur mes oreilles ! » 11 s'était caché sous sa couverture,
mais je voyais bien qu'il tendait la tete pour entendre encare. Uche et curieux comme vous taus!
BENOIT . Ne me regarde pas de cettc fa~on !
CÉs..1.rnE. - Tu parles cormne Yvon. Je lui disais : &lt;• Je
ne te re9arde pas autrement que les autres. Si tu veu:&lt;, je
fermerai les yeux. Je ne suis pas une fille qui pren&lt;l les
creurs en coulant ses prunelles da□ s les coins ... » Au bout
de trois jours, tout le monde le blaguait : « Eh bien,
Yvon, quelle mine tu fais ! Viens-tu seulemcnt de déco~vrir que ru as des comes ? ,11011 s'aperi;ut vite qu'il claquatt
de peur, au point que le patroo me questionna de\·a~t
tout le monde. &lt;&lt; 11 se plaint done a vous aus;i, que ¡e
répondis; a moi il ne fait que me raconter ses chagrins. »
Juste il descendait. Le pacron lui a dit : « On n'aime pas
voir des tetes pareilles. On fioit par mal peoser de ron
camarade. Explique une bonne fois ce que tu lui veux ! 1
CtsAIR.E. -

CBSAIRE

581
Le dróle ne savaic que me regarder, comme si c'est 1110 ¡
qui luí avais pris la Rose-Marie ! Alors que•qu'un a crié :
• Raco~te done ce que tu m'as dit des oiseaux de mer, de
ceux qu on appelle des fous, dont les ailes om juste J'ouverture de nos bras étendus, et qui crient comme des
h_ommes, q,uand le vent les brise contre la mlture et qu'ils
vtennenr s assommer sur le pont. » Si tu J'avais vu se
décom~oser 1 « Moi je t'ai dit ~a?» - « Hier a la soupe.
Mérne tu m'as demandé si j'y croyais, si vraiment c'étaienc
d~. marins qui avaient blasphémé la Vierge et si j'avais
dé¡a vu des hommes dont les mains commencaient a se
palmer. » Ce fut le signa! d'un tapage ! On ne ·s'entendait
plus a force de rire !... Moi je m'étais glissé daos ma couchette ~t je YOyais 0100 • Yvon qui grelottait, verr comme
1?1e feu1lle, touc en_ suanr agrosses gouttes. Alors le patron
sestapproché de lu1~ T9ut le monde se raisait dans l'atteme
de quelque chose d'extraordinaire. Mais il a regardé notre
homme daos la figure et i1 s'est simpJement touché Je front
en disant : « C'est un fou »... Si quelqu'un est cause
du suicide d'Yvon, c'est luí par la fa;on dont il a prononcé ce mot.
On ne mange pas la soupe?

(Utz sileucr.)

BExorr. - Donne une preu\.·e qu'il s'est suicidé.
CESAIRE. -

Un fou !
BENOIT. - Je l'ai toujours vu raisonaer aussi bien qu'un
autre.
CtsaIRE. -

BumIT. -

fous ?

Pas depuis qu'il était sur l'Orion.
Qui luí a parlé des hommes cbangés en

Quelqu'un qui en avait vu, je pense.
Toi, pardi !
cts&gt;.IRE. - Sí je te racootais que certains hommes ne
trouvent de repos nulle pan, qu'ils ont des angois.ses
conune si quelque chose travaillait tous leurs membres, et
des battements daos !_es yeux, comme si une paupierc
CtsAIRE. -

BENOIT. -

�LA NOUVELLE REVUE FRANi;AISE

blanche Ieur passait devant les prunelles. .. toi qui as
!'esprit sain, tu ne penserais pas tout de suite a la taie qui
se ferme sur les yeux des oiseaux, et tu ne te frapperais
pas al'idée que ces malheureux sont attirés par le vide, et
que, des qu'ils s'endorment, ils croient brusquement y
tomber; ou bien ils revent qu'ils planent supportés par
leurs bras étendus, avec une voix: qui veut crier mais qui
ne leur sort plus de la gorge, .. Yvon n'en avait plus la t!te

a lui.
Parce que tu le tenais comme une araignée.
CESAIRE. C'est Iui qui ne me lachait pas malgré sa
peur !.. . Le soir dont je t'ai parlé, il n'est pas venu se
coucher comme les autres. Quand j'ai vu que tout le
monde dormait, j'ai renfilé ma vareuse et je me suis glis.sé
dehors. Je savais bien ou le trouver, sur une vergue ou il se
réfugiait quand il était pris de ses idées. J'ai grimpé a
tltons, car· il faisait une obscurité a ne pas distinguer ses
propres mains quand on se les mettait devant la figure. 11
ne pouvait pas m'entendre approcher, a cause du sifReme~t
du vent, la-haut, mais je te jure bien qu'il m'attenda1t,
car il n'a pas eu un sursaut, quand il m'a seóti contre lui.
J'étais bien résolu a ne pas parler le premier, a le laisser
languir jusqu'a ce qu'il fut rendu ... Tout a coup, il s'est
accroché a moi. Ma foi, il pleurait pour de bon. ll me
mouillait les mains, je crois bien que c'est en essayant de
me les baiser. II me suppliait de ne pas l'a.bandonner, et
i1 recommens;ait ses questions : si vraiment je le croy~
différent des autres, et si je n'en avais pas connu d'ausst
malades que lui qui en avaient réchappé, et ce qu'ils éprouvaient daos leurs crises ... C'était une conversation comroe
on n'en a pas bea~coup dans sa vie, ballottés dans le noir,
comme si nous étions détachés de la terre, avec un vent
qni, des que nous voulions parler, nous chassait la salive
de la bouche. Moi je lui criais dans l'oreille, mais ? ne
s'entendait pas plus qu'un murmure : « Ce qu'ils éprouvent ? mais tu le sens bien toi-méme ! Leurs membres
BENOIT. -

CÉSAIRE

583

s'engourdissent. Ils n'ont plus besoin de pt'ed Il ,
.
S.
SO Ont
1 b .
pus esom de mams pour se retenir aux fiHns Ils ,
I
'al ·
·
n ont
pus qu a1sser le ve~t s'engouffrer dans Ieur plumage et
les souleve'. ... » Ah, t1 ne desserrait pas les doigts; il se
~a~ponna1t .de to,utes ses forces ... Mais, a un moment. ..
d lu1 a fall_u tater d une de ses mains la forme de son bras et
de_ ses. 7u1sses ! et j'ai compris que son esprit ne se défenda.tt déJa presque plus, qu'il serait bientót m11r a point !
BENOIT. -

(Un silence).
Tu !'as jeté abas de la vergue !

C~;AI~. - Tout l'équipage de l'Orion m'est témoin
que ~ éta1s tranquillement a l'arriere ou je triais des bouts
de film quand il. est venu se fracasser au milieu du pont.
(A Laz.are) Eh bien, toi! 1a-bas, 00 ne mange pas?
(Lazare remplit les trois écuelles, mais seul Césaire est
assis tl la table. Lazare manue debout. Benoit mor
.
)
b
,
ne,
reste a, l'ecart.
Alors ?•.. le travail ?.••
d'abord trés timidement, mais retrouvant son enjoue"":11 peu peu. - Quand j'ai voulu te l'expliquer... tu
mas coupé la parole.
CÉSAJRE. -

LAZARE,

ª

Parce que ce n'est pas ce que je te demandais.
½-ZARE •.- Tu es done un roi ? ( Voyant que Césaire ne
bondit pas, il reprend plus cránement :) Quand c'est l'heure
~e marée, chacun a son tour surveille les filets, sans quoi
ds se détachent, ou bien les bois flottants les déchirent.
Aux. eaux basses, on se met tous a haler sur les cordes.
CESAIRE. A qui le tour ce soir ?
LAZAR!:. En vérité, je crois bien que ce serait ton
' d'
tour M ·
· . ais on ten 1spense, vu la nuit, par égard pour le
maténel.
CÉsAIRE. -

CESAIRE. -

Alors c'est toi qui veilles ?
· (Signe de I.Azare).

brusquemenJ. - Je t'accompagne.
asAI~E- -Tu as done bien peur ?••• Je croyais que tu
BEN01T,

suppona1s la plaisanterie mieux qu'Yvon.

�584

LA N0U\'ELLE REVUE

FRAl1~UII

BENorr. - Son affaire a luí est réglée; qu'est-ce qu'il te
faut de plus ?
CtsAIRE. - Tu ne l'as pas aidé, toi ? Tu n'as pas eu la
Rose-Marie a ton tour ?
BENOIT, p,rdant la tilt. - Si tu acceptcs de partir... toot
de suite... je t'apprendrai ou tu peux la trouver ...
CtsAIRE. - Comme si je ne le savais pas !
BENOIT. - Alors va-t-en !... Lazare ! fais-lc partir...
LAZARE. - Eh bien quoi ?... Qu'est-ce que tu vcux
qu'il nous fasse ?.•. Nous n'avons pas les doigts palmés,
nous autres I Nous n'allons pas nous jeter du haut d'une
vergue.
BENOJT, se ressaisissant un peu. - Tu ne le connais pas .•.
LAZARE. - Un homme qui donne cinq francs pour une
fl1lte de uenre sous ! Voila sa malice !. .. Mais je ne lui
rendrai pas la différence ... Quelqu'un qui ne sait pas ce
que c'est que la musiquc ... Je ne trouve memc pas que ce
soit un homme ..•
BENOIT, s'mhardissant. - Ah I non, ce n'est pas un
homme, et pour d'autres raisons que cclles que tu crois 1
CtsAJRE. - Qu'est--ce que m veux dire, mauvais chien?
BENOIT. - Questionne un peu la Rose-Maric !... D
tourne autour des femmes comme un matou, mais quand
il les a empaumées, il ne sait plus qu'en faire. Alors il les
persuade que c'est leur faute, qu'elles ne méritent pas
qu'il les touche.
CÉSAJRE. - Assez 1
BENOIT. - Rose-Marie dit que c'est parce que ton ¡,ere
avait passé soixantc ans quand il t'a fait, et que ta mere
buvait. Ah ! ~a te fllche qu'on te le dise ? Oui tu n'es
qu'une espece de mort-né, un malven u qui ne peut connaltre aucun plaisir, et tu essayes de te venger sur les
autrcs.
CtsAII\E. - Je ne me vcnge pas de leur plaisir, je le Icor
prcnds.
LAZARE. - Du moment que j'ai tes cent sous, tu ne

585
m'as ríen pris il moi. (A Bt11oit.) Vrai, que! nigaud tu fais
d'avoir peur.
BENOIT. - Oh ! peur ! peur ! Aprcs tout, j'aime mieux
passer la nuit a !'abrí que dehors ... S'il íait le mauvais coucheur, je vois ce gu'il faut qu'on lui rappelle. Si ,;a te fait
plaisir de parler de Rose-Marie, nous en parlerons, mon bon
Cáaire 1
LAZARE. - Alors bonsoir.
CtsAIRE, dep11is ,m moment, uhmw La~ar, at-« rm gra,ul
M/lrlt. - Tu ferais mieux de prendre ton tricot. 11 fait
íroid.
WZARE. - C'est une idée.
CtsAIRE. - Tu ne t'étoones de rieo, toi !
WZARE, pour le hlag11er, fait le gest, dt j011tr de la fl11te. Tu tu tu tu ... Bonne nuit, vous deux J. ..
(11 sort.)
SCENE V
(&lt;:lui'rt, u11 insianl, limt les yeu.t fixis sur la porlt par oi, t·imJ de
liloigucr La;_nrt. JI stmb/eat.ioir oublii Bt11oil. Puis ,¡ t'a t•ers son
bol11cho,,, diplie une couv,rlure ,· qmmd sa couchtlle ul prilt, il
ly assitd, a/Jume une pi'pt. Penda,,/ et /emps, &amp;11oil s'tsl insta/Ji
Ola table, il n1a11ge sa Joupe ti, de fair d'u11 bomme qui a rtpris
kut l'a1•antnge, il ne ptrd pas dts ye11x Cisaire. Quand ctl11i-ti se
tllcide a rtgardtr dt SOII coti, ¡¡ passe ,¡ l"alta91u.)

Eh bien, ~• te calme, on dirait, de te r.ippeler tes amours ... Tu peux te vanter de nous avoir donné du
mal ! Rose-Marie en pio~it pour toi. Nous lui disions,
Yvoo et moi : • Voila que tu as pleuré, Rose-Marie ! Une
llc!Je filie qui fait tourner tout le port au bout de son petit
4oigt 1 • Elle se fachait : « Je n'ai pas pleuré. Tu mens. Je
lllis laide. J'ai la peau jaune et des peches sous les yeux. •
D n'y avait pasa lui faire eoteodre raisoo ... Heureusement
4a qu'oo découvre tes ruses, tu es comme un crabe qu'on a
BENOIT. -

�S86

LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISI

mis sur le dos. Tu ne peux plus rien, et tu donnera.is dix
ans de ta vie pour sortir de ta peau d'impotent.
CtsAIRE, tranquillement. - Elle vaut bien la tienne a
cette heure.
BENOIT, deb&lt;mt et avec une extréme violence. - Inutile_ de
faire l'insolent ! Toi ?..• Est-ce qu'on sait seulement s1 tu
entends, si tu vois clair ?... Pourquoi t'a-t-on renvoyé du
service des phares ? Tu confondais les feux verts et rouges..•
Tu n'es pas un bommea vrai dire, mais une souche. 9-uand
il faut te servir de tes mains pour recoudre une vo1le ou
rernailler un filet ru sues, tu peines, tu ne fais pas en une
journée ce qu'un' mousse ach&amp;ve en deux. heures ... Un joli
cadeau que nous afait la compagnie ! (Sous l'arr~~a~ de
Benoíl, Ctsaire reste impassible. Par moments, q11and l in¡~re est
wop sensible, il s'ardte de fumer, puis il reprend une bóuffle.)
Dire qu'on a pu prendre au sérieux tes si~_agrées _et qu'a
cause d'elles nous nous g,hions notre pla1Su ... T1ens, l~
jour ou la Rose-Marie et moi nous étions étendu~ ~ la
lisiere du bois de Bourgueux, elle, appuyée sur ma po1tnne,
et qu'entre deux sommes - car tu pcoses qúon ne maD-1
quait pasd'etre fatigués -oous t'avonsentendu_ róder daos
les feuilles, Rose-.Marie marmottait : &lt;( Leve-cm ! défendstoi ! » Mais moi je lui &lt;lisais : e&lt; Ne fais pas un mouvem~t.
N'ayons pas l'air de l'avoir vu. 11 s'en ira ». Et ~ es parn_ 1
O:sAIRE, camme ind~fflrmt. - Qu'est-ce que 1e pouvais
vous faire ?
.
BE...;OlT. - C'est vrai qu'a coups de pierre tu n'atteindrais
pas ton homme couché la daos le milieu de la chambre_. .
CÉsAIRE, releve enfin la téte et, sans bate, en lxmmre qui stul
qu'il a le temps. - Ce n'est pas trop sage, mon bon, de me
rappeler mon meilleur souvenir.
BENOIT. - Tu n'es pas difficile.
CtsAill!. - Le beau petit bois de Bourgueux, suno~t
vers la lisiere qui regarde sur les dunes 111 y a un remblai,
pas trop haut, derriere lequel on est caché comme dans un
nid.

ásAJRE

0n y est bien !
CÉsAIRE. - 0n étire ses jarnbes dans la mousse et on
s'appuie du dos contre les racines d'un arbre ...
BENOIT. - Tu nous a bien regardés 1
CÉS,URE. - Ce sont des pios...
BENOIT. - Encore vrai !
CtsAIRE, p!tls mystirieux. -:- Un jour, j'ai glissé parce
que la terre est couverte d'aiguilles. Rose-Marie pesait
sur mon bras et je me suis fendu la maio sur une pierre
coupante.
BEN01T. - Qu'est-ce que tu chantes?
CÉSAIRE. - Je dis que je suis tombé sur la main ...
• BENOIT. - 11 serait dróle tout de m~me qu'il te soit arrivé
Juste la méme aventure qu'a moi !
CtsAIRE. - Qui te parle de tes aventures ?
BENOIT. - Montre ta main, menteur !
CÉSAIRE. - Montre la tienne. - &lt;;a, c'est une coupure
de couteau.
BENOIT. - Tes plaisanteries sont aussi stupides qu'autrefois. Si tu n'as rien de mieux a dire, couche-toi !
CtsAJRE. Tu veux t'en tirer a trop bon marché ! Il
faudrait etre raisonnable et ne pas te donner des airs de
connaitre si bien le bois de Bourgueux du coté des dunes ...
Qui sait si tu y as jamais été ?
BE~OIT. - A la fin, je ne te réponds plus. C'est crop
béte ! Je sais, je pense, a quoi m'en tenir. &lt;;a me su.ffit.
CÉSAIRE. -Tu sais, dis-tu? ~fon, tu ne sais rien ! Vous
!tes comme les puces de mer qui sautillent du varech sur le
sable, puis de nouveati sur le varech, parce qu'elles ne
savenc déja plus comment on y était ... Peut-etre c'est le
rouge et le vert que vous voyez qui vous toumoie de.ant
!'esprit et qui vous empeche de rien vous rappeler.
BENOIT. N'aie pas peur; mes souvenirs sont nets,
comme la marque d'un pouce daos une motte de beurre frais.
CF:.SAIRE. - Tes souvenirs ! parlons-en !. .. Meme pour
ce que tu as vu souvent, ta mémoire c'est une claie qui
BENOIT. -

�LA 'SOU\'ELLE REVUE FRAN&lt;;:AISI

voudrait retenir de l'eau ... Et tu \'Íens parler d'endroits ou
tu n'as seulement pas été !
1 BENOIT, que la aJlére gagne. - As-m fini ?
CESAIRE. - Quand j'étais couché derrierc le talus, avec
la tete de Rose-Mari e sur mon épaule ...
BE.~OJT. - Tu ne l'as jamais eue !
CtsAIRE. Eh bien, fournís la prem·e que .m connais
l'endroit ! Quand je m'appuyais aux racines du pin, dans le
nid dont je veux: parler, et quand entre deux sommes, car l'amour ~a fatigue - j'entr'ouvrajs lesyeux ...
BENOIT, Assez !
CÉS.'-lRE. - F;iche-toi !. .. Quand on entr'ouvre les yeux,
qu'est-ce qu'on aper~oít juste devant soi ?
BENOIT. - Le boi~, parbleu !
CESAIRE. Le bois ? Quoi du bois ?
BENOJT. Des troocs d'arbres.
CESAIRE: -Quels troncs ?
Ba:orr. - Laisse--moi traoquille. J'avais autre chose :i
regarder que les arbres.
CtsAJRE. - TI y avait un grand pin a gauche, un peu
tordu, avec une branche qui venait en avant ; par derriere,
un plus petit; a droite, un coudre.
BENOIT. - Tu as vu ~a de la broussaille ou tu étais
cachf !
CESAIRE. N'essaie pas d'échapper L.
BE!&lt;OIT. - Je le vois aussi bien que toi: le pin, l'autre
pin, le coudre.
CESAJRE. Ha ! .:ooteur de bourdes, cette fois je te
tiens ! Le coudre était entre les deux pins ! Tu vois bien
que tu ne te rappelles pas l. .. Tu hésítes maíntenant ... Tu
ne sais plus s'il était a droite ou a gauche ...
BENOIT, que c&lt;1111111enre Ir. gagner l'r!Jrai. - Ou en veux-tu
,;enir?

CEs.URE. - Tu le verras bien ... Nous avons tout le
temps.

CF.SAIRE
Bm:01T. Qu'est-ce que c'est que cette histoirc de pins
et de coudres ?
CltsAJRE. - 11 {aisait vent d'esc ... Tu ne crois pas ?•..
Puisqu'elle s'est plainte que le sable lui piquait les yeux.
Elle était mécontente, dér;ue ...
BE:01T. Tu mens ! Tu mens !. .. Elle dis.1it qu'elle
voudrait rcster la toute sa vie.
CESAIRE. Quand \·ous avez d'unc femme ce que
\·ous en vouliez, vous n'etes plus attentifs a rien. Elle · était
de mauvaise bumeur ... Ah, ah I tu ne sais plus, tu ne sais
plus I J'écrase tes souvenirs comme de la mie de pain. Et
je te les détruirai miette a miette, jusqu'a ce qu'il ne t'en
reste plus, jusqu'a ce que tu ne saches plus, .quand tu
encendras nommer Rose-Marie, qui c'était et qu'il me faille
t'expliquer: « C'est une amoureuse que j'ai eue ... » II se
peut que mon vieux pere, chauve et noué, n'ait su me
faire qu'un corps infirme; mais il m'a donné l'Erprit dont
vos jouvenceaux de parents étaienr bien incapables de vous
faire cadeau ! Et !'Esprit est plus fort que tout le reste,
!'Esprit calcule, l'Esprit ne se lasse point, !'Esprit n'oublie
. ....
'
pomt
(Cérairt es/ deboul ar, milint de la piice. Jl .r'esmie !t.
/ro11l. Bmoit .r'ul ej[ad, pre.rque jusquc da11s J',itre.)
Prends une chaise ... On sera mieux pour causer ... Tu ne
veux pas causer ?... Meme pas de Rose-Marie ?... Je la vais
avec tant de netteté. Elle est la, de\·ant moi, vi\·antc ... je
puis te décrire tous les petits points gris et bruns qui font
un cercle autour du noir de ses yeux. .. je la vois, je te
dis !. .. Rien de ce que j'ai regardé, je ne l'oublie !...
Elle a son corsage a pois, des ronds noirs sur du blanc ...
et entre deux agrafes de son col, j'apen;ois sa peau, qui
est un peu plus brune en cet endroit... Tu vois bien
qu'elle est devant rooi !. . . Maintenant tu te rappelles
les agrafes et l'étotfe qui baille. Tout ce que tu essaies
confusc:mem de retrouver, moi je le Yois ! Tout ce que
tu as oublié, moi je le sais !. .. Tu sens déja que tu ne

�S,O

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

:iauras plus d'elle que ce que je voudrai t'en dire 1••• Elle
est i moi !. ..
(Se calmant brusqueuunt, et avec une ironie presqm
chuchotanle :)
Mon pauvre gar~on, tu ne te rappelles que des ombres 1
'Tu ne sais plus les reconnaitre ... Tu n'as jamais dü voir
ma Rose-Marie ... tu n'as jamais du la voir ...
(Césaire s'est avancé de quelques pas encare. Benolt a
recu'lé dava11tttge. Silmce. Rideau.)

ACTE II
Meme dkor, de jour.

SCENE I
Benoít est debout, sombre, les mains dans les poches.
La-zare pele des pommes de terre.
LAZARE. &lt;;.a ne sert a rien d'essayer. Tu n'y arriveras
pas. S'il a démoli la barque, c'est de fa~n que tu ne
puisses pas la réparer. Puisqu'il ne veut pas que tu t'en
ailles, il est assez malio pour t'en empecher. Plus que
cinq jours de patience l Cínq jours ce n'est pas une éternité. Dimanche on nous relaie et tu t'en vas si cela te fait
plaisir.
B.ENOIT. -Tu t'imagines que tu es hors de cause et tu
voudrais lui plaire en te liguant contre moi. Mais ton calcul ne te portera pas bonheur. Quand j'aurai subí le méme
sort qu'Yvon, ce sera ton tour t
LAZARE. Tu me fais rire. Au premier mot qu'il
m'adressera, je lui dirai : « Pele les pommes de terre. » Et
il les pelera. (Gogumard) Je erais plutót que c'est moi
qui risquerais de lui faire du mal... Veux-tu que je te disea

CÉSAlllE

59r

quoi il ressemble? ... A un vieux bourri qui court apres
un veau.
(Jl ril.)
BENOIT. Ris tout ton solll ! &lt;;a m'aidera toujours ane
pas m'endormir. Je n'ose plus fermer Jes yeux. Sitót qu'.il
voit que je dors, il se leve.
UZAltE. En voila des histoires ! Il dort comme un

bloc.
BENorT. - Peut-etre que ce n'est que son esprit ... Je le
sens qui s'approche, puis qui commeoce a me parler .. .
LAZARE. Qu'est-ce qu'il te veut?
BENorr. - La nuit derniere il me disait: « Je vais te
faire connaitre tous les signes qu'elle a sur le corps :
d'abord une petite marque a la saigoée du coude, un poiot
rond, pas plus grand que la pupille de J'reil... &gt;i Alors je
lui ai crié : « Parbleu ! tout le monde pouvait le voir, ce
signe, des qu'elle relevait un peu la manche. Mais les
iutres, tu ne les connais pas. Tu n'as pas pu les voir. Décris-les pour qu'on sache si tu rnens ! &gt;&gt; Je songeais a une
marque qu'elle a sous le sein gaucbe et a une autre, un
peu allongée, qu'elle a sur Ja hanche. Mais comment veuxtu qu'on lui cache quelque chose? il lit dans la pensée. Il
a répondu: e&lt; Ce n'est pas a moi de me justifier. Je ne
doute pas de ce que je sais. C'est toi qui doutes. Va-t-€n
au diable ! » Mais des qu'il s'est éloigné de deux pas, je
l'ai rappelé. Je ne pouvais pas supponer son défi. Je voulais le confondre. Je lui ai crié : « Ose dire, bete fourbe,
qu'elle avait pour moi quelque chose de caché! Elle a un
signe sous le sein gauche. t&gt; I_l gardait comme toujours
son espece de sourire, et ace moment-la, j'aurais juréqu'il
ne savait ríen et que je veaais de trop lui en apprendre.
J'aurais du me coudre la bouche, mais il recommerigiit i
me braver, a m'affoler par ce qu'il nomme ses souvenirs,
si bien que je ne sais pas si c'est moi qui lui ai d'abord
parlé du signe de la hanche, celui qui a la forme d'une
&amp;outte et qu'on ne peut pas connaitre si l'on n'a pas été
son amant ...

�592

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISI

C'est la nuit que vous disiez tout cela?
BENOIT. Le jour et la nuit. II n'arrete pas. Quand je
me réveille, j'ai tout le corps en nage. Depuis qu'il est ici,
je ne sais plus ce que je- vois ni ce que je pense ... Il ment,
je suis sür qµ'il ment. Il ne se peut pas que tout ce qu'il
dit soit vrai. Mais je ne sais pas quand il commence a
mentir. 1l m'appate peu a peu, jusqu'a ce que je morde ...
Et maintenant (portant la main asagorgr) j'ai la son hame~on 1
LAZARE. - Il ne fallait pas lui prendre sa demoiselle.
BENOIT. - Elle ne cessait pas de gémir et de tre_
mbler.
LAZARE, - Elle était malheureuse ?
BENOIT. Plutót !
LAZARE. - Sais.tu que, dans cecas, tu n'avais pas touta
fait tort ... Ma foi, je commence a trouver que tu as bien
fait ... Mais alors, si c'est lui qui est fautif, prends-moi un
bon goun:l'in et montre-lui qu'il ferait mieux de te laisser
tranquille.
B.ENOIT. - On ne peut rien contre lui.
LAZARE. - On peut le rosser. Je te l'abandonne. J'ai
beau faire de la musique sous son nez, il ne veut plus me
casser mes fintes.
BENoIT. - Tu trouves naturel, toi, que gauche comme
il l'est, il ne se soit jamais blessé. Daos la tnain qu'il s'est
coupée sur une pierre, j'aí bien vu, il n'y a méme pas de
cicatrice.
LAZARE. - Il ne se l'est jamais coupée !
BENOIT. - Yvon n'était pas peureux, et il ne s'est meme
pas défendu l On ne gagne ríen a donner du poing sur des
tetes de clous ... Ah ! s'il étaít fait comrne nous autres !. ..
L'as-tu d'éja vu prendre peur?
LAZARE. Non.
BENOIT. As-tu vu quelque chose lui faire mal? ...
Cherche bien car si nous découvrions par ou on pellt
l'attaquer ... Si' jamais ... est-ce que je sais ?... on l'entendatt.
gérnir pour une brulure ou pour un coup .. .
LAZARE, -

CÉSAIRE

593

· LAzAnE. BENOIT. rat !. ..

Qu'est-ce que tu ferais?
D'un seul bond, comme un chien sur un

Essaie.
Il est trop fort.
LAzARE. - Il peut a peine soulever l'ancre et la chafoe
et toi tu les portes a bras tendus.
'
BENOIT. - li a la force de dix diables.
(Il se signe.)
LAZARE. - Si tu te signes ... ·
(Il fait de meme.)
LAZAR.E. -

BENOIT. -

SCENE II
Césaire rentre du travail. Il enlive son ciré,
(JUis apercevant Benoít:
CtsAmE (á Benoit). - Tu n'es pas honteux de te laisser
servir par un homme qui vaut mieux que toi !
LAZARE. Alors tu es pour que les anciens obéissent
aux jeunes? Moi, ~ me va.
BE»orT (ti Césaire). - Tu appelles homme ce nigaud
qui ne sait ni lire ni écrire !
CESAIRE. - Tu n'appellerais pas homme non plus cet
enfant de dix ans qui, du temps des Saints, se laissa bnilt:r
vif plutót que d'obéir aceux qui voulaient luí faire dire :
11 Jarnidieu i&gt; ? Tu n'aurais pas résisté longtemps, toi, tout
homme que tu es. Allons, travaille !
LAZARE _(a Césaire). - Laisse-Ie ! Dis done, toi, pele les
pommes de terre un peu.
CESATRE est surpris, mais ~e se fácbe pas. - Si c'est pour
te tenir compagnie.
.
(Ils'am'ed),
LAZARE (lui remettant son couteau). - Tiens. (A Benoit)
Passe-moi ton couteau.
(Be110U ouvre une /orle lame ti eran. Lazare la prend,

38

�594
la soupese. JI IOIICbe Benoil au ~ pou~ le ~endr_e
ti(, el com,ne Césaire a les yeux 1Nzis~és, 11 lui lawe
btr /e couteau, t.1erticalement sur le ¡,id.)

Fais done attention !
Je t'ai blessé?
CésAlRE. J'ai retiré mon pied, heureusement 1
ramasse le couteau.) Matin 1 11 est lourd, ton eustache. n
pé Comme du beurre Je bord de ma semelle ... A1i
cou
•·1
c'est Je couteau de Benoit. Tu vois, mon bon, qu 1
de te défendre, mais rien n'y sert.
.
. .
(Benoit, abatlu, s'écarle. Lazare semble impremo,me.)
Tu n'aimes pas •les plaisanteries ?
BENOIT. - Pas les tiennes !
.
CésAIRE. - Alors, parlons sérieusement ; car depu1S ~
matin, je ne pense qu'a une chose . •·
BENOIT. Tais-toi !
.
CÉSAIRE. _ Tu es d'un cóté de ma Rose-Mane, tu~
vois de profil.. •
BENOIT. - Ne recommence pas 1
CésAIRE. _ Tu sais que je suis de l'a~tre cóté !_ T; nr
me vois pas, mais tu le sais. Et tu dcvmes que Je . cmbrasse comme j'en ai le droit, puisqu'elle m'appartiéllL
Alors ~ tournes autour d'elle, mais déja je ~•y !uis plm.
Je suis de l'autre cóté, et tu seos que JC 1cmbasse
CÉsAIRE. -

LAZARE. -

CDcore •••
BENOIT. - Lazare, fais-Ie taire !
.
CbAnuL _ Et tu continues a me pourSU1vre SIDI
jamais pouvoir me séparer d'elle. Tu tournes, tu tournesBENoIT. _ Mais fais-lc taire !
LAZ¡RE (a Césaire). - Laisse-le tran~uille.
Ü:SAIRE. _
Je Iui donnc de quo1 penser
moments ou il est seul.
LAZARE. _ On aimerait mieux vivre avec d'autres que

t~
CésAIRE. _

LAZARE. _

.

Je ne t'ai ~unant ríen fait.
Tu tounnentcs tout le monde.

S9S

CésAiu. - Pendant plus d'années que tu n'en as, c'est
,noi qu'on a tourmenté. Tout Je monde s'y mctta.it: Jes
chefs, les camarades, jusqu'aux passants et aux gamins.
S'il y avait un travail dégoutant, on disait : • C'est bon
pour Césairc. • Je ne pouvais pas sortir des soutes et des
9uts ; car celui qui est une fois dans la houe, on n'cn
ftllt plus la ou c'est propre. Je ne demandais pasa entrer
dans les salons des bourgeois ; je voulais du travail comme
celui que vous avez tous, et dont je me tire atmi bien que
vous. C'est tout au plus, cenains hivers, s'il ne m'a pas
illu tendre la main. Je disais : je n'ai pounant pas tu~
,pac et mere. J'ai la bonne volonté. Dieu n'est pas jÜSte.
WZARE. - Qui t'a tiré d'affaire ?
CésAzRE. Je vais te dire a toi ce qui m'arriva. Je
drais la vase d'un canal et comme il se trouvait que je tranillais sous un pont, quelqu'un qui passait sur la route
cracha sur moi par-dessus le parapet. Je ne sais pas s'il le
lit e.xpres. Mais ce fut trop; ce fut plus qu'uo homme ne
,ait supporter... Je poussai un cri, mais pas comme quand
on crie volonrairemenr, un cri qui dut faire peur a I'homDle, car quaod je fus sur la route, en deux bonds, il avait
,'Dile dróle de figure ... Je le regardais, droit daos les yeux .••
Alors, comprends-tu ce qui se passa: II se mita reculer..•
sentais qu'il m'obéissait ..• Je lui dis : « Desccnds la,
lans la .vase ... Ramasse-moi mon chapeau et ma veste 1»
Et, Je crois-tu, i1 descendait... il marchait daos la boue,
· qui avait un panralon de toile blanche... et il m'a
ffpponé mes bardes, comme si j'étais son seigneur !. ..
Je crois que je me mis a courir Jroit devant moi. Quand
t:ssayais de comprendre ce qui venait de m'arriver, je ne
11\rais que me répéter: u Ah I mon Dieu ! ah f moo
· L. • Je sentais que j'étais un autre homme et qu'il
• ·r en moi quelque chose dont moi-méme j'avais
r•.• Comme la nuit était tombée et que je ne savais
ou j'étais, j'ai frappé au volet d'uoe auberge. Une
e I'a entrebaillé et m'a crié qu'il était trop tard, que

�CESAIRE

LA NOUVELLE

REVUE

FRANc;AISE

j'aille mon chemin. Rien qu'a sa voix, je sentis que c'était
une de ces femmes qui, meme quand elles sont seules, ont
toujours l'air de regarder un homme dans les yeux. Alors
moi qui, la veílle, attendais qu'on eut serví le dernier
gamin avant d'oser demander une écuelle de soupe, je ne
sais pas ce qui me poussa : &lt;&lt; Ouvrez, lui commandai-je,
ou dans ce moment meme il arrive un malheur a l'homme
que vous savez l »... Mon creur se met a battre ... La
lumiere quitte la fenetre ... une lueur passe sous la porte ...
on tire le verrou l... 11 était bien minuit et lorsque j'eus
mangé et _bu, la femme m'offrit un coin de la salle pour
dormir ... Mais je sortis, car je ne pouvais plus respirer
dans une chambre !...
·
Voila ce qui m'advint ce premier jour... 11 y avait quelq-.e chose en moi qui pouvait obliger les plus forts a
m'obéir ... , J'en fis l'épreuve une seconde fois, une
troisieme ... Et je compris peu a peu que cette force, c'était
l'Esprit !
(Silence)

LAZARE. - &lt;;a doit te plaire de commander.
C:i!:sAIRE. - &lt;;a ne me plait pas.
LAZARE. - On ne te maltrait~ plus.
_
CESAIRE. - Tu crois que j'y ai beaucoup gagné ? Tous
ceux que je vois, j'essaie de les faire plier devant moi. Je
ne peux pas m'empecher d'essayer... Ils le sentent... lis
m'en veulent ... Ils m'en veulent encore plus qu'au temps
ou ils me for~aient de curer leurs égouts... (A-vec fatigue)
Je voudrais vivre en paix l...
LAZARE. - Qui t'en empeche?
CEsAIRE. - Je voudraís vivre aupres de quelqu'un a
qui toutes ces choses soient égales, l'esprit ou pas l'esprit ...
qui me traite comme n'importe qui ... sans mépris, mais
aussi sans se tenir toujours sur ses gardes ... Un bon cornpagnon, quoi ?... gai et qui ne s'étonnerait pas de grand'chose ... Et meme s'il joue de la fl.ftte, il n'y a pas de mal. ..
(Son regard attend um réponse de Lazare.)

597
LAZARE. - Personne ne jouerait pres de toi par plaisir.
. CESAI~E. - Jamais pourtant je ne t'ai inquiété ... Jamais
¡e ne t'a1 par~é de ce yetit pré qui s'appelle le Lieu Rosée,
et que tu esperes un ¡our pouvoir acheter.
LAZARE, pris de crainte. - Ne commence pas avec moi !
Ü:SAIRE, emporté malgré lui. - Je n'ai pas essayé de
t'~n dégofr:er, bien que je connaisse, comme si j'y avais
:ecu, le com, ~~ le bor? de la route, ou les gens du village
¡ettent leurs v1e11les bo1tes de conserves et leurs assiettes
cassées.
LAZARE. - Ne commence pas 1
CÉSAIRE, revenant a lui. - Lazare ! Lazare !.. . pard~nne-~oi ... je ne_dirai plus rien ... C'est l'habitude qui
m a repns ... Je ne te parlerai que de ce qui te fera plaisir ... Ne t'éloigne pas, Lazare l... Reviens t'asseoir ... Si tu
savais ce que c'est que de vivre seul !. ..
LAZARE. - Tu avais ta Rose-Marie.
CESAIRE, presque tremb/ant. - Sois bon, mon gar~on !
ne parle pas d'elle.
LAZARE. - Tu ne l'aimais pas?
CÉSAIRE, avec passion. - Moi !
LAZARE. - II fallait vous mettre d'accord.
. C:i!:sAIRE, avec une émotion qui ne se contient plus. - Je te
d1s que je l'aimais: est-ce que je sais !... Elle m'obéissait
trop ... elle pleurait trop ..• Nous nous détestions de toute
notre force.
LAZARE. - Veux-tu que je te donne un conseil ?.•.
Hche de la retrouvcr.
CtsAiaE. - Jamais l... jamais !... Tu ne sais pas ce que
tu dis !. ..
LAZARE. - Alors veux-tu que je te donne un autre
conseil ?... Renonces-y ... Va done ... (O.saire luí fait siune
dt se taire.) Tu ne veux pas non plus ?. . . Alors je ne :ais
plus quoi te dire ... je ne peux plus que te consoler. (Tt'rant
sa fttíte) Si ~ te fait plaisir...
(Il commena ajouer brnyamment. Césaire a pris sa

�u~avtm

wiJ,,,. •

1#, . . SIS - • Qs l,
/111 pi#
p,,;, pi 1e11,u,. ,.,,,1o1s, 1-',. '-a.)
CaAtu. - Rose-Marie f••• Rose-Marie L••

(Llr{ar, 1111 """'· BMoll, ,,,,_,, •
MU r,prMII, sltlJl'fllits.)

N#'•·

Lnau, 11Wt ,,,,, joit tf•f111t1. - n pleure r
Ctlau, ,1 e, eri, s, ntlresse, le r,,garde. - Colll!U

dis ~'

(R UIIUlle '" totap,e#lb-e f"' pe,, oJlffl 14 m,el
tle 1.Af..•e. Lentement 11 se leve, essuü ~ ,..,,.
rewrs tle st1 main. n clJt,,alle, ea n,ne qm •
pos • s, rusoisir. De 1'0IIWlles Úlnus 1, su/flfll#ll.
f'IQIU iUSIJI" pris"' la pt,rte.J

J,AZAU, """""po,,r

se rmdn eompu tlu t1qr¿ de

SM

lllt'fW. -

Césairef
(R ,,..ol,lient p,u tle réponu. Cisflire po,use lapo,,,..
lnfail.)

SCENE m
LAzAu. -D n'~tend plus r. .. 11 ne sait plus ce
fiaitl
BaoIT, dl#ls ,me

tau,...

LAZHI, 'fm,plchont

ext""" surexeif!ltio,,. -

Mon

de le flrmdre. - Ce n'est pas 11D

l&amp;ire l. ..
BmfoJT. - Donne-le r
WAU. -Non, brute que tu es l... Prends n,._
. - d'autre... Tape-hu sur la téte•••
BmJoIT. - Avec un pieu r... Non, donne !. .. Tu vas
fme manquer le coup... Ou est ton hoyau ? ( Ct111,_,
1Mn) Voili ce qu'il me &amp;ut.
(Illm,pare tl'ru, lallllúr tle /d.)
(-AZAIB- - ~ t'6chappm de la main f
BBNoIT. - I.aisse-moi ! Laisse-moi l
•
(R 6-set,le Úl{tll'I ,t # prkipile 4l 14, srdú tle &lt;:Juin,)

Jjf

•t....
- Deuceaaent.o Ne •

,.. ele bnút••• n VI se

(D IOWI ,l l. /lflrl4. O. f10iJ 6 Si1t1 aalll p 'iZ ir, p,,.
Je ti. w,, l,s tJ.11% ~ - ~ il lian. O.
eompr,,,a 'l"' l,a Jllil 119u'ü • Wllt;., 111
lage... Qu,ffues Sl&amp;&lt;JNlapl,u tartl, &amp;,,olJ ,.,,,.,,, t""1#1
loujours SQtl arttu. n nferr,u la porte """ Mú, s,,.
re¡artler derrier, lui, pllis jette k bloc de /onle ala're.
Long silmu.)

wir_,.,,,.

• - Tu peux te vancer d'étre brave J... Assompar derriére uo homme qui Re t'=-id pu venir....
rr, ¡nlonat,t. - 0n '9a le jeter a l'can.
. - Attends du moins qu'il soit úoid ... 0a i et
(a te regarde... e.e n'est pas moi qu'il ~--· C'at
.tu as VOlllu dilivrer••. Jepense'Jllemaintenatta.
nouveau ta téte...
• - Ah r olli, je vais étre de noaveau c:omme
• je vais respim-... je vais penser • ROIÑd.arie,
il me plaira. .. U ne sen plus 11 pour mea&amp;ir•••
clire qu'elle était alui... car ce n'était pas vrai ••• (1-, _ ~ ) C e n'esr:pas mur. ..
- &amp;t-ce que je sais. moi ? Je ne fai pu ceo• - Ne dis pu ~ 1 Ne, parle pas a»1me luí,
t !... Je te deawide de m'aider... de m'aider l
uver... Tu te rappelles bien jadis que je te patlais
• - C"est peur~ toi qui menrais ...
• - Et c'est &amp;oi mainteoant qui voudrais me faire
la téte... Mais tu n'y parvieodms pas. •• Je samai
mes idées bout a bout... je vais me rappeler... je
ver ... je vais fermer les yem .•• et je la reverrai•••
de sa téte... a boudie••• je la reverrai peu apeu •••
1'atCrai pas aillSi dans un nuge... Je n'ai pourrant pas
!COmpreoda-tu cela ?... Mais cli,.moi qeelque cltose l••• .
tu pemes aux gens de claez tQi. ~ les vois qui

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISI

600

remuent, qui te parlent ... Tu vois leur figure ... Tandis
que moi ... tout flotte et se brouille ... (ll passe ses 111ains sur
son front.) J'aurais du le forcer de reconoaitre qu'il avait
mentí. .. le forcer devant toi. .. (Avec désespoir) Maintenant
c'est trop tard ... 11 fallait le forcer de parler !

601

(Avec, un cri de douleur.) Ah non ! non •t no n ....
t
vous
ne m aurez pas .. . vous taus les deux !... L'Esprit n'est pas·
enc~re, mort !. .. Non, tu n'as pas connu ... ma RoseMarie .... Elle n'a jamais appartenu qu'a Césaire !. ..
, (11 s'est appuyé att mur, ses jambes jlécbisse11t. Il tombe
a ~enoux. Sa face levü a u11 sourire, sa voix n'est plus
q11 uu murmure.)

Non, tu ne l'as pas connue ... Ma Rose-Marie ...

SCENE IV
De l'extirie11r, q11elqu'u11 secoue la cle11cbe de In porte. La~are
s'accote au mur et BwoU tombe a genoux. Le batta11l s'o1wrt
péniblement. Césaire parait. D'1me 111ai11 il se retiml au cbambranle, de l'autre, il appuie sur sa 11uque un moucboir e11sa11gla11té.

CÉSAIRE, ne voyant que Benolt, et reprenant baleine enlrt
chaque mot. Te ~oila, toi. ( Apercevant la mnsse de fonte) C'est avec
~a ... que tu m'as frappé ?... Je comprends ... que j'en aic
mon compte ... Ah ! tu as bien choisi ton moment ... lorsque l'Esprit ... était ailleurs ...
BENOIT. C'est toi qui me poussais a bout ... je ne
l'aurais pas fait sans &lt;¡a ••• Je ne voulais pas mourir commc
c;a ... Peut-étre que tu en réchapperas ... Nous te soignerons ... Dis seulement un mot ... dis que tu t'amusais a me
tourmenter ... et que ces histoires ne sont pas vraies !...
CtsAIRE. - ·Non, tu as cogné solidement... Ce n'est
meme pas la peine... de salir un lit... Ah ! mon pauvte
gar~on ... on s'agite ... on cherche a se faire du mal. .. on
ne se dit pas que c'est bete, et qu'on passera soi-meme...
dans un quart d'heure ... Ecoute, que je te dise ...
( Il cbancelle.)
BENOIT. --

CÉSA!RE

Lazare!... il tombe ... viens m'aider !. ..

(11 so11tie11t k blessé, mais avant que Lazare ail eu k
temps de s'approcbcr, Césaire s'est dégagé.)
CtsAIRE. - Lazare est la !... Tu étais la !. .. Tu ne l'as

pas empeché l. .. Répoods done!. .. Tu l'aidais peut-etre !...

(Il lombe sur ses 111ai11s, puis roule ti te1n.)

RIDEAU

JEAN

SCHLUMBERGER

1

�aoapda1i.cfml9k,~
~e-orJllldlU. s'acavlt . . «-. l)e li,

REFLEXION·s SUR
LA LITT!RA TUR.E
DU ROMAN ANGLAIS
• ee titre L, Ro#tan Mlflllis tle notr, '-J&gt;s, M. A
• l Londres une courte hiatoire du
Nl'lit fatre que l'honorable reproche
n►avona paa eb France d'hiatoire
un critique anglai, fminent, M. Sainta
furt' copieuae, ata roptique ~ .
el sarprend utilement le gcn\t cf1lD
iltl "1nttlnA11flais kriteparun Fnn~ ferait, d
feaq, une figure ~que A l'History of I
&lt;Al1es le roman puite une de sea niloo, d'~ d
et l'klaircissement des canctffel natio

au jour d"une Angleterre, d'une Fnnce, •
• ua cpe lea vniea ; il est Je princi
conaahre lea peuples les una aux autrea.
tebd l devenir un genre de plus en plus iat
;-;f -.cement automatique et génffll de la ]&gt;&lt;&gt;é,ie
~ llilaa, cliJla touta la litt=tures d•aujourd'hui, ,•
clee ~ u un peu comme le pasaagc, pour
petit public 1 un grand public. 11 se puse la qu
alogue 1 ce que Bnmetrere, daos la littérature du
appcUe la victoire eles geores commUD1. Un
~ lyrü¡ue, est bo~ l son pays, il ne se tradui
· , s'il trouve un bon traducteur, ne perd que
• • Et la tnduction m&amp;ne n'eat pas nbssaire
un pablic iateniational.
Elle n"eat paa likeaeaire pour un Anglais. La ¡,,ropapt~

I..-1t

roma..,_
•
•larm. ;;_·--

Ñgi l

lequel
le díager commerdal. Le r-..,
~ pcu diffieile, e:apon6 a&gt;IIIIM cié
ftffOtai~ loa6 mfme i la . . , .
..-lll'llemcnt, des jouroau 4UNid-, en

ate1ien ou phn6t Rpll'ti,ccam,eles,~,&amp;!tl-•tit-~1
lllltrnlil l clomidle, 41Ü DOlafflt
l'IOlfteat. femme.

~-iease

paMic, dlt M. a...Jley, Me&amp; callW
Mldmeoralt1 det ~ 1118
• •IPIIJIIClelpear chadier clull )a lecbn - -

--•~c.,.
r-.- ..-, Je.,_

. . . . fait fflR -

ale •

""º--

peme
ll con-.
du ¡,111,llc et la paeJlitf eles mma cblt.Jl 1e

que

d'a¡ris 11D calcul applOlimadf, clia-a,pt mifbs
Jilent au moias un volume de &amp;ctioa ,-r
'eot ce ~ nombre de cleats, •-- sir

pu&amp;ils,mioiusproliles?

aaglaia a, comme Je rat,

1U1e

queue

• le genre reste vigoure'1X et ain. Certa M,
(1 moim qu'il ne veuille peder du - -·
us) lonqu'il lcrit que « le petit
9ux au meilleun da oótrea, c¡uoique
1 hu seu1 notre production tetale ••
•
que, du point de vue de la qaalid, de 1•

lemueüdu roman aaglaisMpatele
~nat d'ailleun quela carte littáaire del dedx
·se est 11De clum, une conti~ d e ~
plmitudc praque lple, l"eedte!aeat; •
lllladent d e ~ 1 donoer daoa Jea, • • •
d"ue mme cl'art. La tUile 4e la Bu6.au
lllle llllte bien coiapc,.e, QDt . . . . . . .

�60-4

LA NOUVELLE REVOE

FRAN~AISI
IEFLEXIONS SUR LA Ll'ITÉRA TURE

les quatre ages équilibrent et fondent en une plénitude plus
savante leurs quatre plénitudes harmonieuses. On pourrait appliquer :l cette durée la phrase célebre de Strabon sur la disposition
de la Gaule par une main artiste. La littérature anglaise, elle,
est faite de trois massifs incomparables, brusquement surgís
dans une puissante explosion vitale, et dont les deux premiers
n'ont guere duré plus d'une génération : le théatre du xvr• siede, la poésie de la premíere moitié et le roman de la seconde
moitié du x1x• siecle. De loin ils n'apparaissent guere plus unis
qu'une Angleterre, une Ecosse et une lrlande. 11 est ·vrai qu'un
Anglais verra la continuité la ou un étranger la reconnait mal.
L'idée doit sans doute étre mise au point et rectifiée. En tout
cas le roman anglais depuis Walter Scott (Waverley est de 181.5)
connait, en quantité et en qualité, úne continuité, un foisonnement, une vigueur créatrice qui fonnent une durée presque
unique dans l'histoire littéraire. Pour continuer nos images
géographiques, il est dans le temps l'équivalent de l'empire.
britannique dans l'espace. Des études politiques et économiques
sur l'empire britannique sont nécessairement des études qui
concer::ent, par la connexion et l':malogie des faits, le reste du
glebe. Pareillement une étude sur le roman anglais doit nous
amener sans cesse des comparaisons. 11 concerne le fait litté•
raire, l'avenir littéraire du globe entier. Je demanderai au livre
de M. Chevalley 1'occasion de soulever trois questions, qui ne
sont pas seulement liéesa l'esthétique générale du .r oman, mais
qui intéressent particulierement le roman fran~is.

a

,.

* ,.
De méme que, par un certain coté, toute la durée de la tragédie
franc;aise, entre I 636 et 1830, tient déja en raccourci; avec son
relief général, ses pentcs de grandeur et de décadence, dans
l'ceuvre de Corneille, de rnéme on pourrait voir préfigurés en
Walter Scott les directions du roman anglais, et, comme tout
se tient, les problemes généraux qui se posent au roman et que
pose le roman.
Celui des sources du roman. Daos l'espece humaine la littérature c'est d'abord et partout la poésic et le théatre. Dans les

605

trois littémtures classiques, la troisicme ttant ccllc de la France
du xvue siecle, le roman fait ~aure de parent pauvre. Quand il
s'~nrichit, c'est, comme le bourgeois ou le paysan, avec les
b1ens des deux ordres privilégiés. Brunetiere nous montre le
roman :ran&lt;;ais se nourri~santavecLesage et Marivaux des pertes
successtves_ de_ la coméd1e, avec Prévost et Rousseau (ceci est
un peu art1fic1el) des pertes de la tragédie, s'incorporant avec
Madame de Stad et George Sand le domaine des moralistes,
avec les descriptifs le domaine de la poésie. 11 faudrait faire
aussi une place importante au genre épistolaire, qui produit au
xv~11e siecle le roman de Ricbardson, de Rousseau, de Lacios, et
qui donne sa forme naturelle aux désirs et aux ambitions de
leurs destinées manquées : le soldat qui ne re~oit jamais de lettres, et qui s'en écrit a lui-m~me pour entendre le va!!Uemestre
le ~om~er, s'_il est poete, ce sont _les pl~s belles de~ compagme. L évolut1on du roman angla1s sera1t un peu différente.
Ses origines sont moins aristocratiques. On le voit pousser au
xvm• siecle dans des boutiques d'écrivains publics ( et Dickens
ce sera encore une boutique ouverte sur la rue la plus vivante
et le courant humain le plus extraordinaire). Mais dans cet
apport des genres anciens qui constituent le crenre nouveau i1
faudrait faire en Angleterre, ou la littératur~ incline plus ~ue
chez nous vers la poésie pure, une place plus grande ala poésie.
« Ou'est-ce que Walter Scott? &lt;lit M. Chevalley. Un poete rentré, un grand poete épique, narratif, descriptif, évocateur,
lequel, déc;u et dépassé daos la poésie, prend sa revanche en
prose. II anoblit le romanen y portant l'éclat des genres jusqu'alors dits nobles. »
Et le roman est un genre impérialíste. Il y a en lui une volonté
de domination, une puissance d'absorption comparables a ceux
de la race anglo-saxonne. S'il a commencé a se n-0urrir des
reliefs de la poésie et du théitre, il esl maintenant inst«llé a
~ble_, la maison lui appartieht etc'est eux d'en sortir. Aujourd hui, en France comme en Angleterre et comme ailleurs, faire
de la I_ittérature_ c'est faire du roman_. En France, il y a vingt
ans, fa1re de la httérature c'était encore faire du théatre, commc
au xvme siecle ; de m~me que faire de la critique c'était faire de
la critique dramatique. Aujourd'bui le théatre est un monde
fenné abandonné :\ des professionnels (j'avais écrit habiles pro•

a

�606

LA NOUTELLE REVUE FRAN&lt;;:Al9

fessionnels comme on écrit éminent économiste; mais non, pas
méme cela). Et la critique dramatique qui le suit comme l'ombre
le corps maigrit comme lui. Quand les víem: br:rves qui la
défendent encare ne seront plus la. il faudra pour les remplacer
réquisitioaner la troupe. (L' Académie fait ceuvre pré,,oyante en
se muuissant de militaircs). Le roman déYore tout.
L'immense succes et le vaste rayonnement de Walrer Scott
ont, comme le dit M. Chevalley, « solidement assis la vertu du
roman ». Au-dessus d'Alexandre Hardy, au-dessous de Corneille, cet écrivain qu'on ne lit plus prend comme eux place
dans la farnille des héros cekistes d'un genre. Ce n'cst pas un
hasard si W al ter S cott parait en meme temps qu'Ar kwright et que
Pee], et si la naissancc du grand roman comcide a,·ec la naissance de la grande industrie. Le grand roman, je veux dirc
l'atclier de romans ou I'usine de romans. A partir de Walter
Scott, les grands romanciers, et au~si les petits, deviennent
des fabriques de romans, ou plutót ce qui est fabrique chez les
petits est nature chez les grands. Sbakespea.re, Corneille sont
des natures parcilles :i. la nature, et qui s'en sont détachées en
l'imit:mt, en continuant son mouvement créateur, comme les
planetes se sont détachées du soleil. A partir de Walter Srott
ce róle de (( natures » est tenu en Occident par des romanciers.
Un Dickens, un Balzac, un Dostoiewsky, un Flaubert, un
Kipling sont des natures non comme des hommes, mais comme·
une France, une Angleterre ou une Russie, c'est-a-dire comme
des réalités incorporelles, génératrices d'hommes. Si Walter
Scott ne prend pas place dans un te! monde, iJ a tracé Je premier, pour une acúon et pour une époque, leur figure extérieure, leur scheme.

*

* *

Cettc conversion irrésistible de tous les genres littéraires en
roman, il n'y a sans doute ni a la déplorer ni a l'admirer. Le
critique écrirait ici volontiers des pages comme celles de Toc.:¡ueville sur l'avenement de la démocratie, et, une fois rappelé
le troisieme volume de la Démocralie en Amérique, on se sent
en cffet envahi par bien des analogies. Reman et démocr:itie
vont de pair. Le roman s'adresse a un pnblic de plus en plus
étendu. Il est vrai qu'il en fut de méme, d'abord, du théatre,

RÉFLEXJO!\"S SUR LA LlITÉRATGRE

6or

Les mystcres_ sont une fa,;on pour les clercs, qui savent lire de
111011/ret· la füblc a ceux qui ne save t . ¡·
r '.
11 pas 1re. Et que ,ait
•
•
le
théatre de Shakespeare sinon mo11frer Plutarque les chr .
'
omques
. ar
n iennes ou Belleforest a qui ne peut les lire ;i L.. thé'
fi
d
dém
•
· ~
atre ut
~ne
ocrat1que ( dans un sens tres spécial, ajoutcrons-nous
~'lt~ pour nepas recevoir de M. ~aurras la lettre qu'il écrivit
¡ad~s a M. d Haussonville, et comme les journaux appelleot le
cohn le démocratique colin, non que ce poisson ait installé·
dans .les profondeurs
marines le sutfrage un1·\·ersel , ma1s
. parce
.
q~e so~ pnx le meta la portée de toutes les ménageres). L'impnmene et l'école ont fait du roman a son to
1
d·
•
.
ur e gcnre
emocrat1que. Et s1 la démocratie {toujours au méme sens)
est une conquéte de l'homme, elle est bien davantage encare
une conquéte de la femme, elle tcnd invinciblemeut (avec ou
contre la nature, ce!a c'est une autrc histoire) a !'égalité des
se~es ... Les adYermres de la démocratie (au sens politique)
vo1~n~ mé~e en elle une transgression exorbitante de l.a nature
fém1mne (lisez le Roma11ti'sme Féminin de M. Maurras et les.
ounages de _M. Seilliere). En tout cas la victoire du roman,
la tra~sgr_ess1on (au seos géologique) du reman sont uu peu
des v1ctmres et des transgressioos de Ja femme La
ésº
fé · ·
po 1e
mmmc est restée jusqu'ici tres cxceptionnelie, n'a paru
que c~ez quelques poetes miueurs. L'art de la composition
dramat1que a to~jours été absolument fermé aux fenunes. Ne
1'3:1"~ons pas de 1 cloquence ni des grands genres spéculatifs ou
cntiques. _Dans le reman au coutraire la femme est chez elle.
Le xvnc s1_ccle frans:ais avait déja eu moius de romancicrs que
de rornanaeres. Quand commeace avec Walter Scott fa desc~re en _bataillons serrés des romans, les femmes y ont leur
~ ace émmente. Deux des grandes natures romancieres du
~iec!e sont féminines, George Sand et George Eliot. Et si
l~ 11 ava_ís pas déja employé plus baut ce mot de nature, il me
~1endra1t a Jeur propos irrésistiblement.
. Les deux romans, anglais et fran~ais, se comportCllt ici assez
düréremmenL D'une part les femmes auteurs tíenoent plus de
place dans le premier que dans le second. Un certain nombre de
grands ateliers, comme ceux des Humphry Ward des GaskelJ
sor•é··
'
· '
a n¡ ,,· mmms.
, . Des femmes riennent une place de Racine
ng a1s, e est-a-dirc introduisent dans le roma.o (avec une par-

�608

LA NOU\'ELLE RE\'UE FRAK~AIS~

faite décence de termes) la peinture bnilante et authentique de
l'amour total: ce sont autrefois les sreurs Bronte, aujourd'hui
Miss May Sinclair. D'autre part, la différence du reman fran~is du xrx• siecle, et plus large, plus indépendant que lui, le
reman anglais peut porter sur d'autres réalités humaines que
l'amour ( auquel avec Balzac !'argent fait chez nous une rallonge,
mais encere secondaire ). Les deux plus illustres romanciers de
l'avant-derniere génération, Kipling et Wells ( on rabattra ce
qu'on voudra de la conjonction) demeurent
peu pres étranaers ;\ ses peintures, Kipling toute sa carriere et Wells dans la
~remiere et la troisieme partie de la sienne. ll est vrai que ni
l'un ni l'autre ne laisseront dans la circulation un seul personnage largeruent ,rívant : reste que dans le roman anglais,
et malgré Meredith, le département de l'amour appartient
aux femmes plus qu'aux hommes. Et s'il n'en est pas tout
fait de meme chez nous, nous avons pu voir cependant,
depuis George Sand jusqu'a nos brillantes romancieres d'aujourd'hui, le génie féminin ajouter au roman ce que de
l'amour l'art de l'homme n'atteindrait pas.
Sauf le cas exceptionnel de George Eliot, ces womm nove/ist~
sont, en Angleterre comme chez nous, des combaltantes. Le1Jr
art n'est pas désintéressé. Elles luttent pour une cause. &lt;&lt; Elles
ont été, dit M. Cbevalley, l'avant-garde des mouvements pour
]a réforme du mariage, du divorce, des lois sanitaires et sociales.
Elles ont exprimé plus fortement cette lutte des sexes qui est
faite d'amour et de haine. » Et il fait cette supposition iogénieuse « que la longue paix démocratique (?) et rnercantile ou
deux ou trois générations d'Anglais vécurent sans exposer leur
vie ait obscurément exaspéré l'instinct 'collectif et profond des
femmes, qui, elles, risquent la leur achaque maternité :11 jusqu'a
la grande guerre. La conquete du roman par les femmcs ne fera
probablement que continuer et se déYelopper, et la nature
féminiue fournira longtemps des sources fraiches pour renou•
vcler le roman. La littérature fran~ise a pris depuis quelque
temps figure d'un champ de bataille politique. Dans cinquante
ans elle sera peut-étre un champ de bataille sexuel.

a

a

a

*

* *
Enfin une question de technique. M. Chevalley nous dita

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

plusieu_rs reprises _que les romanciers anglais composent mal
(ce qui est ~n l~eu commun de la critique fran~aise). Daos
Walter Scott ti fa1t une exception pour la Fianck de Lamm _
•·¡
er
moor, qu 1 reconnait « admirablement composée ». Mais la Foire
aux Vanités est « mal composée ». D'autres encare. Qu'est-ce
done qu'un reman bien composé? Je crains qu'il y ait daos ce
mot une convention artificielle et scolaire qu'on se transmet
saos trop y regarder.
'
Flaubert se reproche au sujet de tous ses romans des défauts
de co~position, et le pr~b!eme : Flaubert savait-il composer ?
pourra1t rebyer la fast1d1euse question : Flaubert savait-il
écrire ? Quel est le roman de Balzac, de George Eliot, de
T~lstor, de Dos:o!ewsky qui soit compasé ? Si Maupassant
s01gne la compos1ti~n de ses nouvelles, il n'en fait pas autant
pour ses romans. S1 la composition était le mérite principal
d'un roman, il n'en faudrait mettre aucun avant ceux de
M. Bourget.
La vérité est que le mot de composition a un seos tres différent q~and il s'agit du théatre et du roman. La composition
dramatrque est fondée sur des simultanéités. Elle resserrc dans
le temps (trois unités), elle porte non sur des évolutions mais
sur des situations! des coupes typiques et momentanées 'mises
~n ~leine lumiere. L'exig~nce de la composition s'y traduit par
l ex1gence de la scene fa1re, qui réunit pour des paroles décisives les priocipaux personnages sur un méme espace et un
méme moment, et qui n'est par conséquent que la loi des trois
~nités la ,seconde puissance; on peut _l'appeler une composit1on dans l espace autant et plus qu'une composition dans le
temps. M. Bourget ( dont l'exemple est instructif) a échoué au
théatre parce qu'il y apportait des habitudes de romancier et
cependant e'est av~c des secrets de théatre qu'il compase 'ses
romans : aucun qut ne tourne autour de la scene faire de la
confrontation, de l'entrevue d"Agrippine et de Néro~ des
marronniers de Figaro. Mais le grand reman, le romao-n;ture,
P,our repre~dr~ l'expre~sion de tout l'heure, ce n'est pas cela,
e est de la v1e, Je veux dtre quelque chose qui change et quelque
chose qui ~~re. Le vrai roman n'est pas compasé, parce qu'il n'y
a compos1t1on que la ou il y a concentration et a la limite
.
' il ' est déposé,'
s1multanéité
daos l'espace. II n'est pas composé,

a

a

a

a

a

39

�610

LA NOUVELLB REVUE FllA '&lt;;AtsB

déposé a la fa~on d'une durée véc.ue ~-ui ~e gonfl.e et d'une
mémoire qui se forme. Et c'cst par la qu 11 fa1t concurrence non
seolcmenta l'état-civil, mais -a la nature, qu'il devie~~uoe natu~.
Ainsi se créeot la foro: et l'ltre de la Foire aux Vanrtes, du Mouli,,
511,. la FJoss (pour lequel M. CbevaUey montrc un bien
injuste dédain), d'Anna Karérrine, des Parmts Pauvres, de
t"Edur:aiion Smlimentale, des Frercs Kttrama'{ov, Lcur rcprochcr de n'~tre pas cornposés, c'est leur rcprocher d'ttre. Je
sais bien qu'au-dessous de ces mondes vinnts, il y a de belles
reuvrts pour lcsqueBes le mot composition reprc~d ~o
~ens ou plut6t réunit sous une étiquette un peu arb1tmrc
un c:rtain nombre de sens : on pourra dire par exemple que
Galsvrorthy et Joban Bojer, M. Boylcsve et les Th~raud
savent composer, et sans recourir l'esthétiqu~ dra~atique.
Cela signifie d'abord qu'ils savent conter, pms qu 11s sont
iotelligents, et puis que leur roman ~t fa1t p~ur cxéc:u;:er
une idée de romao qu'ils ont eue, qu ils ont fa1t ce qu ils
voolaient et l'ont bien fait. Mais ccux qui ont écrit les romansnature que je nommais auraient pu, eux, dire comme Flaubert :
On n'écrit pas les li\'Tes qu'on "feut. On sent que leu:s romans
ne soot pas sortis d'uoe idée, mais qu'uo monde d'1dées sort
de leurs romans. Ils se trouvent, si on veut, composés quand
ils sont écrits, mais ils n'étaient pas compasés avant J'~tre
écrits et il n'y a de TTaie composition que précon~ut. Cela
0
soit d it pour poser le probleme, un peu au hasard, par quelques
touches, et nullemcnt pour le résoudre.

a

ALBERT THIBAUl)l!T

CHRONIQ_UE DRAMATIQUE
ÜDÉo. • :

'

L'Eltrnel amour, piece en 4 actes et 6 tableaux, de

M. Bureau-Guéroult. Partition inédite de M. Félix Fourdrain.
Gnt?-:ASE : Pctilc Rei11e, comédic en 3 actes, de M. Albc!t
Willemetz, d'a.prcs Q11i1mey's, de M. H. A. Vachell.
THEATRE DES ARTs : La demoisclle de magasi,,, comédie en
3 actes, de M. Fran~ois Fonson.
THÉATRE nu \'IEux-CoLOMBJER: La Fraudt•, dr:tme en ,iactes,
de Louis Fallens. Au pelit bo11beur, comédie en un acte, de

M. Anatole France.

Antoitu decbainé, par René Benjamín.
J'ai eu de la chance. ]'ai commencé la saison avec une bien
bellc picce. C'est l'Elmui amqur, :l l'Odéon. Elle e passe en
Norwege, tout comme une picce d'l bsen. C'est toute I'imitation
que l'auteur s'est pennise. D:1:1s !'ensemble,
peu de chose
pres, un raí mélodrame, comme j'imagine qu'on en voyait
.autrefois daos les théátres du vieux boule\'-ard du Temple.
Encare yavait-il, daos ce temps-U, tout a cóté de ces théátres,
et rachetant leur art grossier, les Fuoambules avec Deburau.
Aujourd'bui, plus on va au théatre, plus on voit de pieces de
nos auteurs dramatiques actuels, plus on regrette ces meITeillcux artistes qui savaient tout exprimer sans dire un rnot. Le
~jet de l' Eler11el 11mour ? Un homme :iimc une femme, que son
frere aime ég:¡lemcnt et qui est aimé d 'elle. II la lui cede. A .
peine marié, le jcune homme, volage et aventureux, la trompe
-et la délaisse le soir m~me qu'ellc met au monde leur enfant, ce
dont elle meurt .• ·ous retrouvoos ensuitc cette enfant, une fille,
4ievenue grande, et, dan· toute sa persoone, tout le pomait de
la mere. Le jeunc bomme généreux qui l'a rccueillic et élevée
aous son toít Jevient amoureux d'elle comme il l'a été de la

a

�612
mere. Ses affaires marchant mal, il est vendu et il va ~e trouvéf
ala rue, quand le trere vagabond, rentrant au berca1l . fortu~
faite, rachete génmusement ses biens, le sauve de la rume et J.,
marie 1 sa filie. Une musique de scene accompagne ces émou,.,
vantes péripéties et la phraséologie sen_timeotaJe de l'auteur • ~
cotréet des personnages, a leurs sorttes, aux moments qu
prononceot leurs répliques les plus marquantes, quel~ues co_
de cymbales bien appliqués se font eotendre, p_our ~1e~x atttr-.
l'attentioo du spectateur. C'est la seule fa~on, Je cr01sb1en, d&lt;&gt;lllti
l'~uvre de· MM. Bureau-Guéroult et Fourdrain a_ura_ fait da
bruit et il cst a cr1indre que leur Ettrnel amour so1t bien

sager.

. ».:....
J'ai w ensuite, au Gymnase, ~ne autre ?iece, Pet,te .-....,.

tirée paratt..:n, d'une piece anglaise, et qui a quelques
d'am~sement, tout en étant une chose assez in~ignifia?te. 1
ginez un personnage de vieil antiquaire pré~ent1eux. ~t 1gn~~
qui ,it dans l'émerveillemeot des pieces umques qu il cro1t ~
séder, et qui n'a chez lui, en défioitive, que des faux et des n:'5'
quages. Sa filie, qu'il a élevée daos ce décor, comme- une petitt
reine aune taut bannemeot le cammis de la maison et al
aimé~ de lui. Le pere se récrie, la mere est indulgente et •oat'lti
rellement cela doit finir par un mariage au troisieme acte qui
je n'ai pas vu. M. Harry Baur, ~ui joue l'antiquair~, est mi
comédien a la fois cxcellent et bien aga~ant. M. V1ctar 8c,ai;
cher, qui jaue le nile du cammis, a _taujours sa drólerie. J"al,
retrouvé la, l\"ec surprise, M, Janv1er, daos un personoap
insignifiant ... Qui naus aurait dit, il y a vingt ans, que nout
verrioos un jour M. Janvier daos des róles de cette sorte ?
Les pieces de MM. Fran~ois de Curel, ~enri Lenorm_and ei
Fernand Noziere n'ont pas porté chance a la Coo~érauve ~
auteurs dramatique. que M. Rodolphe Darzens ava1t accueilHt
au Théátre Jes Art~. Qu'on ne croie pas, quand j'écris cela, qu
j'y mets de la matice. Les pieces Je M. Frao~ois_ de Curel OGl
beau me faire joliment rire, celles de M. Henn Lenonnan4
n'étre neuves qu'en :1pparence, - sans compter lcur ~que.
d'intérét général, - et celles de M. Noziere n'étre qu:habilCC,
scénique, je ne demande pas qu'on ,ne le~ i?ue pas et J~ ne~
réjauis en rien de w ir dispar:tltre l assac1at1on dramattque ,Ples a jouées. Je peuse méme, au cootraire, qu'il y avait la UQI

6tJ
ede plus, avec l'CEuvre et le Vieux-Colombier, pour des ~uwa intéressantes que les autres théatres ne venleot pas accueil• Ce qu'il faut dire, c'est que c'eat une chimere de vouloir
• au public d'autres ~vres que celles qu'il aime et de
«oirc qu'tl saura les apprécicr. L'éducatioo artistiquc du pu? l'art pour le peuple ? tout ce qu'on a révé dans ce sens ?
Autant entreprendre de rendre intelligcnts et sensibles les gens
:tui ne le sont pas. Vous n'empécherez jamaisque certainesgens
e plaisent mieux au café-concert qu'l une piece d'lbsen et
entendent mieux les polissanneries de ccrtains vaudeviUes que
passion de Racine au }'esprit de Beaumarchais. C'est méme
qui fait la vaJeur des pieces d'Ibseo, la beauté de Racioe et
esprit de Beaumarchais de o'étre pas entendus par eux. Je suis
d'exprimer de tels lieux commuos. J'ajouterai que tout est
ainsi. ]'ai harreur des rustres qui font des graces et j'aime
eux un brave imbécile qui se satisfait de choses a sa mesure
e Je méme faisant l'enteodu a d'autres qui l'ennuient en
. Qu'on laisse l'art tranquille. Notre époque n'a déjl
que trap de choses. Qu'on ne se méle pas d'enseigner ce
· ne s'enseigne pas, ce qui est don, sens, aspiration, compr~
ion naturels et, malgré tout ce qu'an peut dire de conitrlire, l'apanage d'une élite. Les choses ~ apprendre au peuple
manquent pas, auxquelles il est d'ailleurs aussi rétif. M. Rolphe D:lrzens a fait ¡ouer au Théatre Moncey, dant il est égaent directeur, une piece de M. Uon Frapié: La Matenulle,
· aurait du avoir de l'intérét pour les habitants du quartier
s lequel se trouve ce théatre. Combieo ont été la ,•oir? Us
'ent bien mieux le café-concert voisio ou tel cinéma avec
films rocambolesques et ses apathéoses de cabotins et de
botines, le résultat le plus clair du cinéma préseotemeot.
is le temps que la plaisanterie dure, avec le théitre pour le
ple, les musées du aair et l'art pour taus, les gens qui y oot
devraient en étre revenus. M. Rodolphe Darzens en est-il
euu pour sa part ? Toujours est-il qu'il a rouvert le Théatre
Arts ades reuvres d'uo geore plus couraot que les producns de la Coopérative des auteurs dramatiques. La demoisell, tk
'11.sin, de M. Fran~ais Fooson, avec laquelle il a commencé
saison, est d'ailleurs une excelleote comédie, pleine de
beaucoup d'endroit1, avec un comique aussi sór que

i.

a

�LA NOUYELLE REYUE FRAN~AISE.

bien observé. Si toutes les píeces qui nous sout offertes en géuéral dans nos rhéátres et qui n'ont d'autre prétention que de oous
di!traire, valaient celle-ci, nous aurions moins nous plaindre.
La mise en scene elle-méme a son agrément et c.haque róle est
tenu parfaitement, par des comédiens pleins de naturel dans
leur débit comme dans leurs attitudes, M. Fran&lt;;:ois Fon50D luiméme en téte.
Le Théatre du Vieux-Colombier a fa.it une excdlente réouverture avec La Fraude, drame de Louis Falleos, un écrivain
beige, et Au petit bonheur, une comédie rapide de M. Anatole
Francc. La Fraude meten scene. des contrebandiers fl.amands i
la frontiere hollandaise, daos lenrs ruses et leurs conflits avec
les douaniers. Il y a la un tablcau de mreurs extrémeiuent
réussi, "igoureux, plein de coulcur, attachant et remarquablement mis en scene. Le merveilleux, I'admirnble amour, qui
pousse les hommes au..'t actions les plus osées, tantót nobles et
tantót basses, y circule et y met sa passioa, son eo.chantement
et sa détrésse. Je n'étais pasa la répétition générale. j'ai vu la
piece un jour de public, un public fort élégant. ll ne m'a p:ü
paru qu'elle fut appréciée comme elle mérite de l'étre. Est-ce
parce qu'elle met :\ la scene des personnages qui ne sont pas
irréprochables au point de vue social? Le vieux fraudeut
Libar, un moment, parlant d'une rencontre possible avec un
douanier, lequel pourrait y succomber, a ce mot: (; Baste ! un
douanicr n'est pas un homme ". ll parle la en homme qui a Je
goüt Je yivrc sans entraves et pour lequel un douanier n'est ni
un homme libre ni un homme qui a le sens de la liberté. JI Jit
vrai, d'ailleurs. Accordez-vous qnelque valeur au fait d'étre un
homme ? C'est un fétichisme, pour ma p:irt:, que je n'ai pas.
Mais si vous l'avez, vous etes bien forcé de reconnaítre que quiconque assume a. un degré qu.elconq11e un r61e de surveilfance
ou de répression sur autrui est fort déchu. La société est uue
belle chose et on ne saurait trap admirer les mille détails
de son organisation, mais la vraie morale humaine offre
d'autres points de vue. On peut peoser que certains métiers,
que je n'ai pas besoin de préciscr davantage., et qui vont de
celui de magistrat celui du demier des sbires, n'ont ríen de
flatteur pour ccux- qui les exercent, et qu'il vaut mieux, pour
l'estime de soi, l:tre contrebandier que d'i!trc gend:trme.

a

a

CHRONIQUE DRAMATIQUB

L'interprétation de La Fraude est excellente. La troupe du
Vieux-Colombier n'est décidément composéc que de gens de
talent et qu'oo devine sans cesse occupés de f.a.ire mieux.encore.
M. Romain Bouquet, par cxemple, que j'ai vu jouer peu pres
da.ns taus les spectacles du théatre, m'avait paru etre toujours
le mt:me, comme débit, allure et physique. ll a été, cette foisci, a tous ces points de vue, un tout autre homme, transformé
exactement la mesure de son róle.
Une jeune femme est courtisée par deux hommcs: un sauvage, un bourru, au.x seotiments ardents et exclusifs, peu
habile ame belk:s paroles et aux manieres de salon, - et un
jeune bellitre diseur de riens agréables, coqueluche des
femmes, voyant l'amour comme une partie de plaisir, et uniquement désircux. de l'ajouter la liste de ses cooquétes. Elle
se décide pour ce dernier, tant il est vrai que les femmes aiment
surtout a. ~rre amusée~ et fl.attées et que l'extérieur compte seul
pour elles. C'est le sujet de Au petit bo11heur. Le dialogue est
agréable, et, en m~me temps, insignifiant comme cette jeune
femme et l'homme qui lui plait. Celui-ci, prié par elle, au cours
de sa visite, de luí écrire quelque chose sur son album, y inscrit
sans scrupule cette « pensée » : « L'amour est un ruisseau qui
reflete Je ciel ». On nous apprend dans la suite que c'est la du
Renan. Cest unt jolie nfaiserie.
M. René Benjamin, qui a écrit sur les Justius de paix de Paris
un livre in.finiment amusant, plein d'observations vraies, a
publié, sous le titre Anloine décbaini 1 , une sorte de rep.ortage
qui a fait du bruit. M. Antoine partait
Arles tourner le film
de l'Arlé.&lt;:ienr..e. M. René Benjamín l'a accompagné. 11 nous le
montre la dans taus ses faits et gestes. Rien d'inventé. Aucune
fiatterie. Aucune transposition. M. René Benjamín nous le dit
des le début: « Homere appc!lait Achille Achille, Hector Hector. » IJ fera de mi:me. U proteste d'ailleurs cbaquc page de
son récit de son amitié et de sou admiration pour son modele.
Nous a,ons done la un portrait véridique de M. Antaine. On
va, par quelques cxtraits, juger de sa séductiou.
M. René Benjamín nous montre d'abord M. Antaine daos

a

a

a

a

a

a

I.

Les CEut'rt.s libres, vol. 3, Fayard, édit.

�616

LA NOUVELLE REVUE FRANr;AISE

son intimité, chez lui, le dimanche, quand il re'roit ses amis et
toutes autres personnes qui désirent le voir:
II reste chaque dimanche chez lui pour recevoir. Une piéce pour les
amis, une seconde pour les raseurs, et il va de l'une :i l'autre, expédiant ceux-ci, s'attardant pres de ceux-1:l., a moins que soudain, s'imposant .l soi-mtme une sorte de pénitence, il ne subisse volontairement
le discours d'un importun. 11 se met a l'épreuve pour voir un -peu. 11
s'enferme avec le fachcux, qui est dans le ravissement. Doux et résigné,
Antoine écoute, il approuve, il sourit. On l'attend; il ne revient plus.
Quand tout a coup, les amis a coté entendent une explosian formidable. C'est Antaine qui éclate I Est-ce que l'indiscret a été trap lain ?
II se croyait pourtant triomphant mais le voici noyé daos un débordemeot de rage, tel gu' Antoioe seul en peut avoir. Le pauvre, terrifié,
preod la fuite ; une porte claque : Antoine reparait.
- Ah ! le salaud 1
Le masque d' Antoine, dans ces minutes-la, est inoui d'expressioo,
a la fois passionnée et blagueuse ; il ne sait plus s'il doit rire ou se
f:kher encore ; il vient de « gueuler » comme il dit, a cet imbécile pernicieux que c'éta'it trap, qu'il y avait des limites, qu'il vou!ait le vair
immédiatement décamper. Puis l'autre disparo, il se juge et i1 s'amuse.
Son reil frise et sa bauche gaguenarde répéte :
- Ah I le salaud 1
C'est une de ses phrases préférées.

M. Antoine, malgré le travailde toute sa vie, n'est pas riche,
et, comme tous les gens sans fortune, il s'habille comme vous
et moi. Il semble qu'il s'en fasse gloire d'une fa'ron un peu
ostensible :
- Je n'ai pas le sou, moi, pas un Iiard I Peux pas m'habiller comme
monsieur de Fouquiéres I A mon :ige, je me coucbe a une heure du
matin et me leve a sept, pour gagner de quoi bouffer !

M. Antoine, comme tous les comédiens, est enthousiaste du
cinéma. « Sa grande beauté, dit-il, c'est qu'on turbine en pleine
nature. » Entendez qu'au lieu de prendre des poses, de trouver
de¡ effets et de se ¡lonner des airs inspirés au milieu d'un décor
peint, on fait tout cela devant des arbres et des maisons pour
de bon. Tourner cette niaiserie qui s'appelle I'Arlésien11e l'a
emballé, positivement. Nous voici Arles. M. René Benjamín
arrive pour le rejoindre et, saos savoir daos quel hotel il est
descendu, il le cherche. Il le trouve, ríen qu'en reconnaissant
son vocabulaire :

a

CHRO~IQUE DRAMATIQUE

- Nom de Dieu !... •
&lt;;a, c'est Antaine ... C'est partí du premier de l'hótel derriére ces
rcrsienn~s-1:1. ]'entre, je monte. Je ne me suis pas trompé. I'entends:
,I parle, 11 « gueule »••. I1 parle a deux faruómes qui ne bougent ni ne
souffient:

Je

, - Puisque je suis .,revé et que je ne peux plus mettrc un pird devant
1autre, vous allez tnmer .i ma place ... Il fait chaud? Collez-vous tout
nus, je m'en fous, je ne suis pas de la police, mais travaillez.
Ces deux fantomes, l'opérateur et le régisseur, sont ensuíte
rencontrés en voiture par le « patron » :
- Qu'est-ce que vous foutez la a vous baguenauder dans une
bagnole?
C'est Antoine sur le trottoir, qui burle en se tenant les reins.

a

M. Antoine a besoio son tour d'une voiture et il arrete un
cocher. Il se trouve que celui-ci sait son nom :
- Ah I elle est forte, dit Antoine. Camment est-ce qu'il me connait, celui-Ja ?
Et il le regarde en deux bonds gagner l'autre baut de la place.
- C'est épatant comme il est foutu 1
L'autre revient, riant toujaurs.
- Et cette gueule ! dit Antoine. II sort du bagne, ce type-1:i f
M. Antoine, qui est arrivé malade, ne va guere mieux. JI
poursuit néanmoins sa recherche du site nécessaire. 11 l'a
trouvé. II fait arréter la voiture, verbeusement admiratif. Nous
voyons en méme temps reparaitre le comédien, pour qui toutes
choses se transforment en tableaux, en poses, en effets, en trues
scéniques. M. Antoinen'a rien envier au sociétaire de la Comédie fran'r3ise qu'il raille si plaisamment:

a

Naus descendons vers Je Rhóne. Soudain, i1 crie :
- &lt;;a Y est ! J'ai ce que je veux ! Magnifique I Benjamio, regardez
~ !. .. Et vous, arretez done, nom de Dieu ... puisque vous m'enteodez
gueuler que c'est admirable 1
II descend et geint :
- C'est ledernier film que je fais. Je vais y 1ester. Je vais m'effondrer tout d'un caup. &lt;;a pcut d'ailleurs étre épatant. Si l'apérateur n'est
~ une buitre, il taurnera ~a : Antaine ralaot sur les routes ... &lt;;a peut
faire de !'argent. Tous ceux qui n'oot jarnais pu me sentir en vie viendront me voir crever.
On tourne le film. M. Antoioe n'est pas content d'un artiste.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN('.AIS!t

- C'est tres mauvais, monsieur ! Vous ne pensez pasa ce que vous
jouez ! Vous jouez avec votre deniére: on s'en fout de votre derriere !

Une boite u ordures se trouve dans le champ de l'appareil.
Quelqu'un l'a poussée du pied un peu al'écart. Le fondateur
du Théatre Libre ressuscitc, du coup, et exulte:
-&lt;;a, c'est fort I crie Aotoine. Voulez-vous me laisser cette saloperie ou elle cst !. .. Ah l c'est effarant ! lis s'y mettent tous l Vous ne
voyez pas que cctte boite a ordures c'est de la vie ! La vie 1 Combien
de fois faudra-t-il que je gueule ce mot-la ! Pour i'amour de Dieu,
n':mangez pas la vie !... Que j'ai soif l. .. Saloperie de tempémture ...

Une scene ne marche pas. M. Antaine s'en méle. 11 parait
que c'es-t prodigieux. Tous les comparses communient dans
l'admiration. Le sociétaire traite M. Antaine de « Napoléon du
théatrc &gt;&gt; et M. René Benjamín lni-meme en devíent presque
lyrique:
Mais Antaine, pmir indiquer la scéne a Mitifio, se met cette fois ala
jouer lui-méme. JI marche vers i' Ariésienne, les épaules rondes,
ramassé sur soi. Le visage ei,:primc la haine. Les poiogs sont serrés, les
bras teudus. On sent qu'ii la tuerait. Brusquement, il l'empoigne. Une
rage le tiern. Elle ne pese pas dans ses doigts. 11 la fait tourner. Sa
bouche est sur la sienne. I1 aurait peut-etre envie d'un baiser, il crache
une injure. Et, brutalemeot, il la jette dans le couloir de sa maison, oil

elle s' écroule a reculons.

La scene a été si violente, si passionnée, si belle, il s'est montré si
fort, si humain, si vrai, que le peuple, l'humble peuple ignorant, pris et
bouscule malgré lui, a un (&lt; Oh 1 » d'admiration, qui est un succi:s
imprévu et touchant. Antoine en est ému C'est une des minutes poignantes pour lesquclles il travaille. 11 les guette, les chasse, et il les vit,
comme un tireur, qui tient dans ses deux mains tout tíede un oiseau
merveilleux.
D'autTes fois,

M. Antome est content d'une artiste

et

il la:

complimente :
- Vous ne pouvez pas vous douter de la gucule admirable que vous
avez, devant cet borizoo de montagnes régulieres. C'est du méme
style.

Enfin, la séance de travail est tenninée. On s'assemble pour
déjeuner, et c'est encore du meilleur théatre, - toujours un
peu libre.

CHRONIQUE DRAMATIQUE

619

II (M. Antoine) arrive grommelant daos le pré ou s'est réfugiée la
troup.:. et furicux, ¡¡ dit :
- V~us n'avez mer:1e pas été foutus de préparer le déjeuner ?
Ce_ n es~ pas fautc d y avoir songé. lis o 'ont pas eu d'autre pcnsée
dep~1s qu on _les ª. chassés_ de la cour, car ils sont venus rctrouver le
pamcr ~u~ vict_uaille.~, et ils se sont demandé deux heures durant .
« Faut-11 1ouvnr ? Faut-il le laisser ? Si on l'ouvre il gue l
. . .
le laisse... »
.. .
u era ' s1 oo

, lis l'ont laissé : il gueuic tout de méme. C'est un prétexte ; il est
d une nature volcanique ; il faut tou¡·ours s,atten d re á une éruption.

eeJle-ci est grave.

11 s'assied au pied d'uo arbre :
- Je veux toutde suite manger et boire.
Alors,
sont dix a la fois a ouvrir le paoier et a se ruer vers luí
avec serv1ette, couverts, nourriture et boisson.
- Patron, préférez-vous du saucisson ou des sardines ~
- Je _m'en fous, monsieur, je veux manger I Je travaille comme uo
cheval, ¡e me creve, et j'ai le droit de manger 1
_Alors, on lui met de tout ce qu'on trouve daus des assiettes, et on
lu1 teod des verres pleios.
Il dit : « Pos-ez tout &lt;;a !:\ ! »
Pui~ il commence á av&amp;!er, oerveusement, furieusement. II m:mge
des ohv~s sans arracher les noyanx, du jambon sans enlever le gras
d~ sardioes avec la peau et ies aretes. Il mange des cerises et un;
poire, et apres du veau froid, et il ne cesse de fulminer seul cont e
'
r
son arbre.

'.is

_Tel est, en ~accou1rci, et d'apres le récit de M. René Beujamm, _M. A~tome. L:auteur a eu raison de nous dire qu'il ne
flatta1t pomt son modele. L'impression est telle, au moins
pour mon gm'it~ qu'on n'a aucune envie de le conna1tre.
MAURICE BOISSARD

�NOTES

62r

pl~s radicaleme~t t?uchés par la dépopulation, l'Armagnac, et
qui cependant na nen de mélancolique.
*

ALBERT THlB,\UDET

* *

NOTES

CRlTIQUE ET HISTOIRE LITTÉRAIRE
RÉIMPRESSIONS
VISITES AUX PAYSANS DU CENTRE, par Daniel
Halévy (Les Cahiers Verts).
Dans les Cahiers de la Quim._aine, il y avait les cahiers que
Péguy avait justement nommés les cahiers de c'ourriers. 11
faudra que les Cal.ríers Verts aient aussi leurs cahiers de courriers. Voici le prero.ier. M. Daniel Halévy est retourné, avant
et apres la guerre, chez ces paysans du Bourbonnais dont il
nous avait déja parlé dans Pages Libres. Ce ne sont pas des
visites satiriques ou pittoresques, M. Halévy sait que dans le
tablean qu'est la France les dessous sont faits de réalité
paysanne, et i1 a étudié ces dessous, longuement, dans une
familiarité affectueuse. Il ne se met pas en scene. II laisse
parler les gens dont il fait les portraits. Et le paysan, si
optimiste dans son action silencieusc, est toujours pessimiste en paroles. Ce qui est plus grave, c'est que M. Halévy
partage un peu ce pessimisme. La terre qu'il étudie lui
semble une terre qui meurt, menacée par le mal qui l'a
déja desséchée ~ la fin de l'empire roma.in, l'oliganthropie.
Songeons c;ependant qu'elle a connu, dans l'histoire, des
périodes plus dures, et qu'elle s'en est relevée. M. Halévy
termine son voyage par une visite au chateau de Lamartine,
S'il avait poussé un peu plus loin dans mon pays, sur la
Satine et en Bresse., il eut pu arriver a des coaclusions un peu
différentes de celles que lui ont dictées ses centraux. Les
Cabiers Verts nous donaeront peut-etre d'autres enquetes du
meme genre. En attendant voici le livre de M. de Pesquidoux,
Chez Nous, qui nous fait visiter un des pays de France les

SAINTE-BEUVE, par Gustave Michattt (Hachette).
La Ii~rai.rie Hachette reprend apres une longue interruption
la pubhcatwn de ses monographies d'écrivains. Le Sainte-Beui•c
de M. Michaut rendra rous les services honnetes qu'on peut
attendre d'un Hvre de ce genre; il ne renferme aucun point de
vue nouveau. Le vrai tribut apporté par M. Michaut a la
mémoire et a l'explication de Sainte-Beuve demeure son
énorme livre sur Sainte-Beuve avant les Limdis, solide et qui
abonde en documents bien digérés. S'il l'achevait par un second
volume écrit avec la meme richesse et le méme soin il en
ferait un ouvrage auquel son nom resterait attaché et qu:on ne
recommeacerait pas. Cela vaudrait mieux qu'un précis quí ressemble a beaucoup d'autres (te! le dernier, celui de M. Choisy)
et auquel beaucoup d'autres ressembleront.
ALBERT TIIIBAUDET

JEAN DE TINAN, par André Lebey (La Connaissance).
Jean de Tinan, mort trop jeune pour laisser une trace profonde dans la vie littéraire, a laissé au moins une trace brillante
dans la vie anecdotique de la génération qui va atteindre la
cinquantaine. Et Aiinienne ou le Détozmiement de mineure était
une reuvre charmante. M. Lebey, qui fut 1'amí de Jean de
Tinan, rapporte dans ce livre de souvenirs quelques agréables
anecdotes et il nous donae !'origine authentique d'Aimi'e11ne, ce
qui fait toujours plaisir a savoir.
ALBERT THIBAUDET

LE DRAGEOIR AUX EPICES, par J..K. Huysmans
(Cres).
. Cet objet contíent des épices assez semblables a ces gros
p1ments verts et rouges en sucre peint qu'il nous était permis
ou défendu d'acheter, dans les contiseries des faubourgs, quand

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISE

ou

nous étions enfants. Le livre s'o1.1vre sur un méchant sonnet
s'allonge un vcrs digne de figurer dans Coppée ou Manuel ( du
parlait versificateur) :
Tels s,mt l~s principa11x S1tjets que j'ai traités.

Des images grossierement colorées, des notations « impressionnistes » mais ou l'impression ne frappe presque jamais )'esprit du lecteur, et seulement sa vue, son odorat, son ouie. On y
releve mi lle naiYetés : a. Je te méprise et je t'aime ! .a dit l'auteur
sa rnaitresse qu'il appelle « ribaude infame ». Plus loin, daos
Varialio,imr un Afr Connu, il défleurit la houlette de "Némorin
et les chcveux d'Estelle; il montre sa maitresse daris une attitode
qu'oo ne saurait décrire : accroupie au coin d'un bois, la jupe
relevée ! L'¡mteur regarde la vie travers des lunettes naires
alors qu'on aimerait plutot
la voir en rose. Il a de jolies
pages sur la Bievre, le Point du Jour et les cafés cbantants, mais
tout cela ~crit d'une encre trop naire, sans érnotion, sans amour.
Huysm:ms a vieilli. Il nous scrait difficile de peiudre un monde
aussi laid, que nous créons uotre image ...
Te n'oublie pas de citer un charrnant détail innttendu: 11 .)'aime
par-dessus tout, j'aime en mourir, ton nez, ton petit nez 1 »...
L'auteur avait voulu que ce drageoir füt rempli d'épices
:ipbrodisiaques ; les années ont altéré leur vcrtu ; aujourd'hui
nous trouvons quelque pc:u éventées ces vaines dragées d'Hercule.
GEORGES GABORY

.a

a

a

y

a

a

*

LA LANTERN'E MAGIQUE, par Théodore de Ba1wille
( &lt;e

La Connaissance »).

a

Dans sa préface, Banville range la Lanlerne lvlagique la
suite des « Fantaisies de Gaspard de la Nuit et des Poemes en
Prose de Baudehire 1&gt;, Ce serait Jui faire le plus grand tort que
de le prendre au mot et de mesurer ces fantaisies parísiennes
la méme aune que les « proses » d'Aloysius Bertrand ou de
Baudelaire. 11 s'¾,17Ít bien dans les deux cas, comme le dit encore
Banville dans sa préface, de « compositions assez courtes pour
étre lues en dcux minutes :1&gt;, mais toute b ressemb!ance se
borne la.
Ce que cherche Banville, ce n'est ni, comme Bcrtraml, l

a

WOTES

6.23

tran~poscr Callot, a réaliser des eaux-fortes verbales, ni, comme
Bandelaíre, s'énder de la prosodie pour mieux conformer
son rythme intérieur et plus librement traduire les plus vaporeux
et les plus secrcts de ses rt!ves. La raison d'etre du poi!me en
prose - ce Saint Jean-Baptiste précu.rseur du vers libre- il
ne semble meme pas la soup&lt;;onner. Pas un instant, il ne soup~onne ce qu'un Gustave Kahn et un Jules Laforgue dérivetont
de la, ce qu'un Rimbaud en a déja tiré, encore moins a Jc,rtiori
ce qu'un Max. Jacob ou un Pierre Reverdy en feront treute-cinq
ans plus t::rd. Cct absolutiste de la versifica ti oo apparait ici dans
la posture ridicule de Louis XVI prctant serment a la Constitution et appretant lui-merne l'échafaud ou il périra. 011i, ce
&lt;)Ue cherche Banville, ce n'est ni rythme, ni quíntesscnce, maís
simplement utiliser le trop-plein d'une verve pailletée de
jGurnaüste, prodígieusernent riche et variée.
C'est pourquoi si cette Lanterne Magique ne présente aucun
intéret, ou un intéret purement négatif, tlans l'histoire du pocme
en prose, elle demeure, considérée sous l'angle qu'il faut, un document précieux et, dans son genre, peut-etre un chef-d'reuvre.
On y retrouve tout ce qui mérite de rester de la chronique
parisienne dn second Empire et du maréchalat de Mac.-Mahon.
Toute cette mousse boulevardíl:re, du temps ou le« boulevard »
était tellement provincial, tout cet Aurélien Scholl, tout ce
Chincholle, tout cela serait définitivement é\•aporé, si Banville
ne l'av~it pas fixé durablement ici
I'aide d'un peu d'authen~
tique poésie. Ce sont des échos, des nouvelles la main. des
entrefilets, des chroniquettes qu'il nous offre, et qui ont certes
vieilli, mais qui n'ont point perdu leur cbarme. Ce charme qui
est dans les dei;sins et les légendes de Gavarni et de D:mrnier,
ou merne de Cham et de Grévin, rnais rehaussé d'un o-rain de
lyrisme. II y traine des restes de l'époque Louis-Philippe, du
Balzac et de l'Henri Monnier. II y a les négociants de la rue
Saint-Denis, la noblesse légitirniste un peu déchuc, le poete
pauvrc qui dit toutes les cinq minutes : a: nous illltres poetes » ,
et de touchantes allusioos
la misere du pcuple, saos oublier
les accessoires du temps : le porteur d'eau Auvergoat, le bal de
l'Opéra, le cnfé Tortoni, qudques :mtresencore et aussi page 213
o: la femme idéalcment capíteuse qui en un instaut vicnt de
rendre Paris fou d'amour ll.

a

a

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a

a

�'~

Mm e.qui - r.-.,...w. et qlli, maltñ la
a.•da Cellt, a e - -pluffllllu,c'a&amp;la,-le
de oe 11oa 'tlln - . . J• ...._li, bleade■ pohie■ •
d'aa¡-d'hal pllllr _ , . _ - - cella-el (et elle■
deot): 1Rila■ l ~ Mapel-. ~ c'at"toat
w ,111111;1 - . - d'6cmilw et au
cupa, »1111' '-l1lllle
vel'Ñ 11D ■imple jm
de penlrlr.
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ra1

•••
LES YEUX NEUFS, pu Lw:im Doud {Ha!~
aatoar da ¡_,,.¡ e

-.nit-Upae ~ la báitien &lt;f'Alpboa•
pulier • lov-■ al,c,adan11 cune11. (Ne poairnielll-ültl
. . . 1liilller poar doaner - bomie 6lillon
et llocamCllla!N de -■ - - complfla, qal -1t la
_.?) Ea - cu la lillfflllU'e lle lllffllOire■ a'a pu
. . . . fmllle. Apña ceu d'Alphome et d'Ermc
filrt ..-W- ■--in de Madame Alphome Daadet 11
. _ de M. IJoa Daadet, pdl&amp; de 'ftrve, ele atyle
et ele , - ~ YOid qae M. Lacia Daadet ajoatl
la r- N-Js aia dnqalmie aom 1 notre liatc. 0n ae
rica imaper ele phll diftrmt lle Fa1611us et Y-ir ~
a plu ele v i - que de fant&amp;ma). Le Une at en
tel-, nec: pea cl'anecdota, et de joll, et d•III!
.adaa11d'enlut dom. Pal e mmioimde la 9ie
maili a.,a-,-,m de la vie, qal ne •'impooe pu et qa1
wnlt ane mwne.pndnr d'aisffl'. N'ayom pu le
p6t de &amp;lidler M. Lacien Daadet el'~ lli pea
.
N'allou pu non pla■ juc¡u'l l'en plainclre, notom
ant ceae Upe d'~hnloa dan■ ane familJe lilláalre.

HENRIAI.tts.

U

ll

CJ11C a'apelsentpoiatJe■- &amp;mlliaw. ,.., ~-

da q11&amp;1re ~ - doat l'11a íat pab1U l la N...r,
FrtlllfM# ea 1,11, et qae Jeaa Ridiard J11ec1i lfaalt a
·e de rE/ort. Partir... Pu deu foia U eau 11 •
• Et 111ccaaivemeat le del de Puu, pai■ cela!• Jb6.
jclmat bu la írtle figure. 11 lal arrmit de diN • , .
da son dont iJ se sentait le joaet. Pounaat IJ ue livrcr. Abattu, mewtri, 11 • relevait l ua sollllle ~
l'oiseauoabliaatronae, ll ~ d e , . _ _ _
_ , ratera de lal que de poi:aa, ,_ lle .....
; la dOIICelJJ' de■ aube■ reaalsantet, ele■ e■po1n qa1
le rfe.l, ,'y mtle malgn! 1ou, a la m&amp;acolle dea so1n
trop t&amp;t, da abaadoas noin, et elle la ..._, et coaa11 Heari Alia ea les reliunt ■e IOIIVÍl!ldroat de
d'ombre joaaat avec - de soleil, et U. y venoat COlllllle
bole.
nux -.,AVX

°ir

Sus~ le bralt f'alt

•••

~

. . . ailleetclelarille,deto111a1t. . . . . . . . .
• fantllale -.. ""lfl 1m, et • 11 ner I at 1p1e •
la 8eur de chaqlle olljet. Mei1 ~ clacJN llllii ]e
limder, - -•lcfedet lomlllni; kdñou,idli..it'

AJ.UIT

POÉSIE

Bearl Alik vleat de moarir - aneiadre 1 soa mWI.
e6t ch\ lai ftn Waa"e- nu.- Laaguedoc, au mlliea •
et clea Yigna, oa se 16t pla 1 l'"unagine- chamat, . _

•••

URSA PRENDKE, par Gtortes Gt,/;ory, W~ dt
aux-fortes de D. Galams. (F.dirions du o:....:...ire

..,.....

).

premier livre d'11n 10111 jeuae ~ a le c:hanaut apei:t
album de rolDIDCel orai pu M. D. Galaaia de Yifaeau
jlale111e1 oll les lleun prellDC!lt le■ lttitadea limpia et
ta q11'oa lear volt dan■ les plaacbes dr h
1,-.
(¡leoraes Gabory, dibutaut clw les lettm, 1'offi-e bardlmcat
e ele cbamer les «oiles, les coloml,a, Je, ~
au lieu de pbonognpbes, de fila IB'cnpbNion, di
~iaes. Et ll a'a pu atteadu poar cela que
pn,,,
d11 cladai- &amp;tigui de Weber l'oun 11011U111 Vimodemc,
a pour tfte un mlllellr et poar derriue ua taWeaa •
lit doaai le •igual da e mour l la roae », l la Joll/,

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~., .r J '

.

�629

O t'OUS, profond,ur trún,1¡,ha/1,
I'iruiste ,ncor, ww l, WJ't 1
O 1/0IU, trop aimabl, surfaa,

macabre cocasserie, et respirer des roses

a l'odeur de cadavre,

tendues avec la plus exquise courtoisie par le geotilbomme aux

belles mains qu'est André Salm~,a.

Commlffl fait~ pour s, ""J" 7
btilités un peu confuses on découvre une
d
A travers es su
• d Lafor e et d~
'b'l'té vraie et panni les souvemrs e
gu !odie
sens1 1 1
,
out de la mé
Mallarmé un instinct du rythme, un g
1•· d'
.
..
10rend
ice
• carrée ,. qui paraissent bien
dre,
po ur. le moment,
,
d'
prit rebelle aux attitudes systématiqucs, qu on app
un:rrespondance, daos les revues spéciales qui propagcnt CD
par
les bobards de terrasse du café de D6me.
.
pays étra.';8~eux de voir les poetes, aprcs maints et ma1nts
1l semdans le labyrinthe ou Rimbaud les enferma, s:engagcr ,l
des musiciens, daos une voic plus aisée, cordiale, famtla" te
.
1 re, p. 17 • dit l'autrc, le formidable spectacle- dc-la-v1~• Ma1s a on, - ustcment il y a les faits-divers des qu~tl•

t:::~:
n

f.:

11:
:~:~~~~-~tes Jont réuni quelque~ p:13ti~es as;:
. c'est tou·1ours un peu trop sub1ect1f. art p
ma1s
.
ROGf!R ALLAID
réfugie dans les 1oumaux •

LE ROMAN
L'ENTREPRENEUR D'ILLUMINATION_S, par And"
Salmon. (Editions de Nouvelle Revue Fran~1se).
d'Jllumitiations, je crus
que le
A 1,annonce de l'Entre1trmeur
r'
•
p~te du Calumet allait faire revivre quelques figuresb s;?gu 1 Je
du Romantisme et des demieres années du ~ym o 1sm_e: ue
. .
1 e • du titre qu'il opposatt une cr1t1q
crus d1s-1e sur a ,01
'
é J'ti DI
'
'
•
d'amour aux saurcs fíorcené es de l'Entrepreneur de D mo. 1 0res-,
.
. A dré Salmon éclairant d'un candélabre imp
e~ 1e vo;a~ t&amp;: de Pétius Borel, coiffée du bonnet de galé?en
::::-::thographie ; celle de Gérard de Nerval, e~f~ncée ''::;
ou d
, x pommettes d ans le haut-de-forme de son su1c1de 11
qu au
. t . celle d'un Baudelaire aux yeux fixes ; ce e e
son assassma ,
..
11 d' Alfred Jarry,
Tristan Corbiere, modelée par la pht1s1e, et ce e .
,
ce
·ortant d'un jabot fripé. Pour tout dire, je sav~urais ,.ª l
sun étrange mala1se,
.
comme si 1·•eussc dt\ ass11ter • qu ,--

nres

ª::lf!

J'ouvris, tout au contraite, un roman contemporain, ou
ltude de mreurs voisine avec la fantaisie, le naturalisme, la
l»ouff'onnerie, le drame et Ja caricatUre, mais oü je rencontrai
1ussi ce fiévreux malaise que l'auteur ne peut nous épargner, et
que l'on regretterait comme un opium accoutumé, s'il lui prcmit l'ambition d'étre de e bon gollt », de cesser de plaire et de
déplaire a la fois - pour plaire tout court. C'est que l'ancieo
daodysme a son dern1er disciple en ce jeune écrivain, qui est un
mélange de naturel et de bizarrerie volontaire, qui n'est jamais
Jndüférent en quelque sujet qu'il traite, et qui laissa prendre 1
ll'autres, avec une élégante nonchalance, la couronne de chef
d'école trainant sur ses papiers. ·
}'imagine qu'un critique candide dut défier l'auteur de Tendres Canail/es et de la Négresse du Sacri-C~ur de choisirun autre
thé.itre que celui des bars de la ruc de Buey ou du Cabaret du
tL,¡,,·11-Agile, et que, pour le satisfaire en apparence, André Salmoa choisit un cadre provincial
son nou,·eau roman : cette
petite ville qu'il nomme Chbeau-Briard, et qui, A vrai dire,
n'cst pas tres éloignéc de Paris. C'est tricher, mais avec une
amusante alfectation de bonne volonté, et encore qu'il ne serait
pas tres certain que toutes les petites villes de province pussent
retrouver aujourd'hui leur Bal.zac, leur Flaubert, leur Barbey,
leur Chatrian ou leur Pouvillon. L'auteur débutc par une
nomenclature pittoresque des rues de la ville, et croise un per1onnagc synthétique, habilement amené, Mil• Ricouart de la
Fressure, que e l'on dirait un paquet maladroit de bardes, de
lainages, de voiles fum~bres ; ou un vieux catafalque oublié,
rongé des vers et mis en mouvement par l'appétit de ces dévoraots. • Voila pour la province de naguere, celle que décrivait
encore Huysmans. Mais, déja écreuré par ce relent de sacristie,
André Salmon se félicite de rencontrer une vieille connaisaance
e París, le pharmacien Albert Grivaud, l'ancien ami de la
~nde M:ircelle, le cambrioleur d'apotbicaircs de Tendres
Cmailks. Désormais, n'attendez plus du romancier qu'il vous
Dlaintienne daos l'atmospbere • petite-ville "• ni qu'il vousconduiac Anouveau daos le Cloaque du Vieux-Chapitre, • au cen-

a

�630

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

tre des rues du Genou, des Miches-Saint-Etienne, du Porchas,
Bisaigue, Rebourse, de l'Escovette, de la Porte-aux-Troyes, ou
des Vilains-Bonshommes » : il a vite découvert les cafés ... II y a
le Café Chéri, le Café Halopel, le Café Mahulot, et le Café de
la Comédie, comme a Paris la Rotonde, le Café de Flore et les
Deux-Magots.
Je ne veux pas dire qu'André Salmon éprouve a ce point la
nostalgie des cafés ou vécurent la plupart de ses personnages de
roman, ou s'élaborerent tant de manifestes littéraires, ou se rencontrent encare les artistes, et ou travaillait Moréas. Et méme je
le félicite d'avoir osé copier la réalité, qui fait du Café le centre
de la vie moderne: car le Cafés'est substitué al'antique agora, ala
place publique du théatre classique, etl'on ne voit plus guere les
hommes se réunir en plein air pour discuter les a:ffaires du jour
qu'en Italie et dans les pays méridionaux. C'est done la que,
sans avoir besoin de recourir a plus de complication, l'auteur
campera au repos la plupart de ses personnages, et la gu'il tiendra les fils de l'intrigue. Je devrais dirc des intrigues, car ce
roman, qui pa~ait au premier abord manquer de cornposition,
contient au moins quatre intrigues séparées, qui finissent par se
rapprocber ou. s'enchevétrer ponr concourir plus ou moins a
l'action générale. Ce n'est pas sur ce point que les derniers défenseurs du « roman provincial» chicaneraient André Salmon. ll
a noté avec beaucoup de perspicacité qu'un scandale de perite
ville ne grandit jamais seul, que l'amour y appelle l'amour,
comme au lieu inuommé ou se déroule la Célestine ; et c'est
moins le roman de l'Entrepreneur Marat que le roman secret
de Cháteau-Briard et de ses environs.
Quant a !'intrigue centrale, la. voici en peu de mots. L!!
citoyen Théodore Marat, roembre du Club des Jacobins, collectio □ neur passionné des friperies de la Révo1ution, et de sa profession artificier, est appelé au cháteau du marquis du Hoqueton
pour s'entendre commander un feu d'artifice chinDis par le gentilhomme grotesque, mais ambitieux et roublard. En retournant
Chateau-Briard, Théodore Marat surprend un drame sauvage
entre une vieille foraine, nommée La Cataud, et le trimardeur
Farigou, qui vient de violer Francine, tille de ladite Cataud.
Théodore Marat n'arrive pa.s temps pour empécher l'assassinat de la courageuse et terrible vieille, mais il étourditle satyre

a

a

NOTES

631

d'un coup de blton, le fü:elle solidement, et va q_uérir la maréchaussée. La jeune Francine, confiée aux soins de son défenseur, qu'elle nomme puérilement son parra in, devientñnalement
~a maítresse. Le marquis du Hoqueton, d'autre part, réve de
¡ouer un role politique, et se présente ala députation avec un
p~ogramme libéral, dont il faut Jire l'argument comique. Il
tnom~he, souten1:1 par le Clergé, et fait jouer a Francine, qu'il
convotte, un. róle de figuration dans une féte organisée par son
~arti. Séduite par les honneurs autant que par les fa~ons cavaheres du marq·uis, Frandne s'abandonne celui-ci. Mais Théodore Marat, mis a contre-creur dans la combinaisou « libérale )&gt;
surpre1:d le manege des nouveaux amants, fait sauter le toit
les abnte et les ensevelit sous les décombres. La derniere
s~ene, admirablement. conduite, me parait etre une des plus sais1ssantes du roman contemporain.

a

qui

Autour de cette intrigue que je simplifi.e a dessein pour n'en
montrer que l'armature, en elle-meme assez rude et banale,
André Salman a groupé comme par gao-eure des personnao-es
b
::,
d'
xsparates, auxquels on pourrait reprocher un relief trop uniforme, si l'intention de l'auteur n'était manifestement d'animer
cha~un d'eux d'.une vie propre et indépendante, pou.r les faire
moxns ~oncounr au roman de ThéodoreMarat qu'a celui de Chateau-Bnard. I1 y a uo poete-cordonnier, nommé Tabouret, qui
trompe avec une goton le capitaine Pajou; un mylord assassin
de sa femme, qui vit paisiblemeot, entouré d'une timide et malsaine curiosité ; une marquise du Hoqueton, troublante comme
une hérorne du ternps d'Elisabeth Tudor ; un juge qui est aussi
l'auteur d'u □e Critique Morale du Vaudeville jranyais, laquelle
peut passer pour une excellente satire des élucubrations de cafés
littéraires ; un évéque et son chanoine, que l'on dirait peints
par Steudhal ; il y a la Cataud, dite aussi la Princesse Crustacée ou la ~angouste-Humaine, qui n'a que quatre doigts
en forme de pmces de homa,rd, et qui est trop forcée ; il y a les
gendarmes et leurs femmes, et, enfi.n, le Bourreau, qui remplit
tout un chapitre. 11 esta remarquer que, depuis ses premiers
Vers, André Salmon a des pré&lt;lilections pour les bourreaux etla
guillotine: c'est un aristocrate ... Mais, que dis-je, il y a e□core
le~ reporters d'exécutions capitales, des journalistes et des écrivams de Paris - toujours Paris l - parmi lesquels on recon-

�&lt;Í32

LA NOUYELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

nait les freres Tharaud et Charles-Louis Philippe. Pour faire
tenir ces personnages dans un roman ou ils ne sont pas tous
indispensables, pour les faire accepter du lecteur, il faut que
l'auteur ait de puissants et singuliers dons de renouvellement et
d'invention ! Il en tire méme un peu de coquetterie apparente :
mais la coquetterie, la désinvolture et le paradoxe siéent au
dandysme ...
Chagrinerai-je André Salman en lui confessant qu'un ami dela
Fantaisie en &lt;rénéral et de la sienne en particulier, préfere a ces
D
•
personn:i.ges les seuls qui soient vraiment étudiés sur nature, ¡e
veux dire le marquis du Hoqueton - Hei11? quoi? -, Remy,
dit Tabac, Mgr Amable et le Chanoine Fux. II y a la une fermeté, une stireté de dessin dignes des plus grands romanciers;
il y a méme quelque chose de génant dans !'implacable lucidíté
avec laquelle est pénétré le cceur humain. Et j'ajQute que c'est
dans les pages ou ils parlent, seuls ou deux, que l'auteur use
du meilleur style, un style si souple, si roouvementé, si chargé
de sens et toujours si soutenu, qu'il semblé destiné au théatre.
André Salm-0t1 consentirait-il a en tenter un jour prochain !'ex•
périence. Forcé d'y tenir en bride son humeur fantasque, de
serrer la réalité ,de plus pres, il donnerait sans doute une de ces
cruelle·s comédies qui frappent d'étonnement et régénerent la
Scene pour un demi-siecle.

a

FEIU,JAND FLEURET

*

* *
PREMIERES AVENTURES DE CHÉRI-BIBI, par
Gastan Leroux (Edition Pierre Lafitte).
Le genre littéraire si décrié du roman-feuilleton peut etre
fort attachant quand les moyens qu'il comporte sont heureuse•
ment employés. Plusieurs réussites sont restées célebres. On
n'a pas oublié le succes que Fant6mas obtint naguere dans les
milieux littéraires saos parler des autres qu'il devait naturellement séduíre. Max Jacob fonda la S. A. F. (Société des Amis
de Fantómas) avec le concours de Guillaume Apollinaire et
d'autres amis ; certes, il était difficile aux poetes de n'etre pas
sensibles au:.- cbarmes de l'ouvrage de Pierre Souvestre et de
M. Marccl Allain puisque le principal, l'unique ressort en était
le lyrisme. Un lyrisme éclatant en mirades équivalant
de

a

NOT.ES

belles images poétiques : Ie fiacre de nuit, J'aff:iire du Grand~héátre, les fontaines de la place de la Concorde. La, les faits
ttennent la place des mots et les personnages celle des idées
néce~saireme~t puisque celles-ci et ceux-la toucheraient peu !~
pub.he popula1re pour qui on écrit de 'tels romans, oit l'action
remplace le style. Le héros y est toujours victime de la fatalité
et d'uneerreur judiciaire qui le conduit au crime. Né de parents
pauvres mais honnetes, i1 pleure en songeant asa mere, son
enfance, au toit patei:nel. II maudit la Société, jure le saint 00111
d: Dieu, mais ót~ son bonnet au crucifix et donne aux pauvres.
Sc~ere et chaste, il ne se baigne jamais dans le fleuve du Tendre.
1l 1gnore la volupté de répandre le sang, de faire couler les
larmes; doux assassin sentimental jusqu'a la sensiblerie,.il garde
au fond de son creur l'image de celle dont le non1 est tatoué sur
sa poitríne parmi les devises martiales et les attributs galants.
II est bon fils, bon époux, bon pere, bon citoyen, bon chrétien.
Ché-ri-Bibi qui n'est pas une reuvre sans intéret, différente de
celle que j'ai citée plus haut, lui est aussi inférieure. Différente
pa~ la moindre étendue de l'action, son cadre plus étroit et la
suite a peu pres logique des événements, une fois admises les
premieres in:vraisemblances qu'on trouve au début de toute fict}on. Inférieure par ces memes raisons qui ne permettent
l auteur qu'un usage modéré de l'imagination et de la fantaisie.
Un autre reproche faire encare M. Gaston Lerou:t : l'emploi de l'ironie fort déplacée dans un livre de ce genre. II est
regrettable que I'auteur semble parfois douter de l'existence de
ses personnages et se moquer d'eux. Ceux-ci pourraient bien
se vea?er. Que diraít M. Gaston Leroux s'il rencontraitun four
son heros mena&lt;;ant dans une allée déserte du Bois de Bou!ogne?
m'arri~ait, de créer un aussi dangereux personnage,
J~ d?rm1ra1s mal, ¡e I avoue. C'est un jeu que de s'évader d'une
b1bl10theque et les livres sont bien mal fermés. Querellons
encore M. Gastan Leroux. I1 écrit :

a

a

a

a

~?

a,•ec, comme on dit ( c'est moi qui souligne ces trois mots- superflus),
l!! courage du désespoir et de la veng~ance (tome I, p. 65)
et plus loin :
ricao:i, comme ricanem les démons au food de l'enfer du Dante ...
(tome I, p. x68).

�-634
Préciser que! cnfer était inutile. Je n'ai pas noté tous les passages ou l'anteUT se plait
blesser dans ses croy:mces un lecteur plein de bonne volonté. j'ai préféré me souvenir du plaisir que j'ai goüté Jire, par exemple, le récit de Chéri-Bibi aa
commandant Barrachon, récit essentiellement poétique :

a

LES REVUES

a

Mon pére, un esprit simple qui ne cherchait pas midi :i quatorze
heures (tome I, p. 93) ...
Costaud I Oe policier) Lui et la Fatalité se donnaient la. main.
t:n soir de j.mvicr brumeux et glacé, je les rencontrai tous deux
-daos un bur.!au d'om9ibus (t. I, p. 111) •..
Je me rappelle encore la page ou le cuisinier La Ficclle dita
Chéri-Bibi, combattant les soldats du vaisseau : « Prends garde
droitc ! Preods garde agauche ,, commc, ne manque pas
d'ajoutcr l'auteur, le fils Ju Roi Jean Poitiers. A propos d'éru&lt;lition, si j'ose dire, je constate que M. Gaston Leroux, ou quelque typographe a déformé dcux vers de Jules Lacroix, tels
qu'en eux-mémcs assez médiocres déja :

a

a

E11f411ts, du 1:ieux Cadmus j111111. posléritl,
Pozm¡uoi ·i:ers a palais i•os cris cmt-ils 1no11té.

j'ai passé naguere assez de dimanches i l'amphithéatrc des
Fran~is pour connaitre le début d'CEdipe-Roi. On trouve aussi
dans Chéri-Bi bi une recette cu Ii naire indiquan t la man ierc de préparer la morue hollandaise. Le sccond yolume ne vaut pas le
premicr lequel relate agréablement la révolte des for~at~. L'épisode des naufragés étonnés par les fai;ons del'équipagc et par le
laogage qu'il parle, est amusant :
Vous étcs un bon zig ! fit Mm• d'Artigucs, nuis qu'est-.:e done
que des galuches? (tome I, p. 185).
Changer les roles, bon « true » romanesque dont se servil
joliment Edgar Poc dans Le Systeme du D,cteur Go1ulron rl du
ílro;esswr Pl111t1e, nouvelle que cette partie du livre de M. Gaston
Leroux rappelle involontairement.
Corsairc romantique, Chéri-Bibi change de peau comme ses
ancctres Fantómas ou Rocambole. Apres avoir insolemment
comparé son sort celui d'CEdipe ou celui d'Hamlet, le héros
se jette dans un brasier, m:1.is, phrenix incombustible, il ne tardera pas renaitn: de ses cendres. Lire la suite dans .••

a

a

GEORGES CABO&amp;Y

EXCUSE A NIETZSCHE
Dans les EcRrrs , 1ouvuux (aoüt-septembre), André Suares
présente Nietzsche ses " excuses » pour l'avoir un peu maJm~n~ pend~nt la guerre, rnais il continue de souligner les
affimtés profondes de son génie avec celui de son peuple :

a

Je ne saurais me rcpentir d'avoir \ ' U le grand AJJem3nd dans
Níeusche, et l'homme de l'Empire. 11 y est mcrne quand il maltraite
l'Allcmagne et qu'il méprise l'esprit allcmand. Voltaire est-il moins
Fran~ais pour avoir lancé bien des brocards contre la France et fort
durs quelquefois? Ou Stendbal, parce qu'il a l'air de préférer tous les
au si_en, en art et en amour ? .Mais, en son temps, personnc n'eSt
SI Fran~1s que ce citoyen de Milan, et il ne réve que de Paris a
Civita_ Vecchia. ~ietzschc ne m~connait pas la culture fran~aise ; il
f~dm1re au contra1re, et par l:l. il se ~pare de son pruple et de l'opiJllOn. Au fond cependant la France est du passé pour luí. Son idéal de
l'hommc et de l'Europe est celui d'une culture allemande :l. la Nietzsche
et selon Tieusche : car il n'en sera súr enfin que s'il l'accomplit.
Wagncr, le soir de Bayreuth et de son triomphe, déclare aux Allemancls : ll A présent nous avons un art ! » Et certes, comme Hans
'.I en.tend un an all:mand, et que les Allemands n'oot pas eu
jusqu 1c1. Nietzsche voudratt en dire autant : il aspire au jour de la
'Victoire, ou il pourra proclamcr sur sa montagnc : e, F.nfin J nous
.avons une culture et l'Europe, le Monde l'a par vous, éomme vol.IS
l'a\·ez par moi. » Sa partialité pour la France n'est qu'apparcnte: elle
Jui sen a irriter l'Allemagne, :l. excitcr J"orgueil d'une culture rivale ·
&gt;
i)
goum1anc.le son peuple pour l'élever, il veut l'arracher .l la lourdeur,
Ala pesante ébriété de sa force, a son éternelle vulgarité.

Jl:'Y'

Sach~:

Plus loin, repris par un peu d'impatience, Suares décrit un

des défauts allemands dont en effet nous avons le plus de peine

anous accommoder:

Ennoblir l'espece humaine: Ibsen exceptc, personne n'en fut plus
hanté que Nietzsche. JI se croit mourant, il est presque aveugle; il

prend pourtant la plume : il s'adressc a Mllc de Mcysenbug, cettc parfaite idéaliste, il s'unit a elle qui n'a jamais connu d'autre passion
tt iI affinne : a Nous espérons pour l 'humanité. » Vingt fois, dan~
aa vie, iI se pose la questioo : e&lt; L 11omme peut-il s'cnnoblir, ? »
1.

Ist Vaedlung móglich?

�636
Cene manie est proprement allcmande. Elle tient saos doute
l'ennui ou au dégoot que le troupeau allemand inspire aux bom
singulim nés dans ce peuple. 0n les voit tous qui cberchent a
angoisse s'il n'y a pas moyen de donner plus de noblesse A ces pau
gens : n?c saUJ'3it-on pas décrasser un peú la vulgarité gmfflle ?
souci a quelque chose de toucbant ;\ la fois et de ridicule : il ne s
prime pas avec simplicité : il prend une forme messianique. 11 y eDlN,,
une certaine hypocris.ie d'état, comme si l'homme supérieur, daos
saint empire germanique, avait besoin d'une excuse, et voulut •
part de son avantage a toute cene moutonnaille: il soupire d'avoir
mission. Enfio, ce trait sent l'étemel docteur: le grand homme, la
meme pacte, il faut qu'il ensdgne : il faut qu'il pricbe sa vérit.!, qu
corrige et qurtl réforme. Tant ils sont sürs d'avoir un prix unique
le genre humain; et tant ils ont peu l'usage de l'e:xcellence qu'ils
supposent. Ennoblir l'especc : ils ea ont fait un rite ; et beaucoup
parlent, comme le pharisien fait oraison : mécaniquement ou pour
mettre en régle. Quelle indiscrétion. 0n ne la trouverait pas dans
seul moraliste de la France ou de la Grke, non, pas méme le
féru d'bumanité ou le plus austére. On en est agacé, parfois. Oll
envie de lcur répandre, durement : Hé, pensez a ,·ous ; cultivez-vous
ne cultive,, d'abord, que vous-méme. Ennoblis-toi, toi; et tieos-t
ta: c'est déja une assez grande affaire, et l'ceuvre de toute une
Qµe chacun s'eonoblisse, et les autres en scront plus nobles de sur..
aoft.

Mais cette • sortie » n'empéche pas l'auteur de reprendrc,
l'égard de son ancien ennemi, le ton de la sympatbie la pW.
respectueuse et la plus élevée et c'est par un bommage pro
démeot émouvant qu'il termine cette premihe partie de
étudc.

•••

637
Le eran se prouve-t-il en soutenant des idées subversives ?
Au thatre, les idées subversiva ne desservent pas toujours l'auteur
les défend... Elles le « portent • méme, aussi bien que peuvent le
• , en d'autres occasions, les bonnes thiories bourgcoises.•.
Au point de vue du jugc d'att, les hardiesses pour cboquer soot
• condamnables que les boos perits trues pour plaire.
Le vrai eran, c'est tout autre chose, et il ne s'agit pas Je coníondre
matamore avec l'homme vraiment courageux.
L'homrfle courageux est celui qui a du cceur al'ouvrage, et qui traite
mpletement, saos défaillancc, sans tricherie, sans trahison, le sujct
'il a osé concevoir.
.
Le doux Racine était un bomme plein de eran. Relisez la scbie de
rrhus et de Narcisse. C'est du travail, comme dit l'autre.
Dumas fils a donné l'imprcssion qu'il avait du aan ..• Ce n'était parqu'une appareoce. ll posait un cas de conscicnce difflcile. Mais la
ution en était sournoisement facilitéc par une petite complaisancc
l'auteur. C'est ainsi qu'une action félone de la baronne d'Ange vient
propos pour libérer de ses scrupules Olivier de Jalin.
A ces instants, Dumas travai!Jait a la fa~on de ces toreros a la
ue, qui vont cbercher les applaudissements de la foule en exécut des • passcs » sensationnelles, que les vrais aficionados mét, parce qu'ils n'y voient que de fausses bardiesses, saos mérite,
danger.

Et plus loin :

Lt eran, c'est de risqun, c'cst d'accepter la bataille, en mettant en
nce, commc faisait feydeau, les deux personnages qui ne doivent

)IS se rencontrer.

Le eran, c'est de ne pas trop prévoir. Cclui qui prévoit trop n'agit
. Le eran, c'est de s'embarquer, quand il le faut, saos biscuit. Car
lourde charge de biscuit nous empécbe d'allcr de l'avant...

LE CRAN DU DRAMATURGE
Sous la direction de M. Matei Roussou, une nouvelle rcvuc
CKOSES DE THÉATRE vient de se fonder. Son premier numúo
contient d'amusantes et fines réffexions de Tristan Bernard l1U'

le eran du drama/urge :
Ce qui me donoe, sinon de l'autorité, du moins une certaine compétencc pour parlc:r du eran cbez l'auteur dramatiquc, c'est que fea al
souveot manqué moi-meme.
Mais que faut-il entendre par cene expl'CS5ion • avoir du eran ••
quand on l'applique au dramaturge?

• *•
SUR L'ENSEIGNEMENT ARTISTIQUE
Au moment ou il va ouvrir son école de comédiens, Jacques
peau, daos les CAnrERS ou VrEux-Cowuarn, réfute l'objec• ~ ~ue l'on a pris coutume d'opposcr a tout ense~emcnt
tique:

0n pettt penser avec ~the qu'il n'y a que les ceuvres estraordi• qui soient indispensables. Mais iJ en est de moins éclatantcs en
• l'on voit briller la santé et la force, et qui ticnnent solidement Jcur
0

�LA NOUYELLE RE,'UE FRAN~JSB

place, et qui iouent fidelcment leur róle, ae fút-cc que de préservcr le
goüt d'une époque et de maiucenir son orkntation. Elles épaulent les
productions culminantes, les rdient entre elles et au pays emironnant,
comme une cha!ne de montagncs les sornmets qui la domineat. On
sert done bien le développement d'un .art, on en éleve le niveau, on
le rend plus intelligible, plus familiei: et p:rr consequent plus vivant en
appliquant des efforts bien con,;us /¡ l'instruction d'uoe collectivité
artistique, en assurant son unité, sa cohésion, sa dur~e, toutes choses
qui sont affaire d'école.
Gn véritable eoseignement donné par un véritable maitre ne produit pas la ruédiocri~é. 11 ne ,·isc pas a la fabrication de ces talent.; anifidels qui fleurissent daos l'atmosphere des salons et des concours académiques. Le coot:tct d'un liomme né pour cette noble t:iche d'enseigner, qui en a la compt:tence et la dignité, la confiance qu'il inspire et
le respect qu'on tui porte formcnt les caracteres. La vérité esthétique,
comme la vérité rnarale, ordonnc les ámes, les fortifie et les éleve.
vn cnseigoement vivant et coutinu, bien proportionnt! daos ses
parties, s'il est sérieuseruent donné et rc¡¡u, pourvu qu'il s'cxercc assez
tót sur l'éléve, et meme s'il .n e s'adresse qu'a des capacites moyennes,
produira des résultats auxquels le talent sans guide n'atteint pas, et rendra possible des'réalisations artistiques dont notre siécle a perdu mérue
la notion.

*

* *

L'ALCHIMIE VERBALE
Dans le numéro de juillet des FEUILLES LIBRES, Jules Romains
a donné, sur le Symbolisme et sur ses derniers proloogements,

d'intéressantes réflexious dont void l'essentiel :
Le symbolisme a comporté uoe reconnaissan.::e afficjelle du \·erbalisme.
Jusque-la, le verbalismc n'anit été regardé que commc une maladiei.ndividuelle du style, propre aux tres jeunes gens, ou au¡¡ csprits creux,
ou encore aux génies fatigués. U était réservé a la fin du xrxe siede
d'y di:couvrir sinon la source principale, du moins une des sources de
la poésie.
Pour prendre les choscs un peu autremcnt, disous que l'art littéraire
avait jusque-la vécu d'uo certain éqoilibre entre la. fonction exprimante
et la íonction purernent sensible ou excitante du langage. Le symbolisme a rompu cet équilibre.
Quand Racine asseruble les mots d'un vers, il veut sans doute que
ces mots nous fasseat plaisir par eux-mémes, qu'ils soient d'un son
agréahk, que les maticres s'en mélangent bien, et aussi que les im:iges

LES RE''UES

fugitivcs qu'eruraincut les mots nvec eux composcnt dans notre esprit
une sone de loinuin harmonieux et mobile. M.ais il s'arr.mgc pour
que le sens du vers ne cesse d'occuper, de remplir nolre ancntioo,
pour que le personnage ne s'évanouisse pas dans le décor.
Cette ri:gle du jcu, les symbolistes l'ont méconnue ou l'ont enfrcinte
délibérément. La farneusc « alchimie du verbe » ne tend a rien d'autre
et i1 est bien vrai que l'essence de la poétique symboliste tient daos ua~
révcrie d..: Rimbaud.
,Certes, Je syrubolismc ne fut pas que cela. Si l'on raisonne a la
rigueur, l'insurrection du langage n'était pas logiqucment incluse dans
son prograrnme. Mais en fait iJ ne pouvaic guere l'éviter.
íl ne faut pas croire que les mt!canismes du langage ne demandcnt
qo'i rester daos l'état de soumissíon. Tout au contraire. Ils ne cherchent que l'occasion de s'émanciper. Chcz l'individu ordioaire, ils
guettent le moindre a.ffaiblisseroeot de la pe11sée pour commcncer leur
sarabande. Le langage ne fait honnétement son travail d'e.tpressioa
que tant qu'on se donac la ptiae de l'y contraindre. Des que la pensée
toume le dos, le langage s'amuse.

Or, pour la pensée Sj111boliste, toumer le dos u 'etait pas un acclJem, c'éta.it un systeme. La. théorie mi!mc de l',trpre:ssie&gt;n in11i1·ecle
mettait entre la pcnsée et l'e.:pression une distance et un détour qui
dcvaient rendre peu a peu illusoire l'autorité di; la pensée.
Plus loin, parmi les responsables du renouveau récent du
symbolisme, Romaios place au premier rang Guillaume Apollinaire :
.Méme si !'avenir devait se montrer sévere pour une boonc part de·
ses reuvrcs, il ne saurait oublier cc curieux génie qui fut placé par le
destin a l'em.rée du siécle vingticme comme ph¡¡rc naufrageur ou
comme {( perturbateur du trafic ».
Je crois d'aillcurs qu'aucun eloge n'aurait pu le toucher davantage.
Cet ami des vieilles légendes n'eüt pas détesté qu'on lui pri!tát un rólc
de magicicn, de faux prophete ou m~me de diable. Ce serait aUer un
pcu loin. Mais on se tromperait plus encore en refusant de reconnaitre
l'influence qu'il a exercée.
Apollinaire fut lidéle au symbolisme par goút, par inclination naturelle, et par manque d'appt!tit pour autre chose, en un temps ou le
symbolisme était ab:mdonné de tous, meme des écrivains qui l'avaient
fondé. Le symbolisme flattait en lui l'homme de bibliotheque, !'amateur des singularités, et la ti!te la plus sensible que j'ai connue l'ivresse
Vcrbalc.11 en convenait assez volonticrs.
Son áme fut l'arche de Noc du symbolismc; i1 y enfermn les préciosités, les obscurités et les 1&lt; Mliquescences » de la bonne époque, 11

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�640

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TRAM JUSQ_U'A LA RASPELIERE'

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x..a.vua .. GPm (sept.) ....,.,...,. Wlib
.. C.,.'"""'4
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per Waller ltalbema.
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. . Cnsf&lt;r ,.. 1.,.,., par Pierre Hamp •
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LA RaYoll

.PliJ •:lé, ,,,....,_,,

1 11,...rm i, 'IYIU""" I-, por Jacqaes Marilala.

DIDI le petit cbemin de fer que je 'fflllis de pclllidae,
lalbec, pour aller dlnea- a la Raspeliae, je lieDlls -..
l ne pa maaquer Coaard a la pre· de Saim• o6 DD DOllfflD dUphooage de M• Vealuria
· - dit que je le retroc.veial.. n dewit ...... tAin et m'iodlquemt o6 il fillait d •1nch pov
er les voitures qu'oo envoyalt A la pre. Alllli, le pelÍt
ne s'&amp;rfflallt qu'1111 instant a Gnioc:oan, )lffillia,

apra Doocims, d'a9111ee je m'ila&amp; IDia l la ~
tant j'avais pcur de ne pa voir Coaard ou de ae pu
vu de lui. Crainra bie!J ffines l Je ae m'iaia pa
compte aque! poiot le peat dan ayant fi9)DDI f0111

• hal:bm • sur le m- type, ceus-d, par sma-ok ea
tenue de cllner, aueadaot sur le qui 11'1111e pre, •
• t toat de soi~ reconoaltR i DD cenain air
, d'~Upoce et de &amp;m~. a eles npds qui ha• t, comme un espacie vide o6 ríen o'antte l'aaen-

41'._.

•1':f mip pr-. do volgaire poblic,111ettaieot rarrme
quelque babi~ qui avait pris le train a aae llltioa
~ et ~ t cMjA de la causerie prodiai,-. Ce
d'ilec:tioo, doot l'babitude de dloer enseml:lé avaic
• les membm da petit groupe, ne les dilliDguaic
leDlemeot, quand nombren, en íon:e, i&amp; ~ t
, &amp;isaut une.IIChe pbu brillaa~ ID millea do truaeles VOJIICUII- ce que Brichot appelak le • peca. •
.._ __ •
uo........

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GAITClf GU I IN ♦ IO.

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,. f&amp;IU.lltT.

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i. Blllraittle W-., ,t a-.J.11,....,. ,,...,_ _ .....
la . . . . . . . 1'1119i1e.
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•.

..,. - - - - . . .. P¡ ¡ 11 • flllo
t:4111111!
'DiJCba .elad11easVenlaiio.acaaespoar--,.
l la Ra11 1;;.. D'tllleets ca 10,-eeura ~
N ---·is41;,tsM q• IIIOiili diivantemoae6t1pnjlKII!
- et malp la notori&amp;f ~ par ~ -- ,.
decoidela que je m'ttoamis de Y01t CIODtlllllCI' l
en 'fille.-qae plasiems le ñiaieo• •
cl'apra
llk'm que j'awil eatcndus,avantma naissance,~ une
l laJoll qsealliataate etlllCZ vague ponr que Je fuae
• m'eu a,per f61oignemenL ~ CODtrllte~tre la .
2auiM - nlemeu• de lcur e:mtence, mais du pleiD
1am bas, ce l'anántissement de t111t d'amis que
46jl - , leí oa li, dispandue, me donnait ce mtme
. _ !p DOllll~VOIIS quaod 1 la clerpihe belUe
jaamau D0111 Jiloos ¡riciláneat la non-..lle qqe
-,.,diq,,t le moins, par aemple celle d'QD ~
IIIRet qui aoa, aemble fortuit parce que les cama
ett fYG11tieent '1DIJl soÓt resties inc:oanues. Ce lleCI •
• cebú que la mort n'aneint pas ~ t - . ,
bornmcs. llllis qn'une lame plus avandc de•
arp¡ueemparte'IIM nisrence mme au nmu el'
.,_ Jongtemps enc:ore les lames suivantes q1111peae
Pu je voylls qu'awc: le temps non_ ~ t des
delt qui peaffllt c:onister avcc la pue vulprid de
WISIIQGII e cl6voilent et s'°llll(lmCllt, mail en,:xn
illdim• mhlioa- anivmt l ces bauta places, .
. _ l'imtgin•rioo de rotre emaace 1 quelques • •
~bres SIDS SOIIF que le ~ n t 1U1 c:crtain
cl'ann&amp;s plus tan! lean disciples devmm makres, et
pinot maiutenant le mpec:t et la miare qu'am-,¡
qtOUtaierl jadia. Mais si Ja DOIDS des ~ u'
Jlll5 CODIIVSda « pec:us •• levr aspec:t ponrtlllt 111
pait 1 ses ycux. M&amp;nc. daus le train, {lolllpl
hasard de ce que la uns et les autres d'entre em
ea 1 me daus la joarmc les J tfflnieei• 111111 - . .
n'ayant plus l cueil1lr l une starioo suiVUlle qu'un

r

�644

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISB

plus les travaux du soir. D'ailleurs il av~it peu de sy?'pathie pour la Nouvelle Sorbonne ou les 1dées d exactitude
scientifique, a l'allemande, commern;aient a l'emporter sur
l'humanisme. Il se bornait exclusivement maintenant a
son cours et aux jurys d'examen; aussi avait-il beaucoup
plus de temps a donner a la mondanité, c'est-a-dire aux
soirées chez les Verdurin, ou a celles qu'offrait parlois
aux Verdurin tel ou tel fidele, tremblant d'émotion.
Brichot tirait de son iotimité chez les Verdurin un éclat
qui le distioguait entre tous ses collegues de la Sorbonne. Ils étaient éblouis par les récits qu'il leur faisait de
diners auxquels on ne les inviterait jamais, par la mention
dans des revues, ou par le portrait exposéau Salon, qu'avaient
fait de lui tel écrivain ou tel peintre réputés dont les titulaires des autres chaires de la Faculté des Lettres prisaient
le talent mais n'avaient aucune chance d'attirer l'attention,
enfin par l'élégarice vestimentaire elle-méme du philosophe
mondain, élégance qu'ils avaient prise d'abord pour du
Jaisser-aller jusqu'a ce que leur collegue leur eut bienveillamment expliqué que le chapeau haute forme se laisse
volontiers poser par terre, au cours d'une visite, et n'est pasde mise pour les diners a la campagne, si élégants soient-ils,
ou il doit étre remplacé par le chapeau mou, forf bien
porté avec le smoking. Pendant les premieres secondes ou
le petit groupe se fut engouffré dans le wagon je ne ~us
m~me pas par)er a Cottard, car il était suffoqué, moms
d'avoir couru pour ne pas manquerletrain, que par l'émervcillement de l'avoir attrapé si juste. 11 en éprouvait plus
que la joie d'une réussite, presque rhilarité d'une joyeuse
farce. « Ah ! elle est bien boone ! dit-il quand il se fut
remis. Un peu plus! - Nom d'une pipe, c'est ce qui s'appelle arriver a pie! » ajouta-t-il en clignant de l'reil non p~s
pour demander si l'expression était juste car il déborda1t
maintenant d'assurance, mais par satisfaction. Enfin il put
me nommer aux autres membres du petit clan. Je fushonteux de voir qu'ils étaieot presque tous dans la.
1

EN TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

645
tenu~ qu'o~ appelle a Paris smoking. J'avais oublié que
l~s Y_er~unn commen~ient vers le monde une évolution. um1de ralentie par l'affaire Dreyfus, accélérée par la
mus1que &lt;&lt; nouvelle », évolutíon d'ailleurs démenr·e
•·1
•
.
1 par
e~x et qu_ i s contmuera1ent de démentir jusqu'a ce qu'elie
e?t aboutt, comme ces objectifs mílitaires qu'un général
n a~n~n~e que ~~rsqu'íl les a atteints, de fa~on a ne pas
avo1r I a1r battu s Il les manque. Le monde était d' ·1·1
d
, é
a1 eurs,
e son. cot ' to~t préparé a aller vers eme. 11 en était
encore a les cons1dérer comme d~s gens chez qui n'allait
personne de Ja société, rnais sans qu'ils en éprouvassent
aucun regret, peut-etre meme parce qu'iJs ne le voulaient
pas,

En?n certains jeunes gens du faubourg s'étant avisés qu'ils
de~ment ~tre aussi_ instruits que des bourgeois, il y en avait
tro1s parm1 eux qui avaient appris la musique et aupres desquels le ~alon Verdurin jouissait d'une répurarion énorme. Ils
en par~a1ent, ren:rés chez. eux, a la mere intelligente qui
les ava1t poussés a se cult1ver. Et s'intéressant atn études
de Ieurs füs, au concert elle regardait avec un cenain
respect Mm~ _\'erdurin daos sa premiere loge qui snivait
sur 1~ ~artmon. Jusqu'ici cette mondanité latente ne se
ti:ad_u1srut que par deux faits. D'une part, Mmc Verdurin
~1sa1t_ de la Princesse de Caprarola : ce Ah ! celJe-la est
mteHigeme, c'est une femme agréable. Ce que je ne peux
pas supporter ce son~ les imbéciles, les gensgui m'ennuient
~ me rend folle. » Ce qui eut donné apenser aquelqu'u~
d un peu fin que I~ Pri_ncesse de Caprarola, femme du plus
gra?d monde, ava1t fait une visite a Mme Verdurin. Elle
ava1t méme prononcé leur nom au cours d'une visite de
condolé~nces qu'elle _avait faite aMw• Swann apres la mort
du m~n . de cel1e-c1 et lui avait demandé si elle les
conna1ssa1;.
&lt;e _
Comm~nt &lt;lites-vous, ? avait répondu
O
dette d ua air subttemem triste. - Verdurin Ah'. aJo
· sa1s,
· ava1t-e
· 11e repris avec désolation je ne
· les
. rs Je
conna1s pas, ou plutót je les connais sans les co;naitre, ce

�LA NOUVELLE REVOE FRAN~AtSB

sont des gens que j'ai vus souvent autrefoischez des amis, il y
a longtemps, ils sont agréables. » Mmc de Caprarola partie,
Odette aurait bien voulu avoir die simplement la vérité.
Mais le mensonge immédiat était . non le produit de ses
calculs, mais la révélation de ses craintes, de ses désirs.
Elle niait non ce qu'il eút été adroit de nier, mais ce qu'elle
aurait voulu qui ne fut pas, m!me si l'interlocmeur devair
apprendre dans une heurc que cela était en effet. Peu
apres elle avait repris son assurance et avait méme ét~ au
devant des questions en disant pour ne pas avoir l'air de
les craindre: &lt;t Mme Verdurin, mais comment, je l'ai énormément connue » avec une affectation d'humilité comme
une grande dame qui raconte qu'elle a pris le tramway.
« On parle beaucoup des Verdurin depuis quelque
temps, disait Mmc de Souvr¿, ,, Odette avec un sourire
de duchesse répondait : « Mais oui, il me semble en effet
qu'on en parle beaucoup. De temps en temps il y a
comme cela des gens nouveaux qui arri\'ent dans la société »,
sans penser qu'elle était elle-mcme une des plus nouvelles.
&lt;t La Princesse de Caprarola y a diné, repric Mme de Souvré.
- Ah ! répondit Odette en accentuant son sourire, cela
ne m'étonne pas. C'est toujours par la Princesse de Capr2rola que ces choses la·tommencent, et puis il en vient une
autre, par exemple la Comtesse Molé ». Odette en disant
cela avait l'air d'avoir un profood dédain pour les deax
grandes dames qui avaient l'habirude d'essuyer les pBtres
dans les salons nouvellement ouverts. On sentait a son
ton que cela \'Oulait dire qu'elle, Odette, cornme Mm• de
Souvré, on ne n'.:ussissait pasa les embarquer dans ces galeres-la. Apres l'aveu d'intelligencc de Mm• Verdurin par _la
Princesse de Caprarola, le second signe que les Verdun~
avaient conscience du destin futur était que (sans l'av01r
formellemenc demandt:, bien cntendu) ils souhaitaient
assez vivement qu'on \'int diner chez eu.x en habit du
,oir; M. Vcrdurin eut pu maintenant étre salué sans
honte par son neveu, celui qui était « dans les choux •·

EN TRAM JUSQU'A LA RASPHLlERE

647
Parmi ceux ~ui mo~terenc dans mon wagon :i Graincou_rt se trouva.it u,~ 1ll~tre philosophe norvégien qui
avait ce~ deux part1culamés : quoique sachant :i fond
!e fran~~s (sauf quelques e.xpressions sans importance),
ti, metta1t une petite pause presque entre chaque mot
d une part ~ar_ce qu~, o_bligé_ saos CC5SC de se reponer a un;
sorte ?e d1cuon~a1re mtér~eur, iJ tenait a y trouver le
terme Juste, ce qui _demanda~t un instant, d'autre pan parce
q1ue parallelemenc a ce travatl grammatical il en faisait un
d un ordre plus relevé, et qui consistait a bien concevoir menta1~mem ~equ 'il disait. est u~e habitude philosophique et
qu, ralenttt ,la co~versatton. L autre parcicularité, inexplicabl_e _e~t ~~ en qu1ttan~ des amis il se précipitait loin d'eux
ave1; irenes1e comme s'll montait a J'assaut La
··
¡¡ •
. ,.
.
prem1ere
OIS On Suprosa_Jt ~U J! avait Une pressante colique, m~me
u.ne complete ,md1gestion ; la seconde fois qu'il avait tout
d º.ª coup ~u J_heure ~t avait peur:: de manquer son train.
Pu~s on finJ.SSa1t par s y habituer et il p1aisait ainsi car il
éta1t non seulement éminent mais délícieux.
II ! avait encore dans le groupe un monsieur tres céré-m~n1eux, c~lebre avocar de París, de famille nobiliaire, qui
éta.it une_ rec~nre recrue des V~rdurin. C'était un de cc.s
h~mmes a qui leur expérience professionne11e consommée
fatt un _peu m~priser _leur _Prof~ssion et qui disent par
exemple • « Je sa15 que Je pla1de bien, aussi cela ne m'amuse
plus_ de p1ai~er .'&gt;, o~ « cela ne m'intéresse plus d'opérer ;
Je sais que J opt:re bien ». Intelligenrs, artistes, ils voient
au_tour de leur maturité fortement rentée ·par le succes
briller cette « inrelligence &gt;&gt;, cette nature d' « artistes » qu;
leurs confreres leur recoonaissenc et qui leur confere un
a pe_u pn:s de go~r et de discernement. Ils se prennent de
~1011 pour la pemture non d'un grand artiste, mais d'un
an1ste cependanr tres distingué, et a l'acbat des ceuvres
duq~el ils emploient les gros re,·enus que leur procure Jeur
~rnere. le Sidaner était l'artiste élu par !'ami des Verdunn lequel était du reste tres agréable. II parlait bien des

e:

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

Jivres mais pas de ceux des vrais maitres, de ceux qui se
sont maitrisés. Le seul défaut genant qu'offrit cet amateur,
était qu'il employait certaines expressíons toutes faites
d'une fa,;:on constante (par exemple « en majeure partie »,
qui donnait a ce dont il voulait parler quelque chose
d'important et d'incomplet).
Enfin, parmi les anciens fideles je vis monter Saniette
qui jadis avait été chassé de chez les Verdurin par son
cousin Forcheville mais était revenu. Ses défauts, au point
de vue de la vie mondaine, étaient autrefois - malgré des
qualités supérieures - un peu du ml:me genre que ceux de
Cottard, timidité, désir de plaire, efforts infructueux pour y
réussir. Mais si la vie, - en faisant revetir aCottard sinon
chez les Verdurin, ou il était, par la suggestion que les
minutes anciennes exercent sur nous quand nous nous
retrouvons daos un milieu accoutumé, resté quelque peu
Je meme, du moins dans sa clientele, dans son service
d'hópital, a l'Académie de Médecine, des dehorsde froideur,
de dédain, de gravité qui s'accentuaient pendant qu'il débitait devant ses éleves complaisants ses calembours, - avait
creusé une véritable coupure entre le Cottard actuel et
l'ancien, les memes défauts s'étaient au contraire exagérés
cbez Saniette au fur et a mesure qu'il cherchait a s'en
corriger. Sentant qu'il ennuyait souvent, qu'on ne l'écou•
tait pas, au lieu de ralentir alors comme l'eO.t fait Cottard,
de forcer l'attention par l'air d'autorité, non seulement il
tkhait par un ton badin de se faire pardonner le tour trop
sérieux de sa conversation, mais il pressait son débit,
déblayait, usait d'abréviations pour paraitre moins long,
plus familier avec les choses dont il parlait~ et parvenait
seulement en les rendant inintelligibles, a sembler interminable. Son assurance n'était pas comme celle de Cottard
qui gla~it ses malades lesquels, aux gens qui vantaient son
aménité dans le monde, répondaient : « Ce n'est plus le
meme homme quand il vous re~oit dans son cabinet, vous
daos la lumiere, lui a contre-jour et les yeux per~ants. »

EN TRAM JUSQU'.i, LA RASPELIERE

Elle n'imposait pas, on sentait qu'elle cacbait trap de
timidité, qu'un rien suffirait a la mettre en fuite. Saniette
aqui ses amis avaient toujours dit qu'il se défiait trop de
lui-meme, et qui en effet voyait des gens qu'il jugeait
avec raíson fort inférieurs obtenir aisément les succes qui
lui étaient refusés, ne commen91it plus une histoire sans
sourire de la drólerie de celle-ci, de peur qu'un air sérieux
ne fit pas suffisamment valoir sa marchandise. Quelquefois, faisant crédit au comique que lui-meme avait l'air de
trouver a ce qu'il allait dire, on lui faisait la faveur d'un
silence général. Mais le récit tombait a plat. Quelque
convive doué d'un bon creur lui glissait parfois I'encouragement privé, presque secret, d'un sourire d'approbation,
le lui faisant parvenir furtivement, sans éveiller l'attention,
comme on vous glisse un billet. Mais personne n'allait
jusqu'a assumer la responsabilité, a risquer l'adhésion
publique d'un éclat de rire. Longtemps apres l'histoire
finie et tombée., Saniette désolé restait seul a se sourire a
lui-meme, comme trouvant en elle et pour soi la délectation qu'il feignait de trouver suffisante et que les autres
n'avaient pas éprouvée. Quant au sculpteur Ski, appelé
ainsi a cause de la difficulté qu'on trouvait a prononcer
son nom polonais, et parce que Jui-meme affectait depuis
qu'il vivait dans une certaine société de ne pas vouloir
!tre confondu avec des parents fort bien posés, mais un
peu ennuyeux et tres nombreux, il avait, a quarantecinq ans et fort laid, une espece de gaminerie, de fantaisie
reveuse qu'il avait gardée pour avoir été jusqu'a dix ans
le plus ravissant enfant prodige du monde 1 coqueluche de
toutes les dames. Mm• Verdurin prétendait qu'i1 était plus
artiste qu'Elstir. 11 n'avait d'ailleurs avec celui-ci que des
ressemblances purement extérieures. Elles suffisaient pour
qu'Elstir qui avait une fois rencontré Ski eut pour ce
dernier la répulsion profonde que nous inspirent plus
encore que ies étres tour a fait opposés anous, ceux qui
nous ressemblent en moins bien, en qui s'étale ce que nous

�LA NOUVELLE REVUE FRANCA,ISR

avons de moins bon, les défauts dont nous nous sommes
guéris, nous rappelant facheusemeot ce 1ue nous avons
pu paraitre a certains avant que nous ~ss10ns ~evenus e~
que nous sommes. Mais M111c, Ve_rdunn croy~~t ~ue S~1
avait plus de tempérament qu Elstir pare~. qu u n Y ava~t
aucun art pour lequel il n'eut d~ la fac1hté et :lle é:a1t
persuadée que cette facilité il l'eut. poussé: ¡us~u a~
talent 5,¡1 avait cu moins de paresse. Celle-c1 para1ssa1t
mcme a Mm• Verdurin un don de plus, étant le contraire
du travail qu'elle s'imaginait le_ lot des etr~s sa?s géoi:·
Je crus devoir prendre contre lm la défense d Elsttr. C&lt; Ma~s
oui interrompit l'avocat, il avait bien commencé, on ava1t
cru' qu'il serait de l'avant-garde. En tous cas, ~jouta-t-il avec
un fin sourire, je donnerais tous les Elsur du monde!
meme ses anciens tableaux, pour un Le Sidaner. » Ski
peiQTiait tout ce qu'on voulait, sur des boutons de manch:rte ou sur des · dessus de porte. ll chantait avec une
voix de compositeur, jouait de mémoire en do~naot ~u
piano l'ímpression de l'orchestre, moins par sa v1rtuo~1té
que par ses fausses basses signifiant l'impuissance ~es_d~1~
a iodiquer qu'ici il y a un piston que du reste il 1rn1t:11t
avec la bouche. Cherchant ses mors en parlant pour fa1~_e
croire a une impression curieuse, de la meme fa¡;on qu ti
retardait un accord plaqué ensuite en disant : Ping, pour
faire sentir les cuivres il passait pour merveilleusemeot
intelligent, mais ses idées se ramenaient en réali,té a d:u1
ou trois extremement courtes. Ennuyé de sa réputauon
de fantaisiste, il s'était mis en tete de montrer qu'il était
un etre pratique, positif, d'ou chez lui une triomphante
affectation de fausse _précision, de faux bon s~ns, aggr~vés
parce qu'il n'avait aucune mémoire et des mformat1ons
toujours inexactes. Ses mouvements de tete, de cou, de
jambes, eussent été gracieux s'il eut eu encore neuf ~ns,
des boudes b1ondes un grand col de dentelles et de pet1tes
' Arnvés
·
bottes de cuir rouge.
en avance avec Cotta:d et
Brichot a la oaare de Graincourt, ils avaient laissé Bnchot

EN TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

daos la salle d'attente et étaient allés faire un tour. Quand
Cottard avait voulu revenir, Ski avait répondu : « Mais .
ríen ne presse. Aujourd'hui ce n'est pas le train local,
c'est le train départemental. » Raví de voir l'irnpression
que cette nuance dans la précision produisait sur Cottard,
iI ajouta parlant de lui-meme : ce Oui, parce que Ski aime ·
les arts. parce qu'il modele la glaise, on croit qu'il n'est
pas pratique. Personne ne connait la ligne mieux que
moi. » Néanruoins ils étaient revenus vers la gare, quand
tout d'un coup apercevant la fumée du petit train qui
arrivait, Cottard poussant un hurlement avait crié : "Nous
n'avons qu'a prendre nos jambes a notre cou. » lis étaient
en effet arrivés juste, la distinction entre le traía local
et départemental n'ayant jamajs existé que dans !'esprit
de Ski. ce Mais est-ce que la Princesse n'est pas dans Je
train ? » demanda d'une voix vibrante Brichot dom les
lunettes énormes, resplendissantes comme ces réflecteurs
qne les laryngologues s'attachent au front pour éclairer la
gorge de leurs malades, semblaient avoir emprunté leur
vie auir yeux du professeur, et peut-etre a cause de
l'effort qu'il faisait pour accommoder sa vision avec elles,
semblaient meme dans les moments les plus insignifiants,,
regarder elles-mémes avec une attention soutenue et
une fixité extraordinaire. D'ailleurs la maladie, en retirant peu a peu la vue a Brichot, lui avait révélé les beautés
de ce seos comme il faut souvent que nous nous déci«ions anous séparer d'un objet, a en faire cadeau par exemple pour _le regarder, le regretter, l'admirer ... « Non, non,
la Princesse a été reconduire jusqu'a Maineville des invités.
de Mme Verdurin qui prenaient le train de París. Il ne serait
meme pas impossible que M"'• Verdurin qui avait afaire
a Saint-Mars fut avec elle ! Comme cela elle voyagerait
avec nous et nous. ferions route tous ensemble, ce serait
charmaot. Il s'agira d'ouvrir l'ceil a Maioeville et le bon !
Ah ! ~ ne fait ríen, on peut dire que nous avons bien
failli manquer le coche. Quand j'ai vu le train j'ai été

�u---.i.s.~

Ceat ce qui s'appelle miver aa mement DIJCbdlí!

N&amp; Voya-'\'OUI que D0111 ayons manqué le ~
a- Verdadn voymc 1a 'fOÍt11re venir sana ~ : 1i
Weau I dit le Docteur qui n'~t pas encore ~ de
6noi. VoiJl ue iquip6e qui n'est plS lmale. Dites
~ qu'at-ce que vous dites de notre petite ~padé
..,..,.,-t-ll nec une cenaine fierté, - Par ma Coi,
4k Bn~ en efet si vous n'aviez plus trouvi le
jdJ.t 6t6, ~ Cl\t parlé feo Vtllemain, un ~e •
JOlJ1' ~ fimfire I Je aoyais, ajouta-t-il avcc une m
4e ---.. que vous vous &amp;iez oubliis_ aupra de q
~ e . • Puis : e Dites-mo1, mon cher
6-, 4cmaada-t-il au philosopbe norvégien, restelez
~ e s jou&amp; a la Raspeliae ? - Non, mon chcr
td,e - pardon, collque - rq,ondit le pbilosophc
._.., je dois moumer lundi pour 11ll dtner sur
bocatioas spirltuaises, que mon ~ e , M. Bou,
a.ne diez la Tour d'Argent, ou peut~tre chez lH
~ce. Et de la je pars l Cap de bonne F.spérance. •.
• disuait les premien instants par ces gens que Je
pu, je me rappelai tout d'un coup _ce q~ Cae
.. mamt dit dans la salle de danse du peut c:astDO,
mmme si un cbalnon invisible e6t pu rdier un organe.
les imaaes du souffllir, celle d'Alberrine appuyant ses .
conue cem el'An~, me faisait un mal terrible au
Ce mal ne dura pas; l'~.de relations possibles ~tte Al
• et des íemmes ne me semblait plus poss1ble de
rJftllt-veille oü les avances que mon amie a~t
Saint-Loup ávaient excité en moi une nouvelle yalousae q
pi. . fait oublier la premiue. j'avais la naiveté des
41D croicm qu'un got\t en ezdut forcément un au~
Haanbonville comme le train était bondé, un fmnier
1,1ome· bleue qui n'avait qu'un billet de troisie~e monta~
noue companiment. Le Docteur trouVlnt qu on ne
pu 1aiuer voyager la Princesse avec hu, appe1a un eni •
abiba sa carte de m6dccin d'uiie grande com~ de

::...i,

fa!ta

« ~ lé chef de an A·fafré ·..a.....i""""""""~...
•er. Oftte do:e peina et alarma i D11 tef
de Sanieue que dá qu'il k Tit COlrlD:Jcáctr.
·1 l cause de la quantiti ele paysadii qai .,._,....
• 41u'elle ne prk les proponiont hne ·

;Jlemiu ele' Fer

d'avoir mal au ventre et poar qt{oa: ne
d'avoir sa part de respomabilit6 din, Ja •
r il enfila le couloir en feigtlant de ~hd:her
appelait les • Water •· N'en tmlmDt
muda Je paysage de l'autre mmni~ du petit
d6buts cbez M- Vadurin, Montielir,
qui tenait l monuer ses talents l un e nou
qu"d n'y a pas de milieu 01\ ron
de vivre •, comme disait ll1'l eles •
ntisme, du je m'enfichisme, de
isme A la mode chez nos snobinettcs; je
le Prince de Talleynnd •· Car quand il
•
•
du ~ il trouvait spirituel et e
e • de &amp;ire ¡ricéder Jeur titre de M. et •
e de la Rochefoucauld, M. le Caidinal de
lait d'ailleurs aus.,i de temps en temps :
r liferde Gondi •,ce• boulangiste • de ,M.....
a
manquait jamais avec un sowire d'appeler
, quand il parlait de tui, • Monsieur le Prai
t de Montesquieu •· Un homme du mootle
dt été apeé de ce péclantisme qui sene ~
les par&amp;ites manieres
l'homme du mo
t d'un Prioce, il y a un ,Hantisme aaai
ne autre caste, celle oU l'on &amp;it préddcr le
e de «l'Em~r » et ot&amp; l'on parle Ala • •
a une Altesse. • C"est un milieu chata11111
Cottard, vous trouverez un peu de roar,
en:lurin n'est pas ezclusive, des savams •
Bricbot, de la baure noblesse c:omme,
, la Princesse Sberbatof', une pnde dame
e b Grande-Duchesse Eudozie qui m6me la vo·
't

l!Ull ..." ' .

de

�6) 4

LA NOUVELLE RE\'UE FRAN&lt;;AISE

seule aux heures ou personne n'est admis. » En effet_ la
Grande-Duchesse Eudoxie, ne se souciant pas que la Pnncesse Sherbatoff qui depuis longtemps n'était plus rei;:u~ par
personne vint chez elle quand elle eút pu y avo1r du
-monde ne la laissait venir que de tres bonne heure quand
}'Altes;e n'avait aupres d'elle aucun des amis a qui il eút
,été aussi désagréable de rencontrer la Princ~se q~e cela
cut été genant pour celle-ci. Comme depms tro1s ans,
aussitot apres avoir quitté, comme une manucure, la
·Grande-Duchesse, Mm• Sherbatoff partait chez ~me _Ve~durin qui venait seulement de s'éveiller, et. ne la qu1tta~t
plus, on peut dire que la fidélité de _la P~mcesse passa1:
infiniment celle meme de Brichot, s1 :1ss1du pourtant a
.ces mercredis ou il avait le pl;üsir de se croire a París urie
sorte de Chateaubriand a l'Abbaye aux bois et a la camp.agne ou il se faisait l'effet de devenir l'équivalent de ce
.que p~uvait etre chez Mm• de Chatelet _celui_ qu'il nommait
toujours (avec une malice et une satls~a.ctton ~e lettr~) :
ce M. de Voltaire ». Son absence de relat1ons avalt perm1S a
la princesse Sherbatoff de montrer depuis quelques années
aux Verdurin une fidélité qui faisait d'elle plus qu'u~e
e&lt; fidele » ordinaire, la ñdele type, l'idéal que Mm• Verdunn
avait longtemps cru inaccessible et qu'arrivée au retour
d'age, elle trouvait enfin incarnée en cette nouvelle recrue
féminine. De quelque jalousie qu'en eut été torturée la Patronne il était sans exemple que les plus assidus de ses
fideles 'n'eussent ,e laché ,i une fois. Les plus casaniers se
laissaient ten ter par un voyage; les plus continents avaient
eu une bonne fortune; les plus robustes pouvaient attraper
la grippe; les plus oisifs etre pris par leurs_ vingt-huit jours;
Ies·plus indifférents aller fermer les yeux_ a leur ~er_e mourante. Et c'était en vain que Mm• Verdunn leur d1~a1t alors,
comme l'Impératrice romaine, qu'elle était le seul général a
qui dút obéir sa légion, comme le Christ ou I~ Kaiser,, q~e
celui qui aimait son pere et sa ~ere a~ta~t qu el~e et n ,éta1t
pas pret a les quitter pour la su1vre n étalt pas digne d elle,

EN TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

6S5

qu'au lieu_ de s'~ffaiblir au lit ou de se Iaisser berner par
une grue 11s fera1ent mieux de rester pres d'elle, elle, seul
re~~e et se~le volupté. Mais la destinée qui se plait parfo1s_ a e:nbelhr la fin des existences qui se prolongem tard.
avau _fa1t rencontrer aMm• Verdurin la Princesse Sherbatoff.
Brou1llée avec sa famille, exilée de son pays, ne connaissant plus que la Baronne Putbus et la Grande-Duchesse
Eudoxie, cbez lesquelles, parce qu'elle n'avait pas envíe de
r~nc~ntrer les ~mies de la premiere, et parce que la seconde
n avatt pas env1e que ses amies rencontrassent la Princesse
ell~ n'allait qu'aux heures matinales ou Mmc Verdurin dor~
matt encore, ne se souvenant pas d'avoir gardé la cham bre
une seule fois, depuis l'áge de douze ans ou elle avait eu la
rougeole, ayant répondu le 31 décembre a Mmc Verdurin
q~i, inquiete d'etre seule, lui avait demandé si elle ne pour~a1t p.as res~er coucher a l'improviste, malgré le jour de
lan: ,e M~s qu'es;~e qui pourrait m'en erripecber n'importe que} ¡our? D atlleurs ce jour-la on reste en farnille et
vous etes ma famille ll, vivant daos une pension et changeant da pension quand les Verdurin déménageaient
)~ suivant dans leurs villégiatures ; la Princesse avait
b1en réalisé pour Mm• Verdurin le vers de Vigny remis en
Iumiere par une épigraphe de Roben de Montesquiou: « Toi
seule me pai:us ce qu'on cherche toujours », que la Prési~ente du peut cerde, désireuse de s'assurer une « fidele »
¡usque dans la mort, lui avait demandé que celle des deux
qui mourrait la derniere se fit enterrer a cóté de l'a tr
v·
.. d
u e.
1s-a-v1s es étrangers, - parmi lesquels il faut t-0u1·0
l.
u~
com?ter ce ~1.a qui nous_ mentons le plus parce que c'est ·
celu1 par qui ti nous :era1t le plus pénible d'etre méprisé :
nous-meme, - la Pnncesse Sherbatoff avait soin de représenter ses trois seules amitiés - avec la Grande-Duchesse
~vec les Verdurin, avec la Baronne Putbus - comme ¡~
seules, non que des cataclysmes indépendants de sa volooté
eussent laiss~ éme;ger ~u milieu de la destruction de rout
le reste, mais qu un hbre choix lui avait fait élire de

si

�656

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISB

préférence a toutes autres, et auxquelles un certain gout ~e
solitude et de simplicité l'avait fait se borner. &lt;&lt; Je ne vo1s
personne d'autre, &gt;&gt; disait-elle. en, i?si~tant ~ur le ~rac.~ere
inflexible de ce qui avait plutot 1a1r d une r:gle ~u on s unpose que d'une nécessité qu'on subit. Elle a¡outatt: «_Je ~e
fréquente que trois maiso~s », ~?mme les .:uteurs qm cra1t de ne pouvoir aller ¡usqu a la quatneme annoncent
gnan
.
Q M
que leur piece n'aura que troi~ représen~t1ons. u
_et
Mm• Verdurin ajoutassent fo1 ou non ª, cett~ fictton.' 11s
avaient aidé la Princesse al'inculq uer dans l esp~1t des fideles.
Et ceux-ci étaient persuadés ala fois que la Pnnces~e, ent.r~
des milliers de relations qui s'offraient a elle, ava1t cho1_s1
les seuls Verdurin, et que les Verdurin, sollicité~ ~n v~m
par toute la haute aristocratie, n'a~aient consentl a fa1re
qu'une exception en faveur de la Prmce~e.,
La Princesse était fort riche ; elle ava1t a tout~s 1~ pre.,.
une grande baignoire ou, avec l'autonsatton
de
m1cres
.
.
Mm• Verdurin, elle emrnenait les fideles et_ ¡ama~s personne
d'autre. On se montrait cette personne émgm~tique et pale
qui avait vieilli sans blanchir et plutót en rougrssant
certains fruits durables et ratatinés des haies. On adn:itratt
a la fois sa puissance et son humilité, car ayant touJours
avec elle un académicien, Brichot, un célebre savant, Cottard, le premier pianiste du temps, plus tard ~- d: Charlus,
11 s' efforcait pourtant de reten ir ex pres la ba1gnotre la plus
:b~ure, r~stait au fond, ne s'occupait en ~ien de la salle,
vivait exclusivement pour le petit groupe, qm un peu avan~ la
fin de la représentation se retirait en suivan_t ':ttesouv~ratne
étrange, et non dépourvue d'une beauté _t1m1de, fascmante
é O r si Mm• Sherbatoff ne regarda1t pas la salle, reset us e.
, bl'
•·¡ · 't
tait daos l'ombre, c'était pour tacher d ou ier qu t ex1sta1
un monde vivant qu'elle désirait passionnéme.nt e~ ne po~.
connaitre . la « coterie » dans une « ba1gno1re » éta1t
va1t pas
·
.
,.
bT é
pour elle ce qu'est pour certains a01maux 1imm? I tt
quasi-cadavérique en présence du d~nger .. Néanmoms le
g~ftt de nouveauté et de curiosité qm trava1lle les gens du

7 .

'ºn:1~e

657

EN TRAM JUSOU'A LA RASPELIERE

monde faisait qu'ils pretaient peut-etre plus d'attention a
cetre mystérieuse inconnue qu'aux célébrités des premieres
to~es che: qui chacun venait en visite. On s'imagínait
qu elle étalt autrement que les personnes qu'on connaissait
qu'une merveilleuse intelligence jointe a une bonté divi~
natrice retenaient autour d'elle ce petit milieu de gens émine~ts. La Pr_incesse _était forcée si on lui parlait de quelqu un ou s1 on lu1 présentait quelqu'un de feindre une
~rande froideur pour maimenir 1a fiction de son horreur
du monde. Néanmoins, avec l'appui de Cottard ou de
Mme Verdurin, c¡uelques nouveaux réussissaient a la connaitr.e .et son ivresse,~'en connaitre un était telle qu'elle en
-0ubha1t la fable del tsolement voulu, et se dépensait follement pour le nouveau venu. S'i! était fort médiocre chacun s'étonnait. « Quelle chose singuliere que 1a Pri~cesse
qui ne veut co_nnaitre personne, aille faire une exception
pour cet étre s1 peu caractéristique ! •&gt; Mais ces fécondantes
connaissances étaient rares, et la Princesse vivait étroitement confinée au milieu des fideles.
Cottard disait beaucoup plus souvent : ce Je le verrai
mercredi chez les Verdurin &gt;&gt;que: « Je Je verrai mardi a
1'Académie. » Il parlait aussi des mercredis comme d'une
occupation aussi importante et aussi inéluctable. D'ailleurs
.Cottard était de ces gens peu recherchés qui se font un
~evoir aussi i~p~rieux de se rendre a une invitation que
s1 elle consutuan un ordre, comme une convocation
militaire ou judiciaire. II fallait qu'il fut appelé par une
visite bien importante pour qu'il « 1achat &gt;&gt; les Verdurin le
mercredi, l'importance ayanttrait d'ailleurs plutót a la qualité du malade qu'a la gravité de la maladie. Car Cottard
quoique bon homme, renon~it aux douceurs du mercredi
non pour un ouvrier frappé d'une attaque, mais pour le
coryza d'un ministre. Encare dans ce cas disait-il a sa
femme : « Excuse-moi bien aupres de Mme Verdurin. Préviens que j'arriverai en retard. CetteExcellence aurait bien
.pu choisir un autre jour pour etre enrhumée. » Un mer.µ

�658

LA NOUVELLE REVUE FRANc;.AISB

credi leur \·ieille cuisiniere s'étant coupé la veine du bras,
Cottard déja en smoking pour aller chez les Verdurin avait
haussé les épaules quand sa femme lui avait timide~e~t
demandé 'il ne pourrait pas panser la blessée : « MatS ie
ne peux pas, Léontine, s'était-il écrié en gémissa_nt, t~ vois
bien que j'ai mon giler blanc. » Pour ne pas 1mpat~enter
son mari, Mm• Cottard avait fait chercher au plus vite le
chef de clinique. Celui-ci pour aller plus vite avait pris une
voiture, de sortc que la sienne entrant daos la cour au
moment ou cellc de Cottard allait sortir pour le mener chez
les Verdurin, on avait perdu cinq minutes aavancer, a reculer. Mm• Cottard était genée que le chef de clinique vit son
maitre en tenue de soiréi:. Cottard pestait du retard, peutetrc aussi par remords, et partit avec une humeu~ exé~ra~le
qu'il fallut tous les plaisirs du mei;credi pour arm·er a d1ssiper.
¡ un dient de Cotta~d lui demandait : &lt;&lt; Rencontrezvous quelquefois les Guennantes ? &gt;&gt; c'est de la meilleure
foi du monde que le Professeur répondait : « Peut-etre pas
justement les Guermantes, je ne sais pas. Mais je \:ois tout
ce monde-la chez des amis a moi. Vous avez certamement
enrendu parler des Verdurin. lis connaissent tou~ le mon~e.
Et puis eux du moins ce ne sont pas des gens chics décaus.
JI y a du répondant. On é\'alue généralement que Mm• ~erdurin est riche a trente-cinq millions. Dame ! trente-cmq
millions c'est un chiffre. Aussi elle n'y va pas avcc le dos
de la cuiller. Vous me parliez de la duchesse de Guermantes.
Je ,ais \"OUs dire la ditférencc: Mmc Verdurin c'est une
grande dame ; la Duchesse de Guermantes est probablement une purée. Vous saisissez bien la nuance, n'est-c.e
pas? En tous cas que les Guennanres aillent ou non chez
M= Verdurin, elle re&lt;;oit, ce qui vaut mieux, les d'Sherbatoff les d'Forche,·ille, et tutti qzumti des gens de la plus
ha;te volée, toute la noblesse de France et de Nav_arre a
qui vous me vcrriez parler de paira compagnon. D'a11leurs
ce t,ocnrc d'individus rechercbe ...-olontiers les princes de la

.l!N TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

science, » ajoutait-il avec un sourire d'amour-propre béat,
amené a ses levres par la satisfaction orgueilleuse, non as
tellement que l'expressioa jadis réservée aux Pow·n p
Cha
, . •
.
, aux
rcot, s apphquat mamtenanr a lui, mais qu'il sut enfin
~ser comme il convenair de toutes celles que l'usage autonse et qu'apres les avoir longtemps piochées il possédait •
Et d A
· m'avo~ cité la Princesse Sheroototf
'
on • uss1· apres
parmiª
les ~rsonnes q~e- recevatt Mm• Verdurin, Cottard ajourait
en cltgnant de I reil : &lt;&lt; Vous voyez le genre de la maison
vous comprenez ce que je veux dire ? l)
'
~ Princesse sera a Maineville. Elle voyagera avecnous.
Ma1s ¡e ne vous présenterai pas tout de suite. IJ vaudra
mieux que ce soit Mmc Verdurín qui fasse cela. A moins
que je ne trouve un joint. Comptez alors que je sauterai
dessus. - De quoi par1iez-vous, dit Saniette, qui, Je
tram en marche, cessa d'avoir peur et était revenu
parm~ nous,_ fei~ant d'avoir été prendre l'air . ..,__ Je citaisa
Mons1eur, d1t Bncbot, un mot que vous connaissez bien de
~lui q_ui est, a mon avis le premier des fins de siecle (du
S1ecle xvm s entend), le prénommé Charles Maurice abbé
de Périgord. Il avait coinmencé par promettre d'é;re un
tres_ bon i_o~rnaliste. ~ais il tourna mal, je veux dire qu'il
devmr m1rustre ! La v1e a de ces disgnices. Politkien peu
sc~puleux au demeurant qui avec des dédains de grand
seigne_ur racé ne se ~énait pas de travailler ases heures pour
le Ro1 de Prusse, e est le cas de le dire, et mourut dans la
peau d'un centre gauche. &gt;i
« On doir étre roujours sans nouvelles du violoniste »
dit Cottard. L'événement du jour daos le petit clan était e;
effet le Licbage du violoniste favori de Af "'c Verdurin.
Celui-ci qui faisait son service militaire pres de Doncieres
venait trois fois par semai ne diner a la Raspeliere car il avait
Ja_permission de minuit. Or l'avaat-,·eille, pour la premiere
fo1s, les fideles n'avaient pu arriver a le découvrir dans Je
tram. On avait suppos1: qu 'il l'avait manqué. Mais Afmc Verdurin avait eu beau envoyer, au tram suivant, enfia au

1:1

�660

LA NOUVELLE REVUE FRANt;AISE

dernier, la voiture était revenue vide. ce Il a surement été
fourré au bloc, il n'y a pas d'autre explication de sa fugue.
Ah! dame, vous savez dans le métier militaire avec ces
gaillards-la, il suffit d'un adjudant grinch~ux ..- C~ sera
d'autant plus mortifiant -pour Mm• Verdurm, d1t Bnchot,
s'il lkhe encore ce soir, que notre airoable hotesse re~oit
justement a diner pour la premi~re fois les v~isins qui lui
ont loué la Raspeliere, le Marqms et la Marqmse de Cambremer. - Ce soir, le Marquis et la Marquise de Carnbremer l s'écria Cottard. Mais je n'en savais absolument rien.
Naturellement je savais comme vous tous qu'ils devaient
venir un jour, mais je ne savais pas que ce fut si proche.
Sapristi, dit-il en se tournant vers rooi, q~'est-ce que j~vous
ai dit : la Princesse Sherbatoff, le Marqu1s et la Marqruse de
Cambremer. » Et apres avoir répété ces noms en se ben;ant.
de leur mélodie: « Vous voyez que nous nous mertous bien,
me dit-il. N'importe, pour vos débuts. vous mettez dans le
mille. Cela va étre unecharobrée exceptionnellement brillante.» Etsetournantvers Brichot il ajouta: &lt;&lt; La patronne
doit etre furieuse. Il n'est que temps que nous arrivions lui
preter main forte. » Depuis que Mm• Verdurin était a la
Raspeliere elle affectait vis-a-vis des :fideles d'etre en effet
dans l'obligation et au désespoir d'inviter une fois ses propriétaires. Elle aurait ainsi de meilleures conditions pour
l'année suivante, disait-elle, et ne le faisait que par intéret.
Mais elle prétendait avoir une telle terreur, se faire un te!
monstre d'un diner avec des gens qui u'étaient pas du petit
groupe, qu'elle le remettait toujours. I1 l'effrayait du reste
un peu pour les motifs qu'elle proclamait, tout en les
exagérant, si par un autre cóté il l'enchantait pour des
raisons de snobisme qu'elle préférait taire. Elle était done
aderoi sincere, elle croyait le petit clan que1que chose de si
unique au monde, un de ces ensembles comme il faut des
siecles pour en constituer un pareil, qu'elle tremblait ala
pensée d'y voir introduits ces gens de province, igoorants
de la Tétralogie et des « Maitres », qui ne sauraient pas

EN TRAM JUSQU'A LA Ri\SPELI.ERE

66 r

te11ir leur panie daos le coocert de la conversatioo oéoérale
et étaieot capables en veoaot chez Mme Verd~rin de
détruire un d_es fame~ m.ercredis, chefs-d'reuvre incomparables et frag1les, pare1ls a ces verreries de Venise qu'une
fausse note suffit a briser. &lt;&lt; De plus ils doivent etre tout ce
qu'il Ya de plus anti, et galonnards, avait dit M. Verdurin.
-, Ah ! c;a par ex.emple, c;a m'est égal, voila assez longtemps
qu on en parle de cette histoire-la », avait- répondu Mm• Verdurin qui síncerement dreyfusarde eút cependant voulu
trouver-dans la prépondérance de son salon dreyfusiste une
r~compense mondaine. Orle dreyfusisme triornphait polit1quement mais non pas mondainemeut. Labori Reinach
Picquart, Zola, restaient pour les gens du ~onde de~
esp~ces de traí'tres qui ne pouvaient que les éloigner du
petit noyau. Aussi, apres cette incursion dans la politique
Mm• Verdurin tenait-elle a rentrer daos l'art. D'ailleur;
d'Indy, Debussy, n'étaient-ils pas ce mal &gt;&gt; dans !'Affaire ?
« Pour ce qui est de I'Affaire nous n'aurions qu'a les mettre
a cóté de Brichot, dit-elle (l'universitaire étant le seul des
fi~eles qui avait pris le parti de l'Etat-Major, ce qui I'avait
f~1t beauco~p baisser daos l'estime de Mm• Verdurin). On
n est pas ob!1?é de,rarler éternellernent de !'affaire Dreyfus.
Non, la venté e est que les Cambremer m'embetent. »
Qu~nt aux fideles, aussi excités par le désir inavoué qu'ils
ava1ent de connaitre les Cambremer, que dupes de l'ennui
~ffecté que Mme Verdurin disait éprouver a les recevoir,
ils reprenaient chaque jour en causant avec elle les vils
argumeots qu'elle donnait elle-meme en faveur de cette
invitation, tachaient de les rendre irrésistibles. (( Décidezvous une bonne fois, répétait Cottard, et vous aurez
!es :oncessions pour le loyer, ce sont eux qui paieront le
Jardiníer, vous aurez la jouissance du pré. Tout cela vaut
bien de s'enouyer une soirée. Je n'en parle que pour vous »
ajout~it-il, bien que le cceur lui eut battu une fois que d;ns
la vo1ture de Mme Verdurin il avait croisé celle de la vieille
Mm• de Cambremer sur la route, et surtout qu'il fút humilié

�662

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

pour les employés du chemin de fer, quand, a la gare, il se
trouvait pres du marquis. De leur coté les Cambremer, vivant
bien trap loin du mouvement mondain pour pouvoir
meme se douter que certaines fernrnes élégantes parlaient
avec quelque considération de Mmc Verdurin, s'iruaginaient
que celle-ci était une personne qui ne pouvait connaitre
que des bohémes, n'était meme peut-etre pas légitimement
mariée,, et en fait de gens ce nés » ne verrait jamais qu'eux. lis
ne s'étaient résignés ay diner que pour etre en bons termes
avec des Iocataires dont ils espéraient le retour pour de nomhreuses saisons, surtout depuis qu'ils avaient, le mois précédent, appris qu'ils venaient d'hériter de tant de tnillions. Mais
comme ils étaient mieux élevés que les Verdurin, c'est en
silence et sans plaisanteries de mauvais gout qu'íls se préparaient au jour fatal. Les fideles n'espéraient plus qu'il vint
jamais, tant de fois Mm• Verdurin en avait déja fixé devant
eux la date toujours changée. Ces fausses résolutions
avaient pour but, non seulement de faire ostentation de
l'ennui que lui causait ce diner, mais de tenir en haleine
les membres du petit groupe qui habitaient daos le voisinage et étaíent parfois endins a lácher. Non que la patronne
devinit que le ce grand jour &gt;&gt; leur était aussi agréable qu'a
elle-meme, mais parce que leur ayant persuadé que ce
diner était pour elle la plus terrible des corvées, elle pouvait
faire appel a leur dévouement. ce Vous n'allez pas me laisser seule en tete a tete avec ces chinois-la ! 11 faut au contraire que nous soyons en nombre pour supporter l'ennui.
Naturellement nous ne pourrons parler de rien de ce qui
nous intéresse. Ce sera un mercredi de raté, que voulezvous ! ))
ce En effet, répoodit Brichot, ep. s'adressant a moí, je
crois que Mn" Verdurin, qui est tres intelligente et apporte
une grande coquetteríe a l'élaboration de ses mercredís, ne
tenait guere a recevoir ces hobereaux de grande ligoée mais
saos esprit. Elle n'a pu se résoudre a inviter la Marquise
douairiere, mais s'est résign.ée au fils et a la belle-fille. &gt;&gt;

EN TRAM JUSOU'A LA RASPELIÉRE

•La marquise douairiere de Cambremer, que Mm• Verdurin avait exclue de son invitation, était ceUe qui allait
autrefois chez Mm• de Saint-Euverte. Notons seulement
pour l'instant, a son sujet, qu'elle avait deqx. singulieres
habitudes qui tenaient a la fois a son amour exalté pour les
arts (surtout pour la rnusíque), et a son insuffisance dentaire. Chaque fois qu'elle parlait esthétique ses glandes salivaires - cornme celles de certains animan,'{ au moment du
rut - entraienr dans une phase d'hypersécrétion telleque la
bouche édentée de la vieille dame laissait passer au coin
des levres légerement moustachues, quelques gouttes dont
ce n'était pas la place. Aussitót elle les ravalait avec un
grand soupir, comme quelqu'un qui reprend sa respiration.
Enfin s'il s'agissait d'une trop grande beauté rnusicale, dans
son enthousiasme elle levait les bras et proférait quelques
jugements sommaires, énergiquement mastiqués et au
besoin venant du nez. e&lt; Ah ! vous connaissez Chopin ! »
me &lt;lit-elle la premiere fois, d'une voix ou le ravissement
mettait plus de galets.qu'il n'y en eut jamais daos la bouche
de Démosthene, et comme si elle avait dit ce Ah l vous
connaissez Madame de Franguetót » ce qui luí eut fait
beaucoup moins de plaisir. ce Comment, vous l'aimez
aussi, ajouta-t-elle, stupéfaite, car sa belle-fille professait
que les Nocfttrnes étaient des sórtes de vieilles rengaines.
Elodie ! Elodie ! il aime Chopin ! Cela ne m'étonne pas,
il est si hantiste ! &gt;&gt; Et le flux salivaire, ayant rou)é ces
galets, blanchit un instant la moustache et trempa la
voilette.
e&lt; Ah ! nous verrons la rnarquise de Cambremer ? &gt;l dit
Cottard avec un sourire ou il crut devoir mettre de la paillardise et du marivaudage, bien qu'il ignorat si Mme de Cambremer était jolie ou non. Mais le titre de marquise éveillait en lui des images prestigieuses et galantes. ce Ah ! je la
connais, dit Ski qui l'avait rencontrée une fois qu'il se
prornenait avec Mm• Verdurin. - Vous ne la connaissez
pas au seos biblique, » &lt;lit, en coulant un regard louche sous

�664

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;..\ISE

son lorgnon, le docteur, dont c'était une des plaisanteries
favorites.
Enfin le train s'arreta it 1a station de Doville-FéterneT
laquelle étant située a peu pres a égale distance du village
de Féterne et de celui de Doville, portait a cause de cette
particularité leurs deux noms. ce Saperlipopette, s'écria le
Docteur Cottard, quand nous fumes devant la barriere oú
on prenait les billets, et feignant seulement de s'en apercevoir, je ne peux pas retrouver mon ticket, j'aí dü le perdre. )) Mais l'employé, 6tant sa casquette, assura que cela ne
faisait rien et sourit respectueusement. La Princesse (donnant des explícations au cocher, conune eút fait une espece
de dame d'honneur de Mm• Verdurin, laquelle a cause des
Carnbremer n'avait pu venir a la gare, ce qu'elle faisait du
reste rarement) me prit ainsi que Brichot avec eUe dans
une des voitures. Daos l'autre monterent le Docteur,
Saniette · et Skí. Nous traversa.mes d'abord Doville. Des
mamelons herbus y descendaient jusqu'a la ruer en amples
patés auxquels la saturation de l'humidité et du sel donnait
une épaisseur, un moelleux, une viva.cité de tons extremes.
Les ilots et les découpures de Rivebelle, beaucoup plus rapprochés ici qu':i Balbec, donnaient a cette pattie de la
mer l'aspect, nouve:m pour moi, d'un plan en relief. Nous
passámes devant de petits chalets Joués presque tous par
des peintres ; nous primes un sentier oú des vaches en
liberté, au-ssi effrayées que nos cheyaux, nous barrerent
dix minutes le passage, et nous nous engageames dans la
route de la corniche. ce Mais par les Dieux ímmortels, demanda tout a coup Brichot, revenons a ce pauvre
Dechambre; croyez-vous que Madame Verdurin sache? Lui
a-t-on dit? » M"'• Verdurin, comme presque tous les gens
du monde, justernent parce qu'elle avait besoin de la société
des autres, ne pensait plus un seul jour a eux apres qu'étant
morts ils ne pouvaient plus venir aux rnercredis, ni aux san1edis, ni diner en robe de chambre. Et on ne pouvait pas dire
du petitclan, image en cela de mus les salons, qu'il se com-

665

EN TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

posat de plus de mons que de vivants, vn que des qu'on
était mort c'était comme si on n'avait j:unais existé. Mais;
pour éviter l'ennui d'avoir a parler des défunts, voire de
suspendre les diners, chose impo~sible ala Patronne, a cause
d'un deuil, M. Ver&lt;lurin feignait que la mort des fideles
affectat tellement sa femme que, dans l'intérét Je sa santé,
il ne fallait pas en parler. D'aílleurs, et peut-étre justement
parce que la mort des autres lui semblair un accident si
d~fi~itif et si vulgaire, la pensée de la sienne propre lui
fa1sa1t horreur et il fuyait toute réflexion pouYant s'y rapporter. Quant a Brichot, comme il était tres brave homme
et parfaitement dupe de ce que M. Verdurin disait de sa
femme, il redoutaic pour son amie les émotions d'un pareíl
chagrin. ce Oui, elle· sait tout depuis ce matin, dit la princesse, on n'a pas pu luí cacher. - Ah ! mille tonnerres de
Zeus, s'écria Brichot, ah ! i;a a du etre un coup terrible,
un ami de vingt-cinq ans. En voila un qui é~it des nótres.
-Evidemment, évidemment, que voulez-Yous, &lt;lit Cottard.
Ce sont des circonstances toujours pénibles; rnais Mm Verdurin est une femme forte, c'est une cérébrale encare plus
qu'une émotive. - Je ne suis pas tout a fait de l'avis du
Docteur, dit la princesse a qui son parler rapide et murmuré donnait l'air i fois boudeur et mutin. Mm• Verdurin sous une apparence froide cache des trésors de sensibilité. M. Verdurin m'a &lt;lit qu'il avait eu beaucoup de
peine a l'empecher' d'aller a París pour la cérémonie; il
a été obligé de lui faire croire que tour se ferait a la campagne. - Ah! diable, elle voulait aller a Paris. Mais je
sais bien que c'est une femme de ca::ur, peut-étre de trop de
cceur meme. Pauvre Dechambre ! Comme le disait encore
M= Verdurin il n'y a pas deux mois: ce A coté de luí
Planté, Paderewski, Risler meme, rien ne tient. •&gt; Ah ! il a
pu dire plus justement que ce m'as-tu vu de Néron qui a
trouvé le moyen de rou.ler la science allemande elle-meme =
« Qualis anifex pereo &gt;l ! Mais 1ui du rnoins, Decham bre,
a du mourir dans l'accomplissement du sacerdoce, en odeu¡¡
0

�LA NOUV.ELLE :REVUE FRAN~JSR

666

&lt;ie dévotion beethovenien.n e; et bravement, je n'en doute
pas ; en bonne ji,istice cet officiant de la musique allemande
aurait mérité de trépasser en célébrant la messe en Ré.
Mais il était au demeurant homme aaccueillir la Camarde
avec un trille, car cet exécmant de génie retrouvait parfois
dans son ascendance de Champenois parisianisé, des craneIies et des élégances de garde-fran&lt;;aise. &gt;&gt;
De la hauteur ou nous étions, déja la mer n'était
plus, ai.nsi qu'a Balbec, pareille ame ondulations de mo~taanes soulevées, mais au contraire, comme d'un pie,
d'une route qui coorourne la rnontagne, un glacier
bleuatre, ou une plaine éblouissante, situés a une moindre
altitude. Le déchiquetage des remous y semblait immobi~
lisé, et avoir dessiné pour toujours ses cercles concentriques; l'émail meme de la roer q_ui chaagéait insensiblement de couleur, prenait vers le fond de la baie, oú se
creusait- un estuaire, la blancbeur bleue d'un lait ou de
petits bacs noirs qui n'avanc;aient pas semblaient empetrés
comme des mouches. Je ne croyais pas qu'on pftt découvrir de nulle part un tablean plus vaste. Mais a chaque
tournant une partie nouvelle s'y ajoutait et quand nous
arrivames a l'octroí de Doville, l'éperon de falaise qui nous
.avait caché jusque-la une moitié de la baie, rentra, et je
vis tout coup
ma gauche un golfe aussi profond que
celui que j'avais eu jusque-la devant moi, mais dont il
changeait les proportions et doublait la beauté. L'air i ':
poiot si élevé devenait d'une vivacité et d'uoe pureté qu1
m'enivraient. J'aimais les Verdurin; qu'ils nous eussent
envoyé une voiture me semblait d'une bonté attendrissant~J'aurais voulu embrasser la Princesse. Je lui dis que_ ¡e
n'avais jamais rien vu d'aussi beau. Elle fit profess10n
d'aimer aussi ce pays plus que tout autre. Mais je sentais
bien que pour elle comme pour les ~erdurin _la ~ran_de
affaire était non de le contemp1er en tounstes, ma1s d y faire
de bons repas, d'y recevoir une société qui leur plaisai~,
d'y écrire des lettres, d'y lire, bref d'y vh:re, laissant passr-

o:

a

a

EN TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

667

v~m~nt la' b~auté de la nature les baigner plutót qu'ils n'en
faisa1ent 1ob¡et de leurs préoccupations.
De l'octroi, la voiture s'étant arretée pourun instant aune
telle hauteur au-dessus de la mer que comme d'un som~et l~ vue du gouffre bleu:hte donnait presque le vertige,
Jouvns le carreau; le bruit distinctement per~u de chaque
flot qui se brisa:it avait daos sa douceur et dans sa netteté
quelque chose de sublime. N'étafr-il pas comme un indice
de mensuration qui renversant nos impressions habituelles
nous montre que les distances verticales peu•,ent etre assimilée~ aux distances horizontales, au contraire de la représentat1on que notre esprit s'en fait d'habitude; et que, rap•
prochant ainsi de nous le ciel, elles ne sont pas plus grandes;
qu'ell~ sont meme moins grandes pour un bruit qui les
franch1t cornme faisait celui de ces petits fiots car le ruilieu
qu'il a a traverser est plus pur. Et en effet si on allait
seulement de deux metres en arriere de l'octroi on ne distinguait plus ce bruit de vagues auquel deux cents metres
de falaise n'avaient pas enlevé · sa délicate, minutieuse et
douce précision. Je me disais quema grand'mere aurait eu
pour lui cette admiration que luí inspirait toutes les manifestations de la narure on de l'art, dans la simplicité desquelles on lit la grandeur. Je sais que la Princesse dit plus
tard a Cottard qu'elle me trouvait bien enthousiaste; il lui
répondit que j'étais trop émotif et que j'aurais en besoin
de calmaots et de faire du tricot. Je faisais remarquer a
Mmc Sherbatoff chaque .arbre, chaque petite maison croulant
sous ses roses, je Iui faisais tout admirer. Elle me dit qu'elle
voyait que j'étais doué pour la peinture, que je devrais
dessiner, qu'elle était surprise qu'on ne me l'eut pas encore
dit. Nous traversames, perché sur la hauteur, le petit
village d'Englesqueville. « Mais etes-vous bien sur · que
le diuer de ce soir a lieu malgré la mort de Dechambre
'
.
Pnncesse,
ajouta-t-il sans réfléchir que la venue a la
gare des voitures dans lesquelles nous étions était déja
une répoose ? - Oui, M. Verdurin a tenu a ce qu'il

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�670

LA NOU\'ELLE REVUE FRANCAISE

lachat, avait-on soin de l'inviter avec des paroles aimables
et persuasives comme en ont au lycée les vétérans, au
régiment les anciens, pour un bleu qu'on veut amadouer
afin de pouvoir s'en saisir, a seules fins alors de le chatouiller et de lui faire des brirnades quand il ne pourra plus
s'échapper. ce Surtout, rappela a Brichot Cottard qui n'avait
pas attendu M. Verdurin, motus devant Mm• Verdurin. Soyez sans crainte, oCottard, vous avez affaire a un sage,
comme dit Théocrite. D'ailleurs M. Verdurín a raison, a
quoi servent nos plaintes, ajouta-t-il, car capable d'assimiler des formes verbales et les idées qu'elles amenaient en
lui, mais n'ayant pas de finesse, il avait admiré daos les
paroles de M. Verdurin le plus courageux stoi:cisme.
N'importe, c'est un grand talent qui disparait. - Comment, vous parlez encore de Dechambre, &lt;lit M. Verdurín
qui nous avait précédés et qui, voyant que nous ne le suivions p"as, était revenu en arriere. Ecoutez, dit-il a Brichot,
il ne faut d'exagération en rien. Ce n'est pas une raison
parce qu'il est mort pour en faire un génie qu'il n 'était
pas. JI jouait bien, c'est entendu, il était surtoul' bien encadré ici ; transplanté, il n'existait plus. Ma femme s'en était
engouée et avait fait sa réputation. Vous savez comme elle
est. Je dirai plus, dans l'intéret meme de sa répuration il
est mona u bon moment, apoint comme j'espereque le sera
le poulet que nous allons manger (a moins que vous ne
nous éternisiez par vos jérémiades dans cette kasbah
ouverte atous les vents). Vous ne voulez tout de meme
pas nous faire creYer tous parce que Dechambre est mort
et quand depuis un an il était obligé de faire des gammes
avant de donner un concert, pour retrouver momentanément, bien momentanément, sa souplesse. Du reste vous
allez entendre ce soir, ou du moins rencontrer, car ce
matin-la délaisse trap souvent apres diner l'art pour les
cartes, quelqu'un qui est un autre artiste que Decham bre, un
petit quema fenune a découvert ( comme elle avait découvert
Dechambre du reste et Paderewski et le reste): Morel. Il n'est

EN' TRAM JUSQU'A LA RASPELIERE

671

pas encore arrivé ce bougre-la. Je vais etre obligé d'envoyer
une voiture au dernier train. Il vient avec un vieil ami de
sa famille qu'il a retrouvé et qui l'embete a crever mais
avec qui il aurait été obligé pour ne pas avoir des pÍaintes
de son pere de rester sans cela a Doncieres a lui tenir con1~
pagnie, le Baron de Cbarlus. i&gt; Les fideles entrerent
M. Verdurin, resté en arriere avec moi pendant que j'ótai;
mes affaires, me prit le bras en plaisantant, comme fait a
un d1ner un maitre de maison qui n'a pas d'invitée a vous
donner a conduire. « Vous avez fait bon voyage ? - Oui,
M. Brich~t_m'a appris des choses qui m'ont beaucoup inté~ess~ », d1s-¡e en ~ensant acertaines étymologies et parce que
J a~a1s entendu dire que les Verdurin admiraient beaucoup ,
Bnchot. « Cela m'aurait étonné qu'il ne vous eut rien
appris,_ me dit M. Verdurin, c'est un homme si effacé, qui
parle st peu des choses qu'il sait. » Ce compliment ne me
par_u~ pas tres ju~te. « II a l'air charmant, &lt;lis-je. - Exquis,
délic1eux, pas p10n pour un sou, famaisiste, léger, ma
femme l'adote, rnoi aussi ! » répondit M. Verdurin sur un
ton d'exagération et de réciter une lei;on. Alors seulement
je c_ompris que ce ~u'~l me disaít de Brichot était ironique.
Et ¡e _me demanda1 s1 M. Verdurin depuis le temps lointain dont j'avais entendu parler n'avait pas secoué la tutelle
de sa femme.
ce J'entends la voiture qui revient », murmura tout acoup
la Patronne. Disons en un motque Mmc Verdurin, en Jehors
~me des changements inévitables de l'age, ne ressemblait
plus a ce qu'elle était au temps ou Swann et Odette écoutaient cbez elle la petite phrase. Meme quand on la jouait,
elle n'était plus obligée a l'air exténué d'admiration qu'elle
prenait autrefois, car celui-ci était devenu sa figure. Sous
l'action des innombrables névralgies que la musique de
Bach, de Wagner, de Vinteuil, de Debussy lui avait occasionnées, le front de Mm• Verdurin avait pris des proportions énormes, comme ces membres qu'un rhumatisme
finit par déformer. Ses tempes pareilles a deux belles spbe-

�672

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

res brillantes, endolories et laiteuses, ou ro.ule immortellement l'Harmoníe, rejetaíent de chaque coté des meches
argentées, et proclamaient, pour le compre de la ~atronne'.
sans que celle-ci eut besoin de parler. : « Je sa1s ~e qm
m'attend ce soir. » Les traits ne prena1t plus la peme de
formuler successivement des impressions estbétiques trop
forces, car ils étaient eux.-memes comme leur expression pe:·
manente daos un visage frais, ravagé et superbe. ~ette_att~tude de résignation aux souffrances toujours prochames mfügées par le Beau, et du courage _qu'il y avait ~~ a mettre
une robe quand on relevait a peme de la dermere sonate,
faisait que Mme Verdurin, meme pour écouter 1~ plus
cruelle musique, gardait un visage dédaigneusement _1mpassible et ne se cachait meme plus pour avaler des cmllerées
d'aspirine.
« Ah! oui, les voici », s'écria M. Verdurin ~v~c soulagement en voyant la porte s'ouvrir sur Morel su1v1 ~e ~- d_e
Charlus. Celui-ci pour qui dtner chez les Verdunn _n ~tatt
nullement aller dans le monde, mais daos un mauva1s heu,
était intimidé comme un collégien qui entre pour la premiere fois dans une maison publique et a mille respects
pour la patronne. Aussi le dés_ir hab~tuel q~'avait M. d_e
Charlus de paraitre viril et fro1d fut-il dommé (quand 11
par ut dans la porte ouverte) par ces idées de politesse
ap
· 'd'tt é,.détrutt.
traditionnelles qui se réveillent des que la t1m1
une attitude factice et fait appel aux ressources de I mconscient. Quand c'est dans un Charlus, qu'il soit d'ai~eurs
noble ou bourgeois, qu'agit un tel sentiment 1 de pol~tesse
instincth·e et atavique envers des inconnus, e est tou¡ours
l'ame d'une parente du séxe féminin auxiliat~ce comme
une déesse ou incarnée comme un double qm se charge
de l'introduire daos un salon nouveau et de modeler son
attitude jusqu'a ce qu'il soit arrivé devant la ?1aitresse _de
maison. Tel jeune peintre élevé par une samte cousme
protestante entrera la téte oblique et chevrotante, les
yeux au ciel, les mains cramponnées a un maochon

673

EN TllAM JUSQU'A LA RASPELIERE

invisible dont la forme évoquée et la présence réelle et
tutélaire aideront l'artiste intimidé a franchir sans agoraphobie l'espace creusé d'abimes qui va de l'antichambre
au petit salon. Ainsi la pieuse parente dont le souvenir le
guide aujourd'hui, entrait il y a bien des années et d'un air
si gémissant qu'on se demandait que! malheur elle venait
annoncer, jusqu':i ce qu'a ses premieres paroles on comprlt, comrne maintenant pour le jeune peintre, qu'elle
venait faite une visite de digestion. En vertu de cette
meme loi, qui veut que la vie dans l'intérét de l'acte
encare inaccomplí, fasse servir, utilise, dénature dans une
perpétuelle prostitutíon les legs les plus respectables, parfoís les plus saínts, quelquefois seulement les plus innocents du passé, et bien qu'elle engendrát alors un aspect
différent, celui des neveux de Mm• Cottard qui affiigeait sa
famille par ses manieres efféminées et ses fréquentatioos, faisait toujours une entrée joyeuse comme s'il venait vous faire
une surprise ou vous annoncer un héritage, illuminé d'un
bonheur dont il eüt été vain de lui demander la cause qui
tenait a son hfrédité inconsciente et a son sexe déplacé. 11
marchaítsur les pointes, étaít sans doute lui-meme étonnéde
ne pas ten ir a la main un carnet de canes de visites, tendait la
main en ouvrant la bouche en creur comme il avait •vu sa
tante le faire et son seul regard inquiet était pour la glace
ou il semblait vouloir vérifier, bien qu'il füt nu-tete, si son
chapeau, comme avait un jour demandé Mm• Cottard a
Swann, n'était pas de travers. Quant a M. de Charlus a
qui la société ou il avait vécu fournissait, a cette minute
critique, des exemples diíl"érents, d'autres arabesques d'amabilité, et enfin la maxime qu'on doit avoir dans certains cas
pour de simples petits bourgeois, mettre au jour et faire
servir ses graces les plus rares.habituellement gardées en
réserve, c'est en se trémoussant, avec mievrerie et la meme
ampleur dont un enjuponnement eut élargi et gené ses dandinements, qu'il se dirigea vers Mm• Verdurin avec un air
si flatté et si honoré qu'on eút dit qu'etre présenté chez
4}

�674

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;:AlSR

elle était pour luí une supréme faveur. Son visage a demi
incliné, ou la satisfaction le disputait au comme il faut, se
.
plissait de petites rides d'affabilité. On aurait cru voir
s'avancer Mm• de Marsantes, tant ressortait a ce moment
la femme qu'une erreur de la nature avait mise dans ~e
corps de M. de Charlus. Certes cette erreur, le Baron ava1t
durement peiné pour la dissimuler et prendre une apparence masculine. Mais a peine y était-il parvenu que, ayant
pendant le meme tempsgardé les memes gouts, cette habitude de sentir en femme lui donnait une nouvelle apparence féminine née celle-la, non de l'hérédité, mais de la vie
individuelle. Et comme il arrivait peu a peu a penser
meme les choses sociales au féminin, et cela sans s'en apercevoir, car ce n'est qu'a force de mentir aux autres ma~s
aussi de se mentir a soi-meme qu'on cesse de s'apercevoir
qu'on ment, bien qu'il ei'.i.t demandé a son corps de ren~e
manifeste au moment ou il entrerait chez les Verdunn
toute la courtoisie d'un grand seigneur, ce corps qui avait
bien compris ce que M. de Charlus avait cessé d' entendre,
déployait au point que le baron eut mérité l'épithete
de ladylike, toutes les séductions d'une grande dame. Au
reste peut-on séparer entierement l'aspect de M. de Charlus du fait que les fils, n'ayant pas toujours la ressemblance
paternelle, m~me en recherchant les femmes consomme~~
dans leur visagela profanation de leur mere. Mais laissons10
ce qui mériterait un chapitre apa.rt. Bien que d'autres raisons
présidassent a cette transformation de M. dt: Cbarlus et que
des ferments purement physiques fissent « travailler ch~
1ui »la matiere, et passer peu a peu son corps dans la catégone
des corps de femme, pourtant le changement que n~us
marquons ici était d'origine spirituelle. A force de se cro1re
malade, on le devient, on maigrit, on n'a plus la force de
se lever, on a des entérites nerveuses. A force de penser
tendrement aux hommes 011 devient femme, et une robe
postiche entrave vos pas. L'idée fixe peut modifier (aussi
bien que dans d'autres cas la santé), dans ceux-la le se."tc,

EN TRAM JUSQtrA LA RASPELIERE

67 5

Mais _M. de_ Charlus n'était pas seulement ce que nous
arnns d1t, ma1s de plus un Guermantes. Aussi le redressement de
situation fut-il rapide. Le patron et la
patronne avaient décidé que la place d'honneur serait
pour le Marquis de Cambremer puisqu'il était plus haut
« en grade » que M. de Charlus. Néanmoins M. Verdurin tint a s'excuser aupres de ce dcrnier apres que
M. de Cambremer, apres avoir protesté, eut offert le bras a
1~ Patronne: « Nous vous mettons seulement agauche ...
dtt le Patron a M. de Charlus. - Mais cela n'a aucune
importance ici, répondit avec un sourire insolent M. de
Charlus. --: Permettez, je l'ai fait a dessein, répliqua
M. Verdunn blessé. Comme M. de Cambremer est marquís et vous seulement baro.n. .. - Mais, Monsieur, dit
M. de Charlus a M. Verdurin stupéfait, je suis aussi D-uc
-0e Brabant, Damoiseau de Montargis, Prince d'Oléron de
Viarreggio, de Carency et des Dunes. Mais encore 'une
foís cela ne fait ríen, j'ai tout de suite vu que v-0us n'aviez
pas l'habitude. &gt;&gt;

fa

l4ARCEL PROUST

�ODELETTES

QDELETTES

PRÉFÉRENCES

DANS L'OMBRE

Ce soir, en écoutant tinter une hetire le,ite:
Je gaaterai done seul
Les effusions adarantes
Du feuillage de ce tilleul,

Dans l'ombre, ttn pin noir murmure;
Cela convitnt a la tristesse obscure
De mes pensées,
A l'heure, ai, temps, a la teinte de l'ai-r.
Un concert d'oise.a11x, Jat-a dispersé,
Serait encor trap clair,
Et trap sombre le bruit du vent,
Et trap décevant
L'écba de mes souvenírs ...

Mais le pin qui, dans ses ramures,
Filtre ce fu,gitif murmure
A bien su me ravir

Cependant que, d'un nez. narqucis,
Vous humerez., au cours de 'l,}atre promenade,
L'émanation jade
Du chaud pavé de bais,
Des parfums omnibus ou de vaine pdture,
Quelqttes relents gdtés
Et des souvenirs de friture ...

Ejfluves qu!en passant natts laisse un jour d'été.

�LA NOUVELLE REVUE FRANf;AISE

L' ABSENTE

Que (aire,
Puisque, décidément, ie ne sais pfas lai plaire ?..•

· Ah ! retrouver une seule fois,
Dans le fond de ses yeux,
Cette image qui nafssait pour moi J
f' ai11urais mieux
La contempler de nouveau que joair
Du baiser éperdii de la reine d' Oplnt, .
( Par exempl,e) ou du. vmtre .enlbtUtmé
De la princesse des Herpérides. •.

Or) quand ses yeux ne sont pas fennis,
Ses yeux wnt vides.

ODELETTES

SO U S-B O 1:s

Couché dans la fougere,
Jécoute les brtúts sourds de la terre

Le susurrement d'une source
Au sein secret des mousses,
Un craquement de feuilles mortes,
Le passage d' une cohorte
lYinsectes invisibles ...

Le soleiJ crible
De disques jaunes
La ramure qui me sert de toit,
Et je rerois
Ces belles pieces d'or vivant C1Jtnme une aum6ne.
GILBERT D.E VOISINS

�FRAGMENTS INÉDITS DU JOURNAL INTIME

FRAGMENTS INEDITS
DU JOURNAL INTIME

A MIEL
La pudeur est une terrible maladie. Pour peu qu'ell~ ne soit
pas combattue assez tót, et vaincue, elle peut prodmre daos
l'organi,sme moral autant de ravages que la tuberculose_ par
exemple dans l'oraanisme physique. « Ce sont les prem1eres
manifestations et ;ertains désordres de la puberté, écrit M. Bernard Bouvier a propos d'Amiel, qui ont rempli d'étonnement,
puis d'appréhension, cet étre pur et vrai, jusqu'a trouble~ son
imagination et paralyser sa volonté '. » 11 a été effrayé, etn aya~t
pas su prendre conseil, il a comp1encé a songer. Cela deva1t
durer toute sa vie.
Le Journal intime, - surtout tel que vont le transformer les
fragments inédits qu'apportera la nouvelle édition • et dont nous
donnons ci-apres un choix - montre le long progres de la pudeur daos une ame, la solitude dont elle !' impregne de plus e~
plus, l'inertie qu'elle y favorise, et par le méme phénomene qui
rend phosphorescents les corps en décomposition, la croissante
lurniere qu'elle y développe. Les dispositions philosophiqu~s
d'Amiel, son goüt pour l'introspection ne suffisent pasa exphquer le caractere rongeur de sa clairvoyance : i_l ne peut
correspondre qu'a une voie qui lui a été fermée ; il y a une
Lú Semaitze littéraire (de Geneve) du 20 nov. 1920, p. 541._
Que prepare M. Bernard Bouvier et qui do~t paraltre proch3:1oemeot dans la Collection Helvétique chez les éd1teurs Cres a Pans et
Georg a Geneve.
1.
2.

681
force en luí qui, pour s'étre vu refuser l'expansíon, s'exerce a
rebours.
Je ne veux pas dire d'ailleurs que la Jucidité d'Amiel soit sans
égale, ni qu'on n'ait jamais été plus loin que lui dans 1a connaissance de soi. Trop de piété, trop d'habitude de la morale,
trop de regret de l'action le retiennent sur le bord des grandes,
des profondes découvertes. Mais par personne peut-etre la souffrance de se connaitre n'a été ressentie avec autant d'intensité a
la fois et de patience; personne peut-étre ne s'est jamais aussi
douloureusement imprégné de la faiblesse que la force de !'esprit peut développer dans !'ame.
Pourtant ce livre n'est pas d'un lache; la souffrance d'Amiel
garde quelque chose de la discrétion qui en fut !'origine ; elle
n' accuse personne ; elle ne cherche pas la consolation rétrospective du mauvais hasard. Ce qu'il y a de beau ici et d'héroique, c'est que pas une fois - que je sache - les événements
extérieurs ne sont inculpés; en méme temps que son impuissance, Amiel accepte d'en étre la seule cause, faisant ainsi
preuve du plus difficile courage qui est de se solidariser avec ses
échecs.
JACOUES RIVItRE

30 JANVIER I 86 I

(matin) Levé tard, songeries vides, vaines ou érotiques.
Pensé aussi que dans huit mois j'aurai quarante ans. -ce Sois
homme une fois avant de mourir, » ce mot adressé aSaintPreux résonnait a mon oreille comme un tonnerre lointain. - Senti avec effroi rnon incapacité croissante de tension,
d'effon, d'énergie, de virilité physique ou morale. - Un livre
et un fils ! était, il y a quelques jours, le résumé de mes
vreux. 11 est peut-etre trop tard pour ce double engendrement. Toutes les ardeurs semblent taries en moi ; la puissance fécondante, la flamme, la passion, la volonté, I'amour,
l'espérance, la foi, ne sont plus pour moi que des muvenirs.
L' &lt;&lt; esprit de joie &gt;&gt; dont parle Víctor Cherbuliez m'est incoo-

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~SE

nu. Man volean s'affaisse sous les cendres; mon puits s'est
comblé ; man arbre a séché. Je suis indigent, dénué, vieux
d'ame sinon de corps. La puissance d'illusion, d'enchantement, de création, d'éloquence, le feu sacré, l'enthousíasme,
le talent, le stimulus générateur, le charme, le prestige, le
diab1e au corps, l'élan, tour cela s'est perdu, dissipé,
éYaporé, envolé. Ma mémoire est dépouillée, mon cerveau
stérile, mon cceur aride, ma force consumée, mon courage
abol4 mon imagination usée, mon áme abattue et solitaire. Je me sens inutile, misérable, impuissant, et muré
dans mon impuissance, sans pouvoir fuir, ni me cacher, ni
oublier. Le brouillard gris, froid et morne qui enveloppe
cette heure notre vílle n'est pas plus triste que les pensées
de mon creur. Une femme qui sent mourir son fruit dans
ses entrailles, sent aussi la vie comme l1abandonner ellememe. Quelque chose aussi en moi est mort, c'est1'espérance, et ce mal intérieur est la source de tous mes maux :
apathie, énervement, découragement, désabusement, Htcheté, indifférence, dégout.
ce 11 n'est pas bon que l'homme soit seul ! n - Tu t'enfermes trap avec toi-meme, par ascétisme, orgueil, habitude
ou curiosité. Tu as besoin de Dieu et des hommes pour
conserver la santé de l'ame. Tu le sais, mais tu l'oublies.
Tu rougis, tu te caches et tu boucles ta cuirasse. Mauvais
moyen : pourquoi y reviens-tu done toujours ? par lassitude et par défiance. Vivre c' est lutter, vivre e' est se confier. Or
l'effort fatigue et l'e:¡¡:périence détache. Tout casse, tout
passe, tout lasse, et l'on cess-e de s'éprendre pour n'avoír
plus a se méprendre ou a se déprendre. Surtout l'on se
dégoute de soi-merne. Or l'on oublie que la vie est une
épreuve, que Dien est la&gt; que le bonheur n'est pas la chose
essentielle, que l'on ne peut donner sa démission de la
vie, que le désespoir est un péché et une révolte.
Rappelle-toi Noel !
Racbete le temps. Ceins tes reins. Obéis. Supporte.
Surtout combats contre toi-meme, contre ton fatal instinct

a

FRAGMBNTS INEDITS DU JOCRNAL INTIME

683

d'hypocondrie, contre ta perpétuelle tentation de découragement. - Il faudra une fois rendre compte ; il faut
chaque jour rendre grace. - Nul ne vit pour lui-meme ;
pense a la mort, et songe -a te préparer l'oreiller d'une
cooscience en repos. _Tu n'as ma.intenant ni quiétude,
ni contentement, ni sérénité, ni joie, parce que tu ne
fais pas ce que tu deyrajs faire, parce que tu n'es pas
ouvrier avec Dieu, parce que tu n'as pas la paix du creur.
Ta mollesse agitée vient des fluctuations perpétuelles
de ton étre central, qui n'a ni consistance, ni convictions, ni fixité, ni caractere. Tout chez toi est flottant,
indécis, incertain, vague et mobile ; tu crains de condure,
d'a:ffirmer, de vouloir, et meme de vivre. Tu n'es qu'hésitation, doute, appréhension, suspension. C'est-a-dire que
tu n'es rien d~ positif, que tu n'es ríen ni personne, tu
n'es qu'un point d'interrogation, un nuage, une ombre, un
soupir, une apparence sans corps. Ce manque de personnalité, d'inJividualité vient du manque de résolution. Tu
es tellement objectit que tu n'es plus un su jet, un hommé.
Tu te dissous continuellement dans les choses extérieures,
et ne retrouves de toi que la capacité psychologique de
t'apercevoir, de faire miroir, écho, aux phénomenes involontaires de ton etre. - Tu as presque aliéné ta liberté, et
perdu ia disposition de tes forces. -Et cependant vivre c'est
vouloir sans relache, c'est restaurer perpétuellement sa
voionté.
JEUDI 20 SEPTEMBRE

186-6

(9 h. matin). Temps merveilleusement bean. La tentltion du voyage grésille tout au fond de mon etre.
« Comme un oiseau, je voudrais m'CJ.'1voler ». Calvisson,
Sion, Berlin m'ont offert des asiles, et nos monts et nos lacs
sourient a l'ermite. Qui sait d'a.illeurs pour combien le
désir d'échapper a la nécessité, de narguer la raison, de
fuir le devoir est daos cette démangeaison de départ. Je

�LA NOUVELLE REVUE FRAN9AlSE

voudrais surtout sauter hors de mon ombre, me débarrasser de moi-meme, mettre au rebut ma vieille peau, mon
vieil homme, mes sottises, mes fautes, mon passé, mon présent
et plonger dans la chaudiere d'Eson, pour ressortir changé.
Changé de moi, renouvelé d'esprit et de volonté, rnétamorphosé, car rajeuni n'est point suffisant. On se lasse d'etre
quarante ans dans sa propre compagnie; on finit par se
subir·comme un ennui et se trainer comme un boulet. On
aspire a devenir un autre. Cette inclination est peut-etre un
argument contre l'immortalité de l'ame. L'éternité peut
apparaitre comme une fatigue et un tourment, et non pas
seulement comme une récompense. L'impérieu:x. besoin de
rafraíchissement et de renouvellement peut aller jusqu'a
l'eftroi de ce qui dure saos fin. Le creur loge cette antinomie étrange : soif du toujours, aversion du toujours. 11 hait
et il adore l'inconstance ; il maudit et il implore le changement. Il veut et il ne veut pas. Monstre incompréhensible ! disait Pascal. -Les anl\choretes arrivent meme a la
satiété de Dieu, comme l,es gens du monde a la satiété des
hommes. Tout finit par ennuyer. L'ennui est l'héritier
universel de tous nos désirs. Le gouffre intérieur ou toutes
nos illusions aboutissent, baille a son tour d';i.voir a dévorer cette fumé'e renaissante. Vanité des vanités, tout est
vanité.
Autre contradiction : toi qui t'amuses d'un ríen, tu peux
done t'ennuyer de tout. Est-ce done le chatiment du badinage d'arriver a ce fastidium supreme, ou c'est de soi qu'on
est écreuré ?De soi, c'est-a-dire de ses défaites, de sesirrésolutions, de ses miseres, de son inguérissable fragilité, de son
travail stérile, de ses agitations infécondes, de ses velléités
impuissantes. -Es-tu tout neuf? es-tu tout usé? qu'es-tu et
qui es-tu, insupportable bavard, qui as la monomanie des
fustigations inutiles et des adrnonestations sans résultat ?
- Que de tapage, de verbiage et de tortillements, pour
retarder ce qui te fait peur, la décision et l'accion.
Le vrai bonheur est un abime ;

FRAGMENTS INEDITS DU JOURNAL INTIME

685

Qui se plonge au gouffre sublime
Ressuscite vainqueur !
Il est mille moyens de se tromper soi-meme.
Un seul d'avoir la paix.: Prendre et porter sa croix !
Es-tu au niveau de tes affaires, en regle avec la vie? Non, et
pourtant tu n' es pas léger, pas libre meme. - Cette abominable habitude de vivre a !'aventure, sans but précis, sans
projet, sans plan, au hasard des jours, des livres et des
circonstances, a fini par te rendre incapable d'adopter un
nouveau régime. Tu souffres de ce vide et pourtant le
contraire t'épouvante. On peut done se faire une nourriture de ce qui empoisonne, et une volupté de sa peine.
Volupté malsaine, séduction terrible qui est au fond de
toutes les habitudes dépravées. Le fin mot de cette séduction, c'est la joie de l'irresponsabilité, le bonheur de se
sentir ou de se croire sans maitre, la suppression de l'obéissance. La conscience, assoupie comme la mere de Gretchen
par un narcotique, laisse carriere ouverte au Faust qui est
en nous. Oui, et l'on finit par l'immense solitude et par
la satiété de soi-meme, jointes a l'horreur de tout remede,
horreur que nous inocule régulierement Satan, avec son
habileté de Parthe,
Deux pencbants sont en toi qui bravent la raison :
Le got'.\t du suicide et l'amour du poison ;
Cceur solitaire, a toi prends garde !
La passion de se nuire : oh comme je la connais bien,
cette passion subtile, fille de la pudeur outrée et du désintéressement honteux ! 11 s'agit d'étouffer son creur, de comprimer ses instincts, de cacher sa sensibilité, de mettre une
museliere et un masque a toutes ses tendresses matadives
qui pourraient appeler ou pleurer, et l'on s'accoutume a ce
role de bourreau et l'on y prend plaisir. On se couperait
la langue plutót que de parler, et le bras plutót que de
faire un geste. On jouit méme a doubler son tour de
cbaines et a serrer plus fort ses écrous. - Le tout est de ne
pas se livrer, de ne donner aucune prise au monde sur

·

�686

LA NOUVELLE REVOE PRA~&lt;;:AISE

notre palladium, de sauvegarder notre orgueil. - Mourir
dans sa haute tour, invincible au monde, inexpugnable a
sa malignité, c'est le vren de l'etre indépendant, qui ne
sait obéir qu'a l'amour.
Mais c'est l'amour qui te sollicite et te requiert, en te

disant:
Plus de provisoire, il t' est mauvais; plus de solito de, elle
t'est fatale. Tu dois te faire un intérieur, pour dépenser
ton ame, pour prendre gout a la vie, pour t'obliger a un
tra\•ail sérieux.

lI NOVEMBRE

1872

( II h. matin ). Lt démocratie a ceci d'assommant que les
vérités élémentaires y sont toujours a redémontrer, parce
que le ,souverain y est toujours al'état du mineur le jour de
sa majorité. L'avenement continu de masses qui ont le
droit avant la capacité et pour lesquelles l'expérience est
ridiculisée par le préjugé commode du progres facile, rend
nécessaire cette prédication perpétuelle des rudiments. En
outre, il faut parler respectueusement au souverain, en
meme temps qu'on essaie de lui enseigner l'alphabet. Cette
comédie est ennuyeuse.
La démocratie est la forme du gouvernement ou les
majorités commandent et ou les minorités pensent; ou le
pouvoir est en raison inverse de l'intelligence, ou le
droit et la force sont d'un autre cóté que la réflexion et
que le mérite. La fiction légale est que la majorité sera
dominée par la justice et la raison, tandis qu'en fait c•est la
passion et le préjugé qui sont les forces prépondérantes. Les bonnes mesures et les bonnes lois y sont done un accident heureux; l'ordinaire, c'est le barboui11age et l'imperfection. L'ere démocratique est l'avénement de la médiocrité ea tout genre, et le triomphe des faiseurs. Résulcat
forcé, parce qu'il est dans la notion méme d'égalité, prin-

FRAGMENTS lN'EDlTS DU JOURNAL INTIME

687

cipe de la démocratie, et que ce príncipe, chéri de l'envie
et de la jalousie des médiocres, se traduit en aversion secrete
pour les supériorités. La démocratie donnera done habítuellement le pouvoir non aux meilleurs et aux plus capables,
mais aceux: qui sauront lui plaire ou l'entortiller, se faire
valoir ou se mettre en avant. Les remuants, les courtisans, les adroits, les habiles seront ses héros. - Il semble
done que la démocratie est comme la vertu : 11 en faut,
maís pas trop n'en faut. L'élément démocratique daos l'état
est précieux, la démocratie pure est le moins recommandable des états. Mais invitez la démocratie a se modérer elle-meme, a se donner un contte-poíds&gt; a s'élever
jusqu'a la sagesse ? Elle vous rira au nez, car sa volonté
étant la loi; cette volonté lui parait en meme temps la
sagesse et la ju,tice. Le despotisme de la moitié plus un
lui parah la liberté. Se défait-on des illusions qui satisfont
nos gouts et flattent notre amour-propre? Gueres. L'amour
de la vérité a to.ut prix n'est la maladie que de peu d'esprits courageux et désintéressés.

18

NOVEMBRE

r872

Le destin me dit: Apprends ate taire, etc. Je n'ai jamais pu
ni vonlu accepter cette fausse position de parler soi-disant
par vanité personnelle et désir de renommée, qnand c'était
le désir d'etre utile ou de faire plaisir qui seu1 était mon
mobile. Des qu'il m'a été démontré que le public geoevois
tenait fort peu a m' entendre, il m'a été extremement facile de
rester coi, car personne n'éprouve moins le besoin de s'imposer que ma Wenigkeit; et je suis trop fier aussi pour chercher a plaire et :i. séduire. Marc Monnier me disait: Vous
tateriez si bien le ponls au public ! ¿est possible, mais je
ne sais faire de frais que par sympathie et pom des amis,
et le public est la masse des frivoles, des indifférents et des
moqueurs. Etre orateur, acteur, courtisan, enj6leur m'est

�LA l(08flU.B , _ _

impoaible • ma dG\1Celll' clment revfcbe et raide, sh6t
4ú9ll: lui ~t entrer daos ce róle. S-offrir en cible l toutel
les maheillances et l toUtes les sottises qui font le pos dei
lec:WmS, n,est nullement de mon godt. D faudrait pour cela
ou la d ~ • de la renon:mée, ou .le ~:O de ~
4e faigent, ou le sentiment d un devo1r posttif, le sen~81:CBt net de sa supérlorité incontestable ; or ~ moti&amp;
'IV-t:liau:Dt pas pour moi. Ma défiance de mo1-m~me a,
-,c,ur se vaincre, besoin d'appel, d'encouragement et de sympathie · sinon elle s'esquive et s'efface. Le sucdsdonne seul
de fapbnb et de l'entrain. Le su~~ ~•a manqué,,~
~ au fond, mais il est resté salenc1eu1. et ce n était
pc,iat assez pour ma modestie. Les témoignages ~~
ent ~ uop tardifs et trop iares. Je ne me sws sen~
en communication qu'avec quelques personnes cboi. . et l-0n ne fait pas des livres ou des cours pour
1M demi-domaine de bons lecteurs. ~•ain~. .pour
laatres eauses morales, le bouddhisme m a e~vahi ; Je n:ie
ms Mge&gt;Até du vouloir et déta~hé de t~ut d~. Avec Épiv
ltte, je me suis dit: Abstiens-to1 ~ _co~uens-to1. ~ renoncemeat est devenu mon babitude. J a1 pns en avers1on touS les
tl!lfets en horreur toutes les déceptions, et par con~ent,
fai dit1 adieu en bloc a toutes les espéran~es. Puisq~'il est
ii:Dpossible de satiswre son CCEUr, son espnt, sa consaence,
.,. idéal, aqaoi bon l'entreprendre? ~u~ue le n a ~ e$
s4t et la noyade certaine, pourqum dtSputer sa vie aux
~? Le laisser-aller, l'abaneme:nt, l'in~iffér~nce est , au
i,oat de cene pbilosopbie. Désillus1on et b1enve1llance, e~
lqnoi je suisarrivé. Je crois encore aux belles lmes, IDIJS
ne crois plus qu'a cela. Institutions, croyances, systmies,
píéjugés divers, n'ont plus pour moi de prestige et font
pem moi question. Le monde m'apparait comme une fantasmagOrie colorée, et ma vie individuelle comme un me.
~ seos que tout est iluide, fugitif et nous échappe, et que
fédlappe a moi-m~e. La seule réalité incontestable, t!est
la douleur.

689
(1 h. 1/2 soir). Matinée de réverie. Demandé par lettre
i deux personnes si elles connaissaient mon individualité ;
1 supposer que leur jugement coincide, il y aurait probabilité qu'elles ont raison. Pour moi, j'ai perdu la clef de moiméme et ne connais plus la chose essentielle, mon don particulier, la chose pour laquelle je suis fait, par conséquent
DAGMINTS

Iril&gt;rrs DU JOOBHAL INTDIB

ma force, ma mission, ma charge;
Etllm S#kn t'0'1."fuhun
/si d,r w,rlh,st, &amp;ruf.

« Penser aujourd'hui ce qui sera admis et populaire daos
trente ans. » - Voila deux réponses : celles de G&lt;Ethe et de
Schopenhauer. Pour moi, je me disais plutót: comprendre
tous les modes de la nature humaine, et faire bien tout ce
qu'on fait. -Cette demiere devise semble indiquer peu d'originalité, peu de force créatrice, inventive, peu de volonti,
une sorte d'indifférence pour l'action. Agir correctement,
sentir et penser juste, ce n'est pas l'idéal d'un artiste, d'un
ambitieux, d'un orateur, mais tout simplement d'un critique
attentif et d'un brave homme. DoJDiner les gens, bouleverser
les cboses n'est point mon fait. Contempler, deviner, aimer.,
consoler, a toujours eu plus d'attrait. Mon talent est la neuttalité désintéressée et l'impersonnalitéde l'esprit; mon gotlt est
Ja vie des affections. J'ai l'intelligence objective et· le ca:ur
tendre. Ce qui m'est antipathique, c'est la vie vulgaire
tissue de préjugés, de passions, d'intéréts a la fois égoistes
et ardents, étroits et résolus. Ce qui m'est insupportable,
c'est d'agir pour mon compte et pour moi-méme. Je ne
sais pas m'intéresser a ma personne, a ma carriere, l mes
projets, a mon avenir. Cela me paratt grossier, jgnoblc et
yil. Et comme le monde est l'arene ou tous les ap~IS
luttent pour se satisfaire, je ne me seos pas du monde
livré aux convoiteux, aux forts et aux habiles.
Entre le relatif qui m'assomme et l'absolu que je d ~
pere d'atteindre, je flotte noncbalamment, et je n'agis qu'a
la demiere extrémité, toute action étant un~ loterie, sauf

'"

�690

LA l&lt;OUVELLB REVUE FRAN~ISB

quand elle est un devoir posit.if. Daos le doute abstiens-toi,
dit le proverbe : or da.ns toute action facultative, je doute ;
et dans toute décision spéculative, j'hésite. - Je n'ai pas
ce, qui fait la détermination, c'est-a,--dire ceue illusion qui
prend partí pour sa volonté et la croit bonne parce qn'eUe
est sieruae. Pour moi, j'ai toujours l'arriere~pensée qne le
contraire de ce que je v.us dire ou faire était peut--étre
aussi vrai ou aussi bon. Il me manciue l'infatuation de moim~me ou cette obstination de la volonté qui remplace
l'infatuation. Je ne suis jamais assez de mon opinion ni de
mon parú pour travailler éoergiquement daos leur sens. Je
n'ai nullement l'évidence de ce qui me convient ou de ce
qu'il convient que je fasse. Ma sagacité, mon tact, ma
résolution, mon zele ne peuvent servir que pour autrui.
Singuli~e mganisation: vraiment bouddhique et monas-tique. }'étais fait pour le dévouement, a oonditiou qu'une
tendresse dévouée prit la conduite de mes intérets. person-nels. Et la destinée a eu l'iranie de me condamner au self
governmem. depuis mon enfance, a l'isolement et au céliba.t,
dans moo age múr. A quoi m'a serví mon indépendance?
sitnplernent a m'abstmir. Je n'ai pa.s sn me bitir une existence a mon gré; je n':1.i fait que retirer pie.ds et pattes sous.
roa carapace pour soutenir les.intempéries. ex.térieures. Et
encare, je n'ri pas osé etre stoM:ien ou bouddhiste jusqu'au
bout, avec une logique intrépide. Je n'ai été ni oriental ni
occidental, ni homme ni femme tout a, fait, ie suis demeuré
amorphe, atone, agame, neutre, tiede et parta,gé:. Pouah !
ro JUIN 1875
Le pessimisroe contem•porain me fait mal aux moelles.
Cest le systeme de la désolation et comme la gageure du
désespoir. Et ce qui me navre c'est la force de ses argumeats. Un penseu.r saos partí pris sou:ffre de toutes les
douleurs. de tous les sys.temes. Sa vie est finoculation a
Iui-meme de toutes les. maladies spirítuelles de l'humanité.

FRAGMENTS INÉDITS DU JOURNAL INTIME

II JUIN

1875

(8 h. matin). Ciel strié de cirres, température cbarmante ... Le bleu dévore peu a peu les nuages, le bien
surmonte le mal: accroc au pessimisme. Mais un déta·l
1
s'efface dans !'ensemble.
La vie en somme est--elle un bien ? Voila la question
Vaudrait--il mieux que le monde ne fút pas ? Tel est l;
probleme.
I9

MAi

1878

.•. Ceux qui savent répugnent a quereller constamment
ceux qui jugent saos savoir. lis n'ont point de terrain commun. ~es premiers croient que nos idées ont a se conformer
a~x .fiu~, les se~on~ que nos idées créent les faits, qu'il
n y a powt de fa1ts. L ere démocratique ramene toujours la
tendance de Protagoras, mais le sophisme reste in.con.scien t
chez les multitudes de perroquets dont se composent les
foules et les coteries.
Les nai'fs cherchent la vérité; les autres ne reconnaissent
~ue l;s opinions _d?nt peuvent se nourrir ou s'étayer leur
mtéret, leur vamte ou leur passion ; la vérité est une bete
de somme qn'ils exploitent, batent, enchainent dresseni:
pour leur service. Quelle église, quel parti politique ne
dé~ture l'histoire a son profit ? Daos les questions hurnames, la vérité n'arrive a se faire jour qu'apres f épuise~1ent de toutes les formes de l'erreur, de tous les modes de
labus.
Ce qu'il y a de plus rare, c'est la parfaite droiture de
volonté, et ce qui l'est presqn'autant c'est la liberté de I'esp~t,_ la d~~ré?c_cupation lucide. - Aussi les- jugements de
~ufüers d md1V1dus ne sont-ils que des insignmances numénques. Qu'importe ce verbiage de gens qui ne sont pas
daos les ~ondition_s. visuelles et morales ou 1' on peut etre
un témom. La cnt1que des opinions conduit au mépris

�FRAGMENTS INEDlTS DU JOURNAL INTIME

LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISE

presque général ·des opinions. « Un homme en vaut pour
moi trente mille, l&gt; disait Héraclite.
La c~itique est-elle une science ? oui, dan~ _un sens,
puisqu'on peut dresser le catalogue de ses condmons préalables et de ses exercices préliminaires ; n1ais elle est surtout un don. un tact, un :8.air, une intuition, un instinct
et dans ce s~ns, elle nes'enseigne pas et ne se démontrepas,
elle est un art. Le géoie critique, cest l'aptitude a discerner le vrai sous les apparences et daos les imbroglio qui le
dérobent, ale découvrir malgré les erreurs du témoignage,
les fraudes de la tradition, la poussiere des temps, la perte
ou l'altération des textes. C'est la sagacité chasseresse que
rien n'abuse longtemps et qu'aucun stratageme ne dépiste.
C'est le talent du juge d'instruction qui sait interroger les
circonstances et faire jaillir un secret inconnu de la pression de i:nille mensonges. Le vrai critique sait tout comprendre, mais i1 ne consent a etre la dupe de r~en, e~ nefait
i aucune convention le sacrifice de son devoir, qm est de
trouver et de dire le vrai. - Avec les vivants, avec lesinstitutions présentes, avec tout ce qui est vindicatif, armé,
mena~ant, irritable, il peut etre obligé ades ég~rds et a_des
prudences, a des attentions et a des sourdmes qui_ le
vexent ; mais il veut voir clair, s'il n'ose ou ne peut fa1re
voir clair. Les .affectations, les poses, les masques, les charlatanismes les bonimeots, les supercheries l'ont en aversion. Il d~it etre pour le faux, comme la voix redoutée et
légendaire,
..... qui fait dire aux roseaux ;
Midas, le roi Midas a des oreilles d':lne.

O le critique ouvert et indulgeot mais incorruptible et
infaillibJe, l'Éaque de la littérature, saos faiblesse et ~aos
hurneur, ou est-il ? cambien y en a+il ? lequel a pns la
devise de Jean-Jacques: Vitam impendm 'llero? Hélas !

3I

JOILLET

1878

II y a du cuistre, du butor, du rustre, du lourdaud, du
manant, du pédaot, c'est-a-dire du sot dans une quantité de
savants en us, qui ne sont pas hommes du monde. Cela
justifie l'antipatbie de bien des Fran~ais instruits pour les
pesanteurs germaniques. Le Germain n'a pas la finesse de
race, la distinction innée ou acquise, la politesse des hommes du midi _; il manque de grace et de légereté.
Jamais un lourdaud, quoi qu'il fasse,
Ne saurait passer pour galant.

Des qu'il sort de sa Gründlichkeit, de son Inn.erlichkeit, de
sa profondeur et de son intimité, il se montre a son désavaotage, et il va jusqu'au bout de ses défauts, n'étaot pas
averti par le tact social, de la limite a ne pas dépasser. Une
fois dévoyé, émancipé, pervertí, il sera plus grossier, plus
vil, plus ignoble que personne.
Loi d'ironie. Corru.ptio optimi pessima. II serait bien
facheux qu'il n'existat que des Allemands ; car si l'Allemand
a des qualités de premier ordre, il a des défauts proportionnels. Aucun peuple ne peut etre supprimé sans dommage. Toutes les nations réunies ne sont pas de trop pour
représenter l'homme un peu complet. Chaque nation prise
par son cóté faible est une grimace, une caricature de I'humaoité ; il faut qu'elles se contrebalancent. Réciproquement les beaux spécimens de chaque nation se font valoir
par leurs contrastes.
Je m'aper~ois que je n'aime que l'homme type, l'homme
idéal ét que le nationalisme ne me retient pas sous son préjugé. Les défauts genevois me choquent autant que les laideurs bernoises, et je ne suis pas sur de préférer les
Suisses aux Américains, les Frarn;ais aux Allemands, les
Européens aux Asiatiques, les chrétiens aux musulmans.

�Il me semble ponrtant mettre le Blanc au-dessus des raas
de c:ouleur, et placer fHellme du temps de Miltiade au-dessus de la plupart des peoples. Powunt mes affinités imtinc:tives sont plutót individuelles. Il y a certainescréaturesqui m'attirent, mais dans le cours de l'histoire et daos le
pment, je ne les crois pas nombreuses ; du moins a cene
IIÚJlute je n'en saunis nommer beaucoup. Toutes les
insuffisances et imperfections me blessent esthétiquement,
et quoique je les entoure d'indulgence, elles m'ótent c:ette
admiration qui est une des conditions de l'amour. Mon
individu tombe sous le coup de cene loi, et je me trouve
trop laid, trop faihle, trop mauvais, pour m'honorer de mon

amour.
L'amour-enthousiasme ne m'est done plus possihle·. Reste
l'amour-cbarité, l'amour fraternel et patemel, celui qui
veut secourir, fortifier, réjouir, ennohlir son ohjet. Celuia peut aimer un étre et un peuple pour ses miseres et ses
souffnn~ pour ce qui luí manque et pour ses difformités morales, plutót que pour ses excellences et ses privi..
léges. L'amour-compassion trouve toujours de l'emploi,
quand l'amour-admiration n'en a plus.

26 MAi 1880

Vne chose me révolte tonjours, c'est la frivolité des moti&amp; qui en démocratie décident des grandes choses. L'accident, la niaiserie, la passion jouent un rl&gt;le exorhitant daos
les affaires. Une bévue du président, l'ahsence de tel ou tel
député, une surprise, une négligence, en un mot le basard
peut ameneroui au lieu de non. Cela óte tout prestige 1
l'assembl~ législative et toute majesté a. ses décrets. e.e
n'est que par une fiction légale que nous respectons la loi.
- 11 ne faut regarder de pres ni le Tribunal, ni le coll~ des
médecins, ni la réunion des députés, ni les Consistoires ni
les Coociles, si l'on veut aoire a la justice, a la scienc:e, a

~ MPITS DV JOUDTAL Dl'l'tMB
"'
lil age51e:, a la a, U'inspmtioa.. - D Eaut procégll'
nd, si l'on ne ffllt pu atriver a,i sceptidsme. - Da
rae, touta ces choses idáles, la Pattie, l ~ l a Natioa,

••ái-

l' Hu.,_,,-, la Scieece, la Civilisalion, rArt, aes~vent qu'a distmce, lorsqu'on c:,esse de distinguer la i ~
dus qui les repr~tent. L'imagination et i'totbousiasme
aoient CDUtes les mneres, imperfcctioos dtíectuosit6s des
i ndi.idus reels et pr6sents dans l'emembÍe graadiose qu'ils
sont c:ensés compa,er. La Postáité, le Publi~ soat cnoore
de ces belles chiméresque !'esprit pmonniñ~ LeréelDGDS
remplit d'ironie, de dédain ou d'amertume, etnous de\-om
le poétiser pour le reodre supportable. Pour voir le O,,.
tianisme, il Eaut oublier presquc taus les chr~tims. Poar
J"C¡&gt;ftlldtt un peu de foi, il faut m:onstitucr le nimbe que
l'expérience &lt;lissout et disperse, il &amp;ut se rdaiR de l'illusion.
.u xntimeni' critique est cbez toi si vif, que tonl'e;1 les
laide1ll'S, les pau~. les erreurs, les insaffisances bu-

maines te sau~nt aux yeux et te prenueot a· la got1e.
Toutce qui n'est pas parfiút te fait somfrir. Aussi la~
tude t'est nécessaire pour reprendre l'équiübre et reffllir i
l'induJgence. Elle t'tst boane aussi pour oublier le uain de
ce monde ou c'est le plus souvent la qucue qui -mnduit la
me, laforce qui l'emporte sur !'esprit, la volonté qui prédclel'inrelligeoce, ou c'est rarement Je plus autorisé, le
plus expen qui dirige, qui prooonce, qui o.igaoise, qui esé~ute. - Tu as le malbeur de ne pou-.oir t'agellOUiUer
devaot l'Opinion, devant le Journalisme, denot le SuEfrage ur.iversel, devant la Démocratie, parce qu'un mo~
mal n'est pas un bien, et qu'one fiction n'est· pas une
vérité. Tous ces ~dos principes sont presque aussi
nuisibles qu'wiles et faus que -.,uis. Bref, tu ne n:connais
que des supmorit~ individuelles ; les collectivi~ ne som
point organes de science ni de sagesse. Tous les fétichts te
repugneot. Mais tu sais que cetre disposition désabu~ est
an malheur.

�696

~A NOUVELLE REVUE fRAN~AISE

On ne se doit jamais brouiller avec son temps. 11 faut
au contraire remercier les gens qui veulent bien etre législateurs, médecins, administrateurs, pédagogues, journalistes, etc. et se dire que saos eux tout irait plus mal encere. Tout nombre comparé a l'infini devient nul, mais
comparé a zéro devient quelque chose. 11 ne faut mépriser
ríen de ce qui agit. Les préjugés régnat'l.ts sont des moteurs.
Ce n'est pas la vérité qui produit des effets, c'est ce qui est
ten u pour vrai, done la croyance et l'opinion ; et comme
l'opinion résulte moins des arguments que des intérets, des
gouts, des aversions, des habitudes, 1' opinion est a consulter comme un fait. Se garder de !'esprit polémique,
frondeur et mécontent. On serait pris dans les querelles
jusqu'a la mort. 11 faut au contraire rédujre au mínimum
la surfacede flottement et ne se heurter au monde que juste
pour conquérir son indépendance personnelle. Du reste
renoncer a tout donquichottisme; ne pas vouloir corriger
les gens malgré eux, ni les rendre heureux de la ~aniere
qui les agace. Réclamer la paix et accorder la paix. Neutralité armée. Respect pour le droit de chacun de déraisonner
et dedérailler asa fantaisie. Ne dégainer que pour la justice, et n'obliger personne a boire sans soif. Tds son t les
conseils de la sagesse.
Mais ceux de la générosité, c'est d'offrir le pain de son
four, le fruit de son arbre, l'eau de son puits. Le sage doit
contribuer au travail de f espece. Sa contribution c'est de
dégager de la lumiere. Son devoir c'est de mettre son lumignon sur un boisseau, pour que le passant en profite s'il
veut.
N'exagérons rien. Qu'un proíesseur professe, i1 a payé sa
dette principale. II ne doit pas son verdict sur les questions
qu'on ne luí soumet point. II peut dire comme ce Lacédémonien : « Je suis heureux. que Sparte ait trois cents
citoyens mieux qualifiés que moi pour diriger la chose publique. &gt;&gt; Dans les choses que je connais le moins mal,
mon avis n'est pas demandé et ne pese pas : qu'est-ce a

FRAGMENTS INÉDITS DU JOURNAL INTIME

697

dire ? C'est que je ne fais pas l'effet compétent et qu'on n'a
pas besoin de moi. Ma paresse s'en accommode et ma
·modestie y acquiesce. - Cela me laisse ce que j'aime le
mieux, ma liberté.
Une grande partie de mes aptitudes n'auront serví de
rien. Geneve n'a pas tiré de moi la sixieme partie des utilités
qui étaient dans ma oature. A qui la faute ? La concurrence double l'activité des ambitieux qui se font valoir ; la
jalousie rencontrée décourage le zele désintéressé qui ne sait
que s'offrir. Depuis trente et un ans j'ai appris a me circonscrire toujours plus, et acette heure je tourne dans un cercle de trois pieds de large, dom le centre est mon encrier.
Je répete avec Descartes, et le grillan :
Pour vivre heureux vivoos caché.
A.MIEL

�attONS

TROM PETTES A U SOLEIL

Dilfre des r:uk:re.s édatants,
Fanfares, cavalcacks, pavois de l'e5cadre,
Pour tout cela crie et gesticule
' Une joie ápre de Joule drue.
Mais je sais que cette matinée
Ne vettt pas d'un tel cérémonial :
La nzer le démenl de tous ses bleuJ
Que remue doucement une brise,
Et par cette unique voile blanche.
Non ! ce ne devrait étre qu'un jour
De caresses et de confidences sans mots.
Et pourtant nulle amertume en 111oi :
Ten remercie les filets qui sechent
Sur le quai brúlant, la barque verte,
Et cet enfant aux pieds nus
Qui se regarde sourire
Dans le miroir de l'eau claire.

CITRONS

Les citrons, dans le soleit,
]aillis de toutes ks branches
Font de dures lumieres dorées
Pareilles ade secs coups de _poings.

ll m'en vienta la bouche une ápresaveur
Comme si j'avais mordu, dans cette pulpe.
Ah! depuis ces petits frzúts
]usqu'aux iris blancs cambrés
Il n'y a qu'un goat aciáe
Dans ce jardin de midi.
Il n'y a que des parftitns
lmpitoyables aux sens
Comme uR. toucher de soie récbe.
]' en frissonne.

Mais voici qu'il me vient un d(J1.tX soupir
A déco1wrir, seules graces,
Des pamplemousses gü11flis, mais si j)áks,

EJ ton regard dans mon souvenir.

�700

LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

LES BOUÉES
Feux verts, feu rouge, .
Les trois bouées qui marqiumt la passe
},,fe sont dances comme une habítude.

AMBROSE BIERCE

a

Elles rn'ont sui·vi :
Je les ai connues sous le Pharo
Par des soirs d'hiver
Oú les brumes brouillaient leurs fanaux,
Etmaint navire,
Aux arrivées nocturnes,
M'a conduit dans leur saT interval le.

Mais je les retrouve plusfixées,
Dans certaine nuit de la mí-aoat,
A l'entrée d' un calme port if Afrique.
De la terrasse qui dominait,
Par-d.essus les jardins et les fieurs,
Nous les apercevions tout att loin
Luisant sur des cimes de feuillages,
i.l nous venait de tiedes senteurs ...
Doiices bouées,
N'est-apas tm si[ne de ma vie
Vos clartés fidelement présentes,
Et par elles, sur mes levres,
Ce goftt de baisers ?

Depuis Edgar Poe, qui on le compare souvent, il n'y a p:1s
eu daos la littérature américaine de figure plus captivante et de
plus noble aUure que celle d' Ambrose Bierce. Sa vie fut un véritable roman de cape et d'épée: soldat ,aleureux, polémiste virulent, romancier, nouvelliste, poete, journaliste et aventurier, i1
a choisi de finir dans le mystere et, a l'age ou les écrivains qui
ont fait preuve de longévité ne songent qu'a terrniner paisiblement leurs jours sous la coupole d'un institut ou les mélancoliques tonnelles d'une maison de retraite, cet extraordinaire
paladin des lettres s'engagea comme un jeune homme daos
l'armée révolutionnaire de Villa. Depuis lors (c'était en 1913)
on ne sait au juste ce qu'est devenu Bierce. Des récits circonstaociés existent de son exécution par les Fédéraux mexicains.
Mais il semble qu'il convient d'accueíllir ces reportages avec.
scepticisme. D'ailleurs Bierce, s'il était vivant, aurait aujourd'hui
soixante-dix-neuf ans. 11 a vraisernblablement terminé sa carriere
d'écrivain. Elle fut remarquable. De ses ceuvres - une dizaine
de volumes - il restera deux recueils de nouvelfes : In /be
Midst of Life et Can Such Tbings Be ? contes d'horreur et de
, mystere ou se donna libre cours la « brutale imagination ~ ' du
maitre, et une poignée d'épigrammes en vers et en prose ou
flamboie son mordant esprit satirique. Les meilleures de celles-ci
se trouYent dans son Devil's Dictionary. M. Vincent Starrett a
publié une précieuse plaquette biographíque et critique :
Ambrose Bierce, Chicago, Walter M. Hill éditeur, 1920. Le contc
qu'ou va lire est extrait de Tbe Great Modern American Siories,
~nthologie compilée par feu William Dean Howells et publiée a
New-York par MM. Boni and Liveright.
V. M. LLONA.

GABRIEL AUDISIO
1.

L'épithete est de Gertrudc Atherton.

�UN INCIDENT AU PONT n'owL-CREEK

UN INCIDENT AU PONT
D'OWL-CREEK'

1
Ceci se passait dans le nord de l'Alabama. Un homme
était debout sur un pont de chemin de fer_. les yeux baissés
vers l'eau· rapide qui couklit a vingt pieds sous lui. 11 :tVait
les mains derriere le dosJ les poignets liés par une cordelette. Une carde encerclait étroitement son cou. Elle était
attachée a une forte poutre trarrsversale a.u-dessus de sa
tete et retombait jusqu'au niveau de ses genoux. Quelques
planches jetées sur les traverses soutenant les rails supportaient l'homme et ses ex.écuteurs -deux soldats de I'armée
fédérale 2 dirigés par un sergent qui, dans 1a vie dvile,
avait dó etre shériff-adjoint 3. A peu de distan ce et sur la.
meme plateforme s.e tenait t1.n officier en grande tenue,
armé. C'était ua capitaine. Une sentinelle se dressait a
chacune des exttémi1lés du pan.t, !'arme au bras, ¿est-adiire [e fusil maintenu verticalement devant l'épaulegauche,
r. Le mot « creek » aux Etats- U nis signifie un cours d'eau sans

im.portance goograpl'!ique, plus large et pltl'S" profOBd qu'uo rnisse-au,
moins considérable qu'une riviere.
2_ L' Année fé.déral.e, ou Armée da, notd, luttait paw: le mai.ntie.'1 de
l'Union Fédérale entre les différents Etats de la nation amédcaine,
rontre J' Arrnée confédérée ou sudiste.

3. Aw: Etats-Unis, les shériffs,$ODt les exécuteurs des lois et, comme
tels, procedent aux e:xécutions capitales. Leurs adjoims font office de
valets de bourreau.

703

la gachette sur l'avant•bras barrant la poitrine, - position
de parade qui oblige le corps a se tenir raide. II ne parais sait pas qu'il entrat dans les attributions de ces homme s.
de s'inquíéter de ce qui se passait au centre du pont ; ils
étaient simplement chargés d'interdire l'acces de la passerelle qui le traversait.
Passé l'une de ces sentinelles, on n'apercevait personne;
on voyait le chemin de fer filer tout droit, s'enfoncer dans.
une forét sur une distance d'environ cent yards, puis,
s'incurvant acet endroit, disparaitre a la vue. Sans doute y
avait-il plus loin un poste avancé. L'autre rive du cours
d'eau était en terrain découvert - une pente douce surmontée &lt;l'une palissade de troncs d'arbres verticaux, percée
de meurtrieres pour les tireurs avec une embrasure par
laquelle sortait la gueule d'un canon de bronze commandant le pont. A mi·chemin sur la pente entre le pont et le
fortin se tenaient les spectatenrs - nne compagnie d'infanterie en rang, au ce repos de pa:rade n, les crosses d:es fusils
posées sur le sol, les canons légerement indinés en arriere
contre l'épaule droite, les mains croisées sur la monture.
Un lieutenant était debout a la droite de la compaguie, la
pointe de son épée piqnée en terre, les mains a plat sur le
pommeau. A l'exception du groupe des quatre hommes au
centre du pont, personne ne bougeait. La compagnie faisait
face au pont, les yeux figés, immohile. On aurnit pu prendre
les sentinelles, toumées vers les rives, pour des statues destinées a orner le pon t. Le capitaiue se dressait, les bras croisés,
silencieux, :,urveillant ses snbordonnés, mais sans faire un
geste. La mort est un personnage de marque : lorsqu'elle
arrive précédée d'un annonciateur, il faut qu'elle soit r~e
avec des marques de respect cérémonieux, meme par ses
familiers. Dans le code de I'étiquette militaire, le silence et
l'immobilité sont des formes de déférenee.
L'homme q_u'on s'occnpaít a pendre pamis.5ait avoir
trente-cinq ans. Cétait un civil, a en juger par son costume,
qui était ce}ui d'un planteur. Ses traits étaieot beaux - le

�704

LA NOUVELLE REVUE FRANt;;AISE

nez dr-0itJ la bouche ferme, le front large et découvert, car
ses cheveux longs et bruns étaient rejetés en arriere et
retombaient surle col d'une redingote bien ajustée. II portait la moustache et l'impériale; ses yeux, grands et d'un
gris foncé, avaient une expression de bonté assez inattendue
chez un homme dont le cou se cravatait de chanvre. Evidemment il ne s'agissait pas d'un vulgaire assassin. Dans
sa libéralité, le code militaire pourvoit a la pendaison d'une
grande variété de personnes dont les gentlemen ne sont
pas exclus.
Leurs préparatifs terminés, les deux soldats s'écarterent
et chacun retira la planche sur laquelle il s'était tenu. Le
sergent se tourna vers le capítaine, salua et se plai;:a derríere
I'officier qui, a son tour, s'écarta d'un pas. Ces mouvements taisserent le condamné et le sergent debout aux
extrémités opposées de la meme planche qui reposait sur
trois des traverses du pont. Le bout sur lequel se tenait le
condamné atteignait presque une quatrieme traverse. Cette
planche avait été maintenue en place par le poids du capitaine ; elle l'était a présent par celui du sergent. Sur un
signe du premier, l'autre allait faire •un pas de coté, la
planche basculerait et l'homme tom berait entre deux traverses. Ces dispositions étaient parlantes, tneme pour la
victime. Son visage n'avaít pas été voilé ni ses yeux bandés.
Il abaissa un moment son regard vers son « support précaire », puis le laissa errer sur l'eau tourbillonnant sous
ses pieds. Un bout de bois qui dansait a la surface attira.
son attention et ses yeux le suiv:irent au fil du courant.
Comme il allait lentement ! Que cette riviere ·étair paresJ
seuse !
Il {erma les yeu:x: afin de concentrer ses dernieres pensées
sur sa femme et sur ses enfants. L'eau, muée en or par la
magie du soleil matinal, la brume mélancolique trainant
sur le rivage, le fort, les sold:\ts, la planche a la dérive,
tout cela avait détourné son attention. Mais soudain il
éprouva une nouvelle sensation. Frappant a travers le sou-

705

UN INClDENT AU PONT D1OWI,-CREEK

venir de ceux qui lui étaient chers, c'était un son dont il
~e po~vait se délivrer, ni comprendre !'origine, une percuss10n a1gue, nette, métallique comme les coups de marteau
sur l'enclumt; : ce bruit en avait exactemenr les vibratious.
Qu'était cela ? Etait-ce incommensurablement éloigné ou
tout proche ? On aurait dit !'un et l'autre. Les résonnances
en étaient régulieres, mais aussi lentes qu'un glas d'agonie.
II attendait chaque nouveau son avec impatience et - il ne
savait pourquoi - avec appréhension. Les intervalles de
silence devinrent progressivement plus longs jusqu'a l'affoler_ Mais, tout en s'espa~nt, les sons augJJ1entalent en force
et en acuité. lis blessaient son oreille comme des coups de
couteau. L'homme eut peur de ne pouvoir s'empecher
de crier. Ce qu'i[ entendait, c'était le tic-tac de sa montre.
II ouvrit les yeux et revit l'eau au-dessous de lui. &lt;&lt; Sí
seulement je pouvais libérer mes mains, pensa-t-il, je me
débarrasserais du nreud coulant et je sauterais dans l'eau. En
p!ongeant, j'esquiverais peut-etre les balles et, en nageant
v1goureusement, j'atteíndrais la rive pour me jeter dans les
bois et m'enfuir jusque chez moi. Ma maison, grace a
Dieu, est toujours _en dehors de leurs lignes ; ma femme et
mes enfants ne se trouvent pas encare au pouvoir des envahisseurs. »
Comme ces pensées qui doívent ici etre traduítes par des
mots passaient en éclairs dans le cerveau du condamné
plutót qu'elles ne s'y formaient, le capitaine fit un signe de
tete au sergent. _Le sergent s'écarta d'un pas.

u
Peyton Farquhar était un planteur fortuné, d'une
famille de l'Alabama, ancienne et hautement respectée.
Propriétaire d'esclaves et, comme tel, politicien, il s'était
naturellement trouvé sécessionniste du premier jour et
45

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

ardemment dévoué a la cause du Sud. Certaines circonstances Iui avaient formellement interdit de s,enróler dans
cette armée, vaillante mais malheureuse, dont la campagne
s'était terminée par la chute de Corinthe et il s'irritait de
cttte entrave 1nglorieuse, souhaitant ardemment de pouvoir
libérer ses énergies, de trouver l'occasion de se distinguer
dans la vie plus large du soldat. Cette occasion, il le sentait, devait se présenter, comme elle se présente a tous en
temps de guerre. En attendant, il faisait tout ce qu'il pouvait. Aucune mission n'était trop humble pour qu'il ne
l'acceptat, s'il pouvait pat la aider le Sud, aucune aventure
trop périlleuse pour qu'il ne s'y lan~at, si elle était compatible avec la dignité d'un civil qui était soldat de cceur et
qui, candidement et sans y regarder de trop pres, appliquait le _proverbe un peu facile que tout est permis en
amour et en guerre.
Un soír que Farquhar et sa femme étaient assis sur un
b:rnc rustique pres de l'entrée de leur propriété, un cavalier
tout poudreux portant }'uniforme gris ', s'approcha de la
grille et demanda a boire. Mrs. Farquhar se leva pour le
servir elle-meme. Peodaot qu'elle allait chercher l'cau,
!On mari s'enquit avec avidité des nouvelles dúfront.
- Les Yanks • sont en train de réparer les chemins de
fer, dit fhomme, et se préparent aune nouvelle marche en
avant. Us ont atteint le pont d'Owl-Creek, l'ont retnis
en état et out construit une palissade sur la rive nord.
Le commandant a lancé un avis, qui est affiché partout,
pour faire savoir que tout civil surpris a détériorer le
chemin de fer, les ponts, les tunnels ou les trains, sera
pendu sans jugement. J'ai vu l'avis.
- A quelle distance se trouve le pont d'Owl-Creek?
- A une trentaine de milles.
I.

Les armées du Sud étaient vetues de gris ; celles du Nord de

bleu.
2. Sobriquet que donnaient aux soldats de rAnnée (édérale leurs
ad,crsaires de l'Année confédérée.

UN INC!DEN'f AU PONT D10WL-CREEK

- N'y a-t-il aucun corps de troupes de ce cóté-ci de la
.crique ?
- Seulement un piquet pasté a un demi-mille plus loin,
sur le chemin de fer, et une seule sentinelle au bout du
pont, de notre cóté.
- Supposez qu'un homme - un civil, candidat a la
potence, réussísse a éviter le petit poste et - qui sait - a
se débarrasser de la sentinelle, dit Farquhar en souriant.
Qua pourrait-il accomplir ?
Le soldat réfl.échissait.
- J'étais la il y a un mois, répondit-il. ]'ai remarqué
que les inondations de l'hiver dernier avaient déposé une
grande quantité de bois flottant contre la pile de ce coté du
pont, qui est également en bois. II est sec a présem et
brulerait comme de l'étoupe.
La dame avait apporté de l'eau. Le soldat but. TI remer~
cía cérémonieusement, s'inclina devant le mari et s'éloigna.
Une heure apres, la nuit tombée, i1 repassa devant la
plantation, galopant vers le nord, dans la direction m!me
d'ou il était venu. C'était un espion fédéral.

III

.

Précipité atravers l'armature du pont, Peyton Farquhar
perd_it connaissance et fut comme s'il était déja mort. II
sonit de cet état - apres des siedes, lui sembla-t-íl - par
le fait de la souffrance que lui infügeait une pression
violente sur la gorge, immédiatement suivie par une sensation d'étouffement. De vives, de poignantes douleurs
semblaient fulgurer de son cou, de haut en has, le long
de toutes les fibres de son corps-. Ces douleurs paraissaient
jaillir comme de la lumiere le long de ramifications bien
définies et battre comme un pouls, périodiquement, avec
une rapidité inou1e. On aurait dit des courants de flammes palpitantes. Il n'était conscient de ríen, si ce n'est

�l.A NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

d'une sensation de plénitude allant jusqu'a la congestion.
Aucune de ces sensations n'était accompagnée de pensée.
La partie intellectuelle de son etre était déja annihilée ; il
ne lui restait que la faculté de sentir, et sentir était un
tourment. 11 se rendait compte qu'il remuait. Enfermé
dans un lumineux nuage, dont il n'était que le creur
enflammé, sans substance matérielle, il se balan~it suivant des ares d'oscillation inconcevables, comme un vaste
pendule. Puis tout acoup, avec une soudaineté terrible, la
Iumiere qui l'enveloppait fut projetée en l'air avec le bruit
que fait un gros jaillissement d'eau ; un rugissement terrifiant remplit ses oreilles et .tout devint noir et froid . La
faculté de penser lui fut rendue : il comprit que 1a carde
s'était rompue et qu'il était tombé daos l'eau. La sensation de strnngulation ne s'était pas aggravée ; le nreud coulant serré autour de son cou le suffoquait et empechait
l'eau de pénétrer dans ses poumons. Mourir par pendaison
au fond d'une riviere - l'idée lui sembla plaisante. 11
ouvrit les yeux dans l'obscurité et vit au-dessus de lui un
rayon de lumiere, mais combien distant, combien inaccessible. II cont-inuait a descendre, car la lumier_e devenait de
plus en plus faible, jusqu'a n'étre plus a peine qu'une
lueur. Puis, elle commen~a a croítre et a s'aviver, et il
comprit qu'il remontait vers la surface - il le comprit
avec répugnance, car il se sentait tres bien. « Etre pendu
et noyé, pensa-t-il, cela n'est point si mal ; milts ¡e ne·
soubaite pas d'étre fusillé par surcroit. Non ; je ne veux
point étre fusillé : cela n'est pas de jeu. »
11 ne se rendait pas compte qu'il accomplissait un effort,
mais une vive douleur aux poignets I'avertit qu'il cherchait
adégager ses mains. 11 preta acette lutte son attention, en
quelque serte avec un intéret d'amateur, comme un badaudobserve les tours d'un acrobate. Quel splendide effort t
Quelle force magnifique et presque surhumaine ! Ah !
voila du beau travail ! Bravo ! Les liens se relachent ; sesbras s'écartent et flottent au-dessus de sa tete ; il apen;oit

'UN lNClDl::NT AU PO~T D'OWL-CREEK

709

v~guement ses mains de cbaque cóté daos la lumiere grandissante. 11 les regarde avec curiosité tandis que l'une
apres l'autre elles s'agrippent a son col sur le nceud coulant. Elles l'arrachent et le rejettent furieusement, et il
semble onduler comme un serpent d'eau. « Remettez-le
en place ! Remettez-le en place. )) Il lui parut qu'il criait
cela a ses mains, car a la suppression de son carean avaient
s~ccédé les affres les plus horribles qu'il eut encare ressenues. Son cou lui faisait atrocement mal ; son cerveau était
en feu ; son cceur, qui ne palpitait que faiblement, fit un
grand bond, comme s'il cherchait a s'échapper de sa gorge.
~on corps entier était torturé et tordu par une angoisse
rnsupportable. Mais ses désobéissantes mains ne pr~taient
aucune attention a ses ordres. Elles battaient l'eau vigouacoups rapides, se dirigeant vers le bas, le forreusement,
,
~ant a gagner la surface. II sentit sa tete émerger; ses yeux
f~rent aveugl~s par la lumiere du soleil ; sa poitrine se
dilata convuls1vement et aV¡ec un supreme spasme d'agonie,
ses poumons engouflrerent un grand trait d'air qu'instantanément il rejeta dans un grand cri.
Il se trouvait a présent en pleine possession de ses facultés physiques. Elles étaient, en vérité, surnaturellement
~vivées et alertes. Quelque cbose dans la terrible perturbat100 de son organisme les avait exaltées et aflinées a un tel
point qu'elles enregistraient des détails de choses qu'auparavant il n'aurait jamais aper~us. 11 senrait les rides de
I'~au sur son visage et entendait les sons qu'elles produisa1ent en le frappant l'une apres l'autre. 11 tourna les yeux
vers la forét, distingua chacun de ses arbres, les feuilles et
les veinules de chaque feuille ; y aper~ut meme des insectes, des sauterelles, des mouches aux corps brillants, de
grises araígnées tendant 1eurs toiles de rameau a rameau.
Il nota les couleurs prismatiques de toutes les gouttes de
rosée sur un million de brins d'herbe. Le bourdonnement
des moucherons qui d.ansaient au-dessus des remous du
courant, le frémissement des ailes des libellules, les batte-

�710

LA NOUVELLE REVUE fRANr;AISE

ments des patres des araignées d'eau, pareilles a desavirons
- tout cela formait une musique qu'il percevait. Un poisson glissa sous ses yeux et il entendit l'élan de son corps
divisant l'eau.
Il était venu a la surface, tourné dans le seos du courant ; en un instant, le monde visible parut virer lentement, lui-meme servant de pivot au mouvement, et il vit
le pont, le fort, les soldats sur le pont, le capitaine, le sergeut, ses deux bourreaux. Ils se silhouettaient sur le ciel
bleu. Ils criaient et gesticulaient, le montrant du doigt.
Le capitaine avait préparé son pistolet, mais il ne tira pas:
les autres étaient saos armes. Leurs mouvements semblaient grotesques et en meme temps horribles, leurs formes
gigantesques.
Tout a .coup il entendit une violente détonation et quelque chose frappa rudement l'eau a quelques pouces de sa
téte, lui éclaboussant le visage de poussiere d'eau. 11 entendit une deuxieme explosion et vit une des sentinelles, le
fusil a l'épaule, un léger nuage s'élevant au bout. L'homme
dans l'eau vit l'reil de l'homme sur le pont fixant le sien a
travers la hausse du fusil. 11 observa que cet ceil était gris
et se rappela avoir lu que les yeux gris étaient les plus perc;ants et que taus les tireurs célebres avaient les yeux de
cette couleur. Pourtant, celui-ci l'avait manqué.
Un contre-tourbillon avait saisi Farquhar et lui avait
fait faire un demi-tour; il regardait a nouveau la foret sur
la rive opposée au fort. Une voix claire et qui psalmodiajt
s'éleva derriere lui et francbit l'eau avec une netteté qui
dominait tous les autres sous, meme le battement des
vaguelettes dans ses oreilles. Bien qu'il ne fut pas militaire,
il avait suffisamment fréquenté les camps pour connaitre
la signification redoutable de ce chantonnement; le lieutenant pasté sur la rive veuait prendre part aux travaux de
la matinée. AYec quelle froideur - avec quelle intonation
impitoyable et calme, imposant le flegme ases hommes tomberent ces mots cruels a intervalles exactement mesurés:

UN INCIDENT AU PONT n'owL-CREEK

- Garde ...
Feu .....

a vous ....

71 I

Appretez ... armes ..... En joue ....

Farqubar ploogea - plongea aussi profondément qu'il
le put. L'eau mugit a ses oreilles comme la voix du Niagara, et cependant il entendit le tonnerre assourdi de la
décharge et, s'élevant de nouveau vers la surface, il rencontra des morceaux de métal brillants, singuiierement aplatis,
oscillant lentemeut dans leur descente. Plusieurs d'entre
eux .toucherent son visage et ses mains, puis glisserent,
contmuant leur chute. L'un se logea entre son col P.t sa
peau ; comme il le brulait, il l'arracha.
En s'élevant de nouveau ala surface, la boucheouverte pour
respfrer, il vit qu'.il était resté longtemps en plongée; il était
perceptiblement plusloin daos le courant et plus pres du salur.
Les soldats a,raient presque fini de recharger _leurs armes ;
les baguettes de métal brillerent toutes a la fois dans Je
soleil lorsqu'elles furent retirées des canons des fusils,
retournées en l'air et enfoncées dans 1eurs douilles. Les
deux sentinelles tirerent encare une fois, séparément et
sans résultat.
L'homme aux abois vit tout cela par-dessus son ép.aule;
il nageait a présent avec vigueur daos le sens du courant.
Son cerveau était aussi fort que ses bras et ses jambes; il
pensait avec la rapidíté de l'éclair.
L'officier_, raisonna-t-il, ne commettra pas une
deuxieme fois cette erreur de blanc-bec. Il n'est pas plus
difficile d'éviter un seul coup de feu qu'une décharge. II a
probablement donné l'ordre a présent, de tirer a volonté.
Que Dieu m'aide, je ne puis les éviter tous !
Un éclahoussement jaillit a deux yards de Iui, suivi par
un son violent, tumultueux, décroissant, qui parut retourner au fort et y mour.ir dans une explosion dont la rivíere
elle-méme fut agitée daos ses profondeurs. Une nappe
d'eau jaillit, se recourbant sur lui, tamba sur luí, l'aveugla, l'étouffa. Le canon s'était mis de la partie. Comme le
fugitif secouait sa téte apres la commotion, il entendit le

�;r2

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISH

boulet chanter en ricochant en avant de lui et puis - au
loin - fracasser les branches dans la foret.
« lis ne recommenceront pas, pensa-t-il; la prochaine fois
ils tíreront a rnitraille. 11 faut que j'aie l'reil sur le canon ;
la fumée rn'avertira - la détonation arrive trop tard ; elle
traine derriere le projectile. C'est un bon canon. »
Soudain, il se sentit tourner, tourner en rond, tourner
.::omme une toupie. L'eau, les rives, les forets, le pont, le
fort, les hommes - maintenant éloignés - tout se melait
et s'cstompait. Les objets n'étaient plus représentés que par
leurs couleurs ; des raies horizontales de couleur - voila
tout ce qu'il voyait. 11 avait été pris dans un remous qui
le f~isait a vancer en tournoyant dans une giratíon qui lui
donnait le vertige et le rendait affreusement malade. Quelques instants plus tard, il était projett': sur le gravier au
pied &lt;le la .rive sud du cours d'eau, derriere un promontoire
qui le cachait a ses bourreaux. Le brusque arret de mouwment, les écorcbures d'une de ses mains sur les cailloux,
luí rendirent les seos et il pleura de joie. 11 plongea ses
mains dans le sable, en jeta sur lui-rn~me a poignées et il
bénissait ce sable a voix: haute. II luí semblait composé de
diamants, de rubís, d'émeraudes ; il n'imaginait rien de plus
beau. Les arl:ires de la foret lui apparaissaient comme de
gigantesques plantes de jardin; il crut remarquer un ordre
défini dans leur alignement, il aspira leur parfum. U ne
étrange lumiere rosée luisait dans les intervalles des troncs
et le vent faisait dans les branches une musique de harpes
éoliennes. 11 n'avait plus aucun désir de continuer sa fuite;
il demeurerait dans ce coin enchanté, jusqu'a ce qu'on le
reprit.
Un sifilement, un rale de mitraille daos les hautes
branches au-dessus de sa tete, le tirerent de son reve. Déconcerté, le canonnier lui jetait un adieu au jugé. 11 bondit
sur ses pieds, gravit l'escarpement et plongea dans la foret.
Toute la joumée il voyagea, se guidant da.ns sa course
sur l'arc de cercle que tra~ait le soleil. La foret paraissait

UN :NCIDENT AC PONT o'owL-CREEK

interminable; il n'y découvrit aucune clairiere, pas meme •
un sentier de bi1cheron. 11 s'étonnait d'avoir vécu dans une
région aussi sauvage. Il y avait quelque chose de sinistre
dans cette révélation.
Au soirj il était fatigué, affamé. 11 avait les pieds en sang.
Le souvenir de sa femme et de ses enfants aiguillonna sa
lassitude. Enfin il rencontra une route : elle allait Je conduire dans la bonne direction, il le savnit. Cette route était
large et droite comme une rue citadine, et pourtant il
semblait que nul n'y voyageat jamais. Aucun champ ne la
bordait, aucune habitation. Nul aboiement de chien qui
suggérat la présence d'une Jemeure humaine. Les troncs
noirs des arbres formaient une paroi rigide des deux cótés,
se terminant en pointe a l'horizon, comme un diagramme
de perspective. Au-dessus de sa tete brillaient de grandes
étoiles d'or d'un aspect inconnu, groupées en d'étranges
constellations. JI était persuadé qu'elles étaient disposées
dans un ordre qui avait une secrete et maligne signification.
La foret était pleine de bruits singuliers, parmi Iesquels une fois, deux fois, plusieurs fois - il cnten&lt;lit des murmures proférés dans une langue inconnue.
Son cou lui faisait mal et, y portant la main, il le trouva
horriblement enflé. Il devinait un cercle noir a l'endroit ou
la corde l'avait meurtri. Il se sentait les yeux congestionnés ; il ne pouvait plus les fermer. Sa langue était gonflée par la soif; il en soulagea la fievre en la projetant hors
de sa bouche dans l'air froid. Quel doux tapis de gazon
dans cette avenue inex¡.,lorée. 11 ne sentait plus la route
sous ses pieds.
Sans doute, malgré sa souffrance, s'était-il endorrni tout
en marchant, car aprésent íl assistea une scene inattendue.
Peut-etre a-t-il eu simplement le délire. II se tient devant
la grille de sa maison. Tout est la comme il l'avait laissé.
Tout brille dans la lumiere du matin. 11 doit avoir voyagé
toute la nuit. Comme il pousse le battant de la grille et
entre dans la large a!Iée blanche, il apcr~oit un frémisse-

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

' ment de vetements féminios ; sa femme, douce et fraichc,
a l'aspect reposé, descend de la véranda.h et vient a sa rencontre. Au pied des marches elle l'attend, avec un sourire
de joie ineffable, dans une attitude inégalable de grace et
de noblesse. Comme elle est belle ! 11 s'élance vers elle, les
bras ouverts. Il va l'étreindre ! Alors il refoit un choc étour••
dissant sur la nuque ; une aveuglante lumiere blanche
flamboie autour de lui. Un bruit éclate, pareil a un coup
de canon. Puis tour devient obscurité et silence.
Peyton ·Farquhar éuit mort ; son corps, le co.u rompu,
se b.lani;ait doucement sous les poutres du pont d'Owl-

Creek.
(Trad. v.

M. LLONA)

AMEROSÉ BIERCE

REFLEXIONS SUR
LA LITTERA TURE

LES PHILOSOPHES
Cbez un des bouquinistes du Quartier qui ont pour spécialité
les livres de philosophie, je rn'étonnais du bon marché relatif
de certains ouvrages épuisés et rares, Cournot, Renouvier.
e, Monsieur, me dit le marchand, les bibliotheques des philoso~
phes se défont maintenant plus vite qu'elles ne se font. Jusqu'a
la guerre il fallait généralement attendre la mort d'un philosophe pour avoir ses livres. Le nomb1·e de bibliotheques constit11ées co.rrespondait a peu pres au nombre de bibliotheques
liquidées, c'est-a-dire qu'autant i1 mourait de philosophes dans
l'année, autant apeu pres de jeunes philosophes devenus grands
se poussaient, se meublaient, achetaient, en méme temps que
les livres de M. Alean, ceux que vendaient aprés aéces les
familles de leurs arnés ( car on ne philosophe poínt, daos u.ne
famille, deux générations de suite). Nous étions les intermédiaires, et nous vivions modestement d'un métier tranquille.
La clientele était limitée, mais sure. Tous les professeurs de
phílosophie d'Europe passaient dans ma boutique. Fra.n~ais,
Allemands, Américains, Italiens, je les connaissais comtue un
vieil appariteur connait les professeurs de sa Faculté. Aujourd'hui les philosophes vendent plus de livres qu'ils n'en achetent.
Ceux d'Allemagne, ceux d'Aut.riche, sont logés la méme
enseigne, et m~me pire enseigne, que leurs compatriotes de
classe intellectuelle. Ceux de France ont .aussi leurs miseres ...
Et le public philosophjque s'éclaircit. Pourquoi ? Vous devez lesavoir m.ieux que moi. C'est la crise des études secondaires 1 me
disent les professeurs. Nous autres, fleurettes qui poussons sur

a

a

�716

LA NOOVELLE REV1JE' FRAN~AISE

la montagne Sainte-Genevieve entre les racines du grand chéne
des Ecoles, nous dépérissons avec lui. Gardez done cette Philosophie en France au x1xe siecle que vous avez en main. Vous ne
la paierez pas cher. C'est la premiere édition, celle de l'Imprimerie Impériale. Je sais bien que les premieres éditions des philosophes n'ont pas de valeur, quand il y en a d'autres. Ce qui
en aura moins encare ce sera le rapport que le Ravaisson de
1968 fera sur la Philosophie en France au xxe siecle. Un cabier
de papier blanc ... i&gt;
Mon marchand, qui trouvait, comme tous ses confreres, que
les affaires n'allaient pas, en donnait peut-étre une explication
un peu fantaisiste. 11 est possible que les phílosophes vivent
mal, mais la philosophie vit encore et vit assez bien. La Revue
de M!taphysique, la Revue Philosopbique, le Jourual de Psychologie,
s'ils ont dú parfois réduire le nombre de leurs numéros, ne l'ont
pas fait par manque de copie. Mémeles vingt ans écoulés depuis
que M. Boútrouxdonnait, a l'occasion de l'exposítion de 1900,
une suite au Rapport de Ravaisson, fourniraient autre chose que
du papier blanc. C'est de ces vingt ans que d-ate le développement du bergsonisme, c'est-a-dire de la philosophie fran&lt;;aise qui
a eu, apres le cartésianisme, et bien mieux que le comtisme,
l'influence la plus universelle. C'est dans ce temps que Durkheim
a creusé son sillon laborieux et profond. Ces derniers mois
apportaient eocore des contributions importantes. M. Meyerson
continuait par l'Explícation dans les sciences la forte synthese
d' Jdentité et Réalité. Si la sociologie n'a pas encore comblé le
vide laissé par la mort de Durkheim (a quand la reprise de
l' Am1ée Sociologique ?) l'atelier psychologique continue fonctionner a pJein rendement. L'ceuvre importante de M. Pierre
Janet se continue. Le grand manuel de psychologie ou
M. Georges Dumas condensera vingt-cinq ans de travaux et
d'enseignement aura probablement paru quand ces Jignes
seront publiées. M. Fr. Paulhan, a qui la psychologie doit tant
d'observations et d'analyses depremier ordre, couronne ses travaux par cette interprétation psychologique de J'univers qu'est
le Mensonge du Monde. ll y a enéore une philosophie fran&lt;;aise.
Et pourtant, si on compare son état actuel a l'état d'il y a
\·ingt ans, on constatera sur bic:n des points un recul. Lisez ce
remarquable tableau de la Philosopbie (ranraise rontemporai11e,

a

REl'LEXlONS SUR LA LITTÉRATURE

clair, raisonnable, impartial, que publiait l'an dernier M. Parodi.
Presque tout le capital d'idées dont M. Parodi fait l'inventaire
était constitué ily aquinze ou vingt ans. Les derniers lustres y
ont en somme peu ajouté. Le moment étail d'ailleurs favorable
un tel inventaire, car l'atmosphere philosophique estdevenue
tres calme, bien plus calme que l'atmosphere littéraire, ou, a
l'émerveillement ironique et 'injustífié de quelques-uns, meme
les querelles entre classiques et romantiques ne sont pas terminées. Les congres philosophiques mettaient aux prises, il n'y a
pas longtemps, des pensées ardentes et entieres : on n'a pas
oublié la bataille d'idées qui se livra autour du pragmatisme au
congresde Heidelberg. Aujourd'hui, s'il y avait des coogres
( depuis la guerre on a dü les remplacer par de vagues sympasia)
aucun probleme proprement philosophique ne les animerait de
la meme fa~on.
11 est méme certain qu'une atmosphere de défiance s'est créée
autour de la philosophie. Si la philosophie a progressé réellement
pendant la période qu'étudie M. Parodi, elle l'a fait en se tenant
dans un contact plus étroit avec les sciences positives, etsurtout en
reconnaissant, en isolant, en étudiant d'une maniere de plus en
plus scientifique des groupes de faits, ici faits psychologiques et
la faits sociaux. Le bergsonisme lui-meme, qui a repris la tradition des Schelling, des Hegel, des Schopenhauer, et qui a été
une recherche de l'absolu, ne s'est pas propasé d'abord de telles
visées, ne les a, pour ainsi dire, réa!isées qu'a l'état d'épiphénomene, et il a été d'abord et surtout une philosophie de la ·psychologie, puis une philosophie de la biologie. Aujourd'hui le
philosophe de premiere classe n'est plus celui que Comte appelait le spécialiste en généralité, mais le spécialiste tout court,
celui qui s'occupe de faits psychologiques ou de faits sociologiques. J'entendais dernierement un maitre de la psychologie
dire : C'est un philosophe ! avec la méme expression d'indulgente pitié qu'aurait pu mettre daos ce mot un adjudant en
train de constater qu'un agrégé de philosophie s'acquitte déplorablemeot de la corvée de quartier.
Si d'anciens « philosophes » traitent ainsi ceux de leurs collegues qui ont rengagé daos la généralité, il n'est pas étonnant
que le vulgaire soit encouragé a la méme ironie. J:.e militaire
appelle pékin tout ce qui n'est pas roilitaire, et le civil, comme

a

�LA NOUVELLE REVUE- FRAN~AISE

-0isait l'autre, appelle militaire tout ce quin'est pas civil. Soyons
done incivil et injuste au point d'appliquer ce terme de vulgaire
.a un esprit aussi raffiné et aussi élégant que M. Vandérem.
M. Vandérem, le plus parisien de nos critiques, indulgent et
aimable pour chacun de ses contemporains en particulier, se
rattrape quand il les tient par blocs, et de ces blocs il n'en est
pas qu'il poursuive avec plus d'ironiques sarcasmes que celui
des philosophes. Le jour memeou j'allai chez mon bouquiniste,
je venais delire au Luxembourg la chronique de M. Vandérero,
et je l'avais sous mon bras. M. Vandérem s'y scandalísait qu'il
y eüt encore des gens nommés philosophes, cornrne il y a toujours, parait-il, des astrologues ou des exorcistes. Je le montrai
a ce vieíl Hamikar, gardien somnolent de la cité des livres, en
luí disant : « Etonnez-vous maintenant que les afiaires ne marchent pas ! » Le vieillard lut, regarda la couverture, me dit en
me désignant l'adresse : « Ce qu'il y a de terrible, c'est que cela
se dise dans iine revue de la rive gauche ! Le boulevard a passé
l'eau. »
Le mot ferait aux Deux Rives une fin arutlogue a la derniere
ligne de NumaRoumestan, si M. Vandérem s'avisait de refaire ce
joli roman. Ce n'est d'ailleurs pas d'aujourd'hui que M. Vandérem s'en va d'une rive a l'autre proférant son Delenda Cartliago.
11 y a pres d'un quart de siecle que, frais émoulu de la classe
de philosophie, il s'empressa de pousser contre eJle le cri matricide de sa campagne dans 1a Rtvue Bleue : Une elasse a mpprimer.
Avant cet article de la Revue de France il avait employé a
peu pres les m~mes termes dans une page de la Revue de París,
que reproduit le second volume du Miroir des Lettres.
M. Vandérem, ayant écrit sur l' Energie spirituelle, des pages
quelconques ou il s'émerveillait que des « poules &gt;i lussent, ace
qu'on disait, Bergson, ajoutait : « Avez-vous réfl.échi sur ce
qu'était un philosophe et sur l'étrangeté de sa profession, ou, si
l'on veut, de son art? En général, le philosophe, a!'origine, c'était
un éleve exc.ellent, qui, des la classe de philosophie, a mordu au
_genre, montré pour les questions métaphysiques des dispositions
_précoces. Ses professeurs le louent, l'encouragent. Le voila
licencié, agrégé, maitre a son tour. Supposez-le doué de l'esprii
le plus médita:tif, le plus distingué, le plus autonome, allons
plus loin, mettons que ce soit un esprit supérieur. Au total

REFLEXJOKS SUR LA LITTERA TI.JRE

nous n'aurons qu'un homme - c'est-a-dire un étre aux moyens
limités, aux horizons bornés par la réalité, et saias aucune communi cation di recte ou in d irecte avec !'au-dela. C' est pourtant ce fai ble
humain qui assumera la charge de dévoiler tous les mysteres de
nos destinées, de prononcer sur tout !'insoluble et le caché de
l'univers, de dire le mot de toutes les énigmes que, depuis
l'aube du monde, l'humanité s'acharne vainement a percer.
Eh bien, cette immutabilité, cette infrangibilité de !a foi
métaphysique, apres une telle succession de ratés que ne couperent jamais un succes net, une précision acquise, une solution franche, que voulez-vous, moj, cela me dépasse. Il y a
vingt-cinq ans, au sortir des études, je ne pouvais me retenir
d'en écríre ma stupeur. Et maintenant encore, chaque fois que
j'y pense, je me sens rajeuni de vingt-cinq ans. »
Ne soyons done pas étonné qu'il y pense si souvent, et retenons ceci, que ces réflexíons ne lui vienuent pas dans ses
moments de maturité. 11 y a toutes sortes d'illusions juvéníles.
M. Vandérem s'imagine que la philosophie doit étre une commnnication. avec l'au-dela, etil lui demande les memes services
9u'a l'enquéte de l'Dpinion: Lu rnorts vivent-ils? ~e n'est pas
cela du tout. Le philosophe est, depuis Socrate, uu homme en
communication avec l'en-de~a, si je puis dire, c'est-a-dire avec
son monde intérieur, et qui cherche, et qui trouve 1 dam ce
monde intérieur. Un étre aux moyens fünités, un faible
humain, d'accord, mais ces faibles humaíns réunis en société
sont bien forts; le bon éleve dont vous parlez, celui dont vous
admettez que ce soit un esprit supérieur, il ne va pas plus a la
philosophie avec la seule faiblesse de ses moyens individuels
que l'ingénieur ne va ses machines avec la seule ressource de
ses dix doigts. 11 est appuyé sur les vingt-cinq siecles de travail
philosophique qu'il va tacher de continuer, comme l'ingénieur
est appuyé sur l'acquis du machioisme, de l'outillage et des
calculs humaios . Et, a moins d'étre fou. il n'assumera pas « la
charge de dévoiler tous les mysteres de notre destinée », de
« dire le mot de toutes les énigmes "· Il parlera d.e quelquesunes pourdire ce qu'on ensait, cequ'on en ignore, ce qu'on en
pourrait peut-etre savoir ... , comme M. Vandérern et moi parlons de matieres littéraires. Que dirioos-nous, l'un et l'autre, si
un olibrius, un occiseur d' innrcents, nous rencontrant sur le bou-

a

�720

LA NOUVELLE REYUE FRAN&lt;;AISH

a

levard, nous désignait en ces termes l'animadversion publique:
o: Avez-vous réfléchi, rnesdames et messieurs, sur ce qu'était un
critique et sur l'étrangeté de sa profession ? Et c'est pourtant ce
faible humain qui assume tous les mois la charge de juger tous les
livres, de prononcer sur le fin du fin, de discerner le bon et le
mauvais, de vous indiquer les auteurs dont vous pourrez un
jour revendre les premieres éditions avec de gtos bénéfices.
Qu'a+elle fait jusqu'ici, la critique? Lísez dans le Miroir des
Lettres ce que le plus intelligent de ces deux cocos dit de
Sainte-Beuve. Eh J,ien, cette imperturbabilité dela critique, apres
une telle succession de ratés, cela me dépasse. Chaque fois que
j'y pense, je me seos rajeuni de cinquante ans, je fais des patés
de sable et je monte daos la voiture aux: chevres ! » Je demeurerais stupide, rnais M. Vandérem ne serait pas embarrassé pour
explíquer a ce forcené que jamais critique n'eut de telles ambitions, et que ce qui existe vraiment ce n'est paste! critique, lui
ou moi, ou meme un Sainte-Beuve et un Brunetiere, rnais la
critique, c'est-a-dire un organisme daos le temps et dans l'espace,
ou plusieurs voix se font entendre, ou leurs contradictions
méme sont bienfaisantes en ce qu'elles multiplient les points de
vue, ou chacun pousse son idée, et ou la mise au point se fait
par une collaboration ·involontaire et spontanée. Il n'en est pas
autreroent de la philosophie.
M. Vandérem, continuant patiemment a éclairer l'olibrius,
pendant que moi-méme j'écouterais et m'instruirais, ajouterait
que cette critique, qui paralt a ce sauvage si conjecturale et si
follement ambitieuse, estarrivéea établir beaucoupdevérités, le
capital de vérités grace auquel nous nous promenons dans les
chefs-d'reuvre de notre littérature, non seulement en étres sen
sitifs, mais en hommes intelligents et de plus en plus capables
d'un plaisir réftéchi. Que si, jetant les derníers restes d'une
fureur qui cede a regret a la persuasion, l'autre arguait encore
des contradictions entre critiques, nous disait par exemple
qu'apres avoir interprété le théatre de Corneille par la lutte du
devoir et de la passion, on !'a interprété ensuite par la tension
de la volooté, et qu'on y voit aujourd'hui un autre príncipe, en
iittendant un quatrieme, mon éminent confrere lui ferait observer que précisément ce passage d'un point de vue plus extérieur
a un point de vue de plus en plus intérieur, cette série de recti4

REFLEXIONS SVR LA LIT'I'ERATURE

721

fication~ et de mises au point, représente une vérité vivante,
~ne vénté en mouvement, celle dont sont susceptibles les réahtés de l'ordre mornl.

a

a

Il arrive to~s l~s philosophes comme tous les critiques de
se tromper. Ma1s d abord ces erreurs se rectifient les unes les
autres. Et ensuite _H y a des manieres de se tromper qui valent
pour nous des véntés. Nous croyons que le mécanisme de Descart~s a été une erreur. Et cependant quelle terrible 1acune il y
.auran &lt;lan_s notre capital de vérités si cette ei:reur n'avait pas
été commise ! Quand M. Vandérem se livre a une exécution
de Domínique, qu'il n'aime pas, et qui est pour lui ce qu'était
Mada~ne Bovary pour Pierre Gilbert, un faux chef-d'reuvre, je
ne su1s pas de son avis, mais je ne puis 1ui dire autre chose
que d'y aller carrément et de pousser íerme. Car, apres avoir !u
M. Vandérem,_ie sais_ sur Dominique ce que je ne savais pas
.avant, ou que ¡e sava1s mal, que le roman de Fromentin a tout
ce qu'il faut pour ne pas intéresser le pur Parisien de Paris et
pour la meme raison qui fait que ledit Parisien mettra Baudel~ire
infiniment au-dessus de Lamartine et de Mistral. II y a beaucoup plus de vérité dans un critique que nous ne l'imaginons
quand nous ne sommes pas de son avis. Et il en est de meme
des philosophes.
Daos leur príncipe, toutes les grandes philosophies ont Ieur
áme devérité, et, au-dessus de leurvérité, il faut voir la vérité du
mouvement qui les complete les unes par les autres, du clairobscur mutuel qui met en valeur leurs lumieres et lcurs
ombres, de la ph_il~sophie qui les enveloppe comme la religion
enveloppe les rehg1ons, comme le sentiment de la patrie enveloppe les patries. II n'y a pas plus de quoi tomber en angoisse
&lt;lev~nt les contradictions apparentes de deux philosophies qui
.se completent que devant l'hostilité !!t la haine héréditaires de
deux nations ou de deux races dont chacune incaroe une fa~e
.de la réalité humaine et participe pour sa part a l'etre de la
planete. Mais le fait que l'illusion de M. Vandérem est un lieu
.commun nous !'indique comme naturelle et tenace. Et comme
toutes les illusions de ce genre elle a une double raison daos
le sujet et dans l'objet. Elle tient a un caractere des :sprits
ingénieux et brillants comme M. V:mdérem, et un caractere
de la phiJosophie elle-rueme.

a

�iÉFLEXIONS SUR LA Ll'ITERATURF.

72 3

LA NOUVELLE REVUE FRAN~.\fSI!

722

La derniere phrase de M. Vandérem est bien en place pour
nous montrer le bout de l'oreille. 11 en est sur ce probleme au
point ou il en était il y a vingt-cinq ans, c'est-a-dire qu'il exigeait autrefois de la phi!osophie une certitude instantaoée, et
qu'il conti.nuc en exiger vainement une pareil1e. Lorsqu'il
demandait son professeur de pbysique comment se comporte
une colonne de mercure sous la pression atmosphérique, son
professeur d'histoire quelles furent les conséquences du traité
d'Utrecht, son pr-0fesseur de lettres quelle était l'originalité
des .,_\,feditations, chacune de ces questions comportait une
réponse immédiate, a peu pres d~finitive, et a laquelle Yingtcinq ans .d'intervalle ou de réftexion ne cha.ngent pas grand'chose. Certes il fatlait apprendre tout cela, c'est-a-dire l'acquérir
successi',ement et dans une durée, mais, une fois acquis, cela
restait incorporé un capital de connaissances, cela s'exprimait
vingt-cinq an$ apres dans les m~mes termes que vingt-cinq ans
avant. Une connaissance purement scientifique (les connaissances p11reme11t scientifiques ne font d'ailleurs qu'une faible
partie d'une science), une fois a,cquise, est soustraite la durée.
ll n'en est pas de méme de la philosophie, qui est une connaissance vivante, qui vit et dure avec nous : connaissance qui ne
peut se transmettre immédiatement, se caser dans un cours,
dans un dictionnaire, s'enregistrer sa place et sur sa fiche. Si
Socrate et Pla.ton ont fondé la vraie philosophie, c'est qu'ils
l'ont sentie etcomprise ainsi: l'ironie, la maieutiqueJ'induction
sont les moments d'une durée qui ne peut pas s'abréger, les
étapes d'uoe ,•ie que l'esprit doit 'rivre, le progres d'une intelligeoce qui fleurit et fructi-fie et laque11e le livre n'apparait que
comme un pis-aller, comme un instrument ambigu qu'il faut
savo'ir maniera. bon escient. M. Vandérem a employé en bon Parísien et en galant homme vingt-cinq années de sa vic, et a acquis ·
5ur bien des points (singulierement en littérature) une rich.:
expérience. Mais en matiere de phiiosophie ce qui était pour lui
la « sortic des études » en était pour d'autres le commencemeot,
et ceu1'-la, s'ils ont réfléchi pendaot ces vingt-cinq ans, s'égayeront fort de ces Hgnes du sympathique critique : « La métaphysique ... queHe faillite ! La métaphysique n'a que quelqucs
prob1emes résoudre. Passez-lés en revue et voyez ce qu'on
nous a appris uleur sujet. Nature d~ l'ame, nature de la cons-

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ci_ence, - néant. Rapports du pbysique et du moraJ, _ néant.
Liberté, vol?nté, - néant. Perceptíon du monde extérieur, _
néant. Surv1e ou aoéantissement de l'ám.c apres la mort ~
néant, Destinées origineUesetfutures de l'homme, de Ja création,
- néa~. » Ce qu'on nous a appris ! Le on du régi.ment ! 01t ne
pouva1t vous apprerulre que ceci, que c'est vous-méme qui
de:ez vous apprendre vous-méme, vous aider, et le ciel des
ph1losophes vous aidera.
On disait
Mac-Mahon, passant
c.astelnaudary qu'
bataille s'était livrée laau temps de Louis XIII.« All ' d un~
é
d· 1
ons onc .
r pon 1t e _maréchal, si c'était vrai, ~a se saurait ! » Et, bien
que les certitudes &lt;le l~ philosophie ne soient point, je le répete,
comFables celles d un maouel d'histoire, 00 peut assurer
M, \ andérem que sur tout ce qu'il dit et qu'il fait suivre du mot
n_éant (s~os nous occuper de ce qu' « on » a pu lui apprendre)
s1 !es ph1losophes n~ savent pas tout (la métaphysique n'est
qu _une co~pe_ abstra:tte et verbale sur la totalité vivante de la
philosoph1e) 1ls en savent déja pas mal, dcpuis vingt-cinq siecles
. qu~1ls travaillent.
_
, « Nature de l'ame , nature de la conscieuce _• ",_Depu1s qu avec les Nouveaux Essais su1· l'Etztendement
-!fumai~ 11dée de petites perceptions, de subconscience, a été
mtrodu1te dans la philosophie par Leibnitz, ne sont-ce pas vraiment des mondes nouveaux que la psychologie a découverts en
nous ? Et l'étude de « l'áme », c'est-a-dire des faits psychiques
n_e progresse-t-elle pas par des fouilles expérimentales et inté:
11eures la maniere dont l'archéologie préhistorique ou grecque
progresse par des fouilles daos la terre et dans le passé ? Une
synthese de psychologie cesse d'étre vraie au bout de dix ans
comme une synthese de préhistoire. Ferez-vous de sa sauté et
de sa croissance un argumeot contre sa valeur ? Le vieillard qui
peut porter toujours le méme vétement a-t-il meilleure santé
que l'adolescent qui fait craquer le sien tous les six mois ?« Rappor~s du physique et du moral. '&gt; C'est précisément une
des quest1ons que les philosophes,
force de tatonner et de
s' obsti?er, ont fait entrer daos le domaine de l'expérimentation.
- « Liberté, - volonté .. » Le probleme de la liberté est le type
des problemes que l~ ph1l,~sophie, vrai dire, ne peut pas prétendre résoudre.' ma1s qu il appartient chaque philosophe de
résoudre ses nsques et périls, en tant qu'il éprouve en Jui, plus

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�72 4

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

consciemment que les autres hommes, la oature humaine: qu'on
croie a la liberté comme Descartes ou Bergson, au déterminisme
comme Spinoza' ou Stuart Mill, la philosophie est l'art de faire
en soi de la liberté. Il n'est rien que la philosophie démontre
míeux que la liberté intérieure, puisqu'elle est cette liberté. « Perception du monde extérieur ? » Ici encore il n'y a qu'a
ouvrirun manuel de psychologie pour voir que c'est un point
sur lequel oo sait beaucoup, et chaque jour de plus en plus .. « Survic et anéantissement de l'ame apres la mort ? » Le ph1losophc fait beaucoup mieux: que résoudre ce probleme: 11 atte~nt
une région ou ce probleme ne se pose plus., La rh1los~ph1~,
dísait Platon, est la préparation a la mort. Il n est nen, d1t Sp1noza, a quoi le sage pensc moins qu'a la mort. Deux pensées en
apparence contraires et qui signifient la meme chose ( comm_e
bcaucoup de prétendues contradictions des philosophes ~ a s_a v~u
que la philosophie consiste a développer en nous cette mtens1té
et cette clarté de vie intérieure qui excluent l'idée de la mort.
Cela s'apprend en plus ou moins de viogt-cinq aos, e~ tout cas
pas aussi rapidement que la loi de Mariotte ou le mao1ement de
la mitrailleuse. - &lt;&lt; Destinées originelles et futures de l'homme
et de la création ? » Croyez-vous qu'elles soient écrites ou
qu'elles aient été écrites quelque part, que ~ela puisse se
trouver un jour tout fait comme une tragéd1e perdue de
Sophocle, ou se recomposer daos un laborato_ire co~me la
synthese de l'albumine? Le philosophe ~o~s fa1t p_réc1s~ment
comprendre la aai'veté et la pauvreté de 1att1tude q ~1 cro~t que
]a question pourrait etre résolue meme par une mtelhgence
infioimeot plus puissante que la nótre. Les destinées de l'hom.me
et de la création seront ce que nous les aurons faites, ce que le
travail de l'homme et l'effort de la création auront réalisé. C'est
un probleme d'action, non un probleme de connaissanc_e.
Je voudrais faire toucher a M. Vandérem sur un pomt plus
précis le néant de son Néant ! Sa Vie des Le~tres se te~mine généralement par une indulgente revue dramatique. 11 a1me le théátre. II aime y rire. Or le plus éminent de nos phil~sop~es a
composéun petit livre charmant et profond, capable d expl_1quer
a tout homme cultivé ,les raisons du rire et la nature ph1losophique du comique. Je ne pense pas que M. Vandérem soi t ~ssez
béoticn pour nous dire qu'íl ne s'en soucie pas plus que N1cole

RÉFLEXIONS SUR LA LITIÉRATURE

ne se souciait de savoir comment on fait U. Nicole au moins
n'arrttait pas daos l'escalier le maitre de philosophie pour lui
dire : « La philosophie, hein ! quelle faillite ! » Or voila une
théorie du rire qui date de viogt-cinq ans ( ceux que retrouve si
facilement M. Vandérem) et qui n'a pas bougé, et qui demeure
vraie pour les philosophes, et qui résoud définitivement la
qucstion ou plutót la partie de la question a laquelle elle s'applique. M. Gcorges Dumas, dans son Traité de Psychologíe, apres
avoir énuméré les autres théories du comique, s'arrete a celle-ci,
qu'il considere comme la bonne. Sur ce petit probleme qui intéresse tout homme de théátre et tout homme qui rit, la philosophie arrive a une solution, a une vérité. Et la théorie est telle
que M. Bergson n'a pu la trouver que par application d'unc
théorie beaucoup plus générale, d'une théorie de la vie et de
l'etre. C'est du ciel de la métaphysique qu'elle descend, pour
éclairer de conscience son plaisir, sur le fauteuil d'ou M. Vandérem écoute Mais ne te promene done pas toute nue ! Le vieil
apologue est toujours vrai : les boulevardiers de Milet se
moquaient de Thales et de ses inutiles spéculations philosophiques ; une spéculation du philosophe sur les olives les ramena
a des vues plus justes.
1
Mais si les littérateurs Írappent les philosophes de ces verges
d'ailleurs bénignes, hátons-nous d'ajouter que les philosophes
ea ont coupé au moios quelques-uoes dans les osiers qui séparent leurs champs respectifs, les champs sur lesquels ( car ils
sont bommes) ils veillent parfois jalousement. Et ici nous touchons aun caractere de l'objet meme des critiques de M: Vandérem, je veux dire de la philosophie. La philosophie progresse
par les découvertes, par l'originalité des philosophes. I1 est naturel, et nécessaire, et utile, que le philosophe, devant son invention, soit beaucoup plus frappé par les traits qui font différer
cette invention des autres idées philosophiques que par les traits
qui l'eo rapprochent. Il sera porté adiviser la philosophie comme
nous divisons tous l'histoire humaine : Avant moi. - Apres
moi. Avant rooi un conflit de systemes également probables, de
dialectiques ad verses qui disputaient iadéfiniment sans solution
certaine. Apres moi la connaissance de la vraie philosophie,
celle que j'apporte. C'est la un idolum trib11s qui entre toujours
daos l'équation personnelle d'un philosophe, meme dans celle

�726

LA NOUVELLE REVUE FRAN~IS:lt

de Leibo.itz. Et pourtant Leíbnitz se faít !'interprete de la perennis philmopbia lorsqu'il dit cette paro le profonde que les systemes
sont presque tous vrais en ce qn'ils affirment et faux en ce
qu'ils nient. Une maniere pour eux d'etre faux consiste précisément a nier les autres systemt:S, comme ootre maniere d'~tre
injustes consiste a o.ier les autresindividus. Mais entre nier tous
les autres-syi;temes et nier toute la philosopbie, il n'y a plus
alors que l'épaisseur de ce systeme qui se croit privilégié, c'est➔
a-dire, pour le souffie de l'opinion, qu'une feuille de papier. Au
contraire toutes ces feuilles de papier, rfonies sous forme d'un
livre qui n'est d'ailleurs jamais achevé, résistent a.u vent, et, a
plus forte raison, a la bou:ffée de cigarette que M. Vandérem
cnvoie oégligemment contre elles.
ALBERT TlflBAUDET

CHRONIQUE DRAMATIQUE

GvM.NASE :

Ama11ls, comédie en 5 actes, de M. Mauricc

Donnay.

Ubu-Roii par Alfred Jarry, avec les croquis de l'auteur et une
préface de Jean Saltas (Fasquelle, édit.)
Le Gymnase a repris Amants~ de M. Maurice Donnay. Je me
rappelle un médaillon de Jules Lemaitre, évoquant M. Maurice
Donnay au temps du Cbat noir, sernblable alors a un mandarin
annamite, devenu depuis l'auteur d' Amants, qui éta.it son chefd'ceuvre et qui était peut-étre un cheí-d'reuvre, quelque chose
comme la Bérénice de notre ternps. la page était jolie, gracieuse,
ondoyante, nuancée, un peu sceptique, pleine de toute la
finesse intelligente de Jules Lemaitre. Vingt-sii- aos ont passé
depuis la preruiere représentation d'4mants. Si cette piece est
restée le chef-d'ceuvre de M. Maurice Donnay, est-elle un chefd'reuvre? Voila ce que je ne me mélerai pas derechcrcher ni de
décider. Je ne sais trop, d'ailleurs, je l'avoue, ce qu'est un chefd'ceuvre. 11 y ena tant, fennement reconnus comme tels, qui sont
pour moi le vide, l'ennui le plus p-rofood l Ce que je puis dire,
c'est qu'aujourd'hui encore la piece de M. Maurice Donnay nous
touche, qu'elle a gardé de la Yérité et que nous pouvons, hommes et femmes, retrouverune part de nous-mémes dans ses personnages. Le dialogue lui-méme n'a vieilH en aucune fai;on.
Sobre, juste, merveilleusement suggestif dans le domaine du
senúment et de la passion, dounant plus a entendre qu'il n'exprime, il semble écrit d'hier. Vingt-six. ans ont done laissé ces
mérites intacts. Est-ce une épreuve suffisa.nte et peut-on en conclUie que ces mérites resteroot tels désormais? Alors, A manis
est un chef-d'reuvre, pour les gens que ce mot intéresse.
On connait le sujet. Nous sommes dans la société parisienne

�• LA IIOUVBUII UVIJJI

PIAIICAJa

EUgaote et oisive et mime un peu noceusc. Un bomme, une
bme ,e rencontrent, ,e plaiscnt, s'aiment et deviennent
IDWIII. De la part de Claudine comme de la part de Vhbeuil,
c'est le grand amour, tem~rt! i la surfacc par les obligations
mondaines et par ce fait que Oaudine a i ménager un vieil amaot,
baucoup plus igé qn'elle, de qui elle a une filie et dont la fortune luí assure son cxistence luxueu,e. Ce grand amour va aaos
encambres pendant huit mois. Puia, se refusaot i tromper le
vieil amaot dont il est devenu !"ami, Vétheuil met Oandine en
demeure de tout quiner pour partir avec lui, ou de rompre leur
liaison. Cest i cene seconde alternative qu'ils se résignent.
Nous les voyons dans la scéne de leur séparation Mlinitive, sur
la tenuse de Pallanza, deYant un paysage merveilleus, dont la
beauté et la mélancolie s'accordent avec ce moment si déchirant
pour eux. Vétheuil est toujours résolu. Claudine hésite encore,
partagú entre son amour et l'idée de la sonffrance qu'elle causerait i 100 ,·ieil amant en suivant Vétheuil et en lui découvrant
aimi la vérité. Enfin, elle se résigne. Vétheuil partira. Tout sera
fini. Tous deus se grisent de la grandeur de leur sacrifice. 11
oemble qu'ils offrent en exemple les amants qu',ls auront éti,
pftférant renoncer aleur amour plutót que de le souiller par la
trahison et le partage et plutót que de le conserver en faisant
IOulfrir autrui. Vétheuil part et Claudine s'écroule avec les ais
d'une femme i bquelle on arrache !'ame. Nous les retrouvon1 tous les deux deus ans apres, daos une f~te mondaine,
Vétheuil, retour d'un grand voyage, va se marier. Claudine, de son cóté, va épouser son vieil amant. lis se donnent mutuellement la nouvelle en toute cordialité, comme
deus amis qui se sont vus il y a huir jours, saos le moindre
tremblcmcnt dans la voix, la moindre hésitatíon. Dirait-on qu'ila
ont été l'un pour l'autre toutc la tendressc et tour l'amour? lis
en parlen! pourtant, de cene tendresse et de cet amour. 111 cher•
chent le temps qu'ils ont duré. Huit mois l II semble qu'ils
,e rendcnt compte pour la premi/,re fois de cette longue dwée
et en aient quelque surprise. lis échangent quelques 10uvenin.
lis rappellent cene terrasse de Pallanza et ce paysage merveilleux, témoin de leurs demiers baisers, de leun adieus, de leur
cruel renodcement. Erions-nous assu fous l semble-r-il qu'ils se
dioenr chacun intérieurement. lis se l'avouenr d'ailleunidemi•

CHIOIIIQlll! DIAIIATIQD&amp;

mot. Comme cene terrasoe était petite et meaquine, comme ce

paysage ~ t truqué, au fond l Et ce cb1nteur, avec ia romance
daos le loinrain, qui scmblait chaorer li tout cxpres pour eus ?
Un compere sdrcment aux gages de l'hOtel et qui, du reate,
chaotait al&amp;euscment du nez l lis sourient, amusés de tout ce
pusé, et ensuite se quinent, en se souhaitant i chacun tout le
bonheur possible. l'einture cuete, sensible et émouvante de
l'amour. Les gens qui aimenr les grandes phrascs, le désonire,
les cxagérations peuvent la trouver fade et insuflisanre. Laissona
les dirc. Elle est vraic et elle ut bumaine, ce qui vaut mieux
que le lyrisme et l'emphase. Son grand mérite, comme je l'ai
dit, en plus de tout ce qu'elle exprime, est encore dans tout ce
qu'clle suggere dan, !'esprit du spectateur. Les penonnagcs ae
a'expliqueot pas, ne se jugent pas, ne se racontent pas, ne se
répandent pas en discours sur leur cas. lis parlent, ils agisscnt.
Nous tírons la conclusion. Nous révons, en les voyant, a ce
qu'est l'amour. Vétheuil et Claudine se sont aimés. Pendant
huit mois, une étemiré l ils ont été tout l'un pour l'autre, ils ,e
sont fait souffrir mutuellement, !'un exigeanr, l'autre jaloux i
l'txces, ils se sont quittés tout l'étredéchin! commedesétresiqui

on arracherait le creur, et un jour, se retrouvant, ils sourient de
tout cela, qui leur apparait puéril,, eugéré, un peu théitral, un
peo comique.

Aprcs cela, j'aurai, bien des chose, adire sur la morale de
Vétheuil et cellc Je Claudine. Le premier préf/,re rompre plutót
que de !romper un ami et la seconde s'y résigne plutOt que de
faire 10utrrir son vieil amant en le quittant. Le premicr me semble manquer du sens du comique et la seconde s'exagérer la
situation. l'homme qu"on trompe o'cn souff're que s9il le sait.
S'il !'ignore, et c'est un devoir en effer de tout faire pour qu'il
!'ignore, il n'en souffre nullement. Véthcuil est un bon jeunc
bomme, au fond, pour ne rico sentir ainsi de tout le piquant
que donne i l'amour le spectaclc de l'homme qu'on trompe et
des mille rusos et adresses de la femme pour satisfaire son
amour saos ríen déranger de sa traoquillité. Molim seul a pcint
au vrai le mari trompé, personnage comique s'il en est. Ce qui
est curicux igalement, dans ces sortes d'bistoirc, c'est qu'on y
donne généralement beaucoup plus d'importance A des scrupules de morale purement inventé, qu'i la répugusnce pby,ique

�73º

LA NOUVELLE REVUE FRA..'-vAISE

résultant du partage et, au moins

amon

avis, autrement impor-

tante.
J'ai parlé du style sobre, juste, natutel d'. Amants. ~es personnacres de cette piece s'expriroent comme ils le feraient dans la
vi: et les diverses scenes de l'action dans laquelle ils nous sont
montrés n'en sont que plus éloquentes. C'est par la qu'ils nous
touchent, qu'ils nous intéressent et que nous nous recorinaissons daos eux. 11 paraít pourtant que ce style est passé d~ 1~ode
et ne dit plus rien aujourd'hui. Du moins uu de nos cnuques
dramatiques l'a apprécié ainsi :
Il faut encoredire, qu'au moment ou Mauri'ce Donnay donnait Amcmts, on n'apercevait pas, comme aujourd'hui., que le
mouvement réaliste avait substitué l'étude des instincts et des
tempéraments au théatre d'imagination, de psychologie superficielle • une nouYelle et vaste route venait de s'ouvrir ávec
Anzoure:tse, la physiologie allait dorénavant élargir l'étude de la
marionnette dramatique ; Henry Bataille venait, et comparez
présent le désespoir de Claudioe Rosay avec les béroi:nes pantebntcs des arandes comédies de l'auteur de la Femmenue. Amants
ne semblc O plus qu'une ceuvre charmante ou la passion n'est
qu'¡ fteur de peau, dont la vie s'est peu peu tirée.
.
On ne saurait níer, en effet, tout ce que MM. de Porto-Riche
et Henry Bataille out apporté de ncuf dans la peinture des choses de l'amour. On parle daos leurs pieces un langage qu'on ne
parle nulle part, et quiconque, daos un salon, s'aviserait de s'exprimer comme s'expriment leu~s perso~nages, fer~_t éclater de
¡ire pour tant de recherche et d affectat10n. ~ cntique_ dramatique a bien raison de les admircr sur ce pomt. Pou~ mvent_er
des personnages, des situations et jusqu'.3- un_v?cabulaire ~t:a~sser bien loio derriere eux le aaturel, la s1mphc1té et l.a vénk, 11s

a

a

sont des maitres.
I1 y a deux écrits qui étaient merveilleusement de circonstance a la déclaration de guerre et pendant toute la durée de
celle-ci. Cest le Joujou patrwtisme de R.emy de Gourmo~t et
c'est Ubu-Roi d'Alfred Jarry. C'est saos doute pour cette ra1son
que l'auteur du premier l'a si bien re~ié,_ aux applaudissements
des patriotes d'antichambre, et que 1é~ttc~r. du ;econd? alors
qu'il était épuisé et introuvable en hbraine, s est s01gnc~sement abstenu de le rééditer. Je u'e:xagérerai pas les mén-

&lt;:HRONIQUE DRAMATIQUE

73 I

tes d' Ubu-Roi, écrit par Jarry quand il aYait quinze ans, et qui est
.avant tout une farce et n'est que cela. C'est toutefois une farce
qui asa portée et sa signifi.cation et ce n'est pas un signe négligeable que le nom d'Ubu soit entré dans la langue comme le
synonyme de l'irnbécile épais et prétentieux. Ubu-Roi esta lui
seul taus les bouffons de la société bumaioe. C'est le personnage o.fficiel étalant son importance et sa niaiseríe. C'est le
magistrat en costume de carnaval qui juge sans scrupules. C'est
le discoureur civique qui abuse les foules et se fait un tremplin
de leur crédulité. C'est le bon dtoyen qui l'écoute bouche bée
et réalise lui-méme sa propre duperie. C'est le naif, étcrnelle
victime ae son aveugle docilité, qu'eotraineot un roulement de
tambour et un claquement de drapeau et qui court se faire trouer
la « gidouille l) pour.Ie grand profit de plus malins que lui. Cest
le petit boutiquier, le petit employé, qui gobent commeparoles
d'évangile les plaisanteries qu'ils lisent cbaque matin dans les
journaux. C'est le romaacier genre M. Paul Bourget, avec ses
.romans solennels destinés a améliorer la race, la société, la morale et la poli tique. C'est ... C'est en un mot la betise bourgeoise
universelle daos toutes ses manifestations odíeuses et grotes-ques, cruelles et poltronnes et contre laquelle rien ne prévaut
que le rire et le mépris. Cette nouvelle édition qui vient de
paraitre d'Ubu-Roi permettra de relire cette énorme bou:ffonnerie souvent pleine de traits si humains. On l'a augmeotée de
-0essins de l'auteur et d'une intéressante préface du docteur Jean
Saltas, qui nous raconte les derniers jours d'Alfred Jarry dont
il fut l'ami et le collaborateur. J'ai souvent pensé que les gens
qui oat connu Alfred Jarry de tres pres devraient écrire leurs
souvenirs sur lui. D'ici quelques années personne ne rcstera
fayant connu et cette curieuse figure littéraire n'aura pas sa
biographie exacte. On trouvera égalemeot aux dernieres pages
de cette nouveUe édition la fameuse Chanson du Décervelage
que tout un cénacle littéraire savaít par cceur et chantait U)JX
enviroos de 1896. Ou est-il ce temps que, traversant París
sur l'impériale de Clichy-Odéon, tout le Mercure, en la
personne de son directeur, accompagné de Madame Rachilde,
de Jean de Tinan, Henry de Bruchard, Christian Beck, Fanny
Zaessinger, Jarry lui-méme et le sigo.ataire de ces lignes,

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ll'olmlLL1i UYVa ff"Jlll:,ltoule dilcw1ioa; ce qui rend lés poUmlques moina absains.
'l'J'CIII ne aoil. Ainti a'attúue moa regretd'abRger id mae ilude
,¡uej'aunia voulae pl111 complete: l moina d'oppo,u livie l
)me, le critique peot tout jlllle iodiquer au lecteur quelqacáce de l'objet. qu'"d c:nintde lai voir n ~ .
Coatre la Guerre, Alaia 1'épape de redlre tout ce
a'atta oot bien dit. Lea gnoda viaiooa de IIOWÍraDCe et ~
mort, il la auppoae uaez práentea l nos mimoira pour que
, - de 111011, aa paaage, aufliaent l lea rivet11er. Son gnod
elloit eat d~msister sur • cette cootninte militaire que cbaam
'ftllldnlt l,ien oablier, parce qu'elle d&amp;honore la gaene • : il y
a d'anl ceci, que, dans Y1bolitlon des liben&amp; civile■, l'hnpor. _ et la aottiae et 11 tyrannie oat bc2U jea ; U 1t111ble!'f'Alain n'alt va, d101 tontea les actioos des chefs, que Yotgqell
e COIIIIDUder et DOO le zele l bien aervir. Lai- et.a.
éldmer d'1tria • propre espirience fasqo'l que( point la niloD
• ladiphf &amp;oh ee, jostifient la rmcaoe du ■ol&lt;w m«0n-.
Volci qui doit nous troubler d■vantagc : coovaiDCU que 1c¡Dllftitl d'in~ ne sont que l'occuioo des guerra, la aa..
pnifoDdea baot • dlDs les pasaiooa, ti presqae toutea noble■ ••
Alaill tient l cteur de prouver que la noblesae des c■uaes diapa,
nlt tDlllle daos re&amp;t; ce aoolcoement d'enthoasiume aboatit
1 e an rarar:re m&amp;:aoique, oil la force mor■le ne s'emploie
¡.m.i.1 cboisir, m1i1 toajoon l supporter •· • Le devoir, d..,.
le plein do mot, soppoae une délibbation l part soi, doot
- t dq,end, s■nl IDCDlle cootraiote • ; or lci • toas IODt form ;
B y en I aeulement un bon nombre qui coarent plus me que
le genclmne ne les pouue •• toat le ~me &amp;ant moott dellelle eone qu' • U n'y a d'khappie que cootre l'ennemi •·
• Com-t uvoir ai la bonne volonti lllffir■it i ca ICIHIM
111blimea qaand toutea lea prkautions sont pmes pour le ca
a6 elle DllllqDCl'lit? • U ~ oil celte volontt s'aflirme i
voh claiffl et haute, naez de motlfs mllés expliqoent nn
memonge l11vnlontaire, mea~ 2llI autres et l soi. Un
lelll motif y suftir■it : • Nul ne se battrait pour un difí&amp;md
oalioos, au líen que o'importe quel bomme ae baltra
pour prouoer qu'il n'est pas un l:lche... 11 s'agit de proa-• publiqaement et aolennellement, qu'on sait ~ourir. •
leí, le but est .Orement dépusé. 11 n'est pu vm que te.
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llom.m. IICOtplbl ele ~ - - biell poar ll'i1Ílpcb11e qaai:
et le modf qae la peoM ne ilment p11 r
IMl 41WC la pa,,dear ele retron exip rappui el'■- 'lilol5.
Codlnle rigorisme bnden, la paroledeSpi-• lliea forlél
• 11 ne ae peut pu qae l'ho- ■oit p111iom ~; " lllaion que d'ffiger d'lln aeal genre de IICrifice ane , . _
'lvl 4n • !Mtlle l la plup■rtda ~ - lmmÍlllt.
lteleaóos aealement «ci : c:oncevoi, la pene ea ~ c'ec
im■giuw, poar ■oi-m- et poar les 1utreo, ooa p11 aeale- t - pfril 'l'Oloatailement drontt, mals cette
e&amp;ttfu.c oU la volonté ~ aombre et ne retroa,,e rieo de •
aodtn1 motlfs. C.. ne ser■ phn le moment de 11 dilib&amp;mon l
p■rt IDi; il fautclonc qu"elle lit lien d'fl■llce. Atan -iemeot,.
cea fMC8UüunS eontre soi-meme, cette contnin~ futun, edAlot IDlft 'fOll!oir, il ratera vr■i qu'on les a - • • almi
,pa'une ftmme peut noir voalu l'eafant qu'elle maaclit i ri- .., _ ClOUChes et son P""PR danger de mort:

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•en-

La pem, dq,asse toujoun les prn!siom et le possaole. Aa moou les fon:es humaines sont A bout, il faut marcher eacm, ; ao
_ , o6 la paskion n'm plus tmable. n faut lmir encorr. L'Gt
mllhaiJe ••nerce au ddl de ce qn'un bomme peut \'1IUloir. Dam un
i-.me---i-,-cleslor&lt;IOI innorables,iy
•prfs le demier 6clair de -..lontf. La gucm s'itcbtot por
mea!

--1--..

................. i-.

·-•¡,.;,·-•

CIIO¡daani!es, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

de rlllimal collcctif donne la victoire. Ju,que-U. la g,,o,re est 11t ;,,.
btillant, et non sana risques. Mais, _ , _ on sail, le pbts brillana CIDtl..,.. s"accommode av« la fuite ou la capirulation, da que la p■mo
est ju~ perdue. Or c'est ici que l'an militaff produit sa dcrui,n
etreu, i la stupeur du guerrier bore, qui CSt rq¡ulm-en,eut hottu.

Nel ll'in ae 1,a~ poar ~e ba1tu ; gaene et a,ntninft: 'fOllt
doncenaemble. Tel eat le mal au 1Ujet duque( on we demancleai
le■ h_.10t1t vr■iment ridaits il r,ccepterpour co,pécbe.-mal plasgnod. ~'on oepeutdécidersanscoosidt!rerrennemi.
U11 dea tr■ita qni mettentl partee lin-e d'Alain aur 11 guene,
c'est le peo de place qu'y tient l'enoemi. Et c'est &amp;1111i le ~
q,(il y tleot, coofu,tüfmeut l l'cspérience da 10lda1. Car en
en cene gucn-e plns qu'en tolltle Rlft, les bales et les
obu, p11md les mines et les npes, le ■old111 penuit fort ¼
l'emiemi d'en &amp;ce, 111 wiain ola seaeur, non pDl l'Eoaemi

�LA HOUVELLE UVUB FIANCAJSB

736

a

tout court, ses desseins, aux conséquences de son triompbe
éventuel ; cette pensée, disons-le sana ironie, étant plutot
réservée aux. civils. L'auteur remarque autre chose : • Je finis
par apercevoir ceci, que les hommes de troupe pensaient beau,eoup faire la guerrea l'ennemi, et que les officiers pensaient
bcaucoup
faire la guerre aux hommes de troupe; et, quelle
que !Ot la fortune des armes, nous étions vaincus, nous autres,
daos cette guerre-la. » D'ou ce soup~on, que l'ennemi (l'Ennemi,
tout court), pourrait étre une illusion que tout pouvoir entretient pour se conserver et s'étendre, un prétexte dont usent les
Importants pour justifier leur Importance et brimer les Insou.ciants. Ils n'auraient pas méme en cela besoin d'inventer ou de
feindre, puisque l'illusion est ancienne, et crée saos cesse a
nouveao son objet. « Les passions ont cela de redoutable
.qu'elles sont toujours justifiées par les faits; si je crois que j'ai
un ennemi, et si l'ennemi supposé le sait, nous voila ennemis. » Vérité partielle ne pas oublier; bon conseil de sangfroid, bonne raison d'espoir. Mais qui ne dispense pas d'autres
le~ons. L'encbainement de l'histoire en notre Europe est tel
qu'une déñance préalable, mélée toute bostilité, parait en étre
le facteur le plus constant. Toujours pourtant il s'y joint
.d'autres causes; oserai-je affirmer qu'elles ne suffiraient point?
L'bomme a-t-il si bien chaogé depuis la conquéte du Nouveau
Monde, que jamais plus un peuple confiant ne risque d'éprouver
10udain ce que pise un ennemi ?
Non pas l'homme ; plutot les sociétés -bumaines. Les condi1ions de la ricbesse collcctive, sous un régime de production
índustriellc, n'encourageot pas les pilleurs de trésors; et les
intéréu réels,
tout bien examiner, ne trouvent plus leur
.compte dans une agression. C'est qu'une agression c01ite cber.
La preuve cesserait d'étre stire, sitót que l'agression redeviendrait facile; ce qui génc fort pour désarmer. Et cene preuvc, si _
forte aujourd'hui, restait faible, tant qu'ellc paraissait étre
démentie par le Fait. a Derricre tout document il y en a un
,autre », ré~te Alain quand on soulive le problcme des responsabilités. Pour moi, cherchant dans ce passé récent quels concessions et accommodements étaient possibles de notre part, je m'ardte court devant cette garantie derniere qui devait nous étre
aemandée . .Remontant plus haut, j'évoque non le péché radical

a

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a

NOTES '

737

d'une race, mais l'état d'esprit que créent chez un peuple trois
entreprises audacieuses, impunies, suivies d'une éclatante prospérité. Dans une entreprise nouvelle, les risques passaient le
profit; seule une grande passion pouvait les masquer. Mais·
parmi les causes des guerres, Alain considere toujours ces pas•
sions brusques, ces passions chaudes qu'une parole claire et une
sage attitude sont capables de calmer. Pourtant une passion
froide et lente, bien enracinée daos l'étre et une passion
attentive tous signes de faiblesse encqre plus qu'a tous défis,
dominant la pensée, est ce qui donne sa marque propre au
demier grand Evénement.
Certes il est instructif de considérer d'abord l'Institution, le
fait qui dure ou se répete, avant de passer ces Evénements
dont la variable apparence trompe aisément nos regards. Car
plus d'une fois l'Institution a créé l'Evénement ; plus d'une
fois I'organisation guerricre entraina le retour des guerres. Mais
a nier la différcncc réelle des évéoements et des intentions qui
de part et d'autre en décident, a mettre ensemble volouté de
défense et volonté d'attaque, appel a la contrainte et refus de la
subir, a ne jamais supposer en leur place qu'une méprise
mi1tuelle aggravée par la colere, ou ne comprendra qu'a demi
la nature de l'Institution. Devaot taot de guerres passées, saos
m'attarder aux documents, j'admets pour cbacune qu'il aurait
mieux valu qu'elle n'etlt pas lieu, et d'abord qu'il n'y e-Ot personne ala vouloir ; mais non pas que tous l'aieot voulue de
méme, ni que ceux qui ne la voulaient point aient eu tort de
l'accepter. Avant de condamner la juste résistaoce, il faudrait
mesurer tout ce que nous luí devons ; songer qu'elle a laissé sa
trace daos ces égards imparfaits qu'aujourd'hui l'homme a pour
l'homme daos le cas mémc d'une défaite ou d'une soumissioo
docile; songer aussi que saos la crainte d'une résistance toujours
possible, les motifs plus élevés qu'elle devanee et qu'elle appuie
seraient menacés d'une prompte régression. Remettre le sort
de fopprimé au bon vouloir de l'oppresseur, n'est-ce pas
cela que mene la dialecti4ue d'Alaio, concernant les rapports
de la Force et du Droit : • Chacun, dit-il, sait que la
Force ne peut rien contre le Droit ¡ beaucoup sont disposés
a reconnaitre que la Force peut quelque chose pour le
Droit. Mais il faut toujours que le droit soit reconnu, volon-

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47

�738

LA NOUVELLE REVUE FRANt;A.ISE

tairement et librement reconnu. L'homme sent bien que ce
qu'íl croit juste doit se montrer tel aux autres, et mémc a
l'adversaire, et que cet accord est la marque du Juste, comme
du Géométrique, comme de toute pensée... Dans le cas OII
celui qui croit avoir droit veut imposer ce droit par la force
et y parvient, i1 est clair que cet établissement de force ne crée
aucun ordre de droit entre le vainqueur et le vaincu. 1&gt;
Voila l'ldée et le Fait correctement opposés; apres quoi, le
probleme est de les rejoindre, pour que l'Idée ne reste pas
dans les nuages. Cest fort bien d'affirmer que le vrai Droit
vise ala Paix véritable, et de n'appeler droits que les pouvoirs
dont l'exercice garantirait, selon les lois de la nature humaine,
un libre et durable accord ; mais il reste vrai que ces pouvoirs
ou droits ne sont pas tous l'objet d'un accord présent. Partout
oú n'existe pas meme cette condition d'uo accord futur : la libre
discussion sous une loi commune, on voit des droits, s'exen,:ant
en dépit de la violence, n'apparaitre sous leur vrai jour a l'ad versaire et n'etre enfi.n librement reconnus que bien longtemps
ai,res s'étre exercés. Ainsi la Force, selon l'Idée juste ou injuste
qui la guide, ne peut ríen directement, qu'assurer ou empéch.er
I'exercice de certains pouvoirs ; mais comme la valeur de ces
pouvoirs peut ne se révéler a la partie adverse que par leur
exercice méme et par l'expérience du fait, la Force agit done
indirectemeot, non sur la pure idée du Droit, mais sur les ames
oú s'éclaire ou s'obscurcit la conscience des divers droits. De la
passant aux. traités, on voit d'abord qu'avant la guerre un ordre
maintenu par force ou par menace n'est pas une véritable paix.
Apres la guerre, pas davantage : « La paix est un ordre de
droit librement reconnu par les parties » ; la force du vainqueur
ne supplée pas a l'assentiment du vaincu; et l'assentiment fait
toujours défaut, daos ces heures troubles de Iadéfaite ou chaque
appétit dé;;;u prend l'aspect d'uo droit violé. Vouloir un traité
juste, c'est viser l'avenir; c'estvouloir un ordre te! que le vaincu,
•ses passions retombées, puisse et doive y consentir comme y
trouvant, non moins que le vainqueur, toutes libertés compatibles avec les droits égaux d'autrui. Calcul difficile a faire,
daos les heures troubles de la victoire ; calcul ou chaque erreur
crée un danger. Mais ne dites pas que tous ces traités se valent,
~yant la force pour origine. Aucun n'est la paix véritable;

NOTES

739

chacun éloigne, ou bien rapproche, l'avenemeot ae la Paix.
J'aurais honte d'écrire une ligue oú la Guerre soit présentée
comme fatale. La-dessus Alain a raison : « Sí l'on croit au Fatalisme par cela seul il est vrai. Si tout un peuple croit que la
guerre t'St inévitable, elle sera réellement inévitable. » J'approuve done sa maxime « de décréter au lieu d'attendre, pour
]es ch oses qui dépendent de nous ». Oui, pour autant qu'elles en
&lt;lépendeut. Il faut détruire « l'idée que ces grands mouvernents
des peuples ne dépendent pas plus de notre volonté que le vent,
la pluie ou le volean ». Ce ne sera pas en prétendant qu'ils
dépendent d'elle seule comme le choíx de nos paroles ou le
geste de notre bras ! Une main ferme au volant peut beaucoup;
mais nous ne tenons pas seuls la route; le choc peut se produire
en dépit de nous. Et si, plutót qu'un accident, la guerre est ..
« un crime passionnel », ces crimes-la o'arriveot pas toujours
par la haine des deux parties ; oo en voit qui se consomment
par la volonté d'un seul. Ainsi, l'hornme le moins passiooné,
et sous la meilleure police, ne saurait jurer pourtant qu'il
n'aura jamais a faire son choix entre frapper ou périr. De
nation :l nation, les risques sont plus grands. Mais justement « la guerre, repreod Alain, est une catastrophe qui
réussit par les précautions que l'on preod contre elle». Elle
réu~sit autant et plus par les précautions qu'on oéglige. A.lors
qu'on nous propase « une pression continue contre toute préparation ala guerre », une équivoque ne suffit pas a effacer la
différence entre « prépa-rer la guerre » et« s'y tenir préparés ».
Cette distinctión, j'en cooviens, restera peu sincére et pratiquement vaine si l'on ne prépare avant tout la paix - done si
l'on n'accepte d'abord et si l'on ne s'emploie
répandre les
• moins contestables enseignements d'Alain. A"'vec lui nous
redirons:

a

Il y a deux erreurs capitales, également dangereuses, au sojet
de la guerre ; !'une, c'est de la croire inévitable, et l'autre, c'est de 1a
croire impossible ...
La guerre vient priocipalement de ce qu'on suppose trop vite une
méchanceté chez les autres ...
Nul o'est assuré co11tre la colere. Mais adorer la colere et s'y jeter
avec une joie mauvaise, adorer en esprit la violeoce, c'est cela qui est
trahison ...

�740

LA NotJVID.LB lEVtJB RA'NCAISB

L'esprit dé paix est IateJllgaMle d'abord, qui définit Paix et Guare.
Drait et Foau • ; mais • il fauti fesprit de paix quelqife c:hose de plus
que l""uuellfeeace ec en qaelque sorte une Jumiae par provision. ,¡ui
est Cbariü : chercber la JibesU de l'aatre, la vouJoir, raimer...

Apds toutes la rélerva faite,, ce ne sont point 11 formula.
vides ; leur afiirmation engage ; elle ne va pas saos graades
coméquences dans la vie privée et publique, dans la pensée, le
cliscoun et l'action. Bonnes pour tous, elles le sont deux fois
pour c:em. que leur Age, leur sexe, ou quelque autre cause metteat dans le cas de n'avoir pas l cboisir entre l'honncur et la
vie, mais bien, comme on nous le rappelle, e entre leur honneur
et.la vie desautra •· C'est 1 eux que la passioo sera le moin1
permise. D'ou je ne puis condure qu'ils n'auront qu'a se taire,
1i 1•on se demande quels biens méritent d'étre défendus, On negagnerait rien 1 tout remettre a la pensée des jeunes gens et en
fiút ce n'eat ~ ainsi que se forme la pensée commune : 11,
qucri qu'on fasse, toutes les idées comptent; le ailence m6me
est un avis ••• Si je choi1is, dansl'histoire et daos les scleoces qui
fónt conoaltre l'homme, tout ce qui peut reaforcer l'attente de
conftits futurs, ai je refuse ou négligede comprendre l'étranger,
ai je releve en ses discoun toute ?ffense et ne comen, ~ a
déméler de ses prétentions excess1ves quelque va:u com~ble
avec nos droit1 si 1''admets l'appel aux armes sans nécess1té de
' le massacre peut ltre mon ceuvre, et J ausa1ut public, demain
ni sur moi Je saog de mes 611. Mais si je me porte garant d'une
bonne volonté étrangere en dissimulant a· plaisir toutes mar•
qua d'intentious hostiles, si j'aide a croire ,_que tout dé~t
cutre aations pourra se r~ler en paroles et qu il suffit de ten1r
prtta des arguments, si j'aflirme aux atJtres qu'l céder toujo~
il ae leur sera ríen óté de ce qui fait pour eux le prix de la vie,
J'eft'et de mes cooseils peut étre qu'une confiante jeuaesae
s'neiUe trop tanl, impuissante, sous le coup ~•une ~nace
qu'elle ne saurait supporter ; ma f~n de voulo1r la paix ~e
Jaisserait alon en partie responsable de la Guerre et de la Défa1te,
au sujet de laquelle il faut répéter ce que nous disions plus baut
de la Guerre : « qu'on ne peut plus rien contre elle des qu'on
voit par expérience ce que c'est. ~ La ~o_nde ea;r~r, ou faute,
n'est pu moias grave que la prenuere ; st bien qu l l une comme
a rautre il faut savoir dire: Non.
IOCREL AJtHAtJLD,

..

•••
DE L'AGE DIVIN A L'AGE INGRAT {Mémoire5}, par
Frands ]tlttmltS (Pion et Nounit),
Les mémoires soat i la mode. La mode n'en est .,_
neuve et, m~e daos les temps claaaiques, les J)Rddenta ne
manquent pu. Mais le r~e de Steadhal (qu'il pmoyait P"1'
188o environ) et, ce qui est moins heureux, da S"""""'-,
déplorable en soi comme toutes les chose1 en mne, ae COájuguant avec le ttgne itemel de Rousseau et de Clweauwnd A
finépaisable prestige, vaut au geore un regain de íavear et~
vie. L'homme, tantqu'il sera ce qu'il est, ne se lassen paa de ae
pencber sur l'homme et tres apécialement un c:ertain homme
sur le certain homme qu'il est. Et cela d'autant plus que rindf..
vidualisme aura pris plus de force et que l'individa ipril ndasivement de lui-méme et indifférent Ason cráteur tend,a l te
sabstitaer davantage a la commuaauté, a l'univers des étrea et
des c:hoses, i la crátion de Dieu. C'est un bien, c'est surtout un
mal. Mais il nous apporte quelque Jumihe et tel éai"8in
onhodoxe qui n'échapperait pas au penchant aurtout roJUD•
tique de se confesser en public, pourra aI'occasion le faire IIDI
trop de vanité, en se remettant asa place qui n'est qu'une tia
petite place daos le tout. Ainsi Francis Jammes nous clomae
aujounl'bui le roman saos ~ripéties, sana retour sur soi, sans
traquage aucun, avec une pointe a peine de systématisation
Jittéraire, de son entrée daos le monde des payuges, des fteurs,
des animaux, je ne dis pas des bommes, car jusqu'A nouvel
ordre l'enfa.nt qu'il est encore entre « fige divin etl'ige ingnt •
ne semble- pas saisir la düférence entre l'auimal bi¡,We et Jes
autres. 11 vit daos la seosation, étant doué miem que quiconque
poµr sai1ir et clicber J'aspect ; c'est par le dehors qu'il conquiert ; aussi, né ~te en face des fteurs ; il nait humoriste en
face des hommes. Notez-le bien, iJ n'aura pas besoin par la
suite de rúlioer sur la sen'sation1 de cultiver sa we, son oure,
son odorat, son gollt, voire son toucber ; le don tardif de l'analyse quifait qu'un Prouat, en se toumantven son pa8' d'enfant.
recompose ses impresaions e en homme » et llit les enric:hk
de tout l'acquis de la maturiti, eat aussi étnnp que posaible

�LI\. NOUVELLE KEVUE fRAN&lt;,;AISE:

a un

Jammes. Sensoriellement parlant, il existe tout entier des
le premier jour.
Je crois, écrit-il, que roa sreur Marguerite était moins ftappée que
moi par l'éttangeté de ces booshommes. (Ceci vient aprc:s la description du pere Fleury qui représentait a ses yeux le Juif-Errant.) J'ai
souvent comprís que ce qui rend le poéte tellement spécial, c'est qu'il
s'irnpressioone a jamais, la oil d'autres ne sont qu'effieurés. Lorsquc
tmt d'amis me prétent une si merveilleuse imagination doi1t · ils
s'amusent, ils ne se disent point qu'une vie de centeuaire ne suffirait
pas a l'invention de ce qui meuble la chambre de ma mémoire et qui
est presque inépuisable. U. ou tant d'auttes laissent passer un geste, un
mot, un tait, je le retiens. Ainsi l'araignée s'empare du rnoindre moucheren qui impressionne le prisme de sa toile.
Daos ce trésor inépuisable, Jammes n'aura done qu'a puiser,
e11 suívant autant que possible l'ordre chronologique, Pour nous.
donner une idée a peu pres exacte de son enfance - et c'est
une innombrable succession d'images curieuses et simples,
peine enchainées dans le temps, ou nous retrouvons sans.
s~rise les qualités ordinaircs du poete. Ce qui en fait le
charme, c'est la candeur. Tout luí est bon, tout lui est neuf;
tout lui reste bon, tout luí reste neuf, et« le parfum qui s'exhalait du báton de boux, coupé par mon perc dans !'une de nos
promenades d'automne » et le premier poeme qu'ila lu « sur
le chien Mouffetard )&gt; et la méme époque cette prose «- ou
deux petits gar&lt;;:ons s'essuient les pieds .avec de l'herbe fraiche
avant d'aller rendre visite une vieille dame qui coud a la
machine ... » et aussi l'étrange bonbomme qui s'éleva devant lui
en aérostat,
l'occasion d'on ne sait quelle tete Pau. Il vit
parmi les choses, il vit des choses, non parmi les livres et des
livres. « Je n'ai jamais vu, note+il, dans la plupart des reuvres
des autres qu'un motif
m'exalter en découvrant presque
toujours ce que j'avais déja trauvé et ressmti au centuple directement. » Un seul auteur vraiment aimé peut-étre, ce sera Jules
Veroe. A une époque ou on fait tant de cas de « romanciers
d'aventure » qui souvent ne le valent pas, ceux qui ont
~prouvé la meme passion juvénile, sautont gré l'auteur du
Roman du Lievre d'avoir osé rendre bommage a l'auteur de
Vingt Mille Lieues sous les Mers. Ce gout unique s'explique
particuliercment chez Jammes pu une hérédité coloniale et

a

a

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a

a

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y

a

NOTES

743

aussi bien son gout de la couleur. Nous tenons enfin la raisoa
profo?de de son génie sensoriel : i1 vient de pays chauds, des
Aménques, et le poete qui nous est promis fera partout de
« l'exotisme », trouvera partout
en faire, au pays basque ou
en Béarn. Voila son don.
On s'étonnera de la place infime que tiennent dans ce premier volume de mémoir~s, les choses de la religion, alors que
quelques vingt années plus tard l'auteur des Elégies deva.it
passer insensiblement dans ses vers et sans changer en rien sa
poétique, d'un paganisme vaguement chrétien au catholicisme
pur implícitement contenu dedans. Non, Jammes enfant ne
connaltra ni l'inquiétude ni l'appétence religieuses ; il a encore
par éducation la foi du charbonnier, il a surtout la gdce qui
suflit
tout d'admirer Dieu par les sens dans ses créatures.
Disposition catholique, que l'on ne s'y trompe pas ! Elle n'a
pas encore de nom ; mais ce sera bien tort que nous la dirons
panthéiste.
Ce qu'íl advint de cet enfant, la suite des Mémoires nous
l'apprendra. Mais nous devons transcrire en nnissant le passage
émouvant ou uous est raconté commcnt eut lieu pour lui la
révélation du « poeme 1).

a

a

a

te Un livre est ouvert de1•ant moi. Et soudain, sans qu'on m'en ait
prévenu, je vois et j'entends que ses lignes soot vivantes, que deux ¡\
deux, elles se répondent par la rime, comme des oiseaux ou des vendangeurs et que ce qu'elles racontent nous enchante ¡\ la maniere des
etres et des choses q11i n'ont pas besoin 9.11'on les trculuise. Je. ne pus
parvenir au bout de ma le,;on. Je venais de recevoir du ciel ce roseau
:iigu et sourd, bas et sublime, triste et joyeux, plus ápre que le dard
d'un sauvage, plus doux que le miel... i)

HENRI GHto:-;-

LA POÉSIE
LE LABORATOIRE CENTRAL (Au Sans Pareil), DOS D'ARLEQUIN, par Max Jacob, avec des dessins de
l'auteur (Editions du Sagittaire).
De tous les poetes de notre temps, M. Max Jacob aura connu
les plus grands succes de conversation. La sienne est fort
recherchée, et les histoin:s qu'il conte ave.e une fantaisie amere
et cordial e oot fait la joie de ses amis et la fortune de certains

�744

LA NOUVELLE REVUE FRAN~ISB

auditeurs, les mieux doués quant a la mémoire. S'il est vrai
que « !'esprit qu'on veut avoir gate celui qu'on a », l'esprit
qu'on vous préte n'est pas moins dangereux et M. Max Jacob,
avec moins de souplesse, eút couru le risque de rester le prisonnier de la réputation qu'on lui voulut faire. Il n'est pas bon
qu'un poete doive la sienne asa légende plutót qu'a son talent.
Le C&amp;rnet a dés Yint apoint montrer que celui-ci était beaucoup
plus intéressant que celle-la. Sa partie de zanzlbar lyrique terminée, M. Max Jacob laissa négligemment le c;rnet trainer sur
le comptoir. Des joueurs novices et qui se croyaient tres roublards s'en saisirent aussitót, mais il ne cootenait plus que desdés
truqués qui roulaient sur le zinc poisseux avec un bruit funebre.
M. Max Jacob lui-meme qui pourtant sait bien la regle du
jeu ne gagne pas a tous les coups. Dans ce Laboratoire central, 11
y a quantité de pt:tites fioles aux étiquettes fallacieuses, si bien
qu'on n'est jamais sur du contenu: amertume, ironie, sarcasme,
bouffonnerie, éloquence satirique. 11 faut déboucher tous les flacons et avaler en fermant les yeux ces petits poemes dont le rythme
acquiert irrésistiblement la volubilité du monologue comique.
11 sait choisir au hasard une poignée de mots qui feraient
assez bien, daos la bouche d'un orateur désireux d'accroitre la
;vitesse de son débit, l'office des cailloux de Démosthene.
Exhalaisons et salaisims en toutes s,usons
Enseigne : Au Calicot de la Gratule Espira11ce,
Paris au Paradis par le Pari Mutu~l,
C'est celui de Pas&lt;;al : Pnti sauvez la Fran,e.

On ne saurait en vouloir a M. Max Jacob de cultiver le
genre macaronique, auquel il doit tant de succes et l'on con~oit qu'il ne se résigne pas a laisser le champ libre a des imitateurs qu'il lui est si facile de décourager. Si nous regrettons les
poemes qu'il eut pu écrire, croyez qu'il les regrette aussi. En
cette débauche d'équivoques et comme disait Bergerac, d'entre•
tiens pointus, une vraie douleur cherche a s'étourdir. A 'lire

le Départ du marin, Quimper, Mort morale, Etablissement d'une
communaulé au Brésil, on a le sentiment d'une vengeance rafiÍnée, de représailles qu'exerce le poete contre lui-méme, chaque
fois qu'il s'est reconnu coupable d'une émotion vraie. 11 n'écrit
jamais que la parodie du poeme révé d'abord, et la satire de
ses acces lyriques involontaires. 11 fait songer aces artistes de

NOTES

745

« music-hall » qui commencent par jongler avec des assiettes et

finissent par un grand massacre de vaisselle, donnant ainsi au
spectateur le spectacle de l'adresse bafouée par elle-rnéme.
Si M. Max Jacob s'avise de pasticher, c'est avec une su.reté
cruelle :
Dis-moi quelle fitt la cb1111son
Que cbantaimt les belles sirenes
Pour faire pendier des tririmes
Les Grecs q11í ldcbaimt l'aviron
Nausica.i a la jontaine
Pénéwpe en tissant la lai11e
Zeuxis peignant sur les maisons
Ont chante la Jaridondaine /
Et les diamons des échansons ?
Echos déchus des longu.es plaí11es
Et les chansons des émigrants !
Ou sont les rejrains d' autres temps
Que l'on a chanté tant et tant ?
01i sont les filies aux be/les dents
Qui l'amour par les d1ants reti-emimt ?
Et mes chansotis? qu·¡z m'm s01wienne

Voici un croquis de banlieue dominicale, léger dessin a la
plume avec quelque touche d'aquarelle :
Pottr ciuillir des jleu1·s aux rameaux
Nous déposerons ttos vélos.
Devant les armures hostiles
Du grillages modern-style
Ncnts déposerons nos machines
Pout les décorer d'11.11bépi11e.
N()Us regardt1-o,1s couler l'eau.
En btwant des mentbe-s d l'eau

On trouverait saos peine beaucoup d'autres morceaux charmants et la quéte est sans ennui, car aux endroits les plus burlesques, coule le méme style ftuide et brillant ou les images
ne tra1nent jamais comme de lourds poissons rouges, mais filent
comme les truites.
Si M. Max Jacob n'avait abdiqué toute méchanceté, il serait
capable de rénover l'épigramme :
Je suü Jacile asatis/aire
Ce demnt quoi passe mon temps

�LA NOUVELLE REVUE FRAN~AlSE

a

. - Dit la clientel.e ii Figuih·e Sans esco,npte on paie e,i sortant
&lt;t Quoi 1 taut d'idie en un roman
Dit un auteur qui déJespere
- Cbez. 1wtre grn11d opocnsiaire
011 t'irnprime et mfoa on te vend I

Drame á sig11e1· pour 111illio1maire
Ou simples so,mets po11r aman/
Si tu n'as pas assez. d'argent
L'iditeur en fait son affaire
Ríen qu'une course en fiacre d /aire
- A b I justement j'ai vot1·e aJJa ire
Un -i,uudeville l six cenls frnncs

Payables d tempérament.

N'est-ce pas le ton de Voltaire satirique? Mais le vers de
« pistan vainqueur ¡¡, le sinistre orchestrion des maneges forains, l'accordéon, cet élégiaque nasillard, la simple voix humaine aussi parfois, mais bien vite, rancune ou pudeur, il la déguise. C'est
pourtant celle-la que l'on voudrait entendre plus souvent.

M. Max Jacob sait imiter les cris cléchirants du

ROGER ALLARD

LE ROMAN

L'EPITHALAME, par Jatques Chardonne.,

2

vol.

(P. V.

Stock).
« Un roman est un miroir qu~ se pro~1ene sur une grande
route. » Je sais peu de romans fran¡;:ais au'.\quels la phrase
de Stendhal convienne aussi bien qu'a l'Epithalame. Et d'abord
c'est d'une grande route qu'il s'agít : ainsi que le note Fran¡;:ois
le Grix dans son si judicieux article de la Revue Hebdomadaire,
« le sujet de l'Epitbalame, ce n'est pas lui ; ce n'est pas elle;
c'est le couple, et le couple uni par les liens du mariage. »
Graduellement et comme prudemment, travers des éclipsesr
des oublis suivis de reprises, mené beaucoup plus par les circonstances que ne le laisserait croire un faux ~ir d'autorité, Albert
Pacaris conquiert Berthe Degouy: il ne la séduit pas au seos
strict du tenue ; il ne prétend pas
fa séduire, mais bien au
contraire a la fonner en la mettant en garde précisément contre
toutes les especes de séduction y compris contre lui-rnéme ►

a

a

747

~OTES

, Lorsqu'il déclare
un ami : « Je l'ai élevéc avec a.inour ..•
J'ai toujours eu le sentiment que je l'élevais pour un autre qui
aurait mes gouts », il n'exagere qu'a peine. Voici d'ailleurs ce
qu'il lui dita elle-méme: &lt;e Croyez-moi, je ne suis pas bon. Si
j'étais bon, au lieu de vous précher la piété filiale, je vous dirais
de retourner bien vite chez vous et de ne plus reYenir. Les
hommes tachent de cacher leurs faiblcsses par des paroles. Ils
troublent l'esprit et c'est leur plus grande faute. 11 faut reconnaitre maintenant que naus agissons mal. Tout a l'heure vous
allez mentir. Vous sacrifiez la pureté de votre conscience parce
que nous croyons nous aimer ; mais moi, qui n'ai jamais aimé
personne, je ne vous aime pas comme vous pcnscz, et iI demeureentre nous deux de subtils mensonges. Tout cela est laid. Il faut
en convenir. Il faut garder un jugement droit. Une vue claire.
C'est l'égarement de ]'esprit qui est le grand mal irréparable...
Vous ave2: un esprit tres rare, que j'aime beaucoup. Je ne voudrais pas l'ablmer. Le reste ne compte guere ... Je serai toujours
sincere avec vous. Nous parlerons de la vie ... » Elle cependant
c'est daos sa chair qu'elle est troublée, et c'est sa chair qui trouble a son tour son esprit. Les caresses d'Albert la bouJevetsent :
elle entend moins ses paroles que sa voix : l'amour supplante
chez elle ces qualités par lesquelles al'origi11e Albert fut attiré, et
lorsque celui-ci finalement l'épouse, il se trouve aux prises avec
une force qu'il alui-méme éveillée et qu'il est également incapable
de réduire ou de satisfaire, Dans les deux prerniers tiers du secoud
volume - qui marquent l'apogée de l'ouvrage - nous assistons a toutes les pbases de ce malentendu fonda mental jusqu'au
moment ou Berthe s'avoue qu'Albert a tué l'amour en elle et ou
elle éprouve un soulagement a le constater. Elle essaye alors de
vivre comme si son mari ne cmnptait plus, se rattachant d'une
part tous les souvenirs auxquels il n'est pas mélé, s'ouvrant de
l'autre a ce que les jours peuvent luí apporter de nouveau ¡ puis
un simple épisode, qui luí découvre soudain daos un camarade
d 'enfance cet inconnu qu'engendreot la fois l'ídée fixe du désir
et la séduction-devoir, en lui faisant sentir toute sa faiblesse, la
contraint aun retour sur elle-méme, la ramene a « aímer ce
qu'on connait », et pour la premiere fois, regardant une photographie de son mari alors absent, elle voit le point de vue de
l'autre : « A-t-il jamais ressemblé ce portrait ? songcait Berthe

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�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISE

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en chercbant se rappeler ce visage d' autrefois, naguere si obsédant, et maintenant difficile a imaginer. Je n'aime pas cette
photographie, se dit Berthe en la regardant de nouveau. La
figure est jolie, mais vide ... sans ame ... saos vie ... ; c'était sa
figure de jeune homme ... Nous étions jeunes, alors, tous les
deux !. .. Nous n'avions pas vécu ensemble ... Vivre ensemble,
quelle expérience I que de larmes, de luttes, de méprises, avant
de s'ouvrir un peu l'un a l'autre !. .. J'ai cru qu'iI ne m'avait pas
aimée, qu'H me fuyait ... Je sais qu'il m'aime autant qu'il peut ...
C'est lui-méme qu'il fuit, partout - pauvre homme qui n'a pas
de repos ! »
A voir ce qu'un te! sujet livre sous le traitement que lui fait
-subir Jacques Chardonne, force est bien de reconnaitre que les
romanciers fran&lt;;ais ne l'avaient guere attaqué de front. Un sujet
éternel pourrait-il autrement rendre ce son de nouveauté. Et en
fait quand on cherche hors de Franc.e des points de comparaison, on est aussitót amené aux noms de Tolstoi et de GeorO'e
~liot : on se rappelle alors que nuls romans plus que les leu~s
ne donnent cette sensation de grande route, et on en tire la
conclusion que la peinture du couple co11jugal, sans doute
parce que celui-ci représente le normal et le quotidien, recele
une singuliere vertu esthétique.
Que l'on m'entende bien ; il ne s'agit nullement d'égaler
l' Epithalame a Anna Karénine ou a Middlemarcb : il ne saurait
prétendre la race souveraine du premier, l'arriere plan méditatif du second. Tout ce que je veux dire, c'est que voici un
livre écrit dans le sillage de Tolstoi, sans qu'il y ait lieu de
soup~onner l'auteur d'imitation, parce que les qualités tolstoiennes sont essentiellement de celles que l'on ne peut ni jouer
ni acquérir.
Plus on pratique Tolstoi et plus on est frappé d'une particularité qu'on pourrait définir ainsi : une certaine indifférence au
sein meme de l'infaillibilité. Lorsqu'on se promene en pleine
campagne, a travers les herbes hautes, il arrive que machinalement on en casse une : on la porte
sa bouche, puis on la
rejette. A travers l'impression que laisse au lecteur le choix du
détail chez Tolsto1, il semble que l'on per~oive je ne sais quel
geste analogue. Or cette impression d'une relative indifférence,
c'est elle avant tout qui révele e.hez le romancier son plain-pied

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NOTES

avec la vie et le pouvoir qu'il exerce sur· elle. Le grand méritede Jacques Chardonne, c'est que jamais le spectacle ne le prend
au dépourvu, et que jamais non plus il ne l'índuit un soulignement, - ou a un commentaire qui ne soit pas strictement
indispensable, j'entends qui ne fasse pas partie de l'action au
meme titre que tout le reste.
Lorsqu'un auteur est investi de ce don, il court le danger de
sa maitrise n1i:me et je ne dis pas que l'Epitbalame y échappe
completement. Une analyse tres serrée y relever;üt sans doute
&lt;;:a et la un chapitre ou le don est cxercé pour Jui-méme. L'épisode tbéosophique en particulier ne me parait pas avoir sur la.
vie du couple un retentissement qui le justifie. Mais daos les
romans-natures que définissait hier Albert Thibaudet (et l'Epitbala111e en est un), dans ces romans dont il disait si bien qu'ils
sont o: déposés )&gt; plutót que o: composés )&gt;, il est toujours délicat
de se prononcer trop vite sur ce point. Il convient en outre de
ne jamais oublier ce que rappelle Percy Lubbock dans son admirable traité sur la Technique du Romau, a savoir que pendant
qu'il écrit une page, un romancier véritable fait facea une double táche : plus encore qu'il ne l'écrít pour elle-méme, il l'écrit
pour accroitre la portée d'une autre qui viendra longtemps
apres, et le départ est tres difficile aétablir entre les moments ou
le romancier prépare tout en ayant l'air de marquer le pas et. ~
ceux ou il le marque en effet.
Quand íl s'agitd'un récit, il semble qu'un instinct nous guide
acet-égard, et pour prendre un exemple récent qui nous soit a
tous familier, le passage sur la vie de Mme Sagune constitue
l'unique hors-d'reuvre dans le beau récitdeJeanSchlumberger:
Un Homme Heureux. Mais précisément, l'Epitbalamc n'est a.
aucun degré un récit, et le e.as de ce livre me reporte a la distinction que voulait établir autrefois Paul Bourget lorsqu'il
disait: « Un roman n'est pas de la vie représentée : c'est de la.
vie racontée. » Il faut relire daos l'étude sur Taine romancier
l'intéressant développement ou Bourget discute le poínt. Je ne
serais pas éloigné -de lui donner gain de cause toutes les fois ou.
J'objectivité ressortit une volonté délibérée, mais il existe un
petit nombre de romanciers chez qui l'objectivité au contraire.,
parce qu'elle nah d'un don sur lequel son possesseur ne peut
rien, rejoint ce naturel méme dont Bourget regrette chez d1autres.

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JJ!
1

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;:AISE

l'absence. Or l'Epitl,alame est essentiellement cela: de la vie
représentée ; non seulement il n'y a pas narrateur, mais il n'y a
méme pas, pour reprendre la définition de George Eliot, ce témoin qui fait s:i déposition sur la foi du serment: il y a un miro ir.
Car ce livre, dans tout le premier volume surtout, semble
n'etre qu'une succession de moments : que ce ne soit la qu'une
apparence, ríen ne le montre mieux que le fait que Jacques
Cbardonne ne tombe jaruaís dans le piege des Goncourt et de
Daudet par exemple, celui de vouloir relever la discontinuité
par une certaine trépidation de l'expression, - de mettre partout des rebauts. Contre ce danger d'ailleurs Chardonne possédait cette défense qu'il n'a pas de style dans l'accep1ion propre
du terme. « En réalité l'art de l'écrivain consiste surtout nous
faire oublier qu'il emploie des mots. » Jacques Cbardonne pourrait prendrc comme devise cette phrase de Bergson. Dans ce livre
en tout cas, l'art de l'écrivain est cela, - et il n'est que cela. Ni
cette inflexion de la voix, ni cette légere déviation que tels
artistes font subir au seos courant des mots, ni ce contour tant
soit peu accusé dont d'autres les cernent n'entrent ici en jeu.
L'expression est exacte, précise meme, mais comme sans le
savoir et surtout sans paraltre y attacber d'importance : d'un
bout l'autre une parfaite neutralité; - et devant cette neutralité 011 se rappelle qu'aux yeux de certains connaisseurs la prose
de George Eliot est inexistante ; que Tolstoi passe pour avoir
écrit un russe qui ne se compare pasa celui de Tourgueneff; et
on est tout pres de condure que l'instrument idéal du romancier
en tant que roroancier n'est pas un style, mais un idiome.
Un miroir, - appliqué !'ensemble de i'Epitbalame, le mot
reste le plus juste, rnais il existe, par dela ce pouvoir réflécbissant, un don magique entre tous : celui de l'absolue présence,
- le don que définissait naguere le critique anglais Saiatsbury
lorsqu'isolant, daos l'ceuvre de Thackeray, Pendennis, Esmor.,d,
et The Newcomu, il disait : « C'est moins id le miroir tendu
la vie que la présentation directe de la vie elle-mfo1e. » ~ans
la série des scenes qui entre les époux éclatent toujours plus
graves, Jacques Cbardonne atteint cette présence. II possede
une étonnante ma.itrise de toute la météorologie conjugale :
ce calme ficlif, obtenu, dont chacun des adversaircs se sait gré,
qu'il porte au débit de l'autre, et qui ne déclencbe que plus

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'NOTES

75 1

,surement I'orage ; - la formidabl~, dérisoire disproportion
,entre le point de départ et les résultats de la querelle ; - le
brusque débouché dans la haine, puis les millc variantes du
retour ; maitrise qui provient en partie de ce que Jacques
Chardonne a un sens aigu de cette loi des contre-temps qui
-scande l'ordínaire toute vie sentimentale. On ne peut Jire les
225 premieres pages du second volume de l'Epithalame sans
_qu'a chaque ~nstant on se surprenne les accompagner de tous
les commentaires que l'auteur a eu soin de s'interdire.
Un des écueils daos le roman-nature, c'est de savoir trouver
le moment ou doit étre mis le point final, et un juste instinct
nous porte ne pas accorder trop d'importance leurs dénoue·ments. II est certain qui! si l'on écarte la mort - ficelle des
médiocres, mais tremplin incomparable des plus grands - il
n'y a jamais de raison tout fait décisive pour qu'un romannature se termine : le plus souvent, la sagesse du romancier
:mete
. le livre lorsque la vie des personnaoes
o en est arrivée a ce
pomt ou elle comporte encore les agitations indéfinies de la
-surfacc, maís non plus ces lames de fond qui viennent tout boulev~rser. -~ci cependant l'auteur du roman-nature est exposé au
pén! d~ remtégrer une de ces idées sur la vie dont jusque-la il a
su s1 bien se passer. Jacques Chardonne a fait montre d~ beau-coup de tact dans la maniere dont il a paré la difficulté : « Son.geant
Emma et
elle-méme, a l'amour, a la vie, et pour
mieux définir ses réflexions, elle tácbait de se remémorer une
phrase ente~due naguere, et dont elle ne se rappelait que ces
mots : « le ht du fl~uve ». Lorsqu'elle se répétait « le lit du
t'Ieuve », ce bout de phrase au sens vague lui représentait la
-consistance d'une vie organisée autour du méme axe, cette
Telation du présent au passé, cette réalité durable d'un sentiment
consacré par les épreuves spirituelles ; et puis le court trajet
-des voies déviées. » Ce « bout de phrase au seos vague » ne
·vaut pas seulement ici par la justesse psychologique, - parce
qu'il traduit le besoin qu'éprouve un esprit féminin l'issue
,d'une cris_e de se raccro~her a quelque chose de concret,qui la
résume ; JI tempere auss1 par une image ce que l'idée générale
pourrait prendre de trop mécanique et de trop arbitraire ; et la
relative incert_írude sur Jaquel;e se ~lót l'Epithalame, que Jacques
Chardonne la1sse planer sur 1avenir du couple, fait que daos le

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�1.A. NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

752

livre non plus il n'y a pas déviation, le maintient dans la vérité
de la vie au tnoment ou il courait le risque d'en sortir.
Car ainsi que le remarquait André Gide apro pos d' Armatice :
&lt;&lt; La vie nous propose quantité de situations qui proprement
sont insolubles », et tout amour porte en lui-meme ses éléments
d'ínsolubilité ; mais au fait général venait s'ajouter dans le cas
des Pacaris - jusqu'au moment ou Berthe accepte d'entrer
pleinement dans le point de vue de son mari - une insolubílité particuliere, dont a vrai dire Albert est responsable, et qui
précisément n'est pas une insolubilité amoureuse. Lorsque
Albert dit a son meilleur ami, a Ensénat : « Je n'ai pas été
amoureux. J'aí aimé une jeune filie pour ses vrais mérites », il
nou~ livre l'explication. Sans doute de ce propos il y a quelque
chose décompter : comme nous tous, lorsqu'il parle, Pacaris
force un peu sa pensée. Cependaut ici il lit en lui-méme
plus avant peut-étre qu'il ne le croit. II possede la tare de l'intellígence toute distributive. Je ne dis pas qu'il soit incapable
d'abandon : au contraire il lui advient constamment de se laisser
vivre sans plus ; mais tour tour il se laisse vivre, puis se reprend
et ne veut plus alors que se conformer aune certaine idée préconi;:ue de lui-meine et de Berthe, et que Berthe aussi s'y conforme :
il y a alternance des deui, états, mais non pas infl.uence de l'ull
sur l'autre, ni surtout persistance, mémoire du premier dans le
second. Demi-sage, de cette sagesse de qui a tout recueilli et
rien secrété, Albert Pacaris est l'homme des sautes, mais non
celui des recommencements. Songez aux scenes entre Lévine et
Kitty, puis a leurs réconciliations : ils n'ont m~me pas besoin
d'explications pour se retrouver au meme point qu'auparavant.
C'est que Lévine bénéficie du souvenir toujours vivant en lui
du premier amour, il n'a jamais aimé Kitty « pour ses vrais
mérites » : savait-il seulement alors qu'elle en efit? Ils ont pris
le bon départ, et la beauté de l'attitude féminine en amour,
c'est que le mouvement naturel de la femme - supérieure ou
médiocre, libérale ou mesquine -- est toujours celui-la. Ultérieurement, ou peut obtenir d'elle les plus grands sacrifices,
mais a la seule condition de ne pas ruiner de fond en comble
ce point de &lt;lépart. Parce qu' Albert n'est pas aidé, porté pas
son passé, il lui manque le soubassement qui soutient le mouvant édifice de la víe sentimeutale : il faut que ce soit Berthe 1

a

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J\iOTES .

753

qui réapparaisse ce qui s'était voilé, que ce soit elle qui fasse a
nouveau la pose de la premiere pierre, car c'est elle seule au
fond qui la détient. En amour combien plus encere qu'en
amitié ne vaut que l'inépuisable parole de Montaigne : « Si on
me presse de dire pourquoi je l'aimais, je sens que cela ne peut
s'e:x.primer qu'en répondant : Parce que c'était lui, parce que
c'était moi. »
CHARLES DU BOS

*

* *

LA CAVALIERE ELSA, par Pierre Mac Orlan (Nouvelle
Revue Fran91-ise).
La Cavaliere Eisa est un roman qui semble avoir été révé par
l'auteur de la Force, mais que celui-ci elit traité comme une épo-

a

pée. Fidele ses conceptions, Pierre Mac Orlan ne s'est guere
applíqué qu'a en faire ressortir l'borreur et le comique macabres. Ne prétend-il pas (l'Avent1m, nov. 1921) que « l'horreur est un des éléments les plus fameux de !'aventure, et qu'il
est difficile d'écrire un livre de ce genre sans y méler l'humanité par ce qu'elle possede de plus anormal, mais aussi de
plus coloré j), Formule contestable, du moins quant a. la précelJence de I'horreur. Quoi qu'il en soit, au cours de cette lecture
attachante ou brillent quelques morceaux de bravoure, !'esprit
revient inlassablement a Paul Adam, s'applique a reconstruire
les chapitres selon son ample maniere, et souffre du disparate
entre le sujet et l'exécution.
Qu'il me soit permis de préférer la Cavaliére Elsa la Bete
Conquérant_e. Jusqu'íci le meilleur livre satirique de Pierre Mac
Orlan, ou palpite la veine de Swift, et qui me parait correspondre
plus exactement au tempérament de son auteur, dégagé du paradoxe et de l'artifice. La, point d'abus du bas-langage : une uoiformité d'expression qui contribue a rendre naturelle la plus
extraordinaire fantaisie ; un ton demi-sérieux qui force
la
réflexion, et surtout cette unité de vitesse qui convoie le lecteur
saos pauses ni cahots et luí donne une constante impression de
confiance et desécurité. L'exemple de Swift avait heureusement
guidé l'écrivain; celu~ de Du Laurens, avec le Compi.re Mathieu,
beau livre délaissé, mais que les nouvelles utopies peuvent
rajeunir, aurait du le guider pour la Cavaliere. Cependant, je
redoute que la Mandragore d'Ewers, ou Dubus Delaforest

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48

��LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;;:AISE

qui s'adjoint et déchaine en sa faveur l'instinct de conservation,
&lt;l'autant plus ardent alutter que Jean sait, n'en pouvoir douter, qu'une vie comme la sienne mérite d'etre défeodue. Et les
deux eojeux sont de valeur si inégale ( car fussé-je un peu Occitan, j'attendrais plus de finfluence d'un Rigaud vivant et agissant que d'un Rigaud tué dans sa fleur, saos que personne, sans
doute, ne songe a dégager la le~on de s~ mort), et cependant
les motifs d'espérer et de craindre se balanceut si également,
qu'une double fü:vre me saisit, de vouloir passionuément qu'il
renonce a périr, et de douter si son esprit l'emportera sur le fol
élan de son creur.
Créer, entretenir jusqu'au bout cette angoisse, voila déj_a la
marque d'un talent peu commun. Un débat dramatique n'estpas
un simple dénouement ; c'est le terme, la conclusion, et en
quelque fa~on l'objet d'un livre fondé, charpenté, et dressé tout
entier pour que cette ame jaillisse. Autrement il ressemblerait a
e~ :fieches de Viollet-le-Duc, qui ne sont point le chef de l'église
go~hique qu'clles couronnent, mais une manifre de couvre-chef,
qui les surmonte par artífice, et qu'il faudrait changer a chaque
saison, pour suivre la mode. Notre émotion exige, pour se
manifester, l'art de la présentation, etla science de la préparation
iogique; de fa;:on que la crise finale soit, sinon prévue, du moins
acceptée d'emblée. Ici, nous sommes satisfaits. Parvenir, sans
effets de style, sans emphase, saos que nul élément étranger s'y
ajoute, et simplement par des mots ordinaires, par une analyse
étonnamment subtile et exactement déroulée, par la vérité, pour
tout dire, mais une vérité 5aisie par un esprit qui n'en laisserien
ichapper, et cependant sait y choisir précisément etn'en garder
que l'essentiel, a créer une émotion que rien n'étonne, ni n'aff1ige, ni ne détourne, en dehors de la question posée, c'est une
réussite assez remarquable. Mais le plus di:fficile était sans doute
ailleurs, je veux dire de nous conduire a admettre qu'un enfant
de treize ans puisse vouloir se donner la mort pour la défense
d'unc idée qu'il a con~ue, sans nous paraitre, ou bien une sorte
de roonomane qui releve plutót de la médecine mentale que de
l'art du minan, ou bien, tout simplement, un type exagéré, qui
cesse d'intéresser, dans la mesure ou il cesse de sembler véridique. Mais M. Crémieux a su peindre une ame singuliere, supérieure, et pourtant enfantine, qui nous surprend, parce qu'elle

a

NOTES

757

est rare, mais ne nous choque pas, parce qu'elle est parée des
couleurs de la vie. Tous les éléments de cette ame sont des éléments naturels, seulement tres développés ; leur réunion, leurs
jeux, leurs rapports, pour étre rares n'en sont pas moins logiques. Rigaud est un esprit exceptionnel, rnais normalement
constitué.
Enthousiaste et réfléchi, réveur et laborieux, cet enfant cherche découvrir, en songeant vers quel but magnifique il pourra
tendre son effort. Il a l'esprit latin et l'ímagination sarrasine, et
cet esprit lucide, raisonnable, pratique, applique ces qualités a
servir une cause qui enchante son ame brúlaote. Son tort est de
ne pas savoir attendre, de prétendre réaliser, treize ans, un
espoir, et de vouloir agir a l'age ou il convient seulement de se
préparer al'action. Son réve est-íl une grande idée, ou une belle
íllusion ? Je ne sais. L'idée vaut ce que vaut l'esprit qui la con~oit et qui la sert, et le prix d'une cause se mesure a la valeur
de ses partisans. Rigaud, plus agé, reprendra-t-il son effort, ou
sourira-t-il en frémissant. de cette exaltation quí faillit lui cot1ter la vie? Je ne sais. Jevoudrais le savoir. C'est pourquoi ilme
plait qu'il ne meure pas. - En étes-vous si s-0.r? - Sans doute;
ce n'est pasa treize ans qu'il a raconté sa jeunesse. Bien des
minutes ont passé depuis que quatre heures ont sonné. Et nous
voyons en le lisant que ce premier de la classe n'était pas up
petit prodige, un feu de paille, qui donne I'illusion d'un foyer,
et s'éteint vite, mais un jeune esprit, déja. vigoureux, qui n'a
perdu, en murissant, ni sa flamme, ni sa raison.

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a

LOUIS MARTIN·CHAUFFIER

TUVACHE OU LA TRAGÉDIE PASTORALE, par
Lo1tis-llon Martin ( Grasset).
M. Louis-Léon Martin a soulevé son masque d'humoriste
professionnel, et c'est une sensibilité d'écorché vif qu'il nous a
révélé. C'est dans l'ordre : neuf fois sur dix, le véritable humoriste est un hyper-sensible qui a la craÍltte du ridicule et l'horreur de la rhétorique.
M. Martín s'est astreint a une délicatesse, une retenue, une
décence qui channent dans un sujet comme celuí de Tuvacbe
qui eut si aisément chaviré dans la grossiereté naturaliste, la

�4Is•
Jaclear

du romllll paysan ou la aensiblerie humanitaile.
la grandeur et la dkadence de Tuvache, paysasa bomé et
d:iligné, bouftoa, puia b&amp;os, pws victime de 10n ..U., out le
~ iDélu~ d'un pWnomble oatureL La joies et les
.peines se saccMeat en Tuvachc comme les bonaes et Jea mauvaises récohes sur un cbamp. Et s'il me fallait chicanee M. MulÚl sur son b&amp;os, ce ne serait pas, comme on l'a fait, l cause
da péripécies dramatiques acx:umulées ven b fin du récit, mais
l cause de aon dénouement. Un Tuvache, m!me ivre, ne se
suicide pas. 11 doit mourir d'accident au terme de soJt enstence
acc:identelle. Rappelons-nom le Caüet de Michel Yell, frere aioé
de Tuvacbc: ses camarades de cbambrée le tuaient en jouaot.
.M. MutiD s'est appliqué atrouver le style le plus propre l
ceue tr.agédie pastonle. On ne jurerait pu que le souveoir de
CharJes.Louis Pbilippc ne l'ait parfois hanté. ll s'est préoccupé
de projeter fid~lement les pensées et les sentiments rudimeotai.. ,a de son b6ros : les soliloques de Tuvache sont de premier
ordre. Pour le reste, il a proc6dé par tableam successifs d'un
style-tourl tour nu et en~banné. 0n le lui a reproché. Je me
p!íierai de m'associer a ce reproche. Cette alternance est
Jlicluante et fort originale. El.re donnait déja son prix a une
cmn-e de George Sancl, qui est délicieuse, que personne ne lit

c:tqui iappelle k Diabk a,a Cbunps.
Ce qui géne dans ce roman, - tout fantaisiste qu'il soit -c'est qu'on cherche en vain le point d'inserti«:90 de ccttc hiatoire
daos le réel. Tuvache s'admet saos difficulté, c'est la « vie
II du vil1age qui paralt factice. Un village s'amuse
d'un Tuvache jusqu'a la cruauti, mais un Tuvache n'aimante
pas sur lui toute la vanité et toute la haine d'un vill~e.
Mais on ne fait cette objection qu'apres avoir fermé le livre,
et on ne le ferme pas sans l'avoir lu jusqu'au bout et saos
POir été diverti d'abord&gt; ému ensuite, aelonle voeu de l'auteur.
1UIIIÜme

BENJAXIN CÚIUBUX

LES ARTS

REFLEXIONS Str:R LE SALON D'AUTOMNE.
La peur de se compromettre. Tclle serait, am yeuJ; d'un visi'IIIQr impartial, la

véricable tendancc de ce Salan. Trop de pru-

dence daos le choi1 du sujet et dans son ex6cution, une b1tetrop

7S9
¡rancie 1 répondre aux désirs de « Classicisme • que matüfeste,
ans grande conviction d'ailleurs, un publlc trop précipitamment converti aux idées nouvelles. Des apparences de maltrise,
succédant saos transition aux balbutienients des a11néts précédemcs. De fam chefs-d'&lt;Zuvre, aussi rapidement exécutés que
les pochades de jadis ; une &amp;u..e maturité, aboutissant al'ennui
le plu solennel. Pour qui se rappelle l'atmospbere des expositions e faaves » d'annt-guerre, i1 est indiscutable q~'une certaine
írakheur manque aux Salons actuels, et que la jeunesse s'est
aasagie d'une ~n trop rapide pour n'étre pas un peu forcée.
QuelJes sontles raisons d'unerévolution aussi to~? M. Vaµxcclles, pour ne citcr que le plus acharné, sinon -le plus infiuent
des apótres de la sensibilité animale, m'accuse d'étre le perturbateur moral de la jeunesse. Selon Jui ce nouve) a&lt;:adémisme
dont les productions glaceot le regard est tout simplement la
coméquence de la campagne que j'ai menée dans cette revue, en
íaveur de la sensibilité intellectuelle.
Encore que j'écrive pour mon seul plaisir, et non par goü.t
pédagogique (Dieu me garde de me prendre au sérieux autant
iUe sé prennent mes adversaires de plume) je ne peux résistcr
au désir de mon:trer que le danger que courent certains peintres
- dont bea'1(:oup sont moins jeunes qu'on ne !'imagine provient, non d'un go6t ingresque ou davidien pour la fonne et
la composition, mais bien de cette impatience, de ce manque
d'amour et de ce~ pau\"reté intellectuelle qui sont entretenu
par les articles bien intentionnés peut-étre mais si maladroits
d'une presse bourgeoise.
11 est de toute évidence qu'apres Je débordement de la seasualité pure qui nous valut tant de faux coloristes et de déments de
la déformation expressionniste, Wl cycle pictural nouveau
s'ébauche, ou I'intelligence sensible doit jouer un r6le prépo~dérant. Ce r~ne de la raison, débrouillant le rythme plastique
IÜcottverl par J'imtin&amp;t au conla&amp;t tÚ 14 rialüi, au lieu d'~ encouragé, est constamment battu en br~he par des littérateurs trop
jaloux de leurs prérogatives et qui, par leürs mercuriales périodiques, essaient d'éteroiser la légende commodedu , bon peintre
illettré d'autrefois 1 • · Cette légende prit oaissance dans la forét
1.

Voir les articJes de MM. Vanderpyl et Guillaumc Janueau.

�LA NOUVELLE REVUE FRAN&lt;;AISB

de Barbizon, il y a a peine un siecle et l'activité en taus sens
dirigéedes grands maitres des siecles précédents lui inflige une
contradiction formelle. Malgré cette vérité l'éloge du peintre
ruminant a été si souvent prononcé que la mentalité de trop
d'artistes &lt;loués en subit l'influence déprimante. Certains critiques, offrant une aide matérielle en échange d'une obéissance
passive, ont provoqué, chez les peintres déddés aparvenir rapideroent, une véritable panique spirituelle. On assiste a ce spectacle bien révélateur de nos ma::urs, d'artistes réfiéchis qui
cachent lcur culture comme une tare. On a meme vu un des plus
saturés de littérature, un des plus raisonneurs parmi les bons
peintres de notre temps, prendre la plume, dernierement, a seule
fin de convaincre le monde entier qu'il n'écrivait jamais.
Un rappel incessant a la sensualité (indispensable, d'ailleurs)
pourrait déterminer parfois une explosion de ricbes doos désordonnés. Le fauvisme, qu'on se preod aregretter devant tant de
mornes toiles qui semblent porter le deuil de sa mort, n'était
aqtre cbose que la vigoureuse expansion de tempéraments non
encore parnlysés par les sermons actuels. On comprendrait ala
rigueur, en effet, une campagne destioée a susciter d'agréables
feux d'artifice picturaux. Mais ou le manque de logique de nos
censeurs s'a.ffirme, ou la nocivité de leurs manreuvres éclate,
c'est lorsque, apres avoir próné la prédominance du seul tempérament, ils réclament des artistes ainsi mis en état d'inférior.ité oc des ceuvres completes )) ! On connait l'antienne favorite
de M. Vauxcelles : oc Un Salon n'est pas un laboratoire ou s'étí).lent des exph-ienccs picturales ; le jour de peindre des tableaux est
arrivé, etc. )&gt; A force de haine pour les formules de peintres
( oc trouver la formule » disait Cézanne) notre critique en édifi.e
une, toute littéraire, et contradictoire, dont ceux qui s'y plient
nous apparaissent les innocentes victimes.
En effet; d'un coté M. VauxceUes et ses alliés interdisent au
peintre le droit - sacré a mon a,·is, et indispensable ala lente
communion de l'artiste et du public - de soumettre a ce dernier les expériences au moyen desquelles il cherche honnetement ses moyens d'expression (puisque personne ne peut les lui
apprendre). De l'autre, ils lui interdisent le seul exercice qui
pourrait hater ses découvertes : la mise en reuvre de cette sensibilité orientée vers l'ordre que je définis intelligence sensible.

NOTES

761

Ils exigent du peintre - c'est a mourir de rire ! - qu'il arrive
au but supréme, l'CEuvre, en lui interdisant, non seulement
l'acces du chemin qui y mene. mais encore les exercices par
lesquels il peut apprendre a marcher ! Réalisez, clament-ils ...
Réaliser, soupirait Cézanne, qui cependant était mieux qu'aucun
de nous armé pour le faire et qui eut réalisé en effet si d'admirables, si de saín tes hésitations ne l'a~aient poussé Haire en taus
sens les expériences les plus merveilleuses en lesquelles !'esprit
humain ait pu se consumer.
Grace a cette guerre incessante aux « fommles » et aux oc théories », par lesquelles pourtant s'aiguisent - quelquefois puérilement, mais qu'importe ! - les recherches des jeunes peintres
(on est jeune jusqu'a cinquante ans), ces critiques en sont arrivés a tarir la frakheu.r naturelle, et cette bonhomie qui fait le
fond du tempérament fr:mt;ais. C'est par goút du succes immédiat, et appel a. l'applaudissement unanime que nous voyons des
artistcs doués renoncer prématurément aux aventures hasardeuses qui sont l'émouvant apaoage de la jeunesse. Pour ceux
qu'anime une seve généreuse, l'horizon est saos cesse bouleversé par les tempetes du creur et de la raisoo. Le peintre trop
prudent, faisant plus de politique encore que de peinture, s'emprisonne peu a peu daos un cachot ou ses facultés les pJus généreuses sont étouffées. Les filsdes joyeux impressionnistes, pointillistes, orphistes d'antan, sermonnés saos tréve, sornmés de
peindre des ceuvres, du jour au lendemain, et ignorants de l'effort logiquf qu'un te! travail exige, ont fait place a de petits
employés trop raisonnables, économes de leurs efforts, envíeux
et inq1.üets. La témérité des fauves a été remplacée par
une triste stratégie d'atelier. Ainsi est Üé ce nouvel académisme, dont les prodnits égalent ceux ·que les pensionnés
de Rorne exposaient quai Malaquais dernierement, et qui
ne se rnontre pas, au Grand Palais, uniquernent dans la
sallenº 7, ou, pour la commo&lt;lité de leur besogoe, nos critiques l'ont situé, mais qui, égrené savamment dans toutes les
salles, contribue a donner au visiteur une fausse impression
de Musée. Que ceux qu'attriste un tel état de choses ne s'en
prennent qu'aux rnéthodes de travaíl aujourd'hui en honneur, et
a l'a-príorisme florissant, a la théorie d1.1. « style d'abord », du
« chef-d'ceuvre coúte que c01ite ».

�762

·LA XOUVELLE REYUE FRAN~ISE

Pour moi, si j'ai toujours prú-:onisé un métier patient et surveillé, j'ai aussi fréquemment indiqué la sensation comme seul
élément excitateur. Si j'ni fait sur l'reuvrc Je Delacroix les
rése.rves que mescom·ictions techniques m'imposaient, j'ni toujours placé bien haut l'homme au c&lt;rur vibrant, a l'ame élevéc
que fut ce dernier rejeton de la gr:1ndc famillc dell humanistcs de la Rcnaissance. Delacroix, au point de vue humain,
4oit demeurer notre mod~le, lui qui ne craignait pas de se compromettre en écrivant, en plus de son copieux journal et de ses
longues lettres, Jes artides sur son art ; qui recherchait la société
.des littérateurs et des musicicns pour 1eur littér:lture et pour leur
musique - et non par poli tique, commc cela se fait aujourd'hui - qui fr~missait aux souffles \'enu:; du dehors, et qu_i
s'iuspirait (a la fa~on Jont on s'inspirait de son temps, ,c'est-a&lt;iire : littéralement) des événcments qui bouleversaient les
esprits. Que les artistes qui veulent donner au mot « Classicisme » un sens large et généreux cessent de flatter le public
peureux en ornant .leurs toiles de baigneusi.s aux gestes inutiles,
en spéculant sur le compotier, la bouteille et les pommes de
Cézanoe, ou en 1t .:oostruisant » des Pª)'Sages ou tout le. monde
s'est promené. Qu'ils essaientd'acquérir, füt-ce au prix d'errcurs
momentanées, 0:.1 ,ele chutes (jamais inutiles)cette « intelligence
universelle » que cbantait Baudelaire. Aussi bien en ce Salon
les reuvres les plus riches d'avenir sout celles qui i;'inspirent
.directement de la réalité : ri::pas, devant une fenétre, de paysans lourds (Salle n° .2); nJture-rnorte ou des instruments
maritimes eucadrcnt un phare loi_ntain ; draperies que magnifie
une analyse patiente; jeune fille endormie sous des arbres (Salle
n° 7) ; extravagances poétiqucs du Carnaval (Salle n° 17),
autaot de toilcs ou la réalité n'est pas froidemcnt suivie dans
son contour décoratif, mais revi:t aux yeux de l'iotelligence sensible Jcs formes nouvellcs, qu'une ardente géométrie brise,
pour les recomposer en un bouquct expressif.
ANORÉ l.HOTE

•
• *

TABLE DES MATIERES
CONTE.NUES DANS

LE TOME XVII

Les idées

et

(Ju1LLET-DtcEMBRE

ALAlN

les .\ges . . .

. . . . 425

1921)

(XCVII)

FRAN&lt;;OIS-PAUL ALIBERT
Ainsi tombcot les feuilles

.

.

.

•

.

•

.

.

421

ROGER ALU\RD
Sur M. Ingres . . .
.
Noclamlmlisme.s, par Jean de Tioan . . •

IOI

J.

Tou/el, par Hcnri Martiocau.
J. Toulet . . . . .
Trois '1011vraux con/u de la vid/le Franu,
p.tr Jean Moréas • . . • . .
Les lemps i111i«e11ts, p:ir EmiJc Henriot
Amour et jltlJS&lt;!(t, FM J. M. Junoy . . •
Gestes, par Allrcd Jarry. • . . • . .
1A patimce de Grisé/idis, par .R. Je Gourmont. . . . . . • . . .
ú1 romltsse de Po,rlbitU, traJ. par FernanJ
Flcurct . . • . . . . • . . .
Mchtr mret, par Joachim G~squct
.
S01tt~nirs de mon crmnneru, par André RouLa vie tÚ P.

Blhan{Jgue, par P.

u

veyrc .

. .

Madame de Noailles.

.

.

.

•

.

.

.

Jean Pelterin . . • . • . . . . .
Le poi~u des chimires c'lranglkt, par Trisun
l&gt;ercme . • . . . . . . • . ,
u cdJi de G11tNna11/er 11 ; Sodome el Gomorrhe !, par Marccl Proust . . . • . .
A11to11r de 1011/ouse-Lautrec, par Paul Ledercq. . . . • • . . . . . .
Catm ti pru1dre, par Gcorges Gabory
R1.1yo11s croisls, par Je:in-Louis VauJo\'cr. .
Mytbologies, par Mélot Ju Dy. . : . .
Le Labóratoire ce11tra/; Dos d'Arleq11Íll, par
Maic Jacob • . • • . . .

57

u8

(XCVII)
(XCIV)
(X&lt;::IV)

(XCIV'\

118

{XCIX)

119
119
119

(XCIV)

120

(XCIV)

121

(XCIV)

121

(XCIV)
(XCV)

195
210

(XCIX)
(XCIV)

301

(XCV)
(XCVI)

345

(XCVI)

350

(XCVI)

H5

(XCVl)

368

(XCVI)

625

(XCVIII)

626

(XCVIII)

627

(XCVllI)

744

(XCIX)

681

(XCIX)

167

(XCV)

733

(XCIX)

AMIEL
fragmcnts inéJics du Journal lntime.
LOUlS ARAGON

Les aventures de Télémaque

.MJCHEL ARXAULD
Mars ou la g,,e,u jugü, par Alain .

�LA NOOVELLE RBVUE FRAN&lt;;AISE

GABRIEL AUDlSIO

(XCIX)

Trompcttes au soleil
JEAN BARUZI
Les cancioms de Juan de Yepes, trad. René-

(XCV)

Louis Doyon

FÉLIX BERTAUX
(XCV)

Les Rustiques, par Louis Pergaud .
La Chille, par Emite Hovelaque .

(XCV)
(XCVIII)

Henri Alies.

Un

AMBROSE BIBRCE
(trad. V.M. LLONA)
incident au pont d'Owl -Crcck .
MA.URICE BOISS.\.RD
Chronique dramatique .
Chronique dramatique .
Chronique dramatique .

TABLE DES :'.IATIERES

L'a,ige du biz.arre ; Memoires d'u,i dada btst'gne11x, par Pierre Mille . . . . . . 464
Ma 1,-i~ d'mfa11t, par Maxime Gorki . . . 498
Antholcgie .ks poitcs it,iliens co11te111porains,
par Jean Chuzeville •

.

500

Storia di Cristo, par G. Papini . . .

•
.
Jéróme etzean Tbaraud. . . . . . . . •
La anterne "'ªfique, par Th. de Banville •
ú passage ik l 'A is11e, par Emile Clermont .
Tu11ache ou la tragédie pastorale, par LouisLéon Martin. . . . . .

501

701

(XCIX)

449

(XCVII)
(XCVIII)
(XCIX)

6u

727

121

(XCIV)
(XCV)

4II

(XCVIl)

MARCEL COHEN

Linguistique historit¡ue el li11g11istique gélzérale, par A. Meillet . . . . . . .

(XCVTI)

LUCIE COUSTURIER
(XCVI)

lnahilé Ibatan, tiraillcur daboméen
BENJAMlN CRÉMIEUX

la Fille d'Eliaz.ar, par Elis,a
Rhais. . . . . .
Poemes, par Henry J. M. Lcvet . . .
Pmsts-tu ré11ssír, par Jean de Tinan .
Sorties, par Henri Hertz . . . . . .
Rafael Gato1111a, par M1urice Larrouy . .
Le moque11r ? par Fran~ois de Boo~y . . .
A bord de l'étoile 111nluti11t, par Pierre Mac
Orlan. . . . . . • •
Hístoire d'u11e Marie, par Andr~ Baillon. .
La pensée ~e Nicolas Machiairel, par Franc;ois
Franzoo1. . . . . . . . . . .

557
622

(XCVII)
(XCVil)
(XCVIII)
(XCVIII)

757

(XCIX)

,06

(XCV)

ALAIN DESPORTES
Un jeune intellectuel allemand . ··----2""'39.__--"(X_C--'-V)
P. DRIEU LA ROCHELLE
A11icef 011 le pa11ora111a, par Louis Aragon
97
(XCIV)
On ne saurait tout dire

143

(XCV)

62S
75&gt;

(XCVIII)
(XCIX)

FERNAND FLEURET
L'mtrepreneur d'illumÍllatioiis, par André

PAUL CLAUDEL

Les Juifs

.

GEORGES DUHAM:EL
(XCIX)

MAURICE CHEVRIER
Petite cantare sur J'abscnce de Marie Laurencin.

L'Ec,¡yere, par Paul Bourget . . . . . .

.

Uon Bloy pendant la guerre •

CHARLES DU BOS

SaintJoseph.

.

EMILE DERMENGHE.'d

L' Epitbalame, par J. Chardonne

LÉON BRILLOUIN
Une 11ou;·elle figure du 111011de : les tbéories
d'Einstein, par Lucien Fabre.

.

(XCVII)
(XCVII)

99

(XCIV)

roo

(XCIV)
(XCIV)
(XCV)
(XCV)

011

102
211

220

222

(XCV)
(XCV)

359
361

(XCVI)
(XCVI)

380

(XCVI)

221

Salmen .

.

.

.

.

La ravaliere Eisa, par P. Mac Orlan .
WALDO FRANK
(trad. H. BOUSSP..ESQ)
L'année américaine

(XCVI)

GEORGES GABORY
Soirées perdues. . . . . . . . . . . . 413
Le drageoir aux ipices, par J. K. Huysmans. 621
Premitres at·e11fllres de Cbéri-Bibi, par Gaston Leroux .

(XCVII)
(XCVTII)

632

(XCVID)

baud~t.
201
Au théatre du Jorat : le roi Da1:ia, par René
1forax. . . . . . . . • . . .
Les sculprures de Degas et de Mme Spitzer .
De fdge diviit ti l'dge ingrat (Mbnoim), par
Francis Jammes
74!

(XCV)

HENRI GHÉON
La vie ik Maurice Barris, par Albert Thi(XCVI)
(XCVI)

(XCIX)

ANDRÉ GIDE

Préface a Ar111a11ce. •
•
129
Les rapports intellectucls entre la France et 1' Allem.agne.
513
NICOLAS GOGOL
(trad. DIDHS ROCHE)
Hyménée 1(Actc II) •
2Ó

(XCV)
(XCVIIl)

(XCIV)

�766

LA KOUVELLE RE\'OE FRAN~ISE

BERNARD GRCETHUYSEN
Lcttre d' Allemagne

• •

•

485

(XCVII)

291

(XCVI)

RE,IB KERDYK
lotime

•

•

JACQUES DE LACRETELLE
La Fort""' de BeCJJI, par Louis Co4kt . • 214
Mademoisr/le tle la Ralphie, par E. Le Roy. . 217
VALER\' LARBAUD
Paludes, par Andre Gide. . . . . . .
Le miroir des kUres, par Fcrnaod Vandérem
Amants, heureux amants

93
250

522

{XClY)
(XCV}
(XCVIII}

274
759

(XCIV)
(XCV)
(XCV)
(XCVI)
(XOX)

4¡4

(XCVII}

104

(XClV)

109
225
227

PERCY LUBBOCK

Lettre d 'Aoglett:rre

•

PIERRE MAC ORLAN
Lit romana d11 rrlo11r, par Jean Pcllerin .

LOUIS MARTIN-CHAUFFTER
Le chemin de paradis, par Charles Maurras • r97
Le Prentier de /,1 Classt, par Benjamin Crémieux.
7J5
PAUL MORAND
Ballets suédois : Les Marils de la TCIUr
Eij/el, par Jean Cocteau . . . .
225
Inaugurations . . • . • . . . . . . .
La pokied'au¡ourá'bui, par Jcan Epstcin . •
Au sujet de Maurice Barres. . . . . .
Devoirs de tw-unus, par Raymood Radiguet.
La jmnme ile 171/ophile, par Marce! Jouhan•
d~u . • . . .
.
.
•
ús 11,s Aran, par John M. Synge, .
Aritbrlogie t1rgre, par Blaisc Cendrars. •
Responsabilités .

299
338
340
354
JS7
484
504

(XCV)
(XCVI)
(XCVI)
(XCVI)
(XC\'I)

(XCVI)
(XCVII}
(XCVU)

(XCVlI)
(XCVU)

MARCEL PROUST

•

En tram jusqu'á la Raspelicrc .

•

18

(XCIV)

ANDRÉSALMON

Ln t,rtbis talm.u, par Henri Duvemois

(XCVII}

BORIS DE SCHLCEZER
Alexandrc Block •

(XCVII)

JEAN SCHLUMBERGER
]iroboa111 "'' la Ji11a1ue sa,u mb,ingitt, par
Paul Laffitte . . . . . . . . . . 1o8
Mari.i Cba¡xú/ai,,e, p-J.r Louis Hémon • • 212
Le ca-,1r ies nutres, par Gabriel Marce! • •
La complainte d11 r,yp,-rsMmt, par F. P. Alibcrt . . • •
leftuq11irtprmd111,d, parJ.-J. Bcrnard. .
Mesure pour nus11re de Shakespeare, tr.id.
G. de Poun:ilés.
Césairc

22,

Pocrues de Kabir

PHIUPPE SOUPAUL'f

(XCIV)
(XCV)
(XCY)
(XCVI)
(XCVII)
(XCVII)
(XCVlll)

~

(XCVI)

257

(XCVI)

85
96

(XCIV)
(XCIV)
(XCIV)

R.\Bl.'DRANATH TAGORE
(tr:id. : H. J.IIRABAUD-TIIORENS)
ALBERT THIBAUDET

(XCV}

Les intcm1ittcnces du c:ceur.

(XCV)
(XCIX)

JULES ROMAINS

(XCV)

(XCIX)

251
68o

Pctite iatroduction ~ un coUTS de technique poé•
tique

~~~~-

VLADIMIR PENJAKOFF

Hl:.~RI POURRAT
Les propos rustiques, de Noel du Fail .
C~ nC111s, par Jo ·eph de Pcsquidou:,i:

JACQUES RIYJERE
M. Paul Souday et la politique
Amicl
,
•

(XCV}
(XCV}

ANDRÉLHOTE
Picasso et le respect de la nature .
A propos de Fragonard . . . •
Renoir, par Ambroise Voll:1rd . .
Ingrcs vu par un peintrc . • . . . .
Réllcxions sur le salon d'automne.

TABLE DES MATIERES

(XCVII)
fXCIX)

Réflexions sur la littérature : Goanimismc.
Ta11t pis pc11r toi, par Gérard d'Houvillc. .
Anlho/cgu du Ft~ibrige prrrmtfal, l. l. , .
Sair,f¿-fleut•e, I'homme el le po¿Je, par LouisFrédéric Chois,·. . • . . . • . ' .
morl tk Spart;, par Jeao Schlumberger .
P/11/011 (t. JI), par A.lfrcd Croiset . . . .
RéAexions sur la littt'rature : Une philosophie de l'lüstoi re • . . • . . . .
D, Paris d CJtbi:re, par Gér.irJ de: 'erv~l .
1A annltJ d'apprmlisso.ge de S,·lmzn Br:ollrt,
par M:turicc Brillant • . . . . . .
Tibériade, p.u Gonzaguc True. . • . .
R~flexions sur la littérature : Le voy:tge intérieur . . . . . . • •
Notes sur .\1.érimlr, par Chark-s du Ros . .
Vfrtor Hugo, par Mary Duclaux . . . .
Ecrimi11s fra11(ais tn llol/a11de, p.1r Gusta\'e
Cohcu . . . . • . . . • . •
Histo1rt de Franu co11tt111poraine, llI, IV, \7

u

1o6

1,

(XCfV)
(XCIV)
(XCIV)

187
205

(XCV)
(XCV)

216
221

(XCV)
(XCV)

329

(XCVI)
(XCVI)
(XC\ºI)

rn7
t

120

342
342
34,

344

(XCVI)

(XC'\1J

�768

LA NOUVELLE REVUE FRANCAISE

La j11messe de Nietzsche jusqu'á la rnpture
avec Bayreuth, par Ch. Andler . . . .
Préseances, par Fran~is Mauriac . . . .
Il y a 1me i1olupti d11ns la douleur, par Joachim Gasquet . . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Histoire romaiue. . . .
. . . . . . .
Minerve ou Belphégor ?, par Gaetan Bernoville . • , . . . . . . . . .
Elise, par René Boylesve . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Du romananglais . . . . . . . . . . . .
Visites llux paysans du cmtre, par Daniel
Halévy • . . . . . . .
Sainte-Beiive, par Gustave Michaut . . .
Jean de Tina11, par André Lebey . . . .
Les ymx 1wifs, par Luden Daudet. . . .
Réflexions sur la Iittérature : Les Plliloso-

phes .

344

358

(XCVI)
(XCVI)

361

(XCVI)

441

(XCVII)

46o
460

(XCVII)
(XCVII)

602

(XCVIII)

620
621
621
624

(XCVIII)
(XCVUI)
(XCVIII)
(XCVIII)

715

(XCIX)

ALBERT THIERRY
Le Secret du Polichioelle.

(XCIV)

PAUL VALÉRY
Ebauche ~•un serpent .

GILBERT DE VOISINS
Ainsi i•a toute d,air, par Samuel Butler,
trad. V. Larbaud
. . . 1I 5
Eurydice deux fois penlu~, par Paul Drouot . 349
La 11uit de Saint-Bai-nabé, par Alexandre
462
676

Amoux
údelettes.

Correspondance
Les revues . .
Les revues .
Note.
Lesrevues . . . .
•
Mementos anglais et allemaud
Les revues . . . . . . .

LE GÉRANT : G.-1.STON GALU!(}.RD.

ABBEVJLLE. -

JMPRIMERIE F. PAILLAll.T.

LE

(XCIV)

CARNET

(XCIV)
(XCVI)

DES ÉDITEURS

(XCVII)
(XCIX)

DIVERS
A l'Eccle du Réel, par Jean Lartigue
Les revues . .

,

(XCIV)
(XCIV)
(XCIV)
(XCV)
(XCVI)
(XCVII)
(XCVII)
(XCVIII)

�2

LE CARNET DES ÉDITEURS

LA BACCHANTE. - Un vol.
in-4º raisin orné de 1ettrines gravées sur bois par
Georges Baudin, et tiré a 22 r exemplaires ( en souscription) '.

MAURICE DE GUÉRIN:

a

« Je reviens
mes ancíennes imaginations sur les choses
na~relles, invincibles tendances de ma pensée, sorte de passion
~~1 me donne des enthousiasmes, des pleurs, des éclats de
¡01e, un éternel aliment de songerie. » Ces imaginations ont
engendré les poemes en prose qui sont parmi les plus purs
chefs-d'reu~re de notre littérature. Avec un art incomparable
M. de Guénn a su exprimer son désir passioané d'étreindre
la nature dans son universalité, d'en pénétrer les secrets de
'
s'identifier avec elle, de s'y ramifier.
Tout l'idéal poétique du « réveur inquiet » se trouve daos la
Baccha:te. C'est bien, sous la forme la plus noblement originale, 1 reuvre née de « la fusion des impressions calmes de la
nature avec les reveries orageuses du coeur ».
_C~tte nouvelle édition ravira les bibliophiles. Ríen que siro. pl1c1té : un texte large et des lettrines ornées. Le Grasset, en
son corps 24 qu'on n'a pas coutume de voír employer sí géné-·
reusement, laísse apprécier sa clarté et sa précision : chaque
1ettre av~c ses caracteres distinctífs, saos ornements ínutíles,
est_ dessmée selon la traditíon fran~aise de la belle typograplue.

Co_mme dans l'édítion récente des Odes de S;pho, Georges
Baudm a placé sa décoration dans le texte méme. En tete de
chaque ~ínéa, des lettri~es, charmaotes en leur variété, hardiment taillées daos le b01s, completent de la plus heureuse fa~on
la composition des pages.
II est a souhaiter que cet artiste se décide enfin a laisser
publíer quelqu'un des livres qu'il a ornés d'images en couleurs,
et dont les exemplaires uniques, calligraphiés, sont si recherchés des bibliophiles. Les procédés actuels de reproduction
permettraient sans nul doute de rendre avec fidélité la richesse
éclatante et harmonieuse de ses compositions décoratives.

r Imagerie de.I'Oiseau d'Or, 35, rue des Petits-Champs.

LE

3
Loms lli:MoN : MARIA CHAPDELAINE, rl!cit d" Canada
franyais. 1 vol. in-18 a 6.50 '.
CARNET DES ÉDITEURS

Ce récit est aussi simple que son titre. 11 se déroule au Canada,
daos le paysage grave de foréts et de lacs qu'est la province de
Québec, parmi des étres rudes qui se battent avec les atbres
pour leur prendre la terre avare qu'ils cultiveront péniblement
et sur laquelle, ils bátíront leurs pauvres maú;ons de planches.
Samuel Chapdelaine s'est fait défrícheur comme d'autres s'en
vont precher les foules. Sa felJ!I?e qui eút tant aimé les &lt;&lt; vieilles
paroisses », la e&lt; bonne terre &gt;&gt; et le commerce de ses semblables
n'a pas un mot d'arnertume quand il faut partir; simplement
elle demande : « Eh bien, Samuel ! c'est-y qu'oa va encore
mouver bientót ? )&gt; Et sa filie Maria qui ne connait de l'exístence
que la dure besogne paysanne et le rare et mínce plaisir de la
messe, le dimanche, devient la pure figure d'un merveilleux
roman d'amour.
Elle rencontre Fran~ois Paradis, ouvrier errant qui connait
des Indiens, sert de guide daos les régions désolées. Elle l'aime .
Un soir de court été, ils se disent :
- Vous serez encore icitte ... au printemps prochain?

-Oui.
Pour Maria ce sera l'attente, les mille Ave récités la veille de
Noel... et Fran~ois Paradis voulant la revoir s'engagera en plein
hiver daos la forét et périra de froid. Plus tard, son cbagrin
mangé, deux hommes jeunes la voudront : Lorenzo, un des
villes. du Sud ou la vie est facile, un du pays, Eutrope, qui « fait
de la terre ». Maria hésite, peo che pour la vie des cités ; la mort
de sa mere lui révele le destin de sa race et tout ce qui la tient
au sol de la Province. Elle restera et vivra avec Eutrope comme
sa mere a vécu avec Samuel Chapdelaine.
CEuvre de beauté, de croyance, qui ne contient rien de ce
qui ne saurait étre Ju de tous, l'unique livre de Louis Hémon,
mort daos une aventure comme Fran~ois Paradis, nous apparait
comme une exquise oasis de fraicheur et de sincérité daos le
. chaos de l'actuelle production.

I.

Bernard Grasset, éditeur, 6r, ruedes Saiots-Peres, Paris (VI•).

�LE

4

CARNET DES ÉDITEORS

ÉDOUARD CHAVANNES : CONTES ET LÉGENDES DU
BOUDDHISME CHINOIS. 1 vo!ume in-8° coquille sur

vélin d'Arches a la forme et papier bouffant des papeteries de Papault '.

Bouddhisme chinois ... ces deux mots évoquent, par leur réunion, unevision singulierement grandiose: c'est vers le premier
siecle apres le Christ que l'ame attendrie de l'Inde a accompli
ce miracle de séduire l'esprit positif des Chinois : aux plus réfléchls, elle offrait un ensemble puissant de doctrines rnétaphysiques, qui embrasse l'univers pour le ramener au néant ; aux plus
délicats elle apportait les chefs-d'ceuvre d'une littérature pieuse
ou l'imagination se met au service de la foi ; a la foule enfin, le
cante lui-méme, sous la forme la plus subtile et aimable qu'il
ait peut-étre jamais revétue. L'Inde n'est pas, comme on le
répete trap souvent, la mere des cantes. Mais il n'en est pas
moins vrai qu'elle a traité ces contes avec une faveur particuliere.
Cendrillon et Peau d'Ane ont connu les rois dragons, du temps
qu'elles montaient sur des élépbants et mangeaient de la bouillie
de miel ; elles devinaient aussi le mot d'énigmes étranges :
Le jeune bomme qui allait au devant de la jeune fille vit sur
un arbre des fruits murs. 11 songeaita les cueillir, quand tous
les fruits a la fois parlerent : « Prends-moi ! Prends-moi ! ))
Plus loin une cbienne pleine vint vers lui, et lui lécha les pieds;
mais les petits qui étaient dans le ventre de la chienne aboyerent
etfirent leurs efforts pour le mordre. Le voici done (ort inquiet.
Mais sa fiancée lui dit : u L'un de tes petits enfants aura, comme
cette chienne, la bouche onctueuse, mais le cceur plus aigu
qu'un couteau. » II demandera la filie ainée _en mariage, mais la
cadette lui dira, comme le fruit: « Pourguoi pas rnoi ? »
Ce guatrieme volume de la collection des Classiques de l'Orient
est dü au maitre regretté de la sinologie fraU&lt;;aise, Edouard
Cbavannes ; M. Sylvain Lévi en a composé la préface. Il est
iHustré de bois exacts et évocateurs d' Andrée Karpeles.
JEAN OES BONNESFEUILLES

1.

Ed.itions Bossard, 43, rue Madame, Paris (VI•).

LE

CARNET

DES ÉDITEURS

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LE CARNET DES EDITEURS

DMITRI MEREJKOWSKY :

QUATORZE DÉCEMBRE, roman

traduit du russe pat Michel de Gramoot

1 •

Tout le monde a lu le célebre roman de Dmitri Mérejkowsk:y
La Mort des Dieux et le public franc;ais n'a pas manqué de marquer une faveur particulierement sensible aux qualités de
finesse et de goüt dont l'absence chez certains romanciers russes
ne laisse pas de surprendre et de déconcerter, méme lorsque
l'éclat des descriptions ou l'originalité des situations est remarquable,
Sous la forme d'un roman, M. D . Mérejkowsky trace un
tableau de la Russie daos les derniers temps du régime impéria1.
Histoires de policiers et de conspirateurs, arrestations tragiques, fusillades, émeutes et répressions, tout ce qui compase
pour nous l'atmosphere de cette dramatique époque se retrouve
daos ce roman. On lira notamment avec émotíon la merveilleuse évocation de la forteresse Pierre et Paul ; la scene de la
comrnission d'enquéte cbargée d'interroger le héros du livre
melé a11x événements du quatori,.e décembre amene naturellement
un gntnd nombre de types de ces militaires et de ces fonctionnaires a demi policiers, soit par gout, soit par intérét, et dont
les agissements infames ont accumulé dans le creur de tout un
peuple des rancunes et des haines inexpiables.
L'éternel conflit qui trouble l'ame russe est marguée dans
ce livre eu traits inoubliables. Surtout, le lecteur est touché de
la sympatbie profonde de l'écrivain pour les personnages qu'il
met en scene, méme les moins recommandables. 1,1 s'ingéqie,
semble-t-il, a leur trouver des excuses et a les montrer comme
les jouets des fatalités ataviques.
Panni tous les épisodes le tableau de l'exé::ution des condamnés avec la pendaison en musique atteint les limites de
l'borreur uagique. Et l'ouvrage s'acheve sur le contraste saisissant de la réalité sanglante et du rapport des fonctionnaires
a l'Empereur : « L'exécution s'est terminée dans le calme et
l'ordre convenable. »
En résumé, un livre digne de prendre place daos la bibliotheque de tous a cóté du livre d'Anato.Ie France Les Dieux ont
snif. On y chercbera, sous une affabulation romanesque,
dont l'intérét est constamment renouvelé, les témoignages des
passions et des idéologies allumées pour le bonheur de l'humanité et qui le plus souvent n'éclairent que le désordre et la
souffrance .•
r. Un volume de 418 pages, ii. 6 fr. 50 (Éditioos Bossard).

LE CARNET DES EDITEURS

3
GABRIEL MOUREY: ESSAI SUR L'ART DÉCORATIF
FRAN~AIS MODERNE •.
Nul n'était plus qualifié que M. Gabriel Mourey pour écrire
ce livre, indispensable a tous ceux qui s'íntéressent a l'art décoratif fran&lt;;ais moderne, a ses origines, ason histoire, a son état
présent et a ses destinées.
C'est d'abord le tableau des années d'apprentissage et de
luttes ou l'on montre les efforts des novateurs cootre le regne
de la routine tels qu'ils s'affirmaient dans toutes les expositions
universelles jusqu'en 1900. M. Gabriel Mourey qui a dirigé la
vaillante revue &lt;e Les Arts de la Vie » ou l'on menait le bon
combat contre les pasticheurs par aveuglement, ou par intérer,
des styles du passé, a gardé de cette époque le gout de la
polémique. Aussi toute cette partie est-elle particulierement
vivante.
Apres avoir défini les idées de William Morris et celles de
Jean Labor, il aborde la question de l'art social et rend hommage
aux efforts du grand précurseur Roger M.rrx, a ceux d'Eugene
Grasset et de Siegfried Bing, ainsi qu'a Cuypers et aux fonda'
teurs de l'art décoratif hollandais moderne.
Abordant enfin l'époque présente, il envisage fort justement
la nécessité absolue d'une régionalisation nouvelle de l'art a
l'exemple de ce qui existait autrefois. 11 souhaite de voir l'art
décoratif participer a une vie provinciale rendue plus actíve et
embellir le cadre ou travaillent tant de laborieuses populations.
.· .
M. Gabriel Mourey a des idées tres arretées que le lecteur
pourra ne point toujours partager. Par exernple on peut estimer
que les décorateurs les plus nouveaux ne progressent pas dans
le sens individualiste. Et a ce propos l'auteur n'a peut-étre pas
faít une place assez importante a J'effort remarquable déployé
par MM. Sue et Mare et par leurs collaboratcurs.
Mais ce sont la des critiques de détail et dans !'ensemble cet
ouvrage témoigne d'une foi dans les destinées de l'art fran&lt;;ais,
d'une perspicacité et d'une impartialité qui le classent parmí
les plus beaux travaux qu'ait suscités le sujet. De belles reproductions illustrent le tcxte et montrent en raccourci l'évolution du goót fran~is depuis la dernihe foire universelle.
JEAN DES BONNESFEutLLES

1.

Un volume de 194 pages, avec 20 reproductions photographlques,

a 15 francs (Librairie Ollendorff,

Paris).

�LE

CARNET

DES ÉDlTEURS

�LE CARNET DES ÉOITEURS

LE CARNET DES ÉDITEURS

2

JEAN LoRRAIN :

3 fr.

M. DE BOUGRELON, un vol. in-18

a

1.

F. _DE

1•

Personnage de fantasmagorie, M. de Bougrelon, « sanglé
dans une Iarge redingote tuyaux, les épaules larges et le buste
mince, un énorme chapeau haut de forme incliné de coté», fait
son entrée daos un bouge d'Amsterdam, quand deux Fran~ais~
dont celui qui conte l'histoire, par ennui et lassitude, s'étourdissent d'alcool et de hiere en compagnie de mornes filles.
U s'offre pour les guider par les rues, le long des canaux
ge!és, daos les salles du Musée ou dans les vieilles aventures •.•
Et Jean Lorrain lui fera porter son r~ve. A travers ce proscrit
lamentable, au verbe grandiloquent, mais gentilhomme de toutcs matieres, il nous montrera la ville mélancolique aux jours
de gel ou sous la bruine désespérante.
Une perversité raffinée s'émane de ces visions, tempérée par
un art subtil et maitre de lui, un choix certaÍD. dans les images.
A coté de M. d~ Bougrelon, Jean Lorrain campe une curieuse
erattachante figure de vieux dandyéquivoque, M. de Mortimer,
proscrit pour une louche histoire de duel :
«: Il s'appelait Edgar comme le seigneur de Ravenswod, et cet
Edgar ne manquait pas de Lucy, mais c'était des Lucy de Nevermcre, et non pas de Lammermoor, car daos la vie comme daos
le réve, sa devise était ce gla:s d'orgueil : Nevermore. Jamais
pfus. »
Mais ce n'est qu'en souvenir qu'il nous apparait, juste assez
cependant pourque la plus bizarre luxure se devine ... Et combien poignante cette visite au boudoir des Mortes ou toute la
tristesse désabusée de l'auteur s'ingénie a décrire d'anciennes
fanfreluches, « vieux parfums, vieux baisers, vieux lampas ,,.
Puis le personnage s'effondre ; on le revoit une derniere fois
dans un bastringue du port, raclant un violan et faisant danser
des matelots ivres. Ainsi le vieux gentilhomme gagne son pain.
Deux contes completent le volume : La Dame Turque et
Sonyeuse, ou se retrouve le talent troublant de l'auteur du Vice
Errant, de Princesses d'lvoire et d'Jvresse, de Maison pour Dames•.

2.

3
GutnmIERE : LE GRAND D'ESPA
tn-18 a 6 fr. 75 l (II a ét' . é d
GNE, I vol.
•
e t!r e cet ouvrage
pla1res sur vélin pur fil Laf
30 exem. .
urna, numérotés de 1 a o)
3
Une
• d ·
. .h1sto1re fantastique , doulo ureuse hum ·

a

Librairie Ollendorfi, 50, Chaussée d'Antin, París.
Eo vente a la Librairie Ollendorff.

LA

1
Gu é n01ere nous conte l'épo
bl
' .
aLDe. ... . e la
fatalité
.
e
uvanta
e
des plus vieilles et des plus nobles fa ']lp ' qui p se sur l 'une
Baroucelle, la mort du m;i
. m1 ~s d Espagoe :
er tombe dans le plus wrdide
pere'. a_pprend sa ruine
ses licences et ses anciens m '
dt. Ma1_s '.1 est pourvu de
,
anres es rehgt
l .
curent a propos une place d
é
eux - u1 proenvirons de Tolede po
e phr cepteur dans un cháteau des
.
'
ur parac everl'édu f
d 1'
héntiers, un nain o-rand d'E
ca ion e un des deux
nain possede l'am; d'un c·a cspagoe et comte de Ségovie. Ce
1 ampéador· un¡
b .
. .
dom10at1on
et de conqu'-t J
'
mmense esom de
e e e tourmente.
·u
d'
est un insurmontable obstacle II .
. sa ta1 e avorton lui
dona Conception son am1·e' d'. f: a1meLuoe be11e jeune filie,
'
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orsq
f
.
tame au Maroc qu'il mé .
. ·
ue son rere, capi,
pnse, rev1eot au h •
,
épouser la jeune fille, le comte de Sé o . ~ a~eau et pretend
femme et l'emmene a V .
,
g v1e 1enleve, en fait sa
.
enise ou commeoce
l
v1e étrange. Dona Conception
. .
l ' pour e couple, une
.
, qm a1me e comte
l .
c1rconstances aura honte de I . • 11
' en p us1eurs
· • ,
m, e e regrettera m'
¡ b
cap1ta1ne a ¡·amais perdu Ell
eme e e.1u
•
· ··
e meur• en do
I
·
¡umeaux dont l'u
.•
. '
noant e ¡our deux
n auss1 restera nam Mai
.
le comte, qt1e Baroncelle d
é .
s tous pénssent, sauf
' es ano es apres
•
personne d'un mystfrieux éd'
, reconna1t dans la
pr 1cateur.
. Avec une remarquable souplesse de s
mere développe ce récit h t
ty!e, M. de 1a Guéri.
au en cou Ieur et d'
.
vrn1 ment original e Ses p
.
une concept1ou
• .
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ersonnages vive t d'
daos des décors la G
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oya ou parmi les h
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cheres Monticelli Aut
d l' .
c atoyaotes harmonies
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·
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mtngue
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.,
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descnptions _ toute la
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' . so res ~t pmssantes
en quelques pages - . mag1: u xvme s1ecle italien évoquée
·
é
une act1on une a
cet ouvrage un indiscutabl
• .
ngo1sse trange prétent
•
e attra1t et en font u
d'
,
_n~ reuvre an
arar.ger aupres des livres d'Elémir Bo oM. de la Guériniere s'appa
urbes, a qm, a notre sens,
rente.

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a

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r. Beroard Grasset, 61, rue J.es Saints-Péres, Paris (Vle).

�4

LE CAKNET DES ÉDITEUb

jEAN CHAROON : L'OFFRANDE A L'AMOUR,
illustré par CHARLES GutRJN, 1 vol. '.

roman

Une jeune femme, que les hasarJs de l'existencc ont unic :\ un
pcintre de talen!, grand collcctionneur J'objets :mciens et
J'aventurcs noU\ elles, se trou,·c amenéc :\ pourniir ellc-ml:mc
:iux nécessité de l'existence, et JU train de maison que u situation comporte. En cffct, de simple trottin qu'cllc étJit, la , oici
dircctrice d"une gr.mdc maison Je couturc renommtc pour
l'orígiualité et la grace de ses créations. Elle a su l'une Je~ premii:res (et c·cst cela méme qui lit son succes) préscnter ses
modeles daos un cadre de parfaite élégancc et de gout tres stir,
ou les dientes, fcmmes du monde oa actrices, aiment a se rencontrer. Elle a désiré un jour, pour enrichir la collection de
gravurcs ancicnnes qui fa1t l'ornemcnt de ses s:1lons, acquérir
dans une vente une estampe galante • L'Otfrandc n l'Amour ».
Mais son mari dissipe au cercle J'argent destiné ncct achat et
la jeunc fcn1111e pour 9ui ce trait n'est pas le moins sensible de
tous ceux qui l'ont Mja touchée, se l:iisse prcndrc a l'agrément
d'une liaison sentimentaleque vient interrornpre une séparation
brusquc c.msée par les hasards de l'existence. Elle en garde
toutefois un sou,·cnir : c'est prfrisément cettc grarnrc que le
délicat ~oueirant a-tenu :\ lm oflrir. Quclqucs années se passent. Le ,·01ci rcvenu et re~u dans la famille comme un ami,
puis commc le tiancé ofliciel de la jeunc filie de la maison. JI
l'épousc et la mere, le CCJ!ur picio d'amcnumc, otfre en guise
de cadeau de noces auic nouveaux époux la gra, ure de " L'O(frande :i l'Amour » dont la place n'cst plus a son foyer que
l'amour a déserté.
Des tibleaux de la -.ic parisicnne, vernissagcs, expositions,
fouroissent a l'auteur l'occasion Je déployer des Jo115 d'obser•
vateur et un sens tres fin de guelques riJiculcs contcmpornins.
Notamment, la silhouette d'un président d'un grand salon,
grand ré\'Olutionnaire et homme d'avant-garde en paroles, mais
toujours pr~t a ~e répandrc en congratulations et cu courbcttes
devant toute. les autorités dispensatrices de rubans et de médailles est particulihement bien venue et fort dh·crtissante.
Au derneurant une o.:uvrc charmante, écrite a,·ec beaucoup
d'aisance et de rapidité et que les croquis vivants et inJ!énieux
de M. Charles Guérin oment de la maniere la plus heureuse.
Signalons en terminant le bon marché excepúonnel de cet
ouvragc illustré qui lui \'audra la fa,·eur du grand public.
JEAS DES BOSNESl·EUILLFS

r. Edítions Bossard, 43, rue Mad.1me, Paris.

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique, 1921, Tomo 17, Septiembre-Diciembre</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Gallimard, Gaston, 1881-1975, Director</text>
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                <text>Paulhan, Jean, 1884-1968, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA

NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

TOME XVII

PARIS

35 &amp; 37,

RUE MADAME,

r921

35 &amp; 37

�...

EBAUCHE D'UN SERPENT

•
A HENRI

Parmi l'Arbre, la brise berce
La vipère que ie vêtis ;
Un sourire, que la dent perce
Et qu'elle éclaire d'appétits,
Sur le fardin se risque et rôde,
Et mon triangle d'émeraude
Tire sa langue à double fil ...
Bête je suis, mais bête aiguë,
De qui le venin quoique vil,
Laisse loin la sage ciguë ..

•

l

I

Suave est ce temps de plaisance!
Tremblez, mortels! Je suis bien fort,
Quand jamais à ma suffiiance,
Je baille a briser le ressort !
La splendeur de l'azur aiguise

GHEON.

�6

LA NOUVELLE REVUE FRAKÇAISE

Cette gui·vre qui me déguise
D'animale simplicité ;
Venez à moi, race étourdie !
Je suis debout et dégourdie,
Pareille a la nécessité!
Soleil, soleil !... Faute éclatante!
Toi qui masques la mort, Soleil,
Sous l'azur et l'or d'une tente
Où les fleurs tiennent leur conseil;
Par d'impénétrables délices,
Toi, le plus fier de mes complices,
Ei de mes piéges le plus baut,
Tu gardes les cœurs de connaître
Que l'univers 1îest qu'un défaut
Da11s la pureté du Non-Etre!
Grand Soleil, qui s.onnes récueil
A l'être, et de fm,i,x l'accompagnes,
Toi qui l'enfermes d'un sommeil
Trompeusement peint de campagnes,
Fauteur des fant6111es joyeux
Qui rendent sujette des yeu'.\·
La présence obscure de l' dme,
Toujours le mensonge m'a plu
Que tu répands sur l'absolu,
O Roi des ombres fad de flamme!

EBAUCHE o'oN SERPENT

Verse-mai ta brute chaleur,
0 li vient ma paresse glacée
Rêvasser de quelque malheur
Scion ma nature enlacée ...
Ce lieu charmant qui vit la chair
Choir et se joindre, rn'est très cher!
Majure:ur, iâ, se fait mûre.
Je la conseille et la recuis,
Je m'écoute, et dans mes circuits,
Ma méditation murmure...
0 Vanité! Cause Première!

Celui qui règne dans les Cieux.
D'une voix qui fut la lumiere
Ouvrit !univers spacieux.
Comme las de son pur spectacle,
Dieu lui-même a rom.pu l'obstacle
De sa parfaite éternité ;
Il se fit Celui qui dissipe
En conséquences, son Principe,
En étoiles, son Unité.
Cieux, son erreur! Temps, sa ruine !
Et l'abîme animal, béant! ...
Quelle chute dans l'origine
Etincelle au lieu du néant!
}vfais, le premier mot de son Verbe,

7

�8

...

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

i\rJOI I.. Des astres le plus superbe
Qu'ait parlés le fou créateur,
Je suis! ... Je serai/ ... [illumine
La diminution divine
De tous les feux du Séducteur !
Objet radieux de ma baine,
Vous que j'aimais éperdwnent,
Vous qui dûtes de la gébemie
Donner l'empire a cèt amant,
Regardez-vous dans ma ténebre !
Devant votre image funebre,
Orgueil· de mon sombre miroir,
Si profond fut votre malaise
Que ·votre s01tffie sur la glaise
}'ut un soupir de désespoir!

EBAUCHE D'UN SERPENT

A la ressemblance exécrée
'
Vous fûtes faits, et je vous hais!
Comme je bais le Nom qui crte
Tant de prodiges imparfaits f ,
Je sui:s Celui qui modifie,
Je retouche au cœur qui s'y.fie,
D'un doigt sûr et mystérieux! ...
Nous changerons ces molles œuvres
'
Et ces évasives couleuvres
En des reptiles furieux !

Pétri de faciles enfants,
Qui de vos actes triomphants
Tout le four Vous fissent louange I

Mon innombrable Intelligence
Touche dans 7:dme des humains
Un instrument de ma vengeance
Qui fut assemblé de tes mains ·
'
Et ta Paternité voilée,
Quoique, dans sa chambre étoilée,
Elle 1faccueille que rencens,
Toutefois l'excès de rnes charmes
Pourra de lointaines alarmes
Troubler ses desseins tout puissants !

Sitot pétris, sit6t soufflés,
Maitre Serpent les a sifflés,
Les beaux enfants que Vous créd tes I
Holà! dit-il, nouveaux 'L'enus !
Vous êtes des hommes tout nus,
0 bêtes blancbes et béates !

Je vais, je viens,je glisse, plonge,
Je disparais dans 1111 cœur pur!
Fut-il jamais de sein si dur
Qu'on n'y puisse loger un songe ?
Qui que tu sois, ne suis-je point

En vain, Vous avez._, dans la fange,

9

�IO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette complaisance qui poind
Dans ton dme, lorsqu'elle s'aime?
Je suis au fond de sa faveur
Cette inimitable saveur
Que tu ne trouves qu'a toi-même !
Eve, jadi.s, je la surpris,
Parmi ses prernieres pensées,
La· lèvre entr'ouverte aux esprits
Qui naissaient des roses bercées.
Cette parfaite m'apparut,
Son flanc vaste et d'or par couru
Ne craig1iant le soleil ni l'bomme ;
Tout offerte aux regards de l'air,
L'âme encore stupi,de, et cornme
Interdite au seuil de la cbair.
0 masse de béatitude,
Tu es si belle, juste prix
De la toute sollicitude
Des bons et deç meilleurs esprits !
Pour qu'à tes lèvres ils soient pris
Il leu.r suffit que tu soupires !
Les plus purs s'y penchent les pires,
Les plx,s dnrs sont les plus meurtris ...
Jusques à moi, tu m'attendris,
De qui -relé-vent les vampires !

•

1IBAUCHE D'UN SERPENT

ll

Oui! De mon poste de .I'féui/laae
.:, '
Rept1'/e aux extases d'oiseau ,
Cependant que mon babillage
Tissait de ruses le réseau,
Je te buvais, ô belle sourde f
Calme, claire, de charmes lourdf
'
Je dominais.furtivement,
L'œil dans l'or ardent de ta laine
Ta nuque énigmatique et pleine
Des secrets de tau mouvement !

J

f étais présent comme une odeur,
Comme l'arome d'une idée
Dont ne puisse être élucidée
L'insidieuse profondeur f

Et je t'inquiétais, candeur,
0 rbaù- mollement décidée,
Sans que je t'eusse intimidée,
A chanceler dans la splendeur! ..
Bientôt, je t'aurai, je pŒrie,
Déja ta nuance varie J
( La superbe simplicité

Demaude d'immenses égards !
Sa transparence de regards,
Sottise, orgueil, félirüé,
Gardent bien la belle cité !

�12

...

LA NOUVELLE REYUE FRANÇA15E

Sacbons lui créer des basards,
Et par ce plus rare des arts,
Soit le cœur pur sollicité!
C'est la mon fart, c'est la mon fin,
A moi les moyens de ma fin !)
Or, d'une éblouissante bave,
Filons les systèmes légers
Où l'oisive et l'Eve suave
S'engage en de vagues dangers !
Que sous une charge de soie,
Tremble la peau de cette proie
•
1
Accoutumée au seul azur . ;..
Mais de gaze point de subtile,
Ni de fil invisible et sûr,
Plus qu'une tramé de mon style!
Dore, langue ! dore-bû les .
.
1
Plus doux des dits que tu connaisses .
Allusions, fables, finesses,
Mille silences ciselés,
Use d~ tout ce qui lui nuise :
Rien qui ne flatte et ne l'induise
A se perdre dans mes desseins,
Docile à. ces pentes qui rendent
A·ux profondeurs des bfou.s bassins
Les ruisseaux qui des cieux descendent !

EBAUCHE D'UN SERPENT

•
0 quelle prose nonpareille,

Que d'esprit n'ai-je pas jeté
Dans le dédale duveté
De cette merveilleuse oreille!
Là, pensais-je, rien de perdu ;
Tout profite au cœur suspendu !
Sûr triomphe ! si ma parole,
De l'dme obsédant le trésor,
Comme une abeille une corolle
Ne quitte plus l'oreille d'or !
Rien, lui soufflais-je, n'est 11loins s(tr
Que la parole di·vine, Eve !
Une science vive crève
L'énormité de ce ;ruit mûr 1
N'écoute l'Etre vieil et pur
Qui maudit la morsure brè-ve !
Que si ta boucbe fait un rêve,
Cette soif qui songe à la sève,
Ce délice à demi futur,
Cest l'éternité Jondante, Eve !
Elle buvait mes petits mots
Qui bdtissaient une amvre étrange ;
Son œil, parfois, perdait un ange
Pour revenir à mes raméaux.
Le plus rusé des animaux

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Qui te raille d'être si dure,
0 perfide et grasse de maux,
N'est qu'une voix dans la ver.dure !
- Mais sérieuse l'Eve était
Qui sous la branche l'écoutait !
Ame, disais-je, doux séjour
De toute extase prohibée,
Sens-tu la sinueuse amour
Que j'ai du Père dé.robée?
Je l'ai, cette essence du Ciel,
A des fins plus douces g_ue miel
Délicatement ardonnée...
Prends de ce fruit ... Dresse ton bras!
Pour cueillir ce que tii voudras
Ta belle rnain te fut donnée !
Quel silence battu d'1m cil!
i\fais quel souffie saus le sein sombre
Que mordait l'.drbre de son ombre!
L'àutre brillait comme un pistil !
- Siffle, si:ffie ! me cbantait-il !
Et je sentais frémir le nombre,
Tout le long de mon fouet subtil,
De ces repks dont je m'encombre :
Ils roulaient depuis le béryl
De ma crête, jusqu'au péril !

EBAUCHE D'ON SERPENT

Génie ! 0 longue impatience !
A la fin, les· temps sont venus,
Qu'un pas vers la neuve Science
Va donc jaillir de ces pieds nus !
Le marbre aspire, I'or se cambre!
Ces blondes bases d'ombre et d'ambre
Tremblent au bord du mouvement! ...
Elle chancelle, la grande urne
D'où va fuir le consentement
De l'apparente taciturne!
Du plaisir que tu te proposes

Céde, cher corps, ce.de aux appàts !
Que ta soif de métamorphoses
Autour de l'Atbre du Trépas
Engendre une chaîne de poses!
Viens sans venir! Forme des pas
Vaguement comme lourds de rœes ...
Danse, cher corps. Ne pense pas !
Ici les délices sont causes
Suffisantes ait cours des cboses !.. .
0 follement que je m'offrais

Cette infertile jouissanu :
Voir le long pur d'un dos si frais
Frémir la désobéissance! ..
• Déja délivra11t son essence

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

De sagesse et d:illusions,
Tout !'Arbre de la Connaissance
Echevelé de visions,
Agitait son grand corps qui plonge
Au soleil, et suce le songe !
Arbre, grand Arbre, Ombre des Cieux,
Irrésistible Arbre des arbres,
Qui dans les faiblesses des marbres,
Poursuis des sucs délicieux,
Toi qu-i pousses tels labyrinthes
Par qui les ténebres étreintes
Siront perdre dans le saphir
De l'éternelle matinée,
Douce perte, ara-me ou z.éphir,
Ou colombe prédestinée,

E3AUCHE D'UN SERPENT

Tu peux repousser l'infini
Qui n'est fait que de ta croissance
'
Et de la tombe jusqu'au nid
Te sentir toute Connaissance! ...
Mais ce.vieil amateur d'échecs
'
Dans l'or oisif des soleils secs,
Sur ton brancbage vient se tordre,
Et parmi l'étincellement,
De sa queue éternellement
Eternellement le bout mordre ...
PAUL VALERY

0 Chanteur, 6 secret buveur
Des plus profondes pierreries,

Berceau du reptile rêt•eur
Qui jeta l'Eve en rêveries,
Grand Etre agité de savoir,
Qui toujours, comme pour mieux voir,
Grandis a l'appel de ta cime,
Toi qui dans l'or très pur promeus
Tes bras durs, tes rameaux fumeux,
D'autre-part, creusantvers l'abime, •
2

�tl TRODUCTION A U~ COURS DE TECH~IQUE POÉTIQUE

PETITE INTRODUCTION
A UN COURS
DE TECHNIQUE POBTIQ_UE

Il est entendu qt1e notre époque n'a qu'à un faible degré
le août de la compétence comme celui de la perfection
technique. Pourtant il n'y a pas un ~étier, pas ~n arr, pas
une activité spéciale, Jonc l'apprenussage ne s01~ plus ou
• moins organisé et qµ.i ne forme l'objet d'un ens_eigaement.
Qu'adolescent l'envie vous prenne de de,·emr horloger,
vous ne trouverez pas seulement des ateliers nombreux
où sous la direction d'un maître ouvrier, vous apprendrez
à. ~a nier, dans le détail de leur mécanisme, une montre ou
une pendule. Mais encore il existe dans le monde quelques douzaines d'écoles d'horlogerie où vous pou~rez
recevoir à la fois l'instruction théorique et la format10n
pratique que mus souhaitez.
Il en va d'e même, qu'il s'agisse pour vous d'appr~ndre
à faire une maison, un pont, un tableau, une syn~phome.
Je ne sais s'il existe des écoles, au sens précis &lt;l~ ~ot,
pour les gens qui veulent devenir tonnelier~; ma 15 il :
donne, en maints endroits de la terre, un ense1gnen:ent d
la tonnellerie, qui n ·a pas moins de sérieux et de ngueu~
pour se looer dans une cour de camp:igne ou sous u
hangar, qu; s'il occupait les étages d'un beau m?n~m~n~
de pierre. Et c'est orâce à cela que chaque ge~cr:itto
0
•
l' art Je mller. les
d'hommes n'est pas tenue de rérn\·enter
• bien·
douves et de.: les assembler. C'est encore par 1e merne

19

f.ait que les tonneaux modernes n'ont pas moins d'aptitude
à contenir le ,·in, sans le répandre peu à peu sur le sol,
que les tonneaux du xrn• siède ou que les cuveaux des
anciens. Particularité bien digne de remarque pour le
buveur.
Synge nous raconte, dans ses Iles Aran, que trois hommes
d'une famille qui fabriquait les vases en bois dont les insulaires fônt usage, se rendirent ensemble, il y a quelques
années, de l'île du cemre à la grande île. A leur retour,
ils se noyèrent et l'art de façonner ces petits barils disparue
avec eus. Car, pour faire un baril, il ne suffit pas d'ètre
inspiré.

•••
Si, ,·ou.s sentant une vocation de po te, \'Ous voulez
apprendre le métier de poète, vous ne découvrirez pas dans
le vaste monde une .seule école où l'on enseigne ce métierJà, pas même un atelier, pas même une cour de campagne.
A vous de réinventer votre métier, d'en attraper les secrets
par bribes et au petit bonheur. A moins que, dégoûté d'un
tel effort, vous ne décidiez un beau jour qu'il n'y a plus de
métier de poète, et que le poème est un objet qui tombe
du ciel tout façonné.
Si vous avez eu la chance d'aller au, collège, il se peut
qu'on vous ait parlé, incidemment, de la manière dont se
scande un vers de Racine ; il se peur qu'au cours d'une
explication de textes, on ait saisi l'occasion de \'Ous signaler
telle ou telle règle de la prosodie de Malherbe. Mais vous
n'étiez pas au collège pour apprendre le méti~r de poète
plus spécialement que celui de médecin ou de constructeur
de voies ferrées. Vous avez laissé choir tout cela, entre une
aotion de mécanique et une notion de géographie, dans le
vaste vide-poches que vous appelez votre culture gént:rale.
Vous saviez bien que ]'apprentissage &lt;l'une technique
spéciale ne commence que plus tard.
Or, futur poi.:te, vous voilà forcé d'être à vous seul le

�20

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

maître et l'élève, d'ignorer et de connaitre, d'errer et de
corriger. Il vous arrivera sans doute d'appeler vos «maîtres»
des poètes plus âgés que vous, et d'autres qui sont morts.
Mais vous n'attachez à ce mot qu'une signification sentimentale ou de parade. Vous voulez dire que vous admirez
leurs livres, que vous êtes touché par la nature de leur
inspiration. Peut-être l'un d'eux vous a-t-il serré la main à
une terrasse de café, a-t-il raconté devant vous deux ou
trois anecdotes. Cela signifie encore - bien que votre
impatient génie n'aime pas à considérer ce point - que
vous êtes entraîné à imiter leur manière, à reproduire du
dehors les effets les plus voyants qu'ils obtiennent. Vous
êtes devant leurs œuvres à peu près dans la position d'un
émailleur d'aujourd'hui devant un vieil émail d'extrêmeorient. Vous contemplez et vous enviez un résultat dont
les moyens se dérobent à vous. Vous êtes donc condamné
ou à n'en pas tenir compte, pour Yotre propre travail, ou
bien à imiter, à simuler. Ce qui vous est refusé, c'est la
seule relation honnête, normale entre l'œuvre passée et
l'œuvre présente, ùst la tradition technique, c'est le bienfait d'un homme plus expérimenté que vous qui vous
installe a l'intérieur même de son expérience.

*

* *

L'on me dira que s'il est vrai que la peinture, la sculpture, la musique s'enseîgnent encore, tandis que la poésie
ne s'enseigne pas, la différence est à l'honneur de la poésie
et tient à ce qu'elle précède les autres arts dans le bon chemin. La poésie est émancipée. Les autres arts ont à lutter
contre une scolastique, fort ébranlée d'ailleurs et défaillante. Les gens de goût ne sont-ils pas d'accord pour
proclamer la déchéance de tous les Instituts, Ecoles des
Beaux-Arts, Conservatoires et autres officines d'académisme ? Les plus beaux produits de l'art moderne n'ontils pas pour origine la révolte de l'instinct créateur contre

INTRODUCTION A UN COURS DE TECHNIQUE POÉTIQUE

2I

l'enseignement traditionnel ? Ce que nous aimons dans
l'art moderne, n'est-ce pas, même, de façon expresse, ce
qu'il contient de pure liberté, de trouvailles intransmissibles, n'est-ce pas sa négation de tout enseignement et de
toute règle ?
Vous connaissez le développement; il se prête à l'éloquence. Les mots de Bastilles et de Sépulcres s'y logent d'eu.'\'.mêmes, et il suffit de le reprendre pour se sentir à son tour
plein d'ardeur. Mais il faut pourtant regarder les choses d'un .
peu plus près. Que nous a-t•on prouvé, au juste ? que l'enseignement officiel de l'art, au moins dans certains pays, n'a
pas su recruter ses maîtres ni garder de la vie à ses méthodes,
et aussi que toute tradition finit par connaître la vieillesse,
que toute formule finit par se dessécher, donc que l'art, au
cours des siècles, se trouve bien de quelques périodes d'insurrection et d'anarchie. S'ensuit-il que l'humanité doive
renoncer désormais à toute espèce · de tradition technique
et d'enseignement de la technique ? Et d'abord que s'est-il
passé, en fait, chez les artistes, depuis qu'a commencé la
crise de l'enseignement officiel ?
Beaucoup d'entre eux ont continué à recevoir cet
enseignement, à passer par le Conservatoire ou les BeauxArts, quittes, comme ils disent, à &lt;&lt; oublier » au plus tôt
ce qu'on leur avait appris. C'est là une façon de parler. Ils
veulent dire qu'ils ont cessé d'être des élèves passifs, de tout
admettre sans contrôle, qu'ils se réservent l'entière liberté
de leurs admirations et de leurs tendances esthétiques. Il
leur arrivera même de faire semblant de n'avoir rien appris.
Ils auront l'air de découvrir le dessin, le mélange des couleurs, les combinaisons sonores ; un peu comme Descartes
a l'air de découvrir la notion de Dieu ou celle de l'immortalité de l'âme. Ce peut être un exercice plein d'intérêt et
même de profit intellectuel. Mais il va de soi que nous ne
sommes pas dupes.
D'autres ont fréquenté des ateliers, des académies, des
cours privés, dont l'esprit répondait plus ou moins· à leurs

�22

LA NOUVELJ.E REVUE FRANÇAISE

propres aspirations, ou dont faccès leur semblait plus
commode. Ils ont donc reçu un enseignement, qu i pouvait
être incomplet, incohérent, capricieux, confiner même au
néant, mais qui gardait malgré tout quelques-uns des
caractères ou quelques-unes des apparences d'un en5eignement technique .
Quant aux purs ignorants} ils ne sont guère nombreux,
et si l'on met à part deux ou trois cas, leurs travaux
n'auraient été pris au sérieux à aucune autre époque. Ils
ont bénéficié de ce besoin maladif de surprise et de scandale
qui agite les désœuvrés d'aujourd'hui et qui ne demande
d'ailleurs qu'à changer promptement d'objet.

Vous me drrez peut-être encore que la poésie, par sa
nature même, occupe entre les arts une situation excep-tionnelle. La partie spirituelle, divine, y corn pte bien plus
que la partie mécanique et ouvrière. Lire au fronton d'une
bâtisse cc école de poésie » comme on lit cc école d'électricité J&gt; ou même cc école d'architecture » donnerait le
sentiment du sacrilège. L'idée seule n'en peut que cho•
quer tout homme qui a l'instinct des réalités poétiques et
qui ne confond pas à plaisir des ordres de choses faits pour
s'exclure.
Voilà un noble pathos. Mais nous lisons sans indignation au fronton de divers monuments « école de théolo. gie ». Personne, dans aucune religion, ne trouve sacrilège
que le métier de prêtre s'enseigne et qu'il faille, à cette fin,
que des maîtres prêtres se donnent le mal de former des
élèves prêtres. Cela n'entraîne aucune méconnaissance
des réalités spirituelles et ne signifie point que l'élan de la
foi, l'amour de Dieu, l'inspiration prophétique puissent se
transmettre automatiquement à l'aide de quelques recettes.
Mais dès qu'jl y a activité spéciale ou métier, il y a un
système de procédés techniques qui ne sauraient survivre,
se pe1fectionner, s'accrohre que par un enseignement.

INTRODUCTION A UN COURS DE TECHNIQUE POÉTIQUE

2J

A vrai dire, si cette idée est assez mal accueillie chez les
artistes contemporains, c'est qu'elle gêne beaucoup d'entre
eux. Pour les poètes, particulièrement~ ceux qui s'en
tiennent à la tradition classique, aux. règles de Malherbe,
savent ce qu'ils font, au moins en gros. Mais les autres ?
Les imagine-t-on mis en demeure d'exposer et de justifier
leur technique par le menu, de l'enseigner? Ah ! il est facile
de laisser entendre, en quelques pages hautaines et sans
condescendre à de vulgaires précisions, qu'on a ses secrets
aussi, sa technique laborieusement forgée, qu'on obéit à
des règles très savantes et très mystérieuses et que le vers
«moderne», c'est encore plus « calé » que le vers classique. Mais le moindre point sur l'i ferait bien mieux notre
affaire. Je conçois qu'un poète ait quelque pudeur à nous
entretenir trop intimement de son inspiration, et de la
manière dont jouent en lui les idées, les émotions, les
songes, ou dont se compose la nuance personnelle de son
style. Mais la versification est une chose qui ne réclame
point tant de mystère et qui souffre très bien qu'on la
démontre au tableau noir. Je crains hé1as ! que l'exposé ne
fût vite à son terme, et que la plupart des versifications
({révolutionnaires», qui depuis bientôt quarante ans défi.lem
devant l'amateur de po&amp;sie étonné, ne se ramenassent, une
fois dissipées les nuées dont elles s'errtourcnt, à une seule
petite règ1e, celle de Thélème : « Fais ce que vouldras. &gt;l
Il est évident qu'un art ne peut pas se contenter indéfiniment d'une technique nulle, ou d'une technique virtuelle.
Si la versification moderne ne constitue rien d'autre, sa
cause est perdue et Yon reviendra aux règles de Malherbe.
Mais s'il existe, au sens plein du mot, une technique
moderne du vers, aussi complète, aussi cohérente et au
moins aussi riche que le système qu'elle prétend remplacer,
il est temps qu'elle se fo!mule, mieux encore, qu'elle

�24

LA NOUVELLE RE\'UE FRANÇAISE

s'enseigne, et que les jeunes poètes, s'ils ignorent leur
métier, n'aient plus l'excuse de ne savoir où l'apprendre.
Une &lt;&lt; école de poésie &gt;l ne va pas soudain sortir de
terre. Mais il est permis de tenter dès maintenant un petit
essai modeste dont je veux espérer que les poètes et amateurs de poésie ne se scandaliseront point. Nous avons
bravement décidé, Georges Chennevière et moi, d'ouvrir,
dès le début d:e la saison prochaine, à Paris, un petit cours
de technique poétique, et nous serons tout heureux si
nous réussissons à grouper et à retenir quelques auditeurs.
Ce n'est pas un projet monstrueux, ni qui mérite qu'on
nous accable de railleries.
Nous n'esquiverons point la difficulté, au contraire.
Nous prendrons le mot d' &lt;&lt; enseignement &gt;&gt; dans toute
son honnête rigueur. L'un de nous fera un cours théorique, c'est-à-dire exposera le détail successif des ressources
et des règles de la versification moderne. L'autre dirigera
des travaux pratiques, c'est-à-dire proposera des exercices
de prosodie, montrera comment s'appliquent les règles,
comment s'emploient les ressources, comment se construit
un vers, une strophe, un poème. Les deux enseignements
suivront, bien entendu, une marche parallèle.
Rassurons tout de suite les &lt;c consciences i1. Nous
n'entreprendrons point sur leur liberté. Il ne sera pas fait
par nous la plus fugitive allusion aux choses qui concernent
le fond, la matière même de la poésie, aux problèmes de
l'inspiration, de la tendance esthétique, de la doctrine littéraire, ni proprement à ceux du style. C'est là une tout
autre besogne. Nos auditeurs auront licence de mettre en
vers la vie de Confucius ou l'art de cultiver les salades.
Une technique constituée est quelque chose d'objectif,
dont la valeur ne dépend point d'un parti-pris esthétique,
et qui doit pouvoir servir à l'expression de n'importe
qu01.
C'est dire, par là-même, que nous n'exposerons pas une
technique (( personnelle ». Il faut d'ailleurs une époque

JNTRODUCTION A UN COURS DE TECHNIQUE POÉTIQUE

25

aussi déréglée que la nôtre pour que cette locution de
« technique personnelle » puisse s'écrire journellement et
' même s'entendre comme un éloge. Une technique est
impersonnelle, ou elle n'est point. Le seul rôle des
« personnes » dans l'affaire est de favoriser l'évolution de
la technique en prenant l'initiative d'une modification
devenue inévitable ou encore en se chargeant d'une codification depuis longtemps attendue et préparée.
Nous ne prévoyons pas du tout comment notre entr
prise sera accueillie, ni si les habitués des récréations
mondaines ne nous tiendront pas pour des spécia1istes
bien ennuyeux. Mais il est un point sur lequel j'ose me
montrer affirmatif, c'est que pas un de nos auditeurs - je
dis pas un - ne pourra nous quitter, l'année finie, aYec
la conviction qu'il n'n rien appris. Quand il s'agit d' « enseignement», n'est-ce pas déjà quelque chose?
JULES ROMAT~S

�HYMÉNEE!

HYMÉNÉE II

ACTE II
Une chambre chez Agâfia Tîkhonovna.
SCÈ)Œ I

• AGAFIA TIKHONOVNA. Puis KOTCHKARIOV.
AGAFfA TIKHONOVNA. - Vraiment, choisir est difficile !
S'il n'y en avait qu'un, ou deux, mais quatre, comment
s'en tirer? ... Nicanor Ivânovitch z n'est pas mal, bien qu'un
peu maigre. Ivaoe Kouzmitch ? non plus n'est pas mal. Et,
à dire vrai, Ivane Pâvlovitch 4 n'est pas mal non plus, bien
qu'il soit g'ros. En tout cas c'est un homme que l'on
remarque. Balthazar Balthazârovitch 5 a, lui aussi, des qualités .. . Aussi, combien il est difficile de se décider ! Si audessus des lèvres de Nicanor Ivânovitch, on pouvait planter
le nez d'frane Kouzmitch; si on pouvait prendre un peu
de la désinvolture de Balthazar Ba!thazârovitcb et ajouter
à tout cela un peu de l'embonpoint d'Ivane Pâvlovitch,
je serais vite décidée. Mais maintenant, va te prononcer !
r. Voir la No11vel/e Revue Française du
Anoûtcbkine.
3. Podkolièssine.
4. Iaîtchnitsa.
5. Jévâkine.
2.

1er

juin

1921.

Rien que d'y songer, la tète me fait mal. Je pense que le
mieux est de tirer au sort. S'en remettre à la volonté de
Dieu! Celui gui sortira sera mon époux. Je vais écrire le
nom de chacun sur un bout de papier, rouler les billets, et,
advienne que pourra! (Elle ·va à son secrétaire, y prend du
papier et des ciseaux, fait des bill.ets et les roule, tout en continuant de parler.) C'est une malheureuse situation que
celle de jeune fille, surtout de jeune fille amoureuse.
Aucun homme ne veut se mettre à notre place et comprendre.. . Voilà les billets prêts. Il n'y a plus qu'à les
mettre dans mon réticule, ·à fermer les yeux, à tirer, et
qu'il en soit ce qu'il en sera! (Elle fait ce qu'elle vient de
dire et brasse les billets.) Ah! j'ai peur.. . Si Dieu voulait
que ce soit Nicanor Ivfmovitch qui sorte ! Non ! Pourquoi
lui? Mieux vaudrait Ivane Kouzmitch. Bah ! pourquoi
Ivane Kouzmitch? Les autres valent-ils moins que lui?
Bah ! celui qui sortira, c'est celui que je prendrai. (Elle
plonge la main dans le réticule et, au lieu d'en tirer un billet,
les retire tous.) Oh, tous! Tous sont sortis! Comme mon
cœur bat ! Mais il n'en faut qu'un ! Rien qu'un ! (Elle
remet les billets dans le réticule et agite. A ce 111ome11t-là,
Kotcbkariov entre furti'l'ement et s'arrête derrière elle.) Ah, si
je pouvais retirer Balthazar!. .. Qu'est-ce que je dis ?... Je
voulais dire Nicanor Ivânovitch ... Non, je ne veux pas,
je ne veux pas ... Celui que le sort désignera ...
KoTCHKARro,·. - Prenez donc Ivane Kouzmitch, c'est le
mieux de tous.
AGAFIA TJKHONO\'NA, poussant 1m cri. - Ah ! (Elle se
cache le visage dans ses mains, craignant de se retourner.)
KoTCHKARIOV. - Pourquoi avez-vous peur ? Ne vous
effrayez pas. C'est moi. Bien vrai, prenez Ivane Kouzmitch.
AGAFIA TrKHONOVNA. - Ah, j'ai honte ! Vous m'écou-

tiez.
KoTCHKARIOV. - Qu'est-ce que ça peut faire ? N'ayez
donc pas honte avec moi. Ne suis-je pas votre parent ?
Découvrez votre joli visage.

�28

29
TIKHONOVHA. - Alors, vous me conseillez de
lvaoe Kouzmitch ?
•

LA NOUVELLE UVUE 1-

AGAFIA T1xao 0VNA. -

Vraiment, j'ai honte.

dlœtwre à demi son visage.)
KOTCHKARI0V. - Allons, choisissez Ivane Kouzmi
AGAFIA T1KRONO\"NA. - Ah t (Elle se anwre à nouvea

visage.)
KOTCHKARI0V. - Vraiment c'est une merveille d'bo
Administrateur hors-ligne. Unhomme étonnant 1
AGAFIA TIKHONOVNA. (Elle se dkomlre peu d peu levi
- Et un autre peut~tre : Nicanor lvlnovitch,
exemple ? N'est-ce pas, lui aussi, un homme bien ?
KOTCHKARI0V. - Excusez-moi, c'est 'du néant, com
à lvane Kouzmitch.
AGAFIA T1KHON0VNA. - Pourquoi cela ?
KoTCHKAIU0V. - Parce que. Mais c'est clair 1
Kouzmitch est un homme ... un homme enfin ... un ho
p&gt;mme vous n'en trou\lerez pas.
AGAFIA TIKBON0VNA. - - Et lvane Pàvlovitch ?
KOTCHKARI0V. - lvane Pâvlovitch, c'est de la
Tous les autres aussi, de la pacotille.
AGAFIA T1KHONOVNA. - Croyez-vous qu'ils le
tous?

KoTCHKARI0V. - Mais jugez, comparez : lvane
mitch, comme ça sonne I Les autres au contraire,
que soit celui que vous preniez : Ivane Pâvlovitch, Ni
ldnovitch ... est-ce aussi bien ?
AGAFIA TIKHON0VNA, - Vous avez peut-être •
Tous les autres sont très.•• effacés.
KoTCHKARI0V. - Effacés ! y pensez-vous ? Des q
leurs, des gens turbulents, voilà ce qu'ils sont!
vous envie d'être battue le lendemain même dé
mariage?
AGAFIA T1KHON0VNA, - Ah, mon Dieu I C'est le
malheur qui puisse arriver.
KoTCHKARI0Y. - Je vous crois. On ne peut rien
giner de pire.

conseilk .

KAuov. - Naturellement, je vous le
~ouzmitch I aturellement ! (A pari.) L'af&amp;ire, j~
5 arrange. Podkoliêsmie est dans un café pres d'ici.
le chercher.
A TIKRONOVNA. - Alors vous pensez que c'est à
pas douter, lvane Kouzmitch ?
'
KAIUOV. - Absolument.
FIA TIKRONOVNA. - Et les autres, les refuser ?
ltARiov. - Evidemment, les refuser.
A TIKHONOVNA.-:- Et comment m'y prendre ? j'ai
•

1.10v. - Pourquoi ça ! Dites-leur que vous êtes

JCllDC, que vous ne voulez pas vous marier.
TrKHONOVNA. - Ils ne me croiront pas. Ils me
eront le pourquoi et le comment.
""z....uu.11ov. - Eh bien, si vous voulez en finir en
teule fois, dites-leur simplement : :Allez tous
er, imbéciles l
TIKHONOVNA. - Est-ce qu'on peut dire des
pareilles ?
ov. - &amp;sayez seulement. Je vous mure
cela tous déguerpiront.
TnœONOVNA. - C'est que ce n'est pas três poli.
,.-H.rui.AJU0V. -Qu'est-ce que ça fait puisque vous ne
,enrrcz plus.
PIA TIKHONOVNA, - Tout de m~e, c'est mal. Us
ront certainement.
KAU0V. - Beau malheur. Si leur colère pouvait
quelque chose de Bcbeux, je comprendrais.Mais le
J11t 4ue l'un d'eux vous crache au visage. Rien' de

:ous

. TIKHONOVNA. - Vous voyez 1
KAII0V. - Grand malheur I Il en est au:xquels

�30

LA

NOUVELLE REVùE FRANÇAIS!

c'est arrivé plusieurs fois, je vous jure. Je sais même un
très bel homme, le teinrmagnifique~ qui turlupinait telle-ment son chef pour qu'il augmentât son traitement que,
celui-ci, n'y tenant plus, lui cracha en plein visage : « Voilà
toute l'auo1nentation
que tu auras, satané raseur,
ii hu
~
.
cria-t-iL Mais tout de même il augmenta ses appomtements;
alors quel malheur y eut-il là. ? Cen serait un si on n'avait
pas son mouchoir sous la main. Mais quand on l'a .dans sa
poche, on le tire, on s'essuie, et c'est tout. (On sonne dans
l'antichambre.) On vienL C'est évidemment l'un des prétendants. Je ne voudrais pas les rencontrer. N'y a-t.,.il pas·
d'autre sortie ?
AGAFIA TuœoxOVN'A. - Oui, par l'escalier de service ...
Je suis toute tremblante.
KoTCHKARIOV. - Ce n'est rien. Ayez seulement un peu
de sang-froid. Adieu ! (A part.) Je vais vite ramener
Podkolièssine.

HYMÉNÉE!

31

se démène-t-elle ? Peut-être avez-vous voulu dire autre
chose? Expliquez-vous ... (On entend sonner.) Le diable les
emporte ! Jam~s une minute pour ses affaires.
SCÈNE III
LES MÊMES. ]ÉVAKINE.

JÉVAKINE. - Pardonnez-moi, mademoiselle. Je viens
peut-être trop tôt. (Il se tourne et aperçrit Iaitchnitsa .) Ah,
vous êtes déjà ici ... Ivane Pâvlovîtch, mes hommages !
lAïTCHNITSA, à part. - Puisses-tu disparaître sous terre
avec tes hommages 1 (Haut.) Eh bien. mademoiselle, un
mot seulement : Oui ou non? (On entend sonner. n crache
par terre avec dépit.) On sonne encore !

SCÈNE II

SCÈNE IV

AGAFIA TIKHOKOVNA, IAÏTCHNITSA.

LES MÊMES. ANOUTCHKINE.

IAïTCHNITSA. - Je suis venu exprès un peu à. l'avance,
mademoiselle, pour causer tr:mquillernent en tête-il-tête.
Mon rang, mademoiseHe, vous est déjà connu, n'est~ce pas?
Je suis assesseur de collège, aimé &lt;le mes chefs, ,obéi de mes
inférieurs. Il ne me manque qu'une chose : une compagne.
AGAFIA TIKHONOVNA. - Oui, monsieur.
IAï'OCHl';ITSA. - Je rencontre maintenant cette . campa~
gne · cette compaone, mademoiselle, c'est vous. D1tes-mo1
fran~hement :
ou non. (Il lorgne sa poitrine. A ~art.)
·
· ·
Ce n'est pas de ces étrangeres
ma1gnotes
co nm1e il en
existe · il y a quelque chose.
AG~IA TIKHONOVNA. - C'est que je suis encore très
jeune ... je ne suis pas encore disposée à me marier. .
IAÏTCHNITSA. - Permettez, et pourquoi donc la marieuse

ANOUTCHKINE. - J'arrive peut-être un peu plus tôt,
mademoiseUe, que le veut et le dicte le code des convenances ... (Apercevant les a11tres prétendants, il pousse 1111e exclamation, et salue.) Mes hommages !
hïTCHNITSA, à part. - Garde-les pour toi tes hommages !
C'est le diable qui t'envoie. Te fusses-tu cassé les quilles !
(Haut.) Allons, je vous prie, mademoiselle, décidez. Je
suis un homme occupé qui n'a que peu de temps. Oui ou
non?

o:i

AGAFIA TIKHONOVNA troublée. -

Il ne le faut pas~.. il ne

faut pas ... (A part.) Je ne comprends rien à ce que je dis.
lAïTCHNITSA. - Mais si, il le faut. Pourquoi ne Ie faut-il
pas?
AGAFrA TIKHONOVNA. -

Non, rien . Je ne voulais pas

�32

1

,1

LA

NOUVEI.LE REVUE

FRAN'ÇA.1SR

dire cela. (Prenant son courage à deux wains.) Allez tous
vous promener!. .. (A part, joignant les mains.) Ah, mon
Dieu, que viens-je de dire ?
lAiTCHNITSA. - Comment : Allez vous promener !
Qu'est-ce que cela signifie ? Permettez-moi de savoir ce
que vous entendez par là ? (Les mains .rnr les côtés, il marche
vers elle d'un air menaçant.)
AGAFIA TrKHONOVNA, le regardant effrayée, s'écrie: - Ah!
il va me battre. Il va me battre ! (Elle s'enfuit. lai'tchnitsa
reste bouche bée. Arîna PantéléïmomnJna accourt, et, apercevant
laitchnitsa, elle s'écrie elle aussi: Ah, il va me battre. Et elle
s'enfuit.)
lAiTCHNITSA. - Qu'est-ce que c'est que cette aventure?
En voilà une histoire !
( On sonne a la porte et on entend des voix:)
Von,: DE KoTCHKARIOV. - Entre, passe. Qu'as-tu à
t'arrêter.
Vmx DE PoDKOLIESSlNE. - Passe le premier. J'ai besoin
de m'arrêter une minute pour souffier et rattacher mon
-sous-pied.
Vorx DE KoTCHKARIOV. - Tu ne vas pas t'esquiver
encore une fois ?
Vorx DE PonKOLIÈSSINE. - Non, je ne m'esquiverai par,
je te le jure.
SCÈNE V

LES MÊMES. KoTCHKAR,IOV.
KoTCHKARIOV à Podkolièssine, dans la coulisse. - Parbleu,
tu as bien besoin de rattacher ton sous-pied.
IAïTCHNITSA aKotchkarlov. - Dites-moi, la jeune fille
est sotte, n'est-ce pas ?
KoTCHKARIOV. - Quoi ? Est-il arrivé quelque chose ?
IAiTCHNITSA. - Oui, une chose inconcevable. Tout d'un

HYMENÉE

1

33
coup, elle s'est enfuie en criant : Il va me battre, il va me
baure ! Le diable y comprenne quelque chose !
KoTCHKARIOV. - Oui, parfois ça lui arrive. Elle est
sotte.
lAïTCHNITSA. - Dites ? Vous êtes son parent ?
KoTCHKARIOY. - Certainement.
IAÏTCHNITSA. - Et à quel degré, peut-on vous le demander?
KoTCHKARIOV. - Ma foi, je ne sais pas. C'est la tante
de ma mère qui était quelque chose à son père ou son père
qui était quelque chose à ma tante. Cela, ma femme le sait.
C'est son fort.
lAïTCHNITSA. - Et il y a longtemps qu'elle donne des
signes de sottise ?
KoTCHKARrov. - Dès sa plus tendre enfance.
lAïTCHNITSA. - Il vaudr.ait certainement mieux qu'elle fût
intelligente. Mais une sotte même a du bon pourvu que
les articles supplémentaires soient bien en ordre.
KoTCHKARIOV. - Mais elle n'a pas un sou vaillant.
IAïTCHNITSA. - Comment ça? Et la maison de pierre?
KoTcHKARIOV. - Elle n'a que la renommée d'être en
pierre. Si vous saviez comment elle est construite! Les murs
n'ont qµe des parements de briques entre· lesquels il y a
toute sorte de saletés : des gravois, des copeaux, des rabotures ...
IAïTCHNITSA. - Que dites-vous?
KoTCHKARIOV. - Assurément. Ne savez-vous pas de
quelle faç?n, on construit aujourd'hui ? Rien que pour
avoir gage sur quoi emprunter.
lAïTCHNITSA. - Pourtant la maison n'est pas hypothéquée?
KoTCHKARIOV. -Qui vous l'a dit? Elle l'est. Et même,
les intérêts ne sont pas payés depuis deux ans. Et, au
Séna.t, il y a un frère qui guigne la maison. Le monde
n'a jamais produit un plus grand plaideur. Il arracherait
sa dernière jupe à sa propre mère, le mécréant!
3

�34

LA

NOUVELLE

REVUE FRANÇAISI

IAÏTCHNITSA. - Et pourtant cette vieille marieuse me
disait ... Ah, la pécore, le rebut du genre humain!... (A part.)
Et s'il mentait ... Il faut soumettre la vieille au plus strict
interrogatoire, et, si ce qu'il raconte est vrai ... je la ferai
chanter comme on ne chante guère.
ANouTCHKINE. - Laissez-moi, à mon tour, vous importuner ; une question ? Ne connaissant pas la langue fran·
çaise, il m'est difficile de juger par moi-même si une femme
la sait ou ne la sait pas. Eh bien, dites-moi, la maîtresse de
maison la sait-elle ?
KoTCHKARI0V. - Pas un traître mot.
ANOUTCHKINE. - Est-ce possible ?
KoTCHKARrov. - Je vous l'affirme; Agâfia Tikhonovna
a été en pension avec ma femme, et c'était une paresseuse
insigne. Son maître de français lui donnait même du bâton.
ANoUTCHKINE. - Figurez-vous que dès la première minute j'ai eu comme le pressentiment qu'elle ne savait pas le
français ..•
I.AiTClINITSA. - Au diable, le français, mais que cette
marieuse maudite ait osé!. .• Ah, la carogne, ah, la sorcière!
Si vous saviez en quels termes louangeurs elle me la peignait ... C'est un peintre, monsieur, un peintre acc9tnpli !
« Maison en pierre, aile sur fondation, disait-elle, cuillers
d'argent, traîneaux ... il n'y a qu'à monter dedans et à te
promener i&gt; ••• Il est rare de pouvoir lire, dans un roman,
une plus belle page. Ah, vieille serneHe ! Tombe-moi seulement sous la patte!...
SCÈNE VI

LES MÊMES. FIOKLA.

(TottS, apercevant Fiôkla, s'en prennent à elle.)
lAïTCH~ITSA. -Ah, la voilà ! Arrive ici, vieille semeuse
de péchés ! Approche vite !

HYMENÉE!

3·5
A~0UTCHKlNE. - C'est comme ça que vous me trom~
piez, Fiôkla Ivanovna!
KoTCHKARiov. - Avance un peu pour subir ton châtiment.
FIOKLA. - Je n'y comprends rien; vous m'étourdissez
absolument.
!AïTCHNITSA. - La maison n'est construite qu'en parements de briques, vieille semelle, et tu m'as menti
prétendant qu'il y avait une mansarde ; tu as menti eo
tout.
~IOKLA. -:- Ce n'est pas moi qui l'ai bâtie. Il a dû y
avou- une raison pour qu'on s'y prenne ainsi.
. lAïTCHNITSA. - Et la maison est hypothéquée ! Que le
diable t'avale, sorcière maudite ! (fl trépigne.)
FIOKLA. - Voyez ça! Il m'insulte. Un autre m'aurait
remerciée d'avoir fait tant de démarches pour lui.
AKOUTCHKINE. - Vous m1aviez aussi narré, Fiôkla Ivânovna, que la demoiselle savait le francais.
FroKLA. - Mais elle le sait, mon cÎ1éri. Elle sait tout.
Et l'allemand, et n'importe quoi. Et toutes les manières que
vous voudrez, elle les sait.
A~OUTCHKlNE. - Ah, ça non! Je crois qu'elle ne sait
que le russe.
FIOKLA. - Quel mal y a-t-il là? Le russe est plus facile à
comprendre, c'est pourquoi elle parle russe. Si elle savait le
musulman, ce serait pire pour toi : tu n'y comprendrais
goutte. D'ailleurs il n'y a rien à reprocher au parler russe •
·on sait ce qu'il est : tous les saints parlaient russe.
,
_IAïTcH~ITSA. - Approche un peu, damnée ! Approchetoi de moi!
F1~KLA, n_iarche à rec1~lons wrs la porte. - Je ne m'appro~ra1 pas ; Je te connais ; tu as la main lourde ; pour un
rien tu rosses.
lAïTCHNITSA. - Ecoute, ma colombe, tu ne t'en tireras
pas à si bon compte. Je te traînerai à la police. On t'y
apprendra à tromper les honnêtes gens. Tu verras ! Et tu

en

�36

LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAISE

diras de ma part à ta jeune personne que c'est une gredine.
N'oublie pas ! (Il sort.)
F10KLA. - Voyez le coco; comme il rage! Parce qu'il
est g(os, il croit qu'il n'a pas son égal. Je lui dirai que c'est
toi qui es un gredin; voilà ce que je lui dirai !
ANOUTCHKINE. - J'avoue, ma très chère, que je n'aurais
jamais pensé que vous puissiez me tromper d'une façon
pareilli:! l Si j'avais su que la jeune fille avait reçu une si
piètre éducation, je n'aurais jamais mis les pieds ici. Voilà
ce que j'avais à vous dire ! (Il sort.)
FroKLA. ~ Sur quelle herbe ont-ils marché ? Ont-ils
trop bu ? Voyez-moi quels insolents ! Ils ont tant étudié
qu'ils en sont stupides.
SCÈNE VII

fIOKLA, KoTCHKARIOV . JEVAKINE.

(Kotchkariov, en apercevant Fi6kla, se met à rire à gorge
déployée et la 111ontre-dn doigt.)
F10KLA, ennuyée. - Qu'as-tu donc à t'écorcher la gorge ?
(Kotchkariov continue à rire.)
F10KLA. - Ab, comme ça le travaille l
KoTCHKARIOV. - Ah, marieuse, marieuse! Maîtresse en
l'art de marier ! Tu t'y entends à conduire les choses ! (Il
contimœ à rire.)
FroKLA. - Vraiment, ça le secoue ! Ta défunte mère a dû
devenir folle en te mettant au monde. (Elle sort furieuse.)
SCÈNE VIII

KDTCHKARIOV. JÉVAKINE.
KoTCHKARIOV, riant to1yours. - Ah, je n'en puis plus;
mes forces m'abandonnent. Je sens que ma poitrine va
éclater ! (Il continue à rire.)
(Jevâkine, à le voir faire, commence à rire lui aussi.)

HYMENÉE!

37
KoTCHKARrov, se laissant tomber sur zme cbaise. - Je
défaille. Je sens que si je me remets à rire, j'y perdrai la
vie.
JtvAKINE. - La gaieté de votre humeur me plaît. Il y
avait dans l'escadre du capitaine Bôldyriov un enseigne
nommé Piétoukkov, Antone lvânovitch ; lui aussi était
d'humeur joyeuse. Pa1fois, il n'y avait qu'à lui montrer le
doigt, il se mettait aussitôt à rire. Et, je vous jure qu'il
riait jusqu'au soir. Et à le voir faire, soi-mème à la fin, on
se prenait à rire.
KoTCHKARiov, reprenant sa respiration. - Oh, Seigneur, ayez pitié de nous, pauvres pécheurs ! Ce qu'elle
avait imaginé la vieille folle ! Est-elle capable de marier
quelqu'un ? Tandis que moi, je marie qui je veux.
JtvAKINE. - Vraiment? Vous pouvez, sans plaisanterie,
faire des mariages ?
KoTCHKARIOV. - Je crois bien. N'importe qui avec qui
vous voudrez.
JEVAKINE. - Alors mariez-moi avec la maîtresse de
céans.
KorcHKARIOV. - Vous ! Pourquoi voulez-vous donc
vous marier ?
)EVAK!NE. Pourquoi ? Voilà, permettez-moi de le
remarquer, une · question un peu étrange l On sait pourquoi on se marie ...
KoTCHKARrov. - Mais vous venez de l'entendre, elle
n'a pas un sou de dot.
)EVAKINE. - A l'impossible nul n'est tenu. Evidemment
c'est triste. Mais avec une si aimable fille, on peut vivre
sans dot. Une petite chambre (il la circonscrit de la main),
une petite antichambre, un petit paravent ou une autre
petite cloison quelconque ...
KoTCHKARIOv. - Qu'est-ce qui vous a tant plu en elle?
)EVAKnu:. - A franchement parler ce qui m'a plu, c'est
qu'elle est en bonne chair. Je suis très amateur de l'embonpoint féminin.

�38

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

KoTCHKARIOV, le regardant de côté, apart. ~ 11 aime les
fetnrues grasses et il est maigre comme une blague à tabac
vide. (Haut.) Non, vous ne devez absolument pas vous
Ihatier.
JtVAKt:N':e. - Pourquoi ça ?
Rorc1tu1uov. - Parce que. Quelle allure avez-vous,
entre nous soit dit ? Des panes de coq.
Jtv AKtNE. - De coq ?
KotCHKARlOV. Certes ! Quelle mine avez-vbUs?
JEvAKINE. - Que voulez-vous dire .à la fin avec vos
pfües de coq ?
KoTCHKARIOV. C'est simple : des pattes de coq.
JEVAKINE. - Il me semble que vous allez un peu loin ...
KoTcHKARIOV. - Je parle ainsi parce que je sais bien que
j\ü affaire à un homme raisonnable. A un autre, je ne l'aurais pas dit. Je vous marierai : entendu; mais à une autre
personne.
JEVAKlNE, Non, je demande que ce soit justement
à celle-là. Voulez-vous être mon bienfaiteur ? Mariez-moi
pr~isément à celle-là.
KoTCHKARIOV. Soit! Mais à une condition, Vous ne
vous mêlerez absolument de tien et ne vous montrerez
même pas aux yeux de la demoiselle. J'arrangerai tout sans
vous.
JEVAKINE. Permettez! comment tout faire sans moi?
Il me semble qu'il faudra bien que je me montre à la iin.
KôrcHIU.tUoV, -Absolnment irtutile. Rentrez thez vous
et âttendez. Ce ,50fr, tout sera fait.
JtVAKINE, se frottant les main5. - Voilà qui serait bien!
Ne vous faut-il pas la liste de mes emplois, quelque certi·
ficat ? Ça pourrait intéresser la jeune fille. Je puis vous rapporter tout dahs une rt'linnte.
Korclll&lt;:ARIOV. - n n'y 1 besoin de rien. Rentrez chez
vous. Et ce soir je vous ferai prév-enir. ( Il le pousse. dehors·)
Tu peux y tompter, mon brave ! Mais pourquoi Podko-

39
lièssine ne vient-il pas ? Ça me paraît louche. N'a-t•il pas
fini de remettre son sous-pied ? Il faut courir le chercher.
HYMENÉE!

sctNE 1X

KoTCHKA.Riov.
AGAFlA TIKHONOVNA,

AGAFIA TIKHONOVNA.

regardant autour d'elle. -

Quoi,

partis ? Personne ?
Partis. Personne.
Ah, si vous saviez comme j'ai
tremblé ! Jamais je n'ai ressenti rien de pareil. Comme ce
laïtchnitsa est effrayant ! Quel tyran ce doit être pour une
femme! Il me semble toujours qu'il va revenir.
KoTCHKARIOV. Oh, il ne reviendra pour rien au
monde ! Je donne ma tête à couper si l'un de ces deux là
remet le nez ici.
AGAFJA T1KHONOVNA. Et le troisième ?
KoTCHKARIOV. - Quel troisième ?
]EVAKINE, passant la ttte à la porte. - J'ai une envie
folle d'en tendre ce que sa petite bouche va dire de moi. .. la
si jolie petite rose !
AGAFIA TIKHONOVNA, -Mais Balthazar Balthazârovitch.
}ÉVAKINE. Nous y voilà, nous y voilà ! (Il se frotte let
KorCHKARrov. -

AGAFIA TIKHONOVNA. -

mains.)
KoTCHKARIOV. - Ah, n'en parlons pas I Je ne savais pas
qui vous aviez en vue. C'est vraiment, par ma foi, un âne
bâté!
JÈVAKINE. - Qu'est-ce à dire? J'avoue que je n'y comprends plus rien.
AGAFU T1KHONOVNA. - Pourtant, à le voir, il paraissait
très bien.
KoTCHKARIOV. - un ivrogne !
JEVAKINE. -Par Dieu, je ne comprends plus 1
• AGAFIA TIKHONOVNA. Se peut-il, vraiment, qu'il soit
ivrogne?

�HYMÉNÉE!
KoTCHKARIOV.
Passez-moi le mot, une canaille
fieffée.
JÉVAKINE, haut. - Ah, pardon, je ne vous ai nullement
demandé de dire ça ! Glisser quelques mots en ma faveur,
me louer un peu, c'est une autre affaire. Mais me draper
ainsi ; gardez ça pour un autre. Moi, je n'en suis plus !
KoTCHKARIOV, à part. - Comment a-t-il pu se glisser
ici 1 (A Agdfia Tîkhonovna, à mi-voix.) Voyez-le; il tient
à peine sur ses jambes. Il fait chaque jour des zigzags
plreils. Envoyez-le promener, et que ce soit.fini. (A part.)Ce
Podkolièssine qui ne vient toujours pas ! Quel homme
abominable ! Je lui revaudrai ça. (Il sort.)
SCÈNE X

AGAFIA TIKHONOVNA. }ÉVAKINE
JÉVAKINE, à part. - Il avait promis de me servir et
m'a desservi. Drôle d'homme ! (Haut.) Mademoiselle, je
vous prie de ne rien croire ...
AGAFIA TrKHONOVNA. - Pardon, je me sens mal à l'aise,
J'ai mal de tête. (Elle veut sortir.)
]ÉVAKINE. - Peut-être, mademoiselle, quelque ch~
vous déplaît-il en moi ? N'accordez pas d'importance, JC
vous prie, à cette légère calvitie que j'ai ; c'est à la suite
d'une fièvre ; mes cheveux repousseront incessamment l
AGAFIA TIKHONOVNA. - Ça m'est fort égal ce que vous
pouvez avoir.
.
]EVAKINE, - Mademoiselle •.. quand je mets un frac noir
mon teint s'éclaircit...
AGAFIA TIKHONOVNA. - Tant mieux pour vous. Adieu!
( Elle sort.)

SCÈNE XI

)ÉVAKINE (seul, s'adressant d'abord
qui s'en va.)

a Agâfia Tîkhonovna

Je vous en prie, mademoiselle, dites-moi la raison, la
cause, le pourquoi ?.. Existerait-il en moi un défaut marqué ?.. La voilà partie ... Fort étrange aventure ! Ce n'est
pas moins de la dix-septième fois que cela m'arrive. Et
presque toujours de la même façon ! Au début, il semble
que ça marche, et, quand ça approche de la fin, pouf l
on me refuse ... (Il arpente la scène, ré'l!eur.) Oui, c'était ma
dix-septième fiancée. En somme, qu'est-ce qui l'a prise ?..
Ce n'est pas clair; pas clair du tout! Ça se comprendrait si
j'étais mal fait. (Il sé contemple.) Il me semble qu'on ne peut
pas dire cela. Grâce à Dieu, la nature ne m'a pas disgracié.
Incompréhensible l Si je rentrais chez moi et y cherchais
dans ma cassette ! J'ai de ces petites poésies auxquelles
aucune femme ne saurait résister ... En vérité, c'est incompréhensible! Me voilà obligé de ratteler sens devant derrière.
Dommage vraiment ! Dommage! (Il sort.)
SCÈNE XII

PooK011Èss1NE. KoTCHKARIOV.
KoTCHKARIOV. - Il ne nous a pas vus ... As-tu remarqué quelle longue figure il fait !
PoDKOLIESSINE. - Se peut-il qu'on l'ait rebuté comme
les autres.
KoTcHKARIOV.- Bel et bien.
PooKOLIESSINE, d'un air mffisant. - Ce doit être très
humiliant d'être refusé.
KoTCHKARIOV. - Je le pense.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
PoDKOLIÈSSINE. - Je ne puis croire eBcore qu'elle ait
vraiment dit qu'elle me préfère à tous.
KoTCHKARIOV. - Que dis-tu cc préfère &gt;) ? Elle est follement amoureuse de toi. Un amour immense ! Quels jolis
petits noms ne t'a-t-elle pas donnés l Elle bout, littfralement; elle bout d'amour.
PooKOLlÈSSINE, il sourit avec suffisance. - Et quels jolis
petit noms, en effet, les femmes ne trouvent-elles pas
quand elles le veulent!.. Frimoussette, bestiole, noiraud ...
KoTCHKARIOV. - Ce n'est encore rien .•. Marie-toi; tu
verras quels beaux mots tu entendras les deux premiers
mois. Mon cher, c'est à en fondre de joie ...
PoDKOLIÈSSINE, souriant. - Est-ce possible !
KoTCHKARIOV. - Foi d'honnête homme ! Mais assez
là-dessus ; mettons-nous plutôt à l'œuvre. Parle-lui;
ouvre-lui ton cœur sur-le-champ; et demande lui sa main.
PoDKOLIESSINE. - Sur-le-champ! Que dis-tu ?
KoTCHKARIOV, - Il le faut, sur-le-champ !. .. Au reste.
la voilà.
SCÈNE

LES

illMES. -

xm

AGAFIA TIKHONOVNA.

KoTCHKA.RIOV. - Je vous amène, mademoiselle, le sujet
que voici. Il n'y a jamais eu au monde un homme plus
amoureux. Dieu me pardonne, je ne souhaiterais pas une
chose pareille à un ennemi ...
PonKOLIÈSSINE, le poussant du coude, à voix basse. - Mon
cher, je crois qtie tu vas un peu loin 1...
KoTCHKARIOV. - Laisse, laisse faire ! (Bas, a Agâfia
Tîklxmovna.) Soyez plus hardie, il est très timide. Tâchez
d'être plus dégagée. Remuez un peu les sourcils, ou baissez
les yeux, de façon à déconcerter ce scélérat. Ou encore,
montrez-lui un coin de votre épaule, et qu'il regarde ]...
Au reste vous avez eu tort de ne pas mettre une robe à
ma~che/ courtes. Après tou½ ça ne fait rien. (Hazit.)

43
Allons, je vous laisse en agréable tête-à-tête. J'entre mie
minute dans la salle à manger et à la cuisine donner des
ordres. Le maître d'hôtel, à qui j'ai commandé le souper,
ne va pas tarder à venir. On a peut-être tnême déjà apporté
les vins. Au revoir. (A Podkolièssîne.) Courage, courage ! (Il
sort.)
SCÈNE XIV

PoDKOùÈSSlNE, -AGAFIA TIK.HONOVN,A,.
AGA.FIA TIKHONOYNA. - Veuillez bien vous asseoir. (Rs
s'asseyent et se taisent.)
PooKOLIÈSSINE. - Aimez-vous la promenade, mademoiselle ?
AGAFIA TnrnoNOVNA. - Quelle promenade ?
PonKOLIÈSSL\fE. - A la campagne, en ëté, il est très
agréable de se promener en bateau.
• AGAFlA T1KHONO'VNA. - Oui., Monsieur. Quelquefois,
nous faisons des promenades avec des amis.
PonxoutssINE. -Quel été aurons-nous, on ne sait pas.
AGAFIA T1KHONOVNA. - Il faut souhaiter qu'il soit
beau.
(Ils se tais-errt.)
PonKOLIÊSSINE. - Quelle est votre fleur préférée, mademoiselle?
AGABA Turno:NOVNA. - Celle qui sent le plus fort.
L'œillet.
PooKOLIÈSSINE. - Les fleurs vont très bien aux darnes.
AGAFIA T1KRONOVNA. -Oui, c'est une dmse ttgréable.
(U11 silence.) A quelle église êtes-vous allé à la messe,
dimanche dernier ?
PooKOL1ÈSSIN1'. - A l'église de !'Ascension. Et le
dimanche d'avant j'étais à Notre-Dan1e de Kazan. Du reste,
pour prier, l'église importe peu. A Notre-Dame, seulement,
les ornements sont plus beaux. (Il se tait ; pttis tambourine

�LA

44

NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

des doigts mr la table.) Ça va être bientôt la fête d'Ekatérinenhof 1 •
AGAFIA TIKHONOVNA. - Oui, dans un mois, je crois.
PooKOLlÈSsINE. - Et même dans moins que ça ...
AGAFIA TIKHONOVNA. - Il faut penser que 1a fête sera
gaie.
PooKOLIÈSSINE. - }.fous sommes aujourd'hui le 8. (Il
compte sur ses doigts.) 9, 10, II ... Dans 22 jours.
AGAFIA T1KHONOVNA. - Vraiment ! Si vite !
PooKoLIÈssnŒ. - Et je n'ai pas même compté aujourd'hui. ( Un silence.) Comme le peuple russe est courageux!
AGAFIA TIKHONOVNA. - Comment ?
PooKoLIÈSSINE. - Prenons les ouvriers. Ils travaillent à
de prodigieuses hauteurs. Je suis passé près d'une maison
ou un maçon faisait un enduit, et il n'avait peur de rien.
AGAFIA TIKHONOVNA. - Vraiment? Où l'avez-vous vu?
PonKOLJÈSSINE. - Dans le trajet que je fais chaque jour
pour aller à mon bureau. Je vais, voyez-vous, chaque
matin à mon département. (Silence.)
(Podkolièssine recommenae a tambouriner sur la table,
puis il prend son chapean et salue.)
AGAFIA T1KHONOVNA. - Vous partez déjà?
PonKOLIESSINE. - Oui. Excusez-moi si peut-être je vous
ai ennuyée.
. .
AGAFIA T1KHONOVNA. - Quelle idée ! Au contraire, Je
dois vous remercier pour un si agréable passe-t~mps.. , .
PooKOLIESSINE, souriant. - Il me semblait que Javais
dû vous ennuyer. •
,
AGAFIA TIKHONOVNA. - Oh, certainement pas!
PooKOLIÈSStNE. _:__ E_h bien, s'il en est ainsi, vous me per·
mettrez de revenir un de ces soirs ...
AGAFIA TrKHosoV-NA. -Ce me sera très agréable. (Elle
s'incline. Podkolièssine ,sort.)
I.

Le

1• 1

ma;. (N. d. t.)

HYMENEE!

45
SCÈNE XV

AGAFIA TrKHONOYNA (seule).
Quel homme digne d'estime ! A présent, je le connais
bien. Il est difficile de ne pas l'aimer. Il est modeste, il est
raisonnable. Oui, son ami a dit vrai. Je regrette seulement
qu'il soit parti si vite; j'aurais aimé l'écouter encore. Comme
il est agréable de causer avec lui! Et ce qu'il y a surtout de
bien, c'est qu'il ne parle pas pour ne rien dire. J'aurais
voulu lui glisser moi aussi quelques mots gentils, mais, je
l'avoue, j'ai eu peur. Mon cœur s'est mis à battre très fort.
Quel excellent homme ! Il faut que j'aille raconter tout à
ma tante. (Elle sort.)
SCÈNE XVI

PooKOLIÈSsJNE. K 0TCHKARrov.

(Ils entrent.)
KoTCHKARIOV. - Pourquoi voulais-tu rentrer chez toi ?
Quelle absurdité !
PooKoLIÈSSINE. - Et pourquoi resterais-je ici ? Je lui ai
dit tout ce qu'il fallait.
KoTCHKARIOV. - Alors tu lui a:s ouvert ton cœur?
PonKOLIÈssrNE. - C'est la seule chose que je n'aie pas
faite.
KOTCHKARIOV. - Elle est bonne, celle-là ! Pourquoi ne
l'as-tu pas fait ?
PonKoLrÈssrnE. - Comment veux-tu que de but en
blanc, on dise tout d'un coup : MademoiselleJ laissez-moi
vous épouser !
KoTCHKARTOV. - Alors de quoi diable avez-vous parlé
toute une demi-heure ?
PonKOLIÈsSINE. - Nous avons parlé un peu de tout ;

�LA

NOUVELLE REVUE

et, je le confesse, j'en suis très heureux; j'ai passé très
agréablement mon temps.
KoTCHKARIOV. - Mais songe un peu. Comment arriverons-nous à tout faire? Tu dois, dans une heure, aller te
marier à l'église.
PooKOLtÈSSINE. - Qoe dis-tu ! Tu es fou I Me marier
aujourd'hui !
KoTCHKARIOV. - Ne m'as-tu pas donné ta parole que
quand les autres prétendants seraient débusqués, tu seraii
prêt à te marier immédiatement?
PonKOLtÈssrNE. - Je ne retire pas ma parole, mais que
ce ne soit pas immédiatement. Il me faut au moins oo
mois pour me ret0urner.
KOTCHKARIOV. - Un mois!
PonKOLIÈSSllŒ. - Certainement.
KoTCHKARIOv. - Tu perds la tête, sans doute?
PoDKOUÈSSINE. - Il me faut un mois.
KoTCHKARtOv. - Mais, espèce de bôche, j'ai déjà commandé le souper au maître d'hôtel. Ecoute, lvane Kouz·
mitch, ne t'eotête pas, mon chéri : marie-toi imméàiatement.

PonKoLIÈssrKE. - Aie pitié de moi, mon petit. Comment me marier immédiatement ?
KoTCHKARlOV. - Ivane Kouzmitch, je t'en prie. Si tu
ne le fais pas pour toi, fais-le du moins pour moi.
PODKOLJÈSSINE. - En vérité, je ne puis.
KoTCHKARIOV. - Tu le peux, ami. Tout est possible.
Je t'en prie, mon petit, ne fais pas le capricieux.
PonKoutssrnE. - Par ma foi non! C'est gênant, comprends-tu, absolument gênant.
KoTCHKARrov. - Qu'en sais-tu ? Réfléchis! Tu es un
homme de stns ; je ne te dis pas cela pour te flatter, ni
parce que tu es chef de division, mais, uniquement, par
amour pour toi. Assez résisté, mon vieux. Décide-toi. Re•
garde la chose en homme raisonnable.
PonKOLIÈSSINE. - Oui, si c'était possible, je ...

HYMENÉE!

47

KoTCHKARIOV. - lvane Kouzmitch, mon chéri, mon
chou, veux-tu que je me mette à genoux devant roi ?
PomrnuÈSSINE. - Pourquoi faire ?
KoTCHKARIOV, se mettant à genoux der)ant lui. - Tu le
vois, je suis à tes genoux. Je t'en supplie ! Je n'oublierai
jamais le service que tu vas me rendre. Ne !'obstine pas,
mon âme!
PonKOL1tsS1NE. - Non, je ne peu:x pas, frère, je ne peux

pas.
KoTCHKARIOV, se levant furieux. - Cochon !
PoDKOL1tssrnE. - Tu peux pester.
KoTCHKARIOV. - Imbécile ! Il n'y en a jamais eu un
pareil !
PoDKOLIÈSSINE. - Fâche-toi, fâche-toi !
KOTCHKARIOV. - Pour qui ai-je travaillé, me sms-Je
donné de la peine? Pour ton bien, animal ! Quel profit
en aurai-je ? Je vais te planter-là!
PonKOLIBSSJNE. - Qui t'a prié de te mettre en peine ?
Plante-moi là si tu veux !
KoTCHKARIOV. - Tu vas te perdre! Sans moi tu n'arriveras à rien. Si tu ne te maries pas, tu resteras un imbécile
toute ta vie.
PooKOLIÈSSINE. - Qu'est-ce que ça peut te faire ?
KoTCHKARIOV. - Tête de bois! C'est pour mi que je me
remue.
PooKOLIÈSSINE. - Ne te remue pas !
KoTCHKARJOV. - Alors, va donc au diable !
PoDKOLIÈSSINE. - Eh bien, j'irai.
KoTCHKARIOv. - Bon voyage !
PoDKOLIÈSSINE. - Je pars.
KoTCHKARIOV. - Pars, pars I Puisses-tu te casser la
jambe en chemin! Je souhaite de tout cœur qu'un cocher
ine te fasse entrer une flèche de voiture dans le cou !
Tu es une chiffe, et pas un fonctionnaire ! Je te jure que,
désormais, entre nous tout est fini ! Ne parais plus à mes
yeux!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

PoDKOLIESSINE. - Je n'y paraîtrai plus. (Il sort.)
KoTCHKARIOV. - Va rejoindre ton vieil ami le diable!
(Il ouvre la porte et lui crie :) Imbécile !
SCÈNE XVII

KoTCHKARIOV (seul).
( Il arpente la scène en grande colère.)
A-t-on jamais vu un homme semblable ! Quel imbécile
fini ! Et à vrai dire, moi aussi, je suis bon ! Dites, je vous
prie, je vous prends à témoins: ne suis-je pas un benêt, un
sot ? Pourquoi est-ce que je crie ? me dessèche la gorge ?
Que m'est-il après tout ? Pas même parent ! Et que lui
suis-je ? Sa bonne ? sa tante ? sa belle-mère ? sa commère?
Pourquoi diable me soucié-je de lui et ne me laissé-je
aucun repos ? Ma foi, on ne sait même pas pourquoi !
Souvent on ne sait pas pourquoi les gens agissent. Ah,
la canaille ! Quelle dégoûtante et sale tête ! Que je
t'empoigne, je te flanque des chiquenaudes sur le nez,
les oreilles,, la bouche, les dents, partout l (Furieux, .il
lance des chiquenaudes en l'air.) Et voilà qui est vexant: il
est parti et se moque de tout ; ça lui glisse comme de l'.eau
sur une oie! Voilà qui est insupportable! Il va arnver
chez lui, s'étendre et fumer tranquillement sa pipe. Quelle
horrible créature I On ne peut pas en imaginer une plus
rebutante. Je vais le chercher, et le ramène exprès de force,
le fainéant! Je ne le laisserai pas esquiver. Je vais le ramener, le pleutre !
SCÈNE XVIII

AGAFIA TIKHONOVNA.
( Elle entre.)
Mon cœur bat si fort qu'il est difficile d'en donner idée. 0~
que je me tourne, l'image d'Ivane Kouzmitch est èevant mci.

HYMENÉE!

49
On a raison de dire qu'on ne peut pas échapper à son sore.
J'aurais absolument voulu penser à autre chose, mais quoi
que j'aie essayé, dévider du fil, coudre un réticule, Ivane
Kouzmitch se glisse partout sous mes doigts ... ( Une pause.)
Voici qu'à la fin se présente un changement dans mon existence! On va me prendre, me conduire à l'église ... Ensuite,
on me laissera seule avec un horn me. Ouf! Le frisson me vient
quand j'y songe. Adieu, ma vie de jeune fille. (Elle pleure.)
Combien d'années ai-je vécu tranquille !. .. Et maintenant
il faut me marier ... Que de soucis me viendront! des enfants,
des gamins turbulents, et des petites filles qui grandiront,
qu'il faudra marier ... Si encore elles se mariaient bien, pas
à des ivrognes ou à des joueurs prêts à risquer d'un coup
tout ce qu'ils ont sur eux !... (Elle se remet peu à peu à
pleurer.) Il ne m'a pas été donné de beaucoup rue divertir,
étant jeune fille, et j'ai atteint ma vingt-septième année ...
(Changeant de ton.) Pourquoi donc Ivane Kouzmitch tardet-il si longtemps ?
SCÈNE XIX

AGAFIA TIKHONOVNA. PooKoL1Èss1NE.
KOTCHKARIOV.

(KotchkarÛJv pousse de ses deux mains 'l.'iolemment
Podkoliessine sur la scène.)
PoDKOLIESSINE, hésitant. - Je viens, mademoiselle,
vous exposer une petite chose... mais je voudrais d'abord
savoir si elle ne vous paraîtra pas étrange ?
AGAFIA T!KHONOVNA, baissant les yeux. - Quoi donc ?
PooKoLIÈSSlNE. - Dites-moi, auparavant, mademoiselle,
si cela ne vous paraîtra pas étrange ?
AGAFIA T1KHONOVNA, même jeu. - Je ne sais pas de
quoi il s'agit.
PooKOLIÈssrNE. - Reconnaissez-le, je suis sûr que ce que
je vais vous dire vous paraîtra étrange.
AGAFIA TrKHONOVNA. - Permettez ; comment voulez4

�50

LA NOUVELLE REVUE FRAl'iÇAISI

vous que ça me paraisse étrange ?De vous, tout est agréable
à entendre.
PooKOLIÈSSINE. - Mais vous n'avez jamais en tendu chose
pareille. (Agâfia Tîkhonovna baisse de plus en plus les yeux.

A ce moment entre furtivement Kotchkariov qui se place der1-iere Podkolièssine.) Voilà ce dont il s'agit. Il s'agit... Mais

il vaudra sans doute mieux que je vous dise cela une autre
fois ...
AGAFIA TrKHONOVNA. - Qu'est-ce donc ?
PonKouÈssnœ. - C'est... Je voudrais, je l'avoue, vous
annoncer ... mais je doute toujours que ...
KoTCHKARim·, à part, se croisant les brcts. - Mon Dieu,
quel homme est-ce là ? Ce n'est pas un homme, mais une
vieille pantoufle de femme, une caricature d'homme, une
satire de l'humanité !
AGAFIA TIKHONOVNA. - Pourquoi doutez-vous ?
PonKOLIÈSSINE. - J'ai comme une appréhension.
KoTcHKARIOV, haut. Comme tout cela est bête,
bête ! Vous le voyez fort bien, mademoiselle, il demande
votre main. Il veut dire qu'il ne peut pas vivre sans vous.
Il demande si vous consentez à faire son bonheur.
PonKOLIESSINE, presque effrayé, le po1m(du coude et dit
vite. - Que te prend-il?
KoTCHKAIUOV. - Alors, mademoiselle, vous décidezvous à rendre ce pauvre mortel heureux?
AGAFIA TIKHONOVNA. - Je n'ose pas penser que je
puisse faire le bonheur de qui que ce soit, pourtant j'accepte.
KoTCHKARIOV. - Mais évidemment, c'est ce qu'il fallait
depuis longtemps. Donnez-moi vos mains.
PonKOLIÈSSJNE. - A l'i11stant. (Il veut dire quelque rbose
à voix basse a son ami, mais Kotchkariav lui montre le poing_ et
fronce les sùurcils. Podkolièssine !ni donne sa main.)
KoTCHKARIOV, unissant leurs mains. - Que Dieu vous
doune sa bénédiction ! Je consens à votre union et l'approuve. Le mariage est une chose... Ah, ce n'est pas

HYMÉNn:

!

comme de prendre un fiacre et d'aller n'importe ou !...
C'est une tout autre obligation; mais je n'ai pas le temps
de vous l'exposer ; je te le dirai plus tard. Allons, Ivane
Kouzmitch, embrasse ta fiancée; tu le peux maintenant et
tu le dois. (Agâfia Tîkhonovna baisse les )'e'l-'X.) Ne vous
troublez pas, mademoiselle ; il en doit être ainsi ; il faut
qu'il vous embrasse!
PODKOLIESSINE. - Non, mademoiselle, permettez ... (R
fembrasse et lui prend la main.) Quelle jolie main 1 Pourquoi, ma&lt;lemoiselle, avez-vous une main si jolie? Je veux
que le mariage ait lieu tout de suite, mademoiselle, absolument tout de suite !
Tout de suite, il me semble
AGAFIA TIKHONOVNA.
que c'est bien VÎ'te !
PonKOLIÈSSfNE. - Je ne veux pas vous entendre! Je
veux que la cérémonie ait lieu sur-le-champ.
KoTCHKAIUov. - Bravo! très bien! Tu es un homme
magnifique ! J'avoue que ïai toujours attendu quelquechose de toi. Vous, mademoiselle, dépêchez-vous maintenant le plus possible de vous habiller. A dire vrai, j'ai déjà
envoyé chercher la voiture et les invîtés. Ils se sont rendus
directement à l'église. Votre robe de mariée, je le sais, est
déjà prête.
AGAFIA TIKHONOVNA. - Cest vrai, elle l'est depuis longtemps. Je vais m'habiller en une minute.
SCÈNE XX
KOTcHKARiov. PoDKOLIÈssrNE.
PoDKOLif:SSINE. -..: Eh bien, frère, merci ! Maintenant je
vois toute l'étendue du service que ru m'as rendu. Un
père n'aurait pas fait pour moi ce que tu as fait. Je vois que
tu as agi en ami. Merci, frère i Je me rappellerai toute la
vie le service que tu me rends. (Émit.) Le printemps prochain j'irai prier sur la tombe de ton père.

�52

-

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

KoTCHKARIOV. - Il n'y a pas à tant me remercier. C'est
~oi qui suis content. Viens que je t'embrasse. (Il l'embr~sse
sur une joue, puis sur l'autre.) Dieu veuille que tu vives
heureux, (ils s'embrassent) dans l'aisance et la joie, et que
vous ayez beaucoup d'enfants ...
PooKOLIÈSSINE. - Merci, frère! Je vois enfin seulement
ce qu'est la vie. Un monde tout nouveau vien~ de s'o:1vrir
à moi. Maintenant je vois que tout se meut, vit, respire et
s'évapore, si bien qu'il est même difficile de savoir ce qui se
passe en soi. Avant, je ne voyais rien de ~areil, je ne
comprenais pas; j'étais privé de toute conscience. Je ne
réfléchissais pas, n'approfondissais pas; je vivais comme
n'importe qui.
KoTCHKARIOV. - Je suis satisfait, ravi.Je vais voir maintenant comt'I,lent on a dressé la table et reviens à l'instant.
(A part.) Je crois qu'à tout has~rd il est plus prudent de
cacher son chapeau. (Il emporte le chapeau de Podkolièssine.)
SCÈNE XXI

PoDKOLIÈSSINE, seul.
Qu'étais-je, en réalité, jusqu'à présent? Comprenais-je
le sens de la vie? Pas du tout... Et quelle était ma vie de
garçon? ... Que faisais-je? ... Je vivais, vivottais, allais à mon
'bureau dînais et dormais, bref, l'être le plus vil et le plus
'
ordinaire. Je ne vois qu'à l'instant combien sont stupides
ceux qui ne se marient pas. Et remarquez la quantité de
gens qui restent dans cet aveuglement! Si j'étai!i souve~ain
quelque part, j'ordonnerais à tous mes sujets de se maner.
Je ne permettrais pas qu'il y eût dans mon royaume un
seul célibataire ... Vraiment, quand j'y songe ... dans quelques minutes je serai marié ... Je mords à cette félicité dont
il n'est parlé que dans les contes et qui est inexprimable ...
(Court silence.) Malgré tout, cependant, j'éprou;1e, à Y
penser, quelque chose d'étrange. Pour toute sa v1e, toute

.

HYMENEE!

53

l'existence se lier à quelqu'un, et ensuite ni défaite, ni
regret; rien, rien ... Tout consommé, fini! Maintenant
déjà, je ne puis plus reculer. Dans une minute nous
aurons sur la tête la couronne des mariés. Plus même
moyen de s'en aller. La voiture attend, tout est prêt. N'y
a-t-il vraiment plus aucun moyen de s'en aller? Assurément aucun. Là-bas, aux portes, et partout, il y a des
gens qui me demanderaient où je vais. Impossible, non !
Tiens, une fenêtre ouverte! Si j'en profitais I Non, impossible! Que dirait-on ? D'abord ce ne serait pas convenable.
Et c'est haut. (Il s'approche de la fenêtre.) Pas si haut
que ça I Rien que le soubassement, et pas très élevé. Mais je
n'ai même pas de chapeau. Que ferais-je sans chapeau?
C'est malséant. Bah! est-ce qu'on ne peut pas sortir sans
chapeau ? Si j'essayais, hein ? Est-ce que j'essaie ? (Il
monte sur le rebord de la fenêtre et en disant: Que Dieu
·m'assiste! il saute dans la rue. On l'entend gémir en bas: Ah !
diable, que c'était haut! puis crier: Eh, cocher!
V01x D'UN COCHER. - Faut-il avancer?
Vmx DE PoDKOLIÈSSINE. - Près du pont Sémionov, sur
le Canal.
Vorx DU COCHER. - Dix kopeks, pas moins.
Voix DE PoDKOLIESSINE. - Approche. En route. (On
entend le bruit d'une voiture qui s'ébranle et qui part.)
SCÈNE XXII

AGAFIA TIKHONOVNA.

(Elle est en robe de mariée, timide, baissant les yeux.)
Je ne sais ce qui se passe en moi. J'ai honte à nouveau,
et je tremble toute. Ah, si, rien qu'une minute, il pouvait n'être pas là! S'il était sorti un instant. (Elle regarde
timidement autour d'elle.) Mais où est-il? Il n'y a personne.
Oil est-il passé? (Elle ouvre la porte de l'antichambre et
demande.) Fiôkla, où est allé lvane Kouzmitch?

�54

LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

F IOKLA. - Mais il est là.
AG-AFIA TIKHONOV)JA. - Où donc ?
FmKLA, entrant. - Il était assis là, dans la chambre.
AGAFIA. TIKHONOVNA. - Tu vois qu'il n'y est pas.
F10KLA. Mais il n'est pas sorti non plus. Je n'ai pas
quitté l'antichambre.
AGAFIA TrK.HONOVNA. - Et où est-il donc ?
FTOKLA. - Je ne sais pas. Serait-il sorti par l'escalier de
service ? Ou bien, serait-il dans la chambre d'Arîna Pantélèïmonovn~ ?
AGAFIA TIKEONOYNA. - Tante! tante?
SCÈNE XXIII

LES MÊMES, ARINA PANTELÈIMONOVNA.
ARINA J? ANTELÈIMONOVNA, en habits de fête. - Qu'y a t-il?
AGAFi TIKHONOVNA. - Ivane Kouzmitch est-il chez
vous?
ARINA PANTÉLÈIMONOVNA. - Non, il doit être ici; il
n'est pas entré chez moi.
FIOKLA. - Il n'est pas non plus dans l'antichambre; j'y
étais assise.
AGAFIA T1KHONOYNA. - Il n'est pas non plus ici, vous
le voyez bien.
SCÈNE XXIV

LEs MÊMES, KoTCHKARlOV.
KoTCHKARIOV. - Qu'y a-t-il ?
AGAFIA TIKHONOVNA. - Pas d'Ivane Kouzmitch.
KoTCHKARIOV. - Comment ça ? Il est parti ?
AGAFIA TIKHONOVNA. - Non, pas même parti.
KoTCHKARIOV. - Comment ? Ni parti, ni ici ?
FIOKLA. - Où a-t-il pu passer ? Impossible de comprendre. Je suis restée dans l'antichambre sans bouger .••

HYMENEE!

55

ARINA PANTELEntO);OVNA. - Et il n'a pas pu passer non
plus par l'escalier de service.
KoTCHKARIOV. - Que diable ! sans sortir d'ici, il n'a
_pas pu disparaître ! Ne se serait-il pas caché ? Ivane Kouzmitch, ou es-tu ? Ne fais pas le fou ! Sors de ta cachette !
A quoi riment ces plaisanteries? Il est temps de se rendre
à l'église. (Il regarde derrûre une arinoire et jette 11n coup
d'œil sous les chaises.) C'est à n'y rien comprendre ! Il n'a
pu partir d'aucune manière. Il est ici. Et son chapeau '
est dans l'antichambre. Je l'y ai mis exprès.
ARINA PA.NTELEIMONOVNA. - Il faut demander à Douniâchka.; elle est toujours restée dans la rue. Elle sait peutêtre ... Douniâchka ! Douniâchka !
SCÈNE XXV
LES MÊMES,

DOUNIACHKA.

ARINA PANTELEIMONO'i-'NA. - Où est Ivane Kouzmitcb?
Ne l'as-tu pas vu ?
DooNIACHKA. - Oui, je l'ai vu. Il a daigné sauter par
la fenêtre.
(Agâfia Tîkhonovna pousse un cri et se croise les 111ains.)
Tous LES TROIS. - Par la fenêtre? !
DomnACHKA. - Justement. Et après avoir sauté, il a
pris une voiture et est parti.
ARINA PANTELEIMONOVNA. - Dis-tu bien la vérité?
KoTCHKARIOV. - Tu mens ! Cela ne peut pas être!
DouNIACHKA. - J'en prends Dieu à témoin. Il a sauté.
L_e marchand d'en face l'a vu lui aussi. Il -a fait prix de
dix kopeks avec le cocher et est parti.
ARINA PANTELEIMONOVNA, s'avançant vers Kotcbkarùru. Eh bien, père, est-ce que vous vous jouez de nous? Avezvous voulu faire de nous un objet de risée! J'ai près de
soixante ans et n'ai jamais subi un pareil outrage. Je
vous cracherais droit au visage, le père, si vous étiez un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

honnête homme; mais après avoir fait cela vous êtes un
gredin, et vous le comprendriez si vous étiez honnête.
Faire un affront devant le monde entier à une jeune fille!
Moi, fille de paysan, je n'aurais pas agi ainsi. Et vous vous
dites noble? Toute Yotre noblesse ne sert, on le voit,
qu'à vous faire commettre des vilenies et des friponneries.

(Elle sort furieuse et emmène sa nièce. Kotchkariov reste
pétrifié.)
FIOKLA. Et voilà celui qui sait arranger une affaire!
qui sait, sans marieuse, cuisiner un mariage!. .. J'avais des
prétendants de rien du tout, des décavés, et toute5 sortes de
gens ... Mais des prétendants qui se sauvent par la fenêtre,
j'en demande bien pardon, je n'en ai pas l
KoTCHKARIOV. Billevesée! cela n'est rien. Je cours
chez lui et le ramène. (Il sort.)
FmKLA. Oui, vas-y et ramène-le ! Tu t'y entends aux
choses du mariage I Si encore il s'était sauvé par la porte,
on pourrait voir, mais un fiancé qui file par la fenêtre, ah,
ma foi, tous mes compliments 1

FIN

(traduit par DENIS

ROCHES)

NICOLAS GOGOL

SUR M. INGRES

Il entre assurément un peu d'affectation dans l'enthousiasme des admirateurs de M. Ingres, les derniers conquis ;
un peu de désir d'étonner les profanes en invoquant le
peintre des odalisques avec les mêmes mots que Rousseaule-douanier. Mais comme il arrive assez souveQt, c'est
lorsqu'on• a résolu de trouver une chose bonne ou belle
que paraissent, aux regards jusqu'alors insensibles, les
raisons de justifier cette passion nouvelle. Et plus elles sont
difficiles à trouver, à mettre au jour, plus l'esprit amoureux
apporte d'ingéniosité à justifier un engouement volontaire.
Aussi bien ceux qui reçoivent des beaux ouvrages de l'art
les impressions les plus fortes et les plus vives, voire les
plus délicates, témoignent-ils quelquefois d'une espèce de
pudeurJ qui fait qu'ils ne'savent pas, ou bien qu'ils neveulent pas en étaler le détail, tandis que personne n'éprouve
une pareille gêne à l'endroit de sentiments un tant soit
peu forcés ou supposés.
Je me demande si le paradoxe de Diderot ne trouve pas
à s'appliquer à l'amateur et surtout au critique d'art non
moins bien qu'aux comédiens; la relation véridique d'une
impression naïve et sincère offre toujours, en effet, quelque
chose de subjectif; au contraire, une opinion choisie délibérément, une position prise par stratégie ou par politique se
défendent avec des arguments de raisonJ forgés à froid, si
l'on peut dire, et que chacun est plus volontiers tenté de
reprendre à son compte.

�58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ainsi, pour la peinture de M. Ingres, il semble que les
plus capables d'en parler ou d'en écrire de la manière la
plus intéressante et la plus instructive, ne soient pas ceux
qui l'aiment pour elle-même, et pour son charme sensuel,
mais plutôt ceu'K qui ont résolu de se réclamer d'elle.
Oui, pour faire d'Ingres un maître de la lignée du Poussin,
un grand classique, il faut n'avoir pas senti le caractèrœ à
la fois érotique et bourgeois de son art. Entre le Bain
turc et les Bergers d'Arcadie il y a, je ne dis pas la même
différence, mais une différence du même genre gu'emre
le style de Télémaque et celui de l'Odyssée. Il y-a une espèce
d'agrément voluptueux, si rare et si exquis soit-il, qui
n'atteint pas au sublime, parce qu'il n'est pas assez retranché de la sensation purement physique.
Admirable dans les portraits, !ogres est insupportable
dans les mythologies et les allégories, où la seule passion
de la liane
et du contour exact ne suffit plus à animer une
t")
composition. Il est bon de revoir de ces grandes machines;
reproduites dans un format réduit, elles font illusion,
mais ou doit bien s'avouer que rien n'est plus vide et
plus glacé. Certes non, la froideur de M. Ingres n'est pas
une invention des romantiques.
Panout ou la sensualité ne trouve pas à s'exprimer
directement, partout où la courbe d'une épaule, Je galbe
d'un sein ou d'une cuisse, le dessin d'une bouche humide
ou d'un œil en coulisse ne sont pas l'essentiel du sujet,
partout où il y a une action, un drame, le charme d'Ingres
s'évanouit.
« La nature est lisse &gt;), disait Degas' qui subit, à ses
débuts, l'influence de la pretnière manière de M. Ingres.
Il y a une sorte de perversité dans cette recherche d'une
matière lisse et polie, d'une matière dont on est convenu
de dire qu'elle est parfaite parce qu' cc on ne sait plus avec
quoi c'est fait )l.
r. Cité par M. Fran&lt;;ois fosca. (Portrait de Degas, ~Iessein, r~21).

SUR M. INGRES

59

Sans doute le plaisir de l'imitation est essentiel à la peinture, mais l'abus du trompe-l'œil l'émousse et puis
l'abolit. Les fragments de. journaux que M. Braque incrustait dans ses tableau-,;, on ne voyait pas davantage comment c'était fait. li n'est guère besoin de réfléchir longtemps pour voir quel bas réalisme on voudrait proposer
comme le dernier effort de l'art.
Il cooyient du reste fort bien à ces esprits bornés qui
persistent à faire fi de la grande peinture de mœurs ou
d'histoire, sous prétexte que l'anecdote est bonne pour les
journaux illustrés et que la photographie est bien suffisante.
Ce faire lisse et poli, ce métier si précieux et si savant
qu'on est convenu d'admirer, on se garde bien de l'imiter
autrement gue par une sorte de dérision et comme pour
donner à la déformation même un aspect plus arbitraire
et plus appliqué.
Ce charme sensuel ou pour mieux dire érotique de la
peinture- d'Ingres est contenu en germe dans la froideur
académique. La minutie, la précision du trait sont indispensables à ce genre d'effet. Lt tache est parfois sensuelle,
eUe n'est jamais érotique. Il en va to~t autrement du contour et du dessin au trait et l'œuvre des grands érotiques,
Jules Romains, les Japon.ais, Aubrey Beardsley, est là pour
en témoigner. Les accidents, les bavures de la sensibilité
ne pourraient que rompre le charme ; il faut laisser aux
objets toute leur puissance de réalisme et de suggestion,
le dessin le plus impersonnel y pourvoira donc àu mieux;
mais il y faut une exactitude scrupuleuse avec un sens du
détail poussé jusqu'au sadisme. Voilà pourquoi les figures
d'Ingres sont si touchantes. Elles sont lisses non comme
la nature mais comme la volupté.
Si cette manière d'envisager l'art de M. Ingres semblait
paradoxale et faotaisiste, qu'on veuille bien se souvenir
qu'au moment de l'adolescence où les impressions sont les
plus vives, les bacchantes de Rubens ont moios de pouvoir
sur les sens que les madones de Raphaël.

�60

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Sur les rondeurs et les grâces de ce dernier, le peintre
de la Belle Zélie a su renchérir.
Sa couleur Jnême est érotique. Elle l'est à proportion
de sa pauvreté. Et cela ne contredit pas ce que l'on a écrit
touchant le réalisme graphique. Une couleur qui serait ellemême réaliste altèrerait la vertu propre de la ligne où réside
le principe voluptueux ; en faisant naître un plaisir visuel
particulier, elle troublerait la délicate excitation intellectuelle
que procure un contour exact. Mais il y a une couleur qui
est propre à renforcer l'effet d'un dessin réaliste. Et c'est
justement cette couleur lisse et léchée, sans reflets et sans
irradiation, ces teintes qui pareilles à celles des lavis industriels n'ont pour but que d'accuser les différences des formes.
Il en résulte, par surcroît, des oppositions et des rapports de tons d'une aigreur ou d'une fadeur très spéciale,
et ces effets de mauvais goût qui sont si piquants pour
des sens blasés.'
Il y a tout cela dans l'œuvre de M. Ingres et certes il
faudrait plaindre ceux qu'elle ne toucherait pas. Mais on
peut essayer d'en marquer les limites. Cette étude amou·
reuse de la figure et du corps humain, si vif que soit le
charme sensuel qu'elle dégage, n'en aboutit pas moins à
quelque chose de dur et de sec. Un grand esprit, un véri·
table maître comme DelacroiJt n'a jamais à redouter pareil
danger. Partout dans son œuvre on sent un souci d'humanité, un sentiment noble, généreux, religieux dans toute
la force du terme. Voilà le grand peintre du x1x• siècle, si
grand qu'il est demeuré sans postérité. Après lui le lyrisme
et le drame ont déserté la peinture et toutes les tentatives
faites pour les y faire rentrer ont échoué l'une après
l'autre. C'est que chez Delacroix l'intérêt des découvertes
picturales était si grand et si varié qu'il pouvait s'abandonner à son sujet, sans crainte de jamais épuiser les
ressources de son art. C'est chez lui plutôt qu'auprès des
odalisques de M. Ingres que les peintres soucieux de
renouveler le leur doivent chercher des exemples et des

SUR M. INGRES

61
leçons. Ils y retrouveront le secret de cette magie qui
permet d'oser des sujets difficiles, et de cette beauté d'atmosphère que Baudelaire a su merveilleusement exprimer:
« Un tableau de Delacroix, placé à une trop grande dis« ta.nce pour que vous puissiez juger de l'agrément des
« contours ou de la qualité plus ou moins dramatique du
« sujet, vous pénètre déjà d'une volupté surnaturelle. Il
« vous semble qu'une atmosphère magique a marché vers
« vous et vous enveloppe. Sombre, délicieuse pourtant,
« lumineuse, mais tranquille, cette impression, qui
&lt;&lt; prend
pour toujours sa place dans votre mémoire,
« prouve le vrai, le parfait coloriste. Et l'analyse du sujet
« quand vous vous approchez, n'enlèvera rien et n'ajou« tera rien à ce plaisir primitif, dont la source est ailleurs
« et loin de toute pensée secrète. »
Certes, mais aussi ce plaisir est parfaitement distinct de
l'excitation érotique. En est-il de même c&lt; d'une figure qui
« ne doit son charme qu'à l'arabesque qu'elle découpe
« dans l'espace ? Les membres d'un martyr qu'on écorche,
« le corps d'une nymphe pâmée, s'ils sont savamment
« dessinés, comportent un genre de plaisir dans les élé« ments duquel le sujet n'entre pour rien ... »
Eh bien, dira-t-on ici, Baudelaire témoigne en faveur de
M. Ingres. Attendez! car il ajoute: « Si pour vous il en
est autrement, je serai forcé de croire que vous êtes un
bourreau ou un libertin. ))
Et l'on croit entendre, en écho. l'apostrophe qui ouvre
les Fleurs du mal : « Hypocrite lecteur, mon semblable,
mon frère!... &gt;&gt; Et ce souvenir aiguise la pointe menaçante
de l'hypothèse de Baudelaire. Pour golÎter l'art 'délicieux
de M. Ingres, il n'est certes pas besoin d'être un peu bourreau ou un peu libertin, mais il n'est pas mauvais de se ,
mettre dans la peau de tels personnages, pour regarder
ceux du Bain turc. C'est peut-être un bon moyen d'éprouver son plaisir et d'en contrôler la valeur.
XOGER ALLARD

�LE SECRET DU POLICHINELLE

LE SECRET DU POLICHINELLE

Pour Henri.

I
Victor était amoureux depuis une quinzaine. A la fin de
juin, une jeune fille très jolie ~vait surgi au coin de la 1;1e :
déiste et cause-finalier, Victor ne doutait pas que l'Eternel ne la lui eût envoyée pour illuminer son prochain
anniversaire.
Il l'apercevait tous les jours trois fois, et ne demandait
rien de plus.
Lorsqu'il partait à l'école, elle ouvrait sa fenêtre ~t. se
montrait dans sa robe bleue : sa forme serrée, fémm1ne
déjà, troublait un peu l'enfant, surtout si, se penchant
pour sentir la plus fraîche rose à son rosier blanc~ elle
laissait se gonfler sa jeune poitrine. Elle ne le regardait pa~,
il la regardait avec sécurité. Toute la matinée, il sarnurait
avec ravissement son souvenir.
A midi elle n'était plus là. La vitre fleurie, les lueurs
des murs' et des tuiles, la verdure de la pelouse, l'éclat
du jardin violet et rouge, la lumière de l'acacia 'déposaient seuls leur beauté dans la mémoire du faiseur &lt;le
rêves.
. .
Quand il repassait, la b.ien-aimée en blanc, m1-a~1se
et mi-couchée sur une chaise longue, lisait dans un livre.
La &lt;:uriosité timide de Victor allait caresser un vase, un

bureau chargé de papiers, une estampe ; et sans cesse,
elle bondissait autour de la liseuse de ses mains fines
'
,
de son visage étoilé par les yeux, de ses cheveux blonds,
des plis de sa robe où palpitaient de petites sources d'ombre
bleue ...
Elle ne le regardait pas, elle ne le distinguait pas des
pierres. Mais lui, ayant à rapides œillades conquis son
image, s'en délectait durant l'après-midi. Si la leçon l'ennuyait trop, il baissait les paupières, et sous un azur
plein d'hirondelles argentées, lentement, il ressuscitait son
amie.
Le soir enfin s'épanouissait comme une fleur immense,
et que le ciel eût tout Je jour méditée. De loin, Victor
reconnaissait Ies volubilis du pavillon, il se hâtait ; il
aspirait d'un seul coup la Yénusté ferme et fine de la
jeune fille. Elle se promenait, avec un petit arrosoir dont
elle ne se servait guère, entre des géraniums, des bégonias
et des mauves : sa robe blanche traînait sur le gravier de
l'ombre en un bruissement harmonieux ; les bouts de sa
ceinture rose flottaient ; sa natte battait sur son dos comme
si elle eût ri ; et enfin le reste de ses cheveux, sous son
chapeau étroit, paraissait à Victor aussi varié, aussi spirituel
qu'un visage.
Elle entendait, elle daignait entendre qu'il approchait.
Elle se retournait avec vivacité, elle regardait Victor. Elle
ne souriait pas, rien ne glissait dans ses yeux qui pût
faire croire à son adorateur qu'ene le reconnût ou l'encourageât. Elle avait quinze ans, il n'allait en avoir que quatorze : elle provoquait et il suppliait. .. Il la considérait avec
crainte : une lumière sortait de ses joues dorées et de ses
prunelles noires.
Victor ne s'arrêtait pas. li ne pouvait pourtant pas lui
dire:
- Mademoiselle, je vous aime ...
Il négligeait ensuite (tradition cependant ancienne) de
tourmenter la sonnette de son ennemi Cantin, et rentrait à

�LA NOUVELLE REVUE FRAlsÇAISE

la maison enrichi d'un charme pour son travail du soir et
pour ses rêves.
Comme il ignorait le nom de son amie, il l'appelait
Crépuscule. Si parfois son père ou le beau parleur de ses
oncles employaient ce mot, il souriait tout à coup d'une
manière lointaine et ravie. Il le marquait d'un trait et
d'une petite croix dans ses livres : et lorsqu'il le lisait
en apprenant une leçon, il succombait au même sourire,
Sa sœur seule, Marceline, s'en était avisée . Elle n'en disait
rien, mais elle s'attristait un peu lorsqu'elle y pensait, parce
qu'elle était laide\
La grâce de Crépuscule opéra deux miracles pour
Victor.
Il avait eu un camarade : Frédéric Cantin, son voisin,
dont le père était métreur comme le sien. Circonstance
qui rapprocha le_s deux gamins: ils ca~sèrent des mê?1es
affaires et se réjouirent des mêmes vamtés. Ils voulaient
fraterniser par l'échange du sang, comme font les sauvages, lorsqu'une enseigne de sage-~e~~e l~s brouilla à
mort. Cantin s'en servit en effet pour rn1t1er Victor au mystère de la naissance des hommes. Offensé profondément,
Victor refusa de rien croire et se jeta à coups de p,o ing sur le
révélateur.
Puis tous deux firent un faux rapport de leur querelle:
leurs pères cessèrent de se saluer, leurs mères de se voir,
eux continuèrent de se battre à toute occasion.
Victor plus solide, Frédéric plus rusé, vigoureux et malins tous les deux:, ils exerçaient leurs muscles et leurs
bâtons dans un terrain vague encombré de plâtras et de
gadoue qui, en cette extrémité mal bâtie de la ville (une
de ces villes de banlieue où Paris dépose une écume de
petits rentiers, d'ouvriers et de gueux pêle-mêle avec les
eaux d'épandage), faisait justement horizon aux fenêtres
de roses et aux volubilis où, plus tard, devait sourire Crépuscule. Ils ne s'arrêtaient pas toujours au premier sang.
Le vaincu se vengeait : ainsi Victor détraqua la sonnette de

LE SECRET DU POLICHINELLE

65

M. Cantin, et Frédéric cassa deux vitres au cabinet de
M. Saintour.
~riotnph~nt dans les combats, Victor n'en était pas
moms défait dans son cœur. l'affreux secret de l'amour
le to,nur~it: N'~sant pas s'informer (son père se plaignait
den avoir Jamais le temps, et comment questionner une
mère sur cela ?), il souffrait, sans cesser de mépriser sa
souff:an_ce. Quelle tristesse pour le monde, songeait-il, s'il
n~ vivait que par cette ordure, et quel déshonneur pour
Dieu!
. Il espionna bassement les bêtes; avec une sournoiserie
ignoble, il observa}a mèr~, q~'il n'aimait pas beaucoup, sa
tante, sa sœur, qu 11 chénssa1t, comme s'il eût pu lire la
vérité aux plis de leurs robes.
_Mais Crépuscule vint : et d'un seul de ses regards lumineux, elle effaça la souillure du monde. Ce lâche a
me~ti, fensa Vict?r ; et cette_fille aussi belle que la Vierge
Mane n est pas nee à la mamère des chiens. Les enfants
purs ont une origine pure.
Dès l?rs, il fut, tranquille ; et ses pauvres yeux, salis
par les images qu on leur avait suggérées, se reposèrent
avec confiance sur des formes ennoblies. Crépuscule souriait.
Quel péché peut donc commettre une fleur ?
Cet_te assurance, cette évidence, en apaisant Victor,
adoucit sa rancune pour Frédéric. Ce malheureux sortait
d~ la source de boue : il avait révélé la vérité dont il était
digne. Qu'il serait généreux. tout en lui taisant son infirmi,té, de lui pardonner un outrage involontaire!. .... Et d'ailleurs, Crépuscule lisait là au soleil de juin, douce et chaste
comme sont les anges : fallait-il continuer, même pour
défendre l'honneur de sa beauté, à lui offrir le spectacle de
ces batailles répugnantes ?
Victor haïssait également la nonchalance et la dissimulatio~: il résolut, simplicité d'une grande âme, de proposer
la pa1K à son adversaire.
Il le guetta un soir au seuil de sa maison. Frédéric,
5

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE'

66
.ême se bai5sait pour décroyant à. quelque attaque :supr
, e Victor s'avança vers
boîter une pierre du macadam, lorsqu
lui.
_ Je te pardonne, rut-il.
C' il ue ton
n,
. d ne •;i .fit l'autre interloqué.
eSl- q
'&lt;..UOl O
.
;:i
. d l' vnge chez le nuen •
père chercherait ~ on ,
. sa bonne volonté le
Victor se mordit les levres, mais
· Il ' pliqua ainsi ·
soutenait. sex.
bé ·,d'cfon alors je voudrais de- Il m'est arnvé une ne 1 I '
.
.11
. alors je te pardonne.
venir me1 eu~ '
. fi 1. ntelligents et un peu faux,
ér'
.agitant
des traits
ns,
éd
F
r
ic,
fi
.
it de comprendre et grom1e regarda du haut en bas, eJgI1
mela:
. •
, t s
- Une bénédiction! m01,
me~ ou; Victor avec cha- Tu me pardonnes aussi. quest10nn

.1:

leur.

.

le il lui vouait toute cette

,

Il pensait à sa chere Crépuscu '
'il s'admirait
bonté. On voyait dans le blanc de ses yeux qu
· ement lui-même.
illi '
excess1v
.
d
d Frédéric avec tranqu te.
- Pourquoi donc? eroan a
arde Moi je ne m'en·
Si tu as ton compte de gnons, ça te reg
.
gage à rien.
-

.

.

Cochon! cna Victor.

' .

.

h

t ue l'autre

Il marcha, les poings ten~us, 1arr s1 méc an q

effaré recula et s'efforça de nre:
tu me pardonnes!
• · te pardonne comme
0 .
ru, oUJ, Je
.
.
'en écouta pas plus.
Il ajouta une obscénité, mais V1cto~ n la chair estfaih]e!
Humilié par la moquerie de son elnnen11,b- cade Mais la nuit
· •· se leva
il se surprit à préro édi ter que que em us
.
Le beau matin
'
vint, son sommeil, s~ son~:~··tremblant sa rose ... Et dt:S
Crépuscule effleura d un bai
•
d' , . été rné.
h reux meme av01r
lors, Victor oublia tou:, eu .. é 'demment n'appreo'
d
ép . é Jamais son amie, v1
connu et m .:1s .. 1 le lui dédiait en silence, au secret e
drait cet héro1Sme. i
•
• d' t 'bue et n'attend pas
son orgueil, comme un roi qm is n
qu'on le remercie.

U: SECRET DU POLICHINELLE

Espérait-il ? - Il se figurait son amour en spectacles.
le père de Crépuscule ( un vieillard qu'il avait vu deux ou
trois fois) se présentait chez M. Saiotour, pour inviter
Victor à un goûter sous la présidence de la fée. Ou bien
il apportait à vériner le devis d'une maison à douze étages,
et sa fille l'accompagr1ait. Ou bien tous deux assistaient
à la distribution des prix, comme personnages de marque;
et en qualité de voisins, l'un félicitiit M. Saintour des
succès de son fils, tandis que l'autre, si bien élevée, se tenait
en robe d'argent à côté de lui et sans rien dire laissait parler
délicieusement ses yeux et son sourire.
.
En tout cas, il visitait son beau jardin, elle honorait d'un
pas léger sa maison et son humble chambre. Ils se voyaient
régulièrement, heure à jamais bénie du jour. Ils se promenaient ensemble. Ils se confiaient en regards tremblants
ce qu'ils soupçonnaient des secrets tristes de la vie. Et ils
savaient bien qu'ils ne pourraient pas à la fin s'empêcher
de s'embrasser, mais d'un baiser qui resterait pur ...
Et de tout cela, au fond, Victor ne désirait presque rien.
Rêvant comme on respire, il se contentait, chaque matin,
&lt;l'ébaucher un nouvel avenir : puis il travaillait à le composer, à le peindre, à l'orchestrer détail à détail; et le soir,
un regard de Crépuscule couronnait l'œuvre. Son bonheur
alors se voûtait sur le sommeil de cet enfant pareil à ces
nuits où la lune maintient le jour encore dans la mémoire de l'ombre...
Dans la deuxième .semaine, l'habitude lui vint de cueillir,
chaque midi, un volubilis violet à la grille de son amie. Il
y buvait une dernière goutte de rosée, puis il pliait la :fleur
dans un petit livre qui se remplissait.
Rien n'était bas en lui. Sous la fenêtre de Crépuscule,
il se sentait parfait. Comme au bain dans une eau souple,
comme au soleil dans une demi-e..--nase, comme au parad1s,
son corps et son âme se dilataient ; un feu dans son
cœur, son cerveau, ses yeux, dans les articulations moelleuses de ses genoux et de ses hanches, attisait subitement

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

. En même temps le passé, le futur se rapprochaient
1a vie.
'
·
l 'l
dans sa conscience, comme les deux jours qui, sous e v~1 e
bleu des nuits de juin, se rejoignent et se serr~nt les marns.
Une brise odoriférante souffl.ait de sa rêv~r1e _sur sa t~émoire : tout s'y transfigurait. Jamais, non, 1ama1s _( ou bien
.
vient
é tait-ce
un de ces mauvais songes où. le péché
,
. . sans
.
'
.
l'
.
:&gt;)
·1amais
il
n'avait
cru
a
ces
qu on aperçoive .
.
. . mfam1es
, .
. f'ames disent de l'amour.' _ Jamais .11 ne. s était
que des m
battu au coin de la borne avec un menteur ; - 1ama1s plus
il ne s'avilirait dans l'action ou la pensée. . .
.
.
Entre ses souvenirs embellis et ses projet~ illummé~, il
allait, vertigineux et tendre, comme une peute fille gatée
entre deux grands frères.
.
. _ ,.
Le jour de son anniversaire, au soleil de _m1d1, ~ l~to~,
arrivant de l'école, rencontra Crépuscule qui_ causa1t mt1mernent, affectueu_sement, avec Frédéric Cantm.

II
Sa stupeur fut telle qu'il s'arrêta et que sa figure devint
rouge sombre.
.
.
1
Hypocrite ! criait une voix en lm. Menteuse .
Salope !
• •1
egard
Crépuscule semblait vou 1oir e ever son r
li se rai'd"t
1.
d · ï
r
de no11ehalance et de douceur. Quant à Fré énc, l acco ,
·
" un réverattention
qua
da1't a, Victor à peu près la meme
. . ,
l
, . uer le
hère. Le jeune garçon se contraigmt a mare1er, a_Jo
. é r's Sa rouaeur le dénoncait, il le comprenait et rou·
0
mpi.
•
•
d'l
issait davantage. Une crampe insupportablt: lui tor ai: es
genoux. Il eut peur de tomber, il attacha les yeux sur 1aca·
~ia feuillu de lumière; mais à deux pas de ses bourreaux,
le comage lui manqua : il traversa la rue.
. d
· d'"md'ignanon,
·
de cbagnn ' e
Il fût mort, croyait-il,
de Crépuscule.
110nt e, s'il avait vu une raillerie aux lèvres
.
ement
Pourtant elle et Frédéric s'expliquèrent vite ce mouv

LE SECRET DU POLICHINELLE

timide et désolé : Victor écouta le rire cruel où ils se
gaussaient ensemble de sa candeur. Et au lièu de mourir,
il exigea de Dieu leur agonie immédiate, leur chute, leurs
convulsions, leur dernier soupir, la déco1nposition instantanée de leur sexe et de leur cœur.
Mais Dieu n'étendit pas le doigt, et Victor subit sa pensée
comme une flagellation d'éclairs.
- Lui, je lui pardonne ; elle, je l'aime ; et voilà ce
qu'ils me font !
lei la douleur fut si tranchante qu'il en cria :
- Et juste le ' jour de ma fête ! c'est toujours à moi
que cela arrive !
En effet, deux ans auparavant, tombé dans la boue au
soir de sa première communion, il s'était sali jusqu'à l'àme.
Mais depuis, il avait abandonné la religion chrétienne, et
il ne songeait plus à cet événement.
Son cœur n'était que cendres.
- Moi qui voulais devenir aussi bon qu'elle est belle !
gémissait-il. Moi qui ne voulais pas croir.e que pour
l'aimer....
Hélas! il n'y a pas moyen d'écrire pour des hommes ce
que cet enfant pensa.

-Tout est vrai, alors ! reprenait-il. Frédéric l'avait bien
dit. Le bon Dieu n'est qu'un vieux cochon !
La honte, puante comme l'excrément, lui remplissait la
bouche. Il aperçut sa sœur au seuil de la maison.
- Alors, râla-t-il, Marceline aussi ...
Laide un peu, les yeux de travers, les traits épais, la
peau triste et sans lumière, elle l'attendait avec un sourire
très doux. Fonça-t-elle, surnagea-t-elle, au torrent de boue
qui écumait dans l'âme de l'enfant ? Il s'approchait d'un
pas régulier, elle lui faisait son joli signe, l'index levé,
immobile ; le vent bleu de juillet rebroussait ses cheveux

pâles.

II trouva le courage effroyable de l'embrasser.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

III
Or c'était un jour extraordinaire, . et Victor y faisait
figure de héros . Lui qu'un seul mensonge désemparait, à
qui l'on réclamerait certainement de la joie, comment dissimulerait-il sa peine ?
Il revint le soir par d'autres rues, pour ne pas chanceler
devant Crépuscule. Le visage indifférent des maisons, la
face fermée de ces passants inconnus, de ces passantes qui
lui parurent hautaines et sévères, la physionomie farouche
des arbres, tout acheva de lui briser l'âme.
Il arriva. Son oncle Alfred était déjà là. Son père
dont le travail pressait, sa mère g~i surveillait la cuisine,
remirent Victor à· cet indulgent célibataire, qui l'emmena
dans le jardin.
Victor jugeait qu'il ne pouvait pas y avoir un homme
plus bête. Il était pourtant fort bien considéré à son ministère. Son dossier le disait exact, soigneux, dévoué ; ses
chefs estimaient en lui une hardiesse modeste, cette liberté
d'esprit moderée et sage qui convient à la d~mocratie. ~
montrait-il trop ou trop peu à son neveu ? Victor trouvait
que, sous couleur de donner tout, il reprenait bien davantage. C'était un quadragénaire maigre, avec une barbe
noire en éventail ec des yeux bruns qui, hésitants sur les
hommes, se posaient avec décision sur les choses.
Le troène en fleurs., près de la tonnelle, exhalait son
odeur amère. Quelques pas; puis l'oncle et le neveu s'assirent sous le platane et, contemplant le soleil qui descendait entre deux villas blanches, ils tinrent conversation.
- Te voilà grand, commença l'onde, tu as bien déjà t~
petites idées. A quatorze ans, on est presque un espnt
libre. Ah moi, à ton âge !.. .
Il sourit, il soupira. Victor l'écoutait a-..--ec un ennui épouvantable. Il .demanda:

LE SECRET DU POLrCHINELLE

- Qu'est-ce que tu penses ?
- Je prépare mon brevet, dit l'enfant plein de lassitude.
Là-dessus, M. Alfred Saintour s'indigna.
- Voilà bien la génération nouvelle! Tous brevetés
tous fonctionna-ires !... Ç)n ne t'apprend donc rien d~
sérieux à l'école ?
C'~tait un beau sujet. Victor le comprit et r?y jeta. pour
oublier sa peine. Il n'avait de rancune contre aucun de ses
m~ître_s, il les ,ac~usa to?s avec impanialité. L'orthographe
çt~1t bizarre; 1arithmétique, comp-Hquée et absurde ; l'histoire naturelle, pauvre en images· la morale stupide •
I'
.
'
,
'
anglais, on n'y entendait rien de rien. L'oncle commença
par approuver le neveu : il buvait ses phrases, passant
une . paume sur sa barbe comme après un bon coup
de _vm; et p~rfois, il faisait les questions et les réponses.
Pws ses sourals se froncèrent, il agita les mains du geste
dont on apaise un beau chien qui bondit, et il arrêta l'éloquence.
- Tu exagères, Victor, ils ont bien du dévouement.
Tes maîtres sont les meilleurs serviteurs de la République.
- Oh, bien sûr ! dit l'enfant.
. - _Tout de même, conclut M. Saiqtour avec satis.faction,
Je _sms content de voir que mes conseils ont porté leur
frmt. Tu ne te laisses pas imposer des idées toutes faites
tu exerces cet esprit critique que je t'• lrecommandé.
'
- Oui, hypocrite ! pensa Victor c!fürière nne déférence
doucement niaise.
··
_Ils se turent. Une bonne blanche, sur la terrasse, prépaun fauteuil, des couverts. C'était une fille vive avec un sourire
net dans son visage ovale. Victor la regarda une ou deux
fois san_s parler. Crépuscule l'avait trahi. Son onde jouait
a-vec lui comme avec un caniche, la vertu ordonnait de
~é~riser Dieu. Sa chair lui semblait partout meurtrie
ainsi qu'après une courbature. M. Saintour l'épiait en peignant sa grande barbe.

rai: la table. Elle allait et venait avec des chaises,

�72

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Tiens, dit-il en touchant l'épaule de son neveu, promenons-nous un peu pour voir le coucher du soleil.
En faisant le tour de la pelouse, on jouissait de deux
occidents ; l'un .tu-delà d'un potager avec des choux et des
fèves, entre les villas : le globe y était visible, orange et
aplati, énorme, dans un ciel de pourpre jaunie qui se nuait
en vert pâle et en azur au zénith ; l'autre, passé le platane,
la tonnelle et ·1e mur, dans le créneau que forma~eot deux
mansardes d'ardoise au golfe d'une rue lointaine : là, il n'y
avait plus qu'une aurore couleur de souci, chaude, agitée
et dilatée par un mouvement si mystérieux qu'on s'attendait à en voir jaillir un soleil plus beau que le nôtre.
L'homme et l'enfant regardèrent cela en silence; puis
ils causèrent plus affectueusement.
- Il faut aimer 1a nature, disait M. Saintour. Au bureau, j'ai un arbre dans ma croisée.
- Moi, j'ai un acacia ! s'écria Victor.
C'était l'acacia ùe Crépuscule. Il la revit avec ce Cantin
qu'elle avait préféré; son cœur se tordit comme une pomme
au pressoir. Sa voix se brisa, son sourire se rompit, une telle
douleur passa dans ses yeux que son oncle s'émut. Il parut
rêver, hésiter, se flatta un peu la barbe; puis il risqua une
question :
- Victor, môn,~arçon, j'espère que tu as confiance en
moi?
•ua
- Moi, mon oncle L
Son secret blessé, vH:tor se raidissait, serrait les dents,
tâchait de ne pas pâlir. Quoi donc, cet imbécile pénètrerait
au mystère douloureux, il y porterait l'injure de sa voix
donnante et reprenante, le conseil gluant de sa dégo1'.1tante
sagesse !
- Tu sais , continuait M. Alfred Saintour avec embarras,
il ne faut pas croire ce que peuvent raconter tes camarades ... Il y a bien des voyous ..• Ton père a voulu t'élever à
l'école primaire, il a eu raison en principe ; mais dans
l'application ....

LE SECRET

nu

POUCHINELLE

73

Il s'interrompit. Il observa un paràtonnerre. Il avait un
~eu l'~ir d'écouter une Voix Intérieure, ou plutôt, de s0l1ic1ter delle une audience.
- Ils ne m'ont rien dit du tout, repartit Victor, qui
craignait la suite.
-:-Les hommes et les femmes .... commença l'oncle.
Victor souffrait tant qu'il pria malgré lui et malgré la
bassesse de Dieu.
- Seigneur, faites qu'il ne me parle de cette injustice !
- Les hommes et les femmes .... répétait l'onde.
Il ne regardait pas son neveu déchiré par l'angoisse, son
neveu ne le regardait pas démonté Jans sa belle assurance.
Ils a:·aient peur d'entendre l'un deux prononcer ce qu'ils
savaient tous les deux. Les attitudes ou naît la vie hantaient leur imagination et leur mémoire détournées.
. A ce moment, le deuxième onde, la tante, la jeune cou~me parurent sur la terrasse, poussant un bouqµet de cris
Joyeux.
·M. Saintour et Victor renvoyèrent la bienvenue. Tandis
qu'ils avançaient et que les autres descendaient l'escalier
l'onde chuchota:
'
- Victor, si jamais l'un de tes camarades te fait des
histoires sur le mariage, tu viendras me voir et nous causerons.

Il regarda son neveu enfin. C'était un beau regard tout
de même, franc, courageux, et malgré un peu de sottise,

bon.
-

Oui, répondit Victor.

Mais que pensait-il en son langage ignominieux d'écolier ! Que se représentait-il, déshonoré, dans le délire d'une
fureur meurtrière, dans la convulsion d'une rancune ascétique contre la vie !
_
. Dans un petit miroir rond, vite, à la dérobée, il chercha
s1 ses traits n'en reproduisaient pas trop crûment l'affreuse
honte. Trop pâle, avec de longues joues froides, avec des
yeux agrandis et enfoncés, il détesta son pauvre visage.

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'enfant courait à Fui et l'embrass:rit. Douce chair tiède,
douce chair ennemie ~ Puis il passait aux mains de sa tante
et de son oncle et quelques minutes, ce furent tant de
' '
. ,
félicitations, de souhaits, de sourires, que son chagrm s Y
perdit.
Puis on se promena. M. Saintour et son be_au-frère
(M. Marquis avait épousé la sœur de madame _S~mto~),
prirent la tête. L'un parlant affaires, l'autre adm1ms~t1~n,
tous deux s'entendaient fort bien. Mieux encore à m1-vo1x,
parce qu'ils parlaient femmes. Maigre et b1:1n, vif, sans
barbe, M. Marquis portait un lorgnon d'écaille sur deux
yeux gris tranquilles. Il commerçait dans les denrées coloniales.
Victor suivit avec sa tante. Elle était plus jeune que sa
mère elle s'amusait avec lui à la poupée autrefois. Menue,
une figure fine, deux prunelles pâles, il la chéri~sait davantage depuis sou mariage, trouvant, sans s'expliquer pourquoi, qu'année par année elle commençait à ressem~ler,
tant elle devenait douce, humble, et comme lasse, a sa
sœur Marceline.
.
Quant à Lucienne, qu'on appelait par câlinerie_Marqu!se,
il avait pour elle cette affection obscure, attentive, qu ~o
jeune homme, qu'une jeune fille, ont pour les tout petits
enfants, jouets vivants, souvenirs et promesses, profonde
force de la chair innocente.
Ah, pourtant, qu'il avait de peine à les aimer ce soir !. ..
Toute sa douleur, fomentée à nouveau par la mal_adresse
de M. Saintour, s'était remise à bouillonner en lm : et 1~
jalousie, la honte, l'humiliation d'avoir subi le m~nsong~ lu}
faisaient une âme colère, ivre d'aventure, et qm pom·att a.
peine se contenir dans le silence.
Il allait sa main tremblant un peu dans la menotte de
Lucienne.' Sa tante, qui l'épiait de côté, s'étonnait de ces
·
·
lèvres sans rire, de ces yeux mqmets
et trou bles, de. cette
pâleur. Un moment elle se laissa distraire par le so1-r._ ~
globe était tombé entre les maisons, l'aurore ne palpitut

LE SECRET DU POLICHINELLE

75

pins au créneau des mansardes : mais l'horizon morcelé
luisait partout d'une lumière qui, on le sentait bien,
entourait la terre comme une ceinture; l'air poudreux semblait plus dense ; et la tige des fleurs, les arbustes, le tronc
des arbres rajeunissaient dans la pourpre.
- Quel beau crépuscule ! murmura la jeune femme.
Victor tressaillit. Son menton se creusa, ses joues se bossuèrent, comme s'il avait reçu un coup de bâton sur fa face.
- Qu'est-ce que tu as ? demanda la tante, tu ne dis rien,
as-tu du chagrin ?
- Il est triste, rit Lucienne.
Mais elle trouva à terre une grappe de troène et trois cailloux blancs : elle les ramassa et, s'occupant à les tâter, à
les flairer, à les sucer, à s'en flatter les cheYeux, les lèvres,
les yeux:, les plis délicats du cou, elle ne prit plus part à la
causerie.
,- Je_ n'ai pas de chagrin, dit Victor un peu trop bas, je
mennme.
La jeune femme chuchota :
- Ce n'est rien. Moi aussi, je m'ennuie quelquefois.
- Oh, Marie ! s'écria-t-il sans réfléchir, mon oncle ne
t'aime donc pas ?
'
Elle se détourna brusquement, un ruban se défit dans
ses cheveux : ce fut à son tour de pâlir. Puis elle reprit
d'un ton las et rêveur :
-Alors, tu as quatorze ans aujourd'hui.
Il n'y a qu'une peine dans toute la vie, enseignait à
Victor son propre cœur. Et il faut la cacher, puisque si on
la montre, ils savent tous dès lors où frapper. Pour soi,
pour sa tante, il s'efforça de mentir.
-:- Oui, ça m'ennuie d'avoir quatorze ans.
, Il n'y croyait pas, mais après qu'il l'eût prononcé, il
sen trouva convaincu. Il essaya de s'expliquer maladroitement.
- Je voudrais en avoir quatre, ou bien vingt ... Pourquoi apprendre si lentement les choses ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La jeune femme n'écoutait guère ; elle lui regardait les
lèvres et les yeux. Elle eut peur, de la même façon que
l'oncle auparavant ; elle renta de faire dévier ce que Victor
pensait.
- Ah oui, dit-elle, l'anglais, l'algèbre ... Tu sais, je l'ai
passé, mon brevet, et! n'est pas si difficile .. .
Elle allait lui en conter les péripéties, il ne la laissa pas
commencer.
- Ah, Mariette ! fit-il du ton de son enfance, il y a
des choses bien pires ! Je ne pourrai jamais y arriver !
Vois-tu, toi tu es bonne, maman et Marceline sont bonnes,
Lucienne est bonne ... Mais il y en a de méchantes !...
Il s'arrêta. La honte d'avoir parlé l'oppressa. Sa tante
attendit qu'il continuât, et comme il se taisait, elle murmura :
- Il faut souffrir pour grandir.
On les appelait. La bonne servait. Sur la première marche de l'escalier, l'oncle Alfred informa M. Saintour :
- Ce garçon-là est encore bien innocent.
M. Saintour sourit, avec une fatuité dont il se corrigea
gentiment en désignant sa fille :
- Marceline le surveille.
Mais en même temps, la tante Marie avertissait sa
sœur:
- Il ne faudra pas trop nous occuper de Victor ce soir.
Je crois qu'il a du chagrin.
- Bab ! dit cette rnaman si raisonnable, le jour de sa fête!

IV
Il fallut s'asseoir et se sourire. Les fleurs de la nappe
embaumèrent. Une fumée tiède s'éleva du potage. Les
cuillers tintèrent doucement. Le crépuscule, comme un
oiseau doré, couvait le jardin sous ses grandes ailes.
Victor, tout en buvant sa soupe, compta ses amis et ses

LE SECRET DU POLICHINELLE

77

ennemis. Il était au bout de la table ; l'oncle Marquis à sa
gauch: et Marceline à sa_ droite : dédain, tendresse qui lui
donnai;nt un p~u le vertige. Devant lui, presque loin, assise
e?~re l'oncle Samtour et la tante Mariette, Lucienne sounait tres sage. Au milieu, vis-à-vis, régnaient son père à la
ba:be chenue et sa mère aussi majestueuse que les statues
qui ~gurent les_ villes couronnées de tours. Trois lampes
électriques, pareilles à des fruits dans un feuillage de verre
argenté, caressaient d'une lumière mi-grise mi-bleue Ja
porcelaine, l'éclat des couverts, les mains blanches des
femmes et les mains jaunes des hommes.
Sur_une desserte, plusieurs paquets contenaient, Victor
le devma, _les cadeaux qu'on lui ferait à la fin du repas,
quel~ues livres sans doute aussi gonflés de mensonge que
les discours de ses oncles.

Il soupira. Une étoile parut sur le jardin~ juste entre les
deu~ ma_ns:rde~ où s'était voilé, tout au long du soir, tm
soleil q,u_1 n .a va1t pas_ vo~lu l_ui~e; une gré:nde étoile qui
se rétréc1ssa1t et se d1lata1t, ams1 qu'une luciole seconde à
seconde. ~t _Victor, pour que sa lumière le s~ulageât, la
contemplait a chaque élancement de sa douleur.
Le chagrin se tenait en lui comme un être vivant comme
un ennemi intérieur qui l'eût pris à la gorge ~t se fût
appuyé sur ~on cœ_ur. Cantin, Victor aurait pu le frapper;
Crépuscu_Ie, 11 aurait pu la fuir derrière des larmes ; mais il
ne pouv_a1t rien contre leur souvenir qui l'étranglait.
_Tandis ~ue mad~me Saintour, calme et blanche, pressait une potre électrique qui pendait à portée de sa main
son mari se mit debout, élevant un verre de rubis trem~
hlant à la hauteur de son œil.
- Buvons au héros de la fête! déclama+il. Buvons à ce
petit garçon qui sera l'année prochaine un jeune homme !
, Il se fit un tumulte joyeu.'&gt;.. Chacun se drfssa, chacun
sexclarna fort pour ne penser à rien, chacun tendit son
verre, et tous le choquèrent avec des rires contre celui de
Victor.

�LA NOUVELLE REVUE FRA.~ÇAISE

On se rassit. La bonne présentait les entrées. Victor ne
regardait plus rien que son étoile.
- 11 a mauvaise mine, constata de loin M. Alfred
Saintour.
- Vilains yeux, goguenarda M. Marquis, chagrins
d'amour!
Jamais on ne savait au juste ce que œt homme voulait
dite : on rit par politesse. Victor la.issa tomber sa fourchette.
Le temps de la ramasser, une fureur le posséda. Il éût
voulu d'un seul mot emporter la conversation, comme il
aurait tiré la nappe par le coin avec sa vaisselle, ses mets et
ses fleurs agonisantes, mais il ne lui venait que des grossièretés aux dents. Sa bouche se contracta.
- Es.t-ce que tu es vraimentmalade, Victor? demanda
madame Saintour, douce et sévère, une lèvre de moue et
une lèvre de sourir~Le jeune garçon, pour répondre, regarda sa mère : mais
ce fut une femme qu'il vit. Il tressaillit violemment, sa figure
s'empourpra, il baissa le front et souhaita si fort d'être
aveugle qu'il le fut durant quelques secondes.
- Eh bien, dit M. Saintour avec autorité, ta mère te
parle ! Serais-tu malade ?
.
- Mais non, enfin! répUqua Victor d'un ton brusque, JC
me porte très bien !
Son père allait le réprimander pour son impertinence,
lorsque son oncle intervint.
_
. ,.
- Peut-être prend-il ses études trop au séneux, Je 1ai
fait causer tout à l'heure.
- Le brevet l'effraye, dit la tante, les programmes sont
trop chargés.
- Pensez à son âge, murmura M. Marquis.
- On a bien du mal avec les enfants, soupira madame
Sain tour.
Victor les écoutait avec dégoût. Pourquoi ces hommes
étaient-ils si brutaux, pourquoi ces femmes manquaientelles à ce point de finesse ? Il chercha les yeux de sa sœur,

LE SECRET DU POLICHINELLE

79

pour la remercier de son silence : elle les avait détournés
il ne vit que ses gros traits tristes. Il tâcba de sourire ~
~ucienne : et tout à coup il se rappela le péché originel,
il se figura ce doux visage et cette souillure sans nom ...
A"(Tec sa ~ourchett-e, il se griffa le genou jusqu'au sang, pour
ne pas cner.
Autour de lui, chacun s'étant engagé par sa première
phrase, ils 1a continuaient tous oula répétaient. Nul ne cherchait à comprendre Victor. D'ailleurs, ils avaient beau
s'attendre avec politesse, accrocher soigneusement leur
réplique au dernier mot de la précédente, ils ne cherchaient
pas non plus à se comprendre les uns les autres.
- Toute la journée, dit M. Saintour, nous travaillons.
Et pour qui? N'importe quel travail est ennuyeux ... Quelle
consolation nous restera-t-i1, si le soir nos enfants nous font
mauvais visage ?
Cette pensée parut forte. On l'approuva.
-D'ailleurs, dit madame Saintouravec douceur Victor
est assez raisonnable à présent pout savoir que sans' amabilité on ne peut pas plaire aux autres.
~'oncle Saintour s'empara de cette affirmation qu'il trouvau un peu trop mondaine. Le œrcle des paroles, des
gestes et des rires quitta Victor et se transporta autour de cet
homme extraordinaire qui, récapitulant ses thèses au rôti,
se trouva de l'avis de chacun en partie et seul du sien en
tout.
Victor n'en pouvait plus. Un instant encore croyait-il

il efrt éclaté en injures basses et désolées. Gau~he1 tordu:
souffrant comme si son buste avait subitement tourné sur
ses hanches, il contempla le jardin. La nuit se creusait
entre les arbres, les étoiles étaient devenues innombrables.
Le silence recueillait les bruits comme une vasque. Une
fraîc_he~ embaumée flattait les visages rougis qui s'épanou1Ssa1ent. Ces bonnes gens, qui la sentirent, se louèrent
de la nature entre cinq ou six plaisanteries où ils raillaient
la jeunesse.

�80

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis une étoile filante glissa, que Marceline seule vit.
- Tu as fait un souhait? demanda.-t-eUe à Victor.
- Je ne crois plus à cela, dit-il brutalement. Et puis,
qu'est-ce que je souhaiterais ?
- Tiens, chuchota-t-elle, quand on a rien à souhaiter
pour soi, on souhaite pour les autres.
Elle souriait, de ce sourire si doux qu'il lui rendait un
peu de grâce. Victor se repentit de sa méchanceté, et pourtant il ne put s'empêcher de la répéter.
- Moi, je ne crois plus à cela.
- Tu es si savant, murmura Marceline avec un peu de
moquerie, c'est des contes de bonne femme à présent ...
Le cœur du jeune garçon se resserra. Il répliqua tout
droit :
- Toi non plus, tu n'y crois pas. Alors, pourquoi
veux-tu que j'y croie .? Ça t'amuse que je fasse la bête ?
- Tu as du chagrin ?
- La vie me répugne, répondit-il.
Elle le regarda prête à pleurer, il la regarda avec une
cruauté provocante• .Puis larmes et défi disparurent de leurs
yeux pareils, et entre les paupières qui battaient, leurs
deux âmes se reconnurent.
. - Un peu de courage! dit Marceline.
Le dessert circulait. Chacun était conte.nt, M. et Mm•
Saintour doublement à cause de la satisfaction visible de
leurs convives. Et tous cherchaient comment manifester
cette fierté familiale.
- Victor va nous· réciter quelque chose, proposa l'oncle
Alfred.
Victor redevint livide. Mais la tante Marie s'écria gaiement:
- Oh, Marquise ! qu'est-ce que tu fais ?
Lucienne- avait repoussé sa petite assiette à gâteaux et
disposé sur la nappe les trois cailloux et la fleur _de_ troène.
Ses yeux brillaient, et des myriades de mots lu1sa1ent sur
ses lèvres.

8I

LE SECRET DU POLICHINELLE

-

Je crois qu'elle est grise, dit sa mère.

~ Alors, dit son père avec philosophie, elle tient de

mm.

~ne longue demi-minute, ce fut comme si l'on avait
étemt une lampe. Le secret voltigea entre les fronts pareil
à une chauve-souris.
Enfin, les hommes se résignèrent encore à rire.
- Quel enfant terrible vous faites! dit M. Saintour à
son beau-frère.
·
. Victor ob~erv~it _sa tante un peu pâle, sa mère un peu .
Jaune ; et tres vite il comprenait, très vite très loin bien
plus loin déjà que le vrai.
'
'
Heureusement, Lucienne commença une histoire de
fées, et tous feignirent de l'écouter avec admiration.
- Un chien dit: Hou! expliquait-elle . .
- Hou, hou ! répéta madame Saintour d'un ton ravi.
- Comédiennes l grommela Victor.
Ils l'entendirent, tous le regardèrent avec étonnement.
M. Saimour menaça d'un œil froid. Lucienne continua •
ses yeux brillaient ; entre ses lèvres fraîches luisaient se;
dents; sa mère penchée et l'adorant rajeunissait.
. - Paune petite l chuchota Victor à sa sœur, comme
ils se moquent d'elle l Elle ne se doute pas qu'ils lui
apprennent à mentir !
- Tais-toi donc l ordonna Marceline d'une voix basse
et impérieuse.
- Oh, murmura-t-il effrayé, toi aussi !
Quoi, ces traits sincères pouvaient-ils donc se falsifier
~ns se tordre et se rompre ?.•.. Elle approuvait ces vilenies,
il 1~ méprisa incroyablement. Et tout le temps que
Lucienne mit à finir, il se représenta Ie visage trompeur
de Crépuscule à côté du visage trompeur de Marceline : et
ce fut assez pour qu'il se crût désormais seul dans la vie.
-A ton tour, dit son père le réveillant. Récite-nous ta
plus be~le,poésie, et après tu souhaiter,is le bonsoir, puisque
tu vas a l école demain.
6

�LA NOUVELLE R.E\'UE FIU.NÇA!Si
LE SECRET DU POLICH!~ELLE

Tous en revinreRt au héros triste de la soirée. Blême,
les yeux rougis, il tou~a. . . 1
- Papa, 1· e suis ... s1 faugué.
1 Alf ,l
reu'
. - Choisis ce que tu vou&lt;l ras, concéda l' ow~ e

tu as toute liberté. .
ffl.a l'oncle Marquis en
-Allons, une petite chanson, sou
,
, . . t a rès tu feras la q u-ete. · ·
clignant de i_œ1.l ' e }
a uets de b d~serte, et, pour
Il poin,ta I mdex vers es p q . e de bonne humew-.
J; · ï
leva un nr
la première 01s, l sou d "t Victor en soi-même, t'auras
_ Fais le beau, gron ai
d\l-sucre
l
d'Jt 1a t a11te Marie
a•tec douceur, qu'est-ce
Allons,
. .
· fa"t prier ai.ns1 ?
qu'un garçon _qui se li~ "' . t'assure que Victor n'est pas
_ Papa, dit Marce n.. , 1e
à son aise.

,,,._ . M Sain:tour rudement. Je
'
f: ute ' s =na .
. .
- Eh, cest sa a. . '1
pour nous montrer ams1
voudrais bien sav01r ce qu l a .
. travaille bien et
t d nuit' Un garcot1 qm
bo
figure de . nne e
·
, ;s de vapeurs !
qui se conduit l:01mê:eme~~ n: p l'onde Marquis, s'amuse
- Qui tnwa1Lle bien, cr ta
bien.
.
bouche élo:quente pour
M Alfred Saintour ouvrait sa .
· 1 fu.t devancé
, . la sy ~thèse
operer
r· de ces deux doctnnes, mais l
par la mère de \ ictor_. .
t
ux bien nous faire ce
- Voyons, suppha.it-elle, u èpe donné de satisfaç,tion
Petit plaisir, tu ne nous as gu re
1

••

pour ta fête .
é les dents serrées, la poitrine
Victor se leva exaspér •
d
poings où les
U
uya ses eux
,
grosse de colère.
appl
ble . et sans réfléchir, sans
fiaient sur a ta · '
1 · vait
veines se _gon
, l dernière poésie qu'on u1 a
chercher, il commença a
a!)prise:
..
Qua11d l'mfant jase a,•u rom/1re qui le_ be11it,
-La Jimn•ettc, at1e11ttt'e,
. au rebor-d d.e;i sont fimd,
iles
tin pasSfmt, pens1;s e 1'. ,
St. i!,mw, el SM pe
d . ailes
Ltw·s têtes à travers les plumes e sts
...

II s'arrêta. Chaque mot le bless:zit; il y retrout:ait tout
le verbiage, toute la fausse enfance, toute 1a déshonomnte
feinte dont il souffrait depuis un jour. Il reprit très vite :
- L' Innocence au nn7ùm tft nous, quelle la,g-esse !
Quel rk,,t du ciel f Qui sait les conseils de sag~sse,
Le.s éclairs de bonté, qui sait la foi, l'a111011r,
Q~,e versu1t, à Ira.vers ùmr tremblattt dm«i-j01t.r,
Dans la querelle amère et sinistre où nous sommJ1S,
Les limes des enfants sur les tf.mes Jes bom111es !

Ici 1a voix lui manqua_ Son regard d'indignation et de
détresse vacilla sur tous ceux qui l'écoutaient convaincus
et recueillis. Et son cœur crevant enfin, il leva les poings
et cria. ;
- Hypocrites ! menteurs ! lâches !
- Victor ! exclama la tante .Marie berç.arn Lucienne en
larmes.
Marceline se leva et prit son frère par le bras.
- Ah, s'écria M. Saimour, voilà gui est un peu fort !
Marie, halte, ceci est mon affaire. A qui donc en as-tu,
petit imbécile 1
Il tourna des yeux menaçants vers Victor. Mais il ne
pouvait plus l'intimider : l'enfant continua dans une
fougue désespérée.
- A toi, à vousJ tas de menteurs 1
« Moi, je n'ai pas le droit d'avoir du chagrin ? Il fuut que
je sois content parce que vous êtes contents? II faut que je
m'amuse parce que c'est ma fête ?.... Et si j'ai de la peine,
moi?
- Victor, Victor, répétait Marceline éperdue.
- Si je suis votre polichinelle, criait-il, il fallait me le
dire! .Vous vous moquez de mai à cause de vœmensonges !
Si vous ne les aviez pas faits,, je ne les répèterais pas! Je
snis un poupard qui dit papa-maman .. ~
Sa voix se rompit encore. Les larmes .couvraient son
visage. Comme personne n'osait plus parler, il gémit tout
ce qu'il avait pensé.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

. é . bo '
- Alors, moi qui vous croyais ! moi qu~ tais n .
Vous qui m'aimez, vous m'avez menti_! Il n y a que ceux
ni me dégoûtent qui me disent la vénté ! ~n se 1:1oq~e
qd
. on me parle du crépuscule, on me dit que Je sms
e m01,
,
f · é · , Le
libre et après on rit des bêtises qu on me ait r _citer . l
bon 'nieu n'est qu'un cochon! Ça n'est pa~ vrai, que es
enfants sont innocents ! Ils viennent du ciel, c est bon
~
d
Pour nous ! Et votre sale amour !
.
M. Marqms ' content e sa
Ils rouairent, t.1s pa, 1irent.
erspicaci;é souriait de l'œil et de la lèvre. .
p Lucienn: pleurait si fort que Victor rentend1t: .
- j'ai de la peine! cria-t-il. Je v?us en ~erais bien plus
si Lucienne n'était pas là. Pourqu01 ne m avez-vous pas

84

&lt;lit la vérité ?
.
M r e
Il s'interrompit. Tandis que tous avaient peur, arce m
murmura :
_ Parce que Lucienne était là.
,
Elle le tira par le bras. Il se laissa faire, cachant sa tete
', le de sa sœur. Père et mère, oncles et tantes, en
sur l epau
1
sans le
1ence l'écoutaient. Marceline, sans par er,
s1
'.a parler, l'entram
, a à l'intérieur. La porte se referma
forcer
sur eux.
r
t
ille cette
Ces hommes expérimentés, cette iemme ranq~ ' . .
femme tendre se regardèrent au bruit. Eussent-ils mieux
fait de se taire ?
- Raisonnons un peu, dit l'oncle Alfred.

V

Victor couché Maceline resta près de so~ chevet. 11
'.
.
al
. 'ï étouffait dans- son
pleurait encore, a petits _sanb ots qu i_ 1 1 i demanda le
oreiller. Elle voulut lm parler, mais i u
.
et lui· donna sa main brillante.
s11ence
• ê d'l omrne.
Il s'épuisa il s'endormit, il fit son prem1err ve 1
Y
'

ALBERT THJERR

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE

UNANIMISME
Quelques années avant la guerre, M. Florian Parmentier
avait repéré et décrit, je crois, dans la littérature de son temps,
une trentaine d'écoles en isme, y compris celle qu'il avait luimême fondée, et dont le nom m'échappe. Tom cela semble
de l'histoire assez ancienne, et les peintres se disent maintenant
plus volontiers isies que les littérateurs. La fondation d'une école,
qui prête généralement à des épigrammes assez faciles, serait
pourtant, semble-t-il, une œuvre à encourager. La critique
trouve une grande satisfaction à voir la littérature s'avancer
par escouades sur le terrain de manœuvres, et la tirer d'incertitude par des manifestes explicatifs et des commentaires didactiques. Vous savez ce qu'on nomme en langage parlementaire
le Barodet ? C'est le recueil des professions de foi et des programmes des élus, imprimé au début de chaque législature,
et qui, ayantété approuvé par les électeurs, est censé représenter
leurs cahiers. Si l'usage des écoles se généralisait~ si, comme
les poètes élisent leur prince, les écrivains choisissaient leurs
chefs, sous-chefs et grands chefs d'école sur des programmes
bien tranchés et abondamment développés, nous pourrions
faire un Barodet littéraire qui nous donnerait, comme disait
Sarcey, des sujets de chronique, et si beaux. qu'il n'y aurait plus
ai crise de la critique ni enquêtes sur la crise de la critique.
Mais tous les élus dont le Barodet a enregistré les principes
ne deviennent pas ministres. On en trouverait, en cherchant
bien, quelques-uns qui ne sont même jamais sous-secrétaires
d'Etat. Et pareillement tous les manifestes d'écoles n'engendrent

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas des cbefs-d'œuvre. Il en est qu_i rest~nt la seule °:u:·re de
l'école. On ne les en jugera pas moins uttles. Ils nous des1gnent
généralement une voie où il y avait u?e, littérature_ possi~le,
où une place aurait dû et pu être tenue s11 art et Ia s~tte del_ art
comportaient des voies normales et prévisibles. Mais précisé•
ment le o-énie c'est l'anormal et l'imprévisible, de sorte qu'il
ne fait éc;le que lorsque le recul d'un passé l'a placé dans une
perspectiYe contumière et une ~a.ture déjà !1abituelle. .
Parmi les écoles que recensrut M. Flonan Parmentier (avec
ce joli nom que ne fondait-il l'école Trianon ~u M_arie-~ntoinette ?) il en est une qui a assez bien. réussi, qui a fait un
curieux chemin, et qui occupe une place mtéressante dans notre
paysaae littéraire. Je veux parler de l'unanimisme. Aujourd'hui
que
écoles ne sonr plus guère d'usage, il est prob.able que
les unanimistes d'hier tiennent peu à ce nom, et le classent
dans leurs souvenirs de }eunesse. MM. Jules Romains, Duhamel,
Vildrac, Chenuevière, Arcos, ont suivi leurs voies propres, ont
affu.mé Je plus en plus 1eurs différences de teropéra;neat, et
ne voient plus que loin derrièr.e eux la comrnunaute de leur
élan vital. Cette .communauté et cet élan méritent pourtant
encore aujourd'h.ui d'être reconnus, et l'unanimisme ~ans son
ensemble est peut-être une réalité littéraire plus cuneli.SC. et
plus attachante que ,beaucoup .d'œuvres particulières de bteLJ
des écrivains unanimistes.
.
Si cette.remarque ne plaisait pas à tel unanimiste et s'il ~ronça.it
le sourcil, iJ se mettrait évidemment dans son tort, et 11 nous
amèneraità voir dans l'unanimisme ce ~ue je n'y vois nullement :
une façad-e peu sincère. L'uoaLùmisme es.t la forme d'art
qui prend pour sujet la vie collective, la vie ~'uo groupe. ,r..a
réalité littéraire intéressante serait donc pour lui non celle rl un
écrivain mais celle d'une école. Et je c.rois bien en effet que
les œ11~es les plus savoureuses, les œuvres centrales ~e l'école
sont sorries de là. De .même que les lyriques romantiques o~t
dit, sous toutes les formes et à toutes les occasions, leur _moi,
de même les unanimistes ont dit leur groupe. Les Copains de
M. Romains, CU111pagn{}t1S de M. Duoomel ne mentent pas à. leu~
titres j~mea:ux. Et vu.iique l'un et l'a:utre livre se placent p~r 911
les meilleurs de le.urs au.t-eurs, puisque l'un et l'autre réaltsea.1:
dans leur schématisme essentiel la doctrine .et la pensée de

1:S

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

l'école, c'est donc que la doctrine Je I'écok, le dfJuaisme de
l'école a-vaicnt une richesse intérieure et que }e couteau intelJ.ectuel portait l:&gt;ieo au joint d'une articulation &lt;le la bête à
découper. Au contraire de ce qui se passe souvent, ces œuvres
sont d'autànt mèilleures qu'e1les se tiennent plus près du principe de l'école, d'autant plus faibles qu'elles s'en éloignent
davantage. L'Œuvre des Athlètes qui e~t la plus nunquée et la
plus froide de celles de M. Duhamei, en est amsi la moins unanimiste. Mais nous sentons bien les canaux sollterrnins par
lesquels le vieil unanimisme de Compagnrms vtent vivifier les
belles pages de Civilismio11 et l'attacba11te Confession de Minuii.
Il serait cependant bien extraordinaire qu'un point de vue
aussi. particulier que celui de runanimisrne eilt été commun,
authentiquement et sans artifice, à tout un group·e d;é'ctÎvàins,
de poètes, dont les tempéraments diffèrent par ailleurs si profondément. En réalité il n'y a q).l'un unanimiste intégi·a.1, qui est
M. Romains. Il possède seul le tour &lt;l'esprit qui fait sentir et
connaître les choses et les êtres sous l'angle de Ia vie unanime.
Au contraire de M. Dah.'lmel il n'èt jamais su r6Iiser des individus. Peut-être l'un et l'autre viennent-ils de deux points
opposés, et fle :,e sont-ils rencomrés qu'arti.ficiellemenr dans
l'unité d'une école. Les Cepai11s et Compagnons ont beau na~te
dans le même mili-eu, sous la même doctrine et la même idée
préconçue, nous n'en voyons pas moins qu'il o'y a dans les
Copains qu'une r-éalité, le groupe et la conscience de gro1.rpe,
la destruction ou la construction de cette conscience, tanclis
que Compug11011s a pour centre, assez romanti-qvetnent, Ia per•
!Onne &lt;lu poète. Comparez également denx œ1:1vres aussi p~rallèles : Malluel de Dé.ificatioii et Posressioil tlu Momlt. r'lutant le
moi laisse dans la première routes ses v~leurs se transpooer
automatiquement en valeurs de groupe, autant il apparaît d:tns
la seconde tyrannique, envahissant, gènant pour :mtrni. Passessio11 du Monde me rappelle les thèmes d1A11w11teuse. Un beau
livre d'amour, a-t-on pu drre. Soit, mais comme cet amour
manque de virilité et de pudeur r Comme il foisonne en imliscrétion 1 Nietzsche cite ce mot d'une petite fille à sa mère :
11: Est-il vrai que le bo·n Dieu soit p-artont? Je troure cela
indéctnt. " La personnalité qui ne se révèle que p;ir un dés,ir
de se répandre partout, par une p°:se-ssion universelle, cette

�-88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

personnalité liquide ou gazeuse, ne séduira nullement ceux qui
se plaisent dans le monde des solides, dans un monde de personnes qui ont leurs barrières, leurs limites, leur intérieur inviolable et profond. Si j'étais capable de posséder le monde, c'est
qu'il ne serait qu'une bien pauvre chose, et qui ne vaudrait
guère la peine d'être possédé.
M. Romains part de ce sentiment intense et sincère que l'individu n'existe pas, ou tout au moins que l'artiste n'est pas en tant
qu'artiste intéressé par sa propre existence. M. Duhamel part
au contraire d'un sentiment exigeant de son existence et d'une
volonté d'annexion non par la violence mais par l'amour, un
amour auquel il ne manque, tant dans Vie des Martyrs que
dans Possession du Monde, que la discrétion. « A Dieu ne plaise,
diront certains, que je sois jamais aimé comme cela ! M. Duhamel ne m'aura pas. Et je crois que M. Romains ne m'aura
pas non plus. » M. Duhamel est un sentimental, un descendant
de Rousseau, et qui vou~rait avoir les âmes par l'amour.
Mais M. Romains est un intellectuel, un petit-fils de Voltaire,
qui prétend les avoir, entre autres moyens, par la mystification.
Loin de ce mot tout Je contenu péjoratif dont le chargent les
gens intoxiqués de sérieux ! 11 n'y a pas de religion, pas d~ justice, pas de forme d'art qui ne comporte une part de my~ttfica•
tion. Celui qui refuse de se laisser mystifier ne saurait par
exemple fréquenter le théâtre. D'autre part c'est une marque d:
faiblesse d'esprit que de voir de la mystification dans tout ~e ~u,
paraît singulier et obscur. Sarcey est mort dans la conv1ctrnn
que M. Barrès ne s'était dans l'Homme Libre rien proposé d'autre
que de mystifier ses lecteurs. Mallarmé pass~ généra_lement
pour un mystificateur. Baudelaire ayant volontiers pratiqué la
mystification, Brunetière en conclut que les _Fleur~ du Mal
avaient été écrites pour mystifier les gens. Ne nsquenons-nous
pas de paraitre aussi superficiel en plaçant cette étiquette sur
l'œuvre de M. Romains?
Aussi ne l'y plaçons-nous pas. La mystification n'est q~'un
des moyens dont a usé, dans quelques ceuvres, M. _Romains'.
mais il en a usé en grand artiste, pour ces deux raisons ~ul
n'en font qu'une, que d'abord il possède le génie de la mystifi·
cation, et ensuite que 1a mystification figure un des ressorts
indispens.i.bles de l'unanimisme.

RÉFLEXlONS SUR LA LITTERATURE

M. Romains n'est évidemment pas le premier artiste qui s'efforce de porter sur une âme collective l'intérêt qui s'attache
d'ordinaire à une âme individuelle. Animer comme un seul être
une foule, une cité, une nation, une armée, une escouade, cela
est passé depuis longtemps dans la pratique courante de la
poésie, du roman et du théâtre. L'originalité de M. Romains
:onsi~te à. avoir cultivé ce procédé de la façon Ja plus réfléchie,
a ne 1ama1s présenîer ses groupes comme des êtres spontanés et
v~aues à la Zola, mais comme des constructions laborieuses
précises, solides, géométriques. Comme M. Giraudoux nous rend
en littérature certaines manières de l'impressionnisme, ainsi
ou plutôt au contraire M. Romains ressemble aux constructeurs
de volumes issus de Cézanne. L'unanimisme, qui a d'ailleurs été
poussé moins loin que la peinture correspondante dans la voie
logique, bâtit comme le cubisme du concret avec Je l'abstrait.
Il élimine l'individuel comme le cubisme élimine les courbes
vivantes. Il construit des êtres en dehors des conditions de la
vie personnelle, et, sans réussir absolument, il n'y échoue pas.
Des constructions de groupes purs, comme Un Etre en Marche
et_ Cromedeyre-le-Vieil, sont des réalités originales et fortes, nous
laJSSent une impression non peut-être de génie, mais bien d'intelligence, de volonté et de puissance.
Ou plutôt, en prenant le mot dans son sens le plus laudatif,
une impression d'artifice. Il est probable qu'on verra un jour
tout un art, peinture et littérature, se créer autour des machines, et qu'on tentera d'élever, après l'homme et le pay~age,
le moteur et la turbine à la dignité esthétique. La place de la
nature _mort: ~ans la ~einture la plus novatrice annonce peut-être
des voies qui ITOnt lom. Quoiqu'il en soit, ces êtres techniques
seront à peine moins inhumains que les êtres collectifs de
M. Romains. Celui-ci s'est efforcé de tourner cette difficulté et
1orsqu··11 a voulu faire
. une œuvre vivante,
.
' '
il a toujours recouru
au même moyen : se placer à la naissance même de l'être unanime, inviter, forcer le lecteur à le créer avec lui.
, C'est ainsi qu'il a procédé dans sa curieuse Mort de quelqu'un,
ou un homme, ayant cessé de vivre de sa vie individuelle, mène
encore quelque temps une vie réelle dans le groupe d'hommes
dont il faisait et fait encore partie. Le sentiment de la ofoire
est lié dans l'humanité à cette existence posthume, b dont

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

M. Romains a donné une idée juste en l'étudiant en sa plus
petite et en sa p.lns insigmfunte dimension. La partie de notre
existence qui est créée p-ar les hommes est abolie n.on quand
nous-rnêm.es, maris quand ces hon~mes sont abolis. L'homme
crée incessamment, et non pras seulement par la génération,
l'être d'autres hommes.
L'art unanimiste consis1era à comprendre, à éponser, à pous' ser le plus loin possible ce procédé créateur. Il nous montrm,
dans son acte le plus complet et le plus haut, une consciellCe
d'artiste créant de la vie unanime. Et pour créer c.ette vie, il
faut nécessairement tromper les hommes. Ainsi que. Renan
aimait à le dire, on ne sort de 1a vie individuelle que paT une
duperie, une pi.a. Lam de la divinité, une mystificatio·n .plus ou
moins transcendante. Pas. d'Etat, pas d'armée, pas d'école saos
bourrage de crâne. Qui ve.it la fin veut les moyens. Et les
moyens, le Bourg Régénéré, les ûipai11Y, Dcnogoo '1"011gJJ nous ks
indiquent largement : c'est la mystification cré:rtrice.
Un bourg médi.ocre et pl1at est régénéré parce qu'un graffi!tJ
excitant et subversif s'y lit quelques jours sur un urinoir. Les
Copains, c'est-à-dire l'école unanimiste consciente et organisét,
emploient leur verve active et leur mystificaticu savante à créer
ou à détruire assez littéralement d-es, groupes et des villes. Il ue
faut pas être manchot poœ reprendre en Auverg11e ra tradition
de Jules Cés·a r, construire Ambert et détruire Issoire. Et l'un
des Copains, le génial La:merulin, construira par les mêmes
puissances de suggestion, la ville de Donogoo Tonga.
La mystification apparaît id comme un raccourci des puissances qui sont à l'œuvre plus lentes et plus mêlées dans la vie
sociale. Renan se pl.i.isait à voir dms le démiurge un type dans
le genre des Copains à Ambert et à Issoire; et, devant cette
mystifiation, la sagesse consistaitpour lui à n'être pas dupe, la
-vertu à faire semblant d'être dupe. M. Roma.ins1 qui ctSt, comme
l'ét:iit Renan, agrégé de philosophie, a· placé xvec beauc0Vp
d'ingénieuse hardiesse sa littérature unanimiste su.r un au
cosmique. Les ûipaitzs sont un livre profondément rabelaisien,
mais, si Pantagruel demeure chez no11s une des bibles des gtns
Je bien, il a telkment cessé d'influer de façon vivante sT.U notre
1ittérat~re que l'on comprend mal les œuvres qui en desce1td:~nt.
A l'étr:rnger elles sont plus appréciées. Je n'ai pa-s été très sur-

IÉFL.EXIONS SUR LA LITTÉRATURE

pris de trouver une traduction sut!doise des Copains et en
Suis~, chez les étudiants o: bellétriefis » le livre de M. RoU:.ains
jouit d'une popularité analogue à celle du père Ubu dans nos
carrés d'officiers de marine.
Cest ainsi que nul n'a mis en lumière mieux que M. Romains
ceq~'il y_a d'énergie créatrice dans une belle, large et lyrique
mystificat10n. Non seulement la mystifiation c.rée et ditruit des
ho~mes et des groupes humains, mais elle crée et détruit le
mystifi~ateur. Elle le ~onduit à cette belle ivresse sur laquelle
se t~rmment les Copams. Et la roche Tarpéienne est près de ce
Capr:ole. Quand Baudelaire arriva à BruxeUes, il commenç:IIJ)ar
mys~11ier les Belges en propageant le bruit q!!'il avait des mœurs
spéciales et qu'il appartenait à la police. Il ~tait beau de se créer
ainsi un être dans l'imagina.tian bnuelloise. Mais les Belges,
l'ayant cru de bonile foi, le mésestimèrent et désertèrent ses
conférences. Et cette candeur b~abançonne, après avoir fait le
succès trop complet de sa mystification, devint, tournée
~ lu~ en stupidité, le motif de ses épigrammes et de i;es
mvectrves : il se fâcha d'être pris à son piège.
~ersonne n'eut l'imagination mystificatrice plus riche que
Guillaume Apollinaire. L'Hérésiarque pourrait presque prendre
place sur le même rayon que les Copains, et Apollinaire inventa
le douanier Rousseau à peu près comme M. Romains créa le
prince des penseurs, Pierre Brisset. Mais l'Hérésiarqu.e pré~curait
tellement le ,ol de la Joconde qu'Apollinaire ( d'autres circonstances encore aidant) eo fot soupçonné au point de faire
plusieurs jours de prison, et que, jusqu'au retour de la toile
a,u L?u_vre,_ il fut admis dans une partie du monde littéraire qu'il ,
lavait vraiment enlevée. De tels précédents aucrmentent les
difficultés qu'éprouve aujourd'hui M. Romains à faire concurrence à l'évêque Berkeley pour une théorie nouvelle de la
vision. Espérons qu'il arrivera tout de même à fonder mal!!ré
1
'
0
es,. enn_e.mis de Le Trouhadec, son Donogo o Tonga. Il est vrai
qu 11 lui reste un second hémisphère à découvrir. Te veux dire
qu'il lui reste à mystifier, en découvrant un vrai Donouoo
: 0 ng~, les esprits simplistes qui croient que la mystification
1explique tout entier.
. Y arrivera-t-il par la science, la poésie ou le roman ? Je suis
incompétent sur le premier chapitre, et, pour ce qui est des

�92

LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAIBK

deux autres, j'aurais plus de confiance dans le second que dans
le premier. Certes la poésie sortie du groupe unanimiste est des
plus honorables. M. Chennevière a une vraie nature de poète
et nous a donné un des meilleurs livres de vers nés de la
guerre. Les lettrés ont raison de tenir en grande estime le Livre
d'Amour de M. Vildrac. Compagnons de M. Duhamel plaît mieux
par son rythme d'ensemble que par son détail, tandis que dans
son dernier recueil il y a au moins une pièce, d'émotion sobre
et poignante, qui deviendra probablement classique (le titre
m'en échappe, mais les lecteurs savent bien celle que je veux
diŒ), Quant à M. Romains il me semble que, malgré de nombreux recueils, sa poésie reste à peu près tout entière dans ce
livre dense; débordant et lourd de la· Vie Unanime. Ses essais
dramatiques sont originaux et Cromedeyre est au. moins cha:•
penté par une idée poétique singulièrement puissante. Mais
l'instrument verbal qui sert à M. Romains ne s'élève guère, en
général, au-dessus de la prose, et c'est certainement dans la
prose, dans le roman, que son art a atteint jusqu'ici son expressjo11 la plus directe et atteindra plus tard ses formes les plus
élevées. Bien que Cromedeyre ne soit pas son chef-d'œuvre,
c'est peut-être lui qui, avec les Copai11s, fournirait sur le tempérament artistique de M. Romains la perspective la plus juste.
Dans n.otre littérature féminisée, son unanimisme apparaît
comme une nature puissamment et exclusivement mâle, où se
mêlent la force dionysiaque et le priapisme rabelaisien. Les
éléments de tendresse, de délicatesse ne sont pas donnés dans
son être, il faut qu'il descende les ravir dans la plaine, et ils
paraissent toujours en lui un peu étrangers et artificiels.
ALBERT THIBAUDEî

•

NOTES
PALUDES, par André Gide, illustrations de R. de La
Fresnaye (Éditions de la Nouvelle Revue Française).
Cette nouvelle édition de Paludes va permettre au grand
nombre de lecteurs qu'André Gide s'est acquis depuis la publication de La Porte Etroite, de faire connaissance avec la plus
importante de ses œuvres antérieures aux Nourritures Ter-

restres.
Nous venons de la relire, -

dans notre vieil exemplaire du

Mercure de Fra11ce, - après vingt années écoulées et avec« toute
cette cynique et sombre connaissance de ce qui arriYe et de ce
qui doit arriver, avec toute l'expérience et toute la méfiance, et
toutes les désillusions amassées ii I au cours de ces vingt années:
une sévère épreuve à faire subir à un livre écrit il y a vingt-cinq
ou vingt-six ans, et par un jeune homme.
Eh bien, notre toute première impression a été que, d'abord,
pour être daté de r 896, Paludes ne date guère ( et pourtant
Dieu sait dans quelle espèce de charabia prétentieux il était de
mode d'écrire alors, et de quels dangereux exemples Gide était
entouré!) - et ensuite que, pour être l'ouvrage d'un homme de
moins de vingt-cinq ans, il témoigne d'une remarquable maturité d'esprit. Mème, nous avons eu le sentiment que, lors de
notre première lecture (vers l'époque de notre majorité légale)
un certain nombre de choses avaient dû, faute de maturité chez
nous, éohapper à notre attention ; par exemple, des passages
comme celui-ci : cc Hubert n'a rien compris à Paludes; il ne
peut se persuader qu'un auteur n'écrive pas pour distraire,
dès qu'il n'écrit plus pour renseigner. Tityre l'ennuie ; il ne

comprend pas uu état qui n'est pas un état social; il s'en croit loin
parce qu'ils'agite. ,&gt; Les observations d'ordre général contenues
mais non directement exprimées dans ces phrases se suh:aient
1.

Trhia, de Logan Pearsall Smith,, traduit par Ph. Neel.

�94

LA NOUVELLE RE\'UE FRANÇAISE

de trop près pour que nous eussions le temps de nous y arrêter.
Et pourtant, nous savions déjà si bien que _la poésie n'a pour
fonction ni de renseigner ni de distraire, et nos pensées ordinaires planaient, alors, à tant de Heues au-dessus de tout état
social l Mais c'est que la vie ne nous avait pas encore appris à
découvrir dans les livres ces formules algébriques où les moralistes ont su la condenser: nous ne suivions plus. Mais à quoi
bon essayer de retrouver l'état d'esprit dans lequel nous étions,
nous les jeunes contemporains d'André Gide, à l'époque ou
nous avons lu pour la première fois Paludes ? Qu'il nous
suffise de dire tout de suite que cette seconde lecture, plus attentive, plus reposée, plus critique, notls a été encore plus agréable
et même, oui, plus profitable que la. première.
C'est un livre charmant. Pour la désinvolture. l'aisance di11tinguée, l'élégance dans le laisser-aller, je ne tr~mre à lui comparer - parmi ses contemporains, - que les liwes de Jean de
Tinan, et pour la vivacité et le • bonheur du clialo!rue
t&gt;
, que ceux
de M01• Colette. Tout y m.u-cbe si allègrement qt(on ne cesse
guère de sourire, et parfois même on ne peut s'empêcher de
rire tout haut, comme à ce passage, d'une absurdité exquise :
e&lt; Tu me rappelles ceux qui traduisent : « Numero Deus
impare g-audet &gt;&gt;,par: Le numéro Deut se réjouit d'être impair,
et qui trouvent qu'il a bien raison. Or s'il était -vrai que
l'imparité porte en elle quelque essence de bonl1eur, - je di'&gt;
de liberté-on devrait dire au nombre Deux: mais, pauvre ami,
vous ne l'êtes pas, impair; pour vous satisfuire de l'être, tâchez
au moins de le deve1tlr. »
A ces qualités s'ajouteuneespècede malice, on de ta:quinerie,
à laquelle André Gide ne devait jamais complètement renoncer
dans. la suite, et qui est une des camctéristiques de son style.
Cette malice, plus abondante ou plus visible 'dans Paludes
que dans aucun autre lim-e de Gide, se manifeste tanttît par la.
recherche, pour le pla:isir de les franchir, des obstacles que présente la syntaxe, tant6t par une manière aisée et naturelle d'être
difficile et de paraître artificiel, t:mtôt enfin par des caprices
déroutants, comme celui qui l'a fait pJacer tout à la :fi.a de son
livre, en post-fuce, ce qui en est recllement l'argument, la
préface et l'explication :
« Il fallait, resongeant de là-bas à Paris, à cette agitation sur

lltOTES

plaœ, à cene localisation du bonheur, à cette myopie des fenê~res, à _ces contrôles d? plaisir, à cette irrterception du soleil...,
11 fallait certes que lm-même [l'auteur] en fût loin et depuis
longtemps, pour songer roême à en sourire...
... Il trouva du même coup ridicule également le contrt\lé le
contrôleur, celui: qui veut le,er les contrôles, et celui qui ne ~:1.it
pas y échapper. ))
Tel est en effet le « sujet » de Paludes, .qui est, hien plutôt
qu'un roman, nne comédie morale, et dont la donnée initiale
la situation, est beaucoup plus près du théâtre que de toute aut~forme littéraire. Paludes est l'histoire d'un monsieur qui est en
train d'écrire un livre intitulé Paludes, e.t qui c.n parle à tollt Je.
'.11onde, et qui le sou~et, à mesure qu'il l'écrit ou l'imagine, an
Jugement de ses a:rms et connaissances. Or, les deux seuls.
ouvrages (à ma connaissance) qui ont une donnée analogue,
sont Tbe Rebearsal, et Tbe Critic ~e Sheridan. Et c'est comme
une comédie qu'il faut lire Paludes.
Une des surprises de notre re-lecture a été le personnage
d'~ngèle. Nous ne l'avions pas aussi bien discerné, la première
f~1s .. P~ut-être ~arce que Gide s'est amusé à le dessiner, pour
ams1 dire, eo silhouette blanche sur un fond de hachures. Mais
qu'!l est bien venu! Quelle gentille Française, quelle :1imable
pente femme de Paris ! Nous n'avions pas su voir, autrefois,
que c'était précisément ce fait d'être q1J.Clconq11e qui lui donnait
toute sa valeur, son carâctère national et local : la grâce et l'aflinement, sans plus. On comprend qu'André Gide lui ait été
fidèle, et qu'il lui adresse encore de ces lettres, qu'elle lit, nous
pouvons en être sûrs, comme la Serena Brucbi de W. S. Landor,
u depuis le commencement jusqu'à la fin ,i.
Nous nous demandons aujourd'hui, en 192r, comment il a
pu se faire qu'un livre si amusant, parfois si drôle, et si franc
de maniérisme et d'esprit de coterie, et qui contient, avec un
certain nombre de personnages. divertissants ou sympathiques
(entre autres « notre jeune ami Tancrède ») un type de jeune
femme. si réussi, n'ait pas donné immédiatement à André Gide
a~près du. public, la situation qu'il n'a obtenue qu'aprè;
L lmmornl1sle et La Porte Etroite. Mais c'est là une question qui
5~ pose et qui se posera tou}ours, à prop.o s de beaucoup d'autres
livres, tout au long de l'histoire littéraire : comment se fait-il

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que les ouvrages les meilleurs et les plus importants ne sont
reconnus, à leur apparition, que d'une partie si restreinte du
public qui lit ?
En ce qui concerne Paludes, on peut répondre : qu(' ce
livre était trop en avance sur le goût moyen de l'époque où il
parut ; qu'au point de vue esthétique, il s'écartait trop définitivement du Réalisme, dont les formules étaient familières au
public, et de l'école du roman psychologique encore en pleine
floraison ( c'était plutôt aux contes philosophiques du xvmesiècle
qu'il fallait remonter si on voulait absolument trouver à Paludes
quelque ancêtre). Mais surtout, ce livre traitait, poétiquement,
de certains problèmes qui n'avaient encore commencé à préoccuper qu'un petit nombre d'esprits, et seulement parmi les
très jeunes gens. Et il donnait une solution à ces problèmes.
En effet, « le contrôleur, le contrôlé, celui qui veut lever les
contrôles, et celui qui ne sait pas y échapper &gt;l sont également
ridicules et font les frais de cette jolie comédie. Mais n'est pas
ridicule celui qui échappe .aux contrôles malgré lui, parce q~'il
ne peut pas ne pas y échapper, parce qu'il ne peut pas fai~e
autrement, - celui qui, dès qu'il est libre, sort de Pans
parce qu'il est comme aspiré par les gares, entrainé par les
grands « rapides », - celui qui échappe aux contrôles
parce que c'est sa destinée, et qui,·ou bien ne s'aperçoit mê~e
pas qu'il y échappe, ou bien regrette d'y échapper et sen
excuse, et pense que c, c'est mal». Cest à ce dernier que va la
sympathie d'André Gide, parce qu'il y a dans ce personnage un
conflit dramatique qui l'intéresse, et l'intéressera toujours ; ~t
c'est essentiellement ce qu'un jeune critique esp~nol,_M, Maa::
chalar, a_Epelait récemment« le paludisme d'André ?id:». Avec
ce personnaoe-là
finit la comédie, et une
autre histoire comb
.
mence : celle des Nourritures Terrestres.
VALERY LARBAUD

*

*

*

TANT PIS POUR TOI, par Gérard d'Houville (Fayard).
Le joli conte de Géra~d d'Ho~ville est un peu !on_g, ~ton ::
laisserait tomber volontiers plusieurs pages. Mais Il aioute .
bon livre au rayon de littérature féminine qui met aujourd'hm
dans notre littérature le poids d'un rayon de miel. Peut-être

NOTES

97

est-ce ~n ?eu trop joli ~t tarabiscoté. Marinette plaît beaucoup,
elle_ plair~1t ~avantag_e si. elle avait moins d'esprit, si elle cherchait moms a en avoir, s1 elle en aveuglait moins son renard
argenté et son brave homme d'amant, auteur d'un ouvraoe sur
la Fem_me et l'tîme avant le Concile de Trente. Les jeunes fiÜes du
catéchisme de p~rs:vérance, à Saint-Honoré d'Eylau, apprennent en effet au vicaire éberlué qu'une âme a été reconnue à la
femme, p~r le Concile de Trente, à une voix de majorité, comme
la Répu?lique. Je ne sais si un concile de femmes, réuni par la
~on moms authentique papesse Jeanne, en eût reconnu une à
1homme. En tout cas Tant pis pour toi me paraît bien un plaidoyer contre cette opinion, et l'auteur etît préféré en attribuer
une à_ ~~olphe, un nom si mal porté chez Benjamin Constant et
réhabilite par le renard argenté de Marinette. Remy finit tout de
même par en avoir une à la minorité de faveur, par charité. Les
Grecs avaient fait de Psyché une femme. Gérard d'Houvi!Ie lui
fait perdre ses ailes auprès de l'homme:
Ces ailes de flamme légere qui me brûlaient en m'emportant et
que tu n'osas jamais suivre, ces ailes ne sont plus que fumée. D'abord
pour te plaire, à ton foyer, je les ai abaissées et fermées · puis tu les
. étc'.gnis pesamment sous les cendres de ta sagesse et des ~onventions
~iales et fa~iliales, sous la suie du noir possible, sous la poudre du
~sâtre ce qui se fait. Elles ne palpiteront plus jamais à tes yeux à la
fo1S prudents et éblouis. Plus jamais, jamais; par ta faute ; tu les
regrettes ? Hé!as ! hélas ! tant pis pour toi.
Eh oui ! la femme c'est l'âme, la femme c'est l'amour la
femme c'est le génie.
'
Et quand, par-ci, par-la, un homme a du génie, le ·genie, cette
autre forme de l'amour, eh bien I ce génie lui vient de sa mère.
Mais pourquoi les mères en ont-elles si souvent privé leurs
filles ? Et puisque Gérard d'Houville en a incontestablement
est-elle bien s-ôre de ne pas le tenir un peu de son père ?
'
* **

ALBERT THIBAUDET

ANICET, par Louis Aragon (Editions de la Nouvelle
Revue Française).
. Entre le moment où il sait lire ( et peut-être avant : la tradition des nourrices est aussi conventionnelle que celle des pro7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

fesseurs) et le moment où il est mithridatisé par un artifice de
l'instinct contre les livres, l'homme est un vieillard. Ses premiers écrits sont les mémoires de sa vieillesse.
Mais parmi les radotages qui décèlent l'écrasement de l'esprit
sous les lectures accumulées pendant des milliers d'années, la
jeunesse d'un Anicet perce déjà. Aujourd'hui, je suis d'humeur
à ne goûter en lui que cette saveur moderne : Anicet aime les
femmes. Voilà qui est nouveau, voilà qui est de demain. Voilà
qui rejette en arrière cette fameuse c&lt; fin de siècle )&gt; ou plutôt
tout ce lointain xrx• siècle, au cours duquel à cause d'une mauvaise bygiène l'homme a été se brouillant de plus en plus avec
la femme.
Mais Aragon, prisonnier encore de l'idéalisme de ses aînés,
ne parle pas crûment de ses préférences ni de ses actes.
Jacques Rivière a écrit que la littérature française avait été
plus loin que nulle autre dans la voie de la sincérité. Au contraire, l'exemple de cette litJérature souligne un certain mensonge de toute ,littérature. Car enfin les Français so~t connus
dans le monde pour le goùt qu'ils ont de l'amour physique i
eux seuls, dans les temps modernes, ont courageusement poussé
à la fois l'aventure sentimentale et la quête du plaisir, et aYOUé
dans leurs mœurs les conquêtes qui en ont .résulté.
Eh bien ! ils n'en lai.ssent rien passer dans leur littérature, ou
si peu, ou d'une façon si dissimulée, si convenue, si hypocrite,
Oui, les Français sont plus hypocrites que les Anglais, car su
ce chapitre les Anglais n'-avaient rien à cacher, tandis que les
Français avaient quelque chose à dévoiler.
On peut s'en rendre compte aujourd'hui à la lumière récente
d'un événement littéraire qui marque décisivement une étape
des mœurs.
Il faut que l'histoire naturelle de l'homme ose entamer
l'étude de l'homosexualité pour qu'on s'aperçoive gue toute la
psychologie de l'amour dont nous nous repaissons depuis trois ou
quatre siècles n'a été qu'une perpétuelle dérobade, un leurre
constant. A toute cette littérature française qui s'est fait une réputation d'audace en multipliant les allusions à notre souci, à notre
ressort essentiel ; l'action ·génésique, je préfère la littérature
anglafse qui au moins s'est abstenue entièrement et s'est privée
loyalement du bénéfice d'un faux cynisme, puisqu'elle ne pou•

NOTES

.

.

99

va1t en vemr à la démarche seule importante à l'étud
.
·
•
e vraiment
réaJ'.1ste. J'aime
mieux
un roman
. d,
1
.
.
ang ais ont le lecteur peut
croire que Jamais les personnages
f
.
, .
ne couc 11ent ensemble qu'un
roman r~nça1s, o~ rl paraît, par mille détails précis mais inefficaces, qu on ne fait que cela mais ou les eff, t
.
sur la
h l · d f:
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e s qui en résultent
• psyc o og:ie e açade sont soigneusement ignorés
Tout est donc à recommencer (M 0 .
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·
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on reu,.comme J exaaère
mais cette note peut-elle être autre chose
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· A
qu une outa e ~)
Lou1s
ragon ne commence pas. Il finit.
.
Cela est conforme à la nature d'une œuue
. d'1te « de Jeu
.
nesse ». Aragon fi nit, Araaon liquide Et l
_ç
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cou.1orme a la destination du Mouvement Dada e t
. d
liquidation des firmes littéraires du xrxe siècle ;en~ r~p;se e
des métaphores, des formules.
.
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a encan
A demain les affaires sérieuses.
Attention au prochain Aragon.
En attendant, il a le droit pour nou fi
tu·I te aIIèare
.1
.
s gurer sa
parmi es ru mes du romantisme, du symbolisme de l'
n· b
risme d'
,
apo ma. ' emprunter un peu à Voltaire son mode d'écritu
N
craignez rien, il n'en est pas pour cela néo-classîqu/\1ai:
Breton, Soupault, Eluard, Rigault, les jeunes dadas de p .
sont prudents, la plume à la main. C'est ainsi q l
ans,
rade A
d .
ue eur camaragon, quan ri entreprend de relater ses
.,
explo t'
c ·
prem1eres
ra tons, Letgnant de ne pouvoir encore à .
d
trouver so
tyl
h •.
vingt- eux ans
' n_ s . e, c o1s1t de se soumettre formellement à
11D modele illustre. Ces garçons sont fo t
1
est menaçante.
r sages, eur sagesse
*
P. DRIEU LA ROCHELLE
* *

L'ÉCUYÈRE, par Paul Bourget (Flon-Nourrit).
fi

~j Paul Bo~rget, toujours balzacien, nous offre en volume le

;~~ e:o~ q~'1l s:est diverti' naguère à écrire pour le Gaulois.

. l h1sto1re de la fille d un maquignon ano-lais courtisée
Pllls abandonnée par le jeune c0mte Jules de Mal'
'
se tue de désespoir.
igny et qui
r,: Le front qui n'était pas três haut mais dan
1
duquel
hré
'
s a coupe
un
p
nologue
et1t
retrouvé
le
siO'ne
de
la
volonté
dé''
révélée
J
(
b
ia
So
pa: e men~on. » . p. 6) - c( Quel âge avait-il alors ,
n extrait de naissance lui aurait donné trente c·
·:·.
- tnq OU CIO-

�.NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rno

quante ans que yous n'auriez été étonné n_ï dan~ un cas, ni da~s
l'autre ... En réalité à cette date de r902, il avait quarante-trms
ans. &gt;J (pp. 9·IO) - « Son père lui faisait un peu jouer le ~ôle
du&lt;&lt; mannequin &gt;&gt; dans les grandes maisons de ~outure. Qui ne
sait que l'on appelle ainsi les jolies filles chargees de.•· e~c ... ~
(p. 22 ) _ &lt;c Son caractère se trouve avoi; exercé une action s1
directe sur la suite de cette aventure, qu avant de pousser plus
loin ce récit il est indispensable d'en donner un crayon· » (p. 4r)
_ " A sa mère elle était redevable de ce tour d'âme, osons le
mot. &gt;&gt; (p. 14) _ &lt;&lt; Les plus menus faits de la nature, ,s'ils sont
regardés de près, peuvent servir, pour un observateur, a dém1on·
trer de grandes lois. &gt;&gt; (p. 43) - « Ob! sba11te I sb~me ·' ~
(p. 157) - « Ne me donnerez-vous pas un baiser, celui d: nos
fiançailles ? - Ah ! mon aimé l osa•t•elle répondre. Et delle•
même, lentement, elle se pencha et mit son front sous les l~vres
du jeune homme. n (p. 1 55) - « Cet air de femme très nche,
si déplaisant lorsque la femme très riche n'est pas, en même
temps, une très grande dame. » (p. 225).

*
LES JUIFS OU LA FILLE D'ÉLÉAZAR, par Elissa
Rhaïs (Plon-Nourrit).
Ce livre de mœurs juives algériennes où l'intrigue romanesque existe à peine et n'est que prétexte à descriptions ne
fait oublier ni les Enfants dit Ghetto de Zangwill, ni l'Om,bre
de ta Croix des Frères Tharaud. Bien mieux, il les rappelle 1uo
et l'autre : le mariage manqué de la fille d'Éléazar ressemble
beaucoup au mariage manqué des Enfants du Ghetto et le dénoue·
ment imaginé par Mme Rhaïs est une variante de la fin ::
l'Ombre de la Croix. Rencontre fortuite sans aucun doute et to

à fait explicable.

.
.
·
Cette nouvelle peintute de mœurs israélites est-elle aussi
fidèle que les précédentes? Nous n'oserions l'affirmer. La
d curnentation de Mm• Rhaïs nous semble insuffisante et. som·
o
maire.
Nous relevons dans son 1·ivre tant d' erreurs au point
. de
d
vue judaïque que nous sommes mis en défiance sur l'exactttu e
1 . &lt;&lt;

Oh ! honte 1 honte l »

roi

de tout ce qui concerne l'hébraïsme proprement algérien. Bornons-nous à signaler une seule hérésie, celle que Mm• Rhaîs a
commise au sujet de Souccot ou Fête des Tentes. Elle prend cette
fête pour une commémoration de la sortie d'Égypte (page n)
alo:s qu~ c'est la fête des récoltes dont le Deutéronome (xvr,
13-15) dJt: cc Tu célél,reras la Fête des Tentes qua11d tu rentreras

les produits de ton aire et de ton pressoir et tu te réjouiras pendant
la Jite et avec toi to11 fils el ta fille, ton serviteur et ta servante, le
lévite, l'étranger, l'orphelin et la veuve qui serout dam tes murs. )&gt;
Et bien loin ce soir-là de proclamer la supériorité des Juifs sur
les Gentils (p. I 2 ), il est prescrit, durant Souccot, d'offrir
soixante-dix sacrifices expiatoires pour les « soixante-dix
nations », pour tous les non-Juifs et pour le bonheur de
l'Humanité.
Ce serait là faute vénielle si Mm• Rhaïs avait interprété l'âme
juive avèc plus de perspicacité que les rites. Mais eUe donne à
ses Juifs une modestie, un mépris des choses d'ici.bas, un
~ppé~it e sacrifice qui sont purement chrétiens, mais qui
Jamais n ont caractérisé les Juifs. Les héros de Mme Rhaïs ont de
la grandeur, mais une grandeur qui n'a rien de judaïque. Sans
compter les naïvetés de cette espèce : « Peu nombreux étaient
ceux qui osaient contredire Rabbi Éléazar dans la version qu'il
apportait des textes du grand Livre» (p. 3), comme si le propre
d'un Israélite pieux, en matière d'exégèse biblique, n'était pas
de discuter tout, ftît-ce 2 et 2 font 4.
. Le livre de Mme Rhaïs ne manque certes pas de talent : il est
vivant, grouillant et, s'il n'est presque jamais émouvant, il est
fréquemment amusant et savoureux ; mais il ne contient par
malheur que la chose 1a plus insupportable peut-être - parce
que la plus insincère - de toute la littérature: un èxotisme de
pacotille.
BENJAMIN CRÉMIEUX

f

.

* *

NOCTAMBULISMES, par Jean de Tiuan, édition ornée
d'un portrait de l'auteur par Ma:&gt;..--ime Dethomas et de dessins
de Maun"ce Barraud (Paris, Ronald Davis).
M. Francis Carco a eu l'idée de réunir en volume les chroniques publiées naguère par l'auteur d' Ai111ù11ne dans le Mercure de France et qui alimentèrent, concurremment avec celles de

�I02

LA NOUVELLE REYUE FRANÇAISE

Jean Lorrain les réveries des jeunes littérateurs provinciau_x _e~
proie au désir de connaitre la cr vie de Paris». Tout cela a ;·1eilh
comme tout ce qui suit la mode de trop près et de trop pres les
contours du pittoresque quotidien. .
, . .
Mais Jean de Tjnan est un précurseur; ou plutot 11 a m_venté
un genre littéraire en augmentant le domaine de la cnt1que
d'une province pleine d'attraits. Ceux quj découvrent le charme
du cirque et des music-hall ont, comme on di~, quel1ue retard .. .
oc ... K ous verrons près de beaux athlètes bien l~1sant~ ( quaoc rante-six centimètres de tour de bras) des Japona1sfinsiongler
« avec le vent d'un éventail ; Footit vexera Chocolat ; les
« acrobates fuselés souriront ; les petites filles serreront les
cc lèvres en glissant sur les fils de fer balancés ; les patineurs
oc croiseront l'allongement tournoyant et penché des sou« p les ses. ))
Ces lignes charmantes sont datées de r 897. Les _règles d'un
o-enre y sont déjà fixées. Les dessins que M. Maurice Barrau_d
; fait pour orner ce livre sont très supérieurs à ce qu'on a,.ut
pu voir de sa façon, jusqu'à présent. Quelques f\,o-ures _de
femmes montrent une bestiale et touchante douceur, bien
observée et rendue avec simplicité.
ROGER ALLARD

*
* *
POÈMES, par Henry J.-M. Levet, précédés d'une conversation de MM. Léon-Paul Fargue et Vale1y Larbaud.
(La Maison des Amis des fü'.res.)
Henry J.-M. Levet fut vice-Consul àManil_Ie ~t à Las P~lmas,
après avoir été poète à Paris et chargé de m1ss10n dans l I~de.
Il mourut en 1906, à trente-deux ans. Léon-Paul Fargue qmfut
son ami Valery Larbaud qui fut son premier et reste son flus
fervent ;dmirateur se sont réunis pour assembler, en une mince
plaquette, le meilleur de sa production poétiq~e. et ~e P:ésen:er
dans une conversation-préface où les curieux d histoire httfoure
trouveront beaucoup à glaner.
Cette voix qui Yient d'outre-tombe et s'élève d'entre les morts
a nonymes avec la couleur de son inquiétude, la forme de son
sourire, les' apparences les plus légères et les pl us su bt il e,s de la
vie ne s'écoute pas sans attendrissement . Avec elle, grace au

li'OTES

•

IOJ

commentaire plein d'allées et de venues de Fargue et de
Larbaud, c'est toute l'époque 1900 qui surgit, et la génération
qui anit alors vingt ans semble se refléter toute en Levet.
Exposition Universe!le, Président Loubet, Universités Populaires, voix enrouées à force d'avoir crié « à bas les Juifs! » ou
«à bas l'armée )), tout cela. débouchant sur une esplanade de
lassitude, sillonnée d'automobiles sur pattes d'araignées, à muffie
plat, et qu'il n'y avait pas encore moyen de prendre littérairement plus au sérieux que la philosophie solidariste du radicalisme triomphant. Le sport n'avait encore que des vertus bourgeoises. Le désir d'évasion par l'ironie, le paquebot, le dandysme, le noctarn bulisme, le stendbalisme renaissaient phis forts
et plus fantaisistes que jamais. On pense à cette époque de la
Régence de Louis XIV où les poètes de cabaret et les rimeurs
de mazarinades triomphaient et faisaient rêver Molière, Racine,
Boileau, Jean de Tina.n, Alfred Jarry, Jean de Mitty, Marcel
Schwob, P.-J. Toulet, Félix Fénéon . .. à travers ces noms, on
glisse doucement du symbolisme à la poésie innommée d'aujourd'hui.
Levet fut l'un d'entre e~x. Ecoutons Fargue : « Un jour, à
quatre heures du matin, l'été, la soupe aux: poireaux-pommes de
terre, très poivrée, mangée au guichet du Canal Saint-Martin !
Les Halles !. .. Le lendemain, les beaux bagages, les porte-habits
en cuir, ... les cannes de Brigg, les cravates de Charvet, ... les
cabanes de la zone stratégique et les bouquins sur Tombouctou-la-Mystérieuse, les beaux catalogues de taiHeur et le
comique rèche anglais.. . Levet avait une mémoire poétique
extraordinaire, sachant par cœur une grosse partie de Victor
Hugo, de Musset, de Baudelaire.»
Et Yoici Larbaud : &lt;c Comme la vie et les préoccupations de
notre groupe étaient différentes de celles du groupe de LeYet, à
quelques années d'intervalle! Peu de nuits blanches, peu de
femmes! » ... cc Nous nous tournions vers l'étranger pour voir
s'il n'y avait pas là quelque chose de plus neuf encore ... C'était
alors que j'avais découvert Wihtman. »... c&lt; Ce que je-cherchais, c'était le poète qui eût été le successeur à la fois de
Laforgue, de Rimbaud et de Walt 'Whitman. Et voici qu'il me
sembla presque l'avoir trouvé ... »
Trois Cartes Postales de Levet reproduites par l'Effort de

�to+

• LA NOUVELLE REVUE

Toulouse avaient suffi pour bouleverser et enchanter ainsi Larbaud, intrépide explorateur de la littérature mondiale. Ne
nous en étonnons pas. Levet orientait définiti.vement Larbaud
vers ses Poemes et on peut le tenir pour le précurseur de
Barnabooth, du Calumet d'André Salmon, de Paul Morand, de
Blaise Cendrars, de Mac Orlan, mais, Larbaud e'Xcepté, aucun
de ces poètes épris de voyages, d'aventures et d'humour ne l'a
connu.
Ce précurseur, il ne l'a été que dans ses Cartes Postales. Ses
premiers poèmes habiles, mais peu personnels ; son Drame dt
l' Allée verlainien n'en laissaient rien prévoi.r. Le Paviilan, tout
imprégné de Mallarmisme, annonçait déjà plus d'originalité.
Quant aux Cartes Postales, elles nous charment encore, si
elles ne nous étonnent plus. Citons la première :
L'Armand-Bébic (des Messageries Maritime.)
File quatorze nœuds su.r l_'Océa11 ltzdien ...
Le soleil se couche en des confitures de crimes,
Dans cette mer plate comnu avec la main.

- Miss Roseway, qui se rend à Adelaide
Vers le Sweet Home au jian,:é australien,
Miss Roseway, helas, n'a cure de m011 splutt;
Sa 101-gnette sur les Lnqmdives, au loin ...
- Je vais me prépa1·er - s,ms entrain I - pour la füe
De ce soir : sur le po11t, lampions, danses, romances
(Te dois accompagner Miss Roseway qui quête
- Fort getztimmt - pour les familles des marins
Naufmgés !). Oh J qu'm une valse lente, ses reins
A mon bras droit, je l'entraine sans violence
Dans un naufrage oil- Dieu reconnaitrait les siens ...
BENJAMIN CRÉMIEUX

*

* *

LA ROMANCE DU RETOUR, par Jean Pellerin,
avec un portrait de l'auteur par Raoul Dufy (Editions
de la Nouvelle Revue Française).
C'est dans le rythme des strophes du Paris ridicule de l'infortuné Claude Lepetit et dans le rythme de Ménard écrivant à

NOTES

105

son ami Flotte pour vitupérer les actions du siècle un poème
en quarante-trois strophes d'une inspiration curieuse, d'un
modernisme de qualité et qui n'emprunte à nos deux noms
précités que la belle facture des vers, selon les traditions d'une
époque où l'on considérait la poésie à la fois comme l'expression de la suprême éloquence et de la plus grande perfection
du style. ·
Jean Pellerin, poète mobilisé, promène sa mélancolie sur un
Paris dont les spectacles attristants se parent de la puissante
personnalité d'un soldat distingué : ·

Oui, c'esl pour ces larves sans charmes
Que Pellerin porta les armes
Et dormit au ca11tonneme11t.
Ce qu'il faut louer dans ces quelques pages qui, à mon avis,
contiennent un des plus beaux poèmes ·de notre temps, c'est
l'humeur du poète et sa façon d'exprimer des sentiments publics
à la manière d'un homme très cultivé de 1921. Le pittoresque
et la fantaisie peuvent rajeunir éternellement le domaine des idées
où toutes les places sont prises. Pellerin est un de nos poètes
fantaisistes les plus remarquables, comme P.-J. Toulet, comme
Salmon, comme Francis Carco, comme Tristan Derême. Je
préfère toutefois Pellerin à Toulet, parce que chez ce dernier
le souci de passer pour un excellent grammairien le conduisait
à des fantaisies acrobatiques d'ailleurs amusantes. Jean Pellerin,
qui possède une noble connaissance de sa langue, utilise cette
connaissance avec mesure. Mais j'aime également P.-J. Toulet.
Cependant il est bon de remarquer que, de nos jours, un homme.
possédant sa grammaire peut susciter des admirations qu'en
d'autres temps on réservait pour les meilleurs élèves de quatrième classique. f aime la Romance. du Retour parce que ce
poème, en dehors de sa forme parfaite, déroule - une frise
peuplée de personnages dont la fantaisie n'est pas sans amertume. Ces q1.1arante-trois strophes symbolisent une époque que
les générations futures pourront revivre admirablement, d'autant
plus que les images serties dans ce joli poème ne leur laisseront
rien à inventer.
Ah! Jean Pellerin, votre muse est une fort jolie fille de
I 921. Nous savons les noms célèbres de ceux qui l'habillent,

�ro6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de ceux gui dessinent ses attitudes : cette jeune et charmante
enfant à gui vons avez dédié cette image gracîeuse:
Un sourire vient se loger
Au plus tend1·e coin de ta boucbe :
Lème ton visage. que touche
Le bouheur
crayon léger.

ai,

PIERRE MAC ORLAN

*

**

ANTHOLOGIE DU FÉLIBRIGE
tome I (Collection Pallas).

HOTES

démarque d'un bout à l'autre de son dictionnaire ? Et ce n'est
pas de Roumanille gue nous tenons le nom du véritable auteur
du
, Curé
à de
,. Cucugnan.
. . Tout cela, évidemment, chez les l'rél"b
1 res,
c est _e 1_1magmat10n et du soleil, et à Dieu ne plaise que je
~ouha1te a ces charm~nts poètes un Edmond Biré. Mais jamais,
a_ elle s_eule, Ja,date_ mise pa'. Crousilhat sur une page, d'ailleurs
s1 méd10cre, d un ~vre publ~é en 1864, ne me paraîtra une preuve
suffisante pour retirer à Mistral la gloire d'avoir im·enté son
admirable strophe.

PROVENÇAL,

Cette anthologie, qui comprendra encore un volume de poésie
et un volume de prose, est la bienvenue. Les œuvres de beaucoup de félibres sont aujourd'hui épuisées, et il est bon qu'on
ait sous la main quelques vei:s agréables à évoquer avec les noms
de Giéra, de Tavan, de Mathieu, de Bonaparte-Wyse. Les
notices, suffisantes, sont en génér:al extraites du solide ouvrage
de M. Ripert sur la Renaissance PrO'llençale, auquel il faut espérer
que l'auteur donnera bientôt une suite. On trouve dans cette
Anthologie la Dideto, de Crousilbat, mais non la solution de
l'énigme qu'elle paraît continuer à poser. Par gui a été vraiment
créée la strophe de Mireille, aussi consubstantielle à la poésie
provençale du xrxe siècle que la terza rima à la poésie italienne
du xrue? S'il faut en croire !'Anthologie et M. Ripert, l'honneur
en reviendrait à Crousiihat, puisque son poème est daté du
r•"juin 1849. Mais il y a longtemps que nous avons renoncé,
dans le Nord, à traiter Chateaubriand, Vigny, Hugo, selon la
méthode hagiographique, et nous ne nous gênons pas pour mettre
en lumière les altérations qu'ils faisaient sciemment subir à la
vérité dès qu'il s'agissait de leur gloire. Une méfiance analogue
ne serait pas inutile avec les poètes d'oc. Comme Vigny a antidaté certains Poemes antiques, comme Hugo a antidaté beaucoup
de pièces des Contemplatio11s, il est très probable que Crousilhat.
quand il a publié La Bresco en 1864, s'est donné l'honneur
d'avoir été le précurseur de Mistral, en mettant la date de 1849
sous une pièce faite ou tout au moins refaite après Mirtille.
Selon le proverbe du pays de M. Maurras, Mistral avait pris
assez de poisson pour s'en laisser dérober un peu. Lui-même at-il cité, dans le Trésor du Félibrige, le nom d'Honnorat, gu~il

ALBERT THIBAUDET

SAINTE-BEUVE. L'HOMME ET LE POÈTE, par
Louis-Frédérz'c Choisy (Plon).
Ce I_i~'T; vie~t prendre_ rang par~i les nombreux exposés qui
o_nt déia eté faits de la vie et de 1 œuvre de Sainte-Beuve. Il
a1oute peu à notre connaissance et ne modifie guère l'image
courante _du ~ritigue, mais il donne un bon résumé auquel
on souha1tera1t une bibliographie, faisant suite à celle de
M. Michaud, un peu ancienne aujourd'hui, M. Choisy ne retient
pas les accusations si fréquemment lancées contre Sainte-Beuve
p~r ceux qui ne l'aiment pas, et dont M. Vandérem, dans un
piquant et artificieux article, donnait récemment la dernière
version. C'est tout le problème de la critique gui se pose d'aille~rs à son sujet, comme tout le problème de l'art se pose au
d~ Flaubert 1 et toutle problème de la poésie au sujet du
mantisme,. etc est pourquoi tous trois resteront encore longtemps des su1ets de discussion passionnée. Et la discussion a
encore des raisons plus vulgaires de ne pas chômer : M. Choisy
su r 1es qmnze
·
chapitres de son livre, n'en consacre qu'un à Port-'
Roval
.
.
. a' rTT"1ctor et A de·ze Hugo. Et comme biographe il
,- , mais trois
na ~as_tort. Sainte-Beuve, en imprimant le Livre d'Amour,
sa,·a1t bten que sur ce pivot avaient tourné toute sa vie morale
et sa vie littéraire. Le problème n'est pas encore éclairci. « La
:ture ~es rappor'.s entr~ Sainte-Beuve et madame Hugo, écrit
. · ChoJSy, reste 1ncertame. Nous ne croyons pas à la chute
l~tégrale, pour plusieurs raisons. » Il est exact' que les précisions du Livre d'Amour ne sont pas probantes, et que le passao-e
de Volupté cité par M. Choisy peut après tout s'appliquer a~x

:;iet

�108

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

relations de Sainte-Beuve et d'Adèle. Et cependant il y a dans
toute cette correspondance et dans tous ces vers, et dans la nature
de Sainte-Beuve et dans l'éternelle nature humaine, quelque
chose qui ne nous trompe pas : ces amours sans doute se sont
noués et dénoués comme tant d'autres. Ils ont eu leur part dans
cette impression d'enlisement, d'échec et de chute que son existence lui donne à lui-même à partir de Volupte. Car Sainte-Beuve
s'est considéré comme un sacrifié et un malchanceux de la littérature. On lui reproche toujours de n'avoir pas compris ses
grands contemporains. Celui qu'il a le plus méconnu, c'est
peut-être lui-mêm~.
ALBERT THIBAUDE!

* *

JÉROBOAM OU LA FINANCE SANS MÉNINGITE
par Paul Laffitte

(La Sirène).

'

Il ne suffit pas que quelques pièces ou quelques romans
a_ïent été consacrés à la question.d'argent, pour qu'on puisse considérer chez nous la psychologie financière comme explorée. La
Bourse joue un rôle important dans notre littérature, mais elle
y sert surtout à provoquer des crises, à modifier brusquement
la situation des personnages ; elle est moyen, non but du livre.
Les mobiles qui gouvernent la majorité des Français dans leurs
préoccupations fi.ancières ( et en nul pays le nombre des citoyens
qui placent des économies n'est si grand), ces mobiles restent
obscurs et plutôt mystiques que raisonnables. Rentes, dividendes, accroissements de fortune, ces termes font partie d'un
vocabulaire religieux dont il est décent de n'user qu'à voix
basse. Comme le médecin ou le prêtre, dont ou ne discute pas
la compétence et dont on exécute les volontés, mais sans le
crier sur les toits, on entoure de respect le notaire ou l'agent de
change avec une foi muette dans les rites auxquels ils président.
La conduite du public n'est gouvernée que par quelques vagues
maximes, plus semblables à des refrains de nourrices qu'à des
règles sensées. Ce qui nous manque pour combattre cette
néfaste docilité, ce ne sont pas tant des ouvrages techniques ni
des catéchismes de Bourse, toujours tendancieux, mais des
traités vivants, amusants, pamphlets ou diàlogues, qui transportent la question sur un plan quotidien et familier, où le bon
sens de chacun puisse enfin s'exercer. Les écrits de cet ordre

NOTES

109

abondent en Amérique ; voici qu'à notre tour, nous en posséd?n~ un, spirituel, caustique, qui dégonfle à courageux coups
d épmgles les mythes de Phynance. Ce n'est pas ce petit volume
qui réformera les mœurs, mais c'est à force d'éveiller l'attention, comme il le fait, qu'on finira par empêcher le pillage ùe
la France par les grands établissements de crédit et le détroussement des petites gens par les aigrefins.
« Les affaires, dit Jéroboam, n'ont rien à voir avec le commerce, l'industrie ou l'agriculture. Les affaires, c'est une tourn~re d'_esp~it... Les ~ffaires sont une puissante source de poésie,
d tmagmat10n, de pittoresque. Poète et financier, deux mots,
une même personne. Les financiers sont des poètes ignorants.
« Les affaires ne sont pas les affaires ; les affaires, c'est le
boon~, c:est-à-dire l'emballement irraisonné, la fièvre mystique,.
le fét1ch1sme, la foi au gri-gri.
'.c Ne mett~z pas vos œufs dans le même panier, dit le capitaliste français. - Au contraire, répond l'homme d'affaires
améri_cain, mettez tous vos œufs dans le même panier; mais
surveillez le panier. On voit bien que M. Carnegie ne parle pas
aux capitalistes français. Car surveiller le panier, c'est travailler r
et en France le capital est paresseux. Etc. ,i
. On voudrait citer presque toutes les maximes de ce petit
hvre. Le gros banquier Jéroboam connait son monde et a bien
de l'esprit. Souhaitons qu'il n'en reste pas là.
JEAN SCHLUMBERGER ,

** *

PICASSO ET LE « RESPECT DE LA NATURE &gt;,.
Aucun artiste, plus que Picasso, ne requiert l'attention et ne
sollicite l'étude ; nul mieux que lui ne semble fait pour décourager les faciles procédés d'analyse auxquels se complaît le
public. Au vernissage de l'exposition Picasso, un poète habitué
à reconnaitre d'un seul coup d'œil, dans un salon, les œuvres
de ses amis, demandait, éberlué par tant de diversité : « Mais
où donc est Picasso dans tout ceci? » C'est une opinion communément acceptée que le peintre des Arlequins n'est pasencore arrivé à se « trouver », qu'il est dévoré d'inquiétudes,
et que trop d'intelligence, et un œil trop opiniâtrement fixé
sur soi-même l'empêchent d'acquérir cette perso1111alité à.

�IIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

laquelle aujourd'hui, pour la première fojs dans l'~istoir~ de
l'art, public et artistes attachent une importance primordiale.
Le secret de l'incompréhension à peu près générale dont souffre
Picasso réside dans ce fait que l'im:igination, chez l'inventeur
du cubisme est d'une puissance singulière: j'entends l'imagination technique, la seule qui compte, en dernier resso_rt. En
effet, si l'autre imagination ( dont les Trois Mousquetaires ou
le Radeau de/a Méduse sont des produits connus), subjugue la
multitude, rien n'est moins capable de l'intéresser que cette
faculté, si rare, qui suscite un renouvellement constant des
procédés d'expression.
.
L'impressionnisme, qui réagit contr~ l'anecdo'.e p1ttoresq~e,
et qui réhabilita les sujets pauvres, défrn~ les pemtres de mille
soucis littéraires. Cependant, avant le cubisme, un trop rand
nombre d'entre eux s'obstinait à traiter d'une façon sentimentale, donc anecdotique, ces motifs simples. Trop de compl:isance à noter les reflets, à historier un tapis, à compter des ?lis,
risquait d!alanguir et de diminuer les fac:ultés purement picturales de l'artiste. C'est alors que Picasso imagina de reprendre,
jusqu'à épuisement, non de ses facultés inventives, mais de
son caprice, le même sujet, et d'en donner autant de représe~tations qu'il y pouvait trouver de motifs à inv:ntion. Uner 1tare et un compotier de fruits sur un guén.don,_ pr~s d ~ne
fenêtre, lui fut, durant deux ans, une source rnfime d U1sp1rations plastiques. On pouvait voir, à cette exposition,. deu.x
épreuves différentes, si je puis dire, de cette photo.graphie misensible mi-intellectuelle que pratiqua Picasso, de cette nature
morte.
Un peintre d'un autre âge et d'une autre école, que je rencontrai à cette exposition, me demanda, révolté de tant d'ar~itraire, pourquoi le peintre cubiste s'etait permis de do~ner, des
objets, une expression si imparfaite. « Que reste-Hl de ce
compotier? me disait-il : une vague rondeur et un embryon de
pied · les fruits ne sont plus que trois petits cubes. » Et mon
com;agnon de s'îndigner des libertés monstrueuses prises par le
pt:intre avec la Nature.
Je m'emparerai de cette occasion pour m'attaquer à ce res~ect
attendri de la nature que prêchent tant de critiques. Ils oublient
· ent, est le
qu'un devoir au moins égal à ce1m· ·qu•·1
1 s pr·é·coms

NOTES

III

respect de la Peinture, et qu'un regard trop candidement posé
sur l'extérieur ne parviendra jamais à y distinguer les lois de
l'art. Qui se chargera de délimiter le domaine naturel qui ressortit
au jugement du peintre? Pour mon compagnon, la Nature en
l'occurrence, se limitait à l'objet matériel, compotier de porcelaine blanche, empli de fruits bien définis. Le rapport du ton de
ce compotier, à ce qu'il m'affirma, avec le ton des fruits et le
ton du fond, doit uniquement constituer le sujet du peintre:
tout le reste n'est que littérature . Les toiles de Picasso, fruits
d'une investigation sagace, multiple, exhaustive au plus haut
degré, étaient la meilleure réponse à fournir à mon contradicteur. L'imagination de celui-ci est courte, d'une seule pièce,
elle ne peut concevoir qu'une unique expression de la réalité.
Le portrait de la nature-morte une fois tracé, il n'y a pas place
dans son esprit, pour une seconde œuvre. Est-ce à dire qu'un
~
.
exercice aussi exclusif lui permet de représenter Intégralement les éléments présents à ses yeux de cette nature tant
a dorée? Pas du tout. Peindre est essentiellement opérer un
choix parmi les éléments contradictoires que nous offre un
spectacle. L'artiste le plus fidèle aux exigences classiques ne
. peut donc créer une œuvre qu'en sacrifiant mille forces virtuelles à celles que l'habitude lui fait presque machinalement
adopter. Ce qui fait que c'est lui, mon compagnon, qui pratiquant dans la multiplicité des formes vivantes un tri prévu sert
la cause contraire à celle qu'il exalte. Adopter une attitude déjà
prise par le voisin, n'est-ce pas, en quelque sorte, manquer de
déférence à l'égard de la Nature, qui renouvelle sans cesse, chez
nous, le sentiment que nous avons d'elle?
Picasso, et après lui quelques rares artistes qui ne sont pas
uniquement des intellectuels, ont appris à varier l'angle de
leur vision, et négligeant du même coup les perspectives usées
et les formes classiques d'expression, ont mis .au jour de-s
mondes insoupçonnés, que ne reconnaît pas le terne regard des
peintres soumis à l'orientation de l'Ecole, militante ou émancipée.
Peindre le compotier dans le sens habituel, c'est reproduire
sa matière et arrêter son regard à l'anatomie de l'objet. Le procédé est bon et nous a valu entre autres maîtres, l'admirable
Chardin. Mais doubler son regard visuel d'un regard sensible

�112

113

NOTES

et neuf, et, respirant de tout son cœur, non seulement le
parfum des fruits, mais celui du jardin sur qui s'ouvre la fenètre;
oser prendre comme sujet, non le compotier matériel, bien
palpable, ovale blanc dans le rectangle gris de la fenêtre, mais
la poussée verdoyante des arbres derrière les grilles du balcon,
et l'écLitement du ciel bleu, déformant les lignes architecturales de la croisée, n'est-ce pas aussi bien respecter la
Nature?
Je demande à mes contradicteurs courtois de regarder, en
faisant un instant abstraction de leurs habitudes, cette grande
toile de Picasso d'une fraicheur impressionniste dont pourrait
s'enorgueillir Matisse, où la nappe déverse sa blancheur sur le
mur, où le vert des arbres qu'on ne yoit pas s'insinue entre les
barreaux du balcon, où la fen~tre, enfin, s'efface devant
l'irruption soudaine d'un léger et va~te ballon d'azur. Franchement, entre le dénombrement méticuleux des fruits qu'enferme
le compotier (procédé classique) et la description plastique
de l'atmosphère dans laquelle il baigne, y a-t-il une si grande
différence d'intention ?
Dans les deux cas: représentation de l'objet (abstraction
faite des forces qui l'entourent et conspirent contre son intégrité) et représentation· de son cadre pittoresque, il y a égal·
respect de la. 'ature et égale violence faite à la, ·ature. li est
impossible de sortir de cette alternative. Car il y a antagonisme
absolu entre l'objet en soi, matériel, pur, intact, et la lumière,
l'atmosphère, qui le désagrègent - sans compter ces forces
morales qu'il conviendra d'ajouter un jour à celles-ci et qui
modifient l'objet par ce que j'appellerai le choc en retour de la
sensation.
Il faut louer Picasso de bien des choses : c'est ce que je ferai
durant les loisirs des vacances ; mais surtout, à mon avis,
d'avoir eu l'audace, après Cézanne, d'exprimer, plutôt que les
objets usuels, les mille dieux plastiques qui les accompagnent,
et qui sont encore invisibles aux yeux des hommes distraits.
A.."DRË LHOTE

.
Les véritables Amis du Louvre J&gt; ont Je plus en plus fréquemment l'occasion de s'alarmer. Des événements divers
menacent notre Musée national. Hier, projet d'un tourniquet à
C[

$CS

portes, aujourd'hui projet d'achat de La rurlle de Vermeer

1~ toile l:t ~110ins bonne de cc maitre. /.a rudle ne rappelle e~
rien _le métier rtffiné ùc Vermeer; c'est une pochade, qui serait

admirable, attribuée à un peintre moins fameux, mais qui n'est
qu'une œuvrc médiocrc.-, !&gt;ignée de ce nom illustre, dont la mode
semble vouloir enfin s'emparer. - Les partis:ins de l'achat
ÎD\·oquent la rareté de f.occasio11, comme si mille occasions moins
onfreuses et plus profitables ne nous étaient offertes chaque jour!
Que l'exemple de ('Atelier de Courbet, acheté beaucoup trop
cher. parce que t~rd1vement, demeure présent à tous les esprits.
- Notre x1x• siècle français est vraiment trop imparfaitement
représenté au Lou,:re, qui ne possède pas assez de grandes
figures de Corot, m de ses paysages d'Italie; où l'on ne voit
pres_q~e pas Je tableaux de chevalet de Delacroix ; où, pour
ch01s1r plus près de nous, Seurat n'est pas encore entré, où
Cézanne et Renoir sont 'pour ainsi dire absents. Si les Amis
patent~s du Louvre ont trois millions à dépenser, qu'ils
emploient cette somme à combler les trous de notre école
française, Jean Foucquet inclus. La dente1/iere est une œuvre
suffisante pour représenter chez nous Vermeer, qui est de tous
les peintres anciens le moins répandu .• 'on seulement le florin
est trop cher actuellement pour notre maigre bour e, mais,
encore une fois, La rnelle n'ajouterait rien, qu'un peu de ridicule~ à notr.~ collection nationale. Au moment où ces lignes
~ara1tront, 1irréparable sera peut-être, hélas! accompli ; je les
hvre cependant pour que le public qui s'intéresse à ces choses
sache qu'il est peu d'anistes qui n'aient souhaité l'abandon de
ce projet, et qui n'aient désiré des critiques d'art responsables
une opposition résolue à cet inutile et coûteux dessein.
A~DRÉ LHOTE

• •
. LA MORT DE SPARTE, par jean Schlmnberger (Editions de la Nouvelle Revue Française).
La Mort de Sparte met en scène un des sujets les plus beaux et
les. moins connus de l'histoire ancienne. De là une double difficu_Jté. Il . est dangereux de traiter un des grands sujets de l'his!01re, et il est rare qu'un haut poète dramatique, averti par son
instinct, s'y essaye : il craint pour son art la concurrence de la

s

�NOTES

II4

II5

t.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

réalité. D'autre part, si les personnages d'une tragédie historique, quelque importante qu'elle soit, sont peu connus du
public cultivé, la tragédie peut ~tre belle, mais cesse d'être
historique, ou ne l'est que pour les historiens qui, par profession, trouvent surtout des raisons de critiquer ce qui n'est pas
histoire pure. Je crois qu'en tant qu'œuvre dramatique la pièce
ùe M. Schlumberger a subi quelque peu ce double dommage,
qui n'en est pas un pour moi, car je ne la connais que par la
lecture.
A la lecture c'est une étude antique qui n'a en somme qu'un
personnage, Sparte, comme le personnage de Cromedeyre-leVieil était Cromedeyre. Elle est écrite dans un style dramatique
nerveux et robuste tout à fait consubstantiel à son sujet. Elle
est découpée. dans Plutarque à la manière shakespearienne,
et non pas conçue d'après Plutarque à la mani.ère des classiques
français. On sent que l'auteur lit et pense l'histoire selon un
inonvement dramatique : une belle condition de bonheur pour
qui a le goût du passé.
Mais les neuf ans que sa pièce a dü passer dans ses cartons
nous montrent qu'il tenait plus à l'approbation des auditeurs
qu'à celle des lecteurs. Et je sais bien qu'il a obtenu celle des
auditeurs d'élite qui savent élever à la dignité de la lecture la re·
présentation théâtrale. Il a pu se féliciter lui-même que ce ne fût
plus le moment en France d'intéresser les Français à la destinée
d'une nation vaincue. Il me semble cependant que, si les intérêts dramatiques de sa pièce lui semblai1:nt pevoir passer en
premier lieu, un autre sujet traité avec le même talent eût
étendu l'intérêt -à un plus grand cercle de foule : par exemple,
au lieu de fa Sparte de Cléomène devant Antigone, !'Athènes de
Démosthène devant Philippe et, au lieu de Sellasie, Chéronée.
Le public eût pu épouser l'intérêt de la pièce et les sentiments
éternels qu'elle agite, dans une atmosphère classique et connue.
La reconstitution de la scène de la Pnyx après la prise d'Elatée,
d'après le Discours sur la Couronne, eô.t trouvé dans l' Antoine
qui venait de monter Jules César un metteur en scène enthousiaste, et Paris eût vibré sans doute vers 1912 à l'unisson
d'Athènes. Mais ce qui est passé est passé. Il reste que la Mort
dt Sparte, qui est le premier drame historique de M. Schlumberger, ne saurait être son dernier.
ALBERT THIBAUDET

*

* *

AINSI VA TOUTE CHAIR, par Samuel Butler, traduit
par Valery Larbaud (Editions de la Nouvelle Revue Française).

Ainsi va· toute chair parut en 1903, un an après la mort
de Butler. Il l'avait commencé vers 1870 et y travailla assez
régulièrement durant les quinze années suivantes, sans interrompre ses autres travaux, puis il le laissa reposer, pensant le
reprendre plus tard. Avant de mourir, il put encore exprimer à
son ami R. A. Streatfeild le désir qu'il avait que le livre fût
publié. On ne retrouva pas les chapitres 4 et 5 dans leur état
définitif, mais diverses notes et lettres où des corrections
étaient indiquées permirent de mettre au point les brouillons.
Il semble que, pour apprécier toute l'importance, l'irrespectueuse brutalité et le sarcasme de cette œuvre singulière, il
faille se placer strictement au point de vue anglais et la lire
comme elÎt fait un contemporain. C'est, en somme, un roman
historique dont certaines pages perdent une part de leur intérêt
à n'être pas comprises ainsi. Butler s'en rendait bien compte, et
souvent, dans son récit, l'on rencontre des phrases telles que :
« Cela se passe autrement, de nos jours », ou : « Que le lecteur
n'oublie pas qu'à cette date ... » En effet, la chronique des
Pontifex, qui commence à la fin du xvme siècle, est censée
avoir été écrite en 1867, sauf le dernier chapitre, ajouté en 1882.
Elle nous raconte la vie de George Pontifex, l'éditeur, fils de
John Pontifex, charpentier, greffier de sa paroisse, organiste et
dessinateur, de son fils Théobald qui entra dans les ordres, de
son petit-fils Ernest qui fit de méme, et en sortit, et, subsidiairement, de toute leur famille. - ll n'est question, de bout en
bout, que de choses vues, entendues, senties et notées sur
place, presque pas transposées. Certains personnages ont été
identifiés le plus aisément du monde, aussi Butler savait-il que
ce livre ne paraîtrait qu'après sa mort. Même pour un détail
d'importance secondaire, il avait grand'peine à changer quelque
chose à son souvenir clair et minutieux. - On lit dans ses
Carnets:
11 m'en a coûté beaucoup de faire jouer

a Ernest

Pomifex du
8.

�n6

LA NOUVELLE RE\'UE , FRANÇAISE

Beethoven et du ~iendclss.ohn ... En vérite, il ne jouait que du Haendel
et les vieux compositeurs italiens et anglais, mats surtout du Haendel.

A nous, l'œuvre peut paraître exotique, en quelque sorte,
souvent caricaturale, et son ironie parfois trop évidente, trop
nue, mais l'anglais se rappelle que son pays a fortement évolué,
que la religion, la morale, la vie de famille ne sont plus ce
qu'elles étaient ou, du moins, que l'on en parle de façon tout
autre; car il fut un terups où le protestantisme officiel passait
vraiment les bornes de l'indécence par sa rigueur hypocrite et
son pharisaïsme. - Butler l'a connu, Butler en a souffert et si
sa révolte nous effare par le ton hargneux qu'il lui donne,
rappelons-nous qu'elle était bien fondée, courageuse et nécessaire.
Assurément, son analyse a des traits impitoyables qui surprennent, qui blessent : elle manque de charité. Le sujet ne
prêtait guère à l'indulgence ; la manière douce et faible l'eût
masqué d'un voile plus épais que 1a manière sèche adoptée par
l'auteur. Si l'auteur nous rebrousse, du moins ne nous trompet~il pas, et cela nous le sentons jusqu'à lui en être reconnaissants. - Lui qui a fait une satire si sanglante des amateurs de
vérité, de ceux qui enfennent la vérité dans un petit pot pour
leur usage personnel, de ceux qui « ont un tel amour de la
vérité qu'ils semblent tout le temps avoir peur, si on la produit
trop, qu'elle ne prenue froid ll, lui, aimait dire la vérité, à sa
façon qui était bonne. - Il n'avait pas le respect inné des traditions ni des idées reçues, il voulait tout repenser par lui-même
et ses opinions paradoxales, loin d'être un simple jeu de son
esprit, en sont des expressiom; réfléchies et sincères. Non plus
n'avait-il ce souci de l'exactitude infaillible qui donne aux
phrases une valeur qu'il tenait pour surfaite. Il demandait à voir
juste, mais l'esprit humain, pensait-il, doit se permettre un
certain flottement pour approcher du vrai qu'il ne saurait saisir:
« Définir est une m:mière de gratter qui, d'ordin:1ire, laisse la
place sensible plus sensible encore. » Et cet homme orgueilleux refusait à ses propres idées l'excellence que chacun
attribue si aisément aux siennes. « Nos idées, disait-il, sont,
pour la plupart, comme de petites pièces de fausse monnaie, et
nous usons notre Yie à ücher de les_ passer à autrui. &gt;)
Ainsi va loufe chai,- ne pom·ait recernir qu'un accuejl

JlOTES

u;

assez froid. De bonnes âmes furent bouleversées par une œuvre
toute dictée par le Malin, œm-re hétérodoxe et révoltante où
les do~mes les plus rigoureux de l'Église sont mis en doute,
où le respect dû aux parents est critiqué, où le convenable et
le convenu son.t pris l'un pour l'autre, où l'idéal est retourné
comme un vieux gant parce qu'il plaît à l'auteur d'en examiner
l'envers, où le héros même, qui vient de recevoir l'ordination
oubl~e toute pudeur au point d'assaillir et presque de trousse;
une Jeune femme !. .. Il promettait pourtant : on l'avait baptisé
avec de l'eau du Jourdain ! - Cette méchante histoire, les personnes bien pensantes 1a Youaient aux flammes, tout de suite,
comme une façon de la renvoyer à son auteur qui devait rôtir
en enfer.
Littérairement, on accusa Butl~r d'être sec, de ne pas montrer,
au cours de ce long récit, la moindre émotion, de se moquer
trop assidûment et sans en avoir l'air, en un mot, de manquer
de sensibilité. Si on l'entend comme Greuze et Loïsa Puget,
comme l'entendaient aussi les trois quarts de la littérature
romanesque du temps de Butler, certes, la ~ensibilité fait défaut
°:ais le livre est gonflé d'une saine colère (nommez-la rancune:
s1 vous vo~ez), qui n'a besoin ni de grands cris, ni de grandes
phr ses, ni de gros mots ; il est tout frémissant d'un bel amour
du beau sans édits qui le limitent, du vrai sans fard qui le défigure, du bien sans pharisiens qui le règlementent .•. et il semble
que ce soit suffisant pour animer une œuvre.
Peu à peu, la curiosité, l'intérêt, l'admiration naquirent.
Ceux qui ne connaissaient que Samuel Butler, l'auteur de Hudibras (1612-1680), s'aperçurent que son homonyme avait
quelque talent aussi, et une page pleine d'indignation de Bernard Shaw, dans sa préface à Major Barbara fut une réclame
écouté_e. - Butler était mort ... qu'importe ! ne disait-il pas :
« La vie que nous vivons au-delà de la tombe est la plus vraie »?
et ne s'était-il pas accordé à lui-même soixante-dix ans d'immortalité ? Car Samuel Butler avait toujours eu confiance dans la
mort, une noble confiance qu'il exprimait, le 24 août 1898,
quatre ans avant de mourir, par le sonnet que voici:

'Aï sur la friste rive stygieime, ni dans la splendeur
De Zil lointaine plaine elysée, nous ne re11ro11trero11s etux-l,l
Parmi les morts, dont nous fû~es les disciples,
,

�II9

NOTES

118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ni ces grandes ombres que nous tenions pour ennemies;
Nos pieds ne fouleront ,iucun dJamp d'aspbod.èles
Et nous n'échangerons, de l'un d l',wtre, aucun regard
Pour nous aimer 01t no11s haïr dans la mort,
Par espoir de louange ou crainte d'un, oppmbre,
N()Us ne diswterons pas, disant : il en fut ainsi, ou bien aimi;
Nous aurons oublié toute ]a portée de nos argu111wts;
Lequel ,i r,lison ? 'Lequel a tort ? cela nous semblera pareil;
Nous aurons perdit jusqu'à la mémoire de notre rencontn~... [encore,
Pourtant no11S nous rejoindrons, p0ur nous séparer et nous rejoindre
La où se rejoignmt les hommes trépassés : sur les lèvres cùs viicânts.

La traduction de Valery Larbaud est d'autant meilleure
qu'elle nous rend l'atmosphère du livre. Ilasu donner à son style
cette allure indifférente et faussement familière où les bouffées
d'indignation mettent comme des taches de couleur. Le ton des
causeries s'y retrouve dans ses plus justes nuances : pompeux 1
hypocrite, d'une banalité sordide, puis nerveux, exaspéré, puis
encore désemparé. •- Quand les personnages de Butler ne font
pas la roue, ils étouffent de male rage, à moins qu'ils n'aient
perdu toute espérance. L'auteur les avait habillés avec un soin
cruel ; le tradm:teur ne les travestit pas en les faisant revivre
chez nous.
GILBERT DE VOISINS
,. *

.

LA VIE DE P.J. TOULET, par Henri Martineau (Editions du Divan).

BÉHANZIGUE, contes, par P. J. Toulet (Bibliothèque
du Hérisson, Amiens).
P.J. Toulet qui sut gmlter, de son vivant, les charmes de
l'amitié, a trouvé en M. Henri Martineau le biographe qu'il méritait. Les admirateurs des Contrerimes auront obligation à l'auteur
de ce récit d'un ton si juste, d'une émotion si discrète et si
délicate.
En dépit des agréments de style dont ils sont tout festonnés,
j'avoue ne point nourrir à l'endroit des ouvrages en prose de
P. J. Toulet, la même admiration que pour ses vers. Les
contes réunis sous le titre de Béhanzigue, dont on vient
de publier une édition complète, manquent d'invention et
même de vraie fantaisie. Le lecteur a l'impression que ce qu'il

lit n'est pas écrit à son intention, mais pour l'amusement de
l'auteur et sur un ton de confidence un peu réticent et mêlé de
sarcasmes. Ce tour d'esprit, charmant dans la conversation et le
commerce de la vie, et surtout de la vie noctambule, se fane
et se recroqueville entre les feuillets d'un livre.
ROGER ALLARD

TROIS NOUVEAUX CONTES DE LA VIEILLE
FRANCE, par Jean Mortas (Emile-Paul).
Ces contes, agréablement pastichés des romans de chevalerie,
ne sauraient rien ajouter à la gloire du poète des Stances.
*

* *
LES TEMPS INNOCENTS, par Emile Henriot (EmilePaul).
&lt;&lt; Voici un roman, cher lecteur, prenez-le comme tel », nous
dit l'auteur. C'est le roman de son enfance; il est sans intrigue,
ma,is non sans romanesque : l'enfance a toujours quelque chose
d'aventureux.
Pour écrire ses mémoires, M. Emile Henriot h'a pas attendu
de n'avoir plus de souvenirs. Il les arrête au moment précis où,
sous l'enfant innocent, on voit poindre « l'adolescent inquiet ».
C'est ainsi que ce livre pourrait servir de préface à quelques
autres, et fort avantageusement pour ces derniers, car M. Emile
Henriot est un narrateur élégant et précis.

ROGER ALLAB.D

*

* *

AMOUR ET PAYSAGE, poésies traduites du catalan
par J. M. ]ztnoy.
M. ] . M. Junoy est un écrivain catalan connu pour sa dévotion aux lettres et à l'art français et aussi pour un ingénieux_ et
fort beau calligramme qu'il composa en l'honneur de Guynemer
et qui lui valut les compliments de Guillaume Apollinaire et
de M. Charles Maurras. Voici de lui un bref recueil d'épi•
grammes à la mode d'aujourd'hui, ou plutôt de brèves notations

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'on dirait détachées de quelque poème impressionniste. En
français cela fait, sur le papier blanc, une tache un peu molle
comme un paté à l'aquarelle.
ROGER AUAR~

.

*

*

PLATON, tome II, texte et traduction par Alfred Croiset
(Les Belles-Lettres).
La collection des auteurs grecs publiée par les Universités
de France s'accroit rapidement. M. Paul Mazon faisait paraitre
r~cemment le premier volume d'un Eschyle, contenant les quatre
pièces_autres que la Trilogie, et que ~elle-ci sans doute complètera b1eat6t. M. Alfred Croiset donne aujourd'hui le second
v~lume d'~n Platon qui suit à quelques mois d'intervalle le premier, établi par son frère. Un ouvi:age qui met face à face le texte
de_ Pl~_tOn et une ~aduction fidèle permettra pour la première
fois d mcorporer 1œuvre du grand Athénien à la culture et à la
lecture habituelle des honnêtes gens . Jusqu'ici on ne pouvait se
p~ocurer de texte qu'en édition anglaise ou allemande, et les
deux traductions, celle signée par Cousin et celle de Grou (la
seconde surtou~ malgré une ~rétendue révision) étaient depuis
longte'.11ps _décnées. MM. Croiset ont commencé avec raison par
les petits dialogues, dits socratiques, si parfaits et si vivants
com1:11e œuvr~s d'art, si agréables et si faciles à lire, et qui forment
une mtroducnon non seulement à la philosophie de Platon et à
la philosophie grecque, mais à toute philosophie. Eux seuls,
avec les plaidoyers de Lysias, nous font comprendre entière~ent, dans son mouvement et son intérieur, ce qu·' a été la fleur
s1 passagère et fragile du pur atticisme.

NOTES

I2I

EA PA TIENCE DE GRISÉLIDIS, par Remy de Gour11wnt, avec des bois de P. Moras (Le Sagittaire).
LA COMTESSE DE PONTHIEU, conte en prose du
xm• siècle, traduit par Fernand Fleuret (La Sirène).
Deux charmants récits, l'un d'une grâce cc moyenâgeuse ))'
un peu maniérée, l'autre écrit avec un art très simple et très
savant. L'histoire de la comtesse de Ponthieu est un de nos phis
vieux romans d'aventures, le modèle de ces histoires d'amour
et de fidélité, que nous devons aux exploits des pirates barbaresques, et dont la P1·ovençale de Regnard est la plus célèbre,
sinon la plus touchante. Il est permis de préférer le style du
conteur du xm" siècle, auquel M. Fernand Fleuret a su conserver en les rajeunissant sa gd.ce et son énergie.
ROGER ALL,i\RD

* *

A L'ÉCOLE DU RÉEL, par Jcaft Lartigue (La Connaissance).
Un ton un peu hiératique, le goùt de convaincre déforment
légèrement le récit que fait M. Jean Lartigue de son expérience
guerrière. Que l'on ôte·cependant du récit qui suit les trois ou
cinq mots qui ont trop visiblement plu à l'auteur, il reste un
fait précis, loyalement rapporté et suivant un sentiment à la
fois résen·é et lucide :

GESTES, SUIVIS DES PARALIPOMÈNES D'UBU,
par Alfred Jarry, avec des eaux-fortes et des dessins de Géo
Drains (Le Sagittaire).

... A leurs pieds, tout près, êmergca:ient à mi-corps du fossé plein
d'ombres des figurants à capotes vertes, immobiles en des pos·es confuses, épaulant, coudes levés, avec le geste gauche des enfants qut! l'on
va battre. Les assaillants regardaient cela, comme arrètés à la lisière
d'un rêve et indécis à le franchir ....
... Quand je mis fin à cette confrontation d'un instant par trois coups
de revolver qui firent brêche et dêclancbèreut la ruée, il me sembla
que je brisais l'apparence seulement de quelque chose d'indestructibk,
comme le reflet d'un tableau dans uoe glace.

Les gravures dont ce livre est orné auraient fort diverti
l'auteur d'Ubu Roi. Il faut relire ces fantaisies, ne fût-ce que
pour aSe persuader que la fantaisie vieillit d'autant plus vite
qu'elle a paru plus libre et plus corrosive.

UNE NOUVELLE FIGURE DU MONDE : LES
THÉORIES D'EINSTEIN, par Lucien Fabre (Payot).

** *

ê\L L. Fabre nous donne dans ce livre un exposé saisissant
des théories de la Relativité , et, pour nous uiieux faire s~ntir

*

ALBERT THIBAUDET

* *

* *

�122

LA NOU\'ELLE REVUE FRA."IÇAISE

la portée de l'œuvre d'Einstein, il rappelle toute l'évolution de
n~~ id~es sur la lumière et l'électromagnétisme. Cette page
d h1sto1re ùe la Science est frappante, et remarquablement
présentée. On saisit, en relisant ces lignes, l'effort incessant
de re~oupement, qui caractérise la pensée scientifique. Les
conceptwns se succèdent, avec d'apparentes contradictions
et révolutions, mais chaque pas marque une coordination
plus a\'ancée ; des phénomènes, en apparence étrano-ers
•
0
'
viennent trouver leur place, les uns après les autres, dans
une synthèse chaque fois plus complète. Une théorie semble
en renverser une autre : en réalité, elle en garde tout
l'e~sentiel _; elle modifie quelques notations, redresse quelques
traits,
mais conserve tout entier le dessin loo-ique
pour le
•
0
,
situer, seulement, dans un cadre élargi et simplifié. Einstein
arrive ainsi, guidé par les faits, à sa première théorie dt la
relativité, si discutée au début pour le trouble qu'elle portait
à de vieux préjugés chers à nos esprits. Mais tout un groupe
de phénomènes, gravitation et pesanteur, échappaient encore
à cette synthèse . . Parmi les nombreuses tentatives, souvent
extrêmement ingénieuses, ( celle de Mie par exemple), faites
pour raccorder ces deux domaines, seule la conception d'Einst~in (Relativité généralisée) résiste à l'épreuve des faits. E11e
interprète aisément le déplacement du périhélie de Mercure,
par~d~xe astronomique ju_sque là inexpliqué. Elle préYoit la
dé\'tat'.on des rayons lum10eux par le soleil, et le déplacement
des raies spectrales ; or ces deux points semblent, actuellement,
bien vérifiés par J'expérience.
M. Fabre n'essaye pas de nous exposer en détail cette seconde
théorie d'Einstein, dont l'abstraction mathématique est extrême.
Il note pourtant toutes les étapes de l'é\'olution, guidée par la
logiq_ue intime des faits, et tente d'en dégager la valeur philosophique. Il nous résume aussi l'attitude des savants, à l'éo-ard
des théories d'Einstein ; regrettons seulement que l'auteu; ait
à_pein~ noté la si curieuse extension due à Weyl ; et pourquoi
c1te-t-1J les travaux de Guillaume et Varcollier, dont l'insuffisance est avérée? Einstein relève d'ailleurs ce point dans la préface qu'il a donnée au livre de Fabre.
Signalons que Gauthier-Villars a publié, ces jours-ci, deux
petites plaquettes, traductions de remarquables exposés d'Eins-

LES REVUES

123

tein sur la Relati\'ité ; et l'on nous promet aussi une adaptation
française du volume d'Eddington.
Les fanatiques, - car la Relati\·ité est, pour certains, un
évangile nouveau, - y puiseront une foi renaissante ; les
curieux tenteront, dans cette étonnante évolution de nos idées, ,
de distinguer, avec M. Fabre, la nouvelle f¼,aurc du monde,
- avant:,que la théorie des quanta n'en modifie pas trop les
traits.
LtOS' BRILLOU!ls
*
• *

LES REVUES
DE CERTAI!\ES CAüSES DE MALE. 'TENDU

Julcs Romains écrit dans L.t Re11aina11cc ( r 4 Mai) :
Paul Adam aimait à dire que les conceptions de l'élite intellectuelle
se propagent, eo quelques générations, à travers le public moodain, la
bourgeoisie, le pèuple, jusqu'aux dernières profondeurs de la société ;
mais qu'il c'en résulte pas, comme oo pourrait s'y attendre, une conformité croissante des idées et des mœurs. En effet, quand l'ouvricre
d'usine adopte l'attitude sentimentale d'l,1dia11,1, il y a beau temps que
cette qualité de romantisme est passée de mode, daos l'élite. L'unisson
moral ne finirait par s'êtablir qUt: si l'élite, uo jou~, se trouvait frappée
de stagn.1tioo.

Ainsi :
le S\'mbolisme après avoir été la façon de voir d'une élite lim.:raire, a
gag~é peu à p~u d'autres régions de l'élite et jusqu'à un certain poiot
l'ensemble du public. Je ne veux pas dire que le puhlic soit devl?nu
symboliste, même pour un temps; ce serait fort exagéré, mais il a pris
l'habitude d'associer l'idée de symbole à l'idée d'une ccrtaiuc élévatioo
de l'œuvre littéraire.
Assurément, quand un membre de la bourgeobic culth·ée va s'asseoir
au théltrc du Palais-Royal ou ;i Déjazet, l'idée de symbole le bisse
tout à fait en repos... Mais menez-le dans quelquc thêltre où se
pratiquent des genres plus relevés - chez Cope:iu. p;ir exemple camiez-le à entt:odre un drame ou une tragédie de oos poètes modernes ... Si notre spectateur ne consultait que son goût et sa culture gén~rale, je crois que tout irait bien. Mais voilà que le travaille h! grain de
symbolisml! qu'il porte t:n lui. " Puisqul! nous sommes, se dit-il, dans
un lieu de haut\! littc.!rature, il ne s'agit pas d'aller prendre h:s choses
tout boonemem, comme le premier imbécile venu. Quand on nous
p;1rle d'un mur, d'une montagne ou d'un verre à boire, g:irdons-nous

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de supposer que 1c p~te ait voulu fixer notre attention sur des objets
aussi .vulgaires. Déchiffrons les symboles. La montagne, c'est quelque
chose comme l'Id~al, ou - qui sait ? Dieu lui-même. Le mur - assez
facile, cela encore - c'est le Devoir, 1a Morale. Mais le verre à boire ?
, reste le verre à boire ! &gt;&gt; Pendant qu'il se creuse ainsi l'entendement,
notre spectateur oublie d'écouter les choses toutes simples qui lui sont
dites, d'accueillir les images familières de la vie que le pot:te a voulu
susciter et dont le sens profond doit s'imposer de lui-même à notre
âme, pourvu qu'elle soit docile et attentive. On voit quel malentendu,
à la fois plaisant et déplorable, s'établit ainsi entre l'auteur et le public,
malentendu dont nous pouvons dire que l'auteur en porte la peine sans
en avoir la responsabilité, à moins qu'on ne conçoÎ\,e une espèce de
responsabilité solidaire entre les générations successives d'écrivains.
0

.

••
L'ESPRIT NOUVEAU ET L'ARCHITECTURE
Il a toujours été agréable de lire l'Esprit now.Jeau. Seulement
on le lisait vite. Ce Je sais tout du parti de l'art ·avancé donnait
directement l'impression qu'il faudrait après tout peu de chose,
un déplacement d'idées assez insignifiant, pour que le grand
public admirât, au lieu de Besnard, Gleizes, Juan Gris au lieu
de Bonnat - et pour les mêmes raisons, ou peu s'en faut. Un
traité d'esthétique de M. Victor Basch, prétentieu.'I: et vide,
venait embrouiller les choses. Enfin, cette revue luxueuse, à
majuscules et à tableaux synoptiques, à photos, résumés, chronologies - d'un mot, un peu « primaire » - était caractérisée
par un mélange de détestable et d'excellent.
L'excellent l'emporte très nettement depuis quelques mois.
Dans le numéro 8, le dernier paru, Fernand Divoire étudie les
pièces de Curel, Delaisi la situation financi~re, Maurice Raynal
l'œuvre de Derain, Charles Henry la couleur et la forme,
Jean Epstein le phénomène littéraire et Le Corbusier-Saugnier
la construction des maisons. Enfin, l'on doit aujourd'hui citer
le programme de !'Esprit nouveau; il pourrait bien être un jour
rempli, il commence de l'être ; il contient d'heureuses
remarques sur les gens qui font de l'art sans le sayoir, ou qui
le savent sans en faire :
De plus en plus les constructions, les machines s' ~tablisscnt ayec
des proportions, des jeux de volumes et de matières tels que beauccup
d'entre elles sont de véritables œuvres d'art, car elles comportent le

LES REVUES

r25

nombre c'est-à-dire l'ordre. Or les individus d'élite, qui composent le
monde de l'industrie et des affaires et qui vivent, par conséquent 1 clans
cette atmosphère virile où se créent des œuvres indéniablement belles,
se figurent être fort éloignés de toute activité esthétique. Ils ont tort,
car ils sont parmi les plus actifs créateurs de esthétique contemporaine... C'est dans la production générale que se trouve le style
d'une époque et non pas, comme on le croit trop, dans quelques productions à fins ornementales, simples superfétations sur uue structure
qui, à elle seule, a engendré les styles. La rocaille n'est pas le style
Louis XV ...

r

Le Corbusier-Saugnier, architecte, écrit:
~otre vie moderne, toute celle de notre activité, a créé ses objets :
son costume, son stylo, son eversharp, sa machine à écrire, son
appareil téléphonique, ses meubles de bureau admirables, les glaces de
Saint-Gobain et les malles « Innovation 1,, le rasoir Gillette et la pipe
anglaise, le chapeau melon et la Limousine, ~e paqu.ebot et l'ay'.on."
.
... L'architecture étouffe dans les usages. L ernpl01 des murs epa1s, qui
était autrefois une nécessitt:, a persisté, alors que de minces cloisons
de verre ou de. briques peuvent clore un rez-de-chauss1:e sunnonté de
c:nquante étages ...
Sur le sol coûteux des grandes villes, on voit encore surgir des
fondations d'un bâtiment d'énormes piles de maçonnerie, quand de
simples potelets de ciment suffiraient. Les toits, les misérables toits
continuent à sévir, paradoxe inexcusable. Les sous-sols demeurent
humides et encombrés, et les canalisations des villes sont toujours
enfouies sous des empierrements, comme des organes mons ...
La maison des terriens est l'expression d'un monde périmé, l petites
dimensions. Le paquebot est la première étape dans la réalisation. d'un
monde org::misé selon l'esprit nouveau ... : un mur tout en fenètres,
une salle à clartê pleine. Quel contraste avec nos fenêtres de maisons
qui trouent un mur en déterminant de chaque côté une zone d'ombre
rendant la pièce triste et faisant paraître la clarté si dure que des
rideaux sont indispensables pour tamiser cette lumière.

* **
LA DÉCADE
La Décade, dont le premier numéro vient de paraitre; est
mince, sobre, légèrement archaïsante ; elle sait raisonner, et ne
coûte que cinq sous. Vincent Muselli y dénonce les da11gcrs de

l'érudition :
Si les érudits atteignaient leurs fins, nous vivrions nous-mêmes dans

�120

L.\ • 'OUYELLE REVUE FRANÇAISE

les siècles anciens et du coup les and,.ms ne 51:raicat plus les anciens,
mais de simples contemporains. Nous connaitrions les meilleurs et les
pires. Nous serions presque tenus de lire les mauvaises œuvres et les
médiocres autant que les bonnes. l\ous saurions tout de la vie des
auteurs, nous fréquenterions les mèmcs lieux, nous respirerions le
mème air, bref, nous serions encombrés des mille accidents que le temps
rejette pour ne nous livrer que la pure substance litt~rairc.

Voici un poème de Philippe Cbabaneix :
ÊLh'GIE AUX AMOURS
Toi qui de tous les maux sembles lire le pin
Pour t'ai'Oir trop aiml, bel amour, je soupire.
ù sot1'1't11Ïr d'Hèlhu à mon rive tSt nsU
No11i comme 1111e rose aux jardills de NIi,
Sa robe Je te,mis flottait sur hs ptlo11w
Et d'elle Valentine et Laure étaient ja/uuses
Qui portaiml le soltil dans leurs d&gt;e1.1e11x épar.s ;'
Clara fruit déjâ m,ir ome111ml Jes i•ieux p.im
Suit-ail de ses ,-eux faits la bo11dissanle écume
Des flots 1·erts el songtait d sa gloire posthume
En réptta,,t mes 'l:trs 01i sein/il/ait son 110111;
Et jt regrelfe aussi la grdce de Manon
D/#1/ l'étreinte s1111wge et le sm•ant délire
M'altiraiml autrefois comme au;i&gt;urd'hui m'attire
Virginal 011 milieu d'un paystJgt d'ea11x
U11 'l.iisagt d'enfant co11ron11é de bandtallx.

,.

••

·MEMENT O

Acr10N (Mai) : Co11tes de fits, par Max Jacob.
AAT h"T DtCORATION (Avril) : Matlruritl Mibeut, frintre de la Bretacne, par Ch. Géniaux.
L'ART ÙBRE(Mars): Charles Vildrae, par Jules Romains, Gt:0rgcs
Duh.imel, Jacques Copeau.
LA CONNAISSASCE (Avril): Pt-oses, par Charles Jeu; (Mai) : Chiffom I Cbijfo11s J par Jean l'Olagne.
LB CRAPOUILLOT (16 Mai) ; Ce qu'apporte de 11011vta11 la Clxmt't-Souris, par Jean Galtier-Boissière.
LES EcRtTS NOUVEAUX (Avril) ; La guerre en ta11l q11'ùrstilutio11, par
Bertrand Russel ; (Mai) : Ur/,s orbis, par André Suares.
LA GERBE (Avril): F/Jneries d'u11 artiste, par Benvenuto.
LA GRANDE REVUE (Mars) : Fourier et Pro11dho11, par René Gillouin.

127

MEME,'TO

L'IMPRJ?,IEIUE GOUR~IONTIENNE (n° 2) : Lettres de Rémy de Gourmont à ..\Ille Barney.
JocR. ·.\L DE PsYCHOLOGtE (r 5 Février): us os&lt;illatiom dt l'IUtiviti
,,,,ntale, par Pierre Janet.
• •
LES LETTRES (1er Avril) : La jm11e littérature aux Etals-Vnu, par
.Maurice Bourgeois; (1er Mai) : Défmse dt Paul Claudel, par René
Johanm:t.
LEs MARGES (1 5 ~!ars) : ,\'ez, au i·eut tl pas ptrdiis, par Fagus.
.1ERCCRE DE FRANCE (ter Juin): La lmtmr fJJyclrique, parG. Palante.
LA MooETTI! (Avril): L1 maison Je ma sa-ur Eu~b,ie, par Ch. Th.
Féret.
LA N!!RVIB (Mai) : ùs 'liisites, par F. Bouché.
.
LA Nouvl!LLF.. JouRxtF. (Mars) : Un diner ecdisi.Istique, par Maunce
Brillant.
L'ŒuF DUR (lin Mai) : Saiso11 d'étt, par M. Mmin du Gard.
L'OPINION (7 Mai) : Le l,1/lard Je quilles, par J. de P~squido~x. .
PouR LE Pu1s1R (15 .Mars) : Remarques, par .Maxime Bne11ne ,
P0t'mes de F. P. Alibcrt, et Louis Pize.
LE PRODUCTICR (Mars) : La doctrine d11 sy11dicalis111e i11tellerltul, par
J. Sageret.
.
LA RENAISSANCE (9 Avril) : Amis tf e,111emis de Charùs Baitdtlarre,
par Ch. Cousin et Gaston Picard.
.
LA RENAISSA!-CE o'OccmEt-"T (~lai) : Vergers, par Mane Gevers.
LA REVUE CRIT1Qt:E DES IDEES ET DES LrvRES (25 Avril) : Lts dmx
ordres, par A. Thibaudet ; (10 Juin) : Propos sttr Féne/011, par Albert
Thibaudet.
.
LA REVCE HEBDOMADAIRE (28 Mai): Mes Soui·e,iirs, par Antome;
Louis Loucl,mr, par Pierre Hamp.
LA RF.VUE DE PARIS (w Juin): L'é/lve, par Henry James; La
[ümÏlle e11 Algérie, par E. F. Gautier.
LA REVUE RHÊ. 'AXE (Juin) : Bourdelie, par J. L Vaudoyer.
LA RE\-VE Ui.:1HRSELLE (1er Mai) : La Soâttl Xationale, par Roger
Allard.

•• •

CORRESPONDANCE
Nous recevons la lettre sui,·ante :
Paris, le 7 juin

1921.

MONSIEUR LE DIRECTEUR,

La Nouvelle Ret·ue Frat1çaise, en rendant compte d'un volume
de critique que je viens de publier, m'accuse d'y montrer pmt-

�128

LA NOUVELLE JtEVUE rMUIIJ\i..,..

lire un peu lrQp tù politesse, el j,e,11.Jlr# wu poliusu "" pa
intéressée, quand le.s lauriers que je ci/èbre sonl wodis s11r
p.retrients. Je ne sais pas au juste comment votre collaborateuf,
entend intéressée. Permettez-moi, en tout cas, d'fue surpris detrouver de si olfcnsantes apprkiations dans la Nouvelle Rm,,
Fr•nçaiSt. EIJes ne sont pas propres à me faire regretter une
politesse que M. Martin-Chauffier me reproche, et que je lui
souhaite.
J'ai consacré 10 pages de ... Mais l'art est diffeilt / à ·examiner
l'œuvre de M. René Boylesve, de l'Académie française. Voili
pour les cr parements brodés». Dans les 250 autres, j'ai étudié
des romanciers qui oe sont pas académiciens, mais dont peu
valent l'~uteur de la Becquie, de Mon Ànwur et du Meilleur ÀtllÎ.
Je n'aurais pu cru qu'il sufilt d'avoir parlé d'un td écrivai11
pour se '\'Oir aocusé par la Nouvelle Revue Fraft(4ist de vénalité
ou d'on ne sait quels calculs. Mais je me demande avec curiosité ce que dira Yotre M. Martin-Chauffier lorsque certains de ses.
c~Haborateurs, plus illustres que lui, seront à leur tour de cette
compagnie qu'il juge si méprisable ...
En vous demandant d'insérer cette protestation, je vous
prie d'agréer, Monsieur .le Directeur, l'e1pressioa de mes aentimeats
. les plus distingué,. .

Jacques 8oULENGE.R.
Nous -regrettons d'avoir« offensé » M. Jacques Bouleoger, mais aussi
que son irritation lui fasse prendre un ton si vif pour répondre à un
cmique dont tous nos lecteurs ont pu apprécier, et dans la note meme
ici incriminée, la pondération et la counoisie.
Nous ieoom également à faire remarqaer, clans le seul int&amp;ét de la
vérité, que M. Jacques BoaJeoger, sous l'elfc:t de la mauvaise humeur,
impute :\ notre collaborateur un mépris de l'Académie et des Aad~
miciens, qu'aucune phrase de sa note, ni t'xplicitement, ni même
implicitement, ne suggére.
Décidément, aujourd'lnü, p.lus encore que l'an, la ';Ïtique c:st difficile.
J. R.

Ui GÉILUIT ; GAST()~ GAWMAJU&gt;.
ABBEVll.UI. -

U(PallU!W R. PAILLAI.T.

PRÉFACE A ARMANCE 1 •

Pour bien parler de Stendhal, il faudrait un peu sa
manière. A l'en croire, c'est presque toujours par ennui
qu'il écrit; mais si vif est le plaisir qu'il y prend, nous
ne connaissons jamais avec lui cet ennui qui précède,. mais
uniquement le plaisir. Nulle contention ; il ne dit jamais
rien qu'à l'instant qu'il lui plaît, c'est-à-dire avec le moins
d'effort. Comme d'autres à la paresse, il s'abandonne à la
pensée. S'il est logique, c'est naturellement et par santé
d'esprit ; il ne prétend pas l'être, ne prétendant à rien ; et
s'il cesse d'être logique, c'est alors qu'il nous amuse le
plus, car alors sa passion l'emporte et cette sensibilité qu'il
a plus exquise que la raison, et car la logique appartient
à tous, tandis que cette sensibilité n'appartient qu'à lui
et que c'est lui surtout, qu'à travers tout ce qu'il dit, nous
aimons. C'est au point que nous ne lui en voulons point
:1'il se trompe et si nous ne pouvons épouser ses goôts.
Mais il tient à ceux-ci, et je ne sais ce qui l'étonnerait le
plus, s'il revenait sur terre aujourd'hui : du discrédit où
IOnt tombées presque toutes les œuvres d'art qu'il prônait,
opéras, tableaux, statues, poèmes - ou Je l'insigne faveur
Où l'on tient ses propres écrits. Je sais bien qu'il espérait
:be lu plus tard ; mais pouvait-il entrevoir - et ce ton
naturel, ne l'e-Ot-il pas perdu s'il avait pressenti - que
ron rechercherait ses moindres traits de plume avec une
sone de dévotion méticuleuse que seul Baudelaire devait
1. Cette préface a été écriie pour l'édition
Sten.ihaI.

des œuvres complètes de
9

�LA NOUVELLE R:EVUE FRANÇAISE

connue aussi, seul avec
connaitre avec lui ~e nos l d 'la part de ses contemlui, Baudelaire ~v_a1~ con~~ni ~ pouvait-il entrevoir enfin
porains un ausst m1uste b ' on œuvre sans artifice et
.
t de décom res, s
.
.
que, panm tan
.
d'hui avec une grace s1
ourirair
auiour
•
11
sans far d nous s
.
. d son œuvre tout ce qu e e
;i Q , rès avmr extrait e
. .
jeune . u ap
.
hé . Taine nous en ait s1 peu
· d onsc1ente t one,
enfermait e c
h"
y trouver un enseignement
dégoûtés, et que nous sac ions
é
l secret et comme expurg . . .
d'A .
tout autre, p us
.
. . ê . parler précisément
r11 me plaît d'avoir été mv1t a
à l'écart.
. é
e jusqu'à présent, un peu
'
mance. On a la1ss ce ~-1' L
dmirations se portent v~rs
. .
1e para1t-1 . es a
. I
m1ustement, n .
La Chartreuse, vers Lucien euwen
Le Rouge et le Noir, vers
bi H . Bru lard pour lequel
. compara ie enn
.
même ou vers cet m
.
. l
l's que 1· e sacrifierais
'
h
fois que 1e e re 1 '
il me semble, c aque
.
·s certains littérateurs, non
tout le reste. Et pourtant 1e sa1
Armance une sorte de
.
. d
· · gardèrent pour
,
des mom res, qm
des lecteurs et meme
M·
le commun
'
prédilection.. ais pour
e 5, est pas encore bien relevé
des Stendhaliens, Armance n
ce roman énigmatique
.
de Sainte-Beuve : «
'
.
Il
du Jugement
. d
l détail n'annonçait nu e
fond et sans vénté ans e
'
par le
.
•
·
et nul géme. i&gt;
L'" ·gue
lll'\ent'lon
'
1
t déconcertant. mtn
Il faut avouer que e 1vre es\ personnages mais sur.
lement entre es
'
d" .
ne se Joue pas seu
. l.
. pour un peu je irais
l' teur et le ecteur '
.
tout entre au
. A
Annance distrattement,
qu'elle se joue du lecteur.
-~\ . que l'on s'y tienne,
on n'y voit d'abord qu'une I y ~ent . cela gêne. Il y
et l'on est dupe ; on le sen_t vagutrouve:ais bien hardi de
faut une explication, qu~ 1e .~e- "dJ. par Stendhal lui. é . é nt Je n c;;tais a1 t:
1
proposer, s1 ~r c1s me d l i à Mérimée nous donnera a
même : certame Ieme e u
.
ue le livre propose
clef d' Armance, le mot de cette érngmem;_nque le caractère
T
que ce mot nous
'
'bl .
au lecteur. ant
reste incomprêbens1 e '
d'Octave, le héros du 'érolau:an: cet amoureux héros est
grâce à ce mot, tout s c ire .
I '{O

. ours

.

r

r

r

un impuissant.

PREFACE A

«

ARMANCE

l&gt;

131

Impuissant; ses gestes, ses actions le laissaient entendre ;
mais on pouvait douter, car le roman entretient savamment·
le mystère. Par deux fois Octave est près de livrer son secret
à celle qu'il faut bien pourtant appeler sa maîtresse ; mais
d'abord le cœur lui manque et plutôt que d'avouer. ce/a,
il sert, en aliment à la curiosité qu'il éveille, un autre
secret, honteux, mais moins infamant à ses yeux, unefaute ancienne, imagina.ire on réelle et « dit à son amie
que, dans sa jeunesse, il avait eu la passion de voler » ;
mais l'on sent bien que ce n'est là qu'une feinte, qui
pourtant suffit à bouleverser Armance et à désorienter le
le.cteur.
Et plus tard: - « Eh bien ! dit Octa,·e en s'arrêtant,
se tournant vers elle et la regardant fixement, non plus
comme un amant, mais de façon à voir ce qu'elle allait
penser, vous saurez tout; la mort me serait moins pénible
que le récit que je dois vous faire, mais aussi je vous aime
bien plus que la vie. Ai-je besoin de vous jurer non plus
comme votre amant (et dans ce moment ses regards
n'étaient plus eri effet ceux d'un amant) mais en bonnète
homme et comme je le jurerais à monsieur votre père si
la bonté du ciel nous l'eût conservé, ai-je besoin de vous
jurer que je vous aime uniquement au monde, comme
jamais je n'ai aimé, comme jamais je n'aimerai ? Etre
séparé de vous serait la mort pour moi et cent fois pis que
la mort ; mais j'ai un secret affreux que jamais je n'ai
confié à personne, ce secret va vous expliquer mes fatales
bizarreries. »
Ce secret, pourtant, il ne le dit pas encore ; il trouve
,plus expédient de l'écrire. Mais la lettre ne parvient pas
à Armance ; elle ne connaîtra jamais ce secret - non plus
que le lecteur, s'il n'a pas su le deviner.

En plus de la lettre explicative à Mérimée, nous avons,
pour nous éclairer, un exemplaire d' Arnu:mce, intetfolié
par Stendhal lui-même, où nous pournns lire, en regard

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

132

hrase du livre : cc Je l'aimerais ! moi, malhe_ude cette p
. di tian manuscrite : cc Essayer de ~at:e
reux ii' cette m ca
. .
mment en serais-Je
deviner l'impuissance, mettre 1c1 : et co
aimé. » (p. 51_.)
) a rès . cc Il avait ce sentiment
1010 (p. 87. pll s'était 1
·uré mille fois depuis
(l' Et plus
r) en horreur &gt;&gt; • &lt;c
•
d
amou
.
. il n'aimerait. Cette obligation e ne
quatre ans qu_e 1ama1s d
t sa conduite et la grande
pas aimer était la base e tou e
affaire ~e,~a vi~. »
&lt;l'O tave n'est jamais précisément
Ainsi 1unpmssance
c
e chez
dénoncée; sous-entendue sans cesse, _elle provoqu ·cables
le héros telle attitude et ;e~s ge~:~i;;1 ::t:~n:~;~~1ssance
qu'en la présupposant. aire . .
ême du livre et je
.
dire la proposltloo m
est, pourra~t-on
. 'd • ande du lecteur une collaboration
n'en connais pas qm em
,
' e fois renseigné
ai dire ce n est qu un
b .1 ,
. plus su u e ; a vr
'
d la pleine signifi'
l
nt que l'on compren
et qu en e re_ isa . d' .
, d'abord l'on n'entendait
cation de certames rn icattons, ou
exem le
. . de cette épigraphe de
p '
pas ma 11ce,
. Marlowe, par
placée en tête du deuxième chapitre

r

Melancboly mark'd him for her o~, whose
«
ambitious
heart overates ( sic• ) the happmess he
cannot enjoy »,

li
t au chapitre suivant,
que traduit presque tex_tue ~me? , passionnée le portait
ar ue : cc Une imagmauon
. . .
cette rem q
d
1
pouvait iouir &gt;&gt; à s'exagérer. le bon~eur. o:~rr~it n:onvenir aussi bien à
phrase exquise~ ma_1~ qm p u romantique ; et si, s'ap·
tout être de d1spos1t1on un dpe
lus concret plus
, 0
elle pren un sens p
,
pliquant a c,tave,
d' bord avertis '. De même,
précis, nous n en sommes pas a
,
d t surtout sans confident
I. cc Dominé par une m~lanc~lie pro:ot~net e ersonne n'avait le seae9
(Stendhalavnit d'abord écnt, pllls biffé. dl'' p Comme il ne pouvait
bl ·
·santbrope avant age.
· ne
- Octave scm ait ID!
,.
.
t ême son imagination
song:r à certain bonl!eur qu Il
;~~ qu/ lui semblât valoir la
voyait plu~ dans la vt auc~:u; sur ~ne interfeuilie.
peine de vivre», - tsons n

s~~rr:~

PRÉFACE A cc ARMANCE

ll

133
lorsque Stendhal écrit (p. 30) en parlant d'Octave: &lt;&lt; Il
ne lui manquait qu'une âme commune ll, ce n'est que par
la suite que nous comprenons qu'il veut dire : avec une
âme vulgaire, ce secret l'aurait moins tourmenté.
Cette explication que, tout le long du livre nous attendons, Stendhal sait parfaitement bien qu'elle nous manque
et qu'il devrait nous la donner; mais, a'&lt;;oue+il en note
(le 26 mai 1828) : &lt;&lt; Je ne puis trouver la manière de dire
cela honnêtement dans l'ouvrage; plutôt dans la préface ll.
De tous les livres de Stendhal aucun n'avait donc tant
besoin d'être préfacé, que celui-ci ; si l'on va trouver que
peut-être j'insiste un peu trop, les mots que je viens de
citer sont mon excuse.
Ainsi, dans son premier roman, ( et d'abord iI importe de
remarquer que Stendhal, en 1827, a déjà quarante-quatre
ans lorsqu'il l'écrit, et que ce premier roman est déjà son
septième ouvrage) Stendhal nous propose un « cas » :
celui d'un impuissant; et ce qui peut sembler paradoxal :
d'un impuissant amoureux. Serait-ce donc qu'il trouvait
paradoxale au contraire la théorie de son maître Cabanis :
&lt;&lt; C'est l'humeur séminale elle seule, qui ... &gt;&gt; plus tard
reprise par M. de Gourmont, qui lui aussi se refuse à voir
dans le sentiment de l'amour rien qui ne soit dicté par
cette humeur, et qui ne trouve dans l'acte de procréation son appel et sa fin dernière. A cett~ thèse vraiment
primaire, le personnage d'Octave oppose un démenti
formel. Et comme il sied que Je sentiment de l'amour
trouve en l'obstacle et la contrainte l'occasion de sa connaissance et de son exagération, il semble que Stendhal ait
voulu nous montrer que l'amour le plus vif sera celui
qu'insurgera la traverse la plus profonde : de tous les
amoureux de Stendhal, voici le plus fervent peut-être.
L'obstacle n'est pas extérieur ou moral ; il est dans
la constitution même. Octave aime, et d'autant plus passionnément qu'il sait qu'il ne devrait pas aimer, qu'il aime

�1 34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

désespérément, en dépit de lui, du serment qu'il s'est fait
de n'aimer jamais, sachant bien qu'il ne peut brùler que
d'une flamme toute mystique et que, ô l1onte ! sa chair doit
rester sourde et ne répondre point à l'appel; sachant qu'il
doit décevoir l'être aiml!.
Il fallait, pour donner à ce drame son éloquence la plus
pleine, douer Octave des scrupules les plus exquis ; car,
avec cc une âme commune))' Octave eût pu tricher Stendhal le note ; et, comme tout, dans le caractère de
son héros, s'éclaire, après que nous connaissons son secret,
nous comprenons pourquoi Stendhal insiste à ce point sur
ce cc sentiment du devoir &gt;&gt; qui domine toutes ses pensées :
Octave ne consent à envisager le mariage et l'amour qu'avec
toutes les obligations qu'ils entraînent - obligations qu'il
sait bien qu'il ne peut tenir. Nous comprenons alors pourquoi, d'abord, Octave songeait à se faire prêtre, non poussé
par aucune vocation religieuse, mais lâchement et comme
pour dissimuler sous la règle la cause d'un célibat forcé.
Nous comprenons enfin ces pages, parmi les plus mystérieuses et les plus intéressantes du livre où il nous
est parlé des mauvaises fréquentations d'Octave, alors
qu'il est le plus amoureux de Mademoiselle de Zohiloff;
nous comprenons qu'il cherche auprès des femmes de,
mœurs faciles, de ces femmes c&lt; dont la vue est une
tache », la possibilité d'expériences qui enfin le rassurent,
ou qui confirment la raison de son désespoir.
Ainsi donc l'impuissant peut être amoureux. Stendhal
admet ici une distinction possible entre deux éléments
que l'amour d'ordinaire réunit. La division, si manque
l'un des deux éléments, est fatale ; mais combien n'est-elle
pas plus rèmarquable encore, lorsqu'elle n'est pas obtenue
par défaut. Je ne sache pas qu'elle puisse être plus nettement et mieux établie que dans l'admirable roman où
Fielding fait Tom Joncs, son héros, culbuter sur sa route
les filles d'auberge et montre celui-ci d'autant plus paillard
que d'autre part il est p us amoureux. cc La délicatesse de

PWACE A

« il.MANCE YI

votre sexe, dit-il à Sophie, son intacte maîtresse, ne peut
comprendre 1a grossièreté du nôtre, ni corn bien les désics
du corps ont peu de rapports avec les sentiments du
cœur 1 ». Il n'y a plus seulement ici distinction, mais dissociation, divergence, Tout le roman de Fielding semble la
mise en action de ce naïf divorce ; il s'achève au moment
de 1a réconciliation dans le mariage, de l'amour pur et du
désir charnel. •
·
Victor Hugo lui-même, pourtant si médiocre psychologue, ne dit-il pas également que Marius ( dans les MiséraUes) irait plus volontiers chez les filles qu'il ne soulèverait seulement du regard le bas de la jupe de Cosette?
Car, écrit exquisement Louise Labé, dans son débat de Folie
tt d'Amour (Discours ill) « la lubricité et ardeur de reins
n'a rien de commun, ou que bien peu, avec Amour ».
C'est donc là ce qui fait que l'impuissant est capable de
l'amour le plus fervent et le plus tendre; plus fervent
même que celui des amants ordinaires, précisément parce
que cet amour est contrarié dans son essence même; et
plus constant aussi parce qu'aucun échappement ne lui est
accordé par quoi le retombement soit à craindre - car si
la satisfaction du désir peut parfojs aiguiser l'amour, ;lus
souvent elle l'exténue - et parce qu'aussi bien son amour
est de ceux: sur qui le temps n'a pas de prise.
Cette dissociation, Stendhal l'a connue par lui-même.
Sa carrière amoureuse déjà longue ( car il a quarantequatre ans lorsqu'il écrit Armance) ne nous présente que
de rares exemples de fusion &lt;les sens et de l'âme. Le plus
souvent, il se montre, ou sentimental, ou cynique. Lorsque, dans Henri Brulard, se remémorant ses maîtresses
nous le voyons inscrire sur le sable les initiales de treize'
noms, ( et, par une amoureuse inadvertance, il trace par
deux fois ceilesd'Angela Pietragrua) c'est pour l'entendre
ensuite a\·ouer: « La plupart de ces êtres charm~nts ne
I.

Tom Jones, livre XVIIIe, chap. xn.

�I 36

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

m'ont point honoré de leurs bontés; mais elles ont à la
lettre occupé toute ma vie. A elles on~ su~céd~ . trtes ouvrages r. » Et il ajoute : cc Dans le fait, Je n a1 eu que
six femmes que j'ai aimées&gt;&gt; ; et si l'on ne veut compter
que les cc succès », on est forcé de ramener ce chiffre à
quatre. Pour quelqu'un qui faisait du plaisir ~a ,gran~e affaire de sa vie, il faut avouer que c'est peu. Ce~1 s explique_:
car sans doute Stendhal n'était guère sédrusant ; phy~1quement du moins. Il ne s'y méprend pas. cc Heureux, écntil, j'aurais été charmant. Non pas par.!a figure as.surément
et par les manières, mais par le cœur, J eusse pu etre ch~rroant pour une femme sensible&gt;&gt;. Mais, à c_et âge où,_ ple1~
de flamme, il semble qu'il aurait pu le mieux sédmre, 11
ne connaît que rebuffades; il avoue : cc J'ai donc passé sans
femmes les deux ou trois ans où mon tempérament a été le
plus vif».
Non seulement Stendhal a connu par lui-même cette
dissociation de l'amour et du plaisir ', mais il sait fort bien
que l'excès de l'amour peut aller jusqu'à l'inhibiti_on, ~inon
proprement du désir, du moins des. ré~exes phys1olog1q~es
qui nous mettent à même de l_e sat1sfa1re. Dans un dermer
chapitre de l'Amour, après avoir noté cette .phrase de Montaigne : cc Ce malheur (le cc fiasco») n'est à craindre qu'aux
entreprises où notre âme se trouve outre mesure tend~e de
désirs et de respect &gt;&gt; ... il ajoute : cc S'il entre un gr~m de
passion dans le cœur, il entre un grain de fiasco po~~1ble ».
Or l'amour-propre d'Octave ne supporte pas 1idée d~
· mcura
·
ble ou pas~age' re , 11
fiasco ; que son impuissance s01t
pressent bien que, s'il est une fem!11e au monde mcapable
1 . Armanu, comme ses livres précédents, fut écrit pour s~ co,nsole~
et se distraire d'une sorte de désespoir amoureux, sitôt apres 1aban
don de Madame Curial (c~tte Cl_émentine,. qu'il ~ppelle souve~;
« Mento »)_«désespoir où 1e passai 1es premiers mois de cette ann
fatale &gt;&gt; ( 1826), nous dit-il.
,
.
2 • Le 25 février 1828., il écrit, en note du chap. xvn d
« Je relis ce chapitre, qui me semble vrai ; et pour l'écrire, il ,,
l'avoir senti. &gt;&gt;

Anua,~:ui

PRÉFACE A

Cc

ARMANCE )l

1 37

d'éve~ller s~ ch:~r, c'est bien celle précisément qu'il idolâtre , tandis qu il peut encore espérer de réussir auprès des
filles.
Une autre considération sans doute le retient dans leur
société: il préfère la réputation d'un débauché à celle de
ne pouvoir point l'être. cc Le scandale incroyable de votre
prétendue conduite vous aurait valu une célébrité malheureuse ~armi ce qu_e Paris renferme de jeunes gens du plus
mauvais ton », dit Armance à Octave, et le conditionnel
qu'elle emploie n'est là que pour indiquer qu'elle doute
encore; elle
attend d'Octave une protestation , mais Octave
.
ne_ pe~t mer et, tout en cc remarquant avec délices que la
voix d ~rnance tr~mbl~it &gt;&gt; lorsqu'elle lui rapporte ces proP?s qu ell~ en_te~d~t temr sur lui : &lt;&lt; Tout ce qu'on vous a
dit est vr~1, 1~1 dit-il enfin, mais ne le sera plus à l'avenir. Je
ne. repara1tra1 pas dans ces lieux où jamais on n'aurait dû
voir votre ami. &gt;&gt; Soit que son amour pour Armance
l'emporte, et la crainte de la chagriner ; soit qu'il n'ait en
~ffet plus rien à y faire, ayant à la fois acquis la confirmation de son impuissance et la réputation mensono-ère qu'il
0
souhaitait pour la masquer.
. Ai~si Stendhal, sans insister sur la nature de cette
1~1pu1ssance, nous laisse cependant comprendre que rien
n en appa~aît au de~ors, qu'elle n'est, à proprement parler,
pas organique et qu elle comporte les attributs extérieurs de
la virilité. Car l'on croit trop souvent que nécessairement
un _efféminement général l'accompagne, qd'elle se lit sur le;
traits d'un visage demeuré glabre, qu'elle s'entend dans le
soprano de la voix. Mais, dans la mécanique de l'amour
assez nombr~ux sont les rouages ; et ceux du corps peuven;
être en parfait état, la belle avance ! si leur fonctionnement
reste insoumis à ceux de l'âme, si l'embrayage ne se fait
pas.
Des quelques « babylans » (pour reprendre le mot de
Stendhal) dont j'ai reçu les confidences, le cas le plus douloureux - qui pourrait bien être celui d'Octave, et c'est

�LA NOUVELLB REVUE FllANÇAISB

141

1 •• l'un procède du général et déduit, l'autre i_nduit et,
s~ ~herche la règle, c'est en partant d'un cas umque, particulier jusqu'à l'anomalie '•

Jaisse entrevoir, par delà le mariage, deux solutions. - A
supposer qu'Octave ne se tue point, ce qui tout de même
est l'échappatoire la plus simple, et celle que Stendhal met
en avant d'abord; car, dit-il« le vrai &amp;bylan doit se tuer
pour ne pas avoir l'embarras de faire un aveu ».
La première solution, celle du substitut, du « beau
paysan» qui, le moment venu, « moyennant un sequin »,
prendrait la place du mari, semble trouver quelque appui dans
une singulière phrase de Fielding: « Ce ·degré raffiné de
l'amour platonique, de la passion complètement dépouillée de
tout caractère charnel, devenue purement et entièrement spirituelle, est le privilège des femmes. Combien d'entre elles
n'ai-je pas entendu déclarer (et certainement avec la plus
grande sincérité) qu'elles seraient toutes prêtes à concéder
à un rival la place de l'amant, si l'intérêt de celui-ci exigeait
un tel sacrifice. D'où je dois conclure que cette forme de
l'amour est dans la Nature - encore, ajoute Fielding, que
je ne puisse affirmer d'en avoir jamais rencontré d'exemple»
(Tom ],mes, livre XVI, chap. 5). Au reste je me persuade
mal qu' Armance, telle que nous l'a peinte Stendhal, se fat
accommodée de cette substitution ; non plus que de la
seconde solution qu'il propose: celle des tricheries, des pisaller. Ajouterai.je que je me méfie beaucoup de cette lettre
à Mérimée : il me paraît, et je m'entends avec plus d'un
Stendhalien sur ce point, que Stendhal y affecte un cynisme
excessif, qu'il estime de nature à plaire à son correspondant,
et à remporter cette sone de considération que ses écrits,
jusqu'alors, ne semblaient point suffire à lui valoir.
Reste la solution de saint Alexis : la fuite. Que l'on
m'entende : je ne prétends nullement assimiler au cas
d'Octave celui d'Alexis; je dis simplement qu'un babylao
mystique n'eût pas agi différemment.
Mais pourquoi chercher une solution : la vie nous propose quantité de situations qui proprement sont insolubles et que seule la mort peut dénouer, après un long
temps d'inquiétude etde tourment. J'imagine Octave épou-

140

Si clair que nous paraisse à présent_ ce roman - et j'a~. dà dire encore que, de tous les hvres de Stendh~l, Je
~ 1 . ci pour le plus délicat et le plus joliment écnt ~1e::::
pourtant insatisfait. Du moment ~ue ~tend_hal
~rdait ce sujet scabreux, on eût souhaité l: lut VOIT trattr
.
, bout . or il semble qu'au dermer moment e
JU:S4U au_
'
'1 recule devant la dernière question,
cœur lui manque, qu 1
1 l'escala plus importante sans doute ; en fin de compte,
mote . il nous laisse nous demander : Commen~ rmance
eôt-elÏe accueilli la confession d'Octave ? C'est bien là qu:
Ous l'attendions. Devant l'insuffisance de son amant, qu
n. ut devenir l'amour d'une maitresse
•
.;I
.
peLa l
à Mérimée nous renseigne encore sur ce point,
ettre
•
être éludée dans le
et l'on y voit que ce_ne qu:u::pé•po;:ndhal. Cette lettre
livre, n'en a pas moms pr oc

1:~

l

1

•
écieux que tous, je ne prétends nullement
1
Que chacun soit pus P: à le enscr Cette grande vérit~ psychoque Stendhal ai~ été le prem_1er "t l'~vangilc nous la retrouvons plus
logique, que déjà nous ense1gn~1
dans R~tz dans Saint-Simon, danS
ou moins _formul~ dans Montaul~C~c considèr~ ici que la littérature
Montesquieu, d~ R~usseau.
,
urrait dire : jusqu'au romaofrançaise). Mais 1usqu a Stendhal, et I o~ ';' que l'étude des hommes.
tisme, l'étude de l'ho~me occupe p ~es caractères ; et La Bruyère,
Molière trace des (vp,s bien plu~l'&gt;t que
gc Si Racine a tendance l
le plus souvent, malgré le titr\t sonr :~::e . et \'oltairc plus tard.
individualiser ses hérosfi Co~: e, ':épit de ~ subtilité, cherche à no~
gén~ralisent. La Roche oucau_ , . en
et tout le grand siècle avec lm
e sorte.de canon intime • .
ffec:proposer un
1a·re dont toutes les réact1ons a
- une image de l'ho~me exe~p ~t ;n uel ue sorte se codifier. Et je
tives, toutes les pas~1ons, pwsseal
· . ~ de t;ouvtr dans le petit livre des
. b'
u'"I ne serait pas m aise
.... _.
sais 1en q 1
. 1..
tout de même que, ........,
Maximts quelques remarques part1cu iert~n's d'ordre gènéral mais il
d S dhal maintes constata io
, 1· ion
l'œuvre e ten
,
d'
qu, le besoin de généra 1sat
n'est peut-être pas imprude?t _avancer c
nd l'emporte- et de
chez le premier, de di~rimml atl!'~. ~~e: 1:/:~in; comme dcjà nous
différencier, sinon tou1ours es m 1v1 u '
',
y invitait Montesquieu, les peuples, les ra'-'!s, les pa) s.

1.

�142

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sant Armance; j'imagine celle-ci perplexe d'abord, puis
douloureusement résignée ( et je ne parle ici que de la résignation amoureuse ; mais pour nombre de femmes le
renoncement à la maternité qui s'ensuit est plus cruel
encore~ sans doute, et plus durablement). J'imagine
Octave moins aisément résigné qu'Armance, ou plutôt:
moins profondément, se représentant sans cesse ce dont il
la prive, et, qui pis est, le lui représentant. J'imagine les
vains essais, les protestations dont l'amour est prodigue,
les doutes, puis, l'âge venant, et à supposer que leur amour
perdure, la lente épuration de cet amour, dernier terme et
très incertainement atteint, que parodie l':tccoutum~nce.
A moins qu'ils n'arrivent l'un et l'autre sans trop de
peine à cette sagesse de ne s'exagérer point trop l'impor·
tance de ce gui leur est refusé et de se persuader que l'amour
le plus profond n'est point nécessairement lié à la chair.
Peut-être même en viendront-ils alors à se féliciter de ce que
le~ amour, pur de tout alliage charnel, ignorant cet excès
d'ardeur gue la vapeur des sens attise, ignore à la fois sa
brûlure, et de ce quela nature, en leur interdisant certaines
félicit~, leur permette d'éluder cette géhenne gui l~s suit
&lt;( to shun t.he heaven that ltads mm to this hel 1·»
s'il faut en croire Shakespeare.
Car je songe à la terrible phrase de Tolstoï, que ·Gorki
nous rapporte : (&lt; L'homme survit à des tremblements de
terre, aux épidémies, au." horreurs de la maladie, et à toutes
les agonies de l'âme ; mais de tous. temps la tragédie qui l'a
tourmenté, quile tourmente et_ qui le toum1entera le ·plus,
c'ei&gt;t - et ce sera - la tragédie de l'alcôYe 1 • n ·
ANDRE GIDE,

Sout•enirs sur Trilstoi, par M-axime Gorki (Nouvelle RÇ1Jue frrinçaise
du yer déc. 1920).
·
1.

ON NE SAURAIT TOUT DIRE

~rendre l~s choses à Kurzras ? Je n'y vois pas d'inconvément. Mais pensez-vous que le reste ne vaille pas d'être
c~nté ?
fau~ra-t-il rien dite du rendez-vous de Schuls,
m de l im_presSionnante cérémonie au cours de laquelle
~eek fut sacré. chevalier. du cf grelon )&gt; ? (trois coups de
p10let sur le crane, une ptnte de pi1sen, pour l'ondoiement
et allez-y !)
'

}:ie

A:ez-vous ~uelque intérêt à ce que je passe sous silence
la cm:e merveilleuse que prit le Biel, devant une tête de
sanglier, dans cette auberge de Scarl dans cette s;,,auliè
b
· '
"'o
re
au erge toute vêtue de petites écailles. vertes comme la
queue d'un triton ?
'
. Peut-être vous est-il désagréable que je rappelle la chute
œdécente de Raphaël sur le glacier de Silvretta chute
.
,
qu1·
lnt· co û ta en totalité
la peau d'une fesse ?
Qui pourrait m'empêcher de relater ici, sous Je sceau du
serment, la découverte que nous fîmes dans la o-Iace
d'une ch
'
'
t&gt;'
_~ée
ronde, vene, noire et vraiment
effrayante
?
Nous Y Jetames une pierre que nous entendîmes rebondir
~ro~der, tomber'pendant plus de dix-sept minutes ; tante;
s~ bien qu~ Gaspard,. cerveau mathématique, calcula ']Ue la
P1ei:re avait dCi ressortir de l'autre côté du monde, dans les
environs de Bornéo.
Cert.es,_ si je disais toutes ces chose5y il me faudrait en
narre~ mille autres d'importance non moindre: comment
!e ~mde Hans Schmoltz se conduisit avec nous de manière
10d1g1Je et comment nous déposâmes sur un petit alacon

" .

�1 44

ON NE SAURA.IT TOUT DIRE

LA NOU\'ELI.E REVUE FRANÇAISE

les honoraires de ce serviteur incorrect dont nul de nous
ne voulut toucher la main. Comment notre bande se
divisa précocement en deux clans presque irréconciliables :
le clan de la bière et le clan du vin blanc. Comment nous
entendîmes, à maintes reprises, crier sous nos souliers
l'épine dorsale du continent, cependant que Bielme disait:
cc Si tu craches ici, la moitié de ta salive ira dans la mer du
Nord et le reste à la mer Noire ». Comment, de Taufers à
Glurns, nous fîmes une étape nocturnè si parfumée de propos philosophiques que les montagnes se penchaient pour
nous écouter et que les étoiles clignaient de !'oeil, en
manière d'assentiment. Comment l'usage des liqueurs spiritueuses diminua l'aptitude de nos jambes à escalader les
sommets, mais accrut l'aptitude de nos âmes à triompher
des problèmes les plus abrupts.
. Il me faudrait peut-être aussi parler de ce caillou mal
taillé que nous rencontrâmes un soir dans la pierraille d'un
col. Je le pris pour siège et me trouvai assis sur trois états.
Cet insolent caillou portait trois petits traits groupés
comme les branches d'une étoile : les trois angles s'ouvraient sur trois nations. Aujourd'hui, si l'on plaçait là
trois œufs d'une même poule, l'un vaudrait quatre cents
couronnes, le second dix lires et le dernier trente centimes.
Absurde chose! Mais, en ce temps dont je parle, les frontières n'avaient qu'un caractère quasi idéologique, et nous
passfrmes.
.
Vous pensez peut-être que je vais vous exposer la« 101
monétaire intérieure n que nous élaborâmes au sujet du
rèalement des dépenses quotidiennes ? ~e l'espérez point.
Fcin de ces choses ! Toutes réflexions faites, je vais commencer à Glurns, car il faut bien commencer quelque
part.
.
A vrai dire, le Gaslhof z.ttr Sonne ressemblait beaucoup
plus à un monastère qu'à un bistro. A l'extrémité d'un
couloir voûté, sinueux comme une galerie de rat, j'occupais une chambre à peu près aussi spacieuse que le vaisseau

1 45

d'une cathédrale. Vous songez : c, dur à chauffer en hiver.»
Possib~e, mais no~s étions au mois d'aoùt et je me désintéressais des questions de chauffage. Dieu ! la royale chambre! Je n'y découvris pas moins de trois échos dont l'un
répétait les mots de plusieurs syllabes. Voilà d;s chambres
comme je les a!me. Dans l'angle sud de ce local, il y avait
une table de toilette qui sentait la bergamotte. La cuvette ...
(ah ! il faut le reconnaître, c'est avec cette damnée cuvette
que commença la série des phénomènes), la cuvette était
de proportions si remarquables que, j'y pris un bain. A
grands efforts des bras et du râble nous l'avions déposée à
terre, cette cuvette. Elle accueillit plusieurs seaux d'eau. Et
quels ~ea_ux l Des b~rriques, des foudres! J'y pris un bain,
vo~s dis-Je, et le Btel, qui est plus menu que moi, réussit
même à y nager. Je le vis faire la planche, puis tirer sa
coupe.
Comm_e je m'éponge~is, au sortir de l'eau, comme je
me. roulais da~s ma s:rv1et_te -: une bonne serviette pas
moms large qu une v01le bngantme, - j'entendis résonner
dans le lointain la voix de Gaspard. Je pris mon élan, au
travers de la chambre, et ne mis guère que trois minutes à
t?uch~r la porte, car je suis bon coureur. Gaspard s'impat1enta1t un ,peu. Il entra, :fit quelques pas et dit avec une
moue de mépris :
- Que c'est petit, chez vous !
Pauvre Gaspard ! Sa chambre était quatre ou cinq fois
vaste comme la nôtre, si vaste qu'après une heure d'exploration, il n'était pas encore parvenu à découvrir Je lit. Il
ve?ait nous chercher pour une battue. Nous lui promîmes
ass_1stance : à Glurns, ce sont choses qu'on ne se refuse
pomt.
Je ne vais point vous raconter le dîner. Dommage ! car
c7 fut un fameux dîner. Nous étions, tous les six, autour
un cerr~in jambon ... J'avais Neek à ma gauche et Thierry
i ma droite. En face étaient Raphaël, le Biel et Gaspard.
Je ne les voyais pas, à cause du jambon. Neek mangeait

?

IO

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
146
sans mesure. A toutes mes remontrances, il répondait avec
roideur ;
.
_ Je m'arrêterai quand je verrai le nez du Biel. .
. Le nez du Biel n'apparut que vers dix heures du so~r. Le
jambon était à peine ébréché. Vivent les co~hon~ gui ont
de pareils membres I Mais, déjà, Ne~k était gnèveme~t
saoul, car jambon ne se mange sans boire et Neek formait,
avec Thierry et votre serviteur, le très redoutable, le très
magnifique dan du vin blanc.
.
.
A onze heures, la veuve Kolb vint _voir c~mment
allaient les choses. Elles allaient, ma foi, fort bi_en. La
veuve Kolb refusa un cigare., mais accepta une pipe de
tabac. C'était une aimable femme à la poitrine orageus~.
Dire comment vers la mi-nuit, j'entrevis Raphaël navigant sur cette poitrine toute pareille à une mer démontée,
voilà ce que je ne pourrais faire sa~s manquer aux règl~s de
la discrétion et de la bienséance. Silence t Et honneur a la
veuve Kolb reine des hôtesses à l'enseigne Zur Sonne!
En voilà ,bien assez avec Glurns. Qu'il vous suffise ~e
savoir que je dormis mal. J'avais un lit à_ l'italien_ne, un ht
de tôle peinturlurée. Il n'était pas de tatlle m~diocre, au
contraire ; mais, à proportion de la chambre, il ?1e pa~t
si réduit que je n'osai m'y coucher autre1:1em qu_en chien
de fusil. Oui, ce très grand lit me fut pettt, relativement,
et je m'y trouvai à l'étroit pour des raisons auxquelles ~e
vin blanc demeure complètement étranger, pour d~. raisons philosophiques dont le développement et la cnuque
m'éloigneraient de mon objet. .
.
,
La journée du lendemain, qm ét:1.1t cell~ du
aout,
nous accueillit comme il convient, dès le semi de 1auberge
Zur Sonne par ~ne très éclatante fanfare de soleil.Un de ces
soleils qui creusent, dans le ventre de l'homme, des ~bî~es
oi'.t tous les liquides fermentés de la création s'engloutiraient
sans laisser trace. Les adieux à la veuve Kolb furent des
plus touchants : l'excellente personne versait des larmes,
Tant que no1;1s fûmes en vue, elle agita son ample mou•

;-+

ON NE SAURAIT TOUT DIRE

choir de cotonnade jaune, du haut de ce perron auquel on
accédait - c'est Gaspard qui les compta - par cent onze
marches, pas une de plus .
Le Biel - Dieu ! l'exécrable caractère ! - nous harcelait comme un taon.
- C'est aujourd'hui, disait-il, qu'il faut sauter par-dessus
le Bildstëckljoch. Vous apprendrez ce qu'il en coûte de
s'endormir tous les soirs dans les délices de Capoue.
Thierry parlait politique, ce qui, le matin, est mauvais
pour les jambes. Neek, qui avait salué l'aurore d'une petite
libation, se plaisait de sentir déjà le vin blanc lui ruisseler
entre les omoplates. A guoi le Biel répondait :
- Vous n'êtes que des fesse-pinte. Vous déshonorez le
tt grelon )&gt; !
Raphaël, esprit pacifique, entreprit une conciliation qui
dégénéra tout de suite en querelle. Ne partez jamais .en
voyage sans une grande provision d'injures.
Et c'est ainsi que nous abordâmes le Matschertal. Parfois,
me retournant, j'apercevais la vallée de l'Adige, puissamment entaillée dans le pays montagneux. La petite ville de
Glurns&gt; sanglée dans son enceinte, carrée, nette et déposée
sur la verdure comme un objet précieux, décochait par saporte fortifiée une route mince, incandescente, plus droite,
que le regard du Père éternel. Nous tournâmes, sans regret,
le dos à ces m~rveilles : nous étions à l'âge où l'on ne sait
que regarder devant soi.
Devant nous, c'était le Matschertal, ravin noir au fond
duquel hurle un torrent de lait.
Je n'ai pas la prétention de vous raconter, en détail, cette
journée du Matschertal : elle n'est pas à notre gloire. Tout
se fût peut-être bien passé sans le satané village de Matsch.
Il ne faudrait jamais rencontrer de villages, avec des gars
comme Neek, comme Gaspard, comme Thierry.
En vérité, tout le monde fut content de cette pttite
auberge qui se prétendait c&lt; du cerf» ; - je Yous demande
un peu ! - Mais l'homme qui s'arrête pour une seconde

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'arrête peut-être pour l'éternité. En fait, nous passâmes
près de cinq heures sous l'enseigne du cerf. Et c'est grand'honte, car nous n'avions mérité aucun repos.
Neek, ayant déniché un piano édenté, sénile et quinteux,
le martyrisait sans relâche. Cette musique ravit toute la
compagnie, jusqu'à Biel dont l'autorité n'allait pas sans
faiblesses. Raphaël avait saisi par la taille et induit en de
folles valses une servante blonde dont les nattes tournoyaient
et sifflaient comme des fouets. Thierry mit à l'air, pour les
masser avec tendresse, deux pieds osseux, pourpres, inquiets,
aux orteils en volutes. Puis on décida de déjeuner, sans
aller plus outre. Puis une forte majorité se prononça pour
la sieste. Puis on s'enquit d'un guide. Il se fit longuement
attendre. Cependant le parti de la bière entrepre_nait, contre
le parti du vin blanc, un match imprudent dont la dignité
'générale eut à souffrir.
Le guide? Un petit gnome jovial qui s'était brisé une
jambe au Wildspitze. Il boitait comme Vulcain, mais trottait comme Mercure. Il nous demanda trois minutes pour
aller embrasser sa fiancée. En fait il l'embrassa pendant
plus d'une heure. Si vous rencontrez jamais Joseph Tiefenau, ne vous laissez pas faire le coup de la fiancée.
** *

Chers amis, chers compagnons, ombres fidèles à ma
voix, en dépit des années, des défaillances, des trahisons,
de l'oubli, de la mort.
Gaspard avait un regard si frais, si calme, un regard de
màtinée. Mais notez les muscles de lutteur, notez le large
dos bossué sur lequel s'entassèrent bien des fardeaux
indus. Et cette voix placide, mélodieuse, imprégnée de
sourire l Et ce large front calculateur : car Gaspard avait, à
compter, une attitude puérile, presque animale. Et quelle
poignée de main ! Et comme il subissait en souriant son
inhumaine passion mathématique !

ON KE SAURAIT TOUT DIRE

149

Raphaël, cœur tendre et pratique, Auvergnat élégiaque !
ô compagnon de mon jeune âge, mon contrepoids, mon
balancier! Ame bourrée d'apophthegmes et de beaux vers.
Avec_ tes courtes jambes velues, tes reins pesants, ta stature
massive, tu ne semblais pas fait pour trébucher. Mais tu
n'avais que trop de raison ; en faut-il tant pour déraisonner? Que je te revoie encore, marchant devant moi,
une petite plume de coq frémissant à ton chapeau! Et
peut-être te pardonnerai-je mon ingratitude, ma méchanceté, et ce jour amer ou je compris que je ne t'aimais
plus.
Thierry ! La silhouette de Thierry entrevue dans la
lueur d'un été ! Un grand garçon timide et bourru, tour~enté d'idées comme d'une puberté tumultueuse. Les paup1èr~s enflammées semblaient clignoter sur un perpétuel
sounre que désavouait la bouche toujours crispée par des
mots tyranniques, des injures, des cris. Je le revois, avec sa
large culotte de velours miroitant. Un seul jour de fatigue
donnait à son visage une maigreur inquiétante, un seul bon
repas suffisait à le rendre presque obèse et luisant, luisant.
Drôle d'homme!
Pour Neek, et quoi qu'il ait pu lui advenir, - es-tu
toujours vivant, cher garçon ? -: il demeurera celui qui
m'apprit à aimer les héros de la musique. Ses longs doigts
brusques s'évertuaient sur tous les pianos de rencontre ; il
ne choisissait pas, comme ces gloutons de plaisir à qui
toutes les femmes sont bonnes. Mais, à l'appel de ces doigts
osseux, l'âme des maîtres descendait sur nous s'installait
'
parmi nous.
Enfin, toi, Biel, toi, mon préféré, toi, mon ami entre
tous, toi qui m'as fait tant souffrir! Silence. Pardon.
*
* *

Est-ce donc là ce que je comptais vous dire? Que non
pas ! Laissons cela, croyez-moi et revenons au Matscher-

�lSO

tal, à Ji faille ténébreuse où nous fit cheminer tout un
après-midi le très plaisant Joseph Tiefenau.
A deux heures en amont de Matsch, une sale bourg
nommée Glieshofen est embusquée sur le sentier des voya.
geurs. Elle nous fut fatale ; on aul'2Ît pu s'y attendre av
des gars comme Thierry, comme Gaspard et comme t
les autres. Une foudroyante attaque du pani de la hi
trouva le parti du vin blanc ferme sur ses pattes, je voœ
prie de le aoire: Joseph Tiefenau s'éclipsa sous le prétex-.
d'aller embrasser sa fiancée : chaud lapin que ce Tiefenau;
il avait une fiancée par village. Une heure admirable
querelleuse s'écoula, sous le genévrier sec qui tenait lieu
d'enseigne.
Le Biel, alourdi d'une bière perfide, s'épuisait contre
'Neek, dans une lutte inégale. Gaspard feuilletait le registre
de l'auberge et formulait gravement cette remarque :
- Il n'est pas venu un seul Français ici depuis
treize ans, dix mois et dix-huit jours. Les Français ne sonti.
pas balladeurs.
Moi, je regardais, vers le bas de la vallée, de misérables
cultures qui s'accrochaient de ci, de là, aux parois de
montagne. Parfois un champs bossué, étayé de petitesmurailles et grand comme ooe carte à jouer, aventurait,
jusque dans le dédale des rocs, une maigre barbiche dei
seigle. Très loin, perchée sur un cap, environnée de pins
hargneux, une bicoqqe blanche gardait, comme un berger,
d'immenses solitudes. Elle me parut alors affreusement
triste, malgré le soleil; mais il m'arrive d'y penser comme
au paradis, maintenant que j'ai vécu vingt ans de plus
parmi les hommes.
Joseph Tiefenau, ayant copieusement embrassé ses
multiples fiancées, revint nous prendre et ne refusa pas
un verre de vin suret. Puis nous nous ruâmes sur le Hol•
leV?eg.
N'attendez pas que je vous raconte tout, ni la bataille
rangée que, suants et soufflants, les deux partis des

ljl

un se livrèrent à la Hutte d'enfer.
Dans ces
:JWrelias-là, touœs les huttes sont plus ou moins « d1en• ». - Ni la montée par cette rampe qui dominiit
~ e un balcon vertigineux notre chemin de tout
e jour ; ni comment Raphaël fut assez lâche et assez roublard pour passer, une fois de plus, son sac à C:aspard; ni
.œmment nous nous trouvimes sur le Bildstôckljoch à
uit heures et demie, alors que la nnit tombait ; ni com-.
ment Joseph Tiefenau, nons ayant vaguement indiqué notre
~ n , s'éclipsa soudain sous un prétexte futile dans
lequel il était encore une fois question de fiancée.
Il m'etît été pounant bien agréable de :vous peindœ,
même sommairement, même en quelques mots, ce pay~
liage courroucé, immobile, inhumain comme le Dieu de la
le, ces montagnes emprisonnant dans une poigne crispée
des névés qui bavaient de toutes parts, ces moraines
ftioulées comme de monstmeux monceaux de balayures,
œs petits lacs de turquoise, déjà ressaisis par Je gel ~
~e.
Baste Ion ne saurait tout narrer sans perdre de vue son
histoire. Je vous di.taï, une autre fœs, notre descente dans
Ja nuit, nos cris dominés par le hurlement des èaux, le
lâmpion dansant qui nous rassembla sur une crête envimnnée de précipices, le soulagement qui nous saisit à per·
œvoir les appels de Tiefenau, les remords de œ guide
paillard mais débonnaire, et l'espèce de sommeil qui
m'envahit cependant que courait devant moi la lanterne
pliante du plus fiancé des mon12gmrds tyroliens.
Je dormais donc à poings fermés, tout en marchant,
quand vers la onzième heure du soir, nous atteignîmes
Kurzras.
La nuit était énorme, impénétrable, hantée de souffles,
tuméfiée du bruit des torrents, ce bruit qui gronde encore
dans mes oreilles pendant l'insomnie. J'entendis Joseph
Tiefenau ouvrir une porte et nous entrâmes dans. la.
clarté, nous entrâmes à Kurzras, par une porte comme

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

toutes les portes, une porte percée à mème le noir.
Je me laissai choir sur un banc et, cessant de marcher,
me réveillai tout aussitôt. Je remarquai bien que le banc
était particulièrement haut sur pattes et large du siège,
mais je n'y prêtai pas une suffisante attention, tout
d'abord.
Tiefenau avait encore une fois disparu. Nous étions
rassemblés tous les six autour d'une massive, d'une pesante
table de bois. Une lampe de cuivre versait sur nos têtes
une lumière comparable à celle qui éclaire nos rêves. J'eus
bien l'impression que la lampe ainsi perchée était anormalement ventrue, mais je n'accordai que peu de moi-même à
cette observation.
A dire vrai, toute mon attention était requise par certain
objet que j'apercevais au fond de la salle. C'était, sous une
autre lampe non moins volumineuse que la nôtre, une
mystérieuse masse noire, énorme, mouvante et d'où sortaient des tourbillons de fumée. Soudain la masse vira sur
elle-même et je dus me rendre à l'évidence; cette montagne
de substance noire était un curé, mais un curé comme
vous n'en avez jamais vu et comme vous n'en verrez
jamais. Le curé dit poliment : &lt;&lt; Gruss Gott ,i, ce qui
signifie bien des choses dans l'idiome de l'endroit ; puis il
se leva. Il n'avait pas moins de deux mètres trente de haut.
C'était un curé fort grand. Il fumait une pipe de porcelaine
au fourneau gros comme une soupière. Le Biel dit à mivoix:
- Vingt dieux ! Le beau curé !
Gaspard qui s'intéresse aux articles pour fumeurs, prononça:
- Vingt dieux ! l..a belle pipe I
Raphaël semblait exténué. Il ne voyait rien, il n'entendait rien. 11 murmura faiblement :
- De l'eau!
- Traître, rugit Biel, qui régentait le parti de la
bière.

ON NE SAURAIT TOUT DIRE

153

Mais déjà Gaspard, Neek et Thierry faisaient chorus et
la bande a 'térée hurlait : « De l'eau ! de l'eau! ii
L'eau demandée ne se fit pas trop attendre. Une porte
s'ouvrit quelque part et l'hôte parut.
C'était un homme de huit pieds et plusieurs pouces,
tout simplement. Il portait une serpillière bleue dont la
poche était de taille à engloutir deux d'entre nous. Il
déposa sur la table une carafe pleine d'eau fraîche, une
carafe d'une vingtaine de litres. Puis il se retira en silence.
Voilà comme ils sont à Kurzras.
Vous pensez peut-être que ce fut tout pour ce soir-là.
Ah bien, oui! Comme nous manœuvrions la carafe la
porte s'ouvrit de nouveau et Raphaël poussa des cris: '
- Un taureau ! Un taureau !
Pff ! C'était le chien de la maison. Mais Raphaël n'était
point à blâmer, car, de ma vie, je n'ai vu chien si considérable!
Le curé vint court~isement nous faire la conversation,
cependant que nous tailladions à même une andouille large
comme une cuisse. Cet ecclésiastique s'exprimait dans
une langue composite faite de bas-allemand, de latin,
d'esperanto et de quelques termes empruntés - Dieu me
pardonne ! - à l'argot des ports méditerranéens. Il nous
divertit le mieux du monde. Parfois il frappait du poing
sur la table, qui ployait aussitôt les reins; parfois il lâchait
un gros rire : alors toute la masure était ébranlée sur sa
base et les torrents du voisinage, interdits, s'arrêtaient un
instant de mugir.
La joie revint et dissipa notre fatigue. Les partis réclamèrent et obtinrent les matériaux de leur controverse
courante: bière et vin blanc coulèrent à longs flots. Mais
le curé s'étant décidément rangé du côté des buveurs de
vin, le parti de la bière apparut, passé minuit, irrémédiablement perdu. Il s'effondra.
C'est alors que survint la jeune et séduisante Léné, qui
était, à ce que nous expliqua le curé, la fille de la maison.

�154

LA NOUVELLE REVUE FRAXÇA!SE

Elle ue dégénérait pas de sa race, étant taillée comme une
cariatide, pourvue de seins admirables et, en général,
d'ornements plantutem:. Homme de toutes les conquêtes,
Raphaël entreprit aussitôt de lui faire sa cour. La géante
souriait d'attendrissement. Raphaël -avait l'air d'un
pygmée assiégeant une forteresse. Et Thierry, versé dans
les sciences naturelles, évoquait, à contempler nos amourem:, ces espèces animales étranges dans lesquelles le
mâle est si réduit qu'il vit normalement en parasite sur
sa femelle, et, dès la saison des a.meurs, énùgre vers le
bon endroit. Heureusement la belle Léné n'entendait rien
à notre langue et, quand il est a.moureux, Raphaël n'offre
plus prise à la plaisanterie,
Ce fut une bien belle soirée. Je n'en dirai rien de plus,
car là n'est point l'objet de mon récit. Je laisserai pareîlle0rnent dans l'ombre et l'oubli la couchette bizarre où
j'achevai la nuit en compagnie de notre Bie!. Cette couchette était fort étroite : nous n'y tenions que « de profil 1)
et tous deu.x sur le même côté. Nous changeâmes de coté
quatre fois jusqu'à l'aube et, chaque fois, il nous fallut
• nous lever : toute évolution sur place ayant été jugée
inopérable. Je sommeillais dans les intervalles et, bercé
par la voix des torrents, .ie m'imaginais condamné à.
dormir en marchant toute l'éternité.
Dès le petit jour, je fus à la fontaine où je plongeai e!
replongeai une tignasse étrangement sèche et rebelle. Puis,
rafraîchi, je contemplai le paysage.
·•
Kurzras ne · comporte qu'une seule maison, er une
église qui fait, pour se dresser au centre du village, des
efforts dont le moins qu'on puisse dire est qu'ils son! vains
et un peu ridicules.
La maison~ notre .iuberge, est de belles dimensions,
comme il convient à ses propriétaires. Un crâne de bœuf
en orne la façade, pointant deux cornes flexueuses qui
menacent l'horizon. Le crâne est très blanc et poli par les

saisons.

0!1; NE SAURAIT TOUT DIRE

155

. Si ~'auberge est vaste, l'église, en revanche, est petite,
pet1:e même qu'elle ne me parut guère susceptible &lt;le
contenu son curé. Celui-ci, messe dite et ,·entre o-arni
jo~ait dès le matin, sur le parvis. Il jouait une pa;ie d;
qmlles. On eût dit qu'il s'évertuait contre les piliers d'un
templ~, &lt;:'1r les quilles étaient à la mesure du joueur. Il
brand1ssa_1t une boule grosse comm~ une dame-jeanne.
La gracieuse Léné lui tenait lieu de partenaire. Elle
p::ianiait les boules avec aisance et vigueur. A chaque
SI

coup, sa gorge charmante bondissait,

roulait, déferlait

dans son joyeux corsage.
Ce spectacle qui n'était dépourvu d'attraits pour personne, fut, pour Raphaël, presque fatal. Il parlait de
racheter le fonds de commerce et de s'établir aubergiste à
Kurzras. Voyez-moi ça!
Un petiJ déjeuner de jambon, d'œufs au miroir et de
pai_ns au _cumin nous rassembla. Le Biel, mal reposé, semblait eqclm à nous faire chèrement payer les- mécomptes de
son estomac. Gaspard calculait le poids exact de l'abbé Kampitsch (tel était le nom du curé de Kurzras). Neek joua:it
du piano sur ses propres dents, qu'il avait fort longues.
Thierry ne disait rien, car il était sujet à la colique matinale.
La belle Léné nous faussa compagnie pour s'aller parer.
Nous étions le quinzième jour du mois d'août et c~érait
fête. Friedmann Taschachhaus, le patron de l'auberge,
nous donna le bonjour. Certain vin blanc léger obtint un
assentiment unanime, car le repas du matin faisait en
général la trêve des partis.
Joseph Tiefenau, dûment soldé, nous avait quittés
dès l'aurore pour retourner à ses amours. Honneur à la
mémoire de ce montagnard érotique!
N"ous discutâmes de notre itinéraire. Taschachhaus et
Kampitsch nous prodiguaient les conseils. Bref, il fut
décidé gue l'abbé nous guiderait sur le Hocbjoch, escorté
de la gracieuse Léné qui devait porter un panier de beurre
à ses cousins de l'Œtztal.

�I

56

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je ne décrirai point la félicité de Raphaël : je lui devinais des causes trop peu morales. Thierry, ayant fait la
paix avec ses organes digestifs, entreprenait l'abbé Kampitsch sur un point de théologie. La langue adoptée pour
ce tournoi fut l'espagnol, dont le prêtre possédait quelque
teinture et pour laquelle Thierry nourrissait une sympathie toute romantique.
Les sacs étaient bouclés, les gourdes remplies et les
adieux à moitié dits quand reparut notre radieuse compagne. Elle avait, pour le quinze août, revêtu de somp•
tueuses parures : caraco de soie, tablier de dentelle, jupe
de futaine à poil. Les grains d'un triple collier frémissaient
sur sa gorge. Selon la coutume du pays, une couronne
de petites fleurs candides attestait la pureté de ses mœurs.
Nous partîmes. Le Hochjoch ne fut qu'un jeu. Fille
, de la montagne, Léné ne semblait aucunement intimidée
par le glacier sur lequel flottaient, comme des épaves,
d'informes blocs de granit. L'abbé enjambait avec insouciance des failles qui eussent englouti un régiment. Le
Biel, rugueux et misogyne, affectait de se tenir à l'écart et
accablait Raphaël de remarques désobligeantes. Raphaël,
amoureux pratique, marchait à l'ombre de son idole; car
le soleil avait surgi d'autant plus vite que nous montions
à sa rencontre. Une journée merveilleusement chaude
s'annonça et des nuages joufflus se mirent à rouler dans
le ciel.
Le Biel, ayant imaginé de quitter ses bas pour se sin·
gulariser et se rafraîchir, dut au miroitement du glacier
un coup de soleil qui, par la suite, lui pela fort nettement
les jambes. Avis aux fanfarons !
La matinée se passa sur le Hochjoch qui ne fut pas de
taille à effrayer des gaillards tels que nous. Quelques
petites saucisses rouges et le contenu des bidons réjouirent
cette traversée sans péril.
Thierry échauffait l'abbé Kampitsch. L'honnête ecclésiastique, après avoir traduit tous ses arguments en plu-

ON NE SAURAIT TOUT DlRE

r57

sieurs langues mortes ou vives, parut chercher dans sa
mémoire une réplique décisive et il articula correctement
le mot « merde» sur quoi la controverse prit fin.
Le Wildspitze, d'un air préoccupé, nous regardait
grouiller sur la glace comme un géant regarderait des
pucerons sur ses orteils. Désireux de rétablir la concorde~
l'abbé Kampitsch entonna, d'une voix bien timbrée :
Buvez-moi donc encore une toute petite goutte !

Après chaque couplet, Léné et nous reprenions tous en
chœur : « ô Suzanna ! i&gt; cependant que l'écho des abîmes
transformait notre chant joyeux en un gémissement
lugubre.
Enfin nous descendîmes dans la vallée de Vent, qui est
un des rameaux de l'Œtztal et bientôt apparurent des
villages pavoisés pour la solennité de l'Assomption. De
larges étendards aux couleurs de la vierge ornaient la face '
des maisons. Le peuple des hauteurs ruisselait vers les lieux
bas ou se donnaient les réjouissances.
Venaient d'abord, par petits groupes, les chasseurs en
costumes d'apparat : bas blancs, souliers à boucles, culotte
à pont, chemise bouffante, veste courte et chamarrée,
cravate écarlate. Ils portaient l'arme à la bretelle et leurs
feutres, un peu semblables à ceux des mousquetaires,
s'ornaient d'une touffe de plumes neigeuses.
Les guides, pareillement vêtus, s'enorgueillissaient d'un
long piolet poli par l'usage, d'un havresac, d'un paquet
de cordes et de crampons. Ils avaient les jambes noueuses,
bossuées, le ventre étroit serré dans une ceinture à plaques
de cuivre.
Une multitude de jeunes filles couronnées de fleurs
comme notre Léné et comme elle parées, encore que
moins florissantes et moins dodues, descendaient les
pentes en se donnant le bras et en chantant. Des marmots
en habits de fête couraient d'un groupe à l'autre; les
vieilles femmes, coiffées de feutres velus, souriaient de

�I

58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

leurs bouches édentées ou fumaient gravement de courtes
pipes en porcelaine.
Tom respirait une joie paisible, pastorale, traditionnelle.
Le temps seul refusait de s'associer à cette fête. Des nuées
ardentes s'amoncelaient autour des cimes ; un souffle
rauque parcourait la vallée, pareil à la respiration d'une
meute. Mais qu'importe à la jeunesse aventureuse le
désaveu d'un ciel angoissé ! Nous n'avions cure que de
l'énorme joie qui dilatait notre poitrine.
Le sentier, peu à peu, devenait une route aimable,
facile, jalonnée d'innombrables crucifix à toits de zinc.
Que ces images, sculptées dans un bois grossier et peintes
farouchement, apparussent hideuses, mutilées, barbouillées de sang et de sanie, voilà qui ne nous inquiétait guère,
voilà qui ne semblait fait que pour nous divertir. Je ne
peux pourtant songer sans trouble à ces figures torturées,
barbares, postées comme des avertissements à tous les.
angles du chemin.
Thierry, remis de ses déconvenues théologiques, avait
passé son bras sous celui de l'abbé Kampitsch et le couple,
réconcilié, déambulait en chantant. Agréé par un sourire
céleste, Raphaël s'efforçait d'élever une main audacieuse
jusqu'à la taille de sa déesse Léné. Neek, osseux, dégingandé1 discutait avec lui-même des avantages du contrepoint. Gaspard éclairait tout le paysage de son sourire
lunaire. Le Biel, jambes au vent, béret en bataille) piolet
érigé, avait l'air d'un lansquenet. Et moi je marchais à l'arrière-garde, égouttant dans ma gorge le fond de mon
bidon.
Comment s'appelait ce village où nous fîmes halte et
qui faillit être le dernier village de notre vie à tous les sixi
voilà ce que je ne sais plus, voilà ce que même je n'ai
jamais su exactement.
L'orage semblait inévitable et imminent. Uue haleine
brûlante errait au ras du sol. Des grondements tourmentaient les entrailles de la montagne. Nous nous assîmes

ON NE SAURAIT TOUT DIRE

r59

devant une petite auberge, sur la place du village. En
face de nous, toutes portes ouvertes, béait une église
blafarde entourée d'un cimetière. Le vaisseau de l'édifice
était plein d'une ombre brûlante au fond de laquelle palpitaient les flammes du chœur. La place du village était
déserte et poudreuse. Des chants étranges nous parvenaient
parfois dans une bouffée de fœhn.
Nos verres avaient été déjà vidés à plusieurs reprises
quand nous nous aperçftmes que l'abbé Kampitsch et
Léné Taschachhaus avaient disparu. Au même instant,
les chœurs éclatèrent plus proches. Je dis bien éclatèrent~
plusieurs centaines de voix humaines furent soudain
déchaînées; cela produit un fracas d'explosion.
Les coudes sur la table, le nez dans nos verres, nous
demeurions assommés de fatigue et d'étonnement quand
la procession déboucha sur la place.
En avant, marchaient les chasseurs et les guides ; ils
étaient fort nombreux et n'avaient plus leur air souriant du
matin, mais des faces sérieuses, crispées. Ils chantaient, à
plusieurs voix, un cantique lent et sauvage.
Derrière eux s'avançaient des prêtres revêtus de leurs
parures sacerdotales ; puis venait un baldaquin soutenu
par . quatre colosses et sous lequel brillaient des pièces
d'orfèvrerie; puis ... oh ! mais voilà qui n'est pas commode
à décrire. Imaginez des bannières, mais des bannières à la
hampe robuste, élancée •comme un mât de navire, à l'éta·m.ine développée comme une voilure. Soulevés par les
premiers souffles de l'orage, les immenses pans d'étoffes
chamarrées se déployaient, tournoyaient au-dessus de la
foule avec des cris, des froissements, des détonations. Des
paysans se cramponnaient aux câbles d'or qui permet~
taient de maintenir en équilibre ces gigantesques oriflammes.
Derrière les emblèmes se pressait une multitude bariolée.
Hommes, femmes, enfants, tous hurlaient le morne cantique. Au premier rang, nous reconnûmes l'abbé E.am-

�r6o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pitsch et notre léné. Ils ne nous reconnurent point ..
L'exaltation était peinte sur leur visage.
Je ne sais trop ce qui se passa juste à ce moment, mais
un mot, dans la foule, vola. de bouche en bouche, se mêlant
aux syllabes de l'hymne sainte. Peut-être avez-vous déjà prononcé le mot allemand« hut i&gt;etsans doute ne vous a-t-il point
paru présenter la moindre particularité. Mais vous ne savez
'ce que peut devenir ce mot pacifique quand il est vociféré
par trois ou quatre cents bouches furieuses; a\•ant même
que nous eussions pris conscience de la signification de ces
cris, l'abbé Kampitsch, jaillissant de la masse, s'était rué
sur Thierry et lui arrachait son chapeau qu'il jeta par terre.
Vingt dieux ! la sale minute ! et comme nous fûmes
tous promptement décoiffés. En ce qui me concerne, la
besoone fut assumée par un montagnard hirsute, barbu de
b
p•
noir jusqu'aux yeux qu'il avait féroces et fulgurants. ms
le monstre me saisit au collet et se prît à me secouer. Un
. tumulte effroyable s'ensuivit: la foule nous bloquait contre
la façade de l'auberge, avec des hurlements, des imprécations ; certaines femmes continuaient à chanter, notre
horreur en fut accrue. J'entrevis Gaspard, pâle et calme,
expédiant maintes bouteilles sur les têtes des assaillants.
Raphaël, le plus petit de nous six, tentait de se glisser au
ras de la muraille ; mais il fut saisi aux cheveux par 'une
femelle frénétique en laquelle je reconnus la douce Léné.
Des autres, de Neek, du Biel, je ne sus brusquement plus
rien. De gros nœuds de populace s'étaient formés dont ils
devaient, chacun, constituer en quelque sorte le noyau.
Il ne faut pas trop chercher à retracer des moments tels
~ue celui-là. On en corrompt, avec les mots, la foudroyante, la terrifiante grandeur. Je nous vis, dans un de
ces éclairs qui visitent l'esprit au fort du péril, je nous vis
broyés, piétinés, livrés aux fauves, consumés, parmi les
dameurs, sur ce bûcher qui couve secrètement au fond
&lt;les multitudes religieuses. Je fermai les yeux et m'abandonnai.

ON NE SAURAIT TOUT DIRE

161

C'est alors que se produisit l'intervention non point surnaturelle mais tout à fait naturelle, grâce à laquelle je suis
encore ici pour vous raconter quelque chose.
Un bruit comparable à celui d'une charge de cavalerie
fondit soudain sur le village et l'orage éclata. Les bannières
furent tout à coup empoignées par l'ouragan et tombèrent
dans la foule, fauchant à grands coups toute cette canaille.
Une bourrasque formidable roula pêle-mêle ces hommes
et ces étoffes affolés. La vallée tout entière retentit sous le
marteau de la foudre et une pluie diluvienne s'abattit sur
les bourreaux et les victimes.
Il y eut des cris, des ordres, des appels, une fuite immense
et grondeuse. De stridents coups de tonnerre semblaient
poursuivre les fanatiques dans leur déroute. Je me retrouvai soudain seul, empêtré dans un étendard brodé de
cœurs flamboyants et, tête nue, les vêtements déchirés, le
visage en sang, je pris ma course sous la colère du ciel qui
me parut, malgré tout, préférable à celle des hommes.
. Je courais depuis dix minutes quand une ombre me
barra la route. C'était Gaspard. J'avais un œil poché, ma
vareuse fendue, les poignets foulés, mais il avait déjà recouvré, autant qu'il me parut, son beau calme souriant. Il
venait d'arrêter dans leur course et de grouper Neek,
presque indemne, Thierry qui s'en tirait avec des écorchures, Le Biel, fort malmené et bégayant de colère.
Derrière moi survint Raphaël qui avait laissé plusieurs
poignées de cheveux aux mains de sa douce furie et qui
semblait encore plus humilié que contus.
Ce fut avec un grand soupir de soulagement que nous
nous serrâmes, tous les six, les uns contre les autres. La
pluie tombait toujours, mais nous n'y prenlons garde. Et
pourtant, c'était une de ces pluies extraordinaires, capables
de changer la structure géographique d'un pays. Elle tombait d'un bloc, d'une seule masse et nous avancions, suffoqués, comme des nageurs dans le ressac. On entendait
rouler des quartiers de rocs. Les pins déracinés se fracas11

�16.2

LA ~OUVELLE REVUE FRANÇAISl!
ON NE SAURAIT TOUT DIRE

sai.ent sur les pentes et des- torr:ents de boue enflaient dans
tous les plis du sol.
Nous nous étions remis en marche, désireux de gagner
an pied, et jamais pluie ne nous parut plus rafraichissante
et plus douce, bien qu'elle entravât notre course et nous
tran5:perçât jusq_u'atix. os.
- Quelle aventure I criait Thierry. Ce Kampitsch sera
une des grandes déceptions de mon existence.
- L'orage, affirmait Gaspard, nous a sauvés après avoir
failli nous perdre : à la faveur de certaine tension électrique, l'âme ...
Mais Ne.ek.grorumelait en manière- de conelusion :
- Quelque. température qu'il fasse, à l'avenir, je
s.aluerai les processions.
Le Biel, comme de col11ume, passait sa rage sur le. très
misérable Raphaël.
- Voilà, disait-il, une salutaire. leçon pour les godelureaux qui font l'amour aux.femmes sauvages.
Quant à moi, tout occupé de nouer sur ma tête un
moue.hoir. de coton ro.uge, je ne. disais rien : je pensais à ces passions Brimitives qui, semblables à de grands
fauves traqués, se sont retirées au fond des solitudes, mais
n'attendent, flOUr en sortir, qu'une défaillance du monde,
un moment d'angoisse, une heure d'orage.
Nous marchâmes longtemps. La pluie avait cessé q_ue
nous allions toujours, à toute vitesse, sans nous rer.ouruer,
à travers un paysage bouleversé comme un visage après les
larmes.
A la chute du jour, nous nous-jugeâmes hors de danger.
Une auberge solitaire nous. offrit des lits, de la nourriture
et un grand feu de bûches pour sécher nos habits.
Nous n'avions guère plus de vingt ans, les uns et les
autres ; un gr.and besoin de joie survivait, en nous, à t0ute
mésaventure et, ce soir-là, le parti. de la bière et le parti du,
vin blanc se livrèrent.une bataille formidable mais iQdécise.
Je ne vous la raconterai pas, car j'ai déjà perdu beaucoup

163

de re_mps à .;eus. relat~r maintes choses qui n'en valent pas
la peme et J en viens a perdre de vue l'objet mème de mon
récit.

Il se fait tard ; je ne pourrai vous dire, ce soir, ni
com_ment nous remplaçâmes nos cou vre-cbef, égarés dans la
ba:ail!e, par ~e petits feutres coniques de l'effet le plus
r~Jomssant, m comment, abandonné vers minuit par d'indignes compagnons, au cœur d'une ville inconnue, je cédai
aux douceurs de l'ivresse, m'endormis en traversant une
place publique et me réveillai le lendemain matin dans
~1on lit: ni comment, tourmentés par d'innombrables libat10ns dune bière fluide, nous parcourùmes au pas de
course une gr~~de cité gothique si dépourvue de ce que
vous savez qu 11 nous fallut, pour nous soulager, grossir
les flots du Danube. Je ne pourrai même pas vous raconter
c~mment, dans un silence constellé de clarines, nous passames, à flanc de montagne, une nuit enchantée couleur de
saphir, ni comment, pan·enus sur le faîte avec l'aube, nous
découvrîmes une fois de plus gue le monde nous appartenait.
GEORGES DUHA:\IEL

�PETITE CANTATE SUR L'AllSENCE DE MARIE LAURENCIN

PETITE CANTATE
SUR

165

Le plus tendre soupir mêle
A son trille aérien.
0 voix claire, ô source pure,
Notre âme de sa souillure
Se lave dans ton cristal
Et ton ingénu prestige
Suscite en nous le vestige
De l'antique Eden natal.

L'ABSENCE DE MARIE LAURENCIN
Elle était notre songe et notre fantaisie,
Notre sourire et notre accent,
Ce mouvement plus vif qu'une liqueur choisie
Imprime au cours de notre sang.
· Pourtant, iniques Dieux, nous sommes absents d'elle.
- Ah I pour combien de temps encor ? Quels mornes jours vous me tissez, Parque cruelle,
Où manque cet écheveau d'or 1...

***
Mais d'un mode plus lyrique
Il faut chanter LAURENCIN.
Est-il ftûte qui n'abdique,
Harpe, luth ou clavecin
Devant le son délectable
Qui de sa lèvre adorable
S'élève vers nos ciels gris
Quand elle chante l'Enni te,
Biron, ou la Marguerite,
Ou Sous les Ponts de Paris.
C'est ainsi que Philomèk
A ii bocage arcadien

Fermons les yeux et que sous ma paupière close
S'égrène le collier charmant du souvenir...
Elle:est au clavecin, elle cueille une rose,
Elle peint et ses doigts magiques font jaillir
Mille papillons d'or, mille tendres chimères
Et ton souris, Psyché, sur les lèvres amères
D'avoir pressé leur beau désir.

***
Ah! quelle imprudence étrange
Me fait suivre' le dessin
De souffeer telle louange
Dans mon indocte buccin,
Quand il n'est d'aucune lyre
Dont fit les échos bruire
Un doigt chéri d'Apollon
Son qui dans notre âme esclave
Ne provoque la suave
Résonnance de son nom !
Hors de la fiûte inégale
Rien ne vola de touchant
Qui vers elle ne s'exhale ;
A toute strophe, à tout chant
Son image se marie,
De Ronsard c'est la MARIE,

�,166

LA NOUVELLE RE-VUE FRANÇAIBI!

Et Malherbe lui fait voir
En des stances soknneUes
L'bnail des herbes /fiouueltes
Dessus oe beau promenoir.
C'est elle .que Théophile
Installe dans Chantilty,
Elle que mène Banvill,e
A la fête de Neuilly ;
0 Segrais, c'est ta Climène,
C'est ton Muezzetin, Verlaine,
Et fe l'aperçois encor
Dansant au tlair de la lune
Sur l~ prés, aux grelots d'une
Ballade de man Paiû Fort.

Lorsque le noir Pluton eut au morne rivage
Emporté la vierge aux beaux yeux,
L'arbre se dépouilla ·de son faix gracieux
Et la terre deux ans fut 'ingrate à l'ouvrage
Du laboureur industrieu&lt;x,
·
Mais l'on vit aux bosquets reverdir la ramée
Et les fleurs se rouvrir sous .!'.haleine des vents
Quand par l'ordre divin -au soleil des vivants
Fut Perséphone Famenée,
Tel, un nouveau printemps fera sur mon chemin
Refleurir à foison l' œillet et la verveine
Lorsqu'un sort plus clément sur les ·rives de Seine
Nous ramènera LAURENCIN.
MAURICE CHEVRIER

Sept.

1920.

LES AVENTURES DE TÉLÉMAQ_UE
(FRAGMENT)

Calypso comme un toquillage au bord de la mer Tépérait
inc:onsolablement le ·nom d'Ulysse à l'écume qui emporte
les navires. Dans sa douleur elle s'oubliait immortene. Les
mouettes qui la servaient s'envolaient à son approche de
peur d'être consumées par le feu de ses lamentations. Le
rire des prés, le,cri des graviers fins, toutes les caresses du
paysage rendaient plus cruelles à la déesse l'absence de
celui qni J~s lui avait enseignées. A quoi bon porter ses
regards à Finfini, si l'on n'y doit rencontrer que les plaines
amèr-es du désespoir ? 'En vain les rivages de File fleurissaient-ils au passage de leur souveraine, elle ne prêtait
attention qu'au cours stupide des marées.
Dn bateau vint opportunément se briser aux pteds de
'Calypso. Il en sortit deux abstractions. La première n'avait
pas vingt ans •et ressemblait si parfaitement à Ulysse
que les branches mêmes des arbustes, à la manière dont il
les plia, reconnurent Télémaque, son fils, qui n'avait encore courbé aucune femme dans ses bras. La seconde entité
n'était compréheHsible ni pour le sable des allées, ni pour
1a déesse désolée, ni pour le printemps éternel qui régnait
sur ces contrées fabuleuses : on ne pouvait reconnaître Minerve sous les traits du vieillard Mentor, fût-on nympheou
divinité plus haute.
Cependant Calypso retrouvait avec jeie son amant fogitif
en ce jeune naufragé qui s'avançait vers elle. Connaître
déjà ce corps qu'elle apercevait pour la première fois la

�I 68

LA NOUVELLE REVUE Fll.ANÇAISI

troubla plus que ne faisaient ces taches brillantes, les va.,
rechs collés par l'eau vive aux membres polis de Télémaque.
Elle se sentit femme et feignit la colère.
« Etrangers, cria-t-elle, passez votre chemin si vous
tenez à la vie. Les hommes sont bannis de mon domaine. ,,
La rougeur de son front démentait ses paroles. Le jeune
voyageur s'inclina avec la grâce d'un souvenir :
« Madame, dit-il, vous que j'hésite à prendre pour une
divinité tant vous me paraissez belle, sauriez-vous regarder
sans pitié un jeune homme qui se cherche à travers le
monde, puisqu'il poursuit sa propre image, un père sans
cesse emporté loin de moi par cette même furie des tempêtes et des idées qui me met tout nu à vos pieds ?
- Ce père, quel est-il ?
- On l'appelle Ulysse, et que lui sert que ce nom soit
fameux dans toute la Grèce et dans toute l'Asie ? Sa patrie
lui est interdite, les flots ne lui épargneront pas une erreur.
La sagèsse de ce héros., loin de lui éviter les écueils, l'entraîne toujours à de nouveaux dangers. J'ai quitté sans
espoir ma mère Pénélope ; je cours l'Univers pour lui
réclamer Ulysse, abîmé peut-être dans ses mers, et parfois
je trouve dans les esprits la trace de celui qui m'échappe
et duquel, déesse, si le bizarre jeu des passions l'a jamais
jeté dans votre île, vous· ne cacherez pas le sort à son fils
Télémaque. ,,
Calypso, mieux attentive aux mouvements de son cœur
qu'à ceux de ces discours, n'osait rompre par la parole ou
le mouvement le charme qui retenait ses regards sur cette
forme trop humaine. Le vertige qui brouilla ses yeux
l'engagea par la crainte de soi-même à casser tout à coup
le silence.
« Télémaque, votre père ... Mais je vous dirai son histoire dans ma demeure où vous trouverez un repos plus
doux et plus frais que le vent frisé des plumes agitées
par les servantes, et, si vous savez jouir de mes soins

LES AVENTURES DE TELEMAQUE

maternels, ce bonheur, apanage d'une minute, que je puis
prolonger sans fin dans le labyrinthe fermé de mes bras
immortels. »
La grotte de la déesse s'ouvrait au penchant d'un coteau.
Du seuil, on dominait la mer, plus déconcertante que les
sautes du temps multicolore entre les rochers taillés à pic,
ruisselants d'écume, sonores comme des tôles et, sur le dos
des vagues, les grandes claques de l'aile des engoulevent:-.
Du côté de l'île, s'étendaient des régions surprenantes : une
rivière descendait du ciel et s'accrochait en passant à des
arbres fleuris d'oiseaux ; des chalets et des temples, des
constructions inconnues, échafaudages de métal, tours de
briques, palais de carton, bordaient, soutache lourde et
tordue, des lacs de miel, des mers intérieures, des voies
triomphales ; des forêts pénétraient en coin dans des villes
impossibles, tandis que leurs chevelures se perdaient parmi
les nuages ; le sol se fendait par-ci par-là au niveau de
mines précieuses d'où jaillissait la lumière du paysage; le
grand air disloquait le~ montagnes et des nappes de feu
dansaient sur les hauteurs ; les l~mpes-pigeons chantaient
dans les volières et, parmi les tombeaux, les bâtiments, les
vignobles, des animaux plus étranges que le rêve se promenaient avec lenteur. Le décor se continuait à l'horizon
avec des cartes de géographie et les portants peu d'aplomb
d'une chambre Louis-Philippe où dormaient des anges
blonds et chastes comme le jour.
Lorsqu'elle lui eut montré toutes ces beautés naturelles,
Calypso dit à Télémaque : cc Vous trouverez ici des lits
de repos et les vêtements qui vous conviennent. Quand
vous aurez usé des uns et des autres, vous viendrez me
voir : je vous promets des récits qui toucheront votre
cœur. &gt;&gt;
En même temps, elle l'introduisait avec Mentor dans
un retrait voisin de la grotte où elle demeurait. Il y régnait
un climat merveilleux : les objets y dégageaient de la
lumière. Des habits de neige, tuniques subtiles de senti-

�LA NOUV:ELLE REYIJE FRANÇAISE

ments, robes de sensualités., ceintnres captieuses, attendaient les nouveaux hôtes dans ce fieu. Comme Télémaque s'attardait à toucher les tissus, à constater leur
légèret:é incomparable, Mentor se mit à rire avec un bruit
de crécelle :
&lt;&lt; Télémaque, retrouverez-vous un jour votre père, si
vous vous laissez émouvoir pur la finesse &lt;¾lune étoffe ?
Une laine n'est pas plus belle qu'une antre, une laine n'est
pas plus laine qu'une autre : les erreur-s ne résident que
dans nos jugements. Inductions continues de notre expérience à la généralité des cas, sophismes plus déficats que
ces trames, voilà la vie et ses mensonges. Pourquoi se
plaind.l'e des phénomènes, quand nous ne tombons dupes
que de notre péine ou de notre plaisir ?
- Ventraînement qui porte un re1:1ne homme, répondit
Télémaque avec un soupir, à se réjouir ou à se plaindre,
yotre ricanement le limite. Abolir la faculté de réfle:i,:e, j'y
songe tout de même un peu. Mais les mannequins ne se
contrôlent pas: le mécanisme ou la maîtrise de soi, je me
perds ent1"e ces ..deux pôles. Dès qu'on obéit, s'obfo-on?
Le refus de soumission, l'ordre le détermine. Vous me
tendez la maiu, mon poing se serre et se retire : ·c'est
encore une pdlitesse. Le geste dont je parle me rappelle
la mort : nous •vivo-rrs par civilité. Mais que cette dame
est aimable, Mentor, qu'elle a de bontés envers nous !
- Si vous l'aimez, Ulysse vous fait faux-bond, pensez-y.
S'attacher ou se fuir, je n'en vois pas la différence. Nous
admirons à proportion de notre stupidité, nous chériss&lt;!lns
dans la mesure de notre ignorance. Les pavots des paroles
endonneot les c:œurs neufs. Prenez garde aux contes du
désir. Du désir de l'a.utre ou du sien, comment décider quel
est le plus dangereux ? &gt;&gt;
Calypso les reçut au milieu de ses ·nymphes qui servirent d'abord un repas idéal : dies apportèrent les raisonnements des Mèdes, le corail des chansons de l'Inde, le
-parfum pénétrant des vocables égyptiens, la sagesse sade

LES AYENTORES DE TELEMAQUE

d'Athènes. Toute chair préparée parut aux convives exquise
comme une douleur. Le vin plus insinuant que l'air, plus
délicieux que la mémoire, ne leur sembl~ point si frais
que les fruits, pareils à des bonheurs. Les nymphes commencèrent alors de chanter. Elles diFent les combats des
morts et des éléments ; la lutte de l'homme avec les mots ,·
l'ardeur commune au:x dieux et aux bêtes, ce phlogiston
du monde, l'amour iux lèvres violettes. Enfin elles cont~r~nt les trav,,x .de ces héros qni assiégèrent Troie, la
.eue des appaœnces. Le nom du sage Ulysse mourut
comme un sanglot dans le délire véhément des lyres. En
l'entendant, Télémaque s'égara dans une rêverie qui revêtit
ses traits d'une beauté singulière. 1Calypso n-perçut qu'il ne
pouvait plus manger et fit signe à ses nymphes qui se
mirent à danser et ramenèrent aÎnsi les esprits à l'image
plaisante de la volupté. A l'issue du repas, la déesse s'inclina vers Télémaque et lui dit :
c&lt; Sachez, fils du grand Ulysse, que nul mortél ne peut
entrer impunément dans cette île que ce ne soit un effet
de ma faveur. Le naufrage même, trop commun dans ces
parages, ne vous garantirait pas de mon courroux, si
l~mour ... mais hélas, 'Votre per,e avant vous l'a connu sans
en profiter. li ne tenait qu'à lui de vivre ici dans un état
immortel : il a fallu la passion immodérée de la patrie
pour me l'arracher, l'entraÎnei- vers la misérable Ithaque,
le jeter aux flots qui l'ont englouti. Prévenu par un si
triste exemple, assuré de ne plus revoir Ulysse ni votre
rocher natal, consolez v.ous .de les avoir perdus ; acceptez,
Télémaque, ma couche, mon royaume et la divinité. 1&gt;
A ces mots le jeune ho.nune rougit et attacha si bien ses
-regar.ds au corps de la déesse qu'il n'.entendit que distraitement le récit des aventures d'-.Ulysse. Dans la crainte de
'. paraître naïf, il prit prétexte de l'affi.iction dans .laquelle la
mort de ce roi le plongeait pour dissimuler son trouble
et se dérober à l'offre d'un bonheur trop soudain. Calypso,
confiante en la musique ·pour ramener le calme au cœur
0

�172

des humains, pria la nymphe Eudwis de chanter un
.apaisant. Cette beauté accorda son luth et sa voix s'él
a&gt;mme un flambeau :
·
• Rocher, ma force I Les douleurs, les torrents, les li
rde la nuit, les filets de la mon en trombe contre toi 11i
une langue de feu, dévore tout, satyre, charbon des forêts
Debout I sur un nuage sombre les cieux pour mettre p·
à terre. Ténèbre, les vents t•emponent. L'orage crève
grelots. l'éclairdit: Nom de Dieu I La ~•ouvre com
une plaie et montre sa matrice. Mes p~eds ~t des rou
mes mains sont des roues, tes yeux sont des roues. Dans ~
CUie-noisettes detes bras, r amour craque avec les DU
les dents des hommes sous mon poing, les arbres secs aux
œups de boutoirs, les grandes pièces de soie rkhe .déc •
rées comme des chimères, fumées mécaniques, parfums da
marais••
Pour miem connaître ~n Mte et apprendre le mot de
son cœur, Calypso demanda au jeune homme par quel,
tours du son il était venu échouer sur ces c6tes. Il so
récusa longtemps, mais elle le pressa si bien qu•iJ ne put
lui résister davantage et entreprit le récit de ses malheurs :
• Parti d1thaque, à l'insu des perfides amants de ma
mère, j'étais allé chercher des nouvelles de mon père aupm
des autres princes revenus du siège de Troie. Nul d•eotre
em ne sut.me dire s'il vivait; on le croyait généralement
en Sicile où la violence des vents l'e11t jeté. Je me résolusl
l'y rejoindre. Mentor, mon compagnon, Madame, s'opposa
vivement à ce dessein. cr Craignez, me disait-il, de tomber
au pouvoir des cyclopes anthropophages ou des Troyens
dont la Botte croise dans ces parages. Regagnons Ithaque,
délivrez votre mère du joug des prétendants, et si les sliea
ne ·vous rendent pas Ulysse, régnez : un homme en vaut
un autre». Je n'en fis qu'à ma tête, et cependant Mentor ne
m'abandonna point. »
Pendant que Télémaque parlait, Mentor, fatigué du
voyage, avait cessé de se surveiller et des rayons lumineu

4VD10US DB rir.JluQUB

~paient de son front. c.alypso le regardait avec un
emeot m!lé de méfiance : le vieillard s'en aperçut,
• 't aussit6t la clarté de son crin!, et prit un air
• Le ~ps, continuait Télémaque, nous fut d'abord
rable. Mais tout à coup une noire tem~te nous envedans' une nuit, parfois déchiffl: par le feu du ciel :est à cette lueur fugitive que nous aperçdmes les vaisseaux
ée aussi redoutables pour nous que les écueils. Le
bl; du pilote et1t empêché toute manœuvre si Mentor,
au moment du péril, n'avait soi-~me donné les
et pris le gouvernail. Comme je 111e reprochais amèent cette 'imprudente équipée, comme je jurais à Mentor
e obéissanœ future, cet ami véritable me répondit en
· t : « Le respect que vous prétendez porter à mon
rience, gardez-le pour les coureurs de chars. Je ne vou. point vous imposer un si &amp;ible anifice pour des
de sagesse. Toute expérience se borne à un certain
d,esprit Bcheux qui &amp;it envisager de préférence l'issue
:.a!he1ireuse des événements. Lé masque de la vieillesse, ce
'est qu'un masque comme les autres, un prête-nom, un
usement, une supercherie grotesque de laquelle on
tevrait rire. Un jour, que nous ayons rendu des honneurs
têtes chauves ou blanches, fera l'étonnement des homet se perdra dans l'obscurité des mythes puérils. Mais
doute à cette époque éclairée du monde, tuera-t-on
nouveaux-nés porteurs d'yeux vens. Le siècle d~ier,
la jeunesse, le progrès, l'âge mlÎr, nos ai~, la ~odérauon,
l'espoir : autant de mots incompréheDS1bles qw secouent
comme des pruniers les barbes majestueuses des augures.
ntrez-vous, ·Télémaque, le digne fils d'Ulysse et n•~dez qu'une attention passagère à des événements que Je
a'avais pas mieux prévus que vous-même. »
Lorsqu'il eut prononcé ces paroles, il nous débarrassa des
Troyens à l'aide d'une ruse et nous, parvînmes à ~orce. dè
Ames sur la côte de Sicile. On n échappe à une 1llus10n:

�LA NOUVELLE RE\" UE FRANÇAlSE:

qu'au moyen d'une autre ; si l'on s'est cru perdu, on ne
s'aperçoit de son erreur que pour se croire sauvé. A l'extrême abattement de la faiblesse succède l'extrême allégresse
de la naïveté. Sur la rive sicilienne habitaient d'autres
Troyens,. gouvernés par le vieil Aceste. Au débarcadère,
ceux-ci nous prirent pour quelque ennemi et dans le premier emportement brûlèrent notre vaisseau, égorgèrent
tous nos compagnons. « Comprenez, me dit Mentor, que
puisque rien ne peut nous sauver, rien ne peut non plus
nous perdre. » En effet nous fùmes épargnés l'un et l'autre·
pour être menés au roi et interrogés par lui sur nos desseins. Les mains liées denière le dos, couverts de la poussière du chemin, nous fûmes jetés aux pieds de ce. monarque
qui nous demanda sévèrement notre naissance et le sujet
de notre voyage. Nos mensonges n'eurent pour effet que
l'ordre de nous envoyer en esclavage g.ard:er les troupeaux
de. la maison royale. Assuré que rien, à écouter Mentor, ne
pouvait nous perdre, je tentai àe vérifier l'axiome de mon
compagnon, et, arrêtant les gardes quicl.-éjà m'entraînaient,
je m'écriai : &lt;c Roi Aceste, vois en moi le fils d'Ulysse qui
préfère la mort à la servitude.! » Tout le peuple présent·
éclata en malédictions&gt; quelqu'un me reconnut et je fus
condamné à périr avec Mentor sur le tombeau d' Anchise.
Je reprochai amèrement à mon sernnd d'infortunes la
fausse sagesse quril m'a;vair enseignée ; " Tout vous est
dieu, répondit-il, et vous ne rés.ervez.
dans vos enthousiasmes, mais si un homme ou une idée vous laisse voir le
fer de son armature, vous déc.hantez aussitôt, vous méprisez avec. le même excès ce que. vous portiez aux nues, vous
délirez à nouveau. Mes paroles ne sont des talismans.y ni
heureux, ni malheureux. Un mot en vaut un autre : tous
les mots sont zéros. Ne craignez rie~ par ailleurs : on ne
meurt pas pour si peu. »
On nous avait menés sur le sépalcre d'Anchise: déjà les
autels se dressaient, déjà brûlait le feu sacré, déjà brillait le
glaive du sacrifice. Sous uue pluie torrentieHe, une foule ·

rum

LES AVENTURES DE Tt:LÈ11AQUE

175

haineuse nous regardait marcher au supplice. Aceste, sur
un trône de hasard, assistait à nos derniers instants. Les
soldats du cortège parlaient entre eux de leurs maîtresses et
se moquèrent de nous. Mon vêtement souillé allait mal. Je
n'avais mangé qu'un affreux brouet fade. Tout était fini :
on nous couronnait de fteurs. Mentor à ce moment usa
d'u~ stratagème et la face des choses tourna. Il fit un grand
soleil, le peuple ému de compassion réclama à grands cris
notre grâce. Les femmes pleuraient. Nos gardes nous délièr,ent avec respect. Le roi laissa tomber son sceptre, descendit à notre rencontre et nous serra dans ses bras en nous
appelant ses amis, ses sauveurs. A ce prodige, je retombai.
dans l'admiration de Mentor. Il éclata de rire à mon nez et
e.n quelques paroles que j'ai mal retenues, plaisanta le sen:
tlillent de déférence que m'ipspiraitla seule réussite. A.ceste
no~s _emmena dans son palais et nous combla de présents.
Puis 11 nous donna un vaisseau pour nous reconduire en
Grèce avant que la. flotte d'Enée n'ait abordé en Sicile.
Dans la crainte de les exposer au ressentiment des Grecs il
'
nous refusa pilote et rameurs troyens et nous munit d'un.
équipage phénicien, lequel devait nous laisser en It4aque,
et ramener le navire aux Troyens insulaires. Mais les
hasards de la conversation qui se jouent des pensées des
hommes nous réservaient à d'autres dangers. »
LOUIS ARAGON

�177

RESPONSABILITES

RESPONSABILITES

Parmi les amoncellements de briques et les terrassement~
délayés par la pluie, des charpentes incomplètes, rougeâtres
et sales. Ruines, ou germes d'un organisme nouveau ? Un
examen plus attentif ne révèle aucune trace ni de toitures ni
d'aménagements intérieurs : seul le squelette massif de ce
qui sera un grand bâtiment d'usine. Une cheminée en
croissance élève contre le ciel le petit rectangle grêie de sa
potence où la poulie tourne précipitamment. Du chantier
sombre en fouillis viennent les rumeurs multiples du travail. Ridal passe lentement au premier plan. II ne prend
aucune peine pour cacher son désœuvrement apparent:
c'est le chef. Sa mise ne l'aurait pas fait deviner. L'effort
de sa pensée projette devant lui l'image confuse d'une
construction en maçonnerie dont une partie après l'autre
se précise, pour retomber dans le vague à mesure qu'elle
suit le trajet tortueux d'un carneau. Finalement une ou ver•
ture de la base s'éclaire violemment, ses proportions
varient par pulsations tandis que s'inscrivent les chiffres
d'une rapide opération mentale, puis se figent brusquement. L'image s'enrichit et devient de plus en plus complexe. L'on voit à présent les contours nets des briques et
un registre qui glisse dans son encoche.
La vision s'obscurcit tandis qu'un vacarme se différencie,
à l'oreille exercée de Ridal, de la grande rumeur du dehors.
Le fracas d'écroulement sourd, à peine séparable des autres
bruits, cesse brusquement, et, quoique la vie de l'usine
paraisse continuer sans changements, l'image de tout à

l'heure s'est fermée comme un obturateur photographique
et la conscience de Ridai est pleine d'une attente : les cris.
Accident - cris. Pas de cris, pas d'accident. L'association
paraît inéluctable et la conclusion définitive. Pourtant
l'instinct s'est trompé et la certitude de la catastrophe lui
vient d'un autre côté : un silence très net s'est fait dans la
région où le petit bruit inquiétant s'est tu un instant
auparavant. Deux impulsions irréfléchies : aller voir - ne
pas courir. L'attention soutenue de son expression se traduit en geste : il part à grands pas avec une précipitation
contenue.
*

**

Une lourde charpente métallique en montage, dont le
câble a claqué, bascule lentement sur une fourmilière de
maçons aux gestes menus. Au premier heurt du fer contre
un mur, le cliquettement multiple des truelles s'inter~
rompt et tous les hommes ont le même reflexe : tête
levée vers le bruit - pause : la conscience enregistre le
danger - détente brusque du corps hors d'atteinte. Un
seul pourtant affolé se jette au devant de la chute, et la
poutre l'atteint, le dos rond et les mains croisées derrière la
nuque, et l'étend sous elle.
Avant que le. bruit ait cessé les hommes ont bondi;
l'urgence d'agir leur donne une volonté commune et
coordonnée qui règle leurs mouvements et distribue leurs
rôles sans confusion pour le travail complexe qu'ils ont à
faire. Quatre hommec; déroulent le câble du treuil tandis
qu'Ansar et Reynaud cueillent des élingues aux échafaudages des maçons et les nouent bout à bout pour en faire
une corde. Et pendant que Reynaud, grimpé au mât, audessous du moufle qui balance encore, laisse descendre sa
corde pour amener à lui le bout du câble, d'autres trient
des bouts de madriers pour caler la charpente au-dessus du
blessé quand elle se soulèvera. Le reste regarde en silence,
.attendant le moment d'agir. .. Ansar a saisi l'extrémité du
IZ

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSI

~ble passé dans le moufle et le noue mioutieusemen'. au
fragment qui tient encore à la charpente. Quand il se
retourne, il ne s'étonne pas de voir qu'on lui tend le mor• ceau de chevron dont il a besoin pour serrer le contre-

nœud.

Ridai efltré, regat'de. Seul spectateur p;1rmi ces. quarante
hommes dont l::i volonté tendue suit l'effort de ceux qui
travaillent et dont le corps docile est prêt à faire le geste
qu'il faudra. Spectateur inutile,. son esprit tàche tumultueusement à saisir: la situation. Il est submergé par la force
des autres.
Un cri accentué sui,·ant l'usage : Mon-tez. Les quatre
hommes du treuil s'arc-boutent pour soulever les deux
tonnes qui pèsent sur le)lt tambour. La masse s'ébranle et
retombe sur ses cales comme le nœud se serre en grognaot.
Mon-teiz ! - Ridai, sombre et attentif, hisse passer le
blessé que ses camarades emportent en cahotant.
*
**

fa vie coordonnée de la foule s'émiette et s'effondre en
quelques secondes. Les porteurs s'arrêtent indécis, ne sentant phis l'action qui s'impose, empêttés parmi leurs compagnons d'instant en instant plus serrés et plus gesticulants,
tandis que- I'é-nefvemeQt d'avoir échappé au danger et la
joie de iouer uo rôle da.os une catastrophe se dépensent
en un rumulte de voix qu-i monte et crok.
Ridal sursaute, arraché à sa réflexion tendue par une
nécessité plus urgente soudain réalisée : les prendre en

main. - li commence à gueuler, et un fragment de phrase
imprimée s'inscrit très nettement : ... et on fera éloigner
immédiate~1œnt tous les curieux.
On le voit de dos, plié en avant, {;tisant claquer sur sa
main son mètre replié, en grands gestes scandant les mots :
c&lt; ...... Fout~z 1e camp, nom de Dieu L ... fainéants! ...

RESPONSABILITES

179

tous comme de vieilles femmes !. .... i&gt; Le son de sa voix fait
monter en lui la colère et se sentant perdre l'empire sur
lui-même, il réfrène ses gestes, met les mains en poches et
reprend posément, comme une explication à un enfant
borné et attentif: « Allez-vous en. Retournez au travail.
Moins il y aura de monde, mieux ce sera pour le blessé ... &gt;&gt;
Dociles, les hommes s'écartent, soudain silencieux, gauches et surpris. Un · peu surpris lui-même, Ridal constate
qu'il les tient et que leurs volontés passives attendent les
impulsions de la sienne. Le sentiment de réunir en lui
l'âme éparse de la foule l'inonde, débrouille ses pensées
confuses, et lui dicte sans effort les actes à faire. D'un mot
il envoie Reynaud caler le treuil et lui crie la consigne :
« Ne touchez à rien, laissez le chantier exactement en
état. »
Ansar a pris charge du blessé et, volubile, persuade qu'il
est mort. Les porteurs, ébranlés, s'apprètent à le déposer
à terre quand Ridai s'approche et, malgré sa conviction soudain faite, affirme:« II n'est qu'étourdi. Vous deux, sousles
épaules. Bossy, soutenez 1a tête. Perrière, Caruel, prenez
les jambes. i&gt; - Remarquant un pied retourné et pointant
vers le sol : « Vous, là ; donnez un coup de main pour
soutenir cette jambe ; elle est cassée. Là - doucement portez-le sous le hangar. » Les hommes emportent leur fardeau, soudain rassurés. &lt;t Dites donc, Ansar., prenez un
homme avec vous. Allez chercher six bottes de paille dans
l'appentis à côté de l'écurie. Au trot, allez! &gt;&gt; Un geste court
précise la direction à prendre.
Les hommes ont abandonné toute initiative. Ils sont là
impatients d'agir de tous leurs nerfs secoués, mais passifs, et
attentifs à l'ordre qu'ils espèrent. Leur volonté commune
n'est plus en eux : ils l'ont toute, comme soulagés d'un
lourd fardeau, remise à leur chef. La soumission et la confiance des spectateurs donnent à Ridal une assurance qu'il
n'aurait pas, seul avec le blessé.

�r8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

*

**
Sous l'immehse hangar sombre, le blessé est une pauvre
chose incroyablement sale. Il a tellement perdu l'aspect
humain qu'on s'étonne de voir tressaillir cet objet boueux
et d'entendre un râle gargouillant sortir de ce trou informe,
la bouche certainement. Il n'est pas fort abimé pourtant et
on ne lui voit p3s d'autre mal qu'une déchirure du cuir
chevelu, large comme la main et cette jambe retournée qui
se raccourcit déjà, mais le sang poisseux qui le trempe lie si
bien corps et vêtements en une bouillle noirâtre que Ridal
qui se penche pour dégager la poitrine se demande s'il
tient la veste ou les poumons déchirés. A chaque râle un
spasme ondule lentement le long du corps depuis la tête,
tache noire de neige fondue ( est-il possible que 1a barbe
ait poussé démesurément en cinq minutes?), pour se terminer en une saccade raide de la jambe. Une paupière bleue
s'ouvre sur l'œil glaireux et la pupille minuscule et polygonale ; secondant l'effort de l'homme ses camarades lui
soulèvent le torse : la tête penchée vomit lentement avec
&lt;les hoquets gras un sang noir et collant, puis parle : « Doucement, les enfants - j'ai froid. »
Il ne se voit pas, pense Ridai avec un sourire, il croit
être encore un homme.
Tandis qu'il déshabille le blessé et donne des indications
précises sur l'emplacement de la boîte de secours et des
couvertures, l'esprit de Ridal travaille furieusement; et cette
double activité lui donne un maintien calme et absorbé,
très sûr et presque indifférent. Il en a conscience et exagère encore la pondération de ses gestes et la lenteur de sa
parole, attentif à réprimer le bouillonnement sourd qui le
pousse aux actes fébriles et au bavardage ruisselant. Et la
présence des hommes matés et silencieux lui est d'un grand
secours.
Les images défilent rapidement et sans ordre : l'agent

RESPONSABILITES

181

d'assurance refusant de dégager la responsabilité de l'usine
- un curé - les chantiers désertés dont toute la vie s'est
concentrée en un cercle muet autour de lui - un des vieux
docteurs du village, en vitesse sur son tricycle- un schéma du livret de Croix Rouge montrant comment un vieux
monsieur immobilise une jambe fracturée avec deux parapluies et des mouchoirs de poche - le téléphone, avec le
concierge de l'hôpital là-ba.s au bout du fil.. ...
Comme un besoin douloureux : ne rien oublier.
Regard au poignet : douze minutes depuis la chute ;
bien occupées. Il n'a pas de retard.
Les images se classent méticuleusement, fiches dans un
casier : d'abord le médecin; aucun n'a le téléphone. Un
homme court sur la route - non un cycliste - le petit
commissfonnaire s'arrête aux portes pour raconter la nouvelle aux commères - pas le gosse - l'entrepreneur (il
est peut-être responsable de l'accident et si le bonhomme
meurt il aura la veuve à entre:tenir) : tout gros qu'il est, ira
plus vite.
Soulevant la tête du blessé qui va vomir à nouveau,
Rida! appelle : « Michaud ! &gt;) La phrase s'inscrit : &lt;&lt; Courez,
courez chez le médecin, et faites vite, nom de Dieu. Mon
bonhomme va claquer, il n'en a plus pour dix minutes. &gt;&gt;
Mais il dit simplement : cc Prenez votre ·vélo et ramenezmoi le docteur Verdois. S'il est absent vous irez chez
Baton. » On voit s'enfuir le gros homme tous les nerfs
détendus.
Ridai passe en revue toutes les images pour choisir celle
qu'il faut développer maintenant comme s'il avait une consigne très détaillée à exécuter rigoureusement dans l'ordre
et qu'un détail quelconque oublié compromettrait irrémédiablement.

Tout doit être fait.
Le curé? - cc Oui, famille très catholique», lui répond
le vieux Pierre, contremaître, avec un léger haussement
d'épaules. Mais Ridai étouffe un petit remords en espérant

�I82

LA NOUVELLE RE''UE FRANÇAISE

que Michaud pensera à avertir le prêtre et passe' à l'idée
suivante. La fami!Ie. Des femmes sanglotantes, encombrantes. Le plus tard possible ; qu'elles ne le voient pas
avant qu'il soit lavé et pansé. D'ailleurs il semble reprendre
un peu et tiendra encore bien une demi-heure. Pansements. - Ridai finit maintenant de dénuder la chair misérable sur la paille souillée, cherche anxieusement une
lésion qu'il saura soigner, replJce les couvertures et y
entasse de la paille, éponge d'eau oxygénée la figure et la
tête. Les souvenirs de médecine pratique bouillonnent :
fracture d1t crâne probablement. Il sent le ridicule de
faire un pansement qu'il n'osera pas serrer et dont l'efficacité
paraissait déjà douteuse, autrefois, sur le blessé volontaire.
Faudra de la glace : chez les brasseurs peut-être. Un homme
est envoyé chez Coq et Pierrer avec un sac... Lésions
internes : ces vomissements de sang noir; rien à faire
eijcore. Dépité, il lève la tête et voit les figures expectatives
des hommes agenouillés autour du blessé. Il ne faut pas
qu'on soupçonne son impuissance. Reste la fracture de la
jambe. Il se voit tirant des deux bras sur le membre raccourci et le blessé, si bas déjà, qui tourne de l'œil et ne
respire plus. (Les imbéciles qui enseignent à réduire les
fractures immédiatement et sur place.) - Immobiliser le
membre : bonne idée.
« Pierre, faites couper deux chevrons der m. 20. Il me
faudra aussi huit essuie-mains, vous en trouverez au maga~
sin. De la paille il y en a ici. » L'empressement à exécuter
ses ordres lui confirme l'excellence de ses dispositions. Et la déchirure du cuir chevelu ; il peut saigner cela.
Il est à tourner la bande de gaze quand le frère du blessé,
averti, accourt hystérique ; ses jatnbes pédalent fébrilement une imaginaire bicyclette et il interroge affolé :
« Médecin - vite - vélq - moi ? » Ridai fait signe que
non. On y est allé - ce n'est rien, il va mieux. Derrière
le fantoche le cercle muet des spectateurs est toujours là.
Coup d'œil au poignet : if. a oublié .1 Les chantiers sont

1 83

RESPOXSABlLITES

abandonnés depuis une demi-heure pour une bêtise, un
fait catalogué, courant : un accident du travail.
~&lt; Allez, tout le monde à l'ouvrage. Avec quatre hommes
ici j'en ai assez. Reynaud, Bossy, emmenez votre monde.
Allez ... »· Heureux d'avoir un prétexte, les hommes se dispersent; on voit leur soulagement. L'affaire ne les intéresse
plus, on s'en occupe ; leur initiative n'est plus nécessaire.
Pour eux aussi elle est classée.
Pour transporter le blessé quand sa jambe sera immobilisée: une civière. Une couverture roulée sur des bâtons?
Un panneau de porte ? non, les charpentiers auront vite
fait une civière convenable. Il explique à Pierre : deux
chevrons de 6 X 7 de 2 m. 20 de long. Une traverse à
15 c/m de chaque bout. Largeur: 50, c'est trop, 40. Ils dis•
·curent quelque temps et du doigt dessi11ent dans le sable.
Les chevrons sont beaucoup trop lourds pour servir
d'attelles, deux lattes- à panne suffisent. Vexé, Ridai les
attache et prend le pouls de l'homme, espérant une revanche. Les pulsations s'espacent irrégulières. - Il hésite. Elles s'arrêtent et reprennent après quinze secondes.
L'homme exsangue, sans lèvres, renversé en arrière, est
effondré ; son râle même a cessé. Il va passer, je ne risque
rien pense Ridai et il note la pâleur de Pierre qui s'est tu.
'
' 1'am·
L'aiguille
flambe sur une allumette et plonge dans
poule de caféine. Etrange sensation l'aiguille qui crève la
peau ... Instant d'orgueil quand un œil s'ouvre et la bouche
s'agite. Il voudrait être le bonhomme qui a dêcouvert la
caféine. Puis il pense 1 la veme.
*

**

'

Maintenant la tête bandée sur le brancard que quatre
hommes font cahoter, après un retour en arrière pour voir
s'il n'a rien oublié, il fait défiler les images successives d_u
reste du programme. Téléphoner à l'agent de l'assurance,
qui téléphonera à son tour à l'h6pital pour faire envoyer

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇ.\ISE

une ambulance - déclaration d'accident - mais d'abord
la responsabilité. C'est le moment de réaliser sa première impulsion, il voit avec soulagement qu'il n'est
pas trop tard : trois quarts d'heure. On n'aura pas eu le
temps de maquiller l'endroit de la chute - d'ailleurs l'entrepreneur est encore en route avec le médecin - et les
hommes encore énervés diront peut-être la vérité, ils n'auront certainement pas eu le temps de se concerter pour
créer la légende définitive.
« Allez vite au chantier, chuchote-t-il à Pierre, tâchez de
voir comment c'est arrivé. Interrogez les ouvriers séparément avant qu'ils se soient bourré le crâne. Tout à
l'heure déjà on ne pourra plus rien savoir. Vous savez comment cela va. &gt;i

RESPORSABILITES

tian ... beaucoup de travail sans aucun doute ? Finalement
il accouche : cc Moi aussi, Monsieur Ridai, je suis un petit
actionnaire, oh tout petit, de votre société. Déjà avant la
guerre ... Et tout récemment encore j'en ai pris de votre dernière émission. J'ai grande confiance dans votre entreprise,
dirigée par un ancien combattant. J'aime beaucoup les anciens combattants ... Croyez-vous que le moment soit ,venu
d'en prendre encore ? De différents côtés j'ai entendu dire
qu'une hausse était probable. Et je vois que vous avez déjà
fait des miracles ici. » Ridai joue le jeu: cc Mon cher Monsieur, je n'aime pas beaucoup donner conseil en ces choses.
Vous voyez, les travaux avancent ; nous allons bientôt
commencer à produire. Le marché est bon. Je ne crois pas
pouvoir dire mieux. »

*
* *
L'ambulance stoppe devant l'infirmerie parmi la foule
des puvriers que la sirène de midi vient de libérer sans attirer plus qu'un regard curieux, en passant. Le fait divers
banal n'arrive plus à percer leur indifférence et ils ne sentent plus qu'ils en furent les acteurs passionnés. Etonné,
Ridal voit descendre le directeur de l'hôpital lui-même, le
docteur Durel, pimpant, ganté, bien nippé et, reconnaissant pour tant de zèle, le fait entrer immédiatement dans la
pièce claire où le blessé roulé dans les pansements blancs
paraît presque à l'aise bien qu'il soit de nouveau inconscient.
Sa grosse femme penchée sur lui essaye calmement de le
faire parler. Interrogé, le vieux confrère de village affirme :
(&lt;Transportable? 0 h oui! Il tiendra encore quelques heures.»
Sans plus s'inquiéter Durel laisse là son fils, gosse rose et
blond, à examiner avec jubilation l'homme livide et entraîne Ridal dans la pièce voisine avec un air de complicité. Souriant, celui-ci laisse minauder le gros homme qui
s'enquiert de sa ·santé et de l'état de ses affaires avec une
abondance qui cache mal une question difficile à faire sortir.
Pas drôle la vie dans un coin perdu ... et aucune distrac-

Le bureau de Ridai. Pièce claire presque nue ; murs tapissés de " bleus &gt;&gt;. Debout devant la table de bois blanc,
l'ingénieur explique au maître maçon la modification dont
l'idée lui est venue tout à l'heure. Il commente posément
un croquis qu'il vient d'esquisser tâchant de communiquer
sa vision claire à l'esprit dur de l'ouvrier et répétant son
idée sous des formes différentes avec la patience que lui
donne son grand soulagement : le blessé a été embarqué
vivant. D'autres en ont pris charge à qui le soin en incombe
désormais. Il a senti son effort aboutir et pour lui, à son
tour, l'affaire est classée. Elle ne l'intéresse plus. Mais l'angoisse sourde qui l'a poursuivi depuis le premier instant
s'accroît depuis que des soucis plus urgents ont disparu : vat-il être responsable ? Il a fait tout ce qu'il y avait à faire
depuis le moment où il a eu connaissance de l'accident,
puisqu'il a expédié son bonhomme dans le coma, mais vivant. - Et avant? Y a-t-il eu négligence ? Arrivera-t-il à la
disssimuler ? Il s'efforce de retracer les détails du montage,
cause de l'accident. Et il s'irrite de sa parole lente qui n'arrive pas à allumer l'éclair de la compréhension sur la figure

�r86

LA l'-/OUVELLE REVUE FRANÇAISE

fermée de l'homme à ses côtés, et l'empêche d'aller se rendre compte tout de suite, sur place .
. Pie~re_ f~appe et entre, la figure grave démentie par un
clin d œ1l Joyeux. L'homme congédié, il explique : c'est à
nouveau un coup d'entrepreneur. Les hommes de Michaud
ont monté la colonne sur le massif encore frais ; le mortier
s'écrase entre les doigts; et ils l'ont détachée du mât sans
même l:i haubanner. Un coup de vem ou peut-être la maçonnerie en cédant aura suffi pour la renverser. D'ailleurs
Ansar, qui a fait le montage, me l'a dit lui-même, et
Bossy_ l'a e~tendu comme moi : c&lt; Il fallait qu'elle tombe,
Monsieur Pierre, - il n'y avait rien pour la tenir. »
Rida] dit: « C'est bien, Pierre, je vous remercie : Salaud
de Miehaud ! Envoyez-le moi de suit . ,i Il voit ]'entrepreneur en pleurs, puis le juge d'instruction, le procureur, et les
experts, et l'agent d'assurance, et le président lisant l'arrêt :
«.Attendu que la responsabilité de l'ingénieur, si elle
existe, paraît atténuée à l'extrême ... ,&gt;
et à Pierre qui referme la pone, dans uo sourire : c&lt; Cela
va être bien drôle »
VLADIMIR PENIAKOFF

REFLEXIONS SUR
LA~·'Ll TTERA TURE

UNE PHILOSOPHIE DE L'HISTOIRE
Tl serait évidemment à souhaiter qu'au tournant historique ou
nous nous trouvons aujourd'hui, et qui sera sans doute reconnu
plus tard, quand le paysage aura pris forme et suite, comme
un des tournants capitaux de l'humanité, une grande philosophie de l'histoire. vînt ajouter de la conscience à cette vie
intense, donner une phosphorescence aux courbes de ce tournant. En France, en Allemagne, en Angleterre, la Révolution
française et le régime des traités de 1815 avaient déterminé
pendant la première moitié du xix• siècle un épanouissement
puissant de philosophie historique. Que ces grands systèmes aient
fait naufrage, qu'aucun d'eux n'ait été sauvé par la valeur littéraire comme le Discours de Bossuet ou l'Essai sur les Mœttrs de
Voltaire, cela importe peu : l'essentiel est qu'en leur temps les
Maistre, les Guizot, les Tocqueville, les Carlyle, les Hegel,
aient permis aux intelligences de respirer longuement et
passionnément un air historique, de sentir, avec une part
d'illusion et une part de vérité, leur marche ac~ordée sur
le pas de l'humanité. Les exigences de la critique ont ruiné
ces constructions audacieuses et naïves, auxquelles un peu
d'histoire conduit et desquelles beaucoup d'histoir~ éloigne.
Elles n'en ont pas moins leur intérêt. Edifices fragiles comme
Jes bâtiments d'Exposition, elles nous habituent à établir
des inventaires, à saisir de façon plus aiguë et plus vivante
notre durée propre, et je crois que le besoin s'en fait sentir
aujourd'hui pour l'inte11igence française.
Il s'en fait sentir obscurément, sans avoir créé jusqu'ici

�188

LA NOU\"ELLE RE\'UE FRANÇAISE

d'organe approprié. L'histoire a reçu de la guerre une commotion dont elle n'est pas encore remise. Elle a de la peine à se
démobiliser. Elle reste courbaturée par le paquetage qu'elle a dû
endosser. Même les grandes revues d'information scientifique
demeurent en sen·ice commandé. L'an dernier encore les Arma/es
de Géographie publiaient un article de M. Emmanuel de Marton11e, successeur à la Sorbonne de Vidal de La Blache, sur le
nouvel Etat autrichien, où la gtfographic était pliée d:une
façon singulière à l'apologie du traité de Versailles, et où un
plaidoyer officiel tâchait de nous faire prendre ce monstre
géographique qu'est l'Autriche pour un enfant beau et bien
fait, qui ne devait que de la reconnaissance et des sourires à
ses auteurs. Si la géographie en est là, que dirons-nous de
l'histoire ? Dès lors il n'est pas étonnant que la philosophie de
l'histoire s'exprime souvent sous la fom1c de l'article &lt;le journal et du manifeste oratoire.
En Allemagne, un des grands succès de la librairie d'après•
, guerre a été pour l'ouvrage, encore inachevé, de philosophie
de l'histoire appliquée aux temps actuels où Spengler, avec
une abondance d'information rare chez un mathématicien
(c'est un professeur Je mathématiques) et un esprit de finesse
à la Tocqueville, et à la Cournot, étudie à la lumière du
passé les prodromes de la décadence de l'Occident. Une
opinion très répandue outre-Rhin est que la prédiction de
Schopenhauer, d'après laquelle le xixe siècle verrait l'Europe
transformée par l'Orient comme elle l'a été au xv1• par
l'antiquité grecque, se réalisera au xx• siècle. L'Institut du
comte Kayserling à Darmstadt, le voyage triomphal de Tagore
en Allemagne, l'importance donnée par le:; revues germaniques
à l'information orientale, sont des signes qui paraissent assez
gros de conséquences intellectuelles. L'ounage de Spengler,
avec son pessimisme historique, tient sa place dans ce reclassement des valeurs, dont nous verrons ce qu'il donnera. Il va de!
soi que les éléments utilitaires germaniques tiennent aussi leur
place dans ce mouvement de philosophie de l'histoire, fortement
influencé par la défaite allemande.
Un mouvement analogue doit-il se dessiner, ou devrait-il se
dessiner en France? Les philosophies de l'histoire sont nées,
au commencement du x1x• siècle, et se sont développées, en

RÉFLEXIO. ·s SUR LA LIITÉRATURE

Allema~ne et en France, à peu près en fonction des théories
philosophiques et biologiques de l'évolution. D'autre part l'érn·
)utionnisme anglais, celui de Darwin et de Spencer, n'a donné
lieu à aucune philo!iophie de l'histoire ( qu'il oc faut pas confondre avec la sociologie). L'esprit anglais semble peu apte
aux grandes systématisations historiques, qui demandent_ un
mélange d'abstraction et d'imagination concrète fort élo~gné
de l'empirisme britannique : comparez Macaulay et Guizot,
comparez la forte philosophie de l'histoire .qui anime la sociologie de Comte et la Politique positi11e avec l'absence complète
de cette philosophie dans les écrits sociologiques de Spencer.
Mais, d'une façon générale, une philosophie de l'histoire s'impose Jans un système en raison directe de la place que ce ~ystème attribue à la durée. Selon Schopenhauer toute la philosophie hegelienne de l'histoire tombe dès qu'on admet !~idéalité du temps. Une philosophie telle q~e le b~rgsoo1s~e,
pour laquelle la durée non seulement existe, mais constitue
la substance de toute réalité, devrait donc engendrer naturellement une philosophie de l'histoire.
Et de fait il n'y a rien à quoi le bergsonisme s'appliqu: mieux.
C'est ce qu'a,·ait fott bien vu Jean Florence dan_s un article ?e la
Pba/anue en réponse au livre de !\1. Benda. S1 le bergsomsme
n'a pa: produit encore de philosophie de l'histoire, il faut
s'en prendre à des causes accidentelles.
. , .
La méthoJe Je travail de M. Bergson, qut l oblige à aborder
la philosophie par des questions particulières qu'il traite à f~nd
et au sujet desquelles il dépouille toute la littérature d'un ~u}c~,
lui interdisait un domaine aussi vaste et un océan aussi 1lhmité de papier. Et l'histoire a ses méthodes rigour~use~, on ne
s'improvise pas historien sur le tard. Une ou ~eux ,·1cs d homn::.e
supplémentaires seraient nécessaires au p.h1lo~ophe pour qu t1
donnât à l'Evolulioti créatrice le pendant h1stonque dont nous
imaginons à peu prè:. les grandes lign~s. Cc qu'il ne pouvait
faire des collaborateurs et des élèves l'eussent peut-être entrepris.\,fais l'influence du bergsonisme, si diffuse et si illusoire
en surface, s'est malheureusement peu fait sentir encore en
profondeur. Les exigences de la pensée solitaire ont détourné le
philosophe de l'apostolat. La chaire de So~bonne, qui se~le
eùt permis de constituer une équipe bergsomenne comme 11 y

�r90

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

eut une équipe de Durkheim, lui fut refusée. Et il est probable _que, m~me si les philosophes de la mon.t agne Sainte~
~ene:1ève avaient prononcé le digm,s i11trare, peu de jeunes
h1stone.ns eus.sent été disposés à braver, en se rangeant sous
la banmère d un philosophe, et passant ainsi à l'ennemi les
~o~dr~s &lt;le maîtres éminents. Le discrédit de philosophi~ de
1h1sto1re, tant chez les historiens que chez les philoso hes
dure encore.
p '
Eclipse qui cependant n'aura qu'un temps. L'esprit ne cessera
pas plus de spéculer sur la durée de l'humanité c'est-à-d' e ·
l'h' •
,
1r sur
1st~1re, que sur la durée de l'individu, sur J'espace d'une vie
hu~ame. Et, même, éclipse partielle, dès maintenant. Ces spéculatrons trouvent tout de même un public, se font une place entre
les dédains des philosophes et ceux des historiens. Il existe à
l'~cadémie des Sciences morales et politiques une Section d'histoire g~nér~le et philo_sophique, et, bien que M. Seillière, qui
est
~ Institut, :P~~enne à Ja section de Morale, c'est pourtant a I ordre de 1 b1sto1re philosophique qu'appartiennent tous
ses travaux.

d:

~es travaux jusqu'ici trouvaient plus de lecteurs en Allemagne
qu en France. Il y a chez • . Seillière un certain poids
ge~manique, il a besoin de beaucoup d'espace pour s'expliquer,
et _d ~anqu~ de trait. Le commun des lecteurs français a de la
peme a sortir de ses grands livres sérieux, intelligents, lumineux
~n peu d'une lumière d'atelier, de sa Philosophie de l'fmpéria~
lisme, de son Fénelon, de son George Sand. On y chemine par
étape~ sur une route où les guinguettes manquent. Il faut pren~re d abord contact avec lui par ses ouvrages les plus courts.
::,on Flaubert qui se l~t d'un trait ~st une œuvre de psychologie
remarquablement solide. Quant a ses idées directrices elles se
ré~ument facilement en quelques pages, et M. René Gillouin
lui a rendu un grand service en écrivant ces pages sous le titre
de Une NouvellePhifasophie de I'Histoi'rc Moderne et Française. La
clarté, la sincérité, Je goût de la mesure et du vrai se révèlent
d~s le !i~m de M. Gillouin, mais il parle plus en disciple
qu en cnhque : « Ce que nous avons voulu considérer en
M. S~ill!ère, c'est le théoricien le plus satisfaisant. que nous
conna1ss10~s de la fondation de l'ère moderne, c'est le philosophe adnmablement compréhensif des grands courants d'idées

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

et de sentiments où s'alimente notre vie française, c'est le vigoureux et clairvoyant moraliste à l'école de 'qui nous voudrions
voir non pas seulement les maîtres de notre jeunesse, mais tous
ceux qui ont' une part de pouvoir et de responsabilité dans les
destinées de notre Patrie. »
Il est certain que les doctrines réfléchies et pondérées de
M. Seillière seront méditées avec profit par tous ceuli. que préoccupent les problèmes politiques et moraux d'aujourd'hui. Mais
je laisserai- ici leur valeur pragmatique, et je m'attacherai seulement à quelques-unes de leurs articulations théoriques.
Toute une partie du livre de M. Gillouin est intitulée JeanJatques Rousseau pere du monde moderne. La philosophie de
l'histoire de M. Seillière, qui ne remonte guère au delà du
x.rn• siècle et qui consiste en grande partie dans l'étude des
coura.nts mystiques depuis Fénelon, porte principalement sur
ce qu'il appelle le rousseauisme. (Ce terme est-il une excuse
suffisante pour le mot Jérousseauiser, que M. Gillouin emploie
hardiment ? Il est vrai qu'on trournit □ aguère, dans la Revue des
Deux .Mondes, sous la signature de M. Paléologue et un con·treseing académique, se disolidariser.) M. Gillouin, avec
M. Seillière, considère Jean-Jacques comme« le véritable fon(?a.teur' de l'ère moderne ». De sorte que toute l'histoire moderne
des idées et des sentiments pourrait prendre ce titre : Rousseau,
ses précurseurs et ses disciples, Ses précurseurs, ce sont Fénelon
et madame Guyon, ses disciples c'est le romantisme tout entier.
On reconnaît là l'ordre d'idées dans lequel ont continué de se
mouvoir MM. Maurras et Lasserre d'un côté, M. Benda de
l'autre. Les différences sont cependant considérables . .M. Seillière, qui appartient à la grande bourgeoisie libérale, traite
l'histoire en moraliste plus qu'en politique. Son analyse des
courants romantiques diffère beaucoup de celle de M. Lasserre,
et ses jugements sont empreints d'une grande modération.
• Le fait que les mêmes questions soient inlassablement agitées
par tant d'écrivains, qui d'arlleurs semblent s'ignorer les uns les
autres et ne se soucier nullement de mettre leurs réflexions en
commun, nous montre à quel point le cas Rousseau, le cas de
la déviation Rousseau, demeure essentiel et central pour la
critique contemporaine. Ce n'est pas dans les dimensions d'un
article que j'en pourrais indiquer la complexité. Je voudrais

�LA ~OUYELLE REVUE FRANÇAISE

simplement qu'on se demandât dans quelle mesure la question
pourrait ~tre retournée. Brunetière, qu'on oublie peut-~tre trop
en ces matières, où il a eu des vues si profondes, considérait la
période purement classique du X\"JI• siècle ( elle se réduit à un
demi-siècle environ) comme une exception heureuse, une sorte
de miracle momentané, et un pont précaire jeté sur le grand
courant littéraire français qui comprend, dans une même
suite, le xv1• siècle, la première partie du xvn•, le xnu• et le
x1x•. Son pessimisme pugnace ne voyait là qu'une raison
d'admirer davantage cc pont, et le grand po11lifi:r:, Bossuet. Et
il me semble bien que s'il y a eu autour de Rousseau une si
vaste explosion &lt;l'enthousiasme et après lui une si longue suite
littéraire, c'est peut-~tre moins en raison de ce qu'il nous apportait de nouvea11 qu'en raison de ce qu'il nous rendait d'ancien.
~fais ce qu'on ne saurait appeler ancien, cc sont évidemment
ses qualités d'artiste, c'est son génie. Et ·voilà le joint où il faudrait sinon contredire les idées de M. Seillière, justes dans
leur fond, du moins les desserrer et kur donner de l'air. Dans
son enquête sur la transformation des sentiments et des
idées au xvm• et au x1x• siècle, il s'attache surtout à des
artistes, Rousseau, George Sand, Flaubert, il cherche,
comme M. Lasserre, ce que ces artistes ont apporté de
nourriture ou de poison à la ,·ie sociale. Et, comme .M. Lasserre, il est surtout sensible à la part de poison. Et cela
paraîtra Ugitime, mais il ne faut pas oublier que l'art se suffit à
lui-même, constitue un monde total et méme un monde fermé,
et que ces considérations sur les fonctions, les antécédents et
les conséquences sociales, politiques, morales des œuvres,
qui forment le tissu d'une partie de la critique, c'est après
tout un système commode pour en rejeter au second plan
la nature artistique. Je ne veux pas médire de ce système.
Nous lui devons une part éminente (je le dis sans ironie)
de la critique française, la critique d'enchaînement, dl:
logique et d'idées. Mais il ne faut pas qu'il nous trompe
et qu'il nous fasse prendre le secondaire pour le principal.
Le principal, dans un écriYain, c'es·t l'artiste, et ce qui reste
d'un écrivain quand on en a éliminé l'artiste, quand on n'en
lais. e qu'une source ou un carrefour de sentiments sociaux ou
d'idées courantes, c'est une abstraction arbitraire qu'on ne doit

IÈFLEXIO, 'S SUR LA LITTÉRATURE

193

manier qu'avec de grandes précautions. La chaine des états intellectuels et moraux qu'étudie dans l'humanité la philosophie de
l'histoire et la flamme que se transmettent l'un à l'autre les
grands artistes ont évidemment des points de contact. Elles n'en
appartiennent pas moins à deux ordres différent~. Rousseau
Chateaubriand, ont été plus que personne employés par la cri:
tique à les confondre.
L'habitude de voir surtout dans les œuvres d'art les idées
qu'elles représentent devient Yite dangereuse et tendrait
à corrompre singulièrement le jugement. Lisez, dans le livre de
M. Gillouin, les deux chapitres sur Flaubert et sur Stendhal, où
il ré~ume librement M. Seillière en Je complétant par des
réflexions personnelles. L'artifice du procédé apparait à plein.
L'auteur, parlant de deux hommes qui sont avant tout des artistes, ~vance Jans un quiproquo perpétuel. a De cette préférence
passionnée accordée à la nature ainsi entendue, dit M. Gillouin,
Stendhal va tirertoute une morale qu'on peut appeler la morale
du beau geste sinon du beau crime. » Et il n'est pas besoin de
dire que M. Gillouin condamne cette morale, et Stendhal, et
les stendhaliens. Mais je crois qu'il se trompe en pensant
que Stendhal cr tire toute une morale ,. de quoi que ce soit. 11
en tire de l'art, non seulement de l'art écrit, mais un art de vine,
ce qui est son métier, et qui est fort différent. C'est Faguet,
c'e~t M. Seillière, c'est M. Gillouin, qui se précipitent sur un
artiste pour en tirer une morale, afin d'en parler en un domaine
où ils sont maitres, et parce que c'est leur métier, comme c'est
le métier du commis-voyageur de Nîmes de tirer des gens la
commande d'une pièce de Saint-Georges. L'idée stendhalienne
de la vi!tu, de ce que M. Gillouin appelle le beau crime,
c'est une idée d'artiste, une idée qui n'a jamais déterminé
moindre crime. mais qw a engendré chez des gens fort paisibles comme vous et moi tels et tels sentiments artistiques,
dont nous n'avons tiré ni notre morale, ni une morale.
M. Gillouin Jui-méme reproche ailleurs à M. Seillière
d'avoir vu dans l'homme un être simple, alors qu'il est plus
probablement double. Et l'homme moderne est en effet
beaucoup plus capable qu'il ne semble le croire de vivre, à
~ertains moments, sur un plan esthétique, séparé du plan des
111térêts ou du plan moral. M. Gillouin, ayant vu représenter

1:

�LA :NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
194
Am11ureuse, y trouve matière à ces réflexions : « Le talent de
M. de Porto-Riche n'est pas en question, mais, quant au fond,

voir une élégante chambrée de dames bien pensantes et de j~unes
filles bien élevées avaler sans sourciller cette affreuse mixture •
de chiennerie et de névrose, c'est un spectacle ! On peut mettre
en fait, je crois, qu'aucun autre peuple que le peuple français
n'eüt eu le bon sens foncier, l'équilibre et l'ironie nécessaires
pour résister à une telle littérature. Et on peut admettre également que l'accoutumance à des doses de plus en plus élevées de
mysticisme passionnel nous a immunisés dans une large
mesure ... Outre qu'Amoureuse n'est pas une pièce si immorale,
et qu'elle peut dont?er aux femmes d'utiles leçons de ~esur~,
il me semble que cette immunité dont nous loue M. G11lomn
tient peut-être moins à la présence d'un poison atténué qu'à~
nature même de l'art, à la faculté que nous avons de nous faire
en lui une autre vie, qui a sa santé propre, tout à fait distincte
(yoyez Flaubert) de notre· santé morale. . .,
.
Il y a donc dans les livres de M. Se1lltere ample matière à
discussion, et surtout à profit. Je n'ai pas touché à ses vues d~
philosophie historique, et je me suis attaché à des ?oints qut
relevaient de la critique littéraire. Mais il est à souhaiter.que ~e
terrain où il travaille soit plus fréquenté(Je livre de M. G11loum
y aidera) et retourné aussi par d'autres chercheurs. Après
Comte, Renouvier, Sorel, M. Seillière ajoute un nom nouveau
à celui des polytechniciens qui ont été attirés vers les spéculations philosophiques, et ce serait le sujet d'.une ét~de int~r~s•
sante que de rechercher, sur les quatre ph1losoph1es de l bis•
toire nées de cette équipe, les traits de l'éducation sciwitifique,
qui fait des logiciens plus que des artistes.
ALBERT THIBAUDET

NOTES
LE BUCHER SECRET; par Joachim Gasq11et (Librairie de
France).
Avec Joachim Gasquet disparaît l'un des derniers romanti&lt;}Ues, l'un des rares poètes qui aient nourri, au lendemain du
symbolisme, l'ambition d'être le poète pour tous, « comme Victor Hugo». Et c'est bien au Victor Hugo des ChanLsdtt Crépuscule
et des Confemplatùms que l'on songe en lisantles poésies du Bûcher
secret, si l'on n'y retrouve pas cette noble aisance dans ~le lieu
commun qui séduit le lecteur moyen. En dépit, ou peut-être à
cause de l'abondance verbale, le pessimisme •orageux et passionné en est un peu -monotone et ce perpétuel état de
transe ne laisse pas de paraître souvent affecté et théâtral. Non
que Gasquet ne fût sincère : au contraire il avait la passion
de la sincérité ; ou mieux, il était sincère avec passion,
c'est-à-dire d'une manière qui met en défiance. Ses alexandrins
ont volontiers l'allure du théâtre, ou bien le type des « beaux
vers à dire &gt;&gt; et ce genre-là a cessé d'émouvoir pour un temps.
Non pas qu'il faille faire fi de l'éloquence, certes non, mais
les points d'exclamation, l'interrogation et l'apostrophe ne sont
pas l'éloquence même; un discours véhément peut étourdir
l'âme, sans la toucher. Sans doute .- il y a une volupté dans la
douleur» et, surtout après Baudelaire, il n'est pas malaisé de~la
découvrir et de s'en donner l'amer divertissement; mais ce n'est
pas dans le Bûcher secret qu'il en faut chercher l'expression
saisissante ou· neuve: des images à- profusion, des images qui
trahissent le procédé, non de celles qui sont des jaillissements de la pensée mais d'ingénieuses fictions que les « fins
diseurs » monteraient volontiers en épingle :
Elle (la Paix) dort op11.l.e1tte et rousse ...
â ses àoigts les rus, sous la mousse
ôtmt et passent leu,·s anneaux.

li y a çà et là, dans le lyrisme de Gasquet, des traces de Rostand~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Voici du reste une pièce qui donne le ton général du recueil
et qui est une des meilleures :

197
]'ai fait ramour, j'ai fait la guerre:
Ces deux métiers stmt pleins d'attraits.

L, sikna d, la musique
Et lts a11goisus Je Tristan
Le ptcbé, fexlase phJ•siqUt ...

Celte pdleur qu'elle me tend.

Un cripuscule amer et rose
Par la ftnitrt 0111:er/e 1t1trar"t
Sur loti Coll quelque impure rose
Balan{ait son ccupable al/roi/.
Tes yeux, ta tro/011/é muette,
Clos po11rtanl a11x désirs humains,
Brt1/ai111t, criaient Je jih•r, inquiUe

Comme tes 111&lt;1ins, comme tes mains.

. . . . . .. . .

NOTES

.

Cette heure tJtroce de dtlir~
Te poursuit~lle? t'OUdrais-lu
Fouler entor jusqu'au supplia
1.4 ,,.a,1ité de la t'trtu 7
fai soif du néanJ... La s~ra1ic1
Est la volupté de lù foi.
To11le douleur est délivrance:
Je t'tUX soujfrir, délivre-moi.

A travers ce lyrisme tumultueux, complaisamment tumultueux, on discerne l'accent d'un cœur tourmenté et la plainte de
la chair blessée ; mais le ton dramatique altère le vrai son de la
souffrance humaine. C'est qu'il y eut en Joachim Gasquet, une
volonté d'expansion, une surabondance de tempérament, un
besoin d'extérioriser violemment et de façon grandiose ce qu'il
portait en soi de force sans objet. Vint la guerre où son goût du
beau geste trouva l'occasion de se déployer magnifiquement. Il
s'y donna avec l'enthousiasme que l'on sait. Puis il en célébra
les bienfaits et la grandeur et l'on aurait tort de sourire ou de
s'offusquer: comment n'e'11t-il pas trouvé bienfaisante et sublime
cette maitresse monstrueuse à laquelle il vouait les trésors de
courage et de fierté que la vie avait laissés sans emploi. Cette
JllUse au sein cruel combla ses vœux de martyr prédestiné:

chantait le léger Boufflers. Gasquet s'excitait autrement sur ses
souffrances et sur ses plaisirs ; il élargissait \"Olontiers « jusqu'aux étoiles », tous les « gestes augustes » de l'amant et du
soldat. Et cela non par attitude, mais par exubérance naturelle.
Qui sait si cette vieillesse qu'il feignit d'appeler et qu'il redoutait tant, n'ellt pas été pour lui, une fois apaisle cette ardeur de
sang qu'une mort absurde a prématurément glacée, la saison des
chants sereins et purs, que ses amis et ses admirateurs nous faisaient espérer. Alors peut-être, chantant davantage pour soi seul
tout en s'écoutant moins chanter, il eût trouvé les accents qui
résonnent à jamais dans la mémoire des hommes, et que la
postérité eût retenus. Mais elle retiendra plus sdrement son
nom que se~ vers.
ROGBR ALLARD

***

LE CHEMIN DE PARADIS, par Charles Maurras

(E. de Boccard).

Je ne m'étonne pas que le public de 1895 se soit peu soucié
du Chemin de Paradis. Un tel livre ne crée pas la réputation d'un
auteur ; il ajoute à sa gloire, quand son nom, consacré par des
œuvres fameuses, attire l'attention et 1a fixe sur un ouvrage
qu'il écrivit dans sa jeunesse, non pour plaire à la foule, mais
pour mesurer de beaux rythmes à la louange de l'esprit. Le
public est méfiant, et il est paresseux ; il ne consent à faire effort
que s'il possède quelque assurance bien visible que cet effort ne
sera point déçu. La hauteur d'un jeune talent, qui ne se soucie
pas de se plier au goût de ses contemporains, ni de se mettre à
leur portée, ne lui semblera pas admirable. 11 faut, pour qu'il
lève le nez, qu'on attire son attention ; un bel oiseau qui passe
dans le ciel, silencieux et élevé, passera sans que le regardent
ces-mêmes gens qui, le nez en l'air, attentifs et béats, suivront de
l'œil, en criant d'aise, un aérostat qui s'envole, au milieu des
fanfares. Et plutôt que de s'é,·ertuer, sans être assuré d'y réussir,
à pénétrer l'idée claire et forte qu'un auteur inconnu a ensevelie
sous un triple voile de fictions, le lecteurnégligent, mais docile,
se donnera bien du mal pour découvrir le sens d'un symbole

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui n'en a aucun, mais qui s'étale et qui s'étire au long des
pages d'un écrivain notoire, qu'il est de bon ton de louer.
Aujourd'hui que le nom de Charles Maurras est, au bas d'un
livre, une signature qui rayonne, et qui promet, à qui veut lire,
une ample moisson de hautes idées et de beau style, l'intérêt
que l'on trouve au Chemi,i de Paradis n'est plus méritoire, mais
il est puissant. Quelle que soit l'opinion que professe un bon
esprit, et fût-elle tout à l'opposé de celle de l'auteur qu'il lit,
s'il reconnaît dans cet auteur un maître de la pensée, il s'arrête,
et il admire. Il y a dans le vrai talent une hauteur de vues, une
manière de connaître et d'exprimer les choses, qui atteint la
vérité profond•e, celle qui éclate et qui demeure, quel que soit
l'usage qu'on en fait, et où chacun trouve son bien spirituel.
Peu importe que l'on tienne les applications qu'il en tire pour
véridiques ou pour fausses ; le fond est commun, où tous les
esprits se retrouvent. L'intelligence peut mal utiliser la vérité,
elle ne peut pas concevoir contre la vérité: sans quoi, où serait
sa puissance, où, sa grandeur, où, sa beauté, où, sa substance
même, enfin ?
Le beau poème qu' Anatole France déroula jadis au fronton de
ce noble édifice, il en tracerait aujourd'hui encore les phrases
louangeuses ; et Maurras n'a pas renié cette paternité d1élection.
Ces ·deux ~prits, portés aux deux pôles de l'opinion, demeurent
parents, et se reconnaissent, de même qu'un ingénieur et un
artiste, fils d'un même père, et héritant de lui des qualités communes, suivront dans leur carrière une courbe analogue, manifesteront, dans des cir.constances différentes, un même caractère~
et, tout en méprisant cordialement, qui, les machines, qui la
peinture, estimeront chacun dans l'autre, une âme semblable à
la sienne, dont les facettes seulement réfléchissent &lt;l'autres
tableaux.
Dans l'avant-propos que Charles Maurras a composé pour
cette nouvelle édition - et qui est la meilleure, la plus profonde,
la plus sindre et la moins tendre (et souvent trop cruelle) des
critiques qui se puissent faire de ce livre - il s'efforce à découvrir, dans le Chemin de Paradis, le premier germe des préoccupations sociales, vers lesquelles s'orienta, par la suite, presque
entièrement son activité. Il me semble voir, dans ce souci,
quelque recherche artificielle. Maurras écrit, en parlant de soi:

1 99

Le bien qu'il veut, c'est celui de l'intelligence, et puis celui de
la cité. » Que, le bien de l'intelligence une fois acquis et ordonné,
l'esprit, bien nourri, et fortement ~suré du vrai, comprenne
que cette richesse et cette clarté, il doit les employer au bien de
la cité, et qu'il s'applique à en connaître les besoins, les maux.
dont elle souffre, et les remèdes qui doivent la guérir, c'est un
développement, non point fatal, mais régulier. Mais que le
souci de la cité soit apparent déjà dans le 1 Chemin de Paradis, ou
j'ai de mauvais yeux., ou ceux de Maurras sont trop bons. La
préface des Amants de Venise nous a montré naguère que le
besoin de rendre sensible la continuité de sa pensée ( ou, pour
mieux dire, de sa doctrine, non pas au sens étroit du mot), poussait Maurras à des paradoxes très brillants, mais plus savoureux
que persuasifs. Son esprit impérieux veut contraindre des
divertissements extrêmement intelligents et ingénieux à rentrer
dans le rang, et à jouer le rôle d'exemples et de preuves, qu'on
peut, au besoin leur prêter, mais qu'ils n'avaient pas à l'origine.
Il y a là un excès de concentration, par ou il pèche, non quand
il s'efforce d'établir la rectitude de sa voie spirituelle ( car on ne
-peut trouver chez Maurras ces volte-faces, ces retours complets,
ni ces méandres d'une pensée, sincère, mais indécise, qui cherche longuement la vérité, et ne découvre que sur le tard celle
qui la satisfait : égarements passagers, incertitudes plutôt, qui
ne manquent pas de noblesse, pourvu que le désir d'aboutir, et
non la simple curiosité, y préside), mais quand il prétend attri•
buer à certains ouvrages le rôle de matériaux, choisis et ordonnés, dès le début, pour prendre place dans une œuvre édifiée
aujourd'hui, alors qu'il se trouve seulement possible de les
introduire, comme ornements, séparés, mais de même style,
dans une construction dont ils ne rompent pas l'ordonnance, mais
qu'ils ne consolident point. Le Cbemin de Paradis ne contredit
pas, mais il ne laisse pas nécessairement prévoir l'Enquête mr la
Monarchie, Kiel et Tanger, tant d'autres livres, où la raison se
fait pratique et discute sur des faits. Et sans doute, c'est le même
grand-prêtre de Minerve qui compose les w1s et les autres,
mais ce sont d'autres soins qui l'appelle.nt. Il vénère toujours
l'intelligence, non plus, comme jadis, en dévôt qui lui chante
des hymnes, et s'essaie à pénétrer ses divins mystères, mais
comme un chef, qui, connaissant sa vertu, la fait servir et corn«

�~ - Oà..wt Il, toate me, foppoeitioo entre l a ~
4'ln amourconltaùlmeat wWe, et la diversité de son aprasion
et de aon' usage. Qu'on imagine Beatrice, devenue l'épouse;
de Dante, et tenant a maison.
•
Je me prdeni de bllmer cette nolution, ce serait une belle
~ : elle es&amp; batmonieue, logiquè, lbll être nkeuaire, eUe
nom satisfait comme une belle suite, Ub d&amp;oalement ~ .
el, par quelques cbtés, ua épanouiAement. C-ertaina déplorent
qa'.une usez pnde sédieresse d&amp;ole cet été fructueux. Vains
,...._, fa taùoa des '1iits n"est plus Ja saison des fleurs; maia
peut-étre ne go\\tmt-ill pu les fruits, ou peut~ r~ttent-ila
9Je ce bel arbre en ileu,a ait portl 4e tlJa fruits ? Ceci est a&amp;ire

iegott•..
Oe moumnebt de la pemée ne va pas CC1&gt;=daot sans quel(jue

, _..., _ ~ , . Il y a, dans toute évolution, des éléments mifl.
4Ui g&amp;ient le passage, que l'on ne peut usilniler, et qu"il faut
~ r . loyalemetit, Le paJen qui écriville Ch,mi,, IÙ Paradis,
lcmeure, en s'attachant au bien de la Cité, foncimment palen.
:cependant il reconnait maintenant rutilité sociale du christiaDisme, euctement, du catholicisme. Il s'appuie SJU' cette fo~
-et la 8atte. Il la flatte sans btsseae ; il ae se prettnd pas 10D
Mn'iteur, mais se sert d'elle, s'en fait une allik, rien de plus.
JI ne tient pu le catholicisme pour une foi qu'il faille partager1
maïa pourune paissanœ qu'il est bon d'utiliser. Qpelle que soit
,l)&gt;pioion qu'on ait mr cette sorte de sujétion à quoi il condamnela religion, sur ce r6le secondaire qu'il veut lui imposer, on doit
reconnaitre - je ne dis pas qu'il nourrit pour elle de bons seotiment1 - mais qu'il la traite avec wa grand respect intellectuel.
Les invectives dont il l'ac:caltladam le Chemin 4, Portlllis gênent
püeablé~ent aujourd'hui leur auteur. li s'efforce de les attéauer, il en d&amp;ce la plus vives et tAcbe d'expliquer les autres.
D n'y parvient pas, avouons-le. "I'out le Cbin de Paradis est
proprement, et à fond, anti-c:hrétien. ll fallait, ou bien, pom
demeurer logique, condamner décidément ce li~ ou bien
Mnonc:er clairement son aversion ancienne, reconnaitre son
pkh4, et former un ferme propos, faire, en un mot, sur ce
point-là, l'aveu d'un changement de front. Maurras a préféré
une demi-mesure : je aai111 qu'elle ne satisfasse personne, sauf
lès aQlÏI du paradoxe, car c:elui-11 est bien joli.

to
c'est le lrisie cle 80D eu. U n"èat pas un
, l fon:ecfintclJigence, èl~ pâœ(m le tat du
·
sav~ toate la bèaüœ ; il est un
euani.i;
d'esseaee ~ et jlilU, tout fotmi de ri
pagü.ÏIJDe, cUcaotic et PUJ1ft .de teut ce que
pas111pr, de formel, de ltid et de wlgiite, d'
un mot, un ~ m e IOdalement vivant.
suniftlk:e, puremeat intellectuelle, du
n aprit, qui donne au a.;. 46 P•litlis une
UDique dans notre littmture. Riduite am idées
Ame, ~pendut vibrante, toute ~ d'un
· se trouve dépourvu de virilable objet, jette les
• de passion. s'.uac:hel esprimer, dGa une
euae, ~ d'images et notilement ,,_.., sa
mais cette ~ion demeure toute intellectuelle,
toutes spéc:watives. La forme, célébrie. at hll~
int aimable ; et nous ne solJUDfl pas entnln4spu i
porte cet esprit, ni mma par la fougue de ,es Usfn
't admirer les cimes oà il s'élhe, encwe qu'ellea se
let nuages, et qu'il faille un regiù'd aigG. ponr
• , pures et brillantes, par-deems les voilés qui en di
l'aapea; mais posait- d'espénnce, de douleur, ou
au c:œurs surpris une ibloUÎlsante vision, ne
as aux siens. otre cœur reste froid oà notre
•
ille,
l.OUJS IIAaTIH·CIIA

.,_eil'

•••

TRENTE ANS DR VIE FRANÇAISE. Il : LA VII
E MAURICE BARRÈS, par .Alhert TbD,a,ukt (Nouvelle
e Française).
Je n'ai pas à présenter M. Thibaudet aux lecteurs de cetat
e. J~ ne leur apprendrais rien sur l'ttendue et le s&amp;ien
son inforJ11&amp;tion, sur la richesse de ses points de vue, sar
~ mhle de ses qualités positives. Je les connais et jé 1er
préc:ie comme eux. Je lui souhaiterais plut6t quelques quprivatives. Il nous verse un vin généreux et jeQJIC qui
• quelquefois besoin d'être déc:antf. Rendant compte aildu premier volume de ses Trente as IÙ w frflllfOi.s, :

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les Idées de Charles Maurras

je me demandais avec une pointe
d'inquiétude ce que serait le volume suivant, sa Vie de Maurice
Barrès. Saur.ait-il, écrivais-je, cr suivre dans ses détours une
pensée qui par moments se dérobe, se cabre ou va s'alanguir
jusqu'au chant et qui, même dans l'action, n'a jamais renoncé
à l'allure capricieuse de la jeunesse». Et j'ajoutais : « Il faut
que l'auteur qu'il aborde lui apporte ce qui lui manque, ce
qu'on sent qu'il aime par-dessus tout er qu'il n'a pas - car
la curiosité de son esprit le pousse à rayonner, plutôt qu'à
progresser, quoi qu'il fasse - je veux dire : une direction.
Aussi, me semble-t-il, il se sentira plus à l'aise devant l'homme
d'une seule pensée - esthétique, métaphysique ou politique devant un écrivain tout d'une pièce, Mallarmé, Bergson ou
Maurras. Il tient avant tout à comprendre ; il comprendra
mieux ce qui est lié et sa passion aberrante se trouvera momentanément maintenue. » Si cette crainte, du reste limitée, n'est
pas tout à fait justifiée par l'événement, il n'en reste pas
moins que, dans l'enquête abondante, minutieuse, je puis dire
complète, menée par M. Thibaudet sur la vie et les œuvres
de Maurice Barrès, l'enchaînement des idées, des chapitres,
la répartition de la matière, le mouvement et le plan du discours n'ont pas 1a même rigueur inflexible, entièrement satisf.aisaote pour l'esprit que dans son enquête sur Charles Maurras.
- Etait-il indiqué, était-il possible de distinguer en Maurice
Barrès, aussi nettement qu'il l'a. fait ou voulu faire, la &lt;&lt; figure
individuelle» de la cc figure sociale » et le romancier de ses
personnages ? Je ne le crois pas. Considérée dans son ensemble
la carrière de Barrès ne dessine pas une courbe linéaire : elle
n'est pas, si l'on veut, du ressort des arts du dessin,
mais de celui de ta musique. Les fils conducteurs s'y emmêlent;
il y a des bouffées subites, des ondes contraires, &lt;les trilles,
un complexe travail orchestral, des dessous obscurs. Ce qu'a
fort bien vu M. Thibaudet, mais, semble-t-il, sans en tirer la
conclusion qui s'imposait, au momen.t de classer Jes éléments
de son ouvrage. Que n'a-t-il adopté l'ordre chronologique,
l'ordre de succession et de croissance qui, jour par jour, rend
compte de la poussée de l'arbre, du poète, eu réservant l'ordre
1.

NOTES

203

1,

Revue. Unii•trstlle, 15 juillet 1920.

logique au cas d'un écrivain purement intellectuel comme
Maurras. De là d'inévitables répétitions au cours de la présentation séparée des différents aspects et alibis de son modèle,
des « faux traits », des repentirs et dans l'ensemble du contour
une certaine indécision. Tout y est, j'en conviens - et trop
tout - peut-être, .. ce n'est pas encore à ce livre que nous pouvons reprocher sa misère! - mais non dans l'ordre le meilleur - j'entends par là le plus capable de placer le lecteur
devant ce qu'on appelle l'évidence ... Ce fut la haute maîtrise
de Sainte-Beuve, dont approche M. Thibaudet dans son
Maurras.
On n~attend pas de moi que j'examine dans le détail cette
« somme » barrésienne. L'auteur s'efforce d'y concilier, mieux
encore d'y souder ensemble égotisme et nationalisme. « Le
culte du Moi, écrit-il, a pour fin d'amener l'individu à la
conscience la plus claire : sentir le plus possible en analysant le plus possible : rendre consciente pour en jouir daYantage
après l'avoir inventoriée la plus ûche sensibilité. ►; Or, dans
cette poursuite égotiste ( et égoïste) de son moi, Barrès
découvre en Barrès un Français de France, un Lorrain de
Lorraine : et « prenant conscience de sa formation de
ses ancêtres », il fonde le nationalisme, avec le culte de
la Terre et des Morts. c&lt; Penser solitairement lit-on dans
les Scenes et Doctrines~ c'est s 'acheminer à pe~ser solidairement.)&gt; - Jusqu'à un certain point. Même avec l'agrément
de son auteur, M. Thibaudet là-dessus me semble un peu
forcer la note. La découverte du nationalisme au fond de soi
produit bel et bien en Barrès un déchirement et un schisme.
En dépit des coups d'estampe, des reprises, de tous les
sophismes adroits, égotisme et nationalisme restent pratiquement inconciliables. Que l'égotiste, le dilettante, l'expérimentateur ne soit jamais tout à f.ait mort dans l'être intime de l'auteur des Bastions de l'Est, j'incline personnellement à le croire;
mais le citoyen militant, l'homme politique n'en est sorti qu'en
rompant le contact. Dès ses débuts, sans doute, Barrès a déjà
décidé de jouer son rôle en partie. douole, savamment et jalousement au dedans, puissamment au dehors. Mais le jeune
car:didat boulangiste puis socialiste d'antan est inséparable
encore du subtil amateur d'âmes : il songe au tapage, à la

�NOTEs
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

gloire, à Bonaparte et à Stendhal, à Soi : au dehors comme au
dedans, il « vit sa vie ;o. A dater des Dé.rad11ts il vit la vie de
fa nation ; il seulement ,·ont s'affronter ses deux natures.
II aura certes fort à faire pour réduire le fantaisiste, le poète,
l'aventurier, Afin de s'en mieux convaincre lui-même il va
exagérer ses nouvelles com•ictions. Ceci explique un ton parfois aoressif, des thèses bruyantes, le fameux « blasphème sur
l'Acripole,, qui scandalisa tant, qui n'a p~s .~~i de scandaliser et devant lequel M. Thibaudet résume 1ud1c1eusement ~e
point de vue de l'humaniste : « A Athènes, je ne me connais
que comme un homme civilisé et dans la France de 1914 que
comme un homme mobilisé. Il me semble que le propre de
l'intelligence est précisément de poser ces limites et Je remplir
ces cadres. » Mais justement ! Barrès n'est pas un intellectuel
pur, c'est un poète; un poète-essayiste détaché au sen·icc _de
la nation. De la méme façon qu'il sait animer dans ses révenes
de belles cadences gratuites sur Venise et Tolède, de la même
façon dans le cœur des foules il fait chanter les grands tl:èmcs
sauveurs. On ne le discute pas ; on l'épouse ou on le re1ette :
on aime ou non sa musi-que intérieure et on répond ou non
à son appel public : c'est affaire de goùt e_t de sentiment, ~on
proprement d'intelligence : tout le contraire de Maurras'. bien
qu'ils se retrouvent au point menacé., Dans la confession et
l'invective, dans le jeu et dans le devoir, dans le voyage, dans
la guerre civile, dans la grande guerre, pour charmer ?u pour
avertir, c'est d'abord une voix, une belle et grande \'OIX, subtile et chaude, qui entre dans le monde pour saisir et porter
les cœurs. Vous me parlez de sa doctrine ? Un chant, rien
qu'un chant ; c'est assez.
•
.
Je refuse donc, quant à moi, de suiYre ses contradicteurs
sur le terrain où ils m'attirent. J'accorde à Thibaudet qu'il y a
en Barrès o: des puissances de coordination inférieures aux puissances de réception». Mais cela justifie ma th~se. Discuter par
exemple la question du déracinement, c'est se!on moi p~r~re
son temps; car l'homme en aucun cas ne saurait être ass1mtl_é
exactement à une plante et quant à la plante clle-mémc, 11
s'agit de se demander si le sapin des nei?es gagne Jamais à
être transplanté sous l'Equateur et le palmier aux en\'1rons du
pôle, L'image vaut ce que vaut toute image et elle exprime

205

en gros une \'érité de bon sens. On peut également ratiociner
sur l'influence du kantisme, dénoncée par Barrès, dans notre
enseignement et conclure avec Thibaudet que c'est un o: kantisme .o faussé: Emmanuel Kant ne se place pas moins à l'origine d'un courant abstrait d~ pensées qui a baigné et imprégné
plusieurs générations de Français. - Je n'aborderai pas ici
la question proprement politique. J'ai des raisons à moi d'aimer
et d'approuver Barrès; j'en ai d'aller plus loin que lui dans le
sens d'une conclusion positive que lui-même s'est toujours
refusé il formuler. Mais je puis constater du moins que cc qui
fut sa force hier peut faire aujourd'hui sa faiblesse et je n'hésiterai pas à lui retourner le Ieproche qu'il adressait au « boulangisme » après réchcc : il n'a pas toujours 9U sortir de l'ordre
sentimental :o, Reproche provisoire; car si le temps du sentiment semble passé, il a d'autant plus de chances de revenir,
que le sentiment en question est de sa nature éternel et n'a
jamais fini de rendre aux hommes ses services. - Au moment
de me demander ce que les générations futures admireront le
plus en Maurice Barrès, loin de trancher au nom de la gratuité de l'art, je songe aux préférences avouées par notre
critique et que je ne suis pas loin de partager. Elles ne vont
pas aux essais captieux, aux morceaux chatoyants, aux voluptueux récits de voyage, mais à ce que conçut Barrès de plus
sévère, de moins strictement littéraire, de plus partial, le roman
des Déracinés. Voilà donc au moins un critique qui a gardé
le sens de la hifrarchie des genres et qui croit que le signe du
vrai t:dcnt, le gage certain de la durée, avant même la perfection, c'est la grandeur.
HENRI GHtoN
*
• *
C[

DE PARIS A CYTHÈRE par Girard dt. Nerval. (Les
Chefs-d'œuvre méconnus. Éditions Bossard).
Les Éditions Dossard rendent à la lumière, en des éditions de
demi-luxe dont il serait:\ souhaiter que le type se répandit, des
œunes peu connues de la littérature française, Cet extrait des
récits de vovaac
::, de Gérard de Nerval, s'il a le seul défaut d'être
trop court, aura au moins le mérite de donner à de nombreux
lecteurs l'idée de lire les autres voyages de Gérard, supérieurs à
ceux de Gautier et qui sont peut-étre dans notre littérature le

-

�206

LA :NOUVELLE REVUE FRAXÇAISE

chef-d'œuvre du genre. De Paris à Cythère, malgré son titre,
comprend seulement des pages de voyage en Allemagne et e.n
Autriche. Il mérite d'ailleurs ce titre par des crayons exq~1s
d'a,entures amoureuses qui valent presque ceux de Sylvie.
Nulle part n'apparaît plus jolie et plus fraî:he l' A~Iem_a!n:
des romantiques. Et comme nous semblent tnstes au1o~râ hm
ces adorables images de l'heureuse vie viennoise l Cet ~1m~ble
volume nous rappelle que l'éditeur Champion nous a mis 1 eau
à Ja bouche avec l'annonce d'une édition complète des œuvres
&lt;le Gérard auITTnentée d'inédits, sur le modèle du Slcudbal et
sous la di;ecti;n de lettrés dont les noms sont des garanties de
perfection. A quand le premier volume ?
ALBERT THIBAUDET

LÉON BLOY PE.1\'.JDANT LA GUERRE: Au Seuil de
l'Apocalyp5e, 1916 ; Méditations tfun Solitaire en 1916,
.191 7; Dans les Ténibres, 1918; La Porte des Humbles,
1 920 (Mercure de France).
C'est le 6 novembre r917 que mourut à Bourg-la-Reine,
Léo'n Bloy ayant donc vécu plus de trois années d'une guerre
qu'il considérait comme l'un des préludes apocalyptiques de la
fin des Temps et qui fut pour lui une de ces cruelles heures
interminables pendant lesquelles « le cœur est semblable à une
île déserte où n'abordent que des épaves. ,, Les quatre volumes
u'il a écrits pendant cette période nous apprendront comment
e &lt;&lt; Pèlerin de l' Absolu » a réagi en présence du cataclysme et
quelles furent les pensées suprêmes de son ex~stence.
De tous les livres de Léon Bloy, ceux qui composent son
journal sont peut-être ce qui de lui se lira toujours avec le plus
de facilité. On s'y trouve dans l'intime familiarité d'un homme
vraiment vivant, passionné jusque dans la moins terrestre d:
ses idées, inégal, débraillé parfois, mais jamais médio~re, et qut
n'est pas sans laisser briller de temps en temps un éclair de.cette
chose mystérieuse qu'on appelle le génie. Près d'un détail sur
son incessante et ingrate mendicité légendaire, nous trouverons
une phrase qui jettera une lumière singulièrement vive sur l'intensité et la richesse de sa vie intérieure.

f

NOTES

207

« Je suis seul », sont les trois premiers mots de son antépénultième livre. Ce qui caractérise en effet Léon Bloy c'eit
son ardente opposition à tout ce qu'on entend généralement par
esprit moderne. Comment ne se sentirait-il pas seul dans une
société où la culture vraiment humaine se trouve de plus en
plus sacrifiée à un matérialisme plus bas encore que celui de la
vulgaire auriJames, à: une sorte d'impuissance à toute spéculation
abstraite ? Comment ne se sentirait-il pas seul, lui, dont la
religion magnifiquement âpre et sans réserves ne peut admettre
aucun accommodement hypocrite ou mesquin ni souffrir la
lâche distinction du Précepte et du Conseil en matière de morale, lui pour qui la plupart des prêtres d'aujourd'hui sont des
apostats et les évêques des « chiens muets », et qui demande
des pasteurs « qui soient fraternels aux Intelligences, qui aiment
la Beauté et la Grandeur jusqu'à en mourir, qui n'acceptent pas
d'abdiquer ... » ?
Léon Bloy n'est pas de ces catholiques pour qui la religion
n'est guère que l'auxiliaire de la politique. Le surnaturel seul
compte pour lui. En dehors de l'idéale théocratie il n'attend Je
salut d'aucun régime seulement terrestre ; la démocratie n'est
pas le seul à exciter chez lui le mépris, ce « refuge unique des
âmes supérieures ». « Comment, dit-il dans la dernière de ses
Méditations, pourrais-je supporter le contact des catholiques
eux-mêmes, des catholiques modernes qui croient possible de
conjoindre le cadavre du passé avec la charogne du temps présent et qui rêvent jt' ne sais quelle restauration de la vieille
bâtisse royale où une niche à chien de garde serait offerte à
Notre-Seigneur Jésus-Christ?» Il ne reste à ses yeux: aucune
espérllnce hors de Dieu. Mais de ce « libérateur inconnu que
le Paraclet doit envoyer lorsque le sang des suppliciés et les
larmes de quelques élus auront suffisamment nettoyé la terre »,
Léon Bloy croit fermement la venue prochaine. Nous sommes,
affirme-t-il non seulement dans le titre de son livre, mais
presque à chaque page de ses quatre derniers volumes, nous
,ommes arrivés ar, seuil de r Apocalypse. Le temps va bientôt
venir précédé de catastrophes épouvantables où: selon la prophétie, Dieu fera toutes choses nouvelle,.
Léon Bloy était enclin à considérer toute chose sous son
aspect symbolique et surnaturel. II était un des rares chrétiens

�208

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

préoccupés d'élucider le sens ésotérique des Ecritures, persuadé d'ailleurs à cet égard d'avoir la clef capable d'ouvrir dans
une certaine mesure l'absolu des paroles divines. « Un dépôt
lui avait été confié, dit sa. veuve dani une préface... Combien
de fois m'a-t-il dit: Je dois tout à cette intervention dans ma
vie. Ses yeux avaient été dessillés par un événement inouï, et
le sens de !'Ecriture lui avait été ouvert. » A cet égard le fragment sur !'Aveugle-né qui termine Dans les Ténibres, nous fait
regretter que Bloy n'ait pas eu le temps d'écrire la série d'études
bibliques dont ce m·orceau devait faire partie.
On s'imagihe facilement, aYec ces convictions et le tempérament que nous lui connaissons, quel coup de fouet put être
pour lui, malgré son âge avancé, la guerre. Ses derniers écrits,
qui sont peut-être d'une matière moins solide que ceux de sa
meilJeure période, mais parfois comme plus épurée, donnent
l'impression d'une sorte de halètement formidable, d'un souffle
de visionnaire épuisé d'émotion, sous le coup d'une angoisse
trop terrible, en même temps qu'ils sont adoucis par la grande
paix d'une vie intérieure puissante.
Quelle est l'attitude de Léon Bloy devant la guerre en général
et devant la dernière guerre en particulier? Sur cette seconde
question il semble avoir trois principaux points de vue, dont
certains sont sans doute un peu sommaires. Tantôt il voit en
Guillaume II le grand et presque l'unique responsable et il ne
se prive pas de l'invectiver avec la véhémence qu'on imagine.
Tantôt il considère.les Allemands comme « un bo-rouillement
de soixante millions de maudits agités par les démons » pour
lesquels il estime être un devoir sacré d'avoir « une haine sans
litnite ... , sans pardon possible, sans autre assouvissement
espérable que l'extermination ... » Mais la guerre est aussi à ses
yeux, nous l'avons vu, le commencement de l'abomination, de
la désoh1tion du temps de l'Antéchrist, l'aurore des jours terribles pour la courte durée desquels l'Evangile ordonne de prier.
Elle ne peut manquer d'apporter en définitive la victoire à ceux
qui malgré leur indignité combattent pour le Bien. A défaut de
la foi, si morte dans le monde moderne, la douleur si violemment haïe de celui-ci, la douleur de qui il dit ce mot lumineux
que plus une âme est noble et plus elle la recherche avec emportement, ~era « le spécifique S11prême de l'Esprit-Saint pour

NOTES

209

surnaturaliser notre christianisme déchu » et pour racheter les
erreurs de notre race.
Ce n'est pas des hommes ni d'aucun principe de droit humain
que Léon Bloy attend la fin des guerres qu'il ne peut espérer
que de l'avènement du Christ glorieux et du règne de Dieu sur
la terre. En attendant cette théocratie et la perfection de la Rédemption, le manteau du blanc Cavalier apocalyptique sera
toujours taché de sang. Comme Joseph de Maistre il juge la
guerre à la fois satanique et divine, fruit de la. perversion
humaine et moyen de réintégration. Comme le philosophe
russe Soloviev ( dont il est particulièrement intéressant dans les
circonstances actuelles de relire les Trois Entretiens) il repousse
la théorie de la non-résistance absolue au mal. Il y voit un
effroyable abus de l'Evangile et, allant sans doute trop loin
dans l'excès contraire, il voit, nous l'avons vu, dans la haine
un devoir. Il reconnaît pourtant qu'à cette œuvre de sang ne
doivent pas collaborer comme soldats les ministres de Dieu. Se
~ouvenant que l'Eglise abborret a sanguine, il fut, dans une
méditation fort découpée par la censure d'alors, un des rares
-catholiques (je me souviens d'avoir lu dans quelque Croix la
lettre d'un curé mobilisé qui déclarait trouver une joie intense
« à tirer les boches comme des lapins ») à protester contre
.ce désordre &lt;c sacrilège » : des prêtres-soldats, désordre permis
par « le reniement judaïque des Princes de l'Eglise » et par « le
désastre des âmes si complet de nos jours ».
Le style de Léon Bloy dans ces quatre derniers livres n'a rien
perdu de son énergie et de ses chaudes couleurs. C'est toujours
celui du « Vociférateur» mais plus souvent adouci par une
gravité recueillie. Plus que jamais Bloy, selon une de ses belles
images, « marche en avant de ses pensées en exil dans une
grande colonne de silence ». Plus que les autres aussi ces
derniers livres sont une sorte de confession où l'on pourrait
trouver comme dans celle de Rousseau un singulier mélange
.d'humilité et d'orgueil. Mais en somme, à part quelques excès
bien humains de vanité parallèles à certains excès de style, cet
orgueil et cette humilité ne sont-ils pas imposés par une foi
qui nous fait connaitre à la fois notre indignité et notre valeur
infinie ? A la plus haute ambition le croyant n'est-il point invité? Nous sommes tous appelés à la sainteté, déclare Bloy,
14

�210

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

surtout de nos ;oUT.s oà "'elle nous .est présentée à notre porte
par un messager hagard et tout en sang :11. Malgré bien des
défauts peut-être, Léon .Bloy certes s'i!it dforœ d'être :saint. S'il
n'a pas été favorisé, déclare-t-il, par des emses et des grâœa
a: sensibles :ii, comme disent Jes mystique.s: tonte .sa vie, il Je
croitiermemant, a été baignée :dans le surnaturel. Rien n'est
plus loi □ de Jui que la médiocrité 1
IDULE -l&gt;EJU1E "GREM

..**

OUVENIRS DE MO.. 1 COM~ŒRCE, par André Rau W:) re,.avec4Duze bois originaux de l'auteur (Cr.ès).

NOTES

211

Mais M. Rouveyre qui aima le 1112gicien n'a que mépris pour
les faux prestidigitateurs qui, Apollinaire mon, coiffèrent le bonnet d'astrologue, et eurent tout de suite, et gardèrent l'attitude
du déguisé lamentable dans le petit jour des lendemains de
carnaval.

.

. ,.

ROGRR ALLARD

PENSES.TU RÉUSSIR ? par Jean de Tinan (SansPareil).

1

M. André Ro1n-cyre, dont le burin .est. cruel et le style tourmenté., est un ami fidèle, mais perspicace. La partie de ses souvenirs qui a rait aux Ttlations de Remy de Gearmont et de
l'Amazone eSt tom à fait remarquable de finesse, depénémitioo
-

et de symp:nhie, car l'auteur ne croit jamais devoir prendre

le ton d'ironie supérieure. U ne jnge jamais ceux qu'il aime ; it
nous donne, mêlant qualités .et défauts, toutes les raisons qn'il
nait de les aimer. Le portrait qu'il trace de l'Ama·oneest aigne
de'formerun appendice à l'admirable petite galerie de « monstres
à ~ de femmes » dan, !'Avertir de l'Irttelligencr.
M. tRouveyre a sn parler âe foréas -a ec non moins de goût
et le-plus ·ifsentiment de n p111ésie . .Ce qu'il dit -~Eryphile et de
ce qui distingue un Moréas d'un Henri de Régnier est d'un
esprit critique exœ.llent.
.Mais je pense que l'on got\tem surtout, dans ce livre de sou"°1irs, les pag.es consacrées à Guillaume Apollinaire . On peut
trouver quelquefois qu'il admire trop le poôte de Calligrammes,
DDiis on qu'il ne l'admire pas bien, ou qu'il l'admiYe à contretemps. II a rnison au surplus de donner à Calligrammes unc place
1
importante Jms I œu,:re .d'Apollinaire. Une bonne part d'AJeooJs
passcni, bibelots ponr amateurs et ·marchands de curiosités; au
contraire totts les poèmes de circonstances, écrits dans la
gtarre, sont pal'.mi les plus •beaw: .de ce emps. Cela, comme
J'a mal'l)~ M. Rouvejl'e, parce-« qu'il s'intfress:iit -à toutes les
«.choses.qu' il était appel~ à faire ou à voir. Et 'Sa pensée mara chait toujours .:ùe pair avec ses geste , les ntourmt d'une
« lumière de pirita.elle magie 1:D,

Brunetière allait répétant que Racine avait féminisé le théâtre
français. Des vingt dernières années du xix• siècle, on pourrait
dire qu'elles ont juvénilisé notre littérature. On n'imagine guère
ce qui surnagerait de cette époque ( en dehors de l'acquêt technique du vers libre) s'il n'y avait pas tous les manuels, plus ou
moins lyriques, plus ou moins métaphysiques, d'utilisation
intensive de la vingtième année : Laforgue, le premier Barrès,
le premier Gide. Sans oublier tous les précurseurs tirés, Dieu
sait comme, de l'oubli, en une série de résurrections étonnantes : Stendhal, Adolphe, Dominique, Rimbaud. Rieo que des
adolescents à l'usage exclusif de l'adolescence. Que dit-on de
Bourget, à l'étr:inger ou dans les conférences littéraires? D'abord
qu'il est l'auteur du Disciple.
La guerre a-t-elle clos ce cycle ? L'impatience constructive
des jeunes gens d'aujourd'hui, nég!igera+elle cette halte dans
l'analyse, le rêve, l'éternel féminin et, disons le mot, le
romantisme? Et surtout les jeunes gens de demain aimeront-ils
encore Juüen Sorel et Petite-Secousse ?
Jean de Tinan fut fraternel aux db:-huit ans de la génération
qui en a aujourd'hui quarante ou trente, colle qui s'adonna
avec le plus de passion à ce culte de l'adolescence. Le drame
inté.rieur de Je.in de Tina.a put sembler à quelques-uns aussi tragique que celui de Laforgue. En le relisant aujourd'hui dans la
réédition du « Sans-Pareil », ils ne retrouvent qu'un épigone
ardent et .clairvoyant de Barrès et de Gide. Il est moins tendu
que ses modèles, il a plus de laisser-aller, mais son ironie trop
voyante est de moindre qualité, et descend jusqu'à la blague
parisienne. Les poncifs de son temps, symbolistes et surtout
boulevardiers (S' pas - C'est pas la peine/ - Qu'ul-ce que ça

�212

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peut fiel/ J- Si que je rentrais! - les suavemarimagttismes, etc.•.)
lassent par leur répétition impitoyable.
Le livre n'en est pas moins pr(:cieux. Jamais sans doute, o~ n'a
peint avec autant de sincérité l'iosincérité fo~cière de la vmgtième année envers la vie, soi-même, les amis, les femmes. Ce
n'est pas un grand livre, c'est un livre charmant et vr~i . A le
relire après Sous I'œil des Borbares, on éprouve la même impression de détente qu'en ouvrant un Dangeau ou un Tallemant
après un Saint-Simon.
BENJAMIN CRÜUEUX

**•

MARIA CHAPDELAINE, par Louis Ht11wn (Les Cahiers
verts).
N'est-il pas possible d'organiser une . sorte de pu_b~ica~oo qui
respecte les libertés mieux que ne le fait la revue, qui indique certaines affinités mieux que ne le fait le livre, qui ne mutile pas l'œune
com~e fait la renie, qui ne lui impose pas un format mo~ot~ne
comme fait le livre ? A vrai dire, le modèle d'une telle pubhcatton
existe : les Cal,im de la Quin'{11ine de Charles Péguy l'o~t donn~.
Sans doute, ce que Charles Peguy faisait, nul ne peut le _refaire.. Mais
à côté de son idée, de son travail d'homme de lettres, 11 y a\•ait son
idée, son travail d'éditeur passionné pour les lettres. Cette idée, ce
travail ne peuvent-ils être repris ?
C'est en ces termes que M. Daniel Halévy explique les
;aisons pour lesquelles il crée ses Gabiers Vtrls. La forme
traditionnelle de la revue « qui débite les essais et les contes
en coupures étroites » n'est en effet défend~~le qu'e~ rais~~
des chroniques, des notes critiques ou de 1 mformauon. S 11
s'agit de publier uniquement des œuvres, le morcelleme~~•
Ja juxtaposition arbitraire sont des usages assez barbares qu il
est bon _ osons le dire ici-méme - de battre en brèche
chaque fois qu'on le peut. La for~ul~ des Cahiers d~ la Quirz~aine était heureuse et il faut se r~1_ou1r q~e M. Dame!_ Ha~évy
l'ait reprise. Mais, dès leur premier fascicule,_ les Cahiers_ 1tris
nous offrent mieux qu'une formule, car Maria Cbapdelame est
un excellent récit.
Ce roman rustique est une sobre peinture de la vie que
mène une famille de cultivateurs dans le nord du pays, là

NOTES

213

où l'on « fait de la terre » en défrichant la forêt, vie rude,
gui réclame une ténacité sans défaillance et des vertus laborieuses . Le récit commence au premier printemps et nous
fait parcourir le cycle de l'année, avec ses divers travaux, ses
joies simples, ses malheurs supportés san phrases. L'amour
déçu de Maria pour l'audacieux François Paradis, mort dans
la neige comme il traversait la forêt pour venir la voir ; le
mirage des villes par quoi Lorenzo Surprenant, qui vit « dans
les Etats .-o, essaie de la gagner ; l'habitude du travail acharné
qui a fini par user la mère et qui reprend la fille, comme un
devoir qu'on ne peut éluder, si bien qu'elle épousera simplement le pionnier voisin ; tous les éléments de cette aventure
grise et chaste restent à leur place dans le chant Je la vie
agreste. Pas un mot forcé, pas une métaphore inutile. Ce qui
frappe dans ce li\'Ce c'est la parfaite justesse du ton, la bonne
qualité du langage, l'accent vrai des paroles.
li n'y aurait rien d'étonnant à cc que le Canada français fit
de cet OU\Tage une sorte de poème national. Qu'on relise les
notes de voyage du prince de Beauvau Craon, La mri·11m11ce
fra11faise nu Ca11i1da : on y retrouvera toutes les données
ethniques et psychologiques de Maria Chapdelai11e. Le coup de
pouce du romancier est extrêmement discret. Le fait de placer
son action au. confins des régions civilisées lui permet quelques
couleurs un peu plus fortes, mais les sentiments qu'il expose
sont bien ceux où tout Canadien français aime à se reconnaitre.
Pas une phrase qui ne soit faite pour plaire à cette population
robuste, riche en vertus familiales, déférente envers le clergé,
peu inquiète, peu curieuse et qui doit sa couservation à sa haine
de toute nouveauté.
A nous-mêmes ce livre apporte, en dehors de ses qualités
intrinsèques, un plaisir d'exotisme gui est de bon aloi. Le
parler paysan est reproduit avec un soin discret, et les déformations d'une langue qui a évolué sans contact avec la métropole sont des plus savoureuses. Dans lèur enthousiasme, certains admirateurs ont accablé ce petit livre sous d'énormes
éloges : c'est fausser les proportions et nuire à un ouvrage qui
respire la modestie. Mais saus doute est-ce la première fois
qu'une œuvre littéraire, capable de vie propre, éclôt là-bas et
contribue à resserrer les liens entre le Canada et la France. On

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

a eu trop d'occasions de constater, au cours desrlernières années,
corn bien ils s•étaicnt relâchés. Et comme on s'attache davnmage
à ceux qu'on gratifie d'un don qu'à ceux de qui l'on en reçoit
un, puisse le pays de Louis Hémon nous savoir bon gré dn
livre dont il nous a emichis !
JEAN SCHLUMBER.GER

*

* ...

LA FORTUNE DE BÉCOT, par Louis Cadet (Editions
de la Nou\·elle Revue Française).
Il était charmant à voir, immobile, tout droit et mince daos li: .
milieu de cette allée, avec son petit chapeau d'étoffe et ses boudes de
cheveux noirs, et cette ro5e au coin d,; la bouche, - et son costume
de tennis : cette veste en tricot couleur de citron, son pant:ù01t blanc,
ses blanches espadrilles.

Ainsi se présente Bécot - jeune garçon de moins de vingt
ans, né au pied des Pyrénées - dont le premier amour nous
est conté da.ns ce livre.
Le premier amour d'un adolescent ! Qu•on n'imagine point
trouver là une histoire toute de langueur et de trouble ; qu'on
ne s'attende pas à un essai d'analyse sentimentale, plaintivement rapporté. Cette manière de &amp;oupirer vers t•amour, qui
est celle de Daphnis, de Chérubin, de René, n'est pas cellt: du
personnage de M. Codet.
Bécot est gai, sain, musclé ; il est sans cesse en mouvement
et ne perd pas son temps à rêver. Tot mùri sous le ciel méridional, il dit je vous aime non aux arbres, aux nuages, au vent,
mais bien à une Parisienne très vivante, qui est la plus jolie
femme de Vernet-les-bains. Et tout déconfit qu'il est de n'avoir
pas été écouté, il va ensuite rejoiqdre La Prairie, 11ne chanteuse de
café-&lt;:oncert qui l'adore. A peine songera-t-il, en sortant des
bras de l:i courtisane: o- Ce serait si charmant cette sensation-là,
si c'était elle que j'aimais ! »
Bécot est tout instinct. S'il a de l'esprit, il ne l'a point pris
dans les livres, car il n'a lu que ÙJ trois Mot1sq11elaires; mais
son ingénuité fait mieux que de l'esprit. fi ne réfléchit guère ;
ses beaux yeux noirs sont« sans profondeur pensiYe ». Ce qu'il
ne sent pas lui échappe. Va-t-on l'en blàmcr? Quelle Yertu
vaut la cnndeur qui, un jour, le fait dire n'..-veuscment, ainsi

NOTES

215

qu'une chose à peine croyable: « li parait qu'il y a dans le
Nord des gens... des gens de notre âge ... gui ne font jamais
l'amour ... »
ll serait dommage qu'il uri.•.rât malheur à ce joli et innocent
petit animal. Aucun lecteur ne le souhaite ; et je suis sÛI
que plus d'un (surtout s'il est né d:i.ns la même région qu.e
Bécot) a. dù s'écrier, au cours des mésaventures qui mettent le
jeun~ homme aux prises avec sa mère, la dramJ.tique Madame
Tixador et avec M. Farines, son cuistre de beau-frère : o: Hardi !
Bécot. »
Et pour notre plus grand plaisir, Bécot réussit. Il hérite
d'une fortune inattendue, celle d'un gentilhomme gascon,
vieux gala.nt retraité. auquel il a fait une fois des confidences
et que sa nature ardente et droite a ému. Bien mieux :- Georgette, la séduisante. Parisienne qui l'a tant fait souffrir, finit par
succomber. Cette dernière scène est d'une légheté et d'un
piquant irrésistibles. Gem:gette prépare sa chute avec Unt de
coquetterie et tant de préciosité que Bécot, habitué à des
façoa.s plus simples, ne se sent pas très à l'aise. Il nous fait
part de ses érats d'âme et nous réYèle, à la fin ~ « Si vous
pensez que c'est drôle, de pœndre une femme qu'on aime,
pour la première fois '-·· Ah l ~on •.. ùieu ! que c'e)t ennuyeux!»
Mais qu'on n'aille point imaginer d'après ces extraits que ces
scènes assez libres soient trop crues. Rien n'est plus éloigné de
la grossièreté. Elles sont traitées ayec une \'l'rvc Jélicate et un
souci de plaire qui est l'art mêmePeut-être certains feront-ils un reproche à ce frè:-e méridional dt! Chéri. On trou,era que Bécot avec sa petite mousr.ache frisée, sa sensualité très pure, son amour-propre vif est
un peu " province ». Mais un des chamles de cette histoire
est précisément la fraîche atmosphère provinciale où elle se
passe. A chaque page on est ravi par d'adorables tablea111.
dl! la nature pyrénéenne : c'est un pré où ·dngc petits pommièrs se tiennent fièrement debout, sous leur charge de
ponunes ronges ; c'est un chemin qui monti.: au fume de la
montagne entre des chèues-verts tordus et noirs qui s'agriffent dans. les rocben ; c.'est un torrent où trempent les feuilles
des aulues. Là on sent l'ojcur du thym, ailleuri le parfum des

�216

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

framboises du Canigou. On entend le crépitement des sauter.elles, les chants joyeux des robustes Catalanes. Ah ! l'aimable
pays!
Enfin, Bécot et ses amours ne sont pas seuls en scène. A côté
de lui, dans le parc de la station them1ale et au casino, tout
un petit monde s'agite, complote et s'entre-joue ; silhouettes
comiques pour la plupart, mais très finement croquées et qui
ajoutent des épisodes plaisants à la grâce sentimentale de ce
délicieux ouvrage.
JACQUES DE LACRETELLE
*

* *
LES ANNÉES D'APPRENTISSAGE DE SYLVAIN
BRIOLLET, par Maurice Brillant (Bloud et Gay).

L'agrément que l'on ressent ou l'irritation que l'on éprouve à
la lecture du livre de M. Brillant constitueraient de bonnes
pierres de touche pour une sensibilité littéraire. On y rencontre
beaucoup de souvenirs, tout un bagage ancien, et en particulier
uri retour évident de Jacques Tournebroche et de Jérôme
Coigoard. Tout y est usé et poli par les pas de plusieurs générations littéraires, et la qualité qui s'y trouve le moins est évidemment l'originalité. C'en est assez pour que beaucoup de
lecteurs ferment le livre dès les premières pages et ne se soucient
point de mettre leurs pas dans ces pas. J'ai hâte de dire que,
tout eh les comprenant fort bien, je ne grossirai pas leur
troupe. J'ai lu le roman entier avec un assez vif plaisir. Tout
s'y passe dans un vieux pays, l'Anjou, - dans un vieux métier,
le métier ecclésiastique, - parmi les vieilles choses, des vases
grecs et de bonnes bouteilles, - et le déjà vu des personnages,
des procédés et du style fait avec tout cela une harmonie qui
m'a paru fort plaisante (je ne veux pas dire amusante, mais
qui plaît) et, après tout, très artistique. Pourquoi un auteur
épuiserait-il un genre, et pourquoi ne glanerait-on pas derrière
la Rôtisserie de la Reine Pédauque? C'est avec raison que M. Brillant a publié son livre dans une librairie ecclésiastique. Il aura
pour lecteurs beaucoup de curés français, braves gens et parfois
bons lettrés, public littéraire qui en vaut bien un autre. Je lui
ferai un petit reproche sur son titre. On ne voit guère l'apprentissage de son Sylvain, qui reste à la dernière page aussi simple
qu'il l'était à la première. Et cette dernière page fait prévoir un

NOTES

2rJ

Syh-ain Briollet à Paris. Ces suites ne sont pas toujours heureus~s. Ni Claudine, ni M. Bergeret n'ont gagné à quitter 1a
prov1?~e. Et ~eut-être Paris sera-t-il pour Sylvain et son peintre
un milieu moins agréable et moins complaisant que l'Anjou.
*

ALBERT THIBAUDET

* *
MADEMOISELLE DE LA RALPHIE, par Eugène Le Roy
(F. Rieder).
Ceux qui ont goûté ]acquou le croquant, Les uens d'Auberoque
"' uniforme mais'
L ,ennemi. de la mort, ces romans d'un typeun peu
d'une substance très originale, ne liront avec pas moins d'intérêt le dernier ouvrage de M. Eugène Le Roy. Ils y trouveront
les mêmes qualités : des personnages au caractère vigoureusement marqué; des situations dramatiques très simplement ame. nées ; un dénouement tragique, voire sans pitié, qui frappe
l'esprit du lecteur.
Il est peu de sujets plus audacieux que celui de Mademoiselle
de la Ralphie : c'est la lutte, chez une jeune fille noble, entre la
sensualité et l'orgueil de caste.
L'histoire se passe vers te milieu du siècle dernier. Valérie de
la Ralphie est née dans un castel du Périgord, aux confins du
Massif Central. Cette région est le décor de presque tous les
livres d'Eugène Le Roy. C'est là que lui-même vécut; et son
talent un peu rude, sa conception assez sombre de la destinée
humaine, son jugement de partisan, trahissent l'influence de ce
pays relativement sauvage, où la vie est difficile et où le souvenir des luttes religieuses persiste.
Valérie de la Ralphie a, dit-on, du sang royal dans les veines.
Son grand-père a épousé la fille naturelle d'une demoiselle du
?arc-aux-Cerfs ; et le menton gracieux de Valérie, ses beaux
Jeux bleus, son admirable nez à la Bourbon, son air de fierté
oyale, font songer aux portraits du Bien-Aimé. Sans doute
at-elle hérité de cette double ascendance, le sentiment qui lui
p·ésente
le mariage comme une mésalliance ou un esclava""e
•
b
usupportable, et l'instinct qui, d'autre part, la pousse irrésistibbment vers l'homme.
.\yant pris un amant, Damase Vital, d'humble naissance mais
d01t la mâle beauté l'a fascinée, elle 'le blesse si cruellement

�.218

LA NOUVELLE REVUE FRA~ç.-\ISE

par sa hauteur lrréductibte que celui-ci la quitte. Peu après, il
meurt. Valérie demeùre hantée par le souvenir de la volupté.
Dans la solitude orgueilleuse où elle vit, rien ne peut la distraire de cette pensée. Ce qu'elle ressent n'est pas le désir vague
de l'amour, mais un ,-éritable tourment physique. Lorsqu'elle se
trouve en présence d'un homme, elle découvre aussitôt chez lui
quelque amorce du plaisir. Ainsi, un prêtre, paysan vigoureux,
vrai Hercule en soutane, vient la voir. Pendant l'entretien, l'attention de Valérie est attirée par son cou de taureau et par une
touffe de poils qui apparaît au-dessus du rabbat. Un trouble
· bestial s'empare d'elle. E11e s'approche de l'ecclésiastique et
s'oublie jusqu'à presque lui avouer son désir. Puis, c'est une
autre com·oitise. Le Nasou, sorte de faraud de campagne, trapu,
pourvu &lt;l'un nez énorme - d'où son nom - exerce sur Valérie
un attrait violent. Elle recherche cet homme, le frôle, passe ses
journées à l'épier dans les champs, rêvant au nez monstrueux.
Cependant ces désirs sont combattus par l'orgueil de Valérie
et toujours dominés. Elle ne succombe à aucune tentation.
Mais çette répression l'exaspère. Bientôt son tempérament contrarié trouble ses facultés intellectuelles. Elle en vient à haïr
l'être masculin dont la privation la torture. Elle ordonne, autour d'elle, que l'on tue les coqs, que l'on se débarrasse du
bélier, du mâtin. Enfin, après bien des années, cette pénible
lutte emporte l'esprit de la malheureuse. Et les dernières pages
nous montrent Mademoiselle de la Ralphie dans un asile d'aliénés, femelle hideuse cherchant à saisir son gardien à travers les
barreaux du cabanon.
On peut juger combien le sujet de ce livre est singulier. La
façon dont il est traité ne l'est pas moins. Le lecteur va de surprise en surprise. Au début, on croit à un roman de mœuri
provinciales, finement observées, un peu lent. Puis, la figure
Damase, ses aventures, sa mort au cours de la. conquête ie
l' AJgérie, et aussi certaines ressemblances entre Valérie et mad!moiselle de la Môle, constituent comme une échappée rom:utique. Enfin, la partie où se trouve révélée la nature de \'alé·ie
se rattache par sa francruse au roman réaliste. Certaines scè1es
ont beaucoup de relief, notamment celle digne de Barbey d'i.urevilly, où l'on voit le prêtre se débattre contre les séduction: de
Valérie : « Une sorte de crainte purement ~umaine se ruêlit à

cc

~OTES

ses scrupules religieux. L'inconnu féminin effrayait ce colosse
vierge.»
Bien peu de romanciers, prenant comme sujet la sensualité
féminine, ont osé l'étudier isolément, sans le voile du sentiment. Cette hardiesse seule suffirait à donner au livre posthume
d'Eugène Le Roy une originalité positive.
JACQUES DE LACRETELLE

*

* *
LES RUSTIQUES, par Louis Pergaud (Mercure de
France).

La figure de Louis Pergaud, tombé devant Verdun en r9r5,
revit avec son élan juvénile dans la préface que Lucien Descaves vient d'écrire à Rustiques. De sa Franche-Corot~ l'auteur
avait gardé la robustesse native, et une gaillardise qui se donne
libre cours dans ces nouvelles villageoises. Peu ou point de
littérature, qui l'etît gâté, qui le gâtait dès qu'il s'en souciait.
Son mérite est dans la fraîcheur des impressions, et le naturel
du rendu. Il a eu la bonne fortune de courir les champs avant
de tenir une plume. Fouler avec les bœufs l'herbe aromatique
du pâturage, se mouiller Jes jambes à la rosée du trèfle en
fleurs, accorder une existence qui n'est point toute physique
au rythme du soleil et des saisons, et à la vivacité des sensations ajouter un peu de rêve, à l'heure ou la lune fait briller
une escarboucle dans les mares, voilà qui n'est point m:gligeable dans une formation artiste. Pergaud a dû à tout cela le
meilleur de lui-même, la matière d'un art élémentaire qui n'est
pas méprisable, qui rafraîchit.
Mais il avait, lui aussi, appris des fr,Tes, et de Maupassant,
à faire une nouvelle avec les bonnes histoires que l'on raconte
depuis Till Ulenspiegel. Au moins ne prétend-il guère à
conter autrement qu'au débraiHé, et ses bonshommes ont fa
franche enluminure d'Epinal. Pourtant après ces pages, et
tant d'autres où passe une bonne odeur- de terre, le roman
de la vie paysanne reste à écrire : celui où seraient découverts
les canaux subtils par lesquels communique avec la civilisation cc monde de la dcmi-anîmalrt:é, que l'on n'a guère
saisi que par les dehors, et qui, parfois, a de bien vi,•es transfigurations.
FÉLIX BERTAUX

�220

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

22I

*

* *
SORTIES, par Henri Hertt (Rieder).
Que sur la scène de l'Odéon, un acteur de belle -stature et

bien nourri, chargé du rôle de Jupiter, tonitrue en désignant
Psyché; «"Hé bien I je la fais immortelle! », il ne me convainc
point. Est-ce à dire que je sois incapable de goûter dans la
fable d'Apulée ou la tragi-comédie de Molière et Corneille le
dénouement de la belle légende?
Toujours Psyché est prête à l'immortalité, füt-ce sous le
nom de Dada. Mais ce sontles Jupiters qui sont défaillants.
Les mondes imaginaires sont les plus a~irants ; l'éclosion
dJun rêve, d'une association d'idées ou d'images est un surprenant miracle. et c'est humainement diviniser l'art que d'immortaliser ces illuminations en conviant autrui à communier
en elles. Il n'y a plus là copie de nature, mais création spirituelle, pure et absolue. Seulement, que le créateur ne compte
plus sur son lecteur pour le soutenir et le compléter dans ses
défaillances . Là où il n'y a plus imitation de la Réalité, il faut
à l'artiste une poigne solide qui maintienne le lecteur sur le
plan où il l'a entraîné par surprise. Sans quoi, le lecteur s'évade
et il a raison.
Max Jacob, six ou sept fois sur dix, réussit à nous maintenir
dans les univers cocasses au centre desquels il nous place
d'autorité . M. Hertz, dont l'esthétique s'apparente à la sienne,
si son tempérament est très différent, n'a guère réussi que
dans une ou deux sur neuf de ses Sorties à nous enchaîner.
Dans les autres, il fait penser au Jupiter de l'Odéon dont la
bonne volonté et le talent ne suffisent pas à éterniser des
rêves par trop périssables et imprécisés.
Il y a chez M. Hertz le même effort pour personnaliser la
forme que le fond. TI'oùdes métaphores neuvcs,,inattendues, et
qui font dans le cerveau du lecteur un trou par lequel fuse un
jet de lumière. Mais la trame ordinaire des phrases est d'un grisjournal trop fréquent.
On ne peut méconnaître le grand talent de M. Hertz ; on
lui tient compte de la difficulté de son entreprise. Mais c'est
l'œuvre qu'on juge et non point M. Hertz. On l'aurait voulue
plus convaincante.
BENJAMIN' CRÉMIEUX

TIBÉRIADE, par Gonz.ag11e Truc (Albin Michel).
Il est singulier que le sujet du roman de M. Gonzague Truc
n'ait pas été traité déjà plusieurs fois. Racontant une aventure
commune et intéressante, il a tout ce qu'il faut pour trouver de
nombreux lecteurs. C'est l'histoire de la perte de la foi chez une
femme supérieure. M. Truc, qui s'est peint lui-même dans un
de ses personnages, croit que cette perte de la foi est un
malheur, et il a traité son roman d'une manière intelligente,
sèche et mélancolique qui l'amène à de remarquables analyses.
Il ne me semble pas cependant que la dernière partie, qui
donne son nom au livre, soit sans reproche . Son héroïne a
pensé affermir sa foi par la présence réelle des lieux ou passa
Jésus, par un voyage au lac de Tibériade, et c'est là précisément qu'elle la perd définitivement. Cela se passe, avec un
romant'.sme un peu facile, à Magdala et sous le signe de la
Madeleme. Il me paraît que c'eût été l'occasion de faire sentir
tout ce qu'il y a déjà d'affadissement et de fuite du sentiment
religieux dans ces fonds décoraùfs à la Chateaubriand, dans ces
sortes de pélerinages barrésiens qui ne sont bons qu'à promener
un ennui et à procurer des « sensations ». La perte de la foi, le
-déclin et la baisse d'une âme, que marque la recherche de ces
« sensations de Terre-Sainte», voilà qui eût mérité d'être traité
avec une ironie sèche à la Flaubert. li est vrai qu'ils eussent
été peu compatibles avec le récit autobiographique, et avec tout
le caractère de la pensée de M. Truc.
ALBERT THIBAUDET

*

* *

RAFAEL GATOUNA, FRANÇAIS D'OCCASION,
pâr Maurice Larrouy (Bernard Grasset).
La vraie matière de «l'aventure» d'aujourd'hui, c'est la police
qui doit la fournir . Non pas le détective contre le gentlemancambrioleur, mais la Police en lutte avec toutes les passions et
tous les vices individuels et avec la Révolution. Le grand roman
&lt;l'aventures qu'on nous prédit sera policier ou ne sera pas.
Balzac en a eu la géniale intuition. Etoous le voyons lentement

�222

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

s'élaborer sous nos yeux dans les feuilletons populaires et au
cinéma.
.La condition même du roman d'aventures, c'est de donner
une forme littéraire à des contes et .à des légendes populaires.
Le folk-lore chevaleresque a fourni à Boiardo et .à !'Arioste les
éléments du Roland amoureux et du Roland furieux. Le folk-lore
policier du xrxe siècle est d'une richesse aussi inépuisable que lecycle carolingien et le cycle d'Arthur le furent au xv•. Vidocq,
Goron, Conan Doyle et ses imitateurs, les films policiers ont
déjà réalisé une première mise en œn'\Yre de cette vaste matière ;
mais il manque aux héros d'être vivants, nuancés, d'avoir caractère et sentiments, il manque aux récits de refléter les grands
courants sociaux qui entraînent non plus des individus, mais des
nations entières dans un tourbillon vertigineux d'aventures
d'amour et de sang.
Le plus beau livre peut-être Je Kipling, c'est Kim, roma
policier qui se hausse à l'épopée aoglo-indienne.
M'. Maurice Larrouy a confusément, mais puissamment senti
tout cela. Il a imaginé un protagoniste tel que la grande Aventure policière l'exigeait. Pendant les cent premières pages, on
pouvait croire à une pleine réussite ; Rafaël, c'était Kim et Rastignac, Gafagne, c'était le babou et Vautrin. Mais M. Larrouy,
malgré son grand talent, n'a pu soutenir cet effort jusqu'au bout,
il a sombré dans l'arbitrair.e, le picaresque, le burlesque et .à la
fin Je poincarism.e. C'est dommage. M. Larrouy n'en est pas
moins un préC11rseur~ ce qui est déjà un, beau titre de gloire. Il
réagit par l'exemple .contre le roman d'aventures historiques
dont on nous menace et qui, comme eût dit Péguy, est taré deZaudettisme. Ce ne serait pas la peine d'avoir fait la guerre et
créé le bolchevisme, si c'est pour aller chercher hors de notre
temps, chez les Carlistes ou les Mormons, les sujets imaginaires
dont nous avons besoin.
BENJAmN CRÉMIEUX
** *

LE MOQUEUR ? par François de Bondy (Bernard
Grasset).
Le héros de ce divertissant badinage rappelle le Dechartre du

Lys Rouge, Maurice d'Esparvieu de la Révolte des Anges et Mon-

NOTES

223

sieur Be~eret ..Il recherche les compagnies féminines, s'y plaît
et Y plait, et 11 développe le lieu commun paradoxal avec·
finesse .et agrément, surtout lorsque son ami Je grec Périclès
- réplique du commandeur Aspertini - lui tient tête. Il çîte
France, . Anna de NoailJes, Maeterlinck et Slmain, en discip Je
reconnaissant.

M. de Bon_dy éc.rit en lettré, avec élégance, une élégance soigneuse, séduis.ante et agaçante à la fois comme une fümrine de
mode. Ses phrases sont autant de nœuds de cravate réussis où
les trouvailles de style sont piquées comme des perles ni
haut, ni trop bas.
'
op

;r

_Avoue~ons-nous que parfois un simple grain de mil eût bien
m1eui fait notre affaire ?
BENJAM.IN CRÉMIEUX

*

* *

LE CŒUR DES AUTRES, par Gabriel Marcel (Les
(.abiers Verts).
·

J~ n~ sais si le public s'intéresse beaucoup à la psychologie
particulière et aux déformations professionnelles des artistes
C'est possible. On peut, sans qu'il proteste, lui rebattre Je;
oreilles de mille histoires sur les acteurs et les o-ens de lettres .
m~is cela ne suffit ?a~ pour justifier la place e:x;:bitante que le;
artistes de tout poil t1enne11t dans notre littérature imaginative.
Ils formeraient, dans un recensement de nos héros de roman
un quart ou un cinquième de l'effectif. Albert Thibaudet a fo~
bie;1 montré, dans sa chronique de ~i dernier, « les raisons.
pour lesquelles le roman intérieur du grand philosophe ou du
grand savant, du grand poète ou du grand artiste, n'a jamais pu
~t ~e pourra probablement jamais être réalisé pleinement » ;
inutile de revenir sur ce point. Au reste M. Gabriel Marcel
n'apporte pas beaucoup de conviction à tâcher de nous faire
prendre son personn:jge pour uu cc grand » dramaturo-e • il se
d' r.
o ,
co~tente en 1a1re un auteur dramatique en activité ; et c'est
dép trop. Etrange signe de débilité pour notre théâtre contemporain que ce repliement sur sa propre cuisine. Le public est
dan~ la salle ~ manger ; il demande des mets bien préparés, et
la simple politesse veut qu'on ferme la porte de l'office.
Mais enfin M. Gabriel Marcel n'est pas seul à la laisser ouverte

�224

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et convenons que le problème qu'il aborde est de ceu_x qui
intéresse1,1t personnellement tout écrivain. Que presque toutes
les œuvres capables de survivre soient faites du plus intime, du
plus saignant de nous-mêmes ; que leur force convaincante soit
presque toujours en raison même de ce qu'elles contiennent de
confidences directes ou masquées ; que les plus belles aient
souvent été celles où l'indiscrétion fut le plus hardie ou le plus
cruelle : ces considérations ont préoccupé tout auteur scrupuleux, capable de méditer les grandeurs et les servitudes de son
métier. Mais l'bom1ne de lettres que M. Gabriel Marcel montre
en train d'exploiter so·n cœur et surtout celui des autres est si
goujat, il met une hâte si grossière à (( placer », tou~es chaude~,
dans ses pièces les paroles que prononce sa femme,_11 se condu~t
envers son fils naturel avec un manque de cœur s1 révoltant, il
est si vaniteux, si sot, que so11 cas cesse de poser le problème
d'une manière pathétique. Les intentions satiriques de M. Gabriel Marcel sont évidentes, aussi le reproche qu'on voudrait
lui adresser n'est-il pas de calomnier les gens de lettres, mais
bien de passer à côté de la question faute de l'aborder avec assez
de délicatesse.
C'est au théâtre de Porto-Riche que cette pièce s'apparente le
plus directement. Même atmosphère, même jeu de sentiments,
même sensibilité dans le dessin des figures de femmes ou
,d'adolescents, même don d'émotion dans leurs paroles, même
fond de ba,ssesse dans les personnages virils, même air un peu
débraillé et veule dans la forme. Il y a pourtant cette différence
importante que Porto-Riche n'a jamais traité qu'un seul_sujet,
celui qu'il connaissait admirablement par le cœur, tandis que
l'investigation de M. Gabriel Marcel semble pr~céder de l'intelligence : cela explique ce que ses pièces ont de séduisant pour
l'esprit mais aussi de superficiel.
Aucun effort pour donner à son action une ossature d'événements. Il laisse son sujet à l'état fluide, c'est-à-dire en conversations. Il le débite, si l'on -0se ainsi parler, au litre et non pas
.en morceaux. Mais une fois admis ce procédé un peu trop
commode, il faut convenir que certaines scènes sont conduites
.avec vigueur, avec nuances et qu'elles sont émouvantes. Tout le
rôle du fils naturel, rudoyé par son père, est excellent. Mais la
pièce vaut surtout par la lucidité de certaines remarques psycho-

NOTES

225

logiques, par le ton de certaines paroles vraies. On voudrait en
citer, à titre d'exemple ; mais on s'aperçoit qu'en les isolant on
leur enlève la moitié de leur signification. C'est bon signe d'ailleurs ; cela prouve que ce ne sont pas des « mots », mais bien
des répliques.
JEAN SCHLUMBERGER

*

* *

BALLETS SUÉDOIS : LES MARIÉS DE LA TOUR
EIFFEL.
C'est un spectacle d'art, mais nous n'avons pas eu le vertige.
Au delà de la première plate-forme il n'y a plus d'odeurs de
friture et de Seine. Illustration tricolore (la montée est au
drapeau). Comme dans ses dernières productions, M. Jean
Cocteau continue d'exploiter une blanche et riche carrière des
environs de Paris, que tant d'étrangers utilisèrent depuis dix
ans pour bâtir leur maison. Notre folk-lore de banlieue mérite
ces soins.
Nous avons assisté aux mésaventures de la noce et connu les
dangers de la photographie. Vide, la carriole du douanier Rousseau attendait en bas, au pied de la Tour. Le dialogue des phonographes a fort diverti, particulièrement le début, sobrement
descriptif. Peut-être pouvait-on tirer un plus grand parti
scénique du jeu de massacre? Nos Sb: Musiciens ont plongé
l'un après l'autre dans la mélodie, et cette pleine eau en Seine
est une succession d'ébats joyeux où chacun jette son cri. Irène
Lagut est la fleur de ce bouquet de Petite Ceinture. Son décor
du grand écart métallique de 1889 a obtenu le consentement
amusé de tous. Les personnages de Jean Hugo, inflexible.s et
fabuleux, doivent être le point de départ d'une renaissance de
l'art du costume, si négligé de nos jours au théâtre et au cinéma.
PAUL MORAND

A PROPOS DE FRAGONARD .
Il était fort intéressant, et instructif, d'assister successivement
au vernissage des expositions rétrospectives de Fragonard et de
Ingres. On y trouv;üt le même public élégant et prompt à la
louange. On y entendait les mêmes exclamations. Le vocabu15

�226

LA NOUVELLE Rl::\ UE FRANÇAlSE

laire admiratif aurait vraiment besoin J'êtrc enrichi, afia d'éviter
qu'on use des mêmes m.-Ots pour qualifier J'œuvre des artistes
les plus différents, et que les médiocres et les grands demeurent
confondus dans les mêmes applaudissements.
Une nuance, cependant, aidait l'observateur à hiérarchiser les
propos ; cette nuance résidait dans l'intonation ,sur laquelle se
décernaient les éloges. L'amour qu'on affichait pour Ingres,
malgré l'extase peinte sur les visages, avait quelque chose d'un
peu forcé, d'un peu de commande ; il s'y glissait comme
l'ombre d'un repentir. Devant « le divin Frago » l'admiration
était spontanée, débordante, sans rêserves.
Comment en serait-il autrement ? L'art de Ingres, discret,
délimité de partout, sans fissures, est semblable à cc~ chambres
secrètes des Mille et une nuits, cachant les richesses dont elles
sont remplies derrière une porte ne s'ouvrant que si l'on appuie
sur un point caché. Celui de Fragonard, tout extérieur, en
surface, n'exige au contraire aucun effort pour être pénétré. Son
œuvre ne contient aucun mystère et n'est par rien défendue
contre '!'indiscrétion fugitive du spectateur.
Je suis trop ennemi du solennel ennui, culti,·é par quelques
« modernes • , pour désirer que le charme soit banni de la production artistique. C'est une leçon d'amabilité que j'ai été
demander à Fragonard, et j'avoue sans honte avoir goûté, au
contact de son œm-re légère, de ces joies coupables que
condamne certain réformisme para-cubiste. 11 ne peut pas être
question de bannir même l'érotisme du domaine de l'art. Ceux
qui pensent à juste raison que compte surtout, dans une œuvre,
le plaisir technique devraient être les premiers à adopter les
sujets frivoles. L'évaluation de la distance qui sépare le tableau
(ou point d'arrivée) du sujet (ou point de départ) constitue
l'essentiel de ce plaisir. Pourquoi donc le choix d'un sujet« bas»
ou compliqué impliquerait-il bassesse et complication dans
l'œuvre ?La seule question est de savoir si l'artiste est capable
de porter ce sujet à une certaine hauteur. La méditation cubiste
a eu pout but, j'ai essayé de le démontrer, de réapprendre la
pureté des moyens logiques ; un artiste en possession de ces
moyens doit, naturellement et sans effort, pouvoir enfermer en
des linéaments purs Je sujet le plus grossier. L'essentiel du
travail artistique est la volonté de transposition : n'y aurait-il

~OTES

pas égal effort imaginatif à simplifier uu sujet nombreu...x, et
encombré de déchets sentimentaux, qu'à enrichir un sujet
pauvre?
Ce qui fait l'infériorité de Fragonard, et ne nous le montre
que comme un petit maître mî:me à c6té de Boucher, c'e:;t que
ses moyens sont trop paralWes au sujet choisi. Les nudités,
chez Raphaël, deviennent des architectures ; chez Fragonard cc
sont les architectures ou les objets solides faisant partie du
sujet, qui, abandonnant leurs vertus spécifiques, épousent et
doublent les formes vaporeuses de ses fragiles poupées- Le
dossier d'un lit s'incur\'e mollement comme un bras féminin ;
les niurs se dissolvent ; un édredon, une draperie se gonflent
comme des fesses. La polissonnerie, ici, est donc da,anuige
dans l'exécution que dans l'inspiration. La main n'ose pas
contredire le cerveau, ou bien est-ce le ceiTeau qui se montre
incapable de faire dévier le geste trop constamment caressant
&lt;le la main ... Les tableaux tr2nsposés de Fr:igorurrd, les plus
ennoblii., sont hélas! les moins typiques, les moins nombreux
et, narurellement, les moins goûtés. Dans le Sarrifice de la ,we
par exemple, )a rigueur de la coruposition et surto.ut la précision
du dessin enlèvent aux nus ".'Oluptueux leur érotisme ; cet
érotisme par ailleurs tr-Op souligné par la tache colorée, qui,
employée systématiquement, et sans le secours de la ligne,
constitue l'élément bassement sensuel de la peinture.
Des tableaux comme Le Sacrifice d.e la rase, dont il fit plusieurs
répliques, réhabilitent Fragonaxd et démontrent suffisamment
que les libertés que peut prendre (ou q~e doit pr~n~e) un
peintre impliquent forcément, pour qne l œu.re so1t mtense,
d'égales servitudes : une soumission passionnée à des règles
communes.

.A:SDRÉ LHOTE

RENOIR, par Ambroise Vollard (Crès).
L'esprit malicieux de M, Vollu-d devait !ni permettre de faire,
du livre qu'il consacre à la vie de Renoir, uue œuvre plus
complète et plus représentative de l'artiste que de celui
qu'il écrivit sur Cézanne. Le caractère ombrageux du Maitre
d'Aix résistait :l ce genre d'analyse. Malgré toutes les études,
•Cézanne demeure extmordiniliement mystérieux. Son esprit,

�228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

replié sur lui-même, ne pouvait s'extérioriser qu'à l'aide d' œuvres
lentes à mûrir; celui de Renoir, moins contenu, explosait à
chaque instant, se répandait à travers chacun de ses gestes, et
aboutissait à un acte, que soulignait tout naturellement une
exclamation. Nulle aventure quotidienne ne peut expliquer
Cézanne, type du méditatif. L'anecdote, au contraire, paraît être
le meilleur moyen d'éclairer la personnalité de Renoir, peintre
expansif. Certaines des anecdotes rapportées par M. Vollard
~ont fort savoureuses, et les propos du peintre sont transcrits,
pour le plaisir du lecteur, avec le minimum d'artifice littéraire.
Renoir, qui sut conserver jusqu'à sa mort la fraîcheur d'un
coeur enfantin, et un amour naïf pour les choses terrestres
constitue par son exemple, la contre-partie nécessaire à l'espri;
tourmenté et précocement austère des jeunes réformateurs de
la peinture. La plupart de ceux-ci choisissent chichement dans
' le
la nature, toujours les mêmes objets ; ils peignent sans cesse
même tableau et ferment les yeux aux sollicitations de l'immense sp~ctade du monde. Ils s'ennuient et ils ennuient. Renoir
s'amuse, sa méditation est comme noyée dans les vapeurs d'une
aurore éternelle : il nous fait partager la joie candide de ses
découvertes de chaque jour. Si Cézanne nous montre la voie du
salut par la discipline, Renoir ajoute aux injonctions du Maître
d'Aix quelques conseils supplémentaires et préconise une
hygiène morale dont nous avons tous besoin.
Réaliste et peintre direct, Renoir, soumis à quelques règles
simples, hait cet esprit littérateur qui pousse trop de peintres à
demander à leur art des sensations qui lui sont étrangères. Si ses
aspirations sont très hautes, il parle le plus souvent« métier ».
Le récit du repas que prit Rodin aux Collettes ridiculise le
sculpteur et suscite un contraste piquant entre le faux grand
homme et le vrai en soulignant à la fois la prétention bouffonne
du praticien qui se croit un penseur et la bonhomie du peintre
qui ne cesse de penser en praticien. Il y aurait beaucoup à dire
là-desrns, et l'on pourrait établir une utile distinction entre
l'intelligence spéculative et l'intelligence technique. Ingres,
~eno!r, Rousseau (le douanier) n'étaient à la ville que des
mtelhgences banales -le dernier y faisait même figure d'imbécile : tous trois, devant le chevalet, devenaient d'une intelligence
lumineuse, que n'atteint que rarement Delacroix, malgré son vaste

.·OTES

229

esprit. Non qu'il y ait incompatibilité entre l'intelligence, dans
le sens général du mot, et le don pictural : les grands peintres
de la Renaissance sont là pour nous prouver le contraire, eux
qui sont autant des humanistes que des techniciens. Mais s'il est
vrai que l'œuvre ne se hausse à la véritable grandeur, au
sublime que si elle est une spéculation de l'esprit, il n'est pas
moins vrai que ces spéculations intellectuelles doivent être,
sinon submergées, du moins fertilisées par un certain débordement de la sensualité. L'idée ne peut s'incarner que si son
interprète est possédé du goût de la chair. Renoir, comme
Rubens peintre charnel, atteint à la suprême beauté lorsque ses
calculs techniques apparaissent sur la toile les plus évidents.
Inversement Ingres n'atteint au sublime que lorsque sa
rnlonté initiale défaille, lorsque ses intentions purement plastiques cèdent un peu de terrain à ses sensations purement physiques. Le véritable sublime n'est pas la prétentieuse, froide et
ridicule dignité académique, mais le résultat de la lutte visible
que se livrent au sein même de l'œuvre, la matière et l'esprit.
La véritable action, le véritable drame ne résident pas dans
l'anecdote&lt;&lt; historique» ou « de mœurs », mais dans ce conflit
dont le peintre est à la fois la victime et le héros. C'est pour cette
raison qu'Ingres ... Mais n'anticipons pas.
Un des chapitres les plus émouvants de ce livre est celui qui
nous mo~tre Renoir préoccupé de la conservation de la peinture.
C'est en effet une des découvertes techniques les plus instructives
de Renoir, d'avoir reconnu que la peinture ne se fait pas seulement avec les éléments couleur et dessin, mais aussi avec
l'élément temps. Il se rappelle avoir vu les Diaz et les Delacroix
éblouissants. Il assiste à leur rapide noircissement, ainsi qu'à
l'enrichissement par la patine ( qu'il ne faut pas confondre avec
la roussissure des vernis) des Ingres, auxquels on reprocha,
ainsi qu'à ses propres peintures postérieures à I 880, d'être maigres et aigres. Avec un courage admirable. mais pour sa plus
grande gloire future et pour notre édification, Renoir sut
renoncer aux effets de la cuisine bariolée des romantiques. A
l'instar des grands classiques, il remplaça sa palette compliquée
du début par un choix réduit de couleurs primaires. C'est ainsi
qu'il abandonna le violet impressionniste et les laques instables
pour « le noir et les terres » qui vieillissent bien et qu'un

�IDlladroia •••..- des jeunes juge• coaJnn pea '1llfflMlDID -

..wes •.
Je 19dlt.lie ne pouvoir abonàmment citer Raoir. Le lme

de M. Vollarè at plein d'aperças. d'• gnad boa 1CM _ . toat:
œ qlli ~ • mi:tler du peùdre. Je ae peu cepmd.. . . _ au plaisir à terminer cctlenoti: par eu plmuca r6am,,c
fartanœs ~ • En peipuadiœdemeat cl'aprèa natme, le pei.111,a&lt;
eu arrive à ne pb1s cbeicber qœ l'e&amp;t à • pllllS composes• a
Ü toml,e W dam }a UIOllotaaie. • C fi {Col'Gt) ftait eDQD ff
Fancim temps : il c:omgeait la mmc. a • J'étais allé jmp'au.
llntdc l' • impnssicmniae a, et f aui'Vllis à œtllc comtataâoa
qa je ae sa.vais ai peindre, ni daaiaer. •

•••
LES CANCIONES, de ]U1Jn de Yepes (Saint Jean de 1tt.
Croix'), nou.vellement traduits par l(enl.l.ouis
avec
une étude sur la Poésie de rAmour mystique. - Bai~
pvés de M.lo Renault. (La COlloaissaoœ).
Les plus ~ s esprm de l'Espagne contemponiat

r»:,m,

ont coutume de considérer saint jan de la Croix mmmt l'ua
des. pua grands paèm Lyriques. da XVII' sikle castillan. Us
a;o.cicat voloatien ttœ Pon ne nacœtR pas, dm la littaaturc
de la hm.iaaaœ espapo}e,. de plus. bemx ven que les aima.
Mais, ea mhle- tntps, iknousrappcllatqœ l'onn.e doit pu
mead~, da. poèmes de Jean de la Crob:, les redierc:bes
tedlniqns que . . . offrent la ffES. cru Garcilaso OIi d'un
luis, de Leon. Jan • la Croira pmu11.01 aoumi.s sa peasie l
la 6':ipline da 1l!llémes mêlres. U n'est pas aa brnwaiste ; à
peine est-il an c RenaisSllllt a ; mais il a.'a pas igDCft la c:ahure
eltMtique de SOll temps. Et, pom' IIIÏeu &amp;ize comp,eaùe il
ltntctme de l'n de ses poèmes, il se. Rfùe npress&amp;nat à cls
vas de ~ilaso.
Le lyrisme de Jean de la Crois pœe doue an prob»me compleu, qui nos seulement n'ai pu r&amp;ù. ms a l I&amp; aitiquc
'lia même pas entrevu les tame1. Meafncia y Peb:yo, daas a
diarcoun d1tbft oà il ihlliliait ~entcraillam cznaines
mÔdalités dt: la poésie .te Je• de 11 Croix, décbait pourlat

qu'une telle poésie échappe, ~ .-..œ, l tom critère ~
taire; et l'admiration qu'il q,rouwit conservait un caractàe
,acré. Il ne nous aidait dès lors en rien I enœndre fart de Jen
de la Croix. Cens qui, pour être fidèles à une émotion d'uae
1111re qalitf, aelaisaeat &amp;umdir, • lillatJean de-la Clois, pif'.
... images •
•'flaipenl Dit - - . . . . . . , . .
-■et q-.'il s'àplR de ampienclre. Et, claa les 4em as, ded
1macaMmi•ecptiaoœialmlitde ck'tÏDCll'k'9ie ._ .,..,_
ec des imagea. Images et .,...._ qui ne •at pomtaill , -

,-.,a,

. . . . . . . . à w -,.eÎllhrlle.,maÎsfflle
~ nom poll$itameaerà

aœrner.

D fautnmader M.

---Loail »o,m•

man .....

DOUISOeÏr

ctoan6.

la pseariàe tnduclieD,. de faotu~..,._, qui ne cnbiste , ffaesgiedes-.en a Jeaa de la Crin. M. l&gt;op • amdlf
Jean de la Crois asfaclmn • iÎllerp.ttatioœ~ DOII
1DC&gt;i• ..-~au fluasesgdces.. plaa ndoutlWa encan, ~

qai1nll8fonmiall ~--puaomtesplaalts- awn ...
IIIIOll'fe fMXCDt dv c,,,,,;p, du c.,;ff'II, cnl inprime--

r-iven. M. ~
lait qœ « œ n'est pa calant le daaio ia YeJ"S • qdil •
« voulu rendre, mais Ill poâiHntière. • Il a • parlkali..,

1111 syabolilme qui tnàit uoe inlaiticm de

ment heureux, à cet égard, en sa recon9ÛlUIÎoo du « Cintico •·
li a retrouvé le mouvement du Dialogue entre l'Ame et
}'Epoux ; il a démêlé quelqu.es-wies des phases de la peDNe
lyrique. Et quand il inscrit, au seuil de la dernière strophe da
, . , - . la maûon : c Le Polœ •• ilnouriait ~ r au recueiJ.
lement siletlCieu qui -=cMe à f lda:t cla c:baara d'amow.
la tnduction è M. Do.,oa pavieat aonem:
lea
Mlicatel maaoœs da tate. Elle at pomaant parfoir wériee •
laisee., çà et là, s'mnoair 4e writùles JDOJDCDIS Ille à peme.-,
La denihe mopbe- du J&gt;Om4 de la c Noche olClll'a • est aiaiii
1
toat à caup Jllffle • ~ sigrificariOD métaph,aûfue. Lewra

à-•

C,,6toit,yüj"1u

n'est pas rmda.. alon que~ DIOIS : • toat casa et je DidllDclonaai I espâmeat Yabsorption dans l'anivcn mys~ue. En
i'mmu cas, M. Doyœ, en voulant c:ommalts le tate, ea a
altéœ la puiuaati: simplicité. Pourquoi traduiœ. le1 adminWn
ffrs:

�232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mi amado.
La musica callada
La soleilad sonora

par ces mots subtils et ingénieux, mais qui peut-être sont infidèles à l'intime pensée du poète : « Mon amant est ..... pareil
à une symphonie qui s'achève &gt;&gt; - « il est comme une solitude
mwicale » ? La traduction la plus littérale était ici la plus sûre.
On s'étonne que M. Doyen ait donné le titre de cc Cantiques
dévotieux » aux poésies qu'il a jointes aux trois grands poèmes.
Il n'y a pas de« Cantiques dévotieux » dans l'œuvre de Jean de
la Croix, et les « Romances » sont des poésies populaires, mais
non des poésies « dévotieuses ». Pourquoi, d'autre part, introduire, même à titre de pièce documentaire anonyme, le sonnet
« A Cristo Crucificado », - puisqu'il ne s'agit certainement pas
ici d'une poésie de Jean de la Croix - et ne pas accueillir les
poèmes métaphysiques, qui prolongent directement une expérience ? Les vers qu'allègue M. Doyen et qui lui paraissent sans
doute devoir justifier partiellement cette omission : .« Je suis
entré sans savoir où j'entrais ; je suis resté là sans savoir où
j'étais, élevé plus haut que toute science» :
Entdme donde no supe
Y queàeme 110 sabiendo
Toda sciencia trascendiendo

sont d'une qualité unique en l'œuvre de Jean de la Croix et
font partie d'un poème dont l'authenticité est assurée.
Seule une longue étude, qui serait nécessairement technique,
nous permettrait d'aborder le délicat problème des équivalences
et nous aiderait à établir la liste des poèmes rigoureusement
authentiques. En l'absence de toute édition véritablement critique, 1a tâche du traducteur et du commentateur n'était pas
aisée. M. Doyon a bien résolu les difficultés qu'il s'était proposées. Il a traduit Juan de Yepes. II a voulu restituer l'œuvre
d'un homme et rendre à la littérature une pensée que la mollesse ùes traductions nous dérobait. C'était chose faite en
Angleterre - et de la plus stricte manière - grâce à Arthur
Symons et aux beaux Poems qui adhèrent si intimement
au texte de la Noche oscura et de la Llama. En France, nous

NOTES

2 33

avions tout à apprendre à cet égard. Le livre de M. Doyon
constitue un essai précieux et qui, par surcroît, nous rend plus
claires certaines nuances de la sensibilité espagnole contemporaine. Lorsque Juan Ramon Jiménez, au seuil de son livre La
soledad sonora, inscrit cette épigraphe : &lt;&lt; La soledad sonora...
S. Juan de la Crux », lorsque Azorin, dans l'une des plus fines
études qui aient été consacrées à, Jean de la Croix poète, nous
dit : « No hay otro en Castilla » -, ils ne nous font pas l'aveu
d'un amour factice. Le lyrisme de Jean de la Croix est chose
intime, présente, et qui peut éveiller en nous, si nous le
voulons, des images vivantes.
JEAN BARUZI

** *

LA CHINE, par Emile H01Jelaque, (Flammarion).
A quelqu'un se plaignant de l'ignorance où nous sommes de
ce qui se passe à l'étranger, Paul Souday vient de répondre par
l'énumération des écrivains exotiques mis à la mode en France
depuis une trentaine d'années. Notre littérature en effet finit
toujours par s'ouvrir aux courants de la pensée européenne.
Est-ce assez pour que nous nous disions avertis de l'essentiel?
Le Français n'est plus « un monsieur qui ne sait pas la géographie » ; mais il continue d'être insuffisamment renseigné sur
une nouvelle sorte de géographie que l'on pourrait appeler
« géographie intellectuelle » ; il commence seulement à entrevoir l'intérêt qu'il y aurait à connaître la psychologie de peuples
qui ne répondent pas à sa conception de l'homme abstrait,
général, à étudier ces personnes collectives qui sont mêlées à
ses propres affaires, et dont le rôle le déconcerte. Il ne ;aisit
pas les causes internes d'un conflit où il se sent engagé de plus
en plus avant ; acteur principal d'un drame où alliés, ennemis
et indifférents gesticulent et gravitent autour de lui, il devine
chez tous une hostilité hélas ! grandissante, il en subit les effets
sans y pouvoir remédier parce qu'il ne l'analyse pas, parce qu'il
ne comprend pas la langue que parlent tous ces gens, ni leur
façon de voir, ni les réactions de leur sensibilité. Et il lui arrive
d'en avoir assez. La paix qu'à grand prix il n'a pu acheter, il
demande, un peu puérilement, qu'on la lui ... donne. Il n'est
même pas jusqu'à ceux que d'inattendus contacts de guerre

�a.:

. . . ., &amp;lieilWa, c,ai àaspÏHllt pari,ia à ramur let. :,eJL
_.Maiea&amp; W. promis- de ne plua oabliu la. hommes veam a
é:itD ~ pu-delà les aen et Ica terra. Aaa ,~~ •
4c!hon ils. s'étaieat seâ raû:atdiis. Maia le œaraat d'air eat a
pe11 lnsal ; 'IOloDtien cetaia&amp; ~ la Wta 11U1S-cempter cem qœ la claq\lal.

• lnsulariœ • dea milisatioa. aaciaDes : DOU . . . . la
a6tre comme les Anglais la leur. Ellie est ealreteUe par a
peaàaa1 ~ croire qu'au cours deelièdes la Fnnce intdlectuelli
ia1.ai à elle,.méae, et fille rapport .l'ailleun àaameœ . .
trouble, risque de défigurer une tradaioa:pu,e. Commeai notnt
IIÙÎliOa u'itait pas précisément d'intégrer. les éléments am~
phe.s de funivera, pour leur donner ferme, et qualité vaimeot
uuivenelle. La vertu de l'héritage claseique eat dans la méthode,
DOll dans Ja Mllibe-. De la -..tme à penu, Jca.1'tf:9 Jts IDÏeU
faites ea ont eapnant, parto~ et ce fvent lea.curicu: .tc.nauveauœ cp à c:baqae Age décidèrent de l'QIÎmfaliea gam!e.
QJiils reviOMat da CNtte œ&amp;litaraaéeanes, 811 d"AagJeon d'Allemap,e. .,. ,rands ve79on de: l'esprit introcJvita:icnt l'air vif Cjlle soi-mêae eafmM cbllS la dlatmœ oa
aime à rapùer sœ qui . _ du dehem. Ils appe&gt;!taieot plm :des nourrilures gëaéreluea au momenll è'aaémie:. Sem doute
le pl&amp;blk fraoçaï. se dé6e des choies 'tlll ae font pas partie de
• diète. Oloiaueur, tl.élkat, se iauaat - ooa sam raiaoo cftire en Europe le seul à Poir du. go6a, il -,.,ne des_,_
eau qui ae ,-..cnieat pas. Lt semœ ~ - Pell4eat alltelm vigeurem es&amp; de les -.ber à sa. place, de la digérer
pou ll&amp;i., etde lui do9Mt à mœr, comme fent Ja.-.es noar• âces, ua lait phu dm. Gdce. à. eu a tradition prde 11111e wrt11
a&amp;inlricc. N'éud'aet riea •ce-qui est de l'ltome. elle
comiaae de s'acùesser à tat l'bomnK. F.l eUe grudi.t • •
a'alœor. • A.muner toujoan 1111peu plm d'àaaanité ~ c:e:o'est
point perdre la qualiti française ; c'est aa eolllnire garder le
tnit eetentiel d'ue oatioa oà il scmWe 'tl1e les forces épanea
aoient jullfl'ici 'ICll&amp;IS se cempoaer, chercher uae climdioa,
•'ordonner selon une dominante. Cequi a'itail ailletm cpae ..gesûou, rêveries, s'y es&amp; déhrouillé, tnasposé dau ~ plm 4e
J&amp; pensée daue. Cest en ae uisaDl la coascience da moa.k, en
&amp;Gœeillant iout C( qu'il apporte, d 'lui ff.llt en elle p r ~

•m,

......,»

ipe,4JMlafmpceest~ Qgpd ••
• •remmœ qtl'en ~ et pour IIÎelD
Oue l&amp; pardi de la ligne fmnçaiae ne soit peiat ~
par œ ~•on y peut faire 1eDÏI d'lmnger à èlle, qu'elle ne imo
iicbisse aoas l'impalaion ducWlon4PJepPIII rebeaclir awc,_
cl'61utidté,
meillau aeap)e en clOmier qllé Gide?
d"liorira le plu fflltie ne l'eap&amp;hc , - i'awir lea plu &amp;oitea attaches avec le lieu que nous Mfiainons D6tre. Mm œ liitl
~le pae6 a. remfame eoua aea,W.. ne l'h:,pnedlepa;
Gide ne toame. pas le dos à lf)llt pem a'y accrodaer;. il y ~
'811 appui seulement;. il iy are-bo•te pour: aller plaa nut. Bt:
oe aaiste à mille m:ours, apri!s mille Baas. ~ Gœtlle 1
Nimache, W"dde, Dostotewsky, Shak.eapeae, Conrad,. Bahii►.
clmealh Tapie, l'alleillc a wlé am quatre œim dn ciel,IUll&gt;!aant cbaqae alla nadae cpa1qae ricbeat. Dè là ce miel do&amp;
on a'ttonne que, à limpide, il tr0ilble œu qai fon&amp; goétl.;
CJU'il ait œ aùthmtiqac pufom de tem,ir, et . - pomant il
doaue uae-i.wesse CJUi ne ae- W.. pu difi&amp;. Dè là amsi I'•
tioa de Gide mr les jeunes, en 41ui il dbcipline l'inqütudie ea

•tlouwr-

-i••

1.e:-.

..-temp5 qu'ilféveilœ.
Il impoctenit de cl6mêlèr IOSl in&amp;eoce clam le mou•mmt littmire-du présem. et ee padiGulier de cbercbu quelle
ardeur à cUcouvrlr, à .e cMpuser, il a ~ autOIIJ' tle lui.
A
c'est à l"Angleterre 1urtoat qaeu lacuriositi.. et oa
la peut tromu d l e z 9 ~ tropesdmivé, ttop paremeal
l i ~ trop attach~ 8llai à des cas iat4meaatJ. Il al aattuel
41ue l'endosmo• se fane aiasi d'abord. Mm la. llOllalg:iè
chose perce dl:jà. Un peuple l'&amp;llllssé sur lui-ndme pour ne pl&amp;
ae 1aister envahir, a pu un temps U-aspi.rer qu~ se réinstaller
dans l'ordœ aacien. Mais à. maure qa'il le retrouve, il en M
mal content. Il pmeeat qu'un ordre 0 19: plus de-vie dès ,,.....
cesse de contenir toute la vie. Quelque c:hoae dootaoas ne •'faS
pas le TÏlage frappe à ~e poite. Autoar de noua une œYÎ8Ïoll
des 'lalcun s'opère ; et en nom, &amp;notre insu, elle a comlllelld.

•dire

.raan

Celles amquella QOUS teoiona se d&amp;obeat ; aans nom ra'IOlltt
et noos attendons q• de ce moade .-ï a
bo~, et oo le mouvement brouilleenc:ore les lignes, uaeï-.e
totale 1e refasse. Il serait dommage qa'elle 1'&amp;1,odt ..,. la
France. Son pie- lucide peut le premier découmr la relaâoo

DOUS doutons 6elles ;

�LA NOUVELLB REVUE FliNÇAISlr

neuve qui s'établit entre toutes 'choses, qui existe dès maintenant,
et que les hommes ont l'humiliation de subir avant de la connaître. Pour cela il faut consentir à s'évader de soi. Il faut
dénombrer des nécessités qu'on n'éludera point, dans la servitude desquelles on s'enfonce en les niant. Les connaître et, après
avoir fixé entre elles une hiérarchie, subordonner les plus basses
à la plus haute, y consentir, ce serait retrouver une espèce de
liberté, la seule qui nous reste.
La plus désirable connaissance dans l'actuel bouleversement
du commerce de peuple à peuple parait bien étre celle des mentalités étrangères à la nôtre. C'est un fait dont la guerre nous a
révélé l'importance, que chaque groupe humain ayant des
mœurs, une histoire, des origines communes, a aussi son àme
collective. La langue qu'il parle, et que nous n'entendons pas,
ne fait que traduire les réactions d'une sensibilité, les opérations
d'une intelligence, les actes d'une volonté qui ne jouent pas à
notre façon. Nous souffrons de ne pas connaitre les ressorts
secrets d'activité's qui contrarient la nôtre, et à chaque instant
nous subissons des effets dont les causes profondes nous échappent. Procéder par saisie intérieure, étudier du deda~s l'Anglai~,
l'Allemand, le Russe, nous servirait autrement que les fastidieuses enquêtes de jourtlalistes qui entre deux trains arrachen~
au sphinx des paroles qu'ils interprètent de travers, ou qui
prétendent nous représenter un pays quand ils en ont dénombré
les usines, les casernes et les vespasiennes. Seules les études
de ce genre permettraient de débrouiller le chaos des nouvelles
politiques, économiques, financières, militaires, qui fondent
chaque matin sur le lecteur. Elles se sont multipliées depuis
quelques années, mais elles sont encore trop rares, et il faut
~avoir infiniment de gré à ceux qui les entreprennent, qui
lèvent sur l'étranger un coin du voile aussi épais à nos yeux qu'à
ceux de nos ambassadeurs et de nos proconsuls.
Emile Hovelaque est de ceux-là. ,L'ouvrage qu'il vient de
publier sur la Chine, et dont les Anglais ont signalé lïntérêt
avant nous, tire son importance de ce que l'auteur ne s'était pas
~ulement abondamment et de longue main documenté sur
f'Extrême-Orient, de ce qu'il avait fait à plusieurs reprises, et
récemment encore, le voyage, mais de ce que son exploration
intellectuelle s'ajoutait à d'autres qui lui révélèrent tour à tour

2 37

la psychologie de I'Anglo-Saxon, de l'Allemand, de l'Américain. Par une chance unique, un voyageur qui voit en aniste et
qui observe en psychologue, s'est trouvé pouvoir traverser le1
principaux continents de la pensée, multiplier ses points de vue,
et rapprocher des manifestations qui s'éclairent les unes par les
autres. Le fait humain, parce qu'il l'a observé dans sa quasi
totalité, lui apparait ce qu;il est réellement, merveilleusement
un et complexe à la fois. A le suivre, on a l'impression que
s'évanouissent des murs entre lesquels on ne s'était pas senti
enfermé parce que le monde y était peint en trompe-l'œil. La
Chine, dont nous savions juste ce qui tient en des hai-kai, apparaît dans son livre comme une moitié de la sphère dont la
lumière oblige la rétine de !'Européen à se modifier, où il lui
faut apprendre à voir en jaune, à lire à rebours, et sillonnée de
chemins où il lui faut s'engager s'il veut faire le tour de l'homme.
Se prêter à ces « imaginations renversées &gt; ne va pas sans un
vertige et une tempête de l'esprit. Mais ce serait pécher contre
l'esprit même que de ne point les accepter. Outre que le centre
de l'activité économique se déplace de l'Atlantique vers le Pacifique, il vient un autre appel de l'Extrême-Orient où de belles
aventures sont réservées à l'intelligence. Emile Hovelaque en
donne un avant-goût lorsqu'il évoque à la fresque les pays où
tout est démesuré pour le blanc. Enormité de l'espace, pr~fusion de la vie des masses qui y pullulent, grandeur des cataclysmes qui bouleversent masses et espace comme au temp.s du
chaos primitif, fièvre du rythme auquel alternent genèse et destruction, les cap\tales brusquement changées en désert, et les
déserts versant à flots des caravanes qui semblent venues du
fond des ~es, l'odeur de vie et de mort d'une civilisation qui se
décompose et renaît avec une rapidité tropicale, la vitalité d'une
race nourrie de ses morts et assez ardente à en répéter le type
pour le garder jeune, la fraîcheur enfantine et la sénilité que
l'on peut lire tout ensemble sur les visages jaunes, une force
bondissante et dérobée sous la porcelaine du masque et le laque
des prunelles - autant d'objets dignes d'une méditation passionnée.
Emile Hovelaque ne s'est point arrêté à eux par amour de la
sensation. Il était .entraîné par une sympathie plus large que
celle du dilettante. Et son intuition l'a :fussi mené plus avant

�LA NOUVELLE REYUE FRA}.ÇAISE

que l'observateur qui n'eût été ,que savant. De la science, dont
il nousépargne l'appareil, ilne se sert que comme d'un échafaudage pour mieux plonger du reg-ard dans les replis de l'âme
chinoise. Et il rend ce qu'il a vu à la façon des peintres de làbas. Son pinceau délié ne se charge que de Ja matière nécessaire
à dessiner une ligne du réel qui s'effile, fuit, suggérant à l'œil
des perspectives sans fin, entraînant l'esprit vers le p6le obscur
de la pensée. L'individu dans ce milieu n'est plus en quête de
soi uniquement, ni uniquement absorbé par un groupe, social
ou national. Une tradition immuable pèse sur lui moins que la
nôtre sur nous ; son passé, malgré l'apparence, détermine à
peine son présent, parce que passé et présent ne lui sont qu'un
moment fondu dans la durée. Participant d'un ensemble où
nature et créature se relient sans résistanœ, mais non sans élan,
une aristocratie intellectuelle doit à l'immensité même de œt
ensemble et à la puissance de cet élan, de dépasser nos abstracti-0ns, nos constructions logiques et même nos symboles. Ce
que l'auteur dit tantôt de l'art chinois, tantôt du taoïsme, fait
deviner toute ia signification dont peut encore se charger pour
nous le nom de vie intérieure, et de quel prix seraient les
renoncements enseignés par Lao-Tze dans une Europe qui ne
parvient pas à se .détacher de l'accident, ou nulle part on ne sent
l'inspiration qui des ruines ferait rejaillir une grande idée. Vues
d'Asie nos civilisations paraissent bien pauvres, bien menacées
par ce que nous tenons pour nécessités géographiques, historiques, économiques. Des regards jetés sur nous-mêmes en prenant un tel recul, nous aideraient à nous affranchir d'une condition qui est avant tout servitude de l'esprit. Je ne pense pas
qu'il faille, comme les Allemands le font actuellement, enta$er
les traductions, organiser bibliothèques, collections, musées
d'Extrême-Orient, pour redonner à !'Occident une beauté, une
sagesse. Le propre {le la pensée française est de se .garder de ces
excès. Pourtant l'idée d'humanité .que nous tenons de notre passé
rationaliste ou mystique devra s'élargir. A des besoins trqubles
encore, mais prodigieusement multipliés, des sources s'ouvrent
auxquelles nous n'avions pas bu. Si lengs que nous devions être
à nous désaltérer, c'est un rafraîchissement déj.à que d'entendre
parler d'une nappe surgissant à d'autres profondeurs. Ellere:cèle
- lisez ce livre sur la Chine et celui qui le suivra sur le Japon

NOTES

239

- d'incalculables énergies, spirituelles, matérielles, qui ne
nous laisseront pas libres de les ignorer.
FÉUX BERTAUX

*

* *

UN JEUNE INTELLECTUEL ALLEMAND.
Il y a quelques mois parut chez Cassierer à .Berlin un petit
livre de 300 pages, intitulé : Otto Braun ,Aus den nachgelassenen Scbriften eines Frühvollendeten•. Ce sont quelques essais
poétiques, précédés d'extraits du journal et de la correspondance d'un jeune homme tué à la ·guerre à vingt ans. Ce jeune
homme était un prodige. - La fréquentation suivie de la littérature critique et des quotidiens allemands est particulièrement
apte :à vous donner l'horreur &lt;les mots trop grands, par l'abus
.qu'ils en foot, mais malgré cette répugnance, je n'en trouve
pas de plus juste, et c'est bien en tant qu'exceptionnelle réussite
humaine que je voudrais présenter aux lecteurs" de la Nouvelle
Re·u,u Française le jeune Otto Braun, qui n'est pas à proprement
parler un écri"Vain et qui laisse à peine une œuvre. -11 y a plus:
il semble qu'.en lui se trouve pour une fois réalisée la plus sérieuse promesse de ce à quoi on avait peu à peu cessé de croire
en France : de cet idéal d'universalité et de spiritualité du
peuple central de l'Europe, de cet &lt;.&lt; Allemand de Gœthe et de
Mme de Staêl »., que les moins sceptiques et les moins chauvins
d'entre nous commençaient à reléguer au rang de mythe. La seule
rareté du phénomène mériterait attention, si la beauté et la ,·irile
noblesse .de cette âme juvénile n'étaient appelées à toucher
bien des cœurs.
Le petit volume est orné de deux portraits - l'un est d'un
enfant de 12 ans, pensif et beau, mûr et naïf - comme a pu
l'être au temple Jésus parmi les docteurs - l'autre d'un ardent
jeune homme en uniforme de chasseurs, duquel, pour qu'ils
passent outre à son casque à pointe, il suffira peut-être d'apprendre à tels Français, que dans ses .-eines coulait un peu du sang
des Bonaparte"·
r. « Extraits des œuvres laissées par un jeune homme tombé prématurément. ,, Vollerulet qui n'a pas d'exact équivalent en frau;ais, veut
'Clire ici : qui a ar:œmpli sa carriëre terrestre.
2. Sa mère était la. célèbre Lilly Brnun, fille du général prussien \'On

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La partie autobiographique du petit livre posthume, présenté
avec tact par de~ mains pieuses, est divisée en trois périodes :
la premièrevadel'enfance à la r4• année, -la seconde comprend
la prime adolescence, la troisième les 3 années de campagne
au cours desquelles une balle de shrapnel vint, à Marcelcave,
dans la Somme, mettre fin à la carrière de ce jeune ennemi, qui
était peut-être destiné à sauver son pays de cet effroyable
chaos où il semble vouloir entraîner ses vainqueurs avec
lui.
Bien entendu, ce n'est pas la prodigieuse faculté d'assimilation
de l'enfant et de l'adolescent qui peut donner lieu toute seule
à tant d'expressions admiratives, encore qu'elle ait de quoi
étonner, et qu'elle ait fait l'émerveillement et la stupéfaction de
ses maîtres. Citons-en pourtant quelques traits : à douze ans,
Otto Braun connaît à fond la littérature allemande, y compris celle
du Moyen Age. Pour déchiffrer les grands poèmes .épiques du
xm• et du xrve siècle, il a voulu savoir le moyen haut allemand,
plus différent de l'allemand moderne que la langue d'oc peut
l'être du français, tout comme il apprend le gr~c afin de lire les
présocratiques dans le texte original. A dix ans déjà, il annonçait
à sa mère, que, sur le point de terminer l'étude de la philosophie grecque, de ses petites ressources personnelles il Ya
s'acheter celle de la patristique et de l'âge intermédiaire. Il se passionne pour Suger et Suso 1 et va rechercher dans la bibliothèque publique les controverses à propos des mystérieux Impossilia du grand docteur. Homère, Gœthe et Shakespeare lui sont
familiers, il vit dans l'intimité des lyriques allemands modernes.
Tout ce qu'il absorbe, il l'assimile de la façon la .plus vivante, et
l'on est étonné,dès les premières lettres, de la fermeté et de la
virilité de son style. Il écrit d'une façon nette, précise, avec une
Kretschmann, lequel fut uoe des premières victimes de la vanité de
Guillaume II. Elle est l'auteur d'une série de mémoires, dont une partie
est consacrée à l'histoire de sa grand'mère, la Baronne de GUStedt, fille
de Jérôme Napoléon et d'une dame d'honneur de s_a cour,~ Comt~sse
Pappenheim. La Baronne de Gusted~ passa une parue _de sa Jeunesse a la
Cour de Weimar, à l'ombre de Gœthe et semble avoir été uoe femme
hors ligne en même temps qu'une figure des plus attachantes.
.
1. « Ce sont là, dit-il à propos de Suger et des avéroïstes, « les esprits
à deux vérités, ce que pourtant je tiens pour uue échappatoire, puisqu'aussi il leur était impossible d'avouer qu'ils niaient la bible. »

NOTES

.allure de marche, et parfois avec bondissement, rien de languissant, rien qui ne soit nerveux, vivant, senti, point de remplissage ; ceci mérite mention dans un pays où la bonne prose
est aussi rare qu'en Allemagne. Dès avant sa douzième année,
on trouve, dans ses descriptions de nature et de paysages surtout,
des passages d'une réelle beauté plastique et poétique et de la plus
~lerte invention. Aussi n'est-il pas le moins du monde encombré, alourdi ou entravé par l'énorme bagage d'érudition qu'il
porte tout entier pourtant, et dont il tire à chaque instant les
matériaux de son jugement et les occasions de ce discernement
presqu'infaillible par où se révèle son précoce génie. Son esprit
critique est éveillé dès l'âge de neuf ans ; dans une lettre où il
exprime à sa mère toute l'enfantine admiration où le plonge un
livre que celle-ci vient de publier (précisément l'histoire de sa
bisaïeule, fille du roi de Westphalie), il ne lui épargne pourtant
pas cette réflexion pleine d'indépendance et de sagacité : « Une
-chose m'étonne, écrit-il, c'est que tu aies précisément choisi
le plus affreux des portraits de Jérôme ... ; s'il avait cette tête là,
il ne peut avoir été le Jérôme que tu dis, et l'un de vous deux, de
toi ou du peintre, a dü se tromper. »
Déjà les problèmes religieux le préoccupent : il s'analyse et
.inalyse les autres. « Quand je me domine, écrit-il à 12 ans, c'est
toujours signe de chagrin profond, tandis que pour des riens
,que je ne trouve pas la peine de comprimer, je me laisse facilement aller, et même il m'arrive de jouer un peu la comédie. »
A un petit camarade:« Tuas beau te retourner comme tu veux,
ton élément c'est l'affection, et c'est là, je crois, ce qui te manque
là-bas. Je vais t'en donner un exemple. Lorsque tu étais, l'autre
soir, de si méchante humeur, A. t'a dit : tu as Je droit d'être de
mauvaise humeur, mais pas ici. A sa place j'aurais fait ceci, j'aurais prononcé ton nom, et t'aurais regardé longuement, te rappelant ainsi à la conscience du meilleur de toi.» Il trouve, comme
solution à un thème de composition, que Wallenstein est sympathique (unserem Herzen nahe) non pas malgré, mais à cause
de sa trahison, par où il est plus humain que ne le sont généralement les persoanages de Schiller.
« Nietzsche, » dit-il, « si paradoxal que cela paraisse, se tient debout sur les épaules de Luther. » A un autre petit garçon qui va
entrer dans cette école dont lui-même n'avait pu s'accommoder, il
16

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
NOTES

conseille de se réserver autant que possible, « tout en paraissant
transparent comme du verre ,&gt;. « Tu as d'excellentes idées, »
écrit-il à ce même petit ami, &lt;&lt; mais ta forme n'est pas toujours
si.ncère. Si tu n'y prends garde, ce défaut peu à peu détruira toute
l'authenticité de ta pensée :o; et plus loin: « Tu sembles poser en
axiome que nous sommes des enfants prodiges (Wttnderkinder),
or cela n'es.t pas du tout le cas. Les enfants prodiges so11t des
êtres qui ont poussé trop vite en serre chaude et qui généralement défleurissent rapidement sans porter aucun fruit. :o
A treize ans., la lecture de Zarathous.tra lui arrive comme une
grande aventure : c: J'ai le vertige, je tit~be, je perds le soufRe. Je
ne veux pas en ,parler, j'en suis incapable : sans doute faut-il
abattre un bon morceau de travail systématique, et même pédant, pour n'être pas complètement démoli par un pareil non
plus ultra» ; et voici un passage qui peint bien la qualité de
sou enthousiasme : « Lorsque j'eus achevé ce chapitre, au lieu
d'en recommencer un .autre, comme j'en avais eu d'abord l'intention, je me suis lancé dans ma grammaire latine et j'ai bûché
comme un fou. » Il s'emporte contre ceux qui prennent prétexte
de Nietzsche pour excuser leurs basses passions, leur paresse et
leur décadence. Et il cite : &lt;&lt; De toujours essayer d'affubler de
quelque prétexte moral leurs vilenies me paraît être un défaut
congénital des Allemands. »
Les lettres de Van Gogh le bouleversent au même degré que
Nietzsche : ,&lt; Ce sont deux socs de charrue qui vous traversent
et vous labourent». Burkhardt le passionne, et dès un premier
voyage en Italie, il fait sur la peiuture et l'architecture des
réflexions aussi originales que judicieuses. Fra Angelico le
transporte: {{ C'est si beau, dit-il, qu'on en oublierait la vie. Mais
non, au contraire, c'est à la vie que cela vous ramène», paroles
caractéristiques de la façon dont il accueille la culture ; rien
dans cet esprit frémissant et fertile ne reste abstrait. Tout s'y
vivme aussitôt et s'y relie-livres poussiéreux et textes ardus ne
sont pour lui que vaisseaux de la plus concrète réalité où son
âme aussitôt baigne, évolue et se nourrit.
Jusqu'à sa quatorzième année, l'auteur de ce recueil posthume
nous attache surtout par la curiosité que nous inspire une précocité presque à la Pascal. Mais à partir de ce moment là, nous
sommes retenus par sa valeur intrinsèque, par la nouveauté et

24)

la puissance des aperçus aussi bien que par ce qu'il nousapprend
sur la g~nér.a~ion nouvelle, ou plutôt sur ce que pourrait être cette
général½_-00, s1 elle avait la force de tirer toutes leurs conséquences
des grands ~ouleversem_ents de valeurs que la précédente a réalisés. M. Thibaudet a fait récemment ici mAme
de JU
· d.1.C1euses
·
s:
r~~:ques ~ur les_frontières. mouvantes du concept de généralto~, tl serait puénl de restreindre celle du jeune Braun à la date
' . qm p.ar ex~mple désignerait sa classe de recrutement, et seul un
terme aussi vague que celui de génération post-Nietzschienne
ou d'autour &lt;le 1900, laisserait un espace suffis.antà la fluctuatio~
d'une réalité qui a des écarts de marée d'équinoxe.
De fait Nietzsche, né en 1844, a précédé de deux durées de
30 ~ns la naissance des plus jeunes recrues de la o-rande QUerre
0
et p ourtant 11 ne cesse pas d'ê tre précurseur, et comme
t&gt;
le Jean-'
Baptiste d'un temps qui n'est point parvenu encore à enfanter
son Messie.
Païen du mouvement le plus spontanédesonàme, Otto Braun
no_us offre l'exemple d'un jeune cœur, purement, franchement
et Joyeusement épris de vertu, et conciliant si naturellement
celle-ci avec une totale liberté d'esprit, que nous voici tout
ébranlés dans l'espèce de défiance où précisément notre hésitante ~poque ne peut s'empêcher de tenir l'indépendance si
elle pnse la vertu, et réciproquement.
_tr. C'est signe de faiblesse », dit une page du journal de sa
s~1z1ème année, « de ne rien faire que par réaction. Puissé-je cont~nuer de me souvenir de l'exigence formulée au début de ce
livre: « Porter son poids et sa mesure en soi-même ». Et, sold~t de r7 ans,_ du front il écrit à sa mère : « Ce qui, ces temps_
c1, ~e d~nne JUstemeot le plus de force etde joie, c'estque tous
les Jours Je sens davantage combien organiquement et parfaitement m'appartient ma vie antérieure. Il est certain que nulle
génération, qu'aucun individu n'échappe à la discussion avec
la génération précédente. Moi aussi j'ai passé par là, secrètement et dans le silence ; mais il me semble tout aussi évident
q~e c~tte contestation ne doit pas nécessairement prendre forme
d aussi cruelle ruptùre que dans ton cas 1 • Car s'il est vrai que
_I • Sa mère, belle autant que brilla me, s'était, à l'âge de 30 ans. completem~t séparée des siens et de Ia caste d'aristocratie militaire, où
elle étart née, pour se lancer dans le socialisme militant.

�244

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ces luttes favorisent certains développements, elles impliquent
d'autre part le gaspillage de bien précieuses forces ... »
« Comme j'aurais aimé l'ivresse», dit-il ailleurs, après la lecture
d'une brochure abstentionniste, o; si j'étais né à une forte époque,
mais la nôtre est si dégénérée physiquement que l'abstinence
devient une nécessité à laquelle il faut se soumettre, car chacun n'a qu'un minimum de droit à vivre pour lui-même. »
L'innocence de son paganisme n'est pas inconsciente pourtant : « C'était une journée divine » dit le journal de son second
voyage en Italie, « après le dîner je suis allé dans les vignes et
me suis étendu nu au soleil. J'ai rarement éprouvé pareille
volupté. Tous les olympiens sont descendus vers moi, Aphrodite en tête du cortège, malgré cela, ou plutôt précisément à
cause de cela, tout est infiniment pur, joyeux et beau. »
Ailleurs « j'aime trop l'Hellade, ce qui est grec, ce qui est
limpide (non point bien entendu ce qui n'est que rationnel)
mais ce qui est corporel, la ;vie des peuples et des philosophes
combatifs et sensuels comme le furent les Grecs et Nietzsche,
pour pouvoir me plaire à une religion vague et sans corps )&gt;,
Remarquons ce trait souligné plus d'une fois, l'horreur du rationalisme, trait nettement Nietzschéen, et commun à la partie la
plus généreuse de la jeunesse d'aujourd'hui, tout comme l'horreur du mysticisme, lequel lui inspire un instinctif éloignement. Par la seule grâce dt! ses dons, cet argonaute enfant double sans effort ces deux écueils d'une époque sans boussole, et
arrive tout naturellement à la plus courageuse conception de la
vie, celle qui, portant en soi toute joie, en accepte sans restriction les risques, l'inconnaissable, - qui ne demande ni arrhes,
ni garanties, ni récompense en échange du don total de soi. A
quinze ans, le voici qui souscrit plein d'admiration à ce passage
de Humboldt: « 11 n'y a point de sentiment plus élevé ni d'une
plus noble piété devant l'insondable, que celui qui fait Hector
s'écrier « Car le jour viendra où la sainte Ilion sera détruite »,
sans pour cela le détourner un instant de l'héroïque lutte. »
Ouvert et sensible à tout bonheur (son journal n'est qu'un
grand cri de joie et de ferveur) l'aspect d'une œuvre d'art, d'un
monument harmonieux, d'un bel enfant qui passe, un poème,
une idée qui naît en lui, le soleil chaud dans une rue, suffit à
l'emplir d'ivresse. Par contre il n'a que mépris pour la volonté

NOTES

mal ~ntraînée de ceux dont la joie intérieure est ternie par les
c~ntmgences : ~-n cie! gris, la société de gens antipathiques, de'
laides rues ou d 1nfert1les lectures. « Que toute impression de
beauté me trouve ouvert et disponible)&gt;, s'écrie-t-il, &lt;( et vibrant
comme un arc, que toute laideur coule sur moi comme de
l'eau, voilà l'idéal auquel je vise. »
« Ma ferveur en tout ne cesse d'augmenter, confesse-t-il à
seize ans, et combien important m'apparaît à la fin de cette
année le développement progressif en moi de l'idée de Dieu. »
Depuis sa petite enfance il écrit des vers, et compose des
poèmes dont plusieurs assez importants. Il y en a qui sont
d'une grande ardeur et arrivent à une réelle beauté de forme
ma~s ils témoignent de plus de précocité que d'originalité. Le;
meilleurs soAt ceux où on sent l'influence de Gœthe, de Rilke
ou des néo-classiques. Fleurs d'une exubérance de jeunesse ils
deviennent moins bons à mesure que leur auteur grandit et i'on
se rend compte qu'il n'était pas tant né pour rêver que pour
être et pour agir. Tout jeune déjà, le passionnent les questions
soc~al~s et l'idée de l'Etat. Ses aperçus sur la politique et le
soc1ahsme sont pleins d'intérêt. Il se documente, péniblement
souvent, et avec le plus grand soin, faisant des travaux de statistiques, lisant d'arides traités, discutant avec son père r. A
quatorze ans, il s'inquiète de la productivité de l'Allemagne en
denrées alimentaires, de ce qui arriverait si on établissait le
blocus autour d'elle - et prévoit ce qui devait se réaliser cinq
ans après.
cc Ce n'est que parce que les hommes sont naturellement inégaux qu'il faut leur donner des chances égales de développement », écrit-il, et ailleurs : c&lt; Ne serais-je partisan de l'Etat
socialiste que dans l'attente de voir les hommes y vivre heureux
et plus satisfaits? Je crois bien au contraire que cet Etat sera de
l~tte cont,i_nuell~ et de danger, d'inquiétude et de folie, de passions et d impatientes volontés, qui en se refroidissant se cristalliseront en d'immortels contours. Quiconque cherche le
calme et la commodité, qu'il choisisse l'absolutisme éclairé ou
une forme modérée du constitutionalisme, mais non point l'ar1. Le docteur Heinrich Braun, un théoricien distingué du socialisme, qui a édité plusieurs revues sociales.

�l♦f&gt;

denie fournaise de l'Etat à venir que nous r~ons. L'objet de ma
j,lus inti me ferveur, de ma plus secrète flamme, de ma plua
profonde foi et de mon suprême espoir n'a point changé. C'est
toujours l'Etat. Bàtir l'Etat comme un temple, l'ériger avec
force et purett, qu'il se maintienne par son propre poids, sévère
et sublime, mais plein de sérénité aussi et entouré de clairs
portiques comme sont les- demeures des DieUJ:. •
.
Et dans les loisirs que lui laisse une blessure de guerre il
conçoit sur l'Etat un important ouvrage en trois volumes qui
devait comprendre : l'histoire des diverses théories de l'Etat,
puis celle de la succession de ses formes. au cours du devenir,
enfin l'esquisse de: ses formes actuelles et futures, de sa nécessaire forme nouvelle.
La partie des Nad,gelllSSene Scbriflm la plus importante, la
plus susceptible surtout d'intéresser des lecteurs français, est
œl1e qui de va de 1914 à 1918. Quoiqu'il y soit plus souvent
question d'idées, d'art, de politique ou d'histoire que de
batailles, c'est là un des rares beaui livres de guerre du cbti
allemand, et d'un niveau à pouvoir se mesurer avec certains
récits de combattants français.
Dès les premiers jours d'aollt (il venait d'avoir dix-sept ans)
Otto Braun se présente comme volontaire. L'affluence est si
grande qu'il faut l'intervention de Mackensen, ancien aide de
camp de son grand-père Kretschmano, pour lui obtenir la faveur
à'~tre enrôlé.
Il est tout bnîlant d'amour pour sa patrie, mais sans infatuation.
« Je suis persuadé », écrit-il, c que l'Allemagne ne peut
périr, quoiqu'au contraire de nos braillards, je fonde cette f~i,
non sur le sentiment de notre supériorité ou de notre savo1rfai~ mais sur l'idée précisément de notre imperfection, de
'
notre inachèvement.
- L'Allemagne que nous portons dans notre cœur n'a pas pris
forme encore. Nous n'avons satisfait à notre destinée ni dans
les arts ni en poésie; surtout n'avons-nous pas réussi à dessiner
notre vie, la tiche qui nous est échue est plus difficile que celle
d'autres peuples parce que nous sommes plus multiformes et
plua divisés... c'est dans cet esprit là que je pars pour me battre,
pour défendre notre bien le plus sacré.•. Il me paraît vil etsot

.

247
de se ménager. • Nous voici loin du pacifisme, de l'exode en
Suisse des intellectuels de l'opposition dont certains pourtantsi
coaageuL Mais àdix-septans, cette attitude n'est-elle pas la plus
naturelle?« Quelle funeste erreur », s'écrie+il, c de croire qu'il
n'y ait rien vis-à-vis de quoi on ne soit obligé i une opinion, à
mt point de vue. Je tiem pour absurde, en présence du dieu de
la guerre, de vouloir prendre. parti, - on ne peut que pleurer,
prier, aimer, haïr, sacrifier sa vie ou en commencer une nouvelle. • Il ne pense pas un instant à se croire au-dessus de la
mélée. Pour r~n: si natutd qu'était Otto Braun, si naturellement et si ardemment épris de la vie, la plus grande somme
de sacrifices c'est dans la mélée qu'il la trouvera.
c Tout comme je supporterais difficilement de rentrer au
foyer en ce moment » (il n'avait encore été qu'une seule fois
au feu) c tout autant», écrit-il, « Ge vous le dis ouvenement
car vous savez que je ne manque pas de courage) la pensée
m'est insupportable que je puisse étre tué dans l'éœt où je me
trouve maintenant. »
La caserne comme la tranchée, où il porte toute son ardeur
et sa soif intéllectuelle entière, où ne le quittent guère les plus
hautes prœccupations de culture, de morale et de politiq11e, lui
sont écoles de vie. En très peu de temps, l'adolescent y devient
un homme, et presqu'un saint, et déjà on sedt en lai l'étoffe du
chef, de l'homme d'état, du législateur. A cet enfant de qui
amour de parents d'élite avait éloigné jusque-là tout contact
avec la basaesse et la laideur humaines, la dureté de la ca.seme,
et d'une casernct prussienne, la scandaleuse injustice de chefs
« boches • dans la pire acception du terme, n'arrachent paa
une récrimination •. Là où il ne peut plus en sourire, il se
félicite que la guerre apporte un tel contrepoids à, son éduca-

r

1. • Le langage odieusement injurieux des sous-officiers (rie11 ne peut
vous en donner une idée) si offensant pour l'honneur personnel, combiné avec Je service d'écurie, est d'une valeur éducative incomparable.
On apprend à tout supporter et à se dominer parce qu'il le faut. 11
(Lettre à ses parents). Les officiers du 21e chasseurs à cheval où Mackensen l'avait fait entrer, souffrent mal ce fils de socialistes militants
qui, à leur avis, dépare le régiment, - ils l'accablent d'ignobles chicanes et le poursuivent de aiantes injustices, le forçant fuiaLement à
demander son déplacement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tion d'exception. Il n'en comprend que mieux d'ailleurs quel
Eden avait été son enfance, et sa touchante tendresse pour ses
parents s'en augmente. « Le service militaire continue de m'enthousiasmer, presque trop » écrit-il, à un moment difficile,
« puissé-je le supporter physiquement. "D'exceptionnelles qualités militaires qu'on lui découvre ( coup d'œil stratégique, sens
d'orientation, jugement, autorité) lui valent un avancement
rapide et des responsabilités. La mort de sa mère le plonge dans
un abîme de chagrin - il voit tomber autour de lui les meilleurs de ses camarades, peu à peu, l'avenir de son pays lui
paraît mis en question, les agissements du gouvernement,
l'orientation des jeunes tsprits de sa génération l'inquiètent 1 ,
une ' blessure particulièrement douloureuse et une névrose du
cœur abattent pour un temps sa vigueur physique, mais rien
n'a raison de sa force d'âme, de sa sérénité, pas même les tourments quotidiens de la vie des tranchées ni les horreurs de tant
de massacres.
Chaque fois que dans ses lettres il lui a.rive de prendre un
ton plus exalté ou plus grave en parlant de lui-même, il s'excuse de glisser dans le pathétique. Il est au-dessus des contingences, - et cela sans affectation, tout comme les jeunes soldats
français, il a la pudeur de ses souffrances et de son héroïsme.
On ne voit pas ce qui pourrait le distraire de ses préoccupations
d'ordre spirituel. Il y apporte cette amplitude d'horizon, et
l'abondante documentation qui caractérise l'intellectualité de
son pays, mais son esprit est constamment dominé par l'idée de
la forme, et sans cesse occupé à élever des barrages critiques
dans cet info;me illimité où se noie trop souvent la pensée allemande. C'est en cela qu'il est si plein de promesses, si exceptionnel parmi ses compatriotes.
Tout effervescent, il s'efforce au calme et vise à la mesure. Il
note dans son journal: &lt;t Si mon esprit n'est pas encore parvenu
à se débarrasser entièrement de cette manie plébéienne qui consiste à se jeter avec une beaucoup trop grande avidité sur trop
d'objets divers, je suis cependant bien en train de la refouler
dans des limites convenables. » Et à ses parents : « L'ardent
r. Combien pathétique cette lettre à ses parents : « Je suis comme
celui de qui on dilapiderait le patrimoin~, tandis qu'il se bat au loin ».

NOTES

249

besoin de forme que j'avais avant la guerre ne fait que se renforcer ici ... Ma haine va grandissant de ce qui n'est que d1i au
hasard, fabriqué arbitraire - de ce qui est négatif, bavard et
répandu, périphérique au lieu d'être central, de tout le remous
romantique opposé à ce qui est construit et fondé organiquement ... Partout l'informe m'est contraire, que ce soit dans les
plus petits détails de l'existence quotidienne ou dans les
domaines les plus élevés... »
De là son amour de la Grèce, et peut-être son goût si prononcé de l'art militaire. « C'est un délice incomparable de se
replonger dans les flots cristallins de !'Hellade éternellement
aimée », écrit-il après une lecture d'Homère, lors d'une permission durant la guerre. « Seule la forme est belle, donc réjouissante et bonne. ))
Par la volonté de ne pas s'attarder au passé, par l'absence de
tout découragement romantique, de tout regret stérile, de toute
lamentation lyrique, par le peu de cas qu'il fait de la destinée
individuelle, alors que pourtant l'individu lui paraît par-dessus
tout important, par un optimisme non point béat mais plein de
hardiesse, Otto Braun est exactement de sa génération, de ceux
qui naquirent très près du changement de siècle. La jeunesse
activiste de l'Europe nouvelle peut le réclamer comme un des
siens, - cette jeunesse qui veut agir et créer, qui accepte la
réalité et ce principe de « l'amor fati » par où Nietzsche sort
victorieusement du romantisme.
Cependant à ne le comparer qu'avec de jeunes Français d'un
niveau approchant, nous lui trouverons je ne sais quel sérieux
un peu trop soutenu, quelque noblesse dont nulle plaisanterie ne
tempère jamais le port un peu monotone, quelque chose d'appliqué, excluant le jeu divin de l'entière gratuité.
Question de tempérament national - et aussi d'une langue
qu'aucune société élégante dans le passé n'a criblée et dépouillée.
Ceci, tout comme les fréquentes préoccupations métaphysiques,
le souci de tout rapporter à un suprasensible qui ne serait pourtant ni mystique ni chrétien, le fait bien de son pays, sans rien
enlever d'ailleurs du sens si sage et si psychologique qu'il a de
la vie. « Un homme», dit-il peu de mois avant sa mort, « ne
vaut ni par ses paroles, ni par ses actes, ni même· par ses
œuvres, mais uniquement par ce qu'il est, au fond et dans son

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

essence ». Et pourtant il serait absurde de vouloir dès l'abord
composer sa propre vie en exemple - prendre pour point de
départ ce qui ne peut en être que le suprême aboutissement. Ce summum ne peut être obtenu par aucun effort : c'est le don
gratuit des dieux à celui qui est sans intentions : Il sera à jamais
inaccessible à tout vouloir impétueux.
&lt;&lt; Sans intentions, » le mot s'applique assez exactement à
ce mince recueil de souvenirs. Fait de pièces et de morceaux,
pas une page n'en était destinée à la publicité et quel poignant
et pathétique exemple il propose aujourd'hui à la jeunesse en
déroute d'un pays vaincu t - Au point de vue purement intellectuel, il constitue une véritable petite encyclopédie des problèmes de culture autonr desquels se passionne la conscience
allemande depuis vingt ans.
En face de ce jeune esprit si noble et si parfait, se plaindrat-on d'une certaine absence de contours, qui n'est due peut-être
qu'à l'absence même de défauts ( ou réciproquement)?
Dans cette riche matière spirituelle, point de vides, ni de ces
découpures qui accentuent le caractère et donnent une physionomie particulière à la silhouette. Un jeune arbre fruitier
au mois de mai, éclatant et noyé dans le miracle profus de ses
fleurs, peut donner comparable impression de splendeur égale
et indéterminée. Otto Braun, malgré la précieuse goutte de
sang latin qu'il a dans les veines, est bien un phénomène typiquement allemand - et combien il se voulait tel, - bien de ce
pays ou les esprits se dégagent difficilement de leur gaine trop
cossue, et à qui il faut un Goethe là où, en France, un Montaigne souvent suffit.
Tel qu'il est, et si le peu qui reste de lui pouvait être rendu
accessible à des lecteurs français, nul doute qu'il ne s'en trouverait quelques-uns pour accorder à ce jeune combattant ennemi
l'hommage et le regret qui lui sont dus.
ALAIN DESPORTES

LE MIROIR DES LETTRES, par Fernand Vandérem
(Flammarion).
M. F. Vandérem vient de réunir en un second volume
ses chroniques de la Re-vue de Parfr, qu'il continue à rrrésent

NOTES

dans La Rev_ue de France, où etles sont su1v1es par un nombreux public. Elles ont en effet le grand mérite d'être pleines
de substance et de n'être pas ennuyeuses. Il y a encore ceci,
q~e Fernand Vandérem y parle de tout ce qui se publie
d ~nt~ressant, de telle sorte qu'elles sont véritablement un
m~r01: des lettre,s françai~es, et qu'elles en présentent l'hist01~e a mesure quelle se fait. Surtout, il ne craint pas d'entretenu le grand public d'œuvres dont les tendances sont souvent
très éloignées des tendanœs que représentent les œuvres avec
lesquelles ce grand public est depuis longtemp~ familiarisé, ni
de prononcer des noms qui lui sont inconnus. Précisément il use
de_ l'a~torité de, son nom et du crédit qu'il a auprès de lui pour
lm. ~aire connaitre des œmTes et des écrivains que la critique
offie1elle passe volontiers sous silence ou qu'elle tient à considérer comme inexistants (songez à Baudelaire si énergiquement
et avec tant de constance nié par F~cruet) ou à propos desquels
~Ile prononce les mots de (( petite chapelle ». 11 se trouve
JUstement que, par la suite, ce sont ces « écrivains de petites
chapelles_» qui deviennent des classiques, tandis que les autres
sont oubliés;_ c'est parce qu'ils étaient difficiles que peu de gens
les comprenaient, au début ; et tous les écrivains qui ont laissé
des œuvres durables ont été difficiles ( on les (( explique » encore
dans les collèges et sur les bancs des Universités.)11 est curieux
de co~stater qu'en tout temps la critique a beaucoup fait pour
compliquer le malentendu, et pour rendre l'auteur difficile
encore moins accessible aux lecteurs de bonne volonté ! Aussi
on est heureux de penser que les écrivains et poètes contemporains, même les plus récents, même ceux qui passent pour
les plus&lt;&lt; ésotériques&gt;&gt;, ont trouvé en Fernand Vandérem un
introducteur qui les explique et les commente avec intelligence.
Une seule chose manque à ces volumes : un index, qui serait
utile à la fois aux lecteurs actuels et aux futurs historiens de
la littérature française. Et puis, il sera amusant de voir, dans
cinquante ans d'ici, les noms oubliés et ceux qui ont survécu.
VALERY LARBAUD

* **

M. PAUL SOUDAY ET LA POLffiQUE.
Un bon point à M. Paul Souday? Taquiné par M. Vandérem,

�252

LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

253

LES REVUES

au sujet du Lac Salé, il réagit avec vivacité et dans son feuilleton
du 14 juillet (une date pourtant qu'il ell.t pu être tenté de célébrer par moins d'indépendance), il travaille à démontrer la
parfaite pureté de ses jugements esthétiques et en particulier
l'esprit de haute impartialité qui lui a dicté son verdict sur
Pierre Benoit :

J'ai combattu le principe du roman d'aventures, dont M. Pierre
Benoit se réclame, mais qui le dépasse-. C'est bien une question littéraire, et non politique. Depuis le premier livre de M. Pierre Benoit
inclusivement et sans attendre qu'il eût diffamé Victor Hugo et Gambetta,
j'ai eu la même opinion sur cet habile fabricant de romans à lire en
chemin de fer.
C'est parfait et nous ne pouvons qu'approuver M. Paul Souday de répudier si nettement les préventions, dont nous avions
pu, par moments, nous figurer que sa critique n'était pas absolument exempte ...
Tout de même il nous souvient d'un article, encore bien
récent, sur Bossuet, où le catholicisme de cet écrivain l'aidait à
dégringoler un nombre considérable d'échelons dans la hiérarchie des grands classiques.
Et, malgré les protestations que nous venons d'enregistrer,
avons-nous vraiment la garantie, que si Pierre Benoit n'avait
jugé bon d'ajouter à son dernier roman le piment incongru de
l'allusion politique, M. Paul Souday en etî.t aussi bien découvert
et dénoncé la camelote?
JACQUES RIVIÈRE
*

* *

humain est sujet à critique, comme tout bien politique est mêlé de
mal, comme Fénelon pense avec honnêteté et indépendance, voit souvent clair dans les fautes d'autrui, écrit éloquemment, nous sommes
tout disposés à admirer cette œuvre critique, à y trouver du bien et du
vrai. Investi d'un pouvoir spirituel, il reste dans son droit et dans son
devoir en signalant les manquements des hommes d'Etat à la loi de
l'Evangile, en dénonçant à un roi les éléments d'injustice et d'orgueil
qui peuvent se trouver dans sa conduite politique aussi bien que dans
sa conduite privée. Bossuet a pu dire que le Télémaque n'était pas d'un
prêtre ; mais nous pouvons bien estimer qu'il était plus d'un prêtre de
rappeler à Louis XIV l'exemple de saint Louis, comme Fénelon, que
de l'enorgueillir, comme Bossuet, des noms de nouveau Constantin et
de nouveau Théodose. Quand Louis XIV, à son lit de mort, déclare
devant Dieu qu'il a trop aimé la guerre, que fait-il d'ailleurs, sinon
donner raison à Fénelon prêtre et directeur de conscience ?
Mais si Louis XIV a pu être parfois entrainé par les illusions du pouvoir et par celles que le pouvoir impose autour de lui aux miroirs qui
le réfléchissent, Fénelon critique de Louis XIV n'est-il pas entrainé
par les illusions qu'implique la critique chez celui qui la fait et chez ceux
qui l'admirent? Ces illusions consistent à croire que celui qui est capable
de signaler des défauts est capable par là même de remédier aux défauts
qu'il signale, que l'aisance dans la critique implique la facilité dans l'art.
Or l'expérience nous démontre qu'il n'en est rien, que la loi de la division du travail joue ici parfaitement, que la capacité de voir les fautes,
quand on n'est pas au gouvernail, ne devient nullement, quand on y
est, la capacité de les éviter. Un excellent critique littéraire ne sera très
souvent qu'un artiste médiocre, et réciproquement. En politique il en
est de même.

.

,. •

LES REVUES
FÉNELON CRITIQUE
Albert Thibaudet, repris par M. Charles Fontaine sur diverses
critiques qu'il avait adressées à Fénelon, répond dans la REvuE
CRITIQUE DES IDÊES ET DES LIVRES (25 mai);
•
L'illusion à laquelle nous cédons quand nous voyons en Fénelon les
capacités d'un homme d'Etat et. l'étoffe d'un grand ministre, est d'ailltlllrs naturelle et fréquente et peut devenir dangereuse. La pensée politique de Fénelon nous apparaît dans l'ensemble comme une critique,
une critique obstinée, adroite, éloquente, de l'œuvre de Richelieu, de
Louis XCV et des ministres de Louis XIV. Et comme tout ce qui est

IN MEMORIAM
Les CAHIERS n'AUJOURD'au1 publient, dans leur numéro de
mai, de nouveaux souvenirs de Paul Léautaud :
J'aime écrire. De tous les plaisirs que j'ai essayés : promenade, conversation, amour, - il y a le voyage, que je ne connais pas et que je
ne connaîtrai probablement jamais, - c'est celui qui reste le plus vif.
Les quatre murs de ma chambre, ma table de travail, deux bougies
allumées, une plume, de l'encre et du papier : l'univers n'existe plus.
Mon défaut, c'est que je n'ai pas d'invention, qu'au reste j'apprécie
peu. J'aime les sujets vrais. Pas de roman, si beau soit-il, qui vaille
pour moi une histoire sur des faits réels, avec des héros pour de bon.
Dans ce sens, j'ai un grand gofn pour les anecdotes : aucune fable,

�LA NOUVELLE REVUE FR.ANÇAISE

elles peignent les hommes tels qu'ils sont. Er pour étre franc tout à fait,
rien ne me plait plus que d'écrire pour me raconter et revivre, en
l'écrivant, ce que j'ai vécu, ou pour peindre et raconter ce que j'ai vu.
J'ai été pendant douze ans critique dramatique. La plupart des pièces
que j'ai vues étaient si fausses dans leur fond comme dans leur forme ,
qu'au lieu d'en rendre compte je parlais généralement d'autre · chose.
li para1t que cela m'a fait une petite réputation, tant la mode s'est perdue d'un écrivain évitant les phrases, la morale, les opinions admises,
même tout intérêt de réussite, pour n'écrire que ce qui lui convient,
sans souci de plaire ou de déplaire. Aujourd'hui cette critique dramatique est finie. Pour me donner à moi-même la comédie, une comédie
vraie, celle-là, j'ai bien envie de mettre au net un récit que j'ai écrit
autrefois à propos de la mort de mon père, dans lequel je racontais ce
que je sais de sa vie.

LES REVUES

J'ai tiré également un grand profit de son habitude de coucher avec
ses bonnes, d'installer chez lui la première venue, une partie une autre
la remplaçant aussitôt. Là aussi, d'ailleurs, il mettait la plus grande
aisance, je le montrerai plus loin. Elle me ferait totalement défaut, et
par caractère comme par goùt, je n'ai jamais pu l'imiter.

• ••
L'ENCRIER
de Roger Dévigne est une revue délicate et charmante. Les contes s'y appellent : Ma mere I'Oye, ou le jeune
homme aux ailes d'or, et les poèmes : Qui n'atteud la 11eige ... Le
Tisserand ... Petitspoèmes rustiques. Un même goilt du vieillot, des
enchantements, du naïf, du travail de l'artisan, unit à Léon
Baranger, à Jean Saint-Guy, au graveur Deslignères, Jean
l'Olagne qui écrit :
L'ENCRIER

Je ne sais rien de ses premières maitresses, Je n'ai vu d'elles que
quelques photographies, qu'il gardait dans un coin de son armoire. Sur
ce sujet, je ne peux parler que de quelques-unes des autres, depuis ma
tante Fanny et ma mère, les deµx sœurs, jusqu'à la dernière, ma
belle-mère actuelle. li termina plutôt fâcheusement, avec cette liaison,
sa carrière de séducteur, après le passé qu'on lui prêtait. Avoir pu se
plaire dans ce compagnonnage, quand il avait, au théâtre, sous les
yeux, des femmes jolies, gracieuses, élégantes ? Manquait-il donc à ce
point de goût et de finesse ? C'est avec cette dernière maîtresse qu'il
se donna enfin l'originalité de se marier, après quinze ans de ménage
et à plus de soixaàte ans d'âge. Il est vrai de dire qu'il ne le fit pas de
bonne grâce.
Ma belle-mère me faisait bonne figure, se radoucissait, en ma présence, à l'égard de mon père, et, en secret, pensait bien me dépouiller
aussi d~ ma part, pourtant bien minime, d'enfant naturel. Il fallait voir
sa figure, quelque temps apres la mort de mon père, quand je sollicita1
d'elle quelques explications et qu'elle dut constater que tous ses calculs
n'avaient serYi à rien à mon égard. Je crois bien qu'elle n'en est pas
encore revenue et n'en reviendr,i jamais. Pour elle, c'est elle l'honnête
femme et la victime, et moi le fripon. Je ne lui en ai d'ailleurs jamais
voulu le moins du monde. C'est le bon côté de mon caractère I Je me
moque de beaucoup de choses I Je m'amuse de beaucoup d'autres I Se
fâcher ? En vouloir ? Ne jamais pardonner ? Seigneur ! Je n'ai pas
tant de passion. Mon père mort, elle s'est trouvée dans l'embarras,
toutes ses ma11igances se trouvant retournées contre elle. Elle m'a
demandé plusieurs fois mon aide ou mon appui. Jamais je n'ai refusé.
J'avais une sorte de pitié d'elle comme si elle m'eût été étrangère. A
1a fin, pour je ne sais quelles excentricités, elle s'est fait enfermer. Au

255

reste, j'ai tiré grand profit, à ma façon, de toutes ces histoires. Voilà ce
que c'est que de savoir regarder et retenir, tout jeune. Mon père luimême m'a été d'un grand exemple, Dieu sait s'il s'en doutait peu l .....

I

Abritons-nous, Fa11cho11, le picvert a crié.
Vois : il pleut sur tes Ùvres.
Abritons-nous tkssous le chaume décrie
De fulot, grand chasseur de Uhns.
Il chasse en con trebanàe
Les gemlarmts l'attendent ...
- Parlè-je pas trop haut ? Et ]11/ot ne vient pas ...
- T'aime-je pas trop bas ? ... On marche sur les eaux.
Les « amis des fées » ont pris le temps d'installer, à côté de
leur table à écrire, une table à composer et une machine à
imprimer : le numéro r2 de !'ENCRIER vient donc de paraître
avec un assez sérieux retard. Roger Dévigne, dans un article
d'un grand sens, y parle de l'art etdu public.
*

* *
I. 22,

quai de Béthune, Paris.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA RÉSURRECTION DE L'ÉPIGRAMME

N. R.F.
Ils consentent qu'on touche à Proiist, à Gide même
Qu'on déprise Claudel on Valéry-Larbaud (sic)
Mais ils s'insurgent tom et lancent l'anathème
Dès qu'on ne trouve pas de Valéry l'art beau.

Ceci est une épigramme. La Décade prétend ressusciter le
genre. Elle n'est encore qu'au tout commencement de sa tâche.
*

* *
LE CRAPOUILLOT
LE PRODUCTEUR

MEMENTO

(1e 1 juillet) : Binet-Valmer, par Jean Bernier.
Guin) : L'enseignement de la langue maternelle, par

LE

•Charles Bally.
LA REVUE DE GENÈVE

Guillet)': Paul Valéry, par Daniel Halévy.

*

*

*

NOTE
Dans le titre de la note que Valery Larbaud consacrait, le
mois dernier, au Paludes d'André Gide, nous avons omis de
signaler, à côté de l'édition de luxe ornée d'es bois de Roger de
La Fresnaye, une réimpression courante de cet ouvrage dans le
format de la .Symphonie Pastorale, des Nourritures Terrestres et
-0'Isabelle. C'est à cette édition que se référait Valery Larbaud.

LE GERANT : GASTON GALLIMARD.
AllllEVILLE. -

JMPRIMERIE P. PAILLART.

CA RN ET

DES ÉDITEURS

�2

LE

CARNET

DES EDITEURS

BEAUBOURG: M. GRETZILI, PROFESSEUR DE
PHILOSOPHIE, roman. 1 vol. in-18 à 7 fr.

MAUR1CE

1•

M. Gretzili est au seuil de la vieillesse. Jusqu'alors il n'a
guère cru à la vie. Ses jours se sont usés à diriger une institution de banlieue et à professer la philosophie. Il n'a connu de
l'amour qu'un reflet vague parce qu'il ne l'a point voulu voir
quand sa femme le lui offrait. Car s'il rêvait parfois auprès
.d'elle d'un em barquemeot pour Cythère, c'était au profit d'une
thèse et l'arrivée se produisait devant l'Académie ou il recevait
une couronne. Maintenant, Mme Gretzili est morte; ce matin de
r•r janvier il se prépare à visiter sa tombe et à l'aller fleurir d'un
petit bouquet de roses de Noël. Une sorte de charme le captive
-dès son réveil. D'abord une voix inconnue qui appelle : « Stanislas! » et le trouble; puis, à la gare de Rosny, cette rencontre
de la jeune fille, sa première vraie rencontre.
Dans un mirage la vie lui apparaît; la chimère de sa jeunesse
l'illumine. Ne dira-t-il pas tout à l'heure, parlant de lui:
&lt;t Qu'est-ce que c'est que ce vieux monsieur que je ne connais
pas, et qui promène mon âme de dix-huit ans? » Cette fille,
Près-du-Cœur, il monte avec elle dans le bateau fameux, un
compartiment de 3• en l'espèce, et la plus banale, la plus
simple mais aussi la plus meryeil!cuse des aventures se déroulera.
Il y aura des poilus conquérants, d'étranges larves: Ouistiti,
la tante Gomard, les Monstredard ; le vin blanc, les huîtres, les
cigares chez le mastroquet, l'ivresse, la Grande-Fête, tout cela
à travers l'enthousiasme d'un pauvre a111our de vieil homme.
Puis la pluie, le bouquet meurtri, la boue et cette angoissante
visite manquée au cimetière - le réveil, le remords d'avoir
trahi la morte. Pourtant il n'embrasse qu'une fois, par ruse,
cette jeune fille qui l'abandonne quand le soir YÎent, il ne
l'embrasse que parce qn'on le croit son grand-père ...
Avec des éléments grossiers, dans un cadre vulgaire de banlieue lépreuse, Maurice Beaubourg imagine une de ces Farces
étincelantes, une manière de ballet plein de gros rire, de
~hansons des rues, de vie de tous les jours, mais qui se nuance
de poignante mélancolie et qu'un indéfinissable sentiment de
détresse étreint.
r. Librairie Olleodorff, 50, chaussée d'Antin.

LE

CARNET DES EDITEUR~

3

ERNESTA STERN (MARIA STAR) AU SOIR DE LA VIE,
pensées. r vol. de 60 pages 1 •
L'on retrouve dans Au soir de la vie la même prose nette et
vaporeuse à la fois, la même pensée élevée et subtile que nous
aimions dans Autour du cœur ou dans les ChailleJ de jlmrs.
Il semble seulement que le frisson d'un émoi passionné qui par
instants les traverse soit, dans ce dernier ouvrage de Mm• Maria
Star, plus violent et plus pur qu'il n'a jamais été. Que le pathétique puisse être l'étoffe même de la vie, l'ornement de chaque
moment - et non pas seulement la parure des jours les plus
rares - les philosophes ne manquent pas, qui l'ont démontré.
Mais plus près de nous, .Mme Maria Star, à chaque page de son
livre, anime, vivifie ce pathétique, le mêle à. notre âme:
Pour que nos actes aient toute leur valeur, il faudrait prêter à
chacun d'eux l'exaltation qu'on donnerait devant la mort au derôjer
acte de sa vie.

Chaque page a de telles surprises : on les voudrait toutes
citer. Sur le caractère et sa formation, sur le cœur, l'amour,
l'au-delà, les aphorismes qui nous sont proposés, dans le même
temps qu'ils surprennent par leur nouveauté délicate, touchent
notre sens le plus intime de la vérité, ou du devoir. Leur ingéniosité même ne dissimule nul sophisme. lis ne se font aimables, ironiques, raisonneurs que pour nous émouvoir d'une
façon plus durable :
11 n'y a rien de superflu sur la terre : on peut même utiliser les dtlfauts
des autres.

Ou bien:
Pour pouvoir se tolérer dans le mari:ige, il faudrait posséder des
caracteres différents et des goûts identiques.

Que l'âge apporte la conn.1issance de soi-même, qu'il libère
des hommes et des choses, qu'il permette de vivre de souvenirs,
d'espoir, d'apaisement, l'on n'en doute plus après avoir lu Au
soir d~ la 7. ie. Nul livre n'engage mieux à vieillir.
JEA~ DES BO~~ESFEUIL!.Er

r. Les :Edi:ions G:illu,, 15, rue de Verneuil, P1ris (7•) .

�LE w\ RNET DES ÉDITEURS
4
COMITÉ APOLLINAIRE.
Les anciens compagnons d' APOLLrnAJRE, les témoins de
sa vie, ses intimes, ont décidé l'immédiate réalisation du
projet, formé à la disparition du poète, de lui donner une
tombe durable autant que son souvenir.
Un comité a été formé, composé de : A. Albalat,
P.-A. Birot, Elémir Bourges, André Billy, J.-J. Broussan,
Cremnitz, André Derain, Serge Ferat, F. Fleuret, Louis
de Gonzague-Frick, Gaston Gallimard, Roch Grey, Henri
Hertz, Max Jacob, Léautaud, André Level, Toussaint
Lucas, Robert Mortier, Pierre Mac-Orlan, Georges Pioch,
Pablo Picasso, André Rouveyre, Jean Royère, André Salmon, Jean Sève, Soffici, Alfred Valette, Maurice Vlaminck,
F!orent Fels.
La maquette du monument est l'œuvre de Picasso.
Les peintres mettront à la disposition du comité des
toiles ; les écrivains, des exemplaires rares et des manuscrits ; les amis et admirateurs sont priés d'adresser leurs
so 1~.:Tiptions à :
S1EGE JASTREBZOF, 229, bouleYard Raspail, Paris ( 14•).

A CEUX QUI AIMENT DEBUSSY
Certains prétendent que, Debussy n'étant plus discuté, il n·y a pas
lieu de s'occuper spécialement de lui. D'autres voudraient nous faire
croire qu'il y a une mode, même eo- art, et que Debussy a fait son
temps. Nous nous contenterons de répondre à ces manifestations d'indifférence ou d'hostilité de la seule façon qui convienne ; en le faisant
jouer et bien jouer.
C'est à cette œuvre que nous vous prions de vous associer. Rares
sont les beaux concerts debussystes. Nous voudrions multiplier ces
coucerts :
10 En en organisant nous-n'lêmes,
20 En encourageant, au dehors, toutes les initiatives tendaut à faire
connaître et aimer Debussy.
Des artistes a\'ant le culte de Debussv, plusieurs entre les plus grands,
ont bien voulu déjà s'intéresser à notrê projet, lui accorder leur sympathie et nous promettre leur concours. Ils n'attendent qu'un signe de
vous. Venez vous joindre au petit groupe d'amis fidèles de Debussy
que nous formons déjà.
Il vous suffit d'envoyer vos noms et adresse à M. Armand BELOT,
175, rue Saint-Jacques.

U11 g1·oupe ,fadmfrateurs de DEBUSSY. .

tË

CARNET

DES ÉDITEURS

�t

Di'nmu
GAL11ar : QUELLE FI'RANGE ffiSTOIRE •••
U CWŒr DIS

)BAN

(nouvelle édition illustrée). Un beau vol. de 256 pages,
format 21.sx 16, avec hors-texte, pages décorées et
gardes dminées par André-Moris.,et '•
M. Jean Galmot dent l'étonnante gageure d'~, en mble
temps qu'un homme d'affaires trà en vue, un polidque puisque députi de la Guyane - et un pur artiste, dont le talent
plein d'originalité émerveillera les amis des belles-lettres. De
son roman, Qrulle llr""f' bistoir,•.• ( qui tout d'abord se devait
appeler la Yoix du vieux,,_,.), quelques parties parure~t en
1918, et cUjà ce fut une dvélarion. Aujourd'hui sort l'édition
définidve, véritablement une c œuvre » où se témoigne plus
complètement l'krivain.
Ce roman vient d'un grand amour de la mer.
La mer, que l'auteur nous décrit en poète et en pasaion~,
n'est point celle qui ourle d'écume mousseu,e nos plages, IIWI
l'Océan du bout du monde, où l'homme n'est plu, qu'une
chose frêle entre deux infinis ; il nous fait sentir les cola du
flot, puis ses résipiscences ensorcelantes, les ~ l i e s qui
naissent de l'eau morte et sans horizon, auxquelles s opposent
les \'.acanDes et les orgies colorées des Antilles beumues...
Plus tard, nous touchons à la jungle guyanaise, si parfaitement inconnue ; jungle colossale, mystérieuse, dont •~ auvages beautEs gardent pour toujoun ses &amp;nadques.
Sur cette trame versicolore et aiblée de lumière, il n'est que
des penonnages essentiels, surtout une dame blanche, blonde,
amusée, peureuse, toute menue, qui jadis tua. Cette ~
plie, nous la voyons à an brusque tournant de l'hùto~,
serrée contre un forçat, dans une pirogue lancée sur le Maroni,
qui tente d'échapper aux pounuivants militaires.
Puis dans un coin de brousse, violette ouïs de calme et de
silence: un tertre de sol gras, oà luisent quelques orchidées,
prde morte l'inconnue qu'on a enterrée li, très vite, la tête à
ras de terre, selon la manitte des Indiens. ..
La pmentation du livre est tJà éduisante ; eUe témoigne
d'heureuses trouvailles dans l'ordre typographique.
1. Librairi, Frllflf4is., 13 et 15, quai de Conti, Paris, VI•.

ffnRJBTrB Mw&amp;Atn&gt;-TBOUHs :

GUERRE. Un vol. in-18, 6 fr. '
Un kilomltre ltait gagné ou perdu ; Hervé écrivait des ardcles
superbes ; Rennenbmpf trabisait; une Américaine échapp6e
au naufnge du Lusüa,,ü, arrivait dans la petite ville. L'on disait:
c Le pessimisme pour un civil est comme la trahison pour un
militaire•· Ou bien, en apprenant la dffection bulgare::• Noaa
n'avons pu besoin de ces sauvages, nous qui luttons pour Je
droit et pour la justice •· Quelque penoanage officiel af&amp;rmait
en confidence que la guerre finitait par une cote mal tailJée.
Le recul est aujourd'hui aufti1111t : chacan de nous peut
faire exactement la part de ses erreurs, de son
ou de sea
craintes en ces ·temps singuliers. Il est plus iatâasaot eac:oie
d'apprendre comment des lamilles, diflmeates de classe, cf&amp;lucation, surent pareillement r&amp;gir. Dana les• journaux civils cle
guerre • qui ont été jusqu'à présent publiés, iJ me semble que
l'on a trouvé bien plus d'indépendance, et plus aussi de jugements c défendus • qu'il n'était à prnoir. Les remarquabie.
souvenin de M• Daudet, notamment, avouent par instants un
c défaitisme » inattendu.
M• Mirabaud-Thorens, fille du docteur Thorens qui fitt ra
des prindpau1: promoteurs de l'Association générale d'AlaaceLorraine, publie à son tour ses mémoires : notes prises au jour
le jour, sans app~t, auxquelles il ne semble pas qu'un seul mot
ait été, après coup, ajouté ou retranché. Souvenirs de Berne
où • l'on a honte de voir donner de si belles carottea aux OIUI
quand tant de gens souf&amp;ent de la faim • ; visite à André Gicle
c à la figure glabre et moyeojgeuse • ; rencontre de Barrà cher..
chant dans une maison délabrée de Verdun une poupée que sa
filleule de guerre lui a demandé ~e rapporter ; féclta de combata
et de blessures. Les anecdotes sont contées d'un style alerte, qui
touche par sa simplidté et sa grice bnuque : elles témoignent
toutes d'une volonti morale affermie, tendue, a-Ore d'elle. La
même coaJiance intelligente et paasionn6e anime et rend tragiques trois cent vingt pages de souveoin, des plus légers am
plus graves, qui constituent la « somme • la plus compltte, jusqu'à présent, des Nntiments et des actes des Français qui \'«Qrent c en marge de la guerre ».

counp

1.

Cha Emile-Paul fràa,

100,

rue du Faubourg Saiot-Hcmoré_

�4

G.

LE CARNET DES ÉDITEURS
DE LA FoucHARDIERE:

vol. in-18,

5 fr.

DIDI, NIQUETTE ET O•. Un

1

Après les morales de l'utilité, du devoir, du risque et autres subtiles inventions que l'on nous enseigna, en profitant lâchement
de notre jeunesse, voici la morale de l'ironie, dont on sait que
M. de la Fouchardière est l'inventeur. Sans doute passera-t-elle
quelque jour à l'état de théorie sévère. Profitons des derniers
jours de liberté qui lui restent : d'ingénieux apologues, à l'usage
des parents, ou des enfants, ou des deux à la fois, la mettent ici
en action.
?n lira avec joit l'histoire du petit garçon qui pour avoir été,
suivant les recommandations de ses parents, franc, véridique,
charitable et confiant, vexa des personnes honorables et provoqua_ plusieurs catastrophes. C'est donc que les parents peuvent
avoir tort ? Sans doute : et il ne faut pas craindre de le dire aux '
enfants ... (( parce que ces enfants, plus tard, sont destinés à
devenir des parents. Il convient de les préparer à ce métier difficile et de leur apprendre, quand ils sont petits, qu'on n'est pas
forcément parfait quand on est une grande personne. Beaucoup
de gen_s sont insupportables parce qu'ils se sont fait une trop
haute idée des grandes personnes quand ils étaient tout petits. ii
L'on sait que le père de Didi et de Niquette n'appartient pas
à la classe des gens insupportables : c'est qu'il ne s'est jamais fait
une trop haute idée des « grandes personnes ». L'occasion est
b~nne de réviser sérieusement les mauvaises traces qu'a pu
laJSSer en nous notre première éducation. M. de la Foucbardière est ici le plus sûr des guides. Humoriste, si l'on veut. Mais
plutôt difficile, dégoûté, et prêt à refuser l'obéissance - l'obéissance aux autorités constituées, et à celles qui ne le sont pas
encore, aux républicains, aux réactionnaires, aux socialistes,
aux amis et aux ennemis, aux relations. Le jeune Didi refuse
ainsi, par orgueil, la soupe qu'il n'aime pas. Sur la menace de
ne pas avoir de dessert, son visage se convulse ; pour un peu
on croirait &lt;( qu'il fait la grimace exprès pour faire rire ».
Voulue ou non, la grimace de M. de la Foucbardière nous
fait toujours rire. C'est qu'elle est sincère, sans méchanceté, et
pareille à la revanche d'une sensibilité trop fine et déçue.

LE CARNET DES ÉDITEURS

5
roman, in-16 de

ALBERT AUTrN : L'ANATHÈME,
236 pages (tirage de luxe: 5 exemplaires sur vélin pur
fil numérotés à la presse
1).

Ce touchant et sobre récit nous fait pénétrer dans la vie
secr~te d'un jeune clerc à la veille du sous-diaconat. Paul
Cavelier s'est laissé troubler par une doctrine réprouvée au nom
de l'orthodoxie ; même il a relevé minutieusement sur un
cahier qu'il conserve le cours d'un abbé mis à )'Index. Non que
sa foi subisse une crise : il recherche seulement des raisons de
croire autres que celles de l'enseignement scolastique, trouvées
par lui trop routinières.
Un nouveau professeur de théologie dogmatique, bien que
soumis à l'autorité épiscopale mais soucieux d'asseoir sa foi et
celle d'autrui sur une base solide, est cause de cette inclination
vers le modernisme. Le clerc, par certaines particularités de sa
vie au séminaire, éveille la suspicion du Supérieur ; le manuscrit est saisi à la suite d'une perquisition dans sa cellule ; Paul
Cavelier ne sera pas admis au sacerdoce.
Ce livre, d'une écriture très simple, déroule une suite de
scènes des plus émouvantes. Autour du drame silencieux, poignant, un décor de vieille ville - Rouen - s'évoque discrètement ; de curieuses figures se dressent, quelques-unes indiquées
dans un raccourci saisissant : «... Monsieur le Supérieur et
l'abbé Duler ; - celui-ci, grand, maigre, effroyablement
chauve, les yeux saillants derrière des lunettes aux verres épais,
les lèvres grosses, lippues ; celui-là, taillé en hercule, solennel,
avec la dignité un peu compassée qu'on trouve à certains portraits de prêtres de l'ancien régime dans les greniers de Presbytère. ,i Sur l'ensemble plane un grand sentiment de pureté, et
la dignité douloureuse de celui qui raconte captive le lecteur
dès les premières pages.
Dans le Saint, Antonio Fogazzaro a fait de son héros, tourmenté des mêmes angoisses, un thaumaturge de convention ;
Albert Autin conduit le sien sur le front où il se fait tuer en
relevant des blessés sous le feu de l'ennemi.
Et ces « papiers d'un jeune universitaire » font penser souvent aux meilleurs endroits des Souvenirs d'enfance el de jeunesse.
JEAN DES BONNESFEUILLES

r. Librairie des Lettres, 12, rue Séguier, Paris.

1.

Librairie Ollendorff, 50, chaussée d'Antin.

�CARNET

DES EDITEURS

�LE CARNET DES ÉDITEURS

.2

LE CARNET DES ÉDITEUR~

PIERRE ET LUCE. Un vol. de
189 pages orné de quatre hors-texte et vi~gt-neuf vign_ettes
dessinées et gravées sur bois par Gabriel Belot (urage
à part : 25 exemplaires sur Japon, 75 sur Hollande et
20 exemplaires nominatifs sur Hollande)'.

Ro~IAIN

RoLLAND :

Sans doute parce que nous nous sentons fragiles, uo instant
ou un jour trop heureux se teintent souvent d'angoisse légère.
Les « derniers beaux jours alangub de l'été •, et l'heure et où le
soleil se repose avant de s'évanouir» nous conduisent à la
pensée de notre propre mort et nous font goütcr une sorte de
charme amer.
Ce ne sont là que des impressions fugitiYes, notre espoir dans
l'a~·cnir les recouvre bientôt. Mais Pierre, lui, à dix-huit ans,
n'a que six mois de vie probable, parce que c'est la guerre et_ que
sa classe doit partir. Lorsqu'il rencontre Luce, en ~-n radieux
fénier. il ne connaît encore de l'amour que ce qu il en a lu,
et la vieille merveille se révèle à lui environnée de mort.
Ce ne sera qu'un rêve. Quand ils seront sur le ?oi_nt de se
donner entièrement l'un à l'autre, et peut-être ~a1ns1 près de
troubler leur pauvre bonheur, un obus allemand les tuera dans
une église.
.
. .
.
Aux reflets de cette fraiche et simple h1st01re, 1L Romain
Rolland fixe les traits de Paris au printemps de 19 r8 et nous
décrit l'inconscience de l'arrière, la bêtise, l'égoïsme, le luxe
du monde des profiteurs, tout ce qui troublait l'âme de~ ad_olescents partant après tant d'autre~ vers 1~ feu_ sans la gnsene du
premier enthousiasme, et se ~acnfiant « a froid"·
,
L'on aimera ce petit line de pitié -et d'amour pour 1homme.
qui donne à gouter, par instants, « la paix des mon~e_s à
venir ,,_ Clérambault répondait à la Foire mr la Place : YO!Ct la
réplique à l'Aube ou à la Nouvelle Jouruù, qu'attendaient les
amis de Jean-Christophe.
M. Gabriel Belot, l'imagier de l'Ile Sai?t-Louis, _l'a _ornée
sobrement de vignettes et de hors-texte bien compris, t:mouvants et largement taillés.

1•

Libr.iirie Olleoùorff. Paris,

so, chaussée d' Antin.

3
GASTON EsNAULT : LE POILU TEL QU'[L SE PARLE.
Un vol. de 603 pages '.
La France a possédé, durant toute la guerre, en plus de ses
patois, dialectes et argot , un langage poilu qui s'est constitué,
au front, de mots empruntés aux parlers déjà usités, parfois de~
mots nouveaux qui naissaient de leur rencontre, eC est assez
rapidement parvenu à posséder son unité propre, sa vie, sa
raison d'être. C'est ce parler poilu, amsi différent du langage
populaire que de la langue littéraire, que M. Emault, dont l'autorité linguistique est connue, a tâché de fixer avec le concours
Je linguistes et de camarades d'escouade. de batterie, d'escadrille. Combattant lui-même, il n'est point de mot qu'il accepte
sans enquête sérieuse sur son authcoticit~ ; il n'en est pas non
plus dont la verdeur ou l'amertume lui semble devoir être chàtrée. C'est ici un livre de bonne foi. L'on jugera, par un
exemple, de la subtilité et du scrupule avec lesquels l'auteur sait
mettre en lumière la substruction occulte, les liens ténus, enfin
les causes probables du sens des mots qu'il recueille :
Caille (étre d la) : hrc en rouspétance. • Ils ièt.:aicot payê des fringues et
l'on as-ait tout embarqué; tu parles qu'il, ttJ1ent à la aille• (un 2• m•; Paünbœur, 1917), d'oü : awi, 'l'i à la caille : être irrirl: contre qq. • Je les 2vais
plutôt à la caille (les louri~tc:sJ • (Un P.uis1en). Si ou invoque l'C1Wta1llt n. f.
substantif verbal de n,usa,üfer=. rcuspller qui se trouve dês 1628 dans le Jorgan
au sens de parlrr, les syssém. seront : aller "" râl,, .,lia au cri,:. .••

Les linguistes sont d'accord pour reconnaître que l'évolution
de la langue _française, dt: nos jours, se précipite. les uns, qui
croient bien faire, déplorent une corruption sans remède,
d'autres y trouYent matière à un enthousiasme dangereux. A
égale di tance des premiers et des seconds, il convient peut-étre
de rechercher sans parti-pris, parmi les mots nouveaux, ceux qui
ont chance d'enrichir, de préciser ou de renforcer la langue,
ceux qui seront clas iques demain. 1 'ul livre n'est ici plus utile
que le dictionnaire de M. Esnault, qu'un maitre éminent a
appelé et le modèle du genre ».
JEAN DES BONNESFEUILU5

J.

Editions Bossard, 43, rue Madame.

�4

LE CARNET DES EDITEURS

LES « ÉCRIVAINS COMBATIANTS

»

A REIMS.

Les 16 et 17 juillet 1921, qui sont un samedi et un dimanche
comme les 16 et 17 juillet 1429 où Jeanne d'Arc entra dans
Reims et fit sacrer Charles VU, la statue de la Pucelle devait
être replacée sur le parvis de la cathédrale. Cette œuvre de
Paul Dubois avait été évacuée en 1918; un comité s'est formé
pour en assurer le retour et c'est aux « Ecrivains Combattants»
qu'il a eu l'heureuse pensée de s'adresser pour organiser cette
cérémonie. La municipalité de Reims s'étant opposée à toute
solennité, la statue sera remise sur son socle, sans aucun faste,
le 13 juillet. Mais les « Ecrivains Combattants » n'ont pas
renoncé pour cela au rôle d'honneur qui leur était assigné. Afin
de participer, dans la mesure de leurs forces, au relèvement de
la ville du Sacre, ils ont eu l'idée de mettre en vente des débris
de pierre ramassés dans les décombres de Reims et ornés d'une
médaille en plomb représentant Jeanne d'Arc. Nous espérons
que nombreux seront ceux de nos lecteurs qui voudront posséder cet émouvant _symbole. Il leur suffira d'envoyer leur
souscription à M. Léon Lapelien, 83, rue d'Erlon, à Reims. Le
prix de la &lt;c Pierre des Ruines » est déterminé selon le signe
monétaire usuel en chaque pays: un dollar en Amérique, une
piastre en Orient, un douro en Algérie, un billet de cinq francs
en France.

,.

,. *

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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