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                    <text>���BENITO PEREZ GA.LDOS
Xació en fas Palmas (Islas Canarias), el 10 de mayo de 1843, r murió en llfatlrid, en enero de 1920.
"En la grandeza cuantitativa-dice José Enrique
Rodó-y e11 el inmenso ef!'cto de conjunto. ele la
obra, sólo el maestro de Meclán puede reivindicar, sobr&lt;' Guldós, el primado entre los contemporímeos. Con
nunrn inte.rumpido impulso, la ciudad interior de
esa estupenda fantasía se puebla de nuevas torrl's y
di' nuevas gentes. La fecundidad, que es la más relativa de las cualiclades literarias, equivale a la posesión de un don altísimo cuando escribir significa
crear. !lfodiana condición en el viejo Dumas, es marnvilla en Balzac y en Dickens. La fecundi1lacl de
Gald6s es do la alta calidad de 1a de estos últimos; es
de las positivas y las grandes, porque es de las que
responden a esa irresistible necesidad de producción
quo se manifiesta con el poderoso empuje de llll org~,nismo que desempe:ña la ley de su naturaleza."
Y Menéndez Pelayo dice: "En su modo de ver y &lt;l&lt;i
concebir el mundo, Galdós es poeta, pero le falta al- •
g-o de la llama lírica. En cambio, pocos novelistas
&lt;le Europa le igualan en lo trascendental de las concepciones; ninguno le supera en riqueza de inventiva.
Su vena es tan caudalosa, que no puede menos de
correr turbia a veces; pero con los desperdicios de
ese caudal hay para fertilizar muchas tienas estériles. Si Balzac, en vez de levantar el monumento
de la '' Comedia humana,'' con todo lo que en él hay
de endeble, tosco y monstruoso, se hubiera reducido
a escribir un par de novelas por el estilo de '' Eugenia
Granclet,'' sería ciertamente un novelista muy esti·
mable; pero 110 se1·ía el genial, opulento y desbordado
Balzac que conocemos. Galdós, que tanto se le parece,
no valdría más si fuese menos fecUlldo, porque su fecuudidacl es signo de fuerza creadora, y sólo por la
fuerza se triunfa en literatura como en todas partes''.

i,A ~O\' ELA E~ EL TRA¡\YIA

I

E

L coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar todo
~ Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el egoísta deseo de tomar asiento antes que las demás personas moyidas de iguales intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la imperial, puse el pie en
la plataforma y subí; r ro en el mismo instante, ¡ oh preYisión ! tropecé con otro viajero que
por el opuesto lado entraba. Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D. Dionisio Cascajares
de la Yallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella crítica ocasión la
bondad de saludarme con un sincero y entusiasta apretón de manos.
Nuestro inesperado choque no había tenido
consecuencias de consideración, si se exceptúa
la abolladura parcial de cierto sombrero de
paja puesto en la extremidad de una cabeza de
mujer inglesa, que tras de mi amigo intentaba
subir, y que su.frió, 'sin duda por falta de agilidad, el rechazo de su bastón.
)97

�BENITO

I'~REZ

GALDOS

Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a charlar. El Sr.
D. Dionisia Cascajares es un médico afamado,
aunque uo por la profundidad de sus conocimientos patológicos. y un hombre de bien, pues
jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni a matar a sus semejantes por
otros medios que por los de su peligrosa y científica profesión. Bien puede asegurarse que ,
la amenidad de su trato y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que el que ellos quieren, son causa de la confianza que inspira a multitud de familias de
todas jerarquías, mayormente cuando también
es fama que en su bondad sin límites presta
servicios ajenos a la ciencia, aunque siempre
de índole rigurosamente honesta.
Nadie sabe como él sucesos intei-esantes que
no pertenecen a:l dominio público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de
preguntar, si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa en él por la prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás
se tomen el trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía de tan hermoso
ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los curiosos y por los lenguaraces.
Este hombre, amigo mío como lo es de todo el
mundo, era el que sentado iba junto a mí cuan1!18

L A ,"Y O T' E L A

P,

N E !, 7' R .,1 S l' 1 A

do el coche, resbalando suavemente por su calzada de fierro, bajaba la calle d" Serrano, deteniéndose alguna vez para llenar los pocos
asientos que quedaban ya vacíos. Ibamos tan
estrechos que me molestaba grandemente el
paquete de libros que conmigo llevaba. y ya le
ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, y
por fin me resolví a sentarme sobre él, temiendo molestar a la ¡.;eiiora inglesa, a quien cupo
en suerte colocarse a mi siniestra mano.
-¡, Y usted a dónde va ?-me preglllltó Cascajares, mirándome por encima de sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser
examinado por cuatro ojos.
Contestéle evasivamente, y él, deseando sin
duda no perder aquel rato sin hacer alguna
útil investigaei6n, insistió en sus preguntas,
diciendo:
-Y Ful anito, b qué hacé 1 Y Fulanito, ¿ dónde está~ con otras indagatorias del mismo jaez,
que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
Por último, viendo cuán inútiles emn su;;
tentatfras pa1·a pegar la hebra, ech6 por camino más adecuado a su expansivo temperamento y empezó a desembuchar.
-¡ Pobre Condesa !-dijo expresando con un
movimiento de cabeza y un visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis
consejos, no se vería en situación tan crítica.
1119

�BENITO

PEREZ

GALnns

-¡Ah! es claro-, contesté maquinalmente,
ofreciendo también el tributo de mi compasión
a la st&gt;ñora Condesa.
-¡ F'igúrese uste&lt;l,-prosig-uió-qne se han
dejado dominar por aquel hombre! Y aquel
hombre llegará a ser el dueño ele la casa. ¡ Pobrecilla ! Cree que con llorar y lamentarse se
remedia todo, y no. Urge tomar lma determi11ación. Porque ese hombre es un infame, le
creo capaz de los mayores crímenes.
-¡Ah! ¡ Sí, es atroz !-dije j'O, participando
irreflexivamente de su indignación.
-Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición, que si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro indica su rostro que de allí no puede salir cosa
buena.
-Ya lo creo, eso salta a la vista.
-Le explicaré a usted en breves palabras.
La Condesa es una mujer excelente, angelical, tau discreta como hermosa, y digna por
todos conceptos de mejor suerte. Pero está casada con nn hombre que no comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al
juego y a toda clase de entretenimientos iücitos. Ella entretanto se aburre y llora. ¿Es extraño que trate ele sofocar su pena divirtiéndose honestamente aquí y allí, dondequiera
que suena un piano? Es más, yo mismo se lo
200

LA

X O V EL A EN EL 1'R A,.\' V 1 A

aconsejo y le digo: "Señora, procure usted distraerse, que la vida se acaba. AJ fin el señor
Conde se ha de arrepentir de sus locuras y se
acabarán las penas." Me parece que estoy en
lo cierto.
-¡ Ah! sin duda-, contesté con oficiosidad,
continuando en mis adentros tan indirerente
como al principio a las desventuras de la Condesa.
-Pero no es eso lo peor-añadió Cascajares, golpeando el suelo con su bastón-sino
que ahora el señor Conde ha dado en la flor
de estar celoso ... sí, de cierto joven que se ha
tomado a pechos la empresa de distraer a la
Condesa.
-El marido tendrá la culpa de que lo consiga.
-Todo eso sería insignificante, porque fa,
Condesa es la misma virtud; todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un hombre
abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella casa.
- i De veras? ¿ Y quién es ese hombre ?-pregunté con una chispa de curiosidad.
-Un antig-µ.o mayordomo muy querido del
Conde, y que se ha propuesto martirizar a la
infeliz cuanto sensible señora. Parece que se
ha apoderado de eierto secreto que la compro201

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el'

I'

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BBNI'l'O

PERI~'Z

GALJ)OS

mete, y con esta arma pretende ... qué sé yo ...
¡ Es una infa:mja !

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LA S O V E

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A

E X

EL T R A X 1· J A

Siguió el ómnibus su marcha y, ¡ cosa singular!, yo a mi vez seguí pensando en la incóguita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte,
y sobre todo, en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión del médico, a punto
estaba de causar un desastre en la casa. Considera, lector, lo que es el humano pensanúento: cuando Cascajares principió a referirme

aquellos sucesos, yo renrgaba de su inoportunidad y pesadez, mas poco tardó mi mente en
apoderarse de aquel mismo asunto, para darle vueltas de arriba abajo, operación psicológica que no deja de ser estimulada por la regular marcha del coche y el sordo y monótono
rumor de sus ruedas, limando el hierro de los
carriles.
Pero al fin dejé de pensar en lo qne tan poco
me interesaba, y recorrieHdo con la vista el
interior del coche, examiné Úno por uno a mis
compañeros de viaje. ¡ Cuán distintas caras y
cuán diversas expresiones! Unos parecen no
inquietarse ni lo más mínimo de los que Tan a
su lado; otros pasan r c&gt;vista al corrillo con impertinente curiosidad; 1mos están alegres,
otros tristes, aquel bosteza, el de más allá ríe,
y a pesar de .la brevedad del trayecto, no hay
uno que no desee terminarlo pronto. Pues entre los mil fastidios de la existencia, ninguno
aventaja al qne consiste en estar una docena
de personas mirándose las caras sin decirse palabra, y contándose recíprocamente sus arrugas1 sus lunares, y este o el otro accidente observado en el rostro o en la ropa.
Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y que probablemente
no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a alguien; otros vienen después que es-

202

20.1

-Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo-dije yo, descargando también el peso de
mis iras sobre aquel hombre.
-Pero ella es inocente; ellg es un ángel. ..
Pero, ¡ calle ! estamos en la Cibeles. Sí: ya .-eo
a la derecha el parque de Bucnavista. Mande
usted n.irff. mozo; qnP no soy de los que 1'acen la gracia de saltar cuando el coche está en
marcha, para descalabrarse contra los adoquines. Adiós, mi amigo, adiós.
Paró el coche y bajó D. Dionisia Cascajares
de la Vallina, después de da1·me otro, apretón
de manos y de causar segundo desperfecto en
el sombrero de la dama inglesa,- aún no repuesta del primiti\'o susto.

II

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�BENITO

Pb'REZ

tamos alll; unos se marchan, quedándon
nosotl'08, y por último, también nos vamos.
Imitaei6n es esto de la vida humana, en qu~
el nacer y el morir son como las entrada&amp; y
aalidas a que me refiero, pues van renovando
sin cesar en generaciones de viajeros el pequeño mundo qne allí dentro vive. Entran, aalen;
nacen, mueren. . . ¡ Cuántos han paaado por
aquí antes que nosotros!
¡ Cuántos vendrán después!
Y para que la semejanza sea más completa,
también hay un mundo chico de pasiones en miniatura dentro de aquel caj6n. Muchos van
allí que se nos antojan excelentes personas, ynos agrada su aspecto y hasta les ,·emos aalir
con disgusto. Otros. por el contrario, nos revientan desde que les echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez minutos¡
en.minamos con cierto rencor sus caracterea
frenol6gicos y sentimos verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corrlendo el vehfeulo, remedo de la ,ida humana; siempre recibiendo y soltando, uniforme, incanaable, majestuoso, inaenaible a lo que pasa en su interior; ain que le conmuevan ni poco ni mucho
las mal sofocadas pasioncillaa de que es mudo
teatro; siempre corriendo, corriendo aobre laa
dos interminables paralelaa de hierro, largaa yreabaladiza• como loa aigloa.
20&amp;

:d NOVELA

EN EL TRANVJA

Pensaba en eBto mientraa el coche subfa por
calle de Alcalá, hasta qne me sac6 del golde tan revneltaa cavilaciones el golpe de
• paquete de libros al caer al BUelo. Recogido
instante, mia ojo• Be fijaron en el pedazo
periódico que ser,ia de envoltorio a los
ene,¡, y maquinalmente leyeron medio
g16n de lo que allf estaba impreso. De aúto aentí vivamente picada mi curiosidad; haleído algo que me interesaba, y ciertoa
brea esparcidoa en el pedazo de folletin
·eron a un tiempo la vista y el recuerdo.
ué el principio y no lo hallé: el papel esha roto, y únicamente pude leer, con curioad primero y después con afán creciente, lo
e sigue:
"Sentla la Condesa una agitación indescriple. La presencia de Mudarra, el insolente
yordomo, que olvidando su bajo origen
trevíaae a poner los ojos en persona tan al• le causaba continua zozobra. El infame la
ha espiando sin ceaar, la vigilaba como se
·gila a un preso. Ya no le detenla ningún resto, ni era obstáculo a su infame acechanza
debilidad y delicadeza de· tan e:,¡celente

ora.
"Mudarra penetró a deshora en la habitade la Condesa, que pálida y agitada, aintm

�B E .:Y J T O

l.

I' E R E Z

G A L D O S

tiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para despedirle.
-"~o se asuste usía, señora Co11desa-, dijo con forzada y siniestra sonrisa, que aumentó la turbación de la dama ;-no Yengo a hacer a usía daño alguno.
-"Ob, Dios mío! ¡ Cuando acabará este suplicio !-exclamó la dama. dejando eaer sus
brazos con dP-saliento.-Salga usted; yo no puedo acceder a sus deseos. ¡ Qué infamia ! Abusar de ese modo d.c mi debilidad, y de la indiferencia de mi esposo, único autor de tántal&gt;
desdichas!
- " bPor q_ué tan arisca, señora Conde·sa ?añadió el feroz mayordomo-. Si yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si
yo no puiliera imponer al señor Conde de ciertos particulares. . . pues. . . referentes a aquel
caballerito ... Pero, no abusaré, no, de estas
terribles armas. -Usted me comprenderá al fin,
conociendo cuán desinteresado es el grande
amor que ha sabido inspirarme.
"Al decir esto, Mudarra dió algunos pasos
hacia la Condesa, que se alejó con horror y repuinaneia de aquel monstruo.
"Era Mudarra un hombre como de eineuc'nta años, moreno, rechoncho y patizambo, de
cabellos ásperos y en desorden, grand•~ y ~olmilluda la boca. Sus ojos 1 medio ocuho.3 tras
200

LA NO V E J, A

EX

EL

T R A .X 1· I A

la frondosidad de largas. negras y espe,,ísimas
cejas, en aquellos instantes expresaban la más
bestial concupiscencia.
-''¡Ah, puerco espín !-exclamó con ira al
ver el natural despego de La dama-. ¡ Qué
desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo sabiendo que puedo informar al señor Conde. . . Y me creerá, no lo dude usía :
el señor Conde tiene en mí tal confianza, que
lo que yo digo es para él el mismo evangelio. . . pues. . . y como está celoso . . . si yo le
presento el papelito ...
-"¡Infame !-gritó la Condesa con nohlr
arranque de indignación y dignidad-. Yo soy
inocente; y mi esposo no será capaz de prestar
oídos a tan viles calumnias. Y aunque fuera
culpable, prefiero mil veces ser despreciada
por mi marido y por todo el mundo, a comprar
mi tranquilidad a ese precio. Salga usted ele
aquí al instante.
- " Yo también tengo mal genio, señora
Condesa-, dijo el mayordomo devorando i::11
rabia-; yo también gasto mal geni.o, y cuando me amosco. . . Puesto qu e usía lo toma por
la tremenda, vamos por la tremenda. Ya sé
lo que tengo q_ue hacer, y demasiado condescendiente he siclo hasta aquí. Por última vez
propongo a usía que seamos a:rw-gos, y no me
207

�BENITO

¡

PEREZ

CALDO$

ponga en el caso de hacer un disparate ... con.
que señora mía ...
"Al d reir
. es t.o ,;_r.lU
-.!f' d
arra contrajo la perga.
minosa piel y los rígidos tendones de su rost~o
haciendo una mueca parecida a una sonrisa ;
dió algunos pasos como para sentarse en'
sofá, junto a la Condesa. Esta se levantó de un
salto, gritando :-"No; ¡ salga usted! ¡Infame!
Y no tener quien me defienda. . . ¡ Salga usted!"
"El ma~·ordomo, entonces, era como una fiera a quien se escapa la presa que ba tenido un
momento antes entre sus uñas. Dió un resoplido, hizo un gesto de amenaza y salió despacio
con pasos muy quedos. La Condesa, trémula v
sin aliento, refugihda en la extr.emidad del
binete, sintió las pisadas que, alejándose, "'se
perdían en la alfombra de la habitación inmediata, y respiró al fin cuando le consideró lejos. Cerró las puertas y quiso dormir; pero el
sueño huía de sus ojos aún aterrados con la
imagen del monstruo.
'' Capítulo XI . - El Complot. - Mudarra, al
salir de la habitaeión de la Condesa, se dirigió a la suya y, dominado por fuerte inquietud nerviosa, comenzó a registrar cartas y pa.
peles, diciendo entre dientes: "Ya no aguanto más; me las pagará todas juntas.'' Después
se sentó, tomó la pluma, y poniendo delante

;l

e,;_

208

L A N O 1' E L A

E 1\' R L T R A S V I A

una de aquellas cartas, y examinándola bien,
empezó a escribir otra tratando de remedar la
letra. Mudaba la vista con febril ansiedad del
modelo a la copia y, por último, después de
gran trabajo, escribió con caracteres enteramente iguales a los del modelo la carta siguiente, cuyo sentido era de su propia cosecha Habíu prometi1[r, ,, 11.,ted w111 enlrerista y rne
a¡irrf!11ro ... "

El folletín estaba roto y no pude leer más.

III
Sin apartar la -vista del paquete, me puse
a pensar en la relación que existía entre las
noticias sueltas que oí de boca del señor Cascajares y la escena leída en aquel papelucho, fo.
lletín, sin duda, traducido de alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montepín. Será una tontería, dije para mí, pero es lo
cierto que ya me inspira interés esa señora
Condesa, víctima de la barbarie de un mayor. domo imposible, cual no existe sino en la trastornada cabeza de algún novelista nacido pa•
ra aterrar a las gentes sencillas. ¡, Y qué haría
el maldito para vengarse? Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad de esas que ponen
fin a un capítulo de sensación. Y el Conde,
¿qué hará 1 Y aquel mozalbete de quien habla20\l

�BESITO

PEREZ

GALDOS

ron Cascajares en el coche y Mudarra en el folletín, ¡, qué hará? ¿ Quién será 1 ¿ Qué hay entre la Condesa y ese incógnito caballerito YAlgo daría por saber ...
Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí
con ellos el interior del coche, y ¡horror! vi
una persona que me hizo estremecer de espanto . .Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar
o dejar algún viajero. En una de estas oca- ,
siones había entrado aquel hombre, cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era él, Mudarra, el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus rodillas tocando mis rodillas. En un segundo le examiné
de pies a cabeza y reconocí las facciones cuya
descripción había leído. N" o podía ser otro:
hasta los más insignificantes detalles de su
vestido indicaban claram&lt;'nte que era él. Reconocí la tez morena y lustrosa, los cabellos
indomables, cuyas mechas surgían en opuestas
direcciones como las culebras de Medusa, los
ojos hundidos bajo la espesura de unas agrestes cejas, las barbas, no menos reTI1cltas e incultas que el pelo, los pies torcidos hacia dentro como los de los loros, y, en fin, la misma mirada, el mismo hombre de aspecto, en el traje,
210

L A ,Y O V E L .A E ~Y E L

T R .A 1Y ¡· J A

en el respirar, en el toser, hasta en el modo de
meterse la mano en el bolsillo para pagar.
De pronto le vi sacar una cartera, y observé
que est~ objeto te11ía en la cubierta una gran
M dorada, la inicial de su apellido. Abrióla,
sacó una carta y miró el sobre con sonrisa ele
demonio, y basta me pareció que decía entre
dientes:
"¡ Qué bien imitada está la letra !'' En efecto, era una carta pequeña, con el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, recreándose en su infame obra, hasta que observó que yo con curiosidad indiscreta y descortés alargaba demasiado el rostro para leer el
sobrescrito. Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de 1m golpe, y guardó su ca1·tera.
El coche seguía corriendo, y en el breYe
tiempo necesario para que yo leyera el trozo
de novela, para que pensara un poco en tan
extrañas cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil, convertido en
sér vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado atrás la calle de Alcalá, atrave::,aba la Puerta del Sol y entraba triunfante en
la Calle Mayor, abriéndose paso por entre los
demás coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y ahuyentando a los
peatones, que en el tumulto de la calle, y aturdidos por la confusión de tantos y tan diversos
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hiapitabt &amp;gad' - - . 41le a l ~
l!Gllliderer ollJiaG for;iado mlUlli\'á■lell'W ea
..... por la eolneidenela a. mial,
- oaato.daa pnr la ~'Nniiel6n e
~ J1érO que al fin ae me ~ llima 7 de inlfadable realic!ad.
Oaando aali6 el hombre en quien liNI
lwdlile
qued6■ae rst:eao
ll!lddenl:e de la: euia t'■le lo illtplk¡ú a ml
aaa, ao q-ieudo 181' en U. deHOliila
ti61l J■8Íl05 feemido que el noteUata, alltOI!
lo qu :mo.uto. lllllell hllbfa lelclo. X
,-t; a.111t a. ,e■¡r_--.. ae Ji. Caed 11,
ida(1 ea. lfJlaral flqe aa: letra y
una euía- a UtA ochellerito, eoa ~
eno y ló illro y lo de má alli. :In la

_,ordollle,

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IV
OdMclo, Nlafa el eoe1ae 7 7&amp; par
11álór1,lle allflllldlv,e emtfa,p

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predaee eiliito . . . t1ll!'

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·-·-------...--

. . . . - " ~..Me 'dlNI~~ . . . . ~ fflltm61ieD44I
111

�BENITO

PERE~

tenía, barbadas lllUII, limpias de pelo laa
aquélla■ riendo, é8tu muy acartonadas y
riaa. Después me pareció que obedeei
la contracción de un músculo com6n,
aquella■ caras hacían mueca■ y guiños, ab ·
do y cerrando loe ojos y laa boeaa, y m
dose altemativamente una ■erie de dientes
variaban deade loe más blancos ba■ta loe
amarilloa, afiladoe unoa, romos y gaatadoe
otro■• Aqnella■ ocho narices erigidas bajo
y seis ojos diversos en color y expresión,
clan o menguaban, variando de forma ; laa
eas se abrian en linea horizontal, produ •
do muda■ carcajada■, o se estiraban hacia
)ante, formando boeicoe puntiagudoa,
doe al interesante roetro de cierto benem
animal que tiene sobre si el anatema de no
der ser nombrado.
Por detrás de aquellas ocho cara■, cuyos
rrendoe visaje■ be de■erito, y al través de
ventanilla■ del coche, yo vela la calle y
eaaaa, loe traueuntes, todo en veloz ea
como si el tranvia anduviese con rapidez
gin-. Yo, por lo menoa, creía que
más aprias que nuestros ferrocarriles, más
loe franee■e■, más que loe ingleses, más que
norteamericanoe; eorrla con toda la vel
que puede suponer la imaginación, tra
se de la tra■lación de lo sólido.
21'

0l'ELA J,JN El, TRANVIA

·da que era más inten■o aquel estado
, se me figuraba que iban desaparela■ casa■, las calle■, Madrid entero. Por
te crel qu~ el tranvia corrla por lo
profunde de loe mares: al través de loe
se velan loe cuerpos de eetlleeoe enorloe miembros pegajoeoe de una multitud
pos de diversos tamaño•. Loe pece■ ebicudlan sus colas resbaladizas contra loe
ea, algunos miraban adentro con sus
ea y dorados ojos. Crusticeos de forma
ocida, grandes moluscos, madréporas.
·u y una multitud de bivalvo■ grandes
orme■ cual nunca yo los babia visto, paain cesar. El coche iba tirado por no sé
especie de nadantes monstruos, cuyo■ reluchando con el agua. sonaban como las
de una hélice, tomillaban la masa Ji.
con su infinito voltear.
visión se iba extinguiendo: después
"óme que el coche corria por loe aires, voen dirección fija y sin que Jo agitaran
· ntQS. AJ través de los eristal•s no se veía
más que espacio: las nubes nos envola veces; Ull&amp; lluvia violenta y r,pentina
rileaba en la imperial; de pronto sallaal espacio- puro inundado de sol, para volde nuevo a penetrar en el vaporoso seno
eelajes i11111ensoe, ya rojos, ya amarillos,
213

•

��R E -,\' I T O

I' r.."~ R E.- Z

G .ALIJOS

¡ Qué atrevimiento! ¿ü5mo ha entrado usted
:1 &lt;j llÍ-!

-Srí'íora-contestó el que había entrado·
joyrn de 1!1UY buen porte.- ¿No me esperab~
u,,;terl ! II(' recibido una carta suya ...
-¡ Una carta mía!- e.xelamó más agitada
la Condesa.-Yo no he escrito carta ninguna.
i Y para qué había de escribirla?
-Seiiora, vea usted-repuso d joven sacando la carta y mostrándosela-; es su letra su
misma lrtra.
'
-¡ Dios mío! ¡ Qué infernal maquinación!elijo la dama con desesperación-. Yo no he
escrito esa carta. Es un lazo qüe me tienden . . .
-Seiíora, cálmese usted. . . yo siento mucho ...
-~í; To comprendo todo ... Ese hombre infame. . . Ya sospecho cuál habrá siclo su idea.
Salg_a usted al instante . . . Pero ya es tarde;
ya siento Ja voz de mi marido.
En ef!.'cto. una voz atronadora se sintió en
la habitación inmediata, y al· poe¿ rato entró
el Conclt', que fingió sorpresa de ver al o-alá.n
~- después. riendo con cierta afectación, Je di~
jo:
-¡Oh! Rafarl, usted por aquí. .. ¡ Cuánto
til'mpo ! • • • Venía usted a acompañar a Antonia ... Con eso nos acompaña-rá a tomar el te.
La Condesa y su esposo cambiaron una mi21

s

L A N O V E L A E 1\' E 1, T R A 1,; V I

A

rada siniestra. El joven, en su perplejidad,
apenas acertó a devolver al Conde su saludo.
Vi que entraron y salieron criados; Ti que trajeron un scrYicio de te y ·desaparecieron después, dejando solos a los tres personajes. Iba
a pasar algo terrible.
Sentáronse: la Condesa parecía difunta. el
Conde afectaba una hilaridad aturdida, ~emejante a la embriaguez, y el joven callaba, contestándole sólo con monosílabos. Sirvió el te,
y el Conde alargó a Rafael una de las tazas,
no una cualquiera, sino una determinada. La
Condesa miró aquella taza con tal expresión
de espanto, que pareció echar en ella todo su
espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la
poción con muchas variedades de las sabrosas
pastas Hnntley and Pnlmrr" y otras menudencias propias ele tal clase de cena. Después el
Conde Yoh-ió a re.ir con la desaforada y ruidosa expansión que le era peculiar aquella noche, y dijo:
-¡ Cómo uos aburrimos! -C-sted, Rafael, no
dice 1ma palabra. Antonia, toca algo. . . Hace
tanto tiempo f}Ue no te oímos. Mira. . . aquella pieza ¡fo Gorstchack que se titula '' :'.\'Iorte . . . " La tocabas admirablemente. Vamos, ponte al pimrn.
La Condesa quiso hablar; érale imposible
articular palabra. El Conde Ja miró de tal mo219

��LA XOVEJ,A EX EL 'l'RANVJA

BENITO

PEREZ

GALDOS

-Señora. . . es Yerdad. . . me dormí-contesté turbado al ver que todos los viajeros se
reían de aqurlla escena.
-¡Oooh.1 • • • yo soy ... r,oú1g ..... to decir
Cl)flchman . . • usted molestar. . . mi. . . usted,
eaballero. . . rery shacking -añadió la inglesa
en sn jel'ga ininteligible.-¡ Oooli! usted creer ..
my body es. . . su cama Jor usted. . . to sleep.
¡ Oooh! _qrntrem.an~you are a stupiil ass.

Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña,
que era de sí bastante amoratada, estaba lo
mismo que un tomate. Creyérase que la san-.
gre agolpada a sus carrillos ~- a su nariz, a lirotar iba por sus candentes poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blane:os, como si me quisiera roer. La pedí mil perdones por mi sueño descortés, recogí mi paquete y pasé revista a las nuevas caras que dentro del coche había. Figúrate, ¡ oh· cachazudo y
benévolo lector! cuál sería mi sorpresa cuando YÍ frente a mí. ¡; a quién creerás 7 Al joven
de la escena sofiada, al mismo don Rafael en
persona. Me restregué los ojos para conven•:erme clf' que no dormía, y en efecto, despierto estaba, y tan despierto como ahora.
Era él, el mismo, y conversaba con otro que
a su lado iba. Puse atención y escuché con toda mi alma.
222

-¡,Pero tú no sospechaste nada '?-Le decfa
el otro.
-Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal
era su terror. Su marido la mandó tocar el piano y ella no se atrevió a resistir. Tocó, eomo
siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué a olvidarme de la peligrosa situación en que nos encontrábamos. A pesar de los
esfueuos q1=1e ella hacía para aparecer serena,
llegó un momento en que le fué imposible fingir más. Sus brazos se aflojaron, y resbalando
de las teclas echó la cabeza atrás y dió un grito. Entonces su marido sacó un puñal, y dando un paso hacia ella, exclamó con furia : '' Toca o te mato al instante." Al ver esto, hirvió
mi sangre toda : quise echarme sobre aquel miserable; pero sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte; creí que repentinamente se había encendido una hoguera en
mi estómago; fuego corría ·por mis Yenas; la~
sienes me latieron, y caí al suelo sin sentido.
-Y antes, t,no conociste los síntomas del envenenamiento 1-le preguntó el otro.
Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El veneno estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me
mató, aunque sí me ha dejado una enfermedad
para toda la vida.
223

���BENITO

PEREZ

- Lmiatir., luna tic.

,ti.... avffocated.... ¡

JJfy Gm1!

-Si lo sé todo; vamos, no me lo oculte ns
Dígame de qué murió la señora Condesa.
-¡ Qué Condesa ni qué ocho cuartos, h
bre de Dios !-exclamó la mujer, riendo
más fuerza.
-¡ Si cree usted que me engaña a mí con
risitas !-contesté-. La Condesa ha mu
envenenada o asesinada ; no me queda la m
duda.
En e~to llegó r l coche al barrio de Pozas
yo al término de mi viaje. Salimos todos:
inglesa me echó una mirada que indicaba
regocijo por verse libre de mí, y cada cual
dirigió a su destino. Yo seguí a la mujer
perro, aturdiéndola con preguntas, hasta q
s:- metió en su casa, riendo siempre de mi
·peño en averiguar vidas ajenas. Al verme
en la calle recordé el objeto de mi viaje y
dirigí a la casa donde debía entregar aque
libros. Devolvílos a la persona que me los
bía pedido para leerlos, y me puse a pasear
te al Buen Suceso, esperando a que saliese
nuevo el coche para regresar al extremo
Madrid.
No podía apartar de la imaginación a la •
fortuna.da Condesa, y cada vez me con!irma
más en mi idea de que la mujer con quien

A NOVELA EN EL TRANVIA.

mente hablé había querido engañarme,
tan.do la verdad de la misteriosa tragedia.
Esperé mucho tiempo, y al fin, anochecienya, el coche se dispuso a partir. Entré, y lo
· ero que mis ojos vieron fué la señora in.sentadita donde antes estaba. Cuando
vió subir y tomar sitio a su lado, la exprc.. n de su rostro no es definible ; se puso otra
como la grana, exclamando :
-¡Oooh! ...... usted ... mi quejarse al coach. . . usted reventar mi Ji ir ·it.
Tan preocupado estaba yo con mis confusioP/JB, que sin hacerme cargo de lo que la ingleme decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le contesté :
-Señora, no hay duda de que la Condesa
anrió envenenada o asesinada. Usted no tiene
• ea de la ferocidad de aquel hombre.
Seguía el coche, y de trecho en trecho detese para recoger pasajeros. Cerca del Pala•o Real entraron tres, tomando asiento en. nte de mí. Uno de ellos era un hombre al~ t seco y huesudo, con muy severos ojos y un
hlar campanudo que imponía respeto.
No hacía diez minutos que estaban allí,
taando este hombre se volvió a los otros dos
~dijo:
-¡ Pobrecilla 1 ¡ C6mo clamaba en sus últillos instantes ! La bala le entró por encima de
2:?9

�BENITO

PRRJ.:Z

1a

cla víeula derecha y después bajó basta
corazón.
- ¡ Cómo 1- exclamé yo repentinament
¡ Conque fué de llD tiro t ¡ No murió de una
ñalada!
Los tres se miraron con sorpresa.
-De un tiro, sí~ señor,-dijo con
sabrimientQ,t'I .alto, seco y huesoso.
-Y aquella mujer sostenía que había mu
to de una indigestióu-dije, interesándome
cada ,·ez en aquel asunto-. Cuente usted, ¡
cómo fuét
-Y a usted qué le importa f-dijo el o
con muy 8\;nagrado gesto.
-Tengo mucho iuterés por conocer el fin
esa horrorosa tragedia. ¡ No es wrdad q
parece cosa de novela f
-¡ Qué novela ni qué niño muerto f Us
está loco o quiere burlarse de nosotros.
-Caballerito, cuidado con las bromasdió el alto y seco.
-¡ Creen ustedes que no estoy enterado f
sé todo, he presenciado varias escenas de
horrendo crimen. Pero dicen ustedes ,¡ue
Condesa murió de un pistoletazo.
-¡Válgame Dios! Nosotros no hemos hab
do de Condesa, sino de mi perra, a quien
ll!lndo, disparamos inadvertidamente un t
:1110

NOl'ELA l•:N El, TRANVIA
uted quiere bromear, puede buscarme en
litio, y ya le contestaré eomo merece.
Ya, &gt;·a comprendo : ahora hay empeño en
lar la verdad-manifeeté, juzgando que
los hombres quer!an desorientarme en mis
uisas, convirtiendo en perra a la deadiaeñora.
a preparaba el otro su contestación, sin
mis enérgica de lo que el caso requerfa1
do la inglesa se llevó el dedo a la sien, copara indicarles que yo no regía bien de la
. Calmáronae con esto, y no dijeron una
bra m'8 en todo el viaje, que terminó paellas en la Puerta del Sol. Sin duda me ha.
tenido miedo.
Yo continuaba tan dominado por aquella
, qué en vano quería serenar mi espirito;
nando los verdaderos términos de tan emllada cuestión. Pero cada vez eran mayores
confusiones, y la imagen de la pobre seno se apartaba de mi pensamiento. En tolos semblantes que iban sucediéndose dendel coche, creía ver algo que contribuyera
licar el enigma. Sentía yo una sobrexci6n cerebral espantosa, y sin duda el traso interior debla pintarse en mi rostro, portodos me miraban como se mira lo que no
ve todos los días.
0

231

�BENITO

PEREZ

GALDOB

VII

LA NOVELA EN EL TRANVIA
-Sí, señor; y no dudo que la muerte ha si-

do violenta, por más que quieran hacernos

Aún faltaba algún incidente que había de
turbar más mi cabeza en aquel viaje fatal. Al
pasar por la calle de Alcalá, entró un caballero con su señora : él quedó jhnto a mí. Era un
hombre que parecía afectado de fuerte y reciente impresión, y hasta creí que alguna vez
se llevó el pañuelo a los ojos para enjugar
las invisibles lágrimas, que sin duda corrían
bajo el cristal verde obscuro de sus descomunales antiparras.
Al poco rato de estar allí, dijo, en voz baja, a la que parecía ser su mujer:
-Pues hay sospechas de envenenamiento: no
lo dudes. Me lo acaba de decir don Mateo.
¡ Desdichada mujer !
-¡ Qué horror! Ya me lo he figurado también-contestó su consorte. De tales cafres,
iqué se podía esperar?
~uro no dejar piedra sobre piedra, hasta
averiguarlo.
Yo, que era todo oídos, dije también en
voz baja:
-Sí, señor; hubo envenenamiento. Me
consta.
-¿ Cómo, usted sabe? ¿ Usted también la conocía Y-dijo vivamente el de las autiparru
verdes, volviéndose hacia mi

ereer que fué indigestión.
-Lo mismo afirmo yo. ¡ Qué excelente mujer l ¿ Pero cómo sabe usted ... Y
-Lo sé, lo sé-repuse muy satisfecho de
que aquél no me tuviera por loco.
-Luego usted irá a declarar al Juzgado;
porque ya se está formando la sumaria.
-Me alegro, para que castiguen a esos bribones. Iré a'Weclarar, iré a declarar, sí, señor.
A tal extremo había llegado mi obcecación,
que concluí por penetrarme de aquel suceso,
mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo que es pluma esto con que escribo.
-Pues, sí, señor; es preciso aclaTar este
enigma, para que se castigue a los autores del
crimen. Yo declararé. Fué envenenada con
una taza de te, lo mismo que el joven.
-Oye, Petronila,-,-dijo a su esposa el de
las antiparras-; con una taza de te. "
-Sí; estoy asombrada-contestó la señora-. ¡ Cuidado con lo que fueron a inventar
esos malditos!
-Sí, señor; con una taza de te.
-La Condesa tocaba al piano.
-¿ Qué Condesa ?-preguntó aquel hombre,
interrumpiéndome.
-La Condesa, la envenenada.

2a:i

23:l

��•
BENITO

PERBZ

wa earioao !anee fu6 el de haber d
del profundo letargo eu que caf, verdadeia
rrachera moral, producida no Ñ por qu6,
uno de loe puajeroe fen6menoe de euaj
ei6n que la ciencia eatudia con 11'1'&amp;11 eui
eomo preeunore. de la locura definitiva.
Como es de nponer, el nceeo no taYO
1eeuenciaa, porqne el antipitieo penonaje
bauticé con el nombre de M:udarra, ea un
rado comerciante de ultramarinoe que ·
habfa envenenado a condeea alguna. Pero
por mucho tiempo despu6a peraiatfa 70 en
engallo, 1 aolfa exclamar ,-"Infortunada
deaa ; por mú que digan, 70 aiempre sigo
mia treer. Nadie me perauadii'i de que no
baate tUII dfaa a mano de ta iracundo
poso ••• "

Ha aido preciso que tranaeurran meses
ra que las sombras vuelvan al ignorado
de donde nrgirron volviéndome loeo, 1
la realidad a dominar en mi eabea. He
aiempre que reeuerdo aquel viaje, 1 toda
colllideraci6n que antes me inspiraba la
da vfetima la dedico ahora, , a quién
réia f a mi compañera de viaje en aquella

guatiosa expedición, a la iraacible ingl-,
quien disloqué un pie en el momento de
atropelladamente del eoehe para perae¡ruir
npuesto ma7ordomo.

¡VAE VIOTIBI

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TRINDADB COBLHO

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¡Pm16nemel ¡eata eabea mlal Pero
aellor, NB1IÜ8 ai ~ ¡ 11G . . - ..... de una - · •• ¡Ocmooe aated Pat 81, ú. . . IIObte el 1qo Xa7or. .. Jao¡ qu6 aaruillal ¡no eai oiertof Pd.fl
pailaje de mi affBlun. De la 'ffDtana tW
la vela nbir 7 'bajar por el enplo de 1&amp;
o - bana de buWit; de~ ......
abe, Gll'bnadu, leatu, ollelu,
a1pieD entalla ua . . .l' '1iate 7 11M
en torllO na aroma de llmoll-.

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1111a jadia.. • Pero, ICIÚ le deefa f Ali.
Al¡aella tuéle, ft!81lenlo h!-, teDfa aa
OOll el talle "imperio" 1 mi ti Np111p,
ftN. La bna, a -nee. N11tabt 11a 1'lalti
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quiere 1IJI &amp;fo; .. olTid&amp;. 'Toa. ..
Blrlan'16choc¡qeaeadaamm,
Jlr.86illllban OOll a tenor
"'"· •• Amor,
liarte.
Dllliati
I&amp;

••cmd~ '°

.., ~ pacle . . . . , .. IÍ\1llllr -

•~ onendo 10 elt.6 Tiejl, el Mlllltle

aaerieádu,teaae-aaLYo-i...1

ria 4eap• eomo .i primar at.t l4!l4
s. 'f9ll(a a, la - - . . .

iv•

-

JabiGiitllipupilae.- ■ laJ._

�V.

GAROIA

acercándose hasta qoe su labio pudiera
en mi oido su loeora:
- , C6mo podemos probamos qne noa
mos más allá de la muerte I Mira eata a
queña. Piensa qué dulee seria morir j
Yo no sé qué dije. Mi carne flaca y
ble tu\"o miedo. Tuvo miedo de esos b
querían lle,·arme consigo haeia la som
Tu\"o miedo dr esa boea que debla aer
como la muerte. Pero no lo era, señor.
relr0&lt;•edía aterrado, sentí que dos labios
hacían en los míos, con rl brso ~ cálido,
profundo, más agonizante, má.s terrible .••
como un minuto de desmayo. La ten
voz dijo en mi oido:
-Seré toya y moriremos.
Pero yo, Heñor, con una tremenda c61
c,ílera del náufrago &lt;1ue disputa su sal
a cochilladas, rechacé brutalmente aquel
zo y rrmP. con desesperadas fuerzas,
orilla. :-:os separamos con una e:i:tralla
güeuza y la fatiga de haber vivido sigl
Y \"ea, •eñor, lo más terrible; no
lar seguro de si todo fué soñado ... Dorml
enteros ... alguien decia: "Es un ataque
bral ''. . . Después s61o quedan jirones de
ses, palabras, neblina ... un dolor terrible.
re, he hablado mucho. . . señor. . . tenga
dad ; un poeo de morfina para dormir .••
11112

ENTRE SANTOS

"ª
J. M. MACHADO DE ASSIS

����T
MAGNA.DO

DE

razón de la lepra de la lujuria. Acababa
rellir con au amante, y había paaado la
en lágrimaa. Comenzó rezando bien, 0
mente, pero poco a poco vi su pensamiento
la abandonaba para remontar a ¡111 p ·
deleites. Paralelamente qnedaban ain vida
palab~s; ya_ su oración era pesada, luego
fria, 10consc1eute; loa labios rezaban, y 811
ma, que yo espiaba desde aquf, ya estaba
el otro. Al final se persignó, se levantó 1
f11é, sin pedir nada.
-Mejor ea mi caso.
-¡MejorT-,-pregnnt6 San José con c
s:dad.
-Mejor, y no es triste, como el de esa
bre alma esclava de la came, que ann Dios
drá salvar; a contarlo voy.
Callaron todos, y en expectación incl"
s11s ea,ezas. Yo tuve entonces miedo, te
~ qn~ los santos viesen algún pecado o
men de pecado en el fondo de mi alma.
pronto salí de este estado. San Franciaeo de
lea comenzó a hablar:
. -Mi hombre tiene cincuenta aiioa, y 111
Jer está en cama, con ·una erisipela en la
n!' izquierda. Hace cinco dfaa que vive en
e1ón, porque el mal se agrava y la ciencia
responde de la cura. Y véase lo que puede
prejuicio público: nadie cree en el dolor

no

R

E

SANTOS

ea (que mi nombre lleva) y nadie eree que
ame otra COia que el dinero; por lo que,
e que 811 aflieeión fué conocida, cayóle
ba todo nn aguacero de motea e invectivaa,
faltando quien asegurase qae Jo que hacía
llorar anticipadamente por los gastos de
tierro y sepultura.
-Bien pudiera ser que si, arguyó San Juan.
-Que es uaurero y avaro, no lo niego; UBU·
como la vida y avaro como la muerte; naextrajo tan implacable111ente de la faltriera de loa otros el oro, la plata, el papel y
cobre. Na¡lie amó tanto eÍ dinero, y moneda
e en 8118 manos cae, diflcilmente vuelve a
r la luz del dfa. Lo que le sobra de 8111 calo tiene en nn arca de hierro que cierran
ete llaves. A veces la abre, contempla su dio nn momento, y vuelve a cerrarla de priaa.
Eataa noches no duerme. La vida que lleva
s6rdida. Come poco y ruin, lo índiapenable
no morir. Su familia se compone de 811
ujer y una esclava nrgra comprada hace muos años, a escondidas, porque eran de conbando. Dice que ni 1iquiera la pagó, porque
1 vendedor falleció luego sin dejar nada ea·10. La otra negra murió poco tiempo deaés, y aquf veréis ai este hombre tiene o no
1 genio de la economfa. Sales libertó el caAver ...
lil

������PR.AJYOISCO

HRROZEG

corazón; y decía que habría preferido ser muchacho.
A esto se debía que ella fuese la más ferviente admiradora de las hazañas musculares
que yo realizaba en la verja del jardín, y si alguna vez la engañaba contándola la parte por
mí tomada en las luchas que organizaba con
los muchachos zíngaros en los alrededores del
pueblo, veía lucir en sus oj-0s la llama del más
sincero entusiasmo.
La pobre Vitza experimentaba una adoración sorp1·endente po-r mi húsar de cuero. Constituía el único objeto de sus· sueños, y su amor
hacia aquel militar contristaba hondamente
su infantil existencia.
Cuando quería expresar que una cosa era
bonita, encantadora y aún sublime, decía:
''¡E~ como el húsar!''
Kuestros padres no se fijaban en la extraña
pasión de Vitza. En ·cuanto a mí, estaba bien
seglll'o de que ningún otro húsar, por mucho
que se pareciese al mío, le habría gustado del
mismo modo a mi hermanita. Era el mío, preci- ·
samente el mío, el que la fascinaba.
'Gua vez el húsar estuvo en su poder.
Con ocasión de mi santo, me regalaron un
traje nuevo y un reloj.
En el primer transporte u.e alegría coní a
casa tl:&gt; mi abuela para que me admirara. En el

E

L

H

u

s

A

R

patio de la casa había un inmenso gallinero sobre el cual tenía yo costumbre de subirme para lanzar algún kikiriqní. Hice lo mismo aquel
día y Vitza, que se había quedado abajo. aplaudía con el mayor entusiasmo. Pero nuestra alegría acabó muy pronto. porque. al bajar. ru'.'
enganché en u.n claYO, y me lJice un desgarrón
de cinco _dedos en el codo de mi chaqueta nueva. Yo comencé a llorar y mi hermana palideeió de terror. La abuela adentro estaba confeccfonando unas apetitosas golosinas; pero no
entramos, y con el corazón en un puño, nos
volvimos a casa. La pobre Yi., que caminaba a mi lado, tomaba una parte muy gi-ande en
mi desgracia.
De pronto me cogió de un brazo.
-Oye, Didi, no llores; yo te lo arreglaré.
-Pero,-pregunté yo, con IDla YOZ llena de
desconfianza,-¿ sabes tú coser, Yitza?
-¿ Yo? Vas a verlo; coso tan bien que nadie lo notará.
De vuelta a casa, me oculté en la bodega y
Vitza comenzó a dar vueltas alrededor del cesto de costura de mi madre, hast-a que logró
apoderarse de cuanto necesitaba. Provista de
una aguja, de un ovillo de hilo, de unas tijeras grandes y de un dedal vino a mi encuentro. Me tumbé a lo largo ele una cesta de junco, y Yitza, arrodillándose con un aire grave,
283

1

,'

��.1
IRA.NOIBCO I!EJ¡OZE

•

pudo evitar a 1u alma la angllltia de 11D ci_.
imposible,
Súbitamente ea,y6 enferma.
Declaro que la envidié aineeramente. No !loefa eltado mú agradable que el de enftr.
mo. Le metfan a uno en la cama, le arropaba
con mimo, le eoloeaban mullldoe almohade-.,
pap6 ;y mamA le aearieiaban ;y, en temaD49
una pizquilla de algo que le dieran, inmediatamente ae h-.ofa aoreedor a 11D premio de bombones, ditilea o naranja,.
Para epararnos, me inatalaron en caaa de
la abuela.
La ea.a estaba junto a la iglesia ;y desde
nuestro patio vefame laa doe grandes toft'el
g6tieaa ; el Z1llllbido de laa eampanaa hada ·'librar loe vidrioe de laa ventana&amp;. Desde 1u paredes del cuarto donde dormfa, me miraban
11DU aelioru de largoe cnelloe. Pero lo que m6a
exoitaba mi interá era, sobre la c6moda, UD
viejo reloj de m6aioa. ¡ Qué reloj aquel tu
maravilloso! Debajo del cuadrante, en el aido
del balaneín, una maripoea dorada giraba de
derecha a izquierda. Entre lu doa oolllDIIIIII de
alabaetro, moetñbaae un verdadero jardfn oou
un eaatillo vaseo, UD nrtidor, 1ID08 \ulipanea
rojoe ;y un prado verde oaeuro; en el janla
campeaba un caballero eepañol, mimo eon

-

1,
~ ft . . . .

111111 On't. Ctlll ,i..... ,

...
_,_te
taw del eutillo. «:laaade el aloj aolléa¡

G-lú ~ ....

fijalla III IIW'IIU

.aon

diminuta ~

r•

1111&amp;

llif¡eba aee6.

Jrieemanht, lll fllballmi ._ba 91l ~
el eriaw-1 ondalelo wllll a
'Yueftu 1
brotabe una aclmirabh meloclle utlpa. Yo
-teinplaba
~
~
Pero - olvido hab1llr ele Vita.
Un dfa, la abuela - dijo qae la pobi,eeit,.

w

~-IPIM'lo

...

iba mq mal.
•
-Bueno, pellÑ 70; - q'i!lm deoit q11e le
dan muehoa hombeul.
p 9r la tarde la doncella mo • nuema ~
-. para decirnoe que iba • hlea d: medlei~
naa, ;y que Vita me npba qa11 l e ~ iDl

hwr.
_, Quiere mi ldllr, . .

f-hlbueef
mi llúa1&gt;
;yo.-¡D6nde lo he J)llélllOT Vo;y a bumarle••
Ignoro qu6 demonio petverio - '18pajó,
pe,o entré en el 81111'to1 oault6 mi. h6ar Nlo
la ehaqueta, Y fruquude la verJ&amp;, me p6 por el camp11. Ne - erel lel1l1'0 en
no eatuve lejal, -pl-talP/l!Jte tolo, bajo
Durante 1ar¡o tiempo aaduve el'l'lllte
• ~ orillp del ..-royo. 1Ola, aquella Vita 1
: : , 18 conformaba oon no ir al colegio 1 e9tar
comiendo bombonel todo el dfa, aino q11e, ._.
mis, querfa el húar !

.i.:

-

����</text>
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                    <text>��Jt1t..1~

�AUTORES MEXICAN OS NUEVOS

BIBLIOTECA CENTRAL

U.A.N.L

�M. SILVA V ACEVES

CARA DE VIRGEN
ORRAS DEI, AUTOR.
ARQU(Ll,A OK l\lARFlI,. -México. 1916,
ASIMOJ.A.

. ..... de pauprrr carJl8imus hort-o.

Srnn1rs.

(lin prensa.)

CAllPANITAS DF. PL"-TA V CkÓNlCA DIU. Rll\"

PCLGARCITO. {J!n preparaci6D, l

LRCTURA Sl!Ll!CTA
~ll!XICO MCMXIX

�4UMP!IONI

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CIIYa.J.aOWD16Mu&amp;WIS,
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L minúsculo genio de la tía estaba conmovido con la relación
que ella misma iba haciendo de
las peripecias y tropiezos de su -viaje
entre Veracruz y Puebla, cuando tenía
quince años. Las palabras alcanzaban
en su boca tonos elocuentes y el ademán
de sus manos temblorosas tenía pen•
dientes de su relato los semblantes inmóviles de sus dos pequeños sobrinos.
En la habitación, que se iluminaba en
aquella hora con las últimas lnces de la
tarde, y un poco apartada del grupo,
estaba también la madre de los niños,
joven y tranquila, haciendo labor de
13

�M.

SILVA

Y

ACEVEB

costura, que sólo ititerrumpía para escuchar a la anciana en los pasajes más
vivos. El viaje se había hecho en diligencia, por caminos montañosos e infestados de ladrones, bajo lluvias torrenciales y entre compañeros que, bien
eran mercaderes cobardes que temblaban a cada peligro, o señores prudenteis que recomendaban a las señoras la
mayor presencia de ánimo. La curiosidad de los niños por conocer todos los
pormenores de aquellas pintorescas escenas de camino, se demostraba en las
preguntas con que interrumpían frecuentemente el relato de la tía. El reloj
de la iglesia vecina hizo sonar las siete de la noche. Una criada había traído
luces para alumbrar la habitación, y el
sillón bajito de la tía, y las sillas de los
niños, y el sofá en que la mamá estaba,
y el gran retrato al óleo de la tía, con
treinta y cinco años menos que al presente, suspendido sobre el sofá, y el lecho modesto y aseado que se veía junto
al muro del fondo, y todo lo demás que
había en la habitación, así como las
personas mismas, hicieron su aparición
14

CAR A

•

D E

VIRGEN

más clara entre un juego de luces y
de sombras bien marcadas.
La puerta que comuuicaba con la
ha hitación contigua se abrió silenciosamente, y dió paso a un nuevo personaje. cuyo andar lento y callado para
nada interrumpió la plática. Era el valiente Almauzor, que reinaba despóticamente en la cocina y se ufanaba con
la ausencia de ratones en los lugares
más obscuros de la casa. Vcnía a traer
el me11saje de la cocinera y, para ser
notado, se adelantó hasta el centro de
la escena y allí, sentado en sus dos pat~s traseras, fué mirando con intención
las caras de todos. Después, aprovechando una pausa, lanzó un maullido,
que era el recurso extremo de su cortesía entre los hombres. El relato dt&gt; la
tía Re interrumpió en buena hora para continuarse después; la labor de
costura se su!lpendió también, y las
ágiles manos lo acomodaron todo cuidadosamente en un cestillo blanco; los
niños saludaron a Almanzor tomándole
las manos y haciéndole danzar, y todos
imlieron por la puerta entreabierta, de15

�.U.

SILVA

Y

AOEVES

jando en la habitación los asientos vacíos y, en medio del silencio y de la
luz amarillenta de la lámpara, una como forma impalpable de la Yida doméstica de aquella casa.

II
Mnrtin Ramos era un joven pintor ...

16

�-UTIN----llll~pha&amp;clr ele provilioi. qae vi'ria •
la Capilal ele n Bitado natal,
- .. faadJie, "'Ollpusta ele .. vieja
.S. i . - , Adela, 1111 jovea .,,_ 1'11lliia,: 4- liilol de ttw 1 eutto dlla,
JNiPtiilbcaate, llePW!eet ~ 1

Ollli per eapdiiho d&amp;la UIÚ, llUido
4e
1111 plúido eaento qua

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--•laiPfaDlli&amp;.
Lfap I tc

1JB&amp;t1t••--·

... __.., . . . . . . l6lo par , . . ~ , 1u 11e11ae hiju a
111141 de - a,riealt,orel, tilnen que P~ • 'rida, ,a MtUdo paadeá l&amp;JI

�.'11.

S l L l' A

Y

A C E V E 8

tras con sombra para el rótulo de mia
tienda, o enseñando a las hijas di' los
ricos a copiar flores para que su educación no quede trunca, o bien decomndo cielos rasos e iglesias, y otras
veres retocando cnadros de sacristía
&lt;'1mc&gt;g-r0cidos con c&gt;l po!Yo . .A todas estas ocupaciones se avenía la humildad
&lt;le l\fartín y de todas su genio había
triunfado: Era el mejor pintor de la
ciudad. con amigos y admiradores en
&lt;&gt;l Gobierno, amistades entre las buenas familias y protectores generosos en
el clero. Empezaba a cobrar alientos
su natural modestia para salir al campo en un bnen día de sol, con su tela
hajo el brazo, ~- rnsa:rnr el paisaje. o
hi&lt;'r1 para logral', por medio de su¡,
anústades. tener r11frente a la más bella de las hijas del afortunado agricultor, resignada y feliz con la ilusión
de un buen retrato, cuando las cosas.
como es frecueute, se ordenaron de
otro modo.
f.Ja casa del pintor Ramos, pobre como su vida, se alineaba con otras muchas, en una calle larga que se veía
20

U A R A

D ¡;;

J'IRGEN

on&lt;lular siguiendo la inclinación suave
de una colina. Su .fondo lo llenaban
los copudos lÍ:rboles del río y el vago
contorno de una sierra azul. Esa calle
atravesaba la ciudad y en lo más alto se alzaba una iglesia, cuyos muros
habían sido los primeros que en la ciud~d se levantaron, y que de tiempo inmemorial había dado nombre a la calle que dominaba : era la iglesia e.le la
Soledad. En el interior de ella se eleyaban las plegarias más sinceras de
los fieles, en su mayor parte campesinos. y la Yirg-en de su advocación era
honrada con una solemnidad qué atraía
peregrinos y mercaderes de lejanas

tü·1-ras.
En la época de que tratamos, la
ciudad-capital de aq_ueUa proYincia
estaba floreciente; r, en la última Semana Santa, todos pudiel'on notar que
rn la iglesia de la Soledad hacía falta una renovación que le permitiera
ser un reflejo fiel de la fortuna y religiosidad de sus habitantes. El Padre
Tiuiz, que era el Capellán, fué el úni1•0 en quien ese pensamiento no germi2t

�M.

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L F A

}'

A

e

E

y

E

s

nó espontáneamente. Y pasada la fiesta de aquel año, f'll que, como siempre,
había tenido la ayuda celosa de las familias prü1cipales; y &lt;leshechos los altares y vueltas las imágenes a sus nichos, y recogidas las limosnas y clasificadas las ceras sobrantes, vuelta, en
fü1, la iglesia a su vida ordinaria, se le
veía todas las tardes. cu la puerta del
atrio, de plática ociosa -:,- regocijada
con los muchachos de la escuela o con
los ncinos que pasaban. Fué necesario que lma comisión formada de comerciantes, obreros y labradores, se le
acercara y le dijera que todas las clases querían ver renovada la iglesia de
la Soledad y mejorado el culto a la
bendita imagen, para que el P. Ruiz
pe11sara en esos complicados asuntos.

III
La piadosa leyenda de Santa Eulalia ....

11

�L

A piadosa leyenda de Santa Eulalia de Mérida había sido elemento importante para que,
desde la infancia, la vocación del P.
Ruiz se decidiera por el sacerdocio.
La de,·oción por esa Santa Virgen le
había sostenido siempre, y tan bella
y levantada pareció a su espíritu la
relación de esa Yida, que adquirió, sin
darse cuenta, el gusto por las leyendas ele los santos. Con esos libros había llrnado, por muchos años, las horas ele sus días cuando era un niño_
de escuela; después, cuando fné un
mozo graduado de Bachiller E'n su
25

�(,' A R ,1

D J,;

VIRGE.Y

Seminario, y, pol' último, cuanclo fué
estndiaute de Teología y sacerdote de
Cristo. Esta afición liter·aria ¡,. salYó
de un mal estilo y dió a su convPrRa-·
ción un color anecdótico, apartán&lt;lo1::t sensiblemente clr la rigicle;,; cles¡;arnada de las formas dialécticas. ::,u g-enerosi&lt;lad y dulzlll'a no en pequeña
J)arte provenían también de allí; y :rn
en el dorado camino ele las leyendas piadosas, su espíritu se enriqueció con otTos
gustos menores que él acogió con simpntía y estaban bien en su fisonomía de
Rabio l:Omo un rasgo indispensable: su
delrit(' por leer en libros raros, su conocimiento de las buenas ediciones, su
amor ])Or las estampas finas y aquella
erudición tan bien nacida que mostraba hablando de pintura Teligio1sa.
El P. Ruiz era también un maestro
pintor, sin ostentación ni vanagloria,
con antigua devoción por el arte, al lado de maestros en su mayor parte eclesiásticos y con un gran empeüo por
llegar a hacer una obra personal. Este era el P. Ruiz a qujen la provincia
sola no llegaba a explicar, sino con-

tando con el genio qur le era propio y
la suerte singular de su educación literaria.
Cuando tuvo alrededor de sí a esos
hombres de caras sencillas y semblantes humildes, no dejó de decirles en
el tono amigable e iróniéo en que solía hablar:
-Todo se hará según vncstl'Os deseos. La arquitectura de esta iglesia
puede cambiarse y las demás artes
pueden veniT a or11amentarla; su campanario será elevado majestuosamente para que puedan sus voces llegar a
los oídos más distantes. Todo esto lo
apreciarán los hombres y se hablará
de vosotros más allá de vuestra ciudad;
despertaréis la emulación en los pueblos, vecinos y ellos también reedificarán sus templos para honrar a sus imágenes. Pero cuando parezca que todo
un clamor unánime de devoción se encanlÍna a los cielos, guiado por vosotros, habrá pasado tiempo para poner
en ruina vuestra obra, y ese vano clamor se quedará en la tierra.
'' La simtuosidad del culto es vani-

~6

'27

�1'!.

SILVA

Y

A OEVES

dad necesaria de los hombres, por eso
escucho vuestra petición; pero creo
que, no sin razón, las leyendas han mezclado en ella una influencia misteriosa &lt;le castigo o de venganza que vaga
incierta entre los santos de Dios y el
Espíritu de las Tinieblas: tan extraña llega a aparecer en un momento la
retmión de los datos y circunstancias
que concurren. Cuentan que San Agustín decía que las construcciones nuevai:; son estorbo para que el espíritu
se abandone a la meditación.
"Yo soy espíritu preocupado para
remover una piedra o para mutilar un
árbo1, porque en el fondo de mi alma
Yive la superstición; y os confieso que
las palomas que anidan en lo alto de
• las grandes ventanas de la iglesia y
cuya forma han tomado para volar al
cielo, en presencia de los mismos verdugos, las almas de las vírgenes que
fueron mártires de Cristo, son el motiYo más serio que tengo para oponerme a vuestros deseos. El "'\'Uelo de esas
palomas y la alegría que comunican
a Jr soledad de la iglesia, me (~?.TI (!01128

O A R A

DE

VIRGE,..\'

fianza en vuestra felicidad. Si las desterráis de aquí, destruyendo sus nidos,
para Clllllplir un propósito v,1110. sentiría que habíais ]Jamado sohl'C:' Y•)sot1·os un caHtigo fatal.'·
En este punto, el tono de su_ YOz hizo que cada uno de sus oyentes meditara sobre sus propios intereses para encontrar sentido en las palabras
del Capellán. Entretanto, el P. Ruiz,
con la monotonía del que no se apasiona y aconseja sólo por caridad, movió
su discurso a otra parte, diciendo:
-Sería lamentable, también, perder, por un deseo -insano. la última
muestra ele arquitectura colonial que
queda en esta Yieja ciudad. Los muros,
ennegrecidos por el tiempo, porlr:hi
cambiarse en otros de piedra blan,:a y
pulida, con simétricas ventanas ojivales y ,-idrios de colores; pero d fspíritu, como las golondrinas, tardará en
anidar allí; los altares de oro viejo,
recargados de moldurns, podrán ser
convertidos en otros de yeso y oro brillante que ningún deleite darán a vuestros ojos; nuestra noble cúpula de azu-

�M.

S 1 T, ,- A

Y

A C E V E S

lejo8, ;,qué crepúsculo habrá que no la
haga aparecer graciosa? Cualquiera
otra que la reemplace, aunque sea
más espléndida, cambiará totalmente la silueta a que nuestras callef: l'.'Stán acostumbradas. Echaremos de menos largo tiempo las torres alegres :v modestas, y el sonido de
sus campanas nos pareberá otro saliendo de las torres orgullosas que intentáis levantar. Y los cuadros venerable.o:; que conservamos, hechos para
decorar nuestra iglesia, y que vemos
toda,ía en los mismof: lugares que los
benefactores les dieron, no los admitirá el templo nuevo, o ellos deslucirían
sus tonos y al cabo serían tratados
impíamente en cualquier forma y trocados por pint~lras nuevas sin valo.r ni
tradiciones. Las preciosas maderas del
órgano, labradas con primor por la fe
religiosa, nunca más las wríamos sino mutiladas y muertas. Es el alma de
las cosas que se defiende de la destrucción envolviéndonos interiormente en
Ulla nube ele recuerdos y seutimientos
delicados, que acaba por apoyar nuestra
30

CA R A

DE

rJROEN

e.xistrncia en la existencia de ellas misma,;. Emplead YUestro celo eu conservar la iglesia como está, como la conoció
Yuestra infancia )' la visitaron vuestro-; abuelos, y no queráis acabar con
t'f;ta casa en que Dios ha vivido satisfrcho."
El f!rupo de va11iclosos hombres de
provincia no contaba con la opinión
del P. Ruiz y quedó desconcertado.
Aquella visita terminó sin réplica alg-una y cada qlJ.i_en, con la mente fi,ja en las palabras que lmbía podido conservar, besó humildemente la mauo
suaYe del Capellán, en señal de desJwdida, y todos salieron de allí cuando las primeras estre11as aparecían en
el ,•ielo de aquella tarde limpia.

�IV
Fué motivo de indecisión para las

clases ricas ....

3

�UE motivo de indeeiai6n para laa
elaaea ricu de la ciudad, durante
una semana, la actitud del P.
Ruis. En la junta inm'ediata en que se
vieron reunidos de nuevo los vecinos
principales, despu&amp; de que fué ganándoles la tranquila violencia del amor
propio, todos convinieron en que el Capellin de la Soledad era obstieulo serio
para la renovación de la igleaia, y babria
que alejarlo Bi se queria eontar con
un templo moderno, digno de la eivilizaei6n de aua habitantes. Alguien
quiao defender al P. Rniz, preaoindiendo de 8118 ideas atraasdaa, y re-

F

36

�M.

8ILVA

}T

AOEVES

cordó a todos el celo que ponía en conservar a la iglesia el noble aspecto de
monumento antiguo y venerable, y aun
citó algún sermón en que todos pudieron apreciar el amor que el Capellán tenía por cuanto era de la iglesia
y de su historia, y terminó recomendando que para lastimar menos los sentimientos del Capellán al separarlo de
su iglesia, se procurara no apartarse
de las buenas formas; que procec1iendo así, la obra piadosa tendría los mejores principios.
Con tan suave opinión, aquellos espíritus fogosos se excitaron y acabaron por consideniT al P. Ruiz como un
enemigo a quien había que vencer y
dt&gt;struir.
Aquella ciudad 110 era cabeza de
Obispado. El P. Ruiz sabía, sin embargo, que los tiros darían en el blanco, como sucede siempre que los fuertes combaten a los débiles. Se propuso, con todo, no defender su puesto,
pensando en el olvido de la mitra y
en que aquel pueblo inculto no era
digno de poseer la vieja iglesia de la
36

C' AR A

J) ¡,;

I' IR U EN

~oledad. Entretanto, se abandonó, en
espera de los acontecimientos, y en su
vida no pudo notarse el menor cambio: su misa temprano, su paseo por
el río, ya entrada la mañana, su café
de siesta en la casa del pintor "Martín
Ramos, su ejercicio de lectura en medio de sus libros, y sus oraciones de
noche, S&lt;' cumplieron con el mismo orden que antes, y sólo en algún sermón,
predicado en esos días, pudo deslizarse un ligero asomo de melancolía que
nadit&gt; notó sino .A.dela, la esposa de
:Martín Ramos, que seguía con atendón eI discurso y conocía el tono familiar del P. Ruiz.
.Adela trnía dicciuue\'e años y el
ca bello de un rubio de oro. Era una
mujer sellC'illa, sin inquietudes espirituales que le fueran propias. pero con
una grau hospitalidad para las inquietudes ajenas. Vivía entregada. por entero a su hogar, en que movían sus risas sus hijos Roberto y Celia y en que
dominaba la voz cascada de su tía Laura. llena de sentencias y consejos, y
eterna &lt;lefensora de los chiquillos.
:n

�M.

r

S I L T' A

A C 1~· V E :-,

Adela, sin encontrar Pll ello vanidad.
llevaba en sus ojos una impresión d&lt;'
i;erenidad tan consoladora, que el P.
Ruiz le había dicho alguna vez. en la.
plática de sobremesa, CJ.Ue las vírgcne&lt;;
tle :M:urillo no te1úau ojos mejores. ni
Santa Eulalia mirara de otra mauera
el cielo desde la hoguera ence&gt;nclida.
De estos o semejantes propós1tos, i;e
seguían algunas Yeces pequeños temas
de conver¡¡ación sobre la manera de
interpretar los rostros de los santos
en la pintura española e italiana,
que no poco admiraban el espíritu un
tanto rudo de ::.\fartín Ramos, hombre
sin suficientes ideas en la materia "!&lt;sin valor para descubrir el fiu de su
vida y consagrarse a él. El P. Ruiz le
estimaba, porque veía eu él un discípulo en quien había despertado algunos entusiasmos y al que pensaba llevar pacientemente hasta donde quisiera seguirlo en el camino de su educación artística. Sentía necesidad de comunicarse con alguien en aquel medio sordo y poco sensillle para recibir
ideas de alguna delicadeza; por esto,

ª"

C .-1 R A

D E

principalmente, buscó la amistad de
Martín Ramos. Afortunadamente se
encontró con gentes sencillas en las
que su espíritu generoso supo despertar bien pTonto firmes simpatía!-, hasta
que llegó a ser el visitante diario cuya
presencia era i11dispens~ble, a la l10ra
de la siesta, para tomar el café.
Dt&gt; e;;ta manera, aquel buen hombre sin
familia, a quien nadie conocía cuando
llt&gt;gó a la ciudad, haría unos diez años,
a r1uieu su modestia nunca abandonó,
ni i,;u tranquilidad, aun en medio de
las dificultades que alguna vez pudo
crearle la fírmer.a de su carácter ante
las volllntac1es ajenas, &lt;;&gt;11 ningmia
amistad. de las que contaba. se confiaba tanto como en la de aquella familia
que a sus ojos se había formado y junto a su iglesia. También allí era donde se sentía más comprenclido, y esta
Pxigcncia, que es de todos. y que él
apr&lt;&gt;ciaha en :-:;u gran valor, le hacía
considerarse como miembro de aquel
pequeño grupo cuya vida le interesaba tanto como la suya propia.

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1

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1

N los cuadros ele este género,
cuido, ante todo, de la armonía
de los grupos y en particular de
las manos y del aire de las ropas,decía con tono de superioridad o
de ironía el P. ,Juan Ruiz a Martín Ramos ~~ a Adela, frente a un gran lienzo en la sacristía de Ja iglesia de ]a
Soledad, donde tenía instalado su taller. Era un lienzo no terminado que
debía figurar en el tablero central de
un tríptico en que estaba representado el martirio de Santa Eulalia de
Mérida, según se refiere en el Himno
de Prudencia, y destinado a decorar

E

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1 '

•

43

�JI.

SILVA

Y

AOEVE8

el muro principal de aquella eataneia.
Era la Santa de toda 811 devoei6n 7
querfa dejar en la iglesia eae :recuerdo.
Con - idea no dejaba de e-.,rar
diariamente alg6n tiempo a la ejequ.
ei6n de 811 obra, y ahora que en ella ae
podian ya apreciar loa tonoa dominan.
tea y loa dibujo. mú firmes, la traba a sua amigoa, ineapaa de eontener por mú tiempo el aeereto en que
la conelbi6 y la venia .....,liund11 hasta entonees.
En el tablero de la izquierda
la unta iba eaminan•fo en medio
de la noche, por una senda espinoaa, de hufda de la easa paterna, eon
un rico manto apenaa echado encima
para cubrirse del frío, y el aemblante
animado, indiftrente a las aapereaa
del camino, fijo en un coro de qeles q ne de lo alto le ofreclan, como en
juego de niñoa, instrumentos de martirio. Una luz blanca y dulce ilUIIÚDaba a aquella niña de doce añoa y haela
brillar su cabellera de oro agitada por
el viento. En el tablero central las llamas de una hoguera que ae eonaume

''

CARA

DE

VIR6E

envolvlan el 'cuerpo desnudo de la santa aJ tiempo de morir y l!OIDO aeariei!ndola, llepban a 811 boea y ella pare3fa guatar hondamente de UD plaeer, en
tanto que una paloma blanca abandonaba aquel euerpo y volaba plAeidamente hacia la altura en medio del eapanto de loa verdugoa. Bl tablero de
la derecha l'l!preaentaba UD palaaje de
nie'l'e aobre una ciudad eonvenei-1.
La nieve habla cubierta la hoguera y
el cuerpo de la anta virgen estaba eomo bajo UD cúdido manto. Bn 811 roem, tenla la el[J)Nlli6n de un nifio euando duerme.
--&amp;guramente que- ahon. no guatiña de ella todavfa-dijo a sua vmtantea el P. Juan Rnis, retiri6nd- a la
aanta del tablero central, que era el
6nieo expuesto, y despu6t de un rato
en que llartfn Bamoa anduvo examillindolo de cerea ain podene f - . r
iapreai6n, mienuu Adela permaneela inm6vil eontemplúdolo al lado del
Meerdote.
-¡ Por qu6 hab6ia puesto tanto euiudo, Padre, ma -belleeer aJ verdu-

"

�.A-1.

S I L V A

Y

A C E V E R

go, en tanto que el grupo de fieles que
acompaña a la santa aparece apenas
bosquejado?, preguntó Adela con senciilez.
-En estos cuadros, hija mía. como
eu las vidas de las vírgenes mártires,
lo~ ,,erdugos son siempre gentes de
calidad, gentes ricas que tenían los
primeros cargos del gobierno y cuyo
esplendor omnipotente venía a encontrar m1a pequeña resistencia, una contrariedad, en la virtud heroica de estas cristianas primitivas. Con nada se
irrita tanto la voluntad caprichosa, como con un tropiezo leve que se le
oponga, y llega en su irritación a los
excesos más graves. E'sta verdad se
repite en las vidas eserítas de los santos más de lo que pudo repetirse realmentP en la vida misma, pues seguramente, hija mía, que esos romanos
sensuales y poderosos, cedieron eon
facilidad, en la mayoría de las veces,
a Ja obcecación de las vírgenes cristianas-que tal Jes parecía la virtud
de éstas-sólo por evitarse las molestias de una eseena como la que allí sr
16

&lt;' A R A

Di!:

¡r T R G J~' X

reprl'Senta. Por lo &lt;lemás, la cara plácida de los mártires hac&lt;" dudar mucho, a nn espíritu despreocupado, acerca de la verdad del martirio.
-Entonces, Padre, no me explico,
dijo Adela escandalizada, qué es lo
que queréis pintar, ni qué valor tenga esa tradición tau arraigada de donde nace' toda nuestra devocióu por los
mártires de Cristo.
-Tranquilízate, hija mía, repuso el
P. Ruiz, satisfecho del juego de sus
paradojas. ~uestra devoción nace de
allí efectivamente, porque hemos nacido cristianos y ningún esfu&lt;'rzo nos
cuE&gt;sta entender a la víctima para simpatfaar con ella. Otra cosa es entender al verdugo; para eso tenemos que
culfrvarnos especialmente, ~· a veces ni
así se logra. Para el n1lgo in.culto,
&lt;!lH' 110 ama la fragancia del estudio, estos cuadros se conviC'rten en telas YiYas en qur su alma se Ye representada
~· atormentado su cuerpo frente a unos
penwnajes inexplicables, que en medio de su belleza y su esplendor, tienen
Ja vida más triste, porque mientras
47

��M.

S 1 L 1· A

I'

AOF:í'F:S

-(~ Y cómo ha de Ser eso, Padre Yelijo Martín.
-Intento trasladar el rostro de Adela a ese lienzo que vPis inacabado y,
si tú lo permites, la Virgen Eulalia
tendrá la expresión más fiel que le
imagino.

YI
Con el ag-ua de lluvia que escurría . ...

50

�e

1

ON el agua de lluvia ,¡ne escurría del alero del corredor, fácilmente se formaba en el patio
irregular de la casa de Martíu Ramos
uua pequeña corriente qne iba a perderse en un caño que romunieaba con
el corral_ Aquella tarde Jiabía llovido con fuerza, y después de la lluvia, los niíios, con los pies desnudos,
se divertían en estancar el agua del
pequeño arroyo, oponiénclole una presa de arena. Por entre las maceü1s que
adornaban el corredor y las yedras
,¡ne trepaban por el barandal, podía
verse, en la habitación de enfrente, a
53

�ACfiJVRS

1· I U U E .Y

la tía Laura, calaclos los vieJOS anteojos, leyendo en un libro usado que,
por el forro d&lt;' tela negra que tenía en
la&lt;, pastas, se sabía que era la Historia Sagrada, y, apena&lt;, saliendo de la
penumbra, a Adela, que cosía y escuchaba la lectura. Almanzor, tir~do sohre el sofá, con un ojo entreabie1to v
con el otro dormido, pasaba la siest~
y azotaba regaladamente la cola sobre
su flanco. De cuando en cuando Adela
levantaba la cara y fijaba la vista en
lo alto, buscando una iclea intermedia, que estaba muy lejos, por cierto, del campo de batalla en que hacía
prodigios el valor de Judas l\Iacabeo,
según leía con entusiasmo la vieja

Lo que Adela pensaba era cómo uecir al P. Ruiz lo que su marido, con
grandes reservas, le había escrito desde México. ¿El espíritu del sacerdote sería fuerte para sufrirlo y bondadoso para perdonarlo~
Hacía algún tiempo que el P. Hniz
no Yisitaba la casa de Adela, sin que
ei:;to pudiera atribuirse a la ausencia
de Martín Ramos, que dos semanas
antr&lt;.; había partido para la ciudad de
México, cou motivo de un negocio, según hizo saber, pues ya en otras Yec.es, a pesar de esas ausencias, la visita del P. Ruiz no faltaba en aquella
easa.
Los chiquillos llevaban en triunfo
la rama de madreselva para su madre,
cuando Yieron, desde la puerta del zaguán, Yeuir al buen sacerdote que les
era tan familiar amigo. Corrieron,
pues, a encontrarlo con el regocijo que
solían y él los recibió con el festejo de
costumbre. Así entraron hasta donde
estaba Adela con la tía Laura, quien
ya no pudo terminar el episodio emoci011antt&gt; que a la sazón leía. Adela se

M.

:; I f, V A

l'

tía.
De pronto la niña Celia se volvió a
su hermano Roberto y le dijo:
-Súbeme en tus hombros para alcanzar esa rama de madreselva que
tiene flores y lle,arla a mamá. que le
gustan tanto.
Y el niño la subió y la rama de madreselva pronto estuvo en manos de
Celia.
54

55

�M.

S I L V A

Y

A C E V E S

desconcertó no poco, pero entró en la
confianza de siempre al segundo instante.
-Señoras mías-dijo el P. Rui;,; sin
má!:; preámbulo-no nos habíamos visto, porque siempre huyo de comunicar malas nuevas, aun a costa de los
únicos ntos de alegría que tengo en
este pueblo ingrato. Esperé hasta el
último momento y éste ha llegado.
Nuestra vieja iglesia de la Soledad va
a ser destruida sin otra causa que el
esplendor del culto. Tanto el Gobierno ci ,·il como el eclesiástico, de quien
yo esperaba más cordura, han consentido en la obra y yo soy el vencido.
Mañana partiré de esta ciudad.
Siguió un momento de pausa solemne que la tranquilidad del P. Ruiz
pronto desvaneció, y el ascendiente de
aquel espíritu sobre los otros fué alejando piadosamente de un dese1llace
doloroso la larga plátíca de aquella
última visita. Se habló de la necesidad
de un descanso proporcionado por el
viaje y la distracción; del envío df'
frecuentes cartas; de visitar a Martín
iiti

CA R A

DE

T'fRGgA

&lt;'11 México: de guardar rn aqurlla casa algunos muebles y libros; dr la ~ran
devoción del pueblo hacia rl tríptico
de Santa Eulalia que el P. Rniz había
terminado hacía tiempo y decoraba
una pequeña capilla a Ull lado de la
nave de la iglesia. Acerca de él encargó, especialmente a Adela_, frrcuentes noticias el buen sacerdote.
La despedida fué tierna. Todos se
conmo,ieron y el P. Ruiz, para romper
delicadamente aquel momento angustioso, quiso salir de aquella casa lle·vando la rama perfumada de madreselva en rrcuerdo de los niños.

�Vil
La destrucción de la Iglesia de la Soledad ...

�A destrucción de la iglesia de la
Soledad fué rápida y la reedificación tuvo la lentitud de las
obras que patrocina una empresa cuyos fondos de administración andan
siempre muy codiciados.
El principio de esta reconstrucción,
sin embargo, fué de entusiasmo general por la nueva obra. 'roclo el mundo,
grandes y chicos, ricos y pobres. acarreaba, durante todo el domingo, su
''faena,'' o sea puñados de arena o un
canto de piedra cuyo volumen cada
quien medía por sus propias fuerzas.
Estos materiales se iban acumulando

L

61

�M.

s

I L

v

A

1·

A

e

E 1T E s

en un lugar de donde los operarios
pudieran servirse de ellos fácilmente.
Este resto de una tradición muy Yieja, más que un modo de construir, era
símbolo de una devoción general y de
un fervor religioso práctico y activo.
La obra fué avanzando lentamente,
bajo la dirección de arquitectos venidos de la Capital de la República, algunos de ellos extranjeros, q_ue para
dar gusto a aquellos apasionados vec111os, únicos que pagaban, empezarou por alabar su celo religioso y, procurando ajustaTSc a él, presentaron
un proyecto según el cual la iglesia se
levantaría revestida de una suntuosidad y elegancia que opacara a las mejores iglesias de los contornos, aunque
para esto fuera necesario renegar de
toda tradición y mezclar los órdenes
~- buscar los efectos más groseros a
costa de la solidez y de la armonía.
Así fué creciendo el nuevo templo sobre una base de Ol'O y de estulticia.
que no bastó para evitar derrumbes
ni peligros.
La decoración del nuevo templo fué
62

CA R A

DE

VIRGEN

&lt;'ll(•omrudacla a ).fortín Ramos, J· aqurl
¡lrupo de provincianos que encabezaba &lt;'l moTjmicnto para mejorar el culto y administraba los fondos. lo había pensionado pq.ra que en la Ciudad
&lt;le "l\,féxico estudiara el decorado que
eon vendría dar al templo.
El primer año fué &lt;le ·n rdadero fruto para Martín. Se inscribió en la Academia de San Carlos, conoció mae!'itros, empezó a Yisitar con frecuencia
bu; ¡:?'al!'rías de la Academia y los talleres de los discípulos más aYentajados,
él mismo fundó el suyo, y enderezó por
fin sm; ideas hacia el objeto de su mi~ión. Esta labor incesante no le impidió
atender desde lejos a su familia; sus
cartas fueron tiernas y- constantes. ~.\I
final de aquel año vino a la capital de
a&lt;¡uella provincia y supo todavía calmar las inquietudes de Adela, que se resignaba mal con aquella ausencia tan
larg-a; oyó todaYÍa con la ate11Ción de
sirmpre los consejos de la tía Lalll'a
Y fué amoroso con los niños. Sus vecinos admiraron sus talentos y toda la
6:!

�Al.

SIL VA

Y

A CE VES

ciudad, tácitamente, depositó en él su
mejor esperanza para el coronamiento de aquella obra.

VIII
Pero Martin volvió:, la ciudad de México ...

5

�ERO Martín volvió a la ciudad
de México a continuar estudiando sus proyectos de decoración, y en esta segunda vez la vida de
la metrópoli abrió su espíritu a la cu~
riosidad de los placeres que la pequeñez de la provincia y su timidez natural le habían ocultado.
En México, los pintores nunea han
faltado. Durante la Nueva España, llegaron a singularizar la '' Escuela
Mexicana'' que, por las telas que de
,ella nos quedan, se ve como una hija de la fuerte '' Escuela Española.''
Es pintura religiosa en su mayor par-

P

1

67

�M

SILVA

Y

AOEVES

te, hPcha para cumplir un voto, para
honrar un altar, para engrandecer una
devoción. Las iglesias coloniales, siguien_do las modas de la metrópoli,
comb1Uaban felizmente el oro abundante de sus altares con los tonos amables de las telas en que se representaban ya personajes aislados o escenas
edificantes para una sencilla devoción
cristiana. Afortunadamente pueden vertoda vía luciendo estos despojos del
tiempo, cada vez más incomprendidos
de las gentes.

s:

Los estudiantes de pintura de México concurren a la Academia de San
Carlos, noble Y viejo instituto que fundó ~- M. Carlos III, en .... , y cuya
gloria pasada bastaría por sí sola para hacer de México una distinO'uida
ciudad. Allí está la pinacoteca qu: con
el tiempo se ha formado con al.,.unos
originales valiosos de escuelas ºeuropeas, gran cantidad de copias v una
sala especial para la "Escuela ·Mexicana,'' en donde los grandes . lienzos
de lo~ Echaves, los Juárez y Arteagas, Slll llegar a un mérito excelso, Ue68

G AR A

DE

l. I R G E 1Y

nan aquel pequeño rincón de una simpatía íntima.
En este medio, el débil espíritu de
Martín Ramos recibió sólo las primeras
auras de una labor seria. Rodeado de
ami.,.os más jóvenes · que él, alegres y
lige;os, fué dejándose ganar por las
teorías que éstos le hacían, para sacudirle el polvo de la provincia, sobre la
vida que debía llevar un artista de vocación. Su propia timidez fué el mejor
aliado de su vanidad para arrastrarlo a los mavores desórdenes y hacerle olvidar p~r completo sus deberes sagrados.
El P. Ruiz, buscando la soledad y el
apartamiento, en vez de llegar a una
ranchería o poblado pequeño, en donde se hubiera considerado dichoso, vino a ser nombrado para regir el curato de uno de tantos pueblecillos que
rodean a la ciudad de México, entre
gentes pobres y laboriosas, cuyas costumbres tienen una simplicidad muy
primitiva. Son lugares solitarios y
tristes en que el espíritu despierta su
melancolía y la hermosura del paisaa:1

�J,f

&amp; I L V A

Y

A OE V E S

je lo rinde. Hasta allí iban a buscar
al buen sacerdote las cartas de Adela, cada vez más ansiosa por saber toda la verdad acerca de su marido, que
desde hacía muchos meses no le escribía.
El P. Ruiz poco se alejaba de su cura to, en donde tenía libertad y buen
humor para mil ocupaciones diversas.
Sus viajes a México eran, bien para
asmitos de su ministerio, o bien por
mero estudio. Se resolvió, sin embargo, al recibir la última y persistente
carta de Adela, a hacer viaje especial,
para saber con exactitud la vida que
hacía Martín Ramo~. Se habfa propuesto no ver más a éste desde que
supo la debilidad con que aplaudió la
destrucción de la iglesia de la Soledad
al verse encargado de estudiar el pro-'
yecto para decorar el templo nuevo.
La carta que escribió para Adela,
cuando llegó de vuelta a su curato
después de pensarla largamente, mi-'
rando a la ventana abierta sobre un
pequeño huerto de manzanos, decía
así:
70

CA R A

DE

VIRGEN

'' Tu marido, hija mía, está por ahora perdido para ti. Y digo por ahora, porque no desconfío en que el Cielo
le hará mudar de vida, en atención a
tus virtudes y oraciones.
"No fueron sus amigos los t¡ue le
hicieron cambiar, como yo creía al
principio, sino la gran soberbia que
de pronto se apoderó de su espíritu,
apenas supo que los devotos de la Viro-en de la Soledad en tu pueblo le haºbían retirado la pensión que tenía, en
vista de que ya no estudiaba, según
los informes especiales que fueron de
México. Por ellos se llegó a saber también que vivía con una mujer de mala
Yida v en nada más se ocupaba. (Y o he
podido comprobar ahora que, desgraciadamente, estos informes no eran falsos). Si no te escribe, es porque esta
mujer lo absorbe todo entero. Ella
tiene un taller de costura para señoras y él la ayuda haciendo dibujos de
sombreros y vestidos. ¡ En esto vino a
parar, hija mía, la decoración del
templo nuevo de la Soledad ! Por otra
parte, estoy enterado de que el temiL

�"1[

SILVA

Y

AOEVES

plo no adelanta, y de que el retiro de la
pensión se debió también a que el dinero se había agotado. En vez de una
iglesia vieja tendréis, pues, una ruina nueYa.
"Los desvíos de tu marido y la vi- ·
da disipada que lleva, acabarán pronto seguramente. No es hombre pervertido del todo. En esto más bien veo
la mano de un designio más alto. Debes, pues, resignarte a contriblúr con
tu parte para satisfacerlo; mira que
yo también tuve que sufrir cuando tocó mi vez.
'''l'emo, tanto como tú, que aquel
pueblo irritado por las desgracias que
le han sobrevenido desde que destruyó
la Yieja iglesia, se vuelva contra mí
como el causante y el vaticinador de
ellas. y que por ser el tríptico de Santa
Eulalia lo único mío que allá quedó,
sea movido por el demonio a cometer
un sacrilegio en aquella imagen bendita. Hay ya ejemplos numerosos de
esto en la historia del culto. Quisiera,
por tanto, recogerlo o que tú lo guardaras; y si encuentras un medio pa-

CAR A

DE

VIRGEN

ra lograrlo, comunícamelo en seguida.
'' N'o me pidas nue,·amente que me
informe de tu marido y mucho menos
que le hable. No quiero que él se imagine que he olvidado su falta y trato
de probarle que soy su amigo, aun
cuando en la realidad, como ves, lo sigo siendo.
'' Mi parroquia es apartada de la
ciudad, pero tranquila y alegre. Me
deja tiempo bastante para ocuparme
en lo mío. He pintado unos rincones
de mi iglesia y unos paisajes de esta
parte del valle, que mandé vender con
una firma supuesta y tuvieron felizmente buena aceptación.
'' A. la ciudad voy pocas veces; sólo cuando necesito consultar un libro
o cuando tengo algún dinerillo y la
curiosidad me tienta para pasearme en
los mercados revolviendo los puestos
de libros ·viejos y cosas antiguas. Por
cierto que siempre soy tan dichoso que
vuelvo con algo interesante.
'' .A.hora estoy afanado, es(lribiendo la
vida de una mujer indígena que vivió en esta parroquia hace mucho
73

�M.

SILVA

Y

A CE VES

tiempo, y llegó con sus predicaciones
a exaltar tanto la fe de estos campesinos, que una vez, en tiempo de las
siembras, les hizo ver en el cielo, hacia el Poniente, una cruz negra con
alas de cuervo que, según dicen las
leyendas de los naturales, voló hacia
el Oriente, indicándoles que cambiaran de medios ele vida. Desde entonces,
los habitantes, de agricultores que eran,
se convirtieron en industriales y, enseñados por María Antonia de la Cruz,
que así se llamaba esa mujer, se dedicaron a los tejidos de lana y a la alfarería en que ella era extremada.
)iurió y está enterrada en esta iglesia y cada año, en el mes de las siembrns, estas buenas gentes pasean por
el pueblo una gran cruz negra con alas
y la colocan sobre el sepulcro ele l\faría Antonia, para venerarla diariamente. En el archivo pobre de mi parroquia hay relaciones sobre esto, y
todavía se recoge mucho de la tradición oral. En algo se ha de emplear el
tiempo, hija mía, mientras florecen los
manzanos de mi huerto. Adiós."
H

IX
Y aquella pequeña ciudad, capital
de provincia ....

�aquella pequeña ciudad, capital
de provincia, tuvo au peor año.
La peste y loa bandidos la conaumfan a una. Su riqueza ae tornó en pobreza. Loa hacendados y laa gentes de
comodidad huyeron a laa primeras molestiaa, buaeando en otras ciudades mayor seguridad. Quedaron habithdola
vecinos pobres cuya devoción, al principio, lo esperó todo de aua oraciones,
pero el mal no cesaba, y la fe religioaa
se perdió, dando lugar a una desesperación que inflamó el cerebro de muchos, lanz!ndoloa a trastornar el orden. En todo el pala ae hablaba de aque-

Y

77

�.M.

S I L V A

Y

A OE V E S

lla ciudad como de un miembro podrido que se gangrenaba lentamente, y .
todos los auxilios de fuera venían a
perder su eficacia una vez que se aplicaban.
La nueva iglesia de la Soledad a
'
medio hacer, se había arreglado provivisionalmente para un culto raquítico
y pobre que hacía sentir más pesada, en
el ánimo de los escasos fieles, la ruina general. En uno de los muros y con
el solo fin de cubrir de pronto su desnudez, estaba el tríptico de Santa Eulalia en que todavía se leía clara la
firma del P. Juan Ruiz.
Adela, que por la conducta de su
marido era despreciada de todos los
que habían contribuído de algún modo a levantar el templo nuevo, llevaba
una vida de aislamiento que, tanto como los males que todos padecían le
,
'
hacia desear el momento en que abandonara la ciudad para buscar la vida
y la de sus hijos en otra parte. Tratando de- buscar luces que guiaran su
destino, acostumbraba ir por las tar7;,

CAR A

D E

VIRGEN

des a arrodillarse :frente al tríptico de
Santa Eulalia y allí soltaba sus pensamientos libremente y procuraba allegar fuerzas a su corazón. De pronto
alzaba los ojos a la pintura, y mirando el rostro de la santa Virgen, sentía
que su cuerpo entero se abrasaba en
medio de una hoguera; pero al mismo
tiempo ascendía del fondo de su alma una alegría interior que la hacía
caer en un desfallecimiento, sin que
se diera muchas veces cuenta de las
horas que pasaba allí postrada.
Un día de estos, en que así daba descanso a su espíritu, la sacó de ese estado una gritería de la calle. Oyó que
blasfemaban y maldecían, y se dió
cuenta de que las voces se acercaban,
pues cada vez oía más claros los gritos
amenazantes. Se levantó instintivamente y advirtió que 1a iglesia estaba
sola. Corrió a la puerta, y desde la penumbra del cancel, vió que un grupo
de hombres y mujeres del pueblo, harapientos y miserables, con el cansancio de la embriaguez en el cuerpo y
79

�N

SILVA

Y

ACEVES

una ira brillante en los ojos, arrojaba
piedras a dos niños que huían delante,
en los que ella reconoció luego a Roberto y a Celia, que venían de la escuela,
con sus cuadernos y libros, y que con
caras de espanto miraban a sus perseguidores y caminaban corriendo hacia
su casa, que estaba cerca. Adela alcanzó a oír el golpe fuerte de la puerta que le indicó que los niños estaban
en salvo y su pecho pudo respirar. La
escena súbita que acababa de presenciar y el espectáculo de aquella multitud rabiosa que la injuriaba y trataba
de destruir su casa, la llenó de una
fortaleza tan grande, que su rostro
se iluminó con la esperanza de ver
brillar el fuego bajo sus pies; y sola
eu aquella iglesia, que había tomado
un aspecto de ruina bajo las primeras
sombras de la noche, se apoyó resueltamente contra el muro de que pendía
el tríptico de Santa Eulalia; y aquella
cara de virgen en que la serenidad
se había posado tanto tiempo, se volvió con fiereza hacia la entrada, míen-

'"º

CARA

DE

VIRGEN

tras se oían distintamente los golpes
de las piedras contra los vidrios y ventanas y los primeros gritos de la plebe:
-Al cuadro del fraile maldito! ¡ Vamos a quemarlo !

81
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- - - d • A_.. Nene (a.-.to).
blilM o.n. (pablicado) •
... ffCOlldoa de E1111 ■la •• Cutro, tracJa.~da w di
...._ Valeada. ¡__,1 Bnriqae Amalep1. Lai.
{public:ado).
lña seleccionn de Jali6n d•I C.•I, Gulll.,_ '!11
Jallo Henwa ReiNig, Bdurdo lllarquiaa, J. SU
Barique Banch•. de.

cu-

SBCCION B: &amp;CHAHRAZADA.

Loa má belloa
de todoo loa ,....._
caatro n6meroa de esta aecdóa se forma,, u 'IOI. . . . de
400 "'giaao.
al. I N• l. Contiene cu.e-ato. de Goetbe, Gaatier,
. _ , , ( Konunri Vakumo), Amado N•rvo, Ricbanl llllddly H caeutoúabe (al(Olado).
Vol. 1 a6n1eroa 2, ~ y 4 (ea preparación).

La,..._

SBCCION C: VARIA.
~ l o a lle,....._, po&lt; 1-poldo Lagot1N (publlado)
U.ro de Moaelle, por lllarcel Schwub. Trad"""'6a N
Roloel c.-., (ea preporoción).
~ P•, por James 111. 11.rri•- Traducci6n de Julio Tmrl
(ea prepar■ciónJ.

&amp;earuiúa wlcccioan die Ga.ti,rrez N,jera, Rodó, Carl:,le, etc.

SRCCll&gt;N ll: AUTORÉI Ml!XICANOI NUBVO .
DIY■p- Rtenrtaa, po&lt; Josl Vuconceloa (agolado),

e;,,,. lle Vlrpa, por M. Silva y Acett1 (pablicado).
-.,.1rta: Lecc-d• coaaa y otro■ porCeauo ...
:frada y lihroe dej111io Tnrri, AlfonlO Reyo,etc.
Pn,:to drl ejemplar

f'D

toda la R.ep4btlca:

CINCUENTA CENTAVO&amp;.
ioDt.'I por tirrlrs

de d~

n6merot, S 5.ll)

• airve niug6a pedido li no viene acon1pailado de •

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porte
jue l■ correapondenci■ al Aportado 1016.-Máko, D.f

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                <text>Lectura Selecta : Revista quincenal de divulgación literaria, Escuela Tipográfica Salesiana y punlicada por F. González Guerrero y Fernando Leal, a principios del Siglo XX.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>���LEOPOLDO LUGONES

LOS CABALLOS
DE .ABDERA
CUENTOS ESCOGIDOS

•

LECTURA SELECTA
MEXICO MCMXIX

��LEOPOLDO

LUGONES

LOS e,ABALLOS

DE

ABDERA

se las naturales exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.
Eran verdaderamente uotables corceles, pero bestias al fin. Otros dormían en cobertores de· biso;
algunos pesebres tenían frescos sencillos. pues no
pocos veterinarios i,JOstenían el gusto artístico de la
raza caballar, y el cementerio equino ostentaba en.
tre pompas burguesas, eiertamente recargadas, dos
o tres obras maestras. El templo más hermoso de
la ciudad estaba consagrado a Arió11, el caballo qué
Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su
tridente; y creo que la moda de rematar las proas
en cabezas de caballo, tenga igual proveneneia;
siendo seguro, en todo caso, que los bajos relieves
hípicos fueron el ornamento más común de toda
aquella arquitectura. El monarca era quien se
mostraba más decidido por los corceles, llegando
basta tolerar a los suyos verdaderos crímenes que
los volvieron singularmente bravíos; de tal modo
que los nombres de Podargos y de Lampon fignrabau en fábulas sombrías; pues es del caso decir que
los caballos tenían nombres como personas.
Tan. amaestrados estaban aquellos animales, que
las bridas eran innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciadas desde luegG
por los mismos caballos. La palabra era el medio
usual de comunicación con ellos; observándose que
la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas
condiciones¡ dejábanlos todo el tiempo no reque-

rido por la albarda o el arnés, en libertad de cru1.ar a sus anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, a la orilla del Kossínites, para
su wcreo y alimentación.
A són ele trompa los convocaban cuando era menester, y así para el trabajo como para el pienso
nan exactísimos. Rayaba en lo increíble su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de
salón, su bravura en los combates, su discreción en
las ceremonias solemnes. Así, el hipódromo de Abdera 1anto como sus compañías de volatines; su
cabafüría acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado tal renombre, que de todas partes
acudía gente a admirarlos: mérito compartido por
igual entre domadores y corceles.
Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones, y, para decirlo todo en una
pdahra, aquella "humanización" de la raza equina,
il:an engendrando un fenómeno que los bistones
festejaban como otra gloria nacional. La inteligench de los caballos comenzaba a desarrollarse parrja con su conciencia, produciendo cosas anormale; que daba~ pábulo al comentario general.
Una yegua había exigido espejos en su pesebre,
atrancándolos con los dientes de la propia alcoba
pitronal y destruyendo a coces los de tres paineles
crnndo no. le hicieron el gusto. Concedido el caprielo, daba muestras de coquetería perfectamente visble.

6

7

�L E O P O L D O

LUGONES

Balios, el más bello potro de la comare;a, un
blanco, elegante y sentimental que tenía dos campañas militares r manifestaba regocijo ante el recitado de exámetros heroicos, acababa de mori~ de
amo~· por una dama. Era la mujer d&lt;' un general,
dueno del enamorado bruto, y por cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad, siendo esto muy natural, por otra parte, en
la ecuestre metrópoli.
Señalábasl" igualmente casos de infanticidio,
que, aumentando en forma alarmante, fué recesaria corregir con la presencia de Yiejas mula¡.; adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el
cáliamo, cuyas plantaciones saqueaban los animales; y Yarias rebeliones aisladas que hubo de rorregirse, siendo insuficiente el látigo, por rucdio
del hierro candente. Esto último foé en aumento.
pu.es el instinto de rebelión progresaba. a pesar e~
todo.
Los bistones, más encantados cada vez eon sis
caballos, no paraban mie'ntes en eso. Otros heclrn;
más significati,-os produjéronse de allí a poco. D,s
o tr{'s atala.ies habían hecho causa común contra m
carretero que azotaba su yegua rebelde. Los cab.llos resistíause cada vez más al enganche y al ;\~go, de tal modo que empezó a preferirse el asm.
Había animales que no aceptaban determinado ap•
ro; mas como pertenecían a los ricos, se defería a SI
8

LOS CABALLOS

DE

ABDERA

rebelión, comentándola mimosamente a título de
capricho.
lTn día los caballos no vinieron al són de la trompa, y fué menester constreñirlos por la fuerza ; pero los subsiguientes, no se reprodujo la rebelión.
Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea
cubrió la playa de pescado muerto, como solfa sucecln·. Los caballos se 11artaron de eso y Sl' los vió
reirt'f;ar al campo suburbano con lentitud sombría.
::\1Pdia noche era cuando estalló el singular conflicto.
De pronto un trueno sordo y persistente conmovió l'l ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento a la vez para
asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al
priÍwipio en la sombra de la noche y la sorpresa
de lo inesperado.
Como las praderas de pastoreo quedaban entre
las mmallas, nada pudo contener la agresión; y,
aña&lt;li&lt;lo a esto el conocimiento miuncioso que los
animales tenían de los domicilios, ambas co,;;as acrecentaroll la catástrofe.
Noche memorable entre todas, sus horrores ~ólo
aparecieron cuando el día vino a ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún.
Las puertas reventadas a coces yacían por el suelo. dando paso a feroces manadas que se sucedían.
casi sin interrupción. Había corrido sangre, pues
110 pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco
V

�L E O P O L D O

LúGONES

y los dientes de la banda, Pn cuyas filas causaron
estragos también las armas humauas.
Conmovida de tropeles, la ciudad obc;curecíase
con la polvareda que engendraban; y un extraño
tumulto formado por gritos de cólera o de dolor,
relinchos variados como palabras a los cuales mezclábase nno que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas atacadas. unía su espanto al paYor visible de la catástrofe. Una especie
de terremoto incesante hacía Yibrar el . suelo con
el trote de la masa rebelde, exaltado a ratos como
en ráfaga huracanada por frenéticos tropeles sin
dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos co'rceles penertidCA.'l
por los refinamientos de la mesa, grupos de&gt; animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por
el lado del mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las naves, cerraban C'l acceso
del puerto.
, Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezabase a organizar en ella la resistencia. Por lo
proµto, se cubría de dardos a todo caballo que cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado
al interior como vitualla.
'
Entre los Yecinos refugiados circulaban los más
extraños rumores. El primer ataque 110 fué sino nn
saqueo. Derribadas las puertas, las manadas intrnducíanse en las habitaciones, atentas sólo a las col10

LOS

CABALLOS

DE

ABDERA

&lt;Yaduras suntuosas con que intentaban revestirse,
: las joyas y objetos brillantrs. La oposición a sus
desi~nios fué lo que suscitó su furia.
Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas en sus propios lechos con
ímpetu bestial; y hasta se señalaba una noble doncella que, sollozando, narraba entre dos crisis ,;u
percance : el despertar en la alcoba, a la media luz
de la lámpara, rozados sus labios por la innoble
geta de un potro negro que respingaba de place_r
el belfo. enseñando sn dentadura asquerosa; su gnto ele pavor ante aquella bestia convertida en fiera, con el rf'splandor humano y malévolo de i,us
ojos incendiados de lubricidad: el mar de sangre
con que la inundara al caer atraYesado por la f'Spada de un serYidor ...
Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían diYertido con saña femenil, despachurrando a mordiscos las víctimas. Los asnos habían sido exterminados, y las mulas subleváronse
también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo. por destruir, y particularmente encarnizadas
contra lo~ perros.
El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el fragor de los derrumbes iba
aumentando. Era urgente organizar una salida, por
más que el número y la fuerza ele los asaltantes la
hiciera singularmente peligrosa, si no se quería
11

�L E O P O L D O
abandonar la ciudad a la
ci6n.
~ hombres empezaron a armarse; mas pasado
el pnn:ie~ momen~o de licencia, los caballos habíandec1d1do a atacar también.
Un brusco silencio preeedi6 al asalto. Desde
fortaleza dintinguían el terrible ejército que se congregaba, ?º sin trabajo, en el hipódromo. Aquello
tardó vanas horas, pues cuando todo parecía d"
pue to, súbitos corcovos Y agudfsimos relinchos c:
ya causa era imposible discernir, desordenaban
profundamente las filas.
El sol declinaba ya, cuando . e produjo la primera carga. T ~ , f ué, si se permite la frase, más que
una demostrac1on, pues los animales se limitaron a
pasar corriendo frente a la fortaleza. En . bº
&lt;¡ueda
ºbºll
cam io,
r . ron acn 1 ados por las ·saetas de lo defensoDesde el más remoto extremo de la ciudad lan;áronse otra v~z, Y su choque contra la defensa
ué formidable . . La fortaleza retumbó entera bajo
aqu:lla tempe tad de cascos, y sus recia muralla
d6n~ quedaron, a decir verdad profundamente
trabaJada .
'
Sobrevino un rechazo, a l cual sucedió
. muy luego un nuevo ataque.
Los que, demolían eran caballos y mulos herrado que ca1an a docenas ; pero sus filas rráb
con e
·
·
ce
an e
ncarmzam1ento furioso, sin que la masa pare12

8 CABALLOS

DE .ABDERA

disminuir. Lo peor era que algunos habian
· do vestir 8118 bardas de combate en cuya
de acero se embotaban los dardos. Otros llejirones de tela vistola, otros collares; y pueen au mismo furor, ensayaban inesperados re-

De las murallas los eonoeian. ¡ Dinos, Aethon,
eo, Xanthos l Y ellÓS saludaban, relinchaban
oaamente, enarcaban la cola, cargando en
con fogosos respingos. Uno, UD jefe ciertate, irgui6se sobre BUS corvejones, camin6 aai
trecho, manoteando gallardamente al aire, como
danzara un marcial balisteo, contorneando el cuecon serpentina elegancia, hasta que UD dardo
le clavó en medio del pecho .•.
Entretanto, el ataque iba triunfando. Las muralaa empezaban a ceder. ·
St\bitamente una alarma paraliz6 a las bestias.
aas sobre otras, apoyándose en ancas y lomos,
garon sus cuellos hacia la alameda que bordeala margen del Kossmites; y los defensores, vol~dose hacia la misma dirección, contemplaron
tremendo espectáculo.
Dominando la arboleda negra, espantosa aobre el
¡Cielo de la tarde, una colosal cabeza de le6n mira• hacia la ciudad. Era una de esas fieras antedilunas cuyos ejemplares, cada vez mis raros, deftltaban, de tiempo en tiempo, los montea R6dope .
Kas nunca se había visto nada tan monstruoso,
18

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....... c1ivinicladea.

Y de npate eapes6 a andar, lento el
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...., .. aliento de fnpa que iba IÍD dada •
111' eiadad -1116ndc. en nplo.
.. .-.r de .. ' - - predipa 'T de - . . _
ro, r. •lialloe &amp;blnadaa no reiimeron -□ejan
. . , , tdSn Un 16Io fmpeta laa anutr6 por la
J1t,a, en illNeisi6n a la l!aeehis, 1-1:uMh 1m
~ haraeú de arma y de..,--, pues M
. . . ~.tr&amp;VMdeluolal.
• llf fortalea 1'ehaaba el púieo. ¡Qaé podifu
eontn eemi,Jante enemigo t ¡Qué re-e de bl'Ollee
.Niltilfa S - 111Alldtblllal f ¡ ~ 111111'0 S - p.

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&amp;. - 111111 llllhs Olllltra beltliaa eiviUudaa} 11a
aJllllllel ni p a r a ~ 111111 nroot; eáando el 1118-tine 8'116 de la raeda.
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11

r!ll■C
11

�LA LLUVIA DE FUEGO
EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOl\1ORRA

•

R

ECUERDO que era un día de sol hermoso,
lleno del hormigueo popular en las calles
atronadas de vehículos. Un día asaz cálido
y de tersura perfecta.
Desde mi terraza domini{ba una vasta confusión
de techos, vergeles salteados, un trozo de bahía
punzado de mástiles, la recta gris de una avenida ...
A _eso de las once cayeron las primeras chispas.
Una aquí, otra allá -partículas de cobre semejantes a las morcellas de un pábilo ; partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el nunor urbano no decrecía. Unicamente los
pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.
Casualmente lo había advertido, mirando hacia
el horizonte en un momento de abstracción. Primero creí en una ilusión óptica causada por mi
miopía. Tuve que esperar largo rato para ver
caer otra chispa, pues la luz solar anegábalas bas17
2

�L E O P O L D O
tante; pero el cobre ardía de tal modo, que se
tacaban asimismo. Una rapidilima vírgula de
go, y el golpeeito en la tierra. Asi a largos in
valos.
Debo confeaar que al comprobarlo, experim
té un ,·ago terror. Exploré el cielo en una a ·
sa ojeada. Persistía la limpidez. ¡ De dónde ve
aquel extraño ¡rranizo 1 ¡ Aquel cobre 1 ¡ Era e
bre! ...
Acababa de caer una chispa en mi terraza,
poeos pasos. Extendi la mano; era, a no caber d
da, un 11,'ránulo de cobre que tardó mucho en e
friarse. Por fortuna la brisa se levantaba, ineli
nando aquella lhn·ia singular hacia el lado opu
de mi terraza. Las chispas eran harto ralas, a
más. Podía creerse por momentos que aquello había ya cesado. No cesaba. Fno que otro, eso al,
pero caían siempre los temibles gránulos.
En fin, aquello no había de impedirme almor.
zar, pues era el mediodía. Bajé al comedor atraveaando el jardin, no sin cierto miedo de las chispas. Verdad es que el toldo, corrido para e'ritar
el sol, me resguardaba ...
... ¡ Me resguardaba I Alcé los ojos; pero un toldo tiene tantos poros, que nada pude descubrir.
En el comedor me · esperaba un almuerzo admirable; pues mi afortunado celibato sabia dos eo,
sas sobre todo: leer y comer. Excepto la biblioteca, el comedor rra mi orgullo. Abito de mujeres 7
18

LLl'VlA

DE

FUEl/0

poco gotoso, en punto a vicios amables nada _pomperar ya sino de la gula. Comia solo, 1D1enun esclavo me leía narraciones geográfica&amp;.
había podido comprender las comidas en
paiüa ; y si las mujeres me hastiaban, como he
o, ya comprenderéis que aborrecía a los hom(Diea años me separaban de mi última orgía!
e entonces entregado a mis jardines, a mi.a
a mis pájaros, faltábame tiempo para salir.
vez en las tardes muy calurosas, un paseo
)a orilla del lago. Me gustaba verlo, escamado de
al anochecer. pero esto era todo y pasaba meain frecuentarlo.
i. vasta ciudad libertina, era para mi un desierdonde se refugiaban mi.a placeres. Escaaos ami¡ breves visitas; largas horas de meaa ; lectumis peces, mis pájaros; una que otra noche tal
orquesta de ftautistaa, y dos o tres ataques de
•
1
por ano ...
'1'~a el honor de ser cousultado para los bantes, y por ahí figuraban, no sin elogio, dos o
salsas de mi invención. Esto me daba derecho
digo sin orgullo-- a un busto municipal, con
ta razón como a la compatriota que acababa de
tar un nue,·o beso.
Bntretanto mi esclavo lela. Leía narracion,,.. d•
y de ni~ve que comentaban admirablemente,
)a ya entrada siesta, el generoso frescor de las
19

�LUGONES

LEOPOLDO

ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá,
pues 1a servidumbre no daba muestras de notarla.
De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín
con un nuevo plato, no pudo reprimir un grito.
Llegó, no obstante, a la mesa; pero acusando con
su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda
espalda un agujerillo, en cuyo fondo sentíase chir'i-iar aún la chispa voraz que lo había abie-rto.
Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin
que pudiera contener sus ayes.
Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí
probando los platos para no desmoralizar a la servidumbre, aquélla se apresuró a corresponderme.
El incidente me había desconcertado.
Promediaba la siesta cuando subí nuevamente a
la terraza. El suelo estaba ya sembrado de gránulos de cobre; mas no parecía que la lluvia aumentara. Comenzaba a tranquilizarme, cuando una
nueva inquietud me sobrecogió. El silencio era absoluto. El tráfico estaba paralizado a causa del :fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciudad. Sólo, de cuando en cuando, un vago murmullo de
viento sobre los árboles. Era también alarmante
la actitud de los pájaros. Habíanse apelotonado en
un rincón, casi unos sobre otros. Me dieron compasión y decidí abrirles la puerta. No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados aún. Entonces comenzó a intimidarme la idea de un cataclismo.
20

L A.

DE

LLUVI A

Fr.:EGO

Sin ser grande mi erudición científica, sabí~ que
nadie mencionó jamás esas lluvias de cobre mca~deseente. ¡ Lluvias de cobre! En el aire no hay minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, no
dejaba conjeturar su procedencia. Y lo alarmante
del fenómeno era esto. Las chispas venían de todas partes y de ninguna. Era la inmensid~d desmenuzándose invisiblemente en fuego. Ca1a del
firmamento el terrible cobre -pero el firmamento
permanecía impasible en su azul. Ganábame poco
8 poco una extraña congoja; pero, cosa rar~: hasta entonces no había pensado en huir. Esta idea se
mezcló con desagradables interrogaciones. i Huir!
¡Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, mis _peces q~e
acababan precisamente de estrenar un v1ver~; ~s
jardines ya ennoblecidos de antigüedad -m1s cmcuenta años de placidez, en la dicha del presente,
en el descuido del mañana 1 . . •
¡,Huir?. . . y pensé con horror en mis po_8esiones ( que 110 conocía) del otro lado del desierto ;
con sus camelleros viYiendo en tiendas de lana negra ~ tomando por todo alimento leche cuajada,
trig; tostado, miel agria ...
Quedaba una fuga por el lago, corta f~ga después de todo, si en el lago como en el desierto,
gún era lógico, llovía cobre también; pues no VI·
niendo aquello de ningún foco Yisible, debía ser
general.
No obstante el vago terror que me alarmaba, de-

s:•

n

�LEOPOLDO

L U G O N

cíame todo eso claramente; lo discutía co
mismo, un poco enervado a la verdad por el 1
go digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y
pués de todo, algo me decía que el fenómeno
iba a pasar de allí. Sin embargo, nada se pe
con hacer armar eI carro.
En ese momento llenó el aire una ,·uta vib
ción de campanas. Y casi junto con ella, adve
una cosa: ya no llovía cobre. El repique era
acción de gracias, coreada casi acto continuo
f'I murmullo habitual de la ciudad. Eata d
taba de su fugaz atonía, doblemente gárrula.
algunos barri011 hasta quemaban petardos.
Acodado al parapeto de la terraza. miraba
un desconocido bienestar solidario. la animaci
vespertina que era toda amor y lujo. El cielo
gula purisimo. Muchachos atanoaos, recogían
escudillas la granalla de cobre, que loa caldere
hablan empezado a comprar. Era todo lo que q
daba de la gran amenaza celeste.
Más numerosa que nunca, la gente de placer
loría las calles; y aun recuerdo que sonreí va
mente a un equívoco mancebo, cuya túnica
gida basta las caderas •!! un salto de bocacal
dejó ver sus piernas glabras, jaqueladas de ciu
Las cortesanas, con el seno desnudo según la n
va moda, y apuntalado en dealumbrante cosele
paseaban su indolencia sudando perfumes. U
Tiejo len6n, erguido en su carro, manejaba como
22

L 1, l l v / A

DE

J,'UEGO

una vela. una boja de estaño, que con apropintura• anunciaba amores monst':"ORos de
: ayuntamientos de lagartOR con e,snes: un
o 'f nna foca: una doncella cubierta por la dente pedrería de un pavo real. Bello ca":el, a
mla • v garantida la autenticidad de las piezas.
amaestrados por no sé qué hechicería
ra. y desequilibradoa con opio y con asafétida.
leruido por tre• jóvenes enmascaradas, ~asó un
amabilísimo, que dibujaba en los patios. con
oa de colores derramadOR al ritmo de una daneacmas secretas. También depilaba al oropite v sabía dorar las uñas.
Un ;e1&gt;&lt;onaje fofo. cuya condición de eunuco se
vinaba en su morbidez, pregonaba al són de
:;Jil6talOR ele bronce. cobertores ele un tejido singu• que producía el insomnio y el deseo. Cobertocuya alnlieión hablan pedido infructuosamenAt loa eiuclad•nos honrados. Pues mi ciuclad AAbía
...,r, Rabía ,ivir.
Al anochecer recibí dOR visitas que cenaron conJli¡o. Un condiscípulo jovial, matemático _cuy~ vi!111 desarreglada era el escándalo de la ~ienc1a, "!
• agricultor en~iquecido. La gente sent1a neces141d de visitarse después de aquellas chispas ele colillft. De ,·isitarse y de beber, pues ambos se reti~eompletament• borrachos. Yo hice una ráp1!ila salida. La ciudad, caprichosamente iluminada,
labia aprovechado la coyuntura para decretarse

¡~;

23

�LEOPOLDO

LfíGONES

LA

DE

LLUVIA

FUEGO

una noche de fiesta. En algunas cornisas, alumbraban perfumando, lámparas de incienso. Desde sus
balcones, las jóvenes burguesas, excesivamente ataviadas, se divertían en proyectar de un soplo a . lai
narices de los transeu.ntes distraídos, tripas pinti.rrajeadas y crepitantes de cascabeles. En cada tsquina se bailaba. De balcón a balcón cambiá.bansf'
flores y gatitos de dulce. El césped de los par~ues,
palpitaba de parejas ...
Regresé temprano y rendido. :Nunca me acogí
al lecho con más grata pesadez de sueño.
Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la
garganta. reseca. Había afuera un rumor da lluvia.
Buscando algo, me apoyé en la pared, t ·por mi
cuerpo corrió como un latigazo el escBlofrío del
miedo. La pared estaba caliente :_\" conmovida por
una sorda vibración. Casi no necesité abrir la ventana para darme cuenta de lo que ocurría.
La lluvia de cobre había vuelto, pero esta wz nutrida y compacta. Un caliginoso vabo sofocaba la
ciudad: un olor entre fosfatado y urinoso apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada de
galerías y aquella lluvia no alcanzaba a las puertas.
Abrí la que daba al jardín. Los árboles PStaban
negros, ya sin follaje; el piso, rubierto de bojas
carbonizadas. El aire, rayado de vírgulas de fuego, era de una paralización mortal; y por entre
aquéllas, se divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre celeste.

Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos famularios. La servidumbre se había ido. Envueltas las piernas en un cobertor de biso, acorazándome espaldas y cabeza con u.na bafiadera de
metal que me aplastaba horriblemente, pude llegar
hasta las caballerizas. Los caballos habían desaparecido también. Y con una tranquilidad que
bacía honor a mis nervios, me dí cuenta tle que estaba perdido.
Afortunadamente el comedor se encontraba lleno de provisiones; su sótano, atestado de vi.nos.
Bajé a él. Conservaba todavía su frescura; hasta
&amp;U fondo no llegaba la vibración de la pesada lluvia, el eco de su ~rave crepitación. Bebí una botella, y luego rxtraje de la alacena secreta el pomo
de vino envenenado. 'fodos los que teníamos bodega poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni tuviéramos convidados cargosos. Era un licor claro
e insípido, de efectos instantáneos.
Reanimado por el vino, examiné mi situación.
Era asaz sencilla. :No pudiendo huir, la muerte
me esperaba; pero con el veneno aquél, la muerte
me pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible,
pues era, a no dudarlo, un espectáculo singular.
¡lTna lluvia de cobre incandesc~nte ! ¡ La ciudad
en llamas! Yalía la pena.
Suhí a la terraza, pero no pude pasar de la
puerta que daba acceso a ella. Veía desde allí lo
bastante, sin embargo. Veía y escuchaba. La sole-

24

25

�LEOPOLDO

LUGOXES

LA

LLUVIA

DE

FUEGO

Percibíase claramente la combustible lluvia, en
trazos de cobre que vibraban como el cordaje innumerable de un arpa, y de cuando en cuando
~ezclábanse con el~a ligeras flámulas. Humaredas
negras anunciaban incendios aquí y allá.
Mis pájaros comenzaban a morir de sed v hube
de bajar hasta el aljibe para llevarles ag~1a. El
sótano comunicaba con aquel depósito, vasta cisterna que podia resistir mucho al fuego celeste;
mas por los conductos que del techo y de los patios
desembocaban allá, habíase deslizado algún cobre
Y el. agua tenía un gusto particular, entre natrón
Y orma, con tendencia a salarse. Bastóme levantar
l~s trampillas de mosaico que cerraban aquellas
v1as, para cortar a mí agua toda comunicación
con el exterior.
Esa tarde J' toda la noche fué horrendo el espec-

táeulo de la ciudad. Quemada en sus domicilios,
la gente huía despavorida para arderse en las calles, en la campiña desolada; y la población agonizó bárbaramente, con ayes y clamores de una
amplitud, de un horror, de una variedad estupendas. No hay nada tan sublime como la voz humana. El derrumbe de los edificios, la combustión de
tantas mercancías y efectos diversos, y más que
todo la incineración de tantos cuerpos, acabaron
por agregar al cataclismo el tormento ele su hedor
infernal. Al declinar el sol, el aire estaba casi negro de humo y de polvaredas. Las flámulas que
danzaban por la mañana entre el cobre pluvial,
eran ahora llamaradas siniestras. Empezó a soplar
un viento ardentísimo, denso, como alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un inmenso
horno sombrío. Cielo, tierra, aire, todo acababa.
No había más que tinieblas y fuego. ¡ Ah, el horror
de aquellas tinieblas que todo el fuego, el enorme
fuego de la ciudad ardida 110 alcanzaba a dominar; y aquel hedor de pingajos, de azufre, dE&gt; grasa cadavérica en el aire seco que hacía escupir sangre; y aquellos · clamores que no sé cómo no acababan nunca, aquellos clamores que cubrían el rumor del . incendio, más vasto que un huracá11.
aiuellos clamores en que aullaban, gemían. bramaban todas las bestias con un inefable pavor de
eternidad ...
Mi casa empezaba a arder.

26

27

dad era absoluta. La crepitación no se interrumpía sino por mio que otro ululato de perro O explosi~n anormal. El ambiente estaba rojo, ;. a su
traves, troneos, chimeneas, casas, blanqueaban con
una lividez tristísima. Los pocos árboles qu&lt;' conservaba_:1 follaje retorcíanse, negros, de un negro
de estano. La luz había decrecido un poco, no obstante de persistir la limpidez celeste. El horizonte
estaba,_ esto sí, mucho más cerca, y como ahogado
en.. cenizas. Sobre el lago flotaba un denso ,:apor,
que algo prevenía la extraordinaria sequedad del
aire.

�L E O P O L D O

LUG~lf

Bajé a la cisterna, sin haber
tonces mi presencia de ánimo, pero entera
erizado con todo aquel horror ; y al verme de p
to en esa obscuridad amiga, al amparo de la
cura, ante el silencio del agua subterránea, me
metió de pronto un miedo que no sentía -estoy
guro- desde cuarenta años atrás, el miedo ·
til de una presencia enemiga y difusa ; y me
g llorar, a llorar como un loco, a llorar de mi
allá en un rinc6n, sin rubor alguno.
No fué sino muy tarde, cuando al escuchar
derrumbe de un techo, se me ocurri6 apuntalar
puerta del sótano. Hícelo así con su propia
lera y algunos barrotes de la estantería, de
viéndome aquella defensa alguna tranquilidad;
porque hubiera de salvarme, sino por la ben'
influencia de la acción. Cayendo a cada insta
en modorras que entrecortaban funestas p
llas, pasé las horas. Continuamente oía der
bes allá cerca. Había encendido dos lámparas q
traje conmigo, para darme valor, pues la ciste
era asaz lóbrega. Hasta llegué a comer, bien q
sin apetito, los restos de un pastel. En cambio
bí mucha agua.
De repente mis lámparas empezaron a amo
guarse, y junto con eso el terror, el terror pa
.zante esta vez, me asaltó. Había gastado sin
nrtirlo toda mi luz, pues no tenía sino aque
18

LLUVI.A

DE

FUEGO

No advertí, al descender esa tarde, t&gt;n
todas conmigo.
luces decrecieron y se apagaron. Entonces
que la cisterna empezaba a llenarse con el
del incendio. .. o quedaba otro remedio que
; y luego, todo, todo era preferible a morir
o como una alimaña en su cueva.
duras penas conseguí alzar la tapa del sótano
los escombros del comedor cubrían. . . . .
• . Por segunda vez babia cesado la lluvta m. Pero la ciudad ya no existía. Techos, puerpn cantidad de muros, todas las torres, yaen ruinas. El silencio era colosal, un Vt&gt;rdasilencio de catástrofe. Cinco o seis gra~des
redas empinaban aún sus penachos; y baJo el
o que no se había enturbiado un ~o~ento, ~n
cuya crudeza azul certificaba_ mdüerenc1as
, la pobre ciudad, mi pobre ciudad, muerta,
para siempre, hedía como un verdadero ca8•

er.singularidad de la situación, lo e~orme del
meno y sin duda también el regoe1Jo de hae saÍvado único entre todos, cohibían mi doreemplaz~dolo por una curiosidad som~ría.
arco de mi zaguán había quedado en ~1e, Y
dome de las adarajas pude llegar a su cima.
0 quedaba un solo resto combustible y aquello
parecía mucho a un escorial. volcánico. _A tr:
en los parajes que la ceruza no cubrta, bri-

n

�,~ fOPOLDO

'
. . . ..- .. --.;.c1etaep,e1..wn
. . tl ledo clél Werto, napland..ra . . .
·. _. 4-....,. 11D anqal ele eobre. • i . m
-•lao&amp;ra-11911.iel.11eo,i......,"... de ... ec:cl ...._ - tormata.
du la que hl!fan -•tieniclo NIJ)lnble el
iuante el eateotimo. Bl Ni
In--,
114f11111r cdndacl . ers.;-lla a a,obiarme eon
JaNlcla cl9olae16n, eaando llaeia el lac1o c1el pu
J)lll'el"bf a bulto que ftlllba entre la ralna.
11P llcabÑ, y llabfame penibiclo oiertamen-, p

brilla•

- cUl'lcfa •

mf.

N9 ,..__ •«Jemtn aJa,mo de extraa,llep, y á'e;ando por el areo Yino a NPtane
·JPlro. Tratüue de 11D piloto, IAlvado COPIO
en 'ua 'bedep, pm, apulialeanclo a

1a propl,

rio. .A.llalla de •IOt6nele el arna y por ello

Aaeraraclo • eete l81peeto, - ~ • in
le. Toct.. 1- .llarooa ardieron, loa muellee, 1- el
~ ¡ y el lap llabfue vuelto •marro. AIIPlf
adT,rti que llaJll6..... 'a TIIII baja, DO - affli4
'ri ,-fp- por c¡u'- A leYADtar la mfa•
Of"'8e Pli bodep donde quedaban a6n dos doll
.... d e ~ altrnnoa qu.oa, todo el Yino ••.~
De repente Dotam.Ol' 1111a pohareda llaeia el lacl
c1el dlllierto. la PGhueda de una carrera. AJP4
na ;anida que timaban, qlliá, en -•ro, lea
J)lltHetu de ...... o de Seboim.

e•

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L L . U VI ,t

I&gt;- I, ,

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• . ti

to h ~ de M111uir ~ ...._._ eapectUnlo tan t11Dlaclor IGllio .,...__ · ·
1111 tropel de 1 - , lM . . . . .obhfirl: l E
1h1hrto, . - _.,,_, ,. la ei1ldíld a·•
twiw de Nd, enloqueeidcw de 1""1Mlfa,e
Ncl y no el llaabre era lo que Jea adu • ;
puuon junto a Deaobul IBl aclNttilw. tY.
•'116 eatado Tenfan I Nada ·eU• h!OIGíC,..
tan 16pbfflUJlte la
- eonio gatos - - . ndaeida i:- " · ••
Ul'Ollea la crin, lea ijal'el, en 4ellNiml de c6micoa a medio Telltir, coa ·1a fera
el rabo
y erilpado el de . _
que l117e, lu garru p v ~ , elion1 11do
-todo aquello deefa a la elal'AI - 1"1,
de IJorror llajo el uote oeleate, al utr ele Ju
ru enernu que no habfan eOIJletrl)ido -

.• ~e.

agudo

'lea.

illdaban loa

annidorea -

-

11D

denuf!I

ojoe, y bl"OHl19ente ~
.-n-era en b1J1C&amp; de otro dep61ito, a,otado tam; haata que aentúd- )MIi'. tiiitu ea temo
po,trero, eon el e,ileinado hoeieo a alto, la
11 vagoroaa-de deitolaoi6n y de eternidad, que,
• al cielo, eetoy llel'lll'O, Jllli[iúeme a ragir.
JAia 1. • • nada, ni el f'AtaeliRDO - - hm::or.a,
llet ~lamor de la eiudad moribmufa era taJt lorroeomo - llanto de bema eobte Ju ninaa.
oa rugjdoe tenfan WlA evicleneia de palabra.
O

en -

11

�·il•--

J 1771-lll q1Qá 'alle qft delGNI de
J -de c1eal-. a
di'1'lllidld 11'-n •
Aeinta de la heada a,repba a su
aaerte, él pavor de lo inoomprenaible. 8i
taN lo lllftO, el 101 eaotidiuo, el eielo
inieno t...ñar. ¡par q1t6 • udfan 1 JJOI'
ltabfa apa t. . . Y eueeieaclo de toda idea
lMNa loa •ofrmoa, 1111 llanor era
deeir, IÚII eapantoao. Bl U'lllllpOl1,e de 11t
eJnábalOI a eieri,. f t p Doei6n de
ute aquel cielo de donde había eatado
llu'ria infernal, y 1111 nigidoe pregmmbaD
- t e aleo a la tremoda que oaUNba
4-, ¡.Ali! ... rusidoa, lo tnieo de
• IIIJ8 ..-nabaD a6D aqaellaa iftu
ella: éúl oaemabaD el horrendo Nereto
c:M tnf.,; e6mo interpretaban m III dolor
Dl8dlable la eterna aoledad, el eterno ai'ileDllij

are-

.--.-d...

.

A:q~ no debía durar mueho. Bl metal

•

r•

ai .....,.._ . . . de la

hiri••

771161tiaa-,a1Rlen-,aro-de-

(lrfo,,éehar el apa de la elnerna en mi balo
; 7 deapuá de buaar hlttllmente 'QJl 1ft.
jab6D, darmdl a ella por la II lin■1a que
pan efeetnar n lill.¡,- na
ba - . , . el poao de .,._, 4118 me
un gran bieneetar, apeau turi.do por la
de la mu.ene.
agua ' - 7 la ohaenridad, me deTolriffllll
ffinpp,oaidadea de mi aiatenela de rieo que
de ecmehür. Bunclido iuta el nello, el
de la U:,pi- 1 chloe impnei6D de

. ..--de---.

afuera el lmnoú de faet!o. l'cn,n•1,,_ a eaer -.brGa, De la bodep DO llepaolo rumor. Pereil,f m - UD !dejo de Jla.
iJH entraban por la puerta del 16tuo, el . .
• tufo ~ . , • Llffé el pomo a mi■

cla&amp;9 empu6 a llover de nuev,o, mú
_.. ,-do que nunea.
Ba ~ Rbito deeeemo, aleenemoe a
qu 1- iftu • deab&amp;Ddaban bwando a •

Jo1--.hra■•
•
IJ"CUIOI a la bodep, DO aiD q1le D08
ru al¡1IIIU ehl■pu, 7 eompnndiendo que

nuevo oh!IJ)aff6D iba a

CODIUJDar

la ruina, me

, - , a ~hlir.
11

•

ll

�LA ESTATUA DE SAL

H

E aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato:
Quien no ha pasado alguna vez por el mo1188terio de San Sabas, diga que no conoce la desolaei6n. Imaginaos un antiquísimo edificio situado sobre el J orclán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el mar
muerto, por entre bosquecillos de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay
más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio. Una soledad infinita, sólo turhda de tarde en tarde por el paso de algunos nólllades que trasladan sus re baños ; un silencio colou.l que parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte. Cuando sonla el viento del desierto, llueve arena impalpablP ; cuando el
viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden en
lllla misma tristeza. Sólo aquellos que deben expiar
rtandes crímenes, arrostran semejantes soledades.
En el convento se puede oír misa y comulgar. Los
onjes, que no son ya más que cinco, y todos, por ·
35

�LEOPOLDO

L

U G O N
ESTATUA

lo menos, sexagenarios, ofrecen al peregrino
modesta colación de dátiles fritos. uvas, agua
río y, algunas veces, vino de palmera. Jamás ~al
del monasterio, aunque las tribus vecinas los respe-.
tan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno le sepultan en las cue-vas que hay debajo a Ja
orilla del río, entre las rocas. En esas cuevas am.
dan ahora parejas de palomas azules, amigas dél
convento; antes, hace ya muchos año~, habital'OII
en ellas los primeros anacoretas, uno de los cual•
fué el monje Sosistrato cuya historia he pro
tido contaros. Ayúdeme Nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad con atención. Lo que vait
a oir, me lo refirió, palabra por palabra, el hermantPorfirio, que ahora está sepultado en una de 1cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida t
los ochenta años,en la virtud y la penitencia. Dios
le haya acogido en su gracia. Amén.
Sosistrato era un monje armenio, que había r&amp;,
i;uelto pasar su vida en la soledad con varios jóvenes compañeros suyos de Yida mundana, recién.
convertidos a la religión del Crucificado. Perten&amp;cía, pues, a la fuerte raza de los estilitas. Despuél
de largo vagar por el desierto, encontraron un dfl
las cavernas de que os he hablado y se instalarmi'
en ellas. El agua del Jordán, los frutos de UIII'
pequeña hortaliza que cultivaban en común b&amp;ltaban para llenar sus necesidades. Pasaban lo~ díaí
orando Y meditando. De aquellas grutas surgían
36

D E

·s

A L

nmnas de plegarias, que contenían con su esrzo la vacilante bó,eda de los cielos próxima a
~plomarse sobre los pecados del mundo. El sacri' o de aquellos desterrados, que ofrecían diariaEJte la maceración de sus carnes y la pena de sus
os a la justa ira de Dios, para aplacarla, eYin muchas pestes, guerras y terremotos. Esto no
saben los impíos que ríen con ligereza de las pe• ncias de los cenobitas. Y sin embargo, los sacri(Íéios y oraciones de los justos son las claves del
ijJ!ho del universo.
A1: cabo de treinta años de austeridad y silencio,
&amp;aistrato y sus compañeros habían alcanzado la
antidad. El demonio, vencido, aullaba de impotenBa bajo el pie de los santos monjes. Estos fueron
abando sus vidas uno tras otro, hasta que al fin
~trato se quedó solo. Estaba muy viejo, muy petueñito. Se había vuelto casi transparente. Oraba
lrrodillado quince horas diarias, y tenía revelaciofles. Dos palomas amigas, traíanle cada tarde alinnos granos de granada y se los daban a comer
ton el pico. Nada más que de eso vivía. En cambio,
~)fa bien como un jazminero por 1a tarde. Cada año,
él viernes doloroso, encontraba al despertar, en la
aabecera de su lecho de ramas, una copa de oro
a de vino y un pan con cuyas especies comulga' absorbiéndose en éxtasis inefables. Jamás se le
oeurrió pensar de dónde vendría aquello, pues bien
atbía que el señor Jesús puede hacerlo. Y aguar37

�LE 0-P O L DO

LUGONEB

&lt;laudo con unción perfecta el día de su ascensión 1
la bienaventuranza, continuaba soportando sus añoe,
Desde hacía más de cincuenta, ningún caminanft
había pasado por allí.
Pero una mañana, mientras el monje rezaba con
sus palomas, éstas, asustadas de pronto, echaron 1
volar, abandonándole. Un peregrino acababa de llegar a la entrada de la caverna. Sosistrato, después
de s~lu~a le con santas palabras, le invitó a repo.
sar, rndrnandole un cántaro de agua fresca. El desconocido bebió con ansia como si estuviese anonadado de fatiga; y después de consumir un puñado
de frutas secas que extrajo de su alforja oró en
compañía del monje.
'
Transcurrieron siete días. El caminante refirió
su peregrinación desde Cesárea a las orillas del mar
Muerto, terminando la narración con una historia
que preocupó a Sosistrato.
-He visto los cadáveres de las ciudades malditas, dijo una noche a su huésped; he mirado humear el mar como una hornalla, y he contempla•
do lleno de espanto a la mujer de sal, la castigada esposa de Lot. La mujer está viva hermano
mío, Y yo la he escuchado gemir, y la h~ visto sudar al sol del mediodía.
-Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado
"De Sodoma ", dijo en voz baja Sosistrato.
-Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. .Al·
go más definitivo hay en él todavía; y de ello re-

7

36

l

A

ESTATUA

D E

S A L

sulta qne ]a esposa de Lot ha seguido siendo, fitñológicamente, mujer. Yo he pensado que sería
obra de caridad libertarla de su condena ...
-Es la justicia de Dios, exclamó el solitario.
-¿No vino Cristo a redimir también con su sacriftcio ]os pecados del antiguo mundo ?-replic6 suar~mente el viajero, que parecía docto en letras sag-raHas. t.Acaso el bautismo no lava igualmente el IH~&lt;'a~o contra la Ley que el pecado contra el Evangelio? ...
Después de estas palabras, ambos se entregaron
al sueño. Fué aquella la última noche que pasaron
juntos . .Al siguiente día el desconocido partió, llevando consigo la bendición de Sosistrato, y no necesito deciros que, a pesar de sus buenas apariencias, aquel fingido peregrino era Satanás en persona.
-El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación tenaz asaltó desde aquella noche el espíritu del santo. ¡ Bautizar la estatua de sal, libertar
de su suplicio aquel espíritu encadenado! La caridad lo exigía. la razón argumentaba. En esta lucha transcurrieron meses, hasta que por fin el monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en sueños y le ordenó ejecutar el acto.
Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana
del cuarto, apoyándose en su bordón de acacia, tomó, costeando el Jordán, la senda del mar Muerto.
La jornada no era larga, pero sus pirrnas cansa39

�L E O P O L D O

L U G O N

das apenas podfan ~nerle. Al! marchó d
doa dfaa. Laa fieles palomas eontinuaban a ·

,1

Undole eomo de ordinario, y
rezaba mneho,
fundamente, pnea aquella resolución afligfa)e
eztremo. Por fin, cuando 111a pies iban a faltar
laa montañas ae abrieron y el lago apareeió.
Loa esqueletoa de laa eiudadea deatnúdas iban
eo a poeo deavaneeMndose. Algunas piedras
madu. era todo lo que reataba ya: trozos de a
hilerae de adobes carcomidos por la sal ,. eim
dbs en betún. . . El monje reparó apen.,; en
j~tet reatos, que proeuró evitar, a fin de que
pies no ae manchasen a su eontacto. De repente
do su viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir
cia el sud. fuera ya de los escombros, en un
de laa montaiiaa deade el cual apenas se los perci
la ailueta de la estatua.
Bajo su manto petriJicado que el tiempo ha
roldo, era larga y fina como un fantasma. El
brillaba con límpida incandeaeencia, calcinando
roeu, _haciendo eapejear la capa salobre que cub
las hoJas de los terebintos. Aquellos arbustos,
la reverberación meridiana, parecían de plata.
el ci,lo no habla una sola nube. Las aguas ama
dormían en su earacterlstiea inmovilidad. C
el viento soplaba, podfa eaeucharse en ellas, d
los peregrinos, cómo ae lamentaban los ea
de las ciudades.
Sosistraio ae aproximó a
40

E S TA

T l' A

D E

S A L

dicho verdad. Una humedad tibia cubrfa au
Aquellos ojos blancos, aquellos labios blanban compietamente inmóviles bajo la inde la piedra, en el sueño de 8U8 siglos. Ni
·cio de vida salla de aquella roca. El sol la
ha con tenacidad implacable, siempre igual
hacia miles de años, y sin embargo, eaa efigie
viva, pueato que audaba ! Semejante sueiio
el miaterio de los espantos blblicos. La códe Jehová babia pasado sobre aquel ser, eaamal~ma de carne y .de peiiasco. ¡ No era•
•dad el intento de turbar ese suelio T ¡ No caepecado de la mujer maldita sobre el inaenque procuraba redimirla T. Despertar el misuna locura criminal, tal vez una tentación
infierno. Sosiatrato, lleno de congoja, ae arro• orar en la sombra de un bosquecillo ...
o se verificó el acto, no os lo voy 'I decir.
únicamente que cuando el agua sacramental
sobre la estatua, la sal ae diaolvi6 lentamente,
los ojos del solitario apareei6 una mujer, vieja
la eternidad, envuelta en andrajos terribles,
lh·idez de ceniza, flaca y tembloroea, llena
·glos. El monje que habla ,isto al demonio ain
o, sintió el pavor de aquella apariei6n. Era el
lo réprobo lo que se levantaba en ella. Eaos
vieron la combustión de loe azufres llovidos
la cólera divina sobre la ignominia de las cin; esos andrajos estaban tejidos con el pelo

es

41

�L E O P O l [) O

ESTATUA

""°"

de los camellos de Lot;
pies bollaron
nizas del incendio del Ererno ! Y la espantoaa
jer le habló con su ,·oz antigua.
Ya no recordaba nada. 86l0 una vaga viaicSia
incendio, una sensación tenebrosa despertaba a
vista de aquel mar. Su alma estaba vestida de
fuaión. Habla dormido mucho, un sueño negro
el sepulcro. Sufría sin saber por qué, en aquella
mersión de p&lt;'ffadilla. Ese monje acababa de sal
Lo sentía. Era lo único claro en Bu visión
te. Y el mar. . • el incendio. . . la catáatrofe ..•
ciudades ardidas ... •todo aquello se desvaneofa
una clarovidente visión de muerte.-Iba a morir.
taba aalvada, pues. ¡ Y era el monje quien la
salvado!
•
Soaistrato temblaba, formidable. Una llama
ja incendiaba SUB pupilas. El pasado acababa
desvanecerae en él, como si el viento de fuego
hiera barrido su alma. Y sólo este convenci ·
ocupaba su conciencia: ¡fo mujer de Lat utaba
El sol descendía hacia las montañas. Púrpura
incendio manchaban el horizonte. Los días
coa .re,·h·ían en aquel aparato de llamaradas. Era
mo una resurrección del castigo, reflejándose
segunda vez sobre las aguas del lago amargo.
sistrato acababa de retroceder en los siglos.
cordaba. Habla sido actor en la catástrofe. Y
mujer. . . ¡ Esa mujer le era conocida 1 ·
Entonces un ansia espantosa le quemó las
42

DE

SAL

8u lengua habló, dirigiéndose a la espectral
'tada:
Knjer, respóndeme una sola palabra.
Habla . . . pregunta ...
_,Responderás'
¡
ble . me has salvado!
' na
'
ta brillaron como si en ellos
ojos del aDBCore
'
. h 1
resplandor
que incendia a as
coneen trase el
ta~s. dime
.
. t e cuando tu rostro se vol-MUJer,
qué Vl8
para mirar.

.

le rea ondió:
p
'
-Oh, no... p o_r Elohim' no qmeraa saberlo.
_. Dime qué V1Ste !
-~o. . . no. . . 1Seria el abismo 1
-Yo quiero el abismo.
-Ea la muert,,. • •
-¡ Dime qué viste 1
-No puedo ... ¡no quiero!
-Yo te he aalvado.
-No ... no ...
El sol acababa de ponerse.

Una voz anudada de angustia,.

-¡ Hab~

1

• ó Su voz parecía cubierta
La muJer se aproDm
.
. ba
.
aba,
ae orepuaculiza , agompol vo; se apag

d

do.

1

-¡ Por las cenizaa de tua pa rea ....

E~=:~ !aquel espectro aproximó su boca al oid

�LEOPOLDO

LUGONE/:J

do del cenobita, y dijo una palabra. Y Sosistrato
fulminado, anonadado, sin arrojar un grito, cayÓ
muerto. Roguemos a Dios por su alma.

FRANCESCA

e

.

ONOCILE en Forli, adonde había ido para visitar el famoso salón municipal decorado por
Rafael.
Era un estudiante italiano, perfecto en su género. La conversación sobrevino a propósito de un
dato sobre horarios de ferrocarril, que le pedí para
trasladarme a Rímini, la estación inmediata; pues
en mi programa de joven viajero, entraba, naturalmente, una visita a la patria de Francesca.
Con la más exquisita cortesía, pero también con
una franqueza encomiable, me declaró que era pobre y me ofreció en venta un documento-del cual
nunca había querido desprenderse,-un pergamino
del siglo XIII, en el cual pretendía darse la verdadera historia del célebre episodio. Ni por miseria,
ni por interés, habríase desprendido jamás del documento; pero creía tener conmigo deberes 11 de
confraternidad", y, además, le era simpático. Mi
fervor por la antigua heroína, que él compartía
con mayor fuego, ciertamente, entraba también
por mucho en la transacción
Adquirí el palimsesto sin gran entusiasmo, poco
45

�L E O P O L D O

dado como soy a las inve tigaciones .hist6ricas;
mas apenas lo tuve en mi poder, cambié de tal modo a u respecto, que la hora escasa concedida en
mi itinerario para salvar los cuarenta kilómetros
medianeros entre Forli y Rímini, se transform6 en
una semana e~tera. Quiero decir 9ue permanecí
siete días en Forli.
La lectura del documento habría sido en extrt'mo
difícil sin la ayuda de mi amigo fortuito: pero éste e lo sabía de memoria, casi como una tradición
de familia, pues pertenecía a la suya desde una remota antigüedad.
Cuanta duda pudo caberme sobre la autenticidad di' aquel pergamino, qued6 dt&gt;svanecida ante
su minucio. a inspección. Esto fué lo que me tomó
más tiempo.
El documento está en latín, caligrafiado con esas
bellas y fuertes g6ticas tan características del siglo
XIII; y que, no obstante un avanzado deterioro, on
bastante legibles, gracias a la cabal individualización
de cadn letra en el encadenamiento de los ren~done , y a la anchura de lo espacios intermedios entre ésto . Hasta se halla legalizado por un '' signum
tabellionis," ciertamente muy complicado con sus
nueve lazadas, y perteneciente al notario Balzarino
de Cervis. Su data es el 12 de junio de 1292.
Si descifrar las letras no era del todo fácil, la lectura del texto resultaba pesadi~ima, por las innumerable abreviaturas y signos convencionales, que

"ª

R

A

N

e

E

s

o

A

brían hecho indispensable la colaboración de un
eógrafo, a no encontrarse allí su ant~guo dueño
o una clave tradicional; pero e a m1 mas abreturas y signos eran preciosos, por otra parte,
mo prueba de autenticidad.
Había entre ellos datos concluyentes. La &lt;&gt; atrada por una línea oblicua que baja de derecha
izquierda significando cum, signo peculiar de los
timos añ~s del siglo XIII, al comienzo del cual,
í como en los anteriores y en lo sucesivos; tuvo
ra. forma : el 2, coronado por una b, a manera
e exponente algebraico, (2h) significando d,~, y agre¡rnndo con su pre encia un dat~ mas,
uesto que las cifras arábigas no se generalizaron
n Europa hasta el siglo XIII; el 7, represen~do
r una A 11in travesaño, como para marcar die~
ición. la palabra &lt;'or¡,111.1 abreviada en su pr1n
'
9
l
mera sílaba y coronada por un 9 (t\or ) Y e vocablo fratribt(S abreviado en .ftbz con un_ ª sup~rpuesta a la_; y una i a la t; amén ~e d1v~rsos signos que omito .• •o quiero olvidar: sm embargo, las
Iniciales de la heroína, aquella J, y aquella R tan
earacteristica también en su parecido con las PP
manuscritas de nuestra caligrafía, salvo el trave1año que laii corta .
. Existen, además. en la margen del texto, a ma-.
nera de apostilla, dos escudos; un? en for~a de aneha almendra. característico también del siglo XIII
1 el otro romboidal, es decir, blasón de dama, sal47

�L E O P O L D O
vo exeepciones rarísimas como las de algunos
conti; pero los Visconti eran lombardos, y eu
época de mi documento, recién conquistaban la
beranía milanesa. Además, los blasones en cu
ti6n se hallan acolados, lo que indica unión c
yugal. Desgraciadamente, su campo no conserva
no partículas informes de la,s piezas y colores
ráldicos.
Lo que dice el documento es imposible de ser
ducido sin desventaja para el lector, pues u
do latín perjudica, desde luego, al interés con
retórica curial, sin contar la sequedad del cono
to. Haré, en consecuencia, una traducción ~n
bre como me plazca, poniendo el original a d"
sici6n de los escrupulosos, con cuyo fin lo he
positado en nuestra Biblioteca Nacional, donde p
de verse a las horas de práctica.
Comienza en estos términos que, como se ve
contradicen al Dante, a Boccaccio y al falso
c.accio, quiene3 coinciden en afirmar la cona
ción del adulterio.
Jamás hubo otra relación que una "exal
amistad'' entre Paolo y Francesca. Aun .sus
nos estuvieron exentas de culpa, y sus labios
tuvieron otra que la de estremecerse y palid
en la dulce angustia de la pasión inconfesa.
El autor dice haber tenido esta comldencia
marido mismo, cuyo amigo afirma que fué.
Francesca tenía dieciséis años (la historia ea
48

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A

·da) cuando la desposaron con Giovanni Mala- •
, como certificación de la paz concluida entre
Polenta de Rávena y los Malatesta de Rímini.
esposo, contrahecho y feo, envió a su hermaPaolo para que se casara por poder suyo, no atredose a presentarse en persona ante la joven, en
visión de un desengaño fatal y del rechazo con·ente.
Hallábase Francesea en una ventana del palacio
riego, cuando entró al patio de honor la cabalnupcial; y una dama de su séquito, equivocatambién, ·o sobornada quizá por el futuro esposeñal6le a Paolo como al que iba a ser su efeco dueño.
De este error provino la tragedia.
Paolo era bello y joven; culto en letras, tanto
o valeroso caballero:; cortés hasta el rendi•ento y alegre hasta la jovialidad; todo lo con.o de su hermano, cuya sombría astucia rayaba
cruE&gt;ldad, y cuya desgracia física había dado en
torvo pesimismo que es patrimonio de los conhechos con talento.
La joven se desposó, así engañada; y conducida
fué al castillo conyugal, el esposo verdadero
con elJa la primera noche sin dejarse ver, pues
bía entrado a la alcoba en la obscuridad.
reía que, consumado el matrimonio, la altiv~
la dama sería la mejor custodia de sus derechos
esposo, y no se equivocaba ,en ello, por cierto;
41
4

�LEOPOLDO

L U Q O

p.ero el aeto demueatra eoa eJaridad, ui la
..., de na pa.aqpnea, como el frio oüculo flU

&amp;lacerias poma.
Bl d ~ del d ~ fué horri1,Je..
ea fAcil eolegir, para la joven deapoaad&amp;; 7
ooao en¡endr6 desprecio 7 odio haeia el •
ul abUIU&amp; de su bll8Da fe virginal, aereoi6
el amor la simpatfa que por el otro habfa em

• naeer
¡Oúuta 7 eón avos diferencia, en ef
1.te la eurioaa ansiedad del breve noviu&amp;'o,
feeJaa hasta el deleite eon la pre,otam6D cW
prometido¡ el regoeijado orgullo del d.eapcJIOl'j
la pompa religiosa 7 el esplendor DlUD
parejamente reakaban la gallardfa del
7 aquel deapertai- ea loa bruoa del mLons•
,a primer mirada de eapoao amnent6 ya
ultraje de 1lD&amp; deawoo:6anr.a el eruel llnpe
811 fatalidad l
Uno, 11'11 todo reeuerdoe de dieha entre •
atiafaoei6a juv~ de belleza inmolada en
ru; el otro, sólo tiranfa del deber
· •
p!o innoble, fealdad eobarde.
o tenú¡ Jlláa que un rugo de grandea,.
el miedo que Dllpiraba; miedo que en tnílla
JO

deber, euatocliaban au honra como doa
Ftanceaea eai,er.aba uf a encontrar, en
caso de la diclaa legitillla, la dulzura prohi ·
infiemo.

.

A

N

e

E

(J

111 tona ,rima era, qlle la rebelión ele 1ot .eorno dejaba culmne con nieves de reaiglaaPaolo era el rayo de sol que recordaba, únimarchitoe phppolloa.
~ primero, como un peligro, 111 diaereeión
veneido 1u deaconfiauaa, hasta .ubstituir
una fratenüdad melane61iea lu repulsiones del
fingido desdén.
•
eeaca, en su misantropía que la in~ba a
!edad, despu&amp;i de todo grande en el castillo, no
a guato sino eon él; pero s6lo 1e veiaa a la
~el sol, en túito eollffJÚO de no eneontrane
la DOChe.
ovanni, ocupado en estudioa t6cticos quenoa libre-llenaban na horas a medias eon
ia nada advertfa, al parecer; pero loa joro~ tan cel8808 eomo pervenoa, y a, aabienloa jóvenes se amaban, divertíaae en ver- ·
decer. Aquel peligroso juego le -atrafa como
emoción a la vez lancinante y deliciosa, por
que al !in estuviese previsto como una obra de
L
hOl'l'eDdo beso cruzaba a veeea, mgiriendo
ionea por entre aquella tortura de la dignidel 'amor eomo un refinumento del infiereso llevaba diez añoa, eaa perversidad, fordoae de tiempo y de sombra, como el vino.
tras se eontuviesen, aentfaae vengado por la
a de 811 continencia; en caso eontran"o, en
11

�LEOPOLDO

lúGONES

la muerte fatal, aquella muerte CAÍ:-A que el canto
V del poema rememora, adjetivándola con el nombre del círculo infernal mencionado por el XXXIT,
como para mejor expresar su amargura única en lo
anómalo del epíteto. Así habían pasado diez años.
l,7traheroísmos y deberes, el amor hizo al fin su
obra. La misma sencillez de relaciones entre esposa y cuñado, creó una intimidad aun acrecida por
la frecuencia de verse.
Paolo se ingeniaba de todos modos para hacer a
aquella juyentud más llcyadera su clausura en castillo tan lóbrego; y su exquisita cortesía, tanto como su grave ternura, denetían hasta las heces el
corazón de aquella mujer, en quien los refina1nientos, todavía bizantinos de su ciudad nata], habían
profrmdizado sensibilidades.
~o alcanzaba a perder en la ruda prueba su gus1o por las S(.'derías suntuosas, por las joyas y el marfil; y es de creer que en su dulce molicie r11trara
no- poco el espíritu de aquel legendario malvasía,
t1ue consolaba la decadencia de los Andrónicos, sus
contemporáneos, inmortalizando la sombría pequeñez de la helénica Monembasia. Magias de Bizancio, que el viento conducía a través del Adriático
familiar; filtros ele Bizancio diluídos en su sangre
antigua; pompas de Bizancio aún coetáneas en el
lujo y en el arte, predisponíanla ciertamente al
amor; a aquel amor más deseado en lo extremo de
· su crueldad.
52

F

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A

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Paolo era diestro en componer enigmas, que el
gusto de la época había elevado a un rango superior de literatura, empleándolos hasta en la correspondencia secreta y en las diYisas del blasón. Su única falta consistía en usar, para los que componía a
Francesca, el único doble tema de su hermosura Y
del amor.
Los primeros pasos fueron tímidos, disimulando
la intención en la vaguedad. El pergamino recuer- ·
da uno de aquellos juegos, cuya solución consistente en una palabra que tuviese sentido, recta o
inversamente leida, daba la soluci6n en legna-a11gel.
Cita igualmente uno, al que llama "la cruz de
amor,'' así dispuesto :
ECATE

J\"'EMEA
AMORE
FURIE
ThIE:NE
O este otro, en palabras angulares, que pueden

ser Mdas lo mismo de izquierda a derecha, que dr
arl'iba a abajo, y en el cual se prrci!::a más el balbuceo del amor:
AMAI

MIME
AMOR
IERI
53

�LEOPOI,DQ

LUGONES

O este último, del mismo carácter, y que el documento llama un enigma en V:

ANIME
AMARO

CUORE
Pero vengamos a la tragedia.
Habían llegado para Francesca los veintiséis
años, la segunda primavera del amor, grave y ardorosa como un estío. Su decenio de padecer, clamapor una hora de dicha; y en la tristeza que la
Juyentud trae consigo al definirse, y que es como el
adiós amigo a la aturdida adolescencia, habíanla
a;;altado miedos de morir sin gustar una vez siquiera el ósculo redentor de toda su vida tan injustamente negra.
Aquel otoño habíalos fraternizado más en largas
lecturas, que eran vidas de santos sangrientas de
heroísmos y singularizadas por geografías monstmosas; pero un día, aciago día, el malvado cuvos
diez años de goce infemal exigían por fin rl dt,;enJace de la sangre, puso al alcance de sus penas la
p,ala11te colección del No,·ELLINo.
i-Cuántas lPycron de aquellas cien narraciones
halladas por ahí, al ar.ar, eu una alacena? Quizá pocns, desde que tanto llc~ó a turbarlos la de Lanzarote del Lago.
Pué en e] baleón que abría sobre el poniente la

?ª

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alcoba de la castellana, durante un crepúsculo cuya divina tenuidad rosa empezaba a espolvorear,
como una tibia escarcha, la vislumbre de la luna.
Desde aquel piso, que era el segundo, se dominaba todo el paisaje condensado como un borrón de
tinta bajo la luz lunar. Las densas cortinas obligábanlos a unirse mucho para aprovechar el esca80 vano abierto sobre el cielo. Juntos en el diván,
el libro unía sus rodillas y aproximaba sus rostros
hasta producir ese rozamiento de cabellos, cuya vaguedad eléctrica inicia el vértigo de la tentación.
Sus pi~s casi se toeaban, compartiendo el esca bel.
Sobre la inmensa chimenea, una licorera bizantina
que acababa de regalarlos con el delicioso licor de
Zara, despedía en la sombra de la habitación el florido aroma de las guindas de Dalmacia.
Ya no leían; y así pasaron muchas horas, con las
manos tan heladas sobre el libro, que poco a poco
se les fué congelando toda la carne. Sólo allá adentro, con grandes golpes sordos, los corazones seguían viviendo en una sombría intensidad de crimen. Y tantas horas pasaron, que la hma acabó por
bañarlos con su luz.
Galeoto fué el libro ... -dice el poeta-. ¡ Oh, no,
Dios mío ! Fué el astro.
Miráronse entonces; y lo que había en sus ojos
no era delicia, sino dolor. Algo tan distante del beso, que en ello cabía la eternidad. El alma de la joven asomábasc a sus ojos deshecha en llanto como
55

�LEOPOLDO

LUGONES

una blanca nube que se vuelve lluvia al fresco de la
tarde. ¡ Y aquellos ojos, oh, aquellos ojos negros
como dos golondrinas tle la Pasión, qué sacrificios
de ternura abismaban en el heroísmo de su silencio! ¡ Ay, vosotros los q_ue sólo en la dicha habéis
amado, envidiad la tortura de esos amantes qué,
en el crepúsculo llorado por las esquilas, gozaban,
padeciendo de amor, toda la poesía de las tardes
amorosas, difundida en penas de navegantes, de ausentes y de sentimentales peregrinos, como en el
canto VIII del Purgatorio:
Era giá l 'ora che volge 'l disío
A 'naviganti, e 'nteneriace íl cuore
Lo di ch 'lian detto a' dolci amici a Dio¡
E che lo nuovo peregrin d 'amore
Punge, se ode aquilla di lantano
Cl1e paia'l gíorno pianger che si muore.

Pálidos hasta la muerte, la luna aguzaba todavía su palidez con una desoladora convicción de
eternidad; y cuando el llanto desbordó en gotas vivas-lo único que vivía en ellos-sobre sus roanos,
comprendieron que las palabras, los besos, la posesión misma, eran nada como afirmación de amor,
ante la dicha de haber llorado juntos.
La luna seguía su obra, su obra de blancura y
de redención, más allá del deber y de la vida ...
l:na sombra emergió de la trasaleoba, manchó
fugazmente el pavimento de lozas blancas y ne56

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Á

gras, se escabulló por la puertecilla que daba acceso al piso, y por él a la torre. Era el enano del
castillo.
Malatesta se hallaba en la torre por no sé qué
consulta de astrología; pero todo lo abandonó, descendiendo la escalera interior hasta la planta donde estaba la alcoba de la castellana; hasta debió
correr para llegar a tiempo, pues era la pieza más
distante de la torre.
El éxtasis duraba aún; pero los ojos, secos ahora brillaban como astros de condenación con toda
la ' ponzoña narcótica de la luna. Aquella palidez
desencajada tenía el hielo inconmovible de la fatalidad, y una pureza absoluta como la muerte, los
aislaba en la excepción de la vida.
Materialmente no habían pecado, pues ni a tocarse llegaron, ni a hablarse siquiera; pero el esposo 'UÍÓ en sus ojos el adulterio con tan vertiginosa claridad, con tal col!-Sentimiento de rebelión y de
delito, que les partió el corazón sin vacilar 1lll ápice. Y el pergamino le halla razón a fe mía.

57

�DOS ILUSTRES LUNATICOS
O LA DIVERGENCIA UNIVERSAL

DRAMATIS PERSONAE:

H. (desconocido, al parecer escandinavo.)
Q. (desconocido, al parecer español.)
Andén desierto ele uua estación de ferrocarril, a las onee de 1a noche. Luna llena al exterior. Silencio completo.
· Luz roja de semáforo a lo lejos. Bagajes confusamente

amontonados por los rincones.
H. es un rubio bajo y lampiño, tirando a obeso, pero singu1armente distinguido . Viste un desgarbado traje negro
y sus zapatos de charol chillan mucho. Lleva un junco de
puño orfebrado que haee jugar vertiginosamente entre los
dedos. Fuma cigarrillos turcos que enciende uno sobre otro.
Un tic le frunce a cada instante la comisura izquierda del
labio y el ojo del mismo lado. Tiene las manos muy blancas¡ no (la tres pasos sin mirarse las uñas. Camina lantando miradas furtivas a los bagajes. De cuando en cuando vuélvese bruscamente, lanza w1 chillido de rata a la
vacía penumbra, corno si hubiese alguien allí; después proaigue su marcha haciendo un nuevo molinete con el bastón.
Q. gallardea un talante alto y enjuto¡ una cara aguilefia, puro hueso¡ hay en él algo a la vez de militar y de
universitario. Su traje gris le sienta roftl; es casi ridículo, pero no vulgar ni descuidado. Trátase a todas luces de
una altiva miseria que , se respeta. Este baee el efecto de
la reserva leal, tanto como el otro causa una impresión de

59

�L E O P O L D O

L UG O.,\.ES

charlatán sospechoso. Van uno al lado del otro; pero ae
advierte que no conYe1·san sino para matar el tiempo.
Cuando llegue el treu, no tomarán el mismo coche. Tamr,oco se han visto nunca. Q. sabe que su interlocutor se
llama H. porque al llegar traia en la mano . una maleta con
esta inicial. H. l1a visto, por su parte, que el otro tiene su
pañuelo marcado con una Q.
·

ESCENA PRIMERA.
H.-Parece que hay huelga general y que el servicio está enteramente interrumpido. No correrá un
solo tren durante toda la semana.
Q.-Locura es, entonces, haber venido.
H.-Más locos son los obreros que se declararon
en huelga. Los pobres diablos no saben historia.
Ignoran que la primera huelga general fué la retirada del pueblo romano al Monte Aventino.
Q.-Los obreros hacen bien en luchar por el triunfo de la justicia. Dos o tres mil años no son tiempo excesivo para conquistar tanto bien. Hércules
llegó al confín de la Tierra, buscando el Jardín
de las Hespérides. Una montaña le estorbaba el
paso Y, poniendo sus manos en dos cerros, la abrió,
dando entrada al mar como se abre, trozándola por
los cuernos, la cabeza cocida de un carnero.
H.-Bello lenguaje; pero no ignoráis que Hércules fué un personaje fabuloso.
Q.-Para los espíritus menguados, fué siempre
fábula el ideal.
60

DOS

ILUSTRES

LUNA 1'100S

H--(volviéndose bruscamente y saludando con su junquillo
la sombra).--:N'o sé si lo decís por mí; pero os adYil'r-

to que no acostumbro comer carnero con los dedos.
Vuestra metáfora me resulta un tanto brusca.
Q.-Aunque no me es desconocido el juego del tenedor en las mesas de los reyes. he gustado con más
frecuencia la colación del pobre. Desde la baya del
eremita al pan del trabajador, duro e ingrato como
la gleba, mi paladar co~oce bien el sabor de las
. Cuaresmas.
H.-Os aseguro que tenéis mal gusto. Por mi parte, compadezco al desdichado, ciertamente. Quiero
la igualdad, pero en la higiene, en la cultura y en
el bienestar: la iguadad hacia arriba. Mientras ello
resulte un imposible, me quedo en mi superioridad.
¿ Para qué necesitamos nuevas cruces, si un solo
Cristo asumió todas las culpas del género humano 1
Q.-Es condición de la virtud indignarse ante
la iniquidad, y correr a impedirla o castigarla. sin
reparar en lo que ha de sobrevenir. ¡ Pobre de la
justiGia vilipendiada, si su socorro dependiera de
un razonamiento irreprochable o del desarrollo de
un teorema! En cuanto a mí, no deseo ni la igualdad, ni nuevas leyes, ni mejores filosofías. Solamente no puedo ver padecer al débil. M:i corazón
se subleva, y pongo sin tasa al rescate de su felicidad, mi dolor y mi peligrt&gt;. Poco importa que esto sea con la ley o contra la ley. La justicia es, con
61

�LEOPOLDO

L

U G O RE -S

frecuencia, víctima de las leyes. Tampoco sabría
detenerme ante el mismo absurdo. Pero cada monstruo que me abortara en fantasmagoría, cada empresa vana que consumiera mi esfuerzo, fueran a
la vez incentivos para empeñarme eontra la amarga
realidad. t,Por qué halláis mal que luchen a costa
,de su hambre estos trabajadores? &amp;No es el hambre
un precio de ideal como la sangre y como el llanto T
H.-Poseéís una elocuencia prestigiosa que me
habría arrebatado a los veinte años, cuando creía.
en los pájaros y en las doncellas.
Q.-Os estimaría que no dierais alcance despectivo a vuestras palabras sobre las doncellas y los
pájaros.
H.-De ningún modo. Los pájaros tienen el mismo paso (da una corridita ornitológica sobre las puntas de
los pies) que las doncellas; y las doncellas tienen
tanto seso como los pájaros. Pero vuelvo a nuestro tema. Los obreros nada lograrán con la violencia. Os advierto, entre paréntesis, que no soy propietario. Los obreros . deben conformarse con las leyes: aprovechar sus franquicias, -elegir sus diputados, apoderarse del Parlamento, cometer algunas extravagancias para despistar a los ricos, como volverse ministros, por ejemplo, y después apretarles
-crac-el tragadero. . . si es ql1e no prefieren tornarse ricos a su vez. Es un sistema.
Q.-Cn sistema abominable. Pareeéisme, a la verdad, un tanto socialista.
62

D OS

I L U S TRES

L UN A TIC O. S

H.-No lo niego; pero a mi Yez os he notado
un poco anarquista.
Q.-N o os ocultaré mis preferencias en taJ f&gt;eUtido. Amé siempre al paladín; y no sé por qué ::rnhelo de justicia desatentada, por qué anormal coraje de combatir uno solo contra huestes enteras,
por qué sombría generosidad de muerte inevitable, en la Inisma obra de la vida que otros gozarán
mejor, sin perjuicio de seguir llamando ..;rimen a la
benéfica crueldad, hallo semejanzas profundas entre los caballeros de la espada y los de la bomba.
Los grandes justicieros que asumen en sí mismos
el duro lote del porvenir humano, son como esas
abejas de otoño que amontonan a golpes de aguijón la comida futura de una prole que no han de
ver. Matan para el bien de la v-ida que sienten germinar en su muerte próxima, arañas y larvas: como
quien dice tiranos e inútiles, quizá inocentes, siempre detestables. Ellas carecen, entretanto, de boca ; no pueden. gustar siquiera una gota de miel. Sus
únic,os atributos son el amor y el aguijón. Su obra
de porvenir finca en la muerte, qu&lt;: al fin es el único camino de la inmortalidad.
H.-6Sois espiritualista?
Q.-En efecto; ¡,y vos?
H.-Materialista. Dejé de creer en el alma cuando me volví incrédulo del amor. (Estremécese con
violencia.).

Q.-¡, Tenéis frío 1
63

�L•0P0l,D0
11.-No¡ p....,¡..-te. • una PNIM!11114Íi
- - , ai queriia, y - la ea- aquel e6he
A Ja ida me pareee un elefante, y a la
hall-.
Q.-(opute). Bita , _ DO d
(alto). Ea mi eofre de viaje. Su color y 111
1:ienen, en efecto, algo de paquidenao.
B.-Ha;r aofrea -ndinavea que pareee
- · (Vaeln .. Hl&gt;"i 4&lt;.I :,)• • aingular, e6mo
eupan eatu e-. Bltaa e-. que uno
n en el oomemo con loa es,eetroa. NotariÜI
- , euando vo;r a pronunciar tal o cual
•l ojo bquierdo ae me mete por equivocaei6a
de la naris. Ea una curioaa diaeordaneia. Bl
de la "erre" me baee vibrar Ju uiiu. 1
qué ehillan tanto mis zapatoa,
Q.-No, por cierto.
B.-BII una moda hm,pra. La he adop

n -rdarme aiempre de que debo pouer I
en el mismo medio de Ju baldoau, 9in piar
junturas. Xanfa que tiene, naturalm
nombn prieo16gico.

-

COJ&gt;- • lo lejoo el relluao ele u-•&gt;·
. 1Ah, el maldito jument.o laútieo I Creo
arranearfa Ju orejas con gran placer, a , - bondad eapeoffiea.
Q.-Yo aao a loa amoa. Son pacientes :r
Su rebuzno diatante, en Ju noches ela~

.,.... ...................... .
JhupHo..

.. ,_ ..... ,.... +•••.-.•
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Romm-seeJeate;,-..rl

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CriÑallf, . . w;,-.•lli•Wble,lattt.

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�DOS
LEOPOLDO

f.

[I(}

la manía de silbar vivamf'ntC' cnando Yayáis de noche por sitios solitario-,, Y cierto frío i;ltcrmitcnte
en la. espina dorsal. Pero los cs-peetros dan buenos
co11SeJ0S. Co11ocen la filosofía de la vida. llablal\
como los parientes fallecidos.
Poco a poco os vais :,intiendo un tanto contradjctorio. Cometéis extnwagancias por d placer &lt;le
cometcrl~s. Ya habéis visto lo que me pasa. }lis zapatos chillones Y mis molinetes, son estúpidos; pero ~~y agradables. Son también impc&gt;rahrns categoricos;
,
p
. formas de razonar un ta11to a·n&lt;&gt;rsas.
ero el imperio d&lt;' la razón es tan efectivo en ella:,;
como en la lógica de Aristótf'l&lt;'s.
Luego, os entra. el :fastidio de todo lo que ama y
de todo lo que vive. "Cna individualidad estupei.l.da se_ desarrolla en vuestro ser. Habéis comenzado
r?mp1endo espejos o manchando tapicas con los
p~es llenos de lodo. Luego matáis fríamente de un
pistoletazo
la oreja a vuestra yegua favorita ..
L~ego quere1s algo mejor. Ya estáis a punto. Causáis, entonces, algún mal irreparable a vuestra madre o a vuestra mujer.
Q.-¡ Caballero!
H.-¡ Eh, qué clia blos ! Dejadme concluir. Habéis
d~ saber que yo he amado. Amé a una muchacha rub1~ Y poética; una especie de celestial aguamarina.
Dabale por el canto Y por la costura ; no desdeñaba los cleportrs ; pedaleaba gallardamente en bicicleta. A la verdad, era nn tanto insípida, como la

:?

• 66

ILUSTRES

LUNATIOOS

01YES

perdiz sin cscabecbr. Pero yo la quería con una
pureza tan grande, que me hrlaba las manos. Gustábame pasar largas horas, recostada la cara en sus
rodillas, mirando el horizonte que entonces queda
a niYel con 1mrstras pupilas. Ella doblaba gentilmente la cabeza con una domesticidad dr prima que
aún no sabe. 'l'enía la barbilla imperiosa; lo;; ojos
llenos de un azul juyenil e ignorante, cuando se
los miraba bien abierto;-;; pero habitnalmentc entornábalos soñadOl' desclén. La nariz, con un ligerísimo respingo. La boca un tanto grande, pero todaYÍa sin el más ligero desborde dr ese carmfa vir~inal qlll' mancha los labios sabedores del amor, corno l'l vino a una copa rn que se ha bebido. Eran.
quizá, un poco altos y fü\cos -sus pómulos. Pei11ábasr mny uÍPll. con sólo dos ondas irregulares y flojas de su rubio cabdlo. Lle--vaba siempre descubierta la nuca, rxagrránÜo su desnudez con una incli,nación de lectura. Esta era toua sn coquetería. ¡\O
:-;r distinguían r-;ns st•nos bajo la blusa. Sus manos y
sus -pies Nan más bien larios. La falda "trotteuse ·' dejaba acfürinar sus piernas delgadas y alti,·as de 11adadora. Pues la natación constituía su
r11canto. La natación con prligro de la vida. Prohibiéronselo en ya110. Iba al río con pretexto de coger -violetas y ortigas para adornar su sombrero· de
sol.
Dejé de ai:narla cuando descubrí que pertenecía
a la infame raza de las mujrres. No sé bien si mu67

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�L .E O P O L D O

L

U G

Vuestros propósitos sobre la mujer, son ci&lt;&gt;rti.1t111nt.c'!
intolerables; y no más que por reduciros a la decisión de las armas, os digo que tomo a la luna por
doncella desamparada y que no permitiré a su respecto ninguna insolencia.
H.- ( encogiéndose con un tirita miento enfermizo).
No desconoceréis, caballero, que os he tolerado a
• mi vez muchas impertinencias. La medida está
colmada. La luna es una calabaza vacía y nada mú.
Sé bien que quien escupe al cielo, cáele la saliva
en la cara. Pero tengo la boca llena como un ma~
món que echa los dientes, y veo allá un cartel que
dice: "Es prohibido · escupir en el suelo." (Quégramática!) .Así, pues, oh luna, buena pieza, toma .
(escupe hacia la luna), toma (escupe nue,·amente). toma

'

ÍNDICE
Págs.

J,AS FUBRZAS ltXTRAÑAS

Lluvia de Fuego..................... . . . . . . . . . . . . . . .
Estatua de Sal.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5
17
35

( escupe por tercera vez).

Mis señas, caballero.
Caballero, las mías.
Q.-(Miranclo la cartulina con asombro.) j El Príncipe
Hamlet!
H.-(leyen,lo con interés). j Alonso Quijano !
Q.-(sacando su tarjeta).
H.-(haciendo lo propio).

LUNA.RIO S)tNTIMRNTAJ,

Francesca ....................... .
Dos Ilustres Lunáticos ........... .

ESCENA SEGUNDA.
DON QUIJOTE alzando los ojos lmeia su interlocutor, ad•
vierte que ha desaparecido.
HAMLRT, bnscanclo con uua mirada a don Quijote, nota
que ya no está.
El lector se da cuenta, a su vez, de que don Quijote 1
IIamlet han desaparecido.

70
71

45
. ....•......

59

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u.

CENTRAL
A. N. '-

'
LECTURAS .E LECTA

SCHAHRAZADA

�s~~ ~A;IB~~f

tE~T~
DE TODOS LOS PAISES:5==

VOL. I.

LICTUa&amp; IILICTA
a ■ x1co.

acax1x

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HISTORIA PRODIGIOSA
DE LA CIUDAD DE BRONCE
CUBIITO DB

LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

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ben-Barkhia el mando de los guerr,eros humanos, y a
Domriat, rey de los efrits, el mando de todo el ejército
de genios, que ascendía a sesenta millones. y el de los
animales y aves de rapiña recolectados en todos los
puntos del universo y en las islas y mares de la tierra.
Hecho lo cual, yendo a la cabeza de\ tan fonnidabl~
eJército, Soleimán se dispuso a invadir el país de mi
soLerano el rey del Mar. Y no bien llegó, ;ilineó su ejército en orden de batalla.
"Empezó por formar en dos alas a los animales, colocándolos en líneas de a cuatro, y en los aires aposto
a las grandes aves de rapiña, destinada,, a servir de
centinelas que descubriesen nuestros movimientos, y a ,
arrojarse &lt;le pronto sobre los g'.tt:rreros para herirh:5 y
sacarles los ojos. Compuso la vanguardia con el ejército
de hombres y la retaguardia con el ejército de genios: v
m:rntuvo a su diestra a su visir 1\saff ben-Barkhia, y a
su izquierda a Domriat, rey de los genios del a.ire. El ,
permaneció en medio, sentado en su trono de pórfido )
de oro, que arrastraban cuatro elefant,es. Y dió entonce,
la señal de la batalla.
"De repente híwse oir un clamor que aumentaba con
el ruido de carreras al galope y el estrépito tumultuoso &lt;lt los genios, hombres, aves de rapiña y fieras guerreras; y resonaba la corteza terrestr.e bajo el av.:&gt;te forn:idable de tantas pirndas. en tanto qm· relemHaba e: 1
. aire con el batir de millones de alas, y con las exclamaciones, los gritos y los rugidos.
·'Por lo que a mí respecta, se me concedió el nmndo d,,
la vanguardia del ejército de genios sometidos al rey del
20

LA

CIUDAD

DE

BRONCE

Mar. Hice una seña a mis tropas, y a la cabeza de ellas
me precipité sobre el tropel de genios enemigos qtte mandaba el rey Domriat. E intentaba atacar yo mismo al jefe de los adversarios, cuando le vi convertirse de impro,•i~o en una montaña inflamada que empezó a vomitar
fuego a torrentes, esforzándose por aniquilarme y ahogarme .::on los despojos que caían hacia nuestra parte
en olas abrasadoras. Pero me defendí y ataqué con encarnizamiento, animando a los míos, y sólo cuando me
convencí de que el número de mis enemigos me aplastaría a la postre, dí la señal de retirada y me puse en fuga por los aires a fuerza de alas. Pero nos persiguieron
por orden de Soleimán, viéndonos por todas partes ro-deados de adversarios, genios, hombres, animales y pájaros; y de los nue5tros quedaron extenuados unos.
aplastados otros por las patas de los cuadrúpedos, y precipitados otros desde lo alto de los aires, después que les
sacaron los ojos y les despedazaron la piel. También a
m: alcanzáronme en nú fuga, que duró tres meses. Preso
y amarrado ya, me condenaron a estar sujeto a esta cokmna negra hasta la extinción de las edades, mientras
que aprisionaron a todos los genios que yo tuve a mis
órdenes, los transformaron en humaredas y los encerraron e11 vasos de cobre, sellados con el sello c1e Soleimán.
'}Ue arrojaron al fondo del mar que baña las murallas
üe la Ciudad de Bronce .
''En cuanto a los hombres que habitaban este país, no
se exactamente qué fué de ellos, pues me hallo encadenado desde que se acabó nuestro poderío. ¡ Pero si vais
21

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11

NOCHES

Y

UNA

cjos. Y a sus plantas despl,egóse un espectáculo que t
contuvo la respiración.
Estaban viendo una ciudad de sueño.
Bajo el blanco cendal que caía de la altura, eu toda
la extensión r¡ue podría abarcar la mirada fija en los h
rizontes hundidos en la noche, aparecían dentro del recinto de bronce cúpulas de palacios, terrazas de ca~
i,pacibles jardines, y a la sombra de los macizos, brillahan los canales que iban a morir en un mar de metal,
cuyo seno frío reflejaba las luces del delo. Y t:l broa..
ce de las murallas, las pedrerías encendidas de las ~
pulas, las terrazas cándidas, los canales y el mar entero¡
así como las sombras proyectadas por Occidente, amalgamábanse bajo la brisa nocturna y la luna mágica.
Sin embargo, aquella inmensidad estaba sepultada, como en una tumba, en el universal silencio. Allá dentro
ne había ni un vestigio de vida humana. Pero he aquí
que con un mismo gesto, quieto, destacábanse sobre mo.
mimentales zócalos altas figuras de bronce, enormes jinetes tallados en mármol, animales alados que se inm(!•
vilizaban en un vuelo estéril; y los únicos seres dotados
dt. movimiento en aquella quietud, eran millares de in•
mensos vampiros qlle daban vueltas a ras de los edifi•
cios bajo el cielo, mientras buhos invisibles turbaban d
extático silencio con sus lamentos y sus voces fúnebres
en los palacios muertos y las terrazas solitarias.
Cuando saciaron su mirada con aquel espectáculo extraño, el emir Muza y sus compañeros bajaron de la
montaña, asombrándose en extremo por no haber adwrtido en aquella ciudad inmensa la huella de un set
24

LA

CIUDAD

DE

BRONCE

humano vivo. Y ya al pie de los muros de bronce, llegaron a un lugar donde vieron cuatro inscripciones grabadas en caracteres jónicos, y que en seguirla &lt;lescifró y
tradujo al emir Muza el jeique Abdossamad.
Decía la primera inscripción :
¡ Oh hijo d~ los hombres, qué vanos son tit-S cálculos 1
¡La muerte está cercana; no hagas cuentas para el por'Venir; se trata de un Señor del Universo que dispersa
las naciones y los ejércitos, y desde sus palacios de vastas magnificencias precipita a los reyes en la estrechri
t11orada de la ti1mba; y al despertar sit alma en la igualdad de la tierra, han de verse reducidos a un montón de
a,niza y polvo!

Cuando oyó estas palabras, exclamó el emir Muza:
''¡ Oh sublimes verdades! ¡ Oh sueño del alma en la
igualdad de la tierra : ¡ Qué conmovedor es todo esto !"

Y copió al punto en sus pergaminos aquellas frases.
Pero ya traducía el jeique la segunda inscripción que
decía:
i Oh hijo de los hombres! ¿ Por qué te ciegas con tus
jJ1'opias manos? ¡Cómo puedes confiar en este vatu
mundo? ¡No sabes que es u1z albergue pasajero, mia morada transitoria? ¡Di! ¡ Dónde están los reyes que cimentaron los imperios? ¡ Dó11de están los Ctmqitistadores,
los dueños del Irak, de Ispahán y del Khorassán? ¡ Pa:aron cual si nunca hi,bieran existido l

Igualmente copió esta inscripción el emir Muza, y
escuchó muy emocionado al jeique, que traducía la ter-

cera:
25

�MIL

NOCHES

Y

UNA

NOCHE

¡Oh hijo de los hombres.1 ¡He aquí que transcurreit
tu vida hacia eí
término final! ¡Piensa en el día del.Juicio ante el Scñof,
tu Dueno ! J Qué fué de los soberanos de la India . de la
China, de Sina y de N11bia!' ¡ Les arrojó a la nada el
soplo impla,cable de la muerte!

CIUDAD

DE

BRONCE

No pudo el emir Muza contener st1 emoción, y se estuvo largo tiempo llorando coJ1 las manos en las sien.e$,
y decía: ''i Oh el misterio del nacimiento y de la muerte! ¿ Por qué nacer, si hay que morir? ¿ Por qué vivir.
si la muerte da el olvido de la vida? ¡ Pero sólo Alal1
conoce los destinos, y nuestro deber es inclinarnos ante
Éi con obediencia muda!" Hechas estas reflexiones, ~encaminó de nuevo al campamento con sus compañeros,
y ordenó a sus hombres que al punto pusieran manos ~la obra para construir con madera y ramajes una escala'
laga y sólida, que les permitiese subir a lo alto del muro,
con objeto de intentar luego bajar a aquella ciudad sin
puertas.

En seguida dedicáronse a buscar madera y gruesas
ramas secas; las mondaron lo mejor que pudieron con
sus sables y sus cuchillos; las ataron unas a otras con
sus turbantes, sus cinturones, las cuerdas de los camello~, las cinchas y las guarniciones, logrando construir
una escala lo suficiente larga para llegar a lo alto de las
;,;mrallas. Y entonces la tendieron en el sitio más a pro pósito, so~teniéndola por todos lados con piedras gruesas, e invocando el nombre de Alah comenzaron a tre1;ar por ella lentamente, con el emir Muza a la cabeza.
Pero quedáronse algunos en la parte baja de los muros
J,ara \'igilar el campamento y los alrededores.
El emir Muza y sus acompañantes anduvieron durante
algún tiempo por lo alto de los muros, y llegaron al fin
ante dos torres unidas entre sí por mm puerta de bronce.
cuyas dos hojas encajaban tan perfectame•ite, que no
s,: hubiera podido introducir por su intersticio la punta
de una aguja. Sobre aquella puerta apar,ecía grabada en
relieve la imagen de un jinete de oro que tenía 1111 brazo
extendido y la mano abierta, y ,en la palma de esta mano
había trazados unos caracteres jónicos que descifró en
seguida el jeique Abdossamad y los tradujo del siguiente
r,odo: "Frota la puerta doce v,eces con él clavo que ha:'
en mi ombligo."
Aunque muy sorprendido ele tales palabras, el emir
Muza se acercó entonces al jinete y notó que, efectivamc:nte, tenía metido en medio del ombligo un clavo de
oro. Echó mano e introdujo y sacó el clavo doce veces.
Y a las doce veces que lo hizo, se abrieron las dos hojas
dt: la puerta, dejando ver una escalera &lt;le granito roj•J

26

27

lr.,¡., dias, y miras indiferente cómo corre
l.
, 1

i 'A

Y exclamó el emir Muza: "¿ Qué fué de los soberanos
de Sina y de N'ubia? ¡ Se perdieron en la nada!" y deóa la cuarta inscripción:
¡ Oh hijo de los hombres! ¡ Anegas fa alma en los placeres, y no ves que la muerte se te monta en los hombros
espiando tu.s movimientos! ¡ El mundo es como una ttla
de araña, detrás de cuya fragilidad está acechá11dote la
nada! ¿A dónde fueron a parar los hombres llenos de
espcrau;;as y sus proyectos efímeros? ¡ Cambiaron por
l.1 tumba los palacios donde Jwbitan bi,hos ahora!

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1
'¡,
j'

MIL

NOCIJES

Y

UNA

C / f, D A

•1ue descendía caracoleando. Entonces el emir Muza !
su&amp; acompañantes bajaron por los peldaños de esta esca,.
lera, la cual les condujo al centro de una sala que daba
a ras de una calle en la que se estacionaban guardias armados con arcos y espadas. Y dijo el emir Muza:
"¡ Vamos a hablarles antes de que se inquieten con nue!l-&lt;
tra presencia !"
Acercáronse, pues, a estos guardias, unos de los cuales estaban de pie con el escudo al brazo y el sable des,
nudo, mientras otros permanecían sentados o tendid0$.
Y encarándose con el que parecía el jefe, el emir Muza
le deseó la paz con afabilidad; pero no se movió el
l•ombre ni le devolvió la zalema; y los demás guardias
permanecieron inmóviles igualmente y con los ojos
fi.jos, sin prestar ninguna atención a los que acababan
de llegar y como si no los vieran.
Entonces, por si aquellos guardias no entendían el
árabe, el emir Muza dijo al jeique Abdossamad: "¡ Oh
jeique, diríjeles la palabra en cuantas lenguas c.on01:tas !" Y el jeique hubo de hablarles primero en lengua
e-riega; luego, al advertir la inutilidad de su tentativa,
le!&gt; habló en indio, en hebreo, en persa, en etíope y en
sudanés ; pero ninguno de ellos comprendió una palabra
&lt;le tales idiomas ni hizo el menor gesto de inteligencia.
Entonces dijo el emir Muza: "¡ Oh jeique ! Acaso est;n ofendidos estos guardias porque no les saludaste al
estilo de su país. Conviene, pues, que les hagas zalemas
al uso de cuantos países conozcas." Y el v,enerable Abaossarnad hizo al instante todos los ademanes acostumb-ados en las zalemas conocidas en los pueblos de cuan
4

2S

J?

DE

BRONCE

tas comarcas había recorrido. Pero no se movió ninguno de los guardias, y cada cual permaneció en la misma
actitud que al principio.
AJ ver aquello, llegó al límite del asombro e] emir
Muza, sin querer insistir más; dij o a sus acompañantes
que le siguieran, y continuó su camino, no sabiendo a
qwé causa atribuir semejante mutismo. Y se decía el
jeique Ab&lt;lossamad: "¡ Por Alah, que nunca vi cosa tan
extraordinaria en mis viajes!"
Prosiguieron andando así hasta llegar a la entrada del
zoco. t Como encontráronse con las puertas abiertas, pe·
netraron en et interior. El zoco estaba lleno de gent,es
&lt;¡ue vendían y compraban ; y por d~lante de las tiendas
se amontonaban maravillosas mercancías. Pero el emir
Muza y sus acompañantes notaron que todos los compradores y vendedores, como también cuantos se hallaban en el zoco, habíanse detenido, cual ' puestos de común acuerdo, en la postura en que les sorprendieron; Y
se diría que no esperaban para reanudar sus ocupaciones
habituales más que a que se ausentasen los extranjeros.
Sin embargo, no parecían prestar la menor atención a
lá presencia de estos, y contentábanse con expresar por
medio del desprecio y la indiferencia ·el disgusto que semejante intrusión les producía. Y para hacer aún 1nás
significativa tan desdeñosa actitud, reinaba un silenci,i
general al paso de los extraños, basta el punto de qu;:
eu el inmenso zoco abovedado se oían resonar sus pisadas de caminantes solitarios entre la quietud de su all. En árabe suk, o sea mercado.
211

��•
Ji/L

NOCHBS

Y

DB

Caudo mcribieroa ... - perpmiaoa ata .
ci6a, que les coamovi6 mucho, fnnqueal'Oll ana

en

que creslaae hablan salido la vlapera de

y

puerta que ae abrla
medio de la pieria,
una sala, en el centro de la cual babia uua bermoaa
de mármol transparente, de donde se eseapaba an
1idor ,de agua. Sobre la pila, a manera de techo
blcmeate coloreado, se alzaba un pabell6n cubi~
colpduras de seda y oro en maticee diferentes,
nados con un arte perfecto. Para llegar a aquella
ti agua se encau,aba por cuatro canalillos trazadoec
el suelo de la sala con sinuosidades encantadoras, y
da canalillo tenía un lecho de color especial: el
tenla un lecho de pórfido rosa; el segundo, de t
el tercero, de esmeraldas, y el cuarto, de turquesas;
tal modo, que el agua de cada uno se teftía del colot
1u lecho, y herida por la luz atenuada que filtrabau
sedas en la altura, proyectaba sobre los objetos de
alrededor y las. ·paredes de mármol, una dulzura de

Nje marino.

°"

Alli franquearon una segunda puerta, y entral'Oll
segunda sala. La encontraron llena de moneda■ ant'
de oro y plata, de collares, de alhajas, de perlas, de
bíes y de toda claae de pedrerías. Y tan amontonado
taba todo, que apenas se podía cruzar la sala y '
¡,or ella para penetrar en la tercera.
Aparecía ésta llena de armaduras de metales pr
&gt;OS, de escudos de oro enríquecidol con pedrerlu,
cascos antiguos, de sables de la India, de lanzas, de
nablos y de coruas del tiempo de Daúd y de Sol ·
y todas aquellas armas estaban en tan buen estado

.

BRONCB

que las fabricaron.
laego en la ~ sala, enteramente ·oca-

QDOS

umarios y

estantes de maderas precioaas, donordenadamente ricos trajes, ropones ■un•
de valor y brocados W...dos de un IIIOdo
Dalle alli se dirigieron a una puerta abierta
116 el acceso a la quinta NlL
. , contenia entre el suelo y el techo mis que
eiaeres para bebidas, para manjares Y para
: tazones de oro y plata, jofainas de cristal
c:opu de piedras precious, baudejas de jade Y
de diveraos colores.
bubiet'on admirado todo aquello, pensaron en
wtire 1111 pasos, y be aquí que sintieron la téntallevarse un tapiz inmenso de seda y oro que
1111&amp; de las paredes de la sala. Y dotrás del tapiz
gran puerta labrada con finas marquet~a_;;
y ébano, y que estaba cerrada con cerroios
ain la menor huella de cerradura donde meter
Pero el ~ue Abdouamad se puso a estudiar
o de aquellos cerrojos, y acab6 por dar con
e oculto, que huho de ceder a sus esfuerzos
la puerta gir6 sobre sí misma y di6 a los viajeacceso a una sala milagrosa, abovedada en
de c:6pula y construida con un mirmol tan pulido,
un espejo de acero. Por las ventanas de
ula, a través de las celoslas de esmeraldas i
filtrábase una claridad que inundaba los obun resplandor imprevisto. En el centro, SOl!e-

sa

�MIL

y

NOCHBS

nido por pilutru de oro,

UN,1

NO

oobre cada nna de lis

babia 1111 pájaro con pi-je de ~ 7 pico
bles, erguiase una especie de oratorio adornado
¡aduras de seda 7 oro, 7 al que 1IDU ¡radu de
unlan al melo, donde ur,a magnifica alfombra,
mente ~cada con lana de rolores gtori~
foOftS sm aroma en medio de su ckped sin aa ·
IOda la vida artificial de sus florestas pobladas
roa 7 aoimates copiados de manera exacta, cc,li ID
natural y sos contornos verdaderos.
El emir Muza 7 sus acompallantes mbieron
f"I~• del oratorio, y al llegar a la plataforma
llmeron mudos de sorpresa. Bajo un dosel de 1
IJ salpicado de gemas 7 diamantes, en amplio
construido coa tapi«s de seda IUJlerpUeSIOS, r
una joven de tez brillante, de párpadoo entornados
~I audio tras UDU larga• pest•ftas combadas, 7
belleza
realzábue con la calma admirable de sus
.
&lt;1ones, con la corona de oro que oellia su cabell
la di~dema de pedrerias que constelaba su frente, Y'
d húmedo collar de perlas qne acariciaban 111
piel. A derecha y a uqaierda del lecho se bailaban
esclavos, blanco uno y negro Otro, armado cada
&lt;'OD un alfanje desando y una pica de ..,.,.o. A loa
del lecho había una mesa de mármol, en la que apar
rabadas laa siguientes frases:

'ª

,s,,.,

/a '11irg...
Y llla ffllllad

Toa,,,,,,, l,ija del ,e, d, lo1 ,A.

Mi citldad / ¡ Pn,d,i ~ ;/,uro o 111 th1to, flÍoj,ro qwe logrtUlt ,,_,,,,.,

IOI,

DB

B((ONCB

,....,.,,._,__6r, __ _

.,.ua ,... ... ewo,da6, ,... ,. ,,.,.,,.,.
emir Mua 1111 repaso de la ....,..cióa que bula prele!lCia de la joven dormida, dijo
: "Ya eo hora de que """ alejlllRIINII dapah de ver coau tan aaombrosu, y
hada el mar en baaca ele loa de
DO

oliltante, Clflel' de -

palado todo

,-ruca: pero guardaoo de poae.- la mano aodel tty o de tocar sos Yellidoi.
dijo Taleb ben-Sebl: "1 Oh emir nuestro,
palacio poede compararse a la belleza do
1 Seria una lútima dejarla ali! en vez de Ue• Damasco para ofrdnela al califa. Valdrb
repJo qne todas las mforaa de efrits del
cmtest6 el emir Maza: "No po •le. "'" tocar a
porque seria ofenderla, y nol atraeriamo:I
" Pero ettlamó Taleb: "1 Oh emir nuestro!
-.ivu o dormldu, no se ofenden mmca por
tales." y tru de babel" dicho estas pa1abru,
a la joven y quiso le-.antarla en ~ Pero
de repente, atraYOl&amp;do por loa alfujes y
de loa aclaYOS, que le acertanra al mismo tiem11 cabeza y en el coruáa.
,aquello d emir Maza no quito permanece.- ni
más en el palacio, y orden6 a ans acompafllle ..Ue.-an de prisa para emprender el camino

11

llegaron a la playa, -

at

;Jf

•

alll

a _.

�- ......... ________ _
J.llD NOCHBS Y

•

•

UN~ NO

,_..., 1 que cou t¡ ediena a Ju n:Z 91• •
y canfOl'llle a la f6ramla m-hnan• Y dijo
Maza el de mú edad entre ellot, y que parecfa
jefe: H¡ Oh venerable jeiqae ! ~ de parte de,
tro daelio d celifa Abdehnelek bm.Vietwú,,
car en mar . . _ cm efrita de tiempoe del
Soleim6n e Pnedea ayudaraoo ea
in•
DOS y explicamos el misterio de esta ciodad
priY&amp;doa de movimiento todos los seres
Y
d --..o: H Ante todo, hijo ll'io, In• ae saber '1ª"
toe ~ w b•II- ea esta playa
la palabra de Alab y ea la de ID Enviado ( cm él
¡;aria y la paz!) ; pero euutos se enc:aeotrao
Ciodad de Bronce están encantados desde la
ciad, y (lfflll9lleCerÚ ul huta el die del Juicio.
a lo&amp; .....,. qne coatieoea efria, nada mu &amp;di
curároaloa, pue81o qv~ poa•tm"41 UDA porci6o de
qoe UDA vez destapados, DOS sirven pera cocer
y alimeatoa. 0a dartm"41 todos loa qoe quuáia. 1
Dlellle ea necesario, antes de destaperloo, hacerlos
PU golpeú,dolc» cm las 1D1D01, 7 obtener de q •
habitan el juramento de que r«ODOcerán la v
la mi1i6n de nuestro profeta Mobammed,
primera falta y ID rebelión contra la aopi'emacla de
leimúa ben-Daúd!" Luego dadi6: "Ademáa,
deseamos daros como testimonio de naeMra,
al Emir de los Creyentei, amo de todos noaotros,
hiju del mar que bemoa pmcado boy mismo, y qae
mi• bellu qne todu fu biju de los bombra."

D-

r

CXJ••

•

Da

.... dicho e1ta1 pcld

BR.ONCB
"t, i,I

aclao -

Maza doce dé cobre, lldlldaa en ploNllo de Solelmia, y laa das biju del - •
._ maraYillosu criatoras de larp cabellos

-

laa olu, de eera ele 1 - y de -

ad-

1 recloo.6oa y doroa CDel goijarroe marinos;
d omlJllp careclan de laa IDllhlOlldades
gmerabnente son patrimonio de las biju
y fu auatltulan con un cuerpo de pez
• derecha '1 • Uqllierda, de la propia las mojera cuaodo adYierten qne • aa puo
la atenci6n. Tenlan la vos mny dnlce, y ID
nmltaba encantadora; pero no eomprendlan nl
ninguno de loa idiomas eonoeidoo, , - . t i , espouder ímicamente cm la -,rila de w
laa prepntp que ae les dlriglan.
¡tiJerou de dar lu graciu al anciano por ID ~1iaadad el emir Muza y aua acompellantea, e m-.
a él y a todos los pescadores qne eatam coa
ea el pala de loa maauhnenea. a Danaaco, la
• las florea, de laa fTatu y de laa ..... dak:e&lt;.
la oferta el anciano y loa peaeadores, Y todol
fllvieron primero a la Ciudad de Bronce pera
,-nto pndieran llevarte de caaa ~ joyel,
'.lodo lo 1;iero de peso y ,-do ele valor. Cargamodo, ., deacolprou otra vu por las marabronce, llenaron sus lllC(II y caja de provilion~
laeaporado botín y emprendieron de nuevo el
ele Damuco, adonde Regaron felizmente al .cabo
larp Yiaje alo inc:jdenciu.
1
17

�MIL

NOCHES

Y

UNA

El califa Abdalmalck quedó encantado y marav'
mismo tiempo del relato t.JUC de la aventura le
el emir Muza, y exclamó: "Siento en extremo no
ido con vosotros a esa Ciudad de Bronce. ¡ Pero iré,
;::i;(

la venia de Alah,

"1

•

admirar por mí mismo esa&amp; ma

llas y a tratar de aclar,r el misterio de ese en
miento!" Luego quiw abrir por su propia mano los
ce vasos de cobre, y los abrió uno tras de otro. Y
aalía una humareda muy densa qut" com·ertíase
t.:n efrit espantable, el cual se arrojaba a los pies del
Jifa y exclamaba: "¡ Pido perdón por mi rebelión
Alah y a ti ¡ oh Scfior nuestro Soleimán !" Y dcsa
rian a travf's del techo ante la sorpresa de todos los
cunstanes. ~o se maravilló menos el califa de la bell
l"Cl'

de las llos hijas del mar. Su sonrisa, y su voz, y
idioma desconocido le conmO\·ieron y le emocionaron.
hizo que las pusieran en un gran baño, donde viví
alyún tiempo para morir de consunción, y de calor
t'J.ltimo.
En cuanto al emir Muza, obtuvo del califa pe
p~ra r-ctirarse a Jrrnsalén la Santa, con el propósito
pasar el resto de su vida alli, sumido en la medit
,1( las palabras antiguas que tuvo cnida,to de copiar
1ius pergaminos. ¡ Y murió en aquella ciudad. des
&lt;le ser objeto de la veneración de todos los ere
&lt;,tuc todavía van a visitar la kubha rlonde reposa ca
raz y la bendición del Altísimo!
Trad11cido dt'l árabt· por ('/

.

V trsión es¡,aiiola dt

EL N U E V O P A R I S
•

POR

J. W. GOETHE,

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\llljada Pw ,.._, • me - ' lv!imido a

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Jadill'.J--l,

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- - · - - . . , .. 1 1, &amp;W . . .

. . . ;aatnd,li•,a-.
Yo no me -.la tnaqai1o por com¡ilelo¡ tl

flolar ea tl ••-.... . . .
ele..,..._
• por ello, llafa. V t 11 4e , li pll' mú
.. ,atte jf . . . . ., lllirlllla . . . . . . . . . .

............ .

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me dol-~ eta 1 1 por •

la1aea • - . . . . -le

_ _ ,., t,.a.ea.11111111._,hfot
-lfe ..... ele que oe patee ..,_ tnllajoa

., 411111 PI
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Jtncet•aa111'61pJ~&amp;

-Ceh::P1rlllo, , ~ ..... .....,
qai • lo 'llle haáld-clijo

-Adallroea.

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. . . . libe .. .aai de .. cru, - lo ........
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lado de la muralla, . . . haWa. -

pequela

.... de Cll)'U pal'fllea pendlan - -

- • coaj1111ro, JIU'eclaa
R6picle I Lle Die cambU de ropa¡

al

a-

r1ICIJli6 "

redeciDa ele colara,

polvadoa calJelJo, ta -

de haberlos daempolndo f u ~ , coa
J1111110 mio. Mlnme a 1111 1'111 ape)o y me
muy bien con mi dwru, macho mú a mi
coa mi rlgiclo traje de c1Qminao. Hice al¡uboe
p i - como lu que ballla •illo a 101
el twn,. Segala mirándome al espejo y
e&amp;saalidad la ima¡eo ele 1111 Dicho qae babia a
palda. SobN, IU blanco fondo - - colpdu
des caerdecltaa, anida cada ana coaaip mlama
a.ocio qae DO Die era dado ftl' cletde lejo&amp;. V:
In ,t- e nente e interropf al viejo acerca del
,w Ju caadai. El, may mnable, dacalp ana
y me la Olllell6. Era un mrd6a de leda verde
faene, CUJ01 cb extremoe, aaidoe por 1111 caen,
CM dos beodidaru le daban Upfflo de un imtl
tn cu,., uso no es may apetccil,le precli-Oldll!
coaa me pueclú crave, y pre¡wuE al mjo qaf
decir aqaello, Me rapoadi6 may lran,¡uilo y a
diciendo que era para loo que ahusaban ele la
,a que siempre se estaba ali! diapaeato a otorcarles.
, i6 a colgar el c:onl6o ea au litio y aie dijo q,1e
gaiera, p- esta vea no me cogi6 de la mano, lino'
caminé libre a IU lado.

.Mi gran carioeidad era labor· ahora d6ade
atar la paena y 411 paeme para atrav-.- la -ja

.

U B

T

Y

O

PAlllS

1i CllrDO ..... pd6i, JI J tuir,
..._ l!end6e m la 4anda-.
1111 cf.._ de prlla • ella: IH' ll-

....

-

me llon6 la fflla, paea

de . . - . plcu.

a telllWar
, aquel atrallD - - - termln6 - que
'Y partellDU

¡

&amp; Wi

... mcllaann - - - - . lo
al dotl aad,- _ , . ele eJérdt!&gt;; arma..
alaiem, lanzarse uao sobre otro. La vis:,... podlan afrlr tal coafuiola Y .._
iadeclblemeaie uadl1oeo faé el ver •
pol cumplew, cabrieron la n.doacloa
formaron el mú soberbio pacnte qa~ Nbc
Abora .., abrfa ante IIIÍII ojoe 1111 paiia-o
'ardla, dividido en eatreluada. hanralee
J formab&amp; 1111 075
!al lallerlnto¡ con verdea guarnJcionea ele ana pluta
qae juab habla lido . . . por mi, y n.,.
de 1111 color diatiato en cada comparti.
apenas levantaban del l!Mllo, coa lo ,..._
firihnentt lu &amp;pu truadu. Aquella
de
pcé al pleno _,.__ del sol.
ojoe, pero cui ao aabla d6nde
-pie,,, pues loa serpenteantl!I oende,os ~

,..i-ite':.

=

partaima ualada, que :4_,.., delo en el luelo o _ , .., ehlo re,ol
AnduYe alg6n tiaapo al lado de 1111
1al
clavados ea tierra, balta que adverv
centro de aqael drcalo de' 9llridoa arrlatti,
gran macbo redondo de olpre1e1 Y llainoe,

de -

.

�J

TJI.

G

o

E

T

H

a través de los cuales nada -podía verse, porque las
'.11ªs inferiores parecían brotar del suelo. 1'.1i guía.
1'11pulsarme precisamente a tomar el camino más dir ·
to, me dirigía si11 embargo hacia aquel centro, y,
gran sorpresa, al penetrar en medio de los altos ár
vi ante mí el pórtico de columnas de un magnífico
heflón d-e jardín, que parecía tener análogo aspecto
e~trada~ hacia los otros lados. Pero, más aún que .
c:emplar arquitectónico, me encantó una música cel
que brotaba del edificio. Tan pronto me parecía oír
laúd como un arpa, una cítara o algún otro instrum
to de cuerda q~e no era ninguno rle a.quellos tres. I
puerta a que habíamos llegado abrióse al instante
p~és de una leve llamada del viejo; pero ¡ cnál 11 ~ f
mt asombro cuando vi que quien salía a abrirnos
n~•a li~da muchacha idéntica totalmente a la que me
Lia bailado en suefios sobre los dedos! Saludóme
también. como si fuéramos antigi¡os conocidos y
ro_gó que en_t~ara. El viejo se quedó fuera, y yo 1fuí
tras de la ntna por un corto pasillo abovedado con her
ir.osa decoración, hasta la sala central, cuya magnífi
;,!tura, digna de una catedral, atrajo a sí mi mirada
entrar. Y me llenó de asombro. Mas mi vista no p
detenerse allí mucho tiempo, pues era solicitada abaj
¡,or un e~cantador espectáculo. Sobre un tapiz. preci
mente baJo el centro de la cúpula, estaban sentadas
triángulo tres doncellas vestidas &lt;le tres colores diver
sos, una ele rojo: otra, de amarillo; de verde la tercera
los asientos eran dorados y el tapiz un perfecto band
de flores. En sus manos estab¡m los tres instrument
so

b

L

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U E

V

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P

A

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S

que yo había podido diferenciar desde fuera; pero, turbadas con mí llegada, habían cesado de tocar.
- ¡ Sed bienvenido!- dijo la de en medio, que est,1ba sentada frente a la puerta, vestida de rojo y con

el arpa sobre las rodillas.- Sentaos al lado &lt;le Alerta,
y oíd, si sois aficionado a la música.

Entonces descubrí en un rincón wi banquito bastante
largo, en el que había una mandolina. La amable mu•
chacha la tomé en sus manos, sentóse y me ofreció sitio a su lado. Veía también ahora, a mi derecha, a la
Ségtmda dama; tenía el traje amarillo y una cítara en
la mano, y si la arpista era de figura espléndida, gran1les rasgos fisionómicos y porte majestuoso, en la citarista se descubría un ser ligero, gracioso y alegre. Era
una esbelta rubia, mientras qne aquélla estaba ornada
\IOT tma cabellera castaña. La diversidad y armonía de
la música no me apartaba de contemplar también a J,i.
tercera bella, con su traj,e verde, cuya manera de tocar el laúd tenía para mí algo conmovedor y desagra.
dable al propio tiempo. Era la que me prestaba may,~r
atención y parecía dirigirse a mí con su música: pern
yo no podía acabar de comprenderla, pues tan pronto
me parecía tierna como intratable, sencilla como ca¡irichosa, según cambiaba de semblante y modo de tocar. A veces semejaba querer conmoverme; otras, bur.
larse de mí. Sm embargo, hiciera lo que quisieta, ga.
naba poco conmigo, pues mí vecinita, que estaba ta11
pró:,cima a mí qtl!e se tocaban nuestros codos. se había
apoderado de mí por completo: y, como en aquellas
tres damas descubría yo manifiestamente las sílfides de
51

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. - . Alerta ,,_¡r, a 1fe-.e, a• e 10
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de ~ lallado, pero :,o no -a · 1 Wwr,
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.......... -

ahora--

feria. Nilftdlld;,...

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E

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esos aplastados soldados de plomo que tenemos nosotros,
sino que hombre y caballo tenían cuerpos naturalmen.
te redondeados y estaban hechos de la manera más
perfecta; también era difícil comprender cómo se man ..
tenían en equilibrio, pues se apoyaban sobre sus proa
píos pies, sin ninguna peana.
Habíamos contemplado, con gran contentamiento,
cada cual nuestro propio ejército, cuando la muchacha
me declaró la guerra. También habíamos encontrado
artillería con los soldados: hasta unas cajita» llenas
de pulimentados balines de ágata. Con ellos debíamos
luchar uno con otro, desde cierta distancia; convinien.
do también, con toda severidad, que no se tiraría con
más fuerza de la necesaria para derribar las figura:i,
pues no había que estropear ninguna de ellas. Alterna..
tivamente disparamos la artillería y, al principio, sen.
timos los dos gran contento. M'as, cuando mi rival observó que yo apuntaba mejor que ella, y que, al fine.!,
alcanzaría la victoria, que dependía del número de soldados que hubieran quedado en pie, acercóse más y sus
frmeninos disparos alcanzaban también el deseado éxito. Derribóme una porción de mis mejores tropas, Y
cuanto yo más protestaba, tanto más ansiosamente tira!&gt;a ella. Esto acabó por disgustarme, y declaré qut
haría lo propio. En realidad, no sólo me acerqué mis,
sino que, en mi mal humor, arrojé las balas con mucha
más fuerza, con lo que no pasó mucho tiempo sin que
saltaran en pedazos algtmas de sus diminutas oentau,
rt"~as Ella no lo notó al principio, ~n su acalorrur.iento,
pero yo me quedé petrificado cuando vi que las rotas·

N U E V O

P'.ARIS

rillas volvían a juntarse por sí mismas: amazona y

caballos formaban un todo de nuevo; cobraban vida, y
lanzaban a galope desde el dorado puente hacia lo~

etilos, y, corriendo de un lado a otro, acababan por desaparecer hacia el muro, no sé de qué manera. Apenas
Jo hubo advertido mi hermosa adversaria, cuando prorrmnpió en clamoroso llanto, y dijo que yo le había
tausado una irreparable pérdida, mucho mayor de lo
e podía ser expresado con palabras. Pero yo, que ya

~aba irritado, me alegré de poder hacerle algún dafio, Y torné a arrojar, ciega y víolentament,e, unos baes de ágata, que me habían quedado sobrantes, en
de su ejército. Por desgracia acerté a darle a la
ina, que hasta entonces había sido respetada en nues.
bien ordenado juego. Rornpióse en pedazos, y a sus
inmediatas subordinadas cupo la propia suerte;
pero al momento volvieron a estar sanas y enteras, y,
poniéndose en fuga como las otras, galoparon alegremente bajo los tilos, y desaparecieron hacia ::1
muro.

Mi rival me reñía e injuriaba; pero yo, una vez lan~o, me bajé para coger algunas balas de ágata que
aban sobre las doradas lanzas. Mi irritado deseo era
· uilar todo su ejército: mas ella, nada lerda, saltó
robre mí y me &lt;lió un bofetón que me hizo zmnbar la c:theza. Yo, que siempre he oído decir que cuando nos
una doncella debe responderse con un beso, cogíla
de una oreja y la besé repetidas veces. Ella lanzó un
'to tan penetrante, que hasta a mí mismo me diti
'edo; soltéla, y eso fué mi suerte, pues en seguida no
55

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d6ade ettaN el nido. Valtlldn, que era all
plcuo, .. ¡ "" ,t f6,:fJ 11 le el hJlar l
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acod■du en el balc6n. lo. espen':an coa
Plwfo lhil6 Vafentla, u..ando ti nWcl •
Las IN■ ¡,ec(aell lln tlllll,1h la c:allaa.
pico de pu ea par. Lu ~ M apladUon
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tus"'-; - rayoa W- -W. la
lietes loebelOede- &amp;loa lallioe a loe•la tierra. Todo e11i 111"7 liiee. ~
tienes l6grlmaa. Caaado -6 la laata,
la - de la madre. Cuando le eDlllf mis
conluce loo c:aeutoo con que vrlÍllaha tu llllllct.
eso -,e que eru hijo oa,o 7 mi peqiidlo
- La lana siempre ha lido amip mla,-4jo
-pero no sabia yo que fuese mi madre.
- P,.,,,.N ,mute tu hermana si lo sabe. Los
mae.tw se complacen en woc:erJa por
- ...... taato de las fton,o dndlda11
-Pero ¡ si tenemos madre en qa
mucho para IIIUllencl'IIOI I
-1 Ah I Pero es tu madre entre lu 1lllbol
haae ~ tu vida, 7 la bellc,.a de ta Yida
medida de - cHu.
Mieatras el Dfflo meditaba '!Obre ron a las reju del puqae 7, pa•llldo en fnaee
miciola porterla, salieron al camlao real. Ua

Jo-.

•Cr&amp;ffenor.
. . , JlllliWe,. dijo el parda, riendo.
Ve-.. a ate llitio, Taylor? Pw le 11egac
~ IIIÚ Joco que :,o.
lllir6 al allo c,orif'c
111e 1 le dijo:
...,.del!Slar•la-,T...ito.
, PfD i&amp;.diS .!l homhft COII tuda formaiWad;
ha heeho hoJ lfta frues. Si no lo ~
que se YOITm poeta; e inc fiiui ......,.
mado de c:ordara con el fueao de la 1-, •
palad..., Taylor¡
reiw serU bechoo polvo. 0a lo adYiel1o.
aelor. M'117 bien. Pero ahon, tiene llll'ed p

Se~--°"

:MIiio, dijo el hambre - - - - . . . C:aur,a tu
Por la gracia de la Prowlclencla, tocb ...
que e j - autoridad aeciaa. Vala
-uh ..1IOI a la lu de la i ojos SOiadora vi6 el aiCo qae •
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Cul se hahla padiclo de . _ - - - . la las de la 1 - 1e ahri6,..., p C111t1e
qae ......._ el amino, e illlmlll6 la ►

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1752559&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>Le Mouton Blanc, 1923, 2a Serie, No 2, Noviembre</text>
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                <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>REVUE MENSUELLE .

SEPTEMBRE
~OCTOBRE

CE NUMÉRO SPÉCIAL: 5 FRANCS

1 9 2 3

DIRECTRICE: MARTHE ESOUERRE
REDACTEUR EN CHEF: JEAN HYTIER

HOMMAGE
A

'JULES ROMAINS
:: MAUPRÉ ::
par CHAROLLES (S.-&amp;-L.)

DÉPOT : MÀISON DES ÀMIS DES LIVRES, 7, RUE DE L'ODEON, DÀRIS-Yle

��-.__
f

S_ I_S_L_ l O T__
t;:_C_A-·C
--E-N_T_R_A_L--~,

U.A.N.L,

NOTES

HOMMAGE A JULES ROMAINS
Le Fauconnier . . .

Portrait . . . . . . .

Adrienne Monnier. . .

A Jules Romains .

André Cuisenier . . . .
X . ........ ..
Marthe Esquerré ..
Gabriel Audisio ..
Benjamin Crémieux ..
Albert Cazes . . . .
René Maublanc
.. .. ..
Marthe Esquerré . . . .
Franz Hellens .
René Lalou . ..
René Maublanc

Jules Romains. Bio,rr,iphie . . .
Bibliog-raphie-lcono,rrapnie ..
Jules Romains, Poète épique .
Jules Romains, Poète lyrique. .
.. .. ..
Jules Romains, Romancier et Conteur ..
Le Comique de Jules Romains dans « Les
Copains,. ... . . . . . . . . . . . . . . .
Jules Romains et le Cinéma . . . . . . . .
Le Théâtre tragique de Jules Romains ..
c M. Le Trouhadec saisi par la débauche , ..
c M. Le Trouhadec, aux Champs-Elysées.
Sur la Prose philosophique de Jules Romains.

René Latou ...
Jean Hytier . . .
Francis Ponge .
O. Mannoni . .
. .... .
Georges Chennevière
Pierre Sichel . . . . . .
Benoist-Méchin ....
Claude-André Puget. . . . . .
Francis Ponge .

Jules Romains dans son Époque . . . . . . .
Jules Romains et le Clacissisme moderne.. . .
Qualité de Jules Romains . . . . . . . . . . . . . .
L'Attitude unanimiste .. . . . ... . . . . . .
Jules Romains et la Technique poètique ... .
La Phrase d e Jules Romains . . . . . . . .
Jules Romains, la Musique et les Dieux
Jules Romains et les Voyages . . . . .
Jules Romains, Peintre d e Paris . . . . .

J. Portail. . . . .

Étude et Variations sur un thème de Jules
Romains ... .. .... . . . .

Paul Fierens . . . . . . . .
Philippe Kourth . . . . . .
Waldo Frank (texte et traduction)
Herbert Read
id.
Stephan Zweig
id.
J. Estelrich
id.
Antonio Marichalar id.
Mario Puccini
id.

Jules Romains et la Belgique . . .
Témoignage de Suisse . . . . . .
La Vie américaine de Jules Romains
Jules Romains et l'Angleterre . . . . . . . . . . .
Jules Romains . . . . . . . . . . . ..
Jules Romains et la Catalogne
Jules Romains et l'Espagne
Jules Romains et l'Italie

Jean Hytier . . .

Ode .. . . . . . . . . . . . . ..

HOMMAGE

f!~i;s ~~:~~~~o~:~

L"Hommage à Jules Romains

•
••

Ainsi s'explique la composition du présent numéro. Nos lecteurs
nous pardonneront de_ ne pas trouver ici les noms de quelques
ainés de Jules Romams, notamment ceux de quelques maîtres
justement glorieux dont l'approbation nous eùt été précieuse.
Mais, à part un ou deux écnvains du même âge dont le témoigna~e s'explique, nous avons désiré que tous les collaborateurs
de I Hommage fussent plus jeunes que celui à qui il se t ro uve
dédié. Il va sans dire que les témoiRnages auraient pu être beaucoup plus nombreux. Mais le souci d ordonner autant que possible
des études particulières, d'en composer une image assez fidèle, ne
nous a pas permis d'additionner les marques écrites de sympathie
suscitées par notre projet. - Si l'on veut bien songer que Jules
Romains n'a que 38 ans, on pourra mieux apprécier la signification
d'un acte dont" le mouton blanc" est fier d'avoir pris l'initiative.

•••

•••
•
••

•••

L'HOMMAGE A J'ULES ROMAINS

,o

exemplaire sur japon Impérial (hors commerce), et
exemplaires sur Hollande
van Gcldcr (dont , hors commerce) à 10 fr.
ÀDRESSER TOUT CE OUI CONCERNE

t• La Direction, à MARTHE ESQUERRÉ, •64, Àvenue Wilson, Saint-Denis (Sei;1e).
2• L'ADMlNlSTRATlON, à RENÉ GAUDEFROY, 18, Rue Notre-Dame-de-Lorette,
Paris. Ch~que Postal: 543.80
3• La Rédaction - Manuscrits, Livres, Revues, - à JEAN HYTIER, Maupré, par
Charolles (Saône-et-Loire).
Àbonnemcnt: 20 fr. pour tous pays. -

=--=..

•••

Les Abonnés recevront le présent Numéro sans augmentation de prix.
IL &gt;,. ÉTÉ TIRÉ DE

1

I

le Numéro ordinaire: 2 fr. -

Spécimen gratuit.

II

CHANGEMENT DE DIRECTION
L'ancienne direction du "mouton blanc'' ayant cessé de
s'intéresser à notre tentative, nous avons le plaisir" d 'annoncer à
nos lecteurs que la direction du "mouton blanc" sera désormais
assurée par Marthe Esquerré ' . Tous ceux qui ont marqué leur
sympathie à notre effort, et tous ceux qui se fussent réiouis de
son échec, peuvent être assurés que "le mouton blanc" va s\1ffirmer, se développer et continuer, avec la même méthode, avec la
même bonne humeur, mais avec une vigueur singulièrement accrue,
à intervenir dans la grande bataille spirituelle du X.Xe siècle.
Nous prions nos lecteurs d'excuser l'interruption dont a souffert la publication du "mouton blanc''. ~larthe Esquerré leur
demande de bien vouloir lui faire parvenir sans ménagr::ment toutes les réclamations et toutes les remarques de tous ordres qu'ils
pourraient avoir à formuler.
Une revue comme "le mouton blanc" doit être en relations
suivies avec son public. Entre eux deux, il y a, d'ailleurs, une
sympathie nécessaire, un accord de }ait, qui vient de ce que "le
mouton blanc" s'adresse expressément aux 1.500 lecteurs qui
font le public français, et aux quelques centaines d'amateurs
étrangers qui s'y rattachent spirituellement. C'est à ce public que
songeaient les grands classiques du XVII me siècle quand ils prétendaient que la première des règles est de plaire. C'est à ce seul
public que nous voulons plaire. C'est sur ce public que nous
comptons pour nous aider, nous encourager, nous conseiller, et nous juger.
(1) Marthe Esquerré publiera dans chaque numéro une Chronique thé,itrale.
Celle-ci ne ressemblera pas à ce qu'on entend d'habituùe par ce nom. L'auteur
prendra, au_ contraire, prétexte des spec_tacles du mois pou_r ~tudier les conditions esthétiques d'un grand an dramattque, dont le class1c1sme moderne ne
saurait se passer.

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TouT à l'opposëd'une prétendue tradition néo-classique 4ui n'a d'autre
idtal que l'imitation de formes périmées, la doctrjne &lt;lu

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entend par le contact direct avec la vie moderne dans ce qu'elle a d'essentiel,
renouveler les thèmes et l'inspiration, affirmer une technique poétique,
retrouver le sens de la forme achevée, rt:tablir un équilibre dans l'œuvre
d'art, - recréer un style.
Le romantisme a substitué a la matit're épuis ~· e du class1 ..: isme du XVrJi
siècle une partie Je la matière d'un classicisme nuu,·eau, mais sans réussir,
faute de savoir org:i nisi.:r sa découverte, à constituer lui-même une époque
classique. Seuls, au milieu de cette renaissance impulsive, des artistes plus
conscients comme flaubert et Baudelaire, arrÎ\'t'rent à discipliner la matière
romantique, sinon moderne, et réalisèrent comme une pr.!figuration du classicisme futur. Mais, depuis eux, le donné littéraire s'est tellement enrichi, par
l'apport même des événements, les révélations d'un pré..:urseurcornme Rimbaud,
les expériences techniques du symholisme, l'effort d'un Verhaeren, l'intuition
d'un Charles-Louis Philippe ... qu'il faut reprendre la tâche à pied-d'œuvre.
Alors que tout romantisme est uae dispersion anarchique et personnelle,
tout classicisme est une synthèse spécifique, fruit d'une œuvre commune et
volontaire. Il comporte une rénovation complète: fond et forme, matière et
technique. Il vise à exprimer l'essence Je l'époque dans des œuvres de style.
- La matière du nouveau classicisme, c'est la vie et l'homme modernes,
conçus aussi bien sous l'aspect des collectivités que sous l'apparence de l'indi_
vidu - individu tout différent, &lt;l'ailleurs, de celui qui constituait l'objet du
classicisme ancien . Cette représentation totale, profonde et harmonieuse, sera
l'œuvre du XXe siècle. I.e classicisme moderne est né il y a environ quinze
ans: il a ses précurseurs, et déjà ses premiers maitres. Tandis qu'une lignée
de prosateurs, à la suite de France et de Barrès, tra\'aillaient à maintenir ou
à restaurer le sentiment de la perfection, tandis qu'un Claudel, ou un Proust
poursuivaient la découverte de la matière, d'autres qui représentent le nouvel
équilibre, ajoutaient à leur révélation profonde de l'objet une organisation
pleinement classique: Jules Romains, André Gide, Georges Chennevière ...
Le meilleur hommage que nous puissions rendre à ces maîtres, comme à
ceux du XVJ1t1 siccle - ~ous l'invocation du " mouton blanc 11 qui jadis servait d'enseigne au cabaret où se réunissaient Racine, La Fontaine, Molière et
Boileau - sera d'assurer, selon nos moyens, l'établissement définitif d'un
classicisme moderne et des vérités esthétiques qui en sont à la fois l'expression
et la condition. Un telle œu\'re n'est pas de celles qui s'improvisent en quelques années, à la manière de ces mouvements artistiques, fugitifs comme des
modes, dont notre époque a pris l'habitude. Ce ne sera pas trop peut-être de
tout un siècle et de la bonne et forte volonté de plusieurs générations pour
l'accomplir honorahlement.

--

•

PORTRAIT DE JULES ROMAINS PAR LE FAUCONNIER
Apparlienf eu A1u$€e dr l'Alherfine ( Vienne)

•

�•

ADRIENNE MONNIER

A JULES ROMAINS

Après sept ans de service
Fait pour toi et pour tes frères
Tu me donnes privilège
De m'asseoir à votre table.
Mon art est encor peu sûr
Et vos lois me semblent dures, ·
Mais armée de ta science,
Je saurai forcer le vent
Capricieux à devenir
Un souffle pur et constant.

..

..

Je veux que mon premier chant
Soit formé pour ta louange,
Oui, la voix de ton élève
Te rendra grâces d'abord!
Ombres pressées en mémoire
Qui me demandez=un corps,
Retournez dormir encore !

•

Tu es grand parmi tes frères,
Et le plus puissant de tous.
Les secrets te sont remis,
L'avenir~t'est découvert,
Non pas l'abstrait infini
Où les lointains se confondent,
Mais la suite de cet âge,
Assez de temps et d'espace
Pour nourrir nos espérances,
Justifier nos efforts.

I

•
•

�A JULES ROMAINS

ANDRÉ CUISENIER

Comme un conquérant romain
Tu as parcouru le monde
Porteur de la juste loi.
Tes armées couvrent la terre,
Tes drapeaux couvrent le ciel,
Les rumeurs sont tes tambours.
Les monnaies et les mesures
Sont marquées de ta figure.
Point de ville ou de village
Qui n'atteste ton passage
Par de nobles perspectives :
L 'œil découvre peu à peu
La coupole et les colonnes
En ces avenues ·nouvelles
Qui montent légèrement
V ers des règnes de lumière .....
Quelle ivresse dans ces lieux
Tracés pour le pas de l'homme !
S'il marche aucentredesvoies,
Sur la ligne où se partagent
Les masses de l'étendue,
Il se sentira le maître
Aussi loin que va son œil/
ADRIENNE MONNIER.

Jules Romains
Jules Romains est né le 26 août 1885 dans le Velay (1), à quelques
lieues du Mézenc, au pays de Cromedeyre, dont il aime la rudesse t:t les
groupements antique,. Il a passé son enfance et sa jeunesse à Montmartre, au dessus de la viUe, des trains et de la banlieue d'usine,.
Soldat à Pithiviers, il éprouva la singulière force des groupes militaires,
et il eut, le 1er mai 1906 à Paris, la révélation de l'Armée dans la Ville.
Elève de l'Ecole Normale Supérieure en 1906, agrégé de philosophie en
1909, il fut près de dix ans professeur en province et à Paris. Depuis
quelques années, il a repris sa liberté, et il est tantôt à Paris, tantôt dans le
midi, ou en voyage par l'Europe.

On pourrait arrêter là cette notice biographi9.ue sur un écrivain qui \'eut
n'être connu que par ses œuvres, s'il ne fallait signaler quelques erreurs ou
légendes, et leur opposer des faits et des dates.
C'est en octobre 1903, en remontant un soir la grouillante rue d'Amsterdam, que Romains eut pour la première fois l'intuit1on d'un être vaste et
élémentaire, dont la rue, les voitures et les passants formaient le corps, et
dont le rythme emportait ou recouvrait les rythmes des consciences individuelles. Il écrivit alors les poèmes: La Ville C&lt;&gt;nscienle, La Conscience de la
Ville, A la Ville, et établit le plan de la Vie Unanime. Il avait lu Zola et
Verhaeren, mais déjà il s'en distinguait par une vision, bien à lui, de la vie
moderne. Il ignorait Whitman, q_ui n'était pas traduit, et, encore élève au
lycée Condorcet, il ne connaissait 9.ue de nom Bergson et Durkheim. S'il
devait plus tard les reconnaître, ainsi que Whitman, pour ses ascendant~, il~
n'eurent aucune part à sa découverte poétique.

Mars

1922.

Dès cette époque Romains comprit qu'une telle façon de voir la vie
moderne allait renouveler toute la matière de la littérature, et donnerait
naissance, non pas à une mode fugitive, mais a un vaste mouv,ment à plusieurs phases (2), qui s'accordant avec des tendances profondes, se développerait au cours de tout le siècle. Il ne voulut donc pas garder jalousement sa
découverte pendant les q_uatre ans où il travailla à la Vie Unanime. Il s'en
ouvrit à Chennevière, puu à moi. Et il la rendit _publique par l'Ame des
Hommes, le Rassemblement, le Poème d1t Métropolitam, l'article du Penseur
d'avril 1905 où paraît pour la première fois le mot Unanimisme et enfin, en 1906,
(1) Dans un hameau de la commune de Saint-Julien-Chapteuil. Son patronyme: Farigoule vient du village de Farigoule, en Velay, souche de ses ancêtres paternels. Le nom de
Romaine a ses origines dans la famille maternelle du poète, c'est-à-dire dan■ la plu1 montagnarde, la plus « Cromedeyrienne » de ses deux ucendances. .

(l!) lJ semble que noua aasiatona actuellement t. la fin d'une de ces phasea, et aux débuta
d'une seconde génération unanimiste.

3

�ANDRÉ CUISENIER

le Bourg Régétiéré. Evitons de prendre cc court récit po~r une pièce jouée à
l'Odéon, et _de. croire qu'Antome, malgré ses audaces, représenta en pleine
scene un ur1no1r (1).
Romains entra à l'Ecole Normale, étant déjà licencié. Il y acheva la
Vie Unaninie, et y éçrivit, en tout ou en partie, les Puissances de Paris, le
Livre de Priéres, Un Etre en Marche. Il s'initia à la botanique, la physiologie et
l'histologie, et, cherchant partout ce qui rattache l'unité vivante a un ensemble
plus vaste, composa un mémoire sur Les Variations de rindividualité che{ les
Thallophytes. Il y avait là de quoi l'occuper, et il négligea de suivre les cours
de phi1osophic les plus illustres. Il ne fut élève ni de "Bergson, ni de Durkheim,
et encore moins, comme on l'a imprimé, de Gustave Le Bon, que nous ne
savions pa~ professeur de sociologie, ou de Gabriel de Tarde, qui était déjà
mort depuis quelques années.
,
Romains resta à l'Ecole Normale de 1906 à 1909. Il est donc difficile de le
faire résiùer à la même époque à !'Abbaye, et même de dire que la Vie Unanime y fut composée, sinon typographiquement. A !'Abbaye vécurent ensemble,
de 1906 à 1908, Arcos, Vildrac, Martin-Barzun, Je peintre Gleizes, l'imprimeur
Linard, puis Mercereau à son retour de Russie. On y voyait aussi, moins
régulièrement, Duhamel, le compositeur Doyen, Je peintre Mahn. La diversité
dt! ces noms peut nous faire entrevoir ce que fut !'Abbaye: un {roupe fraternel
d'artistes, heureux de vivre ensemble loin des bourgeois et de 1 art ofôciel, en
une sorte de phalanstère. Mais si on devine la belle cohésion morale qui
cimentait ce groupe, on voit moins qu'il en soit sorti une esthétique
commune, et encore moins l'unanimisme. Il y avait l'esthétique d'Arcos
et de Duhamel, qui n'était pas tout à fait celle de Vildrac, qui n'était pas ci:llc
de Mercereau, qui n 'était pas celle de Martin-Barzun. Et quand Romains ou
Chennevière allaient voir leurs camarades à !'Abbaye, nous pouvons supposer
qu'ils s'y accordaient avec eux sur la nécessité d'une poésie plus directe, qui
suggérât l'âme j,ar I• peinture du concret; nous pouvons même le conclure, de
la différence qui sépare la Tragédie des Espaces et Ce gui Naît, ou Des Légendes,
Des Batailles et Selon ma Loi. Mais nous aoutons que Romains et Chennevière
aient fait partager à Duhamel ou à Vildrac leur propre vision des groupes qui
est strictement l'unanimisme, pas plus qu'ils ne les convainquirent en 19n de
la nécessité de constituer une Ecole.
Le bruit fait autour de l'Ode à la foule gui est ici (1909) et surtout de
l'Armée dans la Ville (1911) donna à croire que Romains a1lait se poser en
chef d'Ecole · il y eut des enthousiasmes, des haines, de l'ironie, mais pas
d'école unanimiste. Certes Romains et Chennevière auraient préféré que les
poètes de même tendance formassent, comme en 1663 les hôtes du Mouton
Blanc, ou en 1830 les romantiques, ou en 1885 les symbolistes, un groupe
cohérent. Ils croyaient, et croient encore, que des filroupements, unis par des
affinités élaborées et conscientes, sont préférables a l'anarchie actuelle ou au
jeu inconscient des influences, et qu'ils aident le public, la critique et même
les poètes, à voir clair. Mais il n'en fut pas ainsi en 1911. Arcos, Duhamel et
Vildrac, profondément individualistes, ont marq_ué alors en 4.uoi ils étaient
d'accord avec Romains, et en quoi ils s'en séparaient. Et Romams, en répondant à l'enquête d'Henriot (i), a distingué deux zones dans l'unanimisme;
ceux qui comme Chennevière, P.-J . Jouve (peut-être aurait-il dO. ajouter Jean
Richard Bloch) acceptaient tout son programme, et ceuz gui, comme Vildrac,

JULES ROMAINS

Duhamel, Arcos, préfèrent des ajjirmations plus générales et ne consenie11t pas
volontiers à formuler une doctritu ou à accepter une étiquette. Mais ces divisions
n'ont rien d'absolu. Et si l'on se représente mal une école unanimiste formée
seulement de trois ou quatre poètes, et encore moins Romains comme le
de/ de cette école, on ne peut nier qu'une certaine vision unanimiste s'est
précisée à partir de la Vie Unanime, qu'un certain matfaiel d'images, et certaines conceptions techniques de la versification, du roman et du conte se sont
peu à peu imposés aux amis de Romains, par exemple à Duhamel. C'est ce qui
permet de comprendre qu'une étiquette, qui convient mal pour les sujets
traités, se soit appliquée, pour la technique, a cette dizaine d'ecrivains que le
public continue à appeler unanimistes. Cette confusion se dissipera tôt ou
tard, et, avec un peu de recul, il deviendra aisé de faire la distinction _entre
les pseudo-unanimistes et les unanimistes véritables, dont le rôle ne fait que
commencer.

On sait l'attitude de Romains pendant la guerre. Il ne sortit du silence
que. pour protester par Europe, écrite en 1914 et 1915, qui forme une suite tragi9ue au V~yage des Amants (écrit en 191~), et qu'il n) a pas lie~ &lt;1:e prendre,
meme en citant à contre-sens, pour un livre bolcheviste (1). Puis 11 retourna
aux expériences de vision par la peau, qui devaient aboutir à la Vision extrarétinie1111,.

Cet ouvrage n'est pas une thèse de doctorat, comme ~emb!ent croire les
Cahiers de l'Anti-France. Ce n'est pas non plus une mysu~c~uon, c_omm~ le
crurent de nombreux confrères, et même des sava_nts ofh~1els, qui. avaient
entendu {&gt;arler du Prince des Penseurs ou des Copains et qui acceptaient mal
qu'un poete fît une découverte psycho-physiologique.
Et le Cours de technique poétique n'est pas davantage une mystification. Il
n'y a aucune malice à penser que tout art, même la poésie, comprend une
partie, le métier, qui peut s'cnseigner et. se transmettre par Je contact et la
voix des maîtres.

***

Technicien, psychologue, philosophe, romancier, dramaturge et, par dessus tout, poète, Romains se présente, à 37 ans, avec une vingtaine d'?uv_rages.
Leur diversité, qui fait de cha.:un d'eux une nouveauté pour ainsi dire _imprévisible, exprime la faculté qui est chez lui dominante : la faculté créatri~e. Et
leur unité montre que la création, chez Romains, se développe harmonieuse.
Il n'a pas de sincérités successives, il n'a pas connu ces crises violentes d'où
un écrivain sort transformé. Ce qu'il voyait à 18 ans, il le voit encore aujourd'hui, mais d'un regard plus riche.
ANDRÉ CUISENIER

(1) Cahieri, de l'Anli-France, numéro 3, p. 168 : C'est dan&amp; le Bourg rélJénéré,joué à
l'Odéon en 1906, que la formule unanimiste affronta, pour la première fois, le public.
(2) Emile Henriot, A qùoi reoent les jeunes gen, (1913). Page 35.

(1) Cahiers de l'Anti-France, numéro 3, p. 171 ,: Juatemenl, la ooilà qui ae dre,se à
l'Orient, celle réoolulion bénie I
Louange I Une horde tartare
Marche vers la guerre d'Europe.
Quelle guerre P La guerre réoolulionnaire, bien 1ûr, etc...•
Rassurons M. Jean Maxe, Le mot Louange est ironique, et il s'agit ici, non des horde,
de Trotzki, mais des troupes du tzar. Rassurons-le encore sur un &amp;utre point : Romains
n'a de tendresse pour aucun parti politique.

4

5

�BIBLIOGRAPHIE

ICONOGRAPHIE

BIBLIOGRAPHIE

PRINCIPAUX ARTICLES ET PRÉFACES

POÉSIE

Lea Sentiments unanimes et la Poésie. - Le Penseur, Avril 1905.
La Patate immédiate. - Vers et Prose, 1910.
Chronique de Paris. Journal. 1910.
Sur lea conditions actuelles du Théâtre. - Mercure de France, Décembre 1916.
Feuilleton de l'Humanité. 1919-1921.
Chroniques de la Renaissance. 1920-19n.
Préface aux Aventures de Sir Gorden Pym. - Edition La Banderole, 1921.
Préface à l'Album Le Fauconnier. - Edition Malfère, 1921.
Aperçu de Paychanalyae. - Nouvelle Revue Française, Janvier 1922.

L'Ame des Hommes. - Paris, 1904.
La Vie Unanime. - L'Abbaye, 1908 - Mercure de France, 191 3.
Premier Livre de Pritres. - Vers et Prose, 1909.
Un Etre en Marche. - Mercure de France, 1910.
Deux Potmes. - Mercure de France, 1910.
Odes et Pritres. - Mercure de France, 1913-Nouvelle Revue Française
3
192
Europe. - Nouvelle Revue Française, 1916.
'
·
, Les Quatre Saisons. - -Paris, 1917.
Le Voyage des Amants. - Nouvelle Revue Française, 19 n,
Amour Couleur de Paria.-. Nouvelle Revue Française, 1921 .

TECHNIQUE POÉTIQUE
Petit Traité de Versification. - (en collaboration avec Georges Chennevi~re)N ouvelle Revue Française, 192.3.

ICONOGRAPHIE

ROMAN ET PROSE
Le Bourg Régénéré, - Messein 1906 - Nouvelle Revue Française
.
1920
Puissances de Paria. - Figuière 1910 - Nouvelle Revue Française', 1 1 .
Manuel de Déification. - Sansot, 1910,
9 9
Mort de Quelqu'un. - Figuière, 1911. - Nouvelle Revue Française
3,
192
Les Copains. - Figuière, 191.3. - Nouvelle Revue Française 1922 ,'
Sur les Quais de la Villette. - Figuière, 1914.
'
Donogoo-Tonka ou Les Miracles de la Science. - Nouvelle Revue Française,
1920.
Lucienne. - Nouvelle Revue Française, 1922.

THÉATRE
L'Armée dans la Ville. 191 i).

Edition Mercure de France. -(Théâtre de l'Odé

on,

Cromedeyre-~e-Vieil. - Edition Nouvelle Revue Française (Théâtre du VieuxColomb1er, 1920).
M. Le Trouhadec saisi par la Débauche. - Edition Nouvelle Revue Française
(Comédie des Champs-Elysées, 1923).

SCIENCE

Aaaelin, - Portrait (peinture à l'huile) 1917, app. à Jules Romains.
Btcat. - Portrait (crayon) 1919 app. à Jules Romains.
Portrait (crayon) 1922, app. à Adrienne Monnier.
Portrait (peinture à l'huile) 1922, app. à Adrienne Monnier.
Bougeard. - Portrait (fusain) 1910, app. à Jules Romains, reproduit dans l'édition de luxe des« Deux Poèmes &gt;.
Dunoyer de Segonzac. - Portrait (pointe sèche) orne l'édition à tirage limité
d' c Amour couleur cle Paris &gt;.
Le Fauconnier. - Portrait (fusain) 1921, app. au Musée de Vienne, reproduit
dans • Figures Contemporaines •, album par Le Fauconnier, aux éditions
• Lumière•·
Gaffi. - Portrait (peinture à l'huile) 1911, app. à Jules Romains.
Plcart le Doux. - Portrait (peinture à l'huile) 1911, app. à Jules Romains.
Rouveyre. - Caricature, 1910, publiée dans • Visages des Contemporains •·
Sdgle. - Médaillon, 1906, app. à Jules Romains.
Slc:hel. - Portrait (peinture à l'huile) 1922, app. à Jules Romains.
Thleuon. - Portrait {peinture à l'huile) 1912, app. à Jules Romains.

La V:isfon. Extra-~étinienne et le Sens Paroptique. Recherches de psycho-phys1olog1~ expérimentale et de physiologie histologique._ Nouvelle Revue
Française, 1920.

6

7

�MARTHE ESQUERRE

Jules Romains, Poète Épique
Au début du XX• siècle, si l'on met à part les noms de Claudel, de
Francis Jammes, de Paul Fort, ~e Pau~ Val_éry, la poésie française n'~tait ~uèr_e
représen,tée_ que par des symboliste~ repentis. Le mouveme,nt syll?bohste_n avait
abouti a nen de fécond. Ses apotres les J?lus acharnes avaient abJuré et
s'étaient remis à adorer ce qu'ils avaient remé avec tant d'audacieuse ardeur.
Tous étaient revenus au Romantisme et au Parnasse.
De quel côté la poésie de l'avenir allait-elle s'orienter ? En guel point
la puissante nappe de la sensibilité moderne allait-elle se faire Jour ? Car
l'esprit poétique de notre époque était une incontestable réalité. L'âme du
XX• siècle possédait des tendances, des aspirations qui attendaient leur
expression esthétique. Elle était lourde d'un destin futur que personne n'avait
encore nettement formulé.
Romantiques et Parnassiens s'étaient plu à s'hypnotiser sur le pa~sé.
De parti pris, ils détournaient les yeux de la réalité actuelle et se confinaient
dans la solitude de leur cabinet de travail. La civilisation antique, le MoyenAge, tels étaient leurs_ sujets de prédilection. Dans ~es ~uvres pu~sées aux
bibliothèques, on sentait trop rarement la chaude palpitation de la vie.
Dès la publication de la Vie Unanime, Jules Romains révèle qu'il est en
possession d'nne source d'inspiration absolument nouvelle. Toutes les qualités d'une poésie vigoureuse, l'originalité de la vision des choses, l'inquiétude
de l'âme en face du monde, l'ampleur de l'horizon intellectuel suggéré lui
appartiennent. Il inaugure une poésie qu_i renfnce à vivre ~u J:!'.1Ssé. En s'attachant à l'heure présente, certes ~oma10~ n e11:tend pas mer l'1mportanc~ d_e
la culture. Artiste et homme de sciences, 11 réahse en notre temps de spéc1ahsation à outrance, le magnifique équilibre intellectuel et sensible dont Gœthe
fut un des i;lus illustres exemples. Mais lorsqu'il fait œuvre de poète, toute
sa culture n est plus qu'un moyen mis au service de·sa faculté de percevoir.
Il n'en retient que ce qui lui permet de parvenir à la plus haute conscience de
son art et à l'expressio~ )8: plus p~rfaite. ~a richesse intellectuel~e n'é~ousse
pas l'acuité de sa sens1b1hté et n obscurcit pas le regard dont 11 fouille les
apparences.
Dans trois œuvres épiques, La Vie Unanim6, Un Être en Mar&amp;lie er Europe,
Jules Romains s'applique à pénétrer le sens profond de la vie moderne, à
dégager la vérité religieuse que les homm~s d'aujourd'huj porten~ en eux s~ns
s'en apercevoir. Dans la préface du premier de ces trois recueils, le poete,
s'adressant à la ville qui va voir paraitre le livre nouveau, formule en un seul
vers la signification de son épopée:

JULES ROMAINS, POÈTE EPIQUE

dans un siie. Oh ne croit plus à Dieu. La science est à présent toute la lumière
de l'homme. Mais les grandes âmes ne sont pas satisfaites. La connaissance
ne leur suffit pas. Une aspiration religieuse les soulève vers une existence plus
intense. Comme 011 serait content si 011 avait un dieu ! Le dieu qu'il cherche, le
poète n'a pas besoin d'aller bien loin pour le trouver. Il passe à travers une
rue. Des marchands se sont assis au seuil de leurs boutiques. Il n'y a pas
autre chose, semble+il, que des gens qui prennent l'air.
Pourtant, tout le long d'eux, tout le. long du trottoir
Quelque chou s'est mu à cxàtu soudain
- Qu'eat-cc qui tra.n&amp;figu,e ainsi le boufcvud ?
L'allure de■ pua&amp;nta n'est pNsque. pu phyaiq_ue
•- L'air qu1oo rc.spire a comme un goût mental

Le poète a soudain le sentiment de baigner dans un fluide humain 1nmterrompu. Toutes les âmes particulières se mélangent en une chair unique.
Une meme substance nous englobe tous où rien ne se limite à l'individu, où
la moindre pensée, l'émotion la plus fugitive, le plus léger tressaillement de
vie, se répercutent à l'infini dans la masse totale pour en modifier la qualité.
La réalité essentielle, c'est-à-dire Dieu, n'est autre que l'individualité unique
qui résulte de la fusion des âmes ékmentaires. La vision unanimiste de Jules ·
Romains consiste dans la perception immédiate du constant dynamisme qui
organise les individus et rend chacun d'eux à chaque instant présent tout enuer
dans tous les autres. Pour la plupart des hommes, cette contmuelle interaction
reste ensevelie dans les profondeurs de leur inconscient. Ils sont encore trop
débiles pour sentir nettemeut l'inextricable enchevêtrement de forces rsych1ques qui les traverse. Leur pensée distincte éme rge d'une houle d'âme qu'ils
ignorent. Peut-être des philosophes formulèrent-ils, avant Jules Romains, la
réalité de la synthèse sociale. Mais ils arrivèrent à cette conclusion par une
série de déductions abstraites, par un effort de leur pensée logique. Le premier, le poète de La Vce Unanime découvre, dans l'immense domaine des
possibilités sensibles, les notes spécifiques de la conscience collective. Par
une disposition ingénue, il perçoit les groupes dans leur unité organique,
comme un musicien saisit, sans effort, un accord dans son ensemble. Chaque
collectivité considérée lui apparaît avec une physionomie propre et lui donne
une impression sui-generis. L'àme de la caserne éveille en lui une sonorité
psychique profondément différente du timbre de l'àme de l'église. Il n'est fas
secoué de la même émotion par la foule d'un théâtre que par la foule d un
café. Qu'rl me soit permis ùe recourir à une comparaison très imparfaite pour
essayer de préciser la nature si particulière de cette vision. Jules Romains
per{oit le groupe un peu comme un grand joueur d'ichecs se représente une
partie. On sait que les nombreuses enquêtes menées auprès des joueurs
célèbres ont démontré que ces derniers ne s'embarrassent pas de la vision
individuelle des pièces du ïeu. Ils ne retiennent des figures que leur puissance
d'action, leur valeur, leur !onction. A n'importe quel moment de son progrès,
la partie dans son ensemble, ne s'offre pas à leur esprit comme une série de
combinaisons successives d'images extérieures les unes aux autres, mais elle
leur donne le sentiment d'une composition de forces qui s'impliquent réciproquement.

Quelle est cette âme e~core ignorée ? De qu~lle~ richesses _spirituelles
insoupçonnées la Vie Unanime marque-t-elle la revelauon ? Le poeme débute
par un sentiment de tristesse et de désolation. L'univers marche ayant la tête

C'est bien, en effet, le sentiment d'une constante relation d,e forces spirituelles que nous suggère la lecture de Lii Vie Unanime et de Un Etre en Marck.
S'il me fallait caractériser, en raccourci, la qualité essentielle des nouvelles
valeurs sensibles découvertes par Jules Romains, je dirais que ce poète a
éveillé en nous la conscience dynamique de la réalitf psychique. Il ne m'est
pas possible dans un article aussi court, d'approfondir l'analyse de ce genre
de perception. Je voudrais pourtant souligner le caractère si frappant de l'ex-

8

9

Je. te. donne ton Ame. eat-œ que tu en veux?

'

�MARTHE ESQUERRÉ

pression dans les poèmes épiques de Jules Romains. La grande majorité des
images suggèrent le mouvement, l'énergie en action. Je lis dans Lti v,.,
Untinime:
Je suù la poln~ aigüe
D'oû ,.,élancent lu fluidu
Bt leur long g1iuement
Me couvre d'ttincellu.

JULES ROMAINS, POÈTE ÉPIQUE

Tout. chair peu à peu ae Tide,
Ce qu, (ait la titdeur, le poida
La coft.li:atan.cc du TiT&amp;nt
Est aspirt de proche en proche.
On ne peut paa le rettnlr.

Ou encore:
Je. voua imite.rai, ne.uronca. fe. se.rai

L'homme qui salt voler de !'lm• aux autres hommes
Un carrefour ioye.ux de. rythmes unanimu
Un condenuur de. l'énergie universelle.

Je trouve dans Un Être en Mtirche:
Cette rue elle seule a tant de vigueur
Ta.nt de façons de m'atteindre ou de m'avoir
Ta.nt de himil1eme.nta pareils aux couteuvrc;s
A faire serpenter le long de mea membres,
T &amp;ftt de rythmes qui care1se.at ou qui serrent

Que je n'ai presque plua la force d'y penur.

Cette manière de percevoir est éminemment compréhensive et religieuse
puisque la complexe réalité se prolonge et s'organise dans la moindre parcelle d'âme. L'absolu n ous est intérieur et Jules Romains révèle une disposition de la sensibilitê permettant un contact direct avec nos immenses richesses
latentes.

Uf!e inébranlable foi dans la déification des groupes humains quand
ceux-ci sau_ront prendr~ cons~ience de lel!r vérité, anime toute l'œuvre de
Jules Romams. Ce dermer avait rêvé de faire entendre à tous le chant de la
naissance de l'Europe divine. Mais avant 9.u'il ait consenti à l'essor de son
hymne, la guerre" beu!flé. Au milieu du délire général, sa foi demeure inaltérée. Il s'obstine à rappeler mille clioses délicieuses d'autrefois, à redire le$
jours de l'Europe pacifique. Et tandis que trop d'hommes se laissent étourdir
par l~s évènements et perdent jusqu'à l'envie de vivre, il termine Je poème par
un ".tbrant appel aux foules capables de réaliser la conscience unique et
ommpotente.
- Foutu de l'Europe vivante
Poul« contraires à la mort.
J• voue rtpttt qu'il est œmp1.

MARTHE ESQUERRÉ.

Grâce à cette intuition immédiate et spécifique des forces religieuses,
l'épopée de Romains constitue une création que rien avant lui ne faisait
prévoir. C'est, en effet, une épopée sans héros. Jusqu'à présent, il semblait
q_ue pour prendre conscience de soi, une collectivité fût soumise à la nécessité d'incarner son idéal dans certains personnages fabuleux, emhlèmes des
aspirations communes, images de la foi générale. Toute société, possède u ne
remarquable aptitude à créer des êtres sacrés. Certains individus sont particulièrement désignés pour remplir cette fonction sociale. Malgré la fréquente
médiocrité de leur valeur personnelle, les réserves de foi collective se déversent sur eux et les transfigurent. Ils deviennent des symboles de l'âme
nationale. (Monsieur Le Trouhadec n'est-il pas le héros de l'épopée monégasque, la Jeanne d'Arc de la petite principauté?) La poésie épique de Jules
Romains mar9.ue une rupture avec l'expression symbolique de la sensibilité
collective. Relisez le magnifique poème Europe. Aucune représentation emblématique des sentiments communs, aucun personnage héroïque, mais toujours
l'émotion directe. Toute la souffrance d'une chair vivante que la co rruption
envahit lentement trouve ici son expression impérissable. Avec sa vision globale et organique des choses, le poète perçoit la guerre qui ravage l'Europe
comme une monstrueuse larve calfeutrée dans sa proie et poursuivant sans
répit sa « succion irrésistible ».
C'ut un tiralllem•nt profond
Qui déconcerte lea entrailles
Et qui amollit lu genoux.
On tprouvc, on aait - pas cl&amp; doute Que quelqu'un d'énorme pour1uit
Sa auccion irrtaiati&amp;te

C'"t un&amp; douleur ai entrû
Qu'on en pallt

■ ans

en rien dire

10

II

�JULES ROMAINS, POÈTE LYRIQUE

GABRIEL AUDISIO
Tel que

Jules Romains, Poète Lyrique

Jules Romains, d'autres l'ont montré prophète de !'Unanime i qu'ici soit
salué le maître des émois secrets, le poete du. soi"-même et l'inume douceur
de ~on lyrisme. Poète lyrique, Jules Romains le fut dès l'origine. 11 n'est pas
vr~1. que cha~ter l'av~nement et la puissance des dieµx collectifs soit un
sU1c1de; la vie unanime n'est pas la mort de chaque être ; les Prières à ces
dieux mêmes s'élèvent vers eux sous la forme de l'hymne le J?lus individuel. Celui qui annonce la croyance nouvelle ne sollicite pas, li attend la
venue du monde :
J'•I sommeil et je m'étendrai aur le lit plie.•••

il attend, et peut recevoir de toutes parts car il est centre :
C'ut dan■ mon cœur que. tu Kru un Di:eu......

et son attente est la certitude même :
If faut 'béen mA!nte.nant que tu

■oit

un Di:eu.....

Que si pourtant la foule tente un refus, il lui en démontre inflexiblement
la vanité :

Cette rue en pente doucg
Qui sort avec natun1
D'un trop violent ca.rrdour

ainsi le lyrisme de Jules Romains exerce+il son pouvoir émotif. Mieux
encore : douleur ou joie, l'émotion se dégage le plus souvent comme une
douce tiédeur hors d un globe de feu; elle se répand, courbe, enveloppante ;
elle irradie. D'abord vous ne savez d'où elle vient : de nulle et de toute part,
semblable à ces fièvres des rivages méditerranéens qui s'emparent de vous
peu à peu, mais tout a coup vous vous sentez le cœur étreint. Hospenthal ! ô
semaine sonore .... Parfois aussi une joie éclatet ou bien un brusque frisson
passe comme le sifflement des trains g-rand sabre nu, soudain, prés d# ma joue;
d'autres fois c'est une volupté molle qui vous prend et vous humecte, comme
les vagues du lac de Côme si favorables au ventre de quatre canards ; et
encore telles déchirures, les petits éclats poig-nants des pliares dans les nuits où
on manque de pleurer d'e:tii ....
Mille charmes, tant d'émois!
Jules Romains, vous avez su faire çle nos yeux pour vous, ceux de Thérèse
et des filles de Laussonne pour Emmanuel et ses rudes compagnons. Pouvaitelle résister a la voix prenante du 'ih d'Hélier? et nous à toutes les vôtres ?
Non, car elles entraînent un acquiescement total, un suave abandon. Nous
savons bien que Therèse ne refuserait pas son âme à la patrie du roc, au pays
serré comme un ç-âteau de roi, même si le dieu caché de Cromedeyre ne parlait
pas par la bouc'ne élue de son plus valeureux jeune homme ! Nous le savons,
et aussi que ce n'est pas seulement une rencontre fortuite qui vous a permis
de mettre dans la plus haute ùe vos créatures humaines tant de divin.
GABRIEL AUDISIO

Ne te défends pas, foule femelle,
&lt;7est moi q,ui: te veuxt moi qui t'aurai.

Dans mon cœur, moi..•• est-ce là le signe de l'asservissement a la multitude,
l'abandon du soi-1nême?

Non, il est prophète, il est conquèrant: lyrisme.
Mais, tel que les prophètes véridiques, il ne marche pas vers les siens dans
l'appareil d'un mauvais maître ; sa conquête est sans fait d'armes, son règne
sans sceptre ni contrainte, .et, dans sa main, plus souvent que Je châtiment,
il aeporte des trésors d'amour, mille charmes. Sa force est de persuasion,
noble, souveraine ; sans jamais descendre aux séductions, il entraine.
Mille charmes, tant d'émois suscités sans cris, par une J?Ure sensibilité
que le pathos chercherait vainement a rendre trémolante ou a outrer ! Odes,
Le Voyag-e des Amants, Amour Couleur de Paris .... Des images qui pénètrent
l'âme et vous habitynt désormais, pareilles a tel souvenir qu'il évoque :
Cc bruit entrait en moi,
SI loin, qu'il ut restt••••

Des mots comme recréés, plus riches que les fruits d'or de la légende, et
qu'il vous prend un besoin de saisir entre les deux mains, et de palper, pour
y mordre la pulpe la plus fondante, la plus savoureuse.

12

13

�BENJAMIN CRÉMIEUX

Jules Romains, romancier et conteur

Le roman n'est pour Jules Romains ni « le miroir qu'o~
promène le long d'un chemin », ni un tableau de mœurs, m
une image de fa vie privée, ni l'étude d 'un caractère ou d'un
cas significatif soit par sa banalité, soit par sa singularité, ni une
suite de péripéties romanesques. En d 'autres termes, sa conception du roman ne se rattache à celle d'aucun des meilleurs romanciers du XIXe siècle.
Poète lyrique et théoricien par nature, Romains n 'est pas
plus romancier-né, qu'il n'est dramaturge-né. Il est venu au
roman, comme au théâtre, moins par une impulsion irrésistible
que dans le dessein de démontrer l'universalité littéraire de la
théorie unanimiste. Il s'y est révélé, comme dans sa poésie, à la
fois traditionnel et novateur, mais, tout au moins au début, ses
romans et ses contes n'étaient qu'une illustration, une mise en clair,
une traduction presque didactique de l'unanimisme. Le Bourg
régénéré, Puissances de Paris ne sont que des en-marges de la
Vie Unanime et d'Un itre en marche, ou, si l'on préfère, les portiques qui donnent accès au temple.
Le groupe qui suit, tout en étant strictement unanimiste

(Les Copains, Sur les Quais de la Villette, Mort de Quelqu'un),
est plus indépendant de la production lyrique de Romains à la
même époque. La volonté de «classicisme» y est déjà évidente.
Les obscurités, les ellipses, les audaces, les raccourcis et les clairsobscurs d'Un ttre en marche et de certaines Odes et Prières sont
complétement bannis de ces œuvres en prose. Une lumière
prodigue éclaire tous les recoins, tous les plis du récit.

Donogoo-Tonka, où la présentation ultra-moderne sous la
forme d'un scénario de film permet un étagement des divers plans
du roman et quand il le faut leur brusque fusion, Lucienne, dont
tous les éléments se retrouvent dans les œuvres précédentes de
Romains, au moins en germe, mais dont l'amalgame a été une
surprise, ouvrent dans la carrière de romancier de Romains une
phase nouvelle, toujours unanimiste, mais plus encore classique.
Qu'il s'agisse de réaliser sous nos yeux l'irréelle Donogoo-Tonka
ou de projeter devant nous les plus secrètes, les plus fugaces
pensées de Lucienne ou des Barbelenet, Jules Romams a recours
à un même mode quasi-scientifique de narration. Il rend compte

14

JULES ROMAINS, ROMANCIER ET CONTEUR

de deux expérience~ humaines à l'aide d'un langage d'expérimentateur.
On ne trouve plus dans D,;mogoo-7:o_n~a, ni dans Lucienne
les pages lyriques ou philosophiques qui etaient les plus belles de
Mort de Quelqu'un ou des Copains. Le l?oète cè~e la_place au
romancier, ne s'étale plus, tout en continuant a ~mmer har
dessous le récit. En revanche, on p~~t se deman~~r. si le psrc ophysiologiste qui a découvert la Vision ext,ra-retmienne. na pas
mfluencé profondément le roma~cier. ~e _n ;st pas e,n v~m qu un
artiste aussi conscient que Romains a red1ge_ son me~o~re sur la
vision paroptique ~ il _n'a pas pu ne. pas voir toute 1 aide que. le
style et l'esprit scientifiques pouvaient apporter au romancier
moderne.
Renan avait prophétisé une union de l'art et de la .scien~e
ui a été depuis interprétée de cent façons. Ap;ès Zola, apr~s
Paul Bourget dont le scientisme sociologique a fai~ long fe11;, apres
Marcel Proust qui procède surtout par comparaison (Voir, par
exemple tout l'épisode de Jupien et de M. de Charlus, dans
Sodome'et Gomorrhe - I), Jules Romains applique d'une façon
toute personnelle certains pr?cédés _scientifiques à, 1':tx:1 .d~ roman
soit pour conférer un degi-e maximum de « ~redtbillte » à un
roman fantaisiste comme Donogoo-Tof!ka, soi~ po_u r d~nner le
maximum d'« objectivité» à la plus simple histoire d amour,
comme dans Lucienne.
Si dans la clarté qui baigne Donogoo-Ton~a et Lucienne. on
peut reconnaître la traditionnelle clarté française ou gr!co-l!bne,
ce serait une omission grave que de n'y pas reconnaitre eg~ement une clarté scientifique toute moderne. I?ans la formation
du classicisme moderne dont rêve Jules Romains, la part de la
science sera importante, sans doute possible : Donopoo-Tonka
et Lucienne le précisent formellement et marquent a cet égard
une étape dans la carrière de Romains.
*

* "'

Lucienne toutefois, envisagée sous un a~tre angle, doit être
rattachée aux Copains et à Mort de Quelqu_un, de meme que,
d'un autre point de vue encore, les Copains se soudent au
Bourg régénéré et à Donogoo-Tonka.
Les Copains, Mort de Quelqu'un, L1fcienne sont le b-a-ba
A

du roman unanimiste. L'unanimisme visant à renouveler. la
vision de l'artiste, il ne doit P.oint s.'attaquer d'abor~ à des _su1ets
compliqués ou rares. Il doit montrer sa vertu reno!atrice en
traitant en premier lieu les sujets les plus élémentaires : une

15

�BENJAMIN CRÉMIEUX

JULES ROMAINS, ROMANCIER ET CONTEUR

amitié, une mort, un amour aussi simple que possible. Il ne
s'agit pas pour Romains de créer des personnages vivants et
particularisés, d'analyser des caractères, et on a pu l'accuser de
mettre en roman des abstractions, des symboles désincarnés
ou insuffisamment incarnés. C'est mal voir ce qu'a fait Romains:
ce sont non pas des abstractions, mais des synthèses qu'il
présente à notre époque héritière de cent-cinquante ans d'analyse
et de subjectivisme.

du néant des sentiments forts et jusqu'à une ville ; il témoigne
d'un excès de vitalité, et non pas du sentiment d'un ridicule ;
il est à base d'optimisme et de foi et ne recouvre jamais d'âcreté
ou de mélancolie. Comme tous les sentiments étudiés par
Romains, il est à base de santé et de normalité.
*
* *
Il reste à mettre en lumière un dernier apport de Romains
à l'art du roman, ou plus exactement à l'art du conte. C'est,
en effet, dans son recueil de contes Sur les Quais de la V illette qu'on trouve, mis en page pour la première fois avec
sobriété, des récits modernes épiques et légendaires: la charge des
autobus, la conquête de Paris par la troupe une veille de
1er mai, la promenade des ~révistes aux Champs-Elysées, etc ...
Cette innovation de Romams (et ici, il est évident que Walt
Whitman, Paul Adam, Verhreren ouvraient la route) a coïncidé
avec de nombreuses recherches du même ordre - Pierre Hamp,
Jean-Richard' Bloch, Luc Durtain notamment - et c'est de
toutes celle qui a pris déjà le plus de développement et
d'importance.
On voit quel précurseur a été dans le roman, comme dans
la poésie lyrique et au théâtre, Jules Romains. Retour à
l'élémentaire, aux sujets les plus simples ; rajeunissement des
plus vieux thèmes par l'application de la méthode unanimiste ;
art synthétique et objectif; class1cisme de la forme obtenu par
un amalgame du style traditionnel et du style scientifique ;
modalité nouvelle de comique ; technique du film appliquée à
la technique du roman; rejet de l'historicisme et du particularisme romantique et naturaliste et contribution à la restaurationdu sens de l'épique et du légendaire. Voilà en brd ce que nous
offrent et nous enseignent déjà les romans de Jules Romains.
La critique réclame de Romains romancier plus d'aisance
et une charpente moins apparente, bref des réalisations où la
volonté du créateur se manifeste avec moins d'évidence et où
l'idée jaillisse comme un jet d'eau ou un fût d'arbre, au lieu de
se construire pierre à pierre sous les yeux du lecteur. L'art tout
entier conscient de Romains ne condescendra jamais à flatter
son lecteur par des estompages et des concessions. Lucienne,
comme déjà les quarante dernières pages de Mort de Quelqu'un,
marque toutefois un stade où l'accommodation de l'esprit du
lecteur à l'objet que lui propose l'artiste est presque instantanée.
On peut attendre de la maturité de Romains des œuvres où s?n
art synthétique offrira dès l'abord toutes les couleurs de la vie.
BENJAMIN CRÉMIEUX

Ce n'est pas simple hasard si les romans de Jules Romains
ne peuvent se rattacher ni à Stendhal, ni à Balzac, ni à Flaubert,
ni à Meredith, ni à Dostoïewski. C'est à une tradition plus
ancienne qu'ils se relient, en dépit de leur dé_c or et de leur
accent modernes. Ils visent, comme les œ11vres des classiques
du XVIIe et du XVIIIe siècles, mais avec des moyens différents
et originaux, à exprimer l'humain.
A la littérature sensationniste d'aujourd'hui, Romains opp?se
un rationalisme nouveau. Bien longtemps avant que M. Juhen
Benda ait maudit le belphégorisme, Balzac avait mis en équation
le problème dans son étude sur la Chartreuse de Parme, en
distinguant la littérature des idées, qui fut celle des s~~cles
classiques et la littérature des images, propre au XIXe s1ecle.
« Le secret de la lutte des classiques et des romantiques,
écrivait-il est tout entier dans cette division assez naturelle
des intelÙgences. Depuis deux siècles la littérature à idées
règnait exclusivement.... La littérature à idées, pleine de faits,
serrée, est dans le génie de la France. »
C'est cette littérature «serrée» et « pleine de faits» que
nous offre Jules Romains dans ses romans. Nous sommes parfois
enclins à y trouver quelque sécheresse, à trouver trop crue la
lumière qui les inonde, à réclamer quelques coups d'archet sur
nos nerfs, des traits moins nets, des couleurs moins franches,
plus de flou et de mystère. Mais Romains demeure implacable
et ~e refuse 'à tous nos souhaits romantiques.

***

Le Bourg régénéré, Les Copains, Donogoo-Tonka en
mettant en œuvre la théorie de la mystification, dans laquelle
Albert Thibaudet voit justement une des maîtr~sses pièce~ de
l'unanimisme, apportent dans le roman français un ~o,mique
très particulier et nouveau. Nouveau non pas dans ses elements
(les fabliaux du Moyen-Age, Boccace et Rabelais foisonnent ,de
mystifications), mais dans sa motivation et sa port.ée ..L~ ~~e
unanimiste n'est pas négateur, il est constructeur; il fait Jaillir

16

�ALBERT CAZES

Le comique de Jules Romains
dans "Les Copains,,

Lorsque Jules Romain&amp; publia Les Copains, au début
de 1913, beaucoup de bons apôtres, qui avaient pourtant
lu Le Bourg régénéré, feignirent la stu~eur ou l'in~ig~atio~.
Des critiques hargneux, dont l'estomac bien accroche digérait
sans effort certaines plaisanteries plutôt salaces d'auteurs gais
professionnels, prirent des airs de pudeur offensêe. J'en sais
un - je ne le nommerai pas, mais j'ai sous les yeux la coupure de son article - qui déclara: « Le livre des , Copains
n'est ni une charge ni une satire, mais un genre de littéra
ture, le plus grossier, qui convient d'ailleurs parfaitement au
genre de talent de M. Romains. »
Il fallait vraiment avoir de mauvais yeux ou être né vieillard pour \'orter un jugement si péremptoire et si sévère sur un
ouvrage ou se développait un tempérament libre, vigoureux et
d'une si saine opulence. L'auteur _de ponogoo-Tonka et de. cet
inénarrable M. Le Trouhadec, qui triomphe en ce moment a la
Comédie des Champs-Elysées, a montré, depuis, qu'il était
capable de satisfaire les goûts le~ plus difficiles; Tou~ les ou':riers
de la onzième heure, tous les aimables confreres si merveilleusement véloces quand i~ s'agit de co~rir au s~cours. de la
victoire, proclament matntenant la puissance ~ tnvenhon de
Romains, la diversité et la solidité de son espnt supérieur en
tous genres. Mieux vaut tard que jamais: Cependant cette
puissance, cette fantaisie goguenarde, ce don de l'observa~.on
aiguë et cette faculté d'incessant renouvellement de la matiere
comique, cette rencontre de l'image trappante. et ne~ve, &lt;:ette
plasticité avec laquelle la langue se phe aux motndres tntentions
de l'auteur, toutes ces qualités s'étalaient déjà dans L.es Copains,
qui, joyeux, sortaient des presses à l'heure trouble ou ~e consulat
de M. Fallières touchait à son terme : tl ne fallait que les
y voir.

18

LE COMIQUE DE J. ROMAINS DANS "LES COPAINS"

1913 1 En ce temps-là, ni la Bourgogne ni même la France
n'étaient heureuses. Les gens moroses triomphaient, au sein
d'une République de démocrates mornes, quoique indéfectibles.
C'était l'époque où nous n'avions, pour tout potage, que les
brillantes improvisations du citoyen Cochon et du citoyen
Pataud, seules idoines à nous délasser des monotonies d'une
existence par trop « quotidienne )). C'était l'époque où, fée
barbue et « copain)) avant la lettre, M. Chéron, qui ne règnait
pas encore sur les betteraves et sur les navets, inaugurait impitoyablement les vivants et les morts, passait en revue à des
heures indécentes les sacs à brosses et les trousses à boutons,
sans trêve, sans repos, sans merci, sans pudeur. Jules Romains,
dernière incarnation de Momus, eût été bien mal inspiré s'il
n'avait point utilisé à des fins unanimistes ce fantoche qui tendait aux traits de sa raillerie une gorge velue, mais innocente.
Ajouterai-je enfin que 1913, année des Copains, est aussi l'année
qui vit éclore, dans La Flora du 15 février, les vers de M.
Lucien Rolmer, restaurateur de « l'art gracieux», qui chantait
l'élu de l'Assemblée Nationale en trois sonnets réunis sous ce
titre: « Ode à M. Raymond Poincaré))? Je n'en détacherai que
cette strophe :
Le souffle de ta gloire aère mon cantique 1
Comme le coq qui chante une dernière fois
Au moment où la nuit couvre la République,
Je te salue, O Poincaré,

tu seras roi.

Sombres jours I Le simple rappel de ces événements, déjà
lointains, nous fera mieux comprendre, je l'espère, pourquoi
Romains a éprouvé, à cet instant précis, le besoin de se donner
de l'air et de s'ébattre, sans toutefois s'écarter de la voie qu'il
s'était dès longtemps tracée et de sa conception si originale des
hommes et des choses.
Faut-il redire ici le sujet de cette farce plentureuse des
Copains et marquer les liens qui la rattachent aux autres _œuvres
de Romains, même aux plus graves? C'est une question que
notre ami André Cuisenier a déjà très clairement exposée dans
le Mouton Blanc d'octobre dernier: je me contenterai donc de
- reprendre l'essentiel de ses excellentes indications, en y ajoutant
quelques précisions sur lesquelles le plan même de son article
ne lui permettait pas d'insister.

19

�ALBERT CAZES

LE COMIQUE DE J. ROMAINS DANS" LES COPAINS"

Un groupe de copains, - ils sont sept, comme l'étaient ou
le furent les poètes du groupe de l'Abbaye, - après d'abondantes
libations dans un café montmartrois, consultent un somnambule
pour lui demander les moyens de se venger d'Ambert et
d'lssoire, deux sous-préfectures do~.t le .regard prov_ocat~~r,leur
a déplu sur une carte de géographie. Bien que le vm utilise par
le somnambule dans la scène de la consultation ait été récolté
« par des brahmanes monorchites », la réponse de l'oracle .n'est
pas très claire ; mais les copains l'interprètent de leur mieux,
et par des chemins différents, dont l'un notamment passe par
N~vers, ils se rendent à Ambert, puis à Issoire, afin d'y créer
et d'y défaire de l'existence : tour à tour, de par leur inson,da?le
volonté, les copains bouleversent une caserne et une eghse,
dissocient une place publique grâce à l'énergie d'un Eviradnus
modernisé, et enfin célèbrent par un repas ch:1mpêtre, dans une
forêt montagneuse des Cévennes la restauration de 1 Acte Pur,
à laquelle ils viennent de participer.

un tour de force d'avoir soutenu un tel train pendant huit
chapitres et de nous y avoir intéressés : et pourtant, cette course
hilarante à travers villes, sillons et forêts, est conduite de façon
à la fois si simple et si allègre que le lecteur le plus rebelle, s'il
n'a pas d'idées préconçues, se laisse emporter par le tourbillon.
Il est visible que l'auteur, copain entre les copains, a
d'abord voulu s'amuser lui-même ; qu'il possède un fonds de
bonne humeur alliée à un esprit d'observation ironique extrêmement pénétrant, et que, si la fête est réussie, c'est que Romains,
maître du chœur, sait, au besoin, conduire le bal.
Ne croyez pas qu'il soit indispensable d'être initié aux
mystères de l'unanimisme pour se ré3ouir à la lecture de ce livre,
abstraction faite de la doctrine à laquelle il se rattache. L'auteur
des Copains possède au plus haut point de rares qualités. qui
eussent suffi, en des époques moins difficiles, à établir solidement
une réputation d'écrivain dans le ~enre comique. Il a le don de
l'irrévérence. Il a le sens de la plaisanterie à répercussions multiples. Et puis, voyez avec quelle précision vigoureuse sont
silhouettés les sept copains : Lamendin, dont la tête est « ronde
comme une pomme » et le nez « tranchant comme un couteau
à ouvrir les huîtres», a l'air, quand il met la main sous son
menton, de « soupeser un fruit de choix» ; - Lesueur, dont la
figure est « un amas de poil», ressemble à « un caniche qui
aboie sur un meuble » ; - Omer, « qui a le nez rouge », est
doté d'un « facies bilieux et alcoolique», qui le désigne, au
moment de 1a création d'Ambert, pour les fonctions d'attaché
militaire; - Huchon, derrière ses lunettes rondes, transporte
avec précaution ses yeux « comme deux objets d'une réelle
valeur » ; . - et nous r econnaissons même ce Martin, dont la
figure finit par prendre un relief grandiose, précisément parce
qu'à chaque instant l'auteur nous répète que « son aspect ne
comportait rien de particulier». Examinez, au chapitre III, le
portrait de la patronne d'auberge affligée d'une imposante obésité :
« Elle se mit en devoir de faire demi-tour. Cette manœuvre
rappela à Bénin celle du Pont-Gueydon, dont jadis, à Brest,
il avait admiré le puissant organisme.» Toutes ces esquisses
sont bien de la main qui crayonnera plus tard cet ineffable
actionnaire de la Donogoo-Tonka, cet homme dont la calvitie
« reluit avec douceur» et sur le crâne duquel l'éloquence du
banquier réussit à faire lever peu à peu, par sa seule vertu de
propagande, un fin duvet.
Un autre talent que Romains utilise comme en se jouant,
c'est celui du pastiche : qu'on se reporte non seulement aux

Nous avons là une application nouvelle de cette féconde
doctrine qui a conduit Romains à la peinture des groupes,
seuls êtres vivants et même seuls êtres réels, et plus spécialement
à la peinture des aroupes en mouvement, en voie de croissance,
de développement ou de désagrégatio~. Nous retrouvons avec
plaisir dans l'auteur des Cop~ins c~lui de pn ttre e,n ma~ch~,
qui a si puissamment promu a la vie unamme le Metropolttam
ou le pensionnat de demoiselles en promenade. Nous voyons
les groupes prendre conscience d~ leur indiv~dualité sous l'action
magique de la parole, et nous suivons le tra3et. que peut accomplir une idée factice ou erronée en se nournssant de tous les
groupes réels où elle pénètre. Ici comme dans les autres ouv~a_g~s
de Romains, l'événement se prépare et se propage sa~s precipitation ni déformation, selon le rythme même de la vie.
On conçoit aisément que la théorie, chère à Romains, de
l'enrichissement de l'individu par les autres individus et la
description de ces êtres collectifs nés du contact des hommes
entre eux, si elle apportait la matière inépuisable d'une poé~ie
nouvelle, si elle imprimait au lyrisme ou au drame un frémissement nouveau, était, par cela même, et sans arrière-pen~ée
d'artifice ni de procédé, appelée à trouver dans l'observation
comique une application savoureuse et d'un _haut ragoût. Les
effets comiques se développent, dans un tel hvre, en ondes de
plus en plus larges et puissantes, au sein desquelles, comme des
fétus de paille, les menus éléments de la réalité quotidienne
virevoltent en une impressionnante sarabande. C'est presque

20

21

�ALBERT CAZES

bouts-rimés du premier chapitre, où l'auteur détourne sa malice
légère sur quelques poètes contemporains et même sur Jules
Romains lui-même, mais à l'épître en vers alexandrins, classiques
et périphrastiques à faire pâhr d'envie l'abbé Delîlle, épître par
laquelle Broudier, professionnel de « l'appareil qu'accélèrent
les pieds», fixe à Bénin un rendez-vous
.
Au square verdissant des Arts et des Métiers.

Dans ce bréviaire joyeux, tous les lecteurs trouveront de
quoi se satisfaire: les bons latinistes dégusteront l'étonnant
discours cicéronien, renouvelé du Contiones, et prononcé par
Broudier en pleine gare de Nevers, à la réception solennelle de
Bénin, pris pour un conseiller du Tsar ; les grammairiens les
plus délicats seront sensibles à l'harmonie de certaines répliques
de Bénin, qui excelle, par exemple, à faire d'un subjonctif fort
correct, mais un peu mattendu, la plus douce des caresses :
Utinarn aves super caput tuurn cacent ! C'est du frère Jean des
Entommeures, avec l'élégance et la haute tenue en plus.
Et voici ce que j'ose appeler une inspiration de génie: dans
un sentiment de pudeur que tout le monde comfrendra, Romains
a cru devoir mettre en latin un discours où i évoque discrètement l'obscène alliance franco-russe ; mais c'est en excellent
français que le Père Lathuile fait retentir les voûtes sonores de
l'église d'Ambert, en déclanchant, du haut de la chaire de vérité,
d'éternelles vérités relatives à l'œuvre de chair.
Soupesez aussi le discours que prononce, sur la place SainteUrsule « çonflée comme un biniou », M. Cramouillat;.idéputé
d'Issoire, maugurant la statue de Vercingétorix, - ou même au
chapitre III, la conversation poursuivie en une lointaine auberge
entre l'~xcellent ~rondier, qui se fait passer pour)&lt;coureur
Jacquelin, et Bérun, qui tranche du Santa y Cacao, champion
de demi-fond de l'Amérique latine.
D 'aucuns se contentent de reconnaître et de retrouver, dans
des scènes de ce genre, une incontestable propension de Romains
à la P,arodie et à la mystification. Mais prenons-y garde : la
mystification, telle qu'elle intervient dans l'œuvre de Romains,
est ancilla philosophiœ. Qu'elle soit à éclatement prochain ou
retardé, elle repose sur une connaissance admirable de la «pâte»
humaine et de sa plasticité ; elle offre tout l'attrait et tout l'intérêt d'une expérience sociale, qui, sous l'apparente bouffonnerie,
développe une portée presque toujours lointaine et sérieuse.

22

LE COMIQUE DE J. ROMAINS DANS "LES COPAINS "

En résumé, les lecteurs qui ne songent pas à rep~ocher. à
Rabelais sa verve drue, à Molière ses farces ~es plus etour~1ssantes, à La Bruyère ses «charges» les plus copieuses, à~olta_1re
son ironie et son irrévérence, et qui cependant ont la pretention
de demeurer des hommes d'aujourd'hui, s~umis à toutes les
influences et à toutes les tendances de leur epoque! ceux-là se
réjouissent d'entendre vibrer toutes ces harmoniques,. ~ans
l'œuvre de Romains, à côté du son fondamental unan1m1ste.
Quand on relit d'affilée, comme je viens de le faire, cet ouv~age
dont les truculences hardies n'excluent pas les fines notations
d'intuition pittoresque et de sensibilité intime1 on ~omprend à
merveille que des Compagnies et des Assemblees de Jeunes gens,
en divers lieux du monde, aient fait à ce livre l'honneur de le
prendre pour « Conseiller de la Joie et Bréviaire de la Sagesse
Facétieuse».
ALBERT CAZES

�RENE MAUBLANC

Jules Romains et le Cinéma
. , Quand Jul_es Romains co~mença à écrire Donogoo-Tonka, &lt;1 conte
cmematographique », le 11 septième art » ne s'occupait guère en France
qu'à adapter des mélodrames et des vaudevilles; c'est un contresens où
certains se complaisent encore (1) ; c'est pourtant le contre-sens le
plus complet qu'on puisse imaginer, s'il est vrai que rien, malgré lea
apparences, n'est plus opposé à !!écran que la scène.
En dehors de la production française qui était à cette époque
la plus médiocre de l'univers, on connaissait en France les films
italiens, d'une somptueuse absurdité, et certains films américains :
des comédies sentimentales d'une niaiserie désarmante et parfois
agréable, des aventures de cow-boy, simplistes et moralisatrices, avec
le beau resard clair de William Hart, les premiers Charlot, d'un comique
clownesque inventif et direct, gâtés seulement par les affligeants soustitres - fautes d'orthographe, fautes de français, fautes de goùt - que
de misérables adaptateurs français glissaient entre les images. On n'avait
encore vu qu'un des chefs-d'œuvre de l'écran: Forfaiture -(J'entends ici
par clzef-d'œuvre, non pas une œuvre parfaite ni d'une beauté incontestable, mais une œuvre représentative, typique, capitale). l.a production
suédoise était à peu près inconnue, la production allemande l'était
complètement.
Ainsi le cinéma se réduisait pour nous soit à une malheureuse copie
du théâtre, soit à des intrigues puériles, servant de prétexte à quelques
belles images de pays étrangers, soit enfin à des anecdotes brutales, des
faits-divers, des pitreries, des exploits sportifs.

Donogoo- Tonka parut à ce moment, d'abord par tranches dans la
Nouvelle Revue Fra11çais,, puis en librairie. Aujourd'hui, près de quatre
ans après, cc scénario développé en œuvre littéraire n'a pas encore été
filmé. Tout se passe pourtant comme s'il avait été projeté sur tous les
écrans du monde et comme si son éclatant succès avait suscité autour de
lui une armée d'imitateurs. De même qu'après Forfaiture et pendant des
années, il y eut dans tous les films nouveaux une scène de cour d'assises,
de même tous les meilleurs films d'aujourd'hui empruntent des idées et
des procéMs à Donogoo. Au fait, y a-t-il bien imitation voulue et directe?
(1) Qu'on penM au Crime du Bouif el à Triplepalle.

JULES ROMAINS ET LE CINÉMA

Je n'en suis pas sûr· peut-être Romains a-t-il seulement contribué à
créer un de ces mou~ements de pensée par lesquels les arts évoluent,
peut-être a-t-il seulement lancé dans le domaine public des id~s que
depuis lors chacun reçoit, avec l'air qu'il respire. Peu impor~e d'ailleurs ;
en tous cas la plupart des progrès que réalisent dans leurs films les plus
récents les « cinéastes l&gt; de France, d'Allemagne, de Suède et d' Amérique, Jules Romains les avait conçus en 1920•

***

Je voudrais démontrer cette proposition en analysant brièvement les
principales des idées neuves qu'on peut tirer de Donogoo-Toda.
1. Le film doit comporter aussi pe~ de te~te que possible._ San~
doute Donogoo n'est-il p_as, com~e Le .f!ail, un film s~ns sous-titJ:es ,
du moins en comporte-t-il le moms possible: quelques tetes de ~hap1tre,
pour nommer les personnages ou identifier }.e li~u de l'action. ~es
explications nécessaires pour compre~dre_ 1 mtn~e sont donn~
presque toujours au moyen de lett~es, d art1cl~ de J011maux o_u ? affiches : convention sans doute, mais convention proprement cmegr~phique, puisqu'elle fait lire au p~blic ce que les pe~son?a_ges sont cens~
lire, et non ce qu'ils sont censes entendre. Romams eVl:te le plu~ qt~ 11
peut de projeter sur l'écran des. fragments ?e conversation, c est-a-drre
de nous faire regretter que la voix manque a ses personnage!&gt;.
1

2. - Le film peut et doit faire rire sans cloy,~eries et san~ calembours projetés en sous-titres i il doit mêler le seneux ~u comique. ~~
n'a qu'à ouvrir Donogoo à n'importe quelle page pour s en apercev~1r,
et si l'on cherche des comparaisons, on n'a qu'à penser aux dermers
films de Charlot, à L'idylle aux ChaMps et surtout au Gosse.

3. - Le film doit utiliser !e:'&gt; .res~our_ces tec~n~ques et ~es ~ucs du
cinéma pour s'élôigner de la v_ente obJectI_ve et_ real~ser_ 1~ 1~u~1o~s de
notre fantaisie ou de nos passions. Ce qui revien~ a dire . 1 a, enir du
cinéma (comme art et non comm«: moyen d' éd~cation et. de documentation) est moins dans la reproduct10n pure et sunple d~ reel _que. dans sa
stylisation, sa transposition. Ici Romains s'est attach_e part1cuhè~ement
au rythme: si d'ordinaire les scènes de Donogo~ doivent« se d1;rouler
sur le rythme ordinaire des évène~ent~ de 1~ vi_~ » (p. 7), parfo1~ elles
s'accélèrent pour donner l'impress1~n ~ une vie f!evreuse &lt;;&gt;u de 1 impatience crois:;ante du personnage.(') Ams1 lorsque d1ve,:ses ~c~nes nous ont
été présentées qui tendent à nous pénétrer d'uue meme idee (la propagande de la Donogoo-Tonka, l'attrait de son pro~amme ~ur les .aventuriers du monde entier), les mêmes images « reparatssent cote à cote et ~e
poursuivent ainsi pendant quelques secondes, sur un rythme a~celéré (r). ))(p. 6o, cf. p. 70). De même, lorsqu'un des pers6~nages est a _la
recherche d'un banquier pour commanditer son entrepnse, nous ass1s(1J Romains nf 1'est pas servi du ralenti qui était à peine innnt~ _au moment où il
l-criYait. De mème on emploie aujourd'hui quelques trucs nouveaux : ~ISJOn trouble, glac~•
dêformante.q, pellicules n~atives - mai, le principe est le même. La YOie reate OU\trte, mais
o'tat Romains qui l'a ouverte.

�RENE MAUBLANC

JULES ROMAINS ET LE CINEMA

tons sept fois à des scènes analogues, mais la première seule se passe
sur un rythme normal: dans les autres il y a « une accélération régulière
du rythme des évènements, de telle sorte que la septième scène se déroule
comme une vision de noyé » (p. 38). Ici c'est la hâte et la fébrilité du
personnage qui deviennent manifestes par le rythme du film. Mais cela
nous amène à une remarque essentielle.

Autant dire que Romains a cherché le premier à donner au film un
intérêt psychologique, c'est-à-dire non seulement à prêter aux personnages des caractères vraisemblables, mais à reproduire, par des moyens
propres au cinéma, la vie de l'esprit telle que peut la saisir l'analyse
interne.
5. - Enfin Romains â sans doute voulu montrer avec Donogoo qu'un
film peut et doit faire penser. Ne l'aurait-il pas voulu qu'il l' aurait fait
quand même ; car il porte avec lui, où qu'il aille, sa philosophie. Un film
philosophique, c'était alors une nouveauté; c'en serait peut-être une
encore, malgré la masse des films à prétentions philosophiques.
Donogoo, sous l'apparence d'une farce, a un fondement plus solide; ou
en tirerait aisément toute une série de moralités, étagées en profondeur,
dont la première pourrait être : l'erreur scientifique est pârfois aussi et
plus féconde que la vérité; la seconde: une mystüication peut créer de la
vérité; la troisième: quand un groupe croit bien à \!ne illusion, elle commence déjà d'exister ; la quatrième: les croyances collectives ont une
sorte de réalité objective; et la dernière: c'est en imposant aux hommes
un commun idéal que la société transforme le monde matériel. Et ces
deux dernières formules sont les principes fondamentaux d'Emile
Durkheim et de la sociologie française (1).

4. - l,e film peut et doit traduire la pensée même des personnages,
les souvenirs, les projets, les rêves, avec leur rythme, leur irréalité. leurs
incohérences. Jusqu'alors on n'avait exploré qu'une partie du domai o.c
cinématographique. Sans doute les premiers qui tournèrent un film
avaient-ils découvert l'eau qui coule, la vague qui se brise, le vent qui
agite un drapeau, le cheval qui galope, les batailles, les poursuites ; le
monde de la réalité mouvante vu par des yeux normaux, le monde des
sensations visuelles. Mais le monde du cinéma n'est pas celui-là seulement. Il est aussi - qu'on m'excuse, professeur de philosophie, d'employer volontiers les termes de la psychologie scolaire - le monde des
images visuelles et plus généralement, par les associations et les
transferts de sensations, d'images et de ·sentiments, le monde de la
connaissance sensible. Et c'est précisément ce qui oppose, au fond, le
cinéma à la littérature et plus spécialement au théâtre ; le théâtre
cherche, par des mots exprimant des idées et des raisonnements, à
évoquer des images ; le cinéma doit par des images évoquer des idées et
des raisonnements. Les deux arts visent ainsi, par l'un des deux modes
de notre connaissance, à reconstituer le monde complet de notre pensée;
mais le cinéma. essentiellement sensible, use de moyens opposés au
théâtre, essentiellement conceptuel ; et c'est pourquoi le cinéma n'a
pu trouver son vrai chemin qu'en tournant le dos au théâtre.
Je ne crois pas me faire illusion en imaginant, derrière D onogoo,
une thèse de ce genre. Toujours est-il que nombreuse~ y sont les scènes
« où les seuls évènements qui défilent sont les pensées des personnages ,,
(p. 7). Nous avons ainsi l'impresslon de vivre en vérité dans la peau de
ces personnages, de voir avec leurs yeux, de déformer le monde selon
leur imagination (ce qui, appliqué a des imaginations détraquées. donne
l'art allemand « caligarique )&gt;) . Le som·enir et le rêve se traduisent sur
l'écran avec la discontinuité et parfois la simultanéité de leurs images.
Les spectateurs assistent au travail, au &lt;c courant » de la pensée des per •
sonnages. « Nous n'avons pas trop de peine à suivre leurs propos, car, par
moments, la pensée est si intense qu'elle devient visible. Il se forme
autour de leurs têtes des fantômes fugitifs, que nous avons juste le
temps de reconnaître ,,. (p. 73). Le film réalise matériellement une psychologie essentiellement dynamique ou cinématique (ici les deux mots
se confondent), une psychologie tout imprégnée de bergsonisme (1).
(1) Romains est ici très près de la théorie esthétique exprimée vers 1912 par Marinetti
et le futurisme italien; les futuristes prétendaient appliquer le bcrgsonisme à Ja pPintnre,
en rassemblant sur le même tableau les images diverses, incomplètes et fugiti ves qui s'évoquent dans l'esprit p:n un souvenir de voyage ou un rêve d'avenir. Mais ce qni était absurde
pour un tableau devient naturel et juste au cinéma. Fixer sur une toile le mouvement de la
pe~ et étaler dans l'eepace la durée psychologique, c'était un contre-sens ; on n'abontisaait qu'à une sorte de rébus, loin de toute beauté comme de toute -rérité. Laisser au contra.ire

***

Ainsi les dernières découvertes de l'art cinégraphique, elles sont
déjà dans l'œuvre de Romains. Elles y sont même à un degré si éminent
que, réalisé aujourd'hui, quatre ans après qu'il a été publié, D01togoo
serait sans doute le plus neuf, le plus profond et le plus passionnant
des films.
Et si l'on voulait s'évader de la technique du septième art, il faudrait
dire que Donogoo est, entre Les Copains et M. Le Trouhadec s11isi par la
débauche, le second épisode d'une longue histoire, qui a liiOn unité comme
sa diversité. Il faudrait voir avec quel art Romains pour la conter s'est
prêté tour à tour aux exigences opposées du roman, du film et de l'œu vre
théâtrale. Mais cela, c'est une autre histoire.
Et puis il faudrait dire que Donogoo n'est pas seulement un bon
scéttario de film, mais une belle œuvre littéraire, écrite comme Romains
sait écrire, qu'on y trouve des mots de philosophe et des phrases de po~te :
Un homme longe u ne rue dans on ne sait quelle ville. Ce _n 'est P.~int u_n e
promenade, cc n'est pojnt 1;1n e aventure . L'~omme ae:complit u n mnéra1re
quotidien, et les pas qu 'il fait sont peut-être vieux d e dix ans . (p. 147) .

Mais c'est encore une autre histoire.
RENÉ MA UBLANC.
devin_e r sur l'écran, autour de la tê~ du ?erd_onnage, , _une circulat ion de s?nga&amp; ,, {P· 6l ),
c'est imiter, avec la part de conv~nt1on creatr1ce nécessaire à tout art, la reah té meme de
notre vie mentale.
( 1) Comme le montre lumineusement le récent ouvrage de C. Bouglé : Leçon, de Sociologie sur /'Evolution des Valeurs.

27

�MARTHE ESQUERRE

Le théâtre tragique de Jules Romains

En 1911, alors que le théâtre poétique n'était représenté en
France que par une lignée d'écrivains qui vivaient sur l'hérita&amp;e d'f!ugo sans avoir recueilli son génie, et qui n 'avaient
guere dev:el&lt;?ppé que les germes de mort du romantisme, alors que
Rostan~ etait, ce ~ue. nous possé~ions de mieux en fait de gloire
dramatique, 1 Odeon Joua le premier des drames de Jules Romains
L':Armée dan~ la Ville (1). Neuf ans plus tard, en 1920, 1;
V1eux-Colomb1er représenta Cromedeyre-le-Vieil.
L'indigence du théâtre au moment où il l'abordait Romains
la p,rocla~a~t énerAgiqueme,nt da~s la sobre et vigoure~se préface
qu 11 publiait en tete de L Armee dans la Ville. « Je tiens pour
certain, disait-il, qu'il n'y a pas eu, en France, de grand art
dramatique depuis soixante ans, dep-µis la chute des Burgraves.»
D'honnêtes dramaturges avaient cherché le remède dans
deux d!rections o:pp_osées. ~es uns voulaient revenir au passé et
ressusciter la tragedie classique. Les autres proposaient d 'innover
et de. créer un théâtre d'idées. Mais la tragéd ie classique avait
depuis longtemps épuisé son énergie vitale ; vouloir qu'elle se
survive et qu'elle se répète, c'était précipiter encor e la décadence.
Quant, au drame d'idées, avec sa prétention de faire penser les
gens, t1 ne soulevait le plus souvent que des questions sans intérêt
véritable et les traitait avec une mentalité de primaire. Il ne
pouvait faire illusion qu'à un public sans culture. Et c'était
n'importe quoi, des discours, des conférences, plutôt que du
théâtre. Les personnages débitaient des exposés de considérations
abstraites et n'étaient animés d'aucune vie profonde.
Romains ne pensait pas que rien de viable pût résulter de
ces tentatives.
D'ailleurs, c'était en vain que les écrivains sérieux se fatiguaient à trouver la solution. Il leur manquait de se rendre·
(1) Les premières œuvres d11 t héât re de Claudel, Tête d'Or, La Ville, La Jeune
Fille Violaine, Le Repos du septième Jour, sont d'admirables poomes lyriques. C'est
1eulement avec L'Annonce faite à Marie jouée en 1912, et L'O/age, pu blié en 191 1 et
repré■e nté en 1914', que Claudel apportait à la question u ne solution vraiment dramatique
et recréait un ety le.
·
'

LE THÉATRE TRAGIQUE DE JULES ROMAINS

compte d'un phénomène capital dont Romains eut le sentiment
immédiat : la complète oblitération de la tradition dramatique.
Ils se condamnaient à un effort stérile pour ne pas comprendre
d'abord que le lien était rompu entre les grandes époques créatrices du passé et la nôtre. Ils ne savaient pas que, pour eux,
les œuvres de génie étaient semblables à des univers merveilleux
et interdits dont les principes générateurs leur échappaient. Ils
ignoraient leur ignorance. S'ils méprisaient l'inspiration vulgaire
et la fausse psychologie des auteurs applaudis au boulevard,
ils s'accordaient néanmoins à louer l'habileté prodigieuse avec
laquelle ces derniers construisaient leurs pièces. C'était là l'erreur
la plus pernicieuse. Les véritables lois du théâtre n'avaient rien
de commun avec les procédés qui donnaient aux gens l'illusion
du «métier» dramatique. Faute de posséder la saine tradition,
les fabricants à succès avaient peu à peu édifié une technique
purement artificielle. Romains, dans un article paru au Mercure
de France en décembre 1918, a mis ce malentendu en pleine
lumière :
« J'indiquerai l'essentiel de la chose en disant que
les loi internes du théâtre sont ce qui donne au drame une
organisation, une vie autonome, un équilibre et un mouvement
spécifiques, en un mot ce sont des 1ois animatrices; tandis
que les procédés en question sont destinés à obtenir ce que
j'appellerai la participation maxima du public à la pièce ....
Les lois internes du drame ne créent aucune dépendance entre
l'œuvre et un public particulier. Par elles, l'œuvre se suffit. »
Mais ce n'était pas assez de comprendre que les lois de la
dramaturgie étaient corrompues pour être en mesure de les
rétablir dans leur santé primitive. Ici, la meilleure attitude
critique était forcément négative. Pour retrouver les principes
éternels, il fallait un courant créateur qui les dé~osât en poursuivant son mouvement propre. Romains, par 1 essence même
de son génie, par la nécessité de son inspiration, restaure le
théâtre dans sa pureté originelle, et rencontre, intacte, la source
du jaillissement dramatique. Par-dessus les siècles, il rejoint
Eschyle sans se mettre à son école et sans faire œuvte de disciple.
La parenté est frappante entre son drame et la tragédie eschylienne. Ce n'est pas de parti-pris que Romains· revient à l'antiquité ; il n'en subit pas l'influence intellectuelle comme les
auteurs du XVIIe siècle ; il ne se propose pas un modèle. Le
souffle créateur qui anime son œuvre inspire l'œuvre d'Eschyle.
Le même élan organisateur aboutit d'une part aux Perses,
d'autre part à Cromedeyre-le-Vieil. Ici et là, c'est le même
rythme de vie.

�MARTHE ESQUERRÉ

L'.attitude de la presse, au lendemain de la première représentation ~~ (?romede'}'re f_!lt significa~ive. La critique s'écria
~ue « ce n etait pas d1!- théat;e ». Ce disant, elle décernait, sans
sen douter, un magnifique eloge à Romains. C'était vrai le
nouvea~ dra~e était aussi éloigné que possible du poncif auquel
le publt~ était accoutumé. On voyait bien ce que l'œuvre n'était
pas, mats pour comprendre ce qu'elle était, les journalistes
~us.sent dû s~".:oi~ 9ue ce qu'ils appelaient du «théâtre» n'en
eta1t pas. C eut ete trop leur demander. Je ne puis entrer ici
dans une analyse détaillée qui me permettrait de mettre en relief
le caractère profondément dramatique de Cromede'}'re (ce sera
d'ailleurs l'objet d'une autre étude). Qu'il me suffise pour le
mome!lt d'indiquer la parfaite coïncidence de l'inspiration de
Romatns avec l'essence même de la création dramatique.
Primitivement, le drame estla vie d'un chœur, l'action d'une
âme collective. Sans doute, il évolue très vite. Le chœur tragique
repr~sen~e une uni té multi~le dont les éléments ne tardent pas à
se d1ssoc1er ; des protagonistes sortent de lui ; il se scinde en
personnages distincts. Le noyau originel continue d'abord de
subsister, amoindri, à côté des individus auxquels il a donné
naissance. Puis, il s'épanouit jusqu'à sa limite et finit par réaliser
toutes les possibilités individuelles qu'il contient. A ce stade de
'son existence, le drame, au lieu d'être un accord comme au début,
n'est plus qu'un accord ayant perdu son unité primitive et dont
chaque note parvient séparément à notre oreille. Mais quelle que
soit la multiplicité des personnages qui le composent, ces derniers
doivent être unis par une harmonie si profonde que chacun d'eux
soit représentatif des autres. De même chaque note de la phrase
musicale à laquelle je comparais le drame-accord évolué doit sa
qualité spécifique à la résonance des autres notes en ell:-même.
Le théâtre ne reste du théâtre qu'à la condition de se souvenir de
son ori~_ne et de ne pas se dispenser d'être une harmonie. La
composition d'un drame suppose donc un sentiment délicat et
~xiqeant de l'.o:ganisation des êtres.qui le peuplent, une aptitude
mgenue à samr dans une perception synthétique les actions et
le_s réactions ,des _individus !es un~ sur l~s autres. Ceux qui sont
depourvus d oretlle dramatique n aboutissent qu'à une juxtaposition cacophonique d'individus. En d'autres termes, un génie
dramatique est d'autant plus parfait qu'il tend vers la perception
de la conscience unique des ~oupes; l'attitude anti-dramatique
par excellence consiste à considérer l'individu comme une réalité
qU;i s~ suffit à elle-même, à prétendre composer une phrase
melod1euse avec des notes dont chacune est choisie sans tenir
compte des autres.

3o

LE THÉATRE TRAGIQUE DE JULES ROMAINS

Comme je le disais tout à l'heure, il y avait donc, dans la
pensée de Romains, une sorte de nécessité qui le condamnait à
retrouver les conditions génératrices du théâtre. «Dès l'origine,
écrit-il, le drame a été une projection du m'}'stère unanime sur
le plan idéal de l'art.» Mais le ~rstèr~ ~nan!me est p~écisément
son élément naturel. Il en a la v1s1on a1gue ; 11 en expnme toutes
les nuances. Spontanément, il perçoit le groupe comme une
réalité plus essentielle que l'individu. Sa sensibilité à la conscience
unanime en fait un génie dramatique de race.
On comprend à présent que lors9.ue ~omain,s 8:b?rd~ l_e
théâtre, il ne s'en tienne pas aux notes d1ssoc1ees del umte primitive. D'emblée, il frappe l'accord originel. Ce sont des groupes
qu'il anime; il se hausse à des« synthèses supérieures». Groupe
contre groupe, comme dans L'Armée dans l'!- Ville,. ou grot1;pe
souverain comme dans Cromedeyre-le-Vieil. Par la, Romains
restitue a~ drame une qualité perdue depuis la poussée créatrice
de la Grèce antique. Par là aussi, ~1 _atteint les co~flits les ~l~s
profonds, les sentiments les plus religieux dont puisse tressaillir
l'âme de l'humanité. (1)
MARTHE ESQUERRÉ

(1) Pour l'étude complète de Cromedeyre,.Zt;- Vieil, voir. notre essai de
critique : Cromedeyre-le-Vieil et le thédtre poétique français depuis 1843,
paru aux éditions du Mouton Blanc,

31

�FRANZ HELLENS

" M. Le Trouhadec saisi par la débauche "

j'estime qu'une pièce de la valeur comique et satirique de
M. Le Trouhadec saisi par la Débauche devrait avoir trouvé
sa place tout de suite dans le répertoire de la Comédie Française. Quand je songe au théâtre contemporain, niais, sentimental,
qui s'est faufilé parmi les chefs-d'œuvres du répertoire classique et
s'est fait décerner, sans aucun droit, l'honneur de la représentation sur
les mêmes planches que celles qui soutiennent le rythme du pas
moliéresque ou cornélien, je demeure confondu et je me demande
s'il n'existe pas une loi cachée en vertu de laquelle les œuvres
fortes et taillées pour l'avenir ne peuvent s'affirmer 'que sur un
épais fumier d'œuvres mortes. M. le* Trouhadec est une pièce qui
possède toutes les qualités du théâtre classique le meilleur et en
même temps un accent bien nouveau qui vient de l'esprit de l'auteur,
averti des nécessités et des réalités modernes. j'ai déjà dit que le
&lt; rire pur &gt; tient la haute place dans quelques ouvrages de Jules
Romains. &lt; Satire directe, pointue et impitoyable, écrivais-je dans
le Disque Vert de juin 1922, satire d'escrimeur rompu au métier
et qui s'amuse à porter à chaque coup, laissant l'adversaire dans
un pire état que s'il l'avait abandonné. sur place, inanimé, car le
rire des spectateurs d'un pareil assaut persiste après l'affaire, et
l'on voit que le rire tue mieux qu'un coup d'épée authentique. ,

"M. LE TROUHADEC SAISI PAR LA DÉBAUCHE"

« Ce rire se gonfle, s'amincit, spirale, fait accordéon, on l'aperçoit
comme s'il se déroulait en action sur l'écran ; il n'est pas seulement
logique, mais encore formel, et d'un volume qui se spiritualise ou
se matérialise à volonté. Cai unique dans notre littérature... C'est
un rire qui devient chair, métal, fluide, contour, et se résout en
sonorités que les dieux homériques n'ont certes pas soupçonnées.&gt;
Il faut remonter à Rabelais pour retrouver quelque chose à ta
fois d'aussi plein et d'aussi aigu. Je le répète, M. le Trouhadec
saisi par la débauche devrait voisiner à la Comédie Française avec
les meilleures pièces du théâtre classique. Elle y brillera un jour,
et l'on s'étonnera qu'il ait fallu si longtemps pour qu'on s'aperçfit
que c'était là sa place, sa seule place, sa place naturelle.

FRANZ HELLENS

Jules Romains s'amuse à taquiner la bêtise, la muflerie, la
vanité imbécile : les meilleurs auteurs du théâtre classique, depuis
Aristophane, ne l'ont pas fait avec plus de verve et une nervosité
mieux contrôlée. Le rire de Romains est lucide comme celui de
Molière ou de Beaumarchais ; il se différencie cependant de celui
de ses prédécesseurs, en ce sens qu'il est avant tout plastique.
C'est là son caractère essentiellement nouveau. Ici encore, je
ne puis faire autrement que de répéter ce que j'écrivais jadis à
propos des Copains, de M. le Trouhadec et de Donogoo-Tonka :

33

�RENÉ LALOU

RENÉ MAUBLANC

" M. Le Trouhadec "
aux Champs - Élysées

Sur la prose philosophique

A la lecture, la forêt empêchait de bien voir cette clairière.
Les Copains nous avaient imposé une vision de Bénin ; depuis 'DonogooTonka M. Le T rouhadec existait pour nous. En lisant la comédie,
nous nous préoccupions trop de comparer leurs nouvelles images aux
anciennes : l'amateur d'événements prolongeait-il bien le compagnon de
Broudier ? Saisi par la débauche, le géographe restait-il lui-même ?
Aujourd'hui les voici en scène et bien vivants ainsi qu'en témoignent les
rires d'un auditoire qui ignore. le plus souvent leur histoire passée.

Il n'est guère de mode de citer Boileau. Mais le Mouton
Blanc ne sacrifie pas à la mode; il se donne même pour tâche
de dégager les styles des modes, ce qui dure de ce qui passe.
Or c'est précisément ce que sut faire Boileau, avec une prodigieuse lucidité. Aussi le Mouton Blanc ne peut-il manquer de
saluer avec respect la mémoire de Nicolas Boileau-Despréaux,
dont Jean Hytier est aujourd'hui, la férule à la main, l'authentique successeur.

Autre évidence: M . Le Trouhadec saisi par la débauche est aussi
arbitraire qu•une comédie classique. On s'en doutait un peu, à dire vrai ~
la représentation le confirme avec éclat. V ou, connaissez ce, cubes dont
les diverses faces combinées créent des tableaux différents : la ·pièce de
Jules Romains est le plus parfait des jeux de cubes. Il y a le cube Le
T rouhad~c avec ses six faces : dignité, abjection, avarice, prodigalité,
gîtisme, ruse. Il y a le cube de la malhonnêteté humaine qui porte quatre
visages et deux blanc-.. Un cube enfin est réservé aux femmes : Madame
Trestaillon, la Vieille Joueuse et quatre places pour la mobile Rolande.
D'un coup de pouce, Bénin présent ou Romains invisible c~mbine leurs
assemblages, avec tant de prestesse que parfois nous entendons deux voix
sortir du même cube. Car rien n'est plus libre que cette rigueur extrême:
l'apothéose qui réurpt. sous la bénédiction bachique d'Yves le Troubadec,
membre de l'Institut, tous nos fantoches évadés de leurs cubes et rendus à
la vieredoublble, cette apothéose est lucide comme la preuve d'un théorème;
elle couronne d'ironie la souplesse de cette géométrie.

14 Mars 1923

RENÉ LALOU

de Jules Romains

Je cite donc bravement les vers célèbres et méprisés:
Ce qui se conçoit bien s'énonce clairement
Et les mots pour le dire arrivent aisément.

C'est vrai, en somme, et surtout dans les sciences et en philosophie. Le philosophe, dès qu'il parvient à délimiter et à fixer sa
pensée, réussit par là-même à l'exprimer en termes justes et même
à trouver, s'il pousse à fond le travail d'analyse, les formules
exactement appropriées, celles dont aucun mot ne saurait être
changé, ajouté ni retranché. Car il y a une forme adéquate qui
s'ajuste à l'idée claire et distincte : tout philosophe digne de ce
nom la rencontre, au moins de temps en temps.
Cela ne veut pas dire que tous les philosophes écrivent bien.
Il y a, indépendamment de la force de la pensée, indépendamment même de la valeur technique de l'expression, c'e$t-à-dire
de la rigueur avec laquelle elle traduit cette pensée, il y a une
vertu propre du style philosophique, qui est une forme particulière de la beauté littéraire. Il peut exister à la même époque
des philosophes d'égale profondeur et d'égale importance, qui
n'aient, artistiquement, aucune commune mesure : ainsi Platon
et Arist9te. Au milieu du XIXe siècle, nos deux plus grands
philosophes, Auguste Comte et Renouvier, écrivaient mal;
Victor Cousin écrivait bien, mais c'était un philosophe médiocre.

'
35

�RENÉ MAUBLANC

SUR LA PROSE PHILOSOPHIQUE DE JULES ROMAINS

Schopenhauer écrit mieux que Kant, qui le dépasse de cent
coudées. Tarde écrit mieux que Durkheim, dont la pensée est
plus ample, plus ferme et plus féconde.

Bouglé. S'il s'en sert, c'est avec une telle discrétion qu'on s'en
aperçoit à peine ; longuement préparée, l'image est alors comme
natur~lle et presque nécessaire. Qu'on en juge par deux exemples.
Il s'agit d'abord de la découverte en matière psychologique :
Faire un~ découverte, ce n'.e~t pas présenter d'une façon
neuve des notions communes ; ce n est pas davantage esquisser
ou édifier un système général d'explication des choses connues,
non susceptible de vérification expérimentale, et destiné seulement à satisfaire les besoins spéculatifs de l'esprit; ce n'est
même pas risquer quelque hypothèse ingénieuse, issue de la
méditation, mais incapable de subir l'épreuve du laboratoire.
Une découverte est une annexion. L'explorateur découvre un
continent, une île, ou un simple îlot, selon ses moyens et sa
c~ance; ... Mais ce n'est point faire une exploration ni une
decouverte, au sens véritable, que d'avoir des impressions de
voyage dans un vieux pays (page 24).
Et voici une analyse de l'attention. L'auteur distingue
l'attention qui nous est familière et qui est constamment renouvelée par la succession des images et des idées, et « l'attention
vraiment fixe, qui se cramponne à un objet immuable » et dont
nous n'avons aucune idée. Il conclut :
Certes, notre attention est discursive, au sens où discursif
signifie coureur. Nous sommes habiles à suivre des fuites
d'idées. Mais que la proie s'immobilise, et elle nous échappe,
emportés que nous sommes par notre élan.
Ce n'est pâs de la poésie, comme on voit; c'est, semé de rares
et sobres images, un excellent langage technique.

Ainsi il y a bien une beauté philosophique du style, et elle a
son importance. Une importance moindre,. bien sûr, que dans la
littérature proprement dite : on conçoit peu un grand poète qui
écrive mal ; on le conçoit mieux déjà d'un grand romancier ;
on le conçoit tout à fait bien d'un grand philosophe. Mais tourtant le grand philosophe sera puni de mal écrire : car. i sera
·fastidieux et sa gloire en souffrira. On préfèrera Descartes, qui
paraît si clair, parce qu'il écrit bien, mais qui au fond est si
souvent obscur (r), à Comte, si riche et si limpide, mais qui
distille un si redoutable ennui.

** *

Si ces remarques ont un sens, j'ai le droit d'étudier ici le
style philosophique de Jules Romains, sans dire un mot de sa
philosophie.
Que toute l'œuvre de Romains soit pénétrée de philosophie
et que l'unanimisme soit voisin du sociologisme; que d'autre part
la découverte du sens paroptique soit une des conquêtes les plus
décisives - encore que contestée - de la psycho-physiologie (2),
ce serait facile à démontrer, mais ce n'est point mon sujet.
J'ai à dire seulement que Jules Romains, sous son vrai nom
de Louis Farigoule, écrit une des plus belles proses philosophiques qu'on puisse lire.
Cela ne signifie pas du tout que La Vision extra-rétinlenne(3)
soit écrite comme La Vie Unanime, les Odes ou Amour couleur
de Paris. Il y a certainement plus de philosophie dans la poésie
de Romains que de poésie dans la philosophie de Farigoule.
Il est difficile d'imaginer un style plus sobre, plus purement
rationnel, plus dépouillé. Romains ne se sert presque jamais des
images, bien moins que tel philosophe contemporain, Bergson ou
(1) li y a deux sortes de clarté chez Descartes. L'une, conforme à la règle de Boileau,
répond à la clarté de la pensée. L'antre vient de ce qu'il est un grand artiste : c'est une
clarté artiRtique ou artificielle, une cla.rté illusoire de l'expression, qua.nd la pelllêe n'est
que ténèbres.
(~ J'ai quelques raisons de croire qu'elle ne sera plus eontestée bien lo11gtemps.
(3) J'emprunte mes réfé,enee1, à la deui;ième édition : Louis Farigoule - La Vision
extra-rétinienne et le aens paroptique - RA!cherches de psycho-physiologie upérimentale
et de phyaiologie histologique. - N.R.F. 1921.
.

36

** *

Uii langage technique! Il faut insister sur ce point. Romains
n'hésite pas un instant devant ce qu'on appelle parfois le jargon
philosophique ou scientifique. Le premier chapitre de son livre
s'intitule : Remarques sur les rapports actuels de la morphologie et de la physiologie dans l'histologie du tégument;
et le second : De fa physiologie histologique à la psycho-physiologie expérimentale. Bien plus, il forge des mots nouveaux:
sens paroptique, fonction extra-rétinienne, vision homocentrique
ou céphalique, vision sternale ou hétérocentrique.
Un cuistre, nommé Antoine Albalat, a voulu, dans un livre
récent (1), s'égayer aux dépens des pliilosophes. Recopiant des
(1) Comment il ne faut pas écrire (Pion).

·

�RENE MAUBLANC

SUR LA PROSE PHILOSOPHIQUE DE JULES ROMAINS

pages de Cousin, d'Hamelin, de Bergson, il se plaint que ces
auteurs emploient d'autres mots que ceux du langage courant.
La querelle est absurde : autant vaut reprocher à un physicien
de parler de cathode, de volts et d'ohms et d'équivalent mécanique de la calorie, à un peintre de parler de subjectile, de
cadmium et de vert de Hooker, de glacis et d'embu, à un tonnelier
de parler d'erminette, à un charpentier de parler 'de besaigüe, à
un menuisier de parler de guillaume et de brusquin. Il est clair
que tout technicien, pour nommer les objets ou les idées propres
à sa technique, a besoin de termes précis, que n'aient_pas usé les
impropriétés du langage courant. Jules Romains n'a pas le ridicule de prétendre, avec les mots de tout le monde, traduire des
concepts expressément philosophiques et fixer des phénomènes
inédits.

La psychologie de découverte a besoin d'une méthode
et d'une technique de découverte. Cette méthode et cette
technique n'&lt;;mt pas été improvisées. Comme il est arrivé maintes
fois dans l'histoire des sciences, ce n'est pas à la science qui
devait finalement en bénéficier que revient le mérite· d'en avoir
formé l'ébauche et hasaraé l'emploi.... Ses origines empiriques
lui ont valu la méfiance de quelques bons esprits, qui tremolent
à l'idée d'être abusés par les prestiges des charlatans (p. 24-2.S).

***
Une langue franchement prosaïque, une langue rebutante
par sa technicité : qu'est-ce qui fait donc la beauté de ce style
philosophique ?
C'est d'abord la sobriété: pas un mot de trop. Ensuite la
propriété de l'expression : pas de bavures ni de flou, le mot juste
à la juste place, chaque phrase frappée comme une médaille.
Et puis encore le fait, rebelle à l'analyse, qu'une phrase a un
rythme, qu'elle est dense et pleine, riche de sang et bien en chair.
Ainsi le passage suivant :
La psychologie expérimentale, comme la physique, ne veut
connaître que des faits naturels et des lois naturelles. Elle ne
pense pas sous la catégorie du «pathologique». Tout est normal
à ses yeux, en ce sens que tout est soumis aux lois générales de
la nature. Elle ne vise point à recueillir une collection d'étrangetés. Bien au contraire. Elle ne s'intéresse qu'au général. Mais·
elle est persuadée qu'ici comme ailleurs le généra[, avant d'être
reconnu, prend figure d'exception (p. 28-29).

I_l s'y ajoute parfois un autre élément : la connaissance
approfondie de la langue française, dans son histoire comme dans
sa vie actuelle. Il arrive par là que Romains, sans aucune affectation d'archaïsme, donne l'impression de la langue classique:
non pas la langue du XVIIIe, la langue nuancée et subtile que
manie Anatole France, mais la langue forte et drue du XVIIe.
On sentira ce que je veux dire, dans Ia page ci-dessous, à certains
détours de phrase :

38

***

Enfin l'art de Jules Romains est non seulement dans les
détails du style, mais aussi etsurtoutpeut-être dans la composition
de ses livres. Dans ce traité psycho-physiologique, la composition
semble aussi purement scientifique que possible : paragraphes
désignés par des chiffres ou des lettres, récapitulations, conclusions. Tout cela est plein cependant d 'un art discret, mais fort :
il y a dans la succession des chapitres le même rythme souple
que dans ce défilé d'images, de souvenirs et de rêves 9u'est
Le Voyage des Amants. Ce n'est pas le balancement régulier et
artificiel des thèses, objections et réponses, l'ordre prévu de la
dissertation universitaire; c'est la vie même et le mouvement
d'une pensée. On a l'impression - l'illusion - d'assister à une
découverte, d'en suivre la genèse, le développement, le succès :
c'est une histoire - une belle histoire et une histoire vraie qui déroule ses péripéties devant nous. •
Et voilà pourquoi l'essai sur La Vision extra-rétinienne se
lit avec la même aisance que Lucienne, et avec la même attention passionnée.
RENÉ MAUBLANC.

�RENÉ LALOU

Jules Romains dans son époque
_Romains ~ A~ oui, l'unanimisme ? &gt; Il est excellent que le
pub(1c, en sa Justice télégraphique, fasse aussitôt suivre d'un mot
en 1sme le nom de Jules Romains : lier au nom de ce créateur
l'idée d'une doctrine, c'est, en effet, rendre un sommaire mais digne
hommage à l'irréductible alliage d'intelligence et de volonté qui te
fait unique en ,On temps.
Unique parce qu'il est un inventeur de valeurs nouvelles
unique au sens où Rimbaud est unique, irremplaçable. On n~
s'étonnera donc pas que Romains ait pu, à 25 ans, avoir position
de chef d'école devant la critique française aussi bien que devant
l'élite européenne. Songez qu'à la date de 1911, La Vie Unanime
et le Manuel de Déification avaient montré l'évidente nouveauté
de son inspiration, Le Bourg régénéré, Un Etre en Marche et
L'Armée dans la Ville prouvant comment elle ouvrait au roman
à la poésie, au théâtre, des voies encore inexplorées.
'
. D'aut~es se seraient _bornés à organiser ces conquêtes ; il les a,
lm, affer_rmes en les élargissant. Parfois il a déconcerté : le &lt; comique
géo'?1étnque &gt; _des Le Trouhadec, ta psychologie impérieuse de
Lucienne, le su1et même de La Vision Extra-Rétinienne ont dérouté
ce~~ins_ esprit~ qui requièrent d'une originalité qu'elle demeure
umhnéa1re. Mais nous restons persuadés que ces œuvres nécessaires
se~ont comprises ~n jour par tous ceux qu'a déjà enivrés la joie
épique des Copains et courbés l'ardente bise qui souffle sur
Cromedeyre, tous ceux pour qui la double image du monde externe et interne - s'est agrandie lorsque Mort de Quelqu'un
leur révéla un univers aux tentures de somptueuse solidarité, quand
les Odes leur traduisirent en paroles les plus complexes rumeurs
de l'âme, individuelle et multiple.
Sur la carte littéraire de 1922, faisons le point, ne te comparant,
comme il sied, qu'aux premiers. Egalement sensible à l'originalité
et à la perfection, soyons assurés que Romains goate l'une dans
l'ampleur de Claudel ou la fluidité de Larbaud autant qu'il reconnaît
l'autre dans la prose de France ou de Gide, dans les poèmes de
Valéry. Mais ces aînés ne sont nullement ses maîtres, encore moins

JULES ROMAINS DANS SON ÉPOQUE

les sociologues auxquels d'aucuns l'ont maladroitement attaché.
Si nous devons lui chercher des prédécesseurs, invoquons Verhœren
et Barrès auxquels il s'apparente trop intimement pour ~enter _
de
les imiter. Car il possède en commun avec eux un accent moubhablement autoritaire ; sa vision rapproche parfois ses constructions
par groupes des peintures hallucinées de Verhœren ; mais il ne
partage qu'avec le seul Barrès cette soif d'individualisme césarisant,
dernier secret d'un unanimisme intelligent, que l'un et l'autre savent
compatible avec l'universalité de Gœthe.
Essayant de le présenter devant la postérité, j'ai marqué ailleurs
comment sa doctrine, loin de tuer en lui l'artiste, avait accru l'élan
du poète et la soupless~ ~u roma~cier. Pour acheve~ de le situer
dans son époque, il sufflr~1t de ~edue quelle_ den.se umt~ sa ~ensée
confère à toutes ses créations. Rien, avec lm, qui ne soit clair : en
proposant à son siècle un dieu, n'invitait-il point ennemis comme
amis à se grouper logiquement ? Dès le premier bratant appel de

La Vie Unanime

" Je te donne mon âme, est-ce que tu en veux ? "

il offrait à son époque 1:exemple d'une jeu~e libe.~é dans une
nouvelle contrainte. Romains a ébranlé la poésie trad1t1onnelle en y
faisant retentir le cri farouche des gens de Cromedeyre ; nous
l'avons entendu jadis
• Avoir la tonnante joie
D'être, au centre de la foule,
Un éclatement qui tue. "

Et puis, ayant imposé aux hommes la découverte de celui de
leurs visages qu'ils n'avaient jamais so~gé à reg~rd'7r, no~s avo_n~
vu la fougue de ce vainqueur s'épanouir en méditations ou le fmt
de l'expression enclôt une suggestion infinie. Tel sobre poème
d'Europe
• Je remercie la demeure
D'être petite et perdue... "

nous autorise déjà à dater les premières réussites du &lt; classicisme
moderne &gt;.
Aux critiques qui viendront demain_ la tâch~ sera plus facile.
Indifférents aux passions d une heure, ils expliqueront comment
Gide et Romains ont l'un et l'autre, enrichi pour l'âme humaine la
connaissance de soi Gide en y réveillant un arrière-fonds d'anarchie,
Romains en y ranidiant une obscure discipline, une confuse loyauté
cosmique qu'il amène jusqu'à la conscience précise. La dureté de

�.

·-~------------------------RENE LALOU

Romains est la conséquence d'1,1ne lucidité qui ne désarme point.
Sa rigueur égale celle de Valéry, mais il l'exerce sur l'objet qui
semble s'y prêter te moins: on dirait parfois qu'il exige de ta
matière ta même logique que Valéry réclame de l'esprit•. Cette
âpreté intellectuelle cause la netteté de ses articles critiques : à
preuve son hommage à Flaubert, son résumé de la psychanalyse,
sa préface à l'album Le Fauconnier.
Que nos successeurs, cependant, ne dédaignent pas trop notre
aide. Qu'ils écartent nos commentaires pour rester seuls avec
l'œuvre. Puis, qu'ils interrogent tel dessin de Bécat ou bien ce
portrait où Le Fauconnier a peint son ami tel qu'il leur apparaîtra,
certain de son message divin parmi les événements périssables.
Mais si alors l'historien hésite et n'ose deviner dans ce regard
limpide sous le front volontaire toute la sensibilité, mieux affinée
que cette du cœur, dont l'intelligence garde le privilège, qu'alors il
se retourne vers nous, qu'il accepte notre témoignage et qu'il lui
fasse crédit, même pour ce que nous n'aurons pas su dire.
RENÉ LALOU

(1) A titre d'approximation, on sigaalerait entre Valer y et Romains la difference
d'une penaée mathematique s'appliquant naturellement aux mathématiques et d'une pensee
mathématique imposant sa loi aux aciences naturelles. (Etant entendu que procéder par
comparaisons de ce genre, c'11st forcer une fenêtre pour aller ouvrir, de l'intérieur, une porte
rebelle.)
.

JEAN HYTIER

Jules Romains et le classicisme moderne

Le terme de classicisme moder-ne est en train de faire fortune.
Il le doit, sans nul doute, à la valeur de son contenu. Même
ceux à qui il est le plus hostile commencent à l'employer comme
une expression courante et naturelle. Je crois qu'après si peu
de numéros parus, le 0rtouton 73/anc peut s'en trouver encouragé
et, s'il en était besoin, raffermi dans ses desseins. - Quand nous
avons employé cette expression pour la première fois (dans le
manifeste du M'louton 73lanc), ce n'était pas sans l'avoir longuement mûrie. Effectivement, le terme de classicisme était déjà
lourd de sens ; l'abus le plus étrange en avait été fait, notamment
par les successeurs actuels des Campistron, des Gilbert et des
Lebrun, qui, sous l'étiquette de néoclassicisme, ne nous offraient
qu'une fade ripopée de pastiches et de centons; d'autre part, on
sait dans quelles débauches le terme de modernisme s'était roulé;
enfin, le désir d'un véritable classicisme n'était nullement une
découverte originale du 0tfouton 73lanc: l'efficacité de notre
premier effort révèle même à quel point l'époque était travaillée
par le besoin d'un ordre mental nouveau, et, au surplus, bien
des textes d'avant ou d'après-guerre annonçaient ou réclamaient
une discipline classique. Il était tout naturel qu'en nous
vouant spécialement à la tâche, nous apportions la formule.
Nous avions d'abord pensé à moderne classicisme qui, par rapport
à ancien classicisme, impliquait différenciation et continuation
(seule tradition conforme à la vie profonde) ; mais moderne
classicisme sonnait mal et dangereusement, surtout pour nous
qui allions être obligés de lutter pour des héros vraiment représentatifs du monde moderne mais aussi contre certaine litt~rature
superficielle et modern'style. Classicisme nouveau n'était pas
inexact, quoique un peu mou pour la bataille, mais rappelait
trop néoclassicisme, dont il fallait se garder comme de la peste.
En retournant moderne classicisme, fes difficultés s'aplanirent ;
classicisme moderne sonnait bien, indiquait bien notre situation ;
on comprenait que nous voulions une organisation aussi ferme
que celle du 17me siècle, mais que nous ne songions pas à la
répéter en plus mal, que nous avions à exprimer parfaitement

�JEAN HYTIER

JULES ROMAINS ET LE CLASSICISME MODERNE

un univers inconnu, original et présent. On a vu dans le manifeste et dans les premiers 04.outon que, depuis quinze ans, le
classicisme moderne attendait seulement d'être compris et nommé.
Il existait. Il y a de grands écrivains classiques-modernes. Il y a
des chefs-d'œuvres classiques-modernes. Il y a un esJ?rit classiquemoderne. Le classicisme moderne possède une techmque poétique
originale destinée à remplacer la technique poétique ancienne ;
il emploie un vers régulier, parfaitement organisé, qui est proprement le vers classique-moderne . .
Le classicisme mode1·ne doit à Jules Romains plus qu'à tout
autre. Nous le dirons mieux quand nous aurons rendu pleine
justice au sénie d'André Gide. On a souvent dit que si Chateaubriand était le père du romantisme, Jean-Jacques Rousseau en
était le grand-père. On pourrait peut-être dire, en l'entendant
bien, que si Romains est le père du classicisme moderne, son
grand-père est André Gide. - Le classicisme de Gide a été
vraiment cette victoire dont il parle sur le romantisme intérieur.
Au reste, le rôle de Gide se marque par une influence distante ;
on sait qu'il a toujours aimé mieux faire agir qu'agir lui-même.
Il nous a redonné, après une époque incohérente, le goût du
classicisme ; il nous l'a conseillé ; il l'a surtout pratiqué pour luimême : son classicisme est presque un classicisme personnel.
S'il agit, c'est par un rayonnement qui lui laisse sa liberté ; en
lui-même il respecte toujours l'indépendance d'autrui ; si Gide
ne s'est complu qu'aux influences secrètes de l'exemple, c'est qu'il
n'a jamais voulu être un chef. Romains débutera plus rudement,
sans craindre de mettre la main à la pâte et d'agir directement
sur le siècle. Il n'a rien du magicien dédaigneux; s'il a quelque
hauteur, c'est celle d'un conquérant. Il marche de face, sans
pourtant ignorer la souplesse qu'exige le maniement des forces
terrestres. Son action est précise et d'une admirable économie,
d'une étonnante simplicité de moyens. Il y a plus de prodigalité
sous l'apprêt de Gide. Sans Romains, il est douteux que le
classicisme moderne eût pu se faire; autour de l'unanimisme se
sont rassemblées les forces d'ordre de l'époque. On peut dire que
le classicisme moderne, Romains l'a voulu. - Gide, tellement
éloigné du choix (j'entends dans la réalité des faits) par sa philosophie, a considéré la bataille spirituelle de haut, non qu'il y fût
indifférent, mais sa curiosité ne lui permettait guère l'intervention.
Même ses notes, si lucidesi sont d un témoin. Sa responsabilité
est souvent involontaire. Il ne jouit tant de son influence que
parce qu'elle est imprévisible. Néanmoins, répétons-le, Gide est
tout Je contraire d'un indifférent (il est intensément attaché, mais
il ne veut rien sacrifier) : il a toujours, avec une générosité

admirable et un désintéressement qui ne se trouve que sur le
plan supérieur où la sûreté irréductible du génie l'empêche de
rien cramdre, signalé hautement les écrivains (les v1·ais), notamment ses cadets, dont la vertu profonde méritait sa sympathie, et
qui sont les plus dignes du respect du classicisme moderne :
Jules Renard, Francis Jammes, Charles-Louis Philippe, Péguy,
Valéry Larbaud.... Romains lui-même. Avec non moins de
courage il a dénoncé les erreurs funestes à l'art. Il a écrit sur le
cl~ssicisme même _un certain n&lt;;&gt;~bre de textes qui ~onstitue_n!
déjà comme une Bible du classicisme moderne. Ce n est pas 1c1
le lieu de parler de l'œuvre. On sait sa place pour le Mfouton
73/anc.

44

Romains, lui, est volontairement responsable du classicisme
moderne. Il lui a donné son sens, sa direction centrale, non pas
la seule, mais enfin l'essentielle jusqu'ici. Il lui a fourni sa
matière la plus neuve, la plus moderne, celle qui constitue la
substance même de notre temps. La prise en considération du
fait social en est la caractéristique féconde. L'importance de
l'unanimisme n'a pas besoin d'être soulignée. C'est une révolution
qui change tout. Il n'y en a pas eu d'aussi radicale depuis le
romantisme. L'étonnant, dans la réussite de Romains, c'est qu'il
a su échapper aux dangers de la découverte ; il ne sait pas
s'égarer; dans la révolution il maintient toujours l'ordre ; il
dompte toutes les rébellions. Son unanimisme a vite pris la
grande allure classique. On imagine ce qu'aurait pu être un
unanimisme romantique (on s'en rend compte facilement par les
contrefaçons de ceux qui, craignant sott~m.ent d'avoir un rang de
maître dans un grand mouvement unamm1ste, ont préféré, dans
un isolement sans grandeu., subir l'influence d'un homme).
Au lieu de cela, Romains a imposé à la matière une forme
de plus en plus achevée. Sans doute, au début, il avait p~ine
à maîtriser une fougue superbe (La Vie unanime, Un Etre
e,i marche, Prières, L'Année dans la Ville), mais bientôt l'abondance se discipline, et la période des purs chefs-d'œuvres
commence. A 1exemple brutal de Hugo, Romains préfère alors
l'exemple équilibré de Gœthe.
C'est devenu une banalité de dire gue Romains a renouvelé
tous les genres avec l'unanimisme : .poésie, roman, théâtre. Si
l'on ajoute qu'il a cr~é une technique poétique nouvelle, _qu'il a
illustré la psychologie d'une découverte surprenante et nche de
conséquences, le tout avant l'âge de 38 ans, on lui refusera
difficil~ment la plus h~ute a~mir,'.1tion. Sa té~acité lui a. fait
acquérir les qualités qm ne lut étaient pas foncières ; de visuel

�JEAN HYTIER

FRANCIS PONGE

et moteur qu'il était en poésie, il s'est fait auditif et musicien.

Il est impossible de prévoir jusqu'où il étendra ses conquêtes.
Je crois que Jules Romains peut être tranquille pour sa
gloire. L'hotnm~ _gui a donné en poésie Europe, au thé~tre
Cromtdeyre-lt-Vteil, dans le roman Mort de Quelqu'un, dans le
genre comique Les Copains, n'a pas grand'chose à craindre de la
postérité. D'ailleurs aucun de ses ouvrages n'est indifférent.
Un petit livre comme Manuel de Déification est une des clefs,
peut-être la clef même de son œuvre. Les Odes sont d'un lyrisme
personnel qui étreint et qui dévaste. Il y a dans les Quais de la
Villette des modèles de récits épiques et populaires : quelle sève
et quelle santé f Lucienne a été une révél ation Jélicieuse. Les
d~rniers poèi:x1es de ~o~ains ,(Amour coul~ur de Pans, et les
pièces qui suivent, ams1 que I Ode pour le ._1, /1.outou 'Blanc) sont
peut-être les plus pleins, en même temps que les plus heureusement cernés, de ceux qu'il a écrits. Enfin, l'ensemble architectural
de l'œuvre est d'une religieuse harmonie.
N'oublions pas que Romains est un Jort. Il s'est fait tout
seul. Il veut le groupe, mais pour en être le neurone. Il ressemble
au bélier noir ~ui, dans Cromedeyre, donne sa forme au troupeau
de Thérèse. C est un maître. En ce sens il nous donne aussi un
exemple ; à regarder Romains, les forts comprendront ce qu'ils
doivent consentir au groupe, ce qu'ils doivent garder pour eux.
Romains aura, sans doute, des disciples, mais toute son œuvre
volontaire crie, à qui sait l'entendre, l'indépendance foncière des
vainqueurs. Il ne faut pas s'en étonner : le génie est spécifique
et, en un sens, toujours solitaire. Si donc, comme on le veut,
le classicisme moderne s'affirme, si, comme il est nécessaire pour
qu'il vive, il doit avoir, après Romains, des maîtres, ceux-ci ne
lui ressembleront pas plus que, jadis, Racine, Molière et La
Fontaine ne se ressemblèrent entre eux ou ne ressemblèrent à
Corneille. C'est la communauté des grands principes de l'art qui
crée les écoles classiques, et non pas celle des tempéraments qui
sont irréductibles. Mais les écoles ont besoin de maîtres. Romams
en est un pour le classicisme moderne. Il a aussi sa place parmi
ceux de tous les temps.

Qualité de Jules Romains

D'un sexe très défini, ni grec ni latin, mas...
cul.in, français, moins populaire que montagnard.
Moins gaulois que Rabelais, moins parisien
que Molière, moins bourgeois que Flaubert, un peu
plus sentimental que ceux....là.
Il parle à haute voix dans un air léger de
montagne. Il tient à la terre par les pieds. Il n'est
pas soucieux.
Sa demeure aux générations e-,t une anfractuosité
d'un confortable naturel.
Frère jovial, aîné qui tient du pére J

FRANCIS PONGE

JEAN HYTIER.

47

�O. MANNONI
L'ATTITUDE UNANIMISTE

L'attitude unanimiste

L'unanimisme est une foi. C'est la croyance dans une
chose à fain et que des hommes font peu à peu. Il s'agit
d'exalter une forme de conscience qui nait d'un certain accord
entre plusieurs consciences ; de réveiller en chaque homme
un être qui le dépasse. Jusqu'ici c'est surtout la littérature qui a
subi l'influence de ce levain mystique. Mais la littérature est un
domaine assez vaste et dont on fixe malaisément ies limites.
Toute une période qui fut romantique ne le fut pas seulement
en littérature ; un événement littéraire influence toujours les
mœurs, la politique, la philosophie et les religion les plus traditionalistes d'une époque.
Cette forme de conscience gu'il s'agit d'exalter trouve sa
place quelqùe part entre l'intelhgence et le moi profond de
Bergson. L'intelligence n'appartient pas plus à l'unanime qu'à
l'individu ; elle est universelle. Quant à la richesse obscure que
nous sentons en nous, à cette vie sentimentale qui est le fond de
notre être, elle échappe également à la conscience collective.
Aussi l'unanimiste se détourne toujours de l'individualisme sentimental et de ce conceptualisme sans force cher aux philosophes.
Et c'est pourquoi il est toujours décevant d'exposer l'unanimisme
comme une doctrine, et celui qui en parle en termes abstraits
ne le fait pas sans un vague déplaisir. Analysé, il prend une
figure trompeuse et semble une construction adroite mais un
peu arbitraire. Il faut être unanimiste d'abord, sans espérer êtré
converti par la théorie. Comme toutes les conceptions un peu
profondes et créatrices, l'unanimisme ne se laisse jamais que
circonscrire mais non pénétrer tout à fait par le raisonnement
seul. Il échappe à l'esprit du critique comme le style au grammairien ou la conscience vivante au psychologue. La religion
n'est pas dans la théologie.
***
Jules Romains ne nous apporte ni un système fermé ni un
plan de réforme sociale, mais bien plutôt une hypothèse laquelle
n'a d'ailleurs pas besoin d'autre justification que ses écrits. De

cette mys~ique qui, mal entendue, eût pu conduire soit à une thau~aturg1e Insoutenable soit à un humanitarisme facile - et ce dern~er défaut, tous le~ unanimistes ~e l'ont_ pas évité avec a~tant de
sureté qu~ leu~ maitre - est sortie une littérature singulièrement
forte et smguhèrement riche en possibilités de renouvellement
ou de développ_ement. A telle enseigne qu'aux yeux de beaucoup
de lec~eurs qui ne peuvent se refuser au charme vigoureux de
cette htJérature, la doctrine unanimiste semble cependant inutile.
Cho~e imprévue,
tal:nt. de Jules Romains en arriverait ainsi
à fa1re du tort à 1 unamm1sme ! Cela sera com.eris plus tard ·
pour_ le moment beaucoup n'ont vu dans l'unarumisme qu'un;
doctnne abstraite assez étroite qui, donnée avant l'œuvre semblait
ne pas la pouvoir porter; mais c'est dans l'œuvre totale &lt;les unanimistes que l'unammisme se trouve, et non pas dans les exposés
qu'on en peut faire abstraitement.

!e

Il y aurait beaucoup de choses à dire sur ce qui caractérise
l'œuvre unanim~ste, e! de choses difficiles. Il ne suffit pas que
des groupes y s01ent mis en scène; et encore bien moins que des
sentiments altruis_tes_ y soient exaltés; l'altruisme s'oppose radicalement à l'unanimisme par cela seul qu'il distingue le « moi »
de « l'autre» et surtout parce qu'il a un fondement sentimental.
Jusqu'~ù faut-il avoir poussé l'in?ivi~ualisme pour se laisser
attendnr par une morale de la sohdanté ? Rien de plus impitoyable que le véritable esprit unanimiste · il ne s'accommode
q~e d'une lucidité virile. Toute sentimentalifé lui est faiblesse et
laideur.. Le vaSl!e ~ l'âme, vo~là ce do1:1t il faut triompher d'abord.
La po~s1e 1:10amm1ste se plait à décnre ces « réveils », pénibles
lut~es mténeure_s des ténèbre~ et de la lumière. Il y a dans cette
attltu~e volontaire _un_e énergie é~onnante 9_ui :i'~ban~onne jamais
Romams. Pour lUI, Il semole bien que l mdividuahsme ne soit
qu'une paresse de l'esprit. Sans doute il y a un individualisme
qui n,e ma~q~e pas de force, 1:fiais ce n'e.st pas contre celui-là
que 1 unammistne est une réaction. II serait trop simple d'opeoser en bloc unanimisme à individualisme. Ce 9.ue Jules Romams
a toujours repoussé c'est l'individualisme sentimental et dépri!Ilant, _la tare r?ma~tique, le narcis_sisme i~tellectuel, le culte
1mpréc1s du mo1; c est là le sommeil dont 11 faut se réveiller.
La première chose à faire, c'est de sortir de soi, et de reprendre
contact avec le monde concret. Un caillou dans la mam d'un
e_nfant c'~st une plus vér!table richesse que toutes les hallucinations faciles auxquelles s abandonne un symboliste.
Cet amour des choses, qui est peut-être le fond de toute
poésie véritable, imprègne d'un bout à l'autre l'œuvre de Romains.

49

�O. MANNONI

L'ATTITUDE UNANIMISTE

Il perçoit avec amour et pense toujours avec des choses.
L'imagination sentimentale cède chez lui le pas à une sorte
d'intelligence sensible. De là est né ce qu'on appelle « l'expression
immédiate &gt; des unanimistes.

. On connait ce défaut dans ces romans où le lecteur se retrouve
tOUJ?urs pa!ce c~ qu'il est invité à s'y mettre d'abord par une
~e~umentahté qui_rest~ forcément dans le vague tout en prétendant
a 1 a?,alyse. Comb1end œuvres ne sont que des canevas vendus tout
dessm,és pour que ~o~s y ~rodions nos rêveries ? Là aussi et jusque
dans 1 étu_de ~e _la vie lnténeure l'unanimisme apporte une lumière
neu".e qui dissipe l;s _vapeurs sentimentales. Une œuvre comme
Lucienne est unammiste à plus d'un titre · non pas seulement
parce que l'événement qu'elle rapporte est i'imroduction dans un
groupe fermé de deux éléments étrangers, mais encore et bien
plus 1;ar le ton et _la méthode d'analyse. Ici la vie intérieure est
traduite toute e~u~re dans ce langage d; l'~nt:lligence sensible
propre aux unamm1stes. Je pense à ce qu écnva1t Jules Romains
dans un des premiers numéros d'Jntenttons à propos du problème
du ~tyle chez Flaubert. Les_ rêveurs t[~uveront sans doute que
Luczemze est une œuvre froide. Ils n aiment pas trop voir les
c~oses à _la gr~nde lumiè!e d~ jo~r, ils préfèrent quelques allus10,f!S 9.u1 e_xcaent leur imagmatton, car il leur semble que ce
qu ~ls imag1,nent ~s~ plu~ beau que ce qu'il_s _voient. Mais je ne
cro1_s pas qu 11 y ~lt 1ama1s eu de grand mus1c1en méconnu parmi
les Joueurs de guimbarde.

Cette façon de dire n'est _pe~t-êt~e p3:s trè~ juste. _Toute
expression est un détour, et un en n expnme nen. L expression est
d'esprit à esprit. Passer par la chose pour exprimer un&lt;&lt; état d'âme»
dans le sens le plus large, bien entendu, de cette locution, on
ne peut pas dire que ce soit exprimer plus immédiatement qu'avec
des mots abstraits. Mais c'est exprimer avec plus de force, c'est
donner à l'œuvre écrite un peu de cette éternelle jeunesse du monde
des choses, devant lequel nous restons toujours des enfants à qui
on a seulement appris à ne plus ramasser les cailloux. Tantôt le
poète évoque des choses qui sont quelque part dans ce monde et
nous oblige à y prendre garde. (Kurop~. - Le ~oiteux, _dans le
dernier acte de Cromedeyre.) Tantôt 11 constrmt un obJet à la
mesure de ce qu'il veut exprimer:
« Il nous fallait un été

Bâti sur quatre pilastres ;
Une saison en coupole
Où le pas fît un écho ... »

Ainsi la poétique de J~les Romains s'~ppose parf~ite~ent à
celle de Mallarmé (ce qm ne veut pas dtre qu 11 n y ait une
influence sensible de Mallarmé sur Romains). Tandis que
Mallarmé s'efforçait de suggérer un objet au moyen du sentiment,
comme peut essayer de le ~aire la_ musique qui pr?~oque le
sentiment d'abord quelquefois avec iuste assez de précision eour
suggérer un objet vague (encore que presque toujours la musique
n'exprime qu'elle-même), Jules Romains, au contraire, pose
l'objet pour provoquer le sentiment et ne fait grâce à aucun de
ces mots abstraits et imprécis qui émeuvent par leur seule imprécision.
1

L'écrivain qui au lieu d'apporter la réalité solide sur laquelle
les mains ont prise ne fait que semblant de la donner est une
manière d'illusionniste. Il suggère, mais suggérer c'est trop laisser
au lecteur d'une dangereuse hberté. Le lect~ur imagine et croit
voir ; il retourne vite dans cette rêverie facile et paresseuse, et
comme il y a toujours assez de raisons de penser à soi il revient
toujours à lui-même comme Narcisse à la fontaine. Ce n'est pas
là le défaut de Mallarmé, il était trop grand poète pour ne_ pas
l'éviter. Mais c'est proprement le défaut romantique et symboliste.

So

l_l est toujours trop f~cile de ramener l'homme à lui-même,
de lui rappeler une expénence obscure que le langage obscurcit
encore. Au_ contraire l'unanimisme a conduit Jules Romains
SUf une, voie parallèle à celle o_ù titube Freud: Le Dragon qui
veille à I entrée de la ca!erne y laisse pénétrer qui veut, et ceux qui
sor~ent ~euvent aller ou bon leur semble pourvu qu'ils aient les
mams vides. Le héros seul, par ruse ou par force rapporte
dans ses mains fermées quelques pierres précieuses dé;obées aux
t!ésors o~sc~n:s. Ceux qui ont plongé leurs mains dans les
richesses_ mv1s1bles sans en savoir rien distraire s'étonnent de voir
àAla lum1è,re du s?leil ce qu'ils n'o_nt pu que toucher comme en
reve. Ils s ém:rv_e11le!1t et eux auss_1 vou_draient annoncer ce qu'ils
en savent. Mats Ils n en peuvent nen dire, sinon que ce sont de
grands trésors.
O. MANNONI

Sr

�GEORGES CHENNEV[~RE

JULES ROMAINS ET LA TECHNIQUE POÉTIQUE

Jules Romains et la technique poétique

Dans l'intention de transformer le vers, les symbolistes, ou
plus exactement les verlibristes, l'ont réduit à un simple caprice
d'écriture, qui rend impossible tout contrôle, et que ne suffit pas
à justifier l'usure de l'ancienne technique.

Mtme dans le choix de sa technique, M. Jules Romains
s'est manifestement Inspiré du docteur Le Bon.
PLORIAN-PARMBNTIBR
Les unanimistes seuls s'en tiennent aux vers blancs.
ANDR8 TH8RIVB

La deuxième audace de M. Souchon a été couronnée
d' un succès étonnant. Il écrit ses poèmes foui entiers
en vers blancs.
ORION

Parler de la technique poétique de_ Jules ~omai~s est pour
moi une tâche aussi agréable que facile, m~is . déh~ate pou~tant, parce qu'elle m'engage dans ~n débat ou 1e sm~ à la fois
juge et partie, sans autre ahernauve que de me !aire ou d_e
défendre les idées que ~ous . avons. e~posées, Ro:11arns et m01,
dans un Traité de Versification qm vient de paraitre.
Selon l'excellente méthode du Mouton Blanc, je profiterai de
l'occasion pour. rectifier c~r~aines erreurs et affir~er. quelqu~s
vérités, à nos nsques et penls. Cette _formule r:str,ict~ve est, Je
l'avoue, d~ pure politesse, car la techmque dont il s agit ne court
pas le morndre danger.
*

•*

Les vers de Jules Romains ne sont ni traditionnels, ni libres,
ni blancs. Ce sont des vers accordés. Mais je ne me charge pas
d'expliquer en quoi ils procèdent des théories du docteur Le Bon.
Tout le monde sait que la technique poétique traditionnelle
repose sur certains éléments ~'obligation qui peuvent. se résumer
ainsi : syllabisme de la J?étnque ; p_résence de_ l~ nme à la fi~
du vers · alternance des nmes masculines et fémmmes ; césur~ ,
règle de '1•e muet; prohibition de l'hiatus ; arrangement spécial
des vers dans les poèmes à forme fixe.
Cette technique, qui est encore cell~ de Malla~mé et d_e
Moréas, s'est épuisée à l'usage. Le seul Rimbaud y a1oute vraiment quelque chose de neuf (1).
(1) Voir des poème• comme

Jeune Ménage, Patience, Eternité.

Toutes les erreurs, en cette matière, viennent d'une confusion
entre le fond et la forme. Le fond se renouvelle de lui-même,
selon l'époque et selon le génie du poète. Mais la technique
relève de la forme seule, et la forme a ses conditions sur lesquelles
le génie ne peut entreprendre qu'à moins de respecter les données
essentielles du vers. Répétons-le une fois de plus. Si rien ne
distingue le vers de la prose, inutile d'aller plus avant. Mais si .
l'on admet une différence entre ces deux formes du langage, il
importe de la fixer avec précision, et sans recourir à de faciles
jeux de mots. Gardons-nous d'aborder une discussion qui nous
mènerait trop loin, et qui fait, en partie, l'objet du livre plus
haut cité. Nous prenons le droit d'affirmer qu'un vers, reconnu
comme· tel, impfique sa définition. Il n'y a vers que lorsque le
langase est soumis à des conditions précises de rythme et de
sonontés. La principale de ces conditions réside en une répétition
aussi régulière 9.ue possible, d'un effet rythmique ou sonore. La
notion de vers-hbre est contradictoire dans les termes, comme
le serait celle d'un carré libre, abstraction faite de ce que le vers
ou le carré sont susceptibles de contenir.
L'existence d\l vers est liée :
1° à un support métrique indispensable : le pied en latin ou
en grec, la syllabe en français ( 1 ) ;
2° à des rapports de sonorités .
A ces deux propositions, nous pouvons ajouter les deux
suivantes :
1° La nature même du rythme oblige le poète à une répétition de l'effet rythmique. En principe, il n'est point de vers
isolé. Tout vers doit avoir son « pendant ».
2° La nature même de la sonorité lui permet d'envisager
d'autres rapports sonores que la rime, et d'autres positions de
sonorités que la fin du vers.
Il suffit d'un peu de Iogigue pour comprendre ce qu'une
telle technique ajoute à l'ancienne. Elle admet de nouveaux
(1) Toutes le, tentatives qu'on a faites pour fonder le vers français sur la quantité ont
échouè, -la même 1yllabe ·comptant pour une brève ou pour u11.e longue, selon iea besoins de
la cause.
·

53

�GEORGES CHENNEVIERE

JULES ROMAINS ET LA TECHNIQUE POÉTIQUE

mètr~s, peu e!Ilployés jusqu'ici, notamment les vers de 9, II, 13,
14, 1:&gt; et 16 pieds _(1); et des accords ayant pour base non seulement l'homophome des voyelles ou diphtongues (rimes) mais
aussi l'hétérophonie des voyelles ou diphtongues avec ho~ophonie de l'une ou des consonnes adjacentes (accords proprement
dits). Elle admet enfin pour tous les accords, c'est-à-dire pour
tous les rapports de sonorités, des changements de position qui
offrent au poète une liberté nouvelle, tempérée par de nou~elles
obligations. Voilà pour la théorie.

Pour exprimer un effort pénible et inquiétant, Romains
recourt avec bonheur au vers de 11 pieds :

***
, J'aï sous les yeux .les œuvres poétiques de Romains, depuis
1Ame des Hommes qm fut couronnée en 1904 par la« Société des
Poètes _frança~s », ju~qu'à ce p_e!it recueil intitulé Amour couleu,·
d~ Parzs que Je considère (am1t1é à part) comme l'une des expressions les plus achevées de la poésie française contemporaine.
J?~ l'un~ à !_'autre, ces œuvres marquent_ le progrès incessant, et,
si Je pms dire en hauteur, dune technique à la fois solide et
complexe, dont l'architecte retouche de temps en temps les détails
sans toucher aux fondations ni aux lignes générales.
'

Trop de voitures agissent à ma gauche,
Et trop de boutiques peuvent à ma droite ; ..
(c Un Etre en Marche&gt;, p. 132. (1)

Le vers de
l'alexandrin :

Le vers de

comme celui de

11

à

14

pieds est propre au récit soutenu, ou épique

Elle a dit que les garçons se contentent trop souvent
De choisir un visage, et dans le visage, les yeux ...
(« Cromedeyre-le-Vieil ,, p. 110.)

Dans les Odes, Romains rend à la strophe de 4 vers courts
(de 6,.7 ou 8 pieds) cette vivacité saisissante que la rime transf?rma1t en un badmage sans accent. Et voici des rythmes plus
aisés _et et plus subtils, dont la signification est si nette que je
me dispense de les commenter:
C'est une rue où l'on voudrait
Venir danser;
Une gaîté surnaturelle
Passe en cadence ...
(c Un Etre en Marche,, p. 115.)

Secouent la tête, tournent leur torse,
Piétinent les cheminées, se cabrent
Dans un désir bru ta! de galop. (p. 67 (3)

Des chocs profonds
Seeouent
La tête et les
Entrailles ...
(« Le Voyage des Amants,, p. 27.)

Ils affluent ensemble vers les portes,
Et la foule aussitôt ressuscite
Que le cimetière exténuait. (p. 109.)

,. Le_ vers de 9 pied~ convient également à l'interrogation, à
1 mcertitude, à la surprise (cf: le début de !'Armée dans la Ville
et de Cromedeyre-le-Vieil).

La ronde tourne
En bondiuant,
Comme la force
Des carrefours ...
(« Un Etre en Marche•, p. 79.)

(1) La limite pratique du vers e,t naturellement en fo11.ction de la capacité de l'oreille
l'égard du rythme.

, (2) Je ne puis, traite~ ici de la question de « l'e muet,, qui est d'ailleura plus simple
qu ~ ue le pense d ordm&amp;1rc. Je me contente do renvoyer le lecteur au cc Traité de Vera1ficat1on » .
(3) Ces référeaces se rapportent à !'Edition du •Mercure» (1913).

14

Cependant d'autres nuées sous le même accablement.
Dans l'abîme gris de l'Est, d'autres gares de l'Europe.
(c Europe•• p. 64.)

Mes famées cambrent leur poitrail bleu,

à

est au vers de

L'Eglise est terminée sans nulle aide, contre tous.
Elle se tient debout, malgré Monseigneur !'Evêque ...
(• Cromedeyre-le-Vieil •• p. So.)

1

. Les rythmes, chez Romains, sont très variés, mais ils restent
touio1;1rs soumis à cette loi de répétitio!l d?nt j'ai parlé plus haut,
et qui_ assu,re au poème son armature indispensable. Dès la Vie
Unamme, 1auteur recourt assez fréquemment au vers de 9 pieds
excellent pour traduire les mouvements saccadés martelés'
.
é neux.
.
'
'
1mp

13

(1) Cf:

c

Cromedeyre-le-Vieil •, pp. 11 en bas, 54, en haut, de ...

55

�GEORGES CHENNEVIÈRE

Mais je suis débordé. Je n'ai point fini d'étudier les rythmes
qu'il faut déjà que je passe aux sonorités. Le lecteur voudra bien
m'excuser de cette hâte, en considération du peu de place dont
dispose notre jeune Mouton.

*

* *
Romains n 'a jamais proscrit la rime. Qu'on se reporte, par
exemple, au f.0ème de la Vie Unanime intitulé Pendant une Guerre,
on verra qu il est écrit en rimes proprement dites à alternance
régulière. La seule liberté que le poète y prend avec la technique
traditionnelle, c'est de faire rimer un pluriel avec un singulier
(iJraines et humame) (1). Et quand j'ouvre Amour couleur de
Paris, force m'est de constater que gris rime avec Paris à la
page 10, et qu'a 1ur rime avec murs à la page 11.
Veut-on des exemples de rime imparfaite? (2)
Mais il ne peut plus repartir, il me tourmente;
Je crois qu'il s'insinue à travers tous mes membres
(« Vie Unanime&gt;, p. 123.)

de rime par augmentatio11 :
Ne laisse pas d'espace mort entre elle et loi;
Cache-moi la fenêtre où bouge de la toile ...
(«1•• Prière à la Maison&gt;.)

de rime par diminution :
La bicyclette osseuse a pourchassé les r,utes;
L'air qu'elle déchirait tremble encore à ses roues ...
( • 2• Prière au Village &gt;.)

de rime renve1·sée :
Mais tâche de peser à fond,
Pour nous rire de ton triomphe.
(« Amour Couleur de Paris • , p. 35.)

JULES ROMAINS ET LA TECHNIQUE POÉTIQUE

générale les œuvres de Romains sont très riches en effets de ce
genre, et si je ne craignais de donner à mon article l'ap~arence
d'un catalogue, je multiplierais les citations ~1). Je suis d ailleurs
fort étonné que tant de critiques soient demeurés insensibles à
une prog1·ession comme celle-ci, qu'il serait impossible d'obtenir
avec de simples rimes :
De la halte encaissée un chemin part sa ns ombre.
Il rampe sur la plaine, puis monte et se cambre.
Le clair groupe un instant trouve que c'est lug-ubre,
Ce chemin qui s'en va jaune comme un octobre.
Mais la lumière envoie une force aux vertèbres.
Il sourit au chemin sans âme où l'on est libre. (2 )

Pour finir, je recommanderai tout spécialement à la curiosité
des amateurs et des techniciens (Dieu sait qu'ils ne manquent
point à l'heure actuelle), l'Ode parue dans le premier numéro du
Mouton Blanc, où le poète réalise l'intégrité de la strophe par la
double systématisation des mètres et des sonorités : strophe de
six vers de quatorze pieds avec césure médiane, et dans laquelle
les deux premiers vers sont en accord simple féminin, les vers
5 et 6 en accord par diminution, les vers z et 3 en rime proprement dite avancée de 7 pieds au vers 2, le vers 4 seul restant
indépendant.

*

*

*
Je me garderai d'ajouter à de tels faits le moindre commentaire, 'et d'accoler au nom de Romains la moindre épith ète. Ce
n'est pas en trois ou quatre pages que l'on peut étudier la
technique d'un poète comme lui. Je n'ai eu d'autre dessein que
de guider le lecteur. Je le prie de bien vouloir maintenant relire
avec soin les trois épigraphes que j'ai mises en tête de l'article.
GEORGES CHENNEVIÈRE.

Ouvrez U11 Etre en Aia1·che à la page 142 1 vous y verrez
plusieurs exemples caractéristiques d'accords proprement dits
(amère, meurt, membres, mares) combinées adroitement à des
rimes (rassemblement, membres, meur·t, rumeur). La première
strophe de l'ode V (Odes et Priè1·es, p. 23) reproduit la méme
combinaison (chemin, cruellement, amère, membres). D'une façon
(1 ) Ou encore u11e troisième personne pluriel du présent indicatif avec un 111bst1ntif :
IIDOllOlll1nt et ombr1ll1, vlctent et ride.

(l'J J 'emploie ici la terminologie que nous avons adoptée dans le• Traité de Versification •. Le lecteur tirera aisément la définition de l'exempfe.

( 1J Cf : • Odea et Pri~res •, p . H% ;

c

Un Etre en Marche•, p . 157, vers 5 à H ; etc...

(2) « Un Etre en Marche•, p. 33 ; cf: • La Vie Unanime•, pp. 79, 81 ...

56

�PIERRE SICHEL

LA PHRASE DE JULES ROMAINS

La Phrase de Jules Romains

mots qu'elles rencontrèrent une justification physique. Elles communiquèrent à la forme unanimiste une sorte d'irréductibilité charnelle.

C'est peut-être une des œuvres les plus importantes de
M. Jules Romains que la manière dont il a introduit l'unanimisme
dans le langage.

On ne doit donc pas seulement à l'unanimisme un enrichissement de vocabulaire, mais une tendance de la phrase entière à
une possession de soi plus vraie, plus physique. On a souvent
parlé de la vie idéale des mots. Cette vie inférieure était la raison
de leur hypocrisie. Mais que n'avoueront-ils pas maintenant qu'on
les a amenés à découvrir leur peau ? Déjà M. Jules Romains a
ménagé à sa phrase des instants où plus rièn ne l'empêchait de
devenir un être, où l'harmonie de ses membres lui était anssi naturelle qu'à n'importe quel animal.

En se faisant l'interprête de phénomènes qui commençaient
à prendre conscience d'eux-mêmes, il a également aidé à sortir du
néant toute la terminologie qui leur est relative ; il a fait valoir les
droits des noms collectifs à une sorte d'autonomie grammaticale.
Pour leur avoir accordé délibérément la fonction de sujet
logique aussi souvent qu'il voulait suggérer leur responsabilité,
pour les avoir employés aussi religieusement que les noms abstraits
les plus redoutés, il a non seulement fait triompher la cause des
consciences plurales, mais il a découvert un Incomparable moyen
de traduction fidèle. On ne peut manquer d'apercevoir le progrès
décisif que fait faire à la phrase française le lancement de tournures
telles que:

Le bourg dîne plus tard, il dort moins.
A quatre heures, Issoire était devenu la place Sainte-Ursule.
Le groupe eut envie de se ressaisir davanta{fe.
Cette admission dans,le vocabulaire psychologique de termes
condamnés jusqu'à présent à un rôle purement descriptif a une
portée considérable. En même temps qu'elle élève la langue au
niveau de l'actualité scientifique, elle la débarrasse une fois pour
toutes des approximations préexistantes. Une acquisition aussi
vivante a en effet pour conséquence de modifier la valeur des
richesses auxquelles elle s'ajoute. Une fois autorisées à parler dans
la phrase les rues et les foules ont procédé à une sorte de révision
de ses anciens éléments. Elles étaient si récemment divinisées par
la connaissance de leur corps qu'elles surent exiger de tous les

58

Un livre comme Mort de Quelqu'un se passerait de lecteurs
pour exister.
PIERRE SICHEL

�BENOIST-MECRIN

Jules Romains, La Musique et les Dieux

Si l'on adopte la division des arts en arts de l'espace, et arts du
temps, il me semble que c'est à ces derniers que revient la plus ~nde
pa~ ?ans la formation du groupe. L 'espace serait-il une donnée plus
md1v1duelle que celle du temps? L'espace serait-il ce qui divise et le
temps ce qui unit ? Toujours -est-il que ni la peinture ni la sculpture
ne peuvent, dan~ ce domaine, le disputer à la poésie et à la musique.

JULES ROMAINS, LA MUSIQUE ET LES DIEUX

chaînes du sommeil, et en use avec nous comme Orphée des animaux.
La musique sera destinée à tuer en nous les derniers soubresauts du
monstre intérieur; les efforts de ce qui, en nous, n'étant pas communicable, n'est pas susceptible d'être « élevé à la puissance:, du groupe pour
nous révéler, autour ds nous, la naissance et le battement d'une respiration collective. Précédent de sa démarche l'approche foudroyante du
dieu, elle sera le lut qui unira indissolublement, ne fùt-ce que pour
quelques ins~ants, les individus entre eux, lts vidant comme des éponges
he'!rmses! afm qu'au centre de cette dépossession plus complète pût
s'epanouir,
comme u11 maitre cruel

La. Musique qui fut médecine chez les grecs, qui fut prière un peu
partôut, qui servait à chasser les démons, à endormir les bêtes ou à provoquer les tt-anses de la Pythie, la voici maintenant qui prépare la naissance des dieux nouveaux, mieux encore que le mot, le son aura
puissance de sortilège, d'évocation ; llomains accable l'individu sous les

cette autre présence qui
fait sourdre les larmes.
Par suite de son assimilation à un phénomène d'ordre psychique, la
musique, chez notre poète, sera souvent représentée comme un liquide,
un remous, un flux qui sourd invisible, secrété par les instruments et
s'élevant de l'orchestre comme une marée irrésistible. Soupirs rumeurs
sifflements, tels sont les mots que nous rencontrons sous 'sa plum~
pour é"oquer le moude sonore, qui se trouve, à son contact enrichi
d'accord et de résonances nou velles. Parfois ces éléments sont concentrés jusqu'à ne plus faire qu'un seul grondement continu souterrain
une sorte d'explosion ralentie.
'
'
Toute la fin de Cromedeyre est significative à cet égard. Rejetant
bien loin le dialogue des instruments champêtres, violentant le concert
pastoral, la voix de Cromedeyre s'élève soudaine et impérieuse comme
sa joie, et comme elle semblable à un déchirement du sol.
(Etde la manière dont il en parle, on sent bien que Romains connaît,
pour l'avoir subi, ce déchirement intérieur, cette lutte, ces abandons et
cette violence terrifiante de l'invasion musicale.)
'
On pourrait encore pousser la question plus loin et se demander si
ses phénomènes psychiques ne sont pas, en dernier lieu, assimilables,
c'?mme_ P;esque to~s les phénomènes de la, vie, à_ des lois physiques
determmees, (ce qui leur suppose une donnee spatiale et la possibilité
d'une mesure). Je ne sais. Freud prétend que le psychique forme un
domai_ne à part, irréd?-ctible ~ toute explicatiol! mécanique. Toutefois,
cette ivresse, cette depossess10n de nos facultes propres ne proviendraient elles pas d'une modification dans l'écoulement d~ notre durée
(qui a une si grande part dans ce que nous appelons notre personnalité)
rupture en quelque sorte de notre moi habituel par la présence d'une
durée autre qui se substituerait à nous-mêmes? Cette hypothèse serait
terri~le si on la_ pou~sait jusqu'au bout Elle l~isserait entendre que la
Musique pourrait arriver à provoquer la mort s1 la rupture parvenait à
être complète. Ne suffirait-il pas toutefois, pour cela, que nous commencions par être endormis momentanément, possédés, comme on l'entendait
au moyen-âge en parlant des démons? Malheur à l'imprudent qui s'aventure dans ces régions inexplorées ! Il court le danger de n'en point

6o

6r

Il est beaucoup d'angles sous lesquels on peut considérer cet art
mystérieux qui accorde, pour notre bonheur, les bois ou les métaux, avec
les plus secrètes exigences de notre cœur sonore. Chez un poète comme
Claudel, par exemple, dans l'univers duquel toute chose dénonce une
force captive, une fuite éperdue, quoi d'étonnant à ce que nous puissions
assimiler le monde à un chœur entremêlé, à un écheveau de paroles et de
murmures, toute force décelatit à son tour une vibration cachée, à l'unisson ou en harmonie avec notre propre mouvement?
Il suffit de s'ouvrir un instant aux cbuchotements de la création, à
la grande voix farouche des vents ou de la mer, à la prière de la forêt
attentive qui écoute et qui supplie, pour saisir dans son essence un univers
ou rien ne peut jamais atteindre le repos hors du principe créateur: oi.1
ce qui nous semble le repos. ne sera qu'un clza11gtment de mouvement
dans cette fuite vers Dieu qu'est l'horreur du dde (Et l'oreille intérieure,
si elle est assez pure saura même entendre, au-delà des rumeurs de ce
monde1 cette autre Voix, que nous font pressentir parfois un appel entre
les feuilles, une tristesse inexplicable ou une secrète hilarité).
Si j'ai prononcé le nom de Claudel, c'est que Jules Romains est lui
aussi un mystique, quoique d'une autre mani~re.
En ces deux noms se résument le double visage de la mystique
divine ei de la mystique humaine.
Chez l'auteur de La Vie Unanime, la musique nous apparaît revêtue
d'un sens différent non moins ancien ni moins émouvant. Remontant vers
ses origines, elle reprendra ses caractères -magiques, et nous verrons en
elle un phénomène psychique, hypnotique, de la plus haute signification.

�BENOIST-MÉCHIN

revenir. Perdü dans cette« nappe d'éclairs oscillants •, derrière la quelle se
dérobe la présence des dieux ou du néant, arrivé à ce point de sommeil
il risque de ne plus renaître au sein du groupe, pour peu que sa mémoire
ait été vaincue dans le combat: c'est du degte de résistance de cette
dernière que dépend dans ce cas notre immortalité.
.
.
***
Mais Romains entretient également avec la Muse des concerts, des
rapports moins inhumains et moins dangereux.

Comme ces pièces de musique de chambre. qui permettent une plus
grande concentration du bonheur, le poète nous fait goûter, dans nombre
de pièces plus courtes cette qualité enivrante qui semble l'apanage de
certaines phrases musicales favorisées. Le vers se creuse alors, il se
replie sur lui-même pour mieux contenir l'harmonie : la tendresse
déborde de toutes parts avec une effusion contenue ; voyez, dans les
Odes, d'une si riche perfection, après un moment d'hésitation, ces mouvements arrondis, eu partance pour l'azur; dans les Quatre Saisons, où
chantent tour à tour graves ou éclatantes toutes les fanfares de l'année,
la grande entrée de,; violons sous les mots
Tu veux que mon âme rompue
Pleure au souvenir des forêts.

Quoi de plus musical dans sa forme même, qu'Amour Cottleur de
Paris, avec ses rappels et ses refrains, comme une voix caressante ou un
bras qui enlace? Voyez lorsque Lucienne, traversant les voies de la gare
sent vibrer en elle-mème, comme une harpe, les lignes parfaites des rails,
pures comme les nombres d'or !
La seule perfection d'une forme amènera toujours le poète à la
considérer sous l'aspect de l'harmonie.
*

**
Vous connaissez bien, Jules Romains, les secrets de cet art difficile.
Vous avez part aussi à cet esprit de puissance et de liberté qu'est celui
de l'assembleur de modulations. J'ai pu juger souvent de vos connaissances dans ce domaine. Et que dire du rôle de la musique dans votre
technique poétique, oû vous remplacez l'harmonie de la rime par celle
plus cachée de l'assonuance intérieure et de raccord ?
Je voudrais qu'il m'appartint de dire ce que les musiciens doivent à
votre œuvre. Mais si mon hommage se fait hésitant et maladroit, alors
laissez la musique elle-même nous prendre comme la mer. C'est sa voix
impérieuse que j'ai voulu évoquer ici pour vous. Si j'y ai manqué, pardonnez-moi en raison de l'amitié avec laquelle j'ai tenté de joindre quelques harmonies à vos yers. J'espère ne pas en à.voir été trop indign-e.
C'est là surtout que je voudrais vous voir trouver l'hommage que je
vous dois.
BENOIST-MÉCRIN

6z

CLAUDE-ANDRE PUGET

Jules Romains et les Voyages

Il avance. Il s'arrête. Il examine. Le regard qu'il pose sur
les choses va jusqu'à l'âme, et l'âme elle-même ne lui résiste
point. C'est une prise de possession, je dirais presque une
absorption de ce qui l'entoure. Loin de lui la fièvre et le cosmopolitisme d 'un Giraudoux : tout ce qui est extérieur, trop
particulier ou éphémère, il le néglige à dessein. Giraudoux frémit
de la griserie des distances, d'un lyrisme cosmique, d'un besoin
de rouler beaucoup, de sentir vite et avec acuité, d'enre~strer
plus rapidement encore, et de repartir. Romains ne v01t que
l'essentiel, ne goûte que le durable. Il ignore la nonchalance
de Gide, qui naguère disait négligemment: J'ai pris le parti
de voyager. Romains marche lentement. Il est le conquérant
infatigable et sûr de lui, qui fait jaillir la voix unique que
recèlent les choses. Il a l'intuition du secret qui se cache, il le
dévoile brusquement, et sans crainte de méprise : il est certain
de ses aboutissements. Lorsqu'il écrit:
'
Cette ville sous le crépuscule, il faudrait
Qu'elle ait un corps pareil au mien et que je puisse
L'interroger tout bas en lui prenant les mains.

il sait qu'il va la questionner, il sait qu'elle lui répondra. seule victoire ne lui suffit point ; il n'a pas de paresse :
'

Une

.
Partout, je t'ai cherchée, Europe....

Partout, ill'a trouvée: le Midi, Marseille, le Rhône: [ « Vo-,,age
tordu comme un cep!»« .... le Rhône passe entre les champs ae
maïs, - Entravé de roseaux, appesanti d'îles boueuses,
griffé d'insectes d'or et rebroussé par le mistral. »
Le port de Brest ; [ « Et je sentais se poser sur moi,
Comme des gouttes l'une après l'autre, - les fanaux des
navires à l'ancre. » [ Le Rhin: « .. .. chargé de nations, - ses
eaux charriant les frontières comme des épaves.»[ La Hollande:
« Un sol ancien cftargé- de maisons trop nourries. » [ Londres
et « Tower Bridge en deux, dont les moitiés supplient le ciel. »
[ et l'âme de tous les hameaux rencontrés: « Il y a, vers le Nord
de la plaîr,e d'Europe, - dans un pays d'étangs que serrent

63

�FRANCIS PONGE

CLAUDE-ANDRÉ PUGET

des forêts, - Au carrefour de deux canaux voués à l'âme, un village, comme le cri d'un oiseau triste. »
Il soupire, évalue et juge en dernier ressort. Il est un des
seuls que je connaisse à ne regarder point ce qu'il a déjà dans
l'esprit. Il passe; il prononce quelques mots auxquels rien ne
pourrait s'ajouter, car ce sont les paroles mêmes que le pays
traversé murmure à son oreille. S'il entre dans une ville, il veut :
« prendre les rues où elles se révèlent et qui so'nt l'axe de son
âme »; il désire« en découvrir le centre de gravité, en posséder
une idée essentielle». - C'est toujours à cette pensée-là qu'il
revient. Aussi trois mots suffisent-ils pour une église : elle est :
« habituée aux siècles »; et deux vers consacrés à une rue d'Amsterdam aux maisons calfeutrées en murmurent le sens intime :
« On sentait en passant - que les murs avaient chaud. »
Sourcier des mouvements les plus secrets de l'univers ;
pèlei;in chargé du mysticisme de l'humain et qui dans son exaltation translucide, en donne la vision profonde ; « passant
efficace qu'un sol ne porte pas en vain », Romains voyage ..
CLAUDE-ANDRÉ PUGET

Jules Romains Peintre de Paris

. Eprouvant avec jouissance les progrès d'un si grand artiste, Je constate que le poème « 01.mour couleur de Paris »
est ~•une ~ualit~ très supérieure au recueil « Puissances de
Pans», et Je le dis dans une intenùon d'hommage.
L'art, da_ns « Puissances de Paris », est excellent. Ces peintures sont mieux que des états-d'âme. L'esprit de Barrès compose
ses p~ysages, sa volonté les soutient, son humeur les colore.
Roma~ns pro~ède autrement. D'un coup il donne la vie (1 ) . Puis,
se r~urant, 11 regarde, et décrit seulement. C'est tout-à-fait
class1~ue. Cependant, malgré rhabile disposition de reléguer la
thé_one à la fin, les sujets de chaque paysage, traités sans
lyrisme, sont peut-être trop étroits, toujours est-il que ces proses
~e _sen:iblent exemplaires et, pour parler méchamment, sans
msp1rat1on (2). En. somme l'idée du livre n'anime directemeqt
que la postface, qut est splendide#
·
« 01.mour, couleur de Paris» est un chef-d'œuvre. Il y a là
autant de «souffle» et plus de discrétion gue chez Claudel.

Plutôt que ses men:ibreE., !~âme de la ville y paraît, la figure
de son charme, sa manière d aimer, son air du moment.
1

C'est une romance. Paris les aime. Paris aime ainsi.
La mesure en est facile, jusqu'à étonner (3). Mais c'est un
défaut de Paris.
(1) La Rue Soufflot : « Elle est largé, etc.». La Rue du Havre : «Elle e:riste, etc.•
(2) Comparez: le «Bangan», « Ville la Nuit» «Décembre» dan• «Co

de l'Est».

'

,

•

·
nna,ssance

(3) « li faut te pencher un peu - maintenant que c'est la nuit _ te encher
sur mon épaule - amour couleur de Paris. »
p

65

�JULES ROMAINS, PEINTRE DE PARIS

L'atmosphère est obtenue grâce à. quelques
nuances d'être et d'agir préférables aux couleurs. (1)

J. PORTAIL

adverbes,

Enfin c'est un air comme il lui convient pour chanter ce
Paris actuel, qui ne conserve d'insolence qu'un peu, comme ~ne
bête atteinte qui s'enfuit mal (2), et qui tente, dans un bien
mauvais ordre des choses, après tant de bouleversements,
si faible, - un médiocre regain. (3)

FRANCIS PONGE

Etude et Variations sur un thème
de JULES ROMAINS
LA VILLE UNANIME*
I
La ville est au poète.
Elle existe par lui et pour lui. Elle est à la fois son avoir et
son être, sa joie et sa douleur, le corps inerte et répugnant de ses
biens, l'âme délicieuse et finement éveillée de ses maux.

Tout d'abord elle est laide, de cette laideur qui enivre l'homme
moderne comme un mauvais vin, défigurée, pleine de coutures et
de cicatrices et, six jours sur sept, l'haleine forte et le front
mâchuré. Elle est grêlée de \rous noirs, zébrée de volets, tatouée
d'ouvertures. Elle est à jour et cependant obscure, une ombre
orgueilleuse et froide coule comme de l'encre de ses édifices ... Elle
a des tours de hauteur, des colonnes de dédain, des campaniles
d'arrogance, toutes sortes de monuments, arcs, cintres, dômes,
beffrois, coupoles, gonflés de superbe et d'emphase ... Et pourtant
je ne sais quelle sombre humeur, cité l quelle jalouse langueur,
troupeau! exsudent tes murailles: mon œil, si loin qu'il t'observe,
n'aperçoit que maisons craintives, palais défiants, temples anxieux,
prisons soupçonneuses ...
La ville est forte et grillagée. Ily a des barreaux aux fenêtres.
Qu'importe !. .. Qu'il y entrer Elle est sa proie. Il ne sera point
dévoré puisqu'il est né dompteur. Regardons le pénétrer dans la
cage des hommes, le fouet à la main ...
*

* *

Ce qui est chair est vendu, esprit, aliéné. Le temps est précis,
l'espace, strict. Les rues sont rigides, les maisons sévères, les
(z) .- Une flamme a11ez heureiue », « une flamme à peine heureuse»,_ un feu
doré .- tout de mime », La c couleur ie Paris • e ■t si conventionnelle, ou a111rs s1 rare.
(,) Dernier couplet.

(3) On a parlé seulement des ouvragea dont Paris eat le c propos ».

66

• Pour Ulle récitation publique.
NOTE. - Apr~ avoir écrit l'article de critique que nous lui avions demandé pour le
préMnt numéro, l'auteur a préféré au dernier moment noua em·oyer ces pagea, howmagc
d'un poote à un autre poote (J. H.).

�J. PORTAIL
ETUDE ET VARIATIONS SUR UN THÈME DE ROMAINS
hommes inexorables. Tout est pesé, compté, mesuré. Tout est
insensible et absurde, exact et insensé.
Le jour, innombrable, le fond mêm,e de la ville est un
labyrinthe de divagations, la nuit, le lit à sec d'un Méandre
d'égarements. Les prudents s'y fourvoient, les vertueux s'y
détournent, la sagesse y va cacher ses écarts et tous font le saut
périlleux ou marchent sur la tête. L'homme des foules y erre sans
trêve cherchant son amour perdu et le fol enfant prodigue
achève avec des pleurs d'y dévorer le doux patrimoine de sa
raison. De beaux déments y courent porter leur âme en gage, nos
lévriers favoris, les nobles champions décimés du cross-city,
volent à leur perte, des funambules bvagabonds oscillent, des
équilibristes aventuriers chancellent, tous les chers illusionnistes,
tous les pantins adorables dont la vie ne ti~nt que par un fil
défaillent et périclitent.
*
L'homme va et vient sur* les* pentes de la ville ; il monte,
portant sa croix et ses péchés, il descend, retenant sa colère ou ses
larmes, comme un charretier son attelage. De longs trains fauves
et gavés de foules s'étirent au soleil comme des boas; d'autres
se tordent et fouillent la profondeur comme un tombeau. Des
hommes assis, des morts vivants voyagent sous la ville et dévident son intestin. De la terre pleine de larves et de vers blancs
éclosent sans cesse les autobus blindés, hannetons vulgaires, les
torpédos limousines, scarabées sacrés. Les stations des métros
sont celles d'un calvaire.
... On suit le cours inépuisable des rues. Des bancs d'hommes
passent, défilés funèbres, régiments, processions... Çà et là, retirées du flot, des places d'indifférence, des squares staçnants en
marge de la vie, - pelouses plantées d'arbres aux futs noirs,
havres de gazon (pourquoi n'y entrons-nous jamais ? - l'Eros
populaire y appareille ses pauvres idylles, des enfants s'y ébattent, des couples y relâchent, des barbons s'y échouent...
Le jour naissant se traîne comme une limace. L'aurore mal
cueillie est un coquelicot fané. On vend les cheveux coupés de la
terre. Des femmes charrient la dépouille mortelle de l'été ... Etal
des saisons, les marchés sont des morgues de fleurs, de fruits, de
chairs roses et de poissons. Les halles brillent, se fendent, éclatent.
Du ventre ouvert de la ville s'échappent ses entrailles. ..
Des maisons qui nous font signe les plus jeunes sont hâves
et ne peuvent nous retenir, d 'autres ont les joues fardées, la peau
recrépite, de plus vieilles, d'immémoriales, un sourire en ruine,
des yeux déjà brumeux ... Il y l:l des écoles, des usines, des casernes,
des hôpitaux, des cimetières, de profonds et solides entrepôts de

'

c_onserv~ humaine. Il y a des bâtiments anguleux, des constructions en eAquerre, des hangars à perte de vue ... 0 docks infinis, murs
s:1ns fenetres,. profils sans regard, passants sans espoir 1. .. Tout
1 esp~ce, au !oin est coule~r de pain bis. Frontière sévère, ride du
s~uci, 1 horizon renfrogne nous garde à distance, sentinelle. Les
biplans sont les seuls oiseaux de l'air ... Défense aux aviateurs
d'emporter la carte du ciel.
Des viaducs poussent leurs verrous sur la ville ; des ponts de
!er la cadenasse_nt à triple tour. :rrisonnier de ses quais, de temps
a autre aux arrets dans des bassins aux cadres de ciment le fleuve
fortifié roule entre deux remparts sa masse verte et c~uleur de
forêts. L'e.au déplissé;, tirée par les herses d'un puissant barrage,
es! contrainte de refleter la face camuse des maisons ... La ville se
mire dans le fleuve ...
... Et toujours elle naît, s'enfle, s'accroît s'élargit plus durement. Les places se dilatent, les carrefours se'gonflent, les rues se
changent en avenues, les avenues en boulevards ... La coupe aux
bords mouvants, amers, s'évase avec violence. Toutes les venelles
sont,rompu_es, tous les passages forcés, toutes les impasses fouï~s ;
l~s levres distendues ne peuvent plus se donner de baisers... La
':i!le aux.flancs stériles, ~u cœur désert, aux seins gonflés de vent,
s epanouxt sans amour ...
*
* *
Des querelle\s la déchirent. Le peloton téléphonique s'use à
les ~accommoder. . L'ab~me de froideur qui s ouvre entre ses
hab~tants est sa plaie tQUJours b~ante_. Les cordes des trolley, les
grelins des p~sserelle~ e~ ces vieux Jou~urs attentifs qui posent
feurs arches 1, une apres 1 a_utre y font ça et là de gros points de
suture ... Mais quelle angoisse cruelle traverse en cet instant mon
cœur, q~~l re_gret aigu? ... Ah! Vains g~iefs, chimériques reproches,
alarme tnJustifiable 1 De quoi ~e plaind~e? ~our quoi protester?
Les ra~ports du monde n~ sont-ils pas tres sains !... Ni contact, ni
contagion. I;es hoIJ?-mes s appr_ochent, mais ne se touchent point.
Fortement immunisés, parfaitement réfractaires inaltérables
impénétrables l'un à l'autre, ils se hantent se 'cherchent s;
~~urt;nt, se croisent, se liguent, mai~ san; jamais se no~er,
s etr~u:~.dre, sé &lt;:onfondre. If y a des ~iaisons sans alliage, des
affi.mtes sans fusion, des accords sans union. Il y a des aimantations
~ans l;lm?!lr, des abouchements sans baisers, des ententes sans
Ja~ais s eco!1ter... 0 le bel entassement des hommes! Ils ne font
guere que s étayer entre eux, chacun prenant l'autre pour ados
ou support. .. Faux géants L~ur ~r~ndeur ~e se soutient que par
la courte échelle et tout 1 altier edifice qu ils construisent n'est

!

68

6g

�J_-PORTAIL

ETUDE ET VARIATIONS SUR UN THEME DE ROMAINS

qu'une pyramide d'acrobates, incessamment défaite et refaite, où
les plus lourds, les moins agiles sont en bas, les plus les~e~ en haut ceux-mêmes que Pascal nomme les habiles-. 0 cite, monceau
d'hommes! ...

des esprits, et certains jours, il croit presque y parvenir, il s'en
approche, il l'appelle, il l'atteint, et déjà les corps se sont trouvés,
les lèvres se sont bues, - ô ces mains qui s'étreignent, ces seins qui
s'écrasent, ces reins qui s'épousent. .. -quand les âmes se cherchent
encore ...
...Adieu, beau courte amoureux de toi-même... Sache
désormais rester pur. N ajoute point à ta division ... Et surtout
défie-toi moins des baisers du serpent que de sa bave ...

*

* * bien profondément au cœur
Nul vivant en effet ne s'implante
d'un autre. Distincte, close, inaccessible, l'âme humaine est
pareille à ces fruits rebelles qu'on ne peut ouvrir qu'en les brisant. N'est-elle pas en effet, petite ou grande, amère ou douce,
vivace ou .racornie, l'amande d'os ou d'ivoire, le grain de nielle
ou de blé, ou plutôt en notre tourbillon plein de dangers, ~a ~pore
inconnue et charmante qui se referme et fait la morte, dirait-on,
pour échapper à la mort? Ah! subtile, t'éveilleras-tu un jour en
d'autres mondes naissant à d'autres vies ou bien te faudra-t-il
toujours attendr~ en ton sommeil, dormeuse, que les démons
t'emportent ou que les anges te recueillent ? ...
*
* possible,
*
La transfusion du sang est
non celle de la pensée.
La communion charnelle est moins impraticable que celle des
esprits. Epanchements d'un côté, étanchéités de l'autre. Elle _est
aussi la seule qui soit permise aux vivants. (Il n'! a de comm~nton
spirituelle qu'avec Dieu. Iln'y a de greffe humatne que physique.)
Et la première est née, depuis qu'aux Jardins harmonieuxd'Eden
y préluda notre Adam, d'un baiser modèle à l'aurore du monde
et ne s'achèvera qu'avec eux, la seconde n'a point encore
commencé...
Immédiate attirance I Foudroyante attraction ! Vous aspirez
l'homme comme un fétu, vous buvez en un éclair toute sa
substance, mais vous n'absorbez qu'elle!. .. Au pied de l'arbre du
péché les tronçons du se~pent! disjoit~.ts par .l'a~change,. -youdraient se rassembler. A 1ama1s banm de lui-meme, exile de
son unité première, indéfinime_nt divi~ible, l'être h~maindédou?lé
cherche à se reformer ... En vam !... Lange au glaive de feu qui le
déporte l'a marqué du signe multiplicateur, la croix ixée et p~ur
toujours l'a flétri du fatal matricule pair, le chiffre deux, racme
du nombre des vivants. La progression invincible commence.
Le désir est né. La multiplication continue engendre la division
perpétuelle, serpent qui se mord la queue ... Le couple, tordu de
spasmes, renversé de fureur ou d'amour, ~'épuise en efforts
effrénés en fébriles réflexes... Folles prétentions ! Monstrueuse
exigenc~ ! Cupidité sans bornes! Dans son farouche désir d'union,
il voudrait tout, l'hymen complet, absolu, l'entente des pensées
et la fusion des sens, l'embrassement des chairs et l'intelligence

* **
Cloisonnement général. Des enfants d'Adam nul ne trouble
l'autre. Tout un monde nous sépare de notre prochain et nous
rions et pleurons sans cesse à l'écart de nos frères. L'antique
alter eg~double comme une monnaie n'est qu'une contradiction,
un être fabuleux, un hermaphrodite. L'Amour lui-même, fils de
la Nuit (x), est aveugle. Les couples sont des parallèles qui ne
se rencontrent jamais ...
L'homme, né rebelle et singulier, a dans le cœur, pareil au
désert, d'inatteignables réserves d'isolement, des espaces sauvages
d'indépendance, et comme qui dirait des steppes de libre oubli,
des infinis d'éloignement. Il pénètre chaque soir en son Sahara ...
Il s'enfonce à travers cette terre sans routes, ni pistes, semblable
à l'air qui tremble et se consume, à l'océan ... Il s'avance amoureusement parmi ces collines qui ondulent à leurs cimes et dansent, foulant leur herbe sèche et brune, pareille à du poil de
chameau ... La trace de ses pas s'efface peu à peu à l'horizon ...
Il marche ... La \'laine frémissante qu'aucune ombre ne souille,
qu'aucune frontiere n'offense et comme agrandie encore par le
vent qui la presse, lui cède toujours ... La solitude brûlante ne
se refuse point à lui... Il marche ... Il n'y a rien à voir, ni
entendre ... Et cependant, tandis qu'il s'écarte ainsi, il ne s'égare
point et tout au bout de sa longue et muette traversée, l'enfant
prodigue, l'errant, le fugitif que tous croyaient perdu se retrouve
enfin en lui-même comme en la plus sûre et la plus suave des
oasis ... U s'y couche avec joie, s'y déplie ardemment et le beau
ciel sablé d'étoiles l'écoute chanter pour lui seul sa fervente
monodie ...
Si, plus haut que les autres, artiste, il se dresse, il n'édifie
encore et toujours que lui-même, obélisque intact, unique, d'originalité r De l'égoïsme sauvage, âcre, épineux, le génie est la
fleur cultivée, le fruit plein de douceur...
(1) Hésiode. Théogonie.

71

�J. PORTAIL

ETUDE ET VARIATIONS SUR UN THÈME DE ROMAINS

Nos grands élans nous mettent en nage. L'indifférence est
une boi~son fraîche, l'ingratitude, un délicieux sorbet. Nous ne
pouvons rien les uns pour les autres. 0 mon semblable, mon frère,
mon profond désintéressement de tes joies n'a d'égal que ta
parfaite e.ndurance à mes maux! Je suis rétif à tes transforts, tu
es invulnérable à mes blessures. Pure et naïve réciprocité., .. Seuls
sentiments dont il nous soit permis de faire l'échange!. .. Que
tardons-nous? ... A ton tour sois aveugle à mon extase, je suis
sourd à tes plaintes ... Ah! Que du moins notre honte mutuelle
achève tristement de nous unir, - frère, soyons muets tous deux,
toi devant mon bonheur, moi devant ta peine, - et qu'à défaut
d'amour ou de pitié, nous confonde enfin l'un l'autre, - gardons
notre secret, point de chants pour mon ravissement, point de
mots pour ta douleur l - un égal et cher silence, notre seule
sincénté ...

reposait notre âme est enfin tout à coup trouée à ses deux bouts,
et dans sa trompe subitement sonore, dans soit vide soudain
retentissant, là même où s'entendait jadis le doux battement d'un
cœur, le monde tonne à présent...

** *

· Grande ville diligente et affairée ! Métropole salubre et
laborieuse ! Le mouvement et le bruit qui ventilent tes artères
purifient aussi notre sang. Dans ton tourbillon souffleur qui remue
les eaux dormantes et retourne les nuées, la médisance en~ourdie
est battue, la calomnie inerte fouettée, la diffamation torpide cinglée. Partout ailleurs, dans les cités chétives, l'air est moins pur,
moins vif, moins renouvelé. Les pans de rues s'observent comme
des couples sournois: percevez ces échanges inquiets, ces coups
d'œils obliques, écoutez ces confidences malignes ... La cité géante
est plus saine que l'autre et pourtant en celle-ci la grand-place
provinciale qui tient en respect ses maisons respire déjà mieux
qu~ le cours, la route plantée d'arbres qui la traverse que les rue.-5.
Il y a presque une haleine de brise à ses deux bords sans vis à vis,
au versant solitaire des remparts, sur le quai frêle et dépareillé du
canal, un souffle à ses deux ailes, le port et la gare ... Qu'importe!
Leur solitude incomplète et stagnante est plus irrespirable que
la pleine et houleuse multitude et l'immobile et sourde mélopée
des cités t:ndormies, leur chuchotement étouffé, plus suffocants,
plus mortels que l'emphase agitée et gonflée de vent des villes
. capitales ...
L'action, sitôt qu'elle ~ntre dans la maison de n~tre corps,
en déloge, bonne ou mauvaise, notre âme. La vaine poussière
des miasmes ou des esprits est projetée au loin ... Trépidant tarare l ..
Voici désormais la maison propre, nette, hygiéniquement purifiée
de celle qui l'habitait, sans émanations ni touffeurs, lisse et
stérilisée... L'air et la lumière y entrent à flots comme en un
coquillage p~rcé ... La conque silencieuse au fond de laquelle se

... Ah! Que vienne le soir! Dors à ton tour, Tumultueux! Et
tais-nous ta rumeur ...

* **
... La ville est la nuit un fond d'océan. Les étoiles qui
naviguent, la lune qui se lève et prend son quart y découvrent
des déserts madréporiques, des solitudes pétrifiées, des monuments récifs, des habitations carapaces... Ce mont noir aux
étailles d 'ardoise est un rocher de moules endormies, cette colline
incrustée de toits pâles élève ses bras comme un arbre de corail,
cette place au centre allonge ses rues comme une pieuvre, ces
ronds-points sont des astéries, ces carrefours, des oursins, ces
coupoles vitreuses, des méduses, ces gares enfin toutes rayonnantes
de rails et qui vivent, des coquilles entr'ouvertes, et dans la nuit
de nacre, de paisibles plages, ces terrasses couchées que l'ombre
ronge, ces grands halls moirés, ces champs perdus de course et
d'aviation ...
Et l'homme ? ... L'homme !. .. Humilié par le sommeil,
plancton invisible à l'œil nu, il dort, les genoux soudés, sur son
dur lit de pierre. L'eau de mort qui suinte de ses murs et dans
laquelle il baigne dévie-t-elle la lumière céleste ou, fanaux oscillants, convulsives vrilles, les feux ~ivins s'y peignant tout en
pleurs la pressent-ils comme autant de ressorts ? ... Je ne sais .. .
Mais voici que soudain tout est abaissé, diminué, dissipé .. .
Tout glisse et choit sans nul bruit. De grands pans de silence
tombent doucement ... Tout vacille ou s'immerge ... Tout vogue et
va~e bientôt dans l'immense et profond courant universel et
déjà je ne vous vois plus, fiers édifices qui m'entouriez, colonnes
majestueuses et redressées, statues imposantes et renversées ...
Qu'êtes-vous donc d~venues, dites! dans cette onde étrange qui
monte et recouvre la ville, sinon maintenant d'humbles actinies,
de timides rotifères? ... Portiques, pylônes, beffrois, palais, l'ombre
qui sourd de toutes parts vous a, déracinés ... La nuit déferle
toute ! Quel puissant château de pierre et d'eaux s'écroule !. ..
L'eau même passe à son tour sur les ponts que le courant
entraîne. Le fleuve chevauche les arches. Les passerelles retombent et fuient comme des lianes ...
Ah I Dénouez-vous enfin, fils, nœuds télégraphiques qui
m'enchaîniez, cablessous-marins, flèc~es, clochers, paratonnerres,

�ETUDE ET VARIATIONS SUR UN THEME DE ROMAINS

PAUL FIERENS

désormais écheveau fragile et délicat de vérétilles et d'encrines ...
Houleuse ténèbre !. .. Tout chancelle et s'effondre sur des marches
invisibles ... Tout s'abandonne ou s'abat! ...

Jules Romains et la Belgique

Allez et dérivez, sombres rameaux de serpules que je n'ai
pas cueillis, fuyez, chavirez, tournoyants et noyés, hautes tours
métalliques que je n'ai point servies, grands arlequins treillissés,
fausses échelles de Jacob que Dieu repousse du pied !...
*

* *

Mais déjà les constellations se fanent et l'aube au loin
commence goutte à goutte de teinter l'énorme flot ténébreux ...
Le matin affleure ...

J. PORTAIL

(A suivre)

Jules Romains a beaucoup d'amis belges, ceux qu'il .connait,
ceux qu'il ignore. Il fait à Bruxelles, à Liège, à Anvers, des tournées
de prédication. Or, flamande ou wallonne, notre hospitalité se concevrait mal sans agapes plus ou moins jordanesques. Le rire des copains
secoue un instant la bedaine des taciturnes, l'enthousiasme a raison
des plus naturelles timidités. Naît-il un dieu ? Toujours est-il que
l'on peut voir, devant un Jules Romains surpris, souriant, ému,
cordial, un poète émêché boire à l'unanimisme!
C'est en de telles circonstances, parmi la fameuse &lt;.l chaleur
communicative», que j'approchai pour la première fois l'envoyé de
Cromedeyre. Il y avait de vieux poètes : des femmes récitaient leurs
vers sur un ton de mélopée tragique. Il y avait des jeunes gens qui ne
disaient rien. Mais sellicité lui-même de lire un fragment d'Europe,
Jules Romains ne consentit à s'exécuter qu'après un hommage à
Verhàeren. Retenons surtout ceci.
Si l'auteur des Odes et Prières - et ce n'est point au hasard que je
cite le recueil, aucun autre n'ayant plus complétement mis en lumière
les intentions et les procédés du maître - exerce à l'heure actuelle sur
les écrivains du nord une fascination dont je puis bien parler, la subissant, s'il enrichit notre conscience et nous aide à fixer le rythme d'une
démarche plus sftre, d'une progression continue, n'y a-t-il point, dans
le don qu'il nous fait, quelque restitution par équivalence ?
Entre Jules Romains et la Belgique un certain commerce d'échanges
s'établit. La Vie Unanime procède de la Multiple Splendeur, des Villes
Tentaculaires, des R7thmes Souverains, comme la peinture française du
diic-huitième sièole - et l'on peut dire alors: la peinture européenne procéda de Rubens en élargissant l'horizon de conceptions universelles,
en héritant de moyens techniques qu'il suffisait de porter à leur perfection.
Nul ae conteste à l'art français d'aujourd'hui, dans le domaine
plastique, sa s~prématie, son empire. ~t si la I_&gt;oésie. d_u nord ne sul,it
point la seule influence de Jules Romams, mats conJomtement celles
de Paul Valéry, de Blaise Cendrars, de Jean Cocteau, il faut reconnaître
que ceux-ci, s'imposant à nous, dérangent quelques habitudes de pensée,
tandis que que celui-là, bien au contraire, n?,us trouve disposés _à
l'accueil, préparés, favorables et comprenant déJa confusément ce qu'il
signifie sans détours. Par un phénomène analogue, un peintre comme

74

�PH. KOURTH
JULES ROMAINS ET LA BELGIQUE

.

Le Fauconnier, très aimé de Romains, impressionna vivement no,
meilleurs «constructeurs», leur suggérant un idéal qui, par tradition,
devait leur être na\urellement accessible.
Poètes belges de la dernière génération, nous avions pour Verhaeren
un culte assez platonique. Ce n'était pas ingratitude et, bien entendu,
nous protestions de toute notre ferveur contre la manœuvre des académiques escamotant la gloire d'un très grand p'oète pour faire le jeu de
sonnettistes proTinciaux. Mais Verhaeren nous était gâté par ses
tiisciples, imitateurs de ses tics de langage, impuissants, malgré tant
de souffle en vain dépensé, à rallumer les brasiers éteints.
Jules Romains nous rend Verhaeren, épuré, peut-être grandi. Dans
les strophes du méridional, nous percevons l'écho de la vibration
flamande. Cependant le tumulte s'organise, le chant de la vie intérieure
s'accorde aux harmonies de l'océan, de la campagne et de la ville, du
labeur moderne, d'une âpre joie révélés.
Et voici que d'anciens «intimistes» sortent de chez eux, regardent
le jour, clignent un peu des paupières, mais bientôt font sonner sur la
route leurs talons, leurs bâtons de voyage . Dans leur troupe, saluons
Franz Hellens, notre aîné, toujours prêt au nouveau départ et ne
s'arrêtant guère aux auberges, Robert Goffin qui approche d'un tournant,
Augustin Habaru, Lucia et J.-J. Van Dooren, René Purnal, quelques
autres.

Jules Romains nous passe en revue . Jean Hytier et ses compagnons
nous font signe. Sans oublier d'où nous venons, nous aimons nous
fondre dans le« groupe», y jouir de la meilleure sécurité, noul' plier à
quelque sérieuse discipline.
L'individualisme du nord est-il capable d'un tel renonceme nt ?
Ou l'exemple de Jules Romains serait-il plus fort que son enseignement ?
Je crois, pour ne rien céler, que nous n'accepterons pas en bloc ce que
le maître nl'us apporte ou nous restitue. L'œ uvre de Romains est de vant
nous qui proclame: occupez-vous moins de faire comme li dit, que de
faire, selon votre loi, comme il fit. Voyez comme il se cherche et se
trouve, comme il triomphe seul de lui-même, comme il monte en se
libérànt des attaches primitives, comme il réalise enfin son ordre.
Allez, et si quelque jour il semble que vous soyez loin de lui, sur
une autre pente, il saura bien que vous ne l'admirez pas moins, que
vous le respectez peut-être mieux et davantage. Le bon maître qu' il est
vous apprit l'audace; il doit tenir une certaine obédience pour le
contraire de la vénération, pour la parodie de l'amour.
PAUL FIERENS

Témoignage de Suisse
Cet article n'a pas la prétention d'apporter l'opinion de teut un
pays étranger sur Romains, mais simplement Je té~oign~ge. ~'un
groupe de jeunes qui, avant d'embrasser une carn,ère defi!11t1ve,
passent une partie de leur tem~s ~ mus~r, et une ~uJr~ a s_e pass1on1:1er
pour quelques uns de vos écnvams. C est donc 1c1 1~fi01ment _mo_ms
que le jugement d'une autorité et un peu plus qu une aàm1ratlon
individuelle.
Avant la guerre, :1-ous a_vions déjà 1~ Romains, mais part_ielle~en!,
certains d·es nôtres 1'1gnora1ent presque, bref notre commumou n avait
pas encore pleinement conscience d'elle-même. « La Vie Unanime »
circulait parmi nous, éveillant notre curiosité, notre intérêt, mais pas
encore notre enthousiasme.
Puis nos aîné11 glissèrent entre nos mains un exemplaire des
Copains n alors épuisés. Un frisson nous ttarcourut. C'était là temporaire mais d'autant plus intense, notre idéal de vie. C'était là une
forme littéraire qui convenait merveilleusement à notre mentalité.
Enfia quelques exemplaires, trouvés par hasard chez un libraire qui
n'avâit pas manqué d'intuition, produisirent l'effet d'une balle explosive:
de son centre le plus intime à ses plus lointaines extrémités, notre
organisme frémit.
&lt;1

Chaque œuv:e ~ouvelle ~ut_ comme le geste _qui cc_&gt;nfirme un_e
admiration. Adm1ratton, à vrai dire, dont le héros 1gn&lt;!lra1t tout, maIS
ne sont ce pas les plus ferventes et les plus durables ?
En automne 1919, il vint à Lausanne - précédé de Duhamel parler de la poésie moderne: nous bénîmes cette p're.nièae occasion de
posséder son visage. Le lendemain (ou le surlendemain) il consentit à
passer un après-midi parmi nous. Que nous étions fiers de le tenir enfin,
Que nous étions fiers de le tenir enfin. Nous étions émus du privilègeau lieu d'adorer des idoles de notre dieu, portraits médiocres, images
fantaisistes - de partager avec lui la « fondue », de suspendre nos
manteaux le long de la même paroi, de boire le vin tiré au même
tonneau.
La pr.emière partie seule de Donogoo-Tonka avait paru à la N .R.F..
Il lut le conte entier, forgeant à chaque phrase notre jouissance,
comblant notre avidité. Un sens que nous ne connaissions qu'à demi
s'épanouissait en nous, comme une fleur qui s'étale ...

77

�PH. KOURTH

TÉMOIGNAGE DE SUISSE

** *

ramassée. Il tempère ce besoin de communion avec l'uaiversel ou
l'absolu, au fond mystique et maladif, avec tout ce que l'existence
actuelle a mis en nous d'esprit critique et de méfiance, qui sous
empêchent d'être dupes de nos attendrissements. Ainsi ce lyrisme
premier et essentiel (et nécessaire), qui contient des chimères, de
l'idéalisme, de la souffrance, est contenu par une ironie, un «concrétisme»,
une joie de vivre. Maître de son bouillonnement intérieur, le dominant
(condition indispensable), Romains ray onne de joie, d'optimisme, de
tendresse discrète et généreuse. Balayant le médiocre, l'artificiel,
l'inanimé, il crée la vie et l'action. Ayant retrouvé une sorte de naïveté
et de simplicité subtiles, il se découvre un monde neuf, immense.

Pourquoi Romains sous une telle auréole ? L'âme contemporaine,
une nouvelle façon de sentir et de comprendre la vie nous passionne :
les personnages de Romains et lui-même nous éclairent, en qui vibre
une âme tissée de fibres si caractéristiqües du XXm• siècle.
Au milieu du confus chassé-croisé des idées, des théories, des
divergences, nous cherchons le courant qui semblelemieuxsymDoliser
notre époque : l'œuvre de Romains forte et claire nous sollicite encore
à cet égard. Elle nous émeut comme la vue d'un édifice ju,qu'alors
inconnu, conçu selon nos nouveaux gotlts et satisfaisant nos nouveaux
besoins. En deux mots nous y avons puisé l'approbation que peut
donner un moraliste et les jouissances que procure un artiste.
*

* *

On parle beaucoup d'une renaissance classique au milieu de la
confusion actuelle. On la dé5ire, on la pressellt, mais l'on n'y voit pas
toujours clair. En effet, les efforts semblent épars a s'approcher du but.
Celui-ci apparaît d'ailleurs brouillé, dans le lointain, le t errain est semé
d'obstacles déconcertants. Aussi ceux qui y tendent s'écartent souvent
les uns des autres selon leurs audaces ou leurs ressources particulières.
Quand à force d'attention l'esprit saisit enfin le sens et la portée d'une
direction, il se fixe et se repaît de la solution découverte. Ainsi Romains
nous retient, affirmatif et obstiné.
Le problème qui se pose est touffus : pour atteindre cette forme
littéraire ( qu'il est convenu d'appeler un nouveau classicisme) où
l'Europe d'aujourd'hui enfin dépouillée de son inCJuiétude se complaira
comme en son symbole, il ne suffit pas de pasticher un vieux siècle
classique. Non, ce qu'il faut, c'est posséder la richesse et la complexité
d'une âme moderne, prendre conscience en une seule vision de cette
richesse et de cette complexité, et les ayant ordonnées, en imprégner
la matière littéraire: alors l'œuvre sortira telle que nous la souhaitons.
Il nous semble que Romains possède cette richesse, qu'il a eu la force
d'imposer l'harmonie aux passions, aux élans qui se disputent nos cœura
modernes.

Un thème unanimiste est au centre de tous ses développements
littéraires, parce que mieux qu'individuellement, par le groupe on
pénètre la joie, la vie, on les perpétùe, on fait« cette expérience de
l'éternité » dont Romains est si avide. En appelant à la conscience les
groupes vrais et profonds, l'unanimisme est créateur d'action et d'ordre.
Sur les qualités de l'âme se moulent les qualités du style. A l'amout
du concret correspond ce qu'on pourrait appeler· le concrétisme dea
images. Images oh-tenues uniquemeRt par l'assemblage de mots concrets
et de verbes exprimant une action, qui suggèrent plus directement la
vie réelle.
A l'homme vibrant qui se domine correspond une langue nerveuse
~ui .s e dompte ; elle jette aux yeux la vision lumineuse ou au cœur
l émotion neuve.
Nous nous penchons pleins de ferveur sur l'œuvre de Romains,
parce qu'à son contact notre âme moderne vibre, notré esprit moderne
jouit, nos yeux modernes sont rassasiés.
Lausanne, février 1923.

PH. KOURTH

Comme un grand nombre d'écrivains actuels - Duhamel, Girau
doux, Salmon entre autres, poètes ou prosateurs, Romains est
essentiellement un lyrique. Lyrique qui veut exalter non le moi des
romantiques, mais la vie universelle, concrète et -terrestre, la vie
complexe, immédiate, et l'Htion qui en est la manifestation la plua
brute. Si ce lyrisme qui pousse à un besoin d'embrasser tout l'univers
n'est pas enrayé par un contre-poids nécessaire (ironie, certain
scepticisme, cynisme, esprit d'aventure, préoccupations esthétiques),
il provoque un déséquilibre, une mélancolie, si éloignés de cette
plénitude qui ne se trouve que dans l'ordre et la mesure.
Romains a su éviter l'écueil, il a eu la puissance de réaliser cet
équilibre qui le fait apparaître éclatant de santé, de force, de sympathie

79

�WALDO FRANK

La vie américaine de Jules Romains
He is herc in two ways which together make the One that will always
be associated with his name. The one
way is the litera!, the literary : and
here the limitations of American readers impose strict limits. America is
not qui te yet a people of 110,000,000 :
someone has called us a « state of
mind » : I once said that we were a
«promise». Howsoever, among these
myriad brains there are pathetically
few with a genuine sense of literary
values. And even of this small number (the brain cells of our colossal
body), there is the mere fragment that
reads French. But this small group,
alone not barred from reading JuJes
Romains, knows him unanimously
and has a sense of liis riçhtful place
among French writers w1ch yerhaps
is clearer than bis recognition m
France. It is a small group - but it
has good eyes.
This is the « nô~inalistic » place
among us oî Romains and of his associates - to borrow the good old terms
of Anselm and of Abelard. Realistically, his place in our spiritual and
literary life is vastly greater and far
exceeds the limits where his name is
known. W e are fond of saying hete,
that the true father of•Unanimisme is
W alt Whitman. Whitman is the lyric
prophct of Unanimisme. We «Ise
sang as he did the divinity of crowds,
the reality and inherency of groups ?
And his vaticination was not figurative, not ethical, not economic. Whitman undoubtedly was moved by the
organic vibrance of ferry-boat and
stage-coach, of hospital-ward and cavalry-brigade and funeral and church.
If you analyse his great poem, you
will find that in large measure the
density of his forms is due to his evocation of these neo-archaic bodies :
in large measure his resthetic relies

80

Romains se présente à nous par
~eWI: voies qui n'en font qu'une,
1 Unique, laquelle portera toujours
son nom. D'abord il se présente à nous
littéralement, littérairement : et ici
l'esprit restreint des lecteurs américains impose de sévères restrictions.
L'Amérique n'est pas encore, comme
on pourrait le croire, un peuple de
110.000.000
d'habitants : quelqu'un
nous a appelés un « état d'esprit».
J'ai dit un jour que nous étions une
« promesse ». Cependant, parmi ces
myriades de cerveaux, il est émouvant
de voir comme il y en a peu qui aient
un J;&gt;ur sens des valeurs littéraires.
Et c est même un simple fragment de
ce petit nombre (les cellules cérébrales de nol!·e corps colossal) qui lit le
français. Mais ce petit groupe, le seul
qui puisse lfre Jules Romains, est unanime à le connaître et a le sens, peutêtre plus clair qu'en France, de la
place qui lui est dûe parmi les écrivai~s _français. C'est un petit groupe,
mais 11 a de bons yeux.
Telle est parmi nous la place « nominaliste» de Romains et de ses compagnons, pour emprunter les bons
vieux termes d'Anselme et d'Abélard,
D'une ma1iière réaliste, sa place dans
notre vie spirituelle et littéraire est
bien plus vaste et dé~asse de beaucoup les limites jusqu où son nom est
connu. On aime bien dire ici que le
vrai père de !'Unanimisme est Walt
Whitman. Whitman est le pro~hète
lyrique de !'Unanimisme. Qui d autre
chanta comme il le fit la divinité des
foules, la réalité et l'existence en soi
des groupes ? Et sa prophétie n'était
ni symbolique, ni morale, ni économi&lt;JUe. Whitman, sans aucun doute,
etait remué par le frémissement organique du bac et de la diligence, de la
salle d'hôpital, de la brigade de cavalerie, de l'enterrement et de l'église.

LA VIE AMÉRICAINE DE JULES ROMAINS

upon the dimensionality of groups :
in large measure the lyric mass of bis
voice is volumed and sustained by
this same intuition, of the voluminous
lives about him. But of course, it was
never more than an intuition, unconscious, evanescent. Yet, if this be so,
you will understand why Jules Romains and his friends, realistically,
are a great part of ourselves. America
has been unable to continue the heritage of Whitman. Our group life is
still almost as inchoate as in 186o :
our activity of individual life is still
almost as anarchie. W e have not
groups, but herds. It was but natural
that France, the land of groups, the
land where almost alone in Europe
the individual atoms have combined
into complex, higher organisms,
should realise the superb prophecy of
our poet: should give it that actual
being in experience which is resthetic
form.
But I am convïnèed that American
writers await merely an adequate
translation and presentment of Jules
Romains - a Bazalgette - to recognize in him one of their dominant
unconscious masters. Much in France
that we love is outside ourexperience:
Gide, for instance, or Valéry or
Proust. Romains is so dee:ply an expression of our potentiel life - of the
inevitable direction of our cultural
growth - that even such American
writers as have never read im are
unconsciously his debtors. I might
cite such significant recent works as
the Spoon River Anthology of E. L.
Masters - the erection into extended
form of a town graveyard : or the
Winesburg, Ohio - Sherwood Anderson's most significant work - in
which the writers are foreever straining beyond the individual voices
whi,ch they alone know how to use,
to give articulation to the inchoate
group-soulofthe town. To such works
as these, the knowledge of Romains
would have been a godsend. For
what they lack precisely is that ratio, na! leverage of the cônscious mind
whereby the intuitions and~ecstacies

81

Si vous analysez son grand poème,
vous trouverez que la densité de ses
formules est due, en grande partie, à
son évocation de ces êtres néo-archaïques ; en grande partie son esthétique
repose sur la spatialité des groupes ;
en grande partie la masse lyrique de
sa voix doit son volume et son soutien
à cette même intuition des volumes
vivants qui l'entourent. Mais, naturellement, ce n'était jamais plus qu'une
intuition, inconsciente, évanescente.
Si l'on admet qu'il en soit ainsi, on
comprendra pour9,uoi Jules Romains
et ses amis sont, dune manière réaliste, une grande partie de nous-mêmes. L'Amérique a été incapable de
prolonger l'héritiige de Whitman.
Notre vie de groupes est presque encore aussi embryonnaire qu'en 186o ;
notre activité dans la vie individuelle
est presque anarchique. Nous n'avons
pas de groupes, mais des troupeaux.
Il n'était que naturel que la France,
le pays des groupes, le pays presque
le seul en Europe où les atomes individuels se sont combinés en de complexes et supérieurs organismes, réalisât la superbe prophétie de notre
poète et lui donnât cette existence
réelle qui est la forme esthétique.

Et je suis convaincu que les écrivains américains attendent simplement
une traduction et une présentation
adéquates de Jules Romains (un Bazalgette) pour reconnaître en lui un
de leurs maîtres par lequel ils sont
inconsciemment dominés. Bien des
ouvrages que nous aimons en France
sont hors de notre expérience : Gide,
par exemple, ou Valéry ou Proust.
Romains est si profondément une expression de notre vie potentielle, de
l'inévitable direction de notre développement intellectuel, que même tels
écrivains américains qui ne l'ont jamais lu sont inconsciemment ses débiteurs. Je pourrais citer tels récents
ouvrages significatifs comme : the
Spoon River Antholog_y de E. L.
Masters (l'extension d un cimetière
citadin), ou the Wtnesburg Ohio
l'ouvrage le plus signific:itif; de: Sherwood Andersont~dans~ tlesquels_! les

�WALDO FRANK

of the soul are formed into enduring
literary art.
And here, though I do not mean to
brillg my own wor~ even remotely
into a discussion of hterature, I must
testify to the great heartening and
strength which my knowled_ge of Romains has brought me. I d1scovered
him in 1916. And since those days,
when with a passionate sense of revelation I scoured the New-York bookshops for every word of his that I
could find he bas been to me ,nourishment ~nd a guide. For in him, I
discovered that alchemy of primitive
elemental uncreated stuffs into bard
pure forms, which is- the gold of art.
Y es : Jules Romains and Vildrac
are in our air. It would re9.uire the
technique of Mort de Quelqu'un. to
trace how this creating and expandmg
life works among our spiritual forces.
WALDO FRANK
Darien, Conn. December

1922.

HERBERT READ

écrivains ont sans cesse fait effort
pour dépasser les voix individuelles
qu'ils savaient seulement employer,
afin de donner son articulation à la
naissante âme collective de la ville.
La connaissance de Romains eut été
providentielle à de telf ouvr~~es. Car
ce qui leur manque, c es~ prec1sfme~t
ce rationnel coup de levier del ~spr~t
conscient au moyen duquel les intuitions et l~s transports de l'âme sont
fondus en un art littéraire durable.
Et maintenant, bien que je n'aie
pas l'intention d'introduire, si peu
que ce soit mon œuvre personnelle
dans une discussion littéraire, J"e dois
attester ~ue la connaissance e Romains m apporta un grand courage
et de la force. Je le découvris en 1916
et, depuis ce temp!, !J.Uand, ayec_ le
sentiment passionne d une revelahon
j'écumais les librairies de New-York
r.our y trouver le moindre mot de lui,
il a été pour moi une nourriture et un
guide Car en lui j'ai découvert dans
de rudes et pures formes, c~tt~ ~lchimie de materiaux bruts, ,1&gt;rtm1hfs et
élémentaires qui est le tresor de l'art.
Oui Jules Romains et Vildrac sont
dans ~otre air. Il faudrait la technique de Mort de Quelqu'un pour montrer comment cette vie créatrice et
dynamique travaille dans nos forces
spirituelles.
·
Trad. par Andrée JJ11tier.

82

Jules Romaîns et l'Angleterre
Any account of the influence of
Jules Romains in England must be in
the nature of an estimate rather than
a record. I think the first general notice of any of his writings in an English rev1ew was given by Mr F. S.
Flint in 1912 (Tlu Poetry Review, vol. 1
n° VIII). Mr Ezra Pound wrote about
him some months later in The New
Ag-e, and I myself published an essay
in Art and Let/ers in 1918 (vol. II,
n° 1). Ail thest! introductory articles
appeared, as one would expect, in
periodicals almost eii;clusivefy devoted to the interests of « les jeunes i..
Recently, however, the Times Literary
Supplement, representing our more
dignified literary interests, has devoted some attention to M. Romains'
work, and appreciative reviews of his
later books have appeared as a matter
of course. The recent critic of Lucienne, however, seemed rather wilfully to ignore the wonderful delicacy
of that psychological romance.
A translation of Mort de Quelqu'un,
by Desmond Mac Carthy and Sidney
Waterlow, appeared in 1914 under
the title of The Death of a Nohod'}I. It
met with a good deal of appreciation,
but it did not run into more than one
edition - perhaps it was overwhelmed by the distraction of the war.
I have not met with any other renderings of M. Romains'work, except the
translation by Miss Helen Rootham
of a few of h1s poems which appeared
in Art and L,tters in 1919 (vol. 1I n• 2).
But if the record of Jules Romains
in England is up to the present so
bare, r think that in the future it will
be different. In England the work of
a foreigner has to contend with
strong prejudices. In the first place,
the Eng1ish publishers are tàe most
craven set of commercial bagmen

83

Tout compte-rendu de l'influence
de Jules Romains en Angleterre doit
être plutôt de la nature d'une évaluation que d'un compte exact. Je crois
que le premier avis public, dans une
revue anglaise, de quelques-uns de
ses ouvrages, fut donné par Mr F. S.
Flint en 1912 (The Poetry Review, vol.
1, n• VIII). Mr Ezra Pound parla de
lui quelques mois après dans The New
Ag-e, et 1e publiai moi-même un essai
dans Art and Lelters en 1918 (vol. II,
n• 1). Tous ces articles d'introduction
parurent, comme on pouvait s'y attendre, dans des périodiques l?resque
exclusivement dévoués aux tntérêts
des« jeunes». Récemment cependant,
le Times Literar.7 SupplemenJ, représentant ce que nous avons de plus
littérairement solennel, a consacré
quelque attention à l'œuvre de M.
Romains, et des compte-rendus compréhensifs de ses derniers livres ont
paru tout naturels. La récente critique de Lucienne cependant semblait
plutôt ignorer à dessein la merveilleuse délicatesse de ce roman psychologique.
Une traduction de Mort de Quelqu'un
par Desmond Mac Carthy et Sidney,
\tVaterlow, parut en 1914 sous le titre
The Death of a Nohody. Elle rencontra
beaucoup de succès, mais elle ne dépassa pas une édition - peut-être futelle étouffée par le souci de la guerre.
Je n'ai pas rencontré d'autres traductions de l'œuvre de Romains, excepté
celle, par Miss Helen Rootham, de
quelques-uns de ses poèmes qui parurent dans Art and Letters en 1919 (vol.
II, n• 2).
Mais si le bilan de Jules Romains
en Angleterre est, jusqu'à présent, si
pauvre, je crois qu'a l'avenir il en sera
autrement. En Angleterre, l'œuvre
d'un étranger doit lutter contre de

�HERBERT READ
that ever impeded culture. To some
degree they are excused their lack of
enterprise by the indifference of the
reading public at large : in England

the number of intelliient people, who
interest lhemselves 10 modern developments in art and literature is extremely small. This is probably due
to the disproportionate influence of
the universities of Oxford" and Cambridge. These two cseats of learning &gt;
almost monopolise the higher educaùon of the country, and tend to produce a soci,,J rather than a eu/Jurai
tyfe. Good breeding includes beauùfu manners and a capacity to endure
a cold ~ tub &gt; every morning of the
year, but it does not necessarily im,ply
a knowledge of literature and pamùng. Remember, too, the English
tcmperament : an Englishman is
ashamed to be seen reading a volume
of poetry. In the train he will bide it
within a copy of The Sporli•z Times.
But the art of Jules Romains will
in time overcome even these circumstances, and I think in all probability
that bis triumph will come via the
thea1re. The English public, despite
the terrible post-war débauch of sentimentality, still retains its traditional
regard for the drama, and if there are
very few good plays to be seen in
London now, it is largely because
there are very few good plays written.
The theatres are also in the possession
of stupid financial speculators, who
neglect its possibiliùes. But there is
an unsatisfied need for good drama,
and the supply of native plays not
being equal to his demand 1 we shall be
compelled to go abroad. Wnen that day
cornes, such plays as L'Armù dans la
Ville Cromedeyre-le-Vieil, and M. le
Tro11Ldeç (this latter a comedy of true
Jonsonian «humours&gt;) will play in important part in our dramauc history.

I cannot honestly say that so far
the fiction and poetry of Jules Romains has had much infltlence in Engla.nd. E11r&lt;&gt;je was greeted with an
appearance of entbusiasm1 and M.
Romains is certainly not w1thout his
fervent disciples. But I can see little

vigoureux préjugés. En premier lieu,
lee éditeurs anglais sont la bande la
plus couarde qui jamais étouffa la
culture. A quelque degré, leur manque
d'initiative est excusé par l'indifférence de la masse des lecteurs : en
Angleterre1 le nombre des gens intelligents qui s'intéressent aux mouvements modernes de l'art et de la littérature est extrêmement petit. Ceci est
probablement dtî à l'influence disproportionnée des Universités d'Oxford
et de Cambridge. Ces deux centres
de culture monopolisent presque l'éducation supérieure du pays, et tendent à produire un type plutôt social
qu'inteflectuel. La bonne éducation
comprend les belles manières et le
pouvoir d'endurer un tub froid tous
les matins, mais elle n'implique pas
nécessairement la connaissance de la
littérature et de la peinture. Rappelez-vous aussi le tempérament anglais:
un Anslais est honteux qu'on le voie
lire un volume de poésie. Dans le
train, il le cachera dans un exemplaire
du Sportinz Timt1s.

JULES ROMAINS ET L'ANGLETERRE

positive effect on our literature. But
then we have very little literature to
b~ affected. If we do experience a
renaissance in the near future (and I
am not without ho{le) than I am confident that the fertile technical experiments of Jules Romains, the consistent modernity of his outlook, and
the beauty and firmness ofhis writing,
will contribute largely.
HERBERT READ

que, jusqu'ici, _les r~mans et la poésie
de Jules Romains aient eu beaucoup
d'influence en Angleterre. Europe fut
salué avec un semblant d'enthousiame
et M. Romains n'est certainement pas
sans de fervents disciples. Mais je
n'en peux voir que peu d'effet positif
sur notre littérature. Seulement, en ce
moment il n'y a presque rien dans
notre littérature qui puisse être influencé. Si, vraiment, nous faisons
l'expérience d'une renaissancl: dans
le prochain avenir (et je ne suis. pas
sans espoir) alors je suis convamcu
que les fertiles expériences techniques de Jules Romams, la modernité
logique de sa vision et la bea~té et
la fermeté de son style y contribueront.
Trad. par Andrée H11lier.

.Mais, en son temps, l'art de Jul1:s
Romains triomphera, même de ces
circonstances, et je crois qu'en toute
probabilité son triomphe lui viendra
par la voie du théâtre. Le public anglais, malgré la terrible débauche de
sentimentalité d'après-guerre, 6arde
encore sa traditionnelle considération pour le drame, et s'il y a très peu
de bonnes r,ïèces à voir maintenant it
Londres, c est, pour beaucoup, parce
qu'il y en a très eeu d'écrites. Les
théâtres sont aussi la possession de
spéculateurs financiers stupides qui
en négligent les possibilités. Mais il
existe un besoin non rassasié de bon
drame et l'offre nationale n'étant pas
egale à la demande, nous serons contraints d'aller chercher à l'étran~er.
Quand ce jour viendra des pieces
telles que L'Armée dans la Ville, Cromedeyr,-le- Vieil et M. le Trowl,adu
(cette dernière, une comédie de véritable « humour&gt; jonsonien) joueront
un rôle important dans notre histoire
dramatique.
Je ne peux pas sincèrement dire

85

�' .

STEFAN ZWEIG

JOAN ESTELRICH

Jules Romains

Jules Romains et la Catalogne

Jules Romains ist - und wer bestreitet dies noch ? - eine der strerksten dichterischen Krrefte Frankreichs
und dies nicht nur dank einer sprachlichen, einer rytmischen Begabung,
sondern auch aus einem prachtvollen
selten _klaren, ~elten energischen
Kunstwillen. Seme ungewœhnlich
scharfe, rapide Intelligenz ( die strerker ist ais die sonst lyrischen Dichtem erlaubt ist) dominiert und unterwirft die starke Phantasie : er weiss
immer im Schaffen was er will und
vor allem : er kann was er will. Niemals ist er das Opfer eines Einfalls
Gefangener eines Traumes, der blos~
passive Dichter - immer bleibt er
dank jenes leuchtenden Intellects Herr
und Meister seiner Kunst und wie ein
Feldherr erobert dieser siegweise
Willen Provinz nach Provinz. Dieses
Mamnliche liebe ich an ihm sehr :
selbst seine Traüme haben noch Willenskraft, seine Phantasien Lebensblu_t. Mit ihm verglichen, haben die
meisten andern Dichter die Bleichsucht und die Sentimentalitret unbefriedigter 1·unger Mredchen: man
muss selbst eicfenschaftlicher Intellectueller und Fanatiker der Wirklichkeit sein, um diesen wachen Traümer
ganz zu verstehen.
STEFAN ZWEIG

Jules Romains est - et qui le conteste encore ? - une des forces les
plus puissantes de la France littéraire
et ceci non seulement par ses grands
dons rythmiques et techniques, mais
av~~ tout grâce à sa superbe volonté
artistique (rare en telle clarté, rare
e1;1 telle énergie). Son intelligence rapide et excessivement claire (plus
claire qu'il n'est permis en général à
un poète lyrique) domine et maitrise
son imagination puissante : il sait toujours en créant ce qu'il veut et il
peut toujours ce qu'il veut. Jamais il
n'~st vi~tim~ de s?n i~agination ou
P.nsonmer dune revene - toujours
il reste, grâce à son intelligence artistique et lumineuse, maître de son art
et par cette volonté il conquiert
comme un général un domaine, une
province de l'art (poésie, drame, roman) après l'autre. J'aime beaucodp
en lui cette virilité, - même ses rêves
ont encore de la sève et de la volonté
ses imaginations un sang rouge et vi:
vant. Comparés à lui la plupart des
autres poètes semblent souffrir de
l'anémie de ces jeunes filles qui sont
leur public, tandis que pour aimer et
pour comprendre Romains il faut être
soi-même intellectuel passionné et fa.
natique de la réalité.
Trad, par l'auteur.

Pocs mesos ahans de la guerra, ja
fa mes de nou anys, un excel-lent

esperit de casa nostra, M. S. Oliver,
comentava al diari c La Vanguardia&gt;
de Barcelona la munior d'escoles literàries que venia produint la complicaci6 de la vida moderna. - Cinquanta escoles, en trenta anys, i només a França, en una sola llengua ! exclamava. Conreu artificial de la
inquietud - aqui també predicada, per la sola inquietud ! I el nostre
Oliver, que també era un conservador
escèptic, repetia amb Renan : - Tanta febre, tant afanyar-se per a canviar
d'error? Què en restarà de tantes
escoles?
En aquell article volander vaig
llegir per primera vegada el mot unanimisme, c amb la seva literatura collectiva &gt; i el nom august de Jules Romains, camb les seves proclamacions»·
D'aquelles cinquanta escoles non'hiha
rastre apenes. De les poquissimes que
han reeix.it, l'unanimisme n'és una.
Dels pocs noms que s'ha.n salvat, el
de Jules Romains és principal. Els
unanimistes han triomfat pel valor
individual de cadascù, pero també
pel contingut de la doclrina que els
ajuntava. Es que llur didàctica s'apoiava en una realitat social ; és que llur
estètica portava intimes virtus. I aiXi
suraren com a comunitat poetica ; i
ai:xi s'ha extès l'unanimisme, França
enllà, per Suissa i per Anglaterra,
fins a l'Escandinàvia.
L'agitaci6 moderna aglomera les
criatures humanes. Podia naturalment
preveure's una forma d'art que prengués per objecte la vida col-lectiva.
Podia preveure's l'artista que posés
en una ànima col-lectiva l'interès que
posem de costum en una ànima individual. Novetat? Novetat, absolutament, no. Animar corn un sol ésser

Quelques mois avant la guerre, il y
a maintenant plus de neuf ans, un
excellent esprit de chez nous, M. S.
Oliver, commentait dans le journal
« La Vanguardia » de Barcefone, le
foisonnement d'écoles littéraires auxquelles donnait naissance la complication de la vie moderne. « Cinquante
écoles en trente ans ! et rien qu'en
France ! dans une seule langue ! &gt;
s'écriait-il. « Témoignage artificiel de
l'inquiétude pour l'inquiétude ! prêchée aussi parmi nous - &gt;. Et notre bon Olh,er, conservateur et sceptique, répétait avec Renan: « Tant de
fièvre, tant d'affairement pour changer d'erreur l Que demeurera-t-il de
toutes ces écoles?&gt;:
C'est dans cet article que je lus
pour la première fois le mot unanimisme « avec sa littérature collective&gt;
el le nom auguste de Jules Romains
c avec ses proclamations&gt;- Des fa.
meuses cinquante écoles, à peine s'il
reste trace ! Mais parmi le petit nombre de celles qui ont réussi figure
l'unanimisme. Parmi les rares noms
qui ont survécu, celui de Jules Romains est le plus marquant. Les unanimistes ont triomphé grâce à leur
valeur individuelle, sans doute, mais
grâce aussi au contenu de la doctrine
qui les réunissait. C'est que le fondement de leur didactique était une
réalité sociale ; c'est que leur esthétique comportait une intime vertu. Et
c'est pourquoi leur communauté poétique a duré ; c'est pourquoi, par delà
la France, la Suisse et l'Angleterre,
l'unanimisme s'est propagé jusqu'aux
pays scandinaves.
L'agitation moderne entraine les
agglomérations humaines. On pouvait
naturellement prévoir une forme d'art
qui eftt pour objet la vie collective.
On pouvait prévoir l'artiste qui don-

86
4

.,

�JOAN ESTELRICH

una muni6: de gent,: una naci6,~un'poble, una c1utat, un cos d'exercit aixo s'ha fet en tots temps. Pero manc_ava ta! volta que aquesta obra poèhca s'exercis en forma reflexiva 1 del
tot intencionada.

nerait à l'âme collective tout l'intérêt
qu'offre ordinairement l'âme individuelle. Nouveauté? Dans toute la rigueur du terme, non. Animer comme
un seul. être un groupe d'individus,
une nation, un peuple, une ville, un
corps d'armée, cela s'est fait en tout
temps, mais il manquait à une telle
œuvre poétique une forme réfléchie
et parfaitement intentionnée.

Per qué l'unanimisme ha triomfat?
Fàcil és respoi;idre : Par la mateixa
r~6 que s'a~anten totes les construcc1ons, no edificades en la sorra, sin6
en la st&gt;lida realitat. Es a dir : perquè
é,~ un~ forma de l'art e~ern ; perquè
s n1:sp.1ra, pre~ent!!er ~bJecte la caractenstica social d 'avm, en les linies
essencials de l'art clàssic de tots els
temps. El seu perill està em el sistema,
que porta sovint a una arbitrarietat
extra-humana. D'on s'en deriven errors de psicologia i deformacions de
la realitat. D'on s'en deriva també
l'excés de detalls, fins a diluir-se
massa la materia poètica. Podem conce~ir, pero, en gràcia a l'obra acompl~da, un vot de confiança a l'unanimisme.

Pourquoi l'unanimisme a triomphé?
La réponse est aisée : pour la même
raison qui fait que durent les constructi9ns édifiées non sur le rêve mais
sur la solide réalité. Autrement dit
il a triomphé, parce que c'est un~
f~rm~ de l'art étern.cl _; parce qu'il
s msp1rc des caract~nstiques sociales
d'aujourd'hui et qu'.il en fait son objet, en restant dans les lignes essentielles de l 'art classique de tous les
temps. Le seul danger pour lui, c'est
le système qui dérive souvent vers
l'arbitraire et le non humain. D'où
les erreurs psychologiques et les déformations de la réalité. D 'où aussi
l'excès de qétails qui finit par noyer
la matière poétique elle-meme. Mais
en considérant l 'œuvre accomplie,
nous pouvons pleinement accorder à
l'unanimisme un vote de confiance.

Mes parlem, coicretament, de l'art
persona! de Jules Romains. La sevaa
obra, tan diversa i matisada, s'ha im~osat lentam_ent pero solida. Una qualitat excel-le1x en tota· ella : la seguretat. El nostre poeta podria pendre
per lema el vers de Leonardo : « Vogli sempre poter quel que tu debbi. &gt;
Sab el que vol, sab el que pot, sab el
que deu fer. Mostra, en tota l'obra,
la senyoria sobre si mateix i sobre la
propiaart. _Sembla contenir-se sempre
pcr_ a dommar el tema, perquè no li
fugm les idees, per a triar lliurement
els mots a cada instant.
La seva art, doncs, és la més 01?_0sada a l'art del poeta natural, a 1 art
de la &lt; paraula viva &gt; del nostre Maragall. Jules Romains no s'abandona
mai à la inspiraci6; ans bé, la regeix
sempre. No es deixa dominar mai
pels mots, ans bé, els tria i els compon a son albir. Es un artifex, un meravell6s artifex, amb els millors recursos de l'artificiositat i la mixtificaci6. Sostenia el nostre MaraRall que
només en la sinceritat i en I aband6
podia crear cl pœta. Jules Romains
demostra, pel contrari, que també la

Examinons maintenant l'art personnel de Jules Romains. Son œuvre,
si diverse et si nuancée, s'est imposée
lentement, mais solidement. La qualité dominante en est la sûreté et
notJ:e poète pourrait prendre comme
devise le vers de Léonard : &lt; Vogli
sempre poter quel che tu debbi. &gt; (1)
Il sait ce qu'il veut ; il sait ce qu il
peut; il sait ce qu'il doit faire. Dans
toute son œuvre éclate la maîtrise de
soi-mème et la maitrise de son art.
On croit sentir en lui une tension
continuelle pour dominer son sujet,
pour empêcher les idées de s'éparpiller, pour choisir librement des mots,
à tout instant.

(l) Que tu veui lies toujours potn·oir ee
que tu dois.

88

JULES ROMAINS ET LA CATALOGNE

mixtificaci6 pot ésser creativa. Pcrtany la seva lirica a la tesria de l'engany conscient, sistematisat per medi
d'una tècnica àgil i segura. El pœta
no és, aqui, un suggestionat, sin6 un
suggestionador.
Si Jules Romains ha tocat amb
emoci6 i sapièn-cia moites cordes de
la lira, també s'ha extès i complagut
- corn saben - en els aitres genres
literaris moderns : teatre i novcl-la.
1 dintrc la novel-la, la uovel-la colnica. Era natural que l'unanimisme,
per la seva universalitat, s'incorporés
el riure. El riure esdevenia l'experiment decisiu. L unanimisme era mort
si fracassava rient ; si sabia riure,
l'unanimisme estava salvat. Celebrem
de tot cor aqucst triomf. La Ciutat
futura f6ra insoportable abandonada
a la ferotgia dels agrupaments. Per a
equilibrar la fretura dels misticismes
col-lectius, calia cl ~ai deslliurament
del riure, la « gaia c1ència &gt; del riure.
Em sembla almenys curi6s remarcar aquest aspecte de l'unanimisme,
que pertany sercer a Jules Romains.
B. Crémieux ha so~tinçut una tesi
brillant sobre el seu sentiment comic.
Jo em permetré pendre peu d'aquesta
lesi de Crémieux, per a exposar els
meus punts de mira.
Quin riure ens ha ensenyat el tempcrament humà i liric de Jules Romains ? El pœta és home d'ulls blaus
- aquclla blavor de ce!, dels primilius flamencs, - pero de cara ampla,
de fermes linies facials. L'ensomni de
l'esguard contrasta amb la duresa del
rostre. Perl&gt;, tot i el coutrast, no en
resulta un rostre absurd, sin6 especialment, particularment harmonie.
Aixi el caràcter del seu sentiment comic, el quai fluctua entre Flandres i
el Mitjorn, abraçant tot el cos de la
França eterna. Del cel angèlic i les
esbojarrades kermesses del Nord, a
la llum, la claredat de perfils i els
forts repassos del Sud, mullats en vi
vcrmelf.
Primera condici6, doncs: un comic
pur. Segona: un comic «nostre :».
Tercera: un comic sense objectius
extra-comics. Volem dir que el comic

Son art est donc aux antipodes de
l'art du poète «naturel&gt;, de l'art de
la « parole vivante» de notre Maragall. Jules Romains ne s'abandonne
jamais à l'inspiration; il la gouverne
toujours. li ne se laisse jamau entrainer par les mots ; il les choisit et les
groupe à sa guise. C 'est un artiste,
un merveilleux artiste, qui possède
toutes les ressources de son métier, y
compris la mystification. Notre Maragall prétendait que c'est seulement
dans la sincérité et l'abandon que le
poète peut créer. Jules Romains démontre le contraire ; il prouve que
la mystification elle-même peut être
créatrice. Son lyrisme est lié· à la
théorie du mensonge conscient, érigé
ensystème, grâce aux ressources d'une
technique agile et sûre. Sur le poète
n'agit aucune suggestion ; la suggestion, c'est de lui qu'elle émane, au
contraire.
Si Jules Romains a su faire vibrer,
avec non moins d'émotion que de
science, bien des cordes de la lyre, il
s'est exercé et complu, comme on le
sait, aux autres genres littéraires
modernes : théâtre et roman.
Dans le roman, c'est le comique
~u'il a choisi. Il était naturel que
1unanimisme , dans son universalité,
s'incorporât le rire. Le rire était pour
lui l'expérience décisive. L'unanimisme était mort s'il y échouait; s'il savait rire, il était sauvé. Célébrons de
tout cœur son triomphe. Livrée à la
férocité des groupements, la Cité future deviendrait insupportable. Pour
y tenir en balance la rigidité du mysticisme collectif, il fallait la joyeuse
liberté du rire, la « gaia sciencia:,; du
rire.
Il me semble tout au moins curieux
d'attirer l 'attention sur cet aspect de
l'unanimisme, qui appartient en propre à Jules Romains. Son sentiment
du comique a servi de prétexte à B.
Crémieux pour défendre une thèse
brillante sur laquelle je m'appuierai
pour exposer mes propres points de
vue.
Quel rire nous a appris le tempérament humain et lyrique de Jules Ro-

89

�JOAN ESTELRICH

de Jules R-0mains no resulta pueril
corn cert .«humour&gt; britànic, estèrilme~t achma_tat a casa nostra. Ni és
cl nure satir1c de la desolaci6 intima
que fa un rictus forçat per a no esclatar en plor. Niés producte tampoc
de la banalit_at joiosa, que s'engresca
a_mb la prop1a rialla incoherent. Un
nure_ que no amaga agrures pessimistes n_1 reserves mentals ; un riure sense
finahtats . morals : un riure, en resum•
que no t e r~s que veure amb el « ridend~ corr1guntur mores&gt;. Hem dit
tambe un riure « nostre &gt;. Es a dir :
q:ue pertany a la nostra Europaessenc!al, la Europa humanista i comprensiva de Rabelais, hoste de Montpeller·
seiz~r de dinades famoses, begude~
a .010, llati mac~r!oni~ i paraules
~xudes. La trad1c16 d aquest riure
:trnb:t ~ns a les portes de casa nostra,
1 _avu1 s ~xpressa per exemple en els
nmots. den ,N~gués, &lt;J,Ue mostren el
que hi ha d uruversal 1 unanim en el
nostre. sabor6s barcelonisme. Jules
~omams recull la mateixa tradici6,
1 embolcalla amb una mica d'ensomni
blavis i la refina amb el seu esperit
selecte: Es optimista natural i relatiu.
Vull ~Ir.= que no desespera del proïs'!1-e, ~1 ~1 confia massa. Fi~rem-nos
1o:ptim1sme del doctor Pangloss des~re~ del comentari de Voltaire; l'optimume del doctor. Pangloss despuJJat de la seva candidesa prirnitiva per
la hurla civilitzada de Voltaire.

••*
El llenguatge d'alguns unanimistes
corn Duhamel, ens recorda el del
nostre MaragalJ. Uuanimista abans
del mot, unanimista del carà~ter de
Duhamel, fou el nostre MaragalJ
(186o-1911): Em refereixo al Maragall
àels « Elog1s de la Pœsia i el Poble »
al Maragall de. l'« Oda nova a Barce:
fona &gt; i dels articles- on condensava
la n~stra unanimitat patriôtica. Corn
segu1_a el fervor6s pœta, la marxa de
~a Cu~tat I Aquesta marxa amb els
1deals mconseguits 9.ue floten enl'aire
amb els estimuls mnumerables qu~
brollen de terra, amb les passions que
generen en els nostres pits, amb llur

go

mains? de ce poète aux yeux bleusde_ ce.~e limpidité couleur de ciel des
p~1m1hfs flamands - mais au large
vJSage d'un dessin si ferme ? Quel
co~traste chez lui entre le regard embue de songe et la dureté des traits 1
Cependant ni heurt ni contradictio~
da~s la physi~nom_ie ; mais une particulière, une smgulière harmonie.
Et c'~st là tout juste le caractère
du sentiment comique chez lui, qui
fluctue entre la Flandre et le Midi
et, embrassant le corps tout entier d~
l_a France éternelle, va des ciels angéliques et des débordantes kermesses
du Nord à la lumière, à la pureté de
P!Ofils, _aux: forts.repas du Midi, arroses de vin vermeil.
Ainsi. donc, condition première:
un comique pur. Deuxième : un comique « à nous». Troisième : un comi~ue sans obje~tifs extra-comiques.
~us voulons dire par là que le com1qu~ ~~ !ul~s Romains n'a rien de
la puenhte d un certain humour britannique _que l'on a prétendu stérilement acclunater chez nous. Ce n'est
pas no~ plu_s l_e . rire satirique de la
d_ésolahon mteneure qui se force au
rictus P?Ur ne pas éclater en sanglot..
Il ';le nait pas de la banalité satisfaite
qm e:,_ccite l'incohérence de ses pro:
pres nsées.
_C'est un rëve sans aigreur pessimiste, sa~s réserves mentales; un rire
sans finalité morale,. qui n'a rien de
commun avec le « ndendo COJTiguntur mores». Un rire «à nous» avonsnous dit ; un rire qui appartient en
~ropre à notre. Europe essentielle,
l'E:1rop~ humamste etlargement comprehens1".e de Rabelais, de l'hôte de
Mo~tpelhe_r, maître ès-agapes, beuv~nes, latin n_i~caronique et gaillar~1ses., La tradition de ce rire s'étend
JUS_qu à nos portes mêmes et se tradmt de nos jours, pour ne citer q u'un
ex~mple! dans les « ninots » d'un Nogues qui montrent ce qu'il y a d'universel et d'unanime dans notre savoureux . barcelonisme. Jules Romains
recueille ceJe ~radition, y mêle une
goutte de revene, y introduit le raffinement de son esprit d'élite. C'est un

JULES ROMAINS ET LA CATALOGNE

topada i encara amb les catàstrofes
que occasionen ! Per ella estava sempre apassionat i sempre serè, i somreia enternit al seu plrer i a la seva
dolor. Sempre el trobàrem entre la
multitud dels seus germans, ai:xi en
les grans festes, corn en els grans dols,
acuaint a renovar el seu sentit fratern.
Ell matcix ha ex,Plicat com sentia cl
dcliri triomfal d ajuntar la seva veu,
en una sola aclamaci6, amb les mil
veus de la multitud unànim. Odiava
l'egoisme dels que disfruten tancantse en la fortalesa dels propis murs,
sentint a fora passar el dolor, corn
un riu al peu de la casa. L'horror a
la multitud - que aigu professà després a Catalunya - era per ell un
signe de feblesa moral. Com l'horror
a l'espai és un signe de feblesa.fisica.
« La societat dels homes - digué és l'espai de l'esperit Humà &gt;. Jules
Romains degué reconèixer en aquests
mots una anticiJ&gt;ada definici6 moral
del seu unanimisme.
No desitjo palesar, recordant aquest
fet simpàtic de la nostra historia literària, aquella estulta vanagloria dels
pobles petits que en tot vollen ésser
els primers. Vull indicar només corn
la palpitaci6 universal, l'orientaci6
europea vers uns determinats objectius estètics s'ha expressat també expontàniament a Catalunya. Hi ha un
cas, per cerl, més concret i zairebà
anterior al de Maragall, en la literatura unanimista calalana : Raimond
Casellas, (1855-1910), primer mestre
de la nostra prosa ciutadana d'avui.
Tota l'obra lilerària d'en Casellas té
pcr finalitat expressa, ja del tot intencionada, la vida de les agrupacions,
l'estudi i l'expressi6 dels moviments
de les ànimes col-leclives. « Les multiluds &gt;, posà precisament per titol a
una de les seves obres capitals. I l'altra obra que sosté la seva gloria,
« Els sots ferèstecs &gt;, és per cert una
solida anticipaci6, bellament reeixida,
de la tendència que, dins l'unanimisme de Jules Romains, ha culminai en
« Cromedeyre-le-Vieil ,., El protagonista d'aquesta obra de teatre és un
esquerp vilatge de Cevennes. El protagonista dcls « Sots ferèstecs »,

optimiste naturel et relatif : il ne désespére pas du réel et n'a pas en lui
une confiance absolue. Imaginons
l'optimisme de Pangloss après le
commentaire de Voltaire; l'optimisme de Pangloss dépouillé de sa candeur primitive par la raillerie civilisée de Voltaire.

L'expression de &lt;tuelques unanimis·
tes, Duhamel entr autres, nous rappelle celle de notre Maragall. Unanimiste avant le mot, unanimiste du
genre de Duhamel, voilà ce que fut
notre Maragall (186o-1911). Et ce disant, c'est au Maragall de « Elogis de
la Pœsia i del Pobfe » que je pense,
au Maragall del'« Oda nova a Barcelona,. et des articles où il condensait
notre unanimité patriotique. Avec
quelle ardeur le fervent poète suivait
la marche de la Cité ! Cette marche
avec tous les idéals encore inaccessibles qui flottent au-dessus de nos têtes,
et les ferments qui sourdent de la
terre el les passions déchaînées dans
nos cœurs, leurs conflits et les catastrophes qui en dérivent ! Il la considérait, cette marche, il la vivait toujours avec ardeur, toujours avec sérénité et il souriait, attendri, à son propre plaisir et à sa propre douleur.
Toujours nous le trouvions parmi ses
frères, dans les grandes fêtes et dans
les grands deuils, renouvelant sans
cesse le sentiment de sa fraternité.
Lui-même nous a dit comment il s'abandonnait au délire triomphal d'unir, dans une acclamation unique, sa
voix à celle de la multitude unanime.
li haïssait l'égoïsme de ceux qui, retranchés dans leur forteresse, sentent
avec délice la douleur passer au dehors et battre leurs murs comme un
fleuve. L'horreur de la multitude était
pour lui un signe de faiblesse morale,
tout comme l'horreur de J'espace est
un signe de faiblesse physique. « La
société des hommes, nous dit-il, c'est
l'espace de l'esprit humain. » Jules
Romains n'a-t-il pas dft reconnaître
là une définition morale avant la
lettre de son unanimisme ?

91

�JOAN ESTELRICH

~ontmany, és, paral-lelament, un
vilatge de muntanya, esquerp i dur
també, c ferèstec &gt;. La lluita s'estableix entre el rector nou, que vol reconstruir la parrôquia enrunada, i
aquella «gent dels Uimu, desconfiada
neguitosa i autôctona. L'ànima collec:
tiva d'aquell~ « gent dels llimn, en tols
els seus mov1ments, en totes les seves
intencions i replecs, és meravellosacent expressada per la prosa artistica
de Raimond Casellas. r Casellas com
Maragall, moria pels volts de \910,
quan a Paris aquest art, que era el
seu, tot just començava a batejar-se
amb el nom d'unanimisme.
Què volem dir amb tot aixô? Simplement, que el millor esperit de la
França moderna s'al-lia perfectament
amb el millor esperit de la Catalunya
ressorgida. . Aixi_ comprenem que
Jules Romams vmgués, ja per dues
vegades, a Catalunya, i s'hi trobés
tant bé. Ens el condui, sens dubte,
fins a casa nostra, la seva curiositat
profunda per les ciutats originals i
potents, com Barcelona. Perquè, corn
ell la defini, Barcelona és « ciutat &gt;
amb intransigència i plenitud ; Barcelona s'encamina cap a la « ciutat
absoluta &gt;. L'impressionà la nostra inc~pient ~bra na~ional, corn aquesls
r1us que 1a s6n r1us a dues llegües del
punt on brollen. Veié que presideix
aquesta obra tant de seny corn d'entusiasme ; que no res corn el nostre
esforç s'assembla menys a una temptativa quitnérica : que té sôlids fonaments, d'acord amb la tradici6, i no
obstant, sense rutina. I senti aixô que
ja no pot sentir-se en les civilitzacions
incoherents: és a dir, que un moble,
una terrissa, un tapis i un pœma, poden pertànyer a un mateix sistema
d'humanitat. Tot aixô el confirmà en
la idea d'ésser els catalans, en els
confins, « homes d'Europa &gt;; d'haver
guardat sempre el contacte amb
l'Europa essencial; d'haver sabut, tot
servant la nostra sabor original, no
fer c bande à part&gt;, durant segles.
Car aitres peninsulars n'han fet de
« bande à part&gt; durant segles o se
s6n abandonats a influències extraeuropees. Existeix a Europa, com un

•

E:t mon intc~tion, en rappelant ce
trait sympathique de notre histoire
littéraire, n'est pas de donner dans la
niaise vanité des petits peuples qui
p_r~tendent, en tout, être les premiers.
Ja1 voulu montrer seulement comme
quoi la palpitation universelle l'orientation européenne vers des bu'ts esthétiques déterminés a trouvé son expression spontanée en Catalogne. Il
y a encore un cas, plus concret et un
peu antéi:ie~r à celui de Maragall,
dans la htterature unanimiste catalane : celui de Raimond Casellas
(1855-1910), notre premier maître dans
la prose « citadine &gt; d'aujourd'hui.
L 'œuvre littéraire de Caselfas a tout
e~tière po!lr obtet - un objet exl'ressement et intentionnellement choisila vie des groupements l'étude et
l'expression des mouvem~nts de l'âme
collective. « Les multitudes &gt; tel est
le titre de l 'une de ses œuvr;s capitales. Et parmi celles qui assurent sa
gloire, « Els sots ferestecs &gt; est assurément une anticipation so}ide et bien
réus_sie_ de la tendance qui , dans l'unamm1sme de Jules Romains a
abouti au couronnement de Cr~medeyre-le-Vieil. Ici le véritable personnage . c'est un â pre village des Cévennes. Dans « Els sots ferestecs &gt;, le
personnage, Montmany, est pareillement un villa~e de montagne âpre
et dur lui aussi, « ferestec &gt;. L~ lutte
s'engage entre le nouveau curé qui
veut reconstruire l'église démantelée
et cette « gent dels IIims &gt;, méfiante
et farouchement autochtone. L'âme
collective de cette « gent dels llims &gt;,
dans tous ses replis, dans tous ses
mouvements, Raimond Casellas a su
lui donner une merveilleuse et artistique expression. Et Casellas (comme
Maragall) est mort aux environs de
19m, alors qu'à Paris on commençait
tout juste à baptiser du nom d 'unanimisme ce qui avait été proprement
son art.
Quelle conclusion tirons-nous de
tout cela ? Simplement que le meilleur esprit de la France moderne
s'allie parfaitement au meilleur esprit
de la jeune Catalogne, qui prend
conscience d'elle-même. Et cela nous

92

JULES ROMAINS ET LA CATALOGNE

. pol de salut intel-lectual, que ha pogut canviar de Hoc lleugerament, en
el Cami_ dels seglcs. L 'agulla de la nostra bru1xola-son mots del pœta-indicà
sempre, obstinadamenl, aqueix pol.
De la mateixa fais6, iniciat el nostre ressurgiment, Catalunya s'ha posat al costal de l'Europa essencial.
En ~ot ~l que P?rtem de segle, una
asp1rac10 ens agita de r enovaci6 clàssica. Potser, després de França, cap
més literatura hi ha a Europa, llevat
de la catalana, de tant rica bibliografia, de tan insistent propaganda, a
favor del classicisme. Ra6, seny, intel-ligència, humanisme, claredatheu's aqUi les nobles banderes, a
Paris i a Barcelona. Estem d'aco,·d
en el projecte. Perô, corn bastirem
l'edifici? Els clements mater ials sôn
esc9:sso~. Poquissims s6n els pobles ·
avu1 dia capaços de realitzar una
organitzaci6 clàssica de la vida i de
l'àn_ima modernes_. Alguns escriptors
pansencs han arnbat a sostenir que
sols els francesos hav ien guardat una
certa salut moral.
Jules Romains, ben altrament, ha
indicat una tesi, tal volta d'excessiva
benevolència envers nosaltres. Creu
l'il-lustre pœta que les nostres aspiracions espontànit's ens designen corn a
col-laboradors inmediats de la França.
c D'altres no'n trobarem - ha dit enlloc, tan ben dotnts corn a Catalunra: bon seny, optimisme, gust de la
vida. Tenen lot aixô els catalans,
sense l'èmfasi ni la lleugeresa meridionals tan justament odioscs pels
homes del Nord &gt;. Estimulats per
aquest elogi d'un home sense rctôrica,
pot estar segur Jules Romains que
nosaltres seguirem treballant amb la
mateixa fe al cortat dels qui adualment, en totes les arts, actuen a Europa per mantenir la lliure respiraci6
de l'esperit i per dreçar la gran època
clàssica que els temps ens lian preparada.
JOAN ESTELRICH

g3

aide à comprendre pourquoi Jules
Romain~ est déjà venu deux fois en
Catalogne et s'y est si bien trouvé.
Ce qui J'a conduit, sans doute, jusque
chez nous, c'est sa curiosité profonde
des villes à la physionomie originale
et puissante, comme Barcelone. Car,
selon sa propre définition, Barcelona
est « ville • avec intransigeance et
plénitude ; Barcelone tend à devenir
la c ville absolue&gt;. Notre œuvre nationale encore à son berceau l'a impressionné, comme ces cours d'eau
qui, à deux lieues à peine de leur
source, sont déjà des fleuves. Il a vu
comme à cette œuvre préside autant
le bon sens que l'enthousiasme ; q_ue
notre effort ne ressemble à rien moms
qu'à une tentative chimérique ; que
les bases en sont solides, conformes à
la tradition, encore qu'étrangères à
toute routine. Il a ressenti chez nous
cette impression qui ne se peut point
dégager de civilisations incohérentes,
à ~avoir: qu•~ meuble, une porcelaine, un tapis, un poème peuvent
aepartenir à un systéme commun
d humanité. Tout cela, il l'a confirmé
dans son idée que les Catalans sont,
aux confins du continent, des « hommes d'Europe&gt;, qu'ils ont toujours
maintenu le contact avec l'Europe
essentielle, qu'ils ont su, tout en conservant leur saveur originale, ne pas
f~fre « bande à part&gt; pendant des
s1ecles comme tels autres péninsulaires qui ont fait « bande à l'art&gt; pendant des siècles et se sont hvrés à des
influences extra-européennes. Il a toujours existé, en Europe, une sorte de
pôle de santé intellectuelle, qui s'est
légèrement déplacé au cours des siècles. Mais « l'aiguille de notre boussole&gt; - ce sont les propres paroles
du poète - a, toujours indique, obstinément, ce pole.
Pareillement, dès le début de sa
renaissance, la Catalogne a pris f&gt;lace
aux côtés de l'Europe essentielle.
Dans tout le quart - ou presque de XXm~ si~cle écoulé, se fait jour
une aspiration vers la rénovation
classique. Et aucune autre littérature
en Europe, après celle de la France
n'y a participé peut-être par une aussi

�JULES ROMAINS ET LA CATALOGNE

riche bibliographie, une aussi constante propagande en faveur du classicisme. Raison, bon sens, intelligence,
humanisme, clarté : voilà les nobles
mots de ralliement, à Paris et à Barcelone. Nous sommes d'accord quant
aux plans. Mais l'édifice, comment le
bâtirons-nous ? Les éléments matériels
font défaut. Et ils sont bien peu nombreux les peuples capables de mener
à bien aujourd'hui une organisation
classi4ue de la vie et de l'âme modernes. Quelques écrivains parisiens ne
se. sont-ils pas même ris&lt;j.ués à soutenir que les Français. étaient les seuls
à avoir gardé une certaine santé morale?
Jules Romains, avec peut-être une
excessive indulgence à notre égard, a
émis une thèse tout autre. L 'illustre
poète croit que nos aspirations spon-

ANTONIO MARICHALAR

tanées nous désignent pour le rôle de
collaborateurs immédiats de la France.
« Nulle part nous n'en avons trouvé,
dit-il, d'aussi bien doués pour cela
que les Catalans; bon sens, optimisme,
goût de vivre : ils ont toutes ces qualités, sans l'emphase et la légèreté
méridionales, si odieuses aux hommes
du Nord».

Jules Romains
Sa présence parmi nous

Stimulés pa1· cet éloge d'un homme
qui n 'a pas coutume de faire de la
rhétorique, Jttles Romains peut être
sûr que nous continuerons à travailler, soutenus par une foi commune,
aux côtés de ceux qui, actuellement,
dans tous les arts, s'efforcent de
maintenir en Europe le libre souffle
de l'esprit et de s'acheminer vers la
grande épo9-ue classique que les temps
ont préparee.
Trad. par Mathilde Pomès.

•

94

Era en Madrid, en la primavera
de 1922., y un grupo de amigos, que
inconscientemente se habia formado
en tomo al poeta, durante su breve
permanencia entre nosotros, regresaba lento después de decirle adi6s en
la estaci6n. Sin decidirnos a desmembramos defi.nitivamente, nos fuimos
acompanando unos a otroshasta nuestros portales respectivos y, una vez
separados quedamos, cada uno de
nosotros, debilitados, disminuidos,
con los bordes desgarrados y las aristas deshilachadas ... - pero claro es
el unanimismo nada tenia que ver en
todo esto y nuestro pensamiento se
enlazabra tan solo con el eje partido
de este nucleo al cual una brusca
arrancada de tren acababa de desligar.
Cuando, completamente solo, me
encontré en mi cuarto, me sorprendi6
evidenciar lo efimero de aquel desquiciamiento, pues le vi desaparecer,
poco a poco, para dejar paso - sin
paradoja - a una sensaci6n diametralmente opuesta : me empezaba a
sentir, en efecto, mas fuerte, mas intimamente cuajado y mas substancioso, hasta el punto de que en mi espiritu, lleno de ansiedad, pero también
de creciente firmeza, se formul6 netamente, esta prejunta : no estara precisamente, la eficacia del viage de Romains en su propria presencia y ella
mis ma ha podido ser bastante para
entonamos realmente, como un trago
de vino, rojo, caliente y cordial?
Esta primavera se habia iniciado
desapacible y revuelta estabamos,
seguramente, flojos, enturbiados, estragados también por las bebidas excitantes y artificiosas que habfan ser-

C'était à Madrid, au printemps de
Un groupe d'amis inconsciemment formé autour du poète pendant
son bref séjour parmi nous s'en revenait lentement, après lui avoir dit
adieu à la gare. Ne pouvant nous
résoudre à nous démembrer définitiv ement, nous nous raccompagnions
les uns les autres jusqu à nos seuils
respectifs. Nous étant enfin séparés,
chacun de nous se trouvait affaibli,
diminué, ses contours déchirés et ses
arêtes effrangées ... Toutefois l'unanimisme n'avait évidemment rien à voir
à cela. C'était seulement notre pensée
qui demeurait unie au pivot brisé de
ce noyau disloqué par un brusque départ.
Une fois dans ma chambre, complétement seul, j'eus la surprise de découvrir combien un tel amoindrissement
était éphémère. Je le vis même s'évanouir peu à peu pour faire place sans paradoxe - à une sensation diamétralement opposée. Je commençai
à me sentir plus fort, flus intimement
dense, plus substantie , à tel point que
dans mon esprit, encore anxieux,
mais pénétré d'une assurance de plus
en plus ferme, cette question se formula avec netteté : l'efficacité du
voyage de Romains ne consiste-telle pas précisément dans la présence
même de celui-ci et cette présence
n'a-t-elle pas suffi à nous donner du
ton, comme une rasade de vin vermeil, cordial et chaud ?
Le printemps s'était montré aigre et
mauvais. Nous étions sftrement affaiblis, troublés, empoisonnés aussi par
ses boissons excitantes et frelatées,
tervies à notre avidité par les profi•
teurs de la guerre, par les exploiteurs

95

1922.

�ANTONIO MARICHALAR
JULES ROMAINS, SA PRESENCE PARMI NOUS
vido a nuestra avidez los profiteurs
de la guerra, los explotadores de la
confusi6n, de ta mê!ée y de la per_eza
subsiguiente .. y la llegada de Roma.ms,
su estancia y su vida, en Madrid venia a ser a modo de inyecci6n necesaria, oportuna, saludable. Conociamos
de él sus libros ; escuchabamos ahora
su palabra ; pero era, mas que nada,
su presencia misma la que lograba
realizar esa aludida transmisi6n de
clasicismo que es, esencialmente, vida.
Veamos: Jules Romains es clasico
por esencia porque la sabrosa enjundia
de su temperamento, calido y sens1;1a_l,
esta regarda por la sangre de la v1e1a
cepa rabelesian_a ; de la ~a~ pura tradici6n, pero v1va y balhc1o~a, pues
es bien moderno y actual qwen realiza una revolucion poética y aporta
una afirmac~&lt;in constf1;1ctiva qi:e constituye un SIStema. (S1 yo hub1era de
e~licar el Unanhnismo, lo haria
sobre un mapa humano, de esos en
que el desollado muestra ~odas las
ramificaciones y dependenc1as de la
trama vital).
Es clasico, también, por potencia,
pues la recia estructura de este avido
perceptor ùe « p~tenci_as » esta ~ni~ada por un espfntu. v1goroso, 10:1nal,
estimulante : impuls1vo. Su clas1c1smo
esta siempre « en marcha» y va, como
alguien ha notado, propagandose en
derredor d~l mito que lo engendra.
El fuerte no es él que se abstiene,
por miedo a embriagarse, sino aquel
que bebe copiosamente y el vino no
se le sube a la cabeza, sino que se le
derrama por las venas y toni~ca su
trepidacion. Los ojos de Romam~ que
parecen saltarines, turbados, oscilantes prôximos a caer de espaldas... no
pie'rden nunca ese deste~lo de « luci&lt;;J.a
embriaguez » (mas_ luc1~a, para _el,
que la severa continenc1a) de_ q~en
sostiene y domina sempre - y s1 deJan
de mirar, no es para caér apagados y
rendidos, sino apartandose alegremente con la confianza plena, con la
despr:ocupacion de quien ha comprendido sobradamente.
Hemos, llegado, naturalme11:te, a
fijarnos en la persona de Romains, y

de la confusion, de la mélée, de la
paresse d'après.
L'arrivée de Romains, son séjour â
Madrid, se trouvait être ciuelque chose
comme une injection necessaire, opportune et salutaire. De lui nous ~onnaissions ses livres ; nous écoutions
maintenant sa parole ; mais, plus que
tout, c'est sa présence même qui opérait cette transfusion de classicisme,
lequel est, par essence, de la vie.
Jules Romains est essentiellement
un classique. La richesse savoureuse
d'un tempérament ardent et sensuel
s'abreuve chez lui au sang de la vieille
souche rabelaisienne, de la plus pure
. tradition, mais d'une tradition toujours
vive et toujours active. N'est-il pas
bien moderne en eŒet et bien actuel,
celui qui opère une révolution et apporte une affirmation constructive qui
est tout un système (si j'avais, moi, à
expliquer 1 Unanimisme, je le ferais
sur une carte humaine, sur une de ces
figures où l'on voit sur !'écorché toutes
les ramifications et toutes les dépendances de la trame vitale).
Classique, il l'est aussi par P1!-ÏSsance. La so!ide structure de cet avide
perceptêur cle "puissances" est animée
par un esprit vigoureux, jovial, stimulant, impulsif. Son clacissisme est toujours "en marche" et va, comme on
l'a fait remarquer, se propageant autour du mythe qui lui donne naissance.
Le fort n'es~ pas _celui qt:.i,_par ~:mr
de l'ivresse, s abstient de boire. '-' est
celui qui boit copieusement et chez
qui le vin ne monte pas à la tête, mais
se répand dans les veines et stimu~~ la
trépidation vitale.
Les yeux de Romains, on dirait
qu'ils sont titillants, troublés, vacillants, prêt à... rouler sous la table ;
mais il ne perdent jamais cette lueur
"d'ivresse lucide" (plus lucide, pour
lui, que la continence sévère) de c~lui
qui toujours reste ferme et donune.
S'il leur arrive de ne plus regarder,
ce n'est pas pour se reposer, éteints et
harassés, c'est pour se détourner joyeusement, avec cette entière confiance
et cette insouciance de ceux qui ont
compris de reste.

96

es que también es clasico por presencia
y aun esto : fisica y espiritualmente.
Su aspecto refleja las dos cualidades
tfpicas de la casta francesa : el perfil
penetrante, incisivo, de buscador inquieto, a la vez ironico y lirico, y el
cogote jocundo y sanguineo de robusto
tclemita placido, denso, nutrido. Su
espiritu ofrece, igualmente, esa « présence continue » que las cosas tienen
para él y que él tiene para las cosas,
a las cuales enfoca esa facultad, peculiar en él, de sentir directamente, que
diriase, al mirar toca, para gozar las
cosas mas y también para comprobar
la auténtica estructura de su forma.

•*•
i Qué habra de verdad eu estas reflexiones mlas? Jules·Romains, facétieux
y babil mœestro de optimos elementos
y " cuisine profonde ,, es hombre capaz de dar reiilidad a un mito. Cierto.
Pero un feliz encuentro, al poco cempo, vino a comprobarme la legitimiaad de todo lo expuesto.

Era, esta vez, en Paris ; una noche
en que, después de asistir a la clase
de técnica poética, ,cenabamos en la
Butte. Y cuando Jules Romains, frente
a mi, me sirvio un trozo de cordero y
lleno después mi copa, recordé aquella
transfusi6n de savia que habia entonadomi primaveramadrilenay me senté
mas hierte y mejor dispuesto para asimilar ahora el sabroso vino que él me
ofrecia, y poderlo pensar - sintiéndolo, plenamente, hasta transfigurarlo
en esplritu.
ANTONIO MARICHALAR

Il était naturel que la personne même de Romains retint notre attention.
C'est qu'il est un type classique. Son
physique reflète les deux qualités distinctives de la race françaue: le profil
pénétrant, incisif du chercheur inquiet,
ironique et lyrique à la fois ; la nuque
gaillarde, sanguine du robuste thélémite placide, dense, nourri.
Son esprit offre cette "présence
continue ' que les choses ont pour lui
et qu'il a pour les choses, cette faculté
de sentir directement, si particulière
chez lui et si forte qu'il semble toucher
du regard, comme pour mieux jouir
des choses et vérifier l'authenticité de
de leur structure formelle.

***
Quelle part de vérité peut-il y avoir
dans ces réflexions ? Disposant de
merveilleuses ressources et connaissant la "cuisine profonde", Jules Romains, facétieux et subtil maître, est
capable de donner la réalité à un mythe. Sans doute. Mais une heureuse
rencontre vint, un peu plus tard me
prouver le bien fondé de tout ce que
je viens d'eposer.
· C'était, cette fois à Paris. Nous
dînions un soir, sur la Butte, après le
cours de technique poétique, auquel
j'avais assisté. Jules Romains, assis
en face de moi, me servit une tranche d'agneau et emplit mon verre,
Je me rappelai alors cette transfusion
de sève qui avait bonifié mon printemps màdrilène et je me senti~ ~lus
dis_pos et plus fort pour assimiler
maintenant le vin savoureux 9u'il me
me versait, pour le penser, dans une
plénitude de sensation qui le transfigurerait en esprit.
Trad. par Mathilde Pomè•.

97

�MARIO PUCCINI

Romains et l'Italie
Romains non è un ignoto in Italia.

Ma mentirei per certo se dicessi che

•

la fama di Romains nei nostri circoli
lctterarii sia altrettanto vasta quanto
quella di Duhamel o di Proust. Dièo
nei circoli letterarii ; chè, quanto al
pubblico dei littori comum, l'ltalia
non ha fatto un passo avanti dal 1914:
cd è ancora, per dire un nome, a
Bourget. Ma b1sogna tener conto di
moiti fattori, e non solo littcrarii.
Dopo la guerra, infatù, dilago da noi
una lctteratura d'acatto, mediocre e
stanca: e tutte le esperienze dell'
anteguerra parvero dimenucate. Una
parte di coloro che ieri avevano spezzettato il mondo di Rimbaud, di Mallarmé, di Laforgue in un frammentarismo di maniera, ginochi di parole o
poco più, si dettero con la medesima
leggerezza al romanzo facile e procace, quale il gran pubblico domandava; mentre Paitra, la {&gt;ÏÙ seria d'intenzioni e d'ingegno, remtegrando le
csperienze dell' anteguerra; cerco di
reagire alla cattiva letteratura con una
disciplina di studio e di ricerca,
stretta c soffocata. E mentre il romanzo corne invenzione e scrittura decadeva fino al feuilleton, i pochi giovani che chiameremmo conservatori,
tornavano con un cilicio addosso alla
parolâ, decisamente votati a ritrovare
il senso dello stile, onnai trascurato
e stemperato dai {&gt;ÎÙ in una prosa
corrente e facile, di andatura giornalistica. Questa esperienza ebbe una
palestra combatuva ed esemplare
nella rivista La Rontk che si stamp_o
a Roma dal IJ19 al 19:12. Ma se l'efficacia polem1ca della rivista dette
frutti notevoli, non altrettanto diremmo dell' efficacia artistica. Il ritorno
a Leopardi ed altri sforzi della Ronda
per creare un lnovimento neo-classicista si frantumarono nella concezione

Romains n'est pas un inconnu en
Italie. Mais je mentirais assurément
si je disais que la renommée de Romains dans nos milieux littéraires est
aussi vaste que celle de Duhamel ou
de Proust. Je dis : dans nos milieux
littéraires, car, pour ce qui est de la
masse des lecteurs, l'Italie n'a pas fait
un pas en avant depuis 1914: elle en
est encore, pour citer un nom, à
Bourget. Mais il faut tenir compte de
nombreux facteurs, et non pas uniquement littéraires. Après la guerre,
en effet, ce fut chez nous ùne inondation de littérature de bric-à-brac,
médiocre et usagée : toutes les expériences de l'avant-guerre semblaient
oubliées. Une partie de ceux qui
avant 1914 avaient brisé l'univers de
Rimbaud, de Mallarmé, de Laforgue
en un« fragmentisme &gt; poncif, assemblage de mots ou guère mieux, s'adonnèrent avec la même légèreté au roman facile et piquant, que le grand
public réclamait; les autres, les plus
sérieux, les plus pleins de tafent,
complétant leurs expériences d'avantguerre, cherchèrent à réagir contre
la mauvaise littérature grâce à une
discipline d'étude et de recherches,
étroite et étouffante. Et tandis que le
roman - fond et forme - se ravalait
au rang du feuilleton, les quelques
jeunes écrivains que nous appellerons
conservateurs, en revenaient, le cilice
sur les épaules, à la recherche du
style, qui, négligé et délayé, n'était
plus qu'une prose courante et facile
de journaliste. Cette expérience littéraire eut un organe combatif et caractéristi9.ue dans la revue La Ronda qui
parut a Rome de 1919 à 1922. Mais si
l'efficacité polémique de cette revue
obtint des résultats notables, on n'en
saurait dire autant de ses résultats
artistiques. Le retour à Leopardi et

g8

ROMAINS ET L'ITALIE

medesima che ispirava gli scrittori
della rivista : i quali videro appunto
non un classicismo moderno e vivo
quale ci ha dato precisamente Ro~
mains, ma un classicismo freddo e
stilizzato: di ricalco, non di creazione.
Romains, per intenderci, raggiunge
una severa disciplina stilistica attraverso una densa esperienza di vita ·
laddove i neo-classicisti italiani dell;
vita e della realta non hanno (nè se
ne curano) alcuna visione o sensazion_e - e il loro sforzo si esaurisce essenz1a1mente nella parola : che si illumi!1a be!1si, . e acqu~sta. ':ita, ma di una
!llummaz1one e v1tahta non durevoli;
10 quanto la materia su cui si esercita
è troppo fredda e libresca. Da qui
l'_errore; e la conseguente incomprens1onc non solo del problema capitale
di un classicismo moderno, ma anche
dell' opera di certi scrittori stranieri
o nostri che lo venivano realizzando
davvero. Romains avrebbe dovuto
essere sentito dai rendisti : ma, se
anche essi lo avvicinarono, Îl loro interesse fu breve e momentaneo. Troppa umanità e vita crano infatù m
Romains, perchè essi si abbandortassero ad una tiduciosa ammirazione.
D'altra parte neppure il nostro Leopardi fu da loro intenso per quello
che era ; e sebhene vedessero gmstamente nella sua opera il centro vitale
dal qua le prenderc le mosse per creare
un classicismo moderno, essi ridussero la tragedia di Leopardi a una
tragedia di stile, impoverendolo, o
tentando, di tutto il suo contenuto
umano e morale. Questa mancata
adesione alla realtà annullo dunque
il più no bile sforzo di rinascita che
abbia avuto l'Italia dopo la guerra.
E bene si intende che, mancata questa comprensione da parte del gruppo
più vitale, poco o niente altri gruppi
o elementi di gruppo produssero.
Tuttavia, bisogna dire che se non
c'è ancora da noi un vero classicismo
moderno, e mancano per esempio
scrittori corne Romains, Gide, Proust
e Duhamel, germina o verzica nel
nostro terreno un' inquietudine latente
chc potrebbe da un giorno ail' altro
trovare i snoi artisti. Quello che Ro,

les autres tentatives de la Ronda pour
cr~er un mouvement oéo-classique se
br1serent sur la conception même
dont s'inspiraient les collaborateurs
de la revue : ils rêvaient en effet non
pas d'un classicisme moderne et vivant, tel que nous l'a donné précisément Romains, mais d'un classicisme
froid et stylisé : un calque et non
plus une création. Romains, précisons-le, se plie à une sévère discipline de style, mais l'applique à une
vaste expérience de la vie, tandis ~uc
les néo-classiques italiens n'ont (et
ne se soucient d'avoir) de la vie et de
la réalité aucune vision, aucune sensation. Leur effort s'épuise essentiellement sur les mots : ces mots s'éclairent certes et prennent de la vie, mais
c'est d'une lumière et d'une vie sans
durée, car la matière qu'ils recouvrent
est trop froide, trop -livresque. D'où
leur erreur, d'où leur incompréhension non seulement du probleme capital du classicisme moderne, mais
encore de l'œuvre de certains écrivains étrangers ou italiens qui étaient
en passe de réaliser cet idéal classique. Romains aurait dû être senti far
les écrivains de la Ronda, mais s ils
l'approchèrent, leur intérêt pour lui
fut bref et momentané. Il y avait en
effet trop de vie et d'humanité dans
Romains, pour qu'ils l'admirassent en
toute confiance. D'ailleurs, Leopardi
lui-même n'a pas été par eux admiré
avec justesse: ils virent bien dans
son œuvre le centre vital d'où pouvait
naître un classicisme moderne, mais
ils réduisirent la tragédie de Leopardi
à une tragédie du style, l'appauvrissant, ou tentant de l'appauvrir, de
tout son contenu humam et moral.
Ce refus d'adhérer à la réalité a réduit
à néant le plus noble effort de renaissance qu'ait connu l'Italie depuis la
guerre. Et l'on conçoit que, cette compréhension ayant fait défaut au groupe
le plus vital, les autres groupes ou
éléments de groupe n'ont nen produit
ou guère.
Toutefois il faut dire que s'il n'y a
pas encore chez nous un véritable
classicisme moderne, que si nous n'avons pas d'écrivains comme Romains,

99

�MARIO PUCCINI

mains ha realizzato nella sua opera
comincia sabbene con altri mezzi e
forme, ad esprimersi anche in altri
paesi, sopratuttô latini. Si veda !'opera
del nostro Pirandello, per esempio.
Non diresti che Pirandello sia un
unanimista; e pure lo spezzettamento
o trituramento ch' egli tenta della
realtà, se non lo porta a realizzazioni
di gruppi umam potentemente vivi
corne in Romains, gli dà almeno una
fisionomia curiosa e nuova; e Unamuno e Gomez De La Serna in Ispagna non hanno tentato il medesimo?
Chi legga Las nove/as es•mp/ares di
Unamuno trova appunto nel prologo
di questo libro una teoria che non è
diversa da quella che ispiro se non
tutta almeno gualche lato o momento
deU' opera di Romains ; chè anche
Unamuno non vede il dramma umano e l'individuo con la scolastica e
monotona opacità degli psicologi e
veristi ; ma ne studia e scopre le varie fü;ionomie attraverso la sensazione
non tanto della realtà apparente quanto della interiore ; e questa, corne
risultato di un' irradiazione vasta,
universale.
Certo Romains è oggi, tra i romanzieri occidentali, il più classico e
moderno ; in guanto esprime la vita
nei snoi aspem universali ed eterni,
ordinando la sua materia con un procedimento ed una tecnica elastlci e
nello stesso momento semplificativi :
si da raggiungere appunto quella reaiiHar_ione epica def dramma umano
che fu precisamente la conquista dei
classici del passato.
MARIO PUCCINI
Falconara Marche (Italia)

r8 marzo 19:13

Gide, Proust, Duhamel, germe ou
lève chez nous une inquiétude latente
qui pourrait du jour au lendemain
trouver ses artistes. Ce que Romains
a réalisé dans son œuvre commence,
bien qu'avec d'autres moyens et sous
d'autres formes, à s'exprimer dans
d'autres pays, et surtout dans les pays
latins. Voyez, par exemple, chez nous
l'œuvre de Pirandello. On ne {&gt;eut
dire que Pirandello soit unanimiste,
et pourtant l'émiettement, la trituration qu'il fait subir au réel, tout en
ne Je conduisant pas à des dalisations
de groupes humains, puissamment
vivants comme chez Romains, lui
donne du moins une physionomie
curieuse et neuve. Unamuno et Ramon Gomez de la Serna n'ont-ils pas,
en Espagne, tenté quelque chose de
semblable? Qu'on lise les Nove/as
Esemplares d'Unamuno et on trouvera
dans l'introduction de cet ouvrage
une théorie qui ne diffère pas beaucoup dè celle qui a ins{&gt;iré sinon toute
l'œuvre, du moins une partie de
l'œuvre de Romains. Unamuno ne
voit pas le drame humain etl'individu
à travers l'opacité scolastique et monotone des psychologues et des véristes; il en etudie et en découvre les
aspects divers à travers la sensation
non pas tant de la réalité extérieure que
de la rtalité intérieure, qui est pour
lui le résultat d'une vaste irradiation
universelle.
Certainement Romains est aujourd'hui, de tous les romanciers d'Occident, le plus classique et le plus moderne: il exprime en effet la vie dans
ses aspects universels et éternels, ordonnant sa matière selon une méthode
et uné technique élastigues et en même temps simplificatrices, si bien
qu'il atteint cette réalisation épique
du drame humain. qui a précisément
été la conquête des classiques du
passé.
Trad, par Benjamin Crémieu:r.

100

JEAN HYTIER

ODE
Quand la ville inquiète en mal:de son génie,
Souffrant que son destin rampât sur les genoux,
Implorai(l'horizon,
Quand son corps dispersé cherchait sa voix dans mille
Et, toujours en gésine, au hasard des cellules
Retombait impuissant,
Du fond tumultueux des Cévennes, un homme
Jailli du roc barbare et dans son front massif
Portant un dieu humain,
Accourut se pencher au-dessus des enceintes
Et, nommant leur sauveur aux foules inconscientes,
Cria : Jules Romains !
Tu fis souffler l'esprit_au plein des multitudes,
Trépider la conscience au creux des bâtiments,
Bondir le cœur des gares ;
Le théâtre et l~ port, la caserne et le -temple
Rassemblèrent soudain leur âme obéissante
Comme au bruit d'un tambour.
Tu donnas une forme à la tribu confuse;
Tu foulas son terroir comme un libérateur
Ou comme un conquérant.
La foudre de tes dieux est tombée sur les hommes ;
L'éclair de ton passage est inscrit sur l(monde
Et sur tes monuments.

IOI

�JEAN HYTIER

•

* •

Ton ouvrage est pareil aux orgues de basalte,
Harmonieux volcan dont la lave s'étonne.
La force bouillonnait au creuset du cratère,
Mais l'esprit la tira des entrailles terrestres
Et, fuseaux délivrés, et, parfaites colonnes,
La fit s'élancer vers le ciel!
Napoléon forgeait âprement la victoire,
Mais Gœthe par l'esprit lui donnait l'air facile.
Qui vaut mieux du César ou bien de l'Olympien?
Toi, tu voulus monter du combat à la cime,
Et tu voulus sept ans au roc de Cromedeyre
Que Corneille se fît Racine !

•••
Enfin ton plein génie gonfle une gloire forte,
Constructeur de cités !
Même en leurs cris jaloux mille crapauds te chantent:
Ecrase-les du pied !

ODE

Mais voici, joie et tempête
Mille jeunes cavaliers.
Sur des routes, d'autres troupes
Font miroiter l'étrier.
Que le vent, été viril,
Rafraîchisse tous les fronts,
Et qu'emplisse l'air salubre
Les poumons prêts aux vivats !
Les panaches, les écharpes
Sont un soleil dispersé.
Une ville qui t'attend
S'ouvre au loin comme un portail.
Et dans la foule unanime
Qui crépite en étincelles
Et de toi tire son feu,
Une main se dresse et vibre
Pour lancer, aigle invisible
De ton triomphe augural,
Le salut d'un homme libre
A ton char impérial.
JEAN HYTIER

Que les cœurs subjugués te louent ! mais dans le siècle

Seulement quelques-uns
Parmi tes monts abrupts bivouaquent sur les cimes
Où souffle la Raison .

•••

102

103

�Les Qyatre Premiers Numéros du Moulon Blanc
et la Presse
I

EN FRANCE
L'ACTION FRANÇAISE (25 Février 1923). Orion. LA DOCTRINE IJU "MOUTON BLANC" « Le troisième numéro du mouton blanc est riche en axiomes
irréprochables. Il, est beau de voir des écrivains, qu~ s_e veulent« avancés»,
graver cette enseigne sur la porte de leur revue. Vo1c1 les excellents principes qu'ils posent: (suit le résumé de la doctrine).
Ces bon~es généralitès sont so~tenues par ui:i détail judicieux et pertinent. Ce tran, par exemple: « Racme et Corneille observent une t'Sthi:tique générale commune, et diffèrent infiniment plus que deux néo-svmbolistes farouchement indépendants.,.
·
L'EcI,AIR. (19 décembre 1922) • Beau programme! Belles formules: ... Dans chaque numéro de la nouvelle revue, nous trouvons - entre autres pages fort
intéressantes - un tableau d'« erreurs» et de « véritéS&gt; qu'il nous sera toujours agréable de citer. »
L'HUMANITÉ (11 février 1923), Parijanine : LE MOUTON BLANC. « Je ne
crois pas que le Mouton Blanc se satisfasse de peu, qu'il ne tienne pas compte
de la substance des livres ... Tantôt je m'éloigne de M. Jean Hytier, r,rntôt
je me rapproche de lui ... C'est dire qu'en cet instant je règle mon attitude
sur la sienne. C'est alnsi que je lui rends hommage. Sa théorie et sa critique
m'intéressent beaucoup.
.
... Le troisième cahier de cette revue contient un ddicieux poème &lt;le
Chennevière : Le Chant du Verg-er. &gt;
LA Vrn LITT~:RAIRE (1•• octobre 1922) : « Marthe Esquerré signe une intéressante étude sur André Gide et le problème du style.»
REVUE CONTEMPORAINE (1•• Avril 1923) Léon Treich : « ... un parfait essai sur
Georg-es Chennev1ére. »
LA RÉPUBLIQUE FRANÇAISE (15 novembre 1922), Gilbert Charles : « ... présente le
plus vif intérêt. - Cette revue à une doctrine. - La revue est h1en laite et
tout à fait digne de l'intérêt le plus actif. C'est substantiel sans pédantisme ... &gt;
LEs PRIMAIRES (Février 1923), Guy Otte: « Ses ambitions sont grandes et nu:,les.
Dans une ode liminaire, crânement campée en vers de 9uatorze pieds, Jules
Romains nous présente «Jean Hytier et sa séquelle». D heureuses prl;miccs
dans les deux numéros du début. Nous suivrons avec intérêt ces gén.:reux
efforts tendant à faire naître une synthèse ordonnée du choas littéraire et
artistique actuel. »
' L'INDÉPENDANCE ARTISTIQUE ET LITTÉRAIRE (Mars 19231: « une revl.le qui occupe
une place tout à fait à part, c'est Le Mout1;n Blanc. Revue d'avant-garde, le
Mottlon Blanc veut travailler à établir le classicisme moderne. C'est ce que,
dans chaque numéro, explique avec force J. Hytier, affirmant « la doctrine
du Mouton Blanc». Dans le numéro de décembre, ses affirmations sont
illustrées superbement par le poème de G. Chennevière: le Chan/ du Verg-er,
et, en janvier, par les Odes, de Paul Fiérens; le Mouton Blanc est de ces
revues qu'il faut suivre, car elles iront loin.»
L'ÉvEIL "l&gt;ES JEUNES (4 novembre 1922), Jean Desjardins: « De Gabriel Audisio...
des fra~ments d'un recueil: Hommes au Soleil... Il me plaît, aujourd'hui,
d'avoir a dire tous le cas que je fais de sa poésie chaude ... Enfin je signale
la large ètude de Mme Marthe Esguerré sur «André Gide et le problème
du style». J'en reparlerai, la question « Art, Vie et Beauté» étant toujours
d'actualité littéraire. »
BoNSOIR (12 février 19~3}, Charles Derennes: «Les bonnes lettres ... et les mauvaises. - Je ne parle pas d'unanimisme (ou de classicisme moderne) avec un
peu d'ironie, d'ailleurs affectueuse, pour donner un coup de patte - de ma
patte d'ours - à la jeune revue le Mouton Blanc, dont le dernier numéro
contient beaucoup de réflexions justes, ce qui est d'autant plus méritoire
qu'elles sont le fait d'hommes qui veulent fonder une école, que dis-je ?
une doctrine! .•. C'est pour Jean Hytier que je parle, à lui que je fais allusion.
Bon dieu de bon dieu, quand donc se déc1dera+on à comprendre qu'il n'y
a pas d'écoles, qu'il n'y en a jamais eu ... Il y a ce qui est beau d'une part;
d'autre part, ce qui est moche .... »

�LE PROGRÉS DE LvoN (6 octobre 1922\. R. Cantinelli: « une revue qui dès son
premier numéro ... s'impose à l'attention. M. Jules Romains l'inaugure par
un poème truculent, qu'accompagnent des articks bien pensés et nohlcments écrits.»
· LA GAZETTE DES ALPES (23 septembre 1922), Henry Petiot: « Aussitôt les principes que porte imprimés la page rose de garde sont appliqués : Gabriel
Audisio publie un fragment de son livre de poèmes qui vient d'obtenir le
Prix Primice-Mendès. •
(25 novembre) « Tout serait à citer ... et surtout l'excellent article d'André
Cuisenier sur les romans de Jules Romains. »
•
(24 février) «•••toujours intéressant et vivant. Jean Hytier expose comme
d'habitude la doctrine... tandis que l'illustre merveilleusement le beau
poème idyllique de Georges Chennevière : Le Chant d1, Verger. »
LE BoN PLAISIR, Toulouse (Février 1923). J. Léger. « Voici un très beau poème
idyllique d.e Georges Chennevière: Le Chant du Verger, qui possède un vrai
parfum de printemps. Les images multipliées et neuves sont d'une touche
délicate ... Oui, c'est un beau poème d'un grand poète. »
LA TABL.E RONDE, Arras (Mars 1923), Claude Kamme: « Applaudissons à cette
profession de foi et aux intentions dont elle témoigne. Le Mduton Blanc ...
pourra devenir le signe de ralliement des partisans d'une œuvre salutataire. •
LA MouETTE, Le Havre (Avril 1923) : « A. Maupré (Saône-et-Loire) ... paraît
superbement édité Le Mouton Blanc... On y trouvera une longue et délicate
poésie de Paul. Fierens; un im~ortant essai st!-r le poète Georges ChenneYière, par Rene Mauhlanc, et bien des pages rntéressantes. »
Luc1FER, Lyon (Décembre 1922) : « Fort belle étude des romans de Romains
par André Cuisenier. Notes très justes de Jean Hvtier sur le cl.assicisme, le
Je symbolisme, l'unanimisme. Er de Jean H ytter encore, cet « Edmond
Rostand ... » .
L'ANE D'OR, Montpellier: •· Une rubrique fixe d'~ Erreurs» en parallèle avec
celle des «Vérités» promet d'être souvent piquante. Heureuse idée. Dans
son ensemble le « Mouton Blanc» est fort intéressant et je serai très heureux d'en reparler. »
LA PENSÉE FRANÇAISE, Strasbourg: « •• .les Odes de Paul Fiérens plaisent.
LE RArn: L DE L'YONNE (4 février 1923), Henry Dalbr: « Cest une revue hardie et catégorique ... Je signale au passage ce be effort, et je vois grand
son avenir. »
JouRNAL DE CHAROLLES (Octobre 1922), Antoine Rigaud: « C'est une tentative
ùe la plus haute portée littéraire et dont toute la presse se fera l'écho. «
LA Vrn PROFESSIONNELLE, Sénonnes (Fév:ier 1923): « N'e~t-elle pas belle cette
doctrine qui entend « par le contact direct ave~ la. vie; moderne dans ce
qu'elle a d'essentiel, renouveler les thêmes et l msp1rauon »?
.t\.KHBAR, Alger (15 décembre 1922): « Le Mouton. Bl~nc... Sa cuisine de bon
goût veut être classique et moderne. Elle y reuss1t. »
,
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE; LA RE\'UF. FÉDÉRALISTE ; LA LIBERTÉ:
L'INTRANSIGF;ANT; LE JOURNAL DU PEUPLE; L'INTERNATIONALE; MANOMÈTRE i
CoMŒOtA ; LA DÉPÊCHE ALGÉRIENNE; LE SuD-EST RÉPUBLICAIN; LES EcR1Ts DU
NORD ; LES CAHIERS D'ICARE; LES BEI.1.ES-LETTRES; LE PETIT PROVENÇAL;
INTENTIONS; LA VIE UNIVERSLTAIRE; LA PAIX NATIONALE ; LE COURRIER CINÉMATOGRAPHIQUE ; LF- PROGRh DE SAÔNE-ET-LOIRE; LYON RÉPUBLICAIN; VIENT
DE PARAITRE; etc ...
ont
annoncé Le Mouton Blanc, reproduit, analysé, cité son manifeste, ainsi que ses
sommaires, ~ertains de ses textes, ses Erreurs et ses Vérités, discuté sa doctrine
et son espnt.
IJ

A L'ÉTRANGER
Les revues et journaux étrangers ont parfaitement compris le sens et la
portée de notre effort. Qu'ils en soient remerciés vivement ici.
BELGIQUE.
Dans le THYRSE, du 15 janvier 1923, G.M. Rodrigue présente
avec précision et cite en partie n&lt;?tre manife~te et le s?~maire des deux
prenners num( ros. Il nous souhaite de devenir un fort belier.

=

LES ECRITS ?U NoRD (Novembre 19n) , citent une partie importante du manifeste et signalent l'Ode de Jules Romains et l'article de Marthe Esquerré
« André Gide et le style au théâtre )),
Da~s Mrn1, J.J. van Dooren signale plusieurs fois le Mouton Blanc et ses
sommaires.

~

SUISS~. - GAZETTE DE LAUSANNF: (19 Janvier 19..13): « le Mouton Blanc a
p1u~hé 1~ns. s~n N° 3 quelq_u~s judicieux extraits de !'Histoire de M. Lalou.
J a1 pla1~1r a signaler cette Jeune et entreprenante revue de littérature et
d'art qui, dans ses études du mouvement contemporain fait une large et
juste place à Jules Romains et à l'ancien groupe de !'Abbaye. ))
ALLEMAGNE. :- D.\s KuNSTBLATT (Avril 1923), présente la revue et son pro·
gramme. Il aioute : « Le Mouton Blanc combat contre le romantisme et le
sensualisme, mais résolument aussi contre le faux classicisme ce néo-acad,·misme dans lequel un.! partie de la France littéraire et artistiq~e est tombée.»
CATALOGNE. - LA REVISTA a reproduit intégralement notre manifeste.
LA VEu DE CATALUYNA (7 janvier 1923), nous consacre un long article: LI:: MOl;TON BLANC. - « Par son programme, par son art de choisir par sa
sévère critig_ue étudiée, l'initiative du Monton Blanc nous sembie d'une
solide vocatwn à la durée . »- Voir aussi le numéro de Juillet de LA VEu.
EGYPTE. - L'EGYPTE Nou\lELLE et les CAHIERS DE 1.'OAs1s (Alexandrie) nous
signalent plusieurs fois.
ESPAGNE: - HoRIZOt:iT.E (15 déc_embre 1922), José Bergamin, dans u_n, excell~nt. aru~le ~ Class1c1smo », dit du Mouton Blanc que « son appanuon est
sigmficauve ».
Til Blas nons signale dans LA EPocA de janvier 1923.
HOLLANDE. - ~ET GETIJ (Jan\"Îer 1923) présente et commente l'effort de
nos deux premiers numéros.
NEwE ROTTERDAMSCHE COURANT daus un long article sur la « Trilogie
de Jules Romains (Les Copains, Donogoo, Le Trouhadec) » se réfère à
l'article d'André Cuisenier sur « Les Romans de Jules Romains» (M. B.
Oct. 1922).
ITALIE. - LA CUI.TURA: « Le Mouton Blanc .. . se définit, rien de moins,
«organe du classicisme moderne,, .... Nous verrons, puisque la revue est
écrite par des gens de talent et de goût, à en extraire quelques jugements
sur les contemporains. On lit ceci, que nous trouvons dans le fascicule
d'octobre et que nous ne pouvons pas ne pas appprouver, sur Henry
Bataille; c'est de M. Jean Hytier: « li commença ... ».
IL CoNSILIO (Avril 1923) : « Le Mouton Blanc que nous avons annoncé
dans le 1•• numéro continue à se publier à Maupré et avec beaucoup de
succès. Dans le dernier numéro nous avons lu quelques odes de Paul
Fierens et l'habituelle rubri 1ue distinguée que le rédacteur en chef Jean
Hytier écrit dans chaque numéro;« La doctrine du Mo1tto11 Blanc,,, destinée à résumer la pensée et l'art contemporains. Très belle dans sa concision est la synthèse critique de l'œuvre de Proust: « Explorateur d'un monde
qu'il n'a pas su ordonner» et excellente la défense du livre de Lalou, contre
lequel se dresse-ta banniere de l'orthodoxie parisienne. »
LETTONIE. - LAIKMETS présente le Mouton Blanc et son programme, et
reproduit les.passages essentiels du manifeste.
TCHÉCO-SLOVAQUIE. - Dans la REVUE FRANÇAISE DE PRAGUE que dirige
Daniel Essartier, René Maublanc dans une longue et pénétrante étude
« Vers un nouveau classicisme», présente excellemment 1e Mouton Btanc,
cite presque en entier son maniteste, et expose avec une justesse remarquable les conditions d'un classicisme moderne. L'effort du Mouton Blanc
trouve ici un interprète fidèle et précis. René Maublanc ajoute enfin :
« On dira: autre chose est de concevoir, autre chose de réaliser. Certes, et
je ne prétend point que cet effort si digne de remarque remplira son grand
dessem. Du moins la nouvelle revue s'annonce-t-elle vivante et variée. Les
deux premiers numéros contiennent des articles sur André Gide, J. Portail
des vers de Romains, de Gabriel Audisio, de Franz Hellens, une pénétrante étude d'André Cuisenier sur les romans de Jules Romains. Il contient
aussi la « doctrine du Mouton Blanc» des pages où Jean Hytier, avec le
dogmatisme tranchant du doctrinaire, mais aussi avec un bon sens souriant,
pose ses principes esthétiques en des formules frappantes et fortes.»
« ... Le Mouton Blanc, lui, a son hut : comme autrefois le Mercttre de
France, plus récemment la Nouvelle Revue Francaise, il naît pour défendre
une doctrine littéraire. Il lutte, donc il vit. ~

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Duplicmeur:- de toute-.; Marque..; 1

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"H MON PLUS SECRET CONSEIL, par Valerv LARBAt'll. H''
Un chapitre inédit de SIEGFRIED
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                <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>•iEVUE MENSUEL.L.IE
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serent comme une préÍiguration Ju classicismc futur. Mais, Jepuis eu:x:,
le Jonné littéraire s•est tcllement cnrichi, par l'a1,port mCmc Jes événe1nents, l es révélations J'un précurscur comme Rimbaud, les expériences
tecl1.niq11es

Ju symbolisme, l'effort cl'un

Verhaeren , l'intuiti.on d'un

CJ,.rle,-Laui, Philippe ... qu'J faut reprend,e la tacl,c. pied.-J'c,uvre.
Alors que tout romantisme est une Jispersion anarclúque et _personnclle, tout classicisme est une syutl1.Csc spéciÍique, fruit

J' une

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Je

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Il

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La

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a exprimer" l'essence

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matiCre Ju nouveau classicisme, e'e.st .

vie et l'homme moJcrnes, con~us aussi bien sous

vités que .sous l'apparence de l'inJiviJu d'ailleurs, de celui qui constituait l'objet
profonde et

J'aspect des collecti-

1,

1

J

1. l 1 . A ;

BIBLIOTECA

CENTRAL.

U. A.N. L

GEORGES CHENNEVIERE

ind ividu tou t Jifférent,

Ju classicisme

ancien. Cette

barmonieuse, sera

rceuvre

représentation

totale.,

du

XXª siCcle. Le

cla.ssicisme moderne est né il y a environ qu1n:e ans;

A Charlotte CHENNEVIÉRE

1

il

a

ses précurseurs, et déj3. se.11 premiers maitres. Tandi.s qu' une lignée

Je prosateur~,

ala suite de France

ou 3 restaurer le sentiment Je

Ja

et de BarrC.s,. travatllaient

a maintenir

perÍec tion, tandis q u'im C laudel, ou

un Proust pour.suivaient la découverte de la matiCre, J'autres qui représentent le nouvel équilibre, ajou taient 3. leur révélation profonde J e
l'objet une organisation pleinement clas.sique : Ju les R omains,

A.ndré

GiJe, G,o,ges Chenneviere ...

Le

Le Chant
du Verger

meilleur hommagcquenouspuissionsrendre3ces ~aitres comme

a ceux J u XVII'
qui jadis servait

Fantaine,

,i,cle -

J'en.scigne

'º"'

mouton blanc
réuni.s.saient R acine, La

l'invocation Ju

au cabaret oll .se

.Moliere et B oileau _. &amp;era J'a.ssurer . .selon nos moyens,

J' établi.ssement

dé.Gnitif d' un classicisme moderne et des vérités esth~-

tique.~ qui .sont

a la

1

fois rexpression et la condi t ion. Une telle reuvre
1

n e.st pas de celles qui s improvisent en que]que.s années,

a la· maniCre Je

ces mouvements arti.stiques, fugitifs comme des mode.s, dont notre époque
a pris l'habitude. C e ne sera pa.s trop peut-@tre Je tout un .si~cle et de
la bonne et forte volonté de plusieurs générations pour Yaccomplir h onoral,lement.

(IDYLLE)
\lente /'ore et lí raím crollent :
Ouí s'entraíment soef dorm ent.
(CHANSON D'rllSTOIRE)

�GEORGES CHENNEVl:BRE

LE CHANT DU VERGER

\

Le

Toutes les trois.

Chant

du Verger
Vente l'ore et Ji raim crollent

Jeanne. -

A la porte de la grange,
Le vieux Jean battait sa faux,
Car les luzernes sont hautes.
« Pere Jean, ou est Marie? •
Le pere Jean a souri.

Blanche. -

Pauline emplissait les jarres
Ou moussait la chaude neige
Du lait qu'on venait de naire.
« Pauline, as-tu vu Marie? •
Comme Jean elle a souri.

Oui s'entraiment soef dorment

Cla,re. -

Que fais-tu la, sceur bien-aimée,
A la barriere du verger ?

Blanche. -

Sceur, pourquoi es-tu sortie
Avant qu'ait grincé le puiu?

/eanne. -

Sceur, pourquoi t'es-tu levée
Bien avant que la servante
Ait descendu au cellier ?

Toutes les trois. -

Avant qu'on ait entendu,
Sur les pierres de la cour,
Les galoches du valet
Qui donne a manger aux betes ?

Claire. -

Notre pere n'a rien dit.
II regarde maman coudre
Dans la salle qu'étourdit
Le bourdonnement des mouches,
Oublies-tu que c'est dimanche?

1outes les trois. -

Claire. -

Nous avons remonté les poids
De l'horloge au coffre de chene.
La vaisselle et les cuivres luisent
Dans la lumiere vaporease
Que le chevrefeuille verdit
A la fenetre treillissée.
Partout nous t'avons cherchée,
Dans l'étable, dans les champs
Et dans la niche du chien.

2

Nous avons fouillé la huche
Et vidé toutes les creches.
Oublies-tu que c•est dimanche?

Claire. -

7outes les trois. -

Jeanne. -

J'ai poussé la petite porte de derriere,
Celle qui donne sur les prés.
On aurait dit que d'un seul bond
La plaine s'engouffrait avec l'air et le ciel
Dans la maison.
Mais tu n'étais pas la non plus.
J'ai cueilli cette 8eur et je sois revenue
Sans t'avoir trouvée sous les saules.
Et nous avons longé, ensemble, le vieux mur
Qui borde le chemin du bois.
De la breche, ou le bourg s'encadre
Une nouvelle pierre, encare tout humide,
Etait tombée,
Et sur le parterre beché
11 y avait des pas que nous avons suivis
Jusqu'a ce puits ou tu vins seule.
Tu ne sais pas que c'est dimanche ?
Le lavoir est silencieux.
Sur les routes, dans les sentiers,
On n•entend pas geindre l'essieu
Des charrettes pleines de tre8e.

3

�GEORGES CHENNEVI8RE

Blanche. -

Claire. -

Toutes les trois. -

Marie. loutes les trois. Marie. -

Tu ne sais pas que c'est dimaoche?
Sur les cordes et sur les haies
Seche et blanchit le linge gai
Qui gesticule daos la brise
Ou 8otte la 8eur du pommier.
Tu ne sais pas que c•est dimanche ?
A travers un vol de colombes
Sonne la mease de dix heures.
Et daos l'ombre du mail désert
Chaque gar~on guette sa belle.
Regarde-nous. Es-tu fachée?
Que fais-tu la, les yeux baissés,
Et les coudes sur la margelle ?

Blanche.

Toutes les trois. -

Marguerite. -

Habitante du verger,
T ourne vers nous ton visage,
Je regarde les nuages
Qui passent sur l'eau du puits.
Petite sreur au front triste,
Viens a la fete avec nous.

Marie. -

Je me penche sur mes jours
Qui glissent au fil de l'eau.

C/aíre. -

/eanne. -

Je regarde mon image
Se rider daos 1'eau du puits.

/eanne. -

Blanche. -

LE CHANT DU VERGER

Sous les cerisiers, la-bas,
Voici Marguerite.
Elle vient a petits pas :
Sa mere J' épie.
Car souvent elle s•attarde
A causer pres de la haie.
• Mere, ne me groodez pas,
« L'eau s'est renversée.
« Mere, ne m'en veuillez pas,
« La chaine a cassé. •

Marie. -

/eanne. -

Blanche. Claire. -

• 11 •faut que le maréchal
« Remplace les vieilles mailles,
« Elles sont usées, •

« 11 faut que le charpentier
« Répare la vieille poutÍe.
• Elle va céder. •
Marguerite, Marguerite,
Combien de temps te faut-il
Pour remplir un seau ?

C'est aujourd'hui jour de fete.
Combien de temps vais-ie. mettre?
Vous riez 1
La chaine ne casse pas.
La poutre ne cede pas.
Car mon fiancé m'attend.
11 ne me faut que l'instant
D'un baiser.
L'eau se plisse et s'assombrit
Sous les gouttes qui retombent.
Nuages, revenez vite.
Booheurs légers, suspendez-vous
Aux pointes des branches 8euries.
Je l'attends. Je sais qu'il viendra
Bientot, du coté des prairies.
11 viendra, je veux qu'il vienne,
11 sera comme l'image
A la page qu'on connait.
Dis-nous celui que tu attends,
Est-ce le vieux propriétaire
Qui demeure au bout du village ?
Est-ce le beau commis bancal
Qui travaille chez l'arpenteur?
Est-ce le jeune sacristain?

5

�GEORGES CHENNEVIERE

Toutes les trois. -

Marie. -

LE CHANT DU VERGER

11 sont ensemble. 11 luí appoile
L'amour que je lui ai donné.

Tu ne sais pas que c'est dimanche?
Nous danserons ce soir au bal,
Et nous rentrerons en chantant,
T outes les quatre, un air de danse.

Ah I qu'ils seraient beaux sur la route,
Vers moi, les pas du bien-aimé.
Entend-il la voix du verger,
Plus ardente d'etre jalouse?

Sa voix dans la nuit, l'entendrai-ie?
Dites I Que fait-il ? Ou est-il ?
Ou est celui que mon creur aime
Et pour qui mes joues ont rougi ?

Reviens ici. Fais-moi du mal.
Je pardonne : voici mon creur
Qui redemande des mensonges,
Content pourvu que tu lui parles 1

Je le cherche des yeux sous les peupliers gris,
Dans les prés que ses pas égayaient de son ombre.
C'est pounant toi, matin si longtemps attendu,
Matin, qui es déja quelque chose de luí.
L'aube a peine naissait quand j'ai vu, de mon lit,
Dans la vitre profonde ou trempe le feuillage
De la belle de nuit et du volubilis,
L'étoile du matin briller de tous ses cils.

C/aire. -

Qui vous a dit qu'il me trompait?
L'eau du puits est lisse et !impide.
Paix sur la terre a ceux qui aiment.
11 va venir le long des haies.
Cruel horizon, rends ta proie 1
Privés de lui, mes yeux se lassent.
Et vous, mes sreurs, faites silence,
Si vous le voyez avant moi.

11 va venir, sois patiente.
Espere encore, Marion.

Mane. -,Jamais il ne m'appelle ainsi .

Me trouvera-t-il assez belle?
Mes bras a ses bras triomphants
S'ouvrent, comme s'ouvre la grange
Aux chars d'ou débordent les gerbes.

11 me donne des noms qui changent,
Et je sais toujours que c'est ~oi.

/eanne. Blanche. Jeanne. -

5ouviens-toi de la Romanichelle
Qui tirait les cartes sur un chale.

Que dans ses bras forts il m•étreigne 1
Qu'il me prenne dans ses mains douces l
Que ses baisers soient sur mon corps
Comme les grappes sur la treille 1

Souviens-toi de l'oracle des Beurs,
Des vingt pétales aux voix contraires.
Méfie-toi de la rousse aux yeux gris.
Garde-toi de la blonde aux yeux bruna.

Marie. -

Une blonde, je la connais.
Je les ai vus qui se parlaient
A voix basse, sous une porte.
Pourquoi m'a-t-il dit qu'il m'aimait?
Une blonde. Vous le saviez.
Elle, du moins, l' a vu venir.

6

C'est lui la-has. Je suis heureuse.
Le matin l'entoure. Ma joie
Est plus nombreuse que le grain
Qui sort en ao0t de la batteuse 1

/eanne.
8/anche.

11 vient du coté des prairies.
11 a franchi la passerelle.

7

�GEORGES CHENNEVU:RE

C/aire. Toutes les trois. Marie. -

LE CHANT DU VERGER

Sa tete dépasse les haies.
Louange

a l'amour de Marie 1

Je n'ose pas lui faire signe,
Et je sena que ses yeux me cherchent.

/eanne. -

La rosée a mouillé tes bas.

Blanche. -

Ta chaussure s'est délacée.

Claire. Marie. /eanne. -

Marie. Blanche. -

Tu as laissé tomber dans l'herbe
La barrette de ton corsage.
Dites-moi si je lui plairai.
Me trouvera-t-il assez belle }

Les troit. sreurs de Marie. -

/eanne . Blanche. Claire. Le jeune homme. -

II arrive devant la grille du chateau.
Tes cheveux sont comme des ailes repliées.
Nous chanterons autour de toi
Pour qu'il se trouble.
II écoute, debout, l'heure venue de loin.

C/aire. -

Tes yeux baissés sont comme deux tetes d'oiseau.
Nous nous tairons autour de toi
Pour qu'il te trouve.
II approche. 11 regarde

/eanne. -

Les trois sreurs. -

Le jeune homme. -

a travers l'aubépine.

Cette rose nue,
Prends-la dans ta main
Pour aller vers lui.

Blanche. -

Autour de ton cou,
Mets ce collier d'or
Qu'il ne connait pas;

Claire. -

Et sur tes épaules
Ce voile d'amour
Que ta main broda.

8

Tu ne nous réponds plus. Tu lui parles déja.
Laisse-le te chercher encore.
La fe1e n'est pas commencée.
Que cherchez-vous dans le verger
De si bonne heure }
Voici des Oeurs, si vous voulez;
Des fruits, si vous en désirez ;
Et, si vous me la demandez,
Ma révérence.

Ce que je suis venu chercher,
Depuis longtemps vous le savez.
C'est une lille aux beaux atours,
Dont le pied mince est plus joli
Que le museau d'une souris
Au ras d'un trou.

Ne tremble plus, Oamme candide du verger.
Nous danserons autour de toi
Pour qu'il te cherche,

Marie. -

Marie. -

./eanne. -

Les trois sreurs. -

/eanne. -

N'avons-nous pas toutes ici
Le pied mignon, la jambe fine.
Mais vous refusez de nous dire
Qui de oous est la préférée,
Pour que chacuoe s'imagine
Que vous I' aimez.
Ne chaotez plus. Ne daosez pas.
Je veux la voir. Elle se cache.
Son sourire est pareil au bruit
D'une goutte d'eau daos les cendres,
Elle est ma joie de tous les soirs
Et mon dimanche.
Acceplez l'épreuve du jeu,
Et tachez de vous reconnaitre
A vec ce bandeau sur les yeux.
Voici la plus belle des roses,
T oute blanche, au parfum de thé.
Devinez celle qui vous l'offre.

�GEORGES CHENNEVU!;RE

le jeune homme. Blanche. -

Ce n'est pas elle.

Ce n'est pas elle.
Voici le bleu myosotis,
Sans auue parfum que son nom.
Devinez celle qui vous l'offre.

le jeune homme. -

Certes, vous etes peu galant,
Et nos fleurs étaient inutiles.
Vous ne pouvez pas meme dire
Celle de nous que vous aimez.

le Jeune homme. -

C'est celle qui n'a pas chanté,
Celle qui ne m'a ríen offert.
C'est l'habitante du verger,
Qui m' attendair a la barriere
Entre le puits et le pommier.

(aMarie}. -

le jeune homme. -

Marie. -

Ce n'est pas elle.

les trois sreurs. -

les trois sreurs. -

les trois sreurs. -

Voici le plus beau des reillets,
Tacheté, au parfum de camphre.
Devinez celle qui vous l'offre.

le jeune homme. Claire. -

LE CHANT DU VERGER

Je te donne cette fleur
Qui ne pousse que daos l'herbe.
Son nom je ne le sais plus.
Je l'appelle, comme toi :
e Celle que j'aime entre toutes J.
Je te baptise, comme elle :
e Blanche reine du verger J.
La brise souffle daos les branches,
Silence autour de ceux qui aiment.
Tu es si belle que je veux te voir danser.
Mais non, reste debout, presdu pommieren ffeurs.
Laisse-moi prolonger le plaisir de t'attendre.
Quand tu viendras vers moi, tes pas et ta douceur
Orneront le verger d'une arche fine et tendre.

IO

le jeune homme. -

les trois sreurs. -

La feuille change de couleur
Le long des branches balancées.
Mais la fleur a gardé la sienne
Dans la brise qui l'effeuilla,
Daos l'herbe ou tombent ses pétales.
Laissez rever tous ceux qui aiment.
Je voudrais tenir daos ta main,
Et m'y blottir, sans remuer;
Te sentir tout au tour de moi,
Comme le jour et comme I'air.
Je te regarde saos te voir.
Je suis venu, et c'est dimanche,
Et nous sommes au mois de Mai,
Daos un verger, sreur, douce amie.

La brise caresse les toits
Ou les pigeons vont s'endormir
Daos une nappe de soleil.
La fete s'ouvre. Les enfants
Montent sur les chevaux de bois.
Ne parlez pas a ceux qui aiment.

Marie. ·-

Je me rappelle qu'autrefois
Je grimpais souvent au grenier
Pour y rever pendant des heures.
C'était l'été. Je me faufilais sur le foin,
Et la, je me plaisais a répéter, tout bas,
Des mots simples,desmots comme e plaíne J ou • jardin •
Qui me semblaíent plus beaux parce que j'étais seule.
La chaleur dormair sur les blés. Par la lucarne,
J'apercevais, perdu daos l'herbe et daos les arbres,
Un toit que j'adorais de tout mon creur d'enfant.
Je lui envoyais des baisers :
Et j'attendais un grand bonheur,
Tu es venu daos le verger.

le jeune homme. -

Je cueille une fraise des bois,
Tu es belle, au mili!!u du ver~er, sous les branches,

II

�GEORGES CHENNEVIERE

Dans ce dimanche, ou tout parait puri6é,
011 la fleur qui s'en va laisse de sa blancheur
Au ciel des jardins et des champs.
Les trois sceurs. -

Marie. -

Le jeune homme. -

lvtarie. -

les trois sceurs. -

LE CHANT DU VERGER

Marie. -

a

Viens, je te conduirai devant notre maison.
Tu verras la vigne et le lierre
Et la fenetre de ma chambre,

Paix sur la terre ceux qui aiment.
Souffle, brise, dans les· sentiers
Qui vont vers la fete et le bal.
Souffle, tandis que les enfants,
Montés sur leurs chevaux de bois,
Font le tour d'un monde qui change.

Nous franchirons tous deux le seuil, et je dirai
Voici celui que j'ai choisi,
Et voici celle qu'il a prise.

Vois la campagne devant nous ;
L'horizon d' 011 tu vins vers moi;
L'arbre, ou je t'attendais, peureuse,
Craignant qu'on n'entendit mon creur.

Viens avec moi; je te menerai daQs les champs.
Je te montrerai nos prairies
Et les agneaux de cette année.
Viens. Tu me meneras au bord de la riviere.
Nous franchirons la passerelle
Par 011 mes yeux t'ont vu venir.

J'accourais vers toi, sans y croire.
Arbres et buissons du chemin,
Connaissez-vous celle que j'aime}
Je m'arretais. Je regardais.
J'hésitais. Je voulais te voir
Et te quitter, pour te revoir.
Soirs aimés. Rendez-vous furtifs,
Pres des murs ou pousse l'ortie.
Belle ombre de toi dans la nuit 1
Croix amoureuse de tes bras 1
Je sentais, contre ma poitrine,
Sur mon creur, le poids reten u
De ta douce main repliée.
Le chien de la ferme aboyait,
Et le ciel tombait sur mes levres
En meme temps que ton baiser.
Ne dites rien. Laissez passer
Sur le chemin tous ceux qui aiment .
. O nuages, voilez la !une,
Pour qu'ils restent un peu dans I'ombre.
La brise souffle dans les branc:hes.
Dorment en paix tous ceux qui aiment.

12

Je te donne ma main. L'amour est devant nous.
Je t'aime tant que j'aime tout
Dans le monde profond qu'il m'ouvre.

Viens. Je comprends. Je veux tout revoir avec toi.
Je te donnerai mon baiser.
Je ne sais comment te le dire.

Les tro,s sceurs. -

Mettez votre robe de bal.
La fete tourne sur la place.
Dansez jusqu'a l'aube prochaine.
La brise souffle. L'ombre bouge
Et le feuillage se balance.
Paix et silence a ceux qui aiment 1

GEORGES CHENNEVIERE.

.'

�P ...

ESQUISSE D'UNE P ARABOLE

nou, jeter Je, pierres. Nous Jumes riposter, le laissant hientot pour mort

Esquisse d'une Parabole

,ur

la route.
Plus loin nous rencontrames un autre fou qui marchait seul et

péni1lement. TI paraissait

a bout de

forces ; mais, des qu'il vit notre

gibier, il s'élan~a sur nous, espérant nous le ravir. N ous luí en Jon-

Nous

étions Jeux sur une 1aute dme, témoÍns J ' une grande iné-

Jl parut

étonné, mais il était fou, et il mangeait sans joie, nous

regardant avec colere. Alors nous lui parlames, et peu a peu il semblait

galité Je la nature.
On voyait

names.

a droite

a gauc1e, des

un pays dénudé, déserté des eaux, hrulé par

comprendre.

plaines toujours vertes et fertiles ou Jes arbres

e Celui~ci est moins fou que l'~utre, Jit mon Írere. L'autre était

non taillé, portaient des fruits lourds et coloré~. Un aigle planait, Íixant

fou principJement parce qu'il avait trop Je gibier pour lui seul et gu'il

le soleil;

sa proie; et Jans 1'1erbe

e'étaient

marchait courbé sous sa richesse, ne pouvant ni voir ni penser. Celui-ci

des massacres J'insectes.

Cependant notre esprit, attentif au spectacle Je la nature, ne
sen trouvait pas c1oqué.

N ous

échangions en des paroles Jifférente5

Jes pensées Ídentiques : ríen ne nous étonnait ni l'inégalité Ju sol, ni
la guerre des Ínsectes; nous concevions seulement notre supériorité avec

il marchait Jroit, et il pouvait voir, bien

qu'avec Jes yeux Jouloureux et

injustes. » En effet, quanJ ce fou eut rempli son ventre, il s'intéressa au
spectacle Je la nature.

Jl

vit alors et pensa comme nous ; et Jorénavant

cJui-ci marcha avec nous.

Jélices.
Voici : nous v1v1ons , voyions, et pensiona. C1acun de nous jouissait Je gravir cette haute clme en compagnie Je
heau et 1ien ainsi,

était fou principJement parce qu'il avait Íaim, et qu'il était seul; mais

l'autre, et il le trouvait

a sa ressemhlance. Ainsi l'amour entre nous était né;

l'intJligence engendrait la bonté, l'intelligence étant l'amour Je la vie,

.. •

.

a notre

1'un assommait un serpent qui
1'un servait a la nourriture Je 1'autre.

Les autres, maigres, Jévetus, couraient Jevant, travaillant pour les
premiers, aplanissant le chemin, chassant les mouch.es, tuant les serpents,

La lutte

de gibier. Comme nous approch.Íons il crut que nous lui voulions Ju mJ

s'arma

Je pierres et nous

blessa. Alors now lui parlamcs, mais il ne comprit pas, car il continua

a

11 obtenaient ainsi quelque peu Je nour-

était entre certains riches qui voulaient se ravir récipro-

quement leur gibier; et 1'on voyait leurs misérables clients se hattre entre
eux pour 1'un ou pour 1'autre, suivant que l'un ou l'autre avait l'ha1itude
Je leur jeter l'aum6ne. En cette circonstance nou, nous cacha.mes, car
nous étions peu et

Cependant nous rencontrames un fou qui portaitune lourde ch.arge

rencontre. Tow marchaicnt courbés

vers la tcrre. Quelques-un.f portaient beaucpup Je Íruits et Je gihier.

riture.

a c6te, et souvent le haton de
mena~ait 1'autre ; souvent. la chasse Je

14

tueuse Je fous qui venait

cueillant les Íruits Je la terre.

N ous marchions allegrement c6te

( or, nous ne savions ce qu'était le mal). TI

Plus tarJ encore nous aper~11mes une multitud.: agitée et tumul-

i1 étaient beaucoup, et

tous Íurieux. Apres la bataillc

tant Je maigres étaient morts et le butin était en

si mauvais état que la

colere gronJait et tremblait chez les maigres survivants. Alors nous aortimes de notre cach.ette et nous cri1mes

aces hommes de

ma1tres et de les Jépouiller. F urieux, avec notre aide,

15

se jeter sur leurs

ils

vainquirent

�P ...

JEAN HYTIER

wément. Ils se repurent comme eles hrute&amp;. ma.is leur visage changeait

a

vue J'ceil. Alors nous leur parlames, et les ayant Íntéressés au spectade
Je

la

nature, now leur montrames

a voir et a penser. Des lors ils virent

La Doctrine du Mouton Blanc

et pen&amp;crent comme nous, et toute cette multitucle vint avec nous .

. • ..

Des conditions du Classique

N ow poursuivimes ainsi notre route, chassant et travaillant Je concert, et .furtout contemplant la nature, pell6ant et étucliant. Beauconp
clantaient et clansaient, et la vie nous était facile.
Souvent nous rencontrions eles fow affaméa qui venaient rapiJement grossir notre société sans grand elfort Je notre part.

QuanJ nons rencontrions des fous courbés sous un trop grave
poiJs Je gibier, now les Jépouillions Je leur richesse. Alors beaucoup,
se rJevant furieux, étaient hÍentat éblouis Je voir et Je penser, et ils
venaient avec nous. Mais ceux qui, refusant Je voir, aboyant apres leur
gihier, fermaient les yeu:x et tenclaient les poings, nous les abattions san,

11 y en a deux : l'originalité, la mesure.
L'originalité est touiours moderne. 11 n' y a pas d'ceuvre classique
qui ne constitue un enrichissement. C'est pourquoi le chef-d'ceuvre
est imprévisible; son apparition ressemble a un miracle. C'est un fait
unique. Dans le grand art, il n'y a pas de répétition. Le chef-d'ceuvre
n'a pas de ressemblance. Sa prodigieuse nouveauté n' a rien de
commun avec la jeunesse fardée des indépendants de pacotille.
Effectivement, il y a deux f~ons d'etre moderne: exprimer l'essence
du siecle, et reproduire l'effervescence de la surface; toute la différence du génie qui peint l' époque, au gandin qui porte la mode; l'un
foncierement original, l'autre simplement imitateur. Vérité plus que
paradoxe, celui qui atteint la généralité est infiniment plus personnel
que celui qui suit la singularité. Beaucoup s'y trompent.

a

P ...

L'origina lité peut suffire pour survivre, mais non pour créer
l'ceuvre parfaite. Le génie ne construit pas nécessairement des chefsd'ceuvres classiques. Proust qui apporte au monde une psychologie
nouvelle manque, cependant, d' équilibre. Puissance n'est pas raison.
Racine était, a la fois, puissance et raison.
L'ceuvre parfaite exige la mesure. Possession du sujet, mahrise
de soi, libre disposition des moyens, usage exact de la puissance,
souplesse dans la force. Vouloir l' ceuvre, du moins I'accepter et la
re-vouloir quand elle jaillit des profondeurs obscures, au lieu d'en etre
débordé aveuglément. Les classiques ont la plus grande et la plus
subtile conscience de leur art. Ce sont les romantiques qui font leurs
ceuvres malgré eux; quand ils savent échapper a ce hasard impulsif et
trouble ils sont classiques. Le classicisme est rationnel et volontaire,

�LA DOCTRINE DU

«

MOUTON BLANC

»

le romantisme est émotionnel et subi. C'est la, et la seulement, qu'il
f aut chercher leur opposition, et non pas, comrne on I'a fait, dans une
prétendue discordance d'idées morales dont I'art n'a point a s'occuper.
Mais ce sujet mérite qu'on en reparte ...
La mesure accorde le sujet avec lui-meme et avec son expression. L'originalité dans la mesure donne le style.
Si quelques-uns ont cru pouvoir se passer de mesure, d'autres,
plus pauvres, ont cru pouvoir se passer d'originalité. lis n'apportent
rien et périront tout entiers. Leur mesure meme, ne s'appliquant qu'a
un donné épuisé, ne peut le rajeunir. Car la mesure n'est pas étrangere a I'originalité. L'ordre, grace a ce ferment, prend des caracteres nouveaux; sous la discipline des grandes lois esthétiques, on
corn;oit une organisation insoup9onnée, une f ac:;on encore inconnue
d'harmonie, un style. Mais la mesure, non fécondée, n'est que le gout
de I'ordre ancien, le sens de I'ceuvre du passé; rien n'en saurait sortir
de créateur; c'est une mesure sans vertu qui aboutit a l'imitation, au
pastiche, au néo-classicisme. Ainsi Alfred Poizat refait de la tragédie
sans se douter que c'est Romains qui est classique; ainsi cent romanciers refont du Flaubert sans savoir que Valéry Larbaud est plus classique qu'eux. Le classicisme reconstruit sur des plans, mais sur des
plans nouveaux.
11 y a une catégorie de jeunes auteurs bien séduisants qui possedent une certaine mesure, qui ont une originalité. lis ne sont tout de
meme pas classiques. Dons brillants, intelligence excitante, heureuse
habileté, ils ont, de plus, le mérite d'etre modernes. Mais voila que
leur modernité n'est plus que de I'actualité ! lis ne sont pas I'usine, le
port, la gare, mais le dancing et le jazz-band. Leur style, tout en paillettes, tout en étincelles, se boit comme un cock-tail, mais il va se
déchirer comme une soie précaire ! Leur actualité ne fera qu' un
déieuner de soleil. lncompréhensibles dans dix ans, car la minute a
plus de poids sur eux que I'éternité. Articles de luxe destinés a se
démoder. Tout en surface. Ce sont des automobilistes qui s'engagent
dans des impasses; au fond du cul-de-sac certains tournent sur place;
les plus malins font demi-tour. Paul Morand est un de ces charmeurs;
va-t-il continuer 7 Autre sirene : Cocteau, si mordicant, mais qui
manifeste bien sa versatilité quand il prétend, meme avec raison,

18

JEAN HYTIER

qu' un poete ne doit pas tenir ses promesses ; qu' est-ce a dire, en ce
qui conceme Cocteau, sinon qu'il change perpétuellement d'impasses 7
A chaque instant, un mur devant lui, et volte-face ! Trop fin pour
s'obstiner (et se pasticher lui-meme), il se dé peche en trépidant d'aller
faire fausse route ailleurs. - Mais I' art classique est une progression
sur une grande route toujours ouverte ...

________ _________
...

RÉPONSES
1. Doctrine et Génie. - On me rappelle que les doctrines ne
créent pas les ceuvres mais qu'elles en sortent. Tout justement, le
Manifeste du Mouton Blanc déclare que nous voulons assurer, selon
nos moyens, « I'établissement définitif d' un classicisme moderne et
des vérités esthétiques qui en sont a la fois I'express,on et la condition. »
Notre ambition n'est pas d'indiquer des recettes qu'il suffirait
d' appliquer pour avoir du génie ou du talent, mais d'exprimer les lois
dans lesquelles s'inscrivent et s'inscriront les chefs-d'ceuvre et les
ceuvres du classicisme moderne - par ailleurs si parfaitement imprévisibles. Ce sont, au contraire, les pasticheurs du passé qui savent
d'avance reconnaitre la figure de leurs magots. Mais ce que nous
savons parfaitement et rigoureusement, e'est ce que ne devra pas
etre, c'est ce que ne sera pas le chef-d'ceuvre de demain ; nous savons,
par exemple, qu'il ne répétera ni Lamartine, ni Moréas.
Nous essayons ici d'établir les conditions du chef-d'ceuvre et du
classicisme moderne. Nous en cherchons les conditions nécessaires,
non pas les conditions suffisantes. 11 y a, croyons-nous, des lois esthétiques profondes communes aux grandes ceuvres classiques. Si nous
réussissons a les mettre en évidence, nous retrouvons les limites ou se
meut le génie; mais nous n' enseignons pas a avoir du génie.
2. Doctrine et Classicisme moderne. - La Doctrine se formule

a demi par un effort d'intuition intellectuelle, a demi par I'analyse des
ceuvres classiques modernes. On recherche, d' une part, les conditions
esthétiques générales du chef-d'ceuvre; on essaie, d' autre part, de

�LA DOCTRINE DU « MOUTON BLANC »

déterminer les caractéristiques du Classicisme moderne. Or, il y a un
Classicisme moderne. Non seulement il se f ait et se fera, mais il
existe. Des reuvres importantes qui méritent d'etre appelées classiques, et dont quelques-unes sont des chefs-d'reuvre, supportent
I'analyse. Ainsi Marthe Es querré a pu expliquer I'esthétique théatrale
d'André Gide, André Cuisenier pénétrer la structure des romans de
Ju les Romains. Des noms nouveaux sont pleins d'espérance et déja
de succes : ainsi Portail qui s'attaque a la matiere la plus modeme
saura devenir tout a fait classique. J'en citerai quelques autres plus
tard. On aura la sagesse de n'exiger pas qu'ils soient nombreux.
3. « Ordre et génie ». - Apres ce qui précede, faut-il dire que
sans génie il n'y a rien qui compte, meme avec le souci des regles 7
Mais simplement que le génie, sous peine de se perdre, ne peut
méconnaltre impunément les grandes lois esthétiques. C'est une
erreur de croire que le génie dispense de tout. C'est une erreur aussi
de croire que les regles dispensent du génie.
4. Originalité et classicisme. - On conc;:oit que le génie puisse
iouir d'un calme olympien. 11 n'a rien a craindre dans le temps ni dans
I'espace. - Le génie n' a rien craindre des génies du passé: il
enrichit la tradition. Racine n'est pas diminué par Corneille, mais il
diminue Campistron. - Le génie n'a rien a craindre du génie : il se
différencie par essence. Moliere n'est pas diminué par La Fontaine,
mais il diminue Boursault. - L'originalité n'est pas dans la négation
de tout rapport : Racine et Corneille observent une esthétique générale commune, et different infiniment plus que deux néo-symbolistes
farouchement indépendants.

a

S. Unanimisme et UMnimisme. - 11 y a fagot et fagot. J'ai dit
que le Classicisme moderne serait unanimiste. Je n'ai pas dit que tout
unanimisme serait classique. 11 y a un unanimisme batard et facile,
sans vertu classique, un unanimisme romantique.
6. lndividualisme et Unanimisme. - J' ai dit que le Classicisme
moderne serait unanimiste, mais je n'ai pas dit qu'il ne serait que
cela. A la fin du Manifeste et dans la doctrine du premier Mouton,
on reconnaitra les deux tendances exhaustives du Classicisme
moderne, les deux manieres originales d'envisager l'Univers, I'une

20

JEAN HYTIER

foncierement individuelle, I'autre foncierement collective. Pour la
clarté des idées, on peut désigner deux auteurs représentatifs de ces
deux tendances: André Gide, individualiste, - Jules Romains, unanimiste.

L7Auberge et les Clients

Voila trois mois que nous avons repeint les murs, accroché
I'enseigne, ouvert les portes. Une affiche savoureuse, composée par
un maitre enseignait aux passants la qualité des vins. Nous avions
retrouvé dans la cave quelques bouteilles vénérables d'un ius que
Poquelin versait a la Fontaine, dont Racine enivrait Boileau. Maint
connaisseur, plus d' un client gourmet ont voulu s'asseoir sur nos
escabeaux. Mais nul n'entrait sans exhiber ses lettres de noblesse.
Et voyez ! la salle est déja trop petite.
Cet homme sobre qui trinque avec I'avenir, c'est André Gide.
Cet autre qui souleve un monde sous la voute, c'est Jules Romains.
Tout pres de lui, une voix pure révele un secret fraternel : Chenneviere. Voici des compagnons plus jeunes: Portail puissant, Audisio
qui fait voir la Méditerranée, Fierens, Hellens, Puget. Et Pon ge circonscrit des élans sauvages dans des proses exactes. Et Mannoni, léger,
rit et iongle avec les coupes. Maublanc le moraliste, Cuisenier !'historien expriment le suc du siecle; Gaudefroy, Petiot, Boisson, Meunier le retrouvent au fond du verre. Mais voici Marthe Esquerré qui
sait le sens de la doctrine, Adrienne Monnier qui la chante et la fait
écouter.
Favre, la toque sur I'oreille. rit de voir la maison pleine. 11 boit,
pour sa part, plus d'un coup, et porte des santés multiples a la gloire
du Mouton Blanc. Aubergiste ! réjouis.toi ! il ne nous manque plus
rien, car déja les gargotiers ialoux qui frelatent leur piquette ne
trouvent pas notre vin bon.
)EAN HYTIER

2T

�ERREURS
VERITES

ERREURS
n

Sur lu lcrivaina "Jmboliate.r :
en est Je riJiculea. comme ce
1
Stéph.ane Mallarmé, parvenu a la notoriété pour n avoir ríen écrit et
Jont la critique dut respecter le mystérieux génie tant qu'J n'éta.it que
l'auteur Je quelques plaquettes introuvables; mais Jepuis, J a commis
l'impruJence de publier un recueil ou tout le monJe peut fue L4.pre.rMúli J' un F aune, si personne n'y peut ríen tléhrouiller.

RENÉ DOUMIC
•
• •
Sur Pierre Benoít {Revue Fidlraliste} : ... Jan&amp; ces pagea Ju
Lac Sall, quelles admirables répliques de comédie ! T ant pis pour ceux
1

qui s indigneront ou souriront : J Íaut oser écrire, tres simplement, que
e'est de la meilleure veine comique, que c' est du Moliere.

HENRI MANCARDI

•
• •

VÉRITÉS
La liberté ne vaut rien pour un artute.

ALAIN

•
• •
. Le _vér!table ~Lusicisme ne comporte rien de re.strictiÍ ni Je sup~res.Stf; J n est pomt tant conservateur que créateur; J se Jétourne de
1archaisme et se refuse a croire que tout a déja été Jit.

ANDRÉ GIDE

•

• •
. . Toutes les forces valables de la 1.ittérature de notre temps ae
d1r1gent, cro:yous-nous, vers un art krgement huma.in et un moJe J'expression simple et Jirect tel que le f ut celui des ckssiques .
LUC DURTAIN

Judiili.

HENRY BERNSTEIN

•
• •

. I1 faut Jonc .9.ue Je cla"ique ne soit pas semLlable a I'imitation Ju
class1que. Et, en eflet, il en Jiffere inÍiniment. II y a un vrai classique,
un clauique créateur.

Shalespearc ne pcut etre con.sidéré, non .1eulement comme un
écrivain de génie, ma.is meme comme un écrivassier des plus médiocres.

LEON TOLSTOI

22

ANDRÉ SUARES

�I

RENE LALOU

HISTOIRE DE LA LITTlfüATURE FRANQAISE CONTEMPORAINB

EXTRAITS

maitre de cette musique personnelle dont on retrouvera les
accents dans les livres de sa maturité, breve phrase antithétique
au final inoubliablement autoritaire.
PIERRE LOTI. - « Étre I&gt; et e&lt; sembler )), ces verbes élémentaires
reviennent perpétuellement dans les livres de Loti : symholiquement, car, faibles pour _précisément décrire, nuls autres
n'égalent leur aptitude infinie a suggérer.
MARCEL PRÉVOST. - L'originalité de Marce! Prévost réside dans le
róle qu'il a assumé d'écornifleur du romanesque pour jeunes
~ens curieux et jeunes filies inquietes ... 11 a prétendu les initier
a une vie moderne conventionnelle qui exclut soigneusement
toute grandeur meme daos la sensualité.
JU LLES VALLES. - 11 triomphe dans la satire concrete.
MAURICE DONNAY. - Toutes les reuvres &lt;le Donnay sont Jimitées par
ce perpétuel sacrifice a l'actualité ...
PAUI, HERVIEU. - 11 regne par tout ce théatre une pauvreté et un
convenu dans l'invention, comparables seulement au mélange
de platitudes et de hoursouflure que parlent les personnages.
Tout y t:st combiné pour l'optique théAcrale, daos un esprit
d'économie rebutant.
ED~1OND ROSTAND. - ... le drame de Cyrano et celui de Rostand,
le drame de l'écrivain de deux-ieme ordre qui aspire au génie.
GEORGES RODENRACH. - ... Ce caractere superficie! de la pensée
de Rodenbach devient facheusement évident lorsqu'il écrit en
prose.
ROMAIN ROLLAND. - Pour etre un grand écrivain fran9ais, il lui a
manqué de gouter sans effort cette France de Racine et de
Debussy, toute en nuances et en souplesses, triomphe d'une
intelligence raffinée devant lequel son creur est resté froid. 11 lui
a rendu pleine justice, mais, ne l'ayant point aimée, il n'a jamais
pénétré le secret de cette perfeccion.
CHARLES PEGUY. - Malgré cet effort tetu, il tomba avant d'avoir pu
s'enorgueillir d'un chef-d'reuvre authentique. JI ne se présente
néanmoins pas les mains vides et il serait supr~mement injuste
qu'il n'allat pas ce jusqu'a l'audience 1&gt;.
PAUL GÉRALDY. - ... lorsque ce papotage s'exerce autour d'un des
grands themes amoureux que les génies ont placés sous la sauvegarde du bon goút, l'indécence commence ; il est pénible
d'avo\r a r~ppele: ~ l'auteur du ~?rceau intitulé _Dualisme que
ce su¡et a eté traite dans le deuueme acte de · Tristan et Ysole.
Paul Géraldy, avec cet art de ramener tout haut sujet a un
dialogue de salon ...
FRAN&lt;;:OIS PORCHÉ. - Tout son théatre exploite cette fausse ingénuité, il se fait une vertu artistique de son incapacité a égaler la
virtuosité de Rostand,
GEORGES DUHAMEL. - ... son universalité, Duhamel la recherche
non par une synthése, mais par une suite d'analyses ...
JU LES ROMAINS. - ... Son art est un art viril. .. La volonté rude et
tenace de Romains exploite un esprit si riche et si divers que
vouloir, avec lui, est presque synonyme de pouvoir.
.

de 1'Histoire Je la Littérature F ranfaÍse Contemporaine
Nous remercions vivement MM. René Lalou et Georges Cres de
nous avoir autorisés
publier quelques extraits de la remarquable
Histoire de la Littérature franr;:aise Contemporaine de M. René Lalou.
(Ed. Georges Cres et Cie, 1 vol. : 10 frcs).

a

CATULLE-MENDES . - ..• sa redoutable facilité a rimer n'importe
quoi.
JEAN AICARD. - ... son Pere Lebonnard (une piece en versa rendre
jaloux Eugene Manuel) et son Jésus se recommandent aux
fami_Jles pour leurs excellentes leyons de morale théorique et
prauque.
JU LES RENA~D. - Lorsqu' il atteint a une telle perfection, l'art de
Jules Renard évoque le souvenir des estampes japonaises ou un
animal, un arbre, une branche, fait tout fo tableau, comhlant
!'esprit d'une mystérieuse joie; l'influence des Goncourt aidant,
le penchant naturel de son génie, Jules Renard a évité le naturahsme de Zola pour rejoindre le réalisme d'HokusaL
AUGIER. - N'ayant point visé a retenir l'attention du lecteur curieux
qu'aucun obstacle ne rebutera de l'reuvre ou il a découvert
quelque originalité, Augier a passé tout entier avec son auditoire.
DUMAS Fils. - ... il gardera toujours quelques traits du prédicateur,
qui aime appeler le péché par son nom et le décrire avant de le
flétrir ...
·:· ses dernieres pieces, ou !'esprit boulevardier ~e fait apocalypuque ...
HENRY BECQUÉ. - L'art de Becqué est indéniable: on en éprouve
vite les limites.
VILLIERS DE L'ISLE-ADAM. - Axe/ n'est pas seulement l'reuvre la
plus caractéristique et la plus complete de Villiers de l'lsleAdam : c'est encore la dern1ere expression du romantisme européen, le Faust du XIX• siecle finissant.
PAUL BOURGET. - L'évolution littéraire de Paul Bourget s'est
déroulée avec cette régularité consciencieuse qu'on observe aussi
dans chacun de ses livres.
Le Disciple manifeste déja la coexistence en ~ourget d'un
effort sympathique pour appréhender loyalement la pensée de
son contradicteur et d'une incapacité fondamentale a y totalement réussir.
MAURICE BARRES. - ... une intelligence inlassablement curieuse qui
éperonne une sensibilité assez courte.
Déja (Du Sang, de la Volupté et ae la Mort) il se manifeste

'

�RENE LALOU

PAUL CLAUDEL; 7" . •· Ce~te musique universelle encore inentendue
dans la poes1e fran~a1se...
PAUL VA}-,ERY. - ~es images fondent le concret et l'abstrait en un
metal sans pa11le.
M;aitre de la ,Pure perfection racinienne ... il y réintegre la
dens1té mallarmeenne.
HENRY BATAILLE. - Les personnages y sont assortisaux coussins
et aux tentures ...
Avec. Bataille, le romantisme se refait une virginité par
l'encana1llement.
• _11 n'e,st point d'écr_ivain qui _ait plus souvent rappelé la nécess1te de ,1 aud~ce et qui se son s1 constamment dérobé devant la
plus necessaire des audaces, l'audace de la vérité ...
HENRY BERNSTE!N: - De graves critiques traitaient de surhommes
ces croquemnames pour grands enfants.
JEAN SA~M~NT-. - ··: a m&lt;?ntré qu'il possédait un génie « d.u toe,, a
peme infeneur a celu1 d'Henry Bataille.
TRISTAN ,.BERNARD. - ... son temps lui a fait crédit de tant d'esprit
qu 11 dem1&gt;urera probablement insolvable devant la postérité.
MAURICE MAGRE. - .. . une intarrissable fécondité pour démontrer
que l'o~ peut retourner le précepte racinien et faire de quelque
chose nen.
JU LES LEMA_ITRE. 7" .•. fut succ~s~iveme~t ~m universitaire distingue,
u_n P&lt;?ete d1stmg!-1~,. un ~n~1que d1stmgué, un dramaturge disungu~ et un po!J~1c1en d1st10gué : dans aucun domaine il ne se
mamtmt au prem1er plan .
.Sa sages~~ re,st~it ce~le_ d'un_ bou~geois cultivé qui n'abdique
pomt ses pre1uge~ , m,a1s 11 y a¡outa1t, en ses meilleures heures
la fin~sse narq~o1se d u~ p:iysan de la vallée du Loir. Cela lui
p~r~1t de para1tre plus elo1gné de Coppée et de Sarcey qu'il ne
l'eta1t 1·éellement.
PIERRE BENOIT. - Les premiers de ses romans d'aventures Kamigs"!ªT'_k. et I'Atlanti~e n'étaient pas tres inférieurs a~ produits
s1mila1res de Maurice Leblanc ou r.aston Leroux.
RENÉ BE_NJAMI,N_. - Gaspard ne dépasse pas la facilité superficielle
qui caracter1se les autres productions de René Benjamin.
PAUL et VICTOR MARGUERITTE. - Ils ne cessent jamais d'écrire
« comme tout le monde •.
LÉON DAUDET. - _Il fait des injures, chaque matin ainsi que d'autres
• font des halteres.
'
MARCEL PRO U ~T. - ,"; de cet art tout entier basé sur la lente reprise
p~r le mo1 d~s elements gue le temps y a déposés, de cet art qui
I~1sse aux d1verse~ pa~UE;S de la Recherche du Temps perdu
1 aspe~t de va~tes !11mes 1neg3;lement exploitées'. le dernier mot est
peut-etre moms l amour de I analyse que la hame de Ja synthese.
ANDRÉ GID_E. - Parmi les plus rudes assauts de son inquiétude ¡¡ a
garde son refuge assuré : le classicisme.
'
SU ARES .. - Alain ne cherche_point la poésie: Suares la remplace quelfo1s par un fard orato1re.
RENÉ LALOU.

GABRIEL AUDISIO

L'Art et la Pensée poétiques
de CHARLES VILDRAC

Si l'on ne comprime pas son creur, si l'on ne commence par en
étouffer la voix, il n'est déja plus possible de parler librement de Charles
Vildrac. Car le creur oppose toujours trop vite ses raisons irrésistibles a
la raison: qu'il frémisse, toute argumentation est ébranlée et il vaut mieux
des l'abord renoncer a toute possibilité d'investigation critique. Vildrac
est en etfet de ces hommes dont le seul nom est pour le cceur la source
de bien des émois par tout ce qu'il rappelle de tendresses, de douceur
indulgente, d'humanité.
La nécessité de bannir les appels du sentiment ne va pas sans rigueur
quand i1 s'agit de parler d'un poete qui vous offre le meilleur de son
amour. Mais cette rigueur est moindre si on aborde J'homme par le plus
extérieur de lui-meme, ce qui est le mieux sujet a mesures matériclles,
contróle, lois et partant discussions ou contestations possibles; j'entends
le mode de s'exprimer, J'art.
Charles Vildrac fait partie de ces écrivains qu'on a accoutumé
d'appeler, d'une fa&lt;;on _d'ailleU:rs assez simplement global~, les, un~nimistes seul groupe qm depu1s de nombreuses années au ose :presenter l~s caracteres apparents, si l'on peut dire, d'un corps constitué,
d'une équipe, a une époque ou la liberté est de mode, ou le bon ton veut
que chacun travaille en 1solé et n'exprime que des idées sans précédent,
par des moyens foncierement personnels. Le groupe des poetes de
l'Abbaye n'est toutefois pas si cohérent qu'on ne puisse dresser chacun
d'eux dans sa signification propre et son originahté; ou mieux encore,
c'est la belle homogénéité et la cohésion meme de ce groupe qui permettent de retrouver la valeur efficace de chaque effort individue!, la
réalité des différents apports, et de reconnaitre a chaque membre la
place qu'il occupe. Celle de Vildrac est nettement qualifiable, tant par Je
tempérament de l'homme que par l'art du poete.
Alors que Chenneviere, Duha~el et ~urtout Jules Rom~i.ns se
sont choisi une forme neuve ma1s fondee sur toute la trad1t1on et
l'évolution de la poétique franc;aise (comme le montre bien le cours
de technique poéuque institué l'an dernier par deux d'entre eux) (1),
(1) Cf. Nouvelle Revue Fran~aise, juillet 1922. - 1ules Romains, ! l ntroductio!1 d un
cours de technique poétique, et ltfercure de Franoe, du 15 octobre su1vant, un article de
G. Chenneviere ayant le méme objet.

�L'ART ET LA PENSEE POÉTIQUES DE CHARLES VILDRAC

d'autres, tels que Vildrac, s'en tinrent principalement aux moyens et
résultats de la plus récente expérience: le vers libri&amp;me en effet exerce
encore un regne évident sur feur ceuvre. Mais Vildrac ne semble pas
s'etre résolu a proscrire de son art tous les artífices extérieurs, apparents ?U v~rs-libre, ;_ art~fi~e? désormais pér_imés. Aucune phobie de
mauv:3-1s alo1 ne preside. 1~1 a la condamnauon d'une technique qui a
donne des résultats considerables. Tome forme nouvelle doit pour etre
viable se fonder sur l'acquis total de la tradition, meme la plus récente.
Or, le vers-libre, continuant avantageusement l'entreprise de libération
de la prosodie fran&lt;;aise, l'a enrichie et assouplie, a renové l'effort individue! et donné droit de cité a tomes sortes d'effets attrayants de success_ion, de rimes et de rythmes, d'assonances et d'allitérations, d'adéquat10n de la courbe du poeme a celle de la pensée, bref il a montré, apres
le _vers rom~n.ri_q~e et _le. mallarméen: jusqu'ou pouvai~ aller la poésie en
fa1t de poss1b1lites metnques et musicales. Il a montre: ce n'est pas dire
que tom doive etre reten u. Et le tort de Vildrac est bien sans doute d'avoir
pris en bloc une série de procédés qui tirent l'ceil lorsqu'ils sont accumulés, alors qu'ils rendent d'appréciables services quand on en use avec
mesure et pour telle fin, comme il se doit.
Le moindre de ces artífices n'est pas la répétition: il est difficile de
lire un poeme de Vildrac sans etre frappé par une permanente parité
rythmiq ue, une sorte d'oscillation réguliere dont les points extremes
sont marqués par des mots, des expressions ou des images qui se raJ?pellent l'un l'autre. Les Préliminaires du livre tl'Amour commencentains1:
Le grand oiseau blanc déploya des ailes
Qui étaient toutes pures, qui étaient toute&amp; neuves,

et tout au long de cette premiere piece, comme au cours de bien d'autres
dans le livre, au sein meme de la strophe, résonnent ces appels dont
l'inconvénient lt&gt; moins sensible n'est pas de ralentir le train de l'expression, d'alourdir l'image qui se voudrait dépouillée.
ll dévia un peu. il lomba un peu ...
Des plumes aussi, des plumes un peu...
lis joignent leurs paroles et joignent leurs yeux.
Devant cette porte ils s'arréteront
Ayant un pli mauvais sur le front,
A.yanl un mil mauvai&amp; pour s'épier
A.yant tm mil oblique vers la porte...
11.fais elles se plaisent bien ensemble

Toutes tes richesses, toutes mes richesses ...
Le bras égaré de cet aveugle
Que je deviens et que tu deviens ...

ou bien c'est la succession d'épithetes et d'expressions coordonnées:

GABRIEL AUDISIO

On pouvait quand méme demander av 11ent
Et des parfums et des musiques ...

tous moyens qui peuvent aboutir a un tel exemple typique d'alanguissement de la strophe, ou l'image sans cesse retenue ne réalise pas son
envol:
Quand on Jleve entre ses yeux et le soleil
Un verre áeau pui&amp;é a méme dan, lea roche,,
Un verre d'eau peuplé de helea minuacules,
On ne voit rien qu une eau ébloui,aanle el pure,
On ne voil rien que le soleil
Habillé de l'eau et non plus de r air.

J'entends bien que ces effets ne sont pas de pur hasard, mais recherchés · comme ils l'ont été par d'autres poetes. La répétition systématique
est u'ne source de mystere c_hez Maeterlin~k; elle 1;'e~t pas ~'u1; vain
secours a l'ingénuité de Franc1s Jammes. Ma1s le procede en so1 presente
un grave dan~er: généralement, et c'est le cas chez Vildrac, il. apporte
comme un dementi a la pensée. Bien des idées actuelles ou ango1ssantes,
de celles auxquelles on ne songe qu'en serrant les macho~res ou c:is_pant
les poings, bien des images, des sym~oles y prennent un, air _un peu desuet
de complainte et de chansons, d'a11leur~ so~vent aver~ ¡usque p~r ~e
titre lui-méme. Le Livre d"Amour ne conuent-il pas plus1eurs pages mutulées Cinq chamom? Faut-il rappeler le début des Chant, du Dé1e1péré.
Au long des jours et des ans,
Je chante, je chante.
La chanson que je:me chante
Elle est triste et gaie...
C'est la chanson pour tou;ours
Poignanle et légere ...

et le poeme assez récemment publié, Le Jardín, véritable complainte d'un
gars du nord? (1 ). L'adoption si fréq.u_ente_par Yildr?c de ce, type de poeme
est chose bien remarquable et _menterait qu_o1; s y ar;etat plus_l&lt;?nguement ici-meme si l'on ne gagnait tot la conv1ct1on qu elle paruc1pe au
temoérament de l'homme beaucoup pl~s qu'elle ne résulte de la t,ec?!1\que
de 1tartiste. Il n'en est pas absolument de méme lorsque les repet1t1ons
portent sur des sonorites choisies, mises en vedet,te par la chute du vers1
et prennent l'aspect de successi0n de :im~s ou ~ assonances. Ce s,ont la
des movens proprement voulus ou qui do1vent 1 é!re: le résultat n en est
pas tou)ours ce qu'on pourrait attendre. Osons d1re que le couplet de
libretto guette de telles strophes
Le grand oiseau blanc vola moins haul
Et il s'inclina comme un bateau
Qui a au coté une voie d'eau.

Un trou rond et rouge et noir...
(1) Cf. Noueelle Revtte Fran~aise, 1-' avril 1922·

�L'ART ET LA PENSEE POETIQUES DE CHARLES VILDRAC

. C'es~ la ran~ot; des enrichisseme~ts p_rodigués par le v~rs-libre. Faut11 done a to~te, 1~ee venante un tel deplo1ement de sonontés, une mise
en reuvre s1 evidente de moyens purement extérieurs? Acceptons-en
quelques-uns, mais aux places qui Ieur conviennent. N'en serait-ce pas
une mieux indiqu¿e, le grand éclat de lyrisme ou le jet oratoire et imagé
a besoin d'etre alimenté et soutenu? Je pense a cette fin de l'Europe de
Jules Romains.
'
Foule de Hyde-Park en !fai ;
Foule du Lido en Seplembre ;
Foulea du port el du navire
Foule8 de l'Europe vivanle, ele.

~a}s l,e vers mes_uré qu ~ Vildr~c _manie souvent sans amalgame, paye
auss1 a l art son tribut d 1mconvenients, exactement inverses de ceux
auxquels il entend remédier. Qu'un solide agencement de mots pleins
de sens et de propre valeur, qu'un jaillissement harmonieux d'imao-es ne
viennent le soutenir et enrjchir, il lui faut s'incliner devant le grief(dont
on. ne l'épargne pas !) de sechere_sse et de prosai'sme : la poésie de Vildrac
qu1 procede plus par &lt; atmosI?he~e &gt; que par images, n'en est fatalement
pas exempte. On en prendrau a1sément pour preuve s:a et la quelques
f~agments,, d~ns l'Jntermede des Chanta du Désespét'é par exemple, si un
sm~~re frem1ssement de tendresse n'y était un sur garant de la pensée
poeuque.
Qu'a cet examen quasi mot-a-mot on n'objecte pas avec La Bruyere
que « le plaisir de la c1'itique nou.t 6te celui d'étre vivement touchés de tres
belles choses_. ~ L'art et l'enthousiasme ne sont pas sur le meme plan;
quand cdu1-c1 tombe avec l'accoutumance, le premier accrolt sa force
de duré~. J'accepte de me s~ouler de décl.~matio?s nocturnes, mais que
le plus 1vre emportement la1sse une place (il la la1ssera tót ou tard d'ailleun;) au commentaire a creur fermé. L'art est a ce prix; et l'art s'apprend. Lorsque les deux, enthousiasme et raison, se concilient chez le
meme homme (« le cmu1· en ébullition et la téte froide &gt; dit Nietzsche j
voila qu&lt;! prend corps l'idéal du lyrisme organisé, d'ou 1{e peuvent sorti;
que de tres grandes reuvres, mais rares. Vildrac lui est avant tout
lytique; l'appel de son inspiration l'arrache so~ven{ aux soucis de
l'aboutissement rigoureux, et sans doute l'entraine-t-il encore puisque
sa technique ne s'est pas sensiblement modifiée du Livre d'Amour aux
Chants du Désespéré et que, des avant ceux-ci, on trouvait dans les Découvertes, ces proses poétiques, q uelques-uns des « morceaux » de l'auteur
les plus solidement achevés.
. C'est done plus par son tempérament poétique que par son art que
Vildrac nous touche, et profondément; par son lvrisme sincere, chaleureux et sans attitude, par son ame généreuse qúi sait trouver le beau
moral ou il se cache et le créer, par son gout des choses les plus
humbles qui les exalte et les révele a leurs habituels contempteurs. Par
la Vildrac marque bien sa parenté d'esprit avec les poetes du groupe
dont il fait partie. Un des prmcipaux honneurs des &lt; unanimistes » est
bien d'avoir fait rentrer dans la poésie le sentiment de la valeur en soi
des choses, d'avoir &lt; animé », au plein sens du mot, le réel brut, la

GABRIEL AUDISIO

maticre inerte, d'avoir trouvé le langage qui émeut sans anifice en confrontant l'homme et l'objet. Grace a eux, comme dit Mannoni, « le poete
a retrouvé avec amour le monde oublié ... non pas la nature romantique teintée
de sentiment, mais le concret pur et nu, les aut?·es hommes et toutes les choses,
les ai·bres et les maisons, les ca11·efou1's et les usines. ll redevient comme un
enfant qui presse dam ses mains la terre qui lui est neuve » ( 1).

La création de ce langage dont entendent bénéficier plusieurs poetes
nouveaux venus de la génération actuelle, est une des P.lus riches découvertes de la poésie frans:aise: il n'aura pas fini sa carnere quand " l'unanimume &gt; ne sera plus qu'un souvenir historique. Et il faut dire que
Vildrac parle excellemment cette langue. Comme Duhamel se sent
le c~ur averli du bonheur

a cause du passage d'une voiture
Porlant sa bdche jaune el verte
La plus merveilleuse des bdches,

comme Luc Durtain qui montre que
Sur l'élroit steamer, que bossuent
Ses sacs d'oursins, se3 caisses áhuilres
Et ses pa11iers recouverls d'algues,
Un marchand esl couché béant•..

comme Chenne\liere et Jules Romains qui sait rappeler mille choses délicieuses, Charles Vildrac découvre qu'fl regne un soleil libéi-al comme un c,oup
de vin blanc, que l'enfant peut posseder autre chose qu'un beau carre de
ciel, car &lt; il y a la cheminée de t6le _d'un lavoir: fine, élancée, elle dépasse
tout. Un long morceau d'elle, d'un noir pr-ofond et de contours vurs est 1eul
avec le ciel si pu1· ... Mais voici que la cheminée du lavoir exhale 1oudain un
peu d'une fumée rousse et légei·e, une umée &lt;¡Ui plait au ciel et vous rapproche
encore de tui. - Mais voici, tres haut, vire1' frois hirondelles, et les cris
qu'elles étfrent dan.r l'espace sont comme un assoui•i,sement. - L'en/ant se
laisse pleurer a chaudes larmes.

r

II sait dire.
Je voudrais étre un vieitlard
Que j'ai vu sur une route ;
Assis par terre au soleil
ll cassail des cailloux blancs
Entre ses jambes ouverles

C'est parce qu'il voit et anime les choses qu'il peut lancer ce cri plein
de. promesses éclatantes:
Vie11ne du soleil plein le mur d'en face,
A Ion plus haul caneau vienne du bleu,
El les pieds ser~nt nus et cl,auds panni les sables
El des oiseaux voyageront avec lflS yeux !
(1) Cf. Inlenlio;is, o• 4, avril 1922.

3o

31

�L'ART ET LA PENSEE POETIQUES DE CIL\.RLES VILDRAC

C'est par la qu'il montre l'ame d'un paysage :
I t y avait un remblai de gravas
Avec de&amp;Bus un chemin maigre
A jamais inquiet d'etre perché la
Et sans communion avec la terre.

C'est par la qu'il touche !'ame de l'homme :
O toi qui sail la langue
Qui retrouve et alteint dan&amp; leur nudité
Les hommes et les femmes avec qui tu es sur la terre

L'ame du soldat que la releve sauve pour un temps:
Et s'il réve. c'l's/ au délic,
D'61er u s souliers pottr dormir
A Neuvilly . dans une étable

L'ame du fantassin désespéré :
Je voudrais avoir été
Le premier solda! tombe
Le premier jour de la guerre.

Et c'est par la qu'atteignant l'ame humaine, il atteint aussi ie meilleur de son art, dans de telles strophes qui sont sans contredit parmi ce
que la poésie fran.;:aise a compté d'accents le plus purement émouvants
depuis des années :
La bonté des hommes
N étail pas constante ni tenace ...
.Mais lorsque son jour mrivail
Elle était aussi pénétranle el chaude
Qtt'une eau-de-vic qu'on boit en fraude
Dans les pri8ons ...
Il vil une ville
Choyée de soleil.
De beaux souliers neufs
Grinfaient a pas vifs
Sur les trottoirs propres.
El l'on entendait
Le long des boutiques,
Derriere les stores,
Toutes les pendules
Qui sonnaient midi.

GABRIEL AUDISIO

Celle de Vildrac est tout unie; c'est le roete de l'amour, au sens le plus
large du mot: l'amour pour tout ce qui existe et vit, l'amour humain .
L'humanité de Charles Vildrac est sous le signe de la tendresse : elle se
~anife_~te a ~ou~ les instants de sa vie, et non seulement de sa vie poéuque, ¡ en su1s bien sur sans le connaitre; elle se méle a chaq_ue autre
sentiment issu de la sensibilité: humilité, pitié fraternelle, am1tié, charité. Cette tendresse est répandue dans toute l'existence quotidienne que
le poete sait rendre meilleure a vivre parce que son optimisme y va sans
cesse a la &lt; découverte &gt; du beau et du bon et révele mille symptómes
d'excellence réelle chez l'homme. Pour cela, il fallait vraiment aimer
ses semblables, non par systeme, mais d'un amour total, on dirait
presque religieux.
Si cette tendresse se répand bien sur toutes les choses et tous les étres,
si cette sensibilité répond a tomes les sollicitations, s'offre a tous les
silences, reconnaissons aussi qu'elle le tait d'une fac;on « uniforme. Le
poete a en quelque sorte trop d'amour au fond de soi pour luí imposer
des différences de niveau et de qualité. Mais les memes battements du
creur, devaient-ils traduire tant d'émois différents? et l'amour n'aurait-il
point gagné a se hausser davantage ? Certes il est nécessaire d'affirmer,
de redécouvrir que la nature de l'homme n'est pas si entachée par des
fautes originel!es que bien des signes n'accusem encare un réel avoir de
bonté.
Donner du feu si poliment au premier fumeur passant, trinquer alors
qu'on pourrait trouver tant de raisons de se battre, se dévouer au service de n'importe que! promeneur égaré, voila sans conteste des preuves
de l'obligeance nauve de l'homme qui valaient d'etre di tes, avec plus ou
moins d'insistance; et l'on partage volontiers l'émotion du voyageur
angoissé, perdu dans une auberge triste, qui sanglote tout bonnement
parce que la petite fille lui a embrassé la main et donné une fleur.
Tendres chants d'amour, précieuses découvertes. Mais le découvreur ne
pouvait-il mener plus loin ses blanches caravelles? et les quittant, pénétrer des contrées moins accessibles que leurs rivages ? on l'eut aimé; et
ce qui manque, ne serait-ce point ce que les Préliminaires du l. ivre
d!Amour annon\aient, quand le poete était la,
Le réve tendtt désespérémenl vers des archipels
Et vers telle vie :
Une vie dans le vent, tou.les voiles dehors ...

Mais ou sont les archipels? ou cette vie dans le vent? Tant de banlieues parisiennes valaient-elles de supplanter ces Hes; et tant de tendresses de perites filies, de buveurs de guinguettes, de gars;ons livreurs,
cette existence au vent, voiles dehors? C'est Vildrac lui-meme qui
répond

Apres de tels exemples, il n'est pas téméraire d'affirmer que si cette

Et Je voudrais bien...
Mais l'eau croupissante aussi voudrail bien...

« nudité -., ce gout de la réalité vra1e des choses, conduisent Vildrac au

meilleur de son art, c'est que sans dome ils ne participent pas seutement
d'une communauté de tendances d'école littéraire. Par dela l'écrivain
plus ou moins artiste, l'homme se révele et le fonds de sa natu re propre.

On ne le regretterait pas tant si cette uniformité dans !'origine et
l'expression de la pitié n'apportait l'impression d'émois trop faciles et

33

,

�L'ART ET LA PENSEE POETIQUES DE CHARLES VILDRAC

comme une monotonie. Cette monotonie, le cercle fermé assez court
des themes d'insfiration la souligne encore : le poeme Vi1ite dans le
Livre d'Amour n est que le canevas de la petite p1ece l'lndigent qui termine les Découverte,. L'égalité du ton concourt aussi a ce résultat; il ne
change guere d'une piece, d'une ceuvre a l'autre, méme apres l'épreuve
de la guerre qui a pourtant secoué rudement le poete, lu1 meurtrissant
la chair, infligeant au meilleur de son ame le plus cruel démenti et laissant sa mémoire obsédée. Sa pensée garde la méme tournure et son art
le méme aspect. La guerre le surpasse; malgré, comme dit Romains,
que « l' évenement ait lepa, et le poil d'une bete quaternaire », il ne se résout
pas a Je pcendre durement, comme Durtain par exemple (il est vrai que
pour Vildrac « la colere est imptwe et stérile »), et dans sa révolte méme, il
semble se complaindre, et c'est encore sous le rythme de chansons
qu'il dit
C'esl au pelil jour qu'ils trépassent ...

GABRIEL AUDISIO

déja pré~ente au creur et a !'esprit d'un nombreux et valable public, que
nécessaire a identifier la qualité de sa pensée poétique. Par la on retrouve,
sans confusion possible, la place propre que Vidrac a prise par ses accents
persvnnels dans le groupe des poetes de l'humain. 11 est celui qui s'adresse a
tous,
la masse, au &lt;&lt; peuple », socialement parlant (et, qu'on le note, avec
succes), mettant le mieux a leur portée le langage et la pensée communs a
ses compagnons d'équipe; et ce n'est, en somme, pas un mince mérite pour un
membre du groupe auquel demeure depuis bientót vingt ans le nom d'u11animistes ? Contnbuant ainsi pour une bonne part a la cohésion du groupe, il
nous donne le droit de l'y situer. Seul, il ne serait pas impossible que, Charles
Vildrac demeurat sous l'aspect, d·ailleurs quelque peu contradictoire, d'un
élégiaque offert a tous les hommes ; considéré « en corps 11, il a une autre et
grande portée: il est le chemin d'acces de sommets tels qu'Europe, qui, sans
lui, seraient diffic¡lement atteints. Charles Vildrac est préalable a des auteurs
comme Jules Romains: il touche et conquiert des creurs qui désormais ne
se refuseront plus a de pures sources d'art, a de hauts envols d'humanité.

a

Ne m'objectez pas: « Qu'importe que cette tendresse ne s'exprime pas
differemment dans chaque cas; sa pitié est humaine et nous to11che ». Alors je
ne dirai plus rien. N'ai-je pas voulu des :'ahord que mon creur se fermat?
Sinon, reprenant le livre, je ne penserais qu'aux camarades, aux freres, au
frere. La tendresse de Charles Vildrac est d'un frémissement vrai qu'on ne
conteste pas ; on scnt sa main prete a se tendre a tous les dénuments, mieux
peut-etre que celle de mcilleurs théoriciens de la charité; rnais qu'on puisse
dire que toutes les pitiés n'ont pas la merne qualité, ne se traduisent pas de la
meme fai;:on; ainsi de la mort de Henri Doucet, ou Vildrac nous angoisse, et
de la réception de tel colis de poires, qui entend nous émouvoir par d'identiques moyens. Si l'amour total n'a qu'un plan, il est bon que l'expression en
differe suivant les especes. Cela est si vrai que l'on arrive parfois, meme sans
avoir lu au préalable vingt pages de Nietzsche, a ce resultat détestable: l'attendris&lt;:ement aboutit a des effets contraires. Ne va-t-on pas trouver bien que
Bastien ne s'emharque pas sur le Tenacity et se sauve avec Thérese? que les
jeunes filies rient du Monsieur qui tombe daos la rue boueuse? Tenez, on est
tenté de dire, a voix basse, car ce ne serait pas sans honte au fond: i/ est trop
bon ... Et ce qui ne contribue pas peu a donner cette impression, c'est un
certain ton « édifiant » qui regne en bien des poemes ou les « JI Jau t ... il ne
Jaut pas ... Fais ... 11e v.1 point.•. » semblent moraliser. Ce n'est pas a la charité
chrétienne qu'on s'en prend ici, mais a son expression qui peut etre autre.
Ainsi Georges Duhamel, dans la Possession du Monde, a-t-il réalisé un véritable
manuel du bonheur qui est loin d'etre un impératif sentimental ou ce qu'on est
convenu d'appeler un recueil de lectures morales. 11 faut cependant reconnaitre
que Vildrac se présente délibérément sous cet aspect, puisqu'il s'y encourage
ainsi :
Va, ne sois pas géné de laisser paraitre en toi
Lajeune filie et la mere que fut ta mere,
L'enfant que tu étais et qu'd jamais tu demeures.

GABRIEL AUDISIO

..

Indiquer ce qui manque de force mále a l'humanité de Vildrac, de« dosage 11
a sa sensibilité, était moins destiné a restreindre la portée de son reuvre,

34

35

�L IV R E.S
j Le Mouton Blanc donne son opinion sur tous
PAUL GAULTIER. 1 vol. : 7 .50.

L'idéal Moderne. -

LIVRES
les Livres qu'il re9oit

PAYOT, éditeur. -

Ce livre, couronné par l'Académie Crancaise, écrit « de bonne Coi »,
tente de concilier les « antagonismes » des théories modernes « en
une synthese supérieure ». C'est un ouvrage de bon sens, mais
qui nous rappelle la parole de GEoncEs DuMAS : 1, Le bon seos,
c'est toujours la pbilosophie de la veille. » 111. PAUL GAULTIEll
cherche a résoudre la question morale, la question eociale et la
question religieuse. 11 ne nous semble point qu 'il y ait réussi. Le
meilleur profit qu'on lirera du livre sera de revoir, pour son
propre compte, un grand nombre de lheses et d'hypoth~ émises
par des penseurs et des philosophcs de valeur inégale, mais auxquels !lf. PAuL GAuLTIER mele étrangement beaucoup d'écrivains
contemporains dont certains ne brillent pas par une compétence
notoire en ces rnatieres austeres : « Les passions vous rendent
1&lt; esclaves » ainsi que Gérard d'Houville l'a bien vu. » 11 arrive
aussi que 111. PAuL GAuLTIER entonce des portes ouvertes et que
ses développements sentent la dissertation scolaire. D'autres Cois,
plus visiblement soucieux du droit que du fait, il apporte des solutions puremcnt théoriques a des qucstions essentiellement pratiques.
La cause en est 1° daos un manqu ede sftreté Iogique qui conduit
l'auteur a brouiller les not'ons, 2° daos le désir d'opérer a priori
des conciliations entre des theses dont on ignore encore si elles ne
s'excluent pas. - Le style, trop oratoire, est cependant sans relief
0n y décele des clich \5 1 des redondances, des citations misérables,
et un abus de termes incidcnts, copulatifs, restrictiís ... qui alourdisscnt la phrase saos affincr la pemée : « La eharité est indispensable, je veux dire celle-lir. qui n'est proprement ni l'aumóne... ni
a jortiori ... A ussi bien la charité vraie... Elle est don de soi, le don
d'une 11.me ir. une autre 11.me, le don de toute son dme pour
reprendre le titre d'un roman de !lf. Bazin. Cette charité-la ...
etc ... » Une tendance marquée au verbalisme.

GEORGES TURPIN. - Quelques peintres du temps présent. de la Revue littéraire et artistique. - 1 Yol. : 3 fr.
GEORGES TURPIN. - Dans le sentier des marjolaines. Revue littéraire et artistique. - 1 vol. : 3 fr.

Edit.

Ed. de la

Le litre fade contraste avee la Cougue maladroite du contenu.
L'auteur se déclare « spontanéiste », daos une préface truculente,
ou il affirme que « la poésie ne peut etre qu 'immortelle » et les
,, versificateurs » « de fau.x-poetes ». « Ce poete-né incubera une
idée, et, les vers, l'instant venu, jailliront de son cerveau comme
des étincelles. » Les vers de GEORGES TunPJN semblent effectivement
jaillis un peu trop spontanément.

HERNANDO DE BENGO ECIIEA. - Le Vol du soir. - Théatre, portrait par E. A. Bourdelle. - Editions des Tablettes, 1 vol.
C'est un recueil de trois pieces : 1 ° Le Vol du Soir, 1 acte en prose.
Citons, les lextes se critiquent d'eu.x-mémes : « llfadge - Si tu
me comprenais / Mais ce n'est pas possible ; nul ne me comprendra jamais / Je suis nocturne et rétractile I » 2° Le Masque de la

llfort Rouge, drame chorégraphique en I acle et 9 tableau~ d'apres
EoG~ ALLA.N Pre. 3° Sorat/1.ma, drame musical en quatre épisodes,
mus1que de Gu1LLERMO U.NBB.

S. BOUTET-LAGREE. - Trois Légendes d'Armor. Tablettes : 1 plaquette.

Editions des

Ces vers libres ne manquent pas de comique :
Coursier stupide,
Je veux ma Sirene intrépide ...
Entendez-vous Morwack hennir
De la mer a la montagne ?...
Ecoufez sür le rivage
La légende du vieux Gradlon l ... etc...

PAULA. - Pietro mon cousin (mreurs de vierge moderne).
Editions des Tablettes : 1 plaquette.
Nous lisons sur la page de garde « Du mime auteur. Sapho, mon
amie (roman de mreurs lesbiennes), - Jacques, mon mari, Yves, mon amant ». L'auteur n'a qu'a continuer. - Pi~tro est
d'ailleurs, aussi affligeant que sa cousine. 11 p,-rle le méme francai;
qu'elle.

�REVUES
1

REVUES

Le Mouton Blanc donne son opinion sur toutes les Revues qu'il re9oit

1

NOS BONNES FEUILLES. dans un bar.

LA NOUVELLE REVUE F.RANQAISE. - Directeur : JACQUEs
füvIERE. Secrétaire : JEAN PAULIIAN. - Octobre :

MEMENTO
MARCEL PRousT : La regarder dormir. - ROGER ALLARn : Petite
fugue d'Eté. - Borus DB ScBLCEZER : Anton Tchékhov. - JEAN
G11\Aunoux : Finale de Siegfried et le Limousin. - ALBERT TBIBAUDET : La composition dans le Roman.
« L'épopée ne demande pas de composition, seulement les épisodes,
dont elle est formée, en exigent une ... Comme l'épopée, le ro man

LE DISQUE VERT. - Directeur : FRANz HELLENS.

-

Octobre

PAuL DERMÉE : Escale (poeme).

REVUE FEDERA.LISTE. -

Octobre :

dit fort justement par la voix de Castor : « Le grand poete est
celui qui ajuste sa fureur aux moyens d'expression dont il
dispose », mais publie des vers bien mauvais de JACQUBS PRBNAT,
forézien : Pou.r une jeu.ne épousée :

La maison est endormie ;
Et le jour grandit encor.
L'air est írais, a pres la pluie
On avance sans effort.

-

M. JACQUES REYNAUD, en signalant le Mouton Blanc, cite pelemele les noms des précurseurs et des artisans du classicisme
moderne que notre maniíeste s'efforce de présenter avec ordre. Il
nous reproche d'oublier 1',!AuRRAS.. Rassurons M. JACQUBS REYNAUD.
MAuRRAS, s'il n'occupe maniíestement pas la place centrale dans
la préparation du classicisme moderne que, d'ailleurs, il ne saurait,
guere accepter, se situe néanmoins exactement pour nous clans
« cette lignée de prosateurs » !JUi « d la suite de FRANCE et de
BARRES travaillaient a maintenir ou a restaurer le sentiment de la
perfection » dont parle notre manifeste. Nous invitons M. JACQUBS
REYNAUD
le Jire.

a

J. H.

La littérature espagnole en 1922 L'CEuvre b/Uie de Jules Romams.
·

G. DE Toll.RB. -

01 1
s0 :

Novembre

MAunrcE Bo1ssARD : Chronique dramatique.

:ROGER VALeELLE

u

ne fillette

LES ECRITS DU NORD~ - (Direcleurs : FRANZ HELLENs et PAUL
DERBORGHT) n
I, novembre 1922.

BENH~IIN C'nÉMIEux : Henri Duvernois : « On peut d'ailleurs se
demander si le classicisme du xx• siecle ne trouvera pas d'abord sa
forme dans le cante, comme celui du xvu• l'a trouvée d'abord au
thédtre et celui du xn• dans la poésie lyrique. »
MA.RoEL JouBANDBAu : Clodomir l'assassin. ALBERT CoBEN :
Projections ou Apres Minuit a Geneve.

est formé d'épisodes ... Et ces épisodes, eux, exigent une composition a laquelle ne manque aucun grand romancier ... L'expérience
nous montre qu 'un certain idéal de « composition » classique,
portant sur les caracteres et sur l'reuvre, doit étre considéré comme
un danger et un ennemi du roman ... En réalité, il y a deuz
grandes divisions de l'art littéraire : l'art a qui le temps est mesuré
et l'art qui dispose librement du temps. Le discours, la conférence,
le thédtre, la nouvelle, sont des genres tres différents, mais ils présentent ce caractere commun d'etre contraints a ufüiser un minimum de temps pour un =imum d'effet. De la la nécessité et les
lois de la composition. Le lyrisme, l'épopée, le roman, disposent
au contraire du temps a la fai;on de la nature elle-m~me...
L'épopée peut se répandre en liberté, et le roman aussi. »

Septembre

VA~-

'

GABI\I~L A

u-

Ma~omet;e, ~a Revue_ littéraire et artistique, l'Archer,
Lucifer, l A frique Latine, les Cahiers d'lcare la Gazette
des Alpes, les Primaires, la Mouette.
'

- Le -~outo~. ~lanc r~mercie toutes les revucs et tous les ·our;~Jx
quLa1 Ju_squ_1c1 o~t bien voulu signaler son apparition : i'Ane
r,
V1e littéraire, Bonsoir, Comcedia L'Intransi ea t

i

I

Journal du Peuple, l'Internationale, l'Eclai; Le Pro re! d:
Le
la Gazette des Alp~s, le Journa~ de Charolles: La Revie Fédérafut~'
La Dépéche al~érienne, La Liberté, Manometre, La Ré ubli
'
et lous ceua; qui se proposent de la mentionner prochainefnent~ue,

�JJOURNAUX
j Le Mouton Blanc donne son opinion sur tous les Journaux qu'il rec;oit 1

Donnez-noua lea noma et adreasea des pené&gt;nnea auaeeptiblea de
a'intéreaaer a notn: revue. Rempliuez cette &amp;che et adreaaez-la:

a

ACTION FRAN(,":AISE. - 13 novembre 1922. Orion, rendant
compte du Regret de la Grande lle (Madagascar) de PAuL
SouceoN, écrit :
Mais la deuxieme audace de M. Souchon a été cou.ronnée d'un
succes étonnant. ll a écrit ses poemes toul entiers en vers blancs
et, de tout temps, il a sembté qu.'il étail impossible de réussir le
vers blanc en frani;ais. Mistral a réussi le tour de force en proven&lt;;al, mais le Poeme dn Rhone prouve que le génie en sa plénitude
peut, comme la charité dans le cantique de lean Racine, tout
vaincre, tout esperer el tout soufffrir. M. Sou.chon, il fau.t le dire,
a réussi. Ses vers sans rime ont une mu.sigue invisible, mais qu'une
oreille exercée ne peut pas ne pas saisir :

Nous sommes d'une vieille race,
Aussi vieille que le soleil :
Quand nous chantions, les soirs saos !une,
Assis en rond autour d'un feu,
11 nous semblait que la grande tle
Révait taut haut par notre voix.
Voila qui est curieux et qui ouvre des horizons. Le tour de force
n'est peut-étre pas a recommander, a cause de la difficulté, mais,
une fois, on a plaisir a la voir tournée, et, tout compte fait, surmontée.
Comment se peut-il qu'Orion, qui aime la poésie, ignore encore
l'existence d'une lechnique poétique qui a fait ses preuves depuis
quinze ans ? Des poetes comme Jules Romains, comme Georges
Chcnneviere, comme Jouve, - sans compter des jeunes comme
Audisio, Puget, Ponge, Dalby, Goffin, Adrienne Monnier, Fierens,
etc... - obéissent aux regles d'un code poétique parfaitement
constitué, et dont on attend d'ailleurs la parution prochaine. Par
malheur, les André Thérive, qui ont la vue trcuble, prennent les
vers classiques modernes pou.r des vers blanca I Espérons que la
lecture du Mouton Blanc, et des poetes qui observent les lois de
cette technique destinée a remplacer la technique ancienne, instruira Orion et l'empechera désormais de découvrir l' Amérique....
a Madagascar.
J. H.

IMP. DES l\CUTILIÍS, 15, RUE JENSON, TOURS.

Le gérant : RENÉ GAUDEFROY.
#

· MAUPRÉ

..

par CHA ROLLES (S.-&amp;-l.)

au .. mouton blanc "
NOMS

ADRESSES

���</text>
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                  <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>REVUE MENSUELLIC
PRIX:

2

FRANC&amp;

DifilE:.CTE:.UF? : PiE:Rfi&gt;E tAVRt:
RÉOACTEUF? EN CHEf : JEAN HYTiEF?

FRANZ HELLENS . . . . .
O. MANNONI. . . . . . . .
IEAN HYTIER .. .. . . ..

POÉMES POUR L'EAU SOMBRE . . . . • . . . • .
HISfOIRE DU NAIN BRIMBORION. • . . . . . . . •
LA DOCTRINE DU MOUTON BLANC . . . . . . . .

ERREURS DE . . . . . . . .

FRAN(¡~NOHAIN, CHARLES MÉRÉ, FLORIANpARMENTIER.. .. .. . . .. .. .. .. .. . . .
GEORGES CHENNEVIERE, IULE~ ROMAINS,
PAUL SOUDAY, CHARLES MAURRAS .. .. ..

VÉRITÉS DE. ...... ..
AGNUS, . . . . . . . .. ..
ANDRÉ CUISENIER . . . .

PALINOENESIES. .. .. .. .. . • .. .. .. . ..
LES ROMANS DE IULES ROMAINS. . • . • . . • . •

LES UVRES .... ....

ET LES REVUES . .. .. . . .. .. .. .. .. ..

��•

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BJB
[.

A

CENTÑA l.

'----,._ _ _ _.,:U:::·..!.A.~ • L______ _

est I' organe du classicisme moderne
publiera prochainement :
GEORGES CHENNEVIERE.
PAUL FIERENS .. . . .. ..
CLAUDE-ANDRÉ PUGET .•
FRANCIS PONGE
~PIERRE FAVRE ..
O. MANNONI. ..
FRANCIS PONGE
RENÉ MAUBLANC ..

GABRIEL AUDISIO .
ANDRÉ CUISENIER.
MARTHE ESOUERRÉ . .
JEAN MEUNIER. . . .

CHARLES BOISSON
JEAN HYTIER . . . .

LE CHANT DU VERGER
ODES
PENTE SUR LA MER
POÉMES
LA PRINCESSE IYRE
HISTOIRE DU NAIN BRIMBORION
RÉFLEXION SUR ARICIE
ESSAI SUR GEORGES CHENNEVIÉRE, ESSAI SUR LES PRO·
POS D'ALAIN
L' ART ET LA PENSÉE POÉTIQUE
DE CHARLES VILDRAC
ETUDES SUR L'UNANIMISME
CROMEDEYRE-LE-YIEIL
MALLARMÉ ET LA SYNTAXE
ANGLAISE
LES MOUVEMENTS PARAS!·
TAIRES EN LITTÉRATURE.
L'ESTHÉTIQUE D'ANDRÉ GIDE.
... etc ...

Adresser directement
tout ce qui concerne
1• La Direction et I'Administration,
2&lt;&gt; La Rédaction -

a : Pierre

Favre,
4, Place des Terreaux, Lyon;

Manuscrits, Livres, Revues - a : Jean Hytier,
a Maupré, par Charolles (Saone-et.Loire).

T

OUT

a

l'opposé d'une prétendue tradition néo•classique

qui n'a d'autre idéal que l'imitation de formes périmées,
la doctrine du

" mouton blanc "
enlend, par le conlact direct avec la vie moderne daos ce qu'elle a
d'essenliel, renouveler les lhemes et l'inspiration, affirmer une lechnique
poélique, retrouver le seos de la forme achevée, rétablir un équilibre
daos. l'ceuvre d'arl, -

recréer un slyle.

Le romantisme a substitué a la matiere épuisée du classicisme du

XVII' siecle une partie de la matiere d' un classicisme nouveau, mais
saos réussir, laute de savoir organiser sa découverte,

a constituer

lui•

m@me une époque classique. Seuls, au milieu de cette renaissance
impulsive, des artistes plus conscienls comme Flauberl el Baudelaire,
arriverent

a discipliner la matiere romantique,

sinon moderne, el réali-

serent comme une préfiguration du classicisme futur. Mais, depuis eux,
le donné littéraire s'es! tellement enrichi, par l' apport m@me des événemenls, les révélations d'un précurseur comme Rimbaud, les expériences
techniques du symbolisme, l'elfort d'un Verhaeren, l'intuition d'un
Charles-Louis Philippe .. . qu'il faut reprendre la tSche

a pied d'ceuvre.

Alors que tout romantisme es! une dispersion anarchique et
personnelle, lout classicisme est une synthese spécifique, lruit d'une

�•

oeuvre commune et volontaire. 11 comporte une rénovation complete :
fond et forme, matiere et technique . · 11 vi~e
l'époque dans des oeuvres de style. -

a exprimer

POEMES POUR L'EAU SOMBRE

l'essence de

La matiere du nouveau classi-

cisme, c'est la vie et l'homme modernes, conc;us aussi bien sous

I'aspee! des collectivités que sous I'apparence de l'individu - individu
tout différent, d' ailleurs, de celui qui constituait I' objet du classicisme

Poemes pour I'eau sombre

ancien. Cette représentation totale, profonde et harmonieuse, sera .

I'oeuvre du XX' siecle. Le classicisme moderne est né il y a environ

I

quinze ans; il a ses précurseurs, et déja ses premiers maitres. Tandis
qu'une lignée de prosateurs,
laient

a maintenir

ou

a la suite de France et de Barres, travail-

a restaurer le

HOMME

sentiment de la perfection, tandis

qu'un Claudel, ou un Proust poursuivaientla découvertede la matiere,

J'a.i peor et

d' autres qui représentent le nouvel équilibre, ajoutaient aleur révélation
prolonde de l'objet une organisation pleinement classique:

Le

meilleur hommage que nous pmss1ons rendre

maitres comme

a ceux

du XVII' siecle -

Je ne sui.s plus fatigué,

J' ai rcprÍ.s les ramcs,

Jules

Romains, André Gide, Georges Chenneviere ...

a

ces

je .mis gai,

Aucune peine Jan.s mon ame

Et cepcndant

j'ai pcur.

Je tremble et rien ne trouble
Mon bonbeur ;
Chaque ombre en moi se double

sous l'invocation du

D' une darté meilleure,

E, cependant je tremble.

mou ton blanc qui jadis servait d' enseigne au cabaret ou
se réunissaient Racine, La Fontaine, Molie,e et Boileau. -. sera

11

d'assurer, selons nos moyens, l'établissement dé6nitil d'un classicisme
moderne et des vérités esthétiques qui en sont

a la fois l'expression'et

condition. Une telle oeuvre n'est pas de celles qui s'improvisent en
quelques années,

a la

maniere de ces mouvements artistiques, lugitifs

comnle des modes, dont notre époque a pris l'habitude. Ce ne sera pas
trop peut-etre de tout un siecle et de la bonne et forte volonté de
plusieurs générations pour l'accomplir honorablement.

FEMME

la

J' autres femmes
Viendront peut-Ctre fe parlcr;

Ecoute,

Si

tu le veme, écoute-lc.s,
Elles n' atteindront pas ton 3.me.
Je me souvicns, je me sui.s vue
Dans le miro ir J'un beau jour :

J'étais

dc.stini!e

Et j'é~aÍ•

al' amour

tout~ nue .

Je le sa.Ü, aussi bien qu\l Íera da.ir
AprC:.s la nuit san., lune,
Tu le.s lai&amp;&amp;eras une a une,
Elles ne .sa uront pas te plairc.

I

�FRANZ HELLENS

D'autres Íemmes pourront venir
Et te parler tout has;
Mais aucune ne te Jira
Ce que j'ai su te Jire.

III

HOMME
Ma vie est désorma.is sonore
Comme l'air Ju printemps.
Un merle a chanté, un coq chante encore 1
Est-ce en mon ame, est-ce ailleurs ?
Je n'ai jamais aimé tant
Ni soup~onné pareille aurore.

L'aÍr est tendu comme une harpe.
Mon Dieu, 1'aimerai-je aujourd'hui 1
Son ame tremble dans les arhres,
Je l'entends briller, je la vois c1anter,
Elle est sonore, elle reluit,
Comme les veines d'une harpe.
Je sens le printemps dans mes cordes.
Jamais je ne l'aimerai mieux 1
Elle danse nue au seuil de la porte,
T oute la route est dans ses yeux,
Et e'est en elle que s' accorde
Le fol inconnu noir et bleu 1

POEMES POUR L'EAU SOMBRE

Je viens Je loin, ne vois-tu pu?
Regarde mes yeux verts et tenJres :
Toutes les brumes, tous les glas,
Tu peux les voir et les entendre
Dans mes yeux verts, et tous les pas
Depuis les a.ges que j'avance.
Je suis celle qui :commence
Et qui pourtant vient de tr~s loin,
La nuit dilate mes pupJlcs,
Je n'ai pas peur, ;'aime la vie.

J'ai vu la reine Je Saba,
J'étais aux noces Je Cana ;
J en'ai pas peur des grandes marche,.
J 'ai dansé devant l'arche
Avec David,
J'ai trempé dans la Íontaine
Ou le grand Pan ,e baignc
Mes yeux avides.
Tu voi.s, je viens de loin,
Je n'ai pas peur,
Ríen ne m' arrcte,
Je commence.
Je n'ai pas peur, ;'ouvre les mains,
J'offre la tete
Au vent qui vient 1
Je

IV
FEMME
Tu vois, je n'ai pa. peur,
Rien ne m' arrcte,
Je n'ai pu peur, j' aime la vie,
J'ai toutes ses couleurs dans: mes pupilles
Et toutes ses rumeurs dans ma tete.

2

sui, celle J'1ier et de Jcmain.

J'ai. traversé tous les chemins

De Chypre et de J udée.
J'ai pris tous les parÍums,
T ous les onguents, les hennés hruna,
San, quema peau ,e ,oit r.Ídée.
Je suis Íraí'.che comme le vcnt,
Et sombre comme l'eau,
F ugitive et paienne.

3

�FRANZ HELLENS

Mon ame eat dans le vent
Qui fauche les tombeaux,
Paienne et plw anciem:1.e.

POEMES POUR L'EAU SOMBRE

Si tu hésites, laisse.
Tout ce qui gronde cu moi,
Je ne le Jonne qu' une fois 1

V

VII

HOMME

HOMME

Oh quelle angoi.sse, quJle dure
Et pure angoisse me fait mal ;
Je ne respire qu'avec peine
Et meme le bien me fait mal.
1

Je n ai pas faim, mais ;' ai grand soif
De tout, de rien, et je suis ivre
Sans avoir bu, sans que ma soif
Me fasse regretter de vivre.

VI
FEMME
Prends cette main rebelie
Et cette houche qui ne dit
Que la moitié de ce qu'elle
Pourrait Jire.

Déja. le ciel est plein de l 'énorme tcmpéte,
Le vent semé par nous, rapide et Jur,
S'est levé cette nuit Ju sol obscur
Et touche maintenant le soleil Je la tete.
Un tourbillon rude et mortel, né du hasard,
gonflé cette nuit Ju souHl.e de nos ames;
La tcrre est déchirée et le ciel est en flamme,,
Et ce fracas est né du feu de deux regards.

S'est

Nous n'avons pas haissé les yeu.x devant la foudre
Et nous n'avons pas voulu Ju ciel bleu;
Nos cceurs sont faits pour semer le grain ténébreu,x
Comme la meule est faite pour le moudre.

VIII
HOMME
Je n'ai ni portes ni f enetres,
Je suis muré en toi,
Et j'ai croisé mes mains
Pour mieux te voir et te counaitre;

Ma bouche est cruelle,
Mes yeux sont maudits,
Mon ame eat pire.

Si
Si

tu ne crains pas ce qui brule,
ton amour devant rien ne recule,
Prends cette main rebelle,
Lo feu maudit Je ce regare!
Et ces levres mortelles.
Demain sera trop tarJ.
J' ignore les promea.ses.

4

Je ne suis ríen qu'un peu Je- chaír
Qui se tient immobile,
Avec une ame toute pleine,
Un ceeur ardent et des yeux clairs.
Ma place est désormais marquée,
Le ciment noÍr Je la douleur
.M.'a pour toujours fucé

5

�FRANZ HELLENS

O. MANNONI

Dan.1 un caveau Je ta mo.1quée.

Je ne demande qu'a. rever
A la splendeur Je ta nature ;
Cette omhre n' est pas trop ohacu.re
Pour que je puis.se m'élever,

Histoire du Nain Brimborion
PREMIER FRAGMENT

Ni cette

chrypte trop profonde
1
Pour que j' entende jusqu a moi
Descendre cette voix
Qui vibre au cceur Ju monde.

IX
FEMME
Apr~s tous ce.1 Jéparts, tous ces matins,
Le soir est b, sen, mes deux mains;
Et tout ce temp.1 que j' ai cherché 1
Que la fatigue me parJonne. ·
Sens mes Jeux mains que j'abanJonne,
V oís mes c1eveux tressés ;
Ma robe est large et j'ai laissé
Un peu de chaira tous le, ages.
GliHe ta main .1ur mon visage,
Tu sentiras ses pfu profonrls,
Et cette veine ,ur mon f ront
Que le vent fou Íit se gonfl.er
Et qui ne veut pas s'en aller.
PrenJs mea Jeux maÍn8, sens mes yeux gros ;
Pour ton orgueil, voici ma plainte,
Pour ta souffrance mes sanglots,
A cleux genoux et le.1 maina jointes.
FRANZ HELLENS.

6

Comment Brimhorion, engendré par un roí déja mort, naquit

J'une

E.lle encore vierge.

Le Roi Adolphe avait a l'entour de quarante et sept ans quand il
prit a femme la princesse Cunégonde. 11 n'eut pas le temps d'assister en
personne a son mariage, car c'était pendant les grandes guerres et il ne
voulait commettre en d'autres mains que les siennes propres le soin de
conduire ses armées a la victoire. Il manda vers la princesse quatre
ambassadeurs, tous bien de leur personne, dont l'un portait l'anneau de
mariage, le second le contrat, le troisieme une lettre et le quatrieme une
fleur de lys. Mais la fleur de lys se fana durant le chemin, ce qui était de
mauvais présage.
Le mariage fut célébré avec beaucoup de pompe, cependant que le
Roi Adolphe amassait lauriers sur lauriers. Il livrait une bataille qui
devait étre décisive quand les ambassadeurs lui revinrent. Le premier
portait un anneau envoyé ar la nouvelle reine, le second le contrat
signé et parafé, le troisieme une rose en bouton, le quatrieme le portrait
de la reine par le peintre de la cour.
Le roi mit l'anneau a l'annulaire, le contrat dans sa poche, la rose
~ son chapeau et ordonna de découvrir le tableau qui était voilé de
velours cramoisi. Mais avant qu'on ne l'eut fait, une pierre d'artillerie
réduisit en miettes le portrait de la reine et navra le roi malement aux
deux genoux. Ah, s'écria-t-il, je meurs, et je n'ai pas vu le visage de
mon épouse, fftt-ce en peinture.
Il y avait pour lors aux armées un fort habile chirurgien appelé
mattre Tagliandi, originaire de Milan, qui en savait sur les navrances et
blessures plus qu'aucun homme de son temps. Il lava les plaies du roí
avec une infusion d'arnica et autres plantes vulnéraires et lui fit un
beau pansement de la chemise d'un arbalétrier.
Les hommes d'armes voulurent venger leur prince et la bataille
ayant soudain repris, les ennemis furent écrasés. Mais le lendemain les

7

�HISTOIRE DU NAIN BRIMBORION

jambes du roi étaient noires et puantes, et maitre Tagliandi conseilla au
chapelain qu'il priat pour leur commun Maltre, disant que des lors toutc
espérance se devait remettre entre les mains de celui qui ressuscita Lazare
sentant déja.
Cependant la nouvellc Reine qui, avec un train magnifique, approchait ,iu camp royal ou1t parler de la grande victoire qui faisait du roi
¡¡on mari un nouvel Alcxandre ou quelque César pour le moins; elle en
ordonna de doublcr les étapcs. Une vieille sorciere du nom de Crapaudinc l'accompagnait. La reine portait ason col un talisman donné par la
sorciere; c'était une pelote de verre filé de Venise avec, au milicu, un
~il de rainette, et la pelotte devait se briser le jour que le roi serait
infidele a la reine sa femme.
Comme Cunégonde arrivait au camp, le roi se mourut. Cunégondc,
trouvant un cadavrc mal odorant en place du jeune roi victorieux qu'elle
s'était figuré, ne versa cependant nulle larme, car, ne l'ayant point connu,
elle ne l'avait pu aimer. Mais elle eut peur de ne pas rester reine et dit
sculement: Plut au ciel, du moins, que j'eusse corn;:u de lui.
Mattre Tagliandi, songeant que le cadavre était encore chaud, que
le Roi avait été continent par force durant cette longue guerre, chaussa
ses lunettes doctorales et mit son bonnet carré, disant qu'il était temps
cncore de faire plus de rois ni de princes qu'il n'en était dans l'almanach.
N onobstant les remontrances du chapelain et le baragoin de la sorciere,
il ouvrit les ventricules spermatiques de sa majesté Adolphe, et avec un
long et fin roseau qu'il appelai t en grec se ringue et canule en latin, il
aspira et insufla a la reine grandement émue un peu du liquide qui donne
la vie.
Comme il restait grande abondance de semence royale et qu'il eut
tcnu a crime de lese majesté de la laisser perdre, il l'injecta par moitié a
une suivante de la Reine, Mademoiselle Thérésa de Bombessa, et a une
fille simple d'esprit, nommée Marie, qui aidait a soigner le Roi. Et il
cut pour lui les vieux maréchaux qui approuverent, disant que le Roi
l'cut bien fait, s'il eu.t été vif. Mais au moment que Maltre Tagliandi
s'occupait de la suivante et de Marie, la pelote de verre que la reine
portait au cou éclata avec beaucoup de bruit, et la reine se sentit triste,
songcant que feu son mari la trompait le jour méme de ses noccs.

La sorciere fit un sortilege pour savoir si sa mattresse était enceintc,
et il se trouva que non. Cependant elle lui conseilla de prétendre que
oui, de garnir ses vétements d'étoupe et de foin durant neuf mois, disant

8

O. MANNONI

que, le terme venu, il ne serait pas malaisé de trouver un enfant nouveau
né, et qui serait prince. Et la reine, un mois apres, ayant enlevé un peu
de paille a sa paillasse dit a ses suivantes, avec un sourire honteux,
qu'elle était grosse. Et il y eut des messes &lt;lites pour le bien de sa
grossesse.
La suivante Thérésa n'était pas plus enceinte que la reine, mais prit
pour le devenir un autre moyen, s'y employant avec un homme d'armes
du nom d'Hamelin et qui était puissant ribaud. Mais ils furent surpris
par une servante qui en fit des comes, si bien que Thérésa en eut la jau1üsse et une fausse couche qui la tint deux mois au lit.
Quant a Marie la Simplesse, ainsi l'appelait-on communément, elle
était entrée dans un couvent dont la supérieur&lt;! ne tarda guere a s'apercevoir qu'elle était grosse et la fit vi si ter par les matrones. Et les matrones
trouverent qu'elle était grosse en effet, mais aussi qu'elle était pucelle et
criercnt au miracle. Et il vint des pélerins de tous les pays pour la voir
et emporter de ses reliques, et déja ne l'appelait-on plus autrement que
la Vierge Marie, et disait l'on que Jésus-Christ allait revenir sur la terre.
Mais les théologiens disaient que non. D'aucuns, méme, citant SaintJ ean, opinaient pour l'Antéchrist.
Le pape enfin craignant un schisme et s'étant assuré que la grossesse
non plus que la virginité n'étaient controuvées manda la bulle Si quaedam virgo ou il était dit que la grossesse de Marie la Simplesse devait
etre imputée a sorcellerie. Et Marie quina le couvent de nuit, et se
refugia dans un petit hameau ou le curé ne lisait pas les bulles du Pape
et ou on ne la reconnut pas. Elle n'osait dire en effet que sa grossesse
était d'origine royale, car la reine l'avait menacée de mort si elle en
soufflait mot. De plus elle tenait elle méme pour peu catholique la fa~on
dont elle avait con~u et pour un sorcier le savantisslme Tagliandi.
· Cependant la reine, qui portait des robes de plus en plus larges et
garnies de chiffons tremblait qu'on ne connót un jour la vérité touchant
le b~tard de Marie la Simplesse, et elle pria la sorciere de le faire mourir
a sa naissance par envotitement, ou d'obtenir du moins par quelque
sortilege que ce fut une filie. Mais la sorciere, ayant consulté ses tarots,
déclara que l'un non plus que l'autre ne se pouvait, par ce que c'était fils
de vierge ; mais qu'il resterait nain toute sa vie . Et le meme jour, a
minuit, ayant cueilli de la mandragorc, elle fit un philtre a cet effet.
Quelques semaines plus tard, la reine faisait passer pour son fils le
nouveau né d'un pauvre cordonnier nommé Michel et le faisait baptiscr
Adolphe. Le meme jour, Marie la Simplesse accouchait d'un fils qu'elle

�FRANZ HELLENS

O. MANNONI

Dan.1 un caveau Je ta mo.1quée.

Je ne demande qu'a. rever
A la splendeur Je ta nature ;
Cette omhre n' est pas trop ohacu.re
Pour que je puis.se m'élever,

Histoire du Nain Brimborion
PREMIER FRAGMENT

Ni cette

chrypte trop profonde
1
Pour que j' entende jusqu a moi
Descendre cette voix
Qui vibre au cceur Ju monde.

IX
FEMME
Apr~s tous ce.1 Jéparts, tous ces matins,
Le soir est b, sen, mes deux mains;
Et tout ce temp.1 que j' ai cherché 1
Que la fatigue me parJonne. ·
Sens mes Jeux mains que j'abanJonne,
V oís mes c1eveux tressés ;
Ma robe est large et j'ai laissé
Un peu de chaira tous le, ages.
GliHe ta main .1ur mon visage,
Tu sentiras ses pfu profonrls,
Et cette veine ,ur mon f ront
Que le vent fou Íit se gonfl.er
Et qui ne veut pas s'en aller.
PrenJs mea Jeux maÍn8, sens mes yeux gros ;
Pour ton orgueil, voici ma plainte,
Pour ta souffrance mes sanglots,
A cleux genoux et le.1 maina jointes.
FRANZ HELLENS.

6

Comment Brimhorion, engendré par un roí déja mort, naquit

J'une

E.lle encore vierge.

Le Roi Adolphe avait a l'entour de quarante et sept ans quand il
prit a femme la princesse Cunégonde. 11 n'eut pas le temps d'assister en
personne a son mariage, car c'était pendant les grandes guerres et il ne
voulait commettre en d'autres mains que les siennes propres le soin de
conduire ses armées a la victoire. Il manda vers la princesse quatre
ambassadeurs, tous bien de leur personne, dont l'un portait l'anneau de
mariage, le second le contrat, le troisieme une lettre et le quatrieme une
fleur de lys. Mais la fleur de lys se fana durant le chemin, ce qui était de
mauvais présage.
Le mariage fut célébré avec beaucoup de pompe, cependant que le
Roi Adolphe amassait lauriers sur lauriers. Il livrait une bataille qui
devait étre décisive quand les ambassadeurs lui revinrent. Le premier
portait un anneau envoyé ar la nouvelle reine, le second le contrat
signé et parafé, le troisieme une rose en bouton, le quatrieme le portrait
de la reine par le peintre de la cour.
Le roi mit l'anneau a l'annulaire, le contrat dans sa poche, la rose
~ son chapeau et ordonna de découvrir le tableau qui était voilé de
velours cramoisi. Mais avant qu'on ne l'eut fait, une pierre d'artillerie
réduisit en miettes le portrait de la reine et navra le roi malement aux
deux genoux. Ah, s'écria-t-il, je meurs, et je n'ai pas vu le visage de
mon épouse, fftt-ce en peinture.
Il y avait pour lors aux armées un fort habile chirurgien appelé
mattre Tagliandi, originaire de Milan, qui en savait sur les navrances et
blessures plus qu'aucun homme de son temps. Il lava les plaies du roí
avec une infusion d'arnica et autres plantes vulnéraires et lui fit un
beau pansement de la chemise d'un arbalétrier.
Les hommes d'armes voulurent venger leur prince et la bataille
ayant soudain repris, les ennemis furent écrasés. Mais le lendemain les

7

�HISTOIRE DU NAIN BRIMBORION

jambes du roi étaient noires et puantes, et maitre Tagliandi conseilla au
chapelain qu'il priat pour leur commun Maltre, disant que des lors toutc
espérance se devait remettre entre les mains de celui qui ressuscita Lazare
sentant déja.
Cependant la nouvellc Reine qui, avec un train magnifique, approchait ,iu camp royal ou1t parler de la grande victoire qui faisait du roi
¡¡on mari un nouvel Alcxandre ou quelque César pour le moins; elle en
ordonna de doublcr les étapcs. Une vieille sorciere du nom de Crapaudinc l'accompagnait. La reine portait ason col un talisman donné par la
sorciere; c'était une pelote de verre filé de Venise avec, au milicu, un
~il de rainette, et la pelotte devait se briser le jour que le roi serait
infidele a la reine sa femme.
Comme Cunégonde arrivait au camp, le roi se mourut. Cunégondc,
trouvant un cadavrc mal odorant en place du jeune roi victorieux qu'elle
s'était figuré, ne versa cependant nulle larme, car, ne l'ayant point connu,
elle ne l'avait pu aimer. Mais elle eut peur de ne pas rester reine et dit
sculement: Plut au ciel, du moins, que j'eusse corn;:u de lui.
Mattre Tagliandi, songeant que le cadavre était encore chaud, que
le Roi avait été continent par force durant cette longue guerre, chaussa
ses lunettes doctorales et mit son bonnet carré, disant qu'il était temps
cncore de faire plus de rois ni de princes qu'il n'en était dans l'almanach.
N onobstant les remontrances du chapelain et le baragoin de la sorciere,
il ouvrit les ventricules spermatiques de sa majesté Adolphe, et avec un
long et fin roseau qu'il appelai t en grec se ringue et canule en latin, il
aspira et insufla a la reine grandement émue un peu du liquide qui donne
la vie.
Comme il restait grande abondance de semence royale et qu'il eut
tcnu a crime de lese majesté de la laisser perdre, il l'injecta par moitié a
une suivante de la Reine, Mademoiselle Thérésa de Bombessa, et a une
fille simple d'esprit, nommée Marie, qui aidait a soigner le Roi. Et il
cut pour lui les vieux maréchaux qui approuverent, disant que le Roi
l'cut bien fait, s'il eu.t été vif. Mais au moment que Maltre Tagliandi
s'occupait de la suivante et de Marie, la pelote de verre que la reine
portait au cou éclata avec beaucoup de bruit, et la reine se sentit triste,
songcant que feu son mari la trompait le jour méme de ses noccs.

La sorciere fit un sortilege pour savoir si sa mattresse était enceintc,
et il se trouva que non. Cependant elle lui conseilla de prétendre que
oui, de garnir ses vétements d'étoupe et de foin durant neuf mois, disant

8

O. MANNONI

que, le terme venu, il ne serait pas malaisé de trouver un enfant nouveau
né, et qui serait prince. Et la reine, un mois apres, ayant enlevé un peu
de paille a sa paillasse dit a ses suivantes, avec un sourire honteux,
qu'elle était grosse. Et il y eut des messes &lt;lites pour le bien de sa
grossesse.
La suivante Thérésa n'était pas plus enceinte que la reine, mais prit
pour le devenir un autre moyen, s'y employant avec un homme d'armes
du nom d'Hamelin et qui était puissant ribaud. Mais ils furent surpris
par une servante qui en fit des comes, si bien que Thérésa en eut la jau1üsse et une fausse couche qui la tint deux mois au lit.
Quant a Marie la Simplesse, ainsi l'appelait-on communément, elle
était entrée dans un couvent dont la supérieur&lt;! ne tarda guere a s'apercevoir qu'elle était grosse et la fit vi si ter par les matrones. Et les matrones
trouverent qu'elle était grosse en effet, mais aussi qu'elle était pucelle et
criercnt au miracle. Et il vint des pélerins de tous les pays pour la voir
et emporter de ses reliques, et déja ne l'appelait-on plus autrement que
la Vierge Marie, et disait l'on que Jésus-Christ allait revenir sur la terre.
Mais les théologiens disaient que non. D'aucuns, méme, citant SaintJ ean, opinaient pour l'Antéchrist.
Le pape enfin craignant un schisme et s'étant assuré que la grossesse
non plus que la virginité n'étaient controuvées manda la bulle Si quaedam virgo ou il était dit que la grossesse de Marie la Simplesse devait
etre imputée a sorcellerie. Et Marie quina le couvent de nuit, et se
refugia dans un petit hameau ou le curé ne lisait pas les bulles du Pape
et ou on ne la reconnut pas. Elle n'osait dire en effet que sa grossesse
était d'origine royale, car la reine l'avait menacée de mort si elle en
soufflait mot. De plus elle tenait elle méme pour peu catholique la fa~on
dont elle avait con~u et pour un sorcier le savantisslme Tagliandi.
· Cependant la reine, qui portait des robes de plus en plus larges et
garnies de chiffons tremblait qu'on ne connót un jour la vérité touchant
le b~tard de Marie la Simplesse, et elle pria la sorciere de le faire mourir
a sa naissance par envotitement, ou d'obtenir du moins par quelque
sortilege que ce fut une filie. Mais la sorciere, ayant consulté ses tarots,
déclara que l'un non plus que l'autre ne se pouvait, par ce que c'était fils
de vierge ; mais qu'il resterait nain toute sa vie . Et le meme jour, a
minuit, ayant cueilli de la mandragorc, elle fit un philtre a cet effet.
Quelques semaines plus tard, la reine faisait passer pour son fils le
nouveau né d'un pauvre cordonnier nommé Michel et le faisait baptiscr
Adolphe. Le meme jour, Marie la Simplesse accouchait d'un fils qu'elle

�HISTOIRE DU NAIN BRIMBORION

O. MANNONI

ne fit pas baptiser, et auquel, dans sa joie et sa pauvreté d'esprit elle ne
trouva d'autre nom que Brimborion.
Le petit gars;on du cordonnier était le plus laid que l'on pOt se
figurer. II était né velu comme ua ours, louche, et le nez en pied de
marmite. Néanmoins toutes les dames de la cour crierent qu'il était
beau sans parangon et une vieille douairiere déclara qu'elle avait vu feu
le roi son pere au berceau et que l'un était l'autre tout craché. Mais elle
rougit, se reprit, et dit qu'elle était trop jeune pour l'époque, mais qu'on
le lui avait décrit.
Tout au contraire Brimborion était un bel et gros enfant bien
ressemblant au roi Adolphe. Mais quand les pretres surent qu'il était né
un fils a Marie la Simplesse, ils l'allerent trouver et lui demanderent le
nom du pere.
La simplesse n'ayant su que répondre, les pretres hocherent la téte,
et le bruit se répandit que Marie avait couché avec le diable sous la forme
d'un bouc noir, et l'on parlait déja d'une belle flambée, avec du latin.
Alors la nouvelle accouchée enveloppa Brimborion dans ses bardes, et
s'en alla loin des hommes, dans les montagnes sauvages, parmi les ours
et les loups. Et l'on raconta dans le pays que le diable l' avait emportée
durant un orage qu'il a vait fait cette nuit la.
Au bout de deux mois, Brimborion cessa de grandir ; il avait juste
deux pieds de haut. Marie ne s'en affligea pas, et meme elle rendit grace
a Dieu, disant: Seigneur mon Dieu, vous m'avez cboisie emmi toutes
les femmes pour me faire un don que vous n'avez daigné faire a aucune.
Car il est vrai qu'a beaucoup de femmes vous donnez des fils selon leur
désir, mais ils grandissent et quittent leur mere pour guerroyer et voyager. Tandis qu'a moi votre bumble servante, vous avez donné Brimborion qui ne grandira pas, qui ne me quittera pas, que je porterai toujours
dans mes bras. qui sera éternellement mon petit enfant.
Ainsi parlait Marie, parce qu'elle était simple d'esprit, et si les
hommes des villages avaient pu l'entendre, il se seraient gaussés d'elle.
Mais elle les avait oubliés, et son creur était plein de joie.

Les hommes, de leur cóté oublierent la vierge qui avait enfanté, mais
on racontait dans les villages qu'une sorciere bantait les montagnes et
que des voyageurs fourvoyés l'avaient rencontrée, accompagnée d'un nain
tout nu qui sautait de rocher en rocher. Et ceux qui avaient vu ces choses
en parlaiem avec tant de terreur que nul ne se souciait d'aller voir s'ils
disaient vrai.
Quelques jours avant la date fixée pour le sacre, le prince Adolpbe,
qui avait alors treize ans, étant a courre un sanglier dans les montagnes
y fit la rencontre du nain tout nu, qui le regardait gravement, immobile,
les poings sur les hanches, ses longs cbeveux noirs trainant derriere lui
dans les ronces. Les gens du roi, connaissant les fables des villages,
s'enfuirent au galop, ne laissant la que le prince, un piqueur et le nain.
Le piqueur fit le signe de la croix et, saisissant le nain qui mordait griffait et burlait, le roula dans son manteau et l'emporta sur son cheval.
Mais pour la premiere fois ie sanglier échappa, ce dont le prince fut tout
marri, si bien que le piqueur lui demanda la permission de reporter le
nain ou il l'avait pris, disant qu'il leur portait malheur. Mais le prince
fut d'avis, au contraire, qu'il fallait que cette capture le consolat de l'autre,
et qu'ainsi du moins il ne rentrerait pas bredouille.
Marie la simplesse entendit de loin le bruit de la chasse et se tint
coite daos les rochers jusqu'a ce qu'il eut cessé. Quand les momagnes
furent revenues au silence, elle appela Brimborion. Sa voix, a cause de
la disposition des rochers, s'enflait jusqu'a la vallée, mais Brimborion
ne répondit pas. Elle le chercha tout le soir, dans les cavernes et les
halliers, le long du lit des torrents. Quand elle comprit qu'il avait été
enlevé par ceux d'en bas, elle poussa un grand cri, et se précipita
vers la vallée, sautant de pierre en pierre, pers;ant les fourrés, jetant ,;a et
la ses bras en courant, et les paysans, qui, revenant de leur travail,
l'apers;urent ainsi daos le soleil couchant, avec ses longs cheveux flottant
derriere elle et sa robe de feuilles sauvages, en eurent tant de frayeur
qu'ils n'oserent en dire mot a leur femme ni surtout a leurs petits.
Comme vous savez que la femme la plus rusée, en de telles circonstances, perd sens et mesure et agit comme une bete, ainsi Marie la Simplesse, qui n'avait aucune malice, entra dans le premier village qu'elle
encontra, criant que, pour l'amour de Dieu, on lui rendlt son petit enfam.
Les paysans s'enfuirent d'abord, et la femme des montagnes, seule dans
le cimetiere, au pied de l'église enténébrée, se lamentait ainsi qu'elle
avait vu faire les loups, les nuits de pleine lune. Le curé, a sa fenetre, la
regardait en tremblant, agitant un rameau de huis béni et soufflant du
latin. Mais le fossoyeur qui craignait les revenants et non les sorcieres'

Marie et le nain s-on fils vécurent a la maniere des bétes sauvages,
mangeant des falnes et des racines ; Brimborion apprit aussi a épier les
animaux et a les engeigner. Bien qu'ils n'eussent ni feu ni abri, comme
leur esprit était simple et leur corps sain, ils ne se croyaient pas malheureux, et, chaque soir, Marie remerciait le ciel qui l'avait franchie des
hommes.

IO

1

11

�JEAN HYTIER

HISTOIRE DU NAIN BRIMBORION

vint a elle avec un lacet dont elle se laissa lier les poignets. Et les
hommes, ayant appris qu'elle était liée et soumise, en firent une grosse
risée et descendirent la voir.
Le curé lui dit avec bonté de se confesser, l'assurant de !:absoudre,
et la priant qu'elle avouat tous les crimes, quelque grands qu 1ls fussent,
la miséricorde divine étant infiniment plus grande.
.
La Simplesse confessa honteusement quelques peccadilles de sa ieunesse, et réclama derechef son enfant. Mais le pretre, h?~hant la tete,
la fit vetir par sa senante d'une robe a manches plus chrettenne que son
vetement de feuilles et mener chez le maréchal, ou on la tortura. Elle
avoua alors le Diable, le bouc noir le saLbat et les c~voOte~ents. Et les
hommes qui avaient perdu des parents ou des besttaux lu1 en demandaient compte et lui crachaient au visage.
Le curé cepcndant !'aspergea d'eau bénite, prono~c;a les paro)~~ de
l'exorcisme et lui donna l'absolmion, l'assurant qu'.etant confessee et
repentie elle irait droit au ciel. Puis les hommes la m1rent da~s la chaudiere, et on alluma le feu. Le petits enfants du village, dansa1ent autour
de la marmite se tenan t la main et chantant :

La Doctrine du Mouton Blanc
Symbolisme et Classicisme Moderne

a

La difficulté qu'a toujours eue la critique définir le mouvement
symboliste manifeste son anarchie fonciere et la multiplicité des tendances qu'il recouvre. C'est proprement un sur-romantisme, ou un
romantisme au second degré. La liberté dans I' art, réclamée par les
romantiques, mais d'une maniere plus polémique que profonde, et
avec la reconnaissance plus ou moins avancée des grandes lois esthétiques, conduisait déja a la constitution d'esthétiques personnelles,
un régionalisme, mais encere fédéral, en littérature. Le phénomene
s'aggrave avec le symbolisme ; c'est le morcellement érigé en príncipe; ce n' est plus un régionalisme, mais un particularisme jaloux et
nquiet. Ainsi s' est accentué du Romantisme nos jours une dispersion maintenant voisine du néant, et dont le symptome le plus évident
a été l'impuissance du vers-libre a se constituer. 11 y a eu presqu'autant
de vers-libres que de vers-libristes. Comme il était a prévoir, la confusion s'est augmentée par la création de mille écoles transitoires,
essentiellement constituées par un individu et quelques complaisances;
dix ans apres, personne n' en sait plus le nom. Seul, l'Unanimisme a
réussi a persister, a s'accrottre et a s'approfondir, iustement parce
qu'il constituait un effort contraire a la dispersion, parce qu'il était un
mouvement constructeur, et que loin de borner, comme les chapelles,
son ambition conserver strictement son petit coin d'originalité, il ne
trouvait rien dans le monde qu'il ne dut englober un jour. 11 mettait fin
tout le mouvement post-symboliste, symboliste et romantique, et
inaugurait un nouveau mouvement classique qui va s'accentuer au
cours du siecle.

a

a

En,otcelle-nous, sorciere,
Poivre sel et cornicbon ;
Te voila dan, la chaudiere
Ion Jan \aire
Te voila dan• le chaudron
Ion lan Ion.

La Simplesse, liée dans la marmite, jusqu'au cou dans l'eau _déja
fumante, voyait danser tous ces petits enfan~s! ~t elle se senta1t ~-e
· l'amour pour l'un deux, le! plus méchant, et qm e~an_ bossu, parce qu 11
lui rappelait Brimborion. Elle ne cría ni ne se ~la1gn_1t, souffrant bonnement la mort, parce que le curé lui avait prom1s le c1el.

O. MANNONI

a

a

a

Ainsi le classicisme moderne s'oppose tout ce qui I' a précédé
depuis un siecle. Mais il ne lui jette pas pour cela I'anatheme. Et
meme cette vaste et trouble Renaissance dont il se dégage, il la
déclare nécessaire, il en fait une condition de son avenement. 11 faut,

12

13

�LA DOCTRINE DU « MOUTON BLANC

»

en effet, que la matiere de I'art se renouvelle périodiquement. Les
grandes époques classiques comme le XVII• siecle épuisent le
donné littéraire qui leur est offert; une nouvelle matiere doit etre mise
au jour, et c'est par mille efforts divergents, plus souvent aveugles
qu'éclairés, que se révele enfin peu a peu le domaine ou un classicisme nouveau viendra instaurer son ordre. Nous n'avons pas a renier
les carriers qui ont extrait les matériaux souvent grandioses, bien
qu'encare bruts, dont nous voulons construire la maison ; iustement
parce que nous nous opposons aux essais instinctifs pour affirmer une
architecture consciente, nous jugerons équitablement ces artisans
involontaires dont plusieurs furent des maitres admirables qui tenterent
déja d'esquisser I'ordre au milieu du chaos. Nous profiterons de toutes
les expériences. Mais il est temps, avec ceux qui depuis quinze ans
I'ont voulu et commencé, de continuer sans relache et sans défaillance
le classicisme moderne. Ce classicisme doit se prouver. C'est en le
faisant que nous le prouverons.

JEAN HYTIER

HENRY BATAILLE
11 commeni;a comme un poete. Puis, incapable de résister aux
sollicitations du succes, i1 écrivit vingt pieces illisibles, sans style,
sans vérité, sans art. En proie a un désordre émotionnel intense, il
brassa aveuglément des idées généreuses, de la psychologie amorphe,
des theses inconsistantes, du lyrisme de casino, des ficelles de mélodrame, du pathétique de feuilleton et de I'esthétique mondaine, avec
un sens totalement obnubilé de la réalité. Dans ses préfaces aux
journaux, il essayait rageusement de se persuader du contraire. 11 dut
souffrir terriblement de I'opinion ou du silence de ceux dont seule
I'approbation a1Jrait pu luí donner le calme et la confiance, de ceux
dont il n'avait pas su faire ses pairs. Ouelque chose de pur et d'ancien le jugeait au fond de lui. Sa race lui reprochait une trahison. Et
sa haine pour la critique, qu'était-ce done que la conscience de sa
déchéance 7 11 avait assez de talent pour savoir qu'il n'en avait plus.
JEAN HYTIER.

Travaux de Déblaiement

EDMOND ROSTAND
11 exemplifie les ravages de I'erreur esthétique dans une ame
généreuse. Sa plus grande originalité fut de tirer des effets de ce
qu'habituellement on nomme maladresse, gaucherie, manque, raté,
claudication, mauvais gout... Emphatique et mievre, il aurait monté
l'infini en épingle de cravate, sonné la charge sur le mirliton. 11 prit
la pointe pour I'esprit, la iactance pour la noblesse, le chic pour
I'élégance, le pétillement pour le lyrisme. Ses images meme ont I'air
de calembours. La nature n' est plus chez lui qu'un décor. Tout a perdu
sa substance. lngénieux et sans génie, sinon dans I'a peu pres, il
calamistra soigneusement pour ses pieces quelques commis-voyageurs
de l'idéal. Dans sa boutique : « Aux cent mille pastiches ,. ou tout ce
qui luit n'est pas or, il enseignait prestement, avec des cartes emprunt
ées, a faire des réussites.

15

�ERREURS

•

ERREURS
EJmonJ RostanJ son reuv re Jemeurera sur le, sommet&amp; de
notre littérature... - un Jes granJs noms Je la poésie frani;:ai,e ... ce grañcl mouvement, ce souffl.e proJigieux, qui nous secoue, qui nous
emporte, qui notu lais,e houleversés et émerveillés ... - Rostand est
tout de meme le •eul poete qui, apre, et depuis Hugo, nous donne
l'impres,ion de prendre sa suite, d' etre de sa classe.
FRANC-NOHAIN.

Il n'y a rien Je plus pres J'une tragédie de Racine qu une piece
de Bataille.
CHARLES MÉRÉ.

•.. La pblodoxie et l'inconséquence unanimistes ont beaucoup contrihué a la ruine de la doctrine dans les eaprits les mieux disposés a luí
faire accueil.

VERITES

VÉRITÉS
L'anarcbe littéraire a Íait son temps. Il Íaut aujourd'hui reconstruize tous les genres littéraire.s, l'épopée comme le roman, le Jrame comme
le pocme, .san.s tenir compte des mauvai.ses ohjections que J'on peut accumuler contre la nécea.sité J'un dassicisme moderne, ou, ,i le mot vous
effraie, d'une école approp~ée a notre époque.
GEORGES CHENNEVIERE.

Le.s nouveaux poetes vont contÍnuer avec Je nouvelles ressource,
1'effort de création organique qui a marqué le Jébut du siecle et qui doit
s'étendre sur le siecle entier en dépit de crises plus ou moins violentes
mais passageres. Ríen n'empechera que le XX.e siecle soit un siecle
J'organisation, de construction comme le Íurent, chacun a leur Íai;:on, le
XIJie et XVlle. Et dans cette grande reuvre l'esprit poétique jouera un
role essentiel.
JULES ROMAINS.

• •
Meme dans le choix de sa technique, M. Jules Romains ,'e,t
manifestement inspiré du docteur Le Bon .

... La postérité ... n'admire que les ceuvres Je grand style, et laisse les
autres aux érudits, comme simples documents.
PAUL SOUDAY.

•

• •
Ün e.stima Ínsupportable la contrainte Je d ouze volumes sur un

motif qui comportait tout au plus le développement d ' un poeme.

•
• •
La Íortune Je

1'unanimi.sme a

été en somme assez éphémere.

FLORIAN-PARMENTIER.

16

TI n'y a pas deux ryt~es, deux arts,_ deux heautés,, l'une, c~assique,
l' autre romantique. Il n y a pas un Jemt-chceur de poetes b_erus se rattachant au type classique, et un demi;chceur de po_etes maud1ts se ~attachant au type romantique. 11 y a 1erreur esthét1que du ,ro~a~hsme,
liberté du poete, asservissement du poeme, dont les ecr1vam~ du
Jix-huiticme et du dix-neuvieme siecles ont tous souffert et dont 1ls se
sont affranchis Jans des mesures tres inégales a proportion de leur génie et
de leur bonheur.
CHARLES MAURRAS.

�AGNUS

•

•

P ALINGENESIES

pas comme fui /'art de produire des vers brillants et finis, approchant
de la pureté de ceux de Racine. »

Palingénésies
Yoici comment, en 1835, M. André Thérive appréciait les tentatives
littéraires de ses contemporains. M. André Thérive existait en 1835
sous le nom de M. Odolant-Desnos.
Sur Víctor HUGO : .. Trop confiélnt dans ses forces, il a pensé
pouvoir, non pas devenir /e nouve/ atlas de notre ancienne littérature,
mais /e créateur áune nouvelle... Dans sa tragédie d'Hernani, il est
tres rare de pouvoir trouver deux vers passables de suite; tandis qu'a
chaque page, on rencontre des enjambements inadmissibles, et des
mots áune trivialité du plus mauvais goílt... Ce qu'il y a de plus
désolant dans M. Víctor Hugo, c'est de voir que sa volonté seu/e
commet /es fautes qu'i/ seme expres dans ses ouvrages; el/es
n'échappent point a son instruction... ; lorsqu'i/ veut suivre une autre
voie, il la seme de beautés du premie, ordre. Ainsi... on trouve peu de
choses a critique, dans /e fragment suivant de son Ode sur la statue
de Henri 1\1 :

Sur Casimir DELAVIGNE: « Son style, pur comme celui de Racine,
a néanmoins plus de chaleur que celui de ce grand maitre.

1

On trouve aussi dans M. Casimir Lavigne des vers heureux
frappés souvent au cachet des maximes; ainsi sont /es suivants :

1

Un peuple a tout perdu s'il perd l'indépendance...
Oue la patrie est belle au moment qu'on la quitte !...
Tout doit mourir, tout doit changer;
Un culte meme est passager... »

Sur les vers de CHATEAUBRIAND : « Des lors, ce grand génie
commen~ait déja, mais lentement, a corriger son style, et /'on conna!t
de /ui quelques vers bien frappés. Sa définition de la foret est tres
belle... :
Foret silencieuse, aimable solitude,
Oue j'aime a parcourir votre ombrage ignoré! "

Nous publierons une autre fois I'opinion de M. André Thérive, en

1835, sur les prosateurs du temps.

Assis pres de la Seine, en mes douleurs ameres,
Je me disais : la Seine arrose encore lvri,
Et les flots sont passés ou, du temps de nos peres,
Se peignaient les traits de Henri.

•
• •
A la meme époque, Guillaume /\pollinaire s'amusait déja aux
Calligrammes. Mais, n'étant pas encore assez expert dans cet art, il
se dissimulait sous le pseudonyme de M. Bres. 11 voulait, suivant
M. André Thérive, « forcer la typographie a rendre sa pensée en
meme temps que sa phrase » :
de.
pi

Chacun /e rappelle franchement de tout creur dans la route de /a
bonne littérature, route qu'i/ connait si bien et dans laquelle il est si
brillant quand il veut bien s' y retrouver. ,.
Sur les vers d'Alfred de MUSSET : « a f exemple de M. Víctor Hugo,
i/ fes fait mauvais avec intention. •
Sur LAMARTINE et Casimir DELAVIGNE : « Le chantre des
Méditations poétiques est monté á un seul vol au sommet du Parnasse
fran~ais, et la, donnant la main a M. Casimir Lavigne (sic), il s'y
est emparé avec fui des premieres places... S'il (Lamartine) a /e génie
de la composition plus étendu que celui-ci (Delavigne), il ne possede

ra

tant; il devient
mon

'

en

Le chemin va

�le

Les Romans de Jules Romains

vois de
ce lieu élevé
l'arbre de Beauregard
qui domine tout l'ho
rizon d1.,1 pays
limousin;
che
ne
fa
meux
dans la contrée.

Lucienne porte a six le nombre des romans, contes ou groupes de
contes de Jules Romains. Nous pouvons done, des maintenant, jeter un
regard d'ensemble sur cette partie de son reuvre.

•*•
Rappelons d'abord, dans l'ordre de publication, le sujet de chacun
des livres.

Le chemin
des
cend
et
me
conduit
au bord d'un
ruisseau.
go
pont

Uti

ce

que

de

sur

che

l'on

I'ar

de

l'apen;ois

écumeuse.

•

. ..

ANDR~ CUISENIER

•

AGNUS

BRÉS

Ouant a M. Alfred Poizat, il endormit successivement les
générations sous les noms tragiques de Campistron, de Claude
Guimard de la Touche et de Luce de Lancival. (Les savants bien
informés prétendent que M. Alfred Mortier ne serait que le double
pour ainsi dire métapsychique, de M. Alfred Poizat.)
AGNUS

LE BouRG RIÍGÉNÉRÉ. - Une inscription, mise dans un urinoir par
un nouvel habitant, secoue un bourg inerte, et détermine en lui des
troubles nombreux, variés, profonds, qui le regénerent.
MoRT DE QuELQU'UN. - La mort d'un mécanicien, retraité et solitaire, émeut a Paris toute sa maison, arracbe du village natal son vieux
pere, détermine des formes éphémeres d'existence qui atteignent leur
plus haute intensité au cortege funebre, puis se défont peu a peu, par
la mort des vieux parents et l'oubli progressif des autres hommes.
LES CoPAINS. - Un groupe de copains, apres de copieuses libations
et la consultation d'un somnambule, imagine une série de mystifications
qui secouent une caserne, une église, une place publique, la population
entiere de deux petites villes, puis va, en pleine montagne, célébrer son
triomphe par un repas solennel.
SUR LES QUAIS DE LA VrLLETTE. - Les buveurs d'un cabaret de la
Villette, en échangeant leurs souvenirs sur le 1" mai 1906, le 1e' mai 1907
et autres évenements ou incidents, montrent comment ils ont éprouvé
le pouvoir d'un groupe sur un homme, ou d'un homme sur un groupe.
DoNoGoo-ToNiu. - La réclame faite par un mystificateur et un
banquier véreux autour d'une ville fictive, qu'un géographe en chambre
a située au centre d'une prétendue région aurifere, détermine, par le
monde entier, des mouvements d'aventuriers qui aboutissent a la découverte d'or et a la fondation réelle de la ville.
Luc1ENNE. - Dans une famille provinciale ou les deux sreurs sont
également éprises d'un cousin indifférent, l'arrivée d'une nouvelle maitresse de piano, Lucienne, détermine des changements profonds, qui
aboutissent al'amour soudain du jeune homme et de Lucienne.

21

20

�LES ROMANS DE JULES ROMAINS
ANDR~ CUISENIER
On voit déja, par ce seul aperc;u, quelques-uns des caracteres communs a ces récits. D'abord ils sont, au plein sens du mot, réalistes.
Romains ne raconte pas d'aventures romanesques. Méme a ses plus
énormes mystifications, le Rut d'Ambert, la Destruction d'Issoire, la
Charge des autobus, il donne une base solide : l'auditoire dans l'église,
la place publique un jour de fete, le faubourg un jour de greve. 11 ne
fait pas non plus reuvre d'érudition, et de reconstitution historique.
En fin il ne construir pas de romans a these et ne tient pas, a la faveu r
d'une intrigue amoureuse, a nous donner son avis sur les diverses questions du jour. Bref, il ne cherche ni a s'évader du réel, ni a le déformer,
mais simplement a le représenter te! qu'il est, te! que nous tous pouvons
le voir, si nous regardons ingénument et, selon le mot de Ch. L. Philippe, comme des barbares. Et pour le rcprésenter ainsi, il n'a pas
besoin de modeles extraordinaires, il n'a pas a recourir a des scandales
mondains, des exploits d'apaches ou des danses negres. Il ne trouve
utile de nous entralner ni aux antipodes, ni dans les milieux qui ont
encore écbappé aux enquétes minutieuses des observateurs professionnels. ll Iui suffit, a l'auberge, dans la rue, dans sa maison, de regarder
le premier personnage qui se présente, si banal paraisse-t-il. Et sans
chercher plus loin, il en fait le héros d'une, ou rnéme plusieurs de ses
histoires.
De tels récits sont naturellement simples. Romains ne prétend pas,
dans ses six petits livres, tracer le tableau d'une société entiere, a la
fac;on de Balzac, Zola ou Tolstor, et, a travers les ramifications d'innombrables personnages, montrer le jeu complexe des forces naturelles
et sociales. Il ne cherche pas non plus, comme Flaubert, a suivre le
développement continu d'une existence, et condenser daos l'histoire
d'un de ses héros l'histoire de toute sa génération. Il se contente, au
contraire, d'actions simplu et peu chargée1 de matiere, la fac;on des écrivains classiques. 11 clarifie, allege et surtout unifie. La transformation
d'un village, qui était un épisode dans le Médecin de campagne ou le
Curé de village de Balzac, devient l'unique sujet du Bourg régénéi-é. Le
lancement d'une entreprise, qui se compliquait d'une médiocre histoire
amoureuse dans le Bonheur du dame, de Zola, ou d'innombrables épisodes dans l'exubérant Trust de Paul Adam, devient l'unique sujet de
Donogoo-Tonka. Toute action épisodique est écartée, et le récit, meme
s'il semble prendre son temps et se mettre lentement en route, ne se
laisse entratner a aucun détour et va droit au but.

a

1.

a

Ces récits simples, et qui plongent dans le réel, ont entre eux une
ressemblance frappante. Des le premier aperc;u, on peut les ramener a

22

~

é::;:~:n;

B
é é éré Mort de Quelqu'un et Donogoo-Tonka,
deux 7pes. Da~~
(fait ou idée) et en suit, pas a pas, dans
Romams parlt u
le développement et la propagation. Daos les
l'espace et e temps,
.
·
·
l.
1 prépa. S l
. d la Villette et Lucienne, il su1t pas" pas a
Copaim, ur es quau e . b
uement éclate Et ces deux sones de
ration d'un évenemen,t qu1l' rusq Q e l'évcne~ent soit au commencerécits se completent l une _autre. u a la fin comme dans Je second;
ment, com?"e dans le prem1er tyf~,¡c~ater ou' qu'en éclatant il se proqu'il se prepare lentement avan
s' que ce qui fait le sujet véri, · d' ndes nous constaton
page par une_ sen,c o
'
nt cet évenement se préparc ou se protable du réc1t, c est la fac;o~ do 'ºl
ºt a travers les individus et les
page, autrement dit le _tra¡et qu t
Romains dans ses romans et
groupes. C'est sur ce tra¡et qubeºlse p ace iºe'es qui lui révelent, entre les
· l l'gnes
1
mo 1 es et var
,
comes.
. . II en 1sutt es
s des rapports nouvea ux d'ou il tire toute une
ind1v1dus et es groupe , . .
.
d, ge également de ses autres
. .
d
d Cette v1s1on qui se ega
.
v1s1on
u
mon
e.
.
enu
d'appeler l'unanim1sme.
ceuvres, est ce qu'il est désorma1s conv

tUI

•*•
.
résentc les groupes comme des étres
On sait que Romams se rep
.
et meme comme les seuls
1 ou moins de consc1ence,
.
.
v1vants, ayant p us
é h les individus que par un arttfice
étres réels, dont on ne peut d tac er . • (ce sera l'ob¡ºet d'une autre
.
N
ouvons entrer 1c1
d'abstractton. ous ne P
d
. .
Rappelons-en du moins, a
étude) dans le détail de ce genre e v1s1~n.
propos des romans, les principaux caracteres.
.
'
turellement
Romams
est
D'abord c'est une visi_o1~ d ' e?s,em bles. N ªes
Sans remonter
a la nplus
pas le premier écrivain qui ~1t traite des gFroaunpce. au x1x• siecle, de nom. · ·
eut lu1 trouver en r
,
haute anuqutte, on P
b
llent a rattacher leurs personbreux devanciers. Balzac et F~al_u ert e~cle· la pension de famille, le vila un ffil teu SOCia •
nages a un groupe ou .
d
rtains romans de Zola, les groupes,
lage, la petite ville, Pans. Et _ansdce
utés le cortege de grévistes
B
le Magasm e nouvea
,
.
tels que la ourse,
. •paux personnages. Ma1s les
, . bl
t meme 1es pnnc1
deviennent de venta es, e
a ropos des individus, ou s1,.
romanciers voient encore les grou~eds' p eux-m~mes ils n'y réusis.
d les cons1 erer en
•
comme Zola, ils essayent e
.
f
tºque du réel par un effort
sformauon antas 1
•
sent qu~ p~r une_ tran
hez Romains. La vision des groupes en
d'hallucmatton. R1en de te~ c urelle et se fait sans effort. 11 se transtant que groupes est chez lu1 n~t 1 ;s contemporains, daos ce nouvel
te d'emblée comme les socio ogu
~;;re de grand;urs. Ainsi dans le Bourg régénéré :

�LES ROMANS DE JULES ROMAINS

ANDM CUISENIER

« La ci_té dormai~, a plat ventre sur un pays agricole, dont elle SUfait
et absorba1t le travail au cours de béates digestions » (p. 20).
« Le bourg n'élait qu 'un parasite, une voracité et
(p. :u).

une stérilité »

« S!I vie sans remous ftagnait au-tour de quelques ilots. lls GVaient

beau_ co~tituer les cen~res et les points de jonction des forces , elles n'y
par&lt;!1ssa,cnt guere moms atténuées qu'ailleurs. C'étaient l'église, qui
faisait graviter vers elle la plupart des f emmes; le bazar, dont to u tes
les ámes d'r.nfants dépendaient; des cafés, principalement le café de la
MGirie, ou se réunissait une quantité d'hommes; dans le haut quartier,
IG maison de tolérance. Puis des centres périodiques : le marché du
jeudi, qui n'était qu'un acle régulier d'absorption; le.:; séances du Conseil
municipal; des dtners, suivis de causeries qui assemblaient plusieurs
famiiles influentes, et résumaient l'état d'esprit collectif. L'énergie d'une
ville se mesure au nombre et a la taille des groupes qu'elle suscite en
elle pour s'y condenser. CMz le bourg, ils élaient rores et mesquins »
(p. 23).
« Pendan! un an le bourg s'est acharné a ramper de l'est vers l'ouest.
Comme un arbre qui voudrait se déraciner, il /orce pour s'arracher au
monticule qiii supporte la place Haute; il laisse se dessécher toutes ces
rues escarpées et tranquil/es; il n'en prend presque plus conscience.
Vers l'ouest, il s'étire jusqu 'a se couper en deux. ll s'épaissit autour des
usines : la briqueterie et la tuilerie rue de la Gare, la scierie sur un
chemi11¡ parallele. Un quartier populeux, avec des maisons et des voies
rectilignes, enveloppe les fabriques de sa masse croissante. L'ancienne
nsine a gaz, que le bourg ne percevait pas, car elle se cacho.it d deux
kilometres, dans un repli du sol, iZ l'atteint, la saisit, la joint a son
corps par une troinée d'habitations » (p. 71).

Dans tous ces passages, le bourg se présente a nous, comme a tout
spectateur qui le regarderait du haut d'une colline, et en observerait les
mouvements ainsi que ceux d'une ruche ou d'une fourmiliere.
Mais Romains ne se contente pas de prendre, du haut de la colline,
une vue générale qui resterait lointaine. 11 pénetre a l'intérieur de
!'ensemble, pour le saisir par « une .•arte de perception immédiate. » Ainsi il
arrive au visiteur du Bourg régénété « d'apercevofr a la (oís une fenétre oit
langui11aient dea rideaux brodél, une boutique de pátisserie, un bec de.gaz,
la far;ade d'un édifi,:e public. ll s'intéi·e,sait bien au feu des couleur·s et des
lignes, d l' arrangement des apparences; mais il sentait surtout les r·apports
intéi-ieur1 qui, comme des nerfs invisibles, unissent profondément ces chose, ,
(p. 20). Cette perception est une sorte de collaboration entre celui qui
pen;oit et l'objet per,;:u :
" Le soleil avait aactement ce qu'il fallait de calme froi.s, d'aisance,
de limpiditi! surannée pour que le bourg eut l'extérieur qui convenait
le mieux a sa psychologie et, sans feindre une attitllde, fit surgir chez

son visiteur des pP.nsées individuelles correspondant le mieu.x possible
sentiments d'étre collectif » (p. 18).

a s,s

Et c'est généralement le promeneur, le voyageur ou celui qui vient
d'avoir un soudain bonheur qui, parce qu'ils regardent avec un reil plus
désintéressé, et en se soumettant le mieux aux influences des forces,
arrivent a la perception la plus riche :
« Un voyagcur, au sortir de la gare , prendru ¡uste les rues ou la ville
se révele et qui sont l'axe de son áme; il /era les détours nécessaires; il
s'arrétera a certains carrefours ; il découvrira te centre de gravité et s'y
attardel".l plus qu'en fo¡¡t autre point. Personne ne l'ouro guidé, personne
n 'aurait été capable de le guider ainsi. ll aura du ce succes a son instincl,
a la chance ou a quelque faveur mystérieuse. Le soir, quand il remontera
tn watr-Jn, il possedera une idée essentielle de la ville; il en saura sur
elle presque autant qu'elle, et nul individu au monde n'aura encore refu
d'elle de si completes confidences ». (BouRG RÉGÉNÉRÉ, p. 19).
&lt;&lt; Done, je regardais avec appétit et confiance. Je vouiais profiter de
ma disposition favorable. Trop de fois, me disais-je, entre les choses et
moi, j'ai Zaissé régner un voile qui les éloigne et les fait mentir, u ce
point qu'ime barre de fer me semble alors d'uM consistance douteuse el
d'une matiere sans durée. Aujourd'hui, je le.~ sens bien présentes, bien
réelles, carrément plantées en face de moi, et pourtant amies de moi. Je
me réjouis de l'air de pténitude qu'elles ont. J'ai envie de penser qu'elles
sont combles, et que, si leur surface reluit, ce n'est pa.s d'ttre flattée par
la lumiere, ni t'ue par des yeux contents, c'est d'étre tendue par la chair
trop fournie qui est en dessous ». (LucrENNE, p. 12).

Il s'établit ainsi, par cette perception immédiate, un rapport nouveau
entre l'homme et les choses. Celles-ci ne sont plus seulement, comme
chez tant de romanciers, un décor que l'on pourrait supprimer sans
inconvénient. Elles ne sont pas, comme les intérieurs de Balzac, le
reflet et la traduction d'un caractere. Elles n'agissent pas mécaniquement sur l'homme, comme chez les romanciers disciples de Taine.
Elles révelent sans défiance les dispositions les plus secretes de l'univers.
Et elles le font, précisément parce que le spectateur, le promeneur
qui les regarde d'une fac;on désintéressée ne cherche pas, pour des raisons pratiques ( 1 ), a les isoler, a les décomposer artificiellement. Elles
se présentent a lui toutes ensemble, et l'unanimisme, comme le bergsonisme, est une vision totale. Celui qui est dans une chambre « sent que le,
murs ne sont pa, une limite, qu'ils relient la piece exiguif d une cho,e plu1
va,te qu'ils luí tt·ansmettent la pression de tout ce qui est derriere eux &gt;
' régénéré, p. 28). On peut done, a toute heure et en tout heu,
.
(Bourg
(1) G. BERGSON. -

Mati~re et Mémoire, chapitre I et conclurion.

�LES ROMANS DE JULES ROMAINS

méme le plus désert, éprouver ce genre de v1S1on. 11 ne résulte pas,
comme chez certains philosophes, d'une conception panthéiste qui dissout l'individu dans l'univers, ou, comme chez les mystiques, d'une
communion sentimentale avec lui. C'est une sorte de toucher, un contact direct, comme par une antenne, avec toutes les ondes qui passent :
« C'était un de ces quartiers que nous aimons tant, vastes, tristes et
forts , otl rien n'est apparence, otl tout existe avec vérité et concentration
ou les puissances les plus secretes de l'univers vont et viennent en plein;
rue, parce que personne n'est la qui. les épie. Tu sai$ ? Des maisons pas
tres hautes, et irrégulieres, des cheminées d'usine, un grand mur sans
Jen~tres et sans a/fiches, un bistrot rouge au b(ts d'un Miel meublé, et
surtout une présence continue, un :souffle qui n'en Jinit pa:s, une rumeur
pareille a tin horizon ». (LEs CoPA1Ns, p. 120-121).

Et c'est une réponse aux plus lointains appels :
« Mais le plu:s gra,id frisson, c'était sur la ville qu 'il passait, a cause
de l'heure et du ciel. Et il n 'y avait pas de lieu otl on le conntlt avec plus
de majesté que sur le boulevard désert.
« ll arrivait, ample et lent; ses ondes affluaient !'une derriere l'autre;
les _saccades et le:s spasmes avaient eu le -temps de s'y fondre et de s'y
apa,ser ; les mouvements notieu:c s'étaient résolus en chemin.
« Le jeune homme participait de tout son creur a cette émotion. D'un
centre invisible, des cercles bienfaisants se dilataient jusqu'a lui ...

« ll éprouvait mieu:c qu 'un autre cette poussét que faisait ta ville;

il la receooit contre son flanc droit; elle sembfo.it intense et répé!ée ;
c'étail comme une pulsation; !'O.me la laissait entrer et la transformait
en paroles con/uses qui réclamaient un nouveau destin ». (MonT DE
QUELQU 1UN, p. 211·213).

Réponse qui vient du plus profond de l'étre et qui établit un
rythme commun entre l'homme et les choses, en cette pré1ence continue
d'ou nul objet, méme le plus lointain, n'est exclu.
On voit, par ces quelques remarques, combien est riche ce genre de
vision, et a quel point il serait inexact de renfermer Romains daos une
spécialité, méme la plus vaste. Tout au plus peut-on saisir chez lui, du
Bourg régénéré a Lucienne, une tendance de plus en plus forte a passer
de l'arrangement de, apparence, aux rapport1 intérieur,. Mais rien de plus
naturel que ce mouvement d'une expérience qui s'enrichit, et qui, selon
le programme qu'il s'était tracé des son premier article du Pen,eur (r},
(ex~rimer moins le décor que le sens profond de la vie modeme),
l'onente de plus en plus vers l'étude de la vie intérieure.
(r) Les Sentiments unanimes et la Poésie, avril rgo5.

ANDRE CUISENIER

Nous prenons les termes de vie intérieure au seos le plus large et
désignons ainsi la vie des groupes aussi bien que celle des individus,
puisque c'est le propre de Romains de ne pas concevoir les uns saos les
autres, et de chercher tous les rapports qui peuvent mutuellement les
unir. Nous avons done maintenant a saisir, du dedans, la diversité des
étres qu'il anime. La encore, nous devons nous borner a un aperc;u
sommaire.
Nous trouvons naturellement, au point de départ, une représentation de la vie des groupes répondant a la vision que Romains en a prise
du dehors. Elle n'est pas sans analogie avec celle des sociologues. Mais
tandis que ceux-ci considerent surtout, en savants, des groupes stables,
la famille, la profession, la cité, dont ils cherchent a dégager les caracteres généraux, Romains considere surtout des groupes en mouvement,
dont il cherche a saisir l'individualité fuyante. ll les étudie done de préférence a leur naissance, dans leurs transformations, et a leur mort. 11
suit, dans Mort de Quelqu'un, Le, Copaim et Sur le, quai, de la Villette,
les manifestations, faibles ou puissantes, de leur vie élémentaire. Qu'il
nous suffise ici d'en noter deux aspects. Leur naissance est peut-étre ce
qui nous donne l'image la plus directe et la plus précise de la création :
c'est un groupement brusque autour d'un évenement, réel ou idéal, que
se représentent une ou plusieurs consciences :
« Les clairons reprennent. Des voix commandent. Une masse
s'ébranle. ll se fait un vide dans le fond de la place, comme dans u,i
corps de pompe. La Joule de deu:c rues est aspirée avec un sifflement.
Mais les deu:c rues, a leur tour, aspiren! le reste de la ville. La multitude
se ramasse, se canalise, afflue, con/Lue, Ambert existe, d'un jet ». (Les
CoPAINS, p. 185).
« Nous sommes saisis d'une émotion singuliere; nous ne pouvon,
détacher nos yeuz de cette petite troupe serrée aut?ur du poteau; de cette
chose naissante et inquiete dont le poteau prononce le nom ». (DoNocoo
ToNIA, p. 95).

Et la conscience que les groupes prennent, sous l'action magique
de la parole, de leur individualité et de leurs limites, nous donne peut
~tre aussi l'image la plus claire d'un étre a·la fois « intérieur et supérieur
a nous &gt;, d'un étre divin :
« Les copains étaient envahis par un sentiment singulier, qui n'avait
po.s de nom, mais qui leur donnait des ordres, qui aigeait d'euz une
satisjaction soudaine; on ne sait quoi qui ressemblaii a un besoin d 'unité
absolue et de conscience absolue.
&lt;t lls en arrivtrent a comprendre qu 'ils voulaient certainu paroles,
qu'ils seraient ussouvi:s par une voix.

�LES ROMANS DE JULES ROMAINS
ANDM CUISENIER
« Si plosieurs chosu n 'itaient pas ditu cetle nuit mime, il seroit
jamais trop tara pour les dire.

e

« Si plusieurs chosu rülles n'ltaient pas contestüs et mani/uUu,
elles seroient d jamais pcrdues.
« 11 y avait Id vraiment un besoin vital; on ne pouvait pas ruser avec
lui, ni l'endormir, ni lui en promettre, car il empruntait quelque chose
d'impatient d, l'idü mime de la mort ». (LEs CoPAms, p. 243-244; S également la fin, p. 249-251).

Ainsi la vie unanime, des ses formes les plus simples, révele l'action
créatrice de la pensée, et l'efficacité de son instrument décisif, qui se
trouve étre, par un singulier rajeunissement des vieux mythes, la
parole.
La pensée ne crée pas seulement les groupes réels, qui plongent
dans la matiere et les événements. Elle crée aussi des étres imaginaires, qui tirent leur force uniquement des groupes qui les pensent.
Ces1 ce que les sociologues appellent les représentations collectives,
qui, par leurs ditférentes variétés, et notamment celle des mythes religieux, ou dans l'histoire de l'humanité une considérable importance.
C'est ce qu'Anatole France a illustré par un exemple mémorable, celui
de Putois, ce jardinier imaginaire dont les méfaits troublerent toute
une petite ville. Romains nous en donne, A son tour, des exemples
variés, et ce qui restait, chez les sociologues, une interprétation savante
de l'histoire, ou ce qui paraissait, chez France, simplement ironique,
devient, dans l'unanimisme, une expression directe de la vie intérieure.
C'est un fait, que nous existons non seulement par nous-mémes, mais
aussi par ceux qui nous pensent. Le plus célebre, comme le plus obscur
des hommes existent plus ou moins, selon les grouqes plus ou moins
nombreux ou leur existence pénetre, et ce trajet qu'elle suit a travers les
Ames est sans doute l'image la plus précise que nous pouvons nous faire
de la gloire et de la survie:
u ll ne tenait plus au cadavre par une 1eule /ibre. Entiirement libfré
de cette chair, et la laissait couvrir dans le cercueil. Et il se multipliait
pour peupler cent corps vivants ». (MoaT DB QvBLQu'UN, p. 167).

« Le cortege passa de son allure naturelle. Ses; hommu /rémissaient
d'orgueil et de joie. Le mort leur sembla une chose terrible ; ils l'aimerent avec vénfratio11, comme un dieu qu'on poutde, et ils s'identi/ierent
,i lui » tfbid. , p. 178).

Et ce trajet qu'un étre, méme mort, suit a traveu les !mea, une
idée, méme factice, produit d'une erreur ou d'une mystification ( 1),
(r) Cl. Tu1BAUDF.T. -

peut aussi bien le suivre. Elle peut se nourrir, se fortifier de tous les
groupes réels ou elle pénetre, renforcer l'unité et la conscience de ces
grnupes, et méme déterminer des groupements nouveaux :
u lis ,e turent pour lais1er l'idü lu remplir peu d peu. .(1ri, 1ur Leur,
caiue,, en cercle, ils penchaient le cou, et ils ovaient l'oir de fixer un
mime point du sol. L'idü pétillait Id, a1.1 centre du groupe, et te, quclre
e,prit, luilaient par cet unique royonnement.
« Comme, alentour, les autre, hommes dorm11ient; comme tou, lu
autru hommes étaient une pous,iere de rivts, il n 'y avait plu1 qu '1111C
idü qui vtilldt dans la ville ». (Bou11.c RicÉNfú, p. 43).

Elle peut aussi, et mieux encore que les groupes réels qui sont
éphémeres, briser les cloisons qui séparent les Ames individuelles, se
m~ler a leurs pensées les plus secretes, a leurs souvenirs et a leurs
son ges. Un contact, un perpétuel va-et-vient s'établ~t e~tre Ie_s pensé s
7
individuelles et les pensées collectives, et par son aguauon anime la vte
intérieure.
Les groupes et les représentations collectives remplissent les individus, mais ceux-ci peuvent les utiliser, les méditer, les tran~former a
leur gré. Les psychologues et les sociologues,_act~~ls ne ~ro1ent ylui;,
comme ceux de la génération précédente, que 1 md1v1du son une simple
résultante des forces sociales, un automate 1pi1-ituel qui met le, pa, dan,
le, pa, de ,e, prédéce1&amp;eur1 (1 ), une victime des crises politiq~es et _éc~nomiques, déchirée par des cas de conscience plus ou moms art1fic1~ls.
Des penseurs comme Mreterlin~k, Bergson et Freud, de~ romanc1ers
comme André Gide et Marce! Proust se font une concepuon beaucoup
plus souple et nuancée de la vie individuelle.
Et avec eux, Romains se la représente, méme sous ses aspects quotidiens comme un courant de pemée1 d'une diversité infinie, et que tous
les élé~ents que nous venons de démontrer contribuent a enrichir.
Par le dialogue in::essant qu'elle poursuit a~ec les_ choses, p~r la force
des groupes qu'elle conce~t~e en elle _pour s ~n fat~e un ma~1que po~voir, par le courant des idees collecttv~s qui la penetrent, 1 Ame md1:
viduelle se fortifie de toutes les forces, vibre a tous les mouvements qui
traversent le monde. De la ces ramifications, ces enchevétrements de
pensées qui courent toutes ensemble et que nous ~ésitons d'habitud a
7
percevoir a la fois, mais que l'analyse de Lucienne met en pleme
lumiere:
« J'l1714ginai une longue rue amfricaine, des maison, de ciment, de
mital et de céramique, au:c murs entierement lavables. Et sans perdre un

Nouvelle Revue Fran~ise, juillet 1921, p. 89-9r.
(r) BAllllES. -

Amori et dolori sacr1.1m, le 2 nov,,mbre en Lorraine.

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�LES ROMANS DE JULES ROMAINS

mot de ce qu.e !tfarthe allail me dire, sans cesser d'élre allenlive au~
singuliers mouvements de torsion qui tui parcouraient le cou et le buste,
au point de sentir qu 'ils usayaient de se continuer m moi-mlme, et que
certains de mu muscles cachú les imitaient dtjiJ., je pousuivis avec
insiltanu ma réverie fortuite. Tout en haut de mon esprit, une ,orte de
Umoin considérait mu de~ suites de pensées, les rapprochaif l'une de
l'autre, lu entrela9(lit avec un inuplicable plaisir, et refusail malicieu&amp;e•
ment de donner ta préférence d l'une du deuz ». (LucI&amp;lfflll, p. 103).

Mais, par delA cette diversité, l'Ame peut se rassembler et prendre
son élan vers les grandes exaltations. La beauté (1) et l'art (2) l'y inviten t. L'amour l'envahit comme une fievre :
« Ce qui me prit alor, tendail a ,e détacher et a me détacher de moi,
a.,pirait ma vie hors des limites de ma personne. Mon agitalion, la maue
d'4me remuée, semblait cherchtr d'elle-méme a se porter non 1ous mon
front ou dans ma poitrine, non dans l'épaisseur préservée de mon corps,
mais en avant de moi, dans cette sorte de lieu spirituel que nous 1enton,
se former au-dessus de nos tétu quand plusieurs hommes ,ont rassemblc!s ». (LucrnNNB, p. 204).

L'amitié est une promenade A deux ¡\ travers le monde et les idées,
une expérience commune de l'éternel (3). Et tous ces grands moments
d'exaltation apparaissent comme impérissables, se rejoignent les un¡¡
les autres (4) au travers des espaces immenses que parcourt la méditation.
La méditation peut l!tre celle d'un groupe, comme ¡\ la fin de
Donogoo-Tonka, celle de deux: amis, comme dans la promenade des deux
Copains, ou, comme dans Lucienne, celle de l'Ame solitaire qui « dépo1e le
fardeau quotidien • et par son ivresse éleve toutes choses ensemble « au
niveau des nuage1 univer1el, ». Sous ces diverses formes, elle se déploie aux
moments les plus solennels, dissipe tout mystere, établit le regne de
!'Ame.

•

• •
Cette représentation mobile du monde et de l'Ame, cet incessant
défilé de pensées qui se poursuivent, s'opposent ou se pénetrent, devait
prendre tout naturellem:mt la forme narrative, et l'on ne s'étonne pas
si Romains trouve que leu,r diversité suffit, sans la complication d'une
intrigue, A remplir un récit. On pourrait le vérifier ¡\ propos de chacun
( 1) Lucitnne, p. 186-193.
(2) Lucienne, p . 7,.
(1) Les Copains, p. 11R-119.
(2) Les Copain.s, p. 121. - Lucienne, p . 208.

3o

ANDRE CUISENIER

de ses livres. Contentons-nous de le faire pour le premier et pour le
dernier, afin de voir comment, de l'un ¡\ l'autre, la méme vision se
développe et s'enrichit.
LE BouaG RÉGÉNÉRÉ. - Romains considere la structure et les
rythmes du bourg, et, par dela ces apparences, le secret de son ame
inerte. Puis il montre, par des fragments de dialogues, l'inscription
subversive qui se propage dans différents milieux bourgeois et populaires. 11 en suit les progres dans quelques ames individuelles, celles du
curé, du bedeau, du maire. Il en montre les premieres conséquences
visibles, un jour de marché, puis les changements qui en résultent dans
la structure et les rythmes du bourg. Romains suit done, dans cette
petite légende, la marche d'une idée, avec l'impartialité, a peine nuancée
d'ironie, d'un savant qui en tracerait Je graphique. Et il nous présente
ce développement dans toute sa généralité. Nous n'avons du bourg,
malgré les quelques exemples de perception immédiate notés plu~ haut,
qu'une vue d'ensemble, et des individus, qu'une psycholog1e s1mplement esquissée, pour laquelle il suffit de les désigner par leur fonction
sociale : le postier, le rentier, le percepteur. Le récit est done rapide, et
d'une sécheresse voulue : il dessine la courbe d'un mouvement.
Luc1ENNB. - C'est surtout l'histoire d'une ame. Des les premieres
pages nous en apercevons la mobile richesse, son enthousiasme music~l,
son contact frémissant avec les choses. Ces choses nous sont présentees
sous leuraspect le plus individuelet le plus concret? qui va'.ie selon l'heu~e
et les dispositions despersonnages,et qui nous laisse tou¡oursapercevo1r
leur arrangement et leur sens profond. Romains les choisit naturellement parmi ses impressions familieres : la gare, la salle de restaurant,
une rue de petite ville, une chambre solitaire qui s'ouvre, pour la méditation, aux puissances les plus vastes : le silence, ou l~s cl_oches dans la
nuit. Mais il rattache aussi son héroi'ne, avec une mmuue nouvelle, a
un milieu provincial particulier : la famille Barbe!enet. Le p~re, la
mere, les deux tilles, le cousin, la bonne, nous appara1sse~t tour A tour,
au salon, a la ler;on de piano, a table, dans la rue, en votture, dans les
circonstances les plus simples de leur vie quotidienne, e~ avec leu~s
paroles et leurs gestes les plus ordinaires. _Ils nous appar~1ssent auss1,
non plus en eux-mémes, mais tels que Luc1enne et son am1e, chacune a
leur far;on, les pensent. Ils nous apparaissent encore, chacun avec leurs
pensées les plus cachées, qui s'ouvrent par le développement progressif de leurs confidences. Ils nous apparaissent enfin comme un groupe,
qui peu ¡\ peu enveloppe et pénetre une ame, au point de se l'incorporer.

�LES ROMANS DE JULES ROMAINS

Et nous suivons le mouvement secret de cette ame en qui le spectacle
puis la confidence d'une rivalité amoureuse font éciore l'amour : amou;
qui naít d'une indilfére~ce amusée, d'_un~ conversation familiere, et qui
se transf~rme et grandtt, par la méduauon, par de véritables examens
d~ c?nsc1~~ce, par cette sorte de dévastation que produit la beauté.
Ams! la v1s1on des choses et des groupes s'offre a nous a mesure que se
succedent. les nuances fuyantes d'une ame individuelle. Les analyses
p_sycholog1ques les plu~ neu~es continuent les traditions les plus class1ques du roman fran1¡a1s, mats en les assouplissant par le mouvement
continu du monologue intérieur.
De la plus ancienne comme de la plus récente des deux reuvres il
se dégage done une impression commune, celle d'un art qui est tout en
mouvement. La forme cinématographique donnée par Romains a l'un
de ses contes ne résulte pas d'une simple fantaisie d'artiste qui cherche
constamment a se renouveler : elle exprime la tendance méme de sa
pensée, qui se déroule naturellement par images, et aime a percevoir
ensemble plusie~rs séries d'images qui se déroulent. Le mouvement qui
n_ous transporte ,mstantanément de Londres a Porto, Naples ou l'Aménque du Sud, d un paysage a une pensée, d'une conversation a un souvenir, ce mouvement qui, par son accélération ou son ralentissement
varie !'as~ect et le rythme des etres et des choses, n'est pas particulier
au scenano de Donogoo-Tonka. II est aussi la grave et lente succession
de pensées_ et d'évenem~nts qui se développent a la fois au village natal
et a la ma1son mortua1re de Jacques Godard. 11 est le rire, tour a tour
bouff~n et lyrique, ou s'épanouit le groupe des Copains. 11 est la conversauon, tour a tour gouailleuse, indignée ou épique, des buveurs de
l'Ambas~ade. 11 entratne, co~me de véritables étres vivants, les propos
de Luc1enne et de son am1e, les conversations provinciales du salon
Barbelenet, les discours enjoués de Pierre Febvre. Qu'il se propage a
trav~rs l'esp?ce, ou par des paroles ou seulement daos les ames, qu'il
suscite et a01me des groupes, des idées ou des individus, le mouvement
est _le princi~e et la raison méme du récit. 11 s'y contemple et y découvre
qu'il esta lu1-méme son but, enchainant l'un d l'autre des acte, gratuit, et
bouleversant le train ordinaire de l'agitation humaine.
'
De Ja des changements ala forme du récit. Plus d'éléments stables:
longues descriptions d'objets immobiles ou d'étres au repos, dissertations
philosophiques et sociales. Plus de longs retours sur le passé des personnages, ni de laborieux efforts pour les amener daos une impasse
d'ou ils ne peuvent sortir que par les artífices du mélodrame ou du vaudeville. Sans doute il y a des paysages, des portraits, des analyses
psychologiques daos ces différents récits, mais saos que jamais s'interrompe le mouvement de l'action, ou le coumnt de pemée, des personnages, ou le déroulement de leur conversation :

ANDRE CUISENIER

« Pendant ce temps, je ne quittai pas des yeux Madame Barbelenet.
J'examinais son image avec un exces d'attention presque absurde, sans
toutefois perdre une de ses paroles. Ses traits m'apparurent !'un apres
l'autre, détachés et mRme grossis dans une lumiere dont j'a.vais le sentiment d'ltre !'origine , tandis que la. suite dt ses propos s'engrenait irrésistiblement sur mon esprit comme une fine roue dentée. A ce point que,
visage et discours, les deux choses finissaient pour moi par n'e11 /aire
qu'une. Chacun des traits et chacune des paro/es se levaient du mime
mouvement, comme soudés l'un a l'autre. L'un et l'autre me sembla.ient
identiques par nature,. el depuis toujours. La. bonne écoutant a la. porte
m 'entra conjointement avec le relief granuleux et la touffe gri$dtre de la
verrue de Madame Barbelenet. Le nom de M. Pierre Febvre m'arriva en
liaison si étroite avec la. paupiere gauche un peu gonflée et tremblante
de Madame Barbelenet, que je fis monter mon regard vers le sourcil et la
premiere ride du front, comme pottr activer ce qu 'on avait a me dire de
M. Pierre Febvre ». (Luc1ENNB, p. 70).

Sans doute aussi il y a un évenement qui, comme nous
l'avons vu se prépare ou se propage, et constitue le mouvement
meme du récit. Mais l'auteur suit ce mouvement sans le précipiter a l'intérieur d'une crise, sans le déformer par un dénouement adventice ou une conclusion morale. Par l'emploi des
moyens comme par la vision d 'ensemble, il le laisse se former
et se développer devant nous, pour nous donner l'impression d'un
étre en marche.
Ainsi, malgré les différences dans la conception et la technique nous pouvons dégager de ces récits certains caracteres, ceux-la meme que nous avions entrevus des Je début de cette
étude, _ par lesquels se définit un art classique. Ce n'est pas
ici le lieu de les préciser : nous ne pouvons que les indiquer pour
conclure. Comme les écrivains classiques, Romains croit que
l'artiste doit partir du réel et représenter la vie, sous son aspect
a la fois éternel et actuel, telle que chacun de nous, chez lui, a
l'échoppe du barbier, ou en se promenant dans la rue, peut la
voir. Comme eux aussi, il croit que cette matiere, simplement
ordonnée, doit suffire, et que le triomphe de l'art, c'est avec le
minimum de moyens, de tirer le maximum d'effets. Comme eux
enfin, il y parvient en approfondissant le réel, en l'enrichissant par
une fa~on de le voir, a la fois bien a lui et conforme aux tendances de son époque, autrement dit en le stylisant. Romains prépare ainsi la voie, par ses romans comme par ses autres ~uvrea,
a ce qu'on pourrait appeler un classicisme moderne.
ANDRÉ CUISENIER

33

�LIVRES

REVUES

j Le Mouton Blanc donne son opinion sur tous les Livres qu'il rec;oit 1 ·

1 Le Mouton Blanc_donne son opinion sur toutes les Revues qu'il rec;oit 1

J. PORTAIL : Androlite (poeme).

Dessins d'A . Favory.
Ed. de la Charmille, 24, rue Eugene-Millon, Paris.
2 vol. : 30 Jrancs. - Cf: n • 1 du « Mouton Blanc ».

JULES ROMAINS : Lucienne,

Roman. - Ed. de la Nouvelle
Revue Franraise - 1 v ol. : 6 fr. 75. - CJ : l'article
d'André Citisenier dans le présent n•.

HENRI DALBY : Poemes de la vie mordue,

ornés de gravures sur bois de Raymond Thiolliere. Ed. Images de
Paris, 14, rue du Clottre-Nolre-Dame, Paris. - 1 vol. :
9 fr.

Le sens de la vie moderne, ferme :

une lechnique souveul

Parfois une sentimentalité un peu facile, - un manque
de condensalion et de sobriété. Mais il faut faire confiance
au poete qui a su préciser des notations comme celles-ci :
Lea hommea vont vera lea portea.

11, aaiaia,.,nt la poignt!e

...

Comme un pauvre prend du pain.

Oeux puaanta ae croiaent
Au m~me point qu'hier
Et ae marquen! l"heure.

...

Un enfant court pour rattrapper la minute
100

Directeur : Franz HELLENS,

a BkUXELLES.

N• 5, Septembre.

.JosÉPBIN MILBANER : Un romancier juif : Opatoschou.
ANDRÉ BAILLON : Les « amitiés francaises » et l'amitié
frau raise. « Or, si nous connaissons la France - a
parl les bonnes uolontés que j'ai signalées avec
plaisir - quel effort la France fait-elle, de son cóté,
pour nous connartre ? » Assurons a André BAILLO!'f
que la littéralurc Lelge sera bien accueillie au
Mouton Blanc.
GABRIEL AUDlSIO signale un livre de poemes de Louis
BRAUQUIER : Et l'Au-iiela de Suez.

INTENTIONS. -

Directeur : Pierre-André MAY,

a PARIS,

Nº 7

Juillet-AoOt.

Midi strit! de aireneo.
Leo ouvriera travaillaient
Dan, un tranap: rent silence
Fraaile comme un criatal.

Qui marche avec

LE DISQUE VERT. -

camarade ll-bas tout a;, bout de la rue.

- A signaler un emploi curieux presque inusité, des image,
gustatives ; l'auteur les mele souvent aux images olfactives, comme il est naturel ; lire la piece amusante
« Petite ville a confitures » .
J . H.

AnRIBNNB MONNlER : Gide
Certain,, goOtant la saveur
Du singulier mélange,
Diaenl qu'il cooticot de l"ange•. .
D'autre, , au faible palaia,
S oot brúl&amp; par les épicea,
Lui aieot : • D émon I lea vices
Savent noircir ju1qu au lait. »
0

ESQUERRE : « Saül ».
HENRY DALBY : Trois poemes d'une bonne technique.
G ABlUEL AUDISIO : L'invention artislique et le mitieu
MARTBB

e$térieur.

LA LANTERNE SOURDE. ·

Directeur: Paul Van Der B0RGHT,
BRUXELLES.

a

publie la couférnnce faite par Jules Ro.MAINS a l'Université de Bruxelles, le 2; mars 1922. Nous ne
pouvons malhew·eusement tout citer, mais on en
trouvera quelques passages dans les « VÉRITÉS » de
ce n º . Le grand poete aimé et admiré de la nouvelle
génération a bien voulu nommer plusieurs collaborateurs du Mouton Blanc. « On peut citer les noms de
Gabriel Audisio, lean Hytier, Claude-André Puget,
Mannoni ; en Belgique, Augustin Habaru, Robert
Coffin, Lucia Van Doren, J. J. Van Doren, J . Portail,
Paul Fierens et Paul Chandail. »

LES NOUVEAUX CAHIERS ALSACIENS. - Récl. en Chd:
Henri S0LVEN, N• 6. l.',I P. OY.S :'IIOTILÉs,i°5, RU I! IF.N~O!'I, TOURS.

O. MANNONI : Retour(Poeme).
Le girant :

RBNÉ

GAUDEFROY.

�le mouton blant
ne publie que de l'inédit

Cll.tQUE NU~teno CONTIENT
UN POR.ME OU UNE PROS.E ;

UN GROUPE JMPORTA'.'liT DE POEMES , TOl'S Dl' MEME A(;TEl"R ;
CNE PROSE ;

({ LA DOCTRl~E DU

MO(.;TO~

BLANC

» , NOTES RÉGULIERES PAR

,IBAN HYTJER ;

UNE P\GE o 'ERREURS ET U!llE PAGE DE VÉRITÉS , SJGNÉES PAR NOS
CONTEMPORAINS ;
UNE ÉTt:DE CRITIQUE l&lt;tUR U~ MOUVEMENT OU UNE QUESTION LJTTjRAJRES;

UNE ÉTCOE CRITIQUE SUR UN AUTEUR CONTEMPORAIN ;
0

L 0Pl~ION D1.' 'MOUT0:-0- 8L\'.'of: SUR LES LIVRES ET LES REVUES.

PRIX POUR TOUS PAYS
2 francs
20 francs

Le numéro . . . . . . .
L'abonnemenl d'un an.

COLLABORENT AV « MOUTON BLANC. »

Gabriel ,ludisio, Charles Boisson, Georges Chennevilre
Audré Cuisenier, Marthe Esquerré, Pierre Fa,,re
Paul Fierens, René Gaudefroy, Franz Hellens
Jean Hytier, P.-A. May, O. Mannoni, René Maublanc
Jean Meunier, Adrienne Monnier, Henry Petiol
Francis Ponge, J. Portail, Poujol
Claude-André Puget, Jules Romains

LVON
4,

,-LACIE

0KS

T•PIRKAUX,

4

•

�Nos Amis doivent etre nos Propagandistes
Donnez-nous les noms et adresses des personnes susceptibles de
s'iméresser

a notre

revue. R~mplissez cette fiche et adressez-la:

4. Place de.-.; Terreaux., 4
L..YO N

au " mouton blanc ''
NOMS

ADRESSES

�</text>
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                  <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>���•
BIBLIOT EC ,-

1'1·uit 'cr1111&lt;· (l'll\T(' ('OlllllllllH' l't \'olo11tail·&lt;·. Jl c·omp01·tt.-- une n"110y¡1t ion ('Olllpli•te : lond &lt;'l 1'01·111&lt;', nw.fti•1·(' &lt;'f l&lt;'l'hlliC{llP. Jl vis&lt;' H.
1•xpl'imm· l'e~s&lt;'tl&lt;'&lt;' de• l't'•poqm· dai1s d&lt;:'~ u~uv1·es·de stylc. - La
111a-;t it'•rc~ du nouvc•,ut &lt;'la~si&lt;+.:rn&lt;', c•'pst la YÍ&lt;' f•t l'h(,)mme morlPr1u•s, eo1u:us aussi l,ie11 sous l'asp&lt;'el dc•s c·oll&lt;'l'livités quf' sous
l'appa1·cttW&lt;' ele• l'i1ulivi1l11 - irnlividu to11t difft"1•p11t, d'aillcm·s, de
&lt;·&lt;•lui qui &lt;·011. ·t it uait l'ohjc•t &lt;111 1·las:-.:il'is11H' anl'il'll. C&lt;'fte 1•ppr{•sc•ntatirn1 total&lt;:, profo111l&lt;· P1 ha1·111011i&lt;•usc', sc•1•¡1 1'1l'~l\Tl' &lt;lu
xxe sit'.•dt•. J,(' dassh·is111&lt;· lllO(h•l'll&lt;' ('St lll' il ,. a Pll\'i1·011 quinze
H"l!-.; il ¡1 S&lt;'~; p1·1'.«·ur~&lt;'111·s, &lt;'I fh...ji\ sc•s JH'&lt;'lllil'rs 1wdt1·Ps. Ta1Hlis
q11'1111&lt;' li'...!.·111·•(• &lt;k p1·osillt•111·:--, h la s11it&lt;• el&lt;' F1·a11&lt;"&lt;' &lt;'l de~ Bat'l't'S,
fl'il\'ilillilit'llt ¡\ lllilÍlll&lt;'llil' &lt;&gt;11 ¡'¡ l'&lt;'Slillll'&lt;'I' )p Sl'lllilll('lll &lt;lt&gt; la J)&lt;'l't't •1·t ion, t .11 l' lis q11·1111 {:la 11d&lt; •l, &lt;,u u 11 I&gt;1·1111st Ju ,111·s11 i nlic•11t la&lt; lt'•eonn•i1&lt;' clt• la 111a1ii•1·t•, d'm 1t1·c•sq11i 1·1•1w1·•s&lt;'111&lt;'1lt le• 11&lt;111\'t•I c'•quilihr&lt;•,
¡¡jontilÍ&lt;'i:l ú l1•u1· 1·1'• yc'•latio111w11!'111Hl&lt;' d1• l'()l&gt;jd 1111(' 01·ganisatio11
plt'i I H~I 11('11 l d .1ssi&lt; l' i( • : .] 11 lc•s no I ll, ti llS, A I I&lt; l n'• ( ii&lt; le•, fi&lt;'Ol'g(~S
· Ch&lt;.•nrn'Yi&lt;'l'I' ...
it _&lt;•f's
11wit1•ps c·o111111&lt;' i1 &lt;·&lt;•11x &lt;111 X\'ll" sii•dt• - ~&lt;111s l'i1IY&lt;Watio11 du
mouton blanc qui jadis ~&lt;•t·Ynit d't•11~&lt;'ig1H' a11 1·uhart&gt;t oú sp
1·éunissui&lt;•11t Rad1w, L,1 Fo11t,ti11&lt;•, ~lolii•1·&lt;• d Hoil&lt;.•au -. . s(•ru
d'assur&lt;'I', s&lt;•lo11 110s 11111Y&lt;'11s, l'&lt;'liil1li:--s&lt;'IIH't lt &lt;h'•fi11itif c\'1111 classi&lt;·ism&lt;' 1110&lt;h•1·1w ('f dl's ~-c'•l'it&lt;'•s &lt;•st h&lt;.'•t iq11&lt;•s qui &lt;'tl sont ¡'1 la fois
l'&lt;-'Xp1•pssio11 &lt;'t la 1·1H11liti1111. l'tH' ll'II&lt;· tl'II\T&lt;' 11'1•st pas d&lt;' &lt;·PllPs
qui s.'imp1•oyist•11t &lt;'ll qw•lq11&lt;•~ a111·1&lt;··c'•s, ;'i la lllillli&lt;\1•p el&lt;• &lt;"&lt;'S 111ouvements ,11·tistic111c•s, fugitil's &lt;·1111111H' cl,•s 111rnlt•s, tlont 110t 1•p époque a pris l'hahitll(lc•. Ce• JH' sc•1·a pns tl'op J&gt;&lt;'llt-&lt;'11'&lt;' &lt;k tout un
sierle et d&lt;• la hrnlll(' &lt;'l t'm·ll' vol1111tc'• fiP plusit'UI'S gc'•11{•rations
pour l'ae,·omplil' ho11orahl&lt;•111&lt;.'11t.
L&lt;• 111&lt;'ill&lt;'111· hrn11111ag&lt;' &lt;¡11&lt;' 11011s p11issinw.;

l'PIHh'&lt;•

CENTRAL.

•1

U.A.N.L
·------------ -------,

ODE

•
I

ODE

HYTIER ouvre cabaret, Jean Hytier et sa séquelle !
11 accroche son enseigne aux jours de la canicule
' saigne,
Tandis que les moissonneurs ont le creux des mains qui
Que 1' odeur bleue des autos entete le carrefour
'
Et que, soulevée de fl.eurs, la lande de Cromedeyre
Montre tout-a-coup l'ét&lt;:'&gt; qui l'attaquait par dedans.

Cet animal de fer peint ne prend pas des airs terribles.
A d'autres l'effet brillant de la criniére et du rabie l
Ce n'est point par le regard qu'il veut nourrir ses clients.
Mais Racine et Poquelin passaient jadis sous sa porte.
Aussi voyez comme il tient gaillardement sur ses pattcs !
Je sais des auteurs bouffis qui l'intimideront peu.

1

�JULES ROMAINS

HOMMES AU SOLEIL

Beaux copains dn Mouton Blanc, trop fiers poul'qu'on lesétonne l
A d'autres les courts desseins et les honnétes fortuncs 1
Si tu veux mourir rentier, cours te faire médecin .
Ce dont on parle chez eux, dans la lumiere des litres,
C'cst de poinc;onner le temps, c'est de fa&lt;;onner le siecle.
Au moins voila du toupet ! Dieu reconnattra les siens.

HOMMES .AU SOhEIIJ .
-

FRAGMENTS -

•
Vous diriez que c'est le vin qui leur monte a la cervelle,
A les entendre chantant entre deux coups qu'ils avalent.
Mais il y a peu d'espoir qu'ils dessoulcnt de longtemps.
Des qu'ils se sentent faiblir, ils s'en rrYersent un verre;
Et quand ils auront vidé les pots qu'ils o·nt sur la planche,
Sous la voute ou l'reil se perd toute la cave est remplie l

JULES ROMAINS .

11 y a trop de douceurs, trop de lumieres, Trop de caresses, dans l'écume des vagues,
Meurent a nos pieds sous les roes tabulaires,
Pour que je n'éleve a ll'lon tour une voix.
Mais lorsque le matin est si bleu,
Lorsqu'un te! flot de parfums circule
Parmi les figuiers el les cactus,
Ton chant pourra-t-il assez vibrer,
O mon cceur de partout surpassé?
Tu sauras !
Car je sens qui me secouc
Une nouvelle force, assez murie
En pleine joie de la plus riche vie,
Pour dire au moins, cela seul, avec ferveur :
Le bruit qu'ont fait a mes oreilles
Dans la chaleur ascendante du jour
Les moucherons enivrés de soleil.

•¡ Le Jury de la Soclété Catulle-Memlés vient de décerner Je pr ix ann uel de Pobsie Primic·e-Men deR
réservé a un manuscrit, a" H ommes a u Soleil" qui sera procbainement édtté.
'

2

•
3

�GABRIEL AUDISIO

11
Ah! préfere au sentier la route
Qui sonne au heurt de tes talons
Et fait vibrer jusqu'a ton creur
Une dure ivresse d'empire.

Aime la route et son sol ferme
Et sa carcasse raboteuse,
Les peupliers saos abandon,
Et la rencontre a chaque étape
De chaque borne qui t'attend.
Sois plus amant de la route
Pour son gout sur et sa force,
Et peut-etre parmi toutes.

De celle, ouverte en plein roe,
Ou fume l'odeur des pins.
Nouvelle a chaque détour
Par les vallées découvertes.
Et qui, défiant le ciel,
Nous conduisit sur la cime
D'un éclatant jour de joie !

III
C'est un matin sans soleil.
Tres calme. Ni cíe!, ni mer :
Une langueur gris de plomb
Qui stagne s1,1r tout le port,
Surface d'eau lisse et lourde,
Sombre bitume immobile
Saos la moindre pulsation
Rythmique de clapotis.

4

HOMMES AU SOLEIL

Chaque bateau ancré tend
Son beaupré vers les lointains
Comme l'encolure haute
D'un cheval qui sent le vent.
Q.uais déserts luisants de bruine,
Les mats raidis, sur les poupes
Les pavillons tomba.nt flasques,
Et les groes griffant la brume.
Le matin tout gris se fige.
De l'autre cóté, le móle,
Horizon de pierre, trace
Un pesant trait plein qui masque
Les infinis qu'on suppose.
Oh! voir par dessus le móle
Peut-etre un océan clair !

IV
Voici déja quatre jours
Que les fumées des navires,
Montent dans l'air, verticales,
Sans qu'un souffle les dévie.
O ciel si. bleu, tyrannique !
Toute les proues sont tendues
Vers des horizons possibles.
O Dieu ! ne rompras-tu pas les amarres?
Et ne s'élevera-t-il pas le vent
le vent chargé de souvenirs.
Le vent qui porte vers plus loin?

5

•

�GA.B RIEL AUDISIO

V

Je Yous connais, pays que je n'ai jamais vus,
R.ivages lumineux je vous possede en moi :
.Me r. tu m'es révélée de l'ouest lt l'est !
Tu venais de Catalogne
Balancelle si gorgée,
Et je t'ai parlé du port
Que tu quittas lt la rame
Un soir d'aout lt bout de brises.
J'étais avec toi, navire
Aux triples ponts étagés.
Remontant l'Adriatique,
Faisant escale a Beyrouth,
Lorque tes propulseurs
Battaient l'eau pendant des jours,

t

HOMMES AU SOLEIL

Je vous connais cités, rivages, races,
Vous tout désir et seve de roa vie ;
Je vous possede et devant moi je pousse
Le souvenir du jour plein de richesses
Ou je pourrai _:_

Nouveau périple Vous aborder !

GABRIEL AUDISIO.

Eta is-je soutier ou mousse?
Mon visage aduste garde
Le reflet que les soleils
Et la chauffe luí donnerent.
Et l'afflux c~isant du sang.'
Viens avec moi, matelot!
Je te dirai plus d'un chant
Qui t'a bercé au pays
Et don t tu laissas les a irs
Dans les vents et les roulis.
Nous boirons, et je ferai
Passer du feu dans tes yeux
En te rappelant le gout
Qu'ont les femmes de chez toi.

6

7

�HENRY PETIOT

GANGRENE DE TOUT

GANGRENE DE TOUT

8. - Le professeur explique son idée. Les murs se déforment; les tables montent au
plafond. Le microscope se décompose, se pulvérise. Puis se reconstitue; les tables
reviennent en place,'les murs aussi. Suzanne fait signe qu'elle a compris.
9. - Le mot EUREKA passe cent fois de suite, en cent caracteres différents : entre
chaque apparition on voit la figure du professeur, de plus en plus joyeuse.

RÉCIT EN ALLURE DE FILM

II. -SUZANNEARHIER.EST MALADE: TUBER-,
CULOSE.
(Les passages en capitales seront projetés a l'écran, les personnages seront

tres longs quant a leurs oisages et trés saccadés quant aleurs mouvements, aucun

d'eux n'aura de sou,·ires, sauf l'agent 833, qui sera une grosse moustache sow;
uo grand nez).

l. - LE PROFESSEUR JORIS ARHIER CHERCHE
AVEC SA FILLE SUZANNE LA THÉORIE DES
MOLÉCULES.
1. Le cabinet du professeur J orís Arhier: les murs ne tiennent aucun comptt des
lois de la perspective : la lumiere tombe du plafond comme condensée par une loupe.

Le professeur Joris Arhier: grossissement progressif. Puis un microscope et un
carnet de notes. Arhier met l'reil au microscope.
2. -

3. - Un tourbillonnement: visiona J'ultra-mícroscope d'une goutte d'eau. Impression confuse.

4. - Sa filie Suzanne : mince jeune filie bléme aux pommettes trop rouges. Elle
apporte une petite plaque qu'elle remet a son pere.

1. Suzanne sort. A peine dehors elle s'appuie au mur. Elle tousse et porte son
mouchoir a ses levres.

2. Quand elle le retire. il est taché de sang. Grossissement de la tache. De plus en
plus. Vue au microscope. Danse effrénée des bacilles .

.3. - Trois fois la méme scene. Le mouchoir est rouge de sang. 11 n'a plus une seule
place blanche. Les yeux de Suzanne sont agrandis d'épouvante.
4. - Elle porte la main
les cavités qui les trouent.

a la poitrine. On voit les poumons (comme aux rayons X) et

5. - Suzanne regarde fixement devant elle; elle se voit elle-mérne. Son corps lentetement se décompose. Ce n'est plus qu'un squelette qui arrache des morceaux de
poumons.
6. - D'un geste elle chasse !a vision. On voit qu'elle pense : « Idée; découverte;
équilibre des forces ».

III. -

LE PICRATE ''S".

1. Joie intense sur le visage du professeur. Sorte d'hilarité convulsive. 11 agite une
éprouvette bizarre et lourde.
2. -

Suzanne entre. - Apparition aussitót du mot EUREKA cent fois répété

a toute

5. - Quittant le microscope Arhier parle a sa filie. On voit apparaitre en travers de
son front les mots «Equilibre des forces».

vitesse.

6. - Deux globes brillants; on sent une réciproque attention que contrebalancent
d'autres forces. Mouvements incessants.
7 • - Sur le front du professeur se trace cette phrase : «Si les molécules ne sont main« tenues en plape que par un équitibre des forces, ne pourrait-on point rompre cet
« équilibre? &gt;

4. - MOLÉCULES ACCRUES, DISSOCIÉES. PICRATE "S",
PICRATE "S". OU TROUVER UN RÉCIPIENT. S'IL SE SOLIDIFIE, ACCIDENT. MOLÉCULE GROSSIE ASSEZ POUR
CREUSER RÉCIPIENT.

8

9

3. - Suzanne et son pere s'embrassent.

�.

HENRY PETIOT

GANGRENE DE TOUT

5. - Le professeur verse un peu de ce picrate sur la table. On le voit se solidifier.
Et le bois de la table se gangrene. Décomposition su bite de la matiere. Une large ouverture béante dans la table. On voit que le savan t pense « MAITRE DE TOUT ! ::.
6. - Suzanne ; émotion. Quinte de toux et crachement de sang. Evanouissement.
Frayeur de son pere.

IV. -

AÍNSI NOUS TOUS.

V. -

LES HOMMES, N'EST-CE PAS"? HAINE.

Folie du savant. Haine, haine. Revoit le cimetiere dans ses yeux. Sa filie

1. -

mourante.
2. Apparition du fantóme de sa filie. 11 prend entre ses mains l'éprouvette du
Picrate "S".

J· -

Joris Arhier. Grossissement. Air féroce. Haine ! haine ! Pour se venger des

hommes.
1. Un cimetiere. Des fossoyeurs fi nissent de creuser une tombe. La mort leurfrappe
sur l'épaule et se réjouit avec eux.
2. Un grand enterrement. Des académiciens. Des officiels; beaucoup de monde.
Discours .
.3. - Joris Arhier. Air hé beté. Grossissement. Les larmes qui sortent de ses yeux.
Dans ses prunelles on voit ce qu'il voit: sa fille qui se déco mpose peu a peu et qui n'est
plus qu'un squelette jetant au loin des fragments de poumons.

-4. -

Les murs se déforment. La table se décompose. La maison semble etre éventrée .

5. - Sur le front du professeur apparaít le mot : &lt; VENGEANCE» et dans ses yeux
on voit l'image squelettique de sa fille.

VI. -

VENGEANCE SUR TOUS.

-

maitresse. Un

Dans le cabinet du professeur Arhier, cent récipients contienoent le Picrate "S''
11 est dans la salle et caresse, en souriant: son menton rasé. Grossissement. Daos ses
yeux on voit :
,..,

5. -J oris Arhier. Grossissement. Dans ses ye ux. on lit : « Jean Arhier, lieutenant au
d'artillerie de campagne, mort a Verdun, 1915 - M"' Michele Arhier, morte le 4 novembre 1918 - Suzanne .. . » et apparition de nouveau du corps qui se décompose.

2. París. Place de la Concorde. Cent récipíen.t s de Picrate " S" renversés. Le Picrate se solidifie. Tache; tache é cartée de plus en plus. Les arbres, les maisons, et les
hommes; une atroce destructioo.

4. - 11 regarde les assistants. L'un pressé de partir, l'autre pense
autre se gratte le nez. lndiffére nce soµs amitié fe inte.

a sa

2•

6. - Arhier dans son ca binet. Travail. U ne éprouvette se brise entre ses mains.
7. -

1. -

.3. - Vue d'ensemble. Les batiments s'écrouleot. La Tour Eiffel chancelle.
4. - La terre dans l'espace :· l'effrittement. La destruction : la terrea cessé d' exister.
les fragments fuient les uns vers le soleil, les autres ven; la lune.

Domestique fra ppe. Annonce :

MARCEL HAMO;,'-.;, DOCTEUR ES SCIENCES.
8. - Jeune homme ; air studieux. Parle au professeur. En meme temps qu'on assiste
lit les paroles sur l'écran :

a leur entretien, on

11

SACHANT ... AIDE ... NÉCESSAIRE ... PRÉCIEUSE ... Ml,'.: VOTRE FILLE... ESPÉRER.. . SUCCÉDER. .. REMPLACER SUZANNE 1
Nervosité du savant. Eprouvettes brisées. Renvoie l'homme.
9. - Quatr~ fois la meme scene se reproduit avec des acteurs différents.

10

5. - Sur un fragment plus considérable de la terre. Rapprochement. Le professeur
braque a travers une lunette astronomique les rayons du picrate "S" sur la planete Mars,
puis sur Vénus, etc.

q. -

De la lunette s'échappe une colonne grisatre que l'on voit traverser l'éther.

7. - Les mondes s'écrouleot. L'agonie du soleil. Une tache noire qui le gagne et le
dévore, entieremeot, entierement.

VII. - HUMAINS FOUS PARMI LES FOUS.
1. - Place de la Concorde. Le professeur Joris Arhier porte
récipient bizarre. Mais nul n'y fait attention.

11

a la main

une sorte de

/

�•

HENRY PETIOT

GANGRENE DE TOUT

2. -

Heurte voiture d'un camelot qui vend des verres noirs.

,3. -

Un crieur de journaux burle «La Presse».

IX. -

4. - N'OUBLIONS PAS QU'AUJOURD'HUI A TROIS HEUR ES QUARANTE-CINQ SE PRODUIRA UNE ÉCLIPSE ANNULAIRE DU SOLEIL.
5. - Arhier passe a cóté du crieur sans faire attention
dans ses yeux le spectacle des mondes qui s'écroulent.

AINSI FINI'_l' .. .

1. _

Un cabanon aux murs matelassés. Arh ier rit sans arret. et danse et saute et cric.

2 __

Sitot qu'il touche un objet la matiere se décompose et il en rit sans fi n.

J· _ Le squelette de sa filie appara it. 11 l'embrasse sur les _de~ts. Et ils se mettent
tous deux ¡¡ jouer avec la terre, le soleil et les planetes. lis dech1rent la terre en morceaux et 1a jettent dans 1'espace.

a lui. On revoit rapidement
·

6. - Des hommes nombreux sont stationnaires et leveñt vers le soleil un nez que
chargent des lorgnons noirs.

FILM MO U TON B LANC
METTEUR EN S Cb'NE :

7. - Arhier les remarque et on voit en meme te mps sur l'écran :

AURAIS-JE DÉJA PRODUIT DES HÉSULTATSf
HENRY PETIOT.
8. - Des lors tout prend un aspect extraordinaire. Les maisons semblent se pencher
pour regarder.
9. - Arhier pose son récipient a terre, en verse un peu; va plus loin, recommence.
ro. - L'agent 8JJ le regarde en semblant s'amuser beaucoup.

VIII. 1. Arhier revient
verse encore.

2. -

GANGRENE "? ! ·t !

a la premiere pla·q ue de Picrate " S''.. Rien

ne s'est produit. 11 ea

A la seconde, puis ·a la troisieme, etc.

J. - Regarde fixement de_v ant lui. Grossissement. Un point d'interrogation dans
ses yeux.
4. - La terre qui s'effrite ; le soleil qui disparait : l'éclipse se produit. Mélangér de
fafon intime le reve du professeur et la réalité astronomique.
5. - Un commissaire de police s'approche de l'agent 8JJ et lui montre Joris Arhier.
Mais lui recommande la douceur en lui expliquant qu'il a la rosette de la Légion d'honneur, que ce doit etre un personnage important. L'agent fait signe qu'il a compris.
6. - Touche Arhier a !'épaule etlui parle. Eclat de rire du savant. Jette du Picrate "S"
sur l'agent. Puis éclate en sanglots.

12

13

I

�JEAN HYTIER
LA DOCTRlNE DU MOUTON BLANC

IJa Doctrine du Mouton Blanc

Comment se nomme ce critique éclectique? - Arlequín.

L'impressionisme en critique est charmant. Je propose que les tribunaux jugenl désormais sur la mine.

CRITIQUE

-•.

La vérité est bon ne é. dire; el le est bon ne aussi 8 répéter.

Plus sévére vour les idées et les oouvres &lt;¡ue pour les hommes, ne prononee
le mot chef-d'ceuvre qu'1) bon esci»nt. Pénetre-toi de la formule :sub specie aeter·nitati$.

Sois exclusif; crois-tu pouvoir transiger avec l'erreur1 A ceux qui diront.
«Vous é~ trop systéma_tique... », réponds : « Votre co1·ps aussi me paratt bie~
systématiq~e; ~e pourr1ez-vous changer ce nez de place! Vos inlestins sont
!rop exclus1fs; 1ls refusent le cyanure de potassium ».

Pour dire une c~ose neuve, dis une cho::;e vraie: crois-tu que la vérité coure
les ru~T Et pourquo1 méme rougir de répéter une idée vraieT La vérité n'est pa!.
un, hab1t qu'on prend _e t qu'o_n laisse a volonté. 11 y faut souvent plus de courag;
qua~ paradoxe. Souv1ens-to1, é. ce propos, de faire briller la vérité plutót que ton
esprit.

Tu ~e dis que ce c1·itique est un bon hommeT Mais est-ce un bon critiqueT Je
te supphe de ne pas confondre le creur et !'esprit, ni d'autres choses diff'érentes.

Tu me dis encore : Un Tela tant d'espritl - L'a-t-il juste, _
nouveau 1 - On ne ronde ríen sur ce qui change.

CLASSICISM E
Le classicisme du XVll• siecle a peint l'homme en général, tel qu'il était con&lt;;u
il cette époque. ~ous a vons un nouveau classicisme u raire. Son objet, c'est essentiellement la vie rnodcrnc sous. ses deux a~µect.s : individue] et collectif. L'homme
el les groupes. Trop de gens ont méconnu le renouvellement de l'inspiration ; ils
raient d'un trait de plume l'apport énorme du 1·omantisme et des écoles qui l'ont
»utvi; mais cette waliére confu::;e mérite d'etre élabor-ée. Un Rophisme dangereux
consiste ti exiger l'ordre &lt;lans la maliér·e, dans l'objet, - ulors que c'est l'muvre
d'art qui doit le manifestel'. Ainsi l'on peut taire un portrait ordonné du désordre.
Tout ce qu'il y a d'impulsif, d'incohérent, d'anarchique dans certaines émes romantiques - cela meme e:-1t maticre a nne reuvre ordonnée : Flaubert l'a prouvé.
Qu'on le veuilleou non, la Renaissance du XIXe siécle, aussi bien dans le domaine
scientiflque qu'artistique, a contril&gt;ué u former l'homme moderne. Certains peu.T
ventledéplorer,maiscen'estpassurce terrain quesepose le probléme esthétique.
Le classicisme n'a pas u. refléte1· un ordre préalablement établi mais A imposer
le sien.

n est toujours
La vie modernc, l'homme moderne, psychologiquement et socialement: voila

14

15

�JEAN HYTIER
LA DOCTRINE DC iIOUTON BLANC
le domaine du nouveau classicisme. II s'agit d'une psychologie toute nouvelle, a
peine soup~onnée pat&gt; quelques rares écrivains; les poétes nous l'ont souvent révélée avant les romanciers; elle va plus avant dans les régions mystérieuses de
l'~me. Quant a l'art d'évoque1· la vie des groupes, il n'a pas quinze ans d'existence.
Sa fécondité est évidente.

cette envergul'e ni cette intensité. Commenl penser qu'il échapperait a l'ArU C'est
le mérile de Romains d'a\'oir compris et pr-oclamé qu'il n'y avait pas dans les
manifestations collectives matiere a esthélique sll·ictement personnelle, mais bien
commune. C'est en ce sens que le classicismc moderne sera unanimiste. - Il ne
sera peut..étre pas qu'unanirniste (il y a, on l'a vu, un individu nouveau qui ne se
confond pas avec l'homme coni;u a la rac;on du XVII• siécle); mais la notion d'unanimisme est centrale au mouvement moderne. On n'en saurait exagérer l'importance. Elle n'est pas la marque unique du nouveau Classicisme, mais la plus
caractérbtique, la plus rigomeusement Ol'iginale, - de méme que le fait social
n'est pas la seule marque de la vie moderne mais, quand méme sa marque essentielle. Si impor·tante est cette considération esthétique des groupesque, saos elle,
on etit pu douter de l'avénement du Classicisme nouveau. En prenant conscience
de la vie collective, on a conc1·étisé a son contact des tendances qui en étaienL
ditférentes.

Fond et forme. Cerlains écrivains ont préparé ou préparent un Age classique,
qui trop souvent ont manqué de plusicu1·:::; grandes verlus classiques ; ils ont surtout exploré les nouveaux domaines. Manc¡ue de maitrise du sujet, de mesure
tlans la puissance, d'équilibre. Te! M~rcel P'roust, dont l'muvrC' énormc et prodigieusement révélatrice, mais immodérée, est au classicisme moderne, bien
qu'avec plus de force, ce que fut a l'ancien l'&lt;-euvrc d'Honoré d'U1·fé. En proie f1 la joie
de découvrir, tousdeux se noient dan::; leurs trésors. D'autre!i, Lirn différentsdecet'l
précurseurs, sont tout équilibre, mais n'appliquent malhcu1·euS('ment un art
admirable qu'a une matiére connue. Extré me achévement d'un cla::-sicisme
ancien dont il constituent, par un miracle impossil&gt;le a répéter, une ,-urvivance
étrange. Te! !'admirable Paul Valéry, poéte unique, qui rejoint, pa1· Mallarmé,
Chénier, La Fontaine et Racine. Ho1·s do la com·!Jc de l'éYolulion, il fleurit excep.tionnellement. Mais les écrivains qui inaugurent vraiment l'Age, clRstiique, ce sont
ceux dont l'esprit domine les sujets qu'ils traitent. Ainsi l'indi\•idu moderno SOU1'
certains aspects nous est-il présenté fonciérement par Andr6 Gide. L'unité de son
oouvre n'échappe qu'a ceux que sa diversité déconcerte. O vous qui traitez Gide'
de démoniaque et de mauvais mattre, cessez de confondre l'art et la moral e. Mai5
cette question viendra en son temps ... Un écrivain qui a renouvelé de fond en
comble l'inspiration et la technique, c'est Jules Romains. San:; parler de l'apport
de ses romans a la psychologie de l'homme moderne, comment ne pas admirer la
révolution du donné littéraire par l'introduction, dans la poésie, le roman et le
théAtre, d'une maliére nouvelle 1 Mais ceci souléve la question de l'Unanimisme.

....
Les termes indioidu et gT'oupe n'excluent, bien entendu, aucune réalité, - ni
la nature, ni les créations lrnmaines de toute espéce. Il faut entendre par la
}'ensemble des choses, l'Univers total conc;u tantóL par l'ame individuelle, tantóL
par la collectivité. Ces deux tendances ~puisent, par nature, la matiére du Classicisme moderne.

JEAN HYTIER.

UNANIMISME
11 faut étre aveugle pourne pas reconnaltre que la notion originaleapportée par
les civilisations modernes, c'est la considération du fait social. Aucun autre n'a

16
17

•

�ERREURS

ERREURS
1. JRE

Verlaine d'ensemble, voila ce qu'on ne faisait guere, et c'est a
quoi l'on nous convie. Cette lecture, pour désobligeante qu'elle soit
la plupart du temps, un a mérite inconiparable, c'estque, dissipant toute
légende et tout malentendu, prévalant contre les gloriflcations ingénues
ou ironiques, elle remet les choses au point: je veux dire qu'elle faitapprécier l'égale platitude du personnage et de son reuvre. Aussi ne saurait-on
la trop recommander aux débutants de lettres qui, sur la foi de leurs arnés,
seraient tentés de croire au génie de Verlaine. Elle leur évitera d'etre a leur
tour victimes d'une sorte de plaisanterie énorme et dupes d' une insolente
mystification.
RENÉ DOU MIC.

µ

VÉRITÉS

veR1Tes .
L'art n:iit de contrainte, vit de lutte, meurt de liberté.
ANDRÉ GIDE.

•
L'Art est toujours le résultat d'une contrainte. Croire qu'il s'éleve
d'autant plus h:iut qu'il est plus libre, c'eit croire que ce qui retient le
cerf-volant de monter, c'est sa corde.
ANDRÉ GIDE.

•
••
Toutes les grandes époques d'altiere production artistique se sont appuyées sur une critique outrancierement dogmatique ...

Arthur Rimbaud ( 1856). Ce fantaisiste serait plus connu, s'il avait mieux
su concilier la ruine et la raison.
GUSTAVE MERLET.

••

•

Premier numéro de la" Muse Fraru;:aise" Mars 192'2. Les poetes de
la Muse Franr;aise font un erevue parce que, liés d'amitié et ayant en commun l'amour de la poésie, une revue ou la poésie sera honorée, étudiée et
défendue, leur a paru une ceuvre agréable et utile, digne de leur activité
et capable d'intéresser de nombreux lecteurs.
Signé par les seize foodateurs de LA MUSE FRANCAISE.

•
••
Les una ni mistes seuls se tiennent au vers blanc ..... .
L'étranger doit savoir qu'en dépit de leurs prétentions a dévoiler une
muse nouvelle, ·a instituer meme un cours de poésie (!), ils ne représentent pas plus notre art qu'une cabane en pierres brutes ne représente l'architecture.
ANDRÉ THÉRIVE

18

ANDRÉ GIDE.

•

••
Le bonheur de l'expression fait partie des dons du poete .
LÉON DAUDET.

•

••
Et qu' on ne s'imagine point avoir retrouvé les lois de l'équilibre clas-sique du seul fait qu' on saura parler décemment pour ne rien dire.
JULES ROMAINS.

....

~- Jules Romains pense d'ailleurs qu'il y aurait quelque sacrilege a inscnre sur ~e fronton d'un batiment : « Ecole de poésie... ~ MM. Romains et
Chennev1ere entendent se garder comme du feude touchera l'inspiration.
a l'esthétique, a ce q~i fait la mat\er~ meme de la poésie. I!s veulent seu:
lement essaye~ de degager les lo1s etemelles de la techmque poétique
estimant que la technique est ch ose impersonnelle...
'
EMILE HENRIOT.

19

�MARTHE ESQUERRÉ

André Glde &amp; le Probl~me du Style

b E qu'il
Vieux-Colombier, fi&lt;léle a l'reuvre de régénération du Théé.tre Frarn;ais
poursuit avec tant de bonne foi et de vraie compétence, vient de représenter ·' Saül" de M. André Gide.

'

Cette reuvre si int6ressante par les tendances qu'elle manifeste, par sa rupture
décisive avec l'hérésic naluraliste, r¡ui mnge notre arl &lt;lramatique depuis plus d'un
demi-siécle, va nous servir de préte-xte pour accorder la queslion ca pi tale du style.
C'est un probléme si essentiel qu'il est impossiblc de le poser sans étre amené a
consid~rer la véritable nature de l'art. Il ne s'agit pas &lt;l'éta.blir une théorie, car les
notions relatives a l'art sont complexes et ne se lai.ssent pas aisément mettre en
formules, mais d'exprimerquelques idéesgénérales suggérées par les ceuvres qui
nous élévent au sen liment de la beauté.
« L'art, dit M. André Gide est une chose tempérée. El certes, je ne veul: pas dire

par la que l'reuvre u·art la plus accomplie serait celle qui se tiendrait a la plus
« égale distance de l'idéalisme et Ju réalisme; non, certes! et l'artiste peut bien
« se rappocher autant qu'il osc1-a d'un des denx póles mais a lp. condition qu'il ne
« quittera pas du ta Ion le secontl; un sursaut de plus et i1 perd pied ! ».

«

ANDRf: GIDE ET LE PROBLEME DU STYLE

dités ; l'lmperfection &lt;le la forme s'est aggravée de jour en jour et la littérature
dramatique est tombée dans un relachement extréme. Art et beauté devraient
étre deux no\ions indissolublement liées. Heureusement le scission ne s'est pas
opérée dans tous les &lt;loinaines, et la oú nous ne sommes pas familiarisés avec elle
il suffltd'en envisager la possibilité pour que l'absurdilé nous devienne évidente
Con&lt;toit-on un art musical qui ne serait pas agréable a l'oreille et qui n'aurait pas
le souci de produire des sons plus harmonieux qne ceux que nous entendons
dans la vie quolidienne 1 Un seul coup &lt;l'ceil jeté sur 'les ceuvres du passé peut
nous convaincre qu'il n'est rien de durable sans la perfection de la forme. Racine
ne laissait rien au hasard; il attachait autant ~'imporlance u l'achévement de ses
vers qu'u ses sujets.
Quelle semit la ruison d'étre &lt;le l'art s'il faisait &lt;louble ernploi avec la réalité
familiére? Pour4uoi se 1·endre au spectacle et ne pas regar&lt;ler tout simplement
les gens défile1· dans les rues ou dans les salons~ Pourquoi faire de la peinture
plutót que de la phot,og1·aphie? ll serait bien puéril de courir aprés une illusion de
réalité quan&lt;l nous vivons au scin de la réalité elle-méme.
Un art réalh,te est une notion aussi contradictoire que celle d'un cercle carré.
11 y a des raisons profondes qui font a l'artíste une loi de ne pas se borner a une
imítation survile. L'auteur qui copie les apparences familiéres et qui fait parle1·
ses personnages sur la scéne exactement corume dans la vie, s'enferme dans la
convention et la relati~ité, il prend pour une vét-ité essent.ielle une attitude qui
nous est imposée par les nécessités de l'existence.

"Saül" répond exactement ü cette conception. Le ton en est prodigieusement
varié; l'auteur emploie tous le~ registres; il va de 1a famili~rité a la plus pure poésie en passant par de curieuses nuances d'emphase et d'affectation. Mais un mistérieux équilibre ne cesse pas d'exister entre les éléments opposés. La familiarité
est déja poésie ; la poésie se souvient de la vérité familiére. On dirait que des instruments dhrérents fondent leurs sonorités les unes dans les a u tres, et nous sentons que la beauté de l'reuvre réside précisément dans cet accord.

Vivre, c'est répondre a des circonstances extérieures déterminées par des réactions appropriécs. Nul etre ne peut se soustraire á cette nécessité. Celui qui n'en
voudrait pasten ir compte et qui refuserait de s'adapter périrait bientót. Cette loi,
applicable a n'~mporte quel vivant, conserve toute sa rigueur quand on la transporte dans le domaine social. Nous sommes, en général, condamnés a une vision
intéressée de nos semblables; nous les percevons sous un angle utilitaire; ce
que nous connaissons d'eux, c'est la relation qu'ils ont avec no5 besoins. Nous
restons ignorants de leur véritable individualité, de leur organisation absolument
unique et du rythme original de leur vie.

Pendant
toute la seconde moitié du x1xe siécle et au début xxe., le thMtre a
,
réalisé ce paradoxe de séparer l'art de la beauté; les grands genres ont été discré-

Le r0le de la conscience est de jeter sa lumiére sur les seule.s idées capables d'éelairer nos réactions et de laisser dans l'ombre tout ce qui est sans rapport avec

20

21

�MARTHE ESQUERRÉ

la situation actuelle. De plus, la discipline sociale ne nous permet pas de donner
libre cours a tous les sentiments qui na.issent en nous. Le plus souvent, i1 nous
est avantageux de ne pas percevoir clairement le lumulle de notre éme.
La connaissance que nous avons de nous-mémes est relative a notre intérét, et
le langa.ge refl.éte ce caractére tout pratique de la conscience. Pourtant, des individus privilégiés sont capables d'une connaissance désintéressée. A mesure que
notre culture se perfectionne, nous nous élevons plus aisément au-dessus du
besoin qui hypnotise la plus grande partie de l'humanité; notre conscience et
notre langage deviennent moins serviles; nous tendons vers la poésie. Le poete
est précisément celui qui atteint a la connaissance la plus parfaite de l'Ame gréce
a un désintéressement inué de sa faculté de perception.
11 va chercher la vérité profonde des étres; i1 fait abouti1· tout ce qui est resté
latent en eux; i1 pousse asa limite la tent!ance de leur langag-e. Il fail fleurir ce
qui s'épanouirait librement si les hommes pouvaient s'affranchir et cesser d'étre
rivés a leurs préoccupations utilitaires.
De méme le sculpteur porte a lenr perf'cction et a leur plcin achévement des
gestes qui dans la vie ordinaire, reslent gauches, empruntés, el ne vont pas jusqu'au bout de leur intention.
L'art est un approfondis~ement de conscience et ne fail qn'un avec le probléme
du style Il n'est pas de grand art sans une certaine t.ran:;position de la réalité
familiére.
Il y a plusieurs degrés de transposition. Pas une des cornédies ue Moliere n'cst
la copie servile de la réalité, mais i1 est cerlain que le ton est beaucoup moins
élevé dans le" Bourgeois gentilhomme" que dans le " Mysanthrope ". Un pas de
plus et nous atteindrions le ton de la tragédie.
En peinture, le degré de transposition. n'est pas aussi élevé dans un porlrait
que dans une fresque. S'il fait un portrait, le peintre se borne a dégager avec netteté les trait caractéristiques d'un visage, mais s'il exécute une fresque, i1 pousse
jusqu'a la limite des intentions qui n'existent chez le modele qu'A l'état d'indications légeres. Chaque genre a ses lois. L'reuvre d'art est un équilibre entre les
lois d'un genre et la réalité observée. Et c'est ce que M. Gide exprime en disant:
« L'artiste peut bien se rapprocher autant qu'il osera d'un des deux póles mais
« é. la condition qu'il ne quittera pas du talon le second ».

ANDRÉ GIDE ET LE PROBLEME DU STYLE

Racine ne sacrifie rien aux lois de la tragé&lt;lie. L'action, telle que nous l'observe.rious dan~ la vie en est peut-étre retardée; n'importe; le poéte ne supprime pa~
les vers qui sont nécessaires aux harmonieuses proportions de la scéne.
Bien entendu, toutes les J1arties de !'ensemble doivent subir la transposition,
mais elles doivent conserver en meme temps leu1'S nuances respectivas.
-·-1
Dnns "Saül " M. Gide éléve a une certaine hauteur le son général de la piéce ;
mais le langage d'un homme du peuple garde pourtant la &lt;l¡stance qui le sépare &lt;l(l
langage du roi ou de celui du gnmd-pretre.
l'C1
Quelques auteura ont compris la nécessité u'une styli::.ation mais leur errem·
1
a été de se substituercomplétementu lcurs ¡,eI'sonnages. Ces derniers se trouvent
alors arl&gt;itrairement transplantés dans un mil ieu étranger. Un pay:5an ~•exprime
o
comme un professeur de philosophie ou comme un brillant avoca t. 11 parle 'une . -t
langue suns aucnn rapport avecses habitudes, ses eondition3 particuliéres d'exi:;- ' • !Ti
tence et ses associations &lt;l'idées coutumiéres. 11 y a rupture avec la vérité de l'in- ·, ()
dividu. Ce n'est }-188 un arbre t¡ui po1·te naturelleinent ses t'l·uits, c'est un poteau ~;- :.,.,.
sur lequel on a accroché &lt;les fruits cneillis ailleurs. Peut-etre trouverait-on chez ·
Claudel ou chez d'Annunzio des cas oü le poele substitue son tempérament propre ,- O
A celui du personnage. Au contl'ail'e, r elisez « Cromedeyre-le-Vieil », de Jules
Romains. Vous sentirez que la beaulé de J'expres:sion est inséparable de la vérité
profonue. Le langage des paysans ue Cromedeyr·e e::;t justiflé par leurs hahitude..-;
de vie. Pas une idée, pas une image n'e."'.lt ar-tiflcielle. Si tous les habit.'-lnts d'un
village du Ploteau Central arrivaienL a la clni1·e conscience d'eux-rnémes et pos- !
sédaient le don d'exprimer ce qu'ils sentent, ils parleraient comme le poéte les ¡
fuitparle~
·
De meme que l'ivresse ne nous déforme pas, mais manifeste seuleruent ce qui ;____
est secret en nous, la poésie est une transfigur-ation des sentimrmLc:; humain:-;.
c·est une vérité plus profonde et plus belle. Le probleme pendant entre l'idéalisme et le réalisme n'a pas de sens. 11 ne &lt;levmit pas Y avoir de probleme. C'est
un symptó'me de déca&lt;lence.
_
Qu'est-ce que l'idéalisme ou le réalisrne &lt;le Sophocle? Mais chaque fois que l'art
traverse une période de dégénérescence, ou assi,,te a la dissociation des éléments qui étaient fondus ensemble a l'élat de purelé originelle.

d

¡

MARTHE ESQUERRÉ.

23
22

�JEAN HYTIER

J. PORTAIL ET ANDROLITE

Au aommet de la vllle,

d. Portall et "Androllte"

.. I E considere "Androlite" de J. Portail comme un début imporU
tant. A une époque oli les fantai8istes modulent de petites
chansons miévres, on est heurcux de consta ter un effort dont l'étendue, la puissance et l'unité peuvent etre rnédités avec fruit. Deux
volumes de ver;:;, six cents pages de poésie: un ouvrage d'enverg-ure. J'entends bien : les ceuvres le8 meilleures ne sont pas toujours les plus longues. Mais l'abondance de ce poéme n'est pas un
creux bavardage. C'e::.t, au cont1·aire, un livre riche, luxuriant,
qui vous révele mainte chose neuve.
Un rnont s'éléve, un village dort a ses pieds. Des hommes escaladent le mont, puis l'un d'eux y découvre un fllon de pierre. On
l'exploile. A cóté de la carriére qui l=&gt;e creusejusque dans le sol une
fois le mont nivelé par cette ext1·action intem-ive, une ville se constmit, s'étend, se gonne, palpite. Les médit6tions du poéte sur tous
ces spectacles, tel est le sujet « d'Androlite )). J. Portail a su le traiter
non sans grandeur. II a le sens des forces et des puissances, de la
Yie, de la mort. Surtout, il réussit a animer la matiére. II faut voir
comme il rend l'existence brutalc de la pie,-re. II sait la valeur poélique d'un spectacle comme l'exploitation d'une carriere, la construction d'une cité, et la prise de possession de la pierre par le fer.
Le poéme entier vit multiplement dans cette atmosphére industrielle et minérale, avec de brusques échappées sur la nature
rustique. La vie humaine s'y débat avec ses senliments; le poéte en
prend conscience, spécialement dans le beau "Nocturne »dela fin.
En voici le début; on y reconnattrait un poéte rien qu'a. l'opposition
de l'image qui s'annonce aux dixiéme vers :

A la plu■ haute fenétre d'une m:it~on,
Un homme est accoudt
et du balcon regar/le
Couler comme un fteuve
la desceote du ~olr
La chute du aolr sur la vllle II vol d'olseau
qui agontse,
Mals que farde encore a,·11nt 111 morl
aux couleurs de la vle
L'lncarnal rosé d'un t.endre ero!pu~,•uJe;
,1. la méme heure dan.s une tle alltiporlique
Une/emme se Ieee et re¡;oit paisil&gt;leme!lt

Sur ses épaules arrondiei, et nue11
Qui retomben.t ain.si qu'une O&lt;Uque
L 'aurore de Jeu comme un baptéme.

..
L'intérét d' «Androlite &gt;&gt; s'avére dans les images. Ce livre en est
~ic~ie a foison. L'auteur retourne l'oujetsous toutes ses faces, etcette
ms,stance, parfois un peu lente, impose une vision nette et comP_l~xe. Le~ procédés ~e construction de J. Portail sont la juxtapos1tion_ et l accumulat1~n. 11 ~n résulle une grande diversité, quelqu~ro1s n~én_ie de la d1&lt;;pers1on, comme dans un film cinématograph1~ue ou 1I y a tr?p de coupures. Portail ne cherche pas u
subJug_u er le Iecteu~ d un seul coup; il le trappe de coups successifs
et précrs. Cette mamére se révéle sur l'échelle de la simple phrase :
c·est encore aux cornlches du mont
Fa~onn.é, trt&amp;aé, gau,Jré, ruché,

Quelque nld see de béte ou d'hlronclelle....

Un autre exemple manifeste triplement ce procédé fonclamental :'
lme (la carrlére) regardail ~a jeune el tendre plerre
Qui, plus lard aux hatelnes de couleur des ltommes
Peu 4 peu daos rotmosph~re verte el bleue
Verdirai t, oieilllrait, bMmirait, bleuiNJ.it,
Mtriniée, par la maln des éléments
Et patinét par les pieds des morcheurs,

24

25

�JEAN HYTIER

Cor rodee par le feu des neiges,
Le still des pluies et des hrouillard1&lt;,
L'entaille oblique des avuses
Et le:i morsures du vent aboyeur.

Un poéte qui use, a ce point, de la juxtaposition use néces_sairement de la répétition. Le lecteur trouvera ainsi dans « Androhte&gt;1
maints thémes avec variatións. D'autres fois , l'ol&gt;jet repr-ésenté
devient un centre de vision ; il se fixe dans l'esprit du poéte et fait
rayonner plusieurs images:

J. PORTAIL ET ANDROLITE

Toute cette vigueur ne va pas sans gaucheries. 11 y a des scories
dans ce jaillissem.ent volcanique. On releve racilement des images
bizarres, déplaisantes, de mauvais gout. On sourit de lire que la
cloche de l'église « Cait l'amour avec Dieu ». II y a quelque naiveté a
écrire:
... Amdur. Flulde. Blectrolyge supreme
De deux corps qui ae dlssol\·enl run daus rautre...

L'aut.eurest malhabilea exprimeren ver~ le:5 pensées abstraites:
D'autres hommes

De hautes chem inéee de brique, •iole\tes
A quatr~ pans,
Couleur de sang caillé,
Elaient les obélisques terribles
De la cllé...
.•On dirait qu'elle souffie et respil'e
P~I' les gl'un&lt;ls fi.tts déhouchés
De ses cheminées...

..La ville e$l un chreur qui chante
P.. r les trompettes dressécs contre le eiel
De ;ies hautes chemlnees,
Elles sont les arbres de la ,·me, les tron1·~
Dont la sthe ardenle monte et s·exhale
A gros bouillons...

ll y a la, chez Portail, un étrange pouvoir qui le g·rise évidtmment. L'ivresse l'emporte méme quelquefois sur le gout :
Le rut du lravail de la villa en chaleur
Sans Lrhe a pro,·oqué
Toutes ces érec:tions de cheminées.

Ailleurs, par un phénoméne contraire, c'e~t l'image qui devient
centrale et insistan te; elle s'impose aux objets, s'épand sur eux :
La route est une courroie
Qui sangle et ralfermlt le village,
Dont les rues. rune apres rautre,
S"rimlncissent en lanléres percées de trou~,
S'etfllent en ruelles
Et piquent ca et la la chalr des maisons

Avec rardillon
Des raldlllons.

26

Et qui tous avaient
L'averslon du monde,
L'écteuremen t
De la vie en commun
Et la satiélé
De la sociél1t.

n est clair que l'auteur se donne tout entier. n est abondant
comme la carriére de son poéme; tous les matériaux n'y sont pas
d'égale valeur; c'est une richesse a JJrcndrn telle qu'elle est, sans
tri : je ne raís pas la petite bouche. Je sal ue en J . Portail plus un
créateur qu'un artiste. Plus puissant que délicat, on est cependant
heureusement surpris de le voir, de temps á autre, s'accorder ~u
milieu d'une ta.che rude et sévére une récréation gracieuse ; voyez
comme il peint une ronde de fllletles :
..•Elle s'élance,
Elle est échancrée, ajourée,
Ríen ne la relient
Et elle ne retient ríen,
Le vent y passe et repasse,
Et clapotante, écumante,
L'allégresse la traverse
Comme de l'eau dans un panie1· ..
-~-le rire la creuse au cent1·e
Comme un gretot,
Elle est uue corbeille légé re
Que la joie prend et souléve
Par ses naltes qui s'envolent,
Les tresses qui bon&lt;lissent,
Et l'anse souple et gracile
De ses dix paires de b1•as•..

27

�JEAN HYTIER

La ronde décrit des chiffres:
mte est un cercle qui s'allonge en zéro,
Puis un zéro qui s'étire comme un fruil,
Puis elle se hrl~e, se referme
El devienl la chatne sans fin
ll'un huit qui s'enlace 11utour d'un c hene.
Elle se coupe encore
Et s'elflle a ses bouls.
El de neu f _el de six
Enllse1·onne sa ns fin
Le ful d'un hélre neur.

•

« Androlite JI contribue, pour sa part, a la découverte de la matiére du nouveau classicisme. Portail posséde admirahlement le
sens de la vie moderne. n sait que l!i poé.sic se doit trouver dans les
choses ramiliéres, dans l'Univers qui nous touche directement, et
non pas dans la sphére abstraite, artificielle el creuse d'une inspiration poncive et exténuée. Aucun voile entre !'ame et le réel. Je
regrette de ne pouvoir citer tout ce que Portail dit s ur la ville, la
carriére, le reu, le mont, les cimetiéres... On ne songe plus a lui
reprocher ses i•ugosités, quand on pense aux élégances éca&gt;urantes
de tel poéte « distingué ». Portail ne prend pas des mines effarouchées pour peindre les réalités solides et brutales de la matiére. Il
s'r plonge avec la bel le ardeur d'un Verhaer:en.
« Androlite &gt;&gt; est un livre qui fait honneur u l'Unanimisme. Tels
passages expriment manifestement des sentiments et des mouvements collectifs :

J. PORTAIL ET ANDROLITE

• ••
Les seules réserves vraiment importaules que je rerai sur le
livre de Portail concernent la technique poétique. Trop peu souvent
on a l'impression d'un rylhme vigoureux et décisif. Quand l'auteur
y atteint, c'est qu'il se conforme, plus ou moins consciemment a la
technique moderne. Les effets d'opposition, entre métres longs et
brefs, pour lesquels Portail a manit'estement une prédilection, il les
retrouve,-a.it, avec plus de netteté, s'il adoptait le príncipe essentiel
de la mesure réguliére. J'ai bon espoir que Portail y arrive dans ses
ouvrages futurs (On attend impatiemment cette Océane qu'il annonce). I1 a trop le goút de l'arcllitectnre pour repousser une
~echnique organisée et organisalrice. Son vers parait, u chaque instant, s'approcher puis s'éloigner du nótre. 11 n'y a pas la quelque
ch ose de délilléi-é; l'inachévement de la forme, Portail ne l'a pas
v:oulu, mais subi. En en prenant conscience, il est probable qu'il
y rernédiera. 11 en retirera maints avantages, dont le moindre, et qui
ne s'obtient que par une discipline rigÓureuse, ne sera pas une certaine condensation qui manque a « Androlite »
Insisterai-je si longtemps sur un probléme de pure technique,
si celle--ci n 'étart trop généralement méconnue, et si l'ceuvre de
Portail ne me semblait si proche, par son esprit, par son ' souffle,
par son fond, de l'esthétique du nouveau Classicismet Installé au
cceur méme de la vie moderne, comme nous aimerions qu'un poéte
riche de tels dons ajoutíH a la plus vaste inspiration la forme qui
achéve et constitue, qui équilibre, et permet de durer.

JEAN HYTIER.

Comme au fond ct·une cave
La famille se reforme el caille chaque solr•..
!"ar

... Je Youdrais étre entralné
le courant soupfo et forl d'une route...

Mais le livre entier témoigne d'une maniere de voir collective. Et
merne quand l'auteur n'exprime que des réalités matérielles, il les
saisit, peut-on dire, globalement. C'est toute une partie de 1'Univer5
rnoderne qui nous est a insi rendue sensible.

28

29

�LE MOUTON BLANC

Noug serong lieureux d' affirmer ici
a partir du Nº 2

.

L'OPINION DU ''MOUTON BLANC"
--SUR - -

les livres
--&amp;SUR - -

les revues

QUI NOUS SERONT ENVOYÉS

30
La Cete-Saiat,André ( laére ). - Imp.

,IN!!LLI.

Le gérant : RRNE GAUD&amp;rR OY

�kmaulan Ha
ne publle que de l'lnédlt
CHA9UH NUMÉRO CONTIENT:
UN POEME OU !)NE PROSE;
UN GROUPE IMPORTANl' DE POEMES, TOUS DU MJ!ME AUTEUR;
UN't-: PROSE ;
"LA

oocrRINH DU MouroN 81.ANC ", NOrEs RlIDUI.IERES PAR

JHAN HYflER;

u:,.;E PAGE o'ERREURS Er UNE PAGE DE \"llRldS, SIG 'ÉES PAR ,NOS
CONT.EMPORAl'IIS;
UNE ÉTtJDE CRI flQUE SUR, UN MOU\'EMENT OU UNE QUESTION LITl'ÉRAIRES;
UNE ÉTUDE CRI flQUE SUR UN AU rEUR CONTEMPORAIN;
L'OPINIOS DU Mou l'ON Bt.ANC SUR LES Ll\"RES .ET LES RE\"UES.

PRIX POUR TOUS PAYS :
Le numéro . \. . . .. . . . .
2 Prancs

L'aboiuienient d'un

ltn.

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COLLABORE.NT AU MOUTO.V BLA.YC :
Gabriel Audisio, .Cha,.1,e,,. BoisH0n, _Geo,-ge., t'!!l.f'1111Priere
And,·é Cuisenier, Martlte lúquen•é, Pi.erre 1'i,vr,•
Paul Fieren.~, René GaudR,fi-oy. J-'ra11,; Hf'l.'P1u•
JeanHgtier,P·A. May, O. Mannoni, RenéMaublam·
1
•
'Jean Meunier, Henl'(J Petlot, Franci11 P0n!Je
J. Portail, Claude -André Pttf¡et
Jules Romains

ADRESSER TOUTE LA. CORRESPONDA~CE :

LYON

���</text>
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                  <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>Subtitulado "órgano del clasicismo moderno", Le Mouton blanc imprimió siete números entre septiembre de 1922 y noviembre de 1924 (primera serie: septiembre de 1922 a enero de 1923; segunda serie: septiembre-octubre de 1923 a noviembre de 1924). Su título hace referencia al cabaret Le Mouton blanc (rue Saint-Denis en París) que alguna vez frecuentaron Racine, la Fontaine, Molière y Boileau. Esta publicación fue editada primero en Lyon por el crítico literario Pierre Favre, luego en Maupré, en Saône et Loire, por Marthe Esquerré. Pero esta revista de estilo clásico fue ante todo obra del escritor y crítico literario Jean Hytier (1899-1983)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>16 4vrier 1923.

PUBLIE
UN NUMÉRO SPÉCIAL SUR

« IDYLLE •• peinture DB MAltCEL ltOCHB

LE SALON
DES

CRITIQUE DE ROBERT REY

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l Yelume, 11 mu.t. : 9 francs.

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7. SAINT-ltVREJIOND. - Crlllqu• llltlralN. Introduc-

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4...,.. CIIAT&amp;\OBRIAND. - VI• ü Rand. -IntrodncUon
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n...,.. I n ~ et l't- do Joan v,c.

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par Paul G&amp;JIALDT,

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" Conselence..ard.•w. s..lbm&amp;6 ezaita~
». • llh'olW"

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MONOZAIN: PORTRAIT DE M 11 • SABOUAAUO

�DANS LE CAS DE" LA "GARÇONNE"

L'ÉDITEUR EST-IL RESPONSABLE?
,fon nrliclc sur 1f. Vif'lor Margucrille m~a Ynlu de nombrl"nsr~ lrllrcs cl je renrnrqnc avec une certa ine salisraction
f]uc /OllS mes rorrcspondan ls - m~mc ceux qui clHcn dcnt
Totor - sonl d'aYis que dans le ras de la (1 Garçonne &gt;&gt; l'éditeur cs L plus rcsponsahlr que l'au leur.
Qui dirige h \fai~on Flammarion? En nom , M. Flammarion fils, en fait MM. \l ax et Alex Fischrr, directeurs

&lt;c lilt.Praires

ii.

•••

Je ne me Bivrerai pa'S à des p1aisanteries sur le physique
de rcs ménechmrs dont une aïeule eut sans doute un regard
pour Qc tapir du Jardin des Plantes. Je ne m'/&gt;-lenclrai pas
sur les exploits guerriers dr res &lt;lC'ux inaptes qui. en r9r/i,
apfl•s avoir dénomhrP le&lt;:. hros.sf's i1 rrluirf' &lt;'1 les pot~gcs
&lt;c cndencPs n ù la caserne de Troyes nu titre de µ-ardes-rnitcs,
.;p fircnl bornhard('r n~da{' Jrur:- du ,c Bulletin d(',;; Armfos ii
ii Paris, el enrouragt'r:•nl no;; vaillants petits poilu-; à ~c
faire détfriorcr le porl rait ù leur p]a-cc (&lt;lire qu 'au front ils
aurai('nt p11 avoir la honnc rorluno d'&amp;tre défig-urés!). C'r;;;J
('Il récompen~r sans do11IC' d(' rrs servir('~ ('XC'CptionnC'ls que
Rosi-.Tmcpho rrçnrrnt ~e mt-me jour, l'cx-rroix des braves,
à. la première pr·omotion cl'nprès guerre - avant Dorge1ès,
Mac-Orlan, A1·noux, et hicn d'autres jrnnrs écrivains,
moins indiqués év idemment parer rru'ils ont. -prouvé leur t.al&lt;'n.t et arrompli lem· d&lt;'voir.
Je ne prendrai pas non pins la peine dr discuter les mérites littéraires de ces drnx as de la plalitudc prétentien~r.
Pas besoin de roupi. d'épaule- p011r enfonrcr uno porle lar:zcm&lt;&gt;nt ou,·er lr sur le néant. ..
Cornmcnl, mr dircz-Yous, clrs pen:;onnag-rs au~:-i intégralement nu1s - c&lt; les plu~ ennuyeux des au1enrs gais I l ~ dc,·inrent-j]s un beau matin le-s maîtres d'une des premières firmes françaises, et curent-ils lirenrc de conlrôlcr une bonne
partir Jr la produrtion du r0mnn françaisr
C'c~t un de ces troublants et incxpli ca blrs my.sthcs de ]a
vie parisirnne : Peut-êlrr unr simpl e réponse de ~1. Flammarion pè-re, à un ami qni s'1;lonnail de la rapide ascension
des rnfanls-collés, snffiri"l.il-cllc à &lt;''&lt;pliquer ce tte stuprfianlC'
faveur : &lt;c Que voulcz-vou,;) les Fischrr sont des hommes
d'affaires incompnrahles : 11s arriY&lt;'lll i1 faire acreplcr à noi.
anlcurs des rondilions que nous-mt·mrs n'o.scrion&lt;; jamais
lonr proposer. &gt;l
Je r&lt;'grctte de n'avoir pa.s unr pctile anecdote personnelle iù sorUr snr la rapacité &lt;lr rcs messieurs. Ils n'ont
jamais en li me refu,;er quoi que rc soit car je ne leur ai
jamai,; rien demandé. Mni.s je pense que ni l'un ni l'autre
ne nie des faits qui sont de notoriété publique et dont le
faisceau ('OTISlitnc leur 'f-f'Ule orig-inalité
ce has monde.
l\1'1. Max et Alex Fi~her ont introduit clans le miliru littéraire clcs u~agcs qui jusqu'alors étaient ré;;:;rrvés aux transactions des m -arrhands dr pcrles fausses dans lt's ghettos internationaux. Lcnr C':lSai d'inclnstriafü:alion drs lettres 1C"!t
met exac t&lt;'m cnt sur le ml'•me plan que ces mercantis du
cinémn qui, à fore&lt;' de cc &lt;'omhinni;;;ons ll, de commi;;:;sions
cl de ristournes ont rénssi à faire tomhcr an dernier rang
de la pro_cli1ction mondiale un art &lt;le C'réation françai;;:;c.
Je ne raconterai pas ici snr ks fischcr brolher's des histoires qui courent les bureaux de rédaction : tel auteur contntint d'accepter un contrat où il abdiquait -ses droits pour
régler 1a puhlicilé. tel autre renonçant à son tant pour cent
sur un des tomes d'un ouvrage en deux volumes ... Rien ne
n1ontro mieux les méthodes ultra-modernes de ces deux

en

Si

POUS

roquinel;; rl11 jo11rnali5mc qu'nn de ,Jeurs plus"' récents
exploits : L'expu~~ion p11rc et simple d'un jonrnll-1, pour
prendre sa place. d'un chef de rubrique qui n'avait pas _-1
l'avantage de se présenter au palron avec un ronlrat de •1
publirilé clans rhaqnc main' I!.
Ce petit porlrail moral, sommairement bross&lt;~, des auteurs de C&lt; Pour s'amuser rn ménage 1i était nécc,;;:;,;;:;aire pour
définir le rôle &lt;Jne jouèrent &lt;'C'S ,dr11x personnages dans Ir
lancement de la &lt;&lt; Garçonne l&gt;.
Car relie cc Garçonne &gt;J ·c'est le ronronnement de l'œuvre
que Î&lt;'s Fi$rher ont entreprise dans la maison à eux livrér.
A la tête d'nnc firme possédant un crédit in compar.able &lt;' t
un énorme po11Yoir dr -difru~ion en province et à l'étranger.
dans cp1 C'l ,;;:cm; no.;;: deux &lt;'ompèrcs ont-il nigui~lé la production? Essayl'rrnt-ils -de pousser 1es écrivains de valeur
allach1ts à leur maison, les Dnvcrnois, les Chérau? Poinl.
J~s gros lirag&lt;'-" furent toujours réscrvéi. à des ouvrages médiocre.,; snr lesquels .c~l Ca-it, un formidahlc cffOTt de pnbliciLC'. ii des 1ivres toujours ouverlemcnl ou hypocrilemenl
pornographiques étafant avec nne insic;lanC"e voulue Pt porfois ious ("Quleur d'un hnmanilari ..;me désuet, la corruption dos mœurs françaises et la clfromposition d'une société pourrie. Œuvres révolutionnaires? te Actes de foi J&gt;?
Non pas : rahachagcs de vieux marrhcnrs pognonisles mais
hnmanitairC's. de maniaques ob~déi;; tantôt par Je sexe, tan tôt par le drapeau (on plus exactement le fnnion), ou de
salonard.;; pl'-déraste.s et bolchm·i~anls. Est-il ulile de citer :
« Jouir &gt;J de feu Paul Margueritle {ah! ces fi.Js de généraux.
-quels beaux litre~ ils dégotentl) 1 1&lt; Prostiluée &gt;&gt; de Virtor Marfl HNilte (806 mill e), sans parkr des petites polissonnerie.~
df's dames de la famille; et Jcs faisandrrie.s l"rruivoques du
Mignon Manrice Rostand; cl les grivoiseries mals,rincs &lt;le
Ilinet de \Vaqm cr, dont Flnmmarion réédita Je (&lt; Lucien JI
en édition populaire. Voulez-vous mieux? ~•a-t-on p-â.3
dans les milieux de gauche opposé à l\fargueril le, Léon
Daudrt et son (&lt; Enlrcmctteuse &gt;&gt;il Or, quel est l'éditeur de
celle H Entremctlcuse l&gt; : Flammarion bien entendu, qui,
du m omr nt ,q ue ça rapporte. rait aussi bien à droite qu'à
goche le trust &lt;les cochoncetés 1
Mais la « Garçonne ll, c'est Je bouquet! l'apoth éo:::e de fa
pornographie morose et humanilairc! Ils savaient bien cc
qu'ils raisaiC'nt, nos deux madr(i; compères, en inondant les
journaux du monde entier de leurs aguichants placarcls :
&lt;1 ](' roman fr pins audacieux &gt;l. La va1cur de cettr in-sipide
histori&lt;'lle de la Rihliolhè&gt;quc rosr oil toutes ks vingt pages
notre Totor a plaqué 11ne photo ohsri''nr n'(&gt;tait pas rn cause.
li s'agissait d'un coup monté, d'nnr honnc affaire en pcrspecu,,e.
Qu'on ne me croie pas devenu .subitement bégueule, ce
n'e.:L pas dans mon tempérament! )lais .il faut touL de
même, dans l'intérêt des vrnis artistes. l'tahffir une différence entre un Fragonard et les cartes transparentes offerte,:; aux collég irn,; par des individus o1ivâtrcs. Le cToquis le
plus audacieux de Guys, de Lautrec- ou de Rouault, la page
la plus o~(,c clc Casanova ou &lt;le Mirhrau, restent une Œ\tvrc
d'art, tandis que la« Gnrçonne JI n'&lt;'~t qu'une td•s plate orclurr. 11 renvient d'autant plus d'insislcr sur rc point, q11c
Ç"C sont préci~hncnt le::; Margueritte et. &lt;'Om;ort.s avec !leur
audace sans !aient qui nous ramPneronl 11n de 'f'es jours la
cen,;mc cl ses imhfrillitl's.
D'a.illcnr.s, Margucritlc - sos défenseurs l'ont assez répété - n'a pas été J1Ptri pour avoir écrit un livre et cochon »

désirez vous abonner au&lt;&lt; Crapouillot&gt;&gt;, détachez le bulletin de souscription del' enca,t rose.

5

1 f. CR \POi ILLUl

AU'SALON DES INDÉPENDANTS

'

diffusion de l'ounage avec ses déplorables répercussions
qui a été pub1iq1.1ement LJhlméc, cl que, de celle diffusion,
l'éditeur c.st as:--ur1~menl plu;;; rc-.pon~ahk que l'auteur :
fr m't;lon11r tpie dc,ant de:; faits aussi graves, le !i~ndit·al dt.':- 1~ditc11r." n'ait pas jl1gé utile d'envisager les m e,.;urc.-: i1 prcndn·. di\/lS l'inféJ'(.'.-l &lt;le l'édition [rançai,~c en général, pour mcllrc hor.s d'aat de nuire un confrère au:;:Ü
nclt('me11l maHaisant.
Je m'{,tonnc que la grande Chanedlcric, tl{•:-irclhC par
1111 ('Uup d'frlat de &lt;&lt; r&lt;'lcvrr le pres·tigc &lt;les Lctlrc:, françai_~p-: t1 rEtranµcr i&gt;. se ..oit arrN{e dan:s :-on hl.îme - au
ri5quc de paraitre as;;ouvir 11n e yc11gca11ce poli1iqu e - à un
si mpl e complice.
Et je m 'étonne cuc01·c plus que les din.,ckurs de la mai;;:;.on Fla1nrnarion qui onl acc('pté, 5inon commandé,&lt;&lt; la Garçonne ll et l'ont 1-ancé an•c Ile fracas que l'on ~ail, n 'aient
pa~ C'ncorc eu Je ges te non pas &lt;l'L'légancc, mai:-- &lt;l'l·lémrnlairc co rrect ion clc se solidari;;cr avec leur aull'ur, en ren, oyant kur petil ruban ;'t )1. le Général Dubail.

Jean

JANE ROSOY: PAYSAGE

ni rnln1c pour •noir prostitué son titre J.'écri'"·ain dans une
a-;-.t•z ha,:"(' cntrrpri.:-c l'Ommc1Tialc, mais uniqucrnent en
rahmn du rl'lentisscnwnL de sou œu, rc à l"élrangcr à une
époque partieulil·rernt'nl trou!.,Jéc ol1 notre pays a-vait hc~oin de tout ;;;011 &lt;'ré dit.
Qu'il rnc soit JH.'rmis d'emprunter i1 la &lt;&lt; Liberté 11 où préc-i,,hnrn l eollahorenl :\n1. \'tax el Allex Fis-cher, quelques
dl'lai\,- _-;ur le lancement &lt;le la « Garçonne 1i à l'étrangn
En \lll•maµ-n c le lin·r .se vc-nd so111- une bande indiquant
&lt;c Etude de la jeune fille françaÎ!-C 11 • .\ux. Etab-Lnis la propag-ande aJllt&gt;rnandc a fait tirer li dl'S milliers d'exemplaires
dL'" &lt;( .\lurcl'&lt;HIX 1'110isis &gt;&gt; renrt'rmant les pa.,~age.; les plu,,
sah·,. l'll a,,mt soin dï11Ji,p1cr qut• l'auteur, fils d'un génl'ral fran~ai,, élait &lt;-ommandcur de la Légion d'llonneur
« t't'l ordre d1: rhna lerie fo11d1~ par \apnléon 1er li, ex-pr~.;id1•11I tl(• b :-:ocit'll· dl'" p:t&gt;ns de lellrcs, une des pcrsonnalill' Jp,; pl11-. n,.• pl'l;'-L'nlaliH'." &lt;ll' nolre H1'•publique d'après-

ÜALTIER-tlOISSIÈRE,

P. -S. ,l'insère bien volonliC'J',j la lcllr~ :-UÎ\tll"lll' do Mme ,Marcelle Tina) re que j'avai:5 inciùemment citée dans mon dernier article :
)fonsicur,
Je c;11is sÙl'I' qu'il ,011,; serait &lt;lésag1fablc d'a,oir écrit une phrac;c
imolc11lail'cme11l injuste, c-t &lt;''&lt;'c:l /1 ,otn· di•li,·atcs:-i,c &lt;l'honnête
homme - cL 11011 pai de confrère - que je fois appel. Vous êlcs
mal l'l'n-;.,ign,;, k n'ai j,1n111i~ ri..•11 "'ollil"ili'·, d j;unai,i apostillé aucune demande offki&lt;•ll1•. \ 011,. nm1·z ai,,"·mt•nt la prcll\ c.
Qnoi que ,oug pui~,Îl'Z !Toin•, à prnpos d'un i11 ci&lt;lt•11t d{,jà loint11in. \"OUS aurez, je crni,, le soud tic lt• rapport ~·r cxacll'mcnl.
~O)l'Z ep1·Lai11 qur j, ,011, fais celte pctit.e observation sans anwrllunc. You~ ne me ,·m1nai~,t'Z pas. \'011s pou,cz H)lh trompn· c.1u·
le cat~•ctère ù'1111 écrhain qui 1Hi ,ous g11nlc pas ram:uuc de voln'
ironit•, et ,ous cnroic l'cxprcs~ion de son e~timc litt{•raire d de ~t•,-

sc nli111c11l s très di4ingué:-.

g1wrn'l
Tout .•r ti1•11l &lt;•n ,.,. lllOIHll' l'I loult-....... 11•-; l'n1·111~ de l'acli, ilt'· lrn1na i111· ~1· pt:nl:lr1•11l : l 11 li,n· i1 .-..1H'l•l•,; 011 1111e

c hanoou d1· 1·af1.,·&lt;'0JH·crl pl'UI d{·l'idt•r du ,ort d'une alliance
Je rrn'nw qu'un Ji~cours ou un Jilm peul innuer le change.
Vid or ,taq!tlt'rillc a été frap-pé a~~&lt;'Z c:x-adcml'nl pour avoir
ri,.;qué de eompron1cttrc le erl"dit frnnçais à l't'·tranger, au
1rn\nw litre qu'un man·han&lt;l de eanu·mhcrls &lt;)Ili in o nd erait
les cinq contirn•11t.:, -&lt;le fron1etons pourd.s pourrait être just1..•111t•11t ,.aqu6 par noire Charnhre de Cornmern::.
1:·1·~t i1 Ùt•,.;,ein que j'cmploil' c-el lc l"Omparaison co11111u' r c:ialt· p11i~p11·, ùan:- !le ea.s &lt;le la. u Ga1·rounc &gt;1, l'arl n e tirnl
a1w111H~ plar1•.
l.1•,; &lt;'•rri,aîn,- :-a1b :1ucu 1w tli-.li11dion de parti n'ont 4u':)
:-,;c lourr d'unl' m t'.surc qui dis{'n~ditc un faux artiste sur l e
marehl' mondial, parce qu'il.~ onl lout intl'rèt à -ce que le:;
kttrc"" françai:-,;('_~ j ùui,.,-cnt d'une bonne l'olc .'1 l'étranger t'I
jJ .. srrairnt biPH maladroit s dl' paraitre &lt;lékndrc &lt;le Lrè:IJL'aln print"ipt•~ _.:; ur 1111 a11-;.si déti.:stalde prétexte.

•
*.
Pui,.;qm-' l'affain· c:-.l ramenée à :-;es proportions Yraic:i- cl
qu'il ne .s·agil plus J.c « lliberté de p cuséc l&gt; à défendre.
mais d'une a.:-.-;:cz ma1lproprc lrahi,-011 com111ercialc à liquider;
puisqu'il esl admis aw:si hicn par le~ déft'nseurs qu~ par I&lt;'~
d,;tradcurs tll! \ ictor ~larguerillc, que c'est a,ant tout la

BERJOLLE: PORTRAIT,

�AU SALON DES INDÉPENDANTS

DESSIN DE J.-J. JAOELOT (EXTRAIT DE •LAON&gt;)

DERNIÈRE HEURE
La Librairie de France ya publier un ,wiweau poème de Léon A-1oussinac: Dcrniè!'c Heure. Suile lyrique où l'auteur
des He-Ilets de bonheur exalte les dominations hum.aines, anx temps où les races s'éyacJeront de la terre pour soumettre
l' unù1ers à leurs lois sentimentales et rationnelles. Et le poète imagine l'épopée de l' 11 onune qui a re/ usé cle suivre les
conquérants et reste seul parmi les ruines des civilisations déchues atrendant sa nwrt et celle dP la Terre et évoqwmt
l'instant où s'accomplissent ailleurs l~s plus hauts destins de l'Humanité.
LADISLAS MEOGVES: PAYSAGE

NOTRE-DAME
Cathédrale,
Ame battante de la cité,
Elan unanime de plusieurs siècles,

î

: PORTRAIT

JACQUES THÉVENET: ,, LÉONIE•

Cri pathétique d'unité ;
Cathédrale,
Si haute dans le ciel 1 comme jaillie
D'une âpre volonté de monter jusqu'à Dieu,
Et d'où 1 Sinaï, descendirent,
Parmi la voix ample et grave des cloches,
Les commandement et les lois ;
Cathédrale,
Vers où montait aussi,
Crevant les clameurs soulevées,
L'appel éperdu d'espérance
Des grands peuples agenouillés ;
Cathédrale,
Splendeur immobile et pourtant rythmée
A la ferveur du rythme universel,
D'un geste pur ·d'ogive enfem1ant le tumulte,
Etreinte immense et baiser profond de la prière;
Cathédrale,
Pourtant, un jour, orgues et cloches se sont tues,
Un souffle a ouvert tes façades,
Bousculé tes autels et défoncé tes châsses :
L'oracle scientifique a occupé la chaire du miracle.
Règne fini. Le ciel trop lourd !
Cathédrale,
Arche naufragée du moyen-âge ...
Les !siècles passent. Dédain, puis insulte
Et crachat en plein visage :
Le Sacré-Cœur !
Cathédrale,

Ombre qui s'illumine et mange l'or des soirs,
Notre-Dame douloureuse
Qui n'eût même pas, torche brandie,
La joie suprême
D'allumer son propre bûcher pour le martyre 1
Cathédrale !. ..
0 ce geste dernier1 ses tours 1
Moignons de pierre,
Prière mutilée des mains jointes ...
Et le regard des yeux crevés de ses v:traux.
Et la rosace, son cœur en sang vidé d'amour ...
Et la flèche, toute sa foi décapitée !. ..
LOUVRE
Plus rien qu'un champ de cendres ...
Les rois ? Force arbitraire
Nourrie d'un sang d'esclaves, droit divin !. ..
Un formidable coup de pied
A renversé les trônes lourds.
La beauté depuis ?
Rose poussée dans le fumier de la douleur,
Enorme et cueillie, au coin des lèvres,
Parfumant l'âme d le ciel.
Tout le Passé tordu, brisé,
Déraciné par l'ouragan, - révolte -,
Abattu sous la hache, - raison ·,
Et jeté, cadavre, au miJieu du brasier
Dont la flamme éclaira toute la Terre
Et où la Terre, plusieurs siècles, se chauffa.
La Beauté n'a pas de ruines.
Tout le reste : grandeur usurpée,
Cendre et poussière ...
Tel est le destin.

�8

LE CRAPOU!LL01

AU SALON DES INDÉPENDANTS

BASTILLE
La première des bastilles !

Et d'un cœur fier de supporter
Les plus hauts battements
De l'idéal et de la loi
Dont il est ivre,
Marche à la conquête des Lois.
Mais il reste tcujou;s un obsLc·e à bousculer,
Holocauste douloureux -et nécessaire.

L'abcès crevé d'un coup de bistouri,

Enfin!

Cicatrices encor visibles :
Témoignages et, mieux, exemples,

Volcans éteints, toujours béants.
Combien de peuples ont, depuis,

Le progrès n'est qu'un entassement de victoir~s
A pres
• ce sommet, un autre sommet :
'

Transfusé leur sang pour survivre !

Quelques-uns y ont succombé,
Cendre du sacrifice, grâce à quoi
Depuis hier, l'humanité, sûre de vaincre,
Dans l'unité d'un corps harmonieux et

1
1

Bastille ! sursaut de réveil, geste sacré,
Bastille ! la première étape
De l'ascension des hommes vers la lumière.

Léon Mou:s, ,A".

LES LIVRES A LlllE ... t:T LES AU'l'llES
par Gus Dof'a
UN ROMAN D'AVENTURE 1Mit10BILE
A

la terrasse, par
Léon BARANGER. (La
Renaissance du Liore.)

M. Léon Baranger goûte
le plaisir paisible de rester
assis à la terrass: (que:ie que
soit cette terrasse) et de regarder passer les gens. Ils les voit avec des yeux de
peintre et en fait des croquis exacts et expressifs.
Il a vu ainsi passer M. Poule, et assez souvent pour
en faire le héros de son livre.
M. Poule n'a guère d'autre fonction dramatique que

LES BEAUX LIVRES
L'Ingénue libertine,
par COLETTE, avec les
dessins au pochoir de
Chas Laborde. ( J1 enri

Jonquière, édit.)

La chasse au bibliophi:e fat
b mode durant

un sport à

les années de guerre et un
peu après.

Ce gibier de choix abondant, d'une capture aisée et

rémunératrice de,•ait tenter, outre les ,•izux chasseur3
professionnels, quantité de jeunes trappeurs improvisés
qui s'équipèrent hâtivement, à l'imitation de leurs aînés,

d'être cocu, encore ne l'est-il pas d'une fa~n active mais,
et se mirent en campagne.
dirai-je, statiquement.
Ils ne savaient d'ailleurs pas grand'chose du bibliophiEn fait, il s'occupe jusqu'au bout du livre à intégrer
lus vulgaris, but de leurs efforts. C'était, pour eux, un
cette notion anonnale, moralement et matériellement.
amateur de oonserves littéraires, un coUectionneur de
M. Poule promène sa condition socia~e de co~u médilivres-momies,
entortillés de riches bandelettes.
tatif- parmi des aventures féminines assez vives et des
Pour attirer autour des pièges ces sortes d' Antinéasréflexions péripatéticiennes assez curieuses.
de-blibliothèque, mâles ou femelles, il suffisait d'amorcer
M. tlaranger les note les un.es et les autres avec nonavec quelque opuscule - ignoré et jeté à la poubelle
chalance et ironie, et dans un style pittoresque, ingénieux
du temps par des générations disparues - à l'odeur de
et sympathique comme celui de certain~ livres d'Anatole
moisi et de faisandé, mis en valeur par un caractère gras
France, qu'on relit deux ou trois fois pou: '.e se,ul pla·et lardé de gravures à la mode de l'époque.
sir d'y rechercher un plaisir déjà éprouvé.
Aventure à fleur
Placé sous le vent du bibliophile, il était notoire que
cl ' â m e et à fleur
celui ci s:: devait rue:.·
AU SALON DES INDÉPENDANTS
de peau, i l f au t
1

sur l'appât et l'emporter dans sa tan.
ni ère- Iibrafrie, pour

un effort pour connaître, tant elle est
simi,lement
contée.

s'en repaitre et s'en
faire, Dieu s:tit qu::!-

qu'elle recouvre une

humaine et profonde
psychologie.

les

Propriétaire d'une
mine riche en minerai
de précieuse sensibi-

incon-

Aucun de ces éditeurs n~ophyte3 ne
s'avisa jamais de re~

I:té, M. Baranger a
l'insouciance

voluptés

nues.

chercher pourquoi les

ch a r-

choses

devaiellt

se

mante de ne l'exploiter qu'à sa guise et

passer ainsi, 0:1 n'es-

se~on son bon plaisir.
Cela consiste à ramasser à fleur de

de ces an:maux étranges pour !e dis1s~quer
et d~couvrir s::m an:•
tomie secrète.

saya de capturer un

terre des pépites de
métal pur et des ca'l
Joux à peine veinés,
qu'il nous offre pêle•
mêle

a\'CC

sourire.

Ils farent donc sinétonnés le
jour oùi la guerre fi.
nie, et les nouveaux
riches gavés de japon impérial et de
cèrement

un a:mabJ..:
PEIN1 URE DE GOERG

.M. SAVAEUX: NATURE MORTE

E. LABAT: FEMME ASSISE

�8

LE CRAPOUILL01'

.AU -SALON DES IN DÉPENDANTS

BASTILLE
La première des bastilles !
L'abcès crevé d'un coup de bistouri,
Enfin !
Cicatrices encor visibles :

Et d'un cœur fier de supporter
Les plus hauts battements
De l'idéal et de la foi
Dont il est ivre,
Marche à la conquête

A. BERG EV IN: OO~PTE USE

OLGA SACCHAROFF: PEIN1 URE

qu'elle recouvre une
humaine et profonde
psychologie.
Propriétaire d'une
mine riche en minerai
de précieuse sensibi1:té, M. Baranger a
l'insouciance charmante de ne l'exploiter qu'à sa guise et
se'.on son bon plaisir.
Cela consiste à ramasser à Heur de
terre des pépites de
métal pur et des ca'I ·
Joux à peine veinés,
qu'il nous offre pêlemêle êVc c un a:mabk
sourire.

PEIN1 URE DE

GOERG

nues.
Aucun de ces éditeurs néophytes ne
s'avisa jam.ais de rechercher pourquoi les
choses devaient se
passer ainsi, o:.i n'essaya de capturer un
de oes animaux étranges pour !e diSs~quer
et d~couvrir s'.Jn an::tomi'e secrète.
Ils forent donc sincèrement étonnés le
jour où1 la guerre fi·
nie, et les nouveaux
riches gavés de japon impérial et de

1

M. SAVREUX: NATURE MORTE

E. LABAT: FEMME ASSISE

�iô

Lt CRAPOUILLO't

tt CRAPOUILLOt
hollande de poids, leurs livres cessèrent de
et à un texte qui, mieux que tout autre, pourencontrer des amateurs.
vait se passer d'aide.
Peut-être n'ont-jls pas encore compris.
Je n'ai pas à me mêler des affaires d'édiQuelques éditeurs peu avertis, c,mtinuant et
tion
de Mlle Colette, ni des contrats de
accompagnant la tradition des maîtres du méM. Jonquières, encore moins des projets de
tier, ont repris, aujourd'hui, à pied-d'œuvre
Chas Laborde, mais il me paraît souhaitala question du beau livre et nous en voyons
ble que cette triple collaboration ait une
déjà les résultats : Des jeunes comme la
suite d que M. Jonquières réussisse à nous
banderole-A1omay-Crès-Jo11q11ières et pas mal
donner une édition complite des œuvres
d'autres, s'attachent maintenant à parer des
de Colette, dans le même format, avec la
œuvrcs vi\"antcs au lieu d'emmailloter des
même perfection typographique et d'autres
cadavres sous des housses luxueuses et il
illustrations de Chas Laborde.
se trouve, aussitôt, quantité d'amateurs, paCela constituerait un ensemble à peu
raissant sains d'esprit et intelligents, pour
près unique dans l'édition de luxe actuelle,
goûter de tels ouvrages et les collectionoü les éditeurs s'arrachent d'ordinaire et
ner.
se disputent horriblement le droit d'imUne équipe d'artistes nou,·caux s'est réprimer sur des papiers de prix, les lamvélée toute prête pour orner et illustrer ces
beaux d'un même auteur, chacun dans sa
livres noU\·eaux. Daragnès, Chas Laborde,
manière et selon son goût, bon ou mauFalké, Ch. Martin, Hémard et d'autres (1),
DRIEU
vais.
auxquels on ne pensait pas.
C'est donc une forme entièrement neuve du beau livre
Mesure de la France,
M. Drieu La Rochelle, requi se crée sous nos yeux, et !non plus seulement destinée
1nt· Dmcu LA Hoc:11ELLE, venant de la guerre à vingtà cette espèce de bibliomanes, aveugles, à antennes sen{Grasset.)
cinq ans, s'est brusquement
sibles, qui jouissaient, paraît-il, à caresser des reliures
senti à l'étroit en son propre
ou à palper des vélins de prix, mais à une race, neuve
pays. Il y manquait d'air et respirait mal, et s'est avisé
aussi, d'amateurs de livres, qui savent tous lire couramde mesurer la France pour connaître si, d'aventure, elle
ment et ne collectionnent plus les fautes d'impression ou
n'avait pas diminué en son absence.
les seuls bouquins introuvables.
Il la mesure consciencieusement dans tous les sens :
C'est à ceux-là que j'adresse I' « Ingénue Libertine)).
il en mesure la superficie, la population, l'âme, l'appétit!
le cœur et le -cerveau. JI la juge sévèrement et ne Je lui
Ce livre de Colette, un des meilleurs, à mon sens, de
c11voie pas dire.
l'époque Maugis (qui le vit paraître sous un autre titr~
Il lui reproche d'abord de n'avoir pas f,üt assez d'enet pour d'autres lecteurs), renaît aujourd'hui dans une
fants depuis un siècle. Il nomme cela un grand crime
édition digne de lui : fraîche, claire, ordonn(-c et d'une
et dit que nous en avons été punis justement en 1914 et
typographie plaisante qui met en ,·aleur la sensibilité
que cc n'est pas fini : l'Allemagne a été tentée par c~
et la Yigueur du texte.
trou dans notre population, qu'elle a vou·u boucher. C'e~t
Les petites a,·enturcs amoureuses de cette ingénue
bien fait pour nous.
étrange, l'audace un p.!u plaquée et voulue de certains
Comme elle n'a pas réussi il n'y a pas de raisons pour
passages, y prennent une autre figure que dans l'édition
que d'autres ne soient pas tentés à leur tour. Il no_~~
ordinaire, elles ne semi&gt;lent plus que des touches un peu
montre des peuples de millions de têtes, louchant deJa
vives, mais nécessaires à la Yie et à l'émotion de cett~
vers ce Yide et guettant le moment d'y tomber.
pochade physio-psychologique, et plutôt physio que
Ces idées ne sont pas neuves et le plus gros mérite de
psycho.
l'auteur
est de l~s présenter avec intelligence. TouteChas Laborde a merveilleusement compris l'illustrafois sont-elles nouvelles pour lui et il apporte à les
tion d'un tel line et qu'il lui fallait seulement en orner
soutenir un grand lyrisme d'homme jeune et de poète les marges d'une discrète évocation du texte. Aucun de
car il est l'un et l'autre - fort sympathique.
ses quelque trente de:;sins n'est épisodiqw·, le3 petites
Habitué à la méditation solitaire des tranchées, il n'a
histoires galantes de Minnc ne l'intéressent p-1s. Il suit, de
pas souci des contradicteurs possibles. Il ne discute
chapitre en -chapitre, la figure de cette petite f.11:.! précoce
point : il .affirme. Il impose a,·ec v_.éhémence la Vérité
et naïve, aventureuse et sans perversité, qu'il a esquissée
qu'il croit avoir trouvée et sa fièvre ne connait pas Je
dès le début et en note les états successifs avec une sorepos.
Qu'il jette dans la fournaise de son style des
briété, une élégance ,et une intelligence qui font de ces
chiffres,
des -exemples ou des appels héroïques, qu'il
croquis, rehaussés de taches ,·ives, comme un pastiche
insulte on qu'il glorifie, qu'il gémisse ou ricane, le modu texte de Colette.
teur déchaîné vibre sans cesse, à la même tension. Cela
Des JX'intres dénués d'esprit ont fait, de tout temps,
ne laisse pas que d'être un peu fatigant.
courir le bruit qu'un artiste se devait d'être intcUi]'approu,·c qu'il parle selon sa pensée d sans ménagegent pour se conserver sensible.
ments,
mais l'Evidence même, criC-e sur ce ton de proChas Laborde, parmi quelques autres d'une génération
phète
en
transe, donnerait une furieuse envie de ,contrapensante, prouve le contraire. j'aurai &lt;l'ailleurs l'occasion
diction.
un autre jour de dire cc que je p~ns.e de lui et ptus
Pour respectables qu'elles soient, les idées de M. Drieu
généralement de cette « équipe ».
La Rochelle ne sont pas infaillibles : il n'est pas prouvé
Le livre qui nous occupe nous donne un éthantillon de
par l'expérience des siècles, non plus que par son livre,,
sa double qualité. C'est un exemple rare d'une illustraque
les péchés d~s ~cupl:s, l'imp~érnyancc,. la pa~~sc,
tion capable de se rendre utile au texte qu'il accompagne
le dilettantisme, 1'1rome SOlent forcement pums et n aient
pas leur bon côté.
(1) :&gt;Icn:1 ! (:'\olc de Gus llofu,)
Le malthusianisme même peut être défendu, M. Drieu

La Rochelle nous affinne que nous n'aurions pas eu la
guerre si nous avions fait vingt millions d'enfants depuis 1870, comme fit l'Allemagne.
.
.
Je le veux bien, mais nous ne l'aunon~ pas eue. s1
l'Allemagne s 1était abstenue comme nous-mcmes de faire
ces enfants.
Il affirn1c encore bien d'autres choses : il manie sans
façon les empires, les siècles et les millions d'homme:-,
il jongle avec les entités et les réalités et se pron~ène,
ivre de concepts géants, parmi un monde d'hypotheses,
mesurant, mesurant tout, avec un mètre de caoutchouc (1),
qu'il tend ou raccourcit lt sa guise, sans s'arrêter jamais.
Certaines de ces hypothèses paraissent pourtant grosses
d'une idée nouvelle, d'un horizon inc:&gt;nnu. ré,·élé soudain, comme le conçurent Norman Angele ou Chesterton hors des chiffres et des documents, par une
clairv~yance de génie. On croit voir ~éj~ se disjoi~~r:
une forme de langage vétuste pour hberer une vente
prisonnière.
Et brusquement l'auteur s'échappe par la tangente,
œntrifugé par sa foi ardente, et piétine déjà dans un
ciel voisin.
Son livre est plein d'intelligence et d'une étrange_ force
de conviction qui émeut le lecteur et le transporte au
delà de la de;nièrc page, vibrant, étourdi de ce continuel
fracas d'idét.'S secouées, satisfait, rompu, mais :
Désormais décidé à douter de n'importe quoi, pourrn
que cela soit proposé par M. Drieu La Rochelle.
II parait que la littérature
mon Go~rEz u 1; 1.A ::S1rn- espagnole rencontre en cc
:SA, pri•sc11l1: par \'alcry moment une veine abondante
Larbaud, traduit pa1· et produit des chcfs-d'œuvre.
•\lulhilù1: Pu111ès. { 1Jer- M. Valéry Larbaud nous l'af11ard Grasset, les cahiers firme et nous donne, à
l'appui de st.&gt;s dires, des
verts).
, 11ant·11
d u nune
· r·.11· de
cc
I ons
la mine cie la &amp;:ma, qui est en pleine exploitation.
Le procédé, industriellement, b.anal, est n?uveau en
matière littéraire et demande a ctrc plus frequcmmcnt
employé, à condition de puiser un peu au hasard, et
comme on dit, en style de sous-sol, au tas du toutvenant.
. d '.
Une sélection trop judicieuse des extraits denen rait
une véritable collaboration du traducteur et nous en prendrions une idée fausse de la valeur du filou.

Échantillons, par Ha-

ii

Ceux que nous présente M. Valéry Lar~a~d sont assez
dissemblables pour qu'il ne puisse pas merder cc _rcp_roche et que nous partagions volontiers son admiration
littéraire pour M. de la Serna.
II y a de tout dans cc recueil choisi dans trois ou quatre
li\'rc·s de cet auteur jeune et f(-cond.
Des notations rapides et pittoresques à la mode de
Jules Renard.
Des idées concentrées aux développements nombreux.
Des \'isions de poète, des amours d'enthousiasme,
des indices de sensibilité.
Tout cela jeté pêle-mêle à l'impression _fi~urc asse_z
bien la production d'une mine inépu~sab_Ie d',1dec~, cx~l_?1tée sans souci de machineries comphquces, a pemc tnees
avant leur expédition.
. .
Le seul caractère connu de ces disparates est une v1s1on
singulièrement plastique des choses.
Nous la trou\"Ons souvent à l'état brut, quand l'auteur
nous dit par exemple :
!,es grnrulrs /oromofivcs urinent .~implcment su.r la voie
et ,1w11ul elles ~•en vortl, on voit l'~rwrm~ fluque qiùlles ont
laissée, ti1~de. et &lt;JIIÎ fume comme il co11V1ent.

Ou:

1

1

/.,· cid ,Ï,·s n11i/s d'hit'cr· &lt;Hi il r,,:k, 11u,:i; ww l1111e lczill1:c
furme de ul11ço11, l'Sl 1/lt r'il'/ ['Ulll' 111iti11l'11rs.

I'/!

Plus sou,·cnt encore le morceau est usiné, un rapport
abstrait et clljptique joint deux images précises :
l'oltr tmv11ill,·r il fuul 1ît,·1·

s11

/,uuue qui ••:~l r·1:m11u:_ 1111

tic fr,rç11/ IJIIÎ 11(11/S rl'/i,•11/, (Jlli TWIIS r/1.:/1'111/, 1/IH 1:c
11,ou.s laisse· 1,a.~ to11lc 11ulre [il,erl,:. \ln prose libre
bcsom
tl'è/rc /i/11:,i,: 111,1 1111• ,fr cela •
(1/1/L&lt;'rt/L

1,

Ou encore :
1:dui &lt;J!li 1•,t 1dki11l 1l'11n t•omi.,s.•111'.''~ 11,• :.11111 l'S/ _1'. 11•~
1111111,,.1: 1.,./11/111'1' &lt;JIIÎ 1•Î1'11/ ,l','/r,: ":~.wts.,111'.·,• JIii/" /J1~u, ~1.,s11.,si,de uu coll/l'tlu, /ti,·/1e1111·1tl 11v1u11111'/cc p/1'.s l11c/1, 111c11/
,1111 , r/1111s J,, rio.~ : i1tlhfr11rc111e11l ri d1111s /1: 111111·.

Cette clairvoyance du trait typique et c:~t.~_ J?récicu::c
faculté de le noter en tache vive, cette ~e~s1b1htc s}:nthctique des choses semblent être le pnnc~pal attrait du
talent de M. de la s~rna et il n'est pas 111111cc.

( 1) Inventé et prêcé,lc1111uc11l cru ployù pur Cali riel de Lau lrc ;.

PORTRAITS D'ENFANT DE MADAME RENÉE GEO PINGET (GALERIE ARTÈS)

Gus BoFA.

�JEAN LÉON: NU
ZINGG: PAYSAGE

LE SALON DES INDÉPENDANrl S
1

I
C'est fou ce qu'elle est athénienne, notre démocra-

tie ! EUe a bâti naguère un palais grand de taille et
par définition. Elle a voulu le dédier aux arts, à condition qu'ils fussent « beaux

&gt;l ,

ce qui met dans une

situation fort humili'lnte les arts qu'elle n'estime pas
suffisamment bien habillés. Elle a manifesté son intention, en lettres d'enseigne, au fronton du pourpris officiel.
Aussi, depuis lors, voyons-nous des automobiles, des

Nous en parlerons en de,1,x fois.
Nous supplions le lechur de bien admettre ceci: Nous
n'avons absolument pas établi un ordre de mérite. Il
est des toiles obscures dont nous allons parler; d'autres
ou plus belles ou plus notoires ne seront signalées que
dans le deuxième num éro spécial.
Mais pour nous y reconnaître voyons d'abo-rd quel

est le principe qui préside aux Indépendants :

chevaux, des tracteurs agricoles, des « artistes français &gt;},

Ni jury ni récompense. C'est entendu, mais encore ...

des appareils de chauffage et autres objets ou denrées
plus ou moins comestibles se succéder dans la vaste

Allait-On grouper en quelques salles ce qu'on estime le
meilleur ou le plus intéressant et laisser la foule des

gare. On y donne même accès aux arts, quelquefois.

autres stagner, morne amas, dans la longue enfilade
des galeries. On l'a tenté naguère. Le« Crapouillot» lui-

Seulement il faut qu'ils se dépêchent. Au fond, el dès
qu'il ne s'agit plus de batteuses ou de bœufs gras, on a
si bien conçu l'endroit à toutes fins inutiles que le
plancher, ne peut, sans fléchir, supporter un bloc de sculpture de 800 kilogs (sic). Il faut étayer; et l'autre jour, l'infortuné Henri Béraud, martyr de son obésité, laililit
passer à travers le parquet du premier étage, entraînant avec lui, sous ses dé-

bris mortels, deux ou tro:s
tonnes de bâtiment.
Les Indépendants n'ont eu
que neut jours pour s'organiser. Le 1cr février se:ul~-

menl ils ont pu pénétrer dans
une moitié de leur local à
peine évacué par le Salon d,e
la Machine Agricole et par Il
« Foire aux Semences )&gt;.

us Ind épendants se sont
donc

installés

au

milieu

des semeuses perfec;ionnées

(très supérieures au système
Roty), des charrues et de
ces ponts métalliques dont
l'aspect dégage tant de ga'.té
qu'on les a n ommés des
« ponts roulants ».

Or, ce Salon des In dépendants comporte environ

6.000 en vois.

BRABO:

même estima que c'était fort bien lait. Mon haïssable
moi prétend au contraire que persister dans cette voie

menait les Indépendants à la ruine.

Ils se doivent d'être une salade.
li faut que les Indépendants soit la capitale dt'S loires
aux croûtes ; que les petits coudoient les grands ; et qu'il
y en ait pour tous les goûts ;
que l'intérêt soit également
réparti. Seu!ement comme il
est des Indépendants irréductibles qui se sont fait un
honneur de prendre leur
vieux s:ilon révolutionnai:e
pour autre chose qu'un t.~emplin ; co-mme ceux n. sont
restés f'dè!es à I eur premier
principe et n'ont pas cessé
de rZpudier a pri~ri la CJ-mpétence d'un jury quel q1'il
soit, c.:&gt;mme ceux-là sont tout
de même un p~u p'.uG chez
eux aux Indépendants que
les artistes qui se faufilent
- en t out bica tout honneur - d rn s q11-tr~ s:ilons
par an, il s se sont accordé
la facult é maxima ù'cn\'oyer
quatre toiles au lieu de
NATURE MORTE
trois. Ces dictateurs de

r
l'indépendance, vous Ie voyez, tous sont modestes.
Comment organiser la salade ? Dans ce genre d'opération le hasard est passé maître depuis qu'il est des pâtres

en Chaldée : On groupa les envois par ordre alphabétique. Mais la procédure n'était pas nouvelle. Et, l'an
dernier, les A, les B, les C se trouvaient au rez-dechaussée, mal partagés en des salles où ces mystérieuses lois qui régissent l'évolution des foules ne conduisaient pas les visiteurs. Aussi, cette année, les A, les B,

tes C montent au premier. Le bas est pour les D, E, F,
0, H, J, J, K, L. Au surplus, pour améliorer leur
chance on a établi latéralement au départ de l'escaI:er de droite de jolis tun-

Une de leurs plus étranges manifestations est dans
la tendance qu'ont les visiteurs à se diriger d'abord
vers la gauche quand ils ont pénétré dans un hall.
Cette lois, prenez l'escalier de droite. L'ordre alphabétique vous y convie et vous perdrez l'habitude de
n'apporter à l'aile sud de l'exposition que des yeux las
et des jambes vannées.
Innovation encore : sur le catalogue même, vous trouverez le prix de chaque œuvre exposée. Il n'est pas
défendu de marchander, je pense. Et puisque nous parlons du catalogue, je vous signale qu'en vain vous y
chercheriez tels ou tels artistes qui, jadis, exclus de
partout, durent aux seuls

nels voûtés de to-ile, éclai-

Indépendants de sortir de
leur misère et d'escalader
les degrés qui mènent à
la gloire, bientôt à l'Ins-

rés de diffuseurs. Ils '.'&gt;&lt;·
ment des galeries assez
intimes où h lumière est

titut. Ceux-là, qui sans
les Indépendants seraient

agréable.
En lace de l'entrée, au
fond de la rotonde, Pri-

morts de faim, d'oubli, à
moins qu'ils ne fussent
devenus bookmakers ou
directeurs de coopéràtive
âlîmentaire, ceux~ïà, dis.je,

mavera mettra ses petites inventions, et nous
pourrons encore cette année entendre un vieux
monsieur dire devant ce

ont laissé tomber - flac !
- leur vieux salon. Rien,

stand abondant, où s'entassaient tant d'œuvres signées de ce nom à saveur

pas un dessin, pas une
esquisse, pas une carte de

péladane : « C'est une jeune fille qui a fait tout
ça ? D:eu qu'il y a des
femmes travailleuses ! »
Je parlais tout à l'heure

tous ceux-là Pierre Bonnard donne chaque année
une leçon, belle autant

visite. Le procédé manque
au moins d'élégance. A

4u'inutile, en se faisant

des lois mystérieuses qui

guident la marche du public.

LUCIENNE BARBEY: PEINTURE

représenter par quelques
belles toiles. Il n'en ont

�14

LE CRAPOUILLOT

LF. CI\APOUILLOT

15

------------------------------------cure. Tard ou tôt ils seront
EWALD
punis, car elles tournent
avec une horrible vitesse les
aiguilles qui marquent l'heure au cadran de la vogue
(comme c'est bien dit!).
1\i\aintenant parlons des
peintures puisque aussi bien
il faut en venir ]à. Un tableau c'est un cadre. Le peintre met une toile dedans le
critique met des mots 'autour. Sans la critique le tableau ne serait pas comJ)Iet.
tandis que sans tableau la
critique vivrait tout de même ; car elle est le vice
aimé de la société contemporaine. Il est des jours où
l'on en reste épouvanté . Jamais
je dis 1amais et
j~ _crois savoir un peu d'histoire
jamais le byzantinisme esthétique n'atteignit le point où nous le voyons.
Je me demande comment un artiste ose faire quelque
chose, qu01 que ce soit, sachant qu'avant même l'accouc~1ement, son œuvre sera disséquée 1 discutée, comparee par une horde de gens effroyablement savants et
diserts ; qu'à travers elle on va scruter son tempérament, ses habitudes, ses s,ouvenirs, qu'on va lui découvrir
?"nt tares magnifiques et compliquées, vingt qualités
ignobles. li sera comme un paysan mal instruit dont on
a rndiograp,hié les tripes et qui voit, effaré, des Diafo1rus penchés sur le positif, distinguant des choses
mystérieuses pourvues de noms affreux. Je ne vois d'un
peu comparable à cette saoulerie de casuistique et d'esthétisme où se complaît notre temps, à cette dialectique

t PAYSAGE

0,1 chacun parle tout seul,
heureux de se faire comprendre ou d'en avoir l'air, que
la préciosité obsédante des
dévots du xvne siècle plus
équivoque pfriode, quand on
mettait l'amour de Dieu dans
toutes les sauces et qu'on
ratiocinait sur la grâce jusqu'à la trente-troisième fatigue. Jamais autant qu'aujourd'hui je n'ai, pour mon
humble part, aussi profondément compris l'inutilité de3
mots.
Vous allez arriver salle 27
si vous faites ce qu'on vous
dit et vous y verrez des
femmes troublantes qu'a
peintes M . Pierre-Marcel Béronneau. C'est, c::,mme vous
le savez, un élève de Gustave Moreau. On me, l'a dit;
je Je crois; croyez-le. Puis, dans la conversation vous
direz : M. Béronneau qui fait des femmes très' blanches, avec une pâte très · épaisse, dans laquelle naguère, il enchâssait des cabochons ; un élève de 'Gustave Moreau, n'est-ce pas ? En somme, ce n'est pas si
lo}~ de l'Orphée du Luxembourg ; moins la grandeur
deltcate du paysage et le rameau du citronnier. Sachez
aussi que M. Béronneau expose aux Artistes français.
On ne vous en demande pas davantage. Puis vous verrez
des divinités olymp-iennes de Morgan Russel, Américain :
le Jugement de Pâris, les Vents, géants qui batifolent
sur un tapis fait d'un simple petit continent. C'est une
idée assez originale et d'une grandeur dantesque. Je
vous recommande, dans cette même salle, Je portrait.

fort soigné, d'un brave adjudant du 325c de ligne ; et,
plus loin, un Saint Sébastien qu'un singe débarrasse de
ses flèches. Voilà qui nous ramène à la saine tradition des Indépendants où le mysticisme doit conserver
sa place et où l'on trouve ce qui ne se rencontre nulle
part ailleurs. Près de cet exemple de charité, M. Marcel
Lenoir s'est représenté derrière son épouse qui porte
avec respect un casque de pompier reluisant comme une
réclame de pâte à polir. Ce beau casque, c'est, dit le
catalogue, le laurier promis. Le symbole n'est coté par
l'artiste que 8.000 francs. C'est donné. Le plus drôle c'est
qu'en vérité Marcel Lenoir - follement imité par les
jeunes de l'Ecole des Beaux-Arts et un des soi-disant
révolutionnaires les plus inféodés à la plus traditionnelle des écritures - est tout près de se voir couronné
de ce laurier métallique. Je lui prédis ici l'Institut pour
dans quinze ans et je sais fort bien que -cet horoscope n'a
rien qui puisse, au fond, bien au fond, lui déplaire.
De la sal~e 29, où trônent M. R,omulus-Phidias,
Madel-Oswald -et M. Maertens vous passez (comme
c'est curieux) dans la salle 30. M. Luc-Albert Moreau et
M. Marcoussis se font face. La toile de Luc-Albert Moreau représente, dans un éboulement de tranchée, un
soldat qui fait la boule comme un gros cloporte ; près
de lui, coulé en biais, comme sur une fin de toboggan,
tête en bas, un cadavre aux mains grêl~s, aux doigts pliés
comme les pattes d'une araignée morte. Le tableau est
composé de plans agencés en l:lrges facettes. Les gris,
les beiges, les bruns y dominent) fait::; de pigments épais
et lissés. L'impression est puissante. C'est le cinquième
tableau que fait Luc-Albert Moreau sur ce thème, soit.
Du moins il est de c~ux qui ne s:iuraient vite oublier
la mort qui les frôla de si près et dont ils sentent
encore à leur front le sale baiser. Il n'a pJs c.ncore.i
éliminé toute l'horreur dont ses yeux ses.ont repus. Cela
ne vaut pas évidemment cette petite merveille qu'on
1

peut voir de l'autre côté du bâtirnent 1 au Salon d'Hiver..
et qui s'intitule « La Mort de l'Of-ficier ». Un officier.,
en tête de sa section, tombe frappé à mort, tandis qu'à
ses regards pleins d'extase apparaît dans une auréole
de gloire, en plein ciel, une énorme croix de la Légion
d'honneur. Marcoussis, plus modeste, veut channer par
des combinaisons peut-être profondes 1 à mon sens agréables seulement, mais très agréables, de belles couleurs
se succédant, se marquetant, donnant en un mot une
impression fort décorative. iMetzinger est aussi dans
cette salle, avec son embarquement d' Arlequin et son
bal travesti. C'est du Verlaine revu par Alexandre Mercereau. Mondzain avec un paysage plein de verts très gais,
de toits rouge vif. La salle 31. .. , mais dites, faut-il nécessairement que nous parcourions ensemble toutes les
salles ? Changeons de jeu. Je vous dirai seulement ce
qui m'a plu, ici, puis là. Vous, vous regarderez entre
ces reposoirs si je n'ai rien oublié qui vous charme.
Vous découvrirez un tas de choses . Vous en serez flattés.
Je note, salle 32, Quizet. Je suis surpris qu'à I' Automne
ce peintre n'ait pas eu plus de presse. Je le trouve remarquable. Ses hautes maisons se découpent sur des
cieux dtad.ins, ses carmins, le sol écru et verdi de s.es
terrains vagues sont faits de tons aussi délicats que du
Bonnard. Il ne pastiche en rien Utrillo, mais peut-être
sans Utrillo ne ferait-il pas si neuf et si bien. j'insiste
sur Quizet. Je ne l'ai jamais vu. Sa peinture me suffit.
C'est un poète et c'est un peintre. Avant j'avais noté
la grande composition d' Hélé na N uttùzg, laquelle, Merveille de Modestie, cote sa toile 50 francs. Ces grands
nus davidiens vus à travers le prisme d'André Lhote
valent plus, et comment! Puis Valentine Prax qui prend
à Dufresnc mille trucs, Osterlind qui nous ramène aux
temps où triomphait la vision de Cottet et de Dauchez, les sites bretons traités au couteau, non sans
adresse, évidemment. Sail~ 34, la Péruvienne d'Otis Old-

)
1

MARCEL 6ACH: SAINT-CIRQ-LAPOPIE (LOT)

A. LEVEl~LÉ: LES BUVEURS

�MILICH: VUE DE SAINT-PAUL

AU SALON DES IN DÉPENDANTS

l
\
1

r

field pense à des choses dramatiques ; et Picard Ledoux,
avec sa grande lutteuse mauve, s'éloigne de plus en
plus des duretés qui jadis lui furent si chères,. Il a raison
(que je dis). L'immense salle 36 ·contient Je clou, m'a-t-on
dit, du Salon, Pasciu : une immense composition représentant !'Enfant Prodigue
au milieu de ses fastes et de
ses passions. Je voudrais
avoir Je temps de m'habituer.
Je n'y comprends rien, et j'y
vois peu de chose. Des peintres que j'estime m'ont dit
que c'était colossal, que Pascin est un grand dessinateur
et je me suis rappelé, pour
leur donner raison, le mot
fameux de Gauguin : « Savoir dessiner, ce n'est pas
dessiner bien... un peintre
qui n'a jamais su dessiner
mais qui dessine bien, c'est
Renoir. »
lJ ne faudrait pas quitter
cette aile sans avoir vu diverses choses assez savoureuses. Entre autres les Petits Musiciens de Makowslli,
un groupe de gosses munis
de tambours et de trompettes et qui posent devant l' objectif avec un petit air
moule tout à fait expressif.
D'ailleurs ce sont des œuvres de ce genre qu'il
faut voir d'abord au Salon des Indépendants. J'attaquais tout à l'heure les
ABEL

peintres qui laissent tomber les Indépendants aprè&amp; y
avoir vendu leurs premiers tableaux. Je ne m'en dédis pas. Mais ce sont particulièrement les notoires,, les
jeunes de quarante-cinq ou de cinquante ans que je
visais. Pour les autres souffrez que je me contredise.
Au fond, le Salon des ln1 dépendants se compose de
deux éléments : quelques
hommes comme Signac,
Luc-Albert Moreau, Destignères, Diligent, 1gounet de
Villers, etc., qui n'exposent
qu'aux Indépendintset qu'on
ne voit que là ou chez leur
marchand. Puis les peintres
du dimanche, les concierges,
les huissiers, toute la mass-z:
des « rig-olots » ou des poètes qui s'ignorent. L'amas
de leurs toiles forme un bricà-brac comique mais touchant. Leur œuvre - prolem sine matre creatam fille qui n'est issue d'aucune
mère, est de haut ragoût.
Nous y reviendrons en détail. Ceux-là non plus, on ne
les trouve pas ai!lellrs, pas
même chez l~ur marchand,
puisqu'ils n'ont pas de marchand et
moins encore
d'acheteurs. Les Artistes
français les ignorent, FAutomne, c'est trop fort pour
eux. Le Salon d'Hiver estime
qu'ils ne savent pas assez
bien faire encore. Il ne leur
GERBAUD: S"RE

LUC-ALBERT MOREAU: SOLDATS DANS LA TRANCHEE

1

HÉLÈNE PERDRIAT: MES AMIES

A. FAVORY: NATURE MORTE

�LA PE _
I NJURE Al)
.

! /'

SALON DES INDÉPENDANTS

--.,

BARAT·LEVRAUX: NU

1

KVAPJL :

&lt;c

DANS L'ILE n

FRANÇOIS-ALBERT QUELVÉE: LA CHAUDE JOURNEE

EKEEGARDT:

ÉTUDE

�AU SALON DES INDÉPENDANTS

WALTER LE WINO

A LIÈROV : NATURE MORTE

AU SALON DES INDÉPENDANTS

INTÉRIEUR

VALDO BARBEY: NATURE MORTE

R.

ANTRAL: MATERNITE

_,

. ANDAÊ VllLEBEUF: PAYSAGE

JEANNE 6ARADUC: NATURE MORTE

LIAUSU: NU

�FERNAND·TROCHAIN: PAYSAGE DE NEIGE

CLAUDE FLIGHT: PAYSAGE

LE CRAPOUILLOT
Toujours ·en tournant dans ce premier étage vous
rencontrerez d'excellents envois. Celui de Savreux, dont
tout de même on commence à connaître un peu trop le
compotier à grosses côtes ; une suite de dessins et une
tête peinte avec une pâte à la fois somptueuse et_ discrète, un métier déjà sûr, un sentiment plein d'une aimable gravité par Mlle Jeannine de Saint-Cyr. Signac,
enfin, roc irisé qui domine l'océan des Indépendants
avec sa grande Venise, faite de douces étincelles.
(A s11iorr ).

Robert Rsv.
PEINTURE DE MAINSSIEUX

i

r
I
r

j

reste que les Indépendants et ils y viennent de bon
cœur. Quant aux autres, qu'on vient de voir à l' Automne, croyez-vous qu'en deux mois ils aient pu bien sensiblement évoluer? Je me méfierais de transformations
si promptes et si opportunes. Dans les, travées où nous
étions avant ces digressions, parmi lesquelles je me réfugie, voyez un très beau paysage de J ean Marchand. L'art
malsain et charmant d'Hélène Perdriat se donne libre
cours dans &lt;&lt; Nos Amies » et « la Biche au Bois &gt;&gt;, toute
une sensualité fort moderne s'y déguise sous une imagerie désuète. Jean Puy, Quelvée, Ramey, Carlos Reymond animent cette région
du Palais. Dans la salle où
nous avons déjà signal~ Pascin, il faut longuement considérer l'énonne composition
de Casimir R.e ymond, le
Marché, d'une dureté voulue
et qui doit être vue de loin.
Elle a très grande allure ;
dans ses couleurs, dans ses
volumes, elle est agencée en
vue d'un effet décoratif auquel elle parvient puissamment. Sans doute on devine qu'il s'agit là d'un art
né sous les mêmes cieux
que Vallotton. 11 en a I' austérité, mais aussi la certitude. Voici une grande composition, à deux nus, de Suzanne Valadon, qui, d'année
en année, sans qu'elle ait à
bouger, apparaît de plus en
plus classique au sens le plus
beau, le plus durable du
mot. Puis une considérable,
une étonnante toile d'Utrillo : « les Moulins de Montmartre ». L'apport d'Utri!lo
dans le paysage moderne, est
énorme. Qu'on aime ou
qu'on déteste ce peintre il
n'en est pas moins une date
importante dans l'histoire du
paysage. Voici la Baigneuse
de Sabbagh, vaste motif où
BÊCAN: PORT RAI r
alternent des adresses allant

jusqu'à 1a roublardise et de déconcertantes faiblesses que le peintre aurait pu tout au moins dis,simuler.
Dès l'instant qu' il aborde une sorte de réalisme classique, il fallait que son académie fût impeccable ; impeccable à la façon d'une esquisse de Cabanel au besoin, ou
d'un bon él ève de Lefèvre ; c'eût été intelligent comme
, charpente ; mais auprès d'une aussi large aisance de
!facture, d'une mise en page heureuse, apparaît, comme
un bouton, un raccourci maladro,i t et pénible, un effet
de dessin, un « trait )&gt;, comme disent je crois les musiciens,
raté. Or, rien n'oblige M.
Sabbagh à faire des traits.
Il peut exécuter de remarquables toiles sans y piquer
çà et là des acrobaties manquées. D'immenses peintres,
un Delacroix par exemple voyez ses dessins - ont eu
l'humilité de renoncer parfois à tel effet de perspective qu'ils se sentaient mal
en train de donner. Certes.
je ne prétends point conseiller à M. Sabbagh de renoncer à faire de grandes compositions ou des nus ; d'éviter de jouer la difficulté tant
qu'il ne ne sentira pas sa
main très sûre, puisque aussi
bien il choisit un genre et
une manière qui ne supporte
pas la moindre dissonance.
Il n'en est pas de même de
Mme Olga Sacharoft qui
fait des compositions aimablement fantaisistes. C'est
du Marie Laurencin mais
peint en russe. Ce qui chez
Marie Laurencin est charme
et pureté se fait sous le pinceau de Mme Sacharofl inquiétude et violence contenues. li est amusant de voir
la manière de Foujita faire
école et M. Diego de Monteiro s'inspirer du jeune maître japonais pour faire doubleportrait des sympathiques
D'HENRI BÉAAUO
frères Martel, les sculpteurs.

23

inconscience, qui les rend plus grands encore. Tant il
est vrai que l'art le plus vaste se trouve, à condition
qu'on sache l'en extraire, dans le banal et le quotidien
et qu'il ne saurait se mesurer aux ambitions plus ou
moins intempestivement affichées.

A la galerie Barbazanges: Féder.
M. Féder, dont j'ai dit l'an passé le formalisme doctrinaire, s'affranchit mais non sans peine. Certes, sa
palette s'est éclaircie. Mais s'il se libère de ce poncif de
noblesse qui présidait jadis à ses compositions, par contre
son -exécution méthodique et sans variété, plate, Yernie
et sans rappo1is profonds, obéit encore scrupuleusement au dernier canon de la mode, je veux dire le
style 1923-1830.
Louis U:oN-MARTIN.
Médaillons d'enfants, pastels par Mme RenéeGeo Pinget : chez Artès.
Cette artiste a consacré son talent incontç5table de
pastelliste à portraicturer des enfants.
Métier ingrat où le peintre doit lutter sans cesse : contre le modèle pour saisir un peu d'âme sous des traits
mous et instables ; contre les parents, partialement indulgents pour le physique de leur rejeton, possédât-il la
face d'une autruche ou celle d'un idiot professionnel :
contre sa conscience enfin pour lui arracher des conccssion'S à ces sentiments respectables.
Mme Renée-Géo Pinget a surmonté la première de
ces difficultés : Ses gosses sont vivants, expressifs et
modelés avec vigueur.
Une excessive bonté d'âme a laissé l'artiste moins
armée contre sa propre pitié pour des mères sensibles
et fières de leur maternité .
G. IL

(GALERIE BLOT)

PETITES EXPOSITIONS
A la galerie Sambon: Louis et Mathieu Le Nain.
L'exposition des frères Le Nain illustrerait une fois
de plus, s'il en était b-esoin encoreJ la théorie de la sincérité, de la simplicité, partant du dédain des formules
à la mode. S'ils ont du génie, ce n'est qua de conscience ret
de probité car ici l'honnêteté est telle qu'elle s'approche du don le plus haut. Certes, pour ma part, je préfère
les tableaux de Louis plus l'bres, plus slrs, d'une pâte
plus savoureuse, d'une manière que Chardin rappellera
par ]a suite ; mais les deux frères sont excellemment des
peintres et de bon labeur ; tels rouges pleins, tels noirs
profonds, tels blancs nuancés et surtout l'orchestration
général-e l'attestent chez l'un comme chez l'autre.
Que m'importe après cela que Mathieu ne soit pas
sans gaucherie, que ses figures sans grande expression
soient parfois identiques ? L'essentiel est ici l'infini respect de ces artistes pour leur art, leur volonté haute de
se limiter à ce qu'ils savent, de peindre ce qu'ils comprennent et ce qu'ils voient avec une application, avec
une foi, avec presque une humilité, je ne dis pas une

PEINTURE DE FEOEA

�cqo:iu,s

DE DRÉSA POUR UN DECOR DE LA• FLUTE ENCHANTÉE•

ET MUSIQUE
_,_\ l'Opéra
L'Opéra

vient enfin

sentation digne de

œ

de

La Flûte enchantée.

nous donner une repré-

grand cadre comme

de son

rôle de premier théâtre lyrique de France. Nous réclamions des représentations modèles des Classiques, dont
Lully, Rameau, Gluck et Mozart. Nous avons gagné
Rameau, aujourd-'hui c'est Mozart. Nous voyons avec
joie notre programme prendre corps. li import e aujourd'hui d'obtenir que de telles manifeshtions ne viennent
point passer dans notre ciel comme un météore sans lendemain. Cela doit, au contraire, demeurer le fond de
notre Opéra.
Il faut à présent que ces œuvres ne soient plus des
genres de festivals presque inaccessibles, mais qu'elles
restent au répertoire.
On me dit : « Cela est si difficile à chanter qu'il faut
des artistes spéciaux 1 alors ... » « Mai; ces artistes n'appartiennent-ils pas au théâtre ? En ce c,s autant engager
les exœllents que les médiocres ! » - « Si bien ils nous
appartiennent1 mais ils doirent chanter autre chose. » « Ils doivent chanter la musique la meilleure le plus
so11vent, je ne connais pas de meilleure Loi. D'ailleurs,
vo,c, moribonde la légende du classique ne faisant pas
recette.
Le tout c'était d'y apporter le même soin que lorsqu'on
monte une pièce nouvel1e 1 au lieu d·.:: professer comme
c'était notre mode que tout était asse~ bien pour du
classique. C'est justement cc que j'avais toujours dit :

l'événement est venu me donner raison. « La Flûte Enchantée », convenablement donnée, fait salle comble. L'inconvénient de cette réussite, c'est que nous, critiques .
lorsqu'une pièce est bien, a du succès, on nous refuse
d'y aller voir! Ah ! si c'était moche ça changerait!
alors on est heureux que la critique y vienne ! Au fond 1
tiens, c'est une idée ! on devrait toujours dire que c'est
moche!
Mais ma conscience est plus forte malgré tout, et voici
le récit fidèle de ce que j'ai pu voir, quoique installé en
lapin au fond d'une 2° loge.
Tout comme 1' « Anneau de Nibelung » roula sur la
quête et la dispute de l'anneau magique, forgé de l'or
du Rhin, ainsi « La flûte Enchantée » a trait à celles
du tout-puissant cercle solaire (le Zodiaque) dont la possession confère également l'omnipotence.
Le sujet profond de cette pièce, que l'on donnait pour
superficielle, est le thème éternel de la lutte sexu~lle
du principe mâle solaire (l'esprit, la pensée, la raison)
et du principe nocturne lunaire féminin (matière, passion, instinct), contraste qui est à l'origine des antiques
cultes de l'Inde. Nous verrons comment la lumière sera
triomphante_
,
Ce cercle magique, le Roi de la Nuit le détenait jadis.
A sa mort, jugeant qu'une cervelle de femme ne pouvait
en jouir dignement et craignant avec sagesse que sa
femme ne s'en servît pour ses passions et ses intrigues,

LI! CRAPOt:ILI.OT

il le légua à l'austère Zarastro et à son aréopage, société
assez semblable à celle des chevaliers du Saint-Graal de
Parsifal.
La reine dépouillée ne pardonna point cet héritage aux
hommes vénérables et les poursuivit de sa haine et de
s4!S embûches. Pensant y mettre fin, Zarastro s'empara
de sa fille Pamina qu'il détient comme otage.
La vindicative reine envoie le jeune prince Tamino,
amoureux de Pamina, à s1 recherche, avec mission de
l'enlever à ses gardiens et lui remet une flûte magique.
Mais le jeune homme impressionné par la majesté du
Temple et par la noble sérénité des rites et des pensées
auxquelles on y sacrifie, après avoir traversé Je3 terribl~
défenses qui en interdisent l'accès, demande de l_u1même à subir les épreu,,es de l'lnitiationi espérant bien
par là obtenir définitivement s1 b'.en-aimée.
_.
Dans sa clémence éclairée Zarastro y co;1sent et vo1c1
Tamino et son compagnon fidèle Papagcno, homm,.,,oiseau oiseleur, personnage assez semblable à Falstaff
ou Sancho-Pança, parcourant les e;-itrailles de la terre,
trébuchant dans des obscurités opaque5 ; terrifi1s tantôt par des apparitions monstrueuses, tantôt 'par les
éclatements de la foudre et surtout s::&gt;umis à la d!.trc et
implacable loi du silence. Parfois un prêtre vient les
ranimer au moment où ils désespérèrent de revoir jamai,;
la lumière du jour et leur indiquer la nouvelle épreuve
qu'ils doivent encore subir. .
. .
.
.
.
Ils voient enfin leurs angoisses f1mr. Tammo, v1ctoneux
de toutes les épreuves, est récompensé selon ses espérances. Il est admis à l'initiation et reçoit son amante
de la n1ain généreuse de Zarastro, œci en grande solennité
dans le Temple auguste' et sacré de la Sagesse.
Papageno reconnu indigne d'un tel honneur ?cvra S:!
contenter d'une charmante Papagena, elle aussi emplumé·e, cc qui semble d'ailleurs suffire à son bonheur. Quant

25

à la jalouse Reine de la Nuit, qui a tenté en désespoir de
cause d'armer contre Pamina Zarastro d'un bras homicide,
personne n'en parle plus : c: s~ra là _s~n ~hâtim~nt.
,,
Cette pièce &lt;late bien d~ l'cpo;:iu:! ou cta1~~t, en gra_nù ...
faveur Je culte de la Raison et les sOC!elcs secreles
connues sous le n:.&gt;m de Franc-Maçonnerie. On n'en avait
point encore discerné le côté d'ambition matérielle,('.&lt; ;u
posséderas la terre })), mais seule;nent l~ noble cote 1deê.l
qui suscitait le plus brûlant cnthousiasn:ie. Tout, jusq~'au
magique et cabali::;;tiquc cérémonial qui ac_~om?agna1t la
nou\'elle Foi, tout parlait puissamment et. v1doncusement
aux imaginations, ressuscitant ce men·_e1l!e.ux t~mps de
l' Antique Egypte si inconnue alors mais dont on soupçonnait déjà )a formidable énigme. C'était l'époque de
la Révolution française. Oœthe consacra la plus grande
partie de son Wilhelm Meister à ces idées.
J'avais entendu déjà
La Flûte à l'Opéra-Comi~uc
avant la guerre dernière. Privé, si j'ai bonne mémoire,
de tout!.! la partie déclamée, le livret en étai~ parfaiter_nent
incompréhensible; gloire à )'Opéra, malgre U'l « regll!ment &gt;&gt; désuet avec raison bousculé, de l'avoir rétabli dans
son intégrité. En plus d'une compréhension indis1nnsable,
la pièce y gagne une rare noblesse.
.
A l'Opéra-Cornique, jouée d'une manière désinvolte,
elle devenait telle une revue-féerie à la Gaieté-Montparnasse. Toutes les parties sacrées étaient chantées comme
à la blague. Aussi grande a été notre joie de trouver
enfin le sérieux el le respect auxquels un tel chef-d'œuvre
a droit.
Du lever du rideau à sa dernière chute, ce spectacle est
un enchantement.
Faisons-le revivre à notre souvenir, honteux de notre
sèche analyse.
.
.
Tout d'abord un paysage rocailleux : le pnnce :amino
va être dévoré par un serpent-dragon, grand-pere de
l'illustre Fafner de Siegfried, mais est délivré par les
trois fées de la nuit, en costumes noir et argent et
aux lances éblouissantes.
Puis nous sommes à l'Olympe de la Puissanœ des
Ténèbres. Nuit indigo. La Reine de la Nuit sur son trône,
auréolée d'un rai de clair de lune, couronnée d'un firmament où s'épanouit une cascade d'étoiles magiques, chant~
son long discours i sa voix semble une pluie de perles !
et quel style !
La vision s'anéantit soudain résorbée dans le fracas
de la foudre.
Nous pénétrons maintenant chez le terrible Zarastro,
et voyons Pamina prisonnière, ~scla,~es et le~r ch,ef, 1-z:
noir et lascif Monostatos. Pamrna reve de hbcrte. _
Puis le rideau se relève sur les formidables muratll~
du Temple-Fort (si l'on pe~I dire) vu de l'extériwr. Trois
portes de bronze, quelques bleus palmiers ornent le.;
abords du monument.
Le prinœ Tamino approche. Son indécision devant
les trois portes · enfin il se décide et va frapper aux
., 1. &gt;&gt;
portes : celk: de' dro1tc, ccile d~ gauc 1te : « A~nere
à cliaque fois lui répond une
tonnante q1!1 sembl_c
sortir de la porte interdite. Enfin, 11 frappe a la troisième. Oh ! mystère auguste, la porte s'ou\'re lentement,
sans bruit, pendant qu'à l'orchestre

vmx

s'élève le thème
de )'Origine du Monde (le même de celui du Rhin chez

�f

!
1

26

LE CI\Al&gt;OUILLOt

Wagner), 'Ct qu'un prêtre, vêtu de blanc, s'avance et
demande au héros les raisons de sa venue et de sa haine
pour Zarastro. Oh ! ce thème de la haine, wagnérien en
plein, sombre énergie, puissance du Mal ! Tout cc discours
est une des parties culminantes de l'opéra, et par sa
force, sa mansuétude, son élévation touche à la musique
de tous les temps. Moins romantique que du Beethoven,
une telle musique est de même ,·eine que les plus magnifiques efflorescences tonales des discours des Hans Sachs
dans les Maîtres Chanteurs ». Que dire devant le leitmotif préauseur de la Foi, menant au succès et au bonheur, thème qui traverse et soutient toute l'œuvrc.
Scène sublime, hautaine, impérissable, inaccessible presque. Nul ne vit auparavant rien de tel, et, certes, Wagner

s'en souvint !

l
1

1

}

Elle se termine par le ballet des esclaves, rendus de la
férocité sanguinaire à la douce folie, grâce au son du tambourin magique de Papageno (voir Obéron, qui annonce
lui-même Schéhérazade !).
Enfin l'acte se conclut sur le majestueux cortège de
Zarastro et la mansuétude qu'il montre envers Tamino
auquel il enseigne que la Sagesse doit triompher de la
Haine.
Le 2~· acte s'ouvre sur le conseil des sages1 assemblés
en triangle, derrière eux un triangle de pierres obéliscales
et un épais rideau de palmiers s'épanouissant dans un
ciel bleu magnifique. Nous reverrons souvent ce décor.
Nouveau discours de Zarastro : il obtient des prêtres
que, sui\·ant son propre désir, Tamino soit autorisé
à. se soumettre aux épreuves de l'initiation. Solennellement l'assemblée sonne les appels rituels dans les trompes sacrées.
Nous retrou\'ons donc Tamino et son fidèle Papagcno
errant dans des voûtes souterraines. Nuit opaque. Tonnerre. Egarés, ils se heurtent aux ol&gt;sfacles de l'obscurité. Mais deux prêtres apparaissent - leurs flambeaux
éclairent la salle, on aperçoit deux superbes colonnes et annoncent à Papageno qu·une Papagena lui est destinée. Celui-ci est fort satisfait mais préférait encore rester
garçon si de nouvelles tribulations en doi,·ent être encore la rançon.
Cette lois nous voici sur les bords idylliques d'un large
fleuve, sur ses rives boisées on aperçoit un sphinx couché. Lumière matinale. Pamina repose convoitée par Monostatos. A l'instant où il se dispose à poser ses lèvres
sur le doux visage endormi (car tel un gml\"ernement
d'Etat moderne, il a JX'rdu l'occasion en discours), voilà
que l'apparition de la Reine de la Nuit ,•ient le mettre
en fuite. Il surprend néanmoins la com"ersation que
celle-&lt;:i tient à sa fille et découvre que cette femme haineuse veut faire assJssiner son maître. Elle prétend
imposer à Pamina le meurtre de Zarastro, coupable de
posséder légitimement le Cercle Solaire ainsi que la
puissance souveraine qui y est attachée. Zarastro accourt,
confond la femme tra:trcss;:: et pardonne à Pami:ta. Encore un superbe discours chanté orne sa clémenc;::.
De nouveau la salle souterraine à la colonnade. Silence commandé aux 11éophytes. On leur rend flûte et tam.
bourin. Paraît Pamina qui s'étonne et se désole du mutisme de son amant (scène analogue à Orphée).
Quant à Papageno, cette fois, il observe aussi le mutisme, car il a la bouche plein;:! ; il mange, il dévore, car
un repas somptueux sorti du sol lui est miraculeusement
servi.
Mais les trompes sacrées résonnent qui rappellent les
postulants à la lumière du jour.
Jls comparaissent devant l'aréopage de n0u\·cau réuni.
On décide des dernières épreuves à infliger à Tamino

27

LE CRAPOUILLOT

en le reconnaissant victorieux des premières. Quant au
réaliste Papageno, il est disqualifié, attardé en compagnie du vin miraculeux et en proie à l'horreur des
tonnerres, fumées qui n'ont pas tardé à dissiper les illusoires délices.
Puis c'est une forêt primitive, digne de Paul et Virginie ... Voûte de lichens .. . Palmes, cactus. Trois filles
blanc et argent.
3, acte. Paysage volcanique, désolé, lunaire, de la\'e et
de pierre, sous un ciel nocturne. Portes dans le granit. Cavernes d'où deux gardes aux cuirasses sanglantes chantent le solennel avertissement, mélopée sacrée1 rJ1hmée
par les violoncelles comme une marche sacrée.
Tamino impavide résiste à la terreur qui envahit sis
sens. Pamina accourt le rejoindre. Le site sauvage s'illunùne d'une aube rouge. Tamino jouant de la [Jûte magique traverse le site cataclysmique, suivi de la fidèle
Pamina. C'est l'épreu\'e du feu . Puis Pépreuve de l'eau.
Une cascade immense ruisselle sur 1a plaine. Ils traversent
le flot. Triomphe. Zarastro unit les amants. Nuit.
Rivage maritime.
Papageno veut se pendre. Trois filles l'en empêchent.
Paraît Papagena. Duo humoristique.
Les entrailles de la terre. Cavernes. la reine et les
trois dames. Le traître Monostatos. foudre.
Enfin la gloire dans le Saint du Saint. le Temple, séjour
de ]a pure lumière. Un rayon du soleil illumine Zarastro sur son trône, entouré des gardes, prêtres, lévites,
esclaves. Tandis qu'une joie s:1inte annonçant Tannh~user
pétille à l'orchestre.
Rien que cc récit doit faire imt1gincr quelle est la
part de la mise en scène de M. Drésa dans cc succès.
En notre temps où l'on oscille du décor Châtelet,
Mogador, Opéra-Comique au décor cubique ou même
complète111cnt inexistant, M. Drcsa a su trouver un
juste milieu entre l'imitalio11 mesquine d'une nature

d •a_.elle
inimitable et la tenture embêtante qm· prc'ten.x
seule tout figurer. Ses décors sont un _plaisir des_ )_eu.'
lis témoignent d'une variété_, d'une mvcntion. m~puasables I et l'hannonie qu'ils dcgagent tant en cux-mcr:iies
qu'en rapport avec les personnages et les c~s.tumcs ~-~ennent multiplier le charme évocateur. de l_a s~ m~~&lt;~mc.
Oh I joie ineffable ! pou\·oir cnfm dire • ~ 01 1,i ~me
magnÙique une complèfrnunt belle . rcpr&lt;.'sentation.
Louons en' bloc Mme Ritter-Ciampi (Pam,na), Mlle(l;"arguerite Monsy (La Reine de la Nuit), Mlle Da\"(ct -?a)ena) MM. Rambaud (Tamino), Huberty
aras
1qui;tapace (Papageno). Quant à M. fa~crt (Mo~_osta:
tos) il est insuffisant, voix et styl~, quo1q~ ,1 1oue d autre
part d'une façon amusante son role de negre. 1 . cette
j'ai l'été dernier, attrapé M. Reynalùo Ha '".'
_
f . -~ dois dire que je re\'iens sur cette mauvaise m1p:~sf~~ J - placé asscl loin pour pouvoir Jlcntendre. bien.
L'orchestre fut palpitant et vivant sous la m_am d~
son chef. Rythme, sensibilité, inte!h~ence. Peut~etre :es
tenll es de cuivres gagneraient-clics a ctrc prolo~gcesi Pt u
d'ailleurs ou-t
farouchement, plus solen ne11emen.t ., comme
,
tes les parties puissantes gagneraient a plus de lar_geur c
. ,
Luocn MA1~~ILL 1X.
de maieste.

rn,

~:l~-

dir le Thé{ltre du f'rup/e, dans l'inl11dnee~!e ri!
'
· c dresse au sem
'
tueuse maison qui s
- · ' . . U\'rier de la capitale.
à l'entrée même du vaste quartier Dol· . 1 ~ poète déliw
,
. e de 1\\ Julc:,;
c acre, c
L'autre est 1œu\ r
. ~ ·» et &lt;lu « Chant provincial »,
cat des • Roses blanchTc/s. ·t
du \la rais donner aux
.
. lu a\'eC le
zea re
,
'
b"
qm a \OU , • 11
d
'est le Vieux-Colom 1er
Bntxellois un pc &lt;lant e c,e q~
c du Marais pour les Parisiens. [)~1~1-; . l _an~;eam:~u;iun grand immcud'où le nom de s:i~ t_l~fttrde / ectaclc qu'il a complètebll', contenant une s,l e
. p lateau et ses ooulisses
ment trans~orméc, d~tant_ s~:s p r~ffinés, établissant les
des pcrfcct1onnements les p
, . -ant la scène
..
. plus savants rcumss.
·
jeux de lu1111cre 1es .
.
rolonger l'action
1
à la sa~lc par des :s~~~~17reouai~:~ n~~lcrnisé, a\'ec une
dramatique., 5ur c .
~ ,. ·tar de Jacques Copeau .
f rm ce par lm - a 1 ms
t
roupe o
. .
.. d.
·\ces littéraires classiques ou
il n'a voulu 1oue~ q~'.?, es
.rv\ussct du Mérimée, de
modernes : _du l :\~ ic~;istan Bernard', du Edmond Sée ..
l'lbsen, du (Jogo , u
, ente encore pour
Si cette belle entreprise est tro~ ,~e&lt;; un succc·s maté·
·
q u'on puisse a ff .inner qu 'elle a rea 1se
, atttour d'elle tous
rtT
'clic a groupe
riel, o~ peu~ cert.' :terd qsulcttre~ dans une même et chaude
tes anus des a s e c
sympathie.
- t
ar son but et
C t !fort intelligent s'apparenta,1 rop, P•,
.e e
.
.
1 . de M Jacqucs Copeau, pour
ses moyens d'action, ~ cc_ t~ 1 b:c - un directeur qui
que l'animateur du V,eux-1 o ~mu~ ~es questions de bou•
met le souci de l'art_ plus tau q ui . il a voulu hospitatique
ne lui donnat pas son ap~ 1~ trou ' du théâtre
tiser chez lui, pour lqueflgu:s:osnon,ra~,•tre Rc~cions-lc. La
. t
lS C atre C
•
du M arats c nm
I d. 1
Sganarcllc &gt;&gt; de Mosoirée oil nous a~·o1;s app.at~ .1 ~ « Gogol est une des
lière, et &lt;c l'H),i1cncc .
à la fois pour l'u:il
plus rnrieuscs_, ct,cs plu~ p a1 •, a~·~ns depuis longtemps
et pour
l'esprit, a laque let "?au,~ -er· cette compagnie est
, L''d, 1 , uc \'CU rc 1s
assi~tc:
1 ca
l
,.
.
·t un Dullin : même comprécdm ou tendent un Cope.iu c
,
. de le dégager
hension de l'esprit de l'œuvre, me,111efsouo de l'cxpn'mcr'
même recherche in\'cnï ive dans· , •'l. ,:·1çon
un accord. parfait'
_
t 1
,- effort pour rea 1,s"r
'
.
1
mcmc c 1curet .,
,
.
,· bien par la mise
entre le texte et sa prcscntation, aussi
1 . u des
l'i
·e des couleurs e Je
en scène que par
l~turmom M;is si da~s tout ccl~,
•
,
.
1 ., e l'art des cos mes.
mmer s,
.
,.
. , de ses heureux. devanciers,
cette compagmc s inspire
. . rt • Cc qui la caracelle n,cn garde pas moms son ong1~a 1
nne humeur.
térise est une c:.mstantc et commumcahl~ e. ~c se divertir
Elle ~st jo\'ialc. Chacun des a~eu~/ tri~r donne avec
à jouer pour son, pr_opre com1~;~·cu~e tru~lcncc. Cette
un ensemble qu amme une J · ., · t
le montre
. .
. unit Mohere c nous
savourcu~c fa~t:usac raJC
-t d'abord un peu surpris
sous un 1our rnattcndu,. 0~ :~core par l'originalité copar cc burlesque, sou ig~c, c
M Y\·es Alix Mais, à
mique des costumes d~ssincs par ... 1· e ·a la· f··,rcc est
1
qui me m • ' '
coup sllr, cette ·m t crpre't·,lfon
1 . 't, lu « Corn imaginaire »
t
plus près de la robuS e gaie e.'
t
, , dans la
que celle de la rue ~ichclieu ou tout es no) c
.

t.

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(

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LES PREMIÈRES
.
A u Vieux -Col om b 1er.
- Hcpr1'..-,t11 talions du lhhid ~larais de füux,•lles.
tre u..
. . belges - et ils sont nombreu ·~
ceux de nos anus
.
·1 .
T
ou_s
. de l'art français dans ses m~rnt c~- qm ont le sou□
Il
sui\·cnt en ce moment, a

tations les plus no~vt~ :ts, paes·,onné le &lt;l~vcloppement
e&lt;: u n in cre
1
Il
Bruxe es, av . - th''t les très différ.·nte" p:ir eurs
trepnS"'~
ca ra
L' •
d
de eux en
.. .
bl t,les inr Jeu r but. . u 111.:
d ' ct· 11 mais sem a - •
moyens .. a ~o
R~ger Hcaulîcu, un :111tcur pk-in &lt;1~~
a été crcec par
de mettre
. l té· qui. aYan t conçii Je cksscin
··
,
talent et dc \.O on '1 . 1··q11cs fran,~is à la p◊rtt·e du
•
•
d 1
-d 'œuyrc &lt; r,11na 1
f
1
les c 1e s
blic là oil il était sur e e
peuplei alla cherch~r, so::~uccès qui ne fait que grantrouver, et fonda, a\ ec
•h

M

CROQUIS DE DRÉSA

'

grisaille et la convention. M r· e les acteurs du théâtre
Imprévus et cuncux dans o ,er .'
dre dans l' « HY·
du Marais
_sont ré~·élés
pr~~1::~rs russc-s n'a piis
méné.c » de üogol. L~ _tab eau vizor du même Uogol,
la portée '?cial_e du calet~d:s ~ne -inoubliable silhouette.
dont Lugne-Poc a c:1~ 1pc ~ · ~
,
t d'un maniaque
ù· d, I·
Il ·'· ·t ·a d'un cd1bata1re n:calc,tran '
s ag, '
.
d T 'plep·,tte des bor s e ,,
de- 11inaction, d'un~ t·spL'CC f c, .· n . ~ veut "à toute forœ
,
, . nnncuse pro css1onnc 11
,
Neva,
. · •• La pa:ce
... 11
et en action trois "prc. , qu une
•, me· &lt;lind
1
mur a une · Jet
.
l'cul .- l't ....donne 11cu
•-a une suite de sccne~
tcn d an ts nt! 1.:~
_"
• •
a là un tableau haut
d'une ùésop1lantc coca'.Sscnc. 11 y

se

1e

�28

LE CRAPOUILLOT

tt CRAPOU!ttot
en couleurs de l'ancien Saint-Pétersbourg, capitale factice créée par l'arbitraire, m·ec ses fonctionnaires rogues,
ses parvenus, ses militaires avantageux, son esprit m1~squin1 étriqué, « louis-philippard }&gt; éclos entre le corps
de garde et le bureau. Faut-il, comme le veut M. André
Le.\'inson, dont l'intéressante notice présente la pièc•:! au
public, Yoir dans Podkoliessinc 1 le héros de l'histoin2 1
une synthèse de certains caractères de l'âme russe?
Cet homme condamné pa.r son indolence à rester en
marge de la vie, est-il frère di.! ce,; héros qui servaient
de porte-parole à Tolstoï pour exposer SJ fameuse thèse
de la ' non-résistance au mal :; ? C'est bien possible. Ce
qui est certain, c'est que ce personnage ainsi que tous
ceux de la pièce est d'une ineffable drôlerie. Ce cômique violent est ·extériorisé dans toute sa force par les
acteurs ; leur jeu unit un je ne sais quoi de guignolesque à la frappante vérité. Les costumes de M. Scher1

i(

vashédré, exécutés par l'atelier du Marais, sont en
parfaite concordance avec ce mélange d'extravagance
et de réalité. La mise en scène évite le double écueil
d'une excessive simplification et d'une exactitude puérile dans le détail. Elle situe l'action avec quelques accessoires ingénieux. Ce qu'il faut louer surtout en e11e,
c'est la couleur. L'intérieur bourgeois où se passent les
deux derniers actes est tendu d'un rose passé sur lequel
se détache avec \'iolencc un canapé dont la soie, bleu
vif, s'orne de dessins éclatants. Enfin, au premier plan,
la ~ouverture jaune qui recoU\·re un guéridon bourgeois, met une note puissante qui attire l'œil en l'amusant. Tout cela, avèc ces oppositions voulues, est d'un
art où la violence équilibrée est toujours harmonieuse.
Jamais les Russes, mênie là où ils ont triomphé, n'ont
fait mieux.
~
Paul Fuetts.

29

même chose ». Et c'est si bien de la conversation vivante,
naturelle, spontanée, qu'il faut pour en goûter pleinement
la saveur, l'entendre et non la lire. A la lecture, une pièce
de Sacha perd beauco~p : l'attention s'égare à suivre tant

ÉTUDES THÉATRALES

PAR

LOUIS

Da11s lllUll pn:rt•d1·11L arlide s ur lL -B. Lenorn1a11d ,,,;e
trou,e 1111e phra~e qui, de prime abord, nie parais::oait
gt'·11a11lc JJOlJr parler comme je Je Youlais dc1 Sadia Guil.J·).
Ct~llc phra:-c la Yoici : (&lt; JI.-H. Lc11onna11d. c:st le premier
dramaturge de notre t'poquc )&gt;. E,·idemmc11t c'csL un peu
cxcJu_,,;if; surtout lorsqu'on a à par1cr ensuite du fils de
Lucien Guitry. Déct'rnmcnt je ne pouYais offrir à Sad1a la
seconde place, je sais de source sùre quïl est (( un t)·pc dan:lc g1•nrc de Ct\sa.r ll l'L 11uc c'csL par conséquent une place
quïl n',•nyie pas. "ai-. je ne snab aussi comment toumt•r
la &lt;liffirulté; lorsque, me rappclanl a,·oir autrefois étudié
i( le jardin des ral'Ïlll's grci:qucs i,, je fis appel .'l nws connaissance:; ét1mologiqucs pour m'apcrcc\oir qw.• Sacha
11·l•tail pa:; un dramaturge - c'c:sL-à-dire un monsii·ur qui
faiL, qui con:struiL des pièce!; de théàtrc - mais Lien un
auteur dramali1p1e &lt;&lt; de génie &gt;J au sens premier du mol,
c'csl-à-dirc un l'C'rivain possédanl &lt;1 un talent inné, ~ne disposition natureJle &gt;&gt; pour exprimc-r de!i idées sous la forme
dramatique.
La conscience en repos, j'allais donc pom·oir discourir
congrûmcnl sur Sacha 3orsqu'une autre difficulté surgil :
comment allais-je pouYoir me prononcer en plciue connaissance de cause, parlant en toute justice, sur les qualitéti
de la production fanlaotiquc de mon auteur : près cil'
soixante pièces dont ,ingt ù p&lt;'ine ont t~lé publiées cl don 1,
pour ma propre part, je n'a\ais vu jouer qu'une dizaine.
Alors je pris la réwl11tio11 tiui,anlc: agis ,b-à•Yiti ùc Sacha
comme il agiL lui-n1ème "is-à-vis du public cl ùe la vi&lt;.•,
c'c:;t-r1-dirc butiner au hasard dan:,; ij(JII œunc, en allant
~ans ordre, nolanL mes impressions ft ma fanlai~il' et m'arrt'tanl où je trouverais mon plaisir, ain~i que Sal°ha Hl dans
la vie, cl de ne me soucier de l'impression que le mari
d'Yvonnc Printemps aurait de mes opinions qu'autant qu'il
se soucie de celles du public. Car c'est un des traits marquants de l'œuvrc de Sacha qu'elle semble (•erilc bien plu;;
pour le plaisir de l'auteur que pour celui tlu spectaleur :
&lt;( Tant pis si ça ne leur plaît pas, ma pièce est très bien tout
de m~me ... » doiL-il penser après le baisser du rideau. C'est
pourquoi il est fort malaisé de faire a.-u,·re de critique ,i~à-vis de cc Lhéàlre•là, il échappe complètemenl à un jugement analytique quel qu'il ~oil, il plait 011 il ne plaît pas.

CHÉRONNET
Parfoi-; rn&lt;~me l'cm se ~cnl pris, charnu\ malgré uu ecrlain
ag-acCnH'nL de la raison.
t :cci dil, je p&lt;'1l'ie, ayant pris louh.·s mes précautions oratoires, pouvoir rn·avcnturrr sans trop de danger dans cette
œuffc qui va de .\ono à Un Sujet de Homan.
J'aYab bien sougé, pom· faciliter mon parcours, à marquer des points &lt;le rcphc, c'c:-;t-à-&lt;lirc pour me retrou\·er à
c:-:--a)Cr une sorte de da'i.'i('Jllent pat· calt~goric des soixante
pii•c&lt;-•s . .\lais c'était trl'!', délicat, Sacha s'étant hicn gardé de
:ù•n l('nir à des g&lt;'llrC's déterminés, ou de sninc une évolution q11elconr1uc - je You:s dis que C'.'l'st trt•s diUlcilc de
parler Je rauleur de Deburau 1 - ('L j'ai dù abandonner
Ilien , ilt' Illon projet varrc que je sentais que rirn n'était
plus factice que ma clas:-if.ication cl que mes éLiquettcs
étairnt souvent impropres. Jai tout juste pu esquisser quelques ·rngucs sérfos : Les pochades clc jeunesse - le Kwzt,
Jeun Ill, Nono, Chez les ZoaqueD, le Cocu. &lt;Jtti faillit tout
gâter, etc. Les drames professionnels: Le Cornédien, Un Sujet de Honu.1..11. Les images d'Epinal à sujet historique :
Lajontaine, Deburau, lléranger, Pasteur. Les pièces phi~osophiqucs: Mon père a-vait raison, enfin cc genre typique,
cette nouvcnulé dans le th é.lire contemporain : la pièce fanlaisislc: le Veilleur de Nuit, Un becui \lariuge, La prise de
Berg op Zoom,, Je t'aime, etc ... Mais où placer Le /3lanc et
le Aoir, pièce hybride, mélangt• a!"isrz dfron&lt;'l'rtant de vaudeville, de comédie et de drame bourgeois ; Jacqueline,
adaptation excellente d'une nouvelle de Dm·crnois, et Les
Deux Couverts, celle saynète affadie tJUi .semble être le

résultal d'un pari d'être joué ;, la Com(~dic-~·rançaisc, cl
Un Type dans le genre de Napoléon, el lanl d'autres ...

Dans ces genres d'allure pourtanl 5i difffrcnte cl dout
quelques-uns convien nent plus ou moins à son génie, il
n'est cependant pas une pièce qui ne porte incoulcstablemcnL la griffe très personnelle, très reconnaissable de Sacha.
C'est, dans le dialogue, un tour qui ne varie pas, quel
que soiL le genre abordé. Jo ne dis même pas une science du
dialogue, car c'est la conversation jclée ,·ive sur la scène, ù
tel point que chaque pièce à la représentation, ne parait être
qu'un cane,·as sur lequel on frnpro\ÎSè chaque soir. J'ai
connu un vieux monsieur qui avait été voir dix fois
.Je t'aime pour bien s'assurer « qur chafJ.UC fois c'étaiL la

prendre au mieux Ocs adversités que nous réscne la vie, en
pa1·liculicr dans l'union conj ugal e.
Remarquons en passant que Sacha, e:sl-ee en raison de
son àgc {il a trculC'-sepL an:s environ ) ou par un penchauL
assez compréhensible du reste, ne joue jamais les cocus
dans ses pièces, mais uniquement les séd ucteu rs. Quant à
clic, que ce soil Charlotte Lysès ou Y,·onne Printemps, c'c:a;.t
toujours Elle, la femme jeune, jolie, spiri Lnellc, aimée,
dl•siréc cl conqui~e, tout de suite par cc coquin de Sacha,
tcllcmcnl bon garçon, tellement sùr de lui, Lcllemcnl inési:-;.lible dans son amoureuse argL1mentation.
Il y a aussi l'esprit de Sacha : -ce mot réflexe qui part tout
st'LÙ pour ainsi ùire, cette réplique du lac au tac, cette
n'·ponsc c( pour répondre &gt;J mais .si naturelle, si logiq~e 4~'il
semule que l'on aurait été étonné de ne point la YOlr falle.
Ce rapprochcruenl inattendu d'idées absolument contrairc:-ct aus~i cc besoin de dèconrcrtcr, 1c d'épaler &gt;&gt; par ses trouYaillcs impn~vucs (un vl:fitahlc directeur ile théâtre jouant
le rôle d'un directeur de théâtre - un acte entier joué sur
le l&lt; plateau &gt;l dans l'al.i:;cncc complète de &lt;léco1· - la rep1-é-

). a tout à la fois de la con,cntion et un mépris des &lt;'onvcntions théâtrales, une grande "ibcrlé prise envers Res
règles établies cl un tel mage cynique, ingénu, des ficeJlcs
et des trucs les plus périmés, que ces trois ou quatre actes
remplis d'artifices prennent des allures naturelles et normales : ~c vrai n'étant pas toujours vraisemblable, il nous faut
bien admettre que le !au:\. paraîl parfois fort vraisemblable.
Mai ii alors, direz-vous, celu doit toujours être la même
c:hose, toujours ce même néant d'action, celle même tournure d'esprit, et cc même dialogue, voilà qui doit être bien
monotone à la fin! Pardon, répondrai-je, la vie e:;t-ellc
monolonc parce qu'il ne s'y passe pas •toujours qudlquc
t·ho,•&lt;.·? ::\011. Eh bien! Sacha a fait de sa yje plus de cent
af'tc::; divcr:,,, ,oilà touL! Et ccmrne Sacha a -conçu et réal i:-;.é .-.on cxi~lenre de façon a:-"&lt;'Z agréable je crois, pourq 11oi voudriez-,ous que sa repn~~cntalion au théâtre nou.:.
produisît un effet contrain.•? Quand Sacha sera père,
croyez bien que cela nous ,,audra encore quelques actes
charmants.
lnconlc:;luLlcmcnL Sacha Guitry a donc apporté quel-

�28

LE CRAPOUILLOT

Lt CIIAPOUILLot
en couleurs de l'ancien Saint-Pétersbourg, capitale factice créée par l'arbitraire, avec ses fonctionnaires rogues,
ses parvenus 1 ses militaires avantageux, son esprit mesquin, étriqué, « louis-philippard )} éclos entre le corps
de garde et Je bureau. Faut-il, comme le veut M. André
Le\'inson dont ,·n ,

nai!-sance de cause, parlant en toute justice, sur les qualitl~S
de la production fanLasLiquc de mon auteur : près de
goix.anlc pièces dont, ingt it peine ont étL• publiées et dont,
pour ma propre pa1•l, je n'ayais vu jourr qu'une dizaine.
Alors je pris la n.'.•.!-ulution :::;ui,ante : agis , •is-,\-\i:::; de Sacha
comme il agit lui-même \Ü,-à-vis du public et de la ,·iC',
c·esl-~t-dire lmli □ et· au hasard da11s son Cl'U\l'l', en allant
sans ordre, notant mes impressions ~1 ma fantaisie L'l m'arrèlanl où je trou,·crais mon plai)-.ir, ainsi que Sacha va dans
la vie, cl de ne me soucier de lïmpression que le mari
d'ïvonne Printemps aurait de mes opinions qu'autant qu'il
se soucie de celles du public. Car c'est un des traits marquants de l'œuvrc de Sacha qu'elle semble frrite bien plus
pour le plai~ir de l'auteur que pour celui &lt;lu spectateur:
cc Tant pis si ça ne leur plaît pas, ma pièce est très bien Lout
de même ... 1&gt; doit-il penser après le baisser du rideau. C'e::;t
pourquoi il est fort malaisé de faire œune de critique ,isà-,is de ce Lhéàtrc-là, il échappe complètement à un jugemcn l analytique tp1cl qu'il suit, il plait 011 il ne plaîl pas.

vashédré, exécutés par l'atelier du Marais, sont en
parfaite concordance avec ce mélange d'extravagance
et de réalité. La mise en scène évite le double écueil
d'une excessive simplification et d'une exactitude puérile dans le détail. Elle situe
,. l'action avec quelques acces-

taisislc : le Veilleur de Nuit, Un brau. Alariaae, La prise de
Berg op Zoom., Je t'aime, etc ... Mais où plac&lt;'r Le Blanc et
Ir Noir, pièce hybride, mélanµ-(• ai:;scz décont'crtant de vaudcüllc, de comédie cl de drame bourg-coi~; Jacqueline,
adaptation excellente d'une nou,ellc de Duvernois, et Les
Deux Couverts, cette saynl'le arfadic qui semble être le
résultat d'un pari d'èlre joué à Ja Comédie-Française, cl
Un Type dans le aenre de Napofl!on, cl tant d'autres ...
Dans ces genres d'allure pourlant si différcnle cl doul
quelques-uns conviennent plus ou moins à son génie, il
n'est cependant pas une pièce qui ne porte incoutestablc1nent la griffe très personnelle, très reconnaissable de Sacha.
C'est, dans le dialogue, un tour qui ne varie pas, quel
que soit le genre abordé. Je ne dis mème pas une science du
dialogue, car c'est la conversation jetée vive sur Ja scène, i1
tel point que chaque pièce à la rcpn~scntalion, ne paraît être
qu'un canevas sur lequel on improvise chaque soir. J'ai
connu un vieux monsieur qui avait i·Lé voir di.x fois
.Te t'aime pour Lien s'assurer cc que charpu• foiR c'était la

même chose ii. Et c'est si bien de la conversation vivante,
naturelle, spontanée, qu'il faut pour en goûter pleinement
la saveur, l'entendre el non la lire. A la lecture, une pièce
de Sacha perd beaucoup : l'attention s'égare à suivre tant
de nuances rapides, d'hésitations, de répartiC's multiples et
&lt;loit renoncer à embrasser l'cnscrnhlc &lt;les torn; el des expressions. Mais cc ton, ces arrêts, ces ioterjc-ctions insignifiantes
l'll apparence, ces reprises, ces silences, ces répliques, cc
n'est pas de la conversation quelcom1ue, impersonnelle,
c'est la propre façon de s'exprimer ùc SuC'ha cl pas une
autre; ,t'est ainsi que Sacha parle, chez lui à son ,·alet &lt;le
chambre, et dans l'autobus au rcccycur. Et c'est pourquoi il
faut que Sucha joue ses pièces doul il est l'animateul'. Sur
une scène il est le chef d'orchestre battant la mesure pour
ainsi dire et donnant le ton à chacun de ses interprètes cl
)-.on propre rôle surtout, joué par un autre acteur que luimèmc, dcyicnt fade cl sans relief. Il est impossible à un
adeur qui a l'liaLiLude de &lt;c dire 11 du dialogue fabriqué de
parler c-omme Sacha et r'cst pourquoi aus!-Î les pièces qu'il
11'écrit pas pour lui sont les moins bonnes.
Ici cnrorc j't'prourn une grosse ùifficulLC, ne sachant
t'(1mmenl exprimer déltcalcmcnt ma pcnsl•t·, n'osanl pa.s
dire de l'auteur du l\.wlz qu'il ne&lt;( joue n pas, qu'il est uniquement lui-même en scène cl est un &lt;( comédien n en YHlc,
qu'il n'y a pas de solution de continuité entre Saeha arteur
l'i Sacha citoyen, que c'est le même homme qui nous appan,it si naturel à l'optique de ln rampe el un peu te m '.:t-i-tu
, 11 11 Jans sa vie privée, toutes ces formules déformanl ma
pensée par cc qu'elles ont d'un peu irré"ércncieux. Hcureu.:wmcnt un article de M. Hégis Gignoux "·ie11l de rnc tomber
pro·vü.lcntie1lemen-t sous les )·eux et je me pennets d'emprunter à mon honorable confrèœ L'Cllc phra~c qui &lt;lil Uico
adroilcmcnl cc que je pt•11:;ais, cl ayec beaucoup de tact, et
1nèmc offre t'ava.11tagc, étant mise au passé défini, de c.:on~tilncr une fort helle l;pitaplH': c( Son thétltrc est sa ,·ic et
!'la vie est 1'iOn théùtrc ! )J C'est tout Sac lia en onze mots ...
Mais, ainsi qu ïl ,~r-rit ses pièces dans le ton où il s'exprime cuut·ammcnt, l'auleur de Je l'aime prête à ses perso1111:1gcs ~a propre mcnlalité et sa façon personnelle plci1ll'
d'une oplimislc philosophie de concevoir la ,ic. Sacha est
uu amorali:&gt;tc en action . Pour lui, la vie n'est qu'une pcrpéluclJc règ le de trois dont il a extrait toutes les comùinaisons
p11ssiblcs, !-Î j'o,:e m'exprimer ainsi, cl l'on puurrail tirer de
!.-;&lt;&gt;Il œuvre :
1 ° Un manuel ùu parfait amant ou de l'art de séduire les
f1..•mmes des autres sans dangcL· avec la manière de réussir à
chaque fois ;
2° lU 111a11ud du parfait Sganal'Clle ou &lt;le la façon de
prendre au mieux Res a&lt;lvcrsitl-s que nous réserve la vie, en
particulier dans l'union conjugale.
Remarquons en passant que Sacha, est-cc en raison dC'
son âge (il a lrcntc•s&lt;'pt ans enYiron) ou par un penchant
a--sez compréhensible du reste, ne joue jamais les cocus
dans ses pièces, mais uniquement les 1:Séducleurs. Quant il
elle, que ce soit Charlotte Lysès ou Yvonne Printemps, c'est
toujours Elle, la femme jeune, jolie, spirituelle, aimée,
d1'siréo cl conquise, tout de suite par cc coquin de Sacha,
tellement bon garçon, tellement sùt· de lui, tellement irrésiRtiblc dans son amoureuse argumentation.
11 y a aussi l'esprit de Sàcha : ce mot réilexe qui parl tout
s1·ul pour ainsi ùirc, celle réplique du tac au tac, cette
rh.&gt;0n:sc c&lt; pour répondre» mais si nalurcllc, si logi&lt;1ue tiu'il
sl'rnl&gt;lc que l'on aurait élé étonné de ne poiHL la Yoir faite-.
Cc rapprol'hcmcnt inattendu d'idC'es ab'.'IOLument contraire:el aussi cc bc:'ioin de déconrrrlcr, (( d'épater 1) par ses trou,aillc:S impn'•ntcs (un -..-t'fitahle directeur &lt;le théâtre jouant
k rôle d'un direçteur de théâtre - un acle entier joué sur
le tt plaleau &gt;J dans l'absence com piète de décor - la rnpré-

1911
J:;.enlation d'une pautomime ,1ux. Funamlmlrs, la scène représentant la sall1..· pkinc de spectateurs du petit théàtre du

Boulc,arll du Crime - une pièce c-n pro5e dont un acte- est
en ,cr:;, de., etc ... ).
\&lt;• ,oila-t-il pa:s les traits c:,scntiels d'un c:-prit. que les
cr·ititJUCs le::. plu:i avisés ont qualifi{; d'indl'fini,.;-:.ablc?
Enfin il ) a &lt;c la manièrn 11 &lt;le Sacha, 1111 peu ,eule parfois, mais p:IL'inc de ·n'rvc, de dé,:;imullure et d'un laisser
aller qui sait toujours s'arn~ler :'1 1cmps, et au~si ùc rc-lâchernent el d'in~ouei &lt;le la forrnc cl &lt;lu fond : ne l'a-l•il
pas dil lui-même dans ce mol de la fin ,de Je t'aime qui
pourrail s'appliquer à toutes :--c.;; pièC'c-s sans exception :
... Il Ianl que ]a critique pui~.'-C dire : « cc n'e.st pas une
pièee ... li ne se pa.~se rien. J&gt; Dans une pièce de Sacha il
y a toul à la fois de la con,enlion et un mépris des f"Onvcntions théâtrales, une grande ili!Jcrté prise envers les
règles établies el un lei usage cynique, ingénu, des ficelles
cl des trucs les plus périmés, que ces trois ou quatre actes
remplis d'artifices prennent &lt;les allures naturelles et normales : lie ,rai n'étant pas toujours vraisemblable, il nous faut
bien admettre que Je faux piirnît padob fort vraisemblable.
~lais alors, direz-vous, cela doit toujours être la même
chogc, toujours cc même néant d'action, cette même tournure d'cgprit, et cc même dialogue, ,-oilà qui doit être bien
monotone à la fin! Pardon, répondrai-je, la vie est-elle
monotone parce qu'il ne s'y pas:;e pas toujours quelque
dw.~e? :\on. Eh bien! Saclrn a fait de sa vie plus de cent
actt'" di,crs, ,oilà toull Et c·c...nune Sacha a &lt;'onçu et réalisé son ex.i:,tcnc-c de façon as.~rz agréable je crois, pourquoi -..-ou&lt;lriez-,ou::; que sa reprl':--cnlalion au théâtre nous
produisîl un effet contraire? Quand Sacha sera père,
cro)·ez bien que cela nous vaudra encore quelques actes
charmants.
lncoulcstaLlcmenl Sacha Guitry a donc apporté quel-

�LE CRAPOUILLOT

30

\

que chose &lt;le neuf dans la pro&lt;luction théâtrale -contemporaine. C'est cette impression de sincérité, de frakheur, de
vie que ne vient jamais alourdir uuc thèse ab:)1.1·use, celte
vi:s comicu Liriéc des cffrts les plus simpllcs ou ·les plus naturel:,, un rajcunis::cmcnt enfin ùa1h la l'OIH'l'plion de l'art
dramatique. Et Ioules ces qualités 11ous les retrouvons surtout dans une série que j'ai appeJt"·c, assez improprement
d'ailleurs mais ne pouvant mü·ux f.airc : les pièco:s fantaisistes. C'est dans ct'5 piùccs-là qu'il faut chercher· ile ·v éritable génie &lt;le Sacha l'L c'est parmi clJcs que soHt les chcfs&lt;l'œun·e de l'auteur &lt;.le Biranger.
Que le -commi'Ssairc Je poliœ llcrio poursui,c ùc ses
assiduités, dans Lu. Prise de Berg op Zvom., Paulette Vannaire dont le mari est un maniattue du découpage en bois;
que le peintre Jean de\ ienne dès le premier acte du reilleur
de i\uit l'amant de &lt;'rllc clame qu'rnlrelicnl un vieux men1brc de l'Jnslitut, el cela anc le conscutcmcut rassuré &lt;le
c&lt; Monsieur ll; que Je Duc de Varencay qui a des principes
finis5e au troisième acte d'Un beau i;uu·iage par épouser
Simone; que Dcbu•rau se meurn d'amour pour Marie Duplessis; que Georges, durant les cinq actes de Je t'aime, se
conlento rt.out simplement d'aimer Denise : qu'importe?
C'est toujours le couple éternel, c'est toujours Lui amoureux d'Elie, cl c'c~t toujours le mèmc charme que nous
éprou,ons &lt;lovant celle mème stratégie_ amoureuse, souriante, légère, gaie, devant cette ironie où cependant lransperce parfois juste assez d'amertume, de sccptî-cisme cl de
désabusement pour nous rappeler que tout n'est pas toujours drôle dans l'amour et daJ1s la vie.
C'est pourquoi j'aime mieux :-iacha G11ilr~ quand il c::;L
Sacha tout naturellement que lor:;11u'il est aulcur dramatique el quand il se moque de la philosophie que lorsqu'il
philosophe. m y a de la prétention el du boursouflage da11s
Mon Pèl'e avait r"ai:sc.m, Pasteur· est ilien t( chromo &gt;&gt; populaire et conçu dans une Io1n1e un peu trop 1nélodramalique,
et j'y ,sais certaines répliques - comme dans Mon Père avait
raison d'ailleurs - c1ue n'aurait pas désavouées d'Ennery, (,"t.
Le Blanc et le Noir m'a laissé bien rèveur ...
Cert.aines gens me font. bien rire qui réclament de Sacha un chef-d'œuvre définitif (au fond que I)eut bien être
un chef-&lt;l'œuvrc définitif?). Ce chcf-d'œuvrc-là, Sacha ne
nous le donnera jamais -car il ne nous le doit pas; le chcfd'œuvre de Sacha c'est au contraire cet ensemble d'essais 1
de sketchs où il a su adapter à la scène la vie ,courante,
joyeuse ou mëlancolique, d'une faç.on bien plus récl1e, bien
plus émouvante parfois mêrne, bien pllus 1c vivante n il
coup sûr que lanl d'autres qui R&lt;'- sont en vain efforcés
d'atteindre .le même but dans des pièces compliquées et
sans attrait. Cette représentaLion anecdotique de la vlie
mulliple, voilà Ja vraie forme du génie de Sacha Guitry.
Et étonnons-nous plutôt que celle source ,qui semble inépuisable no -se soit pas encore tarie, el que celte merveil•
lcuse facili té, cc rtaJcnt inné, spontané, ce &lt;( génie JJ n'ait
pas été gâté plus &lt;J.UC cela par les félicitations et les louanges de toutes sortes dont on J'a accablé et aussi par ces comparaisons ,5augrenuc-s quïl a eu ù suppoMcr avec d'autre~
génies comme ceux des auteurs de l'Avare cl d'Jlamlet. Le
seul point commun de Guitry avec Molière et Shakespeare
c'est seulement que, comme eux, i! interprète ses propres
œuvres (à cc compte-là, M. Louis Verneuil pourrait bien
être un Shakespeare au petit pied). mais je sui-s sûr que
l'ambition de Sacha Guitry u'cst pa-s -d 'ètrc comparé à qui
que cc soit mais bien plutôt que son nom sei-ve à son tour
plus tard à la postérité de terme de comparaison. Qui pourrail l'en blâmer?
Louis CnERO:""i\ET.
1

UNE SCÈNE DE

11

Abonnez-vous

VANINA•

a

sans
BELLE REVUE

PLUS

DU

MONDE

LE THÉATRE

.

ET COMŒDIA ILLUSTRE

LE CI N É.M A
Vanina, film allemand .
« Vantna » a été réalisé d'après Stendhal, dit l'affiche. L'aventure, simple, qui oppose l'amour de .deux

Si vous êtes des mille nouveaux abonnés, vous recevrez, g ratuite ment, tous les
numéros parus depuis le premier Janvier 1923 .
Une année complète de Comœdia Illustré d'avant-guerre ( Prime valable
se ul ement pour la France et les Colo nies et contre l'envoi de 3 francs pour frais de
port et de manutentio n),
A partir du premier mars , le Théâtre publiera , chaque mois ,

UNE

jeunes gens - Vanina, fille du gouverneur, et le Jeun·.!
chef des conjurés - à l'implacable et féroce vo lonté
du gouverneur, se déroule dans une ville qu'on n'a pas
jugé nécessaire de situer avec précision. Dans l'espace
et à une époque non plus rigoureusement fixée dan.&gt;
le temps. C'est bien ainsi. Il n'y a pas dans tout le film
une seule prise de vue qui n'ait été faite dans le studio
et les décors, remarquablement réalisés (certaines ma~
quettes sont insuffisantes, mais le princip:! ~3t ex_cefümt)
ajoutent à l'expression puissante de certaines image~.
Excellence du laboratoire, magie des lumières dont il
s'agit seulement de découvrir les formules et de pénétrer les secrets pour atteindre à la plus haute perfection cinégraphique !
,
.
.
AU point de vue de son developpement le ftlm contient
des longueurs, surtout au début. Le rythme y est souvent incertain. Mais la représentation est remarquable.
Le réalisateur joue fort bien du blanc et du noir sur des
plans et manie les lumières av~c une vi~osité. s?uvent
juste. Je note les effets a_dm_irables_ qu'il a tires des
voiles et de la robe de l'heroine (scenes de la to,letk,
du gouverneur et de sa fille, de la prison) ; je note encore la simple valeur des gris dans quoi s'opposent les
caractères exprimés supérieurement et, d'un coup, par h
silhouette des perso'!nages. Une recherche d_e sty)isation évidente ajoute a la force de l'action (scene ou le
gouverneur, appuyé sur des béquilles, reste seul dans
une grande salle, attendant la décision des jeunes _gens).
Les images de l'ins~rrechon dans les rues, sont megales,

Les tableaux de la dernière partie, grâce au jeu plusieurs fois admirable de l'artiste qui a composé le rôle
difficile du gouverneur, atteignent à _une véri_table puissance. je songe surtout à cette scenc terrible ou la
fille jette à terre son père infirme, celle où le ye11lard
retrouve ses béquilles et son implacable cruaute et la
dernière d'une beauté sauvage.
.
Après (&lt; Le Cabinet du Docteur Caligari », « les Tro1~
Lumières » « Le Rail ))1 « Nosfératu », « La Terre qw
flambe » «' La Femme du Pharaon », voilà un film qui
nous re~seigne singulièrement sur les recherches cinégraphiques en Allemagne, et nous prouve, non seulement
une volonté d'effort, mais une force d'expression person•
nelle originale qui n'a que faire des niaiseries sentimentales' et cherch~ moins le développement d'une actior:i en
soi que son interprétation émouvante par la plastique
animée.

Léon Mouss1NAC.

COMPLÈTE

Cette collection sera ina ugurée par

Mademoiselle BOURRAT
Pièce ·en

Le

quatre

actes

France et Colon ies :

retourner

1.5,

ANET

Claude

p our

5 5 francs. -

-u.:n.

.A:n. :

Étranger

!'Administrateur du T HÉATRE

M.

à

M.

70 francs.

D'A BONNEMENT

BULLETIN
à

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plus gros succès de la Saison

.A.bo:n.riexn e :n.te

A venue Mon,aigne, -

et COMŒDIA

P A R IS

ILLU S T R É

( VIUm• 1

Veuillez m'inscrire pour un abonnement d'un an à la Revue LB Th éâtre et Comœd/a Illustré à
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rnais ~ouvent très réussies,.

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que chose &lt;le neuf dans la pro&lt;luction théâtrale -contemporaine. C'est cette impression de sincérité, de frakheur, de
vie que ne vient jamais alourdir uuc thèse ab:)1.1·use, celte
vi:s comicu Liriéc des cffrts les plus simpllcs ou ·les plus naturel:,, un rajcunis::cmcnt enfin ùa1h la l'OIH'l'plion de l'art
dramatique. Et Ioules ces qualités 11ous les retrouvons surtout dans une série que j'ai appeJt"·c, assez improprement
d'ailleurs mais ne pouvant mü·ux f.airc : les pièco:s fantaisistes. C'est dans ct'5 piùccs-là qu'il faut chercher· ile ·v éritable génie &lt;le Sacha l'L c'est parmi clJcs que soHt les chcfs&lt;l'œun·e de l'auteur &lt;.le Biranger.
Que le -commi'Ssairc Je poliœ llcrio poursui,c ùc ses
assiduités, dans Lu. Prise de Berg op Zvom., Paulette Vannaire dont le mari est un maniattue du découpage en bois;
que le peintre Jean de\ ienne dès le premier acte du reilleur
de i\uit l'amant de &lt;'rllc clame qu'rnlrelicnl un vieux men1brc de l'Jnslitut, el cela anc le conscutcmcut rassuré &lt;le
c&lt; Monsieur ll; que Je Duc de Varencay qui a des principes
finis5e au troisième acte d'Un beau i;uu·iage par épouser
Simone; que Dcbu•rau se meurn d'amour pour Marie Duplessis; que Georges, durant les cinq actes de Je t'aime, se
conlento rt.out simplement d'aimer Denise : qu'importe?
C'est toujours le couple éternel, c'est toujours Lui amoureux d'Elie, cl c'c~t toujours le mèmc charme que nous
éprou,ons &lt;lovant celle mème stratégie_ amoureuse, souriante, légère, gaie, devant cette ironie où cependant lransperce parfois juste assez d'amertume, de sccptî-cisme cl de
désabusement pour nous rappeler que tout n'est pas toujours drôle dans l'amour et daJ1s la vie.
C'est pourquoi j'aime mieux :-iacha G11ilr~ quand il c::;L
Sacha tout naturellement que lor:;11u'il est aulcur dramatique el quand il se moque de la philosophie que lorsqu'il
philosophe. m y a de la prétention el du boursouflage da11s
Mon Pèl'e avait r"ai:sc.m, Pasteur· est ilien t( chromo &gt;&gt; populaire et conçu dans une Io1n1e un peu trop 1nélodramalique,
et j'y ,sais certaines répliques - comme dans Mon Père avait
raison d'ailleurs - c1ue n'aurait pas désavouées d'Ennery, (,"t.
Le Blanc et le Noir m'a laissé bien rèveur ...
Cert.aines gens me font. bien rire qui réclament de Sacha un chef-d'œuvre définitif (au fond que I)eut bien être
un chef-&lt;l'œuvrc définitif?). Ce chcf-d'œuvrc-là, Sacha ne
nous le donnera jamais -car il ne nous le doit pas; le chcfd'œuvre de Sacha c'est au contraire cet ensemble d'essais 1
de sketchs où il a su adapter à la scène la vie ,courante,
joyeuse ou mëlancolique, d'une faç.on bien plus récl1e, bien
plus émouvante parfois mêrne, bien pllus 1c vivante n il
coup sûr que lanl d'autres qui R&lt;'- sont en vain efforcés
d'atteindre .le même but dans des pièces compliquées et
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c'est seulement que, comme eux, i! interprète ses propres
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l'ambition de Sacha Guitry u'cst pa-s -d 'ètrc comparé à qui
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difficile du gouverneur, atteignent à _une véri_table puissance. je songe surtout à cette scenc terrible ou la
fille jette à terre son père infirme, celle où le ye11lard
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soi que son interprétation émouvante par la plastique
animée.

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TUNI~, 91 , Rue du Portugal
CASABLANCA, Boulevard de la Liberté

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El1E:'&gt;\ll 1;11_-;o\
Charg1~ de Conrs ii la ::=orbone,_
llireclenr d Etude, a l'Ecole prahque
ct,s Haute:-; Etudes Hefodeuses

LA LITTÉRATURE FRANÇAISE AU XIX• Sli!:CLE

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Traduit du r•isse par Dt&gt;nis Rc,cnE ,s~ulP tra&lt;l11ction :iuto.-is,!e par
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Anrien Gouverneur des Colonie~.
Profrs~rur a l'F.colc Coloniale cl à
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F. HU\l.\:'I

Chef des travaux de Géologie à
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et comment elles les portaient.
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très adroitemeot rêliés par une rapide et spirituelle chronologie
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                  <text>Le Crapouillot es una revista satírica francesa fundada en agosto de 1915 y desaparecida en 2017. Inicialmente fue un periódico en las trincheras lanzadas por Jean Galtier-Boissière, quien lo dirigió hasta 1965, convirtiéndose a su vez en una mensualidad artística y literaria, luego en una publicación bimestral política y satírica, con pretensión escandalosa y controvertida. Después de una interrupción en octubre de 1996, nació una nueva serie en mayo de 2016 para finalizar en febrero de 2017.</text>
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                <text>Le Crapouillot es una revista satírica francesa fundada en agosto de 1915 y desaparecida en 2017. Inicialmente fue un periódico en las trincheras lanzadas por Jean Galtier-Boissière, quien lo dirigió hasta 1965, convirtiéndose a su vez en una mensualidad artística y literaria, luego en una publicación bimestral política y satírica, con pretensión escandalosa y controvertida. Después de una interrupción en octubre de 1996, nació una nueva serie en mayo de 2016 para finalizar en febrero de 2017.</text>
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                <text>Moussinac, Léon, 1890-1964, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>3, place cle la

Sork■a~

Puu

Le 1er Octobre l9ll

Le Numéro : 1 fr -50. Étranger : 2 fr.

•

ARTS, LETTRES, SPECTACLES

Un reportage: L'homme aux gants, par HENRI BltRAUD. - Un conte de JEAN GALTIER-BOISSI:E:RE : « La montre
et le poulet». - Un poème de JULES SU?ERVIEILLE. - Chroniques: LES Lt. TI kES : A propos de« la Maison
de Claudine ». par ALEXANDRE ARNOUX. - Ju de massacre : « Un roman audaclewr », p:u JEAN BERNIER. Les livres, par GUS BOFA, DOMINIQUE BRAGA et J. LETACONNOUX.- Conséquences Inattendues: En marge
des théories d'Einstein, par JEAN DESTIDEUX. - LE&amp; ARTS: A quoi sert un t~blnu? par JEAN-GABRIEL
LEMOINE.-JauJmes, par LOUIS LÉON-MARTIN. - LE l H EATRE : « Le Théâtre des Aris », pa'r LJi:ON MOUSSINAC. - Les premières, par PAUL FUCHS. - LA MUSIQUE , AcacHmle nationale de musique, par LUCIEN
MAINSSIEUX. - CHROMIQUE CIN EMATOGRAPHIQlJE: Une rantalslede RENÉ KERDYK. - LA VIE
FINANCIERE : par JEAN AtJBRY. - L'Oiflcede livres.
----~,,,,- 111'1-M!'lll-'l!,,,.,.,MTT;r_"(}T :
n ij s â 1 JiO et 3 fr.). France: 40 fr. Jî:tra~ger: 60 fr.

/

��LE CHAPOUlLLOT

UN REPORTAGE

L'HOMME AUX

GANTS

(1)

PAR HENRI BÉRAUD
Un homm~ en proie au démon de la curiosité, c'est
Saint-Vincent-sur-Jard. On l'atteint par une route bordée
M. Elie-Joseph Bois, rédacteur en chef du « Petit Paride vieilles haies, derrière lesquelles, de loin en loin.,
sien », le plus grand curieux in the world. Mais c'est
~n arbre noir et chevelu se lève comme un chouan, pour
un curieux de seconde main. Ce recordman veut tout
mspecter l'horizon.
\
voir et tout entendre, jusqu'au fond de l'univers, sans
A Saint-Vincent on me dit :
quitter la passerelle d'où il dirige le dreadnought jour- Il n'habite pas le pays. Sa maison est au bord de
nalistique de la rue d'Enghien. C'est pourquoi il donne
la mer. Tenez, là-bas... Mais il y a un chemin d'orprocuration de ses yeux et de ses oreilles à maints agiles
nières, votre camion ne pourra pas passer.
collaborateurs ·qui, bondissant sur le globe et courant
Je partis seul, à pied. C'est ici que l'histoire commence.
. sur les flots, vont examiner, écouter, peser, juger, éva* "*
luer, poursuivre, interroger et disséquer tout ce qui parle,
rampe, brûle, meurt, croule, surgit, tue ou juge sur la
Pour aller du dernier village habité au refuge soliterre. Les hasards de ma vie et la confiance de M. Bois
taire du Tigre, il faut traverser une plaine de cailloux
font que, pour son compte, j'ai vu mourir le pape et
de bruyères et de genêts. C'est le no man's land. On n~
Landru ; que j'ai recueilli les confidences de Fallières,
rencon~re personne ; des oiseaux, volant bas, secouent
de Loubet, de feu Charles IV, du cardinal-doyen Vanuleurs ailes sombres ; un silence lugubre. Cela fait réelletelli ; d'un nommé Sarroit, premier ministre égyptien,
ment penser aux terrains foudroyés de Champagne et
lequel est bien le clown le plus malfaisant de la politique ;
de l'Aisne. Le chemin gravit un petit mamelon. De là
de Mme Marc Swinney qui pleurait son mari vivant mais
il dévale, en se tordant sous les nuages et va se perdre:
déjà mort-sur-parole, du général anglais Macready dont
élargi et tout usé, dans le sable, au bord de la mer.
la poitrine ressemblait à une collection de timbres-poste ;
La maison est là, sur ce sable, à droite, seule, abso&lt;le Mgr Duchesne que je vis agoniser avec tout l'esprit
lument seule, sans arbres, sans murs, sans haies,
d'un prélat du xvme dans un appartement parfumé de
sans jardin, san5 rien.
cigare et d'encens sous les terrasses du Palais Farnèse ...
II y a un grand cercle fait de piquets en bois blanc,
Le samedi, 9 septembre, je méditais chez moi, dans
à hauteur d'appui ; un piquet tous les trois pas et tous
mon fauteuil, sur la fortune des imbéciles ; et je pensais
rattachés par un fil barbelé. Au milieu, on a bâti. En
à M. le marquis de Flers, endossant l'habit vert . qu'il
vo~ant cela,_ on imagine le vieux politicien mis1U1thrope,.
avait jadis bafoué, pour rentrer au « figaro » par ia
amv_ant un JOUr au bout de cette lande déserte, courbant
fenêtre, lorsque la sonnerie du télépho!le retentit. Au
les epaules et traçant, avec sa canne dans Je sable, ce
bout du fil, il y avait une voix, une voix grave que je
rond qui limite sa solitude. Et on le voit de même sur1
reconnus aussitôt :
veillant de son œil dur et goguenard l'homme qui ficha
- Avez-vous lu l' « Echo National » de ce matin ?
dans le sol ce piquet portant cet extraordinaire écriteau :
Je ne fais point de ce jotirnal ma lecture ordinaire ;
Défense d'entrer - propriété privée
je le confessai. La voix poursuivit :
Clemenceau propriétaire de cette parcelle sauvage de
- Le numéro d'aujourd'hui publie un télégramme de
ce coin abandonné des vagabonds, des farfadets ;t 'des
Clemenceau, qui annonce soh départ pour l'Amérique.
bohémiens ? Est-ce un éclat de rire du Vieux ? est-ce la
Ne seriez-vous pas curieux de connaître ses intentions ?
profession de foi d'un irascible ermite? esi:-ce l'instinct
- Si, dis-je, certainement. Encore faudrait-il qu'il soit
ancestral d'un paysan demeuré paysan jusques après les
désireux, lui, de me les soumettre.
conseils et les congrès du Salon de l'Horloge?
- Le mieux serait d'aller voir ce qu'il en pense. VoulezClemenceau m'a dit :
vous prendre le train ce soir ?
- J'ai mis tout ça, la pancarte et les fils de fer, parce
- Bon. Pour où ?
que, tous les dimanches, des bandes de baigneurs venaient
- Pour la Vendée. Clemenœau est là-bas ... Vous vous
s'asseoir devant ma fenêtre et manger des boîtes de
renseignerez sur place ...
.-~;!!!!!~-._
sardines en me regardant manger.
Je saisis mon chapeau, mon parLa maison n'a pas d'étages. C'est
dessus, mon sac de nuit. Le lenun rectangle de torchis, barbouillé
demain matin, qui était dimanche, je
de chaux et percé de cinq ou six
me trouvais aux Sables-d'Olonne.
ouvertures. On dirait une de oes
Un vent glacé courait entre le ciel
tentes d'ambulance que l'on voyait,
et_ la mer. ~s nez rouges se croiavant la guerre, dans les expositions
saient sur la promenade, et les Sablaide la Croix-Rouge et qui contenaient
ses, en jupes rurt_es, montraient jusdes mannequins de la Belle Jardiqu'à mi-cuisse, leurs jambes gainées
nière très proprement blessés.
de coton noir. 1Après diverses démarDu côté opposé au chemin, la consches, je décidai le propriétaire d'une
truction se termine par une baraque
camionnette à 1.1e conduirê dans l'un
de planches peintes en vert pomme.
des villages où l'on pouvait trouver
Le devant, ouvert, forme une véClemenceau.
randa, avec un toit ~rcé d'un trou,
C'est un hameau gris et plat :
par lequel passe le tronc d'un arbre.
Puis il y a une porte \'itrée, qui
~1)_ Détail d'une ettre\·ue avec l\I. Georges
donne
accès dans l'arrière de la baClem ncean dont le iécit.parut dans le Pelil
ra,que. C'est le salon.
Parisien du 11 septc111bre 1922.

On y voit plusieurs chaises-longues, une bergère garnîe
de soie jaune, un bonheur du jour, une table anglaise de
l'époque Directoire, des fauteuils d'osier, quelques moulages de chefs-d'œuvre italiens, de gros in-folios dépareillés. Tout cela, je crois, sans grande valeur. Mais par
terre, couvrant au tiers le parquet de bois blanc, un
magnifique tapis de prière, une fortune. Il y en a !Un
tout pareil dans le cabinet de travail de la rue Franklin.
J'eus l'occasion de le voir lorsque Clemenceau revint à
Paris, après son voyage aux Indes. li y a encore dans le
salon de planches un miroir singulier, dans un épais cadre
d'ébène. On s'y voit à contre-jour et si sombrement que
la glace semble réfléchir un portrait de musée.
Cependant le vent marin secouait les portes et tout le
salon craquait. j'attendis assez longtemps. Clemenceau,
parti dès l'aube, son bâton à la main, n'était pas encore
de retour. Vers dix heures, on vint me dire qu'il rentrait.
]'observais, par une sorte de hublot, le chemin que
j'avais suivi et par lequel, dans ma pensée, Clemenceau
devait arriver. Je ne voyais rkn.
De guerre lasse je me retournai : C'est alors que, dans
le trapèze lumineux que formait la véranda, sur te fond
mouvant et brillant de la mer, je vis une ombre s'inscrire
brusquement.
C'était lui. Il ressemblait tout · à fait aux statuettes de
carton peint qui le représentaient au temps de l'armistice
et que l'on vendit chez les confiseurs. De loin,. on apercevait d'abord son chapeau bosselé - « son chapeau
comme la pluie » eût écrit V.erhearen - et sa grosse
moustache blanche pareille, sous son nez, à un mouchoir
en boule. Il marchait à tout petits pas, très vite ; tout en
venant à moi, il me regardait avec une intense curiosité.
C'est un trait de sa nature. Il regarde passionnément.
Je me le rappelle, à la Chambre, durant les interpellations.
Sans un mouvement, sa tête ronde de Vendéen enfoncée
entre ses épaules, il guettait constamment l'orateur. JI attachait de même son regard sur le long Wilson lors de la
séance plénière du Congrès de la Paix où je m'introduisis
en fraude, le 20 janvier 1919 (1). Au fond de ce regard
flambe une lueur qui, lorsque le vieillard bouge la tête,
semble danser comme les feux follets de son
pays. Cela étonne et effraie. Il le sait et en
joue. Il adopte alors un air cynique dont l~s
étrangers prennent vite ombrage. M. Orlando
a dit sa pensée là-dessus, et M. Keynes en
fit tout un chapitre de son fameux livre.
Sans me quitter des yeux, Clemenceau arriva
sous la véranda jusqu'à la porte vitrée que
j'ouvris pour aller à sa rencontre. Il entra,
toujours très vite, et me fit asseoir, malgré
moi, dans la bergère. Lui-même prit place
sur une chaise. Il ne tarda pas à se trouver
assis de côté, les jambes serrées, le bras
allongé sur le dossier.
Il avait jeté sur la table son chapeau de
drap. Son crâne chauve est d'un ton sans
doute unique. C'est un jaune extrêmement
fin et chaud, le jaune des brioches avant la
cuisson, du fromage d'Ementhal et de certains marbres de Sicile. Vers le front, la peau
brunit et se fonce, à coups d'estampe, jusqu'au
chaume dru et blanc des sourcils. Les joues
ont maigri, allongeant le visage et faisant
paraître plus gros le nez, assez commun. Sa
barbe était faite soigneusement. Il portait un
(1) On trouve deux récil dece reportatre. L'un dans
l'Œuure du '20 janvier 1919; l'autre &lt;lais le n• 1 du
Progrès Civique.

3

col droit croisé, avec un nœud de cravate noir, cousu,
mis un peu de travers. Son costume était de beau drap.
taillé largement et il portait des gants gris très neufs.
Nous parlâmes longuement. Il ne consentit point à
ce que je notasse ses paroles. Je suis sûr, néanmoins, de
de les avoir rapportées textuelles (1 ).
Avec l'attention que l'on imagine, je le regardais parler.
La préoccupation de retenir littéralement ses propos ne
me gênait guère. On ne prend pour ainsi dire jamais
d'interviews importantes un bloc-notes à la main ; aussi les
reporters expérimentés savent-ils, comme les amateurs
d'opéras, écouter et regarder simultanément.
Il n'y a guère, même au théâtre, de visages aussi
mobiles que le visage de Clemenceau. N'était sa
mo'l.lstache qui le singularis,e, aucun de ses portraits ne
lui ressemblerait. Ce n'est qu'une vivante suite d'expressions et d'instants. Il passe avec une rapidité déconcertante de la jubilation à la fureur, s'animant seul, ·car
sa conversation est un monologue coupé en tranches
courtes et sans nombre.
Au début de la conversation, l'ancien président du
Conseil parlait d'un ton las, les yeux fermés, « avec un
visage impassible, de parchemin ». Il n'ouvrait les yeux
que pour dire, de loin en loin, familièrement :
- Ça, faut pas le répéter...
En effet, je ne répétai point ce qu'il me priait de taire.
Mais c'était les plus intéressants passages · de son monologue... Peu à P'eu, Clemenceau s'échauffait. Sa voix
forte et claire, accoutumée à r.émplir les salles des parlements et des banquets, frappait durement. les cloisons
de la petite baraque. Comme je lui demandais si, dans
certaines circonstances, il consentirait à reprendre le pouvoir, il sursauta :
- Hein ? quoi ? ... qu'on vienne me chercher !. .. qu'ils
viennent me demander ca... vous verrez un oeu !. ..
Une extraordinaire jetiness·e, mais qui date.' Il est jeune
à la façon de 1875, avec les allures, les airs hardis d'un
républicain de café. Tout en parlant il fourre ses pouces
dans les goussets de son gilet et, des autres doigts, bat
la mesure sur son ventre, à la façon de.s gandins de
Dumas fils. Il est, comme on dit, marqué.
Du moins on ne se lasse pas de le voir vivre ;
~t on ne s'étonne pas de le trouver prêt, touJours, à la lutte, tant il paraît bâti pour
l'action.
Je le crois assez vain de sa v,e rdeur. Ne
prit-il pas soin de faire hisser, sur un mât, durant notre conversation, une sorte d'étendard
japonais, qui représente un poisson bariolé.
- C'est la carpe, dit-il, qui, ·en ExtrêmeOrient, est le signe de la virilité.
Pendant une heure, il m'a regardé sans
relâche. Il a cessé de me regarder en cessant
de parler. Il était ailleurs, tout d'un coup.
Alors je me suis levé. Il voulut me reconduire jusqu'au sommet du chemin. Arri vé là.
il me tendit trois doigts de sa main droite;
que je sentis durs et forts sous le gant. En
même temps, dans son p oing gau che, il serrait son chapeau et son bâton. Je fa que'.ques
pas. Lorsque je me retournai, jè vis ses ~aules
et sa tête descendre de l'autre côté du mamelon, profilés en ombre chinoise sur l'écran de la
mer, et il disparut très vite comme s'il tombait
à l'eau.
: l) Il est inutile, je p~nse, d&lt;' Ir~ cifr1 ici, lr~ journaux de toutes les provinces el de toutes IJ.,; n1tions

(res ayant reproduites.

�5

M. BINET·VALMER
A
vieux jours : il fait
militaire pour l' épo~nue : la légende et
,ites quelconques, en
avec leurs souvenir&amp;
a encore cours, cette
honnêtes romans à

A PROPOS DE

« LA

ue ses calculs ména1re de conserves de
de toutes sortes, ne
:me. Car « Les Jours
'est pas un vrâi livre
évidemment, écrire
t ce que vaut l'écrivt Binet-Valmer â 1e1.1
rte-fannion », si j'ai

MAISON DE CLAUDINE»

P,\R ALEXANDRE ARNOUX
Je suis bien aise que Co'.ette ait écrit la « Maison de
Claudine » (1) et qu'elle n'ait pas laissé ce soin à quelque
confrère. Ce n'est pas, mon Dieu, que nous manquions de
talents dans ce siècle, ni surtout de talents féminins,
encore moins de souvenirs d'enfance de l'un et l'autre
sexe ; mais enfin, si la plupart des femmes content avec
agrément leurs dernières tartines et les premiers chatouillements de l'adolescence, jusqu'au dépucelage inclusivement, aventure qui forme le centre, le fond et la
substance même de leurs ouvrages, le thème jamais fatigué de leurs méditations, il faut bien avouer qu'elles
ignorent parfois la simple franchise, ou qu'elles l'outrent,
qu'elles dressent une franchise insolente, agressive, et
qu'elles songent plutôt à jeter un défi à la pudeur masculine qu'à composer un livre de bonne foi et d'humilité. Peu d'entre elles surtout ont le souci du style,
qu'elles placent volontiers dans un bavardage lâché, un
négligé du matin, ou je ne sais quelle précieuse recherche du fin du fin ; elles confondent, pour tout dire, l'art de
l'écrivain avec la mode, et l'ornement durable, la naïveté
solide avec le fard ; quand el'.es ont mis du rouge, elles
croient avoir travaillé. Qu'elles prennent modèle sur
M. Anatole France, qui publie ses mémoires. A sept ans, il
prévoyait l'affaire Dreyfus et il était déjà académicien ou
presque ; c'est pourquoi sans doute il se montre peu à
l'Académie, il l'a assez vue, depuis le temps ; il vivait de
littérature et de philosophie et maudissait tout le long
du jour l'Université, comme un véritable universitaire.
Je suis bien curieux d'apprendre, quand il arrivera au
chapitre de l'amour, sur quel texte grec il s'est fondé
pour faire, en bafouant l'érudition, ce que tant d'illettrés
pratiquent sans avoir traduit Homère ni Héraclite et
quelles déductions métaphysiques il en a tiré sur-lechamp, au nez de sa compagne et au mépris de toute
civilité érotique. Mais revenons à la « Maison de
Colette » ; car je barre, dès maintenant, du titre, cette
Claudine qui n'est qu'un masque, un masque ébréché,
usé, et qui ne colle plus au vrai visage.
Inutile, n'est-ce pas, d'analyser le livre par le détail :
tout le monde l'a lu ; qui ne l'a pas fait, je le déclare
indigne de vivre et de paraître à la lumière du ciel, je
le déclare mort et non avenu. Je dirai deux mots cependant Clu sujet pour rafraîchir les mémoires débiles, sableuses, que le vent de chaque heure égalise et remodèle.
Voici : Colette a été petite fille, elle habitait une maison et un jardin ; elle avait une mère, une sœur, un frère,
( 1) Fer.encz i, édileur.

des voisins, un cœur, cinq sens subtils, s,ains et curieux,
des animaux, des plantes ; elle a vu des événements,
merls, mariages, naissances et autres choses extraordinaires et communes. Un sujet rare et singulier en somme,
et qui, peut-être, n'a jamais été traité par personne, avant
elle.
Je traîne dans ma poche ce livre, depuis un mois, et
je l'en so-rs à toute occasion, dans le métro, au restaurant, sous le parapluie qui me protège du soleil d'automne.
D'abord, quand il est arrivé par la poste, je l'ai retourné
un moment; il n'a r_ien de merveilleux, c'est du papier.,
mais un papier qui n'a pas l'odeur des autres, de ce papier
à chef-d'œuvre sans doute dont le stock s'épuise si lentement. Je l'ai ouvert. Il y avait un nom sur la première page, un beau nom, celui de mon trisaïeul, de mon
aïeul, de mon père, et le mien en dernier compte, sans
faute d'orthographe, avec deux A hautement barrés et
deux X en croix de Saint-André propres à donner la
torture à un hanneto-n. Cela fera bon effet dans la vitrine
où j'enferme les « Idylles » dédicacées de Théocrite et
le « Don Quichotte » que m'adressa Cervantès l'année
m ême où il n'obtint que quatre voix au prix Goncourt.
Puis j'ai coupé le livre, plaisir divin. Qu'on ne m'envo:e
jamais de volume rogné, je les exècre ; il se rencontre
t ant de romans qu'il suffit de couper pour s'épargner la
peine de les lire, et sans remords puisqu'on a rendu la
politesse. J'ai donc coupé la « Maison de Colete &gt;&gt; en
249 tranches ; des mots passaient sur l'aile rapide des
feuilles, des mots tout neufs, qui n'avaient jamais servi
pour personne, des fleurs, des bêtes, des parfums, des,
robes, une jambe de bois, une lanterne de projections,
une main replète de vieille dame, une chevêche, une
chevelure, un presbytère, Minet-chéri, une romance, la
tombe d' Antoniphronque Bouscops, des scintillements et
des visages-, aomm.e on voit, du dehors, par le tambour qu~
tourne, à l'intérieur d' un restaurant, des bijoux, du linge,
des mâchoires, d-es fruits. Après cela j'ai lu le livre. Il
commence ainsi :
« La maison était grande, coiffée d'un grenier haut.
La pente raide de la rue obligeait les écaries et les
remises, les poulaillers, la buanderie, la laiterie à se
blottir en contre-bas tout autour d'une cour f ermée ... »
J' ai avalé le tout d'un trait, et je l'ai repris ensuite
a loisir, un chapitre par heure, pendant des jours. Les
phrases déjà perdent leur sens originaire et le maléfice des images trop répétées commence à agir ; les tours
et les mots prennent une valeur mystique, deviennent des
formules d'incantation, se vident de leur contenu pri-

ne peut se résoudre
!rnier livre :
1vropathe et joueur

LE MOUCHOIR DE ROSINE
Le, Parfums de ROSINE, 101, Fauboura Saint-Honoré • PARIS

(qui, par un hasard
ric:ès (sic).
par un hasard non

magnTIITfU"'e mman:-rmus n' eussron amaT57rrra-grrre- pour- - -1nonrs~c:u-ncu- , "1:s, 1'ui:nnan1r:
elle d'autre logis, un peu cahoté, un peu de guingois en
Les dames de ces messieurs, anciennes héroïquesapparence, mai:s d'une si ferme architecture intérieure
dames-blanches, richement décorées de la croix de guerre
qu'on n'y pourrait retrancher trois marches ni détordre
avec palme.
la glycine d'un nœud sans rompre un ensemble si cohéUn aveugle de guerre.
rent que son harmonie paraît dépourvue de méri te et
Quelques anciens embusqués, pour le contraste nécesnécessaire, d'une simplicité si savante et si aisée, d'une
saire (qui, par un hasard étrange, sont tous français).
sensibilité si robuste, si solidement étayée, si pudiquement
Enfin, un juif ~gnominieux, profiteur de l'arrière, comme
épanouie. Rien de soufflé ou de creux là-dedans, mais
nous n'en avions plus rencontré depuis les romans -de Gyp.
un miracle continu d'équilibre, le divin mariage de l'art
Tout ce joli monde ne parle que de la guerre, après
et de l'instinct, la soumission a:.ix voix de la nature e t
quatre ans de paix, ne vit que du souvenir de la guerre,
le redressement de l'intelligence ; il faut un terroir et
regrette la guerre, ou attend la prochaine gue1Te.
l'enrichissement des générations pour produire une telle
A le lire hâtivement, le livre serait négligeable : il
fleur, nourrie de siècles ,et sauvage encore, cultivée et libre.
continue la noble tradition des bourrages de crâne de la
presse de guerre et emploie à cette besogne un style faus~
COLElT-E. CROQUIS DE JEAN OBERLÉ
sement familier d' ru1cien grognard, sans valeur littéraire.
En l'examinant de plus près, on découvre qu'il n'est
autre ·que le livre-programme des « chefs de section »
pour les prochaines élections et cette découverte étonnante lui donne au moins un sens et un but.
M. Binet-Valmer déplore que les fameuses élections
de 1919 n'aient servi qu'à de faux poilus.
Ce n'est pas gentil pour le bloc national et ses élus,
mais c'est p-eut-être vrai.
Il dit encore que la guerre a changé le inonde (ce que
je ne cro1s pas pour ma part, sa merveilleuse inutilité
est peut-être son unique beauté), et que le monde nouveau doit appartenir aux anciens combattants.
Le mot : ancien-combattant ne signifie proprement
rien en français. On combat ou on ne combat p'.us. Sauf
erreur, nous n'avons plus à combattre.
Il fut déjà assez difficile à l'époque, de définir exactement le vrai combattant. Il y eut des combattants de
1re zone, de 2c zone, de 3-e zone, des combattants de
cinq ans de front, de quatre ans, d'un an ou de fractions
insignifiantes d'année. Il y eut toutes sortes de cqmbattants et même des combattants qui ne combattirent pas
du tout. Il doit donc y avoir toutes sortes d'ancienscombattants, quoi que cela puisse signifier.

�5

LE CRAPOUILLOT
mitif et acquièrent cette puissance inquiétante des prières
magiques, des textes saints, des obsessions littéraires.
L'œuvre échappe à l'auteur, au lecteur et vit d'une existence que Colette n'a pas connue, ne connaîtra jamais.
Je dis : « Cheveux longs, barbare parure, toison où s'est
réfugiée l'odeur de la bête ... » Je dis encore : « ... Ce

Tou tes

les

BELLES ROBES
sont de

A PROPj

PAUL POIRET

Je suis bien aise q
Claudine » (1) et qu'e
confrère. Ce n'est pas
talents dans œ sièd
encore moins de sou
sexe ; mais enfin, si l
agrément leurs dernl
touillements de l'adol
sivement, aventure
substance mêine de leurs ouvrages, le thème jamais fatigué de leurs méditations, il faut bien avouer qu'elles
ignorent parfois la simple franchise, ou qu'elles l'outrent,
qu'elles dressent une franchise insolente, agressive, et
qu'elles songent plutôt à jeter un défi à la pudeur masculine qu'à composer un livre de bonne foi et d'humilité. Peu d'entre elles surtout ont le souci du style,
qu'elles placent volontiers dans un bavardage lâché, un
négligé du matin, ou je ne sais quelle précieuse recherche du fin du fin ; elles confondent, pour tout dire, l'art de
!'écrivain avec la mode, et l'ornement durable, la naïveté
solide avec le fard ; quand eJ:es ont mis du rouge, elles
croient avoir travaillé. Qu'elles prennent modèle sur
M . Anatole France, qui publie ses mémoires. A sept ans, il
prévoyait l'affaire Dreyfus et il était déjà académicien ou
presque ; c'est pourquoi sans doute il se montre peu à
l'Académie, il l'a assez vue, depuis le temps ; il vivait de
littérature et de philosophie et maudissait tout le long
du jour l'Université, comme un véritable universitaire.
Je suis bien curieux d'apprendre, quand il arrivera au
chapitre de l'amour, sur quel texte grec il s'est fondé
pour faire, en bafouant l'érudition, ce que tant d'illettrés
pratiquent sans avoir traduit Homère ni Héraclite et
quelles déductions métaphysiques il en a tiré sur-lechamp, au nez de sa compagne et au mépris de toute
civilité érotique. Mais revenons à la « Maison de
Colette » ; car je barre, dès maintenant, du titre, cette
Claudine qui n'est qu'un masque, un masque ébréché..
usé, et qui ne colle plus au vrai visage.
Inutile, n'est-ce pas, d'analyser le livre par le détail :
tout le monde l'a lu ; qui ne l'a pas fait, je le déclare
indigne de vivre et de paraître à la lumière du ciel, je
le déclare mort et non avenu. Je dirai deux mots cependant du sujet pour rafraîchir les mémoires débiles, sableuses, que le vent de chaque heure égalise et remodèle.
Voici : Colette a été petite fille, elle habitait une maison et un jardin ; elle avait une mère, une sœur, un frère,
( 1) Fer enczi, édileur.

D'abord, quand il est arrivé par la poste, je l'ai retourné
un moment; il n'a r_ien de merveilleux, c'est du papier.,
mais un papier qui n'a pas l'odeur des autres, de ce papier
à chef-d'œuvre sans doute dont le stock s'épuise si lentement. Je l'ai ouvert. Il y avait un nom sur la première page, un oeau nom, celui de mon trisaïeul, de mon
aïeul, de mon pèl"e, et le mien en dernier compte, sans
faute d'orthographe, av·ec deux A hautement barrés et
deux X en croix de Saint-André propres à donner la
torture à un hanneton. Cela fera bon effet dans la vitrine
où j'enferme les « Idylles » dédicacées de Théocrite et
le « Don Quichotte » que m'adressa Cervantès l'année
même où il n'obtint que quatre voix au prix Goncourt.
Puis j'ai coupé le livre, plaisir divin. Qu'on ne m'envo~e
jamais de volume rogné, je les exècre ; il se rencontre
tant de romans qu'il suffit de couper pour s'épargner la
peine de les lire, et sans remords puisqu'on a rendu la
politesse. J'ai donc coupé la « Maison de Colet'ce » en
249 tranches ; des mots passaient sur l'aile rapide des
feuilles, des mots tout neufs, qui n'avaient jamais servi
pour personne, des fleurs, des bêtes, des parfums, des
robes, une jambe de bois, une lanterne de projections,
une main replète de vieille dame, une chevêche, une
chevelure, un presbytère, Minet-chéri, une romance, la
tombe d' Antoniphronque Bouscops, des scintillements et
des visages, oomrne on voit, du dehors, par le tambour qw
tourne, à l'intérieur d'un restaurant, des bijoux, du linge,
des mâchoires, des fruits. Après cela j'ai lu le livre. II
commence ainsi :
« La maison était grande, coiffée d'un grenier haat,
La pente raide de la rue obligeait les écuries et les
remises, les poulaillers, la buanderie, la laiterie à se
blottir en contre-bas tout autour d'une cour fermée ... »

J'ai avalé le .tout d'un trait, et je l'ai repris ensuite
à loisir, un chapitre par heure, pendant des jours. Les
phrases déjà perdent leur sens originaire et le maléfice des images trop répétées commence à agir ; les tours
et les mots prennent une valeur mystique, deviennent des
formules d'incantation, se vident de leur contenu pri-

qui s'attache de splendeur aux cordons rouges d'une
vigne d'automne que ruinait son propre poids ... » Et
aussi : (( Le grand-duc s'appuya sur l'air et fondit
dans la nuit dont il prit la couleur de neige et d'argent. » Je ne comprends plus le livre, je le cite hors de
propos et je brûle de le commenter ; ce qu'il avait de
doucement lumineux se pare d'une obscurité éclatante :
en un mot, il devient classiq;ie en moi. Avant ce désastre où sombrent les grandes œuvres comme les médiocres
dans l'oubli, que je tâche de rassembler mon jugement...
Le talent de Colette s'épure chaque année et gagne
en profondeur et en naturel. Nous avions entrevu jadis,
derrière le p,arisianisme et un esthétisme qui ne man·q uait ni de force ni d'agrément mais qui craque aujourd'hui sous une poussée de sève, ce visage de terrienne,
cette figure ;unie et contradictoire, pétrie d'obstination
et de primesaut, ce dangereux regard à qui rien ne
demeure caché de ce que contiennent les êtres humains,
végétaux, animaux, cette oreille qui devine les secrets
du vent, ces narines qui ont épuisé les saisons. Qui elt
résisté à tant de raison, de grâce ferme et douloureuse,
à ce langage savoureux et nuancé ? « La Maison die
Colette » dépasse tout cela, et même les (&lt; Dialogues des
Bêtes », et même « Chéri &gt;&gt; qui n'est., en somme, qu'un
magnifique roman. Nous n'eussions jamais imaginé pour
elle d'autre logis, un peu cahoté, un peu de guingois en
apparence, mai:s d'une si ferme architecture intérieure
qu'on n'y pourrait retrancher trois marches ni détordre
la glycine d'un nœud sans rompre un •e nsemble si cohérent que son harmonie paraît dépourvue de mérite et
nécessaire, d'une simplicité si savante et si aisée, d'une
sensibilité si robuste, si solidement étayée, si pudiquement
épanouie. Rien de soufflé ou de creux là-dedans, mais
un miracle continu d'équilibre, le divin mariage de l'art
et de l'instinct, la soumission a:.ix voix de la nature e t
le redressement de l'intelligence ; il faut un terroir et
l'enrichissement des générations pour produire une telle
fleur, nourrie de siècles et sauvage encore, cultivée et libre.
COLETTE. CROQUIS DE JEAN OBERLÉ

" LES JOURS SANS GLOIRE ", DE M. BINET·VALMER
PAR GUS BOFA
M. Binet-Valmer pense déjà à ses vieux jours : il fait
aujourd'hui des conserves de gloire militaire pour l'époque à venir où la guerre sera devenue : la légende et
les « chefs de section », des macrobites quelconques, en
possession de raser tout le monde avec leurs souvenirs,
périmés. Il change, pendant qu'elle a encore cours, cette
monnaie de souvenirs contre d'honnêtes romans à
7 francs l'un.
Je crains pour M. Binet-Valmer que ses calculs ménagers ne soient déçus et que ce genre de conserves de
guerre, fabriquées avec des déchets de toutes sortes, ne
vieillisse encore plus vite que lui-même. Car « Les Jours
sans Oloire » de M. Binet-Valmer, n'est pas un vrài livre
de guerre. Chaque auteur n'a pu, évidemment, écrire
qu'un seul livre de guerre, qui vaut ce que vaut !'écrivain ou ce qu'a valu le combattant M. Binet-Valmer a tell
le sien : « Les Souvenfrs d'un porte-fannion », si j'ai
bonne mémoire.
Cependant il continue à écrire et ne peut se résoudre
à démobiliser sa plume.
Nous trouvons ainsi dans son dernier livre :
Un ancien colonel français, névropathe et joueur
invétéré.
Un héroïque-ancien-poilu-mutilé (qui, par un hasard
curieux, est Grec et se prénomme Péric:ès (sic).
Un ancien-courageux-major (qui, par un hasard non
moins curieux, est Roumain).
Les dames de ces messieurs, anciennes héroîquesdames-blanches, richement décorées de la croix de guerre
avec palme.
Un aveugle de guerre.
Quelques anciens embusqués, pour le contraste nécessaire (qui, par un hasard étrange, sont tous Français).
Enfin, un juif ~gnominieux, profiteur de l'arrière, comme
nous n'en avions plus rencontré depuis les romans ·de Gyp.
Tout ce joli monde ne parle que de la guerre, après
quatre ans de paix, ne vit que du souvenir de la gue,rre,
regrette la guerre, ou attend la prochaine guerre.
A le lire hâtivement, le livre serait négligeable : il
continue la noble tradition des bourrages de crâne de la
presse de guerre et emploie à cette besogne un style faussement familier d'ancien grognard, sans valeur littéraire.
En l'examinant de plus près, on découvre qu'il n'est
autre que le livre-programme des « chefs de section »
pour les prochaines élections ,e t cette découverte étonnante luÎ' donne au moins un sens et un but.
M. Binet-Valmer déplore •q ue les fameuses élections
de 1919 n'aient servi qu'à de faux poilus.
Ce n'est pas gentil pour le bloc national et ses élus,
mais c'est peut-être vrai.
li dit encore que la guerre a changé le inonde (ce que
je ne crois pas pour ma part, sa merveilleuse inutilité
est peut-être son unique beauté), et que le monde nouveau doit appartenir aux anciens combattants.
Le mot : ancien-combattant ne signifie proprement
rien en français. On combat ou on ne combat p'.us. Sauf
erreur, nous n'avons plus à combattre.
Il fut déjà assez difficile à l'épo-que, de définir exactement le vrai combattant. Il y eut des combattants de
tre zone, de 2~ zone, de 3e zone, des combattants de
cinq
s de front, de quatre ans, d'un an ou de fractions
insignifiantes d'année. Il y eut toutes sortes de cqmbattants et même de-s combattants qui ne- combattirent pas
du tout. Il doit donc y avoir toutes sortes d' ancienscombattants, quoi que cela puisse signifier.

�6

LE CRAPOUILLOT

Je crois bien que pour M. Binet-Valmer les s~uls vra~s
anciens combattants sont les ex-chefs-de-sect10n, mais
je ne vois pà.s de raison valable pour qu'ils gouverne~_t
la France. Que M. Binet-Valmer, par exemple, parce qu 11
fut employé, durant la guerre, à bord d'un de ces aut~bus en miniature que l'on nomma des tanks, y rut
acquis des titres à devenir un jour ministre du Commerce
ou des P.T.T.
Dans le but, je pense, de faire plaisir à ces anciensoomhattants électeurs éventuels, M. Binet-Valmer oppose
volontiers l; guerre saine, et féconde. en noble; senti.
ments, à la paix amollissante et ~auv~1se aùx hero~. ,
f entends bien que cette antithese n est pas expnmee
avec une conviction profonde et naïve comme celle des
demi-soldes de l'Empire. Mais elle est à la base de son
livre et continue, implicitement, partout.
Quand M. Binet-Valmer nomme la guerre une affreuse
chose, c'est par la bouche d'une faible femme et il sousentend : « mais combien glorieuse ! ».
Les anciens combattants, q'tl.Î ne furent oncque::; chefs de
section, disent plus véridiquement : « la guerre est ig:1-0ble », et cette épithète dispense ensuite de parler de !5l01re.
Cela les rend aussi' moins sensibles au souvenir des
souffrances communes que M. Binet-Valmer l~s invit~
à évoquer, 'sans cesse, à l'exemple de ses heros qu~
passent leur vie (ils ont prooablement des rentes . ~m
leur permettent ce sport) à remuer de t~ls souven~TS,
avec des « ah c'était le bon temps ! » de vieux tartanns
en rupture de sabre.
Les anciens combattants qui ne furent pas chefs de
section n'ont le souvenir que d'une souffrance : la hantise de' la mort. Les autres., la faim, le froid, la fatigue,
tout cela était connu et accepté gaiement dès le temps
de paix. Celle-là fut une nouveauté déconcertante pour les
soldats de 1914 et la vraie souffrance commune.
Le souvenir en est ignoble, comme la guerre même et
les anciens combattants ne tiennent pas à l'évoquer, fût-ce
en faveur d'un candidat député.
Je voudrais, en passant, reprocher à M. Binet-Valmer,
les lamentations de son héros grec perpétuellement en
deuil de sa jambe perdu,e. Les mutilés de guerre gardent,
pour la plupart, une attitude fort dign_e et résigné_e et
n'étalent point leurs _infirmités._ Les glo:ie~x culs-d~-Jatt~,
en vareuse bleu-honzon fleune de meda1lles, qui sollicitent dans fa rue la pitié des passants en faveur de bâtons
de vanille ou de lacets de souliers sont des culs-dejatte de naissanoe et non de guerre.
.
.
Le Périclès de M. Binet-Valmer ne vend m vanille,
ni lacets de souliers, ma,iis il est ridicule et ennuyeux.
Toujours dans le but de faire triomph~r la bon':e
cause électorale M. Binet-Valmer n'a pas craint de mobiliser outre les ~nciens combattants et les braves mutilés,
jusq~'à nos glorieux quinze cent mille morts!
Depuis plus de quatre ans qu'ils sont portés morts
ils ont pourtant acquis le droit d'être reconnus et qu'on
les laisse dormir tranquilles !
Il est entendu, une fois pour toutes, que ces glorieux
morts appartiennent en propre à la Ligue des Chefs de
section, ainsi que toutes les victimes d~ ~a guerre,. les
aveugles, les populations ~nv~hies et les eglises en ~urnes,.
Personne n'a protesté a l'epoque contre cette pnse de
possession arbitraire. Elle 7st mai_ntenan~ _chose acquise :
contre toute notion de droit, le vif a saisi le mort.
Je trouve cela peu déœnt. .
.
,
Est-ce qu'une loi ne pourrait pas enfin preserver ces
morts tombés dans le domaine public ?
Est~ce qu'on ne pourrait pas interdire de marcher sur
leur tombe?

Est-ce qu'on ne pourrait pas enfin leur foutre la ~aix ?
Envisagé comme auteur des « Jours sans Gloire »,
M. Binet-Valmer me paraît ne plus trouver sa place dans
un monde redevenu pacifique.
Je llj'en vois qu'une possib-le pour œ héros obstiné,
qui ne veut pas déposer ses 'lauriers : c'est le Panthéon.
Et j'imagine volontiers cette fête patriotique.
. .
Le 11 novembre prochain, anniversaire de 11 anmsttce,
le corps, préalablement embaumé, de M. Binet-Valmer,
traversant Paris panni un peupk recueilli, pour s'en aller
donnir dans la 'crypte fameuse un sommeil défini~if, qu!
le préserverait de connaître les jours sans gloire qui
nous attendent encore, e::;pérons-le, pour longtemps.

SIRÈNES
Tu sais les ports ...
Attouchements des quais,
Bateaux qui vous accostent
Avec des noms et des drapeaux inviteurs
Lourds de légendes et bariolés de gloires,
Des mâts si hauts dans la lumière
Qu'ils semblent brûler : oriflammes ;
Et la mer, divan
Aux coussins mouvants
Peloteurs de torses ;
Et le vent qui dégrafe,
Et le sel qui assoiffe ...
Marseille, Porte de l'Orient ?
C'est trop peu :
Porte de tout ce que l'on veut,
Où tous les rêves appareillent,
- Tour du monde
En quatre-vingts secondes Un peu, beaucoup, éperdûment ...
Léon Mouss1NAC.

Par P. JEAN-DESTHIEUX
doit être possible de savoir quel est le poids de lumière
Tout n'est pas dit sur l'incroyable Einstein (1). Les phisupporté par un animal vivant à la surface du globe,
losophes et les théosophes n'ont pas encore exploité
puisqu'il a été possible d'évaluer .à 58.000 tonnes (2) la
comme il faut ce merveilleux « filon ». M. Bergson, certes,
masse lumineuse provenant du soleil reçue chaque année
ne l'a point dédaigné et pour notre part nous regrettons
par la terre. La terre, en ce calcul, est une entité planéd'avoir connu trop tard afin &lt;l'en tenir compte ses derniers
taire considérée comme un "1:out. Quèlle est 1a part de
écrits. Ce n'est peut-être pas ici le lieu de s'aventurer dans
chacun de nous dans cette distribution annuelle des parles halliers épineux des déductions métaphysiques qu'un
ticules lumineuses? - C'est ce que nous ne saurions
homme d'imagination pourrait tirer de ces théories de
préciser ici. Mais si tout ce qui précède est vrai, comme
la relativité à la faveur desquelles le temps et l'espace
l'affirment les savants, une bascule de haute précisioPse trouvent en définitive absorbés par la vitesse, considépennettrait de constater qu'un être vivant ne représente
rée en ses prodiges les plus rapides comme l'unique étapas tout à fait le même poids, selon qu'il est soumis à
lon possible de la durée. Mais pour l'humoriste, les glanes
l'éclairage d'un soleil de canicule ou qu'il est placé dans
seraient, dans le champ moissonné par les savants, aussi
« l'obscure clarté » d'une nuit de gelée.
nombreuses que celles dont les métaphysiciens ont fait
Si cela n'était pa~, ou bien la théori,e serait en défaut,
leur nourriture spirituelle, depuis qu'on s'est avisé de
ou bien l'être vivant ne se comporterait pas comme les
prendre au sérieux ce fameux Einstein.
autres masses : on peut supposer, par exemple, pour
Hélas ! le don d'humour, l'un des plus prodigieux
expliquer le cas d'une masse constante, qu'il se produise
qui soit accordé à quelques-uns d'entre nous, puisque
entre cet être vivant et la nature un échange d'énergie
rire est le propre de l1 homme, ce don pourtant si rare
également constant. Peut-être sommes-nous comparables
n'est pas au nombre de ceux dont nous osons nous flatta-.
au radium et absorbons-nous exactement autant d'énerNous sera-t-il permis, toutefois, sans nous exposer aux
gie que nous en extériorisons. Peut-être le principe vital
traits des gens trop graves, de risquer ici un certain
ne consiste-t-il qu'en un tel échange. En tout cas, il n'est
nombre d'hypothèses, toutes un peu frêles en leur appapas interdit de penser que, exceptionnels ou non, accaparence, toutes inattendues, à coup -sûr, mais non pas inadreurs d'énergie nous en sommes aussi producteurs. Peutmissibles, ni ridicules, à oe qu'il nous semble, et en
être rayonnons-nous, comme les autres corps radiants.
faveur des.quelles nous prenons licence de solliciter la
Il se peut qu'entre animaux, qu'entre hommes, des échanbienveillance des fervents d'absolutisme?
ges d'énergie, des échanges de rayons se produisent, sans
Einstein nous apprend entre autres choses stupéfiantes
que nous nous en doutions. ee· n'est pas certain : la
qu'il n'y a pas de distinction spécifique .ni autre à faire
science n'a pas dit cela ; les philosophes ne l'ont point
inter~enir en nos raisonnements entre la masse et l'énersupposé ; mais l'hypothèse h'est pas absurde.
gie. L'identité de la matière et de l'énergie est aujourOr, cette hypothèse, pour fragile qu'elle soit, elle serait,
d'hui' admise par la plupart des ,savants auxquels les
si elle pouvait être retenue, étonnamment féconde ... Laistravaux d'Einstein ont paru dignes d'intérêt. Les consésez, à notre rêve, en la confidence de cet article, ~a
quences d'une telle découverte ont été toutes signalées :
liberté de s'avouer.
le rayon lumineux, succession de particules projetées par
Comment expliquez-vous la sympathie? Vous ne
la masse solaire à travers l'espace illimité mais nullement infini► a un poids, comme le courant magnétique.
l'expliquez pas. Elle est, résultat conscient d'impressions
Plus tu R rayon lumineux ou magnétique est_pesant, plus il
mal définies ; résultat d'une réflexion que l'esp,r it n'a pas
véhicule d'~nergie. Les corps radiants perdent de leµr
guidée. Nous ne s·erions pas surpris si l'on nous disait
masse au fur et à mesure qu'ils nous éclairent. On arrive
un jour qu'elle est le résultat d'échanges favorisés p.ar le
à peser le rayon d'une étoile. La matière en apparence
courant mystérieux qui peut aussi bien se produire entre
inerte d'un morœau de charbon, ou le fluide d'un ballon
deux êtres mis en présence pour la première fois
d'oxygène, ou le pétrole enfoui dans le sol représentent
qu'à distance entre deux êtres d'une même famille
autant d'accumulateurs d'énergie. Et s'ils perou deux êtres unis par des, seritimerits
éprouvés. Du coup, vous auriez l'explicatipn
dent de leur masse en se consumant, c'est
✓,:?~
_,, ,
de phénomènes tels que ceux qui procèdent de
dans une proportion égale à la perte d'éner'
,,
gie qu'ils -subissent.
r·
~ la télépathie, de la suggestion, ·de la transBon. Eh bien, l'être vivant aussi J:1eprémission de pensée, etc... Echanges magnésente une masse. Est-ce à dire que l'impo-r~
~ tiques, par conséquent, qui, entre deux sujets
tance de cette masse correspondante absoluif,_ €
parliculièrement sensibles, peuvent provoquer
ment à la valeur de l'énergie dont il est doué? ~ ( ~
~ ~
des troubles, des attitudes, des affinités d'or- Sans aucun doute. Cette masse est variable.
\.... \.)
dre sympathique ou physiologique ou psyL'énergie absorbée ou manifestée aussi kloit
chologique d'un caractère exceptionnel. Du
coup, enfin, tout ce qui nous paraît mystérieux
être variable. Constatez que l'êt11e vivant est
dans les quelques manifestations reconnues posounûs à la pression de l'air comme à l'in- //"' ~
sitives du psychisme, dans les rencontres de la
fluenœ pesante des rayons lumineux et qu'il
~\
pensée, dans les appels à distance, dans le flair
de certains animaux, dans le s~tts de l'orienta~jv,,1.'
(1) C'est le titre d'un volume que l' auteur de cet
tion ·q ue possèdent certains oiseaux et dans
al'ticle vient de publier aux éditions du Carnel critique.
tout ce qu'enfin nous nommons instinct sans
(2) Voir le livre de M. Ch. N ordmann, astronome
y rien comprendre, tout cela et tout ce que no~
à l'Obse1·vatolrc de Paris, sur les théories d'Einstein,
EINSTEIN
oublions deviendrait intelligible pour noUi- .

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LE CRAPOUILLOT
LE CRAPOUILLOT

A quoi bon préciser notre pensée ?
.
Qui n'a pas eu, une fois ou l'autre, des avertissements
de ce genre : vous êtes dans une rue quelconque ; tout
à coup, une pensée vous traverse l'esprit : · tiens ! et
Un Tel ? que devient-il ? - L'instant d'avant, vous ne
pensiez pas à lui : vous regardiez une jo~e femme, ou
quelque objet à la devanture d'une bouh~ue: Aucune
association d'idées n'explique que vous pensiez a Un Tel.
Mais vous faites quelques pas et vous tombez nez pour
nez sur Un Tel lui-même que vous n' aviez pas vu depuis
six mois. Comment l'expliquez-vous ? L'hypothèse d'une
renconhe magnétique précédant la rencontre réelle est-elle
inadmissible ?
Autre chose : vous êtes dans la rue, ou au spectacle :
vous suivez le spectacle qui s'offre à vos yeux. Soudain,
vous éprouvez une certaine gêne ; avant d'avoir réfléchi
sur sa cause, le besoin vous vient, spontané, de regarder
derrière vous : un regard rencontre le vôtre, que vous
surprenez, qui se détourne aussitôt, contrarié. ~o~s ne
reconnaissez point la personne dont le regard a ete surpris par le vôtre pour la raison très simple que vo~s
la voyez pour la première fois.. Pourtant, parce que depuis
un moment, sans doute, ses yeux étaient orientés vers
vous qui ne vous ·en doutiez point, vous avez eu nettement à un moment indéterminé, l' impression d'être regardé. Comment expliquez-vous cela ? Et n'est-il pas
logique, ou du moins plausible d' admettre qu'à votre
insu vous aviez été impressionné par une force inconnue,
ou par un rayonnement insoupçonné, émanant de la
personne dont votre vue occupait la vue ?
Des impressions, des mutations de ce genre, nous en
notons à tout instant de la vie. Plus simplement : vous
êtes à la campagne et vous vous promenez. Vous avez
déjà couvert plusieurs centaines de mètres à travers des
bois où vous ne pouvez être aperçu à distance. Tout à
coup, vous vous retournez, et vous reconnaissez votre
chien, qui arrive ,en &lt;:ourant, la langue vibrante, po~r
vous rejoindre. Vous l'aviez laissé à dessein au logis.
Mais il a pu vous rejoindre : pas un instant il n'a hésité
sur la direction à prendre. Il savait où vous retrouve r,
quand vous-même, en partant, ignoriez le terme de votre
promenade. On dit : c'est le flair, particulièrement développé chez les chiens, qui explique un tel phénomène, t eHe-•
ment commun qu'il apparaît normal. Le flair ? c'est bientôt
dit ! Mais vous ne laissiez derrière vous aucune trace ;
vous êtes un homme soigneux et nulle odeur ne vous
faisait cortège. Alors ? Est-il ridicule d'expliquer le flair
extraordinaire du chien par une sensibilité particulièf'e
à sa race, par une aptitude spéciale à subir le rayonnement de l'homme et à reconnaître celui de ses familiers ?
Cette hypothèse d'un rayonnement possible de l'individu, voire de l'anima! - les animaux, dans les p ériodes
de « chaleur », se pressentent parfois à de très grandes
distances - nous la risquons à tout hasard, sans en
attribuer au philosophe de la relativité la moindre pate:.-nité, mais non sans faire rem arquer qu' elle est conforme,
selon toute logique, à son enseignement. Et si cette
hypothèse ne vous semble pas absurdt d'ailleurs, l'ex;ilication d'apparence fantaisiste que nous dem andons aux
théories d'Einstein le sera-t-elle davantage à vos yeux ?
Cent exemples de cette sorte, choisis dans l'ordinai re
de l'existence ou dans les manifestations les moins rares
de l'instinct, chez certains animaux, s'offrent à l'esprit
de tous. Nous ne pouvons rien affirmer. Nous ne pensons
pas que l'intuition ait la moindre valeur logique. Mais
nous pensons que si jamais nous obtenons la certitude
d'avoir risqué ici une hypothèse inadmissible, ce sera
bien dommage pour notre entendement. . . et pour Einstein
lui-même.

UN ROMAN AUDACIEUX
PAR JEAN EERNIER
En m'adressant « La Garçonne », mon pudique camarade Galtier-Boissière me recommande de ménager les
lectrices du Crapouillot, de peser les citations du nouveau
roman de M. Victor Margueritte que je pourrais être
amené à faire et, notamment, de ne point parler d'une
certaine guirlande de garçons et de garçonnes dont il est
question à la page 198.
Diable! « La Garçonne » n'a cep,endant p as été imprimée en Hollande et ne circule pas sous le manteau.
« Roman audacieux », - « Quatre-vingtième mille », « Centième mille », clament les placards du « Journal », du
« Petit Parisien », du « Matin », l'étalage du moindre
kiosque, la vitrine du plus infime libraire. Un tel su~cès
est de nature à ap,aiser les alarmes du plus discret des
critiques.
Voici quelque soixante-dix ans que Proudhon dénonça
sous le nom de « Pornocratie » les désordres et la déliquescence où la soi-disant émancipation des femmes,
chère à Mme Sand, allait jeter la société française.
« Comme les anciens, disait ce vieux paysan jacobin de
« Proudhon, nous sommes arrivés aux dernières aberra« tions de l'idéalisme; et si le crime de sodomie est
« poursuivi par nos lois, le commerce n'en est pas moins
« florissant, et comme chez les anciens il a trouvé des
« apologistes .. . Le mariage devenu une affaire, le concu« binage dédaigné, nous sommes en pleine f?!Omis cuité ...
« Nous voilà parvenus à l'amour unisexuel, on parle
« de parties fines où la f ashion féminin e se livre.
« comme tes Romaines de Juvénal, à des combats triba« diques, lpsa Medullinre frictum crissantis adorat. »
Depuis, il est vrai, les temps ont marché. Le crime
de s9domie (au xve siècle on brûlait encore ces messieurs
en place de Grève) n'est plus poursuivi par nos lois. Ces
messieurs laissent au vestiaire leur auréole romantique
de satanistes. Quarante ans après le mari, la femme et
l'amant, ils ont fait leur entrée dans le monde.
La guerre de 1914, réactif universel et tout-puissant,
marqua, dans cette question des mœurs comme en toute
chose, le début d'une étape décisive. Et n'est-ce pas
quelque peu en raison du fameux « c'est la guerre ! »,
excuse de tous les débordements, qu'il nous est donné
de voir, depuis deux ans, nos jolies mœurs de démocrates
idéalistes et patriotes, se refléter dans notre littérature ?
Qu'on songe à cet égard au chemin parcouru depuis le
procès fait à l'innocente Mme Bovary et les premiers
romans de Bourget, jusqu'au M. de Charlus de Sodome
et Gomorrhe.
Enfin, pour ce qui nous occupe, je veux dire pour ce
ce qui a trait au sujet de cette « Garçonne » si grotesquement prénommée, combien ne connaissons-nous pas
maintenant de femmes ou de filles qui, les unes parce
qu'elles gagnent de l'argent, les autres, au contraire, parce
que oisives et stériles e t comme telles sujettes à toutes,
les divagations et à tous les dévergondages, nous la font
(si j'ose dire) à l'affranchissement et à l'égalité des droits
et des devoirs, nient l'irrémédiable différenciation sexuelle

et, confondant licence et liberté, amour-propre et honneur, se décomposent toutes vives !
Ecrire le roman d'une de ces piètres amazones, en
narrer les avatars, en montrer la foHe, sans bégueulerie,
en mettant au jour toutes les gangrènes et toutes les
sanies qu'on eût voulu, eût pu donner lieu à une œuvre
forte et :salutaire. Mais, pour cette tâche, il fallait un
autre homme que M. Victor Margueritte.
Monique Lerbier, l'héroïne de la « Garçonne », n'est
qu'un personnage de convention. Cette petite jeune fille
falote et soi-disant pure, qui se toque d'un fiancé intéressé
et malpropre (comme trop de fiancés bourgeois en l'an
de grâce 1922); qui, couche avec lui ante nuptias, et,
t.rahie, recouche pour se venger avec le premier venu
dans un quelconque hôtel de la rue Pigalle, ne saurait
en rien nous toucher. Seul, le culot d' une feuilletoniste
pouvait en faire l'hé:roïne, le grand personnage dramatique
et sympathique qui sous prétexte de s'affranchir, se
roule dans l'ordure pour rencontrer enfin l'âme sœur et
se régénérer dans le plus affranchi et le plus classique
des ména~s.
Délayée dans la pleurnicharderie, cette donnée banale
eût pu occuper cent jours durant le rez -de-chaussée du
« Petit Parisien » (surtout si conjointement à un assassinat quelconque, Monique avait été une ouvrière séduite.
engrossée, plaquée et tournée grue). Pour écrire un
« roman audacieux » il n'y avait qu'à faire de l'héroïne
une bourgeoise, inteUectuello-artiste ou artisto-intellectuelle, en mal d'affranchissement, à lui coller dessus (pour
faire la pige aux « Don Juanes »), le barbarisme de
« Garçonne » et pour évit,e r l'ennui et appâter le client,
cherrer dans la peinture de mœurs. Enfin, pour porter
l'audace à son comble et corser le ragoût d'un filet ae
sauce bolchevik, mêler aux séances de cuissage et
d'opium, aux « partouses » à trois, quatre ou cinq, et à
toutes les étreintes, caresses et tripotages du monde,
le rappel opportun des « profits et pertes » de la guéguerre.,
et le spectre de la famine russe, en exposant ingénument que l'idéal démocratique (ah ! qu'il était beau sous
l'Empire !) remédiera à tout.
C'est ainsi que minutieusement et complaisamment,
avec dans l'expression, toute la platitude et la fadeur du
naturalisme le plus épuisé, s·e déroulent, de page en page,
les évocations « audacieuses ». Ah ! tout y est, vraiment
tout. « La Garçonne » est, à cet égard, une encyclopédie,
un compendium, une somme des « plaisirs de Paris » :
Coucheries simples, nonnales malgré certains raffinements de postures (cf. page 162, quand Monjque à genoux
cueille de la lavande), sodomie, bilitisme, onanisme., flagellations, opium, bonne petite « partouse » à six ou sept
à la maison Philibert. J'en passe peut-être. Et toujours
avec le détail grossier, le mot cru.
Mais plus peut-être qu'en un tel étalage, l'odieux de
la « Garçonne &gt;&gt; s'affirme dans la phraséologie sociale
dont son auteur prétend la justifier. Ce livre serait, selon
les dires de celui-ci, « un livre de gauche », lancé contre
l'hypocrisie d'une morale périmée, une œuvre courageuse
et saine, quasiment révolutionnaire. Grâce vous soit rendue, Monsieur Victor Margueritte, de me permettre ainsi
d'écrire que nous recommençons à être quelques-uns à l'extrême-gauche qui en avons assez de voir assimiler l'idéal
révolutionnaire, austère et terrible, à je ne sais quelle anarchie jouisseuse et sentimentale. Tirez votre « Garçonne »
à deux cent mille, nous vous remercierons même de nous
montrer par son succès la bassess,e des, milieux dirigeants
de notre démocrassouille, mais, s'il vous plaît, ne mêlez pas
les idées de gauche (non plus d'ailleurs que les idées de
droite) à un pareil trafic.

VI N G T

9

ANS

APRÈS

- Les amis de M. Millerand affirment que
lorsqu'ils seront au pouvoir, il n'y aura plus
de soldats. (Dessin et légende de Job, t xlrails du
«Gaulois du dimanche »: 12 avril 1902.)

UNE INTÉRESSANTE RÉÉDITION
Les dévotes d'Avignon, par JosÉPH1N P É LADAN.
avec avant-prorns de G.-L. Tautain (Monti~ nouveau ).

Se produira-t-il pour Péladan ce qui s'est déjà produit
pour Gobineau ? Sont-ce les Allemands qui vont nous
révéler l'auteur du « Vioe Suprême » comme ils avaient
déjà recueilli et adopté l'auteur de I' « Essai sur l'inégalité des Races humaines » ? M. Gustave-Louis Tautain nous ave1tit qu'outre-Rhin tels livres de Péladan
sont tirés à 15 ou 20.000 exemplair,es, tandis qu'en franœ ,
le public sait tout juste de cet écrivain si rare cm,'il
avait failli devenir ma~, ce qui n'est. pas en somme une
aventure à prendre au séri,eux ! Pourtant le cas de Péladan mérite autre chose qu'un si aimable dédain. J'y
vois même une des plus prenantes singularités de la
littérature française. Il est peu de sujets que n'ait touchés la hâte dévorante de Joséphin Péladan, peu de
choses qu' il n' ait senties, peu d'idées qu'il n'ait remuées.
On rencontre dans la profusion de son œuvre d'étonn antes
annonciations, des vues d' une originalité scabreuse, insensée. L'écrivain chez lui, très inégal, se montre tantôt à la
hauteur des plus grands, éloquent et d'un emportement
intellectuel superbe ; tantôt verbeux, lassant. C'est bien
de Péladan, créateur incomplet et - M. Tautain l'a
fort bien discerné - par certains côtés féminin, qu' on
pourrait di.re qu'il eut une espèce de génie.
« Les Dévotes d'Avignon » sont une des œuvres les
mieux composées, les mieux réussies de Joséphin Péladan. Je voudrais faire lire ce roman si cérébral, si particulier, si hautain, si ardent. Je me bornerai donc à
dire qu'il constitue une des choses les plus abominablement érotiques qu'on puisse se procurer pour 6 fr. 75.
Sans un mot grossier, san,s une attitude grossière, il y a
là de quoi damner toute l' Eglise.
C'est l'histoire d'une jeune fille regardée par un jeune
homme.
Dominique BRAGA.

�LE CRAPOUILLOT

ÉTUDES SUR LA MISE EN SCÈNE

LE THÉATRE DES ARTS(l)
PAR LÉON MOUSSINAC

Si pour le grand public et un certain nombre d'artistes ignorant les travaux des Allemartds et des Russes,
les ballets de Serge de Diaghilew furent une complète
révélation du renouveau de la décoration théâtrale, ils
n'éblouirent pas de même ceux qui . avaient entrepris
d'étudier à l'étranger les efforts et les réformes déjà
réalisées. Ainsi Jacques Rouché revenant d'un voyage
d'études écrivait son Art théâtral modertt.e où, après avoir
fait connaître les idées précises d'un Stanislâwsky, d'un
Meyetkhold, d'un Fuchs, d'un Erler, d'un Reinhardt et
d'un Gordon Craig, il tentait de fixer les principes d'une
mise en scène nouvelle qui s'accordât avec le génie français, avant d'en faire un.e application éclatante au Théâtre
des Arts en 1910.
Aussi M. J. Rouché estitne•t•il que lâ mi$e en scène doit
mettre le décor au servic-e exclusif du dtame, en nedisttayant pas le spectateur ou en ne dispersant pas son
attention par la reéherche inutile d'effets anecdotiques
ou de reconstitutions pittoresques : «-Pourquoi faire éclater un feu d'àrfifice ou défiler un oorlègie dàns le fond
de la scène, alors qu'au premier plart se déroule ttne
scène dramatique qui rt'en est point renforcée? » Il s'agit
donc de styliser Je décor : « On n'admettra que -1es
éléments décoratifs indispensables à la comprëhension
de chaque pièce, en s'efforçant de les disposer de la
façon qui seta la plus suggestive sur l'esprit du public. »
On obtiendra ce résultat en recherchant les rythmes, les
effets plastiques, l' llàrmonie colorée du drame à représenter : « Le décor devra être exécuté, non comme l'agrandissement d'un tableau destirté à figurer dans une galerie, mais tomme une œuvre décorative. Qu'on me passe
ces termes techhi.qttes de métiet, il seta traité en décoration et non en peinture ... On n'oubliera jamais, en
effet, que la scène est, comme l'a dit Taine, « un relief
(_l} Ç~ chapitre est extrait d 'un livre de Léon Moussinac: • La décora tion théâtrale, , à paraitre en octobre dans la collection de cl' Art

français depuis vil1gt ans • (Rieder, édit.).

qui bouge &gt;&gt;. On oonsîdérera ainsi l'art dramatique
comme un asptct et une dépendance de l'art plastique. »
Personnages ,et décor sont inséparables et dépendent
« d'un terme supérieur : le drame auquel le décor doit
servir de cadre. D'où ce corollaire évident : Ie décor
sera conçu à l'échelle de la pièce, ou, pour parler même
et plus précisément, de l'action particulière qu'il souligne èt qu'il illustre ».
.
Les oostumes doivent être réalisés en harmonie étroite
avec le décor : « Peintre décorateur et costumier collaboreront pour fondre l'apparence sculpturale et colorée
des acteurs èt des figurants avec les lignes et les couleurs de la décoration générale ; par cette entente minutieuse, on évitera les heurts, de tons, les bariolages inattendus, les contrastes violents entre la nuance d'une
étoffe et celle d'une tenture qui sont moins imputables
à la maladresse des costumiers qu'à l'ignorance, où d'ordinaire ils sont tenus, des lignes principales de la mise
en scène. » C'est pour cette raison que M. J. Rouché
estimait nécessaire qu'un peintre devînt le conseil du
metteur en scène en dessinant aussi bien les costumes que
les décors et en réglant d'acc-0rd avec lui et l'auteun,
les gestes et les mouvements des personnages. Ainsi pouvait-ôn parvenir à l'unité générale du spectacle.
« Nous possédons en rrance, ajoutait-il, une belle étole
de peintres décorateurs ; l'heure semble venue de tenter, avec leur conoours, un modeste essai, par lequel,
sans rien renier des. traditions de beauté léguées p-ar
le passé, mais en cherchant une note d'art nouvelle, on
s'efforcera d'élever l'art dramatique à la hauteur atteinte
par la culture artistique de notre époque. » Ce « modeste
essai » fut en réalité la remarquable saison du Théâtre
des Arts qui re-ste l'honneur même de M. J. Rouché
et où il appliqua pleinement et parfois avet tant de
suggestive beauté, les conclusions mêmes de son étude :
« La mise en scène, à notre avis, peut être réaliste,
fantaisiste, symbolique ou synthéiiqUe, tùrnporter des

éléments plastiques ou peints. Il nous plaît de voir jouer
un mélodrame dans une mansarde avec des éléments
purement réalistes, si ceux-ci sont harmonieux, une féerie
dans un décor de Guignol piqué de jolies taches de couleur, une court.e scène du répertoire devant une belle
tapisserie de l'époque, une fantaisie orientale devant un
paravent japonais ; le ragoût sera un délicat ra,pport
entre un costume et une draperie, une jolie arabesque
de feuillage, fût-elle dans une ridicule bande d'~ir. ~ou~
réclamons pour le metteur en scène toute l1berte, a
condition que les mo_yens e~ployés soient artistiques. '»
M. J. Rouché réunit au Théâtre des Arts, de 1910
à 1912, la plus remarquable collaboration de pe!ntre~,
de musiciens et d'auteurs dramatiques qu'on ait Jamais
vue encore en France. Ce fut surtout une démonstration éclatante de la possibilité où l'on était chez nous
de mettre en scène, en appliqu,ant nos goûts avec méthode en -exaltant aussi notre personnalité, tous les genres
dram~tiques. Les Ballets Russes, nous l'avons_ vu, avai:nt
réalisé la fusion des arts plastiques et rythmiques grace
à la collaboration étroite du musicien et du peintre ;
Je Théâtre des Arts élargit la formule et prouva qu'il
était possible de l'appliquer avec la même puissance
de suggestiofi, à une comédie ou à un drame. L'effet
fut d'autant plus heureux qu'il prouvait combi-en la routine qui emportait notre théâtre était lame~table, et réagissait avec éclat contre la médiocrité, la banalité, par une
originalité et un goût exceptionnels. Enfin, un art de la
scène s'établissait chez nous et c'est ainsi que se renouait
cette tradition poursuivie à &lt;&lt; l'Œuvre » avec de petits
moyens et née au temps où Fragonard et Boucher peignirent les premiers décors de la scène française. Ce
fut un beau c::&gt;mbat en "'faveur des idées nouvelles enfin
reprises et exaltées. Et à ce combat participèrent des
peintres comme Dethomas, Drésa, Piot, Charles Guérin,
d'Espagnat, Desvallières, Segonzac, Albert André, Prinet, Georges Delaw, J. Hémard, Bonfils, Hermann-Paul,
Laprade, Carlègle, Francis Jourdain et un artiste d'une
fantaisie extrême, - excessive peut-être, - mais toujours original : -Poiret.
Le succès prouva que la formule nouvelle, qui avait
si bien réussi avec la fête hardie des Russes (facilitée par
ce fait qu'il s'agissait de ballets, c'est-à-dire d'une forme
dramatique où l'action n'est pas toujours précisée nettement, reste dans une poésie vague, et permet une très
grande liberté de conception), pouvait parfaitement
s'adapter à des œuvres dramatiques modernes en contribuant même à en accuser les caractères et la poésie.

LES PREMIÈRES
PAR PAUL FUCHS

Théâtre des Arts. L'éPeil du f aw1e, comédie sociale
de M. Edward KNonLOCK, traduite par M. Jacques
ATHANSON.

Il y a décidément un abîme entre le goût du public
anglais et celui du public français. Il semble pour nous

11

stupéfiant que la pièce enfantine et dénuée d'intérêt qrte
vient de représenter le Théâtre des Arts ait pu, de l'autre
côté de la Manche, être acclamée pendant des centaines
de soirées ...
L'histoire est celle des amours clandestines d'un député
et d'une cuisinière. Celle-ci est un être d'élite : elle guérit le politicien d,e son penchant pour l'alcool ; grâce à
son influence il prend une part de plus en plus brillante
et plus utile aux aftaires de son pays. Pourquoi, dès lors.
ne l'associe-t-il pas. à sa vie ? Elle est charmante physiquement : elle a suscité en lui « l'éveil du tauve ». A
défaut, d'ailleurs, d'autres agrétnents, il trouverait en elle
une maîtresse de maison accomplie. Ses hésitations sont
pour nous incompréhensibles et nous comprenons encore
moins pourquoi la servante au grand cœur et à l'esprit
têtu retuse au politicien de gérer pour lui une exploitation agricole. C'était pourtant son rêve, être fermière !
Mais non : cuisinière elle est, cuisinière elle veut rester.
Elle. se cramponne à ses tourneaux.
.
Le député, vexé, part pour la Franœ (ça se passe pendant la guerre) et se fait casser la figure. Une amie
d'-enfanœ ,qùi' l'aimait sans trop oser le lui dire (quels Don
Juans que ces collègues de. M. Lloyd Georges !) et la cuisinière qui, depuis, a épousé un brave ouvrier, pleurent
ensemble cet être falot. Elles sont bien bonnes !
Mlle Paulette Pax, à l'instigation de qui, dit-on, nous
devons la rèp,résentation de cette pière, incarne la housemaid avec ardeur et adresse. L'allure commune -qu'elle lui
prête semble la plus naturelle du monde. Mlle Gladys
Maxhenœ est une jeune :fille aux gestes simples, gr_acieux,
Et le timbre émouvant de sa voix nous a rappelé parfois
celui de Mme Moreno.

A l'Œuvre : Le Lasso, drame en trois actes de
M. BATTY WEBER.
Mon premier contact av,ec la toule luxembourgeoise a
eu lieu à la descente du train, dans une fête foràine.
Devant un jeu de massacre, des jeunes gens congestionnés lançaient avec une joyeuse violence les balles
de cuir sur des poupée_s représentant le Kaiser, le Kronprintz, les généraux alle.tnands. La boutique s'intitulait :
« Au Massacre des Têtes de Boches ». La fou!e, aimable
et gaie, parlait français. Les fillettes, vêtues de clair,
ressemolai,ent ,à nos grisettes. Je n'en pouvais croire
mes yeux et mes oreilles ! L'accueil, enfin, que je reçus
de chacun ne me fit pas regretter de m'être arrêté
un jour ou deux en r•evenant de Rhénanie chez ces amis
inconnus ...
M. Batty Weber vient de ce pays. « Le Lasso », titre
et symbole de sa pièce, c'est l'hérédité. Celle-ci nous
ligote, régit nos actes. Deux frères, même s'ils sont de
caractères opposés et s'ils ont vécu dans des milieux
très différents, feront, au même moment, si un même
mobile les guide, le même geste. C'est ici le cas : ces
deux frères se trouvent tace à face, la nuit, devant un
coffre-fort dont ils sont, l'un et l'autre, prêts à forcer la
serrure. Pour amener cette situation poignante, l'auteur
a échafaudé ùn drame arbitraire un peu, mais émouvant_,
où les personnages sont bien campés. Chacun dit ce qu'il
doit dire, fait œ qu'il doit faire.
Auct.me des pièces que monte M. Lugné Poë n'est
indifférente. Celle-ci est ,peut-être moins achevée que
certaines de celles qu'il nous a présentées. 11 n'ért faut
pas moins le louer une fois de plus de la ténacité qu'il
met à rendre familières au public parisien les ceuvres
capitales, et trop peu connues ici, du théâtre étranger.
Comme toujours avenue de Clichy, l'interprétation et la
mise en scène sont parfaites.

�• CRAPOUULOT
LE

J

Pendant mon service militaire, j'ai passé une quinzaine
de nuits dans les commissariats de p:&gt;Lce èe Charonne ou
de la Villette, à l'occasion d'une grève - je crois - de
boulangers. Les nuits blanches étaient lono-ues à tirer ·
les bancs du « quart », où nous nous all~ngions tout
hamachés, avaient l'élasticité des noyaux de p;che, le::;
« violons » sentaient fort mauvais ; et cependant je n'a11rais pas cédé ma place pour un dîner au fameux
« Cochon d'Or », car chaque nuit, ou presque, il m'était
donné d'assister gratuitement à de pe'.its spectf,c'es, au
moins égaux en bouffonnerie aux plus truculente, charges
des Moineaux père et fils.
. 1~ me revi,e~t précisément en mémoire un de ce.3 pet b
mCJdents tragico~burlesques dont je fus, sous le pantalon
garance, le témoin anonyme; et, au risque de me voir
mal noté sur le « dossier mondain » que toute importante personnalité parisienne possède dans le~ cartons
verts de la Tour Pointue, je ne puis résister au désir
de la conter.

• ••
Une nuit, un agent ,en civil entra dans le commissariat
tirant derrière lui son dernier coup de f.let : deux f:l!e;
en cheveux et un gros homme à face réjouie.
- J;~i arrêté ~et individu, déclara le « bourgeois ».
dans I mstant qu'il recevait d(c! l'argent de ce3 femmes,
à la sortie du métro Charonne.
- L'homme a-t-il des papiers? demanda le commissaire.
- Monsieur le Commissaire, je l'ai fou:I Jé,
à seule fin de voir s'il ne recélait pas d'armes ·
il n'a pas de papiers...
'
Le gros homme n'avait pas la mine d'une
&lt;(terreur» faubourienne ; au contraire, une fac~
écarlate de bon vivant, des joues en forme
de _tomates, avec sous un nez rubicon~, deux
petites crottes noires à la « Charlot », qu'un
c~up ~e, fer faisait tournoyer pittoresquement.
L air legerement goguenard, le prévenu ne semblait point trop emmouscaillé. Il salua poliment
le Commissaire et déclara d'une petite voix futée

qui contrastait bizarrement avec son tour de poitrine :
. - Monsieur le Commissaire de police, y a méprise,
Je m'appelle Philibert Courtecuisse et suis établi boucher,
311, rue des Orteaux, à deux pas d'ici. A preuve que ma
bou:geoise m'attend à l'heure qu'il est. Je n'ai pas de
papiers SUT moi, c'est véridique, mais il vous ·sera aisé .. .
L_e Commissaire l'interrompit pour appeler un planton,
qu'tl envoya aux renseignements. Puis :
- Nous serons fixés dans quelques m:nutes sur l'exactitude de vos assertions. Mais, au cas où vous avez
dit la vérité, veuillez m'·e xpliquer pourq~oi vous receviez
de l'argent de fille:, publiques à la sortie du métro
Charonne?
- Monsieur le Commissaire de police, répondit le boucher, je gagne honnêtement ma vie et jamais je n'ai reçu
d'argent des pouffiasses !
- Eh dis donc ! Oras-Doub:e, tu poarrais être poli !
lança une des filles.
- Silence!
- C'est pas des raisons parce que Monsieur est dans
les gigots pour qu'il soye malhonnête avec le monde,
appuya la seconde fille.
- Assez ! coupa le Commissaire ; monsieur Courtecuisse, voici un de nos agents, M. Pér~u, qui assure ...
vous assurez, n'est-ce pas...
- Je jure, SUT mon honneur, monsieur le Commissaire ...
- ... vous avoir surpris et arrêté au moment où vous
receviez de l'argent ...
- Votre homme a fait ,e rreur; je revenais de
dîner chez mon a.mi Poupette, vous savez
bien, le mandataire aux H::1lles. Si ma mfo~gère
ne m'a pas accompagn~, c'est qu'elle ne s'accorde pas avec la dame de Poupette, rapport à
ce que sa belle-mère a cherché des raisons .. .
- Au fait, mon ami, au fait !
- Ce que je disa:s, c'est à seule fin d'éclairer les tenants et about:ss:mts de l'affaire. Parce
que, n'est-ce pas, monsieur le Commissaire de
police, nous ne vivons plus, Dieu merci ! aux
temps des rois capétiens où l'on foutait pour un
oui pour un non, le pauvre monde dans des
oubliettes !

/

J

- Faites-nous grâce de
vos connaissances historiques et venez au fa:t .. .
- Je s :) r ;a·s donc du
métro Charonne, continua
le boucher, lors;:iuë je fas
acccs :é par c~s deux ... d-~moise les qui me caus~rent:
« VLns, mon gros ché~i.,
qu'e'.les me disaient, viens
t'amus~r avec deux petite-3
dames bien experte3, tu ne
regrètteras pas ton pognon. » A quoi j'ai répondu poliment, en galant homme : « Non, pas ce soir, mes petites
cqattes, ma bourgeoise m'attend et je me fe~ais disputer
en rentrant. » C'est pendant œ::te conversation que le
bourgeois a fait son apparition. Il m'a fouillé, en me faisant mettre les bi:as en l'air, comme au Ciné, et m'a dit
de le suivve au « quart ». Et il a ajouté : « Toi 1~ poiss, si
tu cherches à t'esquiver, je te crève. » Vous pensez, monsieur le Commissai1~e de police, si j'avais envie de commettre une évasion, moi un commerçant établi, marida (1 ),
rangé des autos, père de famille, car j'avais oublié de
vous dire que j'ai une petite fille et. ..
- Bon, bon, pas de détails, dit le Commissaire.
Puis se ·tournant vers son subordonné :
..:_ Dites-donc, Pérou, vous entendez ce que dit Monsieur?
- C'est des mensonges, hurla le « bourgeo:s », je l'ai
vu recevoir de l'argent de cette brune-là, de la main à
la main, monsieur le Commissaire. Je pense, monsieur le
Commissaire, qu'entre la parole, d'un agent de l' Administration et cet individu ...
- Halte-là, je ne suis pas un individu, je paie patente !
- ... Souteneur, souteneur, c'est un souteneur, monsieur le Commissaire. Il y a plus de six mois que je le
file en 'Suivant son petit manège à ce marlou-là !
- Où ça ? questionna le boucher.
- Où ça ! mais sur le boulevard de Charonne, dans
la rue de Ménilmontant. ..
- Depuis six mois ? Tiens ! j'avais oublié de vous
dire, monsieur le Commissaire de police, que je ne suis
installé que depuis trois jours dans J.e quartier., c'est même
la ,r aison pour quoi vous ne me remettez pas ; auparavant, j'étais commis à Brives-la-Gaillarde, à l'enseigne
du « Cochon qui sommeille », chez Costecalde.
Le policier s,e taisait. Etonné par l'assurance de ce Courte cuisse, le Commissaire, perplexe, se tourna vers les
filles. Des agents galants leur avaient avancé un banc.
Elles rigolaient de l'aventure, bonnes filles, habituées à
faire périodiquement la navette entre le trottoir, le «quart»
et « Saint-Lago»; pas laides d'ailleurs, l'une blonde
décolorée, avec des « chiens » et des « guiches » encadrant un visage fatigué mais fin, l'autre brune aile-de-corbeau, coiffée en coques, avec un faux air d' Andalouse
effrontée.
- Connaissez-vous ce Monsieur ? demanda le Commissaire.
- Cette bille-là ? Ah ! pensez-vous qu'on a ça dans
ses relations si ce n'est des fois comme client, s'indigna
la brune. C'est un cavé!
- C'est ce soir la première fois que vous le voyez?
- J' comprends! s'écria la blonde. Non mais, voyez-vous
cette bellure qui croit que nous en lâchons à des mochetés. Si je devais assister une personne, ce serait pas un
enflé comme ça !
- Ah ! c'est tout de même fort de café! rouspéta le
(1) Marié.

13

boucher : voilà un flicard qui me traite de barbeau, et
puis des biftecks qui m'insultent et disent que je ne suis
pas susceptible d'être aimé pour moi-même ! Ce qu'il
faut en ·e ntendre au jour d'aujourd'hui !
- Dites-donc, Pérou, mon ami, questionna le Commis-saire, avez-vous des preuves ?
- Ah là, là ! interrompit une fille, vous, fatiguez donc
pas à lui faire entendre raison à votre poulet!
- Poulet ? qu'est-ce que ça veut dire « Poule~ )&gt; ?
- Monsieur le Commissaire, expliqua Pérou, c'e.,t ainsi
que ces filles nomment maintenant les « b-Ourgeois ».
J' t'en fauterai des poulets, moi, fille à soldats !
- Mais depuis le temps qu'il cause votre poulet, continua la fille, vous avez encore pas vu qu'il était saoul ?
- Je proteste, s'écria t'agent, effectivement congestionné ...
- Plein comme un œuf, schlasse, je vous dis, no:r,
rétamé .. .
- ... comme une cass,e role !
A ce moment l'agent qu~on avait envoyé aux renseignements rentrait et confirmait de p6int en point les déclarations du gros boucher.
- Monsieur, vous êtes libre, avec nos regrets, déclara
le Commissaire (sans qu'on sût exactement s'il regrettait
d'avoir arrêté le bonhomme, ou biien d'être contraint
de le relaxer) .
- Merci, monsieur, répondit le gros homme, s,eulement
avant de partir, je désirerais qu'on me rendît ma montre.
- Votre montre ? s'étonna le Commissaire.
- Ma montre.
·- Et qui' vous a pris votre montre ?
- L'agent en bourg,e ois.
- Qu'est-ce -que vous dites, ? s'écria le dénommé
Pérou.
,
- Je dis, répliqua avec calme le gro-s homme, que
vous m'avez pris ma montre. Et profitant de ce que
!'alguazil moustachu rotait de colère ,a u point de ne
pouvoir parler, il mit les points sur les i : - Lorsqu'il
m'a arrêté, votre bourgeois m'a fouillé. Il vous l'a avoué
lui-même tout à l'heure ; il m'a palpé toutes les poches ;
je dois dire qu'il m'a laissé mes clefs et mon porte-monnaie . .. mais il m'a pris ma montre. Je pensais qu'il me la
rendrait au commissariat.
,- Votre montre ! Moi, j'ai pris votre montre! éclata
le roussin.
- Ma montre, parfaitement, ma montre en or, qui me
vient de papa ... A preuve qu'il l'avait achetée à !'Exposition Universelle !
- Monsieur, interrompit le Commissaire d'une voix
sèche, je conçois que cette arrestation, quelque peu arbitraire, ait pu vous être désagréable et crois vous avoir
exprimé tout à l'heure mes regrets personnels, seule-

�i4

LE CRAPOUILLOT

on, je uppose plutôt que vous serez définitivement rayé de cadres de J'administration, sans préjudice
d'une condamnation probable ; mon ieur Pérou, nous ne
voulons pas de brebis galeuse dans nos rang !
- Brebi galeu e ! monsieur le Commi saire me traite
de brebis galeuse ! s'écria Pérou, qui, as ommé par ce
dernier coup, s'effondra ur un banc et se mit à sangloter
comme un enfant.

• ••

ment je vous conseillerais tout de même de ne pas vous
payer ma tête, parce que ...
- Monsieur le Commi s aire, veuillez me pas er, je
vous prie, le regi tre de réclam ations. Je uis bon garçon,
vou avez été à même de le constater. eulement vous
avouerez que ça dépa se les borne . On m'arrête, on
me fouille, on m'in ulte. Je me tiens peinard, j'attend
que mon innocence éclate. Elle éclate. Et voilà qu'on
veut, au nom de je ne sai quel principe, me confi quer
mon chronomètre ; et puis, je n'ai qu'à dire merci ? Ah
crotte ! Il y a des juges à Berlin, monsieur Je Commissaire,
et d'abord je vai écrire à mon député : Tl interpellera
les ministre !
- Vous maintenez votre accu ation contre l'agent
Pérou, matricule 21.035 ?
- Et comment ! Ou alors, qu'il rende la montre.
- Bien, monsieur.. . Dan ce cas, voici un papier et une
plume, Yeuillez formuler votre plainte qui sera enr gi trée
demain matin.
Le gros homme aisit le porte-plume et se mit au itôt à calligraphier ses doléances. Sa signature apposée
avec un upe rbt: paraphe, il reprit son parapluie et son
mou et s'enquit :
- Puis-je m'e bigner?
- Parfaitement, mon ieur, vous êtes libre.

•

• •
A peine fut-il dehors, que le Commissaire explosa :
- Dites-donc, Pérou, qu'est-ce que c'est encore que
cette histoire-là ? mon ami, faudrait voir à ne pas jouer
au petit oldat avec moi ! Comment, non content d'être
saoul comme ...
- Comme une bourrique, ricana une des donzelle .
- Moi, saoul! je uis saoul? prote ta l'argou in. Mai~
je ne ui pas aoul, monsieur le Commi aire. Voulezvou que je vous le prouve : Tenez, regardez-moi marcher ! une, deux ! une, deux ! C'c t-y la démarche d'un
homme plein? Et je peux écrire! Faites-moi faire une
dictée, mon ieur le Commissaire, vous verrez.
- Taisez-vou , Pérou ! Je connais vos antécédent ...
Et d'abord vous puez le marc à pl ein nez!
- Une dictée, monsieur le Commissaire, une dictée,
une dictée pour l'amour de Dieu!
- L'amour de Dieu, Pérou, n'a rien à foutre avec la
plainte de M. Courtecuisse : Etant ivre, vou avez commis
la maladre e d'appré hender un honorable commerçant,
l'ayant arrêté sans preuves, vous l'avez fouillé et l'ayant
fouillé, vou avez, mettons ... égaré sa montre. le cas,
pour un agent assermenté, est d'une gravité exceptionnelle. Demain, je tran mettrai la plainte avec un rapport
circonstancié, et vous n'y couperez pas ...
- Je ne vai pas encore avoir huit jours de mise à
pied?

15

LE CRAPOUILLOT

A ce moment, une femme aux uperbe appas, simplement vêtue d'un peignoir et le crâne orné d'un millier de
bigoudis, apparut dans l'encadrement de la porte et se
précipita vers le bureau du Commi saire.
- Mon ieur le Commissaire, il n'est r:en arrivé à
Firmin au moins ? Il n'e t pa rentré et je suis très
inquiète ...
- Voici votre époux, madame, répondit le Commissaire, et il en fait de belles ! il e saoule, madame, et
quand il est aout, il vole le montres !
- Firmin va encore être mis à pied ?
- Pérou va être chas é de l'admini tration, madame !
- Chassé? Mais qu'est-ce qu'il fera, monsieur le Cornmi aire ? li ne sait rien faire, cette andouille-là ! Eh bien,
nou voilà propres avec les enfants et le terme ! Mais,
monsieur le Commi aire, continua la femme d'un ton
enjôleur, est-ce qu'il n'y a pas moyen d'arranger ça ?
- Il y a un moyen, madame, un seul, répliqua froidement le Commissaire après avoir narré l'aventure : faire
retirer sa plainte à M. Courtecui se, boucher, 311, rue des
Orteaux.
- Je vais le voir tout de suite, déclara cette femme
prompte aux décision : il est trois heures et demie, il
faut que je l'agTafe avant son départ aux Halles.
- Merci, Eugénie ! merci ! je n'oublierai jamais ce
que tu fais pour moi ! s'écria l'infortuné Pérou. Puisses-tu
réussir?
- Je saurai bien l'attendrir, ton boucher ! répondit
Mme Pérou en s'esquivant.
La demie de trois heures sonna, puis les quatre heures ;
le quart, la demie. L'agent cuvait son vin, étendu sur un
banc; le Commis aire somnolait ... Enfin, l'épouse Pérou
surgit, uivie du boucher en blou r bleue et casquette
cacao. Pérou auta sur es pieds.
- Voilà, annonça la superbe femme, M. Courterui se
qui a eu la bonté d'avoir pitié de moi. .. Oh ! pa de toi,
de moi !. .. Et qui veut bien retirer a plainte, pour ne pas
mettre une famille entière sur la paille.
- Passez-moi le papelard, dit Courtecuis e. Et l'ayant
reçu des mains du Commissaire, il le déchira avec un
g-este qui ne manquait pas de grandeur.
L'agent Pérou, qui n'était pas encore totalement dégrisé, se jeta à ses pieds, embrassant avec transport ses
main qu'il arrosait de ses larmes.

- Monsieur Courtecuisse, dit le Commissaire avec,~n.e
intonation de père noble, permettez-ma( de vous fe_hcrter de votre générosité. Vous êtes beau 1oueur, monsieur
Courtecuisse. Inutile de vous dire que toute les recherches po sibles seront effectuée pour retrouver la montre
perdue. Au revoir, monsieur Courte~isse, et soyez persuadé que l'agent Pérou regrette sincèrement un moment... d'égarement qui ne se renouvellera plus. .
.
Le boucher donna un shake-hand au Commissaire, fit
de sa main grassouillette un petit igne cavalier à l'agent,
salua a ec un très gracieux sourire la superbe Mme Pérou
et s'en fut, dans une apothéose.

M. A. Kouprine a conté cette idylle et e&lt;:tt~ ~agédie
dans une langue pleine d'images et de ren~uruscences
bibliques. Les archéologues contesteront peut-etre l'exa~titude de décors où se meuvent es per onnage , n:ia1s
il le a peints avec une telle couleur qu'il d~nnent 1'11lusion d'une fidèle restitution ; l' éclat du cadre aJoute_enco re
à la majesté de Salomon et à la grâce de Sulamite. Ce
joli conte tune œuvre d'art parfaite.

J. LETACO

DESSI

DE GUY DOLLIAN

• ••
Je te rejoigni dan la rue. Pour un louchébem un soldat
est toujours un poteau.
- Dites-&lt;lonc, lui dis-je ça vous coute tout de meme
une montre cette histoire-là ?
- Pense~-tu mon pote, me confia le gros garçon avec
un bon saurir~, ma toquante, tien la v'là, j' l'avais dans
mon gousset, comme de juste.. .
.
Puis il ajouta en me présentant avec un sourire _de
coin, un magistral oignon qui devait compter au moins
les siècles :
,
- Seulement, tu comprends, moi, j'aime pas qu on me
prenne pour un ...
Jean ÜALTlER-B01 SltRE.
A

A

LITTERATURE ÉTRANGERE
S ulamite, par

(1).
Ce conte biblique est un ouvrage, exceptio~ne~, par
finspiration et par la forme, dans l_ ~uvre s1, reahste
d'Alexandre l(ouprin~. C'est une fantalSle de po~te, dont
le lyrisme s'est échauffé à la lecture du « Cantique _d'.es
Cantiques » et qui s'est diverti à paraphraser la Bible,
en imaginant la brève aventure d'amour dont le Cantique est l'impérissable écho.
.
Salomon le roi au sept cents femmes et aux trois cents
concubines' a connu toutes le sensualités de l'amour:.
mais igno;e encore l'amour, le don total et absolu du
cœur avec l'abandon charnel. Par un joyeux et frais
matin, dans les vignes odorantes, il r~ncontre ~ne _jeune
Paysanne Sulamite dont la chanson simple et bmp1de et
'
,
l'infinie beauté
le 'troublent profondément. Il n' eprouve
peut-être tout d'abord que d~ désir, tan~is que Sulamite,
dès les premières paroles, des les prem1er~s. caresses du
roi dont elle ignore le nom et le rang, 1 aime tout de
suite : « Mon cœur tout palpitant, dira-t-eile plus tard,
s'est ouvert à ton approche, telle une fleur épanouie sous
la caresse légère du vent du sud, pendant une nuit d'été. &gt;&gt;
Mais la candeur et la sincérité sentimentales de cette
vierge l'étonnent,, le ravissent; . il découvre l'infini de
l'amour et aime a son tour, ventablement, pour la première fois. Jal~use, la reine Astis fait tuer Sulamite.
Celle-ci meurt en remerciant le Roi de son amour, de
sa beauté de sa sagesse, du bonheur qu'il lui a donné et
Salomon jure qu'aussi longtemps que de êtres humains
s'aimeront le nom de Sulamite sera, de siècle en siècle.,
prononcé avec ferveur et reconnaissan~. Sulami~e m~rte,
Ie grand Roi, inconsolable et reconnaissant, d1ct:, a la
gloire de celle qui fut aimée entre toutes, de 1 « Umque »,
les premiers mots du plus beau chant d'amour
« Mets-moi comme un sceau sur ton. cœur... »
ALEXA.NDRB KouPnINB

( l ) Traduit du ru ·e par Marc Semenoff el S. Mandelj J:!r~tace de
Camille M uclair. Collection : La Geste d'Erot aux l!;d1lions du
Monde ·ouveau.

POETE A L'HOTEL
PAR JULES SUPERVIEILLE

Feuillage du petit m atin
Trempé de gave et de rosée,
Tu te soumets dans ma croisée
Comme un doux aveu gle au soleil.
QI.Ul lle âme as- tu c11 oisie, quelle éime?
Au. fond de m on lit blanc eL noir
Titube encore u.n. peu. de soir...
Es-tu Jrèn , tilleul, pl.alun e?
T u me suggères d'a lle r voir
Orl prencl . a so1Lrce la vallée
Et que j'y ·verra i détoilée
'ne inconnue aux cils c:lém.e nts.
Feuillage, feuillage, tu mens,
Tu, mens aussi comme les a1Llres,
Q tie j vis daJl.ç trois continen t
Chez la négre e et che:. fa blonde,

Et chet celle qui m e soufjlai t
on tabac bleu dans la figure
Et me tirait a langue dure
Pour voir et que. jt devenais.

, OUX.

�17

LE CRAPOUILLOT

~~

A QUOI SERT UN ,f ABLEAU?
PAR JEAN-GABRIEL LEMOINE

I

ous ne sommes pa l'b , ,
de I' Art pou; l' A t 1 11 s I eres de la vieille théorie
qu'un tableau es; ~n y ha encore ~es gens qui pensent
suff1·t JI
e c O e parta,te en soi et qui se
·
Y
a
encore
Goncourt . J
• des ge ns qui· d.i ent, comme les
· « magmer qu'une œ
d' rt
•
à q~elq~e chose c'est avoir Je.; id~:~e de :et d;~ve servi~
avait fait du radeau de la M ' d
mme qui
~o/e et misRl'h~ure dans Ja vo~/! e L~enn~t~a~u:
mener ene Chavan ce dans « La L.b
t·
I er e » en est
bien la preuve II
•t
un tableau? et la ~~~~a~~éesce;~e question,_: A quoi sert
résument ainsi : un tableau ne e~;r~s:s ~ il a reçue se
~élas ! ce n'est que trop vrai aujourd'~uret c'est pour
q uo1
_on peut regretter de voir s'allo ,..,
h
,les kilomètres de murailles t . , ~ ~er c aque ann ee
tiles que nous parcourons à ca:~~~eee sati/es œuvres inu-

v~~~t

• ••
qu~ ~3:tait :~~=nt reveni~ à ~ne c?nception plus logila traditiot nous Îe ~/?ftn, a quoi sert un tableau ?
orner
i . un tableau sert d'abord à
d'~v?iru:t~~~c~I

=~:

~::s ~:r:~;1~ree/~,!~~~ce colorée

~r:~isé{ai:i:\n~;:c d:nai~trag~ tavorable, a !~tu~!ti:
hasard, mais destiné à { ~ 9u1 ne s_o nt pas choisis au
est d'accord pour admettr: qi:riefa:~lo1r. rout le monde
!}epuis que le tableau de chevalet ::t~ :r un _tabl~au.
.r·dtre depuis le xv11e siècle - il e t ,
, 1vente, c estpremiers « Tableaux de Che I
a_ presumer que les
de Poussin - on I . d
va e » turent les œuvres
u1 onne un cadre qu.
t·t
lui, comme son nom l'ind ·
.. 1 cons 1 ue pour

t

d~;te"acc?mpagne obligat~t~e~~- m~~~u:nt::~a~~~
embry~ d~C:t~:~gne. le t~bleau est analogue à ces
Elle
t ·tg
q1;U persistent dans le corps humain
nous a, souvenir de la vrai
tu
.
qui est une décoration d'une na~r°a re . du. tableau
ta~leau est au1ourd'hui corn ris
e parhcultère._ Le
qur prétendent revenir à la bopnne ptard_qt_uelques artistes
'
t·
ra 1 ion comme
d ecora
ion pure. Mais si le tabl eau est ' cela n'e une
t ·1
1
?
que ce a les exemples sont là d
l'H" . '
s -J
depuis le moyen âge pour nous
q~!o1fe1/t:~;!:

m::~er

a le devoir d'être d'abord un décor il a le droit
.
estpr~s~ue un devoir aussi, de n'êtr~ pas que cetd qui
fa ongrnc du tableau nous le montre comme une «· surasce pl~e cou~erte de couleurs dans un certain ordre
est e,;bJ:: »Juiv::t la définition célèbre. Sa raison d'être
a .
ra on un panneau ou d'un mur comme un
Pi~~~~ dâ_ten~~e ou une tapi~seri~. Il en tint Îieu d'abord.
t
iscu a1t cette assertion il serait tacile de m
rer qu~lle est la conclusion d'une étude qui a été on;;~t 1a:tt
sur la con~ition des artistes au
les
c r9u~ les pe_mtres étaient propres à toutes
tion d'~~:e~ha epts la peinture d'un lambris, la décoral'exécution d'unm
ca~on d'une t?pisserie jusqu'à
royale Ce rt·
_e ou a reproduction d'une effigie
.
s a I ans-peintres
et no
f t
.
qualificatit d'art· t ,
n ar is es-pemtres (le
xv111e siècle)
ts e n aprt~ara!t dans son sens actuel qu'au
'b,
- resso 1ssa1ent de la corporaf
d
0
~e:n:s;!t (e~a~emen~ des peintres-selliers qui to~ ~aie!~
ses de
a cls asseo1br ~' &lt;les « faudesteuils » et des châsma es en ois).
si~~;st-~e d~nc_ q~i ~ès l'origine sépare Je tableau du
diff~
~eco_r ; mtnn equement rien, toutefois il s'en
. rencie a1s,~men~ par la qualité du travail et les conna!~sanfe qu_JJ_ eXJge de son auteur. la qualité du travai es preosee dans les contrats
actes
t
passés devant notaires _ il y est spécif",
souven
1
leurs empl ,
te que es couoyees seront « loyales » fine l'o
et. la combi1;1ai on d'iceJJes « durable ». D'aut~ &lt;~:;:-yl »
pemtr~ a t?1t ses preuves avec le chet-d'œu
, e
~antre qu'il connaissait à tond les lois de I vre. Il a
:1ve,hdu_ clair-?bscur, de l'anatomie du corps bau:::p~c;
_a p ys1onom1e et du symbolisme qui accom a ne to
Jours_ au moyen âge l_a représentation figurée. ~/somm~le peintre est un artisan « intellectuel et ·1
'
pas de le taire valoir en toute occasion:&gt;
t ne manque

bes

(li

mi;:;

r:~b:e

A-

ta;:

•
••
le \e :rblea~ actuel est en état d infériorité manifeste sur
a eau e ce temps-là. Ceci dit ans offenser nos
i\ ?t.3 m me nt par Jl curi B ouchO t
J••( l_)Jam1
er J!)O ).
(R evue de., Deux-Monde.

artistes qui sont pour la plupart d'une intelligenœ et
d'une culture générale très supérieures à ceux d'autrefois. C'est que les artistes actuels ne « veulent pas &gt;&gt; s•!
soumettre à la même discipline que ceux d'autretoi .
L'artiste de notre temp œuvre « pour rien, pour le
plaisir », première erreur, un tableau a une destination.
Comme un vase à fleurs n'e t pas une « œuvre d'art en soi »
destinée à une vitrine de musée, mais n'est beau que
parce qu'on peut y mettre de- fleurs , un tableau est
l'ornement de quelque chose. L'artiste de notre temps
croit qu'il suffit qu'il ait traduit sa fantaisie sur
une toile pour avoir tait un tableau, deuxième erreur,
un tableau s'ordonne uivant des loi qui le rendent plus
expressit que d'autres : Quand on dit qu'il y a une
rhétorique de la peinture cela effraie nos artistes, et ils
y reviennent pourtant par des voies détournées - ô
combien! - voyez les cubi tes! L'artiste de notre temps
a la terreur de ce qu'il appelle « la littérature » et il peint
des magots dans un style de maçon avec de prétentions
de philosophe. li met de l'intelligence partout, dans sa vie,
dans sa conversation, dans ses prétaces et il ne veut pa
en mettre dans son art ! bizarre préjugé ! Or, la fom1e
a une puissance de sugge tian non par e:Je-même, mais
par l'Idée qu'elle suggère. Tomber en transe devant
3 pommes c'est ce que Péladan dans son style franc .
appelait se livrer à des « pollutions optiques » : peindre
3 pommes c'est faire une étude et C- n'e 3t que cel a, l'art
peut autre chose. L'artiste de notre temps peint le mo nde
et peint les êtres avec un matérialisme singulièrem ent
désuet et que ne lui permet plus ni la littérature ni la
philosophie. Un visage doit être l'expres ion d'une pensée, un geste, le signe d'une action, il est urgent d'en
tenir de nouveau compte dans l'art. Sans doute, l'arti ~te
actuel nous dira que s'il n'exprime pas le- « étafa
d'âme » de ses modèles, il traduit au moins les siens
et que l'intérêt de son œuvre est qu'il s'y exprime luimême. C'est peut-être l'intérêt de son art, mais est-ce
l'intérêt de I' Art ? On pourrait lui répondre que la plupart du temps sa personnalité médiocre n'oftre qu'un pauvre intérêt, que le public, en tous cas, réclame un art
moins égocentrique et que le sûr moyen de lui vendre
c'est de lui tournir ce qu'il veut. Mais, hal '.e-là ! dit l'artiste de notre temps imbu des théories de I' Art pou1
l' Art : il est inférieur de plaire au public !. . . Quatrième
erreur. Qu'il ne s'en prenne donc qu'à lui s'il vit isolé
et sans commandes ! Jamais, dans !'Histoire de l' Art,
l'artiste n'a eu la prétention qu'il affiche aujourd'hui de
ne travailler que pour lui et d' « impo e r s:i visi on ». On
n'impose rien dans l'existence sociale, on subit, la vie
pratique est taite de compromis. Un artiste de génie doit
faire « pour plaire au public » un tableau génial. La
Peinture est remplie de réali ation de œ genre et elles
sont magnifiques. Qu'on n'aille pas nous « bourrer le
crâne » avec la Dignité de I' Art. L'art est un métier, il
n'est digne que s'il est dignement exercé, c'est à-dire par
un homme supérieur, d'une taçon supérieure ! L'artiste
d'aujourd'hui n'oserait pas nous donner tort mai - il ergotera sur le point die savoir ce qu'il faut entendre par artiste
et art supérieur. C'est pourtant bien simple. On a toujours exprimé la même chose par les mêmes .mots :
un artiste supérieur est un homme qui possède à tond
son métier ou son art, c'est-à-dire qui ne s'enlerme pas
clans une « manière 11 . On appelle cela aujourd'hui cultiver son originalité, c'est « se complaire dans son 1gno•
rance » qu'il faudrait dire. Un art supérieur c'est un
art qui peut exprimer tout et par « tout » nous entendons,
non seulement la sensation des rapports de volume et de
couleurs qui sont l'art primaire, mais la suggestion des
émotions et des idées, ce qui est I' Art suprême. La pein-

ture est un langage qui se passe de mots, puisqu'elle les
remplace par des tonne que nos yeux voient. li est
exact que la peinture allégorique, qui personnifie des
mots, est une absurdité pla tique, mais tout le reste du
champ de l'intelligence peut être exprimé par l' Art.
Voilà à quoi ert un tableau. Un tableau est un décor,
mais c'est un décor « parlant ». Il parle à no yeux, il se;i
à traduire mieux que nous ne pourrions le faire des
émotions, des entiment , de idées qui nous sont chères
et que nous serion impuis ants à rendre aussi parfaitement que peut le faire l'artiste, puisque c'est son métier
de le faire pour nous.
Jean-Gabriel LEMot E.

JAULMES, aux « Arts Décoratifs»
PAR LOUIS LÉON-MARTIN

J'ai trop d'e time pour le labeur de M. Jaulmes pour
cacher à l'artiste que je n'aime point son carton de
tapisserie destiné au haut commi sariat de Strasbourg.
Ces deux vierges, l'une cuirass · e, l'autre en flottante
tunique, montant la garde de chaque côté de l'écusson
à devi e républicaine, m'ont paru trop peu inattendues :
et l'ensemble de la composition, da ique et tricolore,
po sède un je-ne-sais-quoi de « 14 juillet » populaire
en désaccord certain avec la coutumière aristocratie
de l'auteur.
Par contre, il faut d ire b-::aucoup de bien du rideau
exécuté par tu· po1.r le Grand T héitre de Lyon
La première impres ion est excellente, ce qui, pour un
rideau, est un mérite essentiel. Le rouge et l'or se marient
harmonieu ement et donnent à l'œil une immédiate satisfaction ; puis l'on découvre des rapports plus rares, tels
les verts noirs des feuillages ; et le dessin, dont l'heureuse
et générale ordonnance se détache en ocre-terre-cuite
sur le fond de pourpre somptueux, vous retient enfin
par I ingéniosité, l'abondance des détails, le symbole
agréable et clair... De la sorte, si l'idée peut sembler
amusante d'inscrire en tons neutres l'arabesque décorative essentielle, elle se justifie rationnellement encore..
comme nous venon de le voir, par la néce sité de l'effet
rapide à produire, - nous sommes au théâtre - eftet
que l'artiste a cependant réussi sans rien perdre de sa
personnelle distinction.
L'essentielle qualité de M. Jaulmes, en ses recherches
décoratives, est le gofit. j'entends bien que, dans l'art
tout court, le goût doit céder le pas à la puissance qui
seule est féconde et vraiment inventive ; mais ici je me
demande si le goût, c'est-à-dire la recherche d'un agrément de qualité dans les combinaison des tormes et
des couleurs, n'est point la vertu cardinale. Quoi qu'il
en soit, à cet égard, M. J aulmes est étonnamment doué.
Il est un des rares artistes qui osent, de ce temps, s'attaquer au somptueux parce qu'il est sfir de ne Jamais
tomber dans la banale et plate opulence.
Certe , tout n'est point d'un mérite égal. On peut
s'étonner de l'ordre peut-être trop cla sique, de l'abus
des guirlandes, de la symétrie trop jalou e ou encore
que l'architecture générale ne soit obtenue que par des
équilibres trop stricts ; mais ces défauts eux-mêmes à supposer qu'ils soient tels - ont leur raison d'être.
Ces guirlandes ont leur place en une salle de théâtre
traditionnelle et quant à la symétrie et à l'ordre classique, ils collabore~t à la pompe de l'ensemble et que
l'artiste a délibérément voulue.
Je tiens ce rideau pour une œuvre, non seulement en
isoi excellente, mais iencore particulièrement représentative des conceptions décoratives de son auteur.

�iO

LE CRAPOUILLOT
renom des art et du goût français, il chercherait à
remédier à cet état de choses.
La réforme serait fort simple : tablant sur la scandaleuse impos ibilité où nous sommes d entendre les
chefs-d'œuvre mod les que nous a légués le Passé,
puisque Lulli, Gluck ou Mozart ne pem·ent plus nous
paraître autrement que sous 1a forme nébuleuse et loin·
taine de personnag mythologiques, il suffirait de promulguer un décret dans le goût suivant
PROJET DE LOI

.. ACADÉMIE NATIONALE DE MUSIQUE"
PAR LUCIEN MAINSSIEUX

riv~:

~ays;:. du Danube, fraîchement débarqué sur nos
d'admir:tion~~• ; 0J:11ntt œ ti_tre Aflamboyant; est rempli
.
en so1-meme ce langage .
« N at ion combien
t · d. •
·
« et
ho
1
!!ge e JU ic1euse qui sait con erver
norer es chefs-d'œuvre de son pas é et
« pétuer Je culte dan 1
.
en per« id vivace encore les e peuple ; comb1e_n donc doit ~tre
« nationales !
respect de la pensee et des gloires
« Noble institution que
11
.
« la tradition et d'exécut 1ce e qw ~rmet d'entretenir

«1

s:i::-:c::tr~s

er es œuvres immortelles comme

«
les ont co~~ue et qui oblige Je peuple
« entendre ~t o~ant, uperf1c:iel mais sensible à les venir

a en garder la mémoire !
« Et, sans doute les interp , t
é •
« sont-il , dès leu; .
re 7s, pr cieux auxiliaires,
« éduqués afin d'êt Jere se, d soigneusement choisis et
« sacrée. San nul rJ ~gnles e contribuer à cette tâche
•
.
ou e es plus grands efforts pé •
1
et~~ ~~~
« un but de ifu~ e ~ux c~b_otins q_ui voudraient dans
Pauvre et he~r~~ , ebvanb ite franchir ce seuil redouté. »
x ar are : ignorant de nos
d e « concessions à perpétuité
» Us un
m~urs
entrefilet paraissant habituenedient d _peu le cla~s•_que

:E;':i,:lrf:-:tp~J:~~'.i

~'..r,~; .:iit!~~]
:~~~~~:!

~~é~::C::o~~;Iie ~v~~af1f mtent dans ~sg~if
de
, , a en ueuse artiste dans le rôle
un· "J ,{:mport~ un su~es unanime. Tous ~pplaudirent à

~~n~~~~~

genc;
r;!:~i~s:;~~J~!an~1~e;~~:ux, inMtelliguente (ou une TI ·· ) rf .
.'
. ,
une arfinesses du rôle ~ts ,Pa aite qw 1:ndit a ~avir toutes Jes
Il s'agit générale~~~ ~mpte desormais une ... etc. »
notre Académie ati a1 d u.ne pers?nne avec laquelle
raison L
o.n _e, a contracte un... mariage de
,. . . a presse est mv1tee et se trouve participer au

reJOUISSances.

X

To~t ~ela est fort bien ! mais que de ienneat d
combmais&lt;?ns ~es droits de l' Art et ceux du Public
ces
enCpeât;rmer etlant payant, donc intéressant, on Jui donne
.
re que que nouveautés ou reprise M .
b1in sur le nombre sont exécutées correcte!ent ~s comendant toute Ja saison dernière ·,en ai
• ,
Loltengrill. Toutes les autres étaieJ t At, compte une:
que p
·
Al
n ga ees par quelrenue_r ro_ e réservé à quelque... bienfait
~foute o~ bienfaitrice du Théâtre. Sans doute ~W: sans
Je ne vois nulle autre raison qui me satisf
, dis-Je, car
B !:[e rap~elons P,as la mémoire héroïque d:sss~ose Caron
d:Cva, an Dyék, Maurice Renaud Féart . évano ·· '
. mougés, exilés ! Seul Delmas dem~ure
.
ws,
Jeune artiste digne d'eux Mme Ritte c· en~re et une
'
r- 1amp1. L'Opéra

f5

est envahi par une coh rt d
l'ont conquis , 1
• o e e chanteuses sacrilèges qui
de music-hall. aN: ~~~~e:e dont 0 ? s'emp.are d'une scène
des besoins de 1' Art
ons pas a conva10cre ces dames
re e.
pur, car ce n est pas ce qui les intéEntre ces extrêmes
, •
cères b"
' ne neg1igeons pas quelques sinqu'il i~~~~ai~n:ur;!~s;e Ce stt ~eux-ci, au contraire,
que leur talent soit d ,.,en ~m1ere, en. ne' retenant
sans considéraf ,
eJa existant, soit a naître
Belles Madame~o~ie~cune ~ur les cris ind!gnés de~
tions vocales I
protégees et pour leurs préten-

0~~~4 donc où en est l'art du chant dans notre Grand
Quant au Répert. o1re,
·
chefs-d'œuvr
on_ y chercherait en vain les
luxueux bât·e clastsiques, qui sont la raison d'être de ce
imen.

!

Et
T
car n:~: ap:~~~uf ;:~~:ayons deux fois! Deux fois,
buables car · •
.
usagers et 2&lt;&gt; comme contrithéâtre 're~it ~~e 1 ~~~~!~~~~a~;Et~r,e cela paraisse, ce
De deux choses l'une
l'O ,
·
subvention et alor
,' ou, pe~a ~'a droit à aucune
tre des B
s 9.u on 1 assimile a un simple théâpièces à s~~~~:a1;~/~ebi: se Ji~rer à l'exploitation de
il
1
avoue est le Jucre ou b"e
s~bdvention o_fflcielle et doit alors e~ ëcha~~
.
onner regulièrement u
It ,
tOlre classique (répertoire Sl\p
,
n co~p e reperDepuis Monteverde L lü Jose ne ~as faire recette).
Ciluck, Rameau, M~zartu et
arc-A~tome, Charpentier,
Bizet, et même Fauré des te Webeodr, Jusqu aux Wagner,
D
mps m ernes.
e cette eule manière l' A d, . N
1ue peut remplir sa destin tica em1e ationale de MusiMaJ
a on.
heureusement le spectacl O ff
ntérieure est Join de pré t e , e:f par s_on économie
Le désordre intestin es:~n er un ideal aussi satisfaisant.
eux-mêmes machinés ar Ia son comble : les machinistes,
chestre ; yndiqué
c es ~~v_reu~es, manœuvrent l'or1! chef d'orch t
apor ise, 1 orchestre manœuvre
~ien heureux ~
~~~=I d~oi~~ir: iss~ut de ~ntillesses,
mposer ses désidérata L
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ssis ne vient encore
nettent sur leur carte · d es .c?tonstes sont souverains (ils
e Vl I e . DE L'OPtRA) 1 fi
nn ts di cteront bientôt leu
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ases. On ne vient à
L~ situation semble ans issue
S1 le Parlement pouvait h
•
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q.ie chose qui soit étran c ez nous s w~ér~ser à queJc.ères ou politiques
. t ger aux combmaisons finan1 mai.s ouchant seulement au glorieux

êt;:~~tr~:t

J

~!'

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'

Article premier. - Par définition, l' cadémie Nationale
de Musique est assimilée au régime de la Comédiefrançaise et tenue de garder au répertoire et de représenter, au minimum deux fois par semaine, les œuvres
classiques qui demeurent la gloire et la richesse de la
Nation française.
Art. 2. - En conséquence la subvention actuellement
ridiculement insuffi ante sera portée à un chiffre de ...
Art. 3. - En cas de non-exécution des conditions
ci-dessus, l'Opéra rentrera dans la catégorie des entreprises privées et la subvention sera retirée d'office.
Art. 4. - Le Directeur responsable aura toute autorité sur le personnel et le chef d'orchestre devra être
obéi sous peine de renvoi.
Considérant la déplorable tolérance des « remplacements » et que la grande cause des mauvaises exécutions réside en ce que les musiciens se trouvent dans
la nécessité de courir à droite et à gauche et de jouer
n'importe quoi pour gagner leur vie, leur traitement
sera augmenté de manière à ce qu'ils puissent consacrer
tout leur temp au théâtre et coopérer avec plaisir et
enthousiasme, en vue d'une exécution ,parfaite.
Ils appartiennent au théâtre. L'orchestre pourrait être
celui de l'Association des Concerts du Conservatoire.
C'est le meilleur connu, et il est occupé une seule fois,
le dimanche en matinée, par les concerts dominicaux.
Art. 5. - Le chanteur et chanteuses, choisi parmi les
meilleurs, eront royalement payés.
En aucun cas ne saurait être tolérée l'offre d'une commandite de la part d'un ou d'une artiste protagoniste,
ou de la part de ses amis, car la Direction doit conserver une indépendance absolue ...
Inutile d'ajouter que je n'ai aucune illusion dans le
suocès d'une semblable proposition.
Et cependant ce serait l'unique manière de ne plus
donner raison à l' Etranger, qui regarde notre Opéra de
Paris comme le plus vétuste du monde et qui fait de nos
gloires passées des légendes ! Ce serait signer le Décret
de Mort des funestes errements qui font qu'en notre
Théâtre National Lulli est inconnu, Oluck oublié et
Rameau un fantôme somnolent.
Vivifions l'antique demeure où dorment les momies:
brisons les bandelettes, éveillons les éternels et bienfaisants génies !
Je crois indiquer la seule méthode pour aérer un peu
la vieille Mai on vermoulue, somnolente et de tout point
semblable à un Ministère.
La direction actuelle n'est pas en cause, ell~ est comme
nous, elle est, malgré son bon vouloir, comme nous victime. L'irresponsabilité de l'esprit démocratique et administratif pèse sur eile comme une chape de plomb.
Pendant quel' Académie Nationale donne Oou.nod, S,aintSaëns et Ambroi e Thomas, la Comédie-Française affiche
Corneille, Racine et Molière.
11 est vrai que ce « cahier de charges &gt;&gt;, pudibonds
voilez-vous la face, fut signé par un «Impérialiste» 1

L E C IN É MA
Les Deux Orphelines, o'E GRIFF1TII (~1ax Linder).
La firme Erka, qui s'est spéciali ée dans l'écoulement
des mauvai lai sé-pour-compte américains, se devait de
nous présenter cet insipide mélo historique, qui est une
erreur de Griffith.
'
« Les Deux Orphelines », en effet, transpo ées en
images d'Epinal « à l'américaine », sont un des films les
plus intégralement manqués que j'ai eu l'occa ion de ne
pas applaudir. Il n'a qu'un mérite : ous faire comprendre tout le tact et toute l'intelligence qu'ont dû déployer
les metteurs en scène du « Trésor d' Arne » et du « Signe
de Zorro ».
Sans nul doute, le film hi torique e t le plus diffic:te à
réussir, parce que le spectateur ne peut e défendre d'une
certaine répugnance in tinctive à voir s'épanouir sur
l'écran cet anachronisme : des Gaulois, ou ùes pages
Henri II, ou de seigneurs Louis XV surpris par Je procédé cinématographique dont l'invention remonte à la
fin du siècle dernier. Pour réu ir il faut autre chose que
du goût et mieux que de l'exactitude : Dans les « Trois
Mousquetaire » de Diamant-Berger, costume et paysages avaient été reconstitués avec le plus grand soin, ce
qui n'empêchait point la réalisation d'être d'une platitude
achevée et d'un grotesque désespérant, les châteaux les
plus authentiques donnant tous l'impre sion de déoor
de studio ! Le tour de force
t moins grand dans le
film de Oriffith, car son vieux Paris - on ne sait pourquoi moyenâgeux, et très inférieur en pittore-que à
celui de Rolida - est, et paraît en carton pâte.
Quant aux marquis Louis XVI, i!s semblent évadés d'un
couvercle de boîte de crottes de chocolat ! Et que dire
des piteuses gardes françaises, figurants mal stylés, des
combats bêtement réglés, où les adversaires se tirent des
coups de canon à bout portant, d'un duel à l'épée qui
semble joué par de mauvaises doublures de théâtre de
quartier, du tribunal révolutionnaire dont les membres
ont tous des gueules de mécanos yankees !
Quant aux moyens employés pour extorquer les larmes
d'un public sensible, ils sont d'une pauvreté rare. Oriffith,
qui a réalisé un des m~illeur films connus, « Le Lys
brisé », mais qui en a signé près de cent cinquante
autres, est un cinégraphiste d'une très vive originalité
et d'une très grande puissance, mais c'est aussi un primaire américain, doublé d'un prêcheur humanitaire d'un
mauvais gont insupportable. Vraiment, le martyre de
l'enfant aveugle, il aurait pu lais er ça aux sou -FeuilJades ! Et le coup de la guillotine ! Depuis « Charité »,
un des chapitres d' « Intolérance », quarante romans cinéma nous ont présenté, en images judicieusement alternées, le héros, sur le point d'être électrocuté, pendu ou
fusillé, tandis que son sauveur, l'ordre de « surseoir » en

�20

LE CRAPOUILLOT

poche, arrive en Cadillac de 100 HP. Dans les « Deux
Orphelines nou n'y a,·on · p s coupé d .! l.l mach 'n :! de
Guillotin, avec c~tte malh cu~e.1se Lilian Gish, le cou
dans la lunette, 1.. yeux exorbités et semblant jouer de
l'ocarina (1) avec ses doigts tremblotants sur ses lèvres
exsangues, tandis qu'accourt providentiellement le député
Brissot, au galop d'un solide percheron ... Tout de même,
ces effets-là ont un peu faciles pour l'artiste qui réalisa
les demi-teintes du « Pauvre Amour » !
Je me sui lai sé dire qt 1 ~ ce film avait été payé par
l'éditeur le même prix que l'admirab·e « G ::isse » de Ch:1plin, qui, la saison dernière, fit courir tout Par:s. Je
doute que ce théâtral mélodrame fas_e longtemp le
maximum à Pari , nonob tant le concours d'un quarteron
de manifestants appointés, soi-di ant « camelot du roi »,
que le patron place chaque soir dans la salle, en espérant
un succès de scandale que l'œuvre ne mérite même pas.
Jean ÜALTIER-801sstÈRE.
(1) Cf. J.-J . J.i&lt;lclul (Œunt&gt;s compfèle ).

21

passé deux longues années au J2c crustacés) était tout

! " CRAPOUILLOT"

à la joie de revoir le monde. Non qu'il songeât aux
petites femmes. Il aurait rougi de ce sentiments et
il savait qu'il lui était fatal de rougir. Mais, pensait-il, il
e marierait bientôt. Epou erait-il la petite milliardaire
de se rêves ? Peut-être celle-ci l'attendait-elle de l'autre
côté de !'Océan. Comme on idylle serait poétique et
tendre. Ah ! le premier a,·eu du homard à l'Américaine !
« JI en était là de ses réflexions et il venait de parcourir quelque distance, en tenant toujours par pudeur
les yeux baissés, quand un événement extraordinaire
jeta le trouble dan son âme. Il connut soudain l'émotion la plus violente, la frayeur la plus insensée. Il crut
sa dernière heure venue.
« Poussé par une vague plus forte que les autres, il
avait été précipité contre un îlot inconnu. Son corps,
projeté en avant, avait heurté un obstacle. Une lumière
crue, subite, l'avait inondé. Horreur ! Le malheureux
homard était devenu rouge, tout rouge ... »
Et le célèbre Crescent-Touchand ajouta, avec un bon
sourire :
« Il avait piqué un phare. »
René Î\ERDYK.

les

Toutes

BELLES ROBES
sont

OU EN SOMMES-NOUS?

HISTOIRES DE BETES A DORMIR DEBOUT.
LE HOM.A.AD ROUGISSANT
« Savez-vous, nous dit l'autre soir à br0le -pourpoint
le célèbre Cre cent-Touchand, profes eur au Muséum,
savez-vous que les homards ont une p ychologie, comme
vous et moi ? »
Nous regardâmes l'illustre savant d'un air interrogateur. Il ne lui en fallut pas davantage.
« Le genre homard, nou dit-il, appartient aux crustacés décapodes-m acroures, famille des astacidés. Mais
je ne vous apprend rien.
« Je vous étonnerai davantage en vous disant que
les homards ne sont pas dénués d'intelligence. lis savent
qu'il leur en cuit de e lais er prendre et que, contrairement à nous, qui de\'enon pâles en mourant, ils sont
saisis au moment de leur trépas d' une suprême rougeur.
« On comprend donc que leur principale occupation
soit d'éviter de rougir. C'est vous dire à quel point
leurs manières sont chaste et leurs propos réservés.
Leur société est très ferm ée, le cercle de leurs amis
choisi. Ils évitent certaines relations équivoque comme
l'anchois et le bar. Car l'anchoi fait peur et les bars
ne sont pas très bien fréquenté .
&lt;&lt; Ils se promènent avec des airs d'ancien régime. Ils
ont du sang bleu dans les veines (je laisse toute la
responsabilité de cette assertion à l'illustre savant). Ils
s'abordent avec une correction parfaite et leur salut demeure chaste et pur. Mais laissez-moi vous narrer une
petite anecdote, ajouta M. Crescent-Touchand.
« Un jeune homard élevé dans ces idées à la fois
craintives et pudibondes, s'aventura loin du rocher
paternel.
« C'était un soir de brouillard, et notre audacieux
qui venait de terminer son service militaire (il avait

ppelons le principe de
rovision (intégralement
vres » reçoivent chaque
ux qu'ils désirent. Ces
r du « Crapouillot » en
éraire de la revue. Les
ai sont acceptés à parcs. Pour recevoir, dès
veaux par moi~ pendant
e 300 francs (les romans

de

PAUL POIRET

LA VIE FINANCIÈRE
Il fut une époque où les gens qui parlaient de f ailüte
ri quaient le foudres de la justice et où le défaitisme
financier - comme l'on di ait alor - était fort mal porté.
Les temps ont changé. Aujourd'hui, il est de rigueur de
crier à la banqueroute et chacun de le faire à qui mieux
mieux. Affirmer actuellement quelque foi dans l'avenir
de la France est, dans un journal de bon ton, parfaitement impossible. C'est qu'il s'agit de remuer des égoïsmes voisins, afin de leur faire oubl:er le spectac:e de la
faillite allemande en évoquant le spectre de celle de
la France. Le pessimisme est donc à l'ordre du jour.
Tant d'idées confuses circulent en conséquence sur
notre situation financière qu'il n'est peut-être pas sans
intérêt de remettre les choses au point. Pour nous faire
comprendre, inutile d'amonceler des milliards. Comparons
seulement, si vous le voul ez bien, le bilan de la France
à ce que serait celui d'un particulier dont les dettes et
Jes créance se présenteraient dans des proportions analogues à celles de notre pays. Possesseur d'un miJlion en
chiffres ronds, notre homme lui ferait rendre quelque
150.000 francs de revenu annuel par son travail. Mais
une hypothèque de 300.000 francs pèse sur lu~ et il doit
faire face, en outre, à diverses dépenses domestiques.
Aussi devrait-il, en principe, mettre de côté, chaque année,
de 30 à 35.000 francs avant de s'offrir quelques plaisirs.
Jusqu'ici, cependant, il ne l'a pas fait, parce qu'un v:eux
monsieur de ses amis, en qui il a eu beaucoup de confiance autrefois, a réussi à lui persuader qu' il lui serait
plus facile d'obtenir l'argent nécessaire d'un voisin malhonnête à qui notre personnage a récemment administré une correction méritée. Aussi ne met-il de côté
que quelque vingt billets par an, environ. Pour le reste,
il ne s'en fait pas.
Voilà, en quelques mots, la situation de la France.
ituation grave, exœs ivement sérieuse même, mais non
désespérée, à moins que l'on ne s'obstine à la rendre
telle. Car enfin, c'e t un fait qu'avant de crier à la
faillite il serait peut-être plus utile de s'occuper de faire
rentrer les impôts. Mais cela, personne n'ose le faire_.

office de livres », lancé
~uillot », dépassent nos
1ptions surtout sur nos
rs étrangers loint~ins,
courrier nous arnvent
,ce, du Maroc, de Suis~,
,agne. L'initiativ~ p~1~e
omaine de la librame
du public qui désire
utés et nous témoigne

1

cuoersac-;:,uum:~ \.um,uun;m ~ ,c__= · '
'1 valait
1
..
fois on parait s etre avise qu t
P?ur are~:~;~fre les régions dévastées qu'en faire un
oueu_x
a ande Mais constatons ce hasard que

P:~- ~~ ~~c~~~t

F,a~~:/: ~:ipc!nclu ·de notre 7ô:é
de charbon en somme, par un in erm ia, .
'
, ût été 'faire un producteur dans cette galère, par
que
.t ?
exemple un métallurgis e •
.
La co~clusion de tout cela ? Mon Dieu, et:e est s1mp 1e.
C' t u'il vaut somme toute, mieux acheter de la rente
frae:ça!e que d~s couronnes autrichiennes ou de la « Corocoro &gt;.

J.

51·

ce

num éro

de

«

CRAPOUILLOT

,l

AUBRY.

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Maiso~ de Claudine », de Colette, a ete cho1s1 comme
« livre du mois ». Puis, suivant les indications ~rsonnelles,
complété les colis avec « Lucienne &gt;), de
nous avons
A ·
de Péladan
Jules Romains, « Les dévotes d' v_1gnon . »!
S'Ii '
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21

LE CRAPOUILLOT

poche,. arrive en Cadill;
Orphelines » nous n'y a
Guillotin, avec c~tte n
~ans ~a lunette, les yeu
l ocarina (1) avec ses d
ex~angues, tandis qu'ac(
Bnssot, au galop d'un s
ces effets-là sont un pe1
les demi-teintes du « p,
,): me 'Suis laissé dire
l ~d1teur_ le même prix q
plin, qUI, la saison de
dout_e que ce théâtral
maximum à Paris nono
de manifestants a~point,
que le patron place chac
un succès de scandale q

car 1924 n'est pas loin pour les parlementaires. Quant
aux joumali tes, ils pensent au tirage, qu'il faut soigner
à tout prix. Cependant il est des faits que l'on devrait
oser citer brutalement. Par exemple, que l'impôt sur le
revenu a fait rentrer dans les caisses du Trésor français
60 millions de francs depuis le début de l'année, c'est-àdire très exactement la somme qu'il rapporte en Angleterre en un jour!
ous savons que l'on va s'écrier immédiatement que
nous sommes injustes, et qu'en définitive c'est à l' Allemand à payer. Nous sommes absolument d'accord et nous
désirons qu'il paie le plus possible. Mais pour cela,
il n'y a que deux moyens : l'emprunt international et
les règlements en nature. Sans le concours des EtatsUnis, l'emprunt international est impossible. Or, les Américains disent, sans ménagements, ce que nous venons
-d'exposer avec force égards.
Restent les paiements en nature qui constituent la
meilleure des solutions. Mais pour qu'elle rende ce que
l'on e t en droit d'espérer d'elle, il ne faudrait pas que
les trois quarts de la France des patriotes soit dressée
~u cri de : « L'Allemagne ne paiera pas... en nature ! »
Car telle est la situation ; tous ceux qui savent quelque
chose de la campagne occulte, déclanchée contre les acœrds de Wiesbaden depuis leur signature, en conviendront. Pensez-y un peu, laisser aux Allemands le bénéfice des commandes des régions dévastées pour s'occuper de cette chose si ridicule, si inepte - l'exportation !
Convenons, toutefois, qu'à cet égard les accords de
Lubersac-Stinnes constituent un sérieux pas en avant.
Pour la première fois on paraît s'être avisé qu'il valait
mieux reconstruire les régions dévastées qu'en faire un
musée de propagande. Mais constatons ce hasard que
l'accord a été conclu de notre côté par un marchand
-de charbon, en somme, par un intermédiaire. En effet,
qu'eût été faire un producteur dans cette galère, par
exemple, un métallurgiste ?
La conclusion de tout cela ? Mon Dieu, el:e est simple.
C'est qu'il vaut, somme toute, mieux acheter de la rente
française que des couronnes autrichiennes ou de la « Corocoro ».

(i) Cf. J.-J. Jadclot (1

BARNA
Le. Parfuma de ROSINE. JO 7, Faubolll"S Saint-Hoaoré • PARIS

HISTOIRES DE B~TES A DORM IR DEBO UT
LE HOMARD ROUGISSANT
Savez-vous, nous &lt;lit I'
. ,
le célèbre Crescent-Toucha:~tre soir a brûle-pourpoint
savez-vous que les homar-d · ' professeur au. Muséum,
vous et moi ? »
s ont une psychologie, comme
&lt;&lt;

ga~~~s nregar~~me l'illustre savant d'un air interroL ·
ne ui en fallut pas davantage
« c genre homard nous d"t ï
.
tacés décapodes-macr~ure f i
appartient aux crusje ne vous apprends rie/' am11le des astacidés. Mais

:1 '

« Je vous étonnerai davanta
.
les homards ne sont
,
ge en vous disant que
qu'il leur en cuit de ps~ ld~nués d'intelligence. 113 savent
rement à nous qui cleven~~!er .prendre et que, contraisaisis au mom~nt de leur tré fal~~ en mou!ant, ils sont
« On comprend donc
p s un7 s~prerne rougeur.
soit d'éviter de rougir. 't;es!e~~ pnn~ipal: occupation
leurs manières sont cha tes t ous dire a quel point
Leur ociété est très fermée e I leurs I propos réservés.
choisi. Ils évitent certaines r '1
cer: e . de leurs amis
l'anchois et le bar. Car l'an~ha !on; _equ1voques comme
ne sont pas très bien fréque t s ait peur et les bars
« Ils se promenent a ·ec d n es_.
,
.
,
ont du sang bleu dan~ le e . ~trs d ~nc1en regime. Ils
responsabilité de cette assesrti \ em~\
lais e toute la
s'abordent avec une oorrectio on a .' ustre savant). Ils
me~re chaste et pur. Mais 1~ parfrut7 et leur salut depetite anecdote a1·outa M Caissez-mo1 vous narrer une
.
'
• resœnt-Touchand
«_ U_n Jeune homard élevé dan
. , .,
craintives et pudibondes
,
stu ces •~ees a la fois
paternel.
' s aven ra lom du rocher

t

.\r

« C'était un soir de b roui·11ard'. et notre audao·eux
qui venait d e tenniner son service militaire (il avait

'

. 11 fut une époque où les
r_1squaient les foudre de I g~ns. qu, p r ~...,....,....,_~.m
fmancier - comme l'on d' \ J~sttce et ou le défaitisme
Les temps ont chan é A1i~1 a ~rs -:-. était fort mal porté.
crier à la banquerou1e. et j~urd h~t, 1•l es~ de rigueur de
mieux. Affirmer actuelleme:tn e e fa1~e à qui mieux
de la France est dan
. quelque foi dans l'avenir
ment impossible.' C'es~ ~~,-{o~rn~: ~e bon ton, parfaitemes voisins, afin de leu /. s agi . e remuer des égoïsfaillite allemande en , r aire oubl.er le spectac'e de la
la France Le pess·m·evoquantt le spectre de celle de
.
• isme es do
- I' d
Tant d'idées confuses circul
ne a or re du jour.
notre situation financière qu'·I e~t
conséquence sur
intérêt de remettre le- ch
i n es peut-être pas sans
:.
oses au point p
.
comprendre, inutile d'amoncel d
. ·. our nous faire
~eulement, si vou le voulez ~~enest m1l~1ards. Comparons
a ce que serait celui d'un
. ' . e b1lan de la France
les créances se présente a. particulier dont les dettes et
Iogues à celles de notre ; ient gans des proportions anachiffres ronds, notre ho;~. lo~s?se~r d'un million en
150.000 francs de revenu a e u; era.it rendre quelque
une hypothèque de 300 000 t"nue _ p~r son travail. Mais
faire face, en outre
dive rancs pese sur lu~ et il doit
Aus i devrait-il, en principe ~~ d!pe~s~s domestiques.
de 30 à 35.000 francs avadt d r~ e_cote, chaque année,
Jusqu'ici, cependant il ne l'a e s ~f~;tr quelques plaisirs.
monsieur de ses ~is en
_p~s a1 , parce qu'un v:eux
fiance autrefois, a réu'ssi àq~i li a eu beauc~~p ~e conplus facile d'obtenir l'arge t persu_ader qu d lut serait
honnête à qui notre pe n necessa1~e d'un voisin malrsonnage a recemm t d . .
t ré une correction méritée A
.
e~ a m1msque quelque vingt billets p~ uss1 _ne met-1! de côté
il ne s'en fait pas.
an, enVJron. Pour le reste,

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Les premiers résultats de notre« office de livres », lancé
dans Je dernier numéro du (&lt; Crapouillot », dépassent nos
espérances : Alors que nous comptions surtout sur nos
abonnés des colonies et des pays étrangers lointains,
c'est par dizaines, qu'à chaque courrier, nous arrivent
des lettres enthousiastes de province, du Maroc, de Suisse,
de Belgique, d'Angleterre, d'Espagne. L'initiative prise
par le « Crapouillot » dans le domaine de la librairie
répondait à un véritable besoin du public qui désire
être tenu au courant des nouveautés et nous témoigne
son entière confiance.
Pour les nouveaux lecteurs, rappelons le principe de
cet « office » : Moyennant une provision (intégralemwt
remboursée), nos « abonnés de livres » reçoivent chaque
mois le nombre de livres nouveaux qu'ils désirent. Ces
livres sont choisis par le directeur du « Crapouillot » en
parfait accord a\'ec la critique littéraire de la revue. Les
(( abonnements de livres » à l'essai sont acceptés à partir d'une provision de 100 francs. Pour recevoir, dès
leur parution, 4 à 5 volumes nouveaux par mois pendant
un an, tabler sur une provision de 300 francs (les romans
se vendant de 5 à 7 fr. 50).
Ce service sera particuli('rement apprécié : par les
provinciaux éloignés de tout libraire, par les coloniaux
et les étrangers qui seront tenus - san retard - chaque
mois, au courant de la production littéraire française.
En dehors des envois d'office, tous les souscripteurs
peuvent, sans craindre un double emploi, nous demander
sur leur provision tous les livres qu'ils désirent. En
cas d'urgence ils peuvent télégraphier. Pour les pays
desservis par avion nous adresserons par cette voie, sur
demande, toute commande pressée. Pour les pays lointains, I' A. O. F., l'Extrême-Orient, où le « Crapouillot »
compte de nombreux et fidèles abonnés, nous ferons
coïncider les envois avec les départs de paquebots-poste.
Notre premier office était particulièrement difficile à
choisir, puisqu'il paraît peu de livres pendant l'été. (&lt; La
Maison de Claudine », de Colette, a été choisi comme
1 livre du mois ». Puis, suivant les indications personnelles,
nous avons complété les colis avec « Lucienne ", de
Jules Romains, « Les dévotes d'Avignon », de Péladan,
&lt;&lt; Panam », de Carco, « Le Phannacien pirite , de Billotey, etc. Nous espérons que nos premiers corrcspondant3
ont été sati faits de cette sélection, qui sera d'ailleurs
beaucoup plus aisée pendant la saison d'hiver.
Ceux de nos abonnés qui n'ont pas encore souscrit
trouveront page 22 la formule à nous adresser pour 1~
constitution d'un dos ier personnel et l'attribution d'un
compte courant.
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Voilà, en quelques mots la s·tu f
Situation grave excessivern;nt , i_ a ion .de la France.
désespérée, à ~oins que l'on ~e;ie~se ~em:, mais non
telle. Car enfin c'est un f ·t
~ obstine a la rendre
faillite il serait ~ut-être plusa~til~udava~t de crier à_ la
rentrer les impôts. Mais cela
e s occuper de faire
' personne n'ose le faire,

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                <text>Le Crapouillot es una revista satírica francesa fundada en agosto de 1915 y desaparecida en 2017. Inicialmente fue un periódico en las trincheras lanzadas por Jean Galtier-Boissière, quien lo dirigió hasta 1965, convirtiéndose a su vez en una mensualidad artística y literaria, luego en una publicación bimestral política y satírica, con pretensión escandalosa y controvertida. Después de una interrupción en octubre de 1996, nació una nueva serie en mayo de 2016 para finalizar en febrero de 2017.</text>
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précédé d'un avertissement de

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OUVRAGE HONORÉ D'UNE SOUSCRIPTION DU MINISTÉRE DES BEAUX-ARTS

ET ,

BUT DE L'OUVRAGE

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COURS

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JEUDI

Cette œuvre de longue haleine n'est pas une étude d'archéologie, elle a pour but de fournir aux
techniciens et au public les éléments d'une documentation suggestive où l'architecture régionale limitée à l'architecture rurale est présentée sous un jour nouveau, dans un cadre pittoresque; les
planches en couleurs, dessinées en perspective, font ressortir vigoureusement le parti qui peut être
tiré du caractère wpographigv.e et géologique des diverses contrées de la France. L'auteur a écarté avec
soin les formules trop savantes ou les décorations tapageuses : sans doute il est sensible au charme des
vieilles pierres et des vieuœ jardins, mais sans s'attarder à ne. vouloir vit:re que dans la séduction
maladive d'une demeure anachronique, il leur demande ces mâles conseils que Rodin quêtait auprès
des cathédrales de notre pays, et, sans se laisser prendre auœ apparenc.es trompeuses des choses
qu'il11 créèrent, il interroge le rttde bon sens des artisans d'autrefois, afin qu'il11 l'aident par lrur
eœemplc à constT1.1ire la maison de demain.
L'tDITEUR

DESCRIPTION TECHNIQUE DE L'OUVRAGE
SA PRtSENTATION

Un ouvrage in-4o Jésus 28 x 38 de 4 tomes de 250 pages chaque, présentés séparément, fers
originauœ, tirage limité à 2.000 eœemplaires, tou.~ numérotés, reliure d'art,papiers de garde inédits.
I.e papier du teœte, fabriqué spécialemént à la cuve, est filigrané au titre de l'ouvrage. Ce dernier est
omé de 125 hors-teœte en couleurs reproduit11 par procédé spêrial et montés sur hollande de Zonen, le
te:rrte, composé en caractères elzévirs renouvelés des • grafiti.s » italiens, est agrémenté de nombreuses initiales, de frontispices etn1ls-de-lampe originaux,

CONDITIONS DE VENTE ET SOUSCRIPTION
Les eœemplaires souscrits avant tirage ne sont payables qu'au moment de la tnise en vente de
chaque tome et proportionnellement (l'un frs : 150 . - soit l'ouvrage compkt, fr. : 600. -'-). Les
tome.9 parus sont e;rpédié.~ franco de port pour la France ; port en sus pour les pays étrangers, contre l'envoi d'un mandat-poste 9U d'un chèque sur Paris représentant leur valeur. us restrictions sur
le papier de permeitent pas, actuellement, l'envoi de spécimens; un eœèmplaire-type sera eœposé
chez l'auteur et chez l'éditeur. Toutes les ventes sont faites à compte ferme et aucun envoi • à condition »ne peut être consenti pour ce/ 0t1tvroge à tirage limité.

SOM111AIRE DE L'OUVRAGE
TOME 1

D'ADULTES

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ÉCOLE DE RYTHMIQUE
ET DE SOLFÈGE JAQUES-DALCROZE

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La Rythmique est un système éducatif éprouvé ayant pour but de_ former et de d~velopper le sens rythmique d'en étudier les lois, d'inculquer le sens métrique. La Rythmique
proposant à l'individu' l'expérience corporelle, le rythmici~n sera pl~ :nmé pour
poursuivre n'importe quelles étudës musicales, parce qu'il aura acqws les bases mdispei;isables.

Les Mairies, Les Ecoles, les Gendarmeries.

*

TOME Il

Les Palai(dejustice, les Salles de fêtes, les,Gares, les Postes, les Banques, les Cliniques, les Bains.
TOME Ill

Les Auberges et Hôtel.s, les l!'ermes, les Maisons rurales, les lllaisons d'artisans.
TOME IV

Les lUaisons bourgeoises, les Eglise.s, les Cures, les qmetières, le.s Fontaines, divers Projets.

D'ADOLESCENTS

La Rythmique donne à l'individu une

connaissance plus fertile de soi-même et fait
un individu mieux organisé, mieux armé pour
la vie moderne, plus maitre de soi.
Les parents soucieux du développement
de leurs enfants doivent se renseigner sur la
rythmique méthode Jaques-Dalcroze.

La Rythmique en Amérique et en Angleterr~.

- La Rythmique Jaques-Dalcroze est ense1rnée
actuellement dans la plupart des Lycées
ben Amérique.
En Angleterre ~500 enfants et ado~escents
pratiquaient régulièrement la Rythmique en
1919 ; actuellement ce chiffre .~ do~lé. La
Rythmique est à la base de l educabon de
l'enfance.

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(fig. n° 1) se transforme en CABRIOLET (fig. n° 2) ; peut s'ouvrir entièrement (fig. no 8) ; petit
rouler la capote baissée et toutes glaces relevées (fig. n° 4) ; glace de sêparation seule ""ievée (fig. no 5).
Supposons le propriétaire d'une de ces voitures momentanément privé de chaujfeitr : il peut conduire sa voiture, mise en CONDUITE INTERIEURE, sans, p(J'IJ,r cela,figurl'!T le cha,i,ffeur.
Le proprUtaire ayant trouvé un chauffeur projette de faire un voyage à la montagne: avec sa famille ... La route est longue /! !
partira de grand matin. H traf}Sformera sa voiture en
CABRIOLET pour éviter la fraf,cheur du matin (fig. 2). En cours de route, le soleil darde ses brillants
rayons. Il fait chaud dans l'intérieur de la voiture, il la tran.'lfurmera .donc en TORPEDO, et
c•~ avec délice ~e les occupants respireTont l'air [rif qui fouette agréablement le visage, par la
vit-esse acquise ... (fig. 3.)
Mais,lesvoicidans les Montagnes,etpar lahautealtüude et les cascades,l'air devientun peu plus
frais. Il serait pourtant dommage de fermer ta voiture, ce qui priVl'!Tait les vouagct'1B de jouir du
splendide $JJecûule offert par la Nature .•. Comment faire pour s'abriter de la fraîcheur et pouvoir
en mbne temps contempler les cimes des hautes mantagnes ? ?? Simplement laisser la capot~ baissée,
et relevet toutes glaces qui abriteront nos voyagwrs de 1a bise... (fig. 4).
C'est avec pJaisiT que nous indiquons une nourtlle carrosserie, dont une seule personne peut effec-

ron

tuer très rapidement les transftlrmation.'I.
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L'ESPRIT NOUVEAU

LES IDÉES
D'ESPRIT NOUVEAU
dans

LES LIVRES ET LA PRESSE

a publié

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i558 pages
17 illustrations
en couleur
594 illustrations en

176 hors-texte
La deuxième Année sera encore plus abondante

Parlant de l'article de M. Raynal, que nous avons reproduit dans notre
derniùe Revue des Idées d'esprit Nouveau (1\'0 11-12), M. Vau,:telles
« Pinturicchio » écrit dans le Carnet de la Semain~ :
c Certes, les plus pures des formes sont les meillew:es. Mais ces vérités énoncées,
• n'exagérons pas, Est modus in rebus. Ce n'est pas tant pour vous que j'écris cela
« que pour nos gentils sectaires de l'Esprlt Nouveau, Jeanneret and C0 • Ces théorie ciens enragés sont prêts à nous prouver (et nombre de cubistes les suivent) que
« l'esthétique de la science appliquée et celle des arts plastiques est la même. ••
« Hélas, où allons-nous et qu'exigera-t-on bientôt de nos pauvres cervelles ! Les lois
c qui régissent la fabrication d'une Torpédo et celle d'un Nu de Corr~, Goya ou
« Renoir sont-elles identiques ? Et la qualité de la matière, la sensualité des pàtes
« ~es, qu'en faisons-nous, que deviennent-elles parmi ces équations? Léonard
c qui possède la c ,·il'tu • des grands Renaissants, fut un savant profond, et un ingé• nieur militaire incomparable ; il établit les fortifications de la V altdine et y creusa
c les canaux qui sont, aujomd'hui encore, la richesse de la Lombardie ; quand il ter• mine le couronnell\ent de la cathédrale de Milan, il est encore le plus hardi caleula• teur. Mais quand il module la statue équestre de François Sforza, peint la Belle
• FerronJ:ière, le Bacchus, le Saint.Jean ou la Grande Sainte-Anne (si elle est de lui)
• n'est-ce pas un autre aspect de son âme qu'il nous révèle ? Je n'111 pas le temps de
" développer en ces notes cursives, mais je suls sûr que vous m'avez compris. •

M. Vauxelles, vous n'avez rien compris et non plus à ce que disent les
a Sectaires » de l' Esprit Nouveau.

Ils disent: que l'art se transmet par des moyens physiologiques; qu'un
tableau, qu'une sculpture., qu'une architecture, sont des machines à émoupoir;
que nos sens ont des propriétés physiologiques suffisamment constantes pour
qu'ils puissent etre considérés comme le clavier d'un instrument de musique ;
qu'il faut les connatlre; qu'en Cônnaissance de ces propriétés physiologiques,
rartiste n'est qu'une harpe éolienne qui vibre à tous çents, à « pâtes pétries », mais une sensibilité qui, au moment de s'exprimer, ne fait pas fi de
fintelligence et de la connaissance. Hélas, dites-'1ous, où allons-nous et
qu'ezigera-t-on bientôt de nos pauçres cerçelles I Tout simplement,
M. Vauxelles, le droit à l'artiste d'être intelligent et &lt;fen exiger autant de
cew; qui le jugent ; nous ne croyons pas à la niaiserie indispensable de

l'artiste.

VOYEZ AU Vll:RSO LES CONDITIONS D'ABONNEMENT

�1576

L'ESPRIT NOUVEAU

Ils disent aussi: la machine n'est pas un suiet de peinture oii de poésie;
elle est une leçon pour l'esprit. Les phénomènes de la nature ou ceuxque crée
l'homme sont une leçon de structure, ime leçon de création ; la leçon est plus
claire oui 1wu se tirer de la machine que de la rose i pour résoudre un problème il faut sa11oir le poser ; les machines sont les solutions de problèmes
posés; lecon de méthode. C(J,1" il ne faat pas être extrêmement perspicace pour
ne oas 11oir aue l'homme n'est qu'un relai dans les organes de la nature et que
les créalions de l'homme obéissent nécessairement aux lois qui /,e dominent
parce qu'elles sont iini11erseUes. Ils n'ont jamais dit, comme 11ous le croyez,
que l'esthétique de la science appliquée et celle des arts plastiq11,es est la même
parce qu'il n'y a pas d'esthétique préalable à la création d'iuie œuvre mécaniqae, l'ingénieur n'a pour but q,.œ de créer une œu11re utile; l'esthétique n'a
rien à faire là dedans; l'esthétique, toutefois, peut apprécier, au point de 11ue
plastiqrie, le résultat du tra11ail de l'ingénieur et en tirer des conclusions et
constater aae lorsmu cette œtwre mécanique arri11e à un certain degré de
sélection, c'est-à-dire de perfectionnement, elle émeut nos sens et notre esprit
de telle façon que certains disent qii'elle est belle; et cela pro11ient de œ que ces
formes sélectionnées ag ltsent sur nos sens, comme les créations 11 esthétiques»
'1olontaires de l'artiste al!issent aussi sur nos sens. n n'y a pas là la preu11e
d'une esthétique préalable mais seulemmt une concordance dans des résultats obtenus par des moyens différents; il n'y a pas pl1zs d'esthéliqu.e préalable dans la création d'wie nu,1,chine qu'il n'y a d'esthétique préalable dans
la création d'wie rose ; l' œ.i11re d'art seule a des intentions esthétiques.
Il n'en reste pas moins, JI. Vauxelles, qne notre époque est arri11ée, par la
rai.son et par l'expérience des lois d'économie, à créer des organismes mécaniques dont 1.6s formes nous émeu11ent puissamment parce que ces formes,
imposées par I.e tra11ail mécanique, retrou11ent celles que crée le grand artiste
aü moyen de sa sensibilité contrôlée par sa raison; c'est que tout se tient au
monde et que nous sommes disposés de telle sorte que nous jouissons au spec•
tacle de certaines formes et de certains agencements de formes lorsqu'elles se
trou11ent ètre &lt;faccord a11ec les ltautes exigences de la na;tu,re. Est-il-bien la
peine de 11ous répondre lorsq1Le voas prétendez que nous oublions la sensibilité de la matière parmi nos équations ? Nous a11ons le goût des belles ma·
tières modernes : l'acier poli, les mal.ériaux bien tra11aillés. C'est une con·
ception qa'avaient aussi les Grecs lo·squ'ils faisaient le Parthénon et /,eurs
vases; cela 11aut bien la sensibilité des pâtes pétries, comme 11ous dites, que
d'aiUeurs, n.ous ne nions pas non. plus.
Les sectaires de r Esprit N ouçeaii disent encore d'autres choses.

O. et J.

*
(c!J:1:tfu:nfe~d::~~=entateur abo!ldant des .arts décoratifs
avec les idées de l'Esprit Nouvea;,sb ~e~f:i~8.l;Jif dr01r se rencon~r
sance » un remarquable article intitulé L' Estl~t. er ans "La «.Ren8.1Strayons les passages suivants auxquels nous ne pouvons
iqae desqu'applaudir.
automobiles. Ex..
"

... - ... - ................ .

• Les m111tres .avaient leur; ·1~~ti~n;·~;.ù~iû.;~ ····:.il.. ••••.: .......... .
• Jangue. Répudiant cette méthod d t
nil
! 111&amp;1S s parlaleot la même
fuyan~ l'utile contr~le qui
1 en rêsulte, les artisans modemcs :ap~li::ent
• œuvres qui soient exclusivement leur chose
r, non point un style, mais des
• Elles le sont en effet si bien qu :uJ I i
.
décorateurs sont, pour1aepïup~~.de:d:l.u~«i.t c'est bien là le roaJ. Les

f~~~if,

•

• !rtistes

· ········ · · · ~ · : · · · · :P
• IJ·······:·············
faut ~nen c_onstater les phénomèn~
· · · ·. · · · • • • : • ...•.. , ..... .

• dans la '!le positive, de force et so11Vent ~grll;X· Cette ~1.81.0Cra~e ei:i,tre peu à peu
• par ~timent du devoir. Elle voyage trouva';;lar estopnttl de solidanté natiooale,
• sportive. Elle est curieuse d
'té
.
par u e même palace. Elle est
• volontiers une toile cubiste.e nouveau et hbre d11Ds ses goûts. Elle achète assez
. 1 . Il s n ,ouyrent l'oreille qu'à la louange.
1 Les artistes commettent le péché d'
• Ils.
composent de jolies tables mais n?rf:lllll
• va.se disposition des tiroirs u'wi
rument P~ qu on leur reproche Wte si mau•
• dessuier1.mt,. dans l'avenir, leqchl\t~~:ed'!; Pî11~er à ]Nettre ne.s'y saurait loger. Ils
• es obligations cotniptri
é
. gior1.eux. os petits neveu.,ç, dèga és

• sonne, mais selon leurs œ~uÊÜ e la

1c, les Juge~ont non plUB selon leur ~-

• 1:'i~
~ s l'oubdli, par~ qu~ rien'\1::a1ab~~ :13;~~~!t ~~r 1a1péremôté
verur, cepen ant, s'informera d
•t d
J=•u•em e ~
.

• mf?!-1ble gui n'auront pas su établir u u gou e ce ~ · .i\ défaut des arts du
I rtio!18 collectives et spontanées oùber~~~:cri~a=le, d lnterrogera ces réali1 daécoraison : car il n'y a point de beauté d
Î u u.se subordonne aux lois cle
•
rateurs s'épuisent à torturer la cl .
eulsaugrenu. ~rchitectes, artiM.o.l
• me font mourir d'amour • s·
a.ire orm e: • Marqmse, vos beaux
•
• de l'adopter. Ces personO:a esJ.IDpl~ent. des ingénieurs anonymes se c o n ~
• du moteur à explosion rr.a~ss\~2)
consulté leur bon sens. L'invention
• construire à la fois robuste sta a
rie e la voiture automobile. Il fallait la
• les &lt;1;onnées du problème. Il ès't p~~o~'!I:e et rapi~e, observ~t avec rigueur
• ~rurebi • l'.ar auçun argument ne persuade 1•a.cJ&gt;eteartoudt,a.illeurs!IWllll non dans cette
• ...,,~ en plus belle ainsi D'épure
ur une voiture absutde qu'elle
• fonne à la plus pure tradition qui~f'qu~e estf,hé.tique nouvelle ut nu. Elle est con• gotU le plus juste qui t't-'llt que hi forme ne soitupune
-~ne ~mâJ
unemais
f onctiOn,
el au
as S,;u«;,~
ral1onmlle
élé.gantt.

rs

dt

(1) VoyezE. N. no

a, pageS46.

�1578

L'ESPRIT NOUVEAU

• Ici comme partout, alors comme toujours, l'esprit de routine a tenû d'entraver
l'établialement d'une formule neuve. L'on voit encore, avec une jubilation diabo• lique, del châsais éqll.ipû en berline du xvm• siècle. Il est fâcheux d'adapter à del
• ereation1 nouvelle• de1 systèmes décoratifs anciens qui ne correspondent plua au
c aentiment mème confus que nous avons de l'art. lllais il est comique de jucher sur
« an cl"'8is rapide une haute carrosserie dont l'inertie multiplie les efforts d'arrache• ment appliqués aux ressorts suspenseurs.
c Par un bonMUT inrigne lu artisùs ne furent point consuUés. Quelquelil·UUS d'entre
• eux, aans doute, anim~ du véritable génie moderne, auraient su prendre une part
« utile à l'élaboration des modèles: mais les méthodes d'enseignement professiorinel,
• qui distinguent encore l'art du métier, et l'enflure des artistes qui se croient eeula
c poaesseurs des vérités artistiques, ont aggravé le divorce. C'est du cabinet de
c l'ingénieur que sont sorties les silhouettes et les formes nouvelles, suggérées ~
« la destination, par la matière ou \&gt;ar l'usage. Pour neutraliser la vibration d un
• moteur à rotation rapide, pour conJurer les ruptures d'un mécanisme de tranami&amp;• aion BOUIDis à de violents efforts, il ne fallait pas seulement des aciers de haute
c résistance jusqu'alon1 inconnus. Il fallait encore un équilibre parfait, non eeuJe.
• ment du poids des pièces, mais surtout des forces dy[!amiques. De là l'adoption del
c moteurs polycylindriqucs, à volant régulateur all~.
, De là, par voie de déduction, le clioix d'un modèle de châssis comportant le
• moteur Il. ravant. Celui des premières voitures n'était point logé sous un capot, mals
• pffll des roues motrices. Les automobiles primitivl'!I substituaient simplement au
• traditionnel attelage, un générateur d'énergie. Mais il était ridicule de voir rouler
« ces cages dont le système a•entralnement restait dissimulé. De plus, le besoin d'un
• refroidissement abondant sans lequel les pièces motrices eussent atteint la tempé• rature de fusion entraînait l'établissement du radiateur. La silhouette actuelle
• s'ébauchait : la puissance rapidement accrue des moteurs allait en dégager lea
« traits. Les premières voitures étaient haut :i_&gt;erchées. Le poids inerte du carroeae
• violemment pmjete dans une direction par I effet de la force vive imprimait au,
• ch!\aai.8, dans les virages, une tendance nu déversement. Il fallut étud1er des car• rœseriea basses, réduire autant que possible la pesanteur des éléments passifs. Bien• tôt, la vitesse augmentant sans cesse, on récupéra l'énergie, on diminua l'épaisseur et
• la masse des organes, on compensa en qualité la quantité. Des problèmes nou" veaux se proposaient : celui de la résistaoee de l'au déterminait une modifica• tioo sensitile de la silhouette ; les angles s'abattent ; le fond de la caiue tend à
« s'effüer pour atténuer la dépression créée derrière la voiture lancée, et pe.r con• lléQuent la résistance à la vitesse,
• Ainsi, l'expérience conseillant aux constructeurs certaines formes organi&lt;lue1
c propres à leurs modèles, imposait à tous une silhouette extérieure à peu près iden« tique. Sans doute les • marques » se différencient par les données scientifiques,
• voire par l'élection d'un principe général à quoi tout le système constructif seta
« nbordonné. !\lais il y_ a, dominant ces particularismes, une forme générale univer• aellement admise, qu'ont mise au point les ingénieurs et les carrossiers.
• Il est vrai que, seuls, nos préjugés nous aveuglent en matière d'art, que jamais
• carrossier, étranger aux querelles sénaculaires, n'a commis un anachronisme. Il
• n'en est pas un qui s'avisât d'orner de sujets galants peints au vernis Martin, la
• caisse d'une limousine. Moins encore, d'encadrer de • chutes de feuilles • et de
• frises rerouillées les panneaux d'une torpMo. Tous ont clairement formulé l'esthéc tique de l'automobile, comme les ingénieurs ont créé, dans leurs locomotives, dans
• le'Ul'II wagons, dans le'Ul'II machines-outils, des formes vraiment belles. On contes• tera qu'il y ait de l'art dans le dessin d'une machine. liais le dessin résulte d'une
c esthétique et comporte un enseignement. C'est là un art extrêmement voisin de
• l'architecture, qui fonde auBBi, dans le principe, ses plans sur un ensemble de don• nées strictement positives et pratiques."

SCIENCES

c

L'Espril. Nouveau a publié, depuis le printemps 1921, les articles suivants:
Dea i,eu.i qui m voimt pas : Les Paquebots, les Avions, les Autos.

Il faut avouer que la manifestation de 111. /anneau tém-0igne d'une r,éritable conversion.

CONSTITUTION DE LA MATIÈRE
1,.

LES ATOMES
D• R. ALLENDY

I

n'es~ .ras de notion pl:is commune ni plus primitive que celle de
mat1ere; cepen~ant, il n'~n est pas de plus difficile à préciser
quan~ on l'étudie à la l~JD1ère de l'analyse scientifique.
. Qu est-ce que la matière ? Le mot même paratt. se rattacher à
la racme grecque 11-ot"y, d'o~ µcxaaoo, µcx't''t'oo, qui exprime l'idée de pétrir et
d_~ touc~cr, et, pour_e~pr1mer l'empirisme original, il semble que la mat!~ro pwss~ êt~e _dé!m1e comme ce qui est tangible. Cette notion, étant
bee au. suhJec~1v1Sme de no~ sens, est d'une critique facile au point de
v_ue p~ilosophique. La matière est essentiellement l'objet du sens tactile ; c _e?t par ce sens que nous apprécions la résistance, l'inertie, l'impénétrabibt? et surtout la masse qui nous semblent les caractères essentiels
de _la matière. La vue ne peut donner l'impression de matière que secondllll'8ment, après une édu~tion préalable et au moyen d'une comparaison
ayec ce 4:1e nous avons déJà touché. Par suite de notre habitude d'objectiver ~e8 nna_ges, nous :.,n sommes arrivés à considérer 'comme matériels
Jes ?bJets qm frappent notre vue, bien qu'inaccessib]es comme les étoiles
~alS nous savons quelles illusions la vue p1mt. nous 'apporter. Quant
J !dée de rapporter il la notion de matière des odeurs ou des saveurs elle
na pu naitre que dans des esprits assez instruits pour imaginer l'action
sur !1os organes? de particuJes invisibles et intangibles. On voit combien l~
notion de matière est progressivement extensible : le sauvage qùi ne
so~pçonne pas l'existence de l'atmo11phère dans laquelle il vit, ne songe
gue_re à rapprocher le soufne ou le vent qu'il perçoit de la terre ou de l'eau
qu'il peut toucher: pour lui l'air n'est pas matière. Lucrèce nous dit bien
que les vents sont dtis corps invisibles :
L

•

à

Sunt igitur verni nimirum corpora cœca
Mais il .n'imagine,_ apr?s,. que le vide. Quant à nous, qui connaiEsons des etats de dissociation plus subtils que l'état gazeux, croyons-

�CONSTITUTION DE LA MATIÈRE

1581

L'ESPRIT NOUVEAU

noue connaitre tout.es les formes possibles de matière ? N'y a-t-il pas
des matit\ree très ténues qui dépassent nos sens, nos instruments de physique et même nos calculs ?
Progressivement la science nous montre qu'en croyant, sur la foi de
nos sens, la matière homogène, continue, inerte et stable, nous sommes
Tictimes d'une immense et profonde illusion. Il est curieux de revoir, dans
un coup d'œil d'ensemble, comment cette illusion a pu se dissiper progressivement, et nous en suivrons aujourd'hui, avec la théorie atomique,
le premier stade.

Tout d'abord, l'idée d'homogénéité ne permet pas d'expliquer les phénomènes d'ordre physique dont la matière est le siège. Quand on voit
une petite quantité de sel se dissoudre dans de l'eau au point que chaque
goutte de cette eau finit par être également salée, la première idée qui se
présente est que le sel s'est dissocié en petites particules très ténues et
que celles-ci se sont mélangées à la masse du liquide. Il est bien évident
que ces particules sont réduites au point d'être invisibles, ce qui suppose à la matière soluble un degré de divisibilité considérable. D'autres
phénomènes comme l'évaporation, les changements d'état, l'expansion
des gaz, les variations de volume, etc., se montrent justifiables de la
même explication. 11 fallut donc, pour les besoins de la logique, admettre
que la matière, d'apparence homogène et continue, était formée en réalité
de particules invisibles. On imagina que ces particules représentaient la
plus petite quantité de matière possible et on leur donna le nom d'atomes, c'est-à-dire, selon l'étymologie grecque, d'i.nsé,..able.r. On peut
suivre cette théorie atomistique ou moléculaire dès unehauteantiquité.
Elle apparaît aussi bien dans les Védas de l'Inde que chez Leucippe, Démocrite, Epicure et Lucrèce (1). En fait ce n'était qu'une hypothèse et,
comme le dit fort bien J.-J. Thomson (2), il n'exista pas jusqu'à ces derniers temps de phénomènes pouvant servir d'expérience cruciale entre la
théorie des atomes et la théorie de l'homogénéité, mais la première fut toujours préféro..,e dès l'origine de la science physique, en raison de ce qu'elle
pouvait expliquer.
Les anciens ne connaissaient les différents corps que par leurs propriétés
physiques: couleur, poids, résistance, etc. Voyant ces propriétés se transformer, il leur fut facile d'imaginer que tous les atomes étaient de nature
identique et que leur arrangement seul différait. Au vue siècle avant J .-C.
Thalès attribuait à l'eau le rôle d'élément primordial; Anaximène donna
ce rôle à l'air; Parménide et Héraclite au feu; ce dernier admit que lei
éléments dérivent les uns des autres; Empédocle, au
siècle, lea ratta-

,e

(t)Cf.M ♦1m:r,um.Hilloiredi!laJ&gt;~lrit~(I) Cf. Lo StnldWe cfc la matière. Paril (Gauthier-Villara). 1921.

cha tous à un constituant plus simple, l'éther, et la théorie prit sa forme
définitive avec Platon et Aristote.
On la retrouve chez les alchimistes, tout i\ fait parachevée. Ceux-ci
crurent à une substance unique formant tous les corps matériels connus
et cette substance, appelée Quintessence ou Spiritus, pouvait affecter
quatre qualités ou quatre modes de manifestation: expansion, rétraction
transformabilité, fixité. Ils désignaient ces qualités par les symboles de;
chaud, froid, humide, sec. Scion eux, ces quatre qualités coexistaient
plus ou moins virtuellement dans chaque corps, les unes prédominant sur
let1 autres d'une manière d'ailleurs varia\ le : la chaleur développait par
exemple la qualité d'expansion et l'humidité, la qualité plastique. Ils disaient qu'un corps douô d'expansion et de plasticité était chaud et humide et de la nature de l'air, qu'un corps fixe et inerte était froid et sec
et de la nature de la terre, etc ... Telle fut la théorie des quatre éléments.
~n en déduisit la théorie des trois principes: le soufre, principe d'expans~on, de :o~~ustibilit~, _I~ mercure, principe d? plasticité; et Je sel, principe de hXtte, de stabilité. Une telle conception, admettant un consti~uant commun à tous les corps, entrainait comme corollaire Ja possibilité
de transformer un corps en un autre : !es alchimistes enseignaient l'évolution minérale et recherchaient la transmutation.
Puis vint la chimie analytique. L'époque de Lavoisier marque une réaction violente contre les alchimistes. La doctrine do ces derniers avait
d'ailleurs quelque peu dégénéré et certains attardés, prenant les choses
à )a !ettre, croyaient trouver dans tous J.es corps du soufre. du vif-argent
et du sel de cuisine. Le jour où la chimie découvrit que l'air était un mélange d'azote et d'oxygène, que l'eau se décomposait en oxygène et hydrogène, les éléments classiques, avec tout l'enseignement des alchimistes et
en particulier l'idée d'une matière unique. furent balayés en un instant.
L'analyse montre que toutes les matières solubles pouvaient être décomposées en un certain nombre de substances qui, elles-mêmes, se montraient
indécomposables aux moyens ordinaires : on les appela corps simples ;
on s'imagina que ceux-ci étaient à jamais irréductibles et on finit, progressivement, par en découvrir un peu plus de 80. On admit que chacun existait dès l'origine du monde, avec des propriétés caractéristiques et définies.
Une merveilleuse découverte, la spectrographie, en permettant de reconnaitre par l'analyse spectrale d'une lumière quels corps cette lumière
avait traversés, montra, dans les astres les plus lointains, à peu près tous
les corps simples que nous connaissons sur la terre, sauf quelques exceptions comme l'azote, le soufre ou l'or. Le soleil révéla la présence de fer, de
plomb, de cadmium, de zinc, de nickel, d'argent, d'étain, d'aluminium, de
silice, de carbone, d'oxygène, d'hydrogène ; dans les comètes, on trouva
du sodium, du magnésium, du fer; certaines étoiles montrèrent une prédominance d'éléments spéciaux comme BéteigJuse, ix d'Hercule,~ de Pégase
pour le titane. L'hélium, découvert d'abord sur le soleil, fut retrouvé sur la
terre. Les substances de la terre parurent ainsi être les constituants de

�1582

1583

L'ESPRIT NOUVEAU

CONSTITUTION DE LA MATIÈRE

l'univers entier : la science crut avoir trouvé une certitude et l'irréductibilité des corps simples fut érigée en dogme.
En même temps la science confirma la théorie de la constitution hétérogène de la matière, ou théorie anatomique (Dalton, 1808). Des lois
comme celle des proportions multiples, d'après laquelle les corps ne peuvent se combiner que selon certaines proportions définies, mirent en valeur la discontinuité évidente de la matière, que l'on retrouve semblable
dans la loi de l'électrolyse. Mais de quelles dimensions peuvent être ces
molécules ?
Les batteurs d'or réalisent des feuilles de 1 /10.000 de millimètre d'épaisseur. Une molécule qui suivrait cette dimension dans tous ses diamètres
ne pèserait qu'un cent-milliaMième de milligramme. Mais la molécule est
évidemment plus petite encore. Une solution, au millionième, de fluorescéiner examinée au microscope, manifeste une fluorescence verte uniforme
da:ns des volumes de l'ordre du millième de millimètre cube. La molécule
de fluorescéine a donc une masse bien inférieure au millionième de la
masse d'eau qui occupe un millième de millimètre cube ; elle-même étant
350 fois plus lourde que l'hydrogène, la molécule d'hydrogène aurait une
masse inférieure à 1021 (1). L'étude de la tension superficielle des lames
minces (bulles de savon, dépôts métalliques, etc.) a ,révélé qu1au-dessous
de 50 à 30 millionièmes de millimèke d'épaisseur, les propriétés de la
matière dépendent de son épaisseur ; tl est probable que, dans ce cas, on
ne rencontre plus que quelques molécules, et l'on peut conelure que les
éléments discontinus des corps, les molécules, ont des dimensions linéaires
de l'ordre de grandeur du millionième de millimètr_e (2). On a obtenu des
lames très minces enétendantsurdel'eau une dilution con e d'huile dans de
la benzine (la benzine s'évaporant et l'huile s'étalant}, et la surface de ces
lames minces étant repérée au moyen de poudre de talc, on en déduit leur
épaisseur qui est de l'ordre du millionième de millimètre; la maljse de la
molécule d'huile se calcule alors comme un milliardième de milliardième
de milligramme, et ceTie de l'hydrogène apparait, par ce calcul, égale à
102 4 gr. 11 en résulte que dans une molécule-gramme (1 gr. d'hydrogène,
16 grammes d'oxygène, 12 grammes de carbone, etc.) il y a mille milliards
de milliards de molécules.
Cette quantité est si considérable que, pour _en avoir une idée, on peut
calculer què les molécules contenue dans une tête d'épingle d'un milligramme, défilant à raison de 100.0C0 à la seconde, mettraient, plus de dixmille siècles à accomplir leur défilé (3).
~e nombre; calculé de onze ou douze manières différentes, qu'on trouvera exposées dans le livre de J. Perrin, d'après des considérations relatives à des phénomènes plus complexes (électricitê de contact, théorie
cinétique des gaz, mouveIIients browniens, radio-activité., etc.) coïncide
à peu près exactement dans tous les cas. La théorie moléculaire est donc

si bien établie qu'elle se trouve à la base de toute notre science (1) au
point que Langevin demande de l'ériger en principe fondamental.
Mais il ne suffisait pas de savoir que la matière est constituée de molé•
cules ou d'atomes et que les types indécomposables de ceu:x:-ci sont au
nombre d'environ 80. Il restait à connaitre leurs modes d'aljsemblage et
leurs caractéristiques propres.
Il ne parut pas possible d'admettre que les atomes étaient agrégés en
eystèmes immobiles. L'expansibilité des fluides, la tendance à la diffusion,
â l'osmose, etc. ne peut être expliquée qu'en supposant une agitation moléculaire. L'étude de la chaleur rend également nécessaire l'hypothèse
de cette mobilité, mais surtout, comment concevoir qu'un gaz exerceune
pression sur les parois qui l'enferment, que cette pression est inversement
proportionnelle au volume (loi de Mariotte), sans imaginer que les molécules gazeuses sont des particules parfaitement élastiques (conditionnécessaire pour qu'elles ne perdent pas d'énergie par leur choc), assez éloignées les unes des autres pour ne pas exercer d'attraction mutuelle, mais
animées de mouvéments et rebondissant les unes sur les autres? Telle est la
théorie cinétique des gaz. L'étude des cristaux permet de l'étendre aux
corps solides : Guilleminot y consacre un intéressant chapitre concluant
que, si les molécules gazeuses s'agitent dans tous les sens, quelques-uns
de ces mouvements persistent seuls à l'état ,aolide : les mouvements de
rotation par exemple, s'effectuant autour d'axes orientés d'une façon
quelconque, soit suivant des directions définies del' espace en rapport avec
les propriétés tropiques des cristaux. Ainsi c( la théorie cinétique élémentaire est le terme final auquel conduit l'analyse de la plupart des phénomènes physiques » (2).
Un des phénomènes les plus frappants à ce point de vue est constitué
par les mouvements browniens. Des particules très petites, mais encore
visibles au microscope, étant placées dans un liquide, se montrent animées
d'un mouvement très vif et parfaitement désordonné. Les trépidations du
microscope produisent quelques déplacements d'ensemble qui n'ont rien
de comparable avec l'indépendance des mouvements spontanés des particules : on s'aperç.oit que l'uniformité absolue de température, la réduction de l'éclair;ige, ne changent rien au phénomène. Ce mouvement ne
s'arrête jamais : il se manifeste dans des inclusions liquides enfermées
-dans le quartz depuis des milliers d'années; il est spontané et éternel.
Le mouvement brownien n'est explicable que par une répartition inégale du choc des molécules. Einstein en a réalisé, d'une manière admirable,
l'analyse mathématique.
·
D'après la pression e;,rercée par un gaz sur les parois qui le renferment,
Maxwell, Gibbs et Boltzmap.n ont pu calculer la v~tesse d'agitation moléculaire. Le problème revient à calculer la pr ssion constante que subirait
chaque unité de surface d'un mur rigide qui serait uniformément bom. bardé par une grêle régulière de projectiles animés de vitesses égales et

Les A.tomes, Paris 1913,, page 71.
La Phy$iql.u moderne. Paris, 1921, page 96.
f32 J.H.
J. DELAm.muT. L'Ether. Paris, 1920.
•
I~

PERBL"f,
POINCARÉ.

(1) lIENNF.QUIN. Essai critiqtui sur l'hypotltèse des atomes.
(2) GmLLEMINOT. Les Nouveaux horizons de la Scùnc;e. Paris, 1918, t. 1, page 248.

�1584

1585

L'ESPRIT NOUVEAU

CONSTITUTION DE LA MATIÈRE

parallèles, rebondissant sur ce mur sans perdre ni gagner d'énergie. On
trouve que la somme des énergies de translation des molécules contenues
dans une molécule-gramme est, à la même température, la même pour
tous les gaz, A Co, la vitesse de l'oxygène est de 425 mètres par seconde;
pour l'hydrogène, la vitesses' élève à 1700 mètres : elle s'abaisse à 170 mètres pour le mercure.
« Bref, dit J. Perrin, chacune des molécules de l'air que nous respirons se meut avec la vitesse d'une balle de fusil, parcourt en ligne droite
entre deux: chocs environ un dix-millième de millimètre, est déviée de sa
course environ cinq milliards de fois par seconete et pourrait, en s'arrêtant, élever de sa hauteur une poussière encore visible au microscope.
Il y en a trente milliards de milliards dans un centimètre cube d'air, pris dans

suffit de songer à l'extraordinaire vitesse de leurs mouvements; on a
évalué qu'ils feraient des milliers de milliards de tours à la seconde (exactement de 600 à 1000 trillions). La résistance qu'ils opposent, dans les
corps solides, à la pénétration, s'explique par cette vitesse même et ceci
peut être mis en lumière de diverses façons. Si l'on approche le doigt
d'un jet d'eau un peu puissant, on remarque une résistance considérable à
la pénétration. G. Le Bon dit que, dans une station hydro-électrique, une
colonne d'eau de 2 centimètres de diamètre, tombant de 500 mètres de
hauteur et possédant, de ce fait, une vite~se considérable, ne pouvait être
entamée par un coup de sabre très violent; l'arme était arrêtée comme
par un mur.
Ainsi ont pu être décelés la taille, le mouvement, la vitesse des atomes.
Nous savons maintenant que la matière est formée par leurs tourbillons:
l'homogénéité, l'inertie, l'impénétrabilité, ses principaux caractères
apparents pour nos yeux ne sont que des illusions. La masse seule subsiste, à notre analyse, comme propriété essentielle de la matière. Mais
ces atomes représentent-ils le terme ultime de ce que nous pouvons connaitre ? Ont-ih une structure simple, ou très compliquée ? Sont-ils irréductibles et véritablement insécables comme le prétendaient les disciples
de Lavoieiier ? L'atome est tout un monde à explorer, dans lequel la
Science vient d'apercevoir d'étonnantes merveilles. C'est ce que nous
envisagerons dans notre prochain article.

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Dr R.
d'aprês Perrin.

les conditions normales. Il en faut ranger trois milliards en file rectiligne
pour faire un millimètre. Il en faut réunir vingt milliards pour en faire
un milliardième de milligramme. &gt;&gt;
Mais, ce qui est plus étonnant peut-être que ces nombres formidables,
c'est la petitesse des molécules par rapport à l'espace apparent de la matière qu'elles constituent. Connaissant leur masse, leur nombre et leur
vitesse, on arrive à démontr~r que la matière des atomes est contenue
dans un volume au moins un million de fois plus faible que le volume apparent qu'occupent ces atomes dans un corps solide et froid.
Ainsi cette matière qui nous parait continue, homogène et inerte, n'est
que l'agrégat d'un nombre extraordinaire d'éléments extrêmement petits, tournoyant les uns autour des autres à d'énormes distances, de la
même façon que les astl'es dans le ciel.
Ceci nous perd dans l'infiniment petit, mais si nous regardons du côté
opposé, ne voyons-nous pas la voie lactée, - cet amas d'étoiles immenses
séparées par des distances incroyables - donner à nos yeux une certaine
impression de continuité et d'homogénéité ?
Pour comprendre comment des atomes si petits, si séparés les uns des
autres, peuvent nous donner l'impression de plein et de continuité, il

ALLENDY.

�IVAN GOLL

LETTRES

IVAN GOLL
Ivan Gou., né en Alsace, au conflt1ent de deux cultures, a publié une dizaine
-c3:e recueils de poèmes et P.ièces de théâtre en allemand ; il écnt à présent volontiers_ en frança~s, Son ~C!111er volume de vers,« Edition du Matin», faillit remporter
le pnx des Treize. La S:i:rene prépare en ce moment la publication de ses œuvres poé-tiques traduites en français.
N. D. L. R,

L

est né en Allemagne en 191i. On a cherché et
trouvé en lui du romantisme et du Sturm und Drang. Cela n'est
pas exact. Il ne faut pas confondre action-dynamisme avec
.
l'é_lan roma_ntique. D'aucuns l'accu.sent d'être maladif, et par
la romant14l!~ : m8:1s,peut-on RI)Pel_er mala~f cet esprit métaphysique et
-cette force d'mtensité et de radicalisme, qlll sont le résultat des recherches_ mo&lt;:1-ernes ~ E~pressiop- directe des sentiments originaux et des idées,
pénetration de 1 umvers : 1 art nouveau relève de la compénétration des
hommes et des choses, en cherchant à se dégager de toute matérialité.
Parmi les poètes de langue allemande Ivan Goll est un chercheurinfati.gahle de formes et de valeurs nouvelles, pour tenter de les réaliser. L'école
expressionniste, qui pendant la guerre a toujours proclamé l'idéal humain
et p_aneuropéen, qui, à toutes les occasions a manifesté contre la guerre et
la v10lence, aux pires moments de la réaction Vvilhelminienne a trouvé en
Ivan G?ll, qui est en même temps allemand et français, un ~eprésentant
.symbolique.
Il écrivit en 1915, en langue française, les (&lt; Elégies internationales »
petite_ plaquette qui compt!=l parmi les premiers sursauts de la conscienc;
humame ~ontre la boucherie de~ peuples. En 1916, il écrivit en allemand
le.« Reqwem pour l~s Morts de l Europe », grande symphonie, où le poète
fru.t entendre les voix du malheur mondial : parmi les &lt;( Récitatifs » de
haut style, il y a les chansons des Veuves, des Blessés, des Abandonnées
des Mères, des_ Morts-. et tout cela se termine par un Hymne à la Pai~
(en 1916), mais une paix des cœurs et des âmes, non celle de généraux
vaniteux et de mercantis avides. La masse libérée chante :
'EXPRESSIONNISME

« Chacun de nous porte le ciel dans sa poitrine ,

« P_euples des p6les et de NquateuT, donnez-vous la main
Unissez•vous comme l'eau des mers
Le Gulfstream de l'amour vous chauffera le cœur ... • ·

1587

Après « Requiem » c'est l'épopée _du &lt;c Nouvel Orph~e »: l'Orphée moderne qui quitte la nature pour la ville, l'enfer de nos.3ours. Il Y re~ourn~
encore une fois, pour délivrer, lui, l)Oète, son Eurydice : l'humaruté qw
souffre. Il se met à chanter partout dans les rues, dans les ?Ours, dans les
cafés, et rappelle aux hommes ce qu'_ils devraie~t être. Mais pers_onne ne
l'écoute. Tour à tour professeur de piano, orgamste dans une éghse, chef
d'orchestre - on le chasse de partout, parce qu'il veut faire entendi:e le
chant de l'amour et de la justice ; celui que les hommes ne sauraient
comprendre. Le sort du Poète rrwderne:
• Orphk parut à la lumière des places et du midi. Clown, devant le cirque, il battit le
grand tambour du so"leil. Au.t: foires, il tourria l'orgm d'!" monde ; ses buffles ~t ses
éléphant.s pliaient au sourire des enfants. Music-Hall, le soir : entre les Yankee-girls et
la 1Janse apache, son couplet d'amour hu~in. éta~t le nu_méro 3: D J 12 h. 30 à 13 h. 30,
le mercredi timide professeur de piano, tl délivrait une 3eune fille ~ sa mère. Les Té.'!"·
nio-ns de di~ianche salle ornée de feuillage, invitaient Orphû. Orgamste, dans la sacnstie il exerçait les :mfants de chœur au chant du saint psaume : AmauT d'autrui. Le
gr~mophone enroué des maisons de passe nasjlle la v_alse d'œr'!cur fr~l. I-:e ~asseur pourpre la siffle au ,matin, dans le comdor froid, panm les pieds en l air des
chaises.
.
·
·1 d
Annonce du grand printemps nouveau. Et les hommesdansawnt,. urn301.trsaussi our s_;
priai.en!, toujours aussi prisonniers; sifflo!aient, toujours av.ssi tristes. Orphée ~cend~t
auœ sous-sols de la ville et devint second molon au Ciné-Globe. Au-d_essus de lU'I. s étalait
l'écran gris de la durée. Les hommes ne croyaient plus qu'à la réalf1é·. Chacun, Copernic, faisait tourner la terr.e autour de ~a propre tête. Dans. celle nuit, ils se reconnurent
profondément. Ah / ce en de reconnaissa1!ce seul ~s r_endit frères .. Là, dans leurs souffrances, ils étai.ent roi, criminel, amant. Rien n'existait que_la réalité.
.
.
Public sourd. Vainement Orphée sortit de rorchestre ; vain~nt les ·palses menrnnses
baitirent leurs flots bleus. Dans îe ~unnel du ciné, les hommes ne l ente1!dire,_it pas. Lev~tilatcur bourdonnait comme une mouche folle. L'opérateur mdchonnait tou1aurs la réalité.
Les uies d'hommes coulaient sur l'écran gris, ciel terl'estre. »
« La passion des Alpes » signale une autre étape de l'individu mode~ne :
il cherche un refuge dans la grande nature des montagnes et_des glaciers.
Eternité, rocs de granit ; dans _la Sflitude, retrouvera-t-11 le repos ?
Arrivé dans les nuages, un grand vide 1 accable, et ce sont les profonde~~•
la plus vile terre qui l'attirent, là où il y a des hommes et de ~a fratermte.
Son expédition vers les altitudes échoue lamentablement. Mais par contre
il y a trouvé une nouvelle foi dans l'amour des hommes:
« Inépuisables sonl les glaciers du monde
Inépuisables sont les cœurs des hommes »

Longtemps avant, en 1912, Goll avait écrit le &lt;( Canal_ d~ Panama »,
hymne plein d'enthousiasme et d'optimisme dans la fraterm te des hommes,
un chant du travail international, symbolisé par ce canal, où toutes les
races de la terre ont travaillé et où les navires de tous les pays passent.
C'était le bel optimisme d'avant-guerre.....
.
.
(( Tout ce qui t'appartient, ô terre, s'appelle : Frère ... &gt;&gt; Mais; depm~,
l'Europe n'est plus que la ruine d'une statue, il ne reste pl"';ls qu une P?I·
trine mais avec un cœur dedans, qui, dit le poète, dans ce dithyrambe mtitulé (( Der Torso &gt;&gt; - ressuscitera un jour dans mille ans sous le souffle
d'un grand homme.
.
Peu à peu, l'élan juvénile de l'expressionniste Goll se_ fat1~~- Son _Prochain livre s'intitule : les Enfers (Die Unterwelt). Petites p1eces, ou est
dépeinte la vie quotidienne, l'humilité de tous les jours et des. hommes
qui y vivent, la pitié avec les êtres déshérités, avec_ les mendiant~, les
chiens, un arbre dans un terrain vague, avec un canari: et partout, a travers toutes les misères, ce rayon d'espoir, une promesse d'amour.
PoW'tant Orphée-Goll perd sa constance. Il va désespérer de tout. Il

�1588

IVAN GOLL

L'ESPRIT NOUVEAU

écrit« Astral», il crée le héros Félix, sim~le héros de notre époque, vendeur
de chaussures dans un G;rand Magasin, et philosophe machiavélique.
Véternelle chanson de Félix:
rc Le vera-shoe est le meilleur »
alterne avec de profondes méditations sur notre vie.
Seigneur je suis inapte
A vendre les vera-shoes aux belles da Tes
Inapte à toujours beurrer les tartines d'Isabelle
Inapte à l'esprit révolutionnaire paysan et animal
Inapte à l'Europe
Queiq1,1e_part su_r une hé'1:1Î5phère sanglote une veuve:
« Jet aime mais ne m'aune pas t •
Mon profil narquois !J:it dans son cœur comme sur velours rouge
Ev~~uellement _la ville .d'Otto_ ~a pourrait m'élire pour shériff
1\1~~~ ne saurai pas faue le discours et Félix est en ce temps-ci un mauvais pré•
C~pendant je ~ens les alouettes chanter dans mon ~osier
L arbre se P.1ru.nt dans ma charpente qui lutte mamtenant contre l'or e
}:a lune br1llel&lt;irtout et chaque librairie met en vente Schopenhaue~
avi::~~)~ e ma mère est tapissée jaune el violet de petites fleurs (jaunes et
Tout ~ela et ma cigarette : étoile des mites.
Je suis comme Dieu.
Ne t'i~quiète plus du bien ou du mal
Au _pnntemP.s B_ouddha ~e sortait pas pour n'écraser aucune vie.
MaIS,!lll re_spirat1on caUSlllt la mort de cent mille miasmes
Net mqwè!e plus du bien ou du mal
L'ard,b_re se nourrit d'air, les insectes d'arbres, les oiseaux d'insectes les serpent.li
01Se3:ux, la ter1e des serpents, l'air de terre.
'
Pourquoi être? Pourquoi
Ne pas être ? ce qui vaut mieux ?
c Vera shoe chausse le mieux t n
Homme je t'interdis le pourquoi ?
Recueillons-nous, recueillons-nous
Les I!ombres de notre cerveau sont trop faibles pour porter les secondes

~~~=~-~
Et le trèfle est sage qui ouvre et replie ses feuilles
Le trèfle - soli taire
et simple
Soyons solitaires
et simples

.

. D'.1fis « ~stral » l_e ~tyle est réduit à une extrême simplicité et devient
ru.~1 très d~ect. Ici, 1 art de Goll consiste dans la spiritualisation de cer•
t8J.IlS problemes fondamentaux, dont la solution le hante dès ses premières
œuvres. Au commencement, il entrevoit vaguement son chemin II con•
nait tous les tou-rmenJs de l'individu moderne. Chaos et volonté ; 0 juxtapose~t. Il en est de ~em~ che~ presque tous les expressionnistes ; tels que:
Rubmer, Ehrenstem, Emstem, Stramm et tant d'autres An début de
tout : l:3- volonté d'action. Puis, petit à petit cette actio~ se construit•
l'est!1étique _du s~ècle,se_spiritu~sE: s~r la base du dynamisme.
•
r· Ld~x-1:{ess_1onruste _et~t pour ams1 dire toujours assis entre deux chaises:
m lVl ualis~e, qui lm commande une contemplation passive, et d'autre
la conscience de son é~oque, dont toute l'essence est faite d'action et
~ mo~vem~nt. Quel est le resultat de cette fausse situation? L'expressionÏste s enfwt sur un ~errain ~eutre e~ de':Ïent, tel est le cas de Goll et de la
P npart au~oui: del~.: sceptique ou 1romque. Ainsi s'entrechoquent dans
prochru.ns hvres l i~éalis~e du véritable poète Orphée et le scepticisme
estructeur du coIDIIlls Féhx. Le poète qui sourit de nos jours n'arrive

Sart
~i5

1589

qu'à faire une grimace et s'en vient à resse~bler ter~iblement_à Charlot.
En l'approfondissant on trouvera que Cllarlie Chaplin ~st v~r1tablemen~
l'image grossie des ridicules de l'homme moderne. Et v01là bien pourquoi
Goll en a fait le héros de son dernier livre.
C'est par lui que Goll est arrivé à la Cinégraphie, qui est un_art surréel.
Avant d'écrire sa (( Chapliniade n, il avait publié deux petits drames,
qu'il nommait cc surdrames », et où il proposa un renouvellement co~plet du théâtre contemporain. Dans une préface il en trace certams
aspects:

« On a complètement oublié que le théâtre doit être un verre gro· ~issant. C~est
pourtant bien ce dont les Anciens se rendaient compte: les Grecs q&lt;11 marchaient
sur des cothurnes, ouS akespeare parlant avec les esprï:ts_. Ona?ublié~uelepremier
attribut du théâtre doit être le masque : le masque est ng1de, uruque, direct, c~mme
une sorte de destin. Chaque homme porte un masque..... Dans tout masque il y a
loi, et c'est là la loi du drame. L'irréel aevient vrai.
Les enfants ont peur des masques. L'art doit refaire du spectateur m enfant.
La plm simple façon d'y arriver, est d'être grotesque, Mettons des masques ~rotesques. Car la monotonie et la bêtise des hommes sont si grandes, énormes, qu on ne
pourra en venir à bout qu'avec des énormités. •

En effet, deux pièces de Golll (( A.ssurance contre l_e suicide 1, et (( Mathusalem», nous présentent des caricatures du bourge01s de notre temps à travers lesquels toutes les vanités de nos contemporains sont amèrement
ridiculisées.
L'ironie y est toute intérieure. Les gestes et mouvements des personnages sont machinisés, réduits à des mouvements de masques et de
poupées. Même truc que chez Charlot, pour r~ndre l'action rlus grotesque
et plus intense. Souvent le personnage au heu de parler tire un J?hon~graphe de sa poche; par quoi le poète indique que ce que tout ~e qm se dit
ne se pense pas nécessairement m~s n'est que phr:3-ses et v~r~1age.
Il ne restait plus qu'un pas à faire, pour en arriver au cmema propr~ment dit. Sa u Chapliniade » est en même temps : poème, di;ame, ~cénan?
cinégraphique, et représente le couronnement de toute son evolut10n p_o~·
tique. C'est une œuvre de toutes pièces nouvelle et ouvrant aux poss1b1:
lités artistiques du film des horizons inattendus. C'est une synthèse, qui
unit en elle les arts de l'espace et du temps, où se rencontrent fraternellement la plastique, la poésie, la musique et la danse .
Charlot (monolo~e). - Voici le monde, quelle simplicité 1
Et c'est moins que divin
Ah je vois tous les hommes qui souffrent
(Le film reprodui1 i;is'anta11ément les visions de Charlot).
Cehù qui attend sa fiancé!' à toutes les stations de métro
Celui qui étouffe à l'hon:1êt table de famille
Celui qu.i chante la liberté devant un mur de prison
Celui qui reçoit Dieu dans une mansarde d'hôtel meublé
0 tous : venez
(Film des rues, de.1 places, des ports, des gares).
Soyez les hôtes de mon cœur prophétique 1
Abreuvez ce désert de vos larmes 1
La tour de l'Equateur poussera de cette terre
L'échelle de Jacob enguirlandée d'anges
Montera montera
Ame : ma mon~olfière 1
ltfait un petit salut avec son melon.
0

*••

CHARLOT. - En ce moment je souris d:ins les ciné:nas du monde entier
Chaque village se tord de me·voir sourire
Et pourtant comme je suis triste !

�1590

L'ESPRIT NOUVEAU

Mille fenêtres pensent à n:oi
Mais il y en a une d'éclairêe
Na mère derrière le rideau attend le facteur
Depuis vinJtt; ans elle attend qu'une lettre frappe à la porte
D f a une Amf' en Europe
Qui n'est jamais allée au Cinéma
Qui ne me vit Jamais, qui ne me connaît pas
Et pourtant, elle seule sait ce que vaut mon sourire
Je souris, je souris.....
Foœ-trott. M!'Bique. Du fond d'une rt4e le8 a/fichu du premieT tableau l'avancent d
Baluenl prof011démtnt le vrai Charlot. Celui-ci f'emeTcie d'un petit coup de chapeau.
Le COLLEUR D'AFFICHES f'éapparaU derribe lui, ren,poigne au collet d le
colle au mtn'.
Charlot obéit 4 sa destinée et souril.

-Le Charlot de Goll est tour à tour Orphée poète sentimental, Christrévolutionnaire, spiritueJ, et Don Quichotte-ballot sublime. Il S'fllthétise l'individu moderne, qui a en lui quelque chose de tous les troJS : du
poète, du prophète et du fou. Il est très humain. 11 veut être bon et
simple, comme Félix tout en vendant des chaussures box-calf.
En fin de compte, la morale de la Chapliniade est profondément symbolique et triste. Elle exprime que même Charlot, au fond de lui-même,
est terriblement seul et malheureux. (C'est bien aussi le cas chez le véritable Chaplin, d' a1;&gt;rès ce que disent ses amis.) Quelle tragédie du comique 1
Et à approfondir cette œuvre, on arrive à découvrir le visage véritable
du poète Goll, qui avec chacun de ses livres s'est jeté vers un autre che- ·
min, cherchant, cherchant infatigablement une route vers quelque chose .••
quelque chose que le lecteur de bonne volonté trouvera à chaque page
de ses livres : un mot pour le voisin qu'il sait angoissé comme lui, abandonné par tous les dieux.
B. To:KINE.

L'ESPRIT

IIOUIEIU

ÉMISSION
DE CENT ACTIONS
DE MILLE FRANCS
CATÉGORIE C:.

AUGMENTATION DE CAPITAL DÉCIDÉE PAR L'ASSEMBLÉE GitNÉRALE
EXTRAORDINAIRE DES ACTIONNAIRES DU 19 OCTOBRE 1921

ERRATUM
Une en-eur s'est produite 4 rimprusion du Phénomène Littêrare, dana notre
N° 18. Lu lecteurs voudront bien 1'étobli1' la di1'ision des Exemples comme suit :
1. A'l'tJM- Rimbaud, Blaise Cend1'Ms, Jules Romains.
11. Jean Cocteau.
III. (Tr4flritions) Guillaume ApoUinaif'e, Marcei Pf'oust.

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Remplir ce bulletin et l'envoyer à la Société des Éditions de L'ESPRIT NOUVEAU
20, Rue d'Astorg, PARIS.

On met en œuvr~ de la pierre, du bois, du ci.ment; on en fait des maisons, des palais; c'est de.la construction. L'ingéniosité travaille.
Mais to_u.1._à COllP, vous me prenez au cœw, vous me faites du bien, je
suis heureux, je dis: c'est beau. Voilà l'architecture. L'art est ici.
Ma mai~o!l est prati_que. Merci, comme merci aux ingénieurs des chemins de fer et à la Compsignie des téléphones. Vous n'avez pas touché
mon cœur.
Mais les murs s'é!éven,t sur le ciel dans un ordre tel que j'en suis ému.
Je sens vos inten,tions. y_ous étiez doux, brutal, charmant ou digne. Vos
pierres me le disent. Vous m' at):,achez à cette place et mes yeux regardent.
Mes yeux regardent quelque chose ([l!i ~nqnce une pensée. Une pensée qui
s'éclaire sans mots ni &amp;ons, ïnais uniquement par des prismes (llli ont entre
eux des rapports. Cés prismes sont tels (JUe}a lumière ~es détaille claire85

�LE COLISÉE
a., 80 après J.-C.

LA PYRAMIDE DE CESTlUS
an 12 avant J. -0.

ment. Ces rapports n'a.n t trait à rien de nécessairement pratique ou descriptif. Ils sont une création mathématique cle votre esprit. Ils sont le
langage de l'architecture. Avec des matériaux inertes, sur un programme
plus ou. moins utiJitaiTe que vous déJJordez, vous avez établi des rapports
qui m'ont ému. C'est l'architecture.

Rome est un paysage pittoresque. La lumière y est si belle qu'elle
ratifie tout. Rome est un bazar où l'on vend de tout. Tous les ustensiles de
la vie d'un peuple y sont demeurés, le jouet_d,e l'enfance, les armes du
·guerrier, les défroques des autels, les bidets des Borgia et les panaches des
aventuriers. Dans Rome les laideurs sont légion.
Si l'on songe au Grec, on p,ense que le Romain avait un mauvais goût, le
Romàin-romain, le Jules U, 'et le Victor-Emmanuel.
Rome antique s'écrasait dans des murs toujours trop étroits ; une ville
n'est pas bel1e qui s'entasse. Rome Renaissance eut des élans pompeux,
disséminés aux quâtre coins de la ville. Home Victor-Emmanuel collectionne, étiquète, conserve et installe sa vie moderne dans-les corridors de
ce musée.a.t se proclame (&lt; Tomaine » par le monument commémoratif à
;yictor.-J?mmanuel Ier, au centre de la ville, entre le Capitole et le Forum .. .
quarante an~ de ·ti-avail, quelque chose de plus grand que tout, et en
'marbre blanc 1
· Décjdément, tout s'enLasse trop dans Rome.

ARC DE CONSTANTIN
an 12 C!prt s J.--C.

�INTÉRIEUR DU PANTIIÉON
an 120 après J.-C.
LE PANTHÉON
an 120 après J.-C.

I

ROME ANTIQUE
_Rome s'oc_c~pai~ de. COn4"?érir l'univers et de !e _gérer. Stratégie, ravitrulle~ent? legislat1on . esprit d o!'dr_e. Pour admirustrer une grande maison d aff~rres, on ad.opte des prmcip 7s fondamentaux, simfles, irrécusables: L ordre ro~arn est un ordre simple, catégorique. S'i est brutal.
tant pis ou tant IDieux.
Ils avaie_nt d'immenses désirs de domination, d'organisation. Dans
Ro~e-~chitectur~, rien à faire, les murailles serraient trop, les maisons
empi~arA
ent le_urs etages sur dix hauteurs, vieux gratte-ciels. Le Forum
deva1t_etre laid, un peu ~o1!1m~ le ?ric~à-brac de ]a ville sainte de Delphes.
~rba~sme, grands t~aces ? Rien a_faire. Il fa1_1t aller voir Pompéi qui est
emotw_nnant. de rectitu_de. Ils_ av~ent conquis ]a Grèce et, en bons barbares, ils avaient trouve le cormthien plus beau que le dorique, parce qrie

plus fleuri. En avant donc, les chapiteaux d'acanthe, les entablements
décorés, _sans grande mesure, ni goût! Mais dessous, il y avait quelque chose
de romam que nous allons voir. En somme, ils construisaient des châssis
superbes, m~s ils dessinaient des carrosseries déplorables comme les landau:' de Louis XIV. Hors de Rome, ayant de l air, ils ont fait la Villa
Adrian~. On y médite sur la grandeur romaine. Là, ils ont ordonné. C'est
~a preIDière isrande ordonnance occidentale. Si l'on évoque la Grèce à cette
Jauge, on dit : ule Grec était un sculpteur, rien de plus ». Mais attention
l'arcb}tecture n'est pas que d'ordonnance. L'ordonnance est une des pré:
rog8:tives fonda~entales de 1'8:I'cbitecture. Se promener dans la Villa
Adrian~ et s1e dire qu_e la _pmssance moderne d'organisation qui est
« ro1:11~me » n a e1.1cor~ rien fart, quel tourment pour un homme qui se sent
participer, comphce, a cette ratée désarmante 1
Il _n 'y avait pa~ de pr~blème des régions dévastées, mais celui d'équiper
les reg10n~ conqmses ; c est ~out comme. Alors ils ont inventé des procédés
constructifs et ils en ont fart des choses impressionnantes, « romaines ».
Le mot a un sens. Unité de procédé, force d'intention, classification des

�1596

L'ESPRI'r NOUVEAU

rléments. Les coupoles immenses, les tambours qui les retiennent, les
berceaux imposants, tout ça tient avec le ciment romain et demeure un
objet d'admiration. Ce furent de grands entrepreneurs.
Force d'intention, classification des éléments, c'est preuve d'une tournure d'esprit: stratégie, législation.L'architecture est sensible à cesintenLions, elle rend. La lumière caresse les formes pures : ça rend. Les volumes
simples développent d'immenses surfaces qui s'~oncent avec une variété
caractéristique suivant qu'il s'agit de coupoles, de berceaux, de cylindres,
de prismes rectangulaires ou de pyramides. Le décor des surfaces (baies)
est du même groupe de géométrie. Panthéon, Colisée, aqueducs, pyramide de Cestius, arcs de triomphe, basilique de Constantin, Thermes de
Caracalla.
Pas de verbiage, ordonnance, idée unique, hardiesse et unité de construction, emploi des prismes élémentaires. Moralité saine.
Conservons, des Romains, la brique et le ciment romain et la pierre de
travertin et vendons aux milliardaires le marbre romain. Les Romains
n'y connaissaient rien en marbre.

INTÉIUEUR DE SAJN'J'E-~1/J.RIE DE COSMÉDIN

Il

ROl\lE BYZANTINE
Choc en retour de la Grèce, par Byzance. Cette fois, ce n'est pas l'ébahissement d'un primaire devant l'enchevêtrement fleuri d'une acanthe :
des Grecs d'origine viennent bâtir Sainte-Marie de Cosmédin. Une Grèce
bien loin de Phidias, mais qui en a conservé la graine, c'est-à-dire le sens
des rapports, la mathématique grâce à laquelle la perfection devient
accessible. Cette toute petite église de Sainte-Marie, église de gens misérables, proclame, dans Rome bruyamment luxueuse, Je faste insigne de la
mathématique, la puissance imbattable de la proportion, l'éloquence
souveraine des rapports. Le motif n'est qu'une basilique, c'est-à-dire cette
forme d'architecLure avec laquelle on fait les granges, les hangars. Les
murs sont du crépi de chaux. Il n'y a qu'une couleur, le blanc ; force certaine puisque c'est l'absolu. Cette église minuscule vous cloue de respect . ~ Oh l » dites-vous, vous qui veniez de Saint-Pierre ou du Palatin
ou du Colisée. Messieurs les sensuels de l'art, les animalistes de l'arL,
seront gênés par Sainte-Marie de Cosmédin. Dire que cette église était

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dans Rome lorsque sévit la Grande Renaissance avec ses palais de dorures
d'horreurs!
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La Grèce par Byzance, pure création de l'esprit. L'architecture n'est
pas que d'ordonnance, de beaux prismes sous la lumière. Il est une chose
quI .n?us r,a&gt;'it, c'est 1.a mesu_re. Mesurer. Répartir en quantités rythmées,
~ru.J?~es d u~ souffle c~al, f:31re passer_ p~tout le rapport unitaire et subtil,
e,qu_1librer, rffSoudre requ_atwn., Car, _s1 1expres_sion bouscule trop lorsque
1 OJ?, parl~ pemtu~ei elle sied à. l archttect~e qm ne s'occupe d'aucune figurat10n, d aucun element touchant de pres à l homme, 1 architecture qui

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gère des quantité-S. Ces quantit_és font un ama de matériaux à pied
d'œuvre ; mesurées, entrée dallS l'équation, elles font des rythmes, elles
parlent chiffres, elle parlent rapport, elles parlent esprit.
Dans Je silence d'équilibre de ainte-Marie de Cosmédin, s'élève la
rampe oblique d'une chaire, s'incline le livre de pierre d'un lutrin en
une conjugaü1on silencieuse aussi comme un geste d'assentiment. Ce
deux obliques modestes qui se conjuguent dans le rouage parfait d'une
m~canique spirituelle, c'est la beauté pure et simpie de l'architecture.

�LES . IB, IDES DE, . ll.VT-PlERRE

LES ABSIDES DE SAIN'l.'-PlERHR

JJT

:\IlCHEL-ANGE
. L'intelligen~e et la P~ ion. 1J n~e t pas d'art ' ans émotion, pas d'émotion sans pas 10n. Les pierres sont 1 nerte , dormantes dans les carrières et
Je ab ides de aint-Pierre font un drame. Le drame e t autour des œu~e
déci ives de l'humanité. Drame - architecture= homme de-Punivers
et dedans l'univer . Le Parthénon e t, pathétique · les pyramide
d'EgypLe, autrefois de granit poli et luisant s comme de l'acier étaient
pathétiques. Emettre des fluide , de orage , des bri e douce ~r plaine
ou mer, dre er des Alpes hautaine avec des cailloux qui font les mur
de la maison d'un homme, c'est réu ir des rapports concertés.

Tel 11omme, le] drame, telle archile ture. , e pas affirmer avec trop de
c rtilude que les mass s suscitent leur homme. Un homme est un phfoomène exceptionnel qui se reproduit à longue étape au ha ard peut-être,
peut-être suivant la fréquence d'une cosmographie à déterminer encore.
Michel- nge est l'homme de no dernier mille an comme Phidias fut
c lui du précédent millénaire. La Renaissance n'a pas fait Michel-Ange,
elle a fait un ta de bon 'homme à talent.
L'œuvre de Michel-Ange c t une création, non une renaissance, création qui domine le époque classée . Le abside!! de aint- Pierrre sont
de style corinthien. Pensez-vous l Voyez-les eL songez à la fade lei ne. Le
Coli ée a 'lé YU par lui et . heureu es me ures retenues ; les Thermes
de Caracalla (lt la Basilique d Con tantin lui ont montré les limites
qu'il convenait de &lt;lépa er par unt&gt; intention élc.vée. Dè lor , les rotondes, 1 raLLrapéc les pan · coupés, le tambour de la coupoJc, le por-

�ENTABLEillEN'l' DES ABSIDES DE SAJNT-Pl EllRJfJ
(exécuté par ~lichel-Ange} .

tique hypostyle, géométrie gigantesque en rapports c~ncordants. Puis
recommencement des rythmes par des s:tylpba.tes, d~s pilastres, ~es enta:
hlements aux profils totalement neufs. Pws des fenctres et des mches qw

recommencent le rythme encore une fois . La masse totale fait 1me nouveauté saisissante dans le dictionnaire de l'architecture; il est bon d'arrêter un instant sa réflexion sur ce coup de théâtre après le Quintocento.

�Pla1i &lt;le Sai1II-Pierre, élal actuel, ori a proùmgé la nef d~ 101/'c la parlie lu11:h(e.
J.1,Jichel-A11ge i,oulai! dire quelque chose, on a tout aboli.
, afot-Pierre. Projet de Michel-Ange (JJ.l.7-1504-). Les dime11lio11., sont coT11Jidérahles. Constntire une te~ coupole en pierre était un tour de force que 11ro osaient rüquer. , aint-Pierrc
com·rc 15.000 llt* et Notre-Dame de Paris, 5.9.35; Sainte- 'ophie &lt;le Co11.9'anti11oplc 0.900 m~.
La coupole a 1:32 m. de haut, le diam~re au.'I' absùles 150 111. L'orclo1111ance aénérale des abside.s et de i'alli.que est parente à celle c/11 Co/i.~ée; les hautrnrs . 0111 les mlmes. Le projet
avait wu unité totale,· il groupait les éléments les plu., beau 1: t&gt;l les plus opu/euts : le portique,
les cylindres, lrs prismes carrés, le tambour, la co1q&gt;ole. La 111011/uratiou est la plus pa$sionn6e qui soif, âpre el pathétique. Tout s' éln:ail d'un bloc, w1iqtu, enfin. L'œil le saisissui'
d'wie fois . .llkhel-Ange, réalisa les ab.o;icles et le lambour de la coupole. Pui.y le Tf,'fte /omba
entre des lll{lÎl/8 barlmru, tout fut a11éa11ti. L'h11ma11ilé per&lt;lil wu &lt;11,s œtœre.s capitales de l'il1,telligenc1?. Si l'o,i songe à lllichel-Ange prrœvtmt le dés&lt;~Y/re, c'est u,1 drame épomw1tnblc IJITÎ
se dél:oile.

POR'l'.1 Pl.l DE .lJICII EL-.LYOE

Place tle Suint-Pierre, état ac:1ul; dn l'erbiage, ries 11101.v 111nl plr1cés. La colonna&lt;li de
Bcmi11 r.9/ /J(lle en ,Yoi. La façade l'.YI belle e11 soi, mais 1t"a rien à Jaire ai•.•claroupole.
Le but était la coupole ; on l'a carltée ! La coupole marchai! OL'et lrs "bsidcs; 01'
l,es a cachée.~. Le partique ~tait fi/ plein i-olume; 011 en a (ail w1 placage de façade.

�1606

L'E.SPRIT NOUVE.AU

Puis, enfin, il devait y av.oir l'intérieur qui etît été l'apogée monumentale d'une Sainte-Marie de Qosmédin ; la Chapelle des Médicis, à Florence, montre à quelle jauge eût été réalisée cette œuvre si bien préétablie. Or, des papes inconscients et inconsidérés ont congédié Michel-Ange;
des malheureux ont tué Saint-Pierre, dedans et dehors; c'est tout bêtement devenu le Sa;int-Pierre d'aujourd'hui, de cardinal très riche et entreprenant, sans ... tout. Perte immense. Une passion, ùne intelligence hors
des normes, c'était une affirmation; .c 'est devenu tout tristement un
«peut-être», un &lt;, ap·paremment », un « il se peut que », un « j'en doute ».
:Misérable faillite.
.
Puisque cet article est intitulé Architecture, il était permis d'y parler
de la passion d'un homme.
IV

ROME ET NOUS
Rome est un bazar en plein vent, pittoresque. Il y a toutes les horreurs
(voir les quatre reproductions accolées) et le mauvais goût de la Renais-

FENÊTRE DES ABSIDES DE SAINT-PIERRE

sauce romaine. Cette Renaissance, nous la jugeons avec notre goût
moderne qui nous en sépare par quatre grands siècles d'efforts, le xvne,
le xv1ne, le x1xe, le xxe.
Nous portons le bénéfice de cet effort, nous jugeons avec dureté mais
avec une clairvoyance motivée. Il manque à Rome assoupie après MichelAnge, ces quatre siècles. Remettant le pied dans Paris, noùs reprenons
conscience de la jauge.
La leçon de Rome est pour les sages, ~eux qui savent et peuvent apprécier, ceux qui peuvent résister, qui peuvent contrôler. Rome est la perdition de ceux qui ne savent pas beaucoup. Mettre dans Rome des étudiants architectes, c'est les meurtrir pour la vie. Le Grand Prix de Rome
et la Villa Médicis sont le cancer de l'architecture française.
LA ROME DES T10BREURS
J. Rome moderne, Palais de JU$tice.
2. Rome Renaissance, Palais Rarber-ini.

l. Rome Renaissance, C'hâteau. St-Ange.
2. Rome Renaissance, Galerie Colonna.

LE CoRBusIER-SAuGNJER.

86

�MICHEL-A.11-.GE, par lui-mim:·.

LA SIXTIN·E·
de

IICBBL-ANGB
PAR

DE FAYET

-----------------

�LA SLYTINE DE j\ff CHEL-ANGE

I

c1,le débat sur la peinture e trouve ingulièrement élargi.

Je rentrai de sept moi. d'Orient, tamboul t Je.
mo quées, Ja Grèce et !'.Acropole.
J'avai vécu de magi tralc simplicité : la mer, de monts
tout de pierr et tous du m"me pro fil.
La Turquie avec Je. mosqu ·e , le mai. on deboi. etle cimetièr~s, Ja Grèce avec le Temple et la ma ur . Le Temple, c' e t
tou1our des colonnes et d s entablements. Dè Brindi i, j'ai
vu tous Je st le et toutes l
ortes de mai on et toute le
, ortes d 'arbr et de fleur., de l'herbe. Les style e compliquent, ce ont des complexe cc • avants » laid , affreux, révoltant . L'intérieur des égli es e t horrible ; les tableaux au i.
pr~ l'impo anleunité de l'Orient* tout apparaîLici, peinture,
ar h1LecLure sculplure, comme un in upportable diverti ement. A Rome, mc1rne malai e ; dC's palai et de églis qui
n'ont ri n de décisif; la VilJa driana et I Coli. ée comptent.
La Sixtine tient, est impérieu e · elle tient aprè l' cropole, le
Mosquée et Pomp ï. C t qu'elle e t un objet d'immen e émotion . _ lai ce qui impo e le respect 'e t le . upport de cette
émot10n, c'e t la forme dan laquell on 'est exprimé pour
transmettre cette émotion. Cette peinture e t un objet d'extraordiJ?air formation. C'est, ou un certain angl , la plu licite
expres 10n picturale que nous connai ions.
0;11 a dit t out le mal po ible de Michel-Ang peintre :
« Mi bel-Ange le plus grand culpteur, s'e t fourvoyé dans la
« peinture dont il ianorait tout et qu'il détestait. culpteur,
« 1I tenta de e révo1ter contre le pape qui l'obligea ... , etc. ».
Fâcheuse vision de. ho e., ar fichel- OO'C e t un peintre du
• L·Orie11t, he1ireu.yeme111, n'a rie11 &lt;le conm11m avec les n:ocatio11s colorées, bariolées
et arro.&lt;Jées de parfums pult-érÎl/és qu'on nous sert aunnutic-hall. L'Orient 11'a eu qu'u11e
71réoccupnJio11 : Dit1.i, Allah on Jupiter, 1111 &lt;nt dtlà loi11taù1. L'homme y t:it auec wie
frt,galiU et rlans une simplicité de décor qui nous para1traient du dét1tum1e11t. J,,'t ses
rév~ élevés ~•utériorisent et~ grandes cotUJ~ructions où le sublime est donné par la proportion. Point &lt;le &lt;léror, 11w1s des masses imposantes, blanches, uniformément d'u11e
iîpre nudité. c·esl fi11t.e11tion hautainement spirituelle qui -~•y man ifeste, él~tio11.
L Occide-111 parait w1i111al, humain et sensuel.

Sixtine, Jugement dernier, fragmer1f .

plu grand génie et un architecte d~ _plu, grand génie. Il est~
sculpteur mal assi entre le modah~e d eryre~ 101: d_e la pern
ture et celle de l'architecture qu il pratiquait g malemen{"
Dans es culpture , a tent~tive ai:chitecturale _·ch ue et e
marbre e dérobe à une e thétique faite pour la toile o~ l~ ~_ur.
La iÀ1.ine e t une œuvre picturale de h~ute et def1Illt1ve
formation. Tout e qu'on doit exig r de la pemture y est. Tout
ce qu'on en peut atteindre 'y trouv .
On entre : plafond. Etonnem nt : la coul_eur la plus omptueuse eL la plus fraîche . La gamme 18:plus digne à grande ha e
&lt;le gris et de blanc, avec des ocre , Jaune , r?ucres, l s terre
vertes et l outremer. Quel progr' de la « pemture-couleur »

�..

L'ESPRIT NOUVEAU
1612
invoquer depuis ceci ? Structure : une suite d'éléments associés par une science des volumes toute neuve, développée dans
les conséquences les plus hardies; disposition des masses en vue
du mouvement de la surface. Ce mouvement des masses n'a
été remis à l'étude qu'en ces derniers temps par le Cubisme.
Or, on veut précisément que ce soit là le grand crime de MichelAnge et on oppose à la Sixtine les peintures à plat du Quatrocento. Ses architectures simulées ? Défi à la peinture ! Mais
non, puisque le but même de la peinture est d'encadrer dans
une surface donnée des masses qui s' architecturent entre elles,
qui provoquent un mouvement continu de l' œil et lui fournissent l'occasion constante d'évaluer des rapports, ces rapports
étant la raison de la plastique, le but de l'art. Les figures ?
Dieu, le Christ, les Prophètes, les Sybilles ? Même destinée :
établir des rapports par le moyen des volumes mis en jeu. Faire
des dieux avec de simples hommes dont les proportions tendent vers des rapports nobles, créés de toutes pièces, loin du
fait naturel, pour faire des dieux. Machine à émouvoir.
On pénètre, on se retourne : « Jugement Dernier». Quarante
ans séparent le « Jugement Dernier » du plafond. Plus forte encore est la volonté de formation. Décisif, cette fois, le rôle
assigné à la couleur. Le (&lt; Jugement Dernier ii est d'une couleur
somptueuse ; il n'y a que deux tons ; l'ocre et le bleu outremer, ces deux tons rapprochés extrêmement par les mélanges
du noir et du blanc.
Machine à émouvoir. Epithète brutale de l'esthétique
puriste. Pour analyser l'effort moderne, on dit machine à
émouvoir, c'est-à-dire, éléments physiques, primaires, suffisants pour donner satisfaction à l'œil, suffisamment clairement choisis, clairement exprimés, clairement assemblés, pour
déterminer des rapports qui ravissent l'intellect. Représentation suffisamment élargie du fait naturel pour reléguer au
second plan l'intérêt iconographique et donner plein sens aux
éléments plastiques qui sont les moyens émotifs de l'œuvre
d'art. La machine à émouvoir construite à la Sixtine, par
Michel-Ange, est la plus grande qu'un peintre est faite . Elle
tourne, elle satisfait, elle encourage. Elle montre un sommet.
Dans l'élaboration de la peinture moderne, Michel-Ange va
prendre sa place (demandez à Picasso s'il aime le Jugement
Dernier).
Dans les recherches de ces dernières années, on •avait repris
à fond l'étude de la surface peinte, de la couleur, du volume,
de la composition, en questionnant des maitres qu'on avait

Sixtine, plafond, Jragmt-nl.

ch_oisis lu:ide~ent_: Cézanne, Corot, Ingres, Poussin. On hésit~1t_ sur 1 Italie. Tmtoret était trop près de Delacroix et tro
p~r~_leux comme le plus fascinateur danseur de corde. Titieii
~ i:n, n?n, tout court. Raphaël? Raphaël attirait beaucoup'
?ns ruct10n, _Raphaël peut-être? ron, Raphaël ne tient as·
C âst trop f~mle, c'. est trop gentil, c'est un peu petit c' esi e~
~ {-e parfo1s,. m~us avec facilité. Raphaël ne tient pas au
'a ican ; ]~ SJ..."\..'tme l'écrase. Et pour MM. les moralistes de
!a~t, enreg~stro~sli e_n pa~~ant que c'est la juste victoire du
e~r sur a am te, de 1 ame hautaine sur l'âme charmante
Mess~e1,1rs de la morale e:n. art, nous sommes pleinement d'ac~
cord . l art est une quest10n de morale · Donc , a· l'he ure act ue li e,

�1614

L'E PRIT

O VER

Mi hcl- nge nous tient un di ·cours singuli 'remenL '}eyé et
opporLun; surface ouleur, volume compo ition.
Il n'y a pas de grand arL sans architecture. Michel-Anae peut
en parler, lui qui on trui it les ab. ide de SainL-Pierre. Lorsque
la peinture touche à l architecture, c'est qu'ell a pa. sé les oasis
charmante de l'agrément et qu'elle parle à l'esprit. De là, l s
grandes émotion , l'émotion dP la me ure. La maLhématique
de la ixtinc e t s n ·ihl par l fait que Je e:xtrait qu'on en peut
faire ont une trahi on ; ce sont forcément des fraamenLs (v ir
les photo de et article), donc de mutilaLion , des tronçon . ( 1)
Le photographe cla. siqu s ctionne av c le oin que met un
botaniste à di po er ici le étamin , là le pétale , c ·e t-à-cfüe,
qu'il Lue la fi ur. On ne peut pa ectionner la i::\.i.ine. Le
« cubi me » de 1ichel- nge c t dans l'extraordinaire intention
qu'il a dévolue aux rapporL des fiaurP et de l'architecture
imul ·e ; celle-ci n'est pas une pauvr té ou une erreur de
fâcheux O'Oût, comme ont bien voululedire les grand commentat urs de l'In titut, mai une acfre e tirant un parti magnifique de indication déjà données par la peinture pompéienn .
C'e. t de cette conjugai on des formes prismatiques reclilign
et des formes plu complexes du corps humain qu'est né l jeu
i inten e des rapport· qui sonL le truchement de l'émotion
inLelJectueJle. Il faut donc, ju qu'à nouvel aYi , connaître
Mich 1-Ange à la ixtine et non chez Je photographe d'art.

Sixtine, Juge,nmt Der11ier, fragment.

J
T'oiti le départ rlu Juge111e1t1 Dernier : On·agua au Campo 'a1110 dt• Pise.
(1}
011a don11011 · dans le te;rte une JJhotographie représentant tm fragment rle la
• création de l'homme , et tm üément 1farcldtuturt simulée 11011r tenter d'éi:oquer la
puissance du groupement tl'élémmts c/0111 il est parlé ici.

Michel-AnO'e créait ; il inventait de arrangement qu_i faiaient arand et noble. II 'occupait beaucoup d~ C?n, trulfe e_n
pierre parce que on a~n.o~r. de J'ordr~ et d~ la d1 mte trouvait
une expre ion plu defimtive dan l ar hitec_ture que ~an la
culpture. La Chapelle ~e fé~~ci, , la Porta ~~a, le Ab ·1d~s de
Saint-Pierre et son proJet de 11mmen e ba 1ltque nt rr_e ~ar
des imbécile , lem ntrent créant avec 1 nornbres, 'e l-a-d1re
mettanL en proportion des ass mhlaoe de forme , de f rme

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�S'iœtine, plafond, fragment.

amenées au type par l'invention plastique, et non par la représentation de vocables traditionnels. Les nombres transformaient le Corinthien et le Toscan en ce que peut être le sujet
cfun tableau.pour un_,vrai peintre, Or le pape voulait qu'à la

Siœtin.!, plafond, fragment.

Sixtine, il racontât des histoires; il fallut employer des vocables
·humains, compréhensibles ; mais de l'homme et de la femme
vus dans les rues de Rome, il fit des formations neuves, des
« monstres l&gt; qui devinrent des dieux. Il n'a pas écrit sous ses

��TECHNIQUE
,,

rECHNIQUE
DE LA

PEINTURE
Presque jamais il n'est question dans les ateliers rlii métier techn·ique de la peinture..
Personne ou presque ne pense qu'wnepetite not'ion ile .chimie prat'i,que évilerait,le triste
spectacle de ces tableaux 'lli.eillis piteusement au bout de dix ans et même rnoins .
La plus élémentaire honnêteté du peirltre veut qu'ils' en préoccupé . Que dirait-on d'un
scul!J}teur qui i,culpterait de$ statues de sel .. . Ainsi font trop de peintres cependant.
Ci-dessous des tableaux qui JIL'TTlieitronl, ~·ile peintre achète des couleurs sa:ines, provenant de maisons honnêtes, de peindre sai.nlfment. Ces indications n, son! vas le Té$Ultat d'études J)UTe'lne'llil théoriques, mais.· le Tésu.Uat d' ewpériences suiviBS pendanl
vingt ans et nous sommes heu,reux d'en faire vrofiter nos lecteurs.

N.D.L.R.

LES BLANCS
LE BLANC DE ZINC. LE BLANC D'ARGENT. -

Siœtine, plafond, frag1nent.

personnages c&lt; Cette femme est une syhille, cet homme est
Dieu )). Il fit des êtres si neufs, si inconnus, si en dehors des
normes, que depuis quatre siècles on dit : cc Ce sont des prophètes, des sybilles, des dieux. )) On pourrait le dire aussi des
nègres et des égyptiens 1 jamais de Titien ou de Raphaël.
Elevant la peinture au delà ~e la représentation par une
création d'éléménts neufs et exclusivement plastiques, si plastiques qu'il y introduit une arehitecture sensible, Michel-Ange
nous est aujourd'hui d'un enseignement opportun.
DE FAYET,

·utile dans certains cas étudiés ci-d.essous,
pâte mêdiocre, sèche mal, tenda:nce à
craque:r:,,
.
llestlabasedelapeintureàl'huile.
Ses qualités: belle pâte, siccatif, aucun
blanc ne lui est préférable, pour l'usage
général.
.
.
Ses défauts : il jaunit au contact des
gaz sulfureux, des couleurs sulfureuses,
d'où il découle que 1a peinture mate à
l'huile el3t une hérésie technique ; l'huile,
incorporée à la poudre colorante protège
oel~e-ci ; les tableaux mats se dégradent
rapidement: 10 Parce que les gaz nocifs
le pénètrent ; 20 Parôe que les réactions
des poudres chimiques sont facilitées par
le contact de ces poudres non isolées par
l'huile : 3° Parce que la peinture mate
s'encrasse et se nettoie mal.
Conclusion : La peinture à l'huile doit
avoir pour base le blanc d'argent suffisamment huileux ; nous étudierons ultérieurement les huiles.
87

�1624

TECHN-IQUE DE LA PEINTURE

L'ESPRIT NOUVEAU

1625

1

LISTE DES COULEURS TRÈS FIXES
COULEURS FRAGILES ET DANGEREUSES
A ÉVITER RIGOUREUSK\IENT

TERRES D'O)1BRE
TERRE VERTE
BITUMES
BLEU DE PRUSSE

Craquent et font craquer les mélanges
affreusement.
Se décolore et devient pisseux, altère
tous les mélanges - désastreux.

Toutes les couleurs non citées dans ces listes sont ou dangereuses ou inutiles. Les bonnes couleurs figunnt dans les listes
1 et 2, il n'y en a pas d'autres de qualité suffisante.

MÉLANGES
PRÉCAUTIONS A PRENDRE AVEC CERTAù~ES COULEURS.

LAQUES DE GA.RANCE

JAUNE.$ DE CADMIUM

O J TREMER

VERMILLONS
CL RE)

(n E MER-

CINABRES ROUGES

VIOLET DE COBALT
VEwr VÉRONÈSE

Doivent être mélangées au blanc de zinc, le blanc
d'argent les décolorant. Conviennent surtout
aux glacis ; elles conservent tout leur éclat.
Réputés parfaits ... Attention aux bonnes marques. Le blanc d'argent les noircit: à mélanger
au blanc de zinc ; les verts jaunes obtenus avec
le vert émeraude changent s'ils ne renferment
un peu de blanc.
·
Moins parfait qu'on le croit; à acheter de très
bonne marque; pas fameux avec les cadmiums.
A ne pas mélanger avec le blanc d'argent ; utiliser
le blanc de zinc ; aucun mélange avec les cadmiums et !'outremer, un léger glacis de garance
les protège très bien.
Les vermillons de cadmium sont parfaits et absolument fixes seuls ou en mélange, mais ils sont,
très chers; sinon, il serait inexcusable d'utiliser
encore les vermillons de mercure.
A ne pas mélanger aux ocres ni aux mars ; à ne
pas toucher avec le couteau à palette d?acier.
A employer pur ; avec tous mélanges sauf le
blanc de zinc ; il noircit.

Lorsqu'elles sont employées bien huilées et de bonne fabrication.
A couleur artificielle, N couleur naturelle.

NOl\1S Cûi\BIERCIAUX
BLANC D'ARGENT
BLANC DE ZINC
RouGE DE MARS
RouGE DE VENISE
ROUGE INDIEN
ROUGE ANGLAIS
OCRES ROUGES
LAQUES DE GARANCE, ROSES
ET ROUGES NON BRULÉES
TERRE DE SIENNE BR "LÉE
ORANGÉ DE MARS
JAUNES DE CADMIUM
JAUNE DE STRONTIANE
JAUNE DE MARS
TERRE n'IT.u .IE
VERT EMERAUDE
VERT DE CHROME
BLEU DE CoBA.L'l'
BLEU DE CŒRULEUM
ÛUTREMER
VIOLET DE COBALT
OCRE Bnu::rn
BRUN DE MARS
Nom DE VIGNE
Norn D'IvornE

CO;)lPOSITION CHIMIQUE EXIGIBLE

Carbonate de plomb (A).
Oxyde de zinc (A).
Oxyde de fer (A).
Terre feçrugineuse (N).
Terre colorée au fer (A).
Oxyde de fer (A).
Terres ferrugineuses (A).
Teinture de garance fixée sur de l'alumine (A).
Terre brtüée ferrugineuse (N).
Aluminate de fer (A).
Sulfure de cadmium (A).
Chromate de strontiane (A).
Terre colorée au fer (A).
Terre ferrugineuse (N) ..
Oxyde de chrome (A).
Oxyde de chrome (A).
Aluminate de cobalt (A).
Stannate de cobalt (A) .
Silicate d'alumine, silicate de soude,
sulfure de sodium (A).
Phosphate de cobalt (A).
T_erre ferrugineuse (N).
Terre colorée au fer (A).
Sarments de vigne carbonisés (A).
Ivoire calciné (A). .

COULEURS ACCEPTABLES
MAIS DE FIXITÉ MOYENNE
JAUNE INDIEN
JAUNE DE ZINC
JAUNE D'ANTIMOI:'&lt;E
SIENNE
.-\TliRELLE
YERT VÉRONÈSE

VERl!ILLON
JAUNE DE NAPLES

S'alourdit et passe.
Noircit.
oircit.
Passe très sensiblement.
Aucun mélange n'est fixe, doit être
employé seul. bien protégé par huile
et verni il est alors très solide.
Noircit s'il n'est pas verni, noircit en
mélange surtout avec cadmium.
Noircit avec tous les çomposés de fer,
soit : les ocres, les mars ; il noircit
même lorsque Je couteau à palette
d'acier l'a touché.

�1626

L'ESPRIT NOUVEAU

LETTRES
PALETTE SUFFISANTE ET RECOMMANDABLE

UN POÈTE .

ON PEUT Y AJOUT~R POUR DES CAS SPÉCIAUX
DES COULEURS CITÉES DANS LES LISTES 1 ET 2

La palette la plus recommandable sous réserve des exceptions de mélanges (voir tableau):
·

GERMAINE BONGARD
PAR

PALETTE DE BASE

Blanc d'argent
Ocre jaune
Ocre rouge
Outremer
Vert émeraude
Terre de Sienne brûlée
Noir d'ivoire

PALETTE SUPPLÉMENTAIRE

VAUVRECY

B

Blanc de zinc.
Cobalt.
Cœruleum.
Vermillon de cadmium.
Véronèse.
Laque de garance foncée.
Jaune de cadmium.
Jaune de strontiane.
Vert de chrome.
Violet de cobalt.
Noir de vigne.
Terre d'Italie.
Rouge anglais.

IEN penser c'est savoir

S.

*
PROCHAINEMENT : LES HUILES, LES ESSENCES, LES VERNIS
LES SUPPORTS (TOILES), ETC,

et sentir, comprendre et discerner,
choisir et rapprocher. Ce n'est pas la pile qui vaut,
mais l'étincelle. Bien écrire, c'est bien .fabriquer la
pile, mais aussi saçoir faire jaillir l'étincelle.
Dans le poète il y a une tête, mais je ne .saurai rien de ce qu'il
a voulu dire s'il n'est aussi un préparateur.
Le préparateur absent, M. le Professeur rate l'expérience.
En électricité, on peut à peu près dire à quelle distance il faut
mettre les conducteurs pour que jaillisse l'étincelle; en poésie
moins; les poètes d'aujourd'hui sont souvent des empiriques
qui ne savent pas ce qu'il faut mettre dans la pile; aus.si le
plus souvent, l'étincelle ne jaillit pas; mais presque tous
pourraient dire en s'analysant comment il faut s'y prendre
pour que l'étincelle ne jaillisse pas, et ce serait déjà quelque
chose.
·

L'apprenti poète qui chipe des roues dans les tiroirs d' Apollinaire et les engrène, fait comme l'apprenti horloger qui rate
la montre ; les mots sont des rouages, ils ne sont pas une machine. Il faut que ça tourne.

Voici un poète qui parait savoir ce que je vais dire, ou du
moins le sentir.
Rien à faire en poésie, en musique, en peinture si on ne
réussit à mettre hors de combat le singe que chacun nourrit
dans son ventre ; le singe est sensible au rythme, à la musique; c'est pourquoi il y a du tambour dans le jazz, des axes
dans Poussin et aussi dan.s Rimbaud et dans Apollinaire de.

�1628

L'ESPRIT NO VEAU

la musique et du rythme ; dans le bon ·Rimbaud et le bon
Apollinaire.
La musique du poème c'e t comme un jazz qui vous tient
le cœur; alors si je le conduis bien, je vous ferai sentir et penser ce que je voudrai.
Mais c'est le moyen et non le but; sinon Victor Hugo aurait
trop raison.
Le but est de créer dans le sujet, dans le lecteur, un état
spécial de qualité intense, momentanément exclusif. Acier, diamant, atome, soleil, fleur, enfant, mère, douleur, bonheur, etc.,
etc... pureté, inten ité, condensation, énergie, réaction, étincelle.
***
Pour un poète une bouteille d'eau n'est pas seulement une
bouteille avec de l'eau dedans.
** *

Mais il ne s'agit pas d'enfiler le mots, comme les enfants
des coquillages.

r

H

Le charbon et le diamant font du feu en toute langue. Je rêve d'un poème qui serait plus beau traduit; car rien
n'est beau qui n'est humain, c'est-à-dire universel. Autrement
c'est de la mode.
·
Exemple : &lt;( Toute les femmes de 45 à 50 ans se souviennent
d'avoir été amoureuses de Capou] )) (Apollinaire).
Quand les femme de 45 ans auront 100 ans ... et au fait savez-vous encore qui fut Capoul ? Mode.
** *
Et l'étin elle n'a rien à faire avec la grammaire, mais avec
le dictionnaire ; c'est lui qui vend le sel et le zinc; mais il faut
s~voir ce que parler veut dire, et avoir quelque chose à dire.
** *

Germaine Bongard a le secret de faire de Dyoni os, le nègre
d'Apollon.

1629

GERMAINE BONGARD

Elle sait aussi ce que la loi d' « économie &gt;) veut dire
Et aussi que l'art d'allusion ne vaut rien.

***
Voici quelques poèmes de Germaine Bongard, poète dont
les œuvres n'ont encore jamais été publiées . .
Vous ne vou attendez pas à ce que je vous démonte ce
petites machines qui tournent si bien; mais si vous les considérez attentivement vous verrez que sous leur délicieuse
fraicheur se dissimule une science fort rare.
VAUVRECY.

POÈMES DE GERMAI~E BONGARD ·
POUR C01tPT6R CU.LB QUI Y SIRA AU

au

DU CAC.HE-CACHE

Prairie
Grenouille
C'est les rois du chiffre çert
Aux sacripanes sorcières
L'écoutant
S'égouttant
L' Alphabet d'une fontaine
A dit son mystère
Leurs pieds menus bouaquent
Aux lacs d'herbe nus
Quand des feuilles aux bois des cerfs
Elles diront ce mystère
Prairie
Grenouille
C'est les rois du chi//re çert.
Juillet 1918,
TROISIÈME

CIEL DES MATINS

�1630

J

L'ESPRIT NOUVEAU

GERl\f_,'\.INE BONGARD

HUITIÈME CIEL; DES MATINS

CINQUIÈME CIEL DES MATINS

ou

Des insectes dans le foin
Qui se marient à midi
Sur les bords des brins qui bougent
Qui se marient

ADOL!SCIB'NCB
« Viens jouer aux billes
Deçant·la maison &gt;&gt;
- « Non pas aux billes
Les cigales on les entend
Et je sais bien la façon
De les mettre au cou des filles &gt;&gt;
- « Viens jouer à prendre
Les nids dans les branches »
- « Non, pas les nids
Les branches sont trop lointaines
Les filles je les entends
Les voilà qui viennent ! n

l

1631

Et sur le mur du verger
On en compte par milliers
Qui se marient à minuit
Sur le mur
Mais dans la mare au fumier
Il en est qui font l'amour
L'amour toute la journée
Août 1716.

QUINZIÈME CIEL DES MÂTINS

ou

LA M\ARClHNIJa DB BREBIS NOIRES
(Chanson pour faire peur à une marchande de brebis noires).
Est-ce à vous madame
Ces brebis là-bas ?
Est-ce à vous madame
Ces brebis là-bas ?
Ne croyez-vous pas
Que sur cette montagne
Leurs pieds pourraient bien

Août 1916.,

Green
Grass
Les prés ras
Des haras
Voyez s'ils les passent
Ils croient que tout exprès
Dans les prés l'herbe croît
L'herbe croît pour qu'on la foule
Qu'on la foule ·
Comme juments de Calâhre
Arec des .jockeys dessus
Hue
Hue
Quelle foule I

1919.

(LES PIEDS SUA LE SOL)

(Tragique)

POUSSER RACINE EN TERRE?

AUBE

Madame leur marchande
Ne craignez-vous pas ?
Madame leur marchande
Ne craignez-vous pas ?
Que durant ce soir
(J'en aurais regret)
Votre si beau troupeau noir

Aube d'eau bénite
Endimanchement
S emaùie prochaine
Prends garde Pierre d'aller dératisser les allées

(Tragique)

NE DEVIENNE FORET

191G.

Si tu passes par la porte du jardin du fond
Laisse-nous la clef de celle de la pépinière
Nous n'osons pas
Marcher sur nos
Perrons
Virginaux
Lavés en sabots neufs hier
Janvier

1919,

(LES PIEDS SUR LE SOL)

�LES LIVRES D'ESTHÉTIOUE
1632

L'ESPRIT NOUVEAU
PAR

WALDEMAR

Février 1921.

soLl

APPOGIATURES
Appogiatures que
Nos rebelles pensées
L'orgue donne
Et redonne l'élément
(Pour que les sots ne l'y laissent)
De tonnerre de quelque clwse rorulo-messe
Ac,ec trompe à jugement
Licence de ciel
Accord majeur sauc,e-nous
Du temporel
1l1algré nous
Février 1921.
(LES PIEDS SUR LE SOL)

Germaine

Le Roger Fry qui dirige le Burlington Magazine n, une des plus belles
et des plus intéressantes revues d'information artistique, a réunit sous le
titre global de (c Vision and Design » un certain nombre d'études et des
monographies publiées depuis vingt ans dans divers magazines anglais.
M. Roger Fry est un des hommes qui ont contribué le plus activement à la
propagation de l'art français moderne en Grande-Bretagne et si nous
refusons. de le suivre toujoms et de partager ses plus récentes admirations
nous. devons rendre hommage à son énergie clairvoyante et à l'intelligence tactique dont il fit preuve dans la présentatîon du mouvement
moderne. C'est que M. B.og'er Fry n'est pas seulement un empirique et un
dilettante averti, à la Théodore Duret, ou bien un amateur d'art dont
l'intuition est l'unique critère, mais un esthéticien dans le mei1leur sens de
ce mot, c'est-à-dire un homme qui s'efforce de discerner les raisons profondes qui déterminèrent un artiste à traiter son œuvre d'une certaine
manière et pour qui cette œuvre ne constitue pas seulement une source de
puissance visuelle ou un document historique, mais un organisme vivant
et autonome, un organisme dont il lui appartient de découvrir les principes
constructifs. Les quelques lignes qui précèdent suffisent-elles à faire comprendre la différence que nou&amp; établissons entre le spectateur profane,
l'historien et l'esthéticien. Tandis que la plupart des hommes considèrent
les manifestations artistiques comme des divertissements d'essence purement décorative, les historiens les étudient au seul point de vue chronologique et les philosophes de l'histoire, tributaires à différents degrés de
Taine, les traitent de « symptômes &gt;&gt; et s'en servent pour édifier le11rs
systèmes plus ou moins viables et leurs théories si souvent sujettes à caution.
M. Roger Fry, dont l'esprit subtil et pénétrant répugne à ce genre de
dissertation, analyse les œuvres d'art avec la volonté de saisir leur sens
intime et leur valeur intrinsèque. Est-ce à dire qu'i] verse dans l'expertise,
cette autre division de la science de l'art, dont les rapports avec l'esthétique proprement dite ne sont que très éloignés ? Non certes, car il fait
toujours intervenir dans ses études critiques des éléments et des moyens
d'investigation auxquels l'expert-spécialiste, versé dans la chimie des
tableaux, demeure indifférent.
Aux yeux de M. Roger Fry, l'œuvre d'art ne représente jamais qu'ellemême. Il insiste sur sa finalité. Elle ne constitue pas pour lui le moyen de
figuration; mais un langage, voire un mode d'expression spécifique. S'il
est donc permis de procéder à une hiérarchisation des valeurs plastiques et
de dresser une échelle qualitative des œuvi·es d'art, il n'est guère possible
à un homme éclairé d'admettre la thèse fallacieuse du progrès et de la
décadence en art. L'application des lois de la perspective et des règles
anatomiques par les artistes de la Renaissance correspondait au xvxe siècle
à un besoin de logique optique et permettait aux peintres de mieux l'éaliser leUI'S conceptions. Mais la perspective et l'anatomie sont des moyens•
techniques qui n'influent en aucune manière sur la qualité propre
des œuvres. Aussi ne peut-on pas faire grief aux fresquitas hyzantins 1 à
Cimabue, à Giotto ou à Donizetti, dont les préoccupations étaient diamétralement opposées à celles des Quintocentistes, de n'avoir point considéré
la peinture comme un art spatial l
(&lt;

J'ai c,isité la capitale sans habitation
Avec seulement des églises et des auto~
Et des jeunes filles en mal de confession
Elles dirent au jeune hom_me·qu' ell,es_ ac,~ient volé des fraises
Et monté des chevaux gris sans pe~igree
Et mangé des bêtab_ondieux pour c,oir
Puis çint l'absolution
Sortant elles dirent qu'elles avaient menti pour çoir •· •
(LES PIEDS SUR LE

GEORGE

BoNGARD.

Vision and Design, par Roger Fry (Chatto et Vindus, Londres).

�L'ESPRIT NOUVEAU

li est à remarquer que M. Roger Fry étudie l'œuvre de Giotto comme
celJe d'un arti Le conLemporain. Il e garde bien d'E.in drcrire le ujet
ou de tenter l'identification de per"onnage repré entés par l'arti te.
JI examine, par contr&lt;', le J is de compo ilion qui ont présidr à la mise en
œuvre de telle fre que. Il étudie les rapport d'angle et le rapports de
tons. li r·duit la « Pieta ,. de Padoue à l'état d'un chéma, voire d'une
figure géométrique. ne pareille méthode ltù permet de voir clair et de
dégager d'une œuvre de loi générales. Comme la curio ité et la faculté
de compréhension de L Roger Fry ne ont point limitées, il applique les
mêmes moyens de connai sauce aux formes d'art. les plus variées. L'art
nègre, l'art azt · que, l'art chinois, l'art per an, n'ont, pas pour lui de
secrets. Il a écrit les cho es le pluse sentie Ile ur Je bas-reliefs égyptien ,
dont la hardie e de con eption dans le traitement du corp humain ne
trouve orâce auprès de nos critique , ennemis du cubisme, qu'à cause &lt;le
l'inaptitude dont. témoignent ces messieur à comprendre la tructure
interne des œuvres, au si bien anciennes que modernes.
Le élément d'appréciation dont e ert, :\1. Fry pour juger l'art de tou
le temps et de tous les pays, lui facilitent l'intelligence des manifestations
modernes. Les éléments ont purement arti tique .. L'auteur ne procède
jamais par voie de comparaison de rœuvre dont il se propose l'étude avec
on pr"tendu modèle naturel. Il di Lingue d'ailleurs entre " l'art de perception'&gt;, qui con i te. implement à enregi trer Je impres ion vi uelle , et
cette forme supérieure de la création plastique qu'il appelle " l'art de conception )). i I
dessins prrhi toriques de caverne de Dordogne,
écrit M. Fry, atte tent, une grande habileté manuelle et de don d'observation hors ligne, il nou mettent cependant en pré ence de~ arti tes
a ujetti à leur vue et inrapable ôe transgre er la frontière de la connaissance ·ensorielle, l'homm préhistorique, pour ne citer que cet,
exemple, est un appareil nregi treur parfait. Le sculpteur · gyptien qui
dispose librement de la nature et n'hésite pas à dé axer un corps humain
par besoin de pl(&gt;nitud et d'harmoni est un créateur.
M. Roger Fry reconnaît que la pos ibilité de éparer l'élément figuratif
de l'élément purement plastique est une des principales acquisitions de
l'e thétique rontemporaine. Une œuvre t lie que la Transfiguration de
Raphaël (au Mus·e du Vatican) est établie au point de vue spi'rituel sur
deux plan bien di tinrt el emble former de ce fait un corp hétérogène.
Mais il suCfit de faire table rase de la signification extra-plastique du
tabl au en que Lion pour 'aperc voir qu'il con li tue un en emble parfaitement homogène et que se parties constitutives re tent indivisible . Le
gestes académiques et drclamatoires des per on nages campés par Raphaël
dans cette étonnante toil peuvent paraitre urfait et la figure mièvre
du Christ risque de lai er froids les catboliqu , les fervents et le plu
dévôts, mais l'œuvre ub isLera à eau e de ses vertu pla tiques. Par delà
le re\'êtement complexe de. attitudes, des draperies et des têtes d'expresion, le onnais eur authentique aura discerner le den e réseau de ligne
ab traites qui forment l'ossature intérieure du tableau. n tel livre e
pa e de ommenLaire . on importance duit, apparaître aux yeux de tous
ceu qui portent quelque intérêt aux probl · mes de l'art. Qu'il me uffi e
de dire que M. Roger Fry a dans son pays la réputation cf'un critique
réactionnaire et que les artistes t, écrivains groupés autour de Vyndham
Lewis lui reprochent, a timidité. Mais qu'adviendrait-il de :\1. Roger Fry i
la presse artistique française s'emearait de ses écrits ? La non-représentation dans l'œuvre de Raphaël ! ~•y a-t-il pas là de quoi rendre fou furieux nos braves ,·ieux chroniqueurs ou rrudits qui fl'licitent M. Jean
Marchand de quitter Je cubi me (sic) lor qu'ils ne reprochent pas à Donizetti d'avoir ignoré la per pective ?
\\'aldemar GEORGE •

xocs l'ROr!TONS DE r.'ACTl'Af,l'.l'l~ oc ALON Ul•:'l INOt:PE. OANTS POnt DON ER
DEL-X PORTRAITS rxt:DIT:, o·nEXRI ROl."S , EAC, OIT LE DOUA. lER, QL, ~TT _C'N DE$
PRINCIPAl' X MAITRES mlvfal:s l'Al.l LE SALON Il);', JNDl~PENOANT" •

PHOTOS OORNAC

�LE SALON DES IKDÉPENDANTS

Le Salon des
IHDËl'llHDAHTS
PAR

MAURICE

M

ALGRÊ

RAYNAL

notre désir d'accepter leurs bonnes raisons, ce n'est guère

que pour faire plaisir aux philosophes que nous faisons se. mblant

de croire qu'ils ont donné des preuYes décisives de notre
liberté. :Mais on peut leur concéder qu'il nous en ont parfois
procuré l'illusion, ce qui est quelque chose, et dont il faut se contenter
si 1/on ne s'obstine pas à vjser perpétuellement un absolu toujours contradictoire.
·
Cependant, parmi les illusions qui sont le plus susceetibles de nous
convaincre d'une liberté poosible et à quoi n'ont pas songé les philosophes,
l'on d1 it tenit celles que nous procurent les arts, les arts considérés, bien
entendu, sous certain aspect, aspect le plus légitime d'ailleurs, nous allons.
le voir.
L'art est fils de la sensibilité et la sensibilité moins que tout phénomène
upporte mal les l'ègleset leslois. Les manifestations spontanées semblent
si nettement constituer les fruits de notre personnalité qu'elles 11ous
appa:rai sent, ju qu'à un certain point, comme nées de rien, si ce n'est de
nous-mêmes. Ce1·tes, nous ne créons pas nos émotions puisque rien ne se
crée, mais à la façon dont tout de même nous faisons nos habits, nous
sommes capable de leur donner une forme particuliêre qui garde notre
empreinte à tel point que nul ne la saurait exactement imiter.
C'est dans cette tend an.ce hum aine que l'on pourrait peut-être trou \1er
un peu de liberté, mais à l'état de traces. Et c1 est ainsi que l'art est très
capable à 1ui seul de donner sati faction à cette exigence de notre entendement sensible, à condition qu'on ne le prive pas de l'exercice des seuls
attributs qui l'en rendeJ1t susceptibles.
Je reviendrai bientôt sur cette importante question. Pour 1in. tant,
notons qu'aux alentours de 1884, époque où fat constitué le Salon des
Tndépendants, les manifestations publiques de l'art se résumaient en une
ten.âance générale à supprimer toutes tentatives de la sensibilité au profit
de la conservation des formules dites LraditionnelJes, et généralement
opposées aux goùts sensibles de l'époque. En principe, l'on tenai~ l'art
dans les chainei. sans hii permettre de danser avec. Classicisme et Romantisme se partageaient la faveur des organisateurs des grands Salons. Mais
il s'agi ait, ,;urtout, d'un Classicisme et d'un Romantisme édulcorés,
adaptant seulement aux c~menances du grand public leurs caractéris-

1637

tiques les plus communes. C'était, en définitive, une tentative permanente
de vulgarisation des deux grandes formes traditionnelles de l'art, présentée
au moyen d'espèces d'analogies à la fac:on dont on enseigne l'électricité
dans les cours élémentaires en comparant, assez arbitl'airement, ses phénomènes à ceux de l'eau. De fait, le Classicisme et le Romantisme, rois
en coupe.s réglées dans les salons officiels, n'existaient plus que sous l'apparence de leurs aspects le plus C'Omroodes, et c'est ainsi que b.ercés dans
une ign.orance innocemment entretenue des ressources de leur sensibilité,
les spectateurs, habitués àneconsidérer que ce qu'on les menait voir, ne
soupçonnaient pas combien Part était en me ure d nous donner l'illusion
de liberté la plus plausible qui fut.
Or, lo soin de reconnaître, tout au moins collectivement, aux artistesle
droit de traduire en des œuvres l'expres:-ion de leur lib1'C sensibilité,
devait être réservé au Salon des Indépendants.
TI ne faut pas attacher trop d'impor.tance au terme un peu batailleur
d' « Indépendants ». Comme l'a dit M. Focillon, dans sa lettre à Joan
Epstein, l'art n cesse de se renouveler, non dans lapaixetle consentement
de tous, mais dans la violence et même dans le scandale..\fais l'on doit,
avant tout, considérer l'effort du alon des Indépendants comme une tentative où serait continue!Jement posé le problème de la réation artistique dans ce qu'elle a de plus primitif. Alors 'qu'en d'autres salons,
nous assistons à la patie11te organisation d'expériences artistiques répétées à satiété sur les sujets rebattus et à l'exercice du culte d'une induction anti-artistique, au Salon des Indépendants l'on trouvera Je foyer
le plus précieux de toutes les déductions hardies, de toutes les hypothèses spontanées de la sensihifü{,, peut-être au si une source d'erreurs,
mais d'erreurs très fécondes en tr01,1vailles extrêmement profitables.
â vec son indHférence complète pour les formules, le Salon des 1ndépendanl les autorise toutes. C est qu'au si les années s'ajoutant aux
années, nous sommes tenus de posséder aujourd'hui des connaissances
dont les ancien n'avaient aucune idée et dont la somme finit bien par
influer sur notre ensibililé. JJ suit de là que nous 110 pouvons plus posséder 1a candeur des anciens âges. Certes, toutes nos actions sont gouver·
nées par 1a sensibilité; c'e t pourquoi, sans doute, les cho es vont assez
mal et qu'il semble toujours très osé de représenter des entités telles que
Je Bien, le Vrai, le Beau, autrement que comme des X qui ne permettent
jamais de résoudre le problème. , 'lais la connaissance a lini par circonvenir à tel point la sensibilité humaine que, tout en conservant sa candeur
naturelle, elle semble avoir organisé elle-même une sorte de huœau de
recherche qui lui permet d'ordonner et de mettre à profit es ressources
personnelles, laissant à la raison, seule inspiratrice des tendance des
salons à jury et récomp~nses, le soin de fonctionner à la façon de ces écoles
sans élèves dont on a signalé la nécessité politique en Bretagne.
Mais si l'on a considéré le douanier Rou seau comme le type d'arti te
que pouvait meure en lumière un salon ouvert à toutes les tentatives,
il ne faut pas exagérer non plus la portée d'un cas unique et qui doit
demeurer exceptionnel. Le Douanier ne fut jamais qu'un peintre aimable
et plein de don . i'\ous ne pouvons le considérer que comme une sorte de
tribun du peuple illumint, capable de doone1· le coup de foudre à notre
sensibilité, mais à ce qui nous reste de notre sensibilité ancestrale seulement, et encore à condition que nous fassions un peu de violence ù ce que
notre cœur sait.
·

�1 38

L'ESPRIT

'O VEAC

Or, c'e t grâce à une orte de self-organisation de notre ensibi lit ' que
l'on a pu voir naîti•e aux Indrpendants les diHfrentes écoles: Impressionnisme, Fauvisme, Orphisme, Futurisme, Cubi me et Purisme, qui ont
toutes donné des résultats extrêmement importants. Et c'est ici que l'on
pourrait trouver les meilleures raisons contre ce reproches d'anarchie que
l'on a opposé aux tendances i.ndividuali te de l'art moderne. Loin de
con tituer des cal.'I uniques (le douanier Rousseau e t. plutôt le plus
doux des anarchistes), le tendances nouYelle., i ues des uéce siLés du
moment, ont Hé&gt; sanctionnée par les fforts d plusieurs arti tes. De
groupes se ont [ormés parmi des peintres de même àge et c'est à l'affrontement de leur, intentions sensibles que l urs diverses tentatives
onL dû d prendre corp, t de s'imposer. Fillrés à travers l s connaissances générales et particuliè1·es, leur efforts ont sans doute pu lai ser
supposer par in tant que d s concepts définis avaient pr ;c · dé leur exécution, mais il n'en est rien. Et si j'ai pu, moi-même, par des théories
nécessairement peu claire , entretenir cette illu ion, c'est que le travail d
l'esthétique n'est pa celui de l'art et que les mots qu'elle emploie ne
peuvent être consid · rés à la manière d'obJet uivant le mode de la poési ,
mais bien comme des signes mathématique destinés à toucher la rai on
plutôt que la sen ibilité&gt;. u si bien grâce à la culture de cette liberté sensible ans quoi l'art n est qu'un mot con idéré comme signe, le a Ion de
Jnd{&gt;pendants permet aux pectateurs et aux arti tes de confronter leur
per onnalités émotives sans jugements préconçu et sans points de repère,
tel que les décision de jurys ou le médai lies.
Ce sera sans doute la gloire des lnd ·pendants que d'avoir vu la nai. sance des grands mouvements picturaux du siècle. prè l'imp1·essionni me qui a recré' le lois de la technique picturale, 1~ fauvisme aura
amené &lt;les progrès con idérable dans la libre expres ion de la joie sen·uelle de volumes coloré , et l'orphi me conduit 1 s mêmes tendances ver
un idéalisme plu marqué. Le cubisme, lui, tempérera ce que ce recherche
pouvaient avoir de ensuellement excessit et posera le principe d'une
organisation nouvelle du monde plastique. Le purisme, enfin, sera le régulateur q_ui réus ira à accorder cette onception avec le resp et des éléments les plu· normaux de la sensibilité plastique. Le • alon des Indé·
pendants d 1922 affirme, une roi de plus, la vitalit· dece tendanc sel
l'on y retrouvera les rouvres les plus qualifiées pour les représenter. Le
toile de Friesz, Segonzac, Mor au, imon-Lévy, Lhote, Laglenne,
Gemez, Marchand, lix, Gimmi, Gozare, Grunewald, Valensi, L·gcr,
zenfant, Gri , Jean.neret, Medgyes, et les sculptures de Lipchitz, de
Mme Bongard et de Zadkine, Loutchansky attestent les progrès des effort
constants qui les animent. ans doute ces œuYl'e emblent-elles un peu
perdues dans ce grand palais, triste symbole d'une architecture embarrasflée de pierre dont el! cherche les secr ts et d'espace qu'elle ne sut
jamais comment couvrir. Il raudl'ait adorner son fronton d'une allégorie
qui pourrait avoir académiquement pour titre: ,, l'homme qui n sait que
faire de e mains 11. Mais il faut espérer gu les Indépendants ne se laiseront pas gagner par l'atmo phère du heu, qu'il seront toujour ouverts à toutes les initiative. et qu'ils con erveront le soin très pieux d'enlr Lenir ce renouvellement c.onstant de l'art qui, en cl •pit de l'académisme, constituera sa plu saine tradition.
Maurice RA Y.NA L.

LE SALON
DES I~DÉPENDJ-t\.NTS
Ce!·tain de 110 lecteur'i e sont plaints de ne pas !'oir l' Espril .VouCJerm
p:1blzer d'œuvres moderne rhoi't'.es en dehors de ce qu'il esl ronçentL
d a~peler l&lt;'s m_mwement cnbistf&gt;s, puri tes, etc ... Yonç fai,sons droit ci leiir
désir en pu/Jlmnt aujourcl'hui un nombre important de reproduction
à.' œ1wres d1• tout esprit choisies parmi c,,lfes c.~poséos a•t alon des f ndépendants.
Les seize pages snivantcs remplacent la reproduetion en co11l •urs 7l ,ibituelle .
.\'. D. L. R.

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LOUIS FAVRE

Nature morte

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Portrait

BISSIÈRE

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OZEKFANT

Collectio11 l;éonce Ro9e1wcrg

�LES LIVRES
PAR

MAURICE RAYNAL, FRÉDÉRIC MALLET
JEAN EPSTEIN

JEAN BIUSCATEL :
IEYERDT :

LA TIIST&amp;,SI DIS PITES (LIBRAIRIE PERRIN}. -

CŒUR DB CldftB

(ÉDITION SIMON). -

LOUIS DELLUC :

PIEIRE

CHAR.LOT

(ÉDITION DE BRUNOFF).

J

été si magistralement étourdi par les louanges qu'avait bien
voulu me décerner M. BoJJscatel dans la dédicace de son livre,
que j'ai dû mettre plusieurs mois avant de reprendre la plupart de mes sens. Par bonheur, j'y suis parvenu três compfêtement. A tel point même que j'ai fini par m'accoutumer si bien aux éloges
qui m'ont été distribués qu'il me semble, tout compte fait, que M. Bouscatel a raison. Aussi tiens-je à prévenir les auteurs qui ne me traitero11.t
pas d'éminent critique ou de prestigieux écrivain et qui ne m'enverront
pas leurs livres en toute humilité qu'ils n'auront à compter ni sur ma
complaisance et encore moins s:ur ma pitié.
_
Et maintenant quelles raisons ont pu déterminer l'auteur de la Tristesse
des Fétes à envoyer son ouvrage à !'Esprit Noupeau? M. Bouscatel s'est
réservé l'exclusivité de chanter l'amour comme une dame peintre se distinguerait dans le culte spécial des pivoines ou des petits chats. Et sur ce
sujet, se déroule la cohorte des soirs et espoirs, des jours et amours, des
étoiles et des POiles et en général de tous es accessoires bien connus d'ut
genre qui est àla poésie ce qu'un conte est à une action. Quoiqu'on puisse en
être surpris, le cas de M. Bouscatel est indénombrable, et l'on reste stupéfait à la pensée que tant de poètes n'aient jamais lu ni Rimbaud, ni
Mallarmé, ni même, je ne crains pas de dire au pis aller et si l'on se reporte
aux tendances de l'auteur de la 'Iristesse des Fêtes, à Heine et Laforgue.
Mais il faut, je crois, désespérer de faire jamais comprendre aux poètes élégiaques que la figure du monde moderne exige que la poésie ne sQit plus un
prétexte à pleurnicheries et à racontars sentimentaux, parés de mots em•
ployés en méconnaissance absolue de leur valeur significative ou plastique,
mais bien le choix de certains éléments de la vie, élus par l'imagination
comme susceptibles de nous frocurer une émotion d'ordre :pratique et
non sentimental. M. Bouscate ne semble pas savoir que la poésie est avant
tout un art et qui comme tel s'est renouvelé sensiblement depuis Gilbert
ou Arvers. Et, à travers les platitudes de son livre l'on perçoit qu'il ignore
absolument que la sensibilité humaine et la langue française sont des
mines inépuisables dont grâce aux transformations de la vie les véritables poêtes réussissent à tirer soit les pierres précieuses les plus éclatantes,
soit les sujets d'émotion les plus impressionnants.
'AI

89

�1656

1657

L'ESPRIT NOUVEAU

LES LIVRES :

***

vers, ceci est à voir. Tout dépendra de la façon dont Charlot se laissera
manœuvrer par sa gloire. Les œuvres de tous les artistes attestent en
vieillissant un penchant à larmoyer. Il ne faudrait pas trop appuyer comme le fait Delluc sur « la tristesse profonde de Chaplin i). Et quant à la
Vie de Chien ne nous attardons pas trop sur certains couplets sentimentaux, crainte de perdre de vue les étonnants efforts d'imagination qui sont
la vraie part de création de Charlot. Voyez Le Gosse : l'on songe déjà
aux Deux Gosses. Charlot pleurant de vraies larmes, quelle erreur. On ne
rit _plus devant ce Charlot-là, il est donc bien près de devenir ennuyeux.
Quant aux propos de Charlot l'apportés par Louis Delluc, ils n'ont rien
d'intéressant. Charlot ergote sur des sujets sans conséquence. En définitive ce que l'on aimera dans l'œuvre de Louis Delluc, ce sont les véritables
petits poèmes qui sont la transposition des films et en quoi l'on retrouve
sous une autre forme l'humour de Charlot. Lisez cette Vie de Chien qui
commence en ces termes : &lt;t Il y a toujours un policeman dans le voisinage
d'un terrain vague. Et Charlie est à l'intérieur. » Louis Delluc réussit à
percer les intentions de Charlot de la manière la plus sûre et à les exprimer littérairement de la façon la plus cinématique qui soit .

Pour en finir je conseillerai aux poètes sentimentaux de lire « Cœur de
Chêne i&gt; que vient de publier Pierre Reverdy, aux Editions de la Galeria
Simon. !ls verr~~nt co~bie_n_J'art _poétique_doit au respect qu'il a de soi
de réussir à clanfier, à s1mplif1er utilement toutes les suggestions de l'imagination si ~iche soit-elle. ~ierre Reverdy ne raconte pas. Les poèmes de
Cœl!,r de Chene son~ des act10ns sobres et soutenues comme toute action.••
Les él~ments poétiques ~'il _choisit et réduit à la pureté de leurs formes
essentieHes sont ordonnes SIDVant un rythme qui est le sien c'est-à-dire
qui ne s'inspire d'aucune méthode à la façon dont son souffle s'accommode de la marche que dirige sa volonté. Et c'est ainsi que le poème
devient chez Reverdy l'expression d'une sensibilité toute personnelle qui
per~oit l'émotion.et d'une imagination qui la revêt suivant ses moyens.
Lisez le Chemm du pas ; vous sentirez et verrez comment le poète
dévoile qu~ 1:ambiance est pleine_ de faits qui échappent à qui ne jouit pas
du sens poet1que et surtout à qw ne possède pas l'imagination lumineuse
et pure de Reverdy.

... le mystère des portes
On franchit l'émotion qui barre le chemin
Et sans se retourner on va toujours plus loin
La maison ne suit pas
La maison nous regarde
Entre deux arbres
Sa cheçeZure rouge
Et son front blanc
Le silence s'attarde
Et le meilleur critérium. de la simple grandeur de l'œuvre de Reverdy
c'est qu'il arrive, passez-moi la comparaison, qu'à la lecture de tel de se~
~oêmes l'on, se de_mande P?ur_quoi l'on n'avait pas pensé aux objets poétiques que 1 émotion peut mc1ter le poète à créer, à la manière dont nous
nous étonnons qu'il ait fallu Pascal pour perfectionner la brouette.

***
Uon é_crira sal!-s doute des études en quoi l'on montrera comment l 1art
de Charhe Ch~plm se rattache à ceux de Footit, de Little Tich et de Drane~ e,t combien son ~umour possède de caractéristiques personnelles,
mais l ouvrage. de LoIDs Delluc sur Charlot constituera un excellent prélude_ à ces essai~. Dell~c, en effet, détaille en des petits tableaux aussi
précis que des films meme toutes les émotions que suggèrent au spectateur
les moyens nouveaux créés par Charlot.
At:1: surplu~, l?in de présente~ le joreuX; comique comme un tragédien
pon?if, à qui d aucuns voudraient faire Jouer Hamlet (quelle sottise 1),
Louts l_)elluc ne per_d pas non plus le lecteur parmi des détails oiseux. « Il
a été dit que ce petit anglais de Los Angeles avait failli naitre à Paris d'un
père anglo-s~on et d'une mère espagnole, or nous voilà fixés et n'en voulons pas savoir davantage.
Toutefois quan~ Delluc ~outient qu'au contraire de Molière qui devint
ennuyeux sur la fm de ses Jours Charlot ne tombera jamais dans ce tra-

Maurice RAYNAL.

SAMUEL BUTLER:

AINSI VA DUTB CIIAIR.,

TRAD. VALÉRY LARBAUD

VIYIAN GRETOR : UR JOUR•••
BT D'AUTRES (E. SANSOT, ÉDITEUR). - MARC-ADOLPHE GUtGAN : t'IRYITATION A LA. FSTI PRIMJTIYB (ALBERT l\lESSEIN, ÉDITEUR). - GEORGES

(NOUVELLE REVUE FRANÇAISE, ÉDITEUR), -

MEREDITH:

SHAGPAT RA.SB

(NOUVELLE REVUE FRANÇAISE, ÉDITEUR),

TRAD. HÉLÈNE BOUSSINESQ ET RENÉ GALLAND.

Erevlwn, le premier livre de Samuel Butler, est un peu décevant. Fait de
pièces et de morceaux, écrit de fa(;on évidente en réaction co.ntre l'espèce
de moralisme frigide, et d'ailleurs superficiel, qui sévissait durant l'ère
victorienne, il porte justement la marque de cette période révolue. Les
descriptions - de premier ordre - écartées, tout ce qui reste a été, en
Angleterre, si fortement dépassé depuis que l'intérêt que Samuel Butler
pouvait avoir paraissait purement .rétrospectif.
Mais voici mieux, voici plus homogène, plus substantiel: unroman solide, bien construit et d'une pensée plus ordonnée.
Ainsi va toute chair est, comme ErePhon, une satire très dure, âpre même
avec une ardeur polémique sur la nature de laquelle on ne peut se tromper: ce roman est une vengeance. Vengeance contre l'autorité paternelle,
contre la brutalité dont les pères anglais usent envers leurs enfants. Vengeance contre l'esprit de l'église protestante anglaise et sa médioc1·ité
fréquente. Vengeance contre les femmes. Vengeance contre tout ce qui est
artificiel ou mensonger. En disant de Samuel Butler qu'il fut un romantique aitardé on ne le définirait pas. Il a la tête parfaitement froi~e et la
volonté intacte. C'est un fils bourgeois de Dickens et aussi - on le sait
par sa biographie - un colonial qui a connu la vie large sur des terres

�LES LIY.RES DE SCIENCE
PAR

1658

L'ESPRIT NOUVEAU

neuves et qui juge en homme fort les basses hypocrisies, les tares mesquines d'hommes faibles, vivant à l'étroit dans des cadres usés, une destinée plate et morose.

JEAN EPSTEIN

B.OLE DIS COLLOIDES Cllll LES !TRIS YlYAl(TS
CISSAI DB BIOCOLLOIDOLOGIE&gt; (MASSON ET Cie).

AUIUSTE LUMltRE

O

retien_t bi~n _dans P~cal la séparation entre esprit de finesse et
de geometne, et bien trop on croit à cette philosophie de
persévéran_ce co~e _un c~téchis1;11e. Le vrai J!laisir de l'intelligence est fm et geometre, 1 un rammant son existence à 1' autre
et l~autre à l'un, ou _pl~t?,t ins~parables, su~erposés, le sentiment étant
le signe ~e.la c~ose s1gmfi~ qm est gé_ométr1que. Quand je fais manœuv~r 1~ s1~ene a voyelle_s, 11_ faut _que Je s_onge au plain-chant grégorien
~ d e~tun~r ~ette m~camque a sa vrrue valeur qui est d'échelle huID81IlA c ~st-a-dJ.1'0 sentimentale. Ce cumul de deux: réalités est aujomd'h~1 md1spensable à la réalité complète, comme pile et face dos à dos
se tiennent.
Cette profonde poésie géométrique on la capte prês de sa source dans
l'~mvrage de M. Auguste Lumière : Rô/,e des Colloïdes chez les Etres
11wa!f,ts, Une idée générale, légitime et solide: L'état colloïdal conditionne
la vie. La floculation. défe:mine la maladie e~ la mort, filtre à travers chaque '
page, et chaque expenence de M. Lllillère s'en illumine à l'intérieur.
Ayant exécuté, en 1919, 1~ Mythe des_ Symbiotes, l'auteur, mis en goüt
de _massacre, _condamne a un;0 pareille mort toute une mythologie:
tox.me, apotoxme, anaphylatoxme dont on se servait bien depuis Richet
Ro~x. Besred~a, pha~tasme~ nés P3:1' la commodité d'une hypothèse'.
A I an~phylaxie que l empl01 quot1d1en des sérums les nombreux cas
de choc ~aum3:tique obs~r~és pendan~ la guerre, c~rtains empoisonnements al~e~taires, ?nt nv~e au preIDier plan dea préoccupations médic~es, la bibliog!ap~1e ré,urue en témoigne, M. Lumière trouve le prem!er une exp~ca~1?n etonnamment génér,ale, dépouillée autant que
f8.J.l'e _se peut d art1fwes. Elle est due au phenomène de floculation des
collo1des. _De ces colloïdes que nous et toute vie sommes, le,a micelles ont
l~ur mamêre d_'adolescence, de maturité, de vieillesse et de mort. Leur
vie est notre vie, leur coagulation, notre pathologie et notre mort. C'est
ainsi que l'auteur découvre une origine commune à tous les accidents
pathologiques, et l'étaye, la variété des manifestations morbides au lieu
d'embarrasser sa vie unitaire, servant à éclairer les formes et 'les circonstances diverses de cette floculation. Une si vaste thêse et la foule
d'ob~erv~tions qui Y. aboutissent ou en partent, ne peut guère être réSfil;11ee. L ayant_ lue, il !aut r~marquer combien cette hypothèse,, ce n'est
~u une hyJ?othese souligne 1 a_uteur, et, n'est-ce pas, toute certitude est
a grand peme probable, combien cette hypothèse est harmonieuse pure
indépendante. Si nous n'assistons plus à ces querelles sur les c'ontra:
dictions magistrales de la science dont Paracelse Jérôme Fracastor
G~en ou C'.'-1&gt;~is ou Gerdy_ 9u n'ill:1potte lequel de tant d'autres écri:
vaien! les diatribes, néanmoms la biologie est, aussi aujourd'hui, tourmentee et pousse des branches folles en tous sens. On se demande toujours si la vérité est possible. Et les livi'es qui contiennent un système
d'ensemble autoritaire doivent nous être bienvenus.
C~ ~ui im1;&gt;orte. davantage,. c~ R6le des colloül_es, avant même d'être
un,I1v1e d~ b10log1~te, est c~lm d ~m grand médecm. Carrefour de projets
therapeutiques qUI pourraient bien changer le visage de la médecine
même ce Yisage pharmacien qu'elle montre au malade.
'
Çolloides, vie. Ce _pas !ait et admis, e~p~rons les autres qui nous condul.l'&lt;:mt, dans combien d années, aux chimies de la pensée et de la sympathie.
N

Madame Vivian Grétor prolongeet continue Renée Vivien. Renée Vivien
était plus poète. Madame V. Grétor a de la grâce assez musicale pour habiller ses émois ou décrire ses amies.
11 y a dans son recueil des sentiments fins et nuancés. Il y a bien aussi de
la tristesse au fond de tout cela :
Voudrais-tu, Poésie, en devenant Bonheur,
Nouvelle illusion, combler en moi le vide .
Des chagrins, des douleurs de passion morbide.

***
Le livre de M. Marc-Adolphe Guégan est un recueil de sonnets. Il y a
enoore d'honnêtes travailleurs du sonnet. Il faut saluer ces hommes courageux qui maintiennent une si heureuse tradition. On peut faire tenir
tant de choses en quatorze vers l
M. Guégan se donne d'excellents conseils :
·
Vis donc 1 Trouant le ciel de ta fière stature
Sens s'affermir en toi l'animale ossature
Jadis si frêle au jardin du pensionnat.
Fuis le charme spectral des blondes Korriganes,
Tout ce qui, trop loin du bèau réel, t'emmène,
Et sois reconnaissant de vivre à tes organes ...

Shagpat rasé est la première œuvre en prose de Georges .Meredith.
C'est une œuvre de jeunesse. C'est un livre très amusant, d'un esprit très
fin et d'une ironie non moins fine.
Meredith a pris le merveilleux oriental, avec sa poésie mais aussi ses
invraisemblances1 et il en a fait la satire. C'est, si vous voulez, une sorte
de A la manière de, mais pas en raccourcis, en traits légèrement forcés, en
tics familiers, isolés et montés en épingles. Meredith blague à froid, sérieusement, lentement, et au moins, çà et là, s'amuse visiblement en s' efforçant de ne pas le laisser voir.
Il y a des princesses, des princes, des rois, des pouvoirs magiques - que
magiques ! - des aventures et des aventures dans cette parodie satirique.
Tout cela scintille, chatoie, tourne, vire de façon fort divertissante et
même parfois fort belle.
Shapgat rasé est tout à fait à part dans l'œuvre de l'écrivain anglais.
Comme le disent très bien les traducteurs on y sent déjà cependant le
Meredith de l'avenir.
Frédéric M ."-LLE'l'.

Jean EPSTEIN,

�.
THÉATRE

1

PAR

FERNAND DIVOIRE

'

1

01 SOURIT ; Ofl PLIURNICBB. LOUIS XI, CURIEUX B.0111

P

A.UL FORT a quelque chose de oomI?-un avec Strindberg. Il est
toujours maître de sourire et de pirouetter. _C,e rapprochement,
d'ailleurs, uniquement parce que le souverur de la Danse de
nwrt m'est encore proche.
. .
Il y a dans cette œuvre de Paul Fort, deux choses bien d1sti_nctes : . , .
10 Un drame· un drame assez noir, comme ceux des poet~s qu1 ecnvaient du théât;e poétique pendant qu'à côté d'eux on pleurait au mélo-

dr~Les ornements de ce drame. C'est ici que Paul Fort trouve sa voie,
s'il ne la suit pas au point de planter là, oarrément, son ~a~e ..
Ces ornements sont d'une fantaisie délicieuse. Je_ di_rrus b~en s~ak~pearienne si on ne l'avait déjà trop dit, et s'il ne suffisait de dire enJouee,
ailée et juvénile.
.
Qu'un vieux due de Bourgogne meure, et c'est auto~r de lm une sarabande de ses fous de colll', qui sont comme autant de lutrns, comme autant
de petits génies du rire. Ils vont, dansent, et chantent
Rien n'est plus fou que la mort...
Au dernier tableau, on trouve un Paul Fort presque inatten~u. Tandis
que, dans la coulisse, o~ crie ; (( ~a guerre l la guerre 1 » un Vle~x mendiant qui rappelle ?elm de Bo:is Godounoff, lamente et maudit. Et la
vie continuera le ndeau tombe, avec ses guerres.
Paul Fort s~uvent monte au delà de sa « gentillesse ». Il faut le noter:
Son aisance,'le reste du temps, s'explique par 1~ sé~urité d~un homme qw
ne cesse point de s'appuyer sur l'âme du terroir, c est-à-dire sur quelque
chose de solide.
La mise en scène est du Gavault de luxe.
.
A noter : le succès de la pièce auprès du « grand public ».

* **
PELLÉAS ET MÉLISANDE, de Mœterlinck, a été joué au grand t~éâtre
des Champs-Elysées, sans ID:usique de Debrusy et avec une belle nuse en
scène de M. de Salzmann, decorateur rruse.
PeUéas on le sent à la représentation « parlée», est doué d'une excellente rapidité d'action. Les scènes ne sont pas développées par les cheveux jusqu'à satiété. Chaque scène est un acte.
. .
Il fallait donc des décors qui n'immobilisent pas; il fallai~ u_ne rap1d1té
de décors. M. de Salzmann l'a trouvée. Ses « moyens » prmcipa0:x sont,
comme matière des rideaux noirs et un exhaussement de la scene. La
mise en valeur e~t donnée par des lumières. J'ai eu à décrire les décors de

Pelléas.
Ainsi:
dl·
'd
« Quand le rideau, où sont agrandis des cavaliers. e a ta]?1Sser1e, e
Bayeux, est ouvert par une théorie de servantes en n01r, on voit la scene

1:..

THÉATRE

1661

exhaussée de quelques marches. Ainsi quand le soleil se couchera il pourra
descendre vraiment derrière l'horizon.
&lt;&lt; De chaque côté du proscenium une colonne de lumière, blanche ou
bleue selon l'heure, agrandit encore le vaste cadre.
« Les décors ? Deux plans de rideaux noirs pouvant s'ouvrir par moitié, des silhouettes d'arnres noirs quand il faudra une forêt, le minimum
d'accessoires réalistes (margelle de fuits, tour, lit). Et puis des lumières.
Parfois, au-dessus du sol sombre i n'y aUl'a rien dans la grande scène,
autour des personnages, qu'une profonde étendue de lumière.
« L'éclairage, dans les plis des rideaux entr'ouverts, donne parfaite•
ment l'impression d'une grotte sans fin. L'éclairage encore, sensible aux
nuances, peut varier comme les états d'âme des personnages.
« Et la toile de fond ? Je n'ai pas vu de toile de fond. Pour la première
fois mes regards n'ont pas été arrêtés au théâtre par un mur devant le~el
on a mis de la peinture; pour la première fois j'ai eu l'impression de 1infini sur la mer et de la forêt illimitée. Ainsi la suppression des accessoires
m'a mieux donné que les cartons-pâtes réalistes, la sensation d'un paysage

vrai. »
Une seule réserve : une tour de toile peinte, qui au milieu de ces beautés
intelligentes et schématiques apparait un peu comme une tour de guignol.
Dans ces décors, on aimerait entendre Tristan après Pelléas. Les dimensions seraient plus encore à «l'échelle n.
*

**
LA MAISON DE L'HOMME, par Victor Margueritte au Théâtre Antoine.
Un sujet grandiose~ s'accorde justement avec un des sentiments les
plus répandus aujourd hui: l'importance de l'enfant, comme lien entre
l'homme et la femme.
M. Victor Margueritte a traité ce sujet par des moyens du théâtre quotidien, et il s'est donné des facilités de conclure en rendant tuberculeuse
la femme bréhaigne.
Mais l'entrée de l'enfant au théâtre est une « date ». NoUB en verrons
d'autres.
***

LE PARADIS FERMÉ, par M. Hennequin, à l'Athénée.
On rit. On loue l'acteur Brasseur.
Eléments du rire : des mots, un homme qui met les pieds dans tous les
plats, des quiproquos.
***
LE Cousrn DE VALPARAISO, par M. Fonson, au théâtre des Arts. On
sourit. On s'attendrit.
.
***
AIMER, par M. Paul Géraldy. A la Comédie française. Un mari fort et
tendre, à la Georges Ohnet, rattrape sa femme - de justesse.
On pleurniche.
Fernand DrvornE.

�MUSIC-HALL

MUSIC-HALL
PAR

RENÉ BIZET

La directrice,
Le spectateur.
La directrice. - Asseyez-vous, monsieur le spectateur, et dites-moi
quelles sont vos impressions sur mon spectacle.
Le spectateur. - Je ne suis pas habitué à tant d'égards. Laissez-moi le
temps de rassembler mes idées, si j'en ai.
La directrice. - Puis-je vous y aider ?
Le spectateur. - Je vous en prie ....
La directriœ. - D'abord, vous êtes-vous amusé ?
Le spectateur. - Je ne me suis pas ennuyé. C'est déjà beaucoup. Je vous
sais gré de ne pas laisser à l'esprit, ni aux yeux, le temps de se fermer,
même sur une belle image et d'être si prodigue de beaux décors et de
belles couleurs qu'on se croit à la vitre d'un wagon, dans un pays à surprises.
La directrice. - J'aimerais pourtant que vous fussiez moins ébloui :e.t
capable de juger avec plus de calme.
Le spectateur. - N'en demandez pas tant encore. Quand vous me présentez un sketch qui a la prétention de fixer mon attention, je m'ennuie.
La directrice. - Nous n'avons plus d'auteurs gais.
Le spectateur. - Peut-être ne trouvent-ils pas de moyens nouveaux
pour me faire rire.
La directrice. -C'est possible. Mais je les essaye tous, cependant.
Le spectateur. - C'est votre erreur. Pourquoi croyez-vous que le sketch
ou la scène dite &lt;&lt;comique» est indispensable au bonheur de votre clientèle.
La directrice. - Je ne peu~ pourtant pas, d'un seul coup, les effrayer
par un total bouleversement.
, Le .spectateur. - Vous raiso:nnez comme un. fumeur obstiné. S~us le
prétexte qu'il ne peut pas, du Jour au lendemarn, cesser de fumer, 11 contiime de griller quarante cigarette.s dans sonaprês-midi et sa sofrée, trentehuit quand il s'obserye ... Et il continuera jusq,u'à ce que mo~t s'en~uive. Il
faut avoir la volonte de bouleverser et y preparer un public, qm ne demande que votre hardiesse.
La directrice. - Vous ne voulez pas me confier des capitaux?
Le spectateur. - C'est votre dernier argument. Il serait facile de vou.s
citer l'exemple des tentatives qui ont réussi, au cours de ces dix dernières
années, les ballets russes et la chauve-souris ... Mais vous devinez comme
moi que c'est précisément votre routine qui causera votre ruine. Laisijez-

1663

moi vous dire que vous ne cherchez point. Je viens moi-même â'assister
à l'Olympi_a à un spectacle qui devrait vous fournir d_e quoi émerveiller
votre public pendant une demi-heure. J'ru. vu une danseuse américaine
Nina Payne et son jazz-band; j'ai vu Walter et Briant, deux excentriques
et si j'avais eu la charge d'un établissement tel que le vôtre, je les eusse
engagés sur le -champ.
.
La directrice. - Pourquoi faire ? Recommencer le numéro de musichall ? C'est d'une originalité douteuse. D'ailleurs, en Amérique on ne Iait
pas autre chose. On demande aux clowns de commenter la revue et aux
acrobates de s'adapter à l'actualité. J'ai vu une scêne sur la Conférence de
la Paix où figurait une danseuse sur la corde raide. Ce que vous allez me
proposer exige beaucoup d'_argent. Tous les artistes que vous remarquez
réclament des cachets que Je ne puis donner. Par conséquent ... Et puis
nous ne sommes pas ici pour imiter les Américains.
Le sp_ectateur. -A beau mentir qui vient de loin, Madame, si j'ose ainsi
m'exprimer. Je vous parle France, vous me répondez Amérique. Mais
serait-il donc bien difficile de créer un genre qui nous soit propre ? Vous
ne comprenez pas que vous avez sous la main les éléments les plus rares et
qu'il vous suffirait d'un peu de bonne volonté pour les rassembler et nous
donner un spectacle neuf.
Avez-vous vu les Brigands d'Offenbach ?
La directrice. - Vous me parlez d'une opérette. Il faut s'entendre!
Le spectateur. - Il y a des trouvailles qui pourraient, si vieilles soiente~es. vous être _util~s I Le chœur des bandi_t~ qui se moquent des carabirue!s, tout en_ iri:m1que douce~r ou en risibles éclats, permettrait de
plaisantes variations sur des themes actuels. Malheureusement, directeurs
et acteurs ne voient rien, ne regardent rien et ne copient rien.
La directrice. - Recommandez-moi le plagiat.
Le spectateur. - Je n'y manque pas. On ne copie jamais d'ailleurs, mais
tout artiste est un bon estomac qui assimile. Il croit copier la vie. Il la
déforme heureusement. Et la nature ou les hommes sont si heureux de
cette déformation qu'ils la recopient à leur tour en la redéformant. C'est ce
qui fait_qu'on peut encore aujourd'hui écrire ade l'amour ou de l'argent&gt;&gt;.
Le music-hall, quand il aura su se créer une personnalité particulière, fournira au théâtre un modèle qu'il copiera et qu'il transformera peu à peu.
Voilà pourquoi nous devons nous y intéresser. Et dans tout cela, je ne
vous parle pas de l'utilisation du cinéma, à quoi vous ne semblez point
prendre garde. C'est dommage.
La directrice. - Quoi ? vous voulez mélanger les genres ?
Le spectateur. - Nous sommes à une époque où il faut tout mêler dans
la même boite pour voir ce qu'il adviendra de ce mélange. La machine se
heurte avec l'esprit ou plus exactement l'esprit ignore l'esprit de la machine. Nous entendrons des bruits nouveaux, vous voyons des formes nouvelles, tout cela se confond. Il faut faire un puzzle. Au plus intelligent decréer avec ces découpures quelque chose qui, tout en tenant au passé,
soit du jour, caractérise notre siècle. Au spectacle, c'est votre œuvre.
La directrice. - Merci I L'entracte est fini, retournez à votre plaGe.
Le spectateur. - Je n'y vais pas manquer. Aprês tout ... c'est encore plus.
intéressant que du Pierre Wolf 1
La directrice. - Flatteur t
Le spectateur. - Non... demandez à Wolf.
René BIZET.

�PAR

AIJIERT JEANNKIIET

...

ao•a•a..-■

Wl&amp;RB
Cens-ci. aont pU'Dli lea rues qui appol'.ient dea faite JlOllflaûotpnïaateur, M. Jean Wiéner, estime, à jute tiln, ~•une tillé
eoneert eet ~ t le lieu de rencontre 8' de confrontation
lltbétiquea et de9 rialiaatiom nouvelles de ran muical. Fêlioi_.
d'Oke non aeolement ua interPrète de grand_ talent et on pianilte l9IIUlf,o
aual,lê, maïa aUIIÎ de hdlœr·èe rappef-là ~.• oonfrèrel. No111 _...,
:iom.boraer aujourd'hui à men&amp;nœr tiOis pointe l8ûlemeal dèt ~
pammea de Jean Wiênel'i. L'Ol'Clluln Billy ArnAoW.-Cake-Walk: dame nègre. Jazs-llilnll.!-l"f
là, la musique fixe l e ~ au aol, mais tout, dans la musique, y_~
'1 trépide aoua l'act.ion cfu ~ e . Cela devient~ un ronflemeal..,.
__
~ one détente ~ é e dea articulatiom. Ceue musique, o'êif.
. . - de rioheaaes auditivea comidérable : un violon, ua aa:mphonlt(
• pl8DO, une c1arineUe, une fltie, la batterie forment à eu ll8UÙ toal
OICheatre nouveau, ~euni par un choix typi41!e dea matrmnenta, perll'llf3
lumonie due à dea tùnbrea caraeUria\iquea. La batterie : bruiteul8
NUNle avec la cymbale oula grOll8 ~ a l e
aveolaOIÎlll8tle 1Hù,
•tiritê aux rap~ voublante. CHte
• tout 'Oil 8l'l8Ml i. &amp;
.,,•..,,,...,. d&amp; ~ . rAn@tMlie Lei an
el a•êmeuven~ ~
mventive dono, • • ti"!8t ê ~ e t ID01ffementée que ceJJëflei~
elalre de Billy: f i De la musi~ tout ooun. Lea blam,a onl •
mil6 le Jan-band et en ont fait un art. Billy Arnhold elsea oinq1JM11lelas
eat 81111J191D8lll le meilleur jaa que Paria eDtende de longtemp1. Leœà!~
tlanle, le blanc marche. Tou deux replacent. le rythme à sa bu!': Ili!!(
t]qaiologi~- n y a enoore trop de muaiqœa attard6ea, qui •'MioJell
laù&amp;e de n.oiDM.
La mêlodie de folk-lore du juz est p ~ U e . rarement
BIie ~ plaœ commodémeœ dam l'o
• Une mêlodie qu'onNlild
QD8 bonne mêJodie. C'est un profiL
A las.De dea .Aplea1tieDa (d6oembre 1811).

Alban 1SUJIIDll'J'.

�PRO CINÉMA

PAR

LOUIS DELLUC

Le fait est qu'il n'y a pas encore un cinéma français. Pourquoi ? La Franc~ renai~ en s~ie~c~,. ~n tac~ et en art et se
retrouve, épanouie apres avoir ete dispersee dans le rayonnement complexe
son intelligence éq~ibrée. ~a peintur.e
française, la sculpture française, la poésie îrança1se, la musique française même, jaillissent en incomp?J'ables .fusées. Et le
cinéma - on vient de prouver que cette mdustr1e est un art,
on vient de prouver que cet art vient de France - ne porte
pas la marque harmonieuse de chez nous.
.
,
Certes, notre égoïsme de spectateurs n'est pas encl!n à ~eclamer des œuvres aérées, amples, neuves et fortes d une mfinie simplicité comme certains films de :?3-om_as Inc~, de
D. W. Griffith, de Selma Lagerloff, et la serie demesuree de
leurs semblables cinégraphiques renouvelle chaque jour à nos ·
yeux un spectacle de haute séduction. Le _ch:3-1"n:e, ayentur?,
action, espace - qui se dégage n'_e~t pas d1mmue,. lom de la,
du fait que ces larO'eS compos1t10ns usuelles viennent de
Stockholm, de New-York, de Los Angeles ou d'ailleurs. Mais
il importe de s'inquiéter, car cet cc aille~rs )&gt; peut ·s',étendre encore et joindre aux centres transatlantiques ou d outre-Manche des centres disons plus centraux.
Nous sommes tous d'accord, n'est-ce pas ? pour demander
qu'il y ait un cinéma français qui soit français. C~ n'est encore qu'une espérance mal~eureusement._ Croye~ bien qu~ ce
n'est pas dans le monde cmémato?r.a1;hique q~ on se preo~cupe le moins de cette conquêt~ des1ree. 1~ y regne une act~vité touchante. Les artisans qm ont la régie de ces efforts temoignent d'une bonne volon:é qui désai:me. Vous, me direz
que les artisans du moyen age ont bâti les cathedrales de
France. La foi les animait. Ceux d'aujourd'hui n'ont pas .la
foi, et pour deux ou trois qui se proclament gonflés de gérue,
quelle étroite pensée occupe le labeur des autres ? La plupart

de

1667

sont bas. Ah! ce n'est pas moi qui vous conseillerait de tolérer
leur bassesse.
La cohue exotique qui envahit les salles de Paris, les spectateurs étrangers qui assistent aux rares apparitions de nos
films dans leurs pays, ne cachent pas leur consternation devant cette misère. Drames puérils mal adaptés de mélos au
rancart, comédies pesamment sentimentales accouchées d'un
vieux fond de théâtre bourgeois et désuet, farces lugubres ou
trépident les épaves de nos cafés-concerts, que sais-je encore ?
Mais le procès de ces tristesses n'est plus à faire. Et je vous demande si après un peu de réflexion, j'allais dire de contrition,
vous n'estimez pas vaines vos colères contre ces artisans.
Avez-vous élevé la voix, tous, et avec insistance, ·quand
l'écran vous livrait telle navrante inutilité du crû français ?
Non, tous, intellectuels, artistes, meneurs de cerveaux:, vous
avez moins combattu que le populaire. Les spectateurs de
Wagram et du Colisée se dépensent en cri d'animaux, mais
aussi bien en l'honneur d'un essai noble et rare que pour une
fang~use ordure. Pendant ce temps, la foule des faubourgs
témoigne de son instinctive délicatesse en refusant véhémentement des tentatives douteuses, des contrefaçons vulgaires,
toute la tragique grossièreté que le public cultivé tolère dans
ses secteura. Ce jugement de la foule n'est pas inefficace, il a
porté de rudes coups - et il a porté des fruits. Mais ce n'est
pas assez. Il faut agir à la source même. Et qui le peut mieux
que le groupe intellectuel français ?...
Songez que ces psychologies pour images animées se meuvent encore dans des cadres dont ne voudrait pas un casino
de province. On dit que nos décorateurs de meubles et de tentures ne sont pas hostiles à la cinématographie. Est-ce une
excuse ? Il devraient être ençahissants. Quant aux peintres,
école admirable de la couleur tourmentée, ils sont toujours
prêts à collaborer aux fastes poussifs du théâtre actuel. Deux
ou trois scènes, et une saison de Ballets-Russes par an, ne
composent pas un débouché si brillant à une importante ·phalange de chercheurs. Je pense à tout ce qu'apporteraient à la
matière photogénique ces jeunes gens, qui en quelques mois
d'après-guerre ont affirmé une personnalité vigoureuse. Il est
bien difficile de nommer les vivants - comment choisir dans
un tel chœur ? mais imaginez un Fauconnet dans le cinéma.
Oh! si vous doutez quelle puissance le film français gagnerait

�L'ESPRIT NOUVEAU

1668
à l'aide d'un tel talent - précision, mesure, style, audace imaginative toujours suprêmement à.osée - c'est que nous n'êtes
pas encore informés des ressources d'art de la photogénie.
N'attendez pas un investissement total pour les découvrir.
Les peintres français n'ont-ils pas déjà trop attendu?
Pas plus que les pcètes, c'est vrai. Egaillés sur la grande
piste sereine d'où Villon, Ronsal'd, Charles d'Orléans menèrent
le mouvement de pure inspiration latine, ils écrivent sous la
dictée de la muse livresque ou, pal'fois dans le feu véhément
d'un verbe précipité, - tellement précipité pour d'aucuns que,
dans leul' jonglerie de mots, bien des mots s'évanouissent dans
l'espace. Quelques-uns s'activent à renouveler la haute tradition thé&amp;trale et je leur souhaite, sous l'égide de Jean Racine, d'atteindre le but sacré.
Je leur souhaite aussi - et je souhaite à l'art muet - qu'ils
écrivent pour lui. Je ne leur demande pas de donner leurs
œuvres au cinéma. Croyez-vous sincèrement que l'écran ait
gagné un sang neuf aux adaptations d' Anatole France de
Maurice Mackerlinck, de Gabriele d' Annunzio. Les auteurs ont
gagné de l'argent. C'est toujours cà. Mais ni la littérature ni
le cinéma n'en ont tiré quoi que ce soit. Ces œuvres n'étaient
pas destinées à l'écran.
Encore moins destinées à l'écran, ces brouillons anciens ou
ces {{ livres de jeunesse&gt;&gt; quel' écrivain transforme - ou laisse
transformer - en scénario pour trouver quelques milliers de
francs ou simplement pour faire comme tout le monde, ô

Panurge.
Il faut écrire pour le cinéma. Non jeter sur le papier une
idée brève que le metteur en scène développera. Il faut noter, visuellement et rythmiquement, le conte que vous avez
conçu pour l'art des images. Respectez en cette œuvre une
œuvre digne de ce nom, comme un essai théatral : pour trois
répliques coupées dans votre pièce par un impresario hâtif,
vous ameutez toute la presse de Paris. Pour un bouleversement
de votre scénario, vous souriez. C'est que vos scénarios ne sont
que des scénarios. C'est que, en face de la dramaturgie française, il n'y a pas une cinégraphie française.
Si vous le

VOULIEZ,

E
"

contre Marcel L'H b'
,
aussi El Dorado. Au début : i~~\{ e~~ un film _qui s'appelle
Madame Franc1·s J·o f 'd ' .
er ier est tres en forme •
ue .roi et, ' prudente,_ se r?serve.
,
même jus 'à la fin
Elle gardera'
trahit tous les rôl: composé~et~ res_erv~ quel~ lm reproche. L'écran
silencieux et mûrs les visa es . ' ross1s vmgt fms, ~rempés de lumière,
le soi-même qu'on'aurait p! et n y ~av~n~ plus mentir. Etre soi-même ou
tion cinématographique permet~o; r:rt et~, c'est tout ce que la traduepour la première fois se voir à J':er:! ~:·hi~~ n'es! plus.désagréable que
un névropathe par son psy.e,hiât
. b/ a ue-tete, decouvert comme
coupé dans tous ses menso
re, pu ~e ~u _et confondu, on se trouve
Les mensonges sont donc n:;es, co!1fes~e, l?,t1me, honteu~ et véritable.
apprise, puis acquise. Je conse~!legrace _e !ivre, _d'.abord imaginée, puis
bien plus précise que le symbolism
JO!~ experience de psychanalyse
l'école de Freud. La s cholo ·e e ireur, e ~artes étymologiques selon
jour ce film confesseufo! le suj~t et l\m;~ecme mentale utiliseront un
bons acteurs, exclusivement cin!~:~1 o Jet_ vu. Et _cela explique que les
mêmes rôles. Hayakawa Ch 1 R ogaphiques, Jouent toujours les
tonie nécessaire perdritientar ~s ay, ouglas, e.n dehors de leur monomêmes.
,
c arme et persuasion, n'étant plus euxVE FRANCIS

ce:~e

Madame Eve Francis possèd
t ,
personnalité nécessaire pour sou~~ e cf~en France exceptionnel - la
à-dire où scénario, mis en scène
sous le régim~ de ]a star, c'est0:
de la vedette principale. Et le . our ù prses sont à ~a trolle et à la guise
elle-même, sans passages à jouj . f o e e a1_1ra un film tout à fait selon
si lucide.
r a aux, son Jeu n'aura plus besoin d'être

::i:

Je tiens encore Le Carnaçal des Vé . ,
'
M. L'Herbier. Les défauts ét
ntes pou: ~ œuvre maîtresse de
surtout littéraires, gênaienimo:! ;~l~~.~~:fme~ato_grap~ques mais
carrure d'un des bons réalisateurs f
. e . issaient Jusqu au bout la
environs de quatre (avec lui : Gancer~ça1s qm, en tout, doivent être aux
œuvre qui est le génie d'un ho
, ., ~lluc et Madame Dulac). Dans une
tés, ses travers. Ceux-ci qua~u:e, J .~e, autant ou plus que les qualiéID:ouvants : signatures de sincérit: â~::I,e est sympathi~e, sont le plus
phie précieuse du Carnaçal des Vé;.tés f ~don ~t de passion. La oalligrade ce film. L'éclairage n'e
t i
a~t partie du (( grand caractère "
moins homogène, continue~ ées 'IibS:é moms ébl~uisssant, ~ le montage
on a reproché à M L'He b' qm .
d~ns le lyrisme. DepUis ce Carnaçal
·
·
r ter sa virtuosité t ·
·
t1on gêne maintenant ses tr
aill E e 'Je crms, un soum de perfecfois, en contient encore asse~ue~ dees. • l Dora~, _naturellement et touteautres est admirable ce flou corn /~e~ent mnema~ograp~ques. E~tre
graphier littéralement un rythm p
be 11a danse qui en arrive à photoe. a e e cadence propre à L'Herbier

f

il y en aurait une.

Louis

DELLUC.

�Pour Monsieur Vauxelles

L'ESPll.lT NOUVEAU

1670

retrouve aussi dans ce. film, mais bientôt ce rythme est recoupé, brusqué et dévié par un autre que peu à peu impose Madame Francis. Bientôt
c'est elle qui l'emporte et nous fait perdre contact avec le metteur en
scène. Cette lutte et cette sorte de victoire d'un génie sur l'autre ç,réent
toute une atmosphère de drame, mais aussi d'instabilité et de cahots. Tout
à la fin presque M. Jaque Catelain qui est remarquable, mais un peu distrait, et fut meilleur, rayonnant du plus pur style, L'Herbier arrive au
secours de son metteur en scène : Il est trop tard. Eve Francis a gagné la
partie. Si j'étais M. L'Herbier, je demanderais ma revanche.
S'il est entendu qu' EL Dorado n'est pas encore, même de loin, le cinéma
pur qu'on souhaite voir enfin réalisé, et do:nt, par exemple, une comédie
Mack Sennett se rapproche même davantage, il constitue néanmoins l'œuvre la plus intéressante de 1921 jusqu'ici.
Et c'est une idée heureuse de résumer sous forme de livre, en cinquante
photos accompagnées d'un arguJnent, le film qu'il est souvent impos!'lible

1.e

de revoir comme on relirait un volume.

Jean EPSTEIN.

SYMPTOMES
Un de nos grands industriels de France ayant appelé, récemment, un architecte pour étudier la construction d'une cité ouvrière
disait: cc Je n.e veux: plus de maisons qui soient construites avec des briques, des pierres, des tuiles; n'êtes-vous pas capable de me faire des maisons qui soient construites comme un châssis d'automobile, en série, réalisées automatiquement, avec des éléments étudiés comme ceux des autos
que je construis ? Une maison est une machine à habiter et ses organes
sont comme ceux d'une machine ; l'in&lt;;lustrialisation des organes poussera
à la sélection.

&gt;l

Symptôme de l'esprit nouveau.

REALITE
Un entrepreneur occupé à la reconstitution du Nord avouait :
« Nous avons essayé de faire moderne, de réaliser un programme intelligent avec tout l'apport de la science nouvelle de bâtir : maisons salubres,
matériaux salubres, procédés de èonstruction standardisés. Mais dans le
Nord, personne n'en veut. Le Nord sera reconstruit comme il était avant
la guerre, avec des briques rouges et des tuiles, et des planchers en bois, et
des petites fenêtres, des toits pointus, exactement comme avant la guerre.
Triste, triste Ill

Nous sommes avisés qu'un grou d
stock considérable de &lt;( mait·
~e e m~chands de tableaux ayant un
res &gt;&gt; 1mpress1onni t
t·
peuvent du marasme aénéral d aff .
s es, ll'ant le parti qu'ils
•
es ru.res et de · ,
•
0
sa repercuss10n sur la vente
d e l a pemture ont envisagé d
•
'
e
provoquer
b.
une campagne dont l'objet e.st
d e f aire croire à la mévente d
· •
u cu 1sme
et à
ams1 provoquer la reprise d p·
.
. sa non valeur ; ils espèrent
Au même
e 1mpress10nmsme.
.
moment, M. Vauxelles a l''dé d . .
Semaine, où il détient u
hr .
i
e e pubber dans le Carnet d,e la
.
ne c omque hebd
d ·
d e1 &lt;( Pmturicchio » une suit d
orna aire sous le pseudonyme
l' art d' esprit
. nouveau
'
e e .notes
.
le c b'
1 extrêtnem
.
. ent ma1veillantes
pour
droit;-. de M. Vauxe1les d'
u • isme, e purisme 'et c... C' est assurément le
, .
e ne rien compre d ,
.
etonne c'est de voir ce mêmeM V
n re_a_cette pemture, mais ce qui
l'Art ». Or, dans sa Revu M v· auxelles d,1riger la Revue c&lt; l'Amour de
.
.
e, . auxeUes puhr10 d
. 1 ,
P1easso, Lipchitz Juan G .
.
es art1c es elogieux sur
,
ris, etc les art1st
. ,·1
. .
... ,
es qu I attaque d'autre part
d ans le Carnet de la S
.
emaine ' noùs avouons
.
.
vaut•il mieux ne pas comprend
Il
ne pas comprèndre; peut-être
soit moin1, forte à l'heure t Ure.
se peut que la vente des tableaux
ac ue e qu'elle ne l' 't . ·1
ch arbon aussi se vend mal . ou
e rut l y a quelques mois ; le
Kahnweiller' presque exclu~.' p rtant les ventes des collections Uhde
.
,,,1vement compos, d
1·
'
teindre près d'un milli
ees e cu istes, viennent d'at·u·
on
et
semblent
PfOU
l
.
1Ill ion d'un coup pour 1
b'
,
ver e contraire, car enfin un
0 cu 1sme a cette h
"
'
d
·
. Et, au fait ' ser.,;t
= ·il .1·n 1scret d e ' 8 • MMeure e cnse monétaire .. ·
s10nnisme, la question de savoir si~I: a
.. les_mafchands de l'Impresplutôt parce qu'il se vend très mal
press~onmsme se vend ? Serait•ce
merciaux (il y a beaucoup d
·u· que 1~ defense de leurs intérêts corne fil ions en Jeu) les .
, ,
contre le cubisme et 1 ·s , l
a eng.ages a la campagne
.
e eco es modernes qui se
d
Et aM. Vauxelles qui set
ven ent, eux, très bien
,
rouve commep h
d ,
. .
·
ment les désirs des marchands im
. ar . asar prevemr s1 o_bligeamd'o.rdre esthétique. Po
. l
press10nmstes, cette autre question
,.
·
urquo1 e grand p hl'
h,
.
pas d impressionnisme -? y
·t ·1
u 10 ac ete-t-il du cubisme et
·
aurai -1 quelq Oh
d0
du gran~ public ?
ue ose
changé à l'optique

a·

. P ..s. - Corrigeant les épreuves de .
ncchio-Vaw.:elles récidive le 9 janvier. cette note, nous :i.jouterous que M. Pintu-

�NOtU instrons avec plaisir le communiqué 11nno11ça11t :

LE CONGRÈS DE P \RIS
Au mois de mars prochain s'ouvre à Paris un Cungrts i11/n11alio1wl pcmr 1 1111/èttr111i11ation des tlircctit'l'S el la défe11se d, res]lril ,11otlerne •· Tous l'CUX qui tentent aujourd'hui don le domaine de l'art, de ln science ou cle la vie un effort neuf et dêsintéressé sont com:iés à y prendre part. Il s'agit 3'\.'nnt tout d'opposer à une certaine
formule de dévotion au pasllé - il est question ron ,tntnm&lt;'nt de la nécel;sité d'un
prétendu retour(?) /J. la trodition - l'e.,t&gt;ression d'une volonté qui Jl!)rtc à agir avec
le minimum de référenées, autrement dit à se placer au départ en dchoN du e&lt;1m1u
de l'attendu.
Laetpart
cle la '\"érité n'est certes plus à faire dnns les arguments que peuv&lt;'nt
invoquer en leur faveur les représentants de l'une et de l'autre tendances. li est,
par ('J()ntre, permis de dire que l'attitude des premiers, s'appuyant sur une doctrine de plus strictes et se posant, on ne i;nit pourquoi en f(nrdiens de l'ordre,
menacerait gravement la lib&lt;'rté des second.c;, livrés par définition à des entrel1rises
hasardeuses et fréguemment contradic-toires. si ces derniers ne se rcnouvc aient
sans cesse ou s'ils n étaient renouvelés. Les uns gagneront donc à être instruits de
notre projet. Aux autres, nous demandons de t'il.ire abstraction de leur alllbition
particulière et de nous adresser leur aclhé.'!ion.
Qu'on ne s'y méprenne pas: les sip;nataires de œt article n'ont nullement.l'intention,
par-delà les caractéristiques individuelles, voire les caractéristiques de groupement
ou d'écoles dont nous avons l'exemple en art avec. l'impressionni me, le symuolisme, l'unanimisme, le fauvisme, le simultanéisme, le cubisme, l'orphisme, l'cxpn-ssionnisme, le futurisme, le purisme, Dada, etc., de travailler à ln création d'une
nouvelle famille intellectuelle et de resserrer les lienc; que beaucoup jugnont
iUuwires. Nous n'entt-ndons en effet former ni lil(Ue, ni pùrti ; tout au plus nous
estimerions-nous heureux ~i, par tous les mo,•ens dont nous &lt;lisposons, nous ren·
dions impossible la confusion présente. Il sutfit, pour rcla, qu'ave&lt;,• la collahonLtion de tous ceux que la question intéresse, nous procédions à la &lt;.'Onfrontation tlet1
Vl\leurs nouvelles, nous rendions pour la première fois un &lt;·ompte cxa&lt;'t des fore-es
en présence et puissions au besoin préciser la nature de leur résultant~. ~ul un pnrti-pris de scepticisme pourrait empêcher de répondre il cet appel, qu'on attende ou
non du C'ongrèl de Paris une révélation capitale.
' n tel prognunme subit à ce jour un &lt;.-ommenccmcnt de réalis11tion prali&lt;J.UC. On
conçoit qu'il ne doive se borner à une campagne de presse ni n1êmc /J. un cchangc
plus ou moins intéressant.de points de vue. Le difficile reste ll fo.ir&lt;'. Il nous semble
qu'une simple lecture d'uhservation, de mémoires, selon la m(·thode des assemblées scientifiques, manquerait ici de vigueur. Toutefois nQUS réservons provisoirement notre solution, afin de pouvoir tcmr compte des suggestions qw nom
seront
apportées,
Les
membres
du Comité d'organisation, au nombre de i;ept, sans se donne, pour ll'll
mandataires quali!iês de qui &lt;\ue ce soit, profrssent dt-s idées trop diverses lKl\lr
qu'on puisse les suspecter des entendre afin de limiter l'esprit modemc au profit
de quelques-uns : leurs dissensions sont publiques. Le malentendu qui règne entre
eux Tépond de leur impartialité au sein du Congrès : il laisse &lt;'cpcndnnt subsister Je
minimum d'accord indispensable pour ne pas paralyser la tentative.
,li ne leur échappe pas que cet o.ppel aurait sans doute l(LLgné il {•lre rfdi~é d'une
façon J&gt;lUS attrayante; que, quoiqu'il ouvre, à !eut sens, un dèbut pnmordial,
moins impersonnel, il aurait touché plus facilement.Maison leursaumgrêclen'nvoir
pas supposé le problème résolu et d'avoir ainsi rendu possible un plus grand
nombre de ~ticipntions. Ils croient devoir souligner encore une fois le raractère
peut-être decisif de la partie qui se joue cle prendre sur eux et lui ménager lé plus
grand éclat. En conséquence, ils e:sl1ortent tous ceu.x qui se reconnaissent ,-oi.-.. au
rhapitre1 sans distinction d'âge, de qualité, d'opinions, à contribuer dans lii
me!lure cle leur pouvoir au succès d'une expérience aSSC7- vaste pour que dc,-nnt elle
s'effarent
les personnalités.
Georges
Auruc,
coropositcur ; André D11ETON, directeur de LittlTalurt ; Robert
I&gt;ELAUNAY, artiste peintre; Fernand Lt:GJm, artiste peintre; Amèdée Oœ~a·A-..:T,
co-directeur de l'Esprit 1',o,n:eau; Jean PA1i LTIAN, secrétaire généml de la ]\"ou•
veUt. Rt:t'fM Franraise; Roger V1TBAC, directeur de l'iJce,1t1rrr.
Lu ptr,o,mu dtsirt11srs de participer au Congrts s011t priées d'écrire
Comill c,rgani.aalttir du O. P., 2, rue de NoisiclJ&gt;ari!I, XVI•·.

1111

Srerc!l11ri11l cl11

BOZBUBS
. Rigidité circulaire des plastro·ns hlan&lt;·
décor d "b
lmes perles journalistes
cigarettes
coupé
d'omh
e' ·1
rese dz1ures
l
sou. œi mauve des lampes à arc
~ur le rmg mathématique il n'y a que le choc de
t
pomts
d
.
qua
1
qua ri atere dont les angle , s' aim11se t · •t , re
nent
lt" l' , • •
~- n e s oumu ip ie a 1tmfini
avec le geste d'un seul . ongleur s_e renvoyant ses poings en quatre ballons de . . J
Apres l
·1 ,
cUir JaWle
. e gong I s accouche en deux corps d'hommes h l
tants comme des idoles de gélatine
padischahs po a
01
xante
secondes
dans l' envol blanc des serviettes éventails
ur s .
.
eponges citronnade qu'interrompt la f at alit,e coupante &lt;lu
chronométreur

~

TIME
lent le ballet recherche
son rythm e en pomtes
.
.
de Plus
· arobes
..
et Jeux
se
mobilité de deux danseuses au tutu clair qui
e icnt avec des agaceries simiesques de Zamhelli
.
sol si mi
fa ré do.
Un direct
tombe
là-dedans
comme
un obus
l e sang
d l'
d ·
.
e arca e sourcilière sculpte à vif une belle brute
hl
qtlÎ sa
., tt ar d e sur un genou mou et se relève à la
. essée.è
cmqui me
avec une banderille rouge sur une joue verte
pour chercher la revanche d'un coup mat
doul)lé

à-r

�1674

SPORTS

L'ESPRIT NOUVEAU

Stop
intermède che,ving-gum
friture d,eau fraiche

PAR

à la mâchoire adverse du dentiste américain

Petite comédie des soigneurs
massage de flanelle pectorale

LE

or

WINTER

27 novembre: l.,e Racing Club gagne le championnat de Paris ( Rugby).
FOOT-BALL PARTOUT. 11 contre 11 - 15 contre 15; les équipe.

seconds out.

qu'une couleurunifie, artirulent leurs gestes et le ballon ovale ou rond, dans
les limites des rectangles Yerl~ bordés de blanc, décrivent de nettes trajectoires.

Time
Troisième épisode du film
l' Anglais l' Américain l' Anglais
attention
l' Américain l' Anglais
contre du
droit à l'épigastre bien uppercut du gauche l' Amé~icain l' Anglais
il n'y a plus que le choc de quatre p_omts
.
en notes de musique SUI' la portée des cordes reglementrures
l'Américain
damn
l' AM E R I C A I N
Et oudain un homme à terre
les bras en croix comme
un Christ décoiffé
avec une face blanche et blonde de
baby mort
sept huit neuf DIX

Knock out
Jean-Francis

LAGLENNE

PISTES OU L'O.V T0l.:flYE: 27 novembre. Révélation du jeune
sprinter !tfichard, vainqueur de Poulain, Dupuy et Faucheux:.
11 dérembre: Brorro-Goullet gagnent les six jours de .lladison.
* **
:l décembre : Sur le Hin~ : 11atch Siki-Journée. Bluff !!ans intt'•rêt.
Siki = belle forme athlétique.
Etude de la préparation olympique, 192 1l.
f

***
Le"Grand Pri.r A. C. F. sera couru en Alsace en 1922; bien loin de
Paris ... on avait proposé le bois de Boulogne, c'était une idée excellente,
naturellement abandonnée.

***
Usines, music-hall, laboratoires, expositions de peintures ou d'automobiles, cirques et cinéma - L'Esprit No1u,eau désire tout voir. - Le
voici sur les terrains de sport. JI laissera aux journaux spéciaux le soin
de romptes rendus détaillés. Il veut envisager la renaissance physique de
l'homme moderne dans un sens large. 11 veut tenter d'en dégager des
règles, d'en tirer des conclusions.
PHEMIÈRE AFFIJOIATI0i\': Tout exrrcice physique doit sortir de
l'empirisme et subir le contr61.e sci.entif ique.
L'homme n'est pas un être spécial privilégié des dieux, il est dans la
physico-chimie universelle un transformateur d'énergie soumis à des lois.
SCHÉJIA SJ,1/PLJSTE: queletle, articulations, muscles leviers,
appareils cardio-vasculaire, pulmonaire, &lt;lige tif. Moelle, rentre réflexe
automatique, cerveau, ordres volontair s.
Pour obtenir d'une machine un rendement maximum avec un minimum d'usure il faut ronnaître le jPu intime de tous ses organes, la
nature exacte des aliments qu'elle réclame, les condi~fons favorables de
température, de prc. ion, etc ... Pourquoi faire une exception pour l'homme 1 - Le raisonnemPnt paralt puéril. - Nous l'avons fait, après bien
d'autres, car s'il est bien certain que le « bon sens de tout le monde le
comprend, bien peu jusqu'ici l'ont appliqué pratiquement.
SCIE,\ CE ÉLÉ.IIEATAIRE: L'homme isolé - dans un sens ah11olu - ne se conçoit pas .• uivant Le Dantec appelons A l'être limité par
!lOn sac de cuir et B le milieu extérieur.
A B srMmatise la vie. Elle n'est qu'un rapport.

�1677

SPORTS

167G

L,ESPRlT NOUVEAU

Il faut connaître A.
li faut connaitre B.
li faut la science universelle.
C'est certain.
C'esL aux scienti[iques, biologisLes surtout, qu'il fauL réclamer les règles
fondamentales. Elles s'élaborent peu à peu.
Heprenons A. Il s'agite dans ce qu'on mesure commodément avec un
mètre et un chronomètre: l'Espace et le Temr.··
Définition provisoire ùu sport: Toute activ1Lé physique disciplinée. Le
mouvement est son élément fondamental.
HP.duit iu1es moyens nnturPls l'homme fait du sport, !!oit isolément, soit
en i·quipe. Ce sont les sports athlétiq11Ps.
Aidé de ma~hines qui augmentent ses possibilités de mouvement dans
le' différents milieux, l'homme pratique ]e,&lt;1 sports méranilju'!.s.
Tous les sports peu,·ent rentrer dans l'un ou l'autre de ces deux grou·
pes.
HYPOTHÈSE, PAIŒ1"THÈ F:: « 100 dernières années, l'bommr
parait figé dans l'immobilité, sédentarité à outrance, recueillement, spôculation, lravnux de lahoraloire!I et d'atdiers qui abouti~sent à l'envolée
prodigieuse du machini me. Ré,~olution. Les machinC&gt;s, frémissantes de
vie,rnachi nes ~t diminuer le temps et l'espace, augmentent la vjlesse de la
vie et accélèrent son l'ythme ... et synchroniq1iemmt~le corps si'. réveille, le
rorps ,•i.bre, il entend cet appel des forces multipliéc11, il vcul s'Phattrc
courir, sauter, assouplir ses rouages, perfectionner sei; gestes, pour inienx
sentir (car l'homme sent avec tout son corps) la ,ie nouvelle que sr,
découvertes ont créée ».
·
Le sport doit être situé à sa place, dans le développeroe&gt;nl physique &lt;le
l'homme. Il est lin aboutissant.
PHOGH,1M JllE (d'après le or Boigey. Physwlogie générale de l'édurntion physiqzie).
.
(1) Education phy;ique élémentaire, prépubcrtaire (6 à 13 am,). Jeux
naturels divers utilisant un grand nombre de muscles àla fois. Alliturles
éducatives de correction. Ronde , marches chantée . 1Tout ce qui développe le lhorax et donne son plein jeu à la fonction respiratoire. Ed ucatîon
sensorielle, rythmique. Aucun exercice de force et de fond.
(2) Education physique secondaire, 13 à 18 ans. Jusqu'à 16 ans, aucun
exercice de force ou de fond. Education physique générale, systématique,
rationnelle, ba"-e de la préparation aux sports athléti~ues.
(3) Education physique supérierire, de 18 à 35 ans. hducation phy iquc.
SPOftTS ATHLÉTIQUES

(~) .tiprè.s 35 et pendant la vieille.sse: Malgré le préjugé courant, n(,cessiU·
absolue d'un exercice physique d'entretien d'où seront exclu~ les sport de&gt;
forc.c et de vitesse. Condusion: « L'éducation physique commencée dès le
foyer, ·poursuivie à l'école, rloil s'épanouir dans.les sports » (Dr Boigey).
Quelque.s règles : 11 parait banal d'affirmer qu'une loi !'l'harmonie régit
l'équilibre d'un corps qui fonctionne. Surmenage, cœurs forcé~, etc ...
chez les gens qui pratiquent un sport athlétique empiriquement, autorisent à lo rappeler. Tout effort doit se régler i-ur le fonctionnemenL du
cœur et des poumons. Ce fonctionnement est le témoin de tout effort. li
airle à le doser.
J&gt;onls normlll !'hez l'adultf" : 70 par minutt&gt; avec variations dn i O &lt;'Il

m~ins ou de 5 en pl,ns, au 'repos. Quand le pouls atteint 140 à 150 à la
mmute an cours d un exercice un peu -r.rolongé, il faut suspendre cet
ex~rcice. ,~près tou! effort 1 si violent soiL-11, le pouls doit redevenir normal
rn 3 à 5 minutes. C est le signe tlu r tour à la normale. Il est à la portée de
f.ous.
fle.çpiration, expiration et in'-piration par le nez. Rythme chez l'adulte
au repos, 20 à 18 rnspirations par minute. Le signe du retour à la normale
exisl comme pour le pouls.
i, au courli d'un exercice, la respiration nasale devient insufüsante, si
la houch,i s'ouvre et le rythme re!lpiraloire s'affole, arrêter l'exercice.
Cause : rr.trécissement nasal, insuffisance d'entrainement, etc ...
Tout exercice, quel qu'il soit, doit. être rrglé sur un rythme respiratoire
défini.
Douin, le fameux coureur, était arrivé à une maitrise absolue de son
rythme respiratoire. Il pratiquait l'~galité des 2 temrs, inspiration d'une
durt'c égare à celle de l'expiration, formule parfaiLe. 1 était bien l'homme
machine, l'homme chronomètre. Il connais ai.t son allure à 11ne seconde
prè~. Il l'accPlérait ou ln ralenLi:sait suivant le moment de la course ou la
dis~ance à parcourir. Cet équilibre, ce rythme, qui n'existent que chez les
véritables champions, donnent à leur allure une beauté qui n'échappe pas
à l'observation des foules sportives.
De tels hommes s'imposent. Ils ne sont pas l'effet d'un hasard. Depuis
qu'une préparation scientifique mrthodique est exigée de athlètes, de
jeunes championll, d'une qualité toute nouvelle, font leur apparition. Ils
l;eronl de plus en plus nombreux. La loi de l'ordre, la loi de l'économie se
vérifient ici comme aillcw··. Le but à aLteindre est le maximum de rendement obtenu avec un minimum d'effort.
Une telle discipline et les.joies al)solues qu&gt;elle donne s'étendront hors
de.- terrains de sport, à tous les modes de l'activité humaine. ·ous sommes
à une époque où l'homme est en passe d,améliorer tous ses records.
Dt ,YI:-.TER.

CURIOSITÉS
Foch, le

e&lt;

Taureau chargeant

n

Bismarck, 27 novembre. - Le maréchal Foch a rumé le calumet de
paix avec le chef indien Tomahawk Rouge, qui tua le chef Taureau
Assis, après le massacre des forces de Cusler par les Sioux rebelles.
Tomal1awk a nommé le maréchal Foch Watakpech Wakiya • (le
Taureau chargeant).

Avions Ford
Ford, le fameux constructeur américain, annonce son intention de
co.nstruire maintenant des avions hon marché, en série, comme il a con . truit ses autos. C'est l'amiral i.rns et Edison qui lui ont donné l'idée .de
cette entreprise, qu'il compte mener ù bien.
On ne saiL pas encore à quel prix pourra être vendu le petit aéro, mais
c',•st vraim1mt l'entrée dans la vie pratique de ce mode de locomotion.

(Intransigeant)

�LES REVUES

LES LIVRES REÇUS
Les ouvrages doivent etre adressés impersonnellement à la revue en double uemplaire, pour étre annoncis et et,e remis pour compte rendu éve11tuel à nos rMacteurs.
La liste ci-dessotu constitue accusé de réceptia,i; zu~u. les Auteurs d Editeurs &lt;"0118·
tatant dans un délai de detUJ mois aprts rexpédition de le1ir service 11ue leurs livres
adressés à la rtvUt ne sont pas annoncé, sont priés d'l'1i aviser !'Esprit Nouveau.
Jt'mncis CaTco.

Roger Allnr(l,
André Gide.
Pierre Mac Orlan.
Georges Vallières.
André Suarès.
Wilhehn Uhde.
D• Allendy.

'.\Jau.rire Utrillo. 27 reproductions.
Marie Laurencin. 26 reproductions.
l\lorccnu.x rhoisi~.
La Cavalière El!!n.
L'Amoureusc Chanson.
Poète tr. gique (portrait
de Prospéro ).
Henry Rousseau, Ot1Yr11ge
orné de nombreu.ses reproductions.
Le Symbolisme des nombres. Essai d'arithmoSOJ?,hie.

Dr Gnr&lt;'hine.
Max Brod.

Walther Rathennu.
Cnrtaull.

.Jcon Epstein.

Fréd&lt;lri&lt;' Bérence.

La lileu.r Rouge .Traduction française de Satleba.
Tycho de Brahe.
La Triple Révolution.
Propos tenus au Lm,crr.bourg.
Cinéma.
Moi et les outres.

'. R. F .. P11ris.
N. Il. F., Pnris.
N. R.F. ,Paris.

Emile Paul, fri·rcs, P1uis.
Emile Paul ftèr&lt;•~, Puris.
F,dit. Rudol! Kummcrer,
Dresde.
Dibliothèque Chacoma&lt;',
Paris.
F,dilion Rhéa, Paris
quare llnpp.

fil,,

Pragm.&gt;.

Kasimir Erlschmid.

Fmuen.

Edit. Paul Cassirer, Ber-

C'arl F.inst&lt;'in.

• culplure ACricnine.

Edit. E. Wasmuth .
Collection Orhis PÏ&lt;'tus,

Montfort.

Brelan Marin.

Artémidore d'Ephèse.
AIbert l&gt;u.lar.
F .-J. Ronjean.

Lo Cid des Son;cs.
La Dnnse aux .E nfers.

Les ,targes. Librairir clc
!•rance.
La Sirène, Paris.
Ln Sirène. Parici.
Ricù&lt;'r. Puris.

lin.
11°

Une histoire de douze
heure .

I,F, :'!10!'.'DE ~OUYEAlT -

REVUE DEL·rnGÉNTEUR- nER KUNSTWAN'DERER - L'ITALl\_ CTIE CRIVR - GMï1IREA - LA DA..~. g - LE
,œncURF. DE FRANCE - LA VIE INTELl .ECTUEl,LE - LA REVUE
DE FRANCE - LA REYUE ,J01'7JIALE - LE Tll\'RSE - REVUE DE
:\I~'I'APilYSIQl'B ET DE )IORALE - CHO. ACHE D'A'M'UALITA LA CO~'NAISS,\.."°CE - LA GRA.~E REVlE- L.\ RE\'UE :\Œ-SSL'ELLE
- GRA11MATA - LA NlfüVIE - LA CRITJCA - ZDROJ - LES FlfülLLET DE L'El&lt;'FORT - :\ŒDICIS - LE CRAPOUILLOT-THE FRENCH
QUARTERLY - ZENIT- SIG AUX - L'~CLAIR- RE\ïSTA '.\IU 1CAL CATALAN -LA RENAISSANCE-L'ACROPOLE-DE fôiTIJLLE.BULI,ETJN DE LA YŒ AHTISTIQ ;E - LES :\JARGES- C. :M. D. I. IL cm,-rvEG::--O - LA RENAISSA~CE D'OCCIDENT- ATLJU,,"TJC MON·rm,Y - LU:\HÈRI&lt;~ - PCESIA ED ARTE LA RENAIS Al CE DES
CITF:S-ÇA IRA - LA ROl\'DA - U. S. T. I. C.A. - DER • TURli. - LA
REVUE DE GE t"BVE- Dl,'BLINGTO. ,IAGAZI Œ- LES ÉCRITS NOUYEA l:X - LA SCŒ'N'CE ET LA vm - LlJ'.\l18RE - LE THYR. E - LA
H.EYUE DE FRA, tCE- CRITICA - PRIMATO- LA REVUE MONDIALE
- MERCURE DE FRANCE - l\IÉDICIS - DIAL.

PROiffiNOIR
ExtmyonR de cette c.,ceenente petite revue :

7droj, Poznan.
Edition du Rhin.
Paris-Bâlc.
Payot. Paris,
La Sirène. Paris.
Edit.
rbanck cl

f

7.

ECHOS DE L'HOTEL DROUOT
Notre écho de l'hôtel Drouot a du, être remis au numéro 15
vu l'ahondance des matières de l'actualité.
,V. D. L. R.

« Il faudrait s'entendre : ce n'est pas parce qu'il y a des cerises en
losange et des pommes carrées dans un tableau Cfll'il est vraiment neuf
imrtout en 1921 ; et cc n'est pas pour cela qu'il est cubiste. La discipline
&lt;'ubist~, à qui tout jeune peintre, même s'il n'est pas soumis complètement à ses lois, doit être humblement reconnaissant, consiste en
autre chose qu'en une déformation facile et approximative des choses.
Rrconstruction; l'opération n'est pas simple : leR objets, les montagnes,
lC's mai.som-, réclames, affiches, guitares, leR caisses FRAGILE, n. ages
sont absorbés par l'e!lprit qui les digère et les rend mais autres, changés
dans leur intime essence, assemblés dans un ordre intellectuel et logique,
sC'lon la pensée rigoureuse, monde fermé Pt fini qui ne doit plus dépasser
les bornes assignées par son crfateur,PLAT (où le ciel ne·passe plus derrière les personnages, mais devient un morceau de surface définie entre
eux - pareillement solide), comme une symphonie est un univers, qui
co·mmencc à la première note, se déroule et finit à la dernière, étanche,
sans rapports, sans attaches et sans ramifications avec l'extérieur - qui
est 1â nature immédiatement perceptible.
Le Cubisme a montré que: TablPan n'Mait pas rC'production même très
sPnsible d'un moment - r.ar que serait dev&lt;&gt;nue la peintur.c en face de ]a
photographie fausse PL du cinéma vrai, art bâti sur le rérl ; que Tableau,
c'r11t d'abord expression de pensée - demandant choix, distinction dei1
matériaux, recon~lruclion, T "TELLJGENCE ; que lC' peintre doit être
autre cho e qu'un œil et une patte, dont. la seule réunion n'a pu faire
jamais qu'un rapin, celui qui peint comme l'oiseau chante ou la poule fait
l'œuf. C&lt;&gt;tte mise au point, due au Cubisme, le Cubisme l'exploite dans
sPs dernières conséquenrP!I. 1\laii- on p .ut s'en servir, je pense, différem-

�1681

T,Ei:I }\EVUES

1680

L'ESPRIT NOUVEAU

ment. Remettant en avant l'lntelligPnce, elle comporte logiquement qur.
l'artiste se règle non 11eulem«?nt sur les lois générales des novateurs, mail!
sur son cerveau à lui. Et s'il lui plait de se servir plus humblement (en y
changeant moins) drs matériaux usuels, si son esprit, Jes ayant bien assimilés, les rend intacts, cela l'c,mpêchera-t-il d'êLreprofondémentmoderne?
11 L'artiste entièrement nenf est classique. Car au moment ou ceux qui
suivent la :\fodr&gt; vont de plus en plus loin dans son sens, l'artiste neuf
RAPPELLE,\ L'ORDRE, par des œuvres qui étonnent, soit par la hru·diesse, soit par la fausse apparence d'une réaction froide. Au moment du
romantisme, le réYolutionuaire c' i;t Ingres. Quand d'autres cherchaient
l'intérêt do leurs tableaux da.ns des arrangements 'de mascarade, il prenait, lui, des bourgeoi. avec leurs habits de tons les jours, - et, en les regardant simplement, sérieusement, sans lyrisme, sans penser à l'Art, il
faisait des PORTRAIT . Toute une génération y vit.
La tradition clas_sique, qu'à chnquP époque on croit définitivement perdue, se retrouve ininterrompue à travers ces artistes neufs. -:\tais on est
tellement occupé à la cherch r dans le cPrcle -toujours plus large et plus
détendu mais ne se détachant pas du noyau qui l'a engrndré - formé
par tous }Ps disciples, imitateurs, profiteurs, autour d'un de ces artistes
classiques, après qu'ili; l'ont compris, c'est-à-dire quand il n'est plus
neuf, qu'on ne voit pas un noyau tout nu se former plus loin- libre
de toute mode, pur, plein, opaque, ans reflets, original. Et celui-là seul
importe, parce que lui seul est viable.
Pierre DEVAL. (Promenoir) (Lyon).

llcnri St1u1rfer-Straslmug: Au~en. - J)r Th. )fo11rcr-Strasbo11rg: Hermann Bahr
und das GU'theprohlem. - ,Ttat1 , rbas: Gcdicht. - ('/au.~ Jlrin/,o(t: Prol'undin
(~ okt&lt;'). - hui , lgo{!i-TT'l'lln[.\'htim : J)('r Uummcr und clic P1•rlmusc•h1•l. - 11enri

-\olt·1·e1J : A&lt;lolplm I

1ff : L'ArL populair!' en Alsace.

J,,l-1L,;.,1sclll' Bihliogmphh.-. -

Glo~-.;t,n. -

. yolizen.

Critique. -

Hevuts. -

nnomr
Int_ércssanlc r1:vue ,unéri&lt;"nine p:1rnissa11t à Rome, illu&lt;;lrée par PicW1.,n, Liprhil::
nera111, .lua11 Gns.

K .'STDLATT
Pa11l lrr.,tlu:/111 : Der Mn 1er malt Kun~tpruh)eme.

n

Robnt llb1rml: Das llaus der dcut,chen ,tschart in Paris.
J,;mil.r lliperl: Dunte clisriplc- dC's troubadours provençaux.
l,hmrlre Vail/fll : Rinc i:ro. se Lei tuni moclemer Kunst - Der Dnmpkr « Paris •

der Compugnie Générale transoll:mliqul'.
idenecs.
Jm11 Cl1antavoine: Die cleutsche Uichtung in franz ,sischct Yertonuug.
Mrmrict Claudel: Nuremberg.
M,mrire Be.~: Die )lusik clC',; Ta1w.es.
f;mile J'11illerrno;:: De lu Rythmique.

Jrtm BardouJ' : La fin des H

LE ~IO. "DE \'OUVGAU
Ed. JroronieçH: Considérations esthétiques. Florian ParmentieT.

L'AMOUR DE L' RT

ARARAT

T.'Art rus..'le d'aujourd'hui. - Les Breughel de Vienne, ,Tt«m Gris. - Jean .Mar•
cha11d, Louis D~ea11, Loui., Cltarlnt, u port.ail de :Notre-Daine de Cho.rues. Le
livre nu Salon d Automne. llfadame Bardey, F.cbo .
·

~1aœ Reckm&lt;Znn, Guido Knschl)itz.
Joan Goll, Le Purisme de Ozenfant et Jcanneret.
Polt11, Der Polnischc Formismus.

Bresdin, Zah11.

CI 'ÉA

AVENTURE
Bien venue.
• •ous signaloM twec plnisir lu naisc:anœ de cette jeune et channnnte revue ; le
numéro de décembre contient:
Proses et Poèmes de 2\1.'\I. Jean Coct«m. Marcel .4rland, Paul Morand, J&lt;ZCqrll',9 Barorl,
Rmé Crn.iel, Roga J"itroc, J.lt1.r ilforisc, Amlré Dotltel.
•
D,ome de JI. Jlenry Cliquennois.
~
Intervie ,1· de ,lf. FrmlCis Poulenc.
Bois et destjns de MM. Raoul Duffy, Ferna11tl Uger, .Tean Dubuffet et Pierre Flouquet.

Article &lt;le .Term Epstri11: Amour de Charlot .

CO ~IOPOLIS
,Tean f:ipstei11 : Jean Ginuuloux.

DER CICERO, E

•

LA REVUE MUSICALE
Trl-s beau numéro conMcré au Ballet au

XJ.·

iècle.

LES NOUVEAUX CAHIER

/)/111blrr : B&lt;·rnur&lt;l Ilœtj?eT.
Riermmw : Bernard IIœtger.
H'iest:: )lolzahn.

ALSACIE.

IIenri Solrte11: 7je)e-Hoffnungen. -AUiert Michel: Die Kritik der cinhcirnischen

Litteratur in'.den To.geszeitungen. - lraymond Buehcrl: Gecliehtc. -Naia11' 1.;al':.:
Gedichte. -TMotfore '{'11gcrer : L'Horloge de tra'!ùourg et les Poètes d'Alsace. -

Jean-Jlicl1arrl Rloch : t:ne journée &lt;'Il ;\la1whe.
Gtt.s~m•1• t:a11 ller.kr: l'o~mc-s Domestiques.
B/m.~t Cmdrars: La Perle Fihrl·use (rom,rn) Prologue cinémutogrophil'.·.

�1682

L'ESPRIT NOUVEAU

ACTUALITÉS
ACTUALITÉS
Actualités: Le Décor Moderne, par André de Ridder.

SIGNAUX
Le Centenaire de Dostoïevski, par Ilenry Dommartin - Sur la mort d'Alexandre
Blok, par Elie Ehrenbourg - Jeunes filles à marier, par Georges Gabory.

LES MARGES

LE RÉSEAU AÉRIEN

J. Srlltas: Les derniers jours d'Alfred ,Jarry.
F. Divoire: Stratégie littéraire : ne pas se déshonorer.

ART ET DtCORATION
Voici d'après LA NATURE, le réseau

Cl&lt;Juiot et Level : L'art du Congo Belge.

des lignes aérrennes actuelles.

RASSEGNA D' ARTE
L. Mariani : Le Musée du Capitole- Giglioni - Les dessins des Uffizi.

LA REVUE DE FRANCE
Albert Besnard: Sur les routes d'Italie.
Marius-Ary Leblond : L'Opbélia.

BULLETIN DE LA VIE ARTISTIQUE
Tabarant : Les « Procédés sur verre

LA TOUR DE TATLINE

».

Fb~n : Dans le Ring.

LA REVUE MONDIALE
F. Divoire : Les Tendances Nouvelles de la Poésie.
J. F-inot : L'Occultisme devant la scien&lt;'e et les lettres.

A LA TROISIÈME INTERNATIONALE

faite par Wladimir Tatline en 1919-1921 en

verre et fer. Elle doit avoir 400 mètres de haut

LA VIE
Philéas Lebesgue : Les poètes de la Terre de France -

ture. L.-L .Martin: Le Salon d'Autornne.

et être placée sur le Champ de Mars de Pétro-

Enquête sur le goût de la lec-

grad. Le modèle reproduit ici mesure 15 mètres de haut.
Elle renfermera de vastes salles de rét.mion.

La spirale sr:rt de chemin à un ascenseur. Au

sommet station de radio.
(Documents rem'is par M. Elie Ehrenbourg).

�SOMMAIRE DU N° 7

L'ESPRIT

'Eubage, Bt.ugs CF.SDRAl!S •....• ,........
'antlclpatton chez d'Annunûo, Cffî.S E\'lEn .. ,
pollinalrc, Vildrac, nurresnr, Morand, Ghle
(Llvr~s), RA YSA r•....••..•.•••..••.. •. •.
ndances de la Littérature tchèque, StHUK • ,
"temp des t~nêhres et le temp~ des dhcrll~·
semenl!, DIVOIRD ••..•••..• -~.... .. .....
mou,·ement lh~lral en .\llemagne. I. Gou
ous:o;in, DE FA VET................ . . . .. . . .
xenranl el Jcanneret, RAY:-AL , ... •• • • • . •• •
Ions Peinture (Il), L. H.0sEl'iDY.BG • . . • • • . •

NOUVEAU

Vledel'aulC~zaone,VAUVllECY ·•··•· • • ··•·
Lettres, Cf.ZA NNt.. . . • . . . . • • • . • . • • • . . • • . . .
F.rlk satle, lIEs-111 COLL'l:Y • • . . • • • • • • . • • • • • •
Ornem,·ntet Crime, ADOLPHll l,00~ • . . . . • . . •

Llpcllltz, Paul DEll11tB .. . . . . . . . . . .. • . . .. . .
La Rythmique, ALBERT Jli:S!'&gt;ERET..........
Knut Hamsun, A.LZIR JI P.LLA.. . . • • • . . . . • . .
Trois rappels Il. MM. tes Architectes 12.• article)
Lli Co1rnu tBR•l:iA t:O!,lJIR .• • • • • • • • . . . . • • •
La Doctrine deLacerba, Ot.SEl'l':S U:SOAIIEtn

t 33
145
1:,9

169
183

l 90
105
200

eraln,MAt'.RIOJ:RAYNAL ...... . ...... ..•.•
Expositions, \\'ALDBllAR G&amp;ORGI •. ,..... .
·s;,·iir.)
1 tœle·, · 1
Oir:5t~~~~l~s1:Jf1~1

!~v.~~

SOIIOES lhGO'r

.. • .. • • • . • • • • .. • • . • . .. •

Molspassé,VAllVREOY

SOMMAIRE DU N° 3
J t;l,l!S LALLUU:"iD ••• , .... ,., •.• • •. · • •. •

257
269

jourd1lUI, J:l!A:S ROYll\a......... . ... .. ..

284
285

Gréco, V' AtVRECY.........................
neux d;.ne:r:reuse~ tendances poéllques d·au•
Gongoraet Mallarm(', ZDISLA MIL:SJll1........
La l\luslque en Russie so,'ié\lque, JJ:. L. r'1&lt;0u1our •. ... . . • .. . . . . .. . . .... .• .• . . .•
Manifeste Inédit. La danse futurlBte Jo'. T.
MAltI:SETTl ••• , •••.••••.•• , ••..•.. • •. •.

Appogiatures : Sur ta possll,IIIH: de~ raJ1port ·
entre deux polytonallt~, 0 JtORGES MIOOT
Revue esthétique des J ourno.ux et revue, :
Une enquête sur Raphael (Dl.r..,L,. J.·E.
BLA:SCHE). Un nouvel lllêal mu ·!cal (J ACQtES
DALCl\OZ&gt;;). L'Art muet (MAllGF.S). Dl~CUS·
slon aur le 31oderne !A. TBIIIA \'DJ:T) ••••.•. ,
Autour de La Fresnay&lt;-, J. CotTEAtt.. •• .. ••
Les nouveaux ti111bres-1&gt;oote.... . . • • . . . . . . . . .

297

30\
308

313

C ,\11,11.,\ •••• • ••••••••••••••••••••••

Ctu,i..AR:SA rLD

Cl', ••• • • ·, • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

sso ... • • .•..... • ...•........ ,........

Groupe • . • . . . • . • . . • . . . . . . • . . . • • . . . . . .
~t Polonais........................... .
te, ALBICBT Jus;s.&amp;RKT...............

La littérature belge depuis 1914, Ltos Gur.~o\'
Les J-:xpo,ltions 1Nadclman•LeJe11nc-~Iat1sse1,

mols pas:;~. VAUVI\KCY . . . . . . . .. . . . . . . . .
Pb~nomêne lllléra.lre, JEH EP$Tf.P,· ••• • •.

Mariés de la Tour Eirfel, Jiu . CocT11:., u ..
Livre', M. RAYS-AL ••••.••••• • ••.••.••.
Frère.&amp; Le Xain, VAUYJl.ltCY .••••••..••.
rens, :YAUBICI RATIIAI, ••••..•.•.••••••
rt en Lettonie, R. SUTTA ..••..•... .......
Yeux qui ne ,·oient pas ... l,c, Auto~. LB
011.B USl}.ll•SA t:&lt;ô,; IJ.ll ••.......•.....•....
talalc, 0 Divine Vérité, },'J;:11.l'IA:SJJ IIIV0lllE

SOMMAIRE DU NO 4
410

4tl
419
423
427

443

H9
453

(3• article) .............. .

Les r,i-vrcs, Cllll'IB Alll1J.CLD . . . . . . . . . . . . . . .
La poésie polonaise d'aujourd'hui. R. IZ01111s-

G. U:R • • . • • • . • • • • • • . • • • . . . • • • . • • . • • . . .
Régnes, P. RBCHT........................
Parlons Peinture, LtOIICII ROSll!'IDlll\O •. , . . •

Esthétique Musicale, ll1oor................

521

563
573

Lell Expositions, YAUVBECY ••••••••••••••••

570
585

GOS
624
625
639
657

667

9i5

Jtépon.qei; à notreEnquètc (l!'Hll ••..•..•••.•

PrlladaptlOD, PA n. RECUT • • • • • . • • • • • • • • • • •

LaC~~':!i~eli~~~~I~~ ~~.1 ~.~~~~~.
Les Clowns etle.s Fantalsl:;tes, RE:-.~ RIZET .• .
L'Arrl~re-Plan. !-'&amp;RNA s II D1vo11tE ..•. , . . • . .
Où mène la politique antl•soü~th1ue, H. CllE·

~_i~~·:::::

i.zvu,m. .. . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . • . . . .

Franc1 Picabia et Ilada, F. PtOAllU. • . .. • . • •

Curiosités . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . • . . . . . . .

973
970

1068
1061
1064
1045
1059
1016

Critl()IIC de
l'Esi,rit all&lt;!mand, W AloTER
R.\TRB:SAl'.............................

Le Président Ma11aryk, Elrl\HNUEL Sraux....
:-i11uYCllcs Jlypolhese5 dans lo Domaine de la
la Phy,lologl cl dela;\lédeclne,A.LU.!Oli&lt;l\
Lellre à Saturne. llAllTV... •• . . . . . ••. .• . . .•

1093
1107

ti83
tilt

:::: î~~~J~t·::: : :::::: :::: : :: : :: :::: : : BU
1177

Le~ Revue• .. . .. .. .. .. .. . . .. . .. • . .. .. • .. .
BilJllographle . . . . . . . . . . . • . . . • • • . • • . . • . . . •

t 200

1201

OLI~ .... • • .. . .. •

1238

Poésie
ru-,~ l,olchevlque,
H. lZDEBSKA.
Expoalllon11,
\VJ..Ll.lltJI.\B Gi,:oao.&amp; •.•.•••

12:JI
1273

.n·L

!257

VJF.R . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1123

l'eau de

mer, 11r U.

J .~woa•XY......... .• . . . . . . . • . . .. .. •.• •

L:iTypographle,CUl!ITIAS ................
La ~lmlligravurc, PARTY...................
Le~ Idées de l'1::spr1t ·ouvc:lU dans la presse

1290
12117

1~15
1277

C&lt;-1.wne et C!:'zannlsme, GINO s1v1,;11r.-, • • • • •
\\ lJsun el l 'li m11ani!'111e rranÇ'al,, R. CIIE~E·
L·1111érlort~allu11 de

13111
l'.!O',

6AUO.SIEl1. • .... • ....... • ·• .. ••. • ... • • •.
Phénomène littéraire, Jx.u, Et-Tn .·.....
Livres, FRtDtRJC :ll.H.LBT ••.• _. •......
!mir ~·d h 11 P
c

et dan,; le livra•
·

1328

I

-

· · • • · · • · · • • · · • • ·•· · • • • · •

~e, Llvles ~eçur. • •. • •.. • ... • .... • .. •....
· "'"'" 3 rc es {evue:s. · · · · •• · • · • • • • • • • • • • •
Le :-.alon del 'Aulomotllle 0' 1'AINT•Q1JE)(T1:S.
•ro•1,rrer et le Cinéma, na }'An,T............
(';\}llhoclntmatographlque PA1.L Rl!CRT....
l•'ootll et Charlot ... ,......' ..•. ............

1267
1245
13ô5
13'8
•

1366
1367
113363~

..

1375

77
t3

SOMMAIRE DU No 13
Phèoomènc Lltt~raire: cxemplt's: Rlm•
baud, Ceudrars, J. Uumalns, Coi·t.-.au, Arroi•
linaire, Prou,t. J1:A:11 1;1·sT1n&lt; ..•..••.••.•
ncxlon sur Jean Cocteau, JC. ~l.\!'l(l.lB111 ••
Livres, MA\.RlC&amp; UAYSA.L . . . . . . . . . . . . ' .
cuso et la Peinture d'aujuurd·hui, Y.,L··
nECî° ·••·•••·••·••··•··•··•···•···•··

salon d'automne, Ili;: l&lt;'An:T .•...••••..•.
~?uca
romaln&lt;"s, Dll FAYET •. • .••.•••••
,·res d'Art, B ...•.•...••..•..••. • ...•

1~ C~znnnhme (Ill, o. stnrnt&lt;,J ..
d .Eslb(;tlquc, V .............. , •.
.Maisons en S~rle, Lr. CoRDUlllltl\·SAll:

ffv~ii

7

Cl 111in l■tial 131 JIIII, 30 ,NttlflllHI hll li ltlll, Il lm-t111,, Ill n,n111u11 Il 111111n : T1'1111 •• lr1411.

.,

946

Ill 1116?1 Clltilt 181 JIIII, H lllutnliDI flll H ltn·IIIII Il 5 un-llilt Il cnltln.

Blbllograi,hle ..••..........•..•..•....••.
Echos de l'Uôlel Drouot .....•..•••••..•••
Echos du mols ••.•••.••.•.....•..••••••.
La Rcloede Sa.tia, Knut Hamsun ...•••..••.

Dialogue sur 1'Esthêtlque du M uslc•Jlall,
RENI BIZET ....•.....••..•.....•...•.•. .
Une Villa de Le Corbusier, 1916,J't:LIENCARO!(
La Yie Francal se, R. Cllli.!llll:Vl.i,:ll •••..••••.•
Le Respect de~ Plans, P'11BNJ.SD DIVOJli......
J/OriglnedesPétrole!, PAllLRJ.CBT ••••••••
Bibliographie. Barabour, lt. R. ... . • • . • • . • . •

1088
Ill&amp;
1172
112.5
tt52

1111

Les Jeunes Revues allemandes, lVA!,•GOLL .•••
Les Sports, l,,\GLli::S:SJi. ...•••..•.....•..•..•

SOMMAIRE DU No 6
La Lumière, la Couleur et la Fonne, CB. UE; aT
Boileau et le Cinéma (les Revues), HElSRI Au• RIOi, .. ........ .. • . .. .. .. •. . . .•.•.. .. .
L'Elthéllque so.ns AtnOur (II) eu. LAID • • • • .
Braque, W J.l,DlllUR G EORO&amp;. •• • • • • • • • • • • • • .
Cllarlol,E1o11111'AU1\J: ............. •.•••. •• .
L'Bltbétlque et l'Eaprlt, PlDBll REVHDY • • .

t 083

12!l2
12U9

••.• '".,Ill&lt;.

DELLUO...................... &amp;89
Iman Clllill 138 Jllll 1 IUIÜIOI liltil'IIH, 55 m11tntiaJ, 11 un-llltl ,1 WrtJ?NICtlll a Cllllffl (tû1111 t1 JIii

Photogénie,

1Olll
1020
1023
1038
989

Lcllre~,M.\URll'l-lRA\'NAL ••••••••••.••
ln tureet Sculpture, :!lt.\t;llJC'B RAYliAL....

rc, FEIi, A"ll ll1vonu:...... •. •• . . • • . .
IC·ll:tll, Rut BlillT...................
hêtlque 11e l'lng&lt;:nieur, I.E C'ot:11rs11:1J.-

Cubll!me,(WAtDJ:JUB oaono•&gt;

Les Revues 1-:dlson Spirite, (JEAN Fll•OT)
Le Jeune Taine (O. BRtllJ:T)

1in
1077

DIRECTIOS •••.••••.••••••••.• , • • • • • • • • •

turc ancienne el l'elnture m111ler111• UE
'î\'I,;T
............................ :...
~uc, ~\LDERT JE1.;:s1:a1n..............

l

524
556
659

872

SOMMAIRE DU N° 11-i.2

LeTaclillsme .. • ........................ .

•

933

•••••.. • •. , , • . . • • • • . . • . • .
Les 'J'ourLlllons, PA 1,1. It t.CHT .......... , • . • •
La Lumière, la Couleu1• el la Forane &lt;•ultc)
CBABLU lCJ::SR\' • • • • . . • • • • • . . • • . . . •• • • .
Faut•ll
mlllto.rds de billets c.lo IJIU"
que? êmettre
Fl\.\'iOJ~150
llELAl~I..................

que nou~ a.-on. rait, ce que nous rcron,. LA

SOMMAIRE DU No 5
L'esthétique sans amour, en. LALO • • • . • • • • •
491
Dé quelques Acrobates, R. BIZllT ......••...
L'A.rtde cardarelli, Csccu1 . . • . . . • • . • • . . . . .
500
De 1·emplol du verre grosslsaant, F. Drvoui: ••
f&gt;lf&gt;

U03
902.
9t 7

84:i

J(O. D Ll:11011!

JIiin CHlinl 132 ,,,n, U il!UtnlilU tau 11 llllt, tut 1G km-1,111 11 Uir Il 1 urs-11111 UClllllt; 1,11,tm •• Lnnu.

BA .•.•...• ·••· • • •••· • ••· · · ·•·· · • ··•· · ·

La lltt6rature anglaised'aujourd "hul,J. RODKER
Les Expositions, V.&amp;llVI.BCY ••••••••.•••.•••
Cinéma, L. DllLLUO ..•••.•••••••••.•••••.•
science et esthétique, P. RxcaT .••..•.....••
Correspoollance ....•...•.••.•..••.....•...
F.cllos de 1·uotel Drouot •••.••..•..•••• • ...•
Blbllograpble, etc......................... .

1111111116n, 138 111n, 55 ,u11tnnn1, 1 n,nt1ct10 m tn11 lnl1m (fùllll 111. Ypr).

Fouquet. B•••..... ... .. .. .. . . .. .. .. . ... ..
I.'Art de Whltman, L. BHALGETn.... •• . • • •
Iuan Gris, M. RAY:SAI,....................
ApJ)l!I de IIOM, Appel de &amp;en~. P. Di:tu,n....
Tagore, CILtNB Att!&lt;AllLD ... • • • • • • • • • • • • • • •
Les Tracés Régulateurs, LB COltBt'Sll;il•S.\li·

869

8931

LE Co11n1rsn.:n•SA ,GS'lt:R . • • • . • • • . . • • • • . •

Des ~ystèmes d·~sthéllque en Franre. HH'•

SOMMAIRE DU NO 10

Note-: et }:cbo, •••••.• . ••...••..•••.••..•.•
Echos de J'HOtel Orouot
Supfllément littéraire, Knut Hamsun • La
Reine ile Saba 1Prlx N:obel l!l20 J.

Sll!R·SAUG)HER

~os

Des Yeux qui ne voient pas .. , Les Paquebot.•,

Il lllin cutiUt 132 ,110, 55 lllutntnu Ùll lt tnt,, IC UH·tlIII, 1 re,rdtetiU Il clllnn : TûllU b PICUII.

.•.....•••....•..•••..

326

369
367

&amp;'i

877
92.l

. •.•• •

WALDF.llAR Gr.oKGB • .. . • . • .

La 'fypo!llraphle, CBRISTIAN ••••••••••.•••.•
Cinéma, LOUIS DEl,lot!O •..•.••.•.•...••....
LE' )lusic•ll.all, Rur:a BŒIIT .••••.••••.••••••
Dan• les Revue~. FJ:RNA:SD DIVOlRII •.••••.••
Les Grands Concerts, HENRI COLLIIT ••••••••
Les 1..IYTC'I (Picabia, llax Jacob, Apo\llnalrn),

BIii ~ lllirt, H Jkllllflllrtl Il III r11nl1ctiu au tnil mm (Tùlllt û La PfflllJI).

Le Puri.me, 0HNP.&amp;1iT f.T ]F.Ali'l\l!ll:F.T .•....•
Ingres, B1ssw11 ............... , ....... ~ ..
Pensêe~d'HlereL dellalnlenant ............ .
Du Coran et de la Po~learaLe, RElO\ITRl'U.E.
De la recherche de nouvellesconvenllons de ly•
pographlemuslcale, G. lflGOT ..•••.••••..
Les Grands Concert H. COLLltT .............. .
Fernand Léger, M. RA Y.SALS ................ .
L'.Esthéllque de Proudhon, R. CBE:S n1:i:r.... .
Parade,ALBl1.llT 1BAN:.&amp;BU . . . . . . . . . . . . • . .
Le Sacre du Printemps, AloBllRT JJIA!'ll1EBET .•
Trois rappels à MM. lei Archltect~. Li:cOt\BU•

729
777

7'8

SOMMAIRE DU N° 9
1011
DesYeu-icqulnevoienLpas •.. LesAvlons,La
••• •• •
190~J. ~.
COKBt;Sll!R·SA t&lt;, snrn . . . . . . . . . • . . . . . • . .

t51~~!scg.~~:i,\!:'i:~=éi; :.'.::::: '.:::::::

VAUVIJ.EC'\" .. ••·• .......... • •. · ..... ••• •

311

807

839
i69
719

.................

Pttnomllnelltteralre, JBAS E PSTEIS
vre.s, M. RAYNAL •• • • • • . • • • • • • •

po(:,ile. Lyrl~me, Arl, l'.tUL DIIRllRE •••••..•
La Rythmique (/ln),,\LIIE~T Ju:s;:i:au .. ·:.
La Critique des Arts fi.guratH3 en Italie,
CAIILO

742
7fd

A propos des théories d 'Ein,l~ln, LR Il F.CQ ...••
Ten Ion, et l're Ion~. Ro.yons X et Lumllre.
J.a yn11lt c de l'ammoniaque. REC'BT ••••••
La Lumi1·re. la Couleur el la l• orme (Ill,
CU.IULES trE:-1~\' ............. , •...•••...
I.es l'uta.s • d·Al~nce, CRllSE• lllll .......... .

833

•ln ■11111 131 PIII, 38 lllutntilll lw li 11111, li kll'l·llltl, 1n,nlHtiOI II Hlllffl: LI Cl?C)I cu111t11u fi !aarlll IWJ.

Dau u 1116n l38 ,a1n, 50 ,btllflrutl, 1 rtJ?HUtill tU tnil Hlllffl (tùllll ù Ctldl 1I U IIJ)lilllt Utüraln).
1.a lW Mile et la dê!lnlllon ile 1·esthétique,

i37
7 7

SEI\ET •. •• .•• , •.••••..••••••• , ••••••••
t.a création pure, JI un,O1111O ••••• • ••••••••••

SOMMAIRE DU NO 8
PbénomMelltlétalre, IRAll J-:PsTEJ:-........
Jacob en 10 minutes, H111'!Rl 1-IBRT?. .. , . .
Vralsemlilancevlvanle, FBll:SA~D D1vo1KB
Liffe~. 1. RA \"SAL....................
Ile Corot,••• .•...•..•...• , • . • . . . • . . . • .

L:Expres•lonni~mc dan~ l'Allemagne conlem•
poraine , RAY llOSD l,1so11t .....•. , .••• · ..
Lesrn1an1sde l'J11hloror,Cf.L1SllA!t;1u1-T .•..
LI'~ \lai•on~ Voisin, L•: coam·~1BR•S.\ t:GSIRR •
Copeau Cl Gémier. :llAXrn: Ll::ll.\11\li • •• ·• •• ·
L'IIarmoulc, G. ~l!GOT •••.••• • •• ·,. • ••••• •
Le Salon d'Automne, V AtVBl::CY ........... ..
Echo~de Ill dcmlt're lleure .......•. , ...• , , ..
Echo del 'ltôtel flrouot.
-Une expo~illon de peinture à Llège.
Supplément llltéraire, Knut Hamsun· (Prix
t92.0).

119
131

0~

CahlèTlld'un Mammtrèro, .EBIK 'ATIF. ••••••••
J,'lnti:lllgcnro dan l 'œuvre musicale, A . .1 EAN•

\Wrtlllllillt 13HlfU, 39 tllutratlnl Cm Il llltl, Il UH·ltIII, 1NJn(ICbWIICllllln: tûlllU ta BuJlnt1lt1J11111nt.

SOMMAIRE DU N o 2
L'E~lhtliqnc nouYclle ou la i-cienr~ de \'Art
Uin), VUJTOR BJ.S&lt;'R....... ... . . • • • • • • • . •

791
798

GlfJ.E:R., ••. ••••...•.••..•.•• , .•••••.•• •

c, lllffl llltlDI 131 )1111, 59

1431
H6i
1476
141!9

H,01,
1506
1481

1462

1"81

Evolution de la Carro--rrle Automot.ile .••..
Ollo Lud '!l'ig, AJ.Dll&amp; CŒt;RO\' ..•••..••••••
Le Dlxtuor 1,t'u Sir, ALRBRT lEA!S:&lt;l.11ET • • . ,
Le . ThMlre ru,;se pendant la rholution,

lb70
!444
tM9

bRRE:SDot·11u ••••••••.• , ••••••••••.•••.•

Qua11d on w11t ~orllr des sc~nb NI couleurs
F. D1vo111&amp; ......... . ................. _'
La Médecine ~}'llthC\lque, D• .\LLJ,;SDY ..•..•

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                    <text>IIEVVE INTEA.VA.TlONALE il,1,IJSTRÊE .DE L'A.CTl'f!ITÉ l:Ol'f'l'EJIPOIIA.lNE
PAJUISSANT LE 1· DE GIIAQUE ltlOIS

ARTS

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PHILOSOPHIE
SOCIOLOGIQUE tCONONIQUE
SCIENCES 1f0RALéS ET POLITIQUES
VIE MODERNE
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CHARLES LETROSNE

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précédé d'un ave:rLi~scmcnt de

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LÉANDRE VAILLAT
OUVRAGE HONORÉ D'UNE SOUSCRIPTION DU MINISTÈRE DES BEAUX-ARTS

ET

BUT DE L'OUVRAGE

JEUDI

DEPUIS

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e· ANS

COURS

Celle œuvre de longue-halei11e n'est 11as une étude d'urch~logie, elk a pour but d_e fou:mir a,u:
techniciens et au public les é1hnerrts d'une docwmen/atiorr S'llggesl'ive où l'architecture régionale li- .
mitée à l'architecture rurale est présentée sous un ,imtr nouveau, dans un cadre pittoresque; ka
planches en coulews, dessin ées en perspective, font reS.'!ortir 1tigoureu-scment le parti qui peut être
tiré du caractère topographique et géologique de,Ydiverses eonfréc.~ de la France. L'auteur a écarté avec
soin le.&lt;i formules trop savantes ou les décorations tapageuses : sans doute il est sensible ait charme des
vieilles JJierrM et des vieti:rjardins, mais sans s'a:lt&lt;irder à ne rouloir vi'l:re que dans la séduction
maladive d'une demeure anachroni(J'Ue, il leur demande ces méi.les conseils que Rodin quêtait auprà
des cathédrales de noire pays, et, 11a'l'ls se laisser prendre awr apparence11 trcrmpeuse11 -des choses
qu'ils créèrent, il interroge le mde bon ,'!ens des artisans tf-a:uircjai.s, afin qu'ils l'i.tident par leur
e.i::emplc à constmire la maisou de demain.

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originaua;, tfrage limité à 2.000 exemplaires, tou.~ 1111mérotés, reliure d'art,papiers de garde inédits.
l,e papier du teœte, fabriqué spécialement à la cuve, est filigranémditre defouvrage. Ce dernier e,.çt
orné de 125 hors-teœte en couleurs rt&gt;produits par p-rocédi S']lécial et montés sur hollande de Zonen, le
te:1:le, composé en caractères elzévirs renouvelés des • grafit-is » italiens, est agrémenté de nombreuses initiales, de frontispices el culs-de-lqmpe origi11aUa',

CONDITIONS DE VENTE ET SOUSCRIPTION
Les eœemplaires souscrits avant tirage ne sont paiJables qu'au moment de la mise en vente de
chaque tome et proportionnellement (l'un frs : 150 . - soit rouvrage complet, fr. : 600. -). Les
tome.9 parus sont e.rpédié., franco de porl )lmtT la France ; port en sttS pour les pm1s élrarrf!,ers, r.ontre l'enooi d'un 11umdat-poste. ou d"iut rhèq_ue sur Paris représentant leur valeur. Les ra1rièti-011,&lt;r sztr
le pnpi.er de J)(;rmeftent pas, nctnellement, l'cm:oi de sp~cimenlJ: un exemplaire-type sera e:rpo.9é
chez l'auteur et chez l'éditeur. Toutes les t•tntes sont faites à compte ferme et mwun envoi • à conditio1i » ne ptut être consenti pour cet ouvr.age à tfrage limité.

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ET DE SOLFÈGE JAQUES-OALCROZE

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lopper le sens rythmique, d'en éLudier les lois, d'inculquer le sens métrique. La Rythmique
proposant à l'individu l'expérience corporelle, le rythmiden sera plus armé pour
poursuivre n'importe quelles études musicales, parce qu'il aura acquis les bases indisvensables.

Les Mairies, Les Ef!Oles, les Gendarmeries.
TOME Il

Les Palais"dejustice, les Salles de fêtes, le., Gares, ka Postes, les Ba1iques, les Cliniqu~,s, les Bains.
TOME Ill

ùs Auberges et II6tels, les Fennes, les Maisons rurale.~, les .Maisons d'arti.sari11.
TOME IV

Les Maisons bourgeoises, les Eglise,9, la Cures, les Cimetière,, les Fontaines, divers Projets.

La Rythmique donne à l'individu une
connaissance plus fertile de soi-même et fait
un individu mieux organisé, mieux armé pour
la vie moderne, plus maitre de soi.
Les parents soucieux du développement
de leurs enfants doivent se renseigner sur la
rythmique méthode Jaques-Dalcroze.

La Rythmique e11 Amùiqu,e et en ,111gle1crre.
- La HyLhmique J aquPs-Dalcrozc . Pst pnseign6e acturlkmcnt dans la plupart &lt;les Lycé;s

en A-mériquc.

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En Angktc1Te 2500 curanls d adolescents
pratiquairnL régtLli(;lrement la Rythmique r.11
1\l19 ; acluP!lt'menL ce chiffre a doublé. Ln
Hythuliq\le esL à la l&gt;ai;c &lt;le. l'éducation &lt;le
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(fig. no 1) se tr&lt;ms{orme en CABRIOLET (fig. n° 2) ; 11eut s'ouvrir entièrement Uig. no 8)"; peut
rouler la capote bai.~ée et t01.1ùs glaces relevées (fig. n° 4); !{lace de séparation seule levée (fig.n.0 5).
Supposons le propriétaire d'mie de ces voitures mon1.n1tanémeni privé de cliauffeur : il peul condiûre sa voiture 1 mise en CO ND U11'E IN'l'ERJEURE, sans, pour cela, figurer le chauffeur.
Le propriétaire ayant trouvé un chauffeur projette de ftiire un voyage à la montagne, avec sa fa•
mille... La route est longue /!! l'on partira de grand 111atin. Il transformera sa voiture en
CABRIOl,ETpou:r hJiter là fraicheur du matin (fig. 2).Encours dero1t1e, le soleil darde ses brillants
myons. Il fait chaud dans t'intérieur de la voilure, il la transformera c«mc en· TORPEDO, et
e'e.çt avec illlir;e que les occupants respireront l'air t&gt;if qui fouette agréablement le vüiage, par la
vitesse ac(f1.iise ... (fig. 3.)
Mais,les voici dans les Montagnes, et par la ltaut.e altitude et le.s cascades, l'air devient un peu plus
frais. Il serait pourtant dommage de fermer la voiJure, ce gui pr~cerait les voyageurs de jouir du
splendide spectacle offert par la Nature ... Comment faire JJOUT s'abriter de la fraîclie;ur et pouvoir
en même temps conlernpler les cimes des hailles man fagnes ? ?? Simplement laisser la capote baissée,
et relever tmlle.s glaces qui abriteront nos voyageurs de 7a bise•.. (fig. 4).
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VII

J

indiqué plus ll!lut que la vie contemporaine ne peut aller sans traces d. e
fatigue intellectuelle comme une vie physique intense ne peut aller sans fatigue physique. Comment nier que Pintellectuel qu'est l'homme civilisé, tout
homme civilisé, l'ingénieur certes plus que le wattrnsn de tramway, mais
le wattman aussi, soit prédisposé à éprouver de la fatigue intellectuelle assez f:réquemment, quand il est évident que l'athlète e.rt prédispo3é de par ses conditions de
vie à éprouver fréquemment de la fatigue phy.;ique. Pùurtant l'athlète qili éprouve
cette fatigue n'est pas un débile. De même l'intellectuel n'est pas un débilité mental et nerveux parce qu'il éprouve de la fatigue intellectuelle.
Si l'hypothèse de la fatigue civilisée est juste, on doit en retrouver le reflet dans
la littérature européenne civilisée. Et c'est en effet ee qui a lieu. Je passerai toutefois rapidement sur cette preuve qui est surtout intéressante lorsqu'on considère
la fatigue intellectuelle non seulement comme civilisée, mais encore comme civilisatrice, ce que j'ai fait ailleurs et qui sortirait du cadre donné à une étude som•
maire.
D'autre part, seconde raison de ne pas insister, je crains, car on est naturellement
porté à mal généraliser sur ce mot fatigue qu'on estime toqjours péjoratif, en m'ét.endant trop sur la fatigue dans les lettres modemes1 qui n'est que la réverbération de la
fatigue géné~e du monde civilisé, sans démontrer en même temps les avan~ages
de cette fatigue, de faire croire que les auteurs modernes soJt, comme on dit, des
décadents, des diminués, des faibles. Ce contre-sens, je l'ai si souvent entendufaire
que j'en éprouve une véritable phobie.
Loin d'être un mal, la fatigue est un moyen d'entraînement. La fatigue forge
l'athlète, le coureur, l'acrobate, le boxeur et le penseur. C'est parce que ce savant
s'est fatigué plusieurs mois sur un problème qu'il en trouve finalement la solution;
ce plùlosophe doit à sa fatigue sa philOB1lplùe, le poète, sa poésie, et le civilisé, sa
civilisation.
La fatigue intellectuelle a fait que les anciennes formes littéraires ne nous émeuvent plus, comme elle fait qu'un réflexe nerveux s'éteint, et elle a donc contribué
en bloc, à créer les formes d'art nouvelles. La fatigue intellectuelle ou nerveuse fait
que ce qu'on regarde trop longtemps, trop continuellement, trop régrilièrement, on
ne le voit plus : les meubles de sa chambre, les bibelots de 11a table, le visage de ses
parents, les défauts de son ami intime, le paysage de sa fenêtre ; c'est donc la fatigue.
'AI

(1) Voirl'Esprit Nouveau, n°' 8, 9, 10 et 11-12.
Ll•i P.IEIUtOT

C'Ol...LEOTlON" S lM01""

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GRIS

'75

�1432

L'ESPRIT NOUVEAU

qui détow:ne l'attention moderne des notions stables, des lignes immobiles et la
porte sur le mouvement. L'art statique est reqi.placé par l'art dynamique qui comporte par exemple, entre autres éléments, la métaphore de déformation et de mouvement, une véritable danse des idées. La fatigµe .rend les hommes impulsifs et spontanés, et, à lire les lettres modernes, on y note de l'impulsivité et une belle spontanéité, raison de cette sincérité sur laquelle j'ai insisté. L'exercice et la fatigue intel• ·
Iectuels créent la pensée ])ar images successives, intermittentes, la pensée-métaphore
favorable aux analogies les plus étonnantes, aux brusques associations d'idées, aux
raisonnements rapides dont les termes moyens ont été échopés, au plan intellectuel unique, à l'accélération onirique des images mentales, toutes choses qu'on retrouve dans la pensée moderne.

LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

1433

minations des pyrotechnies où trente idées à la fois flambent, ronflent: fw;ent, _bnùssent et parlument; des images qui ne font pas voir, mais font décou;'1r,'I)révoll'? a::
ticiper et comprendre ; des images dont le nœud coulant fulgure et s abat, lasso 1~
tendu sur des nuques encore vierges de col et que celui-ci nous donne tout fréims:
sante; d'nne longue liberté ; des images nues et, ce comble, neuves ; ~nventeur q~u
use le premier du raccourei, qui brouille les époques, les date$, les pbeet~es-déplie
corwne ces panoramas qu'on vend en Suisse près des points de vue, _qm mnove
la concision, la précision et la suggestion, qui fore l'avenir .e t le présent d'une-seule percée, qui ajuste l'écriture Stll" la pensée, qui pose des pièges et y capture le momentnn.é, l'éphémère, le soudain, le mobile, le vivant ; qui découvre un rythme nouveau,
une pensée, une manière de penser nouvelle ; visionnaire,~ :voit ~us ~es rappo~, le
miracle continuel ; païen, il ne sacrifie pas au ma:rbre, mais à la VIe ; Jmprévu, aigu,
tranchant, il aperçoit des correspondances, il accorde le so~ à la coul~ur, et la couleur à la. forme, fa forme au rythme ; il veut un verbe poétique accesslble à tous les

-s~; a parlé d'hallucination, d' • hypnose ouverte ,, quand il fallait éviter_ surtout
à ce subtil maitre de l'observation du moi, les psychiâtries balourdes, médiocres et

I

A.rthnr RIIBAUD
Arthur Rimbaud, dont toute l'œuvre connue tient-ou tiendrait en un volumede
350 pages, et qui a cessé de produire à vingt ans, est l'écrivain qui a eu la plus forte
influence sur la littérature française contemporaine.
Comparable pour sa manière d'écrire et de penser à aucun de ceux qui l'ont pré•
cédé, il a, le premier, brisé sur un genou d'adolescent la cangue des phrases. Jeune
homme inexplicable, impulsif et brutal, si étonnamment et si universellement doué,
si intelligent que tous autour de lui, depuis le collège, camarades et professeurs, puis
hommes de lettres, ses cousins pauvres, s'ébahixent continuellement, jusqu'au jour
où Rimbaud brusquement B'est tu, les ébahissant une fois de plus ; révolté contre sa
famille médiocre, contre ses camarades médiocres et, de plus, jaloux, contre sa ville
médiocre et, de plus, petite, c'est-à-direextrêmementignominieused'esprit,contre
tant de littérateurs médiocres et, de plus, bavards, pompiers, têtes vides et mal•
honnêtes; voyageur•qui voyageait comme on s'évade, sans pouvoir échapper à cette
médiocrité qu'il haïssait ; liseur qui lisait comme on ferme les yeux, pour ne pas voir ;
hautain parce qu'il lui était impossible d'ignorer ce que lui-même valait ; violent et
brusque au point qu'il leva un bras armé au dessert d'un repas contre tel interlocuteur que les sarcasmes dont Rimbaud usait, écru;i.uffaient ; ancêtre à vingt ans, et
ancêtre aujourd'hui, quarante-sept ans après sa mort littéraire, encore jeune, pourvu
d'une plus féconde descendance poétique quetout autre écrivain; fauve, cruel; si beau,
dit-on, qu'il fut aimé comme une femme, et si ample son geste au delà du vice qu'il
J'enjambe et n'y touche pas ; artiste toujours, virtuose jamais, et c'est peut-être
paroe qu'il ne voulut pas, ayant -été artiste, devenir virtuose, qu'il cessa un jour
d'écrire, non qu'il n'ait plus rien eu à dire, mais plus rien, lui, à inventer ;poète sirespectueux de la poésie qu'il ne voulait en sa présence ni règles, ni lois, ni science, ni
critique, ni traduction, ni ordre, mais rien que la poésie qui grelotte nue dans un cer•
veau ; intelligent, trop, il·découvrit, penché sur lui-même, la poésie de l'intelligence,
la poésie des associations intellectuelles, des compréhensions soudaines, des illu-

goonnées. Rimbaud lui-même prononce « balluqino.tion 11, mais ne voii:on pas que
c'est une image comme toutes celles qui suivent et qui précède~t ? S~?lement,
mais enfin avec une certaine précision, Rimbaud sent que la poésie est mtimement
liée au subconscient. Ce que :u. Abraroowski vérifie pa:r des expériences ou des q~estionnaires, ce que de telles e~ériences moi je garde, votre horoscope, poètes, Rim·
baud le découvre, l'invente. La rime, la composition, toutes les règles, la 1:°étaphor_e,
même le sujet retombent à _leur vraie place d'accessoires. Les discuter ~e~lent puéril.
Derrière une basse porte de cave, insoupçonnée, surgit, coule et brwt 1 essence des
poèmes. Tant d'écrivains qui mirent l'œil à cette serrure sans pousser le bat1;~mt.
Rimbaud pénètre jusqu'à cette source et s'en saoule. Moment illustre dans la vie de
l'intelligence.
« Depuis ùmgtemps je me vantais de posséder tous lu paysageg possible.s .....
J'aimais les peintures idiotes, dessus de portes ..... •

Mais l'homme n'était point mûr pour cette Amérique.
.
.
Comprendre que ces peintures idiotes, dessus de portes, décors, toiles . de sal.ti:mba,,,.,,,,,,, enseignes e,ll-uminures populaires ; la liitéra:we démodée, la'in d'église,
-,--,
•
.
·1
li
livres érotÙ]U".,s sans orthographe, romans de nos aïeules, contes de fées, peti.s vr~
de l'enfance, opéras 'Vieu-'.!}, refrains niais, rythmes naï'fs peuvent être et sont ~uss1
beaux que n'importe quoi qtù est beau, à condition qu'on les huile de sub6?~e1ent,
source de poésie, et qu'on les considère sous le jour parti_culi~ des états_s~bliminaux,
demandait une subconscience à îl eur de peau. Et cette situation superficielle du subconscient dont jouissait Rimbaud, anachrorriquement, pour sa gloire, n'était '?oint
encore l'apanage de ses contemporains, même les meilleurs. Des causes orgamquea
sont responsables de cela comme de tout. Aujourd'hui l'avèn~ent ~énétal de ces
causes commence. Et c'est pourquoi il y a une poésie nouvelle qm contmuera.
A tout prendre la poésie littéraire ou cinématographique, la poésie en ~néral me
paraît impossible sans la participation intense et particulière du ~ubcousc1ent.. Cette
vitesse énonne de pensée, cette compréhension rapide des analogies métaphoriques,
cette perspective unique du plan intellectuel, cette succession d'images-détails foi:it
fa poésie parce qu'elles embrayent la vie du subconscient et fouettent cette toupie
à cent miroirs. Les gestes des meilleurs acteurs d'écran sont poétiqu':8 p~rce ~.ue
toujours inachevés, esquisses, flèches, programmes, tangentes à uneréalisat1onqu lD•
terrompt un autre geste, un texte ou sobrement du film opaque, ils chargent le sut·

�1434

L'ESPRIT NOUVEAU

conscient de parachever leur devenir. Voyez le jeu de Sessue Hayakawa, les scénarios
de ~1. Louis Delluc. Et si tant de littérature académicienne nous excède, si tant
de films Rigadin-Navarre-Grando.is nous font hausser les épaules, c'est que le liubconscient n'y trouve aucun aliment.
Peu à peu le subconscient s'érode. La conscience claire, comme un halo, empiète
sur des couches toujours plus profondes et use les superficielles comme les marches
d'une crypte vers où rampent des genoux croyants. Tous les dix. quinze ou trente
ans on peut marquer une étape nouvelle en pro-fondeur. Sur l'échelle de cette géofacrnûe ei:plorée les dcgt-és s'allongent. Les poètes comme des sourciers indiquent de
leur plume qui, alors, vibre, les riches nappes souterraines. Parfois un effondrement
et une chute dans un sol sournoisement miné. C'est ce qui est arrivé à Rimbaud. Audessus de son cratère les littérateurs du temps se grattent pensivement le menton.
.Même Gourmont qui pressentit tant de choses (cf: La Culture du ldéu, La C'rtation
s1wconscienie), écrivit des phrases qui ont été pénibles à ma vénération de lui. Il y a
donc une ascension centripète, une montée en profondeur, Wl vol en dedans. Et "·ers
quel centre ? A travers quel axe?
Il existe d'autre part une loi de rétrécissement de l'intelligence, incomplètement
formuJée par 1\1. Matisse. li aurait fallu dire: rétrécissement de la sensibilité ce qui a
une autre importance. Plus la civilisation offre à l'homme de variantes sensibles, de
possibilités de perception, plus la sensibilité se tresse d'œillères et d'écrans, habitudes et fatigues, pour se protéger contre le surmenage. Cc qu'elle gagne en profondeur, eJle le perd en surface comme un objectif allonge sa portée aux dépens du champ.
Si on plonge donc en profondeur, cette plongée se fait en coin, en évantail tenu à
rebours. On voit moins, mais mieux. Vers un butoir inconnu les trajectoires convergent. Et vers quel foyer d'attraction cette spécialisation parmi tant d'autres spécialisations glisse etfilc? C'est un horoscope à faire. Je cherche les signes de ce zodiaque.
Observateur, comme tout poète sincère, Rimbaud engage la bataille contte l'inexprimo ble ou l" encore inexprimé ; .e t l'inexprimable recuJe ; des choses qui semblaient
indicibles sont dites, peuvent être répétées. li ne raconte pas un objet, mais se raconte à propos de tout. D ne dit pas un objet, mais lui-même au contact de cet objet
ou cet objet sombré en lui-même; toujours il se souvient, il induit, il se superpose
au monde et nous présente de ce monde plusieurs épaisseurs de mémoires, d'imaginations et d'analogies.
Tel fut brièvement Arthur Rimbaud dont l'apparition etla fuite ont quelque chose
de co mique, de divin, d'incompréhensible, génie, méritant exactement cette épithète vilipendée, et qui, s'en allant vers d'autres continents, cessa d'écrire au moment où tous les autres commencent, ayant dit inévoeablement, dédo.igneux de répéter, ne voulant pas ajouter aux découvertes des radotages de virtuose. D revint
mourir en France. Et, mort, il lui fallut supporter le faix des nécrophores qui voulurent redorer 83 mémoire à la manière des petits esprits goulus d'apprendre faussement que cet homme leur ressemblait.
Kon.
li oc leur ressemblait pas.
Voue connaissez ces pages qu'orchestre un rire de faune intelligent, ces poèmes où
les poinga gèlent dans les poches crevées de misère et de juste orgueuil, de jeunesse
qui n'a point connu la sérénité, de printemps qui éclate parmi les priapes, d'oraisons
qui fusillent le ciel et massacrent les anges. Les vingt ans y ont si beaux qu'ils devraient aller nus. Les bateaux• insoueïeuœ tk tous les tquipages •• y dérivent sur les
mers d'amour et de rythme
• ..••• où flouai.son blime
et ravie, un noyé pensif, par/ois descend. »

LE .PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

1435

Les archipels se désancrent et on les heurte comme un corps de femme. Des vieilles
cherchent tendrement les poux sur la téte de leurs enfant~. Les voyelles peignent. Des
Sabines douteuses se pendent au poitl'ail du poète. Il y a des vertiges et des sileüccs
sonores comme un cyclone, des rengaines qui frémi ent comme des feuilles de saule,
la &lt; eiu....sCN DE LA:PJ..US BAUTE Toun I et les I F~TES DE (.A PAUi' ••
Aussit6t que fidée du déluge se Jm niaise, Un lilure s'arrl.a dans le, sainfoi111
el les clochettu mouvantes et dü sa priire d rarc-en-cW, à travers la toile tk rara,gnée, et le monde se reconstruit en deux pages comme la graine germe, pousse une
tige, des feu 1:es, fleurit et fructifie en deux minutes au cinématographe. Une flora:son de verrerie et de métaux couvre un satin blanc. Le fils de Pan creuse son rire taché de vin et d'ivresse, puis étire ses bras acrobates. LepoèteembrasseJ'aubed'l-tésur
la bouche, puis, étant ivre de ce baiser, danse. D danse jusqu'au soir et dételle le
corbillard de aon sommeil. Des villes surgissent, actuelles, géométriqUC3, cristallines,
huilées, actives. L'enfance mise en perce goutte à goutte s'écoule, lourde de désirs i nutiles, de souhaits baroques, d'invecti,·es, de désespoirs ; d'un promontoire s'apercolvent toutes les banlieues métropolitaines, les rails, les Splendid Hôtel avec leurs
terras.ses chargées de boi ons fraîches, d'éclairages et de voyages, les glaciers, ces
tortues carrossables, les volcans qui trouent cette sécurité, les quais, les tourelles des
canons à éclipse, les canaux, les galeries de l'art, les parcs. L'histoire, le conte d'une
royauté sans pouvoir, d'une vie d'ouvrier, la guerre, le désir d'être ou d'avoir été barbare, vingt ans, la dévotion à quelques mortes, • Une saison en Enfer » ou les souvenirs imaginaixes, tout se mêle, cuit et distille dans cette • Alchimie du Verbe ,.
• Celas'ut paaséje sais aujourd'huisaluu la beautt •·
C'est alors qu'il savait qu'Arthur Rimbaud s'est tu.
Et que Rimbaud, le plus grnnd écrivain de son temp&lt;J, ait soudain cessé d'écrire,
avant même d'être tout à fait orti de son adolescence, e'est ce qu'on appelle ale problème de Rimbaud •·Problème? Mais certes comme dans un problème la solutiou est
contenue dans les données. Le plus grand écrivain de son temps, c'est-à-dire pos édant une sensibilité, déjà du eul point de vue organique et cœnesthésiqne, en avi:.nce
de quarante ans sur la sensibilité de ses contemporains, Rimbaud ne pouvait être
que mal entendu. Pour un poète, vivre et créer dans un malentendu continuel est une
vie atroce. Et pour un poète qui estime sa poésie non pas comme littérature, c'est-àdire courbettes, gagne-pain, décorations, • cher moître •• cinquantième mille, ITUlis
comme l'essence, la rai on, et le eulmi.n ant plaisir de sa vie, qui aime sa vie dans sa
poésie et non pas sa poésie dans sa vie, mieux valait aller ailleurs vivre selon son
rythme libre que de le cogner à d sensibilités tardives, écoli_ères, lentes, envieuses.
n partit comme on ouvre une fenêtre.
De !"oxygène 1
omme il dut vivre de la poésie, manger de la poéùe, respirer de la poésie, dornùrde
la powe, souffrir de la poésie dans ses vagal&gt;0ndages . Londres, J'Ecosse, l' AJlemagnP,
les Alpes, Milon, Turin, ienne, Livourne, l'hôpitnl do Marseille, l'Espagne, les b:u:dcs carlIBtes, Sumatra, déserteur de l'ann(,c hollandaise, Bordeaux, pri.sonnier ·à
Vienne, Bavière, Charleville, Hollande, Copenhague, contrôleur de cirque à Stcckholm, Rome, contre-mnitre à Cl1ypre, Egypte, la mer Rouge, l'Afrique, Atlen,
armurier du Négus Ménaick, le IL.rrar.
Et tout ce qu'on ne sait pas.
Comme son silence suffit à punir.

�1436

L' ESPfüT NOUVEAU •

Blaise ·CENDRARS
Un homme a compris qu'il n'y avait Jk"LS nne minute à perdre, que la poésie était
en jeu, que le miel des rhétoriques ne servait plus qu'à fabriquer du papier tuemouches dont les mouches même ne votùaient pas.
Il s'est dit : « Toute poésie vient de vivre et y retourne. Il n'ont pas l'air de savoir
s'y prendre. Il faut que j'y aille. •
. .
,
.
. .
n a su nous dite que le journal quotidien, gras d encre hmrude, se lisait comme
un martyrologe et, maintenant, je ne sais plus faire sauter la bande des périodiques
sans sentir la vie, la large vie me s.ouffler au visage. A lui qui n'a pas voulu bav~nde.r
comme tout le monde,' ni tirer à la ligne, ni amincir sa vie à travers des filières, quelquefois un cri échappe, mais c'est t~ cri de poète, UD ~~ orch~~re.
.
Il a touché mon oreille de sa paroLe mesui:ée et mus1c1enne ; J entends :mamtenant
la musique automobile des rues et des usines, la pl~te colorée des ~i~es sur_le
mur, ces jaunes et ces bleus où -rebondissent des maJuscules, ce sourire 1mmobile
qui dit : pâte, savon, poudre, éli:xir. ,n a ~u voir que les mu~ des vill~ sont le décor,
préétabli des drames industriels. J'rmagine entre une machine à ~ : et un stylographe un suicide en habit, le faux-col déboutonné, devant le rcliquan:e du coffre.
fort. L~ jeunes gens s'embrassent sur le chèque reconquis. Il sent en musicien, en
peintre, en poète que cinq cent mille hommes sur deux kilomètres_ carrés, sup~pos~
par les feuillets des étages, travaillent, achètent, boycottent, vivent, - et il sait
le dite. Il transpose le chant des moteurs qui ronflent aux portes des banques, les
taches polychromes des robes, des vitrines, des lampes à arc et du soleil. Il sait
de ses imaO"es mouler tous les reliefs, toutes les p:tofondeurs, celles de l'architecture
humaine, du ciel rond au-dessus des têtes bosselées et phrénologiques, de la paume
des mains où l'amitié se retrouve et sombre dans une étreinte, des horloges qui
avancent. retardent et obéissent aux honunes mieux qu'aux planètes et ne marquent
plus qu'une heure de décret, de sorte qu'il n'y a plus de temps, celles des gares d'où
les rails luisants fusent pour trouer la distance de sorte qu'il n'y a plus d'espace, de
sorte qu'il n'y a plus rien, mais UJJ poète. Un poète qui entend crier les couleurs,
chanter la lumière folle, qui gémit doucement des souvenirs à la lune, une lune électrique pendue à une potence, qui vibre sous la caresse des express dont les continents
frémissent. qui écoute, désolé, le rythme des trains nocturnes et il note l'orgue des
freins qui à ce bruit de cœur m.a.lade met une sollI'dine, qui s'endort et puis se réveille sm les ponts entourés de vacarme métallique. Il est fasciné par les kilomètres qui grelottent aux vitres nocturnes. Il a pleuré sur les embarcadères parce
qu'il connaît, homme, le prixdel'amitiéd'unhomme. na eu le mal du pays, le mal
de tous Jes pays, le mal de toute la terre et le mal des planètes. Il a fermé les portières
avec ce geste sec, tardif, nerveux, courageux, soigneux des mains qu'il ne faut pas
pincer. Vodeur des gares le prend à la gorge comme une pendaison. na vu entre les
wagons les accordéons noira s'allong.e r, se raccourcù:, plier, déplier lel,l.rS r.ides et les
a entendu bêler sans arrêt un grand air triste. Entre leurs parois mobiles il ausculte
le rapide. Dans la nuit, aux portières, il a été lui-même le paysage, ombre sur le
talus, lui sur la terre, lui qui se penche, s'élève, s'étend, change de forme, s'enroule
autour des poteaux, se gondole sur les fils de fer, s'étale sur les fleuves, glisse sur les
quais des gares, et soufflette au visage les employés indifférents. Il a connu la grâce
monstrueuse de trente wagons se penchant d'un mouvement brusque sur la mer;
toutes portières ouvertes ou roule dans un courant d'air ; les mains aux poches on
titube sur place.

LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

1437

Toujours il appareille vers autre chose; il attend. C'est plus fort que hrl ; il attend. Quoi ? Tout ; rien ; n'importe quoi ; une lettre ; un ami ; un télégramme ; un
journal; un livre; une. surpris:e; l'orage; Je soit; midi; une rencontre; lai-même;
quelque chose d'autre. Son œil jamais ne se ferme, son oreille jamais ne s'endo.rt etil
enregistre, recueille, module. Il sait voir- autour de lui la forme, la ligne, la beauté
géométrique, calme et parfaite d'un œuf qui satisfait J'œil et la main. Il n'arrive pas
dans une ville, mais y retourne et s'y reconnaît, s'y retrouve, s'y découvre-et sait
le dire. Il voit le bondissement de la vie et le note avec des doigts où il y a de la. musique jusque uousles ongles ,. Il perçoit le tressaillement de l'appareil MOl'Se comme
une prosodie, les marques de fabrique co:mmeune histoire colorée du monde, une
théogonie, une géométrie mythique. Pour lui les paysages dansent, coupés par les
poteaux télégraphiques, sur la portêe des fils. Pour lui les journées sont profondes,
inépuisables, remplies à déborder par-les vies des- quinze cent millions d'hommes qui
bruissent en tournant autour du soleil.
M. Cendrars regorge tellement de poésie qu'il en laisse, comme de la dorure, à tous
les objets qu'i:I touche, et qui sont désormais des reliques. Une boîte de conserves
et sa naïve étiquette résonne en lui comme UBe possibilité de poème, et la façade
des hôtels devient quelque chose d'énigmatique, monstre et douloureux. Il aime les
villes et les déserts. Il tremble de ce que peut contenir une boîte aux lettres - mort
ou naissance ou guérison ou faillite, etü y a des lettres qui se perdent-: il a laissé
des lambeaux de son épiderme à tontes les frontières, à toutes les latitudes, à tou.&lt;J
les méridiens : il a mis les horaires en musique, et un cœur, un grand cœur vaste
et dur, un cœur en floche.
II lui reste dans les pownons le vent de tous les climat.s, et dans les yeux la couleur de toutes les mers, de toutes les lumières, de tous les sols, dans les oreilles les
mots de tant de langues et les noms harmonieux et rudes des tribus indiennes, qui
sont ceux des E:i.iJress Transaméricains, et le silen'?e de toutes les forêts, de toutes
les solitudes, et sur les lèvres le goO.t de tant d'auberges, de bars et de sources.
Il n'est plus besoin de chercher la poésie dans les traités de mythologie, ni dans
l'histoire romaine ou juive ou pel.'Se, ni dans la vie des saints, ni dans les musées.
On peut donc être poète sans savoir que les Epigones furent les fils aînés des Sept
Chefs et périrent, sauf Adraste, dans l'expédition contre Thèbes, sans montrer qu~on
a lu Tite-Live, X(mophon, et l'Ecriture, sans être bibliothécaire ; et, comble, lui
connait pourtant toutes les bibliothèques. La poésie se trouve partout, à portée de
main, dans ces gares où nous prenons le train, dans ces rues où nous marchons, dans
la boîte du facteur que nous interrogeons et jusque dans le moindre pli de nos vêtements. C'est ainsi que :M. Cendrars a renouvelé la nature mieux qu'une époque
géologique, la vie mieux qu'une révolllt.ion, l'homme davantage qu'une guerre. Et
à la guerre, lui, poète, il a tué - et il a su le d:rre, musicien - et il y a laissé un bras.
Il a vu tant de visages gantés de verre, visages ruisselants de soleil, visages de toute
sa vie, visages nus que déchire un sourire, visages hâlés dans le vent maritime, visages déguisés, visages fatigués. Il est allé partout, et il est revenu parce que le retour, le retour est enco:i:e plus triste que le départ quand on ramène une ten&lt;hesse
éreintée de s'être tant promenée. Il a aimé, aimé la vie, le monde, la terre, l'Europe,
Paris, la France, lui-même, les autres, les continents, les couleurs, les lignes, la tristesse, les timbres exotiques, les enveloppes quî sont venues de loin, la danse des viJ]es,
la trajectoire pure des comètes, la littérature, le Christ, ses. amis, les jeux puérils de
son enfance, New-York, la forme des iles, l'odeur des vieilles reliures, la poussière
des chambres inhabitées, la rose des vents; les, cris des vagues, les grands voyages,
« la tristesse et le mal du pays ,, le plaisir d'être seul, la solitude d'être deux, d'être
plusieurs, d'être tout le monde, le frottement des foules,l'inqtiiétude, l'attente, et
encore Paris, « la tristesse et le mal du pay3 » : la vie. Et ayo.nt tout- aimé de ce!.

�1438

1439

L'ESPRIT NOUVEAU

LE PHÉNOMÈME LITTÉRAIRE

amour qui est identification et absol'ption, presque sacramentelles, un peu mage et
un peu diable, succube et incube, il a tout regretté, « lui qui est ébloui •·
.
Non, il n'est pas seulement le poète de la machine, ni d'un exotisme mod~rne, rail
ou paquebot. Pourquoi prescrire des limites et un ré~e à 1~ qui sent la_ VJe, t?ute
la vie, telle qu'il l'éprouve.Da écrit un poème de rmssel et d encens: et s1 le mJSsel
est de missionnaire barbu, grillé par tous les soleils, lavé par toutes les pluies et toutes
les vagues : et si l'encens est de fumerie chinoise, s'il sent le thé vert et la pirogue,
la pou.ssière des routes, les bouges de New-York et les épices, tout de même c'est
un missel et c'est de l'encens. Le père blanc qui a tant couru l'Afrique, mélange un
peu de nègre à, son latin ; tout de même la messe est dite.
·
Il a écrit dix-neuf poèmes drus, brusques, mélodieux et explosifs qui se cognent
à la v;e, la vie tout entière, s·y blessent et s'y égratignent.
D n'aime pas beaucoup les muses périmées, qu'elles tiennent salon sur la colline
reconstituée de l'Olympe ou dans la ruelle d'un XVlll" polycopié. Autour de lui, et
de nous circule une beauté fraîche, une beauté utile, quotidienne, servante, robuste,
· qui E.e f~t et se défait à chaque heure.L'avenir et le passé, c'est très beau.Mais cet
aujomd'bui qui lolle à notre peau et y laisse des cicatrices 1

sonnent comme des commandements jetés à une troupe indocile mais qui suivra.
Il a foi en lui-même et en la foule. Il apostrophe. II prie. Il conduit.
Il est social. S'il a gémi, blessé, vers une survie de l'Europe, il a dit également l'âme
batailleuse de l'armée. Il se joint à tous les cortèges et à toutes les processions parce
qu'on s'y sent les coudes, mais que lui importent leurs politiques et que lui importent leurs cultes.
Mais il n'est pas pacifique. Pacifique il ne peut pas l'être. Sa poésie, comme toute
poésie sincère, est une poésie d'élan, une poésie de mouvement. Le mouvement est
toujours guerrier et la foule n'est jamais en repos, ce repos qui n'est pas une mort,
ni même la mort, mais le résultat d'une mort universelle, c'est-à-dire rien, inappréciable, néant.

Et tout ce que j'ai dit du rôle du subconscient dans la P&lt;?ésie de Rimbaud devrait
être répété à propos de la poésie de M. Cendrars. ·

Comme un pianiste prodige virtuose à quatorze ans, je l'imagine, après ce geste
de la tête pour repousser les cheveux rebelles et de la main pour apaiser le nœud de
la cravate, qtû s'installe devant le clavier des mots où il frappera tout à l'heure ses
plus rares métaphores. Je verrai toujours M. Cocteau élégant, jeune, précoce, avec
des mains souples d'acrobate, la démarche d'un danseur, très joli garçon, spirituel, intelligent comme on ne l'est guère, dans un salon, avec, en tapisserie, des
spectatrices qui ne savent s'il convient de s'émerveiller déjà, tel que son style enfin
rare, agréablement maniéré, qui désire étonner autant que plaire, qui fait songer à la
ligne savante d'un shake-hand selon les formes. Son écriture est semée de -tours de
passe-passe qui éblouissent. On s'arrête, on en redemande, on voudrait voir comment c'est fait.
Et la littérature de M. Cocteau m'est extrêmement sympathique. Sous l'épiderme fardé de son style, la vie circule. Un peu de truculence n'empêche pas l'observation, mais la souligne. L'intelligence partout transparaît, comprend, îllwnine. Si,
par moments, la phtase est un peu rampe et théâtrt&gt;, cirque même, sa flèche, bien
qu'empennée excessivement, porte et perce. Lui-même la compare aux acrobaties
des aviateurs, à leurs virages., à leurs gli:ssades. D aime les raccourcis, les voltes soudaines, le saut périlleu...-.c, les rétablissements brusques, le saut de la mort, les danses
sur la corde raide, le feu d'artifice, les tours de cartes et·Je calembour. Il est étourdissant et délicieux. Malgré cela, et c'est ici qu'il devient, en cessant peut-être de le
vouloir, vraiment étonnant, malgré cette virtuosité, il est artiste. De sorte qu'à s.es
plus inimitables jongleries il ajoute celle de jongler sérieusement. Sincère, bien entendu ; et son observation va loin. En quatre ligues il charpente un tableau. Une
demi-douzaine de détails composent un ensemble. Il comprend, résume, démonte,
manie, caresse, remonte en deux cents pages toutes les idées générales de la vie. Le
lieu commun, il y ·excelle, et ce n'est plus le lieu commun. Son rythme est d'une fragilité précieuse et exceptionnelle. Certains de ses a disques de gramophone » me
semblent des architectures en verre filé, en larmes bataves. J'ai peur, en lisant, que
ma voix n'en casse la ténuité et l'harmonie, et je repose le livre doucement, pour suppléer par la précaution du geste à l'ouate dont ma bibliothèque n'est pas garnie. On
en retient un gollt extraordinaire. Cela pince l'oreille comme de la musique digne
exécutée avec les instruments les plus simples : mirlitons et peignes entourés de papier de soie sur lesquels on souffle en faisant trembler les lèvres. Ailleurs sa phrase e&lt;it
infiniment pleine et sonore, coupée de silences. Ces silences qu'impm•e au lecteur l'ir-

Jules ROMAINS
M. Jules Romains est le poète du nombre. Il écrit sa fenêtre ouverte sur le grondement des villes peuplées. Même cela ne 1~ suffit point. Il quitte sa table et descend dans la rue. S'il voit un groupe il ma1·che vers lui, car il préfère être deux qu'un,
cinq que deux, cent que cinq, une armée que cent, une nation qu'une armée. Et ce
groupe il l'embrasse de bras f01ts, et le maiJ.1tient contre une po~trin~ larg~. Ce gr_oupe
il l'absorbe et le devient. Il a pour la multitude une tendresse mqwète d entrameur
pour son. poulain, une tendresse rude d'hcmme envers des hommes. Il respire avec la
multitude, pense avec elle, aime et souffre et crie avec elle : avec elle, non pas comme
elle. Il est Français mais il est Européen, parce ue l'Europe est plus nombreuse que
la France. Le rythme de ses vers a quelque chose du piétinement lourd des foules :
il marche au pas. Parfois seulement surgit_une mesure légère et infiniment souple,
si souple au milieu de ces chants rudes, comme un rire de fille énervée dans le bruit
d'une élJ"leute. Il pense toute une ville, il pense trois ou quatre rues et leurs passants qui sont des hommes. Le vent du soir porte à son visage penché d'~e fenêtre
l'haleine de la plus grande ville. Il se met sur le passage des hommes et se la1Sse heurter par eux.Il se donne à la foule,il se donne à elle, i~édiatement,~u coin,d'~ca:rrefour, devant une boutique, à la caserne, tout entier et tout de swte, et l aspu:e et
la pénètre. Mnis il n'est pas passif ;il ajoute sa vie à celle de cettefoule,_samass.e _à cette
masse sa parole à .ses uis parce qu'il est nat~re_fümtJ.lt un chef. Il arme. la p1ti_é dont
oscille un groupe, la prière dont fermente une eglise pleme, la fureur ~e ~le pomgs. Il
ressent telkment le charme du n~mbre que, le rcmpant, il se cro1rrut coupable de
lèse-m:agnéfame, de péché. S'il voit un enterrement rien ne po~~a e11;pêch~r qu'~
ne s'y joigne, et un mariage, qu'il n'attende à la port~ de la ma1:1e, afin qu il y ait
un plus grand ncmbre à rire et à pleurer. Il est volonta1rc et certaines de ces phrases

Jean COCTEAU

�1440

L'ESPRlT NOUVEAU

ruption brusque de la marge parmi Je texte, P,arlent autant que les mots. M. Cocteau
joue de la marge comme de Ja plume, dn blanc comme du noir, de la pause comme de
la parole.
M. Cocteau est philos-ophe parce'qu'il voit. Il excelle à résumer en dix lignes une
époque de sa vie.• Q,/,al'l'ejoura, nous- f(tmu cc,neiergea. 1 Il s'inscrit si exactement
sur le papier qu'on jurerait sa plwne fixée, comme un stylet enregistreur grattant
le noir de fumée, directement an ludion de sa sensibilité. Il est exact jusqu'à la manie.
Plutôt qu'un.senti.ment ne s'évad.e de l'exp_r.ession, il l'enroule si bien de sa phrase,
I' emmaillotte si tendrement, l'examine si méticuleusement qu'à moitié il l'étrangle et
le guinde. Il force l'attention par quelques- faux accords, puis déploie sa vraie musi•
que.Sapenséetoujoursintercaledes parenthèses qu'elle ouvre,mais ne ferme pas,
bien qu'elle passe son droit chemin, de sorte qu'on marche au milieu d'un continuel
carrefvur. Il vit dans l'accident intellectuel, ce poète du fait divers. Les idées qui se
télescopent, qui dérapent, qui confluent et 1:/ifurquent, c'est ce qu'il aime. L'idée
JJtatique, il la dédaigne. Il arrive à cent à l'heure sur le pire des virages. Le lecteur
Jle cramponne. a Malheureux il va se rompre le cou!• l\fais non, il passe dans une
pyrotechnie de poussière et d'éclabou.ssures, sain et sauf.
Comme un prestidigitateur mondain, iJ mélangè dans un bocal les éléments les
plus disparates : morceaux de· films, pans d'affiches, une tendre amitié, quelques
pages du Baedecker, un lambeau de conte de fée, des vieux journaux, l'image de la
Tour Eiffel, une anectode exquise, quelques très nostalgiques souvenirs, une carte
de géographie.
Agiter avant de s'en servir. Brasser au métronome. « Mesdames et Messieurs •,
les manches relevées jusqu'au coude - il en sort un poème.
On s'étonne, on en redemande, on voudrait voir comment c'est fait.
• Tentative d'évasion • est plus qu'un titre. Evasion non pas hors d'une prison
mais vers la plus profonde cellule de cette pli.son, vers Je puits de mine, vers le noya~ ·
inexprimé de JJOi-mëme, vers les plages où le flux-et le reflux des états de subconscience laisse parfoi,s sur le sable de bien belles méùuses.
Cependant, malgré cet effort de repliement sur l'inquiétude interne, la source sub•
consciente où plongent directement les sensibilités ultérieures, et ultérieures autrement qu'en date, lui échappe. Il connaît la route, mais non le but. l3rouillant une
communication instable des fritures grésillen.t. Comme chez Mallarmé dont l'émotion
est analogue, des avertissements mal compréhensibles montent dans Je brouillard.
« La pérrnlti~ est morte • disent les • parlementaires de rinco17,nu ». Et comme l\Ial•
larmé, ne pouvant et peut-être ne voulant modeler à pleine sensibilité directement
ce. subconscient, qui toujours se terre et file sous les pièges, sachant, déjà incon•
sciemment, qu'il faut pour- faire • beau. •, donner prise à ces formidables valenees
poétiques subconscientes, 1\1, Cocteau, la voie droite lui paraissant dure ou même
dangereu.se, se résout à un détour.Si Le Potomak, après Le Cap lie Bonne Espérance,
s'obstine encore la plupart du temps à creuser une voie d'approche rectiligne et vise
en plein but, Poésies lui tourne le dos et se décide à peu près entièrement aux
ricochets. Renonçant à faire entrer en résonance le subconscient du lecteur par la
sonorité de son propré subcon:;cient qui se gonfle mais ne gei;me pas, M. Cocteau
complique Je conscient, le force à une rapidité, à des intermittences, à des brièvetés,
à des brosquerics, à une frappe qui doivent donner le change et embrayer la poéti·
que subconsciente. Ainsi il reste ou rentre, mais moins que Mallarmé, dàns la grammaire, seulement cette grammail't!, il la concasse, la plie et la tord. Ainsi il reste ou
rentre, mais moins que Mallarmé, dans la logique, seulement cette logique il la pervertit heureusement, la débauche et la moque. Arrivcra-t-il à faire toucher, comme
des coudes derrière un dos, cette " extrême droite » où il est, à cette " eœtrtm,e gau,.
chc » vers quoi il tend ?

LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

1441

II

Guillaume APOLLINAIRE
Guillaume Apollinaire fut avant tout uu poète , • durant dmae ans le seul poète de
France o dit M. Blaise Cendrars.
Il aime les allégi;iries, et les siennes .ne sont pas de glace pilée que le moindre rayon
de soleil fait fondre. Les années pa.::sent enchaînées et regardent la vitrine du tailleur où se succèdent, sans doute, sur les mannequins les modes éphémères. 11 aime
1es souvenirs qui tissent un tapis aux couleurs passées où il s'étendra comme les en•
fants qui regardent par terre un livre d'images. ~fieux que l'allégorie il aime le mythe.
Non le mythe orné d'un numéro au Louvre, porté sur les catalogues, so.r ti del'herbier
d'un hagiographe et qui en reste fripé, maiJl un mythe à lui, convenant à sa v!e, forgé
par elle sur les décombres des mythologies mortes où on ramasse de si jolis morceamc
de mosaïque. Il aime le noble feu, il le po:i;te et l'adore.

• Flamme je fais ce que tu ve'Ua).

•

Il écoute le sabot impatient de centaures : l'herbe qui bruit de ses mille cellules, les
pâtres qui chantent, les villageois qui dansent, la voie lactée qui se tait, la terre qui
se plaint déchirée par les fleuves, corrodée par le vent, consumée par le .soleil ; les
ruines qui se sont couvertes de mousse et de légendes, les ruines qui racontent une
religion morte ; il entend tout cela, lui qui est "assis dans un fauteuil -.. Et il voit les
yeux des squales parmi l'écume des océans, un mauvais g~çon qui -r(!SSemble trop
à son amour dans la brume de Londres, un baisei: pour qui les rois du monde au•
raient voulu mourir, des yeux où « nageaient des sirènes et des trat:nes d'étoiles •
• les cheveux nüirs de Madeleine»,les sept épées de mélanèolie et d'amom:, les a des:
tins impénétrables» assis en rond autour du feu de la Saint-.Jean, les cafés pleins de lumières, de fumées, d'orchestres sanglottant l'amour tzigane; il a vu la folie des machines et ce baiser chaste des locomotives qui s'approchent l'une de l'autre, lente•
ment, avec mille p-récautions fragiles, les yeux grand ouverts comme des chats. Il a
aimé les belles idoles, le soleil de Pâques, la rose de Noè1, la voie Jactée, sa « sœur
lumineuse », l'amour à voix virile, les dieux morts, les dieux perdus, les dieux inconnus,« le grand Pan, r:amour, Jé$1LS-Christ •• le malheur, « Paris-jaU », Iafemmemor•
monne, les choses charmantes et curieuses qu'il y a. à Auteuil, à Nîmes, à New-York,
au Café Napolitain, à Bourg-en-Bresse, au caveau de la rue de Buci, à Munich et par
toute la terre dont il connaît tant de patois. Et ce qu'il aim-e, il le dit simplement,
parce que cela lui est agréable de le dire et qu'il nous sera ag1éable de l'entendre. Il
sait, mais que ne sait-il pas, la saveur amère • des baisers flarentins », la plainte des
journées veuves, les longs baisers mouillés par l'embrun des embarcadères, des anecdotes sw: M. Anatole France, M. Canudo, Ernest La Jeunesse. Quelqu'un lui a dit
comtnent est le wagon-promenoir du Trans.sibérien, ce qui s'est passé aax fané•
railles de Walt Wlutmann, quels livres il y a àla bibliothèque de Fort-de-France de la
Martinique, à celle d'Helsingfors et à celle de M. Edison, et même quels livres on

�1442

1443

L'ESPRIT NOUVEAU

LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

vole de préférence en preuve de grand amour. Il sait, mais que ne sait-il pa.s, le chant
des sirènes modernes qui vont en six jours du Havre à New-York, la fraîcheur ~e tous
les océans aux mains brûlantes, la chanson des Cosaques Zaporogues, • ivres et
pieux • les «plaintes du servant de Dakar• qui était un pauvre tirailleur nègre, une_ au•
bade d~ l'an passé et une autre de l'an à venir, c le miaulement des eha:s à Paris, ~
les hymnes d'esclaves aux murènes », la généalogie contestée de Crowamantal qnt
fut le Poète assassiné, le dernier poète, assassiné comme tous les poètes, le regret des
yeux peints, les danses des satyres, des pyraust~, des égypa?8, des fe~ follets ~t des
« obus couleur de lune », « des lais pour les reines -., les sous de Pans, les sou-s d~
monde,• les chanso718 pour les sirènes • et • la romance du ,nal-?imé •: des noms_ qm
ont la saveur du laurier-femme, et le goût des oranges et le cri des _singes pa~ les
arbres. Il a été le pauvre qui aurait voulu vendre son ombre,le convtve du Ro1-L~e,
l'amant de Léda qui l'a préféré au cygne, l'ami de Germaine, un homme candide
comme un enfant, le guerrier à la tête étoilée et mitraillé~ et trépanée, savant comme
une bibliothèque. Il a connu des prophétesses, des saltunbanqu~~ • les l~rs sou•
daines des tirs », le « chant de l'horizon: en campagne •, la « triS,e mer~lle de la
guerre ». n a quêté l'aventure, et de cette m~ndicité il ~ rappo~t~ de poésie autant
qu'en peut porter un homme et de quoi nourrir tout ce siècle qw viendra. Il a été.

discrètes, internationales, diplomatiques et mystérieuses. M. Proust se souvient bien
de tout cela et d'une clochette qui annonçait les visites, et d'une vieille tante grignotée parl'àge qui ennuyait le curé de ses );ùstoires et que le cmé ennuyait des siennes,
et des livres qu'il reçut pour sa fête un soir qu'il pleurait, et de l'odem qui trainait
dans un escalier, et des plats qu'on servait à table, et des deux grand'tantes qui faisaient le bel esprit; il s'en souvient comme on se souvient, c'est-à-dire sans beaucoup
de suite, tantôt de ci, tantôt de là, à droite et à gauche, mélangeant les dates, les
morts, les joies, les naissances, mais surtout, surtout il se souvient de lui-même, tel
qu'il veut se dire, frêle, parfois jeune h&lt;;&gt;mme, et parfois enfant, si bien que sa bonne
surgit d'elle-même pour l'accompagner à la promenade, et sa maman, doit absolument, absolument monter dans sa chambre l'embrasser au front pour la bonne nuit
ou sinon il ne dormira point.Etcommeellenemontepas, parce qu'il y a du monde à
diner, justement M. Swann, cet homme si mesuré, si « grand monde •• si poliment
amical et dévoué, si ami de la famille, l'enfant fait un caprice - comme on dit - et
ce caprice - c'est ici qu'éclate l'art sombre et cruel de M. Proust, -ce caprice dont
vous avez envie de rire quand c'est moi qui vous le raconte maintenant, lorsque c'est
l'auteur lui-même qui vous le dit, vous voyez que ce caprice est une tragédie bouleversante. Ce jeune homme, car il est brusquement devenu jeune homme, aime une
jeune fille qui est la fille de M. Swann, et même beaucoup d'autres jeunes filles, et
toutes ces jeunes filles on les aime avec lui, et quand il a des battements de cœur, on
a des battements de cœur. M. Proust se souvient aussi de toutes les choses qui lui paraissaient belles de loin et moins belles de près et qu'il se reprochait ensuite de ne
pas aimer.assez, de n' avoir pas su les aimer, et il se décidait ensuite à les aimer par
ordre de sa volonté, pom se repwcher de nouveau cette volonté et ce manque de sincérité . Quelle poésie il y a dans les scrupules. Et cette église qu'il imaginait persane,
quand il savait bien pourtant que les églises persanes ne sont pas très nombreuses
en France, et qui le déçut ... Et la figure étrange de M. de Charlus qui lui pince familièrement. et je devine, bien q11e ce soit « à suivre », trop affectueusement la nuque,
et sur laquelle il médite... Et cet amour de Swann pour Odette, amour scrupuleux
et inquiet, qui est bien l'une des plus belles histoires de cœur que je connaisse.
Demandez-moi qui est Madame Swam1,si je la connais,si je crois qu'on peut lui
t6léphoner pour lui demander des renseignements sur un nouveau maître d'hôtel
qui se recommande d'avoir été à son service•.. Je crois bien que je la connais. M.
Proust m'a présenté à elle. J'en suis même assez fier, car n'est pas présenté qui veut
à Madame Swann, bien que ce soit une personne que son mari ait tirée d'une position
assurément un peu ... enfin ... voilà.
Et si M. Proust m'invitait à déj euner, je lui parlera!s de Combray, de ses souvenirs qui se sont si bien mélangés aux miens que je ne sais plus ce qui dans ma mémoire est à lui et est à moi, de Madame sa grand'mère qui aimait les jardins incultes,
de Monsieur son grand'père, et mon oncle, qui était attentif à la météorologie et
aux historiettes, de son ami Bloch, le mien s'appelait Cohn, que nous avons cessé de
voir - mon Dieu, oui, cela valait mieux. - et je voudrais bien démêler enfin si
telle petite petite mésaventure m'est arrivée à moi ou à Monsieur Proust. Mais j'aurais bien honte, parce que je n'ai jamais été invité à goûter par une princesse. Une
fois seulement, quand j'avais douze ans, sur une plage, une actrice voulut m'offrir
un gâteau, - c'est toute une histoire - et ma gouvernante refusa pour moi. Etj'ai
bien une tante qui est comtesse, mais elle me croit bolchevick et refuse de me voir.

« devant tous homme plein de sens
Connaissant la vie et de la mort ce qu'un vivant p~ut connaî ·re
Ayant approuvé les joies et les peines dauleurs de l'amour
Ayant su q,.telqmfo-is imposer ses idées
Connaissant plusieurs langages
Ayant pas mal voyagé
Ayant vu la guerre dans l' Artillerie el l' Infan:erie.
Blessé à la tête trépant sous chlo-roforme
Ayanl perdu ses meilleurs amis dan~ l'effroyable luUe • •..••

Et il y a tant de choses qu'il n'a pas osé nous dire,
tant de choses qu'on ne l'aurait pas laissé dire.

Marcel PROUST
M. Marcel Proust se souvient : et il écrit Sl,!S souvenirs, soigneusement, scrupuleusement. Il est un peu maniaque. Il a horreur d'oublier quelque chose, et s'il a oublié, il s'en retourne faire ou dire ce qu'il a oublié au mépris parfait du lieu, de l'heure.
de ce qu'il était en train de faire ou de dire quand la mémoire lui est revenue. Il se
souvient de son enfance, de son adolescence, de ses flirts, de la chambre qu'il habitait
à Combray, des manies de sa grand-mère et de sa robe prune et de sa voilette, des
gravures qu'il y avait au mur de la salle à manger, de ses brouilles avec Gilberte, du
directeur de l'hôtel où il habitait à Balbec, du petit verre de liqueur que le médecin
avait interdit à son grand-père, et que son grand-père prenait tout de même, désobéissant aux reproches timides de sa femme, de M. Swann si correct, si érudit, de l\I.
de Norpois qui avait été ambassadeur, et qui comme tous les ex-ambassadeurs,
s'était spécialisé dans les anecdotes fades qui commençaient bien et ne finissaient
jamais, dont chaque mot était pesé avec un soin de chancellerie, et qui ne signifiaient
rien à moins qu' elles ne voulussent dire immensément de choses ténues, importantes,

Jean

EPSTEIN.

�OTTO LUDWIG

ÉTUDES DE MUSIQUE ET DE LITTÉRATURE COMPARÉES
L~HÉSITATION
ARTISTIQUE

D'

OTTO LU.DWIG
PAR

ANDRE

CŒUROY

I

Lest des hommes qu'un bienvei_llant hasard a marqué~ du double sign~
de la littérature et de la musique. De tout tem}?s, 1 Allc,magn_e a éte
riche de ces esprits divers. Elle a co~u, P?Ur ne citer q?eles meilleurs,
au dix-septième siècle, Mattheso~, lingmst,e, ~omancier et autel?r de
près de cent œuvres musicales (do~t hmt opéra~ e~ vmgt-_quatre ora~or10s) ;
au dix-huitième, Sc~ubart, org~~ste, c~mp_os1teur,_poete et _gazet1Ler; et,
à l'orée du dix-neuvième, une plew.~e d a~tistes qui' ont subi la luüe des
deux instincts créateurs. On put croire~ rnsta~t qu à Schumann,. co~e
un peu plus tmd à Wagner et à Cornelius, était 1·éservée une g!o1relittlraire. Chez :wackel!,roder, _ce jeune roma~t!que ~nort à la fl_eur du tal;nt,
c'est la munque qm fut vaincue par la :poesie. Grillparzer, N1etzsc~e, e" de
nos jours Gustave Falke ont su les Joies jumelles de la mélodie ~t du
verbe et Hoffmann en c~éant de pair Ondine et les Contes FantastUjlles,
a réalisé ce miracle tl'•un équilibre presque parfait e~tre l'une et ~•autre;
Mais aucun d'eux n'a vécu, comme Otto Ludwig, les ~g01sses du~
talent qui, durant des année~, ne s_ait se ~ésoudre au ch~1x, ~t nul é~r1:
vain parmi ceux dont la musique fit cortege à la muse, na mieux laiss.e
tran;paraitre dans son esthétique les traits confondus des deux sœurs.

I
Otto Ludwig est né en 1813 dans cette Thuringe dont _le poète Voss a
dit que cc tout paysan y sait la musique ». C'est la patrie des Bach: La
richesse des chants populaires s'y transmet à travers des ~éné~at10ns
laborieuses, gaies au travail comme aux kermesses. ~a musique rn~trumentale a su toujours y délasser toutes les classes. L exemple venrut de
haut ; l'éclat de l'excellente chapelle princière fut longtemps ~ehaussé par
la voix de la grande-duchesse Charlotte, dont Jean-Pau~ louait nla glotte
de rossignol ». Les bourgeois de ~ildburghausen rappelaient avec queJ~ue
orgueil que le jeune Weber avait reçu, de 1796 à 1797, ses premieres
leçons de musique du hautboïste K~~rmus1kus Johann P~ter Hen~chkel. Et il y avait foule aux concerts dirigés par le Kapellme1ster Gle1chmrtpère d'Otto Ludwig, issu de cette bo_urgeoisie_ musicienne, fit
enseigner le piano à son fils, dès l'enfance, pms le confia, pour son édu-

1445

cation, au co-rec_te~r d'~isfeld, Morgenroth, ancien théologien et mélomane ardent, ~ tachait. à développer en tous les élèves de son école le
sens de la musique. Ludw1g eut po!-1~ con~isci]?Ies J ~cob Beer, plus tard
~antor_ à Saalfeld, et ~challer, lli"!-151Clen-ne, qm devait devenir petit fonct!onn3:ITe par_ nécessité. Les Soll'ées _que n'occupaient point les études
littéraires étruen~ consacrées à la musique de chambre. C'étaient des trios
où Schaller tenait le premier violon, Ludwig le second et Beer le violoncelle. D_'.au~re~ fois, les tr~is amis impr(!visa~ent sur un thème connu:
le Fre-u_,,schzitz etrut l_eur pas_s1_on; ~udw1g ~ouait Kaspar, et Beer faisait
Max. Entre temps, ils_ étudiaient l harmome et le contre-point.
~ependai:t les af!a1res de la famille allaient mal. Le père était mort
rm~e; la mere ne lm ~urvécut que peu. Un oncle recueillit le jeune homme;
rn.a:s ce barbon, subJ~gé :par une gouvernante plus attentive à la cave
qu au ménage,. voul~t !aire d'Otto un co~erçant et prétendait s'oppos_er à s~ pass10n az:t1stique. Otto, à son piano, oubliait ses misères. Las
d~ Jouer, 11 compo~a1t. ~n 1833, sa résolution semble prise ; il sera music~en i et tout 3:uss1tôt 11 se plonge dans les ouvrages de Marpurg. II lit
d affilée les ]!~ments de la ."!u.sique théorique, le .Manuel de basse générale
et de composition et Je Traité de la Fugue. Installé dans la vieille maison
paternelle qu'.entoure un vaste jardin, il appelle Schaller auprès de lui ;
et ce sont ~es Jours heureux de l'espoir et de l'amitié.
« ~udw1g, rac_onte Schailer, s'installait, dans la grande chambre du
premier, à_ son ~~ano ou à sa ~able de travail et composait des opéras;
lef un~ ét~e?t déJà en préparat10n, les autres étaient de création récente ...
~ apres-uu~ nous tr~uvrut occupés à l'étude de la plupart des opéras classiques ré~wts po~ piano et des œuyres de Marpurg; puis nous nassions
à la pratique des 1~1,truments, du p1ano et du chant ... Le soir, c1étaicnt,
a"."ec quelques anus, des chœurs et des quatuors, des airs, des duos, des
tr10s extrruts de bons ~péras avec accompagnement de cordes ou de piano.
De~ fra~m1;nts de_ scenes. d'opéras. récemment composées par Ludwig
étaient Joues et nus au pomt. Une Je?ne c~a~teus_e, parente de Ludwig,
é~uquée par_ Mor~enroth ~t douée d une Jolie v01x de soprano, Sophie
Fischer (1~ ~gayait nos sou~es de ses remarquables soli ... Mozart était
notre pr~fere ?Omme compositeur d'opéras. Nos entretiens ne tarissaient
pas d? d1scu~s10ns s~ l'opéra en général, sur sa forme à notre époque, sur
le gout musi~al ~ se perd à quitter le droit chemin de Gluck et de
Moz?1't, sur l'mtruszon de la musique.italienne et de la musique française,
s~n 11;1f~uen,ce, n~faste sur les ?o~pos1teurs all~mands et sur ~e public, le
discredit ou etruent tombés 1 élement dramatique l'express10n et plus
généralement, la vérité artistique. »
'
' '
C'~st alors chez Ludwi_g une poussée de sève musicale. En 1834, il
e~g;msse un opéra ~omantique, Le Roi du Li,ed, dont la tonalité était défm1e par une po~s!c de l'auteur : cc Comme autrefois je viens m'asseoir
à la source - e~ J'e&lt;:oute les échos de jadis - n'entendrai-je dans le bruit
d;s vagues - J~mrus Ie_chant d'adieu du cygne ? » Il jette aussi le plan
d un ?Péra-collll_q~e, Signor Formica, tiré de la nouvelle d'Hoffmann.
Sa J?,ethode ~amiliere ~st
fa_çonner à la fois la matière poétique et ]a
~at1~re mus1~ale. DéJà I ms~rnct poétique, puissant, fait violence à
l rnstm~~ m1;1s1cal et _le m~~rISe dès l'ébauche; mais par un déplorable
retour, l mstmct mus1calres1ste assez pour entraver l'essor poétique. Ainsi

1.e

{I) Elle épousa plus tard Sclialler.

�14~6

OTTO LUDWIG

L'ESPRIT NOUVEAU

débute cette tragédie intime des forces créatrices do~t au~une ne _veut
être serve. En même temps que L~dwig compose ?-e petits _poemes lyriques
(dont il met quelques-uns _en musique), def esCJ,U1sses de_bvrets,1 des pl;:i.ns
de tragédie, des ballades, 11 caresse le )?r_oJet d un Requiem et~ un op~r~,
Roméo et Juliette, sans doute après l'audition, à Cobourg, de celm de Be~m;
car il entreprend des voya~e~ à pied ~our se rendre au co~cert ,des villes
voisines. Semblable au musici2n Bcrglinger, cet étrange heros d un conte
de Wackenroder, il fait en plein hiver di;x: heures de marche pour all~r
entendre à Meiningen son opéra favori, le _Don Juan. de Mozart, dont1l
étudiait longuement avec Schaller la réduct10n pour piano.
Ces pèlerinages musicaux, qui le mènent tantô~ ~ Cobourg, tantôt à
Hildburghausen, l'incitent un_instant à la compos1t10n._ Dans la lutte des
deux instincts la musique parait l'emporter : le Requiem prend forme,
un Hymne s'a~nonce, des fragments de Signor Formica sont ~efondus. E~
août 1836 il a terminé le livret d'un grand opéra rom~nt1que La pze
cf Or. De multiples projets bourdonnent dans sa tête; trois opéras en c~nq
actes, intitulés Lorelei, Diane et Zuma ; deux en deux actes : Am~is et
Tentyra, La Nuit Espagnole, et un en un acte : La P_écheuse. M~s le
17 janvier 1837 on lit dans son Journal qu'il est las des s~Jets romantiques
et de leur musique, qu'en fin de compte, l'opéra~conuqu": n'est pas_so_n
fait. C'est que l'instinct poétique vient d'être e:x:c1té_e_n lm :rar une ~~ee
nouvelle qui l'enthousiasme et qui peut-être va con?1lier enfm ses _desir~
contraires. Il s'agit d'écrire u~ grand poème Cécile ~u Polhymnie, qm
sera une « Théodicée de la Musique ». On y verra la Naissance de la musique, son développement jusqu'au cc rayon argenté » Mozart-Bee~hoven son action sur l'âme humaine · on y pénétrera l'essence de la musique
de danse, de la musique- guerrière: de la musique d'église, du choral, de
l'oratorio, de la symphonie, del'o.J;&gt;éra et des chants de matelots. C:ette
épopée musicale ne vit jamais le Jour, pas plus qu'un roman cyclique
Octaçien et qu'une épopée nordique Sçanhildur, p~c~ qu'un, nouv~au
sursaut de l'instinct musical venait de se produire. Ainsi ba.J:1otte, le po~te
musicien épuise les forces de sa jeun~ss~. Il so_n~e à traiter le~ suJe~s
d'Agnès Bernauer de Charles le Témeraire, mais il ne peut décider sil
le fera sous la for~e dramatique, sous celle du lied ou celle du drame
musical.
Souvent les circonstances décident ce que l'âme ne peut dé:partager.
En 1836 s'était fondé à Eisfeld un théâtre d'amateurs. _Ludyng en_ fut
aussitôt élu c&lt; poète officiel et chef d'orchestre ». Le dcstm_ lui forçait l:1
main; il se sentit, cette fois, désigné tout de bon pour la musique. En a~nl
1837, il fait jouer par cet orchestre et cette troupe d'a:mateurs un premier
opéra complet Frères et Sœurs, en trois actes. La partie de cor était tenue
par un garde-forestier, la tromp~tte par un médecin, ,l~ flûte pa~ un
peintre, le r_este des ~ois et de~ cmvres par des r~gen~s d ~cole: lJn vieu_x
pasteur était .au pupitre du v10loncelle et le chirurgien, a qw l on avi1:1t
confié les timbales criait, chaque fois qu'il donnait à faux: « C'est plE:1n
d'erreurs dans ma'partie. » (1) Ludwig, à vrai dire, n'étai~ pas fort satisfait de son œuvre qu'il considérait comme c&lt; trop pathétique et préten•
tieuse ». Mais le démon de la musique est en lui, et semble le posséder po~
jamais. Certes il note encore dans son journal le plan d'une tragédie
(1) Voir le récit de la représentation par F. Hofmann dans Die Gartenlaube
1865, n° 19.

1447

Le

f'idèle E~kart et l'esquisse d'un poème sur des héros nationaux; ces
proJets ~e tiennent pas devant son regain de mélodie. Il a envoyé le
manuscri~ de son opéra à divers compositeurs, à des chefs d'orchestre,
tout spécialement à Detzauer, premier violoncelliste de la chapelle de
Dresde. Le m~uscrit lui revient intact, personne n'en a même dénoué les
ficelles.
Qu'importe, il a vingt-cinq ans et l'assurance d'avoir trouvé sa voie.
s ~s lett~es de cette époque, enjouées et fines, le montrent jouant des valses
pour faire ~anser son oncle grassouillet, ou riant comme un fou à une
représe!1tat10n de Fra_ D7!1-POlo c1 où acteurs, machinistes,régisseur, orchestre
et _musique, tout était ivre ». C'est avec une nouvelle ardeur qu'il travaill~ à un second opéra, La Charbonnière, sur lequel il fonde de grands
espoirs. Il a soigné la mélodie (confie-t-il à Schaller) et quelques numéros
de l'œuvre sont traités en contrepoint vigoureux, « si bien que chacun y
trouvera quelque chose à son goüt ».
_Les petites vi~es sont trop fières de leurs petits succès pour n'en pas
faire grand hrmt. L'éditeur Kesselring, de Hildburghausen, entendit
parler du compositeur-poète et lui fit l'offre d'imprimer quelques-uns de
ses ouvrages. Ludwig envoya deux ballades sur des textes de Goethe,
La Cloche qui marche et la Danse macabre. L'éditeur les soumit au chef
d'~rc~estre de Meiningen, Ed. Grund, qui déclara que si la mélodie
laissrut un peu à désirer (elle rappelait assez la première manière de
C. Lœwe), elle décelait un talent d'avenir. Aussi l'invitait-on à venir
s'installer à Meiningen où l'on pouvait entendre à loisir de la musique ;
la Somna~ule de Bellini y faisait fureur. C'est par ce chef d'orchestre
que ~udw1~ fut présenté au duc de Saxe-Meiningen qui le décida à aller
étudier sér10usement la musique à Leipzig sous la direction de Mendelssohn, avec une bourse annuelle de 300 gulden pour trois ans (1).
Le~ é_tudes devaient commencer en octobre.Jusque-là, Ludwig redouble
d'ac~1V1té. ~ans un bal, il joue une scottisch extraite de sa Loreœi. Le
succe~, cons1déra_hle, l'amène à t~availle~ cet opéra et à ~eprendre son
Requiem auqu_el 11 ne manque que le Dies irœ; en août 11 compose la
fugue Gum tu1,S sanctis pour l' Agnus Dei. Un instant l'instinct littéraire
trop lon_gtemps comprimé se réveille. Il projette de démêler par écrit sa
C?ncepfaon personnelle du Requi,e,m, particulièrement au point de vue de
l'instrumentation, et d'en faire une préface à sa partition. Mais les b
lades paraissent en librairie (2), c'est le premier contact dumusicienav€c
le gran1 p~Iic. P'un cœur_léger, il part pour Leipzig.
.
La VIe littéraire et musrnale y était alors intense. Laube régnait en
maitre ave~ son Journal pour le monde élégant. L'opéra dirigé par Ringelhart, était un peu terne, malgré le succès de Lortzing ; mais la gloire
du 9"ewa~dhaus, dirigé depuis 1835 par Mendelssohn, rayonnait. Elle
avait. at~1ré Gade, Sterndale, Bennett, Hiller, Liszt (3). A Saint-Thom.as
travaillai~ un peu dans l'ombre le Cantor Weinlig que devait remplacer en
1842 Moritz Hauptmann. Les « jeunes » étaient réunis sous la bannière
de la Neue Zeitschrift für Musik fondée par Schumann en 1834. Celui-ci,
r

(1) Lettre du 18 mars 1889.
d (2) • ~ eine :Singsti~e ~t ~egleitung des Pianoforte komponiert und Maame Caroline Voit zum Zeichen uuugster Hocbachtung zugeeignet. P
{8) Cf. dans les lettres de .Mendelssohn, le récit de la soirée donnée en avril 18l0
en l'honneur de Liszt.
76

�1448

L'ESPRIT NOUVEAU

revenu à Leipzig en 1839_ ap~è~ une vaine tenta~ive pour se fixer à Vienne,
était soutenu par ses arrus f1deles: Verhulst, Hirschbach, les deux Becker
c,t Wenzel.
.
.
.
. ,
Peut-être était-ce là la terre promise ? Ludwig f 7rme et sn;1cere ~e
croyait décidé à se faire un nom de_ composit~ur. Mais ~'abord 11 falla~t
vivre. Son Journal le montre étudiant son piano plusieurs heures p~
jour, afin de se mettre en état de donner des leçons; il e~père en pouvoir
donner deux par jour, à quatre groschen l'heure; de qum payer son logement et sa nourriture (1). Mais les leçons ne viennent pas. Il n'a pas &lt;l~argent pour aller aux concerts ; le billet coûte seize groschen. E~ qua:id il Y
peut aller, des troubles pathologiques l'assaillent. Malade, isolé, Il perd
en quelques mois courage.
.
.
, ,
.
Il se fût repris, si Mendelssohn l'y eü~ rudé. Mrus d~s 1 abord ils
se heurtèrent sans se comprendre. Avant meme de p~co1;1r~r ~es m3:n_uscrits Mendelssohn lui avait, de ce ton protecteur qui lm eta1t fanuher,
cons~illé l'étude, le respect des règles, la religion de la for~e.
.
Docile, Ludwig tenta de composer une Sonate pour piano smvant les
principes orthodoxes. Le profit qu'il en retira fut de constate~ quel'~ de
Mendelssohn ignorait au plus haut degré cc le naïf, le naturel, l'immédiat &gt;&gt;.
MJndelssohn, en lui reprochant à son tour son manque de goût, consomma
la rupture.
.
;
. .
.
Schumann aurait pu exercer plus d'attrait. Ludwig habitait non lom
du célèbre Kaffeebaum. Mais il démêla vi~e e1!- Schumann une nature trcp
différente de la sienne. Après une consmencieuse analyse des No11elette~,
il porta sur lui le jugement dont les esprits entiers accablent toute mus~que nouvelle; il n'y vit que de la facture, des effets concertés, cc le prodmt
d'une industrie musicale qui ne cherche que des tours no~veaux et
étran,,es comme les coiffe~rs ne rêvent que de frisures ori~inales ».
Dè: lors son irritation maladive s'acharne sur la musique moderne. Il
r€proche à l'art musical d'avoir désappris le langage du cœur pour ne
s'a~resscr qu'_au cerveau; Cette musiq:ue fajt r~vivre en lui les terreurH
qu'il éprouvait, enfant, aevant un ohJet mecamque ou dev:3--1?-t 1~ grosse
cloche du clocher qu'il ne manœuvrait qu'après de longues hes1tat10ns, en
a_ppuyant sur le pédalier. « Et je pensais et je pense encore, que la m~SHI_ue doit guérir, et non pas déchirer, qu'elle doit c_onsoler, et non ~rod!guer les blessures. &gt;&gt; (2). C'est la musique de 1Berh5&gt;~, surtout, q~ fait
souffrir ses nerfs exacerbés. Il dénonce dans l esthetique de Berlioz« la
Révolution politique de 1789, désormais passée dan~ la musi9:ue, le ca;-nage, la profanation des inti_ffi:ités les plus sacrées qm se réf~gient au com
le plus secret do l'âme, le régrn1de des sons ». Les concerts ou alternent les
œuvres de Haydn, de Mozax·t et de Beethoven avec los productions modernes lui font mieux sentir encore ce désarroi (3). Il glisse sur la pente où
se rallient nombre de littérateurs ; la musique nouvelle ne leur parait que
sécrétion cérébrale et drogue dissolvante. En même temps son état maladif s'aggrave. Comme le pitoyable Wackenroder quelques années plus
tôt, il est la proie d'un mal physique, dès qu'il est assis devant l'orchestre.
(1) Janvier 1840.
(2) Lettre à son oncle, 14 Il:lnrs 184.-0.
.
.
,
(8) Il écrit encore : « Depllls Beethoven, la m1IS1que est comme aliénée ; c ~ un
éternel chassé-croisé du ciel à l'enfer, de l'enfer au ciel ; point de repos; point de
refüae hospitalier ; de chaque buisson en fleurs, joli, joli, terriblement, le serpent de
la folie darde sa langue mouvante. »

OTTO LUDWIG

1449

&lt;( A peine entré dans la salle de concert, je sentais mes pieds se refroidir ;
j'entendais la musique, mais non pas comme l'entendaient les autres; il s'y
mêlait des rumeurs et des sifflements ; mon cerveau flambait et grouillait
de visions fébriles ; c'était une délivrance quand la séance prenait fin.
Bientôt je n'eus plus le courage de fréquenter les concerts. J'ai tenté à
nouveau l'expérience avec les quatuors du Gewand-Haus, mais j'ai dû y
renoncer. »
·
Maintenant, il n'a plus qu'une idée, celle des inquiets et des vaincus:
retourner dans son petit coin de terre et oublier. Son Journal intime,
d'avril à août 1840, déborde de regrets violents pour le jardind'Eisfeld
et la grande maison paisible. Son idéal, deux mots l'expriment : « Je
voudrais être Cantor à Eisfeld, vivre avec mes vieux camarades, et tuer
des cochons que je mangerais pendant les quelques années qui me restent
à vivre.»
La lutte des deux instincts entre dans sa phase critique ; la musique
n'est pas encore supplantée, mais les signes avant-coureurs se multiplient. Ludwig écrit dans sonlournal, le 2 mai 1840: 1&lt; La poésie est supérieure à la musique ; elle a retrouvé le chemin vers la nature, dont la
musique continue à s'éloigner. n Une paralysie· commençante des doigts
l'oblige à renoncer au piano, et il s'y résout sans peine. En même temps
qu'il travaille à sa nouvelle, Les Domestiques, il prépare un opéra, BarbeBleue, à propos duquel il écrit: « Et si l'on essayait maintenant d'une
nouvelle forme d'opéra, une forme strictement dramatique, étrangère aux
roulades et aux tirades, sans longueurs déplacées, en sorte qu'à la fin le
spectateur ne sache :r,Ius s'il a vu un drame ou un opéra ? » Précieuse
remiœque: elle dév01le le travail qui s'élaborè dans l'esprit du poètemusicien. Parti de la musique, Ludwig s'achemine vers le pur théâtre, et,
à mi-chemin, il conçoit une forme qui réalise l'une et l'autre; il rejoint
l'idée wagnérienne du drame musical ; mais son point de départ s'oppose
à celui de Wagner, qui sortira de la poésie v.our arriver à la musique.
Cependant Ludwig reprend son piano ; Il ne veut pas s'avouer sa faillite musicale. Il va jusqu'à se tracer une ligne de conduite pour l'avenir:
étudier toutes les formes musicales, s'exercer dans tous les genres. Il
achète le gros Traité de lXt compositwn musicale de Marx et recommence à
composer. Vains efforts. Faut-il encore douter ? L'instinct musical est
près de mourir. Mélancolique, le Journal porte, à la date du 18 juillet:
&lt;&lt; Plus rien ; aucune idée ne me vient plus. &gt;&gt; Et pourtant, par un admirable scrupule d'artiste, il lutte encore ; il se force à composer des lieder,
un Kyrie; il songe à une Messe, il rêve d'une ouverture à programme qui
décrirait les noces d'or d'Obéron et de Titania. Le Jou;rnal s'arrête en
août sur cette réflexion : (( Gloire poétique ? Mes vœux sont plus modestes.
Je serai satisfait si le veilléur, en éteignant la dernière lumière, chante une
de mes mélodies. » Il est peu de drames moraux aussi poignants que celuici, d'un homme qui sent pâlir en lui la flamme musicale et qui tend toutes
les forces de son être pour la ranimer.

II
' Alors, rentré à Eisfeld, en octobre 1840, après cette unique et malheureuse année perdue à Leipzig, il prend lentement conscience de son véritable génie. Dès la fin d'août, après l'audition de la cantate de Bach,

�1450

OTTO LUDWIG

L'ESPRIT NOUVEAU

Jésus, ma joie, qu'il avait trouvée.longue mais adJ?Ïrablement composée,
il notait : &lt;&lt; Le vague de l~ musique ne me suff~t p_lus. Il me faut d~s
formes plastiques » ; et méditant sur sa per~onnalité 11 la déc.ouvre enfin
dans une lettre à Schaller, en un élan de _clairvoyance. psychi9.ue: &lt;&lt; A;u:
tant que je puis juger, c'est l'élément poétique de la musique qm m'a attire
vers elle, et j~ ne sera~s sans doute capable _de comp?,ser .que dan~ les
domaines musrcaùx qm se fondent sur cet iement. L_ inst~nct plastique,
que j'ai voulu satisfaire en composant, n'a ~·ess~ de m'1nd_mre en erreur.;
et il ne pourrait en être autrement. Or, cet m~tmct plastrq~e me parai~
être l'élément décisif de ma nature. » Il en arrive, raconte-t-Il à Grund, a
éprouver une ~orreur mala~ive de la musique ; le son du violon fait naitre
en lui un sentiment d'angmsse.
Mais les plus ardentes années de la jeunesse consacrées à la musique
ne succombent pas d'un seul coup ~ un eff~rt de volont~. L8: mu~ique, il
a beau la vouloir chasser, elle reVIent touJours. Complice sile~c1eux, le
hasard la sert et la soutient. Un jeune garçon qui veut ~everur Cantor,
Kramer, vient demander à Ludwig des leçons d'Jiarm'?m.e, et quand, _la
nuit l'enfant a ronflé, le maître, hanté i:l'harmomes, lm dit: « Cette nuit,
vou~ respiriez en quinte juste. &gt;&gt; la musique veille; la musique guette;
elle redouble d'artifices pour reconquérir son dévot. Elle le rapproche de
Bechstei:o. l'auteur d'insipides nouvelles musicales. Elle lm dé.couvre
une pare~té avec Hoffman~, ~usi?i~n~poète, et l'.ohlige ~ s'insp1rer de
celui-ci dans un conte, L' fll,Sf,oire veridique des trois_ souhaits (2), et_ d8?s
un drame Mademoisell,e de Scuderi. Lorsqu'en1842 Il retourne àLe1pzi~,
il évite 1~ monde musical ; il ignore ~a mais~n de Mendelsso~°: ; m~s
une force l'entraine à une représentation de l Othello de Ross1ru ; mais
cette force lui en fait écrire la critique pour un journal.
Au moment de partir pour Dresde, il note, Pll!mi l~s &lt;&lt; objet~ à emporter », la partition de la Charbonni?re. Cependant il résiste à I ultime appel
musical. Malgré le lustre qu'avait donné Weber à la Deutsche Oper de
Dresde, la présence de chanteurs réputés comme ~ilhel_mine Schrô~erDevrient, Tichatschek, Mitterwurzer, malgré la glmre naissante de Wagner, chef d'orchestre, il ne fréquente q~e le monde du drame_ et d~s arts
plastiques: le graveur Lange, les pemtres Œhme et Loma Richter.
Son oncle mort, il se retire dans la banlieue de Dresde, à Gersebach. Il
a trente et un ans. Il se livre à ses romans, à ses nouvelles, à ses piècea.
Et tenace, le feu couve encore sous la cendre; en 1844Ludwigsonge à un
reihaniement possible de l~ Charbon_nière ; il lou~ un piano d3:11s cette
intention, et co_mme il reç01t de sa_ fiancée_ u~ petit P?ru;r1e (1), il _le met
aussitôt en musique. Edouard Devrient, qm VIent le voir l année smvant~,
reçoit de lui la confidence &lt;( qu'il se sent encore musicien, qu'une maladrn
de nerfs chronique l'a détourné de la musique, mais qu'il compte s'y adonner à nouveau » (3).
Ce n'est qu'une flambée. L'instinct de la compositio_n est bi_en mort.
Jusqu'à la fin il continue à suivre le mO'Uvement musical, mros sans y
prendre part. h écou_te Hiller ,à !'Hôtel d~ Saxe;_ il se sent revivre à l'audition de la symphorue de Mozart en sol mmeur ; 11 entend le Prophète et la
(1) Un des personnages, un boucher, porte le nom de Fl0tenspiel.
(2) Fern m.ôcht ich mît dir leben
Fern vom Gerli.usch der Welt.
,
(3) Journal d'Edouard Devrient, 26 décembre 1845.

1451

Symphonie de Schubert en ut majeur. En 1852, en l'honneur de son
mariage, sa ville natale fait rejouer Frères et sœurs, son premier opér~,
témoignage d'une vie abolie. Et cet hommage rendu à son talent de musicien défunt ne le détourne pas de sa voie résolument littéraire. Il a désormais abandonné le drame lyrique, les plans d'opéras et sa Libussa, pour
le drame plastique et vivant, psychologique et social. La musique n'est
plus qu'un objet de sa curiosité critique. La première fois qu'un de ses
biographes, Stern, le vit (1853), il jouait l'ouverture de L' Enlèvement
au Sérail. L'entretien porta d'abord sur Mozart, puis dévia et l'on vint à
parler de Wagner. &lt;&lt; Vous devez avoir raison, conclut Ludwig, cet homme
a tiré de sa nature tout ce qu'elle contenait ; mais vous verrez que l'ivresse
où il a plongé ses disciples prendra nécessairement fin. De Mozart a pu
sortir un Beethoven ; c était naturel, organique, et même pour les petits
comme Hummel et Reichardt il restait une place. Mais Yotre Wagner a
conduit la musique dans une impasse. » .
Pendant les dernières années de sa vie, Ludwig ne goüte plus que des
joies musicales choisies ,et pures. Liszt, qui admirait sa tragédie bourgeoise Le Forestier, lui amena un jour, avec le critique m~sical :8--· Pohl,
Ie célèbre violoniste Lipinski; et toute une soirée l'écrivain, mamtenant
célèbre, écoute les deux virtuoses. Une fois encore, il entend Don Juan, une
autre fois l'Enlèçement; en 1860, il tient à aller écouter Clara Sch_umann.
C'est sur cette audition que se clôt la série de ses voluptés d'auditeur. Il
se délasse de ses travaux littéraires par la lecture de partitions ; sur un
rayon, tout près de son lit, sont rangées celles de tous les opéras de Mozart,
de la Passion selon Saint Matthieu, des Symphonies de Haydn e~ de Beethoven. Quelques jours avant sa mort, il assurait encore à un aIDI qu'elles
lui remplaçaient l'orchestre (1).

III
Otto Ludwig n'a laissé aucune trace dans les ouvrag,:is d'histoire !fiUSicale. Hugo Riemann, qui consacre q.:..elques lignes aux tentative~ music~es
de Grillparzer et un développement à c.elles de Nietzsche, le mte à peme
dans son Dictionnaire de musique.
Ce n'est pas que les œuvres musicales de Ludwig aient grande valeur.
Elles ne sont guère qu'un docUJUent psychologique 1 et il es~ d?uteux que,
si l'on publie les manuscrits de partitions conservés à la hiblio~hèque de
Meiningen et les œuvres de jeunesse jalousement gardées à vVeimar, l'on
découvre des chefs-d'œuvre. En littérature, Ludwig dramaturge a_ é~é
novateur. En musique, il est resté épigone. Son amour de la nat~re prumtive, si fortement exprimé dans des nouvelles comme H eitere~hei, ou dai:s
des romans comme Entre ciel et terre, n'a pas-dépassé en musique la cop~e
des rythmes et des mélodies populaires à souffle cour~. C'est que Ludwig
est essentiellement traditionaliste. Sa théorie littéraire de la Nouvelle
&lt;&lt; villacreoise » est dominée par la question métaphysique de la survivance
du pa~sé. Mais, dans sa musique, ce traditionalisme ~e s'est ~x:primé
qu'en un respect de formules vieillies. Ses opéras sont moms des origmaux
que des copies du Singspiel populaire, voire de la Fa'!7-iUe Sui~se de
Joseph Weigl. Julien Rietz a jugé ainsi sa production musicale: (&lt;Sion la
(1) Souvenirs du Dr Hermann Lücke.

�1452

L'ESPRIT NOUVEAU

compare avec celle des musiciens ses cont€mporains, on constate qu'elle
retarde de trente ans sur le goût, la facture et la technique pianistique
de son époque. Elle ne rappelle ni Beethoven, ni Schubert, non plus que
Mendelssohn ou Schumann. » Ses lieder et Sel! ballades ont une évident{:)
parenté avec la musique de Reichardt, de Zumateg ou du jeune Weber.
Il a quelques accents dram~tiques et puiss~ts dans ses compositions sur
le Roi des Aunes et la Plainte de llfarguente de Gœthe, sur le Plongeur
de Schiller, mais toujours la mélodie est courte et comme nouée.
Bien autrement féeon.de au.ra été l'influence de son instinct musical
sur ses théories et ses œuvres littérairas.
Il ne s'agit point seulement de ces emprunts de la littérature à la
musique sous forme de rythmes, _de s~morités ou de co~paraison_s ti;ée_s du
domaine sonore. Lorsque Ludwig dit, en parlant des Jeunes Le1pzig01ses,
· què leurs qualités de fraicheur et de grâce sont gâtées sur les visages « par
les variations innombrables d'un thème insignifiant », il se range dans la
catégorie des écrivains qui pensent en fonction de la musique. Et cela
n'est pas trop commun, mais enfin cela n'est que nature1 aux esprits
doublement doués, comme Hoffmann, par exemple, quand il écrit : « Les
habitants des petites villes sont pareils à un orchestre complet et bien
entrainé qui se suffit à lui-même et ne connait que lui-même.; seuls les
morceaux qu'il sait sont joués sans accroc. Toute note étrangère est
dissonnante à leurs oreilles et les réduit pour un temps an silence. »
Plus profon.d, quoique non encore proprement original, est son penchant à concevoir le drame littéraire comme un opéra ou un opéra-comique.
C'est là un tour familier à la dramaturgie allemande. La différenciation
del! genres n'y existe guère; elle relève moins de la logique que de l'association d'idées et de sentiments, de la découverte de sympathies internes
,entre les conceptions humaines et de la tendance d'un mélange des arts
qui prend, dans les cas extrêmes, le nom d'art intégral. L'alliance aisée et
comme nécessaire du drame et de la musique, ùn la suit facilement à travers le Singsriel, les drames du Sturmund Drang, les tragédies-opéras de
Schiller vieillissant, les fantaisies des romantiques, les féeries de Raimund,
les tragédies de Grillparzer, et les mélodrames de Bauernfeld, sporades
du drame à pôle double qu'a réalisé Wagner. Ludwig était naturellement
porté vers cette forme. Sa tragédie des M acchabé,es en offre un bel exemple. L'idée même du drame semble lui avoir été inspirée par ses études
musicales, car il connaissait !'Oratorio de Haendel Juda .Macchabée. I
savait aussi que le suj&amp;t aYait déjà tenté beaucoup de compositeurs :
Franck (1), Seyfried (2), sans compter de nombreux et vieux oratorios
italiens. Dans C(.tte tragédie, il voulait &lt;&lt; combattre l'opéra par ses propres moyens » (3). La première esquisse de l'ouvrage relève du &lt;( genre
opéra &gt;&gt; : deux femmes en querelle, un héros entre elles, une catastrophe
sans rapport avec le développement psychologique, et, à l'arrière-fond, le
grouillement de tout un peuple. Sous sa forme définitive, la pièce n'a pas
perdu ce caractère. A l'action se mêlent, au deuxième acte, des trompettes
et des fanfares pendant la scène tragique du sacrilège et de la révolte.
Au troisième passe un cortège de vierges avec des flûtes, des cymbales et
d1:ls tambourins. L_e final du cinquième simule le grand opéra: pendant leur
(1) Die M.akkabaer l\ilutter, 1679.
(2) Die l\iakkabaernder Salmonâa, 1818.
(8) Lettre à Ambrnnn, 1851.

OTTO LUDWIG

1453

supplice, les frères Macchabées chantent un psaume « d'une voix tour à
tour faible et forte, mélodramatique n ; le tonnerre gronde, la tempête
renverse les lampadaires, la lune se voile ; a-u moment où le psaume
s'arrête, marquant la fin du martyre, la dernière lampe s'éteint et de
toutes part,s éclatent des trompettes qui se mêlent au tonnerre ; le soleil
se lève sur leurs accords (1).
Une autre pièce, Le Forestier, débate comme un Singapiel : au lever du
rideau, des musiciens jouent quelques airs champêtres qui célèhrrnt des
fiançailles.
La véritable originalité de Ludwig réside dans sa Théorie du contrepoint.
C'est une entreprise aventureuse que de vouloir imposer à la composition
d'une tragédie ou d'un drame la méthode de Marpurg; mais l'esprit humain ne cesse pas d'être le même quand il s'applique aux différents art-s:
il est donc possible d'aborder un sujet littéraire dans l'état d'esprit .d'un
compositeur.
L'action d'un drame, ainsi raisonne Ludwig, se compose de «parties &gt;&gt;
à marche indé:pendante, mais coordonnées à la fois et contrastées ; chacune a son motif propre; mélodique et rythmique, et l'ensemble forme une
polyphonie qui peut présenter toutes les variétés du contrepoint double.
C'est la polyphonie du drame, qui consiste en un développement d'idées opposées et pourtant concordantes. Parfois il y a des silences dans certaines
des parties, tandis que les autres continuent à développer leurs thèmes.
Pour produire cette polyphonie, les caractères des personnages se groupent peu à peu autour d'une idée centrale, qui n'est autre, enfin de compte,
que le cantus firmus du drame. Ce chant est d'abord donné seul, ensuite apparaissent les cc voix &gt;&gt; (c'est-à-dire les caractères), et dans chaque voix so
précise un motif typique, rythmique et mélodique. Il est clair que ce motif
est le meilleur quand il nait de la mélodie du cantus firmus même. C'est dire
que les personnages du drame se transforment pou à peu en rôles agissant
pour le compte de l'idée centrale.
Dès lors, ces caractères dramatiques ne sont pas différents des motifs
de l'écriture polyphone, où chaque partie trouve en elle-même la loi
propre de son mouvement (2).
L'analogie feut même être poussée plus loin. Le dialogue, aussi, sera
polyphone: i le devient quand trois personnages (ou un plus grand
nombre encore) parlent chacun dans son sens et chacun affrontant les
autres. « Lorsque plusieurs personnes opposent en groupe leur opinion
à celle d'un autre groupe, il n'y a là qu'un dialogue, un duo, un chœur à
deux voix, dont chaque voix est exécutée par un groupe. Mais on peut
imaginer un trio, où chacun des personnages poursuit sa propre idée ;
c'est là le propre des phrases polyphones à rythmes divers. Elles feront
surtout de l'effet, si, débutant par un nombre modéré de voix indépendantes, elles s'enrichissent par degrés jusqu'à former un ensemble. Sur ce
point, il y a des enseignements à tirer du Don Juan de Mozart. » (3)
Ludwig n'a pas eu le temps de réaliser ce genre de dialogue, l'idée ne
lui étant venue qu'assez tard. Mais son système de contrepoint a déterminé toute sa production dramatique. La tragédie du Forestier illustre sa
(1) R. Beyer a écrit une partition pour la pièce même de Ludwig. Mosenthal en

a par ailleurs tiré un livret (1875).
(2) Aphorismes dramatiques, 1re série, p. 456 (Edit. E. Schmidt et Stern).
(3) Apharismes dramatiques: le dialogue polyphone, p. 430.

�1454

L'ESPRIT NOUVEAU

méthode. Elle présente un thème tragique (cantus firmus) d'?ù na~ssent
deux thèmes secondaires opposés, séparément développés, puis réagissant
l'un sur l'autre; finalement ils s'enchevê~r~nt et amènel},t un retour au
thème principal dans une nouve~le tonaht~. Le cantus firmus est représenté par l'idée suivante : la no~xon du dr01~ naturel conçu par un cœur
sincère, mais ignoran~ des exi~ence~ sociales, _est vaincue dans sa
lutte avec la notion sociale du droit écrit. Le premier th~me es~ ~ouble ~t
contrasté; a) Ulrich le forestier, ho~e dur et tout d _une piece, mais
foncièrement bon règne sur un domame et sur sa maisonnée, dans la
tonalité joyeuse d~s fiançaiµes ~e sa f~lle. b)_ Il se heurte ~ l? volonté st'!-pide, mais légale, du proprietrure, Stem, qui en~end ad~mstrer sa foret
suivant une méthode désastreuse, que la loyaute professionnelle du forestier ne peut admettre.
,
Le deurième thème, au second acte, est également doub~e et contr~ste :
a) Stein affirme la légalité de sa prétention et chasse Ulrich. b) Le fils de
Stein fiancé à la fille d'Ulrich, prend parti contre son père.
Le 'troisième acte est traité fort exactement comme un d~veloppement
médian de symphonie. Les_ de~x thèm_es _se dé_for;11ent, s ~ffro~te~t et
s'enrichissent de thèmes épisodiques (ams1 celm d André, fds d Ulrich).
L'habileté du quatrième acte es~ de figurer une modu}ation franche
que domine un nouveau thème, celui de la femme du forestier dont la tendresse conjugale est méc&lt;:mnue.
.
. ,
Le cinquième acte, enfm, est une succession de cadences, ~ resolvent
peu à peu toutes les dissonances nées du heurt des thèmes. M~1s la tonalité a varié· de la lumière elle est allée vers l'ombre. L'oppositxon entre le
mode maje~r du début et le mod~ mineur ?U dénouement est même si
crue et si peu conforme au systeme classique de développement, que
Lud~g, très attaché aux fo~n:ies orthodoxes_, se l'est reprochée plus tard
comme une faute de compos1t1on.
Il serait aisé de montrer comment chaque thème particulier, à son tour,
subit la loi du travail thématique. Tout de même qu'un thème musical
donne naissance à des succédanés rythmiques et mélodiques, chaque
caractère créé par Ludwig tir~ de so:'1 essence de~ form~s n?uvelles q~ le
continuent et marquent son evolut10n. Dans l'a.me d Ulrich, le theme
forestier se transforme en thème paternel, puis en thème humain. Dans
Agnès Bernauer, le héros, conçu prince, se mue en amant, et, sous cette
nouvelle apparence, illustre le double thème de l'orgueil et de la crédulité.
Il n'est pas douteux ~ue la hantise d~s formes_musicales n'ai_t nui parfois au dramaturge au lieu de ~e secourir. Etablir, un contrep?m~, régler
la marche des parties, le~ compli9:uer, l~s enlacer, c es~ une ~es Jowssances
intellectuelles les plus roguës qm se puissent concev01r. Mais à transposer
cette méthode au drame on risque la complication et l'obscurité. C'est
l'écueil que n'a pas évité Ludwig. Ses pièces sont extraordinairement
encombrées de quiproquos, d'événements qui s'enchevêtrent au point
d'en rendre le récit presque impossible, Le contrepoint en est la cause, et
sans doute est-ce ]a vengeance de la Musique sur celui que, pendant près
de trente a~nées, elle crut s' être attaché à jamais.
André CœuROY.

LA MÉDECINE
SYNTHÉTIQUE
PAR

LE

D' R.

ALLENOY

Cette';,gra11ure est le frontispice des œuçres médicales de llfichel Ettmüller,
publiées à Francfort en 1708. Elle exprime bien les tendances synthétiques de
la médecine chez les successeurs de Paracelse.La Santé, qui trone au centre, tient
sur ses genoux une table portant l'inscription : UxA omnes contra morbos
MEDICINA : une seule règle de médecine contre toutes les maladies. Le grand
li11re, sur la table, porte la maxime complémentaire ; PLURA morbos contra
singulos REMEDIA : Beaucoup de remèdes peuçent être indiqués contre
chaque espèce de maladie. A droite se tient le mauçais médecin; il n'a lié
la maladie que par le pied et au moyen d'une simple corde ; il est armé d'un
énorme çase de drogue; il guérit mécaniq_uement et son emblème est l'horloge.
A gaziche est le praticien de la médecine à règle unique. Il dirige la maladie
par le cou, au nwyen d'une chaîne puissante : il en est maître. Son instrument est un flacon compte-gouttes portant cette étiquette : « il suffit d'une
goutte à peine » ; il guérit magnétiquement et son emblème est la boussole i il
est représenté sous les traits dti grand Paracelse.

�LA M:.€DECINE SYNTHÉTIQUE

LA MÉDECINE S YNTIIÉTIQUE

D

Ès l'origine, les sciences ont toujoUTs progressé par l'alternance
de deux processus : analyse et synthèse. On commence par accumuler les faits et les observations particulières ; cha&lt;l11-e chercheur exploite un sentier divergent et c'est la période d'analyse.
En s'éloignant trop les uns des autres, les spécialistes aboutissent à un
chaos de notions éparses, et perdent toute vue d'ensemble; le besoin se
fait alors sentir d'une idée générale pour coordonner la multitude des
acquisitions parcellaires : on cherche à abstraire quelques principes essentiels de toutes les branches du savoir humain, et c'est la période de synthèse. L'Ecole d'Alexandrie a tenté une pareille systématisation générale,
puis ce fut la Renaissance ; depuis, on est retombé dans l'analyse - la base
du système synthétique ne paraissant plus valable - mais aujourd'hui,
après l'immense labeur de générations matérialistes, qui se sont appliquées à rester en dehors de toute idée générale, nous entrevoyons, pour
les temps à venir, la possibilité d'une merveilleuse synthèse. Le mouvement s'amorce, dans toutes les activités humaines-: la psychologie rejoint
le psychisme et l'occultisme dans l'étude du subconscient et de l'unité
du Moi à travers les vies successives. La chimie reprend la thèse alchimiste
de l'unité fondamentale de la matière et s'unit à la physique pour affirmer que Matière et Force ne sont qu'un. Les arts suivent le mouvement :
la peinture, la sculpture, lasses d'exister anarchiquement pour ellesmêmes, sentent le besoin de s'unir à l'architecture en un art synthétique.
De même, il est curieux de dépiste1· dans l'évolution de la Médecine les
indices d'un pareil mouvement et de chercher les conséquences qu'il
pourra comporter:
Le dernier essai de synthèse médicale a accompagné l'effort collectif
tenté dans ce sens à la Renaissance; on pourrait l'appeler l'essai hermétique ou spagyrique. Les médecins alchimistes ont essayé de ramener
la complexité des facteurs en cause, dans chaque cas, à un système simple
d'influences, classées selon l'idée plus ou moins abstraite des caractères
planétaires (médecine astrologique), ou des qualités élémentaires: chaud,
froid, humide, sec (rajeunissement de la médecine humorale),- ou encore
des trois principes : soufre, mercure et sel (médecine proprement alchimique). En vertu de ces idées synthétiques, qui unissaient sur un canevas
commun la psychologie, la biologie et la chimie, les hermétistes ont
cherché à systématiser l'influence morbide en une catégorie simple - pour
lui opposer un remède de catégorie correspondante. Ainsi dans le système
planétaire, le cœur, centre vital de l'économi~, correspondait au soleil et
les maladies du cœur étaient traitées par des préparations d'or (ce métal
étant attribué au soleil), ou de plantes qui étaient censées correspondre
à l'influx solaire. Quels qu'aient été les résultats thérapeutiques, _c'était

1457

un essai de systématisation, de synthèse, et l'œuvre des spagyristes est
curieuse à ce point de vue.
Ensuite, on voit se dessiner1 dès la fin du xvue siècle, un mouvement
analytique qu'on pourrait appeler l'ère matérialiste. Les médecins ne
trouvent pas dans l'art spagyrique les résultats espérés; les premières
découvertes physiologiques tournent leur attention vers le mécanisme
des organes et ils rêvent de pouvoir expliquer toutes les maladies par des
causes objectives. Alors commence l'étude minutieuse de l'anatomie, de
la physiologie, dela chimie biologique, dela parasitologie,etc., qui trouve
son couronnement dans la découverte des microbes, l'asepsie chirurgicale, la sérothér~pie. Mais les lendemains de fête sont souvent un peu
mornes, et malgré ces résultats splendides, il faut bien reconnaitre que
la médecine étiologique -qui espérait, une fois l'agent pathogène connu,
pouvoir le neutraliser ou le détruire facilement - a fait fausse route.
L'étude ph)'!liologique approfondie a précisément montré que tout un
aspect des idiosyncrasies échapperait nécessairement toujours aux
moyens d'investigation ordinaires ; mais surtout, les essais d'applications
thérapeutiques ont été décevants : à part deux ou trois sérums d'une valeur
incontestable, qu'a-t-on gagné à la connaissance de l'agent ? Une fois
connue la cause - microbienne ou histologique - on s'est aperçu qu'elle
était le plus souvent inaccessible ou impossible à modifier directement.
La déception a surtout été cruelle en ce qui concerne la bactériologie
quand il a fallu revenir sur l'idée première de spécificité et constater par
exemple que :
1° Le microbe-peut exister sans que la maladie se développe (porteurs de
germes);
2° Inversement, le microbe peut ne pas se montrer et la maladie e~ister (le bacille-virgule manque dans certain~ cas de choléra foudroyant ;
le bacille de Koch fait défaut dans un certain nombre de tuberculoses
suraiguës; il y a des abcès sans micro-organismes) ;
3° Le même microbe peut produire plusieurs maladies (le staphylocoque produit le furoncle et l'ostéomyélite) ;
4° La même maladie peut être produite par plusieurs microbes (la
grippe, par exemple, serait due soit au micrococcus de P1eiffer, soit au
micrococcus catharralis, soit au pneumocoque, soit à un tétragène (Bezançon
et Yongh). Le laboratoire permet de distinguer plusieurs paratyphoïdes,
etc.) - Quelles que soient d'ailleurs les discussions possibles sur ce sujet,
un fait reste patent: l'impuissance relative de la sérothérapie dont on
attendait tout. Ceci constitue l'impasse étiologique dans laquelle la
médecine actuelle s'est embouteillée. La connaissance de la cause ne
permet pas une action directe pour neutraliser cette cause et la médecine - en tant qu'art de guérir - n'y gagne presque rien.
De là, la débâcle incohérente de la thérapeutique ; il y a tant de facteurs à envisager que le praticien tend à se spécialiser et à ne poursuivre
ses recherches que sur une seule direction. Le chirurgien ne veut connaître
c.1.:.e ce qui tombe sous son bistouri et se moque hicn des impondérables
è'une neurasthénie ou d'une douleur rhumatismale; ceci ouvre la voie au

�1458

L'ESPRIT NOUVEAU

hotbéra eute qui prétend guérir les abcès par suggestion et la médep~yc ff 1/spectacle d'une anarchie thérapeutique complète. Allez vous
c;n? ~ r~e vos migraines à dix médecins différents et comparez les ordonp am re
rez qu'il n'y a pas de principe thérapeutique. Il n'est
nances : vous ver
·
·
1 rr·
t· ns
A e as ·us 'aux questions de régime qui ne suscitent es a irma 10 .
::n;u; co!tr~ctoires:_Etudiez, dans les différents auteurs, ce que doit
pl é · d diabe'tique ou de l'obèse et quand ces auteurs ne se sont
être e r g1me u
d'
as entendus pour copier quelque maitre à la mod~, vous serez ecou~aO'é des divergences d'indications. Enco~e plus decouragé serez-':ous,
si" médecin, vous essayez de vous en servir chez vo~ malades_. Aussi,. e~
'· nce de ce désarroi on sent le besoin pressant d un travail synthet~prese . coordonne les 'acquisitions éparses sur des idées génér~es clru:e:
a un trésor, immense à classer et des matériaux à profusion pour

fi1~

la synthèse future.
•
1f
b · t"
Q 'on ne m'accuse pas ici de faire des rêves en l'air. Lace synt e ique
t un fait. elle existe elle a déjà été formulée, mais jusqu'à pré_sent, elle
:: ·-~ f rmclée trop tôt pour être comprise. Trop tôt quand Hippocrate,
~:s ~ éclair de génie, formula cet~e loi que : « ~e semblable appe~e ~e
mblable et guérit ce qu'il a produit ll, parce qu alors, on ne possedai:
s:cs e aucune notion de pharmacodynamie ; t!op tôt .encore ~an
~ar:else s'opposa à toute thérape~tique1 systématiquAe, afhrm8:t CJ": u;~
aladie déterminée comme la jaumsse n est pas !a me~e _chez eux 1,n i
vidus distincts et qu'il faut lui opposer des remedes d1fferents, - c est:
à-dire qu'il [aut individualiser le cas dans sa synthèse, en ch~rchant ce qui
com a ne cette jaunisse, si le malade est g~as ou ma1~e, _brun ou
~~ond,phÏmme ou femme, s'il a des ma~x de têtel~ des palp1~a!ions, et~
On ne voyait pas encore le moyen pratique de realiser cette 1dee. Qu~
Ettmüller le disciple de Paracelse, proclama : pbJ,ra morbos c~ntra sinalos rem~dia, il sentait de même la nécessité d'une règle u~que l~ur
ro rier le remède au mal en se bas~nt n~n pas sur la notion d et10/~ p on as sur le nom de la maladie, maIB sur le complexus sympto;~:, ne to~t entier. Ce fut Hahnemann qui trouva 1~ mode d'application
dans1'expérimentation de la drogue sur l'homme sam et dans la pathoénésie médicamenteuse, mais il était alors.trop tard - ?~ trop tôt,---;-- car
fa médecine était en pleine période·analyt1que, hypnotisee ?~ le ~rage
étiologique, et le grand courant du siècle passa à côté de sa gemale de~ouverte sans la voir.
..
.
t·
Hahnemann avait pourtant conçu la grande synthese therapeu _1que,
cherchant chez le malade, non plus s~ulement les sy~~tôme~ habituels
d'une entité morbide définie, mais tous l~s menus . ~etails qu on a coutume de négliger dans la médecine étiologique : le fait, pour une douleur,
d'être brülante ou térébrante, d'apparaître brusquement ou le1;1-tement,
d'être soulagée par le chaud ou par 1~ froid, d'avoir son _maximu~ le
matin oule soir . les impressions subjectives du malade ou meme ses dispositions psychol~giques, tout cela trouva place ;dan~ le gr_and tableau
synthétique qui devait correspondre à la pathogénés1e m_éd1cam.enteuse,
c'est-à-dire à l'ensemble des symptômes, grands ou petits, avec toutes

!

LA MÉDECINE SYNTHÉTIQUE

1559

leurs modalités spéciales, produits par l'ingestion d'une certaine quantité
d'un médicament.
La conception de Hahnemann put rallier quelques vitalistes attardés,
mais la plupart de ses contemporains, épris de matérialisme, cherchant la
maladie dans l'altération du tissu et se flattant de découvrir sous le
scalpel le mécanisme de la pensée, poursuivaient un idéal différent : sa
méthode resta comme une graine perdue sur du sable sec, attendant
l'occasion de germer.
Aujourd'hui, le milieu devient favorable. Le besoin de synthèse se fait
sentir. La médecine analytique s'est heurtée à la notion du tempérament
individuel ou, comme l'on dit, du« terrain &gt;&gt; dont l'importance apparait
chaque jour plus grande, au détriment de l'idéal étiologique. Car enfin,
s'il est vrai qu'un microbe comme le bacille de Koch ne se développe que
sur un organisme prédisposé par de l'hérédité, par le surmenage, par une
constitution lymphatique ou « plastique », et qu'il ne produira rien sur un
autre organisme, de soucbe arthritique, d'un âge différent, d'un tempérament sec, quelle est son importance réelle dans la genèse de la maladie ? Et
le médecin, pour·remplir son rôle de guérisselll', doit-il espérer plus d'une
action purement bactéricide que d'une action modificatrice du tempérament ? Et de quel ordre peut être cette action ? On sait que le fibrome
est produit par une altération histologique. Fort bien - mais cette connaissance ne sert pas à Je combattre. Au contraire, le· fait de i;avoir qu'il
peut disparaître chez la femme au moment de la ménopause, ne montret-il pas l'import ce capitale du terrain en même temps que le rôle prépondérant d'influences impondérables, car enfin, en quoi düfêre, histologiquement ou chimiquement, l'organisme d'une femme avant et après
l'âge critique ?
C'est cette notion de terrain qui servira de pivot à l'orientation des
recherches médicales pour les faire passer de la direction analytique ou
étiologique à la connaissance intégrale et synthétique du malade. Dans
eet ordre d'idées, le médecin envisagera non plus la lésion et sa cause apparente, mais l'ensemble des réactions ou des caractéristiques du sujet,
jusqu'à la couleur de ses yeux, jusqu'au cours de ses idées, en une grande
synthèse symptomatique. Il én résultera logiquement ceci, que le traitemnet variera non selon le nom de la maladie ni selon ses circonstances
étiologiques, mais encore et surtout selon les particularités individuelles
du malade. Il n'y aura plus de maladies, mais seulement des malades, selon
la célèbre formule qu'on ne put jamais appliquer. Par suite, il n'y aura
plus un traitement systématique de la syphilis ou du psoriasis, comme
c'est l'usage actuel dans les hôpitaux, mais des remèdes.variables, selon le
eomplexus symptomatique du malade.
Il semble bien que toute l'évolution future de la médecine tende à se
faire dans ce sens, mais, pour cela, il faudra remplacer le concept étiologique, qui est analytique, par un concept synthétique, un principe de
classification embrassant tous les cas et l'ensemble intégral de chaque
cas. Il faudra classer toutes les possibilités réactionnelles de tous
les cas pathologiques comme le botaniste• peut classer chaque plante,

�LA MÉDECINE SYNTHfTIQUE

1461

A

14.60

L'ESPRIT NOUVEAU

et il faudra que ce classement conduise à un traitement approprié.
Or,leprincipe de similitude, répondant à ces desiderata, para1t recevoir
des médecins officiels des applications de plus en plus nombreuses. Ce
principe est qu'un médicament, à dose réduite, peut guérir, ehez un malade, les symptômes semblables à ceux qu'il produirait chez un homme
sain, pris à forto dose. Si ce principe est admis, il fournit une clef permettant d'opposer la synthèse médicamenteuse à la synthèse morbide.
Il est assez remarquable qu'à part le mesquin et confus réquisitoire de
Trousseau, personne n'ait jamais présenté d'objection véritable au principe
de similitud~. Au contraire, tout le monde l'applique plus ou moins, bien
qu'iroparîaitement. Par exemple, l'ipéca est une drogue qui purge et fait
vomir ; elle peut donc guérir la diarrhée et les vomissements, notamment
dans l'embal'l'as gastrique: les médecins militaires en savent quelque chose;
par exemple, l'intoxication bydrargyrique cl1ronique produit des nécroses
osseuses et le mercure peut guérir les nécroses osseuses des syphilitiques ;par
exemple I une forte chaleur brûle, et pourtant une chaleur modérée soulage
les brûlures. N'est-ce pas une règle synLhétique par excellence que ce prmcipe de similitude? Or, c'est un signe des temps que les maitres officiels y
aient. îréqucment recours. Ainsi Lanceraux recommande de trè13 petites
tloses de cantharide dans le traitement des néphrites, alors que l'intoxication massive par la cantharide produit une néphrite typique. Dans le
même ordre d'idées, Dujardin-Beau:metz recommande le cyanure de
mercure dans la diphtérie alors que l'intoxication aiguë par cette substance, commo en témoigne L. Simon, donne lieu à une angine couenneuse
pseudo-diphtérique. Le sul[ate de quinine, qui provoque des bourdonnements d'oreille, serait le remède de choix pour les bourdonnements
du vertige de Mf!nière, ainsi que l'affirment Charcot et Gilles de la Tourelle. Le sublimé corrosif, qui engendre à dose toxique une véritable dysenterie mercurielle selon Brouardel, peut servir avantaguesement de remède
à la dysenterie ordinaire. Bouchot recommande la fuchsine pour l'albu•
minurie tout en reconnaissant qu'elle provoque ce symptôme à partir
d'une certaine quantité. La digitale passe pour le remède spécifique de
l'asystolie, et pourtant Launder-Brunton consLate que l'intoxication à
la digitale simule l'asystolie. La colchicine a été vantée comme le
médicament-typo de la goutte ; or Mairet et Combemale montrent que
i,,os symptômes toxiques sont la congestion des têtes articulaires et
l'augmentation de l'acide urique à ce niveau. Grasset prescrit l'ergot de
seigle dans le tabès, alors que, dans certaines épidémies d'ergotisme, on
a noté des désordres comparables à ceux du tabès. Manquat signale quo
la belladone a des effets curateurs incontestables dans l'épilepsie, alors
qu'elle est un poison épileptogène. Peyraud décrit les symptômes d'emp0isonnement à la tanaisie comme identiques à ceux de la rage et il constate que l'essence de tanaisie est un remède contre la rage vraie, etc.
Il n'est pas jusqu'à la sérothérapie qui ne puisse être rattachée au
roême principe. Ainsi le sérum de Roux, qui peut guérir la diphtérie, provoque, quand on l'injecte à un animal ou à un homme aain, les mêmes
modifications dans la formule sanguine qu'une diphtérie bénigne ; de

O

mcme aurait-on pu constater d
blessés de guerre ayant reçu
e~ ~ymptômes de tétanos fruste sur des
nique.
une mJection préventive de sérum antitéta11s sont donc Hahnemanniens to
.
l'effi~cité ~lu principe de similiLu::! ~e;~u~eurs ~ me~tent en lumiêre
auraient raison, car il existe entre e
s en dcfendraie_nt bien, et ils
rence : les IIahnemanniens soi entx· et_les H~e1?anruens une différêgle synthétique qu'ils ont génégnali é ru.àns1, par principe, en vertu d'une
que par pur empirisme,
. .
r s e tous. les
·
sans savoir
. cas•, eux, ne soignent
ain· i
l~ur passe par la tête. Les Hah
po':rquo1, et seulement quand cela
c1ents i eux sont des synthét· t n_emanru_ens sont des synthétistes cons
1s ~ 1nconsc10nts
t . ,
' .
·
d ·
es,c estcequiles empêched' .
I
qui vou rru.cnt etre analyssans laquelle le principe de sarruru·~li':terdà a synthèse thérapeutique intégrale
Ains" p·
u e est d'une a li · •
t .
1, 1.P~a guérit les vomissements et 1 di :p caL~on impossible.
_.r1que, mais il n'agit vraiment bien e
a arr ée de l embarras gas,l un ensemble d'autres particular"téqu quand _ce~ symptômes s'associent
nette, salivation naueées i·nce l ts, caractéristiques de l'ipéca: lan!rue
1
• .
•
·· ,
&lt;:san es avec
t·
0
a poitrine, coliques péri-ombilicales âl sensa ion de consLrition de
quand on est couché etc etc s· , p cur,_ yeux cernés, aggravation
11,~es, il faut chercher ~n a~'tre r~m~dce~ particularités ne sont pas réas il y a langue chargée ho uet . e , ce sera par exemple l'antimoine
so~de, etc., etc. Ou bien' ce sira l~ ~01r, dou,Ieurs à l'estomac, céphalalgie
decms de l'école officielle ne le , ryone, l hellébore, etc. Or, ceci, les mésynthê_se_ individuelle du malads:,ent pas encore, faute d'avoir cherché la
J~ fm1ront par le savoir car il est vi .
. .
la voie synthétique indiquée tro ré sible que la_ medecme s'engage dans
par Hahnemann - et c'est pc~ m~turfent, il y aura bientôt un siêcle
dérable que prend en ce moment
exp ~que le développement consi:
l'ho1;lléopathie, médecine d'avant-gar:;ctrme de ce novateur persécuté:
D autre part, on avait cherché h
..
h?méopathique avec l'emploi de~ d!~oc~It~~e?~• à confondre la synthèse
coté accessoire secondaire et . . es mI1mLesimales, ce qui n'est qu'un
cipe fondamen'tal. Or l'étude d~:g~~~le de la ~ratique, à côté du prinm1sme des ions dans les eaux th i rument. petits biologiques, du dynatution de la matière (que no
ermnles, les nouvelles idées sur la constiar~icle), _etc., viennent préci:é::e:~::oposons ~'.ét~d!er dans un prochain
p~i~L faible vis-à-vis de la science d'1 ncentre~ l mté:cL sur ce qui était un
1 Y a un siècle: Juste retour des choses
d 1c1-bas 1
A

•

ia

'Ma:is peu importent les questions d'é l
.
sans doute plus rien de la vieille ere co es. Dans dix. ans, il ne restera
La ~édecine reviendra au but
lllle entre allopathes et homéopathes.
derruers : celui de guérir Elle s'
e ~ un peu trop négligé ces temps
symptomatique individu~! s t:c emme_ vers la notion du complexus
~e l'analyse étiologique dé~ev:te ~ 1fe st m~~ ~ remplacer les éléments
ans le grand mouvement synth ·t-'
e s_era orientation de la médecine
e ique qui se prépare.

':;1,

ut

or

R.

ALLE~DY.

�ESTHÉTIQUE ·

CÉZANNE
ET LE

CÉZANNISME
PAR

GINO SEVERINI

IIe

PRIME A NOS ABON·NÉS
A nos anciens abonnés qui se réabonnent pour
la deuxième année.
,
A ~os nouveaux abonnés qui nous- feront parvenir leur bulletin avant le 31 Décembre (date
de la poste) nous e"verrons Franco une superbe

.

GRAVURE ORIGINALE en couleurs, gravée spéARTICLE

oialement pour I' « Esprit Nouveau

&gt;&gt;

par le

CÉZANNE ET LE VÉRITABLE ESPRIT CLASSIQUE

Maître Juan GRIS. (Cette gravure est la première gra-

., . dit ·us u'ici, il résulte clairement que
tout ce que ,J 8.1 . l ~·t·rune méthode en analysant
Cézanne P:etend; t ~e
qu'il voulait redevenir clasla_ ccsens~t10n ~- .e~e~out bon sens pour ne pas s'asique. Or il fautetre denut
est un cc eHet n et non une
percevoir que la cc se~sa rnn n pourra atteindre un but analocc cause &gt;&gt; et que iam~s on ne •vant un chemin tout à fait
gue à celui des cl~s1ques :nd:: maîtres est sous ce rapport
opposé. Or l'ense1gnemen
'il faut analyser et non reffet.
catégorique : c'eSt la cause qu , 0 ue et pour qu'elle soit
C'est ici la grande erreur detore1:pm~nde je vais mettre en
claire à l' ente1:1de1_Ilent d~ o; des deu_~ co~ceptions opposées:
présence l' ~pplic_at10? prat1f~a conception vraiment classique.
la conception ~ezame_nne ede représenter une bouteille. Le
Mettons. qu'il s' ag1~se de établie d'avance » et qui analyse
peintre qui a un; cc methc:dera ainsi : il tâchera d'abord de se
la cause et non l effet pr\ . t mesurer c'est-à-dire de la haurendre compte de ce qui peu . , , '
teur de la bouteille et d~~on di;:t~:·s deux grandeurs n'ont
Disons, entr~ PW:~n eses, rées sur nature, mais peuvent
nullement besom d etr~ ~esu pour être exact doivent être
être inventées par le pem te, 0 tles cc proportion~ » qui règlent
établies selon les cc rappor 8 n e
la compos~tion entière.. 1 bouteille et mieux la situer, nous
Pour mieux constrmre a

vure sur bois de Juan Gris)

D

E

-:sI

Voir le no 11-12 de L'Esprit Nouveau.

Tirage limi~é, sur p_apier spécial du Cambodge ;
la -pla~che s~ra détruite après le tirage. ·
_Nos - abonnés apprécieront l'effort · que
N

I'

« Esprit

fait

Nouveau » en leur offrant cette

prime magnifique dont la valeur artistique et
de collection dépasse de ~eaucoup celle des
primes habituelles des Revues.

Le N° 1 de la première année presque épuisé se vend
isolément 35 francs.
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Pour tous les abonnés faisant partir leur _abonnement
du ND1, l'abonnement reste fixé à :

70 francs pour la France
75 francs pour l'Étranger
et comprend le numéro 1.

�'
OUVEAU OU DE RÉABONiOUT BULLETIN O'ABONNE:E;J, ~ous SERA ADRESSÉ AVANT
NEMENT POUR UNE ANN : LA POSTE) DONNERA DROIT A LA
LE 31 DÉCEMBRE &lt;DAETNE gOULEURS OE JUAN 'GRIS. ..
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L'ESPRIT NOUVEAU

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L'ANNÉE I ÉTRANGER -,5 franaa (PranMl•l
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L'ESPRIT NOUVEAU
REVUE INTE811HION~lE DE l'UTIVITt COIITEllll'OR~INE

paraissant 1e I" de cha(Dle mois
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\ FRANCE '10 francs.
\ FRANCE 6 i.rancs.
L'ANNÉE Î ÉTRANGER 71§ fr. (Fran.çais)
LE NUMÉRO 1 ÉTRANGER 7ft. (Français)

Me-~sieurs,

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' L'ESPRIT
. d mï11scrire potll' HH réabo1111c1111•11I d w1 a11 ,,
Je vous ptte e
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T NOUVEAU.
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CÉZANNE ET LE CÉZANNISME

1463

la renfermons dans une forme géométrique qui aura les dimensions choisies ou mesurées, et qui, dans notre cas, est un cube
ou un cylindre. Une fois que ce cube ou ce cylindre est situé
dans la construction générale du tableau, le problème change,
car on passe de la construction à l'exécution, et, dans cette
seconde phase du tableau la sensibilité du peintre humanise le
cube ou le cylindre, il passe en un mot de la forme générale et
constructive, à la forme spécifique et vivante, de l'analyse de la
cause à la synthèse de l'effet. Il reconstitue ainsi par son esprit
(la géométrie) un fait humain, universel.
Selon cette conception le point de départ est donc la cause, le
point d'arrivée l'effet.
Léonard disait : « saisis la cause » et toute l' œuvre des
maitres obéit à cette conception.
Regardons maintenant la méthode opposée, celle de Cézanne
et des Cézanniens, c'est-à-dire l'analyse del' effet, ou sensation.
Le hasard conduit le peintre devant une table où une bout eille est placée parmi d'autres objets, et dans un éclairage
quelconque. La sensibilité est mise en éveil par le jeu des
lumières, par les rapports de couleurs et de lignes, et il se dit :
voilà une jolie nature morte à faire.
Disons entre parenthèses que parfois il prend des objets et il
les dispose devant lui jusqu'à cc arranger » sur nature une
nature morte; ce qui, en substance, revient au même, vu que
dans un cas, comme dans l'autre, le point de départ est la sensation (1). Le peintre se place donc devant ce fait que le hasard
lui met devant ses yeux, ou qu'ilasus'arrangerlui-même. En
paroles il affirmera qu'il n'est p~s dominé par la nature,
parce qu'il prend les c&lt; déformations »auxquelles il se livre pour
des cc constructions &gt;&gt;, mais en fait il en est tout autrement,
car aucun peintre devant le « motif &gt;&gt; ne peut se vanter den' en
être pas plus ou moins dominé: Donc, en fait, il se mettra tout
simplement à traduire sur la toiles on modèle comme ses yeux le
voient, et, en adoptant la technique empirique de Cézanneilmettraàgauchece qu'il auraenlevéàdroite, etc ..., et cela tout encherchant bien sincèrement à saisir le caractère, l'expression del' objet qu'il veut représenter. M3.Îs ce caractère et cette expression
changeront chaque jour, et, s'il a l'honnêteté de Cézanne, chaque jour sera un nouveau départ pour une nouvelle destination.
(1) Il n'est pas question ici des peintres cubiste! qui ne partent pas d'une émotion
direeû; cependant les équilibres au~uels ils aboutissent n'appartknnent pa$ moim en
gmbal à la ,emation, mais à une sensation cérébralùée.
77

�1464

CÉZANNE ET LE CÉZANNISME

L'ESPRIT NOUVEAU

Un peintre ordinaire, c'est-à~dire de l'Ecole, d~s Bea1;1X-Arts,
à force d'essais nous donnerait un trompe-1 œi1 agreable et
plus ou moins savan~ en apparen?e, selo~ que les v~es r~gles
apprises auraient éte plus oumomsapphquées.Mais lepemtre
dont nous nous occupons, et à qui il faut rendre justice, ne se
contente pas si facilement, car il a une idée de con~truction
« derrière la tête », il a en plus une tendance vers l'uruversel et
l'absolu, c'est pourquoi, en analysant sa sensation, il passera
graduellement de la forme spécifique et vivante, qui dans son
cas n'est qu'une apparence et une anecdote &lt;1isuelle, à ce qu'il
croit naïvement une forme générale et absolue parce qu'elle
rappelle une figure plus ou moins régulière de la géométrie.
Lhote a trouvé une expression heureuse qui résume et éclaire
cette tendance: « passer de l'assiette au cercle ». Dans notre
cas cela deviendrait : « passer de la bouteille au cylindre )&gt;.
Moi, je prétends qu'il faut passer du cylindre à la bouteille, et
l'observation es méthodes des maitres me donne raison.
J'ajoute que les plus subtils sophismes ne pourront pas
démontrer qu'il est une bonne méthode, en admettant qu'il
fût possible de placer des meubles et des tentures dans une
maison avant d'en avoir fait les fondations, l'échafaudage, et
dressé les murs en pierre ou en brique. Même si on se donne la
peine de soutenir après coup cette maison chimérique avec des
supports, des barres de fer, des poutres, etc... on arrivera
peut-être à une solidité apparente mais non réelle (1).
Tandis que la méthode inverse : faire des fondations, et
puis l'échafaudage, et puis les murs, et enfin les tentures et les
meubles, symbolise l'ordre naturel des choses, la marche simple
et logique de la création.
"En effet, si nous prenons notre corps pour exemple, nous
voyons que les os sont à l'intérieur, et puis viennent les muscles
et enfin l'enveloppe extérieure de la peau, avec toute l' apparence de vie. Nous devons aussi procéder de l'intérieur à l' extérieur, et dans notre cas, le cylindre représente la charpente
ou le système osseux du corps humain, et enfin la bouteille est
la forme extérieure et vivante.
(1) ra suppmisetbarrudefer quel'onmetauœmursquimenacent de tomber joutnt le
mlme Tôle que ces« géométrisations • 01, ces contours qui passent d'un objet à rautre
pour les relier, ou tout autu • tn,c • qui ont pow but de donntr une apparence de construction. Poussin et les maîtres n'avaient pas besoin d'avoir recours à des ,expédients•
li peu honnétes ; leur construction réelle était derrière l'apparence, et paur la • saisir•
il ne su/fil pas d'etre malin, ilfatl,/, avoir de, notions • spécialu • qui manqtlffit à la
presque totaliU ~ péintru.

1465

Procéder autrement, c'est prendre le «moyen &gt;&gt; pour le «but»
e~ ad_rne.ttan~ que les géométrisations auxquelles on aboutit
d ~rdmaire ruent une relation quelconque avec la géométrie
qui est la seœ e et vraie charpente de la peinture; mais ce n'est
pas le,.cas ~n général. Car. le plus souvent ces peintres, qui se
font 1 illusion de constrwre parce qu'ils donnent à leurs tab~eau~ _un aspect géométrique, ne font que géométriser ou
simplifier, ce q~ n'a aucun rapport avec l'application rigoureus~ ~es propriétés géométriques.
Ainsi la bout~ille ~u~ nous avons prise pour exemple, malgré
son a~parence geo~~t~1':{11e, n'est que simplifiée et reste dans le
domaine ~e la sens_1bihte tout aussi bien qu'une bouteille peinte
par Monsieur CoRMON del' Institzit.
·

En _faisant l' ~al~se del' ~n?eignement de Cézan~e, j'ai tâché
de relier son œ~vre a s~n or1gme impressionniste et à son dével~ppement_ cubiste, afm que la vérité sur son enseignement
re~ulte ?lrur,aux_yeux de tout le monde. Je n'ai' nullement la
pretent10n d avoir touché les multiples aspects de cette œuvre •
personne ~~ peut se vanter de pouvoir réaliser un absolu pareil
~ans la cr1~1q~~• et encore moins dans le cas de Cézanne dont
1
P,~1culierement qualificatif, échappe par son essence
~eme ~ 1 analys~ et au contrôle. Cet « impondérable », ou
mc?ntrolable, qm est dans une mesure différente dans chaque
art1st~, forme tout l' a~~rait_ et la valeur de Cézanne, lequel, de
ce. pomt de vue qualificatif, est certainement un très grand
pemtre.
Mais il n' e~t pas ~oi~s vrai_ que son enseignement est presque nul: car a part certaines &lt;&lt; mtentions )), qu'on a superficiellement mterprét~es (1), tout ce qu'on a voulu tirer de son exemple nous a condmt au but opposé à celui qu'on espérait atteindre.
, Dans la peinture comme dans la littérature (cette forme
d art depms les symbolistes a toujours empiété sur la pein-

3!1,

sit~~ tmi;;;~~e=r 'J:~J;:anne en cher~hantréquilibredrJormaitles objetsjusqu'à les
de ttavers Evidern
~• on_ est arrivé à r:réer une sorte d'esthétique du compotier
réalise nédnmoins
la SU~tion de l'objet n'a pas d'importance, si l'équilibre se
cet .ihilililm n'avai·t pas pber"!isdde remarquer que Chardin, par eœcrnple, pour réaliser
• "'1
,
esoin e mdtre un compotier de tr
· de
fig~;es c~mme si elles étaient réjl.échies par des miroirs conca~:! :i!veaiedéJ~rm;.r
sys matiser ce cOU de l'impuissance de Cézanne il va:ud · •
·
s. u ieu
à se rendre compte qii' on peut équilibr
· tabl •
rait mieuœ, 3e pense, commencer
déformation est tout le contraire deerlaun
eau s?ns déformer ... et que, justement, la
atteindre r.i,.,,,:u..
construction par laquelle seulement on doti .

r;r;:i

d:

.. ---x-u-w-re.

�1466

LETTRES

L'ESPRIT NOUVEAU

ture) on a cérébralisé la sensation et on a cru atteindre l'esprit.
rous avons cru un moment que nous étions des réalistes et
même des sur-réalistes, et nous ne nous doutions pas que nous
regardions le réel avec les yeux de l'imagination, ce qui est permis pour les poètes, mais non pas pour les peintres. On nous
aurait appelé « sur-symbolistes » que nous l'aurions bien
mérité.
Cependant le sur-symbolisme des peintres aboutit, chose
hattendue, à la vraie tradition décorative, ce qui constitue un
rasultat plus grand que l'on ne pense (1), tandis que le sursymbolisme des poètes reste en général un divisionnisme
d'images ; une sorte de cinématographie des images dont le
film ne tournerait pas.
Ce n'est pas mon rôle de deviner si ce film poétique tournera
ou ne tournera pas ; il importe de constater seulement que
jusqu'aujourd'hui, dans un camp comme dans l'autre, ainsi
que je le disais tout à l'heure, nous avons été toujours projetés
vers le but opposé à celui que l'on visait, à savoir:
Au lieu de réaliser une synthèse, on reste dans l'analyse ; au
lieu de créer selon l'esprit, on reste dans le domaine des sens;
on croit continuer Ingres et on suit Delacroix ; au lieu d' atteindre le style on atteint à peine la « stylisation &gt;i; sous prétexte de faire de la &lt;t peinture pure ii on fait de l'art décoratif
et symbolique ; au lieu de construire comme les Maîtres, on
adapte « d'après les Mlitres &gt;let on géométrise ou on simplifie
au lieu d'employer les vraies règles de la géométrie.
Et il en sera ainsi tant que l'on restera dans cet art absolument « qualificatif », résultat d'une mauvaise interprétation
de l'enseignement de Cézanne dont, loin de développer les
quelques bonnes indications, on agrandit démesurément tous
les défauts.
J'ai la certitude que l'avenir est aux Constmcteurs et non
aux Adaptateurs, aussi habiles, malins et même géniaux qu'ils
soient et plus d'un dans notre entourage commence à saisir la
difîérence qui existe entre ces deux adjectifs, qui symbolisent deux routes toutes difîérentes : la bonne et la mauvaise ...
J'espère qu'on me fera l'honneur de penser que tout ce que
j'ai exposé dans cet examen rigoureux et sincère de faits et de
conséquences, ne vise ni les œuvres ni les peintres, mais bien
la méthode, ou pour être exact, l'absence de métJwde.
GINO SEVERINI.
(1} A condition, bien entendu, qu'on ne le déguise pas en art plastique ...

RÉFLEXIONS SUR

JEAN COCTEAU
PAR

HENRI MANCAROI

D

ANS

le numéro du 25 déccmb

des Lü,res l\I. André Th . /

1920 d

. e la RePue critique &lt;ks Idées et
çaist;_, a p~lié une sériee\i:e;é1ï1 ~onore la jeun~ critique franextremes de la poésie t eJl cnons ~ur certamcs tendances
la • po~sie sans fil 11 .
ac u e, celle qu'il appelle spirituelle:ment
. Je tiens à dire immédiatement
.
rive quand il condamne les mots ~ue ) 8 partage la sévérité de M. Thépure, 1e m_.épris total de la syntaxe 1~ 1ber!é, le culte de l'oi:iomatopée
de "[!-e pas etre sur cc point tout à fait d'a~:~dme. Il n_i.e para1t impossible
9u Il e~t urgent de défendre notre lan
. avec Jw et de ne pas penser
interdire, contre de pauvres gens d fue, pms~ue ~ous ne pouvons la leur
Il est donc certain qu'à partir de: _on ne rit m_eme plus.
notre so_l, la française et celle qui ne l'es~n~n:nt ". zl Y. a deux liJtbatu.res szir
du_ géme français, une classification f.
. Mais s1, pour la sauvegarde
gwder 1~ puhlic dont le divorce avec 1~ unpose, capable d'éduquer et de
11_1. Thér.ve, cette classification doit a art a ét~ t.r~s exactement noté par
r1té. L'examen des cas partie r
ppadrattre indiscutable dans sa sévé
tance. Or, parmi les noms ue u rrurrn. _dès lors une très réelle im or=
des lettres françaises il en1st
·ther~v:e et qu'il exclut du palm~rês
quelques réflexions. iJ s'agit de M.
cquel Je me permettrai de présenter
, I-,e cas de M. Jean Cocteau est .di ean Cocteau (_1 )_.
n etrP paR confondu avec celui de Mfr,e
plus Vl~ mt~rêt. Il méritait de
. zara et Picabia (2). Le commen8

J

~;~

j

4u

(1) Ce~te exception ne signifie as
M.èThé!1ve me paraissent tout fai~~~ t ~ les autres. condamnations inffigées
te, 11 me semble mai· P
gi
es. M. Blru e Cendrnt-s été 1
por
'Actionfrançaise 1~ Car"rie,°)t~ Ïe1ti~;u~e e~ prose, il est vrai, par oJon qui0 ~!nfà
~~~!i ~~/~:C'jéro du li&gt; septemb~~~;~ eJ:~a.1~\ïu!lnt à l\1. Drieu La
,1aJional •· Nous so~~cs-unes de ses paroles • it1&lt;Jld1/iables • • nttJerselle, l\I. ~ené

f'

l

oc,~)p::
lue Mc. André Thé~_
~':j! fa :m~:e1I~oi:: etfrM. J~ha::e~l~:::ir;~~
·i
. ean octeau a écnt dans son
. .
es ançaises.
!Ei':;J920). Majs
véri~i:'f~o'!~t'~
:(;d;
u
0

m1~audadal~m'omUMntbe
pet1tJouroaJ.ùCoq:•Lesarticles . '
.
je dois à Ja
je suiJ l'anti-dadaïste typfi
O ue que si M Cocteau
nne et tow • 1 ne • en gtnlr-' il
d-'- •••
• lu vakur, individuelk8 ""'
,._ D ad.,.
pas d~ quelque sympathie
• r!-8app~ou1.~
le
a ».•, ne se
pour

déf&lt;:nd

�1468

L'ESPRIT NOUVEAU

taire de M. Thérive, sinon son information, est un peu sommaire. Et cela
nous a fort étonné de ]a part. d'un critique intelligent et subtil à qui l'art
des distinctions et des nuances est fort loin d'être étranger. M. Thérive
cite quelques fri:gments du Cap de Bonne-Espérance. Ce volume ne constitue pas toute l'œuvre poétique de M. Cocteau.
Mais il ne s'agit pas d'examiner les quelques vers qu'en détache M. Thérive · la critique de forme qu'il leur adresse n'est pas ce à quoi il tient le
plus'. G'est un procès de tendance que fait M. Théiive, c'est à un esprit
qu'il s'en prend. C'est alors que la question posée devient intéressante.
Il nous parait que l'élément essentiel de la poétique, et plus généralement de l'esthétique, de M. Jean Cocteau a échappé à M. 'Thérivo: nous
voulons dire la fantaisie. M. Jean Cocteau ne l'a pas inventée: il circule
à travers la littérature française un courant de fantaisie qui n'est pas d'auiourd'hui et dont il serait facile de noter les traces au cours de notre histoire. Mais la fantaisie était un genre, assez à part, qui avait comme ses
lois et ses règles aussi bien que ses sujets ; de plus, elle était presqu':' généralement comique. La fantaisie de .M. Jean Cocteau n'est certes point
1évolutionnaire, entièrement originale et individuelle, jaillie toute armée
de son jeune cerveau. M. Jean Cocteau a lu, quoi qu'en puisse penser
M. Andt'é Thérive. Il n'ignore pas, outre ses devanciers, ceux de ses
contemporains qu'on a appelés les poètes fantaisistes i. et il faut faire la
part de l'influence exercée sur lui par l'humour ang o-saxon. Il reste
que la fantaisie de M. Jean Cocteau rend un son nouveau dans la symphonie des lettres françaises. La définir n'est pas facile ; il faut le tenter pourtant. Beaucoup plus qu'un genre, elle est une manière, un point de vue sur
les choses et les gens, celui del' intelligence émue; subtile toujours, elle est
accent. Elle n'est certes point exempte d'une certaine préciosité; mais
cela fait qu'elle ignore les échevèlements; elle est une discipline, souple
sans doute, mais qui ne veut méconnaître, jusque dans l'outrance, aucune
mesure intelligente. M. Gide dirait qu'elle est pédale au piano des lettres
françaises. Elle nuance, elle déforme avec grâce. Elle n'a rien de commun
avec le fantastique des romantiques. Nous croyons avoir le droit de dire
qu'elle est méditerranéenne. Elle est sourire, plaisant ou grave, souvent
tendre. Elle aussi est une pudeur à sa manière.
ll faut l'admettre, cette fantaisie du temps présent, qui n'exclut aucune
émotion, mais qui les préserve toutes de l'étalage romantique par un jeu
subtil de l'intdligence, pour aimer M. Jean Cocteau. Et même seulement
pour le comprendre.
Quand M. Jean Cocteau écoute les pianos mécani9.ues, quand M. Jean
Cocteau va au cirque ou au music-hall, et ~•il nous dit ensuite ses impressions, il faut entendre sur quel ton il parle. Il ne faut pas croire qu'il prêche.
Il faut faire la part de l'intelligence de M. Cocteau, qui fait la part de l'intelligence de son lecteur.
C'est ici que je ne suis pas du tout d'accord avec M. André Thérive. U
voit dans M. Cocteau un romantique attardé, dont l'inspiration est toute
instinctive et qui fait parade de la plus artificielle fausse nalveté. M. Cocteau y mettrait même • une çieille petite per"ersi.té » Eh 1voilà une affirmation dangereuse. La perversité, cela est un vice, certes, mais intellectuel
(et on le verra tout à l'heure nous ne pensons pas qu'il y ait aucune
perversité dans le cas de M. Jean Cocteau). Pour faire éclater le
romantisme de M. Cocteau, M. Thérive devrait nous assurer qu'il croit le
plus bêtement du monde, ou le plus généreusement, à cette natveté. Mais

RÉFLEXIONS SUR IEAN COCTEAU

1469

M. Thérive n'en fait rien . il no .s
il ne l'est pas lui-même. Mais alu r ass~e qne M. Cocf:eau n'est pas dupe,
p~s eu le souci d'une démon.strati~ Je Jeu eS t l?yal. S! M; Thérive n'avait
meuse observation tout cc qu'elln géntale, 1 aurait tiré de cette ingéM. _Jean Cocteau est un intellect:ali~fe
etellvérité ~t de j~stesse.
lyrique, parce qu'il est poète. Mais .
· n JO ectuali:ste souriant et
que l'homme est un an·unal
· •t Je pense que M. Thérive se souvient
'il
qm r1 en même tem
·
ab
~u nous accordera que le lyrism; est
f ·t
ps 41:10 _raisonn le, et
tisme .. Et ce n'est pas un paradoxe
par ai ement distinct du romantant de démontrer que toute l'œuvrque no'WI prétendons soutenir en tenest peut-être même une réaction
Jean Co_cteau est en réactionJ
M. André Thérive, tel que l'entend .M P" e roLantisme, tel que l'entena
tendons nous-mêmes
· ierre asserre, tel que nous l'enNous avons dit quê la fantaisie 'ét ·t
est bien le contraire de l'emphase e~ d j pas
tout romantique. Car elle
légère, et l'on sait que ces qualités :, a grti oquence; elle est aérienne,
romantiques exception faite
Al/pdar ennent guère aux écrivains
classiqu_e, d~ le large et vrJ~e~ d/!ole Musset dont la fantaisie est
Le grief maJeur formulé p M Thé .
à ~•~~a.rd de M. Cocte.a u c'esS: de ·culti;ive, si nous l'avoll;&amp; bien compris,
médiat ». Sur ce point il'
mb
/r presq~e exclus1vement " l'impeut_ s'é_largir jusqu'à dém:s!:r le juil faudr8lt s'e!ltcndre. Et le débat
s~voir s1la sensation ne p~ut
C~t.eau l~-mêJ?le. 11 s'agit de
s1 o~ pense que seul les idées déjà élab ~ t ere àl art. Si o~le conteste,
matière ~•une poésie exclusivement ii[ ils, tesal~oncepts ~01vent .être la
faut le dire nettement Nous ne
e ec u iste et philosophique, il
ll: Thérive. « Soit, no~s dira-t-!:°s~ns pas 'P,le ce s01t là l'opinion de
s,01t un~ matiere poétique, si l'on p8:ut
l armets (JUe la sensatio~
1 organiser,_ co~poser, ne pas tenter de m 1 Jar erh, m8.ls encore faut-il
cord. _Aussi bien M. Cocteau ne s'ef
e a vrer rutalement. , D'acnotatlons. Si l'immédiat est son thè fore~ pas à la.plu~ suhje~tive des
a un effort d'analyse et de tradu . me, ~.es~ un theme intelligihle; il y
son~ œuvre de l'intelligence réfl;~n J msiste _sur ces deux mots- qui
t?UJOUI'S un minimum d'élaborationer:,· y a él~ction de mots et d'images,
s1~le 8: d'autres, il se soucie d'être co~ :fs1sfdiat de M. Coc~eau~st accessaire, il faut s'en prendre à la subtibil~é d qu~lque attention est nécesest tentée. Mais que M. Thérive mes 1
u ~entiment.dont la traduction
M. Jean Cocteau les Jlluminatüms }îf1_;thdistR"cebqui sépare des notes de
peut-être, maïa intelli~ible d'un art
ur 1m. a~d, ~ art personnel
non traduire l'immédiat MTh . purement 8~Jectif, qw veut inscrire
i~po1:tante distinction à. raire tR;°c~e renserait-~ p_as qu'il Y a là une fori
l mspiration. Il n'en reste pas m~ins c e~l peut ins1stcrsul'lemystèrede
lettres et les mots importe qu'il
qu i l reconnatt, CJlle le « noir », les
rola qui flotte; si'« parce q~'elle fl!tt.: 0iue re cdeh~~e à ~re sur l_a bandece que cela n'ei.t pas Ja art d'él
d
a Len w peine à la lire », esttielle à la poésie ? « P.Mais sa~hl,,nte con~entra~ion, d'ésotérisme essenle mieax de soulager s~;; intelligence alo~s ~
dire et s'efforçant pour
. N?~s soutiendrons donc cet
,
n res se ~angen_t. »
1ntwtionisme d'art (M Cocte ~PP.f.cntLpar3:doxe: bien lom d'être un
~cou11ertes de l'instinct , . au en . u a science M sert qu'à Périfier les
me pas la valeur de la sci~~:odonn~~!1ut s?n sens à c~ • vérifier ", cela ne
M. Jean Cocteau est une réadtion de l'i:itru1~on
humEalltne),
l'e~thétique
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�147 0

RÉFLEXIONS SUR JEAN COCTEAU
L'ESPRIT NOUVEAU

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N
, vons pas la co~pétence nécessaire
ntttement _anti-romhét1gue. ~icsaÎe: présentées par M. Cocteau, _mais il
pour examiner les t ories ~1?-ar
remarquer un ~oüt affirmé de
n'est pas besoin d'~tre li':fe3_1 \stetf°M ~octeau préconise l'affrancpïsconstruction, de si~p cf , .
a~si bien que du fluide impress10nsement du wagnérisme orm.1 .
t être ses mots d'ordre. Est-ce cela,
nisme. Mesure et ordre_, tels pl~~a1sséd' t » ? Mais que M. Thérive y songe,
le culte presque exclusif de « zmm ia
ons voir dans l'effort de
cette réaction de l'int~lligence que D;OU~
des choses. M. Jean CocM. Coctea~, elle est lyrique. Celd,exp~iune philosophe intellectualiste ;
teau ne tient pas le lang~ge un 1 · t uloir l'entendre.
M. Jean Cocteau est poète,_il faut savoir e voincs affirmations où il faut
Ainsi réagit-il par certams gestes et. certa 'il eut avoir dans les uns
faire la part de sa fantaisie de poète. Mais \e â_1;1ex€érieu~Ement outrancier,
et les autres d'inatten~u, d'appar:1%°en 'vec verve et jeunesse à mener
cela fait sa besogne utile, cela co~ r ue.Ai . M Cocteau a imaginé des
le bon comhat contre le romantisme. . ns1 le. cornique auquel voulait
[arcès, Le Bœuf sur le toU, PaLradeÈ Esft-;: qup;ticulier, n'était pas ~ur~out
atteindre M. Coctea~, d~s e œu
8 de bar à laquelle aidaient
intellectuel ? La stylisat10n ~~ se5iper?~:;ip tôt di;paru qu'était Faules masques du délicat et spmtue ar is e . e endiablée de M. Milhaud,
connet, leurs mouvements lents sur la m~1~qdonnait un plaisir d'esprit qui
certaine retenue dans le wotes~e, tout c sourire l'intelligence. Que cela ~e
ne faisait pas ~clater le rue, _mros 0 f~:Oté sans doute, ~ais quelle u~ile
soit pas le vrai et lar~e. com.1dquf .
roma~tiques I Et pms, le franc nre,
réaction contre la facilité e ce u1 e
le cheval de Para~~ bi~_n su le .déch;m~r. aler l'influence sur l'esthétiq~e
C'est peut-être ic~ qu il convient e s1~ses Elle est indéniable, et l~de M. Cocteau du cirque et ~es ballets rd l'ét blir Je voudrais au moms
même l'a reconnue. Il ne ~•art donc pas entreÎe ro~antisme, ce qui n'est
montrer qu'elle ne pouvait s exer_cer que co
peut-être pas évident pour cer~ama." .
. Ce spectacle a peut être subi
Il y aurait un bel é~oge à écmeabr t·&amp;~~oins n'a-t-il pas disparu, a-~quelques transfor~ations r~grett \i~ieurs ·eunes écrivains. _Il !au~ai:t
il encore un public, des anns, dont p d cir u~. Il ignore la gr1vo1sene1 il
dire la santé, la propreté, la beauté. u ·1 qst harmonieusement humron.
n'est pas boulf:v~dier. Il se po;'te ~~~: commandement de la vo~onl_é
L'élégante maitrise du mus~le s y _a ~umftlne s'y dépense, chaque soir; il
au corps s'y apprend. De 1 ~nergie b"té l' crobate recommence le tour
faut voir avec quelle a~abl~ pro f•ame~de du régisseur, le plus b~
manqué; et ce n'est pas gu il cra1gnl h val la beauté et la grâce an1orgueil e~t. en jeu: Au cirque, ~tl~h~~:e. Èt les panto~nes des clowns
males se 101gnent a la souplesse e
. d lus dépouillé - acrobanous révèlent la puissance du pl~s tnCJ~q:!. Cela est u~e charmante
tique et simple, - du plus hu~_am ?~t~~ieur du cirque ; mais ?n en po1;1rleçon, cela est comme 1~,classll1s::os~n classiciEme extérieur: 1e veuxrïf:i8
rait dire encore ~e quel appe er _ _ l'acrobate }a danseuse sur
e
la fixité conventionnelle des genrtsi t dition de; farces clownesques, et
fer, l'écuyère, l'Au~s_te, eic ... , - ~ ra lie dont il y a plus d'un_ exemp}_e
cette continuité falJ!lliale et p~ofess10~~ entaché de nul romantisme, sil
dans le mond~ du cirque. Le cir~u! ~e:te sur lui.
. . .
peut y en avoir dans le regard 'quo 1 1 on d'intelUgence et de discipline
Quant aux ballets russes, c est une EÇ

dahk

bi~!

Jd:

1!

1471

qu'ils doivent donner aux observateurs attentifs. On ne peut ignorer que
les résultats auxquels ils ont abouti, cette prodigieuse intensité d'expression dramatique, ~tte révélation du grotesque souple, cette grande impression de déchainE:ment naturel qu'ils donnent parfois, ce réalisme
schématique, sont le fruit d'un labeur patient, d'une stricte ordonnance,
de la mise au point d'une technique savante et minuti€use qui fait le plus
grand honneur à l'intelligence de M. I.:éonide Massine.
M. Jean Cocteau a eu raison d'aller au cirque et aux ballets russes (1).
« Peut-être, voudra bien reconnaitre M. Thérive pour nous faire plaisir,
mais je ne suis pas près d'admettre pour cela que le piano mécanique soit
« le comble de l'art mu.sical », « les toiles cirées la fleur de l'art plastique »,
« le mu.sic-hall, le cirque même, le fin du fin de l'eurythmi,e. » Fort bien,

M. Thérive. Mais M. Cocteau n'a pas écrit ces affirmations absolues transcrites de votre article. Et, une fois de plus, vous n'avez pas entendu
comme il fallait, avec le sourire qui vous a dicté votre titre meme («la poésie sans fil», voilà de la fantaisie comme M. JeanCocteaul'aime,je pense),
vous n'avez pas entendu comme il fallait, trop littéral M. Thérive, les propos de l'auteur du Potomak. Je vous demande de vous souvenir de ma
petite formule: réaction lyrique. Est-ce que tout ne s'éclaire pas à la jQ.lie
lumière de la fantaisie ? Le piano mécanique, M. Thérive,mais c'est la
réaction contre le sentimentalisme affecté et facile, contre la romance
béate, contre la déplorable mélodie italienne, contre tel musicien dont
j'allais écrire le nom I La toile cirée, mais c'est la réaction contre le poncif
académique, la platitude savante; je suis bien sûr, M. Thérive, que vous
préférez la saveur d'une image d'Epinal à l'outrecuidance d'un chromo
signé par un faux pontife, quelque «conserPateur des Pieilles anarchies », dirait ingénieusement M. Cocteau I Le music-hall ou plutôt le cirque, -car
j'imagme que M. Cocteau aime dans le music-hall ce qui, du cirque, y a
passé, - le cirque, mais c'est la réaction contre le mauvais théâtre, lo
théâtre mufle et le théâtre bête, contre le faux lyrisme, contre l'artisteric
de M. Henri Bataille. Ce sont là réactions de la santé, de la santé française, même si la fantaisie leur donne un visage quelque peu inattendu.
Mais M. Thérive nous demandera compte de cette naiveté, de ce sentimentalisme, dont la rencontre chez M. Cocteau semhleraitinfirmer la thèse que
je soutiens. Je crois qu'il n'en est rien. Là encore, il s'agit d'une manière
de réaction. La romance populaire, vraiment populaire, la vraie n1:.iveté
peuvent nous émouvoir, quand elles se donnent pour ce qu'elles sont, en
toute candeur. L'inacceptable, c'est leur transposition, c'est la fabrication
au nom de l'art d'un sentimentalisme qui se croit bien autrement distingué et qui ne parle même pas en meilleur français, qui est stupide et non
plus naif. Vive l'âme populaire plutôt que le romantisme bourgeois I Plutôt qu'à une facilité artiiicielle qui Vf:ut se faire passer pour de l'art,
venons-en, quand notre sensibilité trop énervée par la vie moderne le
réclame, à certaines heures, venons-en à la vraie simplicité, celle qui ne
fait pas illusion, ou dont la convention simpliste soulève les épaules des
faux artistes: tout au plus sourirons-nous, d'un sourire. point méprisant,
à peine ironique, intelligent.
Voilà quelques-unes des observations que m'a suggérées la lecture de
(1) Si :M. Cocteau pense qu'il a dd se dégager d'une mauvaise influence des ballets
russes, il n'en reste pas moms que ceux-ci jouèrent un rôle dans la dêtermination de
son esthêtique.

�1472

RtFLEXlONS SUR JEAN COCTEAU

L'ESPRIT NOUVEAU

l'article de M. Thérive. M'accorder a-t-il que l'art de M. Cocteau est comme
une géométrie subtile, que l'outrance de ses bienfaisantes réactions sait
trouver une mesure sous le contrôle de rintelligence, dont il ne fait pas
li - ni de la siennet ni de celle de son lecteur - , que son esthétique peut
être parfois d'expression personnelle, non - si l'on peut ainsi parler d'expansion personnelle, ce qui caractérise le romantisme. On ne peut
étenâre à M. Cocteau le reproche de man~er de culture que M. Thérive
adresse en général aux poètes sans fil. Le Potomak nous ap?.rend ~'il a
lu Platon et Shakespeare, Pascal et Sophocle, ce qui n'est déJà pas s1 mal,
Alired de Vigny, Musset, et même Dickens et Mürger. M. Cocteau se
montre averti de mythologie, comme un bon poète roman ou néo-classique,
et il va jus~' à nous citer, en bon hellénisant, une épitaphe d' Ale~ de Messénie (1). Sil est souvent précieux, nous nous souviendrons tr.1e la préciosité contribua pour une bonne part à la formation de l'eapr1t de notre
dix-septième siècle. Et cela nous sera une raison encore de reconnaitre le
caractère français del' œuvrc de M. Jean Cocteau.
A l'appui de ma démonstration, j'ai cité, chemin faisant, quelques
textes empruntés au Potomak. 1e voudrais en parcourir encore certains passages avec M. André Thérive ; je lui demanderais s'il ne lui
semble ]?as qu'il fait bon lire une affirmation comme celle-ci : c .Alors
m'en11ahtt la plus 11éhémente réaction con.tre le pittoresque_ », sous le titre
Esthétique du .Min.imam (2), formule d'un classicisme à peine outré.« .. Non

que j'approu11asse ar,euglément ce raccourci; mais une seule épithète dewait

suffire au re11e, un léger coup d'épaule, une flèche de poUau. indicaleur... ,.
« Oui, dira M. Thérive, mais c'est la concision de la farce américaine qui a
appris cela àM. Cocteau. ,, Eh I qu'importe,M. Thérive, l'esscntieln'est-il
pas d'arriver à la vérité française, même par un détour américain? Et il ne
(1) Je m'en voudrais. à propos de Musset, de ne pas recopier pour M. Thérive un
fragment de dialogue entre 1\J. Cocteau et son 8DllC Argémone, qui prétend aimer
Musset:
Mai. - ... J'ai mqrri,é Musset d r4ge ingrat. J'en ,rokm ~ p . Sea petitu
pilces de vera me ravissent, et meme je me réptte M1Uvent, dù: Joi.8 de auüe :
IL SE Fr1' TOUT A COUP LE PLUS 1'11.0FOND SILENCE
QuANn GEO:BOINA S!IOLDEN SE LEVA l'OUB Cll.ü&lt;"TEJl-

Argémone se levant alora co111me Georgina Snwlden, dlllattia :
LoRSQUE LE J'WCAN LASst D'UN LONO VOYAO~
TnoUVE, LE sora, SON CBAMl' Jl.ABÉ PAR LE TONNEJUlE•··

et boudeuse, une main sur lu yeux, se plai1.1nit de ne jamail se souvenir du ,erte.
SES AILES DE GÉANT L'Ellll'iCBBNT D11. :r.l.AltCBER.

eonclw-je timide, •. •
Que M. Cocteau &amp;i.me de Musset, les deux vers qu'il nous cite, et qu'on pourrajt
dire romans, et que M. Maurras doit admirer, et qu'il ne paraisse avoir que peu de
goût pour eeux que cite Argl:mone, voilà qui n'est pas précisément d'un romantique
et pourquoi je réclame l'applaudissement de M. André Tbérive. Et je lui demande ai
eeci encore est d'un romantique :
• En AJriqut,je soupirais aprù la place de la Concordt.
J'ai eu"le paludisme, lk• idyllu dana du parc, au bord m, lac Majeur.
Eh bien, Je prtftre la maison de Chtnier .•• ,

(2) Dans un autre passage, M. Cocteau écrit :
'
•
• Savez-vous le poilh occulU tt ri beau de ce qui aurait pv. ltre et de œ qu'on Tetranehe 1
La marge et rinlerli.gne, A.rgémOne, il y circule un mitl de aacrifice, •

1473

fa1_1t pas e!l vouloir à M. Cocteau de nous di
,
.
mstal • lm cr de11int l'art et le confort ». il f t r~ qu • un presse~papier de
son cl~r symbole de u réaction cond-e le au. auner ce rac~ourc1 ~e p~ète,
« ~sthétique du minimum ». Et c'est ave 1 pi:;esqlll:. 1 , d apolog!e dune
phce qu'ilfaut entendreM C
c e ':Il e esprit et un sourire compoètes jurent : Larousse Ch.atctcJ,au quanVdidalil
déclare solennellement: « !,Ju
. t il
,
...,, oanne
-Lablache
M .
v1cn - pas d'applaudir encore qu d i1
di
•·· ». ais ne con1 nous t: • J.e monte sans sauter
de marches » ?... Ne s'a it-il s
d'eff~~ pati~nt qu'un tféol'icfe~ ellr~ pr~:ft: cla~i51que de cont~uité,
fantalSled,ml8.1Sfsans _q~cl'esse!)-tiel del a pinsée r-a.ia::treo?Qte.u!!fMcmTohmé s_ de
au nom e a antrus1e venait à m'as
., . .
.
nve,
prendre trop au sérieu~ ces textes sure~ que J 1U t~1·t de dé~acher et de
dont je n'ai pas besoin qu'il me les ~~et~'::î~to~s de Jyr1~es ~carts
compter avec ces sentences autant qu'ave' l Il
11;1 que u m01_ns~ faut
Et, tout de même M Cocteau ne s'
c ce es q~ pe_uvent l'indigner.
bon sens du monde c~tte remar eamuse pas q~and ~ écrit avec le meilleur
de.toue les romantismes, M. bfa~rare: lfnires1gnera1ent tous les ?1'~tiqu~s
meme : « La 11irtuosité mène au lie
· asserre comme M. Ther1ve lw.,;8
d .,
.
u commun ... ,.
M'"
, quan J aurais la chance d' ·t
t d d
.
ter9:Ït ce re_co'!]rs de me dire : a tout c:l~ee:f beÎ ~ b e M. Thénve., il lui reshahile. Maia JO vous ai cité des v rs d
e e on, et votre discours est
j'attends que vous m'en a orLiez
e M. Coc_teau, de méchants vers,
1\1. Cocteau est poète Il vlïci M Th~~en_ts, pwsque vous prétendez que
1
l'oreille:
·
•
erive, Je ne me dérobe pas, prêtez

d'

d'

•

Î~a;1'!ï::' 7!/3,:~r sur rlierbe tk la terrt,
80

Ei de tomba sans ttfaire niai.
Songe que sous ta place élroul
ll y a de la terre
'
Et encore de la te'rre
En ligne droile
•
Et de 1a roche el du milléral
Et de la lave.
Et des it1ca11descencu
Et le Jeu central.
'
Sonç_t, en continuant la desct:nte
Qu'j.l Y a dufw. et encore du feu:
~ . dea laves incMdescentes,
PutfJ tk la roche et du. minéral
Piru de la terre
•
Et encore de la'terre.
Et, peu à peu,
De la terre où. pb1ètre th l'air
Et dugaum,
•
E_t de la nuit aurtme ,aï.ron
Etunefnrn1i.equi dort à la Noovtlle·Zs'-"•
Avec rabfmeau-dessorud'elle
-•-.
Au-dessous de son totl.
•
Et ,onge que puur tlle il ut pareil pour toi.

Ne trouvez.vous P.aB délicieux la m
d
.
sobre composition, J'oserai dire son ct5ll!e. e celet1t P.O~me, sa claire et
parmi des réflexions sur la mort
. ass1c1~me Et vo1c1 encore des vers
à la conception panthéiste d'
Jeier8l tout.es rés~rves r~ativement
cœur ni la raison:
un eu agmentaire qm ne satisfait ni le

diù

�1474

L'ESPRIT NOUVEAU

RÉFLEXIONS SUR JEAN COCTEAU

Quand.tu verras mourir un ami de ton dge,

Et encore ce si curieux et important témoignage d'un jeune blessé
allemand sur les prêch'.ls fanatiques d'un Herr Ebel dans les forêts de
Germanie, recueilli par M. Cocteau, et qui fut commenté par MM. Maurice
Barrès, Charles Maurras, par Péladan et la Revue hebdomadaire. II ne
s'agit pas de confondre ici les domaines et de démontrer le patriotisme de
M._J ean Cocteau ; mais dans toute la mesure grave et délicate où les lettres
d01v~nt avoir le souci national, il importe de dire que M. Côcteau sentit et
réa~t,. à _une heu:e décisive, peut-etre même pourrait-on écrire servit,
en ecr1vam français.
M. Jean Cocteau est jeune. Son œuvre est fort loin d'être achevée. Il la
faut juger sur ses promesses aussi bien que sur ses premières réalisations.
~- Jean Cocteau se connait lui-même; il a écrit au début du Potomak; «A

Et s'évaporer la rtJUgeur
De son visage,
Déjà tout enduit de néant,

Enme-le comme un voyageur

Qui va faire un -interminable et célèbre voyage.
Après les derniers gestes,
Et cette pesante inertie
De la mort,
Espère connaitre auslli,
Bient.it,
C01nme espè:re celui qui reste,
Sur le quai,
Api:ès le départ du bateau,
Ce Hame, ce Cherbourg, ce Brest,
Ce départ sans navire, sans rive et sans eau,
Cette lourdeur du corps dont fâme se céleste.

1475

•

Et pour finir je proposerai à la réfüxion et au goût de M. Thérive c~~
vers dont le soi: me rappelle celui d'ùn beau poème de M. Dubech, pubhe
par la Revue Unfrerselle; je demande à M. Thérive d'accepter l'ascenseur
et d'écouter la fin admirable et si simple du chant.
Si f;u aimes, mon pauvre enfant,
Ah ! si tu aimes I
Il ne faut pas en avoir peur,
C'est un ineffable désastre.
Il y a un mystérietlœ système
Et des lois et des influences,
Puur la gravitatwn des cœurs
Et la graviUJJ.ion des astres.
On était là tranquillement,
Sans penser à ce qu'on évite,
Et puis tout à coup on n'en peut plus,
On est à cliaque heure du juur
Cmnme si tu descends très vite
En ascenseur :
Et c'est l'œmtJUr.
Il n'y a plus de livres, de paysages,
De Ylésir des ciels d'Asie ...
Il n'y a plus Tien qu'un seul visage
Auquel le cœur s'anesthésie.
Et rien autour.

Enfin M. Thérive faisait un grave reproche aux poètes sans fil 1e t~~dre
à un art international, vague et confus. Nous penSOD;S avec lw qu il ne
saurait être d'art plus humain qu'un grand art français. Et nous pensons
aussi que les écrivains doivent ê~re d'~n(lrace, d'un sol, d'une patrie. ~ous
lui demanderons simplement s'il n'aime pas le ton ardent et. mesw:e du
jeune écrivain français qui écrivait d~ns ses i:otes du preliller ~o~~ de
guerre : «••• Un jeune Allemand se réveaze ~ !feidelberg_;_ on pourrait l etre.
Quelle farouche mélancolie!.:· »,Et rappellerai-Je~ M:. Ther1ve ces Eugèn/3f de
guerre dans la rude géométrie desquels la pluf!!erugue_deM. Coc-tea"!1 sutresumer et synthétiser la cruauté, la gloutonnerie, le sadisme germamquc.-., (1) ?
(1) • Voyez-vous Persicaire les Allemands n'ont pas droit à notre force impondérable dont ils cherc~t"naïvemdit à découvrir le ressort; ils n'ont pas droit non plus à la
belle machinerie américaine parce qu'ils tirent après euœ une trop lourde c~rge ro~ntique. Leurs dynamos ressemblent d Fafner, les chevelures vertes des Nixes s mibrouillent
diins les engrenages de l'usine alimentée par le Rhin. .
.
•
a Cette annexe (Les Eugènes .de guerre) vise la faiblesse irune nation vor_ace, pastichant chèvre et chou eroyant obteni.r ainsi une parfaite mesure et ne réussissant qu'à
mettre au monde un' monstre lxttard, très ridicule et très dangereu.c. •

dix--neuf ans, les uns me fétèrent par sottise, ma vériJ;abl,e jeunesse plaül,a auprès des autres. Je deçins rü/,icule, gaspilleur, bavard et prenant mon bavardage et mon gaspillage pour de l'éloquence et pour de la prodigalité. »
« Muel
Drame de la Mue/))

dit-il, e~ l'achevant, de son Potomak; il faut tenir compte de cela aussi.
« Ces mirages, ces tours de carte, je ne pouçais pas prétendre à autre chose. &gt;)
On ne peut en vouloir à cette souriante fantaisie, d'autant plus que nous
croyons avoir montré tout ce qu'elle inclut de sagement français.
E!le est en marche ; souhaitons-lui bonne chance; elle a, M. Thérive,
le f!l conducteur de l'inteUigence. M. Jean Cocteau ne rêve pas,. car il
' c&lt; digère fort bien » et se « porte à merveilk ». Cela a peut-être son importance, cela a son sens. M. Jean C-0cteau ne porte ni gilet rouge ni cravate bouffante, il n'a même pas de longs cheveux. Son visage et son élégance correcte, comme son nom, sont bien de chez nous. « Je suis parisi.en,
J~ parle parisien, je prononce parisien», nous dit-il. Allons, M. .André Thér1ve,accordez-nous que M. Jean Cocteau appartient aux lettres françaises.
Il a non seulement l'accent de Paris, mais de France.
Henri

MANCAR.IH.

�LES LIVRES

sr~S:!;[.
:

même de la poésie• mais il le •t A .
. .
temps devant les d~ ers d'
USSJ réussit-il to?jours à s'arrêter à
0 P ci:ux qm nous sollicite tous
en raison de sa faeilitlet de ~

LES LIVRES

•••

PAR
MAURICE
111cous muo11111 :

AVEll■lm

SIQ1'&amp;S DOUBL!S

RAYNAL

{ÉDITIO~S POVOLOZKY). -

aom

LA co,JUIATIOk1 DIS CHATS {ÉDITIO;.'lS LUMIÈRE, ANVERS).
- FERNm 01vo11e : JAlSSAftCI DO PO!llB (ÉDITIONS FIGUIBRE). - JEAII
COCTEAU : LA ftOCB
ASSACR.8B (LA SIRÈ."ilE).
:

N

ICOLAS

1477

Beauduin, avec une opiniâtreté inlassable, entend donner

à son imagination les moyens de s'exp~er sous la forme la ~lus

neuve. 11 pensera certainement avec m01 que le vers de Chémcr :

« Sur des pensers nouveaux, faisons des vers antiques •

constituait une erreur inféconde, et qu'il ne s'agit pas de « {&gt;ensers11, guelque sens que l'on donne au mot, mais bien d'émotions poétiques inspirées
par le spectacle de la vie de l'époque. Aussi, loin d'enfermer_ les mouvements de l'activité_contemporaine .e~ ces cost~es d'au~re_fo~s que les
néo-classiques aimer8lent et sous quoi ils sembleraient aussi ridicules que
gênés, Beauduin confectionne à leur usage le seul vêtement qui ne les
incommode pas et dont il n'entend surtout pas les parer.
Beauduin estime en effet qu'avant de rechercher le brillant d'une prosodie artificielle, si spirituelle qu'elle soit, il est bon de dom1er d'abord
libre ~ours à la simple expression de ses émotions. Or le fait que les poèmes
de « Si!!Iles doubles » apparaissbnt surtout comme des notations extrêmement senties mal~ le soin évident de leur présentation, provient justement de ce que Beauduin les exprime graphiquement tels que sa sensibilité les a tracés.
Certes, Nicolas Beauduin ne laisse pas ses sensations courir nues. Cependant s'il les babille, ce n'est pas de recherches ni d'affectations luxueuses,
mais bien avec ';1ll souci du conf ~rtab~e q?i leur permet d'évol~er en tou~e
aisance et à plein rendement s1 Je pws dire. De sorte que les unages bnllantes que crée son instinct poétique apparaissent sous un jour de liberté
1-ouvent incisive et même violente, mais qui ne choque pas. Et ce, grâce
à la sûreté des moyens que Beauduin a définitivement arrêtés, ù quoi
l'on s'accoutume, et qui donnent aux e1..1&gt;ressions poétiques qu'il crée une
sensation de reliefs dont il sait mener le plus habilement du monde les jeux
des bosses et des creux.
Il faut dire surtout que la place importante qu'occupe Nicolas Beauduin
parmi les poètes contemporains devient de plus en plus significative.
Comme la plupart des poètes du temps, il est menacé d'un excès d'activité
cérébrale qui pourrait nuire à ce qu'il faut considérer comme l'essence

c ·•

Avant.même l'organisation définiti d
T •
maete fait ~eux que de dénoncer le p~:il ~è onuiiÎ Pan- ~ir, Roger AverNous assistons en effet et d'ab d
gre, e supprime.
d'Af~ique. Les Alliés, qui le sont o~c!r:°r~r~!v:re ~nérale de_s, n?irs
ac~ au cours de la guerre contre l'AJ1 '
es prmc1pes milita.ires
ratifs ~ormidables, inimaginables de leemagn~, tentent, après des prép:.•
ennenus du Droit et de la Civilis:it·
k:fipliquer contre ~s nouveaux
I malgré la sc1ence de tous
leurs états-majors les armées bl 1tn. .
leur entreprise pok n'avoir . am81!-C es e~ ouent lamentablement dans
troupes noires. Après des J t lllS réussi à _en~er en contact avec les
l'~rmée américaine subit dC:v~hars extr1ord m8{res, al! cours desquels
~cx:obe vie.nt à point pour détrtilics~Wg ants, l mvent10~ d'un canon à
ams1 à la raison.
e
ement la race noire et la mettre
Pendant ce temps l'E
.
l'être et gardée seuJemen~op! ~nv~ _de soldats, d'hommes en âge de
. resteàlamercid'aventurier~dé -':{ ~1ll~d~, les femmes et les enfants,
elle pas de se produire. Les cha;;
/ss! une cadtastr?phe ne manquo-tmes leur ont imposé se révolt ,
u Joug omest1que que les homl~urs chefs les derniei!s défense;~~! f,eur tour, attaquent sur les plans de
mers et prennent le pouvoir C
~urope, los battent, les font prisondemandes de secours de la ·art°~en ~nt, har~é~ par T. S. F. de
généraux _que le choléra règne ln Eurip~ srm~il d Afrdique, il~ ~visent les
de leur fau-e parvenir du secours
e qu est ésorma.is impos-iblc
Au bout du compte l'armée ar;•1 • 8
l'o~ sait, et la nouvelle ne tarde ~
remporte la victoire décisive que
qui ne se ~entent pas capables de luite 6 ~ P ~pag~r en E~ope. Les chats
pas acquis le goftt du pouvoir dé .d rrd re armceréguhereot qui n'ont
libèrent leurs prisonniers
.
c1 en e reprendre leur vie ancienne et
tés et des habitudes fâ~i{e'::;e~u
duer d~ir•ité, ont pris des liberen Europe et constatant les déborde o ta s
rique rentrent bientôt
comP-atriotes mâles et femelles e f mtn s auxquels se sont livrés leurs
Lon saisit l'allusion. Mais l'a:ec:J~~ :ne venge~ce éclatante..
~e Roger Avermaete ui sait
e ~ut ~8 qu e~e vaut, et Je pense
rame tient les anecdote~ ne d
quelle f~sestime la littérature contem p_ofahulation de son livre. 'En ré~iéa~i5p
beaucoup d'illusions sur 1 arsamment équarrie sur la elle ·1 , i_ u lise co_mme_ une charpente suffiSes trouvailles ré~ident dans 1 1 ~ dispos~ des s1tuat!ons bien spirituelle~.
bonhomie dont il souligne plus~tr:~ntatiof~1certrunes scêne.~ et dans ln
ne prend pas les nègres tro a u é . e nos
esses. Je veux croire qu'i l
serais pas autrement étonnf s'il r1eux tou~ de même. Et même je ne
peu d'estime qu'il voudrait nous faie cons_ervru~.yas quelques doutes sur lo
E1;t évi~an t encore toutes Jes babil crrril qu 1 garde à n~s frères blancs.
tait de Jouer, il se contente d'ad ~ es a~ es don~ son suJet lui permetallvec grâce de certaines difficuh~~1~ le tra1t ~rop v_1f po~ s~ tirertoujourb
Y a du Swift dans son livre mais ders5 ~ 1~1 so~ imagination l'entraine.
l
Pus précieuse pour un ouvr~ge de :et ~,d m~m1s amer. Etla qualitéla
r re cc ate à chacune de es

hs

1:~

1

r:~

~r

fr

!

7·

�il.1:78

pages: l'œuvre de Roger Avermeaete est en effet joyeuse, sincèrement
Joyeuse comme peut l'être la tentative vivante et imagée d'un esprit qui
ne prend pas trop au tragique la destinée un peu ridicule de nos semblables, quelle que soit leur couleur.

Avec la « Naissance du Poème n de Fernand Divoire nous pénétrons
dans le laboratoire où s'élabore le travail mystérieux de l'imagination.
Divoire semble donner son poème tel que l'exercice de cette pensée consciente et organisée que célèbre Jules Romain, ne l'a qu'à peine effleuré de
son appareil plus déformateur, hélas ! qu'orthoY.édique. La « Naissance du
Poème l) eat une sorte de murmure de la sensibilité: c'est pourquoi Fernand .
Divoire a voulu que le mode d'expression de son poème fut confié à la
parole et que celui-ci fut plutôt entendu q ie lu. De là sa représentation à
l'Odéon. C'est que s'il ne faut pas l'entrainer dans les excès du verbalisme,
il ne faut pas oublier que la l&gt;oésie est d'essence nettement verbale. Elle
doit être un cri de la sensibilité avant que de subir les affres laborieuses
du travail de la littérature. Il est bien certain encore que le poème ne doit
pas devenir logorrhée ou, mieux, cette jargonaphasie dont parle la psychologie et qui consiste, dit-elle, à créer des mots faits de toutes pièces et
des syllabes sans suite. C'est pourquoi Divoire n'invoque pas l'intervention de l'inconscient, mais celle de ce qu'il a appelé avant le nr Geley
l'hyperconscient. Pour Divoire, le facteur déterminant de l'imagination
réside en cette faculté sensible que l'on pourrait considérer comme l'intermédiaire entre le subconscient et la perception consciente. L'on sent
très nettement en étudiant le remarquable poème de Divoire qu'il existe
également des associations d'images et d'idées dans les centres subcons•
cicnts. Il est donc illégitime de vouloir scinder les centres de l'activit é
poétigue en deux parts correspondant à l'activité consciente et à la subconsciente, pour tenter d'équilibrer une fois de plus les distinctions trop
schématiques d'une psychologie finaliste.
L'on remarque que les tendances artistiques d'aujourd'hui, les \&gt;lus
pures s'entend, sont animées d'un souci de mise en valeur des principes
générateurs de tous les arts. De nos jours, l'on refait très volontiers toute
la route parcourue pour retrouver un chemin perdu et l'on a très logiquement raison. Aussi, à la façon dont la biologie taille en pleine matière
vivante pour tenter de mettre debout quelques vérités durables, le poète
puise aux sources mêmes qui donnent naissance à son art et non dans les
canalisations artificielles qui ont la charge de l'alimenter seulement.
Divoire taille lui aussi son poème à même sa sensibilité sans vouloir l'encager dans les moules consacrés qui ne feraient cr.ie le déformer. Nous ne
pouvons pas ne pas danser dans les chaines ; soit, mais il n'est pas indispen~able d'accepter trop bénévolem~n~ une défaite contre quoi s'insurgent
tonJours les vrais tempéraments art1st1ques.
A force de sincérité, Divoire distend ces liens dont sa conscience lui fait
une représentation périodique 1
-il les distend au point que nous ne les aper•
cevons pour ainsi dire plus. Et a « Naissance du Poème ,, chante librement,
purement, passionnément, sans déguisement et sans costume, comme le
feraient les litanies de l'Eglise qu mieux ces redites vertigineuses des
moulins à prières en quoi la raison aime à abdiquer pour se laisser totalement absorber par l'amour éperdu que dégagent leurs cris de sensibilité.

nE··L

~HITION

L'ESPRIT NOUVEAU

l:ESPRIT
NOUVEAU

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2t• A~. 'l~E

au cours de la deuxi .
t.i ré EXOLUSIVE;:Im année 11 sera de plus
l ~ abonnés à ré~1\1 ENdT pour 1\f:e~ ieuron.

e lu4 e~

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Q UATRE G-RAVU
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RES &lt;&gt;RIGI....
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g,1 a nd .f'orJnat.,
n noir et
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de ce~ :;?;-.ra.vure. f~ront
en couleurs : dcu
de la. pren11, re an é
part
de la con ctio.n..
la d uxio1n. année~ e et le~ deux autres de

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b aut:e qua.lit• d"art
ue e colle tion
n1er9ia.le ~era. ~an'-1 ]) ·éet ,dont. 1, ,,.aleur con1I
·- " cedon1·
... prix de- gra·vurc""' r
..
la ·aleur quadruplP. le l'· ebprésent à lui _eul
'
a onnemen.t.

1

�SOCJ~É DT,S ÉDITIONS DE L'ESPRIT .VOUJ'BAli
29, rue d'A,torg - PA.RIS

1479

LES LIVRES

SOUS PRESSE
A PARAITRE EN NOVEMBRE

70 exemplaires de

PAR

BLAISE

CENDRARS

OS VOLVME DE 11,UJT LUXE BOB HOLLANDE fAN OELDD

TlltAGE LIMITÉ à 100 exempta.ires numérotés, soit:
No 1 à 70 mi en souscription à 50 francs.
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et
0
N• 71 à 100 exemplaires de chapelle r ervlil aux actionnaires de 1'1:i3PRIT NOUVEA
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80 pages ln-40 mi.in (28 x 3,1 cm,J, nombreu,es ilht!itrations dans le texte et hon texte.
Typographie et tirage de luxe.
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PRIME .t NOS ARONNllS ;LVCIBNS ET NOUJIBAUX :

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Pour nos abonnés aooien9 et nouveaux, le ptix de sou!ICriptioo est dduit à
francs,
Lu p,iz ,eront au~ntu à la parut,on de rouvra

BULLETIN DE SOUSCRIPTION
,111: SOUSSIOSÉ DÉCL.t.11.E SOOSORl&amp;E 4
:P4R B~SB C&amp;."fDRAJIS,

Cl•JOlNT

AU PRIX DE

ce~u&amp; OV IUNDAT Dl\ FU

llElll'LAIIUI:

os L'.EUBA

l'JIA!'{CS L'GUl"LA.J &amp;&amp;.
..OMT.t.MT DE lU, COIIOL\NDlt.

LE
810NATOR&amp;

ADDR SK CO)ttLtl'i,:

78

,

Remplir ce bulletin et l'envoyer
20, Rued'A torg, PAlll ' ,

La « Noce massacrée », est une suite do notules fort intéressantes et qui
conslituent un excellent résumé des tendances, des goûts surtout et des
qualités de Jean Cocteau.
li s'agit non pas d'une campagne contre Barrès, mais peut-être d'une
confession sincère que le « littérateur du territoire J1 goûtera certainement.
Mieux encore, Jean Cocteau se sert de Barrès comme d'un tremplin pour
sauter ailleurs, c'est-à-dire au mrme endroit, mais avec la grâce que nul
ne lui refuse. Toutefois, en écrivant ailleurs, j'entends que Jean Cocteau
ne nous dit pas exactement où il veut sauter. Mais l'on sait déjà d'où il
part et nous aimons que pour nous avoir obligé très agréablement à perdre
de vue le but qu'il se proposait d'atteindre, son esprit délicat fasse à lui
seul le reste.
·
« Il arrive, dit l'auteur, qu'on me confonde avec l'extrême gauche, c'est
que les extrêmes se touchent : je serre volontiers la main du jeune Allemand excédé de Wagner, au moment où Joseph Prudhomme et nos gêné•
raux le découvrent. » II semble que Cocteau confond ici l'esprit de con•
tradiction qui régit sa nature avec une disposition naturellement rationnelle qu'il voudrait avoir ? Hélas! les condamnations humaines ne sont
jamais que des taxes de remplacement. Or, voilà-t-iJ pas une particularité qui apparente singulièrement Cocteau à. M. Barrés, et qui constitue
ce goût d'adaptation plutôt qu'une prédisposition à créer, que l'on rencontre chez les deux auteurs ?
II faut dire ce~endant que l'intérêt de la visite de Jean Cocteau
réside en ceci qu elle forme un excellent avertissement aux disciples
attardés de M. Barrès. 11 est évident que le culte du moi persiste
encore chez un grand nombre d'écrivains contemporains, alors que l'art
d'aujourd'hui demande un respect de l'objectivité qui le tiendra toujours
à l'abri des déliquescences telles qu'en peut suggérer un sujet trop circonvenu. Le meilleur moyen de détruire la subjectivisme de « l'égoculture »
n'est certainement pas den' en pas parler etc' est pourquoi Cocteau a cru devoir avec raison tuer à nouveau le Barrès que beaucoup d'entre nous
croyions mort avant que nous ne fussions nés.
Si d'ailleurs Cocteau y réussit, c'est que l'on trouve chez lui comme
chez Barrès ce même dualisme d'hommes cultivés et sensibles, qui cherche
un mode d'expression en quoi sensibilité et culture pourraient donner
naissance à une sorte de tertwm quid qu'ils voudraient plus parfait. C'est
peut-être là tenter le diable et à coup sfir s'enfermer dans un cercle, mais
puisque nous ne pouvons vivre sans alcools, il faut bien accepter la légitimité d'une pareille tendance.
Au fond Cocteau revient ,eeut-être à Maurice Barrès, comme le coupable retourne toujours au heu qui vit se perpétrer sa faute. Lorsqu'il
parle de « contradicteur-né de la poésie maudite JI et qu'il se donne pour
tel, il n'ignore sans doute pas que M. Barrès tient en une profonde horreur
les poètes maudits. C'est du moins ce que Maurice Barrès voulut bien me
donner à. entendre un jour qu'en compagnie d'André Salmon,jeluirendais
visite. En réalité donc, Jean Cocteau ne peut oublier 9-u'il est l'auteur du
• Prince Frivole 11, et cela il ne le pardonnera jamais à M. Barrès qui,
d'ailleurs, ne lui en tiendra pas rigueur. Maurice Barrès reconnaitra que
eon jeune visiteur de la guerre a gardé un sens de la hiérarchie très accep-

la 'ociété o.es ltditions de L'ESPRIT NOUVE

�t bl

LES LIVRES D'ART

L'ESPRIT NOUVEAU

1480

puisque malgré la réticence aimable de l'interjection, hélas ,1 ~~nt

iÎ ae~~mJ&gt;aglle son jugement distribut.if, il accorde à l'auteur de Beremce
la place de premier littérateur de ce temps.
f . il
Nous retiendrons surtout ave~ Jean Coctea~ que pour unt 0j;i ,
valait mie111 « aller au mauvais lieu » co~e dit B~es que c ez ~-e. C'est d'ailleurs ce que les poètes maudits ont fait et ce pourquoi ils
!!~~t ·amais eu de noces à massacrer. Il est vr~ qu~ Jean Cocteau, avec
sa ve~e et sa délicatesse poétique, cam?ufle s1 agreabl~ment le ~I_l-Îge
des personnages de sa noce, que l'on n'eprouve aucun etonnemen a es
voir se relever seuls à la fin;_comme c'est l'usage.
MAul'llCE RAYNAL,

LES LIVRES DE SCIENCE
pt

Sigm. FREUD :

PA YOT,)

fflTRODUCTIOft A LA PSYClllftALYSI.

Traduit de l'allemand avec autorisation de l'auteur

p(J't

(ÉDITION

ASIATISCU IHNUl!RTAL PllSTIK - lftDISCBB IOOATURU
(ÉDITION

WASMUTB.)

Ces petits albums fort bien présentés font honneur àl'lf. Paul Westheimqui dirige
cette collection. Il donne des documents parfaitement choisis sur la miniature ~doue et sur la plastique monumentale asiatique, Nous sommes hetlJ'eux de voir repa•
raître ces doc111:nentations si bien faites que les éditeurs allemands nous envoyaient
avant la guerre. Il est regrettable que les libraires français ne puissentfairel'effort
nécessaire pour mettre à notre disposition des documents analogues à des prix abor~es.
&amp;

LES LIVRES D'ESTHÉTIQUE

le Dr S. JA.NRÉ·

LÉVITCII

L' ·ntroduclion à la psychanalyse que publie la librairie Payot, comble une lacune.
La France est un des rares pays ~ù les théories dt?- professeur ~ud1 ne sontfrerico~e
ues ue d'a rès des ex-posés de seconde mam. Désormais le ecteur ança1s
conn • q er ces~héories en pleine connaissance de cause, ayant sous les yeux des
authentiques. La librairie Payot se propo~e en effet de procéder à la
publication de plusieurs ouvrages,cboisisparmi lesplus1D?poi:t,ants,du célèb~ !onÜM

ro:e1~~

teur de la «~s~~l:!~t
1k5I!ci!~Tbciinle ~t~~~~~i!~r~~~ ~!:ent
et le tTaitÎment des névror, :
d~u::! t:é':i~f:S'i~~~:: !ei:1t:î!
humai:e:~tn::a!·!;:X~:fh~a:uiJ:rp~f~tion applicable aiix producti?ns du
i~lkl?rl à la m~hologie, à la création artisti9ue, à la naissan1ce et ~ ~•ti~rs°1:S~l:1
l
a e' aux institutions religieuses et sociales des peup es. pr1IJ11
1
ang gcr •
t-ïs de nature à intéresser non seulement le méde_c11;1. et ~e psyc~ol?çue,
~!ilia:i:s~l~ s~ciologue, le li?guiste, l'artiste, l'historien des civilisations pr1Dllt1ves
auxquels ils ouvrent des horIZOns nouveaux.

i~n:t!el;Je

~!'M•

!~

C.

PAUL StRUSIEB :

ABCDB LA PlfflTUlll

(EDITION DE LA DOUCE FR.ANCE.)
M. Paul Sérusier, l'ami de Gauguin, nous donne un AB C de lapeinture qui renferme de bonnes choses. Citons :

« Si son art se réduisait à imiter, en les reproduisant sur un écran, les
images qu'il perçoit, le peintre ne produirait qu'un acte mécanique, auquel
ne prendrait part aucune des facultés supérieures de l'lwmme; ce serait l'impression notée sans y rien ajouter, travail inintelligent. La peinture ainsi
comprise n'est plus de la peinture. Analysons, en effet, la formation d'une
sensation visuelle.
L'lwmme normalement construit a deux yeux, dont chacun transmet au
cerveau une image, et ces deux images sont différentes.
Il faut en clwisir une et supprimer l'autre. Au lieu de cela, l'esprit construit, en la déduisant des deux autres, une troisième image, laquelle contient
en outre la localisati.on dans l'espace, ou relief.
Etant donné la forme plane de l'œuvre peinte, il devient nécessaire de
représenter ce relief ou de le supprimer. Dans les deux cas, une simplification de l'image nous permeura de l'inscrire sur une surface plane: nouvelle
modification de l'image donc, modification voulue, en vue de l'adaptation.
La sensation que nous donne l'objet évoque des notions antéri,eurement
acquises et conservées par la mémoire. La plus importante est le concept de
l'objet, lequel est le résultat d'une généralisation. Après avoir reconnu et
nommé l'objet, l'esprit travaille: il utilise les expériences fourni.es précédemment par !,es autres sens: forme, situation dans l'espace, poids, mobilité
ou repos, utilité, etc.

�1482

L'ESPRIT NOUVEAU

THÉATRE

A ces données s'ajoutent des sentiments personnels: amour ou répulsion
(beauté ou laideur).
. .
l' ,
h ·l
A tous les fa.cteurs ~i modifien:t l'image .s~ 1oint encore etat P ysw ogique du sujet, à chaque mstantyanable (sensi{nlite,. .
Tous ces coefficients ont agi sur !a sensatw11, au point de la transformer
en une image que nous appellerons.image m~n~~le. . ,
,
,
Nous sommes loin de l'image çisuelle primitwe qui na plus qu un role
effacé.
.
dé ·
L' Harmonie est un arrangement de sensati?ns tel.(J!ll nous ne 1~ sirons pas
autre. Il satis/ait à la fois nos se7!S _dont il fa_cilite_ le f?n.ctwnnerr:en~, et
notre esprit qui y retrouve la soumission aux lois qui le regissent lui-m~me.
En dehor~ du style propre à un indiçidu, à une époque ou à une_ race,. il est
des formes d'une qualité supérieure, langage commun à toute intelligence
humaine.
. rse I., ,i·z n,e~iste
· fas d' œuçre.d' art .
Sans quelque trace de ce langage umve_
Ce n'est que par L'abstraction et la généralisatwn quel esprit peut y attein~r~.
Jl est toujours identique à lui-mê~e _à traçers _le t~mps et l'espace. Ses eléments sont inhérents à notre constitùtwn, donc innes. Nous les trouço~s ~ns
toutes les œuçres d'art, dans tous les temps, d~ns tqus les pays, mais ils se
manifestent plus clairement chez les hommes simples, que nous appelons _des
primitifs, même chez les sauçages. C'est là que nous pouçons les découçnr et
les étudier.
•
l
·
J'ai dit que nous apportons en naissant l'intelligence de cette angue universelle.
.
• f • d' ~
·
t·
Cela est vrai mais la mau'1aise éducation a tot ait ouscurcir ces no ions.
C'est pourquoi,'à notre époque, nous sommes forcés de les retrouver par l'abstraction et la généralisation.
.
La mode est un diminutif du style, essentiel7:ement changeant et fu~ac~,
parce qu'elle ne s'appuie pas sur le langage unwersel; elle est donc mepnsable. »
Ce petitlivreprouve que les peintres de la génération:de:Gauguin se'.préoccupairnt,
plus que leur peinture ne semble le tlmoigner, des mêmes probll.roes qui pasEionner.t
les jeunes peintres d'aujourd'hui. Malheureustmcnt, un esprit• S) mboliE.te d üotlrique » gâte un peu tout cela. Exemple:~
-~ : f : ~

, (L'hexagone étoilé comprend deux_ tri;cznglesé_quilatér(!-UX dont les sommets
opposés figurent la lutte des deux principes, qui est la çie,
On l'appelle le « sceau de Salomon ».
Le nombre 1 exprime l'union du CréafeU! et ~e la, créature, 3 + 4. Il est
stérile parce que c'est le nombre de la creatwn achevee.
8 c:We de 2, participe aux caractères de 2 et de 4.
9: carré de 3, a les mêmes çertus que lui.»
Aujourd'hui nous nous préoccui:ons des n;lrees qucstionl', n:;ais a"ec un Hat
d'esprit plus scientifique ; nous avons donné à la physiologie la place qu'elle coit
avoir et nous n'attachons plus aux belles phrases crcusu de l'eithétique plus qu'il
ne faut attacher à toute phrase creuse.
Malgré cette restriction, les peintres liront avec profit la Lioclurctle l'i!. Sé1uitr,
qui lui u:in;e Eemble avoir lu ph!sit:urs écrits d'eEp1it nou,eau, ••
VAVYRECY.

QUAND ON VEUT SORTIR
DES

SCÊNES EN COULEUR
PAR

F'ERNAND

L

DIVOIRE

S"(&gt;ecta?les du début de l'hiver nous ont montré quelques efforts
d'mtelhgence. Quelques auteurs ont cherché à présenter autrechose que des éléments visuels.
. LB »:nn:r ~':4-~œ:ur.. B de M. ~douard Schneider (Théâtre Antome) est la plus mer1to1re de ces tentatives. C'est une pièce psychologique. Remarque: presque tout le monde a vu là une œuvre métaphysique ; les mots cc fensée », « théâtre intellectuel » ont persillé les
~ti~les éc~its sur 1:,E D ~U D'ARGILE. Il n'y a pas là d~ métaphysique;
il . n y a la de philosophie que parce que la psychologie est l'une des
sCiences que l'on groupe sous le bonnet des professeurs de philosophie. . LE DIEU D'ARGILE est un philosophe, certes, mais il n'est pas question de son œuvre philosophique. On sait simplement qu'elle est fondée
sur ~'orgueil et la négation de la sensibilité. Le philosophe en &lt;{Uestion va
habiter sur lés plus hautes montagnes parce qu'il fait en lm-même un
calembour (ou un symbole, c'est tout comme), sur le mot (( cimes » cimes de la montagne et cimes de l'esprit. Il dédaigne le troupeau' des
hommes - ce qui est un trait de psychologie et non un système.
Le drame sera un exemple du grand conflit du cœur et du cerveau de la
sensibilité et _de l'esprit. Ce ~!rame a pour enjeu une femme, que s~ disputent le philosophe (l'esprit) et un auteur dramatique (la sensibilité).
Tous deux, certes, aiment la femme, mais le philosophe met son œuvre
au-dessus d'elle. C'est lui qui ferd la partie, mais pourquoi ? Parce
qu'o~ nous d?J?-ne à entendre qu il n'est qu'un faux philosophe, et stérile.
Il écrit myster1eusement une œuvre. Il laisse partir la femme au cerveaufrère plutôt que de lui montrer le manuscrit. Il céderait et montrerait
une belle œuvre qu'elle resterait. LE DIEU D'ARGILE ne condamne
donc que les dieux d'argile.
L! pièce est en quatre act~s. A la ~in du q~atri~me, le dur philosophe,
reste seul, en. meurt. Je vois t_rès bien un cm qui ème acte possible : la
femme a appris l~ mort de ce~m auquel elle s'était cl,évouée pendant dix
ans i elle. revient, l_1t !emanu~cnt, le trouve génial et laissant l'homme qu'elle
allru.t smvre (ou _rudee par lm), consacre le reste de sa vie à la gloire du mort.
La psychologie des deux hommes mis en présence est bonne celle de la
!emme me parai~ moins sûre. ~es troi~ types qui sont offerts sont des
etres réels. Et pomt tellement d exception. Il y a sur la terre un certain
ES

�1484

SCÈNES EN COULEUR

nombre encore de philosophes, d'astronomes ou d'artistes qui se vouent

!rances morale~ de leurs fils, incapables de «faire comme fapa » n'intéressent donc dire?temen~, pour tou_te l'histoire connue, qu une &lt;prinzaine
de personnes enVll'on. N1 M. Maurice Rostand, ni aucune des personnes
présentes dans la salle ne sont parmi les quinze dont on entend énumérer
et louer les pères dans les tirades du théâtre Sarah-Bernhardt comme on
les énumérait dans les livres de Péladan.
'
En nous présentant un seizième homme de génie, M. Maurice Rostand
pèche contre ce que M. ~ourget appelle la crédibifrté, et qu'il réclame si
Justement des auteurs: D_ autant plus ~e, lorsque le rideau se lève, il découvre les œuvres prmc1pales du pemtre de génie. Ce sont de vieux
tabl9;1-lll: qui étah~s~nt · magistr~ement une atmosphère d'ennui.
« Qu _o~ me fasse VOU' l œuvre de géme avant de parler de génie • disait
un critique, à un entr'acte du théâtre Antoine. Eh I oui. Ou alors qu'on ne
parle pas tout le temps de génie.
Mais Maurice Rostand montre dans ses vers de théâtre du lyrisme une
belle ardeur ? Certes. Un lyrisme digne de grandes louanges et tra~ersé
de pa_quets de ,v~rs où une sincère émotion réussit à s'e:x::i&gt;rimer. Le fils
du pemtre de geme trouve des mots frappants pour se plaindre de la gloire
~e s~n père, _gloire sans laquelle l'histoire du fils ne serait d'ailleurs
Jamais venue Jusqu'à nous.
Mais l'étoile à laquelle on allume sa torche est la même que celle dont
les vers de terre ont coutume d'être amoureux; et le lyrisme de Maurice
Rostand parait chronologiquement être le grand-père de celui d'Edmond
Rostand.
Sur le rideau du thé~tre Sarah-Bernhardt, où l'écusson S.-B. domine
un_e grande photographfe e~ coul~urs représent8:Ilt le quai aux fleurs, on a
pemt deux masques, 1 un ivre, l autre mortuaire. Tous deux. vomissent
sans fin des paquets de jolies feuilles mortes.
Je pense aux vers de LA GLOIRE.

à leur science ou à leur art. Mais lorsque l'âme de l'un d'eux apparait sur la

scène, c'est un ahurissement général et une incrédulité compétente.
Que la pièce de M. Schneider ne soit pas sanB défaut, ë'eet possible. Elle
est; dans l'état actuel du théâtre, c'est énorme.
A signaler : le décor montre une sorte de porche qui demeure pendant
toute la pièce. Le fond varie, et les accessoires. C'est une façon de faire
dont l'effet est heureux.
.

•*•

L'enthous~asme de répétition générale qtl! a accueilli :Là GLOlllB
de Maurice Rostand (Théâtre Sarah Bernhardt) n'est pas une raison
suffi.Jlante pour dénigrer cette pièce. C'est toujours un événement heureux
quand une œuvre d'un auteur assez jeune menace d'a,pporter quelque changement aux goilts et aux habitudes du public. Or, le public a fait à LA
GLOIRE, comme la critique, un très bon accueil. Applaudir une pièce
en vers est un acte flatteur pour celui qui l'accomplit. Cela dénote une
àme poétique. La vaste boutiquière du quartier et le calicot imberbe entre
lesquels j'ai eu le plaisir d'assister à la représentation de LA GLOIRE,
étaient enchantés de battre des mains avec force après des vers comme :
·
Quel Dieu réprobati/ s'agite donc en elles ?
ou comme celui-ci :

Lai,ssez-moi rallumer ma torche à votre étoile.

.

1485

L'ESPRIT NOUVEA.U

Il y avait là un beau geste, avec un joli allongement du bras, et cela
méritait des bravos, tout comme:
Je m'anéantirai comme un temple d'Ephlse.
Pour moi, j'avoue que n'ayant guère l'âme i poétique », je suis tranquillement resté assis sur les miennes.
Mais je tenais à rendre hommage, avant de parler de LA GLOIRE, à
ceux qui l'écoutent.
Quant à la pièce elle-même, c'est l'histoire d'une fumisterie, d'une sale
blague à froid faite par la Gloire à un jeune homme sans aucun talent.
Qu'il soit sans aucun talent, c'est net et clair comme clarinette, dés le
premier acte, aux yeux de son père comme aux yeux des deux élèves
compétents appelés -par son père à juger une petite composition du jeune
homme. Mais celui-ci veut égaler son pêre, peintre de génie (cela fait avec
11 Le Dieu d'argile »de M. Schneider et l'auteur de« La Comédie du Génie»
de M. de Curel trois « génies » sur la scène en un an, ce qui est
dans les fortes moyennes). Il y renoncerait devant les avis sincères émis
par son père et les deux élèves. C'est à ce moment que commence la fumisterie. La Gloire en os et en chair apparait dans le cadre d'un tableau et
hourra odieusement le crâne au pauvre marmouset. Elle lui dit: « Va à
Lo'ndres, travaille; toi aussi, tu as du génie. » Et q;u.and il est parti, elle
avoue sa mauvaise plaisanterie : « C'est moi qui t'ai menti. »
La plaisanterie a les plus funestes conséquences. Le jeune peintre suit
les conseils pernicieux de la célèbre humoriste. Contrairement au préjugé
qui écarte des médiocres la vésanie, il en devient fou. Et ce n'est pas la fin
de ses malheurs .
Dirai-je que ces malheurs ne m'ont pag autant ému que ceux du chercheur du « Chef d'œuvre inconnu » et même que ceux du philosophe
au chef-d'œuvre inconnu de M. Schneider. On a retenu les noms, pour
les dernières civilisations, d'une quinzaine d'hommes de génie. Les souf-

•*•

Le Vieux Colombier a représenté LA FI\A.Vl)B de Louis Fallens et AV :PBTZY BOHH:?117B d'Anatole France
Al! \ETIT B9NHEUR est u?-e comédie en un acte qui ;st bien jeune
et qm n est p~us Jeun~. Je veux dire que l\_L Anatole France a dll écrire cela
à 12 ans, et il y a bien longtemps. Une Jeune veuve est courtisée par un
~incère ~t bedonnant gentilno~e .c~pagnard, M. de Nalège, et par un
Jeune V1veur agr~ahle et sans smcerite, Jacques Chambry
. . Elle ira chez
Ch~11', au pe~1t bonheur. C'est que M. de Nalège est un « raisonneur de
la ~mcér1té » qw ressemble trop à M. de Curel. Les adolescents ont t.ous
~crit ~e petite comédie en un acte sur la frivolité des femmes et leur
maptitude à comprendre les grands cœurs sincères. Plus tard ils oom~encent à i;ompr_endre qu'une sotte sincérité ne mérite pad toujours
l ~our et~ y oblige pas. M. Anatole Frana~ 8: dû le ~omprendre, depuis
qu il a écrit AU PETIT BONHEUR. Mais il savait déJà alors faire
1
parler les femmes.
•
LA F~UDE é~~ ?ilficile à jouer pour des acteurs français. Il fallait
rendre clm.rs la s_obneté des ~estes, _le c~e lourd des paysans flamands.
La troupe d~ V1e~x-Colomb1er qw av8.lt,_ dans ~ Cromedeyre le vieil »,
mon~ré ~e s1 a~1rahles fnRJ:sans français, n'a pas su, ici, donner une
pareille unpress1on de gr
ur.
Ce drame de frontière, douaniers, fraudeurs, paysans, ne vaut que

�1486

1487

L'ESPRIT NOUVEAU

SCÈNES EN COULEUR

par son caractère ethnique. Si on ne peut le lui conserver, il tombe
II est vrai que le texte de Fallens, auteur belge, mort à quarante ans,
contient maintes phrases de trop et qu'il est lourd à défendre.
M. Copeau a pris l'habitude de fixer, en quelques-unes des scènes d'une
pièce, des c&lt; tableaux » d'ordre pictural. Il n'y manque point ici. Exemple: Une silhomtte dans le cadre éclairé d'une porte.
*
*
*
A l'Œuvre, LA DANSB DE DOB.T de Strindberg.
Danse de la haine conjugale. Danse sur place à se piétiner, à essayer
de se faire trébucher l'un l'autre dans la déchéance et la mort. Strindberg
monte avec une patience infernale un sombre mélo. Le mari va mourir
ayant déshérit~ sa femme, lui ayant soigneusement préparé une vie de
misère. La femme a préparé l'arrestation du mari, qui a commis un détournement. Elle prend un amant et le dit au moribond avec l'espoir qu'il en
crèvera.
Puis Strindberg met le mélo dans sa poche. Pas de mort; fas d'arrestation; le mari est innocent; il n'a pas déshérité sa femme.Lamant s'en
va, épouvanté de ces âmes sinistres. La vie continue, pareille, dans son
âpre monotonie.
Résultat double, sur le spectateur: 1° impression de grandeur, de
grande œuvre qui jette par terre toutes les piètres constructions de nos
comédies bourgeoises ; 2° malaise, parce que, quelque temps, les personnages ont des gestes ou des paroles d'êtres anormaux. Alors, on sort de la
crédibilité en tant que psychologie générale.
La question est de savoir si un personnage qui paraît un peu fou, ou
« fêlé n, est intéressant comme exemple d'humanité. Hamlet? Hamlet
est un être qui exprime d'une façon inaccoutumée des sentiments pro:ondément normaux.
La haine n'est-elle donc pas c( normale » ? Si. Mais la faire aller en zigzag n'est-ce point lui faire perdre de la grandeur ? Et pourtant LA
DANSE DE MORT obsède, comme l'image grossie d'un microbe que l'on
pourrait porter en soi.

Dans ces pièces, le véritable auteur, celui qui donne un attrait au spectacle, c'est le décorateur, l'homme qui dispose l'or et l'argent, les verts et
les bleus, et qui découvre les ventres.
*
**
Cela est vrai pour SIN. Cela est vrai aussi-guère plus- pour le musichall. Un exemple, avec la permission de René Bizet : 'l"U' PBVX Y
ALLBB, à la Cigale. L'affiche porte : « Revue de M. G. de la Fonchardière ». ~- de la Fouchardière n'y est pas pour grand'chose. Sur les
tableaux rutilants des décorateurs et des costumiers, il promène seulement l'ombre de sa barbe noire, son incorrigible et antique parisianisme
qui lui fait porter tout l'effort de son « esprit » sur une dizaine de personnages, éternels et simplifiés comme les poupées de Guignol : Mlle Cécile
Sorel, MM. Mayol et Maurice Rostand, l'hôtelier Cornuché, etc ... Et sa
haine de l'art encore. Car M. de La Fouchardière n'oublie jamais sa haine
de l'art, et de proclamer: « Chopin ... moi j'aime mieux des chopines. ,
Est-ce une obligation du métier de fournisseur de drôleries ?
Et voyez, tout autour des mots de M. de La Fouchardière, il y a un
spectacle qui emplit les yeux de joie. Joie des couleurs. Ingéniosité des
costumes. Dans~s norvégiennes et hawaïennes, tableaux rapides (savoir
ne pas s'éterniser), lanciers à la Balieff, en plus mou, mains agiles de
Miss L. Bruce, saute-mouton endiablé de Mlle R. Flory, danse de M. Natta
qui est une sorte de Nijinsky bondissant et disloqué ...
La recherche du plaisir des yeux est générale. On la trouve jusqu'à la
Gaîté-Rochechouart, dans un décor de soie vert tendre de la revue
O'UIH-OVZH. On la trouve aux&lt;&lt;Deux-Anes », avec un rideau vert
entre deux grandes amphores de lumière tango. On la trouve à la Gaîté
dans les décors de BOCCACE.
***
Pour le plaisir des oreilles, il y a eu J:.E CEl:ŒVR !\VSSE du
théâtre des Champs-Elysées. Nouvelle occasion de méditer sur la richesse
et la souplesse de l'orgue humain. La voix, mêlée et variée, crée tous les
paysages et tous les rêves, surtout qu'on ne comprend pas les paroles.
Ces Russ~s - femmes dont les poitrines se gonflent avec ensemble ;
hommes qui ont un front dans la mâchoire et des nez encore en enfance ont revêtu le costume bleu, rouge et or des chanteurs de l'ancienne cour
impériale.
***
Le théâtre de la Renaissanca a repris ZtA.Z.A, la pièce de MM. Pierre
Berton et Charles Simon. Pour les Parisiens, l'intéressant était de savoir
si la parfaite, la scientifique habileté de Mme Cora Laparcerie égalait les
mines émues et les tristes sourires de Réjane. Une autre question était:
la pièce a-t-elle vieilli ? Des critiques ont répondu : oui. Il me semble
pour avoir vu ZAZA jadis et naguère, qu'ils se trompent. ZAZA n'a pa~
plus vieilli qu' Alf AN'r'S, de Maurice Donnay, que l'on a repris au
Gymnase. ZAZA n'est pas plus vieille que la pièce de M. Pierre Wolff, L'f..:
0:ŒBMIH :DE DAX.AS que le Vaudeville vient de créer. ZAZA
n'est pas plus vieille que les pièces anciennes « l'Enlêvement au sérail "•
« Werther », « le B:ll'bier de Sé.vi1le », « le Tour du Monde en 80 j mrs »,
« les Cloches de Corneville », « Robert Macaire », ou que les pièces nou-

***
Théâtre Femina : S:!l:N', féerie chinoise de M. Maurice Magre; musique
de M. André Gailhard.
Les typos appellent (( Histoire de Chine» une copie interminable. SIN
est. une luxueuse histoire de Chine.
Peut-être MM. Magre et Gailhard ont-ils eu d'abord l'intention d'écrire
un opéra. Ils ont bien fait de se contenter de vers et de musique séparés.
Ce qu'ils ont réalisé est un mélange de Balieff et de théâtre.
Dans des dorures à la Ida Rubinstein, dans des paravents de laque,
parmi des seins nus, les personnages passent, pour amuser la musique. Il
y a des soies chinoises jusque dans la salle.
L'histoire de SIN ? Elle est aussi compliquée que celle d'un drame de
Catulle Mendès. Un empereur, son fils perdu (enlevé par le génie du
mal), et retrouvé, l'~nnocence d'âme d'une !ille ~e bateau de fleurs, la
descente du ciel du dieu de lune, la sagesse d un vieux bonze, et les vers,
les vers les vers, tout cela se mêle comme dans une salade chinoise les
pousses 1d' algm:s, les germes de soja, les particules de crabe, les petits boutJ
de viande et l'huile, l'huile, l'huile ...

�1488

L'ESPRIT NOUVEAU

velles, LA PASSANTE ou le CHASSEUR DE CHEZ MAXIM (qui sont
inscrites au programme du jour où j'écris ceci). ZAZA n'est pas plus
vieille que ce tout qui co:astitue le théâtre actuel, de la Madeleine à la
place de la République.

***

ET

Le « NOUVEAU THÉATRE » a déjà joué cinq pièces, de mérite
inégal. Contre les difficultés d'une salle ingrate et d'un public à créer, il
lutte courageusement, entre la Madeleine et la place de la République.

LA PEINTURE D'AUJOURD'HUI

•*•

« ART ET ACTION » a donné, dans son studio de la rue Lepic, une
représentation privée : essai de mise en scène, composé par Mme Lara,
sur LE ~.AB.TA&amp;ll DB UZ»Z, de Paul Claudel.
ART ET ACTION dit volontiers que son théâtre est un «théâtre de
chambre )). Il y aurait entre le théâtre de chambre et le théâtre la même
différence qu'entre le laboratoire et l'usine. ~
.
Le &lt;&lt; Théâtre de chambre » vit des mêmes ressources que le laboratoire,
d'abnégation et d'eau fraîche. Il a le droit de rater ses expériences, et de
les recommencer sur nouvelles recherches. Il ne cherche, et ne peut chercher, ni le succès ni l'argent.
.
Dans LE PARTAGE DE MIDI, l'expérience ne portait pas sur
le texte même de Claudel. Elle eüt été tardive - et cependant personne ne l'avait tentée et LE PARTAGE DE MIDI est presque inconnu.
Claudel - ce mal;\llifique millionnaire du « comme »••• - y développe
toutes ses belles images, fastueuses ou familières, nobles ou rondes de
bonhomie. Il y montre ses pensées profondes qui montent de l'adultère
à la cosmogonie, comme l'a si bien expliqué aux spectateurs Georges
Polti. Aussi - au premier acte - il y montre la « différence de vitesse »
de son temps et du nôtre. Les événements de PARTAGE DE MIDI la psychologie des quatre types posée, s'enchaînent avec une logique
dévastatrice. Finalement, au delà de la mort des personnages, l'œuvre a
de purs reflets du sublime.
L'essai de mise en scène de Madame Lara s'est présenté ainsi. Un
« décor de hase » formant rideau. Des décors pivotants, actionnés par un
seul homme et qui essayaient de présenter une synthèse cc idéologique »
de l'acte. Par exemple: les cordages du bateau, au premier acte, se terminent en toile d'araignée - la toile d'araignée du destin. Des personnages rarement visibles, et le reste du temps des projections sur un écran,
les représentant - moins vivants sans doute et moins matériels. Les
« décors projetés » sont dus à un jeune homme de vingt ans, M. Girard.
J'e suis trop mêlé à la vie d'ART ET ACTION pour porter un jugement sur cet essai. Quoi qu'on en pense, il y a eu là des apports qui, en
certaines circonstances, pourront être utilisés. Le (&lt; laboratoire » d'ART
ET ACTION ne veut ignorer aucune des ressources de la lumière ni, sans
doute aucun, du mouvement.
FERNAND DIVOIRE~

PAR

VAUVRECY

I. -

C

PICASSO ET L'IMPRESSIONNISME

est mort, Seurat est mort, Renoir est mort; savez-vous
que Monet vit encore ? Picasso est bien vivant, Dieu merci I Dans
le milieu qui représente le Paris agissant des arts, vous ne trouvez
plus guère quelqu'un qui n'admette Picasso grand peintre. Pour
mesurer l'importance de Picasso, son immense influence sur les arts,
pour distinguer le chemin qui lui reste encore à parcourir, pour
essayer de prévoir quelle pourra ,être son évolution ultérieure, il est bon
de se représenter l'état de la peinture lorsque Picasso, obscur à Montmartre, se préparait, sans certes le savoir, à devenir le plus grand révolutionnaire des arts depuis Cézanne.
A cette époque terne de l'histoire de la peinture, on lisait dans la plupart des journaux et des revues des attaques contre l'Impressionisme
qui était alors la forme 4e peindre « révolutionnaire &gt;&gt; et les termes de ces
critiques n'étaient guère différents de ceux qu'on emploie de nos jours
encore, contre les œuvres même de Picasso, celles des cubistes et celles
qui sont issues de cette école. L'lmpressionnisme, cela émouvait les partis
conservateurs et il se trouvait encore beaucoup de jeunes gens à qui ce
mot, pourtant bien vide de sens, pa.aissait un drapeau d'un rouge assez
vii. Aujourd'hui que nous voici assez loin de !'Impressionnisme pour
y voir clair, on constate que tous les grands peintres qui vécurent
sous son égide ne durent rien aux prétendues théories de l'impressionnisme (Cézanne, Renoir, Seurat).
On peut essayer de cristalliser ce qui paraissait si transcendant aux
peintres impressionnistes et si alarmant aux conservateurs. Les barbotages des historiens de l'impressionnisme se résument à ceci : un grand
amour de l'aspect momentané des choses, un certain goüt des spectacles
changeants, une affection prononcée des effets~de la lumière, la recherche
des tonalités effacées, fugaces, somme toute un gotlt pour certains sujets ;
d'esthétique, point; toutefois des recherches très sérieuses qu'il faut
estimer. sur les moyens de créer une langue capable de transmettre exacÉZANNE

�1490

•

1491

L'ESPRIT NOUVEAU

PICASSO

tement les vibrations de la lumière (puisqu'à ·cette époque on s'intéressait surtout aux vibrations de la lumjère), et qui mena à l'invention de la division du ton ; cette division du ton, systématiquement em•
ployée avec plus ou moins d'intelligence et de réussite, donnait aux
tableaux de l'école impressionniste un certain petit air de famille, un
aspect facilement reconnaissable ; malheureusement, aucun des impressionnistes n'eut un esprit assez systématique pour se bien rendre compte
que la technique, pour aussi heureuse qu'ell!l soit, n'est jamais qu'une
technique, c'est-à-dire un moyen; ces peintres se contentaient d'un certain
aspect et ne se rendaient pas bien compte de l'épouvantable insuffisance
des raisons qui les faisaient peindre; on ne fait pas un tableau si facilement
que cela I La gaieté des tons, leur pâleur charmante, le petit aspect débridé
que les tableaux impressionnistes manifestaient plût enfin beaucoup ; il
n'était pas besoin de se creuser la tête pour composer un tableau; on allait
gentiment, tout le long de l'eau, chercher l'ombre fa:vorable d'un arbre,
on installait son chevalet confortablement, on allumait sa pipe, et l'on
!!'asseyait en se lai:ssant délicieusement impressionner par l'abeille qui
passe, le glouglou de l'eau, à reproduire les petits friselis des ondes et le
petit nuage qui s'en va. On signait Monet ou Sisley. La merveilleuse technique, qui paraissait bizarr_e à beaucoup de braves gens, vous sacrait
immédiatement peintre avancé, satisfaction à laquelle les peintres attachaient un~ certaine importance. Un seul homme utilisa la technique
divisionniste vraiment comme 1,1.ne langue, ce fut Seurat, mais avec un
esprit de réflexion, de raison qui fait prélude à l'époque cubiste.
Quand Picasso arriva à Paris, la gloire de Monet cachait le modeste
Seurat; on parlait beaucoup d'un peintre médiocre, Gauguin. Dans
les ateliers, causer peinture était bien autre chose que maintenant où l'on
commence à se préoccuper surtout des raisons de peindre; on parlait surtout de la façon dont on peignait; on se préoccupait extrêmement de
prouver que les ombres étaient violettes ; on croyait avoir fait une merveilleuse découverte lorsqu'on peignait en virgules au lieu de peindre en
points. Il reste encore des spécimens de ces braves et sottes gens qui continuent, aux Indépendants et dans les Salons, à se croire important3
parce qu'ils ont trouvé une forme de points particulière ou une coulelll'
d'ombre bien (&lt; nouvelle ». Puérilités.
Picasso avait étudié sagement, comme malheureusement bien peu le font
aujourd'hui, nous connaissons (1) d'anciens tableaux de lui exactement
naturistes, très gris et même un peu noirs, représentant de petites scènes
familières. Dès le début et malgré des apparences normales, on découvre
un don évident de la forme, un sens aigu des couleurs, un don particulier
dans la sûreté des valeurs.
Aujourd'hui, les peintres étudiants ne vont même plus aux Académies;
fascinés par l'aspect des œuvres des maîtres de l'heure, peu savent
que c'est la qualité qui fait les maîtres, laquelle qualité est en dehors de

l'aspect. Le jeune peintre se met à l'unisson de l'aspect du maître qu'il
aime, il pastiche, il démarque, oubliant que la peinture moderne est une
peinture synthétique et que nul ne peut se permettre de pratiquer la synthèse qui n'a longuement pratiqué l'analyse. Les licences apparentes
d'un Picasso lui sont permises parce qu'elles sont des abréviations et des
synthèses; reprendre telles quelles cc les formules d'un maitre, » c'est
composer un livre en coupant dans des textes des phrases qu'on aime,c'est
prétendre faire un arbre en collant, sur un tronc emprunté, des rameaux
cueillis de ci, de là ; ne comprend-t-on pas que la géné.ration d'une œuvre,
pour si simple qu'en puisse paraitre le résultat, se nourrit de toute l'expérience du peintre ? Ils sont rares ceux dont l'expérience est assez féconde
pour leur permettre une cristallisation en'.:quelques raceourcis éloquents.
En 1905, le cubisme n'était pas encore né. Picasso peignait les figures
de l'époque dite bleue, qui témoignent, certes, d'un développement sur les
premiers tableaux dont nous avons parlé, d'une émotion pathétique.
Notons ici que jamais l'art de Picasso n'a été un art purement technique;
nous reviendrons sur ce point en parlant de ses dernières œuvres; jamais
une œuvre de Picasso n'est autre chose que l'expression d'une émotion.
On ne peut parler du début du cubisme sans signaler le petit groupe dont
la destinée fut si importante et qui se composait alors de Picasso, de Braque,
d'Apollinaire, de Salmon, de Max Jacob, de Raynal,dePrincet, etc ... ; une
intime amitié fit de ce groupe une sorte de laboratoire d'idées dont la peinture et la littérature actuelle devaient en sortir. Le contact presque journalier de ces jeunes gens fit connaitre à chacun d'eux le résultat des expériences quotidiennes; les littérateurs se rattachaient à Rimbaud. L'érudition d'Apollinaire et son tour d'esprit particulier furent pour beaucoup
dans le développement intellectuel de la jeune école. Cézanne ne fut jamais
mieux compris que par eux; certes, ils n'avaient pas découvert Cézan.ne,
mais comment diable avaient bien pu le comprendre les Maurice Denis
d'alors ? Ils comprirent aussi Seurat, ils inventèrent les foires, les fêtes
publiques, rencontraient Jarry; ils sentirent la remarquable qualité plastique des peintres en lettres, etc ... Nous parlerons ultérieurement de
l'influence de ce peintre considérable : Matisse.
Nous avons dit cette vérité de La Palisse que la synthèse ne pouvait que
suivre l'analyse ; cette lapalîssade se traduit: la création des formes na
peut que suivre la longue étude des formes naturelles. (Hélas, combien peu
de jeunes gens s'en rendent compte aujourd'hui.) C'est pourquoi les prodromes du cubisme se manifestent en 1908 sous un aspect assez réaliste,
sous une forme de paysage simplifié où les volumes sont mis en valeur
avec prédilection ; après Cézanne, Derain avait cherché déjà dans ce sens
(fauves) et a persévéré. Le paysage comportait des maisons; la simplification fit parler de « cubisme ». Ainsi vint au monde ce nom qui fit couler
beaucoup d'encre et qui n'a d'autre sens intrinsèque que celui d'une
firme. L'invention de Picasso est déjà dans ceci: il se dégage de l'aspect
représentatif des formes qu'il emploie; tous les grands maitres,et particulièrement Cézanne, ont toujours employé les formes pour leurs propriétés
plastiques et non pour leur représentation ; une pomme de Chardin, une

(1) Collection Zetlin.

�1492

L'ESPRIT NOUVEAU

pomme de Cézanne, une pomme d'un Picasso de cette époque, n'est _représentative que par surcroit ; elle vaut pour une propriété spéciale des formes qui la constituent. Petit à petit le cubisme se dégage. Picasso emploie
des formes qui n'ont plus aucune signification; en somme, il ne peint les
formes et les couleurs que pom l'émotion qu'elles provoquent; son sens
plastique exceptionnel, la science profonde que lui a va.lu l'étude
analytique des phénomènes de la nature, lui permettent d'inventer des
associations de formes et de couleurs qui sont vraiment de la création et
non plus de la représentation. Il y a de ces tableaux par petites facettes
dont les titres ont longtemps choqué : &lt;&lt; Portrait )&gt; (et qui n'étaient titrés
ainsi que comme d'un numéro de répertoire) où l'on ne découvre que difficilement le thème qui servit de vocabulaire à sa construction ; on voit
dans ces tableai.u: des chiffres, des inscriptions, dont l'emploi n'a d'autres
raisons que les propriétés plastiques de ces éléments ;. si dans ces œuvres,
intitulées, par exemple « Portrait »,..on discerne la courbe d'un nez ou la
forme d'un oeil, la courbe de ce nez ou la forme de cet œil est simplement
employée pour la vertu physique de ses formes etnonpoursasignification
figurative.
J'ai dit, tout à l'heure, que l'art de Picasso fut toujours un art d'expression ; je veux dire que les bonnes œuvres de Picasso émeuvent fortement
car les formes et les couleurs s.ont choisies non simplement pour l'intérêt
optique qui peut résulter de leur connexion, mais comme on choisit ses
mots pour dire exactement ce qu'on pense clairement; Picasso a le don
de la clarté, de la précision, de l'exactitude, de la limpidité. Quand Picasso
fait un tableau il sait ce qu'il veut dire et quel tableau il doit faire pour le
dire-; aussi les formes et les couleurs sont-elles judicieusement choisies en
vue du but proposé. Il emploie les formes et_les couleurs comme les mots
d'un vocabulaire. Qu'on m'entende bien lorsque je parle de vocabulaire;
je suggère l'existence de&lt;&lt; mots plastiques» ; le sens de ces mots plastiques
n'ést pas de nature descriptive ; bouteille, pipe, guitare, ne sont pas des
objets dont la description importe, mais des organismes physiques déclanchèurs de certaines émotions bien définies. L'expérience permet de distinguer l'existence de ces vocables plastiques. Il n'existe malheureusement
pas de dictionnaire des formes plastiques et chaque peintre doit savoir
créer sa langue. Picasso est l'un des seuls qui aient su se créer vraiment
une langue pure. On trouve rarement dans un tableau de Picasso des
associations de formes de natures différentes, des couleurs appartenant
à des gammes étrangères l'une à l'autre.
Picasso manie la langue qu'il a créée avec une sfueté telle qu'aujourd'hui, devant la figure hum.aine, ayant abordé à :nouveau ce dangereux
sujet, il a trouvé, pour l'expression des formes organiques et de l'émoi
qui peut s'en dégager, une terminologie toute neuve qui lui permet d'exprimer uno tête, un oeil, un torse, un corps enfin, de façon si particulière
que ces figures se présentent comme des créations quasi-entières. Alors que
Picasso ne faisait que du cubisme, c'est-à-dire des tableai.u: où les formes
et les couleurs sont associées en dehors de toutes contraintes, hors celle de
la volonté du peintre, on pouvait craindre quedevantlesexigencesfatales

PICASSO

1493

du corps humain qui ne tolère pas la dissociation, 'mais exige la continuité
des formes organisées, Picasso se sentit à l'étroit. La preuve est faite:
la science plastique de Picasso est telle qu'il a su inventer un système de
formes issu des éléments organiques, et avec une aisance égale à celle qu'il
a montrée dans ses natures mortes ; maitre de ses moyens et de ses volontés, Picasso peut aujourd'hui dépasser l'émoi physique qui se dégage
d'un jeu heureux des formes et des couleurs, et atteindre l'expression,
même sous formes représentatives.
Car il faut bien admettre ceci : c'est que la peinture a pour but de transmettre ce que ressent, pense, conçoit l'artiste, que le grand art se sert des
moyens physiques et physiologiques des formes et des couleurs 'pour :mettre le spectateur dans un état voulu par le créateur. C'est la qualité de cet
état qui détermine la qualité de_l'oeuvre d'art.

***
Parce qu'aujourd'hui Picasso peint tantôt des tableaux cubistes et
tantôt des tableaux de figures, on a clamé contre la réalité qu'il abandonnait le &lt;&lt; cubisme &gt;l ; cette clameur a jeté du trouble dans les ateliers et
fait applaudir les fossiles. Ne comprend-on pas que le mode d'expression
cubiste et le mode figuratif sont deux langues différentes et qu'un peintre
a le droit, s'il estime que ce qu'il a à dire se dit mieux en l'une ou l'autre
langue, de choisir l'une ou l'autre.
L'économie des moyens d'expression est un des signes de la perfection
de l'art comme il est le signe de la perfection de toutes les choses de la
terre. Certaines choses, par exemple, s'expriment mieux en langue algébrique qu'en langue géométrique par suite de meilleure appropriation à
certain mode de penser et de plus simple expression; ainsi fuyant l'acrobatie inutile, Picasso s'est créé une langue spécialement adaptée aux
émotions pouvant se transcrire par des figurations du corps humain. Estce nier la valeur de l'algèbre que de faire de la géométrie ? Ce qui compte,
c'est ce qu'on exprime. La valeur du cubisme ou de Pi"Casso est moins dans
le moyen d'expression que dans la qualité de ce qu'il exprime; se soumettre aux obligations de la forme humaine, c'est simplement admettre
un relai de plus ; la langue cubiste organisée de formes désorganisées pos•
sède l'avantage d'agir directement sur notre esprit par l'intermédiaire de
nos sens, sans qu'interviennent les sensations associées aux figurations
humaines ; aussi, cette langue est-elle peut-être mieux appropriée aux
émotions spéculatives. Pourtant il est possible d'introduire dans des figurations une abstraction suffisante ; Picasso dans ses dernières oeuvres
figuratives le prouve bien.
Nous avons intitulé la première partie de cet article &lt;&lt; Picasso et l'lmpressionnisme ». En parlant surtout du cubisme de Picasso, nous avons
essayé de montrer l'immense différence qui existe entre la ensée d'un
Picasso et la pensée d'un Monet.
La peinture impressionniste fut vraiment une peinture d'impression,
Elle l'était nécessairement puisque c'était une peinture faite en principe

�1494

L'ESPRIT NOUVEAU

en plein air sous la suggestion d'émotions directement dictées par la nature,
le peintre impressionniste est une sorte de harpe éolienne qui ne rend
de son que si souffle le vent. Le peintre cubiste, au contraire, réfléchit et
n'agit que pour transmettre une conception; c'est dans ce sens qu'on peut
dire que la peinture cubiste est vraiment une peinture d'expression; elle

se rattache à celle des grands peintres qui tous peigtiaient, non des impres•
sions, mais des conceptions.
( A suiPre.)

VAUVRECY

Pour

rompl&amp;r la documentation graphique de cel article, voit l'Esprit Nouveau
N° 9:
NaJ.ure Morte (reproduction en couleurs), 1 dessin à la plume et 8 peintures. N° 11-12 : 1 peinture (figure) l peinture (nature morte cubiste).

N° l : Nature Morte (reproduction en couleurs) el 12 dessins de Picasso. -

BIBLIOGRAPHIE. Esprit Nouveau : N° 1 : PICASSO par Andrê

SALKON. -

No 9 : E:x:positwn Picasso par Maurice RAYNAL. Une E:zposition de Groupe par
WALDEMAR-G.&amp;oRGE. - N° 11-12 : Peinture ancienne et Pein,ure Moderne par
D.&amp; FAYET.

Maurice RAYNAL. PICASSO: Delphin Verlag. !lfUNicH.
Maurice RAYNAL. PICASSO : Edition Lbmce Rosenberg. P .üUS.

PROCHAINEMENT

LE DESSIN DE PICASSO PAR ÉLIE FAURE
Figu,re 1905

PICASSO

Collection P aul Rosenberg

�Nature morte (1908)

J&gt;I('ASSO

Collection Paul Rosenberg

�.KaLure morte (lOHl)

Nature morte (lOH)

PICA SO

PIC

'O

C'olleciion Léonce /lo e111Jerg

Collection Paul Rosenberg

�1918

PICASSO

Collection Paul llosenberg

Nature morte

PIC.\ SSO

Ce t.it,leau a é l~ acc1uis 1,ar
L'Esµri I Nouveau pour ètre Li r~
au sort ent re les actlon nairr~
rte la Société Anonyme ck,
.Êdili11ns de !'Esprit Nouveau,
rornrne première prlmeàl 'émission dl'S actions.

�Figure (1921)

PICAS!-O

Collection Paul Rosenberg

�Le Salon d'Automne
PAR

DE

FAYET

Le Paquebot (&lt; PARTS "

LE SALON D' AUTOlllNE

1505

ner, ainsi, l' illusion de son ér11ditiot1; c' est un petit j eu auquell es visiteurs (les
salons ont toujours été très sensibles.
Tobt:en, G~rnez,~Lix, css~ientdejongler avec les form es et les couleurs et tâchent
de manerles 11went10ns cubistes et les apparences cla~siques. La plupart des peintres
de ?es salons semblent ne p eiJ1dre que pour faire montre des moyens d' expression
qu'ils possèdent; de personnalités très richef comme celle de M. Lhote abusent un
peu de ce côté-là; ils paraissent oublier que s:ivoir peind!'e c'est simple;nent sa\'oir
s' exprimer,etquebien s'expdmer n'exige pas nécessairemEnt remploi de tons les
mots que l'on sait. Bien s'exprimer, c'est transmettre ce que l'on a à dire c'est réussir à faire Sentir ce que l'on veut faü-e ressentir. Aujourd'hui, la plupart des peintres
~e contentent cle _nous faire ét_alage des moyens dont ils disposent, et trop souvent,
11s semlilent oublier que ce qm vaut, c'est la qualité de l'émotion transmise. :\falgré
tout_ le sérieux, maJ~ré tout 7 la s~ience del\f. André Lhote, le résultat, certes point
négligeable, ~onne 1 1mpr~sE10n d une page f,·ançai~e farcie de trop de mot!, périmés
et d &lt;: néologismes. Les peJlltres qui le suivent, pleins de talents, n'ont pas l'air de.
savoir assez que les pio_,·ens plastiques sont pratiquement infinis (moyens formels,
m~\·ens colorés) et qu'un choix systématique des mo:i,ens 'impose; sin~n la lanoue,
qm n'est pas autre chose que le truchement de !"émotion, prend une import~née
e:-:cess1ve c~ nous ,ne ress~ntons plus rien que des sensations; un tableau est un systeme _pJas~1que_ ~ exp;essio_n ; ces ,moyens doivent mettre le spectateur dans une
~ertame d1spos1t1on d esprit ; on n y peut parvenir que par des moyens sélectionné ,
1 l ne faut pas que ces.rno.v ens procèdeut de deux systèmes d'expression d:ifférent ,
sinon, c' est la tour de Babel.
·
P~r exemple : la langue grl).phique, c'est-à-dire celle qui use des contours pour
exprnner les volumes, est un S) stème d'expressiou différent de celui qui se sert des
fo1:1~1es modc]ée,s pour e:ll.-primer le volume; nous VO)Ons couramment les peintres
utiliser, dans le même tableau, ces deux moyens appartenant à des ·langues diffé-

M

Pica$SO, Braque, Grü, l\letzinger, _Lipchitz, Ozenfant, Janneret,
Laulens, Herbin n'ont rien envoyé. Parmi les c1tbistes, F. Lége1·, qui
voisine avec Gleizes et Bruce, ont seuls exposé. Nous dirons tout à
l'heure ce que nous pensons de l' effet excellent qu'ils y font.
Danscettellevue, nous avons souvent parlédutravaildesélection; notlS
avions en vue le tra.vail de sélection par le haut; il y a aussi, malheureusement, le
tra.vail d'unification par le bas et c'eE.t le triste spectacle que nous donnent tous les
·Sa.Ions les uns après les autres; l'éliminat~o!1 des bon~ par les m~diocres,1~ neutralisation des efforts nouveaux par la coallt1011 - évtdemroent involontaire - des
médiocres. Il se crée tm état d'esprit « normal » qui est, ma foi, la plus lamentable
'Chose qui puisse être en art: le goût moyen, lï1ab,leté mo,\enne, les ambitions
·moyennes ; il se constitue ainsi un petit royaume d'aveugles où cl:).aque année, un
peu· par voie de roulement, une « vedette » est placée sur w1e tribtme décorée par
·Sue et Mare.
Cette année, c'est l\I, Jean llh1rchand qui a l'honneur de l'élection. 'ous en avons
eu de pires.
Une Revue comme « !'Esprit Nouveat1 », QLLÎ cherche à distinguer les idées-fol'Ces,
les œuvres-forces de notre époque, uc peut s'engager daus la voie d'exégèse individuelle de troisième zone.
PaTmi les 3.052 articles exposés, il y a cles choses stupides, des choses médiocres,
,des choses moyennes et quelques choses bien. Ou peut citer les œuvres de
l\11\1. Halicka, Désiré, Friesz, Reno, Lotiron QLLÎ ont de la fantaisie, Gimn'ly une
.c.e rtaine pureté et un développement possible; mais il n'y a vraiment qu'un
tableau exceptionnel, c'est ~elui de F. Léget. Ce pr.&lt;;&gt;be artiste, qui a tout pour
dé.plaire à ceux qui veulent que l'art soit une chose aimable, p&lt;;&gt;ssède une quMité
rarissime , la dignité, une science rare de la disposition des volumes dans la toile,
une gamme de couleurs apparemment frustes,prisesiso lément mais dont les réactions
savamment prévues réalisent des harmonies très neuves; un don d'invention des
formes vraiment très remarquable; le tableau de Léger « LE DÉJEUNER &gt;&gt; est une
des œuvres capitales de ce beau peù1tre sans compromü~on.
Un groupe qtli a fait passablement parler de lui est celui du peintre Segonzac .
.Segonzac a du don, incontestablement la science de la belle couleur sourde, et pourrait être un grand peintre, se contente vraiment trop facilement de moderniser, avec
un esprit de Vlaminck triste, les tableaux noircis de.Courbet . On est surpris.de penser que dans une époque qui a nu permettre Picasso, toujours lui-même à travers
des modalités d'expression si différentes, i1 soit des peintres qui semblent avoir pour
tout principe : « Fàite toujours Je même tableau ». Le public aime évidemment
.l.&gt;en.ucoup cela, quilui permet de repérer facilerr.ent l'aut.em· d'une toile et de se donATISSE

FERNAND LÉGER

Collection Léonce Rosenberg

�1506

L' ESPR[T NOUVEAU

rentes et cette alliance irréfléchie ôte à Jeurs œuvres l'homogénéité ans laquelle il
n'est pas d' unité d'expression.
M. Bissière expose une délicieuse figme,qui témoigne d' unesciencee,-.··trêmement
étendue de la peinture et d'un goût poétique charmant ; ~l. Bissière est un poète.
Qu'on ne voie pas ici un blâmclorsquenous disons que l\f. Bissière est un poète; nous
avons dit, tout à l'heure, que la peinture a pour but l'expression; il ne peut être de
vrai peintre qui ne soit aussi un poète.
L'erreur qui consiste à faire étalage des moyens sans savoil' assez ce que l'on
veut dire, n' est pas commise par des peintres infiniment moins savants, des peintres
primitifs un peu comme l'étaient le douanier Rousseau, l\I. Beauchant, l\f. Mouillot,
.M. Go7,arrc. Ces peintres veulent nous trammettre la " petite émotion • que leur
donne la nature; assurément, nous aimerions mieux que leur • petite émotion » soit
&lt;l'tme qualité pareille à celle de ~I. Léger, mais,mon Dieu, nous aimons encore mieux
une " petite émotion » que Je déballage de moyens savants et pas d'intention du
tout.

MOSAIQUES ROMAINES
DEBUT DU Jl/e SIECLE AP. J. -C.
PAR

DE

FAYET

AUT DÉCOUATIF

La « Grande attraction » du Salon d' Automne, &lt;'-'est les productions de ces Messieurs les Décorateurs.
Les lecteurs de " L'Esprit Nouveau " savent ce que nous pensons du rôle actuel
del'Art décoratif; cc ne sont pas les insanités qui sont exposées là qui pourront nous
faire changer d'avis. Il n'existe rien clans la peintme, sinon peut-être des toiles de
M. Van Dongen, qui témoigne d' un désarroi plus complet, d'un manque d'imagination plus total, d'une absence plus complète du sens de la hiérarchie des choses_
Nous aimons mieux passer ~ous s.ilence toute celte équipe cle mcublicrs dévergondés
et sans imagination. Au moins, 1\1.Poh·et, dans lut décor d'ensemble qui semble destiné à quelque lupanar, fait preuve d'une imagination et d'un cran qui le met à cent
coudées au-dessus de tous ses falots confrères ; nous regrettons assurément l'orientation qui con iste it ne se préoccuper que du meuble décor de fêtes galantes,.
mais M. Poiret fait preuve d'un sens plastique dont la fécondité vaut une certaine
admiration.
LE PAHIS
C'est une détente bienfaisante que de se trouver clans le hall d'entrée après la
promenade dans les petits salons clos de " nos décoratem:s » ; une splendide 1·éduction
du paquebot Paris 'allonge au bas de l'escalier; quelle leçon d'économie et combien
on se peut persuader de la fécondité de l'esprit moderne devant de telles constructions. Hélas, les pourtours de l'escalier s·ornent des maquettes de la décoralion
intérieure de ce magnifique paquebot; hélas, héla~, mes:::ieurs Tardif et Cie, lèS dessinateurs de la coque vous donnent une fière leçon.

LE LIVRE

n faut cette fois faire une mention spéciale pour la section du livre qui témoigne
d'une évolution très heureuse du livre fran~ais.
La typographie était, avant-guerre, un art absolmncnt ignoré en France. Les
éditeurs d"art se contentaient de commander à des graveurs sur bois des gravures
sur bois et d'imprimer ·oigneusement leur papier. Cela faisait des ouvrages qu'on
vendait fort cher aux bibliophiles et cela était fort laid . Les tnwaux d'lribe, qui fut,
il ne faut pas l'oublier, le premier à renouvele1· l'intérêt de la typographie en innovant, heureusement, les publications comme " Le Mot •, d'lribe et Jean Cocteau,
a L' Elan », de Ozenfant, les impressions de Bernouard, celles de La Sirène, donnèrent
un i-enouveau d'intérêt aux rechercl1es typographiques.
On peut signaler 1111 ouvrage « Architecture », qui témoigne d'un très grand soin
typographique; les caractères choisis sont fort beaux et très bien mis en page;
les gravures sur bois en plusieurs couleurs de La :Fresnaye sont des pages très
heureuses ;il y a toutefois lieu de regretter qu'un cspritLouis:XIV règne là-dedans; il1
est à espérer, maintenant qu'on attache une certaiueimportanceàla belle réalisation
technique du livre, maintenant qu'on est capable d'apprécier la beauté des ;1 carac-·
tères » du temps passé, espérons que les artiste ont créé une typographie digne de·
notre temps.
DE FAYET.

Elles revêtaient le sol des Thermes de Caracalla. Se trouvent actuellement au
i\fusée de Latran à Rome.
·
R_eprésentent une centaine de gladiateurs, figmes entières et bustes, ai11si que des
~ttnbuts. Le tout est groupé ur un schéma géométrique très ferme clessiné par un
rm.~eau: et o_ffre au regard une vaste . urface de pierre polie. Nous ne croyons pas
qn 11 ex_1ste ailleurs un échantillon atlSsi important de la peinture antique.
. Admirablement recon ·tituée3, elles offrent l'ttn des plus beaux pectacles plastiques de R_ome. C~s mosaïques motivent la visite du :\!usée de Latran, va. te catacombe de vieux cailloux ro _nains gravé d'épitaphes et intéressant pour Je profcse urs; on rencontre aussi dans ce .H usée trop de chapitemrx, tl"architraves de statues qui inquiètent beaucoup et laiss·c nt le spcctateu r ·ongeur il l'idée du goût,romain,

��ÉTRENNES
l VOS AMIS

OUVEAU qui, sur mandat ou chèque adressé
-----------------par vous à notre iège, leur sera servi pendant un an; c'est miezix qu'une boîte de
chocolat ou qu, iin bouquet de fleurs : votre ami pensera à vou pendant un an.
Vous nous envoyez le bulletin ci-dessous
l'ous remettrez à votre ami le BO

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Revue L'ESPRIT 7OUVEA
REVUE I TER ATIO~ ALE
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L'ACTI VITE CO TEMPORAi E
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SONGEZ que la rerue que lisait rotre père lorsqu'il arait rotre âg~, a oublié.dt
lui signaler qu'un Cézanne, qu'un Seurat, dont personne ne roulait pour cinq.
cents francs, ()audrait un jour 50.000 francs. L'ESPRIT NOUVEAU étudie leJ
artistes qui seront les maîtres de demain ...

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de nos collaborateurs; rous sa rez ce que ralent déjà les éditions originales d' A polli
naire ou de Rimbaud.
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BOB.EAU

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l:ESPRIT

IOUVEIU

del'artroma-in, et surtout de l'esprit ro1:1ain. Rome, du reste, lii.isse le visiteur rêveur
èette ville' porte un, trop beau nom . fat statuair e romaine inquiète, les temples r-0maii1s inquiètent. Le Colisée est beau et la Pyramide de Cesti us est belle; les
nlOsaïques .sont remarquables.
Dans ces d ernières, on reconnaît les vertus impératives, a fortiori, d'une
t echnique formelle . .Jusqu'à quelle limite la vertu technique est-elle intervenue
ici ? La peinture romaine du )fusé.e des Thermes et de la Maison de Livie
p euvent nous 1·épondre; il est certain qui: la plastique des mosaïques est plus
ferme. On a toujours observé qne les limites imposées à un art (et on peut
étendre ce principe à ~01.1tes les manifestations humaines) ont ])OUr résultat de faire
toucher de plus près la solution ; les d iffi cultés aiguisent l'imagination,
suscitent l'effol't créatem, obligent à une simplification toujours favorable et par
.simplification il faut entendre conce11tralio11. On peut dire que la mosaïque de pierre
est une concentration de la peinture. En effet, la mosaïque de pierre agit au moyen
d'une seule gamme de tons qui va du blanc au noir en se moiulant par' les ocres
jaunâtres et rosés ; cette. gamme est dans une échelle extrêmement restreinte, les
tonalités de pierres étant t rès rapprochées les unes des autres et n'offrant
aucun écart violent; on se rend cOJnpte de l'exiguïté de cette gamme, en confrontant
à ces mosaïques une ca.rte de visite ou un chapeau noir ; une fois de plus id, le blanc
« pictural » n'est pas blanc et le noir n 'est pas noir. » (M. Ingres disait :
• mon cha1Jeau noir n'est pa noir n) . On peut donc admettre que les ~nosaïques de
Caracalla sont, quant à la couleur, créée par la n écessité. )lais si on les considère

��Le Théâtre Russe
PENDANT LA RÉVOLUTION
PAR

ÉLIE

P

la révolution de 1917,tandjs que les obus pleuvaientenco1'e
sur Moscou, les soldats entrèrent dans un des théâtres de cette
ville, prirent les costumes de Salomé et commencèrent à jouer
au foot-ball avec la tête de Iokanaan. Ce fut le premier acte de la
folie théâtrale en Russie. Comme l'on dansait pendant la Révolution
française, on joue en Russie. Le théâtre est devenu la soupape d'échappement des forces créatrices des foules. 11 y a peut-être autant de théâtres
aujourd'hui en Russie, que de bistros à Paris ~t de banques à Bruxelles.
Je donnerai quelques chiffres pittoreiïques. Dans le petit ~ouvernement
de Toula, on compte 4$0 théâtres, presque tous dans les villages ; dans Je
gouvernement de Tomsk en Sibérie, il y a 17 .000 artistes dramatiques,
dont 200 seulement sont des professionnels. Il existe une petite ville, dans
le nord de la Russie, Kargopol, qui compte à peine 5.000 habitants, elle
possède non seulement plusieurs théâtres, mais encore une revue théâtrale
dont le tirage est plus grand que celui des journaux politiques. Dans l'administration théâtrale (Theo), arrivent chaque jour plusieurs dizaines de
délégués, de toutes les parties de la Russie, pour y chercher des renseignements et du matériel.
U est encore difficile de juger ce théâtre de création populaire. Les
intellectuels, pour la plupart, Iui ont laissé l'héritage du théâtre naturaliste et psychologique ; mais le sens théâtral est vivace dans le peuple et
il imprime sa marque sur les anciennes formes. J'ai' vu, par exemple,
un vaudeville parisien exécuté par des paysans qui en ont fait un véritable
mystère ; pour eux les éléments naturalistes deviennent abstraits et relatifs. Un drame de Maeterlinck fut, transformé par des ouvriers en un
skeLch admirable .. Imaginez-vous une tragédie de Lope de Vega ou de
Shakespeare, représentée dans un village de Sibérie. Bientôt, sans aucun
doute, nous pourrons parler de la création d'un théâtre populaire vraiment nouveau,
Pour le moment, je ne veux parler que de la façon dont les artistes pro•
fessionnels ont répondu à cette soif théâtrale du peuple. Tout de suite
après la Révolution, une foule nouvelle a envahi les théâtres. Et ce fut
chose bienfaisante, non seulement paroe que l'intérêt se déplaça du
buffet et du foyer vers la scène, mais encore parce que les anciens specE 'DA NT

au point de vue esthétique, on ressent une impression de sécurité, de for~e et de
clarté Poillt d'ambiguïté, une formation synthétique des organes essentiels, -ime
leetur~ puissante, une expression volontaire des formes. Cette amplification, cette
·
·
t un pont d.1r ect , à Rome , entre le Latr:m
formation concentrée des élements,
Jetten
.
,

et la Chapelle Sixtine. On est en droit de se demande:r: si Michel-Ange n'es~ po~nt aile
méditer dans Jes ruines des Thermes de Caracalla; sori esprit altier devait vibl'~r~
· auJ·olll'd·hm
l'uni%on des formidables masses architecturées q1.u· nous f·ont croire
à Ja rrrandeur d'un Caracalla et les mosaïques qui, à cette époque, pavaient le sol,
clure~t le côni(rmer dans la loi de discipline qu'il s'était imposée au nlilieu deln cour
brillante et snperfi cièlle ùe Jules Il.
.
, , .
Rome, en ruines depuis ton jours, unique dans l'nistoire des v1 lies, porte a l exaltation et au sublime les âmes trempées.
DE FAYET.

EHRENBOURG

�tateurs russes, pour la plupart des intellectuels, étaient athéâtraux. Tandis
que les théâtres pour le gros public étaient approvisionnés de pièces boulevardières les intellectuels d'un niveau plus élevé avaient créé leur théâtre,
à leur sen~, avancé. Le Théâtre d'Art de Moscou était un théâtre d'analyse
psychologique, allant du nat1;1ralisme excessif, où l'on _imitait, le ".ent et ~e
chant des grillons, au symbolisme brumeux de Maeterlmck. L àct1on exterieure en était totalement bannie; en voulant attraper la vérité, on y a tué
le geste. C'étaient des tableaux vivants, des déclamations, un souper en
famille, une clinique, tout, sauf du théâtre. Je ne sais ce que fait en ce
moment le Vieux-Colombier, mais afin de me faire comprendre du lecteur
français, je dirai que le Théâtre d'Art ressemblait beaucoup à une pièce de
Ghéon ou aux frères Kararnasoff, mise en scène par Copeau.
Quand on ne peut pas changer de peau, on change de costume. Tous les
théâtres russes ont voulu suivre le goùt de l'époque, en changeant de
répertoire. Les événements de ces dernières années furent tellemènt violents et bruyants, que l'on veut trouver dans l'art des couleurs pleines;
toutes les formes intermédiaires ont été délaissées. Nous assistons à une
1·enaissance de la tragédie et de la pièce bouffonne. L'on n'a ni le goût, nile
temps de suivre le drame d'un homme pris individuellement, et l'on a
recours à la tragédie pour exprimer des synthèses. Le comique du sujet
est remplacé par celui du geste et des mots. Si l'on considère Je répertoire
russe actuel, on remarque des réminiscences du théâtre espagnol, de celui
de Shakespeare, de la Comedia del Arte, etc., mais le fond est resté le
même qu'à l'époque où l'on en était au drame de l'adultère. C'est-à-dire
que ce théâtre est resté naturaliste, statique et anarchique. Le peuple
russe a toujours manifesté un grand dégoût pour le naturalisme en ll.rt ;
peut-être est-ce un soldat qui exprima le meilleur jugement sur cet art,
lorsqu'il disait : (&lt; Chez nous, il y a un sous-off qui dessine, et il fait tellement ressemblal\t, que ça devient ennuyeux. » Imaginez-vous maintenant un millier de soldats de ce type-là, dans un théâtre où l'on imite la
réalité jusqu'à reproduire les traces des tableaux sur le papier des
murs!
Les seuls théâtres qui puissent répondre au goût du public actuellement, ce sont ceux d'avant-garde. li importe d'en finir une bonne fois
avec cette légende que l'art d'avant-garde est l'art officiel en Russie.
Malheureusement, certains esprits avancés dans le domaine politique et
-1:1ociologique sont, dans les questions esthétiques, absolument réactionnaires, préférant à l'art constructif, l'art à thèse. Toutes les affirmations prétendant que les théàti;es pompie~s sont opprimés sont fa1;1sses:
Sur les 20 à 25 théâtres d'Etat a Moscou, 11 n'y en a que deux ou trois qui
soient vraiment révolutionnaires. La seule chose vraie, dans tout cela, c'est
que malgré les préférences personnelles des hommes du Gouvernement,
on a donné les moyens, aux régisseurs d'avant-garde, &lt;le faire des expériences.
Le théâtre d'avant-garde russe, comme les autres arts, d'ailleurs, s'achemine vers une union étroite avec la vie. Comme le peintre moderne tourne
ses regards vers l'industrie, le poète vers la télégraphie, le scénario ou le
roman policier, le régisseur du théâtre s'oriente vers le geste quotidien
de l'homme moderne. Le cinéma, ce produit des masses, qu'on voulait
renvoyer à l'école théâtrale, est deven,u maintenant l'école du théâtre.
Les régisseurs russes ont beaucoup appris chez les créateurs de la comédie
d'art mécanique (Charlot, Max Linder, etc.). D'autre part, ils se sont tournés vers le cirque, vers cet endroit où l'on conservait le sens du théâtre
à une époque où, dans le théâtre, ce sens avait disparu. Je parlerai plus

tard du cirque nouveau, en Russie. Je noterai seulement maintenant que
les m,eilleurs régisseu~s d~ théâtre d'avant-garde, TaïrbfI, Radloff, 'etc.,
travaillent en contact etrmt avec les clowns.
De même que dans la peinture nouvelle, dans le tbéàtre nouveau on
remar,qu~ &lt;leu~ directions &lt;:fifférentes. Le cubisme a bifurqué, d'un coté
vers l aff1rmat10n de la pemture pure, ou la composition abstraite de
l'autre vers la négation de la peinture de chevalet, au nom de la const~uction de formes dans l'espace. Si l'on est d'accord sur un but lointain on
est divisé sur les moyens de l'atteindre. Les uns veulent créer un thé'âtre
pure~ent théâtral, mettre sur la scène, séparée par la rampe, l'essence de
l'act10n. Les autres veulent tout de suite démolir u la boite du théàtre &gt;&gt;
et dissoudre cette essence dans la vie, théâtraliser l'existence quotidienne~
La meilleure réalisation du premier groupe e, t le théâtre /1amernii de Moscou. Son directeur, Ta·.roff, a compris que le théâtre est basé sur le
mouvement organisé. Il en a fini avec l'anarchie, où l'individualité de
l_'~cteur étai; prédo~in~!e. Les acteurs, dans ce théâtre, ne sont que des
elements qu 11 raut d1sc1plmer ; tous les gestes, tous les mots, sont calculé,
comme l'on calcule les mouvements d'une machine moderne. N'import.~
quel moment de l'action représente un tableau complet. Il a aussi entiè1ef!lent c~an~é )e rôle du peintre dans le théâtre. Il a supprimé les décors
pemts qu1 fa1sa1ent ress~mbler la scène à un harem. Les acteurs qui représentent une forme en trois volumes, demandent un décor en trois volumes.
L'architecte remplace le peintre, et il est curieux de noter que les costumes
et les décors de !'Annonce faite à _1farie sont exécutés par un architecte du
métier, Vassnine, Celui-ci, ainsi que Takouloff, Mada:n , Exter, ont trouvé
des formes mathématiques qui correspondent aux conceptions modernes.
Ils const_ruisent la S?ène de telle faç:on que l'action se déroule, non dans le
sens horizontal, mars dans Je sens vertical. On a joué au théâtre /1' ememii
des pi~ces archa:ques en soi, mais en les interprétant de telle façon qu'elles
prenaient un aspect moderne. Un conte de Hoffmann, La Princesse
Brambilla, est un vrai carnaval, violent, gai, fabuleux. Le mystère dè

�Claudel a perdu tout ce qu'il conten3:it de th~~logie mondaine, pour devenir l'histoire éternelle de l'amour qm se sacrifie .
Le second "roupe est conduit par Merhold. Il veut mêler spectateu:s et
acteurs et cela jusque dans le détail ; c'est ainsi que_ non se_ulement _11 ne
dï d pas d'applaudir mais il invite à siîfler et à fa1re des mterruptions.
Je::old et son école r~nient le théâtre écrit. li considère q~_e le text~ de la
pièce doit être édifié sur la scène même. ~n prena~t- des piec~s ~nmennes
comme thèmes il ne craint pas d'être taxe de sacnlege. Il a Joue Hamlet
en changeant domplètement la scène. La scè!le a"'.e~ le fossoyeur, par
exemple, est devenue chez lu~ une ~ouffonnene poht1que moderJ?.e,_ Po~r
représenter une pièce sociale, 11 a pris.les Aub~ ?e. Verhaere11:, m,ais Je_sms
convaincu que personne ne put reconnaître 1 ongmal: Parfois, les art1~tes
intercalaient dans leur rôle le texte de nouvelles de Journaux se~sat1onnelles ou bien l'on voyait les spectateurs sol~ats pass~r sur la scene avec
leurs 'instruments de musique. Il constrmt la sc~ne et la salle ensemble, il remplace le grimage par des masque~. Evidemment_, la rampe
est supprimée. Sa meilleure pièc~ c'est le Mystere-bouffe de Mruakorosky,
une vision comique de la Révolution.
. .
. . . ..
Les grandes fêtes théâtrales organisé~s e~ pJem ~r ~nt et~ dmgee~ da~s
le même sens. Dans La Prise du Palais d Hwer, Jouee le JOur del anm-

de cette exception. Etait-ce par suite de la dépression physique, par
l'effet du climat, ou peut-être par une erreur des organisateurs ? Mais
comme chacun comprend maintenant la nécessité de pareils spactacles,
il est probable qu'on en découvrira bientôt la formule définitive .
Comme je l'ai dit, je parlerai maintenant brièvement de la renaissance
de l'art du cirque en Russie. On en a enlevé la couche de fausse esthétiq e.
la féerie, les ballets, les nuances mièvres. On a rendu le cirque aux clowns,
aux acrobates, aux jongleurs, aux écuyères. La rapidité du mouvement,
ce pathétique de notre époque, répond au besoin essentiel du peuple, et je
ne mentirai pas en disant que c'est dans l'arène du cirque què se célèbre
la messe moderne . Tous ceux qui connaissent l'attirance de l'art avancé
pour le cirque ne s'étonneront pas d'apprendre que ce sont des peintres
cttbistes qui exécutent les costumes des clowns. C'est surtout par le cirque
que l'art d'avant~garde entre actuellement dans l'épaisseur des foules.
Je n'ai parlé que des chos~s essentielles ; je n'ai cité ni plusieurs œuvres,
créées à Pétrograd et en province, ni quantité de studios qui sont les
laboratoires du théâtre de demain, ni la haute école du théâtre et du cirque,
organisée pàr Merhold. Mais je dois rappeler au lecteur que tout le travail
théâtral en Russie s'effectue dans des conditions extrêmement difficiles.
Pour le prouver je ne raconterai qu'un seul fait. Des acteurs étaient venus
jouer dans la salle d'une usine ; malgré tous les efforts des ouvriers, on ne
put placer un poêle, et il régnait dans la salle un froid de 12 degrés sous
zéro. Mais le public insistait et les artistes jouèrent, dans leurs fourrures
et non grimés, les Fourberies de Scapin . Public et acteurs demeurèrent
ainsi trois heures dans cette salle glacée. Quand on aime à ce point le
théâtre, on ne peut manquer d'arriver à quelque chose.
( Traduit du russe sur le manuscrit original) .

Elie EHRE~ BO uRc.

MUSIQUE

LE DIXTUOR LÉO SIR
PAR

ALBERT

JEANNERET

A

Ac,r10:., dont il faut louer l'activité qu'elle. doit à ses chefs:
Madame Lara, MM. Autant et Fernand Divoire, donnait
jeudi 3 novembre dernier, en son Studio de la rue Lepic, un
concert de musique inédite, composée pour la première audition de six nouveaux instruments, ajoutés aux quatre déjà existant
du quartuor classique, forment le dixtuor Lé_o Sir, du nom de son constructeur (_1). Afin d'éviter toute erreur d'interprétation, disons que
RT ET

versaire, sur la place même de l'é:éi:iement, la nuit, il y avait 10.000 acteurs et 400.000 spectateurs. Mais d faut :iv?l!er que_ spect:iteurs et acteurs étaient quand même séparés. Il est chffic1le de dire au Juste la cause

(1) _Notons que : dans le dixtuor, _le 2 ' violon du q uatuor classique _se trouve
suppnmé, en revanche a u grave s'aJoute la contreba se, rétablissant à quatre le
nombre des instruments.

�SUR
SOP;RANO
)!EZ%0SOPRANO (violon actuel) SOPRANO

1520

ALTO
(actuel )

CONTRALTO

L'ESPRIT NOUVEAU
EFFET R:E:EL

les nouveaux instruments Léo Sir sont ·construit:, sur le modèle du violon
ordinaire de l'alto et du violoncelle. Seul, leur rôle d'intermédiaires
entre l~ ~ontrebasse (bas~e aux_iliaire d~ quatuor _à ~ordes) et ~e violon 1 a
détermmé pour eux des d1_me~s1ons var1ab!es -:-- ai1~~1 que des trmbres différents. L'apport de M. Leo Sir est donc d av01r cree un nouvel ensemble
d'archets parfaitement oradué et divisant l'échelle totale de sons parcourue p;r les instruments à archet en dix régions, au lie?- des cinq départies jusqu'ici aux instruments du quin tuor ou quatuor h ab1tuel. La prat1 que
situerâ définitivement la valeur de ce nouvel ensemble .des cordes et les
compositeurs diront exactement les ressources _de groupements, ~e
combinaii;lOD$ et de timbres qu'offre le nouv~~u d1xtuor. ~ne -:h?se _est
dès maintenant certaine, c'est que l'o~ va 1c1 v~r~ une s1mpl!ficat10_n
du mécanisme de chaque instrument pwsque·_celm-c1 se meut desormais
dans une région plus restreinte, donc plus facile et demandant un effort
de virtuosité moins grand. En outre, la sonoTité y gagne.
.
En effet, chaque instrument de l'ense~ble classique poss_ède d.ans le
dixtuor sa doublure (le violoncelle en a trois: le baryton, le teno_r, le contralto). Au violon, par exemple, est adjoint le sursoprano, qrn, avec le
même doigté que le violon, atteint une q~arte plus haut . . ~'alto est
prolongé à ]'aigu du mezzo-soprano, qui monte une qurnte audessus.
Le -contralto le dernier des intermédiaires entre le violoncelle et l'alto,
continue le v.io1oncelle d'une octave entière. Quant à la contrebasse, c'est
d'une sixte que sa région aiguë est prolongée par la sous-~as~e- A'?t~ement
dit, alors que jusqu'ici, chaque instrument du quatuor eta1t cbhge, pour
l'exécution intéorale de l'œuvre musicale, de sortir de ses bonnes notes,
de sa limite, de ~a région " favora~le n, pour ~tteindrë: à l' ~igu_une ré&amp;ï?n
défavorable, où la sonorité est pomtue et seche et le mecarnsme perilleux - à des intermédiaires est désormais dévolu le rôle de muer toute
régi~n défavorable en fayorable, puisqu'~ne s~ri13 aig~ë ~ésagréable 1se
situe chez eux en un médmm favorable, retaLhssaut ams1 fur toute létendue de l'échelle sono're une sonorité égale et plastique. Ceci grâce à
une construction approprié~ de l'ins-~rument._
...
.
En outre de nouveaux timbres s'aJoutent a Ceux deJa existants. Le
sursoprano, 'par exemple, possède une sonorité fluide, aérienne et puissante, contrastant avec celle plus vibrante du violon. Le mezzo-soprano,
lui, tient à la fois du violon et de l'alto.
.
Tandis que le contralto sonne plein et généreux, le ténor plus violent,
le baryton se rapproche beaucoup plus du violoncelle, mais contrairement à ce dernier, l'aigu en est très sonore.
.
Quant à la sous-bas.se, elle comble le vide ~norI?e qui _ex1.s~e entre la
contrebasse et le violoncelle, et est très accessible a un mecamsme développé.
.
Sauf le sursoprano et le mezzo-soprano, les nouveaux mst~u!_llent~
Léo Sir se jouent à la pique. Leur technique n'offre aucune d1fhcultenouvelle, puisque, construits sur le modèle de leurs aîn~s du quatvor, seuls.
la dimension et le timbre varient. Ils sont transpositeurs en sol et en
fa (1 ).
(l) l\f. André Laurent, G9, rue_Ordencr, qui _présenta 6- \a soirée ù'A;t e~ 1\ction
les nouveaux instrument•, fo1.11:mra ~ur ceux-ci tous renseignements_ necessau-es.
Nous donnons ici un tableau du d1.xtuor, avec l'accord àe chaque tn!'&gt;tn1ment.

NOTATION

T:E:NOR

BARYTON

BASSE

OUS BASSE

(\'lulotH elle nd.uel&gt;

EFFET R:E:EL

N01'.ATION

CONTRE·
BASSE (ae~ueUe)

1::::1 °::~1~:: 1~:::/i-I?I
-e-

-e-

-e-

-e-

-&lt;. -

Dans ~e. nouve~u, clavier a~x di_x touches qu'est le dixtuor, le composit;ur _c~o1sira les elen:ie_nts _utiles a l'expression de sa pensée; il orientera
l ~nteret _de la sonori~e s01t vers les fluidit~s limpides des instruments.
aigus, s01t vers la pws_san~e et la générosité du groupe forll).idable des
bass_es. M. Rosen~hal, Jeudi 3 novembre, sut fort bien donner une illustration , du prem~e'. de ?e_s parti-pris, dans sa pièce en quintette, et.
M. O. ) gouw ch01sit les elements graves du dixtuor pour sa pièce en
sextuor.
_Pour M. D~·ius_ Milhaud, c'est à la polytonalité, qu'il manie avec une
science tout a fait remarquable, qu'il réserva l'emploi du dixtuor au
co_mplet (choral de sa 4.e symphonie pour dixtuor), se servant, dans le prem}er mo~vement de cette ~ême _symphonie. du style fugué où s'enchevetrent v1goure~~ement les dix voix de cet orchestre de chambre.
Une cons~at~t10n en passant : ~chœnbe~g, dans sa " symphonie de
c~ambre ll, redmt le grand oroh~stre a vmgt-cmq exécutants. Le «dixtuor )}•
lm, augmente le no~bre des mstruments du quatuor classique. De nouve:3-ux gr~upements, 1Ss~s. d'une esthétique progressive, sont-ils donc en
".018 d~ deplacer la densité des ensembles sonores ? Une directive restrictive, d une part, va~t-elle rencontreT l'ascendance d'une autre, et leur
rencontre ,en u~ pomt, tellé la_ rencontre de deux tracés régulateurs,
va-t-elle_ deter~mer une norme, fixer de nouveaux usages ?
l1 est md~b1table que,_ dès longtemps, l~ n~mbre des cordes du quatuor
a. tendu a et~e au$i:nente, par_ta_rr~ du prmc1pe exposé plus haut, de la
defectueuse repart1t10n des activ1tes sur l'échelle sonore: Mozart, Beethoven, Br~okner, Brahms ont écrit des quintuors des sextuors à ar'chets.
Il est !ntéres~ant d~ souligner ici q~'en l'occu~rence, _c'est un technicien,
u!1 luthier1 qui s.olutwnne Je _probl~me. Et c'èst logique. Et sa réussite
~ est _pas I effet du hasard, mais le resultat de vingt années d'un travail
mtelligent et tenace ..
Le (( jardin d'essai&gt;: qu'est le théâtre d'Art et Action ,comprend admir~blement le rôle qu'il a assumé, l'affirmation des efforts nouveaux et leur
defen.se. 11 est toujours plus à souhaiter ·que les ocèa.sions lui soient.
~ffertes, ~ombreu~es, d'affirmer, à côté de celle de moyens nouveaux del art musical, l'existence d'œuvres en émanant, lémoins probants d'un
style que ch_aque nouvel effort contribue à constituer.
A!be!'t

JEANNERET.

�ÉCONOMIE

ÉCONOMIQUE

'' ÉCONO~IIE

L

"

progrès est plus généralement observé dans ses eff~ts
que dans ses causes. Aussi longtemps que la relat10n
ne sera pas faite on confondra le but avec ~e moye_n.
Or, pour obtenir une définition qui soit pratique, v01re fertile
dans son application, il faut s'attarder un peu à l'étude
des statistiques révélatrices de l'évolution progressive de
notre civilisation. Le progrès intéresse particulièrement les
améliorations matérielles de notre mode d'existence.
Recherchons donc quelques exemples numériques. Remarquons d'abord que des éléments naturels déjà exploités par les
hommes dans l' Antiquité sont susceptibles d'une nouvelle
exploitation grâce au perfectionnement des méthodes de traitement, c'est le cas pour les gisements de fer ou de plomb.
Le prix de la tonne de soude est passé de 700 francs vers
1850 à 110 francs en 1902.
Le thorium, au moment où l'on commença de l'utiliser pour
la confection des manchons à incandescence valait 4.000 francs
le kilogramme, il était tombé à 35 francs avant la guerre.
En 1853, le prix du kilogramme d' aluminiu~ était de 1110
francs, il était d'environ 2 francs en 1900.
Ces réE,ultats sont dus au rendement des opérations d'affinage.
Ce rendement a pu être amélioré grâce à la mise en pratique
d'une science nouvelle, l' électro-chimie, et par l'application des
lois de la thermo-chimie.-Ces facteurs primordiaux qui intéresE

Voit l'article cle M. Léon Lafitte claus le 11:fercure de France.

1523

sent le processus même des opérations d'affinage sont subord~nnés à l'uti~sation d'une source économique d'énergie électrique. ~a puissance développée par les chutes d'eau permet
ch~que JOUI" de tenter de nouvelles expériences qui jadis seraient demeurées dans le laboratoire et qui, aujourd'hui, sont
assez rationnelles pour tenter la grande industrie.
Il y a une connexité, évidente pour tous, entre les découverte
intéressant les lois de transformation de la matière et celles
· qui concernent les lois de transformation de l'énergie. Cette
dernière joue le rôle primordial aussitôt qu'une découverte entre dans la phase d'utilisation pratique. Et l'on constate une
continuelle alternative dans l'orientation des recherches scientifiques inhérentes à un processus donné.
Ce~te alt_eri:iative consiste_à passer de l'étude du phénomène
physico-chimique en quest10n à celle de la consommation
d'énergie. On peut inverser l'ordre de ces études.
Nous parlions tout à l'heure del' aluminium, son cas est frappant. L'affinage de ce métal est réputé impossible ; on envie.
sage tout au plus des fusions supplémentaires pour le rendre
plus homogène. Sa fabrication exige des constantes chimiques
si sévères que les in~tallations nécessitées pour la purification
préalable des matières premières sont plus importantes que
c~lles exigées pour sa fabrication propre. La bauxite qui contient l'alumine n'est utilisable que si elle a une teneur en silice
inférieure à 3. p. 100. La silice est donc une ennemie redoutable
qu'il faut éliminer à tout prix. C'est à cela qu'ont travaillé des
chimistes de toutes les nations. Une fois que les résultats furent ~atisfaisants, il fallut songer à économiser l'énergie nécessaire ou plutôt à réduire son coût. Heureusement les sciences hydraulique et électrique faisaient ensemble des pas gigantesques qui devaient permettre progressivement l'affinage
électrolytique de presque tous les minerais des métaux
usuels.
·
Ces sources d'énergie économique constituaient comme un
nouvel organe qui allait engendrer de nouvelles. fonctions.
C'est-à-dire que des richesses qui paraissaient inexploitables
absolument comme l'atmosphère, devinrent des sources nouvelles quasiment
inépuisables. En effet, o-râce
aux effluves et
.
0
aux étmcelles soufflées obtenues à de très hautes tensions

'

�1524

ESTH l::TIQUE DE L'INGENIEUR

L'ESPRIT NO VEAU

100.000 volts, l'azote atmosphérique peut être '.fixé sur du
calcaire.
L'homme découvrait ainsi un moyen deperpétuersasuhsistance en synthétisant des engrais et d'engendrer a mort en fabriquant des explosifs nitrés. L'atmosphère devenue matière
première à l'état statique devient aussi source d'énergie à l'état
dynamique, effectivement les vents sont maintenant propulseurs de turbines aériennes qui sont elles-mêmes génératrices
d'électricité. Avec moins de dépenses on obtient plus de résultats ; cela est vrai sil' on établit des proportions comparatives
entre ·1a quantité de richesse obtenue. et la quantité de richesse
utilisée.
M. Léon Laffitte, dans l'article dont nous parlions plus haut,
accumule les exemples d'où il extrait les rendements économiques. Il montre que la longévité de la vie humaine a augmenté depuis le début du x1xesiècle, passant de 61 à 66 a.ru.
Cette augmentation est due apparemment à l'amélioration des
facteurs physiques de notre existence, à la moindre dépense
de nos forces et à leur accumulation correspondante.
C'est pour cela que M. Laffitte conclut que le progrès peut
être défini : une économie d'énergie.
Il ajoute que cette définition est scientifique et nullement
arbitraire.
« Elle a les qualités que le philosophe exige d'une bonne définition.
1° Elle est courte, puisque son attribut n'a que deux termes ;
2° Elle s'applique à tout le défini ;
3° Elle est réciproque, puisque on peut faire de l'attribut le
sujet et du sujet l'attribut, sans altération de sens;
4° Enfin, elle est claire pour tous ceux qui sont en possession
de l'exacte sigrùficaticn Et de la valeur des mots. n
Paul

RECHT.

.

MAISONS en SÉRIE
PAR

L

LE CORBUS I ER - SAUGNIER

programme, vient d'être fixé. MM. Loucheur et BonneYay
?emandent a la CI~ambre une loi décrétant la construction de
o_00.000 logements a bon marché. C'est une circonstance excep. . t~onnelle dans les annales de la constmction, circonstance qui
ret1ert cgale~en~ des ~oyens exceptionnel .
.
r, tout es! a fa.1re ; ~1en n'~st prêt pour la réalisation de ce p.rOO'ramme
0
1m1~~nse. etat. d'espnt n'.ex_iste pas. .
. L etat d esprit de co~s!m1~~ des ~a.iso_ns en série, l'état d'esprit d'hab!t~r des maisons en serie, 1 et.at d esprit de concevoir des mai ons en
serie.
To~ t est à fai~e _; rien n'~st pr~t. ~a spé?iali ation a à peine abordé Je
doma!ne de la b~t1s~e. _Il ~Y,~ m usrnes 1 m techniciens de spécialisation .
. Mai~ en un_ clm d œil s1 l' etat d'esprit de la série naissait, touL serait
v1~e m1~ ur pied. En effet, dans toutes les branche du bàtiment, l'industri~, pmss~nte com_m_e une force naturelle, envahissante comme un fleu,·e
qui roule a sa dest1nee, t~ncl de plus en plus à transformer les matériaux
uts natu_r~ls, ~t ~ prodmre ce qu'on appelle d_e _ " m_atériaux nouveaux&gt;&gt; .
s sont lrg1on - cunents et chaux, fors profile , ceramique, matériaux
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PAR L' SEJ1BLÉE GÉ ÉRALE
EXTRAORDI AIRE DE ACTJO • ÀIR'E DU 19 OCTOBRE 1021

;uai.yo11 en série. Pour être sai11e il Jaur qu·uue ltab-itatio11 soit
largemeut isolée ,Je la terre. Comtruire .9ur cave coilte très cher Uottillt, 111ur.v de soit•
/è11e1mmt, etc., etc ... ). RéstTVer m1 vide entre fa terre et le premi.er pla11chtr est 11lus
chu e11core; ce r•ide ,i'exige-t-il pas un gros effort de co11structioii ? (solivage ou dalle
s11r murelle, etc., e/c ••• ) et il est ùmiilisable. L'ÉCO.VO.l/IE commande &lt;le construire
la maisorl sttr w1 sottba$Senunt assez liau, pour co11te11ir les rlépe111lcmces rie rlwbitatio11. Cdu di:tposilion es;t celle de b-eauooup de mai.wn française, trè..ç ancit1111es oit
le soubassement co11Jient /"élable, /,a remi.ve, la buamlerie, le.&lt;/ rh;eni('S, etc., etc ...
L'habitation reproduite ici e.,t rœ ce type : elle ,st placée surtm terrain qui prh;e11teu11
lulus d'1111 mètre en bordure de la route el desre,ul lf«utant LV!T,V finUrieur: le souba.,.çe.
111e11t 1\VI tlonc enterré crwi mNredu côté r01tlert il est de plai11-J1ied rlt1 c6tijardi11 .

DE

.\ GUSTE PERJH•:T.

i olant ·, tuyaut rie, quin aill rie, nduit imp rméable , el ., elc ... Tout
ela arrive p ur lin tant n vra clans les bâtiment. en con trucLion, y
ajuste à l'improvi te coût une main-d'œuvre ënorme fournit d ~olution bâtarde . C'e t quel diver. objet de la con truction n'ont pa 'té
ériés. C'e t que l'état d'esprit n' xi tant pa , on ne ' t pa liwé à
l'élude rationnelle d objet t plu encore à l'éLude ralionnell d la
eonstruction ell -même ; l' tat d'e prit de la érie e t haïssable aux ar hitecle taux habitant (par contagion Lper ua ion). ·ong z: on en arrive
justem nt,, t tout -. ourrJ ·, au r-é-g-i-o-n-a-1-i- -m-e ! Ouf ! El le plus
comique, c' , t la déva talion de pay nvalli qui nous y ·onduit. Devant
la tâche immens d tout à r con truire, on st aU '• à a panopli dérro·b r a flûte &lt;le Pan, et on n j ue, on en jou , clan 1 . comit; et dan- le

'

En dehors du dividende attribué aux nouvelles actions Catégorie C, il est attaché

a ces nouvelles actions des

VANTAGES EX~E T ION E $

pouvant intéresser:

le AM TE RS
LITT8R TEUR
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BIBLIOPHILE
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CE

QUI DB IRE T VOIR

L'EFFORT POUR UI 'I p R L'ESPRIT

BO TIR

To

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......................................................____
Demandez à notre ièae le

RENSEIG EllENTS RELAT IJ1S
A L'Él\Il SION.

�a crise des logeme.nts amènera
la RÉVOLUTION. Préoccupezvous de l'HABIT ATION.
1

Nous avons déjà publié sous la rubrique
ESTHÉTIQUE OE L'INGÉNIEUR

les articles suivants :
'• 1.

Trois Rappels à MM. les Archil.ectes : LE VOLUME, par LF. Connusœn-SAUGNIEll,
avec 9 illustrations.

LA SURFACE.

Troi:J Rappels à MM. les Arcltitecles
avec O illustratiom.

N° 8.

Les M nfaons Voisin ............. . ......... . ........ . .
avec G illu trations.

Trois Rappels d MM. les Architectes : LE PLAN.....
avec 15 illustrations.

•
••

Sous la Rubrique
o

5.

ARCHITECTURE :

Les Tracés Régulateurs .. . . . •.. ... ... . .... .
avec 10 illustrations.
par JULIEN CARON, avec 18 illustratiom,

Une Villa de Le C-Orbusi.er

Sous la Rubrique
N• 8.

ESTHÉTIQUE DE L'INGENIEUR :

Des Yeu:i:. qui ne voi.ent pas : LES PAQUEBOTS . .. ... par
avec 13 illustrations.

Des Yeux qui ne voient pas
avec 22 illu trations.
N• JO.

LE

CôlUIUSŒR·, AVO:N1J:;R

LES AVIONS....... .. .

Des Yeuœ qui ne voient pas : LES AUTOS ........ .. .
avec 15 illustrations.

N• 11 {12. Esthitiqtte del' Ingénieur. avec 17 illustrations.

Architec:ure (Reuue de. l'année).

Nous continuerons ces études en publiant dan nos prochains numéros, les Articles suivants :
ARCHITECTURE-

Mai.von.~

e11

Série.

La L eçori de Rome.

N° 14.

De l' Illusion. des Plans.

N° 15.

Pure Création de l' J,n ·elligence.
POUR P ARAlTI?E :
URBANISME.

Le chemin des ânes, le chemin de l'homme.
Ce que l' œil voil.
Architecture ou Rêvolt(tion.

Ai·oi::s-r-e l'Enni;:-r. Maison en série. Co11,Ytruile
avec les moyens les plus
m.odemes, Mgère comme
dit bâtiment d'exposi•
tion, mais solide et
rnble, saine et isolante,
cette maüwn e.st d'une

m,-

esthétique classiqlte; elk
est en pleine harmonie
,wec les habihuies de

voir que nous avons ac-

quises &lt;ni con tac/ de 110,'1
occupations quotidiennes.
AcGl, STE P1maF:T. ,lfaison en s&amp;ie. Le mode
de co11slruction employé
est la projection, par
l'air comprimé, de plâtre au de mortier de ciment. sur une carca&lt;Jse

en latlis uwcan.i,que. Les

1nurs extérieurs sont à
double 71aroi, plâtre d
ri ntériettr, cùnent rH: e:xlérieur ; les vza11chers
sont supportés par des
tt0i1tes très te11dues, et
minces dfJ.n-1 lr.t proportion rl'wie coq1tille
d'œuf.

.....

l

•1

�•

LE CORBUSIER-SAUGNIEll, 1915. Groupe de
sur ossature « Domino ». En -1915, /,e p1'iœ

maisons en sériedes aciers et des
ciments ciutorisait l'emploi i:lnportant du ciment armé. Des
oss.ature.~ rigides étaie11t Uvrées, par une entreprise, .mr siœ
dés 71réalable11tent établis de niveau, au-dessus du sol. Les
. m,urs et les cloisons n'étaknt qu'un rempli.ssage léger, pouvant être fait, sans main-cl'œ1wre s-pécialisée, de laUis, briques ou varpaings de remplissage. La .hauteur entre deux

dalks éUiit combinée avec celk des portes et i1nposles, celle des armaires, ·celle des
fenêtres, gui toutes obéissaient auœ mêmes rnoduks. Contraii'ement œ11x usag~s actuels, les menuise1'ies Journiea par /,es usine.s étaient pos~es avant les 1nurs, d-i~tant.
automaliquement l'alignement de ce!l,()-CÏ ainsi que des cloisons ; /,es murs 01t cl01So11s
étaient maçonnés autour des me!1uiseries et la maiso~ p~m;ait être construite, totalement pa,r wi seul corps de, mét-ier: /,e ?1U1fon. ResU,.it a -installer la tuyaut.ene. (Un
jour :m,oche, on pourra faire emploi de fenélres autrement plus perfect'ionnées que
celles dont on dispose actuBllement),

devant des procédés si « désinvoltes » ; on ne cro•it pas à tme maison faite en trois jours ;
ilfautun an et des toifsJJointus et des lucarnes et des cham"tlres mansardées !

�Lis Conuo-rnR-SAUGNTEn. Type. ,rune Celllra7.e électrique de petite vilTe avec r11aiso1M ouvriè-res pour les oiwn,er.'I attachés an service de nuit &lt;le l'1.isine. Co11struitc,ç
comme des batimenis ,r usine, ce.ç mai.sons bf-n!fidetil de l'e:;théliqt1e·de f'usitœ.

commissions. Puis on vote des résolut.ions. Celle-c.i par exemple, qui
mérite d'être citée : de faire pression sur la Compagnie des Chemins de fer
du Nord pour l'obliger à con ·truire sur la ligne Paris-Dieppe tl'ente stations de styles diîlérents, parce que les trente stations .que les express
brûlent, ont chacune une colline et tel pommier qui sont bien à elle et qui
sont son carnctère, son âme eLc ... Fatale flûte de Pan 1(1).
Les premiers effets de l'évolution industrielle dans le « bâtiment » se
manifestent par cette étape primordiale : le remplacement des matériaux
naturels par les matériaux artificiels, les matériaux hétérogènes et douteux
par les matériaux artificiels homog' nes et éprouvés pa1· des essais de
laboratoire et produits avec de éléments fixes. Le matériau fixe doit
remplacer le matériau naLurel, Yariabl à l'infini.
Par ailleurs, la loi d' Economie. réclame ses droits : I. e fers prorilés et,
plus récemment, le ciment armé, sont de pures manifestations de calcul,
employant la matière totalement et exactement; tandis que l'ancienne
poutre de bois recèle peut-êLre quelque nœucl traitre et son équarrissage
conduit à une perte de mati \re considérable.
Enfin, dans certains domaines, les techniciens ont parlé. Les ervices
d'eau, d'éclairage, sont en évolution rapide; 1 cnauffage central a pris
en considération la structure des murs et de· fenêtres - surfaces refroidissantes - et, conséquence, la pierre, la bonne pierre natureJle en murs de
un mètre d'épaisseur, s'est vu damer le pion par de légères cloisons doubles en scorie de mâchefer, et ajnsi de suite. Des entité , de qua i-divinités, out déchu : les toits qui n'ont plus besoin d'être pointus pour évacuer l'eau, les grandes et si belles em brasures de fenêtres qui nous ennuient parce qu'elles emmurent et nous. frennent toute la lumière ; les
boif; massifs, épais à souhait, ·olide · pour 1 éternité, mais non, qui sautenL
et se fendent devant un radiateur, taTidis qu'un contl'e-plaqué de trois
millimètres d'épaisseur demeure intact, etc .....
On voyait aux beaux jours d'antan (et c la dure toujours, hélas) de
gl'os chevaux qui amenaient dans le5 chantiers d'énormes pierres, et
beaucoup d'hommes pour les descendre de dessus la voiture, pour les
couper, les tailler, les monter sur les · ohafaudages, les ajuster en vérifiant longuement, mèt,re cm main, leurs six faces; une maison ça se constr~sait en deux ~ns; on monte aujour~ hui des irr.ime~~les en quelques
mois ; le P.-0. v1enL de term.mer son 1mmense fr1gor1f1que de folbiac.
. (J). Citons, par contre, la • Rmmissancc des Cités• qui, t&gt;:lr un concours dï&lt;lées
rntefhgemment pror:isé, a doté la ville ùe Chauny d'un bon projet d'alimentation
en eau potable et cl assainissem('nt.

L:e Corumsma-

AUG:.IER.

ltitéri= des maisons précéclentes.

Il n'est entré dans ce chantier que des gi·ains de sable et de mâchefel',
gros comme des noisettes; les murs sont mincei:; comme des membranes;
il y a dans ce bâtiment des charges énormes. Des murs minces pour protéger contre le diffé. enccs de température et des cloisons de onze centimètres malgré les charges énormes. Les choses ont bien changé l
La cri e dei- transports a sévi ; on s'e t aperçu que les mai ans rcpréi-entaient un tonnage formidable. i on diminuait ce tonnage des quatre
cinquièmes ? Voilà un état d esprit moderne.
La guerre a secoué les torpeurs ; on a parlé de taylorisme ; on en a fait.
Les entrepreneurs ont acheté des machines, ingénieuses, patientes et
agiles. Les chantiers seront-ils bienLôt des usines ~ On parle de maisons
qu'on coule par le haut avec du béton liquide, en un jour, comme on remplirait une houteilJe.
Et de fil en aiguille, après avoir fabriqué en u ine tant de canons,
d'avions, de camions., de wagon , on se dit : e pourrait-on pas fabriquer
des maisons ? Voilà un état d'esprit tout a fait d'époque. Rien n'est
prêt, mais tout peut être fait. Dans les vingt années à venir, l'industrie
aura groupé le matériau::: [ixes, semblables à ceux de la métallurgie;
la technique aura porté bien au delà de ce que nous connaissons le chauîfage, l'éclairag et les modes de structure rationnelle. Les chantiers ne
seront plus des éclosions poradiques où tous les problèmes se compliquent
en s entassant; l'organisation financière et sociale réaliser·a, avec des
méthode concertées et puissantes, le problème de l'habitation, et les
chantiers seront immenses, gérés et exploités comme des administrations.
L'évolution sociale fatale aura tran formé Jes rapports entre locataires et
propriétaire. , aura rnodirië les conceptions de l'habitation et les villes
seront ordonnées au lieu d'être chaotiques. La maison ne aern plus cette
chose énorme et qui prétend dôfler les siècles et qui est J'indice dé ·isif
de la riche se ; elle sera un ou:Lil comme l'auto devient un outil. La maison
ne sera plus une entité archaïque, lourdement enracinée dans le sol far
de profondes fondation , bàtie de dur '&gt; eL à la dévotion de laquelle est
instauré rlcpuis si longtemps le cu lte de la famille, de la race, etc., etc ...
&lt;(

�LE CoRBUSIER-SAUGNTK!t, Maison « ,Wonol ~- Quand on parle de 11uzi."101is en série

imposeraitfatt;lemem la discipline au,-v habitants; l'Amérique iwus 11i.ontre l'exemple
de la suppression des murs de cUJture grttce à cet état !l'esprit nouveau créé là-bas dii

il faut parler de lotissement. L'unité des éléments constructifs est une garantie de beauté.
La diversité nécessaire à tm ensem.bl.e a:rchiûctural eçt fournie par le lol-i,ssement qui conduit aw: gr01ules ordonnances, au.'!! véritables rythmes de r architecture. Un village bien
loti et constmit e1i série cumnerclif une impression de C(dme, &lt;l'ordre, de propreté; il

respect de la propriéU d'autrui; les banlieues en recevraient une i11tpressio11 rC esz;ace,
car le mur de clôture tlisparaissw1t, tout gagne en soleil et en clarté.

LE Commsum-SAuc:-.mn, 11)15.11:laison « Domino ». LeprocMé ro,rntl'uctif e.~, ap71liqué ici r't ww mai.~on de mnître q11i

autorisrm ries di57Jositfons larges et rythwées et permellent rle frtire de véritable mch.i·
lecttire. C'est ici que le prindpe de la 11rni,çon en sérir mon/ri' sa valeur morale: 1111

est éhtblie au vrix de cube de la plu,t 1iaur,re 111aiso1J oz!•
t:rière. T.es ressourcrs urchilrcturules du procédé con.~tmclif

ccrtuin lie1i cmmnw, entre l'ltabitalio1i llu riche el celle du pauvre, une rltcence dans
1:habitation du rie/te.

�Lotissement « Domino » •

Si l'on arrache du cœur et de l'esprit des gens les concepts immobiles
de la maison, et qu'on envisage la ·question d'un point de vue critique
et objectif; on arrivera à la maison:outil, maison en série accessible à
tous, saine, incomparablement plus que l'ancienne (et moralement aussi)
et belle de l'esthétique des outils de travail qui accompagnent notre existence.

LE Ço1rnusmR-SAUG:NIER. lntérie1tr d'une maison « Domino •· Fen2tTes en série

JJm·tcs en série, placards en série; on ajuste deux, quatre, douze éiément.s defen2tres :

?fllC porte avec une imposte, ou deuœ portes avec·dewi! impostes, ou deux porte,ç san;

irnposte, etc ... , des placards avec le haut vitré et des tiroirs en bas fonnant des bibliothèques, des commodes, des buffets de service, etc... 1'ous ces éléments, qui sont à fournir
par la grande industrie, sontétablis sur un 1nodule commun; ilss'-adaptentlesuns eontre
les autres eœactement. L'ossature de la mai,son étant coulée, on lès juxtapose les uns
auœ autres dans le Mtiment vide en les maintenant provisoirement avec des lattes ·
on remplit_les vide~ en carreaua, de pl.âtre, en briques ou en lattis ; on fait à rcbour;
des opératwns habituelles et on gagne des mois. On gagne a11ssi une unité architecturale d'une importance capitaf,e, et, avec le module, la proportion entre d'elle-rn2me
dans la maison.

Mais il faut créer l'état d'esprit d'habiter des maisons en série.
Chacun rêve légitimement à s'abriter et à affirmer la sécurité de son
logis. Comme c'est impossible dans l'état actuel, ce rê.ve, considéré comme
irréalisable, provoque une véritable hystérie sentimentale; faire sa maison, c'est à peu près comme faire son testament .. . Quand je ferai ma maison ... je mettrai ma statue dans le vestibule et mon petit chien Ketty
aura son salon. Quand j'aurai mon toit, etc. .. Thème pour un médecin
neurologue. Lorsqu'a sonné l'heure de ·bâtir cette maison, ce n'est pas
l'heure du maçon ni du technicien, c1est l'heure où tout homme fait au
moins un poème dans sa Yie. Alors, nous avons, depuis quarante ans,

dans les villes et les périphéries, non pas des maisons, ,mais des poèmes
le poème de l'été de la Saint-Martin, car une maison est le couronnement
d'une carrière .. . ce moment précis où l'on est assez vieux et décati par
l'existence pour être la proie des rhumatismes et de la mort.

Question d' Esprit Nouvean :
J•~ trente an~, pourquo_i ne m'acheterais-je pas une maison; car j'ai
beso1? de__ cet 01?,til, u-?-e m.~son comme la Ford que je me suis achetée (ou
ma C1troen, pwsque Je suts coquet).

Collaborateurs déCJoués : la grande industrie, les usines spécialisées.
Collaborateurs à su.sriter : les chemins de fer de banlieue les orcranisa0
tions financières, l'Ecole des Beaux-Arts transformée.
'

Le bnt : la Maison en sërie.
Maison • Domino ». ·Logement et échoppe. Pas de murs parlants; les fenitres font le tour de

[fl

m

�c__----------""'---------------:-------t-------------------- - - ·
L'ossature "Domino " comportait de:uœ combinaisons diff,
rentes a et b permettant ainsi qu'un jeu de dominos, tootel
les -juœtapositions en vue de constituer des groupement&amp;,
rues, places, etc ... Le module unique (multiple de 4) vrovo-

quait une unité agréable dans les ensembles projetés ; une esthétique su:rgissaii du
simple fait de l'application d'un procédé constructif modulaire. Les ossat:u.res a et b
se pliaient à tous les lotissements imaginables, fournissant des solutions architecturales. Les rues prenaient de l'ordre, une limpidité gaie.

LE Connosrnn-SA"GG:-JIER, 1919 . ,lfaisons de gros béton. Le terrain était fom
de bancs de gravier. Une carrière est installée à même le terrain; I.e gravier est oo
avec de la chau.œ dans un banchage de 40 centimètres d'épaisseur; les planchers e
ciment fumé. Une esthétique spéciale na'it directement du procédé. La bonne économ ·

âun chantier 111.ode-rne eœige l'emploi eœclusif de la droite; la dro-ite ·est la grande
acquisition de l'architecture ·moderne et c' rstun bien~ait. llfattl ne/loyer de nos esprits

les araignées romantiques.

�~
'\

LE Conuvsmn-8Au-G:--mn, 1921. li-foison en série « Citrohan » (pour ne pas dire

Cilr~ëu). Autrement dil, une maison comme une auto, co11çue et agencée comme un
omnibus ou une cabine cle navire. Les nécessités artue1les cle r1tabitalio1i peuvent être précisées et exigent une solution. Il {mit agir co11/re l'ancienne 11wi!1on qui
mésusait de l'espace. Il faut (11écess'it11 actuelle: 7&gt;ri:IJ de revient) considérer la maison
comme 'lwe machine à habiter ot, com111,e un outil. Lorsqu'on crée une industrie 011
achète l'outillage; lorsqu'on se met e11 ménage, on loue actuellement des appartem~11ts
imbéciles. Jusqii' ici on faisait d'une maison w1 groupeme11t peu cohérent de nombreuses grandes salles; dans tes salles il y avaittoujours de la place en trop elloujours de
la place en pas assez. A.ujourd'hui, heureusement, on n'a plus assez rI'argent r1our
perpétuer ces usages et comme on ne veut pas considérer le problè1ne sou.~ son vrai jour
(machine à habiter) on ne peut pas constmiTe dans les villes et une crise désastreuse
s'en suit; avec les budgets actuels, on pourrait construire &lt;ks immeubles admirable·
111ent ar"encés, à condilio11, bien entemlu, que le locataire 11wdi{ie sa mentalité; rlu
reste, i obéira bien sous la 71oussée de lei nécessité. Les fenêtres, les portes doivent
avoir leurs dimensiom; rectifiées; les wagons, les limot1si11.es, nous ont prouvé que
l'hom111e passe par des out·ertures restrei11tes el que /'011 peut calculer la place ai, centi111Jtre carré; il est criminel de construire cles W .-C. de qtwtre mètres carrés. Le pri.1!
du bâtiment ayant quadruplé, il faut réduire de moitié l.es anciennes prétentions architecturales et de moitié au moins le cube des maisons; c'est désormais un problê111e de
technicien ; on fuit appel aux découvertes de l'industrie ; on modifie totalement son
état d'esprit. La beau.té I' Il y en a 101,jours quand les choses smil calculées et la proportion ne coûte rien aii propriétaire, 11wis seulement à l'architecte. Il ne faut pa;;
avoir honte d'habiter une maison sans comblepointu,·de po.,;séder &lt;les murs lisses comme
des feuilles de tôle, des fenêtres semblables aux chassis desu.~iltes. Mais ce dont mi peul
êtrefier, c'est d'avoir une mai.ton pratique comme so machine à écrire.

CouPf.

LE (;on.BUSIER•SAUGNJER, 1921. Maison

"- Citroltan •· Deux seuls murs portant,
en briques, 7Jierres, parpaings, etc ... , suivant les matériaux employés dans le
pays ; les dalles des planchers sur le
meme module, des lignées de chtissis de
fenêtres d'usine avec guichets utiles sur le
même nwdule. La di.sposition des lieux,
conforme à Texploitation d'un mé11age;
r éclairage abondant conforme à la destination des pièces; lesnt!ce.ssités cf hygiène
favorisées, le., domestiques soignés avec
respect.

Coalition : leR archüecLes et le esthète. , le culte immortel de la maison.

Les réa/i.-,·ateurs : les enLreprise._ el le architectes vériLahl s.

La preuve par neuf: l0 Le Salon de l'aviaLion ; 2° les villes d'art célèbres
(Procuraties, rue de Rivoli, place des Vosges, la Carrière, le Château de
Ver~aiJles, etc ... : série). Car la mai. on en série implique des tracé aulomat1quement amples et grands. Car la maison en série nécessite l'étude
poussée de tous Jes objets de la maison et la recherche du standart, du
type. Quand le type est créé, on est aux portes de la beauté (l'auto, le
paquebot, le wagon, l'avion). Ca.r la mai,on en série impo era l'unité des

illlll li li llIll li tll

~ HIIHlllllllllllil

'

w

�LE ConBUSil!:n·SAUGNIER, I 010 • .l_liJaiSOII « Monol ». Crise des 7'ransport.~ : la maù1011,

ordinaiTe pèsè trop lourd. Briques, menuiseries, ciments, dallages, tuiles, charpentu,
représentent, roulant SlfT le 11o._ys de 'Frcmce, ~s ';Ollvois form~(lables de wagons:
Le problème de la maison usm.ée se pose. Pnncipe constructtf; cellules d'amtantocime/lt en flaques p~iées de '11(iillimètres. d'épai~se:ur, fornu:nt des ass~1es de I 1nèlrt
de haut qu on r1m1pltt de motfntm:r grossters, cwll.oux, gravillon, maténauœ de démolilion, etc ... , trouvé.~ !l'UT pùice, légèrement collés àuu lait de chauœ et laissant e11lrt

eux de gros trous qui confèrent mt,v murs 1m coefficient isolant important ,· les plafonds et planchers sont faits de tôles ondulées cintrées (arc très letulu) d'ainiantociment qui constituent mL coffrage recevant 11 ne chape de béton de queIgues centimètres.
Les tôles cintrées demeurent et constituent un enduit définitif isolant. Les menuiseries,
fenêtres el portes, sont ajustées en mime temps que les cellules il'a111iw1to-ci1ne11l. La
11iaiso11 es/ /aile par un seul corps rie métier et 11'a nécestlité le tra11.,porl que rl'une
double coq,.tille de ciment et amia11le de 111ûllimètres.

LE Conm:; IER-S,\1.; r:~n;:R. Jntériew· d'tme .il-laison " Monol •, adaptée à un 1.ogil
co11fortable. Si les gens cultivés sm:aient qu'on peut co11s!ruire en série des lof:is âwu:
parfaite harmonie, coûtant moins cher q,.œ. le11r appartement de ville, ils feraient pres•
sion sur les Chemins de fer de l'Etat 71out faire cesser le spectacle honteuœ des traùu
de bcmlie1u dJ?. la gare Sàint-Lazare; ils feraient comme les Berlinois, et ce serait 7J&lt;u·
J&lt;tit. On pourrait alors ttser de ces imme11ses terrains tle la périphérie. La maison en
,yérie autoriserait précisément les solutions les plus pratiques et d'une esthétique pure. F---:-----r--✓
Mais il faut attendre le réveil des Compagnies de Chemins de f er et l'étJeU de la grandt
·indl.llltrie qui doit fournir les éléments de série.
•

�1542

BIB_LiOGRAPHIE
L ' ESPRIT N O UVE AU

éléments, fenêtres, portes, procédés de construction, matières. Un ité de
détails ~t grands tracés d' ensemble, voilà ce que, au siècle de Louis X lY dans
le Paris composite, congestionn é, inextricable, inhabitable réclamait
un abbé très intelligent, Laugier, qui se mêlait d'urbanisme :'« De l'uniformité _dans le détail, ~i~ tfl,miilte dans !'e'!'semble » (le ?ontr~e de ce que
nous fais ons : une varieto foll e des detail:s et une umform1te môm e des
tracés de rues et de villes).

LES REVUES
Voyez plus loin :
ÉVOLUT ION DE
L'AUTOMOBILE

C?;iclusion }l s'_a~it d'un pro~lème d'époque. Davantage, du problème
~e ~ epoque. L eq~nhbre de_s sométés est une question de bâtiment. Jous
ecr1rons sur ce SUJ et un artrnle : Architecture on Rérolution.
L E CORB USIER-S.U ' CN IER.

LA REVUE MUSICALE
Vues su.r Beethoven, André Suarès. - La Musique populaire hongroise, BelaBartok ..
- L'Ariane de Montev:erdi, Xavier de CourviUe, - Nieolas Oboukhoff, /loris de
SchloeZl!:r.
Il y a les Revues de combat, organes de producteurs. Le nombre de leurs collabo•
rateurs se limite forcément du fait que le$ créateurs sont rares. Quelques individus
rèpondent de leurs destinées et le programme choisi est ,d e propagande d'idées et
d'action directe. Leur angle de pénétration est aigu et tranchant. Ton affirmatif, pas
nécessairement amène, toujours souligné. La phrase y prend volontiers l'allure d'un
ordre de marche. La revue de combat n'est pas l'affa;re dtt grand public qui aime
qu'on le pousse doucement, qu'on Je laisse « y venir • én son temps. Revue technique
aussi, elle s'attache à l'analyse serrée des mo1.ens de l'expression. Le tempérament
du créateur y inscrit le lyr;sme d'une époque d un trait passionné. Il y vit son époque
en en ébranlant parfois les parois de rudes coups. L ~s impondérables, cet aiguillon
lancina:nt, le poussent vers de nouvelles A:mériques.
La Revue de faits organise le terrain conquis; ce n'est plus l'éperon dans les terres
inconnues, ce sont de vastes domaines où l'on attire l' habitant. D aps le domaine
de l'art, la revue de faits rassemble un public,elle conglomère unè assemblée,en pli.Js,
. elle choisit les pièces des musées.
La Revue Musicale est une revue de faits. Chroniqueurs, critiques, conférencient
sur les valeurs de l'art musical. Vaste programme, car l'œuvrc solitaire et hautaine
du créateur deviendra un des éléments de la tradition . Strawinsky et Satie ne .
peuvent entrer d'emblée dans la- tradition ; leur action solitaire et individualiste
sollicite des commentateu.rs et des interprètes. Le créateur, autom_a tiquement, fJi.t
le vide autour de lui ; par le commentateur et l'interprète, son œuvre pàrvient dans
les rangs animés de la vie sociale. L'assemblée est alors amenée à admettre la valeur
du prédestiné.
:
La Revue Musicale, que dirige M. Prunières, consciente de l'utilité vulgarisatrice
des valeurs de l'art musical, poursuit un programme variant entre le passé et le présent ; le niveau de son action, - et c'est le ~igne de toutes les revues bien dirigées,
ascende sans cesse. Le sérieux, aini,i que l'abondance des matières, font de la Revue
Musicale, p.umi les revues de musique, un organe documentaire de premier ordre,
assurément la première actuellement.
A. J.

SIGNAUX
F entilateur basse r1ression (Socjété Rateau).

NO'l.'f'- · - Les illu strations du présent articl e n'ont trait qu'à la petite maison
d' un menage.
~fous reprendrons plus tard le problème de la grande maison de ,ille en série
éb~uché dan s le n° 4 d_e l'ESPH IT NOUVEAU a\·ec . les villes-tours, les vrlles-pi~
lotts, les rues à redent5.

Le pot de flevrs, André Baülon. - Le Cratère de Dionysos et d'Apollon, Fernand
Di.voire. -Je voulais en faire un homme, NeelDoff. -Paroles du peuple en guerre,
Sophie Fedottchenko. - Poèmes, Eric de llaulleviUe. - Alfred ou le Père Ubu en
liberté (Fin), André Salmon. - Signaux : • Eloge du parti-pris •, 0.-J. Perrùrr. • Le Classique futur •, Franz Hellens. - « L'Amateur de Films ,, Uan Chenoy. Notes sur les livres, Léon Chenoy, Franz Tlellens. Annibal, Pie, etc. Extrayons
la citation suivante de l'article de M. Hellens : LE CLASSIQUE FuT UR
•. .. L'tcrivain classique attendu, ce n'est p(UJ celui qui nous conduira sur le., fils de sok
de la léçende si humaine soit-elle, ni l'imaginatif qui nous contera des histoires eœtraordinmres de ce monde au de l'autre, ni le construcleu,r dont l'esprit comb-iiiera de
nouvelles architectures, ni cet autre dont les romans seront comme une mappemonde, 11i
celui qui résumera le mieuœ tous les désirs, toutes les joies et les douleurs del' humanité.
C'est l'homme qui sera capable d'e:cprirner l'homme, un homme, n'importe lequel, de
telle sarœ que t'intérieur_soü visible comme l'enveloppe. ChaqtJe cellule sera mise à nu
et chaque mouvement des artères, des muscles, des nerfs et du cen&gt;eau sera parfaitement
apparent puur celui qui lira. Il montrera l'homme, non p08 c&lt;mime m~jaurd'hui, acca•
blé par son œuvre, en danger perpétuel d'itre écrasé par elle, et tuujours en co-ntradiction avec le ptJl'/ectionnement mécanique de l'époque, mais se muuvant au contraire
aisément dans l'œuure qu'il a construire, en respirant l'atmo$phère, s'adaptant à sa
forme et d son caractère.
Je crois que l'imagination ne jouera pas un -rdle important chez un tel écrivain : il
verra tout ce que.fai dit et sentira si bien ce qui est invi-sible, que les mors se placeront

�tfeu.Nn~mu sou, sa plun~ • il M l · f, udr lu
•
,~ sera plu.t 11implt ,,:~::
im'rl ~;:atedq_u un trè., pelil ,wmbrt lie mols,
~
,a ire ... ..
FRAsz H1u.u:ss.

paru q~ ru-11

ZENIT
Art irk de Jrnn Epstrin sur Je Cinémn.

RYTII:ME ET

"\ . ITHÈSE

Les Thl&gt;ories d'Einstein, A. de Tloi'lvin. - Naissance, Paul Jamati. la poésie bnudclairicune, G. Rnmel.

LA
Francis Jnrnmes, Thedor dt
ublorid.

LA VIE DE

LETTRE

Bib!iothèquc de ma Poupée, RimlJ dt Goun , t
C
L 1:{ommc co mogonique Nirola., Beaudui11 ~ Dl'O h~son, Andri Spire. tativcs de Kupka A 1 it G
ïl
·
e
rph1sme à prop&lt;&gt; des ten!&gt;im~les Albert Gki~•~' ou L-••~.~,md y. -:-(ISt'1'nchronisme, .\1ar1:&lt;•llo-Pobri. - Cho ·es
•
~- ~nU e VI C
a&lt;:te) lle11ri Gl11
v 1e
· Agrestes,
.
D · • Dorbaix.
- Le bon ouv i
J
C
'
•.on. Jacq,~ Po~so,1. - Pathologie
-:ApCorès
le
cycl~
d'analvse,
1
1'° · &lt;'t la Littérature _ B ·
. J
mmenta1rc ur l'Art
6d
zano, .-1.-P. Gallien. ois grnv s e Arclupenko Vlaminck, Marcello-lt'abri, Lo-

:~~~n!:'b.j:~~

L'A."\fOUR DE L' RT
La Prescience de Tintoret' Elit Faure.

LA RENAi

A, CE

L'!i!étique de !'Automobile, Guillm,mt Jameau. -Bordeaux, Ville d'Art, Ch. Sm,l

DER QUER CHNIIT ·

Tl'!f"..eUJll. -

Ll.'s Ba. es de

vrn
L'Ilospitalité française, 1'1ari11s-,try

COS110POLI

Poésie hispano-américaine, de Torre. - Les Compagnies russes de ln chauve-souris,
Torr,. - Benedetto Croce, Josep/1 GaUi.er. - André Gide, l'homme et son œuvre.
Lo::t,1/10.

LI::S FEUILLES LII3 RES
Cette petite Revue, jusqu'à présent assez réactionnaire, renferme cc-tte fois des
t~rticles de. almon, Cocteau, :\l. Raynal.

O~L TA. - THE DIAL. - R S EG1'A D'A RTE. - Ç\ IRA. - LES
ÉCRIT
·ouVEAUX. - Cl 1 ÉA. - L'OPl~lO'.'J. - REVUE
MO DIALE. - FANFARE. - LES MARGES - LA CllL E.
- LE CRAPOUILLOT. - DE STIJL. - REVUE DE MÉTAPHYSIQUE ET DE MORALE. - LE BULLETI DE LA vrn
ARTI TlQUE. - LA REVUE DE L'ÉPOQUE. DROJ. - DER
l&lt;UN T\\A1' DERER. - KUNST AND KU TLER. - ART
ET DÉCOHATIO~. - LE MÉ~"ESTREL. - THE ATLA, ·ne
10. THLY. - LA REVUE RHÉ. A. E. - LACRLEE. - LEPROGRE CIVIQUE. - LECARNETDELASE~L\.INE. - Cl ' EMA.

Iotére ·sante Revue 'occupant b
d ,
P. Wcsthcim. Nomùreuse re ~ucou_p e I Ar~ français.~ signaler un article de
Juan Gris; cette Revue tient &amp;e~~l~~t~~!!~ r!~~rot, Ma\lt11sse, Marie Lauren~in,
avec ]'Art français,
r en' emagne en connexion

LES LIVRES REÇUS

L'ART LIBRE
Alexandre Black Reni Jf&lt;rrchand _ L S
.
.
situation de l'Àrt, Kasimir Eds~hi,,i,/_aQçti n d~ la Liberté, ~m'f Colin._ La
Pound, Conr~ Aiken, \V.~Jlace Stevcn
f~des ptc.'J nmér1cams, III : Ezra
F!,etcher. - Littérature flamande, III 1880-1800
de John G-Ould
L1p ch1t?;, Wakkm,ar Geor~e _ Le Co~ 8 d' ' té d •.
ne
ock. - Jacques
-Commentaires: traductio.ns Jacques Oliv. c
eL ,~z &gt;&lt;&gt;urg, Char/a Bttu4d-Ouin.
Jacque., Muni/. -Livrei; d',~t par J _0
e rongrè~d'Hii;toire de l'Art,
J.-0., et A.-L. -Nécrologie . -'Parmi ·1es.revu::d~ ~ii~~a1s et étrangers, P.-C.

Xf1

Ëe:.t"°J!n
"fi

~L--:-

KRITIKA
L'import:mte Rovue yougo,Iave, consacre son numéro de septembre.nu Dante.

DER KUNSBLATT
l'ltére'!santes reproductions l
· t B
·
·
L'E PRIT NOUVBAU d~~~~:~n rc a1;1meister, illuRt~nnt un nrticlccleSchmidt.
plus intéres ants de I' ., 'le
prochiunem~nt un article ur cc peintre un des
,.., magne contemporaine.
•

DER CICERO E
tatucttes de Chine, Art du \'\,'est Africain.

ARARAT
ReRf~~i!:~crt:b1!!~:i~t:~~~=~atues de Hélène Pcrdriat, Irène Lngut, Marin

BURLL GTO~ M GAZINE
B ~w:•D~~~JiJctions de des ins de Rembrandt. -

La Restauration de la Peinture,

us ouvragea doivent ltre adressés impersonnellement et la revue m double exe,nplllire, pour etre annoncû et ~tre remi., pour compte rendu toenl14t!I 4 ,ws rlwicteur •
La liste ci-dtssOWJ constitm acciué tù réception; MM. les Aweurs et Editeurs conRtatant dana un délai d'un mois aprù t ex~dition tù leur service qm leurs livrts
adressés d la revue,~ sont pas aunoncés sont priés d'en aviser l'E prit Nouveau.

EmilcBréhicr.

Histoire de la Philosophie Payot, Paris.
Allemande.
Traité comparatif des • 'a- Payot, Paris.
Arnold Van Gennep.
tionalités. Tome I.
Dr, igm. Freud.
Introduction à la psvrha- Pavot, Pari..
Traduit ptLr le D• S. Jan- nalyse.
·
kéléviteh.
Edition des Dits modcrn&lt;'s,
Etal (Poèmes}.
Fernand Demeure.
Paris.
Das Flammende Reich.
E&lt;litions Die Freude •·
Wilhelm Uhdc.
L'anndnc • fait.e à Mnrie Edition~ • Zdroj •• Pc1.nan.
Paul Claudel.
(traduction en Polonoi . .)
Editions • Zdroj •• Pr1,nnn.
Brask Epold.
Le
F,difices phy-,ico-chil)r Achalroe,
miques, tome I: L'Atome. Pavot, Pari~.
La Volonté de l'&amp;pétance. Edhions du Fauconni&lt;'r,
Unoul Jiauticr.
Paris.
Editions de ln Lampe merEldorado.
!\forC'el l'Ilerhier.
veilleuse, 20, boui. ~JaJe,herbes, Paris.
Edition5
L?. Nieder, Pa-:-i,;.
La Peinture.
Tri~tan L. Klingser.
Edit.ions , Au Sans Pnreil ••
.Jncob Cow.
Jean Paulhan.
l'arh.
EditionR Gtlrnier J?rères,
Le cR!l Racine.
Gon1,ague Truc.
Paris.
• La Sirène •• Paris.
I.a Do.ose nux Enfers.
All&gt;&lt;'rt Dulac.
Modeleurs et tailleurs de
Joarhim Co \a.
• La douce France •• Paris.
pierres.
Chez !'Auteur, Puris.
Le .F ou (l&gt;oèmes).
Aurèle Paterni.

�COSMOPOLIS

ÉCHOS DE L'HOTEL DROUOT

REVUE MENSUELLE DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

Directeur : E. GOMEZ CARR1 LLO
Secrétaire de Rédaction : GUILLERMO DE TORRE

LISTE COMPLÈTE

1'rofrièine année. Paraît tou8 les mois par volumes de 200 pages, beau fomwt in-4°.
l

Depuis sa parution Cosmopolis s'est placé à la tête des Revues espagnoles de
culture générale. Cette grande Renie présente un intérêt considérable, non seulement pour les lecteurs espagnols et hispano-américains mais aussi pour ceux d'autres pays, car ces pages constituent un vé~itable miroir international où se projettent tous les faits marquants de la Vie, dela Pensée et de l'Art contemporains:
Littérature, Poésie, Musique, Arts plastiques, Critique, Bibliographie, ln[ormations
monographiques sur les faits et les hommes nouveaux. Ce résumé des sommaires,
permet de juger Cosmopolis, la seule Revue capahle de donner 1. l'Etranger une
idée complète de la vie intellectuelle espagnole de no8 jours.
COSNOPOLIS compte parmi ses collaborateurs les écrivains les plus qualifiés
et l'on trouve dans le texte de la Revue les valeurs universelles les plus importantes à côté des jeunes tendances les plus caractéristiques. COSMOPOLIS accueil]e, expose et critique les œuvres et les représentants des nouveaux mouvements d'avant-garde avec un esprit de sélection et de comparaison objective.
ABONNEZ-VOUS: Le Numéro: 2,50 Pesetas . .
Abonnement annuel pour l'étranger: 30 Pesetas:
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Cordon, 1, Apartado de Correos, 502, Madrid (Espagne).
Défôt général po1~r la CJente en gros; Sociodad Gral. Eapaîiola de Li.breria:
Ferraz, 21, Apartado, 428, Madrid.

· des Prix atteints aux Ventes

VENTE UHDE -

30 MAl-1921
Prix cle demande
Prix
de 1·expert
d'adjudication

PEINTURES
Georges BRAQUE
l La Ville •.......................•..••.........
2 Nature morle ............•....•..-.............•

3LaGuitare ............ : ....................... .

t(; {!gj{~1~~.
:. : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : :
La F/11.te ....................•..•..............
1 Verre cl Cartes ......................•..•......
8 Pipe, Cartes et Journal ............ , ...........•

LUMIÈRE

Il

1'

REVUE MENSUELLE D'AVANT-GARDE
Directeur:

160, Avenue d'Amérique

ROGER AVEflMAETE

ANVERS

LUMIE:RE » compte parmi ses collaborateurs, des
Français, des Anglais, des Allemands, des Italiens, des Néerlandais,
des Tchéco slovaques, des Américains, des Brésiliens, des Catalans,
des ~lsses, etc... Largement accueillante, elle publie à côté de noms
célèbres - Les Upton 81nclalr, les Duhamel, les Latzko, les Spitteler,
etc... - les essais de jeunes totah.ment inconnus.
La revue

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Le n° Fr. 2.50 - Abonnement semestriel. Fr. 12. - pour tous pays.
DÉPOT GÉNÉRAL POUR LA FRANCE :

Librairie PICART, 59, Boulevard Saint-Michel, PARIS

9 La Grappe.de Raisin ........................... .

10 Le Journal •...........•..............•..•.....
11 Le Verre sur la Table .................... ....... .
12 Verre, et Pipe Journal ...............•..........
13 Nature morte ................................. .
14 La Ville .......•......•..........•............
15 Nalure morte •.................................
16 Nature morte ....•.....................•.......
17 Nature 1f!PTte •••••..•...•..............•.••••••

800
1.000
2.000
1.200
800
400

$00

450
350
300
4.50
500
1.200

705
916,50
1.703, 75
998,75
564
470

4.28
611
411,25

352,50
498,50
640,25
611

500
500
350

58.7 ,50
446,50
587,50
376

300
300

587,50
046,25

300

188

400

Nils de DARDEL
. 18 Dans les ru.es de Senlis ......................... .
19 Dans le Fauteuil ............. .................•
20 Portrait de M. Uhàe . ...............•. , ........•

Raoul DUFY
21 Plage à Marée basse ...........................•
22 Le Cavàlier arabe .............................•
2::1 1,e, Canal ....................•.................
24 La Statm da.ns le Parc ......................... .
25 Le Banmi-ier •••..........•..........•...•...••

2.000
.1.800
1.500
1.000

1.500

1.645
2.201,25
1.057 ,50
1.288,75
1.116,25

(1) Les Priœ d'AdjadicaJion. que nous donnons camportent les dro'ils qui s·élèvent. à
17,5 p. 100 en sus du pria! atteint.
N. D. L. R.

�1564

Prix
Prix de demande
de l'e:i:pert
d'adjudication

Prix de demande
Prl:z:
de 1'expert
d'adjudication

Henri ROUSSEAU

Juan GRIS
O Le Campotier ...•••.•..•.••..•••.•••••.........

800

528,75

Auguste HERBIN
27 Les Pots de Fleurs ......•......................
23 Le Pont de Fer ................... , •...........

800
1.200

893
1.057,50

Alfred KIRSTEIN
29
80
31
82

Femme dans la Clairière ........... . . . .........•
Paysage .•...••....•.........•.•.••..•........
Paysage ..................... , ..•.............
Vue du Boulevard de Port-Royal .....•............

Portrait de 111. Brummer ....................... .
L'E1e,ant à la poupée de carton .... ...............•
La emme en rouge dans la ForR.t ............... .
Vue de Malakoff.•. .............................
La Promenade sous les arbres ................... .

56
57
58
59
60

200
150
100
50

67,05
47
35,25
29,40

62 La Ville .: ...•..••.......•.•.•...•. , ..•.....•.

35,25
17,65

800
1.500

881,25
2.056,25

300

446,50

63 Portrait •.............................•......•

64 Le 'l'orrent dans la 111ontagne ..............•.....
65 Le Cheval blanc . .........•....................•
66 La Ruelle ..................................... .
67 La Mise (/;Il, 1'ombeau .......................... .
68 Christ en croiœ (peinture sur verre) Art Slave ..... .

141

•

100

105,75

200
50
50
50

35,25

»
&gt;

800
400

800

20

14, 10
329
5,90
152,75

Georges BRAQUE
69 Le Compotier (dessin au fusain et papiers collés) ..••

400 ·

235

•

Ma.rie LAURENCIN

820
4.70
564

70 Tt!te (dessin au fusain) ......................... .

200

82,25

1.200

1.410 *
705 •
528,75

Pablo PICASSO

Lucien MIGNON
41 Paysage ..................................... .

100

D

AQUARELLES ET DESSINS

1ean METZINGER
38 Nus dans un paysage marin ....•..•....•........
39 Nus dans la Montagne . ••................•......
40 La Danse ..................................... .

•
•

WOLFF

Fernand LÉGER
87 La Femme couehée . .........................•...

15 . 000
8.500
9.000

18.305
10.575
80.550
15,980
19.975

7.000

PEINTRES INCONNUS
20
20

Mar-ie LAURENCIN
35 Le Pot de Fleu:rs . ............ ..... ... ......... .
36 La Femme au boa rose ... . "'. ..................... .

10.000

Attr:bué à H. ROUSSEAU
61 Hommage à Saint-Hubert ...........•.......••••

KLOSSOWSKI .
88 Carnat&gt;al •...................................•
84 JaTdin àSamoi.s ............................... .

1565

ÉCHOS DE L'HOTEL DROUOT

L'ESPRIT NOUV:IDAU

100

20,40

71 Le Compotier (dessin gouaché et papiers collés). ...•
72 Le Verre (aquarelle) ........................... .
78 Guitare (dessin au fusain) ..................... ..

400

800

Pablo PICASSO
42 Portrait de M. Vhde . .......................... .
43 ]ligure dans un fauteuil ................•........
44 La Joueuse de Mandoline •......................
45 Le Joueur de Clarinette .. ....•............... . ...
46 Buste de Femme .. ..••..........................
4lT Le Violon .......... . .......................... .
48 Le .Fumer,r de Pipe.~ ... ......................... .
49 Le Joueur de Mandoline ..................... . .. .
50 La Dame au Fauteuil ... ........................ .
51 Violon, Verre et Journal ...........••..•.. : ....•.
52 T~t,e •....•.•...............••................
58 T~te ............ ·............................ .
5-i Buste de .Jj'em11u; .. ..•........•.........•........

S.000
4.000
8.000
2.000
7.000
5.000
8.000
2.500
800
2.500
700
1.000
1.200

1.988,75
8.525 l
21.150 J
4.280 J
9.165
6.815
8.525 5
2.585 •
1.175
8.848,7»

•

940

•
•

1.880 •
4.817,50

Jean PUY
5 Nu

sur le Soja. rouge

1.000

, VENTE KAHNWEILER

•

1.586,25

13 ET 14 JUIN 1921
Prix de demande
Pri:i&gt;é
de 'l'expert
d'adJudic.ation

N"'

PEINTURES
Georges BRAQUE
l Le Compotier • ••.•...............• : ...........•
2 Le Port d'Anvers ••......•........•...........•
3 . Nalure morte .......... : .••••...•••.........•.•

350
300

1.000

488,75

56"

,

1.801

»

�1566

Prix de demande

Prix
Prix de demande
d'adjudication
de l'expert
4 Le Port ......•.... , ...............• ,,.,.,., ..•
5 Les Poires ........................•....•.....•

6 Bord de Rivitre ............• : ................. ••

7 La '.l'ranche de Melon . .............•.........•..
S La Pl.cheuse . ...........•......................
9 Le Campotier .................................•
lp Village sur la collilui ........................... .
11 1.,e Verre ...................... •, • • •, • • • • • • • • • •
12 La Guitare ................................... .
13 La Mandoline ........ " ...................... .
14 Nature morte ..................... , ... • • •,, • • • •
15 1..es Cartes à_jouer ................ , .•....• , • • • • • •
16 Maison sur la colline, La Ciotat ................. .
17 Nature morte ......................... , . , , , - . • •
18 La Roche-Guyon ........................ , • . • • • • •
l O Pipe et Tabac .. ..................... , . • • • • • - • • •
20 Le Violon ............... . .... , , • • • • • • • • · • · · · · ·
21 1,a Terrasse. L' Estaque ..................... , . , .
2"2 Le Joueur, Guitare ........•...................

300
400
300
700
500
900
800
800
1.000
1.500
400

300
600
1.600
800
500
2.000
700
2.000

305 •
893,50
246,75
1.180,25
775,50
799 •
1,~68,75
587,50
1.851,25
1.880
705 •
470 •
705 •
1.603,75
l.292,50
1.116,25
8.760 •
305,50
2.820 •

Maison aux Martigues ......................... .

2·e1c ..••.. , , •.. , , .•... , , . ·.,:.,., · ·, • • •, • • • · · •

Le Compotier de Gd/eaux .....•.............•.•..
La Colline de Cagnes .......................... .
Femme arcoudée . ................. , ............ .
Les Arbres ..•..................................
Femme asme ,me à mi-corps ..................... .
N atun· 11wrle .. ................................ .
Paysage ..................................... .
Vue sur Martigues •.............................
33 /,a C,,(t'tière ............................ , .. , . · ,
34 '1.'tte d - Fe1mne . ...............................•

35
36
37
38
39

Le Pot le Fleurs .•..............................
Les At ,res ..••...................... , , .. , • • • . •
1','ature Morte ............ .............. , •. • : • • • •
Paysage ............................. , ... ••.,,
Nature morte .. .....................•....... , .. •
40 Portrait de Madame K ... •...........•........... ,
41 Fermne assise vm à mi-corps ..................... .
42 Bai;piettrs ........................... , - · , , • · · · ·
43 La i;ibecière .. •.................................
44 Le Pot bleu .................. , .. , ·. · · · ·, · · · · · ·
45 La Mappemonde ...........•................ ,••
46 Brocs et bouteilles • ..........•.•...... , . , • . • . , • • •

800
600
9.000
1.500
1,800
4.500
1,000
1.200
1.000
4.000
1.800
2.800
2.500
9.000
2.600
2.000
3.000
18.000
1.200
900
16.000
2.800
6.000
12.000

GO Nudansunpaysage ............................ .
Gl Les Maisons sous les arbres ..................... , .
62 La Femme en bleu .....•................ : ..•...
63 La Ville vue d'un haut .•.•.......................
64 Les Maisons sous les arbres .....•...•...•.•.......

1.418,75
1.23!1,75
12.690
8.642,50
2.467,50
7.990 »
2.115 ,,
3.290 •
2.850 •
7.285 •
2.820 »
4.700 •
3.525 »
12.690 •
4.817,50
2.232,50
4.230 »
21.150 •
2.232,50
1.468,75
13.160 •
8.877,50
11.867,50
11.280 •

•

5.405

La Guitare ......•...................•.........

49 Le Peintre .•..........................•........
50 Le Vi-Olon ....... . -............................. .

51 Le Toréador ........................•.•.......•
Guit&lt;rrc .mr une table ............................ ,
Le Bock ......•...................... , .... •.,•
Le livre ......................... , .•. , .. ,,•,,.••
NaJuremorte •....................•....•....•...
Le Violon ...................................... ,

52
53
54
55
56

800
800
500
700

MO
400

250
300

4-00

1.000
500
2.500
700
3.500

1.175 »
403,50
2.350
528.70
2.526,25
1.175
822,50

500

900

))

))

•

470
998,75
470 •
498,50
258,50
387,75
410,25
293,75
528,75

300

1.500
1.000
450
2.000

540,50
410,25
3.642,50
646,25
728,50
1.192,50
705 •
940 •
1.880 •
1.821,25
940 •
763,75
1.762,50
1.468,75
_763,75
1.938,75
2.350- •
1.034 •
1.880 •
2.350"
040 »
822,50
1.603,75
998,75
646,25
3.642,50

300

152,75

1.000
300
300
200
150

940 •
1.527 ,50
176,25
211,50
352,50
258,50

800
700

763,75
446,50

400

2.500
1.000
400

2.000
400

500
1.000
3.000
1.200
400
2.500
2.000
800
2.000
2.500
1.200
z.500
3.000
400
400

•

Kees VAN DONGEN

»

93 Portrait .. . ...........•..............•........

Juan GRIS

1.703,75

Jean PUY

92 Le Pot de Fleurs ......................•........
48

2.500

Pablo PICASSO
65 V erre, pipe et allumettes . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . .. .
66 Ttle ......................................... .
67 Les Poires • . . • • . . . . . . ........................ .
68 Nal.ure Morte ... ............................... .
69 Nature Mort.e, .. ,. ............ ................. .
70 Femme Nue .......•..............•............
71 Ttted'Homm,e ................................•
72 La Plante verte ................................ .
73 NatureM&lt;rrte .................................. .
74 NalureMorte ................................. .
75 Figure ....•...... ; ........................... .
76 Sur le Piano . .......... , ............... , .. , ... .
77 Nature Morle ... ............................... .
78 Figure ....................................... .
79 Tite d'Homme ............................... .
80 Portrait ...................... , ............... :
81 Arlequin, vu à mi-corps . ........................ .
82 Figure ....................................... .
83 Femme aux bras lev~ ........................... .
84 Portrait . . . ........... ·....................... .
85 Ttte ......................................... .
86 Nature Morte, .. ............................... .
87 Figure •......................................•
88 Nature Morte .................................. .
89 Le Saucisson ...............•..................
90 L' Ilomme à la Guitare . ......................... :

Othon FRIESZ
3.500

d'adjudication

Fernand LÉGER
58 Le Fumeur .•.••...............•.......•......•
59 Nature ll:torte .... .......•..................•....

91 La Morte .. .•............ : •...................•
47 Paysage •.••......•....•......•.........•••..•

Prix

de l'expert

GUILLAUMIN
57 Bord de Riui~e ..........................•..•.•

André DERAIN
23
24
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30
31
32

1567

ÉCHOS DE L'HOTEL DROUOT

L'ESPRl'l' NOUVEAU

94
95
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97

Nu couché .•...................................
L' Acrobate ... , .....•......••..................
La Terrasse .................................. .
Femme cou.sant ................................. .

a.ooo

Maurice VLAMINCK
98 La cathédrale ....•....•........................
99 Nature morte ... .........•......................

�L:·ESPRIT

NOUVEAU

1568"

NOS DÉPOTS .EN PRANCE

Prix de demande
Prix
de l'expert
d'adjudieatio~

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Le Pot de Fleurs .............................. .
La Flûte ............ · ... · · · . · · · · · · · · · · · · · · · · ·
fi'l.eurs . .••••...... • • • • • • • • • • • •: · · • • • • • • • · · · · •
Nat1,1,remortc . .•......... . .... , .... - - ......... .
L' Abbaye de TYetsminster ...................... .
Le Pot de Pleurs ............................... .
Paysage ........ : ......... • .. • . • • • • • • • .. • • • • •
Chapeauœ et gants .................. , .......... ..
Paysage .............. • • • • • .. • , • • • • • • • • • • • • • •
Nature morte ................. , ........ •.•••••.
Paysage ............ • - .. • • • • • • • • • • • • • · • · • · • · •
Le illelon .......... , . ·, .. · · · • · · · · · · · · - · · · · · · ·
Le Clocher ..................... - . •. •. • • •. • • - • • •
114. Bougival ....................... • . • • • . • ... • , • ,
115 Le Pot de Fl.eurs ........... • .. - - • • ... - • • - • • • • • •
116 Portrait ...... - - . • . • - • • • • • • • • • · · · · · • · · · · · · · · · •
117 Paysage ....•...... • • • .. • • • - • • • • • • • • • • • • • • • • •
118 LePotdeFleurs ............................... .
119 Le Compotier de pommes : ..................... • .
120 Paysage ............. • ; . • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • · ·
121 La Garenne-Bezons ........... • ... • • • • • • • • • • • • •
122 La Fumeuse d'opimn ................. • • • ..... • •
128 Paysage .... ·.. • .... • • • • • • • • • •: · · · · · • • • · · · · · • · ·
124 Maisons à Bou~ival ........................... • •
125 La Janc-Portra·it ........ .....•......•.. • ... • • • ,
126 Portrait .................. • • • • ... • • • • • • • • • • • · •
127 Le Pot de Fl.eurs ............. , ... • • • • • ... - • • • • •
128 Nature morte . ..................... - .. • ...... - 129 Le Chemin dans la Foré/ ... ..................... .
180 Paysage •.....••...• • - .... • : • • • . • • • • • •·• • • • • • •

J 00
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800
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400

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900
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1.034 •
998,75
1.069,25

876
968,50
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470 •
852,50
361,25

968,50
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1.084

470

•

564

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ItYOLUTION

. ~f:l?Bô

DES

FORnES

DE

1921

�L'ESPRIT

SOMMAIRE DU ND 6
La L}lmière, 1:,. Couleur et laForme, Crr. HEN11 Y
'Boileau et le Cinéma (les Revues), Itx:rnr Aull!OL · ·, ........ ,.....................
L'Esthétique sans Amour (Il) Ca. L.1.Lo . . . . .
Braque, WALD1!11.All G-l!lORGE .... , . . . . . . . . . . .
Charlot, ELIE FA URE.......... ..... .... .. .
L'Estbétlque et !'Esprit, PIERRE REVERDY . . .

IOUIEIU
SOMMAIRE DU N° 1

L'E-spritnouveau ..••.. , ... ..... ........ ...
L'Esthétlque· nouvelle et Ja Science de l'Art
VrCTORBASOH ...................... .. .'
NotessurJ';\:rt de Seurat, BISsrèRE...........
Découverte du Lyrisme , PAUL DBR)llUI .. ·-..
Sur la Plastique, A, OZENPANT et ÜH.-E. 1BANl'!BRET , .•.•..•. , . . . . . . . . , , . . . • . . . . . . • •

La Musique Polonaise, HENRY PRuNraRl!s....
Les deux routes, . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . .
Picasso,ANDl\l'lSALllON, ... . .. . . . . .. . . .. . ..
L'Esthétlque du Cinéma, B. TOXINE........
3 rappels à MM. les Architectes, LE CORBUs111a-

3
!\
l3
29
38
49
60
61
84

Cl 11111ra mtlaal 138 JlliS, 30

SAuo&amp;n:l\ ..•....•. • • • • • • • • • · · • ·• • · · · · ··

Le Cirque, art nouveau, Ct.J.INE ARNAJIT.T ·, • •
Notes suries Revues 19H-19'20, o. DE LAOAZE-

159
169
183
J 90
195

200

L ;Expr~ssionnlsme dans l'Allemagne contemporatne, RA.Y lilOFD LEKOlR , , , · · , · · · · · · · • ·
Les Chants de ll{aldoror, C~LINE ABNA ULT, • • •
Les Maisons Vol!iln, L:&amp; C'ÔRBUSlE&amp;-SA UG!UER •
Copeau et Gémier. MA.XUŒ Li!J.Uil!.E , • • · · · · •
L'Harmonle, G. MJGOT • • • • • • • • •,, · · • • • · · · •
Le Salon d'Automne, "VAUVREOY .. · • · · · · · · · · ·
Echos de la derolèrebeure .... , · ·, · · · · .. · · · ·
Echos de J'ltôtel Drouot.
Une exposition de peinture à Liège.
Supplément littéraire, Knut Hamsun (Prix Nobel
02.0).
.
.

.Dm es uamira 138 pagts, 50 phetogrm:res, t reprndnctlon au troh couleurs (tableau de CèWe et un sup1Ieme11.t littéram).

-~~ _R:~~~i~

~

-~~~:

LaJ~~1~e
_s_o_v_i~~l_ll_~e.'. ... ~-:'llanlfeste inédit. La danse ruturiste F. T.
MAll.INETTI . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Appogiatures : Sur la possibilité des rapports
entre deux polytonalités, G:EORGES MIGOT
Revue esthétique des Journaux et revues ;
Une enquête sur Raphael (DER.UN. J.-E.
BLA.lfCHE). Un nouvel Idéal rnuslcal (J ACQJJES
D.1.LCll.OZG). L'Art muet (MARGES). D'iscussion sur le Moderne (A. THI)l.l. UDET).... . . . .
Autour de La :Fresnaye, J. Coor~Au........
Les nouveaux limbres-1&gt;0ste...... . • . . . . . • . • •

257
269

284
285
297
304
308

31 t
313
326

Poésie, L}'J'isme, Art, P.1.UL DERlllhl, ·, · • • · •
La Rythmique (/in), ALBERT JE4:SNERET, · · · •
La Critique des Arts figuratifs en Italie,
CARJ.O OA.llR.1.- ....... • • • • •, • • • • .. • • • · · · ·
La.Typographie CBRISTIA.N ••. .. .• .. .•.. ...
Cinéma, Loms DELLUC . , • • • • • • • • • • • • • • • • • •

~!r~~~~cl~e~~~:~:: iiivom~ :::::::::

Les G-rands Concerts, Hm-nu CoLnT , • •, • • • •
Les Livres (Picabia, Max 1acob, Apollinairr),
Ci!nINE All.NAt'LD ... • , • •. • • • • • · • · • · · · • ·
La llttt\rature belge depuis i 914 , LtON ClllllNOY
Les Expositions (Nadelman•LeJeune-M:atls~e),
V.!.UVRIICY ...•. , ....... · ·, · ·. ·, · · · · · · · ·
Notes et Echos ...•....• •., •• • • • • • • • ... · • · ·
Echos de l'Hôtel Drouot
Supplément littMalre, Knut Hamsun : La
Reine de Saba (Prix Nobel !920).

327
331

Le Purisme, OZENJIA.l'fr ET JE!_NNERET • . . . . . .
Ingres, B1ssie1111: .. . • . • . . • . . • • . . . . . . . . . . . . .
Pensées d 'Hier et de Maintenant.... . . . . .. . . .
DuCoranetdelaPoéSlearabe,HENRITHUILE.
De la recherche de nouvellesconvel)tlons de typographle musica~':J G-. M1G.OT • . . . . . . . . . . .
Les Gran'ds Concert .H, Coi,nr........ ... • • • .
Fernand Ltg~r. M. RA. YN.U.S.- ............. •..
L'Esthêtlque \le Proudhon, R. cnxNRVl!il,L...
Parade, ALBBP.T 1BANNIIRET . . . . .. .. . . . . . . .
Le Sacre du Printemps, ALBIIRT JEANNERlliT..
Trois rappels à MM. les 'A rchitectes, LECOllBU-

Dw ce 11161'8, 138

369
387
HO
411
419
423
427
443
449
453

KA································....

Lalltt(lratureanglalsed'aujourd 'hul,J. RODK'&amp;R
Les Expositions, V .1.1TV8EOY .• . . . . . . . . . . • . . .
Cinéma, L. DELLUC .... • ... ,,•••••• • • • • .. •
Science et esthétique, P. RECHT •• • • • • . . • • • • •
Correspondance .•.........••.....•....... ,
F,chos del'Hôtel Drouot ••.. , , , , , . , · · · ·, · · • ·
lllbliographle, etc ..••...• - . , , . , , , , , · ·, ·, · · ·

367
368

457
4 71~
474
476
478
480
483

486
488

56S
573
570
585
589

De quelques Acrobates, R. BIZET •.• , , , .••••
De l'emploi du verre grossissant, F. DIVO[llE •.
Le Tactlllsmeu•, .......•.••.. , .•••.••.••
Cubisme, (W.1.LDll!tl.1.11 GEORGE)
Les Revues Edison Spirite, (JE.1.N Fn.or)
Le Jeune Taine (G. BRUNBT)
Les Jeunes Revues allemandes, Iv .I.N-GOLL ....
Les Sport~, LAOLENNE ...•.••.... ... . ......
Les Expositions, VAUVltEOY ..... .. . ....... .
Bibliographie ...... . ; . •. ..••. . .. ..... ....
Echos de !'Hôtel Drouot ..••............. ,
Echos du mols •... . ..•.• ......... ......•
La Reinede Saba, lrnut Hamsun...........

•

•

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•

•

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169
719

729

777

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856
877

92i
908
869
893
903
902
917

Des Yeux qui ne volent pas ... Les Paquebots,
LE OORilUSIE&amp;•SA UONUlR ......... , . . . . . •
Des Systèmes d'Esthétiqne en France, R.1. YKOND LENO Ut . . . . . . . . . . • . . . . • . . . . . . . . .
Les Tourbillons, P .A UL REOB:r .. • . . . • . . . . . .. .
La Lumlère, la Couleur et la ·Forme (suite)
CHARLES HENRY . . . . . . . • . . • . . • . . . • . . . . .
Faut-li émettre 150 mllllards de billets de bar,.
que? FnANCIS DELAJSI..................
ltéponses à notre Encrnête (Fin) ........... .

845
933
872

91.6
925

ll1111!ra natlnt t 3Z ,a~H, 38 muxtratious am la texte, 1ti hm-ta11e, 11epreiBlio1 u culenn: Le cmle ehra11at1qu 4e Charles !mJ.
SOMMAIRE DU ND 9

~1Cô·.:::::::::::::.·,·.·.··..·.·.··..··..··..··..··..··..·

1011
955
1052
997
1010
t 077
i10
02t 08

Groupe · • · · · · • · · · · • • · · · · · · · , · · · · .. · . ,
8 Artlol°nals. ·
ocra e, LBEllT EANNimET...............

102.3
10l8
989

111

'i · · · · · · · · · · · · · ••••••.. , . .

Des Yeux &lt;rul ne volent pas •.. Les Avions, LE
COll.l)USIER-SA.UGNIER .•............ , . . •
9"73
Préadaption, P.AUL RECHT .. . .. .. . .. . . .. • . .
970
La l,umlêre, la Couleur et la Forme (fin) ..•. •.
CRARLli:Slil!NRY ....................... 1068
Les Clowns et les Fantaisistes, RE!i:A BIIET • • . t 061
L'Arriére-Plan,FB1tNANDD1voIR.ll .•.....•.. 1064
Où mèoe la politique anti-soviétlque, R. CHE·
NRVI'ER .... : . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . • . . . . . ! 045
F'rancis Picabia et Dada, F. Pra.1.na . . . . • . • . 1059
Curiosité$ ............ . .... ... ... -- . . . • . . 1016

umrt mlint m PIJi!, 55 illoatra!lm dm le tute, 16 hm-tnte, t repredacliOD 11 coaltars : Ta)lm dl Picma.

ee mhols passé, VAUVJIEOY · · · ·.,. • ...... ,,.
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e P énoméne littéraire, JEAN EPSTEIN......
Mariés de la Tour Eiffel, 11wr OOOTJ!AU ..
FLl'l&gt;res, :1.1:. RAYN.!.L ... · · · · · · · • • • • • • • • •.
Las rëres Le Nain, V.1,.uV'REOY .. •... . .....
L'_x~ns, rAURIOE RAYNAL ···· .. • •••·· •• - .
en et1onie, R. SOTTA.... .. ..........
Des Y eux
qui ne voient pas ... Les Autos, LE

1'083
1088
1115
il 72.
H25
1152.
1165

f C01\_BUSJJ!R·8AUGN1Ea ........ , ., .........

1139
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antarnie, ô Dtvlne Vérité, Jo'ERN.AND DIVOIRE

Critique de l'Esprlt allemand
WALTER
R
N
'
Le tri!~e~f
Nouvelles Hypothèses dans le Domaine de la
la Physiologie et dela Métleclne, A. Lu:111i!llE
Lettre à Saturne, DA&amp;TY..... ,........... . .
Curiosités
·• · · · · · · · · · · · · · · · '· · · · · · ·' · · · · • '

ru:~àaryk.; :ËxiûiiuÊL s~iii.ix::::

;~t~é;~.::::::::::::::::::::::::::::::::
Les Revues.............. . . . . . . . . . . • . . . . •

1093
1!07
f183
t11 I
1195

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12.00

hBlffl Hltlnt m pagu, 48 illullntim diD&amp; le tut&amp;, dont 16 h;;~;~~;P:~; ·,i ·1· h;r~:1~~1; ~~ ~;~~u~ ·: ·1~~;~; d~ Ln~:S~
SOMMAIRE DU N° 11-12
Cézanne et Cézannisme, G-rno SEVRRINI ...•. 1267

CeD~~gofs _avons !ait, ce q_uenous ferons, LA
WLettTON.1,1·····--·············--······

::::i~;{~~~fe~E~].Îtii~~:

SOMMAŒE DU ND 5
491
500
515
521
521,
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559

787
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748

833

839

SOMMAIRE DU N o 10

,av11, 55 photngrmm, 1 re-prnductiou m trois cnlm1 (Tahlm la F. Léger).

L'estbétlquesans amour, OH. LALO ••.• , . . . .
L'Art de carda:re111,0EcoHI • • • . . . .. . • . . . . . .
Fouquet. B•••....................... . ....
!,'Art de Whitman, L. BAZA.LOETTE.. .. ......
Juan Gris, M. RAYN"AL................ ....
Appel de sons, ApRel de sens, P. DER)l:8E....
Tagore, C:8LINE ARNAULD.... . . . . . . . • .. . . . •
Les Tracés Régulateurs, LE Coanusnrn-SAUGNlER . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . .
Règnes, P. RECHT............... .. ... ... .
Parlons Pelntnre, LliONOE ROSENBERG . . . . . .
Jl;stllétlque Musicale, MIGOT.... . . . . . • . . . . . .
Photogénie, DELLUC......................

•

r~

4,

STilR-S.!.UGN!E&amp; (3• article) •...... , , .... ·Les Livres, CllLINE A.RN.!.ULD ... , .. , · •., · · · ·
La poésie polonaise d'auJourd 'bui, R. lZDEBS•

-

359
364

nw ce nuire, su pboto1mms et ane reproducthn 1111 trais G1111lms (Tablm da ta FmnaJt).
SOMMAIRE DU ND

-

357

i~:

804
737

Cahiers d'un Mammifère, ERIK S.~TIB .....•..
L'intelHgence dans l'œuvre musleale, A. JEANlCERET , ... , . , , , ... , .... , ...... , . , , . •,.
La création pure, HmnoBRO •...............
A propos des théories d'.Èlnsteln, LE BEOQ.. , ..
Tensions et Pressions. Rayon5 X et Lumière.
La synthése de l'ammoniaque, REOIIT ..... .
La Lumière, la. Couleur et la Forme (Il),
CHARLES HENRY ... , . . . . . . . . . . . . . . . . , .. .
Les Potasses d'Alsace, CBENEVml! .......... .

SOMMA.IRE DU ND 8
LePhénomênelittéralre, JEAN E1&gt;STErN.,......
Max :racob en 10 minutes, HENRI HEM'Z . . . . .
La Vraisemblance vivante, FERNAND Di-vo1R11
Les Livres, M. RAYNAL ..•• , . , ...••.. , . . . . .
VIe de Corot,••• • • . • . . .. • .. . . . • . .. . . • . • . . .
Deraln, MAUlUOE R.1.YN.1.L ... . . . . . . . . . . . . • . .
Les Expositions, WALDEKAR GEORO:E.........
La Presse musicale. VUiLUJRMoz .. • . . . . . . . . .
Essais pom: une Esthéti(Iue musicale, (suite)
G11011a11:s MIGOT ••

CeMolspassê, ~hUVREOY .... . , . . . . . . •. . • .
!-!.,I&gt;LbtnomèMneRllttéraire, JEAF EPSTEIN . . • . . .
""" vres, · · AYNAL .. .. .. .. .. . . .. . . . .. .
Notes sur Corot, B1s~1:tR1:............ . . .. . .
Le&amp;Llvresd'Art,VAUlRECY ................
WALDElUR G-EORGB - . , • , . • .

339
343
349

791
798

Il mtn Clatint 131 ja1u, 38 illmstraUm hu 11 11111, 1Ghm-ttxte, 2npnAoctim n ml1m : toi am le Bsnfut 11 dl Jewmt.

M

SOMMAIRE DU N° 3
La Méthode et la définition de l'esthétiq_ue,
JULES LA.L'l,Eld'..I.ND, •. ,..................
Greco, V uv&amp;E6Y.. . . . . • • . . . . . . . . • . . . . . . . .
Deux dangereuses tendances poétiques d'aujourd'hul,1l!IANROYtlltJ&gt;:... .•. .. ..•. .. .• .
Gongoraet Mallarmé, ZDlSLAS MILlfBR. -.. . .. .

671i
679
705
715 ,
719
724

SOMMAIRE DU N o 7

SOMMAIRE DU ND 2
119
131
133
145

Dialogue sur l'EstMLique du l\fuslc-Hall,
Rrnu:: B1z.ET ... . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Une vma de Le Corbu$ier, HH6, JULIEN CARON
La Vie Francalse, R. CRE'.l,EVIER . . • . . . . . . . .
Le Respect des Plans, FERNAN'I&gt; DIVOIRR......
L'Origme des Pétrnles, PA. Ut RECHT • . .. . . . .
Bibliographie. Barabour, .M. R. .. • . • . . . . . . . .

J\ltorrmm dm 19 tJit8, 18 bora-texte, UDI rapro4DCtiGI BB mimi : Tùleu de Brlfl8.

L'Eubage, BL.!.ISE CENDRARS.............. .
L'anllcip.ation chez d'Annunzio, CHENEVIER . .
ApoJllnalre, Vlldràc, Dufresny, Morand, Gide
(Livres), RA YN .u .......... .... .. . ..... .
Tendlll)ces dela LlttératW'e tchèque, Smuit ..
Le temps des ténèbres et le temps des divertissements, DlvomE................. .... ..
Lè mouvement théMral en Allemagne. I. GoLL
Poussin, DE F .1. Y:El'.. . . . . . . . . • . . • . . . . . . . . . .
Ozenfant et Jeanneret, RAYNAL.. . . . . . . . . . . .
Parlons Peinture (Il), L. ROSENBERG . . • . . . • •

Dumrzll! .•..... • • •: • • · · · · · · · • • • · · • · · ·
Calllgrammes (Apo![ina.tre), LOUIS ARAGON-·
Les Expositions (Ploabla), G. RlDEM'.ONT·
Ql!SSAIGNl!S . . - · · • · · · · • • • · · · · • · · ; • ·: · · ·
La littérature de langue espagnole d au1ourd 'b.ul, VIOENTE HTIDODRO. · · · · · .G.... · · · ..
Lanouvellepoésleallemande,IVA!• OLL- • .. •
EcMsdel'ROtelDrouot ,. ·· · ··· · · · · · · · · · ·•
Echos, nouvelles, etc .•• • • • • • · · ·, · · · · · · · · · · ·

.Dm ce numéro, 138 ~ages, 50 ,hotogrmm, 2 reJroductim m !reis mlem dt tTableau Seurat et Plmm.

L'Esthétlque nouvelle ou la Science de l'Art
(fin), VICTOR BA.SCH. . . • . . . . • . . . . . . . . . . . .
Vie de Paul Cézanne, V .!.UVRECY . . . . . . . . . . . .
Lettres, ~ZANNE...... . . . . . . . . . . . . . . . • . . .
Erik Satie, Hl!NllI COLLET .•.. •.• ....... , . .
Ornement et Crime, ADOLPHE Loos . . . . . . . . .
Lipchitz, Paul DEllMllE . .. ...... .. ,........
La Rythmique, ALBERT JEASNE8.BT..........
Knut Hamsun, A.r,1;1rn HELLA.. . . . . . . . . . . . .
Trols rappels à MM. les Architectes (2• article)
LE CORBUSIER·SAUONIK\t . . . • . . . . . . . . . . . .
La DoctrlnedeLacerba, GIUSEPPE ll!'rOA.RRTTI

605
624
625
6:)9
657
6G7

FA.YU

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Jl112ique, AL:o~it--r' j-~~·NNE ·t · · · · · · · · · · · · · · · 1316
'tlléê.tre FERN A.ND D(VOil\lt T.' · • · · · · · · · · · · 12.94
.lfuslc-hall, REN:0 BIZET E. · · · · · · • · · · · · · · · 1290

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~&amp;thétique de !'Ingénie.. ·· i," · ·
8AUGNIER
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ORDUSlllR·

Le Phénomènê iittérâ:. "j" · · Ë .... · · · · · • ·

tes Livres FR:8D:8Rro'~tuiAN PSTE!N · · · · ·
lraatm1r ll'dschmld p Er · · · · · · · · · · · • •
ta Poésie russe botc~~;i~i;rNH. ·1 · · · · · · · ·
626

Ca 1uéra Clltilll 138 Jllll, 1 1mlil1Rt littéraire, 55 illutl'atim, t 6 hm-19111 tt m repre4UltlDD en mlem (lalllilU le Jw Brll)

Lea E:xposltions, WALDEllA.ll. GEORG;~~~~~~:

1297

1328
12. 15
i 277
i 238

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Wllsonetl'Humanlsme français R

CHENE•

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L'~i~iorisâÙort . ci~. ï·éà~. d~· .
i:i :à
JA.WOl!.Sli:Y., .......................... .
La Typographie, CllRJS'.l'lA!il . .. ...........•.
La Similigravure, DART'î ................••.
Les ldées de !_'Esprit Nouveau dans la presse
et dans les hvres ....................... .
Le~ Livres reçus ... •..........•............
Sommalre des Revues.................... .
Le Salon del 'A.utornoblle Dr SA.IN!r-QUlilNTIN.
Tœptter et le Cinéma, DE F A.YET ...... .. ... .
Glyphocinématvgraphique, P.1,.uL REcnr . •. .
Footlt et Charlot... , ..•...•..•......••....

el Hiére caallent 101 JIii&amp;, 84 W11ll'aU111 (181 H h&amp;rl·l8Ili Il 5 hm-111t11111ll11n.

H.23

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                  <text>La revista “L’Esprit Nouveau”, cuyo título es un homenaje a Apollinaire, y subtitulada Revue Internationale d’Esthétique. (en español, El Espíritu Nuevo) fue una importante revista de arte francesa, publicada entre 1920 y 1925. Alcanzó los 28 ejemplares.  Con un promedio de 100 páginas y con imágenes en color, fue la revista del movimiento purista. Su ámbito fue internacional, llegando a alcanzar bastante difusión en países como México. Su eslogan era: “Hay un espíritu nuevo; es un espíritu de construcción y de síntesis guiado por una concepción clara”. fue dirigida en sus tres primeros números por uno de sus tres fundadores, el  poeta dadaísta Paul Dermée, (fue importante colaborador inicial, pero sólo participó durante los primeros siete números), Amédée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret (Le Corbusier). Colaboraron poetas, artistas y músicos como Aragon, Bissière, Breton, Carrà, Cendrars, Cocteau, Éluard, Max Jacob, Lalo, Milhaud, Raynal, Satie, Tzara.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1752865&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>L' Esprit Nouveau, 1921, No 13, Octubre</text>
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                <text>La revista “L’Esprit Nouveau”, cuyo título es un homenaje a Apollinaire, y subtitulada Revue Internationale d’Esthétique. (en español, El Espíritu Nuevo) fue una importante revista de arte francesa, publicada entre 1920 y 1925. Alcanzó los 28 ejemplares.  Con un promedio de 100 páginas y con imágenes en color, fue la revista del movimiento purista. Su ámbito fue internacional, llegando a alcanzar bastante difusión en países como México. Su eslogan era: “Hay un espíritu nuevo; es un espíritu de construcción y de síntesis guiado por una concepción clara”. fue dirigida en sus tres primeros números por uno de sus tres fundadores, el  poeta dadaísta Paul Dermée, (fue importante colaborador inicial, pero sólo participó durante los primeros siete números), Amédée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret (Le Corbusier). Colaboraron poetas, artistas y músicos como Aragon, Bissière, Breton, Carrà, Cendrars, Cocteau, Éluard, Max Jacob, Lalo, Milhaud, Raynal, Satie, Tzara.</text>
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                <text>Dermée, Paul, Director Fundador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>IIE'f/lJB •NTERNATfflNALE ILLIJSTRÉB BE L'ACTIVITÉ CONTEMPORAINE
PARAISSANT LE 1er DE CHAQUE MOIS

ARTS

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et les primes
réservés aux Abonnés.

l

CE NUAfÉRO
contient 132 pages,
16 hors-texte, 1 reproduction en

couleurs : le cercle chromatique
de Charles Henry.

SOMMAIRE
lettres

esthé,ique dt l'ingénieur

Des Yeux qui ne voient pas ...
Les Paquebots,

Le Phénomène I i lléraire,
JEAN EPSTEIN.

856

LE CORBUSIBR·SAUGNIER.

Max Jacob en 10 minutes,
HENRI HERTZ.

877

La Vraisemblance vivante,
FERNAND DIVOIRE.

Les Livres,

M. R.HN AL.

Des Systèmes d'Esthétique
en France,

921
908

RAYMOND LENOIR.

933

scie11tes

beaux-,rts
•••

869

RAYNAL.

893

IHLDEMAR GEORGE .

903

Vie de Corot.
Derain, MA1!RICE
Les Expositions,

8',.5

esUlétiqYI

Les Tourbillons,
PAUL RECHT.

8ï2

tcience t\ art

La Lumière, la Couleur et
la Forme (suite),
CHARLES HENRY.

musique

9',.6

économique el sociolog'que

La Presse Musicale.
VUILLERMOZ.

Faut-il émettre 150 milliards de billets de banque ? FRANCIS DELAIS!.
Notre Enquête. Fin.

902

Essais pour une Esthétique
Musicale (s,ûte) ,
GEORGES ~IIGOT.

~

917

925

PRIX DU NUMÉRO
FRANCE
6 Cranes
!::TRANGER 7 francs français

VENTE EN GROS

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ILLUSTRÉE DE

29, Ru■

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L'ACTIVITE CONTEMPORAINE

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TliL■ HON■ ÉLYdH

•o-87
J 40-88
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LIBRAIRES. - commandes de numéros et retours doivent être adressés à notredeposltatre eitclllllf peur la
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n111r1 .&amp;17 1'1!Ml&amp;o:

ABONNEMENTS, 29, RUE D•ASTOH, PARIS
·
~ FRA. 'CE 70 Francs.
numeros : 1É fRA. 'GEil 75 Francs (Français).

12

La Revue parait le 1er de chaque mois
PIIDŒS IŒSERVÉES AUX SEULS ABONNtS :

Gramres tirées sur papier de luxe, numéros spéciaux, suppléments, quel qu'en ~
pri~ marqué.
Le Direcµon reçoit chaque malin de 10 à 12 à la Revue, 29, Rue d'Astorg.

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LE-a ouvrages envoyés pour compte-rendu doivent être adressés impersonnellement à la Revue, en do
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tous pays, cita,iona du présent num;ro aurori•ù• aPec indiclJliori de •o~e.

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LES !:PREUVES EN COULEURS IIGllt tiriH 11W' PAPIEJUI SP1:cIAUX.
LES GRAVURES ORIGINALES 111r GRANDS PAPIEJUI DE FIL, vt:LINS OU VERGIII,.
Ce■ 100 ezemplairu aon.t nunwrot6■ de 1 • 100 et portpt
IMPRIM1:, LE NOM DU SOUSCRIPTE1.11l
Le pnvilètre du m6me numuo da Hria eat irarantt au ■ou■orlpleur pendant toute la dUNe de allonnem-i.
Cette 6ditlcm comporte de plua:

DOUBLE SUITE DES GRAVURES ORIGINALF.8
,.
,.
•
BOIS ORIGINAUX
,.
»
•
POCBODlS, ~TATS
QUADRUPLE SUITE DES trATS DES TIRAGES EN COULEUR
Bn cour, de publir&amp;lion, nous qarantluona cl'apport1r 4 telle Milion touunrlchinamfflta el per/ect1on'1141fflmt, tllal•
rabla, tenant à honneur d'en faire un, malll'li/i'l111 tolltttion d'un. Nltur bibllop/rillque hW imp0r1ante, un objet unl,.118,

*

N.-B. - Celle édition n·est pas mise dans le commPr&lt;'P. MM. les bibliophiles sont priés d'adresser direclemen t le mon tan l de leur souscription, soi l 200 francs par an, à la Société des tdilions de l'Esprit ouveau, 29, Rue d'A lorg, à Paris, pour les numéros de série de 3 à 100.

*

Par eneption, en rai6on de leur particulière t aleur bibliopbilique, la soucripUon au ncmfros de sêrfe 1 d 2, tirés sur fleur de !orme, est de 1.000 franœ tour l'année.

�r

Paquebot «

FLANDRE»,

Bra1.,10TEcA

U.A

CENTRAL

f

C10 Transatlantique, construit par les Chantiers et Ateliers de St-Nazaire.

DES YEUX ·
QUI NE VOIENT PAS ...

*

Les Paquebots
PAR

LE CORBUSIER-SAUGNIER

« Il y a un esprit nouveau : c'est un esprit de construction et de
synthèse guidé par une conception claire.
Quoi qu'on en pense, il anime aujourd'hui la plus grande partie de
l'activité humaine.

UNE GRANDE ÉPOQUE VIENT DE COMMENCER
Programme der • Esprit Nouveau "• N• l, Octol&gt;re 1920

LE CERCLE ÜRROMATIQ0E DE CHARLES HENRY

« Nul ne nie aujourd'hui l'esthétique qùi se dégaga d11s créations de
l'industrie moderne. De plus en plus, les constructions, les machines
s'établissent avèc des proportions, des jeux de volumes et de matières
tels que beaucoup d' entre elles sont de véritables œuvres d'art, car elles
comportent le nombre, c'est à dire l'ordre. Or IEs individus d'élite qui
composent le monde de l'industrie et des affaires et qui vivent, par
conséqumt, dans c?tte atmosphère virile où se créent des œuvres indéniablement belles, se figurent être fort éloignés de toute activité esthétique. Ils ont c.ort, car ils sont parmi les plus actifs créateurs de l'esthétique
contemporaine. Ni les artistes, ni les industriels ne s'en rendent compte.
C'est dans la production générale que se trouve le style d'une époque et
non pas, comme on le croit trop, dans quelques productions à fins ornementales, simples superfétations sur une structure qui, à elle seule, à
46

�engendré les styles. La rocaille n'est pas le style Louis XV, le lotus n'est
pas l'art égyptien, etc., etc ... »
.
Tract de • r Esprit Nouveau »

A propos de culs-de-lampes, de lampes et de guirlandes,
d'ovales exquis dans lesquels des colombes triangulaires se
baisent et s' entrebaisent, de boudoirs d'un incorrect Louis XVI,
etc ... M . Guillaume Janneau,' dans la Renaissance d'avril 1920,
par ti sur son destrier, écrit en un langage ganté de daim, des
choses énormes, considérables, imposantes :
cc C'est une régénération de l'art français qu'élaborent dans
« la peinture, M. Guillaume Dulac, M. René Francillon ; dans
&lt;c la- décoration, MM. Süe et André Mare, M. Ruhlmann,
« M. Paul Vera. Ils dégagent les lois d'un style profondément
« traditionnel. &gt;&gt;
&lt;&lt; Ils s'ingénient à retrouver les schémas géométriques évi&lt;&lt; demment éternels dans lesquels les vieux maîtres affircc maient leurs compositions. Des Grecs à Perci_
e r et Fontaine,
« des Romains à Blondel, en passant par Philibert Delorme,
« etc ... ~
&lt;&lt; A feur crayon sévère, ils ne permettent aucune improvicc sation.

M. Paul

VÉRA :

Le Paquebot «

Qunard Line, transporte 3.500 personnes..

la dimension et nous devrions bien être condamnés, pour-nous
apprendre à tirer notre chapeau devant les œuvres de la « régénération )), à faire les kilomètres de marche que représente
la visite d'un paquebot.

cul-de-lampe (La Renaissahce).

cè A quel maître à penser, M. Paul Vera va-t-il demander
« conseil ? C'est à Pascal,' c'est à Descartes; -et, dans l'art,

c'est au Grand Siècle. &gt;&gt; Etc ... , etc.....
Les Grecs, les Romains, le Grand Siècle, Pascal, Descartes,
, régénéi'ation de l'art français, rien que oola au service de fanfreluches à la mode du jour: tilleul et camomille, rayons des.
Galeries Lafayette ! !
***
cc

Des ingénieurs anonymes, des mécanos dans le cambouis et
la forge; ont conçu et construit ces choses formidables que sont
les ,paquebots. Nous autres terriens, nous. p.e rdons le sens de

AQUCTANIA »•

-1

Les architectes vivent dans l'étroitesse de leur ignorance
des règles de bâtir et leurs conceptions s'arrêtent aux colo1?1es_
entrehaisées. Mais les constructeur.S de paquebots, hardis et
savants, réalisent des palais auprès desquels les cathédrales
sont toutes petites : et ils les jettent sur l'eau l
L'architecture étouffe darrs les usages. .
·
L'emploi des murs épais, qui étaient une nécessité autrefois,
a persisté, alors que de minces cloisons de verre ou de briques
peuvent clore un rez-de-chaussée surmonte de cinquante étages.
Dans une ville comme Prague par exemple, un règlement.
désuet impose une- épaisseur de mur de 45 centimètres au soin-\
met de la maison et de 15 centimètres de saillie par étage en dessous, ce qui porte les constructions à des épaisseur~ de mur_s
pouvant aller jusqu'à 1 m. 50 au rez-de-chaussée. AuJourd'hw,
la composition des façades avec em.ploi de pierre tendre en
grands blocs, conduit à cette conséquenc·e paradoxale, que
les fenêtre$, projetées pour introduire la lumière, sont cantonnées d'embrasures profondes, résultat nettement contradi~
toire.
Sur le sol coûteux des grandes villes, on voit encore surgir
des fondations d'un bâtiment, d'énormes piles de maçonnerie, quand de simples potelets de ciment suffiraient. Les
toits, les misérables toits, continuent à sévir, paradoxe inexcusable. Les sous-sols demeurent humides et encombrés ~t les
canalisations des villes sont toujours enfouies sous des empierrements, comme des organes morts, alors qu'une conception:
logique solutionnerait le problème.

�• L"AQtJITAStA "

Cu11a,r/ Li11e.

L s tyle , - car il faut bien avoir fait quelque cho e, interviennent comme le grand apport d l'architecte, dan la
déc ration des façades et des alons; ce sont le dégénére cence de tyl , la défroque d'un vieux temps; mai c'e t le
(&lt; garde-à-vau , fixe ! » respectueux et ervile devant le pas é:
modestie inquiétanLe. Men onge, car « au..-x belles époque », le
façade étaient li se aYec de trou réguliers et de bonne proportions humaines. Le mur étaient le plus mince po ible.
Les palais ? C'était bon pour les grands-ducs d'al01 . E t-&lt;'e
qu'un monsi ur bien élevé copie le grands-duc d'aujourd'hui?
Corn pièO'ne, Chantilly, Ver aill s, ·ont bon à voir ous un certain angle, mai ..... il y aurait bien des cho es à dire.
Des mai ons comme des tabernacle , de tabernacle comme
des mai ons, de meubles comme des palais (fronton , tatue ,
colonne tor es ou pa torse ), de aigui 're comm d meuble mai ons et les plat de Bernard Palis • où il erait bien impo sible de déposer trois noisettes !

** *
Une mai on e t une machin à demeurer. Bain , oleil, eau
chaude, eau froide, température à .-olonté, con ervation d s
met , hygiène, beauté par proportion. Un fauteuil est une machine à 'a eofr, etc.... : laple a montré le hemin. L s aiguièr s ont de machines à se laver : Twyford le a réée .
Totre vie moderne, toute celle de notre a tivité, à l'excep-

Le " L.\~comc,tnE • C18 Transal/anlùJtœ.
Aux &lt;trchitecles : Une beauté plu,s technique. 0 gare cl'Ol say J

tion de celle de l'heure du tilleul et de la camomille, a créé es
objet : son co tu.me, son stylo, son ver harp, a machine à
écrire, on appareil téléphonique, se meubles de bureau admirable , les glaces de Saint-Gobain et le malle « Innovation )&gt;,
le rasoir Gillette et la pipe anglaise, le chapeau m Ion et la limousine, le paquebot et l'avion.
oLre époque fixe chaque jour on style. Il est là ous nos
yeux.
De yeux qui ne voient pa .

Il faut di iper un malentendu : nous omme pourris d'art :
d 'pla em nt du eniim nt d'art, incorporé avec une légèreté
d' prit blâmable, dans toutes cho es à la faveur des théorie '
et de campagnes men· es par de décorateurs qui ne entent
pa l ur époque.
L'art e tune ho eau tère qui a es heure acrée . On le
profane. L'art, frivol , grimace ·ur un monde qui a besoin d'organi ation, d'outil , de moy n , qui 'effor e douloureusement
vers la stabilisation d'un ordr nouveau. ne ociété vit d'abord de pain, de soleil, du confort néce aire. T ut e t à faire!
Tàcho immen e ! Et 'e t i fort, si urgent, que le monde entier
s'absorbe dans cette impérieuse n 'ce ité. Le machine

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L' AQUIT.A.NIA

»

Cunard Line.

La même est-hétique que cell.e de votre pipe anglaise, de votre 'meuble de bureau, de votre limousine.

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L'AQUIT

» Cunard Line.

Pbur les architectes : Un mur tout en fenêtres, une salle à clarté pleine. Quel contraste avec
nos Jerdtres de maisons qui trouent un mur en déterminant de chaque ctJté une zone d'ombre
rendant ld pièce triste et faisant paraître la clarté si dure que des rideaux sont indispensables
pour tamiser et effacer éette lumière.

�« L'AQUITANIA •

Cunard Line.

A MM. les Architectes: Une villa sur les dunes de Normandie, conçue comme ces
navires, serait plus utile que les g,:ands « toits normands • si vieux, si viell.l! I
litais vous pourriez me dire ![Ue ceci n'est point du style maritime!

• L' AQUITANIA »

Cunard Line.

Aux architectes : La valeur d'un long vromenoir, i;olurne satisfaisant, intéressant;
runité de matière, le bel agencement d'éléments constructifs, sainement eœposés et
assemblés avec imité.

�-;1-,;.

« EM:PnEss OF FRANCE •

Canad'ian Pacifie.
« El\lPRESS

Uw; architecture·pure, nelle, ·claire, propre, saine. - Contraste : les tapis, les coussins, les baldaquins, les papiers damassés, les meubles dorés et sculptés, T,es couleurs
'Vieille-marquise ou ballets russes; trù;tesse nwrne de ce bazar &amp;occident.

conduiront à un ordre nouveau du travail, du repos. Des
villes entières sont à construire, à. reconstruire, en vue d'un
confort J:?l~nimum, dont le manque prolongé pourrait faire osciller l' éqmhbre des sociétés. La société est instable, se fissurant
sous ~n ét~t-de choses bou}eversé depuis cinquante années de
progres qm ont plus change la face du monde que les six siècles
précédents.
L'heure est à la construction, pas au badinage.
_L'art de notre époque est à sa place quand il s'adresse aux
é~tes. L' ~rt n',est pas c~ose populair~, encore moins fille pubh~e. L art n. e~t un aliment ~ecessa1r~ que pour les élites qui
ont a _se recueillir pour pouv01r condwre. L'art est d'essence
hautame.
** *

Dans le douloureux enfantement de cette époque qui se
forme, s'affirme un besoin d'harmonie.
Que les yeux voient : cette harmonie est là., fonction du
labeur rfgi par la loi d'économie. Elle est dans les ouvrages qui
sortent 1e ~•ateli~r ou .de l'usine. Ce n'est pas de l'Art, ce n'est
pas la S1xtme, ml' Erechteïon; ce sont les œuvres quotidie:r.µies

«

OF ASIA •

Canadian Pacifie.

L'architecture est le jeu savant, cotrect et magnifique des volumes-assemblés
sous la lumière. •

de tout un univers qui travaille avec conscience, intelligence,
précision, avec imagination, hardiesse et rigueur.

r'

1

Sil' on oublie un instant qu'un paquebot est un outil de transport et qu'on le regarde avec des. yeux neufs, on se sentira en
_face d'une manifestation importante de témérité, de discipline,
d'harmonie, de beauté calme, nerveuse et forte.
.
Un architecte sérieux qui regarde en architecte (créateur
d'o:rganisme), trouvera dans un paquebot la libération des servitudes séculaires, maudites.
Il préférera au respect ·paresseux des traditions, le respect
des forces de la nature, à. la petitesse des conceptions médiocres,
la majesté des solutions découlant d'un problème bien posé.
La maison des terriens est l'expression d'un monde périmé •à
petites dimensions. Le paquebot est la première étape dans la
·réalisation d'un monde organisé selon l'esprit nouveau.

LE CoRBUSIER-SAUGNIER.

�LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

LITTBBAIBB
« Tu parles, mon vieuœ

Je ne sais pas ouvrir les yeux ?
Bouche d'or
La poésie est en jeu. »
Blaise CENDRARS
Dix-neuf poèmes ,élastiques.

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Q

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~@~~:!l'.T:EOlNi~
~~~H~~~~~

N@UV~~~~s

~:ETTÉaA~~~

le monde change lcela ne peut avoir qu'une importance théoriqµe et ne
constituer qu'un numéro de •plus dans la loterie des hypothèses.
C'est la connaissance humaine du monde qili a changé. L'ensemble
d'erreurs, . d'.app.roxima~ous, d'opinions arbitraires ou expérimentales
.dont la pe~ee tisse ce filet maraudeur qu'elle jette ensuite sur les objets
et où touJours des mailles rompent et sont à reprendre, en dix ans chan"e étonn;.imment. La littérature, graphique de la sensibilité humaine, indique fidèlement ces
sautes de vent sur les hauts-plateaux de l'iutel!igence. Girouette, elle suit le souffle
mais ne le dirige pas.
'
UE

I
La vitesse réalisée par l'homme a donné un caractère nouveau à la vie civilisée.
Vitesse dans l'espace d'abord ; les villes sont reliées les unes au." autres par le
réseau serré, exact et continu des rails. Mieux que les vllles, les pays. Les autos roulent. Les avions ~•un tr it en?ore plus direet franchissent les distances. Mieux que
les pays, les contments s envment des ponts mobiles. De dix ans en dix ans le kilomètr~, comme un.e ba~k•~ote ,d~préc'.ée, perd de sa valeur. Le mot « loin » n'a pas
le meme sens auJourd hID qu hier m que demain. Des terrains déserts deviennent
populeux, bon marché quintuplent de valeur parce qu'un tramway et lefilnourricier
dont il lèche la sève d'ampères et de volts, passe maintenant dans une banlieue. Uue
race nouvelle d'h~m.me est née sous les halls vitrés des gares et surie pont des paquebots : ,ie co~mopolite.' Ce mot n'est pas s.ynonyme d'int,e rnationaliste, ni de métèque
On fmt ht11t cents kilomètres pour se distraire, trois mille pour vendre un stock de
fourrmes. Les peuples tout de même se connaissent mieux; ils s'en aiment et s'en
haïssent mieux, mais peut-être pas plus l'un que l'autre maintenant qu'autrefois.
Ou_écha~ge les coutumes, les mots, les idées. On peut imaginer pour bientôt l'anglais
obhgatoue comme la vaccination. Coïncidence de dialectes dans un même cerveau

7

857

veut dire coïncidence de grammaires. La grnmmaire est la forme la plus simple et la
plus définie de la logique d'expression propre à chaque peuple. Ces logiques d'expression qui diffèrent, de voisiner s'influence.nt, se compénètren~, se soutiennent, se combattept, se modifient-réciproquement. La pensée change peu à peu ses moules. Polymorphe maintenant elle. cristallise selon plusieurs systèmes ; elle admet plusieurs co- .
munes mesures. De ce fait des barrières qui tWipêcbaient certaines inoculations in\ellectuelles, s'écroulent. Au contraire l'homme est prédisposé aux contagions idéologiques que la vitesse transporte d'un pôle à un autre.
Par ailleurs la belle géographie légendaire des vieux bouquins est morte. On a
refait cent mille fois les voyages de MaICo Polo. Ce n'est plus la même chose; Venise
est moins belle d'être à précisément tant d'heures et de minutes de Paris. La terre
est petite. A regarder les cartes d'il y a huit siècles on voit qu'un sentiment a di spam
avec le blanc des « 'l'errre innotre &gt;•, et qu'un autre est né. La possession de la vitesse
spatiale a créé progressivement des sciences et pas seulement la géographie. Grâce
à elle l'astronome chenu court après l'éclipse ou la comète, et les rattrape, Mysté1·ieusement n'a-t-elle pas pris part à la formation des premiers cristaux de glycérine
entre Vienne et Londres ? Ce serait à voù-. Elle modifie le commerce, la banque,
c'est-à-dire l'assise de notre civilisation. L'argent, ce sang du monde, circule plus
rapidement parce que le cœur des locomotives bat plus vite. La terre est petite.
'fout cela a évidemment modifié la sensibilité humaine et par conséquent la littérature.
II
A côté de la vitesse spatiale il y a la vitesse de pensée. Lorsqu'on pose la même
question à divers individus, plus et moins cultivés, plus et moins intelligents,
parfois on obtient la réponse avant même qu'on ait fini d'énoncer la demande, parfois il faut attendre plusieurs secondes. Ce délai, qui est le temps perdu de la compréhension, est eJ\."trêmement varia})le. Sa durée dépend de la plus ou moins grande
vitesse de pensée de l'individu interrogé. Cette Tapidité mentale présente non seulement des variations individuelles, mais des variations de pays à pays, de race à race,
et des variations dans le temps.
Le cinématographe permet une observation plus précise du phénomène. En effet
le film enregistre et mesure cette vitesse de pensée. La rapidité avec laquelle se
succèdent et s'enchevêtrent à l'écran les épisodes, les péripéties et surtoutles détails
de l'action, rapidité qui est dirigée et dosée par le metteur en scène de manière que
son public habituel puisse stùvre, sans fatigue com,me sans ennui, le scénario, rapidité qui correspond donc à la vitesse mentale moyenne de èe public, varie suivant le
metteur en scène et suivant le pays d'où provient le film. Les films italiens sont à
citer parmi ceux qui en général décèlent la pensée la plus lente ; ils .e nnuient le spectateur français, par exemple, qui ne sait à q11oi occuper son esprit pendant les dix
secondes de trop que dure telle scène de conversation mimée, parce qu'il l'a comprise dix secondes plus tôt que la moyenne des spectateurs italiens pour lesquels le
film était fait. Certains films américains témoignent au contraire d'une vitesse mentale considérable; pour en suivre l'action il n'y a vraiment pas trois secondes à gaspiller en distractions . Si l'on en veut'un exemple précis qui a toutefois le désavantage
de faire intervenir la vitesse mentale individuelle du metteur en scène presque autant
que la vitesse moyenne du pays d'origine, on se rappellera un film quelconque, mais
récent de Charles Chaplin et on ira le revoir à l'occasion. On sera étonné de constater
corn bien de choses on avait manquées et mal comprises à la première vision (1) . Dans

&lt;t) Il faut tenir compte de la vitesse à laquelle sont passées les bandes. Cette vitesse
v,ar1able selon la fantaisie de l'opérateur et les exigences de l'exploitation peut fausser

l'observation.

·

�868

L'ESPRIT .N OUVEAU

LE PHÉNOMÈNE LITTÉRAIRE

les littératures la même différence apparaît naturellement, mais le film présenté
cette différence à la roanière plus nette d'un appareil enregistreur...
n ne faudrait pas d'autre part identifier absolument rapidité.mentale à intelligence-en général. D'habitude assurément qui saisit vite les rapports, en saisit beaucoup et de subtils. !\fais chacun connaît de ces gens dont la vitesse de compré-.
hension est considérable, qui arrêtent à mi-chemin les phrases ayant bon premiers
touché le poteau, mais dont la versatilité intellectuelle est telle qu'elle empêche toute
conversation sérieuse. Spécialistes du saut en hauteur, ils ue donnent rien en longueur.
Soit un peuple arbitraire, A, entre deux peuples, B et C, dont l'un, B, pense plus
vite, et l'autre, C, pense plus lentement. La vitesse spatiale permet le contact ;de
ces trois peuples. Si Je peuple moyen A s'intéresse aux productions de l'activité
intellectuelle de ses deux voisins, il s' apercevra qu'il détient une supériorité sur
l'un d'eux C, dopt la lenteur de pensée l'agacera. Au contraire la vitesse de pensée
de l'autre peuple B, imposera au peuple moyen un effort s'il veut comprendre et
être de •niveau et ne pas agacer à son tour. Tout cela d'ailleurs peut-être nssez
inconsciemment. Certains paresseux abandonneront la poursuite. D 'autres s'en'tr;îneront, parviendront à une vitesse de pensée progressivement plus grande, tout
comme un « coming-man • en b.oxe acquiert progressivement sa vitesse maxima.
Petit à petit, très lentement il est vrai, cette élite sera suivie par le gros des spectateurs ou des lecteurs. Il arrivera finalement que la vitesse de pensée de ce peuple
moyen s'accroîtra.
Que la vitesse mentale se soit accrue dans le temps, cela ne peut faire de do,1te.
L'instruction universelle obligatoire a tout de même agi un peu dans ce sens. Ou
si elle n' a pa-s été la cause de ce changement, elle a pu en être une conséquence.
Et aujourd'hui, du com,nérçant le sténogramme passe à l'usage du poète.

L'éducation de l'intelligence contemporaine est fondée sur le scruptùe qui fut un
symptôme et qui est un état vénérable. On évalue pour toute e:,..-périQDce, pour
tout calcul, l'erreur absolue et l'erreur relative, et on int~oduit ainsi la subtile
_l'impondérable, l'immai:trisable erreur de l'erreur, et l'erreur d'écarter l'erreur· e;
de la croire écart~e. Tout cela l'intelligence le note, essaye de le comprendre, s'en
nourrit et le distill.c dans son ventre de bête sournoise.
·
Le machinisme de la civilisation, l'instrumentation innombrable qui encombrent
les laboratoires, les usines, les hôpitaux, les ateliers des photographes et des élec,
triciens, la table de l'ingénieur, le pupitre del' ru:chitecte, le siège de l'aviateur, la salle
de cinéma, la vitrine de l'opticien et même la poche du menuisier, permettent à
l'homme une infinie variété d'angles d'observation. L'optique surtout (et quoi d'~tonnant dans une civilisation sw·tout optique ?) (1) accroche à notre cou ses
lentilles comme des amulettes au cou du chef indien. Et tous ces ini.truments,
téléphone, microscope, loupe, cinéma, objectif, microphone, gramophone, automobile, kodak,-avion, ne sont pas de simples objets inertes. A certàins moments ces
machines viennent faire partie de nous-mêmes et filtrer pour nous le monde comme
l'êcran filtre les émanations du i:adium. Nous n'avons plus des 'objets une notion
pure, simple, continue, constante. Ce paysage l'homme l'a vu non pas seulement
en se promenant de ses yeux nus, mais brouillé de vitesse par la fenêtre d'un wagon,
les yeux mordus par Je vent et la poussière à l'avant d'une auto, du haut d'un avion,
étalé à plat comme une reproduction de musée géographique, à travers les jumelles,
dans un diorama, ~ photographie, photographié à gauche, à droite, en plein sol~il, à l'ombre, avec diaphragme, sans diaphragme, peint par un peintre, dessiné,
dit par un poète. De ce paysagel'hornme n'a pas un souvenir, il en a mille différents,
qui se ressemblent ou ne se ressemblent pns. Le monde est aujounl'hui pûtll" l'homme
comme une géométrie descriptive avec son infini de plans de projection. Chaque
chose possède des centaines de diamètres apparents qui ne se superposent jamais
exac~ement. Tout est mesure d'angles, trigonométrie, ou mesure de correspondances,
logarithmes. TI n'y a plus de dimensions, mais des rapports. 'fout est proportion,
fonction d'une variable, mobile, relatif, momentané. Savoir est un verbe défectif
q~ ne se ~onjugue qu'au conditionnel. Une voix entendue natt!rellement, puis surgie du nou graphite téléphonique, enfin résonnant quand le saphir la délivre du
disque, n'est plus, quoi qu'on fasse, la voix sim.p]e, la voix une. Des nasillements
se décèlent, une intonation nouvelle reste dans la mémoire; désormais on l'écoutera
autrement. La reconstitution historique au théâtre ou à l'écran brusquemei:i.t et
pour quelques demi-heures biffe vingt siècles de durée. La photographie instàntanée
a ~éèouvert des gestes que l'œil maintenant devine et la main triche pour reprodwre. Cette physionomie connue soudain à l'écran elle se découvre autre. Une ride
surgit '.lu'on n'avait pas su, pendant vingt ans voir, mais désormais on aura appris
à le faire.
La civilisation permet donc à l'homme de développer une plus grande surface de
contact avec le monde; elle multiplie les voies d'absorption. Mais ce contact est
essentiellement indirect et médiat, cette absorption n'absorbe que des filtrats, des
résidus de distillation, des produits de synthèse. Les villes sont plus fausses qu'un
décor d'opéra. La nature se promène en travesti. La vérité culbute de circonstance
en circonstance. L'artifice sature la terre des campagnes. Masque. _Transposition.
Analyse. La vie se fait en simili mathématique. La sensibilité en plaqué .alcool.
L'amour en trente-sLx qualités, depuis l'article courant jusqu'au système pêrfectionné comme une chausse-trape.

III
, La civilisatiçm, qul est joliment loin d'être un simple mot, nous offre à consi•
dérer d ' un même objet une variété infinie d'aperçu~. Des appareils innomqrables,
èompliqués et délicats suppléentamcrenseignements sur le monde que nous donnent
nos yeux, nos oreilles, la pulpe de nos doigts. Autant d'appareils dont nous prolongeons l'un ou l'autre de nos sens, qu'il y en ait cinq ou plus, autant de déformations nouvelles qu'enregistre l'intelligence. Par déformation je ne veux pas dire
erreur, déformation fausse. Toutes les philosophies et tous les scepticismes guettent
le mot que je voudrais empl.oyer innocemment. Cette ligne me paraît droite à l'œil
nu et courbe grâce à tel verre ; voilà une déformation ; c'est tout ce que j'entends
flar là.
Ces déformations on ne s'en contente pas. Comme elles diffèrent des données
de nos sens nus qu'on s'étonne de voir transformés quand on en ~oulait simplement amplifier la portée, comme pour un canon, en conservant bien exactement
la direction de la trajectoire primitive, on les surcharge, ces déformations, de dé
formations nouvelles sous le prétexte peut-être légitime de corrections. Prétexte quj
n'est d'ailleurs, comme toute cette mentalité scientifique et .e xpérimtµttale d'aujourd'hui, qu'une forme du scrupule. Le doute vùlgadsé et nùs à la portée de chaque vie, que les religions utilisent ne pouvant le supprimer, a surgi depuis longtemps, grâce à des complicités organiques encore inconnues, dans l'évolution de
l'intelligence que maintenant il dirige . .Merveilleusement à l'aise dans J:1, science
qui le cajole comme un bienfàiteur, adapté aux méthodes expérimentales, rien plus
ne lui fer!!- lâcher prise.· D'ailleurs ce n'est
sur le têrrain aialectique qu'on pourrait chercher à le combattre, si .c ombat, de bénéfice dùutcux, il devait y avoir.,

pas

859

(1) A ce propos c/: Féllli: Le Dantec, Revu3 philosoph)que, 1er Janvier 1904 et Revue des
Idées, 15 avril 1904.

�0

L'ESPRIT

860

VEA

IV.
Au domaine des actes, des gestes appa1'ents, des objets et des cl10ses e:-..térieurcs
ù. nous-mêmes, s'oppose, arbitrairement et pou\' satisfaire not~ manie des • ici com·
mence • et « là finit •• le domaine d la pensée, de l'imagination, de la cœnestbésie,
nous-mêmes enfin, notre cerveau, tout ce que circon crit et ferme la li mile étanche
et pfùe de notre peau. Ce " domaine • ou « rè~e intérieur • comme on s'est plu à
l'appeler un peu muj, Lueusemcnt, l'observation de soi-même, l'nutopsycholoJ?ie
l'~'Ploitent comme un carrière inépuisable.
Or il semble que la civilisation oriente assez nettement la vie • en dedans• et non
• en dehors •· L'instruction générale, en plus de es autr contre-sens, met l'observation de soi-même à lu p rtée d'un plu· ~and nombre. La réclame dont on salue
mainteuant la tuberculose, le cancer, ln sou -alimentation, les épidémies, conseille
aux hommes de se tiller, d'écouter lelll' cœnesthésie, de s'effrayer nu moindre désordre intérieur, au moindre ~iJ?ne d'alarme du sy tèroe nervetLx.Lc médecins sont
plus nomhrcux aujourd'hui qu'hier, et ue manquent pas tant que cela de C'lients
puisqu'il vivent. Non qu'il y ait plus de malades - ce serait à , •oir - mois
parce qu'il y a plus de gens qtù se savent ou se croient molades. Ln fausse, sans
doute, inquiétud de statistiques au sujet de l'augmentation de fréquence du cancer
a pour c.auses cette meilleure observalion de soi-même autant que l'auiélioration
des procédés de diagno!t1:ic. On sait que pour se guérir il fnut se soigner au début
d'une maladie. Et le début des maladies est souvent insidieu.x. Que d'attention dé·
sormais portée &amp;ur sa cœnesthésie l Et j'ai montré ailleurs (1) quels étl'oits rapports,
presque d'identité, lie11t la cœnesthéric d'un individu à on subcon cicntetson sub•
con&amp;cient à sa rcligio ·ité, à. son intelligence.
Don le trésor det IIumbles, M. l\lacterlinck considère cette époque, pour des
raisons peut-être un peu extra-lucides, comme riche en mystici me latent, et l'homme d'aujourd'hui comme plus proche de son âme qu'il ne le fut jamais. i âme veut
ici dire subcon cicnt, c'est une opinion qu'il faut retenir pour tout à. l'heure.
Autre cuuse civilisée de l'orientation « en dedans • de la pensée du monde, c'est
l'oisiveté manuelle. Certes les athl te&amp;, les débardeurs, les menuisiers e:tistent
encore. luis dans combien de métiers, le bras, la main, l'épaule, Je pied ont été rem•
placés par une courroie de transmission, quelques engrenages et des poulies. L'au•
vrie1', de plus en plus, la main i;ur un 1 vier, surveille simplement une machine qui
travaille. n coup d tsmpon parfois. Quelques gouttes d'htûle. Entre temps, dans
ces intervalles dïuactivité mubctùaire, que veut-on que fas e rouvrier sinon qu'il
pense et pense à lui-même, à sa vie, aux moyens de l'améliorer. D'autres professions
sont devenues cérébrales exclusivement; le commerçant, le banquier, le chef de
gare, l'enlreprcncur, te commis ionnaire combinent, réfléchissent, attendent, se
décident. Bien nlendu ilB ne pensent pa toujours à Jeu1' vie intérieure, mai le jour
où par hasard ils y pensent, toute leur agilité intellectuelle acqui eau cours de ces
autres exercices brusquement fore un puits en eux-mêmes d'où, désormais, nrté·
sienne surgit raulopsychologic, comme l'arc liquide de pétrole dans les paysages
américains.
Les livres de philo ophic et de spéculation ab traite se vendent à dix mille exem·
plnires. On lit.
Jean EP

TEIN.

(11 suivre.)
(il

La po(:sie d'aujourd'bul. Un nouvel etat d'intelligence (Ed. de la Sirène).

• Figure
Cot.OT

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COROT

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Co~oT

�Purtrait de t'.lrtisre.

J .• u. CoRoT.

J)JI

~gA,N ... JilAFTEST~

COB@T

1796-1875
47

�VIE DE COROT

VIE

L

vie de Col'ot fut celle d~ ge~- heur':ux : elle n'?- pas d'~istoire. On n ' y·
trouve presqu_e aucun fait ~aillant, rien de cuneux ou de dramatique.
Sa longue ~xiste~ice tranqwlle consacrée au travail journalier, s'est
.
dél'oulée sans accident, son talent s'est formé lentement, normalement,
il a développé ses dons par un labeur ininterrompu et logique qui durant soixante
ans a rem11li toutes ses heures.
0!3 peu! cependant fixer quelques traits et quelques dates qui pourront aider
à faire r~~1vre Je c_aractère _de cet honnête homme simple et droit, issu de la vieille
bourgeoisie française dont il conserva toujours les habitudes et les manières.
·
Il na1uit en 1796 à Paris, rue du Bac, d'une mère modiste et d' un père ancien
employe de ~w:eau ~~ve_n u comptable. De sept à onze ans il fut interne au collège
de Rouen PUI~ Ju~qu a dix-neuf ans dans une école à Poissy. Le père de Corot est le
type du boutiqmer de Ba!zac : J~ge ca~quette plate, redingote flottante, culotte
courte, sa. ~~r~ au contrai~e avait une figure douce -et naïve, un air de délicatesse
e~ de sens1b1hte dont_ devait ~ériter son fils. La jeunesse de Jean-Baptiste Corot
s écoula dans ~rn~ ~rnère-b?utique de commerçants formalistes et dignes, pleins de
respect pour I opuuon publlque et pom les préjugés séculaires.
De tels paren~ n'imagi_naient pas qu'il y eût d'autre carrière possible pour les
leurs. que_ celle qw leur av?-1t valu une fortune honorable et la considération publique.
Aussi le Jeuue Cor~t fut-il placé, ses études à peine terminées, chez différents marchands de ~ap amis de sa famille et où il fut censé apprendre le commerce. Malgré
que ses d_ésirs fusse~t différents, il s'inclina plein de respect pour l'autoritè pater~elle, mais ne réussit point à s'initier aux mystères de la vente et de l'achat aussi
fmalement, sa famille découragée consentit à Je laisser obéir à sa destinée et e~bras~
ser l'état de peintre pour lequel il se sentait né.
. Il fut ~w:ant un an l'élève de MichalJon, jeune prix de Rome qui momut très
.Jeune, pws il pas~a ~ns l'atelier de Bertin où il apprit les formules alors en usage
dans le parsage histonque et hors desquelles il semblait qu'il n 'y eût point de salut.
Au sortir de chez Bertin, Corot voyagea. Il partit pour l'Italie et là, livré à luimême, commença en face de la nature à prendre conscience des directives qui devaient régir toute son œuvre.
Entre 182!&gt; et 1829 se placent la plupart des paysages d'Italie, qui forment peut•
être la partie la plus pure de sa production, celle en tout cas qui, avec ses fi.
gures, nous touche le plus profondément.
A so~ reti;mr en F1;ance Corot ~'inst?-lla quai Voltaire et sa vie se partagea entre
s?' famille _et son ate!•er. ~haqu~ Jour_, ll_fu~ au trnvail à huit heures du matin et s'y
tmt régulièrement JUSqu au soir. Ains1, Jusqu'à sa mort qui surviendra en 1875
sans qu'aucun événement vienne troubler sa quiétude, il vécut entre son travail
A

871

et ses amis d'une existence calme et boutgeoise que seule la perte de ses parents et
de sa sœur affljgea un moment. Ce furent là peut-être les seuls grands chagrins de
sa vie. Il y fut très sensible, car il n'avait pas quitté jusque là les siens et éta:it de•
meuré constamment auprès d'eux, ne les quittant que pendant la durée de ses voyages.
Il n'y eut pas en effet d'homme plus sain, plus calme, plus équilibré que Corot.
Il ne connut jamais ni dans sa vie ni dans son œuvre les excès où tombent constamment les natures tourmentées. S'il eût été le petit boutiquier que son père avait
souhaité qu'il fût, son mQde d'existence n'aurait pas été différent, cari1 ne crut point
nécessaire pour être un bon peintre de répudier ses origines et d'agir autrement
qu'avaient toujours agi les siel).S. Disposant de rentei, suffisantes pour assurer son
existence, ayant fort peu de besoins, il peignit tranquillement, sans ambitionner
le succès et la gloire vint à lui sa.ns qu'il l'eût appelée. Sa carrière se déroula Jent~ment, sans heurts, peu à peu il s'imposa à l'attention de ses contemporains, et vit
sa notoriété s'aecroître de jour en jour, comme une juste compensation de ses efforts quotidiens. Ses ennemis même le combattirent juste ce qu'il était nécessaire
qu'il le fût pom accroître son prestige.
Son aspect physique était l'image de son caractère. De ha.ute taille, bâti en athlète,
la figure rasée, le menton énergique, l'œil illuminé de gaieté, il respirait la sauté et
Je bonheur de vivre. Sa nature confiante, généreuse, son caractère tranquille, lui donnaient l'houeur des drames et des complications inutiles. En lui coµune en son
œuvre _tout est mesure et équilibre. Il garde avec tous et dans toutes les occasions
ses manières simples, sa cordialité joviale, sa casquette et sa pipe. Il a des amis parmi les artistes ses camarades et il continue à fréquenter les vieilles rela.tions de sa
famille. Avec les uns il parle de son art et de ses préoccupations, avec les autres il
ne dédaigne point de s'intéresser aux lieux communs qui sont la base des conversa•
tions bourgeoises. De même il adore la belle musique et ne méprise point la chansonnette comique. Il sait parfaitement raisonner lorsqu'il est devant son chevalet, il
sait se discipliner, et a sur son art des idées très arrêtées et très peJ:Sonnelles, mais
il n'éprouve point le besoin de les transposer en formules obscures et grandiloquentes. Tout en lui est aisé, naturel, discret.
Quant à sa bonté elle est tr?P connue pour qu'il soit besoin d'y insister. ]Jmesuf•
fira pour montrer à quel point elle fut délicate de rappeler deux anecdotes assez
connues, mais qui valent la peine d ' être redites car elles sont caractél'istiques.
Souvent, à Il\ fin de sa vie, il arrivait.que des élèves dans le besoin lui apportaient
leurs études pour lui demander ;conseil. Corot donnait des explications, retouchait
complètement l'étude puis interrogeait en souriant: « Et maintenant une petite si•
gnature? »
L'autre anecdote plus connue encore fait particulièrement honneur à Corot. Celuici, sachant que son ami Daumier, dont il estimait beaucoup le talent, allait être expulsé, faute de pouvoir payer son terme, de la petite maison qu'il occupait non loin
de Paris, acheta la bicoque, la fit remettre à neuf et envoya les titres de propriété à
Daumier. Toute la vie de Corot est pleine de semblables générosités, il est bon de ne
point les passer sous silence, car elles sont un des traits essentiels de son caraçtère et
se reflètent indirectement dans son œuvre. Daubigny disait de lui: « On le remplacera difficilement comme artiste, comme homme, jamais. »
C'est la 1:neilleure conclusion qu'on puisse trouver à ces notes qui ont essayé de
faire revivre Corot durant les soixante années où il vécut bourgeoisement en édifiant
une œuvre qui demeurera comme une des plus .importantes de celles que vit éclore le
dix-neuvième siècle.
XXX.

NOUS JLLUSTRONS CETTE BIOGRAPHIE AVEC LES REPRODUCTIONS DES « FIGURES • IMPORTANTES DE J.-B. COJWT. NOUS
PUBLIERONS DANS NOTRE PROCHAIN NUMÉRO UNE ÉTUDE SUR
SES PAYSAGES D'ITALIE AVEC D IABONDANTES ILLUSTRATIONS.
N.D.L.R.

�SCIENCES
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~7J@B,J:QlrN~ DU A~Jç6T~
D J~Hi 1\1! 0 HD B S

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~T

PAR

PAUL RECHT

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ous ne connaissons la matière que sous _ trois états que nous
savons modifiables_ d'après la variation ~es facteurs ambian~s :
température, press10n, etè.... Ce à quoi nous pensons moms
communément, c'est à l'influence que la vitesse de giration, par e.xemp1e,
·peut avoir sur les liquides ou sur les gaz. Déjà, dans un précédent article,
nous avions décrit et précisé les influences gue les hautes pressions ont
sur les corps plastiques. Nous voulons, aujourd'hui, parler des matières
fllll:des soumises à des forces c!;lntrifuges et envisager les conséquences
logiques de leur application.
D'abord, nous constatons partout autour dè nous, l'existence de tourbillons, depuis les anneaux de fumée jusqu'aux cyclones. Il suffit que deux
couches fluides viennent à frotter l'une contre l'autre pour que leur surface de contact s'organise en tourbillon; une fois unis, ces tourbillons
se conservent et progressent. Ainsi, on arriverait ,à donner à un jet d'eau,
par l'intensité de la giration, une rigidité assez grande pour briser une barre
d'acier. De même que les tourbillons gazeux engendrés par la déflagration
de la poudre creusent dans l'âme des canons des sillons profonds. Lorsqu'on
produit à l'aide d'un ventilateur un tourbillon aérien vertical, il suffit de
diriger sur sa base le courant d'air d\une soufflerie pour voir, suivant le
cas, le tourbillon s'incurver vers la droite ou vers la gauche ou bien encore
remonter vers ]es régions supérieures, se désamorcer et disparaître. En
interprétant ce phénomène, on a pu expliquer comment certaines collisions entre un toûrhillon de la haute atmosphère et des vents de surface pouvaient engendrer de b~usques dépressions bàrométriques. Ainsi
par des sondages appropriés, la météorologie peut prévoir ces dépressions
presque systématiques. Mais, les mouvements tourbillonnaires ont reçu
une interprétation beaucoup plus fastueuse en cosmogonie et ils peuvent, aujourd'hui, servir à expliquer la genèse des mondes.
Dès longtemps, Descartes avait compris qu'une phase chaotique, où
r~gnaient à _reu près seules les forces répulswes, avait précédé la phase
dite ni;wtomenne où allaient dominer les forces attractif/es.
Les théories de Newton intéressent donc la période actuelle de notre
système solaire mais ne permettent aucunement d'en imaginer la formation.
Laplace avait tenté une synthèse, mais elle était tout aussi chimérique que la formule universelle à laquelle il croyait et qui aurait permis
(1) Voir dans !'Esprit. N&lt;YUveau, No 7,

«

Tensions et Pressions "·

Fig. 3.

aussi bien de déterminer quels étaient les traits du masque de Phèdre
que de déterminer telle contingence d'un lointain avenir.
Les lois de l'embryogénie sur la fécondation et l'évolution mendélienne,
la théorie des actions et des réactions en mécanique et peut-être l'utilisation contrastée des CO'!,Jleurs complémentaires dans la peinture impressionniste semblent représentatives de l'orientation profonde de la vie
parce qu'elles s'intéressent plutôt à l'émanation de deux éléments qu'à
leur substratum.
De mêmé que les règnes de la nature comportent des espèces d'une
variété inouie, de même les astres présentent une grande variété de forme inhérente au même fait de dualité qui préside à leur formation. Mais
pour que les parents cosmiques fondent une famille nouvelle, il faut évidemment qu'ils se rencontrent. Connaissons-nous de ces rencontres dam
l'Univers ? Oui, et ce sont précisément les Novae, ces astres étranges à
évolution rapide. Mais, au reste, qu'est exactt:ment une Nova, c'est en
principe une étoile nouvelle, mais c'est plus réellement un chôc lumineux
entre deux masses lumineuses, l'une, ressemblant à une nébuleuse planétaire à peu près sphérique douée d'une rotation intense, l'autre, pa• reille aux nébuleuses amorphes bien co.nnues Et douées seulement de
translation comme un cirrus dans l'atmosphère.
Voici ce qu'imagine M. Emile Belot, fondateur de ces théories cosmogoniques .
. Adm,ettons l'existe?ce pr~nùtive (phase cartésienne - forces de répuls10n) d un tube tourbillon orienté, par exemple, vers la constellation Hercule (cas de notre système solaire), animé à sa périphérie d'une vitesse

�Fig. 2.

voisine de 75 .000 kilomètres à la seconde:Or, il advint que ce tube tourbillon lancé comme un projectile dans l'espace vint heurter par sa pointe
un nuage cosmique, le choc fit vibrer le tourbillon comme il advient lors
qu'un filet d'eau vient frapper un obstacle solide, de même que la veine
liquide se divise en nœuds et en ventres, les tourbillons se divisent en
nœuds et en ventres alternés et équidistants.
Puis, chacun des ventres entraînés par la vitesse de giration fit explosion et s'épanouit comme une tulipe en donnant naissanceàunenappede
matière cosmique et chacune de ces nappes servit de berceau à une des
planètes; c'est ainsi que naquirent presque en même temps que le Soleil,
Mars et Vénus, la Terre et Mercure, le gros Jupiter avec Saturne, Uranus
et le lointain Neptune et alors seulement, les lois de la gravitation_universelle devinrent applicables à cet univers coagulé (1).
L'expérience suivante (2) va nous apprendre ce que produit un choc
gazeux sur une sphère gazeuse qui sera représentée par une grosse bulle de
savon B faite avec le lig_uide de Plateau. Ici, l'attraction est remplacée
par la tension superficielle du liquide ; dans les deux cas, la sphère est
élastique et vibre par un choc. En effet (fig. 1), soufflons brusquement
en S sous la bulle B: elle s'aplatira en un ellipsoïde qui sera renflé alternativement aux pôles B', B"' et à l'équateur B, B", en sorte que dans son
trajet dans l'air (représentant la nébuleuse) l'enveloppe de toutes ses positions formera comme un tube-T à renflements périodiques. Dans ces bulles
de savon la tension superficielle est trop forte pour que la matière de renflement équatorial en E, E", etc., soit projetée au dehors: mais dans la
(1) Voir l'article sur « Les Tourbillons » de M. L. Houllevigne, paru dans le Temps
du 4 juillet 1916.
(2) Voix la conférence faite par 1\1. E. Belot sur « L'Origine des Mondes», éditée
par l'Association française pour l'avancement des sciences.

Fig. I.

réalité cosmique il y aura émission équatoriale de matière, car à l'impulsion radiale qui résulte de l'augmentation du rayon (de B' en B", etc.),
équatorial, s'ajoute encore l'accroissement de force centrifuge du noyau
en rotation, pourvu toutefois que le choc cosmique se soit produit dans
la région polaire du noyau solaire en rotation, alors les nappes émises
auront aussi un mouvement de rotation qui sera capable d'équilibrer l'attraction centrale du noyau.
Pour les autres syst'èmes sidéraux, les plus importants de beaucoup sont
les nébuleuses spirales, dont on a déjà dénombré plus d'un million Sl!r les
plaques des grands observatoires américains. 'Quel lien m.ystérieux existe
entre les mouvements presque circulaires de nos planètes sur leur orbite et
les mouvements divergents de la matière steJlaire sur les branches des
nébuleuses spirales-? Nous avons vu plus haut que pour expliquer les nappes- planétaires? il faut admettre non seulement leur émission rac,l.iale,
mais leur rotation autour de l'axe du noyau solaire, ce qui exige que le
choc de celui-ci sur la nébuleuse se soit produit par sa région polaire.
Qu'arriverait-il si le choc du noyau en rotation se produisait sur sa
région équatoriale ? Voilà le second cas de ce même problème d'un choc
cosmique qui va nous livrer le secret des nébuleuses spirales.
Imaginons donc une sphère gazeuse S en rotation dont les pôles sont en
PP' et dont l'équateur EE' est le plan de la figure (fig. 2); elle rencontre
par sa région équatoriale une nébuleuse N dont la vitesse rotative V est
aussi dans le plan EE'. Du côté E la matière nébuleuse se comprime tout
en accélérant la vitesse de rotation équat,oriale qui est de même sens. En
E ou la vitesse V de la nébuleuse est parallèle à la vitesse tangentielle du
noyau, la matière adjointe à celui-ci se partage en deux: celle S, qui échap-

�876

L'ESPRIT NOUVEAU

pe tangentiellement sous forme d'une spire qui s'incurve vers S en raison
de son attraction et celle de M qui, avec une vitesse accélérée, continue à
suivre l'équateur du noyau.
Du côté opposé E' quels phénomènes vont se produire ? La matière nébuleuse N glisse sur le noyau : l\fais sa vitesse V est, ici, en sens inverse
de sa vitesse de rotation ? la collision est donc maxima de ce côté. Elle se
traduit pas une dilatation de l'équateur et un bourrelet B qui écarte sa
matière du centre d'attraction P. La force centrifuge dépassant alors l'attraction centrale fera échapper en E' une seconde spire S2 également
incurvée vers le noyau par son attraction, mais qui tendra à s'aplatir
en S3 par la vitesse V de la nébuleuse et être chassée par elle en S4 loin
du noyau B.
Supposons maintenant qu'à une certaine distance du noyau S la spire
S1 ait sa vitesse V2 assez diminuée pour ne pouvoir dominer la vitesse
antagoniste V de la nébuleuse N : la spire S1 sera refoulée sur elle-même en
S' qui formera une nouvelle agglomération nébuleuse favorisée encore par
l'attraction du noyau S. Or, c'est précisément que ce l'on constate dans la
nébuleuse des chiens de chasse sur l'une des spires seulement, l'autre correspondant à S2 étant au contraire étirée et comme diluée dans l'espace en
S4 par la vitesse V de la nébuleuse N. Il existe d'ailleurs plusieurs nébuleuses spirales présentant ces mêmes particularités qui exigent pour se
produire deux conditions : 1° la vitesse V doit être à peu près dans le
plan équatorial du noyau S et par suite, dans le plan des spires S, S2 ;
2° la nébuleuse N doit avoir assez d'épaisseur dans le sens perpendiculaire
à EE' pour que la spire S1 n'en sorte pas avant qu'il ait atteint le point
S où elle pourrait être refoulée sur elle-même.
Ajoutons que, contrairement aux théories modernes de beaucoup d'astronomes, notre théorie prévoit que la matière des spires s'éloigne du
noyau en tournant autour de lui dans le sens même de sa rotation et que
c'est bien le sens de marche qui a été constaté en 1916par Vanl\1aumenen
comparant les clichés des mêmes nébuleuses spirales pris à quelques années de distance.
Ainsi, toutes les particulari és des nébuleuses spirales se trouvent expliquées par le choc équatorial d'une nébuleuse sphéroïdale sur une nébuleuse amorphe.
Le problème de l'origine des mondes ne devait-il pas nous mener jusqu'au chaos primordial, au tohu bohu sortant des mains du créateur ?
Ne devait-il pas nous expliquer d'où est venue cette différenciation des
êtres cosmiques dont la conjonction a produit les soleils, les planètes, les
satellites et sans doute aussi les atomes, systèmes solaires en miniature ;
où les nébuleuse initiales ont-elles puisé leur vitesse formidable de rotation et de translation ? Nous pouvons répondre que la science remonte
seulement où elle peut, c'est-à-dire à l'avant-dernier stade des transformations cosmiques qui précéda l'ère paisible de nos astres actuels : aujourd'hui elle avoue ignorer pourquoi il y a des êtres cosmiques de deux
catégories, les uns doués de rotation et de translation, les autres de translation seulement. De même elle ne peut expliquer l'existence de deux sexes
dans le règne animal et végétal. Ce qu'elle constate, c'est que le dualisme
est universel à l'origine de tous les êtres dans le domaine cosmique comme
dans les autrès règnes. Et c'est là une acquisition nouvelle pour la philosophie naturelle.
Paul RECHT.

..J

Î

..

MAX JACOB

Max Jacob en dix minutes
PAR

HENRI

.:t

HERTZ

E pense qu'il n'est personne, ici, qui ne connaisse Max
Jacob.
MAx JACOB est connu, très connu, désormais.
Et c'est notre bonheur, à nous qui, durant des années,
l'avons suivi à travers l'obscurité, dans « Les ingrates allées
çerdoyantes &gt;&gt; dont parle MÉRÉDITH, où malgré les fleurs et les
feuillages, le ciel et l'horizon sont opaques ».
Mais précisément parce que Max Jacob est connu, il faut,
sans perdre une minute, s'attacher à le faire connaître, car
rien n'est incertain et perfide comme la situation d'homme
connu, lorsqu'on l'est pour le maniement des grandes lueurs
fugitives de l'expression poétique : on risque, à tout instant,
de n'en être que plus brillamment méconnu.
Je parie qu'en ce moment, ici même, dans cette maison
pleine de lettrés et de psychologues, il existe une bonne demidouzaines de façons de connaitre Max Jacob.

J

�878

879

L'ESPRIT NOUVEAU

MAX JACOB EN DIX MINUTES

Il y a Max Jacob, le causeur, l'homme d~ monde, ingénieux
à ravir un salon frivole, encore qu'il y distille quelque chose
d'assez stupéfiant.
Il y a Max Jacob, le thaumaturge qui, familier avec les
astres, s'efforce d'acclimater leurs signes fatidiques aux destinées qui lui sont chères.
Voici un solitaire négligé, un solitaire àlasuited'excèsdesociabilité,.un monastique promeneur, inabordable, distrait, que
l'on ne peut plus saisir, qui ne fréquente qu'un petit calepin
qu'il barbouille, sans fin, de secrets au crayon, en errant, chérubin perdu, dans les bois de Paris.
·

Vous allez le défigurer en sa vie, ce qui est fort discourtois;
vous allez altérer la vue de son œuvre.
Ne dissociez jamais ce captivant, · ce captieux ensemble,
ce composé primesautier qu'agitent harmonieusement de spontanées et naturelles contradictions. C'est sur lui que 1·epose
la plus fantasque, la plus ductile féerie littéraire.
Ah ... Ah! il est temps - bien que les penchants de la société
s'y prêtent mal - que l'on comprenne qu'il est des hommes
sur terre, dont la fonction n'est que de réunir et faire chatoyer
en eux les impulsions dissemblables de la vie qui porte leur dérive ..
Ils gênent, je sais, la morale et ne paraissent avoir aucune
utilité. Ils ne sont ni imposants comme des p·olitiques, ni
vertueux comme des pasteurs ; ils ne bénéficient même pas,
· dans l'exercice de la mobilité, de cc l'action directe &gt;J, si séduisante, des acteurs. Ils sont dans u:p.e évasion perpétuelle. Ils
sont le danseur· de corde toujours mourant, toujours agile,
dont le prophète scella le cadavre dans un tronc d'arbre et
qui y devint, aussitôt, sans doute, une charmante dryade.
Max Jacob est de ces hommes là.
Même la foi, la rude foi catholique à laquelle il est venu, n'a
pu exclure, chez lui, tout ce que reçoit constamment et assimile, en vert-µ d'une lyrique endosmose, sa nature avide, inquiète et si hospitalière, son intelligence sans cesse en alerte et
en alarme : Max Jacob a passé d'un dieu à un autre; il a
changé de Dieu, mais il n'a pas changé.

J'écrirai donc, toujours, mes ()ers sur mes manchettes, dit-il.

Max Jacob chez lui, rue Ravignan, autrefois, rue Gabrielle,
à présent, accoucheur socratique des vocations qui frappent à

s-a porte, hôte évangélique de quiconque, durci par la raison
ou rendu fébrile par l'ennui, a besoin de l'assistance délicieuse
de la fluidité ; bienfaiteur aussi - quand c'est possible - des
plus pauvres que lui, ses voisins.
Max Jacob, le peint1·e, un petit monsieur très volubile, qui
va vite, ses toiles et gouaches sous le bras. On le rencontre à
Montparnasse, on le retrouve rue de la Boétie. Jamais rue
Laffitte : il est trop tard pour elle. Sa suprême concession fut
la rue Richepanse.
Max Jacob, le croyant, celui qui prie la nuit, au Sacré-Cœur,
qui se tourmente sur. son âme trop joueuse, et qui la livre,
la subtile, la rouée, l'innocente, à Dieu, en offrande, en faisant
tout pour qu'elle s-e présente, à ses pieds, avec u:µe mine suffisamment macérée.
Tous ces aspects de Max Jacob sont vrais, tous concourent
à sa figure de poète. C'est pourquoi j'ai dû être indiscret et en
parler.
Mais si vous vous arrêtez, plus d"une seconde, à chacun
d'eux, en vous persuadant paresseusement qu'il est, àlui seul,
tout Max Jacob, vous êtes sûr de vous tromper et vous allez
le défigurer.

{

.

1

1

.:

Emanant tout de go et avec une admirable sincérité de cet
être à la fois ingénu et_compliqué, l'œuvre de Max Jacob forme une masse plantureuse, tantôt vers, tantôt prose, tantôt
les deux mêlés. Elle comprend un roman SaintMatorel, bientôt deux, car le Terrain Bouchaballe va paraitre, des pamphlets
sous forme de dialogues ou de nouvelles : le Phanérogamme.
le Cinématoma, et des poèmes en vers et en prose, un ruissel-

�880

MAX JACOB EN DIX MINUTES

L'ESPRI'l' NOUVEAU

lement de poèmes : ŒufJres mystiques et burlesques -defrèreMatorel, le Siège de Jérusalem, la Côte, le Cornet à dés, la Défense
de Tartufa, et, prochainement le Laboratoire central, sous presse.
Max Jacob s'est mis à cette œuvre, une fois qu'il eut conquis l'indépendance, nous savons à quel prix. Sans trêve, sans
ambition, sans espoir, il échafauda manuscrits sur manuscrits.
C'est une œuvre qui n'a pas de date, pas d'actualité, qui a
attendu l'heure de paraître, avec soumission et avec dédain.
Romans, nouvelles, pamphlets ? A contre-cœur on se résigne - on y est bien obligé - à employer ces qualifications
habituelles. En réalité, aucune classification n'est possible.
Cette œuvre est un flot impétueux d'éclats, d'aperçus, de
silhouettes, de fantômes, de fantoches et ce flot ne se délimite et
ne se circonscrit que sur les bords, si l'on peut dire, et par le
hasard des rives.
Ce qui ajoute encore à l'embarras c'est que cette matière
poétique regorgeante qui se nourrit par elle-même, en profondeur, demande aussi tout èe qu'elle peut au simple jeu de la
forme et rassemble par dessus un fourmillement de sensations
et d'émotions imprévues, surprenant es, une profusion de styles
litt éraires. Styles éprouvés et styles vierges, Max Jacob les aime
tous, les choie tous, les manie, les remanie, quitte à leur glisser
brusquement dans le cœur, comme faisait Hamlet pour ses statuettes de cire, la longue aiguille maligne de son caprice. Il
s'apparente à la tradition, à toutes les traditions, à celle du
moyen âge, à celle de l'humanisme, à la classique, à la romantique. Il a l'air de les respecter. Puis, tout d'un coup, d'une
chiquena~de bien placée, il en fait éclater la cosse vraiment
par trop fossile, et donne jour à lme série d'explosions tendues
et fines éveillant, le long des cordes du sentiment, des ricochets
précipités, qui n'ont de but que dans le vague, infini ...
Quels feux d'artifices ! Quels éclairs étincelants ! Que de délicats orages ! Quel bombardement de surprises et &lt;l'attrapes
verbales artificieuses ! Ensuite., nous revenons à de majestueuses phrases, un peu sombres, à la Nicole, à un calme pas-

/

881

sionné très racinien, ou bien à des grâces et danses canoniques,
surgissant tout droit du xvm 0 siècle.
A qui affilier, à qui comparer ce prestidigitateur? Je n'en
sais ma foi, rien. Peut-on le définir ? Il l'a essayé lui-même.
Il a écrit une préface à la Côte, et une préface au Cornet à dés.
Mais la Côte, ce sont des chants bretons traduits en français, ou
des chants français traduits en breton, je ne sais pas au juste,
lui non plus, peut-être. Et, dans la préface, il a fort à faire de
s'en prendre aux celtisants de profession, aux anglomanes et
aux mécènes, tout en adressant le sourire de son souvenir mélancolique aux amis de son enfance, à ses chers amis de Quimper, qui chantaient naïvement, dans l'atelier de brodeurs, près de
la cathédrale. Tout ce qu'il a le temps de dire de lui, c'est qu'il
ne sait pas du tout l'hébreu, ni le grec, trois mots .de breton,
trois d'anglais, « strugle for life », qu'il n'a tué personne et qu'il
fait fi de l'argent. Ce n'est pas beaucoup.
Quant à la préface de cette corne d'abondance ·qui s'appelle le Cornet à dés, elle établit très savamment en quoi consistent la situation et le style, et le rôle de la distraction, en
art, et comment, en ce qui concerne le poème en prose, le Cornet à dés est excellent à ces trois points de vue. Poète en prose
ou plutôt, auteur de poèmes en prose ? Oui Max Jacob est
cela, je le veux Dien. Mais n'est-il que cela et en sommes-nous
plus avancés ?
Il est de partout, à la fois, autant dire de nulle part. Il sait
être vers-libriste et il sait être versificateur. Il est un jongleur
incomparable de raccourcis et de syncopes et il conte et disserte comme on le faisait aux Charmettes.
.
Il donne l'idée de quelque trouvère de grand chemin qui,
se plaçant devant les avenues de la littérature, empêche tout
ce qui s'y est entassé, de passer, de mourir :
- Attendez, attendez, vous allez voir; vous n'êtes pas si
mortes que cela, crie-t-il aux lentes périodes d'alexandrins ;
vous n'êtes pas si mortelles, crie-t-il aux pédàntes analys~s
discursives. Venez tous réalistes, vieux panaches, et philosophes, et baladins, vous allez voir ce que je ferai de vous !. .. »

�882

L'ESPRIT NOUVEAU

LES REVUES " REVUES "

Puis il se tourne de l'autre côté, vers le vide, vers l'avenir
et son langage transformé, un peu hagard, devient muet et
secret comme des trainées de lune.
. C'est un veilleur et un guetteur singulier, au carrefour en- ·
combré d'un vieux siècle.
Avant tout, jamais il ne consent à sacrifier l'enregistrement
immédiat, en sursaut, de ce qui traverse, d'un bond, sa sensibilité su(3ceptible. Tandis que la plupart des écrivains se canalisent assez vite et s'apaisent dans une formule, il obéit
•, à une verve secouée, inlassablement, d'une lucidité diffuse.
On pense à Rimbaud qui, partagé entre le scrupule de s'en
tenir aux jets de son âme et celui d'affecter une contenance
artistique trop étudiée, reniant tout ce qu'il avait fait, prit
le parti de ne plus rien faire. Seulement Max Jacob, doué
d'une fertilité adroite pour le cliquetis des apparences, sait
toujours, avec malice, habiller les idées s_auvagesses, rendre
mondains les fauves, de sorte que nous n'avons point à redouter que la gaieté de la création l'abandonne.
Ai-je bien laissé entendre ou, plutôt laissé deviner ce qu'est
eette œuvre prismatique ?
Max, tu donnes bien du mal en dix minutes ...

1

Henri HERTZ.
Préambule à une lecture de poèmes faite chez Madame AUREL, le jeudi 7 avril 1921.
~

MUSIC-HALL

LES REVUES " REVUES

"

PAR

RENÉ

A

BIZET

Pâqui:s, les Music-Hall~ parisiens, Casino de Paris, Folies-Bergeres ,en t,ete, ont renouvele leur spectacle. Ou plutôt, à une revue
. a succédé une autre revue, avec le~ mêmes couplets, les sketches
quasi semblables, les mêmes girls et les mêmes femmes nues.
Le Music-Hall ayant trouvé sa formule productive, depuis quatre ans
VAN,T

883

l'applique rigoureusement sans faire d'effort pour utiliser les merveilleux
moyens dont il dispose.
Voyez d'abord, les Folies-Bergères.
On y dépense largement l'argent. On y est assuré d'une.clientèle qu'un
promenoir plus ou moins bien fleuri, suivant les saisons, attire et retient.
Il y a &lt;!ans ce vaste hall une atmosphère plaisante, parfumée, exotique ;
aux soirs d'ennui on y vient pour s'évader du monde gris. Cela-tient de la
maison spéciale aux ports et du cirque. C'est tumultueux, criard de couleurs, plein de laisser-aller et de civilisation ·vieillie.
On y pourrait donner des ballets, des fantaisies un peu légères, libertines ; on entendrait volontiers de la musique amusante. Des danses
d'Afrique ou d'Asie désarticuleraient le rythme banal de la promenade
circulaire des spectatrices professionnelles ... Que d'images neuves, imprévues nous y pourrions admirer, au cours d'unerevuesobre,etsansprétention à la gaîté. Des clowns et des excentriques suffiraien.t ànous faire rire.
Au lieu de cela, on demande à M. Lemarchand qui tient bureau d'esprit,
de décoration, de costume, de chaussures et de mise en scène, un spectacle qu'il compose de son mieux, certes. Car nul doute qu'il ne prenne beauc9up de peine à nous prodiguer tant de banalités. C'est son excuse et nous
lui en voudrions de ne la lui pas laisser. M. Lemarchand est ainsi fait qu'il
en est encore aux vieilles reconstitutions de tableaux célêbres, aux défilés
des quatre saillons. Cela témoigne des fortes convictions de son âge mur,
et d'une belle résistance à l'esprit moderne. Il faut de ces laudatores temporis acti.
Il en faut, puisque les Folies-Bergères ont maintenu l'Amour en Folie à
leur programme pendant près d'un an, et que le poducer sous lë titre :
C'est de la Folie a redonné la même revue. Mais je.crains bien tout de
même, pour l'honnête commerce de M. Lemarchand, que cela ne puisse durér longtemps.
Comment supposer, en effet, qu'un public saturé comme le nôtre, de
vaudevilles et de plaisanteries grasses, de femmes dévêtues et de rodeurs
de barrière, s'intéresse encore pendant des années à ces pauvretés imaginatives que :sont les tableaux de C'est de.laFolie, aux sottises fâcheuses
des sketches ahurissants ,qu'on ose nous présenter ! L'étranger baille, le
Parisien hausse les épaules. Et s'il n'y avait pas les charmes particuliers
de l'établissement, je crois qu'on iinirait par en oublier le chemin.
En tout cas, esthétiquement, de telles représentations ne peuvent pas
nous intéresser. Là, le Music-Hall rejoint le théâtre, et ses momes formules, et ses tristes rabâchages. A peine donne-t-on quelques coups d'œil
aux danses de Germaine Mitty et de Til).io, couple tourbillonnant qui
dépense des ressources infinies d'adresse etde force pour exéc11ter des danses
trop rapides, trop brutales, et qui ne leur permettent point de laisser adminer leurs rares qualités d'acrobates.
Dorville, lui-même, Dorville, cette irrésistible force comique, cette verve populaire, caricaturale, qui suscite le rire, quasi mécaniquement, par
le seul aspect de sa trogne et par ses cris, n'a que des rôles incohérents.

�884

L'ESPRIT NOUVEAU

Le Casino de Paris a mis plus de coquetterie dans son effort. JI faut
d'abord reconnaitre ce mérite à ceux qui le dirigent qu'ils ne présentent
que des spectacles fort bien au point. JI y a toujours dans la série des scènes, un tableau d'un goût délicat qui fait plaisir aux yeux. Cette fois ce
sont les grandes amoureuses qui viennent habillées par Poiret, offrir à nos
imaginations toutes les gaîtés des couleurs, des ruissellements de perles, et
le souvenir d'époques que nous voyons fastueuses parce qu'un nom seul
suffit à évoquer autour de lui des splendeurs.
Il y a là un costume jaune d'or, portée par douce amie d'Abeilard, qui
est une sorte de chef d'œuvre de grâce éclatante. Pour moi, c'est toute la
revue. Cette longue robe m'éblouit, et vêt de rayons toutes les autres fantaisies plus ou moins réussies de A"ec le sourire. Elle, et Chevalier, suffisent à ma joie.
Il faudrait écrire un jour quelque plaquette, de l'excelle.nte influence de
Che"alier sur l'esthétique du Mu.sic-Jiall; ce grand garçon qui semble toujours
avoir vingt ans, qui est rose comme une rose, et souriant comme un gamin, est la bonne santé et la douce humeur de notre race. Il n'attache pas
trop d'importance à ce qu'il dit. Quand il ne chante point, il danse. Et
c'est la même gaité. Le même rythme bon enfant qui balance cette tête
fleurie, agite les jambes et tout le corps. Voilà la libre souplesse aussi plaisante qu'un libre esprit; ... qu'un poète moderne aurait en cet artiste un intelligent interprète IMais ce n'est pas aux auteurs des sketches du Casino
de Paris qu'il faut demander un essai original pour l'emploi d'un tel sujet. Ils fabriquent des scènes courtes, qui d'ailleurs sont d'une qualité supérieure à celle des précédents, mais qui hési ent toujours entre la comédie
et la farce et n'ont aucune vigueur.
Le metteur en scène, M. Jacques Charles, a réglé avec beaucoup de goût
les ensembles et les danses d'un bal de l'Opéra sous Louis-Philippe. Des
lumières à profusion, des taches de couleurs heureuses, un mouvement
alerte et bien scandé, des costumes un peu trop exacts pour mon goût,
font un tableau assez digne d'une féerie. Mais là encore, le courage manque
aux. auteurs, qui imaginèrent cette reconstitution. Ils ne s'évadent point
de la photographie en couleur. Ils n'interprètent pas une époque, comme
Poiret, ils en décalquent des images.
Aussi longtemps que le Music-Hall ne sera pas, franchement, nettement
autre chose que le théâtre, aussi longtemps qu'il ne sera pas ce qu'était le
cirque, jadis, c'est-à-dire un spectacl qui n'a aucun rapport avec la
comédie, le drame et la décoration théâtrale, il n'apportera pas ce qu'il
nous doit : l'expression fantaisiste de la vie moderne.
Le cinéma, art photographique pourtant, diraio-on, nous la donne bien
davantage. EtJe public est si peu routinier quoiqu'on pense, qu'il se précipite dans les salles où il peut poir des films. Là il vit dans son époque. Il
en subit la nervosité, la vitesse, l'imprévu ...
Le Music-Hall pourrait aussi bien. faire, et avec tout le prestige de ses
clartés, de ses danses et de ses rires.
René IlrzET.
La ToiMte (1918)

Collection Si71!on
DERAIN

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��Femme A ssise (!9 l4)

Collection S tmon
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DERAIN

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Collection Paul 1.J11il/a11me

La Grecque (1920)
DèRAIN

Portrait (Nov, 1918)

Collection Léonce Rosenberg
D ERAl N

�Portrait de l' Artiste (Nov. 1918),

DERAIN

Coll-ection Léonce Rosenberg.

Portrait (1921)
Col1ection Paul Guillaume
DERAIN

ANDRÉ DERAIN
48

�ANDRÉ DERAIN

ANDRÉ DERAIN
PAR

MAURICE

V

RAYNAL

songer un instant, je vous prie, à. l'effroyable
anxiété dont fut sans aucun doute assailli ce bon M.
Masson, de l'Académie française, lorsque terminant le
quatre-vingt-quinzième tome de son Histoire de la vie de
Napoléon, il ~pprit, tout-à-coup, brutalement, et sans qu'on
l'eût seulement ménagé de la plus élémentaire façon, qu'un
livre considérable venait d'être publié, un livre dont le ToutParis s'arrachait fébrilement déjà les exemplaires, et au sujet
duquel s'échafaudaient mille conjectures ; un livre intitulé
froidement : « Napoléon a-t-il existé ,, ?
Il est fort probable que le docte vieillard dormit fort mal
au cours de la nuit qui suivit l'annonce de cette terrifiante
nouvelle, et il faut avouer qu'il y avait de quoi.
Or un jour, voici de cela dix ans, Derain travaillait à une
œuvre importante, et ce de toute sa foi superstitieuse en l'art.
Perdu dans un nuage de tabac il semblait en peindre attentivement la fumée, quand soudain entra Picasso qui lui dit
en signe de bonjour : &lt;&lt;Ah! tu sais, c'est fini. Il n'y a plus
de peinture ... Non! ou si tu préfères la peinture est toujours
la peinture, mais elle n'est plus la peinture tout en l'étant
quand même. Tu comprends ? ,1
Derain reçut apparemment le coup sans broncher. Après
avoir profondément soupiré, il murmura en clignant un œil :
&lt;&lt; Voire ». Mais tout de même, il ne put s'empêcher de considérer que son pinceau, pas lui bien sûr, mais cet imbécile de
pinceau tremblait légèrement dans sa main. Hâtons-nous de
dire cependant que si Frédéric Masson perdit tout-à-coup le .
· sommeil à la suite de l'aventure ci-dessus rapportée, André
Derain, lui, dormit magistralement ses douze heures d' arrache-pied sans plus songer au coup de main, dont sous l'aspect
de Picasso, le Malin av.ait voulu surprendre sa foi.
Le lendemain donc il reprit son travail plein de la plus
sereine confiance, après avoir constaté que le pinceau ne
tremblait plus entre ses doigts. En détachant la feuille quotiEUILLEZ

dienne d'un calendrier qui lui offrait tous les matins une pensée nouvelle à méditer il lut ceci: &lt;&lt; Malheur à l'homme qui n'a
pas un certain fond de candeur et de confiance, düt-il en êt_re
dupe ,,. Mais fort posément il alluma sa pipe avec cet ar,hori?me sans examiner plus avant la question. C'es_t dire qu:Il av~t
définitivement oublié l'importance qu'un msta_n t Il avait
donnée la veille, à la nouvelle de Picasso, et c'est dans cette
disposition qu'il reprit sa toile à l'endroit q~'il l'avait_lai?sée
en fredonnant ce vieil air qu'il a-ffectionnait en particulier :
&lt;&lt; J'aime celui qui m'aime... ll, etc.
En réalité il n'arriva rien de tout cela ; mais faites comme si
les choses s'étaient passées de la sorte, et vous le verrez, nous
ne serons pas loin de compte.
.
. .
La sensibilité de Derain n'est jamais SUJ ette à l' afflict10n;
elle possède cette heureuse _disposition que son in?onstance
spécifique la sauve à chaque mstant,de tous les accidents, ~e
tous les abattements et de tous les soucis du monde. Derain
a quelquefois la puce à l'oreille, mais il n'avale jamais 1~ J??ire
d'angoisse. Quand il rit, ce ~'~st pas s~ule!Ilent d'une mmtie de
visage, comme le ferait un bilieux, mais bien de sa face tout entière. Aussi bien ne lui est-il jamais arrivé de prendre les événements de la peinture au tragique; l'oiseau n'est pas venu
voir comme faisait l'avion pour apprendre à voler dans les
règles, le sculpteur nègre ne rêve pas d'une Académie de ·Montparnasse. Derain considère plutôt la _peinture com~e une co médie que comme un drame, c'est-à-?ire ~omme un J~U excessivement varié et qui ne comporte Jamais de travail susceptible de le fatiguer.
.
.
. .. ,
.
Il est déjà aisé de concev01r pourquoi la sensibi½te de D_eram
est baignée d'une fraîcheur constamment renouvelee. Tout Jeune
il se promena dans les Musées. Il s'y promena, ?'est-à-dire _qu'au
lieu d'interroger méthodiquement chaque artiste sur ses mtentions, il recueillit sans lessolli_c iter les confidences que les Maîtr~s
voulaient bien lui faire. C'est qu'un au.tre événement retenait
plus_ ~espotiqu~ment son at~ention :_ la :7ue d:~ j~r~ns pos~s
derriere les fenetres du Musee, des Jardms ou Il etait permis
de fumer en regardant paysage et _pass~ts .. Ainsi Der~in ne
prit de l'art des Musées que ?e qm était stric~e?:1-e?-t fait ;1on
pas à la mesure, mais à l'umsson de sa sensibillte. So_n ~e
vibrait seulement lorsqu'elle était touchée par les radiations
qui se dégageaient des œuvres avec lesquelles elle était accor-

�·896

L'ESPRIT NOUVEAU

dée. Il conservait de ces impressions non pas un enseignement exclusivement formel, mais une émotion dont il perdait
bientôt la notion exacte et qui contribuait en définitive à
étoffer, à développer le riche tissu de sa sensibilité.
Certes, et corri.me je le disais plus haut, Derain fait preuve
d'une foi solide en la peinture. Mais au mot un peu idéaliste
de foi il serait bon d'adjoindre celui de besoin. Pour lui, peindre n'est pas un prétexte unique à construire des objets, mais
plutôt un moyen de s'exprimer, de se faire comprendre, de
livrer son opinion sur la nature. C'est ce besoin gui, dans ses
meilleures œuvres, se renouvel1e continuellement, ce besoin
qui en oes mêmes œuvres n'a pas adopté de moule particulier,
ne s'-est pas posé comme une nécei::sité raisonnable, n'a été
touché d'aucune littérature et n'est pas encore devenu un prétexte à faire del' Art. L'on sent en goûtant son œuvre d'avantguerre que Derain n'a jamais obéi qu'aux caprices de sa sensibilité et qu'il luttait contre les influences fâcheuses qui l'e1;1ssent porté à systématiser son penchant naturel pour la pemture. Avec tous les enfants que l'on ne mène jamais de force
aux cours du soir, il ignorait les mesures de l'espace et la perspective. Aussi faut-il se réjouir de l'avoir vu conserver cette
sage ignorance et d'être resté en l'âge d'homme le primitif qui
dort au cœur de tout enfant.
C'est ainsi que les œuvres les plus significatives de Derain
sont volontiers plates comme les idoles des Crétois, les figurines
des tombeaux de la Grèce primitive., certaines soulptures
-du Moyen Age ou les fétiches nègres. Toutes les parties importantes, indispensables sont soulignées, étudiées-individuellement, c'est-à-dire qu'elles ne sont pas choisies méticuleusement, ni concertées spécialement en vue d'un ensemble artistique déterminé à l'avance. Derain les synthétise chacune en
un schéma que son tempérament remplit toujours de la plus
délicate sensibilité. Il ne sent pas encore le besoin de composer
avec l'ensemble de ces éléments une synthèse générale dans
l'unique but de complaire au cadre de son tableau. Et quant
à la couleur elle a pour but de faciliter l'intelligence du sujet.
Ce ne sera que bien plus tard que Derain lui demandera. de,
rehausser la valeur du modelé plastique : et à cette occas10n
nous pourrons voir assez nettement que cette ~ntention ~'est
pas absolument conforme à la nature des qualités dont il est
pourvu. Ainsi ]' œuvre la plus personnelle de Derain semble
généralement conçue sous deux dimensions et ce grâce à cette

Le CaJ,vaire (J-912)

DERAIN

Collection Simon.

tendance à la schématisation dont la sensibilité humaine tend
à_ traduire - avant l'aide de tout autre moyen - les impress10ns que nous suggère la.vue des volumes. Et ceci n'est pas
chez Derain le résultat d'une convention décrétée à l'avance
mais bien l'effet de cette disposition humainement sensibl~
dont l'on trouve déjà les traces chez l'enfant. L'on aurait
donc ~e rius grand tort de croire que Derain travaille suivant
un prmc1pe ; et ce d'autant que d'aventure, il ne se gêne pas
touJours assez poux aller à l'encontre de ses tendances naturelles pourno'?s convaincre d'ailleurs .qu'il n'est pas toujours
b_on de v_oulo1r 3J?ender la nature. Mais hélas! la gloire est
s1_ ~a:uva1se ~°:nse1llère et, _d'autre part si impérieuse, qu'il est
d1füc1le de res1ster à ses exigences auxquelles nul grand artiste
n' é~happe. A chaque époque de l'histoire del' art nous trouvons
touJours quelque Chauchard qui poussera les grands artistes à
chau?hardiser_ c?ûte que coûte, c'est-à-dire à opérer la repro~uct10n ~n_ serie avec s?ulefi;ent l'adjonction de quelques variantes cerebr?1e.II?-ent d1sposees des chefs-d' œuvre qu'ils auront
au-rarav~t reuss1s av~c le p~us grand éclat et qui auront plu.
Mais pmsque tout artiste vit ses heures chauchardisantes, il ..

�898

L'ESPRIT NOUVEAU

n'est que de fermer les yeux sur es instants de faiblesse pour
se reporter à ceux qui ont yu l'éclo ion de leur plu profonde
sincérité.
Pour en revenir à Derain, nous diron qu'il semble avoir la
ferme conviction que a toile n'a qu deux dimen ion : c'e t-à
dire qu'il n'a jamais été inquiété par la question de la troi ième et moin encore par celle de la quatrième. Comme tout
peintre il po sède lr sen de la troisième dimension, mai il ne
croit pas devoir en faire état d'une manière précise ni définitive
par e qu'il n'ignore pas que a traduction ur la toilee. t toujours
subordonnée à quelque concept arti tique. Et commelasensibilité à &lt;leu - dimen ions e t Yéritablement le propr de a nature, l'on peut dire que les conséquen es pi turale qui en ré ultent con tituent, à cause mêm de 1 ur incérité chaleureu e
et de leur qualité de grandeur, un ca a ez rare dans la peinture moderne.
La théorie d'une quatri 'me dimen ion arti tique, c'e t-àdire celle qui n'a de mathématique qu'une appellation assez
fau e d'ailleurs, pui qu'il 'agit d'une dimen ion qui n'en a
aucune, cette théorie, di -je, n'est pa plu illégitime que celle
de la per pective. Peut-être même doit-elle la vie à celle-ci.
Ri n ne nou empê ·he de penser en effet que la notion de perspective contienne en germe ce concept d'hyp re pa e dont les
primitif avaient déjà le ntiment. Or, i Derain ne 'est jamai lai sé uborn r par ce goût pour la péculation qui e t l'un
de · ymptômes l plu légitim s de l'art d'une époque profondément inquiète et troublée, il ne 'e t jamai lais é non
plus convaincre par le règles de la perspective. Mais suivant
le principe que la création de règles uit toujour le émotions qui ont donné naissan e àl urs objets, il est ai é de reconnaitre que Derain emble généralement on idérer le plan de
sa toile omme l'âme essentieJle de la nature et qu'il estime
que la urface blanche on titue comme un hyper ·pace idéal
non plus àquatremaisà ndimen ion surlequcllesimage viendront e po er. Derain aute donc de la deuxième à la quatrième
dimension, c'est-à-dire que a sen ibilité n'accepte d'être encagée
que dan les formule les plu imples; c'e t-à-dire qu' lie réclame le droil à re pir r dans un espace que le mathématiques
n'ont pa encore irconscrit et qu'Euclide n'a pas ob curci
de po tulat pas toujours démontrables.
De là l'indéniable fraicheur qui donne à l'art, de Derain
l'aspect reposant t pl in de sérénité que l'on connait. De mê-

ANDRÉ DERAIN

899

me qu'il existe deux espèces de distin tion, il est deux sortes
de fraîcheur: la natur 11~ et ~•acqui~e- La fraicheur acquise dépa se ~on but. A voul01r faire frais l'on aboutit au glacial.
Voy~~ ~es alo~ officiels : la grâce y e t confondue avec le
mamerISme, ~'ai ~~ce ave~ l'~ffec~ation, l'élégance avec larecherc~e, la -yivacite avec~ épilep_s1e, la coquetterie avec le imagrees. SmvantquelesuJetlehncommandel'arti teicifournit
à e œuy1•es les a pet't de la fraie heur ou ceux de la é here e; et pour ce faire il mploie tous les subterfuaes de la
6
chimie picturale.
Ile t par contre des œuvres animées pour ainsi dire d'une
fraîche~r constante, d·une fraîcheur qui Yivifie les ujet qu'elle
touche mdép ndamment de leur repré entation. C'e t la fraich ur naturelle, c'e t-à-dire celle qui baigne en aénéral l'œuvre
de D rain. Pf:111' êt~e _né très jeun_e Derain au;a encore ·v ingt
an_ lor que 1 etat-crn~ youdra lm en o troyer soixante. u
p~mt que dan se meilleures un Derain n'hé ite pas à e
lai. er, por~ _r Pru.: l'ingénuité jusqu'aux bord de la naïveté.
Mais c e t ici le def aut d'une qualité que nou aimons l'un de
ces_ défa~ts g~e l'on goûte quelquefois plu que des quilité , et
qm -rarticulie~ement chez Derain se pré ente ous forme d'une
onf iance pleme de naturel, d'une in ouciance prime autière
et d'_une ~ence com~lète de présomption.
eanmom. le .~~-1rateurs de Derain ne sont pas an regretter parfo_1 qu il n mterroge pas plu souvent sa con cience.
Il . ne s ~hai tent pa qu'il fa e d'un tel examen un deYoir
q\11 certamement deviendrait périlleux pour sa sen ibililé.
D 3:bord on tempéram~nt s'y oppo erait et des conflit naitraient du choc de sa rai on et de ·a en ibililé dont ni l'une ni
l'autre ne r tireraient de bénéfice. Mais Derain devrait all r à
confe_ e à certaines date fixe : à la veille de certaine œu~·res_ ~port8;11te à exé_cuter, p_ar exemple. Sans doute seraitil tr _etonne de ~- voir tradll1;t devant on propre tribunal;
au_ pomt même qu il ;.her~he:ait p ut-être dans quelque caté~hi me les faute ~ Il aurait pu commettre. Bien entendu,
~l ne les trouv_er~t pas car la religion mondaine e t très
mdulgente, ma1s il est certain qu'à ceUe occasion l'étonnement ~e se ren~ontrer en pareille circonstance soulèverait
ch~z lm ~ctte_ not10n du doute qui dort toute éveillée chez Cfftam. e_t a pomgs fermés chez d'autre et peut-être Derain exi~era1_t-il de a sensibilité qu'elle fût plu difficile? Il lui confierait en tout cas qu'il n'est pas toujours prudent à elle de se

�' .

000.

L'ESPJUT - NOUVEAU

fier entièrement- à son activité et à sa force, crainte de voir
une vitesse _acquise la pousser à des conséquences périlleuses.
Hélas ! · Facilité; ton nom est femme ! Nous savons bien que
l?r~que ~erain ~aiss~ un -peu trop agir à leur fantaisie les qua, ·
lites qu 11 possede, Il ne verse pas dans une ornementation
vide d'humanité comme de pensée, mais nous savons aussi
que la facilité y mène et qu'à ne pas surveiller les pinceaux
l'on s'aperçoit un jour qu'ils courent seuls sur la toile pourse livrer à des sarabandes qui trahissent généralement la pensée SBnsihle de leur maître.
L'œuvre de Derain est surtout objective : jamais elle ne
livre les secrets de sa pensée. Or voilà une disposition de
tempérament assez dangereuse et qui demande à être surveillée et soutenue. A peindre comme les yeux fermés, l'artiste
semble croire qu'on ne le verra pas. Tant il y a que la faculté
de réceptivité chez Derain est si considérable qu'il a tendance
à rendre av:ec ~rod~galité ce q_u'il a reç~. Mais son essence purement latme 1 obligera certamement a respecter cette notion
de choix qui e.s t l'une des qualités de celle-ci. Et surtout, il
n'oubliera pas que son art étant érralement fait d'une intelligence très perspicace des formes de la nature, il se doit de
n'attl;lcher d'importance qu'à celles qu'il est à peu près certain
d' avoi'r renouvelées grâce à ses belles dispositions. Il est bien
certain qu'il redoute un peu cette habile.té suprême qu'il possède à saisir les accents d'une physionomie, sans quoi il menacerait de compter parmi les plus grands portraitistes. Il sait
que l'artificiel guette la facilité et que l'artificiel signe à brève
échéance l'arrêt de mort de toute œuvre qui se laisse aller à ses
excès. Sans compter les leçons d' Académies qui l'attendent et
le désirent.
Il n'est pas sain de se laisser aller aux rêvasseries qui amollissent,_si délicieuses soient-elles et si faciles. Certes, il est doux
de rêver que le tableau s'est fait seul. Mais, attention à l'irrésolution, à la versatilité, à l'inconstance, ces sources de toutes
les compromissions ao.adémiques ou officielles.
Heureusement pour lui Derain n'a pas besoin qu'on lui crie
longtemps au casse-cou, car il possède les vertus nécessaires
èt tous les privilèges utiles pour retomber quand il le faut
sur ses pieds. Il le montre à intervalles réguliers. Mais, il faut
le dire, le goût contemporain de la toile de chevalet est bien
coupable lorsqu'il sollicite Derain. C'est encore à quelque
Chauchard du xv 0 siècle qu'if faut attribuer l'invention de

Naiure Morte {1911).

DERAIN'

Colleotion Simon.

la toile de chevalet, Qui donc rendra à Derain les surfaces
c'.1-p~b_les ,de contenir Gette gran~eur pleine de force qui est la
s1grnfica~1on d~ sa valeur. La pmssance de sa sensibilité bouillon~e, piaffe, eto_uffe dans l'exiguïté de ces petits cadres en
qum l'on voudrait _l' enferm~r. · Elle les fait craquer de toutes
parts ; souvent, mais elle subit leur étreinte à son tour. Donnez
de l'a}r às:3-l~r~e poitrine, il ~ousmontrera à aimer davantage
la $fac_e _fem1rune et cette vigueur masculine qu'il couve de
sa JUvemle tendresse. ~es c:11-âteaux, les palais et les églises
sont les se~s ~adres qm pmssent célébrer le rêve qu'il a fait
et ;10? le, d1s~1per ?omme. le f?nt ~es petits espaces que sa
maitrise s extenue a vouloir faire vivre d'une vie artificielle.
Les pet_ites toiles supportent que l'on se donne moins de
m~ a vivre; elles ne sont pas non plus des lettres de félicita:t10ns ou de condoléances. Ni fleurs, ni couronnes une
carte de visite suffit_
'
Maurice RAYNAL.

�Expos itions

LA PRESSE MUSICALE

A~B~BT Q.~~~~~S nous ~ontre à.la
«Cible)) quelques-unes de ses dernières toiles, ainsi qu'une série de dessms
~!)

La tradition romantique avait fait de l'artiste, et en particulier du compositeur
un être halluciné et un peu hagard, en proie à la divine fureur du génie, créant des
chefs-d'œuvre sans s'en douter et obéissant passivement et inconsciemment au vent
violent de l'inspiration comme un roseau courbé par l'orage .. Berlioz avait dépensé
une prodigieuse quantité de littérature pom: accréditer ce poncif. A l'en croire, la
visite de la Muse inspiratrice dans une cervelle de créatem serait assez semblable à
une attaque foudroyante d 'épilepsie ; tout y est, les tremblements ne1·ve1uc, les grands
spasmes, les dents entrechoquées, les frissons, les sueurs glacées, les gestes convulsifs
et la pe1te de Ja connaissance. La crise finie, le compositeur searetrouveàsa table, brisé
de fatigue, épuisé, :pantelant, ne gardant aucun souvenir de ce qui s'est passé ; mais
il constate avec plaisir que son papier à musique est sabré de notes fiévreuses et qu'il
vient d'emichir sa partition de quelques pages décisives .
.
. . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . .
Les jeunes compositeu:r:s d'aujourd'hui contrôlent sévèrement leur délire.

.

. .

.

· La ~éa~ti~n des ·jet;ne~ ~usÎcie~s ~o~tr~ le{trs·~~és se ~a~f;st~ s~r 1~ po~ts ~ui:
vants. ~lest temps de renoncer aux recherches harmoniques, à la trouvaille de beaux
accords 1,)0rtant en soi un élément de richesse, de pathétique ou de rêve. La musique
sera dynamique ou elle ne sera pas. Le halo scintillant, phosphorescent, irjsé ou brumeux de l'harmonie impressionniste est un obstacle à ce dynamisme. Il faut le supprimer. Même réforme pour l'orchestre avec tous ses timbres myonnants, ses sonorités diffuses, ses couleurs vaporisées. Finie la manie de !'aérographe. On n'orchestrera plus un tableau symphonique avec les procédés de Claude Monet faisant tourb,illonner autour de ses cathédrales toute une poussière d'arc-en-ciel. Voici venir un art
dépouillé et clarifié, aux lignes nettes, aux arêtes vives, aux reliefs fortement accusés.
Î~u~ d~~er~ cette.te~hniqu'e ?-N~us Î'i.g.no;on~ e~co~e. Mais l~s ~u~re~ d'~n Gc~ru;
Migot nolis prouvent qu1elle est parfaitement coml?atible avec une conception de Ïa
musique beaucoup moins féroce que sa terminologie. Son Quint.ette est un triptyque
décrivant un paysage vaste et aéré, tme bel horizon aux proportions harmonieuses
et évoquant successivement les moissons, la gaieté rustique et les vibrations du
crépuscule. Et son Trio, dédié à la mémoire de Lily Boul~ger, est pénétré d'une émotion trop sincère pour n'être pas communicative. L'hommage rituel des trois voi."&lt;
instrumentales qui viennent, l'une après l'a_u tre, jeter des guirlandes mélodiques sur
cette tombe, la majestueuse colonnaûe d'un temple irréel construit en l'honneur de
la jeune Muse disparue, la montée en plein azur dans la sérénité et l'apaisement sont
des «motifs &gt;l que le mttSieieu a traités avec une sensibilité toujours· perceptible et ·
une puissance évocatrice indéniable. Pour lui, l'écriture nouvelle est un moyen et
non un but. Sagesse élémentaire que ne pratiquent pa!l toujours ses camarades et qui
porte en soi sa récompense. Ce Trio n 'est pas obscur et il est émouvant. Et nul n'a
le droit de discuter la légitimité des procédés techniques de son auteur puisqu'il
atteint son but : il a bien le droit de remplacer la suggestion émotive du « bel accord»
par cette imperceptible palpitation mélodique d'un triolet qui agite périodiquement
sa phrase d'un court frisson, la fait vibrer doucement et lui communique un pathétique purement "linéaire »puisque l'émotjon rêpond à son appeLil y a même, dans
ée parti pris de ne recourir, pour nous émouvoir, qu"à. de5 moyens d'une si parfaite
dignité, une noblesse intellectuel le à laquelle il faut rendre hommage. Il n'est plus
honnête de chercher à cambrioler notre tcpdresse ou notre pitié en se servant, pour
crocheter le coffret de notre sensibilité, de la fausse clef d 'un violon solo éperdument
vibrant et expressif. La pl'!-thétique de la musique de Migot est en ce sens, d'une
qualité $upéneure.
Il faudrj;L suivre de près la production de ce musicien sensible et réfléchi qui dans
cette furieuse mêlée de football qui a remplacé à notr.e époque la belle émulation
de la course du flambeau, manifeste une si grande loyauté et joue si correctement s0,
partie. ·I l est un des rares artistes de la génération nouvelle qui n'ait pas cru devoir
fonder sur une trahison ses ambitions légitimes. Et iJ faut lui savoir,i;ré de nous permettre d'accorder notre affection à..de nouveaux amis sans être forces de traiter nos
anciens confidents avec la plus basse ingratitude !. ..
(Le Temps).
Emile VUILLERMOZ,

,.

J

et d'aquarelles. Le but actuel del\'.LAJbert Gleizes est d'éviter l'effet m~nstrueux. Aussi divise-t-il ses œuvres en représentatwes e,t en abstra_ztes.
Pour représenter il applique les lois rég;_ssant le mécanü,me de l'œ1l et
r-

-

·•

�904

L'E PRIT

' O VEAU .

peint ou dessine sur nature avec un ouci louable d'imiter son modèle.
Il s'iuterd.it alors ces vain(• déformation par où tant d'artistes tentent
de donn!'r le l'hange du don inventif; il ait ios('l'ire son ujet dans les limites du cadre dont il a choisi rn toute liberté le, dimen ion ' et le format,
tout en lui conservant son aspect naturel et normal.
Par contre, lor qu'il abandonne le mocll' de figuralionimilatif M. l\lbert
Gleizrs ne s'embarrasse guère des donnN'S initiales de l'esthétique cubiste. C'est en vain que l'on clwrcherait dans son œuvrc actuelle des effets
de SJnthè e optique ou de ùi socialion. L'ubjrt étant plastiquement lranspo é et dépouillé &lt;lP a gaine eorporelle, le peintre n'éprouve nul besoin
de l'exprimer, &lt;lo le drfinir et de le situer dans l'e ·pac1•. )[. GleiZl' , qui
part de l'objet, ne lui reste pas as crvi et crée un organisme formel qui
friserait l'ornemrntation s'il n',•tait équilibré en profond&lt;&gt;nr. Cette profondeur qualitat.ivc qui demeure une dt s plu glorieu 1·s conquêtes du
cubi me esL obLenuc gràcc à l'utili ation de propri ~lés physiologiques de la oul(lur qui fail aYancer ou reculer le· plans et qui pcrmeL d' 1tendre ou de rétrécir les surfac s. La couleur rPste néanmoins tributaire
de la forme qui condilionne son a pect et modifi on sens.
L s préoccupation de ?IL AlbcrL Gleizns ne tralùssent pas la moindre
inquiétude et s'adapt •nt parfait ment à on caractère do grand peintre
iùéaliste qui tient le cubisme naturali le pour une gageure et voire pour
un sini lrc paradoxe.

BJSSJÈRE

C'oll1•ctio11
Paul Rosenberg.

~" B@Q~B Blt SS~~B~ rrui expo e à la
Gale1!e Paul Rosenbc•rg nou donne un bel exemple de probit; ouvrièr .
Ce pcmtr_o e. l yarYcnu à se tracer unr mir au prix de maint sacrifice
CC!ux qui_ ass1 tèr 1~t à la p 1riodc dr s s dé•buts el ·uiYirent la courb~
de sa rap.1dc évolution sonl surpris de Je voir marrh&lt;'r si rapidement à
la conqueL d'_un_e c •rtitudi&gt; qui lui c::;t p rsonneJJe.
)I. Roger _Bissière ~sl awc Derain, )Iatissr, Dufy el André Lhote un
des rares :pemtr~s qm trouvt'nt n dehors de la méthode cubiste un
~ode de f 1gui:at1on_ qui ne heurte pas de front notre concèption de l'art
pictural et qui r~dui_t au strict minimum l'usage des moyens tran mis par
les pcrspecteurs italien .
M. Roger Bissière est, d'autre part, un artiste trop consciencieux au
sens le p~us noble c~u mot, et trop clairvoyant pour prêlendre à ré. o~&lt;lre
l~s p~obJ~mes pla tique pat voie d'habiles déformations. La forte orgamsat1on _interne de ~ s. tabl~aux nou est un témoignag de son ardeur
au l;avail, de sa claire rntelhgence et aussi de sa maturi.Lé.
L ~nalyse du sy11tème de M. Bissière impliquerait une étude approfondie. ans Y r&lt;&gt;noncer, contentons-nous de rendre hommage au talent
Bl Sli!:RE

Colleelio1i
Paul Rose11bcrg

�906

L'ESPRIT NOU EAU

LE SALON DES BEAUX-ARTS

de ce peintre dont le C'ntiment du stylr, l'acuité de dC' in et la sobre
facture consliturnt les principales qualitrs. l\t. Bissière, qui respect&lt;&gt; avPc
dévotion les loi dC' la urface, ramène nolcmmf'nt C'D avant les fonds de
ses tableaux, répartit la lumière extérieure selon les besoins de sa composition, évite, autant que pos ible, de faire un u age abusif drs lignes de
fuite et 'efforce d'indiquer la forme organique des objets indépendamment de leur po iLion dans l'espace.

~r3:q~C', de :\Iati . e, de GlPizes, de Lhote, de Bonnard et de Friesz
.
ebst
préd·
•
·
e, l es rnnom
rables
_emalarqueur
,
suiveur
et
contrefacteurs
de
:.\Ianet
qui
abondent
à
la
i\ t
1
ion
eMneJnous
font
guère rcgr
tt cr Jes raux é1eves
·
a
uels
•d
.
,
.
~
de
Cézanne
parmi
lesq
. . oui ai_n recrute 1 elile de ses troupes. A l'arbitraire ui rè
parrm les autodidactes qui forment la maJ·ori·te· d
q
gne
es exposants des
Sal ons d i·ts d' avant-garde au travail bâclé à l
1 dr
, .
.
gion d' ;t t
, '
.
, a ma a 1;s e cr1géc en rchd' C \ ; nd~us préf~ron~ la conscience professionnellle d'un Raffaelli
~ o e , un LuCien imon. Le fait d'être moderne n
..
'
touJour une garantie contre la médiocrité.
e consutue pas
Les clégats commis par 1•·unpress1onrusme
·
·
à l'éclo . d'
dont la pous ée contribua
ti
~o~ un art auquel nous sommes redcvabl s de quelques authenques c e -d œune, sont tels aujourd'hui que sous prc\texte de lih .
to~!:s les exlravag3:nces passent aux yeux d'un public dont le goût
n .iei:ement perYert1, _pour des preuves de hardie , e et de lé "time licen
::tl~ue. Lf. flot doit_êtrc endi?ué. EL ce n'est qu'en restitu~nt au trav;~
. . atcomp 1, son ancien pre I rge que nous parvi ndron à vaincre les
~:~:t:~ce~ qu, oppo. eront toujours ~ux légi lat~ur , le arti tes qui mêa av, ur du tumulte un ex1stcnc, relativement ro .
l\1 .
nou dou~onR du succès immédiat de l'œuvre d'affranchissfmclte;;e ~::
venons d en_Lreprendre ? li n'e. t guère facile derétablir un contact sori~
rompu
et de forger
à l'u age d
1,
t· depu1.
't
J longtemps
,
.
u pu bli c d es armes contre
es
ar
1 es. ,es regles anatomique
t
le
loi
de l a persp clive
.
.
b li
,
, . .
elant
a O e , en c, t qu en rnst1tuant de nouvelles lois d'harmonie obligatoires
~our tous, q~ o~ créera un code où critiques et simples spcct~teur puise1 ont un en e1gnement.
\~,va
' ld emar G EORGE.

LE SALO DE LA SOCIÉTÉ NATIONALE
DES BE1UX-ARTS
L'attitude hostile adoptée par la partie de la pres e pari imne acquise
à l'art rrputé ü1dépendant, à l'endroit du alon de la, 1ationale, témoigne
de l'état de confusion et de trouble qui règne dans les milieux des critiques
et de amateur~. Le puhlic, littéralement ü&gt;rrori é par le esthéticiens,
qui relatent à son intention lrs hi toire du re:te véridique des grands
impressionni te méconnu et injuriés au temps de leur jeunesse, accepte,
par crainte du ridicule et par volonté d'obéir aux commandement de la
mode, tous le « ymptômes » de l'activité artistique moderne. A la critique doctorale et tendancieu, e des profes:01rs, dont l'incapacité notoire occa, ionna la perte, a uccédé la critique subjective des journalistes
ignorants rt des poèt&lt;'s plus ignorants encore,
Les reporters sacré chroniqueurs d'art, créent de no,; jours les courants d'opinion, s'érigent en arbitres, distribuent blâmes et éloges. Le
public uit docile et dérouté. Le arti t de econd plan triomphent et
l'art seul pàLit de celte absrnce d'équilibre. Faut-il rendre responsables
1 descendant de impressionni t - d'avoir corrompu le jugrment et
substitué à un ordr périmé l'anarchie totale ? Pui que l'art libre et s
ucrédanés s'étalent victorieusement dam deux salons et près de
cent boutiques, puisque parvenu a un àge fort avancé le doyen de la
critique voit s'effondreruu à un les remparts des académies, il esL permi ,
san courir le ri, qur de sap&lt;'r la po ilion solide de la peinture cc avancé »,
de porter une opinion sincèr ur l'en mblc de la production contemporaine. L'Esprit .Yow,eazi a si ouvcnt précisé el défini sa façon de voir rn
la matière, que je crois être à l'abri de tout soupçon, en prenant contre
srs détracteurs la défen r clr la Société Nationale des B aux-Arts. N'en
déplaise à ::\I. Jourdain, le niveau technique moy n du ' alon d'Automne
n'est guère uprricur à celui dr l'institution aux &lt;ll'stinées de laquelle préside !'!'minent :Monsieur Bartholomé. Le Salon d'Aulomo , dont l'entrée
re ·te rigour usemcnt interdit&lt;' à tous le cuhi tes, à l'exception de M~I.
Braque et Gleizes, fusionne d'aillrurs par sa droite et par son centre gauche avec la gauche d la :Xationale. Les cloi ' Ons étanches qui rparaient
naguère les salons, ces vastes confrontation:; annu lie des principales
tendance de la peinture française, sont donc abolies. i l'ab ence de

907

Jtlflic1able à la trnue générale cl u alon de la 'at1·onal

t

:!:

"l.'1~N1'D~NC ~S A C
D ;g r.,
J?,~ J; N'T U'

. .....

• La peinture ·t · Ï· · · · · · · · : · · · · • · · · · • · • .
ga e s"ébauehan:Sà u~ an_guge commet~ mu ique ou la titt rature. :\lais c'est un lanlc:,gcouleurs, !&gt;&lt;'Ion l~~\~~;;!J:~~OnC'_ l~gi~ue e~àn~Lurel qne le peintre manie d'abord

~~~~ :: l~~1r.: harmonies, lui ~évè~~~t ::i:~;~1

;~oi~:.

r:~:~~~s°t~

~~scf~~:':~~
Je
gu1:e nouveau. :'lla1s ju~que là, il fera de la peinture d'agrément
le plaf~;'1c: ~i~~u~?:~aiémen!, toute peinture réaliste. Elle n'est faite q;1e pour
tendent que ~.en: Îo. C'onquê:~ d~~l)~l-néral, ~l!belestOupe~ficielle .• es recherche'! ne
phère d'un
,
.
mnecs \'lSJ es. n
fforee de rendre ratmosC
paysag&lt;', 1 expression d'une physionomie
stri:tt!:1 t~ndancc eor:nmence donc à la reproduC'tion ·ervile de lo. nature (ce ui est
cho es c. ~ la négation de _l'nrt) jusqu·à la traduction aiguë de ratmosphè;e des
C • mms i,;ans que cette mlerprétation sorte des forme;; de lu nature
elte Lendan~e ga_rdera comme adeptes tous les talents moyens to~s ceux ui
sag~incntt en s appliquant, acquièrent du savoir-faire. Elle uè pe~mct plus· q~'à
que ques cmp 'raments très personnels de Ne distinguer difficilement da
pos ·édant un pru;sé lourd de chef -d'œuvrc.
ns un genre
·R~G~R

ÀVEIÎ~WT.E. ».

•
(Lumière) .

�LES LIVRES

LES LIVRES
LA . 1Î.GIUUH1 li IHtA iT !r»AltA'U.~TI (ÉDITION
BQSSARD ). - JULES ROMAINS. LE BOl!JRG R.ÏGB~ÉRÉ (NOUVELLE REVUE

SYLVAIN

LtVI

FRANÇAISE). -

RABINORANATH TAGORE

vELLE REVUE FRANÇAISE). -

MODiRNB

Lt c~RIIHLLB os
TH. VAN oœsaunG

nrm,~- (Nou-

CLASSl~UE- B.1UtHUE ..

(ÉDITIO~s. DE s1KKEL ET LÉONCE ROSENBERG).

***
&lt;c C'est un vieux conte de fées où l'Inde Ancienne a glorifié l'amour
conjugal», dit M. Sylvain Lévi. Il s'agit en effet d'un Prince ·charmant
qui a épousé une belle princesse. Leur bonheur serait parfait n'était ce~te
passio_n du jeu que contracte le Prince. Il perd en effet sa fortune et sa prm~
.cipauté aux dés. Forcé de s'exiler il abandonne son épouse et pour lm
.eviter de .rartager sa propre misère, il préfère, le brave cœur, la l~sser se
débattre au milieu de celle que lui rapporte cet abandon. Bien entendu,
tout s'a.r.r;nge et après mille péripéties la princesse finit par retrouver son

~poux .
. 1\1 .. Sylvain Lévi nous enseigne dans sa préface que lo jeu de dés tient
:une pl~ce prépondérante dans la littérature hindoue. Les héros jouent
volontiers leurs maisons, leurs frères, voire leurs femmes . No~s savons
par ailleurs que le jeu est à l'origine· de toutes les civilisations et qu'on lui
demandait souvent dé régler des questions, de lever des difficultés ou de
dénouer des différends. A tel point qui lorsque l'on songe à la mésaven.:
. ture dés vingt savants à qui on avait confié récemment le soin de calculer
la capitalisation des 226 milliards des réparations allemandes en quarantedeux annuités avec les inÙrêts et qui réussirent à trouver vingt totaux différents, l'on est en droit de se demander si nos pères étaient si mal venus
à demander au hasard de régler leurs petites affaires.
En réalité l'usage des dés, comme celui des dames, paraît immémorial
dans l'Extr·ême-Orient . Platon, lui, le fait remonter à l'ancienne Egypte.
(&lt; J'ai entendu con~er, dit.-il, qu'aux environs de Naucrates d'Egypte
existe l'un des plus anciens Dieux, que son nom est Theut (c'est Hermès)
et que le premier il avait découvert le nombre, le calcul, la géométrie,
l'astr-0nomie, les dames et les àés. )) On raconte -que Hermès ayant gagné
u~e partie de dés qù'il jouait avec la Lune, obtint rn gage de celle-ci cinq

909

jouis qu'il ajouta aux 360 de l'année. Signalons· enfin qùe le Louv:e possède deux damiers de l'époque pharaonique.
M. Sylvain Lévi s'en tient à l'exposition des conditions du jeu de dés
hindou et des règles de cet ancêt.re du zanzibar et de la passe anglaise.
Le dé n'est plus un cube à six faces. Chez les Hindous, en effet, il n'en a
guère que quatre, ou du moins, rassurons-nous, quatre qui soient vala:.
bles. Il faut calculer très vite, e.t l'on cite un héros hindou qui gagnait
-souvent pour avoir la faculté curieuse de compter d'un seul coup d'œil
toutes les feuilles d'un arbre avec ses fruits.
Le jeu de dés nous rappelle, surtout à nous Français, le juge Bridoye
qui, suivant Rabelais, « sentenciait à coup de dés )) et qui sur le tard de sa
-vie craignait que quelques-uns de ses jugements ne fussent très équitables
·parce que sa vue basse ne lui permettait plus de distinguer nettement les
points des dés. Or, comme l'imagination des conteurs est souvent le levier
de l'imagination scientifique, nous rapproch~rons ce fait des démonstrations de Le Dantec, démonst,rations par lesquelles il est prouvé que tous
les jugements des Cours criminelles .n e sont dus qu'au hasard et de ce
-fait pas plus valables que ceux de Bridoye.
Si nous nous sommes engagé dans cette petite dissertation sur le jeu
de dés, c'est gue M. Sylvain Lévi nous y a ·conviés d,an·s son excellente
préface. Il ne parle pas beaucoup du conte lui-même, persuadé sàns doute
que ce n'est pas la peine puisqu'ôn va le lire, et il a raison. Ce conte est
d'ailleurs plein de ·ces images un peu nues, un peu à plat qui sont iâ marqué du -merveilleux hindou. Il serait peut~être un peu 'fatigant n'était la
brillante traduction de M. Sylvain Lévi et les b'oi:s très habiles de Andrée
Karpelès .

***
Les systèmes littéraires nouveaux meurent généralement les .u ns 'après
les autres; il ne reste.hélas au cours des siècles que l'œuvre de ceux qui
surent les accommoder au goût de là moyenne humaine. Il n'en est pas
moins vrai que ceux .d 'entre eux qui furent construits d'abord avec foi,
puis sous la dictée d'une imagination contenue, laissent toujours un agréable souvenir et des traces durables. ·
Tel est un peu le cas del' Unanimisme qui généralement nous apparait
légèrement c&lt; manches à gigot n. Au contraire de la plupart des systèmes
-qui doivent leur appellation au hasard ou à la malveilJance, l'Unanimisme
a été baptisé par son créateür Jules Romains. C'est dire pourquoi l'art de
Jules Romains sent un peu le procédé et pourquoi son système semble
119

�910

LES LIVRES

L'ESPRIT NOUVEAU

surtout reposer tout entier sur une certaine façon sans cesse répétée de
traduire les images qu'il crée. Aussi Jules Romains apparait-il un peu
suspect dè pompiérisme, mais après tout, cEci est bien légitime puisque
c'est lui qui a le premier allumé le feu.
Le Bourg Régénéré est une application directe du système unanimiste.
Directe, parce que la prose plus explicite montre plus nettement la mécanique du procédé. Il en résulte peut-être une certaine fatigue lorsqu'il
arrive à l'auteur d'avoir un peu forcé la note; mais par contre un agrément réel lorsque telle image est nature11Ement venue. C'est pourquoi
nous préférons Jules Romains poète. Tant que l'image s'applique à une
sensation éprouvée par lui, elle nous semble très normal€ment naturelle.
Mais lorsque dans un conte l'auteur est obligé de créer différents personnages, il se croit tenu de les faire rendre des images dans le goût du système et c'est là que nous tiquons.
En tant que sujtt, le conte est une apologie du travail universel.
Puisque l'humanité a décidé de se tuer de travail, il ne faut pas de bras
inutiles, sans quoi toute la machine craquerait. Mais tout de même, supposons qu'au début de l'humanité, l'homme n'eût pas accepté d'être considéré comme une force d'inertie que les forts vainquirent à leur profit;
supposons que la journée n'ait eu ni dix, ni huit, mais seulemént quatre
heures. Est-ce que la richesse pour être moins riche n'eut pas permis
aux hommes d'acquérir une culture meilleure et une idée du bonheur
moins vulgaire ? Mais il est trop tard et le vin est tiré. Donc tout le monde
travaillera dans le Bou,rg rêgé'néré, et ce parce qu'une main inconnue
a tracé dans les latrines cette inscription : « Celui qui possède vit aux
dépens de celui qui travaille : quiconque ne produit pas l'équivalent de
ce qu'il consomme est un parasite social. » Ce sera la revanche du travailleur pour l'établissement d'un cercle vicieux à l'usage de l'économie
politique. Grâce au travail le Bourg se modernisera : il aura des rues
rectilignes, l'électricité, des filatures, des usines. Hélas! reste à savoir
si ces usines ne tourneront pas un jour des obus, ou si pour recevoir des
bombes enm.mies les habitants du Bourg ne seront pas ruinés. En réalité
l'amour excessif du travail amène la cupidité, son corrélatif normal; la
cupidité déchaine à son tour l'ambitjon et les deux réunies nous apportent la guerre. Nous ne dtvrions pas oublier que le roi de la création est
naturellement fainéant, et, après tout il n'a vas tous les torts.
Mais encore une fois, nous ne pouvons plus reculer. Et les lecteurs d'un
certain âge qui aiment qu'un conte ait du fond, comme dit le peuple, goûteront le récit. J?erveilJeux et si remarquablement écrit par Jules Romains

911

qu'unreferendum récent . t d d ..
poètes aux côtés de p .;~: e es1gn:r c_omme l'un des-sept plus grands
Le Cardonnel Mm d.
_ry, H.deRegmer,Viélé Griffin, PierreLouys,
'
e e Noailles, et ex-requo avec M. Georges Fourest.

t

* **

Malgré que l'Inde paraisse encor d
d
en reviendrons une- fo. d 1
e e ~o e en quelques milieux nous
L l
is e pus avec Rabmdranath Tagore
es 10mmes sont tous lus
.
.
.
.
qu'ils n'aiment au fo d
p l ou moms poetes, il est donc naturel
n que eur propr
~ ·
A
sissons pleinement 1,. t
.
e po sie. u surplus nous ne saim ent1on des poètes
,. • .
lan"ue et s'ils
t·
, que s 11s ecrivent en notre
appar rennent à notre é • t·
.
.
0
sib1'li'
te· h
· d
g nera IOn immédiate tant la sen
·
umame ont l
é · d · •
'
lutions des J. o
. a po ~re mt etre le reflet suit _dccilement les évours
qtn
se
suivent
et
aveugles.
'
ne se- ressemblent que pour les
Comment goûterions-nous lein
l'
naire et de plus hindou ? M . p
ement œuvre d'un poète septuagé,
· ars nous ne nous d · · d
•
.
une sagesse de bon aloi Et
1 ,
. ecr erons Jamais à adopter
réputés aient démo t ,'
mba gre que tant de philosop_hes et d'écrivains
n re sura ondamment ,
t d .
,
qu'une trahiso
qu une ra uct1onn était jamais
n, nous ne cesserons de v ·, à
, .
dégagent les noms exoti
ou, cause de l attirance que
d uctions, cependant queqtes
ro_nflants, les librairies regorger de trahons poètes français ge'n. eulrs iroi~s sœnts seront bourrés des œuvres de
.
era Ement ignorés.
Il faut bien que Rabindranath Ta(J'ore .
.
.
nous le dit et que tout r· ·t
o . s01t un grand poete, puisqu'on
mr par se savoir II
.
dans la CortJeille de Fru 't
. d
.
. y a certes de belles images
t s, mars es images q ·
« déjà vu ». C'est que M T
_u_r sentent quelque peu le
dans une interwiew réce~tea!o;,e est ~res trad1t10nnel. Il le montra même
qu'il avait déjà lu l'œuvr d K' ~-ccas10n de laquelle il donna à entendre
à l'encontre des anciens p:è:es rhi~ indg dans la sienne. Toutefois M. Tagore,
11 ous ne raconte p s d'hi t ·
.•
.
d eJà•un point acquis Il t
'. m f . d.a . s mres,
.
ra var·11 e en plerne
. et voilà
dans une matière que bon
b
a rere, irait un pemtre, mais •
.
nom re d'autres O ·t
. .
contnbution. C'est que 1
P e es ont avant lm mise ·à
, orsque nous recevo l · · d
vient de loin, nous nous attend
à
~s a visite 'un voyageur qui
ons ce qu'il no us conte d es choses in."
connues.

e:.

Or, la traduction très élégante de Mm
,.
nous app_orte quelques désillusio
.N
e I~elene du P~squier
·
ns • ous voulons bien q
t •
mires de la poésie sor'ent e' t erne 1s mais cf · 1 J
· ue. cer ains acceslotté par la tempête de l'est
,
or. &lt;' e serai pareil au nuage bal» nous rappelle un peu le « Ah I si j'étais

�912

L'ESPRIT ,.'0 VEA

p •tit oi eau », c&gt;t tel &lt;• ois prêt à t élancer mon cœur » qui n' l pas mi
exprès nous reporte au "Tais-toi mon cœur &gt;i bien connu.
Mais en ore une foi ceci dit en dialecte hindou Pst peut-être sublime et
nou nou. gardon bien de porter un jugrment ur un tel ffort.
i 'ous di ion. plus haut que l'on ne goûte plein ·mrnt la poé ie d'une
a11tre g 'nération quo la sienne, mais il st une xceplion, une rxception
à formuler n faveur d ceux qui n'ont encor ni âge ni génération, c'e là-dire aux jeunes g •n d quatorze à vingt an .. CPux-ci en ffet aimeront
sans doutl' dans Rabindranalh Tagore, d'abord le nom, trè héro do
cinéma, puis urtout crt ensemble de fleur , fruits, parfum , couronnes,
étoile., coupe vide ou pleine,, chant., flùtes, oiseaux àmes de poète ,
auror s etc. matfriel ordinairl'menl mis à contribution par le poêle.
Mai traduction pour traduction nous donnerion volontiers lout ce capharnaüm pour un de C&lt;' petit poème malgache qu nou · fil connaitre
Jean Paulhan.

•

* *

Théo van Dœsburg st en Hollande l'un d s pionnier del art moderne
t l un de plu dévoué propagandi t de conception les plu neuves.
·a revue "De til » e. L trè goûté en France. Et un livr important (1)
publié à Amsterdam Je cla se parmi les écrivain d'arts et les artist s (il
e L également peintre) le plu averti de on époque. Avec plai ir nous
avon lu le , la .ique-Baroque-Modernc » publié aujourd'hui par I s
soins de Léonec Ro enberg.
an Doe burg nous permettra toutefoi de ne pas le suivre dan la ditinction de l'art en le trois phrase : clas ique, baroque el mod rne, qu'il
lui a igne. &lt;• La grande différ nec entre lassiques et modernes con i te,
dit-il, 'Il ceci : c' st qu, 1 s cla iques produi ai nt de l'art à la façon d la
nature et quel s mod rnes r produisent la nature à la façon de l'art.» Dan
c condition. nul modern ne pourrait d venir classique. Or un grand
nombre d'œuvrcs contemporain s ont d'e ser.cc trè neltcrnenl ela1:iqu puisqu'elle produi ent de l'art, ce t-à-dir des objets humain,, uivaot 1' condition à nou imparties par la nature san ce cr pour cela
d'être modern , c'est-à-dire d avoir pris en con idéralion la théorie de
l'art pour l'art que défend avec rai n Doc burg.
Aus i pcr i ton -nou à croir que le cla sici me t un co tum que
(1) • Drie voordrachtcn over de ni uwc beeldende Kunst •·

LE

LIVRES

913

doit porter la sensualité. C co turne change aYee ]p temps &lt;'t l'arti t~ doit
lr faire lui ID1!me. On le recunnat 1ra toujours,. imal exécuté oit-il et l'on
wrra fort bien 'il a étü acheté tout fait ou n quPlque ,, décrocl:r.z-moi
Cà ».

La lh~orie cl • l'art pour l'art n'e t plu attaqué de no jours, t Je erpent qm se mord la queue » esl adoptè par ce concept conventionnrl
qu'e I l'~t. i\Iai il ne faut pas qu'il oublie son origine liumaine, sou pcin
dt' condmr à la fanlai:ie, c'est-à-dire à lou les baroque et à toutes ]ps
déca&lt;lenc .
Or c'e t ce que ne s mblent croire ni Doesburg, ni Mondrian.
Les impre ionni. te le plu grand sont ceux qui ne groupent pas seul ·ment ~es tache de couleurs ou de pointiJJ; , mai bien ce.ux qui ont
con tru1t d s group s harmoni és. an Do sburgdit ceci « : Vou ne pouYCZ pa vous Honnu que l'artiste n arrive à cxprimcr l'essence de la
beauté pictural implcment par un rapport e thétique et barrooninrx de
plans, de couleur el de ligne . ,, 'ou nou ouvenon d'aYoir, aux débuts
du Cub'. me et alors que nou cherchion à préci r sa t chnique, érrit
de P~'f'tlle cho~es._ Depui nous avons r connu qur l'homme e t un •orps
pos edant parmi différents organe rn ihle deux yeux, el qu'il n e l pa.
d_ ux yeux autour de q~ l la nature a di. posé un corp . Ceu~· qui inventere~t, le mot d e thél1qu' ont eu recours au verbe grec qui signifi
entzr. fout rapport thétique doit donc . uggérer une émotion. Or il c t
indi pcn able que la théori ù l'art pour l'art louL en ne devenant pas, bi n
~l_e~~u, c llc de l'art pour ce qui n'c. t pas l'art, ne néglige pas notresen1b1hte générale pour n'accorder e oins qu'au chaLouill m nL ao-rfable
0
de notre s n vi uel.

:'an

L'art_ d~
Do sburg nou paraît donc contredir un peu es théories.
l chfftcile de dégager de on œuvre ce , particuli r naturel II même
u àla façon de la p inture » t qui doit nou rappeler la nature. Par • naturel • Doe burg_ n v ut pas qu'on nlende un fragm nl découpé du
• grand tout » ma, la • totalité » de e qui nou contient. Pourtant
l'hon:ime n' , t pa i uni ver d que cela. Il ne uffit pas qu la nature déternune .'' la cou! ur Je rapport, la distribution cl la compo ilion ,,
san qu01, pour ne pa êtr en ontradiction avec cllc-mêm&lt;', la throrie d"
l'~rt pour l'art uivant l'c·xempl de Doc. burg, ne devrait voir aucune
d1fférrnc de rapports C'ntr • la ensalion d&lt;' beauté • que donne un arbr
_L c lie qu_e nou procure un rnaison. Au si, t hi n qur on es ai cont1e~n · d Ju l rcmarqu s clair m •nt ·po , s, nou avon Je regret de
crotre qu'à l'encontre de c intrntion l'art que défend Do, burg ne pr _
Il

�915

LES LIVRES
L'ESPRIT NOUVEAU

914

sente pas suffisammenL dégagé ce rapport d'harmonie en lequel il voudrait
voir la découverte d'un style nouveau, à savoir le sien.
~faurice RAYNAL.

LES LIVRES D'ART

PI C'.ASSO(i)

L

A critique esthétique à Pafümand.e contribue pour une large part à
l'état de confusion, dont pâtit l'art contEmporain. La lecture des
ouvrages tels que &lt;&lt; Der Kubismus » de}1. Paul Erich K.uppers et
&lt;&lt; Franzosische Malerei seit 1.914 ,, de K. Otto Grautoîfnousconfirmedans
l'idée que l'Allemagne, malgré les efforts de compréhension dont elle
ne cesse de faire preuve, fausse le sens véritable des œuvres et crée de
par le monde une atmosphère d'exaltation malsaine. La littérature d'art,
si chère à M. Blanche, fait outre-Rhin de cruels ravages. Les brochurns de
grande vulgarisation aident à répandre et à faire connaître les noms et
les œuvres des peintres expressionnistes . La « Stosskraft » ou la puissance
offensive de l'art moderne est telle qu'il force _les portes des salons
mondains et s'infiltre dans tous les cercles sociaux. Cet art fait tache d'huile.
Ce n'est plus un métier, mais une religion, une religion du reste très
lucrative.
Le livre que M. Maurice Raynal vient d'écrire sur Picasso et dont
une traduction allemande a paru à :Munich, embrasse l'ensemble des
problèmes picturaux actuels et forme un remarquable essai de mise au
point. En situant dans l'évolution de l'art l'œuvre de Picasso, M. Raynal
a voulu mesurer l'exacte valeur de son apport. Aussi a-t-il étudié au
cours d'un bref avant-propos la situation de la peinture franç-.aise au début
de ce siècle.
Cette situation était pour le moins critique. Bien que M. Grautoff attribue à Matisse le rôle d'un agent de liaison qui mit à la portée dEs jeunes
hommes la dernière manière de Cézanne, les peintres sortis de l'impressionnisme piétinaient sur place en s'efforcant de retrouver le sens de la
forme par d'ingénieuses contrefaçons ou par de puérils emprunts aux
styles archaïques. Gauguin était parvenu à corrompre un certain nombres
9-'artistes. La leçon de Cézanne semblai~ vaine. Une baisse générale du
(1)

Par l\lamice Raynal (Delphin-Vcrlag), 1\Iunich .

niveau technique était le signe distinctif de la peinture « fauve ». La
couleur anarchique, affranchie de .oute contrainte formelle tenait lie
d d .
'
u
~ essm et de c~arpente structurale. Néo-classiques et post-impressionrustes se partageaient le~ faveurs du public ...
Picasso, redevable de sa maîtrise à une forte culture traditionnelle restitua tout d'abord au dessin son ancien prestige. Il comprit le cara~tère
~ette~e~t conventionnel de la peinture et renonça à concilier ce qui est
rnconciliable. Cézanne prétendait (( faire du Poussin sur nature». Picasso
abandonne le motif au sens impressionniste du mot et recrée librement
selo~ les lois de l_'art, les seules qui lui importent, un univers plastique qui
reqmert de ce fait une personnalité autonome.
Convaincu que l'œuvre de Cézanne contient des éléments intransmissibles, Picasso ne _tente, m_ême pas d'imiter par quelque savant subterfuga
la facture du Maitre d Aix-en-Provence. Il met fin à l'affreux malaise
que créa Cé~~nne en inscrivant sa couleur expansive et dynamique dans
les cadres rigides d'une forme préétablie, qui tantôt l'enserre et tantôt
cède sous sa pression interne.
. -Le mé~ite _d'avoir opéré la dissociation 'revient sans doute à Henri Matisse, 1:1ais Picasso, le ~remie~·, l'applique rigoureusement (1). Respectueux
d~s lois de la surface il rédmt la forme à i'état d'épure planimétrique et
d1spose la couleur autour. Il emploie les «localités» c'est-à-dire les
_
l
· . ,
,
cou
eurs mtrmseques des corps et soustraites aux effets éphémères des éclairages exceptionnels. Il représente la forme organique des obJ. ets et n
··
on
1eur position
_par_rapport à ~'angle visuel du spectateur. Il forme une profon~e:11' qualitative en variant les angles d'inclinaison des plans colorés
qu'il Juxtapose.
Ce gr:ind ~rtiste, ~ont l'œu~e a suscité un mouvement d'une importance historique capitale, a-t-il perdu aujourd'hui son exclusive· di _
·
? 1
rec
t10n . I es~, en tout cas, bien incapable de fausser sa présente orientation
de le canaliser, de le pervertir et voire d'arrêter son cours. Certains mod '
d e figurat·ion sont assez répandus de n.os jours pour mettre le c b.
es·
l' b · d
u 1sme a
a_.ri es caprices passagers et des changements d'humeur d' un h omme .
spmtuel, cet homme fût-il un génie authentique.
Les conclusio~s de M. Raynal infirment d'ailleurs celles de M. Otto
Grautoff.
Il ne saurait être question d'un désaveu du Cubisme par Picasso ni
(1) Dans une tê~e de Matisse, vu~ de trois quarts, un œil, au lieu de rom rc l'har1'.1on_1~ ~Jane du v1sag~ et cle c~ntribucr par un effet de clair-obscur ou
un r _
comc1 à former un relief, peut etre simplement prnjeté sur le fond du tabieau. ac

i:;

�916

MUSIQUE

L'ESPRIT NOUVEAU

d'une apostasie. Mais on peut souhaiter que dans un avenir prochain des
artiste;s à la hauteur de leur tâche élaborent une législation susceptible
d'_ordonner le Cubisme qui est jusqu'ici un art puTEment empirique. J'en
sais même qui s'adonnent à cette œuvre avec une ardeur qui porte déjà

ESSAIS POUR UNE

E

ses fruits.
Le Picasso de M. Raynal est certainement le meilleur ouvrage qu'ait
écrit1ce subtil esthéticien. Il atteste de sa part un.sens critique aigu et une
parfaite connaissance du sujet traité. Aussi est-il étrange et regrettable
qu'aucun éditeur français n'ait songé à le faire paraitre jusqu'à ce jour et
que l'Afümagne en ait rn la primeur ...
\Valdemar •GEORGE •

..
1 •

Les rapports mut.uels de l'art et de la vie sociale sont riches
en suggestions de toutes sortes. L'auteur s'est efforcé de les
étudier avec une méthode d'analyse aussi précise que le sujet le
comporte. Il examine tour à tour leurs principales catégories :
les rapports de l'art avec le métier, avec les classes sociales,
avec la famille, avec la vie politique ou nationale et la vie
religieuse. Dans ces ape_rçus' multiples, où les esprits les plus
divers pourront trouver plaisir et profit, il faut noter des études
pleines d'·actualité sur l'art Et la guerre, sur l'art dans le luxe
et la mode, sur les salaires des artistes, sur les genres religieux,
sur les formes populaires, mondaines 6t académiques, sur les
influences politiques, E.tc.
On voit que l'esthétique sociologique ne peut plus se contenter aujourd'hui des points de vue par trop vagues où elle
se maintenait à l'époque de Taine et de Guyau. Elle aborde
des analyses plus vivantes et plus scientifiques à la fois. D'autre
. part, M. Charles Lalo ne qmclut pas, comme beaucoup de ses
prédécesseurs, que les œuvres d'art sont une sorte de reflet
pur et simple des milieux sociaux par lesquels et pour lesquels
elles vivent. Il estime au contraire que l'activité esthétique
consiste à dégager de ces conditions préalables et nécessaires
une vie autonome, une évolution qui lui est propre, une liberté:
No-us reviendrons prochainement sur cet important ouvrage.

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ysique
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(1 ) Ca. LALO. Paris, Doin, Éditeur.

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(l) Voir !'Esprit Nouveau, no 5.

�MUSIQUE

L'ESPRIT NOUVEAU

91-6

d'une apostasie. Mais on peut souhaiter que dans un avenir prochain des
ar tistes à la hauteur de leur tâche élaborent une législation susceptible
d'ordonner le Cubisme _qui est jusqu'ici un art purEment empirique. J 'en
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PAUL J)F.RMl!:E. - Lo Lytl111110.
I,J';ON CJIESOY.- IALtttérature belge ~epuh 1014.

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te,vle des principauJJ articles sitivnrits :
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ESSAIS POUR UNE

•••. - 'Pensées d'hier et. de maiotenant,
l!, HERTZ, - M.&amp;~ .Jacob.
~NR1 TJIUILE.- Du Korau et de la.Po~e a.ta.be.
R. lZDEBESKA, - l,;.L Poésie. ])Olouaisc d'a:ujoutll'l1,ul.

J. RODKER. -

Lt\ Litt.6,ra.ture iwglal&amp;c d';\uimll'•

d'hui.

IV.AN' GOLL. -ûr. Nou,•elle r"oés.le 1Ulema.11dc.
VINC&amp;NT RIJ(DOBRO. - L&gt; Llllérafore eoJ)&lt;l·
goole c1·,1.ujoùc.:l'hui.
B. CEOOHI , -L'A.Tt de 01.rdl\rclll,
PAUL l&gt;'ERMÉE. - Appeb ùc ao1.1s, Appels de

""""·

8JSSI&amp;RE, - L'Arl de StllI'at.
OZE:S-.FANT d .TE.U""NBRET. - Sur la l'llslique.
t,.NDR~ SA.Ll!ON. - p;o.\880,
YA.U\'JfF.cY. - Paul Oêi'.U.1Ue.
C€2lA..'i~E. - I,ol.ln,a
ADOLl!'HE LQ.OS . - Ornem!!at.. eL Crime,
't"A.UrBECY. -Le Salon d'Aulouwe.
'VA. lJVR.ECY. - Gd.cj.
J EA...X OOCT.E.!.U, - La. FrE.l:lu~ye.
CJIRlSTIAN. -Ll- TyPogra11ble.
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RAYNAL. - .Ju,in Orle.
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•.
• DN TûU'I OF. Qt'l
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OJij SOUS LA FORl!E TYPOG!l,1 PH I QUE

P. R.ECR'.r, - ll~gn.._
CllA.RL"ES HKN"RY. -

ll.pnesie,
- La théâtre).
Revue de lil/&lt;'ralurc la 1111
z ·• avertie
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r&amp;.

ll l.France.
- La Ret•ue d'es tllét'
•
. tqur, prmuère
L"Esprcsslonnisme.
edtique des Arta ligur:tlifll

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.R. OJIENEVl ER... - L'e.,thWt1ue de l'roud"bon.

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:R. CII'.E~,;;•1.ER, - L,1,- \"Je frauçaitie.

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Jt:E:s'É BIZET. - Le Mu•ie,,IWL
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I&gt;
1

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QUI Al; 0. S 00h11 n,R- LES POCHO! RS, ~JAUX FORTES, URA•
.,
Il NT UNE Y AUHiB J)E COLLHOTION CONSIDÉRAULE.

:R. BIZET.- Do quelqueis 11r,t&lt;ibo-tu.,
OlYOI R.E. - De l'eQ'IJilol du ,,erré gro&amp;'!i ,n11t.
}'.Dl ,~01RE. - Lo llespœl des l!'hwl t'U Thé.lt.re.
. ..... - .U01lC&lt;"IU et le Clu6m.1..
J_. COLT.,,. -.Les Jclllleli Ren1ca ;.ille-ma.uût._
L AOJ..Gt-iNR-J.d::lport.e.

Elc.. Eli.:. , l~lc.

FRANCE

ABONNEM~NT
LE NUMÉRO:

~cience

lrouver

paraissa!lt ""

IV. - La Revue des recherches esthétiques de I' I ngl .
V. - La Revue -musicale rraiment modC'l'ne
nrnur. .
VI. - La Revne scientifique (science
' abond~mmenL illustrée d'e.-x:emple.~.
1i01·tée de tnu~ les intellectuels, les c~!?J~e,~:l a~pl';'litées_) , la. seul~ gui metle ;i l;;,
Lrielle du mots, sous une forme élev~e e/ :c ns 'bÎ l actw1lé sc,e:nt1/i'}uc et indus•
YII.
La Re
de
.
.
•
e$St e•
V Ili. - La . rue
socto!OfJ'1&lt;JUr et d _éco11omiq11e, librr de tout pa,·ti.
l X - L
Re,we du m~t•emmt 11h.1losophiqt1e dU monde entîer
• ••
if, Rev1te de l 'acl11•ité de la ,,ie
d
·
trces, resumé concis de Lou/ ce qui 81• /a.tmotdeern1~~s1ous forme de chmni1111cs iUu.s•
va "" e en Mlre temps.

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lité de
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de très
1 siècle
le très
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ÉTRANGER

70 FR. ABONNEMENT '75 FR.
6 FR.

(l ) Voir l'Esprit N ouveau, n• 5.

LE NUMÉRO:

7 FR.

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mté et
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partie.

�916

MUSIQUE

L'ESPRIT NOUVEAU

d'une apo tasie. Mais on peut souhaiter que dans un avenir prochain des
artistüs à la hauteur de lcu1· Lâche élaborent une législaLion susceptible
d'ordonn r le Cubisme qui est jusqu'ici un arL purement empirique. J'en
_ _ • ..,,

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ESSAIS POUR UNE

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,c.r,ccrtirn l'laire. • Èoit i 1naîs e~l•Cl· 1!1 lnut re &lt;111r rep1·(•,rn(e celle for111ulc ~- ..

LA PRESSE ET L'ISPRlT NOUYJ~AB

lï mf\ll-l ons, pnur les non lnltiP.,.

Fllr r~ ·ume, tel te cxpresslnn qui r,•r~le tant 1\t• rllu~eg, 1·11 se~ deux Jlllll~ cl1an·
tants, ln fin dt·~errernent, tri:sanciens par quoi h• ,·ienx mm11lr - ,tlas !
plétiuc
sur place, vfgète el cbanrclle sur ses als vermoulus.
.Ellr ind iqne la mise rn n•uvre clc l'esprit couslrnctif fon!lé i&lt;ur la mHlln&lt;!c. l'ap•
plication du systtme esthélitJ\Ie rntionnel, sans quoi aucun édifice ne v,mt.
Jl s'agit ùr rh·élcr les unes au-..: autres les , ·aleurs qui s'ignorent afin que,
s'nnlssant et sr romplHant, elles puissent donner , tout cc que la communauté
pt·11t en attemlre. F.n jux1arcrnnl t'l t11 conjuguant les forces objectives, créal rices el réaJis,11rices. un ~1,ticndra c,ldcnuncn1 , de leur hannonieuso combimtl·
sun, Je ma-,;imum de résullat~.
G. FLEl..R) 11.A REVU, ~!ONDJA.LE. - 1•• Déconlm• 19~0).

L'F. PRlT NOljV"EAll publie son st&gt;plit'me numéro d'un inlérl'l toujours
rc'llouvclé, d"une llluslratlon al;unù:mte.
.
.
Parmi les Revues nouvelles L'E!-PRIT NOUVEAU est celle qui mérite le
mit&gt;ux l'adjeclif dont elk ~•esl 11ar~e. Il n·cst 11as une qucslion &lt;les lelLres, de•
scil·nNs, ô•· nconomie ~ol'iale à la musique, qu'1•lle m· semble pr.-le à golliciter
rl, ~on exœllcnle [0l'mulc aidant, elle est apr,el(c à rendre les meilleurs ~t&gt;r•
vices.

LES '1'11F.fZE lla'Jl\TRANSH.EANT. -

24 Avril 1921).

l.'ESPJll'l' NO-CVEA e t(moip.ne LI En de te som•d lravail confus et caché de
l 'hlyer; les 1e1 mina11cns s'y 11r(parent, on y trou,·e des ~sp~rances rnai:n.1ifiq·ucs.
tLA RE''t'.E DE GE.l\"ÈYE. - Féurier 1921).

..... r:ep1:-ndant 11ulkp11L1licaliml plus que• L'ESPRI'l' NOUVEAU , ncs'affir·
nie dévouée à l'avènrment du ri'gnP sou,·erain d• l'InteJllJ.(rllce en Art. Nulle non
plus ne se rl•vi·lc aussi c1Jh(,tcnlr et lmpér,ltiw dans son rltort. sous de libérales
apparences c1·1··rlcctisme. Toul cr nui s'y publi1' semble l'1' tre en Yerlu d'un plan
eoncc•rtê et concourir à une même fi1\ a\'"oul-c : hl con,1 llulion tl 'une cst11étique
scicnLiiique ...
Lo1tis-Richarù .lfOl' ,\'ET. (L,\ RE\'1;E DE L'lIPOQ\î:'.. -

Le sixii·rne ùl• • L'ESPRIT NOL ' ' EAU • est certainement 1·un des plus inté1•rssa.nts fascicules de rrvues • avancées • crui aient paru depuis des années.
(L'lNTRANSIGEANT. - 30 Mars t 92.l).

:IJai l02Î).

L'ESPRl'l' NO1.'\TEAU, Rerne internationale, est à snin-e. Alon; que la plupart ùes publications d'avant-garde de nos jeunes gens d'apr~~-gucrte sont put·
1·llrs et incoh~rentes, à peu prts nulles, celle-ci semble d 1ercher non pas à dé·
trulTe, mais à ('onstruire. On n,., s')• rail pas gloire de ltl1Llrier. Ses trois premiers
11um(•rcs sent curieux d intére;;sanl.!'.
ILES :MARGES. - 15 Jam&gt;ier 1si1J.

L'énergie, Je trtsor de ln J;PTJ5ée françaiS&lt;' cl (lrang~rc yous pourrci ). puiser
à pleines ni:ilus cta11s chaque nuni~l'O d'une Renie qui s'annonce lllen sous le li·

Il'&lt;' de L'ESPRIT NOCVEAt: ...
... Le, premiers num(·ros en sonl si tourrus, si nourris que l"on en Il meure coi.
J~l quelle" illusl rations, quel lès rcproductlcns : Le Je sais !out de, intelleeluels, le Vadc-1\fe('um des ca11dl!lats à la llc&lt;'nce es-Esthétique. L'ESPHlT
NOUVEAU Internai lonal sortira chaque mois sur 130 pngeR; c'est l:t
première RPvue dans cc monde consacrée à l'esth~tiq11e de notre 1cmps, dans
ton les ses manife•tations. Elle se 1ll'npose de raire comprendre l'e. pril qui anime
l'époque contemporaine; faire saisir la hcautlr de cette ~poque, l'originalltl'.! de
son espril; cltmontre1· que cette époque esl aussi belle que celle du pass6 où l'on
voudrait avoir vécu. Jllontrer l'esprit unilalre qui anime dans Jeurs recherches
lrs ditfér&lt;'nles élites de notre ~oclH(•. Elle pr(sentera, tommentern les œuYres,
les ldt'es de ceux qui, aujourd'hui, conduisent notre ch·ilisalion, e·lhl-Lique cxp(1ri111enlale, cstheliq111• de l'ingi•nicur, lr music-ball, le cin~ma, le lhéàtl'e, le
costume ...
,/acqu.es·EmU• BLANCl·IE
(COMŒDIA.
25 i\'orembre 1020).

L'ESl'RIT NOUYEAU. -

rcnx qui 11rnsenl.

CellcRcvuem&lt;-riteson tilrecLla sympathie de tous

!CA RN"ET DE LA f:Ellf.AINE. -

10 Avi·il 1921 ).

V.ESPRI'l' KC l. YF Ali. 'filrc Ju&amp;llfié, lan:nc· cc ml,l(r. bimfail réalisé ....
L'ESPRIT :l\CL\ l·All ... (;nl rrogi-ammc 1... et quelle opportune ;iclion
arcompli.•fnt ainsi Je~ prlluncurR de grand laient qui vont l'imposer aux sa•
Llsfalts emmurés dans la routine mortelle ..•
Le · • œm·rle~ • modernes, inirtnieul'!', arcllitectfs, bornmcs d ·affaires, colO·
niaux, clc .. rl'mplis de fol ardente, u·éatcurs et réalisateurs pratiques, singull{'remenl trempés par la longue ~preuYe, réclnmenl l'aY~llcJlle.nL d'un esprit uni•
tnlre qui s'lmpo~e .1 ls ,·culent, d:ins le domaine intellccluel, leur place au soleil;
ib e11lendcnt, rux qui ont impn,vlsé, lutté, lriompl\é, coopérer à la direction de
nos dl&gt;stiné11s t li faut les fcouter a!in que uutre PaLrle continue son rOle d'im111&lt;,rtelle conductrice du mo11de ...
Vuilà Le dogme, , ,oilà la thèse dheloppée en des articles infiniment attacllnnl~,
Ml111rdants d'idée. et de foi. Et d'admiralllcs illustrallons dfmonstr,11 ives complHenL celte rnue 1Zénérale ùe bon combat.
(LE FIGARO. - 24 Octobre 19':l.0).

Voici que des tecltnlciens di~scrlenl avec ~l(gance $Ur les condilions que de•
vra remplir la maison de 1921 sur son architecture, sa rnatière, son volume, sa
distribution rl sur • les réactions :physiques 11 u 'elle r-rovoquera • cbei les pas•
~ants.
De ce nombre est lit. Julien Caron qui , dans l'ESPRlT ·ouVEA ll, nous van le
avec compbisance l~s merl tes de ce qu'il appelle , la maison ralsonnable •···
VU ILLER J\JOZ (LE TEMPS. - 6 Atnil 1921 ).
Qu'entendl'nl par
ESPRI'I' NOl, \'EAU • ces r(•alisateuts qui consncrenL
;·, sa diffusion une revue nouvelle?
Ils le dêlhlisscnl aim,I: • fa,pril èe ccn. lructi&lt;:n et de srntlltsc guidé par une

L'ESPRl1' NO\;VEAU vicnL de p11blier son cinq_
uiêmc numéro et témoigne
toujours le m(me~ou&lt;'i de di'-'c1·~ill' eL d'Hude Qriginale.
(LïNTRANSIGEAN'I'. - S .,Jars 19~1).

(1) Cn. T,ALO. Paris, Doin, Éditeur.

f

L'ESPRIT
N fu s sommesllcurrm:des1gnall'l'la11aisMnccd·11nr
·
Revue
Hal.tlie NOUVEAU
sur un
N
. .
,..
so umenL nou,cau. L'ESl'RIT NOUVE!\U
~~~Y~~: ~~el!~ ~~m~rquallle .P_ublicallon sera accueillie ,n;ec ~~pre~
rorce rie la. civlll~allon d~~ 116 1
partie del 'élite intellecluclle, seule

se:n~~:

l'"'C.:ili

:~a:g~~~t~!'~

{Gll.AJ\IMATA·ALEXANDRIE. -

(lu~f\f(;c;:1~~1••usnrncaœnu11;:e1aolio~s dlenonL ètre $Ull'ies awr Loul l'lntérN que l'on
·
• , r1gma c et neuve.
(I'ARIS-101:RNAL. - 24 Octobre 1921) .
L'E PRIT NOUYE;\ c~. - Le Corlrnsicr•
.
.
.
l'lun,• sur 1·archilecture par • les Tracés R.égul Laugruer continue sa mag1stl':ùr
a c11rs •·
!CARNET DE LA SEJIIAUŒ. -

3 .-l"-ri! 1921).

Nons poss(•dnn~ enfin. avec L'E, PRIT NOl'VEA •· J
-· •
1011s ceux "ue 1mi
.
..,, n renie Ms1rt•e rar
- ,,
ocrnpen 1. 1es i-aractfr1stl()ues nouyellrs de la litt · l
1 arts
et ces
Tl y a là 186 pages de g ·and 1
·
cra ur~
duction d~ lalJleaux, photos sc11C~as th~rn~at, parfaitrmcn L illustr(•cs : reproà se synthéti~cr, sous forme a·~nst~·ler~el
1 01/le~l oil comm~ncenl
mer par le 11rlsme ou la plasti
, 1 es es entat1ves d eXJJrl1, s
qu'unc Reyue soit née oil l'on que n.pect nouveau clu Jn(lllùe, il est important
~enlrd l\'eS de 1·esprit et clc 1:l
œudvre~ et les tlll'ories_vral111~nL repré•
PRIT NOUVEAU .
. l e mo ernes. li Y aura ams1, clans L'ES1,rodutUcns lrs.plu; rr:1~~~uda~~!m~~~!\ii~;ér~~~~=:~i3!:;;~_ in1C:re!Slianle sur les

et°t~i:~e;~ ~i f

re:~:r11'r:~

15 \·omnbre 19:10).

L'ESPRIT NOLYEA U (n° 01 t ,
·
goOt en donnant ll'aclmlral&gt;le~ 1~epr~Ju:~~;;; ri franc, afrilmc le largeur de $On
ILA YlE. - 1•·r Mars IU21l.
L'ESPRIT NOUVE.\lT l'enie inl
1·
1
qurls &lt;tu'ils soll'nl. ne J'a1•ci1itecL11re r/1;:-1adrn1;a e,. trait&lt;&gt; des errorls m_o dernc~
ra le labeur llumainau c,iritue celle
nh;n. 311 ~ ~soins de l'usine qui alJrite·
i·l1HJletouslcsiesLes,toulesl~scnu •... P 1111:&lt;:~o e,L'RSPR11'NOUVEAU
du moment ùfrouuent dans les r,t~~:;~ ~eult:~:~~-~~lol'aUons &lt;tue les rccberchcs

,y':n

CLE POPULAIRE. -

t~~~ t

,~~~-i~~~~'! ~}~i!1~1~~

D~cembre 1920).

L'ESPRIT NOUYE \.l.: •oigneusen-e t
f
,
Nr~ d'unerérlle utilité ~ 1 Jc. mo·ns · . n r,r ~r 1111•·. et s'ndrr~&lt;mnl à lous, peut
houre.
, qu on en puisse dire, est i1u il vient hlen il sun

(LE THYRSE. -

L'ESPRIT NOUVEA l'. - Cet te nonvellc Rc·vu 1 1 1 ·
·
1
1
1
nL m:1!s ont r,aru ju,qu'l!·i, semble dc~Li,;ée :) Jou~~ \~~ r~Jleuf~~~~1~~
m1111HU1Clll moderne. AI cnconlrc de 1·rnl !l'autre·
' c
111
1
1
1Nrouvc, ma ll1t•u,rt•u,eme111 11aralysée p,n u'n fcli•ctbn;e~~ ; 11
ou,EAL s efforce, n1•11cmcn1, de ùdenùre.el dr prnn•i"dr
·
Il 'llui.
,,. ~• lesi·d-'
1•c.s d~auiour•

tO Janvi,,,. 19:!l).

. .Le numOr~ sept c!e • L'ESPRIT NOUVEAU , ne (\êmcnl s · s •
~e~~i~c~~~:/•ente lle &lt;11aq11c nurn&lt;ro, qu'il ~Cra encore J)lus ~~lllla:i~~~

"Yoici l"Lnc t:rs Rnues rr~nçalHs les plus rc111arql1abl!'s de l'b
. • a prtsentath.. n cL Je suucl que les directeurs· oienrant el J .
cure p1ésenle
les aul.,urs d'un très bon r,elit lin-e • Après le êuhismc
ne ~.rnnen·t h[u1 ;;01\l
giJ• leur programme
leur cadre jusqu'à raire ùu
L '.~Sl'~~~c~~
une sorte de monileur de la pensée et de l'a1t &lt;'nnlcm )0r:11 1
,A •
que la ~~rio~i,lé: une s1m(lathienct1c l't r~condc...
l
' , • comm:rndent plus
..... C est d organes conçues sur ce plan clair el co
•
g(·nt'ration. • L'Art Llhrc • trahirait ~on progran1meu:::i~1~,~: ~:•l~lq1,1ednéollre
ranl pas très hn11L.
•
c c c aP. CfJLLV. L'ART LIIHU~ (Bruxe/leRI. - Mai 1921.

eL

·-

-

1~f;fétr•

'fGA~

-

(l) Yoir l"Esprit ,l\-ouveau, no 5.

- -·-

r

Est-ce à dire que l'errorL emreprls ar
,
vain? N"on pas, certes. Excellente 1· , P L'F. PRIT ~O ~'EAU soit lnulilc ou
Lll]UC ùes ~ys1îmcs ainsi l]Ue des l&lt;•c~~~gne q~edcelle d un 1·1g~urcux examen cri•
_ques cL es œuvres qui en r(•~ulfent.
(LA RF. Vl;E DE L'f.:POQl'E. - Ffnrie1· rn21J.

.~~ie :,

des

l"' Avril 1921).

Nous aimons à saluer L'E, P_RlT l\Oli,'EA~ •, une nouTelle Revue fran
~aise donL l'élan juvEnilc nous p1omel de sallsraire les plus enthousiastes espé•
rances.
(LA RENAi SANCE D'OCCll)ENT. -Bru:&gt;.·el/es. - Mars 1921 l.

~~~

:,;·y lrouvml: que'.qns (lrges ()e • l' Eub.:irr , de J'aùminl,le 131· ·• ·
.
dont la re, ue a~su1 el ·cdltion à I ou cxemplair;~ seulement 1
,li. e Cellal',n"'
Qt1l' les le11rts se h/. lrot; ur.c étude sur d'AnnuTJzio
.
·
Hude ~ur le thNllre, par DlYoire. d'adC1rab'e ' notes !l'If \.Par ~l1encv1er, tmc
lenle thèse dlîuitlollro, sur la ~realion, e.L
cahie1·s'~'e
un1;_ewcl•
rrll111ue, ()11111 mpli'.te1,t la rneillrnr~ renie de uotre gtn(orali~n. icc. • 11 ,ll'l. \JP
!CAR. wr DE LA 8l,;\tAI ·v.. - 13 :.rar 1921).

J,'E PRIT NOUVEA li dont je vous ai dit la hardiessr.
(LA RE\'l'E DE Jo'HANCE. -

Février 1921).

(ÇA IRA.

L'E~PRIT :.--OL VE Ali une de~ plus remarq11aliles Rc1·ucij du Temps prés!'nl
(CCL\JŒDlA.
9 .l/ars 19211.

.,.

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.....

-

LA COPRBE DJt1 NOS ABONNEMENTS

�MUSIQUE

L'ESPRIT NOUVEAU

916

d'une apostasie. Mais on peut souhaiter que dan·s un_ a~eni: prochain _des
. t . · la hauteur de leur tâche élaborent une leg1slat10n susceptible
ar t1s es a
. .
J'
d'ordonner le Cubisme qui est jusqu'ici un art purem:nt emp_mque. en
sais mt&gt;m,,
ses fr
Le
écrit:
parfai
qu'au

quel'

r&lt;n;

ESSAIS POUR UNE

'n..d.o.n.n.r.:

·ESTHÉTIQUE MUSICALE

BIBLIOPIIILES .

L'ESPRIT NOUVEAU

(Il, Suite) (1)

TIRE EN PLUS DE SON EDITION NORMALE
PAR

UNE ÉDITION SPÉCIALE DE GRAND LUXE
.
GR -tND LUXE numérotés, ju.stifit.s.
Il est tiré avec art 10? e.:eemplai;e:ELIN TEINTÉ P,UR FIL LAFUMA.
LES TEXTES sont tirés sur Jort
, ,
• , INT É
Lh'S GHAVURES sont tirées sur Jort J ELIN_ TE
PAPIERS SPÉ·
L~S ÉPREUVES EN COULEURS sont tirées sttr

Le
en su
étudi
comp
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avec
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consis~
une vu\
Nou:

CLAUX.
S ORIGINALES sur GllANDI:; p ,-1PIERS DE ~'IL,
LES GRAVURE
VELINS OU VERGÉS.
Ces 100 eœernplaires sont numérotés de 1 à 100 et portent

LE NOM DU SOUSCRIPTEUR
Le prwilègc du ,ne,ne numéro tle série eNt garanti au souscripteur pendant toute la durée de son abonnement.
Cstte édition co11tporte de plus :
DOUBLE SUITE DEI:; GHAl'URES ORIGINALES
BOIS ORIGINAUX
"
»
POCllOIRS, ÉTATS
. » SUITED~::; ÉT-1TS DES T1R,4GES EN COULEUR

QUADRUPLE '

.

. .

. .
arantissons d'a1&gt;porter à cette édition tous enr'.~iaEn cours de ymbltcation, nous _o
t , honneur d"en /aire une magnifique
f • n ments désirables, tenan "
et
bib!ioplliliquc tris importante, un objet unique.
,;o ec ,on
.
,
. mise dans le commerce. MM. les blbllophile.-.

se~t':t r.:11:c~:1:,:

N.-B. - Celte édition n est pas
tant de leur souscription, soit 200 francs
sont priés d'adresser dircclc'.ucnt le t~on ·t Nouveau 29, Rue d'Astvrg, à Paris,
par an, àla société des Ed1t1on~ de spr1
•
pour les numéros de série de 3 a 100.

*

Par exception, en raison de 1e7
souscription aux nuinéros de sér e
1.000 lraDCB pour l'année.

(1) CH. LA.LO, Pads, Doin, Éditeur.

r

articulière valeur bibliopl:&amp;ilique, ln
t 2 tirés sur Beur de !orme, est do
e
'

GEORGES

MIGOT

DE L"HARMONIE
Suivant la définition de l'Ecole, l'l1armonie est rart d'enchai ner correctement
nne suite d'accords. Cette correction s'obtient en suivant les règles de la physique
acoustique. Par elle sont exclus les accords de sixte et quarte, les suites de quintes ou
d'octaves .
Ces Tègles édictées en dehors de tout contrôle, de tout droit pour la sensibilité de
s'exprimer, nous amènent à remplac_er dans cette définition le mot art par Je mot
science.
Des règles établies avant toutes nouvelles recherches permettent à la science
q'aller vers de nouvelles dé.c ouvertes.
Des besoins d'exprimer des impressions nouvelles permettent à l'art de trouver
des moyens nouveatoc
En science, chaque nouvelle découverte confirme la règle.
En art chaque œuvre nouvelle infirme la règle.
Pendant plus d'un siècle trois accords successifs ont été nécessaires pour préparer,
faire entendre et résoudre une septième.
La science acoustique en avait ainsi décidé, nous privant d'effet5 neufs par cette
règle imposée et usée dès sa première application.
Pas de suite de qwntes, était-il dit. Pourtant la sensibilité auditive en sait de très
savoureuses, écrites avant cet arrêt et depws, heureusement. Pendant plus d'un siècle
il était convenu de trouver creuse la sonorité d'une telle suite.
Pas de suite d'octaves était-il dit. Pourtant la sensibilité auditive en sait de très
claires et très sonores. Pendant plus d'un siècle il était convenu IJ_e trouver pauvre
la sonorité d'une telle suite.
Grâce à ces brimades, la conception harmonique de la musique se sc1·ait bornée
à des exercices d'harmonisation des lignes mélodiques, si les vrais musiciens ne
s'étaient souvent libérés de ces entraves.
Pour expliquer leurs libertés, on catalogue celles-ci dans les exceptions du retard,
de l'appogiature, de la broderie, etc. c·est là que l'on mit lïmprévu. Commenté et
classé, cet imprévu devint vite « très prévu ", les places où il était permis de l'utiliser étant restreintes par une préc(se délimitation. Un moyen simple de calmer les
consciences inquiètes de ces exceptions fut de dire qu'elles confirmaient la règle.
C'est une formule de paresseux ou d'ignorant. L'exception infirme la règle en partie .
(l) Voir !'Esprit Nouveau, n• 5.

�18

L.ESPRIT ~OUVEA

ou en tot~lité. :,lous &lt;liron~ plus : en ciencc comme en Art, l'exception doit être l'indication qu'il y a une règle nouvelle 1 trouver : C&lt;' qui ne YCUt p:L~ &lt;lire que la règle
ancienne c. t mauvaise. Toutes l . règles, toutes les directives sont bonn&lt;'s.
Un ensemble de règles constitu une théorie, une mani re de conccvolr la l\lu ique
ou tout autre mode de manifCblat.ion de l'activité arti tique ou scientifique. Les
exception. , o'esl-à.-dire les c11s qni ne ont pas expliqué. par ces r gles, , ont ronsidéré. comme ks confiTIT1ant par le rôle de point de délimitnlion qlû p&lt;'ut leur être
nccordé.
Il faut celte manière de juger pour sta'biliser pendant un temp le matériaux av&lt;'e
le quels peut travailler le !(ènie humain. !\lai il faut aYoir, lorsqu"il en est temps,
considérer ces exceptions oomrue quclqne règle faisant partie d'une tl1éoric à trouver.
Le monde sc11sible est éternellcmcnl r1mouvelable. Des ri'gles groupées forment
une théorie nous permettant d"obtenir un ongle de perception de ce monde. Une
fois cet angle de vue u é, e·e. t grâce aux exceptions contenues drin la théorie qu'il
~ero po ible de trouver une uouvclle tliéoric dounant la I
ibilité d'un nouvel
angle de vue.

Toute directive e;,tbétique est bonne. li ne fnnt ni dire, ni croire quïl n'y en a
qu'une seule.
..
La conception classique de1a m,1sique II créé des chcf.s-d'cruvre; ma,., avant elle,
la musique e&gt;,,-i tait en des œm•rc mt,gnifiq11 .
onception rythmique de ln musjqueavcc 11111111 ique grecque.
onceptioo linéaire avec la mélop~e.
Conception linéaire-rythmique in-ec la C"hnnson populaire.
Conception plura-linéaire et rythmique avec ln Rennissance.
L'Harmonie naquit. Tr rc- rtreinte d'abord, elle 1ùunène une conception neuve
ùe l'art m usico l qu'avec Debu sy . R cmlons hommage au génje fmnçais. Héritier de
la mélopée, il crée les types les plu parfait de la chanson Jlop1ùaire et de plein 11i_r.
Sa renais ance flit magnifique. Palestrina fut élève rie Goudimel. Plu tard, Couperin
fut copié de la main même de Bacb. Hameau trouve l'harmonie moderne de l\loznrt
à \Vagncr. Dcbu. y vint, et de l'Ilarrnonie considérée comme une po. ibilité d"cxpr ion muskalc par elle-même, fit voir des régions nouvelles du monde onorf'.

Les C'hi.. siqnes, ajoutant le fugoto à la concepti.on plurn-linéairc et rrthmiquc de la
Renaissance, Nêèrcnt l'architecture musicale : cela dè. le X\'Tlc siècle. L :i..,111• ièC'lc
p rfcctionne &lt;'elle architecture, alourdie un moment au J,,.,xe iècle par le Msir d'en
allonger les dévclop1)emcnts, rajeunie par la cooception cyclique de Franck et
d'lndy.
Dans cette conception arcbitecturale de la musique, la modulation joue nn grand
rôle. Chaque modnlation ei t CLl effet consid rée comme un degré nouveau ajouté à
l'œune architecturale.
La modul ation était u n plui ir nouveau npr , les hésitntions éprouv~ pendant
le trajet cl modes anciens pour aller nu majcur-minc11r moderne. Peu rie'.'lle en
moyens, !'Harmonie mockrne ne put n sirniler ù son début ces anciens modes, qui
nvaient i magnifiquement créé des lignes allant et yivnnt sans avoir besoin d"un
vêtement harmonique.
Youlant libérer la !orme musicale de la con truction ternaire, les Romantiques,

E THÉTJQl E MUSI ALE

919

o_\·ec un orche,,tre plus puissnnt capal,lc de su~citer l'inthêt pnr la vari té de ses
~mbrC' , créèrent la mu ique à pr0J:r&amp;rume; et ·was:uer, ubouli sement du roman tl me, créa le personnage thémntiquc.
. Des timbres de r,_lus en plu variés de rorcl1e\tre, ln sensibilité recherche la sonoJ'1té en elle-même, 1 Harmouic en elle-même.
De~Ju~, vint. L'orchestre alors réalise la nouveauté de ln c1i sonance sans prépar~tion et Mns ré ~lu~ion, con idérée &lt;'Olllmc \'alcur expr • ive en cllc-m'•me.
'lous les accords cta1cnt trouvés dès l'emploi libr de la septième.

.Mais ulors Yers quel monde nouveau peut
l'lé dit '/

11011 .

conduire l'Art n usicul, FJ. tout~
,
••

Tout a ét dit, et il y aura toujour tout ù dire.
. C!1acune de . J!~~ndes époque de 13 musiq11C' pOU\·ait donner l"imprcs ion d'avoir
t•pmsé le po ·1b1hlés de renouvellement de !"Art musical en un cy&lt;'le qu'elle avait
fermé et qui contenait tout.
En Art, il n'y n pas de courbe fermée crë::int l"impossibilité de po er des points
ll0UYeam.:.
Les grande. pl•riodes del' Art tracent de parnbolc. ayant chacune un "foyer différen\ A~le de vut' ·ous leqnel la cnsibilité conçoit une mru1ière nC'uve de sentir et
de s cxpnmer.
Dan le chapitre de la composition, nous allons non c.ftorcer de füire cntreYoir 1111
angle de Yuc, des angles de vue no11vea11x, donnant d po sibilités de tracer dCl&gt;
paraboles nouvelles.

J)E LA L JGNE
u-des. u du rythme, au-dessus de l'hanno1ùe, e pince la ligne. Nou prenons
mot au eus génémli é de mélodie.
.ne séri~ de.rythmes crée une ~J!llC par la suite de sons qu'elle emploie.
'Cne éne d accord crée une ligne par les note;, supérieure de chacun clc ecs
accord
Le rythme et lï1arrnouie ont donc limité JH\r la ligne.
Par contre.', ni le rythme ni rharmonic ne limitent lu ligne.
Alors que le rythme et l'harmonie, en dehors de toute ,,oJonté et même contre
tou!e volont~, e JiJnitent et se prééi ent, même en eux-mêm~, par la ligne plus ou
mom mélodique que forme ln suite de sons, manife tations sonores du rvtbme ou de
l'harmonie, la ligne peut exi ter ans eux. La mélopée et le plain-chant en ont de
magnifique exempl • .
~:~xpr ion rythmique, pour exister, c·c t-1l-dire pour créer une imprt'Ssion,
clo1t. ctre ét11_bhe sur_ une ou p lu. ie11l'S période!l revenant identiques à elle-même.
L hnrmo111e, considérée en dehors de a fonction d'hannoni~ation d'une ligne,
pose u~·ec le premier accord dissonant des rapports avl'C Je accords les plus éloignés.
La hgne eule a cette liberté ab olue de pouvoir e déyclopper, sans c " C renouvelée.
C'C

Alors que 1~ concep~io~ rythmique de la musique nous conduit vers la poésie,
comme ~0\1 1 a,•ons_ ùit, aillc~rs, la conccpliou lin(•rure uou conduit à la phrase de
pr_o e, ou I euryllmue s l!t-abht sur d'autres buses que l'l:quilibre de périodes rvthm1ques.
•
~hec la ligne nous oinmcs dans le domaine purement mu. ical, c·t'sl-à-dire purement sonore.

�THÉATRE

L'ESPRIT NOUVEAU

920

.
d'un clément rythnliq~e, :un certain isochroPour arcirmcr la valeur e,-...-pressive
.
10 rythme de la cinqtlième
.
.
L
l s bref le plus tragique, ~
nisme est obligatoire.. e P u
.' d'
et même de plusieurs répétitions pour
symphonie beethovemenne, a beso~ ~~e
·prnssive. pour s équthbrer.
. , •
affirmer sa va1eur ex . ~
·
,
=si· on de ce fra"roent 1meaire,
·
s dirons que 1 expr=
o
Pds au hasard dans les lignes, nou
t déga«e dès sa première audition 1.1ne
de quelque façon qu' il soit rythmé, conserve e
.,

PAR

FERNAND

DIVOIRE

émotion.

zttzy

j

j

J J

JJ

f

r J Il

J

J J j

1

i

J .!

g

.
.
1 ·tuer dans le milieu où il évoluera,
R.vthrocs et harmonies ne seront là que pour e sl1
leur différentes accordées à
J
n.s pas rythmes es va
•
pour le préciser. Nous ne nommo
, d ythmique
de s notes à moins que ces valeurs créent une pério e r . . rvth·m·1que il existe une
'
·
t de l'expression
•
A côté de l'expression harmomque e . d
o~I)osant une ligne mélo.
f
,
ar la swte es sons c
expression intervallique, ormee P
d.ique.
. ,
trois IDO ens expressifs indépendants les
Ne pourrait-on les cons1derer comme
Y

uns des autres ? .
,
.
'ble d'écrue des dessins rythmiques
Sur un fond harmonique, n est-1I pas potss1
rant à w1 ensemble ?
.
.
,
d
ts
I
us
des
autres
e
concou
et Jinéaues mdepen an es u
. .
plet développement d ans
Chacw1 de ces moyens n'atteindrnit-il pas ams1 s?n corn
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l'entière réalisation de toutes ses possi~il!tés expr:;:1.ves~ais nous voulons susciter à
No1.1s ne nions pas la ligne harm?msee et ryt t ;:~ moyens expressifs nouveaux,
l'esprit créateur des fhrectives variées app~rtan
céd ts mais s'y ~\Joutant.
•
ne supprimant pas les pré
en
. Tt' rchitecturales de la ligne, en cons1Un autre chapitre indiquera les posSibi 1 es : , t
de développements.
dérant celle-ci comme un centre eurytbmique g nera eur
Georges
(A Suivre).

l\1IGOT •

M. Paul .Bourget disait il y a quelques années à un jeune romancier :
« Ne perdez jamais de vue la vraisemblance. Demandez-vous toujours :
Ce que j'écris est-il vraisemblable ? &gt;1
Plus que le roman, le théâtre a besoin d'être vraisemblable. Mais le
vraisemblable, c'est la logique.
J:.,g SON'@E :gi;~"ei'NE NU-1".!i:' D'~"J;''g est vràisemblable,
parce que de la base (féerie) découle logiquement toute fantaisie.
Le réalisme est ce qui engendre Je plus facilement l'invraisemblable,
. parce qu'il juxtapose des « observations», sans souci de psychologie. Il
ne comprend pas encore que faufiler ensemble des faits vrais, cela ne fait
pas de la vérité.
Exemple : ~g ~mv:a ~g l!'.,,,:EX..AS~ de MM. Charles-Henry
Hirsch et Tristan Bernard, qu'a joué le théâtre de Paris.
Tout y est cc réaliste ». Les personnages sont des filles, des souteneurs,
des policiers. Et le réalisme reste ici fidèle à sa plus sûre manifestation:
le lyrisme sentimental: car si le réalisme restait réaliste, il craindraitd'être
ennuyeux ou âpre. Alors, il s'ajoute des ornements, comme le bœuI s;àjoute des cornichon&amp;. LE CŒUR DE LILAS et le cœur du jeune policier
tendre qui se prend &lt;l'amour pour elle déborderont donc de générosité
romantique et de sentiments de mélodrame à faire pleurer Margot. On y
ajoute aussi des mots d'esprit de revuiste, de~ obs.ervations de psychologie parisienne. Et tout cela finit par le plus bel invraisemblable.
On reconnait d'ailleurs dans ces fautes, semblc-t-il, 1a main de M. Tristan Berna.rd. Amateur de boxe il a introduit un match entre le jeune policier tendre et un souteneur. Match classique à la fin duquel le souteneur
vaincu dit à l'autre: « Tu os le meilleur » et lui serre sportivement la
main. Amateur de calembours, il fait dire par un mastroquet, au moment
où entrent deux autres souteneurs : « LE TRAIN DE MAR$E A DONC
DU RETARD ? &gt;&gt; ce qu'aucun mastroquet ne se permettrâ.it,sans sanction sévère, ailleurs qu'au théâtre. Quelques détails comme cela suffisent
à créer l'atmosphère d'invraisemblance qui est insupportable au théâtre.
Au contraire on a considéré comme une œuvre de littérature pure, hors

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922

923

L'ESPRIT NOUVEAU

LA VRAISEMBLANCE VIVANTE

de toute réalité, les AMANTS P-VÊ:a.:n-:,s de Fernand Crommelynck qu'a représentés la Comédie Nrontaigne. Et ici cependant, si osées
que soient certaines situations il n 1 y a pas d'invTaistmblance, ou du
moins il n'y en a qu'une, celle qui rend un jeune homme amoureux fou
d'une septuagénaire tefüment bim fardée que même lorsqu'il lui baise la
bouche il la prend pour une jn1rn;sse. Si cette pièce est vraie c'est qu'elle
reste dans la vérité psychologique et dans la vérité d'une leçon générale
sur l'amour. Lr::çon d'un pessimisme un peu flou. Fernand C:çommelynck
d'ailleurs adore apporter un cçmtour flou à des précisions d'une cruauté
sauvage. C'est pourquoi peut-être son théâtre est souvent à la fois intéressant et décevant. Les Amants Puérils c'est une Danse Macabre
de l'amour. La tragédie à certains moments a la grandeur d'une danse
macabre. Deux enfants s'aiment et ils vont se tuer. Et au monient
où le garçon entrainera la fille dans l'eau ils ne s'aimeront déjà
plus. Et à l'autre extrémité de la vie il y a les amants déchus, la princesse
de Groulingen et le baron Cazou. Autrefois leur couple émerveillait et rendait curieux le monde entier. On les admirait parce qu'ils étaient beaux
et qu'ils s'aimaient plus que tout. Crommelynck le cruel nous les montre
aujourd'hui. Le' baron Cazou est gâteux et il est le jouet d'une bonne à la
Mirbeau. La princesse c'est cette étrangère mystérieuse, qui ne quitte ni
son voile, ni ses gants et quand le jeune homme fervent, soupçonnant enfin
la vérité, la tire le soir hors de sa chambre et voit ses cheveux blancs il
éclate de rire et la laisse écroulée. Oui vraiment il y a là une grandeur tragique. La langue du dialogue y ajoute, elle est vraiment d'un poème. Elle
a toutes les ressources des symphonies musicales. Et cependant on sort
du théâtre, disons presque déçu. Peut-être que M. Crommelynck est trop
timide. Tout le monde l'a trouvé hardi mais il n'a pas eu la hardiesse d'une
architecture simple . Ses personnages entrent, disent quelques longues
phrases et puis s'en vont, et d'autres viennent. Le pessimisme général
ne s'impose qu'à la réflexi.on. M. Crommelynck est bon musicien mais,
peut-être par horreur de la construction banale du théâtre contemporain,
il veut se montrer mauvais architecte.
M. de Curel aussi, dans sa OOU~l'):12 DV &lt;:i-~N:11:li.'i a voulu éviter l'architecture banale. Il a bien fait. Il a tenté une coupe dont le
rythme plait : trois actes de trois tableaux chacun. Chacun des tableaux
prétendant fixer un point culminant d'une existence. Il a supprimé les
développements interminables dEs « scènes à faire 11; il a supprimé k,s
effets inutiles; il s'est un peu rapproché ainsi du théâtre futuriste qui
déroule et conclut une scène rn une minute 1:t d€mie. Il n'a laissé dans

sa pièce que vraiment ce qu'il avait à dire . .Mais il n'avait rien à dire, et il
ne sait pas le dire.
J'aurais préféré parler ici de x..~AlWE :eN F@L~~ •. Car devant cette pièce, M. Tout-Paris avait ouvert le .bec et avait crié au
génie. Il y avait un redressement à opérer. Aujourd'hui le même M. ToutParis tourne le dos à M. de Curel. Et cependant l\1. de Curel n'a pas changé.
Sa oout;J:grg nu G;,;g~u::i manifeste même un effort nouveau
chez lui.
On reste persuadé que M. de Curel est un penseur e.t qu'il exprime des
Idées. Je ne comprends pas l'origine de cette opinion. Voyez· quelle distance le sépare d'Ibsen. Chez Ibsen aussi, il y a des « idées ))' mais ce ne
sont que des idées éternelles et simples ; elles se résument souvent d'un
mot : Liberté: Ce ne sont pas des idées pour articles de journal, des
idées pour polémiques d'actualité- EllEs « exsudent » des personnages
sans que ceux-ci aient l'air de le faire exprès. Lc:s personnages ne savent
pas qu'ils expriment des idées. Ils vivent et leur vie est une émouvante
démonstration, parce qu'elle reste toujours la même. L'action est en eux
et non dans des discours, et ce ne sont pas les discours préconçus de l'auteur qui règlent la marche de la pièce et l'action des personnages.
Le théâtre de François de Curel offre le tableau contraire. Ses (( idées »
sont celles de la conversation courante des tables d'hôte. Il y a toujours
chez lui llII garde-chasse, un commis-voyagem ou un instituteur en grande
discussion sociale ou théologique avec un curé de campagne. Dans l' Ame
en folie, ces conversations étaient navrantes et elles se déroulaient nous y revoilà - dans le manque le plus complet de vraisemblance, donc
Pie. Par exemple, un jeune homme se présentait à l'oncle de sa bienaimée. Il avait tout intérêt à l'amadouer, pour être r€çu chez lui. Mais
non, la conversation d' 1( idées » commençait et le jeune homme aussitôt
de développer ses phrases in abstracto, de la façon la-plus désobligeante
pour le vieux. Hors de toute psychologie.
La Comédie du Génie appelle plus d'indulgence. C'est une pièce qui
désarme par sa naïveté.
Dans ce style qui est commun à M. de Curel et à l\C. Bourget, se développe l'histoire d'un auteur dramatique qui est persuadé qu'il a écrit du
théâtre d'idées et qui se désole d~ ne pas atteindre le public.
Comment il devient auteur dramatique ? Un jour, dans la rue, il voit
une femme à la fenêtre. Il monte. Elle lui dit qu'il a tout ce qu'il faut pour
devenir auteur, puisqu'il est atteint du sadisme de l'observation (l'expression n~est pas dans la pièce).

de

�924

L'ESPRlT :-;OUYEAU

Son th(&gt;àlrr plaîl à J'élit1• Pl aux C'riti11ur!l (un grand eonp de pommade
aux critiqm•s). ~lai:- il di•plaît à sa mèr,•, et à la provinc1!,Ct au • w-aml
public ». L'autrur est victime de la :\lus•• des intellig~n,·es (l'Pxprl',;sion
,,st. clans la pii'•cP). (.'_t-s1-à-dire qur d1•pmirvi1 d11 tout moy1•n d'expriml'r la
i-en~il,ilité, il est pnsuailé qu'il ,;&lt; rit ,lt-s idée;;. Je wux bien &lt;·roirt&gt; qu'il
l''\l inrapnhlc d'Pxprimer les 1•hos1·s du rœur, l"s &lt;·lrns1·s h1Lmai11ei-, mai'\
vour les i,lt~eA, b,·rniq111•. L'auteur 1•n quenlion nr • 1wn~1• • sùre1m•nt pa'\
birn haut. On n't•i;t pas un p,•nscur parce qu'on a l'àmc ~èl'he Pl qu'on fait
d,•s dis:;1•rlatio11s en langui' plate•.
Donc l'auteur en question veut rPntrer dam, la normal&lt;', dcsrendrt• &lt;l1'
~a « haut(•ur •· Pour devenir n!lrmal, il faut vivre une vie normale, 1&lt;e dilil. Et cela n 'csl pas si mal raisonné. Sr marier r ~on. 11 aura un enfant. 11
i:e mettra à l'école du bélié. Et pour a,·oir un b1\hé il t•xpliqUl' à sn mallrPs~c quïl va st'.-duirr la fille ile son fprm1er rt l't-n1,.,rrosser.
Hélas, le mioche nP le change pn,;, Jl continue à • é,·rire pour 1'1-litl• •
i;oui1 la 1füt1;e d,: la .\Iuse ,lt•s Intr.lligPnc(•~Po11r comble de malhPur. son fils dcvil'nt aut,•ur dramatique aussi et
l'aulrur 1&gt;e11t dirP: « J'ai rait un fils pour a-voir du génie et c'!'sL h· fi),; qui
le prl'nil ». Du coup, li' père doutP dr son géni,•. \Ton génir. ... , ton génil' .. ,
son g,,nie ... , notre gî•nie ... , votn• géni.1• ... , lr ur génil·. Il s'endort dnns les
coufüsPF&gt; dl' la Comédie Frani;ni~&lt;.&gt;,et là l'ombre dl' don Juan lui consPille:
"Le génie vilml de Dir.u, va le lui dPmandrr. »
11 va donc ... i-'aballre aux pi1•ds de Diru? '\on. ~lai\\ avoir uneconver~alion d' «icli-1·~ » awc un capu&lt;"Ïn. Et cduH'I lu1 apprend qm• la me~s&lt;' est
la pièce la plus jourr. du monde parct&gt; que les audit1-urs communient de
tout cœur avPc 1.- prêlrr., arlPur prinôpal.
C'e,.L une chosP que répètrnl tous \ci; (•urè\\ de cnmpagrn•, mais c•.'p~t une
r(•v,~lation pour notrP naïf a11t1•ur .C1·rt,·~, il)' a ccrtainrment sous la Comédie du Génie un brrnnd cri rlP délrt&gt;s~e. lP 1-.•rand awu d'impuis~anc~ 1\'un
honnête homme ingi•nu qui a J)ris au M•rieux i-a réputation de « pl•ni;rur 11.
Ah ! si :'IL d1• Curd avait su sortir re cri dt• dHrt'!l!I(', nou~ le tain•
entendre, nous en émouvoir. )Iaii1 non; il l'e.rplique. Et ça nous intéresse
autant qu(• si on nous appelait au th1'·àln- vour nous y e:xpliqu1:r un th(,orëme de gt;omelrie, appris rn cla~sr a11trPfo1s.
,\h 1 :'IL dt&gt; Curel, rel\Sl'Z d'être h• ~1•nsc·ur du Théâlre Libre. Comprc•nrz la nt\('rl\silé d&lt;' la vraisc•mlllanre vivant••- El lais111•z sortir votre cri.
La danse rnfantine vous en snura gré.

�ÉCONOMIQUE -

SOCIOLOGIQUE

Faut-il émettre
tSO MILLEAI\D8
DE ·BILLETS DE BANQUE'?
PAR

FRANCIS DELAIS!

N

ous devons une grande reconnaissance à MM. Aubriot,
Levasseur, Rozier et J. Barthélemy. Ces quatre
députés ont découvert un système propre à supprimer
en un tourne-main la crise industrielle, le déficit budgétaire et
la dette extérieure. Et cela, citoyens, sans impôts ni emprunts,
sans effort ni douleur.
Le moyen est très simple et, à la portée de n'importe quel
Parlement : Une loi, - dont ils ont déposé le projet sur le
bureau de la Chambre, - autorisera la Banque de France à
émettre, aussitôt que possible, 150 milliards de billets. Chaque
billet de mille francs coûtant à peu près six sous, on voit qu'il
est facile de créer de la richesse.
Là-dessus, 50 milliards seront appliqués à la reconstruction
des régions dévastées ; de ce fait, les commandes vont affluer
dans nos usines, l'activité industrielle reprend, le chômage est
enrayé, et la cote de la Bourse va retrouver son aspect riant
de naguère.
50 autres milliards vont être affectés au remboursement des
Bons du Trésor : depuis longtemps l'Etat paye avec ces titres
ses fournisseurs qui ne peuvent pas toujours les monnayer; en
outre il faut servir les intérêts. Les billets de Banque au contraire ne coûtent rien: d'où une économie annuelle de 2 milliards et demi pour le budget.
Les 50 derniers milliards seront employés en rachat de rentes.
Cela permettra de tenir au pair le cours des fonds d'Etat, et
les gros rentiers, qui, n'ayant qu'une confiance relative dans le
crédit de la France vendront leurs titres, pourront acheter à la
place de bonnes valeurs industrielles, françaises ou étrangères,
50

�928

L' ~SPRIT NOUVEAU

ce qui va redonner de l'animation à la Bc.urse depuis si longtemps dans le marasme.
Enfîn ces i50 milliards de billets, lancés hrusquem~nt dans
la circulation, vont provoquer unc.ha~sse géné_r~le de tous ks
produits : industriels et agTiculteurs, mterméd1aires de t _out~s
sortes, courtiers et boutiquiers ,ont écouler pendai:i,t des :mois
leurs stocks actuels, qui les encombrent, à des prix touJ_ours
plus élevés. Les ouvriers ~ux-mêmes, après quelques ~e;:es,
verront monter leurs sa]a1res, et ce sera le retour a 1 age
d'or du « dancing »universel.
•
Le proc~dé est si facile_ qu:_on s,'éto;11ne que pei;s?nne, depuis le« Sunplex ,, de M. _Citroen, n_y ait plus pe~se. pour atteindre un pareil résultat il ne faut nen de plus~ une presse et
quelques rouleaux de papi~r à vignettes. Le publi,c ne se doute
pas des ressources de la Fmance moderne_: ~n _s est beaucoup
moqué des alchimistes du Moyen Age obstines a la dé~ouvertc
de la pierre &lt;&lt; philosophale &gt;&gt; : le1:1r erre~r,. c'est qu'ils cher. chàient une pierre ; Wl peu de papier suffisait.

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Mais ne plaisantons pas : MM. Aubriot, Rozier, Lcvasseur et
G. Barthélemy sont des hommes sérieux : ils n'entendent
point fabriquer des cc assignats » : leurs billets sont couverts
par une garantie sérieuse : la créance allemande.
.
Dans quelques jours le montant et le _mode de pa1emen ~ en
seront définitivement réglés, - du moms on peut l'esperer.
La moitié des versements de notre débiteur, ~•après le plan de
nos quatre députés, sera consacrée à l' amort11;isement _de notre
dette extérieure ; et voilà encore une quest10n réglee - . C;1;
admettant que nos créanciers y conse?~ent. L'aut~e moitie
servira au remboursement des 150 milliards de billets. De
cette façon les détenteurs de ces 1;&gt;etits papiers peuwnt êt~e
rassurés ; dans 42 ans au plus tard, ils P?urront les éc_h~ger librement contre de l'or. En attendant, ils auront évidemment
cours forcé, tout comme de simpl~s ass~gnats.
Mais les entrepreneurs des regmns devastées, les bureauc_rates
et les rentiers à qui les agents du Trésor remettront ~es bill~ts,
ne les garderont pas en portefeuille. Quand ces petits papiers
auront passé des mains du gra11:d pat;on ~u d~ percepLe'?'r dans
celles des ouvriers ou des fonctionnaires, ils viendron~ s échan~
ger contre des denrées, des vêtements, des m_aténaux, des
out~ls, car on ne m0.J.?-ge pas de billets, on ne s'habille pas, on ne
bâtit pas avec des billets.
1

FAUT-IL ÉMETTRE

150

MILLIARDS

929

Le propre d'un billet de banque c'e~t précisément de pouvoir
être échangé immédiatement contre des produits consommables
ou utilisables. Autrement ce n'est plus une monnaie, c'est Wl
titre de crédit.. S'il faut attendre 3 mois pour pouvoir le convertiren marchandises, c'est un Bon du Trésor; s'il faut attendre
30 ans ou plus c'est un titre de rente. Jusqu'ici les Etats ou les
particuliers qui ne pouvaient immédiatement couvrir leurs
dépenses, s'efforçaient d'en ajourner le paiement ~n offrant à
l'épargne des titres à plus ou moins longue échéance: ils mettaient ainsi de l'aisance dans kur Trésorerie. C'est ce qu ils
appelaient « consolider leur dette flvttantc ». Par une méthode audacieusement inverse, MM. Levasseur Barthélemy,
Rozier c:t Aubriot transforment au contraire, les Bons du Trésor à 3 et 6 moii::, les rentes amortissables en 30 ans, en billets
réalisables immédiatement en marchandises ; ramenant ainsi
à l'état cc flottant )&gt; ce qui était cc consolidé ».
Admettons que sur les 150 milliards de billets At hriot, une
bonne partie soit « remployée &gt;&gt; par les rentiers en achats de
valeurs indm,trielles ; la moitié au moins, et notamment les
50 milliards de la reconstruction des Régions dévastées, voudront s'échanger immédiatement contre des produits.
Où les trouveront-ils ? Il est bien clair que toute cette avalanche de papier n'aura ajouté au.."'r. stocks français ni un sac de
blé, ni un veston, ni une tonne de charbon, ni un outil.
Il est vrai que ces billets sont gagés sur )'indemnité qui nous
est due par le Reich.
Mais est-ce à dire que leurs détenteurs trouverontimmédia, tement en Allemagne les 50 ou 100 milliards de produits qu'ils
représentent ?
Notons d'abord que ces billets n'auront point cours de
l'autre côté du Rhin; qu'il faudrait les convertir en marks à un
cours variable, et qu'évidemment une telle quantité de marchandises disponibles exportables n'existe pas chez notre
débiteur. C'est même pour cela que le Traité de Versailles lui
a accordé pour s'acquitter un délai de 42 ans.
Si pourtant, ayant échangé mes billets français contre des
marks, je parviens à acheter quelques marchandises en Allemagne, -seulmoyend'augmenterréell1:mentlarichessedenotrc
pays, -je veux les faire P.asser en France, je me heurte à vos
barrières douanières, dont le but avcué est de limiter, voire, en
certains cas, d'Empêcher les importations allemandes.
Ainsi, d'une part, vous me donnez le pouvoir d' achc:ter chez le
vaincu, et d'autre part vous m'empêchez de prendre livraison.

�FAUT-IL ÉMETTRE

\

L'ESPRIT NOUVEAU
930
Il faudrait pourtant s: e?-tend~e et :3-_juster notre politique
commerciale à notre pohtique fmanciere .. Toute taxe douanière limite le pouvoir d'achat de mon billet. en Allem~gne,
toute mesure prohibitive le dét~it. Le~ prod~ts e~ les signe~
monétaires qui les représentent d01ventcirculer ala !Ileme allure•
on ne peut à la fois laisser passer les. uns et ~etemr le~ autres.
C'est pourquoi le billet de banque mtern3:t~onal r_eve
certains suppose le libre-échan_~e absolu. Poht1q1:e fmanciere e.t
politique commerciale sont hees par la nature meme. des c~ose~.
Tant qu'on ne l'aura pas compris, toutes les tentatives d ,a.II!-eliorer les changes par une réforme simplement 1;îlonet~e
échoueront piteusement. Un billet de banque&lt;~ gage sur lmdemnité allemande &gt;i, comme disent MM. ~uhr1~t, Levasseur,
Rozier et Barthélemy, ce ne peut être qu un billet, donnant
droit à la livraison immédiate de prodmts allemand~ e~trant
librement en France; - sinon le ga~e n'é~ant plus re~sa~le,
l'expression est vide de sens. Un tel billet n est plus qu un titre
d'emprunt amortissable en 42 ans et ne donnant au porteur
aucun intérêt.
.
.
- Mais, diront nos quatr~ déput~s, nous ?-'avons 3amais
pensé que nos billets dussent mrculer a~~urs qu erl: Fran~e ..
- Sans doute. Mais alors vos 150 milliards de billets n aJOUteront pas un milligramme de m.ai;-chandises au stock actuellement à la disposition de nos nationaux. En quadruplant brusquement le nombre des signes mo~étaires alors que_le nombre
des produits représentés reste le meme, vous aurez simplement
réduit au quart le pouvoir d'achat actuel ~e chacun, ~-e ces
signes. Ainsi, le billet de 100 francs actuel qm nevautdeJapl~s
que 40 francs d'or tombera à 10 francs ; et le franc français
vaudra tout juste deux sous.
.
Voilà le seul résultat de ce que vous appelez, fort improprement la &lt;&lt; mobilisation immédiate de la créance all~mande &gt;&gt; !
Vous' n'aurez pas enrichi le pays, vous aurez snnplement
déprécié son change.

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Précisément, c'est ce que nous voulons! réponde1:-t

MM. Aubriot, Levasseur, Rozier et G: B_arthélemy. C'e~t le,fm
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du fin de notre réforme. Car la déprtc1ation de ~a monnaie, c .~st
le meilleur moyen de développer les exportat10ns, relever l 1~dustrie, ranimer l'activité nat~on~e. Voyez ~e qu'ont fait
Rathenau et Stinnes et le parti qu'ils ont su tirer du mark
à 4 sous ! Faisons comme eux.

150

MILLIARDS

931

- Cet hommage aux puissants trusteurs d'outre-Rhin dans
u~ rapport à la Chambre ne manque pas d'imprévu ; et il est
piquant de voir le vainqueur réduit à copier le vaincu dans
l'art d'utiliser la faillite. Mais ce qui convient aux grands
hommes d'affaires du Reich est-il nécessairement applicable
à la France?
L'Allemagne, avec 65 millions d'habitants, n'en peut nourrir
que 50. Il faut qu'elle puisse acheter au reste du monde de
quoi alimenter le surplus. C'est pourquoi elle est devenue une
grande usine de transformation.
Si son industrie s'arrêtait, 15 millions d'Allemands seraient
réduits à mourir de faim ou à émigrer. Exporter est pour elle
une nécessité vitale.
Par malheur, le fabricant allemand qui achète ses matières
premières à l'étranger avec un mark déprécié, les paye plus
ch~r qu~ ses concurrents anglais, américains, belges ou français. Mais. on a remarqué que dans les pays à finances avariées,
la monnaie se déprécie moins vite sur le marché intérieur que
sur le marché extérieur; d'où il suit que le salaire d'un métallurgiste de la Ruhr ou d'un tisseur de la Saxe, exprimé en
livres sterling, est moins élevé que celui d'un ouvrier de même
catégorie à Birmingham ou à Leeds. Ceci compense cela.
~outefois, c~ n'est pas ?-ssez e~core. Mais supposons que les
tar~fs de _c~emms de fer s01ent mamtenus au-dessous du prix de
reVIent, il en résultera d'une part le bon marché des transports,
et d'autre part des émissions répétées de marks par l'Etat obligé de combler le- ·déficit, ce qui maintiendra l'écart entre les
salaires anglais et allemands.
Dès lors, dans un objet allemand vendu à Londres en livres
sterling, la matière première aura coûté plus cher que dans le
produit similaire anglais, mais la main-d'œuvre et le transport
auront coûté m~ins cher: et en fin de compte, le prix de vente
sur 1~ march:é ~nternat10nal pourra être inférieur aux prix
anglais, américains ou belges. C'est ce qu'on a pu voir récemment pour les commandes espagnoles, argentines, etc.
Dès lors, les débouchés étant rouverts, les usines travaillent à
plein rendement, le chômage cesse, l'excédent des ventes à
l'étranger permet d'acheter les denrées suffisantes pour nourrir
le trop-plein de la population ; on évite à la fois la famine
1:émigrat~on, et la di$rersion du peuple allemand. Pourvu qu~
1 essor s01t assez rapide, le change remontera, s'améliorera,
et l'~lemagne ~e.ut espérer retrouver à la longue un peu de son
ancienne prosperité.

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L'ESPRIT NOUVEAU

Tel est l'art d'utiliser la dépréciation de la monnaie : ~eu
d gereux d'ailleurs, car si les Alliés, menacés de ce ~umping
d'un nouveau genre, prennent des mesures protectio~stcs
su:îfisantes pour paralyser ce développement ~es, e~ortat1~ns,
le Reich avec son mark de plus en plus. deprec1e, peut être
amené r;pidement à la si~uatio~ del' Aut~1che.
C'est donc le coup de desespoir de gros Joueurs.
Mais la France a-t-elle besoin de jouer ce jeu? Et en a-t-elle
les moyens ?
. .
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Pour compenser un baisse brusque ~u !ranc a~ s?us, il fau~
drait atteindre rapidement une exportation cons1derable. Qm
nous la donnera ?
Ce n'est pas notre agriculture, qui, ma!gré ~e rema_rquables
efforts, ne parvient pas enèore à assurer l'alimentation de la
nation.
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Ce n'est pas notre industrie de luxe à qm l' appauvr1sseme~
général de l'Europe est peu favorable; notregrossemétallurgie,
a-vec les plus ric~es gisem~nts de fer de l'Europe, manque de
charbon ; nos usines textiles ne sont pas encore toutes rétablies notre industrie chimique est encore adolescen~e ! notre
flott~ marchande est insuffisante ; nos ports mal outilles ; nos
commerçants et nos banquiers mal préparés.
En admettant que nos grands patrons et notre gouvernement, secouant leur habituelle indolence, se mettent avec
ardeur à la tâche, que le Parlement les compr~nne, et que
l'opinion les suive, ils seront prêts dans quelg:ue dix ans.
A ce moment tous les débouchés seront pris, e~ notre chaJ}ge
déprécié nous aura enfermés dans une muraill~, d~ Chine
comparable à celle . derrière laquelle meurent d epmsement
l'Autriche et la Russie.
,
Pour risquer un_ pareil co~p d' au~ac@, il faut, comme les speculateurs, jouer vite et ~éaliser~ap1d.ement ; on ne le _peut que
si l'on a toute prête unemdus~rie pmssante, unorga~m~ économique orienté depuis longtemps vers l'exportat10n.L Allemagne.le possède ; la France ne l'a _pus.
.
,
Voilà pourquoi Rathenau et S~mnes ont raison peut-e~re,
et MM. Aubriot, Levasseur, Rozier et Barthélemy certamement tort .

***

- Pourtant dira-t-on, de grands industriels, d'importants financiers sont partisans de leur proposition; ils sont compétents,
ils connaissent les risques du projet et cependant l'approuvent.

FAUT-IL ÉMETTRE

150

MILLIARDS

933

- En effe~, depuis quel~es moll!, ~ur un mot parti de la
~ourse ~e v1ye campagnes est dessmee en faveur d'une politique d'mflat10n.
Dans cert~s groupes îndustriels, les plus violents détracteurs des methodes allemandes en sont devenus soudain les
apôtres passionnés.
,, Il est remarquable qu~ Ie~r conv~rsion a suivi de près le
declanchement de la crise econonuque qui sévit actuellement.
Producteurs et spéculateurs, qui avaient constitué des
stocks ~Il vue rune h?'usse .qu'ils croyaient éternelle - d'autant.mieux qu ils la stimulaient eux-mêmes en retenant le plus
poss11:&gt;le leurs marchandises à l'écart du marché, - furent
~urpr1s tout à coup par l'arrêt des achats des consommateurs
a bout de ressources.
, ~a Banque de France, déjà surchargée p.ar les assignats
effilS pour le compte de l'Etat, dut restreindre puis suspendre le
concours qu' ~Ile _leur avait si largement prêté.
Alors surg~t l'idée d'~e vaste émission de billets qui, couvrant à la_ f01s les besoms du Trésor et ceux du comme1ce,
p_ermettra1t de repren~e~ pendant quelque temps; le jeu lucratif de la hausse. 1?0 ~ar~s de papier-monnaie lancés brusquement ~ans la c1rculat1on, provoquant une hausse rapide de
tous le~ P!IX: :(lermettront d'écouler à un cours très élevé sur le
marche interienr (car on ne parle d'exportation que pour
l'apparence), les stocks constitués aux prix actuels.
Sans doute la haus~e des salaires s'en suivra, mais avec un
r~tard de q:a,el~ues m01s; pendant l'intervalle, fabricants, court~ers, ~outiqmers de toutes catégories réaliseront de gros bénéfices ; a la Bourse, les ~péctilateurs professionnels pousseront
les c?urs des valeurs qu ils repasseront au public avec de forts
profits.
Enfin, inév~table!fi~~t, viendra le moment où la hausse dépassant les d1sporubihtés, la consommation se restreindra à
nouv~au, provoquant une nouvelle crise.
Mais cette !ois, on·.ne se ~aissera plus prendre au dépourvu.
On aura place ces gains, s01t en terres, soit surtout en bonnes
~aleurs de socié~és étrangères, fabricant des produits d'un
ecoulement certain comme le pétrole, et dont les coupons sont
payables sur tous les marchés du monde, comme la Royal
f!utch, la She~l _Transport, etc. ; on sera ainsi à l'abri de tous les
risques de faillite et de révolution.
Ces hommes habiles savent bien que la France n'est pas ou~

�4lif d e ~ à ~llVOirtènter 11D8 ~
~

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..""' .~

haistta œlQll~
iJa ~ aT. . àdmjration 1 • ~

p~~-~~~•'illaieut..,...

awlaqe. &amp;.,.nt~_..,1moo~de
é\mcÎUilellf.~~
mois
fil. et'de1e.-.8D81iiteàrooa
~-•'•~làlebatP.tsa
~ - d.iputœ 8()Cialistes. De bonne lei, lJa ont em
Jtathenau a p ~ à la France; de bonne foi ifs ont

lfl}on,Laeclerichetaùtteeu;ploitems~88ionnelsdubu
En bons parlementaïree, -ils ont choisi la solution . .
le moins de peine àleuraélecte'll1'B: P-88 d'impt,tâ nouv~
les.agrieulteura n'en veulent P8!I; plUll d'emptlints,.. car,.
pe ne souscrit,•; pas de prélèrimeut $\li' l e ~ oar:
a laissé passe:, fe moment favorable
Alors, faute de mieux, on n'hésite ~ à recourir \ l"~-.#.lf]
dient le plus dangéreux pour l'économie ~tionale, àl'unp
l)}us onéreuX pour les cJasaes pauvres. -aunrœent.~
l'électeur n'en aperçoit pas le d&amp;Dgel', et qu.'.il aoov.eillerad'
tut mieux qu'il en éprouvera un so~ent IIIOID8Dfianl.
Lo1'$qu'un 1118We est·trèa d.ép1i:mé. a ï ~ ~ lui~
de morphine, on voit EOV un-~ la douli'll! ~
et le patient reprendre son actmté et 80D en.~:Ma»!
de la drogue s'efface vite, entratnant un affai8881._s;;
plus profond, qui exige une no~e injectiC?Jl à plus ha:
a,oae. lie malade 4P1?59 alors ses iéserveS vi'81es; avec
vitesse croissante et descend ra~demem vers la mort.
L'injection de paeier-momwe daBB la ~tion d!'8
nits entraine des effets anà1ogues : employêe ~ 1-_
"'..:
,un orpl)ÎSDl_e incluatrk,l ~ t , elle peut f a ~ lt!Ul
d'un plOlllpt ntabliaaement. Mail dans \Ul ~ ~
mique qu&amp; rien ne prépare à l'effort ~ t e ù r der~
nnrtatiOD. elle ne peut être qu'un trop fàcile procédé d'

e

MfllOND IM.IÔIR

' ._,.,.. ta ,. .... ' .,,

*••

1-,..3911:M~•

. . . .». ..

Bèohenh•mrrAlt ........ .
·-~(180S).

fionam.

os tous les domaines de l'aetivité, dep':J,lus d.'
siècle, l'intelligence humaine émoussée
lè «
perdu le seDS des rêalités p,tsentea et s'
antieipatious et am so11V8DÎ1'S. Elle cne uae
le oà les id&amp;&amp; cessent d'être ,upreasion de la
apêçulation ~ d'avoir pour but la ttirioip1in&amp; de l'
Le développernellt puamûfè de la réflexion ea
pa:rition de systêmet conceptuels. Et, de même que la
hysi(P.18 ordC&gt;Dne à nouveau le œonca, l'ea\hétique en,
er l'activité anistique, 88DB même prèvoquer la
d'utistes qui se font trop volontieis tMoriciens •
· ..
qui conpv&amp;nt leür fonttion«&gt;mme lU1 ~
ll 'J a là 1111 fait einptier, pll)p?e . _ ~

d ' ~ n t i de a~teurs pnsÂldese mettre à?,abri.ou•
parlementaires soucieux de ne pas déplai:l'e à leurs ~
Daœ~~esmoia, on ne pourra pluseacheraumalade
Alon il lui faudra 88. sauver lui-même.
Francis Da.ulL

Jatétlmon~
. - humaniste. qui;ae-eomttit
....---•s....ne en Ftàn:!'8 à])$:
----~WiaDOê~•cm~~~avec le
el d dehoti de to1de. vtdition - . ~ aeeorde :qalto
prix i Ja. BCienee poeitive pour se linw sana îétiexi

0

Ces proèédéa de finance pare8S81lle, loin de sauver.le ._,w;,
l'épuiseront. Le moment n'est pl111 oàl'on ~ a e ~

r à coup •~ ,niÎ8 flônt il conrient
~ léeoUÎ8cètlea~clasla.i

�936

L'ESPRIT NOUVEAU

à la pratique des beaux-arts. Sans doute Descartes rappelle

au Père Mersenne, lui demandant la raison du beau, ~a relativité du jugement esthétique et les variations du goût; il allègue que (( généralement ni le beau ni Ji agréable ne signilient
rien qu'un rapport de notre jugement à l'objet; et parce que
les jugements des hommes sont si différents on ne peut dire
que le beau ni l'agréable aient aucune mesure déterminée )&gt;.
Mais il indique, dans le Compendium Musicœ, comment l'optique et l'acoustique permettent au savant de mesurer le rapport entre les sensations visuelles ou auditives et leur objet,
de déterminer à quelles proportions répond cette qualité particulière qui rend les sensations agréables.
Aussi Descartes montre la voie aux artistes au moment
même où la fondation de l'Académie de Peinture en 1648 libère les artistes des règlements imposés par la Corporation de
Saint-Luc et opère une scission .entre les· arts mécaniques et
les arts libéraux. Peintres et sculpteurs tiennent à n'être plus
confondus avec les peintres en bâtiment et les tailleurs de
pierres, à être placés dans le même rang que les écrivains auxquels
l'Académie française confère un prestige particulier. Comme
ils ont à cœur de montrer la noblesse et la dignité de leur
tâche, ils épousent le goût pour la raison, dédaignent de s'attarder aux questions de métier et entendent faire œuvre de
réflexion philosophique. Ils n'abordent l'étude des procédés
que pour discerner le rôle de la raison et du jugement. La
compréhension purement plastique des formes, des lignes et
des couleurs s'efface devant l'interprétation intellectuelle de
l'architecture et de la sculpture antique. Et c'est la méditation passionnée de Poussin dans la campagne romaine ; ce
sont les conférences mensuelles de l'Académie où Le Brun
commente devant ses élèves La Manne de Poussin à la manière
dont tels de nos contemporains corn.mentent l' œuvre de Cézanne; ce sont les-écrits de Félihien. Le monument, la statue, le
tableau ne valent que comme expression d'un esprit retrouvant
les lois invariables auxquelles obéissent la pression des matériaux et la structure du corps humain, construisant à l'aide
de ces données intellectuelles un ensemble dont les parties
doivent à la géométrie, non au hasard, leurs proportions et
lelll' équilibre.

DES SYSTÈMES .D'ESTHÉTIQUE

937

Mais cette critique très légitime en soi prétend avoir une
valeur pédagogique; l'analyse de l'œuvre parait livrer le secret de la création. Une confusion s'établit entre l'intelli~
gence de l'art et la pratique del' art qui èntraine, dès 1680, une
réaction de la part des artistes et des écrivains d'art, une adhésion de la part des gens de lettres et des (c philosophes &gt;&gt;. La docilité avec laquelle certains peintres et seulpteurs adopten tl' esprit
des écrivains leur permet d'élargir les polémiques qui les consument, de ne plus faire porter uniquement leur réflexion sur des
textes et d'étendre à l'activité artistique dans son ensemble les
conclusions du Càrtésianisme. Car le Cartésianisme qui leur
donne la sécurité intellectuelle leur parait l'expression fidèle
de la civilisation. Dans le culte du vrai, dans la conformité de
l'homme à sa nature et à son excellence, ils ont trouvé un~ discipline mentale et une règle de vie. Aussi l'admiration pour
l'antiquité porte ombrage à ces systématiques: n'entraîne-telle pas les fictions des poètes, un paganisme superstitieux,
des erreurs populaires ? Et ils poursuivent les divinités dont
Ronsard a peuplé les bois, dont Rubens a fait un cortège à
Marie de Médicis. Ils entendent que les arbres, les eaux et les
rochers redeviennent naturels. 11s soumettent les modèles
tant vantés par les écrivains à une critique minutieuse et ne
leur accordent qu'une circonstance atténuante, celle d'avoir
été en contact avec la nature. Par là même ils renforcent ce
que les tendances académiques pouvaient avoir de fluctuant.
L'accord de Perrault et de Boileau met fin à des malentendus,
à des mésinterprétations réciproques et consacre l'unanimité
des esprits danp les questions concernant l'art, le besoin profond de faire aller de pair l'activité artistique et l'actiyité
· scientifique pour répondre à des exigences conceptuelles.
Mais cette tentative faite pour appliquer aux beaux-arts
l'esprit philosophique ne peut se développer que lentement et
hors des propos en quelque sorte. A mesure que les beaux-arts
voient naitre des tendances nouvelles, le besoin de résoudre les
contradictions de goût devient plus intense. Une fois l'époque
de Boileau passée, dès qu'apparaissent Le Sage et Rigaud, la
critique, les polémiques, les querelles du dernier quart de siècle perdent la cohérence qu'elles devaient à l'idéal classique.
Il ne reste plus qu'un amas de tendances contradictoires, de

�L'ESPRIT NOUVEAU

938
règles inutiles qui accroissent les fluctua~ions du goût, l'éclectisme des amateurs et l'hésitation des artistes.
Alors les philosophes offrent leur médiati~n- Suivant
réforme accomplie par Descartes dans l'ordre mtellectuel, ils
abordent l'activité artistique de manière à donner aux notions qui concentrent les préoccupations de l'époque une vie
indépendante.
. .
.
.
Dès 1715, P. de Crousaz, mathématicien et phllosophe qui
a séjourné à Paris de 1682 à 1684, publie un Traité du Beau. Il
reprend ceux qui, livrés toute leur ~e à leurs. sens e~ à leurs
passions, donnent le nom de beau un1quement a_ce qui c~arme
leurs sens ou intéresse leur cœur par des émotions agreables.
Ceux-là oublient que l'art offre à la raison quelque chose qui
doit lui plaire et que les lumières de la raison doivent prendre
part à notre jugeme~t. Or le te~~ér~ent, l' amo;ur-~ro~re,
les habitudes, les passions, notre legerete naturelle, 1 alterat10n
de notre corps et des organes des sens s'opposent à tout moment au parfait accord qui_ devrait régn~r entre les sens: le
cœu.r et les lumières de la raison. 11s nous Jettent dans des egarements dans des goûts singuliers dont nous ne saurions nous
déiendr~ qu'en nous tournant ver~ les lumièr_es de la r~son.
Ce qui nous les rév~le, _c'est 1~ pratique des, sc1~nces physiques
oùle jeu de l'orgarosat10n l?Wque -p er~et d ~mr en unsy~teme
de vérité un nombre prod1gieux de frots ; c est un exercice de
l'activité intellectuelle qui n'est pas renfermée dans les mêmes
bornes que les sens; c'est, d'une manière_ plus précise ell:core, ~e
langage de la géométrie qui, seul, exprime les proport10ns re-elles, le développement de la mathématique ((oùl'espritdécouvre avec ravissement des uniformités qui se soutiennent pal'
des diversités infinies &gt;1. Aussi les conditions de la recherche,
de la découverte et· de la certitude scientifique se retrouvent
dans les beaux-arts. Science et art usent d'une même organisation logique. C'est da liaison de plusieurs pensées, l~ur
rapport à un même bu~, leur ~épendance d'un ~ênw, P1'.~cipe &gt;&gt; qui assure à la fois le çraie~ le beau. La var1~té, l ~t~,
la régularité, l'ordre, le~ proport1~ns, t~utes qualités geo~etriques et logiques, deviennent necessairement les caracteres
naturels du beau, puisqu'aussi bien, l'écrit de Crousaz,_repose
sur une éOnviction plutôt que sur une démonstration, la

:a

DES SYSTÈMES D'ESTHÉTIQUE

939

conviction Cf?e. le beau est d'essence géométrique et qu'il en faut
cherc~er l'or1gme dans la méditation.
M~s cette transposition du Cartésianisme ne pouvait être que
le frut d'un mathématicien et l'abbé Dubos pense agir c&lt;en phil~sophe » en se contentant d'associer, dans ses Réflexions critiqlles ~r la poésie e! ~a peinture de 1719, les souvenirs de voyage,
les pr~ceptes de ~elibien et les réminiscences de Fontenelle.
Il releve da~s l'ecol~ hollandaise la trivialité de sujets aussi
co_m~uns qu un p~er de flèurs, un homme qui passe son che~m, une ïem11:1e. &lt;fl!I porte des fruits au marché, une fête de
yillage et la tr1v1ahté de héros qui ne sont que· c&lt; faquins &gt;) 11 reproche aux tableaux de l'école lombarde de se borner
!latter les feux par la richesse et la variété de leurs couleurs 11 note ~es 1m~erfe~tion~ dans l'école romaine, dans l'œuvre d;
Rapha~l et Veronese ; il remarque enfin, non sans humeur,
que « 1 ~urope n'est que trop remplie aujourd'hui d'étoffes de
porcelames et des autres curiosités de la Chine et de l'Àsie
Central~ ». ~' ~t e~t tout autre chose : il se propose de donner
~u _besom d ag1t~t1on et de .divertissement qui est en nous
1 ~ment de p:1-ss10ns superficielles excitées par l'imitation des
ac~10ns humrune~, par l'expression de (C figures qui pensent
a±;m de donner heu de penser », par la noblesse des sujets.
L exc~lle~ce des arts en France pendant deux générations, la
constitu~10n 8:u!our de _la France du génie européen attestent 1~ f eco~dite et la perennité de la doctrine classique commune a la p~m.twe et à la poésie dramatique. Aussi bien l'abbé
~ub~s ne fait:il que donner une expression nouvelle aux reven~cati_ons nlrt.10nales des « modernes &gt;&gt; contre les engouements
d un 3our.
. Et_la,réflexionsur les beaux-arts n'acquiert une véritable origmalite qu'. avec l'abbé Batteux. Remarquant combien le fonds
d'observat10ns et de réflexions sur l'art nous est une gêne Batteux se propose ~e. procéder comme &lt;c les vrais physicie~ qui
~asse~t le_s exper:e~ces et fondent ensuite sur elles un système
qmles, red~t en ~r~c~pe, &gt;&gt;en 1746, l'année même où Condillac,
d?ns_l E~sai sur l on_gm_e des Connaissances humaines, tente de
redm~e a un seul prmc1pe tout ce qui concerne l'entendement
~um~n: Sans doute l' ~hé Batteu.x est préoccupé surtout de
linguistique, de grammaire, d'art poétique et de belles-lettres.

à.

·•

�DES s ·YSTÈMES D'ESTHÉTIQUE

9,H

L'ESPRIT NOUVEAU

..

940
Sans doute il est sensible, comme son époque, à l'empire croissant de la musique d de la danse non moins qu'aux intérêts
du cœurqui «a. sa métaphysique&gt;&gt;, «quiasonintelligence indépendante des mots&gt;&gt;. Mais, en abandonnant les remarques, r.éflexions et discours de tout un peuple de commentateurs pour
la Poétiqzie d'Aristote, il se libère à la fois des préjugés a~~démiques sur la dignité des beaux-arts et des analyses philosophiques portant exclusivement sur les caractères :formels d'?beau. Comme Bùîfon, comme Rousseau, comme Lamarck, il
subordonne le point de vue partiel de la connaissance au point
de vue plus général del' action.
La nature des arts s'explique alors par le génie de l'homme
qui les a produits. Il suffit de remonter à l'origine : Po_ur satisfaire les besoins, les hommes ont été d'abord amenés à mventer
les arts mécaniques. Puis, pour mettre un terme à des Jouissances trop uniformes et renouveler ~e cours des idées, ils ~nt
inventé les beaux-arts. Mais &lt;( inventer dans les arts n'est pomt
donner l'être à un objet, c'est le reconnaitre où il est, et
comme il est. Et les hommes de génie qui creusent le plus ne découvrent que ce qui existait avant eux auparavant. Ils ne sont
créateurs que pour avoir observé et réciproquement ils ne sont
observateurs que pour être en état de créer.» L'esprit hum!rin,
limité dans la fécondité et dans ses vues, ne crée que d'une manière impropre et dans les bornes de la nature : les arts mécaniques sont fondés sur l'emploi de la nature; les beaux-arts
sur l'imitation de la nature et sur le choix de ses parties les plus
belles. Les uns et les autres supposent une volonté, une intention, des vues raisonnées, des règles fixes confirmées par l' expérience et propres à la nature humaine. Ainsi en recherchant dans
les Beaux arts et dans l' Art, dialogue adressé à Shaftesbury,
des raisons d'admirer, l'abbé Batteu:x: a trouvé des raisons de
comprendre.
.
,
De la sorte, au cours d'un demi-siècle, la fusion de l'esprit
philosophique et de laréîlexion sur les beaux-arts entraine d' abord une scission des arts libéraux et des arts mécaniques et
l'identification brusque del' activité scientifique et del' activité
artistique. L'approfondissement de leur nature révèle pro•
gressivement que, si les beaux-arts requièrent, comme la science,
la médiation de l'intelligence, ils n'en conservent pas moins

des aspects purement techni ues .
mécaniques. Et, vers le mili q d ~ les apparentent aux arts
rent leur autonomie dans 1:u . _u sied~, les be~ux-arts conquièexpressions diverses de l' t1:i~;~rhchie d_es sciences et des arts,
ac lVl e umame foncièrement une.

Cependant l'affirmation de l'. telli
.
pour ne pas entraîn~r un m t. 1;11 . gen,~e a é~é trop entière
part, si l'action de Descartys ICisme_ de 1 intelligence. D'autre
l'~nthousiasme religieux d :a1a
imposer une discipline à
la1ssé subsister un my1::t· _e
_e r~n~he, elle n'en a pas moins
de Saint-Augustin met::~e ms1n~~ de Platon, de Plotin et
esprits sont de Dieu C
en lumrere _la dépendance où les
suggestion nouvelle a; me couran~ ,acquiert une puissance de
et amateurs enlève to t o~~nt ou 1 eff~rt novateur des artistes
audience à la sensih~t~rett
,dociirm: académique et prête
sentiment se trouvent , . es I ees vrees aux puissances de
solvent. Et c'est tout atnoullveau embuées de désirs et se dis'd .
na ure ement que le P' Andr' ·, •
se mt par les penchants de 1'0 t .
ere
e, Jesmte
Vérité, donne dans son E
.
rla mre et la Recherche de la
.
.. '
ssai sur e Beau de 1741
.
t 10n
ant1-mtellectualiste à 1 ïl .
, une orientasihle aux transformations sa re ex10nd sur les beaux-arts. Sen.
urvenues ans l'art
al •
esprits; au fléchissement de l'int Ir
1 ' ~u m a.I.se des
d'amplification et de
e igence: e Pere André use
la doctrine que Malehr=:phr~ses pour ete:1-~re à la beauté
l'ordre de la physique t d \presente de la vis10n en Dieu dans
en Dieu, chaque raiso~ . ~. a. morale. Chaque vérité résidant
raison universelle, la bea:éird~~~~ ~• étant qu'un reflet &lt;;le la
esprits ne saurait avoir
o?. l ee se trouve dans tous les
l'homme l'admet arh·t ~e or1gme humaine. Le beau tel que
dans le grand théâtr: Jairement, le beau tel qu'il se manifeste
beau essentiel, indépen1a!.:ture ne sont ~ue ~es reflets d'un
vine. Il est une règle éternelle \ouie co~~t~t10n, même di1' amour du beau
•
e a eaute V1s1ble des corps . et
la th, . d , '. qw apparait avec la raison s'expli
'
eorie e renumscence rés t,
'
que pa
l'ont observé les Pères de
ee pa_r Pla.ton ~ui, « comme
breux, surtout Moïse et Sal g se, av~1t lu les livres des Hé.
omon &gt;&gt; C est le Cre' t
··
prnne à toutes les âmes l' anmc ur du ;_
a
eur
qui
1m.ueau et un amour de prédi-

Ju

à.!f

J
fE f

�1.

L'BSPIUT NOUVEAU

9'2
laèticm pour un certain genre de beau. Ainsi, oont.raii'ement à
f espritdu~e, laréBexions'karte dessoiêDÇlf posÎ•
tives pour s'appuyer sur la révélation, la méditation~
?-expérience mystique è\ va eherchèr reasenee du beau._ un
~eipe de perfection et d'exeeD.~ dana quelque~ tp
eat indépendant de l'homme, Bllpérieur à l'homme, divin.
,Au dehors, chelles peuples anglo..u:ODS, un courant parallêW
se des&amp;ine. L'action exercée sur eux J)$1' Renaissance. n'apd
,u assez clirecte pour rompre toute attache avec le Moyen Age
et ses habitudes d'~prit scolastiques; la Réforme les a rendus
partiellement étrangers à la discipline catholique. 11s ont assisU, contribué même au développement des sciences poaitives
sans voir dans l'esprit de la physique mathématique les éléments d'une discipline mentale capable de contenir les élans
imaginatifs et d'imposer un ordre raisonné à l'activité humaine.
11s ont assisté à la découverte de l' Antiquité sans comprendre
la leçon d'équilibre qui s'en dégage. Au cours de voyages en

la

Italie, leurs nationaux, incapables de déchiffrer l'énigme de
Florence et de Venise, ne trouveront dans Rome que des ruines
propresàsusciter des méditationssur les Empires, des vocations
d'archéologues, des rêveries sensuelles. Car la reprisentation
du corps humain leur apparalt oomme dépourvue de valeur
intellectuelle et humaine. Elle est un appel animal dont seul
peut nous détourner et nous distraire une interprétation religieuse, morale et métaphysique de la plastique. Et ce sont les
réminiscences platoniciennes et néoplatoniciennes unies au sentiment religieux qui permettent in~tinctement à des Angl!'Ï9
comme Shaftesh'1?Y et Hutcheson. à des Allemands comme
Wmckelroann, Raphaël Mengs et Lessing, de restituer à leur
enthousiasme irraisonné pour l'antique toute sa pureté. Alors.
seulement la beauté ~uprême que nous croyions saisir dans lea
formes particulières et dans les apparences sensibles se revèle
insaisissable, ineffable et divine.
Ce courant pénètreenFrancegrlce àl'échangeactif desidéee,
grlce surtout à Diderdt. Sans d_oute cet esprit Bottant, mobile
et impressionnable fait encore siens certains préceptes de l'art
classique dont la vitalité s'affirmera dans l'œuvre de Gabriel
et jusque sous l'Empire dan&amp; les travaux des Id~logues. Mai&amp;
il est sènsible, il est moral ll s'indigne de voir le peintre La-

~

w&amp;
"8teeet
èllce del' art due àla
~uradanal'expérien
SlïlBible sa~llant ~ 1è •wai. le liienet le bê&amp;
nkl~ • qu ilap~nt d'ôpérer une r'to~•
~.,."J1i.~phJB1qu!, 'J'e un appel àl'icMal. la
· 'P•9ft!t-* 'f Origuae et la Natun da Beaa,,
âe maugurent, un genre de cliuata.ijon littbmép
ont iata!'.,.unf ~rnble de ~ O D S peu cohhen
17-de hètivid
. f) dans ce inouvement de dissoluti
e. 8 é8ociàlisation
rement le l'OmaDliam · , : no111 nommona
L'effetveacence
rcpaa· d'avoir éW
tenu. les événements socia ~ lei tluaux
'JUicherche dansPqfliquitéunm:,~~!&gt;~~ celle 1'
8.a.a1•tionet
tuer l'héroleme• Les a.n,œ
ft ...:ft•tes et amateurs
.
' les médailles, les camées et 1
~ t Jee bas~omment inévérenciEusemen:S ~ t s , que d'~ummutie d'antiquaire d un soue{:! ~~' avec
t tout mouvement imagm· tif ,.,, xactitude qm parairitualiste,
a · ~ est à une méta . ~
. .
à un moralisme simplet qu'il d---f.:.-7-ttion. Dans le retour à l'anti
~ t leur
?ÏJ\Capacilê de lihére la que ~riconisê par VJ.eD ·ae
. et moraux et de r:tro~tion des cnrnmentmea
&amp;tl88in. Impuissant à do .
les pnoccupatiou d'un
ntradictions de
mmer les ~uctuations du goti et les
sa nature, DaVId n'ab&lt;ïrde d ...a_1. __
grecquè, enohêuée dans la ·
u QalUD la

pnüo!,

d.: d1lx

ublicame 1tux blandices pierre que pour allier l'auat6mé
à l'imiiation des f
de Coypel Et l'ut rnn91PS a'eb
aiuance
déjà reepd dt
de la &amp;\atuaire peeqll8 s o i t ~ q,'lirie èYorilpl"éde· la pensée et de l'art pour r e ~ la nature
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unage ~uvelle du monde antiqÙe
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!l!Emeric-Dmd, qui

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�946

L'ESPRIT NOUVEAU

par l' œuvre d'art, en donnant libre cours à la contemplation,
elles se confinent dans un mode d'abstraction sans rapport
avec l'activité artistique ; elles se condamnent à demeurer
sans contact aucun avec l'Humanité.
** *

C'est que, depuis.le xv 0 siècle, la crise trave~ée par la pensée grecque lors de l'apparition de Socrate se renouvelle dans
le monde moderne. Les acquisitons des physiciens et des moralistes, nos sophistes, sont simultanément exa).tées et mises
en question par deux civilisations qui s'affrontent et se disputent la conduite des esprits. Il y a la Renaissance, qui place
dans la fusion des arts, des beaux-arts Et des sciences la plénitude de l'effort humain, dans les disciplines consenties
l'équilibre harmonieux de l'intelligence et de la vie. Il y a la
Réforme qui fait tenir dans l'épanouissement spontané de la
conscience notre sagesse et notre destinée. De là les oscillations de l'Europe occidentale partagée entre l'intelligence et
la sensibilité, les sciences positives et la métaphysique. De là
les intentions qui font ployer un art trop chargé d'idées, de
croyances ou de passions pour rdrouver jamais la sobriété de
la statuaire grecque, la pureté plastique d'un Véronèse, la
sérénité de Sébastien Bach. De là les errements des artistes
chez qui les scrupules de métier, la réflexion et la conscience
s'atténuent au point de permettre l'improvisation ; les errements des philosophes devenus oublieux des limites de l'intelligence et de l'aveuglement des sens au point de devoir à la
cœnesthésie ou à l'imagination kur évasion hors de l'humain.
A trois reprises, vers 1750, vers 1810, vers 1860, la coalition des
puissances de sentiment venues de France, d'Angleterre et
d'Allemagne oppose au Cartésianisme l'esprit du Kantisme,
rejette l'activité artistique en deçà ou au delà de la vie et met
en échec l' Humanisme. A trois reprises l'humanisme reparait.
Dans les derniers temps, l'orientation de l'art cherchant à
pénétrer la vie moderne, son esprit scientifique, ses machines,
ses groupements sociaux toujours instables, les inquiétudes
de Cézanne, de Rodin et de Debussy ont rendu aux artistes
le goût de la méditation. Les combinaisons de lignes, de cou-

DES SYSTÈMES D'ESTHÉTIQUE

947

l~urs ou, de ?ons, l'équilibre _des volumes deviennent l'objet
dune reflexion assez exclusive parfois pour jouer hors des
li;Ytites de l~ représentation_. _Il y a là, _entre les moyens techmques de 1 art et les cond1t1ons humames de la création artistique, une confusion qui rappelle sans doute les pa,rti-pris de
Le Brun et del' Académie, mais qui atteste la volonté de restitue~ à l'a~~ivité artistique ~bâta:die par les esthéticiens sa purete premiere. Cette volante suffit-elle ? Toute rénovation de
la plastique_ne supp~se-t-elle pas ce qui manquait hier, ce qui
manque auJourd'hm: un épanouissement -des milieux humains. assez _intens_e ~our .di~puter l'individu au~ rythmes
orgaruques,_ a la vie !magma1re, au formalisme logique, et
pour nourrir ses passions.
Raymond LENOIR.

LA :E"B:@T@GRAJ.i!lD:ID
AVEO SBNSATIOH »B BELll:lU:"'
A une des ~er~ières sé~nces de l'Académie des Sciences, M. Louis Lumière a fait
une coi:nm~1catio~1 très mtéressante qui a été écoutée avec une vive attention, sur
la mamère d obte1:1r des photographies donnant l'impression du relief.
Les _photogra~bies qu 11 a montrées donnent de la manière la plus saisissante la
sensation du relief et de l'atmosphère.
Ce résultat a été obtenu grâce à un principe entièrement nouveau qui consiste à
-pren&lt;;Ir_e des négatifs d'.une série de plans parallèles d'un objet ou d'un visage, à la
condition que chaque image ne représente que l'intersection de l'objet par le plan
-correspondant.
En s_uperposant les positifs, examinés par transparence, on reconstitue dans l'es.p ace l'image de l'objet.
Il suffit de six épreuves environ pour obtenir Je résultat cherché.

Mo1:9ieur Edmonif P_érier . signa": que le paléontologiste Albert Gaudry a
découveTt en Grèce a Pikermi un gisement considérable d'ossements d'animau.'IJ
ayant vécu à. l'époque préfi,iatorique ; l'étude de ces ossements prouve que les ani'11l&lt;lt.JZ
dont ils con~titu~Î:nt les squelettes étaient analogues à. ceu:1J de r Afrique actuelle ; ce
sel;!ant déduit qu a une_ époque reculée la Grèce devait être rattachée d r Afrique et qu'un
climat anal?gue à ~elui de l'actuelle région tropicale devait y régner; il a isolé des osse•
ments de D~nothérmm, élé'phant à défenses recourbées, vlusieurs espèces de rhirwcéros
et un animiil analogue à rakapi qui existe actuellement dans les forets de l'Est africain.

�LA LUMIÈRE
LA COULEUR.
LA FORME
PAR

CHARLES HENRY

(Suite 3) (1)

J

vous présente (fig. 13) ce cercle chroma~iqu~ (2),_ qui r~présente sur la circonférence, de gauche a dr01te, a partir du
haut, les couleurs dégradées du violet au rouge ~t, sur c~aque rayon, chaque couleur dégradée du blanc au noir, le pomt
situé à la moitié du rayon représentant la couleur avec son
intensité spectrale : il présente en outre une dégrada~ion du
violet au rouge par l'intermédiaire du pourpre, qm ne se
trouve pas dans le spectre. Les 11. extrêmes du champ réellement efficace des couleurs sout sensiblement dans le rapport
1,5, l'intervalle de quinte : à partir du rouge p. = 6~6, raie C
du spectre solaire), chaque point distant de 45° figure, en
conséquence, par rapport au précédent, un rapport de ~réquences = 1,052. Ce cercle est, en somme, ~e dé!orma~10n
circulaire d'un spectre normal : c'est une representation obJective et sont telles, c'est-à-dire concordantes entre elles et proportionnelles à l' excitan~, le~ réactio_ns élémen~air~s d? ~• être
vivant (un muscle peut etre rntercale sur un c1rcmt telephonique). Le rouge est en haut, le jaune à droite, le vert bleu en _bas,
le bleu à gauche. Cette association de la couleur avec la direction peut paraître étrange à qui ignore la liaison profonde de
nos sensations et de nos mouvements et méconnaît la forme
E

(l) Voir les nUJ11éros 6 et 7 de la Revue,
{2) Hors-te:i..-te en tête du pTésent numéro.

LA LUMIÈRE, LA COULEUR, LA FORME

949

circulaire imposée par notre organisation aux mouvements
de nos appendices : elle est établie par un grand nombre de
faits, dont je vous dirai quelques-uns, en particulier par les
illusions d'optique.
Les Grecs et les verriers du moyen âge connaissaient les
apparences rentrantes (directions d'arrière en avant) des rouges
et des verts, saillantes (directions d'arrière en avant) des
bleus et des violets. Je n'ai pas retrouvé mes anciens cartons
monochromatiques : un carré rouge et un carré vert paraissent toujours plus hauts que des carrés bleu et jaune, rigoureusement égaux aux premiers. A travers des verres colorés
aussi purs que possible, par ex., des verres rouges, cherchez
à rerroduire des traits verticaux, vous ferez des eITeurs systématiques en trop, parfaitement appréciables, si vous remplacez le verre rouge par un verrê bleu. A travers un verre bleu,
c'est sur les reproductions des lignes horizontales que porteront
les erreurs systématiques en trop. Il nous est même arrivé de
prévoir, par des expériences de ce genre, la composition de
verres colorés~ que nous indiquait ensuite le spectroscope.
Cette association de la couleur et de la direction est le principe physiologique de la polychromie. Je vous présente une
vieille affiche de Signac, qui a orné longtemps les murs du
laboratoire. Il a inscrit ses lettres dans le cercle chromatique,
en les faisant tourner d'angles variables suivant les lignes de
l'affiche: d'où des changements systématiques de teintes,
intéressants, quoique le lavis ait souffert, en maints endroits,
de l'humidité.
Cette association d'un excitant avec une direction se retrouve dans les sons ; mais il y a un renversement. Les couleurs, quand le soleil est bas, c'est-à-dire quand l'absorption
atmosphérique est la plus forte, ont des énergies qui décroissent régulièrement, quand on va du rouge au violet. Nous
représentons par des directions qui coûtent plus ou moins de
travail à notre appendice droit, si nous sommes droitiers, des
énergies plus ou moins grandes. A égalité des sensations, les
grands À des sons graves ont plus d'énergie que les petits À
des sons aigus et pourtant nous disons des sons aigus qu'ils
sout hauts, des sons graves qu'ils sont bas. Les Grecs faisaient
l'association normale, quand ils considéraient comme hauts,

��B
B

A

tion ., en raison des excitations motrices, produit.es par là
lumière, qui s'ajoutent aux déplacements de l'œil et, qui
agrandissent soit le fond, soit le cmé.
Voici une expérience nouvelle. qui nous a été nspde
par un petit jouet allemand. Mettons l'une au-dessus de l'autre

ces sections identiques de r.ones circulairesA et B(fi_g. i5) :-la
sectionB, qui est enhaut. paraltsensiblement plus petite que.A.
Ceci s'explique. si l'on considère ces zones rooune identüWea
à des 81'CI de oercla concentriques, tracés par un de nos ap,-.
dices autour d'un centre; situé en bas, dans le cas de la figmê.
et doJdi la position eat liée ici à la situation de la concavill
deA;commel'arcde cerclemérieurestleplus graad,lamne~

sitœa SUI' eel 8'0,nOUS parait trop petite~ rapport à ce6 81'0
et
à la limne, nous identifioDS l'arc extériêur awo

com--.

_..,i u, .i .._.,__, .,.,_.-,.
le ceDke des arcs concentriques en haut, œr on a Bargi8èlili,-.11'. -

I, ......

.blement les ~nes ~ allant de haut eu. bas; œœ plaçons ce
eentre au p(&gt;Dlt d'intersection des obliques qui défi»îMellt

�954

L'ESPRIT NOUVEAU

LA LUMIÈRE, LA COULEUR, LA FORME

les zones; c'est toujours la section. de la 'zone la pl~s éloi:
gnée du centre d~s arcs de cercle virtuellement traces, qm
parait la plus petite.
. .
Voici (fig. 17, I) un carré exact et II, un carré Juge tel par
l'œil de Helmholtz : ils paraissent plus hauts que larges;
le parallélogramme incliné vers la gauche me parait plus

955

dépenses dans le ~as de la vision ou avec déplacements del' œil
ou avec mouvements de la tête. On admet que les longueurs
apparentes des droites dans ces différentes directions sont
proportionnelles à ces rapports. Quand il n'y a que des mouvements des yeux, les grandeurs apparentes de la verticale, de
l'oblique inclinée à gauche, de l'oblique inclinée à droite, de
A

Fig. 18. - Parallélogrammes inclinés à droite et à gauche.

grand que le parallélogramme incliné vers la droit; ~fig.18).
De même (fig. 19), le cycle A, dont la tangente superieure est
dirigée vers la gauche, la tangente_ inférieure dirigée vers la.
droite, ce qui définit le sens de rotat10n du cycle,.n:i-e parait plus
grand que le cycle B, dont les tangentes sont_ dmgees en ~ens
inverse. Que A soit décrit par la.gauche, qm est plus fruble,

Fig. ~9. -

!.

Fig. 21, - L'horizontale touchée par des obliques.

par définition, chez un droitier,_ ou par la dr?ite, do~t les.n:i-ouvements sont orientés en sens inverse, la depense energet1que
est plus grande: d'où l'illusion; elle se renverse pour les
gauchers.
.
Le travail dans des plans nous cou~e des depe~ses ene_rgétiques qui décroissent dans l'ordre smvant: v:ert1cal, obli411;e
incliné à gauche, oblique incliné à droite, horizontal. Ces_ depenses sont dans de certains rapports avec la dépense statique
pendant le repos. On peut calculer les rapports moyens de ces
,

l'horizontale sont respectivement: 1,35; 1,27; 1,2; 1,12; d'où
(fig. 20) ce carré théorique apparent, qui me parait plus
.
1,12
large que haut; le rapport théorique 1135 entraine l'erreur,
1
trop forte pour mon œil, de 4, 9 : Wundt admettait, pour le
5

Cycles diTigés à gauche et à droire.

A

C

Fig. 20. - Un carré théoriquement apparent.

sien, l'erreur, légèrement moindre, de

B

A

•

1,35'
J)

•

Ces nombres permettent de calculer les erreurs d' appréciation de rayons quelconques, les angles étant supposés appréciés correctement, des angles, les rayons étant supposés appréciés correctement et de déterminer les corrections nécessaires pour produire l'apparence d'une valeur donnée dans
une droite ou dans. un angle. Le calcul prévoit què l'angle, sous
lequel nous voyons la lune, est d'environ 1/9 plus grandàl'horizon qu'au zénith. Un angle de 45° à partir du zénith est apprécié égal à 67°: le calcul indique 66°,6. Un angle aigu paraît

�•
L'ESPRIT NOUVEAU

956

LA LUMIÈRE, LA COULEUR, LA FORME

plus grand qu'il n'est, l'angle obtus supplémentaire, plus petit.
Ceci explique une illusion importante: la concavité dirigée vers
le haut, de l'horizontale, qui est touchée à partir de son milieu
par des obliques, qui font avec elle des angles successivement
aigus et obtus (fig. 21). Le carré apparent prend la forme
échancrée (fig. 22).
Nous pouvons aborder un sujet qui m'a toujours passionné,
la restitution des illusions d'optique des architectes du Par-

~/

fir---J--'-------l_i___::::::.,~
,,

I

...... _

•

1

1

1

/

l

Fig. 23. -

L es illusions dans la façade d'un teniple.

j

! - - - - - l - - - - - - - - - - 4 --- .:,
;

'

1

t-tJ, _-·-·· - -1.i~ · -- --- ----- --~
i. -. -··-·-··--t..~1- .. . __________ J
Fig. 22. - Les déformations du carré.

thénon, d'après les corrections qu'ils ont fait subir à la verticale, à l'horizontale et aux angles. Ces illusions n'ont pas été
corrigées pendant très longtemps : cependant elles persistent
encore très fort. Placez-vous sur le boulevard Saint-Michel,
en face de la rue Soufflot ; regardez le Panthéon ; les colonnes
paraissent diverger en éventail, l'architrave s'effondrer au
centre. Ces illusions ont paru frappantes à toutes les personnes
auxquelles je les ai signalées; il serait donc intéressant d'en tenir
compte. Elles constituent le contraste dans les formes: d'après la
loi de l'auto-régulation, tout travail dans une direction entraîne
un travail dans une direction contraire, qui tend à annuler le
premier et ramène l'énergie au zéro de la dépense statique :
cette double réaction constitue la dépense de la droite dans

Fig. 24. -

L'entas-is.

957

�A NOS ABONNÉS

·'! ll. les libr?ires ayant adopté l"usage de renouveler leur étala
1

958

L'ESPRIT :NOUVEAU

la direction considérée. Les rapports de grandeur apparente
calculés pour les droites, la représe1itation exacte des angles
étant assurée, valent pour les angles, quand la représentation exacte des droites est acquise ; ils valent donc pour les
couleurs associées, on l'a vu, à des directions ; effectivement,
l'on retrouve, par cette voie, les rapports très différents des À
complér.•.entaires.
'
Dans la figure 23, les angles obtus ex, ~' ~. c paraissent }llus
petits qu'ils ne sont; les yerticales des colonnes s'inclinexont

mois, la parutwn au ~5 est devenue défaçorahle. Nous avons
reporter au 1er du rrwtS la parution de notre revue.

e le

,ter

du

do!c décidé de

.Al~!. NOS ABONNES continueront à être serçi.s "les premiers, une
semame a"ant la mi.se en r,ente.
LA COURBE DE NOS ABONNEJ1ENTS

....

f-+-

ERRATU.U: llors-tcxle DERAIN, page 885, li,1tz 1008 au lieu de 1918.

REMPLISSEZ LE BULLETIN Cl-DESSOUS :
Soct.t6

ÉDITIONS DE L ' ESPRIT :NOOV:lOAU
Anonynie au Capl.lal cl• 100.000 Franc■.
SI'«- Social: 29, rue cl'Aatorc, Pari■

Fig. 25. - Façade corrigée d'un ttmplt.

en dehors et les horizontales se creuseront ; les angles aigus y
et 8 paraissant plus grands qu'ils ne sont; les marches et l' architrave se creuseront: c•est l'illusion de la fig. 20. Craignant
que la colonne parût s'évaser par le ha.ut, les architectes du
Parthénon en ont renflé la portion médiane; c'est l'entasis
( fig. 24). Bref, ils ont corrigé dans le sens de la figure 25, qui est,
bien entendu, une exagération. Les motricités, qu'impliquent
ces corrections, sont plus grandes que les nôtres ; elles sont
liées à ces sensibilités également plus grandes qu'impliquent,,
nous l'avons -vu, de moindres persistances d'impressions; d'où
une évolution, qv'il serait possible de préciser, vers des états
plus subjectifs de fatigue.

L'ESPRIT NOUVEAU
paraia■ ant

LE NUIÉRO

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(Français)

L'ANNÉE

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- , . , du · · · · · • • • • • • . •., au pn.e
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'
franc•.
Ci-j&lt;rint

VOU&amp;

trouverez un mandat ou un chlm11
-.- de

NOM

f ra11C6.

SJ&lt;/NATURE

PROFESSION
.4.DRESSE

(à

suicire.)

CHARLES HENRY
Directeur du Laburatoirt de Physiologie
dt~ Srn,alicms, de la $qrbo11ne.

Repmpµr, détacher, et retourner aux Edition., de ,. L'ESPRIT NOUVEAU ,. .,
,
ans.
.9, rue d Astorg,

A NOS ABONNES
A la suite des récentee augmentation, d tarif!8
ta
•
doit Mre maj~ré d'un franc pour frais.
es
pos ux, I.e moindre recouvrement par la poate
Afin d'éviter cette ma'oratl
bo
le montant de leur abonnefuent.on, noe a nnés doivent no111 adresser, dès à présent et directement,
1

52

�FAUT-IL BRULER LE LOUVRE

RÉPONSES A NOTRE ENQUÊTE (FIN)

FAUT•IL

BRULER LE LOUVRE?

?

961

Le Louvre e,t dan! toute forme figurée, il t8t dans !ous le$ ye_ux ~ dans quelques cœur s L'otwrier qui devant un 1Jla.tisse, dit • Mon gos!le en ferait autr:mt 11 -porte le Lauvrt:
en lui incon•ment et pe,a-eire satw y avoir jamais été.
Le Louvre nous est intégré.
,
Henri HEIMTCK.
Plus q~ parricide, ce serait sui~de. Y pense-t-on ?

Non, mon Di.et,, non, car ils z1ourrai~ échapper auz f«zltWl.es, les !leissonier de la
collection Cliauchard J
VmcENT Hu.mo:imo •

•••
Oui. 011 doit br,îler le Louvre. ll contient peut-être des chefs-tFœuvre. ll en contient
mbne beaucoup t·rop. Le speetacle que nous proposent Vinci ou Raphaël n'est, il faut
bien le dire, d'a·iwun enseignement aujou:rd'hui &lt;rn chaque pe:intre qui nait se propose de
tout créet et de tout refaire. Que lui fait l'antique vision cfes peintres défunts, cataloguh,
eœ:pertisés ? Il peint avec sa seule chair, avec sa 11eul.e inquiétude, et ne doit pas trouver
chez les Anciens, eœc-use à ses hardiesses que ceure-ci instinctivement ont prévues sans l~s
réaliser. Ces hardie11ses, elles sont, en lui, prêtes à se corrompre ou à se ternir s'il veut
leur (iimner raison en invoquant les Ancien.s. Ce qu'il doit peindre, encore Ulle fois, c'est
Loufa El:r:m.
Oui, il fmit .le briller. La confrontalion des œ:u:1,vres qu'il contient et de celles que no.~
contemporains produisent est toujours préjudiciable à ces dernières, quand elle n'-est pas
mortelle.
Oui, il faut le brûler, dans rintéret m€me de. rart: le nmnbre des sujet.s qu'un cerveau
hum&lt;Lin peut cmuieooi.r est lî:mité; nous sommes .donc con.damnés à 'l'IOus répéJ.er; si nous
conservons soig1leUSerrnmt t(Yl.(.ŒS ca rcliqttes dans des musées, je ne donne plus 100 an,s
avant (_[Ue l'art soit mort de pléthore et tf. ennuyeuae monaUm:ie.
Des chefs-a' (J':W)re di'lparaUront ? Qu.el est le •mal ? Au co:ntrai.re, leur destruction les
parera, dans les sUcles, d'une légende de beauté invérifiable dont eu.1! et leurs auteurs
bénéficieront. Qu'nuc:u.ne œuvre à' Apelle ne nous .ail été comeroée, cela a-t-il nui " la
c'élébrité du peintre grec et conlmrié la contintiitt de l'art pictural ?
Quand nous n'aurons plus de Vin.ci, plus de Raphaéf.; plus de Rubc11.~, plus de
Rembrandt, plus de Watteau, g:uan.d tou8 ces ét.alons ·metirtri.ers n'obsétleront plwJ nos
yeux blasés, Mus aurons alors, auteurs et spectateurs, ceux-là la conviètion joyeu,.je et
stimulante de faire du 1wuvea1i et ceux-ci la fralche et savoureuse impression à' en admirer.
Oui, il faut 1Jrli.ler le Lrncvre; il faut q1M. ce ehœur assouraissant du passé se taise.
Pourtant, si fon t.rou:œ q_UIJ e'e.st aller wi veu fort, ne le .br-alotu pas ; 1na.i-s fair.ons-:/e
disp.arcdtre néanmoins, d'une manière moins brutale. Et, sac1'ifiant à l'utilitarisme q1.1i
e.sl le grand moteur Ile notre époque de reconstrnctwn, vendons ses collectüms, dispersonsles a-uœ enchères. Que toutes ces amures vieilles s'en aill.ent s'e1iterrer dans le mystère
de q,re'lque salon prii;é pett accessible rl'où. leurs voi~ i-solées, ai on les entend encore,
seront trop faibles pou·r distraire et détourner l'attenti.on cle l'atii.~te et&amp;: la critique.
Camille l\lATliY.

• **
C'est i1wtile de le brûler parce que je l'ai dé/à àrûlé en dedans, quand u~ chose est
brûlée en dedans elle est al.lSsi bralée en dehors.
l\1ichele GASCELLA, pittore.

. *.
Celui qui a vomi, sa.it-il où est le défaut. Dans son esto1n,ac ou dans l'aliment ? Coni111.ent pourra-t-on retoitrner à son vomissement, si quelque jour on se sent de ta-ille à r ass-imiler ?
Il .frmt garder le Louwe comme un témoin permanent de notre indignité.
C'est not11e pierre de touche, aul'"ions-nous la ldcheté de l'abolir 'I
Ce serait parricide au sens le plus net. Et combien inutile !

Il faut briller le Louvre, hôfiel où ronfait awre chose que de l'art et entremet autre matière que la beauté.
,.
,., "'"" •
Jl faut. briller Chauchard-Haza.r-Lo1.1;1rre à cause du. nom ([U il a ~TP~- 7o-J=,on
pou.rra dispenser ces dtu.t:PALA..cES du 11ac1Mr s'iïsconsentent àrestüuer l ttiquettequ Us
usurpent, à cause des services -oénusiaques que l'un et rautre pe1.ivent rendre.

René-Louis DoYON.
Ah / certes oui I brûlons le Louvre.
Le Louvre est une tent,ation.
Et c'est un éteignoir.
Jl trompera les cr~ations tie demai·n, comme il @r:ugle - ou dh»urage - les créateurs
âaujourd'hui.
Qitandil les inspire, c'est pire.
A quoi sert-il - ou à qui ?
•
Rien n'est ooin, pour un art-iste, comme de chercher sa personnali~ datl,8 la personrtaiité d"es autres - eussent-ils du génie.
•
Le génie - et le talent, même - n'admet poi1it à'&amp;ole, ni de 1l"IO&amp;le, ne ~~nait q"! ~
1,ropre règle, qui est de n'en p(l8 aooir, et n'obéit, souvent obs&lt;:urtmenl, qua une discipline, au vrai, sévère : la sienne.
La dépcndanœ est e/llclue de roriginalifé.
.
Notre tpoque, parce qu'elle végète dans rcmibre maléfique d~ Passé, est une ép_oqtte
liâtm-de. Le Passé y pèse sur tout, y corrompt tout, y ~touffe tout.eJ~sse, toute hardiesse,
toute énergie.
,
,
•
. Brisons l'esclavage du Passé. Evitons_ do~~ la c?n(enip[.(i~ion du Passé, car c est vivre
daii.s le Pa.ssé- alors q~, seul, un avenir mril doit émouvair nos penstes.
Cessons de vivre dans les cimdières du Pagsé, &lt;mt!C les morts.
Notre vérité n'est pas d'hier 1 elle.est d'aujou:rd'hui.
On ne mt qu'avec l.a vie. On ne crée qu'en elle. L'arl doit itre viva,if. Un art qui se
sot1vient du Pasllé n'est pas vivant.
.
.
,
La 'IJie point m hante les sépulcres -_ni la vérité ~ctuelle ~ la vie. Car rien n est
vrai que pendant son cycle vivant. La vérité, une et universelle n est pas.
.
Il y a votre vérité, d vivants, comme il y a votre b;auté. Elle_s sont en oous, qui et.es la
vie. Elles ne sont qu'en vous. Votre vérité n'est pcnnt la vérité des temps précédents.
r otre beauté ne ressemble à aucune autre beaut.t.
.
Etes-vous fous, pour demander à la pattSsièTe des temps anciens, la vérité de votre
temps ?
Qu'allez-vous faire au Lou'Dre ?
•.• y poursuivre, ailleurs q,.fen vous, le r2~ humilié àe la beauté future ?••• Offrez
des chourA} en p&amp;ure à la vie, alors .•. et ne disputons pl:u.s rr AJ·t I
Georges d' Aoo•

Au cours d'une visite que je fis au Louvre, il y (l quelques sem~ines, j'avou._2, à ma
honte, avoir éprouvé une vive sensation d: ~rt et une profonde émotwn. Il est évident que
je suis intoxiqué par les f&lt;&gt;rmules convtntianrielles.

�962

L'ESPRIT NOUVEAU

RÉCLAMEZ

Par contre, reœamen des œuvres de Braque, que l'Esprit Nouveau vient de reproduire dans son dernier numéro, m'a plongé dans le plus profond ahurissement - il est
certain que mon intelligence est trop étrr,ite pour en saisir la beauté, voire même pour en
cmnprendre le sens.
Si je voulais résister à la noble pensée des destructeurs du Louvre, je ne pourrais me
pr~aloir ni de mon infériorité intellectuelle, ni de fintorication chronique de mes centres nerveuœ.
Bnllez donc le Louvre, Messieurs les Incendiaires; mais comme vous m'aurez
gratuitemtmt privé d'une grande source de jouissance, vous ne trouveTe::; pas e;i:cessif que
je vous inflige la peine du talion.
Je m'adresst:rai, pour cela, non à vos impressions visuelles, mais à vos sensations gusttnives et transporterai simplem~nt vos méthodes dans r a:rt culinaire.
Depuis des siècles, vow, subissez le joug d'un odieu:JJ traditionalisme : L'infâme
Brillat-Savarin et ses émules ont déformé votre jugement en le subordonnant à des routines dont il est grand temps de sortir.
Vous n'aurez d011C point à vous plaindre si j 'applique d'autre part le système de Braque qui uous est cher.
Or, quel est ce système : point de Tègles, point de lois, point de connaissances préalables, libre manifestation du génie inné, en empruntant aussi pett que possible les arrangements que la nature fait tomber sous nOs sens.
Exemple: L'œuvre reproduite sous le titre plein de finesse et de poésie - Buute-i.lle
de Rhum et Mandoline, darut laquelle nous crowms trouver un fragment d'étiquett.e portant le mot Rhum égaré au milieu d'objets informes dont quelques-uns rappellent vaguement des débris d'instruments de musique.
A r e:umple du nooateur, nous allons confectionner, à votre intention, un mets digne
de récole cul&gt;iste, mets que nous désignerons sous le nom de " Sole et Artichaut ».
Sa sublime composition consistera à mélanger en proportions convenables quelques
arêtes de sole, de la graine de lin pilée et des cafards 1:rroyés auxquels nous aurons ajouté
de la mélasse, un peu de moutarde el une petite quantité de foin d'artichaut. Une sauce
au safran, quassia amara, angélique, tabac à cJtiquer et coquilles à' œuf finement pulvérisées complélera cet liarmonieu:JJ mélange.
Ce sont de tels aliments que vous devrez manger, Messieurs les démolisseurs, si vous
détruisez notre Louvre et c'est alors, et seulement alors, que vous deviendrez logiques avec
vous-mêmes.
Auguste LUMIÈRE •

LE VÉRITABLE
L' AUTHENTIOUE

NANT'ERRE

•••
Lorsque des athées ont protesté du bombai'dement. des cathédrales, il ne faut pas s'ét.onner si des iconoclastes de l'art s' écrient à leur tour: Gare I Ne tuucltez pas à cela.
Laissez le Louvre tranquille : - Donc, je réponds carrément non. CeuilJ qui posent la
questi&lt;m seraient les premiers à regretter la catastrophe. Et encore : pensez-vous !lU'un
autodafé semblable conduirait à quelque chose ? Le tableau le plus inoffensif aujourd'hui,
serait présenté, demain, comme un martyre. Et ce martyrologe ferait naître un prosélytisme des plus effrénés.
AJfons ~1ASERAS.

I

A LA MARQUE DU POMPIER

Essayez toujours, vous verrez bien si les • Pompiers • d'en face arrivent à temp11 I
ANnRY•FARCY.

Conservateur du Musée de Grenoble.
" L'ESPRIT NOUVEAU " ne réclame pas la destruction des quelque cent
chefs-d'œuvre qui se trouvent au Louvre.
L'enquête ci-dessus n'était pas si futile que îa.

N.D.L.R.
FOURNISSEUR DES GRANDS MAGASINS DU LOUVRE, DU LUXEMBOURG DE L'ÉCOLE DES BEAUX-ARTS ET AUTRES MONUMENTS

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monographie économique une histoire pa'\Sionnante, \ID drame où des hommes et les ·
nations s'attrontent, se défient, se dupent, se vengent, luttent pour la richesse, pour la
puissance, pour la vie elle-mème. Dans une époque comme la nùt re un homme tel que
Delaisi a vraimeni une fonction de salut social.
STÉPRE!'i V ALOT (Pro:~s -cic,:que .)
L'étude est vraiment très Dien faite, p!eino d'informations précises, de documents,
de chiffres. C'est 1e meilleur des canevas (encore 1) pour les articles qui seront faits quelques semaines-plus tard, au moment où la campagne commencera.
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a.... d'art œaeien el ,,.,dm•~ la pl10 co•pUle el lrJ pl"' t..rueue, la plu illllllrle.

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- La B,w, de lillbtlÂlfe lo plu avmu el la plùa com=(lilttrature,
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IV. -La Rèvw ~ vrcnment "80fkrne, aliondamment 1otrk d'e:umples.
V. - La B,uw ICimtifif'M (xiefttu pures d ap~), la leUk qui tlldle d la (!O'I« de ,_.
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                  <text>La revista “L’Esprit Nouveau”, cuyo título es un homenaje a Apollinaire, y subtitulada Revue Internationale d’Esthétique. (en español, El Espíritu Nuevo) fue una importante revista de arte francesa, publicada entre 1920 y 1925. Alcanzó los 28 ejemplares.  Con un promedio de 100 páginas y con imágenes en color, fue la revista del movimiento purista. Su ámbito fue internacional, llegando a alcanzar bastante difusión en países como México. Su eslogan era: “Hay un espíritu nuevo; es un espíritu de construcción y de síntesis guiado por una concepción clara”. fue dirigida en sus tres primeros números por uno de sus tres fundadores, el  poeta dadaísta Paul Dermée, (fue importante colaborador inicial, pero sólo participó durante los primeros siete números), Amédée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret (Le Corbusier). Colaboraron poetas, artistas y músicos como Aragon, Bissière, Breton, Carrà, Cendrars, Cocteau, Éluard, Max Jacob, Lalo, Milhaud, Raynal, Satie, Tzara.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��I·

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Le Dirrction retuil chaquic matin de 111 a J ~ iJ la Revue, 29, Hue d'..\st.1rg.

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Les ouvrages envoyfs pour compte-rendu doivrn l etre adressés impersonnellemeol
exem plaire.

D'EINSTEIN

a la Revue, en do u Lle

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Reprodud_ion_ et tradu•~tion d•.)S ceuvres et illu~trali_ons pu_bliées p;u • l'Esprit Xouveau, in terdites pour
tous pays, citat1011s du pré:,ent numh-o autor1sfrs uvec u1dicat1011 de souree.

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Les: manuscrits ne sont pas rt?tournés, Jt,s aut.eurs non avisés daos le délai de deux mois de l'acceptation
de leurs ou,·rages ;&gt;euven t lt&gt;s reprendre lU bure:i.u Je la Re,·ue oU ils resten ta leur disposilion penclanl
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Ces 1CO exemplairea sont numérotés de 1 A 100 et portent
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Par exception, en raison de leur particuliére ,;aleur hibliopbilique, la souscription aux numéros de rérfe 1 et 2, tirés sur iJeur de fotme, est de 1.000 francs pour l'année.

de curiosité gé_nérale, exploi~ées pa'. l_es spéciahstes et les vulgar1sateurs, les theories d Emstem entrainent une conception générale du monde. S'il appartient au savant de développer les équations mathématiques
qui en offrent un symboleclair pour laminorité des esprits.ilapparticnt a la critique de discerner l'attitude mentale alaquelle
ell e c·orrespond, le processus psycholcgique qu'elle suppose.
Deuxsystémes dumondeprécedentcelui d'Einstein: le systéme de ropernic, fondé sur un ensemble de calculs a partir de
données astronomiques, et qui oppose d'une maniere définitive
l'ordre d'un univers au macrocosme du Moyen Age chrétien.
Le systéme de i\'ewton, fondé sur la découverte d'une loi
purem;nt physique, la loi de gravitation universelle. Ce sys-

O

BJET

'º

�720

L'ESPRIT NOUVEAU

teme porte les esprits a donner une va]eur moindre aux observations astronomiques et a l'établissement de lois mathématiques des mouvements célestes, qu'a la recherche de lois
physiques a partir d'observations et d'expériences faites,
depuis Galilée, a la surface de la terre.
Or, a nouveau, délaissant les concepts concrets du physicien.
le systeme d'Einstein tend a faire de la pensée mathématique
le pivot de la science_ En cela, il suppose une attitude intellectuelle assez proche de celle de Copernic. Mais en meme temps,
l'état actuel des sciences oblige Einstein a prendre la physique
newtonienne pour terme de comparaison. Tant il est vrai que
l' activité scientifique est trop complexe pour permettre d' établir des liaisons simples ou des filiations, ou meme une filiation
entre les systemes du monde. Cette implication des sciences fait
d' ailleurs l' originalité des propositions fondées sur le j eu réci pro.
que de données mathématiques et de données expérimentales

En effet, le systeme d'Einstein suppose la convergence et
comme la concentration en un cerveau mathématique, des différentes discipl"nes scientifiques au cours du x1x0 siecle. 11
serait sans doute difficile d'en suivre et d'en décrire les phases,
les détours, car, aux yeux du savant, la science n'offre guere
d'aspects primordiaux imposant une direction aux recherches,
et, d' autre part, les aspects épisodiques qui échappent au
critique ont parfois une puissance de suggestion qui les rend
essentiels.
Mais on peut du moins insister sur ce fait que les démarches
mises exclusivement en lumiere dans les expositions d'Einstein (1), ont été fécondées par l'électromagnétisme et la physique moléculaire.
(1) « Ubcr die spcziclle und die allgemeinc relativitats theoric •· Gcrncinvcrstanclig
von A. Einstein. (Fried. Vierveg et Sobn, Braunschweig, 1920.)

A PROPOS DES THÉORIES D'EU.STEIN

72.l

La physique prend, au :xrxe siécle, en f aisant, a l'exemple
de la chimie et de la biologie, un usage a peu pres exclusif des
laboratoires, un caractere expérimental qui permet, au moment de la découYerte de l'électrornagnétisme, de faire entrer
le probléme d~ la lumiere dans une'phase nouvelle. Aux hypotheses de DESCARTES, HuYGHE~s, XEwToN et EuLER (1),
sur les conditions du mouYement de la lumiere, aux observations de RoE~IER et de F1zEAU sur les vitesses de la lumier&lt;',
s'adjoignent les éclaircissements apportés par la découverte de
1L.\XWELL qui permettait d'identifier la nature de la lumiere,
et celle eles phénoménes électro-magnétiques. Ils demeuraient
insuffisants toutefois a rendre compte de la valeur de l'hypotbése physique d'un éther qui restait nécessairement associée a la solution du probleme de la lumiére.
II fallut l'hypothése de LORENTZ, sur l'existence d'un temps
local (2), qui donnait une interprétation des résultats contradictoires obtenus par l'observation expérimentale des vitesses
de la Iumiére, pour permettre a Einstein de développer un
ensemble d'intuitions mathématiques qui devaient etre le
point de départ de sa nouvelle conception du mouvement universel. D'ailleurs, l'hypothése de LoRENTZ, replacée dans
l'orientation conceptuelle de l'époque, équivalait a une application particuliere de la notion d'un temps scientifique que les
géométries a quatre dimensions avaient introduite. Elle restait
le témoignage d'une grande tradition physico-mathématique
qui ne provoque pas les expériences, mais se confíe en toute
sécurité aux rlémarches mathématiques et demande aux seules
observations astronomiques une vérification.
D'autre part, il importe de retenir qu'Einstein fut, pendant
un temps, préoccupé de rendre compte, au moyen de vues
théoriques, des mouvements bro·wniens (3), et qu'ainsi la
(1) C'f. E1,1.En: Lettres el une pri11cesse cl'Allemagne (1760). 1-64, etc.
(2) Cf. L. FAam; : Les Théories d'Einstein (Payot).
(:3) Cj. J. P1mR1:s; : Les .1tomes, p. J;;&lt;;.

�722

L'ESPRIT lliOl. VEAC

notion de macrocosme inséparable encore chez Copernic des
préoccupations astronomiques fait place, dans l'explication
d u mouvement universel, a des préoccupations expérimentalEs,
inséparables de la notion récente de microcosme.
** *

L'élaboration d'éléments apportés par des courants se
dépla&lt;;ant simultanément dans des directions différentes, mais
retenus et fixés par le symbolisme mathématique, aboutit chez
Einstein a la constitution d'une nouYelle physique du mouvement universel. Cette physique du mouYement demeure encare
organisée autour de la notton fondamentale de gravitation,
qui devient pourtant plus complcxe et, disent les einsteiniens,
plus complete.
Mais dire qu'une nouvelle physique du rnouYement est
constituée, reYient a dire d'une maniere beaucoup plus précise qu'une nouvelle mécanique uniYerselle est constituée.
:i\'.os habitudes de pensée nous portent a remarquer en premier lieu que to~t probleme du mouYGment peut se ramener
a la considération de deux termes fondamentaux: l'Espace et
le Temps.
C' est une conception logique, qui s' aecorde tres bien avec le
point de vue de la mécanique classique, mais qui est impropre
rendre compte de la mécanique einsteinienne.
En effet, dans la mécanique classique, toute l' attention est
portée sur le terme espace. On prend successivement des portions d' espace. et le facteur temps intervient pour exprimer
les déplacements de mobiles, observés dans chacune de ces
portions. Le tem'ps est mesuré en fonction del' espace parcouru.
Les rapports de temps et d' espace sont exprimés par les vitesses. On peut observer toutes les yariations possibles d'un
rapport espace-temps, a partir d'un mobile doué successivement de vitesses différentes ; on peut ensuite, au lieu de

a

A PROPOS DES THÉORIES D.EllliSTEIN

723

considérer un seul rapport espace-temps, considérer plusieurs
rapports espace-temps, variant simultanément ou indépendamment les uns des autres, et, dans tous les cas, établir un
certain nombre de comparaisons entre les états de ces divers
rapports espace-temps, a divers moments. Pour prendre un
exemple concret, nous supposerons avoir trois montres a considérer, une premiére que nous dirons convenablement réglée,
une deuxiéme qui devra promptement marquer un retard, et
une troisiéme qui prendra sur la premiére une avance considérable. Si nous suivons la marche de ces montres, qui ne sont
chacune autre ehose que l' expression d'unrapport espac e-tcm ps,
nous établissons une série de termes de comparaison entre les
rapports successifs espace-temps des trois montres. De l'établissement de ces termes de comparaison, nous ne pouvons rien
conclure d'autre que la possibilité de les établir; de comparer-,
autrement dit, avec la précision que permettent les mesures
physiques, la marche de trois montres différemment réglées.
Nous avons supposé que l'une des montres était convenablement réglée, c'est-a-dire mesurait avec une régularité suffisante
notre tem ps social. Supposons un instant que cette montre soit
aussi mal réglée que les autres : nous serons amenés, pour
avoir une mesure approximative du temps social, a établir une
moyenne des données des rapports espace-temps pour les trois
montres, ce qui revienta établir un seul rapport espace-tem ps.
Le point de vue d' Einstein met en lumiére que l' attitude du
physicien classique se raméne a ceci : lorsqu'il expérimente,
d'une partil est préoccupé de l'espace sans tenircompte de son
propre mouvement, et il en résulte que la notion commune de
l'espace est dominante pour lui; d'autre part, il emploie pour
temps un temps social, qui lui parait étre un facteur accessoire
en quelque sorte, destiné seulement a.lui permettre des mesures.
Nous avons vu comment les rapports espace-temps, établis
dans ces conditions, équivalent a autant de petits systémEs
clos, dont les termes sont seulement comparables les uns aux

�724

L'ESPRIT ::.-ot· YEA.l:

A PROPOS DES THÉORIES D'EINSTEH\

autres. De semhlahles constatations ne pouvaient done permettre de pousser assez avant l'interprétation des phénomenes. Le systeme newtonien du monde, qui n'était qu'une
image agrandie de cette mécanique terrestre, ne rendait pas
suffisamment compte des prohlemes du mouvement universel,
dans la mesure meme ou la mécanique classique ne rendait
compte du mouvement de la lumiere qu'avec le secours d'hypotheses. Et, malgré ces hypotheses qui pouvaient apporter
en apparence une solution au prohleme delalumiere, la notion
ele vitesses, telle que pouvaient la donner les rapports simples
espace-temps, demeurait impuissante a éclairer les expériences
contradictoires sur les vitesses de la lumiere.
Le développement de la spéculation mathématique avait
déj a permis aux physiciens, dans le cours du x1x0 siecle, de
renoncer a admettre une trop grande rigueur des propositions
newtoniennes et les avait incités a porter leur attention, en premier lieu, sur la vitesse de la lumiere, facteur du mouvement
universel.
Les réflexions d'Einstein ont confirmé cette tendanee, et
obligent d' admettre d'une maniere définitiYe que ce sont les
expériences rnr la vitesse de la lumiere elles-memes, qui doivent
nous renseigner sur la valeur des notions anciennes d'espace et
de temps jusqu'alors a !'origine des considérations sur les
vitesses.

matiques d'Einstein, maintenant vérifiées, permettent de
dégager cette conclusion : La lumiere a une masse. Elle obéit
clone a la loi universelle de gravitation.
Mais si Einstein a ainsi trouvé le moyen d'intégrer les phénomenes lumineux dans la physique newtonienne du monde,
sans qu'il soit hesoin• d'hypothese, il importe de comprendre
que la loi fondamentale de 1'EWTON sur l'état de gravitation
universelle a perdu de ce fait sa rigueur apparente. Un déplacement du systeme s'est opéré.
En second lieu, un renouvellement s'effectue dans les
príncipes directeurs de la pensée physico-mathématique. Nous
pouvons dire, des que nous prenons un moment du mouvement
universel pour donnée primordiale, sans préjuger de notre
situation dans l'univers a ce moment, au li€U de poser a partir
des deux termes fondamentaux espace et temps avec la valeur
que leur donne le sens commun, un probleme de mouvement,
que nous sommes en train de passer des conceptions de la
mécanique classique a la mécanique einsteinienne. Nous renongons aux concepts sociaux de temps et d'espace dont s'était
accommodée la mécanique classique : la spéculation mathématique nouvelle appuyée sur les observations expérimentales,
est orientée de telle sorte que la distinction d'un concept
d'espace et d'un concept de temps a en réalité disparu : c'est
ce que l'on paut exprimer, d'une maniere nécessairement imparfaite puisqu'elle reste en dehors du symbolisme mathématique, en disant que le temps a la valeur d'une dimension.
C'est ce qu'indique encore, dans l'exposé d'Einstein, la suhstitution de systemes chrono-spatiaux aux rapports simples
espace-temps de la mécanique classique. Au lieu du temps
social, considéré jusqu'alors comme temps universel, nous
sommes amenés a reconnaitre l'existence de temps innombrables, fonctions des mouvements eux-memes innombrables
d'un univers que les lois trop simples de la physique newtonienne permettaient de calculer seulement avec une approxi-

*
*.*

Ce bouleversement réalisé par Einstein dans les données
d' une mécanique universelle ne peut manquer d'avoir des
répercussions considérables dans la science, et dans la réflexion
philosophique.
En premier lieu, le probleme de la lumiere se trouve résolu
en meme temps que disparaissent les discussions sur l'exis:tence ou la non-existence d'un éther. Les inductions mathé-

725

�72G

L'ESPRIT NOUVEA.U

A PROPOS DES THÉORiES D' El).STEI:X

mation insuffisante, et, pour ainsi dire, dans la limite des
besoins de l'humanité. La synthese conceptuelle qu'Einstein a
tentée, met en valeur I'insuffisance de notre notion et de notre
mesure sociale du temps pour développer une conception
physique du monde qui soit conforme a de nouvelles données
expérimentales de Ja science. 11 fallait atteindre a une notion
nouvelle du temps qui devait bouJeverser un ordre de concepts
plus anciens.
Il y avait la une nécessité, pressentie longtemps avant
Einstein, explicable par l'état général des sciences del'époque,
nécessité dont témoignent les tentatives de géométries a
quatre dimensions, l'inquiétude des physiciens qui cherchaient a ramener les forces révéJées par l'éJectro-magnétisme
au principe d' action et de réaction, les intuitions de Lorentz.
la possibilité que pouvaient pressentir les physico-chimistes
et les biologistes dans leurs laboratoires, d'un entier renouvellement conceptuel de la science en dehors de l'influence des
concepts quotidiens de la vie sociale, les réflexions critiques
d'HENRI PorncARÉ, qui posaient un probleme de la re1ativité
générale de notre monde physique, et qui sont d' autant plus
curieuses qu'elles nous montrent comment, avant les audaces
mathématiques d'Einstein, la clairvoyance ne pouvait etre
complete par la seule raison qu'une compréhension nouvelle
du temps ne parvenait pas a se fonder (1).

dantes de l'homme, possédant un caractere d'absolu (1). Elle:entrainent peut-etre alors la dissociation croissante de l'activité scientifique et de !'ensemble d~s autres modes de l'activité humaine, y compris la spéculation métaphysique contemporaine. Car, si la critique interne de la science effectuée par
H. PoINCARÉ rendait hésitant sur la valeur qu'un savant doit
attribuer a la découverte du temps psychologique par BERGsol\', il semble que l'admission du temps comme dimension
de l'espace, mette fin a ces hésitations et interdise tout rapprochement conceptuel - qui ne serait pas simplement verbal
et dia1ectique - entre l'reuvre de BERGSON et la physique
contem poraine.
En présence d'une révélation conceptuelle aussi considérable que celle d'Einstein - encare qu'Einstein nous mette
en garde contre une extension systématique de ses idées - il
est humain d'incliner a juger moins de la valeur des idées
que de leur opportunité.
Nous ne devrons pas oublier toutefois, quelles que soient les
répercussions immédiates des nouvelles théories, que ce sont
les observations positives de MAXWELL, une hypothese particuliere faite par LoRENTZ, la découverte des électrons qui
servirent de fondement, dans l'histoire de la science moderne,
a l'élaboration de nouveaux symboles mathématiques. Nous
ne devrons pas oublier que les raisonnements mathématiques,
sans correspondre exactement a l'élaboration discontinue des
connaissances expérimentales, les rejoignent sans cesse, composent avec elles et combinent leurs méthodes avec les méthodes instrumentales.
L' reuvre d'Einstein en effet rappelle que seul l'équilib1 e
entre les méthodes mathématiques et les m~thodes instrumentales est la garantie de la science.
PAUL LE BECQ.

*

* *
Si la science, avec Einstein, se constitue bien autour d'um
notion nouvelle du ~emps, en dehors des notions communes
créées par les milieux humains pour satisfaire a des exigences
sociales, elle cesse d' etre relative. Les notions qu' elle met
en reuvre demeurent autant de notions physiques, indépen(I)

Cf. H. Po1~CARÉ: in

Valeur de la Science, la mesure du temps.

r

(1) Cf. ~lIND, vol. XXIX, u 0 llO: Co111111tmicationau111eeti11gáOaford, 5sepl. l!ll 9,
du professeur Eddington.

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LA LlJMIERE
LACOULEUR

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(Suite) (1)

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vous présente une des courbes les plus intéressantes de la
physiologie des sensations (fig.10, n° 2); c'estlacourbe,
f
d' Uhthoff, de la sensibilité aux changements de teinte ou
auxchangements de dur¿e de vibration, sensibilité mesurée par

J
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les rapports ~ \ !::i). représentant la plus petite différence per-

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•

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1

ceptible de teintes pour les A marqués sur l'horizontale. Vous
voyez que cette sensibilité a des durées instantanées est
minima aux confins du vert et du jaune, maxima aux confins
du bleu et du vert, maxima encore, mais moindre que lors du
premier maximum, aux confins du jaune et de l'orangé.
Cette sensibilité aux durées instantanées doit etre distinguée
de la sensibilité aux temps notables dont je vous ai entretenus
jusqu'ici ; elle nous explique la petitesse singuliere de la puissance mécanique qui déclenche le mínimum perceptible du
vert. Vous voyez que les valeurs de la sensibilité ..!:._ sont
/:1).

'

1

beaucoup plus petites pour le violet (A= O, 4) et le rouge (A= O, 65)
que pour le vert 0,55; la durée de déclenchement du vert doit
..!.!!:!..._ , dont le numéradone etre plus grande; la puissance seconde
teur est plus petit pour le vert en raison de sa plus grande sensi(1) Voir le précédeot numéro de la Revue.

Fig. JO. -

I. Caurbe de la sensntion au changwient de teinte. 11, 111, IV. Sensibilités
Jr•, 2•, 3• au changement de teinte.

�730

L'ESPRIT NOUVEAU
LA LUMIERE, LA COULEUR ET LA FORME

bilité a l'énergie, doit done diminuersensiblement, puisque le
dénominateur qui marque la durée augmente beaucoup.
De cette courbe de sensibilité on peut déduire lacourbe des
sensations en fonction des durées instanstanées: c'est le n° I de
la fig. 10 et les courbes des sensibilités seconde et troisieme; re
sont les courbes III et IV.
La sensation un peu intense de toute couleur, sauf le vert,
est suivie de la sensation subjective d'une couleur, &lt;lite complémentaire, car la somme_ de ces deu.'C sensation~ équiva~t a
une sensation de blanc. Si deux couleurs sont JUxtaposees,
chacune se teint apparemment de la complémentaire de
l'autre. Ce contraste des couleurs a été illustré brillamment
par les maitres impressionnistes: c'est le phéno~ene dont
vous avez a tenir compte le plus souvent dans la pemture.
Voici, enµ, les 11. des couleurs complémentaires:
Rouge ...... 0,6562
Orangé rouge 0,626
Orangé ..... 0,6823
Orangé ..... 0,5995
Orangé j aune 0,5876
Jaune ...... 0,5777
Jaune .. . ... 0,5728
Jaune ...... 0,5707
Jaune ...... 0,569
Jaune ...... 0,5681
Jaune ... . .. 0,5663

Bleu vert .....
Bleu vert .....
Bleu vert .....
Bleu vert .....
Bleuvert .....
Bleu .........
Bleu .........
Bieu .........
Bleu violatre ..
Bleu violatre..
Bleu violatre ..

0,4852
0,4846
0,4836
0,4818
0,4789
0,4739
0,4693
0,4648
0,4604
0,4521
0,4404

La courbe nº IV nous apprend ce que sont les complémentaires · en recherchant ces 11. sur la figure, vous constatez que
ce sont des sensations de fréquences, dont les sensibilités troisiemes sont designecontraire; par exemple, les or~ngés-jaunes
ont des sensibilités négatives, au-dessous del'hor1_z~1:t~le, tai:dis que les bleus verts e~ les bleus ont des s?ns1b~1tes pos1tives, au dessus de l'hor1zontale ; ces sensat10ns s annulent,
parce que proporti_oi:melles a des s~nsibil~tés inv:erses..
Vous retrouvez ic1 la grande 101 de 1 auto~regulat10n.. La
sensation de blanc est, dans cecas, une sensat1on proport10nnelle a deux sensibilités inv:erses ; et telle est sans doute la

7:11

définition générale du blanc, qui nous faisait défaut. Comme
vous le voyez, le vert jaune n'a pas de complémentaire. Sa
sensibilité seconde (courbe n° III) est successivement négative
et positive ; sa sensation doit done avoir les memes propriétés
que le sensation de blanc ; e' est bien ce que nous savons ; elle
se complémente elle-meme; c'est pourquoi elle n'a pas de
complémentaire.
Les sensibilités

A11.

U/,

sont = 681, pour 11. = 490 µµ, et = 659

pour 11. = 580 µµ: ce sont les maxima; e~les sont tres i~férieures
a celles des réseaux et des prismes, qm peuvent at\emdre respectivement 1 million et 100.000.
, . ,
... ,
Chacune des six couleurs est caracter1see par sa sens1b1hte
troisieme; le rapport 1,085 de leurs "A extremes représente
une période analogue a }'octave de la musique. La théorie physiologique des couleur.3 n'est qu'un chapitle d'une théorie
aénérale des vibrations, dont font partie les odeurs et les
saveurs ; il est possible de calculer ces sensat10ns en partant
des "A infra-rouges, émis par nos récepteurs et absorbés par les
corps sapides et odorants. Les champs olfactif et sapide commencent au "- = 687, précisément ou finit le champ coloré
efficace.
!")

•

***
Je ne vous ai parlé jusqu'ici que de lumieres colorées. Voici
des papiers irisés qui les produisent par interférence, grace a
des lames extremement minces, déposées a leur surface : ces
épaisseurs provoquent, entre le rayon réfléchi a la surface de
la lame et le rayon qui en émerge, des différences de marche
del' ordre de grandeur des "-: d' ou des couleurs.
.
II y a trois autres especes de couleur.s : 1° des couleurs p1gmentaires; 2° des couleurs pigmentaires, cornpliquées d'interférences et de diffraction ; 3° des couleurs purement physio.
, . ,
,
.
logiques.
Les couleurs pigmenta1res sont caracterisees par la ~eflex10n
ou la transmission de lumieres colorées, apres absorption de la
portion complémentaire de la lumiere blanche incidente. _Un
corps est jaune, parre qu'il absorbe toutes les complémenta1res

�732

L'ESPRIT NOUVEAU

LA LU)lIERE, LA COULEl:R ET LA FOR:llE

des jaunes, c'est-a-dire les bleus et qu'il ne laisse passer et ne
réfléchit principalement que du j aune. Pour caractériser un piO'ment, il faut mesurer les intensités i des " qu'il transmet ~t
on rapporte ces intensités a celles I, que ces " ont dans la
lumiere blanche. Une courbe, comme le n° 1 de la fig. 11, représente un pigment pur, caractérisé par un maximum, tres
précis pour un seul ": les courbes 2 et 3, avec plusieurs rnaxima
ou un rnaximum tres flou, représentent des pigments impur3,
c' est-a-dire les pigments usuels. On figure d' ordinaire les
bandes d'absorption; ces spectres dépendent de la température, de la concentration, de la composition chimique : c'est
tout un monde.

rée : autrement dit, une meme apparence colorée résulte de
deux ~pparences coloré~~' identiques avec elles-memes, quelles
que s01ent leurs compos1t10ns. Maxwell admet qu'il y a trois sensations élémentaires correspondant aux
O¡.,.630; Oµ. 528,
O¡.,. 467 qui, mélangées dans des proportions convenables, donnent du blanc. Ces,. se confondent sensiblement avec ceux que
nous avo ns été conduits a considérer comme les" frontieres communes ~º de l'orangé et du rouge; 2° du vert et du jaune;
3° du v10let et du bleu, cl'apres les courbes de sensibilités aux
durées instantanées ,ibratoires. Maxwell aclmettait encare
que toute radiation simple produit simultanément les 3 sensations en proportions différentes : ce qui est certain, si l'on
observe que ces sensations sont des sensations frontieres et si
l'on in_troduit les complémentaires. Ceci posé, on assimile les
sensat10ns fondamentales, avec des coefficients cl'intensités,
a des masses placées aux sommets d'un triangle équilatéral
et l'on place les couleurs résultantes aux centres de gravité
des masses considérées. L'expérience confirme ces calculs tres
complexes.
. On n'obtient pas naturellement la meme approximat10n pour les ªJ?~arences colorées d'un pigment quelconque
par la superpos1t10n sur la rétine des couleurs de trois pigments : rouge-orangé, vert, violet. Ce défaut est sensible encare
da_ns les d~rni_ers essais de photographie pigmentaire. II y a des
ra1sons theoriques de penser que la solution de ces difficultés
serait dans l'addition d'un 4° pigment élémentaire convenable.
Il viei:t d'ailleurs se greffer des complications d'ordre photo~rapluque. La photographie ne peut etre une reproduction
r1goureu~e des mtensités lumineuses incidentes: en principe,
la quan~1té d' argent réduit par centimetre carré de plaque est
proport10nnelle a l'absorption du gélatino-bromure; celle-ci
est pr_oporti?1;nelle, non a. l'intensité, mais au logarithme de
cette mten~1~e, ce défau~ pouvant d'ailleurs etre atténué par
tous les art1fices de la cmsine photographique.
Le~ couleurs de la vie sont, en général, compliquées de diffract10n, dues a des milieux troubles: la coloration bleue de
l'iris est due aux impuretés de l'humeur aqueuse qui le baigne
dans _la chambre anté~ieure de l'ceil; comme le ciel, qui est
bleu a cause des pouss1eres atmosphériques, la peau, avec ses

"(

f

1.

11--.....-----

f

i,

f
ti-------

J.

Fig. 11. -

Courbes de trans111issio11 de couleurs pi!{mentaires.

En s'ajoutant, les lumieres colorées tendent vers le blanc,
tandis que les couleurs pigmentaires tendent vers le noir. Si
vous broyez l'un avec l'autre du bleu de ·cobalt et du jaune de
chrome, vous obtenez un vert : e' est la couleur des radiations,
communes aux deux corps: des lurnieres jaunes et bleues relativernent pures donnent du blanc, comme nous l' avons vu ; ce
sont des complémentaires. Sur les secteurs d'un disque rotatif
juxtaposez alternativement du jaunc de chromo et du bleu
de cobalt; a la rotation, vous obtenez un gris : il y a la mélange
de lumiere et aussi mélange de sensations, en raison de la persistance des impressions (le vert ne persiste pas). C'est le
grand mérite technique du pointillisrne d'avoir substitué, au
« cambouis » des mélanges pigmentaires sur la palette, des
teintes claires, provenant du mélange, sur un meme point de
la rétine, de deux lumieres colorées, réfléchies par deux surfaces contigues.
L'reil ne distingue pas la composition d'une apparence colo-

"=

733

�73'1

L'ESPRIT :\'OPVEAU

•
LA LUl\lIERE, LA COULEUR ET LA FOR:\IE

1

,
1

1
1

' 1

1

granules pigmentaires, réfléchit les tres petites longueurs
d"onde et ne laisse passer que les grandes. En somme, les
peintres sont bien malheureux ; ils emploient des tubes que
leur fournissent des industriels, que nous supposons consciencieux, et avec cela ils doivent reproduire le bleu du ciel, les
verts et les bleus des eaux, les tons de chair, etc. Un papier
hlanc ne réfléchit guere que 60 fois plus de lumiere qu'un
papier noir, tandis qu'ils peuvent avoir affaire a des éclairements variant de l a 1 million. Vous voyez la part de l'artifiee en peinture et combien serait illusoire la prétention de
vouloir reproduire la 'i\' ature. La peinture ne peut etre qu'une
interprétation de la nature par un systeme nerveux.
J'ai fait des efforts persévérants pour obtenir des pigments
&lt;'Ompliqués de diffraction. Je vous présente des échantillons
de ces colorations a cóté des teintes primitives {l). Voici des
teintes obtenues par addition a la teinture de traces de décolorants ; elles sont notab]ement avivées. Ici virage et luminosité plus grande, par addition plus sensible de décolorants :
la décoloration ajoute du blanc et augmente relativement
davantage les intensités des radiations les plus faibles dans
la couleur primitive, comme on le constate au spectrophotometre; d'ou virage. En diluant une solution colorée, on ajoute
du gris. Enfin, voici de nouveaux virages de teintes, par addition de milieux troubles et de décolorants. Les couleura virent
légerement avec l'incidence, ne sont pas les memes par transparence et par réflexion, ont un pouvoir spéculaire et présentent une plus grande intensité des bleus et des violets aux incidences rasantes. Ces colorants sont applicables a la peinture.
11 y a enfin des coulems purement physiologiques : pour les
montrer a un auditoire, il faudrait étudier une installation.
qui peut-etre ne donnerait rien. Ceci est un toton, avec lequel
je fis connaissance, il y a longtemps, a Londres, dans la boutique d'un marchand de savons célebre ; il avait été inventé
par un j ournaliste de Colchester, Ch. Benham. Les disques pré1'.ientent une moitié noire et une moitié blanche: sur celle-ci,
4 groupes dé trois ares de cercle concentriques de 45°, dont les
rayons décroissent de la périphérie au centre, a partir du haut,
111 \ºoil' Rern1e des _¡lJatih-es coloranles, tome XI, 1\1117.

735

. 1 voit asa gauche (fig. 12, nº 4). Si
pour un observateur qm es
des aiguilles d'une mon1'on fait tourner le toton dans le ste~sques présentent pour une
1 4
es d' ares concen r1
' .
tre, ~s .group l'
t d cercles colorés de teintes mtenses
certame v1tesse, , 3:sphe~ . e centre . rouge J. aune, vert, bleu.
t d 1 per1p erie au
·
'
•
·
·
qml'son
, etourner
a
Si
on fait
le toton dans le sens inverse ' la s1tuat10n

Fig. 12__ Le toton chromogene.

des couleurs se renverse et les teintes, toujoui·s de la ptt1,:;
rie au centre, sont l_e bleu, ~~ :e~!' ~!Jt:~n~~;;:~~~~diquent
fait tourner en sens mverse u . 1
~ ramme 12 deme
les fleches extérieures de la f1g. 2 du td1ag 't t a cóté l'une
1
oitiés noires de chaque to on e an
d
!:ti:~tre~::Voit rouge ala périphé~1
á
a part~r d?_haut les totons tourn:nd ~ls tournent du noir au
la pér1pte!1~, ro~~:;~:~tr~~xilication de ces phénomenes.
en ou / oeCJa, qm. est au centre de la rétinP et
blanc.
La
tacheo~ci
Jaune
u le

º\~~,:•~";.:\~• ~~';;'

�,.
736

L'ESPRIT NOUVEA"G

lieu de fixation des objets dans la vision directe, n'est sensible
qu' au rouge et la périphérie de la rétine n' est sensible qu' au
bleu. Or, il y a tropisme pour l' c;eil del' ombre vers la lumiere,
du noir au blanc ; ce sens des mouvements del' reil est conforme
ou non au sens de rotation du toton ; il est conforme pour les
totons inférieurs de la fig. 2, contraire pour les totons supérieurs. Dans le premier cas, l' reil suivra les mouvements du
toton et finalement la f ovea se fixera au centre, ou la vitesse
est nulle; elle ne pourra voir que rouge, puisqu'elle n'est sensible qu' au rouge ; on verra bleu a la périphérie. Dans le
deuxieme cas, pour les totons supérieurs, le tropisme de l'reil
étant de sens contraire a la rotation du toton, l' reil est sollicité
par deux forces de direction contraire ; il se fixera done a la
périphérie, ou il est immobilisé; les ares périphériques seront
rouges et les ares centraux, bleus. 11 est possible de fonder sur
ces apparences des indicateurs de vitesse (fig. 3) : elles interviennent encare dans d' autres conditions et nous renseignent
sur les tropismes de la fo vea.
(a

suivre.)

CHARLES HEXRY
Directeur du Laboratoire de Physiologie
des Sensations, de la Sorbo1111e.

LES TENDANCES :NOUVELLES
DE LA

LITTÉRATURE TCHEQUE
y a cent ans que l'esprit tcheque, grace aux écrivains éminents,
patriotes convaincus, tantot Tcheques tantot Slovaques, s'affranchissait lentement du joug allemand qui fut une des plus tristes
eonséquences de la malheureuse bataille de la Montagne Blanche en 1621.
Les premiers poetes dignes de ce nom appartenant a eette renaissance
nationale, unique peut-etre dans l'histoire de l'humanité, Tchelakovsky
et Makha, virent leurs oouvres publiées seulement _apres 1830. Comment
ne pourrait-on pas admirer alors cette force vitale de la nation qui, dans
les ehaumieres de la campagne, asu survivre aux poursuites de tout genre
pour éclore surtout vers la fin du xrxe siecle, dans les oouvres littéraires
qui ne le cedent enrien aux chefs-d'reuvre des littératures européennes.
Les lettres tcheques ont répondu en effet a tous les mouvements littéraires ayant eu leur école Romantique, Naturaliste, Symboliste, Décadente et Moderne. Toutes ces écoles se recommandaient volontiers de
l'influence franc;aise qui a su leur donner toute autre orientation que celle
qui s'imposait jusqu'ici. Ainsi les écrivains tcheques, affranchis par }'esprit latín de l'influence germanique trop exclusive, se "trouvaient beaucoup plus a meme de suivre leur propre voie qui était le chemin des
manifestations de l'esprit tcheque pur.
La guerre venue, les relations des écrivains tcheques avec le monde occidental de lettres furent naturellementinterrompues, mais l'évolutionlittéraire en Boheme s'est montrée assez forte au point de se passer de l'irnpulsion qu'elle recevait de la-has; les poetes Toman, Dyk, Theer, pour
ne parler que de ceux-ci, l'ont admirablement démontré.
Toutefois il sera intéressant de démontrer plus exactement au nom
de quels príncipes philosophiques se fait l'évolution des jeuncs autrurs

I

L

�738

L'ESPRIT )iQCYEA.C
TE~DANCES ~OUVELLES DE LA LITTÉRATURE TCHEQUE

tcheques et quels en sont les príncípaux leaders. Cela nous améne a parler
avec mon ami Hartl de Míroslav Routté et de Stanislav K. NeumannP
qui, dans leurs lívres récemment parus, ont caractérisé de fa~ons dífférentes se complétant toutefois jusqu'a un certain poínt, l'atmosphere
esthétique des lettres tcheques contemporaines.
Miroslav Routté, íssu de l'école symboliste, est un esprit essentiellement réceptif. I1 est d'avís que toutes les reuvres littéraíres, poésie ,,t
prose, parues dans les derniers temps, expriment, malgré la diversité des
tempéraments et la vigueur des indivídualítés, une meme conception du
monde. Il analyse l'évolution philosophíque qui s'est produite dans 'J¡,s
idées européennes. Il note les mécomptes de l'idéalisme et les effo~•ts
a accomplír pour créer une foí nouvelle, enríchíe de toutes les expérience~,
de toutes les déceptíons, comme de toutes les joíes et de toutes les acquisitíons. Il voít dans le pragmatisme la base et le point de départ de l'art
moderne et il le con~oit comme la lutte pour la confiance dans l'existence. Dans la littérature, cette ídée se traduit par l'optimisme, enseignant
que la douleur et la souffrance sont des éléments positifs de la vie.
Cet humanitarisme pragmatique est done )'une des tendances de l'arL
moderne.
L'art moderne est démocratique. Cela ne veut pas dire toutefoís qu'il
soít fait pour une certaíne classe; cela signifíe simplement qu'il implique
une conception philosophique et esthétique de la vie, de ses rapports
éthiques avec le monde extérieur. La poésie moderne renonce au préjugé
de l'idée abstraite de la beauté ; elle devient une poésíe de la réalité banale
et du fait quotidien, mais en transfigurant les ídées du savoir exact en
une légende éternelle de la vie. A la conception statíque de la réalité, l'art
moderne oppose la véríté de la réalíté, conceptíon dynamíque et hístorique.
Telles sont dans leurs grandes lignes le nouvel art et la nouvelle beaut.-•
que Rutte voit réalisée dans l'oouvre littéraire de Walt Whitmann
'
d'Emile Verhaeren, de Charles-Louis Philippe. ::\lais le développement
de ses propres idées et sa conceptíon essentíellement hístorique, qui luí
permet de comprendre que les nouvelles tendances viYent des conquetes
de celles qui l'ont précédées, l'amenent a la conciliation critique : 11
aper9oít les caracteres de l'art nouveau la meme ou l'reuvre littéraire,
par son style, se rattache ailleurs.
Stanislav K. Neumann est un esprit individue], fort différent dt&gt;
Routté, par le tempérament. C'est un _novateur par príncipe, favorable
a toute hardíesse. 11 se met délibérément a la tete de tout mouvemrnl
audacieux.

739

Plus poéte que critique, íl ne s'attarde pasa philosopher ni a raisonner.
Il n'analyse, ni ne co_mbat l'art a l'ancienne mode: il l'ignore simplement. Son íntuition ne connait que le nouveau. Il sent perpétuellement
le besoin de se laisser ravír par ce qui est neuf, de répondre et de faire
partager son ravissement. 11 y a quelque chose de don Quíchotte dans
son humeur combative. I1 n'est pas cependant de ces polémístes vaniteux
qu'avaient produits les luttes littéraír,es de la génération précédente; il est
trop sincere et trop ardent pour etre méchant.
St. K. Neumann est un rhéteur pathétique. II preche en substance
la meme doctrine que Routté, mais avcc quel éclat, quel tapage et
quelle turbulence. C'est sa maniere. Les commentaires placides ne sont
pas son faít ; mais clamer a tous vents quelque mot d'ordre audacieux,
mettre en rage le bourgeoís en lui agitant au nez le drapeau rouge, lancer
des énormités, voila ce qu'il aime. Si Routté est l'interpréte fin et tolérant des larges possíbilités théoriques et des tendances les plus diverses
de rart nouveau, St. K. Neumann est le charnpion, le propagateur
enflammé de la profession de foí artistíque et sociale d'un groupe beaucoup plus étroit sous le rapport des idées. Routté sait comprendre la
filiation des tendances et l'évolution des idées : il est essentiellement un
historien. Neumann preche la révolution, la guerre a la tradition : il
est avant tout un artiste, et ensuite seulcment un critique. Tandis que
la méthode de Routté est susceptible de luí faire pénétrer l'ame de Partiste, N eumann se perd a suívre les mouvements du drapeau flottant
de l'individu, néglige de soumettre l'reuvre a une analyse profonde,
se limítant souvent a !'examen de l'étiquette et a la discussion de l'élément social de l'oouvre d'art. Les articles de propagande écrits par Neumann en 1913 et 1914, n'ont ríen, au reste, de tres révolutionnaire. Son
esthétique ne différe guére de celle qu'avaíent formulée en Boheme les
principaux critiques d'art, notamment F.-X. Chalda, qui y avaít travaillé avec tout son enthousiasme et de toute sa belle ame. Comme luí,
Neumann saít que pour la création de l'c:euvre d'art l'ivresse dyonisíaque ne suffit point, qu'il faut encore et surtout le travail de la forme ·
(.'0mme lui, il méprise la foule. Maís sa critique se distingue de celle e~
honneur a cette époque par l'aversion qu'il montre pour son caractere
négatif. On condamnait l'reuvre d'art et l'on attaquait l'auteur dans des
critiques oú l'esprit créateur faísait trop défaut. Par la, l'icumann, se
révele moins combatíf que les hommes de la vieille école. II ne soumet
pas l'art moderne a des analyses destructives ; il lutte saos réserve pour
cet art et pour ses représentants. ::\fais il condamne l'art de la vieille école

�740

L'ESPRIT NOUVEAU

avec une égale vigueur ; il distribue la louange et le blame, la bénédiction
et l'anatheme avec les farouches préventions d'un défonseur de la foi.
Son credo est ne vieillir jamais en art, etre toujours jeune et toujours
moderne. Etre moderne ne signifie nullement etre a la mode. L'art
nouveau, dit Neumann, date des premieres tentatives pour passer de
l'état d'hypocondrie de scepticisme et d'analyse a la synthese claire et
calme, au dedans de laquelle le poete peut aimer toute la réalité en restant libre, dans le sens le plus élevé du mot.
L'art moderne européen se manifeste a certain &lt;legré de perfection
chez les Flamands (Lemonnier, Maeterlinck, Verhaeren), et surtout
chez Walt Whitman, le Magnius Parens de la poésie lyrique moderne.
Le modernisme, pour Neumann, c'est l'aveu de l'unité intime du
monde et de la vie. Cet aveu est caractéristique de notre a.ge philosophique. Tandis que le monisme a:llemand est le produit reveche de l'intellectualisme - outré en littérature jusqu'au naturalisme - le bergsonisrne est un effort de synthese par l'intuition, lequel exprime en philosophie, par son sens du flux de la vie, ce que l'art moderne traduit d'une
fa9on plus précise encore. Les actions et les choses simples en apparence
sont, pour un poete moderne, aussi admirables que les actions et les
choses rares et choisies. 11 voit leur connexion avec la vie courante d'une
toute autre fa9on que le naturaliste qui les a isolées. Ses yeux ont été
ouverts et il peut adrnirer les liens infiniment multiples de la vie.
C'est ainsi qu'un nouvel élément de pathétique est entré dans l'art
moderne. 11 peut exister dans une affiche, dans une machine moderne, dans
un aéroplane qui vole, dans une usine au travail, dans le bruit quotidien de
la ville; il prend d'assaut les trones et les autels de l'art ; il met le
poete citoyen a coté de l'ingénieur citoyen, il ne s'oppose nullement a la culture et son caractere n'est point de détruire. La poésie
nouvelle est done sociale. Elle a un sens profond des relations positives
de l'homme avec la vie contemporaine, c'est-a-dire des acquisitions de
la civilisation et· de la culture technique. Elle marque son aversion pour
l'exclusivisme aristocratique, mais elle aime les choses qui sont banales
aux yeux du commun ; elle use d'un pathétique nouveau, :susceptible
d'étayer son idéalisme ; elle recherche l'expression crue, qui rajeunira
le vocabulaire et la forme poétiques.
Tout art nouveau se crée contre la tradition ; dans les petites nations
il ne porte jamais l'empreinte de la nationalité. Toutes les générations
de poetes qui se sont succédées depuis le xrxe siecle ont résolu catégoriquement la question du nationalisme dans l'art et celle de la tradition

TENDAXCES ?\OUVELLES DE LA LITTÉRATURE TCHEQUE

741

léguée par les générations antéricures. Neumann, peu avant la guerre,
ne se distinguait nullement par des exces antitraditionnels et antinationalistes ; il résolvait la question de la tradition et de la nationalité de la
meme fa9on que nos peres en littérature le faisaient il y a plus d'un dernisiecle. :.\'eumann ne preche pas le dogme antinational; au contraire, il
serait heureux de voir des reuvres d'art modernes vigoureusement et
purement tcheques a coté des reuvres d'art des nations occidentales.
:.\Iais il professe que la tache d'un poete lyrique n'cst pas de chercher
l'ame nationale; c'est le fait des psychologues des nationalités. La tache
d'un poete lyrique est de donner une expression originale asa propre ame,
qui peut etre tcheque ou ne l'etre pas. Si elle est tcheque, elle le restera
malgré les influences qu'elle peut recevoir de la poésie de Whitmann ou
de Ver haeren ; si elle ne l'est pas elle aura beau s'inspirer des auteurs,
des artistes considérés depuis longtemps comme Tcheques purs-sang, elle
demeurera étrangere. Au reste, ces auteurs, ces artistes ne peuvent rien
nous dire de l'art tcheque moderne; Verhaeren et Whitmann le pourraient plus facilement. Tandis que le capital tcheque des sociétés anonymes devient international, l'écrivain tcheque ne saurait continuer a vivre
dans une atmosphere d'idylle nationale : or, c'en est fait pour toujours
de l'idylle tcheque. Nous sommes aussi le monde occidental.
L'analyse des opinions philosophiques de deux leaders de la jeune
littérature tcheque montre suffisamment d'une part les idées dont elle
s'est nourrie et de l' autre elle fait preuve d'une grande confiance en soimeme, ne craignant point pour son avenir qui lui semble désormais assuré. Et cette confiance est pleinement justifiée par les reuvres littéraires
poétiques et prosal:ques ainsi que scientifiques qui sont faites pour intéresser le public intellectuel du monde entier. En les étudiant les étrangers
y découvriront l'ame neuve d'une nation presque inconnue jusqu'alors.
Emmanucl S1BLJK.

�I"'E MOUVEMENT THÉATRAL
EN

ALLEMAGNE
LE DRAME MODERNE
« Drame » (les Anciens appelaient ainsi toute piece de théatre
- mort d'homme n'étant pas le moins du monde le seul type du
tragique),-le drame est l'reuvre d'art la plus agissante qui soit, a
l'instar de cet autre chef-d'reuvre qu'est la vie.
II s'y déchaine des passions, des geneses et des morts qui prennent le
masque humain, parce que nous sommes des hommes et que nous réduisons nécessairement tout a notre formule de nains. l\1ais le grand poete
dramatique obéit a des regles, qui sont au-dessus de la vie, parce que
l'c:euvre d'art a précisément pour but de rectifier la vie, de la construire
(comme disait le cubiste), de réduire les gestes de tous les jours a un impitoyable absolu » nécessaire.
Voici done qui nous éloigne vite du réalisme niais, tel qu'un demi-siecle
qui a mal compris sa vocatio_n, a voulu nous le faire accepter. Ce triste
résultat apparait encore journellement dans tous les théa.tres de nos boulevards.
II y a aussi une majorité qui se figure que des directeurs de théatre
dits &lt;1 couragcux », comme Copcau ou Gémier, renouvellent la scene. ~n
quoi, dcmandons-nous ? L'(Edipe du cirque ou un Shakcspeare sty~sé,
adapté aux arts appliqués d'une scene archi simple, sont des trouvailles
de Reinhardt d'il' y a dix et quinze ans.
Et les poetes : les trois colombes du Vieux Colombier, Ro~ains, Vildrac, Duhamel, sont trois lyriques trop doux, pour pouvo1r créer le
drame de sang et d'action que l'époque exige.
.
J\Iéré est un excellent architecte, mais il batit sur d'anc1ens plans.
Lenormand comprend ce qu'il faudrait, mais la force de réaliser luí manque.

L

E

(&lt;

IIANSBLA,YH.If: Projet de décor pour « Tlmmortel " a·1va11 Goll.

II y a Crommelynck, un créateur de tres nouYelles valeurs. « Le
Cocu magnifique &gt;&gt; est une révélation. II annonce enfin une génération
qui se réveille, qui fouille son propre cc:eur, au lieu de fouiller le linge sale
d u (( grand monde », voire du « petit monde &gt;&gt;.
Et l'on ne sait, au premier abord, a qui se montrer plus reconnaissant,
au poete, ou a celui qui l'a découvert et qui l'a Yéritablement rendu au
théatre: Lugné-Poé. Luí seul garde dans son creur les braises rouges
d'un vieil enthousiasme, luí seul, avec ses cheveux gris, est jeune a Paris,
luí seul a le courage (mon Dieu, et il faut du courage ! ) de jouer lhsen,
ee vieux lion édenté, et Strindberg, ce cocu moins magnifique pourtant,
et d'autres noms scandinaYes, anglais et meme médiévaux, et meme
allemands.
Et si l'on regarde autour de soi : La ville la plus proche de París,
c'est Berlín. On y joue du théatre moderne, expressionniste, mouvementé, presque cinématographique, et l'on est fou de l'ignorer. La scene
allemande devanee le théatre frangais d'au moins 15 ans, a tous les points
de vue.
Technique: 1º La scene tournante du (( Deutsches Theater» et de quelques autres a Berlin est déja classique, presque (( vieux jeu ». Elle permet
de monter des pieces a scenes tres courtes et variantes, comme notamment dans Shakespeare et Gc:ethe. On est presque tenté de dire que ce
i:-ont ces poétes qui ont suggéré l'idée d'inventer un moyen qui remplagat

�744

L'ESPRIT NOUVEAU

l'éternel changement de coulisses. La « scéne tournante » a deux ou trois
compartiments, qui permettent de préparer les décors dans l'un, pendant que l'autre fait face au public. Quand elle' tourne, entre deux
scénes, a peine faut-il trente secondes d'obscurité pour introduire le nouy;:au paysage.20 Les décors sont complétement modernisés. Les plus jeunes peintres,
expressionnistes, extrémistes, sont appelés a fournir les cadres appropriés
aux piéces révolutionnaires de leurs contemporains. Ainsi, l'art le plus
avancé trouve un précieux- débouché et la foule s'habitue a voir les « déformations de l'éternellement folle jeunesse ». De sorte que l'Expressionnisme, qui correspond au Cubisme fran~s, a déja. droit de cité partout, tandis que le fait que Picasso collabore a un ballet russe, est encore
considéré comme un événement.
3° L'acteur est intellectuel, tres individualiste et un laborieux mineur
de nouvelles valeurs également. Le grand acteur allemand est une personnalité d'esprit, et non seulement, ce qu'on appelle un « ténor )). Il est
le plus précieux ami du poéte dramatique.
(Euvres dramatiques. - L'Allemagne moderne posséde trois grands
poétes dramatiques: Wedekind, Kaiser, Sternheim. Nous nepouvonsici
les approfondir. Ils sont, tous les trois, de grands novateurs. Hauptmann
et son époque sont éteints. Le Réalisme-Naturalisme n'a plus de valeur
marchande. L'Européen, depuis 1910, est devenu de plus en plus cérébral.
Il ne se contente plus de regarder la vie, il la critique. Voila ce qui nous
sépare de nos grands-parents. Les trois poetes sus-nommés sont des
chirurgiens du creur humain : et en tant que chirurgiens, ils nous montrent les tares et les maladies, sans aucune sentimentalité et sans pudeur,
comme il convient pour des gens du métier. Souvent le public, plus souvent encore la censure se sont effarouchés de voir des ames mises a nu,
comme dans les hopitaux des cancéreux. C'était au commencement. Il
y a dix ans Frank lJ' edekind était trainé devant tous les tribunaux de
l'Empire. Aujourd'hui (il est mort depuis 2 ans) ses reuvres sont toutes
jouées dans les théatres de toutes les grandes villes. Citons parmi ses
piéces principales :: « Le Réveil du Printemps l&gt;, « Loulou », «La boite de
Pandore », « Erdgeist », « Le marquis de Keith l&gt;, etc., etc. vVedekind a un
humour terrible, qui fait rire et qui vous ébranle des pieds a la tete. Ses
personnages sont cyniquemcnt spirítuels, gracieusement noirs, senti(1) Gémier a son tour a donné, par la suite, a la Comédie :\lontaígne les • Amants
puér-ils », reuvre de tout aussí belle importance.

J

Mise en scene de Paul Legband (Th.éátre libre populaire ele Be:rlin).

mentalement profonds. Ils ont tous un je ne sais quoi de méphistophélique, comme d'ailleurs vVedekind lui-meme. Ses hommes sont des
aventuriers. Ses femmes sont des cocottes. l\Iais l'action est toujours
haute et généreuse. On y rit comme dans les catacombes, pour entendre
l'écho des dieux.
Carl Sternheim se nomme lui-meme le :.\!oliere allemand. On verra, si le
siecle lui donne raison. Toujours est-il vrai qu'aujourd'hui il ne se trouYe
pas en Allemagne cl'ironiste plus rosse, de contempteur plus foudroyant
du bourgeois que luí. 11 connait a fond les vices, les défauts, les petitesses,
les niaiseries, toute la betise de ses contemporains, et i1 en brosse dans
ses pieces de théatre des caricatures magistrales. II crée le type et l'exécutc rondement. A ces qualités vient s'ajouter un style ardent, sec, cassant, tuant comme des pistolets. Lui aussi a eu de formidables luttes
avec la censure, lors des représentations de « Snob &gt;i, « Citoycn Schippel n,
« La culotte », «Tabula rasa », etc., etc.
Quant a Georg l{aiser, c'est !'outsider favori du théatre contemporain.
Cet homme a été connu a quarante ans seulement et apres avoir écrit une
douzaine de pieces, qui n'avaient jamais vu le jour. En ce moment, il
détient le record de tous les auteurs joués. Il est le véritable créateur du
drame « expressionniste l&gt;, ou la hardiesse de l'action rivalise avec celle
des paroles. Plus de phrases entiéres. Des mots ga et la. L'action est tout.
Le geste. Puis soudain, une cascade, un monologue, débité nerveusement,
éruptif. D'ailleurs tout personnage de Kaiser est, a }'instar de l'homme

�/

746

L' ESPRIT NOCVEA {;

rooderne, nerveux, sans rcpos. Tout bouge toujoÜrs. Le dialogue sursaute
comroe entrecoupé par des bruits de rue, d'autohus. On tait beaucoup
plus qu'on ne dit. Et le tout est irréel, est baigné dans une lumiere de
lampes a are, c'est grossi, c'est surnaturel : expressionniste. La situation toujours haletante. On se comprend ademi-mot. Des chiffres regnent.
Des machines qui explosent régissent les actions humaines. Toutc la
vie hallucinée. Le probleme social agite ses drapeaux rouges, ses bras de
famine, ses ordres durs et impitoyables. Kaiser est un maitre de la « situation ». Nul comme lui ne sait faire hattre les cceurs, tendre les nerfs
a grincer des dents, cnchevetrcr l'action et la dénouer commc un prestidigitateur, en prétendant que ce n'était rien. Ceux qui ne l'aiment pas
disent qu'ils manie un art céréhral et trop peu humain. l\Iais les autres
comprennent ce grand artiste, qui a trouvé une forme et une languealui,
pour transposer au théatre, en art, les manifestations sociales, esthétiques et cosmiques, de notre ere électrique et rapide. Bien souvent,Kaiser
frole le film. Et ses pieces s'adaptent admirahlement a ce nouvel art.
Nul doute que hientéit il y viendra directement.
Parmi ses omvres citons : &lt;e De l'aube a minuit », &lt;e Les bourgeois de
Calais », &lt;e Gas» Jre et ne partie, &lt;e Le Centaure», «L'incendiedel'Opéra ».
etc., etc.
Pour nettoyer le théatre européen, il estindispensahle de connaitre ces
Allemands. U y en a encore d'autres certes, qui, eux aussi, ont trouvé de
nouvelles fayons d'exprimer la vie au théatre : et parmi ceux-ci, pour la
plupart tres jeunes et dans le vif de leurs recherches, il y a des hommes
qui fraieront de nouvelles routes bien plus larges et bien plus pres de
l'avenir que ces trois, qui sont cotés et arrivés.
Il faut nommer August Stramm, Kokoschka, Hcrwarth ,vaiden,
super-expressionnistes dans la forme. D'autres, qui ont approfondj l'idée
et les problemes modernes : Paul Kornfeld (La Séduction), Walter
Hasenclever (Le Fils), et Reinhard Sorge (Le Mendiant).

Encore quelques méditations sur le dramc classique, le grand drame
des Sophocle, Shakespearc et Moliere :
11 contient deux éléments : e, parole » et &lt;e action ». Question primordiale a toute création (celle de Faust): qu'y avait-il au début ? La Parole? L'Action ?
La parole est la chair, oil s'incarne l'ame de l'action. Elle est done

• ,lfarquis de Keith » de Wedekind. ¡er acle (Staals" Theater Berlín)
. décor d'Emile Pirclwn, mise en scene de Léopold J essner.

secondairc, en principo. Mais éminomment essentielle pour le puhlic, qui
est avant tout ce auditeur ».
Dans le drame, la parole ost génératrice d'action - tandis que dans
la réalité l'espece meme de e&lt; drame », de ce vie » consiste en action pure.
Le ma1wais théátre sacrifie l'un a l'autre : Les mots ne sont pas générateurs d'action: ils dégénerent au contraire en conversation, en échange
d'idées, ils tombent dans la grande phrase, le heau vers, le discours, le
potin. Le mauvais théatre parle &lt;e autour des actions ».
Le grand drame agit a travers les mots. l\fais il pourrait aussi bien agir
par lo silence. 11 le fait meme souvent.
ll ne copie pas la vie (voir Peinture et Photographie), il crée des cctypes
humains » : CEdipe, IIamlet, Tartufe: les individus les plus irréels, les
plus rares, les plus imparfaits, les moins a envier - ceux qui échappent
a cette douce médiocrité d'un public béat. Aussi le poete dramatique
n'est-il pas la pour faire passer le temps et pour faire plaisir, mais pour
secouer les esprits las, fainéants et endorm.is, pour effrayer les hommrs
dans leur fauteuil d'orchestre. Tel était le grand drame chez les anciem
Grecs, tcl il sera, espérons-le, de nouveau un jour.
!van Gou.

�PARLO NS PEINTURE ...

glorifient l' reuvre des grands morts auxquels ils désirent etre
apparentés. Rabile fa!;lon de se glorifier eux-memes, ou encore
de vouloir faire légaliser leur signature.

l'&gt;ABLO:RS
l'&gt;Bl:R'rUBB~~~

***
Seuls les hommes vaillants et sérieux peuvent s' engager
dans le Cubisme ; ils sauront y trouver le chemin qui mene
a la Connaissance.

( Suite)

Gardez-vous des animaux malades de la peste apollinarienne. Ils sont non seulement incurables, mais aussi dangereusement contagieux. Regardez-les cependant et contemplez
en eux la fin d'un monde.
*

***

Quand il s'agit de la marche, d'étape en étape, de l'homme
vers la connaissance, ér;oluer n' est pas changer, mais s' améliorer.

•

•

***
S' améliorer, ou prendre de la qualité, e' est passer graduellement des valeurs inférieures aux valeurs supérieures.

* *
L'acces du Cubisme est aussi dangereux aux etres pus~lanimes et ignorants que l' était autrefois celui des ~:3-nctua_ues
égyptiens. C' est la mort qui les attend, alors qu ils cro1ent
trouver le salut dans une fuite honteuse.
** *

Le Cubisme ne craint pas ses pires ennemis, ceux qui retournent a un monde agonisant.

** *
On ne sauve pas un moribond avec les vieilles dr~gues aux:
quelles il est depuis longtemps habitué. ~e malade importune
repousse le charlatan dont il n' a nul besom.

** *

*

* *
Beaucoup de personnes disent d'une reuvre qu'elle est belle
parce qu' elle est d'une exécution soignée : e' est confondre la
qualité du trar;ail avec la qualité de l'intention; ou encore
parce qu'elle est d'apparence plaisante : c'est confondre la
qualité du sujet avec la qualité de l'objet, ou enfin, parce
qu'elle est de proportions imposantes : c'est confondre laqualité de l' effort avec la qualité de l' esprit.
*

**
La preuve de la décadence de l' art avant Cézanne . : En
remontant, dans un Musée, le cours des siecles, il apparait
lumineusement au spectateur, qu' au fur et a mesure qu'il
s'éloigne de son temps, la qualité des reuvres s'améliore et
l'esprit des choses s'éleYe.

Pour justifier leur défection, les transfuges du Cubisme
Voir n° 5.

749

*

Tell e époque, tel art.

*

*

�750

L'ESPRIT KOUVEAU

** *
Il ne s'agit pas de reconstituer une grande époque, mais
d'en constituer une autre équivalente.

** *
Tout art qm n'a pas ~ne portée universelle, n'est qu'un
amusement.
*

* *
Les analystes auront beau représenter l' art égyptien comme
un art primaire et les empiriques l'ignorer, l'Egypte qui a su
déja initier les esprits les plus élevés de l'humanité : Moise,
Pythagore, Platon, Jésus, saura bien encore éclairer les prophetes del' avenir.
***
En art comme ala guerre, le salut est encore et toujours dans
l'esprit de victoire.
Qui ne sait pas in()enter ne mérite pas le nom d'artiste.

P01::ss1-.:

* **
Au temps des Seigneurs, les peintres, modestes artisans, du
réveil au coucher penchés sur leur travail, n' avaient d' autres
préoccupations que celle de matérialiser l'Esprit. Aujourd'hui,
certains, se prétendant demi-dieux, en raison d'avantages
dont notre bourgeoisie paysanne et boutiquiere est incapable
de contróler la valeur et surtout d' en faire la part de mérite,
n'acceptent d'autre préoccupation que celle de tirer du sentimentalisme d'une société inculte, les moyens de matérialiser
leur gloriole.
*

* *
Les demi-dieux aussi ont soif.

(aszúvre)

Léonce RosENBERG.

par lui-meme.

NIGOLAS P0OSSIN
Sa fa mil/e esf originaire rlu í"e,l 'in Sor111a11rl (Les Anrlelys) et de Picardie. 1l naquit le
jui11 1.393 ou 1594 dans w1e cluwmiere de Y-illers, aune heure du Grand Andely.
On ne sait oü il ful inslmit et cependant il ful tres instruit, ce fut probablernent un autodidacte comme presque tous les grands hommes. On ne co1maU de lui aucun dessin,aunme esquisse. aucun tableau de jeunesse ; il ne now1 apJ&gt;araít qu'en J&gt;0Ssession de tous
ses 1110!1e11s et ele son esthétique.
A 16 ott 17 ans, il rencontre Qwmti11 T'arin, 11etif pei11tre de Beauvais, qui est son premier waítre aux A.11delys.
1616. - 11 l'ie11t cmec luid Paris.
Il est éleve de J'an Elle, 11einlre de 1,Jalines.
JI est protégé par le 111alhématieien Courtois, amateur de gravures de ~Iarc Antoim
( Raphai'l - Jules Homain), il réve tfJtalie, nwisil esf pauvre.
No11vea1t protecteur; un gentillwnnne 11oitevin qtti ltti cmmnande ñorner son cháteau;
mais la femme du gentilhomme enfait s011 domestique.
1l1alcule il retourne chez son vere et resle1111 an souffrant.
11 étudie [optigue, laperspective, l'anatmnie.
l 020. - 1l tente de gagner llame, mais Jau/e de ressources, U s'arr8te a Florence et
1·evient en France.
.
On le re11c011tre á Lyon 011 il tornbe nllllacle de misi:re ; t:&gt;a a Dijon.
42
];3

�1623. - A Pal'is les Jésuites lui conimandent 6 panneau:JJ en détrempe a Jaire en
si:JJ jours. ll est logé au college de Laon ; il y rencontre Philippe de Cham¡}(Íigne et s' y
attache.
lú24. - Le chei:alier .Uarino le protege et l'emmene enfín a Rome; il a plus de 30 ans
lorsqu· il y arrive enfin.
On ne connaít ríen d'authentique de POUSSIN avanl son séjour a Rome, ni 'dessins,
ni peintures.
Rome, le París d'.alor.~, &lt;mirait le monde entier; L'académie des Carrache maintenait
l'académisme: le Guide, l' Albane, oi'¡, en est-on ? Le Dominiquin seuf res/e Jwnnéte; il
est le seul de son temps qui ait une influence sur POUSSIN, influence purement mora/e;
c'est Le Dominiquin qui clisait : « ll ne doit sortir de la main d'un peintre auc11ne
ligne q_ui n'ait été formée auparavant dans son esprit.• Les Carrache rmnantiques
furent aPoussin ce que Delacroix esta lngres.
·
Qu'est ce que les artistes de son temps purent bien apprendre a POUSSLV?

DEU:-JIERE Lk:'ITRE 'ÉCUITE PAR

LE P .\RADI.3 TERRESTRE

Détail

.11ais Ronieest Rome, laville etsa campagne sont une leron'constante de raison, d'austérité, de grandeur obtenue par les moyens les plus saín.~; et, pour qui sait voir, Rome est
la pelite-fílle á' Athenes. La le¡-on des ruines, c'est la lefoll de ce qui dure, de [essentief.
Et Rome est la ville de Raphai!l et de .l,Jichel-Ange.
Rome r¡ui a fait POUSSJN [era plus tard lugres. POUSSLN qui a fait Coro/, par
Corot {era Cézanne (voir les paysages de La Terre Promise et de Huth et Booz).
POUSSIN se passionne pour les écrits de Léo11lml de Vinei.
En 1 (i;Jl il épouse ,l,farie Dughet; il n'eut pas tl'enfant íl ful heurmx et laborieu;JJ.
ll achete u,ie pelite maison au Pincio. Il n'eut jamais de domestique.
La gloire vint. Ami de Cltantelou, aua:iliaire de Richelieu, 011 l"attire e); París. Peinll'e
ordinaire du Roi, il s'i11stalle au Louvre tlans le Pavillon de la Cloche, aux Tuileries.
Ricltelieu l'embrasse. Quasi surinteudant des Beaux-Arts, il est en butte aux cabales.
16-1-2. - Apres deu;JJ ans il s'échappe et retourne a Rome. Sa santé ~·altere, il t:it en
P8USSIN écrivit : Des ol&gt;servations sur le fait de la Peinture qui sont perdues. 1f ne
nous reste de ses pensées sur l' art que de breves allusions dans ses le/tres.
Sa palette était toujours parfailement propre et nette : il trai:aíllait de mémoire.
l 665. - ll meurt le 16 not·embre. Son corps n'a pas été consert:é. Cháteaubrümt luí fil
C-011struire un nwnument a San Lorem::o a Rome.

Pouss1::-.

A CHAN'l'ELOU

:NOTES SUR POUSSI~
·

p

·

Bonaventure d'Ar1Yone écrivait: ,, Je l"ai reneontré

{!:'¡J~J:11etnJ~~~~Í{ome, et qu&lt;;lquefoi;
d_a~s la ca~npagnp e~ sur les l~or&lt;l~
1

1

~~~1~~

d11 Ti~\~~in~~5;~n~iiu~t;};~•~c~c;,:¡j¡:q~~ ~~~l:::~t!s:~1fsºo!~fseet ~!a~~~r~~:~1~~
rappot ,u ' ..
.
, dre exacte,nent d'apres nature... Je hu demandat un
semblables
~or:ul!~~¡f~;rivé a·ce haut point d'élévation qui lui donnait un rang
{f~~tis~~1lr~~t1e entre les plus grands peintrcs d'Italie; iJ me répondit modestement :
Je n'ai rien négligé. »
,
. ,
D · d'
ti apres sa mort
Son élevc Gaspard l)uohet le peintre, - CCl'lt ·'1· esJar_ ms, - qt .
la
,.
se 1Jara de son nom et".5e fit appeler « Je Guas_pre Poussm », ~arquait .P.ª: .qu 11
a1J réciait nionneur d'une telle alliance; mais cet adro,~ arbst~ ne Stma1t pas l~s
' _P ·imes de son maitre . iJ se fiait a sa nature prompte, s en a lla1t petndre en plem
011 etit ba a&lt;&gt;e su; un ane et rapportait ses impressions telles quel~es, sans
~~tire /son tra~ail cette intensité de réflexion qui faisait, au gré de Poussm, toutc
la «randeur de l'art.
.
..
No~,s n 'avons pns a parler ici de l'influence &lt;le Pouss1_n sur ses co'.1tempor~1 ou
sur ses successeurs et nous n'examinerons pas son mflt~ence sur Ingres , . 1 est
plus eurieux de reU:arquer que les peintres modernes adnurateurs du Poussm out
plutéit imité le Guasprc.

i~

n~ª\

~r

�Parce que Poussin se servit de la nature commc d'un dictionnaire daos lequel iJ
choisissait les termes éternels, on alla a la nature, mais l'on ne choisit plus.
Parce que Poussin passait de longues beures dans la campagne rornaine et parce
qu'il rapportait des petits cailloux dans son mouchoil', on crut faire mieux encore,
comrne son neveu lu1-méme, en transportant son chevalet et ses couleurs au milieu
d'un site fort agréab)e, qu'on copiait mais dont on ne pouvait donner forcérnent
qu'une • vue » fragmentaire. Or, un tablean de Poussin est un petit monde entier.
Ce qu·il y a de grand en Poussin, c'est que les themes constitutifs de son tableau
sont en soi de véritables éléments, presque des types, qui cntrent dans l'agencement
atitre d'éléments et quis11bissentladisciplined'uneo1·gaiúsation rigoureuse; éléments
d'intensité maJdma, employés en symphonie avec une rigueur austere et forte.
Sans en mesurer peut-étre bien clairement les raisons, les peintrcs d'aujonrd'hui
ne s'arréte1.1t plus a la Grande Galerie du Louvre ou est accroché l'art italien théatral
et pompeux, un peu creux, hableur et tres décoratif, mais ils passent directement
aux salles fran~aises et, apres Fouquet et Le Nain, ils s'arrétent devant Poussin :
pierres dures, taillées, bien autrc chose que la gangue du minéral, toute la géométrie derriere le lapidaire.
L'art aetuel fatigué du décoratif et du déploiement facile des eharmcs de la couleur,
recherche des mots pour exprimer fortement des éléments qui aicnt une valeur intrinseque permanente, de signification probe, d'universalité.
Poussin a su se créer des mots ; ces mots sont formés d'éléments pris au spectaclc
de la vie, mais ils sont choisis avec mesure et science parrni les éléments de grande
géométrie, de ferme orgamsation. Il y a loin des arbres de Poussin, de ses maisons,
de ses architectures, de ses mouvements de terrain en assises fermement construites,
de ses nuages architecturés, aux falottes interprétations d'arbres, de ciels et de terrains que vient de nous laissel' l'impressionnisme égaré dans la recherche des petites
harmo1úes de couleurs hors des conditions plastiques du tableau, hors des fatalités
de l'élément.
Poussin a toujours aimé les ~randes compositions complexes et multiples, r,arce
qu'il possédait des éléments s1 sélectionnés, si formellement plastiques, que c était
délectation pom ltú de les assembler dans l'économie de son ordonnance.
La peinture moderne s'étiolait faute d'éléments éprouvés, conduite par un esprit
procédant de l'ex-térieur des choses, avec ses accidents et son arbitraire. Nous
recherchons aujourd'hui des points fixes, des rnots qui si~nifient quelque chose, des
élémcnts qui soient organisés, sains et viables, expressifs a'une vie intense. Done des
éléments vivants en soi et d'une signification transmissible.
Avec de tels mots, la pensée peut s'exprimer et une esthétiqne peut se formulcr,
maitresse de ses moyens et susceptible ainsi de sonner avec !'esprit de notre époquc.
Ces éléments se casent daos des an"les bien définis et la force de Poussin a été de
n'uti!iser, apres étude minutieuse ~e la nature, que quelques grands éléments qui
réapparaissent constamment dans ses tableaux et qtú résonnent en nous profondément; : Les mots les plus forts ont toujours été les plus simples et ces mots sont permanents a travers les ages.
C'est la la grande raison de l'irnportance de Poussin.
On peut s·extasier sur sa composition magistrale, mais il ne faut pas oublier que
cette composition qui est en somme la nécessité de tout tableau, n'a élé grande que
parce qu'elle a été faite avec des éléments épurés.
Avec ses éléments si admirablement et si J)rofondémcnt organisés, Poussin put
alors faire jouer les charmes et les richesses de la lumiere et du clair-obscur qui encanaillaient la peinture d'alors. Quand chez les autres tout était fadeur et décoration
facile, chez lui, tout était cristallisation. Ses éléments étaient si forts, et si formellement plastiques, qu·ils purent survivre a la mode de l'époque de raconter des histoires et d'illustrer des légendes. Il esta peu pres inutile de signaler que ces histoires
et ces légendes sont dans l'ceuvre de Poussin, juste un prétextc.
Les Caravage, les Albane, les Guide, les Le Sueur qui, a son époquc, passaient
pour plus grands que Poussin, ne nous ont transmis que des histoires qui ne valent
pas une page de littérature, qui salissent et cornpromettent les murs des musées et
e~poisonnent la jeunesse _qui s'y égare. Voila bien des choses qu"iJ conviendrait de
bruler au Louvre..... et ailleurs.
llabitant Home comme Poussin, sur la meme colline, ignorant totalement Poussin
le peintre, les Directeurs de J"Ecole des Beaux-Arts (section villa lllédicis), ~nimés
du plus ardent esprit de tradition, mettent leurs éleves en loge et pour en fatre des
Poussin ils leur commandent des Bergers á' Acadie, des Ruth et Booz et des Terre
Promise. Jolis poussins !
DEFAYET.

Nous ne reproduisons pas iti, choisies parmi les reuvres nombreuses de Poussin,
celles qtt'il est coutume ; ce qu'on aúne gé11éralement en foussin, c'est e~ qit'on y rel.rouve
du ~l'itie11, des Jtaliens (reuures qui précédtre11t la matunté de s011 esthéttque).
Poussin f&lt;nme avec Fouquet, lngres, Corot, Cézanne, S!fUr&lt;tl, la grande lignée des
J}eintres franfais : clarté de conception, de la langue, économie des moyens.

�Elii:zer et Rebecca.

Pouss1x

(Lourrel PIioto Dru.el.

�La lerre prornise íOétail)

Photo Druct

�Eliezel' et lteliecca I I.11U\"l'C)

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PoUSSIN

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Pltoto Druet

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LA CRÉATION

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PROPOS D' ESTJIÉTIQUE

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L'enthonsiasme artistique de notre époque et la lutte entre
les di[férentes conceptions individuelles ou collectives résultant de cet enthousiasme ont re.mis a la mode les problemes
esthétiques comme au temps de Hegel et de Schleiermacher.
Il faut cependant exiger maintenant plus grande clarté
et plus grande précision qu' a cette époque car le langage
métaphysique employé par tous les professeurs d'esthétique du
xvm 0 siecle et du commencement du x1x0 n'a pour nous
aucun sens.
Aussi devons-nous nous éloigner le plus possible de la rriétaphysique et nous approcher de plus en plus de la philosophie
srientifique.
Commengons par étudier les différentes phases, les différents aspects sous lesqucls l'art s'est présenté ou peut se présenter.
Ces phases peuvent se réduire au nombre de trois et pour les
désigner plus clairement, voici le schéma que j' ai imaginé :

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(Art reproductif).
A.VEC LE MILIEU (Art d'adaptation).
MILIEU (Art de création).

ART INFÉRIEUR AU MILIEU
ART EN ÉQUILIBRE
ART SUPÉRIEUR AU

�770

L'ESPRIT l'\OUVEAU

LA CRÉATJO:', Pl'RE

Chacune des trois parties composant ce schéma et qui
marque une époque dans l'histoire del' art renferme un second
schéma composé aussi de trois membres et qui résumel'évolution de chacune desditPs époques :

titué et qui sont son essence meme, en ne voyant que le cóté
externe et superficie!, en un mot son apparence. Ils exécutent
les reu vres par pure sensibilité, on peut dire machinalement,
car l'habitude fait passer du conscient a l'inconscient. Ici commence la troisieme époque, c'est-a-dire la décadence.
. Je dois dire qa'a chacune de ces étapes prennent part plusieu1·s écolei- ; ainsi, a l'étape de l'art reproductif, nous avons
1'art égyptien, chinois, grec, les primitifs, la renaissance, le
classique, le romantique, etc., toute l'histoire de l' Art est
pleine d' exemples qui témoignent de ce qui a été &lt;lit.
Il est évident. que, dans ces différentes étapes, il y a des artistes chez lesquels une faculté prédomine sur l' autre, mais la
ligne générale suit fatalement le cours ici tracé.
Toute école sérieuse qui marque une époque commence forcément par une période de recherches dans laquelle l'lntelligence dirige les efforts de l' artiste. Cette premiere périodr
peut avoir comme origine la sensibilité et l'intuition, c'est-adire une série d' a equis inconscients. Etant donné que tout passe
d'abord par les sens. Mais ce n'est qu'au moment de la gestation qui est un travail antérieur ala production meme et comme
sa premiére impulsion. C'est le travail dans les ténebres, mais
en _sortant a la lumiere, en s'extériorisant, c'est l'InteHigence
qm commence.
C' est une erreur tres répandue de croire que l'intuition appartient a la sensibilité. Pour Kant, il ne peut pas y avoir une
intuition intellectuelle. Par contre, Scheling dit que seulement
l'intuition intellectuelle peut surprendre la relation de l'unité
fondamentale entre le réel et l"idéal.
L' lntuition est la connaissance a priori et rentre dans
1' reuvre uniquement en qualité d'impulsion, est antérieure a la
réalisation et prend rarement place dans le cours de cette réalisation.
En tout cas, l'int,uition n'est pas plus pres de la sensihilité,
mais rlle jaillit d'un accord rapide qui s'établit entre le crour

PRÉDOl\IINANCE DE L'INTELLIGENCE SUR LA SEKSIBILITÉ.
EQUILIBRE DE LA SE:.'.\SlBILITÉ ET DE L'INTELLIGENCE.
PRÉDOl\1lNANCE DE LA SENSIBILITÉ SUR L'IXTELLIGEXCE.

En analysant comme exemple le premier membre du prcmier schéma, c'est-a-dire l' Art reproductif, nous dirons que
les premiers pas vers son extériorisation sont effectués par
l'Intelligence qui cherche et qui tatonne. Jl s' agit de reproduire la nature et pour cela la Raison cherche les moyens
d'arriver a cette reproduction avec la plus grande éconornie
et la plus grande simplicité a portée de l' artiste.
On laissera de cóté tout le superflu. A cette époque, il se
présente chaque jour un nouveau probléme a résoudre et
l' Intelligence doit travailler avec une telle ardeur que la sensibilité reste reléguée au second plan et comme réduite par
la Raison.
*

Mais bientót apparait la seconde époque ; les problémes
principaux sont déja résolus, tout le superflu qui n'avait
pas de raison d' etre pour l' élaboration de l' reuvre a été soigneusement écarté. La sensibilité prend alors sa place aupres
de l'Intelligence et vernit l'reuvre d'une certaine chaleur
qui la rend moins séche et plus vivante que dans sa prerniere
période. Cette seconde époque marque l' apogée d'un art.
*

Les générations d' artistes qui viennent ensuite ont appris cet
art par des recettes, se sont habitués a lui et savent le réaliser
par camr et pourtant ils oublient les lois initiales quil' ont cons-

771

�772

L'ESPRIT NOUVEAU

et le cerveau comme une étincelle électrique qui surgirait tout
a coup en illuminant le fond le plus obscur d'un récept,acle.
Dans une conférence que j' ai donnée en juillet 19'16 al' Athénée hispanique de Buenos-Ayres, je disais que toute l' Histoirc
de l'Art n'est autre chose que l'histoire de l'évolution de
l'Homme-Miroir vers l'Homme-Dieu et qu'en étudiant cette
évolution on voyait dairement la tendance naturelle de l' Art
a se détacher de plus en plus de la réalité préexistante pour
chercher sa propre vérité, en laissant en route tout le superflu
et tout ce qui peut nuire asa réalisation parfaite. J'ai ajouté
que tout cela cst aussi visible al' observateur que peut l' etre en
géologie l'évolution de Paloplothérium en passant par l' Anchitérium pour arriver au cheval.
Cette idée de l'artiste créateur absolu, del' Artiste-Dieu me
fut suggérée par un vieux poete indien de l' Arnérique du Sud
(Aimara) qui dit : « Le poéte est un Dieu, ne chante pas la
pluie, poétc, fais pleuvoir n. Bien quel'auteur de ces vers tombat dans l' erreur de confondre le poete avec le magicien et de
croire que l' artiste pour se montrer créateur doit troubler les
lois du monde, alors que ce qu'il doit faire e' est créerson monde
propre et indépendant parallélement a la nature.
L'idée de la séparation de la vérité de l'art et de la vérité de
la vie, de la vérité scientifique et intellectuelle vient sans doute
de tres loin mais personne ne l' avait précisée et démontrée si
clairement que Schleiermacher au commencement du siécle
passé quand il disait que &lt;&lt; la poésie ne cherche pas la vérité, ou
plutót elle cherche une vérité qui n' a ríen de commun avcc la
vérité objecti ve ».
&lt;&lt; L' art et la poésie expriment uniquement la ,·érité dr la
conscience singuliere » ( 1).
Il faut bien faire rcssortir cette différence entre la vérité de
la vie et la vérité de l' Art; l'une qui existe antérieurement a
(I) .'Esthétik, pages 55-6 l.

LA CRÉATION PURE

773

l' artiste et l' autre qui luí est postérieure, qui est produite par lui.
La confusion de ces deux vérités est la principale cau.&lt;;e d'erreur dans le jugement esthétique.
Nous devons porter notre attention sur ce point, car
1'&lt;5poque qui commence sera éminemment créative. L'Homme
secoue son esclavage, se révolte contre la Nature comme jadis Lucifer se révolta contre Dieu, bien que cette rébellion ne
soit qu' apparente, car jamais l' lwmme n' a été plus pres de la
N ature que maintenant qu' il ne cherche plus a l' imiter dans ses
apparences, mais a faire comme elle en l' imitant dans le fond
de ses lois constructie,,es, dans la réalisation d'un tout, dans
le mécanisme de la produrtion de formes nouvelles.
Nous verrons ensuite comment l'homme, produit de la Nature, suit dans ses produits indépendants le meme ordre et les
memes lois de la )l'ature.
Il ne s' agit pas d'imiter la N ature, mais de faire comme elle,
de ne pas imiter ses extériorisations mais son pouvoir extériorisateur.
Puisque l'homme appartient a la Nature et ne peut s'en
évader, il doit prendre en elle l'essence de ses rréations. Nous
devons pourtant considérer les rrlations du monde objectif
avec le Moi, monde suhjectif qu'est l'artiste.
L' artiste prend ses motifs et ses éléments dans le monde
object-if, les transforme et les combine, les rend au monde
objectif sous forme de faits nouveaux, et ce phénomene esthétique est aussi libre et indépendant que n'importe quel autre
phénomene du monde extérieur, tel qu'une plante, un oiseau,
un astre ou un fruit et il a comme ceux-ci sa raison d'etre en
lui-meme et autant de droits et d'indépendance.
L'étude des divers éléments qui offrent a l'artiste les phénoménes du monde ohjectif, la sélection de quelques-uns et
l'élimination des autres, apres ce qui convient al'reuvre qu'on
poursuit est ce qui forme le Systeme.
.'\..insi le systéme de l' art d' adaptation est différent de celui

�774

de l' art reproductif, car l' artiste du premier tire de la Nature
el' autres éléments que l' artiste imitatif, il en est de meme pour
l'artiste de l'époque de création.
En conséquence le systeme est le pont par lequel les éléments du monde objectif passent au Moi ou monde subjectif.
L'étude des moyens d'expression de ces é1éments déja choisis pour les faire revenir au monde objectif est la Technique.
Par conséquent, la technique est le pont établi entre le
monde subjectif et le monde objectif créé par l'artiste.
Monde objectif
qui offre
Systeme
a J'artiste
____
les
1
divers éléments

l
L

J

7
MondeSubjectif

775

LA CRÉATIO:N PURE

L'ESPRIT l'íOl:VEAl'

Retonr an Monde

ohjectif
Tcchnique
sous forme ele
_ _ _ _ rait nouveau créé
1
par l'artiste

Ce fait nouveau créé par l' artiste, voila ce qui nous importe,
et son étude jointe a]' étude de son origine forme l'E sthétique ou
théorie de l'A rt.
L'équilibre parfait entre le systeme et la technique, c'est ce
qui fait le Style et la prédominance de l'un de ces deux f acteurs
sur l'autre donne comme résultat la Maniere.
Nous dirons que l'artiste a un style quand les moyens qu'il
emploie pour la réalisation de son muvre sont en parfait accord
avec les éléments qu'il choisit dans le monde objectif.
Quand un artiste a une honne technique, mais ne sait pas
choisir parfaitement ses éléments ou quand au contraire les
éléments qu'il emploie sont ceux qui conviennent le mieux a
son reuvre, mais que la technique laisse a désirer, cet artiste
n' att.eindra pas le style, il aura seulement une maniere.
N ous ne nous occuperons pas de ceux dont le systeme est
en désaccord ahsolu avec la teclmique. Ceux-la ne peuvent
entrer dans une étude sérieuse de l' art, bien qu'ils soient la
grande majorité et qu'ils fassent la joie des j ournalistes et la
gloire des salons de faux amateU1'5.

•

Je veux avant de t9rminer cet arUcle, en éclair0ir un point :
presque tous les savants modernes veulent nier chez l' artiste
le droit de création et on dirait que les artist3s eux-memes ont
peur de ce mot.
Je lD;tte depuis longt9mps pour l' art de création pura et
cela a été u_ne véritable obsession dans toute mon reuvre. Déja
?ªn~ mon hvre ce Pasando y Pasando », publié en janvier 1914,
Je d1s que ce qui doit intéresser le poete, c'est «l'acte de création et non celui de cristallisation» (1).
. Ce sont prácisément ces hommes de science qui nient a l' arti~tE: le droit de création qui devraient plus que tout autre le
lm accorder.
. Est-ce que l'art de la mécanique n'est pas aussi l'humanisat10n de la Nature et n' arrive pas ala création ?
. Et _si on concede au mécanicien le droit de créer, pourquoi le
merait-on a l' artiste ?
Quand on dit qu'un automobile a une force de 20 chevaux,
nous ne voyons pas les 20 chevaux, l'homme a créé -q.n équivalent a ceux-ci, mais ils ne nous apparaissent pas. II afait comme
la Natura.
L'Homme, dans cecas, a créé et non pasen imitant la ~ature dans ses apparences, mais en obéissant a ses lois intérieures, et il est curieux de constater comment l'homme a suivi dans
ses créations le meme ordre que la Nature non seulement dans
le mécanisme constructif, mais aussi chronologique.
L'Homme commence par voir, ensuite il entend, puis il
parle et enfin il pense. Dans ses créations, l'homme a suivi le
meme o~dre ~ui lui a été imposé. D'abord, il a inventé la photographie qm est le nerf optique mécanisé. Ensuite, le téléphone qu,i est_ le ~erf auditif mécanisé. Puis le gramophone qui
est la mecan1sat10n des cordes vocales et enfin le cinématographe qui est la mécanisation de la pensée.

t
(1) Page 270.

�776

L'ESPRIT NOUVEAU

Et non seulement cela, mais en cutre dans chacune des créations de l'homme, il s' est produit une sélection artificielle
exactement parallele a la sélection naturelle et obéissant aux
memes lois d' adaptation au milieu.
Cela se rencontre dans l' reuvre d' art autant que dans la mécanique et toutes les prcductions de l'homme.
Pour cette raison, je disais dans ma conférence sur l'Esthétique en 1916, qu'une reuvre d' art « est une nouvelle réalité
cosroique que l'artiste ajoute a la Nature et qui doit avoir
comme les astres une atmosphere a elle et une force centripete
et une autre centrifuge. Forces qui lui donnent un parfait équilibre et la rejettent hors du centre producteur&gt;i.
C'est le mcmrnt d'appelEr l'aLtrnticn des artistes sur la
création ¡;ure, dcnt on parle déja beaucoup sans en faire.
Vincent HurnoBRo.

ÉCONOMIOUE -- SOCIOLOGIOUE

LES POTASSES D'ALSACE
I
RÉGDIE ET YE~TE
En marge des espérances démernrées 6t des illusions imaginatives, que l' opinion publique fran9aise nourrit lors du retour
a la France du bassin potassique mulhousien, d' autres espérances plus fermes, issues d' ambitions calculées, se fondaient
silencieusement, pretes a s' affirmer au moment opportun. Et,
si au lendemain du rachat par l'Etat des mines de potasse,
cette heure opportune semble a voir sonné pour les groupes et
les consortiums qui, dans un silence propice, et sous le couvert
factice des agitations politiques se préparent a accaparer cette
richesse d'intéret nat.ional, ce ne sera pas tout au moins sans
qu'une voix se fasse entendre en faveur de cet intérét que
d' aucuns prétendent absorber et pour lequel les hommes s' entretuent. T andis que le peuple, conscient de son éloignement du pouvoir et ignorant des spéculations financieres, ne
voit dans les richesses minieres ou industrielles de la France
qu'une source de prospfrité et de profits C!)mmuns, d' autres
calculent des dividendes, supputent des bénéfices, tt mesurent
des fortunes. Si bien qu'en fin de compte. l'émancipation démocratique et la c¡_rriére ouverte au talent aboutissent a ce
résultat contradictoire : le servage du pEuple au profit d'une
ploutocratie anonyme et internationale.

�778

L'ESPRIT NOUYEAU
LES POTASSES D'ALSACE

*

**
Le rachat par l' Etat des « biens, droits et intérets afférents
aux roncessions et exploitations des mines de potasse du
Haut-Rhin », voté par le Sénat, le 3 février 1921 et par la
Chambre, le 11 mars 1921 prévoit une loi ultérieure statuant
sur les conditions del' amodiation. Ce vote n' engage point l' avenir, et sa portée se réduit a abroger le rr.gime de liquidation
judiciaire en vigueur depuis 1'armistice. La question demeura
par conséquent entiere et la porte ouverte atoutes les ambitions.
A qui l'Etat amodiera-t-il les mines de potasse? Trois projets sont en présence, que succinctement nous allons examiner
tour a. tour. Le premier, celui du Gouvernement, prévoit l'amodiation a quatre sociétés distinctes, a l'une desquelles l'Etat
accordert1 sa participation financiére pour la constitution de
son capital. Le second proj1:t, émanant de MM. Rendu, Louchem-, conserve la structure du précédent, mais prévoit le controle des quatre sociétés par une société centrale. Le dernier
projet, d'origine alsacienne, réclame l'amodiation a une scciété unique. Cette combinaison recueille l' adhésion du monde
alsacien industriel et agricole par l'esprit régionaliste qu'elle
manifeste. Disons de suite qu'il convient d'écarter la conception Rendu-Loucheur, dont le seul mérite est celui tout ré'latif
d'une tentative de conciliation probablement intérPssée, qui
aboutirait &lt;&gt;n dernier lieu a réaliser la formule du Gouvcrnement, avec tous les inconvénients - pour l'intéret national du projet alsacien.
Une erreur initiale réside a. la base des deux theses restant
en présence, avec cependant une pointe de gravité supplémentaire pour la derniere. En effet, la vente des potasses a
l' étranger se trouve subordonnée dans son exécution a. celle
effectuée dans les limites du marché natio•al. :Mais tandis que
l'Etat ne concédera de licences d'exportation aux socir:tés
exploitantes qu'au prorata des ventes effectuées par elles aux

779

agriculteur3 fran9ais, la gestion alsacienne distraira des bénéfices réalisés, une ristourne au profit de ces memes agriculteura,
ristourne destinée a ramener le prix de vente a l'intérieur au
prix de revient réel, controlé par les ingénieurs de l'Etat. Remarquons tout d'abord que la prévision des licences d'exportation dément le programme de liberté commerciale de M. Dior.
De plus, la question des exportations apparait en fait comrne
secondaire dans les projets en vigueur. L'un comme l' autre,
sous la pression d'influences rJgionales ou électorales, font
bon marché des débouchés extérieurs. A titre égal, ils méconnaissent l'importance de cette source de profits qu'est le marché international, et s'ils divergent ce n'est que sur le mécaniscanisme des concessions a accorder au.x agriculteur3 fran9ais.
Cette ingérence indirecte des associations agricoles franpises dans une exploitation quiintéresse peut-etre ces associations est logique en príncipe. Mais d'un príncipe estimé a une
utilité reconnue, il y a loin. Surtout si l'on escompte le jeu des
intérets qui ne peut manquer de se produire, et de résorber en
lui-meme tous les bénéfices attendus de la conception initiale.
Le GouYernement, dont la préoccupation majeure est de tenir
la balance égale entre tous les groupes parlementaires, sacrifiait dans son projet au groupe de défense paysanne.
Parmi les quatre sociétés susceptibles de hénéficier de l'amodiation prochaine, il en imposait une d'essence mi-agricole,
mi-étatiste. Et ce faisant, il s' attach~_it la reconnaissance d'un
groupe ; or tout le monde sait qu'une reconnaissance parlementaire s' exprime par des voix et des votes. Semblable place
ne pouvait etre réservée aux agriculteurs dans le projet alsacien, puisque les mines de potasse ne seraient adjugées qu' a
une société unique. Pour obvier a cet inconvénient, grave en
l'espece étant donné que tout projet futur d'amodiation fera
l'objet d'une loi, les repr¿sentants alsaciens ont imaginé le
príncipe de la ristourne au détriment des exportations. Le
cercle est vicieux: d'une part, l'intérét national dont la France

�780

L'E!:PRIT NOUVEAU

est la mandataire, mais sans voix ni mandat ; de l' autre, l'intérét régional alsacien, et celui gouvernemental lié a une majorité. Entre les deux derniers, un Parlement indécis en l'occurence, incompétent par définition et flottant par intérét.
Mais, si apres avoir statué sur les reglements possibles demandés respectivement par les deux adversaires, on envisage
la question sous son aspect le plus général et le plus attachant
pour un citoyen quelconque, on ne peut manquer de manifester quelque surprise du role négatif joué par le GouYernement
en matiere de politique économique générale. On considere généralement que par définition, l' Etat est a la fois le détenteur
et l'administrateur de la fortune nationale. Parfois, une
démence d'orgueil l'incite a l'administration directe et c'est
un désastra. En d' au tres cas, il dél egue ses pouvoirs, et les intérets nationaux s'ils ne sont pas gérés a la perfection, accusent
tout de meme une plus-value, inconnue sous la gestion directc.
Or, pour ce qui nous occupe, l'Etat renonce a son role d'administrateur et se déclare prét a déléguer ses pouvoirs et ses
charges. Mais a qui, et dans quelles conditions ? A qui, il n'en
i:;ait rien lui-meme. Sinon au plus offrant ou au plus rnéritant,
tout au rnoins a celui dont la gestion ne luí procurera jamais
de désagréments. Les conditions ? Subordonnées a son intéret
de Gouvernement, comrne nous l' avons vu précédernment.
Ici, il convient de faire une discrimination et de séparer
l'Etat, gardien de l'intéret national, du Gouvernemnet, coalition d'hommes intéressés au pouvoir personnel. En príncipe,
l'un n' est que l' expression de l' autre, son conseil d' adrninistration en quelque sorte. En réalité, les assemblées générales
ne se réunissant que tous les quatre ans pour élfre des mandataires de controle, et quatre ans étant l' éternité pour un Gouvernement, ce dernier a tout le tcmps pour mener son jeu d'intrigues, d'inaction publique et d' action personnelle. Si les vieillards sont deux fois enfants, les parlementairas le sont au
rnoins. quatra fois, et les électcurs beaucoup plus, surtout sur

LES POTASSES D'ALSACE

781

le rapport de la mémoira. C'est pourquoi le Gouvernement ne
s'apeure pas, et nie impunément l'Etat qu'il raprésente.
Or, s'il est de l'intérét du Gouvernement de réserver une
place privilégiée aux agriculteura dans la vente des potasses,
il est de l'intéret de l'E tat d'avoir une politique uniforme et
réglée des engrais chimiques. Le projet d' arnodiation, avec les
restrictions agricoles qu'il comporte, est la négation de cette
politique. Entre le bassin minier lorrain, les gisements potassiques de Mulhouse, et les phosphates tunisiens, le Gouvernement estime qu'il n'y a aucune connexion d' application possible, ou alors qu'une telle connoxion lui serait nuisible. Le
machiavélisme n' est pas mort, et s'il a émigré de la politique
e' est pour se réfugier dans la finance; et de l'une al' autre, il y
a un si petit pas ! Bref, ou est la politique gouvernementale des
engrais chimiques ? Pourquoi le Gouvernement ne profite-t-il
pas de l' amodiation des mines de potasse, pour coaliser les
ef forts des producteurs de phosphates ou de scories de déphosphoration, avec ceux des producteurs futurs de potasse ? S'il le
f aisait, point ne serait alors nécessaire de subordonner abusément la vente des potasses aux besoins agricoles nationaux.
Car une entente entre les exploitants ou producteurs des trois
engrais, déchargerait l'un pour charger équitablement les
autres, et permettrait d' affronter calmement, et tous atouts
en main, la concurrence f arouche de l' Allemagne sur le
marché mondial. La France est-elle done assez riche pour
se désintéresser des ventes internationales, et le franc feraitil par hasard prime sur les bourses étrangeres ? Que le proj ct alsacien se d.ésintéresse, lui, quelque peu de la vente extérieure, rien de plus naturel: il est éminernment régional, et
le Gouvernement le contraint a semblahle calcul par les concessions de son propre projet. A la séance du 11 mars dernier,
les députés ont voté a main levée et sans coup férir le rachat
des mines par l'Etat, estimant peut-etre qu'il était trop tot pour
exiger des précisions, ou plus vraisemhlablement n'estimant

�i82

L' ESPRIT ~OCVEAU

ríen du tout. Et cette loi n'a pris que le temps d'une lectur~
que nul n'entend et dont nul ne se soucie. Ou sont les bienfaits
des premieres et secondes lectures des bills aux Communes ?
Dans de semblables conditions, révélant l'inanité de toute
lutte internationale entre les engrais chirniques frani;ais et
allemands, on en est a se demander si une entente entre les
producteurs des deux pays ne serait pas plus profitable a la
France, qu'une action isolée et vouée des ses origines al'échec.
*

*

*

Que M. Helmer, liquidateur séquestre des mines de potasse,
ait dénoncé avec vigueur l'impossibilité de cette solution,
ríen de plus naturel. Sa protestation figurait dans un maníleste électoral au college du Haut-Rhin. l\Iais, n'en déplaise a M. IIelmer, ce un monopole mondial » a. deux vaut
mieux qu'une part réduite a un. De plus, un tel monopole ne
régenterait jamais les cours, les réduirait au contraire, et
pour qui connait la mentalité anglaise, il est probable que les
commer~ants britanniques f eraient un bien rncilleur accueil
a des potasses franco-allemandes de prix réduit, qu' a des J)Otasses frani;aises de prix élevé: M. Helmer nous permettra
enfin de considérer avec quelque scepticisme son affirmation,
toujours électorale, « que la Grande-Bretagne pose comme
condition formelle que nous ne fassions pas contre elle un
acord avec nos ennemis » (1). Si la chose est vraie, et nous le
demandons a M. Helmer, nous espérons que le Gom·ernement
tiendra a honneur de s'expliquer sur cette condition draconienne, inadmissible, et qui accuse au plus haut chef unP. mainmise anglaise sur la politique intérieure frani;aise. L'ere de
Clémenceau serait done semblable a l'hégyre de Mahomet.
Elle se pour.mivrait. L'ere de M. Helmer se pour.mit également, et cela au plus grand préjudice des mines de potasse.
(1) Rei'lle des Produits rhimiquts du 15 jam·icr 1021, pngc 16.

LES POTASSES D'ALSACE

783

Apres tout., moins il y a de potasses extrait8s ou vendues,
plus il en r~ste pour les générations a venir. Gest un oo.lcul
de ce genre qu'a du faire 1\.1. Helmer en prcnant la direction
de la Société commerciale des potasses d' Alsace-Lorraine, et
en dirigeant le bureau des Yentes en compagnie de l\lM. Mecier et Yogt. Or ce bureau, profitant de sa situation privilégiée,
a imposé des conditions de vente plus que séveres, et des
reglements de cours a l'étranger, dont le moins qu'on puisse
dire, est qu'ils répondent peut-etre aux besoins financiers des
sociétés de potasse, mais pas du tout aux conditions d'une
lutte monrliale. Le systeme des agents de vente a l'étranger
est fort bien inventé. Le K.alisyndic:1te l' avait déja utilisé
avec succcs. l\1ais le Kalisyndicate était l'organe repr.?sentatif
de 164 mines allemandes, et le marché mondial lui appartenait sans conteste. Ce n'est pas le cas pour la France d'aujourd'hui qui avec ses 13 mines de potasse ne peut etre en
mesure de lutter contre les 1SO mines environ restant a
l' Allemagne. Ses agents de vente a. l'étranger seront annihilés
par leur.5 concurrents du Kalisyndicate, et les prix franvais
atteinclront par comparaison des taux prohibitifs. C'est alors
sans doute que la Grande-Brctagne manifestcra son indéfectible attachement aux potasses frangaises, en passant commande au Kafü,yndicate ! De plus, le systeme d' agents de
vente déja. employé l'année derniere, s'il n'a pas donné d'excellents résultats a l'étranger, a soulevé en France un mécontentement général auprcs des négociants de produits chimiques, acheteurs des sels de potasse. Une condition impitoyable serait imposée aux acheteurs frangais des sels, celle
de ne pas réexporter. Que signifie cela ? On comprend le monopole. C'est une théorie a faire valoir quand on en a les moyens,
mais nous l' avons déja. &lt;lit, en potasses seules, la France ne
peut prétendre concurrencer l' Allemagne. D' autre part, le
jeu de la libre concurrence, c'cst-a.-dire le droit aux négociants
frangais d'exporter les sels qu'ils achctent aux exploitants

�784

L'ESPRIT NOUVEAU

des mines, permettrait d'escompter des fluctuatíons de prix,
plus profitables certainement aux acheteur.s que les cour.;
artificiels pratiqués par la Société commerciale de Mulhouse.
Alors a qui profite !'affaire ? A un groupe, uniquement. L'intéret national mis de coté, inexistant du reste pour les gens
d' argent, il ne reste plus que les intérets particuliers. d'un
petit consortium. Et le plus curieux, est que ces intéréts ráussissent a s'exprimer sous une gestion d'Etat telle que celle
de la liquidation judiciaire. Le passé et le présent permettent
de bien augurar de l'avenir. La production des potasses,
comme la sidérurgie, sera aux mains d'un consortium, anonyme, selon la loi, plus.ou moins international, et dont les intérets résideront tout autant a.Londresou New-York qu'a.Paris.
Cette conception de consortiums et de sociétés anonymes
est anti-démocratique et anti-humaine. Rien n'est plus contraire a l'idéal des peuples que cette régence avouée dans son
príncipe, secrete dans son exécution, des affaires du mond&lt;'.
Si le boss est un tres grand homme, la Belgique est a ce compte
la plus grande nation &lt;lu monde, puisque le b3.ron Empain
dirige de sa main toute puissante tous les tramways de l'univers en passant par Riga, Salonique et Buenos-Ayres. Cct
idéal n'est pas celui du peuple frangais, quoi qu'en pensent
certains parlementaires pour qui l'intéret général est un superhe paravent destiné a celer les petites opérations de coulisse.
Mais le pis est que meme ce bureau commercial de l\1ulhouse géré par un représentant de l'Etat, n'arrive pas adonner
satisfaction a ses acheteurs quels qu'ils soient, et par conséquent ne fait pas ses affaires. La question des transports est
intervenue, restreignant ainsi les envois de sels tant a l'intérieur du pays qu'a l'extérieur. Une question écrite de M. de
Rodez-Bénavent, député, au ministre du Commerce, tendant
ríen moins qu'a réserver la totalité de la production des potasses aux agriculteurs frangais, a provoqué une réponse
avouant accidentellement la crise des transports. Une amé-

LES POTASSES D'ALSACE

785

lioration était en projet, qui devait porter les expéditions a
7. 000 tonnes par mois a. l'intérieur du pays, soit 84. 000 tonnes
par an, ce qui serait relativement peu. Mais en admettant
que ce chiffre puisse etre triplé ou quadruplé, il n'approche
pas encore de la vente intérieure del' Allemagne qui en 1908,
alors que les mines d'Alsace ne produisaient qu'en quantité négligeable, consommait 1. 965. 900 tonnes de KCI, soit
328. 000 tonnes de K 2 0.
En somme, sous quelque aspect que l' on envisage le probleme des potasses, on arrive a cette conclusion tres nette
que rien de sérieux, de définitif, n' a été réalisé, ni meme tenté.
Les mesures envisagées sont temporaires et les décisions définitives reculent dans l'attente du moment opportun. L'Etat
et le groupc alsacien s'opposent mutuéllement leurs projets,
s' affrontent, laissant ainsi la voie libre a toutes les ambitions
des consortiums d'affaires. Ceux-ci ne choment pas, et un
jour quelconque, le pays apprendra avec stupéfaction que les
mines de potasse sont échues en partage a un groupe dont le
président du conseil d' administration est un de ces hommes
qui dirigent les affaires les plus diverses. Que l' amodiation se
fasse a quatre sociétés distinctes ou a. une société unique, le
résultat sera le meme en définitive, ayee une teinte d'hypocrisie en plus d'une part. La loi qui regle les conditions des
sociétés d'exploitation est singulierement retor.se, et rien n'cst
parfois plus illégal que le droit lui-meme. A coté de cela, les
opérations de surenchere se précipitent au dam des ventes
a l' extérieur. Celles-ci du reste sont sacrifiées dans leur exécution depuis l'armistice, et l'homme qui les dirige, parlementaire et avocat, n' aurait peut-etre pas la confiance du
pays, si on lui en référait directement.

* **
Il n' entrait pas dans nos intentions de discuter a la lettra
et en détail les différents projets des mines de potasse. Bien

�786

L;ESPRIT NOUVEAU

des questions, telles que celles des Kuxes (actions) n'ont
meme pas été abordées, et bien d' autras restent qui dernanderaient a etre tranchées définitivement. Nous avons voulu
simplement avertir la nation, et faire comprendre au peuple
qu'il est temps pour lui de gérar directement ses affaires.
Nous n'agissons ici pour aucun intéret, pour aucun groupe,
pour aucune force occulte. ~otre seule force est la volonté
nationale. L'opinion publique est une grande voix dont les
grondements sont parfois salutaires. Qu'elle se fasse entendre.
11 y a aujourd'hui assez de sociétés, assez de groupes, assez
de rartels qui brisent la joie du travail humain et la quiétude
des travailleurs. Ces puissances anonyrnes exploitent a leur
profit des richesses qui sont atous. L'reuvre de dépouillement
se pour.3uit a la faveur du silence propice et voulu danslequel
on la maintient. La lutte entre le peuple et ces puissances sera
dure et sera longue. Un homme qui a compris le danger et qui
n' a pas hésité a mener le bon combat en faveur du peuple
contre les Magnats de la finance, a été brisé par eux. Cet
homme était le Président Wilson. En 1912, lors de sa campagne électorale, il formulait ce jugement qui est aussi le nótre,
et que nous proposons aux méditations de tous ceux qui croient
en la France et en la dignité des hommes : « Le danger dominant pour.le pays, ce n'est pas l'existence de grands syndicats
d'individus, c'est déja. assez dangereux, en toute conscience
- mais c' est le syndicat des' syndicats, - des chemins de fer,
des entreprises d'usines, des études des grandes mines, des
grandes entreprises pour le développement des forces hydrauliques naturelles du pays, le tout enfilé les uns dans les autres,
avec toute une série,de personnel et de conseils de directeurs,
pour aboutir a une communauté d'intérets plus formidable
que tout ce qu' on peut concevoir d' un syndicat isolé qui se
peut montrer au grand jour » (1).
R. CHENEVIER.
{l) La nouvelle Liberté. -

Woodrow Wilson, page 168.

THÉATRE
·

ESTHÉTIQUE DU THÉATRE CONTEMPORAIN

*
LE TEMPS D~S TÉNEBRES
ET LE TEMPS DES IDEVERTISSEME~TS
au théatre Moncey, de La puissance des ténebres de 1:olstoi:. Un éloge d' abord, a M. Darzens, qui
veut acc_hmater en France les abeilles blandes de Ligurie
et dans le qu~rtier de l'avenue da Clichy un théatre d'art
.Car La puissance des ténebres est une piece d'art. Le Théatra
Libre_nous l' a léguée. Et le Théatre Libre était un théatre d' art.
Mais le d~ame de Tolstoi: est une piece de ténebres. Et nous
ne nous p1aisons plus a l'art des t énebres.
L'intention de Toltor est morale. La puissance des ténebres
dans son texte imprimé, porte un sous-titre : « Une fois s;
patte engluée, l'oiseau est bientót pris. » Le r·aisonnement
cst celui des bonnes femmes : un enfant menteur est un enfant
voleur ; u~ ~nfant voleur devient un assassin ; done, si tu
me~s, _tu fm~ras su: l'échafaud. Le héros de Tolstoi, Nikita,
a sedmt une Jeune fille; done il deviendra l' amant de la femme
~e son patron, i1 f~ra_ ~ fa:1-x serment, il sera le complice de
1 as~assmat du mar1; 11 sedmra la fille du mort, il tuera l'enfant
qu'1l aura de ladite fille, et il finira sur l'échafaud s'il y a un
échafaud en Russie.
'
Tolstoi aurait pu nous montrer cela par l'évolution d'une
~me capable _d'apporter au germe d'une pensée ou d'une pass1on un terram fertile.
, 1:'' homme qui a écrit la Sonate aKreutzcr aurait peut-etre pu
ecr1re cela.

R

EPRISE,

(

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L;ESPRIT NOUVEAU

des questions, telles que celles des Kuxes (actions) n'ont
meme pas été abordées, et bien d' autras restent qui dernanderaient a etre tranchées définitivement. Nous avons voulu
simplement avertir la nation, et faire comprendre au peuple
qu'il est temps pour lui de gérar directement ses affaires.
Nous n'agissons ici pour aucun intéret, pour aucun groupe,
pour aucune force occulte. ~otre seule force est la volonté
nationale. L'opinion publique est une grande voix dont les
grondements sont parfois salutaires. Qu'elle se fasse entendre.
11 y a aujourd'hui assez de sociétés, assez de groupes, assez
de rartels qui brisent la joie du travail humain et la quiétude
des travailleurs. Ces puissances anonyrnes exploitent a leur
profit des richesses qui sont atous. L'reuvre de dépouillement
se pour.3uit a la faveur du silence propice et voulu danslequel
on la maintient. La lutte entre le peuple et ces puissances sera
dure et sera longue. Un homme qui a compris le danger et qui
n' a pas hésité a mener le bon combat en faveur du peuple
contre les Magnats de la finance, a été brisé par eux. Cet
homme était le Président Wilson. En 1912, lors de sa campagne électorale, il formulait ce jugement qui est aussi le nótre,
et que nous proposons aux méditations de tous ceux qui croient
en la France et en la dignité des hommes : « Le danger dominant pour.le pays, ce n'est pas l'existence de grands syndicats
d'individus, c'est déja. assez dangereux, en toute conscience
- mais c' est le syndicat des' syndicats, - des chemins de fer,
des entreprises d'usines, des études des grandes mines, des
grandes entreprises pour le développement des forces hydrauliques naturelles du pays, le tout enfilé les uns dans les autres,
avec toute une série,de personnel et de conseils de directeurs,
pour aboutir a une communauté d'intérets plus formidable
que tout ce qu' on peut concevoir d' un syndicat isolé qui se
peut montrer au grand jour » (1).
R. CHENEVIER.
{l) La nouvelle Liberté. -

Woodrow Wilson, page 168.

THÉATRE
·

ESTHÉTIQUE DU THÉATRE CONTEMPORAIN

*
LE TEMPS D~S TÉNEBRES
ET LE TEMPS DES IDEVERTISSEME~TS
au théatre Moncey, de La puissance des ténebres de 1:olstoi:. Un éloge d' abord, a M. Darzens, qui
veut acc_hmater en France les abeilles blandes de Ligurie
et dans le qu~rtier de l'avenue da Clichy un théatre d'art
.Car La puissance des ténebres est une piece d'art. Le Théatra
Libre_nous l' a léguée. Et le Théatre Libre était un théatre d' art.
Mais le d~ame de Tolstoi: est une piece de ténebres. Et nous
ne nous p1aisons plus a l'art des t énebres.
L'intention de Toltor est morale. La puissance des ténebres
dans son texte imprimé, porte un sous-titre : « Une fois s;
patte engluée, l'oiseau est bientót pris. » Le r·aisonnement
cst celui des bonnes femmes : un enfant menteur est un enfant
voleur ; u~ ~nfant voleur devient un assassin ; done, si tu
me~s, _tu fm~ras su: l'échafaud. Le héros de Tolstoi, Nikita,
a sedmt une Jeune fille; done il deviendra l' amant de la femme
~e son patron, i1 f~ra_ ~ fa:1-x serment, il sera le complice de
1 as~assmat du mar1; 11 sedmra la fille du mort, il tuera l'enfant
qu'1l aura de ladite fille, et il finira sur l'échafaud s'il y a un
échafaud en Russie.
'
Tolstoi aurait pu nous montrer cela par l'évolution d'une
~me capable _d'apporter au germe d'une pensée ou d'une pass1on un terram fertile.
, 1:'' homme qui a écrit la Sonate aKreutzcr aurait peut-etre pu
ecr1re cela.

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EPRISE,

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L'ESPRIT NOUVEAU

LE TE.MPS DES TÉNEBRES

Mais Tolstoi était russe et vivait au temps du théatre
réalíste (La puissance des ténebres eEt de 1886).
PurssANCE DES TÉNEBRES = idée morale + théátre réaliste
+ folie russe.
Part du théatre réaliste : les personnages sont d'une psychologie épaisse et basse de pores en has age. Le crimen' a aucun
mérite a s'emparer d'eux (affaiblissement de la démonstration
morale poursui/Jie). Les effets sont les effets puissants du réalisme, peres de eeux dugrand-guignolisme (l'assassinat du nouveau-né : ce il piaule, il piaule... ses os craquaient »).
Part de la folie russe : effets de mysticisme : le pere du
jeune Nikita, Akim, nettoyeur de réalistes fosses d'aisances,
invoque les sanctions divines et s'extasie d'une eonfession
qui a des allures de flagellation; Nikita le joli-eccur paysan
qui rit et aime les femmes comme du sucre, se sent pris subitement du besoin de cette eonfession publique qui le rachéte
aux yeux de Dieu. Psychologie uniquement russe. Done,
démonstration morale 'diminuée aux yeux de ce qui n' est pas
russe; inapplicable a ce qui n'est pas russe.
La formule du drame serait done plus exactement :
Pu1ssANCE DES TÉNEBRES = idée morale théatre réalisle
- particularisme russe.

colorés et fant~sístes. Je vois la la principale legon de ce spectacle. e&lt; La Pet1te Scene &gt;&gt; se &lt;lit « théatre de cour &gt;&gt; et se co _
sa~re aux c~efs-d'ceuvre '.anciens, parfois aux chefs-d'ceu;e
mmeurs. Ma1s ne montre aucune routine. Sa mise en scene est
~o~erne ; done le moderne s'infiltre partout et il n'y a qu'une
differei:ce de &lt;legré entr~ les plumes vertes, roses, rouges, vio~ttes, Jaune~ de la :e~1te Se ene Et les spectacles bariolés que
onne au theatre Femma la Chauve-souris de Moscou.

Le théatre que l'on voit aujourd'hui nous fait passer du
temps des ténébres au temps des divertissements.
Exemple : &lt;&lt; La Petite Scene ll, ayant un spectacle a donner
a choisi une piece ou il y eut du chant, de la danse, de la comédie, de la musique et de la fantaisíe. Cela peut se chercher dans
le théátre franQais, hors des seenes du boulevard. « La petite
scene » a trouvé La Princesse d' Elide, comédie-ballet de
Moliere, musique de Lulli - que la Comédie-Frarn,aise, paraitil, trouvait trop diffieile aj ouer.
Les acteurs de la ce PE-tite Scene" prenaient a leurs roles un
plaisir évident. Le public se divertissait autant qu'eux a écouter leur chant supérirnr scuvent .a lcur jeu, a regarder sur
les casques et les chapeaux, les plumes j aunes, violettes,
rouges, vertes.
Je dis plumes jaunes, violE.ttes, vertes, rouges et costumes

A

** *
Cette _Cha~/Je-s~uris est comme une sorte de chat noir russe
avec .i:rioms d esprit dans les textes mais plus de fantaisie dans
les P1~es d'ombres, plus de gaieté, plus de belles chansons
popula1res, plus de bariolages surtout.
La for~ule du théatre d'_art moderne e'est, jusqu'a présent,
le perf~ct10nnement ~u bar10l~ge. ~e voila partí pour rejoindre
le musw-hall, perf-ect10n du d1vert1ssement.

Le_ simpl~ divertissement, on croit bien que M. Henry
Bataille Y e;happe ~uan~, on voit le titre de sa píeee : La
Tendr~se. C est un t1tre d etude psychologique. Son sujet est
assez snnp~e pour ~omporter de la grandeur : un homme et une
femme s aiment, ils se quittent, ils se retrouvent avec tendress?. 11 Y a la une tragédie a la taille de Bérénice. M. Henri
Bataille ne l'a pas faite, a cause:
1~ De sa _propre maladie qui est de confondre psychologie
et teratologie.
2° De l~~aladi? gén_érale du théatre contemporain, qui est de
trop ~acr1her au divertissementetal'accessoire, ala sauce corsée.
, R~sultats. ~ Pour _la tératologie : il lui faut abaisser son
h~:ome, au r1s~ue_ d'mtroduire dans sa piéce une deuxiéme
p1ece, con:t,rad1cto1re avee la premiere : le drame de « la
femme_ qm a des sens JJ; et cette femme qui a des sens aura
un petit ~ant, acteur de cinéma E-t donnera rendez-vous a un
potache. Nous retombons a la piece de boulevard.
, ~our l' acc?ssoire : on voit défiler des bonshommes : un
eveque cand1d2.t al' Aca&lt;lÉmie, un ccmpositcur, drnx auteurs,

�790

L' ESPRIT );0l'VEAU

un comte revendeur de meubles, etc .. . Le « nO'ud de \' intrigue» repose sur une histoire analogue a celle de la cuisiniére
qui a acheté quelque chose dont le nom commence panm Z, des
z'haricots. L'homme sait qu'il est trompé pour un homme dont
le nom commence par un J : Sergyll. Mais il a laissé la femme
triompher des audaces des deux seuls hommes de sa connaissance dont le nom commence par un J. Et quand toute la salle
a cru a l'innocence de la dame et a bien« marché », une nouvelle ficelle est tirée, un fil téléphonique qui nous apprend que
le J existe mais s'appelle Sergyll.
Tout cela, c'est expérience du théatre, expérience de la vie
de certaines gens, si l'on veut, mais ce n'est pas psychologic.
Que M. Henry Bataille ait beaucoup ou « énormément » de
talent, peu importe, je ne cherche pas ici a jouer le juge et a
attribuer de bonnes notes ou de mauvaises notes, mais aessayer
peu a peu de trouver et de réunirles ressorts du théatre contemporain, en disant quelques mots des spectacles les plus divers.

1

l

Et ensuite, nous pourrons parkr peut-etre d'une esthétique
du théatre contemporain. Nous verrons alors si nous devons
approuver la sentence de Georges Polti : « Notre pauvre art
dramatique est grossier et mou comme un vieillard exhibitionniste. »
Ce jugement, il le portait au cours d'une présentation du
Théatre de chanwre d' « Art et Action ».
Ce théatre de chambre veut étre le contraire du théatre
de cour que veut étre la «Petite Scene » et du théatre de divertissement a quoi tendent tous nos jongleurs de mots (Le Bamf
sur le toit), de couleurs et de costumes (ChauYe-Souris, Ballets
russes) , de lumiéres (Lo"ie Fuller), de bruit (jazz-band, opérettes,
chansons).
Pour cet essai, on avait choisi le Philoctele d' André Gide.
Les trois personnages étaient peints par Dor Klein sur un grand
panneau et !'un d'eux devenait luminelL""&lt; par transparence des
que l'un des trois acteurs invisibles parlait. Ainsi l' attention
était avertie mais point distraite et pozivait se donner au texte.
Acheminement vers une séparation des acteurs et des récitants.
Essai heureux.
Fernand D1vornE.

�PAR

BLAISE

CENDRARS

CHAPITAE

Y

DU MIEL

Dans la riviere du Temps qui coule dans l'Espace, on
voit des truites paresseuses sous les herbes grasses. Les
eaux sont claires; le courant limpide. Au fond, parmi les
rayons ultra-violtt et inlra-rouge de la lurniere décomposée, on voit écumer les gemmes odo-magnétiques qui composent les aérolithes. Les métaux, les pi erres et les racines,
les herbes 6t toutes les feuilles sont riches de leur propre
vie. La végétation est audacieuse. Dans ce vallan, en en
survolant la source, j'ai chassé aujourd'hui a coups de
EXTRAITS D'UN LIVRE A PARAITRE PROCHAINEl\lENT AUX
ÉDJTIONS DE L'ESPRl7' NOUVEAU. La typographie de ces extraits n'esl
plls celh de l'ouurage, qui comporte une c~m¡ios'il'ion originale et de grand luxe.
~'1.

�canon_l'i~mense papillon hybride de la Crete-des-Heurcs,
au_x ailes 1sochrones €t dont l'une est le matin, l' autre le
so1r.
. Nos _petits obus ~ harpon n' avaient pas de prise sur ses
ª!les _diap~an~s et 11 ne f allut pas moins de 28 obus avant
d arriver a lm en loger un dans le ventre. La bete touchée a mort, fit une chute, se releva, fit une emb~rdée
pu_is s'enfuit a grand coups d'ailes, nous entrainant as;
smte car le harpon tenait bon.
L'in~ecte géant montait, descendait, se cabrai t, se retourna1t sens-dessus-dessous, virevoltait, nous remorguant, nous emportant, nous secouant. Nous nous trouvjons tant?t sur lui, dans le rayonnement de sa tete, tantot sous lm, dans la nuit de son ventre.
. A c?-:3-que co_u ~ nous risquions de chavirer, et craignant,
s1 ~e film venai~ a rom¡ire, de perdre notre prise, j' ordonna1 _au canonnHsr_ de t1rer un obus explosif en visant le
pap1~lon d~s l'oo~l. L'explo_si?n fit des ravages terribles.
~e _vis la bete ghsser prod1gieusement et choir les ailes
rig1des. Nous chümes derriere elle en tire-bouchon.
NGtre ?itu'.3-ti?n _était _crftique. L'esquif piquait du nez,
La machinerie eta1t arretee. Les homrnes étaient tombés
pele-méle a la renverse. Je resta.is seul debout cramponné au hublot avant, avec une douleur aigue dans la
tet~. Et c'eEt a cEt instant précis que j'eus la vision de la
fohe de notre entraprise. l\fon esprit fut accablé par l'erreur de nos rachtrches 6t l'inanité de nos efforts scientifiques.
Nous tombions en vrille, périsciens, entre le soir et le
matin, depuis to~jours. Non, il n'y a pas de lois ; il n'y a
pas de mesures ; 11 n' y a pas de centres. Pas d'unité, pas
de temps, pas d'espa~e. Notre raisonnement scientifique
est _un pauYre pf:t1t mstrument d'analyse, un filet aux:
!fla1lles de plus en plus serrées qui capte etligoteles termes
mertES de notre 1ialectique, :un filtra qui dépouille les
m?ts de tout esprit, _de toute 1mage, de toute force créatr1ce, de toute connaissance (co-naissance), qui les isole,
les décortique, les lave, les purifie, les dépouille de toute
attache, de tou~ granule, de toute scorie qu'ils apportaient
avec eux en n_aissant, pour arriver a circonscrire, préciser
un~ chose umque, done métaphysique, c'est-a-dire rien,
pmsqu? ~o_ut se ti~nt, se li~ Et rebondit, « et que l' on ne
peut def1mr un brm de paille sans démonter l'univera &gt;i.
Et commer.t démontuait-il l'univers ou définirait-il un
brin de_ paille, C(. t épanchement séreux au cerveau qui a
nom ra1sonnement scientifique, puisque la science ionora
les processus les plus primaires de l'univers et ne iait a
quoi attribuer, a la composition du sol, a l'exposition
climatérique, a la dégénérescence de la graine, au procédé
1

/_,_--- - _El~!!---- ---{&lt;z.

,/

,
1

a.,

''

- .. ________ _---

de culture, la teneur d' amidon plus ou moins élevée de
tel brin de paille.
Non, le point n'existe pas, sa définition peut etre celle
de l'espace (ni longueur, ni largeur, ni épaisseur) et tout
ce qu'il génere est fatigue de notre cerveau, convention.
lettre morte, rhó and phi. Sans superstition aucune,
l'instinctif balbutiement d'un enfant fait accourir l'uniYers, le range autour de son berceau et luí fait gracieusement don de sa réalité. Nos sens parlent et affirment. Physiquement, tout est caprice, folie, habitude, vice. Tout
est profondeur. L'univers est isomere, ce qui veut dira
qu'il est composé en tout et partout des memes éléments
qui ont pourtant (en tout et partout) despropriétésdifférentes selon que ces éléments sont différemment exposés.
Comment avais-je pu confier ma vie etcelle demescompagnons acette machine fragile, construite, je me l' avouais
maintenant, pour ainsi dire al' aveuglette, en tátonnant ?
N'avais-je pas travaillé au milieu d'incertitudes et de
doutes continuels ? Oui, moi, le savant consciencieux et
probe par excellence, l'inventeur de cet engin prodigieux:
qui nous avait transportéenpleincieletdontj'étaisjustement fier, moi, le dompteur de la spirale universelle comme
mes concitoyens m' avaie11t appelé apres mes travaux définitifs sur la vie des nombres, n'étais-je pas un imposteur
apres tout ? J' avais fait table rase de la géométrie, de la
trigonométrie, de la mécanique appliquée et céleste, des
lois et des théories scientifiquesles plus sures, les plus avérées, les plus stables pour professer les hypotheses les
plus chimériques, les plus folles, les plus obscures, comme

�un prophete inspiré, ccmme un poEte qui dit l u qui fait

semblant de dire des betises !Comment aYais-je pu convaincre mes compagnons a
m' acc0mpagnu ; oui, pcurquoi aYaient-ils rn foi en moi
alors que moi-méme je ne croyais plus a rien Et que je
m'effori;ais a me cae herma folie ? Ma pre~tance, mon rcgard de chef lt ce que drgage de reve millénaire un front
intellcc tuel.
Et alors q~e je croyais tout pudu, interYint obscurément cr besom de controle c-t de direction qui m' a toujour.;
fait agir. Je jetai un rrgard par le hublot. Le monstre
qu~ nous train~it v~nait de s'éc~ouer. Kous n'étions plw,
qu a une dem1-encablure de lu1 et nous allions nous fracasser. « Tout le monde a son poste ! » criai-je d'une Yoix:
de tonner_re. Je fis. sauter les amarres qui nous liaient a
notr~ pro_ie. De pmssantes décharges éleltriques mirent
rn nbrat1on les plaques de répulsite qui reYHaient notre
coque. L'énorme turbine arriere entra en action. D'un
coup de barre, je parvins a redresser l'appareil, et c'est
dans une embardée terrible que notre en gin vint s' arreter
e?_Pl~né a deux metres a peine de la carcasse géante. Ríen
n_ etait perdu. :Mes hommes me regardaient hagards ; un
t1~ i:ierveux: me faisait sourire. :\Iais les quartiers-mai~es
cr~a1ent &lt;' Au travail ! &gt;i. Déja des grues silencieuses sortaient des flanes de :11otre vaisseau Et se mirent a dépecer
le cadavre. :\fa pass1on me reprenais, je cataloguais fiéYreusement ce que nous emmagasinions de notre hutin.
Voici ce que nous trouvames dans le papillon mort :
1. Le Bélier écumant, qui martelait la tete mutilée.
2. Le Taureau furieux qui jaillit de la nuque.
3. Le Cancer chaud qui couvait dans le sein.
-'1. Le Lion rugissant qui siégeait dans le plexus solaire.
5. Les Gémeaux a. califourchon sur les antennes.
6. La Balance dans l' axe des ailes (nous ne pu.mes embarquer ces ailes immenses).
7. La l'ierge humainement endormie dans les flanes.
8. Le Seor pion qui rongeait le ventre (c'est lui qui aYait
été harponné).
9. Le Sagittaire qui défendait la bouche.
10. Le Capricorne au nreud du corselet.
11 et 12. Le Verseau ondoyant, les Poissonsquinageaient
dans les yeux.
Les pattes crispées étreignaient l'espace, blanc comme
un nénuphar.
_En explorant la trompe, je fis couler une goutte de
miel.
La vie est efficaccment, manifestement, formellement
de l'espace et du temps sublimisés, fondus, aromatisés.
Du miel.

vz
:DB ~ 11 BHDBOZT @V GJtSJIHT
~~•

vz•~~~~• ~va;ga ;.

:D'U Bz.;g JIT D~ ~rcg~~
Nous venions de repartir et de regagner un peu d'alt.itude, quand on vint m' avertir qu'une chaine de montagnes était signalée dans notre ouaiche. Je me rendís immédiatement au poste de cartographie, dans la tourelle
arriere. En effet, des cretes géométriques émergeaient
tres has a l'horizon. Je fis virer de bord et nous nous dirigeames apetite allure dans la direction ~.-X.-0.

Xous entrames biC'ntot dans ww zone essentiellement
lumineuse. Nous naviguions au milieu d'étincelles, de
reflets, de micassures. Les radiations semblaient prendre
1·orps, se granulrr, deYenir sonares. Cela faisait comme
un frissoulis continu contrc notre coque. Un rayon plus
puissant nous heurtait de plein fouet comme un obus,
faisait résonner notre navire et parfois une vague semblait
le soulever. Les émissions de lumiere se succédaient de
plus en plus rapides, densei::, violentes et pruwnaient

�toutes des montagnes qui barraient notre route. L'analyse spertralc détermina l'osmium et fen conclus que les
montagnes que n0us avions deYant nous étaient des montagnes de platine en pleine activité et qu'en nous en
approeh~nt_ la coque ~~térieure, en cristal, de notrc engin,
en polar1sa1t la lum1ere comme de la tourmaline. Ceci
rxpliq_uait aussi notre aYance de plus en plus pénible et
ralent1e.
Nous arrivámes ainsi difficultuwsement deYant un
ri:iur uni, lis:::e, poli, brillant, rouleur ardoise. Ses aret&lt;'s
t1rées au cordeau ne présentaient aucune anfractuosité.
Ayant franchi ce mur, nous découvrimes plus loin une
autre fa~ade inclinée, tout aussi unie, lisse, polie, brillante. ~ous fimes le tour de la montagne. Ce n'était
~u'un seul bloc _de pl~tine, énorme. icosaedre régulier.
29 blocs de pare1lle tru1le et de pare1lle structure,abouehés h~ut_a bout, composaient cetle chaine demontagnes
et la fa1::;ment ressembler a une chenille géante del' espe1·e
d~s. proC"~ssionnaires. Le dernier bloc était fendu par le
miheu. _~ous nous engageames dans ce canon ótroit, profond, smueux.
L'entrée était tapissée d'un métal blanc, cassant. qui
s'émiettait d dont les dissolutions sur le sol présentaient
lrR couleurs atténuées de l'arc-en-eiel.
_Plus ª?rnt, d~s concrüions éncrmes saillaient drs par01::; et s eboulaient a notre passage en souleYant drs
ra~agcs de poussieres bruJ1es, rougeatres, safran. Plus
lorn, au fond d'un puits, une souree jaillissait par interrnittences, épaisse, lourde, sanguine, charriant une espeee
de tourbe chaude, fragments &lt;le végétations, cristallisations ramollies, astres en caoutchouc, pierres banuses,
sirop animal, huile agglomérée. Au bout, le couloir aboutissait a un eirque immense, ou dans un clair-obscm·
d'aquarium nageaient des formes confuses. Les ombres
des choses se chevauchaient en désordre, a peine opaques,
H' compénétraient. Etrange tohu-hohu ! La d&lt;'rniére lune
moisi5sait dans une cuvette poreuse et, tout autour, les
lunes anciennes éparpillées, gisaient, salies, navrnntes,
troublrs, sans tain, le ventre en l'air parmi les objets lrs
plus hétéroclites qui Yoisinent habitueJlement et ehampignonnent dans les coulisses d'un théütre comme dans
une ce1Telle a l'envers. 1'ous fimes demi-tour dans eette
ent'einte, et avant de nous engagH dansl'étroit corridor
qui nous avait amenés, je fis allumer tous nos phares.
Les Yieilles lunes se ranirnerent, blafardes, iYoirine:,;,
et j'eus la vision rapide et infiniment tragique du cimeticre des éléphant,; que déerit Sindbad le Marin dans
les 11ille et une 1'11its, les grandes carcass&lt;'S blanchei:;,
les monceaux d'os délaYés !

Maintenant, nous approehions de la sortie. Yues de
l'intérieur de la montagne, les irradiations tremblaient
sur le seuil lumineux eomme les cils d'une paupiere.
Devant nous tout le champ Yisuel palpitait, moutonnait
a l'infini, moisrnn dcrL'&lt;', fragrance des plus beaux blrs
de la lumiére. En passant je fauehai les épis lPs pluslourds.
Jr les nouai en gerbe et YOil'i ce que j'emporte pourensemrncer éterncllenH'nt la tC'rre des hommes :
POI.AIRE, &lt;lit Bh: de S::,arawka ou dePolognc: grain jaunr
tres caractéristique et bien particulier, paillc blanche, &lt;l&lt;'
hauteur moyenne et rési~tante a la Yer:;e. Tres rJsistant
a la g¡,Jée.
ALGOL, clit_ Rouge dr la Valutte: grain rougr, plcin, gras
e!, _lourcl. ~"&gt;aille rousse, _de hauteur moyenne, mi-pleine,
rPs1stante al~ Yersr. H at1f, talle peu, se plait dans presqu&lt;'
tous Jc,s terr~ms. P&lt;'ut etre semé jusqu·a fin février.
~LTAI~,. d1t Japhet ou_ Blé de Dim: beau grain roux.
pl&lt;'m, mun~sant bien. Prullr blanche de hautwr moyennr
assez furte. S' accommode de tous les trrrains. Se i::éme á
l'automne et au p1:internps. Tres hatif. :\'e talle pas.
~~;ELGUEVSE, cht f!on J:r:mier: gr°:in jaune,_ laurel, apprl'Cie de la meuner1r, resiste hwn a la romlle. Paill&lt;'
jaune-elair, coul't!.' Pt raide. liatif, talle peu, se plait dans
prrsque tous les terrains.
L'EPr, dit Goldrnrop rouge d'Ecosse: c,rain rnoyen, général_rm&lt;'nt glacé, mi-pnrtie jaune et ;ouge. Tres befü,
paille ruugr, haute c:t forte, souwnt colurJe de violct audessous de l'épi. Tres rustique, résiste a la gelée Et aux
maladies. Talle trei; biPn. Tardif.
.ALDEBARA~, dit des /&gt;rés: magnifiqucgrainjau1)(', dair,
gros et lourd. Bellc paillc hlanehe, ass&lt;'z haut1:&gt; mais tre~
résistante. i\'e rouille pas, n'échaude pas. Talle bien.
Réussit en tous terrains.
. HrcEr:, dit Cartcr: gr,1in gri:-, jaunútr2, tres gro:-, un peu
mié. Pmlle hlanche, haute mais gro~s&lt;' et tres 1&lt;,sistante
alawr:-;e. Tallagp moyen.Hatif. DPmande de bons tr-rrains.
ARCIIEMAR~, di~ J aune á l~arbes: grain rouge-brun,noir
au germe. Pa1lle Jaune. Epi brun, wlouté, énorme. Le&gt;
plui; produetif de touks les variétés. Tres rw,tique. Talle
bien. Hésü,i.e a la grlée et aux maladies. A le défaut d'etrl'
tal'dif 1-t de se battrc difficilrrnent.
La CROIX nu Suo. dit Roseau : grain blane, a:,;~ezgro~.
Paille bland1e, assez gross&lt;', tres résbtante. Fe{"iilles
lal'ges. Le plus hátif des épis canés. ;\Jürit bien. A semer
en bonnes t, rre!-.
., Je ~rois ~)i:-n que nous avions voyagé dans un a'il et quC'
J ava1s l'ue1lh de~ regard~. Blés du cerYeau.
Blaisr CEXDR.\HS.

�L'ANTICIPATION CHEZ G. D'ANNUNZIO

CIIEZ

G. D'~!lNNUNZIO
Malgré des formes d'activité multiples et ordonnées, d une
apparence de logique, dircctriec dans l'élaboration des principes et harmonique • dans l'établissement des conditions de
vie, les sociétés modernes souffrent d'un mal profond, vital,
qui chaque jour davantage entame leur structure et menaee
leur équilibrc organique. De toutes parts, et avec une abondance inusitée due au bouleversement mondial, des forces
nouvelles se font jour, et peu a peu pénetrent l'ossature &lt;lu
corps social mena~-nnt d'aecomplir un de ces renouvellements
qui atteignent toute::; les formes de la vie et ébranlent les civilisations. Mais, si intime et dissimulée que soit l' ~uvre de &lt;'e
transformisme silenrieux, l'inquiétudc cependant a saisi les
esprits et le trouble gagné les creurs. Un sens nouveau, sens
social, suscité en quelque sorte par l'effroi de la menace latente
s'est créé, avide de fonctionnement et soucieux de canaliser
ou · d' endiguer les forces immenses dont le déploiement marquerait la fin d'un ordre connu et l'inauguration d'une er?
nouvelle. Des hommes se sont trouvés qui, sous des latitudes
différentes et selon des modes d'expression divers, ont tenté

799

d'attJnutr la crise toute proche, et anticipant sur le devenir
historique, se sont donné a tache de pr¿voir la structurc des
sociétés futures et de dé finir le caractere de ses éventuels composants. Ils ont compris que les valeurs d'apres lesquelles
l'homme construisait depuis dix-neuf sierles étaient viciées,
et que la science avait porté un coup mortel aux mythes et
aux dogmes dont se nourrissait l'ame humaine. Un ordre nouveau appelle des valeurs nouvelle~, et toute l' muvre de Nietzsche
tend a r¿aliser la transmutation. De leur cóté, Taine et Renan
demandaient aux civilisations de restituer non seulement lE-Ur
passé, mais ene ore de prédirt' quelques-unes de leurs étapes futures, et de l'étude des origines concluaient a des possibilités
changeantes et hypothétiques. Plus pres de nous, \Vells Et
Rabindranath TagorJ antieipaient parcillemcnt, satisfaisant
dans la mesure des právisions humaines la euriosité et l'aviditJ
des esprits.
A tant de curiosité Et d'aviditL•, un flot de prophéties constamment alimenté est nécessaire. 11 y a vingt ans que O,abriel
d' Annunzio alimente ee flot. Chaque pensée qu'il extériorisait,
chaque parole qu'il pronon9ait, étaient marquées au coin de
ret esprit nouveau que le monde avait fait sien. Toute son
hérédité latine était luurde des inquiétudes qui accablaient les
esprits, toute sa foi l'appar?ntait a la lignée des Tainc, Renan,
~i€tzsche, Et cependant seule, sa qualitt• poétique conquérait,
l'univeraelle admiration ignorait le visionnaire. C'est que
l'objet de sa vision n'est pas une vie colleetiw, une civilisation
déchue, ou un mom('nt de la pensée humaine. Lui-meme est
son propre objet, son uniquc fin. Toute la richesse d'un monde,
toutes ses possibilités d' agencemcnt sont concentrées dans
eette nature compliquée, ou le jeu des facultés s'accomplit
suivant les mo&lt;les les plus diYers, les plus précis et les plus
eomplets, sous l'empire d'une imagination au rythme harmonieux et dominateur. Des lora, et par cela meme, les anticipations ehez G. d'Annunzio portent uniquement sur la vie

�800

L"ESPRIT ::';OUVEAC
L'Al'iTICIPATIO:'í CHEZ G. D'Al'il'il:_:liZIO

individuelle, sa vie. A la fois, il est l'expression complete et
raffinée de sa civ:ilisation, et la synthese de l' etre nouveau et
possible. A la fois, il vit, dans son temps et hors de son temps.
Sa nature féconde et sa volonté forte ne s'accommodent pas
des limites étroites dont l'ordre social l'enserre comme d'autant de rets. Il les dépasse, ou il les brise. Nulle place n'est la
sienne a demeure. C'est une magnifique force naturelle, échappée dans la nature. «La vie de mille hommes est-ce done toute
la vie (1) 11 s'écrie-t-il tragiquement. Et, sa Yolonté se tend,
sa sensibilité se concentre, sa faculté crfatrice se déchaine, et il
vit une multitude de vies, chacune sans durée, mais atteignant
dans chacune la plénitude de l'intensité, et l'épuisement des
sensations. Toutes les possibilités, tous les aspects de la vie,
G. d' Annunzio les explore tour a tour et les réalise. Son irnagination toujours en éveil crée a tout moment un personnagc
nouveau qui le devanee, l'attire et auquel il s'assimile, tantót
Stelio crfatcur dans la joie, tantót Alexandre, monstr,, tragique de plénitude individuelle, t:mtót Ruggero Flamrna.
ambitieux clievalier d'une gloire qui le consume et le tue. Et, si
int~nse est cette imagination, qu'elle impose ala fiction qu'elle
cr2e ou a la vie qu'elle découvre une forme lyrique et passionnée, transposant dans un monde éblouissant les pauvratés,
magnifiant les laideur:;, ennoblissant les infarnies, et par l"emploi d"une langue sonore aux périodes musicales et colorJe:-,
conférant a toute chose un pouvoir sublime et magique d"attir.mce et de per:;uation.
Une telle richesse porte en elle-meme se::; éléments cl'impui~~ance. Si l'abondance imaginativ~ et le eoloris du langage
serYent le poete, c'est au p1'&lt;~judice de l'indiYidu, et G. cl"Annunzio est vou-• a cet étr.1nge destin de ne pénétrer dans la
pensée et dans la foi des hommes, que mutilé et clédoublé. La
disparité des jugements que le róle rJcent du Commandentc
(1 ) G. o'A:--Xl' :,,;z10, La Gloirc.

..,.

801

suscita, attestc pleincmcnt l' ar bitraire de CC'tte mutilation et
disjonction. Comme bien d" autres pllurtant, ce róle était écrit
et prévu; au meme titre que bien d'autres, G. d'Annunzio
s' était promis de le tenir. En regard des volontés fléchissantes
qui sont la comrnune mesure des hommes, il a dressé l' irréductihle de sa force. A toutes les solutions de l'ccuvre future que la
spéculation avait élaborées, auxquelles l'histoire avait contribué, que la poé::;ie avait embellies ou la chimere déformées, G.
d'Annunzio a joint l'expérience douloureuse, laseule qui créela
vie, en enfantant dans la souffrance et dans le sang.
De toutes les étapes sociales possibles qui att~ndent les
óvilisations dans leur vie future, G. d' Annunzio vient peutétre de r.?Yélcr la plus proche. Latín et Italicn, il n·ignore rien
de l'histoirc de sa raee. 11 prolonge daos le présent, la lignée
de ces rudes génies de la Renaissance. a la fois artistes et
guerriers, débordants de fiewe crJatrice et de passion, animateurs des idées, des choses ou des hommes. A la plénitude,
a l' épuisement total des formes de la vie, nul riel n·est plus
propice, nul climat plus faYorable que le ciel et le climat de
ritalie. Sur eette terre heureuse, dépositaire de la plus noble
des eivilisations, une avidité de jouissances, unie a un scntirnent tres vif de la valeur du t~mps étr1:int le::; hommes, multiplie lcur..:; Yies et le::; jet t e parfois hor.- de leur époquc ou de
lrur sueiété. Les plus grands paraissent alor.5, sur un plan que
l"ccil n·a point coutume de par,·ourir, et leur g~nie dépassantla
norme du temps, anticipant sur le devenir, en fait des visionnair{'S ou des prophctes. Souvent, lcur antit:ipation sC' loealisl'
dans l'idéal et l' abstrait, varfois elle atteint 1' action, mais
rarement l'action complete et affirme ce que la pensée a con&lt;;u
ou prJdit. G. d' Annunzio a cu CC'pcndant cette fortunC' si rare.
Ce que le Commandant vient de rJaliser, vingt ans auparavant
sa tragé&lt;lie « la Gloire » l' aYait annoncé, et ríen ne manque
ú cette rcprésentation vJcue, pus meme le tragique du sang.
JHlS memela chute fatalC' et le hniser mortel de la Comnena.

�802

L'ESPRIT NOUVEAU

Si les mysteres ont une clef, e' est au recueil des « Victoires
mutilées » qu'il faut demander la clef de celui de Fiume. L'anticipation est la, plus claire et plus compréhensible qu'ailleur3,
a cause peut-étre de sa forme dramatique, et del' action qu' elle
s'est choisie. Tout d'Annunzio, au moins celui des derniercs
année:-:, y transparait, et s'entoure de cette auréole prestigieuse
que les grandes actions conferent aux grandes pensées. Si
l' ambition est la maitresse des hommes, et la gloire, leur hantise, chez G. d'Annunzio, l'une esta demeure l'aliment de la
vie, l'autre la vie elle-méme. Xulle force ne l'éleve davantage,
nulle ne lui parait plus digne de l'activité humaine, et quel que
soit son appétit et parfois sa monstruosité, elle l'attire, l'enchaine, et le condamne a un perpétuel dynamisme, a une cráation infinie et illimitée. Force naturelle lui-meme, il ne songe
pasa se dérober a elle, pas plus qu'on ne se dérobe aux lois qui
régissent la nature. A la gloire pure, idéale, a celle que ne
souillent nu11e compromission et nul amoindrissement, il a revé
plus que tout autre. Plus que tout autre, il s'est donné a tache
de la conquérir, de la faire sicnne, uniquement vivante en lui,
et lui vivant en elle. Pas d'exigences qu'ils ne satisfasse, d'efforts qu'il n'entreprenne, de néation qu'il ne tente, si pénibles
et si douloureux soient-ils. Car, il sait que la doulcur est le
complément naturel de tout enfantement. « Nullc reuvre de,
viene peut s' accom1Jlir sans :effusion de sang sur un peuplc »
(1). A la pure ambition de jadis, celle d'un Stelio, s'l'panouissant dans la création joyeuse et la magnification de son propr&lt;'
reve de beauté dominatrice, a succédé celle d'un Ruggero
Flamma, messie ardent, attiré par la renaissance sociale, détourné de son orbe naturel, et livrá aux fluctuations et aux
imprávus qu'une telle renaissance comporte. ffiune grandiose,
et propre a capter un esprit de cette force, a l'accaparer et a. le
t~ndre jusqu'a. la limite, ver., la rJalisation et la conquete. Tuut
(1) G. u'Asxusz10, La Gloire.

L' ANTICIPATION CHEZ G. D' ANNUNZIO

803

pénétré de sa mi~sion quasi-divine, il s'abstrait alcrs de luimeme, dédaigne les aspirations communes c,t moyennes, et
d'un seul élan atteint le sublime du renoncement. « J'aspire
non au bien-etre de mes jcurs, mais a l'accomplissement de
mon reuvre » (1). Et, il s'incorpore si pleinement a l'humanité
souffrante, que les préoccupations sociales, le déséquilibre
des esprits, et l'incertitude des lendemains s'expriment avec
l'acuité et la profondeur propres au sociologue. « Ce n'est pas
la faim, ce n'est pas la faim seulement qui partout hurle et
tend les mains; mais e'est la révolte contre l'intolérable fausseté, qui enrnhit tous les organes de notre existence, et les
déforme, et les empoisonne et les menace de mort &gt;&gt; ( 1).
Comme son héros Flamma, G. d' Annunzio a tenté de magnétiser une société apathique, et de forcer la gloire, et comme lui
il a succombé. C'est que les éléments humains lents a féconder,
sont encore plus lents a prendre conscience d'eux-memes et de
leurs aspirations. De-ci, de la, quelques grandes forces natur2lles échappées a la fermentation commune, et précocement
vivifiées se Ievent pour indiquer la route encore incertaine.
Mais la multitude des pousses s'agglomere, se concentre et
du faisceau ainsi formé, étouf fe les audacieux et dément leur.;
anticipations. Le róle récent du Commandente ~- d'An~u~zio
n'a pas d'autre histoire. Comme il l'avait préd1t et écr1t, JUS·
qu' au bout, il l' a vécu.
R.
{!) G. n'ANsusz10, La Gloirr.

CHENEVIER.

�LES LIVRES

LES LIYRES

805

**•
Le viril ouwage de Dufrpsny: Amusements sérieux et comiques, paralt

a l'intfrcssante Collection des cl1efs-á'amvre méconnus. S'agit-il bien ici d'un
6UlllAUIE APPOLLINAIRE
CHARLES YILo•ac

cA:sE). BOSSARD }.

ALC0OLS

(XOL'YEJ.LE REVUE FRAl'i&lt;;:AISE). -

LES cs,m DU 08s11s,2ae (xouvELI.E nEvuE FRANour1mr AIUS1l4.MTS COIUQOES ET S!RIEUX (tnrT10Ns
PAUL IORAIID TUDRES STOCKS {NOUVELI.E RE\'UE

FRAN&lt;;:AISE).

-ANDRt 61DE

PALUDES (NOGVELI.E REVliE FRAX9AISE).

La surprisc a été grande de voir Alcools édité par la N. R. P. Qui l'eut
cru en l!Jl 3 ? Apollinaire confiait volonticrs alors que la Xouvelle lievue
Franraise était une i;orle de manrPnillier, cet arbrc dont Fon sait quu
l'ombrage cst mortel. En tout cas, il est &lt;'XCPllrnt que son livre ait Hé une
fois de plus largement vulgarisé. L('s jcunes extrémistt•s de ce jour affcctcnt de m6priser, Apollinairc. Du fund de nos souvenirs ou il est encore
tout vivant, Apollinaire constate que pour etre wnu dans le pays de!l
Lettrr.s en sabots et y avoir fait la plus bellc fortunc, il t'tait inévitablc qui'
ccux de ses fils qui n·ont cu que le mal de recucillir sa suce&lt;'ssion et la dilapidcr rougisscnt un pcu de 88 gloirc de pan-enu. Ct.Ja est aprcs tout si
normal qu'il ne s'en fache ccrtain('ment pas. 11 &lt;'n sourit meme parce
qu'il sait que lorsqu'ils seront obligés de pay?r un jour de IPur proprc
poclw, ils pstimPront a sa valcur le g-)ste amusant qui consiste a jetcr l'or
d'autrui par l&lt;'s fcnetrcs.

• •*
Dans ses Chants d·i désespéré, titre qui date un p::-u, comme l'on dirai.t
aujourd'hui, Charles \'ildrac nuus &lt;&gt;nscignc que si d'auruns n'onl, jamais
senli le hPsoin de commcnlrr Jps cinq p(' nihles annres de la d ~rnierc gucrrc
pour se contenter de s'en souv0nir aux h ~urcs ou l&lt;'s blrssures re9ucs la
lPur rappPIIcnt, d 'autrt'S qui ont la mém oire plus complaisante ne résistent
pas a la satisfaclion de les conter toujours et en vcrs. La gu)rrc est-clle
un objcl a accommodcr a la sauce dl's rythm~s et eles rim ,s ? :\ious n'avons
pas le coour assez pur que de cruirc la poésie capa ble de dégotit~r I' huma11ité de la guerrP, car apres toul, les hommc5 n'ont que ce qu'ils méritcnt.
)lais ne rnudrait-il pas miPux laisspr aux polilicipns 1P snin ele r(;gler une
nécessité awc laquelle l'art n'a riPn d e commun? Et la sensibilité humaine n'a-t-Plle pas de molif, suífisanls pour p ~rmettrc au poóte de joucr
d'elle sans faire inlPrvcnir des 0lémcnl s si hétfrogenrs et si ~péeiaux que
l'l'UX d'une gucrrc ? L'on demande aujou1•d'hui au poótc de n'etre pas si
poete mais plus poele que crla cncore.

'

chef-cl'ccu\Te ? 11 cst pnmis d'en douter. Dufresny, certcs, fut l'un des
annonciateurs de l'esprit du xvme siecle, et voila quelque l'hosc.Toutefois,
pour possédPr un tcmpérament intransigeant, libre et toujours anormal,
les précurseurs ne réussiss!'nt pas souvent a exploiter IPurs découwrtes;
partant ils nP font pas dt&gt; clwfs-d'reuvre. II pst possible aussi que l'obstruction ha.biturlle des conlPmporains y soit pour quelque chost'. Hil'n done
de surprenant a ce que Dufresny se laissat chiper St's idét'S par Hegnard.
Xfanmoins, il ne faudrait pas Pxag(;r!'r da.ns ce St&gt;ns, et en effet, les idét•11
cmprunt(;Ps par fü·gnard auraient pu luí etrP pretrPs par d'aulrcs ('crivains moins réputés, car, en réalit1\ si Dufresny fut le précurseur &lt;l'une
certaine maniere d't&gt;xprimt•r dl's pctites pcnst&gt;es courtes et spirituPlles,
maniere que nous rPtrouverons chPz ks Encydopédistes et surtout chcz
Rivarol, ou Champfort, il faut rcconnaitre que &lt;·es pens,;es PllPs-mcmes
n'accusai('nt pas urn' profondc originalilé. I&gt;ufresny ful en effet plulót un
l10mme spirituel qn'un homme d'(•spril. Les Am11seme11ts attestent un
esprit d'assez mince envergure; cntains tic ses jugt:menls apparaissent
comme asspz rococos ; il s'étonne soun•nt pour peu de chosp~; son irritation donnc hi,m souv1•nl dl's coups d\,p,;e dans l'ean.
Voltaire disait ele Dufresny qu 'il avait 1óté un pr(•curseur,mais pas Jp sien
hiPn rntcndu, cclui d(~ )fonlesquieu. 11 reste wóanmuins que si Jps • Leltres
Persancs •se lisent cncorP, lt•s «Amusements ,, n 'amusenl plus 0normémcnt.
Srrait•ce la ran~on du temps, mais riPn ne vicillit commc l'ccuvr1! des
prt'curseurs, les systémPs S('Í(•nl ifiq11ps et philosophiques meurPnl lf's uns
apres IPs aulrPS: )ps sytilemps littfrairl'l- n't;chappPnl pasa la regir. Tout
cela d'abord parcp que l'Psprit humain, si ék•Y(' qu'il soit, esl d'e ,st•nce
routiniere. Et puis aussi parce que chez le prt'.•cursPur, l'homme est la
plnpart du temps supérieur a J'q,uvr1.•. Tout en pensée, il.regimb~ d rvant
l\•x,~cution et c'rst de cela que mPurt souvl'nl l't'ffort qu'il a fait. Dufresny n'a pas manqué a la regle. Esprit Msinvoll(• et « pht'nomen(' », comml!
nous clirions aujourd'hui, il r&lt;•ste l'homme qui plutot quP payer dt&gt;s dl'ltes
asa blanchissPusP, préfere l'épousrr. Ur voila d •s chos~s fort drólPs a dire
mais bt&gt;atwoup moins a fairP, Dufrl'sny semble avoir l'lé victime de ses
farces, pt la dernit;rc preuve qu'il en donna ful de se réconcilicr sur le tard
avrc l'Eglise et de lmilcr ses manuscrits.

Avant &lt;le chanler des « ,\Iarseillaises » ou dPs « lntprnationalcs » littérairPs, il cst hon quP la j♦'UIIP~sp ruucnule simplPment des romances.
.M. Paul .\Iorand a d'aLord le mfrilc de laiss1·r parler sa wnsibilit(•. C:Prtes,
il le fait av,•c une science qui l'h1.z un j1•1111e hornm(• est un peu dét-onct'rtantc, mais il faul en prPndr1· notrf' partí. Que ne fail•on, que ne frra-t-on
pas encore au siecfo d(• la rdativité ? ll n'y a plus de temps et si d .! nos

�806

L'ESPRIT l\Ol'VEU;

jours chacun des Ja vingtiémc année a íait fortunc et sait lout sans '2'n
avoir l'air 1 c'est un(' illusion de plus que l'art nous aura donnée et non l'unc
des moins agréables,
C'est ainsi qu'rn trois gouach("s Iumineuf-les

)I.

Paul )Iorand fait un

petit r!-sai de clissC'ction sur trois de ses Umrs succcssiYí'S. Il cxf'cutc ce

lravail awc la plus habilr súret(• el ce parmi des images de la plus grande
fralcheur qui ne lui font pas toujours perdr(' le fil de sa pensée. Entre la
désinvoltc et inconsistante Clarissc, la troubtantc Dclphine et la fantai~

siste Aurorc, il ne cache pas que c'est a celle derniérc que Yont ses pr(•férrnrrs. La liberté d'Aurore nous semble crpendant un peu factice ,
Aurorc nous apparait un pcu commc une sauvagrsse de Chatraubriand

OZENFANT &amp;JEANNERET

ou des gra,·ures coloriées de 18',Q, Je regrette pour rna part que )l. Pau l
1

.:\Iorand n ait

a oífrir a la douloureuse DC'lphinc qu' « un creur plein d'au•

m6ne ,. Ce!Je-la vit et sent; e!Je mérilait mieu.\:. :\[ais c'est que:\!. Paul
.\Iorand parle encore de mauvais gollt; par conséquenl il ne saurait longtemps se laisser prPndre aux injonclions de son ti.me Delphine, car iI rcdoute avec précaution Jef: ravages d'une scnsualité qui c01He toujours e her
aenlrclenir et qu'il esl souvcnt difíicile d'arrCler a temps.
Mais i] cst cerlain qu'A la íavcur des qualités précieuses qu'il possC&lt;le
)f.

Morand se méfirra &lt;.le plus en plus du dilettantisme d'Aurore. 11 se dé-7

couvrira une quatriéme él.me, plus subjectivc ceUe-13., et qui n'cn R&lt;'ra
peut Ctre pas moins celle d'unc quatriC'me « gosse de riche », si J1on
peut s'exprimer ainsi . Elle sera présentéc sous l'aspect d'une eau-

forte, elle abandonnera tout prénom élégant, pour s'appeler Paul :\Iorand
tout court, et comme eHe aura su s'arrCter A tflmps sur les dangPreuse~
penles oll Delphine !'aura cette Iois entralnée, elle accumulera un stock de
riches et substantiels objets qu'il n'éprouvera jamais Je besoin de liquider.

1\1. André Gidc réédite Paludes, paru il y aura tantilt vingt ans. Comme
nous vieillissons. 11 s'agit d'une devinettc physio-psychologique qui fut
jadis goU:tóe. Dans Ja préface, J'auteur écrit A propos de son Jivre : « Et
ce qui surtout m'y intéresse c'est ce que j'y ai mis sans le savoir, cette part

d'inconscient que je YOudrais appeler la part de Dieu ... Atlendons de partout la révélation des choses, du public la révélation de nos ccuvres. »
C'est nous dire aimablement : uOn ne paye qu'en sortant. » Toutefois,
et puisque }a part d'inconscicnt que l\t . Gide a misedans son livre est ausü

la part de Dieu, comment de simples mortels parviendronl-ils a sonder les
insondables desscins de la Providence ? Si M. André Gide n'avait pas lant
de talents, nous passerions au compte de notre oubli de la piété le fait
ele n'avoir plus rctrouvé dans son livre qui semble tellement avoir été fait
exprés ce qu'il pense y avoir mis involontaircment. ::\Iais il faut dire que si
i\I. Gide a voulu nous inquiéter, il n 1 a que lrop bien réussi, car cctte inquiétude devient parfois de la gene . L'on a pcur do toucher a ces jolis
bonbons fondants un peu Iondus déj3. dans cette bonbonniére retrouvée.
l\Iaurice

RAYI'iAL .

des ceuvres de Ozenfant etde Jeanrrnret(l)
éclate comme une sorte d'avertissement du_ c1_el. Les
~ deux artistes ont entrepris do donner la d1sc1plme aux
successeurs des I mpressionnistes, aux successeurs des Cub1stes,
Pn un· mot a tous les successeurs futurs de tout mouvement
artistique généreux.
·
L'envahissement périodique d'un art par tout ce qui
n'est ie sa caricature suit généralement l~s efforts des
rands)ondateurs. A cólé de leurs discipl_es qm comment_ent
~t dépassent leurs ceuvres, les créateurs vment surg1rles imita:
teurs qui les déforment et les compromettent. Les apports,
no peuvent
personne
• etre
·
As
appor l s 1·1 Y a , fa1·ts par ceux-ci
sans oi leurs auteurs seraient les prem1~rs. mventeurs. u
. lqu e mme l'ceuvre du créateur est generalement toute
surp
, a. g1aner derriere
· · . elle . Les
el' us . •oce elle ne laisse guere
;ont done tenus d'emprunter des ,é~éments étran:
ern JOur donner un semblant de personna_hte a leur_s efforts ,
Tis s'~ngagent dans la voie des superflmtes, des pleonas~e,:
drs superfétations, des surcharges et des. redondances d ou
!' essence la plus pure de l' art est a peu pres ~anme. Au contraire de la mode l'art cloit donner 11a1ssance a _des ,~anzfestations constantes sur lesr¡uelles le tnnps ne peut nen. C est done

I

'EXPOSITIOK

t

¡~;:t:~:s

{l) F(·vricr, Galeric Drud.

�806

L'ESPRIT l\Ol'VEU;

jours chacun des Ja vingtiémc année a íait fortunc et sait lout sans '2'n
avoir l'air 1 c'est un(' illusion de plus que l'art nous aura donnée et non l'unc
des moins agréables,
C'est ainsi qu'rn trois gouach("s Iumineuf-les

)I.

Paul )Iorand fait un

petit r!-sai de clissC'ction sur trois de ses Umrs succcssiYí'S. Il cxf'cutc ce

lravail awc la plus habilr súret(• el ce parmi des images de la plus grande
fralcheur qui ne lui font pas toujours perdr(' le fil de sa pensée. Entre la
désinvoltc et inconsistante Clarissc, la troubtantc Dclphine et la fantai~

siste Aurorc, il ne cache pas que c'est a celle derniérc que Yont ses pr(•férrnrrs. La liberté d'Aurore nous semble crpendant un peu factice ,
Aurorc nous apparait un pcu commc une sauvagrsse de Chatraubriand

OZENFANT &amp;JEANNERET

ou des gra,·ures coloriées de 18',Q, Je regrette pour rna part que )l. Pau l
1

.:\Iorand n ait

a oífrir a la douloureuse DC'lphinc qu' « un creur plein d'au•

m6ne ,. Ce!Je-la vit et sent; e!Je mérilait mieu.\:. :\[ais c'est que:\!. Paul
.\Iorand parle encore de mauvais gollt; par conséquenl il ne saurait longtemps se laisser prPndre aux injonclions de son ti.me Delphine, car iI rcdoute avec précaution Jef: ravages d'une scnsualité qui c01He toujours e her
aenlrclenir et qu'il esl souvcnt difíicile d'arrCler a temps.
Mais i] cst cerlain qu'A la íavcur des qualités précieuses qu'il possC&lt;le
)f.

Morand se méfirra &lt;.le plus en plus du dilettantisme d'Aurore. 11 se dé-7

couvrira une quatriéme él.me, plus subjectivc ceUe-13., et qui n'cn R&lt;'ra
peut Ctre pas moins celle d'unc quatriC'me « gosse de riche », si J1on
peut s'exprimer ainsi . Elle sera présentéc sous l'aspect d'une eau-

forte, elle abandonnera tout prénom élégant, pour s'appeler Paul :\Iorand
tout court, et comme eHe aura su s'arrCter A tflmps sur les dangPreuse~
penles oll Delphine !'aura cette Iois entralnée, elle accumulera un stock de
riches et substantiels objets qu'il n'éprouvera jamais Je besoin de liquider.

1\1. André Gidc réédite Paludes, paru il y aura tantilt vingt ans. Comme
nous vieillissons. 11 s'agit d'une devinettc physio-psychologique qui fut
jadis goU:tóe. Dans Ja préface, J'auteur écrit A propos de son Jivre : « Et
ce qui surtout m'y intéresse c'est ce que j'y ai mis sans le savoir, cette part

d'inconscient que je YOudrais appeler la part de Dieu ... Atlendons de partout la révélation des choses, du public la révélation de nos ccuvres. »
C'est nous dire aimablement : uOn ne paye qu'en sortant. » Toutefois,
et puisque }a part d'inconscicnt que l\t . Gide a misedans son livre est ausü

la part de Dieu, comment de simples mortels parviendronl-ils a sonder les
insondables desscins de la Providence ? Si M. André Gide n'avait pas lant
de talents, nous passerions au compte de notre oubli de la piété le fait
ele n'avoir plus rctrouvé dans son livre qui semble tellement avoir été fait
exprés ce qu'il pense y avoir mis involontaircment. ::\Iais il faut dire que si
i\I. Gide a voulu nous inquiéter, il n 1 a que lrop bien réussi, car cctte inquiétude devient parfois de la gene . L'on a pcur do toucher a ces jolis
bonbons fondants un peu Iondus déj3. dans cette bonbonniére retrouvée.
l\Iaurice

RAYI'iAL .

des ceuvres de Ozenfant etde Jeanrrnret(l)
éclate comme une sorte d'avertissement du_ c1_el. Les
~ deux artistes ont entrepris do donner la d1sc1plme aux
successeurs des I mpressionnistes, aux successeurs des Cub1stes,
Pn un· mot a tous les successeurs futurs de tout mouvement
artistique généreux.
·
L'envahissement périodique d'un art par tout ce qui
n'est ie sa caricature suit généralement l~s efforts des
rands)ondateurs. A cólé de leurs discipl_es qm comment_ent
~t dépassent leurs ceuvres, les créateurs vment surg1rles imita:
teurs qui les déforment et les compromettent. Les apports,
no peuvent
personne
• etre
·
As
appor l s 1·1 Y a , fa1·ts par ceux-ci
sans oi leurs auteurs seraient les prem1~rs. mventeurs. u
. lqu e mme l'ceuvre du créateur est generalement toute
surp
, a. g1aner derriere
· · . elle . Les
el' us . •oce elle ne laisse guere
;ont done tenus d'emprunter des ,é~éments étran:
ern JOur donner un semblant de personna_hte a leur_s efforts ,
Tis s'~ngagent dans la voie des superflmtes, des pleonas~e,:
drs superfétations, des surcharges et des. redondances d ou
!' essence la plus pure de l' art est a peu pres ~anme. Au contraire de la mode l'art cloit donner 11a1ssance a _des ,~anzfestations constantes sur lesr¡uelles le tnnps ne peut nen. C est done

I

'EXPOSITIOK

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¡~;:t:~:s

{l) F(·vricr, Galeric Drud.

�OZE~FANT ET JEANNERET

809

L'ESPRIT NOt:-VEAU

avec une véritable joie de !'esprit que nous goütons en les
reuvres de Ozenfant et celles de J eanneret l' avenement total
d'une réaction contre l'emprise sur l'art del'habiletémanuelle,
de la recherche de la séduction, du culte ducharme, tous éléments dont les effets sont certes irrésistibles, mais aussi passagers, aussi fugitifs que ceux des drogues aphrodisiaques.
Tout effort nouveau porte en soi les germes de sa décadence.
J'admire done l'héroisme de Ozenfant et de Jeanneret qui les
pousse a opposer une barriere a toutes les déliquescences
dont l' art est menacé, et a toutes les ten dances qui l' incitent
a échapper a sa destinée la plus haute. D' autre part, en ce
qui touche aux efforts contemporains, il faut féliciter Ozenfant et J eanneret d' avo ir contraint le plus élevé d' entre eu.x,
a savoir le Cubisme, a respecter les directives les plus saines
de l'art en sapant les rejetons épuisants et inutiles dont son
existence propre était menacée. 11 apparait, enfin, que l'rnuvre
de Ozenfant et J eanneret peut etre considérée comme un
rappel au respect et au culte absolu des éléments vitaux et
primordiaux de la plastique, sans quoi la peinture ne pourrait
vivre que de la vie la plus artificiellc et la plus arti[icieuse qui
soit.
Des critiquesd'art considérés: Louis Yau.xcelles, J.-E. Blanche, André Salman, ont souvent taxé Ozenfant, Jeanneret,
et moi-meme a l'occasion, de ratiocination. 11 y a évidemment
chez les écrivains, comme chez les peintres, les exégetes et les
chroniqueurs. Mais qui niera que les uns comme les autres ne
soient souvent capables d'ergoter. ll s'agirait de savoir seulement si l'ergoterie porte sur des sujets qui en valent l'm·enture. Il est certain qu'a ne pas parler comme tout le monde
l'on passe souvent pour ratiociner. Ce qui nous rassure. e'est
que ce reproche est toujours proféré en faveur d'une généralisation qu'il faut trouver excessive parce que rendue surtout
nécessaire par les exigences d'une clientele tres nombreuse,
tres bigarrée et dont la mesure d' incapacité, si je puis dire,
est nécessairement multiple. En tous cas, et puisque l'on juge
toujours au nom d'une formule et que la critique d'artnepeut
manquer a cette précaution élémentaire, ce reproche de ratiocination est sans doute basé sur quelque principe. Le malheur
est que ce príncipe est surtout den'enavoiraucun.Orsil'em-

pirisme a son charme, son charme dangereux toutefois, sauf
en certaines occasions ou il est bon de meler quelques grains de
[olie a toute sagesse, il n'est pas normal d'en faire comme une
regle générale au nom de quoi tout ce qui est plus droitement
humain puisse etre critiqué, disons meme blagué. Je veux
bien que Ozenfant comme Jeanneret ne se laissent pas souvent
aller iJ. cette tentation. Mais on l' a tellement fait pour eux et
si mal qu'il faut se féliciter de voir des artistes regimber contre
un tel envahissement de la facilité.
Ainsi l'audace de Ozen[ant et de Jeanneret, car de nos jours
ceci est une audace, aura été d'abord de rappeler que l'art est
l' ensemble des méthodes et des moyens gril.ce auxquels l' on
peut réaliser un objet. Et leur mérite particulier sera d'avoir
souligné dans les rnuvres pleines de pureté que nous avons
admirées, que ces méthodes devaient etre avant tout des méthodes uniPersellement humaines, basées non pas sur ces [aiblesses de l'homme que l' on nomme sensiblerie, affectation,
afféterie, et encore sensualité, licence, déréglement des sens,
mais sur sa force la plus pure, c'est-a-dire cette sensibilité
profonde qui est la source de ce que l'homme peut faire de
mieux, cette sensibilité qui ne s' embarras se pas du culte de nos
imperfections et qui partant est mere de l'imagination la plus
haute que tout artiste puisse exprimer.
Les hommes sont généralement d' arcord pour admettre que
l' art a pour but de les élever. Reste iJ. savoir quelle hauteur
ils ont assignée iJ. cette élévation. Nous sommes des hommes,
certes, mais il est des cas ou nous ne retirerons aucune gloire
a le crier sur les toits. En tout cas l'élévation la plus parfaite
commande avant tout le désintéressement le plus complet,
et c'est pourquoi, nous l'allons voir, les rnuvres de Ozenfant
et celles de Jeanneret, qui sont par ailleurs la lec,on de bien
&lt;l'autres choses, attestent en premier lieu celle du plus pur
renoncement á. ce culte des buts secondaires en quoi la peinture trouve des canau.x par ou s'écoule et se perd souvent le
meilleur d'elle-meme.
Qu'il s'agisse des natures mortes de Ozenfant ou de celles
de Jeanneret, il apparait qu'elles sont tributaires de cette
méthode déductive, qui est bien la plus féconde servante de
l'imagination. Chez Ozenfant la déduction semble plus ration-

•

�810

.

L'ESPRlT NOUVEAU

OZENFANT ET JEANNERET

nelle, chez Jeanneret elle parait plus sensible. Bien qu'unis par
les memes directives, leurs tempéraments particuliers se font
jour; !'esprit déductif du premier complete la sensibilité déductive du second. Jeanneret semble plus peintre, Ozenfant
plus artiste ; le premier sent et pressent, le second com.prend
et dePine. Aussi les deux tempéraments sont fonction !'un de
l'autre au point que l'on aimerait voir ces deux artistes collaborer plus intimement, sur la meme toile, á l'exemple de cer:
tains Maitres anciens. La caractéristique la plus nette qm
jaillit de leurs efforts conjugués est:certainement ~ amour de_ la
perfection. L'amour de la perfection n'est pas le des1r de plaire
et le courage de Ozenfant et de Jeanneret est justement de
sacrifier la popularité fragile du second aux émot10ns profondes et durables que procure le premier. Il suit de la que
pour reconstruire leur monde, Ozenfant et J eanneret, au cours
d'un libre examen de leur sensibilité, font table rase de tout
ce que l' éducation et les contingences de la vie o~t p~ dé_poser
d' accidents mémorables en leur entendement, c est-a-d1re de
tout ce que leur propre sensibilité ne semble pas avoir puremcnt créé pour leurs besoins. Dans leur foi ardente il~ n'.a~cordent de confiance qu' en ce que l' áme de leur sens1b1hte,
si l'on peut dire, leur indique comme les éléments premiers et
derniers de la plastique. C' est ainsi que, découvrant Art
comme une nouvelle Amérique et gráce á l'ardeur qm les
anime, ]'examen de leur conscience plastique leur enjoint
cette pu.rification de la nature que déjá Hegel exigeait del'art.
Il s' agit de cette purification nécessafre . dont Foubh souvent répété au cours des périodes art1st1ques determme le
retour nécessaire d' efforts détersifs tels que ceux de Ozenfant
et de J eanneret. Parce que la perfection ne s' obtient qu' a
force de sacrifices, les oouvres de Ozenfant et &lt;le J eanneret
nous apparaissent résolument dépouillées de tous accidents
parasites. Tout ce qui touche exclusiv~~ent. a la réal!té sel~lement visuelle est rigoureusement pnve de toute preponderance et situé impitoyablement á la place secondaire á laquelle
le cu]te spécifique des sens a simplement droit. L' ceu vre de
Ozenfant et celle de Jeanneret nous avertit que la réalité
ne peut offrir que les éléments d'un beau nécessairem~nt im:
parfait, insuffisant, qui suggfre contmuellement la necess1te

!'

811

d'un beau plus parfait encore. Ce n'est pas qu'ils aient la
notion exacte d'un beau métaphysique auquel on puisse
atteindre, mais ils sa vent que le beau comme la vérité est susceptible de perfectionnement a condition que l' on ne perde
pas de vuele sens premier que l' émotion humaine lui a donné.
Hegel signale que dans ]' animal l' áme du beau reste cachée
sous la multiplicité des organes et sous les formes purement
matérielles. Pareillement, mais plus plastiqucment encore,
Ozenfant et J eanneret nous diront que si la forme de tel animal n'est que le dérivé d'une constante plastique, un ceuf, pnr
contre, est un ceuf, comme une sphere est une sphere, c'est-áclire une représentation clairc d'un concept purifié par une
sorte de sélection mécaoique qui travaille toujours dans le sens
d'une perfection moulée par l' entendement. lndépendamment done de son caractere d'cnseignement, caractere que
nous examinerons plus loin, le « Purisme ,, de Ozenfant et
de Jeanneret touche au domaine de l'émotion la plus intime
dont l'homme soit susceptible parce qu'il repose essentiellement sur la perception sensible des grandes bases plastiques
dont nous avons « flatté ,, la nature, comme disait encore
Hegel. « Flatter ,, est aimable, « purifier " était mieux. En
effet, gráce au désintéressement absolu dont les toiles qu'ils
exposent sont la preuve, Ozenfant et Jeanneret rappellent que
l' art n' est pas précisément l' art d' agrément. Pour eux, la
recherche de l'harmonie du Beau provient surtout de l'imperfection de ces réalités que les arts secondaires se complaisent
trop á cultiver. Nous ne retrouvons done dans leur oouvre ni
souci décoratif, ni soin psychologique, ni pieges trop aimables
tendus a la sensualité. L' on n'y voit que des spéculations picturales peintes sur des surfaces sensibles par des hommes pour
qui les données des sens et celles de la raison n' agissent que
sous le large contróle du coour.
Cependant, pour contenir délibérément tous ces ac,cidents
hétérogenes qui, la plupart du temps, laussent les données traditionnelles de l'art, Ozenfant et Jeanneret ne vont pas jusqu' á nier la valeur du ch arme, de la séduction et de la gráce.
Ce qu'ils exigent essentiellement c'est que l'on ne produise pas
au nom de l' art, du charmant, du séduisant ou du gracieux sur
commande. lis veulent que ces agréments viennent de l'ins-

�812

L'ESPRIT NOUVEAU

tinct propre de leur auteur, et se dégagent naturellement de
l' oouvrc sans provocation artificielle, sans affeetation et sans
recherche de la surprise. Au contraire de ce que faisait le valet
de Moliere, les impromptus ne se composent pas a l'avance.
Il faut bien dire que la confusion du beau et del' aimable est
en partie due a une erreur de l'esthétique. Kant disait: «le Beau
est ce qui plait "· M. Víctor Basch, dans l'étude que publia
l'Esprit Nouveau (1), énumerealasuite les qualificatifs beau,
sublime, joli, gracieux et charmant, en leur assignant la meme
valeur. Il semble cependant ici qu'une distinction importante
soit a faire et l' art de Ozenfant et de J eanneret vient la confirmer. Le joli, le gracieux, le charmant, sont plutót des succédanés du beau, je dirais meme d'aimables corruptions du beau.
Il faut admettre que le beau est essentiellement durable, alors
que le charmant est absolument fugitif et peu codifiable. Le
charme n'est qu'un qualificatif, et, encore que cela se soit vu,
il est bien périlleux de n' écrire qu' avec des qualificatifs.
Meme l'on pourrait aller plus loin et je suis persuadé que
Ozenfant et J eanneret seront de mon avis. Ces éléments secondaires que sont le charmant, le j oli, le gracieux, ne ressortissentils pas plus spécialement aux arts qui ont pour moyen les sons
plus que les formes, la musique, le chant, l' art dramatique
par exemple ? Les arts plastiques se développent incontestablement dans l'cspace. Comment les soutenir ou les
nourrir exclusivement de nourritures qui sont préférablement
assimilées par des arts qui se déroulent dans le temps. C' est
done par un manque de logique que la !latterie de la sensualité
n'excuse pas, que l'on tend a fixer éternellement des éléments
qui ont toute leur valeur dans leur fugacité. Peut etre le culte
de ces éléments serait-il légitirne dans les arts mineurs de la
gravure, du pastel, de l' aquarelle, etc. Mais en peinture proprement dite, expression la plus haute del' art visuel, leur mise
a contribution exclusive est une gageure trop périlleuse.
C'est ce désir de perfection substitué au goüt de plaire qui
constitue l'élément le plus important de la purification sévere
que Ozenfant et J eanneret ont tenté de réaliser dans les ceuvres
exposées a la Galerie Druet. Dans ce but, Ozenfant et J eanne{1) L'Esprit Nouveau, octobre 1920, janyier 1921.

OZENFANT ET JEANNERET

813

ret, limitant it dessein les données de leur art, excluent tous les
su¡~ts de. satisfaction q~i ne sont plus universels. Le goüt, le
go~t va;iable et trop d1scutable n'est plus qu'une des petites
precaut10.ns du charme. « Le Beau est ce qui plait universellement » d1t Kant. Encore qu'il faille faire toutes réserves sur
leverbe plaire, Ozenfant et Jeanneret attirent notre atttention
sur le terme universcllemcnt qu' ils font leur et dans une mesure
plus étendue que celle que Kant lui attribuait. En príncipe, ils
sont d'abord plus précis que Lamennais qui faisait sortir
tous les arts de l'architecture et notamment du temple.Pour
eux, e.n effet, ces premiers éléments que sont la sphere, le cube,
le cylmdre, le polygone desservis par la ligne droite, le point,
le triangle ou la circonférence forment justement les données
sensibles et universelles qui, pour l'homme le plus civilisé
comme pour le dernier des negres, sont les bases de la plastique
sensible .et les éléments premiers de la beauté humaine.
Ce.s éléments grace auxquels la nature a re~u les lois nécess,a1res sufhsent a la c?nception d'un art qui est un rappel a
1 ordre pour ceux qm seraient tentés de lui laisser reprendre plus que sa liberté, c'est-a-dire une anarchie contraire a cet
amour d' ordre qui est également l'une des bases denotre entende~ent s_ensible. Il suit de la que les obj ets qui retiennent la
predilect10n de ?zenfant e~ de J eanneret sont ceux qui attest~nt les apph~at10ns humames de ces premiers éléments plast1ques. Pour c1ter un exemple, le choix de la bouteille provient
de ?e que l'objet bouteille est un concept clair qui ressortit au
cylmd~e et a la sphére. Il n'est done pas nécessaire de choisir
des ~b¡ets, peut-~tre plus plaisants, mais moins purs par suite
d' ad¡onct10ns qm dénaturent leurs bases légitimes cachées ou
oubliées sous des accidents de forme.
Construite uniquement sur la charpente meme de la sensii&gt;ilité plastique, la peinture purifiée d' Ozenfant et de J eanneret
offre, non plus le spectacle de tableaux destinés al' ornement
d'.un m'?-f, mais de véritables objets plastiques batis sous trois
dunens~ons. Ce sont. des objets que l'on serait tenté de prendre
ala mam. 11 ne s' agit done plus d'une esquisse, ni d'un schéma,
Ill d'un fragment de réalité mais d'un tout unique et complet.
L~urs .oo?vres sont comme des mots, des mots un peu crus
depomlles de tous les charmes de l'adjectif, des mots dont les

�81/J,

L'ESPRIT NOl.:-VEA.U

éléments sont unís entre eux grace a leurs relations mutuelles,
relations qui sont des rappels nécessaires, relations qui sont
des lois.
Créer un objet quelconque est toujours transfigurer la nature. Ozenfant et J eanneret ne 1' oublient pas et e' est dans
un aceord intuitif avec Hegel qu'ils sentent que, si pur qu"il
soit, l'art n'en doit pas moins ce transfigurer » la nature. N'estce pas la d'ailleurs une conséquence qui résulte de toute purification? Cependant l' art de Ozenfant et de J eanneret a surtout
ceci de précieux qu'il n' est pas une tentative de purification brutal e telle que eelle que pourrait cnvisager dans sa. partie un
trop sévére Pere de l'Eglise. Ce qu'ils veulentsurtout, c'est que
l' art ne perde pas de vuc les éléments plastiques dont le respect exclusif est la sauvcgarde d'un art élevé. Que la sensibilité intervienne largement, a l'occasion de leur emploi, ils le
veulent essentiellement. Mais ce a quoi ils tiennent aussi, c'est
que cette sensibilité ne dépasse pas ses propres moyens,
que l'imagination puise bien en elle memc toutes ses ressources,
mais qu'elle ne fasse jamais appel, en cas de détresse, au secours d'une imagination cérébrale qui eonduirait l'~uvre a
des exees correspondants a ceux de toute sensualité excessive,
e' est-a-dire a ceux d'une fantaisie provenant del' exces meme de
la raison. Les théories de Ozenfant et de Jeanneret, non plus que
leurs reuvres, ne peuvent done etre taxées de ratiocination ;
tout au plus pourrait-on leur reprocher quelque rigorisme.
Hélas la discipline ne s'enseigne pas par la doueeur. Mais
malgré cela, et je reviendrai plus loin sur ce suj et, je verrais tres
bien le &lt;e Purisme &gt;&gt; de Ozenfant et de Jeanneret susciter des
reuvres en lesquelles la pensée et la forme s'uniraient en une
harmonie parfaite telle que eelle d'Ozenfant et d' autres en quoi
une imagination plus sensible pourrait conduire al'impression
plus romantique de l'illimité, telles que eelles de Jeanneret~
L' austérité apparente avec laquelle sont peintes les oouvres
des deux artistes pourrait faire eroire qu'ils ont résolument
saerifié l'emploi de la couleur; or, il n'en est rien. La eouleur
pour eux est un accident rigoureusement matériel ayant son
existence propre. Mieux encore, elle est un qualificatif. Elle
ne peut etre un but, mais seulement un moyen. L'idée de « purification &gt;&gt; de Ozenfant et Jeanneret s'étend done a tout art

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a tendances sensuelles. Tres spirituellement,

0zenfant dit en
effet que la couleur n'est que l'esclave de la forme, mais qu'il
faut se méfier des esclaves. L'exemple de quelques grands
artistes lui donne raison. C'est pourquoi l'on constate chez
Ozenfant, et surtout chez Jeanneret, quelacouleur etledessin
sont considérés comme deux entiers d'essence ahsolument
différente. La couleur posée sur un dessin nous montre le
spectacle d'une matiere confondue avec un concept et un
concept d'ordre imposé a la nature. Tres logiquement done,
Ozenfant et Jeanneret entendent que les deux valeurs
possedent nécessairement deux roles distincts dont les prérogatives ne doivent pas s' annihiler entre elles. 11s ne
peuvent se résoudre a meler la variabilité de la valeur couleur
a la valeur constante de ces élérnents premiers dont la raison

�828

OZEl"FAJ\'1' ET JEANNERET

L' ESPRIT l"OUVEA U

a doté la matiere et qui sont l' ame du dessin. Il s' agit done, et
d'une maniere absolue, de conserver entre la peinture et la
musique une disparité que l'on tend de nos jours a oublier. La
peinture ne doit pas laisser la faculté de sentir qui préside aux
destinées de la musique submerger la faculté de jugement qui
la gouverne, elle ne gagnerait rien a trouver dans l'imprévu
ce qu' elle y perdrait en pu reté.
Te! est !'un des enseignements les plus précieux qui se dégagent des oouvres et des théories de Ozenfant et J eanneret, que
ce soit al' exposition de la Galerie Druet, dans leur livre substantiel et fécond « Apres le Cubisme » ( 1) ou dans leurs articles
de ]' Esprit N ouveau.
Il reste a préciser dans que! sens les théoremes brillants qui
sont leurs oouvres pourront influer sur l'art actuel comme sur
celui de demain.
- La recherche de « l'invariant ", qui est pour Ozenfant et
J eanneret le but de l' art grave, les pousse a !aire de leurs
oouvres des démonstrations toujours plus completes et plus
brillantes de vérités conn.ues. C'est la le pro pre de la géométrie,
ce peut etre celui d'une méthode d' art. Aussi les oouvres
des deux artistes sont-elles des théoremes qui se proposent
d'éclairer ele plus en plus lucidement les évolutions possibles
de cette invariabilité plastique qui commande aux destinées
de la nature. Il faut en général reprocher a l'Esthétique de ne
donner comme exemple a ses définitions que des oouvres définitives. Les manuels citent en effet, et volontiers, Shakespeare,
Beethoven ou Raphael sans pousser beaucoup plus avant la
recherche des origines spécifiques des arts dont il est question
a propos de ces grands noms. Je tiens done que ]'Esthétique
devrait se souvenir d' abord que son nom vient de
qui veut dire sentir, ce qu' on oublie ou ne sait pas, et qu' avant
de développer des conclusions sur ce qu'elle nomme la science
du Beau, elle a pour but de poser exactement les données fondamentales de notre sensibilité plastique. Alors que les manuels de psychologie ne manquent pas de faire d' abord appel
a la structure du corps humain et a la fonction de nos organes,

"'ªº""ªª"

(1) Apres le Cubisme, par Ozenfant et Jeannerct. Edition des Commentaires,
1918.

829

n'est-il pas curieux de voir que l'esthétique scientifique n'ait
pas plus profondément recherché les causes physiques de notre
sensibilité plastique ? L'honneur reviendra done a Ozenfant
et a Jeanneret d'avoir su, de par leurs connaissances techniques, déterminer scientifiquement dans quelles mesures l'Esthétique devait a l' avenir tenir compte des réactions sensibles,
de ces réactions en lesquelles la sensibilité et ]' entendement
posent la plus vraie mesure humaine qui soit, des réactions,
dis-je, que peuvent faire naitre en nous les bases plastiques
du cylindre, de la sphere, du cube, et de toutes les valeurs
géométriques qui sont le canevas de]' art.
C'est de cet apport que découle a mon sens la conséquence
la plus précieuse des théories et des oouvres de Ozenfant et de
Jeanneret.
Il ne faut pas se lasser de répéter le mot de Guyau : « Recommencer a vivre, idéal de tout artiste ». L' expression a
peut-etre sous sa forme poétique le sens de vivre sa vie propre.
Orvivre sa vie propre, peut-il autrement se faire qu'en suivant
les injonctions de la sensibilité pure ? Pourtant les méthodes
d'enseignement artistiques et actuelles semblent se croire
tenues de brúler les étapes. Nous ne pouvons pas cependant
ne pas dire que travailler sous les Maitres est plutót puiser
dans un vase qu' a la so urce meme de la sensibilité. Comment
done exiger qu'une fraicheur naturelle se dégage d'oouvres
convues dans ce sens dérivé, ou mieux, dénaturé. La fraicheur
ne transparait qu'au travers d'une enfance ou d'une adolescence pures que n' a pu réussir a encombrer le poids souvent
trop laurel de la connaissance. Sinon, nous assistons aux laborieux ébats d'une fraicheur frelatée et artificielle qui si brillantes que soient les illusions qu'elle donne, n'est plus qu'une
sorte de bouture entée sur quelque plante magnifique pour
former comme une exception et susceptible seulement de vivre
en marge de la véritable nature.
En donnant le conseil de « recommencer a vivre » Guyau
n'indique pas le secret qui peut permettre de le suivre. Avec
hardiesse, Ozenfant et J eanneret le dévoilent.
A la lecture de l'enquete ouverte par !'Esprit Noureau sur
la question de savoir s'il fallait ou non brfiler le Louvre, je
pensais qu'il vaudrait mieux le fermer a taus entre la dixieme

'

�830

L' ESPRIT NOUVEAU

OZENFANT ET JEANNERET

et la trentiéme années. Jusqu'a clix ans, l'enfantle considérerait comme une sorte d'album d'images; aprés trente ans il y
pourrait cueillir, avec la joie qu'on devine, des conseils qui ne
prendraient plus d' emprise trop exclusive sur sa nature pleinement formée. C' est entre dix et trente ans qu'il faudrait
done que l' on suivit les conseils proposés par Ozenfant et
J eanneret. La fraicheur ne peut pas j ouer sur des valeurs
connues et reconnues, elle nait avec les élémcnts memes de la
création. 11 faudra done et avant tout, développer chez lajeunesse la perception des bases plastiques, de fa&lt;,Jon a ce que non
seulement sa sensibilité en soit largement imprégnée, ce qui
sera facile, mais que sa consciencc saisisse en toute connaissance exactement leur valeur rationnelle. Le Beau est ce
qu'on aime, mais ce qu'on aime profondément, c'est-a-dire ce
dont on ne peut se passer, ce dont on a un besoin indispensable,
ce sans quoi il n'y aurait guére de vie possible. II n' est pas le
superflu, le congestif, la prodigalité, le remplissage, memc si
les exigences de l'insatiabilité ont fait de ces superfétations
des nécessités. Aussi est-ce parrni ces sources naturelles de la
plastique et que nous avons nommées plus haut que s'établira
et se formera cette fraicheur créatrice que nous demandons a
l'art. Le« surtout pas de livres ", de Rousseau, quinous revient
a la pensée, nous délivrera de l'enfancetrop studieuse qui confectionne des artistes défraichis dés leur naissance, de l'enfance
prodige, de cette vieille femme qui joue les petites filles.
L'esthétique de Ozenfant et Jeanneret invite done a ne pas
oublier que la fraicheur ne peut émaner ·que de valeurs nouvelles et qu'elle ne peut sourdre que d'inventions non perfectionnées. La fraicheur qui nait avec une invention est épuisée
a sa maturité pour la raison qu' elle ne peut pas se répéter ; a
plus forte raison manque-t-elle absolument a toutes les tentatives qui tendent a la perfectionner.
C' est ainsi que prenant position « aprés le cubisme ,,, Ozenfant et Jeanneret se sont élevés contre toutes les tendances
capables de dénaturer l'effort de ceux qui sont a la tete de ce
magnifique développement. Les deux artistes estiment en
effet qu' a vouloir le perfectionner, le réaliser comme dirait un
profiteur, on ne peut pas ne pasl' altérer. A.u culte des bases plastiques qui entre autres données, fut a la base du cubisme, ils

craignent qu'on ne substitue le culte d'une formule, avatar qui
arrive d' ailleurs a la suite de toute invention. Leur audace est
done de rapp_eler a l'ordre de la fraicheur d'imagination les succédanés nécessairement dégénérés qui proviennent de cettc
erreur. lis craignent justement c¡u'une fantaisie, une fantaisie
débridée, ne vienne se greffer sur I' effort le plus désintéressé
quisoit; ils craignent de voir !' apparitiondes fauves du Cubismc
comme il y eut ceux de l'Impressionnisme. Nous parlions d'un
rappel a l'ordre de la fraicheur d'imagination, mais mieux
encore, c'estun rappel al'ordre pur et simple de la nature humaine
que représente l'effort que Ozenfant et Jeanneret ont tenté
et dont l' on peut voir les applications pratiques a la Galerie
Druet. Je pense done que leurs o:mvres sont des beautés
froides qui ne se livrent pas au premier abord et qui ne déterrninent pas le coup de foudreviolent et passager de la séduction,
mais que l'on finirait par aimer et dont l'on prendrait tellernent les habitudes hurnainement disciplinées qu'il deviendrait
difficile de se passer de leur présence aprés les avoir attentivement considérées.
C'est que leur art est d'essence bien frarn;aise, c'est qu'il
porte la marque de cette clarté qui certes comporte aussi bien
les défauts de sa qualité, mais de cette pure clarté fran&lt;,Jaise
en quoi il n' cst pas exagéré de dire qu' actuellement se traduit
toute peinture étrangere. Si la peinture fran&lt;,Jaise, et en particulier celle de Ozenfant et de Jeanneret, posséde cette qualité,
c'est qu'elle semble prendre son point de départ dans une sorte
d' absolu. Les amvres de ces derniers sont done construites suivant des regles naturelles, et non exclusivement artistiques.
Mieux encare, elles ne partent pas du point de vue artistic¡ue
pour parvenir a un naturel nécessairement artificiel. lis ne sont
pas tentés de dire: « Vos beaux yeux, belle marquise, me font
d'amour mourir », et encare moins: « D'amour, marquise, me
font », etc., mais simplement: « Belle marquise, vos beaux
yeux me font mourir d' amour. » Ainsi leur syntaxe ne connalt pas ces inversions dont les arts du Nord ou du Sud
montrent partout des exemples. Elle présente généralement
le meme schéma, elle groupe toujaurs des éléments qui tirent
uniquement leur origine des nécessités posées par la sensibilité. Du fait meme de cette simplicité, la langue fran&lt;,Jaise,

831

�832

L'ESPRIT NOUVEAU

qu' elle soit picturale ou littéraire, n' est sans doute pas aussi
poétique que d' autres. En revanche l' on peut assurer qu' elle
est la plus humaine qui soit et les ceuvres de Ü?enfant et de
Jeanneret le montrent largement.
11 n' en faudra done pas davantage pour que l' on accuse
Ozenfant et Jeanneret d' étre plus royalistes que le roi. Pourtant voila qui est naturel et par suite tres légitime. Parmi les
intentions que je préte a Ozenfant et a Jeanneret, il en est une
sur laquelle je reviendrai un jour, car elle estd'uneimportance
telle qu'elle semble susceptible de soulever des discussions
pleines d' intéret. Ozen[ant et J eanneret, dans leurs théories
comme dans leurs ceuvres, semblent avoir formé le dessein, que
nul n' avait entrepris avant eux, a savoir de nous enseigner a
sentir. L' on pourrait peut-étre mieux dire qu'ils ont voulu
canaliser, orienter vers la voie la plus purement humaine les
injonctions de la sensibilité. Or voila une tache sans doute difficile et telle que s'en imposent seulement ceux qui ont pris
le goüt de purifier, de perfectionner les manifestations des
hommes. 11 est quelquefois nécessaire que certains sujets
soient plus royalistes que leurs rois qui généralement ne le sont
j amais trop. C' est pourquoi, au cours d'une époque qui exige
que l' artiste ne se contente plus d' étre l'instrument aveugle
et désintéressé de sa sensibilité, a une époque ou un besom
d' apurement de tou tes les valeurs fragiles ou périmées se lait
quotidiennement sentir, l'effort de Ozen[ant et de Jeanneret,
par son audace soutenue, marquera et se. développera comme
l'un des plus nécessaires qui ait jamais vu le jour.
Nous vivions trop pendant et apres la lettre ; Ozenfant et
J eanneret nous auront réappris a vivre un peu aDant.
i\Iaurice

RAYNAL.

Celui qui n'aime pas Wagner n'aime pas la France..... Ne
savez-vous pas que Wagner était Fran9ais? - de Leipsick.
..... Mais oui .....
Oublieriez-vous? ..... Déja? ... Vous?... un patriote? ...

..
Les Critiques sont beaucoup plus intelligents qu'on ne le
croit généralement ..... Aussi, veux-je devenir critique un petit critique - tout petit, bien entendu ...

•
Si je suis Fran9ais ? .....
Bien sur ...... Pourquoi voulez-vous qu'un homme de moµ
a.ge ne soit pas Fran9ais? .....
Vous me surprenez .....

..
C'est entendu :..... a la prochaine guerre, Ravel sera encore
aviateur - sur carnion automobile .....

�SCIENCES
·t·
?
Cet homme ne peut
Ne pas respecter les cr1 iques . ·····
etre qu'un PAS GRAND'CHOSE .... .
Surtout, ne le fréquentez pas .... .

TENSIONS ET PRESSIONS

.
'est pas Allemand ..... Il est seulement
Non: Samt-Saens n
rend toutdetravers,
un peu « DUR » de cerveau ..... I1 comp

"

sans plus.....
A son a.ge, on dit ce
:Mais il est de bonne foi, parbleu ·····
q u'on veut .....
. ?
Qu'est-ce que liª peut f aire .

..
.
.
plus un critique est bete, plus il est inChose curieuse . telligent .....
C'est a n'y rien comprendre ...
Evidemment ...

..
'Artn'a pas de Patrie, ... le pauvre ... Sa
Nous savons que l
fortune ne le lui. permet _pas ... Richard Strauss et Scham- ·
Alors pourquoi ne pas ¡ouer
· savez tout ...
Di
tes
e
her
monsieur
Laloy'
vous
qui
,
b erg ? .....

CI. -Compresseur ordinaire a 100 atin.
C2. - Hypercompresseur portant la pression exercée sur le mélange AzH' a 300 atm.
Ca. -Hypercompresseur portant la pression a 1000 atm.
P. - Puits de réaction enfoui dans le sol pour éviter les accidcnts dus a l'c:xplosion
fortuite d'une conduite.
p. - Purificateur.
Tl. - Premier tube catalyseur.
LI. - Liquéfacteur a courant d'eau, l'ammoniaque se condense en A et este:,,.-trait
en R; les gaz non combinés s'échauffent dans un second tube catalyseur T!•
L2. - Deuxi~mc liquéfacteur avec robinet d'extraction et conduite de retour pow
les gaz non combinés,

•••
De récentes recherches faites par M. Holveck, _préparateur de Mme Curie
du Radium, ont abouti a l'identiflcation de rayons « X » a

a l'Institut

grandes longueurs d'ondes avec certains rayons lumineux du spectre
solaire.

Ce résultat a été obtenu en partant des observations suivantes : les

Est-ce que Marnold ne ferait plus de critique? ... Ce serait
bien facheux .....
erte séminale •·· !
Que11e P
.
. . . UN PEU LA» le cher homme ...
Cornme comique' il eta1t «
'
ErikSATIE.

rayons « X » constituent une série d'ondes a longueurs diverses, selon
que ces ondes sont relativement grandes ou petites, on obtient des rayo ns
u mous &gt;&gt; ou des rayons « durs u. Jusqu'alors, les rayons &lt;( X » les plus
« mous u étaient loin de voisiner sur l'échelle spectrale, avec les rayons
lumineux les plus &lt;&lt; durs ))' 8. savoir, les ultra-violets.
Pour amollir au maximum les rayons (&lt; X &gt;l, M. Holveck a réduit au
minimum l'intensité du. champ magnétique qui projette, sur une petite

plaque métallique d'ou se réfléchissent les rayons «X», les éleetrons s'échafpant d'un filament incandescent.

I a constaté que plus le voltage était has plus la longueur d'une onde

�836

837

L' ESPRIT NOUVEAU

TENSIONS ET PRESSIONS

était grande, ll cette fin, il a ramené la tension, peu a peu, de 50.000 volti
a 25 volts.
Ayant, grAce ll ce procédé, obtenu des rayons de deux especes mais ll
peu pres de meme longueur d'onde, il a constaté leur absorpt10n analogue

et + 80°; son point de lusion est de+ 80° lorsque la pression atteint enviren 20 .000 kilos. M. Bridgmann a done pu lormer de la glace a une
température ou d'habitude l'eau est presque a l'éhullition.
On a constaté, d'autre part, des phénomenes é)ectriques consécutils

par un gaz déterminé, ces rayons sont done identiques.

Cette constatation a plutOt un intéret spéculatil que pratique. En ellet,

les rayons ultra-mous, obtenus a des tensions trés basses, sont des &lt;( har~
moniques » de la série des rayons ({ X l&gt;, mais leurs propriétés sont vrai~
semblablement incomparables a celles des rayons « X » engendrés par
de hautes tensions. Néanmoins, la continuité, ou plutót la liaison obtenue
ainsi entre deux gammes spectrales, offre une nouvelle preuve du métamorphisme universel. La vulgaire insolation est done, a la limite, une
radiographie que le soleil rious olfre gratuitement.
· En faisant varier la tension ou le volta.ge, au cours d'expériences sur
des phénoménes électriques, on agit comme lorsqu'on modifie la press,on
dans la plupart des expériences de physique.
A ce propos, nous signaJons les expériences d'un savant des EtatsUnis, le Dr Bridgmann, intéressant les hautes pressions, dont les
effets sont aussi curieux, pour le moins que ceux des·basses tensions.
M. Bridgmann a réussi A construire un tube assez robuste et assezétanche, pour supporter des pressions de 40 .000 atmospheres; mais il n'a
ellectué des mesures précises que jusqu'a 20 .000 atmospheres.
On constate a ces hautes pressions, Paugmentation extraordinaire de
rigidité des matieres usuellement plastiques ou molles. Sous 20.COO atmosphéres,la paraffinedevientplusrigide quel'acierdoux. (&lt; Le caoutchouc
mou, 8. ces pressions dovient dur et cassant, et se fissure comme du verre;
de l1acier doux en contact avec le caoutchouc pénétre 8. l intérieur des fissures de ce dernier, comme le ferait dans les circonstances ordinaires, une
substance plastique refoulée dans les fissures d'un corps dur. ,,
, L'étude la plus intéressante exécutée par len, Bridgmann, est celle de
l'eau. Tamman avait déja ohtenu en opérant jusqu'a 3 .000 atmosphéres
des résultats remarquables ; il constata, en dehors de la gJace ordinaire,
J'existence de deux especes de glaces di!férentes qu'il baptisa glaces 1\08 ll
et 111 ; la glace ordinaire ou glace N° I est plus légere que l'cau et son
point de fusion s abaisse réguliérement quand la pression augmente. A la
pression de 2 .200 kilos, le point do fu~ion est - 22°. Alors se forme,
quand la pression augmente, la glace N° III qui cst plus lourde que l'eau
et dont le point de fusion s'éléve quand la pression augmente. », .
« Au-dessous de cette te-mpérature, on observe également l ex1stence
d'une autre espece de glace, la glace N° 11, la distinction entre la glace
II et 111 s'établit de la lacon suivante: a la températurc de - 55°,_on
observe la translormation de la glace N° I en glace N° II sous la press1on
de 2.100 kilos; le phénomene s'accuse par un changement de volume;
roais la m8me glace N° I peut encare se transformer sous la press10n de
2 .250 kilos et l'on ohtient la- glace N° 111 dont le volume, a ces
memes température et pression, est dillérente du volume de la glace
N° J ou II. ,
1 M. Bridgmann a repris ces expériences, mais sur un plus v~ste domaine de P.ression 1 et il a constaté l'existence de deux autres variétés de
glaces qu'1l désigne sous Je terme de glace N° V et VI. Toutes deux sont
plus lourdes que l'eau. •
La ¡¡lace V a été observée entre - 10° et 0°; la glace VI entre -10°

a des

pressions exercées sur certains cristaux, tels que le quartz ou la

tourmaline. En 1883, Curie a découvert que la tension et la compression
provoquent l'électrisation de cristaux dont il est parlé ci-dessus. Curie a
trouvé que la quantité d'élcctricité produite est proportionnelle a la
pression. On a utilisé cette propriété, par exemple, pour mesurer les

pressions développées par les explosions dans les armes a leu et dans les
moteurs.
Si l1on soumet un sel de Seignette

a une tension convenable, on cons-

tate une dillérence de potentiel de 500 volts entre les plaques aboutissant
A l'appareil enregistreur, réciproqm-ment, si l'on applique au meme cristal une tension parei1le, iJ se tord lui-m8me ; soumis a un courant alternatif, il entre en vibrations et produ.it un son plus ou moins fort selon la

tension appliquée. Cette propriété a pu etre utilisée en téléphonie et a
donné a H. Me. Jean Nicolson, d'excellmts résultats. (1)

1

1

1

:Ir.A S"SfN'Ji."Bi:iSB

»B

:lo• A mi: M@ H :E A Q V B

Une des applications industrielles les plus récentes des prcssions élevées, est celle de la synthése industrielle de l'ammoniaque par le procédé

Geor~es Claude. La dillérencc qui existe entre ce procédé et celui imaginé
prim1tivement par Charles Tellier, le Pere du Froid, et perlectionné par
Haber, provient précisément, de la pression de 1 .OCO atmosphéres qu'on
a pu obtenir en vue de cette synthése. Celle-ci s'ellcctue par le mélange
de deux gaz azote et hydrogéne en proportions voulues, en présence d'un
catalyseur approprié et sou~s A une ~r~s forte pression. .

Le procédé allcmand de Lmde n'ut1hsant que des pressrnns de 150 ou
200 atmosphéres, Georges Claude s'arreta a l'idée d'employer des sur-

pressions, qu'on obtient tré~ économiquem~nt a l'aide d'un si_mple piston plongeur. Plus la press1on s'éléve, moms son augmentat10n coüte
d'énergie. Ainsi on peut dire que ce qui _coüte 2 pour comprim?r a 2CO at-

mosphéres, ne coüte que 3 pour compr1mer

a 1 .éCO atmospheres.

M. Georges Claude a déternuné la re)at10n exacte qm ex1ste entre la
preirnion et la température Alaquelle doit ~tre soumis le ca!alyseur .. .

A la pression de 2(0 atmosphéres utihsées par la Bad1sche Anilin, le
rendement en ammoniaque était de 13 p. 100 du mélange gazcux
soumis au catalyseur · a la pression de !000 atmospheres, le rendement est de 40 p. 100. 'La dépense supplémentaire d'énergie exigée est
extremement faible ¡ la température est d'envuon 60C0 •
Les deux gaz élémentaircs,. azote et ~y~og~ne, ut~s~s dans cett~ ~ynthese sont extraits : le prrm1er de la d1shllahon de I a1r atmospher1que
liquéfié dont les 80 p. 100 sont de l'azote;
(1) Ce mot est pris ici dans son acception mécaniquc,

�838

L'ESPRIT NOUVEAU

Le second de l'électrolyse de l'eau, ou encore des gaz résiduels des lours

a coke qui contiennent 50 p. 100 d'hydro~ene.

Nous donnons ci-dessous, le schéma au processus de la synthése de

MUSIQUE

l'ammoniaque (voir figure en tete de la rubrique science).
C'est la tension élevée des vapeurs qui permet de les condenser au sortir des tubes catalyseurs par simple refr01dissement.
Nous insisterons, une autre fois, sur le róle particulier des catalyseurs.

L'INTELLIGENCE
M. Auguste Lumiere a pu vérifier l'hypothese émise par lui et d'apres
laquelle n des produits toxiques secrétés par les racines des plantes ou résultant de la transfonnation des débris végétaux apres la chute des feuilles et la
mort des plantes annuelles » (1) pouvait jouer un rOle dans Je fait que la
végétation est ralentie pendant l'hiver et ne se réveille qu'au prin-

DANS L'&lt;EUVRE MUSICALE

temps. 11 suppose que le temps qui sépare l'automne du printemps est
m atériellement nécessaire

a la nature pour la

destruction par fermenta-

tion, oxydation ou dilution et l'entra!nement, par les pluirn, des produits

toxiques antérieurement .secrétés.

Cette idée s'est trouvée vériliée par l'expérience. M. Lumiere a utilisé
un échantiJlon de terrean qu'il a partagé ; apres avoir soumis un des lots
a des lavages répétés A l'eau distiJlée et avoir simplement arrasé l'autre
lot avcc le meme liquide, il a constaté qu'A la tcmpérature du laboratoire,
Je premier lot se recouvrait de petites herbes au bout de quelques jours,
tandis que le second lot restait stérile.
IJ en déduisit que Je lavage avait éliminé les produits s'opposant /J. la
germination des graines.

M. Lumiere a pu extraire, par épuisement, les produits solides stérilisants qui, dissous dans un litre d'eau, utilisés comme arrosage, se sont
opposés en toutes saisons a la germination.

Si I'on parvient a déterminer les procédés de saturation ou de destruction de ces substances, on aura frut réaliser /J. la culture un progres au
moins équivalent /J. celui que suscita la synthese etl'utilisation des engrais

nitrés.

Peut-etre le rOle de ces derrriers sera-t-il completement changé une fois
l'étude chimique des substances stérilisantes plus avancée.
II faut toutefois noter que les phénomenes de symbiose consistan\ en la
nitrification du sol par des micro-organismes, présente un maximum d'activité Ala fin de la saison hivernale. D'ou il résulte que cette rritrification
ne s'eflectue également qu'apres l'élimination des substances en question. II y aurait done Iieu de déterminer si nitrification et germination
restent solidaires ou deviennent indépendantes.
Paul RECHT,
(I} Promenoir.

M. Charles Kcechlin, dans un article « La Musiqu.e, plaisir
d,e l' esprit, ou jouissance sensuelle », oppose intellectualisme a
sensualité, intelligcnce a sensation, et cherche a dégager la
part de chacun d' eux dans l' ceuvre musicale.
Tout en admettant « la sensibilité qu'une belle intelligence
équilibre », l' ceuvre musicale est avant tout, pour M. Kcechlin,
« le passé de l' artiste, ses amours, ses haines, sans oublier
son intelligence ». «L'intelligence n' exige qu'une sorte d' ordre
apparent ». « C'est u.ne logique intime qui s'ignore elle-meme.
Cette ignorance est précieuse ».
M. Kcechlin ne veut pas de la science « qui philosophe sur
les raisons des choses, explique les pourquoi et les comment »
- de la Raison qui détermine. Il leur préfere « le mystere » de
la création, et « un art si divers, si riche d'inconnu non encore
exprimé, qu' on ne voudrait point dire de fa&lt;,on certaine ce
qui arrivera ou ce qui n' arrivera pas ».
.
Enfin, « pour la vraie ,logique musicale, elle est d' ailleurs
imprévisible, diverse extremement et ses lois restent cachées
dans un profond mystere "·
Nous regrettons que M. Kcechlin ne s'exprime pas en
Revue Musicale de mars 1921.

��842

L'abondance des matieres nous oblige a remettre
au prochain numéro la RUBRIQUE BIBLIOGRAPHIQUE.
ainsi que la suite des féponses A NO'rRE ENQUiTE :
DOIT-ON BRULER LE LOUVRE.

L'ESPRIT NOUVEAU

superflue. L' auteur a parfait son reuvre au dehors de 1ui,
comme une belle cho se, pour la délectation d' autrui. 11 est des
reuvres trop longues ou trop courtes qui ne satisfont pleinement ni l'intellect, ni les sens: absence de plan, ou planinsuffisamment con,;iu, ou modifié en cours de route pour telle raison
secondaire.
11 est des musiques coÍnme l'imprassionnisme, qui ne correspondent plus aux ten dances de notre époque. 11 est des musiques
d'autres époques qui ne nous satisfont plus pleinement : Beethoven, le preiniei des romantiques, auquel- nous préférons
Mozart et Bach. Pourquoi ? Parce que nous nous lassons de la
prédoininance exagérée d'une personnalité. Bach et Mozart
nous offrent des architectures s'équilibrant presque d'ellesmemes, par la force des choses (musicales) ; de temps a
autre apparait lurtivement la main du créateur, comme pour
ordonner Inieux encare un équilibre stable déja par soi-meme.
Il est une généralité qui nous touche plus profondément
qu'un fait isolé.
Beethoven, c'est le drame d'une ame et notre subjectivismc
s'y laisse prendre. \Vagner, c'est la fusion entre la musique et
l'art scénique, forme d'art inférieure puisque la musique y
partago sa force entre le Ver be et le Geste.
L'art de Beethoven et de \Vagner se perpétue en Allemagne,
ou il est né, parce que l' Allemand n' est pas encore une race
arrivée asa maturité artistique. La musique d'un Schcenberg,
d'un Bartok en sont un exemple. L' Allemagne en est encare
au romantisme individualiste.
L' art des Cubistes, d'un Picasso, d'un Gris, des Puristes,
déclanche des réactions collectives, objectives, parce qu'il
n' est pas l' expression primaire des sensations et des passions,
mais leur transposition dans un ordre supérieur ou l'intelligence agit et trouve de hautes satisfactions.
Albert

JEANNERET

LECTEURS,

Vous nous donnerez une preuve de votre sympathie en nous indiquant ci-dessous les noms et adrult
de, personnes que vous croyez susccplibles de s'intéresser d: notre Revue. Nous enverrons a chacune un
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160 P.4.GES IN-IJO .4.U MINIMUM

Chaque mois elle publie un BiUet Parisilfn d' André Salomon, réstbnant la vie artistique fra~e.

Rédacteurs : André de RmoER et P. Gusta ve VAN HEcKE.

Internationale mais non internationaliste, intersociale, mais non socialiste, la

Re•U$ de Geni•e est une revue de liaison inteJJectuelle et de .documentation ori-

SOMMAIRES DES NUMÉROS PARUS A CE JOUR
· SOMMAIRE DU N° 5. - La Section d'Or, par Florent Fels. - L' Art nouveau, par Wale
démar George. - Musique nouvelle, par Paul Collaer. - Les lithos de Marie Laurencio, par
André de Ridder. - Les Arts A Paris (III) par André Salman. - Notes, remarques et nouvelles.
muvres de L. Survage, Férat, Archipenko, Lambert, Marcoussis, Duehamp-,Villon, Laurens,
G. Buehet, Angiboult, Tour Donas, Jacques Villon, Fernand Léger, Georges Braque, Albert
Gleizes, Marie Laurencin, - Couverture de Géo Navez.

SOMl\.lAIRE DU N° 6. - André Foy, par René Bizet. - Foujita, par R. Rey. - Valentine
Prax, par Marcelo Fabri. - Fernallde Barrey, par L. Aressy. - F:rans Masereel, par Paul
Colín. -JuJes Vermeire, par André de Ridder, -Les Arts a Paris (IV) par André Salmon. Les écrits d'Ensor, par Paul Fierens. - Notes, remarques et nouvelles.
CEuvres de A. Foy, Foujita, V. Prax, F. Barrey, F. Masereel, J. Vermeire, James Ensor. Couverture de Joseph Cantré.
SOMMAIRE DU N° 7. - L'art de ne pas savoir peindre, par P. G. van Hecke. - Albyn
van den Abeele, par André de Ridder. - Gustave van de Wrestyne, par .Fmnz Hellens. Prosper de Troyer, par P. C. van lleche, -Creten Georges, par Paul Fierens, -Léon de Sm_et,
par Francis Careo, - Les Arts a Paris (V) par André Salmon. - L'exposition de Gen~ve, par
Fr&lt;mfOÍS Gos. - Notes, remarques et nouvelles.
CEuvres de A. van den Abeele, Gustave van de Wrestyne, P. de Troyer, Léon de Smet,
Georges Creten, Marie Laurencin. - Couverture de Georges Creten.
SO:MMAIRE DU No 8. - La jeune peinture fran9aise, par André Salmon. - Art anclen,
Art nouveau, par André Lhot,e. - La nouvelle peinture, par André de Ridder. - Interview
devant le roiroir, par P. G. van Hecke. -Liberté et Tradition, par Paul Fierens, - Paris, Paris.,.
par Franz Hellens,
CEuvres de A. Deratn, A. Lhote, B. de Warocquier, M. Gaillard, Ch. Dufresne, A. Favoy,
O. Friesz, M. Laurencin, R. Durey, BissiCre, Bischoff, Dunoyer de Segonzac,Corneau.-Cou.
verture d'André Derain.
PBIX DU NUMÉRO. , •••••• , •• , •••••• , , .. , • , , • , , • , , , • •

ABoNNEMENT o'UN AN. • . • • • . • • • • • • • • . • . • • • • • . • • . . • •

3

ginale. Seule, elle joue ce rOle nécessaire a une époque qui, apres tant de bonleversements, réclame qu'on reconstruise. Dans ce chaos douloureux, elle cherche a
retrouver les lignes directrices ; elle contribue a préserver nQtre civilisation soumise a tant de menaces.
Chacun de ses numéros se divise en trois rubriques. Une premiare partie contient
des reuvres d'imagination, des études de caractére général, des es~ais politiquea,
historiques, critiques. La seconde partie donne des 1&lt; Chroniques nationales ». Iesquelles sont rédigées par des ressortissants des pays dont elles traitent. Tirant la
philosophie des événements, ces chroniques fournissent des vues d'ensemble et
. donnent un tablean comparé, une image synthétique du monde moderna.
A ces « chroniques nationales » succéde une 1&lt; chronique internationale » consacrée A retracer les efforts des peuples non plus pour s'affirmer, mais JtOur s'entendre les uns les autres. On y trouve l'analyse des grands problemes q:m se posent
A toutes les nations en commun, la libre discussion des diverses inst1tutions universelles dont Geneve est le siege, le coinpte-rendu de l'activité internationale dans
le monde entier.
La R ePU$ de Genive compte parmi ses collaborateurs: MM. Maurice Barres, René
Boylesve, Georges Duhamel, Edouard Estaunié, Georges Eekhoud, Elie Faure,
Daniel Halévy, Emile Henriot, Edmond Jaloux, Camilla Mauclair, Pierre Mille,
Edmond Pilon, Henri de Régnier, Jean Richard-Bloch, Jules Romains, André
Suares, J.-J. Tharaud, Albert Tbibaudet, Jean-Louis Vaudoyer, Benedetto Croee,
G. Ferrero, Piero Jahier, G. Papini, Vilfredo Pareto, G. Prezzolini, Joseph Conrad,
George Moore, Bernard Shaw, J. Sangwill, Arnold Bennett, J ohn Erskine, Charles
Macfarland, E. Curtius, F. W. Forster, Freud, H. Kessler, Heinrich Mann, W. Ratenau, J. RedHch,Maxime Gorki, Kouprine, Remisov, Sologoub, J. Bojer, Geijerstaním, Per Hellstroem, Jules Andrassy, Fr. Riedl, J. de Voinovitch, Andreades
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artistes italiens et étrangers dont l'im¡;ortance peut étre considér€e comme cardinale, en
dehors de tout préjugé esthétique ou d'école .
. Nous y reprendrons sur de nouwllcs bases esthétiques et critiques l'étude d'artistes
dé¡d consacrés par la renommée. Aiais notre attention se portera principal.ement, dans
le but de les identifier et d1 en fafre ressortir la "aleur, sur l'reu(lre d'art-istes 9ui b'ien
qu'inconnus encore, apportent néanmoins une contribution a la connaissance mtégrale
de l' al tipité réelle et de.s ten dances artistiques de nos jours.
Chaque Mlume sera consacré d un ou plusieurs artistes, sur d' ceuvre desquels noas
donnerons un lar ge aperr;u critique dú d la plume d'un des meillcurs écriPains cho-isi.s
parmi nos collaborateurs. Chaque rolume ne contiendra pas moins de 24 pages de texte.
AJ ais la caractéristique de cette collection et ce qui en jera la c.·aleur, ce sera sa
documentation grap/zique. Jrous appelons sur ce point toute l'intelligente attention de.
nos lecteurs qui trouveront dans les 32 nprodi:ctions thoisies dans freuPre totale de
fartiste un large matériel d'étude. Ces reprcductions com,titua,.t, ¡:ar la finesse et
l'ori&amp;inalité au ¡ rccédé ¡:,hol_cf'!;'[i~zw ado¡,té, un mcdlle tarfait dans son
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                    <text>llaldóa
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ALBERTO TESCIIE

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No fué Pérez Galdós escritor muy dado a cultivar una cómo&lt;la simbología en sus novelas, talvez
porgue siempre tuvo el entero valor de encarar la
reah&lt;lad de su época llamando al pan, pau, y al
vino, vino. Ni en sus Episodios , en los que trató
las más delicadas cuestiones históricas, de esas
que los pueblos veneran como a las imágenes en
los templos; ni en sus Novelas Contemporáneas, en
cuyas páginas mostró viva y palpitante a la sociedad 1 al pueblo espaiíoles de promedios del pasado siglo, co11 sus virtudes y sus defectos, con sus
pasiones incestuosas y sus rigorismos fanáticos,
Jamás don Benito buscó fáciles eufemismos o revesadas alegorías a fin de diluír al uno por mil
sus ideas, que siempre fueron firmes y resuelta~.
Los símbolos, cuando intervienen en sus novelas,
-

I

-

�constituyen un simple recurso artístico, que en
ningun caso perturba o Yiolenta la naturalidad del
asunto. Porque Galdós, como Zola o Tolstoy, tuvo siempre la firme conciencia de su labor, cuyo
profundo y a veces apasionado arraigo humano le
costaron más de una mordeJura y más de una
póstuma reserva de gratuitos enemigos que no pudieron tener esa noble entereza de que dió pruebas
Pereda cuando escribió ccSotileza)} para refutar a
«Gloria&gt;), como don Benito había replicado con
esta su novela a «El escándalo)} de Alarcón.
La acción ideológica que se con vierte en motivo
alegórico o en prédica doctrinaria campea y suele
ser frecuente en algunas de sus obras: ahí están
«La primera república)}, ((Nazarin)), «Tarquemada)), «Miau», «Amadeo I», «El caballero encantado)), (cRealidad)). ccLa sombra)~, en cuyas
paginas puede estudiarse en toda su amplitud la
ideología galJosiana y la realidad del problema
espaiiol, Hombre de su época y Je su hora, don
Benito fué un realista en el más amplio sentido de
la palabra y como tal siempre vivió preocupado
del progreso de su pueblo y del advenimiento de
las nuevas ideas que comenzaban a transformar
las instituciones en el continente.
Ninguno antes que él, ni Feijoo, ni Jovellanos,
ni Larra, sintió más por lo vivo el problema social
y moral de su pueblo: sus Episodios y sus Novelas Contemporáneas constituyen la más alta glorificación y la más dolorosa censura de un país en
cuyos hechos anJuvieron siempre fundidos en estrecho maridage el impulso noble y el ruín fana-

2

--

tismo destructor; que suele volar en alas de las
grandes aspiraciones o arrástrase cegado por la
venganza y la inconciencia.
Pérez Galdós, que fué el más elocuente vocero
de su raza: que escribió la epopeya de un pueblo
durante un siglo, pensó también a tiempo como
Costa y antes de la triste guerra de Cuba, que
Espaua debía ponerle doble vuelta de llave al
sepulcro del Cid.
NAZARIN

¡Nada más triste que un apóstol colocado fuera
del medio que le debió deparar el destino! Nazarin
pudo nacer y vivir en el siglo trece, en los tristes y
obscuros atios medioevales, de inquietas superticiones y fatídicos terrores; pero, en los ajitados
días de la pasada centuria, su presencia no podía
constituír más que un romántico anacronismo.
Nazarin, apostólico, ungido con el óleo de la
Iglesia y arrojado de ella por encubridor de livianos pecadores; Nazarin, capaz de vivir tan sólo
aiiorando días mejores que los actuales de crudo
materialismo; Nazarin, místico empedernido e incorruptible, protector de tristes rameras y de astrosos vagabundos; Nazarin, pobre y piadoso como
el santo de Umbría, es el símbolo del cristiano
puro, del varón evangélico; una especie de Cristo
perdido y claudicante, sin más discípulos que sus
misérrimos protegidos.
Y corno la Iglesia y sus fieles no conciben santidad sin ortodoxia, be aquí que Nazarin no pasa

-3-

�de aparecérsele3 sino como un herege, un simple
prevaricador, que en el severo antaño inquisitorial
hubiera llegado a purificar sus faltas con sus carnes temblorosas tostadas sobre los carbones encendidos del Santo Oficio.
BENJNA

¡Qué obra tan triste y desolada es aquella inolvidable «Misericordia)) del maestro! Casi no se
lleQa a pensar en una novela porque el asunto y
la mtriga no existen: sólo nos la imaginamos como
un cuadro, como una escena animadísima, como
una tajada de vida, que decía el poeta.
Benina, mujei· del pueblo, resignada y querendona, encarna el tipo de la criada fiel. que sólo
vive para la casa en la cual sirve. Tras contínuas
dilapidaciones, su patrona viene a menos y se encuentra en la indigencia y acaso caería en la miseria si Benina no llegase hasta la vecina iglesia
a tender la sarmentosa mano, aguardanuo la
limosma que ella sabrá convertir en el pan de cada
día para el hogar, sin que su patrona logre saberlo. Una maíiana, al regresar Benina, encuentra
la buena nueva de que ha llegado una herencia
providencial y con ella la hora de su infortunio,
porque la arrojan de la casa pagando toda su
abnegación con una dádiva.
Benina, en medio de los mendigos, tiene el valor de un símbolo: es toda la humanidad que aún
se revuelve en la miseria y que, en su inconciPncia, parece ser feliz porque no tiene más preocupación que la del avaro mendrugo.

-4

¡Cuánta ternura) cuánta misericordia íluye de
esta _abnegada y compasiva figura de mujer! ¡Cómo rnteresa y conmueve también, en medio de ese
ambiente popular, la figura resplandeciente del
ciego Almudena, Job astroso con el ce1·ehro poblado de estrellas; estraiío peregrino de todas las
tierras con alma de romero, que sabe de gnomos
y mujeres ir-leales, que nunca vislumbraran sus
pu¡~ilas sin l_uz, J que llega a enamorarse de la ya
anciana Benma, porque ella no es más que una
ilusióu!

T ORQUEllADA
La trilogía novelesca de Torquemada podría tener un subtítulo: historia moral de un hombre a
quien no redimió el dinero. En vano, en su miser~ble vida, recibe a tiempo las terribles anticipaciones de la mue~~e,-cuando caen su hijo ) su
esposa-porque lorquemada, tras una leve inquietud, que se traduce en obscuro remordimiento religioso, vuelve a ser el implacable avaro de
siempre; sigue .sintiendo la nostalgia de su cuchitril de los barrios bajos, que le obsede más que
nunca en los momentos en que Lodos se inclinan
ante él, cuando ha subido más alto y es banquero
y noble y senador y se le consulta y se le adula. No;
Torquemada no es feliz: su naturaleza ruda, su
mezquindad ingénita, añoran la libre miseria de
su madriguera- usuraria, donde no se veía crucificado en medio de las convenciones sociales, a las
que nunca podrá adaptarse. En vano su cuñada le

-5-

�prepara un camino de seda para sus éxitos, le
franquea las puertas más cerradas, le habla del lujo,
de la elegancia, de la opulencia y de los caminos
beatíficos de una salvación ultraterrena, porque el
adusto Torquemada, tras entregarse, se fatiga, se
asfixia, en un ambiente para el cual siente no
haber nacido y muere casi tan impenitente como
ha vivido, tan avaro y tan egoista coino siempre,
porque en su sórdiva comprensión de la vida jamás se &lt;lió a cavilar formalmente en otra posibilidad que en la de sus negocios terrenos, en los
cuales la religión se le aparecía cual uPa simple
transacción, como un contrato bilateral con el Ser Supremo, que para él sólo le significaba el interés de
la salvación, pues su conversión podía ser tanto la
de su alma corno la de sus valores.
Talvez sólo en el caso del Angel Guerra don
Benito intentó tan com_pieta y profunda anatomía
de un alma: el carácter fuerte, amargo y rudo de
Torquemada, estudiado a través de todas sus adaptaciones momentáneas, que no logran aminorar
su codicia ni debilitar su fiero egoísmo, a pesar
de la muerte de su hijo y de su esposa, y a pesar
también de la implacable acción de su cuiiada que
se vale del misionero a fin de ganar para la piedad
aquella alma de prestamista, buscando el último
camino de su futura redención, constituye un estudio sencillamente admirable, una creación imperecedera del maestro.
El alma estrecha y mezquina de Torquemada,
que sólo supo vivir obsedida por los bajos intereses materiales del debe y del haber, no logró lle-

-

6 --

gar a su purificación a través ele ninguno de los
camino.s porque, más fuerte que la muerte, foé su
codicia.
ANGEL GUERRA

Alma f?rjada en el fuego de una pasión, espíritu encendido e~ la f~ de un convencimiento profundo, revoluc.10nar10, descreído, lanzado como
una flecha certera en la dirección de una finalidad,
Angel _G':erra se e~amora un día y abdica ante
el senllmwnto hu1mlde y ante el penetrante misticismo de una mujer. Ella pasa a encarnar un ideal
y este ideal crea en él la religiosidad de un fuerte
amor: Angel ama ~ Leré y Leré le corresponde a
ese su amor ofreciéndole su fé y su cristiana virtud; él ha llegado al amor a través de la divina
sug~sti?n que la belleza
ella ha ejercido en sus
sentrnuentos; su conversión, más que obra del razonamiento, lo fué del amor.
El sentimiento anticipó aquella conversión, ahorrando la necesaria crisis que debió consumir a
A_ngcl Guerra? ¿~c~so la pasión por Leré era el
disfraz d~ una cns1s moral más honda? ¿O es que
la fcme~ma suge~,ti_ón llegó en el momento en que
la reflexión rnetahs1ca haeía consumado la crisis?
No: Angel Guerra se debe a un accidente tan instantáneo como profundo: la influencia de la belleza y de la correspondencia amorosa le mueven a
ser un revolucionario arrepentido, que se ' transforma en un converso melancólico. Su amor no

?e

-

7 --

�se trans1nula en una divina pasión mística, sino
que en un fuerte y real objetivo humano.
LEÓN

Roen

A León Roch le acontece lo contrario que a Angel Guerra: acaso ha partido del mismo punto que
este, ya es un libre pensador tranquilo, escéptico
e indiferente en materia de fé, que sólo sueña en
cumplir con un deber patriarcal formando una familia; pero, al unirse con María Ejipciaca, la mística y santa mujer, que sólo vive para Dios en el
seno de la Iglesia, se da cuenta, aunque un poco
tarde, que ella en realidad no le pertenece porque,
en todo momento , le pospondrá a su deber, a su
esclavitud espiritual, a su vínculo religioso. ¡Pobre indefenso León Rochl ¿Qué podrá él contra
la acción del confesionario, contra la constante
presencia de Dios que embarga la débil voluntad
de la esposa? Sólo el amor podría redimir a Maria
Ejipciaca, devolviéndosela entera, pero el amor se
ha helado en su corazón cediéndole su dominio al
deber, a la obediencia que el sacerdote le impone.
En vano León se desespera y sufre y cavila porque toda una tradición ha moldeado el alma de
María; todo el sentimiento de una familia conformó t;U carácter a una estrecha norma de ccnducta;
sentimiento de una casta en la cual, como tan justamente observaba Clarín, so daba toda esa terrible
variedad del católico, que el novelista estudió de
mano maestra: catolicismo de padres a hijos,

-8-

mantenido antes por sumisión que por libre exámen.
Allá, en lo más remoto de sus sueños, León
Roch había soñado con un hogar tranquilo, en el
cual el dulce contacto de la esposa hubiera mantenido el perfecto acuerdo, el calor del vínculo sagrado que pide la Iglesia; sin embargo, la realidad sólo le hace sentir su terrible aislamiento y la
absoluta ausencia de ternura.
María Ejipciaca no ha sido, no llega ni puede
llegar a ser livíana, pero es indiferente contrariando su temperamento sano y viril: sin quererlo obligará a su esposo, en su completa ausencia mística,
a encontrar lejos de su hogar el amor de una mujer. Y he aquí, entonces, el milagro de la vida y
del amor: en María l!;jipciaca los celos, los celos
encendidos y ciegos, se sobreponen al obligado
misticismo y resucita, en todo su calor, la mujer
que reclama sus derechos, la hembra que ha despertado para arrojarse al cuello de su esposo, de
lo que le pertenece, de lo que nadie le puede quitar; la mujer que defiende los derechos del amor
con toda la fuerza de su instinto, como Fortunata,
la apasionada, la fuerte, la grande, la única: mujer por sobre todos los convencionalismos, por sobre todos los derechos, porque en ella duerme la
vida que se multiplica, el hijo que ha de nacer
de un beso fecundo.
JosÉ MA.níA
José María, el indiano adinerado de «Lo Prohibido», casi vale por un símbolo único: él repre-

9-

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scnta el &lt;linero que soborna, veja, adquiere honras
J troncha felicidades, y acelera el propio sacrificio. José \laría es la fortuna opulenta y la tentación codiciada, en un hogar &lt;le mujeres frívolas.
María Juana, Eloísa y Camita, las tres hermanas,
frenLe al primo adinerado, presentan un cuadro
completo de ambiente social, de una clase pobre
que ambiciona gozar de las prebendas que ofrece
la riqueza. José María enamora una a una a sus
tres primas: María Juana y Eloísa se entregan
porque el para ellas irresistible dinero sustituye
eón ,entajas al amor; sólo Camila, la menor, se resiste~' no se rinde al burlador profesional: su virLud
sencilla y fuerle está a prueba de flaquezas, y su
honestidad tendrá su compensación en el fin poco
edificante de José .\1aría, a quien consume pronto
su sensualidad y le hace presa de horrible parálisis, postrando su cuerpo tembloroso, hasta que
sucumbe al golpe de una muerte demasiado pronta.
lle aquí, encarnado en José :\Iaría, un nuevo
aspecto del donjuanismo moderno, que sabe trocar
los recursos del fácil amor en armas de Satanás.
El indiano, el primo opulento, represen La al buelador práctico, que tan bien se acuerda con la desmedida cuanto amoral ambición del lujo en la
sociedad &lt;le nuestros días. José .\1aría no es el sctlncLor apasionado, sino que el fr:o sobornador &lt;le
la ,irLu&lt;l, que promete boato, htjo, ostentación a
cambio de la honra, del placer sensual, conquistado sin otros esfuerzos que el de un fácil y sucio
convenio. anticipo del vicio y escuela de la prostitución.
-

10 -

Anle el adinerado seductor ,se rinde Eloísa a
cambio de lujo, J de esta manera querrá también
el ricacho obtener la fácil concesión ele Camila,
tras ele seducir a la hermana mayor.
Lms Go:-.zAG.\
Por el , asto escenario en que se desarrolla la
comedia humana en la novela de Galdós, suele
cruzar más de una seráfica figura que, como la de
Nazarin, &lt;leja tras su presencia una estela luminosa. Es el caso místico del ingénuo J adorable Luis
de Tellería, en e&lt; La familia de León Boch», que en
su corta e-xistencia sólo trató de realizar la más
perfecta )' orlo&lt;loja imitación de Luis• Gonzaga, el
san lo.
Temeroso y escoudi&lt;lo de sí mismo, con tremendo cilici~ cc1iido a su cuerpo, buscando c-n
todo la mortificación; anacoreLa consumido por el
apasionado amor de Dios, este nuevo Luis Gonzaga
realiza el raso de la más perfecta e inútil santidad
en el seno de la iglesia. Su religiosidad no hizo
sino buscar por todos los caminos la proximidad
de la muerte, para llegar pronto a gozar de la
eterna bienaventuranza. Como Teresa la santa él
decía a cada instante que moría de no morir: "Si
me envanezco demasiado de morir, queridas de
mi alma, puede que Dios me castigue, condenándome- a vivir algún tiempo más.&gt;&gt;
Gust:iba de la soledad y por las mañanas se pasaba la.s horas muertas de hinojos en la iglesia,
cslrcmando el cotidiano ejercicio purificador de su

-

])

-

�alma blanca. Casi no tomaba alimentos, a pesar
de que su leve cuerpo no los necesitaba, pues no
era más que una lámpara transparente, en cuyo
interior agonizaba la llama de su vida como un
suspiro. Por las mañanas solía advertir la servidumbre que su lecho estaba intacto: era entonces
que Luis había mortificado una \'ez más sus carnes pecadoras durmiendo en el piso duro y helado. Con los ojos fijos en el suelo, jamás levantó
sus pupilas para mirar a una mujer que no fueran
su madre o su hermana María Ejipciaca.
Cuando los médicos le anunciaron el mal irremediable que agostaría pronto su vida, Luis sintió
un gozo inmenso, contribuyendo a acelerar su
próximo fin con toda clase de privaciones y con el
rechazo de las medicinas obligadas.
una noche, sentado en el jardín, en suave plática con su bienaventurada hermana, rindió su
alma en un sÚspiro. «Su cabeza se fué inclinando
lentamente del lado de su hermana, hasta que cayó
sobre el hombro de ésta, como si le rompieran las
vértebras del cuello. Cerró los ojos, de sus labios
salió leve suspiro, y se murió como un pájaro que
se duerme.» Tan edificante como su inútil vida
fué la angélica muerte de Luis.
GLOnrA

Contra el torcedor de su conciencia, que le impone el sometimiento a la autoridad social, religiosa y familiar, se rebela la conducta de Gloria,
mujer que no ignora los convencionalismos que la
-

12 -

rodean. Todos los suyos viven en olor de santidad
y su padre sólo piensa educarla en el sagrado
temor de Dios. Pero, un día llega hasta ella la
revelación presentida en medio de su religiosidad
y de sus lecturas: es el amor inesperado, el amor
triunfante que arriba con el judío Morton.
Más ¿podrá Gloria entregar su corazón a un
hereje, a un impío? Contiene ella su primer impulso; cierra su pecho con doble llave a un sentimiento que, según se lo anuncia el anatema de su
tío el obispo, constituirá su condenación. Calla y
se resigna Gloria, confiando acaso en el lenitivo
del tiempo. Pero el amor es fatal como la muerte
y mientras más se le rehuye está más cerca: si
Morton se aleja de su lado, sabrá tornar pronto llegando a sofocar el pecho virginal de la dulce niña.
Entónces la pasión hinca su garra implacable y
Gloria sucumbe ante el infiel. Es el rayo trágico
que ha venido a estallar sobre los suyos: ILa hija
de un Lantigua deshonrada por un judío, por un
enemigo de su religión! Esa herida es demasiado
honda para no quebrantar las energías más enteras: el padre de Gloria sucumbe, fulminado por
aquel rayo iracundo. iAh, fatalidad ciega e inevitable! cPodrá el amor reitañar toda la sangre de
esa herida en el corazón de Gloria? \!Podrá el recuerdo del padre muerto no llamar cada día a la
conciencia de la hija culpable?
Gloria ha obrado bien porque el esposo elegido
es digno de ella. cAcaso debió rendirse a la potestad paternal, que le imponía la disciplina inflexible de la estéril autoridad religiosa? Más _que ah-

"

�negación el medio le exigía un inútil sacrificio, el
sacrificio de su vida y de la libertad del espíritu.
El exagerado ambiente de falsa religiosidad preparó la catásLrofe de su honra, que tuvo por consecuencia la muerte de su padre, y rebajó en ella el
puro sentimiento maternal de la mujer a quien el
amor dignifica y sublima. Mujer, grande y fuerte
al fin, Gloria comprende que no puede existir para una madre imperativo más categórico que el
amor del esposo y del hijo de sus entrañas: así
cuando, enferma, casi moribunda, huJe del lecho,
camino del convento que le imponen los que prepararon su sacrificio, comprende el error monstruoso que va a cometer y emlereza sus pasos
hacia donde se encuentran su hijo, el hijo de su
amor único y el esposo, que la aguardan rebosantes de ternura. Gloria llega a morir junto a
ellos, donde e~t/Í la mitad de su vida, lejos, muy
l~jos del fanatismo estéril y egoísta.
La primera y la última rebelión de Gloria la
dignifican y la enaltecen: es la mujer, es la esposa y es la madre la que ha abierto los brazos al
que llegó un día al hogar para libertarla del seuo
de la familia de los Lantjgua, donde todo se rendía ante la autoridad familiar o ante la potestad
religiosa. Su caída no fué el desliz de la mujer
liviana, sino el acertado error Je la mujer apasionada que, en foerza de amar ciegamente, sólo llegó a concebir la vida como un acto de amor, divino fuego que todo lo consume y todo lo purifica.

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vivido y trabajado
y eras el cuerpo de un hombre coloso
recio en la planta y nimbado
como todo arquetipo plenam~nte acabado
de una fina dulzura de reposo...
'

II
TRONCO de roble: en duros muñones
llevaste miel de panales·1
'
y cerraste el ciclo de las estaciones;
y hubo para todos, en las profusiones
de tu copa...
Anidaron pardales
en el entronque de tus ramas capitales
y cubrieron del suelo patrio los desaarrones
tus flores y tus hojas otoii;iles ...... "

III
GLORIOSO cráneo, arrebujado
entre los pliegues del paño listado,
sobre el que ful~es como diadema,
hé aquí, en sobrio emblema,
tu vivir figurado:
ta alma que sale a la quietud suprema
por el reBqnicio hendido
del capullo de seda que ella misma ba tejido ......

�Vll

IV

TU En
habías trabajado....
labor de gañán y de obrero,
Artista, empleado
cuotidianamente,
tú habías trabajado;
párroco de la mente
habías sido; y minero;
y, en agrio campo, curvado
sobre los surcos, labrador;
y leñador...... y sembrador;
y anudando al futuro los hilos del pasado,
tejedor;
ambicioso como un coustToctor;
sobrio como- on soldado.
Y así tú qoe, en tos manos, habías sostenido,
por la vida adP.lante, sin buscar un atajo
y en lo más doro más enardecido,
todos los instrumentos de trabajo,
finalmente debfas
descanzar;
y en la paz de tus blancas profecías
11 medio granar,
hoy te duermes, tal v'ez porque ya no podías
trabajar....
V
eterniza
DESCANSA;
tus postreros latidos en quietud de ceniza,
corazón, de latir fatigado;
párate, emplea
toda la eternidad en tu última idea,
cráneo, en el idear, tenazmente probado;
antorcha viva el cuerpo muerto séa,
y en tu final trasiego depura.do,
divinamente quieto, créa, créa....

VI
REA, a IR. luz de estos blandones
que te dan una mística traza.
la amargura de tus segundones
y la orfandad vacía de to raza,
Créa el dolor y el arrepentimiento;
deja de ser, para que te deploren;
la amoutación de tu muerte, un momento
valga,"a tu pueblo, de recogimiento;
y los que no pensaron, haz que lloren.

C

-

18 -

GLORIOSO cráneo, esquilmado
en el desgaste product0r;
noble corteza de un a.&lt;;tro, apaga.do
detrás de una montaña de labor;
arco roto, resorte relajado,
labio calla.do,
manantial detenido en su hervor:
merma el orbe. privado
en tí, de un sentido;
y tu progenie otea lo porvenir, inquieta,
porque. desde hoy, tendrá, en su recorrido,
un camino de menos para alcanzar la meta.
Maestro: tu labio se calla
cuando más fiero a nue~tro lado
el huracán estalla..... .
¿por qué nos has abandonado
en lo peor de la batalla?

VIII

S ~; yenturbia
el aire en un vaho iracundo
gritos de odio y de saña
roC'1piendo están de la tierra la entraña
en parto infecundo,
¿por qué doblar el cuello también a la guadaña
tú, que eraq un gesto del mundo
y una manera de España? ..... .

IX
coautor con Dios de la Patria; preveo
que mañana, en tributo pigmeo
la oficial caravana
hilará vanidades sobre tu mausoleo;
para ella, la piedad de tu ~onrisa humana·
~iempre es pequefio el muro cuando es gra:ide el trofeo;
no queda voz que, de tu gloria invicta,
no tiemble, al peso poderoso;
el silencio es tributo forzoso
cuando muere el que dicta.

v1~

X

en paz: te aguardaremos, en un dolor de ansencia,
perpétuamente a nuestro lado;
y en toda lucha nueva y en toda nueva urgencia,

•

�r&lt;!cordatorio tuyo será. nuestra indigencia;
nuestro miedo. ~eñal de que nos has dejado ..... .
Ahora aprendo en tu labio, aunque no hable;
y leo, aunque hayas muerto, en tu mirada;
y entrego a Españ.a el ejemplo admirable
de tu enilrgfa hasta el final gastada:
«Sembró ciencia / amor, sueñ.os y besos;
«para trillar azul, segó lo bajo;
«hoy da, a la tierra, la piel y los huesos;
uy todo !ll resto se lo dió al trabajo.»
Eduardo MARQUINA

Madrid, Enero de 1920.

Nuestros críticos
J. DENIS LAY

VICTORINO ALONSO

Dentista
Moneda 1164

Dentista-Ahumada 38
Teléfono 2013 Santiago

Ahora trátase de examinar en silencio si ese concepto es sólido o frívolo.
PLATÓN.

S. GARAY

JOSÉ S. GONZÁLEZ

Denti~ta
S. Diego 166

Médico Ciruja110
Matncana 303

MUÑOZ LOBOS HNOS.
LEONIDAS CORONA

Dentistas, Extracciones sin
Laboratorio Clínico
dolor Somnoformo, Puentes
Delicias 868
S. Diego 307-448 Stgo.

G:rr~n s~~t:rr~:tri&lt;&amp;
Ahumada 23-Santiago

Gran Surtido en Casimires
Ingleses y Franceses
-

Eliodoro Astorquiza

20 -

Cuando una personalidad me llama la atención,
sea por sus bondades, sea por sus defectos, procuro explicarme el por qué de sus tendencias y de
las formas en que se manifiestan ... En el caso de
D. Eliodoro Astorquíza he creído comprobar que
toda su modalidad crítica descansa en los siguientes puntales: 1 .º aeasionamientos por el silogismo;
:J.º una fuerte dós1s de catolicismo moderno; 3.°
primer premio de latín . . .. De buenas a primeras,
tales factores parecen carecer de cohesión, pero
ahondando un poco es fácil ~contrarles el nexo.
Como complementos básicos podemos agregar: un
poco de neurastenia y cierta habilidad malabaresca
para jugélr con las palabras (no con las ideas, como parece ser la creencia general).
.2I -

�¿Cómo y en qué forma obrau tales factores? El
latín y su escuela obligada, literatura clásica, han
creado y desarrollado en el Sr. Astorquiza un fanatismo desesperado y exclusi, isla por la claridad,
(el concepto que de la claridad tiene el Sr. Astorq uiza es una de las cosas más divertidas que conozco ), por la línea neta, el sentido recto, en la
labor literaria. Esto, por sí solo, no es un defecto
(tampoco es una virtud) pero sí lo es, desde el
momento en que unilateraliza el espíritu, desde el
momento en que, acostumbrando las pupilas a no
percibir sino tonos fundamentales, contrastes bruscos de blanco y negro, vuélvclas miopes para gustar y avulriar la belleza más esquisita, más impalpable, del matiz; desde el momento en que lo hace abúlico. y lo dota de un dónde preferencia por
cuanto no obliga a rc11exionar, por cuanto «está
hecho&gt;); es sobre todo un defecto, porque atrofia
la sensibilidad, imposibilita la fruición intensa, y
la suplanta por un rigorismo lógico, absolutamente antiartístico. Y ya, con ésto, entramos en pleno dominio del silogismo, que, en el caso presente,
solo sirve de envoltura a una sofist¡quería descarada y u.n más descarado juego de palabras, hermanados a cierta antojadiza interpretación de las
ideas.

•
La obra primera del crítico de Zig Zag, no estuvo al 'parecer, muy influenciada por los antedichos factores. Yo no la conozco. En consecuencia
-

22 -

me referiré solo a la que desarrolla en la actualídad.
Si se trata de la poesía el Sr. Astorquiza apreciará solo aquello donde no necesite ahondar. La
emoción, la sugerencia, la armonía, los extremecimientos sub-espirituales, las angustias caóticas,
tiénenlo sin cuidado; quiere clarrdad, sólo claridad.
(De la lectura de sus artículos dedúcese que en esto de la claridad nuestro crítico procede ajustado
a una lógica abismática: «yo no lo entiendo, luego es oscuro»). Si el Sr. Astorquiza se detuviera
aquí. ..
Pero nó. El Sr. Astorquizaes católico; y católico
lóo-ico. ( Catolicismo y Conservantismo son sinónim~s. ) Por consiguiente, tomando en cuenta su
afán de renovación, sus arrestos revolucionarios,
desterrará a la poesía joven, y la atacará siempre
que pueda; para esto echará mano de todos los
recursos: recortará versos para restarles sentido
(recuerdo un crítico que con tal procedimiento
probó la nulidad poética de V. Hugo) hará chistes, a veces escalofriadoramente ordinarios, a su
costa; y por último apelará al silogismo, el terrible silogismo, para determinar sobre premisas de
su invención, espeluznantes conclusiones. As[,
tomando a los ~oetas Félix A. Núñez, H. del Solar, Cifuentes Sepúlveda y Fernando G. Oldini en
un solo manojo, establecerá entre ellos una hermandad ficticia, basada en el empleo de la palabra carne. Al seiíor Astorquiza le importa un bledo el significado de·los vocablos. (En un reciente
artículo pre~oniza: «no importa que el lector cmn-

�prenda o nó el pen,samiento del autor, con tal de
que esté persuadido ~de que lo comprende&gt;&gt;). De
este modo Felix A. Nú,iez en quien la palabra
carne involucra un estado de renunciamiento a los
sentidos, está aparejado con Cifuentes Scpúlveda en
quien es tristeza de remembranzas maceradas por
un presente acerbo, y con F. G. Oldini en quien
es exaltación actual semi salvaje J un poco sádica. Son antípodas tanto en ideologías como en
técnica. El Sr. Artorquiza no lo ve ... eno quiere
verlo? ... Ahora bien, ya está sentado que se trata
de un grupo de amorales. Esto no es suficiente;
es necesario demostrar las causas de su afinidad
inrnoralista. Al observador más periférico bast~ríale abrir los ojos para darse cuenta de que el estado actual de la vida es un vértigo de lujuria.
Vería esto en las pupilas de los hombres y en las
pupilas de las mujeres; veríalo en las reuniones
sociales, en los paseos públicos, en esa lucha sorda y palpitante del deseo manifestada a toda hora
y en _todo_ sitio donde hay dos seres de sexo opuesto. Ün psicólogo extraería de tal espectáculo, materia para un estudio formidable; y ya Mauclair,
señalando una ruta a los mogigalos, ha realizado
preciosas observaciones acerca de la influencia de
la lascivia ambiente en la pintura. Pero se necesita una fuerte honradez inintimidable para proclamar que los artistas son transparentes sinopsis de
su época, que actualmente la sensualidad va camino de arrojar al mundo en un manicomio, que
de esto no tienen ninguna culpa los poetas, sino
una tradición hipócrita empeíiada en oscurecer,

entrabar y desvirtuar algo tan humanamente natural como el instinto, que la moral en este caso,
como en casi todos, es un absurdo insostenible, y
que, como consecuencia, es indispensable plantear
el siguiente dilema: o la moral hace crísis o la humanidad se hunde. Verdad es que para abordar
tal problema, ad&amp;Ilás de valor, hace falta una
cultura psico-fisio-patológica que quizá el Sr. Astorquiza no posea; verdad también que es más cómodo calumniar a la juventud poética, pero ello
no amortigua lo indecoroso del procedimiento . . .
El Sr. Astorquiza va más lejos. Niega hasta la originalidad de su pecado a la juventud; pero como
no le consta que copie a nadie, funda su predicado en que «sin duda. debe haber otros poetas nuevos&gt;&gt; parecidos a los de aquí, y (más lógico no
puede ser) tanto unos como otros han debido beber
en cmna fuente común» . . . cEs posible llevar la
suposición a tal extremo? eEs posible arrogarse el
derecho de desprestigiar, basándose en un ces in duda debe haver»? Y si acaso esto se debe a accesos
de neurosis ¿por qué los poetas han de estar expuestos a las exacerbaciones atáxicas de los críticos? ...
Si la impermeabilidad emocional incapacita al
Sr. Astorquiza para sentir y apreciar valores artísticos, en cambio ciertos factores de su constitución espiritual predispónenlo a ser un agudo analista de d,sciplinas filosóficas. . . Mas, todo ello se
diluye en palabras, solo en palabras.

�El Sr. Aslorquiza pretende de ironista, olvidándose de que la ironía es un burbujeo fluído de esp,uma ideológica, y no un cabrioleo ~e vocablos.
·\ erdad que con palabras pueden realizarse maravillas; pero es indispensable antes una ingrávida
finura anímica. una elegancia grácil en el manejo
de las ideas, y cierta diafanidad genial en la arquitectura sintáxica, La ironía (se ha dicho tanto!) es sonrisa, la gracia a.e Astorquiza es risa, y
risa demasiado cruda, a ratos. Su preocupación
constante es la de los malos cómicos: hacer reir,
venga o no venga a cuentas. Y esto que en un
principio fué, quizás, síntoma aislado, ha ido tomando poco a poco, caracter diatésico; cuanto toca es motivo de chunga, cuanto toca es fal¡ieado;
nunca en sus escritos hay un intento de ahondamiento.
A veces he querido imaginarme un Astorqniza
profundo; y cerrando los ojos a sus puerilidades,
empei'iábame en verlo martirizado por la búsqueda de un inhallable equilibrio entre la Fé .Y la Razón; por la interrogación sin respuesta a la una y
a la otra. Bastante instruido para negar las evidencias científicas, no dejaba de ver los signos que
aún no han encontrado explicación. . . ¿La encontrarán algún día~ ... Religioso a la manera moderna, veía y pesaba los contrasentidos y lagunas
del dogma; pero egué puede esta evidencia contra
el sordo rumor trágico que viene desde siglos
murmurando dentro de nuestras venas, sin
preocuparse de la lógica, el fracaso de toda sabiduría, la nada de todo humano empeíio, bajo el

soh ... Ah! Si el Sr. Astorquiza fuese esto, cómo
escarbaría en la vida, buscando el granito invisible que decidiera la balanza ... cómo comprendería y amaría fraternalmente a aquellos en quienes
la duda hincó su garra! ... Pero Astorquiza no es
esto. Hay que buscar su definición en una variante sutil del tipo: la de los indecisos.
Ciertos individuos pasado un período de 10quietud, tórnanse positivistas, sin que jamás les
moleste el recuerdo de sus antiguas creencias. Se
han definido. Otros, por convicción o por desengaño del mundo, son deístas y religiosos. Se han,
también, definido Queda una tercera porción'
Estos no son nada, ni siquiera escépticos, porque
el escepticismo implica hondor, y eo este caso se
trata de una simple vacilación entre dos fuerzas oscuras, vacilación no nacida del análisis, como en
el caso anterior, sino debida a cierta falta de valor para romper la equivalencia atractiva; a cierta
cómoda holgazanería que impide decidirse por
uno de los polos. Este tipo ignora el significado
de la palabra: pensar; este tipo se reirá siempre,
así del que duda cómo del que afirma.

¿Armando Donoso cree en el Bien, en la Verdad, en la Belleza? Esto facilicitará a Astorquiza
la ocasión de decir unas cuantas barbaridades!
Como los demás críticos conservadores de Chile no ha perdonado a Donoso la audacia de un
gesto que tiende a libertarnos de nuestra crédula

�No se haga Ud. el sordo.
amigo! Mire que le conviene mucho, n1uchisimo comprar todos sus artículos en la
11

1 FUNDIOION
LIBERTAD

1 1

LIBERTAD 1
53 y

58

ignorancia medioeval. En el asedio puesto a «Senda Clara» el Sr. Astorquiza no podía dejar de tomar un sitio. El se encargó de destrozar el estudio
sobre Lemaitre, y lo hizo tao bien que entre sus
manos es imposible reconocerlo. Podriase jurar
que Astorquiza no ha leído el libro de Donoso.
Analizar una personalidad como la del autor de
«Los Contemporáneos» es tarea dura, larga y
complicada. Donoso, experimentado en esto, después de una concienzuda vivisección llega a determinar que Lemaitre no fué un crítico transcedental; y no lo fué ( si es posible comprimir un volúmen en unas cuantas conclusiones): 1 .º, y sobre todo por su extremada superficialidad; 2. • por «su
absoluta falta de inquietud estética»; 3. º por «su
cultura unilatei-ab); 4.º por el anacronismo de sus
ideas; 5.' por la ausencia de una convicción firme
y de una orientación definida ... El Sr. Astorquiza reduce esta heterogeneidad causal a una sola
frase que nada dice y todo lo trastrueca. Sobre tal
frase sienta la siguiente afirmación capaz de poner
los pelos de punta: «tener una orientación espiritual determinada equivale a ser dogmatico.&gt;&gt; En
seguida deslumbrado con sus propias palabras
imagina un «Lemaitre» nunca escrito por Donoso: y, a rienda suelta, lanzase contra los molinos.
Resultado: afü mación rotunda, con pretensiones
refutativas, de los puntos sostenidos por aquel:
«Lemaitre no fué un gran crítico porque carecía
de profundidad» ...
Donoso, harto de la sistemática acusación de
oscuridad enderezada contra el Simbofümo trata

.

�de demostrar que, cuando menos. en algunos casos, carece de f'undame11lo. Al C'fcclo cita cuatro
versos de R. de Gousmont. El Sr. Aslorquiza, ha entcn&lt;lido esto yo no sé cómo; lo cierto
es que afirma candorosamente: ''yo puedo agregar
que son claros. " cA qué seguir~ Haya o no haJa
leído el libro, es indiscutible el falseamiento del
pensamiento de Donoso. Por lo demás toda la
obra del Sr. Astorquiza aparece llena del mismo
desequilibrio, de la misma arbitrariedad, de la misma incomprensión ... Para juzgarlo sin demasiada inmisericordia no nos queda más remedio que
cerrar los ojos y ... sonreír ...
FERNANDO

G.

ÜLDINT.

RELOJES
de las más afamadas marcas

Joyas con brillantes
Objetos para regalos
-

3o -

�En torno a la muerte de Rodó
(Breves comen1arios)

"Le tenfan por un misántropo, por uu
homb1·e raro y pudi{'11te, quizás por un
a,·aro que por equivocación hubiera caítlo
en el primer hotel de Palermo. Pal'a dat'
una idea del punto a que había llegado
aq_uel ei.píritu lúcido en el abandono de su
penona, bastHrA el crudo detalle de que al
amortajarlo debieron arrancarle las medias
a pedazos, tan adh1:iridas estaban a sua pil:!S.
Su edad parecía oscilar alrededor de los 70
aiios. 11-(Julio.u Nogut!ira.-Como murió
José Enrique Rodó. "El Me1'Curio 11 rle 8

de l!"'ebrero de 1920.)

·

Yo había imaginado de otra manera la muerte
de Rodó, o:el sembrador de estrellas» . Vuelto hacia
el helenismo, a pesar de su facha burguesa, me
complacía en imaginarme a ese filósofo que parecía haber paseado con Platón bajo los plátanos del
/\.cademo, desvaneciéndose en una magnificencia
crepuscular . Imaginaba un atardecer sereno sobre
su frente de visionario, sobre su carne translúcida
y efímera .. . Imaginaba su muerte, no como el

�vulgar final de una existencia, sino como la armoniosa agonía de un canto sobre las colinas de
Grecia.
I sin embargo.
Sus últimos momentos sou lamentables; de una
ironía brutal, desconsoladora y trágica .
Ahora supongo la llegada del viajero des.conocido, al llolel des Palmes, en Palermo. l!Quién es
ese ser estraño y sucio que no habla con nadie,
que permanece sentado horas enteras frente a una
mesita en donde humea una taza de caldo y sumergido en un pensamiento vago y triste? Su ropa
está llena de manchas. raída, cubierta de polvo;
los botines muestran el encarnizamiento del lodo;
la barba crece al modo de la yerba, sobre su rostro; hay en él, eu suma, un evidente abandono,
un dejarse roer por la mugre de la tierra. . . Ese
hombre come frugalmente, y sale todos los días con
un paraguas bajo el brazo. Los faldones de su
chaquet raído, muestran fragmentos del forro,
descosido. Vaga, sin duda, por los alrededores de
Palermo, encorvado su cuerpo, que hace pensa1·
en la decadencia de los septuagenarios. Dicen-oh
formidabls ironía!--que es un avaro, o un misántropo, o un hombre eslraiio y pudiente que se
aisla, que se recoge al · modo de los caracoles, en
su dura soledad. Nadie piensa en Ariel, morador
silencioso de ese cuerpo caduco, que posiblemente
ya empieza a sentir el cosquilleo de la podre, el
«estremccimicuto sombrío)) de los gusanos en su
carne pasagcra y miserable ... Nadie imagina que
está ahí, a dos pasos, el supremo exaltador de

Ariel; el que ha realizado en días más luminosos
la aspiración ~0111110,eJora de llenan: ser por el
contncto de Aric~I_ u~a onda de éter, nn lampo &lt;le
luz, un e\.lremcc1m1t-11lo de los bosc¡11cs J ,olar
sobre los mundos celestes, ane"arse cu serenas armonías y ser verde con ol olivo~ blanco con la nieve de los ventisqueros, casto con la flor del nenúfar . . .

Cuando lo llevan en una camilla del Hotel al
Hospital, Rodó se retuerce en medio de dolores
monstruosos, sin encontrar una posisión que lo
alivie. iEsto es desesperante!
l trato de imaginarme los últimos días de Rodó. Es un estrailo que agoniza en una tierra que
no conserva para él la huella de nin&lt;Yuna
de esas
0
menu d as cn10c1ones que forman la urdimbre de
una vida J que dulcifican la angustia del instante
final. No ha_y a su lado un amigo, un hermano,
una mujer. Está solo, completamente solo. Las tres
o cuatro personas que se apiadan de él, son seres
que la vida pone por primera vez ante sus ojos
que se van a cerrar. fantasmas vagos de un sueIio ... sin memoria, sin alegrías o lágrimas para
su corazón. En ciertos in~tantes la voz de un amigo tiene resonancias profundas en nuestra sensibilidad. Las voces qun resuenan durante muchos
días en los oídos de Rodó, en su permanencia en
el hotel, son como las voces que se oyen en el vagón de un tren en marcha o del otro lado de un
tabiql!e, en comarcas eslrailas: voces sin alma pa1

O

-

33 -

�ra nosotros. inc'-prcsivas. que no hemos oído nunca _y que nos dejan completamente fríos . . .
Su aclitud es eternamente la de un hombre que
conlempla. Permanece fiel a su concepto filosólico
de la vida. élla realizado a.caso la prodigiosa parábola del rei legendario y patriarcal que huye de
los hombres para encerrarse en la íntima estancia
del palacio. a solas con sus pensamientos? Algnno:espíritus penetrantes presienten n11a tragedia bajo
esa especie &lt;le ausencia; un dolor en ese hombre
emejecido y sucio que se aisla, que vaga solo. que
se recoge temprano. al anochecer ... Lo exlraiio
respeto los mantiene a distancia; ese mismo temor
respetuoso &lt;letiene al duciío del hotel &lt;yue quiere
arrojarlo de su establecimiento porque lo considera un hombre contagioso. No ha ordenado-asegura él-un solo baiío durante el mes de permanencia en el hotel.
Todo esto no es más que acidez ... &lt;lolor! Rodó tenía en un bolsillo &lt;le su chaleco-según se
constató después de su muerte-tres mil liras y en
un baúl excelente mucha ropa blanca J algunos
ternos casi nuevos ...

ble para el espfritu, pero en ella ~e remuc,·c c11t1:-tantcmente d dolor J ninguna auguslia es m:ís
horrible que la &lt;le acercarse al término, sin hah,~r
florecido en afectos, en cariiíos, como un árbol en
una tierra estéril. desolada ... "\lientras se tiene
fuerza y esperanzas la vida canta gloriosamente . . .
después la tortura, el sentir que hai uua zona fría
en torno nuestro; el vagar a tientas, el tender in.útilmente las manos, el escuchar voces que nos
llaman ... acercarse y la desilusión de saber que
no era a nosotros .. . Oh! esto equivale a golpearse la frente contra los barrotes de una celda que
nos separa &lt;lcl mundo de los vivos.
Xi una palabra brota de los labios de Rodó. Por
lo méuos la información que nos ha dado motirn
para estos comentarios, no lo dice. Ni una palabra
reveladora. El más impenetrable mutismo sella
esa existencia lun1.ínosa, ese espíritu de selección
y de belleza, que, seguramente, hubiera podiJo
pascar con las Sombras que tanto amó, esa pradera de los asfodelos desde donde se contemplan
la lucha y los misterios de la vida ...
El verso austero y noble de \.lfredo de Vigni
cierra el círculo de su existencia.

Seul le silence est grand, toul le re.sle esl f aible.sse.

El hecho espantoso es la soledad; la evidencia
aterradora de que no queda nada en afectos detrás
de él, de que se ha vivido una vida incompleta,
huérfana.
Las obras pueden llenar una vicla, pero no lasatisfacen. Sin duda, la soledad es II na cosa admira-

- -

34 -

.!uLIAN

Talca, 19:20.

-

35 -

Sonm.

�Norma
El árbol es sonoro porque lo pulsa el viento;
hay una ley oculta que madura las poma:-:
la Jluvia es cumplidora de un sabio mandamiento
al fecundar el vientre moreno de las lomas.
La labor triptolémica al tacto de la tierra
nos limpia de amargura y baña de bondad,
así la forma amada toda belleza encierra;
y vamos caminando a la Serenidad.
Cumplida su misión, fieles a la armonía
del mundo, los árboles se tronchan sin estruendo,
los hombres solamente tenemos la sombría
angustia obsesionante de no seguir viviendo.
Hermano: ten el claro consuelo de la nieve
que baja la montaña en agua cristalina,
más allá del hondor de la tierra, nos mueve
a seguir la armonía la conciencia divina.
LAUTAUO GARCÍA.

L. G.-;-Temperamento fino y múltiple, personal y vigoroso, Lantaro Garc1a es poeta por rnbre todas las cosa8. en el teatro ha triunfado con El Peuco y El Rancho d~l Estero. Sus envios originafüimos a las exposiciones de arte han llamado la atención de los entendidos. Prepara una novela La Huacha y un volúmen de poemas.

-

36-

'''La Senda elara"
El diligente crítico ArmanJo Donoso, acrecienta su reputación de estudioso y de jóven pensador
con esta nueva obra, que es la cristalización de
maduras meditaciones y de dilatadas lecturas .
Repasando los capítulos que consagra a Le Dantcc, Brunetierc, Ingenieros, observarnos su evolución hacia las más sólidas y serias disciplinas del
pensamiento. Con estilo desenvuelto aborda cuestiones científicas que trata con claridad de criterio. Su criticismo filosófico es de buena cepa, porque al razonamiento firme se une la exposición
metódica.
Al comentar la labor cultural de José Ingenieros, aborda el tema de la posible renovación de la
metafísica, como éste Jo manifestara en sus «Proposici-ones relativas al porvenir de la filosofía.»
Donoso expresa que la metafísica rnedioeval estuvo subordinada a la teología, como la metafísica
kantiana a la ética y ahora Ingenieros pretende
que la metafísica pura tenga por objeto formular
hipótesis leg(timas sobre los problemas inexperiencia.les. La metafísica futura será una anticipación a las comprobaciones experimentales y am-

�pliará el horizonte &lt;le las ,erdades conocidas,
aplicnn&lt;lo a lo desconocido los mismo$ proccdirnil'nlos lóg-icos que se usan en la :ncrignación de
lo que se advierte en el rnun&lt;lo físico .. \o cslará
falseada poi· un espiritualismo propio de temperamentos sentimentales, ni por un iutuicionisrno a
lo Ilenri Bcrgson, que don Eurique .\loliua llamara filosofía para poetas y literatos.
Se aplicará el método i11ductivo ) 110 se aceptarán las nociones innatas o primeros principios que
Herhcrt Spenccr se obstinaba en descubrir en to- .
das las esferas de lo conocido J que don Valentín
Lelelier refuta con maestría en el capítulo primero de su Génesis del Rstado.
Con motivo de la puhlicacióu d&lt;' csl&lt;' libro de
Dono50, encendida discusión se produjo en el cotarro inteleclnnl al múrgc11 &lt;le la ocasional revisión Je los , a lores de la ciencia hecha por O mor
Emctli .Y Correa Pastenc.
Omcr Emclh justificó a Bruneticrc declarando
que jamús l,abía proclamado la quiebra de la cie11cia que se le atribuía y que sólo había expuesto
que e11 el terreno moral no había alcanzado el
éxito c¡ue sus paladines le encomiaban. Donoso
expone que Uruneticre antes de su comersión era
admirador &lt;le Darwin ,} de Comlc y euumcra la
serie de lcJes de8cubicrtas por la experimentación
científica &lt;-1ue evidencian que el crítico de La Revista de Am&amp;os lllundos impulsado sólo por su catolicismo ele última hora pudo atreverse a hacer
una afirmación tan paladina. Emeth atacó a los
que salieron a rebatir las argumentaciones de Bru-

-

38

11elicre ) Lu \'O el poco gu~lo d(• corn parar a BcrthcloL con aquel ~1onsieur llomais, de quien F'laubert hizo un símbolo de la humana tontería y al
atacar a Henau de seguro que no habrá oh i&lt;la&lt;lo
el pecado de ésle al hacer legible la Vida de Jesús
prcs~ándolc el encanto de su estilo J dándole como piensa Gonzalez Pra&lt;la, un sabor helénico que
trasciende en muchas páginas a idilio virgiliano.
El seiíor Correa Pasteno, que es un escritor do
estilo cervantino, también lanzó su cuarto a espadas y discurriendo acerca de las hipótesis de la
ciencia. expuso que ésta sería impotente para penetrar hasta las regiones que son &lt;lel dominio de
la fé y de la religión. Criticando los métodos
puestos en práctica por Le Dantec para sentar sus
postulados biológicos, en tono de zumba, expresó
que el sabio francés era un filósofo de la digestión. Basta sólo haber leído la concienzuda exposición que Donoso hace de la obra del autor de
El Egoísmo, para pens'ar que es un humorismo
fúnebre el de este periodista.
Las páginas acerca &lt;le Enrique \1olina, \'ValL
" .hitman y Pío Baroja tienen el encanto suave de
u na emoción cálida que se trasparenta en el estilo
,·ibra&lt;lor.
En Argentina al libro de Donoso se lo han prod igado buenos elogios; Ingenieros ha dicho do él
&lt;JUe es el intelectual jóYcn más roprcscnlatirn de
la Américá Latina y en Panamá, Octavio Mendcz
Pereira, en la ya célebre revista Cuasimodo, lo llama crítico eminente colocándolo a la altura ele
Ho&lt;ló, Francisco García Calderón, etc. En Chi le

�su obra ha sido recibida con espanto lo que demuestra nuestra deficiente cultura cien tífica que
hace vivir a mu&lt;'hos hombres inteligentes atrasados unos cuantos siglos.
PASCUAL

Yml'TumNo.

••••••••
•• •• •• ••

lniciativas docentes
Un argumento de que se han ~alido los _evolucionistas darwinianos para amer1tar la tesis que
sostiene que el antepasado del h?mbr~ fué el mono, se basa en el hecho de la ex1stencrn en ambos
de la aptitud imitativa.
.
.
La irreverencia científica que mega autondad
de «maO'ister
dixit&gt;&gt; al aserto bíblico sobre el orí0
gen del hombre, ha hecho incapié en el &lt;lesar~oll_o
que así en éste como en el mono ofrece la 1m1tación. .
NieO'an unos a Darwin; otros, más hereges,
o
.
,
l
creen que es un cuento para rngenuos aque pasaO'e de la Biblia que narra cómo con barro y un soilo divino, fué fabricada esta arquit?ctura de maravillas que es el ser humano. Prnnsan unos y

otros que han &lt;lado con el Eureka del más intrincado problema antropológico.
Profanos nosotros en tan abstrusas materias no
pretendemos terciar en esta polémica de doctos.
Queremos sólo aprovechar los materiales de
esta discusión, consignando la circunstancia de
que los polemistas están de acuerdo en el hecho
anotado: tiene un gran desarrollo en el hombre
descendiente de Adán o del mono, la aptitud imitativa .
Con frecuencia se repite, en són de crítica
amarga, qu~ nosotros somos muy dados a imitar.
Ya que dicho queda que este es un . ras~o _de
psicología humana antes que de cualq~iera 1d10sincrasia nacional, supérfluo parece decir que negamos importancia a ese reproche.
,
Talvez en el fondo de Lodos nuestros actos haya como razón primera ':1n irnpu~s~ imitativo. ~a
originalidad de toda actitud esp1ntual o material
sólo existe porque ignor:3-mos casi todo lo ~e está
lejos de nosotros en el tiempo o en el espac10. Inconmovible verdad la del filósofo: no hay nada
nuevo bajo el sol.
Los grandes progresos de lahumanidad acaso
se deban en último término, a este rasgo de nuestra psiquis.
Pero imitar puede ser un pecado, y lo es a menudo.
Desde lueO'o lo es siempre, cuando el que imita lo hace si~ conocer en su total amplitud, cualitativa y cuantitativa, el fcnó~cno e~ que repar~.
Sabido es con cuanta frecuencia, legisladores sm

-

61 -

�ma_Hff ,li-:,·&lt;'rnimicnto jurícliro pr&lt;'tPtHh'n implanlar cu su país leyes C:'\.lraugeras, &lt;¡ue cu ac¡uel en
que rigen han dado buenos frutos. para solucio11ar problemas que no se presentan con idénticos
cnractcres en ambos medios.
Estas im i tacioncs nacen coudrnadas al fracaso.
Pero rle ahí a condenar la imitación en sí mism:1
hay &lt;listancia. De eso sólo se induce la justicia del
reproche contra los c¡ue ª) unos de tnlcnlo de ob:;enación al menos, imitan sin disct'rnir la calidad
de los modelos.
1'i el individuo ni las colectividades pueden esperar ser originales en su obra &lt;l~ perfcccionamicuto. \ ucstro deber es elaborar el progreso, y
si en estn tarea se nos presenta algo bueno que
imitar, imitarlo.
~uestra ui,·ersidad necesita modernizarse. Hay
ceutros de cultura superior análogos al nuestro en
Am{-rirn ) Espaiia, para 110 referirnos sino a paí~cs de• liahla castellana, que pudic,·an servirnos de
modelo en m:1s de algún respecto.
cFalta lcaltn&lt;l para rrconocer lo bueno por no
:-cr nuestro? Faltan iniciati\Us en este sc11tido?
Ac¡ucllo, nó; ésto es más probable.
Tal modo &lt;le pensar 110s induce a lomar nota
de u11 ac11C'rc!o &lt;lcl Cons&lt;'jo Dirccti,o &lt;le la Faculta&lt;l &lt;le Derecho ele la l niversidnd de Buenos Aires que merece llamar la atención de nuestras autoridades univNsitarias.
El acuerdo referido consiste en la apertura en
dirha Facultad &lt;le cursos libres C'Üraonlinarios
«sobre materias de cultura jurídica superior, entre

las da~cs li::!nran: 1 .° La Constitnciún Nacional
en la jurisp~udcncia Je la Suprema Corte y en la
interpretación &lt;le los otros poderes públic~s; 2. º
Lcgi:-.lación comparada sobre propic&lt;la&lt;l literaria y
artística; 3." Doctrinas sobre nuevas bases de la
sociedad ) del Estado; /1 .·• Proyectos y doctrinas
sobre sociedad o liga ele las Xaciones; 5.º Nuevas
doctrinas relativas al &lt;lcrerho de propiedad.»
Tales puntos no son sino el enu ncia&lt;lo &lt;le alrrunos de los problemas de 1ntl)0r importancia et~ la
hora actual, que las nuevas doctrinas, conocidas
ampliamente sólo por algunos escasos estudiosos.
analizan desde puntos de vista antes no contemplados.
1
En las aulas universitarias, sobrados adustas y
graves ayer en el estudio de las instituciones jurídicas pa'ra las cuales la política, no siempre atenta a la bondad doctrinal, logró a conseguir el
cxecuatur parlamentario, ) ahora a hallar un eco
las inquietudes espirituales de una generación que
siente la necesidad de renornrse fundamentalmente.
Esta lucha &lt;le los innovadores contra los viejos
couceplos, contra los prejuicios milenarios, que
se saben caducos anlo una cdtica iconoclasta, Ue,·ará hasta allí un poco &lt;le vida nueva. Ya no va
a ser la letra Je los Códigos no más La preocupa&lt;·ión &lt;le profesores y discípulas.
Los maestros y los selectos núcleos Je jtn cntud
&lt;¡ue los escuchen pon&lt;lrún a contrihucióu, aquellos su criterio moldeado en la clisci pli11a de las
ciencias positi, as i (\stos su avidez inlel&lt;'ctnal, pa-

�ra buscar la orientación que deba encauzar por
un ruml.&gt;o seguro el impulso renovador que prende en los espíritus con fuerza incontenible.
Esa fecunda discusión de doctrinas, esa leal colaboración de fuerzas intelectuales en el estudio
de los nuevos problemas que preocupan al mundo, será para la patria en que tal iniciativa fructifica, la póliza de seguros que le permita esperar
confiada en el criterio de los que irán maíiana a
regir los destinos de la Nación.
Ojalá que en nuestra Escuela de Derecho, apegada todavía a los viejos moldes clásicos, se continúe la moder~1ización de los estudios empezada
con la creación de algunos Seminarios, como el
de Bcononía, el de Derecho Privado y el Derecho
Público.
En esta labor puede servirnos de ejemplo la
iniciativa del Consejo Directivo de la Facultad
de Leyes de la Universidad de Buenos Aires.
Imitemos esta vez.
RunECI~no ÜnTEGA

-64-

M.

Del Libro en prensa •la Ciudad Invisible,.-(!)

'Por la ~risteza de tus ojos
Ya es imposible que te llame esposa.
iüh la alegría de tener un hijo
que fuera de tu sangre y de la mía,
que tuviera mis alas y tus ojos!
Un hijo claro como tú! profundo
como el haz de los siglos. Ya no puedo
ni sonreír, mi corazón no sabe
perfumarse de flores en la muerl?.
iDe quién serán mis alas y tus OJOS
en un futuro que no miraremos!
No vagará por los jardines claros
el hijo que sonría por nosotros.
iY tus cabellos no tendrán retoiíos
nadie los besará cuando le mueras!
Hasta la Muerte llorará tu encanto.
Un hijo Luyo para eternizarte!
Su corazón semejaría un bosque,
sonoro y perfumado en el crepúsculo.
Ya es imposible que te llame esposa.
Sufren mis alas entre las estrellas.

65 -

�Lloro por la belleza de tus oios,
y un grito lacerante de mi boca
le dice a Dios: iSc pudrirán sus OJOS,
sus ojos bellos hasta la tristeza.
Y qué encanto tendrá la tierra tuya,
ruda como el lamento de los leones.
obscura como Job iunto a Luzbel! ...

Dolor de evocar el pasado

ANGEL CnucnAGA SANTA MARÍA

(1) En «Nosotros», la mlÍl' alta tribuna ,le la j,w..ntn•I in1..i..ct11al
&lt;lel Plata, se publicaron hace poco algunos po,•111us ,le An¡.:.•I Cr•1cha~a S.
M. con el a11u11cio de la pr6x:i111a aparici611 de su 111w,•o libro. Ahorn el
pueta ha tenido la geutileza de envial'llnS (•sta composición inédita del mismo libro, en prensa en una pre8tigiosa er!itorial de Buenod Aires.
La personalidad r!e .Aug&lt;'l Crucha~a S. M no 1wcesit" 1le comeutm·io~
entre no8otros: el admimble prólogo de Tomás Gnbri.,J Chaza! a Las Manos Juntas, esa primicia re,"eladora tle un gran poeta. definió el temperamento r!e Cruchaga en forma tal que agota todo intento postel'ior en ,,¡
miRmo ,e,ttido.

Lae campanas de voz rancia
y de agostudas laringes
pueblail de ecos 111 distnrl&lt;'ill
abrurnudura de esfinges.
Va lentamente la tarde
desliendo en los valles cif'gos
todos los gritos cobardes
&lt;le los perdidos borregos.
Pl'eludi!I. la fuente clan,
sns inefables que1·ellas ...
La luna pasa ... y encara
las temblol'osns estrellas.
Ruednn las muertas fragancios
de lns rosas del jnl'dín,
y la brisa, en ambulancias,
l'oba aromas de j11zmín.
Y va mi rudo quebrllnto
por el camino insonoro
cie un humilde cA.mpos!lllto
que en mis ausenci11s afloro.
Otofío me brinda unA Alfombra
con sus hojas amarillas,
que snsurrnn en lns sombrns
como medros11s chiquillas ...
Rememoro una celeste
Aparición del p11Sado
y snrge mi idrlio ngreste

-

l.i7 -

�con su perfume olvidado.
Cam¡.,auitas de mail.iues,
las tocatas en la pinza,
un 11roma &lt;le jazmines,
y un humo azul de hogaza.
Surge la aldea sencilla,
cuuita de mis amores
con esa iugéuua chiquilla
que era flor entre las flores.
Y en las glorietas tranquilas
perfumadas de violetas
evoco esas tardes lilas
que me tornabnn poetn ...
Mis besos, c11rici11s rientes,
mezclas de luz y de cieno
y sn espíritu potente
invitándome n ser IJ11eno .. .
Dolor ele evoc»r el pnsndo!
Por qué sentimos tristeza?
Si no nos venció el pecndo,
por qué no nmnr la pun•za ... ?

••
•• ••
•• ••
••

Nadie conoce mis penas!
Suave camiuito agreste
por el que fní, paso 1~ paso,
aquella anrora celeste
cnaudo pregentí e I fracaso.
Gnijarritos clel camino

-

48

y areuita del estero
fina como el oro fino,
bien sabeis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
(escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
junto a la clara vertiente)
Bien sabeis por qué yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo .
y yo os pido que si muero
no hableis jamáf! del amigo .....
Nadie conoce mis penas
pQrqne no tuve testigos,
y los que son amigos
saben que mi vida es buena.
Olas de la mar felina
que entre las alas del viento
por besar la arena fina.
dejan oir su lamento .
Bosq nes de biuca.s oscuras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me enseñaron tantas cosas.
Ilnsioues, desencantos ......
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza..
Ptísose negro el velámen
que era blanco cual armiño;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gniiio ... ...

-

49 -

�El marinero está Yiejo:
fn!))a su pipa y recuerda:
era ágil como un conejo
y hasta bailaba en la cuerda ..... .
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouanzas ......
La caución del marinero,
dijo bien mis esperanzas.
Nadie conoce mis penas
porque no tuve testigos
y los que son mis amigos
saben que mi vida es buen:1.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ......
'faberuas doude los muertos
se ill'lsiouan cou que viven.
Yo desceudí a los suburbios
cuanto sentí Ir. tristeza,
bebí los vinos más tnrbios
y ha\ lé dulce ln. pereza.
Yo vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
bandas de aves de rapiña.
Y o ví en sus senos P,Xha.ustos
morir los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
que solo las dejan hieles
...... Por eso cuando he sentido
qne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cnalquier cosa.... en copa amarga
y, cobardemente, tristemente, sin querer, sollozo ..... .
mas sieuto que alg'nieu me asiste
y me grita: hay nn reposo......
ENRIQUE PoNcE.

5o -

Impresiones de W ashíQgton
Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fu ndadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con3tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo Mundo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas de Nueva York y Buenos Aires. Washington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición céntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de suaves colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relativamente
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios de la Unión. Washington es
una ciudad artificial creada por la voluntad del
estado americano para servir de sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes de las naciones extranjeras. Carece

-

51 -

�de aquellas formas ele vida que resultan del creci micnto esponlúnco de los_ pueblos; pero sí posee
lo que las nquezas ele un fisco falmlosamenle opul~1?to han podido h~cer; y la capital es una poblac1on ~e hell~s avemdas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parle del país. \;na amiga e inteligente escritora chilena me decía con mucha sal que v\ ashi?gton le había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los e\.lremos de la Avenida de Pensi lrnnia, que es la principal de" ashington, se alza el vasto J magnífico palacio del Capitolio, donde se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Hepresenlantes y la Corte Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima Y. conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avemda como una decoración insuperable,
Del palacio se desciende por escalinaLas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea.
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
fron~oso~ ~rboles Y. tirándoles miguitas de pan a
las s1mpahcas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos, y especialroen-

y nrenito. Jel e~tero

:fina. como el oro :fiuo,
bieu so.beis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
( escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
jnnto a la clara vertiente)
Bien so.beü1 por qné yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo.
y yo os piclo qne si muero
110 hal&gt;leis ja.miIB del amigo .....
Nadie conoce mis pena.1
porque no tnve testigos,
y los que sou amigos
Rabeu que mi vida es bneua.
Olas de la mar felina
que entre las ala!&gt; del vieuto
por besar la arena fiua.
dejan oír su lo.mento.
Bosqnes de hincas o::1cnras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me eu,;eñarou tantas cosas.
II nsiones, desencantos ..... .
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza.
Pú.sose negro el velápien
que era blanco cual o.rmiüo;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gnino ..... .

�El marinero está viejo:
fuma su pipa y recnerda:
era ágil como uu conejo
y hasta bailaba eu la cuerda ......
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouauzas ..... .
La caucióu del marinero,
elijo bien mis esperanzas.
Na.die conoce mis petJas
porque uq tnve testigos
y los qne son mis amigos
saben que mi vida es bucu:i.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ..... .
Tabernas doude los muertos
se ilnsionau cou qne viven.
Y o desceudí a los suburbios
cnnuto seuti Ir. tristeza,
bebí los vinos ml'is turbios
y hallé dnlce la pereza.
Y o vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
baudas de aves de rapifia.
Y o vi en sus senos P,Xhanstos
moril' los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
,¡ne solo lns dejan hieles
...... Por c;;o cnautlo he seutido
q ne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cualquier cosa .... cu copa amarga
)', cobardemente, tristemente, sin querer, ~ollozo ..... .
mas siento que alguien me asiste
y me grita: haJ· nn reposo ..... .
ENRIQUE PoNCE.

5o -

Impresiones de Washington

Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fundadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con::;tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo \fondo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas &lt;le Xueva York y Buenos Aires. VVashington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición eéntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de su:n es colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relati,amcnte
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios &lt;le la Cnión. Washington es
una ciudad artificial crea&lt;la por la voluntad deJ
estado americano para servir dQ sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes &lt;le las naciones extranjeras. Carece

-

51 -

�de aquellas formas de vida que resultan del crecimiento espontáneo de los pueblos; pero sí posee
lo que las riquezas de un fisco fabulosamente opulento han podido hacer; y la capital es una población de bellas a,•enidas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parte del país. Lna amiga e inteligente_escritora chilena me decía con mucha sal que "ashi?gton Je había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los extremos de la Avenida de Pensilvania, que es la principal de Washington, se alza el vasto y magnífico palacio del Capitolio, done.lo se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Representantes y la Corle Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima y conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avenida como una decoración insuperable, .
.
.
Del palac10 se descwnde por escalrnalas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea .
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor ,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
frondosos árboles y tirándoles miguitas de pan a
las simpáticas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos. y especialmen-

te en

los del norte, se halla consagrado el estilo
ogival como el propio de los palacios consistoriales y otros de caracter público, en los Estados
Unidos han recibido consagración análoga para las
casas de gobierno los edificios de estilo renacimiento revestidos de gigantescas cúpulas. De esta
suerte encontramos imitaciones más o menos bellas del Capitolio en Oakland, en Sacramento, en
Madison y otras partes.
La Biblioteca del Congreso, ubicada no léjos
del Capitolio, separada de él por un regular espacio del parque mencionado, es también un ámplio
y bello edificio. No tiene las proporciones de grandiosidad externa que distinguen a aquel palacio,
pero en hermosura interior lo supera con mucho.
Los mármoles más ricos y de variados colores han
sido prodigados y artísticamente combinados en
pisos, escalinatas J columnas. Las bóvedas, galerías y salas se hallan decoradas con admirables
pinturas murales que simbolizan los estados más
importantes de la cultura humana. Sirve de salón
de lectura una imponente rotonda octogonal de
j aspe amarillo, extensa, alta y magestuosa como
un templo. A ella puede entrar cualquiera persona que desee consultar o leer alguno de los dos
millones de volúmenes con que cuenta la Biblioteca. A la altura del segundo piso, la rotonda forma uua gulería o tribuna circular a que tienen
acceso los visitantes que no van a leer, y en cuyo
antepecho se levantan como adornos cerca de veinte estátuas de poetas, filósofos y escritores, en
bronce y de porte natural.

-

53 -

�~o vacilo en decir que el vestíbulo es de u na belleza deslumbrante. J que todo el e&lt;li_ficio por su
riqueza y valor artístico debe ser el pr1 mer monumento arquilcrtóniro de los Estados Lnidos. Su
magnificencia solo puede ser comparada con el de
la basílica de San Pedro en Roma o la del Teall'o
ele la Opera de París.
La Biblioteca posee también ri11uísimas colecciones de mapa:; y grabados.
Otro importante edificio &lt;le la capilal, y de especial valor para los latino-americanos, es .el palacio de la Unión-Panamericana. Se ve que se ha
querido darle u 11 canicler reprcseutati, o. La construcción es de un estilo que podríamos llamar tropical del coloniage. El centro de la casa lo forma
un &lt;Yran patio espaiiol en el cual se mantienen como ~'ldornos plantas ~e la zona tórrida. En _medio
de ellas. dan realce a la escena algunos vistosos
papa o-a, os. ~Por qué se ha elegido lo tropical co1110 r~p~'esentati, o ele toda la A.n1érica Latina? eLos
papao·ayos están ahí corno cifras simbólicas de la
supu~sta verbosidad &lt;le los pueblos de este continente } de su disposición a repetir lo que los demás dicen? Quizá no haya habido tal maliciosa
ironía, ) la preferencia en favor de las plantas y
pajarracos ~e la rcgi?n ecuatorial haya !·c_su Ilado
Je que se ªJustan ruCJOr que otros a proposllos dccoratirns en un espacio reducido.
En la coruisa que rodea al patio se destacan los
nombres v los escudos de las naciones latino-americanas y "en una galería ad) acento, puestos en columnas de mármol, se oslcnta11 los bustos &lt;le los

54 -

héroes de la independencia de estos pueblos: Bolívar, San ~lartín, Artigas) tantos otros. lJna columna se ve desocupada en espera de su busto.
¿Fué d~stinado quizá por. un error a un pueblo
desgraciado que no ha tcmdo héroes? Ah! oó. Es
la que debe sustentar la imágen del héroe chileno
O'Iliggins. Mientras tanto, nuestro padre de la
patria, algo del espíritu de Chile, está ausente de
aquella congregación sagrada de mármoles vener ables.
~o podemos ocultar que nos dió pena esta
muestra de tanta negligencia.
Desde todos los puntos que hemos recorrido,
desde todas las calles, playas y parques se divisa
dominante el monumento del héroe epónimo de la
ciudad, del héroe nacional, del gran Wasliino-ton.
0
1Qué concepción más original y grandiosa!
_\fás allá de un umbroso parque en los bordes
de la población por el lado sudoeste, se alza cu
una despejada elevación natural del terreno la colosal obra de granito. Es un obelisco inmenso de
quinientos cincucnLa y cinco piés de alto que se
eleva hasta el ciclo como u11 mástil enorme, cortando la bóveda azulada con sus líneas rectas, magesluosas y ligeramente convergentes hacia arriba.
L:i ideación de este monumento rcxela cierta au&lt;lacia artística e intuición psicológica. No era fácil
:tdivinar en la simple contemplación de un plano
el cfecLo mar1nilloso que iba a producir en la realidad dentro de su extremada desnudez: de aquí
que fuera audacia concebirlo; y por lo mismocorrespondc admirablemente, como talvez ninguna

�otra cosa pudiera haberlo hecho mejor, a la gr~ndcza, sólida sencillez J rectitud del hé:oe que mmortaliza; de aquí su mérito psicológtco. En sus
caras lisas de dura piedra gris, no se encuentra
nin"una inscripción, ningún relieve, ningún medallón representativo. La columna se yergue ~oberana sobre la capital y la planicie corno un gigante silencioso, reconcentrado J bueno, enc~rgado
con su actitud de proclamar por la et~rmdad la
o-loria de un orande hombre; como un g,ganle que
despidiera efluvios bienhechores y obrara en los
espíritus por la evocación de sus val~res morales.
«~o os admireis, parece decir, de mi mudo continente acerca de mi significación . A mí no me
hacen falta caracteres escritos, ni cifras, ni retratos ni vanos adornos. Vosotros que pisais esta
tie;ra del héroe no podeis ignorar por qué estoi
aquí. Miradme, tneditad y elevad vuestros corazones en una oración de civismo.»
E~mQUE

11 11 11

MouNA.

Polvo Dorado.
Del libro "Vuelo en la Sombra".

Como lluvia de flores en campo de armiño,
mis recuerdos alfombran mi ruta soleada.
Soy el mismo muchacho de ayer, y quisiera
ser el mismo muchacho mañana.
Hay un suave rumor de agua siempre viva,
y de hojas que mueve la brisa ligera:
unos labios que besan los míos, y luego
unos ojos que lloran mi ausencia.
Siempre ha sido lo mismo: mis férvidas manos
han formado con plumas de ensueños un nido,
y una tarde cualquiera en que sopló mal viento,
han nevado cenizas de olvido.
iOh, mis manos, princesas de amor y pecado;
oh, mis dedos, si hablasen, dirían imis dedosi
un poema de suaves contornos humanos,
temblorosos de deseo.

-

56-

�Ellos oirá11 mat1ana la misa de requiem
de mi vejez, si baja también a mi huerta.
Mis recuerdos, floridos, el polvo dorado
serán de mis alas inquietas.

A un grillo

Discurso pronunciado por el doctor Santín C. Rossi,
(Adoración)·

en la Recepción académica en honor de los. doc-

Sobre el libro cerrado, en el vientre de oro de
[una O inicial,
se ha detenido el grillo y se ha -eu~s~o a escuchar ...
-En mis ojos un beso y en m1 s1g1lo amor ... ,
dos ópalos bañados en fervorlban ya tantas noches, tantos días,
que cantaba, cantaba, donde y cuando quería¡

tores Osear Fontecilla y León Velazco Blanco.

Grillo, huesped de mis libros y mis versos,
promovedor nocturno de mis divagaciones y en[sueños inconexos;
si supieras quien soy Cendulzarías
con la voz de tus élitros la mía?
csería tu sutileza capaz de resistir
.
el ofensivo aliento de mi humano decir?
· Grillo hermano, grillo hermano,
como un cáliz se abre el"hueco de mi mano.
Verás que, aunque soy hombre, no soj inc?mLPrens1vo,
y que sé no dañar a un ser inofensivo;
te hablaré blandamente,

_.

58 -

Amigos:
Saludamos en vosotros a dos heraldos de la
Ciencia en América.
Por segunda vez venís a testimoniar en Montevideo vuestro fervor por las causas sagradas. Estudiantes , vinisteis a evocar el porvernir del Continente, en un arranque de solidaridad fraternal;
médicos, os sigue preocupando el porvenir de
América, puesto que estáis aquí para ocuparos de
los niños.
Habéis sentido, por dos veces, a largos años de
distancia, el deber de las civilizaciones que se acercan a la edad adulta, ese deber superior de no seguir siendo parásitas de las civilizaciones provectas. La continuidad de vuestro pensamiento es noble augurio de eficacia.
En el estado actual de América, ya no hay de1-echo al parasitismo. La gravedad de la hora es
demasiado intensa para arrojarla toda sobre los

60 ·-·

..

�como a aquélla que en sueiios a m1 espírilu aso.
[ma;
( no en palabras candentes de algún bárbaro idio[ma)
en la lengua que tienen para tí, la borraja,
el trigo, un pliegue, un muro y la brizna de paja.

hombros de Europa, por rohuslos que ellos sean.
Es menester demostrar que el Nuevo Mundo es algo más que un gigantesco mostrador de aduana,
que compra ideas e instituciones con la lana de sus

Grillo hermano, grillo hermano,
hay tibiezas de nido en el hueco de mi mano.
AnM.

CARRILLO RuEDAS.

Docter OSCAR FONTECILLA

corderos y el trigo de sus, -pampas_. '•Pesa com_o
una montaña sobre la Amenca Latma-nos lo dijo nuestro doctor Soca en un discurso memorable
- la acusación de esterilidad. Habría malgastado
sus maravillosas eocrgfas en bajos y fútiles placeres, y nada habrfa llevado al patrimonio común

,
-- 59 -

�de ideas J de emociones que son la fuente y la excusa &lt;le la vida lmmaua".
Repitamos con rubor esle ultraje, en la esperanza de que las jóvenes generaciones de América
tendrán la dignidad de levantarlo. No es que JO
piense que deba hacer una ciencia '' americana"
ui un concepto ''americano" sobre las cosas. porque sé que la vida es maravillosamente única a
lraves de sus mil formas, desde el v~jetal hasta el
hombre, y qu~ así como todos los fenómenos de
la vida pueden reducirse en definitiva a una sola
función, a la función de asimilar, acaso las mil
formas de la vida misma puedan reducirse a un
solo fenómeno, el del equilibrio físico-químico de
la Energía, ley de la célula que no es hombre y
de la molécula que no es célula.
Pero por lo mismo que es discutible la posibilidad de una ciencia regional, es más discutible aún
la necesidad de esperar de otros continentes la revelación de nuestros destinos de hombres.
América está. situada mejor que cualquiera otra
colonia humana para encarar los problemas eternos de la humanjdad, porque ya conoce la senda
de la Montai'ía-la Ciencia - y no sienle a sus
pies la cadena que limita los vuelos dcGnivos, la
Tradición.
Porque el progreso de la humanidad en la ruta
de su evolución es una suma algebraica de Ciencia y Tradición. La diferencia entre ambas entidades es más de métodos que de aspiraciones. Ciencia y tradición son dos esfuerzos nobilísimos que
hace la inteligencia humapa para comprender la

,·ida , solo que donde la Tradición se detiene, creyendo termmada su obra, la Ciencia sigue investigando. La tradición es la Historia que cuenta los
ensayos de los primitivos, mientras la Ciencia aspira a ser una Historia de la Realidad, la historia
natural del Universo.
Se repite en las aulas como un dogma la frase
de Michelct: "La Historia es la maestra de la Humanidad", a pesar de que esa frase es tan falsa
como popular.
Si la Historia fuera la maestra de la humanidad, no hubiera hahido en el mundo un César
después de un Alejandro, un Napoleón después
de un César, ni esa caricatura de Carlo Magno que
van a senLar en un banquillo para responder de
delitos policiales!
La lustoria será la maestra de la Humanidad
cuando no sea la de los hombres, sino la de la naturaleza.
La historia de los hombres tiene el pecado original del Error, porque faltó en sus documentos
el bautismo de la Ciencia: fué hecha por la imaginación ensayista de los hombres, ella si personal
o regional, y cambiante como el temperamento individual que la alimenla. La ciencia es, como la
tl'adición, un proceso humano, pero no tiene la
pretensión do ser origi11al ni creadora; ella queda
sorda a la Imaginación que la empuja desde adentro y vuelve hacia el hombre· desde su puesto exterior de observación.
Esa es la sola diferencia entre ambos métodos
de conocer la Realidad, pero ella es inmensa y de-

-

63 -

�c1s1va. Arrancando a la Naturaleza los secretos de
su conservación J su marcln progrcsiva ,-aunque
se le escaparan siempre los ele su origen,-es como la inteligencia humana podrá un día dar estabilidad a sus ensayos, y dejarlos como instituciones definitivas. La Tradición no procedió así, ni
era posibfe que procediera, falta de instrumentos
&lt;le observación,-y el hombre tuvo que improvisar porque tenía impaciencia por salir del estado
animal &lt;le la primera colonia humana.
Sería infantil acusar al primitivo de no haber
i1n-cntac!o el matraz o el microscopio, pero es tan
infantil exigir de la Ciencia la obediencia a la tradición que ocupó un espacio por oo haberse inventado todavía ni el matraz ni el microscopio.
lloy, el edificio de la civilización tradicional
cruge un poco por todas partes. Y he aquí que
mientras los hombres de ciencia se aprestan al
examen de los muros que se caen, los tradicionalistas se eponen, redoblando de energias para
apuntalar los techos sin cimientos.
La Tradición es muy fuerte todavía porque
arrojó en el terreno más fértil del hombre: el Sentimiento.
Todo lo que constituye la Tradición-obediencia. al pasado, el respeto al Presente, el temor a la
transformación sacrílega-Licue por base la es·poutaneidad de un sentimiento, inconsciente como una
cuna, sagrado como una tumba. Cuando el sentimiento ha dejado de ser espontáneo y se analiza,
la tradición empieza a derrumbarse. Entonces aparecen los renovadores, que no son más infalibles
-

6{¡ -

que los otros hombres, pero que tienen sobro los
otros_ !a -ventaja de que han perdido la fé en la
Tradtc16n, dulce venda sentimental que impide la
visión inteligente. de las co.,as.
Y bien, esta últi ;n:i es la sit:.rnci6:1 de nuestra
A~érica, en lo:. deba~cs del prc3Jute. La propia
ps1colocri.a de la conquista uos auguró esa misión
renovadora. Aqu· vínieron los avculuroros, los rebeldes. los audaces, los segunJoncs desheredados,
y su ~bra primera fu~ desmentir lo.; dogm::u; que
pare~1ao etcruos. As~, practicaban li Rcliiión, que
predicaban la fratermdad y la paz entre los hombres, y ellos mataban; crcian en la Patria como en
una institución divina, y se la arrebataron al natiV? para un amo de ultramar; proclamaban la Propiedad, como un derecho de posesión, y ellos
robaban la ~el indígena, _q_ue pasab:m de señor a
esclavo; cre1an en la fam1ha como en un rito sagrado, y violaban las esposas de los indios, para
luego abandonar sus bastardos en los hogares destruidos.
El Sol de los Incas alumbró todas las má11chas
de la civilizacióu tradicional, y lo que se deduce
d~ _los horrores de la conquista no es tanto la falib1hdad de los hombres como la fragilidad de los
dogmas.
_Esto hace la superioridad de A~érica para examinar los defectos de la· vida actual del hombre.
Tod~ lo_ que la mueve es aj~no, y su mentalidad
propia tiene un poco el aspecto de sus tierras virg~n.es, con algu~a zarza de a·b andono eh la stlt&gt;erfic1e mculla, pero mtacta la poteneia de su fecundidad.

-

65 -

�Si la generación actual no hiciera otra cosa que s?mbrar en la mentalidad americana el culto de la ciencia y el concepto verdadero de la Tradición, ya habría ella puesto la proa del Continente rumbo al
destino.
¿Cuál será ese -destino?· ...
Ya no es profecia augurarlo como el señorio del
Hombre, sobre él mismo y las cosas de su ambiente.
Todo hace suponer que el Hombre, libertado de
las tradiciones que lo sujetan al · error, levantará
sus edificios sentimentales . sobre las leyes de la
Naturaleza. El tema es vasto y la obra es ardua
todavía, pero como la vida es un fenómenó del
equilibrio universal. el hombre mismo tiene que
entrar en las leyes_del equilibrio si quiere seguir
viviendo. Yo tengo confianza en el porvenir, porque observo que mientras todos los ídolos caen, la
ciencia sigue su mar~ha ~riunfal. ~ero, por desg1;acia, los hombres de ciencia son umlaterales todaV1a.
Les falta aceptar el Sentimiento como una fuerza
natural, cuyo poder efectivo ahora desconocen o
desdeñan. Cierto que el Sentimiento no es mensurable, y que siempre quedará por encima o par
afuera de la ciencia, como el color cambiante de
los pétalos queda fuera de las leyes nutritivas de
una rosa.
Pero la Cieneia no se opone en nada al Sentimiento, y en lo único que éste cambiaría si lo
aceptara por guia, seria en tener por cauce la Verdad en lugar del Error. La Ciencia no excluye ·la
existencia de las emociones que e..xplica, como el

-

66 -

botánico no destruye el encanto de la rosa cuando
descr~be el eign~ento que le da color.
~~1, la Ciencia daria como tema al sentimiento
religioso ~l culto de la vida y el amor a los hombres; harta ~mar a la patria la cooperación social
en la conqll:1sta sobre el a~óiente; haría respetar
en la propiedad la necesidad de ubicación en el
espacio y el lejítimo goce del esfuerzo· consolidaría en la familia.!ª abnegdción mutua que dicta
el afecto_ y la emocion de recuerdos que no quieren morir.
La ciencia, en fin, no aspira más que á dominar todos los a_spectos de las cosas que rodean al
Hombre, y a darselas al Hombre para su emoción
señora del mundo. Pero no al Hombre actual:
p_o_bre ~rometeo en~denado á la roca de la tradiocion, smo al Hombre conocido y explicado a su
vez, al hombre completo, libre de los buitres que
é~ mismo
ejendrado, apto para todas las- emocion':5 y digno de toda libertad, porque por haber
do~•-ºª?º todas las formas de equilíbrio tendrá su
e~u~hbr10 supremo: el dominio espontáneo de su
limite .. .
. Sobre ?Sta visión de gloria termino este mensaJe de los mtelectuales de Montevideo a dos hombres de cienci~, de América, recordándoles que el
pu~blo que deJO huella más profunda en la civilizaci?n fu.é aquel que pobló el Olimpo con imágene,s 1deab~adas de _h~mbres y mujeres, dándose
as1 por dioses sentimientos humanos que él no
pudo pcrfeccionar.

?ª

fil

11

�1

Fragmentos de la coAferencia del Dr Fontecilla,
sobre LA FÉ DEMOCRÁTICA.
iCólllo influyen en los juicios humanos. lo.s af'ectQ~ q,ue nos dominan! ICómo los sentimientos invaden ~n impetuoso flujo los dominios de la razón:
como la oscurecen, o iluminan, la orientan o la
pierden! Hermosa página de 1:\ 6losofía es ésta que
estudia las íntimas relaciones y armonías, los con.tra~~tes y conflictos de la raz~m y del afecto. desde
los planos suaves y claros de la normalidad
corriente, hasta ~os, lin9eros si~i~stros de la enfermedad y la locura.
Mucho hablamps de evolución y trasformismo,
Ber? ·es. ~o cierto qu13,, _sin _dii;cutir las sucesiones
filoJenétic~s. en la. historia aparece el hombre
como una especie 6ja, en el sentido de presentar
caracter~s propios tan eminentes y distintos del
mundo orgánico, que ya se exije la formación de
una nueya ciencia, separada de la biología general,
la biología humana, en la cual se descubren leyes
especiales y esclusivas de nuestra vida, sin corres-

-

68

pondencia apreciable entre los seres inferiores. En
efecto, señores, la anatomía de nuestro cerebro
se asemeja mucho á la de otros animales, pero
funcionalmente, hay un abismo entre ellos y nosotro~. El cerebro humano culmina por su función y
el hombre se define por su función psíquica. Nuestros actos se diferencian de los movimientos reflejos y de los actos más o ménos automáticos por la
interposición entre el impulso esterno y nuestra
reacción motora de un elemento psíquico de tal
manera preponderante, que imprime al hombre
un sello específico. Nuestros actos se determinan
sobre todo por este factor interno constituído casi
esclusivamente, segun el comun sentir, por nuestras ideas. ¿Quién no ha oído proclamar como
verdad incocusa este postulado lleno de nobleza:
las ídeas guian al mundo, las ideas conducen a
los pueblos, las ideas arrastran a las multitudes?
Se cree afirmar así la definitiva liberación de la
especie, la gloriosa supremacía del intelecto sobre
las influencias inferiores. Hay, sin embargo, en
esas fórmu las así definidas la supervivencia funesta de un error cuyas consecuencias, múltiples y á
menudo gravísimas en la vida social, en la vida
política y en la vida internacional de los pueblos,
vale la pena poner en evidencia. Pero antes de
tocar este aspecto tan importante de la cu~stión,
debo definir mi propia actitud.
Yo no entro en esta amplia casa del pensamiento co:no delegado de ningun gobierno, como representante de ningun pueblo, como ciudadano de
ninguna república, como discípulo de ninguna

-

69

�escuela, prósélito de un partido, propagandista de
un culto o defensor fanático y heroico de ninguna
bandera! Entro en mi simple calidad de hombre
y me encaro con los fenómenos sociales como ser
libre, autónomo y pensante. Si la verdad que yo
proclame á alguién hiere, amigo ó estraño, miserable ó magnate, nación ó grupo, no es culpa mía
ni de nadie: será una chispa errante que a traves de
mi cerebro llegó a mis labios y como sabeis, señores, la luz viene de arriba y no podemos evitar que
el sol alumbre!
Contra lo que comunmente se cree, en el juego
constante de los influjos psicolójicos, es el elemen- .
to afectivo lo que determina la acción: no es imá.;.
gen o representación en si misma lo que produce
el impulso, sino el tono emocional que la acompaña Lo que equivale a decir que la fuerza es el
afecto, siendo el pensamiento solo su vehículo y
nadie discute ni pone en duda el poder dinámico
de los afectos que intervienen en las relaciones humanas de tal modo que a priori, se puede. asegurar
su soberanía casi absoluta en nuestra vida diaria,
individual y social. La imágen pura, si alguna influencia tiene en el determinismo de los actos, lo
ejerce por intermedio. del tono emocional que la
acompaña. y así afirmamos que las llamadas ideasfuerza son aquellas que producen estados emocionales o pasionales más o . ménos intensos. No gobiernan, pues, al mundo las. concepciones abstractas y de allí resulta lo que podía preverse: no son
los más altos y sólidos intelectos los que acaudillan

y manejan a las multitudes ni son los sabios los
que mayor espacio ocupan en el determinismo de
las acciones colectivas: son los hombres plenos de
pasiones indomables y afectos irreductibles, capaces de despertar por contajio sentimientos análogos en la grei humana; son los evanjélicos y los
santos, que arden y se consumen en la- hoguera
perpetua del misticismo, y son los trovadores y los
poetas, esos sensitivos armoniosos y dulces queparecen evaporar todo su espíritu en la divina fragancia· de sus versos. Son ellos, señores, los que conducen al mundo: son ellos los fuertes. Aun estamos
llorosos por el que acaba de marcharse por los
caminos de la gloria: ( 1) hemos quedado como
sumidos en una orfandad inmensa, y al apagarse
su voz que fué como una caricia suave y purísima,
al cerrarse como en un sueño de justo sus ojos
cargados de divinos y superiores reflejos, se ha
hecho en las conciencias un vacío angustioso y
desolante y nuestro desgarramiento íntimo atei,tigua que se ha tronchado uno de los más sólidos
pilares de nuestra ~lma.
Y no hay para que insistir sobre un hecho cuya
evidencia se impone por sí misma. El afecto es el
gran motor de la sociedad; es la fuente inagotable
de nuestra energía dinámica; es, en rcsúmen, el
impulso, el movimiento, la acción.
(1). Acabab ~ de fallecer en Montev ideo el poet a Amado Nervo

�Ahora bien; el proo-reso se realiza cada vez que
una idea útil se satur~, por decirlo así, de un tono
emocional suficiente p_ar~ ponerla en march:1; Ideas
útiles puestas en movimiento por la emoc10?; eso
es el progreso y prosupone, en consecuencia . un
doble desenvolvimiento: intelectual y afectivo.
Nuestro avance ideolójico exige una evolución s~ntimental adecuada para que se prod,uzca _el meJOramiento. Y nuestro progreso se~•a. umf~rme y
armónico el dia que el desenvolVImtento intelectual y el afectivo fuesen paralelos. Pero este paralelismo no existe.
Empleamos nuestra inteligencia y nuestra a~tividad donde podemos, pero sus resultados vanan
según el punto de aplicació_n. ~sta aplica~ión'. ,en
la naturaleza, produce la ciencia; esta aphcac10n,
sobre la humanidad · misma, produce la moral, y
con la moral, la justicia. Pero de las dos tar~as,
una es más fácil que la otra y va más de :er1sa.
Conocer y dominar a la naturaleza, es un Juego
comparado con la obra de conocer y moralizar al
hombre. Y de esta falta de paralelismo entre laa
dos formas fundamentales del desenvolvimiento
humano resultan todos los conflictos y todas las
crísiis de la sociedad. El desenvolvimiento intelectual tiene como resultante el conocimiento y el
saber ; el dese~volvimie_nto y e~ saber; el desenvolvimiento afectivo se smgulariza por el ensanche
continuo de un sentimiento básico: la simpatía humana. La idea nueva puede ser todo lo atrevida,
todo lo cruel y todo lo peligrosa que se quiera: no
hará daño alguno a la sociedad si se le opone

-

72 -

como defensa el sentimiento invencible de la simpatía humana.
Como dos corceles de desigual vigor y &lt;le empuje desigual, el progreso intelectual y el progreso
moral nos tiran de traves y a veces Jlegan a comprometer en forma grave la ma1:ch~ del conv_oi.
Cuando el retar·do del · desenvolvumento afectivo
es demasiado grande en un grupo civilizado, puede
lleo-arse hasta la aberración do emplear iodas las
fu~·zas de la vida en la producción de la muerte
Ahí está el caso reciente de Alemania.
Acabo de leer el notable discurso de Poi ncaré en
la Escuela Normal Superior; creo imposible que se
resuma con más habilidad el largo proceso histórico que nos esplica la conducta anti-humana de los
imperios centrales. Sin embargo se puede ahondar
más aun el estudio científico de este caso. Recuerda Poincaré la frase de Ernesto Haeckcl en su Antropo(J'enia: «La fuerza prima sobre el derecho,» y
la de Hasse: «La moral del amor al prójimo, que
puede ser admitida entre individuos, no debe ser
tolerada entre naciones&gt;&gt;. A esto hacen coro 93
famosos profesores , hombr~s eminentes, un_iversalmente conocidos. Y en realidad no hacen srno formular las últimas y estremas consecuencias ló~icas
de su ciencia. Allá nos llevaban las deducciones
razonadas de la biología, como podemos verlo en
las propias obras de Le-Dantec: &lt;&lt;Espíritus jenerosos han deseado el adYenimicnto del reino de la
ciencia, porque han visto en él la promesa del ~ei110 &lt;le la justicia. Hay que dcsengaiíarl~3; el rc1_no
de la ciencia, si es posible, si una hum1111dad lógtca

�es capaz de vivi1·, no será el reino de la justicia pues
la justicia no es una yordad científica. Es necesario
ser muy poco clarovidentc para no percibir que la
moral es una supercheria. No se trata ya ele saber
cuál es la causa buena y cuál es la mala. Las armas
decidí rán y el buen derecho será el del vencedor. Los
hombres que c1·een verdaderamente en esta vieja
moral son unos ingenuos. La moral está en quiebra y no -se rehabilitará sinó para los imbéciles. o
hay más derecho que el que se puede defender a
cada instante por la fuerza". De donde fluye esta
conclusión: •'Los descubrimientos científicos contradicen los principios sobre los cuales reposa la
sociedad humana desde hace siglos y que la guerra
actual ha reducido a la nada, mostrando que, en
las grandes ocasiones, todo el mundo se inclina
ante el derecho del mas fuerte».
Pero ecómo la ciencia pudo llegar a proclamar
estas fórmulas monstruosas?
La ciencia positiva contemporánea se halla impregnada y dominada de un lado por el dogma del
trans formismo y la doctrina evolucionista, de otro
lado, por la unidad de las le1e.s de la naturaleza,
desde el guijarro hasta la amiba y desde la amiba
hasta al hombre.
La tendencia general de la ciencia a medida que
progresa, es la de acercarse más a la unidad. Mientras mejor so conocen los diversos cuerpos que
forman el universo, mejor so aprecia el carácter
general de las leyes a que so llega; se tiende asi a
universalizar las relaciones y las leyes que la ciencia esperimental ha revelado y se concluye en el

monismo científico, os decir, en una ciencia única
para todo el universo: cuerpos inanimados, seres
vivos, hombres. I es. esta ciencia única, comun a
todos los cuerdos del universo lo que so, quiere dar
por baso y fundamento a la nuern 6losoüa.
Se l~a estudiado la serio de todos los cuerpos
del umvers~, desde el hombre hasta la amiba y
hasta el guijarro y se ha declarado que idénticas
son las leyes para todos y que es imposible descubrir en un término de la serie, el hombre, por
ejemplo, una facultad que no so halle ya en grado
más o menos desarrollado, en los términos más
inferiores de la serie. Es el antiguo razonamiento
de Diderot: c1 hombre es una arcilla viva; además
es un ser pensante. Por consiguiente, para la ciencia así comprendida, siendo iguales las leyes en
todos los grados de la escala de los seres y de los
cuerpos del universo, no pueden existir para el
hombre reglas do conduela diferentes de las que
rij~n Pª:ª e~ conjunto del mundo: no hay, pues,
mas obligación moral, deberes y derechos, ideas
~el bien y de lo justo en el hombre que en el gui¡arl'O; el uno y el otro obran fatalmente, no hav
más mor·al fara el uno que para el otro: se suprime la mora.
. Para esta misma doctrina, desde el punto de
vista de las relaciones de los in&lt;li, iduos entre sí,
sólo es aplicable e inteligible la ley de la lucha por
la vida, que es la ley darwiniana del universo entero; no hay deber ele solidaridad ) de colaboración para el progreso entre los hombres que entre
las piedras clcl camino y los árboles de uua selva;

�no hay más derecho inlerindividual o internacional que el que crea la fuerza; todas las asociacion:s. humanas so b~san csclusivamontc sobre el
ºo?1s~n? y su capacidad el~ daiiar. Acoplando estos
prmc!p10s se acaba la soc10logía y la moral, o moJ?r dicho, se ll_ega .ª promulgar, con toda la autondacl de una c10ncia sopara de sí misma, una moral _obsolutamente inmora_l y una sociología antisocial q_~e nos condu?1_ría, aplicándola, a la
&lt;lestrucc1on total y definitiva, no sólo do todo el
progreso humano, sino de toda la sociedad humana.
\ bien, set1ores, en estos postulados, cubiertos
con un manto tan augusto, hay un error, error
profu!1do que ton:ia ahora proyecciones trágicas,
san_gnenlas y ternbles. La ley de Darwin no se
ap~1ca en nuestrá sociedad como se aplica en los
amn:ialos porque entre nosotros la modifica sustancialmente una fuerza nueva, poderosísima, de
la c_ual ~an ~fo lomar nota los investigadores y los
sab10s s1 qm~ren . construir la nueva ciencia que
se reclama, s1 quieren construir la biolo..,ía humana. Est~ f~erza, esto factor es la simpatíf lrnmana,
ese senhm1enlo que, romo decimos define en cierto modo nuestro desenvolvimiento afectivo ensanchándose per?nn?rn.enle i &lt;laudo a nuestra especie
su sello prop10, umco y caraclcrístico.

.. É~t;e· ·1~~ · ~~~bl~~ · g~;~fl;1i~;s: ·i i~~~~tabl~
atraso do su desenvo!Yimiento afectivo hizo posible ese co?s?r.cio abominable del orror científico
con un m1shc1smo primitivo correspondiente aca-

so a etapas ancestrales y remotas de la especie.
Esta desarmonía, este verdadero desdoblamiento
de la personalidad, puede revestir tan lo en el índi"iduo como en los pueblos las formas jenuinas
do la vesania y traducirse por actos de verdadera
locura. Felizmente las naciones más civilivadas,
aquellas en que la simpatía humana alcanza el
máximo, lograron encerrar a los pueblos &lt;le tendencia anti-social en una invencible camisa de
fuc-rza. Y como la justicia moderna es no sólo represiva sino pre,enli,·a, como no sólo ve el crímen, sino que estudia al criminal, para comprender la actitud severa de Inglaterra y Francia en
los momentos actuales, es preciso tener presente
que se hallan abocados al grave problema de pre\'enir futuros accesos &lt;lelirantcs y místicos do la
Europa Central. :\o ejercen venganza: hacen la
profilaxia.
Sin embrago, señores, no diríamos la verdád
entera si no afirmáramos que esta. desarmonia existe tambien en ciertas grados en todos los pueblos
de la tierra. Esta desarmonía existe, además en
lodos los hombres. I es más acentuada, más patente, más honda , en los individuos que en la sociedad .Y que en los pueblos, lo que equivale a decir
que la sociedad en su conjunto es mejor que cada
uno de nosotros; la humanidad es mejor que el hombre. En sociolojia, no es cierto que el todo sea la
suma exacta de las partes, y así ocurre que un
ejército puede resultar mejor que sus soldados, así
como el amor. segun la espresión &lt;le ;\fusset, es
mas bello que los amanlc&gt;s.

-

77 -

�Esto es una verdad inconmovible y fecunda: la
sociedad mejor que el hombre, lo toma, lo corrije,
lo moldea, lo levanta, lo dignifica y lo guia. El
individuo solo, aislado, entregado a su propio instinto, el hombre primitivo, en fin: ~o es moles~ado por ningun lazo'. no se halla_ coh1b1do en la satisfacción de su ego1smo por mngun deber, no lo
detiene ningun sentimiento moral. Pero he aquí
que llega la asoci~ción q~e lo libra de su propia
bajeza, de su propia ferocidad y lo defiende contra
la ferocidad de los otros hombres. Esta nueva entidad superorgánica que llamamos sociedad, ~o
sólo lo auxilia y favorece en su lucha con el med10
cósmico; lo abriga tambi~n _contra la agresi?n ~umana. El triunfo del socialismo (tomo el término
en su más amplio sentido) sobre el individual~smo
ancentral, es, pues, el triunfo y la liberación del
individuo, porque, lejos de deprimir la libertad,
permite, por el contrario, su desarrollo, en lo que
ella tiene de superior y de noble, ·
Por consiguiente, la sociedad empuja al hombre
hácia arriba, pero lentamente. El individuo está
en retardo respecto de la sociedad. He aquí una
prueba. Acabamos de celebrar una_grande y hermosa asamblea destinada a estudiar los medios de
conservar y mejorar la raza protejiendo a la infancia. Tengo a la vista las c?nclusiones de es~ c~ngreso: ellas son verdades científicas, son rect1fi_cac~ones justicieras, son medidas santas y humanitarias
que los sabios aconsejan y proponen a la sociedad.
La sociedad americana las acepta, las acoje, las
aplaude. Mas, ¿cuánta parte de este código jeneroso

se aplic~rá en la vid~, cuántas de estas reparaciones escritas se traducirán en efectiva justicia, cuántas de estas verdades se pondrán en marcha? Por
el momento una mínima parte, y trabajosamente,
penosamente, porque el egoísmo individual se defiende con dientes y uñas; el grito feroz de las
cavernas aun resuena en los palacios y el lobo se
pasea, ufano y amenazante, entre las multitudes
que tiemblan y que lloran . . ...... . ... , .... . .

·,·_Ei ii~~b;~· ~~ú -~~ ~~t~~á~.- ·y.~~. i

ó~a~~ Í&gt;;_

litico, es fac1l comprobar que las democracias se
hallan por encima de -_los ciudadanos, pues el sistema presupone una virtud que aún no existe. En
efecto, señores, una democracia exige una fé democrática y en la inmensa mayoría de los hombres estafé está ausente. Verdad particularmente
apli?able a la mayoría de los pueblos latinos. Y a
la vista d_e los hec~os, si debemos aceptar que la
democrac1~ ~sel meJor de los régimenes, convengamos tamb1en en que la pseudo-democracia es el
peor de todos.
La demo~racia se haya escrita en las leyes, pero no se ha incorporado a las costumbres. La República _decreta el régimen, pero la vida no se
adapta smo muy lentamente a esas fórmulas vervales; subsiste el abismo entre la idea y el afecto
cap_az de PºI?-crla en marcha y de convertirla en
meJo.ra efectiva. Y creemos a veces haber alcá.nzado un gran progreso cuando solo hemos hecho
un declaración abstracta. Nacida de la razón y decretada por ella, la democracia aún no cuenta con

-

79 -

�el asentimiento caluroso de nuestros corazones. La
iaualdad que solo es un derecho, muere y se cor~ompe: no hay que decir que somos iguales a
nuestro prójimo; hay que desear serlo. ::\fo se leaisla la fraternidad:
hay que sentirla. ~o podemos
b
•
.
oblirrarnos a ser hbres; tenemos que capacitarnos
y ~erecerlo. La libertad es no solo un derecho:
es una aptitud. Como afirma ,Vilson, hs esperanzas de la especie no pueden mantenerse solo con
palabras, con declaraciones doctrinarias referentes
a la libertad y al derecho: el objeto de las democracias es trasformar estas cosas en vida y acción
sociales, en sacrificios y en renunciamientos. Consiste en que los hombres y las mujeres hagan de
su existencia una encarnación del derecho mediante un servicio social claro y consciente.
Dificilmente se podría resumir en menos palabras y con más elocuencia todo nuestro problema
social: poner en concordancia al ciudadano con el
hombre; poner al individuo en su vida y en sus
costumbres en armonía íntima, real, definitiva con
el réaimen decretado por la sociedad. Hasta ahora
he-m~s unido estos términos por una lógica abstracta, en el derecho, pero no en el hecho. Y mientras esta adaptación no se haga efectiva, por la
moral, mantendremos una vana apariencia de concordancia mediante el mecanismo político y las
declaraciones ideológicas. Nuestras fórmulas, entre tanto, serán letra muerta: si no creemos en
nuestros dogmas, nuestras acciones pugnarán con
nuestros principios, nuestra conducta reposará sobre una mentira perpetua y no curaremos este

-

80 -

mal de las democracias latinas: la falta de fé d0mocratica.
IY qué grave y qué peligrosa es esta situació11
de desequilibrio interno! Qué funestas consecuencias va teniendo sobre todas las manifestaciones de
la vida esta democracia ilusoria y falaz! Psicológicamente, crea el igualitarismo; económicamente,
la desigualdad. Del individuo no emancipa siuo el
deseo, pero lo hunde de hecho en la servidumlire .
Este sistema presupone que todos los hombres son
naturalmenLe iguales y que tienen igual derecho a
hacer triunfar sus intereses. Pero como esta igualdad natural no existe, y como las instituciones sociales y la herencia histórica la hacen doblemente
imposible, se sigue que el número de los vencedores disminuye cada vez más, mientras que el _de
los vencidos a los cuales se rehusan las ventaps
de la libertad y los goces de la vida, aumentan sin
cesar. Este sistema crea en los hombres, que se
dicen libres y que s_e sienten escl_avos,. un es~&lt;lo
de ánimo incompatible con la existencia. ¡Cuantas veces, por mi oficio he tenido que asomarme a
esas almas torturadas y dolientes en las cuales la
mentira política, la mentira ec~nómica y la mentira social habían cegado para siempre las fuentes
de la aleoría íntima y paralizado el juego fecundo
de todas las eneraías morales I Eran los tristes despojos que el régi~en de la incoherencia y d~l desequilibrio arroiaba sobre nuestros b~azos 1~poLentes, y viendo salir a uno de estos libres cn~dadanos de la República, tristes esclavos de la Yida,
exclamé con amargura: La pseudo democracia sir-

-

81

�cimas del cacrificio, las cumbres de la gloria, las
altura~ del progreso? Porque si el progreso presuve para engendrar la ambición arriba y la inquiepan&lt;:_1de~s y afectos: sentimientos y raciocinios,
tu dabajo; la hipocresía en unos, el cinismo en
1ntehJencia
y fe; y s1 ésta es eterna como la razón,
otros, el desencanto en todos.
'i como la razón, necesaria; si solo cambia de
Avanzamos, pues, en sentido inverso de nuestras ideas: los pueblos aspiran a la democracia,
forma con los tiempos y nunca mucre, ) o me
pero la civilización no la realiza, pues bajo la dipreg?-nto ccuál es la 1:orma nueva de la fe, en qué
consiste la fe de los tiempos nuevos? tCuáles son
visa de la igualdad no hace sino aprobar las desigualdades. cSerá cntónces verdad lo que sostenía
las fuer~as afectivas y cuáles l~s creencias de que
puede d1sponer una democracia para realizarse de
Rousseau cuando decía: «Si hubiese un pueblo de
veras en el corazón de los ciudadanos? éEn qué
dioses, se gobernaría democráticamente; pero un
signo conoceremos, para hacerlos conductores del
gobierno tan perfecto no conviene a los hombres"?
pueblo a aquellos hombres en quiénes arda el
No lo creo. y permitidme, que-mirando al porveamor verdadero del bien público:} cCómo fundar
nir, yo mezcle a mis palabras el soplo de mis anesta nueva religión y cón.10 reclutar practicamente
helos y esperanzas. Abomino de la democracia fala los sacerdotes de la democracia? Se dice que esta
sa, más confío y espero en la jenuina y verdadera:
veo en ella al instrumento irreemplazable de las
no es el gobierno de todos, sino el gobierno de los
mejores. Más vale decir enlónces: la democracia
próximas y gloriosas transformaciones c¡ue se dies el gobierno del hombre por la justicia, y como
señan ya en la sociedad humana. Pero afirmo con
la justicia es una función moral, yo agrego: o conun convencimiento íntimo que para cumplir ese
vertimos la democracia en un objeto de fe y la ininmenso destino, la democracia ha de encenderse
flamos de un aliento espiritual ) místico. o seauiy exaltarse primero en una fé que le falta. La democracia sin fé es algo inconsistente: es un especrá siendo indefinidamente una frase y una ~entro, es una sombra.
tira.
Entre tanto, señores, miremos en torno nuestro;
............. . ... . ............. . .........
Al amargo deber de proclamar estas verdades
mirémonos nosotros mismos: ¿adónde está el
se
combina hoy para mí la gran satisfacción de
principio de abnegación realmente eficaz que p&lt;r
sostener
que entre todos los pueblos latino-ameriseemos? cAdónde está la creencia que alimenta
canos, es el Uruguay el que más rapidamcnte
nuestro espíritu como las sustancias nutren nuesavanza en la transformación mejoradora, pues el
tro cuerpo? . c~donde está el a~ecto que dé vida y
sentimiento de la simpatía humana no solo vibra
calor y mov11niento a nuestras ideas:} e.Adónde ese
en su legislación y en sus fórmulas sino que palsoplo místico que a traves de las edades ha venido
sosteniendo a los hombres para que alcancen las

-

83 -

�pita cada vez con más fuerza en el corazón de sus
hijos: la pseudo-democracia se va trocando aquí en
fecunda genuina democracia.
Fué un bello torneo de cultura en 1\Iontevideo, qne con justicia
ha sido llamada la Atenas de América, el Congreso del Nifio, que
motivó al viaje de nuestro distinguido amigo el doctor Fontecilla y
su solemne recepción academica en la Universidad uruguaya.
Con satisfacción y orgn!lo renroducimos el conceptuoso discurso
del profesor Santin C. Rossi, orofundo hombre de ciencia, autor del
bello libro El Criterio Fisiológico, y fragmentos de la conferen&lt;'ia del Dr. Fontecilla, en la imposibilidad matel'ial. de reproducida
íntegra como habríamos dese,,do.
Reciba el estimado doctor nuestra gratitud por su deferencia y
las felicitaciones de Ju veritu•l µo:· su intensa y serena labor social .

De "Los Poemas Cristianos"
Por el desierto de Jud~a.
por las riberas del Jordái. ,
Juan, el Bautista, que a los hombres
viniera enviado de Jehová;
decía , lleno de una santa
indignación y magestad:
Arrepentíos porque el reino
del cielo se ha acercado ya,
quién os habrá enseñado a. huír
de aquella ira que vendrá?

l

Y a él vendrán de lejanas
tierras las gentes a escuchar
la sencillez de su palabra
toda desnuda en la verdad .
Y bautizaba con las puras
y santas aguas del Jordan.
Peludos cueros de éamello
vestía, humildemente, Juan,
tiernas raíces y langostas
y miel silvestre eran su pan.
8t,

-

85 -

�Si poderoso ante vosotros
SO) por la gracia de. Jehová,
aquel que viene lras de mí
mucho maJor poder tendrá.
Su amor será una llama roja
que toda cosa abrasará,
y su palabra habrá de ser
para el espíritu, maná.
Su vida hermosa y (lilatada
tendrá la inmensa magestad
de estas serenas, milagrosas
aguas eternas del Jordán.
Aquel que viene tras de mí
mucho mayor poder tendrá,
ni las sandalias de sus piés
digno soy yo de desalar.

De los «Salmos Amorosos».

Generoso fué el destino
que tus pasos impulsó
trayéndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.

-

86 -

Llegaste, nii\a, y mi vida
que tu arribo presintió,
para que entraras en ella
como amanecer se abrió.
Amada mía, como era
sencillo tu corazón,
encontraste mi ternura
hija de un viejo dolor.
Y mi ternura infinita
gozozamenle te abrió
sus dos brazos maternales
para acoger tu candor.
Bendito sea el destino
que tus pasos impulsó
tra) éndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.
ARMANDO

BuN.

�El Pecado de Juventud.

Acto 111
ESCENA I
EnNESTo.-(palernal) Si ~iguel, Ud., no debe
abandonar a Juan Manuel. Su tío lo quiere mucho.
Aquí , a su lado, está su porvenir.
MmuEL.-Es que yo no pienso solamente en
mi porvenir malQrial, tengo ideales, y en este ambiente poblano no se puede vivir, sino brutalmente; nada más que acumulando dinero.
EnNESTo.-Pero quien le iba a exigir que solo
pasase aquí. podría ir a Santiago de cuando en
cuando.
M1ouEL.-(/ranco y rotundo) Sería inútil. o podría dar desarrollo a ninguna de mis ideas , sabiendo que estaba protegido por mi tío. Créame que
me sería odiosa su protección,

88

En:,;EsTo.-Pero Cpor qué le sería odiosa? Hasta
ahora no la ha desdeiiado Ud.
:M1ouEL.-Es que hasta ayer, no era sino uu
simple estudiante. En adelante. podré trabajar
solo.
EnNESTo.-Pero siempre tendrá Ud. una gran
deuda con su Lío.
M1ouEL.-Eso es lo que me duele. Pero creo
que si la suerte me acompaña, podré recompensarle y con creces. todo lo que le soy deudor.
ERNESTo.-No parece sino que le tuviera odio
a su tío .
~1JGuEL.-A él, personalmente, nó; pero es que
no puedo olvidar su caracter sacerdotal. No creo
en nada, ni en nadie , por eso me era odioso aceptarle su protección. En estos últimos tiempos ,
créamelo Ud., me quemaba las manos el dinero
que recibía de él; sentía Yerdadero remordimientos al gastarlo y pensar , que provenía del ejercicio errado, a mi modo de ver , que se hace de las
doctrinas de Cristo.
ER:-.EsTo.-(un poco lerminanle) No quiero ofenderlo Miguel , pero me parece, que no tiene Ud.
derecho de invocar el nombre de Cristo, cuando
está mostrando al desnudo su_ ingratitud, para el
hombre que ha sido su padre.
'1.1GUEL.- o puede Ud. ofenderme. Se que en
este caso no hace sino el triste papel de abogado
de una mala cau sa. (Como inspirado) Padre; nó!
Esa palabra es sagrada para mí. Mi lío, habrá sido
un protector; pero liada más , nada más. Un padre, esabe cómo lo comprendo yo? ( En lo110 emocio-

. -

89 - -

�nado y nerviosamente) Sintie~?-º siem_pre las palpitaciones del corazón de su h1JO, sufriendo con sus
inquietudes, enseñándole de alma a alma, el camino de la vida, haciéndole ver todo el lodo que
hay en ella, toda su idealidad, y to&lt;la su. belleza,
para que así , el hijo adolescente, que se_ siente solo y a pu11to de naufragar enlre los ego1smos humanos, tenga quien le diga la verdadera senda de
elevación que débe seguir noble, ante la peque1iez
del común de la gente.
ERNESTo.-Y Juan ~anael , que ha sido para
Ud. entonces?
MmuEL.-(en tono de tristeza y decepci6n) Un protector frío: todos los primeros del mes, recibia de
él, una carta en que me decía que estudiara, que
no faltara a clases, que me recibiera para tener
aquí, después, una vida cómoda y tranquila.
ERNESTo.-cY que más quería , Ud?
MmuEL.-U&lt;l. e,s de la misma escuela de mi tío.
No puede comprenderme. Yo quería más , mucho
más. Una vez, (confidencialmente triste) le escribí
desde la hostilidad de mi pieza de pensionista,
una carta honda )' dolorosa, le confiaba las primeras inquietudes de la adolescencia, el dolor que
había experimentado al visitar el hogar de un
compauero, donde una madre amante, e~a la buena amiga que seguía de cerca sus estud10s y que
con la comprensión úuica del instinto natural,
sabía, con sus pabLras de filial cari11o. resta1iar la
sangre, que todo corazón joven, siente manar de
él.._ cuando da los primeros ·pasos por el camino

-

90-

del ~mor. Le decía, a u1i tío, en ' esa carta. qu ~ , 11 .,
~enl1a tan solo, que me dolía tanto , saberme huérlano de afectos .
. BRNESTo.-(aparle) El mismo dolor que él ex:penmenta ahora.
M1GUEL.-Y sabe lid. qué me contestó):
~i uria frase que dejara ver un poco de compre_nsión , palabras. vulgares. nada más: que me
resignara , !¡Ue la v1Ja era así, que fuera a la icrlesia , ,que_ con el tiempo sería rico y podría forn~ar,
aqrn, m1 hogar. La carla medió frío, mucl,o frío.
Me sentí desfallecer, pedía mi alma ingenua, un
poco de corazón, J se me hablaba fríamente de dinero y comodidades futuras. ¡Cuánto daño me hizo entonces, mi tío , con ~u _serenida_dl Fué el primer golpe grande en mi v1&lt;la y quizas si a él, le
debo que Ud. ahora, me llame ingrato .. ,.
ERNESTo.-Es que Ld., Miguel, está engai1ado,
no comprende a su tío.
MmuRL.-Tampoco él, me comprende a mí.
ERNESTo.-De modo que está Ud. resuelto a
irse.
MmuEL. -Definí ti va mente resuelto.
ER.NESTo.-·-Y yo le ruego que lo piense mucho,
Juan. Manuel, es bueno, muy bueno y ahora él,
también sufre.
'-1:iGUEL.-Es inútil. El ocupa en este caso, en
mi gratitud, lo que para otros muchachos sin re-:cursos , la Liga de Estudiantes Pobres, un poco
más, talwiz, mi tío.
ERNESTo.-Al hablar con él, Ud. se convencerá

-

91

�de lo contrario. Bueno, perdone que lo haya 1~l0lestado con mis consejos, mi intención ha s,&lt;lo
buena.
.
MiouEL.-Lo comprendo. No ha_r de que.
GUILLERMO BtANCHI.

Del Dr. Mauricio Boígey, de su libro L'Elevage Humain.
( Traducido para "Juventud" por don Deme.trio Salas) .

Educación Física.
HCadn. uno tiPue la 8alud que se
merece: los pueblos, por sus leves;
las familias, por ~u• costumbres
sanitarias, y los individuos, por su
educa~ión moral y física.-( Dr.
Landa11zy) .

G. B.-Guillermo Bianchi (Shanty) como diarista ha he~ho una
labor incansable y honrada y c~m? ~ombre de arte~~ publicado El
Oura Selltimental, simpática pnm1c1a en que la critica saludó una
revelaci6 n.
3
Como autor teatral ha estrenado Pecado de Juventud, drama en
a~tos. y prepara Los Precu,·sores_.
. .
.
Pecado de Juventud fué un trmnfo, "a pesar de la opos1c16n 0?5tinada y inútil de la crítica oficial que ha llevado su rencor mediocre
y pueril basta el colmo de borrar la obra de sus catálogos ann&amp;lel!
ensalzando en cambio a ,us insignificantes corifeos.
Los Precursores, cuyo pTimer acto conocemos. es una obra.tendenciosa y e, tá llamada a triunfar por la belleza de su concepción Y
por la fuenH que su a,utor ha puesto en ella.

La Educación Física debe ser ecléclicá.-Dosificación en
los ejercicios.--El equilibrio físico, condición del
equilibrio moral.-Deformaci6n del cuerpo humano
por la sedentaridad.-El movimiento bajo el sol y
los colegios de atlelas.-El méwdo natural de Educación Física.

De grado o por fuerza, es necesario volver a la
Educación física. La educación inleleclual ha dominado demasiado tiempo casi exclusivame¿te.
Todo se le ha sacrificado. Todas las atenciones han
sido para el espíritu y, poco a poco, el cuerpo se
ha visto despojado de ellas.
Hemos pedido aire en los programas y en las
escuelas; hoy lo exijimos para los pechos. En u-

-

93

�rembero-, e11 I 904; en Lóndres, en 1907, y en
París, ;n 19 JO , los congresos internacionale~ _de
higiene escolar han formulado ya estas tres re1vrndicaciones esenciales.
Los pedao-ogos deben resolver este doble y delicado prnbl~ma: com_batir los exces~~ de_ la sedentaridad escolar y mejorar la educac1on wtelectual
por métodos que pe~mita11 dismin~ir el tieTmpo
consao-rado al estudio o a la ense11anza. «~o es
una afma, no es un cuerpo lo que se modela, decia
Montaio-ne, es un hombre; no se debe dirijir al
uno si1~ el otro, sino conducirlos igualmente como
una pareja de caballos uncidos al mismo carro».
Ya parece existir la convicción profunda_ de _que
los ejercicios, los juegos y los deportes al air_e l~bre
son indi: peusables, no solamente para el crecmuento normal &lt;le los adolescentes, sino tambien para
su desarrollo intelectual y moral. La cultura de
los deportes tiende a resultados hijiénicos y morales; prepara a la vida práctica que es hecha de esfuerzos.
La falta de atención, que a menudo no proviene
sino de la preponderancia de un sistema nervioso
demasiado impresionable, es combatida eficazmente por los hábitos hijiénicos y la disciplina del
cuerpo.
En educación física, el principio fundamental
debe ser el eclecticismo. El esclusivismo está en
oposició_n con las_ leyes, las necesi_dades y las
tendencias de la vida. Lo que necesitan nuestros
nitios no es la hipertrofia del músculo, es la destreza, la flexibilidad, ]a ajilidad, la audacia, la

-

94-

gracia J la elegancia, que son los elementos que
concurren a un equilibrio perfecto.
~uestra época es deporti,-a. La edad del músculo revive. Georges Rozet ha descrito elocuentemente sus fiestas. Es la reacción que debía sel)'uir
fatalmente a la crísis sentimental de los cincu~nta
últimos aiíos. La virilidad de la raza estaba comprometida por un feminismo desencata&lt;lo. El menosprecio filosófico &lt;le lo «tri vial» nos ha conducido a la sedentaridad, a la atrofia muscular, a las
enfermedades de la 11ulrición y a la artcro-csclerósis que las termina trájicamenle.
. Et deporte es una_ n~ern relijión qnc tiene __ ~1;1s
sacerdotes y sus d1sc1pulos. La paluLra rehJ10n
no es una metáfora, pues nosotros volvemos insensiblemente por vías múltiples y eslraviadas al
egoti!'lrno antíguo, tan bien caracterizado por la
morfolojía vigorosa de sus divinidades. El renunciamiento de sí mismo, el espontáneo impulso del
alma ltácia los sentimientos altruistas , la inclusión
de todo ideal en el ideal relijioso y la exaltación
moral han pretendido descuidar enteramente el
soporte anatómico de nuestros pensamientos. Los
Cris_tos enflaquecidos del Renacimiento que copian
servilmente nuestros contemporáneos fabricantes
&lt;l_e imájenes ha':1 puesto en evidencia est_as concepcwnes. Ellas difieren de aquellas, más mgenuas y
más verdaderas tambien que representaban al Buen
\faestro bajo los rasgos de un hombre magnífico y
atrayente. Tambien difieren no menos de las efijies
espléndidas de los dioses de la antigüedad.
Los primeros grandes sacerdotes de esta relijión

-

95 -

�fueron: en Suecia, Ling; en Francia, Arnoros. Su
acción sobre las masas se reforzó más larde con
totlo el peso del prestigio del trabajo de los médicos. Claudio Bernanl, Duchenne de Boulogne,
Chauveauy Marey estudiaron la función muscular.
Pero el verdadero precursor, hoy desaparecido,
Fernando Lngrange, tuvo el mérito de nilgarizar
las bases &lt;le la ciencia del movimiento. Al mismo
tiempo que él, Demeny, ántes colaborador de Marey , se dedicaba sobretodo a la cinética. En fin
Jorje Hébert, el más jóven , el más popular tarobien entre los iniciadores , hacía el gran paso de la
teoría a la práctica; es a él a quien se debe ol primer trabajo de rejeneración efectiva, la cosecl1a de
los primeros frutos.
·
La nue,·a relijión nos promete la prfo:ima venida del hombre completo. De las múltiples esperiencias, de las lecciones de cosas diarias se desprende que las prácticas deportivas han llegado a
ser una escuela de órden y de reflexión. Una buena
educación física duplicada de una buena cultura
intelectual, hé ahí la fórmula. El culto de llijienc
vuelve a tener sus adeptos, lo que es una felicidad,
pues sabemos que es ella a quien debemos las heroicas y gloriosas falanjes de nuestros soldados.
Los adolescentes del cootijente de 1 916 han mostrado lo que se puede esperar &lt;le un entrenamiento
metódico de la juventud. El hombre está construido para vivir un siglo, y más de la mitad de los
hombres no alcanzan a la cincuentena.
C 11 poco de agua, una cierta temperancia, la
práclica de la marcha: hé aquí cómo mantener la

96

juventud en estado de vigor, dar a la edad madura
un agradable virilidad y prolongar la vejez.
Nosotros aun no hemos jeneralizado el aseo corporal. En nuestros liceos, los cursos de jimnasia
son s~gu_idos por to~~. la clase, es decir, que los
conocimientos adqumdos hacen mérito para que
t&lt;;&gt;dos l~s alumnos hagan la misma clase de ejercicios, así como hacen ortografía o calculo. No se
loma en cuenta ni su desanollo físico , ui su estado
de salud. En los cursos de adultos , en las escuelas
elementales y eu las escuelas normales primarias,
se ha trazado Uii hermoso programa de higiene;
pero no ha sido mas que un cuadro ideal: jamás
so ha realizado.
·
Apesar de los adelantos de la higiene, existen
escuelas donde se obliga a los nii'ios a la inmovilidad y donde se les prohibe correr dui-,111te los
recreos.
Es necesario rnlver al culto &lt;le la enerjía. La
i11iciativa y la actividad de los juegos son· signos
d_e ~ndependencia y de intelijencia. Bajo ol materiah~mo aparente &lt;le las fiestas del músculo se oculta el interes del b~illanle prcstijio de lo bello. El
deporte marca la vuelta a una naturaleza embellecida por la pureza de la forma. Conclu_ye en el
amoldamien'to de la materin evolucionando hacia
la perfección orgánica.
·
El esfuerzo físico siempre ha mejorado a aquellos que lo·practican con puntualidad e intclijcncia.
Deportarse es una anLigua locución del siglo XV.
Era sinónimo ~e hacer deportes y nos ha ve11ido
del otr~ lado de la \ilancha , apesar de que allá lo

-

97 -

�han recibido de nosotros. El Lénis y el foot-ball
son antivuos
J. ueo-os
franceses. Nuestros
antecesoo
o
.
res los conocían y a ellos recurr,an para su entrenamiento.
En la educación de Gargantua, Rabelais daba
arande importancia a los ejercicios físicos. Miénfras que Ponócrates instruia a su h~roe en l_a s letras
griegas y latinas, ciencias matemáticas J otras "un
joven jentil-hombre de Turena nombrado escudero
jimnasta, le mostraba el arle de la cahallería, J
este arte es a la vez la equitaci6n, la caza, la natación, el tiro y la jimnástica propiamente dicha".
Recordemos tambieo que Sófocles danzaba el
pean y que Platón debia al atletismo el notable
desarrollo de sus espaldas. En Grecia, los peditribes eran médicos especialistas que se ocupaban
exclusivamente de la cultura corporal.
Quiérase o no, la viriljdad , la energía, el sentimiento de la acción y la necesidad de la independencia no se desarrollarán jamás bajo. un réjimen
que atrofie el cuerpo y que haga de él un est~rbo .. ,
Al contral'Ío, los jóvenes entrenados en los d1feren~
tes deportes son manifiestamente preparados a la
vivacidad y a la iniciativa. Ellos han aprendido a
triunfar de su organismo y a domarlo, lo que es
la mejor garantía para tener éxito en la vida. Tal
juventud es la esperanza del país,
En 1860 no existía sino una sociedad dejimnástica en Francia, en Guebwiller, pequefla ciudad
del alto Rin. En 1869, había quince, tres en París,
una en Espinal, una en Vesoul y d~ez en Alsacia.
Desde 1850, fué necesario bajar dos veces e} míni-

98 -

mu m de la talla de nuestros soldados, J habríam.H
llegado a ser uu pueblo de enanos, si no hubiera
sido aplicado un remedio en_érjico. Los qjerc:cios
de la carrern: el salto, del. disco, de la palestra y
del carro deb1cra11 reco11qu1slar en la vida 111oder11a
l:'I lugar q~e ocupaban e11 la antigüedad.
·: La prnnera conclición. la condición indispensable para tener éxito eu la vida, es ser 1111 lrncn
aniri:iaL". decía socarro1.amente Emerson, y su pensamiento puede ser completado por el de He,·bert
Spencer: '·y la primera condición de ln prospci•idad nacional es que la nncióu sea formada de buenos 'lnimales ''.
En uno de los torneos oficiales que tu\Íeron
lugar un poco ánles de la guerra y que cu 1914
tuvo los honores de la Sorbona )' da la Academia
de Medici 11a , se habló muy seriamente del renacimiento físico. Por dos informes, supe que :Maelerlink era un luchador de mérito, y que otros escritores notables eran enar~orados del box. A todos
pareció que la unión de, cuerpo con el espíritu
estaba realizada y que la cultura del ((JO» se aliaba
perfectamente con la del músculo. _S e 110s preseutó
los ntletas del coronel Cordier; se gustó del método
calisténico de Mlle. Hart, el sistema de R. N.
Duncan y el notable y clásico métoco de M. Demeny. La Escuela de Joinville se superó a- sí misma; y en fin, Jorje Hebert exitó el entusiasmo
general.
Sin embargo, parecía que la dosificación de los
ejercicios físi~os no se habia determinado con exactitud y que los métodos podían ser todavía lacha-

-

99 -

�dos de convencionalismos y de un cierto dogmatismo ... Entre todos los otros-y esta fué la causa
del éxito-el de Hebert nos pareció como el más
ecléctico. El ha contribuido, con hombres de una
constitución media y a veces mediocre, a formar
miles de atletas. Ese es el método que nos ha dado
los inmortales marinos fusileros de Ypres.
Los tiempos en que se hacia largas disertaciones
sobre la inutili.dad del esfuerzo ya lian pasado. Un
gran movimiento lleva la juventud hacia el culto
de la enerj ía. Hay todavía otra victoria próxima.
Hemos bosquejado el programa. Es necesario
llenarlo: lo más difícil aun no se ha hecho. Ln
gr~n esfuerzo ha sido realizado y, desde ahora, la
opi'n ión eslá plenamente conquistada. Pertenece a
los poderes públicos obrar. Una ley antigua, de
treinta y tres años; promulgada el 27 de Enero de
1880, cuando Jules Perry era ministro de Instrucción Pública,-y este es historia muy vi~1a-jamás
ha sido aplicada. El Congreso Internacional de
Edu·cación Física de J 9 13 envió una delegación al
Presidente del Consejo de enLónces. quien era al
mismo tiempo ministro de Instrucción Pública, la
que le presentó una lista de las conclusiones que
fueron mejor. acojidas. Se decidió a ésperi10entar
el primer catecismo de educación física en los
alumnos del liceo de Jeanson-de-Sailly. Era u11a
esperiencia más. Otras iónumerables ñabiun sic..lo
realizadas anteriormente. Todas eran concluyentes.
Apesar de todo , parecía que la necesidad de implantar una reforma perdiendo un tiempo preciso
- no se imponía todavía. E_n un informe pues lencJOO

mos a la vista, M. Adiran Veber ha hecho alusión
a este error en término de broma.
«Tan pronto, concluye, como los actos no
siguen a las palabras, el Parlamento deberá transformar la petición en mandato».
Desde 1_880 para los muchachos y desde 1882
para las mflas, la educación física se ha hecho
obligatoria para todos los establecimientos de instrucción pública dependientes del Estado, sea de
los departamentos o de las OOII\Unas. «Pero los
programas de ejercicios no foeron decretados hasta
1_890. Los maestros no r~cibie,ron instrucción es~
cial para su enseñanza smo después de la creación
de un certificado, lo que se hizo por un decreto de
3o de Septiembre de 1907. ,En fin el 1. de Octubre de 1913, a consecuencia 'de las gestiones hechas
por una delegación del Congreso Internacional de
Educación Física, sólo han llegado a formar parte
de los horarios de las clases las lecciones de cultura
física, a razón de tres sesiones de media hora, o
de dos sesiones de tres cuartos de hora por semana, pua cada curso, sin distinción de estemos ni
internos.
Ciento setenta sociedades deportivas de los liceos
y colegios que existen actualmente han añadido al
mínimum oficial un complemento de ejercicios
físicos verdaderamente útil. Ellas demostraron,
sobretodo, que el desarrollo de los deportes, no
solamente ayuda el trabajo escolar, sino que ejerce
una influencia benéfica en la salud, la voluntad y
buen espíritu de los alumnos.
·
Debemos manifestar nuestros roconocimientosa
0

-

101 -

�la U. S. F S. A. por el impulso general que ha
dado al movimiento sportivo, por los campconalos
que ha creado )' que pa su,~v~nci?~ado ántes de la
guerra, e11 fin pór la partic1pac10n que ha tomado en los gastos oca§ionadés por la traslación de
los equipos escol~re$. A su vez, el Ministerio de
Instrucción Pública distribuía anualmente alrede-do1· de 12 .oob francos en subvencioóes a los liceos
de hombres. Era 1 demasiado poco. Lo'S •institutores
alutnnos que 110 podían :tecibir en las escuela$ normaleS la enseñanza relativa a los ejercicios del
cuerpo-: hadan uh cúrso en la Escuela de Joinvillel~Pont durante su servicio militar. Esta medida,
murjuiciosa, ha hec'10 d~ •~u~stros futuros m~estros de escuéla ca~s dé mm1ar a todo~ los mños
del pueblo ell los ~rinc~pios esenciales de la Mucá~i611 física.

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La intel)sidad de la vida· inteleétual, fas necesidades sociales Y' la móda en fas clases acomodadas,
la ta~erna y la dureza de la vida en las clase~ popu lares, !Jejan a los hombres modernos del ,1usto
equilihrio físicb y tno'ral que reinó en las sociedades antiguas! Si el cerelwo griego y el cerébro latinó piensan todavía a tFAVés del cerebro mqderno,
es porq~e -el vigof de plJoducción Í1lt4lectual era
excepciohaltnente potente, pue$ ehcontraba su
sopürle natural• en un equilibrio orgánico pe1•fecto.
·
·
Sería· cruel insistir en las anomalías de las
102

for_mas impresas. al cuerpo humano por la sedentamlad, por la vida moderna; por la alimentación
defectuosa y por la herencia. Tal, es salido de
vientre, tal otro presenta una atrofia del . pecho
que exajera todavía -el levantamiento de los hómóplatos. A causa 'de las ideas recibida~, nosotros no
,nos apercibimos que una persona dotada de una salida abdominal es tan detectuosa y deforme como que
tiene una jibosidad dorsal. Las mujeres y los hombres civilitados han perdido los signos característicos de los relieves musculares de los miembros.
«Se puede decir que los más bellos brazos y los
más hermosos pechos femeninos, en los cindadanos, no son sinó sacos informes, forra.dos en grasa
alrededor de las articulaciones . y en los cuáles es
imposible volver a encontrar las Hneas primitivas
que constituirían su belleza. Sobre este punto,
como sobre tantos otros, el gusto medio está completamente alterado&gt;&gt;. Dr. Francisco Heckel (Culture Physique). Nuestras actitu_des son modificadas por las deformaciones de la columria vertebral,
por la insuficiencia respiratoria., _pór la i11suficien...
cía digestiva y sobretodo por la depresión ner.viosa
de la que los civilizados sufren ká~ que los otros
hombres: Son estos otros tantds' castigos aplicados
aplicados a aquellos que de·spreoian el de!)arrollo
corporal y que 110 se preocupan más que de la cultura intelectual.
Los corazones que desfallecen a la menor fatiga, ,
los estómagos átonos, los hígados y los l'Íiíones
,-!.eficientes son legión. Una cuarta .parte de los falle~idos en París pueden ser imputados a las cnfer-

103 -

�medades del corazón y de los vasos sanguíneos.
La anjina de pecho, la uremia, la hemorragia
cerebral, las várices, la flebitis han llegado a ser
de la más comunes. éPor qué? Porque nuestra
vida se pasa en la inmovilidad, en la posición sentado o acostado, en una palabra, en la sedentari&lt;la&lt;l. El lujo, el confort, todos los perfecciouamieu-.
tos técnicos tienden a la supresión del esfuerzo
físico que es, ~in embargo. indispensable a la
buena salud. Sin él sobreviene la atrofia muscular,
el ret~rdamiento de la circulación, la semi-afixia
permanente por falta de oxigenación, y en fin la
arterio-esclerósis por sobrealimentación. El habitante de la ciud~d está. de pié dos o tres horas
sobre veinticuatro. El resto del tiempo lo pasa
sentado o acostado. Esta existencia lo lleva fatalmente a la tristeza y al pesimi1?_mo.
1•
11.) 1., 11 '" " ,111
il, 111 JJn
1

Por instinto, preferimos el hombre sano, bien
equilibrado. que marcha erguido y con la cabeza
levantada, al deprimido nervioso, irritable, preocupado que codea los muros de la ciudad con un
paso flojo y la frente inclinada hácia la tierra.
No hemos considerado las personas de una
potencia física excepcional, sino solamente ~ndividualidades equilibradas.
Tenemos para mostrar lo que el hombre normal
debe ser, los espléndidos ejemplares de la estatuaria grie 0 a. Son l~s prototipos. Nada han ~rdido
de su vJor documentario y representan todavía en

-

104 -

el siglo veinte los ejemplares más hermosos que un
ser humano pueda realizar.
Entre los profesionales de aLletismo, se encuentran muchos hombres que no tienen de atleta sino
el nombre y que son verdaderos desequilibrados funcionales. Tal no es el estado físico ideal
pues resulta de un entrenamiento excesivo y mal
llevado. El punto al cual debemos dirigirnos es
solamente el de elevar la raza con una enérgica
educación corporal.
Tenemos en nuestra contra el misticismo de
cier~s religiones que _exaltaron siempre la ética en
detrimento &lt;le la estética. Pero, por ciertos síntomas precursores, nos es permitido adivinar que
estas reltj-i.c;_
mes están dispuestas, desde ahora, a
c?nciliar las exigencias del dogma con las asyirac10n~s. de una raza que trata de rejenerarse y quie-·
re VlVtr.
La guerra ha dado un reiultado que no se había
obteni~o ni con las _exhortaciones de los pedagogos, m con las prédicas de los moralista~ Hoy dia,
muchas_ personas, para llegar a ser atletas pasables,
están d1spu~st~s ~ afrontar privaciones y a impo- ·
nerse una d1sc1phna y esfuerzos contínuos.
Los médicJs debieran ser los iniciadores de la
educación física. Pero, encerrados en un tradicionalismo d_e ~scuela inestirpable,_ absorvidos por los
d_eberes diar10s _de una profesión que no les deja
smo muy p_oco hempo libre, no parecen dispuestos,
por lo ménos hasta ahora, a esparcir los principios
de la educación física. Hombres de gabinete cuyo
modo &lt;le vida indiv.iJual no se armoniza con la

-

105 -

�educación sportiva, los médicos están obligados a
menudo a hacer un verdadero esfuerzo, que ellos
consideran como una dura concesión, para aplicar
a ciertos enfermos estos medios de educación y de
reeducación física cuyo empleo es tan frecuentemente coronado por el éxito.
A esta crisis de iniciadores se agregan los errores que no faltan jamás al tratarse de las primeras
realizaciones prácticas de ideas nacidas en la víspera. La gimnástica amorosiana ha reinado durante cerca de un siglo; se la ha reemplazado por un
método venido del extranjero y que, si bien es
cierto que conviene a los ·suecos, no es adaptable
de ninguna manera a nuestra raza. El entusiasmo
fué tao breve -como hab~a sido de vivo. Hoy se
vuelve nuevamente a los procedimientos que pretenden simplemente ayudar al desarrollo físico
normal del adolescente que realiza para el cuerpo
lo que 'el maestro hace en el liceo para el espíritu.
· Saint-Beuve -ya había confesado antes que la
gloria 'de su pontificado literario no podía, en una
justa balanza, equilibrar las alegrías de un teniente de húsares. Ser una bestia robusta es un orgullo que equivale al otró. Los bonos intelectuales
están hoy día a bajo precio. La natur1_1.leza concluye siempre por tomar la revancha. La selección y
el perfec~ionamiento de los sujetos sanos están a
la orden día. Nuestros deseos son volver a una raza escogida tanto en lo físico como en lo moral.

106

éCómo llegar a ello?
Por el equilibrio de todas las funciones orgánicas.
cCómo asegurar este equilibrio)
Por el movimiento bajo el sol.
La Liga de los colegios de atletas y &lt;le los estadios municipales fundada por el Marques de Pollignac ha ten-ido por fin generalizar uu método de
educación física-el ele Jorge [lebert-que ha hecho sus pruebas en Lorient .Y en Reims. Es poco
costoso, fácil J alegre ; utiliza un uú1imun:i de
aparatos.
Si yo insisto aquí de un modo particular sobre
el método de Hebert, es · porque creo firmemente
que en el estado actual de nuestra raz::i , la salud
de la Francia depende Je algunas pistas para ca:rrer, de algunas vallas ·para saltar y de un poco de
iniciativa y de buena voluntad.
En el último Congreso Internacional de Educación Física, realizado en 'París en Marzo de I 914", .
el teniente coronel Roblet, en persona comandando nuestra escuela de Joioville, presentó un informe sobre la educación física según un programll
concebido tomando en cuenta las pruebas obligatorias del método de Hebert. Solo la natación quedaba
facultativa. El añadía -aún el restablecimiento de la '
barra fiia · tan predilecto a Amaros, y qúe. JoinviJle, ayer no más, consideraba como una heregía.
!No se puede concebir algo más ecléctico! '
El teniente coronel Roblet entonaba el de pro-

107 -

�fundi.s de la «Suecia pura,&gt; de la cual Joinville había sido su templo durante algunos años , y cuya
insuficiencia quedó demostrada al tratarse de
educar adolescentes sanos y no conval~cientes.
Hoy sabemos que los sucesos que_ no pr~ct_ican
sino la lección típica sueca no adqmeren m fuerza ' ni ao-ilidad.
Sabemos también que si la Suecia
o
ha produci&lt;lo soldados (y esto, por otra parte, mucho antes que Ling), si en la última olimpiada ha
podido exhibir e~celentes atletas, es que. todos sus
hombres habían hecho otra cosa.
Esta otra cos_~ spn simplemente_ los movimientos naturales frecuentemente repetidos, acompañados de un máxi~um de esfuerzo y amplitud y que
Hebert ha tenido el gran mérito de codificar en su
métoqo natural.
Hemos visto a los fusileros marinos practicar,
con las piernas y el tronco desnudos, ejercicios
gimnásticos que no tienen nada de común con los
del método sueco, como marchar, correr, trepar
la cuerda lisa o subir los pórticos, luchar, saltar,
levantar pesos' de 20 a 4o kilógramos ,_ lanzar la
bala de 8 kilógramos, y todo esto con un ánimo
maravilloso durante cincuenta minutos consecutivos, sin reposo entre un ejercicio y otro, o mejor
dicho, reposando del uno por el otro.
·
En una palabra, en estos ejercicios no hemos
visto nada que se parezca a los movimientos lentos
ni a las actitudes del sistema sueco. Apenas algunos movimientos c&lt;correctivos y científicos», pero
siempre acompañados de un ejercicio activo, marcha o carrera. Nada de inútiles vil:!"ihncins con res#

•

....

-

&lt;.;.;

••

pecto a las «posiciones fundamentales&gt;). Ningún
cuidado de «inmovilizar algun segmento d~l cuerpo
mientras que los otros trabajam). Los monitores,
desnudos como sus hombres, tan pronto vigilan
como corren con ellos, se limitan a corregir los
movimientos demasiado incorrectos. Lo que se
pide a estos hombres no es ejecutar movimientos
racionales, sino obrar lo más energicarnente y del
modo más variado posible.
Para los adoradores del sist.ema sueco, esto parecería un exceso de ejercicio y una locura , lo que,
en verdad, no es más que el entrenamiento regular de todos los medios físicos del cuerpo humano,
y no pieza por pieza, miembro por miembro, a la
manera de una mecánica. Se trata aquí de un conjunto vivo en el cual todas las partes son solidarias.
Los adolescentes y _los jóvenes no pueden todos
frecuentar los colegios de atletas. Para muchos ,
las sesiones de trabajos físicos deben tener lugar
obligatoriamente a domicilio. En semejante caso,
este trabajo será hecho, o a manos libres, o con
pesos ligeros , objetos pesados, ejercitadores, mazas
y máquinas diversas.
El ejercicio en la pieza no debe ser considerado como
el ideal. Es más hien un medio de hacer negocio.
Este procedimiento concluye lo más amenudo por
dar bíceps, pero no acrecienta ni ta· capacidad
respiratoria ni la r~sistencia cardiaca. Sistemáticamente empleado, produce falsos atletas de muscules enormes, incapaces de correr y de producir un
esfuerzo sostenido. Estos fal~os profesionales de
brazos. nudosos, que exhiben todos los días sus hi-

108-

109 -

�pertrofias, están lejos de valer lo que tal clown, o
equilibrista o jugla1-, menos potente, pero más
diestro ) más rápido ...
Por léemino medio, es necesario admitir que
las palanquetas no deben pasar de dos kilógramos
y medio a tres kilógramos para los pesos unilaterales. Su empleo permite un gran número &lt;le movimientos, y esta multiplicidad de jestos tiene precisamente por efecto provocar el desanollo detallado de cada facele muscular.
EL empleo excesivo de palanquetas p~sadas, la
necesidad al principio de cada contracción, de un
esfuerzo completo y brusco, tiene por efecto el favorecer el acortamiento del cuerpo muscular y el
alargamiento del tendon a espensas de este cuerpo
muscular y conduce rapidamente a la globización
del músculo.
El trabajo en los ejercitadores es excelente, pero
a. condición de que los grupos musculares que
presiden a los movimientos de flexión y de esten-:sión trabajen sucesivamente y en las misma·s condiciones de esfuerzo muscular.
Las mazas son sobretodo utilizadas en I ngl~terra
y en Am,Irica. Tienen la forma de ~na botella de
madera terminada por un cuello alargado que facilita la t_:&gt;rehensión J cuyo peso es de una a seis
libras. Son sobretodo útiles para el desarrollo de
los músculos dorsales y pasan con justa razón por
no present~r los inconvenientes de las palanquetas
pesadas.
La técnica propiamente dicha de los ejercicios

físicos es muy delicada ( 1). Todo período de entrenamiento debe ser precedido de un exámen médico muy completo que se refiere sobretodo al estado de la circulación, al estado mismo del corazón,
a la función respiratoria y al aparato locomotor.
El estado orgánico debe ser establecido con toda
conciencia, con toda exactitud, ántes de acordar el
programa de los ejercicios más convenientes. La
repartición de los movimientos debe ser siempre
subordinada a desarrollar desde luego. las partes
visiblemente atrofiadas, después de lo cual, se
comenzará la fase de adaptación a los movimientos de conjunto que tienen por fin desembarazar
al organismo de los residuos de la nutrición J de
eliminar los tejidos· de reserva suplementarios o
inútiles. La fase siguiente corresponderá a la de
entrenamiento propiamente dicho, en la cual el
juego de los órganos se efectuará con su máximo
de expansión y amplitud.
Los ejercicios utilitarios que ponen en juego un
gran número de müsculos a la vez, están al alcance de todos. La prehensi6n desarrolla los antebrazos los hombros y el dorso. El lanzamienlo pone en
juego los músculos deltoides y pectorales. El pegar
desarrolla los hombros J los músculos oblícuos &lt;le
la cintura abdominal. El trepar, ejercicio natural
entre todos, fortifica el antebrazo y el brazo, la
parte superior del tronco y la cintura aLdominal.
Hebert, en su método, no se sirve de otra jimnástica abdominal, tan eficaz le parece la influencia de
( 1). Cuando no se con0cen los fundamentos científicos. (N. del T.)

. _

110

-

11 T

�este ejerócio sobre tales músculos. El levantamiento
de pesos, &lt;lel que Lanto se ha abusado, fortifica
soh_r;todo los músculos de_ los hombros J de la
reg10~ lumbar. En la tracción y desplazamientos
de ob,1etos pesados, hay que guardarse de ir hasta
el ~sfuerzo co_njestivo que puede llegar a producir
accidentes senos, sobretodo en las personas de eda&lt;l,
En fin, la marcha, la carrera y el sallo representan el trabajo muscular fisiolójico por excelencia.
Para ser útil, la marcha debe ser efectuada a una
rapidez de _6 a 7 kilómetros por hora. Ella provoca la amplitud de la respiración, _la aceleración del
pulso y una su&lt;lación eliminadora de tóxicos muy
saludables. Conviene marchar cuotidianamente,
durante un tiempo suficiente, un~ hora. por ejemplo, pero ª?m_ei~tando progresivam~ote la lijereza,
~esde el pnnc1p10 al fin de la ~cs1ón. La marcha
conserva la juveoilidad,_ evita la acumulación de
la g, asa y mantiene la regularidad de las funciones dijestivas. La multiplicidad 9e los medios de
transporte que ha traído como consecuencia la restricción de la marcha, es la causa de que cada día
se encuentren más ob~sos, ~sténicos y dispépticos.
L~ ca~r~ra e~ _el me,1or y má_s completo de todos
los eJerc1c10s f1S1cos. Yo lo he nnpuesto a personas
sanas y aún a algunas alcanzadas de disturbios de
nu~r~ción, y en todo caso no he tenido mas qu¡
felicitarme de ello. La marcha suscita una actividad muscular general, determina la actividad de
los aparatos circulatorio, respira~9rio y glandular,
además que sobreacti va el automatismo nerviosoNo necesila de ningún aparalo, puede ser pracLi ·

cada en todas partes. e11 la ciudad como en los
campos J no deja tras ella ninguna laxitud. Toda
persona que conserrn el hábito de correr cuotidiana1~1enle se s~breoxigena y se dcsintm.ica: dos
acc10nes combrna~as _que tienen por efcclos pri ncipal~s _c~altar la vllaltdad J consenar el , igor , la
llex1 b1 lid ad.
'
Lo~ m~r?cntos del dia que mejor convienen a
este eJerc1c10 son, sea en la maiíana de 6 a 8 0 de
10 a I .2, sea en la tarde de 5 a 7. Igualmente se
ha precon~zado en la noche, antes de acostarse,
pero conviene en todo caso que este ejercicio teno-a
lugar al ménos dos o tres horas d~spués de l~s
comidas.
El :ideal es ejecutar el trabajo físico a pleuo aire,
con el tronco y los miembros inferiores desnudo:5. ~l atleta del ~ire libre es incomparablemente
mas vigoroso y 1~1as res1slente que el d~ lns salas
cerradas. Las s~s10nes de entrenamiento que tienen
l~gar ª. pleno a1~e pueden ser prolongadas si11 fatiga mas largo hempo que'las que se realizan entre
c1:1at_ro muros. En todas partes debíau establecerse
piscinas y pistas, a imitación de las antiguas palestras do?de cada uno podía esperimentar el triple
~enefic~~ de la aereac_c1ón, de la balneación y de la
msola?1on. El coleg10 de los atletas de Reims,
orgamzado según las indicaciones de Jorge Hebert,
era un modelo en .s? género. Allí había pistas,
apara~os que perm1tian ·trepar en todas las formas,
espacios con arena para los saltos, departamentos
para la cura solar, galpones para abri,,ar a los
alumnos contra la lluvia, etc. Es nec~sario, en

-

112

113-

•

�suuw, espacio, árboles, luz y pistas para la apl'
ción del método natural de educación física
nii,o, y la reeducación del adulto. Los simples 1
vi1nientos, 1narcha , carrera , salto, lanzar. trep

para los cuales nuestro cuerpo está constituid
son verdaderamente los solos procedimientos útil8'
Lo que conviene buscar , es ménos el desarrol
excepcional y curioso que la fuerza de resistencia
la destreza y el equilibrio fisiológico.
Pero, durante largo tiempo todavía semejan!
instalaciones permanecerán excepcionales, pues
para que se establezcan reclaman, a falta de la io-lervención del Estado , la de Mecenas inteligen
e inspirados de grande amor hácia la humanidad.

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                  <text>"Hacia la década de 1910, en un clima de crecientes movilizaciones sociales dadas por las precarias condiciones de vida de obreros de diversas áreas, la Federación de Estudiantes de Chile volcó en la revista Juventud su preocupación por la cuestión social, al tiempo que reflexionó sobre la modernización del ámbito universitario -que reproducía las divisiones sociales- y del rol del estudiante en el desarrollo cultural del país. En la revista, la Federación dio cuenta de la tarea política de los estudiantes, comprendiéndolos como actores llamados a liderar y encauzar estas transformaciones. En este sentido, ya en el quinto año de existencia de la asociación, Juventud se planteó como una de los medios de esta ""juventud estudiosa"" para alcanzar los ideales de cambio social e institucional.&#13;
En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra ""despertar el apetito intelectual"" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo ""mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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                <text>Hacia la década de 1910, en un clima de crecientes movilizaciones sociales dadas por las precarias condiciones de vida de obreros de diversas áreas, la Federación de Estudiantes de Chile volcó en la revista Juventud su preocupación por la cuestión social, al tiempo que reflexionó sobre la modernización del ámbito universitario -que reproducía las divisiones sociales- y del rol del estudiante en el desarrollo cultural del país. En la revista, la Federación dio cuenta de la tarea política de los estudiantes, comprendiéndolos como actores llamados a liderar y encauzar estas transformaciones. En este sentido, ya en el quinto año de existencia de la asociación, Juventud se planteó como una de los medios de esta "juventud estudiosa" para alcanzar los ideales de cambio social e institucional.&#13;
En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra "despertar el apetito intelectual" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo "mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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                <text>Marquina, Eduardo, 1879-1946, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>r-

1f1STORJA

chcsse de Devonshire! ... Ah! chère duchesse,
&lt;1uelle bonté d'être "e.nue sur u_ne invitation
aussi tardive .... n Pms le mamaque rt'prenait: " - Lord Alvanley!. .. Lady Worces-

ter!. .. J) Et, quand il s'imaginait toute la
nuLlesse d'Anglet"'rre réunie dan_s sa mansarde, le pauvre vieillard annonçall _solennellement, comme avec effroi : - c1 Sir George
-f•

Brummel ! &gt;&gt; Et il retombait sanglotanl1 rrjeté
dans sa honte et dans sa misf're par l'érncation de sa triomphante jeunC!-St', ... Il mourut
à l'hospice des fous le 24 mars 1840.
T. G.

-:,,

""'"
-

~
.

.. ~e
-__ F~--""--···
. . ·.• ..,..:;;·
~-----~-,.~
..

-~

~

VuE DE L,\ BASTILLE DE PA111S, liE LA 1-'0RTE SAJNT·ANTOUŒ ET D'UNE PARTIE /lü FAUBOURG, -

Gravure de

RIGAUD.

FRANTZ FUNCK-BRENTANO

.,,..

L'Affaire du Collier
XXXI
Correspondance secrète'.
Durant qu'il fut au secret, à la Bastille, le
priace de Raban parvint à correspondre avec
ses avocats. Il se disait malade et recevait la
visite du docteur Portal, professeur à !'École
de médecine, lequel imagina bientOt prétexle

à s'adjoindre le chirurgien Traverse, ami
personnel du cardinal 1. Ceux-ci, en cachette,
faisaient la petite poste. D'autres lois, le
prisonnier leur écrivait de courts billets, qui
passaient sous les yeux des officiers de la
Bastille; les médecirn; les remettaient à
Me Target et celui-ci, à Ja chaleur du feu,
faisait apparaitre l'écriture sympathique.
, J'ai parfaitement bien lu, écrit le cardinal
à Traverse, ce que vous m'avez adressé dans
le papier chilîonné ; mais il ne faudrait pas
le tant chiffonner. Je n'ose vous envoyer 1a
suite des confrontations jusqu'à ce que j'aie
votre parole pour ne les montrer qu'à li. Target, car, je vous le répète, si on avait vent
ou soupçon, il n'y a sorte de moyens qu'on
ne prît. » Les billets sont tristes. " J'espère
que je ne serai confronté que lundi, mais le
1. Doss. Target , Bibl. v. de Pa1·is, ms. de la réserve.
2. « Je crois que 11. le cardinal ayant du mal au

plus tôt que vous pourrez m'envoyer sera le
mieux. Vale, vale. Veuille le ciel diminuer
mes peines! " Puis : " Il y a chaque jour
neuf heures de confrontation, je suis très
fatigué. )J - c&lt; Je suis horriblement accoutumé depuis quelque temps, écrit-il une
autre fois, aux cboses qui ne doivent pas être
el certes cette habitude est pénible. Je vous
avoue entre nous que je commence à être
fatigué. !lais je ne ferai qu'en redoubler
d'efforts el surtout je ne veux pas que mes
ennemis puissent s'en douter. Je veux toujours paraître frais en descendant dans l'arène
et étancher le sang de mes plaies. Je leur
ôterai du moins cette satisfaction. Vale, vale. l&gt;
Les confrontations lui ont dévoilé la conduite atroce de celle pour qui il n'avait eu
que des bontés . C( Je suis affronté de~ain
avec la scélérate, mande-t-il à Target. AuJourd'hui elle a eu une scène avec le comte de
Cagliostro. Il l'a appelée cc sacrée raccrocheuse ", parce qu'elle lui disait des choses
désobligeantes sur sa femme et elle lui a jeté
un flambeau qui a frappé le Yentre du comte,
mais elle a été punie sur-le-champ, car elle
s'est porté la bougie dans l'œil. Nous v~rrons
demain. Je réponds qu'elle ne me Jettera
nei el au genoa a besoin rl'uu chirurgien. Ce 13 ma1·s
1786. Signé : Portal. :o Bibl. de l'A,·semil, ms.
Bastille, 12457 , r~ 68.

VII. - HISTORIA. - Fasc, So.
~

49

v.,.

rien et surtout ne me troublera pas : elle me
fait horreur. 1&gt;
!!me de la Motte perd de son assurance.
c1 Le dernier interrogatoire finit par ses
larmes, sa douleur, et pour réponse, qu'elle
se jette dans les bras de la Providence. "
Les déclarations de 11étaux de Villette el
de Nicole d'Oliva ont mis la probité du cardinal hors d'alteinte. (( Nous ne sommes pas
encore au bout des choses ex:traordioaires,
écrit-il; mais je les prévois sans aucun effroi.
Je remercie Dieu d'avoir rendu ma position
si différente .de ce qu'elle était. Ce qui me
renJ aussi plus tranquille, c'est que, l'honneur couvert, tout le reste n'est plus que
mon affaire personnelle. "
Dans ces lettres, sa bonté apparait encore
d'une manière touchante. Il est préoccupé de
Cagliostro et de sa femme, du baron de
Planta, embastillés à son propos. Il se soucie
d'eux autant que de lui-même. Les recommandations reviennent, incessantes. Il faut
mettre, dans le .Mémoire que Target va publier, la déclaration où !!me de la Molle a
fini par proclamer l'innocence du comte de
Cagliostro et de sa femme. Il faut aussi avoir
grand soin de donner toujours à Cagliostro le
t:n cl1irlll'gien _élait officicllef!lent at~ché ~u _scr\'ice des prisonmcrs de la. Dasltlle, mais celu1-c1 fie
pou\·ail faire l'alfairc.
4

�msro~1.J1 __________________________.
titre de comte. Ce serait lui faire peine que
de l'oublier. Rohan veut encore qu'avec sa
grande autorité Target parle à l'avocat de
l'a1cbimiste, stimule son ardeur, lui donne
des conseils.
Enfin, pour son défenseur, Rohan déborde
de gratitude : &lt;c Adieu, je vous répète encore
toute l'expression de cette douce reconnaissance que ma sensibilité pourrait seule vous
peindre. "
Deux fois seulement, dans ces lettres, sous
le mystère de l'encre invisible, se glisse le
souvenir de la reine. &lt;&lt; Avez-vous des nouvelles de la R(eine]? " La seconde lois l'expression trahit la profondeur du sentiment
et la préoccupation constante :
cc ~farquei-moi s'il est vrai que la Reine
continue toujours à être triste. »

XXXII
La défense et les défenseurs.
L'usage du temps était que les Mémoires
et consullations des avocats fussent imprimés.
Il; étaient mis en vente et distribués à profus.ion. Le retentissement du procès fit lire
a,,ee passion ces écrits dans toute la France
et morne hors des frontières. Le talent des
avocats ajouta à l'intérêt de la cause, au
point qu'après plus d'un siècle, ces écrits de
circonstance demeurent d'une leclure attachanle.
Le « conseil » du cardinal é•ait composé
dPs m:u'tr.. s du harrt&gt;au parisien : Target, de
B11nnièr1·s, La!.!'et-llardelin, Tronchet, Collet
t&gt;t Bigot de Pré11neneu. &amp;Je Target, de l'Académi1~ français~, passait alors, réputation
q11'il a i:rardée jusqu'aujourd'hui, pour une
des gloires du barrt!au français. Il était le
seul avocat qui fùt entré à l'AcaJémie depuis
un siècle et demi, c'est-à-dire depuis Palru,
élu en 1640. li est vrai que l'illustre Le
Normand avait songé à se présenter vers le
début du xv111e siècle; mais le Comeil de
l'ordre lui avait fait savoir que s'il descendait
à Faire les visites de candidature il serait r,1yé
du barreau. Et Le Normand y avait renoncé.
Target était l'bomme de son éloquence :
massif el lourd. Il Courrait ses gros doigts
dans les petites tabatières des dames. Aussi
la gracieuse marquise de Villeneuve-Arifat
ne l'aimait-elle pas. « Cc Target était de
l'Ar..adémie, dit-elle, et un de ses membr, s
les moins brillants ; de plus laid et point
aimable. Ce petit œil bleu céleste dont on le
décorait n'était autre chose qu'un vilain œil
lourhe et noir 1 • »
Mme de la Motte eût désiré être défendue
par le jeune Al!Jert Beugnot; mais lleugnof,
nonobstant l'insistance de Tbiroux de Crosne,
lieutenant de police, qui essaya de le déterminer par la persoectirn de la réputation
t. S01wenirs de la marquise de rille11euveArifat, pub!. par M. llenri Courteault, p. 71-i2.
2. M" Blondel qullta dans ln suite le barreau el

devint juge à la Cour d'appel de l'aris.
5. Gazette de Leyde, 1785, 9 déc.
4. Charles-Louis Hû, êpicier.
5. Obae.rvations de P. Tranquille (La Mecque,
!i86), p. 3-5.

qu'un débutant pouYait acquerir en pareille
circonstance, déclina l'honneur. Tbiroux de
Crosne lui donna alors le propre « consdl n
de sa famille, !I' Doillot, avocat âgé de plus
de soixante ans, qui avait renonré depuis un
certain temps à l'exercice actif de sa profession, mais était encore recberché dans rnn
cabinet comme un jurisconsulte éclairé. « Le
vieillard n'approcha pas impunément de
~!me de la !fotte, dit Beugnot : elle lui
tourna la tète. 11
M• Dlondel, arncat de ln baronne d'Oliva,
un jeune slagiairc tout frais émoulu de
l'École, n'approcha pas impunément, lui non
plus, de sa jolie cliente : elle lui tourna la
tête également. A vrai dire, Je résultat fut
différent : lime de la !lotie mil dans lacervelle de M• Doillot !out ce qu'elle voulut, et
lui fit écrire les mémoires les plus extravaJ!ants: (C Il faut que l'avocat soit devenu fon,
disait de lui son frère, le notaire .iu Chàtelt!l,
ou que la dame la Uo•.te l'ait ensorcelé
comme rlle l'a lait du cardinal. " Si bien que
Je jurisconsulte estimé y laissa sa réputation,
tandis que, sur les ailes de l'amour, celle du
jeune stagiaire fut portée du jour au lendemain au delà des nues 1 •
Le mémoire de Doillot pour la comtesse
parut le premier, en nO\'crnbre 178.3. Grâce
aux passions surexcitées, il eut un succès
fou. « L'avocat Ooillot, dit la Gazelle de
Leyde, ne peut suffire aux demandes qui
sont faites tout le jour. On voit as.;iéger sa
porte par une foule rnnlinuelle. Plusieurs
milliers d'exemplaires ont à peine suffi à conten1er l'a,idité des premiers demandcurss. )&gt;
L'auteur de~ Observations de P. Tranquille,. donne une description pittoresque de
la cohue :
« Comme je ne suis pas de ces êtres qui
se font écraser pour a,·oir du nou,·rau, je
passai mon c·hemin. Je n'étais pas à dix pas
de cette maison - la maison de M• Doillot
- qu'un clerc de procureur, tout essoufflé,
tout rn sueur, me demanda d'un ton précipité : « Monsieur, en avez-vous? en avez(( vous? ,, Ayant Jit que je n'en avais pas,
mon robin me quitta. Je tournai le coin de
celte maudite rue; la voiture d'un E,jculape,
qui s'époumonait de crier: &lt;&lt; Cocher, cocher,
« arrête à la porte que voilà! " - celle de
M• Doillot - faillit m'écraser. Je n'étais pas
encore remis de ma frayeur que le cabriolet
de M. D'" me lrotla l'habit. J'envoyai, au
diable l'avocat et son mémoire et croyais
bonnement être débarrassé de cette Ioule
importune, lor3qu'un chirurgien m'accosta
et me dit : " Sandi, monsieur, je ne vous
« demande pas quel est le sujet de votre
C&lt; sortie. En avez-vous enfin? n Ma foi, je
l'avouerai. je crus tn ce moment qu'au lieu
de distribuer un mémoire, on donnait de l'or
à tous les Français qui n'en ont pas &amp;. 1&gt;
6. Bachaumont, XXI, -123.
7. Vie de Jea,me de Saint~Rémy, 1, 4J2-'.&gt;6.
8. Jean-Charles Thilorier, në à La llochellecn li56,
mourut le 20 juin 1~18, 7, rue Neuve-des~Capucines,
avec le titre d'a\'Ocat aux Conseil~ du roi . Il élail fils
d'avocat cl laissait deux fil s dont l'un, Adrien-JeanPierrc, fut lui-même a,·ocat. Ayant eu, en ·l i90, le
courage de présenter la défense du marquis de fanas,

.,. So ...

Il y eut des désordres rue des !laçons, où
Doillot logeait •. On dut faire garder la maison
par des soldats du guet. Dix mille exemplaires furent ainsi distribués de la main à
la main; les libraires en vendirent cinq mille
en une semaine, et en quelques jours Doillot
reçut trois mille lettres de demande 7 •
L'idée d'impliquer Cagliostro dans l'intrigue avait été, comme dit George), d'une
adresse diabolique. Si Jeanne de Valois eùt
jeté de prime abord son accusation sur le
cardinal de Rohan, nul n'y eût ajouté loi.
Par ses allures, Cagliostro était suspect, et
on connaissait l'empire qu'il avait sur l'esprit
du cardinal. L'alchimiste, insinue-t-elle, a
dépecé le collier pour en grossir « le trésor
occulte d'une forlune inouïe ,,. &lt;( Pour voiler
son Yol, écrit Doillot, il a commandé à M. de
Rohan, par l'empire qu'il s'est créé sur lui,
d'en faire nndre et d'en faire monter d~
faibles parcelles à Paris par la comle;se de
la ,roue, d'en faire monter et vendre des
parcelle; plus considérables en Angleterre
par son mari. » Quant à l'idée que le collier
eût pu être acheté par la reine, dans un
beau mouvement d'indignation Mme de la
Molle la traite de blasphéme criminel.
La défense de Cagliostro est une merveille,
étonnante d'éclat, de hauteur et d'ironie. De
ce jour l'attention des lettrés, des écrivains,
des salons et des cafés littéraires, fut attirée
sur un débat où l'on allait voir, comme en
un tournoi du Parnasse, rivaliser les plumes
les plus habiles.
Du factum de Cagliostro, la C01·respondance lillé1'a.ire parle ainsi :
(&lt; Oh I que cela serait beau, si tout était
vrai, s'écriait une femme d'esprit, après avoir
écouté avec attendrissement la lecture de cet
attachant mémoire.
- Je ne m'arme point, répondit un
homme sensible, contre l'éœotion que me
cause un roman hien écrit, jusqu'à ce qu'un
arrèt ait décidé ce que je dois croire de la
vérité des faits qu'il contient. »
&lt;( Et l'homme sensiLleavait raison ,, , ajoute
le nouvelliste.
Huit soldats du guet, devant la porte de
Me Thilorier, au cloitre Notre-Dame, endiguaient le public qui se précipitait sur cet
écrit sensationnel. Caglio.stro l'avait rédigé en
italien, puis &amp;ie Thilorier, avocat de vingtneuf ans rempli d'esprit, lui avait donné une
forme vive et piquante 8 • Cagliostro, de qui
la liberté, la vie mème, étaient en jeu, débute
par raconter )es hbtoires les plus invraisemblables sur sa naissance et son éducation, sur
la science prodigieuse qu'il a acquise, sur les
guérisons miraculeuses qu'il sème autour de
lui. Son odyssée mythologique à travers l'Europe et l'Afrique est eipùSée en termes inimaginables. Après quoi, le plus sérieusement
et le plus heureusement d n monde, il se
il ful emprisonné, puis il se réfugia chez son beaufrère dans le Rlèsois. li était passionné pour les
scienCes mt!caniques et la philosophie. On a de lui
un Système universel (4 vol. 1mbl. en 1818). li culti-rnit la poésie et lit des tragêdies.
Son fils cadet, Nicolas-Charles, mourut à Blois, en
novembre 185.1, laissant une fille unique, aujourd'hu
Mme Slorclli.

"--------défend. La première partie pouvait faire
douter de la véracilé de la seconde. « Mais cbar~ante et son avocat le disait en termes
cette folie, comme dit Beugnot' dont Tbilo- exqms. « ~e !Iémoire de la demoiselle Oliva,
[ier, ho~me de beaucoup d'esprit, riait tout ~cru le P_ere George!, intéressa toutes les
,e ~rem1er, fut_ tenue pour con\'enable et bien "'"?e~ sensibles par Jes aveux ingénus que
a !_ordre du JOUr. " Cagliostro avait il est fai~ait cette belle courtisane. Le style avait la
vra!, un_ argument. sa~s réplique : le c;rdinal fraicheur du coloris que les poètes attribuent
avait traité avec les Joailliers le 29 janvier! 785, 11à la _reine ~•- Gnide et de Paphos. " Et voilà
,n JOh ~pecimen de style jésuite à propos
et !,m,,Caghostro, n'était arrivé à Paris que
le vO, a neuf heures du soir.
d ~ne Jolie femme. M• Blondel écrivait bien
Arec lime de la Motte, il le prenait de trè; ~,eux :. son_ Afém_oire est si simple, si clJir,
h~ut. La comtesse, dans son .\lémoire, l'a e- d u.ne ernot1on s1 nai\'e el si touchante la
Ia,t
Empiri~ue, bas-alchimiste, rêt:ur log,q~e en .~sl si ~nement et si joli~cnt
sur . a pier~e philosophale, faux prophète. " déduite, qu il _est impossible, aujourd'hui
encore, de le hre sans une vive symp11h:e
Cagliostro repond :
Tout Paris ~our Nicole eut les yeux de Bion:
d~l. Vrngt mille exemplaires dé son petit chef, 1!1!ipir!q1te! J'ai souvent enlendu ce mot
,
na, Jami
,
, mais
. ; is pu sam1r au juste ce qu'il signifiait . d œ~vre furent vendus en quelques jours i.
Peut-elre
, M Blondel trouvait le même intérêt que le
. un 1iomme qui,· sans êlre docteur a d •s·
conn11ss_anc~s en médecine, va ,·oir les ,~alad~:o defenseur du cardinal , il• Target , à prouver
et ne fait pou!l pa1er ses visites, guérit les paun·es que, for~ de la scène du Bosquet, dans cetle
comme les riches et ne reçoit u·arrrent de
- O~ls~ur1te profonde, Nicole n'avait rien pu
sonne
. .
0
per
·
- er~ c~ cas Je s'.11s_ empirique.
d1stmguer. Et Manuel de rimer ces vers qu'il
Bas-alcl111mste ! Alchumstc 011 non la
1·1·
cal'
d
b
,
qua 1 1met dans la bouche de la jolie figurante :
1011
C Ci
as » ne convient qu'à
·
demandeut cl qui ram1&gt;cn1 et 1·
. c:~x q~•
Tous deu:r m'o11t démontré que Je n'a,· _
.
t
..
. .
.
,~enput'Oir,
t,
C .
·
on sait s1 Jam:us 'l'
arge 'qu ' 11msazt nuit, Blo11del, quïlfaisttil noir.
ll ~omt~ aghostro a demandé des
graces :1 personne.

i' ".

Ret'~ur sm~ la 11ierre philosopliale; Jamais le public n'a été
Hnportuné par mes rê~cries
~•aux prophète! Je ne l'~i pas
touiours été. Si M. le cardinal de
Hohan n,'eùt cru, il se serait dérié
de la ~omlPS~e de la Molle et nous
ne sermns pas où nous eu somrncs.

• ~a fin du mémoire serait
a cll~r tout entière; en voici Ils
derrnères lignes :

. Fr~nçais, n'ètes-,·,ms &lt;iue cu'':tins
ecrils où la malice et Ja Jé,,êrcté
se sont plu à Vl'rser sur l'A,~i de~liommes l'opprohrc et fo ridicule
1:1r~ix ! rnus pomcz lire ces

Voule~-,ous, au contraire, êtr~

b01~s c~ Justes'! .\''interrogez point:
mais ccoutez cl aimc1. celui qui
rc~pl'da toujours les rnis parce
qu lis sou l dans Jes maimde Dieu
les ~ouverncmenls p:irce qu'il le~
prolt•gc, la rnli_~ion pai·cc qu'elle
est sa loi, Ja loi parce qu'elle en
est, le sup1ilémcnt, les hommrs
enfin parce c1u'ils sont, comme lui,
ses enfants.
N'.intcrrogcz point; mais écoutez
t!I :ume.z celui q~i est venu pal'mÎ
\'OUS fi.usant le bien, qui se laissa
alta~uer a\'cc p,1licncc et se défendit avec modération.

Ua était encore tout abasourdi de celte littérature, inattendue en la circonstance, _
c~r ce plaidoyer s'adressait véritablement à Nos Seigneurs
du Parlement, sié"eant en la
Grand'Cbambre et Ja Tournelle assembl;
- qua_nd parut le délicieux écrit de Al' B~s'.
del plaidant pour Nicole d'Oliva. Nicole &lt;'ta~t
1_. Ga:~lle d'A mste,-dam, 31
mou·c avait paru le 27.
mars 1786. Le mé-

Voilà cc que ;e sau. Et mo11 âme rngt,we
D(m~ _cet /mm/Ac récil se nwntre Loule 1/1/e.
Jl' s1m1 simple, 11a1Ve Et q,ti 8
.
· '
J'lmazs 11uc11.,·
Que I a belle Olwa
,,e dëi-oiler mu yeu.r 1'
2. Çeus-not, 1, 101.
3. Né a Troyes, le 2 déc. ·1770, d,rns la rue /Jei-

,,t , . .

"" Si .,.

L' .llrr.!117(E DU COLZ.1E]t - -...

~ua nd : du fond du Châtelet, où il était
melaucohquement
détenu
d'E't•ienv1e
·11
..
,
_
, B•tte
c
apprit 1e sucees de librairie de ces écrits qui
s~ transformait pour les auteurs en s~ccès
~ ar?ent, car chaque exemplaire se vendait
e vmgt à trente sols, il demanda énergique:~nl ~nà être, ~r ~nfin, lui aussi, il avait
_e me 1e une histoire de diamants. On a
di~fi~e Vergenues et le ministère eussent
pr re..~e pas compliquer l'affaire si compliquée dcJ'i du cardinal, en y ajoutant l'invrai~emblable aventure du bourgeois de Saint. mer ~t d~ son~ ami, le baron de Fages. Mais
tl te_na1t, lm, d'E~ienville, à parler et à écrire,
qu_oi qu on en eut. Et ses !fémoires de pleuvoir .: du .24 février / 786 au !! avr1.1, 1.1 en
pu hl ie troJS coup sur coup Chac f
d
à 1'li'
,
·
un ut ven u
~
l~r~ d ~xemplaires. &lt;I On a beau s'écrier:
mais _d ou vient ce nouveau venu l A ui en
~eut-i_I? d_e quel droit publie-t-il un lléJoire?
e Memo1re
d •. est
• ~ un roman qui •, du mouver~cn 1' ,. e 1 rnteret, du st}le. Tout le monde le
lit et• s mtéresse
pour M· d''"'' t·iem..I 11 e, sans se
. ,
soucier. St c est un personnage réel ou un être
fantastique'. » Ces '"Mémoires étaient signés
de Afe Montigny' avocat mal
famé, observe le Bachaumont
qui n'en. distribuait pas un scui
cxemplaue gratuitement et les
v? nd3 it lui-mème à son domicile, rue, 1e La Harpe, sans pudeur . . D ~,tien ville, qui y exerçait pour la première fois sa
plume, signait : Auctor el
actor.
La belle comtesse deCagliostr_o_cut pour défenseur M' Polve:11,. qui raconta sa vie en un
Memotre phis invraisemblaLle
encore que c, lui de son mari.
"Celte nouvelle fable, dit Beug,~ot, rut aussi son ~uccès. n
Rel_aux de Villette cboisit un
petit avocat bossu, Me JaillantDescharneb ~' f! aussi malin que
le ~om_po~tait sa constitution »,
qui depeignit Villette tel qu'il
étai~ eu effet : caractère faible
el lege1\ dominé 'p:ir ses maîtresses et loujo"urs prêt à leur
rendre les
. services (!u'elles 1Ill.
deman daient sans trop en discerner la portée. Il fut d'ailleurs
de tous les avocats celui qui
remp~rta le plus grand succès
at~ pomt de vue judiciaire. Son
client,. ~oup~ble de faux et de
complicité immédiate dans le
vol :du_ Collier, s'en tira avec
une peme dérisoire.
Puis vinrent les Mémoires du
baron de Fages, de dom Mulot
du. comte de Précourt, l'accu~
satrnn contre d'Étienville et ses
compagnons rédigée au nom des horlogers
Loque et Vaucher. Ce dernier écrit œu
d
!!• D
,
d
,
vre e
uveyr1er, a mirable d'ironie et d'huc/iame1,, mort â Paris Je "lO ·ani·
.
forlunc de 400 000 francs . J 1 . · 1851, laissant uu,
a sa ·1 11 e natale.

?

�ffiSTO'R,.1A

---------------~---------------- ~

lectionneurs, bibliophiles, amateurs de plamour, :rut placé par les critiques à côté des enfin décom·erts et embastillés le 21 mars quettes et d'estampes. On voulait a,-oir tous
1
1786 •
plaidoyers de li' Blondel et de Cagliostro,
/Jlais del'ant la plus grande partie de les mémoires imprimés, brochures, pamParlant de l'un des Mémoires de d'Étienphlets, petits vers et chansons que l'affaire
ville, le libraire Ilardy écrit : « Entre autres ces publications malignes, les etîorls de la faisait naitre au jour le jour. On tira une sétraits lrappanls, on y remarque, à la page 22, police demeuraient impuissants et ses pour- rie de vingt-deux portraits représentant tous
le discours adressé le 16 août 1785 par la suites n'avaient d'autre effet que de piquer la les personnages en jeu. La plupart étaient de
dame de Courville, qui se sauvait de Paris et curiosité publique. Et les nouvellistes de dé- fantaisie. Les premiers qui portèrent le nom
était pour lors à Arras, au sieur d'Étien- ployer leur imagination. Toutes les feuilles de de lime de la Motte n'étaient autres que des
France et d'Europe suffisaient à peine à conville :
portraits de la Présidente de Saint-Vincent,
« M. le cardinal de Rohan a été arrêté tenir leurs inrormations. Que devenait sous tandis que le comte de la Motte était figuré
leur
plume
la
scène
du
Bosquet?
«
En
accorhier à Versailles. Sauvons-nous. L'achat d'un
par le prince de Montbarey. La même image
collier de seize cent mille livres, dont rnus dant ses faveurs au cardinal, la d'Oliva lui servait pour d'ÉtienYille et pour le baron de
avez vu chez moi des parlies, est le nœud de Fai5'ait accroire, les deux tèles sur le mème Fages. C'était la figure d'un sourd-muet
celle affaire. C'est la découverte de cette oreiller, qu'elle était la reine elle-même; de trou\'é en 1775 sur le chemin de réronne, se
intrigue qui causait mes chagrins et mes li, les grandes idées d'ambition du prélat disant comte de Solar. Des colporteurs, cainquiétudes depuis le commencement du qui se flattait de devenir premier ministre'. » melots de ce temps•là, n'en trouvaient pas
mois. Voilà ce qui empêche mon mariage cl Quant au comte de la Moue, on assurait que, moins bon accueil quand ih parcouraient les
forcé par le lord-maire de quitter Londres, il
me perd. »
rues el offraient à la foule, sortant des presses,
Par l'importance que Hardy auache à ce s'élait réfugié à Constantinople, ùÙ il3 s'était encore humides, les plaquettes nouvelles de
fait
circoncire
et
avait
pris
le
turban
• Ajoudétail, on voit combien l'intrigue de la dame
la série du Collier, attirant par leur cri habide Courville, malgré son invraisemblance, tez l'exaltation des esprits en ces années qui tuel : a Voilà du nouveau I Yoilà du nouavait été birn conçue par Jeanne de Valois, et précèdent la Révolution, et vous imaginerez
,·eaui ! »
de quel secours elle lui eût été, si l'arresta- l'agitation qui naquit du procès. Les caricaEnfin, le 16 mai 1786, peu
tion, inattendue pour elle, de
de jours avant le jugement,
Rétaux et de la d'Oliva, n'eût
parut le Mémoire pour le carruiné dans ses mains toute
dinal, par Target. On en avait
possibilité de défense.
dit par avance mille et une
merveilles. L'avocatavaitdonné
lecture de quelques fragments
à ses collègues de l'Académie,
«Voilà du nouveau! Voilà
qui s'en étaient déclarés chardu nouveau! 1)
més. Quand un académicien
lit quelque chose à ses collèL'émotion et l'intérêt progues, ceux.ci s'en déclarent, il
duits par les brochures des avoest vrai, toujours charmés. Des
OtJ,c, ~" ""' ,111 , ,1uv ,:~ j(, J&gt;I ;~ (J);,i, ·1" •;r ""11.L .. ;L,
cats étaient encore sureJ:cités
copies manuscrites en avaient
eAC,,u. Il # ...,,p,.,.
J( ..:',1,.,. .. ,
_ , J (111\1(, 11,tt,,,
, .. -1
·~- ••,
par les libelles et les pamphlets
été tirées, plus ou moins fidèque l'affaire faisait éclore de
&amp;·.-;L ,; ;, ..,_,.,://-.,1, /{~.,.,,"'-.,....vit.,,_,,.;,'
les. Elles se vendirent jusqu'à
toute pari: le Garde du Corps,
trente-six livres chacune par Ch.-Jos. Mayer, les Réau moins soixante-douze francs
flexions de .llolus, le, Obsei·d'aujourd'hui. Et quand l'écrit
vations de l'. T.-anquille par
parut imprimé, ce fut une vraie
Charle,-Louis llù, le Conte
sédition sous les colonnades du
oriental, la Lettre de l'abbé
Palais Soubise où il fut mis en
G... lt la comtesse et la rédistribution. La Ioule, qui se
ponse de la comtesse à l'abbé,
pressait dans la vaste galerie
le Recueil de pièces authenen demi-lune, devint si grande
tiques, la Lettre à l'occasion
11ue le guet ne suffit pas; il
de la détention du cardinal,
fallut la garde à cheval'. Trois
les Mémoires authentiques
éditions parurent le mème
pour Cagliostro, la Dernièl·e
jour, l'une chez le libraire
pièce du Collier; combien
llardouin, au Palais-Royal;
d'autres I Parmi les auteurs de
l'autre chez Claude Simon; la
ces pamphlets, on trouve des
troisième, imprimée chez Lot·
perruquiers, des épiciers, des
lin, était distribuée à l'hôtel
commis de librairies. Toutes
Soubise. Nonobstant cette disles têtes s'en mêlaient. Une
tribution gratuite, le mémoire
imprimerie clande~Line, blottie
fut vendu jusqu'à un écu. On
dans un fond de cour, rue des
en avait dit tant de bien que ce
LETTRE DE CACHET, CONTRESIGNÉE PAR LE BARON DE BRETEUIL,
Fossés-Saint-Bernard, était enfut une désillusion. Sans doute,
1
ORDONNA:-iT L EMBASTILLEYENT DE CAGLIOSTRO.
tièrement occupée à l'impresil était difficile de !aire mieux
sion des plaquettes relatives à
D'après l'original conservd .i la DfNiolhèque de /'Arsenal.
que les mémoires pour Cal'affaire du Collier. Elle était
gliostro el pour la d'Oliva.
dirigée par Louis Dupré, dit
Mais
l'œuYre
de
Target n'est pas sans valeur,
Point, garçon perruquier - Figaro était un tures devinrent si violentes que la police les il s'en faut. De nos jours on a comparé œ
type de l'époque - et Antoine Chambon, com- interdit à leur tour•.
Ces mesures stimulaient l'ardeur des col- morceau d'éloquence judiciaire aux plus belle,
missionnaire en livres. Les deux associés furent
:i. Journal ,le- Hardy, 1786, 1-2 juillet.
3. Journal d&lt;' Hardy, 1786, 20 mars.
t. La /la$lilfe déi•oif,te, Ill, 108.
G. Ibid., 2-l mai; 8acl1aw11ont, XXXI(, f.2.
~- Courrier de l'Ew·ope, l 78!i, 11 a,·ril.
'1. Bachaumo,it, 1785, lü dl'ccmhrc.

...

__________

harangues de Cicéron. C'est lui faire tort. Le
fac_1~~ de Target contient des parties d'une
prcc1s10n et d'une force démonstrati,·e aux-

Marie-Antoi?ett?. à son frère Joseph li', j'ai
bien com~te qu il ne pourrait reparaître à la
cour; mais la procédure, qui durera plu-

1..' ./l'F'FJUR,ë

DU COZ.l.113R, - - ~

plus d'effet que celle de l'assemblée générale
du. dergé, bien qu'elle émanàt d'un seul
rnd1v1du. L'abbé George!, ancien jésuite, était

xxxm

""' 52 .,,..

L'HOTEL llE SOUBISE, PRIS OU CÔTÉ DE LA RUE

qudles n'a jamais atteint l'insupportable ba•~rd _de Tusculum. Peut-être que si Target
n a,?,t pas eu la conviction que, dans une
par~1ll,e cause, il a\'ait le dernir d'écrire un
chef-d œuvre pour la postérité, il en eùl réellement fait un; pour les chefs-d'œuvre il
faut moins de façons.
'
Le peuple chanta :

· - Gravure de RIGAuo.

sieurs mois, pourrait avoir d'autres suites
Elle a commencé par un décret de prise
corps qui le suspend de tous droits, fonctions
de faire aucun acte ci·vi'l JUS.
'à et faculté
.
qu son Jugement. Cagliostro, charlatan,
La Molle, sa femme et une nommée 01·
barb°teuse d_es rues, sont décrétés avec lui;
iva,
11
que e assoc1atio~ pour un grand aumônier
et un Rohan cardrnal ! 1,
Ta,·get, da,is /JM gi-os Alémoire
De ce. jour comwença pour les détenus
A tract la11t bien que mal
'
une captivité rigoureme. Le Parlement rela sotie et fdcheuse /ii,toire
De ce pauvre cardi11al
pous.5a, le 1 7 février 1786, la prétention lorEt sa t:erbeuse éloque,i~e
mulee
par l'assem~lée générale du clergé,
Et &amp;011 froid rai1om1nne11t
sous la prés,dence d Arthur de Dillon, arcbeProuve11t jusqu"à l'évidtllce
l'êque de Narbonne, de faire juger le cardinal
Que c'tlt un grnnd 111noceut.
par_ le, tribunal ecclésiastique. Déjà le roi
Ce lut le mot de la fin, le mot juste sans a_vait repo_ndu précédemment à la letlre que
doute.
'
1assemblee du clergé lui avait adressée le
18 septembre 1785 : " Le cler•é de mon
royaume
doit compter sur ma p;otectioo et
XXXIV
sur ~on_ attention à faire observer les lois
conshtuli\'es des prhilèges que les rois mes
Avant le jugement.
prédécesseurs lui ont accordés. » Et il ne
s'était pas arrêté davantage à ces formalités.
, Le 15 décembre 1785, les simples décrets On ne crut pas devoir tenir plus grand comp le
d &gt;Journement du Parlement pour être ouï
de~ démonstrations du Souverain Pontife,
décernés. con Ire les prisonniers de la Bas~ qui, ~n g~ande colère, avait menacé Rohan
lll!e, avaient été convertis en décrets de prise de lu_1 ret1r.er ~e chapeau, parce que, cardide corps contre le cardinal, la comtesse de la nal, 11 se laissait juger par Je Parlement. On
M,olle et Cagliostro. Ce dernier avait failli, se contenta d'expédier au pape un certain
des ce moment, trouver une majorité en abbé Lemoine, docteur en Sorbonne, qui lui
laveur de son acquittement • Le 19 JanVIer
• .
expliqua cc dont il s'agissait, et le pape se
seu1ement lut prononcé le décret contre déclara sat,slait.
!Ille d'Oliva. Le décret contre Rétaux fut
Une autre manifestation ecclésiastique fit
rendu lors de son entrée à la Bastille. " Dès
du 2f de&lt;'r-mbre l 7M:i, publiée par
le moment où le cardinal a été arrêté, écrit MJ .· e0 larlate
Hochelerw el ,ti&gt; IJcaUl'Ourl, li, 85--86.

cl;

J

..-.- 53.,..

le vicaire gén~ral du cardinal, aussi bien à
Strasbourg qu à la grande aumônerie. li profita de la rédaction d'un mandement " per~elta?t l'u:age des œufs pendant le carème
JU~qu au dimanche des Rameaux », pour y
faire connaître sa manière de voir. Il y compare h_ravement le cardinal à saint Paul
Louis X_VI à ~éron, et se compare lui-mèm;
au disciple _1 imolhée que l'apôtre exhorte à
ne pas rougir de sa captivité :
Je, François George!, docteur en théolo(l'ie etc
env~yé_ vers _voui;, mes très chers frères: c~m~;
le d1sc1pl~ Timothée le. ful a~ peuple, que Paul,
da~s les liens, ne pou,·ait en:-eionrr J·e vou ru~
&lt; '1
t
. d
o ,
s ~ ...
1u J ,·ous es permis e manger du Lcur,·e el des
œufs en ca1·ème.

Mais entendez :
Puisse not~e voi1, aussi éclatante que la fatale
trompett~ q~1 appellera les morts au dernier jugement, umter les accents des envo\'és de 0·
't d" .
•
leUi
quan
: Cl Peuples écoutez
1 ' d• • s isment
·
, c'est o·1eu
m-meme qui ~arle par notre bouche. L'impiété
a rom1m ses digues, elle a inondé la terre t
dans l~s élans de sa fureur, eUe a dit: Je 1
« ter~1 au c~el, j'insullerai au Tout-Puissant!
" mais, ~u sein de la nue sillonnée par les éclairs,
« au ~ru1t de 1~ foudre qui éclatera sur le monde
!( entier, la maJesté de Dieu apt&gt;arailra. d t ,
. .
, u ronr
« 1te 1a,. JU!illce
pour enl ra1•
. d partira la "enueance
c
(t ner 11mp1e
ans l'abime éternel! »

et ~:u:

. Cc qui paraîtra inouï, c'est que cette manière _de permettre l'usage des œuls durant
le carem~ fut affichée par les soins de George}, v1ca1re de la grande aumônerie, aux
portes des chapelles dans tous les chàteaux

�L' Jl1'1'.1111('E

111STO'J{1.Jl
remme, après quelques jours, alla au Palais1Hopl pour y voir, aux étalages des imagistes,
son portrait, autour duquel se groupait la
Ioule. li était aOreux el elle en rit comme
une folle, ce qui la fit reconnaitre. Par des
cris de fèle, ces dames du bel air la saluèrent
respectueusement et les jeunes hommes qui
passaient lui offrirent les fleurs destinées à
leurs amies. Les meilleures maisons se l'arrachèrent. ~fais, tête légère, elle parlait trop.
Elle disait par exemple, à diner, de,ant une
nombreuse assistance, qu'elle s'était toujours
lrès bien portée à la Bastille et n'avait eu qu'à
11
se louer des égards du gouverneur •
Mme de la Tour, sœur du comte de la
Molle, avait éié mise en liberté dès le 7 léuier.
Ces vides lurent en partie comblés, le
12 mai, par la naissance à la Bastille d'un
nouveau petit sujet du roi que mit au monde
la pelile baronne d'Oliva. Baptisé le lendemain
en la paroisse Saint.Paul, il reçut les nom,;
de Jean-Baptiste Toussaint, ,on père, Jeanllaptisle-Eugène Toussai ni de Beausire n'ayant
pas hésité à le reconnaitre.

de l'amuser. Le H lévrier, il fit paraître un
mémoire au sujet de la détention de sa femme,
prisonnière comme lui à la Bastille. • Tant
que le supplianl, dit le mémoire, a pu croire
que les rigueurs d'une longue et cruelle captivité n'avaient point altéré la sanlé de son
épome, il s'est contenté de gémir en silence.
Mais :, présent qu'il n'est plus possible à ceux
&lt;Jui l'cnlourent de lui dissimuler l'élat de
celle malheureuse épouse et le danger qui
menace ses jour~. le suppliant, pénétré de la
plus profonde afOiction, se réfugie dans le
sein des magistrat.; . t' Tout Paris apprend ainsi
que la lie d'un ange était mise en péril par
la Liad1ar·e du pouvoir royal. &lt;1 C'était un
exposé touchanl, dit liard), de l'éiat eriliquc
el dangereux où se trouve aclucllement la
dame de Cag\ioslro, état qui exige le secours
d'un art bienfaisant exercé par son 1uari, qui
avait eu le bonheur d'arracher mille Français
des bras de la mort ; ainsi que du malheur
de celle dame, qui, n"élanl ni décrétée par le
Parlement, ni accusée, était pri,·ée de sa
liberté depuis le 22 ao1'1t. n Au Parlement
l'alarme fut vive. L'auguste lribunal décida
qu'une délégation de magistrats « se retirerait » par devers le roi pour le supplier d'arracher cette délicieuse vidime au sort épouvantable qui la menaçait. Le gouvernement
s'en émut, prit des inlormalions à la Bastille.
Le marquis de Launey répondit que la pri011 sait que le docteur Porto/
sonnière se portait à men·eille et se promenait
Sou• a rrmlu le cardi11al
journellement au haut des tours 4 •
E11 lt bo111Ta11t cle qu111qui11a.
Toul ce bruit eut néanmoins pour résultat
Alleluia!
de hàler la mise en liberté de Mme de CaOlit·a dit qu'il ell di11do11.
gliostro qui sortit de la Bastille le 18 mars.
Lamolle dit qu'il ut fripon,
Elle se rendit à son hôtel, rue Saint-Claude,
f,ui-mtme dü qti'il r.sl btta.
où, durant plus d'une semaine, un registre
Alleluia!
déposé chez le concierge se couvrit de signaI.e Saint-l'ère L"miail rougi,
tures tout le long du jour. « Il n'est pas rare
l,e Roi, la flei11e l'011t noirci,
de
,,oir le soir près de trois cents visites sur
Le Parle111e11t Le bla11chira.
Allduia!
la liste de son portier. » « Il est exactement
de bon ton, disent les nouvellistes, d'amir
.\. !, veille du jour oü le Parlement ,•a
passé à l'hôtel de Caglioslro. n Ceux 1111i
s'assembler, la question, pour l'opinion puavaient l'honneur d'être reçus par la comtesse,
blique, est entre le cardinal el la reine. La
assuraient en sorlanl 11u'elle avait tant pleuré
noblesse de Versailles espère trouYer dans
à la Baslille que ses JOUX en étaient presque
l'acquittement de l'un de ses plus brillanls
usés. lleurcusement, ce ,,ui en restait était
représentants l'humiliation de la someraine.
encore lort présentable et les consolateurs
Parmi le peuple, hrulalement, &lt;c on assurait
lrappèrent en grand nombre à sa porlc, emque Son Éminence persistait à soulcnir que
pressés à lui !aire oublier la douleur que dele lameux collier de diamants avait été bien
,·ait lui causer la captivité de son mari. Les
et dî1menl remis à la reine et demandait
gazetiers assuraient que Cagliostro s'occupait
a,·ec instance à êlre oonfrontée aYec Sa Maà rédiger un place! , encore plus pathélique
jesté'».
que le premier, pour supplier la Cour de
remetlre son épouse en lieu clos. La jeune
XX.XV

du roi, au Lou\'re, aux Tuileries, jusque sur
les portes de la chapelle du palais ,, Versailles 1 .
Une lcltro de cachet signée Breteuil, datée
du 10 mars 1786, enYOja George) passer le
carème plus tranquillemenl à Mortagne, dans
les Vosgrs, non loin de S:iint-lfü'.·. Il} arriva à
l'époque ,,ù le printemps renait, cependant
qu'à la Haslille Rohan commençait de trouver
les murailles nues et tristes, car depuis le
15 décembre où, de prisonnier du roi il était
devenu celui du Parlement, il ne lui était
plus permis de &lt;( tenir ~alon comme à l'hôtel
de Strasbourg Il, de donner des repas de
"ingl couverts, de rédiger ('Il collaboratÎCln
avec l'abbé George) des noies édifianles pour
le Courl'ier de l'Eu,·ope, la Gazette de T,eydr
et le Journal d'Amsterdam. L'arche, èque
de Paris, qui alla \"OÎr Rohan le 5 jamier,
lut lrappé de l'altération de ses traits. «Vous
voiez un homme bien malheureux, lui dit le
cardinal, mais j'espère, avec la grâce de
Dieu, supporlcr paliemmenl les souffrances
jusqu'au boui. » Ses colic1ues néphréliques
l'avaient repris avec plus de violence. Son
esprit s'aigrit alors; il s'imagina qu'on voulait l'empoisonner•. Et le peuple - jusqu'aux
filles joyeuses, assises avec leurs compagnons, les jambes ballantes, au bord des fossés de la Bastille - lui chantait :
1

Madame de Cagliostro en liberté.
Cagliostro continuait d'étonner l'opinion et
l. Journal de Hardy , 1786, 13 mars; /1acha11mont, \\\1 , 20); licorgcl, Il. 192-193.
'l. /Jac/wumo11l, XX\I, 40-il. - Ga~ellt de Uollwulr, 7 fl•vrier l 7~ô. Gazelle de Leyde, 7 février
el 2 i mars 1786.
3. J1JUrna\ de Hardy, tï8ü, 9 mars.
, 4. 1786, 'l.3 fêvr1er. - t Le commissaire Chesnoo, mon-ieur, ,·ieot de mire lllrl nous témoigner
l'inquiélude de nu. du Parlement su r la santé de la
,lame de Ca~IÎO!llro. Yous deve, être pcrsuad1\ mon~ieur, que ~l elle 11·ait eu 11 moindre indisposition
,·ons en auriez été instruit, comme vous a1·ez cou-

turne de l'être de cc qui arrive journellcmf'nl dans le
château. Celle dame n'est point malade. Elle se promt!nc tous les jours et dans ce moment elle est sur
les 1oun. Elle s"esl donnée il y a qni11te jours un
petit elîorl dans le poignet gnuche 1 mais cela ne J'em1)êche eas de s'amuser à travailler. li. Chcsnon a élé
ce matin chercher le médecin du château qu'il u·a p:as
trou~·é. Il lui a Ccrit et dès qu'il sera ,enu je voua
forai pa~r son rapport. , Lcure du marquis de
La'-!ncy, p;ou,·crneur de. la U3~1ill&lt;', au lieutcnonl d~
police. )hnule ~e la m!m 1\e J.auncy, Uibl. de _CAl·•enal, ms. Bashlle, l:fa17, r• 120. Yme rle Cagliostro
était servie i. la Bastille pu sa proprt femme de
chambre, Françoise, qui avait été mise auprès d'elle.
Jlibl. de /'Arsenal, m,. Bastille, 1'li57, t 0 26.
5. La de~11ière tJièce du Collier, p. 'l6, note.
6 .. Les faits de ce .. chapi.tre d'apres une r&lt;'lati11n
offic1elle rn dalf' du JI mai 1786, conse,·vi•e en ma-

XXXVI
L'arrêt' .
Le ~2 mai, le Parlement commença de
siéger pour l'audition des pièces de l'affaire.
La Grand'Chambre et la Tournelle assemblées
comptèrent soixante-quatre juges, ]es coost-illcrs honoraires et les maitres des rrquêles,
qui se trouvaient en droit de siégl'r, s'y étant
rendus. Mais les princes du sang et les pairs
s'étaient récusés.
Le Premier Président du Parlement était
le marquis ~~tienne-Franrois d'Aligre, à ]a
tète de la compagnie depuis 1768. « li était
connu, dit cette maumise langue d'abbé Georgel, par son opulence, son alarice et un talent
tout particulier de faire valoir rapidement
son argent au taux le plus avantageux. 1 1 Il
n'avait aucune des qualités qui fondent les
grands magistrats, dit Bcugnot, il avait plutôt
les déîauls opposés; mais il était d'une singulière dextérité à manier sa compagnie et
s'était jusqu'alors mon Iré lavorable à la Cour;
mais depuis quelque temps celle-ci l'avait indisposé, en sorte que, tout en ne la combattant pas, il laissa l'opposilion se former. •
Le marquis d'Aligre était très lié aYec
Mercy-Argenteau et lui fournit au cours des
débats les notes les plus curieuses sur la disnuscrit aux Àl'clifres nalimuile1, et une autre de
m~me date conservée aux Ardt. dea Aff. étP"a11g.; les • résum~s • et réquisitions contenu:. dans le ms.
Joly de Fleury 2089 rle la Bibl. ,iat.; - les notes
mss du clo~sier Target, llibl. v. de Paria, ré5er\'C; le Compte rendit tle et qui a'elll paué au Pa1·lr-

me11l relatirement à l'aQafre de JI . le cardinal Jr
/lnha11, Paris, 1786, petit in-8 de 15'i el 31 p.; la relalion de Mercier de Saint-Léger, dans Sourwin
el Atémoirts, sept. 1898, p. 1!l3-201; - les noll.'~
cn\·o)·tics au prince de Kaunitz par le comte de MncyArgenteau qua les tenait du Premier President d'Aligre,
dans le recueil Arneth-Flammermont; - les Corre,po11dm1ee, du agc11U diplomatique, ttrangers e//
Fra11ce at•(Ull la Rél'Ol1ttio11, publ. par J. ~~lammrrmonl (Paris. 1800); - les Lettres de Mme de Sabran,
les Jl!moirr, de llmt• Campan. le Journal de Hardy,
la Ga::.elle de Leyde et lè llac/wumo11l.

DU COI.L1'E1( - -..

position des esprits. \'oici quelle étail l'opi- semenl à perpétuité, qui emporte mort civile frauduleusement falsifiée: il réclama contrp
nion générale, ,, la veille du jour où les accu- el ~ntrainerait la ,·acance des bénéfices consis• I~- comte de la Molle, conlumace, et contre
tor1aux dont le cardinal est pourrn 1. u
sés parurent dC\•ant le Pilrlemeot :
V,llelle, la peine des galères à perpétuit,,:
Pour_ comprendre Je jugement qui va être contre la comlesse de la Molle la peine du
c&lt; Dans le cours de l'inslruction et lant
qu'il n'y a eu d'accusés que le cardinal de rendu, 11 faut se rappeler qu'il l' avait en ce ~ouet, la marque au fer brûlant sur les
Rohan et la dame de la Molle, son mari contu- temps une nuance dans l'acquitlemenl. La e~~ules et la détenlion perpétuelle à la Salpèmace, la demoiselle d'Oliva et le sieur Ca- « décharge d'accusalion • proclamait la com- t:1ere; qu~nt au cardinal, l'organe du minisglioslro, on a pu et on a dù croire que li. le plète _innocence de l'accusé, c'élait la pleine ler_e _publw conclut que, dans le délai de
cardinal rnrait condamné :l une peine arnic- réhab1htat1on après les griels qui avaient éi, hutl Jour_s, tl ,e rendit à la Grand'Chambre
tl\·e el infamanle. L'auteur du faux était formulés. Le « hors de Cour 1&gt; au conlrairee pour )' _decla~er ~ haute voix que, téméraireincertain: le marché, revètu d'approu,·és et prorlamait qu'il n·y avait pas eu assèz d; ment, il a,,ait 3JOUlé foi au rendez-vous du
de signatures [aux, est écrit de la main du preu:es pour a~sC'oir une accusation. Cette Bosquel, tJu'il avait contribué à induire en
solution cooser,·ail tjuelt1ue chose de fàcheux erreur les marc::hands en leur laissant croire
cardinal; il l'a rait exhibé aux joailliers el
sur la foi que le marché était revêlu d'ap'. pour l'accusé et faisait considérer que rnn que la reine avait connaissance du marché
prom·és el de signatures vrais, le Collier lui honneur n'élait plus intact.
déclaràl qu'il s'en repenlait el demandai(
avait été livré; enfin le cardinal se trouvait
pardon au roi et à la~reine; qu'il [ùt en ou~re
~
saisi du corps du délit. La déposilion de Basco_ndamné~ à se démettre de ses charges, à
La lecture des pièces ayant été lerminée le [~1re _au.moue aux pam,res, à se tenir toute sa
!-enge établissait que le cardinal arnil toujours parlé et écrit comme apnt une mission ~9 mai, le Parlement s'assembla le 50 pour ,1e elo1g~é d~ résidences royales, enfin à
directe de la reine. On avait au procès un 1aud1t10n des aèCusés. Dans la nuit du 29 ga rder prison JUS/lu'a l'exéculion de l'arril.
billet dicté par le cardinal, duquel il résulte au 50 ceux-ci avaient été lransîérés do la
Le procur~ur disait dans son réqui~itoirc1:
qu'au moment où il n'a pu se dis~imuler la Baslllle à la Conciergerie. Les lonclions de
c1 Le ~rd_mal am•gue ce qui s·e~l passé
fausseté des approuvés et de la signalure, el procureur général étaient remplies par Joly dans _le prd,~ de_ Ver.sailles comme pouvant
que les payemenl_s ne s'elîecluaient pas, il d_e Fleury. li donn1 leclure de ses eonclu- favoriser son 1llus10n. Mais pouvait-il se peravait conçu le proJel de substiluer le sieur de s1ons .
mettre de croire à un rendt·Z•\·ous noc111rue
Sainte-James aux joailliers et de le déterminer
Jol~ de Fle~ry demanda que la pièce signée faux e_l ~upposé sur la terrasse de Versailles,
à se charger du payement du Collier en • lfarie-Anlomelte da France » lùt déclarée pouva1HI s~ permetlre de s'y rendre et, en
se flallant d'obienir la protec-----:-------::------------~ senv~rs
Y rendant, n'a-t-11 pas commis
tion de la reine. Cet écrit et les
la reine une offense la plus
1
conséquences qui en résultent
pumssable?
s'accordent parl'ailcment avec la
« Le cardinal, à l'insu de la
déposilion du sieur Sainle-Jareine el sans s'être assuré par luimème des intenlions du roi et de
mes.
• Tant que le procès est reslé
la reine, a entamé et suivi uue
en cet éiat, la délense de M. le
négociation el a comommJ avpc
cardinal ne pouvait l'excuser. Inull'sdits joaillin:- le marchl:' pour le
tilement alléguait-il l'erreur et la
collier de brillanls.
séduction. On lui répondait : l'er« Or, peul-on ,oir saris unP
reur est invraisemblable, d'ailleurs
ju~te indignation qu'un dPs prt·elle n'est pas prouvée; la dame de
mu•rs officiers dn roi, érral, m nt
la Motte vous dément; la scène de
d,~tingué par sa nais!-anC: comme
1 par ses digni1és, ait osé empruuler
la terrasse (lise: du Bosquel ) e,t
fabuleuse; elle est allcstée par la
un no~ aussi auguste que cdui
demoiselle Oliva, mais son témoidl! ,l_a r:rne et porlé la 1ém~ri1é jns~nage est aussi suspect que Je vôtre.
qu a ,wle_r à la fois le r€$-µect dû
Mais, depuis que le sieur Villelle
a la !l"J•slé rople et aux perest arrêlé, il est const.rnt: t qu'il
sonnes sacrées du roi et de la
reine?
est l'auteur du faux; - 2° que la
scène de la demoiselle d'Oliva est
« Cette témérité d'oser ainsi
vraie; - 3° que, pour séduire le
manquer de re~tect aux personnes
cardinal, il a écril, sous la dictée
sacrées du roi et de la reine n'cstde la dame la Molle, différenles
tlle pa_s un crime qui exige k·s
lettres qu'elle a enrorées au car•
réparal1ons les plus authentiques
et les plus solennelles; mais il faut
dinal comme écrites par la reine.
&lt;&lt; Dès ce moment, la séduction
e_n même temps que ces réparaalléguée par le cardinal peut pations soient diêncs de la majesté
raitre établie. S'il a éié séduit, ,on
roi ale.
délit n'est plus un faux, c'est une
.« Et n·~!!il-ce pas un des preoffense, un manque de respect aux
miers de.vo1r.s du procureur généDE. 101.s.-;.1,J.r-: 1,i,, ,,li,; r r,'ct,
ral du ro, de les requérir pour une
personnes sacrées du roi et de la
offense aussi criminelJe, et surtout
reine, un abus monstrueux du nom
de la reine el d'une signalure fausse
qu_and elle _a été commise par un
'JUÏl a atle,lée véritable.
fiUJel plus clevé par sa naissance
a Ces considérations font penser
et par _sa di?nité et plus encore
qu'il est impossible d'aller jusqu'au
quand tl a I honneur d'èlre allan·aprl!!i un ponr3it publie â. l'occasion de rAffairc du Collier.
blâme, et encore moins au banniscbé au srnice du roi dans une
0

, I ._ On lira p!us loin le , résnmé I du Président
d Aligre,. pub. d apr1•s lrs mss. Joly de Fleury 2080'lll89 {B16l. tial.). Ces mss contiennent d'autres• re-

sumCs •. encore, enlre aulrc&gt;s cem du substitu1 J.aurencel; ils onl l1 l'aleur d"opioion, personnelles. Cc&gt;ux
de Laurence! ne sont pas d'une impartialilè allsolue,

..- 55 ....

il ':use. de eon entier dél-ouement à Marir--Anlointlle
- · B,~l. 1.1ot., ms. Joly de fleur,· HFO f" '8-"'.t

Reproduit c1-de~S-OUS par eilrails. ·'

'

"

.i

•

�111ST01{1.Jl
des premières places près de sa personne 1 n
Joly de Fleury avait rédigé ses conclusions
contrairement à l'avis de l'avocat général
Séguier auqm l l'usage lui avait commandé
de les soumettre. A peine eut-il terminé que
Séguicr se leva. Ce fut une scène dont la
violence fit voir dès l'abord où les passions
étaient montées. Séguier émit l'opinion d'acquitter purement et simplement le cardinal.
Et s'adressant à Joly de Fleury :
« Prêt à descendre au tombeau, vous voulez couvrir vos cendres d'ignominie et la faire
partager aux magistrats 1
- Votre colère, monsieur, ne me surprend point, répond le procureur général. 1..;n
homme mué au libertinage comme vous, devait nécessairement défendre la cause du cardinal.
- Je vois quelques fois des filles, réplique
Séguicr. Je laisse même mon carrosse à leurs
porte.-:. C'est affaire privée. Mais on ne m'a
jamais vu vendre bassement mon opinion à la
fortune. &gt;J Séguier faisait entendre que Fleury
s'était ,·endu à la Cour.
Le procureur général était interloqué el
demeura bouche bée.
Rétaux de Villette ouvrit la série des interrogatoires. Il parut vêtu en habit de soie
noire. Très franchement, il fit l'aveu de la
part qu'il avait prise aux intrigues de Mme de
la llolte. C'est lui qui avait tracé les mots
&lt;&lt; 11/arie-.!ntoinette de France &gt;&gt; au bas du
fameux contral. Mais il argua de sa bonne
foi. En écrivant ces mots, dit-il, il ne croyait
pas conlrefairè la signature de la reine qui,
en effet, ue signait pas ainsi. &lt;&lt; Cet homme,
qui est très vif, prévenait même les questions
a,aul qu'elles fussent a1.:he\'ées, avec l'air et
le ton de la plus grande exactitude. 11
A Rétaux d&lt; \'illette succéda la comtesse
de la Molle. Elle avait un chapeau noir, garni
de « blondes &gt;1 noires et de rubans à nœud;
une robe et un jupon de satin gris bleuâtre,
bordés de velours noir; une ceinture de velours noir garnie de perles d'acier, et, sur
les épaules, un mantelet de mous~eline brodée, chevillée de malines. Elle regarda l'assemblée d'un œil hautain. Ses lèvres avaient
un sourire dur. Quand elle aperçut la sellette,
siège d'ignominie, où les sergents lui dirent
qu'elle devait s'asseoir, elle eut un mouvement de recul et la rougeur lui monta au
front; mais bientôt elle s'y lut arrangée a1ec
tant de ~ràce, ordonnanl les plis de sa robe,
qu'il semblait qu'elle lùt dans un salon, agréa•

blement assise en une bergère. Elle parla
d'une voix nette, sè.;be, précise : les phrases
semblaient découpées au couteau. Elle commença par déclarer qu'elle allait confondre
un grand fripon. Il s'agissait du cardinal.
Elle étonna par sa présence d'esprit. Interrogée par un conseiller clèrc qu'elle avait
appris ne lui être pas favorable, elle déclara :
&lt;( Voilà une demande bien insidieuse. Je vous
connais, monsieur l'abbé. Je m'attendais que
vous me la feriez. Je vais y répondre. u &lt;1 La
femme La Motle, note l'un des assistants, a
paru avec un ton d'assurance et d'intrépidité,
arnc l'œil et la contenance d'une méchante
femme que rien n'étonne; mais elle s'est fait
écouter parce qu'elle parle sans l'air d'embarras. Elle s'attachait plus aux probabilités
qu'aux faits et surtout à l'impossibilité qui
est au procès de montrer drs lettres, des
écrits et toutes les preuves matérielles qu"on
désirerait y voir. Je ne crois pas que cette
femme, qui a de la tournure, des grâces et de
)'élévation, ait pu intéresser personne, parce
que son procès est trop clair. » Subitement
Jeanne changea de manière : à une question
relative à une prétendue lettre de la reine au
cardinal, elle répondit qu'elle garderait le
silence pour ne pas offenser la reine.
" On ne peul offenser Leurs Majestés, objecta le président, et vous devez toute lavérité à la justice. »
Alors elle dit que la lettre en question
commençait par ces mots : &lt;( Je t'envoie )l,
ajoutant que le cardinal lui en avait montré
plus de deux cents à lui écrites par la reine,
où elle le tutoyait, et dont plusieurs donnaient des rendez-vous où, à la plupart des
guets, la reine et Rohan se seraient effecti,,ement rencontrés.
Ce fut, à ces mots, parmi les magistrats,
presque une clameur. Quoique la plupart des
juges lussent « de l'oppo.,ition ", de tels propos révoltaient leur conscience d'hommes et
de citoyens. Et c'est à peine s'ils purent retenir leur indignation quand la comtesse leur
fit en se retirant une succession de révérences, avec des sourires provocants et railleurs.
A peine fut-elle sortie qu'on enleva la sellette. Le cardinal fut introduit. Il était vêtu
d"u11e longue robe violette, le deuil des cardinaux : calotte rouge sur les cheveux gris,
bas et talons rouges, et un petit manteau de
drap violet doublé de satin rouge; la moire
bleue du cordon du Saint-Esprit et la croix

épiscopale à une chaine d'or. Il était très
pàle, très fatigué, très ému; ses paupières
pesaient lourdement sur les yeux d'un bleu
éteint. Ses jambes fléchissaient et des larmes
mouillaient ses joues. Plusieurs conseillers
t! voyant son extérieur souffrant et altéré n
proposèrent : « M. le cardinal parait se trouver mal, il faut le faire asseoir. ll Et le Premier Président le fit asseoir à l'uue des extrémités du banc oit se plaçaient messieurs des
Enquêtes quand ils venaient siéger. Son interrogatoire dura plus de deux heures. " Il
parla, dit Mercier de Saint-Léger, avec beaucoup de gràce et de force. Il li imposait par
sa physionomie et son ton de noblesse, il
intéressait « par son air de candeur » et son
&lt;l COl!,rage modeste 1. En se retirant, il salua
la Cour. Son expression était indéfinissable
de lassitude et de tristesse. Tous les magistrats lui rendirent son salut. «Legrand banc
même se leva, ce qui est une distinction
marquée. Il
Les juges étaient encore tout impressionnés
de cette comparution émouvante, quand lut
appelée Nicole d'Oliva. Mais l'huissier revint
seul : l'accusée donnait le sdn à son nouveau•
né. Elle priait humblement Noi Seigneurs du
Parlement de vouloir bien patienter quelques
minutes, que son fils eût terminé son repas.
&lt;t La loi se tut devant la nature», disent les
procès-verbaux. Les Grand'Chambre et Tournelle s'empressèrent de répondre qu'elles
accordaient à la jeune mère tout le temps
qu'elle jugerait nécessaire. Enfin elle entra.
Le désordre de sa parure toute simple, ses
longs cheveux cbàtains s'échappant d'un petit
bonnet rond, et ses larmes, son trouble, son
abandon, rehaussaient sa grài:e et sa beauté.
M. de Bertignières, qui avait une galerie de
tableaux, pensait à la Cruche cassée, de
Greuze, exposée à l'un des derniers Salons,
et l'abbé Sabatier, son voisin, à qui il en fit
la remarque, fut aussitôt de son avis. Aussi,
à peine la belle enfant sembla-t-elle devoir
se trouver mal, que déjà la plupart des membres de l'austère tribunal étaient debout pour
la recevoir. Il lui fut, d'ailleurs, impossiLle
de prononcer une seule parole en réponse aux
questions qui lui furent posées : les sanglots
s'étouffaient dans sa gorge. Il y en avait là
plus qu'il n'en fallait pour convaincre surabondamment les magistrats de son innocence.
Elle se leva pour se retirer « et fut accompagnée, dit Mercier de Saint-Léger, des marques de l'intérêt le plus vil 11.

(A suivre.)

FRANTZ FUNCK-BRENTANO.

Docteur MAX BILLARD

+

Le bras de Charlemagne
Le 26 aoùt 1804, du rivage de Boulo•ne
où il menaçait l'Angleterre avec ses chaloup~s,
Napoléon s'acheminait vers les départements
du Rhin: il visitait Valenciennes, Mons.Arras,
où le préfet, le baron de la Chaize •, ne
craignait pas de terminer sa har:moue
0
au fondateur de la nouvelle di-nastie par 1
cet élan de lyrisme: Dieu créa Bonaparte
et se reposa 2 •
. L'Empereur arrÎ\'ait le 5 septembre à
Aix la-Chapelle, où il était salué par les
plus unanimes acclamations. Dans cette
antique résidence du premier empereur
des Français, le nouveau souverain allait
s'appliqu&lt;r à réveiller les souvenirs de
Charlemagne.
Le 8 septembre, Napoléon visitait la
splendide cathédrale de la ville, se faisait
montrer l'emplacement de la sépulture du
grand homme du Moyen âge et, avec plus
de curiosité encore, les reliques de son
illustre prédécesseur'.

+
On sait qu'en l'an 1000, en cette année
mystérieuse du Mo1·en âge où tous les
peuples croyaient que le monde allait
finir, Othon Ill, l'ami des arts, l'imitateur de Byzance, fit ouvrir le caveau où
depuis cent quatre-vingt-six ans, dormai;
Charlemagne•.
On défonça l'entrée du souterrain sur
laquelle était gravée cette inscription:
St:u

HOC COXDITORJO SJTUY EST

CORPUS KAROLI MAGXI ATQUE
ÛIITIIODOXI

IMPl:rn.uoms,

QUI

DF:n:~s1T $EPrtAGr..un1rs A:uo

deur véritablement plus saisissante. Le caveau éventr~~ à la_ lue~r des lampes, un spec~a~Ie, dont l 1magrnat1on ne peut se faire une
1dee, frappa les yeux d'Othon. Il aperçut le
Jamais scène n'eut un caractère de "ra no
cadavre des~éché du grand Empereur G assis
~----.,---------------, sur un siège de marbre, rerêtu des ornements et des insigues impériaux, un sceptre entre ses mains couvertes de gants
&lt;( qu: ses on~les avaie n~t percés en poussant '' , le livre de l Evangile ouvert sur
les ~enoux et &lt;c une chaine d'or en forme
de diadème sur le crâne 11.
Olhon, stupéfié, oontempla silencieusement. le sp~ctre, dressé devant lui, du
g~erner pmssant qui avait été maitre de
la F~an"';, de I' ~llemagne, des trois quarts
de. 1ltahe ~t d une partie de l'Espagne, et
~m s_
embla1t encore assis sur le trône de
1Occident. Grâces lui soient rendues il
n'eut pas la coupable pensée de dépo~iller ~e caveau de ses saintes reliques. Après
avoir contemplé quelques instants le corps
desséché du vieux monarque dont le souve?ir inspirait encore tout un peuple de
poetes, les troubadours, les trouvères et
~ous !es vagabonds mélodieux du lfoyen
age, tl le fit couvrir d'un suaire blanc
coupa ses ongles, et laissa tout en ordr;
autour de lui. Rien dans les membres du
m?rl n'annonçait la corruption; l'extrémité seulement du nez s"était un peu
amoindrie. Mais l'empereur fit, à l'instant,
rem_pla~r par de l'or la partie qui man9ua1t; 11 enleva une dent :au cadavre, et
il lit combler la brèche du souterrain,.
An 1'"C\Rx.,no:--;E Dom:-,;1 814, J'iDICTIO'"E SEPrrn, 5° K \L. FEBRIJARu.ss.

0

REG:'iUY

FR.L\COI\Ull SOBILITER AllPLl.\\lT,
Er l'EI\ A:-i.'\OS 47 FELICITER llEXIT.

CHARLEMAGNE.

Statuette en bron::e. (Musée Carnavaltl.)

1. le baro~n de _la Çhaize, né à ~utun en ·I 7,H et
mort en 182.:,, qui mit autant d'cmprcssPmcnl il dépo;;cr ses hommages aux pieds de touis XVIII qu'il
en avait mis à célébrer !'Empereur.
2. Rappelons qu'un plaisant ajouta a Ja phrase si

pompeusement illudali\·e :
.llaia, pou,· Ure plu, à 1011 ais.,
•
_Auparavant /U la chaise.
'
J,. 11 Au::-la-Chapclle, 21 fructidol'. - Un Te Ueum
a !le ch~olé _daus la cathédrale co présence de Sa
l.laJesté, a qu, le clergé a présenté les reliques de
Ch~rlem~gne et les différentes reliques dont cette
égl1re a eté nouvellement mise eo possession. 11 Moni•
leur du jeudi 20 frucLidor an 12 de la République
(13 septembre 1804; ,
. ~- L'empereu~ Othon était accompagné, dans celle
v1!1te, de deu.x f,v~ques el du comte Othon qui a Juimcme raconte l cvcnement.
5., Celte _épitaphe subsistait encore à la fin du dixsepl1ème siècle. • G'est la première épitaphe que
nous tr~uvons de nos rois. 11 )l.uutLOx. Dtscouri sur
les a11c,e1mes sépultiwes de 110s rois.
Au centre ,de J'oct~goue de la cathédrale, l'inscripl\on : Caroli b!agni, placée au comrnencemenl du
1
s, ède, passe pour mar:quer la place de la sépulture de
Charlemagne. ~n réalité, par suite des rrsl:rnraûons
des rccoostruct1005 et des addilions de tous les siècles'

if

'

on ignore où cette S~Jlllllure se trou,·ait exactement.
6. • ~e c~rps: é~r•l un témoiu oculaire, Je chroniqu~ur Nornhs, et:111 placé llans une sorte de cellule
~hde~c!1t b~ti.e en cl.taux el en marbre, que nou~
a,ons_et~ obliges de briser pour pé11étrer jusqu'à lui;
el, c_lcs que nous nou:; sommes approchés, nous n,·ons
senl1 une trCs forte odeur. ,
7• Observation purement légendai1·e. Les ongles,
pas _plus (1ue la barbe et les cl1e,·cux, ne µoussenl
api·es la morl. « li tombe sous le bon ~ens. écrit Je
docteur Le Double qui s'est occupe de la queslion
q~e les élémeuts anatomiques 11e peul'ent guére sur:
vivre, les uns 11ux autres. Pour ma part. 1I m'a été
~onnc _de__ conserver, pendant près d'une année à
1 ampluLhealre de l'Ec..Je de ~l~decine de Paris d~ux
cad~vres d'ho~nmf'~ _adultes rlont l'un s'était m'omifiè
cl I autre. avait élc mjecLC au sublimé et badigeonné
!ou_s l~s .J~Urs _avec u11e solulion phéniquée forte ....
el 1e na ; Jamais ohsené, sur aucun d'eux 1 le moindre
allon~ernent ~c~ JXlÎls et des ongles. » Chro11ique
Jffd1cale,_I ~• JUlliel 1001 , p. 420.
8. _Cc :ec1t de '.'l"o,·alis n'a jamais 4'ê contesté par
l~s lu_storie(IS cl ne µouvail l'être. Voici la description,
d aprcs Eginhard el le moine d'A1woulême de la
I
JXlmµe funèbre de t.:harlemagne. , So~1 corps solennellement lavé et embaumé, fut inhumé le jou; mème
de sa mort dans la basilique qu'il a,·ait fondée à Aix,

En 1165, un prince resté célèbre dans
les légendes germaniques, Frédéric Barberousse, eut, à son tour' la curiosité de
en l'.ho~neur de N_.~S. J.,-C. et de sa sainte mère et
o~ l assit sur un sicge d or, sous la ,·oùte du cav~au
sepulcral, a~ec une éuée à son eôté dont t
•
t I
·
"
·
•
e pomme~cau 7 a, g11rmturc du fourreau élaient d'or un
Evangile d or dans ses mains et sur ses genou~ 1
tête liaute ceinte d'un diadt'&gt;mè d'or dao, leq I é't .•
inse· · d 00 · d 1
•
uc
ait
re u . IS e a Saiute Croix. On remplit son
sépulcre d ar?mat~s, de baume, de musc et d'une
grande_ quan_llté d or; on revêtit son cor de \·ête
menh impériaux, on cou,·rit ~a· race d'un ps ,
•
le diad · m
suaire sous
c e, on posa sur sa chair Je cilice qu'il avait
c?utume de _porter, et par-dessus ses vètements im ér(•ux, o~. lm J.!lSSa la besace dorée (insigne des 6fc
rrns) qu 11 ara1t cou_tume de porter lorsqu'il al!~it
Romf::, On posa aussi dennt lm un sceptre d'or t
bouclier d'or béni par le pape Léon. u·
/ un
et on scella son sépulcre. et 1'011 e',P,g is on dcrma
d d é
'
ea au- essus
Ën7 hr~ e Or e a_ve~ celle inscr iptiou rapJXlrlée par
~grn ar , ~n secret-me: • Smu u tombeau Il ,.
corps de 6.arle, grand el orthot.lnxe Em
g ~
accrut glorieu,ement le t·oyaume d .., npereur, qu,
,
1
...
Francs et le
go1111e111a
,1~ureusemenl pendant 47 1111é
L
mourut le cmq des Kale11des de /éin·e~ 2
J

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8'·.

1, ;anvier) de L'a11nie RU dans la soixante J
née d
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E'
-uou'.;1e11ie a11e sa 1:u: J Gt:i"HARD. Yita Karoli N
·
Mo)IACII EsooL1S.VL'\s1s. llistoire de, C
agm.
µ. IM6.
auI es, t. V,

�• - fflSTO'R,.1.Jl

menl de Proserpine\!);

RELIQUAIRF.

il s'empara de son épée
et de son diadème; et
le siège de marbre, sur lequel l'homme des
épopées du Moyen àge était reste assis plus
de trois cPnl cinquante ans, fut remonté dans
l'église oll il ser\'Îl dès lors aux couronnements des empereurs 1 •
C'est en 1215 que Frédéric li, empereur
d'Allemagne et roi de Jérusalem, exhuma de
nouveau les restes disloqués du grand Empereur, pour leur rendre les honneurs dus aux
reliques des saints 1 et les recueillir dans une
châsse d'or et d'argent, chel-d'œuvre d'orfèvrerie, conservée aujourd'hui dans une chapelle de la cathédrale•.
Ce lurent donc seulement ces reliques que
put contempler Napoléon lorsr1u'il vint !aire
rclentir l'anlique basilique du bruit de ses
éperons roluriers; et il est permis de penser
que l'âme de l'empereur n'eut pa, lieu d'ètre

nu

t. On le mit aujourd'\mi dans la galerie su1lé•
rieure de l'êglise llochmunsler:.
li semble n•sullcr de cerlains documt•nl.Ji que rréJ,:_
rie Barberousse dut dct:icher le bras droil dn squr,lelle du \ici! empereur, pour le déposer, comm1~
somernr ile !3. visilc, dons un reliq11:airc fabriqué sur
mn ordre.
'.!. • l,'1 mpereur Fredcric BuberousS(' unit foil
canoni~er t:h,rlem1gnè 1 le 29 décemhre I tlij, par
l'anlipape Pa,chal Ill, et le roi Louis XI avnil urd,mni!, eu Bi 5, ,l'en cl!lé.hrl!r li, r,,ll' I&lt;' 28 janl'Î&lt;'r. •
G,11.L\IIO, Jl111loire ,le Charlemagne, l'aris, li72.
I.Tuive&gt;rsité de Paris le choisit pour son patron,
en 16ül.
;'.;. Celte chàs.e se lrouvr, depuis 187:;, clans la chapelle Saint-Charles, construite au commencemC'nt tlu
t t\" :1it'-dc.'
i. L1 mtlgnifi JUC cl1à:iSC clcs quati·e gran les relic1ues,
du slyle roman tertiaire, date de 1220.
~,. L'espos1lio:1 de cr.s nombreu~e.i reli1ur.~ se foiL
tom lc.i sept ans, rn juillet, et allire un gram! nombre
dè pèlerins.
6. Ce reliquaire qui représcnle le!'i images de, ancêtre~ de t'rêJéric Barberousse; lïm1H!ratrice, s.,
rcmme; lui-même élu empereur en 1 t:d, ain~i que
Fr1!1lèric, duc de SoJabc, fut fabriqué par ordre lfo
ceL empereur après l'ouverture Liu lombeau de Charlemagne. Comme Frédèric y est qualifié 11'rmpcrcur
d&lt;'s llomains, 11 J a lieu de reporter celle f1tbr1c1tio11
entre les années l 1â;) cl 1100. - \"t,ir .\ofice de,
Emaux cl de lOr(èt•rerie clu Minée d" J.ouvve, par
A. O:trcd, Paris, 1891, p. i-61.
7. Il. llou:i:i&amp;îe, 181:&gt;. /.,11 lfeco11de a(Jdic:zfio11.
Pcrrîn. Paris. 1:10:;, p. f&gt;j~.
8. Canova vint lout nprès i Paris prendrt• livraison
dè la T1·a1M/i_guration et de l'Apf1110ll tlu /Jtfoédh-e.
Il se tlonnail comme amb;a~dcur. , Emballeur!
1

bras droit de !'Empereur d'Occident, 11u'il fit
déposer au )!usée du Lou1re.
Les rénérables ossements restèrent là exposés, pendant plus de dix ans, dans le beau
coffret à arcature émaillée, un chef-d'œuvrc
d'orfèvrerie du rn·· siècle•, dans lequel !'Empereur avait rapporté sa
précieuse relique.
En 181 ;), aprè.'i ,·ingtcinq ans de combats, le
Lruit des armes cessait
d'un bout i1 l'autre de
l'Europe, Xapoléon,
quittant le sol où il
avait ,·ersé autant de
fléaux que de gloire, se
livrait à s,s vainqueurs,
et Jcs Alliés entraient
au Louvre.
L'heure des reprét;licht GirauJon.
sailles el des exactions
BRAS DE CUARLE~AGSE. - (Musée du Lmn-re, Galerie d'Apollon.)
élait venue, el, dès le
lendemain de son entrée
1·oyées en présent à Charlemagne par l'impé- à Paris, Blücher, dans l'insolence de la forratrice Irène : la robe de la Vierge, les langes tune, faisait sommation à Denon, directeur
de Jésus-Christ, le lineeul ensanglanté dans des Musées, de liuer tous les objets d'art
lc,Juel lut em'eloppé le corps de saint Jean- ayant appartenu à son pays, sous peine d'être
Baptiste, et le linge qui fut mis autour des arrl!té dans les vingt-quatre heures pour être
conduit dans la forteresse de Graunderitz;
reins de Jèsus-Cbrist sur la croix'.
Enfin, on fit contempler à !'Empereur les el, de fait, &lt;1 une vingtaine de tableaux el de
autres richesses du trésor: un buste de Char- bus!es lurent aussitôt emballés et expédiés
l('m:igne en or et en émai!, la croix dont Lo- en Prusse" ».
His en goùt, les Autrichiens, le roi des
thaire fit présent au fils de Pépin le Bref, et
le cor du vieil empereur, ouvrage en irnire Pays-0as, les petits souverains d'Allemagne
qui prm·iendrait de l'une des défenses de et d'ltali&lt;', le Saint-Siège lui-mème se présenl:iicnl à la curée el faisaient leurs récla~
l'éléphant offert par le rai ile de D,gdad '.
l'n fait certain, c·esl que Napoléon voulut mations 8. En vain, Denon se mit aux pieds du
emporter un sournnir de sa visite aux rcli1p1rs roi, supplia li. dcTalleirand. Et que pouvaient
de son illuslre prédécesseur, et il ne trou,,1 Louis XVlll et le prince de Bénévent contre
rien de mieux que d'enlever un précieux le gom·crneur de Paris, Wdlington, devenn
reliquaire contenant le ~quclellc entier du diclateur au Louvre?« 11 !allait, dit-il, don1wr aux Français une leçon de morale. »
\'OU lez-vous dire D, lui répliqua Tallcyr1rnrl. Le même,
Toujours est-il qu'au mois de seplembx. dt., p. â.39.
bre 181:,, les Alliés, pour nuus apprendre la
9. 11 y a lieu de foire ob&gt;N\'Cl' qu'&lt;'n fniL lt• liras
dt• (.;harlcmagne n'nait pa, élt... i. proprement parlt•r,
morale, nous volèrent la pins grande partie
enlc,~ par '.\apoléuu. mlii'i offert à l'empereur par les
de nos chefs-d'œuue. On amoncela les starhanomrs cle la basilique. F,t pour ce qui concerne les
obJrts d'art, statues el lahlcau,. , un tiers peut-Nre
tues, les toiles des grands maitres, les bijoux,
av.iiL t'Lé réqu_isilîonné: mais le re~tc ~vail ét~ cède
lt's pierres précieuses 9• Il en parlit des charpar de) traites de pai:s: ou transporte i Paris. par
~n&lt;'~ure mlmini~lralive à l'l'poque oû les pays à qui
retées; et pendant qu'on y était, les soldats dt!
ils appartenaient faisaienl partie de l'Empirt~ franDliioher et de Mülning mirent paisiblement
rai,. • I.e même, foc. cil., p. â30, note 1.
au nombre de leurs re,·endications le sque10. Charlemagne ayant élC canonise par l'antipap&lt;'
ra,-chal Ill, C'! ~ dét_l'l'l n'ayant pas éte conlreilil par
lelle
éburné du bras droit du vieil empereur,
16 p,pC's lég1t1me,, 11 y n heu cfo se demander si le
et ils crurent faire acte de délicatesse et de
gra.nd Empereur peut èlre considl't'è comme un
.~allll.
désintéressement en nous laissaol le coffret
11 ~sL hors de doute que l'Église a. lie longue date,
vid(} de son importante et curieuse relique.
autorisé le culte de Charlemagne dans un certain
ll?'!lbre de dioeèsc.:i. Aujourd'hui e11co1·e, lo. fèle du
Et c'est ainsi que ce coffret, dit Reliquaire
nc1l empereur d'Occidenl est célébrée dans maints
du
bras de Cha,-femagne, figure encore aulliocèse~ dè l'Allema.~nr, et, en Belgique, dam le dioci•sc de Tournai.
jourd'hui au Musée du Louvre, dans la galerie
(~n P.vurrait dire qu'il ùgit lit d'un,• tolérance;
d'Apollon.
mais li y a plu~ : celte fèlc II ètl! approuvëe par
Il y a lieu de croire que les vieux ossellomc, comme celle d'un bie11he11rcuJ·, sinon J u11
soi11f. c·e~t cc qui rCsulle d'uu JlassJge du De suvoments allèrent rejoindre alors à Aix-la-Charum Dei beatificatiom: tt bcatorum ca1io11isatio11e
pelle ce qui reste des dépouilles vénérées de
de Benoit \ 1\', qui s'exprime 11in~i sur le cas de Charlema5nc, Li\'. 1, ch. 11: , Quoi c1u'il rn !.'Oit d'une
l'homme &lt;p1i fit trembler le monde, du mo-concession railc par un J1011t1fc 1llo!gitime tanl de
narque que rempzreur Frédéric 8Jrbcrousse
Jlaj&gt;t!S l~ilimcs ont connu celle conce~~îo~ cl l'ont
avait fait canoniser, le 29 dl!cembre H65,
admise par tolérance; elle a élé admise, en outre,
penclanl un û long tem_ps, que rien ne semble manpar l'antipape Pasch,1 Ill, et que l'Église a
quer di.:s conditions nccessJires puur la \'ali(litt~ (lu
mis,
au ciel, au rang des bienheureux 10 •
cull~ Jans les EglÎ,;,'s particulières, el pour une bt'ati-

en proie aux mêmes émotions qu'Uthon III et
Frédéric fer.
Le chapilrc présenta également au sou,·crnin la magnifique châsse, de sL1le roman
tertiaire, contenant ce qu'on appelle les
grandes reliques, les mêmes qui furent en•

contempler les ossements, l'épée et le ,rcptre
de ce génie puissant.
Plus d'un siècle et demi après Othon, il
vit le squelette tout poudreux du grand Charlemagne qui se lcnail toujours là sur rn
chaise curule, :nec la majes1é de son siècle,
enveloppé de la chlamyde en loques, et qui
plraissair encore recevoir les hommages de
ses ministres el dl! ses
che,·.iliers.
Alais Frédéric n'eut
p1s pour ses restes le
même respect qu'Othon. Il les fit déposer
dd.nS un sarcophage antique, en marbre blanc,
avec des bas-reliefs représentant l'enlèi1 e-

ficallon suffisante. ,

DocTEUR ~ln BILLARD,

- 58 .,

�Roquelaure

,

et Fontenay-Coup-d'Epée
Le chevalier de Roquelaure est une espèce
de fou, qui est avec cela Je plus grand blasphémateur du royaume. On dit qu'il s'est un
peu corrigé.
A Malle, il fut mis dans un puits, où on le
laissa quelque temps par punition. A l'armée
navale, le comtP. d'Harcourt fut sur le poiut
de le jeter dans la mer, avec un boulet au
pied. Cela ne le rendit pas plus sage ; ear
quelques années après, ayant trouvé à Toulouse des gens aussi fous que lui, il dit la
messe dans un jeu de paume, communia,
dit-on, baptisa et maria des chiens, et fit et
dit toutes les impiétés imaginables. On en
avertit la jus lice. On y lut; mais ils se défendirent, et il y eut un conseiller battu. Enfin
pourtant il lut pris. Quelques jours après il
corrompit le geôlier moyennant six cents
pistoles : le ge0lier se sauva avec lui, dont
mal lui en prit, car le chevalier lui prit son
argent, et le renvoia comme un coquin. On
les suivit, et le chevalier fut repris. Son frère

ainé ne perdit point de temps, et obtint une
évocation à Paris, ou, pour mieux dire, une
jussion de ne passer point outre. Cela lui
sauva la vie, car c'est un crime capital, et
voilà le chevalier en liberté à Paris, qui, au
lieu de se retirer, ou du moins de vivre modestement, se promenait à la vue de tout le
monde, ne bougeait du cabaret et menait
toujours sa vie ordinaire.
Quelques dévots représentèrent à la Reine
que sa régence ne prospérerait point si elle
laissait ce sacrilège impuni. On donna donc
ordre, à l'insu du cardinal Hazarin, au prévôt
de l'ile de prendre le chevalier; ce qu'il fit,
non !.ans y perdre des archers ; el, du côté
du chevalier, .Biran, un de ses frères, grand
gladiateur, y fut fort blessé. On le mena à la
Bastille, où il fut assez longtemps. Le cardinal assura le marquis de la vie de son frère ;
car, pour la prison, ses parents eussent été
ravis qu'on l'y eùt tenu à perpétuité, A la
cour, on murmurait de cette sévérité, et les
femmes mêmes disaient tout haut a qu'on
C( n'avait jamais vu arrèter un homme de
Cl condition pour des bagatelles comme cela ».
Madame de Longueville était de ce nombre.
Après, il lut mené à la Conciergerie, et on
parla tout de boù de lui faire son procès. En
ce temps-là, comme quelqu'un lui disait qu'il
courait fortune, et qu'il avait Dieu pour
partie, il répondit : « Dieu n'a pas tant

à cause d'un furieux coup d'épée dont il
abattit une épaule à un sergent qni le voulait
mener en prison : il était sur un cheval de
poste et revenait de l'armée; il avait de l'or
sur son habit, et l'or avait été défendu depuis
quelques jours. On dit qu'une fois un antre
gladiateur et lui s'étant renconlrés tête pour
tète au tournant du pont Nolre-Dame chacun
voulut avoir le haut du pavé. Notre ho:nme
dit à l'autre d'un ton de Rodomont, pensant
l'inli:nider : « Je m'appelle Fon/enay-Coupd'Épée. » - « Et moi, répondit l'autre, La
Chapelle-Coup-de-Canon. » Ils mirent
répée à la main, mais on les sépara.
Fontenay était de fort amoureuse manière :
il a cajolé une infinité de personnes; et
quoique ce fût une fille à qui il en contait,
il ne l'appelait ja:nais autrement que belle
dame. La principale belle dame qu'il eajola
ce fut madame de Bragelonne, du Marais; il
fit mille folies pour elle, et enfin n'en étant
pas satisfait, sur quelque jalousie qu'il lui
prit, un beau jour, comme elle entendait la
messe dans les Petits-Capucins, il s'alla mettre
à genoux auprès d'elle, et lui dit, prenant
Dieu à té.noin, s'il n'était pas vrai qu'elle
était la plus ingrate du monde de lui faire
des infidélités co.n:ne elle lui en faisait, et en
pleurant il lui rendit des bracelets et autres
bagatelles qu'elle lui avait donnés. &lt;( Mais il
&lt;&lt; faut, lui dit-il, que vous me rendiez mon
« cœur; je vous donne deux jours pour cela
« el n'y manquez pas. J&gt;
Une fois il aimait une femme dont il jouissait; cette lemme, soit qu'elle lùt lasse de
lui, car il était fort quinteux, ou qu'en effet
elle se voulût retirer, lui déclara qu'elle voulait changer de vie, et le pria de ne plus
venir chez elle. Lui n'en fit que rire : il y
retourne, mais il trouve, comme on dit,
visage de bois. Que lait-il? Après avoir bien
harangué, il trouve moyen d'avoir un pétard,
il l'attache à la porte de cette le nme, Elle
qui connaissait le pèlerin, et qui était une
espèce d'aJJ.azone, ouvre une trappe de cave
qui était à l'entrée de l'allée, et se tient au
bout de l'ouverture avec deux pistolets. Je
m'étonne qu'ils ne s'accordaient mieux, car
c'était là une vraie nymphe pour un Coup•
d'Épée. Le pétard lait son elfet, et le capitan
entrait déjà par la brèche, criant : Ville
Fontenay lut surno:nmé Coup-d'.ipée, à gagnée/ qulnd il trouve ce nouveau retraneause de sa bravoure. J'ai appris que ce fut che:nent qui l'obligea à faire retraite.

c&lt; d'amis que moi dans le Parlement. » Quoiqu'il y eût bien des témoins, on ordonna
pourtant qu'il serait plus amplement informé, et cela peut-ètre pour lui donner le
temps de faire évader les témoins; mais le
chevalier trouva que le plus sûr, sans doute,
était de s'évader lui-même . La femme du
geôlier, nommée Dumont, qui était une
grande coquette, à qui saurent les prisonniers donnaient les violons, devint amoureuse
de lui. Il se consolait avec elle tout doucement; il la gagna, et elle fit faire un trou par
lequel il se sauva au bout d'un an de prison.
On dit qu'il jouait au piquet avec le gros La
Taulade, qui était là pour dettes, quand on
lui vint dire à l'oreille que le trou était lait;
il ne se le fit pas dire deux fois, et fit semblant d'aller dire un mot à quelqu'un. Le
chevalier sort; La Taulade, las de l'attendre,
alla voir pourquoi il était si longtemps; il
trouva le trou; l'occasion lui sembla belle,
il voulut en faire autant; mais il n'y put
jamais passer : la mesure n'avait pas été
prise pour lui.
Le lendemain de l'évasion du chevalier, il
arriva douze témoins contre lui; il en avait
eu peut-être avis, et c'est apparemment ce
qui obligea son amante à ne pas différer
davantage : on la prit avec son mari, et on
la mena au Châtelet. Je pense qu'il n'y a pas
eu de preuves contre elle; pour moi, je le
lui aurais pardonné, à cause de sa générosité; car elle avait mieux aimé se priver d'un
homme qu'elle aimait que de le voir prisonnier. Il revint à un an de là, et on ne lui
dit plus rien.
Un jour, Romainville, illustre impie, sou
ami, était à l'extrémité; un Cordelier vint
pour le confesser. Le chevalier prend un
fusil , et couchant le Père en joue, lui dit :
« Retirez-vous, mon Père, ou je vous tue :
« il a vécu chien, il faut qu'il meure chien. »
Cela fit tellement rire Romainville, qu'il en
guérit. Cependant le chevalier se confessa à
quelques années de là, et mourut comme un
autre homme, en disant qu'il ne craignait
que de n'av,,ir pas assez de temps pour se
bien repentir.

TALLEMANT DES RÉAUX.

VUE DE CHAILLOT l PRISE .AU-DEiSUS DU CJIAMP-DE-MARS

· e· et g ravé par
• - Dessin

LEVEAU.

(Musée Carnavalet. )

GEO~GES CAIN

Un ancien logis de Madame de Lamballe
La rue Berton. - Le Passage
des Eaux.
Pendant ~ue l'auto file le long de la Seine,
vers le quai de Passy où nous devons alier
visiter les restes de la maison de campagne
de la princesse de Lamballe, nous songeons
à cette boutade d'un docteur philosophe :
cc La santé est un état précaire, transitoire
et qui ne présage rien de bon.• Malo-ré son al~
Iure parad~xale, l'.ohservalion est pr:sque vraie
et tout à fait de cuconstance aujourd'hui car
l'ancien logis de l'amie de Marie-Antoi~ette
est devenu maison ~e santé P.our maladies
mentales. ?r, combien sont-ils parmi les
malades traités en celte vieille demeure bisExtrait de~ Nou!!el~s Pro!uenades daJJs Paris
(~mvragc orne de fo5 11luslraltons et de 20 plans an'.
c1 c ns et

modernes),

par GEORGES CAIN

Conservateur

du ~usëe Carn_aval et et des Collections' lu storiques de
la Ville de JJam_. - 1 _vol., grand in-16, à 5 francs.
Ernest Flammar,on , èd1tcur.

t?riq~e, qui lurent . fr?ppés en pleine joie de
vJVre .... Ru~n ne faisait présager le coup de
to~nerre q~ les allait foudroyer et puis, soudarn, la nmt, la démence! - cc Pour beauco?p d'~ntre eux, nous avait expliqué la
veille l un de nos plus éminents neurologistes, ce n'est qu'une brève suspension de
l'intelligence, quelque chose comme un courtcircuit en un courant électrique .... D'aucuns
s~nl parfaitement heureux, se croient le bon
Dieu, Rothschild ou Fallières .... lilais d'autres
souffrent cruellement : les mélancoliques les
persécu~és, les furi:ux .... Pauvres gens ~u'il
faut plamdre, améliorer et guérir! J&gt;
. Cette causerie nous revenait en tête, tandis que devant nous défilaient les nouveaux
quartiers co~struits depuis quinze ans à peine
sur les terrains de Chaillot, l'ancienne banlieue de Paris que peignait Raguenet vers
1750 en une suite amusante de tableaux
accrochés dans les salles du musée Carnavalet:
..-.1

61

w-

le chemin de halage et les berges herbeuses
sont devenus des quais; des maisons à six
étages remplacent les guinguettes et les videbouteilles de jadis; mais on retrouve encore
par-ci par-là, des bouquets d'arbres, des ter~
rasses, des jardins déjà vus sur les toiles du
xvme siècle, encadrant alors les petites maison~ ~e cam~agne où, depuis Louis XIV' les
Parisiens, seigneurs ou bourgeois, aimaient
tant à venir villégiaturer pendant les mois
d'été.
Rue Berton, quai de Passy : entre deux
p~rc~, un~ ruelle montante, aux murs gris
P'.ques, de Joubarbe et de coquelicots; à micote s ouvre une grille de fer forgé, et nous
nous engageons sous d'admirables arbres
verts formant dôme, une c1 allée ombreuse »
comme les dessinaient Fragonard tt Hubert
R?bert; n_ou5, descendons devant un élégant
ho_te_l Loms XV, et le parloir franchi , nous
v01c1 sur un balcon dominant l'un des

�..-

._ ___________________ u

fflST0'/{1.Jl - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

JI/ JtJIICŒJII LOGTS D'E JffJtDJt.ilŒ D'E ÙJK1JltLL'E

plus inattendus paysages parisiens un immense jardin que ses pelouses étagées prolongent jusqu'à la Seine, des arbres cente•
naires, un pigeonnier, une orangerie, des
charmilles, un reste de labyrinthe, des bancs
de pierre duvetés de mousse .... Au loin, des
femmes se promenant à petits pas, au bras
d'une servante, cueillent des roses et des
jasmins, chercbcnt des trèfles à quatre
feuilles, d!aulrcs lisent, brodent, rPgardenl
les nuages filer, rapides, derrière la tour
Eiffel; des coqs chantent, des moissonneurs

ber! de Luynel en furent les propriétaires
successifs. En 1780, le duc de Luynes vendit
la propriété à Mme de Lamballe qui chérissait cet aimable séjour. Après que la malheureuse princesse eut été fërocement égorgée,
en septembre 92, au coin d'une borne de la
rue des Balais, près de la prison de la Force
où elle était incarcérée, sa maison de Passy,
saisie et vendue comme bien d'émigré, fut,
par accord entre la liépublique el le roi de
Sardaigne, remise le H lévrier 1797 à
Charles-Emmanuel de Savoie-Carignan, neveu

BARRIERE DE PASSY. -

des très ,·ieux jardins, et nous y évoquons
tous ceux qui, depuis plus de dent cents ans,
y ont vécu, aimé, rêvé, souffert! Dans ces
paysages à la ,vaueau, nous revoyons les
Cydalise et les Aram ynthe
Frêles parmi les nœuds énormes de rubans i,

les mignonnes marquises en \'ertugadins
retroussant des traines de satin su.r leurs
mules à hauts talons; nous croyons entendre
le brouhaha joyeux, causé par l'arril'ée de
la reine Marie-Antoinette venant demander à

Dessiné etgravéf'.lr HrnEL\', (.\fusel! Carnav.Jlet.l

fauchent ... Quel calme prufond ! et pourtant nou~ sommes dans une maison de santé
pour maladies nerveuses 1...
Cet hôlel el ce parc admirable onl tout un
passé d'élégance, de grandeur el de faste. La
duchesse ·de Lauzun, la marquise de Saissac,
la comtesse d'Egmonl-Pignalelli et le duc d'Al-

el héritier de Mme de Lamballe,. lequel céda
le domaine au citoyen Baguenault. Depuis
1845, la propriété lut constamment alfeclée
au traitcmenl des aliénés des deux scxes 1 •

1. Le côté i;:aw:hc de celle ancienne rue de Seine
(aujourd'hui rue Berlon ) ëtail occupe par la propriété de llaric-Thérèsc-Louisc de Snoic, princesse
de J.amùall\'.
Cette belle propriétC 3\'IIÎl d'abord appurlenu it
Gcneviê\'e-llarie de Ourforl de Lorges, fille du maréchal de Lorges, bcllc-Sl!ur clu duc ile Saint-Simon, cl
\·eu,·e, depuis 1723, du célèbre duc de Lauzun.
Après elle, le domaine ful arquis, le 9 seplemhre 17:;¼, par la mar!JUise de Saissac, fille de LouisCharles d',\lbcrt, duc de Luynes.
\ïnt cnsuilè la nièce par alliance de la précêdenle
propriétaire, la comtesse d'Egmont-Pibonatclli, bellesœur du maréchal de Richelieu; de son premier ma-

riage, clic llvail eu, en IH8, Louis-Joscpl1-Cl1arlC'~Amal,lc d'Alberl &lt;1ui, de.,•cnu duc de Lu~·ncs et de
Chevreuse&gt;: et µair de Fr,mce, entra en 1)()sscssion de
la propri1ilé Cu 1775, cl la \f'ndit, cinq ans après, it
la princesse de l.aml.mlle, \'eU\'e du fils du duc de
l'cnthiène, a\·cc laquelle il pouvait comrnuuiquer
aiSCment, pui,;qu'il habila.il le chàte.iu seigneurial de
Pa,sr, dont le parc aYait une issue sur la rue Ra\·nouàrJ, à peu de distance de la rue Berton.
'
Aprës la mort de&gt;: la princc~se de Lamballe , la moison, d'11bord saisie cl Ycnduc comme bien d'émigré,
fut, aprCs l'accord sun·enu en mai 1706, entre la
Républi9ue française et le roi de Sardaigne, remise le
12 jarl\'lcr 1791 it Charles-Emmonucl de Suvoie-Cari-

Le parc a conserré le charme pénétrant

nous sourit béatement, tassée en un fauteuil
d'osier, elle ne vit plus que d'une existence
purement végétative;
avec sa figure ronde,
que !end une bouche entr'ouverte, c'est
moralement et physiquement :

goûter à sa &lt;! chère L~mballe »... Ensuite
nous contemplons, tristementémus, lemonde
mystérieux qui s'y promène aujourd'hui!
Cette jeune femme, qui d'un geste joli
lait de gros bouquets de leuilles, esl une
con\'alescente qui dans quelques jours va
quiller la maison; quanl à la vieille dame qui
gnan, nèveu et hêri ticr de la princesse de l.amhalle.
Ne pou\·a.nt pas habit er ce domaine, il le céda au l'Ïloyc11
Daguenau\t, dans la famille 1\uqud il resta jusi1uc
\'CJ'S

1845.

Depuis celle CpotJUC, la pro1iriCI(· ile fa princesse
de Lamballe a elè constamment habitêe 11ar une
maison de s:mtC pour aliénês.
Le D• Es1iril Blanche y lr.msfêra, en 18fü, ltt maison
de santé !1u'il po%i•daiL à )lontmarlrc, el partagea la
direction a,·et: son fils, le célèb1·c D• Antoine-,...mile
Blanche. lequel conserva la direction jusqu'en 1872,
é1??4Jue à laquelle il céda la maison au Il' Meuriot, dêcêde en mai 1901. Le Dr Meuriul fils succéda il son pêre
2. Paul Verlaine: Fêles gala,ites, l'Allé(•. (page 66.

f

Un Jl3u\·rc ~rclol 1·ide vit
manque cc 11ui ~onnc !

et les loques des marchands de bœuls ....
Nous compulsions de \'Îeux dossiers, des

--

.

qui traça ces bêtes apocalyptiques, ces fan
tômes longs et minces à !êtes de grenouilles,
aux gestes convulsés,
aux mains douloureuses, retournées et
crispées. Ce malheureux a crayonné ses
grimaçantes hallucinations, des vagues
roulant des cada\'res
enlacés à des pieuvres, des rondes de
fantômes plus tournoyantes que les toïe
Fuller, des spectres
décharnés aux Jeux
de batraciens.... Et
les fonds de ces dessins terrifiant!&lt;, qui
de loin semblent d,s
hachures, sont faits
tic mots pressés les
uns contre les autres
sans suite, sans orthographe, où reviennent ces expressions :
le sépulcre, la mort,
.\1. LE Q• ME:URIOT,)
lanuitl ...

Une autre pensionnaire confectionne en
un tour de main d'exquises poupées de papi.!r de soie; quclyues
bouls de fils noirs
pour les cheveux €t
les yeux, quelques
Louts de fils rouges
pour les lèncs cl lt'S
dessous du nez, trois
épingles, un peu de
C3rlon, dix centimèlres de moire blanche.... et voilà un
imprérn bibelot parisien; ou bien le ruL e PAVILLON LE MADAllE DE LAMBALLE (ACTUELLEMENT llAISON DE SANTE DE
ban s'arrondit en coFaça&lt;k sur le jardin.
carde sanglante, une
tresse de laine noire
Abandonnant ce
devient une perruque crépclée, l'œil s'ouvre baux, des ades de ,,ente, quand soudain
triste s~jour, nous traversons le parc où le
hagard dans la fa&lt;;e de papier blanc à la Sada passe sous nos yeux une liasse de dessins
soleil pique des rayons d'or dans l'ombre
\'acco el rnici la « tète de saint Jean
.. ,·erlc, n~u.s om'rons une pelite porle,
qu'emb,rasse Salomé », précise au
nous_ v01c1 rue D~rton. E!Je longe et
cra)'cm · l'ingénieuse artiste.
donune
la proprié1é de Mme de LamCes promeneuses rnnl des convab
tlle,
et
c·e~t une stupeur de rmconlescentes ou des ncuraslhéuiqurs,
tre,r_à
~aris
celle veneJlc campagnarJe
mais derrière la porte voisin&lt;', en la
qu
ecla1rent
encore, à la nuit tomcour que nous travcrso·ns rapidement,
l;anl_e,
rantédilu,·iens
quinqui ts à
1a scène change : une douzaine de
1
hu1l.r.
Z1gzaganle
et
étroile,
elle C'st
malades anonymes sont là, qui ne
l,ordce
de
murs
salpêtrés,
mouchelés
causent jamais entre eux; la plupart
d'mscriplions, de sermcnl.~, de rensembl~nt rèver, d'autres fument ou
drz-vous, de menaces; une Yieille bimarchent à grands pas, automatiquecoque en ruine, un atelier de peintre,
ment; l'un compte et recompte les
quel11ues
_masures à jardinier, une
pavés, l'autre, avec de rauques abois,
parle
an~1enne
au ton bleu délavé,
hurle des mots sans suite. Brusqueune adm1rable broussaille de.fer fichée
ment l'un d'eux fonce droit sur nom,
en un angle du mur où poussent lrs
la main tendue d'un geste large, nous
giroflées sauvages, en font une des
souhaite en riant la bienvenue; le plus
sentes
les plus pittoresques de Paris.
poliment du monde, mais en insistant,
Près d'une mairnn en conslruclion
un second nous commente son exlram~nlons un e~calier envabi par Ja li~
ordinaire ascendance, inscrite sur Jes
na1re
cymbalaire, dont les délicates
phalangfs de ses doigts maigres, nous
fleurs
roses rnmhlent de minus( ulrs
offre deux millions, salue et se relire
gueules de loup, et nous tornLons en
en bâte; respectueux, nous passons
pleine &lt;t mer de plantes ». Les rimes
discrètement; à un détour d'allér,
d~s
arbres rnisins s'épanouissent à nos
nous croisons une extraordinaire et
p1eùs,
la grande ciguë, les bardanes
falote silhouelte .... C'est « le Père
l'angélique, l'acanthe sortent de I'her~
Goriot » tel que nous le dépeignit Balépaisse, luisante et grasse, les· Irones
zac; voilà bien cc cette face lunaire et
t.les ~guier~ et des sureau~ rn pleine
naïvement niaise, au larmier pendant,
floraison
emergent des lianes i la
1
gonfié, retourné », ce crâne en pain
Lryone,
aux
f~uilles lancéolées, y ac.i\lADA.ME DE LAllBALLE,
de sucre ... rien n'y manque, pas même
la redingote à gros plis, où noue un ven- J\Jéj,iiflon en 11 "cJgwoo;J ancien.(MusieCarnavalel. Don de M. A. BicaET.) c_roche ses vrilles tenaces, et dans ce
lieu ~auvage, c'est une surprise d'apertre fiasque, el l'inénarrable casquelle
cevoir
en se retournant Ja tour Eiffel
de drap . rappelant le mortier de Louis Xf st upéfiants, œuvre d'un aliéné .... Quelle inpr?filanl sa silhouette ajourée sur les masses
1. Balzac, • J.e Père Goriot. 1
finie tristesse doit étreindre l'frme de celui gmes el mauves de Grenelle!

�1f1ST0'/{1.J!
Avant de rentrer dans Paris, faisons une
dernière halte : quelques pas plus loin, au

c'est tout à fait curieux; mi-pavé, mi-dallé,
il rappelle ces illustrations comiques semées

LE PAVILLON DE 1'1ADAME DE LAMBALLE, -

numéro 26 du quai de Passy. Près de la rue
Albooi et de la station du Métro, s'ouvre un
long escalier reliant le quai à la rue Raynouard, cela se nomme le passage des Eaux;

Fa,•a:Je sur la cour.

par Gustave Doré dans le, Contes drolatiques
de Balzac - ce grand Balzac qui habita la
1. Viclor llugo. (Ltl Mi&amp;lrablta. Ch. c Qui sera.il
impossible a\'CC l'éclairage au gaz . D

rue Berton 1 - où l'on voit de gentes dames,
de gras chanoines et des capitans bardés de
fer dégringoler de fantastiques sentiers de
chèvres.
Il est facile de se représenter celle pente
roide, large de deux mèlres, ombragée de
cimes d'arbres, descendue el regrimpée par
de bons bourgeois parisiens après une jolie
partie de pèche à la ligne sur les berges de
la Seine. lis ont « taquiné le goujon " el
regagnent Paris par ces escaliers di~joints,
chantant, sui\'ant l'époque, Compère Guillery, Femme sensible, le Dieu des Bonnes
Gens ou l'Amant rl'Amandal
Le mur de droite, nom·ellement reb~ti,
conlraste étrangement avec le mur dP gauthe,
moisi. pansu, marbré de tachrs d'humidité,
fleuri de mousses et de graminées .... On }"
retrouve même l'appareil qui jusqu'au 1.iècle
dernier rnpportait la lanterne à quinquets :
Yoici la potence de fer, le croisillon qui ]a
fixait, le tuyau par où passait la corde ....
C'est une lanterne semblable que - dans /es
Miséi'ables - démolissait Jean Valjean pour
échapper aux poursuites du policier Jarert et
pénétrer par effraction dans le couvent du
Petit-Picpus I I
Tous ces souvenirs prouvent qu'il n'e!=l pas
nécessaire de [aire grande dépense d'imagination pour retrouver dans le Paris moderne
- à cent mètres du Métro qui trépide et
gronde - les traces encore vivantes de l'amusant Paris d'autrefois.
GEORGES

Deux souverains
Par un hasard extraordinaire, en i 770,
l'empereur (Joseph Il) put se livrer à l'admiration personnelle qu'il avait conçue pour
le roi de Prusse (Frédéric Il) ; et ces deux
grands souverains furent assez bien ensemble
pour se faire des visites. L'empereur me permit d'y assister, et me présenta au roi :
c'était au camp de Neustadl, en Moravie. Je
ne puis point me souvenir si j'eus ou si je
pris l'air embarrassé; ce que je me rappelle
fort bien, c'est que l'empereur, qui s'en

aperçut, dit au roi, en parlant de moi : « li
a l'air timide, ce que je ne lui ai jamais vu :
il vaudra mieux tantôt. ,, Il mil à dire cela
de la gràce el de la gaieté, el ils sortirent ensemble du quartier général pour aller, je
crois, au spectacle. Le roi, chemin faisant,
quitta l'empereur un instant pour me demander si ma letlre à Jean-Jacques Rousseau
qui avait été imprimée dans les papiers publics était de moi. le lui répondis : « Sire,
je ne suis pas assez célèbre pour que l'on

prenne mon nom. » Il sentit ce que je voulais dire. On sait qu'llorace Walpole prit
celui du roi pour écrire à Jean-Jacques la
fameuse lettre qui contribua le plus à tourner
la tète de cet éloquent et déraisonnable homme
de génie.
En sortant du spectacle, l'empereur dit au
roi de Prusse : a \'oilà NoYerre, ce fameux
compositeur de ballets; il a, je crois, été à
Berlin. Il Noverre fit là-dessus une belle révérenœ de maitre à danser. « Ab! je le connais, dit le roi; nous l'avons vu à Berlin; il
y était bien drôle : il contrefaisait tout le
monde, et nos danseuses surtout, à mourir
de rire. » Noverre, peu content de cette manière de se souvenir &lt;le lui, fit encore une
belle révérence, à la troisième position, et
espéra que le roi lui fournirait de lui-même
l'occasion d'une petite vengeance. « Vos ballets sont beaux, lui dit-il; vos danseuses ont
de la grâce, mais c'est de la grâce engoncée.
Je trouve que vous leur faites trop lever les
épaules et les bras; car, monsieur Noverre,
si vous vous en somenez, notre première danseuse de Berlin n'était pas comme cela. » , C'est pour cela qu'elle était à Berlin, sire, »
répondit Noverre.
J'étais tous les jours prié à souper avec le

CAIN.

roi : la conversation s'adressait trop souvent
à moi. Malgré mon attachement pour l'empereur, de qui j'aime à ètre le général, mais
point le d'Argens ni l'Algarotli, je ne m'y livrais pas plus que de raison. Quand j'étais
trop interpellé, il fallait bien répondre el
continuer. D'ailleurs l'empereur mettait beaucoup du sien dans la conYersation, et était
peut-être plus à son aise avec le roi que le
roi ne l'était avec lui. lis parlaient un jour de
ce qu'on pouvait désirer d'être, el me demandèrent mon avis. Je leur dis que je voudrais être jolie femme jusqu'à trente ans,
puis un général d'armée fort heureux el fort
habile jusqu'à soixante; el, ne sachant plus
que dire pour ajouter cependant quelque
chose encore, n'importe ce que cela de,·înt,
cardinal jusqu'à quatre-vingts. Le roi, qui
aime à plaisanter sur le sacré collège, s'égap
la-dessus. L'empereur lui fit bon marché de
Home el de ses suppôts. Ce souper-là lut un
des plus gais et des plus aimables que j'aie
jamais vus. L'empereur et le roi furent sans
prétention et sans réserve : ce qui n'arriva
pas les autres jours; el l'amabilité de deux
hommes aussi supérieurs, et souvent si éton nés de se trouver ensemble, était tout ce
qu'on peut s'imaginer de plus agréable.
PRINCE DE

LIGNE.

FR.ÉDÉR_IC LOUÉE

et&gt;

Napoléon et Talleyrand
Il

La scène s'est passée, devant témoins, à la
date du 28 jan,ier i 809. Decrès el Cambacérès, entre autres, sont là. Talleyrand s'est
glissé dans la pièce où l'attend celle sorte
d'exécution. Il y a pris place tranquillement.
Napoléon l'a vu. Son œil s'allume aussitôt
sa voix éclate dans une apostrophe ardente e;
prolongée. Il lui reproche, à la fois, les laits
de la veille et de l'avant-veille. La paix de
Presbourg, dont le ministre de France avait
atténué, modéré. les exigences, lui est rejetée
comme une trahison. c1 Traité infâme œuvre
de corruption 1 » Les mots se press~nt avec
une violence redoublée. li en arrive à l'inrootive directe : « Vous êtes un voleur, un
VJI. - H1STORIA. Fasc. Sa,

lâche, un homme sans foi, vous ne croyez
pas PD Dieu ! ,, 1• Lui, Napoléon, qui se van~ai~ d'avoir attiré dans ses filets par une
~ns1gne tromperie les princes auxquels il avait
Juré sa protection el le respect de leurs
droits, s'~ndigne au nom des vertus, de la
bonne fo,, de la loyauté .... L'orage roula
peadanl une demi-heure. Talleyrand le laissa
précipiter son cours et passer, sans dire un
mot, sans trahir aucun signe d'émotion·
mais en se retirant, il emportait au dedan~
de so_i u_n accroi~sement de haine, qu'il se
promit bien de laisser venir à maturité.
La rude partie, qui se jouera dans la pénombre entre le maitre du jour el Talleyraod, est virtuellement ouverte.
t. Dieu, c·étail lui-même, pcut-!lre.
~

65 ....

s..,uvent la plainte d'ingratitude revenait
su'. les lèrres de Bonaparte, à l'•nrontre du
prmce de Bénévent, soit qu'il la lm adressât
à lm-même, soit qu'il la dévoilât à des personnes de son entourage. En l'exprimant avec
amer~ume, il oubliait, selon la juste remarque
de Samte-füuve, que s'il y a des bienfaits qui
?bhg~nt, 11 y a des insultes qui aliènent à
Jamais et qui délient. La même cause n'avaitelle pas produit les mêmes effets du côté de
ses lrères? En accompagnant d'une loi de
contramte et de soumission humiliée les
biens dont il les combla, honneurs ou richesses, il n'avait pas rénéchi qu'il les dispenserait d'avance des retours de la "ralitude. Comme il s'P.n plaignait pourtan1 J Si
chacun d'eux elit imprimé une impulsior.
5

�... _________________________________

1f1STOR,.1A

,

NAPOLÉON ET TllLLEY'J?.lllVD - - ,

commune aux diverses missions qu'il leur
avait confiées, ils eussent cnsemblc, les Bonaparte, marché jusqu'aux pôles! .\h ! Gengis-

le connaissaio.; pas, c'esl Talle1rand qui _me ,ra fai~
connaitre. Je ne ;.a,,iis pas où il était. C est lui
qui m'a rén.Hé l'endi·oil où il était, et après

CHATEAU DE VALENÇAY : VUE o'ENSEllDLE.

Khan, le ravageur des mondes, avait été plus
heureux que lui, Gengis-Khan, ~on~ les quatre
fils ne comprenaient d'autre rivalité. que de
le bien servir! Et ses généraux, ses mm1stres,
et Talleyrand ! Rœderer a raconté comment
il fut pris à témoin par Napoléon de sa
double rancœur, le G mai 1809, au pala1S de
l'Élysée.
.
L'empereur, qui se promenait à grands
pas, à travers la chamb~e, comme à son
habitude, lorsqu'il entamait un long mo?o-

logue, avait tourné d'~bord contre son îrere
ainé Joseph son premier accès de mécontentement. Porté sur le trùne d'Espagne sans
l'avoir demandé, celui-ci n'aflicbait-il pas
l'étrange prétention d'ètre roi, pour so!1
compte? Joseph, après Louis Bon~parte_. posa'.t
osément cette alternative ou qu on lm rendit
les pleins pomoirs ou qu'o~ I_e la~iss~L ret~ur:
ner aux lobirs de la \"Îe prin.-e. Etait-ce ainsi
que devait lui parler un homme de son _sang,
qui lui devait tout et même celle retra~te de
Morlefortaine, si chère à ses vœu1? Lut_ convenait-il de tenir le langage des ennemis de
la France! \'oulait-il faire comme Talleyrand?
Et en prononçant ce dernier ~om, qui prenait tant de place dans sa pensec, ses accents
s'étaient échauffés de nouveau :
Talleiraml ! Je l'ai couvert d'honneurs, d'or~ de
dîamanls! li a employé tout cela contre mo'.: li
m'a trahi autant qu'il le pouvait, à la prem1ere
occasion qu'il a eue de le faire .... Il a di_t 'l~'il
s'était mis à mes genoUJ pour empècber I amure
d'Espagne, et il me tourmcntai.t de~~is deux :ms,
pour l'entreprendre! Il soutena1~ qu il ne ~e :audrait que vingt milJe hommes; 11 m'a donne n~gt
mémoires jX)Ur le prouver. C'est la_ même ':°~dmte
que dan&amp; l'alfaire du duc d'Engl11en; moi, Je ne

m'avoir conseillé sa mort, il en a gémi avec toutes
ses connaissances.
... Je ne lui ferai aucun mal; je lui co_nserre
ms places; j'ai mèmr, pour l~i, l~s ~entii:n:nts
que j'ai eus, autrefois; mais Je lm a, reh~c le
droit d'entrer, à toute heure, dans mon cabme_t.
Jamais il n'aura d'entrelien particulier ave~ moi;
îJ ne pourra plus me dire qu'il a conse1llé ou
déconseillé une chose ou une autre.
Jl n·aura plus jamais d'enl1'elien pai·!iculie1' avec m.oi. La phrase fol prononcee,
mais le serment ne tin! pas. Des conjonctures
gra,·es reparaitront où le seul .à seul du c~nqu!!rant et du diplomate sera Jugé nécessaire
encore, et ce sera Napoléon qui en marquera
le désir, pour n'écouler, d'ailleurs, en fin
de compte, que sa seule inspiration_ et ~e
suivre que son vouloir. Au surplus, _Jusqu à
quel point sont-elles véridiques les imputa. de en fl amme~.
' 1
tions contenues dans ]a lira
Napoléon en avait articulé les termes, à hms
clos et en des conditions d'intimité '!UÎ devaie:11 le montrer sans colère. Toutefois., on
n'est pas sans sarnir qu'il acco~modait à
son gré les faits et les mots, el tOUJOurs _d~ns
un sens qui dégageait ses responsab1htés
envers les hommes, envers les peuples, enYers
l'histoire.
De 1809 à 1814 se reaouvelèrent, assez
fré11uentes, les rencontres tempêt~eus~~Dans l'un de ces ,•erti 0 os, dont il était salSI,
à ,,olonté, non conten~ de s'efforcer. à l'avilir,
il vit le moment de noyer son nce-grandélecteur sous le ridicule. La princesse de
Bénévent s'était compromise, au su de tout
le monde a,·ec le duc de San-Carlos. Et
Napoléon de ramasser cette hi~toi~e, de la
lancer, en pleine soirée des Tuileries, à la
.,, ô6

w

tête de Talleyrand, de lui crier qu'on le traitait en S«anarelle
et qu'il eût à surveiller
O
d'un peu plus près, à ravenir, les agissements de sa femme. Mais de très haut, avec
son air glacé, son Oegme indémontable, ~e
prince avait répondu: « - Sire, je _ne croyais
pas &lt;1u'un détail de la sorte pùt avoir quelque
importance pour b gloir_e de Votre_ MaJesté et
pour la mienne. » La rephque était i:~perbe~
dans un pareil cas. Talle)rand resta-t-11 a~_ss1
indifférent qu'il parut l'ètre à ~e ge?re d infortune qui blesse au plus sensible I honneur
ou l'amour-propre de tout homn:ie? Nous ne
le croyons point. Ce fut un froissement de
plus à porter au tolal des ma~va.is propos
endurés insti 11ateurs de la dérect1on.
Tant ~ue 1•horizon se montra clair_c~ 9u'il
n'en eut pas brouillé l'azur par les deviatwns
de sa politique orageuse, Napoléon avait p~
garder l'assurance que !alleyra~d ne serait
pas un servileur à surve1ller._Ma1s, quand se
furent terriblement assombries les perspectives prochaines, comm~ celu~-ci en_ avait, eu
la prévision trop nette, 11 eut a se dire qu un
homme ,ivait dans son ombre, dont le blâme
intérieur accompagnait tous ses ge_stes, un
ennemi silencieux et respectueux qui, par la
désapprobation muette, à défaut de mots
exprimés, conlestait ses plans, ses desseins,
et qui jouissait en secret, peut-être, de chacun de ses échecs comme d'un acheminement
progressif à quelq~e perfide solution désir~e,
sinon déjà préparee; et le pensant et s e_n
irritant, il le voyait journellement devant 1~1,
avec sa face inanimée, sa contenance froide
et solennelle, presque impudente en lï_naltérabilité d'un fle11me que ne dérangeait au~
cune secousse d~s événements. Les dignités
éminentes dont il l'avait revêtu, cet homme
continuait à en porter les insignes et à en
recueillir les profits, en y conservant une
tranquillité d'âme qui ressemblait à ~u dédain. Il en frémissait de courroux. Et _des
ennemis de Talleyrand a,·ivaient ~mcore l'rn~pression déjà si aiguë chez le_ maitre des Tmleries, que ces façons, haut~rnes et soumis~
à la fois, avaient le don de Jeter hors de Iu_1.
Après la campagne de Ures de, un mall_n
qu'il se sentait plus nerveux et plus sure:xc~table encore que d'ordinaire, Napolé?n l'avait
aperçu, à son lever, et cell~ vue ~va1t redoublé son irritalion el fomenle sa b~le _:, .
&lt;( _
Hestez, lui commanda-Hl, J a1 quelque chose à rnus dire. »
El ses paroles, aussitôt qu'ils furent seuls,
prirent le ton d'une violente a_P?Stropbe.
« - Que venez-vous faire 1c1 ?... ~le ";1on•
trer votre ingralilude? ... Vous affectez d être
d'un parti d'opposition?... Vous croyez pe~tètrc que si je venais à manquer' vou~ ~.eru:z
che[ d'un Conseil de régence?... S1 J étais
malade dangereusement, ~e vous le déclare,
vous seriez morl avant mo1. o . ,
,
Alors, avec la grâce et la qu1etude ~ u~
courtisan, qui reçoit de nouvelles Îa\·et~rs , il
ndità la menace l'échangedececomphment:
re
.
. d'
« _ Je n'avais pas besom, sire, ~n pareil avertissement pour adresser au ciel des
i. La remarque est d'Henri de Latouche.

nEux hil·n ardents pour la con~er\·ation des
jour; de Votre .\lajesté. »
A le considérer ainsi, cravaté de calme el
de mJstère, les fibres de Napoléon .se contractaient d'impatience et de dépit. Il en était
soulevé jusqu'au point de lui vouloir porter,
de colère, le poing sous la figure, pour le
foire sortir enfin de son élégance immobile.
li ne pouvait se contenir; toute oceasion lui
était bonne de lui jeter de la bile au visage.
El si celle occasion ne se présenlait pas, il la
faisait naître.
A mesure que s'aggravairat les rewrs de
sa politique d'agression, et cela mus les )'PUX
obsenateurs d'un témoin, qu'il s'imaginait
attendant la fin av1 c une espèce de satisfaction anticipée, son humeur éclatait de plus
en plus acerbe et les conlre-coups en rejaillissaitnl d'autant plus intenses contre celle
barrière d'insemibililé. La dernière algarade
précéda le départ de Napoléon pour la campagne de 181-i-. A l'issue du Conseil, il avait
haussé la voix, se disant entouré de lrailres,
et, pour préciser le vague de son acrusation,
il s'était tourné contre Talleirand. Le regardant bien en face, pendant plusieurs minutes,
il l'accabla de paroles dures et offensantes.
Le diplomate se teoait debout, au coin du
leu, se préservant de la chaleur à l'aide de
son chapeau, les yeux au loin et l'air parfaitement absent de tout le bruit que faisait là
quelqu'un. Lorsque l'empereur, ayant épuisé
son réquisitoire, quitta la pièce en tirant la
porte a,·ec violence derrière soi, lui aussi
pensa à s'en aller. Paisiblement, il prit le
bras de !f. Alollicn et descendit les escaliers,
sans articuler une syllabe, sans esquisser
même un geste, mais gardant en bonne place,
dans sa mémoire, ce &lt;1u'il avait entendu.
L'ne conviction plus forte l'avait affermi dans
cette idée qu'aucun principe d'honneur rJe le
retenait au senice de celui qui l'accablait
d'outrages.
Aussi bien, Talleyrand et Napoléon ne
furent pas en reste de mauvais compliments
l'un envers l'aulre. Ils ne se redevaient rien,
quant à cela. Si Napoléon le qualifia des pires
noms, l'appelant un prêtre défroqué, un
homme de rél'olution, un scélérat, Talleirand
ne ménagea pas à l'homme de génie les épithètes vires, dont les plus courantes, quand
il cul cessé d'être empereur, étaient celles de
brigand et de bandit.
Après son rem·ersement, Bonaparte, en
1. Sir .Vt!il Ca,11pbell'R Journal, Londres 1869.
2. c. Talle)rand, a,surc le maréchal ]lannout, qu'on
ne cite pas, habituellement, comme un modCle de
désintCre~scment et de lidèliré, réunis~1ut en lui tout
ce 11ue les temps ancic11s et 11"s 11om·eau:i. pcu,·ent
olîrir d't•1.cmples de corruption, ayant dépi!ssc, à cet
Cgord, les limites connues avant lui. • (Jlémoires,

l. \Il,

l'excès de ses colères rélrospectives, ne cessait point de fulminer contre l'homme d'~tat.
Suivant lui, il aurait été le plus vil des Jacobins; à plusie-urs reprises, il lui aurait conseillé de se dt!barrasser des Bourbons en Jes
faisant assassiner ou en les foi:)ant enlever
d'Angleterre par une bande de conl rehandier.:;,
qui naviguaient d'une cùte à l'aulre. li l'affirmait expressément à sir Neil Campbell•, le
commissaire anglais chargé par son gou\'ernement d'accompag-ner de Fontainebleau à
l'ile d'Elbe, le captif de la Sainte-Alliance! Il
ne manireslait, à celle di.\i-tance des éléncments, ni regret, ni émotion de l'exécution du
duc d'EnAhien; mais il tenail, par-dessus
!out, à faire passer celle allégation dans
l'histoire, que le prince de Bénévent en fut
lïnspiraleur. Napoléon en parlait ainsi, dans
l'abaissement exaspéré de sa grandeur, parer
qu'il avait toute raison de penser que Talleyrand fut, après son propre orgueil, le principal instrument de sa chute. A la vérité, en
aucun temps, déformateur de la vfrilé par
principe, il ne prit la précaution d'accorder
ses paroles entre elles et de se demander si,
d'aventure, elles ne se lrouvaient pas déjà
démenties par d'autres prononrées an.térieurement, sous des impressions différentes.
La rancune de Napoléon se fondait sur de
puissants motifs. La lutte entre eux ne s'était
pas arrêtée à l'abdication de Fontainebleau.
Proscrit par Napoléon, au retour de l'ile
d'Elhe, Talleyrand lui avait répondu en le
faisant mettre au ban de l'Europe par le
Congrès de Vienne. Cette rancune fut tenace.
Dans ses dictées de Sainte-Hélène, Bonaparte
reprendra, maintes fois, le texte de ses accu•
salions contre son ancien grand chambellan.
S'il avait été vaincu, si le torrent des armées
alliées s'était précipité sur la France, la faute

unique en était encore à Talleirand. Chaque
détail, choque tr:iit, ']UÎ lui remontait à la
mémoire tendait à la dépréciation de l'homme,
de ses serrices rendus, sinon de ses talents
qu'il ne pouvait révoquer en doute absolument, et de sa vie intime. Car, s'il rerommençait souvent à dire que le prince était 1~
roi des fourbes, en politi4ue, il ne lui déplaisait pas d ajouter, quand s'y prêtait l'occasion. que la princesse élait la plus sotte des
femmes et, naturellement, n'en ayant d'aulre
exemple frappant à citer, il ressuscitait l'anecdote pas très sûre, la terrible anecdote de
lln,e de Talleirand confondant Benon revenu
d'Eg)pte, llumholdt revenu de partout, ou
Thomas Robinson, un diplomale anglais qu'on
lui présenla, avec le héros &lt;le Daniel de Foé,
le légendaire Robinson Cru:;oe. Mais il s'attardait peu sur le fait de Mme de Talleyrand,
non plus que sur la raison véritable pour laquelle il lui arnit inlerdit de se montrer à la
Cour. Il se rejetait ù l'adversaire constant de
sa politique conquérante, aux vices, à la noire
ingralitude, aux félonies, à la Yénalité de
Talleyrand.
0

Cette vénalité dut être bien rérnltante,
cette corruption bien audacieuse, puisqu'il en
fut tant parlé'. Talleyrand aima trop l'argent;
et Bonaparte lui en fit un long srief. C'est un
point sur lequel il l'avait attaqué souvent,
pendant son règne. « Voyons, Talleyrand, lui
demandait-il à brùle-pourpoint, ~oyons, la
main sur la conscience, qu'avez-vous gagné
avec moi?» Une autrefois, c'était à un membre de la Confédération du Rhin qu'il posait
la question, sous une forme dépouillée de
ménagemenls : c&lt; Combien Talleyrand vous
a-t-il coûté'/ » Cette affaire de chiffres lui
tenait trè1; à cœur 3, à lui Napoléon, qui puisa

p. 3.)

3. Pour dérouler un peu celle manie qu'nait Napoil-on di:: lui parler, i tout propos, par taquinerie ou
sous forme de reproche, de la plénitude de son colfrefort, de tous ces ëcus qui regorgeaient dans sa caisse,
de cc Pactole Lrîllont, où il le voyait nageant it pleine
eau, il feignait, quelquefois, d'être au contraire gêné.
• Talleyrand, lui disatt-il un autre matin, on prétend
que je suis anre. • De.9 gens de son entourage l'en
accusaient, a cause de l'esprit 1l'ordre qu'il avait imposé dans les dépenses du palais, sans cesser d'èlre
magnifique el large dan1 Ica grandes occasions. Le
prince de Béné\·ent avail répondu qu'il ne pouvait
différemment agir, qu'il donnait le bon exemple en

Cliché Ncurllcln frère.s.

CHATEAU DE VALENÇAY, COUR INTfRIEURE.

refrénant le gaspillage,

cl

d'autres lieux communs

ejusdem [arfoœ. Alors, voulant donner un sens plus

accentue a ce qu'il rnnail de dire : • Vous êtes riche,

,·ous, Talleyrand; quand j'aurai Lesoio d'argent, c'est
vous que j'aurai recours. 1 Sans se déconcerter,
celui•ci, qui se tenait sur la dcfense, répliqua qu'il
à

�,__ msTO"R.1.ll _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ ..
si librement et sans en rendre de comptes à
personne, dans les caisses de la France et de
l'Europe. A nai dire, en y insista?t• par dC's
interpellations vives et voulues à l adress~ de
Talleyrand, il ne faisait qu'appuier dune
·manière rude sur des points connus, établis, de corruption diplomatique;. L'usa.ge e_n
était, pour ainsi dire, passé à I etal. d habitude· normale, entre les chancelleries, au
temps du Dirrctoire. Le Gouvernement français se trouvait avoir la meilleure part dans
l'échange des u douceurs » glissées en secr~t
aux meoeurs de négociations, parce qu 11
avait, pour lui, la position ~rivilt&gt;giée que
confère la victoire. Mais il usait de retour, à
l'occasion. Sous le Consulat, pendant les conversations diplomatiques avec l'Autriche, Bonaparte avait recommandé aux bonnes attentions de M. de Talleyrand l'enrnré ~e_l'em~°:
reur d'Allemagne, à Paris, où il etatl .a~r1ve
le 2 thermidor de l'an Vlll, el le mmislre
lui répondait, à ce propos : •
.
« Je n'ai point !ail de presenls _a li. de
Saint-Julien, parce que tous les b1Joux du
Directoire sont tels que l'on ne porte plus
rien de pareil depuis cent ans 1 •
.
Quand Napoléon en\'op son frère LuCien,

entre soi, en famille, il lui d°.nna ce premier
conseil : l'i Revenez riche. l) Et la_ recommandation fut si bien comprise, s1 largement
appliquée, qu'il en revint, en effet, a~c~ beaucoup de diamanls', beaucoup_de m1lhons, et
qu ··1I 1u1 très riche , le plus riche. des ,BonaM
parte. Aussi, quel luxe de r~cE'pllons, a . adrid et à Paris I Quelles magmficences,. au retour, et que de fêtes, à l'hôtel de ~rissac el
au manoir de Plessis-Cham:rnt! Lucien p~rut
sarre à Napoléon. Moins indulgent au prrnce
Béné\·cnt, l'empereur ~rnrmera, dans son
Mémorial, que s'il l'a_va,t remplacé par le
duc de Cadore, c'est qu il était lahgué de_ ses
auiotages et de ses saletés. Il aimera ~1eux
s,0armer de ce grief que de l'autre
. . et véritable
Il
motif : le désaccord de sa poht,que avec ce e
d son ministre désapprobateur du blocus
c:nlinenlal et dr la perpétuité des guer~es.
« Ce qui est bon à prendre est bon a garder ,, Co nseillait Figaro. 'fallel'rand
,
é I ava,l
L.
. ' ses principes à la meme
pmse
. dco e.. . UImême évalua à une soiiantarne e m1 11 io~s
ce qu'il pouvait avoir reçu, au _total, des pmssances, grandes ou petites, qm se rappelèrent
à ses bons orrices. Dans cc genr_e _d~ transactions, qui ne tournaient pas prec1sement à sa

de°

que des intérêts de personnes el se sauvat
par là d'un blâme plus grare. A ses yeux,
el!P.s n'étaient que des éléments accessoires,
quoique productifs, de la discussion géné:-ile;
elles ne faisaient pas dé,·ier les grandes lignes
de la politique extérieure; elles ne lésaie~t
ni la prépondérance de la France sur le continent ni ce qui restait encore mtact_ du bon
droit européen. Si bien que, raisonnant
d'après cela, il s'estimait tr~s fondé _à percevoir un tribut sur les concessrnns part1cuhères
dues à son influence. lin contemporain, non
suspect de partialité à son ~ndroil, le comte
de Senfft, lui rendit ce témoignage que, tout
en profitant de sa position pour augment~r
sa fortune à l'aide de moyens quelquefois
peu délica;s, il ne s'él.ait jamais lai~sé conduire, lût-ce par les motifs d'intérêt personnel les plus puissants, à favoriser. des pla_ns
contraires au sens général de sa ~1pl~mat_1e.
A ces réserves près, il ne négligeait rien
d'utile. Ses complaisances devaient être payées
non en tabatière~, ou dfamants, Sul\'ant la
coutume ancienne, mais en argent comptant.
Lorsqu'il fit agréer les princes de Schwarlzenberg, de Nassau, de Waldeck, de Lip_Pe et de
Reuss · dan, la Confédération du Rhm, 11 en

JVAPOLÉON ET TALLEY~AND - - ,
:\'apoléon n'en lut informé que plus tard, et
trop tard pour rev~nir sur leur admission.
Tall,yrand s'était gardé d'agir en son nom
propre, mais s'était reposé du succès de
l'affaire sur l'entremi~e d'un homme adroit,
sap,ace, intimement mêlé à toutes les intrigues
d'alors, le baron de Gagern, ministre du duc
de Nassau. On a\'ait respecté les convenances,
d'une façon attenlive et soigneuse, dans Ja
teneur de ces négociation~. li n'nait pas été
question de marché, de conditions, ni d'olTres
précises, quoiqu'on cùt aLouti aux mêmes
réalit~, sans en employer les termes. JI. dP
Talleyraud voulait bien ne pas fixer de chiffres; il abandonnait à son intermédiaire habituel de tabler au plus juste, d'après son
appréciation d'ensemble et les estimations
supplémentaires du lieux Sainte-Foix, le prix
des obligeances laissées à la discrétion du
prince 1 • Il fallait financer, chaque fois, mais
en y meltant la manière, d'un geste élégant
et délicat. Napoléon arait connaissance de cet
état de choses et n'en était rien moins que
satisfait. Talleyra11â n'y prenait pas tant de
scrupule. Il se disait que sa haute situation
était comme une mine d'or à exploiter, qu'il
aurait eu grand tort à ne point en user, que
sa fortune, quoique grossie d'énormes dotations annuelles, n'était pas suffisante à la
tenue de sa maison princière, qu'il dépensait
beaucoup, qu'il aidait à ses fr~res, à ses neveux; qu'il avait toujours eu la main libéralement ouverte pour ses anciens amis, et que
c'était affaire aux princes de la Confédération
du llhin de subvenir au surplus, dans la mesure des services qu'il avait été appelé à leur
rendre. Tranquille en son âme, il se payait
de ces bonnes raisons, comme de circonstances atténuantes à des actes de vénalité
indéniables. Car, ce lut bien le côté faible de
sa moralité politique.
Mais les dossiers de l'histoire comportent
uni! autre dénouciation grave, à la charge de
Talleyrand. C'est le fait que, rninis!re, prince
de Hénévenl, archichancelier d'Etat, vice~rand-électeur, grand c:bambellan, comblé
de titres el de millions par l'empereur, il
n'aurait eu rien de plus cher que de conspirC'r, ensuite, contre lui et de ruiner son édifice. Quels arguments plaidèrent pour l'absoudre, en partie, de ce cher d'accusation?
L:i perfidie esl nohlc cmers la Lyrannie.

LE CONGRi::S DE VIENN!s, -

Dtssin dt J.•ll . IS,\BEY, (Mu.~ee dl/ Lo11~rt.j

comme arnU3.ssadeur en Espagne, parlont

louanoe
morale, il n'engageait, du moins,
0

avait été récompensé d'avance, abondamment.

ètaiL loin d'êlre riche_. ';'Om_me on C!l _gr?ssis.qit le
bruit, que ce qu'il po~dail, tl le den1l al empereur,

11uïl n'a,·a it rien, d'ailleurs, qui . ne !'til li~·• di"P,gsil.io.~.
1. Lellre dt Talleyrand a .\apol.rm,, • JUl -

let 1800. (Archives uat., ~'tl~ rlc France, 008, f• .$.
:!. JI lt''I re\·cndil en Holla ndf' .

déclare Emilie, dans la tragédie de Cinna.
Cette maxime cornélienne, si féconde en excu~es, si flexible aux accommodements de
conscience, Talleyrand aurait pu lïnvoquer
pour justifier sa propre conduite, en supposant, du moins, qu'il consentit à nommer
perfidies les artifices de sa politique étrangère.
li est certain que, depuis les entrevues de
Presbourg, Talleyrand commenç.a de prendre
le parti des adversaires de son maitre, emisagé comme le parti du droit et de la justice.
Il est hors de doute que, tout en ser"ant Nat. Alémoirra du barm1de(:ager11, t. \"(. , fi anit
dé l'un des signataires de l'acte de la C:Onfédératio11
rh1·•nanc.

poléon, il se fit le miui,tre de l'Europe contre
son ambition démesurée, ambition qu'il jugeait criminelle par ses suites, par tout le

comme Tallc)-rand, comme Fouché, comme
beaucoup d'autres, sur la nécessité de mettre
un terme à cette frénésie, qui n'aurait sus-

Clithê ;\eurdein frtres.
LA CIIA\IBRE DU ROI D'ESPAGX!s, AU CHATEAU DE VALENÇAY.

sang qu'elle faisait répandre. Voyez-le, au
fort des négociations les plus laborieuses : il
emmêle à dessein tous les fils, souffle Nesselrode, excite Alexandre, conseille et déconseille Napoléon, brouille d'un revers de main
les cartes russes et françaises, renseigne el
rassure Metternich, prépare de loin, avec ses
amis de l'intérieur, le rétablissement de l'ancienne monarchie, inlrigue, complote, el n'entre,·oit, au bout de tout cela, qu'un résultat
inévitable el désirable : la fin d'une domination qui consterne la France et le monde.
Par le !ail du rôle officiel dont on le voiait
revêtu, son attitude s'était enveloppée d'un
caractère forcément équivoque. li s'en défendit en alléguant des motifs d'un ordre supérieur. D'une part se dressaient, ennemies de
tout accord, les prétentions à une suprématie
absolue de l'agitateur en permanence, toujours a~sailJant ou toujours assailli, et qu ïl
fallait éliminer comme un élément pernicieux,
d'une manière ou d'une autre, de la vie générale des peuples. De l'autre était la France,
victime cruellement foulée de cet appétit d'extension sans limites en disproportion avec les
vraies forces du paJs et vouée à de suprèmes
désastres. Il avait séparé nettement, dans les
raisons de ses actes 1 la cause de la nation de
celle de l'empereur. La marche détournée de
ses desseins, il l'al'ail réglée sur l'étal de la
France et l'esprit qui y régnait. On était
fatigué au delà de l'imaginable d'un bouleversement sans fin. Les populations é1aient
écrasées d'impositions. Les plus sages considéraient avec une infinie tristesrn les prélèvements annuels de la conscription sur les
dernières réserves de jeunesse et de force de
la patrie. Pendant la guerre d'Espagne, un
homme simple, un prêtre, avait raisonné

pendu ses ravages d'elle-même qu'après al'oir
écrasé l'Europe totalement, du nord au midi,
de l'est à l'ouest; il avait obéi à la même
conviction que le rêve. el st::s réalités tragiques avaient assez duré, lorsqu'il pressait
ainsi le général Wellington de prendre l'ollensive, après son passage de la Bidassoa :
« Le colosse a des pieds d'argile; attaquez-le
vigoureusement, et vous le verrez s'écrouler
plus facilement que vous ne le croyez. • Tel,
le prince de Bénévent avait stimulé les énergies hésitantes des empereurs Alexandre et
François II, pour les pousser à une œuvre de
libération qui ne devait plus larder.
Napoléon protestera que des jours seraient
venus où il aurait culth'é la paix avec amour;
il aurait répandu le bonheur sur le monde et
les hommes l'auraient béni. Paroles du lendemain .... Il ne se serait jamais arrêté: C( Je
ne suis de\'enu grand que par les armes, disait-il à Bourrienne, illustre que par les conquêtes dont j'ai enrichi la France: la guerre
et d'autres conquêtes pemenl seules défendre
ma situation. »
Si, par la situation inextricable qu'avaient
faite à Bonaparte les guerres de la Révolution
et les suites conquérantes qu'il leur avait imprimées, s'il n'avait d'autres mo!·ens de règne, fatalement, que les prises d'armes con•
tinuelles et la victoire indéfectible, c'est-à-dire,
en des termes moias glorieux, l'extermination
des faibles et le partage de leurs dépouilles
avec les forts, puis, dans les riralités àpres
du butin, la bataille encore conlre ceu1-ci, la
bataille sans fin, n'était-il pas préférable,
pour le repos universel, d'abattre, flll-cc
avec le concours de l'étranger, celui que les
peuples et les rois rejetaient comme l'implacable adversaire de la tranquillité des hom-

�, - - 111ST0~1.ll _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ ____.
mes? Ces considérations, TalleFand les jugeait irréfragables, sans aucun doute, pour
la justification devant l'opinion de son temps,
devant l'histoire, de son manquement évident
de rectitude, dans le double jeu qu'il s'exposa à tenir entre Napoléon et l'Europe coalis~e. Deux points sont restés vulnérables en
sa démonstration, deux faits à sa charge. Le
premier, c'est qu'il dévoila aux ennemis des
plans dont le ·secret lui avait été confié. Le
second, c'est qu'il n'avait pas cessé de recevoir les gages de celui dont il conspirait la
perte. Avant d'attirer à soi Metternich, avant
d'indiquer le chemin à l'empereur de Hussie,
n'eût-il pas dù rompre les liens qui l'enchainaient au service de Napoléon? Sur tout cela
trainent des airs de trahison, si défendable
que pût être son intention théorique de libérer la France d'un joug insoutenable. Mais il
avait fait litière des scrupules où s'enlizent
les Fermes résolulions. Par-rfessus l'irrégularité des moyens il avait élevé les raisons méthodi1ues du but à atteindre. Ses vues, telles
qu'il les concevait, répondaient à des fins légitimes. et ses procédés étaient de ceux dont
l'usage était presque passé à l'état d'habitude,
tant la pratique en avait été rendue familière
aux uns comme aux autres. II avait intrigué,
cabalé, faussé sa parole; en cela ressemblaitil à beaucoup de consciences princières en
Europe. Frédéric Il en avait déjà posé la
const:1tation, lorsqu'il écrivait à Voltaire, le
8 ao1'U 1736 : « La foi des princes est un
objet peu respectable, de nos jours'. 1&gt; Talleyrand avait fait défection à Ilonaparte,
comme Ronaparte avait renié sa delle de
reconnais5ance envers Barras, auquel il devait tout, mème sa femme, comme il avait
foulé aux pieds ses serments à la République, comme, à la veille de Brumaire, il avait
trompé tout le monde, Barras encore, Gohier,
Lucien lui-même, en jurant de respecter la
liberté qu'il allait détruire. Certes, Talleyrand
fut loin d'ètre un modèle de franchise, de
constance et de lo)'auté. Mais lui, l'empereur .... C'était un terrible homme en matière
de morale publique et privée, ne croyant pas
à la reconnaissance el le disant; n'ajoutant
aucun prix au désintéressement et l'affirmant
aussi', exprima11t comme un fait de constatation simple que la bonne foi n'e).Îste pas,
qu'il n'y a, dans le monde, que de l'amourpropre et de l'hypocrisie; jugeant que rieu
n'était mal ni bien en politique, mais seule-

ment bon ou mau,·ais, selon le parti dans
lequel on était; estimant que si des lois, des
règles, des convenances de principes étaient
nécessaires ~, la masse des humains:, pour la
police de la société, il n'en avait pas afî:.1ire,
lui, le mortel prédestiné, parce que n'étant
pas un homme comme les autres, il n'avait
point à s'en embarrasser; enfin tenant toujours prèle une loi d'exception en sa faveur,
une maxime d'États pour justifier ses üolences ou ses passions. Quelque chose de cette
morale gouvernait l'esprit de la famille; car,
on ne saurait dire que ses frères, ses sœurs
(comme beaucoup de ses généraux) enrichis
par lui, couverts de dignités par lui, tinssent
à honneur de se montrer ses fidèles soutiens.
La duplicité régnait, partout, en Europe.
La défection était dans toutes les âmes . Le
généreux. empereur de Russie, le noble
Alexandre, venait de recevoir une lettre des
plus touchantes du roi de Prusse; le lendemain, il jngPait parfoitement naturel de proposer à l'ambassadeur d'Anlriche de se partager ensemble les débris du royaume de cet
allié, son ami de cœur et d'âme. Si la mauvaise foi semblait être une condition de vie
du cabinet de Vienne, le rPproche de celte
déloyauté systématique aurait pu s'étendre à
tous les cabinets de l'Europe. Conclure la
paix avec l'un pour mieux écraser l'autre, et,
cet aul re vaincu, revenir au premier et l'écraser à son tour, n'était-ce pas la règle ouvertement suivie par tous les che[s d'État?
A chacun de ceux qui tenaient en main,
maitres ou serviteurs, les fils de la politique
étrangère, l'intrigue apparais~ait comme un
recours légitime et nécessaire ; elle était
considérée comme le seul moyen possible de
sortir des conditions insupportables, qu'avait
imposées sur le continent l'abus de la force.
En précipitant la cbute de l'empire, non sans
avoir essayé, par trois fois, de Ie sauver en
1810, en 1812, en 1815, Talleyrand n'avait
fait qu'accélérer la catastrophe, que rendaient
inévitable les haines conjurées de l'Europe
entière. L'expérience des événements accom•
plis avait ratifié, une à une, les prévisions
qu'il avait établies et c1u'on avait refusé d'admettre . Après viagt-deux ans de lutte presque
sans répit et d'extermination entre les peuples, on en était revenu exactement à ses
vues de 1792, celles ()Ue l'Angleterre obstinément avait représentées comme les seules
conditions d'une paix durable, celles encore

1. Il s"y entendait. Personne ne ful llius ii. !"aise
que le Grand Frédéric sur la valeur élastique d'une
parole donnêc. Et comme il jouait, en artiste supérieur, la comêdic -du senlimerit!
DorgP.l avait perdu sa femme. Frédéric lui écrit
une lettre palhélique el même fort cbrêliennc. illais.
le mème jour, il fait une Cpigrammc ronlre la déf1,1ntc. " Cela ne laisse pas que de dom1er a penser, D
co!Umc_ le nmar9uait Vo!ta_ire, songe~nt il ce qui pouvait 1111 en revenir. {Lettre a }hue Dents, 17 noi·.1750. )
'.!. ,a li n'a jamais eu de haines ou d'atfectiuns que
celles 9ui lui ont été commandées par son iolérêl. n
(Pasqmer, Albn., L 1~•, p. 149.l
3. Des condamnations politiques prononcées des
exécutions commises, dans J'ombre cl sans form'e de
jUStice, comme des assa~sinats. pouvaienl-clles lui être

imputées â crime'! iYélail-il pas absolumenl quitte de
toute explicalion subsidiaire, qoancl il avait articulé
celle formule. : « Les grands hommes ne sont jamais
cruels sans uêces~itC. n
4. Au moment de {IUiller Londres. le I •• mars 1 i04,
il écrivait â )!me rie Staël: o: Faites cc que ,·ous pourrez
pour tirer Dime de Laval de nolre horrible France;
JC vous remercie de tout ce que ,·ous ferez pour cela. 11
;). Œ C'est une réflexion que je fais 3\'Cc peine; mais
tout indique q1:e , dans l'homme, la pu1s,ance de la
haine est plu~ forte que celle de I humanité, en génCral, et même que celle de l"i11tér&lt;'t personnel.
L'idée de grandeur cl de prospérilé sans Jalousie el
sans rh•alite est une 1dëc tro~ haute et donl la pensèe
ordinaire de l'homme n·a pomt !a mesure. li (Talley1·arlll. Mém .. t. 1~•, p. 75. )

que l'Autriche re\'endiquait depuis le 1raité
de Luné,·ille et qui fut la pensée constante,
l'objet de toutes les coalitions.
Qu'on lui ait reproché, à une époque où
la corruption était à peu près générale, ses
11 grandes réquisitions de présents n, ses
(1 continuelles et fructueuses complaisaaces
&lt;1 envers la fortune )&gt;, cen 'est pas sans justice;
il a fourni trop de pièces au procès pour
qu'on puisse l'en absoudre. La cautèle el la
vénalité furent trop souvent les associées de
ses combinaisons. A trarers ses défaillances
raisonaées, quoiqu'il fit ou traitM, il s'était
réservé de ne porter nulle alleinte, nul préjudice réel et durable aux vrais intérêts de la
nalion. Dans les replis de S/Jll âme et malgré
son scepticisme de roué politique, malgré les
passagères imprécations '1u'il prononça contre
la France terroriste', demeurait un fond sincère d'amour pour son pals. Jusqu'à la limite
extrème de ses métamorphose,;:, on le vit
rester fidèle à ses premières conceptions d'un
libéralisme progressif et modéré. Enrin il fot
un ami des hommes, au sens pacifique du
mot. En toute circonstance où il parvint à
faire prédominer, tout au moins, une partie
de ses vues et de ses sentiments, il s'attesta
le défenseur du droit cl du bien d'autrui .
Ministre de deux gouvernements belliqueux,
il n'avait cessé de réprouver, C( en arrière et
en confidence )), parce qu'il les jugeait iniques et périssables, les arrêts de spoliation.
qu'il devait contresigner. De 1808 à 1815,
plus de quatre cent mille Français avaient
payé de Jeur vie les querelles particulières du
souverain (qu'ils s'étaient donné) nec les autres potentats de l'Europe. En aucun temps,
ni sous le Directoire, ni sous le Coasulat et
les dernières années de l'Empire, il n'avait
soutenu, sans y ètrc forcé, une politique de
démembrement et d'annexion dont la réplique était fatalement le retour des collisions
en armes et la perpétuité des rauses de
gut'rre. L'esprit de destruction aflligeait sa
raison i: et, je dirais aussi, son âme. c1 Que
me fait à moi, jetait !"empereur à Metternich,
la vie de deux cen l mille hommes 1 )) Deux
cent mille .... Ce n'é1nit pas assez . Il ajoutait:
Uu homme comme moi ne se soucie pas
d'un million d'lwmmes. Toutes ces exi5.tences vouées à la sou U'rance, à la mort ....
Poun1uoi? Parce que l'Autriche lui refusait
une province de plus, l'lllyrie, placée sur le
rbemin de son rêve, entre Rome et Constan.tinoplc.
Talleyrand aima la paix par goùt el par
doctriae, autant que Napoléon aima la
guerre par instinct et pour l'enivrement
d'une gloire cruelle. S'il passa quelquefois
auprès du bien sans l'accomplir, il n'avait
jamais encouragé le mal. Il respecta chez les
autres les principes de liberté, de propriété
individuelle ou collective, le droit de tous à
la vie. Et le sang d'aucun homme, versé par
sa faute ou pour ses intérêts, n'éclaboussa sa
mémoire.
F'RÉDÉRIC

LOLJF.E .

JOSEPH

TUROUAN
et&gt;

La
CHAPIT~E VII1 (suite).
Aprè3 quelques hésitations et malO'ré
l'amour qu'il pouvait encore avoir au fond l'Jdu
cœur pou~ belle infidèle, le pauvre Tallien
s~ décida a mtenter à sa femme une action en
divorce. Le général Lannes en [ais,ait autant
de son côté, pour la sienne, et le générai
Bonaparte, pour des motifs semblables avait
bien failli faire comme lui. Pendant la ~rocédure et comme pour bien ac•
centuer la nécessité d'un divorce, Mme Tallien mit au
monde
un .nouvel enfant ' Cla.
r1sse-Gabr1elle-Thérésia Cabarrus, qui, plus tard, épousa
M. Brunetière.
DeTant cette profusion de
pièces à conviction, le divorce
lut prononcé le 8 avril 1802.
La justice avait été vite. Elle
n'avait mis qu'un an à étudier
et comprendre l'aOâ.ire 1 •
Que fit Tallien après son divorce? ... On ne le sait trop. ll
vécut un peu d'expédients sans
doute, car la fortune ne lui
avait pas souri en Égypte;
Bonaparte non plus. Après l'avoir choisi pour témoin de son
mariage, en 1796, le général
ne lui avait montré que fort
peu de bienveillance sur la
terre de Sésostris. Sa défaveur
allait même aux gens dont
Tallien {'herchait à s'enlourer.
" Il avait presque frappé d'anathème tous ceux ~ui avaient
des relations avec Tallien,:. "
La disgràce dans laquelle il
tint les deux frères Lanusse
n'eut pas d'autre cause que
leuramilié pour Tallien. &lt;c Lanusse est lié, ainsi que son
frère, dit-il un jour, arnc un
homme tellement immoral
qu'il compromet même les gens
qu'il voit comme connaissances .... Je n'aime pas Tallien,
je n'aime pas cet homme; il esl méchant et
corrupteur;;.)&gt; Et c'est parce qu'il n'aimait
pas Tallien, parce qu'il n'avait évidemment
aucune confiance en lui, qu'il le laissait

fa

·I. Voir la Gazelle des Tribunam:, no,,, 18j5.

Tallien
sans emploi sur le pavé de Paris. Fouché,
qui ne valait pas mieux: que Tallien, mais
qui avait une instruction et une capacité
bien supérieures à la sienne, avait été pris
cependant par le Premier Consul comme ministre de la police. Tous les autres tbermidoriens, parmi lesquels il en était d'aussi
inc~pables et d'aussi igaorants que Tallien,
éta,~nt pourvus et se montraient déjà les plus
serviles adulateurs de César. Tallien seul n'avait

jOSÉPlll:-lE DE BEAUHARNAIS EN 18ol.

D'apres 1w dessin de Gf:RARD.

rien obtenu. Découragé, il alla eafin trouver
Fouché, et, grâce à lui, grâce aussi à Talleyrand, il finit par décrocher, en novembre 1804
.
'
le titre pompeux de « cornmissnire général et
2.

D1:cHESS E D'AnR1:-.rËs,

Mémoires, t. V, p. 28~.

agent des relations commerciales n à Alicante;
en d'autres termes, il fut nommé consul 11
Alicante. C'était bien maigre pour celui qui
avait été l'idole de Paris après le 9 thermidor,
qui avait présidé la Convention à 25 ans! Il
fallut pourtant s'en contenter. La nécessité
était là. Et puis, rester à Paris, le pouvaitil? .. . Voir ceUe qui avait été sa femme se
pavaner dans les équipages d'Ouvrard, lui
aurait mis trop d'amertume au cœur. Car
peut-être l'aimait-il encore,
malgré ses infidélités, malgré
son abandon, malgré son divorce : on les aime toujours,
ces monstres-là, en dépit de
toutes leurs trahisons, et telle
est la làcheté de notre pauvre
cœur que les moins dignes
d'être aimées sont toujours les
femmes que nous aimons le
plus! Pauvres aveugles aussi,
qui ne sommes pas capables
de voir que la femme est faite
pour être aimée - quoique
au fond, elJe s'en soucie médiocrement - et non pour aimer! Pauvres fous, qui ne voulons pas nous persuaderqu 'avec
les femmes il est sage de ne
montrer qu'un doux scepticisme, une aimable galanterie,
el qu'il faut avoir assez d'esprit pour ne pas mellre le
cœur de la partie, si l'on ne
reut la perdre sûrement et
porter bientôt ce cœur en
berne. Un cœur d'homme!
qud joli joujou pour une coquelle ! Elle s'amuse avec cela
comme une jeuae chaltc d'une
boule de papier, oh! bien genttment : elle mus l'écorche
elle vous Ie déchire avec un;
grâce adorable, elle le jette en
!"air, le reprend, le roule, lui
donne des coups de palle, l'oublie, marche dessus sans faire
semblant de le voir, le reprend
encore, le mord .... Comme la
challe, c'est par la griffe qu'elle retient son joujou. Un instinct dit aux femmes, même aux
plus sottes, que ce n'est pas en faisant patte de
,,elours qu'on couche un homme à ses pieds,
3. Ibid., t. Ill, p. 227.

�mSTO'R,_lA

LA

offert une robe de douze mille francs! Au
mois de mai 1812, on le mit paraître dans le
cabinet du duc de flovigo. Barère, qui l'y
rencontra, croit que, comme lui, il avait été
mandé par le ministre de la Police pour le
renseigner, en sa qualité d'ancien rérolutioonaire, sur des bruits de mouvement dans les
faubourgs, à propos de l'enchérissemenl des
subsistances. t
En 1815, il était si changé que, étant allé
voir Carnot, l'ancien Directeur ne le reconnut
pas 3. On le voit, en cette même année, voter
l'Acte additionnel et motiver ainsi son vote
sur les registres de la mairie du I[e arrondissement, rue d'Antin : « Les phrases étant
inutiles lorsque .)es dangers de la patrie sont
imminents, lorsque l"honneur et l'indépendance de la nation commandent le sacrifice de
toute opinion particulière, voulant a\'ant tout
ètre et demeurer Français, e~pérantdu temps,
de l'expérience et du patriotisme des deux
chambres les améliorations désirables, je dis
OUI. '
On essaya, sous la Restauration, de lui

susciter des ennuis pour ce vote. On le dénonça, comme si l'on avait été sous la Ré,,olution; mais la dénonciation n'eut pas de
suites. Tallien, qui avait déjà éprouvé la bienveillance du roi en 1814, - il en avait reçu
une pension de six mille francs, - expliqua
les motifs de son vote à Louis XVII[ dans
une lettre où il implore sa bonté et lui expose
son misérable état de santé. li souffrait, en
effet, beaucoup de la goutte : il lui arrivait
de rester des mois entiers sans pouvoir marcher, sans pouvoir même tenir une plume.
De plus, il avait perdu l'usage d'un œil, et il
dit, dans une lettre, qu'il est atteint de la
maladie de la pierre. Son âme n'était pas
moins ébréchée que sa constitution. Dans sa
détresse morale et physique, c'est au roi
Louis XVIll qu'il s'adresse : " .. . Dans cet
état déplorable où tout être m'abandonne, lui
écrit~il, où je ne tiens à la vie que par la
douleur, où ce qui me reste de moi-même est
le courage de l'âme, souffrez, Sire, que tout
ce que Votre Majesté peut faire pour mni, j'ose
le lui demander avec la conÎlance et l'abandon
que m'inspire mon extrême malheur et voire
inépuisable bonté? ... ,, Louis XVIll se laissa
toucher. Aussi bien avait-il une detle de reconnaissance envers son ancien correspondant,
au temps de son exil. li l'excepta de la cruelle
loi de proscription, dite alors d'amnistie,
qui exilait les régicide!-, sauf ceux qui avaient
trahi leur mandatélectif en intriguant auprès
de lui, c'est-à.dire Barras, et lui Tallien . li
Le traitement dont il jouissait comme ancien consul fut supprimé en 1816. Il implora
la bienveillance de M. Decazes (lettre du -25
janvier 1816) et quitta un appartement qu'il
occupait rue Chabanais, n° 4, pour aller
s'installer au mois d'avril, dans la petite
chaurnifre, allée des Veuves, n° 51. C'était
une modeste maison que son ancienne femme
mettait, obligeamment, à sa disposition, afin
qu'il se soignât, avec un jardin, du grand air et
du soleil, mieux qu'il ne le pouvait faire dans
un appartement.
Tallien avait dépouillé tout amour-propre.
Il accepta l'hospitalité de son ancienne femme
comme il acceptait les bienfaits de Louis XVIII.
comme il a\'ait accepté une place sous l'Empire. Et, dans ses Jeures au roi et à
M. Decazes, il parle de sa conscience. Il
avait dû, évidemment, s'en faire une à son
usage, depuis qu'il était entré dans la vie pu~
blique, et aussi depuis qu'il l'avait quittée,
mais cette conscience était bien indulgente.
Pendant l'hiver de 1816 à 1817, l'état de
santé de Tallien s'aggra\'e. Ses ressources
sont épuisées. C'est un temps de souffrances
générales et la famine est en France. La princesse de Chimay en est réduite à faire des
emprunts. Tallien, lui, en est réduit, pour
pouvoir manger, c, à vendre ses livres et ses
effets pièce à pièce », comme il le dit luimême à M. Decazes dans une lettre désespérée. C'était vrai . U. Pasquier rencontra

un matin M. Tallien sur le quai. L'ancien
conventionnel avait des livres sous le bras.
li lui dit qu'il les portait chez un bouquiniste pour les vendre. M. Pasquier pril
les livres, les examina, et, avec beaucoup
de délicatesse, dit qu'ils manquaient à sa
bibliothèque et que, s'il voulait bien les lui
céder, il lui ferait plaisir. Il ajouta qu'il
aurait l'honneur de l'en aller remercier chez
lui. Ce fut un prétexte pour donner à Tallien
une somme assez ronde. Comme c'est au
coup d'État du 9 thermidor que M. Pasquier
avait dû de ne pas monter, comme son père,
sur l'échafaud, il en garda une profonde reconnaissance à Tallien et il dit dans ::es
Afémoires : &lt;( J'ai pu acquitter envers lui,
peu de te~ps avant sa mort, ma part de
reconnaissance pour les services que j'en
avais reçus comme tant d'autres, et j'y ai
trouvé une réelle jouissance. Le secours qui
lui était accordé se trouva, je ne sais comment,
supprimé. J'en fus informé; j'y suppl•ai et
rendis ainsi ses derniers moment moins pénibles. Il m'en a fait, en mourant, témoigner
sa gratitu&lt;le d'une manière fort touchante.' »
Le prince Eugène de Beauharnais aussi déclare, dans sès Mémoires, avoir fait à Tallien
une petite pension daos ses dernières années.
Le malheureux en arnil bien besoin; on trouve,
dans ses lettres à M. Decazes, un exposé navrant de sa misère. En marge d'une demande
de secours qu'il lui adresse, on trouve la
mention suivante : {&lt; Son Excellence a envoié
un mandat de mille francs de sa main,
18mai18l8. 7 »
Dans un pareil état de santé, dans un pareil
état de misère, Tallien ne pouvait vivre longtemps. li s'éteignit le 16 noYembre f820,
emportant avec lui devant Dieu les chaînes
brisées de quelques milliers de prisonniers.
N'en disons pas davantage. L'histoire doit
être clémonle à celui qui a fait du bien,
même accidentellement, el qui a rendu un
de ces services éclatants qui couvrent et rachètent tout. Il ne faut pas examiner avec
trop de rigueur ni avec un microscope trop
bourgeois les excès auxquels un jeune bomme
aux passions vives, sans principes, né dans
une classe inrérieure, en un temps ou la fièvre
révolutionnaire faisait tourner toutes les cervelles, devait fatalement se laisser entraîner.
Amnistie à lui el à sa femme, mais pas de
statues.

1. Dur.HESS!,; o'AOfl.,l~T~:s , jl lémoins, l. \', p. 285
(éd. Garnier).
2. B,,R~RE, Mémoires, t Ill. p. 165.
'3. Jlémoires sur Can1ol , par son ms, 1. I, p. 528.

\. Ibid, L 11, p. 437.
5. !,es lell1·cs cfe Tnllicn ii Louis '.HIii el à M. Decazes, ministre de la police générale , à cc sujet, sont
am Arcl1ivcs nationales.

Elles onl élé reproduites par M. Cu. NAUR0\' 1 dans L~
Curieux.
6: CnANCBLIER PASQUIER, lllémoirts, l. I, p. 115.
7. C11. NA CROY , Le C1œie11x. Archi,cs nalionales.

mais en lui faisant sentir la grille. &lt;! J'avais
mille fois plus d'esprit qu'elle, a écrit Benjamin Constant de je ne sais laquelle de ses
maîtresses, et elle me foulait aux pieds. J)
Comme si l'esprit avait quelque chose à voir
avec ces femmes!. .. Et quand la boule de
papier, le cœur de l'homme plutôt, est bien
déchiré, bien mis en lambeaux, on le jette
de côté d'un petit air dégagé et dédaigneux
et l'on passe i, un autre.
Tallien partit donc pour son consulat. Ses
chagrjns domestiques, ses déboires de carrière
et de fortune l'avaient vieilli et défiguré. La
femme du général Junot, qui le rencontra à
Madrid, à la table du général Beurnonville,
ambassadeur de France en Espagne, en a
fait ce curieux portrait : « J'avais auprès de
moi un grand homme à la figure hideuse et
sinistre, qui ne disait pas une parole. Cet
homme était grand, brun, d'un a!-pel.'t morose
et atrabilaire, l'œil assez sombre dans son

regard et donnant mème d'abord l'idée qu'il
était borgne. Hais on voyait bientôt qu'il
avait ce qu'on appelle un d..agon dans l'œil.
li était taciturne, parlait peu, et, pour dire
la vérité, on ne lui adressait pas beaucoup la
parole .... Le malheureux! Quelle existence il
trainait alors 1 ! )J
Il la traîna jm:qu'à sa mort. Il resta dans

son consulat d'Alicante, oublié, oribliant luimême autant qu'il pouvait. Après avoir eu,
jadis, le plaisir d'être amoureux, il savourait
maintenant le bonheur bien plus grand de ne
plus l'êlre. La guerre de 1808 , inl briser
1

sa douce tranquillité. [! dut quiller l'Espagne.
Sa maison fut pillée. puis brûlée. On sait par
une lettre de lui à M. Decazes, écrite sous la
Restauration, qu'il y perdit plus de dix mille
francs. une fortune alors pour lui, et
jadis, Thérésia, sa he11e maîtresse, s'était

Revenons à Tbérésia .
Après son second divorce, elle quitta la
Chaumière du Cours-la-Reine et alla habiter
sa maison de la rue de Babylone, n' 685. Elle
tenait cette maison de la libéralité de Barras.
Un grand jardin l'entourait, planté de beaux
arbres, et en faisait une demeure des plus
agréable,;. On )' pouvait vi\'re, en plein cœur
de Paris, isolé comme à la campagne. Mais la
vie isolée n'était pas dans les goûts de Tbérésia qui, pour la troisième fois, avait repris

son nom de Cabarrus. Comme Ouvrard sub- grands yeux ouverts fixés sur la cantatrice
honneurs de chez elle : c'est un mérite, et,
venait à ses dépenses qui dépassaient les ses lèvres frémissantes paraissant répéter
assurément,
il n'est pas commun. On voit
reve~us de sa dot, écornée par son premier mélodie, elle eùt été à peindre 1• ))
aussi
que
les
étrangères forment la &lt;1 grande
mari et par les événemenls de la Révo-:-...,.,=-----:------:--,-:----------=-:=-:---------,-.., lon.
majorité » de son saComment en aulution, Thérésia reœrait-il été autre\'ait et donnait des
ment? .. . Depuis que
fêtes. Les crises de la
le
Premier Consul
vie glissaient sur elle
avait donné, par ses
sans l'atteindre. Mais
exécutions nécesaussi, c'est qu'elle
saires, le Ion sérieux
~vait soin de ne pas
au
monde parisien,
Jeter son cœur dans
Mme Cabarrus, qui
la lutte. De cette fane désespérait pas d'y
çon, elle était touêtre admise, avait
jours heureuse, puisrompu avec la société
que nous ne sommes
directoriale. Le monvraiment malheureux
de des émigrés renque par le cœur. Une
trés ne voulait pas se
bienvei11ance consmontrer chez elle et
tante, par système
le monde fonctionpeut-être plutôt que
naires ne l'osait pas,
par élan naturel, était
de crainte de déplaire.
sa règle de rnnduite.
li ne restait que la
Elles 'en tr,Juvait bien
finance
et les élranet ses amis égalegers; tout cela forment. On ne saurait
mait un noyau, assul'en Olàmcr; rien de
rément fort agréable.
plus sot que de se
LA MAISON DE TALLIEN, DANS L'ALLÉ:E·DES-VEUVES.
au
centre duquel trô•
laisser torturer par un
nait la belle impéLithographie de CttAMPrN, d'après le dessin de Rf:GN!f'.R. (Nusée Carna11alet . .1
de ces cœurs qui tyran.
nitente. Car c'était là
nisen t et gàten l une
.
surtout son ambition.
existence en vous entrainant à &lt;les dévouemenls
Ce bon Allemand, M. Reichardt, se laisse
s~upides, par d'impérieuses et lancinantes pas- prendre, comme tout le monde, au charme de 11 fallait ,àson bonheur ètre reine de que/qu~
s10ns amoureuses, qui n'entraînent jamais la sirène, mais il se trompe étrangement en chose, d un salon comme d'une ville, d'un
après elles que chagrins et désespoirs, et lais- croyant que ce qui la rend éminemment sédui- ?ouper comme d'une révolution. De là, son
sent l'àme dévastée et déssécl1ée comme un sante est (( le naturel et l'abandon des ma- immen_se ~rève-cœur de ne pas être admise
arbre frappé de la foudre. Oh! qu'une douce nières l&gt;. Si jamais femme fut le contraire de aux Tmler1es : quelle douleur de n·y pas trôner, comme Bonaparte!
~t sce~tique bienveillance est plus commode!
natureile, c'était ~ien Thérésia. Acette époque,
Mais écoutons encore M. Reichardt : c&lt; Pour
Elle fait peut-être des ingrats, mais qu 'im- tout, en elle, était affecté, étudié, mesuré; et
porte, puisqu'elle ne ride ni le eœur, ni le pourquoi? Pour avoir l'air naturel. De mème les _hommes, il y avait une quantité de tables
f~ont surtou1? ... Mme de Cabarrus avait trop que Racine, s'il faut en croire Boileau avait de Jeu :-la maîtresse de la mairnn présentait
1horrei::- de toute ride pnur agir autrement. appris à faire difficilement des vers faciles. elle-me~e les cartes. Elle voltigeait au milieu
Un Allemand, qui s'était fait présenter à Thérésia s'étudiait à ètre naturelle; son grand des_ parues engagées, hasardant cinq ou six
l~ms sur. une carte, s'attardant parfois à paMme de Cabarrus par le banquier Tourton
art consistait à dissim11ler cette étude et cet rier, _ma!s tout cela en passant. Quant aux
1·a~né~ ,q.ui _sui;it, son second divorce, et qui art, mais, aux yeux d'un observateur claira\'ait ete mv1té a lune de ses fêtes, nous en a "?yant, son esprit était aussi fardé que son Anglais, ils n'ont pas bougé des tapis verts
sur lesquels l'or s'amoncelait; les jeux de
laissé le récit. li nous fait pénétrer dans l'in- visage.
hasards faisaient fureur.
'
térieur de l'hôtel de la rue de Babylone et
&lt;( Par~i les invités, continue M. fieichardt,
Cl Mme ~abarrus a fini par recruter quatre
trace une esquisse de la belle maîtresse de se trouvait un Espagnol qui a chanté en s'accéans. « C'est, dit-il, une bellr, grande et compagnant de la guitare. Mme Cabarrus couples qm ont dansé une cc française &gt;&gt; au
opul~nte person~e. à qui l'on ne donnerait pas nous dit qu'elle n'aimait rien tant que « ces son d'un unique violon faisant un bien mai ore
son age, plus v01sm de_la quarantaine que de romances de sa chère patrie l&gt;, et elle fit ob- a~co_mpa?nement. Sa fille, g-enlille enfant d •:ne
la trentame . Une pehte tète aux contours server qu'en Espagne, ces chants accom- dizaine d années, ressemblant fort à sa mère
délicats la fait paraitre encore plus grande et pagnent toujours une danse. Et, en ellf!t . a dansé. avec iufiniment de gràce une de~
plus_ forte qu:elte n'est en réalité. Sa physio- pendant que le guitariste préludait, les petit; C( f~aaça1ses l&gt;, à la joie de sa mère, qui en
nomie porte l empreinte de cette bienveillance pwds de Mme Cabarrus s'ar,itaient comme avait les larmes aux yeux, et des assistants
charmés de ses ébats mignons. Les façons de
active dont tan~ de. gens ont eu des preuves dans l'attente du signal d'un h~léro. Du reste
la
mère et de la fille l'une à l'égard de l'autre
pendant les terribles phases de la Révolutioo. elle n'a ni dansé ni même touché à la bell;
md1quent
des natures aimantes.
Ses manières ont un naturel et un abandon harpe posée dans un coin du salon. Elle s'e:-;t
«
Cette
réunion, où dominaient les Ano]ais
q?i
rendent tout à fait sympathique et ex~lusiveme~t consacrée à recevoir, à pla.cer,
sedmsante. Lorsque, dans le courant de la e~ a ent~etem~ les dames, Anglaises en majo- et pendant laquelle lime Cabarrus, alla~t e;
soirée, el!~ s'est mise à genoux, joignant ses rité, qm venaient à son &lt;&lt; assemblée 1,. Elle venant sans cesse, ne pouvait suivre une eonver,!:ation, a fini par me se~Ller un peu longue.
belles mams, devant une petite Française
s'asseyait tantôt auprès de l'une, tantôt auprès
,1c Mme Cabarrus venait de reconduire juspour la supplier de chanter nne romance e~ d'une autre, toujours en mouvement, entraiqu'elle est restée dans la même attitude, 'ses nant à sa suite un groupe de cavaliers em- qu à la porte du salon sa dernière invitée avec
la g~àce animée et naturelle qu'elle avait dépressés . ,&gt;
1. HE1C11A_RDT, Un hiver à Pa1·is sous le Consulal
p_loye~ pendant toute la soirée, quand elle reOn voit que )Jme Cabarrus sait toujours vm; a nous, paraissant ne plus pou\'oir se
p. 200, Par1s,_! 1lon. Ce line mé1·i!c d'ètre beaucouP
plus connu qu 11 ne l'est.
s'occuper de ses invités el faire avec grâce les tramer; elle s'affaissa dans un fauteuil, la

1:

r

'

j

C1TOYENN'E TAL1.1'EN - - ~

fa

�1f1STOR,.1.Jl

L.1t

tète ren\'crsée contre le dossier, s?upira~l
d'une voix presque éteinte : &lt;( .le n en puis
plus, _je :-uis morte! n .Je me trouvais près d'elle
avec Tourton; dans ma simplicité, je lui demandai naïvement si elle s.e senlait indisposée. Elle se redressa comme poussée par un
ressort : &lt;l Ce n'est pas ça, monsieur, » ditelle en souriant. Puis, s'adressant à Tourton
avec le même sourire : H ~Ion assemblée était
bien nombreuse, n'eSt-ce pas? ... l)
Toujours cette préorcupalion de la vanilé·
chez Thérésia ! Elle est heureuse d'a"oir eu
une « assemblée l&gt; très nombreuse, non pas
parce qu'on a pu s'y amuser davantage, mais
parce que la mode était d'entasser dans les
salons plus de monde qu'ils n'en pouvaient
contenir, de presser les gens les uns contre
les autres au point de leur rendre tout mouvement impossible, el de les étouffer pour
leur plaisir. D'ailleurs, l'appariement de
Thérésia n'est pas très grand. Le même témoin le décrit en deux lignes :
&lt;1 ... Il consiRte en un vaste salon et une
grande chambre à coucher suivie d'un boudoir;
il a été suffisant pour les soixante-dix à
quatre-vingt3 personnes qui s'y sont 1rom ées
réunies. &gt;&gt;
Maintenant suivons à pas discrets M. Reichardt dans la chambre de l'idole: « Le magnifique lit en ébène de la chambre à coucher
est d'un style différent et plus sévère que celui de Mme Récamier. Comme celui-ci, il est
décoré de jolis bronzes dorés. Mais le ciel de
lit, très ample et très élevé, a1anl la forme
d'une tente ronde, est soutenu par Je bec
d'un pélican doré, une forme importée
d'Égypte; les rideaux, en satin blanc el cramoisi garnis de franges dorées, retombent en
larges plis jusqu'au parquel. Toute la pièce
est décorée de jolis bas-reliefs. ,
li n'est pas jusqu'à la coiffure de sa charmante hôtesse, jusqu'à sa toilette, que !'Allemand n'ait eu soin de noter exactement.
Comme c·est ce qui intéress~ Je plus les
femmes, il faut encore faire cet emprunt à
son livre : cc Ses magnifiques chereux noirs,
arrangés en larges tresses, étaient enroulés
autour de sa tète jusqu'au front, d'nne part,
jusqu'à la nuque, de l'autre; des cordons de
perles fines s'entremèlaient ·aux tresses. Sa
rul,e était en satin blanc et cou verte de belles
den telles 1 • JJ
Oo voit que son second divorce n'avait pas
affecté la belle jeune lemme plus que le premier : elle y était maintenant habituée. Sa
conscience n'avait pas l'air de lui rPprocber
quoi que te fût, et l'on aurait mauvaise grâce
à se monlrer plus difficile que sa conscience.
D'ailleurs, quel esprit chagrin aurait eu le
mauvais goût, le triste courage de lui faire
de la peine en l'éclairant sur certains cas de
casuistique conjugale qu'dle aimait mieux ne
pas prendre corps à corps, et troul,ler ainsi le
bonheur de cette charmante femme qui, à
tout prendrr, ne vivait que du bonheur des
autres? ...
La belle Thérésia menait donc une rxistence

paisible, se parlageant entre son amant en
titre, ses amis, M. Alexandre de Girardin,
avf'c lequel son amitié semble avoir eu quel-

ques nuances particulières de tendresse, ses
enfants et les plaisirs. Tout semblait indiquer
que cette vie serait la sienne jusqu'à son dernier jour. Peut-être le croyait-elle?... Mais,
si elle en a,·ait déjà fini avec deux maris, elle
n'en avait pas fini avec le mariage. Le 16 thermidor an XIII de la République française
(18 juillet 1805), sous la seconde année du
règne de Napoléon, Empereur des Français,
elle se mariait une troisième fois à la mairie
du xe arrondissement avec le comte Joseph
de Caraman.
Le mariage fut purement civil. Il ne pouvait être religieux; l'Église catholique n'admet
pas le divorce, et, a ses yeux, 'fbérésia était
toujours la lemme légitime de !I. de Fontenay,
quelques liaisons, plus ou moins sanctionnées
par ~a loi civile, qu'elle ait pu avoir depuis ce
mariage.
Le comte Joseph de Caraman, qui n'avait
que trente-trois ans, un an de plus que Thérésia, appartenait à l'illustre famille Riquet.
C'est le père de son grand-père, M. Riquet,
qui avait conçu le plan du canal de Languedoc, et en avait exécuté les travaux. li jouissait d'une grande fortune et la Révolution
n'avait pu toucher que d'une façon passagère
à ses revenus du caaal, dont il était un des
principaux propriétaires. li a\'ait été élevé à
Roissy, à cinq lieues de Paris, dans la saine
atmosphère d'une famille unie. « Roissy,
écrivait Mme du Deffand en 1774, est le
séjour de la paix, de l'ordre et du bonheur.
Un père et une mère, huit enfants qui vivent
ensemble avec une union, une amilié parfaite:
c'est l'àged'o_r. 2 i,
Cette paix, cette union de famille, qui sont

!. Rt:1ŒAIIDT, Un ltü•er à Paris sous Ir C()ltSlllal,
p. :l00-20i.

2. lhte ou DnrHo, Correspo11do11cecomplèle, t. Il,
p. 426 (éd. L&lt;'scurc).

1

PASQl:JER.

D'après une lithograph~ de

MAURIN.

le plus grand bonheur de la vie, celte paix et
cette union que la Révolution n'avait pas
atteintes. étaient maintenant brisées dans la
famille de Caraman. C'était l'œu\'re de Thérésia. Elle avait dtî bien fl'availlel' le jeune
comte Joseph pour le décider à celte chose si
grave : fo révolte contre l'autorité du père de
famille, le mariage contre le gré de toute une
famille. Virtuose d'une beaulé à peu près défunte, e1le en amit joué en artiste. consommée.
Une fois qu'elle eut amené li&gt; jeune comte de
Caraman à l'élat d'amoureux aveuglC', elle lui
avait tenu des propos dans le genre de celuic-i : cc On se marie pour soi et non pour les
autres ... » et les lui avait chantés sur tous les
tons, avec toutes les variantes possibles. Le
pauvre garçon ne vo1ait pas, en sa qualité
d'amoureux, que ce sont là propos à l'usage
des femmes qui "eu]ent arhe\'er de faire
perdre le sens moral aux malheureux à qui
elles ont déjà fait perdre le sens commun;
anssi donnait-il en plein dans le piège, et,
pauvre dupe, il se répétait comme paroles
d'évangiles les piètres arguments de Thérésia. Régie générale, les hommes ne croient,
en fait de désintéressement, qu'à celui des
gens qui ont intérN à les tromper. Et, d'un
autre côté, comment n'a~rail-il pas cru une
femme qui, sur le terrain de l'amour, avait
de si beaux états de services? ...
On croit les hommes bien bêtes : ils sont
encore plus bêtes qu'on ne croit. Les femmes
le savent bien. En tout cas, le manège ne dénote pas chez !'expérimentée Tbérésia une
bien grande délicatesse de sentiment, et l'abnégation ne parait pas être \'enue compléter
le nombre de ses vertus. Quand même elle eût
aimé sincèrement M. de Caraman, - et ce
n'est pas à présumer, car c'eùt été chang('r par trop ses habitudes, - le devoir, pour
elle, était de se retirer, d'engager le jeune
homme à sui"re le vœu de sa famille, à obéir
à son père, à C( immoler son amour sur l'autel
du devoir )J. comme aurait dit Mme de Staël,
une connaisseuse en amour plus qu'en devoir,
mais qui, au moins, quand elle fit la folie de se
remarier, n'épousa pas l'immense fortune de
M. de Caraman. Quanl à celui-ci, il montrait
une fois de plus que c'est dans l'amour que
se constate le mieux la bêtise humaine.
On sait, par l'acte de mariage, que M. Joseph de Caraman dut faire des actes respectueux à son père, c'est-à-dire agir contre sa
volonté expr~se, ce qui n'est pas très respectueux , en épousant la femme que tant d'autres
avaient eue avant lui, c&lt; qui ne lui apportait que
]a rinçure de son verre» , comme aurait ditjadis
Madame, mère du Régent, dans son 1angage
aussi franc que pittoresque. Aussi la cérémonie du mariage se ressentit-elle de cet état de
choses. Le cboix des témoins : deux hommes
de loi du côté du comte Riquet de Caraman,
un commis-principal à l'Administration de la
Loterie et un homme de loi du côté de Thérésia, montre bien que cette union se faisait à
l'encontre de toutes convenances : famille,
amis, société, tout ce qui mérite le respect,
faisait grè\'e ce jour-là, el le rrprésentant
d'une des plus hautes familles de la Belgique

en était ~éduit ;, prendre, pour lémoins de
son m_ariai?e, des gens de Ioi. Du côté de
T!1érés1a, _I'humilité du rang social de ses
tcmorns n e~t pas faite pour étonner i à part
le ~~nde etranger, qui donc l'aurait vue à
Paris ....
. Elle s'en consola en pensant que son man,a_ge avec le comte de Caraman aurait \'Île fait
d epousseter son passé et de Iui ouvrir toutes
grandes les portes des salons de Paris
Les jeunes époux partirent en "o;ane de
noœs. lis allèr~nt en Italie. Aussi b~n y
éta1ent-1ls appeles par de grands intérêts. Le
prmce de Chimay venait de mourir. Comme

patri?te en pays étranger. Ce diplomate parla
a la Jeune reine des mérites de la comtesse
de Caraman; il lui dit, sans entrer dans trop
de d1tails,_ qu'elle_avait été héroïque pendant
la Rc\·olution, quelle avait sauvé un nrand
nombre de vies humaines .... Il n'en fallait
pa_s tant pour que les portes du palais s'ouvrissent devant elle à deux battants. Et
Thérésia, qui n'était pas admise, à Paris, à
la cour des Tuileries, prit sa r('vanche à
Florence, en se pavanant au palais Pitti.
c&lt; Elle y parut avec une robe de velours
brodée à Lyon, et à formes sé\'ères. Son co.s~
lumc fut trouvé si remarquable que les Ita-

VUE DE LA PRŒIENADE-NOUVELLE, PRISE AU TOURNANT DE L'ALLËE-DES-VEUVES ëT DUC

T.Jtl.Ll'E.N

--

le comte de Caraman é1ait son héritier I il
liens . dirent n'a\·oir jamais rien vu de si
alla avec sa fe?1me en Toscane pour le règlemagnifique et que les dessins de la broderie
ment des affaires de la succession. La nou- furent copiés 1 • »
velle comt~~se. cr_ut pournir dérober quelques
Mme de Caraman avait Je bonheur au cœur.
lie~res à 1~ttm 1té conjugale pour St! faire
sa
robe avait été trouvée belle et elle é•al :
prcsenter a 8·. A.1 1a reine dl~lrurie. C'ét:iit,
o e
t 0, ? A I
men
,1 le faut crutre, dans l'intérêt du bonheur f. ·t u.... a cour! li y avait ]à de qUOI·
~1re ourn~r une tête moins solide que la
d~ ~~n mari. Oa s'adressa donc au chargé
stenne. Mais son bonheur fut au comble
d affaires de France,!!. Artaud, qui était trop
quand,_ quelques semaines plus tard, elle fut
galant homme pour ne pas soutenir une comreçue a une autre cour, plus considérable

!

Cha~le~ le lfarcly (1470), et en principauté
(~48[)og?l1
· c C p_rmc1paulé Jla ssa de la maisnn de Cro
dan~ celle de Ligne-Arenberg en t612 l
. Y
1
qu'j;1 1686. A)~rs elle aeparhnl, parhé~ifag~,
:;
rte ~u-su-Pl11hppe-!-,ou1s de llennin , &lt;'l la· maison J
llennm la consen·a Jusqu'en 17{)0 , époquc ou. 1ccomt,ie

~~1:o::i

.

que celle de la reine d'Élrurie, à la cour d'un
Bonaparte!
Oui,. c'. Joseph Bonaparte, alors roi des
Deux-Siciles, instruit de l'accueil fait dans
Florence à Mme de Caraman, la reçut i1 la
cour .de Naples, q~oi, q?'on lui insinuàt que
so? \opge en Italie elalt la suite d'une disgrace )).
Nous n'aJlons pas suivre la comtesse de
C~raman ~an~ .son nou\'cl essai, qui, cette
fo~1s, fut dcfi111ttf, de la vie de femme honnete.
,!l faut cependant dire que, pendant la prem,ere Restauration, la religion catholique se

R
OURS-LA-

.1. • AS"è"' 8\'oir apeartcnu il. la maison de NcsleS.oisson~ ans le xm: s1êele, puis à Jean de llaynoult
~1re ~c ea~monl, P.u1s au.1 ptiastillons, (,'01ules de Diois'.
.', se1gneur1c ~e Clumay, !•lie du Hainaut français, fut
1\Ctlue /car Thibaut de M•~sons, seigneur de ~lorcuil
,t Ca n e Croy; elle fut érigée en comtê par le due d~

C1TOYENN'E.

EINE, -

Gravure de

Pf!WIG!,'.R
•

•

,

d'après "•t ARTISET,

remettanL à ètre à Ja mode, Thérésia souffrit
beaucoup de n'ètre mariée que civilement
av~e ~e comte de Caraman, qui, devenu propriétaire de la principauté de Chimav. avait
le droit de porter le titre rie prince, ~t elle,
celui, de I''.lnces,e de C!timay ! liais quelle
&lt;l,sgrace l Joutes les portes se fermaient
d~vant eilc. La pauvre femme, au lieu d'attribuer _cet ostracisme à son passé trop mouvemente, pensa que son mariage civil en était la
\'iclor-.Mau1·ice Biquet tic Caraman 1; }Oti-Q 1
tique ~u priucc d'!lennin d'Alsace, dcritcr~
1 1
C celte illustre maison. C'est ainsi que la r' •
~
cle Chimay est entrée dans la maison de Cr mcipautc
B;oe,•a
h
·
M'
h
d
S
aramau.
»
l •&gt;;, .P te ~c a~ , upplément, t. til)
.., Bwgmplue M1c!w11d 1 Supplément, L 61.

hé~Jtc

�-

fflSTO~l.JI _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ ___.

seule cause 1 • Elle fit donc des démarches en chez vous . On en parlera pendant une secour de Rome pour obtenir la consécration maine, et, le lundi suivant, vous serez prince
religieuse de son mariage avec le prince de et princesse de Chimay. 2 1&gt;
C'était là un ami intelligent : il avait comChimay.
Il lui lut répondu que c'était la chose la pris que Thérésia cherchait le moyen de se
plus simple du monde, que l'Église bénirait pavoiser de son titre de princesse, Pt le lui
avec plaisir son union, et qu'elle n'avait qu'à avait indiqué. Il était de l'avis de Balzac qui
a observé&lt;&lt; qu'il n'est pointdesituation qu'on
produire l'acte de décès de M. de Fontenay.
Hélas l comment le produire, cet acte, ne puisse imposer au monde avec de l'audace
puisque M. de Fontenay était vivant? ... La et avec de l'argent &gt;&gt;. Le monde donna un dépauvre femme était en proie au plus vif cha- menti à cette observation, très fine, souvent
grin . Les portes de l'Église restaient fermées juste, mais pas auprès de tous. Dieu merci,
devant elle, ce qui lui était au fond assez il y aura toujours des gens pour avoir le resindiffêrent 1 - celles du monde ne s'ouvraient pect d'eux-mêmes plutôt que le respect de
pas davantage, cc qui lui était infiniment plus l'argent des autres et pour refuser de voir
pénible. Et c'est au moment où elle maudis- certaines parvenues de la finance ou du
sait le Ciel, que le Ciel allait la prendre en mariage.
C'est donc seulement en 1815, après quelpitié. Ces femmes-là ont toutes les chances .
Justement, à l'issue de ses négociations in- ques années d'une lente et habile métamorfructueuses, M. de Fontenay, qui était cause phose, que Thérésia osa arborer son titre
rie tout le mal et de qui elle était loin de de princesse de Chimay. Lorsque Tallien
s'attendre à la moindre attention, lui fit la l'apprit, le Gavroche qui sommeillait au fond
~racieuseté de prendre congé de ce monde. de son esprit se réveilla, et il s'écria : &lt;( Elle
C'élait avoir autant de complaisance que d'à- aura beau se faire appeler la princesse de
propos. Pour la première fois, Thérésia pensa Chimère, elle sera toujours, dans l'histoire,
du bien de ~I. de Fontenay. Pour la première Mme Tallien. "
Tallien avait raison.
fois, elle en dit; elle lui en aurait même souMais il est piquant de remarquer, en pashaité dans sa bonté, si le premier efiet de la
réalisation de ce ,,œu n'eût été de la priver du sant, que c'est en devenant princesse que
plaisir de le pleurer el surtout d'aller prome- Thérésia embourgeoisa définitivement sa vie.
ner partout son titre de princesse. Car, lui
A cause de la fille qu'il avait eue d'elle,
mort, elle se hâta de se munir de son acte de
décès et de faire donner publiquement la bé- Tallien n'avait pas complètement rompu avec
nédiction religieuse à son mariage. L'union celle qui avait été sa femme; il ne la voyait
avec Tallien ayant été purement civile n'exis- pas, et, d'ailleurs, peut-être ne l'eût-il pas
reconnue tant elle était changée, très peu de
tait pas aux )'eux de l'Église.,
temps après son troisième mariage. &lt;( Je reLe roi Louis XVlll étant revenu aux Tuile- trouvai chez Cambacérès, a écrit Mme Cavairies, après la seconde chute de Napoléon, el le gnac en 18!0, Mme de Caraman devenue
gouvernement de la Restauration semblant épaisse, couperosée, méconnaissable enfin,
solidement établi, Mme de Caraman revint à quoiqu'elle n'eût pas quarante ans. La preParis. i! Elle ouvrit sa belle maison de la rue mière punition des remmes galantes et la plus
de Babylone; ses soirées devinrent à la mode: sentie peut-être, c'est leur jeunesse flétrie,
on y donnait des bals, des concerts, on y abrégée par le genre de vie qu'elles mènent,
jouait la comédie. Les étrangers les plus dis- la jeunesse précieuse à toutes, mais indispentingués et leurs femmes affinaient dans les sable pour elles.' Il
Mais lorsqu'il s'agit pour Tallien et la
salons de Mme de Caraman, mais on n'y rencontrait presque aucun représentant du noble princesse de Chimay de marier leur fille
Thermidor, il fallut bien se trouver lace à
faubourg qu'elle habitait.
, Propriétaire de la principauté de Chimay, face, tout au moins à la cérémonie du mariage.
le comte de Caraman n'osait en prendre le Cette rencontre donna lieu à des incidents
titre. La comtesse, depuis 1806, signait ses amusanls que Boucher de Perthes a racontés
lettres Caraman-Chimay sans oser aller plus dans une lettre à son père, que voici :
loin. Elle consulta plusieurs amies, qui, ignoParis, le 24 avril 1815.
rant les usages de la Belgique et le laissercc
Notre
cousin
Félix
de Narbonne de Pelet,
aller des sociétés de France, soutinrent qu 'il
fils
de
la
comtesse
de
Pelet,
vient d'épouser
fallait que les deux époux restassent M. et
Mme de Carâ.man. Un seul de ses amis, qui !Ille Thermidor Tallien, aujourd'hui Joséavait plus d'expérience, ouvrit un autre avis . phine', dont la mère est actuellem1:mt princesse
« Faites, dit-il, graver des cartes de visite au de Chimay par son mariage avec M. de Caranom du prince et de la princesse de Chimay : man.
cc Mme de Chimay est toujours belle " et
faites-les jeter aux portes des ge.ns anciens et
des gens nouveaux que vous voudrez recevoir parfaitement bonne.

c( Je la voyais souvent chez notre cousine
de Pelet, el c'est là que Félix a rencontré sa
fille, qÙ'i est fort belle aussi, sans égaler sa
mère. Félix en était très épris, mais Mme de
Pelet, alliée à toute la fine fleur du faubourg
Saint-Germain, voulait bien faire sa société de
Mlle Tallien, mais non sa belle-fille. Aussi
manqua-t-elle de tomber à la rem•erse au
premier mot qu'on lui en dit.
&lt;( Félix, qui a été officier dans je ne sais
quel régiment, est en disponibilité; avec cela,
pas grand'chose, et Mlle Tallien, rien du tout.
cc Le lait est que l'ex-dictateur de la
Gironde et le vainqueur de Robespierre était
à peu près à l'aumône quand arriva la Restauration, et, chose inexplicable, LouisXVIIT,
aussitôt après sa rentrée, lui fit une pension
de six mille francs sur sa cassette e.
« C'était sur celte pension que M. Tallien
dotait sa fille de mille écus par année; mais,
le roi parti, adieu la pension, et par contrecoup la dot.
(! Le mariage vient d'avoir lieu. La noce a
élé célébrée presque à huis-clos, ce qui n'a
pas empêché qu'il s'y passât une assez drôle
de chose. Il fallait bien que, comme père,
M. Tallien fût présent. Il s'est donc trouvé
face à face avec son ex-femme. La cérémonie
terminée, Mme de Chima'y lui a proposé de le
reconduire chez lui, allée des Vem·es. Il a
accepté et a, près d'elle, pris place dans sa
voiture.
" Arrivée devant l'hôtel de Caraman, Mme
de Chimay, qui ne voulait pas aller jusqu'aux
Champs-Elysées, fit arrêter sa berline et allait
descendre, lorsque la portière s'ouvrit. M. de
Chimay, qui rentrait dans ce moment, s'avança
pour offrir la main à sa femme; ce fut celle
de M. Tallien qu'il rencontra. La situation
était difficile; néanmoins, il fit contre mauvaise fortune bon cœur, et croyant que
M. Tallien voulait accompagner sa fille jusqu'au bout, il l'engagea à entrer.
« Il. Tallien, soit qu'il fût troublé luimême, soit qu'il ne crût pas devoir répondre
par un refus à une politesse, accepta.
(( Une collation était servie, mais vous
jugez si le repas fut gai et si les yeux quittèrent
souvent les assielles. La princesse était la
moins embarrassée et sut encore faire noblement les honneurs de sa table, car elle a non
seulement la beauté, mais le port, l'organe
et les manières d'une reine. &gt;&gt;

dit â cell e pau,rc P:mlinc du Charnbige, une de nos
camarad es d'enfance qui fit la sottise de se lier avec
elle, et qu'il fnllutrcnoncer à voir.
« Elle la blâmait de mellre un corset et en nombrait les inconvénienls, assurant que ce n'est pas quand
une femme est vêtue quïl lui importe d'être belle. »
(blémoiu~ d 'une i11 co111me, p. 114).
2. Uiographie J!icliaud, Supplément , t . 01.

5. Mémoires d'une biconuue, p. 345.
4. On se rappell e que Thcrmülor Tallien avail pour
marraine Mme de Beauharnais, devenue l'lmpératticc
Joséphine.
5. On ,·ienl de voir que cc n'Clait pas l'avis de
Mme Cavaignac, cinq ans plus tôt.
6. Le lecteur a lu , plus hauL, \'explication de celt e
libéralité du roi à un régicide.

1. l,a vCl'ité est qu'elle jouissa it d'une déteslahlc
répulalion. Voici un lrail d'elle qui ne !-C peul dire
flu 'â l'oreille ou s'écrire qu'au bus d'une page. Une
femme pourtant l'a écrit en plein lextc.
« A Jlropos de jolies lemmes, dit-elle, voici uu mot
bi en n~if d'une qni jouait un rùlc alol'S, qui a visé à
la célëbrité, et n en a, comme il arrive le plus ~ou1·ent,
gardé qu'une bien fâ cheuse . 11me Tallien; rc mol fut

M. Boucher de Perthes continue à donner
dans cette lettre des indications sur ce qu'est,
à celle époque, la princesse de Chimay. Ils
sont intéressants et montrent, a,ec beaucoup
de bienveillance, comment on doit se la
figurer en 1815 :
c&lt; Quoiqu'elle soit aujourd'hui un peu
grasse, dit-il, ses beaux cheveux noirs, ses
belles dents, ses belles épaules et ses yeux

" · : - - - - - - - - - - - - - LA

C1TOYENNE TJS.LLTEN

~

~nagnifiques lui donnent encore l'air d'une en entrant, mais on y avait songé pour elle
Jeune fem~e, ~t quand elle s'anime en par- et fos chuch?t:men,ts l'en firent bientôt aper- t7nir sa promcss? au delà de quelques mois,
lant, ce qm _arrive toujours quand on la met cevmr. Aussitot quelle me vit, elle m'appela, c est que sa penswn lui fut retirée.
Nous n'a~ons pas à suivre plus loin la prins.~r le chapit~e de la Révolution, forte de quitta le bras de !!. de Fontenay el elle prit
1rnflu~nce quelle Ya exercée, du mal qu'elle
cesse de Clumay. Depuis son troisième male mien. Nous fîmes un ou deux tours et elle riage, elle n'appartient plus à l'histoire. li est
'. empecbé et du nombre de têtes qu'elle a me pria de Ja reconduire à sa voiture. »
Juste, cep~ndant 1 de constater que le sérieux
!5auvees, elle parle avec une rare éloquence et
Il faudrait arrêter ici la citation mais ce de son existence - où il entrait peut-êtr~
elle est belle à l'adoration 1 •
qui s~it est trop à l'honneur de la'princesse une bonne part d'illusions et de beautés
&lt;( Ce .n'est plus la _même personne quand
de Chimay pour être omis :
défuntes - effaça ce qu'il y avait eu de trop
elle est a la table de Jeu; dès ce moment, on
« Je le répète, poursuit Il. Boucher de fanta1s1s_tc dJns la première partie de sa vie.
ne peut plus lui arracher une parole.
Perthes, c'est une femme bonne, excellente
Alors, bien reve~ue de la jeunesse à laquelle
• &lt;! Sans do~te_ que son mari l'a priée de ne
~ui a fait un bien infini et qui en fait encor/ elle ne pardonnait pas de l'avoir abandonnée
JOuer q~e ~et1t Jeu, car lorsque la somme est Elle ne peut entendre parler d'un malheureux
elle eut, en ces heures amères, le chagrin d;
fo'.te, s_,l s approche d'elle, elle en lait dispasa~s vo,ulo_ir le secourir; et, quoique riche
ra11_re v1~em~nt une p~rtie. Un jour qu'elle auJourd hm, elle aurait bientôt donné tout cons!ater q_ue le_souvenir des péchés de cette
av~1t. execu_te cette petite manœuvre, je me ce qu'elle possède si son mari, qui est aussi mfidele était tOuJours vivant dans la mémoire
de s_es conte'."porains. Elle ne fut pas plus
mis a sourire, elle s'en aperçut et m'a boudé
un e~cellent homme, . n'y veillait. Elie y admise aux 1 mler1es par re vieux libertin de
assez longtemps.
.
supple~ par des loteries, des quêtes, des
" Elle ne paraît jamais en public sans être souscr1ptwns. Il n'y a pas moyen de lui re- L,ouis XVIII q_u'elle ne l'avait élé par Napole but_ de tous les regards, el les Parisiens fuser, elle est irrésistible quand elle prie ... ;; 1&gt; leon. Elle avait eu beau jeter au feu le souvenir de ses fredaines passées, elle avait beau
son_t s1 m~1screts da_ns leur curiosité que j'ai
d,onne_r ?u ,monde l'exemple de l'oubli, on
mamtes fois, quand Je lui donnais Je bras été
On peut cependant observer que ({ riche
obligé de me tenir à quatre pour ne' pas aujourd'hui » n'est pas très exact. La prin- s o~stma1t a ne voir dans la princesse de
malmener ceux qui venaient nous regarder sous cesse de Chimay était fort gênée à cette Ch1:11ay que l'ancienne Thérésia. On ne sonle nez. Dan_s ces oc~sions, peut-être par la époque. La preuve en est qu'elle fut obligée g~1t pas qu'~v~c l'âge, les réflexions, la gravité morale_ eta1ent. venues. On ne voyait pas,
grande haL,tude qu elle en avait, elle conserde faire un emprunt à !!. Laffitte. Les
on ne voulait pas voir qu'elle était maintenant
vait merveilleusement son sano--froid et lors- guerres, deux mauvaises récoltes successives
•
0
'
~
qu au mouvement convulsif de mon bras elle avaie~t ruiné tout le m~nde, et eHe avait d; une autre femme, une femme toute nouvelle, d_igne de tous les respects.
sentait combien cette impolitesse m'indio-nait
O
la peme à donner à sa fille la subvention
Aussi fut-ce pour elle un gros chagrin que
elle me le pressait fortement pour me fair~ qu'eJle lui avait promise en la mariant. filais,
rester tranquille.
de ne pas être admise à Ja cour du roi des
co~me elle tenait, avec juste raison, à main« Cependant, un jour, je l'ai vue véritable- tenu so~ rang,, le public ne s'apercevait pas Pays-Bas dont son mari était chambellan. Elle
ment contrariée. C'était à l'Exposition du de sa gene. C est pour cela qu'elle écrit : ne s:aigr_it ~epeùdant pas de l'ostracisme qui
Louvre 1 • Je traversais les galeries lorsque je « Être et paraitre sont deux choses bien dis- contmua1t a peser sur elle. Avec une humil!té qui avait encore sa coquetterie, elle
la rencontrai donnant le bras à M. de Fonteti_nctes. &gt;:_ Tallien, qui n'était pas moins gêné,
nay, son fils du premier mariage. A l'autre h'.en _qu 11 ne_ fût pas riche; Tallien, qui l accepta comme une expiation et répondit
par un redoublement de charité au manque
bras, elle avait Mlle Tallien, notre cousine
n a,va,t poudr vivre et soigner ses infirmités de charité qu'on avait pour elle.
actuelle, et celle-ci tenait par la main le petit
q~ une mo este pension, voulut aussi, en bon
Da,ns_ le ~ond_de son exil blasonné et capide Caraman . Elle avait donc là les enfants des pere, donner une dot à sa fille : il lui promit
trois maris.
tonne, 11 lm éta~t venu un autre chagrin, plus
une rente de mille écus par an . C'était la
gra nd chaque Jour, celui de se voir vieillir
cc Elle n'y avait probablement pas songé
moitié de sa propre pension. Et s'il ne put Elle était femme, elle en souffrit beaucoup ..

t·

lo~chrr de. Pe~lhes é,tait jeune alors; on voit
q~ li ~bit la fascmatwu 1u exercent les femmes de
ans. quand elles ont Cté bel!cs sur
les lttrl Jeunes gens.
'
t1 ente a ,uarante

2. Le Sillon aunuel de pei11ture.
3. Boucm:R DE PERTnEs, Sous dix rou 1 Ill
p. 168.
' ·
,
Lettre citée par CJ1. l\"auroy, dans Le Curieux.
FIN

Est-ce ce double chagrin qui lui donna la
maladie de foie dont elle mourut le 15 janvier 18551...
JOSEPH

TURQUAN.

�. _______________________________l.11

VUE UE LA VILLE DF. IIA'.liO\'RE. -

•

D'apr~s

11nt

g,·ayurt anc~nnt.
·
(BitlfoJh~qut .Yatio11alt, C:.itîntt dts Estamtts)

QUELQUES FIGURES DE FEMMES AIMANTES OU MALHEUREUSES

La princesse Sophie-Dorothée
et Philippe de Kœnigsmarck
Par TEODO~ DE WYZEW A

Les lettres.
La nuit du l" juillet !6\)1, _un genlilhommc suédois au scrrice de l'Elccteur de

Saxe, Philippe-Christian de . Kœuigsmarc~.
fut as~assioé, dans un corridor du pala~s
ducal de Hanovre, au moment où il sortait
de la chambre de la princesse Sophie-Doroihée dont il élail l'amant. Les circonslances
de c~t assassinat ont élé décrites bien souvent et souvent aussi on nous a raconté l'histoi,; des amours de Sophie-Dorolhée el de
Kœnigsmarck, telle que se sont plu à la
reconstituer dirnrs érudits, allemands et
scandinaves. Mais le malheur est que ces
érudits, ayant en main une foule de piè~s

qui leur eussent perm_is de prése~ler les !ails
sous leur nai JOur l11stor1que, n ont pas pu
résister à la tentation de les accommoder
suivant leur fantaisie, ce qui a eu pour effet
non seulement d 'enle,·er à leurs ouvrages
toute valeur un peu sérieuse, mais de discréditer les sources même oit ils avaient puisé.

El c'est ainsi que s'explique, par exemple,
que, placée depuis 1848 à la disp?siüon du
public, dans la bibliothèque de I univers1te
sut!doise de Lund, la correspondance amoureuse de Sophie-Dorotbéc el de Kœnigsmarck
ail allendu plus d'un demi-siècle que quelqu'un prit la peine d? !~ lire et de la publier.
Voici ce que d1sa1t Jadis de celle correspondance llt:&gt;nri Blaze, dans une étude sur le

gl•re. Au resl~, aucune c~pt•ce de d:!te, nulle indication du mois, du quantll'me, du heu. Il ne faudrait rÎ('n moins que la patience d'un êpluch('ul'
de chartes pour débrouiller ce cluo~ chron.ologique. La chose cependant en \"auùra1l !a pemr,
car une cla:--sification exaclt•, une traduction n('UC
et claire de ces p:lpier~, dont la plupart son~ en
chilTrcs, amènernicnt, je n'en d~ut~ pas, mamie
révébtion intCl'cssanle pour l 'lustmre de cl'ltt'
époque.

Deniier des Kœuigsmarck. :
La correspondance entre Sophie-Dorothée cl
RœniO'~marck, rCcemmcnl découverte par le docteur P.ilrnblad se trouve aujourd'hui dans les
archire~ de fa bibliotht'que de La G;irdie, à Lœ!wrod en SuMe où la deposa vers 1810 une pelllenii.•~e de la p/oprc sœur d&lt;' Philippe de Kœnigsmarck. Celle-ci, en rernellant à ses l'nfants ces
letlres, leur arnit dit que cc c'était là un déJWl
précieux et dt&gt; conséquence, car c~s lettres
avaient coûté la vie à son frère el la l1be1·lé à la
nière d'un ,·oi JJ. Cette curieuse correspondance
formerait à elle seule un gros ,,olumc. Les lettres
de la princesse se dist.inguent ,par l'élégance de
l'écriture et fa correcllon de l orthographe, luxe
assez rare en ce temps, même en France, el dont
on ne saurait trop tenir compte chez une êtran-

Que Blaze n'ait pas eu « la patience d'un
éplucheur de chartes », c'est _de quoi personne ne saurait lui faire uo grief. Mais celle
patience parait avoir également manqué au
docteur Palmblad, l'auteur suédois dont il se
bornait à analiser l'énorme ouv.~age su.r
Am·ore de Kœnigsmank, et qu 11 louait
comme un « écrivam d'une érudi1ion anecdotique abondante, h~bile surtou_t à feuill~ter
les papiers de fam11le D. _Admis à &lt;I femlleter , les lettres de la prmcesse de Hanovre
et de son amant, ce Palmblad a pris avec
elles les libertés les plus étonnantes : san_s
essayer de les classer ni de les déchiffrer, 11
en a extrait, au hasard, quelt1ues phrases

Pl(INCESSE 80PH1E-DOT(OTHÉE - - - .

quïl a réunies bout à bout, en )' JOlgnanl la police de !'Électeur de Hanovre, el sans
commtmtaires dont il l'a entourée, suffit à
mème, parfois, des phrases de son invention.
doute détruites, au lendemain du meurtre
Et bien que ces extraits de la correspondance de Kœnigsmarck : et, en effet, elles man- nous faire connaître, infiniment mieux que
tous les rétits des historiens ou des romantiennent à peine six ou sept pages, il y a
quent, comme manquent aussi beaucoup de ciers, le caractère des deux héros de la traaccumulé tant d'erreurs, tant d'invraisemleltres de Sophie-Oorothée, que les deux Rique aventure de Hanovre, el les sentiments
blances monstrueuses, - et toutes issues,
amants auront jugées lrop compromettantes, divers qu'ils éprouvaient l'un pour l'autre.
seulement, de son &lt;c adaptation ,1 , - que
et brûlées sitôt lues. La correspondance est Si incomplè'e et décousue qu'elle soit, et en
les érudits se sont mis d'accord pour déclarer
incomplète, fragmentaire, sans cesse interque les lettres « découvt:rtes » par lui étaient rompue par de grosses lacunes; on y ren- raison même de son évidente authenticité,
leur correspondance est le plus instructif des
é,•idemment apocryphes. Cinquante ans, encontre des réponses à des questions qu'on ne romans d'amour. Deux cœurs s'y manifestent
suite, elles ont dormi dans un carton de la
connait pas, ou encore des questions dont la à nous tout enliers, avec lant d'abandon, et
bibliothèque de Lund, sans que personne
réponse est perdue : jamais une correspon- une passion si ardente, que Jes paroles les
daignàt jeter les Jeux sur elles.
dance manuscrile n'a porlé à un plus haut
Ces lettres sont, cependant, d'une parfaite degré tous les caractère!) matériels et moraux plus banales nous intéressent et nous touchent, nous apportant l'él'ho des profondes
authenticité. Leur ton seul l'attesterait assez, de l'authenticité.
émotions qui Je.s ont in~pirées. A travers les
à défaut d'autres preuves : car on y trouve à
Et comme cette correspondance est écrite mensonges, les llatteries, les colères de Kœnigschaque ligne un naturel, une absence de
en français, nous ne pourons trop regretter mar1.:k, nous assistom:, presque de jour en
~crupules littéraires, une préoccupalion sind'en être réduits à la lire dan~ la lraduction
cère el profonde de menus faits de la vie anglaise qu'en a publiée \1. W. Il. Wilkins. jour, à la lutte impétueuse de son ambition et
quotidienne, - pour ne point parler de leur Combien il eùl été préférable qu'un écrivain de ses instincts. Et les lcltres de Sophie-Doroaccent de passion, - que jamais ne serait fran{'.ais, suivant le conseil de Blaze de Bury, thée:ontbeau ètre toujours remplies des mêmes
plaintes el dt•s mèmes reproches: quelque chose
parvenu à leur donner un faussaire, même
prît J'initiatile de « débrouiUer » peur 11ous se relrouve, dans le ton de chacune d·elles,
le plus savant el le plus habile. liais, en
le « chaos J&gt; des manuscrits de Lund! Com- qui nous montre la malheureuse jeune femme
outre, leur aulhenlicité est établie d'une façon
bien les lellres de la princesse Sophie-Doro- sans cesse plus tendrement éprise de son séabsolument positive et formelle par un écrithée, en particulier, nous auraient touchés et ducteur, sans cesse plus hardie à la fois et
vain anglais, M. W. Il. Wilkins, qui, le precharmés davanta~e dans la langue même où
plus docile, plus aveuglément conduite par le
mier, a entrepris de « débrouiller leur
elles sont écrites! Car DJaie se !rompe lorschaos» 1 •
progrès de son amour au sacrifice de toute
qu'il nous dit qu'elles sont, pour la plupart,
prudence comme de !out scrupule. Deux
M. Wilkins a d'abord démontré, par la
c1 en chiffres » : les chiffres, ou parfois des
cœurs se révèlent à nous dans leur réalité
comparaison du texte manuscrit et de la verpseudonymes, n'y servent qu'à remplacer
sion de Palmblad, que toutes les erreurs cerlains noms, les plus souvent très faciles à vivante, les deux cœurs les plus dissemblables
rebées par la critique n'élaienl imputables relroU\·er; et, pour le reste, les lettres de la qu'on puisse imaginer : et ce contraste ajoute
encore à l'impression de fatalité que dégage
qu'à la fantaisie du soi-disant éditeur : et il
princesse de llanovre sont vraiment écrites
le long drame qui s.e joue sous nos yeux.
a, après cela, contrôlé un à un tous les détails
dans le franç,is le plus élégant (à en juger
historiques mentionnés dans les lettres madu moins par les quelques passages que cite
nuscrites, en comparant celles-ci avec des
II
li. Wilkins), - ce qui, d'ailleurs, n'est pas
documents anglais dont personne, il y a aussi méritoire cllez une « étrangère n que
trente ans encore, ne pouvait avoir connais- parait le supposer Blaze de Bury, lorsque
Kœnigsmarck.
sance. Il a étudié par exemple, aux Archives
I' «étrangère » se trome ètre, comme SophieVoici d'abord l'amant, le beau Philipped'État de Londres, les rapports envoyés Dorothée, la fille d'une Française, et n'avoir
Christophe de Kœnigsmarck. '.'ié d'une race
chaque semaine à Guillaume d'Orange par
jamai~ reçu qu'une éducation toute franc:aise.
de brillants aventuriers, il a employé sa jeulord Colt, ambassadeur anglais à la cour de
C'est en français qu'aurait dù paraitre,
Hanovre : ces rapports, qui élaient tenus d'abord, cette correspondance. Et je ne puis nesse à parcourir l'Europe en quèle d'aventures; et tout porte à croire quïl n'est pas
soigneusement secrets au moment où Jes m'emptkherd'espérer qu'on nous en offrira,
papiers des comtes de La Gardie sont entrés quelque jour, le texte français, son authenti- resté étranger à un attenlat organisé par son
à l'université de Lund, el que, par suite, au- cité étant désormais prou Yée, et son « chaos » frère ainé, dans une rue de Landre!!, contre
cun faussaire ne saurait avoir utilisés, con- à peu près débrouillé. Alors seulement nous le mari d'une dame dont ce frère comoilait
cordent de tous points avec les lettres de pourrons goûter sa valeur littéraire; alor:s la main el la fortune. Il arrive à llanovrr
Kœnigsmarck et de Sophie-Dorothée; et l'on seulement la critique historique pourra nous en f 688, J installe un grand train de mairetrouve même, dans les leures de Sophie- renseigner sur l'importance des renseigne- son, se lie avec les jeunes ms du duc ErneslDorothée, de nombreuses allusions à des pro- ments di\'ers qui y sont contenus : impor- Auguste, et, dès 1689, on le mit me,wr de
jets de voyages, de fètes, etc., gui n'ont pas tance qui parait Lien être, en elfot, assez front deux intrigues : car en même temps
eu lieu, mais dont Colt, dans ses rapports, considérable, car toutes les lettres des deux qu'il lait la cour ,, la princesse Sophi1'-Donous apprend que la cour de llanorre les a amants sont parsemées de détails curieux sur rothée, il de,·ient l'amant de la comtt::sse Pla,,raiment projetés.
ten, maitresse du duc, et la plus crueJle
l'histoire intérieure et extérieure du Hanovre
Les leures de Sophie-Dorothée et de à la fin du wue siècJe; et une longue série ennemie de la jeune princesse. ~fais ce n'est
Kœnigsmarck sont loul à fait authentiques : de lettres de Kœnigsmarck est presque entiè- qu'au mois de juillet 16!)! que, brouillé avec
aucun doute n'est possible là-dessus, après rement consacrée au récit de la campagne de la Platen, il entreprend sérieusement Ja conles savantes recherches de M. Wilkins. l\'ous Flandre en !692, où l'officier suédois a pris c1uète de Sophie-Dorothée. li lui étril en
savons d'ailleurs, par le récit de la confidente une part des plus actil'es, el dont il ne se secret plusieurs lettres, la supplie, menace
de Sophie-Dorothée, que celle-ci et son amant lasse point de décrire les moindres événe- de se tuer, et reçoit enfin un premier billet.
avaient l'habitude de confier la garde de leurs ments à sa maitresse, peut-être pour la diver- &lt;( Yraimcnt, - répond-il, - c'est moi qui
leltres à Aurore de Kœnigsmarck, n'osant tir, peut-être pour éviter de répondre aux aurais le droit de me plaindre, moi qui suis
point les coosener près d'eux, et n'ayant reproches qu'elle lui fait de ses galanteries. forcé il prendre tant de précautions el à subir
tant d'incerlitudes ! !lais je supporterai dépoint le courage de Jes supprimer. Seules,
sormais mon malheur avec courage, puisqu'il
les dernières lettres ont été confisquées par
Mais, en attendant que nous puissions a pour cause l'être le plus gracieux, le plus
porter
sur ces lettres un jugement d'en- captivant, le plus charmant du monde. » A
1. The love of a,i uncrown~d Quee11, par W. H.
Wilkins, 2 \'OI. iu-8• illustrés; Londres, librairie semble, la traduction anglaise qu'en a publiée
cette lettre, de nouYcau, Ja princesse ne réLongmans.
M. Wilkins, avec les copieux et minutieux
pond pas, el de nouveau Kœnigsmarck, par

�msTO~l.R----------------------la prière el la menace, obtient d'elle quelques mots aimables. &lt;1 Si vous n'aviez rien
eu à vous reprocher, - lui dit-il, - vous
n'auriez pas daigné m'écrire du tout; mais,

en dépit de la manière dont vous m'avez
traité, je ne puis m'empêcher de vous aimer.
Le chagrin el la contrition que vous m'exprimez m'ont décidé à repartir pour Hanovre
dès après-demain. "
C'est sur ce ton que· sont écrites toutes ses
lettres, à la fois impérieux et brutal, grondant la craintive jeune femme pour l'amener
sans cesse à de nouVt•IJes faveurs. Et, en
effet, dès le mois d'août suivant, Kœnigsmarck obtient la promesse d'une correspondance en règle; on convient même d'un chiffre pour remplacer les noms propres; et

•

désormais, au lieu de signer ses lettres :
Votre esclave, ou : Votre obéissant valet,
l'officier suédois écrit à la lemme du prince
héritier de Hanovre : cc Adieu, aimable brune l
la poste part, il faut finir. Je vous embrasse
les genoux. lJ C'est dans la même lettre qu'il
offre ponr la première fois à Sophie-Dorothée
une preuve d'amour quî, depuis lors, va reparaître presque dans toutes ses lettres :
n'ayant point l'imagination poétique, et n'aimant pas à se mettre en frais de compliments,
il raconte à son amie que l'excès de sa passion le rend malade. « Hier, écrit-il, comme
j'étais sorli pour me promener, j'ai eu des
palpitations si violentes que j'ai dû rentrer
chez moi. Sans votre chère lettre, je crois
que je serais mort. » D'autres fois, son amour
lui donne la colique, ou l'empêche de manger
à sa faim. Et toujours il insiste pour obtenir
un rendf'z-vous, tantôt faisant honte à Sophie-Doroth~e de son peu de courage et lui
citant l'exemple d'autres princesses plus entreprenantes, tantôt lui déclarant qu'il se
tuera si elle s'ohstine à ne le point recevoir.
cc J'ai ici, prè:$ de moi, une consolation : ce
n'est point une ,jolie fille, mais un ours, un
ours vivant et que je nourris. Si vous manquez à mon amour, je mettrai à nu ma poitrine el me laisserai déchirer le cœur. J' accoutume mon ours à manger le cœur des
moutons et des ,,eaux, el il s'en tire déjà le
mieux du monde. Si jamais j'ai besoin de lui,
je n'aurai pas longtemps à souffrir 1 "
Sophie-Dorothée, de plus en plus touchée
des soulfraaces qu'il lui fait voir, l'engage à
se marier, et se charge de lui trouver une
Î1!mme. n Je me marierai si vous me l'ordonnez, - répond le galant Kœnigsmarck, mais à la condition que vous me juriez, sur
votre honneur, de garder toujours pour moi
les tendres sentiments que vous m'avez montrés. ,, En réalité, il ne veut rien qu'un rendez-vous: et, pour l'obtenir, toutes les ruses
lui sont bonnes. cc Je vais partir pour la
Morée, - lui écrit-il, - et j'espère bien n'en
jamais revenir. » Et il ajoute: « Quand donc
auras-tu enfin pitié'/ Quand vaincrai-je la
froideur1 Me priveras-tu toujours du ravissement de goûter une joie parlai le? Cette joie
ne saurait exister pour moi que dans tes
bras: si je ne puis l'y trouver, tout le reste
m'est indifférent. )1 La princesse, alarmée,

le conjure de ne point courir à la mort; sur elle. (( J'ai repoussé le riche mariage qu'on
quoi il répond: 11 Puisque vous m'ordonnez m'a proposé. J'ai aussi refusé de rester en
de rester, je le lais avec bonheur. Mon plus Suède, bien que ce fùl le seul moyen de saugrand délice est de vous faire ma cour .... ver ma fortune. On m'a assuré que, si j'étais
Mais vous, de votre côté, ayez du courage: rentré, le roi de Suède m'aurait offert un
consentez à me recevoir, une seule fois, pas régiment, avec le titre de général. Voilà tout
davantage, et pour un demi-quart d'heure! JJ ce que j'ai sacrifié! Et qu'ai-je reçu en
Sophie•Dorothée consent. Kœnigsmarck lui échange? &gt;&gt;
Peut-être n'avait-il pas encore, à ce moécrit, en manière de remerciement : c1 Les.
moments me semblent des siècles. Que les ment, « reçu en échange » la seule fanur
heures sont longues à passer ! Ne manquez qu'il convoitàt; mais il la reçut certainement
pas d'a\'oir sous la main de l'eau de la Reine dès son retour à Hanovre : « La nuit derde Hongrie, par crainte que l'excès de mon nière, - écril-il, le 9 novembre i.692, - a
bonheur me fasse m'évanouir! Quoi! j'étrein- fait de moi l'homme le plus heureux et le
drai, cette nuit, la plus aimable des femmes! plus satisfait du monde. Vos baisers m'ont
Je pourrai baiser sa bouche charmante! Je prouvé votre tendresse, et je ne doute plus de
pourrai entendre de ses lèvres l'aveu de son votre amour pour moi. l&gt; C'est vers le même
amour! J'aurai la joie d'embrasser ses ge- temps qu'il renoue son ancienne liaison avec
noux : mes larmes couleront le long de ses la comtesse Plalen. Sophie-Dorothée le lui
incomparables joues! Je tiendrai dans mes reproche: il avoue quelques entretiens, un
échange de compliments; _et, de nouveau, il
bras le plus beau corps qui soit ! "
Une brute, voilà ce qu'est au juste le beau s'avise de paraître jaloux, accusant sa maiKœnigsmarck, et une brute pleine de ruse tresse de le tromper avec son beau-frère, à
dans sa grossièreté : car la princesse, à ce qui elle n'a pas dit un mol depuis plus d'un
moment, n'est pas encore résignée le moins an. Mais, au reste, il se sent désormais si sùr
du monde à se donner à lui, mais il devine de sa conquête qu'il prend de moim; en
qu'elle l'aime, il la sait triste, timide, inex- moins la peine d~ se disculper. Ce qu'il veut,
périmentée, et évidemment il espère la con- c'est que Sophie-Dorothéè obtienne de ,es
quérir de force. Puis, voyant que la force ne parents, qui sont fort riches, une pension lui
lui réussit pas (car elle ne parait pas lui avoir permettant de vivre avec éclat auprès de
d'abord réussi), il recourt à d'autres arti- quelque cour étrangère : car il sent que ~a
fices. « Hon attitude à l'égard de la duche.sse propre situation à llanovre devient de plus
de Saxe-Eisenach doit vous avoir montré que en plus difficile; il se voit presque entièremon cœur est tout à vous, et que nulle autre ment ruiné par ses dettes de jeu, et il rêve
beauté n'y saurait trouver place, pas même d'émigrer dans un pays où il puisse se faire
celle de cette princesse .... Avez-vous remar- gloire de sa princière conquête, sans risquer
qué comme elle m'a attaqué? ,, Sophie-Doro- pour cela de mourir de faim~
&lt;c Je suis ravi d'apprendre, - écrit-il à
thée lui propose., alors, de s'enfuir avec lui
dans quelque recoin caché, où ils pourront Sophie-Dorothée le 17 juin 169:\, - que
s'aimer librement. Et Kœnigsmarck s'em- votre père commence à vous écouter : avec
presse d'enregistrer cette proposition, mais l'aide de votre mère, peut-être pourrez-veus
en donnant à entendre à son amie que mieux réussir dans votre projet, à la condition que
vaµdrait, pour elle, garder son rang et sa ,•os efforts ne se relâchent point. N'oubliez
fortune, et rester princesse tout en le prenant pas que c'est l'unique moyen, pour nous, de
devenir heureux! . .. Si vos parents vous propour amant.
Il part ensuite, avec l'armée hanovrienne, mettent quelque chose de substantiel, conpour la campagne de Flandre : et nous voyons sentez à écrire tout ce qu'ils voudront; mais
commencer un nouvel acte de la comédie. 'gardez-vous d'être jouée par eux! » Quelques
Durant les loisirs que lui laisse la campagne, jours plus tard: c( Votre mère, me ditesKœnigsmarck s'amuse: il joue, il donne des vous, a promis de vous donner deux mille
fêtes, et avec tant de brui1 que la nouvelle couronnes. Je crains que ce ne soit beaucoup
de ses divertissements ne tarde pas à parvenir trop peu pour ce que nous voulons. Mais
jusqu'à Sophie-Dorothée. Mais Kœnigsmarck 1 peut-être le ciel fera-t-il que votre père, lui
pour calmer la jalousie de sa maîlresse, ima- aussi, consente à vous écouter I lJ Le 2 juillet,
gine de paraître jaloux. Il accable la malheu- Kœnigsmarck perd courage : « Je suis déreuse de reproches au sujet de bals où elle solé d'apprendre que vol.re mère s'est queserait allée, de conversations qu'elle aurait rellée avec votre père au sujet du bâtard. On
eues avec des jeunes gens: et toutes les let- devine sans peine qui des deux esl le plus
tres de Sophie-Dorothée ne sont remplies que faible, et je crains que nous n'ayons rien à
d'explications, de justifications, de réponses espérer. Vous serez forcée de vous consacrer
à des accusations imaginaires qu'elle prend plus étroitement que jamais à votre mari, et
ari sérieux, tandis qu'on devine aussitôt l'uni- moi, j'aurai à chercher quelque autre coin
que motif qui les a inspirées. Quand elle se du monde, où je mendierai pour avoir à
hasarde à lui rappeler doucement qu'il a manger! )J Mais le découragement ne dure
laissé passer trois postes sans lui écrire, il que peu de jours, et, dès le 6 août, Kœnigsse fâche, menace de rompre, et affirme qu'il marck enjoint de nouveau à sa maîtresse de
n'a laissé passer que deux postes, el non poursuivre ses démarches auprès de ses patrois. Ou bien encore il énumère à la jeune rents. « Ne vous laissez pas conduire ainsi
femme tous les sacrifices qu'il a faits pour par le nez I C'est vraiment une honte l lJ J'us-

Lli

PR_1NCESSE SOP111E-DOJ(OT1IÉE

qu'au début de l'année suivanle, l'amant n'a je ne crois pas qu'aucune d'elles nous apIll
pas d'autre pensée que de contraindre sa prenne, avec quelque certilude, s'il aime ou
maît~esseà o_bte~ir, de ses parents, celle grosse n'aime pas la jeune femme pour qui il Ya
Sophie-Dorothée.
pen_s10n, qui puisse les faire vivre tous dem.. mourir. On devine parfois qu'il Ja désire,
(( St votre père est ruiné par les frais de la pour sa beaulé et pour son luxe, surtout
M~is, qu'il ail aimé ou non, peu d'hommes
gue:re, - lui écrit-il en novembre, - toute pour ce titre de princesse qui l'aura sans cerlamement ont été plus aimés. Et si, malesp~rance est perdue pour nous; mais je ne doute, dès le début, alliré vers elle. Mais, gré sa mort héroïque, les lecteurs de ses
crms pas que les demandes des Danois soient d'autres fois, l'expression même de ce désir lellres ne peuv~nt se défendre de le mépriser,
assez exorbitantes pour le meure à sec. J)
sonne faux; el jamais, en tout cas, elle ne p;rso~ne certamement ne pourra se défendre
Ses. lettres continuent, cependant, a être s'accompagne d'un vrai cri de tendresse. d adnnrer et de plaindre, malgré sa faute, la
remplies de protestations d'amour el de fidé- Kœnigsmarck gronde la jeune femme, il la mall_1eureuse jeune femme qui s'est livrée
lité. liais. le lo~ y devient sans cesse plus flatte, il lui commande : jamais on ne sent à lu'. t?ut_ entière. Voici une des lettres qu'elle
dur, plus 1mpat1cnt, et l'on y rencontre sou- qu'il s'unisse lt elle, qu'il essaie de la com- lu~ ecr1va1t, la dernière de ses lettres qui nous
vent des passages tels que œlui-ci : cc La vie prendre, ou simplement qu'il la plaianc. smt parvenue :
que je mène depuis le r13tour de la cour doit Seule, sa mort est bien d'un amant. SopÎiieVous êtes parli depuis six jours, cl je n'ai pas
,[e le ~rains, vous donner plus d'un motif d~ Dorothée a décidé avec lui, dans les dern iers
Jalousie : car je passe toutes les nuits à jouer jours de juin, qu'elle s'enfoirait, le 2 juillet, enc~re re..;u un seul mol de ,·ous. Par quoi ai•jc
avec des dames, et sans vanité, elles ne sont à \\'olfenbiillel, où il doit la rejoindre. Il est mérité. d'~trc ainsi traitée? Est-ce parce que je
pas laides ni d'u_n _rang modeste. J'implore lui-même en toute sûreté à Dresde, il sait ::ou~ ~J :wné j~sc1.~';\ l':1d?ralion, parce que je
ou:s a1 tout sacrifie? Mais a quoi bon vous rappevotre pardon 1 mais Je ne puis pas vivre sans que son retour à Hanovre risquera de le ler tout .cela'? 1ron incertitude est pire que la
un peu de plaisir, et l'une de ces dames vous perdre. Et cependant il revient à Hanovre il mort :.rien ne yeul égaler les tourments qu'elle
ressemble si fort que je ne puis m'empêcher se présente, la nuit, chez sa maitresse, la m? fait soulTnr. Ouellc cruelle destinée est la
de m'attarder en sa compagnie. Vous serez force à le recevoir; et c'est au sorlir de chez mienne, grand Dieu! Quelle honte d'aimer ainsi
curi~us~ de savoir son nom, mais je ne vous elle qu'il meurt, en héros. li l'aimait donc
c~ sans èl_rc aimé:! Ala~s j'étais née pour vou;
le d1ra1 pas, par crainte que vous ne me et plus profondément que n'en témoignen~ aimer, _et JC vous a1mera1 tant que je vi,Tai. S'il
défendiez de lui faire la cour. ,, Il donne des ses lettres! Ou peut-être le danger a-t-il, e~t .vrai qt!e vous a~·ez changé, - et j'ai une infi.
mle de nusons_pour le craindre, _ je ne vous
soupers et des bals, et le dit à sa
sou~a,te. pas d'autre punition que de
maitresse, ajoutant seulement qu'il
JJC pma1s trouver une fidélité el un
s'y ennuie lori. A quoi la malheuamour sembla hies aux miens. Je souhaite
reuse jeune fëmme, qu'il paraît avoir
qu'en dépit du plaisir que vous pourrez
dès lors complètement terrorisée,
prendre_ à d~ nouvelles conquêtes, vous
n'ose plusmème opposer l'ombre d'un
ne cessiez pornt ~e regrcller l'amour et
reproche : « Puisque vom me dites
la tendresse que Je vou:, ai montrés. Je
\'?us. aime plus qu'une femme n'a jamnis
que votre souper était ennuyeux et
,mne un homme. Mais je vous répète
triste, et que l'on s'est séparé très
trop souvent les mêmes choses, ,,ous
tôt, - écrit-elle, - je dois vous
devez en être fatigué. Ne vous en fàchez
croire, bien que Stubenlol m'ait afÏlrpas, _je vous en _supplie, ne m'ôtez pas
mé que vous aviez été le plus gai des
la tnste consolation de pouvoir me pl:iinhôtes, et qu'on n'était parti que longdre de votre dureté ! Je n'ai pas i·eçu
temps après minuit! » Sûr de la
u~ seul mot de vous : tout conspire il
soumission de Sophie-Dorothée, Kœm accalJler. Peut.être, en plus du malni3smarck, évidemment, se croit tout
~lcur de n'êll'C plus aimée de vous suisJC :i la veilJe d'être définitirnmen't perpermis. li n'a d'égard ni pour le
~ue; C'est !rop_pour moi, d'un seul coup:
rang de son amie, ni pour sa siluaJe n Y survivra, pas! Adieu, je vous partion et les dangers où il l'expose sans
d ,~11nc tout ce que \'OUS me failcs soul'...
cesse. Libre, lui-même, de ses actes,
fnr!
il entend l'avoirtoujoursàses ordres.
Voici un billet qu'il lui écrit, au mo. Oui vraiment, elle c&lt; était née pour
ment où déjà leurs amours sont con.11~er
l&gt; cet homme grossier et dur
nues de tous, et où l'on épie Jeurs
qm
cc Ja faisait souffrir ! )J Et
moindres mouvements : « Je ne suis
~I. \Vilkins a bien raison d'évoquer,
pas content de votre conduite. Vous
a propos de son aventure, l'imme fixez un rendez-vous, et puis vous
mortel souvenir de Tristan et d'Jso)me laissez geler à mort &lt;lans le froid,
de. Comme l'héroïne du drame de
altendartt le signal. Vous saviez pourWagner, la princesse de Hanovre
tant que j'étais là, de onze heures à
nous apparait victime d'une nécesu~e heure, faisant les cent pas au
5..ité mauvaise qui, peu à peu, lui
corn de la r.ue ! Je ne saï:&gt; que penote toute force de résister et de se
ser, mais je puis à peine cloudéfendre.
ter de votre jnconstance, après
Mariée à un butor rrui la déteste
L\ PRINCESSE SOPJIIE-DJROTHÉE,
c~ avoir reçu une preuve si _glaentourée
d'ennemis qui s'acharnea~
ciale.... Soyez tranquille, je m'en o·après une peinture ano:1yme longtemps conurvee au cl!Steau :i'.4.hlim .
à l'humilier et à la tourmenter
irai au plus vile 1 .tdieu donc! Delongle~ps el!e n'a de pensée qu;
main matin, je pars pour Hambourg. » dans ces tragi11ucs journées, éveillé soudain
pour son de,·01r : mais, du jour où KœoiasTel est Kœnigs~arck, à le juger d'après el exalté son désir? Peut-être lui a-l•il insmarck lui écrit pour la première fois on s:nt
s~s leUre_s à Soph1e-Dorotbée. Et je regrette piré pour Sophie-Dorothée l'étrange senti•
qu ,e1le ne va plus cesser de lui appartenir
d av01r dit que ces lettres nous ré,·élaient son ment qui devait pousser plus tard un autre
Elle-même le sent, avec un mélange d'épou~
cœur tout entier : car, parmi tant de rensei- aventurier, Lassalle, à courir avec la même vante et de ravissement.
gnemenls qu'elles nous fournissent sur lui
• folie au-devant de la mort?
El de jour en jour elle s'abandonne daraa-

ïi

~
·~ ---....

VII -

lhSTORL\. - Fasc. So.
b

�L'ES NOYJtD'ES D'E NJtNT'ES _ _ "

'fl1ST0~1.ll---------------------~
tage à la passion qui s'est emparée d'elle,
de jour en jour ses lettres nous la font
voir plus tendre, phis humble, plus docile,
plus aveuglément résignée à subir la brutale domination de son infidèle et cruel
ami; jusqu'à cc qu'enfin, comme Isolde, elle

oublie, à force d'amour, tout le resle du
monde, et s'expose, presque volontairement,
aux pires dangers. Avec cela, toujours timide
el douce, restant jusqu'à la fin I l'enfant u que
Kœnirrsmarck
lui reproche d'être.
C
,
Ses lettres, même dans la traduction an-

glaisr, ont un charme, unegràce, un parfum
délicieux.
Puisse-t-on nous en offrir bientôt le texte
français, de façon à nous rendre familière,
dans son relief vivant, l'aimable et tragique
figure de la princesse Sophie-Dorothée!
TEODOR DE

\\"YZE\\".\,

Les noyades de Nantes

Entre l'Jlistoire hâbleuse, telle que la concevaient quelques romantiques, cl la maussade nomenclature des pièces d'archives, il y
a, quoi donc? Disons, en appela~t l~s c~oses
par leur nom, c1u'il reste le droit d avoir du
talent. li n'est pas donné à tout le monde
d'en pouvoir user. Voici quelques années, au
moment de la première Yogue des méthodes
tudesques, l'exercice de ce droit faillit devenir
dan(Tereux; la prétention d'intéresser les lecteu;s fut assimilée à un délit intellectuel.
Vous souvient-il du ton de commisération
avec lequel de tout jeunes rongeurs de paperasses laissaient tomber cette sentence: (( C'est
de la littérature»? Mon Dieu, sans parler de
Tliücydide ni de Salluste, ce sont d'impénitents liltérateurs que les La,•1sse, les Lucbairc,
les Sorel, les Vanda), les Frédéric Masson, les
Jullian, tous nos maitres. Le singulier despotisme qui, sous pré~exte c,ue des aventures
sont arrivées, prétend mterd1re de les raconter
bien! Celle cruelle théorie a passé de mode;
licence est de nouveau donnée à lllistoire de
fiaurer parmi lrs genres littéraires. Provisoir:ment du moins, il n'est plus déFendu aux
historiens de saroir écrire.
Parmi ceux qui croient deYoir profiter de
la permission, un des plus zélés .~t d.es plus
populaires est M. G. Lenotre. S 1I a,me
archives et les vieux cartons, et la poussrnrc
des •relTes et l'odeur fade des études de noo
'
'
.
taires, demandez-le a tous les dragons qui
•ardent du passé. Mais après qu'il a !ail son
butin de trouYailles, à ces témoignages de la
mort ce que Lenotre demande, c'est de la
vie. Ce curieux est poète, ce chercheur est
homme de théâtre. li apporte dans l'intelli"ence des drames anciens une sorte de lyrisme
~crupuleu1; tout son souci d'exactitude ne
rend que plus émomante la vérité. Rien
d'aussi difficile que de rester véridique en se
passionnant; là sont le mérite. de. ce. s~duisant historien, son secret de plaire al éhte el
à la foule, la raison de son heureuse influence.
Son dernier livre, qui a pour titre les Noyades de Nantes, est épouvantable. Et comment

.!es

ne point épouvanlcr alors qu'on raconte la
Terreur nantaise'? Napoléon, qui se plaisait
aux histoires fantastiques, évoquait ce sanglant souvenir pendant une des mornes soirées de Sainte-Hélène. « Laissons cela! s'écria-t-il tout à coup; on n'a rien vu de comparable en horreur. 1&gt; Voilà justement où un
Lamartine, par exemple, regardant dans cet
enfer du haut de sa subjectivité, ne savait
ou ne daignait pas se contenter de .la vér!t~;
il était dans l'essence de ce magnamme geme
d'ajouter du laid à la laideur et d'embellir le
beau.
Irautres conteurs, après Lamartine, plus
hâtifs encore avec moins de magnificence,
onl tenté la légende de cette horrible histoire. Ils ont été iuférieurs au réel, parce
qu'il était impossible d'ajouter du crime à
Carrier ; ici le document dépasse en pathétique les pires cauchemars. L'art de Lenolre,
en ce récit des misères de Nantes, consiste à
écrire docilement, sous la dictée des témoins,
et c'est plus qu'il n'en faut pour faire frissonner.
Les pi!'CS atrocités ont rencontré, sinon des
panégrristes, du moins fingénieux déîenseurs pour leur découvrir des circonstances
atténuantes. On a vu les inquisiteurs de Philippe li, les lomes de Machecoul, les tueurs
des massacres de Septembre bénéficier des
plaidoj'ers de l'esprit de parti. Jamais une
voix, fût-elle du plus sot des sectaires, ne
s'est élevée en foreur de Carrier. Le proconsul de Nantes est le lépreux de l'llistoire. Ce
qu'a fait cet homme, chacun le sait à peu
prè~, mais il est terrifiant de le rapprendre
détails par détails : la tragédie des noyades,
trente fois reprise, des enfants assassinés par
centaines, plus de quatre mille victimes, six
mois de folie homicide, une ville martyrisée
par une sorte de bouffon sanguinaire, et tout
ce qu'on ignore! Un Carrier, quelle absurde
énigme! ~l. Lenolre traîne en pleine lumière
cette hèle de nuit.
Malgré toute la pénétration de l'historien
et sa véracité implacable, ce bourreau de-

meure incompréhensible. Ëtail-ce un fou? A
coup sûr un affolé. Les fantaisies du Comité
de salut public étaient créatrices de démences . &lt;&lt; D'un mince procureur de province, dit
M. Lenolre, confiné dans la chicane et les
roueries professionnelles, la loterie des révolutions et l'impéritie du Comité avaient fait
un autocrate tout-puissant, disposant d'un
pouvoir supérieur à celui qu'ayaient exercé
les rois. » Voici non point l'excuse, mais
l'explication de ces subites métamorphoses
de niais quelconques en scélérats. On vient
dire au premier venu des faméliques, brûlé
de convoitises, rongé de rancunes : &lt;! Désormais, tu seras tout-puissant. l&gt; On costume
ce pauvre hère en saltimbanque guerrier,
aYec un panache, un grand sabre et toute
une rhétorique tapageuse dans sa chétive
cervelle; le voilà làché en pleine omnipotence. Edgar Quinet, en ses loisirs d'exilé,
médilait ainsi sur la Terreur : « Donner à
des individus la puissance de lâcher bride à
toutes leurs fureurs, et attendre qu'ils demeurent dans les limites de la raison. c'est
trop exiger de la nature humaine. Jureriezvous qu'en de semblables conditions votre
raison resterait tout entière? &gt;&gt; Qu'était-ce
que Carrier? Le dernier des bavards de clubs,
un chicanons affamé, moins que rien. Sous le
chapeau à plumes, la faible tête a éclaté.
Cette Nantes de l'an li était une chaudière
de fureurs; toutes les pestilences de la guerre
civile montaient de la Loire. Brigands, fédé•
ralistes, mouchoirs rouges, habits Oleus, jacobins, feuillants, hébertistcs, c'était à qui,
dans celle cité de négriers enrichis el de corsaires, souhaitait l'extermination de son misin. Le raté, improvisé empereur I avait pour
instmctioos : « Purger le corps politique de
toutes les mauvaises humeurs lfUÎ y circulent. 1&gt; !!uni d'un pareil pouvoir, il tombait
au milieu d'exaspérés qui hurlaient la mort.
Peut-être en une autre atmosph~re n'eût-il
été qu'un imbécile; ne respirant que folie,
il devint fou, et assafsin, n'entendant que
des haines.

M. Lenotre explique à merveille que si
odieux qu'ait été Carrier, la Terreur nantaise
ne fut pas le crime d'un seul homme. Quel
chapitre des annales de la peur que cette
abdication de quatre-vingt-dix mille citoiens
devant une poignée de gredins, et lesquels!
Le papelard Bachelier, le créole jouisseur
Goullin, et Robin, le voyou sinistre qui chantait des vaudmilles au lendemain des noyades, cent drôles tout au plus. Avant d'arriver
à Nantes, Carrier, dans ses missions antérieures, ne s'était pas montré inutilement
féroce. C'est à se demander si le secret de sa
scélératesse ne fut pas tout entier dans sa
làcheté; il était bassement pleutre, ayant fui
à Cholet, poursuivi par les huées de Kléber,
Ses acolytes du comité révolutionnaire de
Nantes et ses prétoriens haillonneux l'au~aient égorgé au premier soupçon de tiédeur;
11 se fit loup pour n'être point dévoré. li
finassait, évitait de donner des ordres écrits,
s'abritait sous de misérables équivoques, allait vivre à la campagne, se rendait inacces~ible _à tous. Songeait-il à se réserver des
alibis et des excuses pour le jour où tournerait le vent? Pas même. Il agissait ainsi par
couardise naturelle, non par calcul. li y avait
dans les bas-fonds de cette âme on ne sait
quelle ignoble candeur; peut-être se croyait-il
irréprochable. Le Comité de salut public le
rappela, non certes à cause de ses crimes,
mais pour avoir déplu au jeune Jullien, ambassadeur particulier de Robespierre. Il fut
mandé à Paris le plus courtoisement du
monde : « Tes travaux multiples méritent
que tu te reposes quelques instants, et tes

collègues te reverront avec plaisir dans le
sein de la Convention nationale. " Dans l'Assemblée, où il reprend sa place, son attitude
n'est aucunement celle d'un homme qui regrette quoi que ce soit; il dit son mot au
besoin, il est écouté . Robespierre le haïssait,
mais point du tout pour ce qu'on pourrait
croire : cet bébertiste honteux n'était pas de
la coterie de chez Duplay. A la chute de Maximilien, Carrier applaudit hruJamment. Au
lendemain de thermidor il est encore impuni
et tranquille. Cependant ses complices du
comité nantais sont traînés au tribunal révolutionnaire; il fait encore le rève naïf d'échapper à celle redoutable enquête. Mais Bachelier, Chaux, Goullin, tous les autres, n'ont
que son nom à la bouche : ils le vocifèrent,
la rue fait chorus, la Convention s'émeut,
elle nomme une commission de vingt et un
membres pour étudier la Terreur nantaise.
Carrier, sommé de s'expliquer, persiste toujours à se demander ce que peut bien lui vouloir cette Assemblée qui, naguère, acclamait
ses dépêches. li argumente, avec ses formules
de cuistre : « J'ai conserré Nantes à la République, j'envisage le brasier de Scévola, la
ciguë de Socrate, l'épée de Caton, l'échafaud
de Sydney. , Et puis, dans une minute de
génie, il Iàche ce mot immortel, le résumé
des dix-huit mois de la Terreur : &lt;1 Tout est
coupable ici, jusqu'à la clor.helte du président! 1&gt; Avec cette parole et la réplique de
Malet : « Mes complices? Vous, si j'avais
réussi! &gt;&gt;, quelqu'un a osé prétendre qu'on
tenait toute la philosophie de l'histoire.
Enfin on le vit sur la sellette. La réproba-

lion universelle l'y avait poussé. L'horreur
qu'il inspirait était telle que l'alTreuse bande
de ses complices, non moins criminelle que·
lui, en parut soudain innocentée. On lui joua
la vieille comédie du bouc d'Israël. Le président du tribunal rév-olutionnaire, Dobsent,
un fantoche, après soixante jours d'audience,
apporta un verdict sinistrement comique :
seuls, Carrier et deux brutes, l'égorgeur Pinard el le noyeur Grandmaison, se VO}"aient
condamnés. Toute l'infâme séquelle était acquittée, « convaincus, dit le texte bouffon,
mais ne l'ayant pas fait avec des intentions
criminelles et contre-réYolutionnaires ». Uohsent termina ce carnaval judiciaire par une
petite homélie qui a l'air d'un toast : « Allez
jouir des embrassements de vos familles et
de \'OS amis, el après l'effusion de ces premiers sentiment!I, employez bien cette liberté
qui va vous être restituée après la pénible
épreuve que \'Ous venez de traverser. n Le
premier usa~e que les sympathiques acquittés
firent de leur liberté, ce fut d'aller diner chez
Méot, au Palais-Égalité, à cinquante francs
par tète. Quelques convives, en goguette,
quittèrent la table pour aller voir guillotiner
l'ancien patron. Devant la mort, Carrier eut
une sorlt! de sombre courage, l'attitude négatil'e et méprisante de quelqu'un qui ne
comprend toujours pas. Cette obscure conscience était sur la conscience publique en
retard de dix-huit mois. A-t-il senti, à l'heure
suprême, quelque chose qui ressemblât à
du remords? Il se disait peut-être : , li est
possible que je sois un monstre, mais les
honnêtes gens sont de drôles de corps! 1&gt;
IIENRV

ROUJON,

IU l'Académie française.

Palette royale
Les vertus et les lumières des grands sont
toujours démontrées parleur conduite; quant
à leurs talents, cette partie reste dans l'apanage des flatteurs, de manière à n'avoir jamais
de preuves authentiques sur leur réalité; et
quand on a vécu près d'eux il est très pardonnable de mettre leurs talents en doute.
S'ils dessinent ou peignent, un habile artiste
est toüjours là qui dirige le crayon par le
conseil, quand il ne le fait pas de sa propre
main; qui prépare la :palette, amalgame les
couleurs d'où dépend le coloris. Si une princesse entreprend quelque broderie nuancée,
de la nature de celles qui peuvent prendre
leur place parmi les productions des arts,
une habile brodeuse défait et recommence ce
qui a été manqué, passe des soies sur les
teintes négligées. Si la princesse est musicienne, il n'y '.a pas d'oreilles qui jugent si

elle a chanté faux, ou au moins il n'existe
personne capable de le dire : ce sont de
lége_rs inconvénients que ce manque de perfcctwn dans les talents des g;ands. S'en occuper, quoique médiocrement, est un mérite
qui suffit en eux, puisque leur seul goùt et
la protection qu'ils leur accordent, les font
éclore de toutes parts. Marie Leczinska aimait
la peinture, et croyait savoir dessiner et peindre; elle avait un maitre de dessin qui passait
toutes ses journées dans son cabinet. Elle
entreprit de peindre quatre grands tableaux
chinois, dont elle voulait orner un salon intérieur, enrichi de porcelaines rares et de très
beaux marbres de laque. Ce peintre était
chargé de faire le paysage et le fond des
tableaux; il traçait au crayon les personnages i les figures et les bras étaient aussi
conl1és par la reine à son propre pinceau;
elle ne s'ét_aiL réservé que les draperies el les
petits accessoires. La reine, tous les matins,
sur le trait indiqué, venait placer un peu de
couleur ronge, b!euc ou verte, que le maitre
préparait sur la palette, et dont il garnissait
à chaque fois son pinceau, en répétant sans

cesse: &lt;&lt; Plus haut, plus bas, madame, à
droite, à gauche. :1 .\près une heure de travail, la me.sse à entendre, quelques autres
devoirs de piété ou de famille appelaient Sa
Majesté; et le peintre, mettant des omb;es
aux vêtements peints par elle, enleîant les
couches de peinture où elle en avait trop
placé, terminait les petites figures. L'entreprise finie, le salon intérieur fut décoré de
l'ouvrage de la reine, et l'entière confiance
de cette vertueuse princesse que cet ou vra"e
était celui de ses mains fut telle, que, légua~t
ce cabinet à madame la comtesse de Noailles,
sa dame d'honneur, les tableaux et tous les
meubles dont il était décoré, elle ajouta à
l'article de ce legs : « Les tableaux de mon
cabinet étant mon propre OU\'rage, j'espère
que madame la comtesse de :-loailles les conservera par amour pour moi. )l Madame de
Noailles, depuis maréchale de Mouchy, fit
construire un pavillon de plus â son hôtel du
faubourg Saint-Germ~in, pour y placer dignement le legs de la reine, et fit graler en lettres d'or sur la porte d'entrée l'innocent mensonge de cette bonne princesse.
MADA&gt;IE

CA:\IP AN.

�. _________________________________
Lë BOllŒA'J/.DëJIŒNT - - ,

commandement militaire comme le reste à
l'anarchie, tandis que ce commandement
perdait le peu de prestige qui lui rest.it encore,
Pn se donnant en pâture, a\'ee une longanimité qui n'était que de la faiblesse, aux di\'agations virulentes de la presse et des dubs.
Telle était la situation gouvernementale,
qui, ainsi qu'on le voit, n'arait rien de
rassurant. La suspicion où était tenu maintenant le général Trochu avait grandi à ce
point qu'il était question, dans les conseils
des avocats en possession du pou\'oir, soit de
le mettre en tutelle, soit mème de le remplacer. a -Le moment est venu où le gouvernament dnit lui-mème conduire les opé1'(ltions militaires o, disait Jules Favre, et
M. Arago. qui s'opposait au remplacement du
général Trochu parce qu'il entendait au préalable « réclamer de son successeur une profession dé foi républicaine "• adjurait le
gouverneur de commander désormais l'armée
1 en citoyen résolu à tenter des efforts extraordinaires, en dehors de toutes les l'ègles
militaires I n. C'est à des divagations de ce
genre que le gouvernement occupait ses
séances, pendant lesquelles les p,·opositions les
plus fantaisistes étaient successivement pré-

UNE GARDE AU.\'. RE.\IPARTS (BASTION ~ l), -

Tableau de

sentées par des gens dont les aptitudes au rôle
d'hommes d'Etat se montraient là sous leur
,·rai jour, mais où, somme toute, on ne résolvait rien, sinon qu'on ne confierait jamais la
défense de la République à/' e.r-sénateu,· Vinol'.
Cependant, les souffrances morales el matérielles de la malheureuse population parisienne atteignaient déjà un degr1\ d'acuité terrible. Les premières avaient principalement
pour cause le découragement qui, régulièrement, succédait au déluge de fausses nouvelJcs
que propageait la presse, qu'encourageait le
gouvernement, et que le public colportait de
bouche en bouche, se prJparant ainsi les plus
amères déceptions. Tantôt on avait capturé la
natte prussienne, tanlùt on avait battu l'armée
entière du prince Frédéric-Charles, tantôt on
annonçait l'arri\'ée de l'armt\e de la Loire aux
environs de Fontainebleau. Loin de meure la
population en garde contre ces rumeurs fantaisistes, le Joumal officiel publiait de temps
en temps des communiqués rédigt'•s par une
plume habile et où la gravité de nos échec,
était toujours masquée sous des artifices de
langage qui trouvaient pour le présent des
excuses et pour l'avenir des promesses dont
on ne voyait jamais la réalisation. a Ces espé-

rances chaque jour renaissantes, chaque jour
éteintes, ces joies détruites, ces attentes
anxieuses conduisaient plus ~ùrement au
desespoir que Ja vérité, si triste qu'cl1e pùt
être; les esprits les mieux équilibrés tombaient
dans un état riaient, voisin d'une sorte de
folie que l'on a appelée folie obsidionale•. u
Avec cela, pas de nouvelles des parents, des
amis, d1:;s pères ou des fils prisonniers en
Allemagne ou comhaltant en province, la
claustration absolue, l'isolement complet dans
la plus douloureuse des séparations!
Les tortures causées par le froid et la faim
étaient devenues terribles, surtout pour la
classe moyenne. Les économies une fois
épuisées, il al'ait fallu se contenter de la
ration journalière, qui se composait uniquement de ~00 grammes par jour d'un pain
innomable, fait de résidus et de mauvais son,
a,·ec 50 grammes de ,·iande de cheval i car le
gouvernement, après avoir, dans son imprévoyance coupable, laissé gaspiller les ,·ivres
de toute espèce au début du siège, avait d,i,
malgré des promesses solennelles, en venir
au rationnement. Ceux qui n'a,·aient pas ou
beaucoup d'argent, ou un fusil de garde
national, ou un élat reconnu d'indigence:;,

Reproduction autonsee rar laoup11 et L", t.:diteurs, P.1ris,
et E. LAPORTE.

J. GUIAUD

L'-Colonel ROUSSET

+
LE SIÈGE DE PARIS

Le Bombardement
Situation à Paris
à la fin de décembre 1870
Le piteux échec auquel venaient d'aboutir
les récents efforts de la détense de Paris avait
prornqué partout un découragement profond,
et les derniers jours de l'année 1870 s'écoulèrent dans une morne tristesse, à laquelle
faüait cortège, pour ceux que n'a,·euglait pas
la passion politique, l'angoisse des plus
sombres préoccupations. Les espoirs les mieu1
trempés s'évanouissaient devant la constatation douloureuse d'une impuissance désormais
démontrée, la foi en des jours plus heureux
disparaissait même chez les plus vigoureux
caractères, et des hommes, habituellement
Ellr:iil 1k l'//i,tnire gh1érnle ,fe la Gltl·nr fm11,0~1lle111a111lr. ISi0-1871. par lt• l.1 Co10H1 ltor•~lT.

très énergiques, ressentaient les premières
atteintes de la démoralisation.
D'autre part, la déception était grande de
tant d'illusions détruites au sujet des talents
militaires du gouverneur, à qui on avait fait
au début un crédit si large, pour aboutir
bientôt au plus complet désenchantement. Il
n'était malheureusement que trop certain,
les derniers bénements l'avaient prouvé jusqu'à l'évidence, que le général Trochu ne
possédait aucune des qualités nécessaires pour
sauver la situation compromise, et que sa
direction accusait des résultats de jour en
jour moins brillants. « On lui reprochait de
n'avoir pas su se senir des ressources qu'il
avait dans les mains et d'avoir compromis Ja
défense par une tactique malheureuse qui
1:rlilion tléti11i!i1t'. Deux hl'nux ,·ol11mrs (in--i-" ,le bililiotl1C,11w. Jub T::allandicr, l•(liicur.

consistait à en"a"er
ses troupes et à, les retio O
rer, sans jamais occuper un des porn.ts atta_qués. La popularité immemc dont 11 ava!t
joui au commencement el pendant les trois
premiers mois du siège avait fait place à une
hostilité qui grandissait chaque jour'. u Le
rrou,·ernemeot lui-même, qui s'était imaginé
Ïongtemps que son président, par cela mème
qu'il n'était point person« gmla à la. Cour
des Tuileries, devait posséder tous les mentes,
commençait à s'apercevoir de son erreur e~ à
danuereux « de le laisser désormais,
J·urrer
o guideo et sans contro'l e, d.cc1'd er souve•
san3
rainement des opérations qui pou raient_ en_core
être tentées ». L'autorité du g:énérnliss1me,
~ i peu etlecth'e qu'elle fi'tl, s_ubissa~t dom:
une grave atteinte qui menaçait de huer le
1. ,Jul&lt;'s
11aliom1le,

~•\\'RE

1

f,e Goiu•enwme11l tir Ill D!{t•11Jt

tome Il, 1mgc I08.

l:NE CAY[ H:Œ.ANT LE DO.MU.ARCE.MENT. -

1. Prorl'!Herbaux dr!f ,éw1rrs du Goui•rr11n11r11t
tle li, Difrmse natio11ale St•anccs llt&gt;s 21, 2~, N
26 déc('mbre 1870 .

Tatlt,w de

J.

DIDIER

2. Gl•n!!ral Di:cnor, /,a Défow de Pam, tomr Ill,

pai:te 211.

3. Ceux-&lt;;i au moins trom·aienl dnn,. la chnritC' pu-

"""85 """

tl

J. Gt:!Al'D•
hliqu&lt;', toujours nilmiruhlc, des rf''-~ources que_ l1
cla~e moyenne N la !)&lt;'Ille buurgrol'-'Ïc ne JJOument
pas partager.

�111STOR._1.Jl
classe de la société qu'elles appartinssent, se
sont monlrées admirables. Leur courage résigné dans les privations, leur stoïcisme dnns
les larmes, leurs attentions délicates et raffinées auprès des blessés et des mourants sont
au-dessus
de tout éloge. Les riches, dont les
des ra\·a~es de jour en jour plus terribles, et
voitures
blasonnées
étaient remisées faute de
la variole principalement, du 18 septembre
cheYaux, venaient à pied chaque jour aux
1870 au 24 février 187 l, date' de l'armistice,
baraques des Champs-Elysées ou 11 l'ambufaisait 64,200 victimes, soit 42,000 de plus
lance du Grand-Hôtel, assister aux cliniques
que pendant la période correspondante de
de Nélaton, de Jlicord, de Péan, de tout ce
1869-1870. Quant à la mortalité des enfants
que l'Ecole de médecine complait d'illustre,
en bas âge, elle était eJTroyablc, et elle atteiel faire les pansements les plus répugnants el
~nit pendant une seule semaine, la dernière
parfois les plus dangereux. D'autfes allaient
du siège, le chiffre épouvantable de 2,500 !
jusqu'aux
abords des champs de bataille
Rien de tout cela cependant n'empêchait
accompagner
les ambulances de la Société de
les clubs de fonctionner, les journaux de
secours aux blessés. Les actrices prodiguaient
divaguer, les sophistes de déclamer. &lt;( Les
leurs soins aux soldats soignés dans leurs
attaques les plus violentes, les appels à l'inthéâtres transformés en hôpitaux, et toutes,
surrection, à la guerre civile, au pillage,
les
jeunes, les vieilles, les célèbres, apporDétournons
les
Jeux
de
ce
triste
lahleau;
toutes les infamies, toutes les ignominies,
taient
à ce rôle de sœur de charité la même
la
tache
qu'il
imprime
à
la
défense
honorable
toutes les obscénités ont pu être publiées,
affichées dans Paris ouvertement, au grand de la capitale française doit être ellacée par ardeur qu'elles mettaient naguère :l rempor.
le souvenir du courage que la masse de la ter des 1riomphes 1
JOUr , ..• ))
Et si le dévouement de ces favorisées du
Triste conséquence d'une faiblesse inexcu- population a montré au milieu de ses terribles
sort
fut admirable, combien plus admirable
souffrances,
de
l'abnégation
dont
elle
a
fait
sable et qui avait sa source dans les utopies
dont les membres du gouvernement s'étaient preuve, du dévouement généreux qu'elle a . encore le courage st,oïq1;1e des femmes du
nourris toute leur vie. Or, chose étrange! prodigué à la patrie et au gouvernement peuple, des petites bourgeoises, des ouvrières,
lorsqu'un d'entre eux!, frappé enfin des d'occasion qui la représenlait. En face de obligées d'attendre pendant les heures glacées
désastreuses conséquences d'une licence que quelques brailln.rds, &lt;&lt; écume co.smopolite 5 n, de l'aube, dans la boue gluante et froide,
rien, ni le bon sens, ni le patriotisme, ni qui entendaient décréter la victoire et proclamer sous la pluie qui fouette ou le vent qui
la loi sacrée de Ja discrétion militaire ne la déchéance du roi de Prusse; en face des cingle, une maigre ration de pain de siège et
pouvaient refréner, demandait enûn, au nom exaltés, des démagogues el des sophistes, il un morceau de viande de cheval! Comme
du salut public, la suppression pure et simple faut, pour être juste, évoquer la mémoire de elles ont dù souffrir, ces pauvres créatures,
des journaux, c'était le général 1'ror,hu lui- tous ces hommes de devoir qui ont souffert rangées en file, transies et grelottantes, accamême qui, de concert avec Jules Fa,Te et sans se plainJre, de tous ces braves soldats blées sous le fardeau de leur pauvre ménage,
M. flocheforl, combattait le plus ardemment qui sont morts héroïquement, de toutes cP.s et partagées entre les soucis de la vie matérielle et l'inquiétude mortelle qui les dévorait
à chaque coup de canon! Elles n'ont cependant jamais fait entendre une plainte, jamais
poussé un cri d'impatience : leurs seules paroles étaient des caresses pour l'enfant qu'elles
porla.ient endormi sur leurs bras amaigris ....
Ces femmes qui ont souffert toutes les tortures, enduré trop souvent les tourments de
]a faim,. dont quelques-unes, dit le général
Ambert, onl dù mendier, la nuit, un morceau
de pain, ces femmes ont été de vraies héroïnes, et l'histoire leur gardera un souvenir
attendri.
L'essor de la charité a été merveilleux;
partout des hôpitaux, des ambulances, des
fourneaux économiques, où les blessés trouvaient des soins, lt:s malheureux du pain.
Dans la pitié comme dans le patriotisme,
toutes les classes, toutes les croyances, toutes
les opinions se sont un moment confondues,
et c'est bien là la portée la plus haute du
spectacle que la France a donné au monde
pendant près de cinq mois. Qu'importent
après cela les défaillances des peureux, les
cris
des énergumènes, les folies des anarClichë :\'eurdein frères.
chistes
et des braillards? Ne nous reste-t-il
SIÈGE DE PARIS : CONVOI DE BLESSÉS. - Tablea11 d e É .\IILE BOUT IGNY.
pas assez de nobles exemples pour montrer
l'inépuisable fond d'héroïsme el de vitalité
celle proposition si sage'. Quelle alierration femmes dont le noble dévouement jette sur que ce pays possède, et pour nous laisser le
d'esprit chez ce soldat si complètement égaré ces jours de deuil comme un rayonnement de droit de garder avec fierté la mémoire de
dans la politique! Et cependant, ces journaux divine charité. Les Parisiennes, à quelque ceux qui ont tant souffert'!
ne pouvaient plus ni se chaulîer ni se nour•
rir. La mortalité atteignait, par semaine, le
total énorme de 3,G00 décès; les maladies
épidémiques, qui s'élaient abatlues sur la
ville presque dès le début du siège, exerçaient

et ces clubs ne le ménageaient guère; ces
derniers surtout, où l'anarchie se prêchait à
bureau ouvert. cc Chaque jour on y demandait
la destitution du gom•erneur ou de tel fonctionnaire militaire ou autre, les visites domiciliaires, la levée en masse, la sortie torrentielle,
la Commune. Dans les réunions se formaient
des manifestations armée.i; qui allaient aux
mairies. à l'Uôtel de \ïlle, chez le gouverneur,
conseiller, ordonner ou défendre. Enfin, dans
ces réunions, était donné le mot d'ordre pour
la lentatirn d'insurrection et s'organisaient
les sociétés, telles que le Comilé central de
la garde 1wlionale ou l'ac;sociation des déiég11ës t!es 20 mTondissem,enls, qui avaient la
prétention et l'espérance de remplacer le
µ:ournrnement, espérance que les é\'éncments
de 1871 ont réalisée'.»

HISTORIA

,,

1. Gênél'nl Dc:rnoT, Loc. ('il. , tome III , pn,e-e 226.
2. Erncsl_Pic:ird..,
•

:j, Séancr du goun:1•11eme11l tenue le IO 110tembi·e 1870.

i-. f:11 q11éle Pa1·l emei1lafrf', r:ipport de )1. Clmprr.
5. Génér:il 011CRIIT, for. cil ., tome. Ill , page '217.

MARIE -AMÉLIE .DITCHE SSE DE PARME ,SŒURDE MARIE-l\NTOINETTE
CoU..- cl 1.0n d&lt;" M'° l&lt;" BARON DE SCli.L lC' H TIN O

PL ~O

�1..'E

.\\l[!lï.Al\(T Dl' T11i'.:\TRF.-FRA~ÇAIS. -

BO.MBJt'l{DEMENT - - -

Taékilll ,1',hnRl fiROt.:ILLl:T.

�r - - mSTOR,.1.ll

_________________________________,.

Bombardement de Paris

Cependant la situation preca1rc d~ la capilale n'était plus un mJ~Lère pour les
\llemand,-, 11ui }' rnyaient l'augure d'une
explosion populaire el s'étonnaient même
flu'ellc ne se fùt pas produite déjà .... lis
:1\"aicnt, dPpuis le 17 déccrnbrc, renoncé à
entamer les tra,·aux d'un si,'ge, mais ils cnlcndaient les remplacer par une aclion énergique d'un autre gcnrr, qui, en cxa~pérant
la population parisienne déj:'i singulièrement
surexcitée, la pousserait peut-être aux derniers excès. Or, le moment précis où cette
nrtion serait la plus efficace leur ~cm blait
arrill• maintenant. Tout espoir d'un secours
extérieur semblait évanoui; les Cncrgies lt!s
mieux trempées s'usaient peu à peu dans les
privai ions et les souffrances, et la faim, mauraise conseillère, pouvait au moindre événement faire sorlir de leurs repaires les émeutiers en qui M. de Bismarck ro1ailscs meilleurs
alliés. L'homme de fer qui présidait aux
destinées de l'Allemagne voulut alors profiter
de ce qu'il a appelé le moment 71sycholoyiq11e, el salisfaire à l'impatience de son
1mls, qui s'irrit:iit d'une résb-tance aus,i prodigieuse et aussi peu prérne. Am-sitôt que
tout fut prêt pour cet acte barbare, il ordonna
de rommenct'r le bombardement de Pari~.

On :nait été assrz surpris, dans l;après-midi
du :,, de voir tomber quelques obus dans les
qnarliers sud de la ,,me. Comme ils parais~aicnt
s'éparpiller sans but bien défini, on avail voulu
admettre qu'ils provenaient d'un tir mal réglé
ou de l'erreur de quelque canonnier, c.:ir h
population de Paris se refusait à croire que
les armées alll·mandcs, pal' un acte digne des
\'andales, youlussent sérieusement écraser
sous leurs obus la capitale du monde cirilisé.
Mais bienlol la persistance des coups et leur
régularité progressive ne Jai~sèrenl plus de
place ù l'illusion i il fallut ~e rendre à l't!\'id~nce ; c'était hien contre Paris que les soldats du roi Guillaume braquaient leurs canons!
Aussirôt le gouvernemPnt, &lt;' montrant plus
rlè trou Lie cl d'émoi que la population , ,
lança une proclamalion qui passa pour ainsi
1. GCuéral nrcnoT, (()(. dl., tome IV , page 11 .
:!. Jf,id., tome I\'. page 11.
:ï. Située ,;ur la lisii•re ocridrntale de la fon~l de
Uondv. enlrf' lt• c-anal ,le l'Our1·q et le chem in ,le r~r
,le Scii~~m1~.

dire inaperçue 1 ; car les habitants de '.PJris
supportaient celte suprèmc épreuve, il faut
le dire lr~s haut, a,·ec une fermeté qui doit
les ab!;:oudre de birn des rrreur~. Ils eurrnl
des accents de colère, des explosions de rage,
dè la haine, du mépri~, m~me des éclats de
rire; mais de terrei.tr, point. L'essai d'intimidation tenté par nos implacables ennemi.;
comme leur re~source dernière ne fut qu'une
inutile cruauté. Ils en recueillirent même cc
léger ridicule qui s'nttache toujours aux
grands moyens produis:rnt de petits résultats.
Quant à la chute de Pari!-, elle ne s'en lrourn
pas avancée d'un seul jour.
Cependant, dès le G janiier, tous les monument~ de la rive gauche a\·ai!'nl plu,;; ou
moins à rnuffrir. Les 'luartier..; dcl SJint-Victor, du ;ardin des l'lantc.s, de !'École militairC', du Panthéon, des Invalides, la bibliothèque Saintc-Gene,·ièl'C, le jardin du Luxcmhourg, o~ù étaient dl's haraqncmenls d'ambuhnce, l'Ecole politcchniquc rt le couvent du
Sacré-Cœur é1..1ienl sillonnés d'ohus, qni allumaient parfois des in~rndies &lt;1u'on éteignait
en h,ite. Par un r~Jouh\ement de barbarir,
les étaLfüsemcnt,; hospillliers étaient plus
pnrticulièrement visés, c·t semblaient le centre
de la zone des points de chute. L'asile d'aliénrs de Montrouge reçut, du 5 an '17 janvier,
1~7 projectiles; l'hôpilal du Yal-dc-Gràcc,
7,); laSalp1\trièrr, ;il.
On voit que le bomhardementétait méthodique. li coùln à la population cil'ilc 596
victimes (dont 107 femmes, enfants ou ,icillards::-, tuées sur le con p.
~lais, malgré ces effets trop regretlahlès,
son seul résultat immédiat fut une certaine
émiµ-ration des habilants de la rh·c gaucbc
vers la rive droite. l)'aulres « se portaient en
foule vers les quartiers bomh:trdés, pour contempler curieusement la trajectoire des olJus,
dont les gamins allaient ramasser les éclals,
qu'ils vendaient depuis 5 centimes jusq u'à
5 francs, selon leur grosseur' ». Comme les
Allemands lancèrent en tout environ 10,000
projectiles, il en est dont les recettes ont dù
être fructueuses, très certainement.
Entre tC'mps, les assiégés tentaient quelques petites opCrations conlre IC's b:illrries
ennemies de DOU\'ellc coustructinn. c·c~t
ainsi 'lue, dans la nuit du O au 10 ja1H·icr,
;i00 marins, mus les ordres du lièutenant de
Yaisseau Genai~, allèrent ùoule,·crser les tra4. Celte dcmmde l•tail si,nh~ ,les min_islrrs de
Suisse. de Sul•,le. etc lhn&lt;'mark. ile· Hrlg-1quc, des
1iay:&lt;-PIS, des Etals-l"nis cl tics consul5 générau-ç tics
ontrl's pui5,sa11c('~.

va.ux du Moulin-dc-Picrre·'N ramenèrent une
vingtaine de prisonnier:-, ~·ayant perdu, eux,
que cin'J Llcssé::;. Qnar:mle-lmit h&lt;'urrs aprè..:,
dans la nuit du 11 :m 1~, la compagnie de
rrancs-tircnrs du 122·· attaquait 1a ferme de
Nonnrrille ~. s'en emparait et y m&lt;'llait le
fou. ~lai~, al1andonnéc par deux compagnies
d'éclaireurs Ponlizac &lt;fui, n"r.c de la d~·namite, devaient faire sautrr les b,iliments, efü•
resta seule en présence des avant-posles prnssit&gt;ns qui dirigèrent anssilùl contre elle une
série de salves meurtri1\rc~. Un~ de ses sections 'lui, sous les ordres d·un orncier énergique, le mus-lieutenant Nacra, s'était nrcnturée dans les b,Himenls qui lmilaicnt, ne
put se rcpliC'r que le lendemain, après avoir
perdu 12 homme,.
Ces petites actions irnlécs et en général peu
t.fficaces n'atténuaient en rien la rigueur du
hombardemcnt, et nos hôpitaux continuaient
à soulîrir gravement de se!ii effets. Le 1:i, le
gom·ernemcnl em·oya à li. de Moltle une
protestation contre cette ,·iolation de la convention de Geni•ve, mais ne reçut qu'une réponse ddatoire, où il Nait dit « que les fait,
sirrnalés ne se reproduiraient probablem&lt;'nl
pl~s dès que les b1tterics allemandes seraient
71/m 1·approchées de l'enCPinle de /'aris, tl
qu·un temps clair rendrait le but de leur tir
plus :ipparenl )J. Ce même jour, les représentants du corps diplom3tiquc, présrnts l1
Paris, :tdrcssaienl au comte de Bismarck une
demandè tendant à ce que « des mesures
soient prises (lour permettre à leurs nationam: dè se mellre à l'abri, eux &lt;'l leurs propriétés ' ». Le thancelier leur fil connaitre,
arec une raideur narquoise, que depuis longlèmps il élait d'avis qu'une ville assit'géè ne
constituait pas &lt;c une résidence C?mcna!Jlc
pour les agents diplomatif(llCS des Etats neutres »; que cependant il ne pourait laissl'r
rn ce moment les C::trangers quilln Paris;
mais c1ue, par courloisie, il autorisait les
signataires de l'adresse à en sortir .... LPs
agents diplomatiques n'a,•aient guère qu':\
d~cliner une ofTrc présentée sous celle formf',
tt c'rst ce qu'ils firent, d'ailleurs, unanimC'ment. Telle fut la srule tentali\'e d'interv~r1tion faite par les puissances nentres pour
arrêter Jes horreurs indignes de noire temps.
En de'iors de ceUr timide prolcstation de
lt.!urs rt•présrnlants à Paris, pas une d't•lles
n'élc,·;1 la rnix en faveur de J'humanitt.:, et
toutes lais!-èn~nt foire ce que leur honneur de
na.lions civifü•ét's leu r comru:imlait impérieusement de sligmali~Pr.
L'-COLOSEL ROUSSET.

AU TEMPS DE L'EMPIRE

Tournebut
-

1804-1809 -

Par G. LENOTRE

DEUXIÈME PARTIE

prétexte qui ne blessât ni n'efneurât même JI. de Riroire, qui passa en captivité loute Ja
pas l'amour-proprr, de q11i q11e f(' soit. » Qui périodr impériale, racontait, sous la RestauCHAPITRE Il
que ce soit figure ici Savoyc-Rollin. Quel se- ration, à la famille de Combray, que tous les
cret Licquel avait-il donc découYerl qu'il prisonniers considéraient Acquet « comme
Madame Acquet (s,iile).
n'ose confier que de ri,·e Yoix rt !-eulement un e~pion, un mouchard, pendant le mois
au chef de la police générale de l'Empire? qu'il séjourna au Temple '». Après huit jours
Cel échec fut d'autant plus sensible à Lic- Nous crO)'Ons bien ne pas nous tromper en
quet qu'il avait espéré, en aUirant Allain, avani:-ant qn 'à peine arrivé à Caen il ,·enait de détention et trois semaines de surveillance
qu'Aché « serait aussi de la partie &gt;&gt;. Sans de mettre la main sur un lémnin si impor- à Paris, il était mis rn liberté et reprenait le
chemin de Donnay a.
celui-ri, 'lui était bien é,·idemment le chef de tant, mais en même temps si délicat à maLe rapprochement de ces faits et de ces
la conspiration, l'accusation, n'atteignant que nier, qu'il était effrayé lui-même de ce coup
dates
n~ permet-il pas d'induire que Licquel
des comparses, serait oLligée de passer "DUS de théâtre inattendu.
a1•a,t
dec1dé,
sans trop de peine oa peut le
silence le r&lt;ile du principal coupable et de
En furetant dans la prison où il avait croire, Acquet à se faire l'accusateur de sa
réduire, par conséquent, l'affaire aux pro- trouvé moyen de pénétrer pour rauser a,·ec
portions d'un vulgaire brigandagl'. Stimulé Lanoë el les Buquet, il avait rencontré Acquet femme? Mais le désir de ne pas se compropar ces motifs et da,antage peut-ètre par une de Férolles, bien oublié là depuis trois mois; mettre el plus encore la peur des représailles
raison d'amour-propre plus puissante encore, soit que lime Placi•ne fùt, comme le soup- fermaient, à Caen, Ja bouche de l'indirrne
Lirquet partit pour Caen. Sa joie de « prati- çonnait Vannier, employée par la police' et mari, très empressé de par1er à Paris, à c~nquer J) lui-même est si vire qu'elle perce dans eoaniît la véritable personnalité de Licquet, dition que personne ne soupçonnât le rôle
ses rapports pleins d'enlrain el de verve comi- soit que celui-ci eût trou,·é un autre intermé- qu'il assumait; d'où ce simulacre d'emprique : il se montre prenant la poste a\'eC De- diaire. il est cerlain qu'il obtint, dès le pre- s~nnem~nt au Temple - idée de Licquet,
laitre, son neveu C! cl deux ou trois sbires bien mier entretien, la confiance d'Acquet de Ft!- lnen _év,?em_mcnl - qui lui laissa Je trmps
alertes ». Il est si sùr du succès qu'il l'es- rolles et qu'il eut le crédit de le faire mettre de faire a Ilcal des révélations.
Quoi qu'il en soit, cet incident avait intercompte d'avance : - c&lt; Je ne sais, écrit-il à en liberté !, C'est après celte entrevue que
rompu
l'expédition de Licquet à Caen. Il la
Réal, si c'est trop se flatter; mais je suis Licquel demanda à Réal de l'appeler à Paris
reprit
au
milieu de novembre et quitta Rouen
tenté d'rspérrr qu'à la fin de la comédie on pour vingt-quatre heures; rnn voyage s'effecle
18,
toujours
accompagné de Delaitrc et
demandera l'auteur. » li est regrettable qu'on tua dans ]es premiers jours de novembre et,
n'ait sur cette expédition aucun détail. Sous le 12, sur un ordre ,·cnu de néal, Acquet d'agents choisis parmi ses plus habiles. Cette
quel costume Licquet se pré.senta-t-il à Caen? élail arrêté de nouveau cl amené en poste de fois il avait pris la qualité d'inspecteur des
Quelle personnalité avait-il usurpée? Com- Donnay à Paris, escorlé par un maréchal des droits réunis en tournée de service et les
ment put-il manœuvrer entre les amis de logis de gendarmerie; le 16, il était écroué hommes qui l'accompagnaient passaient pour
~lme Acquet, son compère llelaitre, le préfet au Tcmple 3 et Réal, accouru pour rjnterro- ses contrôleurs;. Ce titre lui conférait le droit
Caffarelli, sans éveiller un soupçon ni froisser ger, se montrait pour lui plein d'égards et d'e,ntrer dans les maisons et de visiter jusune susceptibilité? Il e~t impossibl~ d'en rien « promettait que sa détention ne serait pas qu aux raves, sous prétexte de rechercher 1a
démêler; il a le talent de troubler l'eau pour de longue durée' JJ. Une note restée au dos- fraude. Son but était d'attirer Allain, Buquet
y pêcher à coup sll r et semble jaloux des sier semble indiquer que cette incarcération et surtout d'Aché; mais aucun d'eux ne se
moyens qu'il emploie au point de n'en dirnl- n'était pas de nature à causer grande alarme montra. ~ous ne pournns enlrer dans le dé~uer à personne le secret. Par une sorte au chàtelain de Donnay : 11 M. Acquet a été tail de ce troisième voyage, Licquet ayant
d'instinct de mJslificateur, il entretient, pen-, conduit à Paris pour qu'il ne nuisit point aux tenu secrètes les ficelles de sa comédie; des
dant son voyage, une correspondance orf1cielle opérations relalircs à sa femme .... On sait demi-coafidences faites à Réal on peut inflrer
avec son préfet, et une autre - particulière qu'il est étranger au délit de son épouse: qu'il acheta le coacours de Laagelley cl de
- avec Réal. li dit à l'un ce qu'il n'avoue ruais H. Réal croit nécessaire de le tenir Cloi- Chauvel; moyennant Ja promesse jormeJle de
pas à l'autre, écrit :. Savoi·c-Rollia qu'il a gné. » Ce n'e,t point là le ton dont les poli- l'impunité, ils consentirent à servir Je policier
hâte de rentrer à Rouen, et à Réal il de- ciers de l'époque parlaien t de leur clientèle et à trahir Allain; ils allaient le lui liner
mande, par le même courrier, rlëll'e appele' ordiaaire et il n'est point hors de propos de quand " une peur du gendarme Mallet fit
tout manquerR ». Licquet se replia avec sa
à Pm·is pendant t1ingt-quatre heu res . le faire remarquer; ajoutons enfin que Jes troupe, ramenant Chauvel, Mallet et Lan« Si vous adoptez ceue idée, monsieur, il fau- royalistes détenus au Temple ne s'y tromdrait que vous eussiez la bonté de choisir un pèrent pas ; un vieil habitué de la prison, gelley que devaient suivre bientôt Lanoi'
Vannier, Placène el les Buquet, sauf Joseph:
1 . Cette accu!'-'atîon contre llmo Plarènc prend assez
de consistance si on rapproche lrs allusiom de Vannier
de cc pa,:,11.gc de Billartl de \"t.'au -ç : c )1. et lime de
Placi•nc avaient élC compromis l'un èl l'autre cl condamnés i une l't:dusiou pcrpi!tuclle; mais, par un
i.M&gt;nhrur altachi• i l't'toilc de l.lme de Placime, elle
fut mi~e en liherh' en 1811 ou 12. Comment a-t-elle
foi~ pour_ exi,ster ~ Roul'll s.an'I l~rtune Ju~u•en 1814
1111 elll' ,1nt a Paris a,·er son mari? Cerln111t•~ personnes

trou,·enl des re~sourccs où d'nutres mourraient ,le
faim. Plus heureuse que beaucoup d'autres honnètes
g_ens, t'lle _• eu _une pcn~ion de 1.000 francs çur la
lislc du ro1. 11 lldlard tic \"eau'&lt;, t. Ill. p. 322.
:!. Acquet SOl'lÎl de la 1,1·il'-Ot1 de Cacu le i IIQ\'Cmbre 18Ui.
~. Ecrous du ÎC'm11lc. Archin~s (fo la préfecture de

pohre.

4. 1.cill'e d'Acqu!'l d~ Fërollt's. Arch. nat. P 8li0.

:i. Lettr~ de Oon nœil à _son fri•re Timoléon de Combra!', Arcllll'cs de la fanulle de SainL-Viclor.
ti. Oonn~il a~,mra1t c1ue Ac(111et nait ~u rinf/
francs p:ir Jour pe1!dant toute la durée de sou sl-jour
au Temple, en p1uement des services qu'il v al'ait
r,~ndus à la police. An:hires de la famille de~ Saint\ 1clor.
7. Lettre de Licqucl à Réal, 22 nowmlire ISOï
8. Archi,·rs nationales, ~,; X172.
•

�r-

111STO']t1Jl

qu'on n'avait pas revu. Mais, avant de re•
prendre le chemin de Rouen, Vcquet voulut
présenter ses devoirs au comte Caffarelli,
préfet du Calvados, sur les terres duquel il
,·enait de chasser. Celui-ci ne cachait pas son
mécontentement et jugeait singulier qu'on
disposât de sa police et de ses gendarmes
pour procéder it des enquêtes et à des arreslalions dont on négligeait même de l'infor~
mer. Licquet assure qu'après cc lui arnir fait
grise mine, Caffarelli Tit aux larmes )&gt; au
récit des histoires du faux patron Delaitre et
a·u faux inspecteur des droits réunis. Il est
possible que l'anecdote fùt bien conlée; m3is
}P. préfet du Calvados n'en estimait pas moins
fe procédé sans façon : il devait le témoigner
un peu plus tard avec quelque crànerie. Du
reste Licquet ne s'y trompa point; lui-même
écrivait, à son retour de Ca.en : c! Me voilà

brouillé avec le préfet du Calvados' n.

Il s'en souciait peu, d'ailleurs; on anit
tacitement arrêté que le vol du Quesna} serait
jugé à Rouen par une cour spéciale, et c'était
là que se concentraient tous les éléments du
procès. Licquet en était de\'enu l'ordonnateur

et le metteur en scène; à la fin de 1807 il
gardait, sous les verrous, trente-huit prévenus', hommes ou femmes, qu'il ne cessait
d'interroger, de tenir en baleine, de confron-

ter .... Mais il ne se déclarait pas satisfait :
l'absence de d'Aché gàtait sa joie; il aYait
bien compris que, sans celui-là, son triomphe
serait incomplet et son œuvre resterait imparfaite, et c'est sans doule à celte torturante
obsession qu'il avait dû l'idée - aussi cruelle
qu'ingénieusc d'une nouvelle comédie

dont la vieille marquise de Combray avait
encore été la victime.

Certain jour de novembre de 1R07, elle
entendit, du fond de son cachot, un tumulte
insolite dans les couloirs de la prison : les
portes s'ouvraient, les gens s'appelaient;
c'étaient des cris de joie, des chuchotements,
des exclamaûons d'étonnement ou de dépit
- puis de longs silences qui laissaient la prisonnière fort perplexe. Le lendemain, comme
Licquet venait lui rendre visite, elle lui trouva
la figure bouleversée; il fut, ce jour-là, très
laconique, parla, en quelques mots, de graves
événements qui se préparaient, et disparut
comme un homme affairé. Tout est aux prisonniers matière t1 espérer et Ume de Combray laissa, cette nuit-là, libre cours à ses
illusions; le jour suivant elle recevait par la

femme Delaitre un court billet de l'honnête
&lt;t

patron

)&gt; -,..-

de cet bomme qui avait sauvé

\lme Acquet, tué le cheval jaune et qu'elle
appelail son ange protecteur. L'ange protecteur n'écrivait que quelques mots : &lt;( Bonaparte est renversé; le noi débarque en France;
les prisons s'ouvrent de toutes parts .... Écri-

vez de suite à Il. d'Aché une lettre qu'il rel. LeUre de Licquel à Réa\. Archives nalionalcs,
F7 8172.
2. Tableau des détenus par mesure de haute police.
Archives nationale~, F7 8172.
5. A )lonsieur Delaitre, 11 no\'embre 1807; )Ion-

sieur, je ne peux trop vous remercier de la lettre
que vous m·avez envoyée par un exprès qui me
cause une grande joie que mes larmes ont coulé et
'fUi' je me suis trouvé mal, je vous fais passer la

T OUJ/}'ŒBUT
mettra à Sa Majesté. Je me chargerai de la
lui faire parvenir. &gt;)
Une chose véritablement tüuchante c'est
que la Yicille marquise, dont aucune fatigue,
aucune torture morale n'avaient abattu l'énergie, s'évanouit de. bonheur en apprenant Ir
retour de son roi.
L'événement répondait si Lien à tom~ ses
espoirs, à toutes ses pensées, depuis 1::111t

d'années elle l'attendait d'un moment à l'autre, sans jamais se décourager, qu'eJle trouva
tout naturel un dénouement auquel elle était
dès longtemps préparée, et tout de suite elle
prit ses arrangements pour la nouvelle vie

qu"elle allait commencer.
D'abord, elle écrivit au

C! brave Delaitre &gt;l
un mot 3 de remerciement: elle lui promettait sa protection et l'assurait qu'il serait bien

récompensé de tout le dévouement dont il
a,·ait fait preuve. - Elle adressa à d'Aché

arrivce et j'aurais bcsùin de faire un "oyage de
Tournebut poul' tout réparer et préparer si je
jouis de cette faveur. Vous m'écrirez et l'allends
avec impatience.
La plus navrante des letlres qu'envoya,

dans sa joie, la vieille royaliste dupée esl
certainement celle destinée au roi lui-même .
Fier de son stratagème, Licquet l'adressa :1
la police générale et elle rsl restée dans les
cartons 4 , écrite sur grand papier, d'une
grosse écriture masculine, soignée dans le
début et quasi solennelle, puis, sous l'affiux
des pensées, se terminant en un griffonnage

presque indéchilfrable. On sert que la pauvre
femme a voulu tout dire, vid !r son cœur, se

purger de dix-huit ans de déboires, de deuils,
d'indignations renlrées. Vo'ci! à peu près

complet, le texte de celle lettre dont nous
conservons l'orthographe :

A Sa Majesté Louii 18

lui-mème une lettre débordante de joie:
Me voilà, disait-elle, au comble du bonheur.
mon cher ,icomte, en fesant celui de toute la
France dans mes fers que nous souffrons tous
pour vous je jouis de votre gloire. M. de Laitre
qui m'a rt!ndu les services les plus rares et est
depuis deux mois pour moi toujours en route,
que son zèle rend infatigahle par le seul intérêt
qu'il prend aux malheureux, et que sa femme,
ma compagne d'infortune par suite de l'injustice,
lui a inspiré pour moi m'a envoié un exprès pour
m'instruire des grands é\·énements qui met un
terme à tous nos maux me donne le conseil d'écrire au roy et de vous l'adresser pour lui présenter. Celle idée est lumineuse et est capable de
nous dédommager de ce que mon fils n'est pas
assez heureux d\litre à sa place, le but de tous
ses désirs el de tous nos projets. Voll'c chère
frère, dans les fers n'est sou!enu que par voire
gloire. Je ne sais pas le style pour parler à un
aussi gr.ind roy par son courage et sa vertu. J'ai
laissé parler mon cœur et j'ai compté sur vous
pour obtenir la faveur de le po~séder à Tournebut.
Les prisons sont partout ouvertes; ... j'ai soutenu
avec courage depuis plus de trois muis mes fers
et me suis trouvé mal au récit des grands événements. Yous m'instruirez à temps si je suis
assei heureuse de posséder chez moi le roy. Je
suis bien hardie de demander si c'est possible
celte faveur dans une maison que je crois dérnslée
a,·ec des commissaires qui ont épuisé leur rage
de ne point ,·ous trouver. Rendez, je vous prie,
à M. de Laitre tout ce que je lui dois el que vous
connaissez étant le parent de noire pauvre Raoul.
JI tst pénétré de ces mêmes sentiments, vous demande du service 1 ne voulant pas rester oisir dans
une si belle cause et aussi beau moment.
Ce papier se ressent de notre privation de
liberté, distinguez, mon cher vicomte, tous mes
sentimènts d'allachement et de Yénération, et
avec lesquels j'ai l'honneur d'être votre très humble servante,
nE Collnr...1r.
J'irni chez votre mnman pour me trouver nu
passage du roy si j'obtiens ma liberté avant son
letlre pour le roi. et j'ai trouvé votre idée lumineuse, quoique mes. îu~ér~~s enlre, les mains de
M. DachC s01cnt aussi Ires i.Hen places par son alto·
chemcut. Mais trop occupé des gi-ands événements il
n'y aurait peut-êlrc pensé. Je suis charmèe de l'accueil que ma fille éprouve, qu'elle en remercie bien
\a pro\•idence qui la scrl d'une manière LrCs miraculeuse ....
Je p:trle au vicomte pour satisfaire ,·otrc zèle et

Sire,
C'est dans les fers à 66 ans où je suis plongée
ainsi que mon fils depuis plus de 4 mois que
nous rnons le bon heur de yous adresser nos re!ipects el notre félicitation sur ,·olre avènement
hem·eux à ,·otre couronne, tous nos vœux. sont
remplis, Sire .•..
Le peu de ressources qui nous restait encore
était consacré à soutenir et sauver du glaive vos
fidèles serviteurs dans toutes les classes j'ai eu à
regrelter le chevalier de Margadclle, Raoulle, Tamerlan et le jeune Tellier, tous emportés par
leur zèle pour la mmse de V. M. el a fail à Paris
et à Versailles des honorables viclimes. J1avais
loué une mai~on qui leur était consacrée, avec
toutes les caches utiles à leur sùrnté, mon fils :i
eu l'avantage d'ètre sous les ordres de messieurs
de Frollé el lngant de St-Mnur.
J'adresse ma lettre ;l M. le vicomte d'Aché ponr
la présenter il V. M. et solliciter la gdce bi('n
sensible à mon cœur de la préférence '.de votre
séjour sur la roule de Paris. Vous trouverez,
Si,·e, ma maison à jour et dit-on entourée de
barricades, suites des mauvais traitements éprouvés dans leurs recherches que l'on vient encore
de nouveau d'y faire pour y trouver M. le v..
d'Aché ainsi que ma fille, :ivec séjour à différentes reprises par ordre de M. le prérel et interrogatoire de son secrétaire, après avoir éprouvé
onze heures d'interrogatoire à leur Lrihunal appelée de justice pour leur donner connaissance de
ma correspondance avec M. Daché... ainsi que
d'une lettre que j'al"ais reçue de lui le 17 mars
dernier. Les plus grandes menaces ont été emplorées et d'cstre confrontée avec le Chevalier el
de m'en"oyer à Paris pour I estre guillotinée,
rien ile m'a effrayée, je ne leur ai donné aucune
connaissance de mes relations et du pays qu'il
habitait. Je venais sire de le quiller depuis
10 jours ma réponse :, celle persécution ful que
M. d' Aché étoit à Londl'es cl j'a~· terminé par Je3
assurer que je ne craignais point la mort, que je
ferais avec ferveur mon dernier acte de conlrition et ma teste serait tombée sens dévoiller ccl
intéressant mistère.
vous plocer comme vous le méritez : c'est acqnillrr
ma reconnaissauce de YOUS satisfaire dans un pusle
oil votre cœur gênCre~x et ,·otre belle ùrne puissc1:t
élrc connus de son prince et que vous serre,:. d&lt;'pms
si ]ongtcmr,s par ,•os sacrifices,. joui.ssez donc, ~01~sicur, de I heureux moment el Jamais ma Lberlc na
f'u pour moi tant de prix. Ard1i1·f';; nati, nale~. Fi
81i'2.

4. Archi1'es notionales, F7 8172.

Il

---

.

~la. lihe:lé depuis 6 sem.1ines esloit promise, t-il de jouer près d'elle son double rôle? De
sent cachés dans quelque cabane ou dans
m,us a p1·1x de l'or cl que je crois devoir cslt·e quelles invectives lut-il accablé quand il y
quelque fosse abandonnée. »
parlag(~ entre lu préfet et son secrélaire Si(JUel renonça? Comment ![me de Combray appritLe renseignement était trop peu précis
(sic), moitié de la
pour être utilisé, el
somme est déposée
Licquet estima qu "il
d:rns le bureau de cc
dernier sous cleff. J'a~
était préférable de
été longtemps â remtourner sur un autre
plir la somme qui espoint ses batteries 1 •
toit lax~e, a~·ant lrouIl avait, d'ailJeurs,
vés peut de secours
sous la main, une
dans ceux qui se &lt;livictime qu'il n'avait
saient mes amis, ma
pas
encoM torturée
pmpriété m'a mème
et dont il espérail
été refuséc 1J..wec mebeaucoup : c'était
naces et arGgance me
crO)'ant saai6ée sous
!!me Acquet: " Elle
le gl.iive, j' .!SJfrois p,1r
est, écrivait-il, le semes sacrî fice~. el cescond ,·olume de sa
toit mon seul but, s;iumère pour !"hypo"cr la leste le ma fille
crisie; mais elle la
que j'estoi~ instruile
surpasse en malice
arficl1~e h Caen à
et
en méchanceté ....
G.000 fr. La fomillo
Ses eufa.nts paraisde Laitre sans me consent ne l'intéresser
naitre que par l'in!C'que très faiblement;
resl qu'inspire le malheur, m'a prodigue&gt; un
elle n'en parle même
zèle infatiµ:ahle, en
à personne ; son cœur
afrontant au péril de
est fermé à tous les
sa vie toas les dangers
sentiments de la naBARRIÈRE
DE
GRENELLE,
Gravure
de
BARROIS,
d'après
A.
Cl!AZAL.
(Musée
Carnavalet.)
pour l'enlever de Caen,
ture. J&gt;
où les autorités metEt jïmagine que
laient tout en œuvre.
.
•
c'est
pour s'excuser
j de mes &lt;lomestiqlies ont été. deux mois plonelle qu'on avait exploité ses plus nobles ïllugés rlans les prisons, le 4° nommé François Hé- s10ns pour lui faire livrer sa fille et trahir lm-~eme aux yeux de ses chefs que Licquet
traçait de la détenue un si noir tableau. Son
bert recommandable par :n ans de services a défendu nos intérêts et par sa prohit.é est dans les tous ses amis? Ce sont là des choses c1ue Lic- cœur, à lui, ét_ait fermé à toute compassion
fers depuis le mois de juillel ,) F.ilaise. lia qae quet ne ~acontait,_pas; soit qu'il ne fùt pas et on retrouvait en cet homme l'inexorable
n'a t-il pas souffert depuis quinze années par les plus glorieux qu il ne comint des moyens i'."p~ssibililé des La/Ternas et des Fouquierauthorités des lieux, les recevems d'llarcourt de loueh:s qu'il employait; soit plutôt qu'il se 'lmv1ll~~ av~c pe?l-~tre, en plus, un raffinefalaise et ,de Caen et tant tl'aulres qui dc~an- s~u?iat peu de ?e qu'en pouYaient penser ses ment d 1~0Ille qm aJoute encore à la cruauté.
doient sa perte pour a,·olr pris par notre conseille v1ct11nes. Il avait, du reste, d'autres idées en Le supplice moral auquel il allail soumettre
à dessin, la fc1:me de notre habitation, pour I
tête : Mme de Combray avait indiqué à Dc- Mmr Acquet est le produit d'une imaofoation
sauver ros. serviteurs perséculf's il estoiL bien laitre que d'Aché srjournait ordinairement
cmrnu de i\lonsiem' de Frotté, dont il jouissait de aux environs de Bayeux, sans préciser davan- de tortionnaire : - il .A présent, n°otait-il
q~e la matière est à peu près épuisée, je vai;
l'estime et .qu'il a rec:u aycc 24 de ses fidèles; il
tag:, car elle pensait bien qu'on le trouverait m occ~per de brouiller nos gens entre eux.
en fesoil sa maison de confiance pour les d8poser,
lès crO)'ant en sûreté. Tous ces tourments ont factlement aux côtés du roi récemment dé- U? p~t1t choc nous donnera, peut-être, d'utiles
altéré sà santé et celle de son épouse qui estant barqué. Licque~ s'était donc mis en quête el ver1tes. J)
enceinte alors, et l'a perpétuée très mauvaise i1 s~s ,agen!s battaient la région. Placène, de son
_Co petit choc allait briser le cœur de la
son 61s àgé de onze ans. La famille Darlenet (s."c) cote, mecontent de voir qu'Allain manquait à pr1sonillère et lui ravir la seule pensée conet son frère ont hcaucùup contribué lt nos mal- sa parole et ne tentait rien pour délivrer ses solante que tant de malheurs lui avaient
heurs p:ir des dénonciations journalières el renou- ~marad~s déten~s, donna quelques indica- laissée.
velés dans toutes leurs forces en janvier 1806. t10n~; d après llll, pour communiquer avec
C'est par un trait marqué de la providance que AIJa111 et avec d'Acbé, 011 devait s'adresser à
nous avons échapés aux fers ainsy que Monsieur
CHAPITRE III
un cabaretier de Saint-Exupère; cet homme
le vicomte Daché, mon fils s'empressa d'ail!! l'en
prévenir pour ne plus revenir dans notre chau- était en relation avec un individu nommé
Le Chevalier.
mière, accordés par grace pour mon douaire, et nicha rd, qui servait de courrier aux deux
qui ofusquait encore les D,ll'Lenet en convoitant proscrits. (C Entre Bayeux et Saint-Lô existe
. «.Le Cbe~alier est l'amant adoré. &gt;&gt; C'est
encore ce cabaret pour lui faire un tournebride la mine de houille de Litré et la vaste forêt arns1 9ue L1cquet résumait sa première cona son chateau qui est le fruit de J'ini:1uité.
de Serisy
lui
est• presque
con1irruë.
Cette mine
•
.
•
0
Je demmde·ainsi que mon fils à Votre MajC:sté, o~upa1t cmq a six cents ouvriers; comme ver:atwn ~vec Mme Acquet. Depuis lors, il
votre bienveillance et celle des princes de votre Richard y était employé, toul portait à penser avait pu s assurer que &lt;c l'amour effréné »
qu'elle portait à son héros occupait une telle
sang ..••
que les galeries souterraines servaient de replace
dans son àme qu'il y avait étouffé tout
Je !-uis :ivec respect
fuge à Allai~ et à d'Aché, - soit qu'ils y fis- autre sentiment: c'est pour Jui ciu'elle
.t
de Votre fü1jesté
'] h
ava,
sent le méllcr de mmeurs, soit qu'ils se tins- h "b
e
erge
es
ommes
d'Allain;
c'est
pour
lui
Yolrc ll'èS humble et très obéissante servante,
!· On ig~ore où se cachait d'Achê pendanl J'en- ~urait :ëparer ses torts dans celle affaire que
DE Coll BRA. r.
1
qucte tic, L1cc1uel. Il ne parait pas pi·ohable qu'il se ~•v~l~a!aon
de~ véritCs que le gouvernement p:~ 1_a
ha~ar~a a pass~r le détroit. Peul•ètre n'avait-il as mtcret a c1;lll11a1tre
et pen!!ant en même temps que ~ ~
C'élait, on le voit, une confession générale; 3mtte11 0}landc,·1Jle? Pe1;t-ètre aussi s'était-Il réfu~ié md otyen était le seul vropre à lui mériter quelque in
•/
cach~ds mc1,1agëe~ P.our servir de retraite
ugencei&gt;.
qu,illes durent être la douleur et la rage de a ov1 . 11fr~p1 e. Un hmss1cr de Trè,·iêrcs, Ri. Les ~éc\~rati~ns de Guilbert n'apprirent, du resle
chard-lliche_l
Gmlbert,
que
rl'Achë
a\'ait
employé
à
d·la .narquise quand elle comprit qu'elle avait
rien de bien important encore q , 11
.
•
verscs repr)_ses, rê~·éla à 1~ poli~e de Savoye~Rolli~
tout ce 11 ,0'
.
u e es ,·msscnt
été trompée? A quel moment Licquet cessa- tout cc qu 11 savait « apres a,•otr réflérhi qu'il ne confirmer
l'Angleterre et les én1igr~. savail du complot avec

_. ao tr

�T01.fR.NEBUT

msT0~1.ll----------------------~
'\u'elle était allée lanl de fois affronter les
méprisants accueils de Joseph Buquet; c'est

pour lui qu'elle avait si longtemps supporté

de représailles; les lettres qu'elle é?rivait à
Le Chevalier - Licquet encourageait beaucoup la correspondance entre les détenus -

PALAIS DE JUSTICE DE ROUEN: SALLE DES PAS·PER'DUS.

peine. Souvenez-vous donc de cela el ne l'ouhhez
pas 1 •

Ces lettres, est-il besoin de le dire, ne
parvinrent jamais à Le Cbevalier, tenu au
secret dans la tour du Temple en attendant
,1ue Fouché décidêt de son sort. C'était ~n
prisonnier assez embarras~ant, car, pmsqu'on ne pouvait l'accuser d1reclement _du vol
du Quesna)', auquel il n'avait pas .~ss1s~é, et
qu'on redoutait, d'ailleurs, de l 1mphquer
dans l'affaire, ù laquelle son superbe verhia"e son importance de chouan genlll•' son passé aventureux, ses e·1 oquentes
homme,
proîessions de foi risquaient de donner u~e
portée politique semblable à celle du proces
de Geor"CS
Cadoudal, il ne restait qu'à le
0
mettre en liberté ou à le juger isolément
comme agent royaliste. Or, de ro_)'a~is~es, _on
n'en voulait plus parler en 1808; 1I etail bien
entendu que la race en étail éteinlc, et l'ordre
était donné de ne plus en occuper le public
qui devait depuis longtemps avoir oublié que,
dans des temps tl'ès reculés, le:; Ilourbons
avaient rérrné sur la France.
Donc Réal ne sa\'ait trop ce qu'il adviendrait d~ Le Chevalier quand Licquet s'imagina de donner à celui-c~ u? rôl? dans s.a c~médie. Nous avouons, des a present, n _avo~r
pu saisir tous les_ fils de ~ette no~velle 1~tr1gue; soit que ~1~quet a_1t dé t.rm~ cerla1.nes
pièces trop exphc1tes, soll qu 11 ail p~éf:ré,
en matière si délicate, agir sans trop ecrire,
il reste, dans la suite des événements, des
lacunes si considérables qu'il ne nous a pas
été possible d'établir la corrélation des faits
que nous allons simplement exposer.
IJ est certain que l'idée d'exploiter la pa,sion de !!me Acquet el de lni « promellre la
liberté de son amant.en écbange d'une confession générale 1&gt; revient tout entière à Licquel. IJ le déclare neltemenl dans une lettre
adressée à Réal'. On obtint d'elle, par ce
moyen, des aveux com~le~s : le 1~ d~cembre elle fil un récit détaille de sa vie d avenlur;s, depuis son départ de Falaise jusqu'a
son arrestation; &lt;1uelques J0urs plus tard,
elle donna sur la conspiration, dont d'Aché
était le chef, des détails sur lesquels ?.ous
aurons à revenir. Ce qu'il faut, pour l mstant retenir, c'est celle coïncidence au moins
remarquable: le 12, elle parlait,'. sur la pr~messe formelle de Licquet qu il assurerait
l'évasion de Le Chevalier, et, le I'•, celui-ci
s'évadait en efîel de la prison du Temple.
Licquet dans l'intervalle de ces deux dat~s
était-il allé à Paris? Cela 'paraît probable : 1]
parle, dans une l.ettr~, d'un~ ~b!en~~ supposée" qui pourrait bien avoir ete ~erttaLI~.
Quant à la façon dont Le Chevaher sort1l
du Temple, elle est assez _singulièr~ pour être
contée avec quelque détail : en raISon de son
étal d'exallation « qui le jetait dans des transports continuels et qui avait .~aru, au co?ciero-e de la prison, être le dchre de la fievre ~ on l'avait }ooé, non point dans la Tour,
mais 'dans une déflendance « dont l'un des
murs formait pr1foisément la clôture de la
1

l'odieuse existence de la maison Vannier.
Aussi Licquet jugeait-il qu'un sentiment si
violent pouvait, (&lt; bien manié )&gt;, - c'était
son mot - fournir quelque lumière nouvelle.
li aurait fallu voir r.el incomparable comédien dans l'exercice de son jeu cruel. De
quel air écoutait-il les confidences amou-

reuses de sa prisonnière? De quel ton de
compassion attristée répliquait-il aux élogieux portraits qu'elle traçait de son ama~t?
Car elle ne parlait guère que de lui el L,cquet l'écoutait silencieusement, j~~q.u'au. mo:
ment où, dans un élan de sens1b1hté, 11 lm
prit les mains el, comme allendri de l~ mir
dupe, avec des ménagements hypocrites :
c&lt; Ma pauvre enfant!. .. Ne vaut-il pas
mieux tout vous dire? ll il lui fit croire que
Le Chevalier l'avait dénoncée! Elle dut, tout
d'abord, se refuser à l'écouter : pour.quoi
son amant aurait-il commis une telle mfamie? Mais Licquel donnait des raisons: au
Temple, Le Chevalier, très informé par Vannier ou par d_'autres, avait appris ses relations avec Chauvel et, par vengeance, il avait
ruis la police sur la trace de son infidèle ~mie.
Ainsi l'homme pour lequel elle avait sacrifié sa vie ne l'aimait plus. Licquet, pour
bien la torturer, accablait la malheureuse de
ces consolations Yolontairement maladroites
qui avivent la douleur. Elle pleura beaucoup
et n'eut qu'un mot:
- Je voudrais, dit-elle, le sauver malgré
son ingratitude.
Ceci ne faisait point l'affaire du policier:
il avait espéré qu'elle chargerait à son lour
celui qui l'a,•ait livrée; mais sur ce point il ne
put rien obtenir; elle n'éprouvait nul désir
1. Archh'es nalionales., F7 ~11'2.
. ..•
2. t On a s.upposê auprès delle la poss.ihihte de pro-

sont d'une tristesse qui dénoie une rime
brisée mais toujours pleine d'amour .
Cc n'est pas lorsqu'un ami est malheur('UX qu'il
faul lui faire des reproches; aussi je suis loin de
,·ous en foire malgré toute votre conduite à mon
écrard; vous savez que j'ai tout fait pour vous, je
• d.
neo rnus le reproche pas, et vous rn ,avez, aprcs,
e~
noncée ! Je vous le p:wdonne de tout mon cœur SL
cela peul ,•ou~ èlre utile; mais je sais le m~Lif qui
YOUS a engagé d'être aussi injusl~ pou.r moi; :ous
arnz cru que je vous abandonnais cl Je vous JUre
r1ue non! ...

Il n'y avait poin~ là gra?d r~ns~ignemc~t
pour Licquet i aussi, dans l esp01r d en saro1r
plus Joug, excitait-il beaucoup Mme Acquet
contre d'Aché: à l'en croire, c'est d'Aché
qui, le premier, aurait « vendu tout le
monde » ·I c'est lui qui avait fait arrêter Le
Chevalier pour se débarrasser de ce rival
gênant, après l'avoir com~romis; ~·est à lui
seul que les détenus devaient altr1buer tous
leurs malheurs. Et, dans les lettres que
Mtne Acquet adressait à son amant, Licqucl
retrouvait l'écho fidèle de ses insinuations;
mais rien de plus :
Vous savt"'z que lklorière d'Aché est un gueux,
un céll'rat que cet lui qui eSt cause '1~e vous êtes
dans la peine, que lui ~cul rnus a f!lIS ~n avant
que vous ni penssicz pas; que ces lm qui a voulu
faire imprimer un manifeste qu'il n'a pas pu réu~sir; mais que ces lui qui vous a do~rnê de man.vais
conseille; que lui seul mérite la haine a,,ec raison
du trouvernement
: il .est .ahoré el exécré .comme
~
il mérite de l'être et 11 111 a personne qui ne se
ferait un plaisir de le mettre entl'e les mains dt~
gou,,crnemenl ou de le tuer sur le champ; on sc,11
bien que lui seul est cause que ,,ous êtes dans la
curer l'Cva.sion de !lOn amanL; on a fini. par la ~ui promettre si elle vo11lail tout dire. l) Arclures naltooales,
F7 Sli2.

5.

Il.

Mon

abscncc sup~sêe a ache,,é dE: la

con,;ainte

que son but était rempli. » Lel\re de L1cquel a füal.

prison et donnait sur les coul's extérieures 1 &gt;J.
Le Chevalier, souffrant depuis quelque;
jours, était sujet à des sueurs extrêmement
abondantes; il avait demandé à changer trè~
fréquemment de draps de lit el on lui ,n
servait plusieurs paires à la fois. Le 13 décembre, à huit heures du malin, le gardien
Savard, spécialement attaché à sa personne,
était venu vider sa chaise percée, placée dans
le cabinet voisin de la chambre; il était revenu, à une beure 1 servir le dîner et a,·ait
trouvé le prisonnier occupé à lire i à six heures
du soir, le gardien Carabeuf, en apportant la
c:bandelle, l'a,,ait aperçu étendu sur son lit;
le lendemain, 14 décembre, en ;entrant chez
lui le malin, on avait constaté son évasion.
Le Chevalier avait pratiqué dans le mur,
épais de deux mètres, de son cabinet, une
ouverture assez large pour s'y glisser. Un
reconnut qu'il avait mené à bien ce traYail
sans autre outil que sa fourchette: deux morceaux de bûche, coupés en forme de coins,
avaient servi de leviers pour ébranler el retirer les moellons. L'opération avait été conduite avec tant d'habileté que lous les grava.ls avaient été soigneusement retirés à l'intérieur; au dehors ne se voyait aucune trace
de démolition. Le détenu Vaudricourt, logé
immédiatement au-dessous, n'avait perçu aucun bruit insolite, quoiqu'il eûl l'habitude de
ne se coucher qu'à onze heures du soir. Le
Chevalier, dont le cachot se trouvait à une
élévation de seize pieds environ du sol de la
cour, avait dû, en outre, fabriquer une corde
pour effectuer sa descente : il l'avait tressée
de longues bandes découpées dans une cuolte de nankin et dans la toile de son matelas. Sorti, par ce moyefl, dans les cours pendant la nuit, il avait attendu l'heure, très
matinale, où l'on apporlait, du dehors, le
pain des prisonniers. Le concierge du Temple
avait l'habitude de se recoucher après arnir
reçu le boulanger et la porte restait ou,·erte
,1 un quarl d·heure et plus pendant que la
livraison du pain se faisait aux guichets 2 ».
Certes, on s'évadait du Temple, comme de
toute autre prison: l'histoire de la vieille tour
comporte d'illustres exemples de détenus enlevés, par leurs amis, à la barbe des geôliers
el de la garde; mais que de compères ne fallait-il point recruter pour de tels coups de
main! Étant donnée la topographie du Temple, tel qu'il existait en 1807, il paraît impossible que, sans complicité du dehors, un
howmc panînl seul à percer, en quelques
beurr.s de temps, un mur épais de deux mètres et à traverser l'ancien jardin du grandprieur d'où il aurait dù, pour gagner la rue,
soit escalader le mur d'enceinte de l'enclos,
soit passer par le palais et ses cours pour
arriver à la première porte, celle de la rue
du Temple, qui restait - comme le dit le
procès-verbal - ouverte, chaque matin, pe1;,dant vingt minutes, à l'heure du boulanger.
L'invraisemblance du succès nous porte à
penser que, si Le Chevalier réussit à triom1. Bulletin de police des 21-22 dCcembre 1go7,
2. Procès-verhal de l'èvasion de Le Chevalier, de
la prison du Temple.

pher d'une telle série d'obstacles, c'est qu'on
lui facilita la besogne .
Réal mit à ses trousses l'homme qui, depuis dix ans, était le plus intime confident
des secrets de la police, celui qui avait mené
les affaires les plus délicates, telle que l'enrôlement de Querelle ou l'arrestation de Pichegru, l'inspecteur Pasque. Celui-ci s'adjoignit le commissaire Beffara et tous deux
entrèrent en quête.
Licquet, prévenu l'un des premiers de la
disparition de Le Chevalier, en avait immédiatement tiré parti en montrant à Hme Ac•
quet la lettre annonçant l'évasion, qu'il eut
· soin de lui présenter confidentiellement
comme étant son œuvre. Cela lui valut une
copieuse déclaration de la prisonnière reconnaissante; elle vida cette fois tous les tiroirs
de sa mémoire, revenant sur des faits déjà
révélés, [\joutant des détails, racontant toutes
les allées et venues de d'.-\ché, ses fréquents
voyages en Angleterre, la façon dont David
l' Intrépide effectuait le passage du détroit.
Licquet cherchait surtout à éveiller les souvenirs qu'elle pouvait avoir des relations de
Le Chevalier dans la société parisienne : elle
savait bien que cc plusieurs per~onnages en
place étaient du complot n, mais, malheureusement, elle ne se rappelait pas leurs
noms, C! quoiqu'elle les eùt entendu prononcer, notamment par le notaire Lefehne
avec lequel Le Chevalier correspondait h ce
sujet;; J&gt;. Pourtant, comme le policier insistait amicalement, elle prononra textuellement ces paroles, que Licquel nota avidement:
(( - Un de ces personnages est dans le
Sénat; le sieur Lefebvre le connait; un autre
a été en place pendant la Terreur et on peut
le reconnaitre aux: indices suivants : il roit fré-

_ _"

quemmenl Mme Ménard, sœur de Mme veuve
Flahaut, laquelle a épousé Il. de ... , actuellement ambassadeur en Hollande, à ce qu'on
croit. Cette dame vit tantôt à Falaise, tantôt
à Paris où elle doit être en ce moment. Ce
même individu est pelit, brun, un peu bossu;
il a beaucoup d'esprit, de moyens, el pos~ède au plus haut degré le talint de l'intrigue. Les autres personnages sont riches: la
déclarante ne peut en préciser le nombre ....
Le Chevalier lui apprit qu'à Paris les affi,im
allaient bien, qu'on y attendait également la
nouvelle de l'arrivée rlu prince pour s'y prononcer•. l&gt;
Licqnet exigea que !!me Acquet répéiàl
devant le préfet ces déclarations si graves; le
25 décembre, elle les confirmait et les signait
dans le bureau de Savoye-Rollin; le soir même,
Licquet cherchait à mettre des noms sur tous
ces anonymes; l'almanach impérial à la main,
il parcourut, avec la prisonnière, la liste des
sénateurs, des grands dignitaires, des notabilités de l'armée et de l'administration, mais
sans succès. - « Les noms prononcés devant elle, écrÎ\'aÎt-il à Réal, se sont effacés dt.:
sa mémoire. Lefebvre nous fera peut-être
connaître les personnages 5 • ,1
Le notaire, en eJTet, depuis qu·11 voyait les
choses s'assombrir, était dewnu, avec Licquet, d'une loquacité intarissable. JI pleurait
de peur quand il se trouvait en présence du
préfet el promettait de dire loul ce qu'il
savait, en suppliant qu'on prit pitié c&lt; d'un
infortuné père de famille ». Cette fois il
parla, et sî nettement que Licquet lui-même
en demeura abasourdi. Le notaire tenait, en
effet, de Le Chevalier, que le jour où le duc
de Dcrry débarquerait sur les cùtes, l'empereur serait arrêté par deux of!iciers généraux
1( qui se trou"aient sans cesse à ses côtés et

Clicht Neurdein frères

PALAIS DE jU&amp;TICE DE fiOUEN : SALLE OES A~SISES.

::i. Î1'flisième déclaration de lime Acquel, :'.O décembre 1807. Archives du greffe de la Cour d'assises
de Jloucn.

4. Troisiêmc dCc!aration ile Mme Acquet.
5. l.ellrc de Licquct à Réal. Arcl1h·cs nationales,
8171.

!1 7

�1l1STO'J{1Jl

,·asion. Ce qu'on ne peut, par malheur, étamencement d'aoùl, l'enfant avait été amené blir, c'est la part que prirent à celte comédie
qui di~posaient, chacun, d'une armée de à Paris el placé chez la dame Thiboust, belleA0.000 hommes "! El quand, amené devant sœur de Le Chevalier, qui demeurait rue des Fouché et Réal : en lurent-ils les instigateurs
ou les dupes; estimèrent-ils &lt;1u'ils devaient
le pré[et, pour ). répéter celte accusation,
feindre de l'ignorer ou ne fut-eUP, en réalité,
Lefebne eut nommé ces deux généraux, Sa- Martyrs•.
Comment se senit-on du fils pour capturer que l'œuvrc d'agents suba\tP.rncs travaillant
voye-Rollin en resta médusé au point qu'il le père1 C'est un m1slère que nous n'avons
n'osa insérer ces noms au procès-verbal de pu complètement éclaircir. Les récits qu'on à l'insu de leurs ehefs? Personne, en tout
l'interrogatoire: bien plus, il se refusa à les a donnés de ce haut fait policier sont évidem- cas, ne crut un instant « au mur de deux
tracer de Sa main et il exigea que le notaire ment fantaisistP.s; ils restent, tout au moins, mètres percé, en une nuit, à l'aide d'une
lui-même consignât par écrit cc blasphème inexplicables si l'on n'admet pas l'intervention fourchette », pas plus qu'à , l'échelle de corde
devant lequel reculaient les plumes officielles : de quelque compère trahissant Le Chevalier taillée dans une culotte de nankin ". l\éal, en
revanche, ré\"Oqua le concierge de la prison,
Ll•rehm.i a~urc - écrirail à Réal SalOye-Rolaprès lui avoir donné des preuves non équi- fil mettre aux [ers le geôlier Savard el exigea
lin - que le Che,alier n'a jamais ,·oulu lui nom- ,·oques de dévouement. .\insi on a dit que
un rapport « de toutes les circonstances de
mer tous les con:-piratcur!'i. Lefebne en a ccprn- Réal, t&lt; recourant aux procédés extraordid:mt nommé dtiux, donl l'un ~urtoul c!-l :!&gt;Î consi- naires 1&gt;, aurait fait arrêter « la belle-sœur nature à faire connaître les intelligences que
lll•l'aLle el qu'il esl si i1nrai~cmhlahle de rencontrer et la fille du fugitif pour les jeter aux prisons le détenu devait a\"oir dans l'intérieur de la.
prison pour faciliter sa sortie' ».
là que je ne puis mème m'en figurer le soupçon.
de Caen, avec les galeux et les filles publiQue Licquet - soit directement, soit par
P,u· respect pour l'alliance auguste qu'il a contmctéc,
ques ». Le Chevalier instruit de leur incar- l'intermédiaire d'un agent tel que Perlet, en
je u'ai Point con~igné son nom dans l'interro~atoi1·c; je le joins 11 ma lettre dans une déclarahon cération - par qui1 - aurait offert de se qui Le Che,·alier avait certainement toute
constituer prisonnier si l'on mettait en liberté confiance - ail mis la main à celle évasion,
énite cl --ignée par le pr,hcnu.
les deux lemmes el la police accepta le marEt dans sa lettre se trouve, en effet, un ché:;. .\insi contée, l'histoire ne concorde voilà qui semble bien probable. Dès que le
prisonnier rut dehors, dès que Mme Ac'[uet
billet portant ces lignes:
point avec les documents que nous avons pu eut livré tous ses secrets pour prix de la
recueillir. Le Chevalier n'avait point de fille liberté de son amant, il ne s'agit plus que de
Je déclare il M. le préfot cle la Scinc-lnréricurc
que Je!; deu'( générau'( que je ne lui ai pa~ nom- et l'on ne trome, du reste, nulle trace du le reprendre et les moyens qu'on ! emplop
uu:s dans mon interrogatoire de ce jour el qui
transfèrement à Caen de Mme Thiboust.
durent être bien peu avouables, car dans les
m'onl Hé dCsigné'- par le sieur Le Chevalier sont
L'autre version n'est guère plus admissible. rapports adressés à l'empereur, tenu journelles généraui. : füm:-iWOîTE ET ,h,!-~'.'i\,
A peine hors du Temple, le proscrit n'aurait lement au courant de toute l'affaire, les périLEt'ED\RE 1.
pu, assure-t-on, résister au désir de Yoir son péties en sont manifestement défigurées. \'oici
lils el aurait fait prier - par qui encore? les laits qu'on ne peut mettre en doute: Le
Bernadotte et \!asséna ! .\u ministère de la
!lme Thiboust de le lui amener au passage
police on affecta de rire beaucoup de celle des Panoramas. Naturellement la police suivit Cbe,,alier a,,ait tromé dans Paris « une rebonne folie; mais peut-être bien que ceux la lemme et l'enfant el Le Cheralicr lut cueilli traite impénétrable où il aurait pu braver
impunément les efforts de la police ll; Fou11ui connaissaient les dessous de certai.nes
dans leurs bras. On a peine à s'imaginer ché, spéculant sur les sentiments du fugitiî,
vieilles rivalités, et Fouché tout le premier,
qu'un homme aussi habile se fût à lui-même décerna aussitôt un mandat d'amener contre
jugèrent la chose moins ridicule et moins
dressé un piège aussi enfantin, et son aven- Mme Thiboust. Par qui Le Chevalier fut-il
invraisemblable qu'ils ne l'avaient déclarée
tureuse existence ne l'avait-elle pas, dès informé, dans sa cachette, de l'arrestation de
tout baut. li n'était que temps d'arrêter Liclongtemps, habitué à vivre séparé des siens1 sa belle-sœur? C'est là que se place, évidem,1uet dans son cn'[uêle. Ce diable d'homme,
La vérité est autre, certaineme:nt. Il im- ment, l'intervention d'un tiers. Toujours estavec sa manière de fouiller jusqu'au tréfonds
porterait d'abord de savoir qui avait ouvert il que le proscrit écrivit au ministre, « lui
la conscience de ses prisonniers, était de taille à Le Chevalier la porte de ,a prison : une
offrant de se représenter aussitôt que la liberté
, découuir qu'il n'y a,ait en France que Bo1
de ses parentes, Mme Noël, racontait plus serait rendue à la femme qui servait de mère
naparte qui r,,t partisan de l'empire. C'étaient
tard « qu'on avait fait au détenu, s'il Youlait à wn fils ,. Fouché fit amener en sa prélà, en toul cas, des idées à ne point mettre
dénoncer ses complices, des offres d'emploi » sence Mme Thiboust el lui délivra un saufen circulation et, de ce jour-là, Réal se jura
repoussées par lui avec hauteur : comme il conduit de huit jours pour Le Chevalier,
bien que jamais Le Chc,·alier ne di\'Ulgucrail
devenait embarrassant, on donna ordre aux « avec l'assurance positive et réitérée de dondevant un tribunal d'aussi dangereuses mé~
geôliers « de le laisser sortir sur parole dans ner à. celui-ci un passeport pour l'Angleterre
disanccs, si Pasque et Beffora réussissaient à
l'espoir qu'il ne reviendrait pas » et qu'on
aussitôt qu'il se liuerait 5 ».
le retromer.
pourrait le condamner pour évasion. Le CheLa dame rentra chez elle, rue des !lartirs,
Les deux agents avaient établi une surveilvalier profila de cette faveur, mais il rentra oi Le Che,·alier, pré,·enu, vint la trouver :
lance sur les routes de Normandie, mais sans à l'heure dite : ces tolérances n'avaient rien
r1rand espoir; Le Chevalier qui, depuis huit d'anormal dans cette étrange prison, théàtre c'était le 5 jamier 1808, au soir. li çouvrit
;os, avait dépisté tant d'espions el érnnté tant de tant d'aventures à jamais mystérieuses; de caresses son petit garçon et le fit CtJUcher
de r1uet~apens était considéré comme impre- Desmarets ne raconte-t-il pas que le concierge dans son lil : l'enfant se souvint toujours des
nable : il lut repris pourtant et, de même Boniîace laissait sortir du Temple un Ilrison- baisers qu'il reçut celte nuit-là ....
Mme Thiboust, fort peu rassurée par la
que son évasion parait l'tre le résultat d'une nier d'État d'imporlance, sir Sidnej Smith,
combinaison policière, de même, dans la fa- « pour se promener, prendre des bains, diner promesse de Fouché, suppliait son beau-frère
çon dont il retomba aux mains des agents de en ville, même aller à la chasse ll : le com- de prendre la fuite.
- Non, non, répliquail-il, - et c'est en
Réal, croit-on bien reconnaître le tour de modore ne manquait jamais de revenir cou~
ces
termes mêmes que, plus tard, elle rapmain de Licquet. Celui-ci seul, en effet, était cher dans son cachot et « reprenait en renportait
sa réponse, - « le ministre a tenu sa
assez renseigné pour indiquer le cou~. Dans
~a parole ll.
parole en vous rendant la liberté, je dois
ses longues conversalions avec ~lme Acquet, trant
li fallut donc bien que quelqu'un se charil avait appris que, en quittant Caen au mois geàt de faire sortir du Temple Le Cheralier, tenir la mienne; l'honneur le veut: hé!iter sede mai précédent, Le Chevalier avait conr.é puisque celui-ci ne se décidait pas, quand il rait une faiblesse, y manquer serait un crime».
Le 6 au matin, persuadé - ou feignant
son fils, àgé de cinq ans, à sa servante, Marie
était dehors, à fausser compagnie à ses geôllumon, a,•ec ordre de le conduire chez un liers; cl voilà qui explique le simulacre d'é- de l'être - que Fouché allait faciliter son
passage en Angleterre, il embrassa son ensien ami d'Évreux, le sieur Guilbol. Au cornfant et sa helle-sœur.
3. Il. Fornerou, Jli,toirr gb1érole des i.migrés,
1..\n:hhes nalionales, F' 817 l.
•l O~laraüon de Marie Uumon, scrvanle de I.e
7
Çh~-valier. A.rchi\·cs 11a.tionalcs, F 8171.

t. 111. p. 608.
4. Registres du Temple. Arch. de la préf. de police.

r,. l\enseigoements 1mt1culicrs.

-.---------

.

Al~on~, dit-il, c'est_ aujourd'hui le jour
des Rms' c est un beau JOUr; faites dire une
mes~e pour nous et préparez le déjeuner; je
serai de retour dans deux heures 1.
De~x beu:es plus tard, l'inspecteur Pasque
le ré1?tégrait au Temple et veillait à ce qu'il
fût mis « fers aux pieds et aux mai us, au sec:et le plus rigoureux, sous la surveillance
d_ un agen_l de _police qui ne derail le quitter
m JOur. n~ n~il ». Le soir même, Fouché
adress,1t a I empereur un rapport spècial •
n~lle mention n'i•tait faite de la chevaleresq~~
dcmarche de Le Chevalier : il 1· était dit
,les
l " .
que
agen s s eta1ent saisis de cc brigand chez
une f~mme a~ec laquelle il a,·ait des relations
et ,9u ~ls aYa1ent pu se jeter sur lui avant
&lt;1u
· Il fil usao-e
° de ses armes, ,, • Le 'l, au matin, 1e commandant Durand, de l'état-major
de_ la P,lact•' se présentait au Temple el faisait
le~er I éfr~u du prisonnier\ qui comparaissait à m1d1 devant une commission milit.iirc
a.sse°:1blée daas une salle de l'état-m.ijor, quai
\oltair~, n'. 7. Celte juridiction expéditive pa1~rass~1t s1 sobrement qu'aucun de ses doss1c:s na ~ubsisté : elle jouait dans l"oraanisalton sociale le relie d'une trappe sur laq~elle
on poussait les gens dont on était embarrassé.
li y eut des condamnés dont on ne connait le
so:t. que parce qu·oo retrouve leurs noms
gr1Ho_nné: sur un feuillet à demi déchiré, qui
servait d en~eloppe à des rapports de police.
Le Chevaher lut condamné à mort : à qua('•. h~urcs il quittait l'hôtel de l'état-major et
ctait "';'°~é à_ la prison de !'Abbaye en attendant I e~ccu~1on. ?andis qu'on ,·aquait aux
prép~rat,r~, ,_l écrlVlt à !!me Thiboust, restée
depms l~ms ;ours sans nouvelles, cette lettre
q~• parvrnl le lendemain à la pauvre lemme
desolée :
Ce samedi, 0 jamicr 180:i.
~e lais mo~rir, ma sœur, et je mus lè..,ue mon
fil;- Je ne f:u.s aucun doute ,1ue ,ou.." au;cz jlOur
lut tous le~ ~ms cl toute la tendrc!-.~e d'une mère.
.\~ez au.&lt;:si'. Je ,·ous prie, pour former ~n ârne et
~o? caracler~, la, fermeté et la vigilance c1ue j'aurais eues mo1-meme.
~lal~eurc~scment,. en mus lég-uanl cel rnfant
CJ?• m est ~1 ch:r, JC ne peux y joind1·c le legs
d ?uc. rortur~e cgalc i1 celle que mes parents
· • 1p
tm avaient .laissée en héritarrC'
'o · C'est la, prrncipa
~utc. &lt;JUC_ J~ m~ r;p;ochr dans le cours de ma \'ÎC
d ~vo1!· d1mmue I beritagl' qu'ils m',irnient trarn;m1s. Elevez-le selon sa fortune actuelle et faitc-,-h•
pl~tùt _artisan. s'il Ir faut, que de le confier à de,
~oms ctrangcrs.
. Un de, mes pl~s grnnds regrets en quitt,mt Ja
v1~ est d en sorltr sans noir témoigné ma rccon:1 ,·ous cl il \'Olre lille • ,\d.,e u, JC
· vnTa1
· •
..na,s,ancc
.
J _c~pcre ~ans rnlre sournuir et ,·ou.s me rcrez
\"Jll'C au,'i1 dans celui de mon ms.
Li:: C.11uun,;1;•.

La nuit était venue, une nuit d'hiver froid
et br~meuse ', quand le fiacre qui de1ai~
condmre le condamné au supplice vinl se
ranger devant la porte de !'Abbaye : le trajet
Hense!g11cme11ls_ particulier3.
Bul/~1111 de police du 5 jam·icr 1808.
Heg1s~rcs ùu Temple.
Hensc!gncm~nl particu_licr.
j_ Bulletm de I Observatoire, o janvier 1808 .

1.
~.,_
4.

était long de Saint-Germain-des-Prés à la barr,'ère par les rues du Four el de Grenelle
1avenue de l'Ecole-\lilitairc el le chemin'.
a!ors. tortueux et .sans nom, qui est aujourd hui la rue Dupleix, Il faisait, ce soir-là, un

CIIA.liVEAIJ-LAG,\nDE.

brouillrd humide 4ui épaississait encore la
nmt : es curieux, sans doute, furent rares•
et le spectacle, pourtant, dut être sinistre :
su.r ce t:rrain pelé, contre le mur de l'en~
cernte, s adossait le condamné, descendu du
fiacre arrêté dans l'angle formé par le b.'itiment de la barrière de Grenelle. L'usao-e
pour1 les · fusillades
de nuit • était de pIacer
o '
•
su; a po1trmc_ du supplicié une lanlerne allumee q?1 servait de cible aux hommes.
A six heures, tout était terminé : tandis
q,ue le pel~ton rentrait en ville, les îosso~·curs
s approchaient d~ corps tombé au pied du
mur et l~ po.rt~ient au cimetière de Yaugir~r_d i un Jard1mer du ,•oisina"'e et un rentier
Y~e!llard. de quatre-,·ingts an~, que la curio~
site
h avait
· amenés près du cada,-re d~ ce
c ouan mconnu, ~ervirent de témoins à 1
rédaction de l'acte de décès•....
a
. La mo;l de_ Le Chevalier mit fin à l'instrucllo_n de _I affaire du Quesnay : il était de ces
pr1sonrnr~s dont le grand juge disait &lt;&lt; qu'on
~~ po~vait
metl~e en liberté, mais que
I mtéret de l Etat e11ge~it qu'ils ne comparussent
pas dc,·ant des JU"es
.
.
o », et l' on crai~na,t, en pous~ant plus arant les investir1al1o~s., d'être .entrainé. à quelque vaste pr~ès
poh11que qm mettrait en émoi tout l'ouest
de la France, toujours prêt à l'insurrection
e~ que les rapports montraient comme orgamsé pour_ une nourclle Chouannerie. li est
Lien certam que la capture de d'Aché aurait
6. Extrait d_u rrgi~tre des otles de d· .,_ 1 1

t:~

commune_ de .~augira.rd.
8

ccc~ ( e a

torl)1,/ d~~~~~~/ ffc·éd~td de d~ci:s de :\rmand-~ïcnelle, à ,·augirard 1 :igé de ~·f°,J,osu8r,
pl~menédcù. G,~e1
~
mois,
,ire

TOU1t_NcBUT

_ _ ,,,

sin,guliè~emcnt. gêné Fouché et, en attcndan t
qu _on put le !aire disparaitre comme Le Che\"al1er, il préférait, de beaucoup, le voir échapper aux. poursuites de ses agents i l'absence
de _ces chefs du complot allait permettre de
prescnter l~ vol du 7 juin comtnt' un simple
acte de brti;andage auquel la politique était
tout à fait etra,wère.
Ü? imposa do~c sil~nce aux baYarda"es du
nota1.re L~fc~vre, en proie à une incontÎucnce
Je denonciat10ns qu'il n'interrompait que pour
~e ~a~enter et maudire ceux qui l'avairnt entram: dans cette aventure; on modt-ra le zèle
d~ Ltequet à qui le préfet confia le soin de
"énéral de l'an:aire,
.
0
drcd1gcr
l ,le rapport
.
ce
ont! s acqmtta si bien que son volumineux
t:ava1l par~~ à Fouché assez « lumineux et
c1r~ons.1anc1c pour ètre soumis tel quel à Sa
~!aJestc 7 JJ. Puis on commença, sans hâte à
s occuper
du proces
, .· 1·1 1ali ait. mterro11er
.
' rt
f
con ronter, suiv~nt les formes, les qua;antes,ept pe~sonnes mcarcérées; de ce nombre
1accusat1O~ ne retint que trente-deux prérn~u.s, d?nt vrngt-trois étaient présents. C'étaient
Fl1crle, llarcl, Grand-Charles Fleur d'E- .
et L. c 11·mcey
·
prne
qui,· sous les •ordres d' \lia
avaient attaqué le chariot·, la ma rutsec
q · ,&lt;ln,
Ch
orn ray, sa fille et Je notaire Lcfcbne instigateurs
du crime.' Gousset , 1e vo1tur1cr
.• . ·
.1. 1
JJ.. exa_ndre. Bu&lt;Juet, Placène, Vannier, Lan~
gelleJ'
L
.. qut avaient recélé les fonds.
L' Chau ,e. 1
dante, e&lt;_&gt;mme complices, puis les aubergiste;
e . ouv1gny, d'Aubigny et d'ailleurs u i
avaient nourr.i les brigands. Les accusés ~bsents ou _fugllifs étaient d'.\ché, .\llain, Le
Lorault
fill
D dit la Jeunesse
.
• Joseph Buquet, 1a
t e
upont, pms des amis de Le Chevalier
:u de Lefebvre compromis par les révélations
D
,ae ce dermer : GCourmaceul , Révérend ,us• uss~y, etc.... renthe dit Cœur-de-lloi était
!11°r~ ~ la Conciergerie pendant J'enquête. Le
Jard,mcr
l 'é tait
.
. • 'd' de lime . de Combray , Cb't
ac,s
~uic1 e. que14ucs Jours après son arrestation
Q_uant ~.Placide d'Aché et à Bonnœil, on dé~
c1da ?u ils ne seraient point mis en jugement
et &lt;JU on. les l~a_du_irait plus tard devant une
commission mi_hta1re : on écartait manifestement du p~occs tout ce qui aurait pu lui
donner une importance politique.
,_Mme_ de Combray, édifiée enfin sur le genre
d rntéret
.
dque lm avait_ témoi"ne'
. o L.1cquet, et
menue
u
pays
des
,1/uswns
ou' 1e po 1·1cier
.
l' . . h .
avait s1. ab1le~ent" promenée, avait pu enfin
commumquer directement avec sa f 'Il .
so n filI s 1·imoI'con n' avait jamais approm·é,
am, •on·
se le ra~pelle, ses compromissions politiques
~t depnis la l\érolu_tion, il s'était tenu à l'écar;
e Tournebut.
. Mais,
, . à la première nouvc•Ile
. .
des. arrestallons,
. . ,aisant trê\'e à des r écnm1na
1
wns
trop
tac1les,
il
élait
accouru
s
fi
àp
•
e ner
,ouen po~r etr~ à portée de ,a mère el de
son . frère pmonmers.
. banB
. Les lettres qu•·t1 ec
.
.,gea1l arec
. onnœ,l,
, dès qu'il lui lut permis
11 er les detenus indiquent d 1
ue
conse1
d l'
d ,
•
, e a part
e un et e 1autre, un grand sens de la
tCahados). l.a déclaration à nous r11-1
Nl)CI Langlois, jardinier àn-é de ir,, e padr JactJUCS•
• •" . , o
,,., ans cmcura 11
. ,1
cl_os f euqu1er •. ,aug1r_ari!, cl Louis IJacheÙcr
taire, rue _de Sèn:es, a \augiranl, âgé de -9
1 proprie7. ,\rcluves nat;onalcs, p S\ 71.
aus.

�IDSTO'R,1.Jl

_______________________________________.,

situation, une irréprochable honnêteté et une
récipro11ue et profonde amitié. Cette famille,
que Licquel se plaisait à représenter comme
uniquement composée de gens haineux, libertins ou égarés, nous apparait, dans ces cor-

respondances intimes, sous un jour bien difCérent; les deux frères sont pleins de respect
pour leur mèrej ils témoignent à leur sœur,
malheureuse et coupable, un attachement
attendri; jamais un mot de reproches, jamais
une allusion aux faits connus et pardonnés :
tous sont ligués contre l'ennemi commun,
contre Acquet, qu'un::mimcment ils considèrent comme l'auteur de tous leurs maux 1 •
A son retour du Temple, fort des serdces
louches qu'il uait rendus, celui-ci était renlré triomphant à Donnay; il ne cherchail pas
il dissimuler sa joie des catastrophes qui accablaient les Combray, et il les traitait déjà
en ennemis vaincus.
On tint donc conseil : l'avis de Bonnœil et
de Timoléon, comme aussi celui de la mari .\rchivcs ,le la fami!IC' d&lt;' ~aint-\ïctor.

quise, était de tout sacrifier pour sauver
!lme Acquet; ils n'ignoraient pas que les
dénoocialioos intéresst!es du mari faisaient
d'elle la principale coupable et que !'accusation devait peser presque entièrement sur
elle. Ils résolurent de faire appel à CliaureauLagardc, auquel le périlleux honneur d'assi~ter, devant le tribunal révolutionnaire, la
reine ,Jarie-Antoinette avait valu un renom
illustr1 l.f! grand avocat consentit à se charf!er de défendre )lme Aquet : il enmp à
HrlUcn, pour étudier l'affaire, un jeune secrétaire nommé IJucolomLier, qui halJitait
ordinain:menl arec lui : cf - un intrigant,
se disant médecin i,, écrirait dédaigneusement Licquct. Ducolombier se flia à Rouen
et rornmf nça par examiner la filuation, plus
que trouble, de la fortune des Combray. Depuis 11lu~ieurs année!&lt;, lJ marquise, aux
abois, arait consenti à la vente de quelqucsun~s de ses propriétés; Timoléon dut requérir des inscriptions hypothécaires pour la
1

•

:.! ••hdiirl's dC" la famille de Saint-\ïctor.

cousenation des droits de ses sœurs et de
ses propre:i créances; el, tout autant pour
parer au désastre financier qui menaçait 1&lt;a
famille que dans l'espoir d'ètre utile à sa
mère en atténuant, par acte authentique. sa
responsabilité, il pro,·oqua et obtint, devant
le tribunal de Louviers, la mise en curatelle
de Mme de Combray•.
Un arrêt de la Cour de cassation du 17 moi
1808, dessaisissant de l'affaire la cour de
Caen, en avait attribué la compétence à la
cour de justice criminelle et spéciale de la
Seine-Inférieure. C'est donc à llouen que,
« pour c.,usc de sûreté de l'État», allait se
dérouler le procès 11ui, d'arance, passionnait toute 1a Normandie. La curiosité était
singulièrement excitée par ce crime c!1ra11ge,
commis par des clames de thâteau, et l'on
s'allcndait à des révélations surprenantes,
l'instruction apnt duré plus d'un an cl a)"ant
mobilisé une yJritable armée de témoins,
appelés tant de la région de Falaise que des
alentours de Tournebut.

(A suivre.)

G. LENOTRE.

r
1

r
~

•

�</text>
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                  <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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        <name>Docteur Max Billard</name>
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                    <text>fflSTO']tl.11
tomba sur les armes, sur les sabres, sur les
lames, sur la qualiié que la lrempe pouvait
leur donner et qui les rend propres même à
couper le fer; je citai comme preuve du fait

un yalagan que j'avais rapporté de Corfou.
cc Qu'en avez-vous fait1.. me dit le général.
- Je l'ai donné à Talma. - Cela est bien
LAnr-:.1.c,.T, Sour:enirsd'un s~xagé11aire, 1. IV, p. ii.
-?-

d'un poèle. CPs messieurs font leur cour,
même aux rois de théâlre. - Je ne la fais
même pas aux héros, général i je ne la fais
qu'aux dames : madame est là pour le dire 1 )).

(A suivre.)

JosEPH TURQUAN.

1'APOLÉON REÇOIT A 8AINT·CLOUD LE Slb\ATUS-CONSULTE QUI LE PROCLAllE EMPEREUR DES FRA.~ÇAIS.

Gravure de PJGEOT. d'atrès k laéfeau de Roue.ET, - (Mttsie de Versailles.)

FR_ÉDÉR_lC LOLIÉE

"""

Napoléon et Talleyrand
Dans l'un de ses fréqu cnls accès de dépit ra)·onnement, elle n'a pas éclipsé l'autre.
contre une inte1ligence . qu'il ne put jamais Napoléon étendit sa gloire beaucoup plus haut
&amp;ubjuguer entièrement ni conduire à sa guise, et beaucoup plus loin : il fut déraciné par la
Napoléon croJait enfnmer en ce peu de mots lempête. TalleFand plia et dura. Nul ne fut
tout ce que Talleyrand, wn œuvre entière et d'aussi près associé que Tc1ll1::yrand aux vastC's
M réputation pou nient attendre du jugement
et tumuilueux desseins do !'Alexandre mcde l'avenir:
derne; nul ne connut, commelui,le caractère
, La poslérilé ne lui donnera d'autre place et la portée de la peméc impériale : son étenque celle qu'il faut pour dire qu'il a éié mi- due, ses irrégulariLés, ses excès. De même
nistre sous tous les gomernements, qu'il qu'il avait tendu l'échelle (tt d'une manière
a prêté ,,ingt ~ermcnts 1 , et que j'ai été assez combien dili~ente, combien opportune! ) à
sot pour m'y laisser prendre. 1)
l'ascension de Bonaparte, quand il le vit porL'hisloire, plus généreuse, ne devait point ter, en quelque sorte, par les événements; de
ratifier une opinion aus~i sommaire, mais, au même se rctourna-t-il contre lui, quand il le
contraire, élargir Je rôle et l'irnporlance du sentit irrémédiablemeut condamné. Napoléon
personnage qui fut l'adn-rrnire poli, perfidf', n'eut pas de plus préci, ux allié, ni de plus
quelquefois, en ses rno}ens, des dernières dangereux adversaire, - ce qu'il savait très
fautes de Napoléon. Les deux figures sont bien 1 . Oui, quant à cela, son opinion était
restées en présence dans la juste lumière de double-ment faite; et, cependant, jusquts après
leurs proportions ,éritaLles; et toute supé- la terrible leçon de 1814, ju,que pendant les
rieure qu'ait été l'une par l'immensité de sùn Cent-Jours, cherchant de dernières clartés

sur les bords de l'abîme où trébuchait ,a
puissance, il en reviendra au ministre qui l'a
trompé, d réclamera encore 'falleJrand.
Ces deux énergies se complétaient l'une par
l'autre, quand elles étaient unies. La première
incarnait le génie de l'action, la seconde exprimait cette force calme, lumineuse, du conseil, qui prépare les voies aux grandes résolutions ou permet d'en atténuer les retenlissements dangereux. Napoléon, comme l'exprime l'historien Mignet, projetait ce qu'il y
a,·ait de grand, de glorieux, de lointain;
Talleyrand parlait .ses soins à en écarter les
périls; et 1a fougue créatrice de celui qui détenait la puissance pom·ait être tempérée par
la lenteur drconspccte du ministre armé de
prudence, - aulant, du moins, que l'un
permettait à l'autre de s'interposer entre
l'obstacle et sa volonté.
Dans les rencontres difficiles où quelque
ingénieux euvhémisme, une déœarche de

Extrait de l'ounagc: Tollcyra11d el- La Société
fran çaise: Du p1·ince de Bénéi•eiil au duc de il lorny.
1-'11ü1]Rlf. l,111.1ü: . Un ,·o lumc in-8°. prix:
i fr. 50, tmilc-Paul, Cditcur.

noL1•c n1aison, à JJré~enL que la forlune l'abandonne,
depuis quelque lemps. , (Curre$]J01tdanee de IYapofëon 1~ t. XXVII, p. l:ïl , piCce 21 1 210. Au roi
Jo•epl1, .\"og-ent. 8 fénicr rnt L 1

ru·

VIL - lhSTORtA, - Fasc. 49.
LES AMATEURS DE PEINTURE, -

Tableau ,je ME(SSONIE:R. -

(Collection CIIAUCJIARO, Musé.! du Louvre.)

1. Exnclt'menl ll'ci1,c.
2. « Méficz-w,us de Tal!e~·r:uHI. Jo le pr.'llîl1ue
drpuis seize annCcs; j'ai mt'me eu ile ln fi11'cur )lO\ll'
. lui; mnis c'est sûrcmcnl le plus grand ennemi de

0

,

�-

111STOR._1.ll
°NAPOLÉON ET TIILLEY11_/11YD

.

sage et lente préparation, un temps d'arrêt,
une suspension favorable, pou\'ait amorlir les
effets d'un -choc brusque, 'J'alleyrand excellait
en la manière d'arrondir cc que la dictée de
Xapoléon arait de trop impérieux et de lui
frayer à Iui-mème les moyens de paraitre ou
plus habile ou plus fort, en redevenant plus
ëalme.
Bonaparte, qui jouait volontiers au Jupiter
(surtout au Jupiter tonnanl), oubliait, en
maintes occasions, les caressantes douceurs
de Tallcyrnnd, si moelleux en de certaines
letlres, si rmeloppant en ses paroles; il l'asrnillai( de reproches, d'interpellations vives;
néanmoins, il lui avait confié, n'ayant, auprès
de soi, personne qu'il en jugc:ît plus digne
ou plus capublc, les négociations d'Amiens,
celles dJ Prrsbourg, sinon celles de 'l'ilsitt.
Après Au:-tcrlilz, c'est sur lui qu'il se rPposcra
d'assurer la victoire par des accommodl'ments
qu'on e)pérait duraLles.
(&lt; Je veux la paix, lui écrirniL-il, arrangez
tous les articles du mieux. que vous le
pourrez. )l
Lorsr1u'il avait Lenté d'organiser l'Allemagne et l'Italie, c'est-à-dire d'en parlagf•r
les territoires, d'en diviser le~ gouverncmrnt-:,
pour fortifier d'aulant plus l'unitéde son empire: c'est 'l'alleyrand qu'il consulla longncmenl, afin d'en obtenir des clartés sur lt.!s
dé1ails et de la précision sur l'ensemble.
Le caractère de 'l'alleyrand ne lui élait
jamais apparu comme un miroir de droilurr;
et ses raisons étaient fondées pour lui en refuser
la louange. En revanche, la correspondance
de l'empereur déct\le, !t chaque page, l'eslimc
que lui inspirait - malgré lui - sa pénélration diplomatique et le prix qu'il allacbait
à ses scnices, parce qu'il en avait fait l'épreu vc
en des conjonc!urcs heurem-es oucompliquél'S
de son règne. li fallait que cet homme lui
semLlàt bien utile, ou qu'il en craignit singulièrement les dl's~eins cachés, ou qu'il allribuàt à sa présence une influence mistéricusc
dont il ne pouvait se passer, puisquP, sans lui
vouer une rétlle confiance, il ld coml,la
d'honneurs et d'or avec une munificence sar.s
égale. ll l'avait maintenu sept ans dans le
ministère; il avait inventé des fonctions supérieures inconnues pour qu'il fùt appelé viccgrand-élccteur après avoir été grand chamhtllan, el découpt', à son intention , dans la
di~tribution dLs grands fiefs nouvellement
créés, la principauté de Ilénérent.
Toutes cho5es finies, NapoMon dérlarera
qu'il s'était exagéré ses mérites, qu'il ne
l'avait trouré ni éloquent, ni persuasif dans
leurs entretiens, qu'il roulait beaucoup et
longtemps autour de la mème idée, et qu'au
sortir d'une longue conversation, entamée pour
obtenir des éclaircissements de sa _part, force
était de s'apercevoir qu'il n'y avait pas répandu plus de lumières qu'en la comrnen,~nt.
C'est que vraisemblablement, en ers joutes
malaisées, avec un interlocuteur fougueux et

imarrinatif comme celui-là, Tallcirand. se
confinait il dessein dans un argument umque,
qu'il y revenait sciemment, parce qu'il y
VO)ait lacler d'une situation. et qu'enfin , après
beaucoup d'insistances perdues, renonçant à
convaincre un homme qui le contredisait sans
l'écouter, il se tirait d'affaire, comme il pouvait, par des mots évasifs. ~apoléon ne faisait
pas si bon marché de ses avis, puisqu'il les
recherchait, surtout les regrettait dans les
périodes de dirficultés. Pourquoi Talleyrand
n'était-il plus là! Ah! ,i Talleyrand eût ru
l'affaire en main! Il en maniîestait l'impression sans ménagement au ministre chargé de
le remplacer, et qui n'arrivait point à tirer au
clair une situation embrouillée. En 1800,
étanl à Si.;hœnbrun, assis devant le bureau de
llarie-Thérèse, il rembarrait li. de Champagny
sur les lenteurs apportées dans les négociaLions. c&lt; Tallc)-rand, lui disait-il, avait une
allure plus \'ire; cela m l'Ùl coùté trente
millions, dont il m'aurait pris la moitié, mais
tout serait fini depuis longtemps. )&gt;
Soupçonneux à juste titre des intrigues qui
se tramaient, au dehors, entre ses alliés prétendus 1 cl ses rnncmis déclar~s, sans qu'il p1H
naimcnt distinguer ceux-ci de ceux-là, cherchant dans cette marche à tâtons des l larlés
indicatrices, il se retournait. en fin de comptr,
vers 'l'alle)'rand, pour qu',l l'aidàt à les découvrir. La vcill1&gt;, il se plaignait amèrement de
son jeu ténébreux. Maintenant, il lui rendait
en plrolcs une aIT~ction singuliè-re .
&lt;! Yous êtes un drôle d'hommei je ne
puis m'empêcher de vous aimer &gt;&gt;, lui déclarait-il sans le croire, ni le lui faire accroirt !.
Et le lendemain, il reparlait en de'i tirades
furibonJcs contre la traitrise innée dt! ce
Tallt'JTand.

1. « Alliés sm· le rêlin , ln dL•foction dans l';lmc. »
(A. Sorel.)
2. Le p1·incc de !lellernidt rapporte, en ses sou-

je veux faire une cliose, j1• n·emploic p.1s le pi·incc de
Bënén!nl; je m'a.Jrcsse à lui quand JC ne rem: pas
fail'e une chose, en ayaul l'air da la vuuluir. 1&gt; (Mél'HfJirC,&lt;:; \. 1·
p. 70. 1 Il y 3\ail là lii&lt;-n de la contre-

vf'nir~, qu'un jom· l'empereur lui a\·ail dit : « Qnan,I

0

....

C'était le plaisir de Xapoléon de réveiller
son monde, comme il le disait, par des sorties
imprûrncs autant qu'embarrassantes. D'habiludr, quand il y arait cercle autour de lui, il
parlait seul, lrès écouté, très rcdoulé. Sur
quelque point qu'il tùt porté le sujet de son
monologue, parli en coup de foudrr, comme
une inkrpella1ion, on ne se pcrmellait ,,ne
rarement d'y donner la réplique. Soil qu'ils
fussent tenus sous la crainte, soit pour une
aulre cause, les gens ~e dérobaient p:ir une
réponse fuyante et soumise ou par une ré\·érence de cour aux tiuestions trop dirt"cles
qu'il leur lançait à la tèle. 'l'alleyrand ne partagfait point celte impression générale d'i1llimida1ion , sincère uu jouée, en sa présence,
mais allendait le choc, ,ans lroul,le, et lui
renvoyait en douceur des mols où perçait de
l'ironie contenue, sous des apparences Je
respect et de louange. Au lem ps où l'rmpereur
n'en arnit pas encoreLrisé avec lui quant aux
formes de l'urh:mité, il savait esquire.r le:;
détails gènants par l'agrément d'un trait d'esprit, qui lui perm ettait de glisser sur Je reslt',

0

,

ou par une llatterie d'autant plus adroite
qu'dle n'avait pas l'air d'en ètre une, - la
seule manière de flatter qui ne fùl pas épuisée dans celte atmosphère d'adulation. E&lt;L
sofa species adulanrli superat. Ce fut à Bruxelles que Mme de némusat a\'ait entendu
Talle,rand répondre avec tant de finesse (le
détail en est bien connu) à l'interrogation subite de Bonaparte sur la façon dont il s'y
était pris pour accrollrc si rapidement sa
fortune.
&lt;c Monsieur de Tallc}'f.:tlld, on prétend que
vous êtes fort riche.
l) - 0,1i, Sire.
D Mais extrêmement ricl.e.
n - Oui, Sire.
» - Comment arez-vous fait? Vous étiez
loin de l'être à votre retour d'Amérique?
ii Il est vrai, Sire, mais j'ai racheté,
la veille du 18 brumaire, tous les fonds publics que j'ai trouvés sur la place; et je les ai
revendus le lendemain. 1&gt;
L'histoire était bien inrcntée pour les besoins de la cause. On dut se résoudre à l'accepter comme de la bonne et franche monnaie.
Cette indépendance mesurée, que rendait
soutenable en face d'un souverain aussi peu
endurant que Napoléon la délicate maoiè.·re
dont elle se traduisait, il s·attachait à la conserver sur les différents sujets qui mettaient
leur.s idées en présence. Il arrivait, de loin
en loin, que la littérature et les arts en fissent
Jes frais, quoique Napoléon préférât en causer avec des poètes et des artistes. Un jour
qu'il s'entretenait là-dessus avec son ministre
des ltelations extérieures, leurs vues ne s'étaient pas accordées sur les limites de cc discernement heureux, ,,jf et précis du nai, du
beau, du juste dans la pensée et dans l'expression, qu'on appelle le goût : " Ah! le
bon goût, riposta le prince de Bénévent, si
vous pouviez vous en défaire à coups de canon, il y a longtemps r1u'il n'existerait plus. lJ
TaUe)'rand, qui savait écouler et porter jusque
dans le mutisme des airs de louange, possédait as!urémenl l'un des meilleurs mo)ens
de lui plaire; encore ce genre de complaisance était-il suspect de sa part. Napoléon ne
s'en rapportait qu'à demi à ses silences approbateurs. Il lui senlait des arrière-pensées
dissidentes, contre lesquelles il éprou,·ait de
l'humeur, malgré qu'elles ne lui fussent
point connues.
Étrange vis-à-vis de ces deux maitres dissimulateurs! C'était une des tendances de
Napoléon de poser en principe que l'homme
vraiment politique doit saroir calculer jusqu'aux moindres profits qu'il peut tirer non
seulement de ses qualités ou de ses talents,
mais encore de ses défa uts. Or, TallcrranJ
professait la mèmc théorie. Mais, ce clui le
piquail au jeu, c'est que l'empereur Ja mettait en pratique si à fond qu'il en déconcertait la clairvol'ance la plus lucide. " Ce diable
fii1e!'.S&lt;'. )lais peut-èlrc, en pnl'hrnl ainsi, :\"~poléon lit!
tendail-it qu'à llaltcr Jldlcrnich, eu lui sug~l!rau_t
lï1léc qu'il lui cun!iait à lui cc quïl dis;imnluit a
Tallr':JT&lt;111ll.

•

D

•

_

_

NA~OLÉO:-l' DONNANT L A co;-.;STITUTI(•N AU DUCIIÊ DE VARSOVIE, EN 18o7. -

Tableau de ~lARCEL DE BAC CIARELLI

cgau~hc a drone: Valentin Sobo!ewski: Xa,·ier Dz_1atinski, _Pierre Bielcnski, L:ouis Gutakowski, Jean-Pau! LuszczcwsJ.i, Stanislas .Mata~howsld. ,\
c
Bassano; Talle) rand, prince de Bënèvcnt ; );apolèon; Stanislas Potocki, Joseph \\"tbicJ.i.
' i laret. duc d

d'homme, s'écriait-il chez Mme de Rémusat
!rompe, sur tous les points. Ses passion;
ellcs-memes vous échappent, car il trouve
moyen de les feindre, quoir1u'ellcs existent

réellement. 1&gt; Dans cc genre de comédie, si
la part de la sincérité était aussi mince d'un
côté que de l'autre, il est certain que Napoléon manœu\'rait avec plus de rm:c, Tafüy-

r~nd avec plus de mystère, et que ce derrncr, tout en apportant en affaires les mille
restrictions dont se gardent par métier les
diplomates, visait plus franchement au hui,

�-

'fl1ST0~111------------------------

parce qu'il n'aimuil pas, en somme, qu'on
fùt toujours dans l'inccrlituJe ou sur le
qui-rirn.
Durant la belle période, quand on pensait
y mir drs gages dP. stabilité, Talleyrand seconda d'un vouloir réllécbi les des~eins de
l'empereur, avec d1•s allernalin~s d'accord el
de d1!sunion. A din•rscs fois, éclataient dl'S
critiques, auxquelles il ne s'était pas allendu
rJ. qui gênaient ou déplaçaient le terrain des
négociations diplomatiques entamées. De,
admonestations impatiente,; lui par\'enaicnt

Qum! rnus t~les munan1uc et mus m'aîmt'Z

encore?
li n'était plus semible lJU'à sa gloire; il

sur ce que le ministre semblait outrepasser

les instructions qu'il avait reçues. ll laissait
couler l'averse et reprenait ensuite la discus~ion, d'un esprit calme et en se }oun•nant

que son rôlt! de modérateur lui avait toujours
été fort difficile à remplir. Uans un dé,ir
égal de retenir les excessifs de la fié:rnlution
et d'apaiser les violenls du pouvoir, n'avait-il
pas encouru, tour à lour. llS colères des uns
et des autres'! Les r~puLlicains l'accusèrent
d'aroir voulu soumellre l'l~lal à un maitre;
et ce maître, mêcontent des résistances même
légères qu'il lui opposait et de son refus poli
d'applaudir à tous ses actes, lui reproduit
celle demi-indépendance comme une trahison.
C'étaient les premiers ~ymptômes d'un désaccord plus profund.

Aux alentours de la paix d'Amien~, Talleirand eut sur les lèvres et alt bout de la
plume des compliments extrêmes à l'égard
de celui qu'il arait assuré, pour toute la riP,
d'un tendre et immuable dévoucmunt 1. Svus
le Directoire, passant les bornes, il arait représenté aux gomern:rnls, dont il dCsirait
endormir le3 soupçons, le général BonaparttJ
comme une âme éprise de calme el de simplicité, n'aimant que la paix, l'~tud~, les
poésies d'Ossian et n'aspirant qu'au repos,
après la ,·icloire. En parlant de la sorte, il
sa,·ait pertinemment qu'il n'était pas un
oracle de vérité. C'était bien de l'amour encc.re, sous le Consulat, lorsque des raisons
de santé l'ayant contraint de s"absenter de
Paris - le temps d'aller prendre les eaux à
Bourbon - il se plaignait comme d'un malheur véritable de cette cruelle nécC'ssiLé ,1ui
le priverait, pendant deux semaines, peul•
être trois, d'admirer de plus près la suLlimc
aclivité du héros~. Que serait-il? Que pourrait-il faire, n'étant plus à parlée de son
inspiration?
\'oil."1 le morncnl où je m'aperçois i,icn que,
depuis deux :ins, je ne suis plus accoutumé à
penser seul; ne pas vous voir laisse mon esprit
sa11s guide; aussi ,,1is-jc prohahlemcnl éaire de
pauvres chose~; mais ce n'est p:1s ma foule; jè
ne suis pas; complet, lorsque je suis loin de rnus.

,\ l'a,èncment de l'empire, ~es accents s'étaient tlc,és arec la grandCur Je l'homme ....
1. Bourbon, 30 messidor an IX (19 juillet 1801 ).
2. 20 messidora11 IX. (Arch. Fs. l~rance, ü5X, fol. 11. ;
'.i, /,el/n• 1'1: Trrlll'yrcwd à Sapuléou , Strasbourg.

senlir, à son tour 1 le charme de cette hienvcillance enjouée et prévenante 011 excdfoit
l't::mpercur, quand il daignait s'en donner la
peine; à s'en laisser pénétrer,'dis-jc, au point
de s'en souvenir longtPmps après, avec une
naucusc rntisfaction. Malgré qu'il ~ùl à quoi
s'en tenir sur sa sécheresse habituelle et
qu'il C'll eût rcsrnnli les cITds, il lui revenait
de citer, de sa part, des exemples aima1,lcs
de douceur et d'aménité. Un jour qu'il ~·
insislail, jusqu'à verser dans la louange rnperlatire, Montrond lui repartit, en riant :
!&lt; Vous pournz faire son éloge, ,·ous lui avez
fait assez de mal ! l&gt;

Voltaire n'écrivit pas à Frédéric d'épîtres
plus adroitement complimenteuses que certaines lettres de 'J'alleyrand à i'\opoléon. Comment, par quelle aggravation de causes, de
si Lell~s protestations devaient-elles aboulir,
chez le prince de Ilénévcnt, à un n!rita!Jle
anlag~nisme, rnu3 ks apparences d'un scr,·ice conlinuanl d"ètre actif et soumis?
Des démêlés sur la quc~tion curopéennr,
il y en eut toujours entre l'empereur et son
ministre, quant au fond ou dan~ la forme.
Au cours des années prospères, ces contradictions étaient accidentelles et mesurées.
Puis, rc,·enaienl des entre-temps de conciliation el d'harmonie exemplaires, oll leurs
sentiments se dt'ccraient à l'cnri. Napoléo11
arait failli presque l'aimer, si tant est qu'1l
eût jamais afl'l'ctionné &lt;1uelquc chose ou qu1:lc1u'un, hors &lt;li.! lui, dans ~on cercle mililaire
ou poli1ique. Talle}ranJ s'était $urpris à res-

Talle)'rand rn connut une période de crédit soutenu et qu'il fut prrsque seul à
exercer sur l'esprit Je Ilonapartc; sans lui
consentir aucune sympathie d':lme réelle, on
prêtait l'oreille à l'autorité de sa parole. Il
ne s'était pas abusé, dans ces avantageuses
conditions, jusqu'à se dire qu'il convcrlirail
jamais un tel Jominateu r 1t épomer les , u s
d'une politit1ue d'équilibre cl de modJration.
Mais il avait conçu l'espo:l" qu'il lui serait
possible d'endiguer le torrent. Il s'éfforça,
selon le mol d'un historien, de lier ses pas~ions en les reportant ailleurs, dans la voie
de3 créations à la fuis grandes et salutaires.
Napo!éon, avec sa percrption instaalanée df's
thoses et son amour de la nou·:cauté, inclinait à l'y suivre, pour l'y dépasser bientôt. 11
engageait l'entreprise et en jetait les bases
sans allcndre. Malheurcu~ement, il ne s'y
fixait point. li dérivait à d'autres flots, 11égligeanl ou renversant par caprice cc q11ïl
avait commeni::é d'établir. TalkyranJ, qui
n'arait pas le goftt de la lutlP, pied à pied,
ne persistait point. [l en arriva forcétne11t à
se décourager; et Jc3 ressource.; ffu'il avJit
mises à son service, il se fit à ridée de les
tourner, un jour, contre lui, quand ses exigentcs auraient lassé la fortune.
Dans leurs face à face pk.;us Jïu!errog1lÎùns, où se croi~airnt le doute, la défiance
réciproque, tous deux avaient eu le Lcn~ps de
se pénétrer 1l fond. Talleyraod ne cores;ait
aucune espèce d'illusion sur la capacité d'atlachement de l'empereur pour qui que cc
fùt. Non plus, Napoléon, tout en éprouvant
un plaisir intérieur à piler, puur son usa.~e,
h·s ~ervices ll grandes mani~rcs dl! cc parî.tit
homme cte cour et Ju monde, non plus NJpuléun ne rn lcurrail sur cc qu'il dernil
alleaùrc Je lui, en dehors d'un intérêt imméJial. Sïl cronil en la soumis~ion arcuglémenl idu}àtrc"' d'un duc de Uassano, il
n'ê1aiL pas dupe dl! la fidélité de cœur d'une
certaine portion de son entourJgc . li ménageait Talltiyrand, il tulCraiL Fouehé, parce
fJu'il aimait micut les saroir sous sa griffe
qu'en liberté. M..1i5 il l'tait fixé sur le vrai Je
leurs scnlimcnls. Talleirand l:l Fom:hé ... ces
nom!&gt;-là furent la t:ontinucllc oLsession dl! si
pensCc. Lors'fnÏl ne sera plus le maître de
frapper, Jes mou\'cmcuts vindicatifs lui re~

2;:i ,·c1ulémi.iircau XIV {17 oclolwc 1805). Tallcyramt,
en écrîva11L 1·cs lignes, usail d"uu conseil détourné
pour rf'lrnîr '.\'apoléon dans les bornes •le la m0&lt;1l;r:t~

lion, après ses rapiclee ,ictoîres en Allcm.1in e, cl l'iodi•
ncr ii. ,tes mes con~iliantrs, ér1uit.ibll'~ 1 génl'rcu~c~,
riuï! feint de lui w .z~ércr poui· l'y mi1'11x dis110srr.

CHARLES-MAURICE

DE TALl,F.YRA);D ,

PRINCE DE BÉ~ÉVE'.'iT

D'apn\s le /.:Jl'/eau du R\RO:,. Gf.RARn.

n'a,·ait plus d'amour-propre que par rapport
à lui, Sans tomber dans ua genre Je flagornerie contraire à la délicatesse du goût, il
lui prodiguait de cet encens choisi, où se
surpassent les connaisst urs :
Sire,

Dans l"éloignement où je suis de Yolrc ~fojeslé,
ma plus douce ou plutôt mon unique consolalion
est de !Hl' rapprol'het· d'clll', aulant qu'il est en
moi, par le someoi1· el par l::i préro~·:ince. Le
p.is~é m·cxpliquc le présent et cc qu'a fail \'otrc
ll:ijcslé me devient tm J)l'!i~age de ce qu'e1lc doil
f:1îre; car, t:rndis que les dé.crminations des hommes ordinaires varient ~ans cesse, celles de Volre
~fojestt', prco:rnt leur ~ourre dans sr. magnanimité
nalurclle, !;OUI, d,ms les même~ circonslaoces-,
irrévocaùlemc11l les mèmcs~.

HISTORIA

MADAME GRAND _ PRINCESSE DE TALLEYRAND
Peinlpat&gt;M":-"VIGÉE LE BRUN~ CollectiondeM1'Ja.cquea DOU CET

PL. 4 9

�'-------------------------------monteront au cuveau pour le mal qu'il aurait pu leur faire et l'imprudence, qui fut
sirnnc, de s'en abstcni.r.

Il y avail des instants ot, Talleyrand surtout, cette énigme vivante, crispait, exaspéra:t ses nerfs. Il le haïssait et le désirait, le
rèC'herchail et l'éloignail, le □ allait et l'accaLlait d'invectires; c'était une con tinuelle hésitation de la colère cl de la faveur. Le garderait-il ministre? L'eu\'errait-il en ambassade?
Ou le ferait-il assassiner1 Serait-il moins à
craindre, bien rivant ou menacé de mort,
dans les honneurs ou dans l'exil? Parvicnèr.,it-il , lui Napoléon, à se l'attacher défiaiti-

NAPOLÉO'N 'ET TJ1.Ll'E'Y7/.J1.'ND -

en soi. Tel, Louis XI\', à l'égard de ses gJnéraux, de ~es ministres, qui ne pouvaient h!!.sarder d'initialire éclatante qu'en lui donnant
à croire qu'il en avait été le conseiller, l'inspirateur, et que la gloirè entière lui en revenait à lui seul. Conscient de la supériorité de
ses aptitudes en la science diplomatique, Talle)'rand avait fondé des espérances lonJues
sur la durée d'une influence que l'empereur
s'était empressé de lui retirer, du jour où il
pensa Yoir qu'elle aspirait ~l se rendre indispensable. Napoléon n'aimait pas entendre
louer. On vantait trop la prudence et la sagacité de Tallei-rand; on en redisait lrop sou-

dépassaient pas les limites d'une couverrntion, il avait afl't!cté, depuis lors, de tenir
loin de ses conseils le prince de Talleyrand el
de ne travailler ostensiblemenl qu'avec le
comte de Champagny.
Le signataire des traités de Lunéville,
d'Amiens et de Presbourg, en conçut une
aigreur dont les eITets rejaillissaient de la
personne du maître sur celle du serviteur.
On s'en apercevait, de reste, aux sarcasmes
qu'il se plaisait à décocher contre le noaveau
ministre et la nature suballerne de ses fonctions. Obéissant à des considérations plus relevées, il vopit avec douleur son impuissance

ESQUIS.iE 1/,\Ptü,.S ,\ATJ.;!œ, l&lt;El-'RESEN'fA/\'f LA RÉ.t;NluN DES SuUVERAINS ACCOMPAGNA:.T L'E.ul•EkEUR AU BAL DONNE P~R LA VILLE DE PAIW.::)
LE 4 DÉCE)IBRE 1809. -

Dessln et gravure

ae A .

GODEFROY,

Personnages assis (de gauche à droite) : Joachim·:\'apolêon, roi ùe ~aplcs; Frédéric-Auguste, roi de Saxe; NrOme-Xapo!~on, roi de \\"estphalic; Frl!tléric, roi de
Wurtemberg; Louis-Napoléon, roi de Hollande; :\'apo\eon; l'Jmpératrice J oséphine; Madame, mère de !'Empereur; Marie- Julie, reine des Espagnes; Hortense•
Eugénie, reine de Hollande; Marie-Caroline, reine de :\"ap!es; Frédérique-Catherine, reine de Westphalie; Marie•Pauline. princesse Borghèse.

vcment, à force d'argent? Ou le verrait•il lui
échapper comme une ombre glissante et
jamais sùre? Plus d'une fois, il avait arrêté
le projet de le perdre, mais il en avait suspendu l'exécution, pu l'arrière•pensée quïl
aurait eu l'air dele craindre en s'en défaisant.
Les premiers refroidissements sensibles
suryenus entre eux tinrent à des causes tout
humaines.
Une susceplibililé jalouse, donl toul son
génie ne pouvait le défendre, indisposait 1'apoléon co,ltrc les succès lrop marqués de ses
anciens compagnons d'armes ou de ses négociateurs, parce qu'il prétendait résorber tout

vent les termes à son oreille. Il s'était senti
fatigué d'un ministre, à qui l'opinion attribuait tout le mérite des négociations heureuses. C'était une part qu'on lui dérobait d~
sa puissance et de ses facultés géniales. En
éloignant Talleyrand des affaires étrangères,
sous les compensations apparentes d'une
dignité essentiellement décorative, en choisissant pour lui succéder un homme instruit
mais faible, comme l'était Champ33ny, il
avait voulu qu'on s'accoutumât, d~orm3ÎS,
à Lien savoir que lui seul, chef &lt;le l'Élat,
concevait ses plans et en surrcillait l'exécution. Sauf des rappels occasio_nncls, qui ne

i1 conlre-balar.cer par des arnrtissemenls salutaires les conséquences d'une polilique
intempéranlc.
De son côté, Napoléon avait trop de pénétration pour ne pas comprendre qu'il avait
piqué au vif l'amour-propre de Talleyrand cl
que ni l'argent ni les honneurs ne seraient
un baume assez efficace pour guérir ce genre
de blessure, donl le premier effet est de supprimer toute sensibilité de gratitude et Ioule
capacité de dévouement. li en étail d'aulanl
mieux averti qu'il le savait peu scrupuleux
et qu'il en avait eu la preuve, par lui-même,
aux dépens du Directoire. Sa défiance s'était

�H7$T0'1{1.ll
fortement accrue; il la nourrissait et l'entretenait, contre lui, par des motifs sans précisirn qui ne demandaient qu'à s'exhaler en
des paroles de colère. Ils étaient à deux de
jeu. Tallcyrand arail fait ,on compte sur Je
néant d'un zèle sans résultat d'utilité ni pour
les autres ni pour lui-même. Du mécontentement à la froideur, de la froideur à la mésintelligence, de la mésintelligence à l'inimitié profonde, ce furent Jes élapcsfrancbieil,
en peu d'années, de son ressentiment jusqu'à ce qu'il lui eût donné celte joie de voir
à terre l'empereur et l'empire.
c&lt; Celui qui négocie toujours trouve enfin
un instant propice pour venir à seS' fins. 1 i&gt;
Cette heure devait arriver immanquablement, dans le délai qu'avait entrevu Talleyrand, du fond de ses desseins d'intrigue,
dont une partie, bùtons-nous de le dire, tendait à un but sincère de pacification générale.
Les manières d'agir et de parler de Napoléon,
comme elles se prononçaient, de jour en
jour, contre lui-mème, n'étaient pas de nature
à J'en détourner.
Avant que le grand choc n'éclate, bien des
mots sonneront à son oreille, qui ne seront
pas exactement des douceurs. Il devra les
supporter sans avoir l'air de les entendre. Il
n'en modifiera pas d'une ligne son habituel
maintien. Mais s'il possédait une patience à
toute épreuve pour affronter les procédés
blessants, sourire aux impertinences qu'il ne
pouvait pas corriger d'un mot dominateur, ou
dévorer l'insulte quand elle venait de si haut,
il n'y était pas aussi insensible que semblait
l'indiquer le flegme de son attitude. Il fei•
gnait d'ignorer, mais il. n'oubliait poinl.
Savoir attendre était son art.
Napoléon avait conçu une singulière i&lt;lJe
- quelquefois trop justifiie - de la bassesse
humaine, et sur laquelle il se fondait pour
croire que plus on houspille un homme tenu
sous ·mtre dépendance, plus on l'outrage,
plus il vous devient ami, s'il y voit de l'intérêt. Il l'avait pratiqué contre ses frères,
contre de hauts fonctionnaires et des gens de
bas étage. Il eut le tort d'appliquer les mêmes
vues et le mème traitement à.. un Salicclti et
à un Tallej'fand.
La double humiliation que lui avait infligée Bonaparte, d'abord en l'obligeant à contracter un mariage peu digne, ensuite rn
repoussant de la Cour celle qu'on l'avait
presque forcé d'épouser, n'était pas sortie de
sa mémoire; elle y avait déposé les premiers
germes d'une longue rancune. Qu'on ajoute
à ces précédents d'ordre intime les causes
plus générales dont nous arons développé
l'enchaînement, et c'est assez pour s'expli1.. Richelieu , T esfam enl politique.

quer son effort mélhodique à seconder contre Iéon triomphait. D'opposition de principe, il
Napoléon la marche adverse des événements. n'en avait rencontré que chez Talleyrand. Il
Les alfa ires d'Espagnedécidèrenl la rupture . voulut le rendre témoin de son orgueilleuse
Lorsqu'il avait été q•eslion d'envahir la salisfactiorr. li le rappela de Valençay à
Péninsule sans motif de guerre, 'falleyrand Nantes, où il s'était arrêté, à son retour de
n'avait pas craint d'élever la voix, au sein Bayonne :
:&lt; - Eh bien! lui avait-il lancé, à l'une
d'un Conseil d'État asservi, pour condamner
celle entreprise comme impoliLique et dange- des premières conversations entamées sur le
reuse. Après l'insuccès trop certain de cette sujet, eh bien ! vous voyez à quoi ont abouti
aventure de rapt, qui avait débuté par l'inva- ms prédictions, quant aux. difficultés que je
sion de Burgos et de Barcelone, celui qui rencontrerais pour terminer les affaires d'E'il'avait ordonnée voulut en rejeter la faute, en pagne, selon mes vues; je suis, cepen~an!,
grande partie, du moins, sur celui qui l'avait venu à bouL de ces gens; ils ont tous éte pris
déconseillée. Tout au conlraire des déclara- dans les filets que je leur avais tendus; et je
tions de Talleyrand, Napoléon affirmera qu'il suis maitre de la situation en Espagne, comme
avait presque cédé à son instigation en con- dans le reste de l'Europe. n
Il avait pris, en parlant ainsi, le ton mofisquant le lrùne d'Espagne.
Dès 1805, le prince avait eu connaissance queur, l'air sarcastique. Légèrement ému de
du projet, que nourrissait l'empereur, d'y cet excès de conGance, alors qu'on n'en était
remplacer la dynastie des Bourbons par celle qu'au début des événements et que des comdes Bonaparle. li avait pu, tout en ne l'ap- plications graves étaient à craindre, Talle)Tand
prouvant pas intérieurement et en princi~e, ne put se défendre de lui objecter qu'il ne
l'admellre comme un moyen terme, se rallier voyait pas la situation sous la même face et
t1 l'idée d'un arrangement, qui aurait donné qu'à son avis l'empereur avait plus gagné
à la France le territoire situé au nord de que perdu, dans cc qui venait de se passer à
l'Èbre et cédé, en guise de compensation, le Bayonne.
" - Qu'entendez-vous par là? demandaPortuaal à la monarchie espagnole. Les
0
t•il en arrêtant de marcher, de long en large,
moyens
employés ne furent point ceux qu ''l
1
avait prévus, mais des procédés sans fran- à travers la chambre. »
Et son interlocuteur, avec un calme plein
chise, dont il porta condamnation de la mad'énergie,
que nul ne posséda comme lui en
nière la plus formelle : " On s'empare des
couronnes, prononçait-il, mais on ne les présence de Napoléon, reprit, de la manière
escamote pas. " Il l'avait dit avec une égale suivante, sa démonstration :
" - lion Dieu! c'est tout simple et je
netteté au comte Beugnot, qui en a laissé le
vous
le montrerai par un exemple. Qu'un
témoignage par écrit.
homme
dans le monde y lasse des folies,
0
Nul ne l'i nore : la trame fut savamment
ourdie. On ~péra, avec un art de perfidie qu'il ait des maîtresses, qu'il se conduise
consommé, ce dépouillement d'un roi qui mal envers sa femme, qu'il ait même des
était venu, de confiance, rendre des hom- torts graves envers ses· amis, on le blâmera,
mages à un souverain son allié depuis dix sans doute· mais·, s'il est riche, puissant,
ans. Les princes, on les tenait en chartre habile, il p~urra rencontrer encore les in~ulprivée dans Valença.y'. Le trône était va~ant, oences de la société. Que cet homme triche
le territoire inondé de troupes françaises. ~u jeu, il est immédiatement banni de la
Joseph n'avait plus qu'à s'installer. Le pro- compagnie, qui ne lui pardonnera jamais! )J
Le visage de Napoléon bl~mit d'une colère
o-ramme de cette dépossession s'était accompli, de point en point, comme l'avaient réglé muette. li s'abstint de répondre, voulant se
les ordres sans réplique d'une activilé ~ans donner le temps de réfléchir sur la sanction
scrupule. Persuadé que les Espagnols, s'ils qu'appellerait, tôt ou tard, un!:! contenanc~
commettaient la folie de résister, seraient aussi osée. li ne retint pas Talleyrand , qm
incapables de tenir, il considérait déjà comme put retourner à Valençay, auprès de ses
terminées les affaires de la PJninsule et, pir hùtes, les prisonniers de l'empereur.
Il avait gardé le silence, ce jour-là, où l'on
conséquent, les e3lÎmant indignes d'occuper
était
seul à seul. !fais, quelle revanche de
plus longtemps son allenlion, impatient d'en
son
irritation
contenue, celle qu'il se ménagea
reporter l'dfurl sur d'autres objets, contre
l'Autriche, surtout, qu'il se proposait de à son heure aux Tuileries, entouré de ses
faire rentrer dans le néant, contre tous ses grands digni~aires ! Talleyrand n'a pas jugé
adversaires du jour et du lendemain, Napo- bon d'en relever les termes, au courant de
ses souvenirs; une telle réserve se comprend
2. Napoll·on arnit loué cette J.lrOpri~té de_ Ta}leyran!I au prix de 75,000 fra_ncs lie p~inee a1ma1~ le.s plus qu'à demi : il n'aurait eu rien d'agréable
affaires 1io~iti vcs), pour servir de résidence forcec a
à en rappeler.
Ferdinand Vil cl à son frère, l'infant don Cal'los.
FRÉDÉRIC

(A suivre.)

LOUÉE-

Tournebut
-

.

DEUXIÈME PAR_TIE

CHAPITRE PREMIER

Licquet (suite).
En l'absence du notaire Lefebvre qui eùt
pu donner la solution de cet obsédant rébus,
et que CalTarelli ne se décidait pas à faire
arrêter, il restait un moyen de connaître le
secreL de Mme de Combray; moyen odieux, à
la vérité, mais que Licquet, dans son désarroi,
n'hésita pas à employer : c'était de placer
près d'elle un« mouton&gt;&gt; qui la ferait parler.
Il y avait, à h Conciergerie de Rouen, une
femme Delaitre, recluse pour six ans, qu'on
employait au service de l'infirmerie; elle avait
d'assez bonnes manières, s'exprimait bien et
était à peu près du même âge que Mme Ac-quel. li lut facile de s'assurer que celte
femme consentirait, moyennant remise d'une
partie de sa peine, à servir d'espionne à licquet. On parla d'elle à Mme de Combray, en
ayant soin de la présenter comme une ro1alis1e
fanatique « tourmentée pour ses opinions J&gt;;
la marquise témoigna le désir de la voir; la
femme Delaitre joua parfaitement son rôle,
se donna comme ayant été élevée avec
Mme Acquet au couvent des Nouvelles Catholiques de Caen, se dit fort honorée de partager la prison de la mère de son ancienne
amie de pension; bref, le ~oir même, elle
était en mesure de transmettre à Licquet les
confidences de la prisonnière. Celle-ci lui avait
conté comment Mmr. Acquet avait assisté,
sous un costume d'homme, à ~e nombreuses
attaques de diligences; Mme de Combray ne
redoutait rien tant que de voir sa fille tomber
entre les mains de la police : " Si elle est
prise, disait-elle, elle me chargera 1 • » D"ailleurs, la marquise était résignée à son sorti
elle se savait destinée à l'échafaud : " au surplus, le roi et la reine ont péri sur la guillotine; elle y mourra bien aussi' 1&gt;; pourtant,
elle s'inquiétait de sarnir si, au moyen d'une
forte somme, elle pourrait se sauver; du
cheval jaune pas un mot.
Le lendemain, elle insista sur les craintes
que lui inspirait le sort de sa fille; elle aurait
voulu l'avertir ci de changer de costume et
de se placer, comme servante, à dix ou douze
lieues de Falaise )) , revenant toujours à ce
1. Dèclaralion il e la femme Delailre infirmière à
la conciergerie du Palais. Archives nationales, F7 8 Ji2.
2. &lt;1 Elle complc tellcmeul périr, qu'e lle a promis

1804-1809 _ .

refrain : &lt;&lt; Si elle est arrêtée, elle parlera et
je suis perdue. &gt;&gt; De sorte que Licquet se
persuada que, si la marquise attachait tant
d'importance à ce que le cheval jaune ne lùt
pas trouvé, c'était parce que sa décôm·erte
devait indubitablement amener celle de
Mme Acquet. Celle-ci avait, depuis deux semaines, si complètement échappé aux recherches du capitaine Manginot et de toute la
gendarmerie du Calvados que Iléal était convaincu de son passage en Angleterre. - &lt;1 Les
pêcheurs de la côte, écrivait-il, sont si mal
snrveillés 3 ! l&gt; Or, .sans d'Aché, sans Mme Acquet, point de procès possible : l'arortement
des poursuites, en divulguant la force de
l'organisation du parti royaliste et l'impuissance du gouvernement, donnerait pleinement
raison à l'indolente neutralité de Calfarclli;
en revanche, Licquet savait bien qu'un insuccès serait la fin de sa carrière : il a\"ait
fait de l'alTaire sa chose; son préfet, Savoyef\oHin, ne le suivait qu'à contre-cœur, tout
prêt à le renier en cas d'échec; Réal luimême prenait des précautions pour sacrifier
au besoin un subordonné si compromettant
et, aux lettres de ton amical, émanées du
ministère de la police, succédaient maintenant des ordres secs qui présageaient la défaveur : " Il est indispensable de découvrir la
retraite de Mme Acquet; - il faut procéder
dans le plus bref délai à l'arrestation de
d'Aché- et surtout trouvez lechernljaune ! l&gt;
Comme si la marquise se fût complue à
accroître le désarroi où l'évocation de cette
bête fantôme jetait son persécuteur, elle continuait à griffonner de sa haute et rude écriture, sur des chiffons de papier que le concierge était chargé de ti:;ansmettre au notaire,
toujours absent, d'ailleurs :
Il y a un grand cmlnrras : le clicral jaune est
dénoncé pour manquer. Je p1·endrai le parti d'envo~·er un homme bien Slll' et spil'ituel il l'endroit
du cheval pour en prévenir les habitants et faire
tuer le cheval, ù douze lieues de l'endroit et le
dépouiller ensuite. Mettez•moi par écrit la toute
qu'il faut qu'il 1irenne, les personnes auxquelles
il f:iut s'adresser pour arriver san s foire une seule
de mande. Il est fort et homme à faire quinze
lie ues par jour. RéJJonclcz-moi.

Pour trouver &lt;&lt; cet homme bien sûr et
spirituel » Aime de Combray avait eu recours
à la femme Delailre, laquelle, sur le conseil
â la dé clarant e de lui fa ire cadeau de son ajustement
le jour oll c lic montera à. la guillotine, ce à quoi r,lle
s'aHend . » DCclaration de 111 femm e Del,1ilre.

de Licquet, arniL offert le concours de &lt;1 son
mari, honnête royaliste » qui, en réalité,
n'existait pas; mais Licquet tenait un de ses
agents prêt à jouer le rô1e de ce personnage
fictif et à se mctlre en quèle du cheval dès
qu'on serait fixé sur l'endroit où il était
caché. Sur ce point, comme sur d'aulrcs,
Lefebvre s'obstinait à ne pas répondre, et
pour cause, et Licquet se trouvait obligé
d'avouer sa déconvenue à Iléal : - " La difficulté n'est plus d'intercepter les lettres des
détenus, écrivait-il, mais elle consiste à y
répondre dans un sens tellement juste qu'ils
puissent s'y méprendre. Cela commence à
devenir très embarrassant à cause des imbroglios que chaque jour nous amène. Vous
aurez, Monsieur, à m'accorder une bien
grande absolution de tous les péchés que celle
circonstance me fait commettre; au reste,
toute ruse est permise en amour comme en
guerre, et bien certainement nous y sommes
avec les méchants 4 • » Ce à quoi Réal répondait : - c&lt; Je ne puis croire que le cheval
n'ait servi qu'à la fuite de !lme ,\cquet : on
ne conseillerait pas l'étrange précaution de
lui faire faire un voyage de douze lieues, de
le tuer et de le dépouiller ,ur-le-cbamp. Ces
craintes vous annoncent l'existence de quelque
délit grave pour lequel ce cheval aura servi
et que son existence peut faire dévoiler. li
faut savoir l'histoire de cette bête; depuis
quel temps elle appartient à Mme de Combray, quels étaient ses maitres auparavant 5 . &gt;J
Et Licquet avait beau jurer qu'il était à bout
de ruses et d'inventions, on lui répliquait invariablement: - c&lt; Trouvez le cheval jaune! 1&gt;
Il en était déj~t à maudire son propre zèle,
quand un incident inespéré lui rendit la confiance et l'énergie: Lefebvre, arrêté à Falaise
dans les premiers jours de septembre, venait
d'être écroué à la Conciergerie de Rouen :
c'était là une nouvelle carte qui, bien joriée,
pomait rétablir la partie. li fut facile de faire
écrire par Mme de 8ombray un billet daos
lequel elle insistait une fois de plus pour
connaître (( l'adresse exacte du cheval &gt;J , et le
notaire répondit, sans méfiance, au verso du
feuillet :
Che; La1we, à Glatigny , 11ri!s d e Brei/ailli:-s111·-Dit•1'~.

Chez Lanoë! Comment Licquet ne l'avait-il
pas deviné! Ce nom, si fréquemment cité
. Archi r cs nati onales, F1 8170.
. Archives nationales, F 7 8172.
. Archî\·cs nalîonales 1 F' 8110.

�. _____________________________________T

111STOR,.1.ll
dans les déclarations des inculpés, n'avait
pourtant point retenu son attention. C'était là
bien certainement qu'était cachée Mme Acquet
et, tout de suite triomphant, il expédia à
Réal un exprès pour lui annoncer l'heureuse
nou\'elle: en même temps il mettait en route
vers Glatigny deux agents adroits 1 : ils partirent de Rouen le 1:; septembre et les heures
parurent longues it Licquet en attendant leur
retour. Trois jour~, cinq jours, dix jours se

Il

fous vo1ez que mon commissionnaire rst d'expétlition. J'en re.;.ois par occasion sùre une l1·tlrc.

Il a été chez la femme L:moë, a lroun~ le cheral,
a monlé dessus, a foit cinq à six lieues, l'a tué et
;1 emporté la peau. li m'en en,·oie les crins dont
je parlagr. avec vou,; moitit! pour _,,ous faire \"O!r
b ,·érité · ainsi sovez s,ms inquiétude. Je v:i1s
l'crire à S0~-cr pom~ qu'il dise qu'il ~ Yendu le
cheval 550 li,•rcs à l'{&gt;poquc de la Gmbra~, à un
1

marchand.
Dans sa joie d'ètre délivrée de son caurhcmar, la prisonnière écrivait le même jour à
Colas, son valet d'écurie, écroué, lui aussi, à
la Conciergerie :

être l'une des péripéties iraient rejoindre,
dJns les cartons des affaires à classer, toutes
les tentatives du même genre dont la police
ùc Fouché renonçait à rechercher les auteurs
insaisis-=ables, lors1u'un incident inattendu
réreilla la verve de Licquet et lui suggéra
l'idée d'une nouvelle machination.
CHAPITR,E Il

Madame Acquet.

passèrent sans qu'il reçût de leurs nouvelles;
pour s'aider à prendre patience, il s'occupait
à cuisiner - c'est le terme de police consacré - le notaire Lefebvre : une correspondance suivie s'était établie entre Mme de
Combray et celui-ci ; mais il montrait dans
ses billets, aussi Uien que dans ses interrogatoires, une défiance exlrême!. Licquet
s'effarait mème à la pensée que le prudent
notaire n'aurait pas indiqué l'asile du cheval
jaune s'il n'était bien persuadé d'avance que
celle pi~te ne pourrait conduire à rien . Aussi
le policier, qui jouait son va-tout, vécul-il
dans l'angoisse les deux semaines que dura
l'absence de. ses agl'nts. lis rCparurent enfin,
déconfits et na,rés, trainant le cheval jaune
fourbu et amenant une sorte de colosse,
« assez semblable à un grenadier 3 )) , qui
n'était autre que la femme de Lanoë. Le récit
des émissaires de Licquet fut aussi court que
décevant. En arrirant à Ilretleville-sur-Dires,
ils s'étaient présenlés, avec mille précantiom:,
à la ferme de Glatigny et n'y avaient pas
trouvé Lanoë. que Caffarelli a mit arrêt6 quinze
jours auparavant. Seule, la fermière les avait
reçus et, dès leur première question, les avait
conduits à l'écurie du fameux chenil, ravie
d'ètre débarrassée de celte Lête affamée qui
consommait tout son fourrage. Les agents
avaient poussé jusqu'à Caen et obtenu du
préfet l'autorisation de converser avec Lanoë:
celui-ci avait reconnu sans difficulté que le
cheval lui avait été remis, à la fin de juillet,
par Lefebvre, revenant de Tournebut; mais il
s'~tait défendu de connaitre la retraite de
Mme Acquet. A l'en croire, celle-ci élait
et prisonnièr~ de sa famille &gt;&gt; cl jamai~, sans
doule, on M la dPcouuirait, tout le pa1s de
Falaise étant vendu à M. de Sainl-LéonarJ,
maire de la l'ille, qui s'était déclaré le protecteur de sa cou~ine.
On renvoya à Glalign)' la femme Lanoë,
mère de trois enrants en bas âge, mais on
garda à Rouen le cheval, dans le vague espoir
que Ja présence de ce « témoin muet » amènerait quelque révélation : même Licquel
prit le soin de lui couper quelques poils qu'il
tit passer, précieusement empaquetés, à
Mme de Combray, lui laissant croire que cet
envoi provenait du fidèle Delaitre auquel eUe
a\'ait confié le soin de faire disparaitre l'animal compromettant. Le soir même, la nnrquise, rassurée, adressait au notaire ce billet:

Ainsi finit l'histoire du cheval jaune : il
termina sa mystérieuse od)'Ssée dans les écuries du préfet Saroye-Rollin où Licquet venait
souvent le visiter, comme s'il ellt pu lui arracher son secret. Car il lui restait un doute :
la phrase de Iléal le poursuivait : Si ce cheMl n'amil servi qu'ù. la fuite de Mme Acquet, on ne conseillerait pas fétrange précaution de lui faire (afre un 11oyage de
douJe lieues, de le tuer et de le dépouiller
sur-le-cliam1J. Aujourd·hui même qu'on peut
aisément pénétrer les dessous de l'intrigue, il
reste là une sorte d'énigme. Le cheval n'avait
pas servi à Mme Acquet, puisque nous savons
que, depuis le Yol du 7 juin, elle n'avait point
quitté la région de Fàlaisc : le notaire L~febvre l'avait monté, il est vrai, pour reYemr
de Tournebut; mais était-:-e une circonstance
à dissimuler avec tant de soin? Pourquoi la
marquise, dans ses lettres confidentit·lles, insiste-t-elle à ce poinl? - Dites que le notaire
est rentré chez. lui à pied, e~l une phrase
qu'on retrouve à chacun de ses billets; puisqu'on ne faisait pas m)'S tère du rnyage, la
façon dont il s'était eficctué n'était-elle pas
indifférente?
li resta donc là une part d'inconnu et Licquet ne s'en consola pas : ses ruses n'avaient
amené aucun résultat; d'Aché restait inlrouvable. Mme Acquet avait disparu; son signalement avait été vainement adressé à toutes
les brigades de gendarmerie'. Manginc,t,
désespérant de réussir, renonçait à la poursuivre, et Sa\'Oie-11ollin lui-même &lt;( était délerminé à tout suspendre~ •. Telle était la
situation dans les derniers jours de septembre; il était bien probable que le l'Ol du
Quesoay et le grand complot dont il semblait

La réclusion, l'isolement, les angoisses
n'avaient en rien modifié la rude nalure de
Ja marquise de Combray. Celte femme, accoutumée à la vie de cbàleau, s'était, dès le premier jour, accommodée de l'existence des
prisonniers, sans rien perdre de son caractère hautain et despotique; ses illusions
mêmes restaient intactes. Elle se figurait
diriger encore, du fond de rnn cachot, ses
affidés et ses agents qu'elle considérait en
bloc comme des serviteurs, sans se douter
que la liberlé d'écrire dont elle abusait n'était
qu'un piège tendu à sa vanité ingénue. En
moins d'un mois el!e avait adressé à ses
codétenus plus de cent lettres qui, louté::,
étaient passées par les mains de Licquet : à
l'un elle dictait les réponses qu'il avait à
faire; à l'autre elle conseillait le silence,
s'érigeant en juge absolu de ce qu'ils devaient
dire ou taire et ne pournnl s'imaginer qu'un
seul de ces pauvres gens pût préférer la vie
au bonheur de lui obéir. Elle eût traité d'imposteur quiconque lui eùt affirmé que tous
ses comp1ices l'avaient abandonnée, que Soyer
s'était empressé de dévoiler les caches de
Tournebut; que Mlle Querey avait dit cc
qu'elle avait vu; que Lanoë importunait Caffarelli de ses incessantes révélations, et que
Lefebvre, qui ne se taisait plus que par prudence, était tout prèt, pour sauver sa tète, à
raconter plus qu'il ne savait.
La marquise ignorait toutes ces défoctions :
Licquet avait créé autour d'elle une atmosphère à ce point artificielle qu\,Jle vivait
dans l'illusiou de sori importance d'aulrdois;
convaincue que personne ne l'égalait en finesse
et en autorité, elle considérait le policier
comme un homme assez spirituel pour un
petit bourgeois, mais qui, dès qu'elle voudrait s'en donner la peine, tournerait tout à
sa dévotion. Et Li,·quet, avec une habileté
quasi géniale, pénétra si bien l'àme altière
de la marqui~e, il fot si parfait comédien
dans sa façon de se tenir devant elle, de lui
parler, de la regarder d'un air d'admiration
soumise que, sans étonnement, elle se persuada qu'il était très disposé à la servir; et,
comme elle n'était pas femme à prendre des
ménagements avec les gens de cette espèce,
elle lui dépêcha tout nellement le guichetier
pour lui proposer une somme del 2.000 francs,

1. « ~lme de Combray, qui ignorait effccti,·ement
où le chev3.\ et ~a fille Cloient cachés, l"a dcmundé à
son fils Ilon11œil, qui ne le s.'.l.it pa~ non p!us. 011 o
essnyC de faire pns5cr le liiliet de )lme de Comlir:J\'
au notaire, qui, dè sa m.1în, a êcrit sur !e dos !"adresse
de la J"cnuue el du cheval. On a mi5 imméiliatcmenl
à leurs 1rous~es des hommes bien a1lroits. » Lellrc

de l.icqurt a fiéal. Archives nationales, F7 8 li'1.
~. (\apport de J.icqueL au préfet Je la Seiue-lnl"érieure. Archives natio11ales, F7 8170.
3. ~ote de Licqur.:l. Archi,'es nationales: Fi 811_0.
4. Le préfrt &lt;lu Calvados à ncal. Archives nn\lonales, f,'7 ~L 7'1.
5. , Au moment de fermer ccll.::: lellre arrivcnl

les principaux agents _1_1ue j'ar:iis Cll\'OJ~~ chez Lanoë.
Le comple remtu qu ils me font me fait renoncer à
emoyer de nouveau il. Falaise oU. l'on ne peul plus
espérer de trouver Mme Acquet. M. Savoye•Rollin
vous fera connaitre !es motifs qui l'ont delerminé à
lout suspendre. » l.ellre de Lic11uet à R1!al, 21 sep1.
1807. Archives nationnles, F7 817'2.

Xe l'ennuie p:n; as-tu bt·soin d'argent'! Je te
douze francs. Le maudit chernl : il
m'en a envc,ré du poil. Je t'en fais tenir pour
que tu le rccÛnna:sscs; brùle cc billet.
fefai passer

Et à sa femme de chambre, Catherine
Querey :
Le cheval est tué: mon commlssionn.1ire a 1iris
la peau el l'a brùlée. Si on mus inlerroge sur un

cheval qui a manqué, vous direz qu'on l'a vendu ....
)la maudile fille me donne Lien du mal.

OU'J(J\/'E1JUT - - ~

dont moitié comptant, s'il consentait à entrt."!r qui n'existait, comme 01 le sait, que dans· .-se1'\'Îcc qu'on réclamait de lui et de Jui tran~dans ses intérêts 1 • Licquet se montra tr~s son imagination; elle avou l ne pas le con- mettre trois leures que Mme de Combray
reconnaissant, très honorJ, accept:1 l'argent, naitre perrnrmellement, étanl entrée en rela- \'oulutécriresur-le-champ. La première et très
qu'il d!porn à la caisse de la préfecture, et il lions avec lu'i par l'intermédiaire de la femme confidentielle était adressée au bon Delailre luiput lire, d,'s le jour mêmèmc; la seconde devait
me, un Lille! par lequel
èlre remis(\ au moment de
Mme de Combray annonçait
l'embarquement, à ~Jaugé,
à ses complices lï1eurcusc
homme d'affaires à Sainlnouvelle : /( Nous avons le
V,der~ 3 , qui de\"ait fournir
petit secrilaindans notre
l'argent nécessaire à l'exism,a11c/œ 2 • ••• l&gt;
tence de la fugitive en AnAh l les bonnes causeries
gleterre; la troi~ième lettre
qu'échangèrent Licquc-t et
accréditait Delaitre auprès
la prisonnière, devenus
de !lme Acquet. La maramis! Dès le premier enquise ordonn:iit à sa fille
tretien, il put se convaincre
de suiue l'honnête palron
qu'elle ne connaissait pas
qu'elle lui présentait comme
la retraite de Mme Acquet:
un am1 éprouvé : elle la
mais le notaire, enfin ~orti
suppliait, dans son intérêt,
de son mutisme, n"avait
daas celui de tous leurs
point caché qu'on pourrait
amis, de s'expatrier sans
la découvrir en s'adressant
perdre un jour et elle terà une blanchisseuse de Faminait en prôrnel tant, en
laise, nommée Mme Cha ucas qu't'lle obéit immédiavcl - et Licquet transmit
lcment, de subvenir largeaussitùL ce renseignement
ment à tous ses besoins;
à Mme de Combray, lui
puis elle signa et remit ;,
r('présentant amicalement
Licquet les trois Lillets, en
les dangers qu'entraînerait
l'accablant de témoign~gcs
pour elle l'arre~tation de sa
de rccounaissance.
fille et insinuant qu'il n'y
li ne restait au policier
aurait pas de sécurité à esqu'à se procurer un faiu·
pérer tant que Mme Acquet
Delaitre, puisque Je Yr:ii
« dont le gournrnement,
n'e:xi~lait pas : il fit choix
disait-il, a,•ait mis la tête à
d'un agent iutdligent et de
prix 1) , ne serait pas réfuprestance congrulnle pour
gitie én Angleterre.
lequel il dressa un passeL'idée plaisait à la marport détaillé et il l'expéquise; mais qui se chargedia, muni dt"s leltres de la
PALAIS DE JUSTIC E DE ROUE.'/ : EXTERIEUR UE LA SALLE DES PROCt.,REt.:RS.
rait de découvrir 1a fugitive
marquise, à }-i'alaise pour
D'apres le dessin de T. DE ]OLl)LO:-IT.
et de présider à son emLars'aboucher avec la blanquemenL? A qui, dans la
chisseuse. Cinq jours plus
situatio:1 désespérée où clic se trouvait, ose- D,dailrc, l'iuGrmière qu'on avait placée près tard, le faux Oelailre rentrait à Rouen;
rait-elle se fier? Licquet semblait désigné : il d'elle; mais elle savait qu'il était le mari de les Chauvel, sans déGance aucune, au rn des
se récusa pourtant, alléguant qu'un homme celte femme, patron d'une barque à Saint- lettres de )[me &lt;le Combray, avaient fait à
dél'oué, porteur d'une lettre de Mme de Com- Valery-en-Caux et, par surcroit, parent du l'émissaire de la mar4uise l'accueil le plus
hra)', serait tout aussi bien accrédité et la pauvre Haoul Gaillard, dont la marquise gar- chaud; le gendarme pourtant n'approuva pas
marquise ne don tait pls que sa fille ne suivît dait, au milieu de ses malheurs, un souvenir d'abord l'idée du passage en Angleterre;
aveuglJment ses recommandations, appuyées attendri.
Mme Acc1uet, disait-il, est à Caen, bien
d'une somme surfi;anle pour srjourner à
Licquel écoutait avec le plus grand sérieux cachée, et personne ne rnupçonne sa rclrailc :
l'élranger en allendant des jours meilleurs. sa victime débiter l'histoire de ce personnage à quoi bon l'~xposer aux hasards, toujours
fiestait à trouver l'homme détioué; la mar- fictif que lui-même avait inventé; il assura périlleux, d'un embarquement dans un port
quise n'en connaissait qu"un, celui qui, tout que le choix était excellent, qu'il connais~ait très surveillé. Pourtant, comme Delaitre inrécemment, aYail consenti, sur sa demandr, de longue date le patron Delaitre pour ua sistait, disant qu'il avait re çu de Mme de
à rechercher le cheval jaune, qui l'avait tué, homme d'une loyauté à toute épreuve. Comme Combra)' une mission dont il de\'ait s'acquitdépouillé, aaéanti, et qui s'était, si habile- il ne pouvait être queslion d'introduire ce ter, Chauvel, que son service retenait à
ment, disait-elle, acquitté tle sa mission; elle comparse dans la prison - et pour cause Falaise, donna rendez-mus au patron pour
ne tarit pas d'éloges sur cet honnête compère, Licqµet Youlut bien se charger de l'avertir du le 2 octobre à Caen 4 ; il voulait le présenter
1. « ~lme de CJmbray, füli:le à son système de
co1Tu11lion, a d~po~è dans les mains J.u guichelie1· une
somme de ti.O"UO füres â compte sur cc!le de
12.0LIO li1Tes. Je l'ai fail po1·1er au même monienl .i
!a pr&amp;fccturc. » l.-ett1'e de _Li~quet à nea\. Quelques
plus tard L1c11uet écr1ra1t ou mf·m e : o: J'ai eu
jours
'honneur de vo1B annoncer la remise à fa prCfccturc
d'une somme de 6.000 Jil-res que Mme de Comliray
~êsirait employer à. 1,ne ~orrompre : j'ai égalcrnenl
1honneur Lie vous prcremr que celle dame vient ile
compléter par un second cuvoi celle de Jt.000 füres
~u'elle m·a,·a1t foil offrir .... Le tout est à b disposition de ~I. de Hollin. i Archi,·es nationali?s, fi 817:l.
. .'1. ~illcl de ~lme de Combrn)· à Colas, son garçon
J ecune.

;:;. , Monsieur quelle 3. été ma surprise, lorsque
j'ai èlé à Caen, d'apprrndre que ma fille c:idellc, uon
contenl_e du chagri11 qu'elle m"a donné jusqu'à pl"l'sent, vient d"v mettre le comble en volanl une dili•
g1•nce 3\'CC u~1e douzaine de m3uvais sujets coinmc
elle. On m·a arrêlée comme complice peut-être, ou
att moins connai~sant sa demeure, Cllr ,·ous j1Jg-ez
combien elle est recherchée. 11. Oebitre \'eul bien
me rendre Le service daller la chercher et de la
raire parti1· ~oil à Jersey ou en Angleterre: niais
obligez-moi de lui rcmellre la somme de 3.000 lines
pour lui tlonner les moyens de ,·ivre .. .. Lï10nnêle
homme qui m'oblige se nomme lle\aitrc; vous pourrez
lui donner toute confiance. »
•'- « Quelle con,·ersolion clllcs-rous a\·ec ce 5ienr

Delailre"!-11 me dit que Mme de Combray l'avait
chargé JC venir chercher ~lme Acquet pour la conduire à Saiut-Valery, et Jlom· mïnspii-('r ile la cou.
finncc, il aJouta qu'il an11L de grandes obligations a
)lmede Combray. Je lui rêpondisquc ma sœur ne poumit pas se clwrgcr de l:i mi5sion Lie Mme de Com!Jra v
et qu"à la sollicitation tle toute ma fJrni!le, je pren·drais des informations pour tlCcouvrir Mme Acquet et
lui fnirc connailre la ,·ulonlè de i;a mére. C'étail u11
dimanche et je lui donnai rendez-mus le \"Cndredi
s11Îvtlt1l il rhùtel du l'ure, faubourg \':iucclles, â Caeu.
Je lui obs~nai que Mme Acquet 1ùvail p:is d"argenl
P.OUJ' payer les petites dctt~s qu'elle 1murait aYoir :
tl me dcmand.'.l. s1 10U francs sulfiraicn t. » l11trrroga1oirc de Cliauvel, 29 odobre 1808.

�r-

111STOR,.1.Jl

Six semaines auparavant, en quittant Fa1aisP,, le 25 août, après l'interrogatoire que
lui avait fait subir Caffarelli, ~lme Acquet,
ignorant encore l'arrestation de sa mère,
avait le projet de gagner Tournebut pour s·y
cacher pendant quelque temps, puis de se
rendre à Paris, où elle espérait retrouver Le
Chevalier. Elle trainait avec elle sa troisième
fille, Céline', enfanl de six ans, dont elle
comptail se débarrasser en la plaçant dans la
pension que tenaient à l\ouen les dames Du
Saussay et où se trournient déjà les deux
ainées; la femme Normand, sœur de Chauvel,
l'accompagnait 2 •
Elle alla d'abord jusqu'à Caen, où elle
devait prendre la diligence, et se logea chez
Dessin, à la Coupe-d'Or, rue Saint-Pierre.
Chauvel y vint le lendemain pour dire adieu
à son amie; ils dinèrent ensemble. Tandis
qu'ils étaient à table, un homme, que le gendarme ne connaissait pas, entra dans la salle
et adressa quelques mols à !lme Acquel qui
passa avec lui dans la chambre voisine. C'était
Lemarcband, aubergiste à Louvigny, l'hôte
habituel et l'ami d'Allain. Chauvel, que cet
aparté inquiétail, voyant approcher l'heure
de la diligence, ouvrit la porte et prévint
~[me Acquet que le moment était venu de se
mettre en route; à Sl grande surprise, elle
répondit qu'elle ne partail plus, de graves
intérèls la retenant à Caen. Elle le pria de
conduire la lemme Xormand el la petite fille
jusqu'à la voilure et lui indiqua l'adresse
d'un homme d'affaires de Rouen auquel l'enfant pomail être remise. Le gendarme obéit.
Lor~que, une beure plus tard, il revint à la
Coupe-tl'O,·, Sl maitre~se avait quitté l'auberge. Il reprit tristement le chemin de Falaise.
Lemarchand, instruit du passage de
Mme Acquet, était venu l'avertir, de la part
d'Allain, qu'on avail trouvé pour elle « un
logement où elle serait en sûreté et que, si
elle voulait ne pas partir, elle n'avait qu'à se
rendre, la nuit venue, sur la promenade
Saint-Julien, où quelqu'un l'aborderait pour
la conduire à son nouvel asile ~. &gt;&gt; Peut-être
bien qu 'à cett~ oll're obligeante était venue
s'ajouter quelque menace de la dénoncer si

elle quittail le pays : toujours est-il qu'on
sut 1a décider à différer son voyage. Vers dix
heures du soir, suivant l'avis de Lemarchand,
elle gagna seule le cours Saint-Julien, se promena quelque temps sous les arbres et, avisant deux hommes installés sur un banc, elle
vint s'asseoir à côté d'eux. On s'observa d'a~
bord réciproquement sans mot dire; puis,
l'un des inconnus, prenant la parole, « lui
demanda si elle n'attendait pas quelqu'un ».
Sur sa réponse affirmative, ils se concertèrent
un moment, puis déclinèrent leurs noms :
c'était l'avoué Vannier et Bureau de Placène,
deux intimes de Le Chevalier. Mme Acquel se
nomma à son tom\ et Vannier, lui offrant le
bras, la conduisit chez lui, rue Saint.Martin.
Le lendemain on tint conseil en dJjeunant.
Lemarchand, Vannier et Bureau de Placèrc
se montrèrent très empressés à retenir
Mme Acquet : elle pouvail, disaient-ils, être
assurée de l'impunité tant qu'elle ne sortirait
pas du départemenl du Calvados: ni le préfet
ni les magistrats de Caen ne se souciaient
dïnstruire l'affaire, les hobereaux de BasseNormandie se déclaranl solidaires de la famille
de Combray qui se trouvait, d'ailleurs, alliée
à toute la noblesse de la région. Telles étaient
les raisons que les trois compères faisaient
valoir; mais leur véritable mobile n'était, au
fond, qu'une question d'argent. lis se figuraient que Mme Acquel avait la libre disposition du trésor enfoui chez Buquet et qui se
monlail encore à plus de 40.000 francs . En
la voyant prêle à rejoindre Le Chevalier, persuadés qu'elle portait à son amant le reliquat
des fonds volés, ils avaient cru bon de confisquer au passage la femme et l'argent
auquel ils se croyaient des droits : Lemarcband, comme ami et créancier d'Allain;
Placène, à titre de caissie1· des chouans.
L'avoué Vannier, lui, en qualité de li&lt;1uidateur des deltcs de Le Chevalier, s'élait olferl
à garder ~fme Acquet prisonnière jusqu'à ce
qu'on eût réussi à lui soutirer, écu par écu,
toute la somme.
t
La ,,ie que mena chez Vannier la malheureuse en proie à cc trio de faquins fut un
calvaire d'humiliations et de déchéances.
Quand l'avoué comprit que non seulement sa
prisonnière n'avait pas un sou vaillant, mais
encore qu'elle ne disposait nullement du
trésor &lt;les Duquel, il fut pris d'une furieuse
colère et la menaça tout nellement de la
livrer à la gendarmerie 4 : il lui reprocha« ce
qu'elle mangeait», jura que, d'une façon ou
d'une autre, « il saurait bien lui faire payer
pension et que, certes, il ne continuerait pas
à la nourrir gratuitement ». La pauvre
femme , qui avait cmplo)·é ses derniers louis à
pa)'Cr, dans la diligence de Jlouen, la place
qu'elle n'avait pas occupée, écri\it, dans les
premiers jours de septembre, à Lefebvre
pour le supplier de lui envoyer un peu d'ar-

gent : lui, du moins, avait reçu sa large part
du vol et aurait dù se montrer généreux;
mais il répondit sèchemenl qu'il ne pouvait
rien faire pour elle et qu'elle eùt à s'adresser
à Jo,epb Duquel ' ·
C'était bien à cela qu'on voulait l'amener.
C'est Vannier qui, brutalement, lui enjoignit
de tenter, au risque d'être arrêtée, l'expédition de Donnay pour en rapporter de l'argent, et Lemarchand, pour ne pas 1a perdre
de vue, résolut de l'accompagner.
Mme Acquet lassée, asservie, consentit à
tout ·ce qu'on eiigea : vêtue comme ~une
mendiante, elle reprit le chemin de ce domaine de Donnay où jadis elle avait régné en
souveraine maîtresse; elle revit les longues
avenues au fond desquelles se dressait,
encore imposante, en dépit de sa décrépitude,
la façade du chàteau dominant les trois terrasses du parc : elle en longea les murs pour
gagner la chaumière des Buquet où Joseph,
caché dans les bois voisins, revenait parfois
afin de surveiller son trésor. Elle le surprit
ce jour-là chez lui, le supplia de lui venir en
aide; le paysan fut inflexible; pourlant, elle
obtint une aumûne de cent cinquante francs
qu'il lui compla en pièces de douze sous et en
monnaie de billon 6 • De retour à Caen, le
soir, .Mme Acquet remit fidèlement l'argent à
Vanmer, ne se réservant qu'une quinzaine de
francs pour prix de sa peine; encore dut-elle
subir l'outrage des allusions obscènes de son
hàte au moyen dont elle avait dû se sen·ir
pour extorquer à Duquel celle somme dérisoire. Elle supportait tout) impassible; sou
indifférence ressemblail à de l'hébétement;
elle ne paraissait plus avoir conscience de
l'horreur de sa situation, ni des daogers auxquels elle était exposée. Ses meilleures journées se passaient en promenades autour de
la ville avec Chauvel, auquel elle donnait
rendrz-vous et qui \'eoait de Falaise passer
quelr1ues heures avec elle; ils gagnaient un
village voi~in, déjeunaient dans une guinguelle et reprenaienl à la brune le chemin de
la ville.
Allain lui lémoignail égalemenl quelque
intérêt; il vivait caché dans les environs de
Caen, et venait quelquefois le soir conférer
chez Vannier en compagnie de Ilureau de
Placène et d'un avocat nommé Robert Langelley, avec lequel l'hote de MmeAcquel élail
en relations d'affaires. Tous était également
besogneux et passaient leur temps à imaginer les mo)·ens de faire rendre gorge à
Joseph Buquet. Allain n'en prônait qu'un qui
fut adopté : il s'agissail de retourner encore
une lois à Donnay. Mme Acquet serail du
voyage et lttcherait d'attendrir le paysan; s'il
refusait d'indiquer la cache de l'argen l, Allain
sauterait sur lui et l'étranglerait. ...
C'était vers le 25 septembre; on partit un
matin de Caen. Mme Acquet avnit donné

1. a. Du 27 fl oréal , an IX de la rCpubliquc française, acte de naim ncc de ,)Ia.ri c-Cé li11c-Od~vic1 née
ledit jour à sept heures du matin, fill e de Louis Acquet
el de Caroline-ll ê!îe. Têmoins : Pons et Duparc,
Suivent tes siçnalurcs . \) ArchiYCS de la mairie de
Uonnay, Calvactos.
2. , ~!me Acquet me dit ell e-même qu·eue alfo.il

à Paris et qu·cll c mcllrail sa fill e rn com'enl en passant par Rouen. » Interrogatoire de Cham·el.
S. Dédarali on de J!inc Acquet , 12 décembre ·1807.
Archives nationales, Fi 81i0.
If. Rapport de l'arrcstalion de la J arne Acquet.
Arclti\'es nationales, F1 8172.
J. « Quanl au notaire, c'est un J.. . F.. ,. Il a refu sé

J e J'arge~L à ~!me Acquet qui manquait des clioscs
les plus necessaarrs. Il a pourlanl touché 10.000 fran cs
du _vol. ~! est .v rai que c'est d~ rarge11t que Le Chc"altcr lw den1l. &amp; Rapport de I arrestation de la darne
Acqu et.
6. Acle c1 ·aceu5lllÎ011 cl dCclaraliun de Jlme Aeque t
12 décembre 1807.
'

lui-même à Mme Acquet et assister sa mai-,
tresse dans cette circonstance d'où allait'
dépendre tout son avenir. Et c'est ainsi quele jeudi 1er octobre, Licquct, sûr du succès,
installail dans la diligence partant pour Caen,
le faux capitaine Delaitre, auquel il avait
adjoint, pour plus de sûreté, un neveu du
même nom et un domestique, chobis tous
deux, avec soin, parmi ses plus madrés collaborateurs; le lendemain, les trois espions
descendaient à Caen, à l'hôtel du Parc, faubourg de Vauce1les, où Chauvel avait fixé le
rimdez-vous et promis d'amener Mme Acquet.

1

rendez-\'Ous à Jos:eph chez un fermier nommé jours maintenu à la geôle de Caen: de l'a,,is de escalier fort sombre. C'était une pauwe
Halbout, dont la maison était située à l'écart tous, Mme Vannier élait sa maîtresse et allait chambre sous le toit, prenant jour pn.r deux
du village de Donnay. li vint à l'heure fixée; chaque jour le voir dans son cachot li passait petites croisées el dont rameublement était
mais, comme il approchait avec circonspection, pour être un espion du gourernemmt et Pla- des plus mesquins; Cham•cl vint l'y voir le
craignant quelque guet-apens, il aperçut Allain cène prétendait que Vannier recevait de l'ar- lendemain et c'esl là qu'elle apprit de lui
dissimulé derrière une baie et, t&lt; pris de gent pour le tenir au courant des agissements l'arrivée très prochaine du patron Belaitre,
de Mme Acquet. Langclley, de son côté, affir- envoyé par Mme de Combray pour la sauver
peur, il dévala à toutes jambes ».
li fallut donc reprendre, les mains vides, mait que Placène était un fripon et que, cl lui procurer le moyen de passer en Anglele chemin de Caen et alîronter la colère de « s'il avait déjà louché ,a bonne parl du roi, terrtt. Mme Acquet ne manifesta ni répuls.ion
Vannier qui accusait sa pensionnaire de com- il recevait au moins tout aulant d'argent de ni joie; elle s'étonna que sa mère pensât à
elle: mais il semble qu'elle n'allacha pas
plicité avec les Buquet pour faire aYorter la police 11 .
La pauvre femme qui formait le pivot de grande importance à cet incident qui dc"ait
toutes les tentatives. On tint de nouveau conseil, et, cette fois, Chauvel y fut admis; lui ces intrigues n'était pas davantage épargnrü décider de sa desti11ée. Une seule idée l'obséaussi avait un plan : il proposait dese rendre par ses indignes complices. Après Joseph Bu- dait; trouver une retraite qui lui permît
en uniforme à Donnay avec Mallet, l'un de ses quet, après ChauYel, tous se soupçonnaient d'échapper à l'odieuse tutelle de Vannier; et
camarades; Langelley jouerait le rôle du com- réciproquement d'a\'OÎr été ses amants : Lang1~lley, très surpris de la lrouver chez la
missaire de police : « ils arrèteraicnt Duquel Vannier se serait aimi payé de son bospitalitl!; dentellière, ,·oyant sa perplexité, olfril de la
comme pour lecomple du gouvernement; s'il l'avocat Langelley et le genJarme Mallel lui- conduire à une mais:on de campagne qu'haconsentait à dire où élait l'argent, on lui même auraient taxé à ce prix leurs services ; bitait son père, à une lieue de la rillr. Elle
donnerait la liberté et une adresse sûre pour accusations aussi impossibles qu'inuliles à accepta et partit le soir même sous la conse cacher; en cas de refus, les gendarmes le contràler; elle avait elle-même, d'ailleurs, duile de l'avocat; à cette heure le faux patron
tueraient et seraient quittes pour dresser l'intelligence de son abaissement et le dégoùt, Delailre quillait Houen, el la ruse si babilemen l
par moments, la prenait. Un soir, c'était le ourdie par Licquel allait rnellre fin à la
procès-verbal de rébellion I J).
Tels étaient les conciliabules auxquels assis- 27 septembre, elle ne rentra pa.s chez \'an nier; lamentable odyssée Je !!me Acquet.
tait, muette et résignée, la fille de la marquise fuyant cet enfer, elle vint demander asile à
En arrivanl à l'hôtel ,111 Parc, le 2 octobre
de Combray, le cœur gros pourtant à la pensée une dentellière, nommée AdélaïdeMonderard,
le « patron )J Udaitre s'é:
que cet argent maudit altant mis à la fenêtre de sa
lait devenir la proie de ces
&lt;hambre vers sept heures
hommes qui n'avaient pas
du soir,aperçut un homme
élé à la peine et pour qui
qui faisait les cent pas dans
serait tout le profil. Chaque
la rue, ayant au bras une
jour clles'enlizait plus protrès petite femme, fort comfondément dans cette fange:
munément habillée. A la
cc qui se tramait là, ce
démarche, il reconnut Chauqu'elle enlcndit - car on
vel, vêtu en bourgeois :
ne se gênait pas devant
la femme étail Mme Acquet.
elle- fait horreur; comme
Les deux hommes se saelle représentait, pour ces
luèrent et CbauwJ, qui lforbans, quarante m_i 11 e
iant sa compagne, monta
francs , elle devait subir
à la charubre du patron.
non seulement leurs galane&lt; Compliments, poignées
teries brutales, mais aussi
de mains, confiance la plus
leurs confidence,. Mme Plaintime, comme il est, en
cène émit un jour l'idée de
général, de règle entre un
(ai,·e disparaître le boumilitaire et un marin::.. JJ
langer Lerouge, dit Bornel;
Chauvel exposa qu'il était
comme il avait &lt;c beaucoup
venu à pied de Falaise,
de religion et qu'il était
dans l'après-midi, et que,
très honnête homme J), elle
pour
rn rendre libre, il
craignait que, s'il était aravait
prelexlé, auprès de
rêté, &lt;( il ne consentît pas
ses chefs, une affaire parà mentir et qu'il ne les perticulière qui l'appelait à
dit tous ». Langelley rellayeux.
Le faux Ddaitre
doutait surtout les bavarlui
remit
aussitôt les deux
dages de Flierlé et de Lalellres de Mme de Combray
noë, détenus à Caen, et il
que Chaurel parcourut diss'occupait de les faire emtraitement.
poisonner : il s'étail déjà
- Descendons, dit-il, la
entendu &lt;t avec le pharmadame est proche et nous
cien et l'officier de santé
allcad.
de la prison qu'il avait
PAL.\IS UE jL,SllCE DE ROllEN : lNTfRJEUR DE LA COUR, FAÇADE OU CÔTÉ OU MIDI.
Après quelques pas dans
dans sa manche )) , et il
D'après le dessin de T. DE Jou~ONT,
la
rue,
on la rencontra, en
connaissait aussi un brave
effet,
avec
Langelley, que
homme qui, (( pour peu de
cborn, ferait du bruit en ,,iJle, se laisserait ar- logée rue du Han, et qui était la maîtresse de Chamel présenta à Delaitre. Celui-ci olfril ausrêter et condamner à quelqu&lt;'S mois de prison Langelley. Celte fille consentit à la recevoir et silôl son bras à Mme Acquel : Chauvel, Lanet trourerait ainsi le moyen de se défaire de lui céda une des deux pièces dont se compo- gelley et (( Delaitre neveu JJ suivaient à bonne
ces individus 1 1&gt;. On parlait aussi d'Acquel, tou- sait son logement, auquel on accédait par un distance : on passa le pont et on s'engagea,
1. Happort du ,·oyage du p:ill·ou llr lailre à Ca r n.

2. /Md

�. _____________________________________

Jf1ST0'1{1.ll

T OU'Jt,NEBUT

soir? J'irai a,·cc ,·ous :;.
Le palron Delaitrc fil d'auord quelques
difficultés avant de consentir à retarder ~on
voyage; enfin le Mpart fut fixé au lendemain
samedi, 5 o~tobre, à la nuit tombante . Une
discussion assez hrupnle s'ensuivit. L:111gellcy obserrn que Vannier, Allain, Placène

et les aulrcs n'approuveraient certainement
pas la détermination de Mme Acquet; qu'on
était solidaire les uns des autres, qu'elle ne
courait, d'ailleurs, aucun danger en rcsta nl
a Caen al\cndu qu'il ne s'}' trouverail jamais
un juge pour la poursuivre ni un tribunal
pour la condamner. Delaitre répli~ua que,
précisément pour parer à l'indulgence des
autorités du Calvados, un dém.!t impérial
avait saisi de l'affaire la cour spéciale de
Rouen; mais 1iarncat, f1UÎ ne vopit pas sans
dépit s'éloigner sa mule chance de mettre la
main sur le trésor des Buquet, ripostait qu'il
ne fallait ricn conclure àrant d'avoir pris
l'avis de ses amis, quand la jeune femme
termina la discussion, en dédarant qu'elle
partait (&lt; parce que c'était la volonté de sa
mère &gt;J.
- ttes-vous sûre, demanda Chauvel, que
c'est bien là l'écrilure de votre mère"?
Elle répondit oui et le gendarme opina
qu'elle avait raison d'obéir.
On convint alors des détails du départ :
Lmgelley s'olfrit à conduire les voyageurs
jusqu'à la limile du département du Calvados
que Delailre connai:;sait mal. Mme Acquet ne
devait emporter aucun bagage; se:; efTèts
seraient adressés à fioucn, bureau restant, à
l'adresse J.u patron; la conversation prit C( le
ton de la plus sincère amitié et de la plus
grande confiance &gt;&gt;. Quand I heure ,·int de se
sépa~cr, jJme Acquet serra plusieu rs fois la
main du patron, disant :
- A demain, m msicur.
Et comme clic descendait l'escalier, Cliauvcl resté avec Ddaitrc s'assura que celui-ci
avait apportJ de l'argent pour payer les petites
dettts qu11 la fugitive avait co:1traclécs chez
divers fournisseurs.
Le jour suirant, au matin, ,·ers onze
heure.;, Chauvel se présenta seul à l'auberge
i/11 Parc: il monla à la chambre de D.lailre
qui l'invita à dt&gt;jl'uner cl cnvnia son nc,·cu
chercher des huHre3. GhJurd \'Cnait I ricr
Ddailre de retarder son ,·o):ige d'un JOUI' encore, )lmc Ac 1uct ne pou vaut p1rtir araut le
dimaoche .1, . Tout en mangeant, Chauvel se
lai55ait aller à &lt;les confidences; ce n'était pas
sans trish sic qu'il rnyail s'éloigner son
amie ; lui seul, assurait-il, l'avait servie par
pur dévouement, il dit comment, pour dépister h·s recherches de ses camarade3, chargés
par Manginol d·étalJlir le signalement de la
proscrite, il l'arait rédigé, à dessein, complètement faux, la désignant (( comme étant de
!orle taille cl blonde de che\'eux IJ , li parla
de d'Aché qu ïl traita de brigand c&lt; seul cause
des malheurs arrivés à Mme de Combray et à
sa famille Jl. Enfin il s'informa si Dclaitrc
consentirait à transporter en An3letcrre Allain
et Buquet, qui étaient, en somme, les dtUX
principaux acteurs de l'alfaire, ( l le cc patron )&gt; y consentit hien volontiers; il fut con-

venu que, dès qu'il aurait déposé ~Ime Acquet
en Angleterre, il reviendrait à Saint•\'alrr)',
sou porl d'allache. Allain cl Buquet n'avaient
qn'à se trouver, avec un mot de reconnaissance, le mercredi 14 à Cany, chez Prérnsl,
aubergiste, en face de la poste; il irait là les
quérir pour les rrnbarquer.
Le bnn Delaitre, qui était bien manifestement un messager de la Providence, compta
sur la table, en déjeunant, 1.00 francs en or
qu'il remit à Cbauvel, pour payer les delles
de sa maitresse.
Vannier avait réclamé six louis pour l'hospilalité qu'il lui avait ofîcrle, all~guanl que
&lt;&lt; ces sortes de pensionnaires doivent payer
plus que d'autres à cause des dangers à courir &gt;l; il demandait, en oulr~, qu'on lui remw
boursât le prix de vingt messes que Mme Acquet avaitlait dire '. Chaurel passa une parlie
de la journée du dimanche avec Delailte; le
rendez-vous était fixé pour sept heures du
soir; le patron devait attendre sur la parle
de son auberge et suivre Mme Acl1uet quand
il la verrait passer au bras du gendarme.
Elle ne parut qu'à dix heures du soir et l'on
marcha isolément .jusqu'à la demi-lune dè
Vaucelles. L1ngelley se fit attendre, il arriva
enfln sur un cheval d'emprunt; Je p:itron
a"ail pris un b:dt:t dè poste; quant au ne\'CU
Dclaitre cl au domestique, il:i avaient, dès la
veille, ro?gagné fioaen par la diligence.
C'était le nn:n.!nt dei adieux : M:ne Acquet embrassa Cham·el, qui la 11uitla « de la
maoièrc la plus tendre. en recommandant
au d,:positairc les plus grands soins pour
l'ohjct précieux qui lui était conllé 6 '.&gt;. L1ng&lt;·lley, armé d'un gourdin en mamère de
cravache, pril la tète de la caravane. Delaitre en"doppa th1uJ('menl d1ns sa capote
Mme .\cquct qu'il prit en croupe derrière
lui et, après de nouveaux souhaits, de
thaudes poignées d:! mains, de5 C( au re,·oir Jl
attendris, les cavalirr5 s'éloignèrent au trot
sur la route de Dires . Cha.urcl les vit se
perdre dans l'ombre cl il re5ta au carrefour
désert tant qu'il pul entendre résonner les
s~ibJts des chevaux sur le pa,·é de la route 1.
Vers trois heures du matin, on arriva il
Dives; la jeune femme, qui s'était monlrée
et a~sez gaia », protesta qu'elle n'était pas
fa1i•uée el refusa de descendre. Lan:;elley
eol~a donc seul à la poste, y réveilla un guide
qu'il :ivait com1™:1ndé la veille·~ et l'~n se
remit en route; le JOUr commençait à pomdre
lorsqu'on parvint à Anne!Jaull; les trois voyaoeurs firent halte chez un aubergiste où ils
Passèrent toute la journée; l'avo.::a_t l't Mme Acquet (&lt; réglèrent quelques petlls_ comptes
qu'ils avaientensemble 9 )J; on dormit un peui
on causa braucoup, on dina lon~uem1;;at. A
six heures du soir, on remon:a à cheval et
l'on pril la roule de Pont-l'Érèque. Langelley
condui5Ît les [ugitirs jusqu'à 11 forêt de

1. fiapporl du faux patron Dclaitrc.
2 . .Nou:; ne changeons rien 1'. ces d13loguc.i : eclte
seime cl le; termes Uout se srnircnl füfü• Acquet cl
son interlocuteur sont rappodés sons celle f,:mne cl
presque id&lt;:11Liquem{'nl tians les dîll'ércnls récils de
ceux qui a-sistaicnl à C{'lle cnlre\'UC.
Zi. l11tc r.-o"a
loire de ChaU\'cl, 20 octobre 18l'8.
0
,\n:hirc~ &lt;lu gre!fc di:: 1:i Cour t1·a~~ises dr l\oucn.

l. l11tcrrogaloÎ!'c de Chau1·el. Archircs &lt;lu grcff..: 1\c
la Cour d'Assi,es de Rouen.
5. l)05sicr 1,angcllev. Archire5 n:itionul~s, Fi Slil.
ti. i\rchi1·c~ ndtiomÏ!cs. Jl1 ~ 1n.
'i. lutcrro;atoires Je Chaurel, dCc\aralîo11!\ de
Mme Acquc1, rapport Ju faux patron Dclaitrr, [dires
de J.icquct â l\éal, clc.
8. , Arrivês il l)i1·c s, nous 11ous r:irraicliimes pen-

dant que le guide s'hahillait i. cl apr~s ~vo:r c~ntinué
nol1·c roule, nous sommi.&gt;s enhn arn\.'c: a 1~ po111lc cl.u
jour il Annebault, oil nuus a~·ous pas.se le Joui:, •, 0('·
cJal'atiou de Langcl!cy, Ardmcs naltonal~s,, l• 7 81.71.
fi. , hlme AcqucL emµru nta deux l~u1s a ~d'.1-ilrc
pour solder la peiuc de Langellcy. s111~·ant I an~ rlc
Chauvel. » Rapport du faux patron Dcla1trc. Arcllll'es
11ationales, P l:!172.

tout en camant, sous les arbres du grand
cours, le long de la rivière. La nuit élait
complètêmrnt tombée.
Le patron Dclaitre, (( après aroir présenté
à )ltnc A(quct les cornplimcnls de sa mère,
lui fit part des intentions dt: celle-ci relativement à son passage en Angle.terre ou aux
iles ·)). Mais la jeune femme repoussa nellcment la proposition : elle 'était, disait-elle,
&lt;t très en ~ùreté chez le père de son défenseur,
à portée de toutes ses relations, et die ne
consentirait jamais à quiller Caen, olt elle
comptait de nombreux et dévoués prolccteur.s 11. Le patron objecta que celle détermination était d'autant plus regrettable que
(( la personne puissante qui s'intéressait au
sort des siens exigeait qu'elle cùt quitté la
France aYant de s'occuper de mellre Mme de
Combray en liberté Il . Ce à quoi Mme Acquet
répliqua qu'elle ne chang~rait jamais de. r6soluliun.
La discussion dura près d'une demi-heure :
le palron ayant alors parlé d'un billel de la
martpiise dout il était parleur, Mme Acquet,
se tournant vus Langellcy, lui dt:manda de
les conduire dans un caLaret où elle pourrait
lire la leltre de sa mère. On repasrn le pont
pour remonter la rue de Yaucelle~, sui,ant
Lang:clley qui s'arrêta à un cal1Jrct siLué à
cent mètres au-dcsrns de l'hôtel du Parc :
Mme Acl.picl s'engagea, avec ses compa~no~s,
dans qn couloir étroit cl monta au premier
étarrc où l'on s'attaLJa. L1ngtlley arait comma~dé du vin cl dçs biscuils . La jeune
femme prit des mains du patron la lettre de
la marquise; Ions, autour d'elle, se- taisaient
et« la lixaient altentiremcnt 1 ». On s'aperçut « qu'll chaque ligne elle changeait dè
couleur et qu't:lle soupirait J&gt;.
- Quand parlez-vous? dcmanda-t-elle a
Delaitre en s'essuyant les 1rux.
- Demain, de grand malin, rt:pondil-il 1 .
Elle poussa de nouveau un gros soupir et
se remit à lire : « die arnil des crispations
et p::traissait prèle à se trouver 1~rnl ». Quind
elle eut terminé sa lecture, elle rnlerrogea de
noureau Delailre.
- Vous connaissez sûrement, monsieur,
ce que contient la lettre?
- Oui, madame, votre mère me l'a lur.
Elle garda _le silence « plus de deux minutes »; pms, cummc faisant un grand
efforl :
- ll faut donc obéir aux orJres d'une
mère, dit-elle; eh! bien, monsieur, je rn::s
suivrai : voulez-vous ne parlir qnc dt main

""

lJ

.,,..

Touque.s: a\'ant de quitter Mme .\c11uet 1 il
lui demanda avec beaucoup d'émotion une
boucle de ses che\'eux; puis il l'embrassa à plusieurs reprises.
Il était emiron minuit
quand Ja jeune femme se
trouva seule avec Delaitre; le cheval arnaçait péniblement par les roule5
de traverse de la forêt;
blollie conlre le patron
qu'elle tenait serré à deux
bras, Mme Acquet ne parlait plus; son entrain de
la veille avail fait place à
une sorte de stupeur, si
bien 4ueDelaitre qui, dans
l'obscurilé, ne pouvait
aperCevoir ses beaux yeux
grands ouverts, pensa
qu'elle s'était endormie
sur son épaule. A trois
heures du malin on altt:ignit enfin les faubourgs de
Pont-Audemer : le patron
s'y arrêta à l'auberge de
la Poste et demanda une
chambre; ~ur le registre
qu'on lui présenta, il écrivit : Monsieur Delailre et

-

..,

lui fit comprrndrc, arec beaucoup de ménagements, qu'il était inévilaLle de la retenir
j11~rp1'à rloucn, oî1 Dèlaitr~ devait èlrc con-

,jeune Îl'mme, dont il scrutail 1 de ses yeux
malicieux, lf's attitudes, les ge!,;tes, les façons
d·è1rc, el donL il semblait, en quelque sorte
prendre possessi,.m ... C'êlail Licquet - on l'a déjà
reconnu - qui, dans sa
hàtc de savoir le résultat
de l'odyssée du faux Delailre, s'élait affublé d'un
uniforme d'emprunt et ,·enait recevoir sa nouvelle
,iclime'. JI fut pour elle
plem de prévenances: c'est
en ,oiture qu'il la conduisit de Pont-Audemer à
lluurg•,\chard, où il lui
laissa le temps de se reposer: le 7 au malin on parlait dè Dourg-Achard t l
l'on arriroit à Houcn ara1,t
midi. L'aimable brigadier
fut si perrnasi[ que Mme
Acyuct se laissa ~ans résblance et sans rérrimin al ion conduire à la
Conciergerie, où elle fut
écrouée sous le nom de
Bosalie-llourdon :t - celu i,
sans doute, sous 11 quel
f'lle vopgeait. D'ailleurs,
sa /'ew.me.
elle paraissait indifférente
lis déjeuoaicnt tous les
à tout ce qui l'entourait;
d~ux vers midi quand enen entrant dans cette pritra dans la salle un brigason où elle savait que
dier de la gendarmerie de
se trouvait sa mère, elle
marjne, accompagné de
n'eut pas un mot qui pût
deux soldais d'rscorte. li
faire croire qu'elle ressenalla droit à Delailre, lui
tait quelque émotion . Elle
demanda ses noms, et, le
garda pendant deux jours
voyant très troublé, il le
cette attitude de lassitude
somma d'exhiber ses parésignée: Licquet, qui vint
piers, qu'après un court
la voir plusieurs fois, cher~
examen il confisqua, en
chait à la laisser dans la
donnant l'ordre aux solpersuasion que son emdats de mellre le patron
prisonnement n'a\·ait d'auen état d'arrestation.
LA GROS5E HORLOGE, A Rot:EN. D'après la lithographie rie DEROY.
tre cause que l'infraction
Le brigadier, petit homcommise par Belaitre aux
me aimable et très eaurègl• menb m:iritimes; il
seur, s'excusa grandement auprè5 de~lme Ac- duit pour y subir une réprimande du com- poussa la précaution jusqu'à feindre d'ignoquet du dérangement forcé qu'il lui occa- mrndant du port. Mme Acquet, persuadée rer son nom .
sionnait: le patron Ddaitre, disait-il, a rait qu'il u'y avait là qu'un malentendu qui
Entre temps il préparait son plan d'atqui lté son bord sans y èlrc autorisé tl, de s'édaircirail à Ilouen, s'inquiéta peu de l'in- taque : tout d'abord sa joie avait été si vive
plus,il était sigaalé comme faisant assez; vo~ cident; comme elle était brisée de fatigue et, en mettant la main sur celle proie tant conlonticrs la fraude sous prêtexlc de cabo- de plus, iudisposée, elle manifesta le dé&amp;ir ,•oitée qu'il n'avait pu résister au plaisir d'en
tage.
de ne point voyager de nuit et de passer adresser dire1,;tement la nouvelle à Réal:; en
li Le poussa pas l'indiscrétion jus-1u'à Yingt-qualre heures à !\ml-Audemer; le petit
demanJanl &lt;c le secret pendant quinw
s'informer du nom de la rnpgeusc ni du brigadier y consentit arec emprl'ssement; t(}ut JOUr5 &gt;J; pui5, à la réflexioo, il avait compris
motif qui l'oLJigt!ait à courir les routes en en ay.mt l'air de ne sur\'eillcr que Dclaitre, combien il ser,.iit diffi cile d'obtenir des a,·eux
compagnie d'un patron de bart1.ue; mais il il ne perdait pas un seul i11sla11l de rne l:i d'une Îèmme qni venail d'être si odieusement

!ui

1. Voici en quels termes le l,réfcl &lt;le l\oucn rendait compte à Héal de celle mise en scène ; « On
nrriv:i Uc très gr,md mntin à Pont-Audemet· : là
li. J.icqn ct , dt'guisé en brigadier d,1 gendarmerie de
la Mal'ine, accompagn é Je deux gendarmes de sa façon.
er.tra subitement dans la chambre tics voyagctirs,
demonda lcuN apicr_;;. ne les l1'0U\'3 JHts en règle et
cou!i,qua toul. n a séJOurné un jour à Pont-Audemer parce que l\lme Acquet èpromait une l'aligua
l'llt·aordinaire, augmentêe par un accident naturel à sou
sexe, el d'ailleur.:1 l\les èmi~soircs qui ne s'étaient ni·
couchl·s, ni reposés depuis huil jour$ èlnienl sur ks
dents. Mme Al·r111cl est partie cc m.'ltin ile Bourg-

6

Acl1aril , pcrsuadCc qu·on arnilè!e\'C unemuuraise dil'ficulté au patron cl qu'elfo s'éclaircir,1it à Rouen. Ellil
n':i élé dèlrompél! qu'en entrant à la Conciergerie;
mais on a encore filC le mc\mc roman avec cllti; on
lui 3 dil qu'on pùurfüi1•ait depuis huit joul's le patron
parce qu'un rle ses m'Llelotj l'n•ait lrahi el avait déuoncé à lu µo!ii:e qu'il était allé chercher plusieur3
personnes darH la U.issc-'.'formundie pour les conduire
il une s1at io11 auglaise; &lt;1u•it Claît donc înérilable de
la retenir en prison puisqu·on l'a\•ail lrouvl!e avec lui.
On n'a pas eu l'air d'en sa\·oir tlara 11tagc. 11i de la
connaitre .... » Lettre du préfet de la Seine-Inférieure
i1 Iléal, 7 uctohrelROi.Archîvcs n~tionales. F7 RliO.

2. Jablcau. des tlCtenus par mesure de liaulc police
Arduve3 nationales, I" 8172.
5. Je 11e. m·explique pas comment la le111·e par
laquelle L1cqueL a·monce à llJal l'arrestatio~ de
11,me ~equet, csl datée de 1/011/lf'lti', le 5 oetolirc.
C est a Pont-Audemer que \'arrestation eut lieu cl la
pré\·euuc a Clé amenée directement il Houen inc~
un seul arrêt à nourg-,\,:ha.r~ Cette !cure, êcrilc par
~a homme . c.xu.ltauL de JOIC, se terminait par ces
lignes.: Œ J a1 1.hor!neur de ,·ous écrire, tout épuisé
de,. fat,1gu.es; mais ,1c retrouve &lt;les forces en 11cmant
11111~ s agit du service de Sa ~fojcslP cl &lt;Ir votre .sa1 islaet1011 pNsonnrllc. »

�111STO'J{1.Jl
trompée, et il sentit que les pièges où se
prenait la naïrn marquise de Combray ne
seraient plus de mise avec sa fille. li trouva
mieux; il a\ ait sur lui la lellre f]UC \lme de
Combray avait écrite à son chei· Delailre,
lettre qu'il avait rnisic sur le patr_on, en présence mème de MmP Acquet. D.rns ce bil!et,
la n1:irquise trailait sa fille « comme la plus
vilr des créatures et gémissait d'ètre obligée,
1

transporler à Caen les fonds volés; elle s'accusa
elle-même d'avoir donné asile aux brigands;
elle n'excusa que Jo,eph Buc1uel qui n'avait
agi que sur les iustructiom qu'elle-même lui
avait données el Le Chevalier qu'elle représenta comme séduit par les promesses trompeuses de d'Aché. D'ailleurs son « amour
effréné n perçait à cha~ue mol de son récit;
elle dit même à Licquut que, " si elle pouvait sauver les jours de Le Chevalier aux
dépens des Fiens, elle n'hésiterait pas:; 1&gt;.
Quand elle eut terminé sa longue déclaration, elle devint tout à coup très mélancolique. Le lendemain, en entrant dans sa prison, Licquet la trouva occupée à couper ses
magnifiques cheveux qu'elle voulait, dit-clic
tristement, soustraire au bourreau. Elle ohserra que, puisqu'elle était inexoraLlcmcnt
vouée à la mort, Chauvel, qui se disait son
ami, avait eu Lien grand tort de l'empêcher
de s'empoisonner; tout serait fini à présent;
mais elle espérait que le chagrin la tuerait
avant qu'on eût le lemps de la condamner.
&lt;I En disant ces mots elle tournait ses }"eux,
très beaux et très perçants, vers un coin
assez obscur de son ca&lt;:hot. D Licquet, sui,·ant son regarJ, aperçut à cet endroit un
gros clou très saillant fiché dans le mur à
six pieds d'élévation i sans rien témoigner de
ses inquiétudes, il chercha à dirigH l'allention de la détenue sur d'autres objets el parvint« à la rendre d'une gaieté folle' J&gt;.
On fit, le jour mème, enlever le clou; mais
restaient les verrous de la porte et les piliers
du lit aux4uels la prisonnière, étant donnée
l'e1iguïté de sa taille, aurait pu chercher à se
pendre : on mit près d'elle, pour la sur,·ciller, une remme de Ilicêlre.

pour sa propre sllrcté, de ,·cnir au secours
d'un monslre; elle se plaignait surtout beaucoup de, l'argent que cela lui coùlait 1 1J.
Le 9 ociobre, Licqucl se préscnla au cachot
de füne Acquet, se mil à causer familièrement avec elle, lui avoua qu'il samit son.
nom et lui communi•1ua la lettre de Mme de
Combray. ,\près l'avoir lue, )lme Acquet fut
prise d'une effra)anle crise de r;ige. Licq nct
la con,ola, lui fil comprendre &lt;I c1u'ellc n'avail
q@ lui d'ami n, que sa mère la haïssail et
ne l'arait serrie que dans l'espoir de sau,·er
sa propre vie; que le nolairc Lefebvre l'avait
lui-mème vendue à la police en indiquant
l'adresse de la famille Chauvel, à Falaise et il montrait, comme preuve, la note tracée
de la main du notaire; - il a.Ha jusqu·a
faire allusion à certaines infidélités de Le
Chevalier C'l à des maîtresses que celui-ci
aurait eues à Paris, si Lit~n qu'indignée, à
bout d'écœurcmenls, la malheureuse fondit
en larmes.
- Soit 1 dit-elle, c'est à mon tour; recevez sur-le-champ mes déclarations, portez-les
à !I. le préfet; je veux tout a rouer; la \ie
m'est importune!!
Et loul de suite elle raconta la longue histoire des projets de d' Aché, ses passages en
Angleterre, l'orga.ni:sation du complot, la tentative dïmpression du manifeste des princes
el aussi comment il avait séduit Le Chernlier
Il n'est pas possible de suirrc Liquet à
et avait su se l'aUirer par la promesse d'un travers toutes les phases de l'instruction : cet
haut grade et de grands honneurs. Elle dit homme endiablé semble a,·oir posséJé le don
également que ce d'Aché, qu'elle accusait d'uLiquité : il est à la prison, ol1 il cuisine
d"avoir fait le malheu r dt! sa ,·ie, avait &lt;1 for- les détenus; à la préfecture ùÙ il dirige les
mellement coaseillé le roi des fonds publics; interrogatoires; à Caen, où il enquête ;l la
son ordre était qu'on organis:il les attaques barbe de Calfarell_i qui croit depuis longtemps
de dili3enccs, qu'il fallait même les arrètcr l'affaire enterrée; à Falaise, où il récolte des
toutes ». Elle accusa sa mère d'avoir aidé à témoignages; à Honneur, à Pont-.\.udemer, ~
1. Lettre du prércl de la Seine-Inférieur(' â H~dl,
11 octohrc 1807. Archircs nalionalcs, ~'j 8li0.
2. Lcllrc du préfet_ de ln. Scinc-luforicurc à Rtal,
Il oclobl'e 1807. Arch1,·cs nationales, F7 81711.
3, Pl'cmièt·c déclaraliun de la l'cmmc Acquet, 9 octobre'" 1807. Arch11·cs du greffe de la Cuur d',Miscs
de Rouen.
4. Rapport de Licquct au 1iréfel de la Seinc-1nfëricurc ..\rchi,·cs nationale~, F 7 8172.

!). Réal.

6. Celte lcllre, dalêe du 11 juillel 1809, 1'Sl adressée à un fonctionnaire du ministère de la Police dont
je n'ai pu tro11\·cr le nom : l.ic&lt;1ucl l'appelle mon
cite,· complttriolc, Archh·cs 11atio11alcs, F7 8172.
7. Happort tin voyage à Caen ..\rcl1i1·cs nat!onalc~,
F' 817t.
8. Il possé&lt;hit, â cc qu'assurait Mme Placène,
1.:)00 francs de rente. Arclmcs nationales, F7 ~l 72.

Paris; il rédige d'innombrables rapports à
l'adresse de son préfet ou de fiéal avec lesquels il correspond directement, et, quand
on lui demande quelle récompense il ambitionne de sa vie dépensée avec tant d'ardeur au
service de l'Élal, il répond philosophiquemeal:
Ce n'est pas pour ma gloire que je lra,aille;
c•c~t uuiqut' ment pour celle de la police général&lt;'
et de nolrii dtl'I' conscill&lt;•r 5 que j'.iimc de toutes
mes forces. Quant à moi, pall\rl' tliahle, jr suis
,·oué i1 un e ohscuritC qui, je l'arnue, fait mon
bonheur, depuis que j'ai rccannu l'incom·énicnt
des réputations 0 •

Henriette de Coligny
Par Henry ROUJON, de l'Académie française.

1

•

Hercule de Lacgrr, seigneur de Massuguiès,
quel beau nom de cadet de Gascogne pour un
drame de cape el d'épée! Quelqu'un a réellement existé qui s'appelait ainsi. Et comme il
n'est rien d'impossible à l'érudition, cc quelqu'un a trouvé son historien. M. Frédéric
La.chèvre, subtil el sannt explorateur du
monde des précieuses, ressuscite IIC'rculc de
Lacger. Nous possédions, sans nous en douter,
une soixantaine de poésies de CP. gentilhomme
oublié. Importaient-elles ,\ la gloire de la
liUéralurc1 Peut-èlrc pas absolument. Là
n'est point la qucslion. Bien qu'il n'ait pas
eu de génie, ce rimeur au nom formidable
mérite sinon un chapitre, du moins une note
marginale dans l'histoire de la politesse française. Cette figure de capilan héroï-comique
prend place dans une galerie des modes d'autrefois.
M. Frédéric Lachèvre a idenlifié le personnage en analysant un manuscrit injustemmt
négligé. Sous une reliure de maroquin rouw•,
en lrenle-deux fouillels d'une belle écriture
de calligraphe, des sonnets et des madrigaui
portent ce titr~: «Vers pour Iris 1&gt;. Qui
élail Iris? Et quel son adoraleur1
C'est ici qu'apparait douloureusement
la vanilé des psychologies liYresques. Il
ressort de la lecture de ce manuscrit
qu'une dame, toute pénétrée encore de
l'idéal de l'Aslrée , mil par ses rigueurs
un parfait amant aux portes du tombeau. Iris s'enveloppe de chasteté féroce
ainsi qu'une bergère de M. d'Urfé. Son
chevalier obserrn rigoureusement tous
les rites de l"amour courtois. li va sans
dire qu'il menace constamment de sa
mort prochaine l'immatérielle cn1alure
qui le désespère el le ravi!. li parle
sans cesse de « terminer ses jours n ;
l'infortuné &lt;&lt; souffre les enfers ». Iris
s'absente-t-elle pour quelques semaines? Un amoureux vulgaire se bornerait à Yerrnr des pleurs : ainsi s'expriment les douleurs bourgeoises!

Une des plus pilloresqucs péripélies de son
enquête fut le nouveau vopge qu'entreprirent, vC'rs la fin d'octobre, le faux capitaine
Delaitre el son faux nc\"eu, à la red1erche
d'Allain cl de Buquet qu'ils n'avaient pas
troU\•és, au jour dit, à l'auberge de Cany.
Delaitre revit à Caen l'aYocat Langelley, les
Placène, la fille Mondcrard, avec lesquels il
festoya; il leur donna les meilleures nouvdlcs
de Mme Acquet, très conforiablemenl inst.allée, raconta-t-il, dans une des stations de
bains de la côte anglaise; mais., bien qu'il
eût pour Allain une lellre très pressante de
Mme de Combray qui avait hâle de le voir
passer en Angleterre, le rusé chouan ne se
montra pas; sa fille, établie couturière à Caen
el qui était en relations avec Mcne Placène,
se chargea pourtant de lui faire tenir la
lcllre; le patron émit bien l'idée de suivre la
petite Allain dans l'espoir de découvrir la
retraite du père; mais Langelle)' et les autrrs
I'assurèrint que cc serait peine perdue; la
jeune fille connaissail seule l'asile du pros•
cril; , cbaquc fois qu'elle allait lui porter
des nouvelles, elle se déguisait, entrait dans
une maison C'l s'y déguisait de nouveau pour
en sortir, entrait dans une seconde, y changeait de costume el ainsi de suite; il était
impossible de juger, quand elle sorlait de
chaque maison, que c'était la même personne
qui y était cnlrée cl &lt;le sa,·oir daus laquelle
éiait son pèrc 1 ". llcux jours plus tard lape•
titc Allain reparut : elle as$ura que son père
élail parli dans son pays, du cclié de Cherbourg OÎl &lt;c il avait du bien »; il voulait,
avant de pa.sser eu Angleterre, vendre son
mobilier et affermer ses terres; telle élait
l'autre face du terrible « général Antonio 1&gt;;
il éiait bon père de famille et petit renlier '·
Delaitre comprit que c'était une défaite et
qu'Allain n'avait pas confiance : il n'insista
pas, plia bagages et rentra à nouen.
(A suivre,)

G. LENOTRE.

1

•

\lois si tians cc moment, pour les mieux exprimer.
Je ne tomhe à vos picd5 immol,ile et Hins ,-i&lt;' 1
Je: ne ml·l'ilc 11as !11onneur de ,·ous aimer!

Il faudrait a\'OÎr un cœur de rocher
pour ne poiat compatir au supplice endurê par ce modèle de continencr.
Trente-cinr1 sonnets témoignent qu'lris
demeura impiloy,blcment pure. Quant à son
malheureux esclave, on l'imagine s'allant noyer
au fond du Lignon grossi de s1:s larmes. La
rérité c.st moins désolante. Iris et son poète,
dans les loisirs que leur lai!-sa la littératurC',

furent deux faibles créatures morlellc&lt;;, enclines ~, la concupiscence. lis firent run el
l'autre dans leurs rers une telle débauche
d'innocence qu'il ne leur en resta guère pour
l'usage quotidien. Cc couple d.élégiaques était
farceur.
Qui dit cela~ Celle canaille de Tallemant
des Réaux, toujours embusqué derrière les
élégances pour cligner de l' œil et ricaner.
Tallcmaul sert de guide à M. Frédéric Lachèvre et à M. l~milc Magne, à tra\'C rs les
aventures sentimentales d'HC'rcule de Lacger
et de son Iris, Henriette de Coligny. Lorsqu'ils
ne mettaient point du noir sur du blanc, ce
Gascon cl cette précieuse se reposaient gaillardement du sublime. Henriette a rencontré
cbez M. )lJgne un biographe gaiement véridique; M. FrJdéric Lachèvrc, en nous racontant la vie d'Hercule, seigneur de ~fassuguiès,
ne prétend aucunement nous attendrir.
A défaut de Tallemrnl des Réaux cl de ses
modernes auxiliaires, un dessin de Daniel du
~lonslier suffirait à révéler llenriclle de
Coligny, comtesse de La Suze, d:ms toute son

c~ .rr•zF. '' ·

,.-. ~,.,r., ,t: '1.l

jngénuité de bonne personne. Le sincère
portraitiste a souligné de traits malicieux le
nez curieux et la Louche gourmande de cette
belle commère au triple menton. Dire que
celle dame si bien portante a composé énor-

miment d'élégies! c1 Les plus tenJres C'l ks
plus amoureuses du monde, qui courent partout l&gt;, est-il arfirmé par l'auteur des l/i:,to1·i,.lles. llcnriellc de Coligny a fait verser des
larmes à maintes lectrices, à Mme de Sé\·igné
peul-èlrc, à coup sùr à Calhos et à Maddon.
Au dix-huitième siècle C'lle était admirée
encore pour son génie de poétesse. Son éditeur
de 1725 explique ce génie par de cruelles
déceptions conjugales. &lt;&lt; Liuée successiwmcnt
à deux époux, elle n'eu t pour eux que de
l'aversion et de l'horreur. 1&gt; Le premier mari
de Mlle de Coligny fut nn Anglais qui ne survécut qu'un an à son bonheur. Le second, le
comte de La Suze, était borgne et très ivrogne
Tallemant raconte qu'il lui arriva, au retour
d'une ripaille, de tomber sur le chemin; un
lroupeau de cochons lui passa sur le corps. li
fil alors un rêve guerrier et~ 'écria : «Quartier,
cavalerie, quartier! )&gt; Cet intempérant gentilhomme était jaloux; il enfermait sa femme
el la fai sait espionner par deux prudes bellessœurs. Faut-il s'étonner que l'esprit élégiaque
se soit emparé d'une dame ainsi persécutée,
dont la jeunesse avait brillé à la Chambre llleue d'Arlhénice 1 L'édilcur de
li2J ne s'en étonne point. « Malheureuse en amour, dit-il, elle a dù tourner du côté de l'élégie, ainsi qu'dle a
fait, le talent qu'elle avait rrçu pour la
poésie. " Le don poélique semble avoir
éié, chez Mme de La Suze, plus spontané que eomplel. « Elle ne put jamais
enchaîner la rime. Elle digérait ses
pensées, elle lrs exprimait poé1iquement, mai s, pour IC's rimer, il fallait
qu'elle cmplo)àt un secours élranger. u
Plusieurs secours étrangers se préH ntèrent. L'un d'eux fnt notre llercule de
Lacger, lequel, au dire de Tallemant des
néaux, &lt;! avait de l'esprit, mais n 'élait
nullement hoanesle homme». M. frédêric Lacbèvre reconnait de la meilleure
grâce du monde que les recherches auxquelles il s'est livré ne démentent en
rien ce jugement sommaire. ,'\'ou~ n'avons aucun portrait du sire de Massuguiès. li est facile de lïmaginer; lous
les mauvais garçons croqués au passage
par Abraham Bosse nous rendent cc
clpitan d'alcôve avnnlageux, beau parleur, insolent, parfois bàtonné, ni plus
niZmoins poète, à tout prendre, que les
aulres habitués des ruelles, un Malleville ou
un Sarazin. Ce joyeux drille fournil à !!me de
La Suze des rimes pour ses \'ers et des consolations pour ses mélancolies. Dans ses sonnels,
il la traitait abondamment d'inhumaine. La

�111STORJA
comte~se, couchée sur son lit de parade,
entourée de beaux esprits el de précieuse~,
écoulait le malin Gascon bramer s.a douleur.
Au pit'd du lil. deux ~·etili s mules de velours
n'étaient ,·is1b!rs que pour le seul Ilt•rculr. Il
glissait la main dans la mignonne chau$Sure;
il en tirait une lettre et )' introduisait unfl
réponse d'u1oe toute autre lil!érature que ct•lle
de l'Asll'ée. Le geste est charmanl. Il résume

la chevaleresque hypocrisie de celle société de
la Fronde qui s'essayait au stile noble cl à
l'amour poli. Les vers d'Hercule de Lacger
sont généralementinsipidesetl'homme fut(&lt; un
grand coquin». L'Iris de ses sonnets à la glace
était une poupine personne d'humeur égrillarde. Sans doute, mais le miracle opéré par
les fées de l'hôlelde Rambouillet a été dïmposer à un siècle brutal la ~imulation de la Yertu.

Pour obéir au code idéal de la bienséance,
Hercule de Lacger el llcnrielle de Coligny
se présentaient dans le monde en loilette spirituelle. Cette darne galante et ce sacripant
s'habillaient I"àme pour rnrtir. Cliez eux, il
est inflniment probable qu'ils se mellaient à
l'aise. Et cela ne regarde personne, n'en déplaise à Tallemant des Réaux et à son indiscrète postérité.
HssRY ROUJON,
de fAcadimit françaist.

•
Voyage de retne

Je vins coucher à lluv '. Celle ville était
des terres de l'évèque de Liége, mais, toutefois, tumultucurn et mutine (comme tous ces
peuples-là rn senta:cnt &lt;le la ré\'olte générale
de3 Pays-lJas), ne reconnaissait plus son évèque, et elle tenait le parli des Étals. De sorte
que sans reconnaitre le grand-maitre fmajordome] de l'é\'è,1ue de Liége, ttui était avec
moi, soudain que nom fùmes logés, il,;: commencent à sonner le tocsin et trainer l'artillerie par les rues, et la hra11ucr contre mon
lo3is, tendant les chaines alin que nous ne
puissions joindre en:;emL!e, nous tenant toute
1a nuit en ces alarmes, sans avoir moyen de
parler à aucun d'eux, étant tout petit pcuplt',
gens brutaux et s1ns raison. Le matin, i!s
nous laissèrent sortir, ayant bordé loule la
rue de gens armés.
Nous allù.mes de là coucher i1 Dinant, où
par malhèür ils avaient fait, ce jour même,
l~s bourgmc~tres, qui sont comme consuls rn
Gascogne et é~hevins en France. Tout y était
ce jour-là en déLauche; tout le monde ivre;
point de magistrats connus; Lref, un vrai
chaos de confusion. El, pour y empirer davantage notre condition, Je grand•maitre de
l'évèque de Liége leur avait fait autrefois la
guerre, et était teou d'eux pour mortel ennemi.
Cette ville, c1uand ils sont en leur sens ras.Sis, tenait pour les États j mais lors, BJcchus
l' dominaut, ils ne tenaient pas seulement
0

\. Sous le prélcxlè de pr!!nclrc les eaux: dl! Spa.
Marguerite lil, en 15i7. un voyage politique dans lè
llain,ul cl 1~ pays de Lil!gc. c11 me dèg11gucr des partisans il son frël'C, le duc d'Alcn~m. el d'cnlc\·cr les
l'11ys- Ras ù rE~pal{nc.

pour eux-mêmes et ne connaissaient personne.
Soudain qu'ils nous voient a pprocbrr les faubourgs.., avec une troupe grande comme était
la mienne, les roilà nlarmés. lis quittent les
Yerres pour courir aux armes, et LouL en tumulte, au lieu de nous ouvrir, ils forment la
Larrière. J'avais envoié un gentilhomme devant, avec les fourriers cl maréchal des logis,
pour le prier de nous donner passage; mais
je les trouvai tous arrètés lù, qui criaient sans
pou\'Oir être entendus. Enrin je me lève debout dans ma litière, et, ôtant mon masque,
je fais signe au plus apparent que je veux
parler à lui; et, étant venu à moi, je le priai
de faire faire silence, afin que je puisse èlrc
entendue. Ce qu'étant fait avec toute peine,
je leur représente qui j'étais, et l'occasion de
mon VO)'age; que tant s·cn faut que je leur
voulusse a·pportcr du mal par ma rnnue, que
je ne leur voudrais pas seul~ment donner de
soupron; que je les priais de me laisser entrer, moi et mes femmes et si peu de mes
gens, dans la ville, qu'ils voudraient pour
cette nuit, et que le reste ils le laissassent
dans le faubourg. lis se contentent de cette
proposition et me l'accordent.
Ainsi j'entrai dans leur ville avec les plus
apparents de ma troupe, du nombre desr1uels
fuL le grand-maitre de l'évêque de Liége, qui,
par malheur, fut reconnu comme j'eutrais eu
mon logis, accompagnée de tout ce peuple
i\'re l t armé. Lor, commencent à lui crier
injures et à vouloir cbarger ce Louhommr,
C[Ui était un vieillard ,·énéraLle de quatrevingts ans, ayant la barLe Llanche jusques il
la ctinturc. Je le fis cnlrer dedans mon logis,

oll ers ivrognes faisaient pleuvoir les arquebusades contre les muraille&amp;, qui n'étaient
que de terre. Voyant ce tumulte, je demande
si l'hôte de la maison n'é1ait pas là-dedans .
li s'y trourc de bonne fortune. Je le prie
&lt;1uïl se mette à la fenètre cl qu'il me fasse
parler aux plus apparents, cc qu'à Ioule force
il veut faire. Enfin, ayant assez crié par les
fenêtres, les bourgmestres viennent parler ;,
moi, si rnouls qu'ils ne savaient ce qu'ils di
saient. Enfin leur assurant que je 11'avais
point su que ce grand-maitre leur l'ùt ennemi, leur remontrant de quelle importance
leur était d'oflenser une personne de ma qualité, qui était ?mie de tous lrs principaux
seigneurs des Etals, et que je m'assurais que
monsieur le comte de Lalain cl tous les
autres chefs trouveraient fort mauvais la réception qu'ils m"ayaient l'aile; a1Qnt nommé
monsieur de Lalain, ils se changèrent tous,
et lui portèrent tous plus de respect qu'i1 tous
les rois à qui j'appartenais. Le plus vitil
d'entre eux me demande, en souriant et L,Iga)·ant, si j'étais donc amie de monsieur le
comte de Lalaio; el moi, voyant que sa parenté me servait plus que celle de tous les
potentats de la chrétienté, je lui réponds :
« Oui, je suis son amie, et sa parente
aussi. »
Lors ils me font la révérence, et me baisent
la main, et m'offrent aulant de courtoisie
comme s'ils n'arnient fait d'in~olcnce, me
priant de les excuser, et me promettant qu'ils
ne demanderaient ri~n à cc Lonhommc de
grand-maitre, et qu'il:ii le laisseraient sortir
arec moi.
&gt;L\RGUERITE DE FRA:'\CE.

"Ill

16

1M

AlPHONSE SÉCHÉ ET LÉON BER,TAUT
q,,

Balzac el la Duchesse de Castries

L'al'cnlure de Balzac el de la duchesse de hriel Ferry, avait uoe jolie figure couronnée
Castries est un des plus curieux et des plus par une superbe chevelure blonde hardiment spirhuellc, frottée d'un peu de sensibilité, de
émou_vanls épisodes de la vie du grand ro- d.orée; u~7 taille s,,elte, une to;rnure gra- dévotion, de chaleur de salon· une vraie
mancier : on y sent virre Balzac tout entier cieuse, aer1enne; enfin un rayonnement sé• Parisienne aYec toutes ses quali~és brillantes
avec sa passion, rn grandiloquence, son en- ducteur dans toute sa personne qui captivait du dehors; ~ualités raffinées par l'éducation,
thousiasme pour la beauté et aussi ses dé- les yeux . Quand elle apparaissait à quelque le luxe, l'anstocratie des milieux, mais aussi
boires, ses désillusions, le réveil cruel que la bal _de la duchesse de Berry, son entrée faisait avec toutes ses sécheresses, ses défauts; en
un ~ot, ~ne de ces femmes auxquelles il ne
réalité opposait à l'infini de ses illusions.
tou1ours sensation, soulevait Joutes les admi- faulJama,s demander de l'ami lié de l'amour
Dans le courant du mois de juin 1831, rations. »
du dévo~ement au delà d'une légère couche:
Balzac, tout à la création de son admirable
Un accident survenu à la chasse - la duLouis Lambert, se trouvait au château de ~h~sse s'éta,it accrochée à une branche d·arbre, par la raison que la nature a créé des femmes
Saché, en Touraine, chez M. de Margonne, et~1t tombee sur les reins et s'était à demi moralement pauvres. n
Somme toute, la plus hypocrite des
lorsque, dans 1a nombreuse correspondance brisé l'épine dorsale - avait endolori toute
qu'il recevait - lettres d'affaires lettres ~a personne &lt;&lt; et donné à son visage une coquettes et la plus dangereuse pour un
homme à imagination vive comme l'était
d'importuns, lettres de créanciers 'surtout
1~teressante expression de mélancolie sou- Balzac,
hélas! - il dislingua un billet é1é(Tant e; riante, de souffrance voilée i&gt;. &lt;( Un demiAu. début, ce fut un triomphe pour soo
parfumé, écrit d'une écriture tout aristocra- cadavre élégant, écrit Philarète Chasles voilà
tique et signé romanesquement : &lt;( Une ce qu:était devenue cette belle, si écl;tante orgueil : la porte de l'un des plus aristocrafemme qui ne veut pas se faire connaitre. )) d~ fraicheur qu'au moment où elle mettait le tiques hôtels du Fau~ourg lui était ouverte à
La lettre était un dithyrambe passionné en pied dans un salon à vingt ans, sa robe naca- deux battants. L'au leur de la Comédie humaine ne se fit pas prier pour profiter de la
f~rn~r de l'écri~·ain el de ses œuvres. L'on y rat tombant sur des épaules di11oes du Titien
d1sa1t l enthousiasme ressenti à la lecture de elle effaçait littér~lemenl l'éclatdes bougies. ,; permission octro~•ée par la duchesse. L'hiver
de 1832 le vit mondain, fashionable &lt;land,
certains romans. Cependant l'on avouait
Au moment ou Balzac allait devenir l'un
'
~'
aussi certaines critiques, l'on s'inquiélait de des assi.dus de son salon, elle était âgée de incomparable!
Pour
aller
de
pair
avec
la
société
qu'il
fré!'amoralité de la Phy~iologie du Maria,ge ou trente-cmq ans environ, sa tête était toujours
de la_ P_eau ri~ clwgnn, l'on faisait quelques demeurée très belle, sa chevelure merveil- quentait, il crut qu'il serait bon de transrestr1ct1ons piquantes et très justes, somme leuse, son port d'une aristocratie admirable. former
. son logis, son train de maison ' son
eqmpage.
toute, qui frappèrent plus le romancier que
Quelle était maintenant au moral la femme
Le moment était, du reste, bien choisi
les pages de louanges qui lui étaient consa- dont, _avec sa fougue accoutumée, Balzac va
pour se meubler : les années qui suivirent
trécs.
devemr amoureux dès qu'il la verra, ou, 1850 furent excellentes pour les collectionli daigna répondre. Lui qui laissait tan l de
neurs. On trou,,ait alors à un prix fabuleux
l~ttrcs en souffrance, prit le temps, au mide
bon marché des bibelots, des objets d'art,
heu de son labeur écrasant, de réfuter queldes
lableaux. C'est à partir de celle époque
ques-unes des critiques de l'inconnue. Cette
que
Balzac
commença sa collection, - collec•
dernière répondit à la seconde lettre, Balzac
tion qu'il devait poursuivre avec ténacité, à
en fit de même pour la troisième. Bref un
travers les avatars et les soubresauts de sa
commencement de correspondance s'ébauchait
vie,
si bien, qu'à la veille de sa mort,il avait
lorsque, un peu irrilé de l'anonJmat de son
réuni
dans le petit hùtel de la rue Fortunée
contrldicteur, le romancier somma celui-ci
des richesses artistiques dont l'ensemble était
de se dévoiler. La lettre suivante lui li\Ta le
eslimé au bas mol à 150 000 francs.
nom de cette femme, car c'en était une : la
Pour l'instant, son mobilier était plus mod~chesse .de Castries, une des étoiles les plus
deste.
Cependant un ancien directeur de
a~istocratigues du .faubourg Saint-Germain
journal,
nommé Solar, qui visita l'écrivain
d ~l~rs: qm, avec une bonne grâce charmante,
à cette éfoque, nous a fait le récit de l'aspetl
prmt l auteur de la Comédie humaine de la
de la ma1s00. Nous y voyons qu'entre autres
venir voir, dès son retour, eo son hôtel de la
choses,
Balzac avait déjà acquis ses fameux
rue de Varenne.
meubles
noreotins qui n'étaient autres riue
On devine l'étonnement el la joie de Balzac.
la commode de Marie de Médicis et le secréLui qui avait toujours désiré de toutes ses
taire de Henri IV! Balzac les avait décom-erts
forces approcher ce monde brillant du Paris
dans
la petite ville de Luynes, en un de ses
aristocratique, lui dont l'esprit et le (Ténie
voyages
de 'l'ouraine.
BALZAC.
étaient faits pour rivaliser avec les plus ;piriLa commode était en bois d'ébène veiné
tuelles élégances de son époque, se tramait
D°aprJs la lithog mphie de J ULIEN.
d'or, à pans brisés, avec cul-de-lampe el filets
par hasard introduit et de la plus piquante el
dorés en spirales aux angles. Un seul morde la plus flatteuse façon au sein même d'un
plutôt, la reverra, car il la connaît déjà pour ceau d'ébène recouvrait cette commode armodes salons les plus haut cotés de la Restaural'avoir entrevue dans le salon de Ja princesse riée aux armes de France et de Florence.
tion. « La duchesse de Castries', dit!!. GaBag:alion?... !!. Gabriel Ferry la dépeint . ~ Quant ~u ~ecrétaire, dit ~I. Ferry, il
ams1 :
etait compose d un avant-corps à deux van_I. G; FERRY, Balzac et ses a11nes. p. 70. (Calmann1.evy, edit.)
c&lt; Une femme coquette, vaniteuse, fine, taux, chargé d'une tablette profilée, sur la1

.

VI 1. - HISTORlA. - Fasc. 49-

...,,. 17

V,,,.

2

�1nSTO']t1.ll
quelle s'élevait la partie supérieure, également dhisJc en deux compartiments et
terminée par une corniche d'une exquise

'------------------------drai. .Je veux un million ou un remerciement. Pas~om-. »
Et, devant les )''ux ahuris de son interlo-

L'ÛPÊRA: FAÇADE SUR LA RUE LE PELETIER.

cuteur, il fait valoir toutes les richesses qu'il
vient d'acquérir : des Yases de 1ieille _porcelaine de Chine, des tasses de porcelame de
Saxe et de Sèvres, des statuettes précieuses,
des bronzes si11nés,
des écharpE:s d'or et
d'ara
.
.
gent, des étoles du xue siècle, des tap1sser1es
du \Hic et encore des tableaux et encore des
composer une gale~ie.
.
.
Lorsque Solar vmt le ,·01r, le romancier, meubles et encore des objets d'art.
Grâce à toutes ces richesses, Balzac ne
« l'œil en feu », les che\'cux en désordre,
les lèvres émues, les narines palpitantes, les peut-il pas aller de pair maintenant arec
jambes écarquillées, le bras tendu com~e un haute société qu'il fréquente? Au reste, 11
montreur de phénomènes un JOUr de f01re en prend deux domestiques, il achète _des cheplein soleil et en pleine pl_ace publique, _rar- vaux et des Yoitures, il galope au 001s.
lait ainsi en faisant v1s1ter ses dermeres
Lui-même arbore des gilets magnifiques,
endosse un superbe habit Lieu à boulons
acquisitions :
.
« Admirez, admirez ce portrait de femme dorés pour se montrer à !"Opéra dans la
de Palma le vieux, peint par Palma lui-mêm~, log• infernale ou des lions. Là s_'étalent le
le grand Palma, le Palma des Palmas, car _,l marquis de Podensac, Lautour-Mezeray, de
y a autant de Palma en Italie que de Miéris Boigne, tous les beaux de l'époque, tous les
en Hollande. C'est la perle de l'œuYre de lions du jour. Cbacun apporte son anecdote
ce grand peintre, perle lui-même parmi ou son historiette scandaleuse dont les autres
les artistes de sa belle époque. Altesse, s'égaient bruyamment, si bruyamment mè~e
que le commissaire de policechargé_du mainsaluez!
« Voici, maintenant, le portrait de tien de l'ordre dans la salle doit mlervemr
Mme Greuze, peint par l'inimitable Greu'.e. parfois. !lais tout n'est-il pas_ permis aux
C'est la première esquisse de tous les portraits lions'! Là Victor Roc1ueplan se l,rre à la plus
de Mme Greuze, le premier trait! celui que impitoyable critique de l'adminislratio_n de
l'artiste ne retrouve plus. Diderot a écrit sur !"Opéra. Avre un esprit infernal, 11 satmsc et
celle esquisse suave vingt pages déli~ieuses, tourne en ridicule les actrices et les chansublimes, dirinrs, dans son Salon. LISez so_n teurs, le régisseur et le corps de !Jallet, le
Salon; voyez l'article Greuze, lisr1, cel admi- caissier et le pompier de service. C'est un feu
roulant de mots d'esprit auquel personne
rable morceau !
« Ceci est le portrait d"un cbevalier de n'échappe.
A la sortie du spectacle, loulc la bande rn
Malte, il m'a coùlé plus d'argent, de temps
et de diplomatie qu'il ne m"cn eùl fallu pour joyeusement souper au cabaret de la füISonconquérir un ropume d'_ltalie. l'n o'.dre du Doréc dans lequel elle possède un salon parpape a pu seul lui ouvrir la :ront1cre des ticulier oll nul n'a le droit de pénétrer sans
Etats Romains. La douane l'a laissé passer en sa volonté expres~c. Yers les trois heures du
frémissant. Si celle toile n'est pas de Ra- matin, chacun rn retire chez soi, Balzac en
phaël, Raphaël n'est plus le_ premier peintre son équipage, un coupé magni~que, un
du monde. J'en demanderai ce que Je vou- locatis de cinq cents francs par m01s sur les

pureté de moulure. " Le célèbre marchand
d"antiquités Monhro estimait ces deux merYeilles à 60 000 francs.
Balzac acquit, en outre, un grand nombre
de meubles de la Renaissance italienne de
la plus grande valeur el il s'occupa de ,e

b

.... 18 ""

panneaux duquel resplendissent les armes
parlantes des Balzac d'Ent~a~ues.
,
.\u milieu de toutes ces elegances, on pense
si l'auteur de la Comédie humaine se rengorgeait avec son habit de drap bleu '?rlant
de chez Buisson, ses boutons d or c1sdes par
Gosselin, son pantalon noir à ~ous-pieds et
,on gilet de piqué blanc anglaIS stir. lequel
s~rpentaient les mille ann~aux d'uDl' 1mperceptihlc chaine d'or de Vcmsr.
A la vérité, les envieux et les ricaneurs
trouvaient plutôt qu'a,·ec sa toilette ébouriffante il avait l'air d'un riche marchand de
bœufs de Poissy en grande tenue d'apparat,
mais Bal1ac paraissait si convainc~, si sé~ieux,
si enthousiasle que sa vue desarma1t les
rieurs.
Cbaquc soir d'Opéra, il était donc là, se
prélassant en faisant tournoyer sans ce~se
entre ses mains gantées de blanc cêllc fame_usc
canoc 1 vrai instrument de tambour-maJor,
qui es t de,·enue si célèbre, gr.ice en p~r.Lie à
Mme de Girardin avec son chumant rec1t de
la Ca1111e de Al. de Bahac.
Celle canne était un objet très prec1eux
pour le romancier, et elle a tc~u trop_ de
place dans sa "ie pour que nous n en parlions
pas un instant.
.
.
Un ancien éditeur de Balzac, \\ crdet, qu,
fut une mauvaise langue el un rancunier,
nous a donné de, détails très piquants sur
cette fameuse canne.
Balzac recevait déjà à celle époque, paraitil ' des lémoirrn;irres
d'admiration et dP. s1m0
0
pathie qui lui étaient adressés par des femmes,
saphirs, émeraudes, pierres de toutes sortes,
cl l'idée lui vint, un jour, d'en,·oJer tous ces
dons provenant d'amies, .Ja plupart inc~nnues, au bijoutier Gosselm avec ordre den
faire une tête de canne. L'intérieur de la tête
devait ètrc creux afin d'y placer des boucles
de chefeux !
Gosselin exécuta son travail à la lettre,
surmontant une canne monstrueuse de tam1,our-major de toutes les pierreries que
Balzac lui avait confiées. Dès lors, le romancier la promena triomphalement partout où
il allait.
Or, un jour, la fameuse canne s'égar~.
.A.u moment de partir, l'écrira.in ne lrouvaIL
plu, cet objet unique à ses )'eux. Il fouille
partout. Point de canne!
.
.
« Balzac, raconte \Verdet 1 , était en pr·o1c
lt une inquiétude cxlrème, ses traits étaient
Loule,·ersés :
- Messieurs, ~•écl'iait-il à chaclue instant,
assez de ce jeu cruel; je mus en supplie, au
nom du ciel, rendez-moi ma canM.
« Et il s'arrachait les chereux, mais nous
ne pou\'ions lui rendre ce que nous n'alion,;
pas .... J'offris alors à son propriétaire désolé
Je prendre un cabriolet et d'aller, nomrau
Cbr1slophe Colomb, à la recherche de Ja
canne. J'étais résolu à aller la demander
dans tous les lieux sans exception où notre
grand étourdi aur,tit fait des ,·isites. li.
accepta. Je revifü au bout de deux heures
qui arnienl paru deux siècles de tortures
1. E. \\'t.•1·dct, So1wr11ir1 de la Vie liLUrairc.

BALZAC ET L}I DUCHESSE DE C11sT7/.IES

pour lui, Hélas! Trois lois hélas! Je ne rap0Jns une page célèbre, Lamartine nous a bras courts gesticulaient avec aisance, il cauportai rien ....
conservé le ~ouvenir de cc que fut le Balzac sait comme un orateur parle .... »
(C .\ cette accahlanle nouYellr. notre grand
de cette ép011uc, tel qu'il le vit si souvent aux
Gavarni disait de lui que « physiquement,
romancier s'évanouit. Quand il reprit ~c.s soirées de Mme de Girardin:
du derrière de la tète aux talom, chez G.111.ac,
sens, je lui dis :
« Dah!:ac élaiL dehout, raconte La.martine •
- \lions, ne vous dése:-pPrez pas ams1. devant la cheminée de marbre de cc cher il y avait une Jig,1e droite avec un seul resJe vais courir chez voire loueur dt• rnitures salon où j'amii ,·u passer cl poser tant saut aux mollets; quant au de,·ant du roc'était le profll d'un l'éritable as de
t 18, rue du Bac : pcut-1~lre l'nez-\·ous ou- d'hommes ou de femmes remarquables. Il mancier,
pique;;. ll
hliée dans \Otrc coupé? C'était cc que nous n't'tait p:is grand, bien que le rayonnement
Cependant le; milieux Lrillants que lréaurions dù ,·Prifier tout d'aLord, mais on ne de son visa~e et la mobilité de sa stature
s'avise jamais de lout .... Il ne rnulut à empècha~senl de s'a.percernir de sa taille; queotc Balzac n'ont pas H'Ull'mcnt une inaucun prix me quiller; j'étais sa dernière mais cette taille ondopit comme sa pensée: fluence immédialt• sur son train de -Yic, ils
planche de salut, il s'atta&lt;'h1it tt mes p:1:-, à eulre le sol et lui il semblait y aYoir de la accaparent si bien sa pensée qu'ils l'orientent
mes habits, il fai:-:iit peine à ,,oir. Nou~ marge; tantôt il se baissait jusqu'à terre wrs des horizons nou,·caux. Sincèrement
lombâmcs comme une double bombe chtz le comme pour ramasser une gerbe d'idées, libéral, Balzac lt•nd à d,·venir chaque JOur
loueur de voitures. Noire coupé n'ayait pas lanlol il se redress&gt;it sur la pointe des pieds plus royalisle, plus ultra, chaqur jour aussi.
été Yisité, nous y courùmes: la magnifique pour suivre le vol de sa pensée jusqu'à l'infini. sous lïnllucnce de la duchesse de Castries,
du duc de Fitz-James et de lt·urs amis, lt·~
canne s'y prélassait nonchalamment couchêt!
« Il ne s'interrompit pas plus d'une mi- préoccupations politiques !"envahissent dadans un coin. Qu'on juge de fa joie d'HonorJ nute pour moi; il élait emporté par sa convantage. L'annét&gt; précédente, en juillet h(il,
en retrouYant son inséparable compagne!. ..
versai ion avec ~f. et .\lme l~mile de Girardin. il a tenté - sans succès - de se préscntrr à
Après !'Opéra, l'endroit où llalzacse montre Il me jeta un r1•gard ,-.f, presse, gracieux,
le plus assidùment est le salon de !!me de d'une extrême l,ien\'eillancc ..le m'approchai Angoulème. Cette année, comme il est l'n
Touraim•, :1u domaine de Saché, cnlrelenact
Girardin, la charmante fille de Sophie foy.
pour lui serrer la main, je vis que nous nous toujr&gt;urs unr correspondance acti\"r aYl'C la
.\rec sa taille élel"éc et ses proportions de comprenions sans phrase, et tout fut dit
statue, éblouissante dans ses robes de ,·elours entre nous; il élait lancé, il n'a,,ait pas le duchesse, une raca.ncc parlementaire se prénoir, Delphine était d"une perfection et d'un Lemps de s'arrètcr. Je m·assis et il continua sente : Il. Girod, J,, député de Chinoo,
esprit inestimables. 11 Cc n'était pas coquet- son monologue, comme si ma présence l'eùt vient d'être nommé ministre dt• l'instruction
terie chez elle, a dit Théophile C,utier, ranimé au lieu de l'interrompre. L'attention publiqul' et des Culi,~. Occasion inespéré,,
c'était sentiment d'harmonie: sa belle àme que je prètais i, sa parole me donnait le pour Bal1.ac de lenter à nouveau la fortune
politique. Il s'e:-,L rclirJ en Touraine pour
était heureuse d'habiter un beau corps. »
temps d'obscrrcr sa per:onnc dans son éter- lra\'ail1cr, accablé de labeur, ach('vant Louis
Et l'auteur de P-mau.o cl Camée., d"ajoulcr nelle ondulation.
Lamber/. \'importe! Il fait démarches sur
ces détails sur les réceptions de la belle
« 11 était gros, épais, carré par la base et démarches, est agréé par les élc.::lcurs inDelphine :
les épaules; le cou, la poitrinE::, le corps, les
« Tout l'appartement était tendu d'un cuisses, les membres puissanls; beaucoup de fluents, désigné officiellement par la Quotidama.s de laine vert d'eau, dont Je ton glauque l'ampleur de Mirah~au, mais nulle lourdeur; dienne, journal roy:iliste: ~ ... M. Balzac,
comme crlui d'une grotte de néréide ne pou- il 1 arait tant d"àme qu'elle porlait tout cela jeune écrivain plein d'ardeur cl de talent, et
vait ètrc supporté &lt;111e par un teint da Llonde légèrement et gaiment, comme une enveloppe qui parait vouloir se dévouer à la défense des
principes auxquels le repos et le bonheur de
irrt!prochab!c: elle a,,ait choisi celle nuance
sans méchanceté, mais les brunes égarées
dans cette ca,,ernc Yerte y parai!-saient jaunes
comme des coings, ou enluminées comme
des fusées t. »
Toul était, du rcslc, sans prétention chez
!lmc de Girardin. Elle rcccrail ses ,mis à la
honne franquette, dans sa chambre à coucher
r.i:_,
dont le lit était dissimulé sous un rideau. On
~t.,,::,l•
s'y rendait généralement après !"Opéra et les
BoulTes, ou bien avanl d'aller dans le monde,
c·est-à-dire entre onze heures et minuit.
Dllzac était à peu près assuré d\ rrncontrcr
Lamartine - qu'il retrouvait chez la fille
après l'a\"Oir connu chez b: mère, - ainsi
que Victor Hugo, Alphonse Karr, Eugène
Sue, Gautier, Jules Janin, Lautour-.\k•zeray,
Chassériau, Cabarrus, cl, de temps en temps,
Alfred de Musset. La com·ersalion élait pi&lt;1uante, animée, spirituelle. On } fgratignait
bien un peu ceux qui ne faisaient pas partie
du cercle de la belle Delphine, m,is on l
défondait aussi les amis avec une sorte
d'àprcté d'excellente camaraderie. A ces moments-là, Delphine était transportée d'une
sainte colère qui transfigurait ses traits jusqu'au sublime, scion la remarque de GauL.\ .\I.\ISO:s.-Donü. - Ll/hng,·.Jp!ue dt PRovosT (JlJ,/U., d'apres 11n daguerrèOlJ"fl'.
licr. Autrement clic était douce, gaie et l-011
ym·ron, comme disait Lamartine. Balzac y
passait dfs soirées délicieuses.
souple, cl nullement comme un fardeau, ses la France sont attachés .... » L'alTaire est

.

.

.......

~

f

f ~
·-/ - -

1. Théolphilc kmticr, Porf1"11it.~ t·I Sm1r1·11irs lil•
làairca, Pari,, 1875, Colm~1111-Lé1-y, éilill'ur.

2. l..imartinr. /lahm· cl
\lichel Ler)', éditeur.

il/'$ «'llt'l'CS.

Paris, 18Gû.

donc en bonne voie, lorsque, patatras! Voilà
1. J1111r11al dc8 Crmrourl, t. l.

�r--

msTO'J{lll

A cinq heures et demie, sa journée d'écritaules ses espérances encore une fois effondrées. Au moment où !'écrivain se dispose à vain est terminée; sa journée de mondain
aller visiter .5es électeurs, il fait une chute de commance. A six heures, il va retrouver la
YOiture si malheureuse qu'il est obligé de duchesse et demeure en sa compagnie toute
garder le lit pendant plusieurs jours. Le la soirée. Mme de Castries goûte infinimenl
18 juin a lieu l'élection. Balzac n'a pas une Phommage empressé de cc grand homme qui
s'arrache à ses travaux pour venir bavarder
Yoixl
·Cet échec ne le décourage pas encore. uvec elle, et, en outre, la causerie substanN'est-il pas mêlé à la société la plus brillante tielle et spirituelle du romancier l'amuse au
d·u parti royaliste, et telle autre occasion ne plus haut point. Balzac l'initie à ses idées, à
peut-elle se présenter dans laquelle le servira ses projets, il la met au courant des mille
à coup sûr le duc de Fitz-James et son en- péripéties de sa vie, la fait participer aux
luttes qu'il est obligé de soutenir, lui lit partourage? ...
Justement, la duchesse de Castries lui an- fois une page ou deux parmi celles qu ïl vient
nonce qu'au mois de septembre, elle va s'ins- d'écrire, mendie son approbation, s'exalte
taller à Aix, en Savoie, et elle invite gracieu- quand l'e\lrait des Contes drolatiques a fait
sement son cher romancier à venir la re- rire la duchesse, s'en veut lorsqu'il ne parvient pas à dérider ce joli front, à faire soujoindre.
A la fin d'août, il s'arrache au séjour rire cette jolie bouche.
Comme toujours, le pauvre grand- homme
monotone mnis reposant d'Angoulême et se
s'est
donné tout enlier, et l'affection qu'il
rend à L}"DD pour, de là, gagner Aix en Savoie. )lalheureusement, à Thiers, dans le demande n'est pas, ne peut pas être égale à
Puy-de-Dôme, il est victime d'un accident de celle qu'il ressent. La duchesse n'est, au
voiture. En montant sur l'impériale de la fond, qu'une coquclte qui se soucie du grand
diligence, sa jambe heurte le marchepied et P,crivain comme de son premier amour, mais,
il se !raclure le tibia. Le voilà obligé de s'ar- pour l'instant, il l'amuse et elle est toute à
rêter quelques jours à Lyon pour se faire
panser, et il arrive à Aix en boitant un
peu.
::\éanmoi11s Mme de Castries reçut son
grand homme avec des transports d'enthousiasme. Lui-même est ravi et de

l'accueil qu'on lui fait et de la beauté du
site où il s'installe. 11 De ma chambre,
écrit-il à sa sœur, je découvre toute la
vallée d'Aix; à l'horizon, des collines, la·
haute montagne de la Dent-du-Chat et le
délicieux lac du Bourget. Mais il faut toujours travailler au milieu de ces enchantements .... »
La hantise de son labeur ne lui permet

pas de jouir des beautés de cette Savoie
comme le ferait n'importe quel humble
écrivain. N'est-il pas d'une autre espèce

que les aulres, taillé d'une façon différente? N'a-t-il pas mi1leengagements qu'il
doit tenir? Les soucis ... et les créanciers

BALZAC ET LA DUCHESSE DE CAST](TES
&lt;(

Ici, je suis venu chercher peu et beau-

coup, écrit-il à . Mme Carraud. Beaucoup,
parce que je vois une personne gracieuse,
aimable; peu, parce que je n'en serai jamais
aimé .... C'est le type le plus fin de la femme;
Mme de Beanséant en mieux; mais toutes ces
jolies manières ne sont-elles pas prises aux
dépens de l'àme ?... "
Cependant il semble bien que, durant ce
mois entier passé ensemble, chaque jour, la
grande dame et l'écrivain aient eu rux fois
l'occasion de s'avouer les sentiments vrais
qu'ils pouvaient en secret nourrir l'un à
l'égard de l'autre. Balzac ne fut-il pas assez
hardi 1 Ne lut-il point assez explicite? La duchesse - chose plus vraisemblable - demeura-t-elle jusqu'au bout la grande coquette
qu'elle était? Toujours est-il que leur liaison
ne se départit pas une heure de l'amitié platonique qu'elle avait eue dès le début.
Cependant le duc de Filz-James, beaufrère de Mme de Castries, apporta avec lui
un projet de ,·oyage: il se proposait d'amener
toute sa famille en Italie, de voir Genève,
Gênes, Rome et Naples où l'on restera jusqu'en décembre. On offre à Balzac d'être de
la partie. L'écrivain accepte avec empressement. &lt;c Je suis aux portes de l'Italie,
écrit•il à sa sœur, et je crains de succomber it la tentation d'y enlrer. Le voyage ne serait pas très coûteux; je le ferais
avec la famille Fitz-James qui m'y donnerait tous les agréments possibles; ils sont
tous parfaits pour moi; je voyagerais dans
leur voiture, et, toute dépense calculée,
il en coûterait mille francs pour celle de
Genève à Rome. Mon quart serait donc de
deux cent cinquante francs . .\. nome, il
me faudrait cinq cents francs, puis je passerais l'hiver à Naples, mais pour ne
pas toucher aux recettes de Paris et les
laisser pour les échéances, j'écrirais pour
Marne le iJJédecin de campagne, et ce
livre payerait tout.
c&lt; Je ne retrouverai jamais pareille
occasion. Le duc connait l'Italie et m'éviterait toute perte de temps; les ignorants
en dépensent beaucoup à voir des choses
inutiles. Je trava11Jera1s partout; à Naples,
j'aurais l'ambassade et les courriers de
li. de Rothschild dont j'ai fait ici la connaissance, et qui me donne des recommandations pour son frère; les épreuves
iraient donc leur train et le travail aus-

ne le poursuivent-ils point jusque dans la
charmante retraite où il mériterait tant,
cependant, de goûter un repos bien gaoné1. .. Allons, marche, continue! Il lui
Îaut reprendre malgré lui son labeur de
forçat. ll a quarante pages par mois à
fournir à la Revue de Patis, il lui fant
s1. ... ll
achever le Jlédecin de campagne pour
Ainsi l'on voit que Balzac n'a rien néglil'~diteur Marne, il doit encore donner une
gé: il a minutieusement tout prévu, tout
dizaine de Contes drolatiques. Tout cela
réglé. Et, de fait, le vo1·age commence: le
ne s'accorde guère avec la ,-ie oisive et
10 octobre s'effectue d'Aix le départ de
élégante que mène à Aix la duchesse de
la
petite caravane qui, quelques jours plus
C;1slries el son entourage. Cependant, pour
tard, arrive à Genève. Mais que se passeconcilier entre elles toutes ces choses incont-il dans celte dernière rille1 Quel caciliables, il se lève à cinq heures du malin
price arrête le vaillant écrivain parti si
et travaille devant sa fenètre ouverte, en
joyeusement pour cette terre italienne oll
face du. merveilleux paysage savoisien ,
BALZAC l T SA CA~:-JE.
jusqu'à cinq heures et demie du soir . .Sl.ituelte-ch.uge en ler-re cuite, par DAN TAN. (Mus ée Carnavalet. ) il sait que l'attend la Beauté sous un ciel
di,in? Quel froissement se produit entre
Dans l'intervalle, un seul repas composé d'œufs et de calé très !ort que l'on ce divertissement de rillégiature. Dalzac les "oyageurs? Quelle déconcertante décifabrique spécialement pour lui dans un res- s'aperçoit-il du rôle de dupe qu'on lui fait .!,ion est prise par eux? ... On ne sait, mais
toujours est-il que Balzac, dépilé, déclare
jouer? Parfois il semble voir clair.
taurant \'OÎsin.

qu'il n'ira pas plus loin, qu'il se fait adresser de Paris une foule de lettres réclamant sa présence imm€diatc, ou, du moins
son soin immédiat pour des affaires de
plus haute urgence, qu'il rmient, en effèl,
avec Ja mème bâte qu'il était parti.
L'on n?, ~nnaîtra probablement jamais le
mot de l emgme des scènes qui se déroulèrent, à Genève entre celui qui avait le plus
~dm~rable des cœurs d'homme et celle qni
.iou_a,t des plus pertides armes de la coquelteri('. Mais on peut se douter de J'aventure
qui lrur érhul. Balzac. on l1 a su par ln le1tr1~ t1 ~Jmc• Carraud ,·ilt:l' plu:- h,rnl, répuonnit
au'\: perpétuels manèges de la sédu~tion
comme aux scènes révoltantes des sentiments
jonl•s: (( ,Jamais il ne put concevoir, a dit
M. d: Lormjoul, q~t'on allirât ou bien qu·on
cssaiat,_ tout en lui résistunt, de reteni1· par
d_r ~arcils mo~"E'ns une affection puissante et
s1neere. J&gt;
D'autre part, la duchesse de Castries était
le type de la coquette-née . Elle av;1it tramé
plaisant de retenir toute une saison à ses
pieds un adm!rablc écrirain qui était de plus
un causeur incomparable et un charmant
compagnon, et eHe ne son!:!c:lit mème pas
qu'elle arnit éreillé Je désir et stimulé la
passion dans cette ..'ime sincère qui s'étail
sincèrement donnée.
Balzac se rrtirait donc des r:rriffcs de œtte
coquette, mais s'il partait, c\tait le cœur
ulcéré, l'àme endolorie, meurtrie à jamais.
1.focore une fois sa \'Îgoureuse nature ,·cnait-d'éprouvcr ce qu ïl en coûte i1 une imagin.:ition trop puissante d'échafauder des rèvcs
en pleine réalilé, et il se retrouvait à terre

I;

•

'

brisé, au milieu des débris de sa chimère.
Encore une fois son ard t'nt tempérament, dC'
lutteur
retrouva toute rnn éneroie pour ré.
1.;1ster an désr-:.poir el y r~sister suiv;int la

.

MAOA\IF. OE GIRARDl:-l',

ml'lhode gœthienne rllc-mêm&lt;\ rn luant la
douleur par le tra\".'.l.il.
Il repurtit pour Angoulême et se plongea
da,~s un labeur sans trêve de jour et de
nmt.

Cette crise de trarail eut un clfet salulai1·e
sur l'.lme endolorie de Balzuc: elle en()'ourdit
dérinitiremcnl sa souffrance.
r,
Au printemps de J83;), Mme de Castries
re,·int d'Italie. Balzuc fut tenu &lt;l'aller lui
rendre visile, il reparut plusieurs fuis~ l'hô-

tel de la rue de Yarcnne, puis sa présence
s'y fit pins rare, sa correspondance avec la
duchesse se ralentit chaque mois. La passion
était définitivemenl éteinte, les heures dr
souffrances abolies .... Mais chez ers hommes
supérieurs, les épreuves traversées ne sont
pas seulement surmontées par le travail intense, le someoir des heures tragiques qu'ils
ont véc~es. se traduit toujours chez eux par
une creat10? qucl_conquc . 1/a\'cnturc c1ue
Balzac YCna1t de ,1\TC avec la duchesse de
Castries devenait une œuvre et une des plus
bellrs du romancier, puisqul' Cl? fut la D11che.~se de Langeais qu'il écrivit en 1854.
On y pouvait retrouver jusque dans ses pet~i5
dét_ails l'histoire même qu'il a,·ait vécue.
Ma,s Balzac voulut que la chose fût plus
piquante encore. Un soir, il se rendit cbe1.
la duchesse de Castries et.JI lui lut sa nouvelle œurrr.
Celle-ci écouta tranqwllcment la lecture
du roman, fit semblant de ne pas en reconnaitre Je5 personnages et couvrit d'éloO'es
0
)'écrivain . La soirée s'achen rraiemcnl par
'
une gaieté factice de part et d'autre car
. qu'elle ressentit du remords, soit' nou-'
soit
veau caprice de coquette, la duchesse était
toute mélancolique en retrou\'ant Balzac.
La plaie n'était cependant pas entièrement
guérie non plus chez l'auteur de la Duchesse
de L~ngeais. Quelques années plus tard, il
avouait: « Il a fallu cinq ans de blessures
p'lur qur ma nature tendre se détachât d'une
nature de fer .... Cette liaison ... a été l'un
des plus grands chagrins de ma YÎC . . •. Moi
seul sais ce qu'il r a d'horrible dans la
Duchesse de Langeàis ! .. . )l

.

J\LPHONSE

Croquis •
~

•

18oû.

Lamartme. - Pendant la séance Lamartine est venu s'asseoir à côté de ~oi à la
place qu'occupe habituellement M. Arber.
Tout en causant, il jetait à demi-voix d~-:.
sarcusmcs aux orateurs.
Thiers parlait. « Petit drôle! , murmure
Lamartine. Puis est venu Cavaignac. f! Qu'en
pensez-vous1 me dit Lamartine. Quant à moi
voici mon sentiment : il est heureux il es~
bravr, il est loyal, il est disert, il est
bête! »
A Cavaignac succéda Emmanuel Ararro.
L'Assemblée était orageuse. " Celui-là, il a

;t

de trop_ petits bras pour les affaires qu'il lait.
Il se JCtle volontiers dans les mêlées et ne
sait plus comment s'en tirer. La tempête le
tente, et le tue. »
Un moment après, Jules Favre monta à la
tribune. &lt;c Je ne sais pas, me dit Lamartine
où ils voient un serpent dans cet bomme-là:
C'est un académicien de province. 1&gt;
Tout en rilnt.' il prit une feuille de papier
d.im mon t1r01r, me demanda une plume,
demanda une prise de tabac à SavaticrLaroche, écrivit quelques lignes. Cela fait, il
monta à, la tribune et jeta à M. Thiers, qui
venait d attaquer la rérolution de février, de
graves et hautaines paroles. Puis il redescendit à notre banc, me serra la main pendant
que la gaucqe applaudissait et que la droite
s'indignait, et vida tranquillement dans sa
tabatière la tabatière de Savatier-Larochc.

---...

SÉCIJÈ

ET JULES

BERTAUT.

Changarnier. - Changarnier a l'ai 1
~·~n v,ieil ~~démicien, de même que Soult a
I air d un ne1l archevèque.
Cbangarnier a soixante-quatre ou cinq ans
1:e~colure. longue et sèche, la parole douce:
1 a~r . gracieux et compassé, une perruque
chata~ne comme M. Pasquier et un sourire à
madrigaux comme ~I. Brifaut. Avec cela c'est
un. homme bref, hardi, expéditif, résolu,
mais double et ténébreux. Il siè•e à la
Cbarnbre à l'extrémité du quatrième r,banc de
la dernière section à gauche, précisément audessous de M. Ledru-llollin.
JI se tient là, les bras habituellement croisés. Ce banc oll siègent Ledru-Hollin et
Lamennais est peut-être le plus habi1uellcmen t
irrité de la gauche. Peadant que l'Assemblée
crie, murmure, hurle, rugit, rage et tempête,
Changarnier bàille.

�La fiotte du Sultan
?ARTJCULARITÉS OUBLIÉES DE LA GUERRE RUSSO-TURQUE
(,877)

Som-rnir piquant t'l un pru mélancolique:
~c doukr:iiL-ci11 aujourd'hui qu'il n'y a pas
mcorr bien longtPmps de cela, wrs 1875, la
flollt.. lur1p1t' élail unr des plus puissantes
di1 nirmde1
Ce n'fü.t ni une plai5antcric, ni un , ain
paradoxe, .mais bien une réalité que nos
p!Jrcs ont vue de leurs propres yeux: en 187 7,
- il y a seulement trentc-quatrcan,,-lor.s
dt• la guerre russo-Lurquc (qui devait ahoulir
au fameux Lrait&lt;l deBerlin), la marine turque
était de beaucoup supérieure, non seulement
à la marine russe, nuis encore à celle Je
l'Allemagne el à celle de l'Italie, pour ne
parler que des n:1tions européennes.
Sans compter un assez grand nombre de
prtill'.; unités d'une valeur assez secondairt&gt;,
la SuLlimc Porlc mettaiL en ligne contre la
Russie :
Gfrégates cuirassée~,
~I corvettes cuirassée;,
2 monitors.
SoiL un total respectai.ile de t 7 cuirassés,
jaugeant chacun 9 a 10.000 tonnes, Lou;
rerèlus d'une enveloppe d'acier de 50 centimètres d'épaisseur, el portant en tout 140 canons, dont quelques-uns pimvaienl bncer
des obus de 750 kilos.
Bref, si étonnant que œla puisse paraitre
aµx gens du xx1• siècle, la Turquir se trouvail t'llre à cette époque la fl'oisième puis:;ance maritime dn monde, au point de vue
n1ilitaire.
Elle ,,cnail immédiatement après l'Angleterre et la France arn.; i 05 bâtiments et
;;o.ooo marins.
D'où provenait œtte étrange particularité,
qui, aujourd'hui, nous déconcerte?
D'un simple caprice du sultan Abd-Ul-Aziz,
qui, depuis 1861, avait succédé !l son frère
Ahd-Ul-Uedjid. Ce monarque avait pour les
n:Hires cuirassés une véritable passion de
collectionneur, et, pour la satisfaire, il n'avait
pas hésité à dépenser des centaines de millions, aux frais bit!n entendu des contribuables ottomans. Avoir une belle flotte, dùt-elle ne servir à rien, - tel était le principal but de sa vie. Le métier de Sultan n'est
pas des plus folâtres, et il trouvait la des
joies qui le consolaient de son ennui.
Xaturcllement, il n'achetait pas les ,·ieux
&lt;1 rossignols u. Il lui fallait tout ce qu'il y
avait de plus moderne; il y mettait sou
amour-propre .... Dès qu'un nouveau type de
cuirasi:é lui était signalé, Sa Majesté s'em•
pressait d'en commander un exemplaire, pour
enrichir sa collection. Aussitôt achevé, le
1

était conduit t, Constantinople et
mouillé en vue des ÎPnèlrcs du palais de
Dolma-Baglché. Abd-ül-.\,iz rontempl,il pendant de longues hcm·2s ces joujoux coûteux
et splendides dont il était fier, el qui ne
bougeaient plus de la Corne d'Or. Car, de
peur l1u'il ne leur arrivât quclr_rue accidc11t, on
avait soin de ne pls les emoycr naviguer sur
les Ilots hasardeux de la mer ....
Leur entretien était impcccaLlt! : il.s Lrillaient comme des jopux, il:, resplendissaient
comme des rnlril'i : les équiplges n'arnienl
pas d'autre obli;ation militaire et navale
que celle d'asliquer du nntin au soir et de
r_ccommencer le leridem1i11. En fc,it de poudre,
celle dont on usait le plus abondamment était
celle de tripoli!
Les machines, organes délir.ats et redoutables, étaient con liées à des mécaniciens anglais, qui coulaient des jours paisibles dans
cet te douce sinécure. Plusieurs officiers étaient
également des fils d"Albîon. Tel l'amiralissime llubarl-Pacba.
Hobart-Pacha, - qui, en Angleterre, s'appelait llolurl tout court, - était un capitaine
de vaisseau de la marine britannique qui
s'était distingué en maintes circonstances et
avait fini par entrer au service de la fiolle
turque. Son gouvernement continua pendant
plusieurs année5 à. lui allouer des appointements de 10.000 francs (il était en demi-solde,
et non démissionnaire) ; puis, quand la guerre
éclata entre les Russt:s et les Turcs, l'Angleterre, ne voulant point violer la neutralité,
mit le capitaine Hobart en demeure d'opter.
Hobart opta pour la Turguie où son prestige
lui assurait plus de gloire, plus d'argent, el le litre de pacha. li se fil rayer des contrùles britannicrues.
Un détail curieux et qui laisse rêveur :
le budget de la marine turque en 1876,
c'est-11-dire en temps de paix, avait été de
28.640.000 francs. fo 1877, année de guerre,
il ne fut plus que de 1G millions.
Nous ne tenterons pas d'expliquer ce phénomène.
Voici, à titre de comparaison, quel fut
celle aunée-là le budget maritime des autres
puissances :
Angleterre 282.221.800 francs.
France
157.084.705
"
l\ussie
99 .475.140
Allemagne
,9.251:596
Italie
45.906.075
Hollande
28.925.188
"
On peut constater que, depuis ce temp.5, le
progrès a marché. Hélas!
na\'Îrc

Quoique ayant un budget très supérieur,
la flotte russe était sensiblem('nt inférieure à
celle dC' la Turquie; ce n'étaient pas les
fameuses t( popofl'kas ii qui pouvaient lui
assurer la suprématie de la mer, car si Jcs
popo/fkns avaient quelque chose de remarquable, c'était Leaucoup moins au point de
vue naval r1u'au point.de me ori~inal. Depuis
l'invention des baleacx, jamais l'histoire de
Lt marine n'avait eu 11 enregistrrr une inaovation aussi bizarre et aussi sensationnrllc
que celle-là.
Conçus par l'amirt1l rus~e Popoif, et construits sur les chantiers de Nikolaïcf, que
baigne la mer Noire, ces navires, au lieu
d'être de forme oblongue, élaienl de forme
circulaire, et resseml.ilaient à d'énorme:, fromages de Gruyère ou à de gigantesques toupies hérissées de canons.
Le premier, lancé en 1873, se nommail fo
Nowgorocl. Il possédait six machines à vapeur, actionnant six h..;lices, ce qui lui permettait de tourner sur lui-mème, et de marcher indifféremment dans tous les sens, aussi
vile que nïrnporle quel autre bâtiment. li
avait 30 mètres de diamètre, et sa ceinturé
cuirassée était épaisse de 30 centimètres. Sa
surface inférieure était formée de douze
quilles rayonnantes partant du centre et présentant l'aspect d'une monstrueuse roue.
Le Si!cond navire du même type s'appela
L'Amirnl-Popofl·, du nom de son inventeur.
li avait huit machines, jaugeait 3.550 tonnes,
el son diamètre élail de :;7 mètres. Il était,
comme le Nowgorod, surmonté d'une Lou·
relie blindée qui braquait vers les quatre
points c1rdinaux des canons de 280. Qu'on
s'imagine l'aspect déconcertant de ces immenses disques d'acier, flottant sur la mer;
et qu'on s'imagine aussi la façon dont ils
devaient se comporter les jours de gros
temps 1. ..
Néanmoins, leur succès arait été considérable, et la mJ.rine russe en était très satisfaite et très fière. Ils n'eurent malheureusement pas l'occasion d'affirmer leurs brillantes
qualités à la bataille : on ne les utilisa pas
dans la guerre contre les Turcs ... et comme
tout passe, ici-bas, même les navires cuirassés, la Camille des &lt;&lt; Popoffkas », après
avoir joui d'une gloire éphémère, s'éteignit
bientôt sans postérité.
De même que l'homme retourne à la poussière, les bateaux ronds retournèrent à la
ferraille, cl, 1nalgré les espérances qu'on
fondait sur eux, ils n'en sont jamais rcs- sortis .... Sic transit .. .

ROBERT FRANCHE\"JLLE.

UNE AUDŒ~CE PL'l3LIQUE DU DIRECTOIRE. -

JOSEPH

•

Dessin

d'opres

1/a/ure, t,1r CHATAIG!&lt;IŒR.

TURQUAN
~

La cito:yenne Tallien
CHAPITRE VII (suite).

Le représentant Tallien, qui avait été
réélu dans deux départements aux élections
de l'an VI, mais dont le Directoire avait
cassé la double élection, ne savait que devenir. Il était un de ces hommes qui, lors•
qu'ils sont dépouillés de loul mandat ou de
Loule fonction publique, ne sont plus rien
par eux-mêmes et laissent voir dans sa désespérante nudité la profondeur de leur insulfisane.e. Tallien était trop nul et trop ignorant,
trop paresseux aussi, pour être autre chose
que député. Il n'avait, pour toute valeur, que
celle qu'on lui avait prêtée, à la suite du
9 thermidor; puis il était. retombé à plat,
comme une outre vide.
Sa situation, à Paris, était fort difficile.
Mari de la mai~resse d'un des premiers personnages de l'Etat, ce n'est pas un rôle facile
à tenir avec dignité. Tallien sentait Ja faus-

seté de ce rôle el ne voulait pas le garder
plus longtemps. Non pas pour lui, il supporte
le joug conjugal avec un dévouement à toute
épreuve et parait en arnir pris son parti,
puisque, la veille de son départ pour l'Égypte,
il passe la soirée chez Barras, - mais pour
le public. De plus, sa situation était très
obérée. li avait des dettes, beaucoup de delles,
et quelque plaisir que sa femme ail eu à les
faire, il n'avait, lui, que le déplaisir de les
payer. Et il n'avait plus d'argent, même pas
le nécessaire, et il savait que Thérésia n'était
pas femme à se contenter du nécessaire. Ses
économies de Bordeaux, il y a beau temps
qu'elles sont dérnrées par les jolies dents de
sa charmante épouse; son journal ne lui rapporte plus rien, et, d1 puis qu'il n'est plus
député, les brasseurs d"affaires lui tournent
le dos. Thérésia n'avait pas attendu ce moment pour en faire autant. Les femmes sont
sans pitié pour ceux qu'elles ont cessé d'aimer, ou qui n'ont pas réa1isé leurs espérances

d'arnnir ou de fortune . Tallien reconnait avec
amertume que Ia sienne ne pardonne ni
l'insuccès, ni la pauvreté; et pourtant il pardonne, lui, l'indiflërence, et pis encore, à
Thérésia. Mais, à la suite de ses échecs cenjugaux, devant cette éternelle duperie du sentiment par l'indifférence, il demeure en proie
à l'un de ces chagrins d'amoureux qui sont
peut-être la pire torture qu'il y ait au monde.
Torture compliquée d'une autre plus déprimante encore, le manque d'argent. Ah!
comme les vingt-huit livres par jour qu'il
louchait en sa qualité de député lui font
défaut en ceconcour.s de toutes les détresses,
ainsi q ne les denrées en nature : &lt;c huile,
sucre, riz, drap, toile, ll que messieurs les
représentants, prenant une assemblée délibérante pour un bureau de bienfaisance, n'avaient pas honte de se faire distribuer 1 •
Mais admirons ce contraste en passant : le
septembriseur Tallien, sceptique et jouis1. l,.1.

RHE1.L1ÈnE-LEn:,u:x 1

Mémofres, L. I, p._214.

�1t1ST0'/{1A _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ ,.

. _____________________

LJs.

seur, parait auprès de l'ex-marquise dont il

C1T0YENN'E TllLL1'EN

se débarrassait en la lui faisant épouser en
justes noces; lui, Tallien, en était réduit à
demander la protection de son ancien protégé. Et pour obtenir quoi?... Une modeste
place dans une administration. Et où? ... En
f;gyple.
Mais aussi quelle rage était la sienne!
Comme il se « mangeait les sangs » d'en être
réduit à une pareille extrémité! Quel contrecoup sur sa santé et sur sa bonne mine!
&lt;t Une autre fois, écrit Mme de Chastenay 1 je
trom·ai Tallien. Mais quel changement, grand
Dieu! Un demi-siècle, je crois, ne l'eût pas
plus changé. Un heureux instinct me permit
de le reconnaitre encore. Il était vÏ\'ement
irrité; mon accueil lui fit plaisir 1 • ))
Pour déterminer Tallien à aller en Égypte,
il fallait que sa vie, toute diaprée de scènes
et de récriminations avec sa charmante épouse,
fùt devenue intolérable. La question budgétaire n'y était sans doute pas étrangère. Quand
il n'y a plus de foin au râtelier, dit un proverbe très juste, les chelaux se battent. M. et
Mme Tallien n'en vinrent assurément pas à
cette extrémité, mais il est probable que
leurs explications prirent ce caractère d'aigreur qui est le ton de toutes ces scènes
fâcheuses de ménage. On en profita pour
s'adresser réciproquement des récriminations
fort vives, on se dit de dures ,·érités qui sommeillaient dans le dossier des griefs de chacun des époux et qu'on gardait précieusement pour en faire usage à l'occasion. Bref,
ces moments furent pénibles et orageux. Et
c'est avec un extrême chagrin que Tallien,
reconnaissant l'impossibilité pour lui de rester
plus longtemps à Paris, et à cause de sa disgràce · conjugale, et à cause de sa disgrâce
pécuniaire, et à cause de sa disgrâce politique, se décida à aller chercher oubli et fortune en Égypte. Aussi Thérésia était-elle mal
venue plus lard à écrire : (t Est-ce ma faute
si M. Tallien est parti pour l'Égypte, quand
son rôle le retenait à Paris? ... li C'est une
chose inconcevable que la facilité avec laquelle
notre paune nature humaine oublie les sou~
venirs désagréables et gènants pour chercher
à se donner raison quand elle a tous les torts.

Quoi qu'en dise Mme de Chimay le rôle de
Tallien ne le retenait nullement à Paris. Ce
rôle y était intenable au contraire et on ne
saurait blâmer Tallien d'avoir pris le parti
d'aller tenter la fortune en Égypte, pendant
que sa femme 1 prenant sa revanche de l'union
libre imposée à Bordeaux, la trouvait auprès
de Barras. D'ailleurs, pour certaines femmes,
l'adultère n'est-il pas une des joies du ma•
?
riage
....
Mais Tallien ne pensait pas que, sur la
terre des Pharaons, il serait sous l'œil sévère
de Bonaparte et qu'il ne pourrait pas y brusquer la fortune comme il l'avait brusquée
jadis à Bordeaux. L'avenir lui réservait, ~ur
ce point, plus d'une désillusion. Plus d'un
désagrément aussi, car, à peine débarqué, il
trouva ... qui? ... Le petit Jullien, son ancien
dénonciateur de Bordeaux, dont il avait cru
se débarrasser à tout jamais en le dénonçant
à son tour après thermidor, qu'il avait fait
emprisonnkr et que 1a prison avait rendu à
la circulation. Le général Bonaparte, à qui
il s'étaitadressé, comme Tallien, J'avait nommé
commissaire des guerres t .
Le pauvre Tallien s'était donc mis en route
pour l'Égypte, la mort dans l't\me. Rien ne
pousse à la réflexion comme les loisirs d'un
voyage. En route, la pensée de sa femme ne
le quittait pas. Ces grandes coquettes, on ne
peut plus les sou!Trir au bout de peu de
temps de vie commune, mais on ne pm1t
plus s'en passer dès qu'on est loin d'elles.
Dans le cours de ses méditations, il fut peut~
ètre amené à reconnaitre la vérité de cette
réflexion d'une grande amoureuse, Mlle de
Lespinasse, dont son ancien collègue à la
Convention, Barère, allait bientôt publier les
lettres, à savoir que &lt;r cc que les femmes
veulent, c'est d'être préférées ; presque personne n'a besoin d'être aimé. » Et Thérésia,
pas plus que les autres, ne demandait de
l'amour, mais seulement des satisfactions
matérielles et d'amour-propre. Pourvu qu 'ell~
se fit du bruit à elle-même et qu'on en fit
autour d'elle, elle était heureuse. Pauvre
Tallien, de ne pas s'en être aperçu a"ant le
mariage! Et pourtant, le malheureux, il l'aimait toujours et, dès qu'il fut loin d'elle,
l'amour le reprit avec toutes ses fièvres. Il
lui écrivit à chaque escale que faisait son
M.timent.
Arnault, le spirituel auteur des Souvenit s
d'un sexagénaire, qui avait accompagné le
général Bonaparte et qui s'était arrêté à Malte
pour soigner son ami et beau-frère Regnault
(de Saint-Jean d'Angély), rencontra, en rentrant en France, le bâtiment qui emmenait
Tallien en Égypte. " A la hauteur de Pantelerie3, dit-il, nous avons hélé un petit hâliment qui venait de Toulon et allait à Malte,
ou plutôt courait après la flotte. Il avait sur
son bord, entre autres passagers, Tallien,
qui, n'ayant pas été renommé à la législature i
et renié de Paris dont il avait été l'idole,
allait en Orient chercher fortune, ou, disons

mieux, chercher sa vie . Trois ans auparavant,
il régnait en Francej il avait une cour à
Chaillot. Déchu aujourd'hui de son crédit
comme de son pou voir, et sans autre compagnon que 81·indavoine, espèce de groom qui
de l'écurie de Madame avait passé à la chambre de Monsieur, il se réfugiait sous la protection d'un général qu'il arait protégé 5.
Si Tallien n'oubliait pas sa femme, celle-ci,
de son côté, ne pouvait l'oublier plus, absent,
qu 'elle ne le faisait quand il était à Paris.
Elle continua tout simplement à mener la
même vie que par le passé. Elle n'était nullement hypocrite, c'est une qualité l(U'il faut
lui reconnaître, et elle a toujours fait ses
fredaines au grand jour, tout naturellement,
comme la chose la plus simple du monde.
C'est assurément un mérite - faute d'autres
- mais qui ne laisse pas que d'avoir quelques inconvénients . En son for intérieur, cependant, Thérésia devait s'applaudir du départ de Tallien . Elle ne trouvait pas que
(&lt; l'absence est le plus grand des maux ii,
puisqu'il y avait beau temps qu'elle n'aimait
plus Tallien, si tant est qu'elle l'ait jamais
aimé un instant; et comme certaine grande
dame à propos de son amant, elle constatait
peut-ètre que son mari avait « l'absence délicieuse JJ . Il ne faut pas lui en faire un
crime; combien d'autres femmes qui, comme
elle, trouvent que l'absence du mari est ce
qu'il y a de meilleur dans le mariage! Elle
parait cependant s'être un peu défendue de
ce sentiment, car elle répondit un jour i,
quelqu'un qui était venu solliciter sa protection : (( Que voulez-vous que je fasse maintenant? ... Je n'ai même pas le. droit d'empêcher mon mari de partir . 6 JJ Son crédit,
cependant, n'était nullement entamé: son
mari seul était déconsidéré, elle, non. Le
monde est ainsi. Quand une femme a des
torts, c'est à son mari qu'on tourne le dos.
Mme 'l'allien était, au contraire, plus puissante que jamais, et Barras se pliait à toutes
ses fantaisies. ~lie était vraiment reine et trônait à toutes les fètes.
L'arrivée d'une Sùrle d'ambassadeur turc
à Paris, au lendemain du départ de Tallien,
fut un prétexte à des galas ofriciels et privéL
Les journaux de thermidor an V sont remplis
des faits et gestes de cet ambassadeur . On le
promène, comme une bète curieuse, dans
tous les lieux de plaisir de la capitale, du
Luxembourg à Idalie, de Tivoli aux Tuileries,
aux bals, à Feydeau .... La présence de cet
Oriental à Paris a tourné toutes les tètes. On
ne parle que d'EITeid-Ali-EIJendi, C'est à qui
pourra dire qu'il l'a vu, 1 qu 'il lui a parlé.
Mme Tallien, naturellement, est parrui les
plus empressées. Pour voir? ... non, pour se
faire voir. Elle s'assied à ses cOtés, à une fêle
de l'Élysée, et es t toute fière d'un banal c)mplimenl que lui fait l'EITendi. !lais la foule
a vu qu'il lui a parlé, et la foule parle d'elle
autant que de lui. C'est tout ce qu'elle vou•
lait. Pau\'re plaisir! De pareils succès, auprès

d'un tas d'imbéciles et d'oisifs que la pré- savait que les Turcs sont connaisseurs en femsence de cet envoyé d'Orient a achevé de mes i elle aurait voulu un compliment de dit que le citoyen Peters - il y a là une erdésorienter, ne sont pas à envier. Mais on ne celui-ci, afin que sa beauté reçût en quelque reur, il faut lire « Potter n - &lt;c entrepres occupe alors que de ces inepties. Voulez- sorte l'estampille officielle de ce diplomate. neur de la manufacture de Chantilly et provous un petit tableau de l'état moral de Toute sa diplomatie échoua piteusement. Elle priétaire du hameau qui se trouve dans les
Paris à cette époque? ... En voici un brossé en fut quitte pour son costume oriental et pour jardins du prince, fait réparer à grands frais
par u~ contemporain, et Ja brosse, je vous l'humiliation de se rnir préférer Mlle Lanoe. ce joli endroit pour y recevoir sa bienfaiJure, n est pas trop rude : t1 A ces désa,,an- Car c'est devant cette rivale que, séduit &lt;&lt; Par trice, la célèbre Cabarrus -~ . l&gt;
tage~'. il faut joindre celui de la présomption, ce luxe inconcevable et par ce ton extraordiMme Tallien aimait assez à aller se reposer
de l mcurable légèreté et de la dissolution naire de décence empreint sur les détails de
morale de Paris. Nombre de députés sont sa parure somptueuse '! le Turc s'arrêta et à la campagne de ses triomphes de Paris.
Uais ce _n'était pas pour y jouir du calme,
plus occupés de leurs plaisirs que de leurs dit : " Il est beau! »' ·
de la solitude et du recueillement. Il· lui faldangers. Dans une conjoncture qui peut raIl fallait se consoler d'une telle déception
mener sur la France un rè"ne d'horreurs au d'amour-propre. Mme Tallien le fil en allant lait le mouvement d'une foule d'imités, le
train et le tourbillon des chasses, Je bruit du
milieu de la mi~èr~ publi;ue et des plai~tes
à Cha_ntil!y, .r~ndre ~•isitc à un citoyen Polier,
géné~alcs, la _frivolité et la déprarntion des anglais d origine qm, en 1i95, s'était inslallê sable écrasé devant le perron par les roues des
voitures, le son des trompes, fo sourd galop
Par1s1ens se deploi_ent avec éclat. Trente specà Chantilly, y avait relevé la manufacture de des chevaux sous la futaie, les diners, les
tacles, autant de lieux de rendez-vous, où un
porcelaine et I avait joint une fabrique de bals, le jeu .... C'était là son repos, et c'est à
las de désœuvrés vont admirer des coiffures
faïences et une manufacture de car&lt;lc.s. Em- Grosbois qu'elle }'allait prendre. Cette magnigrecques et se mêler à une canaille de parprisonné sous la Terreur, le 9 thermidor
ven.us scandaleux, so_nt plus ~emplis que ja- l'avait rendu à la liberté. On sait qu'il était fique propriété avait appartenu, avant la Révolution, à Monsieur, frère de Louis X\'I.
mais. Dans la semame dernière, l'artificier
de mode, depuis ce jour, d'attribuer à Barras l'avait payée un prix dérisoire, comme
Ruggieri a fait vingt-cinq miJJe francs d'une
Mm_e TaUien le coup d'État auquel son mari bien national, sur l'argent provenant des obséance.
avait pris une part prépondérante : les ther- jets sacrés Yolés dans les églises de !larseille
~c L'ambassadeur ottoman, qui n'est autre
mid_oriens lui faisaient le plaisir de lui en et de Toulon; qu'on vienne dire après cela
qu un. consul cl~argé d~ négocier le payement
attribuer tout le mérite, el il était poli, de la que l'origine de s~ fortune n'était pas très
de bl~s vendus_ a la natw~, a absorbé ce peupart des prisonniers élar;ûs à la suite de cet catholique! liais les principes républicains de
ple d enfants; 11 a perdu Jusqu'au goût qui le
événement, de dire qu'ils lui devaient la vie. ce gentilhomme ruinés 'étaient bornés à chercaractérisait autrefois : ses modes comme ses
M.
Potier la proclamait donc sa cc bienfai- cher dans le nouveau régime des occasions de
mœurs, ses mœurs comme ses
refaire, quibuscumque viis, une
discours et ses jouissances ont
fortune gaspillée dans Jes déborpris dans toutes les classes et
dements d'une jeunesse aussi
dans tous les partis ce caractère
orageuse que prolongée . Tout cela
de basse turpitude, de sansavait jeté sur lui un bien vilain
cufottisme_ el d'impudeur que
vernis,
quoique on ne fût "Uère
lm a 1mpr1mé la Révolution. Rien
difficile sur l'honorabilité e~ ces
de plus mesquin, de plus sale
temps de transition ; et si ce
que l'introduction de cet envoyé
bourgeois de Carnot ne pouvait
turc au Directoire. Le marquis
soufl'rir cette espèce de saltimd'El Campo y a paru, ramenant
banque empanaché dans son cosdans sa voiture Aime Tallien et
tume théàtral et dans ses vices
d'autres coquines de son esplus ou moins distingués, beaupèce 1• 1&gt;
coup d'autres se montraient
L'austère calviniste qui a écrit
moins regardants, sous prétexte
ces lignes n'est pas lendre pour
que la conduite du Uirecteur ne
cette pauvre Mme Tallien. L'Efles regardait pas . Tous les minisfcndi ne l'est guère davantage.
tres,
Jfme de Stai.SI, qui dictait
Au grand bal donné à l'Odéon en
chaque matin à lienjamin Consson honneur, Mme Tallien s'est
tant la façon dont il devait penavisée, pour lui êlre agréable,
ser ce ,Jour-là, Mme Visconti,
peut-être, pour allirer son attentout fraichement déballée à Paris
tion sur elle plutot, de s'habiller
des
bagages du général Berthier
à la turque. !lais quelle disgrâMme Hamelin, ce polisson e~
ce! Les Turcs sont d'une turjupons - quand elle en avait querie, d'un mal élevé à ne pas
qui amusai~ tout le monde par
croire! Figurez-vous que celuises
ge~tes ~1squés et ses propos
ci, avec le flegme de sa race,
plus risques encore; MmB Hainimpassible sous les regards de
guerlot qui, belle, faisait semquatre mille spectateurs, a passé
bl~nt de ne pas le savoir, pograve et muet devant le turban ,
sait .pour l'esprit et n'avait que
la chemisette de soie et les
Cliché Bloc!.:.
celui que lui prêtaient ses amis:
culottes bouffantes de celle qui
U:-. COIN DE CAF E soi;-s LE DIRECTOIR E. - TaNe au ae M. GEORGE:$ CAi;\".
Mme Rague!, dont tout l'esprit
mendiait de lui un compliment,
se bornait, comme chez tant
un regard, ce qui l'eùt fait
d'autres,
à faire de la dépense
triompher devant toute sa cour de courti- trice ,_.
fit de grands préparatifs pour la et à porter de belles robes ... tout ce monsans en titre et de courtisanes titrées. Elle recevotr dignement et un journal du temps
de ,·enait à Grosbois et y portait un goût

1. Mme DE cu ~!T!SU , nlémoii-es, t. II, p. 48.
2. C'était à pau prês équivalent à intendant mililaire.

3. L'ile de Pantellarîa.
4. C'est une erreur : le Directoire. comme on l'a
n1 , avait cassé sa double élection.

5. AaN.n :u, Som;e11 irs d'un se:.cagén«ire,t !V,p.17U.
tl. CollTE Du YORT DE C11 EHR N\', Jlémo fres, t. II.
p. 38J.

l. M1.u1::T DU Pn•, Correspo11da11ce oi•1·c la rour
de Viemie, t. 11, p. 319 ..
2. Semaine critique, t. ru.

a pavoisé son existence, dont il a fait sa
femme, un homme sensible et bon; et c'est
à lui, maintenant, que rnnt les sympathies.
Pourquoi? ... Parce quu cette femme le rend
malheureux.
Que faire, pourtant? ... li n'a plus qu'une
ressource : lui, le Tallien du 9 thermidor;
lui, qui a été président de la Convention à
vingt-cinq ans; lui, qui avait recommandé à
Barras le petit général Bonaparte, obscur et
inconnu, pour l'affaire du 15 vendémiaire;
Jui, .dont la femme a fait obtenir à ce général,
alors on ne peut plus besogneux, quelques
aunes de drap des magasins de l'État pour
renouveler son uniforme usé; lui, qui l'a

assisté comme témoin à son mariage avec la
vieille maitresse dont Barras, l'autre témoin ,

...., : q -

1

H

3. Rapsodies, 4• trimes1re, 1708. ne Guxcoum·.

l.,e Directol1'e.

4. Uapsodies, l •1 trimestre. Nous devons ces r en-

""" 2.5 ....

seignemcnls à ~J.. Roussel, l'ërudit archinste du dep~rtement de I Oise, que nous remercions bien sincerement de sa complaisa11cc .

�1f!ST0~1.1l
immoM ré pour les plaisirs tapageurs de la
chasse, des soupers, des déjeuners champêtres avec orchestre de trompes el de détonations de bouteilles de champagne, et pour
d'autres plaisirs, qui, pour être plus discrets,
n'en foisaient pas moins de bruit parmi celt('
brupntc société.
On se donnait beaucoup de mouvement en
C'fl'd, on jouait gros jeu, mais on parlait peu
i'1 Grosboi~, - du main:; le.s hommes. Il y
avait là des éléments si diverJ, certains souvenirs si rt!cents, et la plupart des habitués
avaient trempé dans tant d'affaires dont ils
aimaient mieux, et pour plus d'un motiî,
qu'on ne parlàt pas, que le Lemps se passait

surtout en plein air, quand il faisait beau.
On se promenait dans le parc; on allait donner à manger aux: carpes des bassins, aux
faisans; c, plusieur:; des dames, dit une chroniqueuse qui fut d'un diner de Grosbois, allürent aux portes d'une enceinte se raire effrayer
par des daims et par des ccrrs qu'on y gardait, et je me souviens que M. Réal, frappé
de ces caricatures de jeux de princes, me diL:
&lt;&lt; Je le mis, les princes étaient ainsi, non
parce qu'ils étaient princes, mai s parce qu'ils
étaient là 1• 1&gt; Béal avait raison, et lui-même
plus tard, et tous les autres parvenus de
l'Empire, cl les princes de la finance, et les
enri1,;his du commerce et de l'industrie ne
vécurent el ne Yirent pas autrement, non pas
parce qu'ils sont princes, mais parce qu'il:;
ont ce qui était aupara,·anl inséparaùle de
l'état de prince, ce qui est le nerf de tout,
l'argent. Et c'est aYec cet argent, - argent
très malpropre chez llarras, - que le propriétaire de Grosbois a\'ait fait venir à grands
frais des daims pour peupler les forèts de son
domaine ~.
Mme Tallien ne descendait de ses appartements que peu de temps avant le déjeuner.
Ellé faisait son entrée dans le s:&gt;.lon aux côtés
de Barras. Celui-ci, avec une grâce et une
liberté qu'on trournit toutes charmantes, s'aYançait souriant, un bras passé autour de la
taille de sa coquette maitresse. " Ma belle
Athénienne, lui disail-il, auprès de qui ,·oulez-vous que je vous conduise1 ... )&gt; Avec les
mouvements onduleux d'une chatte, Mme Tallien levait les yeux, le r~gardait d'une certaine maaière, le remerciait, se dfgageaitaver
une petite nl'Jue adorable de son étreinte, et
le quittait. Elle faisait alors le tour du salon,
disant, ayec ces façons à la Longueville 11u'elle
possédait si bien, un mot aimable à chacun,
et s'arrêtait enfin auprès de celui qu'elle aYait
intérêt à cajoler ce jour-là. Barras venait l'y
rejoindre après arnir galamment présenté ses
devoirs à ses invitées eL la trouvait soit avec
le citO)'en Talleyrand, soit a,·ec le citoyen Cochon : " Eh bien! disait-il , qu'est-ce donc
que ce tête-à-tête avec un ministre, ô ma
belle Athénienne?... \' oudri,•z-vous le séduire? ... ou gouverner l'empire comme une
autre Aspasie? ll
C'était la phrase favorite de Barras, el la
1. ~me 11t; C,u.sTESH, .Uémoirtt, t. I, p. 3i0.
'l. a. Ui, voiturier de Chinon pao;se :mmt-hier à
Bloi s a,·ec une voilure fe rmée; un parti culi er a la

LA C1T0YENN'E TALI.l'EN

citoi-enne Tallien ne s'en làchail pas. D'ail- l'honneur et des sentiments. Les mœurs
leurs, il n'attachait, dans sa pensée, aucun étaient aussi relâchées que possible et faisaient
sens désobligeant à ce nom d'Aspasie, au revivre les temps les plus abominables de la
contraire; &lt;( il se mettait par là dans les san- cour de llenri Ill et de la Régence. En voici
dales de Périclès, a dit la duchesse d' Abrantès. un épisode. Il a d'autant mieux sa place ici
que ~rme 'l'allien en fut !"héroïne. Avec une
et le partage n'était pas mauvais. o
Les compliments échangés, on passait dans admirable absence de sens moral, Barras se
la salle à manger. On déj eunait à onze heures. plaisait à le raconter, et riait aux larmes en
Une fois le calé pris, et quelquefois on le pre- en répétant les détails. Cc fut un des triomphes
nait au grand air, on allait faire une prome- de sa vie de ai bustier.
Comme il avait d'incessants besoins d'argent
nade sous les ombrages et, sitôt rentré, on
pour
lui et pour ses maîtresses, comme
s'asse~·ait aux tables de jeu.
On parlait beaucoup à Paris des « sommes llonaparte ne faisait pas mine de lui envoyer
effrapnles » qui se perdaient et se gagnaient lrs trois millions qu'il lui a,·ait demandés
dans ces parties, et il paraît bien qu'en effet après fructidor, que ces pingres d'hommes
il se jouât un jeu d'enfer à Grosbois. Le d'affaires se faisaient tirer l'oreille pour rémuwhist, le pharaon, le vingt-et-un, la bouillotte, nérer honorablement les services qu'il leur
tout cela occupait les invités au milieu d'un rendait eo leur faisant adjuger des fournitures,
silence qui n'était troublé que par les mols de il s'al'isa, d'accord avec la citoyenne Tallien,
l'argot des joueurs. Le creps y avait aussi d'un arrangement « fort honnête », aurait
droit de cité depuis que !!me de Chàleau- dit Brantôme, « d'un infàme marché 1, a
renault, une des favorites du rnigneur de écrit La Revellière-Lepeaux. li obligea le
Grosbois, l'y arnil introduit. I.e billard dis- fournisseur Ouvrard, sïl voulait continuer il
trayait des cartes; les toilclles délassaient les jouir de la protection du gom•erncment, de
lemmes du billard, el les femmes, par leur prendre pour maitresse en Litre, au moins
aimable gazouillis, délassaient les hommes de ad honores, comme Tallien était un mari
leurs jeux et de leurs préoccupations. La ad honores, la belle citoyenne Thérésia qui,
table délassait chacun de tout : c'était, avec au su de Lout le monde, était sa propre maitresse, et d'afficher publiquement celle liaison.
les cartes, la grande affaire de la maison.
Toutes les ambitions couvaient sous cette De celle façon, c'était à ce fournisseur de
,,ic de jeux el de divertissements, el les in- chevaux, de chaussures et de ,·êtements pour
trigues allaient leur train. Ce qu'il s'en noua, les armées, à fournir de chaussures, de ,·êtcde politiques et d"autres, est inconcevable. ments et de c:hemux, la dévoratrice jeune
Ali'. si lt!s Yieux murs du cb:Heau pouvaient femme. li avait le droit, par exemple, de se
rarler, que de choses intéressantes ils auraient payer en nature de tous ses débours: le traité
à raconter I Jusqu'aux histoires que, certains ne s'y opposait pas, - Thérésia non plus.
soirs d'automne, deYant une Oambée de C'était affaire entre elle et lui. Mais pas de
fagot, dans la grande cheminée, chacun était Th6résia, pas de fournitures . C'était à prendre
tenu de conter à son tour pour égayer (( l'as- ou à laisser. Comme, somme toute, si la
semLlée ,, . Et, dans cc genre de di\'crlisse- pensée qui avait présidé à cet arrangement
ments, le plus spirituel assurément qu'on eût n'était pas belle, l'affaire l'était, que la lemme
à Grosbois, Darras racontait avec une fatuité l'était aussi, le financier en passa par les
non dissimulée les aventures de terre et de désirs du Directeur, la femme par ceux. du
mer qu'il a relracées dans ses Jlémoires, financier , et tout le mon dt! fut content. a Tout
ruais qui devaient avoir, dans la bouche de fut lraité, a écrit un collègue de Darras,
celui qui en était le héros, un sel qui manque arrêté et mis à exécution à Grosbois. Une
grande parlie de chasse 1· fut indiquée; de
un peu dam son récit écrit.
Ce n'était pas là précisément de la bonne nombreuses invitations avaient été faites. On
rnmpagoie, mais tous ces déclassés en avaient s'y renci la veille du décadi au soir. Ouvrard
à peu près les manières el les formes; sauf ctla Tallien sont logés dans des appartements
certaines libertés de tenue et de langage, contigus. A la chasse, la Tallien monte l'un
dont les rnœurs du temps étaient en partie des chevaux d"Ou vrar&lt;l, qui trotte à ses côtés;
responsables, il régnaiL à Grosbois une ap- deux jockeys à la livrée d'Ouvrard, l'un pour
parence de décence que l'éducation première lui, l'autre pour elle, sont à leur suite. Le
de Barras el de Mme Tallien avaiL établie. Ce couph·, séparé du gros de la chasse, s'égare
n'est que dans les bals du Luxembourg qu'on dans les bois. Au retour se donne un grand
diner dans lequel Mme Tallien est traité&amp; et
voyait cet étrange amal.;ame de la fine 1\cur
saluée comme la favoritedu noble fournisseur.
des « nouvelles couches » el du rehut des
li
parait c1u'Ouvrard était asses confus du
anciennes, mélange que l'on retrouvait dans
rôle qu'on lui faisait jouer et du ridicule
les bals les plus renommés de l'époque, ceux
qu',l se donnait de payer les plaisirs el les
de !I. Boycr-fonlrède el ceux que donnait
fantaisies des autres. Après le dîner, on part
M. Vilain Xllll, dans le petit hôtel qu'il avait
pour !'Opéra: c'est dans la voiture d'OuYrard
fait construire pour Mlle d'llervieux.
qu'on s'l' rend , et aYec ses gens, et c'est dans
Si le Lon de la bonne compagnie était à pru
sa loge que la l'arorite est introduite par luiprès observé à Grosbois, il n'en était pas de
même, pour notifier au public entier l'accommême, tant s'en faut, des délicatesses de
cur1us1ltS de r&lt;'garder à trarcrs les ba rreau x. I.e ,·oil111·icr lui dil bo11nemenl : « Ce soul six daim5 que je
mène prés de Fontaincùleau, chez Barras, dircd eur ;

il les a fait venir de Chinon, pou r pcuplt'r sun
p~rc. i (Cu)ln; OurnnT 11E Cut.: venn- , ,llé m oireli, \. 11,
page 580 ).

plissement de cette indigne comcntion. 1 n
Indigne, celle convention l'était en effet et
si l'honnête La Revellière en est révolté 'on
peut affirmer qu'aucune des a hautes pa;ties
contractantes», comme disent les diplomates,
- el on peul emploj'cr ce terme puisqu'il
s'agit d'une négociation diplomatique, - ne
trouvait .'1 redire à cc marché. D'ailleurs, de
tels marchés n',:1aientpasnourcau\: I.e Brun,
le poète, n'avait-il pas vendu, peu de temps
avant la Révolution, sa femme au prince de
Conti? Etant donaé les personnan-es de b
petite comédie, leurs anlécédents et l~s mœur~

RÉCEPT IO N

ou GÉNÉRAL

du Lemps, qui, à vrai dire, étaient un peu
leur ouvrage, la chose est plutôt amusante ; et
l'on est tenté d'en rire aYec Barras el avec
Thérésia. Ouvrard seul garda peut-être son
sérieux, c1r c'est lui qui faisait les frais du
traité : le marché n'était cependant pas san s
bénéfice et la soulte stipulée dut dérider le
visage spirituel du financier, aussi fait pour
les joies délicates que lui-même pour les spéculations qui ne l'étaient pas.
Il est certain q uc la saine el pure morale
n'avait pas présidé à cette affaire; mais
Thérésia s'en tira avec une désinvolLure de
bon ton qui fit tout oublier. " Mème dans
1.

LA nE\' [Ll,ltl:RE-1.U EAOX , l'llénwfres,

les écarts, a dit le prince de Ligne, il y a des
gens à qui tout va, parce qu'ils onl de la gràce
et du tact. " Mme Tallien était de ces 0oens
priYilégiés.
liais comme de loul temps :
Ll's 11clils onl pâli des ~olliscs rlrs p-rand~,
ce sont nos malheureux soldats qui eurent i1
souffrir de cet arrangement. Pour qu'un
munitionnaire pasât de jolies sandales de cuir
parfumé à la belle Théré,ia, ils reçurent des
souliers à semelles de carton; pour qu'il lui
otrrit de beaux cbcvaux, nolre cavalerie fut
remontée en rosses; pour qu'elle porlàt soie

1. II , JJ . '.!48.

B ONAPARTE PAR L'l:sSTIT UT. -

dis~nguées, et savait jeter l'argent par les
fcne~res avec la même désinvolture quïl
savait le gagner. Ce Richelieu de ]a finance
était pétri de vices et de qualités, et, parmi
celles-ci, il faut lui m·oir gré d'avoir donné
l'exemple de la dépense et fait son possiLle
pour guérir la France de l'avarice el de la
me~quine.rie, ces ~'Îces odieux des petits bourgc01s qui, drpms 1789, sévissent sur la
F~ance ~t. menacent notre pays embourgeoisé
d un abeti,semenl général. li y a si peu de
gens qui savent être riches! Ouvrard, lui,
savait l'ètre, après avoir su le devenir. li

D"atrès le dessin de C11A ~11'10'.'\" .

et Yelours, bijoux et diamants, les soldais,
couchés sur la dure, grelottèrent dans des capotes trop minces, dont le drap s'en allait en
lambeaux dès les premières étapes et les premiers bivouacs. Yoilà suri out où était l'immoralité révoltante de ce marché. Pour le reste ...
eh! mon Dieu, il n'y a,•ait guère plus à reprendre
qu'aux autres actions journalières de cc trio
d'aventuriers et de jouisseurs, ni qu'à celles
de la plupart de leurs contemporains, - el
des nôtres.
Ouvrard était loin d'être le premier venu :
avec ses Ieux "ifs et pointus, ses lènes minces
et son nez aussi pointu que ses 1•eux, il avait
la repartie vive et spirituelle, les manières

é~ail. hardi, large, généreux, magniÎJ4ue. li
a,mail les élégances de la vie mondaine a,·ec
tous ses raffinements de l'art el du luxe. li ne
se priva d'aucune joie de ce monde, ce qui fit
de lui, pour Ja cito1ennc Tallien, un entrcteneur idéal. Plus lard, le goùL des prh·ations ne
le prendra pas davantage, et il ne se refusera
pas le_luxe d'un gendre au faubourg SaintGermam, un pur-sang, un ancien émigré,
comte et général, quelques années après que
rn maîtresse, qui avait les mêmes goûts, se
sera fai~ épouser en justes noces par un prince.
Aussi dénués de préjugés l'un que l'autre
aussi appréciateurs l'un que l'autre de tau~
ce qui vaut qu'on se donne la peine de

�..--- ms TO'J{ 1.11

_______________________________________.

vivre, - quand on s'est placé hors des lois viUon devant Ouvraid et reconnaissaient la pétillaient dans des cristaux; enfin l'abondance
de la ,·aisselle d'or et d'argent réalisait presque
de l'honneur et du devoir, - ils étaient, en supériorité de ses talents.
vérité, dignes l'un de l'autre.
Peu de temps après être entré en possession le luxe des fictions orientales. n C'était suDe même que Barras avait achet~ Grosbois, de la jolie femme qui était une des dam:es perbe, en effet, pour l'Ppoque : cc luxe de
Ouvrard 1 après avoir achtté Thérésia, s'était du traité de Grosbois, Ouvrard donna, en son bazar n'avait pas encore été dépassé. De nos
offort, c1.nnme Barras, une terre princière aux honneur, une fètc charmante :m Raincy. La jours, il n'est guère de boutiquier ou d'entree1wirons de Paris. fi avait acquis le chàteau nouvelle mailrrs~c du maître de la maison en preneur enrichi, qui, à part la vaisselle d'or
du Raincy et avait l'a!)lbiLion d'en faire son faisait les honneurs. C'est l'architecte Berteaux et d'argenl, ne déploie une mise en scène plus
Marly. li y donna des [ètes superbes, dont on qui avait été chargéde l'organisation générale fastueuse quand il donne une fête dans sa
parla autant et même plus que de celles de et des détails de la fête; maîtres et invités villa.
Madame Tallien trônait au milieu de son
Grosbois . Son amabilité, sa générosité étaient n'avaient 1iu'à prendre la peine d'en jouir. li
non moins avantageusement connues que sa est inutile d'en faire ici la description. Toutes peuple d"invilés. Il y avait là toute la finance
richesse. « Lin jour que je parlais de lui en ces fêtes se rcssemhlent. Mais le déjeuner, de Paris et toute la société étrangère. La vébons termes et en bonS' lieux, raconte M. de qu'on srrvit dans l'orangerie avec une somp- rilable société parisienne s'abstenait de toute
l\'orvrns-~fontbreton, des dames me prièrent tuosité tout orientale, comme on disait alor~, relation avec elle. Mais, parmi la pléiade des
de lui demander le pavillon du télégraphe fit parler tout Paris. Voici ce qu'en dit un jolies femmes qui, non seulement formaient
dans son parc du Raincy pour y passer la contemporain : &lt;&lt; Dans une orangerie payée sa cour, mais la lui faisaient, c'était l'ile )a
journée, et de l'engager au pique-nique qui de marbre, on éleva une table sur une plate- plus belle.
Une fanfare de cors de chasse donna le
résulterait de sa réponse. Je remplis ma mis- forme parallèle aux caisses de quelques beaux
sion avec un succès complet. Mais quand nous orangers qui, chargés de fleurs et de fruits, signal de se mettre à table. Elle donna égalearl'ivâmes au nombre de vingt personnes, je formaienl une \"OÙle de verdure d'où s'exhalait ment celui du départ. On rentra au chàteau,
crois, avec nos provisions, nous trouvâmes un délicieux parfum. Au milieu de la table, on s'habilla à la hâle pour la chasse, et les
sur la table toute dressée un déjeuner exquis, était un bassin de marbre rempli d'une eau cors donnèrent le signal de monter à cheval
qu'en voiant arriver de loin nos voitur~s, le limpide avec un lit de sable d'or, et dans et en voiture. Le programme de la journée
maitre d'hôtel d"Ouvrard s"étail empressé de laquelle jouaient des poissons de toutes cou- s'exécutait comme celui des exercices dans
leurs. Le déjeuner fut remarquable par la une caserne : au commandement. Les roues
faire servir. li me remit un billet par leque
l'amphitryon, qui s"était individualisé notre somptuosité, la profusion et l'arrangement des des voitures criaient sur le sable des allées,
pique-nique d'une manière si élêgante, priait mets. Dans l'appartement voisin, où furent les chevaux piaffaient d'impatience .... On
qu'on l'excusàt pour le déjeuner, ajoutant servis le café et les glaces, les murs étaient partit. Les queues de cheval, les plumets des
qu'il avait l'espoir d'être plus heureux pour tapissés de pampres verts, et des rameaux de chapeaux, les rubans des l'cmmes, les éclats
le diner. Mais il en fut de même pour ce cette treille intérieure pendaient d'énormes de rires, les claquements de fouet, tout cela
repas, où son cuisinier se surpassa, et dont il grappes de raisin. Aux quatre coins de cette flottait en l"air, au milieu des appels des
regrettait de ne pouvoir venir faire les hon- salle, il y avait quatre bassins de marbre en piqueurs, du roulement des voitures et du
neurs. Enfin, à neu[ heures du soir, au mo- forme de coquille, d"où jaillissaient des Ion- sourd galop des chevaux. Puis, tous ces bruits
s"éloignèrent. Ils s'éloiment de retourner à
gnèrent peu à peu dans
Paris, on annonça que
;s CQ&amp;
le bruissement confus
le thé était servi, et
et solennel des bois, et
une profusion de glal'on n"enlendit bientùt
ces et de sorbets terplus que le son lointain
mina cette incroyable
et
cuivré des cors, aphospitalité.qui, réellepelant les chasseurs
ment, tenait de la féeau lieu du rendezrie. Si la bonne grùce
vous.
fut dans la réception,
Le diner dépassa le
le bon goùt, le goùt
déjeuner en somptuoexquis fut de ne pas pasité, et mille torches,
raître ... 1 n
flambant dans lesallées
Voilà quel était Oudu parc, sous les vervrard et l'on pourrait
tes et mystérieuses fuciter de lui bien d'autaies, donnèrent à la
tres traits de bon goût
fin de la fèle un caet de supériorité de
ractère fantastique.
vues dans la vie praC'est ainsi que s'atique. Il était le plus
musait la haute b,rnbrillant des financiers
que sous le Directoire.
de l'épuq ue, et la finance alors commt'nçait à
CHAPITRE VIII
jeter un bien vif éclal.
Vanberchcm et son
Cependant Bonaparbeau-rrère Bazin, llotL'AMBASSADE UR DE LA P ORTE OTTmlANE 1 EN THER:\UDOR AN\".
te, qui trouvait que la
tinguer, Séguin, Récapoire était mùre et qui
D'après une gravure du temps .
mier, Tourton et Ravel,
avait l'idée bien arrêPerregaux, les frères
tée de la faire tomber
Michel, Lecouteulx, Julien et Basterrècbe, Hervas, Delessert , laines de punch, d"orgeat et d"eau de fleur dans son chapeau de général, avait quittt!
d'Etchego)'en, Baguenault, Pourtalès, Hame- d'oranger. Les fruits des deux hémisphères , l"Égypte. Il venait de débarquer à Fréjus.
lia, Enfantin frères , Barrillon, Doyen , tous les uns naturels, les autres en sucre, cou- Son arrivée - et personne ne s'y méprit sonnait le glas du Directoire. En six: semaices banquiers baissaient humblement pa- vraient des plats de riche porcelaine; les ,•ins
les plus exquis, les liqueurs les plus fines nes, il prépara son coup d"Etat, balaya le
l. ,1. DE :'ion1·m, .lfémorial , L. IL p. :500.

L;r.
Directoire exécutif, balaya la représentation
nationale, et, seul, prit la place de tout cela.
Dès son arrivée, il s'était YU sur le point de
divorcer d'a,·ecsa femme, « pour des motifs de haute inconvenance u, aurait dit
feu l'académicien Labiche. D'autres motifs, de simple convenance, ceux-là, l'amenèrent à épurer le salon de Joséphine. Il
y avait là un tas d'intrigantes, veuves
d"émigrés vivants, femmes divorcées cinq
ou six fois, toutes tarées à qui mieux
mieux, parmi lesquelles Mme Tallien était
reine. Le Premier Consul signifia leur
congé à ces aventurières· et n'admit aucune exception, si ce n'est pour sa femme. A la porte la Hamelin, grande prêtresse des sans•chemise; à la porte la
Visconti, ]a maitresse de (( ce niais de
Berthier )l ; à la porle la Châteaurenault,
celte doublure de Thérésia et de Joséphine
auprès de Barras ; à la porte la Forbin, celte
espèce de tambour-major en jupons; qui
cependant portail les culottes pendant le
temps de sa liaison avec le Directeur 1 ; à
la porte enfin, la Tallien!. .. . A la porte!
A la porte!
Que de larmes, par exemple, à celle
exécution! Mme Bonaparte n'y comprenait rien . Comment la séparer de ses plus
chères amirs, de ses amies de cœur ! Lui
défendre de les recevoir! Mais c'était de
la tirannie ! Où retrouverait-elle des
affections ausc:i vraies, aussi désintéressées? ... Vraiment, c'étaità croire qu'elle
avait épousé un capucin et non un militaire .... Etjusqu"à celle bonne Mme Tallien
qu'il voulait l'empêrher de voir .... Et pourquoi, je vous le demande? Parce que Barras
et Ouvrard avaient eu, dit-on, la courtoisie
de solder quelques mémoires de ses fournisseurs .... En vérité, il n'y penrnit pas ...
li n'y pensait que trop, au contraire . El la
consigne fut formelle . Bonaparte exigea - ce
fut une des conditions de sa réconciliation
avec Joséphine - que, puisqu'il voulait bien
ne pas rompre avec elle, elle rompit, elle,
avec Mme Tallien et toute la société directoriale.

respectables. El Mme Tallien avait un tel
passé, elle avait un présent si tapageur encore,
que Ilona parte ne voulait d"elle à aucun prix.

LA FACTION I~CROYABLE. -

Mme Tallien, on le conçoit, avait été opposée au coup de force du 18 brumaire. Elle
était allée trouver .Barras lorsque tout effort
contre l'homme de Saint-Cloud paraissaitderenu inutile e.l lui avait dit C( avec une vivacité
charmante, qu'il fallait être encore digne de
lui ll. Avec une naïveté non moins charmante,
l'incorrigible fat répète ces paroles de Thérésia, dans ses Alénioires. C'est sa consolation.
Mais la démarche de Mme Tallil'D, qui avait eu
des témoins, fut probablement rapportée au
général Bonaparte. On aurait tort cependant
d"en conclure que le général lui en tint
rigueur. li l'écarta de son salon tout simplement parce qu'il entrait dans son programme
de ne plus admettre chez lui que des femmes

Elle dit adieu à ses toilettes excentriques pour
rentrer en grâce, mais ce fùl en vain. Le premier Consul l'avait vue, à une représentation
de gala de !"Opéra, dans un déshabillé trop
mythologique pour lui faire oublier un passé
plus mythologique encore, et il ne céda pas.
Un écrirnin de l'époque, qui assistait à cette
représentation de J'Opéra, a retracé pour la
postérité la toilette de llme Tallien. Comme
s'il se fût agi d'un bal masqué, elle s'élait
costumée en Diane. c&lt; Sa tête, dit-il, était
surmontée d'un grand croi~sant de diamants,
dont ses cbeveux de jais faisaient ressortir
encore l'éclat. A ses épaules nues, comme
celles de nos élégantes d"aujourd'hui, é1ait
pudiquement suspendu un carquoisétincclant
de pierreries. Une pean de tigre se drapait
moelleusement autour de sa taille olyrnpiennr.
Une courte tunique cherchait à cacher ses
genoux et ses jambes d'albâtre; quelques
anneaux ornaient les doigts de ses beaux
pieds nus, que des bandelettes de pourpre
tenaient assujettis sur de légères sandales.
Auprès de Diane étaient deux nymphes charmantes, non moins fidèles à la mythologie ....
Je manquai être étouffé à la sortie pour vérifier la déesse de plus près et surtout la ,·oir
monter en voiture. Ce fut là. le dernier
triomphe du costume, au milieu de frénétiques
applaudissements .... t &gt;J
Ce fut aussi le dernier triomphe de Mme

1. C'élait oh5olumcn l une gaillarde, que celle
i\lme Clotilde de Forbin. Elle écrirnit à Barra~, qui
\"Cllail de lui donner une rcm1 la çanle dan s son intimité la plu:; iuliine : e: ••. Je ne me laî~scrai jamais
clêpouillc1· d'uu drnit dont on m'a une foi s re \ êlu c.

Ainsi, j'ordom1e doue que l'on me rouvre une porte
que J"on m·a injuslt•ment ferm ée, el s'il faut faire
marc\1e1· tout le faubourg Saint-Antoin e pour m e la
faire ounir ou pour l'tnfonccr, j e marcherai à sa
lèle ... » (l elfrr médi te). On voit que, .-, j les femm es

1

C1TOrENNE

TJILL1EN

Tallien. Lorsqu'on vit bien clairement que le
Premier Consul ne voulait recevoir que des
femmes 5érieuses, la mode devint aussitôt

Caric:zture du lemts,

ser1euse : plus d'excentricités dans le costume, plus de fantaisies ID)"lhologiques, plus
de nudités surtout. ... Et Mme Tallien, au lieu
de donner le ton, dut, cette fois, se conformer
à la mode.
Comme, au fond, elle valait mieux que ses
mœurs, Mme Tallien s'en serait consolée si
elle avait pu prendre sa part des fêtes qui
renaissaient de toutes parts à Paris, comme
les fleurs sur une pelouse au retour du printemps; mais non! une cruelle consigne l'en
écartait, et c'est triste à en pleurer qu'il lui
fallait entendre les échos des fêtes du gouvernement consulairC'.
Il ne semble pas cependant que Mme Tallien
se mit blessée du blessant ostracisme qui la
frappait. Elle n'en voulut point au Premier
Consul de la cruelle humiliation qui la mettait
au ban de la société. En son for intérieur,
comprenail-ellc les motifs qui avaient fait
prononcer son exclusion, et, dans sa bonté,
les pardonnait-elle?... Ce n'est pas probable; mais comme les relations avec Joséphine étaient devenues le fruit défendu, elles
n'en eurent, pour l'une et pour l'autre, que
plus d'attrait, et leur furent d'autant plus
agréables qu'elles étaient forcément mystérieuses et secrètes.
li est certain en effet que Joséphine ne tint
que très peu de compte de la défense de son
mari et qu'elle voyaiL Mme Tallien en secret,
à la Malmaison généralement, autant qu'elle
ne ~é.-,istaien~ pas à Bai-ras, il avait le mérite, lui, de
:;arn1r leur rc:;1sler.
'.?. J. ot; ~011v1 ~s, J[émor iat, 1. II, p. 251.

�msro~1A
le voulait. Peut-être même Mme Bonaparte
alla-t-ellc la voir dans sa nouYcllc maison de
la rue Cérutti, n° 1 1 • Ne pouvant comprendre.
avec sa nah·c immoralité de créole, le mol if
pour lequel Ilon,parlc lui rléfcndait toute
relation avec Mme Tallien, elle s'était imacriné
la pauvre femme, que c'était à came de0 son'
intimité an•c Ouuard qui, elle le s:avait, était

détesté de Bonaparte, comme les :iulrr.s fournisseurs du reste_. Il Paraît qu 'cUc la ût engager par une amie à rompre celle intimité.
cc C'est là, disait-elle, l'unique rame de l'animosité de Bonaparte contre elle. Tàchez d'obtenir cc saèriflcc etje suis sùre qu'il lui rrndra son ancienne affection d me permettra
de la revoir comme autrefois.! ))

Elle prrnait rrla sous 1:oc. bonnet, comme
on dit, car il est fort douteux que Napoléon
fùt revenu sur sa décision. La prPuvc dn
contr,1ire se trouve mème dans une leltrc que
,·oici, que J'empereur 1ui cnrop de Berlin en
f 806 :
C! Mon amie, j'ai reçu ta le:trc ... Je te
défends de voir Mme Tallien, sons quelque
prétexte que cc soit. Je n'admettrai aucune
excuse. Si lu liens à mon estime et si tu Yeux
me plaire, ne transgresse jamais le présent
ordre. Elle doit venir dans tes appariements,
y venir de nuit; défends à tes portiers de la
laisser entrer . Cn misérable J'a épousée arnc
huit bâtards· Je la méprise elle-même plus
qu'avant. Elle était une fille aimable, elle est
deYenuc une femme d'horreur et infàme. Je
serai à la Malmaison bientôt ; je t'en préviens
pour qu'il n'y ait pas d'amoureux la nuit! Je
serais fâché deles déranger .... J&gt;
L'empereur se montre là bien rigoureux
pour Mme Tallien. Pour être logique, il ·aurait dù l'êlre !out autant pour Joséphine, car
les dernières lignes de sa lctlre, outrageantes
au dernier point pour une honnête femme,
montrent que, dans son estime, il ne foi.sait pas
grande différence entre les deux amies . Mais
celle rigueur, c'est pour le monde, pour la
galerie et non pour des scrupules de conscience.
Ces sentimenls il les garda pendant toute
la durée de son règne, sentiments d'indulgente bonté pour la femme fragile, .souvenir
biemeillant de leurs relations amicales au
temps du Directoire; mais, comme empereur,
il fut impitoyable. Assez de femmes de sa
famille el de sa cour laissaient des flocons de
leur laine aux buissons d'une route qu'on
leur avait cependant bien aplanie, pour qu'il
n·augmen1àt pas le troupeau par l'adjonction
d'une nouvelle brebis galeuse. li n'y en avait
déjà quctrop!
El c'est ici le lieu &lt;l'admirer comme quoi
lime deflçauharnais et ~[me Tallien, ces deux
amies, sont arrivées à une suprême élévation
1. nucr,affltle, d,msunc mui~on qu'a l1:1ltiléc Cërulli
cl qui, dêmolic, a l!tl! remplacée par la Maison Ooréc.
~- SoNnE GH, Salons célëbres, p. :il3.
3. L'empereur cxa.!;'èrl', clic n·en an1.it pas Laut que
cria (rnir plus loin le chiffre exact, p. 31 ).
4. \'oicî une lellrP d'elle à ~lrnè Bonaparte. Cette
lcllrc csl ét·titc moius d'un an aprês le coup d'État
de brumaire qui porta le général au consulat :
2b 1·endémiairc au IX 17 octobre ·1800).
l.f' citoyt'll 8rono11ville, 11w1t a11rie111te omie, désir~
Jll;11étrel' jusqu'à 1·ous; il crnît CJU 'une lettre tic rnui

LA, ClTOYF.NNE

et à la poslérilé moins par leurs mérites général n'étnil pas prodigue de son temps. li
et leur beauté que par le scandale de leur rsl certain que le premier consul lui expliqua
conduilc.
les motifs pour lesquels il ne pouvait pas
Cc qu'il y a de curiem ,c'estque~lme Tallien l'admellrc aux Tuileries. La jeune femme se
ne rompt ni aYec Mme Bomiparte, à qui·e11e récria, supplia, pleura, déploia tous si•s
écrit encore' ni avec le Premier Consul, à qui moyens; c'est si irrésistible, une femme qui
elle fait parler de temps en temps pour sait pleurer avec grùcc ! )fais le consul fut
l'amener à revenir sur sa décision première. i □ OcxilJlc. li enveloppa son refus de i:.:ompliCar elle brûle d'envie de connaitre celte mcnls, de protestations d'amitié et de bon
société nouvelle qui se forme autour du Consul souvenir, mais c'étail un refus.
et de son gouvernement; elle hrùle surtout
Mme Tallien ne se tint pas pour hallue.
du désir d'y paraître et d'y trôner. Sa péni- Elle avait un tel rlésir de paraitre, de briller
tence n'a-t-elle paséléassez longue? ... Aussi, aux bals des Tuileries, qu'elle dérobait sa
comme elle ne se doute pas, non plus que son blessure d·amoul'-propre sous le sourire de
amie Joséphine, des motifs de politique et de la femme du monde et recommencait se:convenanre pour lesquels Bonaparte lui refuse démarcbes. li n·cst point de bassesses~ qu'elle
sa porte : de politique, parce qu'il veut faire ne fit pour lléchir lïnOcxiblc t'C'rbère qui la
l'oubli sur le passé rérnlutionnaire; de conve- tenait à )'écart. Cc f'ut encore peine perdue,
nance, parce qu'il veut faire renaitre les mais la blrssure ne lui en demeurnit pas.
bonnes mœurs : - rien ne lui coùle, ni dé- &lt;&lt; Dans les bals masqués auxquels il se rcnmarches, ni humiliations, pour essayer de da.il, l'empereur, dit le Além01·ial de Sainlefléchir fo général Ilonaparlc.
Uilène, était toujours st'lr d'un certain renTl est inconcevable de voir jusqu'à quel d1•z-Yous qui ne lui manquait ,jamais; il s'y
point elle se montra dénuée d'amour-propre trourait, disait-il, entrepris chaque année
pour s'abaisser jusqu'à demander ù un
par un mème mas&lt;1ue 1 qui lui rappelait d'anhomme qui l'avait mise à la porte de chez lui ciennes intimités et le sollicitait avec ardeur
la faveur d'y rentrer. C'est qu'e11c aYait de la de YOulôir bien le rccernir et l'admettre à sa
vanité et non pas de la fierté. Elle voulait conl'. C'était une femme très aimable, très
paraitre, faire parler d'e11c et de ses toilcltcs, bonne et lrès belle, à qui beaucoup de"aicnt
accaparer les hommages des hommes et les certainement beaucoup . f,'empercur, qui ne
jalousies des fommr,s par sa coquetterie et sa laissait pas que de l'affectionner, lui réponbeauté, et cela, sur le grand thé,itrc que dait toujours : &lt;' Je ne nie pas que mus SO}CZ
,·enait d'ouvrir le génér.il Bonaparte : elle ne charmante, mais voyez un peu 11uclle est votre
se souciait pas d'autre chose. Et c·est pour demande; jugez-la rnus-même et prononcez.
cela qu'elle pleurait sur les salons orficiels \'ous avez deux ou trois maris et des enfants
dont la porte restait close devant elle, - car de tout le monde. On tiendrait à bonbeur
pas un ministre, pas un fonctionnaire ne se fùt sans doute d'avoir été complice de la première
permis de recevoir dans son salon une femme foute : on se fùc:hcrait tle la seconde, on la
que le maitre a,·ait chassée du sien. Malgré pardonnerait peut-être, mais ensuite, et puis,
cela, la malbeureusc ne pei·dail pas l'espoir cl puis!. .. A présent, SO)'ez l'empereur cl
cl'allcndrir un jour la dureté de Bonaparte et jugez! que feriez-vous t1 ma place? .. . El moi
&lt;le venir parader enfin dans le salon &lt;lu pre- qui suis tenu à faire renailre un certain démier magistral de la République. Elle lui fit co1·11m ! l) Alors, 1a belle solliciteuse gardait le
parler bien saurent; bien soureut elle se mit silence, ou lui disait: « Du moins. ne m"tHez
bur son passage pour attirer son allenlion, pas l'espérance! &gt;J et renvoyait 11 l'année suimais san:; succès. Enfin, clic obtint un jour, Yanle 11 être plus lumreusc. C( Et chacun de
en 1802, une cnlrcrne au fameux bal masq uC nous deux, disait l'empereur, était exact à ce
de Marcscalchi.
noureau rendez-vous s. l&gt;
A la faveur du masque et du déguisement,
Essaya-t-elle de forcer la consigne ou du
tons deux pourraient conférer à leur aise sur moins de pénétrer pal' contrebande, avec la
le gram sujet qui faisait le désespoir de la ra1·te d'invitation &lt;l'une autre personne, ;, ces
belle jeune femme. Le Consul avait fait dire bals des Tuileries qui étaient pour elle le
it Mme Tallien de porter un nœud de ruban supplice de Tantale?... C'est probable.
nrt et d'accepter le bras d'un domino qui Mme Georgette Ducrest, dans ses Afémofres
en aurait un scmblahle. li arri rn, ;iccompagné sur lïmpé1'atrice Josej&gt;hine, qui sont la
du docteur Lucas, U cherche le ruban vert ... preurn que les meilleures intentions du
A peine l'aperçoit-il qu'il quitte son dotteur monde ne suffisent pas pour faire un bon
et prend le bras de Mme Tallien. Deux heures liHe, rapporle que, dans un bal masqué des
dur:.rnt, ils se promenèrent ensemble. Ce fut 'J'u.il~ries, elle remarqua un domino gl'is,
un grand triomphe intime pour elle, car le sun 1 de deux grande.s figures noires, qui ne
1

JlOUJTa lui èlrc utile CL sumra pour 1·ous intéresser
en sa ravcul'. UêsaLuséc par le h'm1i~, Il'~ cirronslunces el vol rc cœ11r, je uc me liue pas à telle douce
crl'eur, m::us je n'~i pu rcfusc1· à un hormnc 11ui a
sefl'i pc1Hl_anl vingt-1leux ans le gouvcmcmc11t, uu
homme qui a tout perdu cinns les crises ,!c l.1 Hévolutîon, une prcm·e de ma bonne \'OlontC. c·e~t cnc
cspl;rancc de bonheur J}our lui, et pour moi 1mc occasion de nms rappeler que mon amitié sait n~~ister à
!OUies les éprem·es et qu'elle ne finii-a qu·a\'CC mes
JOUN.

(Cu. 1'"Au1101·. le C11rie11.r. /)Amuleul' d'aulogra~
plws. 1°• oetobl'(' ·1886.)
Celle lcttr.:i C!&lt;l une p1·cu,·c aussi. on est heureux
tic le conslalel', de l'inépuisable bonté de)lme Tallic-n
cl ,te son_ plubir il loujou1·s obliger.
~Ion IJ1cu ! comme C('tle fomrne · cùl été parfoile
avec un l'eu rnoin~ de lt'gèi·eLê, un pèu moins de
co11ucllcr1c cl sul'loul a\'ec une solide éducatiou morale, - 11trn les l1abitudes de son temps, hêlas! ne
compo1·laient guL•rc.
. ;i. :lfémorial de Slti11li'-flëlè11e 1 l. Ill. p. l~O (Cl!.

.Garmer).

pouYaient être que l'empereur et les deux
gardes chargés de veiller sur lui et de surYeiller les gens qui pouvaient l'approcher.
Elle viL ce domino gris rnanœuvrer pour se
rencontrer face à face avec une fort jolie
femme qu'elle ne veut pas nommer. Il se
planta devant elle assez insolemment et la
fixa arnc obstination. La jeune femme était
Yisiblemcnt gènée de ce sans-gène. Elle finit
par en litre si importunée qu'elle trut devoir
dire au masque qu'elle ne le connaissait pas
et qu'il cùl à cesser ce jeu déplaisant. Le
masque continua à la fixer sans mot dire.
Tremblante à la pensée qu'un seul homme
pouvait, en ce lieu, montrer une telle insolence et que cet homme était l'empereur, la
paune femme comprit que son incognito
était dévoilé et que l'empereur en personne,
par sa muette panlomime, était venu lui donner l'ordre de sortir. Elle se leva cl partit surie-champ. Mais le manège de l'empereur avait
été remarqué, la fuite de la jeune femme
aussi, et Mme Georgette Ducrest donne assez
de renseignements pour permettre de rel'onnaîtredans l'écheveau embrouillé de ses aveux
et de ses réticences la belle Mme Tallien.
Au milieu de ses disgrâces, la pauvre
femmeeul un grand mérite : ce lut de n'en pas
prendre prétexte pour s'aigrir et ne plus être
bonne. Elle s'évertua, au contraire, à rendre
plus de services que jamais à ceux qui venaient la soUiciler, et, de cela, il faut lui
sa\'oir gré; tant d'autres,à sa place, auraient
pris le vindicatif plaisir de se mettre en révolte
contre la société et de rejeter sur elle les
fautes dont elle était seule coupable!
Mais il est temps de parler des enfants de
Mme Tallien.
« Vous avez deux ou trois maris et des
cn[anls de tout le monde,,, lui a dit brutalement Napoléon. Il y avait un peu de vrai dans
les paroles de l'empereur, el aussi beaucoup

d'exagération, car elle n'en eut pas de lui.
Thérésia avait eu de M. de Fontenay un fils,
né le 2 mai 1 789. dont elle s'occupa assez peu,
et qui fut parfait pour elle; nous en avons
déjà parlé et nous avons dit qu'il mourut à
la !leur de son âge, en 1815.
De Tallien, son second mari, elle eut une
fille, Tbermidor-Rose-Tbérésia. Cette enfant
naquit en 1795. Elle reçut le nom de Thermidor pour perpétuer dans la famille le souvenir de l'événement politique auquel avait
pris part son père. Quant au nom de Rose,
c'était celui de rn marraine, Mme de Beauharnais1, qui ne s'appela Joséphine qu'après
son mariage avec le général Bonaparle. On
n'a pas son acte de naissance. JI. Ch. Nauroy
en conclut que cc peut-être avait-elle été conçue
a,·ant le mariage de ses parents )J. Elle épousa
M. de Narbonne-Pelet.
Pendant que Tallien était en route pour
l'Égyple, sa femme eut un troisième enfanl,
le 50 frimaire an Vf (20 décernLre 1798), qui
mourut en naissant. M. Ch. Nauroy en attribue avec vraisemblance la paternité à Barras.
Une longue lettre que Tallien écrivit à sa
femme le ·I 7 thermidor de la mème année,
cinq jours après son débarquement aAlexandrie, ne fait aucune allusion à des espérances
de paternité, mais Tallien y exprime respoir
de la t( retrouver toujours aimable, toujours
fidèle ,, .
Toujours aimable, c'était possible; mais
toujours fidèle, ce n'était pas dans ses moyens,
et son mari ne devait pas, au fond de l'àme,
se faire illusion sur ce point, malgré l'espoir
qu'il en exprimait. Et en elfel,le 12 pluviôse
an VIII (51 janvier 1800), Mme Tallien accouche d'une fille, Clémencc-Isaure-Thérésia,
déclarée sous le nom de Cabarrus, et non pas
de Tallien. Cette petite fille devint grande
comme sa mère, _épousa un colonel Devaux,
devint veuve, entra dans un ordre religieux,

1. Mme de Beauharnais, dcrcnuc la gênérale Bonaparte, n'oublia pas sa filleule, D'llalic el!c écrivail il.
Ilarras :
Milnn , cc 18 fruclidor ....
« ... Mon mari csl Jlarli depuis six jours pour
Ravenne cl de là dans Je T)·rol; j'allcnds bicntùt de
ses nou,,etlcs, j'espère qu'elles seront aussi bonnes que
je les ,lë.-irrs (.\"ic). llnppelez-moi au sou\·rni1· de ma
pelitc, - c'est ainsi 11u elle appc!ail ~lme Tallicn; Je ne reçois point de lettres d'elle, cela rnn re11d bien
lristc; dite~-lui bien que )1. Serbclloni csl charge de
lui p1·Csenlcr de ma part une pièce de crêpP cl des
chapeaux de pail (sir) de Florence; pour le dPjcuner

rie son mari, des saucissons rl du fromage; poul'
Thcrrnido1·, du cot'llil. Je u'é1 ris point à ma pe1itc,
parer riue ).(. SerLcllonî part 1lans l'iuslant, embrassez-la pour mui bien lendremcut. ,\dieu, mou cl1cr
Barras, c1·0,·cz-moi a\'ce les senlimcnls de la plus
tendre amit'ié, votre 3mic.
LANGEnrn Bo~ 1l'ARTE.
JI. Serbcllonni l'Cul bien se charger de 1·ous rc.
mettre de ma pari unr c.iis~e de liqul!Ul's de Turin.
llillc amitiés il Holol",complimrnls à Vidor el
Raimond.
J'embrasse Tallic:1. (Lcllre i11êdile. )
• Dollot , et non Ilotot, élail le secrdaire de Ila1·ra::.

T /11.LlEN

--,

oh! bien fantaisiste ! et les élèv,s de la maison d'éducation des dames de Saint-Louis,
dont elle fut supérieurr, à Juilly, ont conservé
le souvenir de sa grande taille et de sa barbe
au menton, et aussi de certaines fantaisies
qui cadraient peu avec la sPvérité des règles
d'un ordre religieux. F.Ue mourut à Juilly,
à la ûn de 1884.
li parait bien qu'elle était ülle d'Ouvrard,
qui eut d'elle trois autres enfanls, rntre
autres celui qui fut l'aimable et ~piriturl
docteur Cabarrus, né le 19 avril 1801.
A peu près à cc moment, Tallien débarquait à Calais.
li avait quitté l'Egypte sur un ordre du
général Menou, qui devint, par droit d'ancienneté 1commandant en chef de 1·armée française,
après l'assassinat du général Kléber. Le
bâtiment qui l'amenait en France fut pris par
une frégate anglaise. Conduit en Anoltterre
d'abord, puis renvoyé en France di~ jours
après la signature de la paix, Tallien fut m:s
aucourantdeses inforlunes conjugales. c&lt; Ors
amis de haute considération, dit Lairtulirr,
l'avertirent que sa femme, pendant son aLsencc, avait eu deux enfants, et le prévinrent
qu'elle le recevrait fort mal. )J C'était un
comble! Comment! être allé rn Egypte au
milieu de la peste et de la guerre, pour acquer1r de quoi pourroir aux fantaisies ruineuses de sa femme, la laisser enceinte à
Paris, la retromer lrois ans après dans le
même état, et avec une petite famille notablement augmentée, et être mal accueilli pardessus lemarché!. .. C'était le monderemersé.
C'était bien naturel cependant, à en croire
Thérésia : «Est-ce ma faute, dit-elle plus lard,
si ,IL Tallien est parti pour l'Egypte quand son
rôle le retenait à Paris? ... ,, Ces diables de
femmes! il faut qu'elles aient toujours raison .
Tallien comprit qu'en erl~t il arnit tort.
C'était évidemment sa faute si, pendant son
absence de trois ans, sa femme avait eu trois
accouchements ; sa faute encore s'il n'avait
pas, comme Ouvrard, une fortune de trente
ou quarante millions.... Pourquoi aussi
n'était-il pas reslé en l~g)'ple, ce gèneur? ...
Es~-ce que &lt;c rnn rôle ne l'y retenait pas? ... )l
Qui donc l'avait prié de revenir? ... Oh! ces
maris, ils n'en font jamais d'aulres !
L'avenir réservait à Tallien de plus grands
revers encore.
(A suivre.)

JOSEPH

TURQUAN.

�FR.ANÇOIS CASTANIÉ
"l'o

La généalogie de Guillaume II

l.'HISTOIRE VUE PAR LA POLICE

~

®

~

Les indiscrétions d'un Préfet de Police de Napoléon ~

'-"=

S. M. Guillaume 11, qui détient le record coup de temps à gravir les marches de l'autel quitta son mari - a,'ec le consentement de
dans une foule de domaines, est imbattable au pied duquel avait été bénie son union ce dernier - après la naissance de leur
sur le chapitre des connaissances gén&amp;1logi- avec Georges-Guillaume de Bru11swick-Zell- sixième enfant. Elle se retira au couvent des
ques, et
a gros à parier que nul souve- Lunebourg. Entrée en conversation avec ce Cisterciennes de Trehnitz, où elle mourut et
rain au monde ne possède sa filiation au point dernier en septembre 1665, elle ne devint fut inhumée (15 octobre 1245). Sa canonisaoù l'empereur d'Allemagne connaît la sienne son épouse que le 15 mai 1676, après la tion fut prononcée en 1267 par le pape Clémort de leur quatrième ftlle .... Ainsi qu'il a ment IV . Or, l'une de ses descendantes dipropre.
A M. Massenet, il disait un jour qu'il était été dit plus haut, Guillaume li cite assez vo- rectes, Sophie de Liegnitz, fille de Frédéric Il
fter de compter l'amiral de Coligny parmi ses lontiers saint Louis; ,mais il y a mieux: il se et de Sophie de Brandebourg-Anspach, ayant
ancêtres. Si l'entrevue avait duré un peu plus félicite de compter parmi ses ascendants une épousé en 1545 Jean-Georges l" de Brandebourg, devint ainsi la trisaïeule dt:: Frédériclongtemps, l'illustre compositeur se serait saùzte el un archevêque.
Guillaume I" de Brandebourg, dit le Grand
probablement vu énumérer les nombreux auÉlecteur.
tres ascendants français de !"empereur, noPar conséquent, l'affirmation de Guilli y a gros à parier que ces détails peu ortamment Claude, duc de Guise (le grand-père
laume
11 était parfaitement e1acte.
dinaires
seraient
demeurés
parfaitement
ignode Marie Stuart), saint Louis, etc.
Passons maintenant à l'aïeul-archevêque 2 •
li est certain qu'il descend de l'amiral de rés, si lui-même n'avait pas eu le soin d'y
En aussi peu de mots que possible, voici la
Colign)' : 1. 0 par ses ascendants paternels 1 ; faire allusion dans les circonstances que
chose :
2° par sa grand-mère, l'impératrice Augusta, voici:
Adolphe li, comte de la Marck, avait eu de
Aux manœurres de 1906 - exactement le
et 5° par sa propre mère, l'impératrice Fréson
mariage avec Marguerite de Clèves deux
22
septembre
il
passait
dans
une
petite
déric. Du fait de CPlte dernière, il possède,
en outre, les ancêtres français que ,·oici : localité de Ja Silésie, nommée Trebni!z. Con- fils, dont l'aîné, Engilbert, lui succéda en
1° ,Claude de Lorraine, duc de Guise, puis formément 11 !"mage, le curé se joignit aux J;;47. Le cadet, Adolphe (né en 1555), avait
d'Aumale; 2° Anloinelte de Vendôme; 5°Jean autorités venues pour saluer le monarque et été mis tout jeune dans les ordres. Il devint
de Bourbon, comte de la Marche, el. par lui : lui débiter un petit compliment. Le digne successivement évêque de Munster (l 558) et
4° saint Louis; 5° Alexandre Dexmier d'Ol- ecclêsiasJique faillit avoir une auaque d'apo- archevêque de Cologne (1565). En dépit de
breuse, gentilhomme poitevin; 6&lt;&gt; Nicolas plexie lorsque, répondant à &amp;on allocution, ce bel avancement, il jeta le froc aux orlies
en 1564, après la mort de son grand-oncle
Poussard, père de Jacqueline, épouse du pré- Guillaume li lui déclara ceci :
cédent. Tout naturellement, Guillaume ][
- ... . D'ailleurs, je tiens essentiellement Jean, comte de Clèves. A la suite de quoi, il
marque une certaine préférence pour ColignJ, à visiter votre ég1ise, car j'ai à réciter une entra en lutte contre deux autres prétendants
son coreligionnaire. Malgré cela, il ne lui dé- prière sur les tombes de mes ancêtres : sainte et finit par l'emporter sur eux. Le 21 décembre 1568, il entra en possession du
plait point de citer à l'occasion saint Louis, Hedwige et Henri Jer.
car, du même coup, il trouve l'occasion de
Dame, il faut remonter assez loin el c;om- comté; puis, en 1570, il épousa Marguerite,
rappeler à ses interlocuteurs (de leur appren- pulser des documents relalivement peu ac- fille de Gérard de Juliers, comte de Berg,
dre serait plus exact) que l'une de ses arrière· cessibles pour arri,,er à établir l'authenticité laquelle lui donna bon nombre d'enfants.
Parmi ceux-ci, Adolphe li, dit le Pmdenl,
grand'mères a été béatifiée.
de calte assertion.
Quant aux Poussard el aux Dexmier, il
Donc, Uedwige, fille de Oerlhold IV, comte comte de Clèves (devenû duc en 1417), lut le
n ·en parle que tout juste a·ssez pour montrer de Méran, née en 11711, mariée en 1186 avec trisaïeul de llarie-Éléonore de Gueldre, la·
qu'il ne les ignore pas. li est certain que la Henri l"· - dit le Barbu - duc de Silésie, quelle se maria, le U octobre 1575, à Kœnigsberg, aYec Albert-Frédéric, duc de Prusse.
fille d'Alexandre et de Jacqueline, demoiselle
'2. Ici la filiation élail plus difiicile à étaLlir que
De ce mariage naquit Anna, femme de
Éléonore Dexmier d'Olbreuse, avait mis beau- dans
le cas précéden~; mais il n\ avait pas à fl' C\1lcr, puisc1u·cn la recomtiluanl uiie occasion s'offrait
Jean-Sigismond, Électeur de Brandebourg, et
1. Les personnes désireuses de L"Olmailre à fonrl les de prouver, â la l1onle des mauvaises langues, ~ue
grand.père de Frédéric-Guillaume Jer, dit le
cc n'esl p.'.ls dans lu marine f'ran çoise seule que l on
détails ile celle gënêalogie les tron\•eronl. mus ma
Grand Électeur. C. q. f. d.
signalure, duus la //r l'lfe du lb octobre 1904.
ll'Ouve des pclils-fils d·archevêques.

a )'

•

BARON

HECIŒDORI\.

~e

0
La

Bibliothèque Historia ,, vient de s'en1 , non moins copieux.
que les précédents en révélations inédites, rectifiant sur nombre de points les témoignages
intéressés trop facilement admis comme vrais
par l'H istoire officielle.
Dans ks 111discrélions d'un Préfet de Police
de JVapolêon, que publie aujourd'hui M. FRA.Nço1s CASTAN1Ê, un haut fonctîonnaire de l'Empire,
u travaillant tous les jours avec Napoléon, le
retrouvant au Conseil d'État, mêli souvent à ses
entretiens&gt;), a librement notê tous les grands
ivênements auxquels, du Consulat à la Restauration, il lui fut donnê d'assister, comme aussi
les menus faits, gros de conséquences parfois,
qu'il vit se produire et qu'il suivit jusque dans
leurs ré.percussions les plus imprévues.
A ces lndi,crilions, nous empruntons lt chapitre qui a trait à l'arrestation, au jugement tt à l'exêcution du duc d'Enghien.
ti

richir d'un nouveau volume

Le Premier Consul s'était rendu,
le 12 mars, dans la soirée, à la
Malmaison. li était soucieux, inoccupé, perdant le temps. Son lmmeur était sombre. li éLait presque inabordable. Il ne causait à
personne, ne travaillait plus.
Le 15, jour de l'arrestation du
prinl:f, il fit annoncer à Réal la
capture de la baronne de Reich
à Offenburg et l'arrestation de
conspirateurs à Strasbourg. Il lui
fit dire encore qu'il paraissait certain que Dumouriez élait à I!;ttenbeim depuis un mois, et lui ordonna d'écrire à Caulaincourt de
preudre le duc ou Dumouriez,
de les expédier à Paris dans deux
mitures dillërentes, sofü bonne et
sûre gard~. En mème temps, il
lui enjoignait de faire venir le
commandant de Vincennes et de
lui demander des renseignements
sur la situation du cliàteau et
l'endroit où l'on pourrait mettre
des prisonniers. Dans la soirée, à
g heures, un courrier, parli de
Strasbourg la veille à 1 heure du
matin, arriva à ,la Malmaison et
annonça les préparatifs de l'expédition.
Ce soir-Hl, Talleyrand, dans un
bal à l'hôtel de Luynes, répondit à une dame
1. l ' flùtoire vue par la Police : Les lndiscrétio11s d"un P1·é(et de Police de 1Va11oléon, publiées
par FR.Al&lt;iÇ01s CAsTA'.\"1~. Un beau vol urne in•8° Ccu, avec
32 illustrations hot'S texte LirCes sur fond chine. Prix,
broché : 6 francs. Jules Tallandi cr, éditeur

VI 1. - H1sTORTA. - F'asc. 49.

qui lui demandait quel sort élait réservé au
prince :
Cl On le fusillera. ll
A Strasbourg, le 16, le duc est prévenu
qu'il va changer de logement, qu'il sera à la
pistole pour la nourriture, le bois et la lumière. JI reçoit la visite du général Leval,
accompagné du général fririon qui, avec
Ordencr, était venu l'eale\'er, après lui avoir
fait dire sous main, à temps-, de s'éJoigner
au plus vite. Leur abord est lrè~ froid. Il est
transféré dans un pavillon d'où il peut communiquer avec de Thumery, Jacques et
Schmitt par des dégagf'ments. Hais il ne peut
sortir; on lui annonce pourtant qu'il aura la

LE DUC o'ENGIIJEN.
"( Lo u 1s -A:-1TOl:-IE·HEllRI DE B 0 UR l!O N), !~ (n80,1 .

permission de se promener dans un petit jardin derrière son pavillon. Un ofûcier et douze
bommes gardent sa porte. Le matin, il écrit
à la princesse de l\ohan, il fait remeltre sa
lettre au général Leval. Il n'a pas de réponse
.-... 33

w-

et s'en allecte. Il écrit alors sur un carnet de
route :
&lt;&lt; Les précautions sont extrêmes de tous
C( cütés pour que je ne puisse communiquer
(( avec qui que ce soit. Si celte posiLion durf',
&lt;&lt; je crois &lt;1ue le désespoir s'emparera de
n moi. A quatre heures et demie, on vient
« visiter mes papiers que le colonel Charlot,
(! accompagné d'un commissaire de sûreté,
cc ouvre en ma présence. On les Lit superfi&lt;&lt; ciellement. On en fait des liasses séparéi s
C( et on me laisse entendre qu'ils vont être
« envoyés à Paris. li faudra donc languir des
C! semaines, peut-être des mois! Le chagrin
&lt;( augmente, plus je réOéchis à ma cruelle
&lt;( position. Je me couche à onze
C( heures ; je
suis excédé et ne
et peux dormir. »
Le 16, le Premier Consul apprit par le télégrapbe aérien l'arrestation du prince et son arrivée
à Strasbourg. II donna aussitôt
l'ordre de le tran~[érer à Paris.
Toujours affermi dans sa résolution, pour se garantir de toute influence et réfléchir avec calme sur
ses déterminations, il évitait de
s'arrêter dans le salon de Joséphine, il se renfermait dans son
appartement prh·é. et refusait de
répondre à sa femme, qui venait
quelquefois frapper inutilement à
sa porte. S,m Ira vail, sa correspondance, si aclive ordinairement,
étaient suspendus.
Le 17 mars, transféré à la citadelle de S rasbourg, le duc d'Enghienjoue aux cartes avec Scbmilt,
son aide de camp. Il s'inquiète de
ne pas recevoir de réponse à la
lettre qu'il a écrite à la princesse
de Rohan.
&lt;&lt;
Je tremble pour sa santé,
cc écrit-il. Je suis bien malheureux.
« On vient de me fairè signer Je
« procès-verbal de l'ouverture de
c( mes papiers. Je demande et ob(( tiens d'y ajouter une note ex plie&lt; cative, pour prouver que je n'ai
« jamais eu d'autres mtenlions
« que de servir et tle faire la
C! guerre. Le soir, on me dit que
« j'aurai la permission de me promener
cc dans le jardin, wème dans la cour, avec
r1 l'offh·ier de garde, ainsi que mes compa« gnons d'infortune, et que mes papiers sont
&lt;c paçtis pour Paris par courrier extraordi3

�IDtiT0'/{1.JI _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ ____,
« naire. Je soupe et me couche plus con lent. •
.- Dans la journée, le com~andanl de _l_a
citadelle a annoncé au duc d Enghien qu 1I

a Dim~nche 18. - On vient m'enlever à
« une heure et demie du matin; on ne me
« laisse que le temps de m'habiller; j'em-

va plus loin encore : _il mêle à la con~pir~lion
des princes ... l'archiduc Charle• lm-meme,
l'ancien adversaire de Bonaparte en Italie! Il
demande à faire des perquisitions dans les
ambassades.
Alors Bonaparte se fàehe el ta~ce ,on beau[rère; il lui écrjt de ne pas se laisser amu~er
par de pareilles folies, de les rejeter bien lom,
et de ne pas souffrir que I on dise cela d~vant
lui. Il ne ,·eut même pas qu'il y ait la momd~e
surreillance autour des ambassades. El 1I
ajoute :
.
, Il n'y a pas d'autre _prin"': à Paris q~e
le- due d'Enghien, qm arrivera demam
(20 mars) à Vincennes. •
.
Ce même jour, le 19 mars, à dJI ?cures
du matin, arrive de Strasbourg un lro1s1ème
oourrier e1pédié le 17, à trois heures_ et
demie de l'après-midi : il apporle les papiers
du duc d'Eoghien que le commandant Chariol
et Je commissaire Popp ont remis, a,·ec un
procès-verbal, au général O~dener,
Le Premier Consul les hl 6évreusemenl;
il y remarque plusieur; pièces ca~ilal~s.
L'une entre autres, datée du i5 Janvier
1801,' esl la minute de la noie adressée par
le due à M. Stuart, chargé d'affaires de l'Angleterre à Vienne en l'absence de l'ambassadeur. Leduc commençait par dire qu'il s'élail
fixé sur le llbin dans l'.spoir d'événements
heureu1. Il rappelait qu'il avait déjà écril au
roi d'Angleterre pour lui demander à êlre
employé dans ses l~o~pes pendant le cours de
la guerre. Ayant ms1sté ~ d1ve~s_es. repra.ses
sans obtenir de réponse, 11 solhc1ta1l encore
« la gràcc d'être emplojé n'importe_ commenl où ni en quel grade contre ses 1mplacable; en~emis, les Franç:iis. ». Il demandait
à ètre autorisé à servir a,·cc sa solde anglaise
dans les armées des alliés de l'Angleterre, ou
à commander quelque corps de troupes auxiliaires où il pourrait placer quelques anciens
officiers de sa )é&lt;rion et les dé~erteurs français qui pourrai;nt venir le rej~i.ndre, son
séjour de deux a~s sur la ~ronuere de. ~a
France l'al'ant mis à porlee de pou,oir
compter sur ces déserteurs.
ffautres pièces prouvaient le .co~cert des
émigrés avec l'Angleterre, éta~l,ssa1enl que
le duc n'ignorait pas l~s men_ees de_ l)~ake,
ministre anglais i1 llumc!t, qu~ or_ga111~a1t ~~
complot à Paris; enfin 11 éla1t etahh qu 11
avait des affidés en Alsace, à Paris, à Brt'da
cl dans l'armée française en Hollande.
Le 20 mars Bonaparte ,·ient à Paris dans
la matinée. L~s Consuls arrêtent que le cid vant due d'Enuhicn, prJvenu. d'a,·oir porté
le: armes con\r; la Répuhlique, &lt;l'arnir été
et d'être encore à la sol&lt;le de l'Angleltrr&lt;, de
faire partie des complols. _tra_m_és par cel~e
puissance contre la sùrele mter1eure el exterieur~ de rÉtat, sera traduit devant une commis,ion militaire. Le mème jour, le général
Mural dési(fne les srpl membres de cette
commission° et prend des disposilions pour la
sûreté du prince, qui arrive par la ro~tc &lt;le
Meaux Pl voyage sous le nom d~ Plessis. I.e
commandant du cbàteau_ de _Vmcenn~s e~t
avisé de l'arrivée d'un pr1sonmcr dont 11 dmt
0

LA "!.\ISO~ HABITÉE PAR LE DCC o'EsGIIIEX A ETTE:-.illEDot.

aurait la libre disposition du jardin. Et le
prince, enchanté, a dit à Canone :
« Eh bien, c'est demain dimanche; nous
irons à la messe et lundi nous travail1erons ! »
Le Premier C.onsul, Yeou à Paris le
17 mars, reçul à quatre heures de l'aprèsmidi les rapports des généraux _Leval ;I
Ordener sur les opérations de la nml du la.
li prit la résolution de faire juJer le duc
d'Enghien par une haute cour martiale .et
désigna le colonel Préval, ?fficicr d'une distinction reconnue, pour en etre le rapporteu~.
Mural fil a1•p,•lcr cet o!ficier, lui dil qu''.I
s'anissail
d'un Bourbon pris en Jhgrant deO
lit et nomma le duc d'Enghicn. Le colonel
refusa en disant que son père et lui avaient
seni, ;vant la Révolution, au régiment d'Enghien.
.
Bonaparte dicta une nouvelle note rclattvc
aux looements vacants à \ïncenncs.
Le
à une heure du malin, on, rrap~e à
la porte de la chambre du due d Enghien'
qui dit à Canone :
.
« On Frappe à la porle, va ouvrir. )&gt;
Quatre hommes en\'eloppé:, de mante~ux
entrent. Ce sonl le commandant de la c1ladelle, le commandant Charlot, l"offimer de
(farde,
el le sous-officier l'fer~dorF.
0
(&lt; Monsieur le duc, dit Charlot, on vous
demande à Paris.
- Toul seul? demanda le prince. Ne
pourrais-je pr~ndre un de. m~s oHiciers ou
de mes domt"stlques au moins.
_ Je n'ai pas d'ordres là-dessus, Jl répond
Charlot.
L• prince s'habille, prend un paquet_ d_e
lingl", un peu d'argent et sa montre. Puis il
note sur son carnet :

t"s,

1c

brasse mes malheurcu:a: compagnons, mes
« gens; je pars seul avec deux officiers de
« gendarmerie et deux ~~ndarmes. Je lrom·c
(1 une ,·oit tire avec six dievaux de poste, sur
la place de l'é~lise. On me campe ded~ns.
" Le lieulenaot Petermann monte à côte de
(( moi; le maréchal des logis Pfersdorf sur
11 le siège; deux gendarmes,
un dedans,
(( l'autre dehors. )&gt;
llo1lof, le chien du prince, suit la voit~re,
au milieu de l'escorte de gendarmes &lt;1u1 se
relaient de deux en deux heures.
Quelques Alsaciens dévoués ~,·aient formé
le projet d'enlever le duc de vive force. à la
montée de la mon1a 11ne de Sa,·erne, qm est
très boisée, très raide°et bordée de précipices.
Le départ du prince les surprit vingt-quatre
heures trop tôt.
A Paris Bonaparte est informé par une
dépêche d~ départ du duc. li assiste ~ la
messe aux Tuileries (dimanche de la Pass10n)
et repart pour la ~lalmai~on l'après-~idi. En
route, Jo~éphine raconte a Mme dt! Remusat,
qui est montée dans sa voiture, que le. duc
d'Enobien a été arrêté près de la front,ère,
qu'ir°va être amené à •Paris et jugé. Mme de
Hémusat s'écrie :
« Quoi donc! Vous pemez qu'on le frra
mourir?
- Je le crains a, répond Jos,iphine.
Le bruit court plus fort que jamai; de la
présence d'un prince 13ou~bon dans la _v,I_I~.
.Murat, gom·crneur de Pam:, va plus 1~m.. ~l
désigne des princes et leurs retraites : 11, ecr1t
au Consul que le duc de Berry est cache chez
~I. de Cobenzl, ambassadeur de l'empereur
d'Allemagne, et le duc d'Orléans , cbez le
marquis de Gallo, ambassadeur de Naples. Il

.,

______________us

ignorer le nom et avec qui il communiquera
seul.
Ces ordres onl été dictés enlre quatre
heures el quatre heures el demie du soir : le
duc d'Enghien est déjà à Paris.
A trois heures de l'après-midi, il esl arrivé
à l'hôtel du minis1tre des Affaires éltangères,
rue du Bac.
Talleyrand, surpris, se rend aussitôt chez
Murat, gouverneur de Paris, pour ohlenir
l'autorfaation de faire diriger la berline du
prince sur Vincennes. Une heure plus lard,
le duc d'Enghien, qui n'est pas descendu de
voilure pendant l'absence de Talle)'rand, esl
conduit à Vincennes en suivant les boulevards
extérieurs. Il arrive au chàteau vers six heures
du soir. En enlranl au donjon, il dit, l'air
etfrayé :
« J'ai la chair &lt;le poule! »
Il est exténué de fatigue el n'a pas mangé
depuis vingt-six heures; il se laisse tombt'r
sur un lit dans l'apparlemenl de Hard, le
commandant du fort. On lui sert un repas;
en causant il d,t qu'il aime beaucoup la
chasse et que si le commandant veut bien le
laisser chasser avec lui, il engagera sa parole
d'honneur de ne pas s'évader. li parle du
grand Condé, son aïeul, qui a été prisonnier
aussi dans le donjon.
A la !lalmaison, le Premier Consul est informé de l'arrivée du due à Paris. Il dicte
une lettre pour Murat au sujet des dernières
dispositions à prendre : quarante gendarmes
d'élite et un piquet de soixante hommes d,s
différents corps de la garnison se rendront à
Vincennes sous la conduite de Sa\'ary. Mural
doit voir les membres de la commis:iion militaire et leur faire comprendre qu'il faut Ierminer cette nuil; et si la sentence, « comme
le Premier Consul ne peul en douter Jl, porte
condamnation à mort, elle doit être exécutée
sur-le-champ el le condamné enterré dans
une des cours du fort. c·est Sarnry qui porte
ces ordres à Mural, vt:rs six heurl's du soir.
A Maret, secrétaire d'État, qui se trouve à
la Malmaison, Bonaparte dicte une longue
lellre adressée à Iléal en !ni envoyant copie
de l'arrêté des Consuls. Il ordonne à Iléal de
se rendre sur-le-champ à \ïncennes et de
faire subir au prisonnier un interrogaroire,
dont les onze articles sont soigneusemE&gt;nl d1!taillés et expli(Jués, et dont les principaux
chefs d'accusation - particulièrement la demande de « servir contre les Français, ses
plus implacables ennemis &gt;&gt; doivent
entrainer une condamnation capitale. JI devra
en outre s'entendre .irec le capitaine-rapporteur du procès el le conduire à Vincennes
avec lui.
Depuis la veille, fléal était en possession
de Ioules les pièces du procès que le Consul
lui avait fait passer. llaret parlil de la liaimaison à sept heures du soir i il pouvait donc
êlre Jix heures, quand la lellre du Consul
rut remise che, Iléal.

A 10 heures du soir des délachemenls d'infanterie et quarante cavaliers de la gendarmerie d'élite, sous les ordres du général

JIYD1SC'lfÉTTOJYS D'UN 'P1t,'ÉFET DE 'Pouce DE 'NA'POL'ÉOJY - -..

Savary, aide de camp du Premier Consul,
occupaient le chàleau de Vincennes, ses avenues et ses environs.
La commission militaire était composée de
cinq colo·ncls commandant les régiments de
la garni-on de Paris, du général Hulin,
commandant des grenadiers à pied de la
garde consulaire, et du major de la gendarmerie d'élile Dautancourt, &lt;1ui faisait les
fonctions de rapporteur. Ils se réunirent au
châreau, vers onze heures. Le silence ayant
élé gardé sur le nom dn prévenu, c'est alors
seulement qu'ils apprirent qu'ils allaient
juger le duc d'Enghien. Tous ignoraient les
différentes circonstances de la :zrande conspiration, mais ils élairnt sous l'impression de
l'indignation générale qu'excitait sa découverte.
A minuit, le major Dauiancourt se rend
auprès du prince et procède à un premier
interrogatoire pour établir qu'il a émigré,
porté les armes c:mtre la France, est à la
solde de l'Angleterre, el fait partie des complols tramés par celle puissance. A la fin, le
duc demande, à être entendu par le Premier
Consul. Le major lui conseille d'écrire quel11ues
mots, au bas de son interrogatoire, pour solliciter une :rndiencP.. Le prince écrit alors
une note ainsi conçue :
« Avant de signer le présent procès-verbal, je Fais, avec imtance, la demande d'avoir
une audience particulière du Premier C.onsul.
Mon nom, mon rang, ma Façon de penser et
l'h(lrreur de ma situation mi_• font espérer
qu'il ne se refoscra pas à ma demande. Signe. L. A. H. de Bourbon. »
En attendant sa comparution de\·ant la

!one!, le duc d'Uzès, il l'avait vu à lloobeforl
en-Yveline,, près Bonnelles,
« Êtes-vous homme d'honneur, lui dit le
duc, et puis-je compter que vous remettrez
une lettre, celle tresse de cheveux et le journal de mon itinéraire, encore inachevé, à son
adresse?
- Je rnus le jure », répond l'oflicier.
!lais il y avait un témoin el, le dépdt remis, Noirol n'osa pas le garder el le porta à
son chef.
A une heure du matin, la commission militaire étant assemblée, le duc est conduit
devant elle. Dautanc,mrt lit l'inlerrogatoire;
le président lit l'arrèlé des Consuls et conslaie l'identité du prévenu.
Aux queslions 'f11i lui sont posées, le duc
répond (JU'il a fait Ioule la guerre contre la
République, qu'il est prêt à la faire de nouveau, et qu'il a désiré avoir du ser,·ice dans
la nouvelle guerre de l'Anglelerre contre la
France. Il reconnait être à la solde de l'Angleterre et en recevoir cent cinquante guinées
par mois. Le président lui dil qu'il doit avoir
eu connaissance d'un complot contre la personne du Premier Consul, le due répon~:
« J'ai soutenu les droits de ma famille.
lia naissance, mon rang, mon opinion me
rendenl à jamais l'ennemi de votre Gou"crncment. ,
On cherche à lui faire comprendre le danger de ses déclarations :
&lt;I Je \'Ois, dit-il, les intenlions honorables
dts membres de la commission ; mais je ne
peux me servir des mol·ens qu'ils m'offrent.,
On l'avertit que les commissions militaires
jugent sans appel; il répond « qu'il le sait

LE DUC o·E~GIIJF,',' : LECTURE or Jl:làE.\\ENT .\VA~T L'EXi'.:(TTIO'I,

comm1ss10n militaire, le duc cause a\'ec le
lieutenant de gendarmerie Noirot, qui lui dit
qu'étant, en 1789, à la campagne de son co-

et qu'il ne se dissimule pas le danger qu'il
court ».
Le président lui donne lecture de ses décla-

�.. -

msTO'l{l.ll

Réal Peri vit aussitôt au génPra1 Hulin pour
rations, le fait retirer, et fait évacuer la salle. Moylof, le chien russe, vint se jcler sur la
le
prier de lui lransmellre le jugement et les
tombe
de
son
maître.
A l'unanimité, le prince est condamné à mort
A cinq heures du matin, le p:énfral Savary inh•rro~atoires; n'ayant pas rPÇU de r~ponse,
pour a,·oir pris les armes contre la France et
sètre mis à la solde de l'Angleterre. li est rassembla ses hommes et reprit le chemin de il renouvela sa demande d'une manière plus
pressante. Le général envoya enfin lt's pièces
deux heures et demie du matin. Le général Paris.
du procès; la boude de clwveux,
Hulin ordonne aussitôt au rappor1'1tinêraire el uni:' lettre pour la
teur de faire ses diligences pour
princesse y étaient joints. Réal se
que le jugemenl de cpnclamnation
rendit à la Malmai,on.
soit ex~cuté. Le major DaulanSa,·ary y était arri\é Yers dix
court ordonne de réunir uu piquet
heures; il venail rl'ndre compte
d'exécution de seize gendarmes
de l'événement du malin. Il fut
à pied et .de faire charger les arintroduit aussitôt. Dè:- les premiers
mes; il, descendent dans les fossés
mots, le Premier Consul manifesta
et s'arrètenl à trois ou quatre pas
la
plus grande surprise. Il ne condu pavillon de la Heine. La nuit
Cl:'\'aÎt
pas pour4uoi on a\'ait juge'
est froide; il pleut. Au bout d'une
avant
l'arrivée
dt' Béal. Il me fiiair,
demi-heure, on dit aux gendarmes
a
dit
Savary,
a,'ec
d~s )'eux de lynx
qu'ils vont fusiller un conspiraet
disait:
teur qui ,·oulait rétablir les hor« li y a quelque chose là que
reurs de Rub~spierre et mellre tout
je
ne
comprends pas, Que la comà feu el à sang. Il va venir jusmission
ait prononcé sur l'a\'eu du
qu'à cinq pas d'eux . Le signal de
duc
d'EngbiC'n,
cela ne surprend
faire: Feu! sera donaé par un
pas .... Mais enfin, on n'a eu cet
officier qui enlèvera brusquement
aveu qu'en procédant au jugement
son chapeau. li fait si noir qu'on
qui ne devait avoir lieu qu'après
ne voit pas à un pas devant soi.
que Réal l'aurail inlt-·rrugé sur un
Un gendarme observe tout haut
pomt qu'il nons im11orte d'édairque l'épaisseur de la nuit ne percir
.. .. )&gt;
met pas de tirer; il lui est réEt
il répétait encore:
pondu qu'il y sera remédié. Cha«
li y a lt, quel4ue chose qui
cun se tait.
me surpass~ .... Voilà un crime, el
rendant ce temps le duc était
qui
ne mène à rien I J&gt;
couduit du logement du commanQuand il apprit que le prince
dant (au-dessus de la porte du
avait demandé à le voir, son étonBois) au pavillon du fioi, puis par
nement redoubla que l'on t-Ûl passé
des détours, à la tour da Diable,
outre. Puis il se tul longtemps et
où se trouve encore le seul escalier
MoYLOf'.
fit plusieurs !ours da11s sa biblioouvrant sur les fossés.
Ramené de Russie par le duc d'En~hien, il le suivit d'Ettènheim jusqu'au fossé
thèque, les mains croisét::s derrière
Vers trois heures du matin, au
de Vincennes, et fut recueilli parle marquis de Béthisy.
le dos, jusqu'à cc tiu'on annonçat
brait d'une !roupe qui approchait,
Réal. Il écouta ses explications,
le piquet se divisa en deux peloéchangea
quelques
mots avec lui et rt!tomba
A six heures, à la porte Sainte-Antoine, il
tons de huit hommes, toujours dans le plus
dans
sa
rêverie.
grand silence. Un officier de la gendarme- rencontra la voiture de Réal; le conseiller
La lecture du procès-verbal du jugemeul
rie d'élite, enveloppé d'un manteau, &lt;)'a• d'État, en grand uniforme, bas bleus et boufut
un nouveau sujet de pei11e pour lui; les
cles
aux
soulit"rs,
se
rendait
à
Vincennes
pour
vança; il était suivi du prince que l'on fit
arrêter à cinq pas au plus dt.!s gendarmes. interroger le prisonnier; il tenait à la main formes légales n'avaient pas été observées.
Cet officier lenait une lanterne sourde, Jour- les instructions dictées par le Premier Consul Les irrégularités et les omissions qu'il y renée du côlé du dur. Drrrière lui apparut une et remises chez lui la veille. 11 faisait roule marqua l'obligèrent à le [aire rédiger de
fosse rraîchement ou\'erte; le prince ne pou- du côté de Vincennes et avail l'air très pressé. nouveau. Quoique lt! Premier Consul ne mil
pas en doute que le duc d'Engbien ne fùt
&lt;f Et où allez-vous donc7 lui cria Savary
vait pas la ,·oir. L'officier, à la clarté de sa
condamné, il a\'ail dû laisser le jugement à
lanterne, lut au prince l'acte d'accusation nt en faisant arrêter sa voiture.
l'appréciation
de la commission militaire. Si,
- Je vais à Vincennes, répondit Tiéal, en
la sentence. Le condamné demanda à voir
comme
on
l'a
dit, la condamnation avait été
Bonaparle et à lui parler. L'officier lui ré- s'approchant, et j'y vais par ordre du Preimposée,
on
n'aurait
pas négligé d'instruire à
mier
Consul
pour
interroger
le
duc
d'Enghien.
pondit doucrment que cela ne se pom·ait pas.
l'arnn1:e
la
commission
des formalités pres- Que dites-vous 1 Le Prr1mC'r Consul ne
Alors le duc demanda à lui écrire; l'officier
crites
par
la
loi,
formalités
qui- se trouvèrrnt
opposa le même rdus. Enfin, il exprima le i:ait-il pas que le duc d'Enghien a dù être
ignorer
le
président,
les
juges,
le major rapdésir de mir un prêtre et de recevoir les se- jugé cette nuit 7 li vient d'être condamné et
porteu(.
On
peul
dire
que
le
jugement
fut
cours de la religion; il insista, disant que cxécurtS.
- Mais comment cela est•il possiLle 1 rendu sur un tambour. C'est un motif de
c'était l'aflaire J'une heure ou deux. L'oflirier,
d'une voix trisle, réponJit CfUe srs ordrrs élaient J'avais tant de 4uestions ~l faire au prince! plus de regretter l'incurie du président qui
Son interrogatoire pouvait découvrir lattl de ne crut pas devoir transmettre au Cmsul la
positifs. Et le prince, au désespoir, s'écria:
choses! Enc11re une affaire manquée el dans demande d'audience du duc; en quoi il se
et Combien il est affreux de périr Je b
laquelle 011 ne sau1·a. rien . Le Premier Consul fùt fait grand honneur et eût peut-être éparmain des Français! )l
gné au Premier Consul Je redoublement de
Dans l'instant, l'orficier saisit son chapeau sera furieux! D
Il~ rentrèrent à Paris. fléal ~rn1it attendu haines dont cet acte devint le prétexte.
et rn découvrit: huit coups de feu partirent.
D.rns le moment, Bonaparte parut comme
Le duc tomba foud,oyé et fut placé tout ha- toute la nuit le major Dautancourt à 11m il
billé dans la fosse préparée. L'ofticier ne sc devait remettre les pièces el qu'il devait con- allt'rré par ce concours de circon~tances adretira que lorsqu'elle fut comblée. A ce mo- duire à Vincennes. Mais Dautancourl n'avait verses. Tl écoula jusqu'au bout les explications de Réal; puis, sans un mot de désapment des aboiements lugubres relentirent et pas été prévenu .. ..

. ______________ L1;s

lNDlSCJfÉTIONS D'UN PH,,IffE.T DE PoLlCE DE NAPOLtON

VUE DES RE\IPARTS DE VINCENNES, LE21 MARS t&amp;q,A 4 HEURES ET DEMIE DU MATIN.
Dessin de L. RE:ilER.

--

.

�111STOR,.1.l!
probation ou d'acquiescement, il prit son chapeau et dit : c( C'est bien! &gt;J
On l'entendit monter lentement les marches
de l'escalier qui conduisait au petit appartement qu'il occupait au-dessus de sa bibliothèque; il s'y enferma et resta longtemps
sans reparaitre.

La conviction de ceux de ses intimes qui
suivaienl près de lui· la marche de ces événeuements si rapides, fut toujours que, satis-

fait de l'humiliation inOigée à ses ennemis, le
parti de la clémence l'eût emporté, si le prince
avait été-a1m•né devant lui. Le mal étant devenu sans remède, il acCf'pla hautement l'entière re~ponsabilité de l'acte; il se refusa à
dé~a\ouer tous ceux qui avaient trnu un rôle
dans cet évém•ment. li ne voulut mème pas
recevoir ou donner des explications sur les
motifs de l'arrivée trop tardive de néal à Vincennes. D'ailleurs comment ses ennemis auraient-ils arxueilli ces explications? ll 'prit
la fière résolution d'engager son enlière

A la nouvelle de l'événement de Vincennes,
la Rus~ie protesta contre la violation du droit
des gens et Ja cour prit le deuil du prince.
Talleyrand, qui avait donné un bal trois jours
après l'exécution, écrivit aux ambassadeurs
français qu'il fallait repousser avec moquerie
ces protestations, et Bonaparte dit publiquement qn'il ne supporterait pas la morgue et
les impertinences du Czar. Les journaux parisiens reprirent le récit de l'assassinat de
Paul Jer et accusèrent Alexandre de vivre au
milieu des assassins de son père.
Plus tard, à la paix de Tilsitt, en 1807,
Napoléon choisit intentionnellement pour amùassadeur à Pélersbourg Savary d'abord, puis
Caula.incourt, à cause de Jeur parlicipilation
à l'affaire du duc d'Engbien.

tait finir l'affaire de Périgueux, en exposa
sommairement, mais très vh ement l'objet.
Le comte de 1'oulouse l'appuya de ce ton
froid el d'indignation qu'un déni de justice
donne à un honnête homme. Tout le monde
tourna les yeux sur le duc de Noailles qui dit
en balbutiant que cette affaire exigeait beaucoup d'examen et que des ohjets plus importants l'avaient empêché d'y travailler. Le
comte de Toulouse el Saint-Simon répliquèrent qu'il n'y avait rien de si important que
d'éclaircir des accusations vraies ou fausses
qui depuis trois mois retenaient des citoiens
dans les fers. Le Régent ordonna donc au duc
de Noailles de rapporter celte affaire dans
huitaine. Noailles arriva huit jours après au
conseil avec un sac très plein. Saint-Simon
lui demanda si l'aOaire de Périgueux y était;
Noailles répondit avec humeur qu'elle était
prèle, qu'elle viendrait à son tour, et commença le rapport d'une autre, puis d'une
autre encore. A la fin de chaque rapporl,
Saint-Simon demandait toujours: fi:/ /'affaire
de /&gt;àiguc-ux? ,C'était un jour d'Opéra où le
Régent allait toujours en sortant du conseil;
et Noailles s'était flatté d'amuser le bureau
jusqu'à l'heure do spectacle et peul-être à la
fin de faire oublier Périgueux. Enfin, l'heure
de !'Opéra étant arrivée, Noailles dit qu'il ne
restait plus que l'affaire en question, mais
que le rapport en serait si long qu'il ne rnulail pas priver M. le Régent de son délassement et se mil tout de suite à serrer ses papiers. Saint-Simon, l'arrêtant par le bras et
s'adressant au Régent, lui dt'manda s'il se
souciait si furl de l'opéra, cl s'il n'y préférerait pas le plaisir de rendre ;ustice à des

malheureux qui l'imploraient. Le Régent se
rassit et consentit à entendre le rapport.
Noailles l'entàma donc, aYec une fureur
concentrée, mais Saint-Simon, qui était à
côté de lui, avait l'œil sur toutes les pièces,
les relisait après Noailles, et suivait le rapport avec la défianee la plus affichée et la
plus outrageante. L'affaire élait si criante
que Noailles conclut lui-même à l'élargissement des prisonniers, mais il voulut excuser
Courson el s'étendit sur les servires de IlasYille, son père. Le pétulant Saint-Simon l'interrompit en disant qu'il ne s'agissait pas du
mérite du père, mais de l'iniqui1é du fils,
et, en opinant, ajouta qu'il fallait dédommager les prisonniers aux dépens de Courson,
le cba~ser de l'intendance, et en faire une
ju:;tice si éclatante qu'elle senit d'exemple à
ses pareils. Le Régent dit qu'il se chargeait
du dédommagement, qu'il lavernil la tete à
Courson qui méritait pis, mais donl le père
méritait aussi des égards; qu'il cassait cependant les ordonnances de Courson avec défeme
de récidiver. Saint-Simon demanda que l'arrêt
fùt écrit à l'instant, n'osant pas, dit-il, s'en
fier à la mémoire du duc de Neail/es; et le
Régent l'ordonoa. Noailles, tremlilant de fureur, pouvait à peine tenir sa plume; SaiotSimon, pour le soulager, se mit à lui dicter.
Quand Noailles en fut à la cas~a1ion des ordonuances el à la défense de récidiver, il
s'arrèta : Pow·s11ivez donc, lui dit Saint-Simon, tel est l'arrêt. Noailles regarda tout le
conseil pour voir s'il n'y aurait point d'adoucissement. Saint-Simon interpella toule la
compagnie qui fut là-dessus d'un avis unanime; ainsi finît l'affaire de Périgueux.

1

Un déni de justice

Courson, intendant de .Bordeaux, élail le

fils de Lamoignon de Gasville, le despote du
Languedoc, et avait élé intendant de Rouen.
Le brigandage de ses secrétaires et l'arrogante prétention qu'il leur donnait avaient
pensé le faire lapider à nouen donl il élail
d'abord intendant. li fut obligé de s'enfuir el
le crédit de son père le fil passer à l'intendance de Guienne. L'esprit du despotisme
qu'il avait puisé chez son père, sans en avoir
Ja capacilé, le porta à imposer des taxes de
son autorité privée. La ville de Périgueux lui
porta ses pl 1intes et, pour réponse, il fit
mettre en prison les échevins. La ville envoya
des d~putés à la Cour réclamer contre la tyrannie; mais ils furent plus de deux mois à
assiéger le cabinet du duc de Noailles, sans
pouvoir passer l'antichambre. Ce ministre,
ami de Courson, voulait, à force de lougueurs,
relmterces malheureux.D'ailleurs, une maxime
des l)Tans et sous-tyrans est de donner toujours raison aux supérieurs. Par bonheur, le
comte de Toulouse, parfaitement bonnète
homme, entendit parler de !"affaire. li en
instruisit quelt1ues_membres du conseil de
régPnce et particulièrement le duc de SaintSimon, ennemi juré du duc de Noailles, et
qui meltait à tout la plus grande vivacité.
Le premier jour que le duc de Noailles
vinl rapporter au conseil de régence, le duc
de Saint-Simon lui demanda quand il comp-

qui se faisait en France sur celle affaire, il
rouvrit son testament et y ajoula une nouvelle proteslalion et l'affirmation absolue
que, dans le même cas, il agirait encore de

reI-ponsabilité, de tout assumer sur lui.
Toutefois, trois jours plus tard, le 24· mars,
ayant appris qu'on murmurait _beaucoup à
Paris, il se rendit au Conseil d'Elal et parla
des derniers érénemcnts. li prit de suite la
parole : « Que la France ne s'y trompe pas!
dit-il, elle n'aura ni paix ni repos jusqu'au
moment où le dernier individu de la race des
Bourbons ~era exterminé. J'en ai fait saisir
un à Ettenheim; quel droit des gens ont à réclamer ceux qui ont médité l'assassinat, ceux
qui l'ordonnent et le paient? Et l'on me parle
aujourd'hui d'asile! Quelle hadauderie! C'est
bien peu me connaitre. Ce n'est pas de l'eau
qui coule da11s mes veines, c'est du sang! li a
fallu faire voir aux Bourbons, au Cabinet de
Londres, à toutes les cours de l'Europe, que
ceci n'est pas un jeu d'enfant. 1)
li fit mieux: malgré les attaques les plus
furieuses et les cris de rage, il s'imposa à
lui-même le silence. A Sainte-llélène, deux
iours avant de mourir, sachant tout le bruit

...., 38

w-

,.L~.'[{-"~

~

FRANTZ FUNCK-BRENTANO

.,.

mème.

DUCLOS.

~

, .

L'Ajfaire du Collier
XXI'(

La Bastille (suite) .
.\ Versailles la cour était hostile à la
reine. La noblesse et le clergé poussaient des
cris ai;rns à propos de l'arrestation retentissante du 15 août et cropient devoir se solidariser avt&gt;c l'un de leurs principaux représrnlants. &lt;! A la ville, dit la Correspondance
secrète. on accusait Mme de la Motte et le
C:lrdînal; mais à la cour on accusait la reine. n
Enfin le Parlement!. entraîné par le jeune et
fougut&gt;ux Duval d'F:prémesnil, se prononçait
ouvertement en faveur de celui qu'on appela
immédiatement &lt;I une illustre victime )&gt; de
l'arbitraire royal et des infrigues ministérielles. L'arrestation du 15 août était proclamée un coup de force et une illégalit,:.
cc On se récriait contre un acte aussi absolu
de despotisme que l'était celui de l'enlèvement de S. E. le prince Louis de nohanGuéméné, queq uelques per~onnrs attrihuaient
à l'animadver:,Îon parliculière d'un ministre
empressé d'exercer sa vengeance 1 • &gt;J
!!me de la Motte arriva

a la

Bastille le

20 août, à quatre heures du matin. Avec la
Yivacité de son esprit elle avait dès le premier
moment bâti tout un système de défense,
unissant ses rancunes, ainsi qu'elle le fit
toute sa vie, à ce qu'elle croyait son intérêt.
On a dit sa rivalité avec Cagliostro. Elle n'avait
pas lardé à démêler que l'alchimiste la desservait dans l'e~prit du cardinal. D'autre part,
ce personnage étranger, parlant mal le français, bilarre d'allure, doublement suspect en
qualité d'ale bimiste et de franc-maçon, dépensant des revenus immenses dont per~onne
ne connaissait la source, et soupçonné de
pratiquer l'e::-pionnage, lui paraissait l'homme
à endosser les responsabilités. Elle le charo-ea
dès son premier inl errogatoire. Le 25 :loÛ.t,
Cagliostro et sa femme étaient embastillés.
cc Le. comte de Cagliostro, écrit Hardy, arrivé
depuis peu dans la capitale où il faisait étalage de prétendus secrets et d'un charlatanisme de nouveau genre, passant d'ailleurs
pour espion, vient d'è1re arrêté avec son
épouse soi•disaut maîtresse du cardinal. n
Mme de la Motte se montrait donc rassurée.
Son mari et Rétaux étant en fuite, il était
1. Gau:lle d'Amsterdam. 27 sept. 1785, conrirmêe
par !es ~lèmoires de lime C:ampar,.

difficile d'apporter contre elle un témoignage
probant. Le car~inal avait négocié directement . a,·ec !es JOailli"rs. La pii':ce si~née
n Mar1e-Antomette de France &gt;&gt; était tout enti~re de son écriture, hors la signature contrefaile par flétaux. C'est entre ses mains que
le collier avait été remis. Mme de la ]lotte ne
s'~larma que le jour où elle apprit qu'on faj.
sa1l chercber nétaux de Villette hors de
li'rance. Vergennes réclamait son extradition.
A celte nou\'elle elle vit l'urgence de faire se
sauver la d'Oliva. Si Ilétaux était sai~i il
pourrait indiquer le nom de la firrurante et
0
•
l'accord de leurs dépositions deviendrait
écrasant.

me relient captive et la même main qui me
frappe peut mettre vos jours en danger à
cause de la scène du Bosquet, si vous ne sortez de France. l) Nicole, effra)·ée, partit de
suile avec son amant, Toussaint de Beausire,
et gagna Bruxelles:;. Elle s'y installa sous le
nom de Mme Genest; mais la famille de
Rohan, qui mettait la plus grande ardeur à
-répandre toute la lumière possible sur l'instruction du procès, ne tarda pa~ à l'y retrom·er. L'abbé Georgel écrit à Vergennes
dès le 12 octobre 1785, au nom des princes
et princesses de l\obao, réclamant l'assistance du _ministre d~s Affaires étrangères
pour obtemr l'arrestation et l'extradition de
la fugitive. Vergennes s'empressa de rédiger
une dépêche sur ce sujet pour llirzinger,
chargé d'affaires du roi de France auprès du
L'extradition de la baronne d'Oliva gouvernement des Pays-Bas autric-hiens. Dam
et du chevalier de Villette'.
la nuil du 19 au 20 octobre 1785, la pauvre
petile Nicole fut arrêtée à Bruxelles avrc son
Du fond de la Bastille, Mme de la Molle ami et incarcérée dans la prison dite Treutrouva le moyen de faire tenir un avis il renberg. LPurs effets furent mis sous scellés.
Le comte de Belgioioso, ministre au gouvernf'ment des PaJs-Bas autrichiens et le conseiller au conseil privé, Reuss, s'étaient montrés et continuaient de se montrer d'une
complaisance surprenante. Nicole était donc
en prison; mais voici que rnrgit une difficulté. L'extradition était contraire aux privilèges du Brabant. Quel embarras! li se trouva
heurem:emf'nt un moyen de lever l'obstacle:
• Pour aplanir (ces difficullés) écrit le ministre des Affaires étrangères à l'abbé Georgel_ le 2_4, octobre, o? suggf're un expédient
qm a ete quelquefois employé avec succès.
Ce serait de déterminer ces prisonniers à demandtr f'Ux-mêmes leur translation pour
aller 1,e défendre en personne à Paris. l&gt; A
cette fin, il serait nécessaire d'envo)"er ~
BruxellPs une personne de confiance ou un
ins_pecteur de police hahile et expérimenté.
Th1roux de Crosne proposa ..J.'inspecteur des
mœurs Quidor, et celui-ci accepta Ja mission
d'aller démonlrer au lapin qu'il était de son
intérêt d'être mangé.
CHARLES DUVAL o'EPRfMESNIL.
Arrivant à Bruxelles, Quidor vit d'Oli\'a à
Gravure de LEvActti::z.
la prison Treurenberg. Mais il la lrouva rétive. Cette mauvaise petite tète n'était riPn
moins que disposée à réclamer elle-même
Nicole d'Oliva, rue Neuve-Saint-Augustin, où son extradition. Elle avait tout au contrairf'
celle-ci était allée demPurer depuis le 1er juil- introduit une requête au Conseil du Brabant
let. « Une calomnie atroce, lui mandait-elle, protes1.1ut contre son arrestation illégale et

xxrn

2. D'après les documl'nts conserves dans les A1·ch.
des Aff. llrang., !lém. cl doc . , France 1300 cl 1400.

_3._ L pmepo~t. pou~ Dru:i:cllc!l fut déli"ré p,,r te
rr,1mstè1~ deF Afü,ues clrangèrcs 1e ~5 H'Jll, J ,i&lt;5 .

�• - H1STO'J{1A
demandant - eùL-on imaginé cela? - sa
liberté. &lt;( Au premier coup d'œil, écrit Quidor, j'ai reconnu la demoiselle d'OHva pour
èlre inscrite chez moi depuis longtemps sous
le nom de Signy. Elle n'a jamais joué un
grand ràle, même comme fille galante. Je la
crois plus bête que coquine et méchante. n
Le comte de Belgioioso et le conseiller
Reuss, const&gt;iller au conseil privé de l'archiduchesse. continuèrent de prêter leurs bons
offices . Qnidor fut éloquent. Beausire faisait
tout ce que voulait sa mailresse et celle-ci
faisait tout ·ce que chacun voulait. Si bien
que les deux captifs finirent par rédiger le
mémoire qui suit :
La demoiselle )l:irie-~icole Le Gu:iv el le sieur
Beausire, arrèlCs en celle ville penda~,t la 11uit ùu

19 au 20 rle ce mois et dêtenus dt&gt;puis cc temps à
fa prison dite Treurenbcrg, ont l'honneur d'expoic1· très respectueust'ment à Son Excellence ~I. le

comte de Bel;!_ioioso que, ne connaissant pas le
genre de délit pom· lequel ils sont arrètés el leur
présence devenant absolu111ent nécc~saire ù Paris,
ils prennent la respcctueus&lt;1 liberte de supplier
Son Excellence de vouloir bien faire lever l'ordre
l'll îerlu duquel ils se lrouvl'nl détenus en ladite prison de Treurenbcrg et de leu!' accorder
leur liberté, que leur conduite à Bruxelles n'a pu
leur faire ôfer, déclarant au surplus renoncer formdlemcnt cl désavouer autant que besoin la requête présentée par ladite demoiselle l\icole Le
Guay, le 29 de cc mois, au Cunseil souverain du
13rabanl, i1 la charge du sieur Carton, lieutenant
&lt;le polit·c de celle ville, et s'en rapportant enliè1cmenl, pour la gdce 11u'ils sollicitent, aux bontés d'un mini!:tre aussi bienfaisant que celui dont
ils ont en celte ocrasîon sollicilé la justice et la
clemeoce. fait à Bruxelles, le 5 t octobre l i83 1 •

« En suite de quoi, poursuit Quidor, je
n'ai eu besoin que d'un peu de finesse et de
prudence pour sortir la d'Oliva et Beausire
des terres de l'Empire et _les amener à la
Daslille. »
Les malheureux jeunes gens se virent en
outre dépouillés de l'argent et des effets qu'ils
avaient emportés, &lt;1 J'ai, au surplus, autorisé,
écrit Vergennes à Breteuil, à acquitter les
ftais occasionnés par la détention des prisonniers à Bruxelles, à 1a déduction d'une
somme qui a été trouvée sur Beausire lors
de son arrE'station. JJ On ne se contentait pas
de faire solliciter par le lapin la faveur d'être
mangé, on lui faisait encore pa)'er la sauce.
Or Beausire était entièrement étranger à l'affaire du Collier, il n~ fut mème pas dans la
suite appelé devant le Parlement.
Restait à récompenser le comte de Belgioioso et le conseiller Reuss de leur bon
vouloir. Pour le conseiller au Conseil privé de
l'archiduchesse, Quidor propose crûment, dans
u11e lettre au minislre, de lui donner 50 louis.
Vergennes se dêriJa pour une tabatière en
or. &lt;( Vous voudrez bien, écrit-il au chargé
d'affaires J-lirzinger, témoigner ma sensibi1. Arclt. des Aff. élrnng., 11~m. cl doeum. ,
France l:'1!)9, 1' 273.
2. l.cllrc en date du 20 mars li86, adressée i,
Tronchin, minl,ti·c de la llépuhli&lt;pic de Gcnè\·c auprès du roi tic Fram·r, ('l communiquCc pal' celui-ci à
Ycrgr1_1nes, Arc/1. cles Aff. élrang:, llém. et docum.,
France 1400, f"' ti!)-74: cf. :iu St1Je l d,i relie lcllrc,
Bibl. 11af. , ms. Joly de Fleury 2U88, r• 23.t
0

"·------------------------------------ L' AFFJll~E
lité à cc sujet à M. de Reuss et l'engager à
accepter une tabatière que je vous envoie cijointe. Vous la lui remettrez de la part .du
roi comme une marque de salisfaction que
Sa Majesté ressent de sa conduite et de ses
bons offices. l)
Rétaux de Villette s'était réfugié à Genève
où il virnit caché sous le nom de Marc-Antoine Durand. Ce fut encore l'in!-ipecteur Quidor qui fut chargé de le découvrir. li obtint
des syndics l'ordre d'arrestation, laquelle se
fit le 15 mars 1786. Oans sa prison, à Genève, Rétaux rt&gt;ÇUt plu:-.ieurs fois la visite de
l'auditeur Bontems. Nous avons une relation
détaillée de Ja conversatwn que celui-ci eut
avec le prisonnier ainsi que des interrogatoires que les syndics avaient ordonnés.
Bontems était parvenu à gagner la confiance de Rétaux.
« Ma prison ~era-t-elle longue? demanda
CPJUÏ-Ci.
- Je l'ignore, répondait l'audileur, votre
élargissement ne dépend pas de moi.
- A Paris, le Parlement m'a-t-il décrété?
- Mais, comme vous a\·ez l'air inquiet,
disait Bontems, il semblerait que vous êtes
entré bien avant dans les intrigues de Mme de
la Moue?
- Il est permis de n'être pas tranquille,
lor~qu'on a compromis la reine dans sa personne et dans sa signature.
- Que dites-vous là, insista Ilontems.
Seri,z-vous impliqué dans ce qu'a fait la demoiselle d'Oliva? "
A ce nom, fiétaux eut un sursaut, suivi
d'un grand embarras.
« La d'Oliva serait-elle arrêtée?
- RIie est à la Bastille.
- M'a-t-elle nommé, le savez-vous? En
a-t-on parlé dans le public? Celle _fille seule
peut me compromettre, car je suis bien !:=Ùr
que Mme de la !lotte ne me nommera pas.
Mais si cette fille a parlé, je suis un homme
perdu'! »
Rétaux de Villetle fut écroué it la Bastille
le 20 mars 1786.

XXYIII
A la poursuite du comte de la Motte'
Nicole d'Oliva et Rétaux de Villette étant
arrêtés, il ne manquait plus que le comte de
la Molle pour que le Parlement eùt sous les
vt&gt;rrous de la Bastille tous les acteurs de l'intrigue. La capture du mari de !eanne devait
être de la plus grande importance, car ses
dépositions eussent contribué à mettre la vérité en pleine lumière. Aussi l'abbé Grorgel,
porte-parole des flohan, talonnait-il les miuistres, les pressant dcl faite leurs eOOrts
3. Documents contenus dans le. m&lt;1. )lém. et docum .•
France 1400, aux Arch. des AD'. élra11g. , en parliculièr le rapport 1ti juin HSti) (fo lïuspecleur Quidor
tf·• '.l26-227 ) ; - ra.ppol'l d·un nommê Le fü:l'cic1·
ragent de la police fran\·aisc j, puhl. par Peuch, l,
,\[/moires lfrés des Arcltivrs de la 1mlice, Ill, lil1ia; - lcll rcs de l111ha1~ i, Targel, Bibl. L'. de Par!·s,
ms. de la rCscrrn; - ,!eclaral1on sous sel'mt"nt fo1tc

pour parvenir à l'arreslation du fugitif; mais
l'extradition ne s'obtenait pas en Angleterre
comme en Belgique et en Suisse. Aucun pa)'S
ne se montrait plus jaloux de son droit
d'asile.
On eut tout à coup une lueur d'espoir. Le
comte d'AdhPmar, ambassadeur de France en
Anglelf'fre, venait de transmPltre à MarieAntoinetle une lettre datée d'Édimbourg du
20 mars 178G, signée d'un certain Fraeçois
Bénevent, dit Dacosta, ~ maître de langues
modernes n, qui s'offrait, moiennantfinances,
à livrer, non seulement La Motte, mais les
diamants dont il était porteur.
&lt;&lt; Ma situation, disait-il, m'oblige à un pas
auquel mon cœur répugne; mais si je sacrifie
le comte de la Moue-Valois, je ne fais que
donner une viclime à la justice en rf'Jevant
ma pauvre famille, pendant qne tant d'autres
devitinnent grands et riches en ne sacrifiant
que des innocents. »
Bref Bénevent offrait de livrer La Molle et
son trésor moyennant la somme dP 10 000 guinées qui représentaient plus de 260 000 franc,.
Vergennes rfpondit au comte d'Adhémar
en date du 4 avril : la reine elle-même lui
a,·ait remis la leltre de Béneveot; le roi consentait à ,·erser 1es JO 000 guinées demandées
&lt;'Ontre livraison du comte de la Motte :
1000 guinées seraient payables d'avance et,
pour le restant, toutes garanties seraient données jusqu'au moment du versement intégral
h eflectuer le jour où le comte serait remis
en lieu de sûreté, à Dunkerque, à Calais, à
Dieppe, au Havre, ou rn quelque ;iulre port
des côtes françaises. Le minü,tre recommandait cependant à l'ambassadeur de procéder
de façon qu'on ne pût présumer qu'il eùt autorisé l'enlèvement en Ang-leterred'un réfugié•.
Depuis son arrivf\e à Édimbourg, le comte
de la Motte et Georges, son domestique, prenaient leurs repas chez un CE'rlain Boile, qui
y tenait un établissement assez fréquenté.
Bénevenl Dacosta, italien d'origine, y Yenait
sou,,ent. C'était un vieillard de soixante-dix
ans, de belle figure, l'air ouvert et parlant
beaucoup.
« Vous devriez, dit Georges à son maitre,
faire venir cet homme ici sous prétexte de
vous pnfectionner daas la langue italienne.
Comme il fréquente les meilleures familles
de la ülle, il rntend raisonner sur l'alTaire
qui vous intéressE', et sous ce rapport il serait
possible qu'il vous fût utile. &gt;&gt;
Le comte ne tarda pas à comprendre qu'il
pouvait tirer du vieux professeur un parti
plus imµortant. Dacosla était marié à une
Française beaucoup plus jeune que lui. La
Motte vint demeurer avec eux. Il se donna
pour leur neveu, t:hacun le regarda C'Omme
tel, et il se trouva abrité de la sorte au sein
d'une famille dont il paraissait faire partie
intégrante et qui le garantissait contre les
le 5 avril 1786 par ~larle-Brnjamine Grillon, femme
de 8ént•\'Clll llacosla, pul&gt;l. daus les Mémoires du
comte de la Jlolle, Cd. J.acour, ·fl· 153-5:'I, cl d:ins la
rie de Jea1111e dt: Saint-1/émy, Il, ~80; Mémoire,;
du comte de la .l/o!le, dans lem doul&gt;lc rédaction:
l'une. publiée par l.ouis 1acvur (Paris 1H58); 1'11utre,
conscnèc aux Archivr.s 11ationales, P 67,0i, .\17271.
i-. Arclt, desAff. étra11g., France HOO, f" ~9-90.

DU COLLTE~ - -..

recherches toujours reduulées. Il ne pourait une Yille fort agréable, écrit-il, sur Ja Tine, il compromf'ttrait sa ,,ie sur le pavé de Paris,
plus èLre signalé que par Dacosta. li pap les à d"ux lieues de la mer : il y règne un grand tant que l'occasion se pré,enterait, mais qu'il
dettes du vieux ménage, lui fournit de l'ar- mouvement en raison de ses mines de connaissait le danger d'opérer en Angleterre
grnl, congédia l'interprète qu'il s'étail allaché charbon. &gt;J
et qu'il ne voulail pass'e.xposcr à être pendu. )l
et, meltant tuute sa confiance
L'amhassadeur s'efforça de le
en son hô1e, crut de ce jour
ra!SUrer, pui!:-, de commun acpom'oir viHef'n :-écurilé. Nous
cord avec d'Aragon, on précisa
venons de voir ce qu'il en adla ligne de conduite à suivre.
vint.
" Le capitaine (du cba,bonLe comte d'Adhémar fit ,anier), sous prétexte de chargevoir à Oacusla que s.a propomt'Ill de charbon qu'il fera
silion él~IÎl agréée. Le 7 avril
réellemPnl, s'informera des
1786 il eharg&lt;'a Sibille d'Arausages du p1,rt et assurera du
gou, son pr, niier secrétaire, de
cà:éde la mt1r tous ses mO)'f'ns
l'exécution du projet dont cede départ. Quand le terraiu à
lui-ci traça le plan. D'Aragon,
Shields aura été bien reconnu,
anci.. n olficier, qui avait scni
le capitaine et l'im-pecteur paren Amérique sous les ordres
tiront pour Uunkerque, où
de fiochamhPan, élait homme
l'inspeetPur trourera deux de
d'action. Bénevent obtiendrait
ses records qu'il embarquera
de la Molle qu'il quitlàt Édimtout de mite avec lui, sur le
bourg en lui persuadant qu'il
pdit bâtiment qui fera voile
n'y était plus t&gt;n sùrdé. Il se
pour Shit"Jck Le second inrendrait avec lui à Newcastle,
~pecteur de police resté à Lonsur la T1•ne, daus le Nor1humdres se rendra alors par terre
berland, d'où il ne serait pas
à Sbield~ avec M. d'Aragon.
difficile de faire venir le corole
L'on enverra chercher Bénevent
au port de Shit•lds. Deux in•
et font le monde se concertera
•
specteurs de police vrnus du
dans un lieu qui va ètre con(1,r. itn-v th:i,Q,.,j~,';_ ,k / J, ,t, .f,[;;u',111tl ,).( A.,,1.a,._ 11&lt; •
Paris à Londrt's et de LondrlS
venu au premier voyage dm..,,,i, fi,/.,.._'/._, ,1,,'.,,; ,.,.[;,,.,_, d./,._4,"')4,,/,{k
à Nrwcastle seconderaient l'lta1iné à la. reconnai:'lsance des
Jicn; d'autre p;irt, deux autrt&gt;s
lieux. &gt;&gt; .\ux inspecteurs cuxol'îiciers de police viendrait'nt
111êmes la réussite semhle à cc
jusqu'à Shield.,, par mrr, dans
momeut cert:iine. Dacosla est
un vaisst'au d1arbonuier, dont
appelé à Londres pour fixer
LETTRE ADRESSÉE PAR LE BARON DE BRETEUIL A ,'\[. DE LALNAY,
l'équipage, composé de cinq à
les derniers points. L'ambasGOUVER'-EliR DE LA BASTILLE, LE JOUR DE L'ARRESTATION DU CARDINAL DE ROHAN.
six hommes Sl'Ult&gt;menf, serait
s:ideur de France et rnn :-.ecréD'après l'original conserve à la Bibliothèque Je l',\i·senat.
d'un dé"ouement mis ù l'étaire eurent avec lui une conprPuve. Les mines de Xewft:rence dans un lîacre; mais il
castle étaic•nt en pleine actin'y avait pas de dame voilée.
vité et il DE' paraitrait pas surprenant qu'un
Le 50 avril, les inspecteurs Quidor et
Le mardi 16 mai. à l'entrée de la nuit, les
,·aisseau français vînt jusqu'à Shields pour y Grandmaison recevaiPot leurs pas.seports pour inspPcteur.s Quidor et Grandmaüon quittèrent
charger du charbon. Au moment voulu, Da- se rendre par le port de Oieppe à Londres. Le Londres en chaise de poste, accompagnés par
costa verserait un narcotique au comte de la 12 mai, l'inspecteur Sur!JOis, accompagné d'Ara/!on. Roulant nuit et jour, ils parvinrent
Motte. Assisté drs deux inspect.. urs venus de d'un ageut de la police nommé Chariot, rece- le jeudi soir i1 Neweastle. On était convenu
Paris:, il le roulerait tout endormi dans des vaient des passeports de leur côté: ils devaient d'un lit·u où Dacosta devait venir. D'Aragon
couvertures, le transporterait comme un frétt&gt;r le vaisseau charbonnier pour Shields. lui écri"it aussitôt, Pt comme l'ltalien ne parut
ballot jusque dans un canot arrivé à la côte, A (Juidor et à Grandmaison étaient assurées pas, il alla lui-mème le chP-rcher. ~lais nos
lequel, en peu de minutes, ahordt'rail le une somme de 50 000 livres et une pension compagnons le Lrouvèrent dans des disposivaisseau charbonnier slationnant en mer: et, en cas de réussite; 1,..s récompenses remises à tions toutes transformées. Il paraissait étonné,
voiles dehors, le vaisseau ci11glerait vers Ja Surbois et à Chariot ne devaient pas ètre infé- contrarié, fàché de voir arriver les inspecFranre. Complots de brigands : ils furent riPures. Un a dit que Bénevent recevait pour tPurs pour terminer une affaire qui, disait-il,
conçus le plus sériem:ement du monde par ,a part plus de 260000 livres. A ces chilTres n'était même pas commencée.
l'ambas~ade de France à Londres, en colla- on peul jugn de )'importance que la cour de
C( Vous auriei dù
Yous presser moins.
boration avec le ministère des Affaires étran- France attachait à faire paraitre devant le répondait-il à d'Aragon, e~ vous auriez reçu
gères et la lieu t,..nance générale de police à Paris. Par]t'meut tous ceux qui pouvaient faire con- ces jours-ci une 1~ure, parlie aujourd'hui,
L'ambassadeur estimait que le plan ne naître les dessous de l'affaire du Collier.
par laquelle je vous mande de venir pour
pouvait échouer.
Le 10 mai, d'Adhémar rend compte dans con&lt;'lure, si vous avez intention, les condiLe 20 avril t786, BéneYentécrivaitd'Édim- une It tlre à Vergt'nnrs de son tnlrevue a\'ec tions que Je vous avais proposées, et concerter
bourg à Sibille d'Aragon : cc Je vous ai pro- les inspecteurs Quidor f'l Grandmai.son arriléS ensuite les moyens d't.&gt;nlevrr le sieur de La
mis de vous annoncer notre départ pour à Londres. Le lieutena?Jt de police n'avait pas Moite ..Je n'ai point encore été à Shields :
Newcastle. J'ai donc l'honneur de vous dire fait connaître à Œ-S derniers, en leur donnant
« 1&lt;\ parce que le sieur de la Molle,
r1ue nous partirons dans le coura1,t de la se- leurs in~tructions au moment dt• leur départ, effrayé d'un paragraphe d'une gazelle d'Édimmaine, sans faute. )) Il ajoutait : (( Je ne l'objvt exact de leur mission. « L'un ùes deux bourg, où on assurait que de faux amis, qui
vous dirai rien &lt;ll's propos infàmes que la inspecteurs de police, écrit l'aruhassadeur, avaient su capter sa confiance, a"aient fait
~loue dit arnir été le11us par le cardinal au m'a montré assez de répugnance pour l'el:pé- marché pour le livrer à la Fiance, m'a obligé
sujet de fa réine : ils mot tels que ma plume dition dont il était chargé. li m'a dit à plu- de partir précipitamment;
refu~e de les tracer. J&gt; La .Molle ,,int à sieurs rt'prises qu'appuyé en France de l'auto&lt;1 2°, parêe qu'arrÎ\'é ici il a préféré y
Newcaslle où il se plut be.iucoup. C! C'est rité et ne craignant personne corps à corps, rester plutôt que d'aller i, Shields;

�_ _ filSTOR,.1.JI - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - « 3°, parce qu'avec un homme bourrelé
de remords. et dont tau tes les idées ,,ariPnt
à cha4ue instant, je ne peux pas mettre trop
d'adresse et de prudence dans la manière
d'insinuer le parti que je désire lui faire prendre, sans
lrop insislt•r d'abord, crainte
de faire naître des soupçons;
&lt;( 4°, parce qu'il faut plu,;
de temp~ que vous ne pensez
pour chercher et trouver une
maison telle que je la veux j
c&lt; 5°, parce qu'il mllurait
fallu 50 guinées pour loner

cette maison t-l la payer d'a-

.

tous les vaisseaux rnnt oblig-és d'entrer,
20 000 rrrntelols qui fourmi11ent sans ccsrn,
des wachmann placés pendant ]a nuit, de
cinquanlc pas en cinquante pas, dans toutes

de Londrrs pour éviter qu'une clôture trop
affichée ne nous rendit suspects.
« Mardi 30, ayant, par une lettre dont
copie est ci-jointe, reçu ordre de revenir en
Franrc, nous sommes partis
dans la nuit, et, arrirés à Ounkeni:uf', nous avons trouvé Surbois (lïnspeeteurqui avait fréré
le vaisseau charbonnier) dont
nous étions très inr1uiets. Nous
avons pris ensemble le chemin
f"u" 'Vou.:L. i)Î,,:, (9.' :l...,1•,•JV ;).tu: 111 ,11) 't:~••h'.,u )\ .._ ,.( ""-· ~
de Paris, désolés que noire zèle
C.o.-•)itdt.. fo. #"Y."''-'-&lt; ·Yu-t,.;."'", ~ t . .r"-.~:1-c,,,,i&lt;.a..
et notre dé\'Ouemeol aient été
sans ulilité'. D

•· •. ;'le,: f-; t.'i,~,; .. j11J111 '~ 11~111·:(
rance, 50 autres pour l'emXXI\
pletlc d,-,s mPubles, et que,
o;:-i .." tic. 111'1 J'
, •.lm, ~c, je.. J'ti(, (l);,h 'I" ·;( l'&lt;&gt;IIL .,;, ,
n'ayanl pas œtte ~omme, j'auLa fuite de Madame
&lt;Vf&lt;.JJnJ. ,..... Î{.. .:...,cl,t·M.-0:~:, &lt;'!) .J-1 J,tiulc, ,1,,~t,.-,
rais élé plus qu'indiscret de
de Courville
ÔcrÎL :ilo/t&gt;r,~,.._,dl,.,;._., &amp;., ,;. lv~•1-t., 1-:,&amp;.1
vouloir l'emprunter au sieur
de b !fotte;
El nous voyons rentrer en
C( 0°, enfin, que m'étant enscène Belle d'Êtienville et ses
gagé à le livrer el sachant que,
compagnons : autres bistoirt s
l'opération ne réussissant pas,
de brigands, de brigands d'Of~
je serai~, le premier, assommé
fenharh.
ou pendu. c't·sltt moi d"assurer
C'est le 15 aoùt que Mme de
le suc,·è~. et ,·ous auriez dù
la ~loue avait commencé à déattendre qui" je vofü eusse anménager ses nwubles de la
noncé la i·hose prête. »
rue Neure-Saint-Gilles. Le lenDans re sixième paragraphe
demain, d'ÉLienville prit la
Dacosta donriait le vrai molif
chaise pour Saint-Omer. Le 16,
de son revirt'mcnt : au moil arrive à Arras où il lrOU\'C
ment d'exécuter la trahison
la prétendue baronne de Cour~
qu'il avaiL pro1elée, la peur
ville qui s'était bà1ée de prenl'avait pris. Dans sa pensée de
dre la fuite de son côté. La
,,ieillard, l'épouv;mte avait rabaronne lui annonce que le
pidement grandi, si bien qu'il
cardinal YÎent d'être arrêté et
n'avait pa:- t;1rM à révéler au
mis à la Bastille. On s'étonna
comte de la !Hte lui-même
dans la suite que Mme de Courle projet qui avait été conçu :
ville eût pu savoir à Arras, dès
la M,,tle ne s'en était d'aille i6 août, que 11ohan avait
LETTRE DE CACHET, CONTRESIGNEE PAR LE BARON DE BRETEUIL, ORDON:\'ANT
leurs pas longuement indigné
été mis à la Ilastille, l'incarL'EMBASTILLE)IE;{T DE ;'\lADA.\IE DE LA MOTTE.
et nos deu '&lt; compères, marcération n·asant eu lieu que
chant à présent de concert, ne
D'aprês l'originai conserve J la bibliolhêque de l'Arsenal.
ce jour-là : il r~t plus que
cherchaieul plus qu'à soutirer
probable que d"Etienville el la
le plus d"argent possible aux
dame se sauvèrent dès qu'ils
envoyés du gouvernement françai~. De fait les rues, des hommes de garde sur chaque apprirent la lui te de lime dela !loue, el que,
Dacosta parvint à se faire verser par d'Aragon Yaisseau, un commis de la douane qui s'éla- devant les juges, d'l~lienville imagina ce déune somme de mille guinées (26 à 27 000 fr.). blit sur les vaisseaux étrangers, depuis leur tail, sans en calculer l'invraisemblance, pour
u Une heure après· (son entrevue avec
arrivée jusqu'à leur départ, pour empêcher ne pas indiquer le ,Tai morif de son départ.
d'Aragon), écrit le comle de la Motte 1, Costa la con1rebande, pas une ~cule maison isolée, En passant à Péronne, d'Étienville y avait
revint avt"C un air de jubilation, tenant à la et la rôle tellement dangereuse qu'il faut mis à la poste la lettre suivante pour le baron
main des billets de banque pour la rnleur de avoir recours à un pilote côtier pour échapper de Fages, qui la reçut le 17 août :
1000 guinét-s. )&gt;
au péril; ajoutez à cela que, depuis un temps
Eh! bien, )lonsieurlf' barou'? encore un retard
Quidor raconte la fin de l'odyssée :
infini, les vaisseaux français ont renoncé à
cc Ne ,oulant pas partir sans sa\'oir si du ces parages parce que ceux qui y hasardèrent pour moi. Je suis comme un fou d'un pareil évémoins l'ttaLli:-s,,ment pourraiL se faire à autrefois des chargements de charbon de nement, ,\ladame (tle Courville) me jure - et je
la crois -. qu'elle n'a point envie d, rompre,
Shields, ou s·y tsl lram,-orlé le lendemain terre en furent la dupe.
et m'offre, pour vous tranquilliser, de payer
(19 mai) avec le sieur Ilénment. Examen foit
C! Nous quittâmes tristement Bénevent, dit
10,000 livres. rous sarez qu'ell~s sont dnes à Vandu lociil lant externe qu'inlerne, la chme en terminant Quidor, pour reprendre la route cher et je ne puis, en les rece~·:mt, foire autrefut jugée impossiLle, Shields 11'est point un de Londres. Le lendemain (20 mai) nous ment que de les lui remettre. Voyez, consullezvillage, mais une ville, ou plurôt deux, si- renrlirnes compte à M. l'ambassadeur, qui votts, rêp ,n lez-moi sou~ l'enveloppe de Rose;;,
tuées à droite à gauche d'une rivière qui a jugea à propos de nous garder encore quel- m,1ison de "· Suin, boulP.1'ard des Gobelins. D'ason embouchure dans Ja mer. Les maisons y ques jours pour attendre l'dfet des promesses près votre leltre. JC saurai ce que je dois dire /1
sont amoncdt.&gt;es el les rues si étroites que du sieur Bénevl'nt, ainsi qne les ordres du Madame qui m'a enlevé comme un corps saint.
les croi::~s plongent les unes sur les autres. ministre, à qui il avait écrit, et il nous con- M. d'Albissy me f,iit des reproches. Je reçois les
deux lettres comme la voilure ét.iit à la porte. fo
Pas d'autrP. port que la rivière, dans la4uelle seilla de faire des courses dans 1es en\'irons profile du courrier, pour vous donnPr des 0011·
1. Confirmé par l'affidavit &lt;le Cc~jaminc Costa et
~- Arc/1. des Aff. élrang., Mêm. cl docum.,
3. Commis cmployC dans un bureau des /inancrs
O.

f

par le rapporl de lïnicpcctcur Quidor.

France 1400, f" 2'lt:i-2'17.

à Paris.

"--------------------------------vclles qui me perccnl le cœur. Demain je vou~
t;cri1-ai. J'aurai peut-être la Lèlc. un peu plus à
moi. Je suis pour la ,·ie votre dévoué serviteur.
1
D ÉTIF.1':VILLE 1•

de Saint-Omer délaissé à Arras par Ja baronne
de Courville, porté jusqu'à Saint-Omer, sa
patrie, où il sPjourna quelque temps, « éparn gnant à la plus tendre des mères la douleur
c&lt; d'apprendre une aussi cruelle aventure n,
de là gagnant Dunkerque &lt;c sans aucun pro« jet que d'y chercber le calme d'une vie
n ignorée D, r~ncontrant à Dunkerque le sieur
de Précourt et le baron de Fages, arrèté par
eux en vertu d'un ordre du roi {! qu'ils re~
f( fusent de lui montrer ».
Les trois compagnons s'étaient agréablement rencontrés à la comédie de Dunkerque,
où l'arrestation se fit &lt;&lt; amicalement &gt;J . C( Nous
vivons avec le sieur Belle d'Étienville,. écrit
Précourt à Vergennes après l'arrestation,
comme s'il était innocent, et nous le veillons
comme s'il était coupable. J'ai cru devoir
prendre ce tempérament pour éviter la longueur de la justice, les frais qui absorbent
tout et comme l'unique moyen d'en tirer le
meilleur parti 4 • 1&gt;
&lt;c On l'a vu, poursuit l'avocat de Loque et
Vaucher 1 - il s'agit de d'Étienville, - toujours rassuré sur son innocence, et pourtant

Les angoisses de Bette d'Étienville durent
redoubler quand Mme de Courville lui dit à
Arras : &lt;&lt; 11 faut quitter la France, nous réfugier à Londres : le cardinal est arrêté pour la
négociation d'un collier de diamants où il a
maladroitement compromis Je nom de la reine.
C'était pour fournir les 500 000 livres promises pour mon mariage. Les diama11ts que
vous m'avez vus provenaient du collier. /J La
baronne de Courville ne voit de salut que
dans la fuite. Elle presse d'Étienville de l'accompagner; mais celui-ci refuse : s'il part
on le croira coupable également. Son âme
est pure. li ne réclame que les 50 000 livres
montant du dédit. &lt;( La demande f'St ju:-te,
dit la dame, etje vous donnerai les 30 000 livres, à Saint-Omer, si vous m'accompagntz
jusque-là. i&gt; - &lt;1 Or \'Oilà qu'arrivés à l'endroit uù les chevaux de la diligence changent,
déclare d'Étie11ville, je vis la dame de Courville retournant vers Paris, accompagnée
d'un homme ,êtu d'une lévite bleue. Je
crus alors qu'elle était arrêtée et con~
tinuai ma routt' jusqu'à Sainl-Omer où
j'appris rff1·ctivement l'arrestation du
rardinalt. &gt;) Quand le baron de Fages
apprit la fuite de son ami, il se déclara
en proie à la plus grande stupéfaction.
Aussi agit-il sans larder. Il s'associa
un sien oncle, le comte Duhamel de Précourt, qui se présente ainsi au public:
C! J'ai l'honneur d"ètre colonel et chevalier de Saint-Louis; je me suis trouvé
dans deux combats sur mer, à trois
batailles, cinq sièges, plus de vingt
chocs ou rencontres, et j'ai fait toute
la dernière guerre civile en Pologne où
j'ai comma11dé. 1&gt; Cl Il s'ensuit, conclut le
Bacltaumont, 4ue c'est un aventurier,
mauvais sujet, que l'on ne doit point
s'étonner de trouver ici. ll Précourt,
qui s'était inslallé au Grand hôtel des
llilords, rue du !!ail, non loin du baron de Fages, avait été mêlé, lui aussi,
à l'intrigue de son neveu à qui il serr4it, avec dïttienville, de caution chez
les marcband.;. Le 19 aoùt, il oblient
du comte dl! Vergennes un sauf-conduit, une leltre de recommandation
pour M. Ilir..:inger, chargé d'affaires de
France à Bruxellfs, et un ordre du roi
pour arrêter d'~tienville 3 • Et, à leur
tour, Précourt et de Fagcs prennent la
diligence {Jour Sainl-Omer, afin de joindre le fugit,I. Le i6 septembre, ils le
trouvent à Dunkerque. L1 suite a été
résumée par l'avocat des joailliers Loque et Vauchcr, mettant entre ~nilleLE COMTE D' ADHËMAR, A..,IBA.SSADEUR A LONDRES.
mets les propres termes dont d'ÉtienD'aprês un dessin deC.r.PMONTnu:. (N1,ste Condt, Cha11/i/Iy.)
ville s'est scni dans ~a défense.
&lt;&lt; On a vu, disent-il~, ce bourgeois
1. Arclt. c/e, Aff. élrang., ~lém. et docum. 1
France 1590, f• 1'23.
.
2. Inlerr. Je llrlle d'Eliem·ille, 'IO janv. 1 i86,

AJ'Clt. ,iat., xi, B/1417.

\"oir aussi déclarnliom contenues dans le dossier

Target, Bibl. v.f:de Parh, ms. de la réser,·e.
3. A1·cl1.. des Aff. élra11g., ~lém. et docum., France
1;00, r• 124, nô".
4. Lettre du comte de Précourl a Yergenncs
d:itéc du 18 ~rpl. 1785, Arclt. des Aff. étro11g.:

se croyant perdu lorsqu'il voit une sentinelle
à sa porte; conduit de Dunkerque à Lille par
la diligence; arrêté à Lille par un de ses
créanciers, qui veut le faire meure en prison;
réclamé par le sieur de Précourt comme un
prisonnier d'État; déposé jusqu'au départ du
sieur de Précourt dans la tour de SaintPierrc, la prison militaire de la ,·ille, oil il
est appe1é Afonseigneur par deux femmes
détenues pour fraude au droit du tal,ac, évaluée à i-ix francs pour chacune; et ol1 &lt;( il
(( n'hésite pas à foire deux heureux en déli{( vrant ces deux femmes ll, ou&lt;( il oublie ses
cr maux pour partager leur joie )J, où «il remer·
&lt;1 cie le ciel de luîavoirdonné uneâmesen~ible. &gt;J
c&lt; On l'a vu passrr de la tour Saint-Pierre
au corps de garde de la porte des malades,
révollé de ce trailement, mais &lt;&lt; résigné ainsi
(( que l'agneau que l'on sacrifie &gt;&gt;.
« On l'a vn avec une forfanterie plus ridicule encore &lt;I fournir de sa bol!rse l'argent
« nécessaire aux personnes qui venaient l'ar(! rêter et payer les frais d'un voyage qui ne
&lt;( lui présentait que Ia perspective d'un avec( nir fort malheureux J&gt;, et l'on sait maintenant qu'il payail avec l'argent d'une
dame d'Aulun à laquelle il avait vendu
de faux sauf-conduits. 11
Détails confirmés par une lettre que
le prince de llobecq, commandant général de la Flandre et du Hainaut, écrit
de Lille à Vergennes, le 22 seµtembrc l 785•. Les créanciers de d"füienville avaient apposté des huissiers aux
portes de Îa ville 1 afin d'arrêter leur
débilcur au moment où il en sortirait. Les recors ne manquèrent pas
leur coup; mais Précourt de revendiquer avec énergie son prisonnier, en
verlu de l'ordre du roi délivré par Vergennes. Malheureusement la letlrf' en
était demeurée entre les mains du
chargé d'affaires à Bruxelles. Le débat
lu L porté devant le prince de 11obecq
quj résolut de garder l'objet du lilige,
d'Eliemille, en prison jusqu'à ce que
l'affaire fùt éclaircie. Finalement Hirzinger envop l'(( ordre du roi n. PrérourL l'emporta. " Eufin le voilà à
Versailles, toujours conduit et gardé
par le sieur de Précourt comme un
criminel.~Mais ici la scène change. Le
fugitif d'l•;tienville, poursuivi comme un
\'Oleur, arrêté par ordre du roi, et le
baron de Fages, qui se prétendait volé,
et le sieur de Précourt, porteur de
l'ordre prétendu, le coupable et les
deux satellites, si divisés jusqu'à présent, n'auront plus que le même intfrèt,
les mêmes alarmes : c'est un triumvirat dont d'Étienville devient le conseil et va diriger les démarches. l&gt;
Le comte de Précourt et le baron
de Fages arrivèrent le 28 septembre à Versailles, avec leur prison-

Mëmuires et documents, France 1390, folio IOI.
5. ûch. des Aff. élrr111g., l!,fém. et docum., France
1390, f•• 107-198. - Cf. Lettre du mtime au maréchal de Ségtn·, ministre de la guerre, iûid., folio

207.

�nier.

"--------------- ------------------ L'

'fflSTORJ.ll
XXX

PrJcourt se présenta à Vergennes.

cc Je ne peux, ni ne veux me mêler de
cette affaire, répm1dit le ministre des Affaires
étrangères. Vous êtes maintenant en France,
tous les tribunaux vous sont ouverts. Vous
pouvez vous y adresser, vous obtiendrez justice. n
Et le ministre insistait pour que Pr1:court
el de Fages menassent leur homme au lieutenant de police. Précourl se rérnlle. ffÉtien-

ville l'a suivi de bonne gràce : ce n'est pas
à la poli&lt;"e qu'il le linera. El il exposait à
d'Étienv1lle que Vergennes, qui connaissait
à présent les dépositions des prisonniers de
la Bastille, ne voulait pas compliquer le cas
du cardinal déjà extraordinairement complif]Ué, qu'il ne désirait pas qu'on poursuivit
l'affaire de la dame de Courville et qu'il
conseillait il d 'É1 ien ville de se réfugier dans
l'endos du Temple pour se mellre à l'abri
de ses créanciers. Ce qui fut fait. Et pour se
meltre à l'abri de ses créanciers également,
qui avaient obtenu contre lui une sentence
aux consuls 1 , le b1ron de Fagcs rejoint son
prisonnier. Dl~tienvîlle et de Fages, redevenus compères et compagnons, vivent deux
mois côte à côte dans l'enclos protecteur. Ils
font de&gt; démarches auprès du lieutenant de
police, auprès de la famille du cardinal de
Rohan, promettant à celui-ci une discrétion
absolue, voire des dépositions favorables,
moyennant Je légers secours. Ils apprennent
que la prétendue baronne de Courville est
réfugiée à Londres. Nonobstant celle cohabitition et cette intimité, de Fagcs continue de
porter plainte contre d 'Élicm•1lle, artifi, e
nécessaire à écarter d'eux l'accusation d'escroquerie, car on ne doit pas supposer qu'ils
aieal été d'accord pour duper les joailliers
el autres· fournisseurs . EnGn d'lttienville,
poursuivi pour affaire plus grave, IP.s faux
saur-conduits délivrés à la dame d'Autun, est
chassé de l'asile du Temple et cherche refuge
,, Saint-Jean de Lairan . Le 22 décembre 1785,
il est écroué au Grand Chàtelet.

Aux accusés on réunit tous lt&gt;s témoins
qui parurent utiles : la comtesse de Cagliostro, Ume dt! la Tour et Harie-Jeanne, la jeune
lillc e,core innocente qui avait vu la reine
dam un bocal plein d'eau; Rosalie, la soul&gt;relle; le baron de Plantai Me Laporte, qui
amil parlé à Mme de la Molle du collier;
Grenier, l'orfèvre; Du Cluse!, premier commis de la Marine, et Claude Cerral, dil l'llalien, qui avaient négori4 des bous de finance
1rue les La lloue disaient tenir du cardinal,
enfin Toussaint de Beausirc. arrêté à Bruxelles
avec sa maitres~e, Nicole d'Oliva. Tous furent
logés à la Bastille.
I. Letlre dr, Fagcs â \'crirenn('s rlu 26 févr. 1786,
Arclt. deR Aff. étrang., )lem. cl docum ., France
(400, fu 38 ,· 0 •
•
~t Sapoléon disait â Sarnle-llélirne : « La reine
élait innocente cl, pour donner une plus grande publicitC à son innoccucc; elle voulut que le Par!Pmcnt
jugcàL l,c rè~ullat ftll que l'on crut que la reine élaîl
coupable et cela jeta du discrédit sur la cour. ~ Xapolèon estimait que le devoir de Louis XVI cùl été de
régler l',1l1'airc de son autorité. Gênéral Gourgaud.
3ai11le-f/éh1e. !, ;:;98.
3. lie Tliilorie1 pour Cagliostro, p. 40. li" (l]ondcl,

Les préliminaires du jugement
Voici donc, à l'excepticin du corole de la
Motte, tout notre monde sous les verrous du
roi. Louis XH uffrit au cardinal de s'en rapparier, soiL à la décision de son souverain,
soit au jugement du PJrlement.
Rohan choisit le Parlcmeal par la lellre
qui suit :
Si1·c,
J'ei-pérais par la confrontalion acqué1·ir des
preuves qui aun1ient convaincu Yotre ~J.ijeslé de
la ceflilude de la fraude dont j'ai été I,~ jouet et
alor5; je n'aur.iis amhit.ionné d'autrt:s juges que
votre justice el 1'ulre bonté. Le refus de confronta lion nie p!'lvanl (1,. cette espérance, j'accepte
:nec la plus respectueuse reconnaissauce la Jl"rmis~ion que \'otre )lajes1é me ilonne de prouver
mon i11110c,·nce par les formes juridiques el, en
consé&lt;jUCnce, je supplie Yolrc ~l:ljesté de rlonnet·
les ordres nCcess;1ires pour que mon affaire soil
renvoyée et attriLuée au Parlemcnl de Paris, les
Chambres assemblées.
Cependant, si je pouvais c~pércr &lt;JUC les édaircissemcnls qu'on a pu prendre, et que j'ignore,
eusseol conduit Votre Majesté it juger que je ne
suis coupable que d'avoir été trompé, j'oserais
alors vous supplier, Sire, de prononcer selon
votre ju-ticc et votre bonté. Mc, parents, pénélrés
des tuèmcs sentiments que moi, ont signé.
Je suis avec le plus profond respect, elc.
Signé : L~; C.\lllll~At m; ROHAN,
flE llOIJAX) l'fll~CE OE MO~TB!.ZOX,
PI\IXCE DE llOIIAN, AJ\CHKVÈQfü; OE CAJIB!l. \l,

1..-~J. l'l"\l:iCF. OE SOCO/SE.

Les historiens ne paraissent pas avoir
connu l'original de &lt;'elle lettre et l'apprécient
tous d'une manière inexacte, d'après les·
commentaires qui en furent donnés. En réalité Rohan !SC soumettait au jugement du roi
dans le cas où celui-ci t'estimerait innocent.
Mais Louis XVI, in0uencé par Marie-Aatoinelte, persistait à le juger coupable. Rohan
fut donc remoyé dcva,1t le Parlement. Les
lettres patentes en furent données à SaintCloud le 5 septembre et enregistrées le 6 septembre, la Grand'Cbambre el la Tournelle
assemblées.
Louis XVI commeltaiL ainsi une seconde
faute non moins grave que la prt&gt;mièrc. Le
roi était déjà troublé par les idées qui ont fait
la Révolu1ion. li avait entre les mains un
instrumenl qui était, en la circonstance,
men·eilleusemenl adapté à l'objet pour lequel
il érait fait: ks tertres de cachet. De par la
coutume et de par 1a loi, le "!&gt;Î étail le premier, et, s'il le rnulait, le seul juge de ses
sujets. Le Parlement ne jugeait qu'en vertu
d'une délêgalion du pou\'Oir judiciaire dont
le roi était l'unique source dans le royaume.
~t Louis XVI s'en va confier à cetle assemblée, qui n'exerce la justice que parce qu'il
lui en a délégué le pouvoir, une cafüe oll
pour ~icole

d'Olira,

s'exprime de même:

« Cc procès

trop t·êlèbre qui fixe eu ce moment les r,'ga:-ds rlc
Ioule la France, clc lou\e l'Europe .... " llardy dit
dans son Journal, â la date du 6 sepl. 1 i85 ; « Cc procès qui fixe actuellement l'allenlion non seu!em,,nt de

la France entiCre, mais de taule l'Europe. • -

Dans la

l'honneur de sa femme et celui de sa couronne sont immédiatement intéressés. La
scène du Bosquet, à eile seule, où la dignité
et la vertu de la reine étaient outragées, l'auLorisait à faire lui-même safonclion de juge 1 •
El le Parlement, avec l'e;prit qui animait
la majorité de ses membres, ne désira immédiatement qu'une chose, humilier la couronne; ensuite, atteindre &lt;c l'arbitraire ministériel u. Le comte de la Molle écrira
lui-même : {C Il est certain qu'une partie de
la magistrature, préludant, dès ce moment,
à la résisLaiice ~u'elle opposera biealôt à l'autorité royale, cherchait moins à préparer un
triomphe au cardinal qu'une humiliation
pour la cour "· Jusqu'à l'abbé George! qui
doit en convenir. Il désigne ceux des magistrats qui ser\'aient le cardinal, ci non pas
avec cet inlérêt calme et scrupul~ux qu'un
juge équitable accorde à l'accusé, mais avec
Ioule l'ardeur de l'esprit de parti"·
Les mœurs du temps donnaient aux procès
un retentissement extrême. Les mémoires et .
plaidoyers des avocats étaient imprimés, distribués à profusion, vendus à milliers d'exemplaires. Pendant des mois, la réputation, la
vertu, jusqu'à la probité de la reine seront
en discussion, non seulement en France, mais
dans toute l'Europe. Le roi ne soumettait au
Parlement que la seule escroquerie du collier
et la falsification de la signature de la reine.
Le cardinal en est innocent, et, fatalement,
cette innocence dPviendra un coup mortel à
la rPputation de Marie-Antoinette. C'est ainsi
que, par l'ampleur des intérêts engagés, ce
procès, selon l'obser\'alion de Mirabeau, devint l'alTaire la plus sérieuse de tout le
royaume. Et les avocat~, rédigeant leurs mémoires, pourront dire: c&lt; L'Europe entière a
les ~eux 0U\'erts sur ce procès fameux s: les
plus légères circonstances deviennent l'aliment de la curiosité universelle. &gt;)
Le Premier Présidentd'Aligre désigna pour
commissaires rapporteurs Maximilien-Pierre
Titon de Villotran el Jeaa-Pierre Du Puis de
~farcé, l'un el l'autre conseillers en la Grand'Chambre. Le premier, orateur brillant, avait
le don d'expédier rapidement les affaires,
qu'il rendait lucides par son charme. Il avait
la réputation d'amener toujours ses collègues
à son opinion. Le second avait pour caractéristique d'ètre &lt;&lt; l'ami de tout le monde n.
On trouve le portrait de ce dernier dans les
notes manuscrites de Target : « Il est au fond
bon homme, humain, point intrigant; mais
bien lent et se laissant aller aux impulsions:
point d'esprit, parlant mal, mais doux, honnête et bon. Il plait à ses confrères el dans
le monde par ses qualités. li n'est point fort
occupé d'ambition, ni de considération dans
sa compagnie, parce qu'il a le jugement de
sentir qu'il n'en a pas les mo1ens. » Du
Puis de Marcé fut chargé des confrontations
et Ti ton du rapport général sur l'affaire 4 •
Ga:.elte de Leyde du 'l8 juin: o. Celle gr:rnclè piCCC
qui, par son intrigue, tie11t l'Europe attcnli\·c à son dé-

noul'mcnt. »
4. Tilon de Villotran fut condamnidt mort le 26 prairial an li, et du 11uis de llarcl! le 1• floreal de la même
année.
0

Le procès fut conduit tout entier de la
manière la plus régulière. Un décret du roi
tra_nsforma à cette occasion la Bastille, prison
d'Etat, en prison judiciaire sur laquelle le
Parlement eut la direction touchant le~
prisonniers mêlés i1 l'affaire du Collier 1 ,
'foutes les pièces de la procédure sont
entières et portent la signature des accusés et des témoins. Les procès-verbaux sont entiers, sans lacunes. Aucun
détail de la procédur~ ne fut tenu secret. Les accusés ont tous été confrontés entre eux . Ils communiquai,~nt
librement a,·ec leurs arncats et leur
fou~nissaient tous les renseignements
qu'ils croyaient utiles à leur déîense. La
Gazelle de Leyde rendait compte des
moindres incid~nts. Les Parisit"ns étaient
au courant, jour par jour, de ce qui
se passait à la Bastille. On peul même
dire que, pendant l'instruction, les dimlgations forent très nombreuses et
parfois d'un caractère scandaleux. Aujourd'hui, aucune instruction judiciaire
ne laisserait aux accusés une semblable
liberté.
L'opinion publique exerçait déjà uae
grande influence sur les jugements
mêmes des plus hauts magistrats . L'un
des rapporteurs au Parlement dit dans
un !fémoire au Procureur général : « Si
l'on fait attention enoore à l'opinion publique el à l'influence qu'elle a sur
les jugements : elle les prépare! JL
Or, au début, cette opinion était loin
d'être favorable à Rohan: Cf Personne n'accorde
estime ai iatérêl à !f. le cardinal de Rohaa,..
victime d'une femme avec laquelle il ne rougissait pas de vivre 3 J&gt;. Hais les appréciations
ne tardèrent pas à se retourner.
« On n'y voyait plus, diL llardy, qu'une
1-mtreprise inconsidérée du rninislère, telle
que celle d'avoir fait mettre si indûment au
mois de mars dernier le sieur Caron de
Beaumarchais à Saint-Lazare, avec cette différence qu'il s'agissait d'un personnage de
toute autre importance. 1) Les femmes se déclaraient en faveur de la Belle &amp;minence.
Des rubans mi-partie rouges et jaunes se
mirent à la mode. Cette parure s'appela:
&lt;f Cardinal sur la paille J&gt;. On a vu commeul,
lors de rnn arrestation, Bohan arnit pu envoyer à l'abbé George! l'ordre de brûler la
prétendue correspondance de la reine: c&lt; Les
grandes dames de la Cour, lisons-nous dans
le Jou,·nal de Hardy, prenaient avec la plus
grande chaleur la défense du cardinal, tant
elles étaient touchées el reconnaissantes de la
délicatesse qu'il avait montrée, dans les premiers moments de sa détention, en chargeant le sieur abbé George!, son homme de
confiance, d'anéantir ou de mettre à couvert
généralement toutes les pièces qui auraient
pu déceler ses agréables correspondances avec
nombre d'entre elles. »
1. Pour C'C qui louche à la direclion de la procédure,
les mss Joly de Fleury 2088-2089 de la Bibl. nal. conlienneut des documents importanls.
2. Bibl, nal., ms. Jolr de Flrury 20EIS, f fi8.
;:;. Ibid.
.
0

A l'instruction, Mme de la Moite fit une
défense étonnante de présence d'esprit et
d'énergie. Durant celle procédure de plusieurs mois, où c1le fut presque journelle-

.,

Jlrr.1!11(E DU COLL1E1( _

,

tiroirs; à Mlle d'Oliva elle reprochait ses
mœurs el ses propos inconvPnants; à Cagliostro elle jetait à la figure un chandelier
de bronze, et lui rappelait avec des éclats de
rire comment il la nonimait &lt;c sa cygne » et cc sa colombe n, awc toutes
sortes de roucoulemenL,;. Caµliostro répondait en le\'ant vers lt-&gt;s solh es du plafond un regard inspirf', avec dè grands
gestes, inondant la malheurt'use comtesse d'un flux de paroles f•ÎI rercnaien l
le nom de Dieu et une foule d'npre~sions
arabes, italienues, &lt;'l de grands IPOL!-l
sonores n'appartenant à aucune langue.
Une scène terrible fut la confront.i•
lion du 12 avril à la d'IJliva el à \'illette.
Pressée par leurs déclar:,tions concordantes, Jeanne dut fi11al1•ment avouer
la scène du Bosquet. Jusqu'alors elle
l'avait obstinément niE'e; mais l'avC'u
ne sortit qu'après
mille cris de raJTe et
.
des contorsions, au buul desquels elle
eut un évanouis:emt'nt. On courut chercher du vinaigre. Saint-Jean, porte-clef
de la Bastille, la prit enfia dans srs
liras pour la porter dans sa I hambre.
Mais à peine l'eut-il saisie, que, revenant à elle, Jeanne le mordit dans le
cou jusqu'au sang. Saiai-Jean poussa
un cri et la laissa lomber 4 •
Cagliostro se distinµua particuliérement dans sa confrontation à Ilélaux de Villelle. « Ce fut alors, écritil lui-même, que je lui fis pendant
une heure et demie un sermon pour
lui faire connaître 11~ dernir d'un homme
d'honneur, le pouvoir de la Proridence et
l'amour de son prochain. Je lui fis espérer
ensuite la clémence de Dieu et du gouvernement. Enfin mon discours fut si loo(J" et si
fort que je restai sans pouvoir parlf'r "davantage. Le rapporteur du Parlement en fut si
louché et si allendri qu'il dit à Villeue qu'il
fa1lait qu'il fùt nn monstre s'il n'en était pas
pénétré, parce que je lui avais parlé en frère,
en homme plein de religion et de morale, et
que tout ce que je venais de dire était un
discours céleste. Am•si Rétaux ne tarda-l-il
pas à Mclari r C( que la femme la Moue était
C( une intrigante et une menteuse inconcevable, que lui-même, à présent que tout
t( était découverl, n'y pouvait rien compren(( dre lJ, et dit-il cela« avec des étouffements
n et un maintien si pénétré que tous ses
mouvements eussent ajoulé aux preuves
C! s'il eût été posi::ible 5 )J. ~lais à ces mouvemen1s d'exaltation succédaient, quand Cagliostro se retrouvait seul dans sa chambre,
des moments de pro~tration et de découragement qui allèr&lt; ntjul-4u'à inr1u1étcr le gouverneur de la Bastille. Celui-ci eri" écrivit au
lieutenant de police, qui ordonna de mettre
au~rès de lui. un cc bas-officier /J pour lui
temr compagme et c&lt; prévenir les effets du
dése~poir 6 )l.
1

.

,.
,JJ.V '~4-!Y-,

ment sur la rnllette, elle ne se découragea
pas un instant. Elle tiat tête à tous les témoins. Au moment où elle voyail son système
de défense ruiné, aussitàt, en un clin d'œil,
elle en construisait un autre devant les juges,
avec Jes circonslances IPs plus précises. Si on
demandait une preuve de ce qu'elle avançait:
immédiatement elle ritait deux, !rois, plusieurs faits, inventés, pour appuyer ce- qu'elle
avait affirm~, et, à ces faits nouveaux, donnait sur-le-champ d'autres faits pour preuve,
non moins imaginaires, si l'ombre d'un doute
lui paraissait demeurer dans l'esprit du magistrat. Au cardinal, qui l'accusait en lui
demandant d'ol1 lui était venu subitement
tant d'argent, elle répondait qu'il le savait
mieux que personne puisqu'elle était sa maitresse et 4uïl l'entretenait; au baron de
Planta, de qui les dépositions vigoureuses et
précises la frapp:iitnt comme des coups de
marteau, elle déclarait que c'était impudence
à lui d'oser parler contre elle après avoir
voulu la violer; au Père Loth, naguère son
homme de conflauce c•t qui, partie par gratitude pour Bohan auquel il devait d'avoif
prêché de\'ant le roi, partie par rancune
contre Villelle, qui l'avait supplanté dans
l'esprit de la comlesse, racontait tout, t·lle
disait qu'il ftait un moine crapuleux, amenant des filles à son mari et volant dans ses
4. Gaz.elle de Leyde, 14 a1Til '1786; Journal de
llardy, Bibl 11at., ms. franç. 6685, p. 51 i (26 mars
1786) ; George!, li, 186-87; Jïe de Jea1111ede Sain(Rtmy, 11, 39.
5 Noies Target, Bibl. v. de Pan.~, ms. de la ré~crvc.

6. 1/85, 2~ :rnùt. t D'après ce que rnus m'avez
m~rque, l1011s1eur, de l'état de M. de C11glîostro, cl
pu_1sc1ue \'0'.1s croyez ~om'~naLle de placer u11 garde aup~cs de; lui, µour pr~veo1r les effets de l'ennui et du
desespo1r, auxquels 1( pourrait se livr&lt;'r, je vous prie

�111STOR,.1A

"------------------------------

L'allitude du cardinal était d'une grande
tranquillité, Il comparaissait dans ses vêtemenls de cérémonie, en rochet et en camail,
et nous pouvons très exactement nous Je représenter, avec sa haute taille, ses yeux
bleus, doux el tristes, les cheveux grisonnants sous la calotte rouge La robe rouge
est d'une étoffe soyeuse et d'un ton plus pàle
que ne l'exigerait l'uniforme. Sur les mille
arabesques que fait la dentelle de Bruges,
se détache en nuance délicate le cordon bleu
pàle du Saint-Esprit, Son attitude inspire le
respect et la tristesse.
La petite baronne d"Oliva inspire, par sa
grâce touchante, la sympathie et l'émotion.
« On n'a jamais vu, dit Charpentier dans sa
Bastille dévoilée, tant d'honnêteté et de dissolulion dans la même personne. Jamais on
n'a YU plus de franchise, plus de candeur,
que Mlle d'Oliva en a fait paraitre dans son
interrogatoire. C'est une justice que lui rendirent ses jugtis, ses avocats et tous ceux qui
ont eu avec elle des relalions. J&gt;
Faut-il relever les contradiclions incessantes de lime de la !lotte d'un jour à l'autre de la procédure? Après a\'OÎr nié la scène
du Bosquet, elle en avoue la réalité; après
arnir accusé Cagliostro, elle doit proclamer
son entière innocence. Dans le premier mémoire qu'elle fait rédiger par son avocat, le
voleur est Cagliostro; dans le second, c'est le
cardinal. Celui-ci lui aurait fait une première
livraison de diamants au mois de mars. Mais,
répond le cardmal, dès le mois de février

Villette a été surpris, vendant des diamants
du collier. Dans une même version les faits
deviennent contradictoires. Roban se serait
approprié des fragments du collier, il aurait
chargé la comtesse d'en vendre à Paris, il
aurait chargé la ~lotte d'en aller ,·endre à
Londres; d'Étienville en aurait vu des fragments entre les mains de Mme de Courville;
et voici quP, pressée par la confrontation,
Mme de la !lotte remonte aussitnt cette superbe parure pour l'allacher i, la nuque de
Mme de Courville qui la porte sans déguisement dans le palais du prince 1•
Si bien que les avocats du cardinal, s'adressant à M• Doillot, avocat de Mme de la Motte,
seront autorisés à lui dire: &lt;( De quel œil
peut-on regarder une cliente qui semble vouloir, tantôt dans la procédure qu'on oublie
ses mémoires, tantôt dans ses mémoires
qu'on oublie la prorédure, et pour la défense
de lat1uelle, la veille du jug:ement, il reste à
peine un seul des faits dont se composait la
dérense à l'époque des décrets? "
Son attitude vis-à-vis de lïntrigue Ilette
d·Étîenville est très curieuse. Jeanne l'avait
imaginée très savamment, comme on a vu,
pour fournir un motif au vol du collier par
le cardinal. Au premier moment elle tint bon,
et quand elle fut confrontée à d'Étienville,
s'indi4ua dès l'abord ell,-même comme la
dame qu'il aurait vue en compagnie de
Mme de Courville. Mais dès qu'elle ,'aperçut
que cette intervention ne &lt;( rendait 1&gt; pas
et qu'elle sentit que d'Étienville, besogneux

de chojsir, p~rmi vos bas-offlcie_rs, un sujet dout la douceur, l exacl1ludc et la fermclc \'Ous soient connues et
de le faire c~uchcr dè1 ce soir dam sa chambre. ~
Lettre de Th1roux de Crosne à de Launay, Bibl. de
/'.lrsenal, ms Uaslillc, 12!57, f0 12.

1. )fémoire de fülle d Üiem·itlc contre le baron de
Fages, CollecfiQn complet(', 111 , 26-27.
'2. Lellres it J'encre symp:ithiqucde Rohan à :Y~Targct, Bibl. i·. de 1-'aris, ms. de la rëscrve.

et prêt à tous les rôles, ne chPrcherait plus
qu'à se faire bien venir du cardinal, elle déclara ne savoir ce que signifiait toule cette
histoire et ne l'avoir, au début, fortifiée de
son témoignage que pour se venger du cardinal qui l'accusait d'avoir pris le collier.
Rétaux avait fait des aveux. Il avait reconnu avoir mis la fausse signature c&lt; Marie.Antoinette de France 1&gt; au bas du contrat
passé avec les joailliers, a\'oÎr écrit, sous l'inspiration de Mme de la ~lotte, une fausse corre."pondance, 1es petites lettres à vignettes
bleues. &lt;&lt; Les témoins l'écrasent, dît Me Target: les sieurs Bühmer et Bassenge, le sieur
Grenier, le sieur Achet, Me de la Porte, le
Père Loth, le sieur Villette, l.1 demoiselle
d'Oliva, le sieur Cagliostro, les domestiques
de la dame la Motte, tous les témoins de
France, tous les témoins d'Angleterre, où
son mari a transporté les mêmes fables, élèvent leur voix contre elle; elle crie que ces
témoins en imposent; voilà son unique réponse : elle est donc convaincue. »
Son dernier refuge, comme celui de tous
les criminels aux abois, fut le mystère. Les
explicalions qu'elle avait imaginées ayant été
&lt;lélruites 'l'une après l'autre, el ue trouvant,
devant l'aet.:ablement des témoignages, aucun
système nouveau: c&lt; Il y a là un secret, ditelle, que je ne confierai qu'en tète à lète au
ministre de la maison du Roi . » Enfin, hors
d'elle d'exaspération et de rage impuissante,
elle joua la folie. Elle cassait tout dans sa
chambre, ne voulait plus manger, refusait de
descendre pour les interrogatoires 2• Les
porte-clés de la Bastille, en entrant dans sa
chambre, la trouvaient couchée toute nue sous
son lit.

(A suivre.)

FRANTZ FUl'iCK-BRENTANO.

La fin d'un snob
;.:.....

Mrs. Steale possédait, vers 1795, à l'entrée du Green-Park de Londres, une laitP.rie
modèle, sorte de Pelit-Trianon d'autre-mer.
Les fashionables de la ville y venaient en parties rustiques, friands de sensations saines.
Un jour que le prince de Galles, en compagnie de la belle marquise de Salisbury, regardait là traire des vaches par des laitières
en cottes de satin, il aperçut un jeune
homme d'une irréprochable tenue et qui,
depuis deux jours, était ~orti de l'université
d'Oxford. Le prince s'informa du nom de ce
débutant : celui-ci s'appelait George Brum~
me! : c'était le petit-fils d'un confiseur de
Bury street; son père, ancien secrétaire particulier de lord North, avait amassé une res-

pectable fortune, dont pour sa part le jeune
George avait recueilli 750.000 francs, qu'il
dépensait sans compter, en achats d~ vêtements, de linge fin, de cravates, de chapeaux
et de gants.
Le prince dt! Gllles aimait à se considérer
comme &lt;1 le premier gentleman de l'Europe »; sa toilette lui coùtait 250.000 francs
par an; il possédait cinq cents porte-monnaie;
c'était d'ailleurs, à en croire Granville, « le
plus misérable, làche et égoïste cbien n qui
ait j;trnais été appelé à porter la couronne;
et de fait, si l'on se borne à considérer la
conduite qu'il tint à l'égard de s, femme, la
malheureuse Caroline de Brunswick, ses qualités de cœur sembleot d1Scutables. Mais il se

piquait d'être connaisseur en élégance, et
celle du jeune Brummel le frappa. Jamais
!'Altesse n'avait rencontré si impeccable cravate, pardessus plus seyant, escarpins plus
effilés et ganls mieux moulés; tout de suite
il se sentit pris d'afîeclion pour ce garçon si
bien nippé, et le petit-rils du confiseur, en
trois jours, devint l'inséplrable du premier
prince du sang d'Angleterre.
Ce fut la fable de Londres, et Brummel aussitôt lut à la mode. JI porta superbement son
triompbe; sa vanité paradoxale le lui faisait
considérer comme chose due; il avait le geste
rare, une froideur de haut style, de grands
airs lassés, une jolie taille, une figure assez
piquante, le menton haut, le nez pointu et,

dans les yeux, cctle fatuité dédaigeuse qui
convient à un jeune maccarony célèbre. Il
n'avait d'ailleurs qu'une idée, qu'un désir :
être bien mis, et il y réussissait miraculeu~
sement, sans excentricité, avec &lt;( une modération passionnée )J; jamais une coupe trop
hardie ni une couleur criarde, le moindre
détail de sa mise prenait, de l'harmonie crénérale, une importance savoureuse. Il p~rtait
imariablement « un habit bleu à boutons
unis, un gilet blanc et un pantalon noir parfaitement juste, boutonnant sur le cou-depied, des bas de soie rayés et un chapeau à
claque )) ; un seul bijou : une mince chaîne
de montre, el du linge magnilique « blancbi
à la campagne ". li ne lui fallait pas beaucoup plus de deux heures pour mener à bien
les rites de son ajustement, auqud le prince
de Galles, son ri val et son admirateur, venait
souvent assister. Le nœud de la cravate était
en quelque sorte la fleur et le prodige de sa
toilette; il avait remplacé les lâches et molles
mousselines que l'on portait avant lui, par
un tissu légèrement empesé; le col rixé à rn
chemise était si grand qu'avant qu'il fùt replié,
il cachait complètement sa tête et sa figure,
et la cravate blanche avait au moins un pied
de h:iut. Brummel commençait par replier cc
col à la mesure com-enable; puis, debout
devant la glace, par une pression douce et
graduelle de la màchoire inférieure, il rabaissait la cravate à des dimensions raisonnable:.:-,
la forme de cbaque pli successif étant donnée
par la chemise qu'il venait de rabattre. Le
pauvre homme ne réussissait pas invariablement un tel chef-d'œuvre. Souvent un monceau de blancs tissus froissés encombrait son
cabinet : &lt;&lt; Que voulez-Yous? Ce sont nos
erreurs! J) disait-il.
Quant au moral, ce fantoche puait nul.
Cet h~mme qui, pendant quinze ans, régna
sur la haute ~ociété anglaise, é1ait sans cœur
et sans cerw•lle. M. Jacques Boulen(l'er,
dans
0
le livre singulièrement amusant où il a étudié, parmi plusieurs autrC'S, celle déco11rcrtante figure (Sous Louis-Philippe: Les Dandys, librairie Ollendorff), cite 4uelques-unes
dt::s réparties qui firent la fortune de Brummel : elles sont navrantes d'affectation, d'indifférence voulue, d'insolence fügma1ique.
n - Brumml'I, où donc arez-\'ous dîné hier'!
- Chez un nommé R.... Je présume qu'il
désire que je fasse attention à lui; c'est pour
cela qu'il m'a donné à diner. Je m'étais
chargé des invitations; j'avais pris Alvauley,
Pierrepoint et quelques autres. Le diner éLait
parfait; mais, mon cher, concevez-vous mou
étonnement quand j'ai vu que ce M. B....
avait l'effronterie de s'asseoir et de drner
avec nous!. .. 1&gt; Un autre jour, comme il
revenait de visiter les lacs du nord de l'Angleterre, quel4u'un se risqua à lui demander
lequel lui avait paru le plus pittoresque. Le
bellâtre se tourna en bâillant vers son valet
de cbambre : « - Robinson, quel est celui
des lacs qui m'a plu davantage? - li me
semble, monsieur, que ce fut Windermere. 11
Alors, Brummel s'adressant au questionnenr:
c. Windermere ... cela peut-il vous satis-

faire?» Tt"! étaitl"homme que ses conlPmporains comparaient à Bonaparte et à Byron! ...
Un de ses mots lui coùta gros. A "-Duper, cerlain soir, le vin manquaili l'homme aux
cravates interpella le prince de Galles :
&lt;1 George, dit-il, sonnpz donc. » George
sonna; mai.s il était dans un de ses mauvais
jours, et flt jeter l'insolent à la porte. PQur
la dernière fois Brummt!I regagna, dans sa
chaise à porteurs doublée de satin blanc,
munie d'un tapis de fourrure blanche, - son
écrin, - l'appartelllent qu'il s'était meublé
aVi'c lant de soin et d'amour, Chesterfield
street, n° 4, et le lendemain il partait pour
Calais, où il s'installa, bie11 résolu à priver
de sa prédeuse présence son ingrate patrie 1 et
persuadé que Londres ne pourrait pas se passer
de lui. D'ailleurs, il était ruiné. li avait, en dix
ans, acbeté pour près d'un million de cravates, de pantalons et de redingotes .... A
Calais, il vivait d'emprunts soutirés aux Anglais riches débarquant sur le conlinent. Il
ne faisait rien, se le\·ait à neuf beures, déjeunait, lisait le A!orning Chmnicle; à midi il
commençait.sa toilette qui durait deux heures,
puis il tenait « son lever JJ, comme M. de
'l'alleyrand. A qualre heures, il aJlait se prornpner dans la rue Royale, comme il faisait
jadis à Saint-James street. A cinq heures il
rentrait s'babiller pour diner, et il dinait bien.
Non seulement il était sans res~ources,
mais il avait des dettes; la vente de son moLilier, annoncée à grand fracas, produi:-it
une somme énorn:e, aussitôt absorLée par
les créanciers. Lin ancien ami, devenu minislre, s'apitoya. Brummel fut nommé consul
d·Angleterre à Caen. L'emploi rapportait annuellement dix mille francs; mais l'ancien
beau fut oLligé d'engager encore les quatre
cinquièmes de son traitement. Tout compte
fait, lorsqu'il quitla Calais, il lui restait pour
,·ivrti 2.000 francs par an. Par bravade, pour
s·é1onner soi-même, il acheta en traversant
Paris une tabatière de 2.500 francs; enfin, le
5 octobre 1850, il enrrait à Caen dans une
cbaise à quatre che\'aux, qui le déposa à
l'hôtel de la Victoire, le meilleur de la ville,
où il demanda le plus bel appartement et se
lit servir le plus fin diner. Il jugea le tout
détestable et déclara qu'il ne séjournerait pas
longtemps en pareille gargote. En effet, huit
jours plus tard, il louait un vaste appariement dans l'hôtel de Mme de Gucrnon de
Saint-Ursin, rue des Carmes.
Il y a qucl4ue quinze ans, !!. le comte
G. de Contades fit, à la séance puLlique de la
Société des anti4uaires de Normandie, une
précit::use communica1ion sur le séjour de
Brummel à Caen. Il en avait, évidemment,
puisé les éléments auprès des témoins survivants; car le snob avait laissé, en Normandie,
un souvenir assez semLlaLle à une légende.
Bien des gens se rappelaient l'avoir vu passer,
portant un surtout marron, un gilet de cachemire à palmes, un pantalon de nuance foncée
tiré sur des hottes très poiutues; le chapeau
légèrement incliné sur le càté, le corps un peu
pencbé, le nœud de cravate se mirant dans le
vernis de ses chaussures, il sortait de chez

Ll

'F1N D'UN SNOB

lui, marchant sur la pointe drs pieds, tenant
à la main un parapluie dont le manche
sculpté figurait 13. tête de George IV, son ancien ami, le prince de Galles, devenu roi.
En sa qualité de consul d'Ani:rletnre, il
faisait encore, dans la capilale du Calvado~,
certaine figure; mais bientôt son rmploi lui
fut retiré et, du jour au lendemain, Brummel
se vit sans un écu, en proie à de nombreux
créanciers. Il ''endit ses Oacons de toilette,
ses beaux flacons d'argent, cassolettes jadis
des essences préférées ; ses Yêlements bientôt
ne furent plus que " des haillons de haute
coupe n; un petit tailleur de Caen, mû d'une
compassion touchante, les réparait gratuitement, avec une sorte de re)',ped pour cette
lamentable et glorieuse défroque; le petit-fils
du confiseur de Bury slreet n'avait gardé, de
son luxe d'autrefois, qu'une passion irrési::;tible pour IC's friandises : chaque après-midi,
il se rendait chez un pâtissier, M. ~ladeleinc,
et là, prenait à droite, à gauche, nec une
goinfrerie féline, des dragées et des biscotins.
Un malin, comme sa blant·hisseuse, non
payée, réclamait vertement, le dandy arracha
silencieusement sa cravate, laissa tomber sur
Je sol. en un geste d'abdication, le flot de
mousseline jaunie, et noua à la diable autour
de son cou un chiffon d'étotle noire ... . Ce fut
la fin: quelques jours plus tard, en mai 185:,,
un huissier et deux gendarmes le conduisaient à la prison pour dettes. Quand- on
apprit la chose, à Londres, il y eut tout de
même un peu d'émotion; le duc de Beaufort
et lord Alvanley accordèrent leur patronage à
une souscription dont le montant permit de
désintéresser les créanciers du détenu qui
recouvra sa liberté; mais il n'était plus que
le spectre du Brummel d'autrefois.
Il se logea à l'hôtel d'Angleterre, dans une
petite chambre au troisième étage; sa méuwire s'était engourdie et n'avait plus que
d'étranges rappels. Il marchait d'un air égaré
et ne reprenait un peu d'enlrain qu'à table~
un jour, une étrangère (( d'une distinction
suprème 1&gt; se présenla chez Ficbet, le maître
de l'bôtel d'Angleterre , et demanda si
M. Brummel habitait là; sur la réponse affirmative, elle prit une chambre, OU\'rant sur
l'escalier, &lt;( pour le voir passer. » Bientôt
l'ex-fashionable parut, la mine idiole et congestionnée, se hàtant gloutonnement vers la
s~lle à manger, et descendit l'esraliC'r sans
tourner la tête; quand l'hôtelier rerint à la
chambre de l'inconnue, il la trouva étendue
sur le sol, le visage baigné de larmes ....
Qu'était-elle? On ne le sut jamais. L'une de
ces reines, sans doute, de Carlton-bouse ou
d'Almack, qui avaient jadis cherché une pelile Hamme d'amour dans ces Jeux aujourd'hui atones et demi-morts.
Son seul plaisir à lui, sa folie, consistait it
allumer quatre bougies dans sa pauvre chambre d'hôtel; puis il rangeait ses chaises
contre les murailles, et ouvrait toute grande
sa porte numérotée .... Alors, il annonça.il à
haute voix: « - Son Altesse Royale le prince
de Galles! ... Lady Conyngham 1. .. Lorrl Ycrrmouth! ... Lady Jersey! ... Sa Grâce la d.u-

�r-

1f1STORJA

chcsse de Devonshire! ... Ah! chère duchesse,
&lt;1uelle bonté d'être "e.nue sur u_ne invitation
aussi tardive .... n Pms le mamaque rt'prenait: " - Lord Alvanley!. .. Lady Worces-

ter!. .. J) Et, quand il s'imaginait toute la
nuLlesse d'Anglet"'rre réunie dan_s sa mansarde, le pauvre vieillard annonçall _solennellement, comme avec effroi : - c1 Sir George
-f•

Brummel ! &gt;&gt; Et il retombait sanglotanl1 rrjeté
dans sa honte et dans sa misf're par l'érncation de sa triomphante jeunC!-St', ... Il mourut
à l'hospice des fous le 24 mars 1840.
T. G.

-:,,

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-__ F~--""--···
. . ·.• ..,..:;;·
~-----~-,.~
..

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~

VuE DE L,\ BASTILLE DE PA111S, liE LA 1-'0RTE SAJNT·ANTOUŒ ET D'UNE PARTIE /lü FAUBOURG, -

Gravure de

RIGAUD.

FRANTZ FUNCK-BRENTANO

.,,..

L'Affaire du Collier
XXXI
Correspondance secrète'.
Durant qu'il fut au secret, à la Bastille, le
priace de Raban parvint à correspondre avec
ses avocats. Il se disait malade et recevait la
visite du docteur Portal, professeur à !'École
de médecine, lequel imagina bientOt prétexle

à s'adjoindre le chirurgien Traverse, ami
personnel du cardinal 1. Ceux-ci, en cachette,
faisaient la petite poste. D'autres lois, le
prisonnier leur écrivait de courts billets, qui
passaient sous les yeux des officiers de la
Bastille; les médecirn; les remettaient à
Me Target et celui-ci, à Ja chaleur du feu,
faisait apparaitre l'écriture sympathique.
, J'ai parfaitement bien lu, écrit le cardinal
à Traverse, ce que vous m'avez adressé dans
le papier chilîonné ; mais il ne faudrait pas
le tant chiffonner. Je n'ose vous envoyer 1a
suite des confrontations jusqu'à ce que j'aie
votre parole pour ne les montrer qu'à li. Target, car, je vous le répète, si on avait vent
ou soupçon, il n'y a sorte de moyens qu'on
ne prît. » Les billets sont tristes. " J'espère
que je ne serai confronté que lundi, mais le
1. Doss. Target , Bibl. v. de Pa1·is, ms. de la réserve.
2. « Je crois que 11. le cardinal ayant du mal au

plus tôt que vous pourrez m'envoyer sera le
mieux. Vale, vale. Veuille le ciel diminuer
mes peines! " Puis : " Il y a chaque jour
neuf heures de confrontation, je suis très
fatigué. )J - c&lt; Je suis horriblement accoutumé depuis quelque temps, écrit-il une
autre fois, aux cboses qui ne doivent pas être
el certes cette habitude est pénible. Je vous
avoue entre nous que je commence à être
fatigué. !lais je ne ferai qu'en redoubler
d'efforts el surtout je ne veux pas que mes
ennemis puissent s'en douter. Je veux toujours paraître frais en descendant dans l'arène
et étancher le sang de mes plaies. Je leur
ôterai du moins cette satisfaction. Vale, vale. l&gt;
Les confrontations lui ont dévoilé la conduite atroce de celle pour qui il n'avait eu
que des bontés . C( Je suis affronté de~ain
avec la scélérate, mande-t-il à Target. AuJourd'hui elle a eu une scène avec le comte de
Cagliostro. Il l'a appelée cc sacrée raccrocheuse ", parce qu'elle lui disait des choses
désobligeantes sur sa femme et elle lui a jeté
un flambeau qui a frappé le Yentre du comte,
mais elle a été punie sur-le-champ, car elle
s'est porté la bougie dans l'œil. Nous v~rrons
demain. Je réponds qu'elle ne me Jettera
nei el au genoa a besoin rl'uu chirurgien. Ce 13 ma1·s
1786. Signé : Portal. :o Bibl. de l'A,·semil, ms.
Bastille, 12457 , r~ 68.

VII. - HISTORIA. - Fasc, So.
~

49

v.,.

rien et surtout ne me troublera pas : elle me
fait horreur. 1&gt;
!!me de la Motte perd de son assurance.
c1 Le dernier interrogatoire finit par ses
larmes, sa douleur, et pour réponse, qu'elle
se jette dans les bras de la Providence. "
Les déclarations de 11étaux de Villette el
de Nicole d'Oliva ont mis la probité du cardinal hors d'alteinte. (( Nous ne sommes pas
encore au bout des choses ex:traordioaires,
écrit-il; mais je les prévois sans aucun effroi.
Je remercie Dieu d'avoir rendu ma position
si différente .de ce qu'elle était. Ce qui me
renJ aussi plus tranquille, c'est que, l'honneur couvert, tout le reste n'est plus que
mon affaire personnelle. "
Dans ces lettres, sa bonté apparait encore
d'une manière touchante. Il est préoccupé de
Cagliostro et de sa femme, du baron de
Planta, embastillés à son propos. Il se soucie
d'eux autant que de lui-même. Les recommandations reviennent, incessantes. Il faut
mettre, dans le .Mémoire que Target va publier, la déclaration où !!me de la Molle a
fini par proclamer l'innocence du comte de
Cagliostro et de sa femme. Il faut aussi avoir
grand soin de donner toujours à Cagliostro le
t:n cl1irlll'gien _élait officicllef!lent at~ché ~u _scr\'ice des prisonmcrs de la. Dasltlle, mais celu1-c1 fie
pou\·ail faire l'alfairc.
4

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                  <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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